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Oración pronunciada en las solemnes exequias

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Title:
Oración pronunciada en las solemnes exequias del excmo., illmo. y rmo. Sr. Dr. D. Manuel María de Negueruela y Mendi, dignísimo arzobispo de Cuba, en la Santa Iglesia Metropolitana, el día 29 de julio de 1861
Creator:
Espinosa de los Monteros, Francisco de Paula
Imprenta de D. Miguel A. Martinez ( publisher )
Place of Publication:
Santiago de Cuba
Publisher:
Imprenta de D. Miguel A. Martinez
Publication Date:
Language:
Spanish
Physical Description:
10 p. : ; 20 cm.

Subjects

Genre:
non-fiction ( marcgt )
Spatial Coverage:
Cuba.

Notes

Citation/Reference:
Trelles, C.M. Bib cubana s. 19,
Statement of Responsibility:
por Francisco de Paula Espinosa de los Monteros.

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Source Institution:
University of Florida
Holding Location:
University of Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
50680675 ( OCLC )

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ORACROM~~a~

PRONUNCIADA EN LAS 80LEHNES EXEQUlAS
del Exemo. Illmo. y Rme. Sr. Dr.

D. Manuel Maria de Negueruela y Mendi,
DIGNISIMIO ARIOBISPO DE CUBA;

ENW LA$5 BfieaNTA IGL~5EIA M9~3~3 &EbtROPOLTANA

el dia 29 de Jullio de 1861,
POR EL

Br. D. Francisco de Paula Espinosa de los Monters,,
RACIONERO DE DICH[A SANTA IGLESIA.









BANTIAGO D22 <=YSA:
IMPRENTA DE D. MIGC~UEL A. MARTINEZ,
CA.LLE BAJA D>E SAN GERONIMO N. 7.
1861l.

















Benedic ut~I~iU:to doum~ii supier caput justi....
ExL Libro Provrerbiorum cap. I 0, v. 6 et7.
La bendicion de Dios cube la cabeza 1 ljuste,
y las alabanz;as de los hombres honran so memortai.
Del Libro de los Proverbios c. 10 v. 6 if 7.




Cuando la just;icis dei Dios quiere ha.Cer iei~pikri A
los pueblos la mnuchedumbre de sus iniqjuidadles, ab o se
vale simplement;e del hambre, dEe he epidlemia, ne la
guerra y de otra multitud de plagas que han affijidno y
aun allijen hoy la humanidad; ni arma la mano dZel
hijo contra el padre, del padre contra el hijo: ni se valB
del raiyo poderoso, ni de 1as convulsiones de lai tierra: ni
saca de mad~re las agues abunidosas del mar y de Eos ries.
para. inundar y sumerjir al pecado y ati pie~eado'r, ctmo
eni los tiempos de Nod, sino que arreba~th A los justos
del seno de la sociedad, Ilama8 A st A los Pobitiflices y
los sacerd~otes de ejem-plares virtude:s y priva Eo Ms phe-
blos prevaricadores de los instrumientos actitb~s de mno-
ralidad y de santificacion; y cuands~ estio no es hbatiu2ite
patra enderesar sus tend:enciass saca~ desl te~Soro dig26nac~ion, ministros inyfele)S, sa~ejdoted manchaldi os, pasto-
res esca;ndialosos y lar pons sobre eso~s publos infelicei~, se-
gun la~ poderosa esprieeiion de un vir;tueso- escelente
telogo de nuestros die:~.s.









No permit D)ios, hermanos mios, qlue nluestras
ab)ominaciones 11eguien AL tal grado, quie laz justicia divine
nos made esta ltimia calamnidad.
Pero reconozcamios que hemos pecado, y que por
pena de nuestro pecadco, nos priva D)ios dle~ la coniver-
sacion del just, de la edliScatcion del bueno, del celo y dec
la paternal solicitud del bend.ecido Prelado cuya mremoirria
recordam-os hoy solemnnemente, henchidco nuestro coraizonl
del mas acerbo dolor.
SI, hermanos qlueridos: naiestro pecad~o es el qul~e
opera este miovimiiento de la juisticia divina; y en pena
de nuestro pecado~, es que Dios nos ha\ mandedto este
profundo pesar qlue boy oprime todo;s los Animos. ; Di-
choso y bienavent~uradto nuestro perdido Pastor, qjue. mne
reci6 por sus eminentes y her6icas virtuides ser Ilamna-
do al ejercicio del Pontificado en lar Iglesia 'trianfaf:inte,
el mnismo dia, el dia serialadlo en qlue la\ Iglesia miilitanitl
celebraba con jdhilo y ent.usiasmo el Pontificado lel
P~rincipe de los Ap6stoles!- -- iDichoso l!..... ptero
desgraciaidos' B infelices de nosotros, que perdimoos ines-
peradamente un santo Ap6stol, un esicelente padire, unt
ilustratdo maestro, un cacritative amigo, un verdadlero hier-
manno .
Senores: el pontificado del EJxemo. Illmo;. y R.mo.
Sr. Dr. D. Manriuel Marfa de Negueruela y M~:endci fudC
breve en-duracion, pero largo y dilatado en obrars mne-
ritorias; y quiiero referirmne abioraz al verdadero mblrito
que Dios premiia, no A aqluel mientido y falso qjue los hom-
btres afilauden y enaltecen.
ICuntas IAgrimas enjugadas?! ;cu liviados! icuntos dolores socorridos! icu6ntas Ilagas ci-
catrizadas! icuAnta hionra reparada! icuAnta discar-
dia shogada! cujinta paz, cunta amiisftad,cu&nta unioni
y concordiat espalcida en el colrto espacio de su excelente
pontificado! H aquf lars operacione3s de ese: insigne Pas-
tor en el ejercicio de su estenso y dificil ministerio.
Recordamos abora las palabras notables de su sin-









cera y apacible alocucion la tarde, que hizo la entrada. so-
lemne en su Iglesia. Recordamnos que di'jo, qiue venia~ A
predicar la caridlad, A practicar la caridad y sembrar
la caridad. entire los nuevos hijos qlue laz Providencia
le habia enlcomendado; y qure para coronar tain siantos
fines habia a\band~onado con gusto su p>atria, sui familial
y todias lats afeccio'nes humnanas, qlue podian ligar sanita-
mente al hombre virtuoso sobre la tierra; y se habia
resigonado permanecor can nosotr'os h-asta quie -Dios le
11amnase Ai otra vidla mnejor, diejndlonos en prueba de sui
amor fernente, su memorial y sus cenizas. Recordamnos
que al oir estas frases pronunciadas con notable infasis,
nios estremiecirpos; y en mredio de la emnocion quie son-
tfamios, elevamnos un mnomento el corazon A Dios y ro-
gamos ardientemente, por la conservacion del Preladlo
que. se presentaba A nuestra contemplacion con la be-
lieza ineffable dlel Angel, con el brillo eiiplendoroso del
amlor y de la caridad.
Refiriendlo, puies, tod~os sus pensamientos, todlas
sus acciones y todla su amibicion Ai la cairidad dfel Sie-
flor, que ardia eni su corazon y estimulaba su alma.t, no0
podlia minos sino que las operaciones do su saLnta mi-
sioni salieseni como salieron, perfamadlas con el olor
suavisimno de esa admirabnle virtud, qlue es el alma-i del
mnundo, el elemiento principal de la sociedad, y el pri-
mier fundamnento de nuestra moral y de nuiestra fe reli-
glosa.
Asi fud que este benidecido Pre.lado> no se pa-
recia A aquellos mnagn!ates, que hiacen ostenltacion dte piu
imperio, p Ior la presion dle sus providfencias in~tolerianites.
Asfi ful qe las acertadisimas y prudientisimur~s
providencias de nuiestro bendecido Prelado, eran seiem-
pre mansas, siemnpre suaves, siempre benignas, siemnpre
acomodadlas At la flaqueza de sus pobres adbdnitos, co-
mo el tip>o perfectisitno, de donde copiaba fielmrenite el
ec~jercicio de su Divina Autoridad.
A8sf fud, que ni aun en aquiellas ocasiones en que









la: sevreridlad de juez de las costumbries le obligaba :C
presentarse con la exterioridad dlel leon, segun la hi-
perbole de las Santas Escrituras, ni auin en estos ca-
sos extremos, supo abalndonar su mansedumbre de, cor-
diero; y ent6nces, ent6nces resp>landfecian mas en 41 esorJ
magnificos sentiririentos de caridad, encarnados en su
alma. beneficenitisimna, sembrados y cuiltivadlos por di
con tanto esmero, en todo este rebanio, enluitado hoy,.
hoy triste y pesaroso como nunca.
Yo no quiero, Sres., escudrinar los secrets de
la vida priveda, y ejemplar de S. E. I. donde encentra-
ria abundantisimas virtudes, productoras de la mayor
edificacion, y c;apaces por si solas de former el mas li-
sonjero elogio de nuestro malogrado Pastor. (*) No
quiero sino sus virtudes pdblicas, para presentarlo de
modelo como hombre pblico. Y comno hombr)e pilbli-
co, todos somos testigos de las virtudes her6icas y emi-
nentes que supo ejercitar S. E. I., sin ostentacion, sin
vanidad, sin~ amblicion de ser reputado ni santo ni jus-
to, que es el heroismo verdadero, y la verdadera e-
minenc~ia de la virtud, en quien como 8. E. I. tenia o-
bligacion de darle notoriedadi A todas las que ejercitase.
Hable primeramente la elevacion del culto pii-

(*) S. E. I. hizo sus studios on la UnivAeridad de Valladolid,
y fu8 laureado con la toga y la boria en la facultad de Sagrada Teo-
logfa B los dies y oeho anos do edad. A los veinee ocup6 con umi-
versal aplause una otedra en la referida U~nivBeri'dad; y habiendo f1o-
reoido en letras y en virtudes, obtavo la hourosa distincion de ser e-
lejido consultor tedlogo de la Nunciatura Espanola, y promovido B la
canonjia penite~nciaria de la Iglesia Valisoletana, donde creoid la me-
reoida famna de su ilustracion y de su santidad; por ouyos antece-
dentes fu6 presentado para la silla Metropolitana de Ouba, que aceptdi
despues de muchas dudae, temores y sobresaltos, eagendrados per su
piadostsima humildad, como 61 mismo dijo en so memorable alocuolon,
18 tarde que hizo la ent-rada triunfal en su Ig;lebia. Conoo(amori R S. E. I.
deedle much inte.s, como eeeritor apolog8tico, y! como troductor de
la HIistoria del Concilio de Trento, del cardenal Paravicini, objra que
emprendid an union de nuestro distinguide Dean D)r. D. Juan Nepo-
.muceno Lobo, y el actual obispo de Galahorra Dr. D. Antolis Mone.-
sillo, y no sabemos si Ilevarian g fell; trmino, pues solo hemos visto
on alguna biblioteca particular de eetar Oiudad el prilner t0me.








blics, promovido rpor ese varon admirable y 11evado A
la altura de su mayor esplendor, sin hacer alarde de
un esfpiritu nimiamenite abstract, ni conducir al pueblo
8 la devocion peligrosa 6 estdril. Sari Francisco de
Sales, San Ligorio y el ilustre Feneloni eran suis con-
sejeros, sus comnpanerosi y sus guias. Y jcuando se han
viato los templos mnas oportunamente concurridos y con
mejores fines? ilOu8ndo se han enderezado nuestras an-
tiguas prA&cticas religiosas, con mas acierto, al verdade-
ro objeto de la devocion lejitima, sino cuando la sabi-
durfa, la ilustracion y la piedad de este y otro insigne
Ap6stol, [*] cuyo nombre vive todavia entire nosotros, es-
parcieron~ sobre ellas su lusc bienhechora?
Hablen los templos, en sus recintos materials, y
publiquen las me oras que recibierari, y las que debian
de esperar con f4 segurisima en las promesas del Pre-
lado, y en los estudios preparatorios A~ que estaba con-
sagrado con empeno;-promesias, esperanzas y trabajos,
lo hdlr!qee se han hundido en el sepulcro.
H leel Seminario, de done la Iglesia y el
Estado esperaban ver germionr, florecer y cosechar o-
perarios fortlaimos y` ministros no minos dignos de con-
siervar; el dep6sito def la moral y de la fk divina. iOun-
tos proyectos frustrados! icuAtntos pensamnientos perdiidos!
Hable el pueblo, para quien no solamente erab
faicilfs`imo el acceso su Prelado y estaban abiertas
A todas horas las paertas de su Palacio, sino que 41
nriismo iba de casa en casa, abriendo todas las puertas,
para acercarse A suis ovejas y conocer 4 todas, y con-
versar con todas, y hacer- comun A todbs; el carinoso
reclamo del buen Pastor;-pero sin distinciones, sin pree-
minencias, si~n contenplaciones mundanas. Pastor y

() Aladlimos.al inolvidable hoamo. Illmo. y Rmo. Sr. Dr. D.
Antomio AartS Claret, hoy Alrsob"ispo in paritii8ee 'Trajandpolis, cu-:
ye postlRoaddo ilostr6 la Iglesia GanbAna, despizes de largos anos de ballarse
impedida la sill metropoltana, y ausepte~ so digfit~sim~o prelado el emi-
nentfsimo Cardenal D. Fray =irilo de Alameda, hoy Ars&obispo de Toledo;.







hacmbrie priblico, nio encerraba su IAmpara dtentro de los
ailtos mnuros de un castillo iinaccesible. sino quie con ella
on la maino, ardiendi, y aluimbrando, hiollaba con plant
ac"'i6ca todar la extension de su didcesis, desdie aq~uel
Es;rtalo dlonde se asientanii los sacerdtotes condecorados de
la Iplesia Cubanla, haista lai inas humilde choza donide
sc a~lberga la mnendlicidd.
Y hiablemos nio.otros abora, los sacerdotes, los qlue
reclinamnos mnuchias veces niuest;ras cabezais sobre el pe-
chlo del Pastor, comt-o el discipulo amnado de Jesus, la
niochie de lat mremorable cenla. H-ablemios nosotros, qlue
estribamilos inmiediatos A su sagrada persona, quie reci-
blamois de cerca la inspiration y el iniflujo de sus ad-
miirables doctrinias,~ que percibfamos enl su orfgen y sat-
bioreAbamos el olor de sus hierdicas y eminentes virtu-
dles. HTablemlos nosotros, q(ue fuimnos mnuchass veces de-
positarios do sus proyectos grandiiosos, de sus vastas
ideas y de sus pensamientos de ap6stol. Pero noso-
tros~ ebemnos ser mudos, si qlueremos significar 10 qlue
clen lenguas nio sabriaLn predicar con justicia. Noso-
tros no podemros hafblar, porque todavial estamios emn-
belesados, can las virtudes de tan grandte obtispo. Yo,
el mnas indlignio de t~odos sus h1iijs, y el iltimo de to-
dlos sus sdbditos, miuchas vecers en mnedio del profun-
dlo respeto y de la reverente antencioni que p>restaba Ai
su duilce y seductora p>alabra, no fui poderoso para im-
pedir que se emancipara.mi espiritu y se absorviera
en la sabrosa contemp>lacion de la altura y de la humnil-
dad, de la autoriladi y de la lisura, de lai dignidad y
de la 11aneza, amalgamadas, confundidas y promiscua-
dlas eni el 't~rato y en la coniversacion de S. ~E. I.
Por eso debemios enmudecer; si senrores, porque
nosotros le vimos rodeado de la pomnposa mnagnificencia
del Ponltificado: le vimos luego sentado entire sus hijos,
ejercitando los oficios de p>adre, de maestro y de amrigo
carinoso; y luego le vimos en el lecho del dolor, que
es el crisol de los heroes y de los varones eminen-






Pastor, qlue goza de la vida; initerminable dlel Cieto; si
no nuestrats culpas qule abhreviaron sus preciosos d~ias eni
la tierra, y tratjeron sobre nlosotros la penaL de la or- -
fandad que hoy nos aflije. Y nuestro llanto, si es el
sfmbolo die un arrepenitimiento profunldo y de una en-
mienda verdadera, nos devuelva la gracia que hemnos
perdido; y estabs sean las principles alabanzats que en-
tonemos A la memorial de nluestro bendecido Pastor, .y
estas sean las flores que reguemnos sobre su sepultura.
Y consoldmonos: y adoremos en silencio los al-
tos juicros de Dios~......~.....
Y ardan midaitras tanto ante el acatamiento de
su Divinia Magestad, nuestros votos purificados como gra-
nos de incienso qluemados en loor de su inmensa jus-
ticia y de su providenciab infimita-~.-..-.....
Y envu*eltas en el hiumo de tan escojidos aromase,
suban 41 nuestrats fervientes oraciones: y pidAmosle
con la f4 y la esperanza con que pidi6 el Centurion, qjue
nuestra dolorosa orfandad sea socorrid-a, y que el alma
dichosa de nuestro bendito Prelado, goce eternament~e
de la gloriar del Cielo, donde descause en paz. Amen,




Full Text






.]E9L.LJ1lMiyl

PRONUNCIADA EN LAS SOLEMNES EXEQUAS
del Exemo. Ilimo. y Ruol. Sr. Dr.

D MANUEL M DE -NEQCUERUELA Y MENDI,
DIGNISIMO ARZOBISPO DE CUBA;
KN I BATA &EIA METR&3HIrMNk,
Sel dia 29 de Julio dye 1861,
POR EL *

Br. f. Francco de Paula Espinosa de los Monteros,
RAiJON:ER( DE DICH A SANTA IGLESIA.







BANTLAWV :E OU3A:
IMPRENTA DE D.' lIGUEL A. MARTINEZ,
CALLE BAJA DE SAN GERONIMO N. 7.
1861.


A


WY #t1 Ma -0U





xV






PRONUNCIADA EN LAS SOLEMNES EXEQUIA


S


del Excmo. Illmo. y Rmo. Sr. Dr.

D. Manuel Maria de Negueruela y Mendi,

DIGNISIMO ARZOBISPO DE CUBA;

IN L RANTA ThGX1A MTR'P#LTTANA,

el dia 29 de Julio de 1861,

POR EL

Br. D. Francisco de Paula Espinosa de los Monteros,


RACIONERO DE DICHA SANTA IGLESIA.












SAMTTIACO D O3 TA:


IMPR


ENTA DE D. MIGUEL A. MART
CALLE BAJA DE SAN GERONIMO N. 7.
1861.


'INEZ,


z (aGO















Benedictio domini super caput justi....
Memorial justi can laudibus.
Ex Libro Proverbiorum cap. 10, v. 6 et 7.
La bendicion de Dios cubre la cabeza del justo,
y las alabanzas de los hombres honran sa inemoria.
Del Libro de los Proverbios c. 10 v. 6 y 7.




Cuando la justicia de Dios quiere hacer expiar a
los pueblos la muchedumbre de sus iniquidades, no se
vale simplemente del hambre, de la epidemia, de la
guerra y de otra multitud de plagas que han aflijido y
aun aflijen hoy A la humanidad; ni arma la mano del
hijo contra el padre, del padre contra el hijo: ni se vale
del rayo poderoso, ni de las convuisiones de la tierra: ni
saca de madre las aguas abundosas del mar y de los rios
para inundar y sumerjir al pecado y al pecador, como
en los tiempos de Nod, sino que arrebata A los justos
del seno de la sociedad, llama a si A los Pont fices y a
los sacerdotes de ejemplares virtudes y priva A los pue-
blos prevaricadores de los instrumentos activos de mo-
ralidad y de santificacion; y cuando esto no es bastante
para enderezar sus tendencias, saca del tesoro dle su in-
dignacion, ministros infieles, sacerdotes manchados, pasto-
res escandalosos y los pone sobre esos pueblos infelices, se-
gun la poderosa espresion de un virtuoso y escelente
te6logo de nuestros dias.





4
No permita Dios, hermanos mios, que nuestras
abominaciones lleguen A tal grado, que ]a justicia divina
nos mande esta dltima calamidlad.
Pero reconozeamos que hemos pecado, y que por
pena de nuestro pecado, nos priva Dios de la conver-
sacion del justo, de la edificacion dl bueno, del celo y de
la paternal solicitud del bendecido Prelado cuya memorial
recordanios boy soleinnemente, henchido nuestro corazoI
del mas acerbo dolor.
Si, hermanos queridos: nuestro pecado es el que
opera este movimiento de la justicia divina; y en pena
de nuestro pecado, es que Dios nos ha mandado este
profundo pesar que hoy oprime todcs los unimos. iDi-
choso y bienaventurado nuestro perdido Pastor, que me-
reci6 por sus eminentes y herdicas virtudes ser thama-
do al ejercicio del Pontificado en la Iglesia triuntante,
el misno dia, el dia senalado en que Ia Iglesia militantu
celebraba con jubilo y entusiasmo el Pontificado del
Principe de los Apbstoes! - iDichoso 61!- --pero
desgraciados 6 infelices de nosotros, que perdimos ines-
peradamente un santo Ap6stol, un escelente padre, un
ilustrado maestro, un caritativo amigo, un verdadero her-
nano.
Senores: el pontificado del Exemo. Illmo. y limo.
Sr. Dr. D. Manuel Maria de Negueruela y Mendi foe
breve en duracion, pero largo y dilatado en obras me-
ritorias; y quiero referirme ahora al verdadero merito
que Dios premia, no a aquel mentido y falso que los hom-
bres aplauden y enaltecen.
iCuAntas lAgrimas enjugadas! ;cuAntos pesatres a-
liviados! ;cuAntos dolores socorridos! icuAntas Ilagas ci-
catrizadas i cuAnta honra reparada i cuAnta disc ,r-
dia ahogada! cuAnta paz, cuanta amistad, cuAnta union
y concordia espaicida en el corto espacio de su excelente
pontificado! H6 aqui las operaciones de ese insigne Pas-
tor en el ejercicio de su estenso y dificil ministerio.
Recordamos ahora las palabras notables de su sin-





5
cera y apacible alocucion la tarde que hizo la entrada so-
teine en su Iglesia. Recordamos que dijo, que venia A
predicar la caridad, 6 practicar la caridad y A sembrar
la caridad entre Ins nuevos hijos que ]a Providencia
Ie habia encomendado; y que para coronar tan santos
fines habia abandonado con gusto su patria, su fiamilia
y todas las afecciones humanas, que podian ligar santa-
mente at hombre virtuoso sobre la tierra; y se habia
resignado A permanecer con nosotros hasta que Dios Ic
Ilamase a otra vi(Ia mejor, dejandonos en prueba de su
amor ferviente, su memoria y sus cenizas. Recordamos
que al oir estas frases pronunciadas con notable enfasis,
nos estremecimos; y en nedio de la emocion que sen-
tiamos, elevamos un momento cl corazon a Dios y ro-
gamos ardientemente por la conservation del Prelado
que se presentaba A nuestra contemplacion con la he-
lleza inefable del Angel, con e1 brillo e.plendoroso del
amor v de la caridad.
Refiriendo, pues, todos sus pensamientos, todas
sus acciones y toda su ambition a la c ridad del Se-
or, que ard ia en su corazon y estimulaba sit alma, no
podia mnuos sino que las operaciones de su santa mi-
sion saliescn com salieron, perfunmadas con et olor
suavisimo11 de esa admirable virtue, que es et alma de
mundo, ei tlemcnto principal de la sociedad, y et pri-
nier fundaiento de nuestra moral y de nuestra f1 reli-
giosa.
Asi fud que este bendecido Prelado no se pa-
recia A aquellos magnates, que hacen ostentacion de ,u
imperio, por la presion de sus providencias iritolerantes.
Asi* fud que las acertadfsimas y prudentisitnas
providencias de nuestro bendecido Prelado, eran sici-
pre mansas, siempre suaves, siempre benignas, simpre
acomodadas A la flaqueza de sus pobres si bditos, co-
mo el tipo perfectisimo, de donde copiaba fielmente el
ejercicio de su Divina Autoridad.
Asi fue, que ni aun on aquellas ocasiones en que





6
la severidad de juez de las costumbres le obligaba A
presentarse con la exterioridad del leon, segun la hi-
pdrbole de las Santas Escrituras, ni aun en estos ca-
sos extremos, supo abandonar su mansedumbre de cor-
dero; y ent6nces, ent6nces resplandecian mas en el esos
magnificos sentimientos de caridad, encarnados en su
alma beneficentisima, sembrados y cultivados por ei
con tanto esmero, en todo este rebano, enlutado hoy,
hoy triste y pesaroso como nunca.
Yo no quiero, Sres., escudriiar los secretos de
la vida privada y ejemplar de S. E. I. donde encontra-
ria abundantisimas virtudes, productoras de la mayor
edification, y capaces por si solas de formar el mas li-
sonjero elogio de nuestro malogrado Pastor. (*) No
quiero sino sus virtudes pdblicas, para presentarlo de
modelo como hombre publico. Y como hombre publi-
co, todos somos testigos de las virtudes her6icas y emi-
nentes que supo ejercitar S. E. I., sin ostentation, sin
vanidad, sin ambition de ser reputado ni santo ni jus-
to, que es el heroismo verdadero, y la verdadera e-
minencia de la virtud, en quien como S. E. I. tenia o-
bligacion de darle notoriedad A todas is quo ejercitase.
Able primeramente la elevation del culto pi-

(*) S. E. I. hizo sus estudios en Ia Universidad do Valladolid,
y fue laureado con la toga y Ia borla en la facultad do Sagrada Teo-
logia a los diez y ocho anios do edad. A los veinte ocup6 con uni-
versal aplauso una cstedra en Ia referida Universidad; y habiendo flo-
recido en letras y en virtudes, obtuvo la honrosa distincion do ser e-
lejido consultor te6lago de la Nunciatura Espaflola, y promovido a ]a
canonjia penitenciaria do Is. Iglesia Valisoletana, donde creci6 la me-
recida fama de su ilustracion y do su santidad; por cuyos antece-
dentes fue presentado para la silla Metropolitana do Cuba, que accept6
despues de muchas dudas, temores y sobresaltos, engendrados por su
piadosisima humildad, c)mo 61 mismo dijo en su memorable alocucion,
la tarde que hizo la entrada triunfal en su Igleria. Conociamos A S. E. I.
desde mucho Antes, como escritor apologdtico, y como traductor de
la Historia del Concilio do Trento, del cardenal Paravicini, obra que
emprendi6 en union de nuestro distinguido Dean Dr. D. Juan Nepo-
muceno Lobo, y el actual obispo de Calahorra Dr. D. Antolin Mone-
sillo, y no sabemos si lievarian A feliz tdrmino, pues solo hemos visto
en alguna biblioteca particular de ebta ciudad el primer tome.




7
blico, promovido por ese varon admirable y llevado A
la altura de su mayor esplendor, sin hacer alarde de
un espiritu nimiamente abstracto, ni conducir al pueblo
4 la devocion peligrosa 6 estdril. San Francisco de
Sales, San Ligorio y el ilustre Fenelon eran sus con-
sejeros, sus compafleros y sus guias. Y icucndo se han
visto los templos mas oportunamente concurridos y con
mejores fines? jCuando se han enderezado nuestras an-
tiguas prActicas religiosas, con mas acierto, al verdade-
ro objeto de la devocion lejftima, sino cuando la sabi-
durfa, la ilustracion y la piedad de este y otro insigne
Ap6stol, [*] cuyo nombre vive todavia entre nosotros, es-
parcieron sobre ellas su luz bienhechora?
Hablen los templos, en sus recintos materiales, y
publiquen las mejoras que recibieran, y las que debian
de esperar con f6 segurisima en las promesas del Pre-
lado, y en los estudios preparatorios A que estaba con-
sagrado con empeflo;-promesas, esperanzas y trabajos,
;oh dolor! que se ban hundido en el sepulcro.
Hable el Seminario, de donde la Iglesia y el
Estado esperaban ver germinar, florecer y cosechar o-
perarios fortisimos y ministros no m6nos diguos de con-
servar el dep6sito de la moral y de la fd divina. iCuan-
tos proyectos frustrados! ;cuAntos pensamientos perdidos!
Able el pueblo, para quien no solamente era
facilfsimo el acceso 6 su Prelado y estaban abiertas
A todas horas las puertas de su Palacio, sino que 61
mismo iba de casa en casa, abriendo todas las puertas,
para acercarse A sus ovejas y conocer A todas, y con-
versar con todas, y hacer comun A todas el carifloso
reclano del buen Pastor;-pero sin distinciones, sin pree-
minencias, sin contemplaciones mundanas. Pastor y

(*) Aludimos al inolvidable Excmo. Illmo. y Rmo. Sr. Dr. D.
Antonio Marfa Claret, boy Arzobispo in partibus de Trajandpolis, cu-
yo pontificado ilustr6 la Iglesia Cubana, despues de largos aios de hallarse
impedida ia silla metropolitan, y ausente su dignfsimo prelado el emi-
uentfsimo Cardenal D. Fray Cirilo de Alameda, hoy Arzobispo de Toledo.



S
hombre publico, no encerraba su himpara dentro de los
altos inuros de un castillo inaccesihle. sino que con ella
en la iano, ardiend y alumnbrando, hollaba con planta
p:tcifica today la extension de su diocesis, desde aquel
Lstalo donde se asientan los sacerdotes condecorados de
la llesia Cubana, hasta la etas humildo choza donde
se alberga la mendicidad.
Y hablemos nosotr[s ahora, los sacerdotes, los que
reclinaios muchas veces nnestras cabezas sore el pc-
(+o del Pastor, coio el discipulo atado de Jesus, la
noche de la memorable cena. iablemos nosotros, que
estAbamos inmediatos A su sagrada pcrsona, que reci-
biajnos de cerca la inspiration y el inlujo de sus ad-
mirables doctrinas, que percibiamos en su orgen y sa-
borebamos el olor de sus heroicas v eminentes virtu-
des. Hablemos nosotros, que fuimos muchas veces de-
positarios de sus proyectos grandiosos, de sus vastas
ideas y de sus pensamientos de ap6stol. Pero noso-
tros debemos sor mudos, si queremos significar lo que
cien lenguas no sabrian predicar con justicia. Noso-
tros no podemos hablar, porque todavia estamos em-
belesados con las virtues de tan grande obispo. Yo,
el mas indigno de todos sus hijos, y el litimo de to-
dos sus sbditos, Iuchas veces en medio del profun-
do respeto y de la reverente atencion que prestaba a
su dulce y seductora palabra, no fui poderoso para im-
pedir que se emiancipara mi espiritu y se absorviera
en la sabrosa contemplation de la altura y de la humil-


(iad, de la autoridad y de la lisura, de
de la llaneza, amalgamadas, confundidas
das en el trato y on la conversation de
Por eso debeios enmudecer; si
nosotros le vimos rodeado de la pompous


la dignidad y
y promiscua-
S. E. I.
sefores, porque
a xnagnificencia


del Pontificado: le vimos luego sentado entree sus hijos,
ejercitando los oficios de padre, de maestro y de amigo
carinoso; y luego le vimos en el lecho del dolor, quo
es el crisol de los heroes y de los varones eminen-



9
teiente justos; y le vimros cerrar blandamente sus ojos
a estl vida 11ganisf, para recibir sin obstAculo la vi-
sion de la vida interminable, y nosotros somos los que
comprenidemnos que no es dable significar con propiedad
el altisimo merecimiento de ese admirable Arzobispo.
Y he recordado su lecho de dolor, porque allif, alli
f66 done resplandecl6 el hombre apost6lico: allI donde
se reconoci6 su espfriiu angplico: alli, donde se apre-
ciaron las sefiales de su dichosa predestinacion: allf, en
fin, donde alz6 su catedra, para enseflarnos a morir co-
mo mueren los santos.
Dichoso 61 inuchas veces, hermanos mios; dicho-
so 61, que supo cenirse en la tierra la corona de las
bendiciones de sus hijos, y bajar, engalanado con ella,
al tranquilo sepulcro que le ofreeio su propia Iglesia.
Dichoso e1, que caminando de bendicion en ben-
dicion, de himno en himno, y de loor en loor, ha sido
recibido en ei Cielo, cuando A Dios le plugo, porque
nadie esperaba tan temprano trAnsito.
Dichoso 61 que at propio tiempo que goza de
la vision beatifica de Dios [*] que es el colmo de la
hienaventuranza, recipe todavia en la tierra por premio
de sus virtudes admirables las alabanzas de sus hijos
sobre su sepulcro: la oracion de su pueblo sobre las


aras del altar del Senor.
Precisamente es este el
gun el orAculo de las Santas


servido de tema
mo los efectos de
les ni ineficaces,
cl mismo acto en
carrera, el pueblo
(edo.


premio de los justos,
Escrituras, que me


se-
ha


para este desalinado discurso; y co-
la justicia de Dios nunca son estbri-
h6 aquf, hermanos queridos, que en
que el justo recibe el premio de su
pecador recibe la penitencia de su pe-


Lloremos, p1es, no ya A nuestro bienaventurado

() Asi en de creerse piadosamente Eujetandome a la doctrina in-
falible de la Santa Iglesia C. A. R.


1
Pastor, que goza de la vida interminable del Cielo; si-
no nuestras culpas que abreviaron sus precioSOS dias en
la tierra, y trajeron sobre nosotros la pena de la or-
fandad que hoy nos aflije. Y nuestro llanto, si es el
simbolo de un arrepentirniento profundo y de una en-
mienda verdadera, nos devuelva la gracia que hemos
perdido; y estas sean las principales alabanzas que en-
tonemos A la memoria de nuestro bendecido Pastor, y
estas sean las flores que reguemos sobre su sepultura.
Y consol6monos: y adoremos en silencio los al-
tos juicios de Dios. .........
Y ardan mi6ntras tanto ante el acatamiento de
su Divina Magestad, nuestros votos purificados como gra-
nos de incienso quemados en loor de su inmensa jus-
ticia y de su providencia infinita. - .. .- - .
Y envueltas en el humo de tan escojidos aromas,
suban 1 6l nuestras fervientes oraciones: y pidaimosle
con la f6 y la esperanza con que pidi6 el Centurion, que
nuestra dolorosa orfandad sea socorrida, y que el alma
dichosa de nuestro bendito Prelado, goce eternamente
de la gloria del Cielo, donde descanse en paz. Amen.


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