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Blanqueamiento y Provincializacion del Negro en 'Manuela' de Eugenio Diaz Castro

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Title:
Blanqueamiento y Provincializacion del Negro en 'Manuela' de Eugenio Diaz Castro
Creator:
JORDAN, VICTOR MANUEL ( Author, Primary )
Copyright Date:
2008

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Subjects / Keywords:
Dadaism ( jstor )
Encyclopedias ( jstor )
Haciendas ( jstor )
Herpes zoster ( jstor )
Latin American culture ( jstor )
Leys ( jstor )
Mayors ( jstor )
Novels ( jstor )
Persona ( jstor )
Posadas ( jstor )

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Source Institution:
University of Florida
Holding Location:
University of Florida
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Copyright Victor Manuel Jordan. Permission granted to the University of Florida to digitize, archive and distribute this item for non-profit research and educational purposes. Any reuse of this item in excess of fair use or other copyright exemptions requires permission of the copyright holder.
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5/31/2010
Resource Identifier:
670352232 ( OCLC )

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BLANQUEAMIENTO Y PROVINCIALIZ ACI”N DEL NEGRO EN MANUELA DE EUGENIO DAZ CASTRO By VCTOR MANUEL JORDN A THESIS PRESENTED TO THE GRADUATE SCHOOL OF THE UNIVERSITY OF FLOR IDA IN PARTIAL FULFILLMENT OF THE REQUIREMENTS FOR THE DEGREE OF MASTER OF ARTS UNIVERSITY OF FLORIDA 2005

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Copyright 2005 by Vctor Manuel Jordn

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TABLE OF CONTENTS page LIST OF FIGURES...........................................................................................................iv ABSTRACT.........................................................................................................................v CHAPTER 1. INTRODUCCI”N.........................................................................................................1 2. BLANQUEAMIENTO Y PROVINCIALIZACI”N....................................................7 3. MANUELA Y LA CRTICA......................................................................................24 4. CONTEXTOS POLTICO, GEOGRFICO Y SOCIAL DE MANUELA................38 5. PRESENCIA DEL NEGRO EN MANUELA.............................................................46 6. CONCLUSI”N............................................................................................................81 LIST OF REFERENCES...................................................................................................85 BIOGRAPHICAL SKETCH.............................................................................................91 iii

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LIST OF FIGURES Figure page 1-1. “Manuela.” Julin de Narvez Barrera. Cartula en Anlisis de Manuela. Julio Bota N.......................................................................................................................6 4-1. La tierra caliente donde transcurre la accin de la novela.........................................45 5-1. Red familiar entre las calentanas Rosa, Pa y Manuela.............................................70 iv

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Abstract of Thesis Presented to the Graduate School of the University of Florida in Partial Fulfillment of the Requirements for the Degree Master of Arts BLANQUEAMIENTO Y PROVINCIALIZACI”N DEL NEGRO EN MANUELA DE EUGENIO DAZ CASTRO By Vctor Manuel Jordn May 2005 Chair: lvaro Felix Bolaos Major Department: Romance Languages and Literatures The focus of this thesis is the 19 th century Colombian novel Manuela written by Eugenio Daz Castro. This analysis of the novel is centered on its social and cultural aspects while it deemphasizes previous tendencies that mainly highlighted its political undertones. The main purpose of this thesis is to demonstrate that the protagonist of the novel is depicted by the narrator in ways that minimize her black ancestry and black surroundings (a fact that has not been discussed by previous literary critics of this novel). Diaz Castro in effect blanquea (whitens) the young mulatto girl, Manuela, and thus is able to make her into the protagonist of a 19 th century foundational narrative. This essay reviews previous criticism of the novel and also provides a historical context of the region where the action of the novel takes place. The region, known at the time as tierra caliente, is marked by the social and economic contributions of the black population that the author of the novel cannot completely hide because of the costumbrista genre of his narrative. A close reading of the novel illustrates the ways in v

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which Diaz Castro hides or minimizes this black presence both in the region and in Manuela’s ancestry. Beyond blanqueamiento this thesis advances the idea that in Colombia the black population not only has been socially forced into joining a Europeanized mainstream but also has been marginalized. Provincializacin is herein understood as the process through which peoples are displaced physically and socially to marginal regions in the country or in the city. It is both through whitening and provincializacin that the black population is denied a significant participation in the foundation of the new republic. This thesis points to the ways in which these two processes are present in Diaz Castro’s narrative. vi

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CHAPTER 1 INTRODUCCI”N Manuela del escritor colombiano Eugenio Daz Castro, obra escrita a mediados del siglo XIX, es el foco principal de discusin de este ensayo que tiene tres objetivos: (1) hacer nfasis en que la protagonista de la novela es una parda ya que slo una parte reducida de la crtica hace referencia a la ascendencia negra de Manuela; 1 (2), y ms importante, demostrar cmo el narrador de Manuela y una parte significativa de la crtica que se ha ocupado de la obra utilizan trminos y presentan descripciones y situaciones que evaden la definicin tnica precisa de la parda Manuela Valdivia; y (3) evidenciar el ambiente pos-esclavista que la narracin presenta y que pone de manifiesto la continuacin del abuso laboral que imperaba desde la colonia, lo que imposibilita la ejecucin del proyecto liberal del capitalino Demstenes, el otro protagonista de la novela. Aunque vocablos como mulata y negra han sido utilizados por algunos crticos para describir a la protagonista de Manuela , la gran mayora de la crtica no se ha preocupado siquiera por puntualizar su ascendencia tnica. El mismo narrador de la novela opta por no definir a Manuela en trminos tnicos precisos. Estas “estrategias” de presentacin de 1 Nina S. de Friedemann escribe que el trmino pardo aparece “para designar a un zambo o a un mulato libres” y como otros, utilizados dentro del sistema de castas de la colonia espaola, tena como referente a “lo blanco” ( Saga 64). En este trabajo se utiliza el trmino pardo siguiendo la definicin de Friedemann. Se enfatiza as la ascendencia negra de la protagonista y su condicin de libre, como lavandera, en contraste con algunas de sus compaeras que continan obligadas a servir a los terratenientes en condiciones muy parecidas a las de la esclavitud. Es pertinente aclarar desde un comienzo que en este trabajo se utiliza el vocablo mestizaje para sealar la mezcla, biolgica o socio-cultural, de dos a ms etnias, cualesquiera que estas sean, y las expresiones mestizo, mulato y zambo para hacer referencia a las interacciones indio-blanco, negro-blanco y negro-indgena, respectivamente. 1

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2 la protagonista, que ocultan y hacen invisible su ascendencia negra, y que tienen una larga e insidiosa presencia en Colombia, se discuten como parte de los procesos de blanqueamiento (gentico y social) y de provincializacin; procesos que se definen y analizan en detalle en el capitulo I de este trabajo. El presente estudio no enfatiza los enfoques poltico y econmico en los que se ha centrado parte de la crtica anterior y acenta, en cambio, los aspectos sociales, culturales y tnicos presentes en la novela de Daz Castro. Este cambio en el nfasis permite ver en los personajes de la novela, y principalmente en Manuela, unas caractersticas sociales que van ms all de sus condiciones de campesinas pobres. Clasificar a Manuela dentro de un movimiento literario determinado no es uno de los propsitos de este trabajo. Sin embargo, hay que destacar que la novela de Daz Castro ha sido clasificada como “costumbrista” por parte de la crtica y que el mismo autor enfatiza que sus cuadros son una manera de “copiar” la realidad y de dejar un testimonio histrico. En efecto, cmo se evidencia al adelantar la lectura de la novela, son varias las costumbres que se describen en el relato entre las que se encuentran el baile de San Juan y el entierro de un nio: ambas de inters para los objetivos del presente ensayo. Estas costumbres, como manifestaciones socio-culturales que ayudan a definir al grupo humano que habita la regin que el novelista describe, sirven como punto de partida para la discusin pero no obligan, necesariamente, a enmarcar a Manuela como una obra simplemente costumbrista. En el captulo II se adelanta una revisin de la crtica a Manuela que en trminos generales sigue una lnea cronolgica. En su inmensa mayora los crticos han hecho un esfuerzo por posicionar a la novela de Daz Castro dentro de la novelstica colombiana y

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3 latinoamericana sin abordar el tema de la presencia del negro en Manuela . El captulo III adelanta un recorrido histrico que enfatiza la presencia esclava y manumisa que desde muy temprano se asienta en la regin trapichera de clima clido, cercana a la capital, donde se desarrolla la accin de la novela. En el captulo IV se discute el texto de la novela en donde se destacan los rasgos y manifestaciones de una cultura negra tanto en la protagonista como en sus compaeras y en otros de los habitantes de la regin. En el discurso de apertura del “Primer Congreso de la Cultura Negra de las Amricas” (CaliColombia, 1977), Manuel Zapata Olivella seala que a pesar de que la “cultura negra en Amrica es omnipresente, viva, lcida e innegable . . . desde el punto de vista oficial se le ha mantenido ignorada” (“Congreso de la cultura negra” 19; nuestro nfasis). Ms adelante en el mismo discurso, Zapata Olivella al responder a la pregunta existe discriminacin racial en Latinoamrica? afirma que en los pases latinoamericanos “generalmente se niega la existencia de discriminacin racial pero . . . es fcil observar que los negros e indios, as como sus descendientes mestizos, mulatos o zambos se encuentran marginados de las posibilidades de desarrollo econmico y cultural” (21). Por su parte Peter Wade ha sealado que los valores coloniales que privilegian “lightness of skin color as a sign of social status or as the putative national destiny are still pervasive (“Cultural Politics” 311; nuestro nfasis). Debido a aseveraciones como las de Zapata Olivella y Wade es preciso abordar hoy el tema de la presencia negra y ms an hacerlo revisando la literatura fundacional escrita durante los aos posteriores a la independencia, cuando de manera paulatina tiene lugar en la mayora de lo pases en Latinoamrica la abolicin de la esclavitud.

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4 Doris Sommer apunta hacia la importancia del perodo fundacional al sealar en su libro Foundational Fictions que en muchos pases latinoamericanos, durante los aos posteriores a la independencia y a las guerras civiles que le siguen a este periodo, es primordial para estas naciones mitigar el antagonismo racial y regional. Con el propsito de mantener una estabilidad social es necesario para estos pases organizar “the most diverse national sectors through the hegemony of an enlightened elite; that is, through mutual consent rather than coercion” (123). El estudio de Manuela , como obra del perodo fundacional, no slo presenta la oportunidad de analizar la presencia del negro, que Zapata considera ha sido ignorada en Latinoamrica, sino que la novela exhibe la permanencia de un sistema colonial que privilegia, en palabras de Wade, “the lighteness of skin color”. La narracin adems ilustra el intento liberal, fallido en la novela, de integrar a los diversos sectores raciales y regionales de los que habla Sommer. A lo anterior se suma la nutrida recepcin con que an cuenta la novela de Daz Castro. Entre 1965 y 1977 Manuela fue reimpresa 11 veces (Menton 54) y la ltima edicin es del ao 2003. El reciente Anlisis de Manuela por Julio Bota Nio (donde de manera didctica se presenta la biografa del autor, temas, personajes, vocabulario, cronologa y resmenes y comentarios de todos los captulos) indica, junto con las constantes reimpresiones, que la novela de Daz Castro tiene nuevos lectores, seguramente en su gran mayora jvenes ya que es una obra que se lee en las escuelas secundarias colombianas. Por esta razn y a la luz de algunos de los cambios que la constitucin de 1991 marc como derroteros para la integracin de las comunidades

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5 negras al pas, es necesario analizar la presencia del negro desde los inicios de la nacin colombiana. 2 La imagen pictrica de Manuela que se ofrece a continuacin (fig. 1-1) resalta parte del atuendo asociado tradicionalmente con el campesino del altiplano colombiano y proyecta unos rasgos fsicos que no reflejan la presencia de un componente negro: la caracterizacin artstica mantiene lo blanco como referente. El perfil es simplemente el de una joven mujer del campo, imagen que ha colaborado a la desaparicin de la ascendencia negra en Manuela el personaje y en la novela en general. Es evidente que no hay un inters por ser fiel a la descripcin del vestido que hace el narrador: “su vestido [el de Manuela] constaba de unas enaguas de cintura hechas de bogotana, y de otras azules de fula igualmente de cintura; de una camisa de percal fino, de un paoln encarnado que ella se puso por debajo de su negro y rizado pelo, con los hombros a medio cubrir. . . .” (26) Debido a que la accin transcurre en regiones cercanas a la sabana de Bogot, tradicionalmente asociada con las culturas indgenas precolombinas, el lector desprevenido puede suponer fcilmente que el mestizaje de Manuela, de quien sabemos por el narrador que tiene una piel que no es muy blanca, es exclusiva, o primordialmente, indgena-blanco e ignore totalmente el componente negro. Esta percepcin se mantiene viva mediante la ya tradicional manera de presentar el tema de la novela como “la historia de una joven campesina” (Bota 16). Como se demostrar en este ensayo, es en 2 El uso del trmino “comunidades negras” parece formalizarse a partir de su utilizacin en el artculo transitorio 55 de la constitucin colombiana de 1991. “En Colombia hacia los aos 1990, el concepto de ‘negritud’, y en menor medida el de ‘frica’, adquiri una importancia poltica y cultural sin precedentes. Desde la Reforma Constitucional de 1991 ‘las comunidades negras’ ganaron la visibilidad que no haban tenido... debido al reconocimiento de la multiculturalidad y plurietnicidad de la Nacin, hecho en la nueva Constitucin, y a la promulgacin posterior de la ley de ‘comunidades negras.’” (Peter Wade, “Construcciones” 245).

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6 gran medida a travs del proceso de blanqueamiento, que se limita a mostrar a Manuela como una habitante del campo sin caractersticas tnicas definidas, que Eugenio Daz Castro logra convertir a una joven de ascendencia negra en protagonista de su novela, a mediados del siglo XIX y a los pocos aos de haberse decretado en Colombia la manumisin de esclavos. La posibilidad de que Daz Castro de manera deliberada erradique los rasgos negros de Manuela se discute en la conclusin de este estudio. Figure 1-1. “Manuela.” Julin de Narvez Barrera. Cartula en Anlisis de Manuela. Julio Bota N.

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CHAPTER 2 BLANQUEAMIENTO Y PROVINCIALIZACI”N Beatriz Castro Carvajal en el prefacio al compendio Historia de la vida cotidiana en Colombia escribe que su propsito es recoger trabajos realizados alrededor del tema de la cotidianidad y “rescatar el quehacer diario, el transcurrir habitual, la vida de la gente comn”. En esta cotidianidad, contina explicando, se encuentran los elementos culturales de arraigo, “las costumbres”, que constituyen partes esenciales de la sociedad y mediante las que se transmiten las formas de actuar y de pensar de las gentes. Debido a que el objetivo principal de la obra citada es el de recopilar los elementos cotidianos que han ido constituyendo, y constituyen, a Colombia, la autora se ve obligada a disculpar la falta de ensayos que traten sobre la historia de la cotidianidad indgena. Explica ella que las personas encargadas de escribir estos ensayos “desistieron de la empresa” y finaliza anotando que “la deuda con la problemtica indgena sigue en pie” (9-12). Dos aspectos del prefacio mencionado son de inters para los propsitos de este trabajo: el primero, la disculpa de la editora frente a la ausencia de ensayos sobre la temtica indgena, y, el segundo (que se retomar ms adelante), la definicin de la cotidianidad como el tiempo-espacio donde se manifiestan las costumbres de “arraigo”, que reflejan la manera de pensar y actuar de las gentes. En relacin con el primer aspecto lo que inmediatamente llama la atencin es que en el mismo prefacio no hay una explicacin, similar a la presentada por la editora por la falta de ensayos sobre la temtica indgena, que justifique otra gran ausencia, aquella de los estudios que elaboren la problemtica del negro y sus aportes a la cotidianidad colombiana. 7

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8 Es pertinente entonces preguntar y la deuda con las comunidades negras? Se le “encarg” a alguien el trabajo sobre la vida cotidiana centrada, por ejemplo, en los palenques y en las comunidades que surgieron alrededor de estos? o en los puertos, tantos martimos como fluviales, donde por razones comerciales y/o econmicas se concentr la poblacin negra? o en los movimientos migratorios entre la ciudad y el campo? o en el folclor y la literatura que reflejan una presencia negra? La Historia de la vida cotidiana en Colombia incluye ensayos sobre la vida diaria en las minas y haciendas coloniales donde el enfoque es en gran parte el aporte del esclavo negro, y/o el indgena. Sin embargo, el negro no aparece durante la repblica, es decir, despus de que su libertad se hiciera oficial mediante la abolicin de la esclavitud. Tampoco aparece el indgena del resguardo, por lo cual Castro Carvajal se disculpa en el prefacio. Sencillamente, y obviando una explicacin por parte de la editora, los trabajos enfocados en la cotidianidad del negro libre estn ausentes. La ausencia subrayada es un sntoma ms de lo que Friedemann ha llamado la invisibilidad del negro en Colombia: la “invisibilidad como una expresin de la discriminacin hacia los africanos y sus descendientes en pases como Colombia ha sido firme y sutil y ha tomado una variedad de formas desde el mismo momento de la llegada de los europeos” ( Saga 20). Una de las maneras de establecer la invisibilidad ha sido a travs del mestizaje. ste, “como ideologa de accin poltica ha sido . . . y sigue siendo til para aniquilar diversidades socio-raciales que reclamen derechos de identidad” (Friedemann, Saga 20). A travs del mestizaje se inici desde la colonia un proceso de blanqueamiento o de “limpieza de sangre”. Friedemann escribe que en el siglo XVIII las castas eran categoras que las conformaban personas que no siendo blancas queran serlo

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9 o estaban en el proceso de alcanzarlo mediante el mestizaje: hecho evidenciado por la referencia a “lo blanco” en las clasificaciones de las castas. Y complementa Friedemann: “[e]l mestizaje fue as el sustento en la construccin de la sociedad de castas cuyo tope ideal era ser o convertirse en blanco, llevaba implcita la ideologa de blanqueamiento. Que a su vez se convirti en un proceso socio-gentico” ( Saga 64; negrilla en el original). Por otro lado Viveros Vigoya explica la invisibilidad del negro como resultado de un proceso de blanqueamiento dirigido por quienes ostentan el poder: en Colombia como en los otros pases de Latinoamrica “la imagen oficial de identidad nacional ha sido elaborada por las lites blancas y blanco-mestizas en torno a la nocin de mestizaje, entendido como blanqueamiento, lo cual vuelve invisible la diversidad racial y tnica” (96; nuestro nfasis). El individuo blanqueado por el mestizaje pierde toda ascendencia distinta a la blanca. En suma, el proceso de blanqueamiento se persigue en la colonia principalmente por medio de los cruces genticos que buscan sangre blanca y, despus del movimiento de independencia y la sancin de la ley de abolicin de la esclavitud, por las directrices socio-econmicas emanadas desde las estructuras de poder predominantemente blancas. Vctor M. lvarez en “Mestizos y mestizaje en la colonia” sugiere que la mejor manera de definir al mestizo es a partir del “NO”: [Los mestizos] no eran espaoles, ni indios, ni negros . . . [ni] conquistadores, ni encomenderos, ni tributarios, ni esclavos . . . [ni] propietarios, ni vecinos, ni podan ocupar cargos pblicos . . . no podan vivir entre los indi os . . . no podan comportarse como blancos, pero deban renegar de las formas propias de indios y negros. NO era objeto directo de las ‘doctrinas de indios’, no haba para l escuelas ni espacios sociales . . . propios. NO era portador de una TRADICI”N . . . (89; maysculas en el original).

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10 Los reportes oficiales tambin han dejado evidencias de las negaciones mencionadas por Friedemann y lvarez. En algunas instancias el registro de bautizos para hijos ilegtimos de “pardos” es la mitad de la contabilizada para “mestizos” y casi un tercio de la registrada para “indios” (lvarez 86). Lo anterior revela cmo al aparecer el componente negro disminuye el reconocimiento de su ascendencia. El resultado inmediato de todas estas exclusiones es la desaparicin de lo negro tanto en el campo oficial, segn las polticas del estado, como en el social, segn las prcticas de la comunidad. A largo plazo el proceso de blanqueamiento establecido en la Amrica colonial espaola se prolonga hacia el siglo XIX, perodo durante el cual las lites de las nuevas repblicas independientes comienzan a consolidarse en el poder. La “pureza de sangre” para finales del siglo XIX deja de medirse en trminos de religin; se evala entonces en relacin con el color de la piel y se utiliza para justificar la superioridad de algunas razas sobre otras. (Mignolo 31). La nica manera que tiene el individuo de ascendencia negra para lograr su presencia es negar su mestizaje con el fin de poder conseguir posicin y derechos similares a los del blanco. Decir espaol no es lo mismo que decir blanco. Un criollo puede ser blanco y en efecto cualquier individuo puede llegar a serlo precisamente mediante la “desaparicin” en su mestizaje de lo negro; mediante el blanqueamiento de su sangre y el desvanecimiento de su herencia mixta. Wright escribe, en referencia a este proceso de mezclas de sangres, que a finales del siglo XIX los venezolanos no se identificaron con el planteamiento anglo-sajn que consideraba que una gota de sangre negra haca que un individuo fuera negro. Por el contrario, ellos consideraron que los individuos que tenan una gota de sangre blanca eran “superior to blacks” (3).

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11 A la par del proceso socio-gentico de pureza de sangre, como lo identifica Friedemann, hay tambin un componente sicolgico que impulsa a quien no es reconocido a buscar poder, afirmacin o simplemente pertenencia. El blanqueo gentico necesita del transcurrir de varias generaciones, el social no necesariamente. Frantz Fanon en Black Skin, White Masks se aproxima al tema del blanqueo desde una perspectiva no socio-gentica como la describe Friedemann sino desde un punto de vista que se puede denominar psico-social. Como lo asevera Mc Cullogh: “Fanon aimed at nothing less than the invention of a theory of the psychic life of colonial man” (63). Para Fanon el problema del colonialismo, es decir del negro bajo la dominacin del blanco, “includes not only the interrelations of objective historical conditions”, como lo seran la vida en el palenque o en el trapiche, sino que incluye tambin “human attitudes toward these conditions” (84). Estas actitudes aparecen, como parte del proceso de blanqueamiento, en la necesidad manifiesta que tiene el colonizado de aprender el idioma y compenetrarse con la cultura del colonizador. Wright, en referencia a estas necesidades, y para el caso venezolano, sostiene que en el mbito social el trmino blanquear adquiere un gran significado para los negros que logran alguna movilidad social. “For them [successful blacks] and their white counterparts, clothes, education, language, social position, and the accumulation of wealth combined to make an individual whiter in the social context” (6). En otras palabras el negro libre si no logra hacerse blanco genticamente mediante la obtencin de “gotas de sangre” blanca, puede conseguir un objetivo similar adoptando el traje, las maneras y el lenguaje del blanco que ostenta el poder, es decir, siguiendo las directrices socio-econmicas implantadas en el lugar donde se encuentra para alcanzar, a travs de ellas, un blanqueo social.

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12 Un sentimiento de inferioridad por parte del colonizado, dice Fanon, es el que lo lleva a sufrir por no ser blanco, a perder su individualidad, a buscar modos de asemejarse a un referente “superior” y a rechazar sus propios orgenes. El desvanecimiento fenotpico va acompaado tambin, y por consiguiente, de la negacin o el cuestionamiento del modo de vida. Es aqu donde es necesario retomar el segundo aspecto de inters mencionado al comienzo de este captulo en relacin con el prefacio escrito por Castro Carvajal en la Historia de la vida cotidiana en Colombia : el tema de la cotidianidad. Es en el tiempo-espacio del diario vivir, puesto de manifiesto por las costumbres, donde opera ya no el blanqueamiento gentico sino el psico-social que Fanon analiza y explica. La desaparicin en el color de la piel lleva consigo la negacin del yo socio-cultural. La novela de Eugenio Daz Castro, como recopilacin de los llamados “cuadros de costumbres” (el ttulo completo de la novela en la edicin utilizada para este estudio es Manuela: novela de costumbres colombianas ) ha sido descrita en repetidas ocasiones, y precisamente, como un reflejo de muchas de las variadas manifestaciones de “arraigo” de la cotidianidad costumbrista colombiana del siglo XIX. lvaro Pineda Botero, por ejemplo, escribe que “muchos crticos [de Manuela ] han subrayado que el rasgo ms destacado de la obra es el costumbrismo”, y a esta caracterstica agrega l “el multiculturalismo y la diversidad” (137). Lo cotidiano, multicultural y diverso, aparece en Manuela representado en los cuadros de costumbres, es decir, en los modos de pensar y actuar de las gentes. 1 Es dentro de esta cotidianidad que la obra del novelista 1 Segn Elisa Mujica el mismo Eugenio Daz Castro se haba propuesto seguir la frmula de la escritora costumbrista espaola Cecilia Bohl de Faber de “copiar” en sus cuadros literarios, las costumbres (“Nota crtico-biogrfica” 28). La crtica ha utilizado indistintamente trminos como “pintura” y “mimesis” para referirse al esfuerzo del novelista por “copiar” en sus cuadros, de manera fiel y fidedigna, las costumbres.

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13 colombiano pone de manifiesto el proceso de mestizaje o de blanqueamiento, tanto gentico como social. La vida diaria que Demstenes observa es la de Manuela Valdivia y la de sus comadres y amigas quienes trabajan en el campo, sujetas a la vida de los trapiches en un rea baja de la geografa colombiana, la tierra caliente cerca de la capital del pas. Las calentanas (pardas, negras o mulatas) tienen la posibilidad de cambiar de status, dentro de la jerarqua social imperante, slo mediante los procesos de blanqueo gentico y social. Como lo ha visto Germn Colmenares, en Manuela “las esferas de las diferentes clases sociales ni siquiera parece[n] rozar[se]” (257) y “[l]a libertad y justicia posibles se fundan en el inmovilismo social” (258). Lo que es necesario resaltar es que estas diferencias sociales a las que se refiere Colmenares, y la rigidez que las acompaa, estn demarcadas en gran parte, como se ver en el captulo IV, por la presencia o ausencia de lo negro. Hasta aqu se ha hablado de cmo el blanqueamiento gentico y el social, se entronizan en la colonia y prologan sus efectos por lo menos hasta finales del siglo XIX. En Colombia dichos procesos se dan muy ligados a otra variable, la geo-poltica, que aparea regin y gente. Esta variable tambin tiene un origen colonial y se prolonga ms all de la independencia. La relacin regin-gente, que en el caso especfico de la novela de Daz Castro se ve representada en trminos generales por el binomio “tierra caliente”-“calentanas”, est demarcada por la clara definicin de los espacios donde se desarrolla la accin y por las costumbres de las personas que viven en ellos. En algunos captulos la definicin locativa se da desde el ttulo: “La Parroquia”. En otros es la constante referencia a una poblacin determinada (Ambalema), a una estancia (el trapiche del Ver por ejemplo: Salvador Camacho Roldn, Estudios 74; Germn Colmenares, “Manuela, la novela de costumbres de Eugenio Daz” 256.

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14 Retiro) o a un rea (la montaa) la que establece el lugar. Es en el trapiche donde Demstenes por primera vez conoce a la “negra” Pa (138); es en la posada “de Mal-Abrigo” donde el capitalino ve aparecer a la “negra” Rosa (4); es en el lavadero donde el cazador se encuentra con la “negra” Manuela (23). En los encuentros de Demstenes con Rosa y Manuela el narrador describe el lugar y despus al personaje que se encuentra en el sitio y que es identificado por otro personaje con referencia a su color. Ms all de estas focalizaciones locales, es la situacin general de la trama de la novela en un rea geogrfica colombiana especfica la que con mayor claridad pone de manifiesto la relacin entre la regin de clima clido y el habitante de ascendencia negra que reside ah. La regin donde se desarrolla la accin diaria, identificada como tierra caliente, en referencia a su climatologa y en contraste con la sabana, est aledaa geogrficamente a la capital pero apartada socio-culturalmente del ambiente citadino de Santaf de Bogot. Dentro del contexto colombiano esto es de importancia porque sita el desarrollo de la novela, en su totalidad, en regiones de provincia. La regionalizacin, es decir, la divisin de la nacin en regiones internas en donde sus habitantes comparten ciertos rasgos geo-histrico-culturales, ha sido tradicionalmente una manera de entender a Colombia. 2 Uno de los efectos de esta categorizacin es que el sujeto que habita en estas reas sufre lo que 2 Medardo Rivas en Los trabajadores de tierra caliente relata cmo esta regin, donde en un comienzo slo se cultivaba la caa de azcar, fue convirtindose en abastecedora de muchos productos para la capital y fue adquiriendo unas caractersticas propias. Por su parte, Salvador Camacho Roldn en su anlisis de Manuela escribe que sta no se puede llamar “un cuadro nacional” puesto que debido a la gran variedad en su clima y geografa, la nacin “tiene que presentar grupos de poblacin de gran diversidad de rasgos y costumbres”. Como ejemplo, y entre otros, explica que “el pacfico cultivador boyacense, derivado de la raza indgena disciplinada bajo el yugo de hierro del encomendero espaol, que forma el principal grupo de esa seccin, no puede tener muchos puntos de semejanza con el mestizo africano-espaol formado en el Valle del Causa bajo la proteccin semiafectuosa a veces de sus amos, en el pastoreo de ganados y en medio de una naturaleza que convida a la libertad.” (74). De manera similar Germn Puyana Garca considera al regionalismo como un rasgo caracterstico de la historia colombiana (83).

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15 en este trabajo se define como provincializacin: el desplazamiento fsico y social de personas o grupos de personas, hacia una regin marginal (generalmente rural), lejos del centro (ya sea la capital, o algn otro polo urbano), adonde se establecen estructuras socio-econmicas que ayudan a sostener dicho centro en detrimento de quienes precisamente viven en la provincia. Adems de la desaparicin por blanqueo, proceso al que ya se ha hecho referencia, el habitante de determinada regin es sometido a una nueva desaparicin a travs de la provincializacin. En el caso de Manuela este habitante es el calentano. El trmino provincializacin lo usa Dipesh Chakrabarty para referirse a un proceso que segn l surge a partir del momento en que distintas regiones diferentes a Europa hacen suyo un conocimiento que antes era exclusivamente europeo. Los pueblos antes dominados por Europa adquieren as la posibilidad de generar su propio pensamiento crtico y unas propuestas autnomas. El pensamiento europeo dice Chakrabarty “is both indispensable and inadequate in helping us to think through the experiences of political modernity in non-Western nations”. Provincializar a Europa es renovar “from and for the margins” un conocimiento europeo “which is now everybody’s heritage and which affect us all” (16) Se trata entonces, por as decirlo, de poner a Europa en su sitio en cuanto a la produccin de conocimiento. Otros pueblos (Chakrabarty habla del “subcontinent” refirindose a la India) haciendo suyo el pensamiento europeo y a partir de l y de sus propias historias pueden y deben generar un nuevo modo de pensar que ya no es europeo. Europa deja as de ser la metrpoli y se convierte en otra provincia. El trmino provincializacin como se utiliza en este ensayo alude entonces a un proceso que de alguna manera sera el reverso del que habla Chakrabarty ya que en el caso de Manuela la

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16 provincializacin no va dirigida a “poner en su sitio” al centro, donde se produce el conocimiento y de donde emana el poder, sino a mantener a la provincia en situacin de dependencia. En un pas tambin caracterizado por su centralismo, organizacin poltico-administrativa que saliera triunfante despus de las innumerables luchas polticas y guerras civiles del siglo XIX, la llamada “provincia” ha sido en gran parte una regin de frontera, de transicin, a veces difcil de demarcar. El “aldeano” que vive en la provincia, no es otro que el “campesino”, el cual es visto en algunas ocasiones de manera negativa y en otras invita a la idealizacin; o sencillamente resiste una descripcin exacta. Para Curcio Altamar, al heredar los costumbristas la idealizacin del romanticismo, colocaron al campesino en el “locus amoenus” horaciano e hicieron de este la “quintaesencia de las virtudes nacionales y cristianas”, y por vivir en la zona rural, lo presentaron como poseedor de “todas las excelencias de la bondad: de la ingenuidad y la honradez.” (120). William Ospina hace eco a la opinin de Curcio Altamar y al hablar de la emigracin de los campesinos a las ciudades durante la violencia de los aos de 1940, los describe como personas que “venan de una cultura largamente establecida. Tenan una sabidura en su relacin con la tierra, un lenguaje lleno de gracia, en el que la rudeza y la ternura encontraban una expresin elocuente y vivaz. Eran seres dignos y serenos incorporados a una relacin profunda y provechosa con el mundo . . . ” (1). Siglo y medio despus de que Daz Castro lo hiciera, Ospina an describe al campesino colombiano como un sujeto perteneciente a una cultura determinada y homogeneizada donde aparentemente no tienen cabida las diferencias sociales, culturales ni tnicas. La condicin horaciana del campesino segn Ospina termina cuando estos individuos,

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17 “dignos y serenos”, son mal recibidos por un pas “en manos de los prejuicios de la modernidad” donde la sencillez, nobleza y “sabidura elemental” del campesino son vistas como ignorancia, estupidez y torpeza: “el calificativo de ‘montaero’ se convirti en el estigma con el cual Colombia le dio la espalda a su pasado . . . ” (1). Ospina pone as de manifiesto dos descripciones contrarias del campesino. El debate, como lo llama Chatterjee, opone en Europa la visin de los modernistas que ven en el campesino lo atrasado y “premoderno,” y los crticos de la modernidad, en especial los romnticos, que ven en el campesinado “the rapidly vanishing virtues of simplicity, naturalness and cultural authenticity” (158). Ni Daz Castro, ni Ospina pueden reconocer la ascendencia negra de las campesinas calentanas dado que presuponen una homogeneidad cultural en el campesinado. La idealizacin de un campesino no-negro, ni indio, es parte de la empresa ideolgica conservadora que Williams identifica como la “Hellenic/Catholic Arcadia” ( The Colombian 23) y que, segn el mismo crtico, aparece despus de la independencia y se prolonga hasta el siglo XX. Como se analiza ms adelante, Manuela presenta el contexto socio-cultural de la gente del campo y las caractersticas del campesinado. Aunque el narrador intenta en ocasiones idealizar al campesino y darle cualidades acordes a la opinin crtica de la modernidad, en el ltimo anlisis la tierra caliente no es el “lugar ameno”; por el contrario, los cuadros costumbristas reflejan la pobreza, el abandono y el aislamiento de los campesinos “descalzos” (los pobres) y en particular la difcil situacin social de quienes tienen una ascendencia negra. Como lo ha sealado Seymour Menton “las dos historias ms trgicas son las de Rosa y Pa” (69) cuyas vidas estn asociadas muy directamente con la esclavitud. La historia de la campesina parda Manuela Valdivia no

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18 es menos trgica. Aunque muy seguramente Daz Castro est obligado por los modelos literarios romnticos de la poca a escribir un desenlace trgico, y en el caso de Manuela , apresurado, dentro de los procesos de blanqueamiento y provincializacin la muerte de Manuela no sorprende. La desaparicin de la protagonista ilustra la inviabilidad del mestizaje y las abrumadoras consecuencias de la provincializacin. Si bien la narracin en Manuela contiene en ocasiones el efectismo del romanticismo, su objetivo principal es “copiar” la cotidianidad vivida por las gentes de la tierra caliente a travs, principalmente, de los puntos de vista de don Demstenes, Manuela y el narrador. Es en este diario vivir donde se encuentran, entre otros, el arraigo y la resistencia al cambio, pero no necesariamente como una escogencia del que ah vive sino por la imposibilidad de este sujeto de adelantar una accin que genere transformacin. La campesina parda Manuela, como sujeto protagonista de esta realidad diaria, est en efecto atrapada dentro de los lmites del territorio donde vive signada por una cruz doble: tener gotas de sangre negra y vivir en una regin de provincia que tiene caractersticas de la “frontera”. En el prefacio a la primera edicin de su libro Borderlands/La frontera Gloria Anzalda escribe que las fronteras “are physically present wherever two or more cultures edge each other, where people of different races occupy the same territory . . . ” (19). Aunque las tensiones y manifestaciones de frontera, que menciona Anzalda, estn dadas primordialmente entre pases, stas pueden surgir al interior de un pas. En Colombia los lugares en donde se da la interaccin tnica abundan debido a la heterogeneidad cultural, geogrfica y social que caracteriza al pas. La “frontera” est presente tanto en la provincia como en la ciudad y no es un lugar esttico ni monoltico; es el lugar dinmico

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19 de encuentro de quienes son considerados, por los centros de poder, como ciudadanos de segunda clase. Cmo se discute en el captulo IV, en la novela del autor colombiano varios de los personajes centrales (Manuela, Rosa, Pa) son sujetos ligados por una cultura negra que viven en una regin de frontera donde habitan entre otros, segn Anzalda, “ . . . the troublesome, the mongrel, the mulato, the half breed, the half dead . . . ” (25; nuestro nfasis). Las personas que viven en la frontera (“Borderlands”) son vctimas de manera aguda de la provincializacin. Desde el primer momento el narrador de Manuela nos explica que el “teatro de [la] narracin”, es un lugar “casi incomunicado” en “las cadas de la gran Sabana de Bogot” (17). “Las cadas” conforman la regin cercana a la capital, identificada con los nombres genricos de “la Parroquia” y ms ampliamente como “la tierra caliente”. Desde un comienzo el lugar de la accin est identificado como un sitio alejado, es decir, provincializado. La provincia incomunicada existe en el espacio y el tiempo pero no tiene siquiera nombre propio. As como el blanqueamiento “invisibiliza” la ascendencia negra de Manuela y de sus compaeras, la provincializacin distancia un lugar geogrfico, lo priva de una identidad particular significativa y lo convierte en un lugar genrico “casi incomunicado”. En Colombia, particularmente en el siglo XIX despus de la independencia, el centro de poder poltico se desplaza de la antigua metrpoli, Espaa, y se concentra en Santaf de Bogot. La ciudad que haca parte de la provincia del imperio espaol se convierte en el centro de la nueva repblica. Las regiones que comienzan a depender polticamente de este nuevo centro se convierten a su vez, para la nueva capital, en regiones de provincia. Algunas de estas regiones adquieren el carcter de fronteras y

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20 aunque para muchos en el poder stas son reas que merecen menos, o ninguna atencin, en ellas se genera una cultura que tiene como reto, prcticamente inalcanzable, vencer el proceso de provincializacin. Angel Rama reconoce la importancia de las reas geo-sociales, que tienen lmites diferentes a los polticos, llamndolas “regiones culturales”, y considera que debido a su diversidad definen mejor a Hispanoamrica. Las regiones culturales que menciona Rama se encuentran aun en pases geogrficamente pequeos como Puerto Rico y conforman un “segundo mapa latinoamericano . . . ms verd adero que el oficial cuyas fronteras fueron, en el mejor de los casos determinadas por las viejas divisiones administrativas de la Colonia y, en cantidad no menor, por los azares de la vida politica, nacional o internacional” (58). Manuela recrea el transcurrir de la vida diaria en una de estas regiones culturales y al hacerlo revela parte del mapa cultural colombiano a mediados del siglo XIX en un rea que por sus decripciones el narrador detalla como de frontera. Esta regin, provincializada, evidencia la presencia de un ascendiente cultural negro dentro de una nacin que tiene una larga historia de mestizaje. 3 El ejemplo ms reciente de reconocimiento de una “regin cultural” ocurre en Colombia durante el registro “oficial”, en la Constitucin colombiana de 1991, de las 3 El panorama que surge al tratar de describir el carcter tnico de la poblacin colombiana es bastante complejo. Dice la Encyclopedia Americana en su edicin internacional: “Colombia is remarkable for its ethnic diversity. European, Amerindian, and African strains, pure and intermingled, make up a complicated ethic pattern The government makes no attempt to estimate racial makeup, and one must guess at the percentages.” Esto contrasta con la divisin porcentual que presenta la Enciclopedia Universal Ilustrada donde se presentan cifras concretas auque no se especifica si la informacin dada para mestizos incluye el mestizaje tri-tnico: “grupos tnicos: mestizos (58%), blancos (20%), mulatos (14%), negros (4%), zambos (3%), amerindios (1%).” Por su parte The New Encyclopedia Britannica dice: “the tri-ethnic character of the population is most pronounced in the coastal departments where the admixture of Africans historically was greatest. Elsewhere mestizos clearly predominate, although official figures are unavailable.” “Colombia,” The Ne w Encyclopedia Britnica: Macropedia , 15th ed., 2003. Dos aspectos son claros: el complejo carcter tri-tnico de la poblacin colombiana y lo difcil de catalogar porcentualmente ese carcter. Hay que destacar adems el intento (presente en la New Encyclopedia Britnica ) por establecer una conexin entre composicin tnica y lugar geogrfico.

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21 denominadas comunidades negras. Este proceso reciente de registrar la presencia del negro se da en dos partes: primera, a travs de lo que ordena el artculo transitorio 55 de la constitucin y segunda, por medio de lo que sanciona la ley 70 de 1993 que cumple con lo ordenado por el artculo transitorio. Segn Wade esta ltima ley establece “el derecho a titulacin de tierras para grupos sociales rurales de la costa Pacfica del pas, rea en la que entre 80% y 90% de la poblacin es negra [y] garantiz[a] la participacin de los colectivos negros en la poltica y en la vida econmica del pas” (Construcciones 245). Ms all de la afirmacin de derechos y el reconocimiento de las comunidades negras otorgados por esta ley, hay que agregar, como tambin lo ha sealado Wade, que en ella hay un “uncomfortable balance between regional specificity and national coverage [ . . . ]. [T]he image of black culture portraye d tends to exclude all black people who live outside the Pacific region . . . ” (“ Cultural Politics” 322-3). La ley entonces reconoce la presencia negra pero en una regin aislada y parece desconocer esta misma presencia como parte integral de la nacin. Como lo manifiesta Friedemann, la nueva constitucin “apenas mencion plidamente a los negros en su expresin tnica diferenciada” (Saga 100), lo cual es una alusin clara al mestizaje y al proceso de blanqueamiento gentico. El aislamiento o localizacin de un grupo humano en particular en un determinado territorio, en este caso el negro en la costa pacfica, pone de manifiesto algunos de los elementos generativos del proceso de provincializacin del que se ha venido hablando. Viveros cita la respuesta de un estudiante negro entrevistado que se opone al encuadramiento regional que alude a la problemtica de establecer una conexin regin-etnia: “[y]o no estoy de acuerdo con la ley 70 de las negritudes. Por qu deberan asignarle a alguien una tierra por ser negro, viviendo ac [en Bogot]? Lo que

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22 nosotros queremos es tener los mismos derechos que tienen todos los dems colombianos. No queremos ser reconocidos como negros sino como colombianos” (121 nuestro nfasis). Lo importante aqu no est en el reconocimiento de la etnia, que en el caso de lo sancionado por la constitucin aparece ligada a un determinado lugar geogrfico dentro del pas (una provincia), sino en ser o no reconocido como perteneciente a una nacin. La provincializacin, como el entrevistado parece captarlo, asigna a alguien una tierra y lo “incomunica”, lo desplaza hacia regiones especficas que pueden adquirir fcilmente caractersticas de frontera aun bajo el rtulo de ciudadano. Esto en trminos generales es lo que ocurre en Manuela con los habitantes de una “tierra caliente” incomunicada, y en particular, con las mujeres de ascendencia negra a quienes rondan el abuso y la muerte. A la llegada de Manuela a Ambalema el narrador describe la frontera as: Algunas [de las peonas] se cruzaban fumando tabaco y caminando con cierto aire de liviandad y descoco, nicamente tolerante en los puertos o en los lugares demasiado calientes, pero que en otras partes no tiene disculpa. Los proletarios, mercachifles de todos los cantones y de todos los colores, y de todas las razas, con excepcin de la anglosajona, y entre ellos los afamados bogas, llenaban la calle; y entre la vocera oa Manuela algunas frases demasiado claras en el orden de la galantera. Las cantinas estaban abiertas, y de pasada vea la parroquiana algunas escenas de amor (260). En la cita anterior el componente negro tnico est en las “peonas”, cuyo trabajo principal dentro de marco de la novela es el de “trapicheras,” en los “afamados bogas,” y en la alusin a todos los colores y a todas las razas. Adems, lo oscuro de la piel est enfatizado por oposicin a la exclusin de la raza (blanca) anglosajona. La presencia de lo negro va acompaada de un libertinaje sensual y sexual, rasgos estereotpicos del negro “tolerados” solamente en un lugar como el descrito, la tierra caliente, donde se ponen de manifiesto los vicios como el tabaco y el alcohol en un ambiente de “liviandad

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23 y descoco”. Con respecto a los estereotipos mencionados Wright escribe: “[b]lack and pardo women epitomized sexuality, sensuality and beauty in Venezuela . . . ” (45). El tema de los estereotipos se discute ms en detalle en el captulo IV. En resumen el individuo que habita en la regin y dentro del ambiente descritos es “el campesino” (trmino que incluye y oculta a las trapicheras negras, mulatas y zambas) que se ve obligado a luchar denodadamente si desea afirmarse como miembro activo dentro del estado de derecho del que hace parte; o puede resignarse y aceptar su condicin de inferioridad socio-cultural y poltica, y asumir una posicin secundaria como sujeto de la provincia incomunicada; o puede continuar en su proceso de blanqueamiento con el propsito, por lo general ftil, de lograr integrarse a la sociedad en el poder. En otras palabras sus opciones parecen ser rebelarse, blanquearse o aceptar su posicin de “subalternidad”, trmino que Illeana Rodrguez considera expresa de manera ms amplia, que el trmino clase, “the fullness of the disenfranchised community” (5).

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CHAPTER 3 MANUELA Y LA CRTICA El autor de Manuela (1856), Eugenio Daz Castro (1803-1865) nace en Soacha, una poblacin sabanera cercana a Santaf de Bogot. Comienza estudios en el Colegio San Bartolom pero estos se ven interrumpidos por razones que no son del todo claras. Se dedica a labores del campo en lugares del altiplano y en regiones de la llamada tierra caliente cercanas a la capital colombiana, en trapiches y fincas tabacaleras; a veces como mayordomo y en otras ocasiones como propietario. Debido quizs a su mala salud, no participa en las guerras de independencia ni en las muchas guerras civiles que se dan durante su vida. Respecto a sus preferencias religiosas y polticas Jos Mara Vergara y Vergara sostiene que Daz Castro era un “riguroso cristiano”, “riguroso republicano”, “conservador” y “no aceptaba la democracia anrquica” (Citado por Torres Londoo, 1). Manuela se comienza a publicar por primera vez en entregas a partir de diciembre de 1858 en el semanario El Mosaico de Bogot fundado por el autor y por Jos Mara Vergara y Vergara (Mujica 10). En 1866, al ao siguiente a la muerte del autor, se publica como parte de la coleccin “El museo de cuadros de costumbres” (Mujica 14), dirigida por Vergara y Vergara, y aparece en segunda edicin de dos volmenes, en Pars (1889) bajo el ttulo de Manuela: novela de costumbres colombianas . 1 En “El 1 La versin digital de la edicin de Pars de la Biblioteca Virtual Cervantes es la que se utiliza para este estudio. Se facilita as la consulta del texto por los acadmicos interesados en el tema. Dada la extensin de la novela se considera igualmente prctico utilizar la versin electrnica para la bsqueda de informacin y manejo de textos especficos. Adems de Manuela Eugenio Daz Castro escribi El rejo de enlazar (novela), Bruna la carbonera (novela), Los aguinados de Chapinero (novela), Pioquinta o el valle de Tenza (novela inconclusa), Maria Tinince o los pescadores de Funza (novela corta), Una ronda de don Ventura 24

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25 costumbrismo en Colombia” Carlos Jos Reyes hace referencia a algunas de las vivencias del autor y resume las caractersticas de su escritura que dan origen a opiniones crticas encontradas: El conocimiento de las gentes del campo, su amor por el terruo y su especial sensibilidad, lo convirtieron en un escritor muy singular, alejado de la retrica y la grandilocuencia, con el gran mrito de la sencillez y la claridad en su exposicin, caractersticas que constituyen sus mayores virtudes y, segn algunos crticos, de donde se desprenden sus principales defectos (199). Como lo seala Pineda “la aceptacin de la obra . . . fue lenta” (131). Un motivo parece haber sido el comentario que hiciera Jos Mara Vergara y Vergara en el prlogo de la primera edicin de Manuela . Este comentario por un lado valora la capacidad de observacin del autor pero por otro cuestiona su estilo y lenguaje. Vergara y Vergara despus de anotar que la idea del autor de Manuela de “copiar” y no de “inventar” los cuadros de costumbres es digna de Larra, entra a disculpar lo que l considera son las debilidades estilsticas de Daz Castro: “no podemos hacer iguales elogios de su estilo; falta que pronto notar el lector, y que disculpar pronto, sin duda, cuando conozca la vida del autor ... ” (455). Vergara y Vergara se refiere a la falta de formacin acadmica de Daz Castro y a una vida que haba transcurrido en el campo. Los desacuerdos entre el autor de Manuela , quien se rehsa a seguir corrigiendo la novela, y su primer crtico, ocasionan que la publicacin de la novela en el semanario se suspenda (Mjica 14). Cuando la novela aparece completa, despus de la muerte del autor, las dudas generadas con anterioridad por el prologuista, y posterior editor, crean alguna incertidumbre en relacin con la autenticidad y la calidad de la obra (Mujica 14). Adems el que Daz Castro siga un estilo costumbrista parece influir de manera negativa en la recepcin de su Ahumada (novela corta) y varios cuadros de costumbres. Ver Elisa Mujica “Nota crtico-biogrfica sobre Eugenio Daz Castro”.

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26 novela ya que una parte de la crtica cuestiona la calidad del costumbrismo colombiano. Camacho Roldn, por ejemplo, sostiene que ste movimiento “fue demasiado local, demasiado provinciano y sus cultores pocos hbiles y sin talento” (53). Para el segundo aniversario de la muerte de Eugenio Daz Castro, Jorge Isaacs convierte en virtudes algunas de las debilidades sealadas por Vergara y Vergara en su prlogo y resume el estilo y el propsito del autor de Manuela de la siguiente manera: El autor de Manuela es el primero de nuestros escritores que despus de haber vivido en intimidad con la clase pobre y desvalida y conocer sus dolores, no de odas y para decantarlos en pomposas declamaciones, sino para buscarles remedio, los ha estudiado y descrito. l tomando de la mano a un pueblo ignorante y pobre, por desidia, impotencia o locura de los que le han gobernado, descontento por los sacrificios que ha hecho en vano, debilitado por la sangre que se le ha exigido, nos lo ha mostrado tal cual es. (462) Para la misma conmemoracin en un corto artculo publicado en “El Iris”, el mismo peridico donde sale publicada la crtica de Isaacs antes mencionada, Nicols Pontn utiliza una corta estrofa alegrica para explicar por qu, a pesar de su imaginacin, el autor de Manuela no haba tenido una buena aceptacin: “-Dcenme que brotas perlas, / -S seor, y son de cobre, /Mas como las brota un pobre/ no hay quien se agache a cogerlas” (459). Toms Rueda Vargas est de acuerdo con Isaacs y resalta de manera positiva el estilo “sencillo y sobrio” de Daz Castro y considera que Manuela , adems de una gran novela de costumbres es “nuestra obra mxima” en relacin con la problemtica social de inters que presenta (158). 2 2 Nuez Segura escribe “que Manuela es una obra de valor social ms que literario” (277). En la comparacin que hace con la novela de Jorge Isaacs dice que Manuela es la “mujer proletaria” y “real” mientras Mara es la “mujer aristocrtica” e “idealizada”. De Mara escribe que “la narracin y descripcin estn empapadas de sentimiento lrico. [En ella] el amor es castsimo, angelical, [y] no traduce ningn problema social” mientras que en Manuela las descripciones y narraciones manifiestan solo la visin objetiva de las cosas. [En ella] el amor humano hecho pasin, celos, persecucin, juega el papel principal [y la obra] est repleta de contenido social” (277).

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27 A pesar de los comentarios que Isaacs y Pontn hacen de la recin publicada obra, y no obstante lo que Rueda sostiene a mediados del siglo XX, la crtica de Vergara y Vergara parece tener ms repercusin y la produccin de Daz Castro queda asociada por largo tiempo a su debilidad estilstica. Segn la critica que hace eco al comentario de Vergara y Vergara el autor de Manuela carece de formacin acadmica formal pero tiene la habilidad de describir lo que ve en el ambiente rural donde vive. Salvador Camacho Roldn, por ejemplo, opina que Manuela es una novela “estrictamente realista [que] no se distingue por las galas del estilo ni tal vez por la pureza del lenguaje” (74). Para este mismo crtico el aporte de Daz Castro est en la “verdad de las descripciones”, “la fiel reproduccin de los caracteres” y “las escenas de la naturaleza primitiva.” (74). Por su parte Antonio Gmez Restrepo hace referencia a la “mediana instruccin” de Daz quien “no lleg a poseer una verdadera educacin literaria” (92). Siete aos despus de haber escrito el prlogo de Manuela, Vergara y Vergara publica una nota biogrfica en “El Iris” donde hay una aparente pugna interna del crtico por decidir si desaprueba o admira la obra de Eugenio Daz Castro: “sus novelas no tienen ms situaciones dramticas que las que aparecen en la vida. . . . [La] trama es interesante aunque sencilla . . . [y] [s]u lengua je es incorrecto pero est exento de galicismos y neologismos” ( Biografa 446). Describir la cotidianidad dentro de una trama sencilla en un lenguaje que considera “incorrecto” no es algo que Vergara y Vergara quiera destacar como valioso. Curiosamente es precisamente la descripcin de la cotidianidad, es decir, “los artculos de costumbres” que Demstenes el co-protagonista de Manuela considera “el suplemento de la historia de los pueblos” (215), los que con el paso de los aos atraen una crtica menos recriminadora.

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28 Para la celebracin del centenario de la muerte del autor de Manuela la Academia de Historia comisiona a Rafael Maya para que elabore una crtica conmemorativa. Aunque esta clase de peticiones lleva con frecuencia solamente a comentarios laudatorios, Maya repite en parte lo que un siglo antes haba manifestado Vergara y Vergara: “lo que s es evidente es que don Eugenio, a causa de su poca cultura, que no me empeo en negar, y por razn de sus corta lecturas, flaquea por el lado del lenguaje y del estilo” (272). Debido a estas carencias, contina Maya, Daz Castro “sin ningn propsito de estilizacin idiomtica [toma] de la boca del pueblo, en su sentido natural y corriente, vocablos y expresiones” y son estas expresiones las que el novelista coloca en boca de sus “campesinos y montaeros, [y de] sus arrieros y lavanderas” (274). En resumen, las caractersticas estilsticas de Daz Castro que Isaacs, Pontn y Rueda Vargas resaltan como aportes originales e importantes, y una manera de representar la realidad lingstica de ciertos grupos sociales, son las mismas que Vergara y Vergara, Camacho Roldn y Maya cuestionan desde una perspectiva que considera la falta de educacin formal o acadmica, y la manera de expresin campesina o rural, como una carencia o falla idiomtica. 3 A pesar de la resonancia que hace Rafael Maya de la crtica estilstica anterior, este poeta y crtico colombiano reconoce “la iniciativa e impulso” de “don Eugenio” en la 3 Es relevante anotar que la divisin de la crtica en dos campos definidos, frente al estilo de escritura de Daz Castro, deja entrever que es la formacin acadmica y la posicin social de los mismos crticos la que posiblemente ocasiona ciertas discrepancias. Vergara y Vergara disculpa el estilo de Daz Castro debido a que este es en esencia un “campesino” y por eso incapaz de una buena produccin literaria. Camacho Roldn, Gmez Restrepo y en parte Maya (cien aos despus), comparten la visin de Vergara y Vergara. Todos ellos son miembros de la clase letrada colombiana pertenecientes a las academias de la historia y/o de la lengua o con conexiones a stas. Por otro lado Isaacs y Pontn claramente explicitan que es el origen pobre de Daz Castro lo que ha ocasionado el menosprecio de su trabajo literario. Isaacs, hijo de inmigrante judo, no termina estudios de bachillerato y como miembro del partido radical se opone a escritores como Vergara y Vergara y Salvador Camacho. La situacin personal de Isaacs tiene cierta afinidad con la de Daz Castro, ninguno de los dos logran finalmente integrarse al circulo social de quienes critican el estilo de la prosa del escritor de Soacha.

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29 edicin de El Mosaico y sus aportes a los cuadros de costumbres (267). Afirma Maya tambin que en el “arte de contar nadie aventajaba a don Eugenio, ni siquiera Carrasquilla” y agrega que “es un verdadero maestro de la narracin, y como no se detiene en preciosidades de estilo ni en laboreo de frases, su relato fluye con impresionante dinamismo. Finalmente al hablar de Manuela considera su costumbrismo como “esencial al carcter mismo de la novela” (270-1). Seymour Menton opina que es esta “revalorizacin” que hace Maya sobre la obra de Daz Castro para el centenario de su muerte, la que marca la “consagracin definitiva de Manuela en Colombia” (54). De todas formas la herencia de la crtica de Vergara parece haberse filtrado a una obra de referencia general como la de Snchez Lpez, Diccionario de escritores colombianos, donde se describe al escritor de Soacha como “genuinamente campesino de lenguaje espontneo pero descuidado y literariamente ingenuo, torpe, lento y desesperante” (217). De ser posible a gran parte de esta crtica habra que pedirle que explicara porque Manuela cuenta con una amplia recepcin. Adems de las caractersticas de estilo y lenguaje consideradas por parte de la crtica como debilidades del escritor colombiano, sta parece haber tenido dificultad para definir y catalogar su obra y colocarla dentro de la evolucin literaria colombiana e hispanoamericana. Manuela no se menciona en algunas de las obras de sondeo de la literatura hispanoamericana. Dos ejemplos son A Companion to Modern Spanish American Fiction de Donald Shaw, donde Carrasquilla con su obra Frutos de mi tierra , publicada mucho despus que los trabajos de Eugenio Daz Castro, es el escogido como representante del costumbrismo realista en Colombia, y la Historia y crtica de la novela hispanoamericana, donde Galo Ren Prez menciona a El Mosaico como revista fundada

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30 por un grupo “notable” de las letras colombianas y cita la antologa Museo de cuadros de costumbres (de la que hace parte Manuela ) publicada en 1866. Sin embargo Prez no habla de Daz Castro mientras s menciona a otros “costumbristas” colombianos: Juan de Dios Restrepo (Emiro Kastos), Jos Caicedo Rojas, Jos David Guarn, Jos Manuel Marroqun y Toms Carrasquilla. A pesar de las opiniones negativas y a veces contradictorias ya mencionadas la obra de Daz Castro es reconocida por parte de la crtica ms reciente como obra importante dentro de la novelstica colombiana e incluso hispanoamericana. En Evolucin de la novela hispanoamericana en el XIX Benito Varela Jcome sita a Manuela en un aparte titulado “Asimilacin discontinua de procedimientos realistas” y la identifica como parte de la “vacilacin esttica” del perodo al tiempo que afirma que la novela no logra “librarse totalmente de la sugestin romntica del pintoresquismo [pero] corrige la perspectiva costumbrista con una postura . . . abierta a la reproduccin plstica de la naturaleza” (107). Jean Franco, de otra parte, haya mritos suficientes en Manuela para agruparla a otras obras “romnticas del siglo XIX [que] revela[n] una acentuada preferencia por protagonistas femeninos” y que tienen una posicin en el canon literario: Mara , Cecilia Valds , Cumand y Amalia entre otras (88). Por su parte Cedomic Goic sita a Manuela dentro del romanticismo y al autor, como miembro de este movimiento, como integrante de la generacin de 1837 que “marca en Hispanoamrica un comienzo de un desarrollo cohesivo y maduro de la novela.” (214). “Con todo y ser una larga coleccin de pequeos cromos de costumbres”, escribe Antonio Curcio Altamar en su captulo dedicado a la novela costumbrista, Manuela puede considerarse una “verdadera novela”, por su “continuidad argumental y la ilacin sostenida de los caracteres” (125).

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31 Arturo Torres-Rioseco en “La novela en la Amrica hispana” sostiene que Manuela “pasa por ser obra” del gnero realista (202). Finalmente Enrique Anderson Imbert escribe que como escrito de cuadros de costumbres Manuela “es ms eficaz en la descripcin realista del vivir campesino que en la descripcin sentimental de los amores” (250). Parte de la crtica, entonces, aunque no deja de encontrar algunas fallas estticas en la produccin de Daz Castro posiciona a Manuela dentro de los movimientos literarios ms importantes del siglo XIX en Hispanoamrica. Es evidente que no hay un acuerdo en relacin con las caractersticas literarias de Manuela que le permita a esta crtica situar a la novela de Daz Castro dentro de un movimiento determinado (romanticismo, costumbrismo, realismo) pero si existe un acuerdo tcito que considera que Manuela debe ser motivo de anlisis dentro del panorama general de la novelstica en Hispanoamrica. Hay otro bloque de crtica que comienza a ver en Manuela caractersticas particulares que van ms all de su encuadre dentro de los movimientos literarios mencionados arriba. En la nota crtico biogrfica que sirve de introduccin a la obra completa de Daz Castro que se publica en 1985, Elisa Mujica ve otras dos caractersticas en Manuela y afirma que junto a “la fama de costumbrista cabra a don Eugenio la de naturalista, por sus alabanzas a la tierra, los animales y las plantas” (32) y resalta igualmente un aspecto didctico en la obra de Daz, caracterstica que tambin menciona Pineda Botero (138). Por su parte Williams opina que las novelas colombianas anteriores a Manuela eran ms esquemas que relatos plenamente desarrollados (57) y afirma: “como documento literario de conflictos ideolgicos y de esa subversin de que ha hablado Fals Borda, debe considerarse como la primera novela de la violencia” (“Manuela” 20). Este mismo crtico ha resaltado que el mayor conflicto presente en la novela es el que surge de

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32 la dinmica compleja entre dos culturas diferentes: la oral de Manuela y la escrita de Demstenes ( The Colombian 60-62). Por su parte Seymour Menton considera que, en general, la novela defiende la posicin de la mujer y que esto la “distingue de todas las otras del siglo diez y nueve” (67). Finalmente Pineda Botero considera a Manuela como la novela colombiana “ms acabada y de mayor importancia en [los] primeros aos [1840-1856] fundadores” (131) No obstante su reconocimiento como obra fundacional Manuela ha sido poco estudiada. La permanente agitacin poltica y la pugna ideolgica que se dan por los aos de escritura de la novela y su publicacin inicial, y que son trasfondo de la trama de ficcin de la novela, son las que histricamente han recibido mayor atencin. Sin embargo con el paso de los aos el aporte de la narracin social-costumbrista, “realista”, ha emergido con mayor fuerza. Que cumpliera o no con las condiciones para ser una novela, fue una preocupacin inicial de la critica, y hallar mritos suficientes para mencionarla, o no, fue una preocupacin posterior. Despus el inters fue identificar sus caractersticas para poder encuadrarla dentro de la evolucin de la novela colombiana e hispanoamericana y en este esfuerzo ha sido identificada indistintamente como costumbrista, realista, naturalista y/o romntica. Existe adems otro hilo que corre a travs de toda la crtica que es de relevancia para los objetivos de este ensayo y es el reconocimiento, aunque superficial, de una problemtica tnica. Como se ver en el captulo IV, el “drama de la raza”, como lo llama Oscar Gerardo Ramos en el subttulo de su libro De Manuela a Macondo, est latente en gran parte de la novela de Daz Castro. Sin embargo, tan solo una pequea parte de la crtica ha entrado a reconocer la presencia de lo negro en Manuela Valdivia y en la tierra

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33 caliente. Asimismo, dentro de esta ya reducida crtica una porcin an menor es la que se ha detenido a elaborar la temtica social del negro. “[L]a aparicin del negro en las letras colombianas es un tema poco explorado” afirma Prescott, quien considera que Manuela es un ejemplo de las novelas donde el negro ha llegado “incluso a ser personaje destacado” (1). Que el protagonismo del pardo o el negro sea la excepcin, y an ms antes que ahora, no nos debe extraar; como afirma Friedemann: “la invisibilidad de la dimensin histrica de las culturas africanas es un fenmeno que sigue afectando los procesos de formacin de las identidades afroamericanas y latinoamericanas” (“En la Ruta” 1). Cuando trminos como negro, mulato o zambo no aparecen, lo hacen otros que permiten el blanqueamiento o que presentan situaciones que apuntan hacia una lucha social y/o poltica que no puede desligarse de las condiciones de frontera y provincializacin. En el prlogo antes mencionado a la primera edicin de Manuela , Vergara y Vergara dice que la idea de Daz es “mostrar los vicios de nuestra organizacin poltica, analizndola para fundarla de abajo para arriba: de la parroquia lejana para la capital; del ltimo eslabn de los tres poderes al primero” (456-7). Los trminos binarios arriba – abajo y parroquia – capital apuntan hacia el distanciamiento de ese ltimo eslabn, “el pueblo”, de los otros dos, el gobierno civil y el eclesistico. El trmino “pueblo” esconde sus componentes de clase y raza. Por su parte Camacho Roldn en su estudio de la novela escribe: “[l]a revolucin de la Independencia sacudi de nosotros el yugo de un gobierno extrao y la odiosa explotacin de una metrpoli distante: levant al negro, al indio, al mestizo, al criollo a la condicin de ciudadanos; pero todava no ha dado el primer paso en las instituciones ni en las costumbres para sacar de la humillacin a la hija

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34 del pueblo (92; nuestro nfasis). La hija del pueblo a la que se refiere Camacho Roldn es Manuela Valdivia. Difcilmente se encontrara un trmino que ayude ms al blanqueamiento que “pueblo”, o que mejor amalgame, como lo hace Camacho Roldn, a todos los habitantes de la provincia que describe el narrador de Manuela , ya sea a “las cadas de la sabana de Bogot” o a orillas del Magdalena, las dos reas donde ocurre la accin. Adems de “pueblo”, los trminos criollo y campesino, y otros, vagos en lo que respecta a una posible presencia o ausencia del negro, tambin han sido utilizados por la crtica. Maya, a pesar de haber titulado su comentario sobre la obra de Daz Castro “La Manuela y el criollismo colombiano” (nuestro nfasis), evade totalmente el tema del mestizaje. Este crtico se refiere a la sociedad que describe el autor de Manuela como “rstica” sin “nada caracterstico, ni racial, ni geogrficamente, fuera de las costumbres generales a los pueblos que moran en las cercanas del Magdalena” (273 nuestro nfasis). Precisamente son las “costumbres generales”, parte integral de la cotidianidad de las gentes que viven es esa regin de frontera, las que tienen mucho de “caracterstico” y “racial”. El trmino “rstico” lo utiliza tambin Seymour Menton para describir a Rosa en particular (61) y en general para referirse a las “bellezas rsticas de la parroquia” (67) a las que tambin aglutina bajo el termino de “plebeyas” (64). De modo significativo Alvaro Pineda Botero (uno de los que con ms juicio ha bosquejado las posibles y variadas vertientes crticas de la novela de Daz Castro), a pesar de resaltar “que la conciencia sobre las razas y los procesos de mestizaje [en la obra] es clara” (144), no seala la presencia tnica, tanto biolgica como cultural, de Manuela y utiliza los mismos trminos empleados por Daz, “campesina” (134) y “calentana” (143) para describirla. A

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35 pesar de aludir al drama social de la novela en los trapiches, Ortiz no lo presenta en relacin con la problemtica de la raza y utiliza de nuevo el trmino genrico campesino. Daz Castro, segn Ortiz, “muestra la explotacin de los campesinos en los trapiches y el poder absoluto del seor de la tierra” (18). El campesino como el pueblo, por supuesto, no tiene un color en particular porque los tiene todos. La siguiente es la descripcin que hace el narrador de Manuela de una campesina: “Paula traa de la mano una muchacha bonita, con todas las cualidades de una verdadera campesina, estanciera o aldeana, robusta, de buenos colores y vergonzosa, lo que era un verdadero prodigio” (228). Si hay color negro, este queda oculto dentro de los “buenos colores” de la “campesina prodigiosa”. No sorprende entonces que Ramos sentencie que en Manuela “las ideas sociales se controvierten, los estamentos sociolgicos se enfrentan, los cuerpos se llaman -como voz de la raza que aspira a la integracin -pero todo queda ineluctablemente igual” (18; nuestro nfasis). “Campesinas” o “aldeanas” “rsticas”, “calentanas” y “plebeyas” de “el pueblo” ocultan “el drama de la raza” y son reflejo del blanqueamiento y la provincializacin. No obstante la falta de un reconocimiento, por un amplio sector de la crtica, del innegable protagonismo del negro en Manuela , algunos pocos s han asociado a Manuela Valdivia directamente con la presencia del negro o del mestizaje. Sin embargo, esta asociacin, en la gran mayora de los casos, se ha hecho sin entrar a discutir su problemtica. Curcio Altamar se refiere a Manuela como “la hermosa negra del ro” (126), nominacin que encuentra eco en Pedersen, quien la menciona como una “mulatto girl” (22). Jean Franco la identifica como una “mestiza” al tiempo que identifica a Cecilia Valds, en la novela de Cirilo Villaverde del mismo nombre, como una mulata.

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36 Es claro que Franco establece una diferencia tnica entre estos dos personajes e insina la presencia de un componente primordialmente indgena en Manuela mientras parece ignorar la posibilidad de un mestizaje ms amplio que incluya al negro. (Franco no explica si el mestizaje al que alude es tri-tnico.) Goic sin rodeos ni mayores explicaciones, y sin dejar de resaltar el trasfondo poltico de la novela, afirma que “el mundo social [en Manuela ] es eminentemente el de las hermosas negras trapicheras en la explotacin del azcar” (216) y que es “del rgimen de abuso y explotacin que surge la tragedia de la joven negra, Manuela” (216; nuestro nfasis). The Negro in the Colombian Novel Barry D. Amis, es el nico trabajo que explora directamente la problemtica racial presente en Manuela , entrelaza las temticas poltica y social y considera que la novela de Daz Castro “is the story of a beautiful mulatto village girl who spurns the advances of the local political boss” (32). En su conclusin Amis apunta hacia la aparente incapacidad de Daz de describir la situacin del negro como era en la realidad: Daz fails to penetrate beyond the surface of his heroine’s physical beauty. He perceives none of the complexities of a Negro’s life in a country in which slavery had ended only fifteen years before he wrote the novel. Because he is more concerned with satirizing particular political beliefs (the liberal philosophy), the author loses sight of his characters as vital human beings. (196) Como se ver ms adelante la conclusin de Amis no es del todo acertada: la narracin de Daz Castro deja entrever a una protagonista que es ms que la “preciosa negra” que Demstenes admira y a travs de las trapicheras Pa y Rosa es posible “percibir” algunas de “las complejidades de la vida del negro” en un lugar donde recientemente haba sido abolida la esclavitud. Por el momento es posible concluir que un sector de la crtica, aunque tmida y superficialmente, ha reconocido la presencia de lo negro en Manuela pero no ha ido ms all de puntualizarla ni ha llegado a conectarla de

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37 modo detallado con el personaje principal de la novela costumbrista de Daz Castro. El tema poltico sigue muchas veces opacando la realidad social y esto ocurre en ocasiones en la novela y es ostensible en gran parte de la crtica. Sin embargo, s hay una presencia negra en Manuela que est velada mediante el blanqueamiento y la provincializacin, y aunque en ocasiones oculta tambin tras el tema del conflicto liberal-conservador de mediados del siglo XIX colombiano, es ms que perceptible a lo largo de la gran mayora de los cuadros costumbristas como se detalla en el captulo IV.

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CHAPTER 4 CONTEXTOS POLTICO, GEOGRFICO Y SOCIAL DE MANUELA Michael Jimnez en “La vida rural cotidiana en la Republica”, al referirse al incremento en la movilidad laboral hacia mediados del siglo XIX en Colombia, sostiene que por esta poca los “campesinos pobres” comenzaron a viajar con mayor frecuencia a lugares distantes para “vender su mano de obra”. De manera “similar los mestizos y los indios, habitantes de las zonas altas del sur de Colombia, emigraban temporalmente para participar en la zafra de azcar en el Valle del Cauca. (163-4; nuestro nfasis). Por su parte en “La vida domstica en las ciudades republicanas”, Catalina Reyes y Lina Marcela Gonzlez, escriben que ya a comienzos del siglo XX “la mayora de las trabajadoras domsticas [en las ciudades] eran jvenes campesinas de las zonas ms cercanas [a stas]. En ciudades como Barranquilla y Cali procedan de la poblacin negra y en Bogot eran indias” (222-23; nuestro nfasis). Los dos ensayos arriba citados al asociar la presencia del negro a determinadas regiones se convierten en ejemplos que ilustran y, al mismo tiempo, perpetan la problemtica social que ha vivido la poblacin negra en Colombia. Dos de las generalizaciones que han agudizado la provincializacin e invisibilidad del negro, especialmente en ciertas regiones, son: primero, que en las regiones geogrficamente altas viven los indios y en las partes bajas los negros; y segundo: que el mestizaje del campesino en dichas reas est determinado por la etnia que supuestamente predomina en cada una de ellas. Se concluye entonces fcilmente que el campesino de los Andes es indio y el de los valles, negro y as est explcito en lo presentado por 38

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39 Jimnez, Reyes y Gonzlez. Ejemplo ms claro an es el siguiente prrafo en el artculo “Contexto histrico del negro”, publicado en la revista Colombia, sus gentes y regiones del Instituto Geogrfico Agustn Codazzi: La distribucin del negro en Colombia obedeci principalmente a la forma como se reparta la poblacin indgena en el territorio: donde el indgena no resida o era demogrficamente dbil, entr el negro a trabajar . . . El sistema esclavista se impuso all donde el indgena no tena tradicin agrcola, donde la plantacin esclavista poda producir bienes no obtenidos en Europa. . . . De all que los negros se distribuyeran principalmente en las costas del Pacfico y Caribe y en las hoyas de los ros Magdalena y Cauca pero no en la zona montaosa donde el imperio muisca haba llegado a mayores niveles de desarrollo en sus actividades (75; nuestro nfasis). A pesar del uso repetido del trmino principalmente, que permite pensar en la excepcin, el prrafo anterior no hace otra cosa que encuadrar etnias colocndolas en regiones determinadas, como lo hacen los historiadores mencionados con anterioridad. A la presencia negra, a la indgena y a su mestizaje se les asignan determinadas latitudes y longitudes geogrficas, generalmente asociadas con algn tipo de frontera interna. Esto ha servido para aislar y separar el componente negro colombiano, no obstante el amplio mestizaje existente en Colombia y la casi imposibilidad de establecer quienes tienen, o no, una herencia tnica triple. Finalmente, un tercer aspecto comn a los escritos citados es que en ninguno de ellos se hace mencin, en momentos donde sera relevante hacerlo, a los mulatos y a los zambos, sin necesidad de entrar a nombrar la casi interminable lista de cruces, que daban como resultado los tercerones, cuarterones, etc., con los que en la colonia se busc el blanqueamiento de sangre (Friedemann, Saga 64). Como ya se ha sealado esta ausencia del mestizaje negro, es decir del mulato y del zambo, no es la excepcin. Sorprende que en una nacin producto del mestizaje, y a finales del siglo XX, publicaciones

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40 gubernamentales e historiadores independientes estn de manera “oficial” perpetuando la idea de un pas dividido (principalmente) en regiones geo-tnicas. Teniendo en cuenta los propsitos de este trabajo y debido a la problemtica expuesta hasta aqu, producto del blanqueamiento y la provincializacin que tiende a no reconocer la presencia significativa del negro fuera de determinadas regiones del pas, es precisamente necesario enfatizar su presencia histrica en las zonas bajas (“las cadas”) contiguas a la sabana. La tarea de tener prcticamente que “probar” la existencia del negro en Bogot y las zonas aledaas, se vuelve indispensable cuando un escritor como Eugenio Daz Castro en una novela que pretende copiar la cotidianidad describe las etnias blanca e india, e incluso las caractersticas fenotpicas de una campesina, pero evita por completo una descripcin de una de las trapicheras negras o de una parda como Manuela. Sin embargo, debido al mismo esfuerzo del novelista colombiano por pintar lo que ve y plasmarlo en sus cuadros costumbristas, es inevitable que innumerables trazos de la presencia negra queden ilustrados en la narracin. Estos rasgos que emergen a medida que se lee la novela se analizan al discutir el texto en el captulo IV. Los esclavos comienzan a llegar a Santaf de Bogot, desde la primera mitad del siglo XVI, con los expedicionarios y conquistadores espaoles. 1 Una de las primeras participaciones activas de un sujeto de ascendencia africana, en la vida de la capital y por fuera de la esclavitud fue recogida por Juan Rodrguez Freyle en El Carnero . Rodrguez Freyle narra lo que l denomina una “flor”, ocurrida en la ciudad, en la que Juana Garca, “una negra horra”, es la principal protagonista: esta “tena dos hijas, que en esta ciudad arrastraron hasta ceda (sic) y oro, y an trajeron arrastrados algunos hombres de ella” 1 Carmen Ortega Ricaurte hace un recuento minucioso, a veces con nombres propios, de los esclavos que llegaron a la regin con los primeros espaoles y en los siglos siguientes.

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41 (86-7). El comentario de Rodrguez Freyle no slo atestigua la presencia temprana del negro en Bogot sino que da testimonio de la participacin “libre” de algunas de ellas y sus posibilidades de interaccin con otras personas. Esta movilidad y posibilidad de interaccin dentro de la sociedad sugiere, desde muy temprano en la historia de la regin, la eventualidad de un contacto cotidiano con sujetos de otras etnias y, por consiguiente, la probabilidad de mestizaje. Rafael Antonio Daz Daz seala cmo “la presencia de los esclavos en la ciudad y su cercana cotidiana e ntima con los espaoles fueron dos factores que pronto coadyuvaron al surgimiento del sector de mulatos como un ingrediente nuevo y distinto en el panorama demogrfico urbano y regional” ( Esclavitud 41). Aunque anota que no hay cifras “reales,” Daz Daz sugiere que la poblacin mulata, esclava y libre debi tener una presencia significativa desde el siglo XVI: “el hecho que desde 1603 existiera un escribano encargado de los negocios concernientes a las mulatas de la ciudad revela no solo el lugar que, desde entonces, haba adquirido este grupo racial, sino la factibilidad de que, en su mayora, estuviera compuesto por mujeres” ( Esclavitud 42). 2 En la poblacin esclava de la capital, durante la primera mitad del siglo XVIII, los mulatos, incluidos los mulatos criollos, se convirtieron en el grupo “mestizo negro-espaol ms representativo” con un 44.3% ( Esclavitud 76). Esto indica un mayor blanqueamiento gentico en contraste con otras regiones como Popayn ( Esclavitud 83). Adems en Santaf de Bogot, es el crecimiento demogrfico, segn Daz Daz, y no la manumisin lo que 2 Este mismo autor seala el caso de la “negra libre Mara Terranova... procedente de Cartagena [que] debi arribar a la ciudad hacia principios del siglo XVII, vinculndose a la actividad comercial en una tienda de ‘trato’ de su propiedad desde donde adelanto diversos tipos de negocios. En su testamento, declar poseer varios bienes, entre los cuales se hallaba Giomar, una esclava bozal de ‘nacin angola’. As Mara constituye el primer caso conocido de una mujer negra libre duea de un esclavo y uno de los primeros libres que testaba en la ciudad.”( Esclavitud 46).

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42 ocasiona un aumento correlativo en el nmero de libertos negros, mulatos, pardos y zambos (“Manumisin” 88). Finalmente la presencia negra en el rea queda plasmada en las acciones de los cimarrones. Jaime Jaramillo Uribe informa que “ya en la primera mitad del siglo XVIII, en las zonas de esclavos de Cundinamarca se hace sentir el movimiento de los palenques y se producen repetidos actos de rebelin” (64): Bogot est localizada dentro de dicha zona. En sntesis, el negro arriba a la capital con el espaol, ocupa las pocas posiciones a las que tiene acceso bajo las rgidas condiciones que se le imponen y constituye parte activa y creciente del proceso de mestizaje. Posteriormente, durante el proceso de expansin de la ciudad, los sectores urbanos pudientes desarrollan haciendas y estancias en la Sabana de Bogot que emplean al trabajador indgena y en menor medida la “fuerza laboral mestiza y negra esclava. [L]a hacienda se . . . consolida, durante la primera mitad del siglo XVII, como la unidad bsica de produccin rural . . . ” (Daz Daz 29). En los aos siguientes este proceso se extiende ms all de los lmites geogrficos de la sabana. La llamada “tierra caliente” queda hacia el occidente de la planicie donde est ubicada la capital colombiana. Durante la primera mitad del siglo XVIII la economa de la regin, que abastece a la capital de carne y de productos derivados de los cultivos de caa de azcar, est sustentada “bsicamente en dos elementos socio-econmicos: una cadena de haciendas-ingenio y de trapiches; y el empleo de la mano de obra esclava negra y mulata” ( Esclavitud 47). Esta organizacin econmica no vara de manera significativa incluso hasta despus de la abolicin de la esclavitud. Medardo Rivas al hablar de las extensas propiedades de la tierra caliente donde operaran los trapiches escribe: “[p]ropiedad sin negros que la cultivasen no serva para nada. Por eso la

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43 esclavitud se prorrog hasta 1851; y entonces se crey formalmente que abolida sta la poca industria que haba en el pas iba a arruinarse. Nadie crea en el trabajo libre y voluntario” (28). En la novela de Daz Castro don Cosme y don Blas representan a ese grupo de estancieros que no creen en el trabajo libre y voluntario y, de hecho, prolongan las condiciones de esclavitud hasta varios aos despus de su abolicin. El proceso de manumisin de esclavos comienza antes que se sancione la ley de abolicin de la esclavitud ms por razones econmicas que altruistas: “este comercio [deja] de ser lucrativo debido a las leyes restrictivas [anteriores] que entorpecan las negociaciones” (Ortega 216). Para 1851 los esclavos en Colombia conforman menos del 1% de la poblacin; en 1778 la cifra haba sido cercana al 8% (Ortega 219). A pesar del proceso de evidente y paulatina desaparicin de la esclavitud muchos conservadores se oponen a la medida. Salvador Camacho Roldn escribe en sus memorias que algunos de los argumentos presentados por parlamentarios conservadores, adems del derecho a la propiedad, aducen a la dificultad que tendran las haciendas con sus cultivos y la ociosidad y criminalidad a la que se dedicara “la raza negra no esta[ndo] sometida al trabajo forzado” (citado por Ortega, 212). No obstante esta oposicin, y las luchas polticas que la acompaan, para la primera mitad del siglo XIX el nmero de la poblacin negra y mulata manumisa es significativo y el sistema de haciendas aledao a la capital est firmemente consolidado. La vida de Eugenio Daz Castro (1803-1865) coincide en gran parte con el periodo histrico que va desde que Colombia logra su independencia de Espaa (1819) y el ao en que el presidente Jos Hilario Lpez sanciona la ley de abolicin de la esclavitud (1851). Durante gran parte de este perodo Daz Castro vive trabajando en haciendas

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44 trapicheras y tabacaleras donde de manera inevitable se encuentra con una poblacin negra compuesta de esclavos y manumisos. Es difcil imaginar que al agudo observador y anotador de la cotidianidad que fuera Daz Castro, cualidades que la crtica s coincide en resaltar, se le escapara de sus descripciones la presencia del negro. Es en cambio fcil de entender que despus de siglos de blanqueamiento gentico del esclavo y de blanqueamiento social del manumiso el novelista colombiano proyecte estas estructuras de arraigo en su narracin. Es en este ambiente pos-independentista y pos-esclavista, que vive en carne propia Daz Castro, donde se mueven los personajes de Manuela . La narracin de la novela transcurre entre el de mayo y el 20 de julio de 1856” (Pineda 133), a slo cuatro aos y medio de haberse hecho efectiva en Colombia la manumisin definitiva de esclavos (1 de enero 1852), ordenada previamente por la ley de abolicin del 21 de mayo de 1851. Para finales de la dcada de 1840 ya se haban definido los partidos conservador y liberal y es ste ltimo el que alcanza la supremaca poltica durante los aos 1845 a 1854 que se conocen como los de “la era de la Reforma Liberal” (Sowell 191). Los aos siguientes a la hegemona liberal estn marcados por luchas polticas constantes; la accin en Manuela se da durante este periodo. 3 La cotidianidad tanto en “la Parroquia”, un pueblo que hoy se conoce con el nombre de 3 Durante el gobierno de Jos Hilario Lpez (1849-53) se incrementan las sociedades populares y se expulsa a los jesuitas, lo que recrudece la oposicin conservadora. Esta organiza en julio de 1851 un levantamiento que es rpidamente sofocado por el gobierno. Las ideas liberales se cristalizan en la constitucin de 1853 que instituye el sufragio universal masculino, debilita el poder del ejecutivo y el gobierno central y declara la tolerancia religiosa. La iglesia y el estado se separan poco despus. El establecimiento del librecambio provoca las protestas de los artesanos y causa la divisin de los liberales en glgotas (defensores de los intereses de los comerciantes) y draconianos (proteccionistas y pro-artesanos). En 1853 Jos Mara Obando es elegido presidente, y aunque es simpatizante de los draconianos, sigue la Constitucin iniciada por el gobierno (glgota) anterior. Los enfrentamientos entre los dos bandos se acentan y el 17 de abril de 1854 el general Melo organiza un golpe contra los glgotas y su constitucin. Los constitucionalistas retoman el poder en diciembre del mismo ao; Obando es destituido y Melo desterrado. El conservador Manuel Mara Mallarino completa el perodo presidencial de Obando y en 1856 triunfa el candidato conservador Mariano Ospina Rodrguez.

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45 “Mesitas del Colegio”, a escasos 40 kilmetros de Bogot (Ortiz 14), como en la “tierra caliente”, transcurre entonces bajo un trasfondo de pugna poltica e ideolgica. Ambalema, cercana al ro Magdalena, a 50 kms de Mesitas y a 90 kms de Bogot (Ortiz 15) es el otro lugar donde se desarrolla gran parte de la novela. Zapata Olivella ha anotado que despus de la abolicin de la esclavitud se originaron nuevas corrientes migratorias que llevaron a la poblacin negra liberta a las mrgenes del Magdalena, los llanos orientales y a la costa del litoral Pacfico entre otros lugares. (“Integracin” 238). Figure 4-1. La tierra caliente donde transcurre la accin de la novela.

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CHAPTER 5 PRESENCIA DEL NEGRO EN MANUELA Demstenes, el co-protagonista de la novela, es un liberal glgota, citadino, viajado, letrado, cazador en busca de trofeos y cientfico, que desea ver sus ideas implantadas en una regin donde los caminos son intransitables y los polticos son corruptos y tirnicos. Sus enemigos, y los de Manuela, son los seguidores de don Tadeo, un gamonal a quien identifica como “[d]raconiano! Partidario del ejrcito permanente, de la pena de muerte, de las facultades omnmodas del Poder Ejecutivo, del centralismo, de la teocracia a medias y de los cdigos fuertes!” (108). Los “descalzos”, entre las que se encuentran las trapicheras y Manuela, estn a merced de los desmanes y caprichos de los gamonales y son prisioneras de un sistema econmico de arrendamiento que las obliga a estar en deuda permanente con los patrones terratenientes. Como lo manifiesta don Cosme, uno de los dueos de trapiches, vanaglorindose de su autoridad poltica y podero sobre sus arrendatarios: “[n]o hay cadena tan poderosa como la de la tierra . . . ” (34). El narrador ridiculiza permanentemente el proyecto de Demstenes. A este le pican los “chiribicos”, el jejn y los zancudos, se enloda y se tizna, no se mete al ro, le es difcil integrarse a los bailes y encuentra “semisalvajes” algunas de las costumbres. Conoce los bailes europeos, como el “strauss”, pero no el bambuco ni el pasillo; ha transitado por caminos en los Estados Unidos pero le es imposible seguir una trocha. En la capital, el caballero sabe que galantemente debe dejar que la dama camine delante; en el monte el citadino se confunde ante la perspectiva de tener que ir en frente apartando 46

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47 ramas o culebras venenosas. Permaneciendo ajeno a su torpeza, el liberal predica a todos, particularmente a Manuela, su retrica glgota de libertad, igualdad y fraternidad. Habla tambin de la necesidad de progreso y de industrializacin agrcola que tiene la regin, y de un nuevo orden poltico, econmico y social posible gracias a la “santa constitucin” del 1853. Pineda ha visto rasgos quijotescos en toda esta empresa del letrado visitante (136). Manuela, en contraste, es lo que Demstenes no es: lo otro. Una “campesina”, joven, que se integra al medio de manera avezada y gusta del baile. Manuela no conoce de libros y para ella Bogot es un sitio tan extrao como otro pas. Williams ha escrito acerca de cmo “Demstenes constantemente ve la escritura como solucin a todo [y] Manuela en cambio representa la cultura oral” (“Manuela” 25). Manuela vive en una provincia que tiene condiciones de frontera. Finalmente la co-protagonista es la mujer parda (blanqueada genticamente) que tiene en un probable blanqueamiento social la posibilidad de adherirse a un proceso de modernizacin poltica, econmica y de cambio social segn lo entiende el glgota liberal. Hasta aqu se han presentado los contextos geogrfico, poltico y social que tienen una incidencia directa en la novela de Daz Castro. Para lo que resta es importante volver a resaltar que este ensayo se concentra en los aspectos sociales y no polticos que trata la novela. Al proyecto liberal de don Demstenes y a las mltiples circunstancias de sesgo poltico se har referencia slo en la medida en que stas incidan en los procesos de blanqueamiento y provincializacin al que es sometida Manuela. El enfoque trata precisamente de dirigir la mirada de la crtica hacia una amplia cadena de significantes en la novela que hablan de la presencia negra, dejando as a un lado la lucha poltica entre

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48 liberales glgotas, liberales draconianos y conservadores, y la problemtica social ligada principalmente a lo poltico, perspectiva que ha recibido gran atencin. 1 La mirada est dirigida hacia Manuela y sus comadres y paisanas trapicheras, y hacia otros de los personajes que hacen parte de una poblacin negra “invisible” que por tres siglos, principalmente por el ro Magdalena, lleg a Santaf de Bogot y a sus alrededores: negros, mulatos, pardos o zambos, que durante esos mismos siglos se asentaron en las tierra bajas cercanas a la capital como esclavos, manumisos, cimarrones y finalmente, despus de la ley de abolicin de la esclavitud, como personas libres. En el primer cuadro de la novela titulado “La posada de Mal-Abrigo”, que en su momento Demstenes compara desventajosamente con las posadas que l ha encontrado en los Estados Unidos, Daz Castro introduce la problemtica social presente en toda la narracin. A esta posada llegan Demstenes, “un caballero” (1) de la capital, acompaado de su criado, Jos Fitat, a quien el narrador ms adelante describe como “sabanero” (15), y despus como “indgena” (47), y de un arriero de posible ascendencia negra. Ser arriero o boga, en el ro Magdalena, eran actividades comerciales de la poca practicadas comnmente por la poblacin negra y mulata (Daz Daz 86). El arriero en determinado momento duerme “a [los] pies” (2) de Demstenes junto con el perro de ste, Ayacucho, mientras el capitalino comienza la lectura del segundo tomo de Los Misterios de Pars . Esta es la primera pero no ser la nica vez que el narrador asocie a 1 Williams, por ejemplo, dice que el narrador de Manuela describe escenas de naturaleza costumbrista y “lengthy dialogues between Demstenes and others, usually on political topics” ( Colombian 58 nuestro nfasis). De otra parte Menton considera que el protagonista de la novela es el glgota liberal y la novela complementa el costumbrismo cundinamarqus con una visin “socio-poltica” (53). Incluso un crtico como Amis quien ha resaltado el tema tnico y costumbrista en Manuela dice que sta “depicted the ideological struggle going on within Colombia and symbolized it in a small village” (31).

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49 uno de los personajes con un comportamiento animal. Lo har luego con Manuela, Rosa y Pa, todas ellas “negras”. De la choza (la posada), de pared negra, sale Rosa, de “pobladas cejas, como lmparas bajo los arcos de un templo obscuro.” Despus de invitar a Demstenes a entrar, l exclama “est su casa tan obscura!” e inmediatamente despus Rosa trata de buscar una vela que no encuentra y exclama “a obscuras no la topo” (1). Tanto Rosa como el ambiente que la rodea son representados por el narrador en trminos de oscuridad. Este es otro rasgo que se repetir en la narracin durante las descripciones de los personajes “manchados” de lo negro. El narrador complementa la salida de Rosa: “talle delgado y recto, de agradable rostro y pies largos y enjutos; sus modales tenan soltura y un garbo natural, como lo tienen los de todas las hijas de nuestras tierras bajas” (2). La referencia geogrfica es a la regin que se ha identificado anteriormente como tierra caliente y habitada por negros y mulatos. Demstenes y Rosa entablan dilogo y en medio de ste, que gira principalmente alrededor de la “cena” que solicita el “caballero”, ella se identifica indistintamente como “trapichera”, “pobre” y “criada suya” al dirigirse a Demstenes. Cuando hace referencia a su trabajo Rosa habla de su amo Blas. En un momento de la comida el viajero le pregunta a Rosa qu trae y se establece el siguiente intercambio: -Es el aj . . . Usted no se pica? -De ti es que estoy medio picado. Ven ac, graciosa negra. Sintate y conversemos. -Y la cena? -Todo es secundario en tu presencia! Tienes un aire, una gracia y unas miradas que consuelan. -Entonces no le traigo de cenar? Con que yo lo mire tiene bastante. (4) Ms all de la identificacin que hace Demstenes de Rosa como “graciosa negra”, que debe verse al menos como un trmino coloquial de confianza hacia una mulata, la

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50 introduccin de Rosa est saturada de alusiones a lo oscuro y se ajusta tanto a caractersticas histricas como a estereotipos asociados con la negritud. Daz Daz ha resaltado cmo desde muy temprano, (primera mitad del siglo XVII) uno de los argumentos utilizados por los mulatos que deseaban librarse de los tributos anuales era el de identificarse como pobres en documentos oficiales. ( Esclavitud 42-43). Rosa lo hace en dos ocasiones. El dilogo, adems, es evidentemente sensual, y Rosa resulta ser una persona simptica, servicial y cmo lo deja ver su respuesta, de buen humor. El narrador resalta el “garbo natural” y la elegancia de su cuerpo y la “graciosa negra” queda asociada con las tierras bajas y con el trapiche, histricamente uno de los lugares de trabajo de los esclavos. Mara Viveros escribe: “ . . . el lenguaje corp oral, gestual y rtmico aparece como uno de los pilares ms slidos de diferenciacin y autoidentifacin de los negros frente a la Amrica de los indgenas, los mestizos y los blancos, y como el sustrato ms resistente de la memoria colectiva afroamericana” (101). En un tono netamente estereotpico, y racista, Fernando Iriarte complementa: “de los afrocolombianos proviene mucha de la gestualidad en el pas. De la mujer, adems del andar elegante y grcil, abierto y clido, el aporte gentico en las formas del cuerpo” (54; nuestro nfasis). Iriarte utiliza los mismos trminos que aparecen en Manuela y establece una relacin entre una raza y determinadas caractersticas genticas. El comportamiento de Rosa frente a Demstenes y su referencia a su amo y a su seora y su seorita es el de una esclava liberta. La edicin de 1956 del Diccionario de la Real Academia Espaola (DRAE) en su segunda acepcin para “amo” dice: “dueo y poseedor de una cosa,” y en la quinta acepcin, “persona que tiene predominio o ascendiente decisivo sobre otra u otras.” Rosa pasa de ser un objeto de propiedad de su

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51 amo, cuando esclava, a vivir como inferior bajo el “ascendiente decisivo” de su amo, como liberta. En referencia al proceso de manumisin, anterior a la ley de abolicin, Rafael Daz Daz considera que este se encontraba “permeado por la simbologa de una presin moral puesto que los libertos deban someterse a seguir reconociendo, en sus antiguos dueos, las calidades de amo, vasallaje, dominio, sujecin y respeto. No era otra cosa que el costo social que deban afrontar los libertos por la decisin del amo de otorgarles la libertad” (“Manumisin” 86; nfasis en el original). Rosa tiene 16 aos; tan slo 5 aos antes se haba sancionado la ley que abola la esclavitud. La narracin de Eugenio Daz refleja las mismas caractersticas de sumisin del manumiso descritas en el texto citado de Daz Daz. Rosa no tiene velas para alumbrar su choza y al pedirle una a Demstenes, que por supuesto no carga ninguna, le soluciona el problema encendiendo un bagazo de caa. Demstenes pide comida y despus de Rosa decirle que por esos lados cada quien carga con su sustento y qu no tiene en realidad que darle, Rosa aparece con un trozo de carne, cuya procedencia se desconoce, que segn Demstenes tiene “un olorcillo” (5). Rosa tambin le dice al visitante qu debe hacer para liberarse de los “chiribicos”. Al da siguiente Demstenes (el glgota liberal, defensor de los derechos del pueblo), en un gesto que pretende romper la relacin caballero-criada, que establece un ascendiente del capitalino sobre la trapichera, le ofrece “una moneda” a la negra como pago de todas sus atenciones. Sin embargo, Rosa la rechaza “con desdn” (l no insiste) y la interaccin entre el caballero y la trapichera conserva algo del “costo social” que Rosa afronta para poder vivir, libre, en la posada del Mal-Abrigo. Rosa le cuenta a Demstenes de los otros miembros de su familia. Su padrastro ha muerto recientemente y, de manera significativa, no menciona a su padre. lvarez

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52 explica que debido a que la progenie proveniente de relaciones sexuales entre blancos y negros se daba fuera del matrimonio, lo que contrariaba los preceptos de la iglesia, “decir mulato o mestizo equivala a decir hijo ilegtimo” (lvarez 85). Que Rosa no mencione a su padre hace suponer que quizs ella no lo conoce y sugiere una ilegitimidad. Como fue comn, despus de la abolicin de la esclavitud, las obligaciones de Rosa son “pagar ocho pesos por ao, y trabajar, una semana s y otra no en el oficio del trapiche” (6). Esto es un acuerdo similar al que se daba a finales del siglo XVIII cuando se legitim el trabajo “para s” durante los sbados que le permiti al negro “libre” hacerse a lo propio (Almario 59). Rosa tiene una hermana que trabaja en Ambalema; uno de sus hermanos, con el que tiene poco contacto, trabaja en el trapiche de la Soledad y otro, Julin, quien trabaja en el trapiche del Retiro, vive con ella, su madre y otra hermana. En el captulo XIII Julin, junto con un compaero, es forzosamente reclutado por guardias del ejercito del gobierno por participar en una pelea. El narrador describe los rasgos tnicos de los dos jvenes as: “[e]l uno era negro, pero bien configurado y bastante robusto; el otro era moreno, como de veinte aos de edad, y de semblante humilde” (115). Consecuente con su decisin de no relacionar con precisin los rasgos fsicos de la etnia negra con los personajes, el narrador no especifica si Julin es el negro “bien configurado” o el moreno de “semblante humilde”. Se puede suponer, sin embargo, dada su edad y el aspecto humilde, que el “joven moreno” es el hermano de Rosa. En todo caso Julin s tiene un ascendiente negro que comparte con su hermana. Esta es la nica ocasin en que el narrador utiliza el trmino moreno; la palabra mulato no aparece en el texto y el vocablo

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53 zambo tan slo lo utiliza el narrador en referencia a unos monos que encuentra durante su expedicin a la montaa (captulo VII). En esa ocasin Demstenes mata una “zamba” que tiene un “zambito” (49). El paraje donde finalmente cae la zamba, que antes ha trastabillado herida por entre los rboles, la describe el narrador como “obscuro” y al cadver como “muy semejante a los de nuestra especie”. A Demstenes, relata tambin el narrador, esto le “represent . . . la imagen de una mujer-madre, que acaba de expirar entre los brazos de su inocente hijo. Don Demstenes se enterneci, y entre su corazn aboli la pena de muerte para los monos” (49; nuestro nfasis). En este cuadro en el que est presente la oscuridad y el narrador ironiza la reaccin del liberal glgota, existe una sinonimia entre los vocablos zambo y mono, y finalmente, hay un paralelo descriptivo con la negra Pa, otra “mujer-madre” que un da subida en una garita en medio de los rboles, cuida su roza acompaada de su “negrito”, una “inocente criatura” (134). La comparacin entre el negro y el simio es un tema que aparece en la literatura del Caribe insular. En Cambridge , por ejemplo, el narrador en determinado momento descubre que lo que ha visto como “monkeys were nothing other than negro children . . .” (Phillips 24). Aunque la manera en que el narrador en Manuela establece el mismo paralelismo es ms sutil ste no deja de ser uno ms de los estereotipos con los que se asocia el negro en la novela de Daz Castro. Desde el primer captulo la narracin en Manuela est saturada de negritud. Sin embargo el narrador no presenta una descripcin fsica detallada de Rosa ni de ninguno de sus familiares. Este tratamiento de ocultamiento o desvanecimiento de lo negro, la invisibilidad de la que habla Friedemann, est presente en toda la novela y es un no

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54 reconocimiento que recuerda la definicin de lvarez basada en todo lo que el mestizo no era. En efecto, en toda la obra el narrador no presenta ni una sola clara e inequvoca descripcin de alguien negro mientras que s describe las etnias blanca e india. En el captulo XII, por ejemplo, durante una visita de Demstenes a la hacienda “La Esmeralda” de la sabana, el narrador describe a dos peonas que laboran en el campo: La una era blanca, de la raza espaola ms pura . . . y siendo de un cuerpo regular, tena un pie tan chico, tan pulido y tan rosado, que llamaba la atencin ... Era perteneciente a una de tantas familias que hay en los pueblos del norte y nordeste, en donde se encuentra la belleza del tipo latino tan a la vista como si se caminase por una de las provincias de Espaa. [ . . . ] [Su compaera era] Dolores Gacha, india pura, y cualquiera la hubiera conocido como tal, por su color bronceado, su pelo liso y corto, sus ojos pequeos y tristes y por un rezago de la pronunciacin nacional de los muiscas, que todava se nota en los pueblos de la Sabana (98-99; nuestro nfasis). La ausencia de una descripcin fenotpica del negro en los cuadros costumbristas de Manuela contrasta con la descripcin en la novela Sab (1841), de la cubana Gertrudis Gmez de Avellaneda, del “mulato” que le da el nombre a la obra. Las caractersticas genticas y sociales de parda de Manuela van apareciendo durante la novela de manera gradual y su descripcin hay que reconstruirla a manera de rompecabezas. El narrador en Sab , por el contrario, es ms directo y, si bien la descripcin est tambin rodeada de oscuridad e indefinicin, presenta a Sab como mulato: No pareca un criollo blanco, tampoco era negro ni poda crersele descendiente de los primeros habitadores de las Antillas . . . [En su rostro] se amalgamaban por decirlo as, los rasgos de la casta africana con los de la europea, sin ser no obstante un mulato perfecto. Era su color blanco amarillento con cierto fondo oscuro . . . [Su] pelo era negro y lustroso como las al as del cuervo . . . sus labios gruesos y amoratados denotaban su procedencia africana (Gmez de Avellaneda 18). Hay que anotar que es posible “armar” un retrato muy similar al que presenta el narrador sobre Sab con los datos que proporciona el narrador sobre Manuela. Pero no slo evita el narrador de Manuela una descripcin en conjunto de la parda sino que

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55 considera importante adelantar una representacin detallada de quien no representa una etnia, es decir, de una “campesina”, trmino bajo el cual quedan identificadas todas las “trapicheras” y “parroquianas” (228). Pineda ha observado que las dos descripciones de las peonas de tierra fra, la blanca y la indgena, antes citadas, contrastan con la “desenvoltura de Manuela y las otras calentanas” (143). Esto realza la ascendencia negra en la protagonista, y en sus comadres y amigas, que Pineda no aborda directamente. Ms importante an es que la voz narrativa mantiene su ambigedad sobre la representacin de la etnia negra. En este sentido Gmez de Avellaneda se adelanta a Daz Castro y enfrenta el tema del mestizaje con el ascendiente africano de manera directa. En el segundo captulo la accin se centra alrededor de la nueva posada de Demstenes, una casa-tienda de propiedad de doa Patrocinio, la madre de Manuela. Demstenes conoce a Clotilde (hija de doa Patrocinio), y a Don Blas, su padre, dueo del trapiche del Retiro y amo de Rosa. La descripcin de Clotilde hecha por el narrador a travs de Demstenes, cuando la ve por primera vez, ilustra lo que alguna crtica ha identificado como la influencia del romanticismo: “una seorita . . . con traje que bajaba hasta el suelo, dejando ver al travs de un velillo celeste un color bellsimo de mrmol y unos ojos grandes, suaves y modestos, una dentadura fina y graciosa . . . visin enteramente milagrosa, era la divinidad que haba posado delante de la puerta” (12) La red que contiene componentes tnicos negros y blancos, que envuelve a Manuela durante toda la novela comienza a tejerse a partir de este momento. Clotilde, quien ayuda a su padre a administrar el trapiche, es media hermana de Manuela. Don Blas es el padre de Clotilde, pero su madre (Patrocinio), madre tambin de Manuela, no vive con ellos. El padre de Manuela, como el de Rosa, no aparece en todo el relato. Esta confusa red filial,

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56 presentada parcialmente, tiene como uno de sus efectos el ocultamiento de la ascendencia de la parda Manuela. Rosa haba mencionado a Manuela en uno de sus dilogos con Demstenes en la posada del Mal-Abrigo y ahora se sabe que la parda habita en la misma casa donde se aloja el liberal pero todava l no ha tenido la oportunidad de conocerla. En este captulo Manuela aparece asociada con el baile, la msica y algo de misterio. En el momento en que Demstenes se dispone a dormir, un baile en una casa vecina no lo deja conciliar el sueo. El narrador identifica varios instrumentos, entre ellos el tiple, las guacharacas y los alfandoques y slo despus, en prrafo aparte, menciona que en la “armona . . . no habamos incluido un tambor que no cesaba ni por un instante” (13; nuestro nfasis). El tambor, instrumento que en Colombia es de proveniencia africana (Zapata, “Integracin” 244; Friedemann, Saga 95), aunque presente en un segundo plano, es finalmente reconocido por el narrador. El golpe del “atambor”, “tambor” o “tambora” resuena en todos los bailes y fiestas costumbristas mencionadas en la narracin. Navarrete escribe que “los tambores y la msica en general desempearon un papel importante en el proceso de acomodacin del africano a las nuevas formas de vida en el continente americano” (81). El tambor a pesar de ser protagonista en la msica no es el centro de las descripciones musicales y se pierde dentro del mestizaje instrumental. 2 Algo similar ocurre con Manuela quien en ocasiones aparece como un personaje ms dentro del numeroso grupo de calentanos. 2 Ms adelante Demstenes se percata de Manuela por primera vez cuando la oye cantar un bambuco. Dados los inciertos orgenes de ste, “algunos consideran que sus ancestros son chibchas otros que es de origen espaol y los hay que dicen que tiene origen africano” (Portaccio 75), se puede afirmar que es una manifestacin artstica producto del mestizaje.

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57 Lo anterior parece haber motivado a Seymour Menton a escribir que “[p]ese al ttulo de la novela, el protagonista principal no es Manuela sino don Demstenes por servir l de puente entre el tema personal y el socio-poltico” (57). Lo cierto es que Manuela es igualmente un enlace entre la cotidianidad de los habitantes de la tierra caliente (lo personal) y la necesidad socio-poltica, manifestada por Demstenes, de mantener el orden. Las actividades “costumbristas” de Manuela son admiradas por el bogotano quien pretende valorarlas dentro de su programa liberal, por eso es l “el puente”. Pero esta conexin slo es posible a travs de Manuela. Las otras calentanas no se encuentran entre lo que representa lo negro (la msica, la gracia y el garbo) y lo blanco (las buenas maneras) como s se encuentra la lavandera. Manuela es la nica que tiene la posibilidad de integrarse al plan liberal “blanco” de Demstenes. Debido a que no puede dormir, Demstenes decide entonces dar un paseo y acercarse al baile: “entre las parejas oa . . . nom brar con frecuencia a Manuela, a la que no pudo conocer, sin embargo por la poca luz y por la distancia” (14). Ms tarde, ya dormido, su “hamaca haba sufrido un terrible sacudimiento, y al despertar el caballero, entre la incertidumbre y el temor, se qued con el odo fijo, y le pareci que oa sonar el traje de una mujer; pero notando que la aparicin, o lo que fuese, se iba alejando, se fue calmando su corazn, cuyas palpitaciones fueron al principio terribles con tan inesperado susto” (16; nuestro nfasis). Ms adelante el lector sabe que ha sido Manuela la que ha tropezado con la hamaca, porque Demstenes, desvelado, alcanza a or cuando ella le explica a su madre lo que haba sucedido en parte debido a la oscuridad. Igual que en el primer encuentro entre Rosa y Demstenes este tropezn entre Manuela y Demstenes, como se ha subrayado, est tambin rodeado de sorpresa y algo de oscuridad misteriosa.

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58 A partir de este momento Manuela queda tambin asociada con el baile, en el que ella participa activamente; ms adelante estar relacionada con el canto, ya escuchndolo, evocndolo o siendo ella quien lo emite. La asociacin de la msica, el baile, la oscuridad y lo misterioso con el negro son estereotipos que an perduran. La Ctedra afrocolombiana, un texto diseado para responder a los requisitos acadmicos de la secundaria colombiana, menciona expresamente la “vena musical” y “el espritu alegre y festivo que caracteriza al negro” (Rovira 93). Wade encontr en una encuesta reciente realizada entre estudiantes universitarios en Medelln que el gusto por la msica es an un rasgo sealado por algunos como caracterstica particular del negro ( Gente Negra 292). En referencia a entrevistas efectuadas a personas negras, Viveros escribe que “hombres y mujeres, evocan la propensin, la necesidad, el estilo y el talento para el baile, como atributos que le son propios, pues los llevan en la sangre . . . [sin embargo] esa perfomance . . . es socialmente construida y no genticamente producida” (103; nfasis en el original). Finalmente, segn Wade, cuando los negros en Colombia afirman que existe el racismo con frecuencia llaman la atencin hacia el hecho de que “el diablo es representado con piel negra” ( Gente Negra 290). Despus de un tercer captulo donde Demstenes y el cura hablan de religin y poltica en torno al momento que vive la nacin, el capitalino por fin conoce a Manuela, de manera fortuita, mientras ella lava ropa en el ro. En el captulo titulado “El Lavadero” el narrador cuenta que Demstenes est de cacera, andando por una trocha oscurecida por una gran variedad de rboles cuando oye una voz, un canto, que finalmente identifica como proveniente de una joven lavandera vestida con un traje caracterstico de los “valles del Magdalena y en los del bajo Bogot” (22). Manuela

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59 canta un bambuco y lava mientras sus movimientos en medio de una feraz naturaleza, son seguidos detenidamente por Demstenes, quien finalmente se acerca y saluda preguntndole: “[q]u haces preciosa negra?” (23). 3 Enmarcado en un ambiente de sensualidad semisalvaje descrito por el narrador y a veces focalizado a travs del visitante de la capital, los co-protagonistas entablan un primer dilogo. En la narracin aparecen varios trminos que subrayan la relacin social jerrquica que existe entre el capitalino y la calentana. Demstenes llama a Manuela “picarona” y ella se presenta como “criada suya” y hacia el final del captulo se refiere a s misma como perteneciente a la clase de las “de bajo tono” (27). Como en el encuentro inicial con Rosa la distancia social queda claramente delineada y el capitalino contina en su admiracin por el cuerpo y gracia de una de las “hijas del valle del Magdalena”. El visitante hace memoria de las dos veces anteriores cuando ha estado cerca de la lavandera: durante el baile y esa misma noche al regreso a casa de Manuela. En la descripcin Demstenes repite el uso de vocablos asociados con la oscuridad, lo indefinido y lo oculto que el narrador ha utilizado de manera constante en los encuentros del bogotano con las dos “negras”: Estoy recordando haber odo tu nombre en un baile de la parroquia, y aun haber visto tu sombra, tu bulto, tu semejanza, o no s cmo diga, all entre la oscuridad, entre las nubes del polvo y el humo de los cigarros . . . [y a la madrugada] sent [un] estrujn . . . y como percib las ondulaciones de la ropa, cre que sera algn husped perdido de su cama; o alguna lechuza que huyndole al da se encaminaba para su guarida (25; nuestro nfasis) 3 La otra ocasin donde aparece la palabra negra en conexin directa con Manuela es en el captulo XX cuando Dmaso, su novio, quien se haya enfermo y no puede ir a un baile le dice: “[v]aya, divirtase un ratico, que bastante ha sufrido, mi negra” (183). En este contexto la expresin “mi negra” es evidentemente tambin una expresin de cario.

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60 El prrafo anterior no solo repite la referencia a la oscuridad, que no permite el reconocimiento de Manuela, y a la animalizacin (la lechuza), sino que alude a la suciedad (el polvo), la indefinicin (sombra, bulto o semejanza) y finalmente a un sitio de refugio para un animal o quizs para quien tiene de “malo”, de diablico o de bruja (la guarida). La suciedad est entre las caractersticas que segn Wright los venezolanos blancos atribuyeron en el siglo XIX a los negros (44). La asociacin con lo animal que Daz Castro hace de manera indirecta, repetida y en distintos momentos con el arriero, Manuela y sus amigas, es una versin atenuada de la animalizacin directa que aparece en la novelstica del Caribe ingls. 4 El dilogo entre el protagonista y “la preciosa negra” prosigue interrumpido de manera intermitente y breve por referencias del narrador a la naturaleza que rodea el encuentro. En uno de esos momentos Demstenes juega con su perro, Ayacucho, y tira una piedra al charco que el animal se lanza a recoger. Manuela le dice a Demstenes que ella puede hacer los mismo: “eche el escudo y lo vera usted” (27). 5 Manuela se lanza al agua “ . . . para volver al cabo de dos minut os, mostrando el escudo en su boca, como el cuervo, que en las amarillentas aguas del Funza clava la cabeza y se hunde . . . y nadando hacia la orilla, se fue a entregrselo a su dueo, que tuvo a bien regalrselo por la gracia que . . . acababa de hacer (27). De nuevo Manuela es asociada con una referencia a la oscuridad, el cuervo, y como sucede en el primer captulo con el arriero que duerme, junto al perro (y como un perro), a los pies de Demstenes, la lavandera imita el 4 En la novela Cambridge de Caryl Phillips, la narradora, duea de una plantacin, describe a una de sus esclavas, de quien se comenta practica un rito misterioso, como “[a] coal black ape woman” (73). 5 El escudo lo halla Manuela en los bolsillos de la ropa que el criado de Demstenes “el indio” Jos Fitat le da a lavar. Junto al escudo Manuela encuentra una trenza de pelo catire (rubio) que puede pertenecer, segn el dialogo lo insina, a una enamorada que Demstenes ha dejado en Bogot.

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61 comportamiento que Ayacucho ha tenido anteriormente con su amo y se convierte en “fiel” servidora: su recompensa por la gracia es un escudo. 6 Posteriormente la “caserita” se viste rpidamente al lado de una piedra, proceso que Demstenes admira. El narrador presenta uno de los pocos rasgos fsicos de Manuela cuando ella se coloca un “paoln encarnado . . . por debajo de su negro y rizado pelo.”(27). Al final del cuadro los dos inician su regreso a la Parroquia y el dilogo reafirma la distancia social entre ambos. Manuela le manifiesta a Demstenes que “ni soando!” ha ido a Bogot y a manera de “conclusin” tienen el siguiente intercambio: “[d]e todo esto lo que sacamos en limpio, dijo Manuela, es que usted en Bogot no andar conmigo, y tal vez ni aun hablar conmigo”. A lo que Demstenes responde “La sociedad, Manuela, la sociedad nos impone sus duras leyes; el alto tono, que con una lnea separa dos partidos distintos por sus cdigos aristocrticos.” (27). Demstenes enfatiza as la distancia que hay entre el blanco, capitalino, letrado y la parda iletrada de la provincia. En el encuentro en el lavadero quedan entonces establecidas la afinidad geogrfica y tnica de la “preciosa negra” Manuela, con la “graciosa negra” Rosa, la distancia social de Manuela y el capitalino, la sensualidad de Manuela en medio de la naturaleza, su percepcin como criada, su comportamiento “animal”, su asociacin con la oscuridad y su picarda. Los estereotipos que comienzan a surgir alrededor de las dos campesinas sugieren que la crtica de Amis es desacertada. Este autor ha considerado que existe una falta de desarrollo del tema de la raza y del color en la novela de Daz Castro, y al mismo tiempo hay un acierto del autor colombiano al evitar “the all-too-frequent stereotypes into which negro characters were cast” (48). La aparente falta de 6 Es relevante recordar que en Sab el narrador utiliza la comparacin con el cuervo para referirse al pelo negro del protagonista mulato.

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62 desarrollo est dada por la decisin del narrador de no referirse a la presencia del negro y de su mestizaje de manera directa como lo hace respecto a las otras etnias. El tema de la raza y del color simplemente no est tratado de manera abierta y las “negras” estn asociadas, de modo estereotipado con lo grcil, lo animal, el baile, la picarda, lo sensual, la oscuridad y lo servil. Amis no reconoce el blanqueamiento al que es sometida Manuela ni la estrategia de hacer invisible la presencia de la ascendencia negra en la regin y por esta razn parece no percatarse de los estereotipos raciales presentes en la narracin. Integrar al negro a la nueva nacin es un reto tanto social como poltico y la va ms fcil para lograr este objetivo, es ignorarlo o mantenerlo en la provincia en condiciones de frontera, replicando el status social de la colonia. Demstenes lo resume de manera clara cuando le explica a Manuela por qu es necesario mantener la distancia en la relacin entre clases: son las duras leyes que impone la sociedad. Amis opina tambin en relacin con la “negress” Manuela que “except for an infrequent reference to her color there is nothing that would make us suspect that [she] is not white” (48). Por el contrario, son muchos los indicios que no slo hacen “sospechar” que Manuela es una mujer de ascendencia negra sino que a medida que estos se van sumando se disipan las dudas. Es precisamente uno de los aciertos de Daz Castro, algo que la crtica reconoce, haber recogido en sus cuadros de costumbres la cotidianidad de la regin y por ello es inevitable que aparezcan rasgos de la cultura negra entre los trabajadores de los trapiches y los habitantes de la tierra caliente. Son Demstenes y el narrador quienes no acaban por reconocer plenamente estos aspectos por lo que son, es decir, la presencia innegable de una tercera etnia.

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63 En el captulo siguiente Demstenes visita el trapiche del Retiro donde el narrador destaca el tema de la raza en una descripcin que hace recordar la que Anzalda ha hecho de la frontera: “[l]as tres razas, a saber, la africana, la espaola y la india, con sus variedades, se encuentran all [en el trapiche] confundidas por el tizne, la cachaza, los herpes y la miseria, de tal manera, que no son discernibles . . . tal es la degradacin de los proletarios del trapiche del Retiro” (31-2; bastardillas en el original). En medio del comentario poltico-social del narrador de donde se extrae la cita, hay una presentacin desfavorable del mestizaje: ste es la “confusin” de las tres razas, y sus “variedades”, en medio del “herpes y la miseria” y el reflejo de una “degradacin” de los peones del trapiche. En este mismo cuadro dialogan don Blas, dueo del trapiche del Retiro y don Cosme, dueo del trapiche de la Soledad. A travs de esta conversacin quedan claramente plasmadas las condiciones bajo las cuales trabajan las arrendatarias-trapicheras dentro del sistema “para s” ya mencionado en conexin con los esclavos libertos: -Y qu tal de peones?, le pregunt don Cosme a su comprofesor. -Me llueven, le dijo don Blas. -A m se me iban escaseando; pero le mand picar el rancho a un arrendatario que se me estaba altivando, y temblando o no temblando, estn todos ahora obedientes. No hay cadena tan poderosa como la de la tierra . . . Me obedecen de rodillas el da que yo quiera. Porque figrese usted que les arrendramos aire, as como les arrendamos la tierra que les da el sustento; con cunto mayor respeto nos miraran estos animales! -Pero y aquello de la proteccin al proletario y del socorro a los pobres? -Bah, bah, bah! . . . Eso fue en la Cmara de provincia que lo dije, y en un artculo que escrib; pero usted no me vio despus comprar tierras en el Magdalena y poner esclavos a que me cosechasen tabaco y me sembrasen pastales y despus vender aquello y comprar un trapiche? -Slo que as!, le contest don Blas. (34; nuestro nfasis) Es en el trapiche del Retiro donde trabajan Rosa y Pa, la tercera negra que aparece en la narracin y que es brevemente mencionada en este captulo. Pa pasa despus a

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64 vivir en las tierras de don Cosme, a quien los peones “le obedecen de rodillas” y es ah, mientras cuida de su roza, donde Demstenes tiene la ocasin de conocerla. Ya don Demstenes conoce a Rosa y a Manuela. La identificacin de Pa como negra sucede en el captulo XVI cuando ella le cuenta de manera breve a su comadre Manuela la historia de cuando haba quedado embarazada. Pa le refiere cmo al poco tiempo de haber llegado al lugar tiene un dilogo con un pen que le pregunta: “[n]egra, te amaas en el trapiche?” (138). Que Daz Castro al construir sus cuadros costumbristas se haya concentrado en destacar la cotidianidad de tres negras quizs no es fortuito sino un reflejo ms de lo que acontece despus de la manumisin en el rea que antes conformaba el imperio colonial espaol. Wright escribe que en 1854 en Venezuela, despus de la emancipacin, “[b]lack women had fewer economic opportunities . . . [and] . . . remained on the land as day laborers, receiving lower wages than men . . . ” (50). El encuentro entre Demstenes y Pa tambin es casual como han sido los anteriores con Rosa y Manuela pero la interaccin es ms breve. Rosa est en su oficio de guardiana cuidando su cultivo y sus gritos y las piedras que lanza para espantar los pjaros le sirven a Demstenes, que se encuentra perdido en el bosque (la Montaa), como gua para encontrarla. El bogotano habla con ella y finalmente halla el camino de regreso junto con su perro, el criado y el baquiano, or Elas, quien no ha cumplido a cabalidad con su oficio. El narrador la describe como una “joven de ojos expresivos y rasgados, de pelo negro, corto y muy crespo” (52). En el dilogo que se establece despus de que Demstenes “recuerd[a] haber odo algo de [su] historia” la identifica como “graciosa”, “educada entre las selvas”, “desgraciada” (el embarazo es su desgracia) y “preciosa guardiana”, mientras que ella se presenta como “criada suya”. Despus de

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65 mostrarle el camino, Pa conduce a Demstenes al rancho donde vive su madre Melchora en la estancia de or Dimas, que era “una de las ms separadas de la cabecera del distrito” (54). En la conversacin que Demstenes establece con Melchora se sabe algo ms de la historia “desgraciada” de Pa: . . . que si no fuera porque le hici eron el perjuicio los amos de hacerla ir a dormir al trapiche, otro gallo le cantara, porque estaba ponindose linda como una flor; pero sera que ya le convena a la pobre de mi hija. Hoy est que no tiene sino una sola mudita de ropa, y el negrito no tiene sino la mera camisita que le regal su madrina, y hasta enfermo se halla de una enfermedad que padeca ese vagamundo de Pablo (59). Tanto en los dilogos como en los apartes narrativos hay algo inevitable en relacin con la desgracia de Pa. Ser desgraciada parece ser su destino: el destino inevitable de una joven negra en un trapiche? La madre, quien ahora cohabita con or Dimas, parece no tener otra manera de expresarlo ms que reconocindolo como algo que quizs “le convena”. Melchora, como Pa, tambin ha sido desgraciada. Cuando Pa le cuenta de su embarazo su madre le confiesa: “a m tambin me pas la misma, y peor, porque me tuvieron que llevar muy lejos para ocultarme” (142). En el captulo anterior de este estudio ya se vio como los hijos producto del mestizaje negro-blanco acarreaban el estigma de la ilegalidad, razn por la cual la madre de Pa tuvo quizs que ocultarse. La negra Pa parece no tener otro destino diferente al de ser desgraciada y vivir como una esclava. Su suerte evoca un momento anterior cuando el negro siendo slo propiedad no era reconocido como humano y haca parte de la sociedad como mero soporte econmico. Quizs ningn otro capitulo como el titulado “Lecciones de baile” rene los elementos representativos de la diferencia social y tnica que existe entre Demstenes y Manuela y la situacin de frontera en que vive la lavandera. La interaccin que se establece, adems de ser la del citadino blanco, frente a la aldeana parda, se convierte en

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66 una relacin de poder que finalmente no permite que Manuela pueda tomar decisiones de manera independiente. Cuatro son los personajes de este cuadro: Manuela, Demstenes, la madre de Manuela y el cura. Si bien estos dos ltimos, como muchos de los otros en la novela, son secundarios y estn poco elaborados, su participacin aqu es significativa. Manuela aplancha y el capitalino descansa “aburrido” en la hamaca. Ella se dirige a l para sacarlo de su aletargamiento y el baile del da de San Juan se convierte en el tema de la conversacin. Manuela logra que el bogotano se levante de la hamaca para que practiquen un bambuco y lo puedan bailar durante las fiestas de San Juan. Demstenes critica el bambuco y el torbellino “todo esto es muy colonial y muy retrogrado”, dice, y despus, con el apoyo de Patrocinio quien alienta a su hija a que deje de ser “tonta” y se deje ensear por el “caballero noble”, se convierte en el profesor de la parda al tiempo que trata de convencerla de que es necesario aprender bailes “de alto tono y dejarse de los usos retrgrados de los pueblos semisalvajes” (70) Las lecciones sufren algunas interrupciones debido a “las cosquillas” que causa en Manuela el brazo de Demstenes en su cintura y terminan cuando llega el cura y ella corre a esconderse avergonzada. El cura conversa con el liberal y cuestiona lo apropiado del baile por su sensualidad. La madre de Manuela y el cura se hacen parte de las fuerzas opuestas en medio de las cuales se encuentra la protagonista. La primera exhorta a Manuela a que siga los pasos del caballero y adopte una influencia externa. El segundo, con su sola presencia, la inhibe. La actitud de Manuela es de confusin. En la regin de frontera donde vive no logra generar su propia decisin; se ve obligada a reprimir sus impulsos y a seguir acatando la autoridad del cura. Gloria Anzalda habla de una lucha entre dos culturas, entre dos mundos, como un “struggle of borders, an inner war” que internamente vive la

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67 mestiza. Las lecciones de baile “sacan al aire” esta lucha interior de Manuela. No hay entre personajes de Manuela un verdadero dilo go interior y es s lo a travs del dilogo entre personajes y las acciones entre ellos como podemos saber de sus tribulaciones. (“[T]he mestiza faces de dilemma of the mixed breed: which collectivity does the daughter of a darkskinned mother listen to?” (Anzalda 100). Manuela, la “mestiza,” (utilizado por Anzalda el trmino enfatiza “lo mezclado” sin necesariamente referirse a una mezcla en particular) tiene que decidir entre seguir aferrada a sus costumbres o adoptar unas nuevas. Debe aprender a bailar el “strauss de alto tono” o seguir con sus bailes “semisalvajes”? Debe hacerle caso al liberal o seguir la direccin de siempre bajo el cura? O como afirma Anzalda sobre la “new mestiza” debe Manuela desarrollar una tolerancia “for contradictions, a tolerance for ambiguity” (101)? O quizs -a semejanza de la mestiza de Anzalda que es india en la cultura mejicana y mejicana para los anglos -lo que en estas circunstancias debe aprender Manuela es a ser negra mientras est con su amiga Rosa y su comadre Pa y a ser blanca cuando est con Demstenes o con sus parientes blancos. Durante las lecciones de baile, como sucede durante el primer encuentro en el lavadero, el narrador se centra de nuevo en la sensualidad de Manuela y la atraccin de Demstenes hacia sus atributos fsicos; tambin queda ella asociada con la prctica de un baile “semisalvaje”. Pero el narrador da adems otros dos detalles que encuadran a la campesina pobre del pueblo dentro del campo geogrfico de la tierra caliente y de su mestizaje. En referencia a su manera de hablar el narrador cuenta que “[l]a voz de Manuela era dulce y sus frases tenan la fuerza y los adornos de locucin de las hijas de los llanos del Magdalena” (62-63). Respecto a sus rasgos fsicos se le escapan dos

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68 comentarios: en uno menciona su brazo, “no muy blanco a la verdad, pero carnudo y sombreado por el vello” (65) y en el segundo hace referencia al color “aperlado” de su rostro. El Diccionario de la lengua espaola define “aperlado” como color de perla, y acerca del color de la perla dice que es “generalmente de color blanco agrisado”, lo que recalca la mezcla tnica en Manuela. El mismo diccionario define el color gris como el que “normalmente resulta de mezclar el blanco y el negro”. Respecto al trmino aperlado hay que tambin destacar que el uso de vocablos que mantienen alguna referencia al color de la piel, pero tratan de suavizarlo, no es ajeno al mestizaje. Esta prctica, como dificultad de autodefinicin, no es casual sino aprendida, opina Ondo, en referencia al caso brasileo. En 1980 en Brasil “se le pidi a las personas negras que definieran el color de su piel, la gran mayora [evit] utilizar la palabra negro, en su lugar anotaron “amarillo oscuro”, ‘tirando a blanco’, ‘bastante blanco,’ ‘moreno plateado’,’mitad mitad’, ‘bronceado, ‘trigueo’ . . . hasta 136 colo res” (138). A la extensa lista se le pueden agregar los trminos “aperlado” del rostro de Manuela y “cenicientos” de sus labios. Al respecto de descripciones como stas, que son el reflejo de diferencias de poder, Mignolo ha escrito: “it is not the blood or the color of your skin but the descriptions of blood mixture and skin color that are devised and enacted in and by the coloniality of power that counts” (15; nfasis en el original.). Ms all de la identificacin que Demstenes hace de las trapicheras como negras, el narrador las describe, y ellas as se reconocen, como “pobres”, “descalzas”, destinadas a una vida provincializada y de frontera bajo la presin de los terratenientes. El captulo X, “Dos visitas”, da fin a lo que puede considerarse una primera parte de la novela. En este el narrador presenta el regreso de Demstenes a la posada de Mal

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69 Abrigo y cierra un crculo en su periplo como observador de la tierra caliente y de sus habitantes y costumbres. Rosa reaparece vestida con un traje que tena “todas las apariencias de la naturaleza selvtica” (76). Ella le pregunta a Demstenes si Manuela lo ha estado cuidando bien y le reclama que no haya ido a visitarla como si lo ha hecho con Pa. Es evidente que las tres se mantienen en constante comunicacin. Durante la visita Rosa convence a Demstenes de que oiga su historia a pesar de que inicialmente el ha aducido que debe irse por falta de tiempo. En la historia que le cuenta Rosa aparece el tema de la esclavitud. Ella le cuenta a Demstenes acerca del acoso del que fue vctima por parte de su amo, cuyo nombre no revela. El amo, relata la trapichera, le haba hecho un reclamo a su madre porque ella haba decidido no volver a su cuarto. Rosa “llena de miedo” le haba comunicado a su mam que “a trabajar en la hacienda [se] obligara porque [ella] era su esclava, en el hecho de ser arrendataria, pero que a quererlo no [la] poda obligar” (79). Una vez Rosa termina su relato el liberal glgota hace un comentario condenando a “los seores feudales” y le solicita a Rosa que lo lleve hasta el Retiro porque el no puede seguir las indicaciones que le han dado. Rosa, temerosa debido a que ese da no haba ido a trabajar al trapiche, accede a guiarlo. La campesina ha aducido estar enferma para quedarse a laborar en su cultivo. Ya en el camino es el narrador quien esta vez establece la relacin entre Rosa y la esclavitud. “Rosa volvi a quedarse callada, y miraba con susto para todas partes, lleno su corazn de temores, como las esclavas de cuya sangre tena la honra de haber descendido, cuando estaban escondidas de sus feroces amos” (81). En este captulo el narrador divulga tambin que la madre de Manuela, Patrocinio, es la madrina de Rosa y que Matea, la hermana de

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70 Rosa, se ha ido para Ambalema con el novio de Pa, padre de quien finalmente se sabe es el ahijado de Manuela. A la altura de la cuarta parte de la novela (captulo XI) el narrador ha presentado a las tres jvenes negras a travs de los dilogos y encuentros con el visitante del altiplano. Tambin se han descrito la Parroquia, los trapiches aledaos y algunas de las personas que viven y trabajan en ellos. Solo otro lugar geogrfico importante se introduce despus: Ambalema, hacia donde finalmente viaja Manuela huyendo de la persecucin de don Tadeo. De los diez primeros captulos solo dos (el tercero y el sexto) no adelantan en algo la historia de las jvenes campesinas. Figure 5-1. Red familiar entre las calentanas Rosa, Pa y Manuela. Hasta aqu se ha seguido de manera bastante precisa el hilo de la accin presentada en los primeros captulos de Manuela ya que se consider importante para los propsitos de este trabajo detallar los encuentros iniciales entre las calentanas y el visitante capitalino. En estos encuentros el narrador describe y presenta el entorno en el que las

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71 jvenes se mueven y las redes sociales y familiares a las que pertenecen. La figura 5-1 ilustra de manera grfica estas redes, segn las divulga el narrador. Adems de las referencias concretas y directas a la esclavitud que menciona Rosa al contarle su vida a Demstenes, hay varias que ms adelante en la novela tienen como foco a Pa. Despus de verse obligada a huir de la persecucin de Tadeo, Manuela, disfrazada de hombre llega a la casa de Pa, a quien le pide “asilo”. Pa accede y al da siguiente las dos salen a cuidar la roza y ambas suben a la garita a la espera de que lleguen los animales para espantarlos: Era triste el cuadro si no imponente. Los botundos y nogales ms estupendos y los bejucos y ramazones rodeaban el teatro . . . Nada ms parecido al estado primitivo de la naturaleza que este agreste cuadro . . . Nuestras dos he ronas estaban sufriendo los resultados de los grandes crmenes, sin haber disfrutado los goces de los pueblos cultos, que es lo que sucede cuando se desmoraliza a los pueblos antes de civilizarlos. (134) Ms all de la asociacin que de nuevo hace el narrador con la naturaleza hay aqu una fusin de hermandad entre las campesinas: ambas sufren como heronas los “resultados de los grandes crmenes”, son incivilizadas, pobres, hacen parte del cuadro primitivo y comparten el mismo trabajo. Entrada la tarde conversan. Manuela lamenta su desdicha y Pa dice que peor suerte tiene ella que fue puesta muy joven en un trapiche. Pa le relata sus primeros das como trapichera cuando el capitn la haba amenazado con “la zurriaga” y se molestaba porque no le deca “mi amo”: Pa lo describe como “un negro de lo ms riguroso, que pareca muy amigo de la esclavitud, porque a todos los quera tratar como esclavos” (139). Pa hace un esfuerzo por separar su realidad de la de los antiguos esclavos e infructuosamente trata de negar su estado aludiendo a la libertad en la que supuestamente vive:

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72 Yo no saba lo que era uno de estos trapiches de por aqu; todo lo que vea era terrible. Les oa referir muchos casos que haban sucedido durante la esclavitud, de esclavas muertas por venganza de sus seoras; de cadenas arrastradas por los esclavos; de peones despedazados por los caballos de los mayordomos; de esclavitas perseguidas por sus amos; de grillos, rejo, palizas; y aunque a todas las historias les rebajaba yo alguna parte, pero s crea que algo habra de todo esto. Y de los ltimos tiempos de ahora, contaban tiranas de algunos amos con sus arrendatarios, que no han sido crebles en los tiempos de la libertad en que vivimos: por supuesto que yo no le daba crdito a todo. (140) Esta situacin opresiva en que vive la trapichera es reconocida claramente por los amos como lo muestra un dilogo antes citado. Pa no logra entender plenamente, y con razn, el concepto de la nueva libertad de Demstenes que ha llegado hasta ella por boca de Manuela. La trapichera trata de negar su condicin y protegerse rebajndole a lo que oye, no dndole crdito a todo, y desplazando las acciones "no crebles", que est sufriendo en carne propia, hacia algunos de los amos. Como negacin final la conversacin queda inconclusa. El narrador nos dice que "la historia quedo trunca por un ruido que se oy del lado del maizal" (140). Pa se levanta y sale corriendo a seguir espantando a los pjaros que se comen el grano. Enfocndose a travs de Pa el narrador logra describir una situacin laboral que para la poblacin negra poco ha cambiado despus de la abolicin de la esclavitud. Como lo ha resaltado Daz Daz "la negacin de la vida social en la libertad perme, por norma general a todos los afromestizos" quienes deban seguir viviendo prcticamente con sus mismos amos (“Manumisin” 97). Mina reporta cmo algunas de las familias esclavistas en el Valle del Cauca, poco antes de decretada la abolicin de la esclavitud, liberaron algunos de los esclavos y los "hicieron concertados campesinos con las pequesimas tierras que les haban sido dadas por la hacienda en retribucin por su trabajos en ellas" (50). Tanto Rosa como Pa viven con sus familiares en condicin de concertadas.

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73 Hay adems otras menciones a la esclavitud en la narracin que muestran que los cambios realizados por la ley de la abolicin no significaron necesariamente una verdadera libertad e ilustran tambin el hecho de que la regin no haba estado ajena a la estructura esclavista y por supuesto a la presencia negra. En estas instancias el narrador logra reflejar parte de la cotidianidad. Elas, conversando con el ciudadano Dimas, el padre de Pa, se queja de que es "tres veces esclavo: esclavo del gamonal por la libertad de mis hijas y esclavo dos veces del dueo de tierras . . . " (172). Demstenes le pregunta a Dimas si puede tener la ayuda de dos muchachos y ste le contesta negativamente diciendo: "[n]o sabe su persona que esos son esclavos del dueo de tierras?" (165). Sinforiana, cmplice de don Tadeo, trata a los peones que contrata "como esclavos" (110) y Estefana, en conversacin con su hija Rosa, se lamenta de su suerte porque "el arrendatario es un esclavo" (244). Con anterioridad se ha sealado la influencia en la msica de ascendencia africana presente en la obra de Daz Castro; hay adems otros aspectos culturales manifiestos en la novela que tambin reflejan esta herencia. Manuela menciona el da de San Juan desde el primer encuentro con Demstenes y vuelve a hacerlo durante las lecciones de baile. En ese da le dice Manuela al bogotano, "nos volvemos locas de gusto . . . [y] se recuerda a san Juan que fue el que bautiz a Nuestro Seor Jesucristo” (66). 7 Para Dimas, el padre de Pa, es el "da mas grande que hay en el mundo"(226). Los tambores y los bailes, 7 La fiesta de San Juan parece haber estado asociada con los pardos. Daz Daz escribe: “[s]i la separacin o la distincin social para entonces [primera mitad del siglo XVIII] ya no era tan evidente, s operaron los mecanismos de diferenciacin social y las reservas sociales de igualdad frente a los afromestizos o descendientes de africanos o indgenas. En 1732, un santafereo que se reputaba espaol reaccion airadamente ante la invitacin que le hiciera la Capitana de Pardos, para participar en la fiesta de San Juan Bautista; consideraba que tal situacin no era ‘adaptable por mi limpieza’ y solo se explicaba por la ‘depravada intencin de algunos (que) han pretendido molestar atribuyndome ser de su estirpe’” ( Esclavitud 184)

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74 entre ellos el bambuco, son parte integral de la celebracin. Pineda ha resaltado lo interesante de la descripcin del da de San Juan en la novela, "porque realza el proceso de sindresis cultural con base en elementos catlicos, paganos y de la tradicin negra" (139; nuestro nfasis). Al finalizar la fiesta el narrador de nuevo de manera indirecta asocia a Manuela con la etnia negra. Del baile del San Juan, fiesta "de hombres y nios, de viejas y muchachas, de casados y solteros, de negros y blancos [ . . . ] todos los blancos se retiraron a las tres de la maana, pero la gente descalza continu en sus diversiones hasta las seis" (241). Demstenes se retira temprano y Manuela, una de las “descalzas negras”, se trasnocha. El narrador establece aqu una correspondencia entre el ser o no calzado (es decir ser o no pobre) y el ser o no blanco; en esta instancia parece no tener en cuenta que hay tambin blancos descalzos. Manuela habla de “nosotras las pobres” (28) y reconoce “su posicin de descalza” (188). En un captulo anterior ya se vio que trminos como “pobres” y “descalzas” que el narrador utiliza prcticamente como sinnimos de negro, ayudan a hacer invisible esta ltima caracterstica en Manuela. 8 Quizs la celebracin de tradicin negra que mayor prominencia tiene en la narracin es la que suscita el siguiente dilogo entre la calentana y el capitalino: -Pues le dir lo que hay -dijo Manuela-. Se muri mi ahijado, el hijito de mi comadre Pa y lo vamos a bailar. -Bailar? -Si, seor; bailar. -Bailar a un muerto? Vaya una ocurrencia! [ . . . ] -Y lo cito para un bambuco. 8 Aunque el narrador de Manuela utiliza el trmino descalzo como sinnimo de pobreza no deja de ser interesante anotar que en Cambridge la narradora en una de sus descripciones de los esclavos afirma que “it is still a problem to persuade the blacks to wear shoes upon their feet” (81). La asociacin entre estar descalzo y ser pobre se presenta tambin en la novela New Day (Reid 40-1), cuya accin se desarrolla a finales del siglo XIX y principios del siglo XX en Jamaica.

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75 -Mil gracias! All ir, no por bailar, sino por sacar algunos apuntamientos para mis artculos de costumbres; porque los artculos de costumbres son el suplemento de la historia de los pueblos (215). Navarrete ha sealado como "los velorios o lloros de los negros se configuraron como rituales de contenido religioso, eventos sociales y expresiones de esfuerzo comunal, alegre y festivo" (91; nuestro nfasis). En el dilogo entre Demstenes y Pa y la posterior descripcin de lo que ocurre en el baile, el narrador relata algo de la cotidianidad negra y los sentimientos que esta clase de celebracin despertaban tanto en la gente que bailaba como en la gente “civilizada” como Demstenes. Reyes y Gonzlez escriben que esta celebracin se daba especialmente entre las clases bajas de negros y mulatos y reciba el nombre de “fiesta del angelito” (232). 9 Como en ocasiones anteriores, las calentanas son asociadas paulatinamente con lo sensual, lo misterioso, lo animal y lo salvaje. El narrador relata como "Rosa de Malabrigo era la que bailaba y se hacia notable, tanto por la soltura de su cuerpo, como por la sombra densa de sus cejas especiales. or Dimas era su pareja . . . la actividad de todos sus movimientos daba muestras inequvocas de que estaba sumamente poseda de las inspiraciones del baile” (216-17; nuestro nfasis). Durante el baile Dmaso sustituye a or Dimas y Manuela a Rosa. Pa trata de hacerle entender a don Demstenes que su hijo es "un angelito de cinco meses que [ha] nacido para el cielo" y que es necesario bailarlo porque sino se "dilata en entrar al cielo" (218). Demstenes no queda para nada convencido y en un momento reprochndole a Pa su conformismo por la muerte del hijo exclama: “9 “Cuando un nio pequeo mora, la familia, ms que con tristeza, vea esto como un motivo de fiesta ‘..la muerte, al hacer un vaco, deja en pos una alegra; hay un nio de menos y un angelito de ms’ Para la celebracin de la fiesta, se vesta el cadver del nio con sus mejores ropas, se le colocaban alhajas y se pona en el centro de una capilla improvisada. A la fiesta, donde lo importante era rer y cantar, asistan los amigos y familiares, y la madre no lloraba porque la muerte del pequeo significaba una bendicin de Dios” (Reyes y Gonzlez 231-33).

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76 Hombre! Ni las vacas porque ellas braman y rebuscan y se muestran inconsolables por la muerte de un hijo, con ser que son animales” (218). A Demstenes no le basta la comparacin que animaliza al negro sino que para l las vacas parecen mejores porque stas al menos lloran a sus muertos. Ni las explicaciones de la trapichera ni la insistencia de Manuela y Marta para que baile logran convencer al citadino. Al abandonar el velorio con su criado sigue condenando la celebracin, que antes haba tildado de "acto de barbarie" consecuencia del fanatismo, como una "aberracin" y un "baile profano" (221). Hasta ahora se ha enfatizado el componente negro en el mestizaje de Manuela ya que ste no ha sido siquiera mencionado por la mayora de los crticos y los pocos que lo han hecho no se han detenido en su anlisis. Que Manuela tenga la piel “a la verdad no muy blanca” es un comentario que tiene “lo blanco” de referente como suceda en el sistema colonial de castas. Sin embargo, es imposible saber el grado de blanqueo de Manuela utilizando dicho sistema. Friedemann en referencia a la taxonoma utilizada en el siglo XVIII para la clasificacin racial anota que “el fenotipo preponderaba sobre condiciones sociales, econmicas o religiosas” ( Saga 64) y aade que las castas (mulatos, zambos, tercerones, cuarterones, quinterones y combinaciones entre stas) aspiraban a blanquearse, en efecto a deshacerse de lo negro. Ser Manuela una “quinterona” y por ello oficialmente otra vez genticamente blanca? Ser slo el blanqueamiento social el que le falta a Manuela para poder ser integrada a la utopa del liberal? Para los propsitos trazados en un comienzo el grado de mestizaje gentico de la lavandera carece de importancia. Sencillamente existe. Lo negro se ha mantenido invisible en mucha de la crtica y en la novela ha sido blanqueado hasta ser de verdad no muy negro. El

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77 siguiente prrafo, en donde el narrador describe a Marta, una prima de Manuela, pone de manifiesto la distancia social que existe entre las dos: [Marta] era blanca y tena el pelo rubio, hermosos ojos negros y admirable cuerpo. Tena genio alegre . . . Nada ba muy bien, bailaba con perf eccin y era afamada para el canto de las canciones populares. Su traje era el mismo de su prima Manuela . . . Marta saba leer y aunque era ms verbosa y locuaz que Manuela, no tena la gracia de locucin de sta . . . Sin embargo, la co nversacin de Marta er a entretenida y aun solicitada de los hacendados . . . entre los cuales haba u no que, segn decan, la quera con buenos fines, y tena bestias y buena estancia. (89; nuestro nfasis) Despus de esta descripcin de lo blanco donde no hay referencia a la oscuridad, ni a lo negro, ni a lo animalesco, ni a lo misterioso, el narrador menciona algunas de la obras literarias que Marta ha ledo y cmo este hecho la ha convertido en la "ilustrada de la parroquia" (89). Aunque en una primera lectura este pasaje parecera acercar a Manuela a "lo blanco" lo que en efecto logra es enfatizar la distancia social y racial que hay entre las dos primas aunque ambas tengan cuerpos admirables, bailen, naden, canten, tengan el mismo vestido y estn descalzas. Manuela no es leda; es analfabeta, pero ms importante an es que no es pretendida por hacendados ni estancieros. Su novio, Dmaso, con quien se casa ya moribunda, aunque honesto, lleva durante toda la narracin una vida de fugitivo. Para Williams Manuela “represents a primary oral culture” que le hace ver todas las situaciones de una manera diferente al modo de pensar y percibir que tiene “the bogotano intellectual who represents writing culture” (59). En este sentido su blanqueamiento social est a mitad de camino: tiene una prima blanca con quien comparte algunas cualidades pero no lee y no es pretendida por hacendados. La suerte tan dismil de las dos primas se debe a la diferencia social que existe entre ellas que la marca algo que va ms all de estar o no calzadas, ese algo es la oscuridad que persigue a Manuela. Ya se seal en la introduccin la opinin de Zapata Olivella respecto a la existencia de la discriminacin racial en los pases latinoamericanos. Por su

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78 parte Rafael Daz Daz escribe acerca de la discriminacin en Bogot, a finales a mediados del siglo XVIII, en los trminos siguientes: La elite urbano-regional . . . santaferea no solo fue reac ia a reconocer, en los afromestizos libres, el uso pleno y legtimo de la libertad, complementariamente, construy una visin de inferioridad social, cultural e histrica de todos aquellos grupos que, segn la ideologa de la poca, no pertenecan ni se derivaban del contexto de la cultura y la historia hispano-europeas. En Santaf de Bogot, tanto los blancos espaoles de los diversos niveles socio-econmicos como los miembros de los grupos privilegiados y de poder, miraban de reojo, con desdn y desprecio, a los grupos sociales considerados inferiores, los cuales eran clasificados o designados como la gente baja ‘plebe arrojadiza . . . viles . . . as esclavas co mo libres’. ( Esclavitud 184). Siendo parda, Manuela pertenece a la clase discriminada de la que hablan Zapata Olivella y Daz Daz. La graciosa parda no ha tenido educacin formal alguna. Para el ao en que se sanciona la ley de abolicin de la esclavitud Rosa tiene 11 aos y Manuela 12. Aunque el acceso a una educacin formal para la poblacin negra hubiese mejorado drstica y rpidamente despus de la sancin de la ley mencionada, su influencia, dadas las condiciones econmicas ya expuestas, escasamente hubiese significado un cambio en la vida de las calentanas. Manuela, como la mestiza de Anzalda, se mueve entre dos mundos. El paralelo que el narrador establece entre ella y su prima la aleja de lo blanco y la posterior comparacin que hace entre ella y Pa la aleja de lo negro. Cuando la guardiana est cuidando su roza ella usa imprecaciones que, segn el narrador, Manuela tan solo imita. Manuela "no haba vivido en los trapiches ni haba sido guardiana [y] no estaba enseada a decir insolencias, sino cuando ms a orlas en la tienda por precisin, y a hacerse la desentendida, como les sucede a todas las venteras y a todas las seoras de los trapiches” (135). Manuela entonces, en parte por las labores que desempea y por el lugar en donde vive, est alejada de las negras trapicheras pero al mismo tiempo la falta de educacin, y de clase (blanca), no le permite entrar al mundo de su prima. La provincializacin la obliga a

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79 permanecer trabajando en condiciones de frontera, junto con sus compaeras, sosteniendo una estructura econmico-poltica manejada desde la capital. Su dilema es el del individuo libre, “vctima” del mestizaje negro, atrapado en la provincia, que se encuentra a medio camino en su proceso de blanqueamiento. Un camino, que dada la provincializacin, no lleva a ninguna parte. En Manuela , como ya se anot anteriormente, slo tres mujeres son directamente identificadas por otros personajes, nunca por el narrador, como negras: Manuela, quien muere a consecuencia de un ataque de los "tadeistas", quienes bloquean las salidas y le prenden fuego a la capilla en donde ella y Dmaso van a casarse; Rosa, quien fallece despus de que las pcimas tradicionales del campo y los tratamientos modernos (que incluyen una sangra) no son suficientes para curar una infeccin supremamente grave y, finalmente, Pa quien pierde su hijo de cinco meses, el ahijado de Manuela. La posibilidad de procreacin para el negro queda prcticamente obliterada. Lo negro no se procrea por consiguiente no puede sobrevivir. El dilema al que alude Anzalda se resuelve y el proceso de blanqueamiento, y/o negacin de lo negro, puede continuar ya no a travs de una estructura oficial esclavista (esta es abolida al perder viabilidad econmica) sino bajo un nuevo andamiaje que no le permite al descalzo tener tierra y que lo obliga a permanecer a merced de los dueos de las tierras. La nacin no logra dirimir sus conflictos sociales y regionales y la intencin del glgota capitalino de transformar social, poltica y econmicamente a la parroquia y a la tierra caliente fracasa. No hay construccin de caminos y posadas como las que se encuentran en los Estados Unidos; no hay una industrializacin agrcola que ayude a aumentar la produccin con fines de exportacin; no hay igualdad poltica ni hay una verdadera libertad. El gamonal y el

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80 terrateniente siguen en el poder y las campesinas, calentanas, trapicheras y/o peonas permanecen atadas a la tierra mientras la antigua jerarqua, que tiene como referente lo blanco, perdura.

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CHAPTER 6 CONCLUSI”N En su periplo por las estancias de la tierra caliente, Demstenes, el personaje central de Manuela , se encuentra de manera inevitable con una poblacin descendiente de esclavos africanos. Al encontrarse con las jvenes calentanas, y a travs del narrador, aparecen una serie de descriptores que le dan presencia al negro ms all de la identificacin como “negras” que hace el visitante capitalino. Eugenio Daz Castro deja un testimonio de la cotidianidad a mediados del siglo XIX mediante la descripcin constante del baile, la msica, el canto y los festejos de la regin, las permanentes alusiones a la gracia y belleza de las trapicheras, las escuetas pero significativas descripciones de las ocupaciones y vicisitudes de los habitantes de la tierra caliente y los relatos de sus desgracias. La presencia negra en Manuela est blanqueada porque el autor se limita a perpetuar, reproducir o a no reconocer la incidencia de las presiones sociales de origen colonial que pretenden hacer invisible al negro mediante el mestizaje. Tambin porque es slo a travs de una protagonista blanqueada que el escritor de Soacha tiene la posibilidad de “pintar” la cotidianidad de la tierra caliente y someterla a publicacin. La existencia hoy de una tendencia a ignorar y a marginar al negro, y a privilegiar el tono claro de la piel, permiten pensar que Daz Castro no hizo cosa distinta a perpetuar la “costumbre” de blanquear al negro. Por otro lado, le habra sido posible a Daz Castro publicar una novela, a mediados del siglo XIX y a los pocos aos de la emancipacin de los esclavos, en la que la protagonista hubiese sido descrita de manera categrica como 81

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82 negra? Al juzgar por una critica que se demor ms de 100 aos en comenzar a reconocer, y todava parcialmente, la presencia del negro en la novela de Daz Castro, la respuesta a este interrogante es probablemente no. Es imposible saber si dentro de los propsitos de Eugenio Daz Castro al escribir Manuela estaba el de ocultar la ascendencia negra de su protagonista. El escritor colombiano parece no haber dejado escritos que permitan ir ms all de la mera especulacin y tampoco su bigrafo, Vergara y Vergara, da mayores luces al respecto. Sin embargo, es difcil atribuir slo a coincidencias la manera como el narrador cuenta su relato. Por qu no hay una descripcin precisa de la etnia negra? Por qu la piel de Manuela se describe como no muy blanca? Por qu el cuadro familiar de Manuela es confuso? Por qu el narrador nunca reconoce a las “negras” y slo lo hacen otros personajes? Por qu la permanente asociacin de las calentanas con lo animal, lo salvaje, lo oscuro, etc.? Estos y otros interrogantes ya analizados en este ensayo permiten al menos sospechar una intencionalidad en el narrador. A ste le es imposible negar la presencia de descendientes de africanos en la tierra caliente pero no est dispuesto a reconocerla de manera abierta y directa como parte integral del mestizaje de los habitantes de la regin. Cualquiera que hayan sido los propsitos y las motivaciones del novelista colombiano, Manuela es en definitiva la mujer blanqueada social y genticamente cuya negritud se hace ms invisible an bajo su condicin de campesina provincializada. En primera instancia el relato parece lograr la casi desaparicin de lo negro, a pesar de que la trama se desarrolla en una regin con influencia histrica africana. Sin embargo, una lectura cuidadosa va revelando estereotipos y costumbres que hacen innegable una

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83 presencia negra significativa en toda la regin de frontera que se describe en la novela. Afirmar que Manuela no es una parda porque no hay una descripcin fenotpica detallada de la campesina calentana en toda la novela sera equivalente a sostener que el capitalino sabanero no es blanco por la misma razn: a Demstenes no se le describe fsicamente en la novela, es ms, nunca se dice directamente que es blanco. A pesar de esto no parece necesario entrar a probar su ascendencia tnica. Es fcil suponer que quien lee la novela de Daz Castro hoy en da no slo asume que el capitalino es blanco sino que la campesina Manuela es mestiza, y no mulata, ya que el narrador se ha encargado de encubrir la ascendencia negra de la protagonista. Manuela vive en la tierra caliente privada de su bienestar social y econmico a consecuencia de la provincializacin. La “aldeana descalza” no tiene opcin distinta a la de aceptar su posicin social separada por unas costumbres y tradiciones culturales semisalvajes diferentes a las que practica el caballero de la capital y vivir en la frontera para morir a sus 17 aos a consecuencia de un incendio iniciado de manera deliberada por su constante e incansable perseguidor, el gamonal (este si descrito como blanco) don Tadeo (160). Manuela se convierte en una muestra del triunfo del antagonismo racial y regional y del fracaso de un intento de mantener la estabilidad social necesaria para la cohesin del pas durante su periodo fundacional. La cotidianidad en la novela de Daz Castro ilustra cmo desde un comienzo la tentativa anterior estuvo imposibilitada en Colombia, en gran parte, por la negacin o no aceptacin de la realidad tnica. Demstenes, el representante de la lite letrada propone un programa totalmente alienado de la realidad de la provincia rural de la naciente repblica, que no permite ninguna clase de negociacin o acercamiento sino que exige su aceptacin sin cuestionamientos. Dada

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84 la vigencia que todava conserva la novela de Daz Castro en Colombia la lectura que se ha adelantado en este ensayo debe servir como motivacin a los nuevos lectores de la novela a mirar ms all del blanqueamiento y la provincializacin. Reconocer en Manuela, el personaje, Manuela la novela, y en Colombia entera, la presencia y el aporte que desde el periodo colonial han tenido el negro y su mestizaje, es imperativo en el contexto del reconocimiento de las comunidades negras por la constitucin de 1991. Afirmar que somos un pueblo producto de un mestizaje tri-tnico y que por consiguiente no es posible, ni necesario, definirnos tnicamente es una actitud progresista sobre el papel. Pero si en la realidad, como lo sealan Zapata Olivella, Wade, Knight, Viveros y otros, todava se utiliza el fenotipo como una manera de categorizar, y en la prctica se dan clasificaciones geogrficas que tienen trazas coloniales, es entonces necesario repensar actitudes y revisar el rumbo que se le ha dado a la nacin desde sus aos fundacionales en relacin con las dinmicas no solo de clase sino tnicas.

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BIOGRAPHICAL SKETCH Vctor M. Jordn was born in Cali, Colombia. He received a B.A. degree in history from Southern Illinois University at Carbondale and a M.S. in computer applications in education from Nova Southeastern University. He is currently working on his Ph.D. in the Department of Romance Languages and Literatures at the University of Florida under the direction of Dr. lvaro Flix Bolaos. 91