Citation
Máximo Gómez las invasiones del 75 y del 95

Material Information

Title:
Máximo Gómez las invasiones del 75 y del 95
Creator:
Souza y Rodríguez, Benigno, 1872-1954
Donor:
unknown ( endowment )
Place of Publication:
La Habana
Publisher:
Editorial Minerva,
Publication Date:
Language:
Spanish
Physical Description:
95 p. : ports., map. ; 25 cm.

Subjects

Subjects / Keywords:
History -- Cuba -- 1810-1899 ( lcsh )
Genre:
non-fiction ( marcgt )

Notes

Statement of Responsibility:
conferencias pronunciadas por el dr. B. Souza.

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Holding Location:
University of Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
000390986 ( AlephBibNum )
23478240 ( OCLC )
ACD5775 ( NOTIS )
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Mximo Gniez
y las

Invasiones del 75 y del 95


Conferencias Pronunciadas
por el
Dr. B. Souza


as~


I BIBLIOTECA
EVELIO GOVANTES

"'EDITORIAL MINERVA"
PI Y MAIGALL lis
LA HABANA
1982













813
l i ,y
S`1,11c~


















INTRODUCTION

MAXIMO GOMEZ (1)
Fu el primer guerrillero de la dcada ini-
ciada por Cspedes el 10 de octubre de 1868
y el genio director de la ltima y definitive
lucha por la independencia. En los Pinos de
Baire ensel a los cubanos a escribir con su
resolucin el prlogo de las hazaflas del a-
chete. Palo Seco y las Gusimas, Mal Tiempo
y Juan Criollo consagraron al hroe. En la paz
que sigui al Zanjn, como al reanudarse el
combat despus, en 1895, fu emblema de es-
peranzas, bandera de guerra, augurio de vie-
toria.
Grande por la virtud y el carcter, ms gran-
de aun por la abnegacin y el desinters, Cuba
venera y recuerda al glorioso dominicano lla-
mndole, como por su nombre de pila, El Li-
bertador.
Jos MAwUELu CAmlozu..


UANDO el observador impasible examine a su perso-
naje, lo escruta y lo diseca bajo la lente, clasifica
y catalog sus hazaas, cuando establece con l in-
timidad, sucede muchas veces con ciertos hombres
que no sufren stos el fro examen y a la compilacin de sus
altos hechos, se levantan a la vida, alzan la voz y llevan a su
historigrafo, por la mano, del juicio sereno a la admiracin
ardiente. Y es necesario, entonces, buscar un poeta que los cante
y no un sabio que los clasifique. Mximo Gmez es uno de estos
personajes. Y por eso inscribo yo, como introduccin a este
trabajo, la sntesis rotunda y elocuente hecha de Gmez por
un poeta, por nuestro cubansimo poeta Jos Manuel Carbonell.
Tuvieron por origen estas dos conferencias, reunidas aqu,
las que con el tema de las Invasiones a Occidente pronunciaron

(1) Inscripcin para el monument, proyectado, que sealar el
desembarco de Gmez y Mart en Playitas.


[5]














los doctors Hernndez y Caffizares en la Academia de Artes y
Letras. Veteranos, sobre todo del Estado Mayor y Escolta de
G6mez, la misma Sociedad de Artes y Letras y otras personas,
mo invitaron a ellas porque, a su juicio, apareca disminuida o
ignorada, sobre todo en la del doctor Cafizares, la parte de pro-
tagonista que en ambas tuvo el General en Jefe de nuestro
Ejrcito Libertador, por algo, nuestro General en Jefe.
Difcil es, entire nosotros, encontrar la capacidad para tratar
asuntos de historic, los que requieren como cuestin prima ajus-
tarse a la verdad. Nosotros, meridionales, hombres del Trpi-
co, no tenemos, por temperament, nocin de la mensura. De-
formamos al objeto, la hiprbole es nuestro gua y exaltamos o
deprimimos sin tasa ni lmite alguno. Los testimonios llegan a
ser casi nulos por esta nuestra propensin ingnita de separar-
nos, involuntariamente, de la nocin real. El que ha visto un
hecho lo trastorna y cambia en su esencia, de modo tal, que casi
ninguno de los testigos lo conoce despus y junto a todo eso
cada uno de nosotros lleva dentro de s a un Nicols Chan-
vin (1), y los ms modestos comparsas de nuestra Revolucin
dieron la idea, fueron el origen de los grandes hechos, inspira-
ron a Gmez y a Maceo sus resoluciones, han asistido a entre-
vistas secrets, saben de expresiones que cambian toda la faz
de la historic y, sobre todo, es signo fatal para su testimonio,
cuando de l se duda, que ellos afirmen enfticos: "Yo lo vi!"
Basta ese solo " Yo lo vi!" para deducir su falsedad. Pobres
diablos oyeron cosas de las que nadie sabe ni ha odo. Cosas ig-
noradas por Mir, Boza, Loynaz, Snchez Agramonte y otros
testigos de nota. Por eso es tan difcil reconstruir la vida de
aquellos hombres en la que debemos atenernos slo al hecho es-
cueto, que por fortune no puede ser suprimido. Los documen-
tos, sobre todo los suscritos en el moment mismo de la accin

(1) Nicols Chauvin, soldado napolenico, acribillado de heridas,
se hizo notar por su exaltacin en el relato de los acontecimientos en
que habia tomado parte. Le preguntaban: Chauvin, cmo fu la ba-
talla de Austerlitz?, y l, soldado raso, habia sido el facttum de la
batalla. Su tipo, popular en el ejrcito francs, did origen al trmino
"chauvinista" domiciliado hoy en casi todos los idiomas.'


[6]













y llevan la impresin fugitive de ese instant, los diaries y
cartas redactados entonces y no ahora, permiten con juicio cr-
tico explicar muchas cosas de nuestra Revolucin. Adems de
lo que est al alcance de todos he tenido a mi disposicin, he
tomado notas de las Diarios inditos del General Freyre An-
drade, del General Eugenio Snchez Agramonte, del Teniente
Coronel Rosell, del Capitn Despradel, del General Monteagu-
do, del Coronel Fermn Valds Domnguez y otros ms, riqu-
simo este ltimo en documents originales, copiossimo, llevado
por su autor al da y cuando ste se publique ser tal vez la
impresin ms vvida y sensational de nuestra ltima guerra
por la Independencia. Poseo cartas originales, copias, documen-
tos desconocidos, cuya publicacin innecesaria sera como el es-
tallido de una bomba en cielo sereno, firmadas por hombres como
Mart, Gmez, Maceo,. Mas, Mir6, Don Toms, Calixto Garca,
Jos Maceo, Laeret, Alemn, Freyre Andrade, Eusebio Her-
nndez y otros.
Nuestro deseo, cuando de alguien escribimos y tomamos por
la senda del ditirambo, es presentarlo como algo abstract, per-
fecto, divino, cuando han sido hombres, si bien excepcionales,
humans como los dems.
No se puede tampoco investigar los puntos histricos lle-
vado a ello por la malquerencia hacia alguno de los actors y
de todos es notorio que las relaciones del General Gmez y del
primer gobierno revolucionario no fueron cordiales y tan divor-
ciados estaban que sin resefiar aqu los enojosos incidents ocu-
rridos entire ellos, slo apuntaremos que en la Asamblea de la
Yaya ninguno de sus miembros fu, por eso y por otras causes,
reelecto, con la excepcin de Mas, cuya candidatura para Pre-
sidente recomend el General Gmez. (1)

(1) Prrafos de la carta de Bartolom Mas a Mximo Gmez,
fechada en La Matilde, noviembre 3 de 1897: "Mi generoso amigo:
Cuando llegan a un hombre adolorido las generosidades de un viejo
camarada de gloria y de fatigas, de uno de los pocos veterans de la
gran campafa que ya nos van quedando, es preciso contestar con el
alma abierta, el corazn en la mano... las cartas de usted a various


[7]













Gerardo Castellanos (1) nuestro ms capacitado historiador,
de los que viven, no slo por su alto deseo de sinceridad sino
tambin por su honrada y acuciosa investigacin, es uno de los
pocos que han recogido y estampado las debilidades y errors
de sus biografiados y en sus relatos nos da la sensacin que
describe a un hombre y no a un ser mitolgico. En su ltimo y
acabado studio de la tragedia de Cspedes, cuyo primer acto
es Bijagual y su sangriento desenlace, San Lorenzo, dice:
Hay que verlos y estudiarlos, como hombres de carne y hueso, satu-
rados de pasiones y defects, propios de la herencia y la educacin...

De acuerdo con l, creemos que si aun no ha llegado la hora
de "decir toda la verdad", deseamos con Juan Gualberto G-
mes "que, por lo menos, todo lo que se diga sea verdad".
Desde luego, naturalmente existen y han existido gentes en
cuyo testimonio se puede confiar de modo absolute, pero son
los menos.
La conferencia del doctor Hernndez es motivo para el elo-
gio fervoroso de Maceo, sin embargo no se ignora en ella ni se
desconoce a Gmez; no as en la del doctor Cafiizares, donde
no aparece ntegra, o mejor, desaparece la figure de Gmez. De
ella no vamos a hacer crtica, pero no podemos dejar pasar sin
impugnacin algunos de los errors, por lo menos, los de bulto,
que en ella se consignan.
De la batalla de Las Gusimas, conocidsima de cubanos y
espaoles por haber sido la funcin de guerra ms grande y
de ms resonancia en la que tomaron parte fuerzas cubanas y
espaolas en ambas guerras, se afirman inexactitudes.
Dice el doctor Cafizares, refirindose a la brillante carga
dada por los cubanos a la caballera espaola en el inicio de
la accin:

Representantes a la ltima Asamblea, me han dicho cunta nobleza
y cunto desinters se encierra bajo el uniform de nuestro primer
General. Y esto no es nuevo; hace much tiempo que los cubanos lo
saben... (Del Archivo del doctor Prez Landa.)
(1) Y tambin Portell-Vil.


(8]














Son perseguidos (los espafoles) y macheteados sin piedad por la ca-
balleria nuestra al mando del Brigadier Henry Reeve, el Inglesito,
quien al regresar de la carga recoge 150 caballos...

La carga del Carril, como se la llam, fu ordenada y diri-
gida por Mximo Gmez (1) en persona, a la cabeza de los suyos,
todos lo saben. Mal pudo El Inglesito mandar nada ni a nadie
en Las Gusimas, pues se encontraba dado de baja en las filas
mambisas, curndose grave herida de bala con fracture del mus-
lo y no hizo su incorporacin a Gmez sino en el mes de julio,
es decir, cuatro meses despus de la fecha de Las Gusimas.
Igualmente es errnea la cifra de las bajas sufridas en ese com-
bate por los cubanos, notablemente exagerada, casi duplicada
en la conferencia del doctor Cafizares; consigna en ella 52
muertos, cuando el parte official cubano al Gobierno, asistente
a la operacin, slo resefia 29. Tampoco es exacta su nota de
los heridos, tambin exagerada.
La otra afirmacin, no acertada, es aquella donde asevera de
Las Gusimas:

Pueden considerarse triunfadores los Jefes espafloles porque aplaz
para el ao siguiente la invasion de las Villas.

Desde luego, los derrotados del Naranjo y de Las Gusimas
para atenuar el efecto de aquel golpe fatal a las armas espa-

(1) De los muchos recuerdos publicados por oficiales mambises
que asistieron a Las Gusimas y que exaltan el papel de Gmez, para
refrescar la memorial de los olvidadizos, entresacamos el del muy co-
nocido official mamb que con el pseudnimo de "Un Oriental" se pu-
blic en 1886:
"Al enfrentarse con los nuestros se detuvieron de repente los ji-
netes (los espaoles); entonces se lanz sobre ellos el general M6mez
con su Estado Mayor y nuestra caballera, que ocupaba uno de los
flancos, lo que les oblig a volver grupas en busca de la proteccin
del grueso de sus fuerzas, pero eran alcanzados por los nuestros y
muertos a machete con tal celeridad que en un moment quedaron
sobre el campo muchos de ellos... el resto fu perseguido hasta el
medio de la finca donde acababa el enemigo de posesionarse de una
represa hecha en el arroyo que atraviesa el potrero y en cuya represa


[9]













fiolas, "con fines disciplinarios de moral", propalaron esta es-
pecie. Frente a este juicio y sin comentarios, insertamos el de
L. Barrios, Comandante del Ejrcito Espafiol, Oficial de Esta-
do Mayor, actor de la guerra de los 10 afios en Camagiey, dis-
tinguido escritor military; como no fu derrotado en esta accin
est ms libre que los vencidos all para juzgar de su alcance
y efectos sobre la campaa. Califica dicho Oficial, en su libro
Recuerdos de Campaa y en la pgina 39, como "desastres a
Palo Seco y Las Gusimas"; ms adelante y refirindose a la
tropa de Gmez: "masas combatientes y aguerridas y favore-
cido por hbil caudillo sostuvo las acciones ms formales de la
campaa, como fueron las de La Sacra, Palo Seco, Naranjo y
Las Gusimas"; en la pgina 43: "Llegado Concha a Cuba, a
raz del desastre de Las Gusimas, el mayor que sufrimos es
toda la guerra..." (a) Esta afirmacin rotunda, frente a la del
doctor Caizares, es concluyente a pesar de todas las atenua-
ciones imaginadas, por venir de la boca de un tan competent
Official de Estado Mayor espafiol, como lo fu el Comandante
L. Barrios.
Para terminar, sealamos otro rumor absurdo y referente
a Mal Tiempo. (1) En la pgina 259 de la citada conferencia
se estampa lo siguiente:

haba una laguna cenagosa. En sta qued atascado un official espr
fiol que fu muerto a machete a la vista de los suyos, sin que stos
pudieran socorrerle. Gmez y los que cargaron volvieron al fondo del
potrero con los trofeos... los que ms se distinguieron en los cinco
das... en primer trmino el Mayor General Mximo Gmes, que man-
da como un general y carga como un soldado, Rafael Rodriguez, los
Brigadieres Jos A. Maceo, Jos Gonzlez, Gabriel Gonzles..."
(a) Subrayamos nosotros.
(1) "En Mal Tiempo, Gmes abri un portillo de un solo tajo y re
nov los laureles de Palo Seco", y ms adelante: "Gmes naci para la
guorra, para dirigirla, para mandar a los dems hombres, ya fueran
soldados de fila, ya oficiales de mrito en valor personal o en conoci-
mientos. La autoridad de Gmez se impona a todos: siempre era el
General, siempre el director, siempre el Jefe absolute y dominant.
No tenia ms que un rival: Antonio Maceo."


[ 10]













Se dice tambin que el General en Jefe no consideraba conve-
niente continuar la marcha;
y afade el doctor:
Maceo fu6 de la decision contraria a pesar de que Gmes quera sus-
penderla.
Cuando un escritor recoge una novisima y absurd version
sobre algn hecho pasado, y absurdo es imaginar a Gmez pu-
silnime, arrepentido de llevar a cabo la obra que plane con
Marti en Montecristi y con Maceo en sus comunicaciones, debe
este escritor aducir testimonios autorizados, exhibir documenta-
cin y no el vago aserto de personajes desconocidos, annimos,
que se abrigan en el se dice, y sobre todo cuando ello se encuen-
tra en contradiccin con la verdad admitida hasta entonces;
ridculo nos parece adems presentar a Gmez y Maceo, nunca
separados ni en las grandes ni en las pequeas determinacio-
nes, a esos dos grandes soldados, desmoralizar sus hombres ha-
ciendo pblico sus temores, si es que los tuvieron.
Por encima de todo eso, Jos Mir y Argenter, General
mamb, Jefe de Estado Mayor de Maceo, su cronista, jams
supo de semejante propsito; de haber ocurrido positivamente
l lo hubiera sabido y, desde luego, consignado en sus admira-
bles Crnicas, monument elevado a la gloria de Maceo: nos-
otros tuvimos el honor, durante veinte aos, de tratar como
mdico a aquel generoso libertador y era tema diario en nues-
tras conversaciones "Maceo y la Invasin"; jams le omos
decir nada semejante. El General Loynaz del Castillo, Jefe de
Estado Mayor de Serafin Snchez, caudillo ste de la otra co-
lumna invasora, la villarefia, niega enfticamente la existencia
de semejante patrfia, imaginada de seguro y recientemente por
detretores de G6mez, los que colocan estas irresoluciones sin
crdito, del G6mez que jams titube, en distintas etapas de la
Invasin. AdemAs, eran tan secrets los acuerdos tomados en
las conferencias de ambos que sus propios Jefes de Estado Ma-
yor las ignoraban siempre. (Mir. Crnicas.)
No se puede tapar el cielo con un dedo. El papel de Gmez
en la Invasin como General en Jefe est establecido con su


[Il]













orden del 30 de junio del 95, en su correspondencia con Maceo,
en su ardor impaciente por arrancar cuanto antes a ste de
Oriente para "sorprender y no dar tiempo", y en el curso de
toda ella, con los irrecusables testimonios de su accin sealada
por Mir y Loynaz, con sus cmco caballos muertos bajo l du
ran sa operacin, con su herida, y con el efusivo abrazo que
le di Maceo en Catalina de Gines.
El General Jos Mir, conocido de todos en Cuba, cuya de-
vocin por Maceo, su Jefe y amigo, rayaba en el delirio, al que
erigi un monument con su pluma; al que acompa hasta su
muerte y recogi sus ms ntimos pensamientos, sus juicios so-
bre hombres y cosas de la Revolucin; este Mir, actor de today
la Invasion, cuando despus de la muerte de ambos y sedimen-
tados sus juicios con la serenidad que les presta el Tiempo,
juzga la parte que en ella tomaron los dos, &qu dice? Consig-
na: "fue la obra nica de dos soldados ilustres, Gmez y Ma-
ceo, que coincidieron en el plan con perfect identidad, tanto
en el orden del tiempo como en la manera de ejecutarlo". No
postpone jams en sus relatos Gmez a Maceo, lo que era na-
tural, puesto que el primero era el Jefe.
El General Enrique Collazo, nuestro mejor escritor military
despus de Mir, asistente con Mart a la entrevista de Monte-
cristi, en vsperas de Playitas, disgustado ms tarde con Gmez
y no su amigo, borrada ya esta enemistad por la tumba abierta
del General y sus servicios a la causa de la libertad de Cuba,
tal vez igualados pero no superados por nadie, dijo aos des-
pus de la muerte de Gmez y al hablar acerca de ste: (1)
.. .Pero donde se revel como military fu en esta ltima guerra
del 95. Es estudiando la gestin del General Gmez en el terreno de
la guerra de Cuba, un modelo de audacia e inteligencia, de valor;
porque sin que se ponga en duda, el mrito de la Invasin as exclu-
sivo del General Gmes. En el General Gmez no haba studios, no
los poda tener, era el Genio, era el instinto de la guerra, eran el
corazn y el cerebro que acertaban en todo, era el rayo cuando tenia

(1) Discurso en el Aniversario de la muerte de Gmes, en la
Cmara de Representantes.


[( 12]












que partir, era rpido en sus movimientos, era incansable en la per-
secucia, era hombre sin estmago, sin necesidades, la march no lo
abata, y a todo supla para dar la victoria a Cuba y la obra que se
propuo, la lleg a ver real~ada, la Independencia de Cuba. Y le pag
a los cubanos su ingratitud y su olvido, dicindoles: Podis mortr
travquiots, paes a la Repblica de Cuba e~iste. Este es el resume
de la vida military ms grande que ha tenido Cuba.

No se puede, pues, pasar la esponja, como se pretend, sobre
el nombre de Gmez en la Invasin. Antes habra que hacer
desaparecer el testimonio de estos dos hombres que hemos cita-
do, y los de ms autoridad para ello por los cargos que ocupa-
ron; el uno, Jefe de Estado Mayor de Maceo, el otro, pertene-
ciente al Estado Mayor de Calixto Garca y su admirador.


[ 13])



























MAXIMO GOMEZ
Y LA INVASION DEL 75















MAXIMO GOMEZ 1867


iiUA.


7
















MAXIMO GOMEZ

Y LA INVASION DEL 75

CONFERENCIA LEfDA POR EL DR. BENIGNO SOUZA EN LA SOCIEDAD
HISPANO-CUBANA DE CULTURAL EL DA 10 DE OCTUBRE DE 1930.

Seor Presidente;
Seoras y seores:

ARA conmemorar este 10 de octubre, tan olvidado por
nosotros como lo es el 24 de febrero, he elegido como
tema la invasion de las Villas por Mximo Gmez
en el ao 75, no con la presuncin de decir nada nue-
vo para los Gerardo Castellanos y otros especialistas de los fas-
tos de nuestras dos epopeyas, sino como trabajo de divulgacin,
ya que por muchos parece es desconocido aquel heroico y lti-
mo esfuerzo de los cubanos en armas para vencer a Espaa
y que fu, de todas las operaciones de guerra, realizadas por
ellos durante la dcada revolucionaria del 68, sin duda alguna
la empresa military ms important y audaz de todas las de
esa poca, tan- fecunda, por otra parte, en gestos heroicos y en
brillantes acciones, escuela donde se formaron y aprendieron
su oficio de soldado Ignacio Agramonte, Antonio Maceo, Calix-
to Garea, y junto a ellos, la legin de diestros jefes y oficiales
mambises que veinte aos despus hicieran tan rpida y fatal
campaa para las armas espaolas, dirigidos por ese mismo M-
ximo Gmez, sumo estratega de los cubanos en el 68 como lo
fu6 en el 95.
Aplausos merece el doctor Fernando Ortiz, Presidente de
esta Sociedad, por el recuerdo dedicado en este da a esos
hombres, a los que parafraseando a Vctor Hugo, podemos lla-


1[17]













mar gigantes del 68. Ellos lo merecen, porque en nuestro pe-
queo scenario y desconecidos, no ya del mundo, sino de sus
propios paisanos, subieron serenos a los cadalsos, fueron fusi-
lados por millares en la soledad de los bosques, murieron en
los campos de batalla tratando de arrancar el hierro de la mano
a su adversario (en los ltimos seis aos no reciben una sola
expedicin) sembraron de muertos, en horrendas y macabras
travesas, los mares y presidios de Africa, sostuvieron una feroz
guerra a muerte que dur diez aos! ante la indiferencia de
todos, arrojaron a la hoguera de la revolucin, no slo sus
vidas sino sus fortunes y haciendas, confiscadas y perdidas, y,
al fin, extenuados, aniquilados y destruidos, capitularon despus
de esos largos diez aos en que, como Robinson, vivieron en los
bosques, perseguidos por 270.000 enemigos, de los que 100.000
eran cubanos, para recoger al "caer la cortina sobre el drama",
de sus indiferentes paisanos, que vivan cobijados por Espaa,
el dictado de traidores.
Nosotros, sus nietos, con tan poco parecido a ellos, debemos
por lo menos realzar con orgullo lo que en aras del ideal y de
la manumisin del esclavo sacrifice aquella generacien glorio-
sa. Es necesario recorder a nuestros hijos que no siempre han
sido los cubanos, feligreses del becerro de oro, tan vidos del
auri sacra fames, que hubo un Francisco Vicente Aguilera, un
Miguel Aldama y otros muchos, nacidos millonarios, muertos en
la miseria sin abjurar de sus sacrificios ni de su obra.

EN PLENA LLUVIA DE ORO
Camilo Polavieja, habitante de Cuba en el ao 66, dice en
un libro suyo:
me apena el recorder el estado de Cuba antes del Grito de Yara. He
viajado bastante y no conoc pas donde se viviera mejor, Colonia
con ms libertad prctica, region menos abrumada de impuestos, ni
por tanto rebelda ms injusta.
Esto que dice el Procnsul espaol y en muchos de sus as-
pectos es exacto, prueba que para aquellos hombres remnti-
cos, no todo en la vida eran esas riquezas, fabulosas entonces


[ 18 ]












en nuestra isla. El azcar y el tabaco no tenan competidores
en los mercados del Mundo; la arroba de azcar vala en esa
fecha catorce y quince reales fuertes en oro, casi eran dos pesos.
La esclavitud del negro en su infame apogeo reduca el cost
del material human usado en el trabajo, al minimum, ya que
se pueden calcular los gastos de sustento y gratificacin de un
esclavo en no ms de veinte centavos diarios. Una verdadera
lluvia de oro caa sobre el pas.
El ao 67, en la Habana, con una poblacin de 140.000 al.
mas, actuaban dos compaas de pera a la vez, una de ellas
italiana, desde haca seis meses, la otra francesa. Se encontraba
entire nosotros la Ristori, ya antes haban estado Valero, una gran
compaa de zarzuela espaola, los bufos cubanos, el Circo de
Chiarini y Cchares, el fenmeno taurino, completaba los es-
pectculos, ndice de la vida desahogada que sostenan los ha-
baneros de antao. Dos peridicos satricos, el Moro Muza.:y
Don Junpero, eran vendidos por las calls al precio de treinta
centavos oro el nmero y la Habana era el punto de escala, El
Dorado para todos los jugadores profesionales del mundo. De
ah que fuera tan puro, tan ideal el sacrificio de aquellos hom-
bres que inscribieron en su bandera la libertad del esclavo, base
de todas esas riquezas.
Para las filas del pueblo, la idea separatist fu una nove-
dad; no haba llegado hasta ellas, patrimonio, como lo fu en
Sur Amrica cuando sobrevino la rebelin contra Espaa, de
las altas classes sociales; adems, cmo podan nuestros pobres
campesinos y humildes negros desafiar el poder de Espaa que
de tan terrible modo reprimi la imaginaria conspiracin de la
Escalera y las intentonas de Lpez? Slo hombres de gran va-
lor, de gran temple moral, como lo fueron aquellos varones,
podan intentarlo.

SANTIAGO FRENTE A LA AMETRALLADORA
Esa tremenda lucha de diez aos sostenida por unos cuantos
hombres, bloqueados en estrecha isla, contra el inmenso poder
de Espaa y de sus paisanos, no lo podr comprender jams un
anglosajn, tan indctil para leer en la psicologa de los dems


( 19]













pueblos; slo la raza de Don Quijote y Hernn Corts puede
explicar a esos hombres lanzndose en tropel, armados con
sus conmovedores caones de cuero y sus ingenuas lanzas de
yaya, sobre la modern artillera y los Peabodys de Valmase-
da en Saladillo. Esa nuestra ardiente fe, propia de la raza, no
ha creado, frente a la ametralladora de los otros pueblos, como
mquina de combat ms eficiente, como el mximo artefacto de
la guerra, a Santiago Apstol? Mximo Gmez y Mart, en un
botecillo y al frente slo de cuatro hombres, no desembarcan en
Playitas para arrojar a Espaa de Cuba?
-E1 Grito de Yara tuvo como adversaries resueltos, no slo a
los espaoles de la Isla, sino a muchos cubanos, sobre todo a los
dueos de los esclavos, que en el triunfo de la Revolucin vean
de seguro con ms indiferencia arriar la bandera espaola del
Morro, que la ruina de su infame y productive industrial. Por
ello defendieron la causa de la Metrpoli, con intense ener-
ga y la guerra tom a poco el cruel carcter que siempre
han tenido las guerras civiles entire pueblos de nuestra estirpe.
De ello son buena muestra las dos guerras Carlistas y la de
Cuba de los diez aos, con sus sangrientos y abominables epi-
sodios. Un gran cubano, Vice-Presidente de la Repblica en
armas, el General Domingo Mndez Capote, en su luminoso
folleto sobre el Pacto del Zanjn, dijo:
es difcil concebir la nefanda influencia que tuvo la esclavitud en la
sociedad cubana.

EL HEROISMO DE LA RAZA DE COLOR
Las nobles y generosas acciones al fin dan sus frutos. El
artculo veinticuatro de la Constitucin de Guimaro que pa-
reci un error a los politicos prcticos, siempre inmorales, ase-
gur nuestro triunfo en la ltima guerra. La raza de color,
en gratitud colectiva y como un solo hombre pag su deuda
con la bandera de Yara corriendo a defenderla en el 95, y es
de justicia reconocer que si el negro de Oriente se afili a ella
en pos de Maceo y Moneada, el de Occidente lo conquist, lo
nacionaliz cubano, un hombre superior, el Mart de esa raza


[ 20 ]













en Cuba, periodista, orador, publicista, conspirador y rebelde,
que como el Maestro arrastr sus gloriosos grillos por casi todos
los presidios de Africa y Espaa, que durante un cuarto de
siglo, con sus ardorosas prdicas alist bajo la bandera tricolor
a todos los negros de Occidente y tuvo arrests para con slo
diecisis hombres retar a Espaa en los campos de Matanzas.
Ese hombre, dichosa mezcla de las dos razas, por fortune para
Cuba, aun vive y todos sabis que se llama Juan Gualberto
Gmez.

DOS COMARCAS DISTINTAS
Se divida Cuba entonces en dos comarcas, tan distintas am-
bas, Oriente y Occidente, que ms parecan pases extraos, sin
ningn otro nexo casi, ms que su comunicacin por el mar.
Territorios tan lejanos de la Habana, como Mjico y Santo
.Domingo. La riqueza del pas, como ahora, la representaban
principalmente el azcar y el tabaco, patrimonio ste de Vuelta
.Abajo; la caa de azcar se cultivaba de las Villas para ac.
Un solo dato nos lo demuestra. En la estadstica de azcar de
Carlos Rebello de 1860 muchos Ayuntamientos de Occidente,
Crdenas, Cienfuegos, Sagua, elaboraban, ellos solos, ms az-
car que todo el Departamento Oriental con sus dos provincias;
y el trmino municipal de Coln produjo ese mismo ao justa-
mente el double de lo que elaboraron Santiago de Cuba y Ca-
magey juntos. Estas consideraciones son importantes para ex-
plicar la faciliadad con que la Metrpoli soport esta larga
contienda, apoyada en Occidente, fuente inagotable de recursos,
no tocados apenas por la guerra, manantial de hombres inclu-
sive. Movilizados, Bomberos, Milicias blancas y de color, suma-
ron casi siempre la mitad del ejrcito peninsular. Dice el citado
Polavieja:
unidos a nuestra dbil poltica, que ha abandonado al criollo que nos
sirvi con lealtad... por guajiros (campesinos) en unin de tropas
del Ejrcito, fu perseguido Narciso Lpez y uno de aqullos lo hizo
prisionero y entreg. Comarcas enteras hubo el 68 que al Grito de
Yara respondieron pidiendo armas y combatiendo por la patria es-
paola...


[ 21 ]













Hoy el campesino no es nuestro; los que combatieron por Espala
ya no volvern a hacerlo. Los han hecho enemigos nuestros la ense-
fianza y la Prensa peridica unido todo a nuestra conduct con ellos.

Es ste un juicio fiel; el ideal separatist, como toda nueva
nocin, necesit del tiempo para llegar hasta las masas y es na-
tural que fueran stas las ltimas en ser conquistadas, porque
ya lo dijo un gran orador espaol: "las ideas, como el sol, antes
de visitar los humildes valles hieren la cumbre de las altas mon-
taas".
El General Concha: "la actitud en el 68 y 69 del element
del pas y de los peninsulares fieles a Espaa, contuvieron por
de pronto la insurreccin que amenazaba llegar al cabo de San
Antonio".
El Coronel Camps y Feli, valeroso soldado espaol, hroe
de la Periquera que junto con Estvanez, Carrascn, Capdevi-
la y otros, por fortune para la raza, fueron el anverso de los
Weyler y Valmaseda, en su generoso libro Espaioles e Insurrec-
tos, dice: "los cubanos que se rebelaron no tuvieron la honra de
representar a su pas; slo contaron con platnicas simpatas".

Mximo Gmez:

no se tard much en ver desfilar los heridos del batalln de San
Quintn, tenidos en un encuentro con el General Maceo. Iban custo-
diados por hijos del pas con uniforms de Voluntarios. Cuntos pen-
samientos se agolparon en mi imaginacin! No pude menos de ex-
clamar, volvindome a mis compaeros: "Cuba no puede ser libre!"

Se puede decir, pues, y estos testimonios lo prueban, que
Espaa, quebrantada por sus trastornos internos, debi la con-
servacin de la Isla a la resuelta defense de su causa hecha
por estos intereses, amenazados por la rebelin, y a los recur-
sos en hombres y dinero que de Occidente sin cesar extraa; a
ellos tambin se une la inexperiencia military de los nuevos alza-
dos que, con tiempo de sobra para extender la guerra a toda la
Isla permanecieron sin moverse apenas de los sitios donde se
rebelaron.


( 22]












Bayamo estuvo ocupado por Cspedes cuatro meses, sin que
los espaoles, signo de su debilidad, se atrevieran a atacarlo ni
durante todo este tiempo se practicara operacin military im-
portante por los cubanos; pero el hecho ms elocuente y que
delata la falta de audacia de los bisofios rebeldes y su desco-
nocimiento de la guerra se dio en la comarca de Guantnamo.
Esta, a pesar de su vecindad con el trmino de Santiago, donde
abundaban los alzados, permaneci ajena al movimiento duran-
te dos largos aos, sin que ninguno de sus jefes tuviera atrevi-
miento bastante para mantenerse en ella y fue preciso que a la
muerte de Donato Mrmol ocupara ese puesto Mximo Gmez
para llevar a cabo su aterradora invasion a Guantnamo, y fu
esa en lo adelante una de las regions donde ms poderosa se
mantuvo la rebelin.

PENSANDO EN LA'INVASION
La guerra se hizo crnica, y como todos los males crnicos
terminan porque los grganismos que los sufren, acostumbrados
a ellos, los toleran) Ea Isla, cuyas riquezas permanecan intac-
tas, ya que fueran Las Villas rpidamente pacificadas, per-
maneci tranquila y de cuando en cuando alguna noticia daba
cuenta que all, muy lejos, en Camagey y Santiago, persis-
ta la rebelin; pero seguros con la Trocha, lnea military que
aislaba las comarcas infectadas, explotaban los hacendados sus
ingenios en la espera paciente de ver al fin los insurrectos, poco
a poco exterminados, concluir por desaparecer.
Pacificadas las Villas y refugiadas en xodo sangriento sus
fuerzas en Camagey, deseaban todos volver a ocupar esta rica
region y segn el mismo Mximo Gmez, fue en el ao 71 cuan-
do Carlos Manuel de Cspedes, en memorable entrevista con l,
le dijo:
un milln de combatientes en Oriente no bastarn para volver a la
revolucin sus das de esplendor y es precise que invadamos Las
Villas. Desde entonces naci en mi nimo la idea de la inv:.sin...
Consegu muchos adictos, la mayor parte jefes aguerridos, entire ellos,
al Coronel Antonio Maceo.


[ 23 ]













Todo el mundo sabe la series de vicisitudes por las que atra-
ves la revolucin hasta el ao 73, en que pudieron ser viables
estos proyectos por la importancia military adquirida por la re-
belin.
Dice un General espaol, actor de la contienda: "el ao 73,
la moral de la insurreccin se creci notablemente con la orga-
nizacin y fuerza de sus partidas, cuyo mayor nmero recon-
centr y puso bajo su inmediata direccin el entendido y hbil
General insurrecto Mximo Gmez".
No hay que recorder las dificultades que el localismo, las ri-
validades e intrigas pusieron para su realizacin. Los refuer-
zos ofrecidos se redujeron a trescientos hombres, si bien a su
frente vino el hombre a quien Mximo Gmez design, Maceo,
quien, solo, vala por una division, lo cierto es que el resto
qued all y aun este mismo contingent, que deba estar en
Camagey el primero de diciembre, no lleg sino en febrero.
La batalla de las Gusimas tuvo lugar a mediados de marzo, es
decir, ya muy adelantada la estacin de la seca, y estos refuer-
zos, reclamados por Calixto Garca, se volvieron para Oriente.
Sin embargo, retuvo Gmez a Maceo, a quien puso al frente de
las fuerzas de Las Villas, pero stas, minadas por los Clubs, por
los absurdos derechos polticos concedidos a los soldados, se ne-
garon a continuar a las rdenes de Maceo, as como a las de
Gabriel Gonzlez, y preciso fue darles el Jefe que ellos quisie-
ron. Como veremos, estos acontecimientos dieron sus frutos fa-
tales ms adelante.

GOMEZ QUIERE SORPRENDER
Llegada la estacin de la seca, no quiso Gmez aguardar
ms. Presuma el tardo auxilio que poda esperar del Gobierno,
que como casi todos los que se sucedieron en nuestras revolu-
ciones, fueron, segn la exacta expresin de Gerardo Castella-
nos, "intiles adornos". Quera, adems, evitar su divulgacin
para adelantarse a Concha y ocult su propsito a todos; quera
tomar la iniciativa de las operaciones, asumir la ofensiva para
contrarrestar, como lo hizo, la prxima campaa del Capitn


[ 24]













General espaol en Camagiey, porque, como dijo l mismo, "al
que espera, le dan..." Estos motivos militares los seala Roa
en su libro indito "Montado y Calzado". Y el mismo Gmez
dice en su folleto "El Convenio del Zanjn": "Tan pronto se
hubiera trasmitido al Gobierno se trasluca, perdiendo yo la ven-
taja de la sorpresa, nico recurso que tenamos para luchar
contra un enemigo superior en nmero, ms diestro en el arte
de la guerra y abundante en recursos."
En su carta a Estrada Palma: "La invasion de Las Villas
la determine por mi cuenta y riesgo para asegurar el xito con
el.secreto y la sorpresa", y sabemos todos el valor que a esta
ltima dio siempre este soldado, genial en todas sus empresas,
ponocedor ms que nadie de la psicologa de la guerra.
Extendiendo una ojeada sobre el campo espaol, vemos que
toda la preocupacin de sus jefes, con el aplauso de los caci-
ques de la Colonia, era mantener intacta la barrera de la Tro-
cha e impedir se infiltrara la revolucin de nuevo en Las Villas,
amenaza para las pinges zafras de esas comarcas.
Es de sealar que el ejrcito espaol colonial, de entonces,
brillante, era un ejrcito, como dicen los franceses, del oficio;
perfectamente aclimatado, con grandes ncleos cubanos auxilia-
res y adiestrados sus hombres por seis aos de constant lucha,
entire ellos se haban formado y destacaban jefes de gran valor
y capacidad military, como lo fueron Armiin, Esponda, Camps
y Feli, Bscones, Marn, Valera y otros, ejrcito sin discusin
muy superior a la muchedumbre de reclutas de Weyler. Sin em-
bargo, en los aos 73 y 74 la campafia de Gmez en el Camagey
se hizo tan amenazadora, y fueron tantos y tales los fracasos
de las columns espanoles, que el Gobierno de la Metrpoli, casi
exhaust entonces, decidi como ultima ratio, enviar al Capitn
General Jos Gutirrez de la Concha, Marqus de la Habana.
Este, junto a su gran reputacin military, reuna fama como co-
lonial, por sus dos felices mandos en Cuba, por la rpida ter-
minacin que tuvo en sus manos la intentona de Lpez y autor
de atinadas memories y publicaciones sobre problems cubanos.


[( 25 1]













LLEGADA DEL GRAL. CONCHA


Desembarc Concha en la Habana el da 7 de abril y com-
prendi en seguida la necesidad de vigorizar su Ejrcito con la
inyeccin de elements criollos en mayor nmero y, sobre todo,
como ningn otro General espaol, estim el valor que como sol-
dado tiene en los trpicos el hombre de color, de ah su empeo
en reclutar tropas negras y milicias blancas para sostener in-
franqueable la Trocha y mantener limpia de partidas la pro-
vincia de Las Villas. Para ello orden operaciones activas en
el Camagey sobre Gmez, pero como l mismo dijo, "cuando
los insurrectos pueden presentar fuerzas aguerridas de tres o
cuatro mil hombres" (jams pasaron de mil quinientos) y de
ochocientos a mil caballos, acostumbrados a lanzarse sobre nues-
tras tropas machete en mano, era preciso para combatirlos, no
una, sino diferentes columns de dos a tres mil hombres por lo
menos". De las Gusimas dice el mismo General:

de esta important accin en que ocho batallones y ms de ochocien-
tos caballos con cuatro piezas de artillera se vieron obligados a reti-
rarse, a pesar de que nuestras fuerzas se portaron con notable valor,
conducidas por los brigadieres Armin y Bscones, tuve noticia a mi
paso por Puerto Rico.

A Naranjo y, sobre todo, las Gusimas, muchos observado-
res cubanos y espaoles los consideran como responsables del re-
tardo de la invasion, sin embargo, son hechos, a nuestro juicio,
que fueron, al contrario, los que la hicieron possible en el 75,
Despus de las Gusimas dice Concha: "a mi llegada a la Ha-
bana, el 7 de abril, aquellas dos Brigadas continuaban reparn-
dose en Puerto Prncipe, a .pesar de que Mximo Gmez se
haba adelantado hasta a ms de tres leguas de la Caridad de
Arteaga, sin que los nuestros intentasen atacarlo".
Esta situacin, de absolute falta de operaciones sobre Gmez,
cubierto por el terrible recuerdo de las Gusimas, fu la que
permiti a ste, sin municiones apenas, realizar su peligrosa
eperacin con toda seguridad.


[26]












UN INTENT CONTRA GOMEZ


El nico intent para buscar contact con l culmin en
uno de los mayores desastres de la campaa; salieron en su
busca las columns de Bscones, Armin y Cubas, el da 19
de julio del 74, y dice un actor, el Coronel Camps y Feli,
que el da 12 del mismo mes, sin haber encontrado sino pi-
quetes y avanzadas de Gmez, tuvieron que retornar al Prn-
cipe con ms de seiscientos enfermos, a los que hubo que traer
en camillas, tarea que ocup a casi toda una Brigada y ha-
biendo enterrado durante la march ms de ochenta muertos;
todo esto, sin haber disparado un solo tiro al enemigo, patente
ejemplo de lo que eran para las tropas peninsulares las opera-
ciones en la fuerza de las aguas. Se dijo que las tropas fueron
atacadas del clera, pero este aserto, falso, ha sido desmentido
por el Coronel Camps. Concha dispuso entonces guarnecieran
la lnea de Jcaro a Morn y los puestos y poblaciones de la
zona de Las Villas, cuatro batallones de tropa de lnea, uno de
milicias de Coln y ms de diez mil hombres de guerrillas mon-
tadas, Movilizados, Bomberos y Guardia Civil de infantera y
caballera.
Con tales fuerzas aguard tranquilo a su enemigo y su con-
fianza gan a la opinion espaola. La Voz de Cuba, en ar-
ticulo de mayo 24, dice: "los insurrectos se baten bien. No hay
duda que Mximo Gmez es hombre que sabe mandar, pero su
sueo dorado, que es invadir Las Villas, la Trocha infranquea-
ble se lo impedir". La misma Prensa extranjera recoga estas
noticias y el corresponsal de la Prensa Asociada en la Habana
informaba en 5 de enero a sus peridicos, justamente veinticua-
tro horas antes de romper Gmez la Trocha: "no hay cambio
en los asuntos militares. El nmero de tropas tiles es suficien-
te para impedir que los insurrectos emprendan ningn movi-
miento de consideracin en las Cinco Villas".


[ 27]













LA PROCLAMACION DE ALFONSO XII


El da 1' de enero se efecta en la Habana la proclamacin
de Alfonso XII con salvas, iluminaciones, calls empavesadas,
gran parada y fiestas populares. Hasta los pueblos de la Trocha
celebran con alborozo el nuevo ao, que en breve tiempo iba a
cambiar sus alegres repiques en doubles de muerte y luto, con
la terrible y devastadora guerra que a esas ricas comarcas llev
el audaz Mximo Gmez, el cual no consider prudent aguar-
dar ms, y con cerca de mil hombres de los Regimientos de In-
fantera Potrerillo, Siguanea y Atollaosa, mandados por el Te-
niente Coronel Cecilio Gonzlez, de la raza negra, y los de ca-
ballera Agramonte, Camagey, Narciso y guerrillas montadas,
mandadas por Mximo Gmez, llevando como segundo a Julio
Sanguily y Jefes como Rafael Rodrguez, Enrique Mola, Jos
Gonzlez Guerra, Gabriel Gonzlez, Manuel Surez, Luis More-
jn, Serafn Snchez, se prepare para su empresa.

EL 6 DE ENERO DEL 75
PRIMERA Y UNICA HERIDA DE GOMEZ
Por fin, en aquella dramtica madrugada del 6 de enero de
1875, la hueste mambisa, sus esperanzas puestas en el soldado
insigne, que hasta entonces unciera la fortune a todas sus em-
presas, cruza el inexpugnable cinturn de fuertes que desde
haca cinco aos encerraba a los cubanos rebeldes en las cam-
pifias de Camagey y Oriente, desoladas por seis aos de gue-
rra. Al atravesar la lnea, bajo el fuego de los fuertes Catorce
y Medio y Quince, Sur, por donde se hizo el cruce, tan cerca
por cierto que la column mambisa se desliz entire el fuerte y
la caseta que le serva de letrina, .casi acaba Gmez bajo la bala
de un miliciano negro de los que guarnecan el fuerte; fatal
augurio para los expedicionarios, porque fu sta la primera
y nica herida que en la guerra de los diez aos recibiera el
milagroso caudillo. Por una fraccin de milmetro ms que hu-
biera inclinado al disparar el can de su Remington, el desco-
nocido miliciano cubano hubiera, con su disparo, prestado uno
de los ms grandes servicios, no slo en el present, sino


[ 28 1














tambin en el porvenir, a la causa espaola en Cuba. He aqu
cmo refiere Fernando Figueredo el suceso:

Amaneca ya el 6 de enero, cuando Mximo Gmez realize su ilusin
salvando bajo el fuego de dos fortines la clebre Trocha; pero en los
moments en que el General se pona del otro lado, en territorio de
Las Villas, cuando radiante, contemplaba su obra llevada a cabo, cuan-
do irguindose sobre su gran caballo Cinco, tan valiente como l, iba
a dar un grito de Viva Cuba! una bala le atraviesa la garganta y
le corta la palabra. El movimiento instintivo que hizo fuera de si,
llevando ambas manos a la garganta, le oblig, inconscientemente, a
clavar las espuelas al bruto, que dando saltos pugnaba por echar a
tierra al hroe.

Una vez ms se puso de relieve el temperament de gran
soldado del caudillo herido, que en ese moment no atiende ms
que a sus hombres, a quienes lo sucedido desmoraliza y a los que
estimula del modo heroico que refiere un actor, Ramn Roa:
Asi enronquecido, echando sangre a borbotones por la boca, impera-
tivo, manda a su corneta de rdenes tocar Marcha a la bandera! y
desde ese instant el territorio de Las Villas se encontr bajo los
cascos de su caballo, que soterraron en el polvo del fracaso los planes
del General Concha.

En la noche de ese mismo da 6 de enero, se encontraba el
Marqus de la Habana presidiendo un gran banquet; aun se
sucedan en nuestra ciudad las fiestas de la proclamacin de
Alfonso XII. El Capitn General, rodeado de toda la nobleza
colonial, de los grandes personajes oficiales, civiles y militares,
recibi la noticia telegrfica de este acontecimiento y segn
version de un military espaol "lo comunic al General Riquel-
me, su jefe de Estado Mayor, con la misma indiferencia que si
se tratase de un suceso insignificante. No presumi que aquel
escueto parte military era el inicio de una series de inesperados
fracasos que produciran al cabo de unos das su ruidosa desti-
tucin. El parte official del Jefe de la Trocha, deca textual-
mente: "El enemigo en nmero de mil hombres, entire infante-
ra y caballera, ha forzado la lnea principal entire los fuertes
Catorce y Medio y Quince. Se ignora el cabecilla que los manda.
-Coronel Goicoechea."


[ 29]













MARCHAS Y CONTRAMARCHAS
TOMA DE EL JIBARO
Desaparecido el peligro de su herida y mejorado G6mez, em-
pieza a ejecutar su meditado plan, cuya fase initial era proeu-
rarse municiones de las que careca, y aturdir a su enemigo
asestndole golpes tales que llenaran de terror las guarniciones
de los fuertes y poblados que cubrian aquella zona y facilitaran
la march de sus Tenientes a las Villas Occidentales. Con su
habitual pericia realize una serie de marchas y contramarchas,
se dispersa y se concentra, ya unido a las fuerzas de Pancho
Carrillo y Jimnez, que lo esperaban ea esos lugares, para pre-
parar su operacin fundamental, apoderarse de El Jbaro. Para
los que conozcan la maravillosa campaa de Gmez, a las puer-
tas de La Habana en enero y febrero del 95, no es nada nuevo
esta de Sancti-Spritus, y para Gmez, fu verdaderamente un
juego de nios desorientar a sus contrarios, engafiarlos, lanzar-
los sobre falsas pistas, empearlos en perseguir veinte o treinta
jinetes, dirigir sus columns a opuestos rumbo" para caer en-
tonces como el rayo sobre el campamento fortiticado de El J-
baro, donde por sus confidencias saba que fuertemente custo-
diado se guardaba el parque de las tropas de esa zona. Divide
sus fuerzas en dos columns, y mientras enva con la infantera
al hombre en quien puso su confianza para ello, el Teniente
Coronel Cecilio Gonzlez, con orden de aproximarse a El Jba-
ro, l describe con la caballera una series de movimientos y en-
gaa a su paisano Valera y a Esponda, que le seguan los pass.
Cae en la madrugada del 18 sobre El Jbaro, al que guarnecen
doscientos cincuenta hombres..., pero insertemos aqu su parte
official al Secretario de la Guerra: "Escog los potreros de la
finca San Marcos, Norte de la jurisdiccin de Sancti-Spritus,
para atraer all al enemigo, lo que consegu." Era sta la co-
lumna de Esponda, quien telegrafa a Concha, tiene a Mximo
Gmez a su vista y que el Brigadier Valera, avisado por l, con-
currir a la esplndida victoria. Estaban ya sobre Gmez las
columns de Zea, Esponda, Goicoechea y Valera, y dice el Bri-
gadier Acosta y Albear: "las seguridades de triunfo de Zea


([ o30]













eran tan evidentes que en otro telegrama ruega a Concha le
diga qu quiere que haga despus del combat, si perseguir a
los rebeldes ms all de la Trocha o concluir de una vez con
todos los bandoleros de Las Villas. Lo primero es ms brillan-
te, lo segundo es ms seguro. El Capitn General ordena a Zea
que nuestros soldados ataquen al grito de "Viva Espaa y Don
Alfonso" y que espera un victoria para celebrar la proclama-
cin del Rey". El peridico Diario de la Marina se lamen-
ta el da 15, que no se pueda demorar el vapor correo unas po-
cas horas en su salida para que lleve los detalles de la complete
destruccin de Gmez, pues ya se saba era ste el cabecilla ex-
pedicionario a quien supona Concha rodeado en San Marcos
por las columns de Esponda, Valera, Cubas, Zea, Baile y Arias,
que como un enjambre haban acudido sobre l; pronto fueron
disipadas estas ilusiones por las alarmantes noticias que unas a
otras se sucedan con extraordinaria rapidez. Contina Mximo
Gmez:

el enemigo se present al siguiente da de haber ocupado esta posi-
cin; me favoreci la circunstancia de que se aproxim a mi campa-
mento a la calda de la tarde y la noche le impidi avanzar, mientras
yo pude disponer que un jefe valiente y entendido, Luis Morejn, lo
hostilizara toda la noche con una pequea fuerza de caballera. Divid
nuestra column en dos, una de infantera, que por caminos extra-
viados dirig al Sur, zona del JIbaro, y otra de caballera con la que
tom el rumbo de la poblacin de Sancti-Spiritus, y as obligu al
enemigo a descuidar la march de nuestra infantera. Este primer
movimiento lo desconcert, e hizo impossible fijar plan alguno, em-
prendiendo una lenta persecucin. DI orden al General Julio Sanguily
de marchar sobre el Jbaro a las dos de la madrugada del 18 de
Enero. El Teniente Coronel Cecilio Gonzlez, con la infantera, deba
asaltar y tomar las trincheras apoyado por Julio Sanguily; el ba-
luarte principal, que era la iglesia, se rindi tras tenaz resistencia,
despus de tener sus defensores quince muertos y muchos heridos.
Despus de rendida la iglesia, el fuerte de en frente fu tomado por
Sanguily y Enrique Mola, los que entraron a caballo dentro, rindin-
dolos. Se distinguieron, adems de stos, el Teniente Coronel Cecilio
Gonzlez por su valor y disposiciones, el Comandante Serafn Snchez,
Manuel Len y Jos R. Estrada. El primero en asaltar las trincheras
fu el Capitn William Humphrey. Nos apoderamos de 253 remingtons,
m~s de cuarenta mil tiros, ciento diez caballos, dinero, efectos y me-


[ 31 ]













dicinas. Se nos pasaron ciento sesenta guerrilleros y cuarenta paisa-
nos: tuvimos tres muertos y siete heridos, entire ellos al Capitn Jos
A. Legon. La poblacin fu totalmente reducida a cenizas.
He aqu lo que sobre esa operacin, prlogo brillante de esta
campaa, dice R. Roa en carta fechada en el mismo Jbaro el
24 de enero del 76:
El 18 me separ de las fuerzas para venir al Jbaro justamente al aflo
cabal de su toma y destruccin. La Repblica se jug all el albur de
la vida. Era necesario hacerse de municiones a costa de sangre. Se
arranc un laurel a la victoria y provistas las cananas se asegur la
Invasin. El Jbaro para mi significa much, si no la salvacin del
pas, al menos la salvacin de una poca.

UN TORBELLINO DE OPERACIONES
Despus del Jbaro divide Gmez sus fuerzas y ordena a sus
Tenientes invadir las zonas de Trinidad, Remedios, Sagua, Cien-
fuegos y San Clara, y para facilitar su march, desencadena
como un torbellina la series de rapidsimas operaciones, todas
sobre la lnea y de tan extrema violencia que permiten a Gon-
zlez Guerra marchar durante diez das a invadir y ocupar la
zona de Cienfuegos sin encontrar obstculo alguno, ya que to-
das las columns espaolas se arremolinaban en la lnea sobre
Mximo Gmez. Las operaciones de ste, fueron realizadas unas
por l en persona y otras por su Teniente Cecilio Gonzlez; de
ellas, para mejor dar una idea y como testimonio irrecusable,
copiar algunas pginas del Brigadier espaol Acosta y Albear,
que para su crtica de esta campaa, a ms de la autoridad que
le presta su cargo en el ejrcito espaol, su conocimiento de la
guerra y de los lugares, ya que durante seis aos mand el ba-
talln "El Orden", de triste rcuerdo, tuvo adems a mano
todos los telegramas y parties del Archivo de la Capitana Ge-
neral no publicados. Gmez pas la Trocha el 6, y hasta el 11,
por su herida, no inici sus operaciones de enero.
Dice el citado Acosta:
Da 11.-Incendio del Ingenio Cucharas y de Casa Castillo, en
Sancti-Spiritus.


( 32 ]














Da 11L-Toma y destruccin del pueblo y fuerte de Naranjo, de
cuya guarnicin aparecen slo cuatro hombres.
Da 11.-Ataque al destacamento del Estero, donde nos hacen ocho
prisioneros.
Da 11.-Ataque a las fuerzas que defendan el paso del Zaza, (1)
que fu forzado. Tuvimos once muertos de arma blanca, entire ellos un
Capitn, y muchos heridos.
Da 16.-Incendio de los almacenes de Sagua la Chica.
Da 17.-Ataque y rendicin de Ranchuelo.
Da 18.-Ataque, incendio y destruccin del Jbaro, el pueblo ms
important de la Jurisdiccin despus de la capital, y que fu redu-
cido a cenizas, lo mismo que las muchas tiendas y almacenes que
contaba, por ser punto de bastante comercio.
Toda la guarnicin .fu prisionera y cien guerrilleros se pasaron al
enemigo con armas y caballos, perdimos doscientos diez y seis arma-
mentos de precision, cuarenta mil cpsulas y muchos efectos de guerra.
Da 20.-Ataque, incendio y toma del fuerte Rio Grande y prisio-
nera toda su guarnicip. (Completamos esta nota del General espa-
Sol con los datos del parte official de Gmez, que tambin mand la
operacin. "Se ocuparon diez mil tiros. Se nos pasaron veinte y dos
guerrilleros, cuarenta soldados de lnea y se devolvieron los restantes
prisioneros. Unos sesenta.")
Da 20.-Destruccin de los Bateyes de los ingenios "Serafina",
"San Gil" y "San Isidro".
Da 26.-Ataque e incendio de Marroqun. (El jefe cubano, que
fu Cecilio Gonzlez, consigna se le unen ciento veinte y ocho per-
sonas.)

EL COMBAT DE CABAIGUAN
Da 26.-El enemigo ataca en Cabaigun a la column del Coronel
Fortn, compuesta del batalln de Barcelona, Zaragoza, artillera y
regimiento de caballera de Camajuanf, que envuelto y cercado por
complete tuvo que abrirse paso... Tuvimos muerto al Coronel Ponce
de Len, de machete, gravemente herido al Comandante Mozoviejo,
catorce muertos ms y muchos heridos. Se retir el enemigo, y cuan-
do curbamos los heridos y enterrbamos los muertos lleg la colum-
na del Coronel Cubas.
De este combat, que fu con Mximo Gmez, y conocida la
version espaola, damos la de Gmez, tal vez el soldado ms

(1) El vado de Cataflo, llamado despus "El paso de los Muertos".


( 33 ]













modesto y exacto en sus parties oficiales, entire todos los que ha
habido, cubanos y espaoles.
Define el gran pensador military Ardant du Picq al General:
"Un Jefe debe unir la bravura resuelta y la impetuosidad a la
prudencia y la sangre fra y esto es difcil." Gmez, por un
dichoso equilibrio de sus facultades, armonizaba en el ms alto
grado esas cualidades y analizando cualquiera de sus combates
no se sabe qu admirar ms en ellos, si su violencia y audacia
en el ataque o el dominio y la sangre fra con que los dirige y
terminal. De ello es ejemplo este encuentro de Cabaigun. Dice
Gmez en su parte official:
Al salir de Cabaigun por el Quemadero encontr una column
enemiga como de mil hombres que vena en mi misma direccin. Por
la densa neblina que haba no pudo ser vista por los nuestros hasta no
estar sobre ella, pero tan pronto fu reconocida, se le carg impe-
tuosamente por nuestra vanguardia al mando del Coronel Gabriel Gon-
zlez, arrollando su caballera que venia delante y hacindoles muer-
tos al machete y llegando hasta los caones... Me adelant con el
resto de la column para examiner el terreno...
Nuestros jinetes hacan fuego sobre los infants enemigos que se
agrupaban en desorden; repuestos stos, su infantera ocup una cerca,
lo que me oblig a retirarme, hacindome entonces various disparos de
can. Nuestras bajas, el alfrez Luis Recio, muerto; heridos el te-
niente coronel Ochoa, capitn Palomina y tres de tropa.

Del anlisis de los detalles de este combat en que mutua-
mente se sorprendieron ambas tropas, resalta la superioridad de
la famosa caballera de Camagey sobre los guerrilleros de Ca-
majuan, que no en vano dijo Jimnez Castellanos en sus Es-
tudios militares y textualmente: "La caballera ligera del ene-
migo es capaz de competir con la mejor que haya." Tambin
resalta su reaccin ofensiva ante la sorpresa, rara actitud en
estos casos de toda tropa y frecuente en los cubanos cuando los
mandaron esos grandes jefes que se llamaron Agramonte, G-
mez o Maceo. Cualquiera otro, que no Gmez, en el mpetu del
ataque, con el xito iniciado por la huida de Camajuan, que es
perseguido y acuchillado, ataca a la infantera espaola en po-
sesin de la cerca de piedra y el brillante encuentro se hubiera
trocado en descalabro. Ms que el mpetu de la tropa de Gmez


(34]













hay que admirar la sangre fra de ste, ordenando la retirada,
y se impone cohfesar, seores, que Gmez caba de lleno dentro
de la definicin del Coronel francs. Acosta y Albear:
El General Concha en vista de los desastres acaecidos en el ataque
por los insurrectos a fuertes y poblados reconviene al General Zea y
ordena que todos los de vanguardia y retaguardia de la Trocha se
abandonen para 'evitar sucesos como los de Naranjo, Jbaro y Rio
Grande, orden que extiende a las Villas. Telegrafa a Marn, Coman-
dande de Oriente, el grave peligro que ofrece la guerra en las Villas
para que se desprenda de tropas y vuelve a telegrafiar a Zea dando
gran importancia a la campaa, pero asegurando que no peligra la
dominacin espaola.

El Ministro de la Guerra, Jovellar, cablegrafa al general
Concha:
No es nada lisonjetro el estado de las Villas, puesto que por lo que
V. S. dice, el enemigo hareducido a cenizas los pueblos fortificados
del JIbaro, Ranchuelo, Naranjo, Rio Grande y Marroquin, sin que las
fuerzas enviadas en su persecucin lo hayan podido alcanzar.

Aqu terminal el mes de enero. Y en esos veinticuatro das,
de los que estuvo inactive por su herida una semana Gmez, lo
que hizo su prodigiosa actividad nos lo va a decir el Jefe espa-
fol tantas veces citado:
En veinte y cuatro das, Gmez haba reducido a cenizas con rarsi-
ma excepcin, el territorio de Sancti-Spiritus; se haba paseado en
todas direcciones, quem pueblos, ingenios y caseros, no fu alcan-
zado ni batido en ningn encuentro, porque el de Cabalgun fu una
emboscada en la que cayeron nuestras tropas. Haba tomado fuertes
como el Jibaro, Ro Grande, Naranjo y otros. Haba hecho prisioneras
sus guarniciones. Se le haban pasado guerrillas de ms de cien hom-
bres y haba recogido armas y minuciones sin sufrir un solo revs.

SOBRE LAS VILLAS OCCIDENTALES
"No teniendo ya nada que hacer en Sancti-Spritus, porque
todo lo haba hecho, resolvi Gmez la invasion de las Villas
Occidentales." Esto, seores, no lo dice ningn mamb; lo dice
un General espaol que tom parte en la campaa. Prosigue
ste:


[35]













Febrero 19-El cabecilla Jos Gonzlez penetra en la Jurisdiccin
de Cienfuegos. Sale en busca de Gonzlez la guerrilla de Arimao y
en poco tiempo se encuentra con el enemigo que la pone en complete
dispersin, dejando doce muertos en el campo.
Febrero 19--Incendio del poblado de Jicotea.
Febrero 2.-Comandante de Villaclara, Brigadier Baile, forma una
column de cerca de cuatrocientos hombrea, entire artilleros, gue-
rrilla y milicianos de Crdenas y de Gfiines. El Jefe de las fuerzas,
Teniente Coronel Prado, sale en busca del enemigo, al que encuentra
mandado por Jos Gonzlez, en nmero de trescientos caballos y a
los que casi sorprendi, pues estaban dando agua al ganado.. No obs-
tante, tras corto tiroteo, se puso en fuga nuestra caballeria y fueron
macheteados y horriblemente mutilados doscientos artilleros. A este
desastre sigui:
Febrero 3.-Toma e incendio del poblado de Ranchuelo e Ingenio
de San Andrs.
Ataque e incendio total del poblado de San Juan de los Yeras e
ingenios Progreso, Fortuna, Caridad y otros que no nombra.
Febrero 4.-Ataque e incendio del poblado de Jatibonico.
Febrero 5.-Ataque e incendio de las Chambas. La guarnicin en-
cerrada en el fuerte rechaz al enemigo, pero no pudo impedir que
la poblacin fuera incendiada. El Brigadier Valera, que lleg en su
auxilio, pudo alcanzar al enemigo y sostuvo con l ligero tiroteo. El
enemigo, segn el primer parte dej siete muertos; se han ido exa-
gerando sus bajas hasta llegar al fabuloso guarismo de ciento cin-
cuenta.

Comento yo ahora: dice un tratadista military francs: "Es
curioso leer los hechos de armas contados por los vencedores (o
soi disants) y los vencidos. No puede uno tener idea de que la
verdad pueda estar de un lado y otro desfigurada con ms aplo-
mo, sin hablar de la poltica de la guerra, que disfraza los he-
chos con fines disciplinarios de moral." Esto explica, entire
otros motivos, los legendarios parties espaoles de "por nuestra
parte sin novedad". Nada ms comprobatorio que el parte de
Chambas, urdido seguramente para que hiciera su efecto en la
Habana y Madrid. El parte official de Cecilio Gonzlez, que fu
el que atac el poblado, a Mximo Gmez, a quien no poda
ocultar nada ni de seguro tendra inters en disminuir la impor-


[36]













taneia del encuentro, dice, "se rindi uno de los fuertes y se
incendi casi todo el poblado. Tuve tres muertos y seis heridos
y a las nueve de la mariana toqu retirada. Como a un cuarto
de legua de la poblacin, me di alcance una column enemiga,
picndome ligeramente la retaguardia. Imped sus movimientos
colocando pequeos grupos en el rastro. No tuve bajas en estos
ligeros tiroteos." He aqu a lo que se reduce los ciento cin-
cuenta muertos de Valera y Concha: a ligeros tiroteos. En el
peridico "La Amrica Libre" y en el mes de marzo de 1874,
aparece una curiosa lista de las muertes repetidamente sufri-
das por various cabecillas. Aparece Calixto Garca muerto seis
veces; C. M. de Cspedes quince, y Mximo Gmez cuarenta
y tres!

LA MANIGUA COMO UN ARBOL
El desconocimiento de las cosas de Cuba era tal en la Me-
trpoli, que un General espaol, con fama de culto y versado
en asuntos de Cuba, Manuel Salamanca, propuso en el afio 76,
como mejor medio para terminar la guerra, talar la manigua, y
deca: "como la Manigua es un rbol de tal dimetro y tal
altura, etc., etc."... Crea el fogoso crtico de Martnez Cam-
pos que la manigua era un rbol, algo as como el Alcornoque
o el Roble. Despus de esta digresin, sigamos con Acosta y
Albear:
Febrero 6.-Ataque e incendio del poblado de Ojo de Agua.
Febrero 7.-Telegrafa el Gobernador de Cienfuegos que ha sido
reducido a cenizas el poblado de Arimao y que igual suerte han co-
rrido los Ingenios Negrito y Galdds.
Febrero 7.-Incendio de los Ingenios San Jos, Rub, Ramona,
Santa Luca y Panchita y ese mismo da 7 sale el Capitn General
para Villa Clara, distant doce horas de la Habana y revista al Re-
gimiento Chapelgorris, de Guamutas, de los que muchos, seis das
despus, caeran bajo el tilo de los machetes de Jos Gonzlez. Orden
al Brigadier Salcedo para que enve dos batallones y dos escuadro.
nes del Prncipe y que incendie y abandon la trocha de San Miguel
del Este. Comunica al General Marn la gravedad de las Villas y le
pide varies de sus batallones. Contesta Marn por telgrafo que de-


[ 37]















sign la parte del territorio que quiere abandon al enemigo por no
ser possible defenderlo todo, si enva los refuerzos.
1 Febrero 10.-Comandante Militar de Sagua la Grande anuncia que
arden los Ingenios Constancia, Dos Hermanos y Vila.
Febrero 11.-Santa Rosa, Pelayo, Yaguas, Santa Mara y San Joa-
quin de Pedroso.
Febrero 13.-Chapelgorris, de Guamutas, y movilizados de Lajas,
al mando del Coronel Claudio Herrero salen en direccin a Pedroso,
donde hace dos dias acampa Jos Gonzlez. Despus de ligero tiroteo
se dispersan nuestras fuerzas, que dejan en el campo cuarenta muer-
tos (cincuenta y siete dice Gonzlez) y retiran various heridos.
(Afladimos nosotros que este combat, cerca de Matanzas, tuvo
gran resonancia por la triste celebridad que estos voluntarios y su
Jefe tuvieron, en unin de la feroz Guerrilla de la Muerte de Pancho
Durante, cuando reprimieron el movimiento de Jagiey Grande en
en el afo 69.)
Febrero 14.-Caen los Ingenios Santa Catalina, San Jos, Angelita,
Aurelia, Gualmarito, Rosario y Buenavista, todos en Cienfuegos.
Febrero 15.-Incendio del poblado de Lomas Grandes.
Febrero 16.-El enemigo se apodera del fuerte de Guaos en Cien-
fuegos, rinde a la guarnicin, da fuego al poblado y a los Ingenios
Martina y Andreta en Villaclara.
Febrero 17.-Ingenios Suragu y Bonachea.
Febrero 18.-Segn telegrama de Sagua arden por complete San
Jos de Torices y Sacramento de Mora.
Febrero 19.-Comandante Militar de Cienfuegos telegrafa que ar-
den Quesada, San Antn y Soledad.
Febrero 20.-Comandante Militar de Santa Clara participa incen-
dio del Ingenio Pastora, y al tomar el tren para la Habana el Gene-
ral Concha, en la misma Estacin recibe el parte de que el destaca-
mento de las Eras entreg sus armas al enemigo sin combatir y que
puesto en libertad se ha presentado en Cienfuegos.
Febrero 21.-Encuentro del Coronel Bonilla con Jos Gonzlez.
Nosotros tuvimos veinte heridos y muchos contusos. (Sealemos nos-
otros que entire las cinco o seis bajas que tuvieron los cubanos fu
herido ligeramente el valeroso Jos Gonzlez Guerra, falleciendo el
26 de ttanos.)
Febrero 22.-Encuentro del batalln de Baza. Tuvimos cuatro
muertos y seis heridos. Todo esto ocurra en las Villas Occidentales,


[( 38]














que en las Orientales haban sucedido la dispersin de los Dragones
de Arroyo Blanco el 22 de Febrero. Dispersin del destacamento de
artilleros del fuerte Isleo y en el mismo da en que destituido em-
barcaba para la Pennsula el General Concha, recibe un parte de Zea,
el que le comunica se ha rendido el fuerte de Marroquin y estn sitia-
dos por el enemigo los de Chambas, Guadalupe y Jatibonico.
He aqu relatado por el Brigadier espaol y con los parties
existentes en la Capitana General y desde luego no exactos, lo
que fueron esos cuarenta y seis das de operaciones de Gmez
en su invasion a las Villas. Hemos usado esta fuente, aunque
incomplete, ya que se omiten en ella muchos hechos que apa-
recen en el Boletn de la Guerra mamb, porque, tratando mi
conferencia de vulgarizar entire los cubanos que la desconocen o
desdean, la operacin military de ms vuelo y ms brillante que
se realize en la guerra del 68, el testimonio de un military espa-
ol pone fuera de today duda o discusin los resultados que tuvo.
La verdad es que con mil hombres, tropa de Gmez, no se pue-
de hacer ms contra 22 batallones que operaban en Las Villas.
El efecto que esta fulminante campaa, coronada por el xito,
en las pacficas Villas hizo en la opinion espaola y en los inte-
gristas de la Colonia, lo traducen, a pesar de la censura, los
peridicos de esa fecha. Diario de la Marina en su tan citado
artculo del 5 de febrero del 75:
la falange incendiaria de Mximo Gmez est llamando a nuestras
puertas con el pomo de sus machetes y est alumbrando nuestros cam-
pos con las llamas que levantan sus teas.
En febrero 16.-En los das transcurridos los machetes siguen de-
rramando sangre de nuestros hermanos y la tea destruye fincas y
poblados. La defense de la Patria est hoy en las Villas Occidentales.
El mismo peridico propone en febrero 20 a la Junta Revo-
lucionaria de New York, "que Mximo Gmez, el ms diestro
y arrojado de los cabecillas rebeldes con tres o cuatro mil hom-
bres de los suyos se bata con igual nmero de espaoles, etc. etc."
En la prensa extranjera, el Sun de mayo 6:
mientras las autoridades de Cuba, y los rganos esclavistas han es-
tado engaando al mundo y durante siete aos haciendo aparecer la
insurreccin cubana dbil e impotente, los patriots cruzan la inex-


[ 39]













pugnable Trocha, Invaden el santuario de los esclavistas, derrotan
una tras otra las columns espaolas, las arrollan y avanzan con r-
pida march aplicando la tea a todos sus Ingenios.

Con este mes de febrero y con la cada de Concha, terminal
la invasion de Las Villas, cuya organizacin revolucionaria fu
tan slida que la guerra ocup en ella el primer plano hasta el
Zanjn.

EL MANDO DE VALMASEDA

As, pues, como Martnez Campos en el 95 cay tambin Con-
cha derribado por Mximo Gmez; lo sustituye Valmaseda, nue-
vo Weyler que tambin fracasa en sus empeos. Recibe Valma-
seda el mando en 8 de mayo y para apreciar si fu o no ligera
incursin como se ha dicho, la invasion del 75, sealamos que
en la misma semana de su desembarco el oro que haba bajado
a doscientos once, subi a 235, con la noticia del incendio y
destruccin en esa semana de doce Ingenios en Sagua y veinte
y ocho en Cienfuegos, segn parte official de Valmaseda al Mi-
nistro de Ultramar, al que dice en 14 de mayo, ocho das des-
pus de su desembarco:
Puede decirse que en el Departamento Central slo existe bajo el do-
minio de Espafa la ciudad de Puerto Principe, que se halla sitiada
por los enemigos, no muriendo de hambre sus habitantes por el F. C.
de Nuevitas. En Oriente la extraccin que all se ha hecho de mu-
chos batallones para volar en auxilio de Las Villas ha hecho comen-
zar los desastres y derrotas para nuestras columns. Pero en su gra-
vedad, el departamento de las Cinco Villas se coloca el primero,
etc., etc."

Al Rey Don Alfonso un da despus: "No dud un instant
en venir a salvar a Cuba, cuando es una cenefa roja el horizon-
te de sus campos... Slo la mitad de su territorio productive,
mientras la otra mitad es un inmenso panten de leales y re-
beldes, pero todos sbditos de Su Majestad."


[40]













LA CAMPAA DE GOMEZ CONTRA LOS INGENIOS
Esta campafia contra los ingenios que de tan terrible modo
llev a cabo Gmez en su invasion, obedeca a various motivos.
Uno de ellos, que todos los ingenious constituan baluartes del
integrismo, fortificados, guarnecidos de guerrillas que de su
propio peculio sostenan los hacendados. Cada ingenio tena en
esa fecha treinta, cuarenta o ms hombres de guarnicin que
ganaban quince pesos al mes y la comida. Algunos hubo como
el de las Caas, de Don Juan Poey, que en abril del 75 contaba
cien hombres de guarnicin. En carta a D. V. Tejera en el aio
76, le dice Gmez: "Combatimos aqu, contra un ejrcito que lo
componen dos classes, el soldado de lnea que se bate y el volun-
tario hacendado que le da el pan. Tendremos para uno, balas
y machete, para el otro, tizn." Los hacendados afrontaban
tambin los recursos e dinero que podan y el primero de di-
ciembre del ao 75, aparecen en la Gaceta las siguientes canti-
dades con que contribuan los ricos hacendados a cubrir el Em-
prstito que hizo la Metrpoli para continuar la guerra:
Jos Bar .................. $500.000.00
Julin Zulueta ............... 500.000.00
Mor, Ajuria y Co. ........... 300.000.00
Francisco Rosell ........ ..... 200.000.00
Manuel Calvo ................ 200.000.00
Francisco F. Ibfez........... 150.000.00
Sam ....................... 100.000.00
Ramn Herrera .............. 100.000.00
J. Melgares .................. 50.000.00
Y en cantidades de $25.000.00 Juan Toraya, Marqus de San-
doval, Conde de Caongo, Juan Poey, Juan Conill, Emeterio
Zorrilla, etc., hasta cuatro millones y medio de pesos, reunidos
en cuatro das.

UNA FRASE DEL GENERALISIMO
Aunque sea una digresin queremos aqu referir una frase
del General Gmez. Cuando la Intervencin military, en-su ter-
tulia del Calabazar, mi padre, que lo visitaba, viejo administra-


(41]














dor de Ingenios, los celebraba por lo que haban contribudo a
la riqueza y cultural de Cuba. Mximo Gmez con su habitual
tono autoritario le interrumpi: " Qu dice usted? El azcar
ha sido y ser el mayor enemigo de la Independencia de Cuba!
Dios quiera que los Ingenios no sean la desgracia de Cuba!"
Esta amenazadora sentencia que pareci a todos dictada por el
rencor que en la guerra les tuvo el Generalsimo, hoy parece,
por desgracia, cumplida profeca.

INFORMED FINAL DE CAMPAA

Tambin en ese mismo mes de mayo fecha Mximo Gmez su
informed de final de campaa al Gobierno cubano.
Con los elements de guerra arrebatados en el Jibaro, Rio Gran-
de y otros Fuertes, a pesar de la persecucin del enemigo, cuyas co-
lumnas acampaban en mi rastro y sobre las cenizas de sus pueblos y
trincheras, con estos elements, cambi por complete la actitud del
Ejrcito Libertador, nutridas sus filas por la incorporacin de la co-
lumna de retaguardia de la Lnea. Como resultado de la march pro-
gresiva de nuestra campaa fuerzas en operaciones invadieron en
poco tiempo las comarcas limtrofes. La organizacin del Gobierno Ci-
vil, bastante adelantada; y nuestras fuerzas quedan operando en las
puertas de Occidente, habiendo llevado a cabo ligeras incursiones a
esas comarcas. Vencida ya la campaa de invierno me ocupo en pre-
parar el plan que se debe ejecutar y como resultado de esta se han
incorporado a las filas del Ejrcito Libertador mil cuatrocientos hom-
bres, dados de alta en las mismas; se han ocupado mil ciento doce
fusiles Remington, ciento cuarenta mil tiros, mil trescientas monturas
y dos mil doscientos caballos; se han incendiado ochenta y tres in-
genios.
A los resultados morales de la invasion de Gmez y a los ma-
teriales que consigna en su parte official, hay que aadir que
traslad toda la importancia de la guerra a Las Villas, comarca
que estaba pacifiacda. La estadstica del Boletn de la Guerra
publicada en el peridico La Verdad consigna muertos en cam-
paa durante el ao 76:

En Camagey .......... ............ 14
En Oriente ......................... 24
En Las Villas ...................... 180


[42]














Heridos:
Camagiey .......................... 33
Oriente ............................. 115
Las Villas .......................... 440

Y 61lo desde diciembre del 75 a mayo del 76, 112 nuevos
Ingenios y 25 caseros haban sido arrasados y las tropas espa-
olas haban tenido 107 encuentros con los mambises de Mxi-
mo Gmez.

JUICIOS MILITARES
6 Cul fue el juicio military que tuvieron los experts con-
temporneos sobre esta campaa ? Enrique Collazo, military mam-
b, el ms conceptuado para ello por su educacin tcnica, dice:
El paso de la Trocha que iniciaba la invasion del territorio pacifica-
do de las Villas, es el movimiento military de ms importancia realizado
por las fuerzas cubanas y se necesitaba toda la audacia del General
G6mez para emprender operacin de tanta importancia con sus cana-
nas casi vacas para hacer frente a los veinte y cuatro batallones es-
paoles, etc., etc....
La toma del Jibaro, que asegur la invasion, demuestra el talent
military que los mandaba.

El General espaol Acosta y Albear:
para nadie es un misterio que la invasion de las Villas fu una in-
mensa desgracia y que la campaa que sigui a este suceso ha sido la
ms funesta de cuantas se han sucedido desde el grito rebelde que
lanzaron en Yara loe enemigos de la Patria.

EL CORTEJO DE MALES
Hora es ya de resear la series de innobles sucesos que detu-
vieron esta march triunfal.
En estos moments y mientras espera Gmez los refuerzos de
Oriente, ya que gravitaba sobre l todo el peso de las armas es-
paolas, en el mes anterior, a fines de abril haban ocurrido los
acontecimientos de las Lagunas de Varona y al cortejo de males


( 43]













que a su ejemplo desmoralizador surgieron entire esos hombres
que llevaban ya luchando siete aos, tiene Gmez, urgentemente
llamado por su Gobierno, con este motivo, que abandonar Las
Villas y marchar hasta las Tunas. De vuelta a su destino, amar-
gado por tanto egosmo, decepcionado por la estpida incons-
ciencia de jefes de relative valer, que no tienen de la guerra
otra nocin que la del estrecho horizonte de su villorrio, pre-
senta en agosto la renuncia de su cargo. Su patriotism y las
exhortaciones del Gobierno le hacen continuar en sus funciones.
Incansable, forma nuevos planes, y en el ao 76, con el contin-
gente oriental que al fin llega con casi un ao de retraso, des-
pus de las ruidosas operaciones del asalto a Villaclara, Ciego
de Avila y Morn, del brillante combat de caballera del Ca-
fetal Gonzlez, piensa invadir a Matanzas llevando Jefes como
Calvar, Mariano Torres, Rius Rivera y otros orientales, junto
a la brillante plyade camageyana. Apotrera mil caballos en
Sancti-Spritus para ellos y se prepare a tomar la ofensiva en
la prxima seca, dando instrucciones a Cecilio Gonzlez, que en
la extrema vanguardia, cado el heroico Reeve, se mantena en
Matanzas. Las fuerzas de Las Villas, a las que alent el fer-
mento de las Lagunas de Varona, ya conocido de ellos, como an-
tes se haban negado a obedecer a Antonio Maceo, declaran aho-
ra que no sirven a las rdenes de Jefes como Julio Sanguily,
Gabriel Gonzlez, Rafael Rodrguez, Enrique Mola, Manuel Su-
rez y otros, que como muy bien dijo Gmez, eran insustituibles
y tienen stos que abandonar las tropas de su mando para mar-
char entristecidos a Camagey; ya triunfantes los conjurados, a
todo se atreven y exigen el 10 de octubre que tambin resigned
el mando Gmez y lo entregue al General Roloff. El desorden
lleg a su apogeo con la march de Gmez para Camagiey; su
caballera, que cuidadosamente mantena en los potreros, desapa-
rece en unos das; las fuerzas se dispersan y desertan a su an-
tojo; los Orientales, disgustados con esta repugnante anarqua,
retornan a su provincia, y en fin, aquello es el caos. Dice
Collazo:
El motin military de las Villas inicia el ltimo period y el primer
sintoma de la muerte de la revolucin. El remedio del Gobierno agra-


r 44)













v6 el mal. Sustituir al General Mximo Gmez era, no difcil sino
imposible, pues no habla entire nosotros quien uniera a las condiciones
de mando, conocimiento de la guerra e inteligencia military, el presti-
gio adquirido a costa de tantas victorias conseguidas sobre el enemigo.

As, en conclusion, Gmez no slo invadi Las Villas, que es-
taban en paz, sino que encendi en ella la rebelin, de modo
tal, que a pesar de lo expuesto, all alent poderosa la revolu-
cin hasta el Zanjn y si hubiera existido, como en la ltima
guerra, la unidad de mando, cosa indiscutida desde que dijo Na-
polen: "Vale ms un General malo, que dos buenos", y si se
hubiera reforzado a Gmez, como pensaba, ya que Espaa en-
tera se traslad a Las Villas, y si hubiera tenido a mano esos
elements que faltaron en la hora de la crisis, nadie es capaz
de saber lo que aquel hombre, de quien dijo Calixto Garca
(Lino Dou) "no se puede imaginar todo el partido que saca el
General Gmez de una sola pareja"; nadie, como digo, puede
presumir lo que hubiera sido capaz de hacer, aun cuando no hu-
biera llegado al triunfo, porque como dijo Ardant du Picq, refi-
rindose a Zama, "el genio siempre tiene por lmites lo imposi-
ble", y era impossible liberar a Cuba, no slo por el formidable
ejrcito espaol y porque con l estaba la mayora de los cuba-
nos, sino tambin porque los propios insurgentes colaboraban
con inconsciencia fatal a esa obra, con sus intrigas y divisions.
Del estado de la guerra al abandonar Gmez a Las Villas dice
Jimnez Castellanos, exacto observador de la campaa, en sus
Estudios militares:

en Las Villas desde Octubre del 76, si bien hablan en ellas numerosas
tuerzas insurrectas, estaban desorganizadas, con Jefes de poco o nin-
gn prestigio, sin unidad de accin entire ellas y en complete disiden-
cia con su gobierno... Una series de insubordinaciones dieron por re-
sultado que estos Jetes, que eran de lo mejor que tenla la insurrec-
cin, tuvieran que dejar el mando y volver a Camagey.

Se ve, pues, que estaba muy bien informado de todo lo que
suceda, el alto mando espaol.


[45 1













EL MAXIMO GOMEZ DE 1875


Del Mximo Gmez de aquella poca, en la plenitud de su
edad, y al que no conocimos, se conservan retratos, uno de ellos
publicado en el Correo de Ultramar en el ao 78, ofrece un
puro y orgulloso perfil de ave de rapia, propio de los grandes
soldados; y de los muchos contemporneos que lo han hecho, da-
mos aqu la descripcin de un cubano, testigo de sus hazaas:
F. Figueredo, y el de un espaol, su adversario: Eugenio A.
Flores, Ayudante de Martnez Campos. Dice Figueredo:
Mximo Gmez es alto, delgado, trigueo con cabellos y bigotes muy
negros, sus ojos negros tambin, son vivos y penetrantes; brill a la
altura de Cspedes y Agramnote y casi no hay un hecho glorioso en
la guerra de los diez aos al que no est unido su nombre.

Eugenio A. Flores, que lo conoci cuando el Zanjn:
Mximo Gmez, sabido es que vi la luz primera en Santo Domin-
go. Ansioso de gloria para imperar, audaz y valiente, que no es hora
de regatearle esta condicin, represent de cuarenta y seis a cuarenta
y siete aos. Viste de paisano, traje de casimir muy usado, polainas
negras, y no lleva insignia alguna y slo en la chapa del cinturn
de su machete se ven gravadas las armas de la titulada Repblica. Su
tipo es muy military, de buena estatutra, delgado, algo calvo, usa peri-
lla y bigote con algunas canas. Su carcter es franco y como buen
espaol, aunque reniegue de serlo, discute con calor.

Las altas dotes militares que puso de relieve Gmez en su
estupenda campaa, lo hicieron figurar desde entonces entire
los grandes soldados de la milicia de Hispano-Amrica. Por de-
recho propio se codea Gmez con los ms altos, porque slo el
genio, con tan escasos medios, frente a la tropa espaola, de la
cual dijo l mismo "&y cundo no han sido valientes los espa-
oles?", hubiera podido alcanzar xitos tan ruidosos, en que su
habilidad y su inagotable inventive, siempre encontraron recur-
sos para burlar a su poderoso enemigo, tomar la ofensiva como
norma y prodigar a diario los hechos heroicos como cosa corrien-
tet, durante los trece aos que combati contra Espaa en Cuba.
Gmez, con la ms amplia vision en ambas guerras, tuvo
siempre en todos sus planes, delante de si, la campaa y no el


[ 46]













combat, al que siempre consider un episodio y hay que insis-
tir en este atributo de los grandes Capitanes, que abarcan no
slo lo que tienen delante sino todo el horizonte, cualidad rara
entire los jefes cubanos.

Jos Mir dice de l:

Su porte y su fisonoma descubren en l la prosapia del conquista-
dor audaz y temerario... Su talent y sus maneras nos dicen que sus
antecesores pertenecieron a los tercios castellanos de Extremadura y
Huelva... Gmez naci para la guerra, para dirigirla, y para mandar
a los dems hombres, ya fueran soldados de fila, ya oficiales de m-
rito. La autoridad de Gmez se impona a todos; siempre era el Ge-
neral, el Director, el jefe absolute y dominant. No tuvo ms que un
rival: Antonio Maceo.
Fu, pues, Mximo Gmez, military famoso, caudillo ilustre en to-
dos los rdenes de la noble profesin de las armas, inteligente, osado,
sagaz, emprendedor, temible; pero tambin hombre moral, integro,
demcrata, sincero y amante de los menesterosos.

Un agudo observador que estuvo a su lado, hombre culto y
de gran inteligencia, escribi de l:
Audacia sera en los contemporneos former juicio complete sobre
el General Mximo Gmez. Pero es obligacin de los que de cerca le
tratamos emitir nuestra impresin sobre l, para que en el future los
cubanos, si no es que estamos llamados a desaparecer como Nacin
puedan Juzgar al hombre insigne que inspire ms respeto que cario
y ms miedo que respeto. La natural brusquedad de su carcter, que
l de intent exageraba para llegar mejor a sus fines, era spera cor-
teza, en la que se estrellaban los entusiasmos nacidos al contemplar-
lo de lejos. Quien calificara al General Gmez como hombre de ta-
lento errara el adjetivo; su poderosa inteligencia podra, con justicia,
calificarse de genial; por eso en la guerra tuvo xito en el plan
estratgico, product de su admirable intuicin, de las necesidades
de la campafla e hija de su experiencia de la guerra de los Diez
Aflos... Creamos todos los que acompaamos al General en Jefe en
su paso por la Trocha en Diciembre del 96 que empezbamos la se-
gunda invasin... Los de Oriente habian visto alejarse aquel impe-
tuoso caudillo que pudiendo hacer batirse a los otros, se lanzaba, nue-
vo Quijote, a dar el pecho a las balas en perennes combates y dias sin
pan ni reposo, cuando tanta gloria o mayor poda alcanzar en estas
benvolas y cmodas comarcas, en las que se peleaba eligiendo el


( 47 )













moment y el terreno, con seguras retiradas, con bien ordenados Hoe-
pitales.
Traspasado de dolor por la muerte heroica de su hijo, adusto por
temperament y por su modo de entender los deberes de General en
Jefe, apenas sala de la exigua tienda en que encerraba sus activida-
des en aquellos das. Me atrev en una ocasin en que lo not comu-
nicativo a mostrar mi extrafieza por la inaccin en que estbamos en
los potreros de Sancti-Spiritus y me qued atnito cuando le o decla-
rar que nada estaba ms lejos de su nimo que seguir a Occidente,
ni abandonar aquel territorio, y su explicacin me pareci un desati-
no: "si voy para la Habana, se acaba la guerra en Occidente y le
doy gusto a Weyler; aquellas comarcas estn casi agonizando y al ir
yo, pocos recursos puedo llevarles en comparacin con los que van a
disponer los espaoles para perseguirme; en cambio, si me quedo aqu
obligo a Weyler a venir a buscarme, y como tiene much gente en
Trochas y lneas militares que torpemente sostiene y no se atreve a
abandonar, tendr que sacar soldados de Pinar del Rio, Habana, Ma-
tanzas y Sagua para perseguirme; de este modo nuestras fuerzas, de
esos territories se reharn y tendrn respiro, habindolas yo ayuda-
do a ello sin buscar golpes de efectos intiles..." No me atrev a
discutirle lo que me pareci absurdo...
Mximo Gmez, con intuicin admirable habla adivinado el por-
venir y antes de un mes tenamos a cuarenta mil espaoles operando
en fortsimas columns haciendo combinaciones pueriles para batir al
General que durante ms de un ao se burl a mansalva de sus ene-
migos y lleg con sus fuerzas casi intactas hasta el final de la cam-
pasa.

Esto dice el General Freyre de Andrade; sin embargo, bajo
esa spera corteza que seala Freyre, en el fondo de su carc-
ter hosco y hurao, oculto por la frrea armadura del soldado,
lati uno de los corazones ms humans y sentimentales. 6No
se detiene conmovido ante la ltima y moribunda mirada que su
compaero de batallas, su caballo favorite, su fiel Cinco, acribi-
llado a balazos, le dirige antes de morir? Cuando en mitolgica
hazaa, pisa el primero, junto con otro poeta, la tierra de Cuba
en el 95, no se arrodilla con ternura y la besa con amor,

DOS LAGRIMAS
Su devocin por la idea, por el smbolo, es patente en los
msticos cuidados que guard con su bandera del 68, la de Palo
Seco y Las Villas precisamente. Quise ver yo aquella reliquia


[48 1












que custodia, es la palabra, su hijo Bernardo, y pude con inten-
sa emocin contemplar aquel pedazo de tela que tantas cosas
deca, hecha jirones por el tiempo y por las balas, maculada de
sangre cubana seguramente; la que flame en Palo Seco y las
Gusimas, la que arrebat Enrique Mola a su abanderado en la
carga del Cafetal Gonzlez. All conoc su historic. Cuando re-
sign Gmez el mando del Tercer Cuerpo, recoge su bandera y
envuelta en un saco la lleva consigo al abandonar a Cuba, se-
guro de no volver a pisar nunca ms sus playas; la ltima no-
che que pasa en tierra, por azar ella le sirve de almohada.
Muchos aos despus ordenando su archivo situado en el des-
vn de su humilde casa, suben sus hijos y sorprenden al viejo
de acero inclinado y absorto ante un trapo ennegrecido y des-
hecho, ante una vieja bandera que se extiende por delante de
l; cuando al ruido que hicieron levant el caudillo la cabeza,
vieron que por aquellas duras facciones, modelo de energa, co-
rran dos lgrimas que trataba de ocultar. I Cuntas cosas de
su pasado heroico evoc su vista al viejo soldado para enter-
necerlo as!! Cuntos panoramas de triunfo y de gloria revi-
vieron sus desteidos colors en aquel hombre, autor de extraor-
dinarias hazaias! Ese pedazo de trapo, en su miseria present,
le recordaba que hubo otro tiempo en que entire el humo y el
estrpito de la batalla, poderoso y erguido, al frente de miles de
hombres, desafi a los soldados de Espafia durante diez aos.

LOS COMPAEROS DE LA EPOPEYA
A su contemplacin se alzaron en su recuerdo los compae-
ros de la Epopeya, unos muertos, otros proscriptos y errantes,
Cspedes, Agramonte, Reeve, Maceo, Calixto Garca, Julio San-
guily. Toda aquella confusa vision de gloria y poder conmovi
al hombre de bronce en su actual desamparo. Sin embargo, el
Destino lo reservaba a l solo entire todos, para la Apoteosis. Si
sus penetrantes ojos hubieran ledo en el arcano de los tiempos, la
hubieran visto enarbolada otra vez y por su mano misma, recorrer
en triunfo, acompafiado del Teniente predilecto, de Maceo, la
Isla entera, y despus, cados todos sus viejos compaeros, sega-


(49 ]












dos por las balas implacables, Cspedes, Agramonte, Mart, los
Maceo, Serafn Snchez, Crombet, su mismo heroico hijo, que-
dara l por un milagro en pie, como la ceiba que respeta el
rayo, para clavarla por su propia mano y al cabo de treinta
aos de luchas, sobre la hispana fortaleza del Morro, donde has-
ta ahora, por lo menos, aun ondea esa banedra que l all puso.

LOS DETRACTORS
En las guerras por la Independencia de Hispano-Amrica,
Bolvar, el ms desmesurado genio de la raza, tuvo sus detrac-
tores. El Doctor Florentino Gonzlez, patriota colombiano, com-
paero de Bolvar, su frentico admirador primero y despus
enemigo implacable, supervivi al libertador en ms de treinta
aos y hasta la hora de su muerte preguntaba indignado al
coro de admiradores: "Seores: por qu es grande Bolvar,
Dganme: &por qu es grande," A los detractors de la gloria
de Gmez, muy pocos por honor de Cuba, y que como Gonz-
lez preguntan: por qu es grande Mximo Gmez", se les
puede responder con una frase del mismo Generalsimo contes-
tando acusaciones de un su enemigo: "para hombres como yo,
es bueno dejar a los hechos que hablen ellos solos", y los hechos
ya han hablado. Es grande por cualquiera de sus fabulosas ha-
zaas en la guerra de las Diez Aos, por su austera dignidad
en la proscripcin, por sus triunfos como General en Jefe en
la guerra de los Tres Aos; es grande porque lo acataron con
subordinado respeto figures tan sobrehumanas como las de Mar-
t y Maceo y en la paz que sigui a la guerra, en esa paz, fuente
de inmoralidad, porque no marchit sus laureles, ya que en ella,
su noble figure, orlada por la sabidura y el desinters, creci
an ms que en la guerra, si esto cabe.


tO]

























MAXIMO GOMEZ
Y LA INVASION DEL 95


















PALABRAs PRONUNCIADAS POR EL ACADMICO MIGUEL ANGEL CAB-
BONELL, EL 17 DE JUNIOR DE 1930, PARA SALUDAR, EN NOMBRE DE
LA ACADEMIA, AL CONFERENCIANTE DOCTOR BENIGN SOUZA.

Seor Presidente;
Seores Acadmicos;
Seoras, seores:

,L nombre de Benigno Souza est tan firmemente vin-
culado a mis das todav acercanos de adolescent,
cuando l culminaba la gloria en la ciencia y yo
irrumpa en las letras con ms sueos que ideas en
la mente y con arrests que los aos, con no ser muchos, han
convertido en cruces sobre mi corazn, aunque sin destruir lo
que de permanent hay en 1l de amor a lo just y a lo grande y
de infinita indulgencia para todas las culpas y miserias de la
endeble naturaleza humana, que no puedo pronunciarlo sino con
labio devoto y gesto admirativo.
Se reciben en la vida a menudo hondas desilusiones. Los
ros a que nos asomamos con asombro en el arranque de la ju-
ventud, juzgndolos caudalosos, y los soles que deslumbraron
nuestros ojos, nos parecen luego, en el andar del tiempo, tor-
ciendo rumbos y descuajando anhelos, arroyos de aguas mansas
o fuegos fatuos que se deshacen apenas parpadean. Duro es el
tiempo tronchando en el espritu ilusiones. Duros son la razn
al afianzarse y el entendimiento al madurar, porque empujan
hacia nuevas formas, orientan en opuestas idealidades, dibujan
distintas perspectives y truecan exigente al conforme fabricn-
dole alas que le llevan a dudar de las ajenas, De ah que obras
que nos parecieron geniales al comenzar la ruta, las juzguemos

[53 ] -J*__
BIBLIOTECA
EVULU GOVANTES












luego con labio desdeoso; que actiutdes admirativas, que esti-
mramos con un sincero carcter de permanencia, se traduzcan
hostiles. Y no es que variemos en nuestra sinceridad; es que
crecemos en abarcamiento, y al nutrirse nuestro juicio y divi-
sar ms amplios horizontes, ya no vemos tan en grande, porque
miramos desde arriba. Pero no todo sufre esa metamorfosis.
No todo se quebranta. Lo que es digno del laurel, seguir
sindolo en el hoy y en el mafiana. El mrito salva distancias
de continents y de siglos. Los verdaderos grandes hombres
perduran a travs de las transiciones del individuo en su mar-
cha ascendente a una actitud definitive. As Benigno Souza,
el mdico que ha escrutado con vision genial los secrets del
organismo; el espritu alerta a las palpitaciones del pensamien-
to, que ha paseado el mundo con la amplia comprensin del
que sabe lo que ve y ve por donde va; tan nutrido en las artes
y en las letras como en la propia discipline de su vocacin, por
lo que pudiera profesar lo mismo Anatoma que Perspectiva o
Historia; el que lleva sus valores con modestia slo comparable
a la dadivosidad con que prodiga los tesoros de su ciencia,
contina ligado a mi admriacin, que crece lejos de disminuir,
porque ahora puedo apreciar mejor lo que significa su noble
apostolado.
Jubilosa se siente la Academia al contar en este acto, consa-
grado a rendir tributo de generosa recordacin al Generalsimo
Mximo Gmez, el caudillo venerado a quien toc subrogar con
nuevo potente calor de humanidad la arcaica armadura del
Bolvar legendario que post-vi, en el desastre de Casacoima,
desplegada al mstil del Continente la bandera de la Repblica;
jubilosa se siente-repito-al contar con el concurso del doctor
Souza, apasionado' por la Historia, sector en que sus conoci-
mientos pasmapoor la precision y comprensin vastsima con
que destaca en su conversacin animada los episodios de la vida
universal. En la Historia de Cuba ha penetrado Souza con
fervor. En posesin de documents que servirn "maana de
norma para llegar a una apreciacin cabal del process revolu-
cionario, ha podido aquilatar en todo su carcter y ei toda su


[ 54]













grandeza la personalidad de Mximo Gmez, a quien conoci
entire llamas, en el ingenio "Mi Rosa", donde fuera husped
de su padre en los das inolvidables de la march invasora. A
caballo, desnudo el curvo alfanje, iracundo sobre la silla de
pelear, lo vi Souza en el teatro de sus proezas inmortales, y
su admiracin qued para siempre encadenada a la gloria del
viejo General. Luego, ahond en su pasado, apreci su des-
prendimiento, sopes su accin en la manigua, vi sus defects,
pero no le sorprendieron en su alcance, consciente de que en
las vidas representatives todo es desproporcionado, y porque im-
perfecto todo lo creado, no se ha de medir en ellas la estatura
por la ausencia de lo negative sino por el prevalecimiento de la
voluntad virtuosa.
Para hablar de un altruista, y Mximo Gmez lo fue en
grado superlativo, porque todo lo di a una tierra que no era
la suya y supo mostrarse sobrio ante el manjar del poder, a la
hora de la recompensa, no pudo contar la Academia con esp-
ritu ms exceptional que el de Benigno Souza, en quien domina,
por sobre toda otra caracterstica, la consoladora virtud del al-
truismo. No es Souza hombre sujeto a cnones inexorables. En
su yo se derrama, orendole los causes del pensamiento, el amor
en todas sus vastas acepciones.
Sin ideal, la vida asfixia. Sin entusiasmo, el hombre es mero
instrument de toda bastarda por acomodamiento o abstencin.
Sin emocin, el alma es jaula vaca a la que puede penetrar
como husped transitorio todo apetito. La palabra sin el acto
es la falsa. La prdica sin la sinceridad es la demagogia. Por
saberlo pleno de ideales, capaz de la emocin, ajeno a todo
egosmo, tan desdeoso de la impostura como del verbo en fal-
sete, ni paradjico, ni teatral, ni agitador de turbulos, la Aca-
demia saluda por mis labios con veneracin y con respeto al
mdico sabio que ahora mismo, honrar su tribune y que bien
puede cantar la gloria del mximo libertador.


r 55 ]













































































MAXIMO GOMEZ 1897


Oi de CG. Gef.



















MXIMO GOMEZ

Y LA INVASION DEL 95

CONFERENCE. LEDA POR EL DOCTOR BENIGN SOUZA Y RoDRBGUEZ,
EN LA ACADEMIA NATIONAL DE ARTES Y LETRAS, EL 17 DE
JUNIOR DE 1930.

Seor Presidente;
Seoras y seores:

EL 4 DE ENERO DE 1896 EN "MI ROSA"
LS diez de la noche del da 4 de enero de 1895, y en
la sala de la casa de vivienda del ingenio "Mi Rosa"
en Quivicn, la familiar resident en ella rodeaba a
various oficiales espaoles que, sentados alrededor de
la mesa de comer, deferentes oan al que ocupaba la cabecera,
joven general, atildado, elegant, de modales saves y palabra
reposada y amena.
Era ste el general espaol Ramn Echagie, conde del
Serrallo, que slo haca tres o cuatro horas, con la column de
su mando, unos dos mil hombres, y por su rastro, haba llegado
al citado ingenio detrs de Mximo Gmez y Antonio Maceo, los
que al frente de cuatro o cinco mil hombres, con clamoroso
estruendo, a banderas desplegadas y bandas de msica, haban
estado durante ms de dos horas vigilando el pintoresco e inter-
minable desfile de la column mambisa. Todo fu para nosotros,
asombrados, teatral en ese memorable da: a una decoracin


f 57]













suceda otra; a los cubanos, poco tiempo despus, la column es-
paola.
Termin la comida copiosa y select (1), regada de esco-
gidos vinos, Echage, despus de la copita de coac, encendi
su aromtico veguero, y beatifico, entire azuladas nubes, sabo-
reaba en aquel ambiente de trgico desastre su excelente co-
mida, su plcida sobremesa, sin parar mientes en el lgubre pa-
norama de llamas que lo rodeaba y muy bien perciba por las
ventanas abiertas, en un horizonte que entero arda con vivo
resplandor, y donde un punto brillante, un ascua, marcaba a
Gira de Melena, incendiada tambin y sitio en que a esa hora
y a seis kilmetros escasos descansaban Gmez, Maceo y sus
huestes; evidence prueba de la invasion que se instalaba con
insolencia en plena provincia de la Habana.

GOMEZ Y MACEO, UN ANGULO RECTO
El general y sus compaeros, desentendidos de todo en aque-
lla serena noche de invierno tropical, volvan con el recuerdo
a su lejano pas, a Espaa; hablaban de Madrid, de la polti-
ca; una palabra, una idea, un tema evocaban otro; alguien men-
cion a Cnovas, y Echage, su ferviente admirador o su ami-
go, hizo su apologa, lo exalt, y ante la irnica sonrisa del te-
niente coronel Moreno, sentado a su derecha, con palabra lenta
y frecuentes pausas, deca: -" No lo cree, eh? Pues mire usted,
quin en el problema de la guerra de Cuba, como l y de tan
lejos, en dos palabras y en una sola formula, la ha definido
mejor? No se puede olvidar que es Cnovas el que ha dicho: "La
guerra de Cuba es slo cuestin de dos balazos felices" (2); y eso
seores, eso es la guerra en Cuba. Esto que vemos es s61lo la obra

(1) La cocina de Echagle era la mejor entire las de los generals
espaoles.
(2) Tambin dijo Cnovas en su tertulia, y corri por toda Es-
pafia: "En Cuba no hay ms que un general, y se es Mximo Gmez";
palabras que fueron consignadas por Pi y Margall, en un articulo
suyo, publicado en El Nuevo Rdgimen, de Madrid, del 30 de octubre
de 1897.


[ 58 ]













de esos dos hombres que estn all. "-Y sealaba con su mano a
la Gira ardiendo.-"Nadie sino ellos hubiera arrastrado a esa
horda hasta aqu." Y despus de una pausa, explic: "Entre los
dos forman un ngulo recto y tienen naturalmente su fuerza." A
la interrogadora mirada de Moreno y sus ayudantes aadi:
-"Si, seores, Gmez y Maceo forman un ngulo recto, porque
el uno es el complement del otro. El dominicano es todo astu-
cia, es una zorra. El mulato, todo valor. El uno es la cabeza
y el plan; el otro el brazo y la accin; de ah sus fuerzas, se-
flores; de ah su xito." Estas palabras, este juicio de un adver-
sario culto, dicho en aquellos moments, se fij en mi mente y
nunca ms lo he olvidado.
Aos despus, el 24 de septiembre de 1899, en la velada f-
nebre que el "Club Calixto Garca" celebr, en la sociedad "El
Pilar", a la memorial de los dos cados en Punta Brava, Maceo
y Panchito Gmez, Manuel Sanguily, el primero de los oradores
en esa noche, alzndose en la tribune en que oficiaba a la sere-
na altura de la historic, pronunci estas palabras, alusivas a
Antonio Maceo, y que perdurarn eternamente:

Adiestrado por Gmez, que de labrador lleg a ser un inspirado y
sobresaliente estratgico supo cmo se invadan territorios.........
......,....................... ............

por lo que identificado con su maestro y jefe, a extremo que si hubiera
faltado alguno de ellos jams se realizara la estupenda empresa.

Eso dijo Sanguily, nada amigo de Gmez entonces pero s
de la justicia. Sanguily y Echagiie, desde campos tan adver-
sos, coincidan en cierto modo al juzgar a estos dos hombres
tan extraordinarios en cualquier pas y en cualquier poca, y
como es ste tambin, seores, mi juicio, voy a tratar en esta
conferencia de sealar lo que el uno y el otro, el maestro y el
ms brillante de sus discpulos, tuvieron de comn en aquel
movimiento. A m, que lo percib, que asist a l como testigo
en el centro de esta provincia de La Habana, aun me parece
un canto de la Ili a.


1 59]












DESPUES DE LA INVASION TODO ERA ESPERAR
Yo no voy a repetir nada de lo que al movimiento military
se refiere, tratado con exceptional competencia por el teniente
Reina; pero s sealar la colaboracin que el uno y el otro, el
General en jefe y su Lugarteniente, tuvieron en aquel movi-
miento military que, como muy bien dijo uno de sus autores (G6-
mez), "despus de realizado, ya todo era cuestin de esperar".
Ser un poco montona la lectura de esta conferencia porque
tendr que traer aqu algunos documents probatorios, usar del
archivo del general Maceo, de diarios de operaciones, etc.
Mucho se ha discutido la paternidad de la invasion, cuando
de sta se puede decir que tiene tantos padres que es lo mismo
que si no fuera hija de nadie, y es, adems, muy vieja; su proyec-
to arranca desde la guerra del 68; fu realizada por Mximo G-
mez en el ao 75, llegando sus piquetes hasta Coln, y a la
fuerza tiene que habrsele ocurrido sus ventajas hasta el ms
nfimo y oscuro official mamb; pero la oportunidad, su organiza-
cin, las rdenes para ella, las operaciones preliminares que la
hicieron viable, eso s que es patrimonio del jefe que la orden
y dirigi y que realmente es el padre de la criatura.

LA REVOLUTION VARADA
Cuando sobrevino la muerte de Mart, estaba localizada la
rebelin en Oriente. Mximo Gmez, a quien el golpe hiri en el
alma pero no amilan, segn frase del general Mir, decide su
march a Camagey, comarca que no haba respondido hasta
entonces al movimiento, precisamente en espera de Gmez, mo-
vimiento que era ya general en Oriente y se empezaba a exten-
der en las Villas. Dice Mir:
Ve a Maceo cuyas penalidades han sido mayores, concierta con
l el plan sin desmontarse del caballo y contina la excursion, im-
pulsado por una idea fija: sacar a flote la revolucin, que seg~n frase
de l (de Gmez) estaba "varada".

Queremos, de paso, consignar que dudamos much de la exact
titud de la version que, siguiendo a Enrique Collazo, copian


f 60 ]













casi todos los que relatan la entrevista de "La Mejorana", ce-
lebrada entire Mart, Gmez y Maceo, solamente, y cuyos acuer-
dos se mantuvieron secrets. Collazo no vio ni a Mart ni a
Maceo, nicos que pudieran informarle; su version est en des-
acuerdo con la de Mir, ms autorizado que nadie por su puesto
al lado de Maceo para saber lo que all ocurri, y cuando se
publique el archivo del general Gmez, que una incuria lamen-
table mantiene secret, se sabr la verdad. Nosotros, a pesar de
la autoridad de Collazo, tal vez el escritor que con ms sereno
juicio ha tratado sobre las guerras de Cuba, opinamos con Mir:
Durante la travesa sufri decepciones, amarguras incontables; hu-
bo en la pequefla hueste que le segua conatos de sedicin; aqul
fu su va crucis; pero no desmay. El viejo soldado, intrpido siem-
pre, escala la agria cuesta, y ya en la cumbre, echa al aire sus pendo-
nes, arenga a unos cuantos proscriptos que se le unen y abre la fa-
mosa jornada de Cafmagiey, timbre quiz el ms honorifico de su
vida military. Ahora acaba de decirnos en su tienda que entire l y
Maceo "tumbarn a Martinez Campos, cogindolo desprevenido en los
campos de Occidente.

TUMBARON A MARTINEZ CAMPOS
DESPREVENIDO
En estas palabras del Generalsimo, que hay que subrayar, se
encierra toda la clave de la invasion; es su sntesis. Tumbaron
a Martnez Campos porque lo cogieron desprevenido. Queremos
detenernos algo en esta primera fase de la future invasion: la
march de Gmez al Camagey, porque es el indispensable pr-
logo para que sta pudiera llevarse a cabo: haba que sublevar al
Prncipe; haba que soldar con este anillo Oriente a las Villas.
Esta tarea ech sobre sus hombros aquel soldado admirable, en
quien la guerra y el mando eran un instinto, ya que, segn la
frase feliz de un pensador, en los hombres el instinto es el genio.
Escogi Mximo Gmez slo veinte hombres para que lo
escoltaran a la comarca donde multiplicaba Martnez Campos
sus medios de seduccin y seguridad military, amontonando tro-
pas para mantener sta tranquila; y es aqu oportuno sefialar
la caracterstica de Gmez, como jefe de operaciones, y que


[61]













servir para descifrar casi todas las suyas. Cada soldado ha te-
nido su fisonoma propia; en los nuestros, Maceo era el mpetu
ardiente, el valor hecho hombre, la lnea recta en la busca del
enemigo; era, como acertadamente me deca en conversacin el
teniente Ren Reina, un soberbio general de choque. Gmez era
fro en sus planes, sinuoso, cultivador de la sorpresa, su maniobra
favorite, la que prefera a todas. Espiaba, aguardaba, se ocul-
taba y desapareca para caer de repente y como el rayo sobre su
presa asustada. ste su carcter lo complete la rapidez sucesiva
de sus operaciones, tan rpidas muchas veces que parecen simul-
tneas, y a esas cualidades, observaba el general Mario G. Me-
nocal, una en el combat una bravura que nadie poda supe-
rar. sta tambin es la opinion de un military espaol, su adver-
sario muchas veces, el coronel Armin.

GOMEZ, DEVOTO DE LA SORPRESA
En su larga y brillante historic military durante la guerra
de los diez aos, en la que fu jefe de fuerzas, utiliz tales cuali-
dades siempre que pudo. En la primera de todas sus accio-
nes, la famosa del Pino de Baire, se revel gran capitn mache-
teando por sorpresa la vanguardia de Quirs. Qu fu Palo
Seco? Una sorpresa tambin. Qu decide en su favor la suer-
te en Las Gusimas? Una sorpresa a la caballera espaola. La
memorable invasion de Las Villas, el ao 75, fu una series de
sorpresas, segn el brigadier espaol Acosta y Albear. Y por fin,
en la guerra de 1895, realize la mayor y mejor explotada de sus
sorpresas, que nada ms que eso fue la invasion del mismo ao,
magna sorpresa para el alto mando espaol, que nunca crey
en ella. En cambio, cuando el sorprendido era l, raras veces,
porque en sus marchas y campamentos fu siempre modelo de
previsin, su primer movimiento instintivo, su defense, su reac-
cin inmediata, era la agresin instantnea. (Acordmonos del
Fuerte de Pelayo.) Tena Mximo Gmez en alto grado el valor
moral que defini Napolen, el de las dos de la madrugada, y
explicaba diciendo que era el valor de improviso y de lo impre-


[62]













visto. El escritor military Ardant Du Picq, analiza la sorpresa
en sus studios del combat y dice:
Cuando las armas son Iguales de una parte y otra, la nica ma-
nera de poner la suerte del lado de uno es sorprender; el hombre
sorprendido tiene necesidad de tiempo para ver claro y ponerse a
la defense; durante ese instant de la sorpresa es muerto, si no huye.
Generalmente, el adversario sorprendido no se defiende; trata de
huir. La sorpresa sola no es la guerra, pero es siempre uno de los
medios, aun hoy, el mejor.

Gmez, que seguramente no estudi al tratadista francs, sa-
ba todo esto tan bien como l, y de ah su devocin por esa mo-
dalidad del combat: la sorpresa. l poda hacerse acompaar
por cuantos hombres quisiera; era el general en jefe, y en esos
moments, muerto Mart, jefe superior del moviminto; pero pre-
firi slo esos veinte hombres para mejor desaparecer. Des-
pus de Dos Ros, nadie sabe nada de Gmez; los peridicos es-
paoles, los jefes de operaciones, lo screen muerto o gravemente
herido; durante tres semanas toma cuerpo este rumor, y no hay
ms para persuadirse de ello que recorrer la prensa de aquellos
das, las intervis publicadas con los jefes espaoles, con el ge-
neral Salcedo, por ejemplo. Risueas esperanzas sostienen a
Martnez Campos; son los ltimos fulgores de una estrella, feliz
hasta entonces, que apagaron para siempre, en Cuba, Gmez y
Maceo. Adems, los viejos jefes militares del Camagey no
quieren la guerra; menos un punto negro, el marqus de Santa
Luca, todo es confianza y tranquilidad. (Vanse las corres-
pondencias de peridicos y algunas cartas particulares, entire s-
tas ltimas, una del doctor Wenceslao Glvez a su to, publicadas
por el capitn Llaveras.)

MARTINEZ CAMPOS CUIDA DE CAMAGOEY
Martnez Campos, para mejor guardar la paz en su provin-
cia de Camagey, march para ella y lleva nuevos refuerzos.
Se install en Puerto Prncipe, y el da 17 de junio, de repen-
te, en medio de aquella idlica Arcadia, en sus barbas mismas,
irrumpe como un tifn el viejo caudillo, que destruye y toma a


[63 ]













Altagracia, cuyas ruinas humeantes y cuya guarnicin muerta
o dispersa muestran, al otro da, al Capitn General espaol
que aquel golpe que destruye sus ilusiones lleva la marca de
Gmez. Patente ya su resurreccin, trata de coordinar sus fuer-
zas y perseguirle; pero Gmez, como le es habitual, no le da
tiempo; dos das despus, grave noticia. El Mulato se ha
rendido con su guarnicin a Mximo Gmez; sale Martnez Cam-
pos para Nuevitas en demand de refuerzos, y antes de embar-
car lo despite Gmez dispersando a machetazos la guerrilla del
capitn Agero en "La Larga". Setenta guerrilleros prueban
el filo de los machetes camageyanos. (Boza.) Inmediatamen-
te despus otra mala nueva. El poblado de San Jernimo se
rinde tambin con su guarnicin a los alzados. De modo que en
resume y con cita de fechas: Da 5 de junio. Vadea Gmez el
Jobabo con algo ms de cien hombres. Da 10. Se une al gru-
po del Marqus de Santa Luca. Da 17. Asalta e incendia a Al-
tagracia, casi a la vista de la ciudad. Da 19. Rendicin de El
Mulato. Da 21. Macheteo de La Larga, y horas despus,
rendicin de San Jernimo. De ah march al Este, habiendo
descrito, como dice l mismo, un crculo en cuyo centro est la
capital.

SU NOMBRE ES UNA EPOPEYA
A las noticias de estas operaciones se estremece la comarca
camageyana, porque de todos los puntos de su horizonte surge
Mximo Gmez, "cuyo slo nombre es una epopeya", como dijo
el peridico El Criollo; porque es su nombre el agudo son del
clarn de Palo Seco y del Naranjo que viene a tocar llamada y
tropa ante los muros de la vetusta ciudad colonial; son las vie-
jas y descoloridas banderas de las Gusimas y la Sacra, que,
deshechas y temblorosas, entran tambin en la liza tremoladas
por la misma mano que las alz triunfantes en la dcada glorio-
sa; al conjuro de su voz, elctrico escalofro recorre a Cama-
gey, que se subleva entero y corre a former en las filas del
milagroso y viejo caudillo. La juventud toda, con su Marqus al
frente, los Snchez Agramonte, los Recio, los Boza, los Varo-


[64













na, los Vega, Silva y tantos otros, hasta los nios (Miguelito
Varona, ms tarde su ayudante, contaba entonces slo trece
aos de edad). Gmez, tranquilo, aprovecha su sorpresa, y or-
ganiza esa juventud, labor en que, just es decirlo, lo auxilian
el Marqus, al que encarga los asuntos civiles, y el doctor Euge-
nio Snchez Agramonte, en cuyas manos pone la Hacienda de la
Revolucin (3).
Martnez Campos describe en 8 de junio al Ministro de Ultra-
mar, Castellanos:
Desde que presum que Gmez poda ir a Oriente (debe decir
Occidente) no empec a mostrar mis temores? No deca que sera
como duplicar la fuerza de la guerra? O al menos dividir mis me-
dios? Tena esperanzas de evitarlo; pero afladia: si quiere pasar, pa-
sar y al hacer estas afirmaciones me fundaba en la experiencia que
tena de la otra guerra y en el conocimiento de los medios de Gmez.

En la misma carta y ms adelante:
Sin el pase de Gmez al Prncipe, que confess y confieso fu un
fracaso para mi, esos cinco batallones que he enviado al Prncipe,
otros cuatro a Las Villas, ms los diez escuadrones, los hubiera me-
tido en Bayamo y Santiago de Cuba, y sin tener que tender al Prncipe
y Las Villas, hubiera reducido tal vez a bandolerismo las partidas de
Oriente. No indicaba yo que la entrada de Gmez en el Prncipe
llamara a Snchez y Roloff a Las Villas?

Esto que expone el Capitn General espaol es ms elocuente
que todo lo que en loor de Gmez y su campaa inmortal pueda
decirse. Me he detenido algo en esta que se puede llamar pri-
mera fase de la invasion a Occidente, por la importancia que tu-
vo para la march future de la guerra.

GOMEZ ORDENA LA INVASION
Desde all, fechada en el Cascarn, a 30 de junio de 1895, y
en document que poseo de gran valor histrico y que exhibo a
ustedes, "ordena" Gmez de modo preciso a su Lugarteniente la

(3) Fu de tal importancia la invasion del Camagey por Gmez,
que Martnez Campos envi por cable su dimisin a Madrid, la que
no le fu aceptada por Cnovas.


(61]














invasion a Occidente y anticipa en sntesis la probable march
de los sucesos que despus subsiguieron. La important comuni-
cacin, copiada a la letra, dice as:

Cuartel del Ejrcito Libertador.-El Cascarn, Camagiley,

junio 30 de 1895.
Al Mayor General A. Maceo,
Jefe del Primer Cuerpo de Ejrcito.

General: La rapidez con que tengo que moverme en esta comarca
para aprovechar estos moments preciosos; la aglomeracin de asun-
tos que me rodean y, sobre todo, el ms important, el de organizacin,
no me dejan tiempo para narrar con todas las circunstancias difciles
mi march a esta comarca no sublevada, y escoltado por 20 hombres,
que dado lo dificil y peligroso de mi march, por dos veces se propu-
sieron abandonarme. Al fin, despus de burlar la persecucin del ene-
migo, que haba situado fuerzas considerable en todas las encruci-
jadas que sospechaba poda yo cruzar, logr pasar el Jobabo el da
5 y entr en la comarca camageyana ya con 100 hombres de parti-
das sueltas que se me iban incorporando a mi paso por la Jurisdiccin
de las Tunas. El mismo da, por una feliz coincidencia, levantaba la
bandera de la Repblica, acompaflado de 50 jvenes, el benemrito pa-
triota Salvador Cisneros. Cuatro das despus nos dbamos el abrazo
de compaeros Cisneros y yo. El enemigo, aturdido y dbil, no pudo
en aquel instant ni ha podido an siquiera perseguirme, y much
menos impedir la primera operacin que me propuse ejecutar. Des-
cribiendo un circulo por toda la comarca para levantar el espritu,
ataqu al pueblo de Altagracia en la lnea frrea, que fu reducido a
cenizas, y seguidamente, continuando por el Oeste, hemos tomado el
campamento del Mulato y pueblo de San Jernimo, que nos han dado
diez mil tiros y 100 armas con un rico botn; adems, 110 soldados per-
donados y devueltos a sus filas.
Hoy he cerrado el circulo adonde part para esta operacin y des-
pacho la fuerza auxiliar para que opere en Las Tunas. El enemigo
est a la defensive en la ciudad y el general Campos ha salido para
La Habana en reclamo de refuerzos. Mientras tanto, organize 500
jinetes y la comarca est respondiendo al reclamo de los libres.
Por esto, es urgente que usted prepare un contingent lo mds pronto
que pueda y con jefes escogidos y experimentados trate de incorpordr-
seme cuanto antes para que demos el golpe definitive en Occidente,


( 66]













donde se nos espera. En el mismo sentido escribo al general Masd
fefe del Segundo Cuerpo (4).
He dispuesto y protegido desde aqu los levantamientos de Las
Villas, y los valientes que all se han alzado esperan ansiosos que yo y
usted emprendamos la march para aquella comarca. Solamente em-
pujado por circunstancias fortuitas emprenderia la march sin esperar
su valioso concurso, y siempre ser mi propsito esperarlo para ase-
gurar el xito y compartir la gloria. Espero que me anticipe aviso,
as como me imponga de su situacin, pues aun no he recibido ningu-
na comunicacin de usted, aunque por la prensa enemiga me entero
de sus operaciones. Con Patria y Libertad,
El General en Jefe,
M. Gmes.:
P. D.-(De su pufo y letra). Mi querido amigo: No me deje a Josd.
Yo creo que usted puede dear al Oriente con guerrillas veniur con
el gran ejrcito de Alejandro Magno".

"SU INDISCUTIBLE SUPERIORIDAD"

La carta se comenta sola. Es perentoria y concluyente; est
fechada en 30 de junio de 1895, es decir, cuando la supreme
autoridad de los alzados en armas lo era slo Mximo Gmez,
general en jefe provisional por el voto de los jefes del 68, a la
cabeza de los cuales figuraba Antonio Maceo, que en acre co-
municacin que lleva el nmero 150 folio 85, primer libro del
archivo de Maceo, al Secretario de la Guerra, fechada en Con-
suegra en 19 de noviembre, dice:

Cuanto al mando supremo del Ejrcito que asume el Mayor Ge-
neral Mximo Gmez, no es para mi noticia nueva; yo ful el prime-
ro, en el destierro, en darle mis sufragios y acatar su autoridad,
porque reconoca como reconozco en l su indiscutible superioridad.

El Gobierno revolucionario no fu elegido ni tom posesin
sino el 19 de septiembre del 95, a las nueve de la maana, es de-

(4) Lo subrayado lo ha sido por mi, para indicar que en esas
palabras est el germen de la invasion a Occidente. No creo que en la
entrevista de La Mejorana, sobre la que tanto se ha fantaseado y
mentido, se tratara de la gran invasion aludida, y s de la de Camagtey,
en aquellos dias de mayo de 1895 todava en plena paz.


[67 ]













cir, tres meses despus de la orden terminante de Mximo Gmez
a sus dos tenientes Antonio Maceo y Bartolom Mas. Como ve-
mos, la version de que fu este movimiento de la iniciativa del
Gobierno revolucionario, se comprueba que es errnea. La or-
den estaba dada por quien poda darla, en document official y
recibida por Maceo tres meses antes del nacimiento del Gobierno
de la Revolucin. Este se encontr con ella vigente a su adve-
nimiento, y era natural, muy natural, que no se iba a oponer a
su cumplimiento; lgicamente la apoy, sobre todo, el Marque
de Santa Luca; pero ni siquiera la inspir, porque lo que aun
no existe nada puede inspirar.
Era necesario pasar a Las Villas para disponer y organizer
el contingent con que esta region, donde pululaban las partidas
insurrectas, iba a contribuir a la invasion; pero adems quera
Mximo Gmez, siempre previsor, anticiparse a la entrada en es-
cena de los veintids batallones peninsulares, quinta expedicin
de tropas espaolas pblicamente anunciada en todos los pe-
ridicos, y que seguramente usara Martnez Campos en Las Vi-
llas. Ansioso, pues, en adelantarse a su adversario, que iba en
breve a disponer de tan eficaz refuerzo, dice en 12 de agosto
del 95 a su Lugarteniente, en comunicacin fechada en Najasa,
y que muestro a ustedes:
El enemigo seguramente reforzar las fuerzas suyas en Las Vi-
llas y no debe drsele tiempo a que se enseoree de aquel territorio.
Pienso antes de poco marchar para allL Aunque estamos escasos de
jefes experimentados, ya he enseado un poco a defenders y ofen-
der a los que dejar aqu, y no ser muy necesaria mi presencia en
esta comarca.

CRUZA GOMEZ LA TROCHA
Detenido por las demoras en la constitucin del Gobierno,
que no se hizo sino en 19 de septiembre, cruz Gmez la trocha
military el 30 de octubre, no slo a los objetos expuestos, sino
tambin para llamar con fines estratgicos la atencin de los es-
paoles sobre s y facilitar la march a Maceo, al que dice en 21
de noviembre:


[68]














Me extrafia que usted, cuyo carcter tengo bien conocido, no haya
procedido con un poco ms de energia haciendo cumplir mis rdenes.
Mi presencia en esta comarca ha obligado al enemigo a concen-
trarse, mientras que yo, por mi parte, me he concretado a los movi-
mientos que lo obliguen a mantenerse en esa actitud, a la vez que
conservo enteras nuestras fuerzas para proteger, como lo estoy hacien-
do, el advance de usted. He logrado botar al Oeste del Zaza ms de 4,000
espaoles que esperaban batirme en la zona de Ciego de Avila; despus
de dejarlos entretenidos por all, cala sobre su retaguardia, tomndoles
el campamento de Pelayo.

Ms tarde, fechada en Primer Hoyo, el 29 de noviembre,
deca:
Como es probable que esta comunicacin lo encuentre en march,
procure continuarla por el rumbo mismo en que yo la hice, consul-
tndose con prcticos como el comandante Tranquilino Cervantes;
siguiendo ese itinerario; ya yo s por dnde debo salirle al encuentro.

Del histrico Baragu emprende march la column que se
llam invasora el da 22 de octubre del 95, y es sta tambin la
oportunidad de rectificar un error que frecuentemente se co-
mete al resear este movimiento. La invasion, tomando el valor
military que tiene el trmino como operacin de guerra, "con-
siste en irrumpir en pas enemigo o extranjero en hostilidad or-
denada y con movimientos estratgicos para saquear o poseer".
(Diccionario Militar, Nicols Estvanez.)
No fueron las comarcas de Oriente y Camagiey, donde los
que en realidad imperaban eran los insurrectos, donde resida pa-
triareal su gobierno, sus organizaciones civiles funcionaban con
toda seguridad, donde numerosas families, aun las ms aco-
modadas, moraban sin molestia alguna, y donde, en fin, estaban
los espaoles a la defensive, puesto que haban trasladado el peso
de las operaciones militares a Las Villas; no era no, Oriente,
pas extranjero para las huestes cubanas, que marchaban por
territorio en que tenan sus armas dominio, y s Occidente, pas
enemigo, extranjero, y eso es tan exacto, que en documents de
la poca se la denomina invasion a Occidente y no invasion a
Las Villas.


( 69]














EMPEZ EN LAS VILLAS OCCIDENTALES
La comarca a invadir empezaba en Matanzas, o cuando ms,
en Las Villas occidentales, y si es exacto que la column comple-
tada en Mala Noche era invasora por su funcin ulterior, sta, es
decir, la invasion propiamente dicha, no empez hasta que, unida
con la otra column invasora, la que prepare y organize Gmez
en Las Villas, emprendi junto con ella su march a Occidente;
por cierto que mayor contingent aportaron a su formacin de-
finitiva los villareos que los orientales, hecho que generalmente
tampoco se resea. Formaron en ella, con sus fuerzas: Serafn
Snchez, Pedro Daz, Basilio Guerra, Jos Loreto Cepero, Juan
Bruno Zayas, Roberto Bermdez, Cayito Alvarez, Antonio y
Vicente Nez, Joaqun Rodrguez, Pancho Prez y otros, a los
que hay que aadir la escolta del general en jefe, integrada
por hombres del Camagey (alrededor de cien hombres), y ms
tarde, las fuerzas de Matanzas.
El 29 de noviembre, en Lzaro Lpez, se encuentran, al fin,
Mximo Gmez y su Lugarteniente, "abrazndose los dos caudi-
llos en medio de las exclamaciones ms expresivas de entusiasmo
en que prorrumpieron las dos tropas fraternalmente confundi-
das en aquel abrazo que simbolizaba tantas cosas." (Mir.) All
se vean por primera vez unidos los montaeses de Guantnamo
y los montunos de Manzanillo y Bayamo con los hijos de Sancti
Spritus y Trinidad.

LLEGAREMOS HASTA LOS CONFINES
DE OCCIDENTE!
El 30 de noviembre, a las siete de la maana, antes de em-
prender la march, "Gmez se adelanta a caballo, impone silen-
cio con un ademn y saluda al Ejrcito Libertador en una aren-
ga cuyos acentos penetran en todos los corazones como agudos
toques de clarn" (Mir). He aqu la marcial alocucin del he-
roico anciano a sus huestes:
En estas filas, que veo tan nutridas, la muerte abrir grandes cla-
ros. No os esperan recompensas, .sino sufrimientos y trabajos. El ene-
migo es fuerte y tenaz. El da que no haya combat ser un da per-


[70]















dido o mal empleado. El triunfo slo puede obtenerse derramando mu-
cha sangre. Soldados! No os espante la destruccin del pas, no os
extrae la muerte en el campo de batalla; espantaos, si, ante la ho-
rrible idea del porvenir de Cuba si por casualidad llega Espaa a ven-
cer en esta contienda. Los manes de tantas victims inmoladas os
exhortan a que luchis con decision y vigor para que la rapidez del
triunfo no d ocasin a levantar nuevos cadalsos. Poco se ha hecho has-
ta ahora, poco hemos andado, no estamos an en Las Villas, donde nos
esperan las grandes peleas. Esta guerra no registra ms que dos
acontecimientos notables: la accin de Peralejo y la expedicin del Ge-
neral Roloff. Espaa manda para combatirnos al ms expert de sus
generals. Y bien, con eso demuestra nuestra pujanza, porque em-
pieza ahora por donde acab la otra vez. Yo le auguro a Martnez Cam-
pos un fracaso cabal, que empez para l en la sabana de Peralejo;
pronstico que se habr de cumplir al llegar los invasores a las puer-
tas de La Habana con la bandera victoriosa, entire el humo del in-
cendio y el estrpito de la fusilera. Soldados! Llegaremos hasta
los confines de Occidente, hasta donde haya tierra espaola! (Recogi-
da por el general Mir).

"BUSCANDO FRENTE LIMPIO"

Nombra el Generalsimo, que haba dejado a su jefe de Esta-
do Mayor general Vega en Camagey, a Antonio Maceo jefe
del Cuarto y Quinto Cuerpos y le da la direccin de la column
expedicionaria y lo anexo a organizacin, orden internal, etc.
(Mir.)
Y en su lacnico y pintoresco lxico mambi, sefiala el plan
que se ha de seguir y que resume la estrategia de su march:
"No importa retaguardia o flanco sucio, buscando frente lim-
pio. "
Elijo la mayor parte de las citas que incluyo aqu de las
Crnicas de la Guerra, del general Mir, Jefe de Estado Mayor
de Maceo, y cuyo testimonio tiene ese valor.

19 de Diciembre.-Combate, o mejor, escaramuza con Surez
Valds, en cuya column iba como agregado el official ingls que
es hoy Lord Churchill. Dice Mir:

Muy conocedor el General Gmez de aquella comarca desde la
otra guerra y al corriente de la manera de operar de Surez Valds,


[71]














encamin nuestra column hacia Trilladeritas, campamento que dej
el adversario al dirigirse al nuestro en La Reforma, convencido de
que para el general espaol era suficiente victoria la ocupacin de
Rio Grande. De resultar comprobada la prediccin de nuestro caudillo
nos hallaramos al da siguiente en Las Villas, sin ser hostilizados por
la column de Surez Valds.

Augurio del viejo estratega que exactamente se cumpli.

GOMEZ ORDENA A MACEO

3 de Diciembre.-Iguar (Mir):
Iba a vanguardia con la caballera de Sancti Spiritus el General
Gmez... Fu avisado por un campesino de que haba pernoctado all
una column espaflola y que retornaba a Sancti Spiritus hallndose
en march en esos moments, que llevaba muchas acmilas. Gmez en-
vi un yudante a Maceo, que se encontraba en el vado del rio, para
decirle que no quera desperdiciar la ocasin de batir aquella co-
lumna, situando las fuerzas a vanguardia por el frente...

(Boza):
En estos moments se entrevistan nuestros dos grandes jefes;
aquellos dos soldados batalladores, el viejo blanco y el mulato joven, el
uno por el frente y flanco izquierdo, el otro por el flanco izquierdo.
atacan al enemigo.

5 de Diciembre.-Se separa el Gobierno y march para
Oriente.
9 de Diciembre.-Casa de Teja (Mir):
Al cruzar por Fomento queda Maceo en observacin y con las
fuerzas de retaguardia. Fuego a vanguardia en Casa de Teja, y avi-
sado el General Gmez por un official, retrocede con la escolta y dos
escuadrones y ya con este medio la resistencia toma otro carcter..

11 y 13 de Diciembre.-Manicaragua (Mir):
Maceo con su escolta y Regimiento Cspedes, contiene el advance
de la column espaola.

12 de Diciembre.-El Quirro (Boza):
El General en Jefe emprende march por caminos malisimos y
estrechos con el grueso de las fuerzas. El Lugarteniente queda a
retaguardia conteniendo al enemigo.


(72]













15 de Diciembre.-Nadie como Gmez, profundo conocedor
de la psicologa del combat y de la guerra, sabia el aserto del
tratadista military que dijo:
El arte de la guerra sufre numerosas modificaciones en relacin
con los progress industriales y cientificos. Pero hay una cosa que
no cambia Jams, y esa es el corazn del hombre, siendo en ltimo
trmino el combat un asunto de moral.

ORIGEN DE MAL TIEMPO
Nadie mejor que l conoca los miserables medios en hom-
bres y elements de guerra con que iba a emprender, contra
ciento ochenta mil (5) soldados de Martnez Campos, la tarea de
atravesar, en lucha constant, doscientas leguas de comarca ene-
miga. No tena, frente al valor nunca desmentido de la infan-
tera espaola, frente a los caones modernos, fusiles de repe-
ticin, barcos, ferrocarriles, telgrafos y el dinero en profusin
de que dispona Martnez Campos; no tena ms, para acome-
ter esta empresa, que su audaz e incomparable genio military y
el inmenso corazn de su segundo: Maceo. Con ellos solos entra-
ba en la liza y quera encubrir o camouflear su pobreza con
un golpe que hiciera tambalear de entrada a su adversario y
pusiera circunspeccin prudent en las columns espaolas y
exaltara el nimo de los suyos. Este fu el origen de Mal Tiempo.
Gmez tambin sabia, y lo demostr en sus trece aos de
diario combat contra los jefes espaoles, que la mejor defense
es la agresin, y es por eso que jams inici una operacin, una
campaa, sin preludiarla con golpes brillantes, de los que tan de-
voto era. En su invasion a Guantnamo fu La Indiana, la
heroica y terrible Indiana, el primer nudo que quiso cortar.
En Camagey, Nuevitas y Santa Cruz del Sur prologan a Palo
Seco. En la invasion del 75 elige el fortificado campamento
del Jbaro para iniciar sus operaciones. Hemos reseado sus
rapidsimos golpes en el Prncipe durante esta guerra, y como
fu siempre sta su psicologa de soldado, de ah su deseo de ani-

(5) Entre soldados, guerrilleros y voluntarioL


[73]














quilar y destruir una column espaola como introito de la in-
vasin, deseo que patentiz en todos aquellos moments que le
parecieron favorables a ese objeto. De ah su orden a Maceo en
Iguar de irle arriba a la column de Segura; la proximidad del
poblado donde se refugi y la pericia con que el coronel espaol
hizo su retirada bajo la proteccin de los fuertes, frustraron este
propsito.

GRAN SOLDADO DE CABALLERIA
El fugaz moment que ansioso espiaba su heroico espritu se
present, al fin, en la maana del 15 de diciembre, ya en Las
Villas occidentales, en el famoso campo de Mal Tiempo. Mal
Tiempo, Palo Seco del 95, tpico combat de caballera al modo
de Gmez, arma en cuyo manejo no tuvo entire nosotros rival,
nica accin de esta ltima guerra en que los cubanos acu-
chillaron y dispersaron, a pesar del maser, una de las colum-
nas de infantera de lnea espaola, tan difciles de desmora-
lizar.
La tropa cubana marchaba muy temprano, con Maceo a
vanguardia, Gmez en el centro y Serafn Snchez a retaguar-
dia. Haba colocado Gmez en la extrema vanguardia, en la
descubierta, a Jos Loreto Cepero, que con nfasis le pidi ese
puesto, entusiasmo que el sagaz caudillo, que husmeaba ya los
acontecimientos, quiso aprovechar para sus planes. Al cruzar
junto al ingenio "Teresa", fortificado y guarnecido, condujeron
hasta Gmez los flanqueadores mambises a dos campesinos-dos
mulaticos--que traan informes de inters. Gmez, que iba entire
Serafn Snchez y Eugenio Snchez Agramonte, se aparta, los
interroga, ordena que los retengan en la impedimenta hasta nue-
va orden, y de sbito, enderezndose sobre los estribos, grita con
aquella voz peculiar suya y que nunca olvidarn los que tuvieron
la fortune de orla: " Un ayudante al general Maceo, que acorte
la marcha" Y en seguida a Serafn Snchez: " Vamos a ver lo
que pasa en la descubierta! Ordenes a dos escuadrones que si-
gan a mi escolta! I Ayudante Benjamn: a Boza y plana mayor
que me sigan!" Por sus informes, a poca distancia, a su encuen-


(74]














tro marchaba una fuerza espaola. En ese instant lo dedujo to-
do y combine su plan. Se echa fuera de las filas de la larga co-
lumna mambisa, por la derecha; pone su caballo al trote, recorre
a ese aire toda su longitud hasta alcanzar a Maceo, con el que
conferencia breves moments, y da entonces personalmente orden
a Cepero, que no cumpli, de sin disparar un tiro cargar a la co-
lumna espaola; su desobediencia le cost ser destituido y deser-
tar. Estos detalles explican por qu Gmez, que marchaba en el
centro, es el primero en derribar con su caballo las filas espa-
olas, y Maceo, el impetuoso, el primero siempre, tuvo que aguar-
dar unos instantes para que echaran abajo una cerca de alambres
que le cerraba el paso, instantes que bastaron a Gmez para ade-
lantarse a su Lugarteniente y entrar el primero dentro de las
filas espaolas.
Las relaciones de los testigos todas estn acordes hasta en los
detalles, lo que es cosa rara: Mir, Boza, Serafn Snchez, Loy-
naz del Castillo, Eugenio Snchez Agramonte, Miguel Varona,
Leopoldo Calvo, etc., etc.

GOMEZ, PRIMERO EN LA CARGA

He aqu la sincera y honrada relacin de Snchez Agramon-
te, que marchaba a su derecha, hasta que tuvo, en cumplimiento
de su misin de mdico, que acudir a prestar sus auxilios al
ayudante Feria, primer herido de bala al lado del General en
Jefe:
Escasamente hablan transcurrido treinta minutes desde que deja-
mos por detrs al valiente general Maceo cuando se oyen por nuestro
frente y algo a la derecha repetidas descargas de fusilera y tiros
sueltos por el lado opuesto, que indican claramente las posiciones del
enemigo y las de nuestra fuerza de descubierta.
Una caflada con su alta barranca del lado opuesto impide que vea-
mos la escena, pero este ligero obstculo es vencido por el vuelo de
los caballos, y sobre la meseta se extiende a nuestra vista una lla-
nura bastante amplia, y a la derecha, como a unos trescientos metros,
en una ancha guardarraya, rompiendo la monotona del verde de las
caflas, se advierten las manchas azules de los uniforms de rayadillo
del ejrcito espaoL Forman cuadro, rodilla en tierra, haciendo fuego


[75]














con descargas cerradas. El clarn del General en Jefe recibe la orden
de toque a degello!, y al grito de al machete y viva Cuba librel,
dado por cientos de voces, parten como un rayo los Jinetes sobre los
cuadros... Los hombres, el cuerpo inclinado hacia delante, siguiendo
como un torbellino al invicto general Gmez, que, clavado y tieso en su
montura, ms pareca un centauro que un ser humana

Loynaz del Castillo:

El general Snchez, con el Estado Mayor y las fuerzas villareflas,
carg con los ms prximos, pero cuando llegamos a las bayonetas,
ya el general Gmez entraba adelantndose algunas varas con sus
ayudantes y brava escolta, el primero en la carga, el primero en blandir
sobre aquellos duros crneos su corvo acero. All le vieron los dig-
nos, ejemplo arrebatador, destacando su marcial figure como un reto a
la muerte entire una aureola de fuego, general entire los heroes.

(Mir) :
Al mismo tiempo lo efecta Gmez con su escolta de camagileya-
nos, tres escuadrones de Mart, Garca y Gua. l, delante de la tropa,
tieso, clavado en la montura, blandiendo el alfanje que usa... Por
los flancos la carnicera ha sido tremenda. Gmez, brioso y enarde-
cido como en Palo Seco, ha roto el ms fuerte ncleo de los espaAoles
siendo el primero en abrir boquete.

GOMEZ: DOS CABALLOS MUERTOS

Cuando Gmez cae como una tromba entire los soldados es-
paoles, se desploma su caballo, mortalmente herido de tres ba-
lazos, y su sombrero es atravesado por un cuarto proyectil. El
fiel Boza le da su caballo, que a su vez cae tambin herido, y al
fin, monta el General, mientras le traen uno de los suyos, en el
que le ofrece el soldado de su escolta Avelino Loynaz. Sobre s-
te, y cuando empieza el ojeo entire las caas y la matanza al de-
talle, el General, erecto sobre sus estribos, cruza frente al Lugar-
teniente y su Estado Mayor, enjugando sobre el cuello de su ca-
ballo, y antes de volverlo a la vaina, su machete teido en san-
gre. Maceo se inclina hacia Mir y le dice: "&Usted cree que es-
t bien eso que el Viejo ha hecho T Para qu estamos nosotros
aqu?T No lo han matado de milagro!" Este episodio que tex-


[176]













tualmente transcribo, me fu relatado varias veces por el general
Mir.
Gmez estuvo inspiradsimo, genial; adivin, entire los in-
formes de los dos mulaticos, los detalles todos que necesitaba para
su operacin y fulmneo, orden en ese instant la accin. Quiso
tambin dar el ejemplo, arrastrar sus hombres tras l, y por
eso es que entire todos ellos, agachados sobre el cuello de sus caba-
llos, instintiva posicin de quien avanza arrostrando las balas, se
destaca 1l solo, derecho sobre la silla, para que de todos lados lo
vean y como a lbaro milagroso lo sigan. l saba cmo se lleva
los hombres a la muerte, con el ejemplo; por eso dijo a Serafn
Snchez: "Si usted tomaba por mi orden trincheras, es porque
saba que yo tambin las haba tomado."
Terminada esta primera fase del combat, sigue Maceo a van-
guardia rechazando la column espaola que por all se mostr,
y contina despus la march, mientras del ingenio "Teresa" sa-
le en un tren otra column espaola (batalln de Barbastro), y
dice Loynaz del Castillo:
All cae como el rayo de la guerra el general Gmez; queda
dueo del tren al que abandonan los refuerzos que se retiran al
Ingenio y el tren lo entrega Gmez a las llamas.

(Boza) :
A las cuatro de la tarde despus de la destruccin del tren y
retirada de la column espaola, cuando creamos todos que el Ge-
neral en jefe emprendera march para ir a descansar y reunirse al
Lugarteniente, nos vuelve a llevar a practicar reconocimientos al pri-
mer lugar de la accin... Al fin, el viejo de hierro nos ordena marchar
por el rastro del general Maceo, a cuyo campamento llegamos a las
diez de la noche.

EJEMPLAR EXTRAORDINARIO
En la raza humana surgeon de tiempo en tiempo ejemplares
extraordinarios, personalidades que son verdaderos milagros de
organizacin y de energa nerviosa; actors de cosas increbles;
ellos son los grandes hombres. Francisco de Pizarro, a los sesen-
titrs aos, y antes de morir a manos de los catorce conjurados


(77]












que le atacaban, da muerte a tres de ellos. Gmez, en Mal Tiem-
po, diecisis horas a caballo, sin probar ms que una taza de caf,
con el tremendo consumo moral y fsico del combat, a sus se-
senta aos, desmiente todas las leyes naturales y se coloca, por
el milagro de su frrea voluntad, por encima de ellas. Deben
los soldados de todas parties, reverentes y admirados, descubrirse
ante Gmez.
El combat de Mal Tiempo caus sensacin no slo aqu en
Cuba, donde tuvo resonancia enorme, sino tambin en Espa-
a. Los batallones de Canarias y parte de Bailn, despedazados;
la bandera de Canarias, tomada, la combinacin de Martnez
Campos, un complete fracaso: tal fu aquel combat.
En la Pennsula se explic el desastre, lo que es de todo pun-
to falso, imaginando que los soldados espaoles desconocan el
manejo del maser, y Salmern dijo: "Ocurrieron escenas co-
mo la accin de Mal Tiempo, en que varias compaas fueron
macheteadas por no saber cargar los ma'sers despus de haber
disparado los cinco tiros."
Uno de los actors, Jos Loreto Cepero, moments despus, y
tomando cerveza en la bodega de Mal Tiempo, segn refiere el
corresponsal del peridico La Lucha, sofocado an del com-
bate deca: "Los espaoles son muy calientes, pero nosotros tam-
bin sabemos pelear", expresin del orgullo y confianza que el
combat despert en los cubanos.
Los mambises, en el arrebato embriagador de aquel da de
triunfo, se lanzan despus ciegos detrs de aquellos dos hombres
excelsos, el uno la leyenda del xito y el acierto, el otro la del
valor incontrastable; y exaltados por la fe milagrosa que le-
vanta montaas, a todo se atreven. Mal Tiempo fue el xito de la
invasion. Oblig a Martnez Campos a reconcentrar sus colum-
nas y a no volver a subdividirlas ms; impuso respeto a stas,
que de all en adelante adoptan toda clase de precauciones y exa-
geran su prudencia antes de abordar a Gmez y Maceo. En
Mal Tiempo el viejo Gmez, seores, se excedi en su legenda-
ria reputacin como jefe de la caballera mambisa.


[78]













"SU MACHETE, JALON INFLEXIBLE"


20 de Diciembre.-"La Colmena". (Mir):
Al acampar, llega al frente de las fuerzas de Matanzas, Pancho Prez,
trayendo la noticia de que no estaban lejos los espafloles. Al disponer
Maceo que la infantera fuera a su encuentro, vivo tiroteo en las
avanzadas. El general Gmez, recorriendo la lnea de formacin, dijo
imperativamente que slo se hara uso del arma blanca... Agachados
los jinetes sobre las monturas, con los sombreros quitados, el ojo avi-
zor y el acero desnudo. Eran dos alas formidable; el caballo blanco
de Maceo serva de punto de mira a una de ellas y el machete de
Mximo Gmez era el Jaln inflexible que alineaba la otra.

La column espaola, -pequefa, 500 hombres-, que record
a Mal Tiempo, se retira.

21 de diciembre.-Marcha por la noche, y al atravesar la l-
nea frrea de Coln a Crdenas, la column se divide por error
del rastro en dos trozos, siguiendo la mayor parte con Maceo y la
otra con Gmez.

(Mir) :

El contratiempo no era, sin embargo, alarmante, dado que al
frente de las fuerzas equivocadas estaba el General Gmez. La colum-
na de Maceo era ms consistent que la dirigida por Gmez, pues el
efectivo armado de la que segn el General en Jefe no llegaba a se-
tecientos hombres, y en cambio, era mayor su impedimenta, as como
el nmero de heridos graves, algunos en camillas, circunstancia que
aumentaba las dificultades y peligros de la marcha... Si la opera-
cin de Maceo fu atrevida y peligrosa, la realizada por Gmez me-
rece el concept de osada y arriesgadisima. Maceo, remontando al
Norte, se sita al Oeste de Jovellanos, cuartel general de Martnez
Campos. Gmez se dirige al Sur, cruza la va frrea de Coln a Jove-
llanos y entra en El Roque para orientarse sobre su rumbo future.

EL RASTRO DE LA CANDELA

Fu en este lugar donde dijo Mximo Gmez al alcalde de la
localidad: "Dgale a Martnez Campos que si quiere saber mi
rumbo que me siga por el rastro de la candela... "


[79]













(Mir) :
Maceo se dirige entire Tosca y Mdan, moments en que Martines
Campos sala de Jovellanos, y Gmez por su parte emprende march
forzada por el camino ms recto, pero no el menos peligroso puesto
que en su travesa cubre uno de los flancos de Maceo, sin saberlo
ste, y poda ser flanqueado por Martnez Campos.

Se unen las dos columns, a las doce del da, y dice Boza,
rudo soldado:
Nos hace derramar lgrimas el prolongado y carioso abrazo que
se dan el General en Jefe y su Lugarteniente, que por dos veces se
sueltan y vuelven a estrecharse en ese lazo que nada ni nadie podr
romper, pues estos dos hombres se completan y la aureola de gloria
de uno no hace palidecer en lo ms mnimo la del otro.
Coliseo.-El General en Jefe enva al ayudante Cruz Olivera con la
orden al Lugarteniente para aceptar el combat, etc., etc., En estos
moments llega el Lugarteniente, habla al odo del General en Jefe y
ste hace signos de aprobacin. (Boza.)

Despus de Coliseo, dentro de aquella densa red de ferroca-
rriles (sealada con agudo juicio crtico por Reina), se supo
con seguridad por Gmez y Maceo, o al menos presumieron, que
un cordn de columns espaolas los esperara en la lnea frrea
de Unin, como as sucedi, y embarazados por la impedimen-
ta de sus heridos, surgi all la famosa contramarcha hacia Cien-
fuegos, que asegur el xito de la operacin aplazada. Este ma-
gistral movimiento es el que con gran acierto denomin el tenien-
te Reina el "lazo de la invasion". Fue decidido con tal sigilo
entire los dos caudillos, que ni aun su jefe de Estado Mayor lo
conoca, y vino a ser percibido por sus huestes cuando a la inver-
sa de la ruta trazada por Gmez a Vicente Nfiez, prctico ma-
yor, en su lacnica orden: "Por la maana, el sol de frente,
por la tarde, a la espalda", ven con alegra que ste sale a sus
espaldas; pero el 27 y cerca de Yaguaramas, vuelta otra vez
a Occidente.


[ 80]













EL REY DE LA CONTRAMARCHA


Quin de los dos caudillos, en las conferencias que celebra-
ron, preliminares a todo plan, y como era en ellos habitual, y a
las qud nadie asista; quin ide esta famosa contramarcha que
lleg hasta cerca de Yaguaramas? Nada sabemos; pero el anlisis
del temperament military de ambos, de su habitual estrategia, de
la conduct que siempre observaron ante el enemigo, Maceo
que le iba siempre arriba, que arremete contra el obstculo con
todo su mpetu para romperlo (expedicin de Rius Rivera) y
abrirse paso; Gmez, que, al contrario, lo eluda, que fu el rey
de las contramarchas, su movimiento favorite, su habitual estra-
tegia; todo esto nos induce a pensar con fundamento que el que
debi sugerir al heroico Maceo ese movimiento, tan fecundo para
el xito future del plan de los dos soldados, fu su sagaz y viejo
maestro.
Despus, Triunfana, sangriento combat en que dejan atrs
las columns espaolas y entran por segunda vez los caudillos
cubanos en las provincias de Matanzas y La Habana, por el Sur.

LA COLUMN DE FUEGO

Desde aqu fu la march de los invasores tan feliz y desem-
barazada, que desde cerca de Coln hasta Alquzar la trayectoria
de su march es la recta, ligeramente ondulada, que une esos
dos puntos. Los mambises atraviesan estas dos provincias como
la column de fuego que guiaba a los israelitas en el desierto;
fu su march un meteoro de humo y de llamas que se extenda
a varias leguas, e inmutable avanzaba hacia Occidente al paso
de los invasores, con la fatalidad de un fenmeno celeste, redu-
ciendo a cenizas todas las riquezas de ambas provincias, que
eran los ingenios en plena molienda; plan que, impuesto por G6-
mez, aterr y desmoraliz al alto mando espaol.
El da 6 de enero de 1896 se acampa en Ceiba del Agua, y
dice Boza: "Por primera vez he visto al General en Jefe re-


[81]














prender, y de un modo violent, al Lugarteniente General" (6).
Consigno este incident para subrayar la subordinacin nunca
desmentida de Maceo a su maestro y jefe, al par que la admiracin
que en todos moments patentiz por l. Mucha y muy grande
tena que ser su admiracin y respeto por aquel hombre para
aceptar la agria reprensin.

CUIDANDO LA PUERTA
El 7 de enero, en Hoyo Colorado, llega muy temprano el Lu-
garteniente con parte de su Estado Mayor a conferenciar con el
General en Jefe, y fu en esta entrevista cuando Gmez dijo
a Maceo textualmente (Snchez Agramonte): "Es necesario
que uno de los dos se quede cuidando la puerta. Vaya usted,
como hablamos anoche, por el Norte de Pinar del Ro, que yo
me dirijo por el Sur de La Habana, para llamar la atencin del
enemigo y facilitar su advance El ostentoso movimiento de G6-
mez enga tanto y tan bien a Martnez Campos y sus tenien-
tes, que el combat de Ceiba del Agua con Gmez, en el mismo
da fue reportado al Estado Mayor espaol por los generals
Surez Valds y Garca Navarro como tenido contra Maceo.
Telegrafa Martnez Campos a Madrid el mismo da: "Noticias
contradictorias sobre grueso enemigo me hacen desistir advance
sobre Pinar. Las tengo dispuestas para ir donde convenga."
Dice el general Mir que slo el da 10 supo Martnez
Campos la invasion de Maceo a Vueltabajo, de modo que al lan-
zar sus columns sobre las huellas del Lugarteniente, ste tena
cuatro marchas de advance sobre ellas.
Ya definitivamente orientado el alto mando espaol divide
sus columns en operaciones, y destina cuatro para perseguir
a Maceo en Vueltabajo y seis contra Gmez en La Habana, y
las cuales se elevaron das despus, cuando asume el mando el
general Marn, a seis columns sobre Maceo (Echage, Arizn,
Garca Navarro, Luque, Canellas y Snchez Hechavarra), y

(6) Mximo Gmez termin su reprensin con el ap6strofe: "Hasta
el general Maceo le tiene miedo a los espaoles?" (Bdnches Agramonte).


[ 82]













contra Gmez siete, y ms tarde ocho (Aldecoa, Cornell, Galbis,
Linares, Tort, Prats, Macn y una column de ocho escuadro-
nes de caballera trados de Las Villas, a las rdenes del general
Marn). De modo que asignando a estas columns una cifra de
mil quinientos hombres, clculos seguramente muy por debajo
de la realidad, el Capitn General espaol dispuso, para ope-
rar contra los dos jefes cubanos, a mediados de enero, de ms
de veinte mil hombres. Adems, para esa fecha se encontraban
ya casi todos los poblados de la provincia de La Habana guar-
necidos por destacamentos de tropas. Dividi Marn sus colum-
nas, destinando contra Maceo, en Vueltabajo, prximamente
la mitad, y un poco ms de la otra mitad contra Gmez en La
Habana. (Estn tomados estos datos de las noticias remitidas por
el Segundo Cabo a Weyler.) La simple consideracin de ellos
demuestra el acierto de Gmez al quedar "cuidando la puerta"
y la importancia que .naturalmente di el Estado Mayor espa-
ol a la provincia de La Habana, entonces la ms rica y pobla-
da y sitio de la capital, a la que en sus correras amagaba Gmez.
Pudo Maceo con desembarazo proseguir su gloriosa march
hasta Mantua, no tropezando (y eso porque fu l mismo a bus-
carla) ms que con la pequea column espaola de Las Tairo-
nas, el 18 de enero, es decir, once das despus de separarse de
Gmez y no ver columns espaolas en su camino hasta enton-
ces; de ah en adelante los encuentros que tuvo, Paso Real y
Consolacin, pudieron ser eludidos fcilmente, pero su espritu
intrpido le hizo operar ofensivamente. (Mir.)

CAMPAA ESTUPENDA
Al separarse Gmez de su Lugarteniente, realize, durante
los cuarentitrs das en que, aguardando su vuelta, permanece
sin salir de la provincia de La Habana, la campaa ms estupen-
da y extraordinaria de todas las que en su brillante y larga vida
military, siempre con xito, llev a cabo. Con una column que
aunque Boza, al separarse ambos capitanes, estima en dos mil
trescientos hombres, de los cuales estaban ochocientos desar-
mados, impedimenta, y ms de trescientos de infantera, yo, que


[83]













varias veces la vi en sus marchas y campamentos pude apre-
ciar que este nmero a diario creca por la nube de nuevos in-
corporados, sin contar adems con las fuerzas locales recin su-
blevadas de Adolfo Castillo, Aurelio Collazo, Alberto Rodrguez,
Rafael de Crdenas, Cristbal Prez, Los Cuervo, Juan Delga-
do y otros ms que se unen a cada moment al viejo caudillo,
buscando la proteccin de su brazo poderoso.
En esta nuestra provincia, densamente poblada, con slo nue-
ve o diez leguas de costa a costa, sin bosques y sin montaas
de relieve, surcada por ferrocarriles (los actuales), unidas sus
poblaciones todas por telgrafo y telfono y guarnecidas a poco
de tropa regular, hondamente arraigada en ella el espritu de la
Metrpoli y sus intereses, demostr Gmez que era el mismo
maravilloso estratega de la dcada famosa, y que de igual modo
bata y burlaba las columns espaolas al frente de un puado
de'hombres en los vastos y desiertos potreros de Sancti Spritus,
como operando con dos mil y a las puertas de La Habana, pese
al enjambre de soldados enemigos que tena encima y al ddalo
de vas frreas. Y todo esto, seores, no durante un da ni dos,
sino mes y medio! Mes y medio, durante el cual no sali G6-
mez del pequeo, llano y despejado territorio que existe entree
Alquzar y Quivicn, cuatro leguas apenas.
Surez Valds, Segundo Cabo, dice, en 6 de febrero, en ca-
blegrama a Weyler en Puerto Rico: "General Segundo Cabo in-
terino a General en Jefe: Contra Gmez operan las columns
siguientes: Aldecoa, centro en Pozo Redondo. Cornell en San
Felipe. Prats en lmite de provincias. Galbis en Quivicn y Lina-
res y Tort, afiadiendo ocho escuadrones y una batera ligera de
cuatro piezas, con el general Marn. Todos estos movimientos
son para estrechar a Gmez, que se mueve hace.muchos das en
una pequea zona entire Alquzar y Quivicn, eludiendo a nues-
tra fuerza." Todo esto que seala el Segundo Cabo espaol
ocurri el 6 de febrero, es decir, ms de un mes despus de la
entrada de Gmez en La Habana.


(84]








HABANA.


~1


Lu;sa.


TeresS.


Ma.sCA4,q~o 'rs/a del Cw,'oaL-
d o'me. en la. Prow'11c4~ de La H"abcacm.~~.
otee o-Ccudes


Movimientos de Gmez durante los 43 das en que march por la provincia de la Habana separado de Maceo.
Ampliado del diagrama publicado por el Dr. J. Garefa Enseflat; aunque con algunos errors, de poca importancia.












NO SABEN QU HACER
Vuelve materialmente loco al alto mando espaol, que no sa-
be lo que ha de hacer y trae para perseguirlo en vano casi toda
la caballera que tiene en Las Villas, sin que un solo moment le
disperse el ms pequeo de los piquetes de su larga column, sin
que jams se vea comprometido ni amenazado por un instant, a
pesar de la publicidad ostentosa de sus campamentos y de mar-
char en muchas ocasiones con las cananas de sus soldados va-
cas. "Se mova-frase del alcalde de Quivien-como Pedro
por su casa", sin hacer gran caso de las combinaciones que por
telgrafo y para coparlo se ideaban en La Habana por el Es-
tado Mayor enemigo. Desde esta pequea zona, que elige como
base, cae como el rayo sobre los trenes, que toma y destruye;
sobre convoyes militares de los que se apoderan, l o sus tenien-
tes; se bate con sus fuerzas en grandes combates, como en Ceiba
del Agua, Mi Rosa, o en pequeos encuentros, a su voluntad;
acampa en las poblaciones, en La Salud, Tapaste, Catalina de
Gines, San Jos de las Lajas; asalta y ocupa a Bejucal durante
varias horas, causando el hecho sensacin por su proximidad a
La Habana, no slo en esta ciudad, sino tambin en EspaFa, y su
audacia llega hasta poner sus avanzadas en el .Coterro y en San
Francisco de Paula, a fines del mes de enero. Unas veces se
divide y manda a su teniente Pedro Daz a tomar trees mili-
tares (el de Pozo Redondo); otras se concentra, y unid~ con
Castillo y Aurelio Collazo, amenaza siempre.
Examinando la grfica de sus movimientos en el mapa, y
al recorder todo esto, nos vemos obligados a convenir en que el
hombre de guerra que con tan pequeos medios realize tales pro.
digios, saba mandar algo ms que una guerrilla, y el simple
examen de esta campaa de Gmez, movindose con xito y oan
tan grandes fuerzas en el peor y ms pequeo territorio de Coba,
destruye tambin, por absurd, la otra afirmacin, la de que G6-
mez no saba mandar grandes fuerzas. Y Palo Seco, La Sacra,
Las Gusimas y Saratoga? No, seores, lo que pasaba es que
Gmez haca las mismas maravillas con cien hombres que eon dos
o tres mil. Naturalmente, en esta ltima guerra y por muchas


(85]












razones, aconsejaba en nuestras provincias occidentales, con sabi-
dura military, que se operase con pequeas fuerzas, nico medio
de obtener ventajas sin sufrir grandes prdidas de hombres,
irreparables en. nuestro Ejrcito Libertador. Siempre que fu
desodo por nuestros jefes y se oper con columns, en ellas, so-
bre todo en Matanzas, las consecuencias fueron desastres, termi-
nando la operacin, segn grfica frase del general Pedro Be-
tancourt, en la dispersin hasta en parejas. En su portentoso
pasado military, muchas veces mand, y con xito no superado,
grandes fuerzas. Por otra parte, hay que recorder que en esta
campaa no fu nunca jefe de fuerzas ni de operaciones, sino
por accident; era el General en Jefe de nuestro pequeo y he-
roico Ejrcito. (7).

TACTICA FABIANA

Despus de la invasion cambi Gmez su ofensiva por la tc-
tica Fabiana. Cuando en Santa Teresa le pregunt Grosby,
corresponsal del Journal: "Por qu el general ha dado orden
a su infantera de abandonar esa loma? Ella estaba muy firme',
responded el viejo General al intrprete: "Dle a este america-
no que lomas como sa hay miles en Cuba, y que ms vale, p#a
m, un mulo de la impedimenta que una loma."
En los primeros das de febrero, lleno de ansiedad por la es-
tancia de su Lugarteniente en Vueltabajo y de just temor por
su arrojo, hace incursiones hasta dentro de esta provincia, y se-
ala Boza, en ese perodo, intense preocupacin de su jefe por la
situacin de Maceo, que lleg hasta el grado de enviarle el da
8 de febrero a Vicente Nez, su prctico mayor, con Emilio
Collazo, muy conocedor de la comarca por haber nacido en Las
Mangas, para que le sirvieran de gua en su march hasta La

(7) Es otra pgina hermosa de Gmez la del apoyo a Maceo, para
dar cima a la campafa de invasion en el limited occidental de la
Isla. Gmez se mantiene en la provincia de La Habana luchando dia-
riamente contra los batallones de Martinez Campos, sin moverse de
una misma zona territorial, de corta extension y llena literalmente
de soldados enemigos. (General Mir.)


[86]












Habana; comisin que desempean al encontrar a Maceo despus
del combat de Laborf.

ABRAZO DE GOMEZ Y MACEO
Por fin, el 19 de febrero, emocionadisimos, se abrazan los dos
hombres, despus de haber coronado ambos la magna obra de su
vida military, "permaneciendo largo rato sin poder pronunciar
una palabra, estrechamente abrazados." La obra increble se
haba consumado: haban invadido y sublevado y dejaban or-
ganizada la rebelin en Matanzas, La Habana y Pinar del Ro.
Para combatir estas provincias necesit la Metrpoli doblar casi
su ejrcito, y la invasion asegura el triunfo definitive de los
insurgentes cubanos, porque soy de los que creen que con la
guerra entire los Estados Unidos y Espaa o sin ella, la indepen-
dencia de Cuba estuvo decretada al terminar la gran operacin
de Gmez y Maceo; ya slo era cuestin de aguardar un poco ms
de tiempo.
Efectivamente, durante dos aos, segn el plan del general
de opereta bufa, si no fuera tan siniestra su memorial en Cuba,
Weyler, se concrete el Ejrcito espaol a las operaciones acti-
vas en estas provincias, donde, con la obstinada inconsciencia
de un insecto, haba Weyler perdido, al cabo de dos aos, casi
la mitad de sus efectivos, devorados por el trpico, y la otra
mitad corroda por el paludismo, la disentera, la fiebre ama-
rilla y las caquexia3 de todo orden, ms parecan sus columns
en march enjambres de mendigos, hospitalarios y convalecien-
tes, que tropas capaces, a pesar de su innegable valor en el com-
bate. En ese perodo perdi el Ejrcito espaol peninsular, se-
gn la estadstica del autor espaol seor Corral, en su libro
El Desastre:

Muertos por la fiebre amarilla. . . 28.819
Por otras enfermedades. .. . . 30.120
En accin de guerra. . . . ... 4.128
Total. . . . . . ... 63.067


[87]












Y entire repatriados, hospitalizados e intiles por enfermedad,
se puede calcular no menos de otro tanto.
Y Ramn y Cajal dijo en sensacional artculo, a raz de la
guerra:
Los que hemos estado en Cuba sabemos que el mortifero clima de
las Antillas, en triste complicidad con nuestra psima administracin,
es decir, con el hambre, el desbarajuste y el descabellado movimiento
de las columns, haba de reducir al afo aquel contingent de doscien-
tos mil soldados que enviamos, a cerca de cien mil, y a los dos aflos
a cincuenta mil, poblando los hospitals y hasta nuestros pueblos y
aldeas de tisicos, paldicos y anmicos.

SUS TRES MEJORES GENERALS
Es por eso que Gmez, el profeta Gmez, deca: "Esperen
a que entren en accin mis tres generals: Junio, Julio y
Agosto."
Este enorme esfuerzo di por resultado disminuir la rebe-
lin en esas provincias, pero no concluir con ella. El 12 de
noviembre del 97, y en la pacificada provincia de Pinar del
Ro, tiene el general Hernndez de Velasco, en combat contra
Pedro Daz, en las lomas, catorce muertos y cincuentin heridos.
(Publicado en el libro de telegramas oficiales. Madrid, 1898.)
En cuanto al resto del pas, de la trocha de Jcaro y Morn a
Oriente, se puede decir que la guerra no haba empezado an.
Su inmenso territorio de montaas y bosques se encontraba en
1898 virgen del soldado espaol. Haba, pues, que empezar la
guerra all, una vez concluida aqu, y si la disminucin de su
fuerza en Occidente necesit dos aos y cerca de doscientos mil
soldados, cuntos soldados y cuntos aos hubieran sido precisos
para llegar al mismo resultado de Santa Clara para arriba, si en
el 68 cost diez aos y termin por un pacto?
La contestacin es obvia.
Si, como dijo. Napolen, no fueron las legiones romanas las
que conquistaron los Galias, sino Csar; no fueron los soldados
cartagineses los que triunfaron en Cannas, sino Anbal, podemos,
con justicia, decir que los que realizaron ese milagro de la guerra


[88]












que se llam la invasion fueron Gmez y Maceo, prodigiosos ma-
nantiales humans de moral military, detrs de los cuales se lanza-
ron nuestros mambises a la pica aventura con la fe de los creyen-
tes medievales.

CINCO CABALLOS MUERTOS
El ciego Destino, la deidad inexorable que preside los fastos
humans, fu propicia con Cuba, porque ninguno de sus dos
caudillos cay bajo la bala feliz de Cnovas, a pesar de que am-
bos prodigaron su vida en el curso de esta operacin. Solamen-
te Gmez tuvo, durante ella, muertos debajo de si, por las balas
espaolas, cinco caballos, dos en Mal Tiempo, uno en Coliseo, el
cuarto en el combat de Santa Luca, en el Caimito, y el quinto
en Moralitos. Recibi, adems, un balazo en la pierna derecha,
en el encuentro de Cayo de la Rosa. Razn tena Mario G. Me-
nocal: "Gmez era tan bravo como el que ms."
Fu el xito de la operacin la sorpresa, muy bien sealada
esta causa por el general Mir en sus Crnicas de la guerra;
efecto del cual tuvo una clara vision Mximo Gmez, y de ah su
insistencia con Maceo para anticipar cuanto antes la operacin.
Jams crey el alto mando espaol que Gmez y Maceo, con
grandes ncleos de fuerzas, se atrevieran a llegar y mantener-
se en La Habana y Pinar del Rio. Caro pag su error, de igual
modo que lo pag caro tambin el Capitn General Concha,
Marqus de La Habana, destituido por su Gobierno el 75 y
"tumbado" tambin por Gmez con su invasion a Las Villas.
Ya lo dijo Mir: "Si Martnez Campos guarnece a Matanzas
con los refuerzos que, a su peticin, de seguro, le hubieran en-
viado, no habra sido possible la invasion." Fue sorprendido,
pues, Martnez Campos, sorprendidos los cubanos, el mundo de
los negocios, las empresas azucareras todas, que tranquilas pre-
paraban su molienda; seores, hasta los mismos insurrectos fue-
ron sorprendidos; los nicos para los que no fue una novedad su
xito rotundo fu para los dos caudillos, que saban, como sucede
en el ajedrez, lo que era ganar un tiempo: ganaron, pues, un


[ 89 ]












tiempo sobre Martnez Campos, que ya, despus de eso, lleg
siempre con retraso al lugar amenazado por ellos.

EL PESO DE LOS COMBATES
La mayor parte y el peso de esos combates fueron sostenidos
principalmente por las heroicas escoltas de ambos caudillos, for-
mada una por orientales y la otra por camageyanos. Slo la
escolta del General en Jefe que parti de Lzaro Lpez con
cien hombres, poco ms o menos, a los dos meses (consigna Boza,)
ya en Santa Rita de Bar, haba quedado reducida a veinticua-
tro; el resto haba cado en nuestras campias de Matanzas
y La Habana. La deferente subordinacin de Maceo a su jefe
y maestro fu patente siempre y lo prueban tantos y tantos
episodios de esta campaa. (E. Snchez Agramonte.) Siem-
pre al acampar ambos caudillos, y terminado el servicio de se-
guridad, iba Maceo al cartel general de Gmez a darle cuen-
ta y a conferenciar con l, casi siempre en privado.
En ocasiones, cuando alguien de su Estado Mayor sugera
ideas para un movimiento, Maceo, antes de considerarlo, de-
ca: "i Vamos a ver lo que dice "El Viejo !", nombre carioso
que daban a Gmez sus ntimos, entire ellos, l, y pienso yo que
seguramente quera decir: "Vamos a ver a nuestro Nstor".
Su amor admirativo por Maceo, como cuenta Miguel Va-
rona, al emprender el Lugarteniente una operacin, le haca de-
cir en ocasiones: "i Dejen que Maceo se luzca!" Cuando el
combat se prolongaba, dice el mismo Varona, porque Maceo
no cej jams ante nadie, le enviaba un ayudante: "Diga al
general Maceo que basta por hoy; que se retire."
Todo demuestra al espritu critico que Gmez orden la in-
vasin, y que mejor que nadie comprendi que era una cues-
tin de oportunidad, y que Maceo, colaborando con su jefe
y por su orden, condujo a los orientales hasta unirlos con los
hombres de Las Villas, que Gmez le preparaba, y ya desde ese
moment se confunden los dos en un solo movimiento, y nadie
podr decir en el curso de su larga operacin, hasta que ambos
se separan, cul de los dos, y en cualquier aspect, sobrepuj


[90]












al otro en sus respectivos papeles de General en Jefe y de Lu-
garteniente. El viejo y el joven se alzaron en los fastos de la
historic military mambisa muchos codos por encima de su ya glo-
rioso renombre, y cuando en Catalina de Gines se abrazan, hay
que convenir, con Sanguily, en que es difcil concebir la operacin
faltando uno de los dos.

LA OBRA DE LOS DOS
Todas estas citas, todos estos incidents que hemos compi-
lado, sealan que jams fu desmentida, repetimos de nuevo,
la estrecha armona que rein siempre entire los dos durante
aquella campaa, de la que dependi la suerte de la revolucin.
Mir, justamente idlatra de Maceo y su panegirista, dice: "Fue
la obra nica de dos ilustres soldados, Gmez y Maceo, que
coincidieron en el plan con perfect identidad, tanto en el orden
del tiempo como en la manera de ejecutarlo."
Durante el transcurso de ella, que empez realmente el 1' de di-
ciembre, hasta que se separan ambos en Hoyo Colorado, el 7 de
enero, es decir, durante treintiocho das, fueron estos dos hom-
bres, el uno casi joven todava, el otro ya viejo, unas veces Gmez,
otras Maceo, jefes de columns u oficiales subalternos. Lo mismo
decide y acuerdan entire los dos el plan de maana como a la
cabeza de sus pelotones cargan con la hoja en la mano, y como
jefes de escuadrones sobre las filas adversas.
La solicitud con que allana y prepare el maestro los xitos a
Maceo, realmente fueron paternales. Cuando remiso Quintn
Banderas no acababa de traer la infantera de Oriente, que ha-
ca tres meses haba quedado en Trinidad, y precisaba para la
march de Maceo a Pinar del Ro, y cuando los desastres de su
conduccin en La Olayita y El Mamey amenazan concluir con ella,
va el mismo Gmez en persona a guiarla, a escoltarla, y no de-
jndola disparar un tiro, la entrega intacta a Maceo en Galen,
donde, por ltima vez, se abrazan estos dos hombres admira-
bles, fabricados de barro tan excelso X que ya no habran de
verse ms.


[91]












ULTIMO ABRAZO


"Los dos caudillos se dieron un estrecho abrazo. Los de-
signios del porvenir, siempre velados a la humana penetracin,
no podan infundir el temor ni la sospecha de que aquella des-
pedida tan ardorosa sera la postrera. Los dos hombres ex-
traordinarios que simbolizaban la vida de la revolucin, y eran
el alma de la guerra, no volveran a encontrarse juntos en
ningn otro lugar de la batalla." (Mir.) Al despedirse Boza
del Lugarteniente, le dice Maceo, que admiraba-es la palabra-,
a su maestro: "i Cuide much al Viejo! Nadie como l sabe de-
fender nuestra bandera!" Esto dijo Maceo y esto es definitive.
l, Gmez, por su parte, le discerni, en memorable proclama, el
dictado de primer general del Ejrcito Cubano; y desde que sar-
gento, y a sus rdenes, gan Maceo todos sus grados hasta coro-
nel; desde que siendo slo brigadier fu seleccionado por Gmez
entire la plyade para mandar, en la invasion del 74, las fuerzas
de Oriente, siempre hubo entire ellos el respeto y la admiracin
mutua, y hasta la suerte quiso, a la hora cruel de su desplome,
que la sangre de Mximo Gmez, present en su heroico hijo,
corriera sobre su cuerpo inerte, y juntos el destino los uniera en
la misma fecha y en la misma fosa.

SUS ENEMIGOS
Tuvo el general Gmez enemigos y detractors. Quin no los
ha tenido? Su austeridad monacal en los campamentos, su ca-
rcter agrio y violent se los suscitaba. Como todo hombre
que ha nacido gran capitn, era autoritario, y tena, como dijo
Poincar de Clemenceau, "el defecto de sus grandes cualida-
des"; y l, que cuando hablaba pareca que daba rdenes, trat
a todos en la guerra como a subalternos. Pero, despus de todo,
muerto Mart, quin no era su subalterno, moral o military, en
la revolucin? El tiempo, que no en vano sigue su curso des-
piadado, lo borra todo; a nuevas pocas, otros hombres, nuevos
dolos; pero entonces, en aquellos sombros tiempos, los dos su-
premos cultos, las dos esperanzas del pueblo de Cuba fueron
estos dos hombres, y de Mais a San Antonio su pueblo elevaba


[92














todos los das preces por la vida de ellos, y cuando cay Maceo,
slo tienen los cubanos en su honda afliccin un lenitivo a su
pena!: an nos queda Mximo Gmez!
Un grande de la Revolucin del 95, Juan Gualberto Gmez,
el hombre que abri su mano el 24 de febrero y desat ese da
sobre Cuba la tragedia de la guerra por orden de Mart y Gmez,
discorde con l, dijo: "Me separo del general Gmez en esto,
como puede un hijo separarse de su padre." Junto a la puerta
de su modesto hogar, dos grandes retratos, dos leos, atraen
la mirada. Uno de Francisco Vicente Aguilera, su maestro en el
ideal; el otro, de Mximo Gmez. Manuel Sanguily, en carta
ntima a Jos Manuel Carbonell, le dice: "Del pobre general
muerto le dir que lo he sentido como cosa ma... Ahora estn
cerca en el cementerio el viejo y glorioso caudillo que recuerda,
para mi, mi Historia. El era una encarnacin, su presencia
significaba el ideal vivo y luminoso; desaparecido l queda ste
sin representacin y sin autoridad..."

LA MUSA POPULAR

Los nombres de los dos, unidos para siempre como lo estn
en la historic, lo fueron tambin por sus soldados. La musa po-
pular, el folklore mamb, los entrelaza siempre en su ingenua y
primitive poesa, y los infants de los Ducasse, rudos negros
de Oriente y montunos de Las Villas, cantaban en el vivac de
"Mi Rosa" el 10 de enero del 96, al son de las maracas y
del tiple:

Yo le pido al Soberano
que viva Mximo Gmez.
Espafla, t no te comes
al viejo dominicano.
l defiende a sus hermanos
porque tiene facultad,
y defendindolo est
toda la plana guerrera;
Maceo con la bandera
pidiendo la Libertad.


[93]















Martinez Campos crea
que Cuba iba a ser de Espafla, (8),
recorriendo la montafla
con piezas de artillera.
Y Maceo le deca:
"Vyase usted a la Habana;
yo, con mi tropa cubana
y Mximo Gmez al frente,
hago a Cuba independiente
con plvora americana.

Y otra de la cual slo el final recuerdo:
Y grita Maceo a su gente:
Mximo Gmez me ha dicho
que a l le va de capricho
ver a Cuba independiente.

No se puede, noarrancar de las sienes del glorioso anciano el
heroico laurel que las cifie. Para eso seria preciso, antes, borrar
de nuestras efemrides el Pino de Baire, Palo Seco, Playitas,
Mal Tiempo, la invasion, y habra tambin que borrar treinta
aos de orgullosa historic patria. Ya lo dijo l con ceio altivo,
refirindose a uno de sus enemigos: "Lo desafo a que escriba
la historic de Cuba sin nombrarme; cualquiera la puede escri-
bir sin nombrarlo a l."

INGRATITUD DE LA REPUBLICAN

Si Mart, proftico, dijo a Gmez en memorable carta fecha-
da en Santiago de los Caballeros en el ao 1892, cuando le pi-
di su concurso para libertar este pueblo: "Yo invito a usted sin
temor de negative a este nuevo trabajo, hoy que no tengo ms
remuneracin para ofrecerle que el placer del sacrificio y la
ingratitud probable de los hombres", jams se pudo pensar que

-(8) El general Mndez Capote, que tambin oy cantar estas
dcimas en los vivace mambises, me observa que l conoca este ver-
so as:
"Que se encontraba en Espaa."
Yo lo estamp tal como lo entend en aquella memorable noche.


[94]













en tan poco tiempo se cumpliera el augurio del bardo vidente.
Veinticinco aos hace que duerme bajo la tierra aquella gran
figure americana a quien tanto debe en su independencia Cuba,
un cuarto de siglo!, y esta Repblica, de la que fu, junto con
Mart, creador, no ha podido an levantar un monument al
hombre a quien tanto debe. Ella, que tan prdiga ha sido; ella,
que ha alzado uno hasta a su adversario de treinta aos, al sol-
dado espaol, no ha tenido tiempo para ofrendrselo a Mximo
Gmez; -pero si la Repblica dejara incumplida esta deuda con
el que todo se lo di para que ella naciera, hasta su hijo, el buen
pueblo de Cuba, ese generoso subsuelo, esperanza de Mart, cuan-
se toque a sus puertas, dar su bolo para alzar la estatua de
Mximo Gmez.


[95)




Full Text

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Maximo y G6mez las Invasiones del 75 y del 95 Conferencias Pronunciadas por el Dr. B. S ouza 4 ei BLIOTECA EVEL10 GOVANTES "EDITORIAL MINERVA" PI Y MARGALL 110 LA HABANA Mq2 1

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183 MTIv AMERIC4

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INTRODUCCION MAXIMO GOMEZ (1) Fud el primer guerrillero de la decada inictada por Cdspedes el 10 de octubre de 1868 y el genio director de la Altima y definitiva lucha por la independencia. En los Pinos de Baire ensefi6 a los cubanos a escribir con su resolucldn el pr6logo de las hazafias del machete. Palo Seco y las Guisimas, Mal Tiempo y Juan Criollo consagraron al hdroe. En la paz que sigui6 al Zanj6n, como al reanudarse el combate despuds, en 1895, fud emblem de esperanzas, bandera de guerra, augurio de vietoria. Grande por la virtud y el caricter, m6s grande aun por la abnegac16n y el desinterds, Cuba venera y recuerda al glorioso dominicano llamdndole, como por su nombre de pila, El Libertador. Jost MANU CAsgowELL. uANo el observador impasible examina a su personaje, lo escruta y lo diseca bajo la lente, clasifica y catalog sus hazafias, cuando establece con ol intimidad, sucede muchas veces con ciertos hombres que no sufren ostos el frio examen y a la compilaci6n de sus altos hechos, se levantan a la vida, alzan la voz y llevan a su historiografo, por la mano, del juicio sereno a la admiraci6n ardiente. Y es necesario, entonces, buscar un poeta que los cante y no un sabio que los clasifique. Maximo G6mez es uno de estos personajes. Y por eso inscribo yo, como introducci6n a este trabajo, la sintesis rotunda y elocuente hecha de G6mez por un poeta, por nuestro cubanisimo poeta Jose Manuel Carbonell. Tuvieron por origen estas dos conferencias, reunidas aqui, las que con el tema de las Invasiones a Occidente pronunciaron (1) Inscripci6n pars el monumento, proyectado, que sefialari el desembarco de Gomez y Marti en Playttas. [I}

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los doctors Hernandez y Caffizares en la Academia de Artes y Letras. Veterans, sobre todo del Estado Mayor y Escolta de G6mez, la misma Sociedad de Artes y Letras y otras personas, me invitaron a ellas porque, a su juicio, aparecia disminuida o ignorada, sobre todo en la del doctor Caflizares, la parte de protagonista que en ambas tuvo el General en Jefe de nuestro Ejorcito Libertador, por algo, nuestro General en Jefe. Dificil es, entre nosotros, encontrar la capacidad para tratar asuntos do historia, los que requieren como cuesti6n prima ajustarse a la verdad. Nosotros, meridionales, hombres del Tr6pico, no tenemos, par temperamento, noci6n de la mensura. Deformamos al objeto, la hiperbole es nuestro guia y exaltamos o deprimimos sin tasa ni limite alguno. Los testimonies Regan a ser casi nulos por esta nuestra propensi6n ingonita de separarnos, involuntariamente, de la noci6n real. El que ha visto un hecho ho trastorna y cambia en su esencia, de modo tal, que casi ninguno de los testigos ho conoce despuos y junto a todo eso cada uno de nosotros leva dentro de si a un NicolAs Chauvin (1), y los mss modestos comparsas de nuestra Revoluci6n dieron la idea, fueron el origen de los grandes hechos, inspiraron a G6mez y a Maceo sus resoluciones, han asistido a entrevistas secretas, saben de expresiones que cambian toda la faz de la historia y, sobre todo, es sign fatal para su testimonio, cuando de ol se duda, que ellos afirmen enfaticos: "i Yo lo vi!" Basta ese solo "t Yo ho vi!" para deducir su falsedad. Pobres diablos oyeron cosas de las que nadie sabe ni ha oido. Cosas ignoradas par Mir6, Boza, Loynaz, Sanchez Agramonte y otros testigos de nota. Por eso es tan dificil reconstruir la vida de aquellos hombres en la que debemos atenernos s6lo al hecho escueto, que par fortuna no puede ser suprimido. Los documentos, sobre todo los suscritos en el moment mismo de la acci6n (1) Nicolis Chauvin, soldado napole6nlco, acribillado de heridas, se hizo notar por su exaltaci6n en el relato de los acontecimientos en que habia tomado parte. Le preguntaban: Chauvin, Ec6mo fu6 la batalla de Austerlitz?, y 6l, soldado raso, habia sido el fact6tum de la batalla. Su tipo, popular en el ejercito francs, di6 origen al termino "chauvinista" domiciliado hoy en casi todos los idlomas. (6]

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y levan la impresi6n fugitiva de ese instante, los diarios y cartas redactados entonces y no ahora, permiten con juicio erftico explicar muchas cosas de nuestra Revoluti6n. Ademas de lo que esta al alcance de todos he tenido a mi disposiciun, he tomado notas de las Diarios ineditos del General Freyre Andrade, del General Eugenio Sanchez Agramonte, del Teniente Coronel Rosell, del Capitan Despradel, del General Monteagudo, del Coronel Fermin Valdes Dominguez y otros m&'s, riqulsimo este 6ltimo en documentos originales, copiosisimo, llevado por su autor al dia y cuando 6ste se publique sera, tal vez la impresi6n mas vivida y sensational de nuestra ultima guerra por la Independencia. Poseo cartas originales, copias, documentos desconocidos, cuya publication innecesaria seria como el estallido de una bomba en cielo sereno, firmadas por hombres como Marti, G6mez, Maceo,, Mas6, Mir6, Don Tomas, Calixto Garcia, Jos6 Maceo, Lacret, Aleman, Freyre Andrade, Eusebio Hernandez y otros. Nuestro deseo, cuando de alguien escribimos y tomamos por la senda del ditirambo, es presentarlo como algo abstracto, perfecto, divino, cuando han sido hombres, si bien excepcionales, humans como los demos. No se puede tampoco investigar los puntos hist6ricos llevado a ello por la malquerencia hacia alguno de los actores y de todos es notorio que las relaciones del General G6mez y del primer gobierno revolucionario no fueron cordiales y tan divorciados estaban que sin resefiar aqui los enojosos incidentes ocurridos entre ellos, s6lo apuntaremos que en la Asamblea de la Yaya ninguno de sus miembros fue, por eso y por otras causas, reelecto, con la excepei6n de Mas6, cuya candidatura para Presidente recomend6 el General G6mez. (1) (1) PArrafos de la carta de Bartolom8 Mash a Miximo G6mez, fechada en La Matilde, noviembre 3 de 1897: "Mi generoso amigo: Cuando Regan a un hombre adolorido las generosidades de un viejo camarada de gloria y de fatigas, de uno de los pocos veteranos de la gran campafia que ya nos van quedando, es preciso contestar con el alma abierta, el corazdn en la mano... las cartas de usted a varios [7]t

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Gerardo Castellanos (1) nuestro mbs capacitado historiador, de los que viven, no s6lo por su alto deseo de sinceridad sino tambi4n por su honrada y acuciosa investigaci6n, es uno de los pocos que han recogido y estampado las debilidades y errores de sus biografiados y en sus relatos nos da la sensaci6n que describe a un hombre y no a un ser mitol6gico. En su {iltimo y acabado estudio de la tragedia de Cespedes, cuyo primer acto es Bijagual y su sangriento desenlace, San Lorenzo, dice: Hay que verlos y estudiarlos, como hombres de care y hueso, saturados de pasiones y defectos, propios de la herencia y la educac6n... De acuerdo con el, creemos que si aun no ha legado la hora de "decir toda la verdad'", deseamos con Juan Gualberto G6mez "que, por lo menos, todo lo que se diga sea verdad". Desde luego, naturalmente existen y han existido gentes en cuyo testimonio se puede confiar de modo absoluto, pero son los menos. La conferencia del doctor Hernandez es motivo para el elogio fervoroso de Maceo, sin embargo no se ignora en ella ni se desconoce a G6mez; no asi en la del doctor Caiizares, donde no aparece integra, o mejor, desaparece la figura de G6mez. De ella no vamos a hacer critica, pero no podemos dejar pasar sin impugnaci6n algunos de los errores, por lo menos, los de bulto, que en ella se consignan. De la batalla de Las Guasimas, conocidisima de cubanos y espafioles por haber sido la funci6n de guerra mss grande y de mas resonancia en la que tomaron parte fuerzas cubanas y espafiolas en ambas guerras, se afirman inexactitudes. Dice el doctor Canizares, refiri6ndose a la brillante carga dada por los cubanos a la caballeria espanola en el inicio de la acci6n: Representantes a la Altima Asamblea, me han dicho cuinta nobleza y cudnto desinterds se encierra bajo el uniforme de nuestro primer General. Y esto no es nuevo; hace mucho tiempo que los cubanos lo saben... (Del Archivo del doctor Pdrez Landa.) (1) Y tambien Portell-ViA. [81

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Son perseguidos (los espafioles) y macheteados sin piedad por la caballeria nuestra al mando del Brigadier Henry Reeve, el Inglesito, quien al regresar de la carga recoge 150 caballos... La carga del Carril, como se la llam6, fu6 ordenada y dirigida por Maximo G6mez (1) en persona, a la cabeza de los suyos, todos lo saben. Mal pudo El Inglesito mandar nada ni a nadie en Las Gugsimas, pues se encontraba dado de baja en las filas mambisas, curandose grave herida de bala con fractura del muslo y no hizo su incorporaci6n a G6mez sino en el mes de julio, es decir, cuatro meses despuss de la fecha de Las Guasimas. Igualmente es err6nea la cifra de las bajas sufridas en ese combate por los cubanos, notablemente exagerada, casi duplicada en la conferencia del doctor Caflizares; consigna en ella 52 muertos, cuando el parte oficial cubano al Gobierno, asistente a la operaci6n, s6lo resefia 29. Tampoco es exacta su nota de los heridos, tambi6n exagerada. La otra afirmaci6n, no acertada, es aquella donde asevera de Las Gunsmas: Pueden considerarse triunfadores los jefes espafoles porque aplaz6 para el afo siguiente Ia invasion de las Villas. Desde luego, los derrotados del Naranjo y de Las Guasimas para atenuar el efecto de aquel golpe fatal a las armas espa(1) De los muchos recuerdos publicados por oficiales mambises que asistieron a Las Guisimas y que exaltan el papel de G6mez, para refrescar la memoria de los olvidadizos, entresacamos el del muy conocido oficial mambi que con el pseuddnimo de "Un Oriental" so public6 en 1886: "Al enfrentarse con los nuestros so detuvieron de repente los jinotes (los espafloles); entonces se lanz6 sobre ellos el general C6mez con su Estado Mayor y nuestra caballeria, que ocupaba uno de los flancos, lo que les oblige a volver grupas en busca de la protecci6n del grueso de sus fuerzas, pero eran alcanzados por los nuestros y muertos a machete con tal celeridad que en un momento quedaron sobre el campo muchos de ellos... el resto fud perseguido hasta el medio de la finca donde acababa el enemigo de posesionarse de una repress hecha en el arroyo que atraviesa el potrero y en cuya represa [9]

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fiolas, "con fines disciplinarios de moral", propalaron esta especie. Frente a este juicio y sin comentarios, insertamos el de L. Barrios, Comandante del Ej6rcito Espafiol, Oficial de Estado Mayor, actor de la guerra de los 10 afios en Camaguey, distinguido escritor militar; como no fu6 derrotado en esta acci6n esta mas libre que los vencidos alli para juzgar de su alcance y efectos sobre la campafia. Califica dicho Oficial, en su libro Recuerdos de Campafia y en la pagina 39, como "desastres a Palo Seco y Las Guisimas"; mas adelante y refiri6ndose a la tropa de Gomez: "masas combatientes y aguerridas y favorecido por habil caudillo sostuvo las acciones mis formales de la campaia, como fueron las de La Sacra, Palo Seco, Naranjo y Las Guisimas"; en la pagina 43: "Llegado Concha a Cuba, a raiz del desastre de Las Guasimas, el mayor que sufrimos en toda la guerra... (a) Esta afirmaci6n rotunda, frente a la del doctor Cafiizares, es concluyente a pesar de todas las atenuaciones imaginadas, por venir de la boca de un tan competent Oficial de Estado Mayor espafiol, como lo fu6 el Comandante L. Barrios. Para terminar, seflalamos otro rumor absurdo y referente a Mal Tiempo. (1) En la pagina 259 de la citada conferencia se estampa lo siguiente: habia una laguna cenagosa. En dsta qued6 atascado un oficial espafiol que fud muerto a machete a la vista de los suyos, sin que dstos pudieran socorrerle. G6mez y los que cargaron volvieron al fondo del potrero con los trofeos... los que mis se distinguieron en los cinco dias... en primer tdrmino el Mayor General Miximo Gdmez, que manda como un general y carga como un soldado, Rafael Rodriguez, los Brigadieres Josd A. Maceo, Josd GonzAlez, Gabriel Gonzle..." (a) Subrayamos nosotros. (1) "En Mal Tiempo, Gdmez abri6 un portillo de un solo tajo y renovd los laureles de Palo Seco", y mis adelante: "G6mes naci6 para la gucrra, para dirigirla, para mandar a los demis hombres, ya fueran soldados de fila, ya oficiales de mdrito en valor personal o en conocimientos. La autoridad de G6mez se imponia a todos: siempre era el General, siempre el director, siempre el Jefe absoluto y dominant. No tenfa mis quo un rival: Antonio Maceo." [ 10}

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Se dice tambidn quo el General en Jefe no consideraba conveniente continuar la marcha; y afade el doctor: Maceo fu de la decision contraria a pesar de que G6mez queria suspenderla. Cuando un escritor recoge una novisima y absurda versi6n sobre algfn hecho pasado, y absurdo es imaginar a G6mez pusilfnime, arrepentido de levar a cabo la obra que planed con Marti en Montecristi y con Maceo en sus comunicaciones, debe este escritor aducir testimonios autorizados, exhibir documentaei6n y no el vago aserto de personajes desconocidos, an6nimos, que se abrigan en el se dice, y sobre todo cuando ello se encuentra en contradicci6n con la verdad admitida hasta entonces; ridiculo nos parece ademis presentar a G6mez y Maceo, nunca separados ni en las grandes ni en las pequenas determinaciones, a esos dos grandes soldados, desmoralizar sus hombres haciendo pnblico sus temores, si es que los tuvieron. Por encima de todo eso, Jos6 Mir6 y Argenter, General mambi, Jefe de Estado Mayor de Maceo, su cronista, jams supo de semejante prop6sito; de haber ocurrido positivamente 61 lo hubiera sabido y, desde luego, consignado en sus admirables Crdnicas, monumento elevado a la gloria de Maceo: nosotros tuvimos el honor, durante veinte aflos, de tratar como medico a aquel generoso libertador y era tema diario en nuestras conversaciones "Maceo y la Invasi6n"; jams le ofmos decir nada semejante. El General Loynaz del Castillo, Jefe de Estado Mayor de Seraffin SAnchez, caudillo Este de la otra columna invasora, la villarena, niega enfiticamente la existencia de semejante patraia, imaginada de seguro y recientemente por detretores de G6mez, los que colocan estas irresoluciones sin cr6dito, del G6mez que jams titube6, en distintas etapas de la Invasion. Ademhs, eran tan secretos los acuerdos tomados en las conferencias de ambos que sus propios Jefes de Estado Mayor las ignoraban siempre. (Mir6. Cr6nicas.) No se puede tapar el cielo con un dedo. El papel de G6mez en 1a Invasi6n como General en Jefe estA establecido con su (11]

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orden del 30 de junio del 95, en su correspondencia con Maceo, en su ardor impaciente por arrancar cuanto antes a Este de Oriente para "sorprender y no dar tiempo", y en el curso de toda ella, con los irrecusables testimonios de su acci6n seialada por Mir6 y Loynaz, con sus cinco caballos muertos bajo 61 du rate esa operacion, con su herida, y con el efusivo abrazo que le di6 Maceo en Catalina de Giiines. El General Jose Mir6, conocido de todos en Cuba, cuya devoci6n por Maceo, su Jefe y amigo, rayaba en el delirio, al que erigi6 un monumento con su pluma; al que acompan6 hasta su muerte y recogi6 sus mas intimos pensamientos, sus juicios sobre hombres y cosas de la Revoluci6u; este Mir6, actor de today la Invasion, cuando despu6s de la muerte de ambos y sedimentados sus juicios con la serenidad que les presta el Tiempo, juzga la parte que en ella tomaron los dos, b qu6 dice? Consigna: "fu6 la obra tinica de dos soldados ilustres, G6mez y Maceo, que coincidieron en el plan con perfecta identidad, tanto en el orden del tiempo como en la manera de ejecutarlo". No pospone jamis en sus relatos G6mez a Maceo, lo que era natural, puesto que el primero era el Jefe. El General Enrique Collazo, nuestro mejor escritor militar despu6s de Mir6, asistente con Marti a la entrevista de Montecristi, en visperas de Playitas, disgustado mss tarde con G6mez y no su amigo, borrada ya esta enemistad por la tumba abierta del General y sus servicios a la causa de la libertad de Cuba, tal vez igualados pero no superados por nadie, dijo anos despu6s de la muerte de G6mez y al hablar acerca de Este: (1) ...Pero donde se revel6 como militar fud en esta tltima guerra del 95. Es estudiando la gesti6n del General G6mez en el terreno de la guerra de Cuba, un modelo de audacia e inteligencia, de valor; porque sin que se ponga en duda, el mdrito de la Invasi6n es exclusivo del General G6mez. En el General G6mez no habia estudios, no los podia tener, era el Genio, era el instinto de la guerra, eran el corazdn y el cerebro que acertaban en todo, era el rayo cuando tenia (1) Discurso en el Aniversario de la muerte de G6mes, en la CAmara de Representantes. [12]

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que partir, era rApido en sus movimientos, era incansable en la persecuci6a, era hombre sin estdmago, sin necesidades, la marcha no lo abatia, y a todo suplia para dar la victoria a Cuba y la obra que se propuso, la lUeg a ver realizada, la Independencia de Cuba. Y le pag6 a los cubanos su ingratitud y su olvido, diciendoles: Poddif morir traoquUmO, puwe ya la Repdblica de Cuba ezsste. Este es el resumen de la vida militar mas grande que ha tenido Cuba. No se puede, pues, pasar la esponja, como se pretende, sobre el nombre de G6mez en la Invasi6n. Antes habria que hacer desaparecer el testimonio de estos dos hombres que hemos citado, y los de mis autoridad para ello por los cargos que ocuparon; el uno, Jefe de Estado Mayor de Maceo, el otro, perteneeiente al Estado Mayor de Calixto Garcia y su admirador. [13}

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MAXIMO GOMEZ Y LA INVASION DEL 75

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Mr b. I .t.. ii 'A' ~ \ ~~" U N" 31sfa, Iii ri.ea;

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MAXIMO GOMEZ Y LA INVASION DEL 75 CoNFERENCIA LEfDA PoR EL DR. BENIGN SOUZA EN LA SOCIEDAD HISPANo-CUBANA DE CULTURA EL DiA 10 DE OCTUBRE DE 1930. Senor Presidente; Senoras y seiores: ARA conmemorar este 10 de octubre, tan olvidado por nosotros como lo es el 24 de febrero, he elegido como tema la invasion de las Villas por Miximo G6mez en el ano 75, no con la presunci6n de decir nada nuevo para los Gerardo Castellanos y otros especialistas de los fastos de nuestras dos epopeyas, sino como trabajo de divulgaci6n, ya que por muchos parece es desconocido aquel heroico y ultimo esfuerzo de los cubanos en armas para veneer a Espana y que fuo, de todas las operaciones de guerra, realizadas por ellos durante la d6cada revolucionaria del 68, sin duda alguna la empresa militar ma's importante y audaz de todas las de esa opoca, tanfecunda, por otra parte, en gestos heroicos y en brillantes acciones, escuela donde se formaron y aprendieron su oficio de soldado Ignacio Agramonte, Antonio Maceo, Calixto Garcia, y junto a ellos, la legi6n de diestros jefes y oficiales mambises que veinte anos despu6s hicieran tan rapida y fatal campana para las armas espanolas, dirigidos por ese mismo Maximo G6mez, sumo estratega de los cubanos en el 68 como Lo fu6 en el 95. Aplausos merece el doctor Fernando Ortiz, Presidente de esta Sociedad, por el recuerdo dedicado en este dia a esos hombres, a los que parafraseando a Victor Hugo, podemos lla( 17 1

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mar gigantes del 68. Ellos lo merecen, porque en nuestro pequeno escenario y desconecidos, no ya del mundo, sino de sus propios paisanos, subieron serenos a los cadalsos, fueron fusilados por millares en la soledad de los bosques, murieron en los campos de batalla tratando de arrancar el hierro de la mano a su adversario (en los nltimos seis anos no reciben una sola expedici6n) sembraron de muertos, en horrendas y macabras travesias, los mares y presidios de Africa, sostuvieron una feroz guerra a muerte que dur6 i diez anos! ante la indiferencia de todos, arrojaron a la hoguera de la revolucion, no s6lo sus vidas sino sus fortunas y haciendas, confiscadas y perdidas, y, al fin, extenuados, aniquilados y destruidos, capitularon despues de esos largos diez anos en que, como Robinson, vivieron en los bosques, perseguidos por 270.000 enemigos, de los que 100.000 eran cubanos, para recoger al "caer la cortina sobre el drama", de sus indiferentes paisanos, que vivian cobijados por Espana, el dictado de traidores. Nosotros, sus nietos, con tan poco parecido a ellos, debemos por lo menos realzar con orgullo lo que en aras del ideal y de la manumision del esclavo sacrifice aquella generacie6n gloriosa. Es necesario recordar a nuestros hijos que no siempre han sido los cubanos, feligreses del becerro de oro, tan avidos del auri sacra fames, que hubo un Francisco Vicente Aguilera, un Miguel Aldama y otros muchos, nacidos millonarios, muertos en la miseria sin abjurar de sus sacrificios ni de su obra. EN PLENA LLUVIA DE ORO Camilo Polavieja, habitante de Cuba en el ano 66, dice en un libro suyo: me apena el recordar el estado de Cuba antes del Grito de Yara. He viajado bastante y no conoci pais donde se viviera mejor, Colonia con mds libertad prActica, region menos abrumada de impuestos, nt por tanto rebeldia mas injusta. Esto que dice el Proc6nsul espanol y en muchos de sus aspectos es exacto, prueba que para aquellos hombres remanticos, no todo en la vida eran esas riquezas, fabulosas entonces [18 1

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en nucstra isla. El izncar y el tabaco no tenfan competidores en los mercados del Mundo; la arroba de azncar valla en esa fecha catorce y quince reales fuertes en oro, casi eran dos pesos. La esclavitud del negro en su infame apogeo reducia el costo del material humano usado en el trabajo, al minimum, ya que se pueden calcular los gastos de sustento y gratificaci6n de un esclavo en no mas de veinte centavos diarios. Una verdadera luvia de oro cafa sobre el pals. El ano 67, en la Habana, con una poblaci6n de 140.000 al mas, actuaban dos companfas de 6pera a la vez, una de ellas italiana, desde hacfa seis meses, la otra francesa. Se encontraba entre nosotros la Ristori, ya antes habian estado Valero, una gran compania de zarzuela espanola, los bufos cubanos, el Circo de Chiarini y Cnchares, el fen6meno taurino, completaba los especticulos, indice de la vida desahogada que sostenian los habaneros de antano. Dos periodicos satiricos, el Moro Muza. y Don Junipero, eran vendidos por las calles al precio de treinta centavos oro el nnmero y la Habana era el punto de escala, El Dorado para todos los jugadores profesionales del mundo. De ahf que fuera tan puro, tan ideal el sacrificio de aquellos hombres que inscribieron en su bandera la libertad del esclavo, base de todas esas riquezas. Para las filas del pueblo, la idea separatista fue una novedad; no habia llegado hasta ellas, patrimonio, como lo fue en Sur America cuando sobrevino la rebeli6n contra Espana, de las altas clases sociales; ademas, b c6mo podfan nuestros pobres campesinos y humildes negros desafiar el poder de Espana que de tan terrible modo reprimi6 la imaginaria conspiraci6n de la Escalera y las intentonas de Lopez? S6lo hombres de gran valor, de gran temple moral, como lo fueron aquellos varones, podfan intentarlo. SANTIAGO FRENTE A LA AMETRALLADORA Esa tremenda lucha de diez anos sostenida por unos cuantos hombres, bloqueados en estrecha isla, contra el inmenso poder de Espaia y de sus paisanos, no lo podri comprender jams un anglosaj6n, tan indnctil para leer en la psicologia de los demis [19 ]

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pueblos; solo la raza de Don Quijote y Hernin Cort6s piede explicar a esos hombres lanzandose en tropel, armados con sus conmovedores canones de cuero y sus ingenuas lanzas de yaya, sobre la moderna artilleria y los Peabodys de Valmaseda en Saladillo. Esa nuestra ardiente fe, propia de la raza, &no ha oreado, frente a la ametralladora de los otros pueblos, como maquina de combate mas eficiente, como el maximo artefacto de la guerra, a Santiago Ap6stol? Maximo Gomez y Marti, en un botecillo y al frente s6lo de cuatro hombres, no desembarcan en Playitas para arrojar a Espana de Cuba? El Grito de Yara tuvo como adversarios resueltos, no s6lo a los espaioles de la Isla, sino a muchos cubanos, sobre todo a los duefios de los esclavos, que en el triunfo de la Revoluci6n veian de seguro con ma's indiferencia arriar la bandera espaiola del Morro, que la ruina de su infame y productiva industria. Por ello defendieron la causa de la Metr6poli, con intensa energia y la guerra tom6 a poco el cruel caricter que siempre han tenido las guerras civiles entre pueblos de nuestra estirpe. De ello son buena muestra las dos guerras Carlistas y la de Cuba de los diez anios, con sus sangrientos y abominables episodios. Un gran cubano, Vice-Presidente de la Repnblica en armas, el General Domingo Mendez Capote, en su luminoso folleto sobre el Pacto del Zanj6n, dijo: es dificil concebir la nefanda influencia que tuvo la esclavitud en la sociedad cubana. EL HEROISMO DE LA RAZA DE COLOR Las nobles y generosas acciones al fin dan sus frutos. El articulo veinticuatro de la Constitucion de Guaimaro que pareci6 un error a los politicos pricticos, siempre inmorales, asegur6 nuestro triunfo en la nltima guerra. La raza de color, en gratitud colectiva y como un solo hombre pag6 su deuda con la bandera de Yara corriendo a defenderla en el 95, y es de justicia reconocer que si el negro de Oriente se afili6 a ella en pos de Maceo y Moncada, el de Occidente to conquist6, lo nacionaliz6 cubano, un hombre superior, el Marti de esa raza [ 201

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en Cuba, periodista, orador, publicista, conspirador y rebelde, que como el Maestro arrastr6 sus gloriosos grillos por casi todos los presidios de Africa y Espana, que durante un cuarto de siglo, con sus ardorosas predicas alist6 bajo la bandera tricolor a todos los negros de Occidente y tuvo arrestos para con s6o dieciseis hombres retar a Espana en los campos de Matanzas. Ese hombre, dichosa mezcla de las dos razas, por fortuna para Cuba, aun vive y todos sab6is que se llama Juan Gualberto G6mez. DOS COMARCAS DISTINTAS Se dividia Cuba entonces en dos comarcas, tan distintas ambas, Oriente y Occidente, que mas parecian paises extraios, sin ningnn otro nexo casi, mas que su comunicaci6n por el mar. Territorios tan lejanos de la Habana, como Mejico y Santo -Domingo. La riqueza del pals, comio ahora, la representaban principalmente el azncar y el tabaco, patrimonio 6ste de Vuelta .Abajo; la cafia de azncar se cultivaba de las Villas para aca. Un solo dato nos to demuestra. En la estadistica de azncar de Carlos Rebello de 1860 muchos Ayuntamientos de Occidente, Cardenas, Cienfuegos, Sagua, elaboraban, ellos solos, mas azucar que todo el Departamento Oriental con sus dos provincias; y el t6rmino municipal de Col6n produjo ese mismo ano justamente el doble de lo que elaboraron Santiago de Cuba y Camaguey juntos. Estas consideraciones son importantes para explicar la faciliadad con que la Metr6poli soport6 esta larga contienda, apoyada en Occidente, fuente inagotable de recursos, no tocados apenas por la guerra, manantial de hombres inclusive. Movilizados, Bomberos, Milicias blancas y de color, sumaron casi siempre la mitad del ej6rcito peninsular. Dice el citado Polavieja: unidos a nuestra ddbil politica, que ha abandonado al criollo que nos sirvid con lealtad... por guajiros (campesinos) en uni6n de tropas del Ejdrcito, fu4 perseguido Narciso L6pez y uno de aqudllos lo hizo prisionero y entreg6. Comarcas enteras hubo el 68 que al Grito de Yara respondieron pidiendo armas y combatiendo por la patria espalfola... [ 21 }

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Hoy el campesino no es nuestro; los que combatieron por Espana ya no volverdn a hacerlo. Los han hecho enemigos nuestros la ensefianza y la Prensa periddica unido todo a nuestra conducta con ellos. Es 6ste un juicio fiel; el ideal separatista, como toda nueva noci6n, necesit6 del tiempo para legar hasta las masas y es natural que fueran 6stas las nltimas en ser conquistadas, porque ya lo dijo un gran orador espanol: "las ideas, como el sol, antes de visitar los humildes valles hieren la cumbre de las altas montaias'". El General Concha: "la actitud en el 68 y 69 del elemento del pais y de los peninsulares fieles a Espana, contuvieron por de pronto la insurrecci6n que amenazaba llegar al cabo de San Antonio'". El Coronel Camps y Felin, valeroso soldado espaiol, heroe de la Periquera que junto con Estevanez, Carrasc6n, Capdevila y otros, por fortuna para la raza, fueron el anverso de los Weyler y Valmaseda, en su generoso libro Espanoles e Insurrectos, dice: "los cubanos que se rebelaron no tuvieron la honra de representar a su pais; s6lo contaron con plat6nicas simpatias'". Maximo G6mez: no se tard6 mucho en ver desfilar los heridos del batalldn de San Quintin, tenidos en un encuentro con el General Maceo. Iban custodiados por hijos del pais con uniformes de Voluntarios. iCudntos pensamientos se agolparon en mi imaginacibn! iNo pude menos de exclamar, volvidndome a mis companeros: "iCuba no puede ser li're!" Se puede decir, pues, y estos testimonios lo prueban, que Espana, quebrantada por sus trastornos internos, debi6 la conservaci6n de la Isla a la resuelta defensa de su causa hecha por estos intereses, amenazados por la rebeli6n, y a los recursos en hombres y dinero que de Occidente sin cesar extraia; a ellos tambi6n se une la inexperiencia militar de los nuevos alzados que, con tiempo de sobra para extender la guerra a toda la Isla permanecieron sin moverse apenas de los sitios donde se rebelaron. { 22 1

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Bayamo estuvo ocupado por C6spedes cuatro meses, sin que los espanoles, signo de su debilidad, se atrevieran a atacarlo ni durante todo este tiempo se practicara operaci6n militar importante por los cubanos; pero el hecho mas elocuente y que delata la falta de audacia de los bisonos rebeldes y su desconocimiento de la guerra se dio en la comarca de Guantanamo. Esta, a pesar de su vecindad con el termino de Santiago, donde abundaban los alzados, permaneci6 ajena al movimiento durante dos largos anos, sin que ninguno de sus jefes tuviera atrevimiento bastante para mantenerse en ella y fue preciso que a la muerte de Donato Marmol ocupara ese puesto Miximo G6mez para llevar a cabo su aterradora invasion a Guantanamo, y fuo esa en lo adelante una de las regiones donde ma's poderosa se mantuvo la rebeli6n. PENSANDO EN LA'INVASION La guerra se hizo cr6nica, y como todos los males cr6nicos terminan porque los rganismos que los sufren, acostumbrados a ellos, los toleran a Isla, cuyas riquezas permanecian intactas, ya que fueran Las Villas ripidamente pacificadas. permaneci6 tranquila y de cuando en cuando alguna noticia daba cuenta que allay, muy lejos, en Camagiey y Santiago, persistia la rebelion; pero seguros con la Trocha, linea militar que aislaba las comarcas infectadas, explotaban los hacendados sus ingenios en la espera paciente de ver al fin los insurrectos, poco a poco exterminados, concluir por desaparecer. Pacificadas las Villas y refugiadas en exodo sangriento sus fuerzas en Camaguey, deseaban todos volver a ocupar esta rica region y seg'n el mismo Maximo G6mez, fue en el ano 71 cuando Carlos Manuel de Cespedes, en memorable entrevista con el, le dijo: un mill6n de combatientes en Oriente no bastardn para volver a la revoluci6n sus dias de esplendor y es preciso que invadamos Las Villas. Desde entonces naci6 en mi Animo la idea de la inv:.sidn... Consegui muchos adictos, la mayor parte jefes aguerridos, entre ellos, al Coronel Antonio Maceo. [ 23 ]

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Todo el mundo sabe la serie de vicisitudes por las que atraves6 la revoluci6n hasta el aflo 73, en que pudieron ser viable estos proyectos por la importancia militar adquirida por la rebeli6n. Dice un General espanol, actor de la contienda: "el ano 73, la moral de la insurrecci6n se crecio notablemente con la organizaci6n y fuerza de sus partidas, cuyo mayor nnmero reconcentr6 y puso bajo su inmediata direcci6n el entendido y hibil General insurrecto Maximo G6mez". No hay que recordar las dificultades que el localismo, las rivalidades e intrigas pusieron para su realizaci6n. Los refuerzos ofrecidos se redujeron a trescientos hombres, si bien a su frente vino el hombre a quien Maximo G6mez design, Maceo, quien, solo, valia por una division, lo cierto es que el resto qued6 ally y aun este mismo contingente, que debia estar en Camaguey el primero de diciembre, no lleg6 sino en febrero. La batalla de las Guasimas tuvo lugar a mediados de marzo, es decir, ya muy adelantada la estaci6n de la seca, y estos refuerzos, reclamados por Calixto Garcia, se volvieron para Oriente. Sin embargo, retuvo G6mez a Maceo, a quien puso al frente de las fuerzas de Las Villas, pero 6stas, minadas por los Clubs, por los absurdos derechos politicos concedidos a los soldados, se negaron a continuar a las ordenes de Maceo, asi como a las de Gabriel Gonzilez, y preciso fue darles el Jefe que ellos quisieron. Como veremos, estos acontecimientos dieron sus frutos fatales ma's adelante. GOMEZ QUIERE SORPRENDER Llegada la estacion de la seca, no quiso G6mez aguardar mis. Presumia el tardo auxilio que podia esperar del Gobierno, que como casi todos los que se sucedieron en nuestras revoluciones, fueron, segun la exacta expresi6n de Gerardo Castellanos, "inntiles adornos". Queria, ademis, evitar su divulgaci6n para adelantarse a Concha y ocult6 su prop6sito a todos; queria tomar la iniciativa de las operaciones, asumir la ofensiva para contrarrestar, como lo hizo, la pr6xima campafia del Capitan [ 24 )

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General espanol en Camaguey, porque, como dijo el mismo, "al que espera, le dan.. ." Estos motivos militares los senala Roa en su libro in6dito "Montado y Calzado". Y el mismo G6mez dice en su folleto "El Convenio del Zanj6n": "Tan pronto se hubiera trasmitido al Gobierno se traslucia, perdiendo yo la ventaja de la sorpresa, finico recurso que tenfamos para luchar contra un enemigo superior en nnmero, mas diestro en el arte de la guerra y abundante en recursos.'" En su carta a Estrada Palma: "La invasion de Las Villas la determine por mi cuenta y riesgo para asegurar el 6xito con el.secreto y la sorpresa", y sabemos todos el valor que a esta nltima di6 siempre este soldado, genial en todas sus empresas, ponocedor mas que nadie de la psicologia de la guerra. Extendiendo una ojeada sobre el campo espanol, vemos que toda la preocupaci6n de sus jefes, con el aplauso de los caciques de la Colonia, era mantener intacta la barrera de la Trocha e impedir se infiltrara la revoluci6n de nuevo en Las Villas, amenaza para las pingiies zafras de esas comarcas. Es de senalar que el ejercito espanol colonial, de entonces, brillante, era un ejercito, como dicen los franceses, del oficio; perfectamente aclimatado, con grandes nncleos cubanos auxiliares y adiestrados sus hombres por seis aios de constante lucha, entre ellos se habian formado y destacaban jefes de gran valor y capacidad militar, como lo fueron Arminfin, Esponda, Camps y Feline, Bascones, Marin, Valera y otros, ej6rcito sin discusi6n muy superior a la muchedumbre de reclutas de Weyler. Sin embargo, en los anos 73 y 74 la campaia de G6mez en el Camaguey se hizo tan amenazadora, y fueron tantos y tales los fracasos de las columnas espanoles, que el Gobierno de la Metr6poli, casi exhausto entonces, decidi6 como ultima ratio, enviar al Capitin General Jose Gutierrez de la Concha, Marques de la Habana. Este, junto a su gran reputaci6n militar, reunia fama como colonial, por sus dos felices mandos en Cuba, por la rapida terminaci6n que tuvo en sus manos la intentona de L6pez y autor de atinadas memorias y publicaciones sobre problemas cubanos. ( 25

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LLEGADA DEL GRAL. CONCHA Desembarc6 Concha en la Habana el dia 7 de abril y comprendi6 en seguida la necesidad de vigorizar su Ejercito con la inyecci6n de elementos criollos en mayor nnmero y, sobre todo, como ningdn otro General espanol, estimo el valor que como soldado tiene en los tr6picos el hombre de color, de ahi su empeino en reclutar tropas negras y milicias blancas para sostener infranqueable la Trocha y mantener limpia de partidas la provincia de Las Villas. Para ello orden6 operaciones activas en el Camaguey sobre G6mez, pero como 6l mismo dijo, "cuando los insurrectos pueden presentar fuerzas aguerridas de tres o cuatro mil hombres" jamss pasaron de mil quinientos) y de ochocientos a mil caballos, acostumbrados a lanzarse sobre nuestras tropas machete en mano, era preciso para combatirlos, no una, sino diferentes columnas de dos a tres mil hombres por lo menos'". De las Guasimas dice el mismo General: de esta importante accidn en que ocho batallones y mAs de ochocientos caballos con cuatro piezas de artilleria se vieron obligados a retirarse, a pesar de que nuestras fuerzas se portaron con notable valor, conducidas por los brigadieres Armiuin y BAscones, tuve noticia a mi paso por Puerto Rico. A Naranjo y, sobre todo, las Guasimas, muchos observadores cubanos y espafioles los consideran como responsables del retardo de la invasion, sin embargo, son hechos, a nuestro juicio, que fueron, al contrario, los que la hicieron possible en el 75, Despu6s de las Guasimas dice Concha: "a mi llegada a la Habana, el 7 de abril, aquellas dos Brigadas continuaban reparindose en Puerto Principe, a. pesar de que Maximo G6mez se habia adelantado hasta a mas de tres leguas de la Caridad de Arteaga, sin que los nuestros intentasen atacarlo'". Esta situaci6n, de absoluta falta de operaciones sobre Gomez, cubierto por el terrible recuerdo de las Guasimas, fue la que permiti6 a este, sin municiones apenas, realizar su peligrosa cperacion con toda seguridad. [ 26 ]

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UN INTENTO CONTRA GOMEZ El Gnico intento para buscar contacto con el culmin6 en uno de los mayores desastres de la campana; salieron en su busca las columnas de Bascones, Armiin y Cubas, el dia 1' de julio del 74, y dice un actor, el Coronel Camps y Felin, que el dia 12 del mismo mes, sin haber encontrado sino piquetes y avanzadas de G6mez, tuvieron que retornar al Principe con mas de seiscientos enfermos, a los que hubo que traer en camillas, tarea que ocup6 a casi toda una Brigada y habiendo enterrado durante la marcha mas de ochenta muertos; todo esto, sin haber disparado un solo tiro al enemigo, patente ejemplo de lo que eran para las tropas peninsulares las operaciones en la fuerza de las aguas. Se dijo que las tropas fueron atacadas del c6lera, pero este aserto, falso, ha sido desmentido por el Coronel Camps. Concha dispuso entonces guarnecieran la linea de Jncaro a Mor6n y los puestos y poblaciones de la zona de Las Villas, cuatro batallones de tropa de linea, uno de milicias de Col6n y ma's de diez mil hombres de guerrillas montadas, Movilizados, Bomberos y Guardia Civil de infanteria y caballeria. Con tales fuerzas aguard6 tranquilo a su enemigo y su confianza gan6 a la opinion espanola. La Voz de Cuba, en articulo de mayo 24, dice: "los insurrectos se baten bien. No hay duda que Maximo G6mez es hombre que sabe mandar, pero su sueno dorado, que es invadir Las Villas, la Trocha infranqueable se lo impedira''. La misma Prensa extranjera recogia estas noticias y el correspensal de la Prensa Asociada en la Habana informaba en 5 de enero a sus periodicos, justamente veinticuatro horas antes de romper G6mez la Trocha: "no hay cambio en los asuntos militares. El nnmero de tropas tiles es suficiente para impedir que los insurrectos emprendan ningnin movimiento de consideraci6n en las Cinco Villas". [ 27 }

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LA PROCLAMACION DE ALFONSO XII El dia 1 de enero se efectna en la Habana la proclamacion de Alfonso XII con salvas, iluminaciones, called empavesadas, gran parada y fiestas populares. Hasta los pueblos de la Trocha celebran con alborozo el nuevo ano, que en breve tiempo iba a cambiar sus alegres repiques en dobles de muerte y luto, con la terrible y devastadora guerra que a esas ricas comarcas llev6 el audaz Maximo G6mez, el cual no consider prudente aguardar ma's, y con cerca de mil hombres de los Regimientos de Infanteria Potrerillo, Siguanea y Atollaosa, mandados por el Teniente Coronel Cecilio Gonzalez, de la raza negra, y los de caballeria Agramonte, Camaguey, Narciso y guerrillas montadas, mandadas por Maximo Gomez, llevando como segundo a Julio Sanguily y Jefes como Rafael Rodriguez, Enrique Mola, Jose Gonzalez Guerra, Gabriel Gonzalez, Manuel Suarez, Luis Morej6n, Serafin Sanchez, se prepare para su empresa. EL 6 DE ENERO DEL 75 PRIMERA Y UNICA HERIDA DE GOMEZ Por fin, en aquella dramatica madrugada del 6 de enero de 1875, la hueste mambisa, sus esperanzas puestas en el soldado insigne, que hasta entonces unciera la fortuna a todas sus empresas, cruza el inexpugnable cintur6n de fuertes que desde hacia cinco anos encerraba a los cubanos rebeldes en las campinas de Camaguey y Oriente, desoladas por seis anos de guerra. Al atravesar la linea, bajo el fuego de los fuertes Catorce y Medio y Quince, Sur, por donde se hizo el cruce, tan cerca por cierto que la columna mambisa se desliz6 entre el fuerte y la caseta que le servia de letrina, casi acaba G6mez bajo la bala de un miliciano negro de los que guarnecian el fuerte; fatal augurio para los expedicionarios, porque fue esta la primera y nica herida que en la guerra de los diez anos recibiera el milagroso caudillo. Por una fraccion de milimetro mas que hubiera inclinado al disparar el can6n de su Remington, el desconocido miliciano cubano hubiera, con su disparo, prestado uno de los mas grandes servicios, no solo en el presente, sino [ 28 1

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tambi6n en el porvenir, a la causa espanola en Cuba. He aqui c6mo refiere Fernando Figueredo el suceso: Amanecia ya el 6 de enero, cuando Mdximo G6mez realiza su ilusidn salvando bajo el fuego de dos fortines la celebre Trocha; pero en los moments en que el General se ponia del otro lado, en territorio de Las Villas, cuando radiante, contemplaba su obra lievada a cabo, cuando irguindose sobre su gran caballo Cinco, tan valiente como 61, iba a dar un grito de ;Viva Cuba! una bala le atraviesa la garganta y le corta la palabra. El movimiento instintivo que hizo fuera de si, llevando ambas manos a la garganta, le obliged, inconscientemente, a clavar las espuelas al bruto, que dando salts pugnaba por echar a tierra al hdroe. Una vez mas se puso de relieve el temperamento de gran soldado del caudillo herido, que en ese momento no atiende mas que a sus hombres, a quienes lo sucedido desmoraliza y a los que estimula del modo heroico que refiere un actor, Ram6n Roa: Asi enronquecido, echando sangre a borbotones por la boca, imperativo, manda a su corneta de 6rdenes tocar ;Marcha a la bandera! y desde ese instant el territorio de Las Villas se encontrd bajo los cascos de su caballo, que soterraroen el polvo del fracaso los planes del General Concha. En la noche de ese mismo dia 6 de enero, se encontraba el Marqu6s de la Habana presidiendo un gran banquete; aun se sucedian en nuestra ciudad las fiestas de la proclamaci6n de Alfonso XII. El Capitan General, rodeado de toda la nobleza colonial, de los grandes personajes oficiales, civiles y militares, recibi6 la noticia telegrafica de este acontecimiento y segun versi6n de un militar espanol "lo comunic6 al General Riquelme, su jefe de Estado Mayor, con la misma indiferencia que si se tratase de un suceso insignificante'". No presumi6 que aquel escueto parte militar era el inicio de una serie de inesperados fracasos que producirian al cabo de unos dias su ruidosa destituci6n. El parte oficial del Jefe de la Trocha, decia textualmente: "El enemigo en nunmero de mil hombres, entre infanteria y caballeria, ha forzado la linea principal entre los fuertes Catoree y Medio y Quince. Se ignora el cabecilla que los manda. -Coronel Goicoechea.'" [ 29 }

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MARCHAS Y CONTRAMARCHAS TOMA DE EL JIBARO Desaparecido el peligro de su herida y mejorado G6mez, empieza a ejecutar su meditado plan, cuya fase inicial era procurarse municiones de las que carecfa, y aturdir a su enemigo asestdndole golpes tales que llenaran de terror las guarniciones de los fuertes y poblados que cubrian aquella zona y facilitaran la marcha de sus Tenientes a las Villas Occidentales. Con su habitual pericia realiza una serie de marchas y contramarchas, se dispersa y se concentra, ya unido a las fuerzas de Pancho Carrillo y Jimenez, que lo esperaban ez esos lugares, para preparar su operacion fundamental, apoderarse de El Jibaro. Para los que conozcan la maravillosa campana de G6mez, a las puertas de La Habana en enero y febrero del 95, no es nada nuevo esta de Sancti-Spiritus, y para G6mez, fue verdaderamente un juego de ninios desorientar a sus contrarios, enganarlos, lanzarlos sobre falsas pistas, empeiarlos en perseguir veinte o treinta jinetes, dirigir sus columnas a opuestos rumbo' para caer entonces como el rayo sobre el campamento fortiti..ado de El Jfbaro, donde por sus confidencias sabia que fuertemente custodiado se guardaba el parque de las tropas de esa zona. Divide sus fuerzas en dos columnas, y mientras envia con la infanteria al hombre en quien puso su confianza para ello, el Teniente Coronel Cecilio Gonzalez, con orden de aproximarse a l Jibaro, el describe con la caballeria una serie de movimientos y engania a su paisano Valera y a Esponda, que le segulan los pasos. Cae en la madrugada del 18 sobre El Jbaro, al que guarnecen doscientos cincuenta hombres..., pero insertemos aqui su parte oficial al Secretario de la Guerra: "EscogI los potreros de la finca San Marcos, Norte de la jurisdicci6n de Sancti-Spiritus, para atraer alli al enemigo, lo que consegui." Era 6sta la columna de Esponda, quien telegraffa a Concha, tiene a MAximo Gomez a su vista y que el Brigadier Valera, avisado por el, concurrira a la esplendida victoria. Estaban ya sobre G6mez las columnas de Zea, Esponda, Goicoechea y Valera, y dice el Brigadier Acosta y Albear: "las seguridades de triunfo de Zea [ 30 ]

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eran tan evidentes que en otro telegrama ruega a Concha le diga que quiere que haga despues del combate, si perseguir a los rebeldes mss allay de la Trocha o concluir de una vez con todos los bandoleros de Las Villas. Lo primero es mss brillante, lo segundo es mss seguro. El Capitin General ordena a Zea que nuestros soldados ataquen al grito de "Viva Espana y Don Alfonso" y que espera un victoria para celebrar la proclamaci6n del Rey". El periodico Diario de la Marina se lamenta el dia 15, que no se pueda demorar el vapor correo unas pocas horas en su salida para que lleve los detalles de la completa destrucci6n de G6mez, pues ya se sabia era 6ste el cabecilla expedicionario a quien suponia Concha rodeado en San Marcos por las columnas de Esponda, Valera, Cubas, Zea, Baile y Arias, que como un enjambre habian acudido sobre 61; pronto fucron disipadas estas ilusiones por las alarmantes noticias que unas a otras se sucedian con exraordinaria rapidez. Continna Maximo G6mez: el enemigo se present al siguiente dia de haber ocupado esta posicidn; me favorecid la circunstancia de que se aproximd a mi campamento a la caida de la tarde y la noche le impidid avanzar, mientras yo pude disponer que un jefe valiente y entendido, Luis Morejdn, lo hostilizara toda la noche con una pequena fuerza de caballeria. Dividf nuestra columna en dos, una de infanteria, que por caminos extraviados dirigi al Sur, zona del Jibaro, y otra de caballeria con la que tome el rumbo de la poblacidn de Sancti-Spiritus, y asi obligu6 al enemigo a descuidar la marcha de nuestra infanteria. Este primer movimiento lo desconcertd, o hizo impossible fijar plan alguno, emprendiendo una lenta persecucidn. Di orden al General Julio Sanguily de marchar sobre el Jibaro a las dos de la madrugada del 18 de Enero. El Teniente Coronel Cecilio GonzAlez, con la infanterfa, debia asaltar y tomar las trincheras apoyado por Julio Sanguily; el baluarte principal, que era la iglesia, se rindid tras tenaz resistencia, despuds de tener sus defensores quince muertos y muchos heridos. Despuds de rendida la iglesta, el fuerte de en frente fu4 tornado por Sanguily y Enrique Mola, los que entraron a caballo dentro, rindindolos. Se distinguieron, ademAs de 4stos, el Teniente Coronel Cecilio GonzAlez por su valor y disposiciones, el Comandante Serafin Sinchez, Manuel Ledn y Josd R. Estrada. El primero en asaltar las trincheras fu6 el CapitAn William Humphrey. Nos apoderamos de 253 remingtons, mAs de cuarenta mil tiros, ciento diez caballos, dinero, efectos y me[ 31 ]

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dicinas. Se nos pasaron ciento sesenta guerrilleros y cuarenta palsanos: tuvimos tres muertos y siete heridos, entre ellos al Capitin Josd A. Legon. La poblaci6n fud totalmente reducida a cenizas. He aqui lo que sobre esa operaci6n, pr6logo brillante de esta campana, dice R. Roa en carta fechada en el mismo Jibaro el 24 de enero del 76: El 18 me separd de las fuerzas para venir al Jibaro justamente al ano cabal de su toma y destrucci6n. La Republica se jug6 alli el albur de la vida. Era necesario hacerse de municiones a costa de sangre. Se arranc6 un laurel a la victoria y provistas las cananas se asegur6 la Invasion. El Jibaro para mi significa mucho, si no la salvaci6n del pais, al menos la salvaci6n de una dpoca. UN TORBELLINO DE OPERACIONES Despu6s del Jibaro divide G6mez sus fuerzas y ordena a sus Tenientes invadir las zonas de Trinidad, Remedios, Sagua, Cienfuegos y San Clara, y para facilitar su marcha, desencadena como un torbellina la serie de rapidisimas operaciones, todas sobre la linea y de tan extrema violencia que permiten a Gonzilez Guerra marchar durante diez dias a invadir y ocupar la zona de Cienfuegos sin encontrar obsticulo alguno, ya que todas las columnas espanolas se arremolinaban en la linea sobre Maximo G6mez. Las operaciones de 6ste, fueron realizadas unas por 61 en persona y otras por su Teniente Cecilio Gonzalez; de ellas, para mejor dar una idea y como testimonio irrecusable, copiar6 algunas paginas del Brigadier espanol Acosta y Albear, que para su critica de esta campana, a mss de la autoridad que le presta su cargo en el ej6rcito espanol, su conocimiento de la guerra y de los lugares, ya que durante seis anos mand6 el batall6n "El Orden", de triste recuerdo, tuvo ademas a mano todos los telegramas y partes del Archivo de la Capitania General no publicados. G6mez pas6 la Trocha el 6, y hasta el 11, por su herida, no inici6 sus operaciones de enero. Dice el citado Acosta: Dia 11--Incendio del Ingenio Cucharas y de Casa Castillo, en Sancti-Spiritus. [ 32]

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Dia 11.-Toma y destrucci6n del pueblo y fuerte de Naranjo de cuya guarnici6n aparecen solo cuatro hombres. Dia 11.-Ataque al destacamento del Estero, donde nos hacen ocho prisioneros. Dia 11.-Ataque a las fuerzas que defendian el paso del Zaza, (1) que fud forzado. Tuvimos once muertos de arma blanca, centre ellos un CapitAn, y muchos heridos. Dia 16.-Incendio de los almacenes de Sagua la Chica. Dia 17.-Ataque y rendici6n de Ranchuelo. Dia 18.-Ataque, incendio y destrucci6n del Jibaro, el pueblo mis important de la jurisdicci6n despuds de la capital, y que fud reducido a cenizas, lo mismo que las muchas tiendas y almacenes que contaba, por ser punto de bastante comercio. Toda la guarnici6n fud prisionera y cien guerrilleros se pasaron al enemigo con armas y caballos, perdimos doscientos diez y seis armamentos de precision, cuarenta mil cdpsulas y muchos efectos de guerra. Dia 20.-Ataque, incendio y toma del fuerte Rio Grande y prisionera toda su guarnici6{. (Completamos esta nota del General espafiol con los datos del parte oficial de Gomez, que tambidn mand6 la operacidn. "Se ocuparon diez mil tiros. Se nos pasaron veinte y dos guerrilleros, cuarenta soldados de linea y se devolvieron los restantes prisioneros. Unos sesenta.") Dia 20.-Destrucci6n de los Bateyes de los ingenios "Serafina", "San Gil" y "San Isidro". Dia 26.-Ataque e incendio de Marroquin. (El jefe cubano, quo fud Cecilio Gonzilez, consign se le unen ciento veinte y ocho personas.) EL COMBATE DE CABAIGUAN Dia 26.-El enemigo ataca en CabaiguAn a la columna del Coronel Fortiln, compuesta del batalldn de Barcelona, Zaragoza, artilleria y regimiento de caballeria de Camajuani, que envuelto y cercado por complete tuvo que abrirse paso... Tuvimos muerto al Coronel Ponce de Ledn, de machete, gravemente herido al Comandante Mozoviejo, catorce muertos mds y muchos heridos. Se retire el enemigo, y cuando curAbamos los heridos y enterrdbamos los muertos lleg6 la columna del Coronel Cubas. De este combate, que fu6 con Maximo G6mez, y conocida la version espanola, damos la de G6mez, tal vez el soldado mas (1) El vado de Cataflo, llamado despuds "El paso de los Muertos". { 33 }

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modesto y exacto en sus partes oficiales, entre todos los que ha habido, cubanos y espafioles. Define el gran pensador militar Ardant du Picq al General: "Un Jefe debe unir la bravura resuelta y la impetuosidad a la prudencia y la sangre fria y esto es dificil." G6mez, por un dichoso equilibrio de sus facultades, armonizaba en el mas alto grado esas cualidades y analizando cualquiera de sus combates no se sabe que admirar mas en ellos, si su violencia y audacia en el ataque o el domino y la sangre fria con que los dirige y termina. De ello es ejemplo este encuentro de Cabaiguan. Dice G6mez en su part oficial: Al salir de CabaiguAn por el Quemadero encontrd una columna enemiga como de mil hombres que venia en mi misma direcci6n. Por la densa neblina que habia no pudo ser vista por los nuestros hasta no estar sobre ella, pero tan pronto fud reconocida, se le carg6 impetuosamente por nuestra vanguardia al mando del Coronel Gabriel Gonzilez, arrollando su caballeria que venia delante y hacidndoles muertos al machete y llegando hasta los cafiones... Me adelantd con el resto de la columna para examinar el terreno... Nuestros jinetes hacian fuego sobre los infantes enemigos que se agrupaban en desorden; repuestos 4stos, su infanteria ocup6 una cerca, lo que me oblige a retirarme, hacidndome entonces varios disparos de cafidn. Nuestras bajas, el alfdrez Luis Recio, muerto; heridos el teniente coronel Ochoa, capitdn Palomina y tres de tropa. Del anilisis de los detalles de este combate en que mutuamente se sorprendieron ambas tropas, resalta la superioridad de la famosa caballeria de Camaguey sobre los guerrilleros de Camajuani, que no en vano dijo Jimenez Castellanos en sus Estudios militares y textualmente: "La caballeria ligera del enemigo es capaz de competir con la mejor que haya." Tambien resalta su reaccion ofensiva ante la sorpresa, rara actitud en estos casos de toda tropa y frecuente en los cubanos cuando los mandaron esos grandes jefes que se llamaron Agramonte, G6mez o Maceo. Cualquiera otro, que no G6mez, en el impetu del ataque, con el 6xito iniciado por la huida de Camajuani, que es perseguido y acuchillado, ataca a la infanteria espaiola en posesion de la cerca de piedra y el brillante encuentro se hubiera trocado en descalabro. Mas que el impetu de la tropa de G6mez { 34 )

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hay que admirar la sangre fria de este, ordenando la retirada, y se impone confesar, senores, que G6mez cabfa de leno dentro de la definici6n del Coronel frances. Acosta y Albear: El General Concha en vista de los desastres acaecidos en el ataque por los insurrectos a fuertes y poblados reconviene al General Zea y ordena que todos los de vanguardia y retaguardia de la Trocha se abandonen para evitar sucesos como los de Naranjo, Jibaro y Rio Grande, orden que extiende a las Villas. Telegrafia a Marin, Comandande de Oriente, el grave peligro que ofrece la guerra en las Villas para que se desprenda de tropas y vuelve a telegrafiar a Zea dando gran importancia a la campafia, pero asegurando que no peligra la dominacion espafiola. El Ministro de la Guerra, Jovellar, cablegraffa al general Concha: No es nada lisonjetro el estado de las Villas, puesto que por lo que V. S. dice, el enemigo hareducido a cenizas los pueblos fortificados del Jibaro, Ranchuelo, Naranjo, Rio Grande y Marroquin, sin que las fuerzas enviadas en su persecucion lo hayan podido alcanzar. Aqui termina el mes de enero. Y en esos veinticuatro dias, de los que estuvo inactivo por su herida una semana G6mez, lo que hizo su prodigiosa actividad nos lo va a decir el Jefe espanol tantas veces citado: En veinte y cuatro dias, G6mez habia reducido a cenizas con rarisima excepcion, el territorio de Sancti-Spiritus; se habia paseado en todas direcciones, quemd pueblos, ingenios y caserios, no fu6 alcanzado ui batido en ningfin encuentro, porque el de CabaiguAn fud una emboscada en la que cayeron nuestras tropas. Habia tomado fuertes como el Jibaro, Rio Grande, Naranjo y otros. Habia hecho prisioneras sus guarniciones. Se le habian pasado guerrillas de mis de cien hombres y habia recogido armas y minuciones sin sufrir un solo revs. SOBRE LAS VILLAS OCCIDENTALES "No teniendo ya nada que hacer en Sancti-Spiritus, porque todo lo habia hecho, resolvi6 G6mez la invasion de las Villas OccidentaleR'" Esto, senores, no lo dice ningun mambi; lo dice un General espafiol que tom6 parte en la campaia. Prosigue Este: { 35]

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Febrero 14-El cabecilla Jose GonzAles penetra en la jurisdiccidn de Cienfuegos. Sale en busca de Gonzalez la guerrilla de Arimao y en poco tiempo se encuentra con el enemigo que la pone en complete dispersi6n, dejando doce muertos en el campo. Febrero 19-Incendio del poblado de Jicotea. Febrero 2.-Comandante de Villaclara, Brigadier Baile, forma una column de cerca de cuatrocientos hombres, entre artilleros, guerrilla y milicianos de Cardenas y de GUines. El Jefe de las fuerzas, Teniente Coronel Prado, sale en busca del enemigo, al que encuentra mandado por Jos6 Gonzalez, en nnmero de trescientos caballos y a los que casi sorprendi6, pues estaban dando agua al ganado.. No obstante, tras corto tiroteo, se puso en fuga nuestra caballeria y fueron macheteados y horriblemente mutilados doscientos artilleros. A este desastre sigui6: Febrero 3.-Toma e incendio del poblado de Ranchuelo e Ingento de San Andres. Ataque e incendio total del poblado de San Juan de los Yeras e ingenios Progreso, Fortuna, Caridad y otros que no nombra. Febrero 4.-Ataque e incendio del poblado de Jatibonico. Febrero 5.-Ataque e incendio de las Chambas. La guarnicl6n encerrada en el fuerte rechaz6 al enemigo, pero no pudo impedir que la poblacidn fuera incendiada. El Brigadier Valera, que lleg6 en su auxilio, pudo alcanzar al enemigo y sostuvo con 6l ligero tiroteo. El enemigo, segnn el primer parte dej6 site muertos; se han ido exagerando sus bajas hasta llegar al fabuloso guarismo de ciento cincuenta. Comento yo ahora: dice un tratadista militar frances: "Es curioso leer los hechos de armas contados por los vencedores (o soi disants) y los vencidos. No puede uno toner idea de que la verdad pueda estar de un lado y otro desfigurada con mis aplomo, sin hablar de la politica de la guerra, que disfraza los hechos con fines disciplinarios de moral." Esto explica, entre otros motivos, los legendarios partes espafioles de "por nuestra parte sin novedad". Nada mss comprobatorio que el parte de Chambas, urdido seguramente para que hiciera su efecto en la Habana y Madrid. El parte oficial de Cecilio Gonzalez, que fue el que atac6 el poblado, a Maximo G6mez, a quien no podia ocultar nada ni de seguro tendria interns en disminuir la impor{ 36}

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tancia del encuentro, dice "se rindi6 uno de los fuertes y se incendi6 easi todo el poblado. Tuve trees muertos y seis heridos y a las nueve de la mafiana toque retirada. Como a un cuarto de legua de la poblaci6n, me di6 alcance una column enemiga, pieindome ligeramente la retaguardia. Impedi sus movimientos colocando pequefios grupos en el rastro. No tuve bajas en estos ligeros tiroteos." He aqul a lo que se reducen los ciento eineuenta muertos de Valera y Concha: a ligeros tiroteos. En el peri6dico "La America Libre" y en el mes de marzo de 1874, aparece una curiosa lista de las muertes repetidamente sufridas por varios cabecillas. Aparece Calixto Garcia muerto seis veces; C. M. de Caspedes quince, y Maximo G6mez ; cuarenta y tres! LA MANIGUA COMO UN ARBOL El desconocimiento de las cosas de Cuba era tal en la Metr6poli, que un General espafiol, con fama de culto y versado en asuntos de Cuba, Manuel Salamanca, propuso en el afio 76, como mejor medio para terminar la guerra, talar la manigua, y decia: "como la Manigua es un firbol de tal diAmetro y tal altura, etc., etc. "... Crela el fogoso critico de Martinez Campos que la manigua era un frbol, algo asi como el Alcornoque o el Roble. Despuos de esta digresi6n, sigamos con Acosta y Albear: Febrero 6.-Ataque e incendio del poblado de Ojo de Agua. Febrero 7.-Telegrafia el Gobernador de Cienfuegos que ha sido reducido a cenizas el poblado de Arimao y que igual suerte han corrido los Ingenios Negrito y Gald6s. Febrero 7.-Incendio de los Ingenios San Jose, Rubi, Ramona, Santa Lucia y Panchita y ese mismo dia 7 sale el Capitin General para Villa Clara, distante doce horas de la Habana y revista al Regimiento Chapelgorris, de Guamutas, de los que muchos, seis dias despuds, caerian bajo el filo de los machetes de Josd GonzAlez. Orden al Brigadier Salcedo para que envie dos batallones y dos escuadronos del Principe y que incendie y abandon la trocha de San Miguel del Este. Comunica al General Marin la gravedad de las Villas y le pide varios de sus batallones. Contest Marin por teldgrafo que de[ 37 1

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signe ia parte del territorio que quiere abandoned al enemigo por no ser posible defenderlo todo, si envia los refuerzos. Febrero 10.-Comandante Militar de Sagua la Grande anuncia que arden los Ingenios Constancia, Dos Hermanos y Vila. Febrero 11.-Santa Rosa, Pelayo, Yaguas, Santa Maria y San Joaquin de Pedroso. Febrero 13.-Chapelgorris, de Guamutas, y movilizados de Lajas, al mando del Coronel Claudio Herrero salen en direccidn a Pedroso, dondp hace dos dias acampa Jose Gonzalez. Despuds de ligero tiroteo se dispersan nuestras fuerzas, que dejan en el campo cuarenta muertos (cincuenta y siete dice Gonzalez) y retiran varios heridos. (Affadimos nosotros que este combate, cerca de Matanzas, tuvo gran resonancia por la triste celebridad que estos voluntarios y su Jefe tuvieron, en uni6n de la feroz Guerrilla de la Muerte de Pancho Durante, cuando reprimieron el movimiento de Jaguey Grande en en el afio 69.) Febrero 14.-Caen los Ingenios Santa Catalina, San Jos6, Angelita, Aurelia, Gualmarito, Rosario y Buenavista, todos en Cienfuegos. Febrero 15.-Incendio del poblado de Lomas Grandes. Febrero 16.-El enemigo se apodera del fuerte de Guaos en Cienfuegos, rinde a la guarnicidn, da fuego al poblado y a los Ingenios Martina y Andreita en Villaclara. Febrero 17.-Ingenios Suragui y Bonachea. Febrero 18.-Segun telegrama de Sagua arden por completo San Jos6 de Torices y Sacramento de Mora. Febrero 19.-Comandante Militar de Cienfuegos telegrafia que arden Quesada, San Ant6n y Soledad. Febrero 20.-Comandante Militar de Santa Clara participa incendio del Ingenio Pastora, y al tomar el tren para la Habana el General Concha, en la misma Estaci6n recibe el part de que el destacamento de las Eras entreg6 sus armas al enemigo sin combatir y que puesto en libertad se ha presentado en Cienfuegos. Febrero 21.-Encuentro del Coronel Bonilla con Jos6 GonzAlez. Nosotros tuvimos veinte heridos y muchos contusos. (Sefialemos nosotros que entre las cinco o seis bajas que tuvieron los cubanos fud herido ligeramente el valeroso Jose GonzAlez Guerra, falleciendo el 26 de tdtanos.) Febrero 22.-Encuentro del batall6n de Baza. Tuvimos cuatro muertos y seis heridos. Todo esto ocurria en las Villas Occidentales, [ 38 1

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quo en las Orientales habian sucedido la dispersi6n de los Dragones de Arroyo Blanco el 22 de Febrero. Dispersi6n del destacamento de artilleros del fuerte Isleflo y en el mismo dia en que destituido embarcaba para la Peninsula el General Concha, recibe un parte de Zea, el que le comunica se ha rendido el fuerte de Marroquin y estAn sitiados por el enemigo los de Chambas, Guadalupe y Jatibonico. He aqui relatado por el Brigadier espanol y con los partes existentes en la Capitania General y desde luego no exactos, lo que fueron esos cuarenta y seis dias de operaciones de G6mez en su invasion a las Villas. Hemos usado esta fuente, aunque incompleta, ya que se omiten en ella muchos hechos que aparecen en el Boletin de la Guerra mambi, porque, tratando mi conferencia de vulgarizar entre los cubanos que la desconocen o desdenan, la operaci6n militar de mas vuelo y mas brillante que se realize en la guerra del 68, el testimonio de un militar espanol pone fuera de todd duda o discusi6n los resultados que tuvo. La verdad es que con mil hombres, tropa de G6mez, no se puede hacer mas contra 22 batallones que operaban en Las Villas. El efecto que esta fulminante campaia, coronada por el 6xito, en las pacificas Villas hizo en la opinion espaiola y en los integristas de la Colonia, lo traducen, a pesar de la censura, los periodicos de esa fecha. Diario de la Marina en su tan citado articulo del 5 de febrero del 75: la falange incendiaria de Maximo G6mez esta llamando a nuestras puertas con el porno de sus machetes y estA alumbrando nuestros campos con las llamas que levantan sus teas. En febrero 16.-En los dias transcurridos los machetes siguen derramando sangre de nuestros hermanos y la tea destruye fincas y poblados. La defensa de la Patria esta hoy en las Villas Occidentales. El mismo peri6dico propone en febrero 20 a la Junta Revolucionaria de New York, "que Maximo G6mez, el mas diestro y arrojado de los cabecillas rebeldes con tres o cuatro mil hombres de los suyos se bata con igual nnmero de espanoles, etc. etc.'" En la prensa extranjera, el Sun de mayo 6: mientras las autoridades de Cuba, y los drganos esclavistas han estado enganando al mundo y durante siete afios haciendo aparecer la insurrecci6n cubana debil e impotente, los patriotas cruzan la inex[ 39 1

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pugnable Trocha, invaden el santuario de los esclavistas, derrotan una tras otra las columnas espafiolas, las arrollan y avanzan con rdpida marcha aplicando la tea a todos sus Ingenios. Con este mes de febrero y con la caida de Concha, termina la invasion de Las Villas, cuya organizaci6n revolucionaria fu6 tan s6lida que la guerra ocup6 en ella el primer plano hasta el Zanj6n. EL MANDO DE VALMASEDA Asi, pues, como Martinez Campos en el 95 cay6 tambien Concha derribado por Maximo G6mez; lo sustituye Valmaseda, nuevo Weyler que tambien fracasa en sus empefios. Recibe Valmaseda el mando en 8 de mayo y para apreciar si fue o no ligera incursion como se ha dicho, la invasion del 75, sefialamos que en la misma semana de su desembarco el oro que habia bajado a doscientos once, subi6 a 235, con la noticia del incendio y destruccion en esa semana de doce Ingenios en Sagua y veinte y ocho en Cienfuegos, segnn parte oficial de Valmaseda al Ministro de Ultramar, al que dice en 14 de mayo, ocho dias despues de su desembarco: Puede decirse que en el Departamento Central s6lo existed bajo el dominio de Espafia la ciudad de Puerto Principe, que se hall sitiada por los enemigos, no muriendo de hambre sus habitantes por el F. C. de Nuevitas. En Oriente la extracci6n que alli se ha hecho de muchos batallones pars volar en auxilio de Las Villas ha hecho comenzar los desastres y derrotas pars nuestras columnas. Pero en su gravedad, el departamento de las Cinco Villas se coloca el primero, etc., etc." Al Rey Don Alfonso un dia despues: "No dude un instante en venir a salvar a Cuba, cuando es una cenefa roja el horizonte de sus campos... S6lo la mitad de su territorio productivo, mientras la otra mitad es un inmenso pante6n de leales y rebeldes, pero todos sibditos de Su Majestad.'" [40)

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LA CAMPARA DE GOMEZ CONTRA LOS INGENIOS Esta campana contra los ingenios que de tan terrible modo llev6 a cabo G6mez en su invasion, obedecfa a varios motivos. Uno de ellos, que todos los ingenios constitufan baluartes del integrismo, fortificados, guarnecidos de guerrillas que de su propio peculio sostenian los hacendados. Cada ingenio tenia en esa fecha treinta, cuarenta o mas hombres de guarnici6n que ganaban quince pesos al mes y la comida. Algunos hubo como el de las Canas, de Don Juan Poey, que en abril del 75 contaba cien hombres de guarnici6n. En carta a D. V. Tejera en el ano 76, le dice G6mez: "Combatimos aquf, contra un ejereito que lo componen dos clases, el soldado de linea que se bate y el voluntario hacendado que le da el pan. Tendremos para uno, balas y machete, para el otro, tiz6n.'" Los hacendados afrontaban tambi~n los recursos en dinero que podian y el primero de diciembre del ano 75, aparecen en la Gaceta las siguientes cantidades con que contribufan los ricos hacendados a cubrir el Empr6stito que hizo la Metr6poli para continuar la guerra: Jos6 Bar6 ................... $500.000.00 Julian Zulueta ............... .500.000.00 More, Ajuria y Co. ........... .300.000.00 Francisco Rosell ........ ..... .200.000.00 Manuel Calvo ................ 200.000.00 Francisco F. Ibinez........... .150.000.00 Sama ....................... 100.000.00 Ram6n Herrera .............. 100.000.00 J. Melgares .................. 50.000.00 Y en cantidades de $25.000.00 Juan Toraya, Marques de Sandoval, Conde de Canongo, Juan Poey, Juan Conill, Emeterio Zorrilla, etc., hasta cuatro millones y medio de pesos, reunidos en cuatro dias. UNA FRASE DEL GENERALISIMO Aunque sea una digresi6n queremos aqui referir una frase del General G6mez. Cuando la Intervenci6n militar, en-su tertulia del Calabazar, mi padre, que lo visitaba, viejo administra{ 41 )

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dor de Ingenios, los celebraba por lo que habian contribuido a la riqueza y cultura de Cuba. Maximo G6mez con su habitual tono autoritario le interrumpio: "j Que dice usted? El azncar ha sido y sera el mayor enemigo de la Independencia de Cuba! ;Dios quiera que los Ingenios no sean la desgracia de Cuba!" Esta amenazadora sentencia que pareci6 a todos dictada por el rencor que en la guerra les tuvo el Generalisimo, hoy parece, por desgracia, cumplida profecia. INFORME FINAL DE CAMPARA Tambien en ese mismo mes de mayo fecha Maximo G6mez su irforme de final de campana al Gobierno cubano. Con los elements de guerra arrebatados en el Jibaro, Rio Grande y otros Fuertes, a pesar de la persecuci6n del enemigo, cuyas columnas acampaban en mi rastro y sobre las cenizas de sus pueblos y trincheras, con estos elementos. cambi6 por completo la actitud del Ejercito Libertador, nutridas sus filas por la incorporaci6n de la columna de retaguardia de la Linea. Como resultado de la marcha progresiva de nuestra campana fuerzas en operaciones invadieron en poco tiempo las comarcas limitrofes. La organizaci6n del Gobierno Civil, bastante adelantada; y nuestras fuerzas quedan operando en las puertas de Occidente, habiendo llevado a cabo ligeras incursiones a esas comarcas. Vencida ya la campana de invierno me ocupo en preparar el plan que se debe ejecutar y como resultado de esta se han incorporado a las filas del Ejercito Libertador mil cuatrocientos hombres, dados de alta en las mismas; se han ocupado mil ciento doce fusiles Remington, ciento cuarenta mil tiros, mil trescientas monturas y dos mil doscientos caballos; se han incendiado ochenta y tres ingenios. A los resultados morales de la invasion de G6mez y a los materiales que consigna en su parte oficial, hay que anadir que traslado toda la importancia de la guerra a Las Villas, comarca que estaba pacifiacda. La estadistica del Boletin de la Guerra publicada en el periodico La Verdad consigna muertos en campana durante el ano 76: En Camaguey ...................... 14 En Oriente ......................... 24 En Las Villas....................... 180 [ 42 )

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Heridos: Camagney .......................... 33 Oriente ............................. 115 Las Villas .......................... 440 Y solo desde diciembre del 75 a mayo del 76, 112 nuevos Ingenios y 25 easerfos habian sido arrasados y las tropas espafiolas habian tenido 107 encuentros con los mambises de Maximo G6mez. JUICIOS MILITARES & Cual fu6 el juieio militar que tuvieron los expertos contemporaneos sobre esta campana? Enrique Collazo, militar mambi, el mas conceptuado para ello por su educaci6n t6enica, dice: El paso de la Trocha que iniciaba la invasion del territorio pacificado de las Villas, es el movimiento militar de mas importancia realizado por las fuerzas cubanas y se necesitaba toda la audacia del General Gomez para emprender operaci6n de tanta importancia con sus cananas casi vacias para hacer frente a los veinte y cuatro batallones espafioles, etc., etc.... La toma del Jibaro, que asegur6 la invasion. demuestra el talento militar que los mandaba. El General espafiol Acosta y Albear: para nadie es un misterio que la invasion de las Villas fue una inmensa desgracia y que la campaia que siguid a este suceso ha sido la mAs funesta de cuantas se han sucedido desde el grito rebelde que lanzaron en Yara los enemigos de la Patria. EL CORTEJO DE MALES Hora es ya de resefiar la serie de innobles sucesos que detuvieron esta marcha triunfal. En estos momentos y mientras espera G6mez los refuerzos de Oriente, ya que gravitaba sobre 61 todo el peso de las armas espafiolas, en el mes anterior, a fines de abril habian ocurrido los acontecimientos de las Lagunas de Varona y al cortejo de males [ 43}

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que a su ejemplo desmoralizador surgieron entre esos hombres que llevaban ya luchando siete anos, tiene G6mez, urgentemente lamado por su Gobierno, con este motivo, que abandonar Las Villas y marchar hasta las Tunas. De vuelta a su destino, amargado por tanto egoismo, decepcionado por la estnpida inconsciencia de jefes de relativo valer, que no tienen de la guerra otra noci6n que la del estrecho horizonte de su villorrio, presenta en agosto la renuncia de su cargo. Su patriotismo y las exhortaciones del Gobierno le hacen continuar en sus funciones. Incansable, forma nuevos planes, y en el aflo 76, con el contingente oriental que al fin llega con casi un anio de retraso, despues de las ruidosas operaciones del asalto a Villaclara, Ciego de Avila y Moron, del brillante combate de caballeria del Cafetal Gonzalez, piensa invadir a Matanzas llevando Jefes como Calvar, Mariano Torres, Rius Rivera y otros orientales, junto a la brillante pl6yade camagueyana. Apotrera mil caballos en Sancti-Spiritus para ellos y se prepara a tomar la ofensiva en la pr6xima seca, dando instrucciones a Cecilio Gonzalez, que en la extreme vanguardia, caido el heroico Reeve, se mantenia en Matanzas. Las fuerzas de Las Villas, a las que alent6 el fermento de las Lagunas de Varona, ya conocido de ellos, como antes se habian negado a obedecer a Antonio Maceo, declaran ahora que no sirven a las 6rdenes de Jefes como Julio Sanguily, Gabriel Gonzalez, Rafael Rodriguez, Enrique Mola, Manuel Suarez y otros, que como muy bien dijo G6mez, eran insustituibles y tienen estos que abandonar las tropas de su mando para marchar entristecidos a Camagiey; ya triunfantes los conjurados, a todo se atreven y exigen el 10 de octubre que tambien resigned el mando Gomez y lo entregue al General Roloff. El desorden lleg6 a su apogeo con la marcha de G6mez para Camaguey; su caballeria, que cuidadosamente mantenia en los potreros, desaparece en unos dias; las fuerzas se dispersan y desertan a su antojo; los Orientales, disgustados con esta repugnante anarquia, retornan a su provincia, y en fin, aquello es el caos. Dice Collazo: El motin militar de las Villas inicia el ultimo period y el primer sintoma de la muerte de la revoluci6n. El remedio del Gobierno agrar44 }

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v6 el mal. Sustituir al General M6ximo G6mez era, no dificil sino impossible, pues no habia entre nosotros quien uniera a las condiciones de mando, conocimiento de la guerra e inteligencia militar, el prestigio adquirido a costa de tantas victorias conseguidas sobre el enemigo. Asi, en conclusion, G6mez no s6lo invadio Las Villas, que estaban en paz, sino que encendi6 en ella la rebeli6n, de modo tal, que a pesar de lo expuesto, ally alent6 poderosa la revoluci6n hasta el Zanj6n y si hubiera existido, como en la nltima guerra, la unidad de mando, cosa indiscutida desde que dijo Napole6n: "Vale mas un General malo, que dos buenos'", y si se hubiera reforzado a G6mez, como pensaba, ya que Espana entera se traslad6 a Las Villas, y si hubiera tenido a mano esos elementos que faltaron en la hora de la crisis, nadie es capaz de saber lo que aquel hombre, de quien dijo Calixto Garcia (Lino Dou) "no se puede imaginar todo el partido que saca el General G6mez de una sola pareja"; nadie, como digo, puede presumir lo que hubiera sido capaz de hacer, aun cuando no hubiera legado al triunfo, porque como dijo Ardant du Picq, refiriendose a Zama, "el genio siempre tiene por limites lo imposible", y era imposible liberar a Cuba, no solo por el formidable ej6rcito espanol y porque con el estaba la mayoria de los cubanos, sino tambien porque los propios insurgentes colaboraban con inconsciencia fatal a esa obra, con sus intrigas y divisiones. Del estado de la guerra al abandonar G6mez a Las Villas dice Jim6nez Castellanos, exacto observador de la campana, en sus Estudios militares: en Las Villas desde Octubre del 76, si bien habian en ellas numerosas fuerzas insurrectas, estaban desorganizadas, con Jefes de poco o ningfn prestigio, sin unidad de accidn entre ellas y en completa disidencia con Sn gobierno... Una serie de insubordinaciones dieron por resultado que estos Jefes, que eran de lo mejor que tenia la insurrecci6n, tuvieran que dejar el mando y volver a Camaguey. Se ve, pues, que estaba muy bien informado de todo lo que sucedia, el alto mando espanol. [:45 1

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EL MAXIMO GOMEZ DE 1875 Del Maximo G6mez de aquella 6poca, en la plenitud de su edad, y al que no conocimos, se conservan retratos, uno de ellos publicado en el Correo de Ultrarnar en el ano 78, ofrece un puro y orgulloso perfil de ave de rapina, propio de los grandes soldados; y de los muchos contemporaneos que lo han hecho, damos aqui la descripcion de un cubano, testigo de sus hazanas: F. Figueredo, y el de un espanol, su adversario: Eugenio A. Flores, Ayudante de Martinez Campos. Dice Figueredo: MAximo G6mez es alto, delgado, trigueo con cabellos y bigotes muy negros, sus ojos negros tambidn, son vivos y penetrantes; brilld a la altura de Cspedes y Agramnote y casi no hay un hecho glorioso en la guerra de los diez afios al que no est6 unido su nombre. Eugenio A. Flores, que lo conoci6 cuando el Zanj6n: MAximo G6mez, sabido es que vi6 la luz primera en Santo Domingo. Ansioso de gloria para imperar, audaz y valiente, que no ev hora de regatearle esta condici6n, representa de cuarenta y seis a cuarenta y siete afos. Viste de paisano, traje de casimir muy usado, polainas negras, y no lleva insignia alguna y s6lo en la chapa del cintur6n de su machete se ven gravadas las armas de la titulada Reptblica. Su tipo es muy militar, de buena estatutra, delgado, algo calvo, usa periIla y bigote con algunas canas. Su carActer es franco y como buen espafiol, aunque reniegue de serlo, discute con calor. Las altas dotes militares que puso de relieve G6mez en su cstupenda campana, lo hicieron figurar desde entonces entre los grandes soldados de la militia de Hispano-America. Por derecho propio se codea G6mez con los mis altos, porque s6lo el genio, con tan escasos medios, frente a la tropa espanola, de la cual dijo 6l mismo "ky cuando no han sido valientes los espanoles ?", hubiera podido alcanzar exitos tan ruidosos, en que su habilidad y su inagotable inventiva, siempre encontraron recursos para burlar a su poderoso enemigo, tomar la ofensiva como norma y prodigar a diario los hechos heroicos como cosa corrientet, durante los trece anos que combati6 contra Espana en Cuba. G6mez, con la mss amplia vision en ambas guerras, tuvo siempre en todos sus planes, delante de si, la campana y no el [ 46 )

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combate, al que siempre consider un episodio y hay que insistir en este atributo de los grandes Capitanes, que abarcan no s61o lo que tienen delante sino todo el horizonte, cualidad rara entre los jefes cubanos. Jos6 Mir6 dice de el: Su porte y su fisonomia descubren en 61 la prosapia del conquistador audaz y temerarto... Su talento y sus maneras nos dicen que sus antecesores pertenecieron a los tercios castellanos de Extremadura y Huelva... G6mez nacid para la guerra, para dirigirla, y para mandar a los demAs hombres, ya fueran soldados de fila, ya oficiales de m6rito. La autoridad de G6mez se imponfa a todos; siempre era el General, el Director, el jefe absoluto y dominante. No tuvo mis que un rival: Antonio Maceo. Fu6, pues, Mtximo G6mez, militar famoso, caudillo ilustre en todos los 6rdenes de la noble profesidn de las armas, inteligente, osado, sagaz, emprendedor, temlble; pero tambidn hombre moral, integro, dem6crata, sincero y amante de los menesterosos. Un agudo observador que estuvo a su lado, hombre culto y de gran inteligencia, escribi6 de el: Audacia seria en los contemporineos formar juicto complete sobre el General M~ximo G6mez. Pero es obligacidn de los que de cerca le tratamos emitir nuestra impresidn sobre 6l, para que en el futuro los cubanos, si no es que estamos llamados a desaparecer como Nacidn, puedan juzgar al hombre insigne que inspired mds respeto que carifo y mis miedo que respeto. La natural brusquedad de su carActer, que 61 de intento exageraba para llegar mejor a sus fines, era Aspera corteza, en la que se estrellaban los entusiasmos nacidos al contemplarlo de lejos. Quien calificara al General G6mez como hombre de talento erraria el adjetivo; su poderosa inteligencia podria, con justicia, calificarse de genial; por eso en la guerra tuvo exito en el plan estratdgico, producto de su admirable intuici6n, de las necesidades dIe la campafia e hija de su experiencia de la guerra de los Diez Afos... Crefamos todos los que acompafiamos al General en Jefe en su paso por la Trocha en Diciembre del 96 que empezabamos la segunda invasi6n... Los de Oriente habulan visto alejarse aquel impetuoso caudillo que pudiendo hacer batirse a los otros, se lanzaba, nuevo Quijote, a dar el pecho a las balas en perennes combats y dias sin pan ni reposo, cuando tanta gloria o mayor podia alcanzar en estas bendvolas y c6modas comarcas, en las que se peleaba eligiendo el { 47 1

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momento y el terreno, con seguras retiradas, con bien ordenados Hospitales. Traspasado de dolor por la muerte heroic de su hijo, adusto por temperamento y por su modo de entender los deberes de General en Jefe, apenas salia de la exigua tienda en que encerraba sue actividades en aquellos dias. Me atrevi en una ocasidn en que lo note comunicativo a mostrar mi extrafieza por la inacci6n en que estdbamos en los potreros de Sancti-Spiritus y me quedd at6nito cuando le of declarar que nada estaba mAs lejos de su Animo que seguir a Occidente, ni abandonar aquel territoro, y su explicaci6n me pareci6 un ifesatino: 4"si voy para la Habana, se acaba la guerra en Occidente y le doy gusto a Weyler; aquellas comarcas estin casi agonizando y al ir yo, pocos recursos puedo llevarles en comparaci6n con los que van a disponer los espafioles para perseguirme; en cambio, si me quedo aqua obligo a Weyler a venir a buscarme, y como tiene mucha gente en Trochas y lineas militares que torpemente sostiene y no se atreve a abandonar, tendrA que sacar soldados de Pinar del Rio, Habana, Matanzas y Sagua para perseguirme; de este modo nuestras fuerzas, de esos territories se rehardn y tendrAn respiro, habidndolas yo ayudado a ello sin buscar golpes de efectos infitiles..." No me atrevi a discutirle lo que me parec16 absurdo... Mdximo G6mez, con intuicidn admirable habia adivinado el porvenir y antes de un mes tenfamos a cuarenta mil espafioles operando en fortisimas columnas, hacienda combinaciones pueriles para batir al General que durante mAs de un aflo se burl6 a mansalva de sus enemigos y lleg6 con sus fuerzas casi intactas hasta el final de la campafia. Esto dice el General Freyre de Andrade; sin embargo, bajo esa aspera corteza que senala Freyre, en el fondo de su caracter hosco y hurano, oculto por la ferrea armadura del soldado, lati6 uno de los corazones mas humanos y sentimentales. & No se detiene conmovido ante la nltima y moribunda mirada que su companero dc batallas, su caballo favorito, su fiel Cinco, acribillado a balazos, le dirige antes de morir? Cuando en mitol6gica hazaia, pisa el primero, junto con otro poeta, la tierra de Cuba en el 95, 1 no se arrodilla con ternura y la besa con amor, DOS LAGRIMAS Su devoci6n por la idea, por el simbolo, es patente en los misticos cuidados que guarda con su bandera del 68, la de Palo Seco y Las Villas precisamente. Quise ver yo aquella reliquia [ 48 1

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que custodia, es la palabra, su hijo Bernardo, y pude con intensa emoci6n contemplar aquel pedazo de tela que tantas cosas decia, hecha jirones por el tiempo y por las balas, maculada de sangre cubana seguramente; la que flames en Palo Seco y las Guhsimas, la que arrebat6 Enrique Mola a su abanderado en la carga del Cafetal GonzAlez. Allf conoci su historia. Cuando resign6 G6mez el mando del Tercer Cuerpo, recoge su bandera y envuelta en un saco la leva consigo al abandonar a Cuba, seguro de no volver a pisar nunca mas sus playas; la nltima noche que pasa en tierra, por azar ella le sirve de almohada. Muchos anos despu6s ordenando su archivo situado en el desvAn de su humilde casa, suben sus hijos y sorprenden al viejo de acero inclinado y absorto ante un trapo ennegrecido y deshecho, ante una vieja bandera que se extiende por delante de 61; cuando al ruido que hicieron levant el caudillo la cabeza, vieron que por aquellas duras facciones, modelo de energia, corrfan dos lAgrimas que trataba de ocultar. 1 Cuantas cosas de su pasado heroico evoc6 su vista al viejo soldado para enternecerlo asi!! 1 CuAntos panoramas de triunfo y de gloria revivieron sus destemidos colores en aquel hombre, autor de extraordinarias hazanas! Ese pedazo de trapo, en su miseria presente, le recordaba que hubo otro tiempo en que entre el humo y el estrepito de la batalla, poderoso y erguido, al frente de miles de hombres, desafi6 a los soldados de Espaia durante diez aios. LOS COMPAREROS DE LA EPOPEYA A su contemplaci6n se alzaron en su recuerdo los compaieros de la Epopeya, unos muertos, otros proscriptos y errantes, C6spedes, Agramonte, Reeve, Maceo, Calixto Garcia, Julio Sanguily. Toda aquella confusa vision de gloria y poder conmovi6 al hombre de bronce en su actual desamparo. Sin embargo, el Destino lo reservaba a 61 solo entre todos, para la Apoteosis. Si sus penetrantes ojos hubieran leido en el arcano de los tiempos, la hubieran visto enarbolada otra vez y por su mano misma, recorrer en triunfo, acompafiado del Teniente predilecto, de Maceo, la Isla entera, y despues, caidos todos sus viejos companeros, sega( 49 )

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dos por las balas implacables, C6spedes, Agramonte, Marti, los Maceo, Serafin Sanchez, Crombet, su mismo heroico hijo, quedara 61 por un milagro en pie, como la ceiba que respeta el rayo, para clavarla por su propia mano y al cabo de treinta anios de luchas, sobre la hispana fortaleza del Morro, donde hasta ahora, por lo menos, aun ondea esa banedra que 61 alli puso. LOS DETRACTORES En las guerras por la Independencia de Hispano-Am6rica, Bolivar, el mas desmesurado genio de la raza, tuvo sus detractores. El Doctor Florentino Gonzalez, patriota colombiano, companero de Bolivar, su frenetico admirador primero y despues enemigo implacable, supervivi6 al libertador en mas de treinta anos y hasta la hora de su muerte preguntaba indignado al coro de admiradores: "Senores: b por qu6 es grande Bolivar, Diganme: 1 por qu6 es grande," A los detractores de la gloria de G6mez, muy pocos por honor de Cuba, y que como Gonzalez preguntan: "g por qu6 es grande Maximo G6mez", se les puede responder con una frase del mismo Generalsimo contestando acusaciones de un su enemigo: "para hombres como yo, es bueno dejar a los hechos que hablen ellos solos", y los hechos ya han hablado. Es grande por cualquiera de sus fabulosas hazanas en la guerra de las Diez Anos, por su austera dignidad en la proscripci6n, por sus triunfos como General en Jefe en la guerra de los Tres Anos; es grande porque lo acataron con subordinado respeto figuras tan sobrehumanas como las de Marti y Maceo y en la paz que sigui6 a la guerra, en esa paz, fuente de inmoralidad, porque no marchit6 sus laureles, ya que en ella, su noble figura, orlada por la sabidurfa y el desinter6s, creci6 aun mis que en la guerra, si esto cabe. [ 50 1

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MAXIMO GOMEZ Y LA INVASION DEL 95

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PA.AR AS PRONUNCIADAS POR EL ACADMICo MIGUEL ANGEL CABBONELL, EL 17 DE JUNIo DE 1930, PARA SALUDAR, EN NOMBRE DE LA ACADEMIA, AL CONFERENCIANTE DOCTOR BENIGNO SOUZA. Senor Presidente; Senores Academicos; Senoras, senores: L nombre de Benigno Souza esta tan firmemente vinculado a mis dias todavi acercanos de adolescente, cuando 41 culminaba la gloria en la ciencia y yo irrumpia en las letras con mas suefios que ideas en la mente y con arrestos que los aflos, con no ser muchos, han convertido en cruces sobre mi coraz6n, aunque sin destruir lo que de permanente hay en 41 de amor a lo justo y a lo grande y de infinita indulgencia para todas las culpas y miserias de la endeble naturaleza humana, que no puedo pronunciarlo sino con labio devoto y gesto admirativo. Se reciben en la vida a menudo hondas desilusiones. Los rios a que nos asomamos con asombro en el arranque de la juventud, juzgandolos caudalosos, y los soles que deslumbraron nuestros ojos, nos parecen luego, en el andar del tiempo, toreiendo rumbos y descuajando anhelos, arroyos de aguas mansas o fuegos fatuos que se deshacen apenas parpadean. Duro es el tiempo tronchando en el espiritu ilusiones. Duros son la raz6n al afianzarse y el entendimiento al madurar, porque empujan hacia nuevas formal, orientan en opuestas idealidades, dibujan distintas perspectives y truecan exigente al conforme fabricandole alas que le levan a dudar de las ajenas. De ahl que obras que nos parecieron geniales al comenzar la ruta, las juzguemos t 3 1 E i0TCA 1f0ut G,31ANTES

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luego con labio desdefioso; que actiutdes admirativas, que estimaramos con un sincero caracter de permanencia, se traduzean hostiles. Y no es que variemos en nuestra sinceridad; es que crecemos en abarcamiento, y al nutrirse nuestro juicio y divisar mas amplios horizontes, ya no vemos tan en grande, porque miramos desde arriba. Pero no todo sufre esa metamorfosis. No todo se quebranta. Lo que es digno del laurel, seguira siendolo en el hoy y en el manana. El merito salva distancias de continentes y de siglos. Los verdaderos grandes hombres perduran a traves de las transiciones del individuo en su marcha ascendente a una actitud definitive. Asi Benigno Souza, el medico que ha escrutado con vision genial los secretos del organismo; el espiritu alerta a las palpitaciones del pensamiento, que ha paseado el mundo con la amplia comprensi6n del que sabe lo que ve y ve por donde va; tan nutrido en las artes y en las letras como en la propia discipline de su vocaci6n, por lo que pudiera profesar lo mismo Anatomia que Perspectiva o Historia; el que lleva sus valores con modestia s6lo comparable a la dadivosidad con que prodiga los tesoros de su ciencia, continna ligado a mi admriaci6n, que crece lejos de disminuir, porque ahora puedo apreciar mejor lo que significa su noble apostolado. Jubilosa se siente la Academia al contar en este acto, consagrado a rendir tributo de generosa recordacion al Generalisimo Maximo G6mez, el caudillo venerado a quien toc6 subrogar con nuevo potente calor de humanidad la arcaica armadura del Bolivar legendario que post-vi6, en el desastre de Casacoima, desplegada al mistil del Continente la bandera de la Repnblica; jubilosa se siente-repito-al contar con el concurso del doctor Souza, apasionado' por la Historia, sector en que sus conocimientos pasmanopor la precision y comprensi6n vastisima con que destaca en su conversaci6n animada los episodios de la vida universal. En la Historia de Cuba ha penetrado Souza con fervor. En posesi6n de documentos que servir.n 'maiana de norma para llegar a una apreciaci6n cabal del proceso revolucionario, ha podido aquilatar en todo su caracter y ii toda su [ 54 1

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grandeza la personalidad de Miximo G6mez, a quien conoci6 entre llamas, en el ingenio "Mi Rosa", donde fuera huesped de su padre en los dias inolvidables de la marcha invasora. A caballo, desnudo el curvo alfanje, iracundo sobre la silla de pelear, lo vi6 Souza en el teatro de sus proezas inmortales, y su admiraci6n qued6 para siempre encadenada a la gloria del viejo General. Luego, ahond6 en su pasado, apreci6 su desprendimiento, sopes6 su action en la manigua, vi6 sus defector, pero no le sorprendieron en su alcance, consciente de que en las vidas representativas todo es desproporcionado, y porque imperfecto todo lo creado, no se ha de medir en ellas la estatura por la ausencia de Lo negativo sino por el prevalecimiento de la voluntad virtuosa. Para hablar de un altruista, y MAximo Gomez Lo fu6 en grado superlativo, porque todo lo di6 a una tierra que no era la suya y supo mostrarse sobrio ante el manjar del poder, a la hora de la recompensa, no pudo contar la Academia con espiritu mas exceptional que el de Benigno Souza, en quien domina, por sobre toda otra caracteristica, la consoladora virtud del altruismo. No es Souza hombre sujeto a cinones inexorables. En su yo se derrama, oreindole los cauces del pensamiento, el amor en todas sus vastas acepciones. Sin ideal, la vida asfixia. Sin entusiasmo, el hombre es mero instrumento de toda bastardia por acomodamiento o abstenci6n. Sin emoci6n, el alma es jaula vacia a la que puede penetrar como huesped transitorio todo apetito. La palabra sin el acto es la falsia. La predica sin la sinceridad es la demagogia. Por saberlo pleno de ideales, capaz de la emocion, ajeno a todo egoismo, tan desdefioso de la impostura como del verbo en falsete, ni parad6jico, ni teatral, ni agitador de turibulos, la Academia saluda por mis labios con veneraci6n y con respeto al medico sabio que ahora mismo, honrari su tribuna y que bien puede cantar la gloria del miximo libertador. : 55 J

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MAXIMO GOMEZ -1897 Dibujo de GuLinde.

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MAXIMO G6MEZ Y LA INVASION DEL 95 CONFERENCIA LEIDA POR EL DOCTOR BENIGNO SOUZA Y RODRIGUEZ, EN LA ACADEMIA NACIONAL DE ARTEs Y LETRAs, EL 17 DE JUNIOR DE 1930. Senor Presidente; Senoras y seiores: EL 4 DE ENERO DE 1896 EN "MI ROSA" LAs diez de la noche del dia 4 de enero de 1895, y en la sala de la casa de vivienda del ingenio "Mi Rosa" en Quivican, la familia residente en ella rodeaba a varios oficiales espanoles que, sentados alrededor de la mesa de comer, deferentes ofan al que ocupaba la cabecera, joven general, atildado, elegante, de modales suaves y palabra reposada y amena. Era Este el general espanol Ram6n Echage, conde del Serrallo, que s6o hacia tres o cuatro horas, con la columna de su mando, unos dos mil hombres, y por su rastro, habia legado al citado ingenio detras de Maximo G6mez y Antonio Maceo, los que al frente de cuatro o einco mil hombres, con clamoroso estruendo, a banderas desplegadas y bandas de musical, habian estado durante mas de dos horas vigilando el pintoresco e interminable desfile de la column mambisa. Todo fu6 para nosotros, asombrados, teatral en ese memorable dia: a una decoraci6n [ "7 ]

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sucedia otra; a los cubanos, poco tiempo despues, la columna espafiola. Termin6 la comida copiosa y select (1), regada de escogidos vinos, Echagde, despues de la copita de coflac, encendi6 su aromatico veguero, y beatifico, entre azuladas nubes, saboreaba en aquel ambiente de tragico desastre su excelente comida, su placida sobremesa, sin parar mientes en el ifgubre panorama de llamas que lo rodeaba y muy bien percibia por las ventanas abiertas, en un horizonte que entero ardia con vivo resplandor, y donde un punto brillante, un ascua, marcaba a Gnira de Melena, incendiada tambien y sitio en que a esa hora y a seis kilometros escasos descansaban Gomez, Maceo y sus huestes; evidente prueba de la invasion que se instalaba con insolencia en plena provincia de la Habana. GOMEZ Y MACEO, UN ANGULO RECTO El general y sus compafieros, desentendidos de todo en aquella serena noche de invierno tropical, volvian con el recuerdo a su lejano pals, a Espana; hablaban de Madrid, de la politica; una palabra, una idea, un tema evocaban otro; alguien mencion6 a Canovas, y Echagiie, su ferviente admirador o su amigo, hizo su apologia, ho exalt6, y ante la ir6nica sonrisa del teniente coronel Moreno, sentado a su derecha, con palabra lenta y frecuentes pausas, decia: -" & No ho cree, eh? Pues mire usted, & quin en el problema de la guerra de Cuba, como el y de tan lejos, en dos palabras y en una sola formula, la ha definido mejor? No se puede olvidar que es Canovas el que ha dicho: "La guerra de Cuba es s6lo cuesti6n de dos balazos felices" (2); y eso seiores, eso es la guerra en Cuba. Esto que vemos es s6o la obra (1) La cocina de Echague era la mejor entre las de los generals espafioles. (2) Tambien dijo Cdnovas en su tertulia, y corrid por toda Espafia: "En Cuba no hay mds que un general, y dse es M.ximo G6mez"; palabras que fueron consignadas por Pi y Margall, en un articulo suyo, publicado en El Nuevo Rdgimen, de Madrid, del 30 de octubre de 1897. [ 58 ]

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de esos dos hombres que estin alli. "-Y senalaba con su mano a la Guira ardiendo.-" Nadie sino ellos hubiera arrastrado a esa horda hasta aqui." Y despues de una pausa, explic6: "Entre los dos forman un (ngulo recto y tienen naturalmente su fuerza." A la interrogadora mirada de Moreno y sus ayudantes anadi6: -"Si, seiores, G6mez y Maceo forman un angulo recto, porque el uno es el complemento del otro. El dominicano es todo astucia, es una zorra. El mulato, todo valor. El uno es la cabeza y el plan; el otro el brazo y la accion; de ahi sus fuerzas. senores; de ahi su exito." Estas palabras, este juicio de un adversario culto, dicho en aquellos momentos, se fij6 en mi mente y nunca mis lo he olvidado. Anos despu6s, el 24 de septiembre de 1899, en la velada funebre que el "Club Calixto Garcia" celebr6, en la sociedad "El Pilar", a la memoria de los dos caidos en Punta Brava, Maceo y Panchito G6mez, Manuel Sanguily, el primero de los oradores en esa noche, alzandose en la tribuna en que oficiaba a la serena altura de la historia, pronunci6 estas palabras, alusivas a Antonio Maceo, y que perdurarin eternamente: Adiestrado por Gomez, que de labrador lleg6 a ser un inspirado y sobresaliente estratdgico supo c6mo se invadian territorios......... .................................................... .................................................... por lo que identificado con su maestro y jefe, a extremo que si hubiera faltado alguno de ellos jams se realizara la estupenda empresa. Eso dijo Sanguily, nada amigo de G6mez entonces pero si de la justicia. Sanguily y Echagie, desde campos tan adversos, coincidian en cierto modo al juzgar a estos dos hombres tan extraordinarios en cualquier pais y en cualquier 6poca, y como es este tambien, senores, mi juicio, voy a tratar en esta conferencia de senalar lo que el uno y el otro, el maestro y el mas brillante de sus discipulos, tuvieron de coman en aquel movimiento. A mi, que lo percibi, que asisti a el como testigo en el centro de esta provincia de La Habana, aun me parece un canto de la Iliada. 1 59 1

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DESPUES DE LA INVASION TODO ERA ESPERAR Yo no voy a repetir nada de lo que al movimiento militar se refiere, tratado con excepcional competencia por el teniente Reina; pero si senalar la colaboraci6n que el uno y el otro, el General en jefe y su Lugarteniente, tuvieron en aquel movimiento militar que, como muy bien dijo uno de sus autores (G6mez), "despues de realizado, ya todo era cuesti6n de esperar". Sera un poco mon6tona la lectura de esta conferencia porque tendre que traer aqui algunos documentos probatorios, usar del archivo del general Maceo, de diarios de operaciones, etc. Mucho se ha discutido la paternidad de la invasion, cuando de 6sta se puede decir que tiene tantos padres que es lo mismo que si no fuera hija de nadie, y es, ademas, muy vieja; su proyecto arranca desde la guerra del 68; fue realizada por MAximo G6mez en el aflo 75, legando sus piquetes hasta Col6n, y a la fuerza tiene que habersele ocurrido sus ventajas hasta el mhs infimo y oscuro oficial mambi; pero la oportunidad, su organizacion, las 6rdenes para ella, las operaciones preliminares que la hicieron viable, eso si que es patrimonio del jefe que la orden6 y dirigi6 y que realmente es el padre de la criatura. LA REVOLUCION VARADA Cuando sobrevino la muerte de Marti, estaba localizada la rebeli6n en Oriente. Maximo G6mez, a quien el golpe hiri6 en el alma pero no amilan6, segun frase del general Mir6, decide su marcha a Camaguey, comarca que no habia respondido hasta entonces al movimiento, precisamente en espera de G6mez, movimiento que era ya general en Oriente y se empezaba a extender en las Villas. Dice Mir6: Ve a Maceo cuyas penalidades han sido mayores, concierta con 6l el plan sin desmontarse del caballo y continua la excursion, impulsado por una idea fija: sacar a flote la revoluci6n, que segnn frase de 61 (de G6mez) estaba "varada". Queremos, de paso, consignar que dudamos mucho de la exact titud de la version que, siguiendo a Enrique Collazo, copian [ 601

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easi todos los que relatan la entrevista de "La Mejorana'", celebrada entre Marti, G6mez y Maceo, solamente, y cuyos acuerdos se mantuvieron secretos. Collazo no vi6 ni a Marti ni a Maceo, nnicos que pudieran informarle; su version esta en desacuerdo con la de Mir6, mis autorizado que nadie por su puesto al lado de Maceo para saber lo que alli ocurrio, y cuando se publique el archivo del general G6mez, que una ineuria lamentable mantiene secreto, se sabra la verdad. Nosotros, a pesar de la autoridad de Collazo, tal vez el escritor que con mais sereno juicio ha tratado sobre las guerras de Cuba, opinamos con Mir6: Durante la travesia sufr16 decepciones, amarguras incontables; hubo en la pequefa hueste que le seguia conatos de sedici6n; aqudl fu oU via crucis; pero no desmay6. El viejo soldado, intrdpido siempre, escala la agria cuesta, y ya en la cumbre, echa al aire sus pendones, arenga a unos cuantos proscriptos que se le unen y abre la famosa jornada de Camaguey, timbre quiz. el mls honorifico de su vida militar. Ahora acaba de decirnos en su tienda que entre 6l y Maceo "tumbardn a Martinez Campos, cogiendolo desprevenido en los campos de Occidente. TUMBARON A MARTINEZ CAMPOS DESPREVENIDO En estas palabras del Generalisimo, que hay que subrayar, se encierra toda la clave de la invasion: es su sintesis. Tumbaron a Martinez Campos porque lo cogieron desprevenido. Queremos detenernos algo en esta primera fase de la futura invasion: la marcha de G6mez al Camagiey, porque es el indispensable pr6logo para que dsta pudiera llevarse a cabo: habia que sublevar al Principe; habia que soldar con este anillo Oriente a las Villas. Esta tarea ech6 sobre sus hombros aquel soldado admirable, en quien la guerra y el mando eran un instinto, ya que, segun la frase feliz de un pensador, en los hombres el instinto es el genio. Escogi6 Maximo G6mez s6lo veinte hombres para que lo escoltaran a la comarca donde multiplicaba Martinez Campos sus medios de seducci6n y seguridad militar, amontonando tropas para mantener esta tranquila; y es aqua oportuno senialar la caracteristica de G6mez, como jefe de operaciones, y que [ 61}

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servira para descifrar easi todas las suyas. Cada soldado ha tenido su fisonomfa propia; en los nuestros, Maceo era el lmpetu ardiente, el valor hecho hombre, la lfnea recta en la busca del enemigo; era, como acertadamente me deefa en conversaci6n el teniente Ren6 Reina, un soberbio general de choque. Gomez era frfo en sus planes, sinuoso, cultivador de la sorpresa, su maniobra favorita, la que preferia a todas. Espiaba, aguardaba, se oeultaba y desaparecfa para caer de repente y como el rayo sobre su presa asustada. Waste su car.cter lo complete la rapidez sucesiva de sus operaciones, tan rapidas muchas veces que parecen simultineas, y a esas cualidades, observaba el general Mario G. Menocal, unfa en el combate una bravura que nadie podia superar. Asta tambi6n es la opinion de un militar espaiol, su adversario muchas veces, el coronel Arminin. GOMEZ, DEVOTO DE LA SORPRESA En su larga y brillante historia militar durante la guerra de los diez anos, en la que fue jefe de fuerzas, utiliz6 tales cualidades siempre que pudo. En la primera de todas sus acciones, la famosa del Pino de Baire, se revel6 gran capitin macheteando por sorpresa la vanguardia de Quir6s. I Qu6 fue Palo Seco? Una sorpresa tambien. I Qu6 decide en su favor la suerte en Las Guisimas? Una sorpresa a la caballeria espanola. La memorable invasion de Las Villas, el ano 75, fu6 una serie de sorpresas, segnn el brigadier espanol Acosta y Albear. Y por fin, en la guerra de 1895, realiza la mayor y mejor explotada de sus sorpresas, que nada mis que eso fu6 la invasion del mismo ano, magna sorpresa para el alto mando espanol, que nunca crey6 en ella. En cambio, cuando el sorprendido era el, raras veces, porque en sus marchas y campamentos fu6 siempre modelo de previsi6n, su primer movimiento instintivo, su defensa, su reacci6n inmediata, era la agresi6n instantanea. (Acord6monos del Fuerte de Pelayo.) Tenia Miximo G6mez en alto grado el valor moral que defini6 Napole6n, el de las dos de la madrugada, y explicaba diciendo que era el valor de improviso y de lo impre[ 62 1

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visto. El escritor militar Ardant Du Picq, analiza la sorpresa en sus estudios del combate y dice: Cuando las armas son iguales de una parte y otra, la inica manera de poner la suerte del lado de uno es sorprender; el hombre sorprendido tienie necesidad de tiempo para ver claro y ponerse a la defensa; durante ese instante de la sorpresa es muerto, si no huye. Generalmente, el adversario sorprendido no se defiende; trata de huir. La sorpresa sola no es la guerra, pero es siempre uno de loa medios, aun hoy, el mejor. G6mez, que seguramente no estudi6 al tratadista frances, sabMa todo esto tan bien como 61, y de ahf su devoci6n por esa modalidad del combate: la sorpresa. R1 podia hacerse acompanar por cuantos hombres quisiera; era el general en jefe, y en esos momentos, muerto Marti, jefe superior del moviminto; pero prefiri6 s6lo esos veinte hombres para mejor desaparecer. Despues de Dos Rios, nadie sabe nada de G6mez; los periodicos espafioles, los jefes de operaciones, lo creen muerto o gravemente herido; durante tres semanas toma cuerpo este rumor, y no hay mis para persuadirse de ello que recorrer la prensa de aquellos dias, las interviews publicadas con los jefes espanoles, con el general Salcedo, por ejemplo. Risuenas esperanzas sostienen a Martinez Campos; son los nltimos fulgores de una estrella, feliz hasta entonces, que apagaron para siempre, en Cuba, G6mez y Maceo. Ademis, los viejos jefes militares del Camaguey no quieren la guerra; menos un punto negro, el marquis de Santa Lucia, todo es confianza y tranquilidad. (V6anse las correspondencias de periodicos y algunas cartas particulares, entre 6stas dltimas, una del doctor Wenceslao Gilvez a su tio, publicadas por el capitan Llaverfas.) MARTINEZ CAMPOS CUIDA DE CAMAGOEY Martinez Campos, para mejor guardar la paz en su provincia de Camagiey, marcha para ella y lleva nuevos refuerzos. Se instala en Puerto Principe, y el dia 17 de junior, de repente, en medio de aquella idilica Arcadia, en sus barbas mismas, irrumpe como un tif6n el viejo caudillo, que destruye y toma a [ 63 1

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Altagracia, cuyas ruins humeantes y cuya guarnici6n muerta o dispersa muestran, al otro dia, al Capitan General espaiiol que aquel golpe que destruye sus ilusiones lleva la marca de G6mez. Patente ya su resurrecci6n, trata de coordinar sus fuerzas y perseguirle; pero G6mez, como le es habitual, no le da tiempo; dos dias despues, grave noticia. El Mulato se ha rendido con su guarnici6n a Maximo G6mez; sale Martinez Campos para Nuevitas en demanda de refuerzos, y antes de embarcar lo despide G6mez dispersando a machetazos la guerrilla del capitan Agiiero en "La Larga". Setenta guerrilleros prueban el filo de los machetes camagieyanos. (Boza.) Inmediatamente despues otra mala nueva. El poblado de San Jer6nimo se rinde tambien con su guarnici6n a los alzados. De modo que en resumen y con cita de fechas: Dia 5 de junio. Vadea G6mez el Jobabo con algo mis de cien hombres. Dia 10. Se une al grupo del Marques de Santa Lucia. Dia 17. Asalta e incendia a Altagracia, casi a la vista de la ciudad. Dia 19. Rendici6n de El Mulato. Dia 21. Macheteo de La Larga, y horas despues, rendici6n de San Jer6nimo. De ahi marcha al Este, habiendo descrito, como dice 6l mismo, un circulo en cuyo centro esta la capital. SU NOMBRE ES UNA EPOPEYA A las noticias de estas operaciones se estremece la comarca camagiieyana, porque de todos los puntos de su horizonte surge Maximo G6mez, "cuyo s6lo nombre es una epopeya'", como dijo el periodico El Criollo; porque es su nombre el agudo son del clarin de Palo Seco y del Naranjo que viene a tocar lamada y tropa ante los muros de la vetusta ciudad colonial; son las viejas y descoloridas banderas de las Guasimas y la Sacra, que, deshechas y temblorosas, entran tambien en la liza tremoladas por la misma mano que las alz6 triunfantes en la decada gloriosa; al conjuro de su voz, electrico escalofrio recorre a Camaguey, que se subleva entero y corre a formar en las filas del milagroso y viejo caudillo. La juventud toda, con su Marques al frente, los Sanchez Agramonte, los Recio, los Boza, los Varo[64]

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na, los Vega, Silva y tantos otros, hasta los niios (Miguelito Varona, mi tarde su ayudante, contaba entonces solo trece afios de edad). G6mez, tranquilo, aprovecha su sorpresa, y organiza esa juventud, labor en que, justo es decirlo, lo auxilian el Marques, al que encarga los asuntos civiles, y el doctor Eugenio Sanchez Agramonte, en cuyas manos pone la Hacienda de la Revoluci6n (3). Martinez Campos escribe en 8 de junio al Ministro de Ultramar, Castellanos: Desde que presume que G6mez podia ir a Oriente (debe decir Occidente) .no empec6 a mostrar mis temores? ZNo decia que serfa como duplicar la fuerza de la guerra? LO al menos dividir mis medios? Tenfa esperanzas de evitarlo; pero afiadia: si quiere pasar, pasari y al hacer estas afirmaciones me fundaba en la experiencia que tenia de la otra guerra y en el conocimiento de los medlos de G6mez. En la misma carta y mas adelante: Sin el pase de G6mez al Principe, que confess y confieso fu6 un fracaso para ml, esos cinco batallones que he enviado al Principe, otros cuatro a Las Villas, mis los diez escuadrones, los hubiera metido en Bayamo y Santiago de Cuba, y sin tener que atender al Principe y Las Villas, hubiera reducido tal vez a bandolerismo las partidas de Oriente. ZNo indicaba yo que la entrada de G6mez en el Principe llamaria a Sanchez y Roloff a Las Villas? Esto que expone el Capitan General espaiol es mas elocuente que todo lo que en floor de G6mez y su campafia inmortal pueda decirse. Me he detenido algo en esta que se puede llamar primera fase de la invasion a Occidente, por la importancia que tuvo para la marcha futura de la guerra. GOMEZ ORDENA LA INVASION Desde alli, fechada en el Cascar6n, a 30 de junio de 1895, y en documento que poseo de gran valor hist6rico y que exhibo a ustedes, "ordena" G6mez de modo preciso a su Lugarteniente la (3) Fud de tal importancia la invasion del Camaguey por Gdmez, que Martinez Campos envid por cable su dimisidn a Madrid, la que no le fud aceptada por C.novas. [6S]

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invasi6n a Occidente y anticipa en sintesis la probable marcha de los sucesos que despues subsiguieron. La importante comunicaci6n, copiada a la letra, dice asi: Cuartel del Ejdrcito Libertador.-El Cascardn, Camaguey, junior 30 de 1895. Al Mayor General A. Maceo, Jefe del Primer Cuerpo de Ej~rcito. General: La rapidez con que tengo que moverme en esta comarca para aprovechar estos momentos preciosos; la aglomeraci6n de asuntos que me rodean y, sobre todo, el mis important, el de organizaci6n, no me dejan tiempo para narrar con todas las circunstancias dificiles mi marcha a esta comarca no sublevada, y escoltado por 20 hombres, que dado lo dificil y peligroso de mi marcha, por dos veces se propusieron abandonarme. Al fin, despuds de burlar la persecuci6n del enemigo, que habia situado fuerzas considerables en todas las encrucijadas que sospechaba podia yo cruzar, logrd pasar el Jobabo el dia 5 y entrd en la comarca camagueyana ya con 100 hombres de partidas sueltas que se me iban incorporando a mi paso por la jurisdicci6n de las Tunas. El mismo dia, por una feliz coincidencia, levantaba la bandera de la Republica, acompaiado de 50 jdvenes, el benemdrito patriota Salvador Cisneros. Cuatro dias despuds nos dbamos el abrazo de compafieros Cisneros y yo. El enemigo, aturdido y ddbil, no pudo en aquel instante ni ha podido aun siquiera perseguirme, y mucho menos impedir la primer operaci6n que me propuse ejecutar. Describiendo un circulo por toda la comarca para levantar el espiritu, ataqud al pueblo de Altagracia en la line fdrrea, que fud reducido a cenizas, y seguidamente, continuando por el Oeste, hemos tomado el campamento del Mulato y pueblo de San Jer6nimo, que nos han dado diez mil tiros y 100 armas con un rico botin; ademus, 110 soldados perdonados y devueltos a sus filas. Hoy he cerrado el circulo adonde part para esta operaci6n y despacho la fuerza auxiliar para que opere en Las Tunas. El enemigo estA a la defensiva en la ciudad y el general Campos ha salido para La Habana en reclamo de refuerzos. Mientras tanto, organizo 500 jinetes y la comarca estA respondiendo al reclamo de los libres. Por esto, es urgente que usted prepare un contingente lo mds pronto que pueda y con jefes escogidos y experimentados trate de incorpordrseme cuanto antes para que demos el golpe definitivo en Occidente, [ 66 ]

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donde se nos espera. En el mismo sentido escribo al general Masd jefe del Segundo Cuerpo (4). He dispuesto y protegido desde aqua los levantamientos de Las Villas, y los valientes que alli se han alzado esperan ansiosos que yo y usted emprendamos la marcha para aquella comarca. Solamente empujado por circunstancias fortuitas emprenderia la marcha sin esperar su valioso concurso, y siempre serd mi prop6sito esperarlo para asegurar el dxito y compartir La gloria. Espero que me anticipe aviso, asi como me imponga de su situaci6n, pues aun no he recibido ninguna comunicacidn de usted, aunque por la prensa enemiga me entero de sus operaciones. Con Patria y Libertad, El General en Jefe, M. Gdmes.: P. D.-(De su puflo y letra). Mi querido amigo: No me deje a Joad. Yo creo que usted puede dear al Oriente con guerrillas y venir con el gran ejdrcito de Alejandro Magno". "SU INDISCUTIBLE SUPERIORIDAD" La carta se comenta sola. Es perentoria y concluyente; esth fechada en 30 de junior de 1895, es decir, cuando la suprema autoridad de los alzados en armas lo era s61o Maximo G6mez, general en jefe provisional por el voto de los jefes del 68, a la cabeza de los cuales figuraba Antonio Maceo, que en acre comunicaci6n que lleva el ndmero 150 folio 85, primer libro del archivo de Maceo, al Secretario de la Guerra, fechada en Consuegra en 19 de noviembre, dice: Cuanto al mando supremo del Ejdrcito que asume el Mayor General Miximo G6mez, no es para mi noticia nueva; yo fui el primero, en el destierro, en darle mis sufragios y acatar su autoridad, porque reconocia como reconozco en 6l su indiscutible superioridad. El Gobierno revolucionario no fue elegido ni tom6 posesi6n sino el 19 de septiembre del 95, a las nueve de la mariana, es de(4) Lo subrayado lo ha sido por mi, para indicar quo en esas palabras esta el germen de la invasion a Occidente. No creo que en la entrevista de La Mejorana, sobre la que tanto se ha fantaseado y mentido, se tratara de la gran invasion aludida, y si de la de Camaguey, en aquellos dias de mayo de 1895 todavia en plena paz. [67)

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eir, tres meses despues de la orden terminante de Mhximo G6mez a sus dos tenientes Antonio Maceo y Bartolom6 Mas6. Como vemos, la version de que fue este movimiento de la iniciativa del Gobierno revolucionario, se comprueba que es erronea. La orden estaba dada por quien podia darla, en documento oficial y recibida por Maceo tres meses antes del nacimiento del Gobierno de la Revoluci6n. )ste se encontr6 con ella vigente a su advenimiento, y era natural, muy natural, que no se iba a oponer a su cumplimiento; logicamente la apoy6, sobre todo, el Marques de Santa Lucia, pero ni siquiera la inspire, porque lo que aun no existe nada puede inspirar. Era necesario pasar a Las Villas para disponer y organizar el contingente con que esta region, donde pululaban las partidas insurrectas. iba a contribuir a la invasion; pero adem s queria Mlaximo G6mez, siempre previsor, anticiparse a la entrada en eseena de los veintid6s batallones peninsulares, quinta expedici6n de tropas espanolas pnblicamente anunciada en todos los periodicos. y que seguramente usaria Martinez Campos en Las Villas. Ansioso, pues, en adelantarse a su adversario, que iba en breve a disponer de tan eficaz refuerzo, dice en 12 de agosto del 95 a su Lugarteniente, en comunicaci6n fechada en Najasa, y que muestro a ustedes: El enemigo seguramente reforzari las fuerzas suyas en Las Villas y no debe darsele tiempo a que se ensefioree de aquel territorio. Piensa antes de poco marchar para alli. Aunque estamos escasos de jefes experimentados, ya he enseniado un poco a defenderse y ofender a los que dejare aqui, y no sera muy necesaria mi presencia en esta comarca. CRUZA GOMEZ LA TROCHA Detenido por las demoras en la constitution del Gobierno, que no se hizo sino en 19 de septiembre, cruz6 Gomez la trocha military el 30 de octubre, no s6lo a los objetos expuestos, sino tambien para llamar con fines estrategicos la ateneidn de los espanoles sobre si y facilitar la marcha a Maceo, al que dice en 21 de noviembre: [68 ]

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Me extraa que nuted, cuyo carActer tengo bien conocido, no hays procedido con un poco mAs de energia haciendo cumplir mis 6rdenes. Mi presencia en esta comarca ha obligado al enemigo a concentrarse, mientras que yo, por mi parte, me he concretado a los movimientos que lo obliguen a mantenerse en esa actitud, a la vez que conservo enteras nuestras fuerzas para proteger, como lo estoy haciendo, el avance de usted. He logrado botar al Oeste del Zaza mAs de 4,000 espafioles que esperaban batirme en la zona de Ciego de Avila; despuds de dejarlos entretenidos por alli, cafa sobre su retaguardia, tomdndoles el campamento de Pelayo. Mas tarde, fechada en Primer Hoyo, el 29 de noviembre, deci a: Como es probable que esta comunicacidn lo encuentre en marcha, procure continuarla por el rumbo mismo en que yo la hice, consultindose con prActicos como el comandante Tranquilino Cervantes; siguiendo ese itinerario; ya yo sd por d6nde debo salirle al encuentro. Del hist6rico Baragua emprende marcha la columna que se llam6 invasora el dia 22 de octubre del 95, y es 6sta tambien la oportunidad de rectificar un error que frecuentemente se comete al resefiar este movimiento. La invasion, tomando el valor militar que tiene el t&rmino como operation de guerra, "consiste en irrumpir'en pals enemigo o extranjero en hostilidad ordenada y con movimientos estrategicos para saquear o poseer'". (Diccionario Militar, Nicolas Estevanez.) No fueron las comareas de Oriente y Camaguey, donde los que en realidad imperaban eran los insurrectos, donde residia patriareal su gobierno, sus organizaciones civiles funcionaban con toda seguridad, donde numerosas familias, aun las mas acomodadas, moraban sin molestia alguna, y donde, en fin, estaban los espafioles a la defensiva, puesto que habian trasladado el peso de las operaciones militares a Las Villas; no era no, Oriente, pais extranjero para las huestes cubanas, que marchaban por territorio en que tenian sus armas domino, y si Occidente, pais enemigo, extranjero, y eso es tan exacto, que en documentos de la 6poca se la denomina invasion a Occidente y no invasion a Las Villas. (691

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EMPEZ6 EN LAS VILLAS OCCIDENTALES La comarca a invadir empezaba en Matanzas, o cuando mas, en Las Villas occidentales, y si es exacto que la columna completada en Mala Noche era invasora por su funci6n ulterior, esta, es decir, la invasion propiamente dicha, no empez6 hasta que, unida con la otra columna invasora, la que prepare y organize G6mez en Las Villas, emprendi6 junto con ella su marcha a Occidente; por cierto que mayor contingente aportaron a su formaci6n definitiva los villarenios que los orientales, hecho que generalmente tampoco se reseia. Formaron en ella, con sus fuerzas: Serafin Sanchez, Pedro Diaz, Basilio Guerra, Jos6 Loreto Cepero, Juan Bruno Zayas, Roberto Bermudez, Cayito Alvarez, Antonio y Vicente Nnnez, Joaquin Rodriguez, Pancho Perez y otros, a los que hay que afiadir la escolta del general en jefe, integrada por hombres del Camaguey (alrededor de cien hombres), y mas tarde, las fuerzas de Matanzas. El 29 de noviembre, en Lazaro L6pez, se encuentran, al fin, Maximo G6mez y su Lugarteniente, "abrazandose los dos caudilbos en medio de las exclamaciones ms expresivas de entusiasmo en que prorrumpieron las dos tropas fraternalmente confundidas en aquel abrazo que simbolizaba tantas cosas." (Mir6.) All se veian por primera vez unidos los montaneses de Guantanamo y los montunos de Manzanillo y Bayamo con los hijos de Sancti Spiritus y Trinidad. jLLEGAREMOS HASTA LOS CONFINES DE OCCIDENTE! El 30 de noviembre, a las siete de la manana, antes de emprender la marcha, "G6mez se adelanta a caballo, impone silencio con un ademan y saluda al Ejercito Libertador en una arenga cuyos acentos penetran en todos los corazones como agudos toques de clarin" (Mir6) .He aqui la martial alocuci6n del heroico anciano a sus huestes: En estas filas, que veo tan nutridas, la muerte abrird grandes claros. No os esperan recompensas, sino sufrimientos y trabajos. El enemigo es fuerte y tenaz. El dia que no haya combate serf un dia per[70 }

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dido o mal empleado. El triunfo s6lo puede obtenerse derramando mucha sangre. ;Soldados! No os espante la destruccidn del pals, no os extraiie la muerte en el campo de batalla; espantaos, sI, ante la horrible idea del porvenir de Cuba si por casualidad llega Espana a vencer en esta contienda. Los manes de tantas victims inmoladas os exhortan a que luchdis con decision y vigor para que la rapidez del triunfo no dd ocasi6n a levantar nuevos cadalsos. Poco se ha hecho hasta ahora, poco hemos andado, no estamos ann en Las Villas, donde nos esperan las grandes peleas. Esta guerra no registra mis que dos acontecimientos notables: la acci6n de Peralejo y la expedici6n del General Roloff. Espana manda para combatirnos al mis experto de sus generales. Y bien, con eso demuestra nuestra pujanza, porque empieza ahora por donde acab6 la otra vez. Yo le auguro a Martinez Campos un fracaso cabal, que empez6 para 61 en la sabana de Peralejo; prondstico que se habra de cumplir al llegar los invasores a las puertas de La Habana con la bandera victoriosa, entre el humo del incendio y el estr4pito de la fusileria. ;Soldados! iLlegaremos hasta los confines de Occidente, hasta donde haya tierra espaiiola! (Recogida por el general Mir6). "BUSCANDO FRENTE LIMPIO" Nombra el Generalisimo, que habia dejado a su jefe de Estado Mayor general Vega en Camagney, a Antonio Maceo jefe del Cuarto y Quinto Cuerpos y le da la direcci6n de la columna expedicionaria y lo anexo a organizaci6n, orden interna, etc. (Mir6.) Y en su lac6nico y pintoresco l6xico mambi, seniala el plan que se ha de seguir y que resume la estrategia de su marcha: "No importa retaguardia o flanco sucio, buscando frente limpio.'' Elijo la mayor parte do las citas que incluyo aqui de las Cr6nicas de la Guerra, del general Mir6, Jefe de Estado Mayor de Maceo, y cuyo testimonio tiene ese valor. 19 de Dicienbre.-Combate, o mejor, escaramuza con Suarez Valdes, en cuya columna iba como agregado el oficial ingles que es hoy Lord Churchill. Dice Mir6: Muy conocedor el General G6mez de aquella comarca desde la otra guerra y al corriente de la manera de operar de Sudrez Valdes, {71]

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encamind nuestra column hacia Trilladeritas, campamento que dej6 el adversario al dirigirse al nuestro en La Reforma, convencido de que para el general espaflol era suficiente victoria la ocupacidn de Rio Grande. De resultar comprobada Ia prediccidn de nuestro caudillo nos hallariamos al dia siguiente en Las Villas, sin ser hostilizados por la columna de Su~rez Valdds. Augurio del viejo estratega que exactamente se cumplid. GOMEZ ORDENA A MACEO 3 de Diciembre.-Iguara (Mir6) : Iba a vanguardia con la caballeria de Sancti Spiritus el General G6mez... Fud avisado por un campesino de que habia pernoctado alli una column espailola y que retornaba a Sancti Spiritus hallAndose en marcha en esos momentos, que Ilevaba muchas ac6milas. G6mez env16 un yudante a Maceo, que se encontraba en el vado del rio, para decirle que no queria desperdiciar la ocasi6n de batir aquella columna, situando las fuerzas a vanguardia por el frente... (Boza): En estos momentos se entrevistan nuestros dos grandes jefes; aquellos dos soldados batalladores, el viejo blanco y el mulato oven, el uno por el frente y flanco izquierdo, el otro por el flanco izquierdo, atacan al enemigo. 5 de Diciembre.-Se separa el Gobierno y marcha para Oriente. 9 de Diciembre.-Casa de Teja (Mir6): Al cruzar por Fomento queda Maceo en observaci6n y con las fuerzas de retaguardia. Fuego a vanguardia en Casa de Teja, y avisado el General G6mez por un oficial, retrocede con la escolta y dos escuadrones y ya con este medio la resistencia toma otro car~cter.. 11 y 13 de Diciembre.-Manicaragua (Mir6) : Maceo con su escolta y Regimiento Cdspedes, contiene el avance de la column espaflola. 12 de Diciembre.-El Quirro (Boza): El General en Jefe emprende marcha por caminos malisimos y estrechos con el grueso de las fuerzas. El Lugarteniente queda a retaguardia conteniendo al enemigo. [ 72 ]

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15 de Diciembre.-Nadie como Gomez, profundo conocedor de la psicologia del combate y de la guerra, sabla el aserto del tratadista military que dijo: El arte de la guerra sufre numerosas modificaciones en relacidn con los progress industriales y cientificos. Pero hay una cosa que no cambia jamAs, y esa es el coraz6n del hombre, siendo en ultimo tdrmino el combat un asunto de moral. ORIGEN DE MAL TIEMPO Nadie mejor que el conocla los miserables medios en hombres y elementos de guerra con que iba a emprender, contra ciento ochenta mil (5) soldados de Martinez Campos, la tarea de atravesar, en lucha constante, doscientas leguas de comarca enemiga. No tenia, frente al valor nunca desmentido de la infanteria espafiola, frente, a los canones modernos, fusiles de repetici6n, barcos, ferrocarriles, tel6grafos y el dinero en profusion de que disponfa Martinez Campos; no tenia mss, para acometer esta empresa, que su audaz e incomparable genio militar y el inmenso coraz6n de su segundo: Maceo. Con ellos solos entraba en la liza y queria encubrir o camouflear su pobreza con un golpe que hiciera tambalear de entrada a su adversario y pusiera circunspecci6n prudente en las columnas espanolas y exaltara el animo de los suyos. Este fu6 el origen de Mal Tiempo. G6mez tambien sabia, y lo demostr6 en sus trece aiios de diario combate contra los jefes espanoles, que la mejor defensa es la agresi6n, y es por eso que jams inici6 una operaci6n, una campafia, sin preludiarla con golpes brillantes, de los que tan devoto era. En su invasion a Guantanamo fu6 La Indiana, la heroica y terrible Indiana, el primer nudo que quiso cortar. En Camaguey, Nuevitas y Santa Cruz del Sur prologan a Palo Seco. En la invasion del 75 elige el fortificado campamento del Jibaro para iniciar sus operaciones. Hemos resefiado sus rapidisimos golpes en el Principe durante esta guerra, y como fu6 siempre 6sta su psicologia de soldado, de ahM su deseo de ani(5) Entre soldados, guerrilleros y voluntarios. (73]

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quilar y destruir una columna espanola como introito de la invasi6n, deseo que patentiz6 en todos aquellos momentos que le parecieron favorables a ese objeto. De ahi su orden a Maceo en Iguari de irle arriba a la columna de Segura; la proximidad del poblado donde se refugio y la pericia con que el coronel espanol hizo su retirada bajo la protecci6n de los fuertes, frustraron este prop6sito. GRAN SOLDADO DE CABALLERIA El fugaz momento que ansioso espiaba su heroico espiritu se presenta, al fin, en la maiana del 15 de diciembre, ya en Las Villas occidentales, en el famoso campo de Mal Tiempo. Mal Tiempo, Palo Seco del 95, tipico combate de caballeria al modo de G6mez, arma en cuyo manejo no tuvo entre nosotros rival, nnica acci6n de esta nltima guerra en que los cubanos acuchillaron y dispersaron, a pesar del maiser, una de las columnas de infanteria de linea espaniola, tan dificiles de desmoralizar. La tropa cubana marchaba muy temprano, con Maceo a vanguardia, Gomez en el centro y Serafin Sanchez a retaguardia. Habia colocado G6mez en la extrema vanguardia, en la descubierta, a Jose Loreto Cepero, que con onfasis le pidi6 ese puesto, entusiasmo que el sagaz caudillo, que husmeaba ya los acontecimientos, quiso aprovechar para sus planes. Al cruzar junto al ingenio "Teresa", fortificado y guarnecido, condujeron hasta G6mez los flanqueadores mambises a dos campesinos-dos mulaticos-que traian informes de interns. G6mez, que iba entre Serafin Sanchez y Eugenio SAnchez Agramonte, se aparta, los interroga, ordena que los retengan en la impedimenta hasta nueva orden, y de snbito, enderezandose sobre los estribos, grita con aquella voz peculiar suya y que nunca olvidaran los que tuvieron la fortuna de oirla: "t Un ayudante al general Maceo, que acorte la marcha!'" Y en seguida a Serafin Sanchez: "i Vamos a ver lo que pasa en la descubierta! i Ordenes a dos escuadrones que sigan a mi escolta! i Ayudante Benjamin: a Boza y plana mayor que me sigan!" Por sus informes, a poca distancia, a su encuen[74}

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tro marchaba una fuerza espanola. En ese instante lo dedujo todo y combine su plan. Se echa fuera de las filas de la larga columna mambisa, por la derecha; pone su caballo al trote, recorre a ese aire toda su longitud hasta alcanzar a Maceo, con el que conferencia breves moments, y da entonces personalmente orden a Cepero, que no cumpli6, de sin disparar un tiro cargar a la columna espanola; su desobediencia le cost ser destituido y desertar. Estos detalles explican por quc G6mez. que marchaba en el centro, es el primero en derribar con su caballo las filas espafolas, y Maceo, el impetuoso, el primero siempre, tuvo que aguardar unos instantes para que echaran abajo una cerca de alambres que le cerraba el paso, instantes que bastaron a Gomez para adelantarse a su Lugarteniente y entrar el primero dentro de las filas espanolas. Las relaciones de los testigos todas estan acordes hasta en los detalles, lo que es cosa rara: Mir6, Boza, Serafin Sanchez, Loynaz del Castillo, Eugenio Sanchez Agramonte, Miguel Varona, Leopoldo Calvo, etc., etc. GOMEZ, PRIMERO EN LA CARGA He aqui la sincera y honrada relacion de Sanchez Agramonte, que marchaba a su derecha, hasta que tuvo, en cumplimiento de su misi6n de medico, que acudir a prestar sus auxilios al ayudante Feria, primer herido de bala al lado del General en Jefe: Escasamente habian transcurrido treinta minutos desde que dejamos por detrAs al valiente general Maceo cuando se oyen por nuestro frente y algo a la derecha repetidas descargas de fusileria y tiros sueltos por el lado opuesto, que indican claramente las posiciones del enemigo y las de nuestra fuerza de descubierta. Una cafiada con su alta barranca del lado opuesto impide que veamos la escena, pero este ligero obstAculo es vencido por el vuelo de los caballos, y sobre la meseta se extiende a nuestra vista una llanura bastante amplia, y a la derecha, como a unos trescientos metros, en una ancha guardarraya, rompiendo la monotonia del verde de las cafias, se advierten las manchas azules de los uniformes de rayadillo del ejdrcito espafiol. Forman cuadro, rodilla en tierra, haciendo Fuego ['7]

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con descargas cerradas. El clarin del General en Jefe recibe la orden de ;toque a degUello!, y al grito de ial machete y viva Cuba libre!, dado por cientos de voices, parten como un rayo los jinetes sobre los cuadros... Los hombres, el cuerpo inclinado hacia delante, siguiendo como un torbellino al invicto general G6mez, que, clavado y tieso en an montura, mAs parecia un centauro que un ser humano. Loynaz del Castillo: El general SAnchez, con el Estado Mayor y las fuerzas villareflas, cargd con los mis pr6ximos, pero cuando llegamos a las bayonetas, ya el general G6mez entraba adelantdndose algunas varas con sus ayudantes y brava escolta, el primero en la carga, el primero en blandir sobre aquellos duros crineos su corvo acero. Alli le vieron los dignos, ejemplo arrebatador, destacando su martial figura como un reto a la muerte entre una aureola de fuego, general entre los heroes. (Mir6): Al mismo tiempo Io efectia G6mez con su escolta de camagdeyanos, tres escuadrones de Marti, Garcia y Gua. tl, delante de la tropa, tieso, clavado en la montura, blandiendo el alfanje que usa... Por los flancos la carniceria ha sido tremenda. G6mez, brioso y enardecido como en Palo Seco, ha roto el mis fuerte ndcleo de los espafioles siendo el primero en abrir boquete. GOMEZ: DOS CABALLOS MUERTOS Cuando G6mez cae como una tromba entre los soldados espafoles, se desploma su caballo, mortalmente herido de tres balazos, y su sombrero es atravesado por un cuarto proyectil. El fiel Boza le da su caballo, que a su vez cae tambien herido, y al fin, monta el General, mientras le traen uno de los suyos, en el que le ofrece el soldado de su escolta Avelino Loynaz. Sobre ste, y cuando empieza el ojeo entre las caias y la matanza al detalle, el General, erecto sobre sus estribos, cruza frente al Lugarteniente y su Estado Mayor, enjugando sobre el cuello de su caballo, y antes de volverlo a la vaina, su machete tenido en sangre. Maceo se inclina hacia Mir6 y le dice: "& Usted cree que esta bien eso que el Viejo ha hecho q I Para qu6 estamos nosotros aquit INo lo han matado de milagro!'" Este episodio que tex[ 76]

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tualmente transeribo, me fue relatado varias veces por el general Mir6. G6mez estuvo inspiradisimo, genial; adivin6, entre los informes de los dos mulaticos, los detalles todos que necesitaba para su operaci6n y fulmineo, orden6 en ese instante la acci6n. Quiso tambien dar el ejemplo, arrastrar sus hombres tras el, y por eso es que centre todos ellos, agachados sobre el cuello de sus cabaIlos, instintiva posici6n de quien avanza arrostrando las balas, se destaca e1 solo, derecho sobre la silla, para que de todos lados lo vean y como a libaro milagroso lo sigan. 1 sabia c6mo se lleva los hombres a la muerte, con el ejemplo; por eso dijo a Serafin Sinchez: "Si usted tomaba por mi orden trincheras, es porque sabia que yo tambien las habia tomado." Terminada esta primera fase del combate, sigue Maceo a vanguardia rechazando la columna espanola que por alli se mostr6, y continue despues la marcha, mientras del ingenio "Teresa" sale en un tren otra columna espanola (batall6n de Barbastro), y dice Loynaz del Castillo: Alli cae como el rayo de la guerra el general G6mez; queda duefio del tren al que abandonan los refuerzos que se retiran al ingenio y el tren lo entrega G6mez a las llamas. (Boza): A las cuatro de la tarde despuds de la destruccidn del tren y retirada de la columna espafiola, cuando crefamos todos que el General en jefe emprenderia marcha para ir a descansar y reunirse al Lugarteniente, nos vuelve a ilevar a practicar reconocimientos al primer lugar de la acci6n... Al fin, el viejo de hierro nos ordena marchar por el rastro del general Maceo, a cuyo campamento llegamos a las diez de la noche. EJEMPLAR EXTRAORDINARIO En la raza humana surgen de tiempo en tiempo ejemplares extraordinarios, personalidades que son verdaderos milagros de organizaci6n y de energia nerviosa; actores de cosas increibles; ellos son los grandes hombres. Francisco de Pizarro, a los sesentitres anos, y antes de morir a manos de los catorce conjurados [771

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que le atacaban, da muerte a tres de ellos. G6mez, en Mal Tiempo, dieciseis horas a caballo, sin probar mas que una taza de caf6, con el tremendo consumo moral y fisico del combate, a sus sesenta anlos, desmiente todas las leyes naturales y se coloca, por el milagro de su ferrea voluntad, por encima de ellas. Deben los soldados de todas partes, reverentes y admirados, descubrirse ante G6mez. El combate de Mal Tiempo caus6 sensaci6n no s6lo aqui en Cuba, donde tuvo resonancia enorme, sino tambi6n en Espana. Los batallones de Canarias y parte de Bailen, despedazados; la bandera de Canarias, tomada, la combinaci6n de Martinez Campos, un completo fracaso: tal fu6 aquel combate. En la Peninsula se explic6 el desastre, lo que es de todo punto falso, imaginando que los soldados espanoles desconocian el manejo del manser, y Salmer6n dijo: "Ocurrieron escenas como la acci6n de Mal Tiempo, en que varias companfias fueron macheteadas por no saber cargar los masers despues de haber disparado los cinco tiros.'" Uno de los actores, Jose Loreto Cepero, momentos despues, y tomando cerveza en la bodega de Mal Tiempo, segun refiere el corresponsal del peri6dico La Lucha, sofocado adn del combate decia: "Los espanoles son muy calientes, pero nosotros tambi6n sabemos pelear'", expresi6n del orgullo y confianza que el combate despert6 en los cubanos. Los mambises, en el arrebato embriagador de aquel dia de triunfo, se lanzan despues ciegos detras de aquellos dos hombres excelsos, el uno la leyenda del 6xito y el acierto, el otro la del valor incontrastable; y exaltados por la fe milagrosa que levanta montanias, a todo se atreven. Mal Tiempo fue el 4xito de la invasion. Oblig6 a Martinez Campos a reconcentrar sus columnas y a no volver a subdividirlas mis; impuso respeto a estas, que de alli en adelante adoptan toda clase de precauciones y exageran su prudencia antes de abordar a G6mez y Maceo. En Mal Tiempo el viejo G6mez, senores, se excedi6 en su legendaria reputaci6n como jefe de la caballeria mambisa. { 78 1

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"SU MACHETE, JALON INFLEXIBLE" 20 de Diciembr.-"La Colmena". (Mir6): Al acampar, llega al frente de las fuerzas de Matanzas, Pancho Pdrez, trayendo la noticia de que no estaban lejos los espafioles. Al disponer Maceo que la infanteria fuera a su encuentro, vivo tiroteo en las avanzadas. El general G6mez, recorriendo la linea de formaci6n, dijo imperativamente que s6lo se haria uso del arma blanca... Agachados los jinetes sobre las monturas, con los sombreros quitados, el ojo avizor y el acero desnudo. Eran dos alas formidables; el caballo blanco de Maceo servia de punto de mira a una de ellas y el machete de M.ximo G6mez era el jadn inflexible que alineaba la otra. La columna espafiola, -pequena, 500 hombres-, que record a Mal Tiempo, se retira. 21 de diciembre.-Marcha por la noche, y al atravesar la Linea ferrea de Col6n a Cardenas, la columna se divide por error del rastro en dos trozos, siguiendo la mayor parte con Maceo y la otra con Gomez. (Mir6): El contratiempo no era, sin embargo, alarmante, dado que al frente de las fuerzas equivocadas estaba el General G6mez. La columna de Maceo era mds consistent que la dirigida por G6mez, pues el efectivo armado de la que segtin el General en Jefe no ilegaba a setecientos hombres, y en cambio, era mayor su impedimenta, asi como el nnmero de heridos graves, algunos en camillas, circunstancia que aumentaba las dificultades y peligros de la marcha... Si la operaci6n de Maceo fu6 atrevida y peligrosa, la realizada por G6mez merece el concepto de osada y arriesgadisima. Maceo, remontando al Norte, se situa al Oeste de Jovellanos, cuartel general de Martinez Campos. G6mez se dirige al Sur, cruza la via ferrea de Col6n a Jovellanos y entra en El Roque para orientarse sobre su rumbo future. EL RASTRO DE LA CANDELA Fu6 en este lugar donde dijo Maximo G6mez al alcalde de la localidad: "Digale a Martinez Campos que si quiere saber mi rumbo que me siga por el rastro de la candela... [79)

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(Mir6): Maceo se dirige entree Tosca y MAdan, momentos en que Martinez Campos salia de Jovellanos, y Gomez por su parte emprende marcha forzada por el camino mds recto, pero no el menos peligroso puesto que en su travesia cubre uno de los flancos de Maceo, sin saberlo dste, y podia ser flanqueado por Martinez Campos. Se unen las dos columnas, a las doce del dia, y dice Boza, rudo soldado: Nos hace derramar lAgrimas el prolongado y carifloso abrazo que se dan el General en Jefe y su Lugarteniente, que por dos veces se sueltan y vuelven a estrecharse en ese lazo que nada ni nadie podrA romper, pues estos dos hombres se completan y la aureola de gloria de uno no hace palidecer en lo mAs minimo la del otro. Coliseo.-El General en Jefe envia al ayudante Cruz Olivera con la orden al Lugarteniente para aceptar el combate, etc., etc., En estos moments liega el Lugarteniente, habla at oido del General en Jefe y dste hace signos de aprobacidn. (Boza.) Despues de Coliseo, dentro de aquella densa red de ferrocarriles (seialada con agudo juicio critico por Reina), se supo con seguridad por G6mez y Maceo, o al menos presumieron, que un cordon de columnas espanolas los esperaria en la linea ferrea de Uni6n, como asi sucedi6, y embarazados por la impedimenta de sus heridos, surgi6 alli la famosa contramarcha hacia Cienfuegos, que asegur6 el exito de la operaci6n aplazada. Este magistral movimiento es el que con gran acierto denomin6 el teniente Reina el "lazo de la invasion". Fu6 decidido con tal sigilo entre los dos caudillos, que ni aun su jefe de Estado Mayor lo conocia, y vino a ser percibido por sus huestes cuando a la inversa de la ruta trazada por G6mez a Vicente Nnez, practice mayor, en su lac6nica orden: "Por la manana, el sol de frente, por la tarde, a la espalda'", ven con alegria que 6ste sale a sus espaldas; pero el 27 y cerca de Yaguaramas, vuelta otra vez a Occidente. [so)

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EL REY DE LA CONTRAMARCHA & Quien de los dos caudillos, en las conferencias que celebraron, preliminares a todo plan, y como era en ellos habitual, y a las que nadie asistia; qui6n ide6 esta famosa contramarcha que lleg6 hasta cerca de Yaguaramas? Nada sabemos; pero el analisis del temperamento militar de ambos, de su habitual estrategia, de la conducta que siempre observaron ante el enemigo, Maceo que le iba siempre arriba, que arremete contra el obstaculo con todo su impetu para romperlo (expedici6n de Rius Rivera) y abrirse paso; G6mez, que, al contrario, lo eludia, que fue el rey de las contramarchas, su movimiento favorito, su habitual estrategia; todo esto nos induce a pensar con fundamento que el que debi6 sugerir al heroico Maceo ese movimiento, tan fecundo para el 6xito futuro del plan de los dos soldados, fue su sagaz y viejo maestro. Despues, Triunfana, sangriento combate en que dejan atras las columnas espafiolas y entran por segunda vez los caudillos cubanos en las provincial de Matanzas y La Habana, por el Sur. LA COLUMNA DE FUEGO Desde aqui fue la marcha de los invasores tan feliz y desembarazada, que desde cerca de Col6n hasta Alquizar la trayectoria de su marcha es la recta, ligeramente ondulada, que une esos dos puntos. Los mambises atraviesan estas dos provincias como la columna de fuego que guiaba a los israelitas en el desierto; fue su marcha un meteoro de humo y de llamas que se extendia a varias leguas, e inmutable avanzaba hacia Occidente al paso de los invasores, con la fatalidad de un fen6meno celeste, reduciendo a cenizas todas las riquezas de ambas provincias, que eran los ingenios en plena molienda; plan que, impuesto por 06mez, aterr6 y desmoralizo al alto mando espaiol. El dia 6 de enero de 1896 se acampa en Ceiba del Agua, y dice Boza: "Por primer vez he visto al General en Jefe re[81]

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prender, y de un modo violento, al Lugarteniente General" (6). Consigno este incidente para subrayar la subordinaci6n nunca desmentida de Maceo a su maestro y jefe, al par que la admiraci6n que en todos momentos patentiz6 por 61. Mucha y muy grande tenia que ser su admiraci6n y respeto por aquel hombre para aceptar la agria reprensi6n. CUIDANDO LA PUERTA El 7 de enero, en Hoyo Colorado, llega muy temprano el Lugarteniente con parte de su Estado Mayor a conferenciar con el General en Jefe, y fue en esta entrevista cuando G6mez dijo a Maceo textualmente (Sanchez Agramonte): "Es necesario que uno de los dos se quede cuidando la puerta. Vaya usted, como hablamos anoche, por el Norte de Pinar del Rio, que yo me dirijo por el Sur de La Habana, para llamar la atenci6n del enemigo y facilitar su avance." El ostentoso movimiento de G6mez engan6 tanto y tan bien a Martinez Campos y sus tenientes, que el combat de Ceiba del Agua con G6mez, en el mismo dia fu6 reportado al Estado Mayor espanol por los generales Suarez Vald6s y Garcia Navarro como tenido contra Maceo. Telegrafia Martinez Campos a Madrid el mismo dia: "Noticias contradictorias sobre grueso enemigo me hacen desistir avance sobre Pinar. Las tengo dispuestas para ir donde convenga." Dice el general Mir6 que solo el dia 10 supo Martinez Campos la invasion de Maceo a Vueltabajo, de modo que al lanzar sus columnas sobre las huellas del Lugarteniente, 6ste tenfa cuatro marchas de avance sobre ellas. Ya definitivamente orientado el alto mando espanol divide sus columnas en operaciones, y destina cuatro para perseguir a Maceo en Vueltabajo y seis contra G6mez en La Habana, y las cuales se elevaron dias despues, cuando asume el mando el general Marin, a seis columnas sobre Maceo (Echagiie, Ariz6n, Garcia Navarro, Luque, Canellas y Sanchez Hechavarrfa), y (6) MAximo G6mez termin6 su reprensi6n con el ap6strofe: "Hasta el general Maceo le tiene miedo a los espaSoles?" (Sdnchex Agramonte). [ 82]

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contra Gomez siete, y mis tarde ocho (Aldecoa, Cornell, Galbis, Linares, Tort, Prats, Mac6n y una columna de ocho escuadrones de caballeria traidos de Las Villas, a las 6rdenes del general Marin). De modo que asignando a estas columns una cifra de mil quinientos hombres, ealculos seguramente muy por debajo de la realidad, el Capitan General espaiol dispuso, para operar contra los dos jefes cubanos, a mediados de enero, de mis de veinte mil hombres. Ademis, para esa fecha se encontraban ya casi todos los poblados de la provincia de La Habana guarnecidos por destacamentos de tropas. Dividi6 Marin sus columnas, destinando contra Maceo, en Vueltabajo, pr6ximamente la mitad, y un poco mss de la otra mitad contra G6mez en La Habana. (Estin tomados estos datos de las noticias remitidas por el Segundo Cabo a Weyler.) La simple consideraci6n de ellos demuestra el acierto de G6mez al quedar "cuidando la puerta" y la importancia que naturalmente dio el Estado Mayor espaiol a la provincia de La Habana, entonces la mis rica y poblada y sitio de la capital, a la que en sus correrfas amagaba G6mez. Pudo Maceo con desembarazo proseguir su gloriosa marcha hasta Mantua, no tropezando (y eso porque fue el mismo a busearla) mss que con la pequenia columna espanolua de Las Taironas, el 18 de enero, es decir, once dias despu6s de separarse de G6mez y no ver columnas espaiolas en su camino hasta entonces; de ahi en adelante los encuentros que tuvo, Paso Real y Consolaci6n, pudieron ser eludidos facilmente, pero su espiritu intropido le hizo operar ofensivamente. (Mir6.) CAMPARA ESTUPENDA Al separarse G6mez de su Lugarteniente, realiza, durante los cuarentitrs dias en que, aguardando su vuelta, permanece sin salir de la provincia de La Habana, la campafia mas estupenda y extraordinaria de todas las que en su brillante y larga vida militar, siempre con 4xito, llev6 a cabo. Con una column que aunque Boza, al separarse ambos capitanes, estima en dos mil trescientos hombres, de los cuales estaban ochocientos desarmados, impedimenta, y mis de trescientos de infanteria, yo, que (83]

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varies veces la vi en sus marchas y campamentos pude apreciar que este ndmero a diario crecia por la nube de nuevos incorporados, sin contar ademas con las fuerzas locales recien sublevadas de Adolfo Castillo, Aurelio Collazo, Alberto Rodriguez, Rafael de Cirdenas, Crist6bal Perez, Los Cuervo, Juan Delgado y otros mas que se unen a cada momento al viejo caudillo, buscando la protecci6n de su brazo poderoso. En esta nuestra provincia, densamente poblada, con s6lo nueve o diez leguas de costa a costa, sin bosques y sin montanas de relieve, surcada por ferrocarriles (los actuales), unidas sus poblaciones todas por telegrafo y telfono y guarnecidas a poco de tropa regular, hondamente arraigada en ella el espiritu de la Metropoli y sus intereses, demostr6 G6mez que era el mismo maravilloso estratega de la decada famosa, y que de igual modo batfa y burlaba las columnas espanolas al frente de un punado dehombres en los vastos y desiertos potreros de Sancti Spiritus, como operando con dos mil y a las puertas de La Habana, pese al enjambre de soldados enemigos que tenia encima y al dedalo de vias ferreas. Y todo esto, senores, no durante un dia ni dos, sino I mes y medio Mes y medio, durante el cual no sali6 G6mez del pequeno, Llano y despejado territorio que existe entre Alquizar y Quivican, cuatro leguas apenas. Suirez Valdes, Segundo Cabo, dice, en 6 de febrero, en cablegrama a Weyler en Puerto Rico: "General Segundo Cabo interino a General en Jefe: Contra G6mez operan las columns siguientes: Aldecoa, centro en Pozo Redondo. Cornell en San Felipe. Prats en limite de provincias. Galbis en Quivican y Linares y Tort, anadiendo ocho escuadrones y una bateria ligera de cuatro piezas, con el general Marin. Todos estos movimientos son para estrechar a G6mez, que se mueve hate muchos dias en una pequeia zona entre Alquizar y Quivicin, eludiendo a nuestra fuerza." Todo esto que senala el Segundo Cabo espaftol ocurri6 el 6 de febrero, es decir, mis de un mes despu6s de la entrada de Gomez en La Habana. ( 84]

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H ABA NA. Cojimar" R Jrg GUAN ABACOA, Goan *.bo. EI r-0deNo.. 4 A Campo Florido. .CL d6 PB v dal N r S MAIN* JiuObo % 6oqnaa. Sta Mara del Rosario. C. Jiquiabo# maF M qui t-A (.u 3 aracoa R aP o El c no 14z..La tt Jaruco. .A t A o weos. T o as re. B o ar co 0 W C ;0o a,.. r Ar l Coto do P Brava. j AaTaiAco M i brrugaler .S. R Soko oyer e F aeae ng e .0.* GUANAJ Ca.irnto .Pedro VEGA r o Pd Kel a-s .yabat. Rincon -Nd ajak o .-.-B Guayaba Na S a.e Rbies c-~ ". A n, dgo eAjuc a-zl Mad rga Pio /C o o io ay :o CrnS. Pablo Boyoa Cayajaos t Por r S oru* LaSolud Q aOF LcLCatcain EG o p or C edgd.Fajar o E e Flor de1 o. ena, L W. S F e vioa.. Afrr e2 en Hio. uiovncc de tc HObit&a Lase~m BoR.fae PirfOS. N p a e ara, p vn ciao s ee o d M e o ad de ara m a pub dDu Pt e*de M ala e 10 1La. Jima. Panco O S.Nicola's olao 'n. .Melenadet.Sur oe Golaz auPoz o Redondo 0 Pvloei -:a eaor Lu sa,. Coca. Con 'to. -Bnkaban0 Tares.' Nueva Manacha y comban utpcha. det cerrrna~t Prirmavera. M. Gorne2 en la Provipc icu de -a H abana .B.q-ag JO Tl faj~ Ferro-Car riles. CoG"ed o'eca-la..25 K'lornetros Movimientos de Gdmez durante los 43 dfas en que march por la provincia de la Habana separado de Maceo. Ampliado del diagrama publicado por el Dr. J. Gardia Enseflat ; aunque con algunos errores, de poca importancia.

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NO SABEN QUL HACER Vuelve materialmente loco al alto mando espanol, que no Babe lo que ha de hacer y trae para perseguirlo en vano casi toda la caballeria que tiene en Las Villas, sin que un solo momento le disperse el mas pequeno de los piquetes de su larga column, sin que jamis se vea comprometido ni amenazado por un instante, a pesar de la publicidad ostentosa de sus campamentos y de marchar en muchas ocasiones con las cananas de sus soldados vacias. "Se movia-frase del alcalde de Quivican-como Pedro por su casa", sin hacer gran caso de las combinaciones que por telegrafo y para coparlo se ideaban en La Habana por el Eatado Mayor enemigo. Desde esta pequena zona, que elige como base, cae como el rayo sobre los trenes, que toma y destruye; sobre convoyes militares de los que se apoderan, 61 o sue tenientes; se bate con sus fuerzas en grandes combates, como en Ceiba del Agua, Mi Rosa, o en pequenos encuentros, a su voluntad; acampa en las pobla'iones, en La Salud, Tapaste, Catalina de Guines, San Jose de las Lajas; asalta y ocupa a Bejucal durante varias horas, causando el hecho sensaci6n por su proximidad a La Habana, no s6lo en esta ciudad, sino tambien en Espana, y su audacia lega hasta poner sus avanzadas en el Coterro y en San Francisco de Paula, a fines del mes de enero. Unas veces se divide y manda a su teniente Pedro Diaz a tomar trenes militares (el de Pozo Redondo); otras se concentra, y unido con Castillo y Aurelio Collazo, amenaza siempre. Examinando la grafica de sus movimigntos en el mapa, y al recordar todo esto, nos vemos obligados a convenir en que el hombre de guerra que con tan pequenos medios realiz6 tales prodigios, sabia mandar algo mss que una guerrilla, y el simple examen de esta campana de G6mez, movi6ndose con exito y con tan grandes fuerzas en el peor y mss pequeno territorio de Cuba, destruye tambien, por absurda, la otra afirmaci6n, la de que G6mez no sabia mandar grandes fuerzas. & Y Palo Seco, La Sacra, Las Guasimas y Saratoga? No, senores, lo que pasaba es que G6mez hacia las mismas maravillas con cien hombres que con dos o tres mil. Naturalmente, en esta nltima guerra y por muchas (85)

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razones, aconsejaba en nuestras provincias occidentales, con sabiduria militar, que se operase con pequenas fuerzas, nnico medio de obtener ventajas sin sufrir grandes perdidas de hombres, irreparables en. nuestro Ejercito Libertador. Siempre que fu6 desoido por nuestros jefes y se oper6 con columnas, en ellas, sobre todo en Matanzas, las consecuencias fueron desastres, terminando la operaci6n, segnn grafica frase del general Pedro Betancourt, en la dispersion hasta en parejas. En su portentoso pasado militar, muchas veces mand6, y con 4xito no superado, grandes fuerzas. Por otra parte, hay que recordar que en esta campana no fu6 nunca jefe de fuerzas ni de operaciones, sino por accidente; era el General en Jefe de nuestro pequeno y heroico Ejercito. (7). TACTICA FABIANA Despues de la invasion cambi6 G6mez su ofensiva por la tictica Fabiana. Cuando en Santa Teresa le pregunt6 Grosby, corresponsal del Journal: "g Por qu6 el general ha dado orden a su infanteria de abandonar esa loma? Ella estaba muy firme", responde el viejo General al interprete: "Dile a este americano que lomas como esa hay miles en Cuba, y que mas vale, para mi, un mulo de la impedimenta que una loma." En los primeros dias de febrero, leno de ansiedad por la estancia de su Lugarteniente en Vueltabajo y de justo temor por su arrojo, hace incursiones hasta dentro de esta provincia, y senala Boza, en ese periodo, intensa preocupaci6n de su jefe por la situaci6n de Maceo, que lleg6 hasta el grado de enviarle el dia 8 de febrero a Vicente Nnez, su practice mayor, con Emilio Collazo, muy conocedor de la comarca por haber nacido en Las Mangas, para que le sirvieran de guia en su marcha hasta La (7) Es otra p~gina hermosa de G6mez la del apoyo a Maceo, para dar cima a la campana de invasion en el limited occidental de la Isla. G6mez se mantiene en la provincia de La Habana luchando diariamente contra los batallones de Martinez Campos, sin moverse de una misma zona territorial, de corta extension y llena literalmente de soldados enemigos. (General Mird.) [861

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Habana; comisi6n que desempenan al encontrar a Maceo despu6s del combate de Labori. ABRAZO DE GOMEZ Y MACEO Por fin, el 19 de febrero, emocionadisimos, se abrazan los dos hombres, despu6s de haber coronado ambos la magna obra de su vida militar, "permaneciendo largo rato sin poder pronunciar una palabra, estrechamente abrazados." La obra incredible se habia consumado: habian invadido y sublevado y dejaban organizada la rebeli6n en Matanzas, La Habana y Pinar del Rio. Para combatir estas provincias necesit6 la Metr6poli doblar casi su ejercito, y la invasion asegura el triunfo definitivo de los insurgentes cubanos, porque soy de los que screen que con la guerra entre los Estados Unidos y Espana o sin ella, la independencia de Cuba estuvo decretada al terminar la gran operaci6n de G6mez y Maceo; ya s6lo era cuesti6n de aguardar un poco mas de tiempo. Efectivamente, durante dos anos, segun el plan del general de opereta bufa, si no fuera tan siniestra su memoria en Cuba, Weyler, se concrete el Ej6rcito espanol a las operwciones activas en estas provincias, donde, con la obstinada inconsciencia de un insecto, habia Weyler perdido, al cabo de dos aios, casi la mitad de sus efectivos, devorados por el tr6pico, y la otra mitad corroida por el paludismo, la disenteria, la fiebre amarilla y las caquexiade todo orden, mas parecfan sus columnas en marcha enjambres de mendigos, hospitalarios y convalecientes, que tropas capaces, a pesar de su innegable valor en el combate. En ese period perdi6 el Ej6rcito espanol peninsular, segun la estadistica del author espanol senor Corral, en su libro El Desastre: Muertos por la fiebre amarilla. ....28.819 Por otras enfermedades. .......30.120 En acci6n de guerra. .........4.128 Total. .............63.067 [87]

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Y entre repatriados, hospitalizados e inntiles por enfermedad, se puede calcular no menos de otro tanto. Y Ram6n y Cajal dijo en sensacional articulo, a raiz de la guerra: Los que hemos estado en Cuba sabemos que el mortifero clima de las Antillas, en triste complicidad con nuestra pdsima administraci6n, es decir, con el hambre, el desbarajuste y el descabellado movimiento de las columnas, habia de reducir al ano aquel contingente de doscientos mil soldados que enviamos, a cerca de cien mil, y a los dos anos a cincuenta mil, poblando los hospitales y hasta nuestros pueblos y aldeas de tisicos, palhdicos y andmicos. SUS TRES MEJORES GENERALES Es por eso que G6mez, el profeta G6mez, decia: "Esperen a que entren en accion mis tres generales: Junio, Julio y Agosto.'" Este enorme esfuerzo di6 por resultado disminuir la rebeli6n en esas provincias, pero no concluir con ella. El 12 de noviembre del 97, y en la pacificada provincia de Pinar del Rio, tiene el general Hernandez de Velasco, en combate contra Pedro Diaz, en las lomas, catorce muertos y cincuentinn heridos. (Pu-blicado en el libro de telegramas oficiales. Madrid, 1898.) En cuanto al resto del pals, de la trocha de Jncaro y Mor6n a O.riente, se puede decir que la guerra no habia empezado aun. Su inmenso territorio de montanas y bosques se encontraba en 1898 virgen del soldado espanol. Habia, pues, que empezar la guerra alli, una vez concluida aqui, y si la disminuci6n de su fuerza en Occidente necesit6 dos anos y cerca de doscientos mil soldados, b cuantos soldados y cuantos anos hubieran sido precisos para llegar al mismo resultado de Santa Clara para arriba, si en el 68 cost diez anos y termin6 por un pacto? La contestacion es obvia. Si, como dijo. Napole6n, no fueron las legiones romanas las que conquistaron los Galias, sino Cesar; no fueron los soldados cartagineses los que triunfaron en Cannas, sino Anibal, podemos, con justicia, decir que los que realizaron ese milagro de la guerra [88]

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que se llam6 la invasion fueron G6mez y Maceo, prodigiosos manantiales humanos de moral militar, detras de los cuales se lanzaron nuestros mambises a la epica aventura con la fe de los creyentes medievales. CINCO CABALLOS MUERTOS El ciego Destino, la deidad inexorable que preside los fastos humanos, fu6 propicia con Cuba, porque ninguno de sus dos caudillos cay6 bajo la bala feliz de Canovas, a pesar de que ambos prodigaron su vida en el curso de esta operaci6n. Solamente G6mez tuvo, durante ella, muertos debajo de si, por las balas espafiolas, cinco caballos, dos en Mal Tiempo, uno en Coliseo, el cuarto en el combate de Santa Lucia, en el Caimito, y el quinto en Moralitos. Recibi6, ademas, un balazo en la pierna derecha, en el encuentro de Cayo de la Rosa. Raz6n tenia Mario G. Menocal: "G6mez era tan bravo como el que mas." Fu6 el exito de la operaci6n la sorpresa, muy bien senalada esta causa por el general Mir6 en sus Crdnicas de la guerra; efecto del cual tuvo una clara vision Maximo G6mez, y de ahi su insistencia con Maceo para anticipar cuanto antes la operaci6n. Jamas crey6 el alto mando espanol que G6mez y Maceo, con grande ndcleos de fuerzas, se atrevieran a llegar y mantenerse en La Habana y Pinar del Rio. Caro pag6 su error, de igual modo que lo pag6 caro tambien el Capitin General Concha, Marques de La Habana, destituido por su Gobierno el 75 y "tumbado" tambien por G6mez con su invasion a Las Villas. Ya lo dijo Mir6: "Si Martinez Campos guarnece a Matanzas con los refuerzos que, a su petici6n, de seguro, le hubieran enviado, no habria sido posible la invasion." Fue sorprendido, pues, Martinez Campos, sorprendidos los cubanos, el mundo de los negocios, las empresas azucareras todas, que tranquilas preparaban su molienda; senores, hasta los mismos insurrectos fueron sorprendidos; los nnicos para los que no fu6 una novedad su exito rotundo fu6 para los dos caudillos, que sabian, como sucede en el ajedrez, lo que era ganar un tiempo: ganaron, pues, un [89]

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tiempo sobre Martinez Campos, que ya, despues de eso, lleg6 siempre con retraso al lugar amenazado por ellos. EL PESO DE LOS COMBATES La mayor parte y el peso de esos combates fueron sostenidos principalmente por las heroicas escoltas de ambos caudillos, formada una por orientales y la otra por camagneyanos. S6lo la escolta del General en Jefe que parti6 de Lazaro L6pez con cien hombres, poco mais o menos, a los dos meses (consigna Boza,) ya en Santa Rita de Bar6, habia quedado reducida a veinticuatro; el resto habia caido en nuestras campinas de Matanzas y La Habana. La deferente subordinaci6n de Maceo a su jefe y maestro fu6 patente siempre y lo prueban tantos y tantos episodios de esta campaia. (E. Sanchez Agramonte.) Siempre al acampar ambos caudillos, y terminado el servicio de seguridad, iba Maceo al cuartel general de G6mez a darle cuenta y a conferenciar con 6l, casi siempre en privado. En ocasiones, cuando alguien de su Estado Mayor sugeria ideas para un movimiento, Maceo, antes de considerarlo, decia: "; Vamos a ver lo que dice "El Viejo ", nombre carinoso que daban a G6mez sus intimos, centre ellos, el, y pienso yo que seguramente queria decir: "Vamos a ver a nuestro Nestor". Su amor admirativo por Maceo, como cuenta Miguel Varona, al emprender el Lugarteniente una operaci6n, le hacia decir en ocasiones: ";Dejen que Maceo se luzca!" Cuando el combate se prolongaba, dice el mismo Varona, porque Maceo no cej6 jams ante nadie, le enviaba un ayudante: "Diga al general Maceo que basta por hoy; que se retire." Todo demuestra al espiritu critico que G6mez orden6 la invasion, y que mejor que nadie comprendi6 que era una cuesti6n de oportunidad, y que Maceo, colaborando con su jefe y por su orden, condujo a los orientales hasta unirlos con los hombres de Las Villas, que G6mez le preparaba, y ya desde ese momento se confunden los dos en un solo movimiento, y nadie podri decir en el curso de su larga operaci6n, hasta que ambos se separan, cual de los dos, y en cualquier aspecto, sobrepuj6 [ 90]

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al otro en sus respectivos papeles de General en Jefe y de Lugarteniente. El viejo y el joven se alzaron en los fastos de la historia militar mambisa muchos codos por encima de su ya glorioso renombre, y cuando en Catalina de Giines se abrazan, hay que convenir, con Sanguily, en que es dificil concebir la operaci6n faltando uno de los dos. LA OBRA DE LOS DOS Todas estas citas, todos estos incidentes que hemos compilado, senalan que jams fu6 desmentida, repetimos de nuevo, la estrecha armonia que reino siempre entre los dos durante aquella campania, de la que dependi6 la suerte de la revoluci6n. Mir6, justamente id6latra de Maceo y su panegirista, dice: "Fu6 la obra 6nica de dos ilustres soldados, G6mez y Maceo, que coincidieron en el plan con perfecta identidad, tanto en el orden del tiempo como en la manera de ejecutarlo." Durante el transcurso de ella, que empez6 realmente el 1' de diciembre, hasta que se separan ambos en Hoyo Colorado, el 7 de encro, es decir, durante treintiocho dias, fueron estos dos hombres, el uno casi joven todavia, el otro ya viejo, unas veces G6mez, otras Maceo, jefes de columnas u oficiales subalternos. Lo mismo deciden y acuerdan entre los dos el plan dc manana como a la cabeza de sus pelotones cargan con la hoja en la mano, y como jefes de escuadrones sobre las filas adversas. La solicitud con que allana y prepara el maestro los exitos a Maceo, realmente fueron paternales. Cuando remiso Quintin Banderas no acababa de traer la infanteria de Oriente, que hacia trees meses habia quedado en Trinidad, y precisaba para la marcha de Maceo a Pinar del Rio, y cuando los desastres de su conduccion en La Olayita y El Mamey amenazan concluir con ella, va el mismo Gomez en persona a guiarla, a escoltarla, y no dejandola disparar un tiro, la entrega intacta a Maceo en Galeon, donde, por nltima vez, se abrazan estos dos hombres admirables, fabricados de barro tan excelso y que ya no habrian de verse mas. [91]

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ULTIMO ABRAZO "Los dos caudillos se dieron un estrecho abrazo. Los designios del porvenir, siempre velados a la humana penetraci6n, no podian infundir el temor ni la sospecha de que aquella despedida tan ardorosa seria la postrera. Los dos hombres extraordinarios que simbolizaban la vida de la revolution, y cran el alma de la guerra, no volverian a encontrarse juntos en nin gun otro lugar de la batalla.'" (Mir6.) Al despedirse Boza del Lugarteniente, le dice Maceo, que admiraba-es la palabra-, a su maestro: "1 Cuide mucho al Viejo ; Nadie como el sabe defender nuestra bandera!" Esto dijo Maceo y esto es definitivo. P1, G6mez, por su parte, le discerni6, en memorable proclama, el dictado de primer general del Ej6rcito Cubano; y desde que sargento, y a sus ordenes, gan6 Maceo todos sus grados hasta coronel; desde que siendo s6lo brigadier fu6 seleccionado por G6mez entre la playade para mandar, en la invasion del 74, las fuerzas de Oriente, siempre hubo entre ellos el respeto y la admiraci6n mutua, y hasta la suerte quiso, a la hora cruel de su desplome, que la sangre de Maximo G6mez, presente en su heroieo hijo, corriera sobre su cuerpo inerte, y juntos el destino los uniera en la misma fecha y en la misma fosa. SUS ENEMIGOS Tuvo el general G6mez enemigos y detractores. a Qui6n no los ha tenido ? Su austeridad monacal en los campamentos, su caricter agrio y violento se los suscitaba. Como todo hombre que ha nacido gran capitan, era autoritario, y tenfa, como dijo Poincare de Clemenceau, "el defecto de sus grande cualidades"; y 61, que cuando hablaba parecia que daba 6rdenes, trat6 a todos en la guerra como a subalternos. Pero, despu6s de todo, muerto Marti, I qui6n no era su subalterno, moral o militar, en )a revoluci6n? El tiempo, que no en vano sigue su curso despiadado, lo borra todo; a nuevas 6pocas, otros hombres, nuevos idolos; pero entonces, en aquellos sombrios tiempos, los dos supremos cultos, las dos esperanzas del pueblo de Cuba fueron estos dos hombres, y de Maisi a San Antonio su pueblo elevaba {92}

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todos los dias preces por la vida de ellos, y cuando cay6 Maceo, s6lo tienen los cubanos en su honda aflicci6n un lenitivo a su pena!: I ain nos queda Maximo G6mez! Un grande de la Revoluci6n del 95, Juan Gualberto G6mez, el hombre que abri6 su mano el 24 de febrero y desat6 ese dia sobre Cuba la tragedia de la guerra por orden de Marti y G6mez, discorde con el, dijo: "Me separo del general G6mez en esto, como puede un hijo separarse de su padre." Junto a la puerta de su modesto hogar, dos grandes retratos, dos 6leos, atraen la mirada. Uno de Francisco Vicente Aguilera, su maestro en el ideal; el otro, de Miximo G6mez. Manuel Sanguily, en carta Intima a Jose Manuel Carbonell, le dice: "Del pobre general muerto le dir6 que lo he sentido como cosa mia... Ahora estan cerca en el cementerio el viejo y glorioso caudillo que recuerda, para mi, mi Historia. El era una encarnaci6n, su presencia significaba el ideal vivo y luminoso; desaparecido el queda este sin representaci6n y sin autoridad... LA MUSA POPULAR Los nombres de los dos, unidos para siempre como lo estan en la historia, lo fueron tambien por sus soldados. La musa popular, el folklore mambi, los entrelaza siempre en su ingenua y primitiva poesia, y los infantes de los Ducasse, rudos negros de Oriente y montunos de Las Villas, cantaban en el vivac de "Mi Rosa" el 10 de enero del 96, al son de las maracas y del tiple: Yo le pido al Soberano que viva MAximo G6mez. Espafia, to no te comes al viejo dominicano. A1 defiende a sus hermanos porque tiene facultad, y defendidndolo estA toda la plana guerrera; Maceo con la bandera pidiendo la Libertad. {93]

PAGE 98

Martinez Campos crela que Cuba iba a ser de Espafia, (8), recorriendo la montafla con piezas de artilleria. Y Maceo le decia: "VAyase usted a la Habana; yo, con mi tropa cubana y M~ximo G6mez al frente, hago a Cuba independiente con p6lvora americana. Y otra de la cual s6lo el final recuerdo: Y grita Maceo a su gente: MAximo G6mez me ha dicho que a 1 le va de capricho ver a Cuba independiente. No se puede, noarrancar de las sienes del glorioso anciano el heroico laurel que las cife. Para eso seria preciso, antes, borrar de nuestras efemerides el Pino de Baire, Palo Seco, Playitas, Mal Tiempo, la invasion, y habria tambien que borrar treinta afios de orgullosa historia patria. Ya lo dijo el con ceno altivo, refiriendose a uno de sus enemigos: "Lo desaffo a que escriba la historia de Cuba sin nombrarme; cualquiera la puede escribir sin nombrarlo a el.'' INGRATITUD DE LA REPUBLICA Si Marti, profetico, dijo a G6mez en memorable carta fechada en Santiago de los Caballeros en el afio 1892, cuando le pidio su concurso para libertar este pueblo: "Yo invito a ousted sin temor de negativa a este nuevo trabajo, hoy que no tengo mis remuneraci6n para ofrecerle que el placer del sacrificio y la ingratitud probable de los hombres", jams se pudo pensar que -(8) El general Mdndez Capote, que tambidn oy6 cantar estas ddcimas en los vivacs mambises, me observa que dl conocia este verso asi: "Que se encontraba en Espana." Yo lo estampd tal como lo entendi en aquella memorable noche. [ 94 ]

PAGE 99

en tan poco tiempo se cumpliera el augurio del bardo vidente. Veinticinco anos hace que duerme bajo la tierra aquella gran figura americana a quien tanto debe en su independencia Cuba, Sun cuarto de siglo!, y esta Republica, de la que fue, junto con Marti, creador, no ha podido an levantar un monumento al hombre a quien tanto debe. Ella, que tan pr6diga ha sido; ella, que ha alzado uno hasta a su adversario de treinta anos, al soldado espanol, no ha tenido tiempo para ofrendarselo a Maximo G6mez;pero si la Repnblica dejara incumplida esta deuda con el que todo se lo di6 para que ella naciera, hasta su hijo, el buen pueblo de Cuba, ese generoso subsuelo, esperanza de Marti, cuanse toque a sus puertas, dara su 6bolo para alzar la estatua de Mfximo G6mez. [951










Maximo


y


G6mez


las


Invasiones del 75 y del 95


Conferencias


Pronunciadas


por el


Dr. B. S


ouza


4


ei BLIOTECA
EVEL10 GOVANTES


"EDITORIAL MINERVA"
PI Y MARGALL 110
LA HABANA
Mq2


1
















183


MTIv
AMERIC4


















INTRODUCCION


MAXIMO GOMEZ (1)

Fud el primer guerrillero de la decada ini-
ctada por Cdspedes el 10 de octubre de 1868
y el genio director de la Altima y definitiva
lucha por la independencia. En los Pinos de
Baire ensefi6 a los cubanos a escribir con su
resolucldn el pr6logo de las hazafias del ma-
chete. Palo Seco y las Guisimas, Mal Tiempo
y Juan Criollo consagraron al hdroe. En la paz
que sigui6 al Zanj6n, como al reanudarse el
combate despuds, en 1895, fud emblem de es-
peranzas, bandera de guerra, augurio de vie-
toria.
Grande por la virtud y el caricter, m6s gran-
de aun por la abnegac16n y el desinterds, Cuba
venera y recuerda al glorioso dominicano lla-
mdndole, como por su nombre de pila, El Li-
bertador.
Jost MANU CAsgowELL.


uANo el observador impasible examina a su perso-
naje, lo escruta y lo diseca bajo la lente, clasifica
y catalog sus hazafias, cuando establece con ol in-
timidad, sucede muchas veces con ciertos hombres
que no sufren ostos el frio examen y a la compilaci6n de sus
altos hechos, se levantan a la vida, alzan la voz y llevan a su
historiografo, por la mano, del juicio sereno a la admiraci6n
ardiente. Y es necesario, entonces, buscar un poeta que los cante
y no un sabio que los clasifique. Maximo G6mez es uno de estos
personajes. Y por eso inscribo yo, como introducci6n a este
trabajo, la sintesis rotunda y elocuente hecha de G6mez por
un poeta, por nuestro cubanisimo poeta Jose Manuel Carbonell.
Tuvieron por origen estas dos conferencias, reunidas aqui,
las que con el tema de las Invasiones a Occidente pronunciaron

(1) Inscripci6n pars el monumento, proyectado, que sefialari el
desembarco de Gomez y Marti en Playttas.


[I}











los doctors Hernandez y Caffizares en la Academia de Artes y
Letras. Veterans, sobre todo del Estado Mayor y Escolta de
G6mez, la misma Sociedad de Artes y Letras y otras personas,
me invitaron a ellas porque, a su juicio, aparecia disminuida o
ignorada, sobre todo en la del doctor Caflizares, la parte de pro-
tagonista que en ambas tuvo el General en Jefe de nuestro
Ejorcito Libertador, por algo, nuestro General en Jefe.
Dificil es, entre nosotros, encontrar la capacidad para tratar
asuntos do historia, los que requieren como cuesti6n prima ajus-
tarse a la verdad. Nosotros, meridionales, hombres del Tr6pi-
co, no tenemos, par temperamento, noci6n de la mensura. De-
formamos al objeto, la hiperbole es nuestro guia y exaltamos o
deprimimos sin tasa ni limite alguno. Los testimonies Regan a
ser casi nulos por esta nuestra propensi6n ingonita de separar-
nos, involuntariamente, de la noci6n real. El que ha visto un
hecho ho trastorna y cambia en su esencia, de modo tal, que casi
ninguno de los testigos ho conoce despuos y junto a todo eso
cada uno de nosotros leva dentro de si a un NicolAs Chau-
vin (1), y los mss modestos comparsas de nuestra Revoluci6n
dieron la idea, fueron el origen de los grandes hechos, inspira-
ron a G6mez y a Maceo sus resoluciones, han asistido a entre-
vistas secretas, saben de expresiones que cambian toda la faz
de la historia y, sobre todo, es sign fatal para su testimonio,
cuando de ol se duda, que ellos afirmen enfaticos: "i Yo lo vi!"
Basta ese solo "t Yo ho vi!" para deducir su falsedad. Pobres
diablos oyeron cosas de las que nadie sabe ni ha oido. Cosas ig-
noradas par Mir6, Boza, Loynaz, Sanchez Agramonte y otros
testigos de nota. Por eso es tan dificil reconstruir la vida de
aquellos hombres en la que debemos atenernos s6lo al hecho es-
cueto, que par fortuna no puede ser suprimido. Los documen-
tos, sobre todo los suscritos en el moment mismo de la acci6n

(1) Nicolis Chauvin, soldado napole6nlco, acribillado de heridas,
se hizo notar por su exaltaci6n en el relato de los acontecimientos en
que habia tomado parte. Le preguntaban: Chauvin, Ec6mo fu6 la ba-
talla de Austerlitz?, y 6l, soldado raso, habia sido el fact6tum de la
batalla. Su tipo, popular en el ejercito francs, di6 origen al termino
"chauvinista" domiciliado hoy en casi todos los idlomas.


(6]










y levan la impresi6n fugitiva de ese instante, los diarios y
cartas redactados entonces y no ahora, permiten con juicio erf-
tico explicar muchas cosas de nuestra Revoluti6n. Ademas de
lo que esta al alcance de todos he tenido a mi disposiciun, he
tomado notas de las Diarios ineditos del General Freyre An-
drade, del General Eugenio Sanchez Agramonte, del Teniente
Coronel Rosell, del Capitan Despradel, del General Monteagu-
do, del Coronel Fermin Valdes Dominguez y otros m&'s, riqul-
simo este 6ltimo en documentos originales, copiosisimo, llevado
por su autor al dia y cuando 6ste se publique sera, tal vez la
impresi6n mas vivida y sensational de nuestra ultima guerra
por la Independencia. Poseo cartas originales, copias, documen-
tos desconocidos, cuya publication innecesaria seria como el es-
tallido de una bomba en cielo sereno, firmadas por hombres como
Marti, G6mez, Maceo,, Mas6, Mir6, Don Tomas, Calixto Garcia,
Jos6 Maceo, Lacret, Aleman, Freyre Andrade, Eusebio Her-
nandez y otros.
Nuestro deseo, cuando de alguien escribimos y tomamos por
la senda del ditirambo, es presentarlo como algo abstracto, per-
fecto, divino, cuando han sido hombres, si bien excepcionales,
humans como los demos.
No se puede tampoco investigar los puntos hist6ricos lle-
vado a ello por la malquerencia hacia alguno de los actores y
de todos es notorio que las relaciones del General G6mez y del
primer gobierno revolucionario no fueron cordiales y tan divor-
ciados estaban que sin resefiar aqui los enojosos incidentes ocu-
rridos entre ellos, s6lo apuntaremos que en la Asamblea de la
Yaya ninguno de sus miembros fue, por eso y por otras causas,
reelecto, con la excepei6n de Mas6, cuya candidatura para Pre-
sidente recomend6 el General G6mez. (1)

(1) PArrafos de la carta de Bartolom8 Mash a Miximo G6mez,
fechada en La Matilde, noviembre 3 de 1897: "Mi generoso amigo:
Cuando Regan a un hombre adolorido las generosidades de un viejo
camarada de gloria y de fatigas, de uno de los pocos veteranos de la
gran campafia que ya nos van quedando, es preciso contestar con el
alma abierta, el corazdn en la mano... las cartas de usted a varios


[7]t










Gerardo Castellanos (1) nuestro mbs capacitado historiador,
de los que viven, no s6lo por su alto deseo de sinceridad sino
tambi4n por su honrada y acuciosa investigaci6n, es uno de los
pocos que han recogido y estampado las debilidades y errores
de sus biografiados y en sus relatos nos da la sensaci6n que
describe a un hombre y no a un ser mitol6gico. En su {iltimo y
acabado estudio de la tragedia de Cespedes, cuyo primer acto
es Bijagual y su sangriento desenlace, San Lorenzo, dice:
Hay que verlos y estudiarlos, como hombres de care y hueso, satu-
rados de pasiones y defectos, propios de la herencia y la educac6n...

De acuerdo con el, creemos que si aun no ha legado la hora
de "decir toda la verdad'", deseamos con Juan Gualberto G6-
mez "que, por lo menos, todo lo que se diga sea verdad".
Desde luego, naturalmente existen y han existido gentes en
cuyo testimonio se puede confiar de modo absoluto, pero son
los menos.
La conferencia del doctor Hernandez es motivo para el elo-
gio fervoroso de Maceo, sin embargo no se ignora en ella ni se
desconoce a G6mez; no asi en la del doctor Caiizares, donde
no aparece integra, o mejor, desaparece la figura de G6mez. De
ella no vamos a hacer critica, pero no podemos dejar pasar sin
impugnaci6n algunos de los errores, por lo menos, los de bulto,
que en ella se consignan.
De la batalla de Las Guasimas, conocidisima de cubanos y
espafioles por haber sido la funci6n de guerra mss grande y
de mas resonancia en la que tomaron parte fuerzas cubanas y
espafiolas en ambas guerras, se afirman inexactitudes.
Dice el doctor Canizares, refiri6ndose a la brillante carga
dada por los cubanos a la caballeria espanola en el inicio de
la acci6n:

Representantes a la Altima Asamblea, me han dicho cuinta nobleza
y cudnto desinterds se encierra bajo el uniforme de nuestro primer
General. Y esto no es nuevo; hace mucho tiempo que los cubanos lo
saben... (Del Archivo del doctor Pdrez Landa.)
(1) Y tambien Portell-ViA.


[81












Son perseguidos (los espafioles) y macheteados sin piedad por la ca-
balleria nuestra al mando del Brigadier Henry Reeve, el Inglesito,
quien al regresar de la carga recoge 150 caballos...

La carga del Carril, como se la llam6, fu6 ordenada y diri-
gida por Maximo G6mez (1) en persona, a la cabeza de los suyos,
todos lo saben. Mal pudo El Inglesito mandar nada ni a nadie
en Las Gugsimas, pues se encontraba dado de baja en las filas
mambisas, curandose grave herida de bala con fractura del mus-
lo y no hizo su incorporaci6n a G6mez sino en el mes de julio,
es decir, cuatro meses despuss de la fecha de Las Guasimas.
Igualmente es err6nea la cifra de las bajas sufridas en ese com-
bate por los cubanos, notablemente exagerada, casi duplicada
en la conferencia del doctor Caflizares; consigna en ella 52
muertos, cuando el parte oficial cubano al Gobierno, asistente
a la operaci6n, s6lo resefia 29. Tampoco es exacta su nota de
los heridos, tambi6n exagerada.
La otra afirmaci6n, no acertada, es aquella donde asevera de
Las Gunsmas:

Pueden considerarse triunfadores los jefes espafoles porque aplaz6
para el afo siguiente Ia invasion de las Villas.

Desde luego, los derrotados del Naranjo y de Las Guasimas
para atenuar el efecto de aquel golpe fatal a las armas espa-

(1) De los muchos recuerdos publicados por oficiales mambises
que asistieron a Las Guisimas y que exaltan el papel de G6mez, para
refrescar la memoria de los olvidadizos, entresacamos el del muy co-
nocido oficial mambi que con el pseuddnimo de "Un Oriental" so pu-
blic6 en 1886:
"Al enfrentarse con los nuestros so detuvieron de repente los ji-
notes (los espafloles); entonces se lanz6 sobre ellos el general C6mez
con su Estado Mayor y nuestra caballeria, que ocupaba uno de los
flancos, lo que les oblige a volver grupas en busca de la protecci6n
del grueso de sus fuerzas, pero eran alcanzados por los nuestros y
muertos a machete con tal celeridad que en un momento quedaron
sobre el campo muchos de ellos... el resto fud perseguido hasta el
medio de la finca donde acababa el enemigo de posesionarse de una
repress hecha en el arroyo que atraviesa el potrero y en cuya represa


[9]










fiolas, "con fines disciplinarios de moral", propalaron esta es-
pecie. Frente a este juicio y sin comentarios, insertamos el de
L. Barrios, Comandante del Ej6rcito Espafiol, Oficial de Esta-
do Mayor, actor de la guerra de los 10 afios en Camaguey, dis-
tinguido escritor militar; como no fu6 derrotado en esta acci6n
esta mas libre que los vencidos alli para juzgar de su alcance
y efectos sobre la campafia. Califica dicho Oficial, en su libro
Recuerdos de Campafia y en la pagina 39, como "desastres a
Palo Seco y Las Guisimas"; mas adelante y refiri6ndose a la
tropa de Gomez: "masas combatientes y aguerridas y favore-
cido por habil caudillo sostuvo las acciones mis formales de la
campaia, como fueron las de La Sacra, Palo Seco, Naranjo y
Las Guisimas"; en la pagina 43: "Llegado Concha a Cuba, a
raiz del desastre de Las Guasimas, el mayor que sufrimos en
toda la guerra... (a) Esta afirmaci6n rotunda, frente a la del
doctor Cafiizares, es concluyente a pesar de todas las atenua-
ciones imaginadas, por venir de la boca de un tan competent
Oficial de Estado Mayor espafiol, como lo fu6 el Comandante
L. Barrios.
Para terminar, seflalamos otro rumor absurdo y referente
a Mal Tiempo. (1) En la pagina 259 de la citada conferencia
se estampa lo siguiente:

habia una laguna cenagosa. En dsta qued6 atascado un oficial espa-
fiol que fud muerto a machete a la vista de los suyos, sin que dstos
pudieran socorrerle. G6mez y los que cargaron volvieron al fondo del
potrero con los trofeos... los que mis se distinguieron en los cinco
dias... en primer tdrmino el Mayor General Miximo Gdmez, que man-
da como un general y carga como un soldado, Rafael Rodriguez, los
Brigadieres Josd A. Maceo, Josd GonzAlez, Gabriel Gonzle..."
(a) Subrayamos nosotros.
(1) "En Mal Tiempo, Gdmez abri6 un portillo de un solo tajo y re-
novd los laureles de Palo Seco", y mis adelante: "G6mes naci6 para la
gucrra, para dirigirla, para mandar a los demis hombres, ya fueran
soldados de fila, ya oficiales de mdrito en valor personal o en conoci-
mientos. La autoridad de G6mez se imponia a todos: siempre era el
General, siempre el director, siempre el Jefe absoluto y dominant.
No tenfa mis quo un rival: Antonio Maceo."


[ 10}










Se dice tambidn quo el General en Jefe no consideraba conve-
niente continuar la marcha;
y afade el doctor:
Maceo fu de la decision contraria a pesar de que G6mez queria sus-
penderla.
Cuando un escritor recoge una novisima y absurda versi6n
sobre algfn hecho pasado, y absurdo es imaginar a G6mez pu-
silfnime, arrepentido de levar a cabo la obra que planed con
Marti en Montecristi y con Maceo en sus comunicaciones, debe
este escritor aducir testimonios autorizados, exhibir documenta-
ei6n y no el vago aserto de personajes desconocidos, an6nimos,
que se abrigan en el se dice, y sobre todo cuando ello se encuen-
tra en contradicci6n con la verdad admitida hasta entonces;
ridiculo nos parece ademis presentar a G6mez y Maceo, nunca
separados ni en las grandes ni en las pequenas determinacio-
nes, a esos dos grandes soldados, desmoralizar sus hombres ha-
ciendo pnblico sus temores, si es que los tuvieron.
Por encima de todo eso, Jos6 Mir6 y Argenter, General
mambi, Jefe de Estado Mayor de Maceo, su cronista, jams
supo de semejante prop6sito; de haber ocurrido positivamente
61 lo hubiera sabido y, desde luego, consignado en sus admira-
bles Crdnicas, monumento elevado a la gloria de Maceo: nos-
otros tuvimos el honor, durante veinte aflos, de tratar como
medico a aquel generoso libertador y era tema diario en nues-
tras conversaciones "Maceo y la Invasi6n"; jams le ofmos
decir nada semejante. El General Loynaz del Castillo, Jefe de
Estado Mayor de Seraffin SAnchez, caudillo Este de la otra co-
lumna invasora, la villarena, niega enfiticamente la existencia
de semejante patraia, imaginada de seguro y recientemente por
detretores de G6mez, los que colocan estas irresoluciones sin
cr6dito, del G6mez que jams titube6, en distintas etapas de la
Invasion. Ademhs, eran tan secretos los acuerdos tomados en
las conferencias de ambos que sus propios Jefes de Estado Ma-
yor las ignoraban siempre. (Mir6. Cr6nicas.)
No se puede tapar el cielo con un dedo. El papel de G6mez
en 1a Invasi6n como General en Jefe estA establecido con su


(11]










orden del 30 de junio del 95, en su correspondencia con Maceo,
en su ardor impaciente por arrancar cuanto antes a Este de
Oriente para "sorprender y no dar tiempo", y en el curso de
toda ella, con los irrecusables testimonios de su acci6n seialada
por Mir6 y Loynaz, con sus cinco caballos muertos bajo 61 du
rate esa operacion, con su herida, y con el efusivo abrazo que
le di6 Maceo en Catalina de Giiines.
El General Jose Mir6, conocido de todos en Cuba, cuya de-
voci6n por Maceo, su Jefe y amigo, rayaba en el delirio, al que
erigi6 un monumento con su pluma; al que acompan6 hasta su
muerte y recogi6 sus mas intimos pensamientos, sus juicios so-
bre hombres y cosas de la Revoluci6u; este Mir6, actor de today
la Invasion, cuando despu6s de la muerte de ambos y sedimen-
tados sus juicios con la serenidad que les presta el Tiempo,
juzga la parte que en ella tomaron los dos, b qu6 dice? Consig-
na: "fu6 la obra tinica de dos soldados ilustres, G6mez y Ma-
ceo, que coincidieron en el plan con perfecta identidad, tanto
en el orden del tiempo como en la manera de ejecutarlo". No
pospone jamis en sus relatos G6mez a Maceo, lo que era na-
tural, puesto que el primero era el Jefe.
El General Enrique Collazo, nuestro mejor escritor militar
despu6s de Mir6, asistente con Marti a la entrevista de Monte-
cristi, en visperas de Playitas, disgustado mss tarde con G6mez
y no su amigo, borrada ya esta enemistad por la tumba abierta
del General y sus servicios a la causa de la libertad de Cuba,
tal vez igualados pero no superados por nadie, dijo anos des-
pu6s de la muerte de G6mez y al hablar acerca de Este: (1)
...Pero donde se revel6 como militar fud en esta tltima guerra
del 95. Es estudiando la gesti6n del General G6mez en el terreno de
la guerra de Cuba, un modelo de audacia e inteligencia, de valor;
porque sin que se ponga en duda, el mdrito de la Invasi6n es exclu-
sivo del General G6mez. En el General G6mez no habia estudios, no
los podia tener, era el Genio, era el instinto de la guerra, eran el
corazdn y el cerebro que acertaban en todo, era el rayo cuando tenia

(1) Discurso en el Aniversario de la muerte de G6mes, en la
CAmara de Representantes.


[12]











que partir, era rApido en sus movimientos, era incansable en la per-
secuci6a, era hombre sin estdmago, sin necesidades, la marcha no lo
abatia, y a todo suplia para dar la victoria a Cuba y la obra que se
propuso, la lUeg a ver realizada, la Independencia de Cuba. Y le pag6
a los cubanos su ingratitud y su olvido, diciendoles: Poddif morir
traoquUmO, puwe ya la Repdblica de Cuba ezsste. Este es el resumen
de la vida militar mas grande que ha tenido Cuba.

No se puede, pues, pasar la esponja, como se pretende, sobre
el nombre de G6mez en la Invasi6n. Antes habria que hacer
desaparecer el testimonio de estos dos hombres que hemos cita-
do, y los de mis autoridad para ello por los cargos que ocupa-
ron; el uno, Jefe de Estado Mayor de Maceo, el otro, pertene-
eiente al Estado Mayor de Calixto Garcia y su admirador.


[13}
























MAXIMO GOMEZ
Y LA INVASION DEL 75




































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MAXIMO GOMEZ

Y LA INVASION DEL 75

CoNFERENCIA LEfDA PoR EL DR. BENIGN SOUZA EN LA SOCIEDAD
HISPANo-CUBANA DE CULTURA EL DiA 10 DE OCTUBRE DE 1930.

Senor Presidente;
Senoras y seiores:

ARA conmemorar este 10 de octubre, tan olvidado por
nosotros como lo es el 24 de febrero, he elegido como
tema la invasion de las Villas por Miximo G6mez
en el ano 75, no con la presunci6n de decir nada nue-
vo para los Gerardo Castellanos y otros especialistas de los fas-
tos de nuestras dos epopeyas, sino como trabajo de divulgaci6n,
ya que por muchos parece es desconocido aquel heroico y ulti-
mo esfuerzo de los cubanos en armas para veneer a Espana
y que fuo, de todas las operaciones de guerra, realizadas por
ellos durante la d6cada revolucionaria del 68, sin duda alguna
la empresa militar ma's importante y audaz de todas las de
esa opoca, tan- fecunda, por otra parte, en gestos heroicos y en
brillantes acciones, escuela donde se formaron y aprendieron
su oficio de soldado Ignacio Agramonte, Antonio Maceo, Calix-
to Garcia, y junto a ellos, la legi6n de diestros jefes y oficiales
mambises que veinte anos despu6s hicieran tan rapida y fatal
campana para las armas espanolas, dirigidos por ese mismo Ma-
ximo G6mez, sumo estratega de los cubanos en el 68 como Lo
fu6 en el 95.
Aplausos merece el doctor Fernando Ortiz, Presidente de
esta Sociedad, por el recuerdo dedicado en este dia a esos
hombres, a los que parafraseando a Victor Hugo, podemos lla-


( 17 1











mar gigantes del 68. Ellos lo merecen, porque en nuestro pe-
queno escenario y desconecidos, no ya del mundo, sino de sus
propios paisanos, subieron serenos a los cadalsos, fueron fusi-
lados por millares en la soledad de los bosques, murieron en
los campos de batalla tratando de arrancar el hierro de la mano
a su adversario (en los nltimos seis anos no reciben una sola
expedici6n) sembraron de muertos, en horrendas y macabras
travesias, los mares y presidios de Africa, sostuvieron una feroz
guerra a muerte que dur6 i diez anos! ante la indiferencia de
todos, arrojaron a la hoguera de la revolucion, no s6lo sus
vidas sino sus fortunas y haciendas, confiscadas y perdidas, y,
al fin, extenuados, aniquilados y destruidos, capitularon despues
de esos largos diez anos en que, como Robinson, vivieron en los
bosques, perseguidos por 270.000 enemigos, de los que 100.000
eran cubanos, para recoger al "caer la cortina sobre el drama",
de sus indiferentes paisanos, que vivian cobijados por Espana,
el dictado de traidores.
Nosotros, sus nietos, con tan poco parecido a ellos, debemos
por lo menos realzar con orgullo lo que en aras del ideal y de
la manumision del esclavo sacrifice aquella generacie6n glorio-
sa. Es necesario recordar a nuestros hijos que no siempre han
sido los cubanos, feligreses del becerro de oro, tan avidos del
auri sacra fames, que hubo un Francisco Vicente Aguilera, un
Miguel Aldama y otros muchos, nacidos millonarios, muertos en
la miseria sin abjurar de sus sacrificios ni de su obra.

EN PLENA LLUVIA DE ORO
Camilo Polavieja, habitante de Cuba en el ano 66, dice en
un libro suyo:
me apena el recordar el estado de Cuba antes del Grito de Yara. He
viajado bastante y no conoci pais donde se viviera mejor, Colonia
con mds libertad prActica, region menos abrumada de impuestos, nt
por tanto rebeldia mas injusta.
Esto que dice el Proc6nsul espanol y en muchos de sus as-
pectos es exacto, prueba que para aquellos hombres remanti-
cos, no todo en la vida eran esas riquezas, fabulosas entonces


[18 1










en nucstra isla. El izncar y el tabaco no tenfan competidores
en los mercados del Mundo; la arroba de azncar valla en esa
fecha catorce y quince reales fuertes en oro, casi eran dos pesos.
La esclavitud del negro en su infame apogeo reducia el costo
del material humano usado en el trabajo, al minimum, ya que
se pueden calcular los gastos de sustento y gratificaci6n de un
esclavo en no mas de veinte centavos diarios. Una verdadera
luvia de oro cafa sobre el pals.
El ano 67, en la Habana, con una poblaci6n de 140.000 al
mas, actuaban dos companfas de 6pera a la vez, una de ellas
italiana, desde hacfa seis meses, la otra francesa. Se encontraba
entre nosotros la Ristori, ya antes habian estado Valero, una gran
compania de zarzuela espanola, los bufos cubanos, el Circo de
Chiarini y Cnchares, el fen6meno taurino, completaba los es-
pecticulos, indice de la vida desahogada que sostenian los ha-
baneros de antano. Dos periodicos satiricos, el Moro Muza. y
Don Junipero, eran vendidos por las calles al precio de treinta
centavos oro el nnmero y la Habana era el punto de escala, El
Dorado para todos los jugadores profesionales del mundo. De
ahf que fuera tan puro, tan ideal el sacrificio de aquellos hom-
bres que inscribieron en su bandera la libertad del esclavo, base
de todas esas riquezas.
Para las filas del pueblo, la idea separatista fue una nove-
dad; no habia llegado hasta ellas, patrimonio, como lo fue en
Sur America cuando sobrevino la rebeli6n contra Espana, de
las altas clases sociales; ademas, b c6mo podfan nuestros pobres
campesinos y humildes negros desafiar el poder de Espana que
de tan terrible modo reprimi6 la imaginaria conspiraci6n de la
Escalera y las intentonas de Lopez? S6lo hombres de gran va-
lor, de gran temple moral, como lo fueron aquellos varones,
podfan intentarlo.

SANTIAGO FRENTE A LA AMETRALLADORA
Esa tremenda lucha de diez anos sostenida por unos cuantos
hombres, bloqueados en estrecha isla, contra el inmenso poder
de Espaia y de sus paisanos, no lo podri comprender jams un
anglosaj6n, tan indnctil para leer en la psicologia de los demis


[19 ]










pueblos; solo la raza de Don Quijote y Hernin Cort6s piede
explicar a esos hombres lanzandose en tropel, armados con
sus conmovedores canones de cuero y sus ingenuas lanzas de
yaya, sobre la moderna artilleria y los Peabodys de Valmase-
da en Saladillo. Esa nuestra ardiente fe, propia de la raza, &no
ha oreado, frente a la ametralladora de los otros pueblos, como
maquina de combate mas eficiente, como el maximo artefacto de
la guerra, a Santiago Ap6stol? Maximo Gomez y Marti, en un
botecillo y al frente s6lo de cuatro hombres, no desembarcan en
Playitas para arrojar a Espana de Cuba?
El Grito de Yara tuvo como adversarios resueltos, no s6lo a
los espaioles de la Isla, sino a muchos cubanos, sobre todo a los
duefios de los esclavos, que en el triunfo de la Revoluci6n veian
de seguro con ma's indiferencia arriar la bandera espaiola del
Morro, que la ruina de su infame y productiva industria. Por
ello defendieron la causa de la Metr6poli, con intensa ener-
gia y la guerra tom6 a poco el cruel caricter que siempre
han tenido las guerras civiles entre pueblos de nuestra estirpe.
De ello son buena muestra las dos guerras Carlistas y la de
Cuba de los diez anios, con sus sangrientos y abominables epi-
sodios. Un gran cubano, Vice-Presidente de la Repnblica en
armas, el General Domingo Mendez Capote, en su luminoso
folleto sobre el Pacto del Zanj6n, dijo:

es dificil concebir la nefanda influencia que tuvo la esclavitud en la
sociedad cubana.

EL HEROISMO DE LA RAZA DE COLOR
Las nobles y generosas acciones al fin dan sus frutos. El
articulo veinticuatro de la Constitucion de Guaimaro que pa-
reci6 un error a los politicos pricticos, siempre inmorales, ase-
gur6 nuestro triunfo en la nltima guerra. La raza de color,
en gratitud colectiva y como un solo hombre pag6 su deuda
con la bandera de Yara corriendo a defenderla en el 95, y es
de justicia reconocer que si el negro de Oriente se afili6 a ella
en pos de Maceo y Moncada, el de Occidente to conquist6, lo
nacionaliz6 cubano, un hombre superior, el Marti de esa raza


[ 201










en Cuba, periodista, orador, publicista, conspirador y rebelde,
que como el Maestro arrastr6 sus gloriosos grillos por casi todos
los presidios de Africa y Espana, que durante un cuarto de
siglo, con sus ardorosas predicas alist6 bajo la bandera tricolor
a todos los negros de Occidente y tuvo arrestos para con s6o
dieciseis hombres retar a Espana en los campos de Matanzas.
Ese hombre, dichosa mezcla de las dos razas, por fortuna para
Cuba, aun vive y todos sab6is que se llama Juan Gualberto
G6mez.

DOS COMARCAS DISTINTAS
Se dividia Cuba entonces en dos comarcas, tan distintas am-
bas, Oriente y Occidente, que mas parecian paises extraios, sin
ningnn otro nexo casi, mas que su comunicaci6n por el mar.
Territorios tan lejanos de la Habana, como Mejico y Santo
-Domingo. La riqueza del pals, comio ahora, la representaban
principalmente el azncar y el tabaco, patrimonio 6ste de Vuelta
.Abajo; la cafia de azncar se cultivaba de las Villas para aca.
Un solo dato nos to demuestra. En la estadistica de azncar de
Carlos Rebello de 1860 muchos Ayuntamientos de Occidente,
Cardenas, Cienfuegos, Sagua, elaboraban, ellos solos, mas azu-
car que todo el Departamento Oriental con sus dos provincias;
y el t6rmino municipal de Col6n produjo ese mismo ano justa-
mente el doble de lo que elaboraron Santiago de Cuba y Ca-
maguey juntos. Estas consideraciones son importantes para ex-
plicar la faciliadad con que la Metr6poli soport6 esta larga
contienda, apoyada en Occidente, fuente inagotable de recursos,
no tocados apenas por la guerra, manantial de hombres inclu-
sive. Movilizados, Bomberos, Milicias blancas y de color, suma-
ron casi siempre la mitad del ej6rcito peninsular. Dice el citado
Polavieja:
unidos a nuestra ddbil politica, que ha abandonado al criollo que nos
sirvid con lealtad... por guajiros (campesinos) en uni6n de tropas
del Ejdrcito, fu4 perseguido Narciso L6pez y uno de aqudllos lo hizo
prisionero y entreg6. Comarcas enteras hubo el 68 que al Grito de
Yara respondieron pidiendo armas y combatiendo por la patria es-
palfola...


[ 21 }










Hoy el campesino no es nuestro; los que combatieron por Espana
ya no volverdn a hacerlo. Los han hecho enemigos nuestros la ense-
fianza y la Prensa periddica unido todo a nuestra conducta con ellos.

Es 6ste un juicio fiel; el ideal separatista, como toda nueva
noci6n, necesit6 del tiempo para legar hasta las masas y es na-
tural que fueran 6stas las nltimas en ser conquistadas, porque
ya lo dijo un gran orador espanol: "las ideas, como el sol, antes
de visitar los humildes valles hieren la cumbre de las altas mon-
taias'".
El General Concha: "la actitud en el 68 y 69 del elemento
del pais y de los peninsulares fieles a Espana, contuvieron por
de pronto la insurrecci6n que amenazaba llegar al cabo de San
Antonio'".
El Coronel Camps y Felin, valeroso soldado espaiol, heroe
de la Periquera que junto con Estevanez, Carrasc6n, Capdevi-
la y otros, por fortuna para la raza, fueron el anverso de los
Weyler y Valmaseda, en su generoso libro Espanoles e Insurrec-
tos, dice: "los cubanos que se rebelaron no tuvieron la honra de
representar a su pais; s6lo contaron con plat6nicas simpatias'".

Maximo G6mez:

no se tard6 mucho en ver desfilar los heridos del batalldn de San
Quintin, tenidos en un encuentro con el General Maceo. Iban custo-
diados por hijos del pais con uniformes de Voluntarios. iCudntos pen-
samientos se agolparon en mi imaginacibn! iNo pude menos de ex-
clamar, volvidndome a mis companeros: "iCuba no puede ser li're!"

Se puede decir, pues, y estos testimonios lo prueban, que
Espana, quebrantada por sus trastornos internos, debi6 la con-
servaci6n de la Isla a la resuelta defensa de su causa hecha
por estos intereses, amenazados por la rebeli6n, y a los recur-
sos en hombres y dinero que de Occidente sin cesar extraia; a
ellos tambi6n se une la inexperiencia militar de los nuevos alza-
dos que, con tiempo de sobra para extender la guerra a toda la
Isla permanecieron sin moverse apenas de los sitios donde se
rebelaron.


{ 22 1









Bayamo estuvo ocupado por C6spedes cuatro meses, sin que
los espanoles, signo de su debilidad, se atrevieran a atacarlo ni
durante todo este tiempo se practicara operaci6n militar im-
portante por los cubanos; pero el hecho mas elocuente y que
delata la falta de audacia de los bisonos rebeldes y su desco-
nocimiento de la guerra se dio en la comarca de Guantanamo.
Esta, a pesar de su vecindad con el termino de Santiago, donde
abundaban los alzados, permaneci6 ajena al movimiento duran-
te dos largos anos, sin que ninguno de sus jefes tuviera atrevi-
miento bastante para mantenerse en ella y fue preciso que a la
muerte de Donato Marmol ocupara ese puesto Miximo G6mez
para llevar a cabo su aterradora invasion a Guantanamo, y fuo
esa en lo adelante una de las regiones donde ma's poderosa se
mantuvo la rebeli6n.

PENSANDO EN LA'INVASION
La guerra se hizo cr6nica, y como todos los males cr6nicos
terminan porque los rganismos que los sufren, acostumbrados
a ellos, los toleran a Isla, cuyas riquezas permanecian intac-
tas, ya que fueran Las Villas ripidamente pacificadas. per-
maneci6 tranquila y de cuando en cuando alguna noticia daba
cuenta que allay, muy lejos, en Camagiey y Santiago, persis-
tia la rebelion; pero seguros con la Trocha, linea militar que
aislaba las comarcas infectadas, explotaban los hacendados sus
ingenios en la espera paciente de ver al fin los insurrectos, poco
a poco exterminados, concluir por desaparecer.
Pacificadas las Villas y refugiadas en exodo sangriento sus
fuerzas en Camaguey, deseaban todos volver a ocupar esta rica
region y seg'n el mismo Maximo G6mez, fue en el ano 71 cuan-
do Carlos Manuel de Cespedes, en memorable entrevista con el,
le dijo:
un mill6n de combatientes en Oriente no bastardn para volver a la
revoluci6n sus dias de esplendor y es preciso que invadamos Las
Villas. Desde entonces naci6 en mi Animo la idea de la inv:.sidn...
Consegui muchos adictos, la mayor parte jefes aguerridos, entre ellos,
al Coronel Antonio Maceo.


[ 23 ]










Todo el mundo sabe la serie de vicisitudes por las que atra-
ves6 la revoluci6n hasta el aflo 73, en que pudieron ser viable
estos proyectos por la importancia militar adquirida por la re-
beli6n.
Dice un General espanol, actor de la contienda: "el ano 73,
la moral de la insurrecci6n se crecio notablemente con la orga-
nizaci6n y fuerza de sus partidas, cuyo mayor nnmero recon-
centr6 y puso bajo su inmediata direcci6n el entendido y hibil
General insurrecto Maximo G6mez".
No hay que recordar las dificultades que el localismo, las ri-
validades e intrigas pusieron para su realizaci6n. Los refuer-
zos ofrecidos se redujeron a trescientos hombres, si bien a su
frente vino el hombre a quien Maximo G6mez design, Maceo,
quien, solo, valia por una division, lo cierto es que el resto
qued6 ally y aun este mismo contingente, que debia estar en
Camaguey el primero de diciembre, no lleg6 sino en febrero.
La batalla de las Guasimas tuvo lugar a mediados de marzo, es
decir, ya muy adelantada la estaci6n de la seca, y estos refuer-
zos, reclamados por Calixto Garcia, se volvieron para Oriente.
Sin embargo, retuvo G6mez a Maceo, a quien puso al frente de
las fuerzas de Las Villas, pero 6stas, minadas por los Clubs, por
los absurdos derechos politicos concedidos a los soldados, se ne-
garon a continuar a las ordenes de Maceo, asi como a las de
Gabriel Gonzilez, y preciso fue darles el Jefe que ellos quisie-
ron. Como veremos, estos acontecimientos dieron sus frutos fa-
tales ma's adelante.

GOMEZ QUIERE SORPRENDER
Llegada la estacion de la seca, no quiso G6mez aguardar
mis. Presumia el tardo auxilio que podia esperar del Gobierno,
que como casi todos los que se sucedieron en nuestras revolu-
ciones, fueron, segun la exacta expresi6n de Gerardo Castella-
nos, "inntiles adornos". Queria, ademis, evitar su divulgaci6n
para adelantarse a Concha y ocult6 su prop6sito a todos; queria
tomar la iniciativa de las operaciones, asumir la ofensiva para
contrarrestar, como lo hizo, la pr6xima campafia del Capitan


[ 24 )











General espanol en Camaguey, porque, como dijo el mismo, "al
que espera, le dan.. ." Estos motivos militares los senala Roa
en su libro in6dito "Montado y Calzado". Y el mismo G6mez
dice en su folleto "El Convenio del Zanj6n": "Tan pronto se
hubiera trasmitido al Gobierno se traslucia, perdiendo yo la ven-
taja de la sorpresa, finico recurso que tenfamos para luchar
contra un enemigo superior en nnmero, mas diestro en el arte
de la guerra y abundante en recursos.'"
En su carta a Estrada Palma: "La invasion de Las Villas
la determine por mi cuenta y riesgo para asegurar el 6xito con
el.secreto y la sorpresa", y sabemos todos el valor que a esta
nltima di6 siempre este soldado, genial en todas sus empresas,
ponocedor mas que nadie de la psicologia de la guerra.
Extendiendo una ojeada sobre el campo espanol, vemos que
toda la preocupaci6n de sus jefes, con el aplauso de los caci-
ques de la Colonia, era mantener intacta la barrera de la Tro-
cha e impedir se infiltrara la revoluci6n de nuevo en Las Villas,
amenaza para las pingiies zafras de esas comarcas.
Es de senalar que el ejercito espanol colonial, de entonces,
brillante, era un ejercito, como dicen los franceses, del oficio;
perfectamente aclimatado, con grandes nncleos cubanos auxilia-
res y adiestrados sus hombres por seis aios de constante lucha,
entre ellos se habian formado y destacaban jefes de gran valor
y capacidad militar, como lo fueron Arminfin, Esponda, Camps
y Feline, Bascones, Marin, Valera y otros, ej6rcito sin discusi6n
muy superior a la muchedumbre de reclutas de Weyler. Sin em-
bargo, en los anos 73 y 74 la campaia de G6mez en el Camaguey
se hizo tan amenazadora, y fueron tantos y tales los fracasos
de las columnas espanoles, que el Gobierno de la Metr6poli, casi
exhausto entonces, decidi6 como ultima ratio, enviar al Capitin
General Jose Gutierrez de la Concha, Marques de la Habana.
Este, junto a su gran reputaci6n militar, reunia fama como co-
lonial, por sus dos felices mandos en Cuba, por la rapida ter-
minaci6n que tuvo en sus manos la intentona de L6pez y autor
de atinadas memorias y publicaciones sobre problemas cubanos.


( 25










LLEGADA DEL GRAL. CONCHA


Desembarc6 Concha en la Habana el dia 7 de abril y com-
prendi6 en seguida la necesidad de vigorizar su Ejercito con la
inyecci6n de elementos criollos en mayor nnmero y, sobre todo,
como ningdn otro General espanol, estimo el valor que como sol-
dado tiene en los tr6picos el hombre de color, de ahi su empeino
en reclutar tropas negras y milicias blancas para sostener in-
franqueable la Trocha y mantener limpia de partidas la pro-
vincia de Las Villas. Para ello orden6 operaciones activas en
el Camaguey sobre G6mez, pero como 6l mismo dijo, "cuando
los insurrectos pueden presentar fuerzas aguerridas de tres o
cuatro mil hombres" jamss pasaron de mil quinientos) y de
ochocientos a mil caballos, acostumbrados a lanzarse sobre nues-
tras tropas machete en mano, era preciso para combatirlos, no
una, sino diferentes columnas de dos a tres mil hombres por lo
menos'". De las Guasimas dice el mismo General:

de esta importante accidn en que ocho batallones y mAs de ochocien-
tos caballos con cuatro piezas de artilleria se vieron obligados a reti-
rarse, a pesar de que nuestras fuerzas se portaron con notable valor,
conducidas por los brigadieres Armiuin y BAscones, tuve noticia a mi
paso por Puerto Rico.

A Naranjo y, sobre todo, las Guasimas, muchos observado-
res cubanos y espafioles los consideran como responsables del re-
tardo de la invasion, sin embargo, son hechos, a nuestro juicio,
que fueron, al contrario, los que la hicieron possible en el 75,
Despu6s de las Guasimas dice Concha: "a mi llegada a la Ha-
bana, el 7 de abril, aquellas dos Brigadas continuaban reparin-
dose en Puerto Principe, a. pesar de que Maximo G6mez se
habia adelantado hasta a mas de tres leguas de la Caridad de
Arteaga, sin que los nuestros intentasen atacarlo'".
Esta situaci6n, de absoluta falta de operaciones sobre Gomez,
cubierto por el terrible recuerdo de las Guasimas, fue la que
permiti6 a este, sin municiones apenas, realizar su peligrosa
cperacion con toda seguridad.


[ 26 ]









UN INTENTO CONTRA GOMEZ


El Gnico intento para buscar contacto con el culmin6 en
uno de los mayores desastres de la campana; salieron en su
busca las columnas de Bascones, Armiin y Cubas, el dia 1'
de julio del 74, y dice un actor, el Coronel Camps y Felin,
que el dia 12 del mismo mes, sin haber encontrado sino pi-
quetes y avanzadas de G6mez, tuvieron que retornar al Prin-
cipe con mas de seiscientos enfermos, a los que hubo que traer
en camillas, tarea que ocup6 a casi toda una Brigada y ha-
biendo enterrado durante la marcha mas de ochenta muertos;
todo esto, sin haber disparado un solo tiro al enemigo, patente
ejemplo de lo que eran para las tropas peninsulares las opera-
ciones en la fuerza de las aguas. Se dijo que las tropas fueron
atacadas del c6lera, pero este aserto, falso, ha sido desmentido
por el Coronel Camps. Concha dispuso entonces guarnecieran
la linea de Jncaro a Mor6n y los puestos y poblaciones de la
zona de Las Villas, cuatro batallones de tropa de linea, uno de
milicias de Col6n y ma's de diez mil hombres de guerrillas mon-
tadas, Movilizados, Bomberos y Guardia Civil de infanteria y
caballeria.
Con tales fuerzas aguard6 tranquilo a su enemigo y su con-
fianza gan6 a la opinion espanola. La Voz de Cuba, en ar-
ticulo de mayo 24, dice: "los insurrectos se baten bien. No hay
duda que Maximo G6mez es hombre que sabe mandar, pero su
sueno dorado, que es invadir Las Villas, la Trocha infranquea-
ble se lo impedira''. La misma Prensa extranjera recogia estas
noticias y el correspensal de la Prensa Asociada en la Habana
informaba en 5 de enero a sus periodicos, justamente veinticua-
tro horas antes de romper G6mez la Trocha: "no hay cambio
en los asuntos militares. El nnmero de tropas tiles es suficien-
te para impedir que los insurrectos emprendan ningnin movi-
miento de consideraci6n en las Cinco Villas".


[ 27 }










LA PROCLAMACION DE ALFONSO XII


El dia 1 de enero se efectna en la Habana la proclamacion
de Alfonso XII con salvas, iluminaciones, called empavesadas,
gran parada y fiestas populares. Hasta los pueblos de la Trocha
celebran con alborozo el nuevo ano, que en breve tiempo iba a
cambiar sus alegres repiques en dobles de muerte y luto, con
la terrible y devastadora guerra que a esas ricas comarcas llev6
el audaz Maximo G6mez, el cual no consider prudente aguar-
dar ma's, y con cerca de mil hombres de los Regimientos de In-
fanteria Potrerillo, Siguanea y Atollaosa, mandados por el Te-
niente Coronel Cecilio Gonzalez, de la raza negra, y los de ca-
balleria Agramonte, Camaguey, Narciso y guerrillas montadas,
mandadas por Maximo Gomez, llevando como segundo a Julio
Sanguily y Jefes como Rafael Rodriguez, Enrique Mola, Jose
Gonzalez Guerra, Gabriel Gonzalez, Manuel Suarez, Luis More-
j6n, Serafin Sanchez, se prepare para su empresa.

EL 6 DE ENERO DEL 75
PRIMERA Y UNICA HERIDA DE GOMEZ
Por fin, en aquella dramatica madrugada del 6 de enero de
1875, la hueste mambisa, sus esperanzas puestas en el soldado
insigne, que hasta entonces unciera la fortuna a todas sus em-
presas, cruza el inexpugnable cintur6n de fuertes que desde
hacia cinco anos encerraba a los cubanos rebeldes en las cam-
pinas de Camaguey y Oriente, desoladas por seis anos de gue-
rra. Al atravesar la linea, bajo el fuego de los fuertes Catorce
y Medio y Quince, Sur, por donde se hizo el cruce, tan cerca
por cierto que la columna mambisa se desliz6 entre el fuerte y
la caseta que le servia de letrina, casi acaba G6mez bajo la bala
de un miliciano negro de los que guarnecian el fuerte; fatal
augurio para los expedicionarios, porque fue esta la primera
y nica herida que en la guerra de los diez anos recibiera el
milagroso caudillo. Por una fraccion de milimetro mas que hu-
biera inclinado al disparar el can6n de su Remington, el desco-
nocido miliciano cubano hubiera, con su disparo, prestado uno
de los mas grandes servicios, no solo en el presente, sino


[ 28 1











tambi6n en el porvenir, a la causa espanola en Cuba. He aqui
c6mo refiere Fernando Figueredo el suceso:
Amanecia ya el 6 de enero, cuando Mdximo G6mez realiza su ilusidn
salvando bajo el fuego de dos fortines la celebre Trocha; pero en los
moments en que el General se ponia del otro lado, en territorio de
Las Villas, cuando radiante, contemplaba su obra lievada a cabo, cuan-
do irguindose sobre su gran caballo Cinco, tan valiente como 61, iba
a dar un grito de ;Viva Cuba! una bala le atraviesa la garganta y
le corta la palabra. El movimiento instintivo que hizo fuera de si,
llevando ambas manos a la garganta, le obliged, inconscientemente, a
clavar las espuelas al bruto, que dando salts pugnaba por echar a
tierra al hdroe.

Una vez mas se puso de relieve el temperamento de gran
soldado del caudillo herido, que en ese momento no atiende mas
que a sus hombres, a quienes lo sucedido desmoraliza y a los que
estimula del modo heroico que refiere un actor, Ram6n Roa:
Asi enronquecido, echando sangre a borbotones por la boca, impera-
tivo, manda a su corneta de 6rdenes tocar ;Marcha a la bandera! y
desde ese instant el territorio de Las Villas se encontrd bajo los
cascos de su caballo, que soterraroen el polvo del fracaso los planes
del General Concha.

En la noche de ese mismo dia 6 de enero, se encontraba el
Marqu6s de la Habana presidiendo un gran banquete; aun se
sucedian en nuestra ciudad las fiestas de la proclamaci6n de
Alfonso XII. El Capitan General, rodeado de toda la nobleza
colonial, de los grandes personajes oficiales, civiles y militares,
recibi6 la noticia telegrafica de este acontecimiento y segun
versi6n de un militar espanol "lo comunic6 al General Riquel-
me, su jefe de Estado Mayor, con la misma indiferencia que si
se tratase de un suceso insignificante'". No presumi6 que aquel
escueto parte militar era el inicio de una serie de inesperados
fracasos que producirian al cabo de unos dias su ruidosa desti-
tuci6n. El parte oficial del Jefe de la Trocha, decia textual-
mente: "El enemigo en nunmero de mil hombres, entre infante-
ria y caballeria, ha forzado la linea principal entre los fuertes
Catoree y Medio y Quince. Se ignora el cabecilla que los manda.
-Coronel Goicoechea.'"


[ 29 }










MARCHAS Y CONTRAMARCHAS
TOMA DE EL JIBARO
Desaparecido el peligro de su herida y mejorado G6mez, em-
pieza a ejecutar su meditado plan, cuya fase inicial era procu-
rarse municiones de las que carecfa, y aturdir a su enemigo
asestdndole golpes tales que llenaran de terror las guarniciones
de los fuertes y poblados que cubrian aquella zona y facilitaran
la marcha de sus Tenientes a las Villas Occidentales. Con su
habitual pericia realiza una serie de marchas y contramarchas,
se dispersa y se concentra, ya unido a las fuerzas de Pancho
Carrillo y Jimenez, que lo esperaban ez esos lugares, para pre-
parar su operacion fundamental, apoderarse de El Jibaro. Para
los que conozcan la maravillosa campana de G6mez, a las puer-
tas de La Habana en enero y febrero del 95, no es nada nuevo
esta de Sancti-Spiritus, y para G6mez, fue verdaderamente un
juego de ninios desorientar a sus contrarios, enganarlos, lanzar-
los sobre falsas pistas, empeiarlos en perseguir veinte o treinta
jinetes, dirigir sus columnas a opuestos rumbo' para caer en-
tonces como el rayo sobre el campamento fortiti..ado de El Jf-
baro, donde por sus confidencias sabia que fuertemente custo-
diado se guardaba el parque de las tropas de esa zona. Divide
sus fuerzas en dos columnas, y mientras envia con la infanteria
al hombre en quien puso su confianza para ello, el Teniente
Coronel Cecilio Gonzalez, con orden de aproximarse a l Jiba-
ro, el describe con la caballeria una serie de movimientos y en-
gania a su paisano Valera y a Esponda, que le segulan los pasos.
Cae en la madrugada del 18 sobre El Jbaro, al que guarnecen
doscientos cincuenta hombres..., pero insertemos aqui su parte
oficial al Secretario de la Guerra: "EscogI los potreros de la
finca San Marcos, Norte de la jurisdicci6n de Sancti-Spiritus,
para atraer alli al enemigo, lo que consegui." Era 6sta la co-
lumna de Esponda, quien telegraffa a Concha, tiene a MAximo
Gomez a su vista y que el Brigadier Valera, avisado por el, con-
currira a la esplendida victoria. Estaban ya sobre G6mez las
columnas de Zea, Esponda, Goicoechea y Valera, y dice el Bri-
gadier Acosta y Albear: "las seguridades de triunfo de Zea


[ 30 ]












eran tan evidentes que en otro telegrama ruega a Concha le
diga que quiere que haga despues del combate, si perseguir a
los rebeldes mss allay de la Trocha o concluir de una vez con
todos los bandoleros de Las Villas. Lo primero es mss brillan-
te, lo segundo es mss seguro. El Capitin General ordena a Zea
que nuestros soldados ataquen al grito de "Viva Espana y Don
Alfonso" y que espera un victoria para celebrar la proclama-
ci6n del Rey". El periodico Diario de la Marina se lamen-
ta el dia 15, que no se pueda demorar el vapor correo unas po-
cas horas en su salida para que lleve los detalles de la completa
destrucci6n de G6mez, pues ya se sabia era 6ste el cabecilla ex-
pedicionario a quien suponia Concha rodeado en San Marcos
por las columnas de Esponda, Valera, Cubas, Zea, Baile y Arias,
que como un enjambre habian acudido sobre 61; pronto fucron
disipadas estas ilusiones por las alarmantes noticias que unas a
otras se sucedian con exraordinaria rapidez. Continna Maximo
G6mez:

el enemigo se present al siguiente dia de haber ocupado esta posi-
cidn; me favorecid la circunstancia de que se aproximd a mi campa-
mento a la caida de la tarde y la noche le impidid avanzar, mientras
yo pude disponer que un jefe valiente y entendido, Luis Morejdn, lo
hostilizara toda la noche con una pequena fuerza de caballeria. Dividf
nuestra columna en dos, una de infanteria, que por caminos extra-
viados dirigi al Sur, zona del Jibaro, y otra de caballeria con la que
tome el rumbo de la poblacidn de Sancti-Spiritus, y asi obligu6 al
enemigo a descuidar la marcha de nuestra infanteria. Este primer
movimiento lo desconcertd, o hizo impossible fijar plan alguno, em-
prendiendo una lenta persecucidn. Di orden al General Julio Sanguily
de marchar sobre el Jibaro a las dos de la madrugada del 18 de
Enero. El Teniente Coronel Cecilio GonzAlez, con la infanterfa, debia
asaltar y tomar las trincheras apoyado por Julio Sanguily; el ba-
luarte principal, que era la iglesia, se rindid tras tenaz resistencia,
despuds de tener sus defensores quince muertos y muchos heridos.
Despuds de rendida la iglesta, el fuerte de en frente fu4 tornado por
Sanguily y Enrique Mola, los que entraron a caballo dentro, rindin-
dolos. Se distinguieron, ademAs de 4stos, el Teniente Coronel Cecilio
GonzAlez por su valor y disposiciones, el Comandante Serafin Sinchez,
Manuel Ledn y Josd R. Estrada. El primero en asaltar las trincheras
fu6 el CapitAn William Humphrey. Nos apoderamos de 253 remingtons,
mAs de cuarenta mil tiros, ciento diez caballos, dinero, efectos y me-


[ 31 ]










dicinas. Se nos pasaron ciento sesenta guerrilleros y cuarenta palsa-
nos: tuvimos tres muertos y siete heridos, entre ellos al Capitin Josd
A. Legon. La poblaci6n fud totalmente reducida a cenizas.
He aqui lo que sobre esa operaci6n, pr6logo brillante de esta
campana, dice R. Roa en carta fechada en el mismo Jibaro el
24 de enero del 76:
El 18 me separd de las fuerzas para venir al Jibaro justamente al ano
cabal de su toma y destrucci6n. La Republica se jug6 alli el albur de
la vida. Era necesario hacerse de municiones a costa de sangre. Se
arranc6 un laurel a la victoria y provistas las cananas se asegur6 la
Invasion. El Jibaro para mi significa mucho, si no la salvaci6n del
pais, al menos la salvaci6n de una dpoca.

UN TORBELLINO DE OPERACIONES
Despu6s del Jibaro divide G6mez sus fuerzas y ordena a sus
Tenientes invadir las zonas de Trinidad, Remedios, Sagua, Cien-
fuegos y San Clara, y para facilitar su marcha, desencadena
como un torbellina la serie de rapidisimas operaciones, todas
sobre la linea y de tan extrema violencia que permiten a Gon-
zilez Guerra marchar durante diez dias a invadir y ocupar la
zona de Cienfuegos sin encontrar obsticulo alguno, ya que to-
das las columnas espanolas se arremolinaban en la linea sobre
Maximo G6mez. Las operaciones de 6ste, fueron realizadas unas
por 61 en persona y otras por su Teniente Cecilio Gonzalez; de
ellas, para mejor dar una idea y como testimonio irrecusable,
copiar6 algunas paginas del Brigadier espanol Acosta y Albear,
que para su critica de esta campana, a mss de la autoridad que
le presta su cargo en el ej6rcito espanol, su conocimiento de la
guerra y de los lugares, ya que durante seis anos mand6 el ba-
tall6n "El Orden", de triste recuerdo, tuvo ademas a mano
todos los telegramas y partes del Archivo de la Capitania Ge-
neral no publicados. G6mez pas6 la Trocha el 6, y hasta el 11,
por su herida, no inici6 sus operaciones de enero.
Dice el citado Acosta:
Dia 11--Incendio del Ingenio Cucharas y de Casa Castillo, en
Sancti-Spiritus.


[ 32]












Dia 11.-Toma y destrucci6n del pueblo y fuerte de Naranjo de
cuya guarnici6n aparecen solo cuatro hombres.
Dia 11.-Ataque al destacamento del Estero, donde nos hacen ocho
prisioneros.
Dia 11.-Ataque a las fuerzas que defendian el paso del Zaza, (1)
que fud forzado. Tuvimos once muertos de arma blanca, centre ellos un
CapitAn, y muchos heridos.
Dia 16.-Incendio de los almacenes de Sagua la Chica.
Dia 17.-Ataque y rendici6n de Ranchuelo.
Dia 18.-Ataque, incendio y destrucci6n del Jibaro, el pueblo mis
important de la jurisdicci6n despuds de la capital, y que fud redu-
cido a cenizas, lo mismo que las muchas tiendas y almacenes que
contaba, por ser punto de bastante comercio.
Toda la guarnici6n fud prisionera y cien guerrilleros se pasaron al
enemigo con armas y caballos, perdimos doscientos diez y seis arma-
mentos de precision, cuarenta mil cdpsulas y muchos efectos de guerra.
Dia 20.-Ataque, incendio y toma del fuerte Rio Grande y prisio-
nera toda su guarnici6{. (Completamos esta nota del General espa-
fiol con los datos del parte oficial de Gomez, que tambidn mand6 la
operacidn. "Se ocuparon diez mil tiros. Se nos pasaron veinte y dos
guerrilleros, cuarenta soldados de linea y se devolvieron los restantes
prisioneros. Unos sesenta.")
Dia 20.-Destrucci6n de los Bateyes de los ingenios "Serafina",
"San Gil" y "San Isidro".
Dia 26.-Ataque e incendio de Marroquin. (El jefe cubano, quo
fud Cecilio Gonzilez, consign se le unen ciento veinte y ocho per-
sonas.)

EL COMBATE DE CABAIGUAN
Dia 26.-El enemigo ataca en CabaiguAn a la columna del Coronel
Fortiln, compuesta del batalldn de Barcelona, Zaragoza, artilleria y
regimiento de caballeria de Camajuani, que envuelto y cercado por
complete tuvo que abrirse paso... Tuvimos muerto al Coronel Ponce
de Ledn, de machete, gravemente herido al Comandante Mozoviejo,
catorce muertos mds y muchos heridos. Se retire el enemigo, y cuan-
do curAbamos los heridos y enterrdbamos los muertos lleg6 la colum-
na del Coronel Cubas.

De este combate, que fu6 con Maximo G6mez, y conocida la
version espanola, damos la de G6mez, tal vez el soldado mas

(1) El vado de Cataflo, llamado despuds "El paso de los Muertos".


{ 33 }










modesto y exacto en sus partes oficiales, entre todos los que ha
habido, cubanos y espafioles.
Define el gran pensador militar Ardant du Picq al General:
"Un Jefe debe unir la bravura resuelta y la impetuosidad a la
prudencia y la sangre fria y esto es dificil." G6mez, por un
dichoso equilibrio de sus facultades, armonizaba en el mas alto
grado esas cualidades y analizando cualquiera de sus combates
no se sabe que admirar mas en ellos, si su violencia y audacia
en el ataque o el domino y la sangre fria con que los dirige y
termina. De ello es ejemplo este encuentro de Cabaiguan. Dice
G6mez en su part oficial:
Al salir de CabaiguAn por el Quemadero encontrd una columna
enemiga como de mil hombres que venia en mi misma direcci6n. Por
la densa neblina que habia no pudo ser vista por los nuestros hasta no
estar sobre ella, pero tan pronto fud reconocida, se le carg6 impe-
tuosamente por nuestra vanguardia al mando del Coronel Gabriel Gon-
zilez, arrollando su caballeria que venia delante y hacidndoles muer-
tos al machete y llegando hasta los cafiones... Me adelantd con el
resto de la columna para examinar el terreno...
Nuestros jinetes hacian fuego sobre los infantes enemigos que se
agrupaban en desorden; repuestos 4stos, su infanteria ocup6 una cerca,
lo que me oblige a retirarme, hacidndome entonces varios disparos de
cafidn. Nuestras bajas, el alfdrez Luis Recio, muerto; heridos el te-
niente coronel Ochoa, capitdn Palomina y tres de tropa.

Del anilisis de los detalles de este combate en que mutua-
mente se sorprendieron ambas tropas, resalta la superioridad de
la famosa caballeria de Camaguey sobre los guerrilleros de Ca-
majuani, que no en vano dijo Jimenez Castellanos en sus Es-
tudios militares y textualmente: "La caballeria ligera del ene-
migo es capaz de competir con la mejor que haya." Tambien
resalta su reaccion ofensiva ante la sorpresa, rara actitud en
estos casos de toda tropa y frecuente en los cubanos cuando los
mandaron esos grandes jefes que se llamaron Agramonte, G6-
mez o Maceo. Cualquiera otro, que no G6mez, en el impetu del
ataque, con el 6xito iniciado por la huida de Camajuani, que es
perseguido y acuchillado, ataca a la infanteria espaiola en po-
sesion de la cerca de piedra y el brillante encuentro se hubiera
trocado en descalabro. Mas que el impetu de la tropa de G6mez


{ 34 )











hay que admirar la sangre fria de este, ordenando la retirada,
y se impone confesar, senores, que G6mez cabfa de leno dentro
de la definici6n del Coronel frances. Acosta y Albear:
El General Concha en vista de los desastres acaecidos en el ataque
por los insurrectos a fuertes y poblados reconviene al General Zea y
ordena que todos los de vanguardia y retaguardia de la Trocha se
abandonen para evitar sucesos como los de Naranjo, Jibaro y Rio
Grande, orden que extiende a las Villas. Telegrafia a Marin, Coman-
dande de Oriente, el grave peligro que ofrece la guerra en las Villas
para que se desprenda de tropas y vuelve a telegrafiar a Zea dando
gran importancia a la campafia, pero asegurando que no peligra la
dominacion espafiola.

El Ministro de la Guerra, Jovellar, cablegraffa al general
Concha:
No es nada lisonjetro el estado de las Villas, puesto que por lo que
V. S. dice, el enemigo hareducido a cenizas los pueblos fortificados
del Jibaro, Ranchuelo, Naranjo, Rio Grande y Marroquin, sin que las
fuerzas enviadas en su persecucion lo hayan podido alcanzar.

Aqui termina el mes de enero. Y en esos veinticuatro dias,
de los que estuvo inactivo por su herida una semana G6mez, lo
que hizo su prodigiosa actividad nos lo va a decir el Jefe espa-
nol tantas veces citado:

En veinte y cuatro dias, G6mez habia reducido a cenizas con rarisi-
ma excepcion, el territorio de Sancti-Spiritus; se habia paseado en
todas direcciones, quemd pueblos, ingenios y caserios, no fu6 alcan-
zado ui batido en ningfin encuentro, porque el de CabaiguAn fud una
emboscada en la que cayeron nuestras tropas. Habia tomado fuertes
como el Jibaro, Rio Grande, Naranjo y otros. Habia hecho prisioneras
sus guarniciones. Se le habian pasado guerrillas de mis de cien hom-
bres y habia recogido armas y minuciones sin sufrir un solo revs.


SOBRE LAS VILLAS OCCIDENTALES
"No teniendo ya nada que hacer en Sancti-Spiritus, porque
todo lo habia hecho, resolvi6 G6mez la invasion de las Villas
OccidentaleR'" Esto, senores, no lo dice ningun mambi; lo dice
un General espafiol que tom6 parte en la campaia. Prosigue
Este:


{ 35]












Febrero 14-El cabecilla Jose GonzAles penetra en la jurisdiccidn
de Cienfuegos. Sale en busca de Gonzalez la guerrilla de Arimao y
en poco tiempo se encuentra con el enemigo que la pone en complete
dispersi6n, dejando doce muertos en el campo.
Febrero 19-Incendio del poblado de Jicotea.
Febrero 2.-Comandante de Villaclara, Brigadier Baile, forma una
column de cerca de cuatrocientos hombres, entre artilleros, gue-
rrilla y milicianos de Cardenas y de GUines. El Jefe de las fuerzas,
Teniente Coronel Prado, sale en busca del enemigo, al que encuentra
mandado por Jos6 Gonzalez, en nnmero de trescientos caballos y a
los que casi sorprendi6, pues estaban dando agua al ganado.. No obs-
tante, tras corto tiroteo, se puso en fuga nuestra caballeria y fueron
macheteados y horriblemente mutilados doscientos artilleros. A este
desastre sigui6:
Febrero 3.-Toma e incendio del poblado de Ranchuelo e Ingento
de San Andres.
Ataque e incendio total del poblado de San Juan de los Yeras e
ingenios Progreso, Fortuna, Caridad y otros que no nombra.
Febrero 4.-Ataque e incendio del poblado de Jatibonico.
Febrero 5.-Ataque e incendio de las Chambas. La guarnicl6n en-
cerrada en el fuerte rechaz6 al enemigo, pero no pudo impedir que
la poblacidn fuera incendiada. El Brigadier Valera, que lleg6 en su
auxilio, pudo alcanzar al enemigo y sostuvo con 6l ligero tiroteo. El
enemigo, segnn el primer parte dej6 site muertos; se han ido exa-
gerando sus bajas hasta llegar al fabuloso guarismo de ciento cin-
cuenta.

Comento yo ahora: dice un tratadista militar frances: "Es
curioso leer los hechos de armas contados por los vencedores (o
soi disants) y los vencidos. No puede uno toner idea de que la
verdad pueda estar de un lado y otro desfigurada con mis aplo-
mo, sin hablar de la politica de la guerra, que disfraza los he-
chos con fines disciplinarios de moral." Esto explica, entre
otros motivos, los legendarios partes espafioles de "por nuestra
parte sin novedad". Nada mss comprobatorio que el parte de
Chambas, urdido seguramente para que hiciera su efecto en la
Habana y Madrid. El parte oficial de Cecilio Gonzalez, que fue
el que atac6 el poblado, a Maximo G6mez, a quien no podia
ocultar nada ni de seguro tendria interns en disminuir la impor-


{ 36}










tancia del encuentro, dice "se rindi6 uno de los fuertes y se
incendi6 easi todo el poblado. Tuve trees muertos y seis heridos
y a las nueve de la mafiana toque retirada. Como a un cuarto
de legua de la poblaci6n, me di6 alcance una column enemiga,
pieindome ligeramente la retaguardia. Impedi sus movimientos
colocando pequefios grupos en el rastro. No tuve bajas en estos
ligeros tiroteos." He aqul a lo que se reducen los ciento ein-
euenta muertos de Valera y Concha: a ligeros tiroteos. En el
peri6dico "La America Libre" y en el mes de marzo de 1874,
aparece una curiosa lista de las muertes repetidamente sufri-
das por varios cabecillas. Aparece Calixto Garcia muerto seis
veces; C. M. de Caspedes quince, y Maximo G6mez ; cuarenta
y tres!

LA MANIGUA COMO UN ARBOL
El desconocimiento de las cosas de Cuba era tal en la Me-
tr6poli, que un General espafiol, con fama de culto y versado
en asuntos de Cuba, Manuel Salamanca, propuso en el afio 76,
como mejor medio para terminar la guerra, talar la manigua, y
decia: "como la Manigua es un firbol de tal diAmetro y tal
altura, etc., etc. "... Crela el fogoso critico de Martinez Cam-
pos que la manigua era un frbol, algo asi como el Alcornoque
o el Roble. Despuos de esta digresi6n, sigamos con Acosta y
Albear:
Febrero 6.-Ataque e incendio del poblado de Ojo de Agua.
Febrero 7.-Telegrafia el Gobernador de Cienfuegos que ha sido
reducido a cenizas el poblado de Arimao y que igual suerte han co-
rrido los Ingenios Negrito y Gald6s.
Febrero 7.-Incendio de los Ingenios San Jose, Rubi, Ramona,
Santa Lucia y Panchita y ese mismo dia 7 sale el Capitin General
para Villa Clara, distante doce horas de la Habana y revista al Re-
gimiento Chapelgorris, de Guamutas, de los que muchos, seis dias
despuds, caerian bajo el filo de los machetes de Josd GonzAlez. Orden
al Brigadier Salcedo para que envie dos batallones y dos escuadro-
nos del Principe y que incendie y abandon la trocha de San Miguel
del Este. Comunica al General Marin la gravedad de las Villas y le
pide varios de sus batallones. Contest Marin por teldgrafo que de-


[ 37 1













signe ia parte del territorio que quiere abandoned al enemigo por no
ser posible defenderlo todo, si envia los refuerzos.
Febrero 10.-Comandante Militar de Sagua la Grande anuncia que
arden los Ingenios Constancia, Dos Hermanos y Vila.
Febrero 11.-Santa Rosa, Pelayo, Yaguas, Santa Maria y San Joa-
quin de Pedroso.
Febrero 13.-Chapelgorris, de Guamutas, y movilizados de Lajas,
al mando del Coronel Claudio Herrero salen en direccidn a Pedroso,
dondp hace dos dias acampa Jose Gonzalez. Despuds de ligero tiroteo
se dispersan nuestras fuerzas, que dejan en el campo cuarenta muer-
tos (cincuenta y siete dice Gonzalez) y retiran varios heridos.
(Affadimos nosotros que este combate, cerca de Matanzas, tuvo
gran resonancia por la triste celebridad que estos voluntarios y su
Jefe tuvieron, en uni6n de la feroz Guerrilla de la Muerte de Pancho
Durante, cuando reprimieron el movimiento de Jaguey Grande en
en el afio 69.)
Febrero 14.-Caen los Ingenios Santa Catalina, San Jos6, Angelita,
Aurelia, Gualmarito, Rosario y Buenavista, todos en Cienfuegos.
Febrero 15.-Incendio del poblado de Lomas Grandes.
Febrero 16.-El enemigo se apodera del fuerte de Guaos en Cien-
fuegos, rinde a la guarnicidn, da fuego al poblado y a los Ingenios
Martina y Andreita en Villaclara.
Febrero 17.-Ingenios Suragui y Bonachea.
Febrero 18.-Segun telegrama de Sagua arden por completo San
Jos6 de Torices y Sacramento de Mora.
Febrero 19.-Comandante Militar de Cienfuegos telegrafia que ar-
den Quesada, San Ant6n y Soledad.
Febrero 20.-Comandante Militar de Santa Clara participa incen-
dio del Ingenio Pastora, y al tomar el tren para la Habana el Gene-
ral Concha, en la misma Estaci6n recibe el part de que el destaca-
mento de las Eras entreg6 sus armas al enemigo sin combatir y que
puesto en libertad se ha presentado en Cienfuegos.
Febrero 21.-Encuentro del Coronel Bonilla con Jos6 GonzAlez.
Nosotros tuvimos veinte heridos y muchos contusos. (Sefialemos nos-
otros que entre las cinco o seis bajas que tuvieron los cubanos fud
herido ligeramente el valeroso Jose GonzAlez Guerra, falleciendo el
26 de tdtanos.)
Febrero 22.-Encuentro del batall6n de Baza. Tuvimos cuatro
muertos y seis heridos. Todo esto ocurria en las Villas Occidentales,


[ 38 1











quo en las Orientales habian sucedido la dispersi6n de los Dragones
de Arroyo Blanco el 22 de Febrero. Dispersi6n del destacamento de
artilleros del fuerte Isleflo y en el mismo dia en que destituido em-
barcaba para la Peninsula el General Concha, recibe un parte de Zea,
el que le comunica se ha rendido el fuerte de Marroquin y estAn sitia-
dos por el enemigo los de Chambas, Guadalupe y Jatibonico.
He aqui relatado por el Brigadier espanol y con los partes
existentes en la Capitania General y desde luego no exactos, lo
que fueron esos cuarenta y seis dias de operaciones de G6mez
en su invasion a las Villas. Hemos usado esta fuente, aunque
incompleta, ya que se omiten en ella muchos hechos que apa-
recen en el Boletin de la Guerra mambi, porque, tratando mi
conferencia de vulgarizar entre los cubanos que la desconocen o
desdenan, la operaci6n militar de mas vuelo y mas brillante que
se realize en la guerra del 68, el testimonio de un militar espa-
nol pone fuera de todd duda o discusi6n los resultados que tuvo.
La verdad es que con mil hombres, tropa de G6mez, no se pue-
de hacer mas contra 22 batallones que operaban en Las Villas.
El efecto que esta fulminante campaia, coronada por el 6xito,
en las pacificas Villas hizo en la opinion espaiola y en los inte-
gristas de la Colonia, lo traducen, a pesar de la censura, los
periodicos de esa fecha. Diario de la Marina en su tan citado
articulo del 5 de febrero del 75:
la falange incendiaria de Maximo G6mez esta llamando a nuestras
puertas con el porno de sus machetes y estA alumbrando nuestros cam-
pos con las llamas que levantan sus teas.
En febrero 16.-En los dias transcurridos los machetes siguen de-
rramando sangre de nuestros hermanos y la tea destruye fincas y
poblados. La defensa de la Patria esta hoy en las Villas Occidentales.
El mismo peri6dico propone en febrero 20 a la Junta Revo-
lucionaria de New York, "que Maximo G6mez, el mas diestro
y arrojado de los cabecillas rebeldes con tres o cuatro mil hom-
bres de los suyos se bata con igual nnmero de espanoles, etc. etc.'"
En la prensa extranjera, el Sun de mayo 6:
mientras las autoridades de Cuba, y los drganos esclavistas han es-
tado enganando al mundo y durante siete afios haciendo aparecer la
insurrecci6n cubana debil e impotente, los patriotas cruzan la inex-


[ 39 1










pugnable Trocha, invaden el santuario de los esclavistas, derrotan
una tras otra las columnas espafiolas, las arrollan y avanzan con rd-
pida marcha aplicando la tea a todos sus Ingenios.

Con este mes de febrero y con la caida de Concha, termina
la invasion de Las Villas, cuya organizaci6n revolucionaria fu6
tan s6lida que la guerra ocup6 en ella el primer plano hasta el
Zanj6n.

EL MANDO DE VALMASEDA

Asi, pues, como Martinez Campos en el 95 cay6 tambien Con-
cha derribado por Maximo G6mez; lo sustituye Valmaseda, nue-
vo Weyler que tambien fracasa en sus empefios. Recibe Valma-
seda el mando en 8 de mayo y para apreciar si fue o no ligera
incursion como se ha dicho, la invasion del 75, sefialamos que
en la misma semana de su desembarco el oro que habia bajado
a doscientos once, subi6 a 235, con la noticia del incendio y
destruccion en esa semana de doce Ingenios en Sagua y veinte
y ocho en Cienfuegos, segnn parte oficial de Valmaseda al Mi-
nistro de Ultramar, al que dice en 14 de mayo, ocho dias des-
pues de su desembarco:
Puede decirse que en el Departamento Central s6lo existed bajo el do-
minio de Espafia la ciudad de Puerto Principe, que se hall sitiada
por los enemigos, no muriendo de hambre sus habitantes por el F. C.
de Nuevitas. En Oriente la extracci6n que alli se ha hecho de mu-
chos batallones pars volar en auxilio de Las Villas ha hecho comen-
zar los desastres y derrotas pars nuestras columnas. Pero en su gra-
vedad, el departamento de las Cinco Villas se coloca el primero,
etc., etc."

Al Rey Don Alfonso un dia despues: "No dude un instante
en venir a salvar a Cuba, cuando es una cenefa roja el horizon-
te de sus campos... S6lo la mitad de su territorio productivo,
mientras la otra mitad es un inmenso pante6n de leales y re-
beldes, pero todos sibditos de Su Majestad.'"


[40)











LA CAMPARA DE GOMEZ CONTRA LOS INGENIOS
Esta campana contra los ingenios que de tan terrible modo
llev6 a cabo G6mez en su invasion, obedecfa a varios motivos.
Uno de ellos, que todos los ingenios constitufan baluartes del
integrismo, fortificados, guarnecidos de guerrillas que de su
propio peculio sostenian los hacendados. Cada ingenio tenia en
esa fecha treinta, cuarenta o mas hombres de guarnici6n que
ganaban quince pesos al mes y la comida. Algunos hubo como
el de las Canas, de Don Juan Poey, que en abril del 75 contaba
cien hombres de guarnici6n. En carta a D. V. Tejera en el ano
76, le dice G6mez: "Combatimos aquf, contra un ejereito que lo
componen dos clases, el soldado de linea que se bate y el volun-
tario hacendado que le da el pan. Tendremos para uno, balas
y machete, para el otro, tiz6n.'" Los hacendados afrontaban
tambi~n los recursos en dinero que podian y el primero de di-
ciembre del ano 75, aparecen en la Gaceta las siguientes canti-
dades con que contribufan los ricos hacendados a cubrir el Em-
pr6stito que hizo la Metr6poli para continuar la guerra:

Jos6 Bar6 ................... $500.000.00
Julian Zulueta ............... .500.000.00
More, Ajuria y Co. ........... .300.000.00
Francisco Rosell ........ ..... .200.000.00
Manuel Calvo ................ 200.000.00
Francisco F. Ibinez........... .150.000.00
Sama ....................... 100.000.00
Ram6n Herrera .............. 100.000.00
J. Melgares .................. 50.000.00

Y en cantidades de $25.000.00 Juan Toraya, Marques de San-
doval, Conde de Canongo, Juan Poey, Juan Conill, Emeterio
Zorrilla, etc., hasta cuatro millones y medio de pesos, reunidos
en cuatro dias.

UNA FRASE DEL GENERALISIMO
Aunque sea una digresi6n queremos aqui referir una frase
del General G6mez. Cuando la Intervenci6n militar, en-su ter-
tulia del Calabazar, mi padre, que lo visitaba, viejo administra-


{ 41 )











dor de Ingenios, los celebraba por lo que habian contribuido a
la riqueza y cultura de Cuba. Maximo G6mez con su habitual
tono autoritario le interrumpio: "j Que dice usted? El azncar
ha sido y sera el mayor enemigo de la Independencia de Cuba!
;Dios quiera que los Ingenios no sean la desgracia de Cuba!"
Esta amenazadora sentencia que pareci6 a todos dictada por el
rencor que en la guerra les tuvo el Generalisimo, hoy parece,
por desgracia, cumplida profecia.

INFORME FINAL DE CAMPARA

Tambien en ese mismo mes de mayo fecha Maximo G6mez su
irforme de final de campana al Gobierno cubano.
Con los elements de guerra arrebatados en el Jibaro, Rio Gran-
de y otros Fuertes, a pesar de la persecuci6n del enemigo, cuyas co-
lumnas acampaban en mi rastro y sobre las cenizas de sus pueblos y
trincheras, con estos elementos. cambi6 por completo la actitud del
Ejercito Libertador, nutridas sus filas por la incorporaci6n de la co-
lumna de retaguardia de la Linea. Como resultado de la marcha pro-
gresiva de nuestra campana fuerzas en operaciones invadieron en
poco tiempo las comarcas limitrofes. La organizaci6n del Gobierno Ci-
vil, bastante adelantada; y nuestras fuerzas quedan operando en las
puertas de Occidente, habiendo llevado a cabo ligeras incursiones a
esas comarcas. Vencida ya la campana de invierno me ocupo en pre-
parar el plan que se debe ejecutar y como resultado de esta se han
incorporado a las filas del Ejercito Libertador mil cuatrocientos hom-
bres, dados de alta en las mismas; se han ocupado mil ciento doce
fusiles Remington, ciento cuarenta mil tiros, mil trescientas monturas
y dos mil doscientos caballos; se han incendiado ochenta y tres in-
genios.

A los resultados morales de la invasion de G6mez y a los ma-
teriales que consigna en su parte oficial, hay que anadir que
traslado toda la importancia de la guerra a Las Villas, comarca
que estaba pacifiacda. La estadistica del Boletin de la Guerra
publicada en el periodico La Verdad consigna muertos en cam-
pana durante el ano 76:

En Camaguey ...................... 14
En Oriente ......................... 24
En Las Villas....................... 180


[ 42 )












Heridos:


Camagney .......................... 33
Oriente ............................. 115
Las Villas .......................... 440

Y solo desde diciembre del 75 a mayo del 76, 112 nuevos
Ingenios y 25 easerfos habian sido arrasados y las tropas espa-
fiolas habian tenido 107 encuentros con los mambises de Maxi-
mo G6mez.

JUICIOS MILITARES

& Cual fu6 el juieio militar que tuvieron los expertos con-
temporaneos sobre esta campana? Enrique Collazo, militar mam-
bi, el mas conceptuado para ello por su educaci6n t6enica, dice:

El paso de la Trocha que iniciaba la invasion del territorio pacifica-
do de las Villas, es el movimiento militar de mas importancia realizado
por las fuerzas cubanas y se necesitaba toda la audacia del General
Gomez para emprender operaci6n de tanta importancia con sus cana-
nas casi vacias para hacer frente a los veinte y cuatro batallones es-
pafioles, etc., etc....
La toma del Jibaro, que asegur6 la invasion. demuestra el talento
militar que los mandaba.

El General espafiol Acosta y Albear:

para nadie es un misterio que la invasion de las Villas fue una in-
mensa desgracia y que la campaia que siguid a este suceso ha sido la
mAs funesta de cuantas se han sucedido desde el grito rebelde que
lanzaron en Yara los enemigos de la Patria.

EL CORTEJO DE MALES

Hora es ya de resefiar la serie de innobles sucesos que detu-
vieron esta marcha triunfal.
En estos momentos y mientras espera G6mez los refuerzos de
Oriente, ya que gravitaba sobre 61 todo el peso de las armas es-
pafiolas, en el mes anterior, a fines de abril habian ocurrido los
acontecimientos de las Lagunas de Varona y al cortejo de males


[ 43}











que a su ejemplo desmoralizador surgieron entre esos hombres
que llevaban ya luchando siete anos, tiene G6mez, urgentemente
lamado por su Gobierno, con este motivo, que abandonar Las
Villas y marchar hasta las Tunas. De vuelta a su destino, amar-
gado por tanto egoismo, decepcionado por la estnpida incons-
ciencia de jefes de relativo valer, que no tienen de la guerra
otra noci6n que la del estrecho horizonte de su villorrio, pre-
senta en agosto la renuncia de su cargo. Su patriotismo y las
exhortaciones del Gobierno le hacen continuar en sus funciones.
Incansable, forma nuevos planes, y en el aflo 76, con el contin-
gente oriental que al fin llega con casi un anio de retraso, des-
pues de las ruidosas operaciones del asalto a Villaclara, Ciego
de Avila y Moron, del brillante combate de caballeria del Ca-
fetal Gonzalez, piensa invadir a Matanzas llevando Jefes como
Calvar, Mariano Torres, Rius Rivera y otros orientales, junto
a la brillante pl6yade camagueyana. Apotrera mil caballos en
Sancti-Spiritus para ellos y se prepara a tomar la ofensiva en
la pr6xima seca, dando instrucciones a Cecilio Gonzalez, que en
la extreme vanguardia, caido el heroico Reeve, se mantenia en
Matanzas. Las fuerzas de Las Villas, a las que alent6 el fer-
mento de las Lagunas de Varona, ya conocido de ellos, como an-
tes se habian negado a obedecer a Antonio Maceo, declaran aho-
ra que no sirven a las 6rdenes de Jefes como Julio Sanguily,
Gabriel Gonzalez, Rafael Rodriguez, Enrique Mola, Manuel Sua-
rez y otros, que como muy bien dijo G6mez, eran insustituibles
y tienen estos que abandonar las tropas de su mando para mar-
char entristecidos a Camagiey; ya triunfantes los conjurados, a
todo se atreven y exigen el 10 de octubre que tambien resigned
el mando Gomez y lo entregue al General Roloff. El desorden
lleg6 a su apogeo con la marcha de G6mez para Camaguey; su
caballeria, que cuidadosamente mantenia en los potreros, desapa-
rece en unos dias; las fuerzas se dispersan y desertan a su an-
tojo; los Orientales, disgustados con esta repugnante anarquia,
retornan a su provincia, y en fin, aquello es el caos. Dice
Collazo:
El motin militar de las Villas inicia el ultimo period y el primer
sintoma de la muerte de la revoluci6n. El remedio del Gobierno agra-


r44 }










v6 el mal. Sustituir al General M6ximo G6mez era, no dificil sino
impossible, pues no habia entre nosotros quien uniera a las condiciones
de mando, conocimiento de la guerra e inteligencia militar, el presti-
gio adquirido a costa de tantas victorias conseguidas sobre el enemigo.

Asi, en conclusion, G6mez no s6lo invadio Las Villas, que es-
taban en paz, sino que encendi6 en ella la rebeli6n, de modo
tal, que a pesar de lo expuesto, ally alent6 poderosa la revolu-
ci6n hasta el Zanj6n y si hubiera existido, como en la nltima
guerra, la unidad de mando, cosa indiscutida desde que dijo Na-
pole6n: "Vale mas un General malo, que dos buenos'", y si se
hubiera reforzado a G6mez, como pensaba, ya que Espana en-
tera se traslad6 a Las Villas, y si hubiera tenido a mano esos
elementos que faltaron en la hora de la crisis, nadie es capaz
de saber lo que aquel hombre, de quien dijo Calixto Garcia
(Lino Dou) "no se puede imaginar todo el partido que saca el
General G6mez de una sola pareja"; nadie, como digo, puede
presumir lo que hubiera sido capaz de hacer, aun cuando no hu-
biera legado al triunfo, porque como dijo Ardant du Picq, refi-
riendose a Zama, "el genio siempre tiene por limites lo imposi-
ble", y era imposible liberar a Cuba, no solo por el formidable
ej6rcito espanol y porque con el estaba la mayoria de los cuba-
nos, sino tambien porque los propios insurgentes colaboraban
con inconsciencia fatal a esa obra, con sus intrigas y divisiones.
Del estado de la guerra al abandonar G6mez a Las Villas dice
Jim6nez Castellanos, exacto observador de la campana, en sus
Estudios militares:

en Las Villas desde Octubre del 76, si bien habian en ellas numerosas
fuerzas insurrectas, estaban desorganizadas, con Jefes de poco o nin-
gfn prestigio, sin unidad de accidn entre ellas y en completa disiden-
cia con Sn gobierno... Una serie de insubordinaciones dieron por re-
sultado que estos Jefes, que eran de lo mejor que tenia la insurrec-
ci6n, tuvieran que dejar el mando y volver a Camaguey.

Se ve, pues, que estaba muy bien informado de todo lo que
sucedia, el alto mando espanol.


[:45 1










EL MAXIMO GOMEZ DE 1875


Del Maximo G6mez de aquella 6poca, en la plenitud de su
edad, y al que no conocimos, se conservan retratos, uno de ellos
publicado en el Correo de Ultrarnar en el ano 78, ofrece un
puro y orgulloso perfil de ave de rapina, propio de los grandes
soldados; y de los muchos contemporaneos que lo han hecho, da-
mos aqui la descripcion de un cubano, testigo de sus hazanas:
F. Figueredo, y el de un espanol, su adversario: Eugenio A.
Flores, Ayudante de Martinez Campos. Dice Figueredo:
MAximo G6mez es alto, delgado, trigueo con cabellos y bigotes muy
negros, sus ojos negros tambidn, son vivos y penetrantes; brilld a la
altura de Cspedes y Agramnote y casi no hay un hecho glorioso en
la guerra de los diez afios al que no est6 unido su nombre.

Eugenio A. Flores, que lo conoci6 cuando el Zanj6n:
MAximo G6mez, sabido es que vi6 la luz primera en Santo Domin-
go. Ansioso de gloria para imperar, audaz y valiente, que no ev hora
de regatearle esta condici6n, representa de cuarenta y seis a cuarenta
y siete afos. Viste de paisano, traje de casimir muy usado, polainas
negras, y no lleva insignia alguna y s6lo en la chapa del cintur6n
de su machete se ven gravadas las armas de la titulada Reptblica. Su
tipo es muy militar, de buena estatutra, delgado, algo calvo, usa peri-
Ila y bigote con algunas canas. Su carActer es franco y como buen
espafiol, aunque reniegue de serlo, discute con calor.

Las altas dotes militares que puso de relieve G6mez en su
cstupenda campana, lo hicieron figurar desde entonces entre
los grandes soldados de la militia de Hispano-America. Por de-
recho propio se codea G6mez con los mis altos, porque s6lo el
genio, con tan escasos medios, frente a la tropa espanola, de la
cual dijo 6l mismo "ky cuando no han sido valientes los espa-
noles ?", hubiera podido alcanzar exitos tan ruidosos, en que su
habilidad y su inagotable inventiva, siempre encontraron recur-
sos para burlar a su poderoso enemigo, tomar la ofensiva como
norma y prodigar a diario los hechos heroicos como cosa corrien-
tet, durante los trece anos que combati6 contra Espana en Cuba.
G6mez, con la mss amplia vision en ambas guerras, tuvo
siempre en todos sus planes, delante de si, la campana y no el


[ 46 )











combate, al que siempre consider un episodio y hay que insis-
tir en este atributo de los grandes Capitanes, que abarcan no
s61o lo que tienen delante sino todo el horizonte, cualidad rara
entre los jefes cubanos.

Jos6 Mir6 dice de el:

Su porte y su fisonomia descubren en 61 la prosapia del conquista-
dor audaz y temerarto... Su talento y sus maneras nos dicen que sus
antecesores pertenecieron a los tercios castellanos de Extremadura y
Huelva... G6mez nacid para la guerra, para dirigirla, y para mandar
a los demAs hombres, ya fueran soldados de fila, ya oficiales de m6-
rito. La autoridad de G6mez se imponfa a todos; siempre era el Ge-
neral, el Director, el jefe absoluto y dominante. No tuvo mis que un
rival: Antonio Maceo.
Fu6, pues, Mtximo G6mez, militar famoso, caudillo ilustre en to-
dos los 6rdenes de la noble profesidn de las armas, inteligente, osado,
sagaz, emprendedor, temlble; pero tambidn hombre moral, integro,
dem6crata, sincero y amante de los menesterosos.

Un agudo observador que estuvo a su lado, hombre culto y
de gran inteligencia, escribi6 de el:

Audacia seria en los contemporineos formar juicto complete sobre
el General M~ximo G6mez. Pero es obligacidn de los que de cerca le
tratamos emitir nuestra impresidn sobre 6l, para que en el futuro los
cubanos, si no es que estamos llamados a desaparecer como Nacidn,
puedan juzgar al hombre insigne que inspired mds respeto que carifo
y mis miedo que respeto. La natural brusquedad de su carActer, que
61 de intento exageraba para llegar mejor a sus fines, era Aspera cor-
teza, en la que se estrellaban los entusiasmos nacidos al contemplar-
lo de lejos. Quien calificara al General G6mez como hombre de ta-
lento erraria el adjetivo; su poderosa inteligencia podria, con justicia,
calificarse de genial; por eso en la guerra tuvo exito en el plan
estratdgico, producto de su admirable intuici6n, de las necesidades
dIe la campafia e hija de su experiencia de la guerra de los Diez
Afos... Crefamos todos los que acompafiamos al General en Jefe en
su paso por la Trocha en Diciembre del 96 que empezabamos la se-
gunda invasi6n... Los de Oriente habulan visto alejarse aquel impe-
tuoso caudillo que pudiendo hacer batirse a los otros, se lanzaba, nue-
vo Quijote, a dar el pecho a las balas en perennes combats y dias sin
pan ni reposo, cuando tanta gloria o mayor podia alcanzar en estas
bendvolas y c6modas comarcas, en las que se peleaba eligiendo el


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momento y el terreno, con seguras retiradas, con bien ordenados Hos-
pitales.
Traspasado de dolor por la muerte heroic de su hijo, adusto por
temperamento y por su modo de entender los deberes de General en
Jefe, apenas salia de la exigua tienda en que encerraba sue activida-
des en aquellos dias. Me atrevi en una ocasidn en que lo note comu-
nicativo a mostrar mi extrafieza por la inacci6n en que estdbamos en
los potreros de Sancti-Spiritus y me quedd at6nito cuando le of decla-
rar que nada estaba mAs lejos de su Animo que seguir a Occidente,
ni abandonar aquel territoro, y su explicaci6n me pareci6 un ifesati-
no: 4"si voy para la Habana, se acaba la guerra en Occidente y le
doy gusto a Weyler; aquellas comarcas estin casi agonizando y al ir
yo, pocos recursos puedo llevarles en comparaci6n con los que van a
disponer los espafioles para perseguirme; en cambio, si me quedo aqua
obligo a Weyler a venir a buscarme, y como tiene mucha gente en
Trochas y lineas militares que torpemente sostiene y no se atreve a
abandonar, tendrA que sacar soldados de Pinar del Rio, Habana, Ma-
tanzas y Sagua para perseguirme; de este modo nuestras fuerzas, de
esos territories se rehardn y tendrAn respiro, habidndolas yo ayuda-
do a ello sin buscar golpes de efectos infitiles..." No me atrevi a
discutirle lo que me parec16 absurdo...
Mdximo G6mez, con intuicidn admirable habia adivinado el por-
venir y antes de un mes tenfamos a cuarenta mil espafioles operando
en fortisimas columnas, hacienda combinaciones pueriles para batir al
General que durante mAs de un aflo se burl6 a mansalva de sus ene-
migos y lleg6 con sus fuerzas casi intactas hasta el final de la cam-
pafia.

Esto dice el General Freyre de Andrade; sin embargo, bajo
esa aspera corteza que senala Freyre, en el fondo de su carac-
ter hosco y hurano, oculto por la ferrea armadura del soldado,
lati6 uno de los corazones mas humanos y sentimentales. & No
se detiene conmovido ante la nltima y moribunda mirada que su
companero dc batallas, su caballo favorito, su fiel Cinco, acribi-
llado a balazos, le dirige antes de morir? Cuando en mitol6gica
hazaia, pisa el primero, junto con otro poeta, la tierra de Cuba
en el 95, 1 no se arrodilla con ternura y la besa con amor,

DOS LAGRIMAS

Su devoci6n por la idea, por el simbolo, es patente en los
misticos cuidados que guarda con su bandera del 68, la de Palo
Seco y Las Villas precisamente. Quise ver yo aquella reliquia


[ 48 1










que custodia, es la palabra, su hijo Bernardo, y pude con inten-
sa emoci6n contemplar aquel pedazo de tela que tantas cosas
decia, hecha jirones por el tiempo y por las balas, maculada de
sangre cubana seguramente; la que flames en Palo Seco y las
Guhsimas, la que arrebat6 Enrique Mola a su abanderado en la
carga del Cafetal GonzAlez. Allf conoci su historia. Cuando re-
sign6 G6mez el mando del Tercer Cuerpo, recoge su bandera y
envuelta en un saco la leva consigo al abandonar a Cuba, se-
guro de no volver a pisar nunca mas sus playas; la nltima no-
che que pasa en tierra, por azar ella le sirve de almohada.
Muchos anos despu6s ordenando su archivo situado en el des-
vAn de su humilde casa, suben sus hijos y sorprenden al viejo
de acero inclinado y absorto ante un trapo ennegrecido y des-
hecho, ante una vieja bandera que se extiende por delante de
61; cuando al ruido que hicieron levant el caudillo la cabeza,
vieron que por aquellas duras facciones, modelo de energia, co-
rrfan dos lAgrimas que trataba de ocultar. 1 Cuantas cosas de
su pasado heroico evoc6 su vista al viejo soldado para enter-
necerlo asi!! 1 CuAntos panoramas de triunfo y de gloria revi-
vieron sus destemidos colores en aquel hombre, autor de extraor-
dinarias hazanas! Ese pedazo de trapo, en su miseria presente,
le recordaba que hubo otro tiempo en que entre el humo y el
estrepito de la batalla, poderoso y erguido, al frente de miles de
hombres, desafi6 a los soldados de Espaia durante diez aios.

LOS COMPAREROS DE LA EPOPEYA
A su contemplaci6n se alzaron en su recuerdo los compaie-
ros de la Epopeya, unos muertos, otros proscriptos y errantes,
C6spedes, Agramonte, Reeve, Maceo, Calixto Garcia, Julio San-
guily. Toda aquella confusa vision de gloria y poder conmovi6
al hombre de bronce en su actual desamparo. Sin embargo, el
Destino lo reservaba a 61 solo entre todos, para la Apoteosis. Si
sus penetrantes ojos hubieran leido en el arcano de los tiempos, la
hubieran visto enarbolada otra vez y por su mano misma, recorrer
en triunfo, acompafiado del Teniente predilecto, de Maceo, la
Isla entera, y despues, caidos todos sus viejos companeros, sega-


( 49 )










dos por las balas implacables, C6spedes, Agramonte, Marti, los
Maceo, Serafin Sanchez, Crombet, su mismo heroico hijo, que-
dara 61 por un milagro en pie, como la ceiba que respeta el
rayo, para clavarla por su propia mano y al cabo de treinta
anios de luchas, sobre la hispana fortaleza del Morro, donde has-
ta ahora, por lo menos, aun ondea esa banedra que 61 alli puso.

LOS DETRACTORES
En las guerras por la Independencia de Hispano-Am6rica,
Bolivar, el mas desmesurado genio de la raza, tuvo sus detrac-
tores. El Doctor Florentino Gonzalez, patriota colombiano, com-
panero de Bolivar, su frenetico admirador primero y despues
enemigo implacable, supervivi6 al libertador en mas de treinta
anos y hasta la hora de su muerte preguntaba indignado al
coro de admiradores: "Senores: b por qu6 es grande Bolivar,
Diganme: 1 por qu6 es grande," A los detractores de la gloria
de G6mez, muy pocos por honor de Cuba, y que como Gonza-
lez preguntan: "g por qu6 es grande Maximo G6mez", se les
puede responder con una frase del mismo Generalsimo contes-
tando acusaciones de un su enemigo: "para hombres como yo,
es bueno dejar a los hechos que hablen ellos solos", y los hechos
ya han hablado. Es grande por cualquiera de sus fabulosas ha-
zanas en la guerra de las Diez Anos, por su austera dignidad
en la proscripci6n, por sus triunfos como General en Jefe en
la guerra de los Tres Anos; es grande porque lo acataron con
subordinado respeto figuras tan sobrehumanas como las de Mar-
ti y Maceo y en la paz que sigui6 a la guerra, en esa paz, fuente
de inmoralidad, porque no marchit6 sus laureles, ya que en ella,
su noble figura, orlada por la sabidurfa y el desinter6s, creci6
aun mis que en la guerra, si esto cabe.


[ 50 1






















MAXIMO GOMEZ
Y LA INVASION DEL 95







































































































































d
















PA.AR AS PRONUNCIADAS POR EL ACADMICo MIGUEL ANGEL CAB-
BONELL, EL 17 DE JUNIo DE 1930, PARA SALUDAR, EN NOMBRE DE
LA ACADEMIA, AL CONFERENCIANTE DOCTOR BENIGNO SOUZA.


Senor Presidente;
Senores Academicos;
Senoras, senores:

L nombre de Benigno Souza esta tan firmemente vin-
culado a mis dias todavi acercanos de adolescente,
cuando 41 culminaba la gloria en la ciencia y yo
irrumpia en las letras con mas suefios que ideas en
la mente y con arrestos que los aflos, con no ser muchos, han
convertido en cruces sobre mi coraz6n, aunque sin destruir lo
que de permanente hay en 41 de amor a lo justo y a lo grande y
de infinita indulgencia para todas las culpas y miserias de la
endeble naturaleza humana, que no puedo pronunciarlo sino con
labio devoto y gesto admirativo.
Se reciben en la vida a menudo hondas desilusiones. Los
rios a que nos asomamos con asombro en el arranque de la ju-
ventud, juzgandolos caudalosos, y los soles que deslumbraron
nuestros ojos, nos parecen luego, en el andar del tiempo, tor-
eiendo rumbos y descuajando anhelos, arroyos de aguas mansas
o fuegos fatuos que se deshacen apenas parpadean. Duro es el
tiempo tronchando en el espiritu ilusiones. Duros son la raz6n
al afianzarse y el entendimiento al madurar, porque empujan
hacia nuevas formal, orientan en opuestas idealidades, dibujan
distintas perspectives y truecan exigente al conforme fabrican-
dole alas que le levan a dudar de las ajenas. De ahl que obras
que nos parecieron geniales al comenzar la ruta, las juzguemos

t 3 1
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1f0ut G,31ANTES










luego con labio desdefioso; que actiutdes admirativas, que esti-
maramos con un sincero caracter de permanencia, se traduzean
hostiles. Y no es que variemos en nuestra sinceridad; es que
crecemos en abarcamiento, y al nutrirse nuestro juicio y divi-
sar mas amplios horizontes, ya no vemos tan en grande, porque
miramos desde arriba. Pero no todo sufre esa metamorfosis.
No todo se quebranta. Lo que es digno del laurel, seguira
siendolo en el hoy y en el manana. El merito salva distancias
de continentes y de siglos. Los verdaderos grandes hombres
perduran a traves de las transiciones del individuo en su mar-
cha ascendente a una actitud definitive. Asi Benigno Souza,
el medico que ha escrutado con vision genial los secretos del
organismo; el espiritu alerta a las palpitaciones del pensamien-
to, que ha paseado el mundo con la amplia comprensi6n del
que sabe lo que ve y ve por donde va; tan nutrido en las artes
y en las letras como en la propia discipline de su vocaci6n, por
lo que pudiera profesar lo mismo Anatomia que Perspectiva o
Historia; el que lleva sus valores con modestia s6lo comparable
a la dadivosidad con que prodiga los tesoros de su ciencia,
continna ligado a mi admriaci6n, que crece lejos de disminuir,
porque ahora puedo apreciar mejor lo que significa su noble
apostolado.
Jubilosa se siente la Academia al contar en este acto, consa-
grado a rendir tributo de generosa recordacion al Generalisimo
Maximo G6mez, el caudillo venerado a quien toc6 subrogar con
nuevo potente calor de humanidad la arcaica armadura del
Bolivar legendario que post-vi6, en el desastre de Casacoima,
desplegada al mistil del Continente la bandera de la Repnblica;
jubilosa se siente-repito-al contar con el concurso del doctor
Souza, apasionado' por la Historia, sector en que sus conoci-
mientos pasmanopor la precision y comprensi6n vastisima con
que destaca en su conversaci6n animada los episodios de la vida
universal. En la Historia de Cuba ha penetrado Souza con
fervor. En posesi6n de documentos que servir.n 'maiana de
norma para llegar a una apreciaci6n cabal del proceso revolu-
cionario, ha podido aquilatar en todo su caracter y ii toda su


[ 54 1










grandeza la personalidad de Miximo G6mez, a quien conoci6
entre llamas, en el ingenio "Mi Rosa", donde fuera huesped
de su padre en los dias inolvidables de la marcha invasora. A
caballo, desnudo el curvo alfanje, iracundo sobre la silla de
pelear, lo vi6 Souza en el teatro de sus proezas inmortales, y
su admiraci6n qued6 para siempre encadenada a la gloria del
viejo General. Luego, ahond6 en su pasado, apreci6 su des-
prendimiento, sopes6 su action en la manigua, vi6 sus defector,
pero no le sorprendieron en su alcance, consciente de que en
las vidas representativas todo es desproporcionado, y porque im-
perfecto todo lo creado, no se ha de medir en ellas la estatura
por la ausencia de Lo negativo sino por el prevalecimiento de la
voluntad virtuosa.
Para hablar de un altruista, y MAximo Gomez Lo fu6 en
grado superlativo, porque todo lo di6 a una tierra que no era
la suya y supo mostrarse sobrio ante el manjar del poder, a la
hora de la recompensa, no pudo contar la Academia con espi-
ritu mas exceptional que el de Benigno Souza, en quien domina,
por sobre toda otra caracteristica, la consoladora virtud del al-
truismo. No es Souza hombre sujeto a cinones inexorables. En
su yo se derrama, oreindole los cauces del pensamiento, el amor
en todas sus vastas acepciones.
Sin ideal, la vida asfixia. Sin entusiasmo, el hombre es mero
instrumento de toda bastardia por acomodamiento o abstenci6n.
Sin emoci6n, el alma es jaula vacia a la que puede penetrar
como huesped transitorio todo apetito. La palabra sin el acto
es la falsia. La predica sin la sinceridad es la demagogia. Por
saberlo pleno de ideales, capaz de la emocion, ajeno a todo
egoismo, tan desdefioso de la impostura como del verbo en fal-
sete, ni parad6jico, ni teatral, ni agitador de turibulos, la Aca-
demia saluda por mis labios con veneraci6n y con respeto al
medico sabio que ahora mismo, honrari su tribuna y que bien
puede cantar la gloria del miximo libertador.


: 55 J















































































MAXIMO GOMEZ 1897


Dibujo de GuLinde.


















MAXIMO G6MEZ

Y LA INVASION DEL 95

CONFERENCIA LEIDA POR EL DOCTOR BENIGNO SOUZA Y RODRIGUEZ,
EN LA ACADEMIA NACIONAL DE ARTEs Y LETRAs, EL 17 DE
JUNIOR DE 1930.

Senor Presidente;
Senoras y seiores:

EL 4 DE ENERO DE 1896 EN "MI ROSA"
LAs diez de la noche del dia 4 de enero de 1895, y en
la sala de la casa de vivienda del ingenio "Mi Rosa"
en Quivican, la familia residente en ella rodeaba a
varios oficiales espanoles que, sentados alrededor de
la mesa de comer, deferentes ofan al que ocupaba la cabecera,
joven general, atildado, elegante, de modales suaves y palabra
reposada y amena.
Era Este el general espanol Ram6n Echage, conde del
Serrallo, que s6o hacia tres o cuatro horas, con la columna de
su mando, unos dos mil hombres, y por su rastro, habia legado
al citado ingenio detras de Maximo G6mez y Antonio Maceo, los
que al frente de cuatro o einco mil hombres, con clamoroso
estruendo, a banderas desplegadas y bandas de musical, habian
estado durante mas de dos horas vigilando el pintoresco e inter-
minable desfile de la column mambisa. Todo fu6 para nosotros,
asombrados, teatral en ese memorable dia: a una decoraci6n


[ "7 ]










sucedia otra; a los cubanos, poco tiempo despues, la columna es-
pafiola.
Termin6 la comida copiosa y select (1), regada de esco-
gidos vinos, Echagde, despues de la copita de coflac, encendi6
su aromatico veguero, y beatifico, entre azuladas nubes, sabo-
reaba en aquel ambiente de tragico desastre su excelente co-
mida, su placida sobremesa, sin parar mientes en el ifgubre pa-
norama de llamas que lo rodeaba y muy bien percibia por las
ventanas abiertas, en un horizonte que entero ardia con vivo
resplandor, y donde un punto brillante, un ascua, marcaba a
Gnira de Melena, incendiada tambien y sitio en que a esa hora
y a seis kilometros escasos descansaban Gomez, Maceo y sus
huestes; evidente prueba de la invasion que se instalaba con
insolencia en plena provincia de la Habana.

GOMEZ Y MACEO, UN ANGULO RECTO
El general y sus compafieros, desentendidos de todo en aque-
lla serena noche de invierno tropical, volvian con el recuerdo
a su lejano pals, a Espana; hablaban de Madrid, de la politi-
ca; una palabra, una idea, un tema evocaban otro; alguien men-
cion6 a Canovas, y Echagiie, su ferviente admirador o su ami-
go, hizo su apologia, ho exalt6, y ante la ir6nica sonrisa del te-
niente coronel Moreno, sentado a su derecha, con palabra lenta
y frecuentes pausas, decia: -" & No ho cree, eh? Pues mire usted,
& quin en el problema de la guerra de Cuba, como el y de tan
lejos, en dos palabras y en una sola formula, la ha definido
mejor? No se puede olvidar que es Canovas el que ha dicho: "La
guerra de Cuba es s6lo cuesti6n de dos balazos felices" (2); y eso
seiores, eso es la guerra en Cuba. Esto que vemos es s6o la obra

(1) La cocina de Echague era la mejor entre las de los generals
espafioles.
(2) Tambien dijo Cdnovas en su tertulia, y corrid por toda Es-
pafia: "En Cuba no hay mds que un general, y dse es M.ximo G6mez";
palabras que fueron consignadas por Pi y Margall, en un articulo
suyo, publicado en El Nuevo Rdgimen, de Madrid, del 30 de octubre
de 1897.


[ 58 ]










de esos dos hombres que estin alli. "-Y senalaba con su mano a
la Guira ardiendo.-" Nadie sino ellos hubiera arrastrado a esa
horda hasta aqui." Y despues de una pausa, explic6: "Entre los
dos forman un (ngulo recto y tienen naturalmente su fuerza." A
la interrogadora mirada de Moreno y sus ayudantes anadi6:
-"Si, seiores, G6mez y Maceo forman un angulo recto, porque
el uno es el complemento del otro. El dominicano es todo astu-
cia, es una zorra. El mulato, todo valor. El uno es la cabeza
y el plan; el otro el brazo y la accion; de ahi sus fuerzas. se-
nores; de ahi su exito." Estas palabras, este juicio de un adver-
sario culto, dicho en aquellos momentos, se fij6 en mi mente y
nunca mis lo he olvidado.
Anos despu6s, el 24 de septiembre de 1899, en la velada fu-
nebre que el "Club Calixto Garcia" celebr6, en la sociedad "El
Pilar", a la memoria de los dos caidos en Punta Brava, Maceo
y Panchito G6mez, Manuel Sanguily, el primero de los oradores
en esa noche, alzandose en la tribuna en que oficiaba a la sere-
na altura de la historia, pronunci6 estas palabras, alusivas a
Antonio Maceo, y que perdurarin eternamente:

Adiestrado por Gomez, que de labrador lleg6 a ser un inspirado y
sobresaliente estratdgico supo c6mo se invadian territorios.........
....................................................
....................................................
por lo que identificado con su maestro y jefe, a extremo que si hubiera
faltado alguno de ellos jams se realizara la estupenda empresa.

Eso dijo Sanguily, nada amigo de G6mez entonces pero si
de la justicia. Sanguily y Echagie, desde campos tan adver-
sos, coincidian en cierto modo al juzgar a estos dos hombres
tan extraordinarios en cualquier pais y en cualquier 6poca, y
como es este tambien, senores, mi juicio, voy a tratar en esta
conferencia de senalar lo que el uno y el otro, el maestro y el
mas brillante de sus discipulos, tuvieron de coman en aquel
movimiento. A mi, que lo percibi, que asisti a el como testigo
en el centro de esta provincia de La Habana, aun me parece
un canto de la Iliada.


1 59 1










DESPUES DE LA INVASION TODO ERA ESPERAR
Yo no voy a repetir nada de lo que al movimiento militar
se refiere, tratado con excepcional competencia por el teniente
Reina; pero si senalar la colaboraci6n que el uno y el otro, el
General en jefe y su Lugarteniente, tuvieron en aquel movi-
miento militar que, como muy bien dijo uno de sus autores (G6-
mez), "despues de realizado, ya todo era cuesti6n de esperar".
Sera un poco mon6tona la lectura de esta conferencia porque
tendre que traer aqui algunos documentos probatorios, usar del
archivo del general Maceo, de diarios de operaciones, etc.
Mucho se ha discutido la paternidad de la invasion, cuando
de 6sta se puede decir que tiene tantos padres que es lo mismo
que si no fuera hija de nadie, y es, ademas, muy vieja; su proyec-
to arranca desde la guerra del 68; fue realizada por MAximo G6-
mez en el aflo 75, legando sus piquetes hasta Col6n, y a la
fuerza tiene que habersele ocurrido sus ventajas hasta el mhs
infimo y oscuro oficial mambi; pero la oportunidad, su organiza-
cion, las 6rdenes para ella, las operaciones preliminares que la
hicieron viable, eso si que es patrimonio del jefe que la orden6
y dirigi6 y que realmente es el padre de la criatura.

LA REVOLUCION VARADA
Cuando sobrevino la muerte de Marti, estaba localizada la
rebeli6n en Oriente. Maximo G6mez, a quien el golpe hiri6 en el
alma pero no amilan6, segun frase del general Mir6, decide su
marcha a Camaguey, comarca que no habia respondido hasta
entonces al movimiento, precisamente en espera de G6mez, mo-
vimiento que era ya general en Oriente y se empezaba a exten-
der en las Villas. Dice Mir6:
Ve a Maceo cuyas penalidades han sido mayores, concierta con
6l el plan sin desmontarse del caballo y continua la excursion, im-
pulsado por una idea fija: sacar a flote la revoluci6n, que segnn frase
de 61 (de G6mez) estaba "varada".

Queremos, de paso, consignar que dudamos mucho de la exact
titud de la version que, siguiendo a Enrique Collazo, copian


[ 601










easi todos los que relatan la entrevista de "La Mejorana'", ce-
lebrada entre Marti, G6mez y Maceo, solamente, y cuyos acuer-
dos se mantuvieron secretos. Collazo no vi6 ni a Marti ni a
Maceo, nnicos que pudieran informarle; su version esta en des-
acuerdo con la de Mir6, mis autorizado que nadie por su puesto
al lado de Maceo para saber lo que alli ocurrio, y cuando se
publique el archivo del general G6mez, que una ineuria lamen-
table mantiene secreto, se sabra la verdad. Nosotros, a pesar de
la autoridad de Collazo, tal vez el escritor que con mais sereno
juicio ha tratado sobre las guerras de Cuba, opinamos con Mir6:
Durante la travesia sufr16 decepciones, amarguras incontables; hu-
bo en la pequefa hueste que le seguia conatos de sedici6n; aqudl
fu oU via crucis; pero no desmay6. El viejo soldado, intrdpido siem-
pre, escala la agria cuesta, y ya en la cumbre, echa al aire sus pendo-
nes, arenga a unos cuantos proscriptos que se le unen y abre la fa-
mosa jornada de Camaguey, timbre quiz. el mls honorifico de su
vida militar. Ahora acaba de decirnos en su tienda que entre 6l y
Maceo "tumbardn a Martinez Campos, cogiendolo desprevenido en los
campos de Occidente.

TUMBARON A MARTINEZ CAMPOS
DESPREVENIDO
En estas palabras del Generalisimo, que hay que subrayar, se
encierra toda la clave de la invasion: es su sintesis. Tumbaron
a Martinez Campos porque lo cogieron desprevenido. Queremos
detenernos algo en esta primera fase de la futura invasion: la
marcha de G6mez al Camagiey, porque es el indispensable pr6-
logo para que dsta pudiera llevarse a cabo: habia que sublevar al
Principe; habia que soldar con este anillo Oriente a las Villas.
Esta tarea ech6 sobre sus hombros aquel soldado admirable, en
quien la guerra y el mando eran un instinto, ya que, segun la
frase feliz de un pensador, en los hombres el instinto es el genio.
Escogi6 Maximo G6mez s6lo veinte hombres para que lo
escoltaran a la comarca donde multiplicaba Martinez Campos
sus medios de seducci6n y seguridad militar, amontonando tro-
pas para mantener esta tranquila; y es aqua oportuno senialar
la caracteristica de G6mez, como jefe de operaciones, y que


[ 61}










servira para descifrar easi todas las suyas. Cada soldado ha te-
nido su fisonomfa propia; en los nuestros, Maceo era el lmpetu
ardiente, el valor hecho hombre, la lfnea recta en la busca del
enemigo; era, como acertadamente me deefa en conversaci6n el
teniente Ren6 Reina, un soberbio general de choque. Gomez era
frfo en sus planes, sinuoso, cultivador de la sorpresa, su maniobra
favorita, la que preferia a todas. Espiaba, aguardaba, se oeul-
taba y desaparecfa para caer de repente y como el rayo sobre su
presa asustada. Waste su car.cter lo complete la rapidez sucesiva
de sus operaciones, tan rapidas muchas veces que parecen simul-
tineas, y a esas cualidades, observaba el general Mario G. Me-
nocal, unfa en el combate una bravura que nadie podia supe-
rar. Asta tambi6n es la opinion de un militar espaiol, su adver-
sario muchas veces, el coronel Arminin.

GOMEZ, DEVOTO DE LA SORPRESA

En su larga y brillante historia militar durante la guerra
de los diez anos, en la que fue jefe de fuerzas, utiliz6 tales cuali-
dades siempre que pudo. En la primera de todas sus accio-
nes, la famosa del Pino de Baire, se revel6 gran capitin mache-
teando por sorpresa la vanguardia de Quir6s. I Qu6 fue Palo
Seco? Una sorpresa tambien. I Qu6 decide en su favor la suer-
te en Las Guisimas? Una sorpresa a la caballeria espanola. La
memorable invasion de Las Villas, el ano 75, fu6 una serie de
sorpresas, segnn el brigadier espanol Acosta y Albear. Y por fin,
en la guerra de 1895, realiza la mayor y mejor explotada de sus
sorpresas, que nada mis que eso fu6 la invasion del mismo ano,
magna sorpresa para el alto mando espanol, que nunca crey6
en ella. En cambio, cuando el sorprendido era el, raras veces,
porque en sus marchas y campamentos fu6 siempre modelo de
previsi6n, su primer movimiento instintivo, su defensa, su reac-
ci6n inmediata, era la agresi6n instantanea. (Acord6monos del
Fuerte de Pelayo.) Tenia Miximo G6mez en alto grado el valor
moral que defini6 Napole6n, el de las dos de la madrugada, y
explicaba diciendo que era el valor de improviso y de lo impre-


[ 62 1










visto. El escritor militar Ardant Du Picq, analiza la sorpresa
en sus estudios del combate y dice:
Cuando las armas son iguales de una parte y otra, la inica ma-
nera de poner la suerte del lado de uno es sorprender; el hombre
sorprendido tienie necesidad de tiempo para ver claro y ponerse a
la defensa; durante ese instante de la sorpresa es muerto, si no huye.
Generalmente, el adversario sorprendido no se defiende; trata de
huir. La sorpresa sola no es la guerra, pero es siempre uno de loa
medios, aun hoy, el mejor.

G6mez, que seguramente no estudi6 al tratadista frances, sa-
bMa todo esto tan bien como 61, y de ahf su devoci6n por esa mo-
dalidad del combate: la sorpresa. R1 podia hacerse acompanar
por cuantos hombres quisiera; era el general en jefe, y en esos
momentos, muerto Marti, jefe superior del moviminto; pero pre-
firi6 s6lo esos veinte hombres para mejor desaparecer. Des-
pues de Dos Rios, nadie sabe nada de G6mez; los periodicos es-
pafioles, los jefes de operaciones, lo creen muerto o gravemente
herido; durante tres semanas toma cuerpo este rumor, y no hay
mis para persuadirse de ello que recorrer la prensa de aquellos
dias, las interviews publicadas con los jefes espanoles, con el ge-
neral Salcedo, por ejemplo. Risuenas esperanzas sostienen a
Martinez Campos; son los nltimos fulgores de una estrella, feliz
hasta entonces, que apagaron para siempre, en Cuba, G6mez y
Maceo. Ademis, los viejos jefes militares del Camaguey no
quieren la guerra; menos un punto negro, el marquis de Santa
Lucia, todo es confianza y tranquilidad. (V6anse las corres-
pondencias de periodicos y algunas cartas particulares, entre 6s-
tas dltimas, una del doctor Wenceslao Gilvez a su tio, publicadas
por el capitan Llaverfas.)

MARTINEZ CAMPOS CUIDA DE CAMAGOEY
Martinez Campos, para mejor guardar la paz en su provin-
cia de Camagiey, marcha para ella y lleva nuevos refuerzos.
Se instala en Puerto Principe, y el dia 17 de junior, de repen-
te, en medio de aquella idilica Arcadia, en sus barbas mismas,
irrumpe como un tif6n el viejo caudillo, que destruye y toma a


[ 63 1










Altagracia, cuyas ruins humeantes y cuya guarnici6n muerta
o dispersa muestran, al otro dia, al Capitan General espaiiol
que aquel golpe que destruye sus ilusiones lleva la marca de
G6mez. Patente ya su resurrecci6n, trata de coordinar sus fuer-
zas y perseguirle; pero G6mez, como le es habitual, no le da
tiempo; dos dias despues, grave noticia. El Mulato se ha
rendido con su guarnici6n a Maximo G6mez; sale Martinez Cam-
pos para Nuevitas en demanda de refuerzos, y antes de embar-
car lo despide G6mez dispersando a machetazos la guerrilla del
capitan Agiiero en "La Larga". Setenta guerrilleros prueban
el filo de los machetes camagieyanos. (Boza.) Inmediatamen-
te despues otra mala nueva. El poblado de San Jer6nimo se
rinde tambien con su guarnici6n a los alzados. De modo que en
resumen y con cita de fechas: Dia 5 de junio. Vadea G6mez el
Jobabo con algo mis de cien hombres. Dia 10. Se une al gru-
po del Marques de Santa Lucia. Dia 17. Asalta e incendia a Al-
tagracia, casi a la vista de la ciudad. Dia 19. Rendici6n de El
Mulato. Dia 21. Macheteo de La Larga, y horas despues,
rendici6n de San Jer6nimo. De ahi marcha al Este, habiendo
descrito, como dice 6l mismo, un circulo en cuyo centro esta la
capital.

SU NOMBRE ES UNA EPOPEYA

A las noticias de estas operaciones se estremece la comarca
camagiieyana, porque de todos los puntos de su horizonte surge
Maximo G6mez, "cuyo s6lo nombre es una epopeya'", como dijo
el periodico El Criollo; porque es su nombre el agudo son del
clarin de Palo Seco y del Naranjo que viene a tocar lamada y
tropa ante los muros de la vetusta ciudad colonial; son las vie-
jas y descoloridas banderas de las Guasimas y la Sacra, que,
deshechas y temblorosas, entran tambien en la liza tremoladas
por la misma mano que las alz6 triunfantes en la decada glorio-
sa; al conjuro de su voz, electrico escalofrio recorre a Cama-
guey, que se subleva entero y corre a formar en las filas del
milagroso y viejo caudillo. La juventud toda, con su Marques al
frente, los Sanchez Agramonte, los Recio, los Boza, los Varo-


[64]









na, los Vega, Silva y tantos otros, hasta los niios (Miguelito
Varona, mi tarde su ayudante, contaba entonces solo trece
afios de edad). G6mez, tranquilo, aprovecha su sorpresa, y or-
ganiza esa juventud, labor en que, justo es decirlo, lo auxilian
el Marques, al que encarga los asuntos civiles, y el doctor Euge-
nio Sanchez Agramonte, en cuyas manos pone la Hacienda de la
Revoluci6n (3).
Martinez Campos escribe en 8 de junio al Ministro de Ultra-
mar, Castellanos:
Desde que presume que G6mez podia ir a Oriente (debe decir
Occidente) .no empec6 a mostrar mis temores? ZNo decia que serfa
como duplicar la fuerza de la guerra? LO al menos dividir mis me-
dios? Tenfa esperanzas de evitarlo; pero afiadia: si quiere pasar, pa-
sari y al hacer estas afirmaciones me fundaba en la experiencia que
tenia de la otra guerra y en el conocimiento de los medlos de G6mez.

En la misma carta y mas adelante:
Sin el pase de G6mez al Principe, que confess y confieso fu6 un
fracaso para ml, esos cinco batallones que he enviado al Principe,
otros cuatro a Las Villas, mis los diez escuadrones, los hubiera me-
tido en Bayamo y Santiago de Cuba, y sin tener que atender al Principe
y Las Villas, hubiera reducido tal vez a bandolerismo las partidas de
Oriente. ZNo indicaba yo que la entrada de G6mez en el Principe
llamaria a Sanchez y Roloff a Las Villas?
Esto que expone el Capitan General espaiol es mas elocuente
que todo lo que en floor de G6mez y su campafia inmortal pueda
decirse. Me he detenido algo en esta que se puede llamar pri-
mera fase de la invasion a Occidente, por la importancia que tu-
vo para la marcha futura de la guerra.

GOMEZ ORDENA LA INVASION
Desde alli, fechada en el Cascar6n, a 30 de junio de 1895, y
en documento que poseo de gran valor hist6rico y que exhibo a
ustedes, "ordena" G6mez de modo preciso a su Lugarteniente la

(3) Fud de tal importancia la invasion del Camaguey por Gdmez,
que Martinez Campos envid por cable su dimisidn a Madrid, la que
no le fud aceptada por C.novas.


[6S]












invasi6n a Occidente y anticipa en sintesis la probable marcha
de los sucesos que despues subsiguieron. La importante comuni-
caci6n, copiada a la letra, dice asi:

Cuartel del Ejdrcito Libertador.-El Cascardn, Camaguey,

junior 30 de 1895.

Al Mayor General A. Maceo,
Jefe del Primer Cuerpo de Ej~rcito.

General: La rapidez con que tengo que moverme en esta comarca
para aprovechar estos momentos preciosos; la aglomeraci6n de asun-
tos que me rodean y, sobre todo, el mis important, el de organizaci6n,
no me dejan tiempo para narrar con todas las circunstancias dificiles
mi marcha a esta comarca no sublevada, y escoltado por 20 hombres,
que dado lo dificil y peligroso de mi marcha, por dos veces se propu-
sieron abandonarme. Al fin, despuds de burlar la persecuci6n del ene-
migo, que habia situado fuerzas considerables en todas las encruci-
jadas que sospechaba podia yo cruzar, logrd pasar el Jobabo el dia
5 y entrd en la comarca camagueyana ya con 100 hombres de parti-
das sueltas que se me iban incorporando a mi paso por la jurisdicci6n
de las Tunas. El mismo dia, por una feliz coincidencia, levantaba la
bandera de la Republica, acompaiado de 50 jdvenes, el benemdrito pa-
triota Salvador Cisneros. Cuatro dias despuds nos dbamos el abrazo
de compafieros Cisneros y yo. El enemigo, aturdido y ddbil, no pudo
en aquel instante ni ha podido aun siquiera perseguirme, y mucho
menos impedir la primer operaci6n que me propuse ejecutar. Des-
cribiendo un circulo por toda la comarca para levantar el espiritu,
ataqud al pueblo de Altagracia en la line fdrrea, que fud reducido a
cenizas, y seguidamente, continuando por el Oeste, hemos tomado el
campamento del Mulato y pueblo de San Jer6nimo, que nos han dado
diez mil tiros y 100 armas con un rico botin; ademus, 110 soldados per-
donados y devueltos a sus filas.
Hoy he cerrado el circulo adonde part para esta operaci6n y des-
pacho la fuerza auxiliar para que opere en Las Tunas. El enemigo
estA a la defensiva en la ciudad y el general Campos ha salido para
La Habana en reclamo de refuerzos. Mientras tanto, organizo 500
jinetes y la comarca estA respondiendo al reclamo de los libres.
Por esto, es urgente que usted prepare un contingente lo mds pronto
que pueda y con jefes escogidos y experimentados trate de incorpordr-
seme cuanto antes para que demos el golpe definitivo en Occidente,


[ 66 ]











donde se nos espera. En el mismo sentido escribo al general Masd
jefe del Segundo Cuerpo (4).
He dispuesto y protegido desde aqua los levantamientos de Las
Villas, y los valientes que alli se han alzado esperan ansiosos que yo y
usted emprendamos la marcha para aquella comarca. Solamente em-
pujado por circunstancias fortuitas emprenderia la marcha sin esperar
su valioso concurso, y siempre serd mi prop6sito esperarlo para ase-
gurar el dxito y compartir La gloria. Espero que me anticipe aviso,
asi como me imponga de su situaci6n, pues aun no he recibido ningu-
na comunicacidn de usted, aunque por la prensa enemiga me entero
de sus operaciones. Con Patria y Libertad,
El General en Jefe,
M. Gdmes.:

P. D.-(De su puflo y letra). Mi querido amigo: No me deje a Joad.
Yo creo que usted puede dear al Oriente con guerrillas y venir con
el gran ejdrcito de Alejandro Magno".


"SU INDISCUTIBLE SUPERIORIDAD"

La carta se comenta sola. Es perentoria y concluyente; esth
fechada en 30 de junior de 1895, es decir, cuando la suprema
autoridad de los alzados en armas lo era s61o Maximo G6mez,
general en jefe provisional por el voto de los jefes del 68, a la
cabeza de los cuales figuraba Antonio Maceo, que en acre co-
municaci6n que lleva el ndmero 150 folio 85, primer libro del
archivo de Maceo, al Secretario de la Guerra, fechada en Con-
suegra en 19 de noviembre, dice:

Cuanto al mando supremo del Ejdrcito que asume el Mayor Ge-
neral Miximo G6mez, no es para mi noticia nueva; yo fui el prime-
ro, en el destierro, en darle mis sufragios y acatar su autoridad,
porque reconocia como reconozco en 6l su indiscutible superioridad.

El Gobierno revolucionario no fue elegido ni tom6 posesi6n
sino el 19 de septiembre del 95, a las nueve de la mariana, es de-

(4) Lo subrayado lo ha sido por mi, para indicar quo en esas
palabras esta el germen de la invasion a Occidente. No creo que en la
entrevista de La Mejorana, sobre la que tanto se ha fantaseado y
mentido, se tratara de la gran invasion aludida, y si de la de Camaguey,
en aquellos dias de mayo de 1895 todavia en plena paz.


[67)










eir, tres meses despues de la orden terminante de Mhximo G6mez
a sus dos tenientes Antonio Maceo y Bartolom6 Mas6. Como ve-
mos, la version de que fue este movimiento de la iniciativa del
Gobierno revolucionario, se comprueba que es erronea. La or-
den estaba dada por quien podia darla, en documento oficial y
recibida por Maceo tres meses antes del nacimiento del Gobierno
de la Revoluci6n. )ste se encontr6 con ella vigente a su adve-
nimiento, y era natural, muy natural, que no se iba a oponer a
su cumplimiento; logicamente la apoy6, sobre todo, el Marques
de Santa Lucia, pero ni siquiera la inspire, porque lo que aun
no existe nada puede inspirar.
Era necesario pasar a Las Villas para disponer y organizar
el contingente con que esta region, donde pululaban las partidas
insurrectas. iba a contribuir a la invasion; pero adem s queria
Mlaximo G6mez, siempre previsor, anticiparse a la entrada en es-
eena de los veintid6s batallones peninsulares, quinta expedici6n
de tropas espanolas pnblicamente anunciada en todos los pe-
riodicos. y que seguramente usaria Martinez Campos en Las Vi-
llas. Ansioso, pues, en adelantarse a su adversario, que iba en
breve a disponer de tan eficaz refuerzo, dice en 12 de agosto
del 95 a su Lugarteniente, en comunicaci6n fechada en Najasa,
y que muestro a ustedes:

El enemigo seguramente reforzari las fuerzas suyas en Las Vi-
llas y no debe darsele tiempo a que se ensefioree de aquel territorio.
Piensa antes de poco marchar para alli. Aunque estamos escasos de
jefes experimentados, ya he enseniado un poco a defenderse y ofen-
der a los que dejare aqui, y no sera muy necesaria mi presencia en
esta comarca.

CRUZA GOMEZ LA TROCHA
Detenido por las demoras en la constitution del Gobierno,
que no se hizo sino en 19 de septiembre, cruz6 Gomez la trocha
military el 30 de octubre, no s6lo a los objetos expuestos, sino
tambien para llamar con fines estrategicos la ateneidn de los es-
panoles sobre si y facilitar la marcha a Maceo, al que dice en 21
de noviembre:


[68 ]











Me extraa que nuted, cuyo carActer tengo bien conocido, no hays
procedido con un poco mAs de energia haciendo cumplir mis 6rdenes.
Mi presencia en esta comarca ha obligado al enemigo a concen-
trarse, mientras que yo, por mi parte, me he concretado a los movi-
mientos que lo obliguen a mantenerse en esa actitud, a la vez que
conservo enteras nuestras fuerzas para proteger, como lo estoy hacien-
do, el avance de usted. He logrado botar al Oeste del Zaza mAs de 4,000
espafioles que esperaban batirme en la zona de Ciego de Avila; despuds
de dejarlos entretenidos por alli, cafa sobre su retaguardia, tomdndoles
el campamento de Pelayo.

Mas tarde, fechada en Primer Hoyo, el 29 de noviembre,
deci a:
Como es probable que esta comunicacidn lo encuentre en marcha,
procure continuarla por el rumbo mismo en que yo la hice, consul-
tindose con prActicos como el comandante Tranquilino Cervantes;
siguiendo ese itinerario; ya yo sd por d6nde debo salirle al encuentro.

Del hist6rico Baragua emprende marcha la columna que se
llam6 invasora el dia 22 de octubre del 95, y es 6sta tambien la
oportunidad de rectificar un error que frecuentemente se co-
mete al resefiar este movimiento. La invasion, tomando el valor
militar que tiene el t&rmino como operation de guerra, "con-
siste en irrumpir'en pals enemigo o extranjero en hostilidad or-
denada y con movimientos estrategicos para saquear o poseer'".
(Diccionario Militar, Nicolas Estevanez.)
No fueron las comareas de Oriente y Camaguey, donde los
que en realidad imperaban eran los insurrectos, donde residia pa-
triareal su gobierno, sus organizaciones civiles funcionaban con
toda seguridad, donde numerosas familias, aun las mas aco-
modadas, moraban sin molestia alguna, y donde, en fin, estaban
los espafioles a la defensiva, puesto que habian trasladado el peso
de las operaciones militares a Las Villas; no era no, Oriente,
pais extranjero para las huestes cubanas, que marchaban por
territorio en que tenian sus armas domino, y si Occidente, pais
enemigo, extranjero, y eso es tan exacto, que en documentos de
la 6poca se la denomina invasion a Occidente y no invasion a
Las Villas.


(691











EMPEZ6 EN LAS VILLAS OCCIDENTALES
La comarca a invadir empezaba en Matanzas, o cuando mas,
en Las Villas occidentales, y si es exacto que la columna comple-
tada en Mala Noche era invasora por su funci6n ulterior, esta, es
decir, la invasion propiamente dicha, no empez6 hasta que, unida
con la otra columna invasora, la que prepare y organize G6mez
en Las Villas, emprendi6 junto con ella su marcha a Occidente;
por cierto que mayor contingente aportaron a su formaci6n de-
finitiva los villarenios que los orientales, hecho que generalmente
tampoco se reseia. Formaron en ella, con sus fuerzas: Serafin
Sanchez, Pedro Diaz, Basilio Guerra, Jos6 Loreto Cepero, Juan
Bruno Zayas, Roberto Bermudez, Cayito Alvarez, Antonio y
Vicente Nnnez, Joaquin Rodriguez, Pancho Perez y otros, a los
que hay que afiadir la escolta del general en jefe, integrada
por hombres del Camaguey (alrededor de cien hombres), y mas
tarde, las fuerzas de Matanzas.
El 29 de noviembre, en Lazaro L6pez, se encuentran, al fin,
Maximo G6mez y su Lugarteniente, "abrazandose los dos caudi-
lbos en medio de las exclamaciones ms expresivas de entusiasmo
en que prorrumpieron las dos tropas fraternalmente confundi-
das en aquel abrazo que simbolizaba tantas cosas." (Mir6.) All
se veian por primera vez unidos los montaneses de Guantanamo
y los montunos de Manzanillo y Bayamo con los hijos de Sancti
Spiritus y Trinidad.

jLLEGAREMOS HASTA LOS CONFINES
DE OCCIDENTE!

El 30 de noviembre, a las siete de la manana, antes de em-
prender la marcha, "G6mez se adelanta a caballo, impone silen-
cio con un ademan y saluda al Ejercito Libertador en una aren-
ga cuyos acentos penetran en todos los corazones como agudos
toques de clarin" (Mir6) He aqui la martial alocuci6n del he-
roico anciano a sus huestes:
En estas filas, que veo tan nutridas, la muerte abrird grandes cla-
ros. No os esperan recompensas, sino sufrimientos y trabajos. El ene-
migo es fuerte y tenaz. El dia que no haya combate serf un dia per-


[70 }













dido o mal empleado. El triunfo s6lo puede obtenerse derramando mu-
cha sangre. ;Soldados! No os espante la destruccidn del pals, no os
extraiie la muerte en el campo de batalla; espantaos, sI, ante la ho-
rrible idea del porvenir de Cuba si por casualidad llega Espana a ven-
cer en esta contienda. Los manes de tantas victims inmoladas os
exhortan a que luchdis con decision y vigor para que la rapidez del
triunfo no dd ocasi6n a levantar nuevos cadalsos. Poco se ha hecho has-
ta ahora, poco hemos andado, no estamos ann en Las Villas, donde nos
esperan las grandes peleas. Esta guerra no registra mis que dos
acontecimientos notables: la acci6n de Peralejo y la expedici6n del Ge-
neral Roloff. Espana manda para combatirnos al mis experto de sus
generales. Y bien, con eso demuestra nuestra pujanza, porque em-
pieza ahora por donde acab6 la otra vez. Yo le auguro a Martinez Cam-
pos un fracaso cabal, que empez6 para 61 en la sabana de Peralejo;
prondstico que se habra de cumplir al llegar los invasores a las puer-
tas de La Habana con la bandera victoriosa, entre el humo del in-
cendio y el estr4pito de la fusileria. ;Soldados! iLlegaremos hasta
los confines de Occidente, hasta donde haya tierra espaiiola! (Recogi-
da por el general Mir6).


"BUSCANDO FRENTE LIMPIO"

Nombra el Generalisimo, que habia dejado a su jefe de Esta-
do Mayor general Vega en Camagney, a Antonio Maceo jefe
del Cuarto y Quinto Cuerpos y le da la direcci6n de la columna
expedicionaria y lo anexo a organizaci6n, orden interna, etc.
(Mir6.)
Y en su lac6nico y pintoresco l6xico mambi, seniala el plan
que se ha de seguir y que resume la estrategia de su marcha:
"No importa retaguardia o flanco sucio, buscando frente lim-
pio.''

Elijo la mayor parte do las citas que incluyo aqui de las
Cr6nicas de la Guerra, del general Mir6, Jefe de Estado Mayor
de Maceo, y cuyo testimonio tiene ese valor.

19 de Dicienbre.-Combate, o mejor, escaramuza con Suarez
Valdes, en cuya columna iba como agregado el oficial ingles que
es hoy Lord Churchill. Dice Mir6:

Muy conocedor el General G6mez de aquella comarca desde la
otra guerra y al corriente de la manera de operar de Sudrez Valdes,


{71]













encamind nuestra column hacia Trilladeritas, campamento que dej6
el adversario al dirigirse al nuestro en La Reforma, convencido de
que para el general espaflol era suficiente victoria la ocupacidn de
Rio Grande. De resultar comprobada Ia prediccidn de nuestro caudillo
nos hallariamos al dia siguiente en Las Villas, sin ser hostilizados por
la columna de Su~rez Valdds.

Augurio del viejo estratega que exactamente se cumplid.


GOMEZ ORDENA A MACEO

3 de Diciembre.-Iguara (Mir6) :

Iba a vanguardia con la caballeria de Sancti Spiritus el General
G6mez... Fud avisado por un campesino de que habia pernoctado alli
una column espailola y que retornaba a Sancti Spiritus hallAndose
en marcha en esos momentos, que Ilevaba muchas ac6milas. G6mez en-
v16 un yudante a Maceo, que se encontraba en el vado del rio, para
decirle que no queria desperdiciar la ocasi6n de batir aquella co-
lumna, situando las fuerzas a vanguardia por el frente...

(Boza):
En estos momentos se entrevistan nuestros dos grandes jefes;
aquellos dos soldados batalladores, el viejo blanco y el mulato oven, el
uno por el frente y flanco izquierdo, el otro por el flanco izquierdo,
atacan al enemigo.

5 de Diciembre.-Se separa el Gobierno y marcha para
Oriente.

9 de Diciembre.-Casa de Teja (Mir6):

Al cruzar por Fomento queda Maceo en observaci6n y con las
fuerzas de retaguardia. Fuego a vanguardia en Casa de Teja, y avi-
sado el General G6mez por un oficial, retrocede con la escolta y dos
escuadrones y ya con este medio la resistencia toma otro car~cter..

11 y 13 de Diciembre.-Manicaragua (Mir6) :
Maceo con su escolta y Regimiento Cdspedes, contiene el avance
de la column espaflola.

12 de Diciembre.-El Quirro (Boza):
El General en Jefe emprende marcha por caminos malisimos y
estrechos con el grueso de las fuerzas. El Lugarteniente queda a
retaguardia conteniendo al enemigo.


[ 72 ]










15 de Diciembre.-Nadie como Gomez, profundo conocedor
de la psicologia del combate y de la guerra, sabla el aserto del
tratadista military que dijo:
El arte de la guerra sufre numerosas modificaciones en relacidn
con los progress industriales y cientificos. Pero hay una cosa que
no cambia jamAs, y esa es el coraz6n del hombre, siendo en ultimo
tdrmino el combat un asunto de moral.

ORIGEN DE MAL TIEMPO
Nadie mejor que el conocla los miserables medios en hom-
bres y elementos de guerra con que iba a emprender, contra
ciento ochenta mil (5) soldados de Martinez Campos, la tarea de
atravesar, en lucha constante, doscientas leguas de comarca ene-
miga. No tenia, frente al valor nunca desmentido de la infan-
teria espafiola, frente, a los canones modernos, fusiles de repe-
tici6n, barcos, ferrocarriles, tel6grafos y el dinero en profusion
de que disponfa Martinez Campos; no tenia mss, para acome-
ter esta empresa, que su audaz e incomparable genio militar y
el inmenso coraz6n de su segundo: Maceo. Con ellos solos entra-
ba en la liza y queria encubrir o camouflear su pobreza con
un golpe que hiciera tambalear de entrada a su adversario y
pusiera circunspecci6n prudente en las columnas espanolas y
exaltara el animo de los suyos. Este fu6 el origen de Mal Tiempo.
G6mez tambien sabia, y lo demostr6 en sus trece aiios de
diario combate contra los jefes espanoles, que la mejor defensa
es la agresi6n, y es por eso que jams inici6 una operaci6n, una
campafia, sin preludiarla con golpes brillantes, de los que tan de-
voto era. En su invasion a Guantanamo fu6 La Indiana, la
heroica y terrible Indiana, el primer nudo que quiso cortar.
En Camaguey, Nuevitas y Santa Cruz del Sur prologan a Palo
Seco. En la invasion del 75 elige el fortificado campamento
del Jibaro para iniciar sus operaciones. Hemos resefiado sus
rapidisimos golpes en el Principe durante esta guerra, y como
fu6 siempre 6sta su psicologia de soldado, de ahM su deseo de ani-

(5) Entre soldados, guerrilleros y voluntarios.


(73]











quilar y destruir una columna espanola como introito de la in-
vasi6n, deseo que patentiz6 en todos aquellos momentos que le
parecieron favorables a ese objeto. De ahi su orden a Maceo en
Iguari de irle arriba a la columna de Segura; la proximidad del
poblado donde se refugio y la pericia con que el coronel espanol
hizo su retirada bajo la protecci6n de los fuertes, frustraron este
prop6sito.

GRAN SOLDADO DE CABALLERIA

El fugaz momento que ansioso espiaba su heroico espiritu se
presenta, al fin, en la maiana del 15 de diciembre, ya en Las
Villas occidentales, en el famoso campo de Mal Tiempo. Mal
Tiempo, Palo Seco del 95, tipico combate de caballeria al modo
de G6mez, arma en cuyo manejo no tuvo entre nosotros rival,
nnica acci6n de esta nltima guerra en que los cubanos acu-
chillaron y dispersaron, a pesar del maiser, una de las colum-
nas de infanteria de linea espaniola, tan dificiles de desmora-
lizar.
La tropa cubana marchaba muy temprano, con Maceo a
vanguardia, Gomez en el centro y Serafin Sanchez a retaguar-
dia. Habia colocado G6mez en la extrema vanguardia, en la
descubierta, a Jose Loreto Cepero, que con onfasis le pidi6 ese
puesto, entusiasmo que el sagaz caudillo, que husmeaba ya los
acontecimientos, quiso aprovechar para sus planes. Al cruzar
junto al ingenio "Teresa", fortificado y guarnecido, condujeron
hasta G6mez los flanqueadores mambises a dos campesinos-dos
mulaticos-que traian informes de interns. G6mez, que iba entre
Serafin Sanchez y Eugenio SAnchez Agramonte, se aparta, los
interroga, ordena que los retengan en la impedimenta hasta nue-
va orden, y de snbito, enderezandose sobre los estribos, grita con
aquella voz peculiar suya y que nunca olvidaran los que tuvieron
la fortuna de oirla: "t Un ayudante al general Maceo, que acorte
la marcha!'" Y en seguida a Serafin Sanchez: "i Vamos a ver lo
que pasa en la descubierta! i Ordenes a dos escuadrones que si-
gan a mi escolta! i Ayudante Benjamin: a Boza y plana mayor
que me sigan!" Por sus informes, a poca distancia, a su encuen-


[74}











tro marchaba una fuerza espanola. En ese instante lo dedujo to-
do y combine su plan. Se echa fuera de las filas de la larga co-
lumna mambisa, por la derecha; pone su caballo al trote, recorre
a ese aire toda su longitud hasta alcanzar a Maceo, con el que
conferencia breves moments, y da entonces personalmente orden
a Cepero, que no cumpli6, de sin disparar un tiro cargar a la co-
lumna espanola; su desobediencia le cost ser destituido y deser-
tar. Estos detalles explican por quc G6mez. que marchaba en el
centro, es el primero en derribar con su caballo las filas espa-
folas, y Maceo, el impetuoso, el primero siempre, tuvo que aguar-
dar unos instantes para que echaran abajo una cerca de alambres
que le cerraba el paso, instantes que bastaron a Gomez para ade-
lantarse a su Lugarteniente y entrar el primero dentro de las
filas espanolas.
Las relaciones de los testigos todas estan acordes hasta en los
detalles, lo que es cosa rara: Mir6, Boza, Serafin Sanchez, Loy-
naz del Castillo, Eugenio Sanchez Agramonte, Miguel Varona,
Leopoldo Calvo, etc., etc.

GOMEZ, PRIMERO EN LA CARGA
He aqui la sincera y honrada relacion de Sanchez Agramon-
te, que marchaba a su derecha, hasta que tuvo, en cumplimiento
de su misi6n de medico, que acudir a prestar sus auxilios al
ayudante Feria, primer herido de bala al lado del General en
Jefe:

Escasamente habian transcurrido treinta minutos desde que deja-
mos por detrAs al valiente general Maceo cuando se oyen por nuestro
frente y algo a la derecha repetidas descargas de fusileria y tiros
sueltos por el lado opuesto, que indican claramente las posiciones del
enemigo y las de nuestra fuerza de descubierta.
Una cafiada con su alta barranca del lado opuesto impide que vea-
mos la escena, pero este ligero obstAculo es vencido por el vuelo de
los caballos, y sobre la meseta se extiende a nuestra vista una lla-
nura bastante amplia, y a la derecha, como a unos trescientos metros,
en una ancha guardarraya, rompiendo la monotonia del verde de las
cafias, se advierten las manchas azules de los uniformes de rayadillo
del ejdrcito espafiol. Forman cuadro, rodilla en tierra, haciendo Fuego


['7]













con descargas cerradas. El clarin del General en Jefe recibe la orden
de ;toque a degUello!, y al grito de ial machete y viva Cuba libre!,
dado por cientos de voices, parten como un rayo los jinetes sobre los
cuadros... Los hombres, el cuerpo inclinado hacia delante, siguiendo
como un torbellino al invicto general G6mez, que, clavado y tieso en an
montura, mAs parecia un centauro que un ser humano.

Loynaz del Castillo:

El general SAnchez, con el Estado Mayor y las fuerzas villareflas,
cargd con los mis pr6ximos, pero cuando llegamos a las bayonetas,
ya el general G6mez entraba adelantdndose algunas varas con sus
ayudantes y brava escolta, el primero en la carga, el primero en blandir
sobre aquellos duros crineos su corvo acero. Alli le vieron los dig-
nos, ejemplo arrebatador, destacando su martial figura como un reto a
la muerte entre una aureola de fuego, general entre los heroes.

(Mir6):

Al mismo tiempo Io efectia G6mez con su escolta de camagdeya-
nos, tres escuadrones de Marti, Garcia y Gua. tl, delante de la tropa,
tieso, clavado en la montura, blandiendo el alfanje que usa... Por
los flancos la carniceria ha sido tremenda. G6mez, brioso y enarde-
cido como en Palo Seco, ha roto el mis fuerte ndcleo de los espafioles
siendo el primero en abrir boquete.


GOMEZ: DOS CABALLOS MUERTOS

Cuando G6mez cae como una tromba entre los soldados es-
pafoles, se desploma su caballo, mortalmente herido de tres ba-
lazos, y su sombrero es atravesado por un cuarto proyectil. El
fiel Boza le da su caballo, que a su vez cae tambien herido, y al
fin, monta el General, mientras le traen uno de los suyos, en el
que le ofrece el soldado de su escolta Avelino Loynaz. Sobre s-
te, y cuando empieza el ojeo entre las caias y la matanza al de-
talle, el General, erecto sobre sus estribos, cruza frente al Lugar-
teniente y su Estado Mayor, enjugando sobre el cuello de su ca-
ballo, y antes de volverlo a la vaina, su machete tenido en san-
gre. Maceo se inclina hacia Mir6 y le dice: "& Usted cree que es-
ta bien eso que el Viejo ha hecho q I Para qu6 estamos nosotros
aquit INo lo han matado de milagro!'" Este episodio que tex-


[ 76]










tualmente transeribo, me fue relatado varias veces por el general
Mir6.
G6mez estuvo inspiradisimo, genial; adivin6, entre los in-
formes de los dos mulaticos, los detalles todos que necesitaba para
su operaci6n y fulmineo, orden6 en ese instante la acci6n. Quiso
tambien dar el ejemplo, arrastrar sus hombres tras el, y por
eso es que centre todos ellos, agachados sobre el cuello de sus caba-
Ilos, instintiva posici6n de quien avanza arrostrando las balas, se
destaca e1 solo, derecho sobre la silla, para que de todos lados lo
vean y como a libaro milagroso lo sigan. 1 sabia c6mo se lleva
los hombres a la muerte, con el ejemplo; por eso dijo a Serafin
Sinchez: "Si usted tomaba por mi orden trincheras, es porque
sabia que yo tambien las habia tomado."
Terminada esta primera fase del combate, sigue Maceo a van-
guardia rechazando la columna espanola que por alli se mostr6,
y continue despues la marcha, mientras del ingenio "Teresa" sa-
le en un tren otra columna espanola (batall6n de Barbastro), y
dice Loynaz del Castillo:
Alli cae como el rayo de la guerra el general G6mez; queda
duefio del tren al que abandonan los refuerzos que se retiran al
ingenio y el tren lo entrega G6mez a las llamas.

(Boza):
A las cuatro de la tarde despuds de la destruccidn del tren y
retirada de la columna espafiola, cuando crefamos todos que el Ge-
neral en jefe emprenderia marcha para ir a descansar y reunirse al
Lugarteniente, nos vuelve a ilevar a practicar reconocimientos al pri-
mer lugar de la acci6n... Al fin, el viejo de hierro nos ordena marchar
por el rastro del general Maceo, a cuyo campamento llegamos a las
diez de la noche.

EJEMPLAR EXTRAORDINARIO

En la raza humana surgen de tiempo en tiempo ejemplares
extraordinarios, personalidades que son verdaderos milagros de
organizaci6n y de energia nerviosa; actores de cosas increibles;
ellos son los grandes hombres. Francisco de Pizarro, a los sesen-
titres anos, y antes de morir a manos de los catorce conjurados


[771









que le atacaban, da muerte a tres de ellos. G6mez, en Mal Tiem-
po, dieciseis horas a caballo, sin probar mas que una taza de caf6,
con el tremendo consumo moral y fisico del combate, a sus se-
senta anlos, desmiente todas las leyes naturales y se coloca, por
el milagro de su ferrea voluntad, por encima de ellas. Deben
los soldados de todas partes, reverentes y admirados, descubrirse
ante G6mez.
El combate de Mal Tiempo caus6 sensaci6n no s6lo aqui en
Cuba, donde tuvo resonancia enorme, sino tambi6n en Espa-
na. Los batallones de Canarias y parte de Bailen, despedazados;
la bandera de Canarias, tomada, la combinaci6n de Martinez
Campos, un completo fracaso: tal fu6 aquel combate.
En la Peninsula se explic6 el desastre, lo que es de todo pun-
to falso, imaginando que los soldados espanoles desconocian el
manejo del manser, y Salmer6n dijo: "Ocurrieron escenas co-
mo la acci6n de Mal Tiempo, en que varias companfias fueron
macheteadas por no saber cargar los masers despues de haber
disparado los cinco tiros.'"
Uno de los actores, Jose Loreto Cepero, momentos despues, y
tomando cerveza en la bodega de Mal Tiempo, segun refiere el
corresponsal del peri6dico La Lucha, sofocado adn del com-
bate decia: "Los espanoles son muy calientes, pero nosotros tam-
bi6n sabemos pelear'", expresi6n del orgullo y confianza que el
combate despert6 en los cubanos.
Los mambises, en el arrebato embriagador de aquel dia de
triunfo, se lanzan despues ciegos detras de aquellos dos hombres
excelsos, el uno la leyenda del 6xito y el acierto, el otro la del
valor incontrastable; y exaltados por la fe milagrosa que le-
vanta montanias, a todo se atreven. Mal Tiempo fue el 4xito de la
invasion. Oblig6 a Martinez Campos a reconcentrar sus colum-
nas y a no volver a subdividirlas mis; impuso respeto a estas,
que de alli en adelante adoptan toda clase de precauciones y exa-
geran su prudencia antes de abordar a G6mez y Maceo. En
Mal Tiempo el viejo G6mez, senores, se excedi6 en su legenda-
ria reputaci6n como jefe de la caballeria mambisa.


{ 78 1











"SU MACHETE, JALON INFLEXIBLE"


20 de Diciembr.-"La Colmena". (Mir6):
Al acampar, llega al frente de las fuerzas de Matanzas, Pancho Pdrez,
trayendo la noticia de que no estaban lejos los espafioles. Al disponer
Maceo que la infanteria fuera a su encuentro, vivo tiroteo en las
avanzadas. El general G6mez, recorriendo la linea de formaci6n, dijo
imperativamente que s6lo se haria uso del arma blanca... Agachados
los jinetes sobre las monturas, con los sombreros quitados, el ojo avi-
zor y el acero desnudo. Eran dos alas formidables; el caballo blanco
de Maceo servia de punto de mira a una de ellas y el machete de
M.ximo G6mez era el jadn inflexible que alineaba la otra.

La columna espafiola, -pequena, 500 hombres-, que record
a Mal Tiempo, se retira.

21 de diciembre.-Marcha por la noche, y al atravesar la Li-
nea ferrea de Col6n a Cardenas, la columna se divide por error
del rastro en dos trozos, siguiendo la mayor parte con Maceo y la
otra con Gomez.

(Mir6):

El contratiempo no era, sin embargo, alarmante, dado que al
frente de las fuerzas equivocadas estaba el General G6mez. La colum-
na de Maceo era mds consistent que la dirigida por G6mez, pues el
efectivo armado de la que segtin el General en Jefe no ilegaba a se-
tecientos hombres, y en cambio, era mayor su impedimenta, asi como
el nnmero de heridos graves, algunos en camillas, circunstancia que
aumentaba las dificultades y peligros de la marcha... Si la opera-
ci6n de Maceo fu6 atrevida y peligrosa, la realizada por G6mez me-
rece el concepto de osada y arriesgadisima. Maceo, remontando al
Norte, se situa al Oeste de Jovellanos, cuartel general de Martinez
Campos. G6mez se dirige al Sur, cruza la via ferrea de Col6n a Jove-
llanos y entra en El Roque para orientarse sobre su rumbo future.


EL RASTRO DE LA CANDELA

Fu6 en este lugar donde dijo Maximo G6mez al alcalde de la
localidad: "Digale a Martinez Campos que si quiere saber mi
rumbo que me siga por el rastro de la candela... "


[79)









(Mir6):


Maceo se dirige entree Tosca y MAdan, momentos en que Martinez
Campos salia de Jovellanos, y Gomez por su parte emprende marcha
forzada por el camino mds recto, pero no el menos peligroso puesto
que en su travesia cubre uno de los flancos de Maceo, sin saberlo
dste, y podia ser flanqueado por Martinez Campos.

Se unen las dos columnas, a las doce del dia, y dice Boza,
rudo soldado:
Nos hace derramar lAgrimas el prolongado y carifloso abrazo que
se dan el General en Jefe y su Lugarteniente, que por dos veces se
sueltan y vuelven a estrecharse en ese lazo que nada ni nadie podrA
romper, pues estos dos hombres se completan y la aureola de gloria
de uno no hace palidecer en lo mAs minimo la del otro.
Coliseo.-El General en Jefe envia al ayudante Cruz Olivera con la
orden al Lugarteniente para aceptar el combate, etc., etc., En estos
moments liega el Lugarteniente, habla at oido del General en Jefe y
dste hace signos de aprobacidn. (Boza.)

Despues de Coliseo, dentro de aquella densa red de ferroca-
rriles (seialada con agudo juicio critico por Reina), se supo
con seguridad por G6mez y Maceo, o al menos presumieron, que
un cordon de columnas espanolas los esperaria en la linea ferrea
de Uni6n, como asi sucedi6, y embarazados por la impedimen-
ta de sus heridos, surgi6 alli la famosa contramarcha hacia Cien-
fuegos, que asegur6 el exito de la operaci6n aplazada. Este ma-
gistral movimiento es el que con gran acierto denomin6 el tenien-
te Reina el "lazo de la invasion". Fu6 decidido con tal sigilo
entre los dos caudillos, que ni aun su jefe de Estado Mayor lo
conocia, y vino a ser percibido por sus huestes cuando a la inver-
sa de la ruta trazada por G6mez a Vicente Nnez, practice ma-
yor, en su lac6nica orden: "Por la manana, el sol de frente,
por la tarde, a la espalda'", ven con alegria que 6ste sale a sus
espaldas; pero el 27 y cerca de Yaguaramas, vuelta otra vez
a Occidente.


[so)










EL REY DE LA CONTRAMARCHA


& Quien de los dos caudillos, en las conferencias que celebra-
ron, preliminares a todo plan, y como era en ellos habitual, y a
las que nadie asistia; qui6n ide6 esta famosa contramarcha que
lleg6 hasta cerca de Yaguaramas? Nada sabemos; pero el analisis
del temperamento militar de ambos, de su habitual estrategia, de
la conducta que siempre observaron ante el enemigo, Maceo
que le iba siempre arriba, que arremete contra el obstaculo con
todo su impetu para romperlo (expedici6n de Rius Rivera) y
abrirse paso; G6mez, que, al contrario, lo eludia, que fue el rey
de las contramarchas, su movimiento favorito, su habitual estra-
tegia; todo esto nos induce a pensar con fundamento que el que
debi6 sugerir al heroico Maceo ese movimiento, tan fecundo para
el 6xito futuro del plan de los dos soldados, fue su sagaz y viejo
maestro.
Despues, Triunfana, sangriento combate en que dejan atras
las columnas espafiolas y entran por segunda vez los caudillos
cubanos en las provincial de Matanzas y La Habana, por el Sur.

LA COLUMNA DE FUEGO

Desde aqui fue la marcha de los invasores tan feliz y desem-
barazada, que desde cerca de Col6n hasta Alquizar la trayectoria
de su marcha es la recta, ligeramente ondulada, que une esos
dos puntos. Los mambises atraviesan estas dos provincias como
la columna de fuego que guiaba a los israelitas en el desierto;
fue su marcha un meteoro de humo y de llamas que se extendia
a varias leguas, e inmutable avanzaba hacia Occidente al paso
de los invasores, con la fatalidad de un fen6meno celeste, redu-
ciendo a cenizas todas las riquezas de ambas provincias, que
eran los ingenios en plena molienda; plan que, impuesto por 06-
mez, aterr6 y desmoralizo al alto mando espaiol.
El dia 6 de enero de 1896 se acampa en Ceiba del Agua, y
dice Boza: "Por primer vez he visto al General en Jefe re-


[81]











prender, y de un modo violento, al Lugarteniente General" (6).
Consigno este incidente para subrayar la subordinaci6n nunca
desmentida de Maceo a su maestro y jefe, al par que la admiraci6n
que en todos momentos patentiz6 por 61. Mucha y muy grande
tenia que ser su admiraci6n y respeto por aquel hombre para
aceptar la agria reprensi6n.

CUIDANDO LA PUERTA
El 7 de enero, en Hoyo Colorado, llega muy temprano el Lu-
garteniente con parte de su Estado Mayor a conferenciar con el
General en Jefe, y fue en esta entrevista cuando G6mez dijo
a Maceo textualmente (Sanchez Agramonte): "Es necesario
que uno de los dos se quede cuidando la puerta. Vaya usted,
como hablamos anoche, por el Norte de Pinar del Rio, que yo
me dirijo por el Sur de La Habana, para llamar la atenci6n del
enemigo y facilitar su avance." El ostentoso movimiento de G6-
mez engan6 tanto y tan bien a Martinez Campos y sus tenien-
tes, que el combat de Ceiba del Agua con G6mez, en el mismo
dia fu6 reportado al Estado Mayor espanol por los generales
Suarez Vald6s y Garcia Navarro como tenido contra Maceo.
Telegrafia Martinez Campos a Madrid el mismo dia: "Noticias
contradictorias sobre grueso enemigo me hacen desistir avance
sobre Pinar. Las tengo dispuestas para ir donde convenga."
Dice el general Mir6 que solo el dia 10 supo Martinez
Campos la invasion de Maceo a Vueltabajo, de modo que al lan-
zar sus columnas sobre las huellas del Lugarteniente, 6ste tenfa
cuatro marchas de avance sobre ellas.
Ya definitivamente orientado el alto mando espanol divide
sus columnas en operaciones, y destina cuatro para perseguir
a Maceo en Vueltabajo y seis contra G6mez en La Habana, y
las cuales se elevaron dias despues, cuando asume el mando el
general Marin, a seis columnas sobre Maceo (Echagiie, Ariz6n,
Garcia Navarro, Luque, Canellas y Sanchez Hechavarrfa), y

(6) MAximo G6mez termin6 su reprensi6n con el ap6strofe: "Hasta
el general Maceo le tiene miedo a los espaSoles?" (Sdnchex Agramonte).


[ 82]











contra Gomez siete, y mis tarde ocho (Aldecoa, Cornell, Galbis,
Linares, Tort, Prats, Mac6n y una columna de ocho escuadro-
nes de caballeria traidos de Las Villas, a las 6rdenes del general
Marin). De modo que asignando a estas columns una cifra de
mil quinientos hombres, ealculos seguramente muy por debajo
de la realidad, el Capitan General espaiol dispuso, para ope-
rar contra los dos jefes cubanos, a mediados de enero, de mis
de veinte mil hombres. Ademis, para esa fecha se encontraban
ya casi todos los poblados de la provincia de La Habana guar-
necidos por destacamentos de tropas. Dividi6 Marin sus colum-
nas, destinando contra Maceo, en Vueltabajo, pr6ximamente
la mitad, y un poco mss de la otra mitad contra G6mez en La
Habana. (Estin tomados estos datos de las noticias remitidas por
el Segundo Cabo a Weyler.) La simple consideraci6n de ellos
demuestra el acierto de G6mez al quedar "cuidando la puerta"
y la importancia que naturalmente dio el Estado Mayor espa-
iol a la provincia de La Habana, entonces la mis rica y pobla-
da y sitio de la capital, a la que en sus correrfas amagaba G6mez.
Pudo Maceo con desembarazo proseguir su gloriosa marcha
hasta Mantua, no tropezando (y eso porque fue el mismo a bus-
earla) mss que con la pequenia columna espanolua de Las Tairo-
nas, el 18 de enero, es decir, once dias despu6s de separarse de
G6mez y no ver columnas espaiolas en su camino hasta enton-
ces; de ahi en adelante los encuentros que tuvo, Paso Real y
Consolaci6n, pudieron ser eludidos facilmente, pero su espiritu
intropido le hizo operar ofensivamente. (Mir6.)

CAMPARA ESTUPENDA
Al separarse G6mez de su Lugarteniente, realiza, durante
los cuarentitrs dias en que, aguardando su vuelta, permanece
sin salir de la provincia de La Habana, la campafia mas estupen-
da y extraordinaria de todas las que en su brillante y larga vida
militar, siempre con 4xito, llev6 a cabo. Con una column que
aunque Boza, al separarse ambos capitanes, estima en dos mil
trescientos hombres, de los cuales estaban ochocientos desar-
mados, impedimenta, y mis de trescientos de infanteria, yo, que


(83]










varies veces la vi en sus marchas y campamentos pude apre-
ciar que este ndmero a diario crecia por la nube de nuevos in-
corporados, sin contar ademas con las fuerzas locales recien su-
blevadas de Adolfo Castillo, Aurelio Collazo, Alberto Rodriguez,
Rafael de Cirdenas, Crist6bal Perez, Los Cuervo, Juan Delga-
do y otros mas que se unen a cada momento al viejo caudillo,
buscando la protecci6n de su brazo poderoso.
En esta nuestra provincia, densamente poblada, con s6lo nue-
ve o diez leguas de costa a costa, sin bosques y sin montanas
de relieve, surcada por ferrocarriles (los actuales), unidas sus
poblaciones todas por telegrafo y telfono y guarnecidas a poco
de tropa regular, hondamente arraigada en ella el espiritu de la
Metropoli y sus intereses, demostr6 G6mez que era el mismo
maravilloso estratega de la decada famosa, y que de igual modo
batfa y burlaba las columnas espanolas al frente de un punado
de- hombres en los vastos y desiertos potreros de Sancti Spiritus,
como operando con dos mil y a las puertas de La Habana, pese
al enjambre de soldados enemigos que tenia encima y al dedalo
de vias ferreas. Y todo esto, senores, no durante un dia ni dos,
sino I mes y medio Mes y medio, durante el cual no sali6 G6-
mez del pequeno, Llano y despejado territorio que existe entre
Alquizar y Quivican, cuatro leguas apenas.
Suirez Valdes, Segundo Cabo, dice, en 6 de febrero, en ca-
blegrama a Weyler en Puerto Rico: "General Segundo Cabo in-
terino a General en Jefe: Contra G6mez operan las columns
siguientes: Aldecoa, centro en Pozo Redondo. Cornell en San
Felipe. Prats en limite de provincias. Galbis en Quivican y Lina-
res y Tort, anadiendo ocho escuadrones y una bateria ligera de
cuatro piezas, con el general Marin. Todos estos movimientos
son para estrechar a G6mez, que se mueve hate muchos dias en
una pequeia zona entre Alquizar y Quivicin, eludiendo a nues-
tra fuerza." Todo esto que senala el Segundo Cabo espaftol
ocurri6 el 6 de febrero, es decir, mis de un mes despu6s de la
entrada de Gomez en La Habana.


( 84]






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Pio /C o o io ay :o CrnS. Pablo Boyoa Cayajaos t
Por r S oru* LaSolud Q aOF LcLCatcain EG o p or
C edgd.Fajar o E e Flor de1 o.

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Afrr e2 en Hio. uiovncc de tc HObit&a Lase~m BoR.fae PirfOS.
N p a e ara, p vn ciao s ee o d M e o
ad de ara m a pub dDu Pt e*de M ala e
10 1La. Jima. Panco O S.Nicola's
olao 'n. Melenadet.Sur oe
Golaz auPoz o Redondo 0 Pvloei -:a

eaor Lu sa,. Coca. Con 'to.
Bnkaban0
Tares.' Nueva
Manacha y comb- an utpcha. det cerrrna~t Prirmavera.
M. Gorne2 en la Provipc icu de -a H abana .B.q-- ag JO Tl faj~
Ferro-Car riles.
CoG"ed o'eca-la..25 K'lornetros


Movimientos de Gdmez durante los 43 dfas en que march por la provincia de la Habana separado de Maceo.
Ampliado del diagrama publicado por el Dr. J. Gardia Enseflat ; aunque con algunos errores, de poca importancia.










NO SABEN QUL HACER


Vuelve materialmente loco al alto mando espanol, que no Ba-
be lo que ha de hacer y trae para perseguirlo en vano casi toda
la caballeria que tiene en Las Villas, sin que un solo momento le
disperse el mas pequeno de los piquetes de su larga column, sin
que jamis se vea comprometido ni amenazado por un instante, a
pesar de la publicidad ostentosa de sus campamentos y de mar-
char en muchas ocasiones con las cananas de sus soldados va-
cias. "Se movia-frase del alcalde de Quivican-como Pedro
por su casa", sin hacer gran caso de las combinaciones que por
telegrafo y para coparlo se ideaban en La Habana por el Ea-
tado Mayor enemigo. Desde esta pequena zona, que elige como
base, cae como el rayo sobre los trenes, que toma y destruye;
sobre convoyes militares de los que se apoderan, 61 o sue tenien-
tes; se bate con sus fuerzas en grandes combates, como en Ceiba
del Agua, Mi Rosa, o en pequenos encuentros, a su voluntad;
acampa en las pobla'iones, en La Salud, Tapaste, Catalina de
Guines, San Jose de las Lajas; asalta y ocupa a Bejucal durante
varias horas, causando el hecho sensaci6n por su proximidad a
La Habana, no s6lo en esta ciudad, sino tambien en Espana, y su
audacia lega hasta poner sus avanzadas en el Coterro y en San
Francisco de Paula, a fines del mes de enero. Unas veces se
divide y manda a su teniente Pedro Diaz a tomar trenes mili-
tares (el de Pozo Redondo); otras se concentra, y unido con
Castillo y Aurelio Collazo, amenaza siempre.
Examinando la grafica de sus movimigntos en el mapa, y
al recordar todo esto, nos vemos obligados a convenir en que el
hombre de guerra que con tan pequenos medios realiz6 tales pro-
digios, sabia mandar algo mss que una guerrilla, y el simple
examen de esta campana de G6mez, movi6ndose con exito y con
tan grandes fuerzas en el peor y mss pequeno territorio de Cuba,
destruye tambien, por absurda, la otra afirmaci6n, la de que G6-
mez no sabia mandar grandes fuerzas. & Y Palo Seco, La Sacra,
Las Guasimas y Saratoga? No, senores, lo que pasaba es que
G6mez hacia las mismas maravillas con cien hombres que con dos
o tres mil. Naturalmente, en esta nltima guerra y por muchas


(85)









razones, aconsejaba en nuestras provincias occidentales, con sabi-
duria militar, que se operase con pequenas fuerzas, nnico medio
de obtener ventajas sin sufrir grandes perdidas de hombres,
irreparables en. nuestro Ejercito Libertador. Siempre que fu6
desoido por nuestros jefes y se oper6 con columnas, en ellas, so-
bre todo en Matanzas, las consecuencias fueron desastres, termi-
nando la operaci6n, segnn grafica frase del general Pedro Be-
tancourt, en la dispersion hasta en parejas. En su portentoso
pasado militar, muchas veces mand6, y con 4xito no superado,
grandes fuerzas. Por otra parte, hay que recordar que en esta
campana no fu6 nunca jefe de fuerzas ni de operaciones, sino
por accidente; era el General en Jefe de nuestro pequeno y he-
roico Ejercito. (7).

TACTICA FABIANA

Despues de la invasion cambi6 G6mez su ofensiva por la tic-
tica Fabiana. Cuando en Santa Teresa le pregunt6 Grosby,
corresponsal del Journal: "g Por qu6 el general ha dado orden
a su infanteria de abandonar esa loma? Ella estaba muy firme",
responde el viejo General al interprete: "Dile a este america-
no que lomas como esa hay miles en Cuba, y que mas vale, para
mi, un mulo de la impedimenta que una loma."
En los primeros dias de febrero, leno de ansiedad por la es-
tancia de su Lugarteniente en Vueltabajo y de justo temor por
su arrojo, hace incursiones hasta dentro de esta provincia, y se-
nala Boza, en ese periodo, intensa preocupaci6n de su jefe por la
situaci6n de Maceo, que lleg6 hasta el grado de enviarle el dia
8 de febrero a Vicente Nnez, su practice mayor, con Emilio
Collazo, muy conocedor de la comarca por haber nacido en Las
Mangas, para que le sirvieran de guia en su marcha hasta La

(7) Es otra p~gina hermosa de G6mez la del apoyo a Maceo, para
dar cima a la campana de invasion en el limited occidental de la
Isla. G6mez se mantiene en la provincia de La Habana luchando dia-
riamente contra los batallones de Martinez Campos, sin moverse de
una misma zona territorial, de corta extension y llena literalmente
de soldados enemigos. (General Mird.)


[861









Habana; comisi6n que desempenan al encontrar a Maceo despu6s
del combate de Labori.

ABRAZO DE GOMEZ Y MACEO
Por fin, el 19 de febrero, emocionadisimos, se abrazan los dos
hombres, despu6s de haber coronado ambos la magna obra de su
vida militar, "permaneciendo largo rato sin poder pronunciar
una palabra, estrechamente abrazados." La obra incredible se
habia consumado: habian invadido y sublevado y dejaban or-
ganizada la rebeli6n en Matanzas, La Habana y Pinar del Rio.
Para combatir estas provincias necesit6 la Metr6poli doblar casi
su ejercito, y la invasion asegura el triunfo definitivo de los
insurgentes cubanos, porque soy de los que screen que con la
guerra entre los Estados Unidos y Espana o sin ella, la indepen-
dencia de Cuba estuvo decretada al terminar la gran operaci6n
de G6mez y Maceo; ya s6lo era cuesti6n de aguardar un poco mas
de tiempo.
Efectivamente, durante dos anos, segun el plan del general
de opereta bufa, si no fuera tan siniestra su memoria en Cuba,
Weyler, se concrete el Ej6rcito espanol a las operwciones acti-
vas en estas provincias, donde, con la obstinada inconsciencia
de un insecto, habia Weyler perdido, al cabo de dos aios, casi
la mitad de sus efectivos, devorados por el tr6pico, y la otra
mitad corroida por el paludismo, la disenteria, la fiebre ama-
rilla y las caquexia- de todo orden, mas parecfan sus columnas
en marcha enjambres de mendigos, hospitalarios y convalecien-
tes, que tropas capaces, a pesar de su innegable valor en el com-
bate. En ese period perdi6 el Ej6rcito espanol peninsular, se-
gun la estadistica del author espanol senor Corral, en su libro
El Desastre:

Muertos por la fiebre amarilla. . . 28.819
Por otras enfermedades. . . . 30.120
En acci6n de guerra. . . . . 4.128
Total. . . . . . . 63.067


[87]










Y entre repatriados, hospitalizados e inntiles por enfermedad,
se puede calcular no menos de otro tanto.
Y Ram6n y Cajal dijo en sensacional articulo, a raiz de la
guerra:
Los que hemos estado en Cuba sabemos que el mortifero clima de
las Antillas, en triste complicidad con nuestra pdsima administraci6n,
es decir, con el hambre, el desbarajuste y el descabellado movimiento
de las columnas, habia de reducir al ano aquel contingente de doscien-
tos mil soldados que enviamos, a cerca de cien mil, y a los dos anos
a cincuenta mil, poblando los hospitales y hasta nuestros pueblos y
aldeas de tisicos, palhdicos y andmicos.

SUS TRES MEJORES GENERALES
Es por eso que G6mez, el profeta G6mez, decia: "Esperen
a que entren en accion mis tres generales: Junio, Julio y
Agosto.'"
Este enorme esfuerzo di6 por resultado disminuir la rebe-
li6n en esas provincias, pero no concluir con ella. El 12 de
noviembre del 97, y en la pacificada provincia de Pinar del
Rio, tiene el general Hernandez de Velasco, en combate contra
Pedro Diaz, en las lomas, catorce muertos y cincuentinn heridos.
(Pu-blicado en el libro de telegramas oficiales. Madrid, 1898.)
En cuanto al resto del pals, de la trocha de Jncaro y Mor6n a
O.riente, se puede decir que la guerra no habia empezado aun.
Su inmenso territorio de montanas y bosques se encontraba en
1898 virgen del soldado espanol. Habia, pues, que empezar la
guerra alli, una vez concluida aqui, y si la disminuci6n de su
fuerza en Occidente necesit6 dos anos y cerca de doscientos mil
soldados, b cuantos soldados y cuantos anos hubieran sido precisos
para llegar al mismo resultado de Santa Clara para arriba, si en
el 68 cost diez anos y termin6 por un pacto?
La contestacion es obvia.
Si, como dijo. Napole6n, no fueron las legiones romanas las
que conquistaron los Galias, sino Cesar; no fueron los soldados
cartagineses los que triunfaron en Cannas, sino Anibal, podemos,
con justicia, decir que los que realizaron ese milagro de la guerra


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que se llam6 la invasion fueron G6mez y Maceo, prodigiosos ma-
nantiales humanos de moral militar, detras de los cuales se lanza-
ron nuestros mambises a la epica aventura con la fe de los creyen-
tes medievales.

CINCO CABALLOS MUERTOS
El ciego Destino, la deidad inexorable que preside los fastos
humanos, fu6 propicia con Cuba, porque ninguno de sus dos
caudillos cay6 bajo la bala feliz de Canovas, a pesar de que am-
bos prodigaron su vida en el curso de esta operaci6n. Solamen-
te G6mez tuvo, durante ella, muertos debajo de si, por las balas
espafiolas, cinco caballos, dos en Mal Tiempo, uno en Coliseo, el
cuarto en el combate de Santa Lucia, en el Caimito, y el quinto
en Moralitos. Recibi6, ademas, un balazo en la pierna derecha,
en el encuentro de Cayo de la Rosa. Raz6n tenia Mario G. Me-
nocal: "G6mez era tan bravo como el que mas."
Fu6 el exito de la operaci6n la sorpresa, muy bien senalada
esta causa por el general Mir6 en sus Crdnicas de la guerra;
efecto del cual tuvo una clara vision Maximo G6mez, y de ahi su
insistencia con Maceo para anticipar cuanto antes la operaci6n.
Jamas crey6 el alto mando espanol que G6mez y Maceo, con
grande ndcleos de fuerzas, se atrevieran a llegar y mantener-
se en La Habana y Pinar del Rio. Caro pag6 su error, de igual
modo que lo pag6 caro tambien el Capitin General Concha,
Marques de La Habana, destituido por su Gobierno el 75 y
"tumbado" tambien por G6mez con su invasion a Las Villas.
Ya lo dijo Mir6: "Si Martinez Campos guarnece a Matanzas
con los refuerzos que, a su petici6n, de seguro, le hubieran en-
viado, no habria sido posible la invasion." Fue sorprendido,
pues, Martinez Campos, sorprendidos los cubanos, el mundo de
los negocios, las empresas azucareras todas, que tranquilas pre-
paraban su molienda; senores, hasta los mismos insurrectos fue-
ron sorprendidos; los nnicos para los que no fu6 una novedad su
exito rotundo fu6 para los dos caudillos, que sabian, como sucede
en el ajedrez, lo que era ganar un tiempo: ganaron, pues, un


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tiempo sobre Martinez Campos, que ya, despues de eso, lleg6
siempre con retraso al lugar amenazado por ellos.

EL PESO DE LOS COMBATES
La mayor parte y el peso de esos combates fueron sostenidos
principalmente por las heroicas escoltas de ambos caudillos, for-
mada una por orientales y la otra por camagneyanos. S6lo la
escolta del General en Jefe que parti6 de Lazaro L6pez con
cien hombres, poco mais o menos, a los dos meses (consigna Boza,)
ya en Santa Rita de Bar6, habia quedado reducida a veinticua-
tro; el resto habia caido en nuestras campinas de Matanzas
y La Habana. La deferente subordinaci6n de Maceo a su jefe
y maestro fu6 patente siempre y lo prueban tantos y tantos
episodios de esta campaia. (E. Sanchez Agramonte.) Siem-
pre al acampar ambos caudillos, y terminado el servicio de se-
guridad, iba Maceo al cuartel general de G6mez a darle cuen-
ta y a conferenciar con 6l, casi siempre en privado.
En ocasiones, cuando alguien de su Estado Mayor sugeria
ideas para un movimiento, Maceo, antes de considerarlo, de-
cia: "; Vamos a ver lo que dice "El Viejo ", nombre carinoso
que daban a G6mez sus intimos, centre ellos, el, y pienso yo que
seguramente queria decir: "Vamos a ver a nuestro Nestor".
Su amor admirativo por Maceo, como cuenta Miguel Va-
rona, al emprender el Lugarteniente una operaci6n, le hacia de-
cir en ocasiones: ";Dejen que Maceo se luzca!" Cuando el
combate se prolongaba, dice el mismo Varona, porque Maceo
no cej6 jams ante nadie, le enviaba un ayudante: "Diga al
general Maceo que basta por hoy; que se retire."
Todo demuestra al espiritu critico que G6mez orden6 la in-
vasion, y que mejor que nadie comprendi6 que era una cues-
ti6n de oportunidad, y que Maceo, colaborando con su jefe
y por su orden, condujo a los orientales hasta unirlos con los
hombres de Las Villas, que G6mez le preparaba, y ya desde ese
momento se confunden los dos en un solo movimiento, y nadie
podri decir en el curso de su larga operaci6n, hasta que ambos
se separan, cual de los dos, y en cualquier aspecto, sobrepuj6


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al otro en sus respectivos papeles de General en Jefe y de Lu-
garteniente. El viejo y el joven se alzaron en los fastos de la
historia militar mambisa muchos codos por encima de su ya glo-
rioso renombre, y cuando en Catalina de Giines se abrazan, hay
que convenir, con Sanguily, en que es dificil concebir la operaci6n
faltando uno de los dos.

LA OBRA DE LOS DOS
Todas estas citas, todos estos incidentes que hemos compi-
lado, senalan que jams fu6 desmentida, repetimos de nuevo,
la estrecha armonia que reino siempre entre los dos durante
aquella campania, de la que dependi6 la suerte de la revoluci6n.
Mir6, justamente id6latra de Maceo y su panegirista, dice: "Fu6
la obra 6nica de dos ilustres soldados, G6mez y Maceo, que
coincidieron en el plan con perfecta identidad, tanto en el orden
del tiempo como en la manera de ejecutarlo."
Durante el transcurso de ella, que empez6 realmente el 1' de di-
ciembre, hasta que se separan ambos en Hoyo Colorado, el 7 de
encro, es decir, durante treintiocho dias, fueron estos dos hom-
bres, el uno casi joven todavia, el otro ya viejo, unas veces G6mez,
otras Maceo, jefes de columnas u oficiales subalternos. Lo mismo
deciden y acuerdan entre los dos el plan dc manana como a la
cabeza de sus pelotones cargan con la hoja en la mano, y como
jefes de escuadrones sobre las filas adversas.
La solicitud con que allana y prepara el maestro los exitos a
Maceo, realmente fueron paternales. Cuando remiso Quintin
Banderas no acababa de traer la infanteria de Oriente, que ha-
cia trees meses habia quedado en Trinidad, y precisaba para la
marcha de Maceo a Pinar del Rio, y cuando los desastres de su
conduccion en La Olayita y El Mamey amenazan concluir con ella,
va el mismo Gomez en persona a guiarla, a escoltarla, y no de-
jandola disparar un tiro, la entrega intacta a Maceo en Galeon,
donde, por nltima vez, se abrazan estos dos hombres admira-
bles, fabricados de barro tan excelso y que ya no habrian de
verse mas.


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ULTIMO ABRAZO


"Los dos caudillos se dieron un estrecho abrazo. Los de-
signios del porvenir, siempre velados a la humana penetraci6n,
no podian infundir el temor ni la sospecha de que aquella des-
pedida tan ardorosa seria la postrera. Los dos hombres ex-
traordinarios que simbolizaban la vida de la revolution, y cran
el alma de la guerra, no volverian a encontrarse juntos en
nin gun otro lugar de la batalla.'" (Mir6.) Al despedirse Boza
del Lugarteniente, le dice Maceo, que admiraba-es la palabra-,
a su maestro: "1 Cuide mucho al Viejo ; Nadie como el sabe de-
fender nuestra bandera!" Esto dijo Maceo y esto es definitivo.
P1, G6mez, por su parte, le discerni6, en memorable proclama, el
dictado de primer general del Ej6rcito Cubano; y desde que sar-
gento, y a sus ordenes, gan6 Maceo todos sus grados hasta coro-
nel; desde que siendo s6lo brigadier fu6 seleccionado por G6mez
entre la playade para mandar, en la invasion del 74, las fuerzas
de Oriente, siempre hubo entre ellos el respeto y la admiraci6n
mutua, y hasta la suerte quiso, a la hora cruel de su desplome,
que la sangre de Maximo G6mez, presente en su heroieo hijo,
corriera sobre su cuerpo inerte, y juntos el destino los uniera en
la misma fecha y en la misma fosa.

SUS ENEMIGOS
Tuvo el general G6mez enemigos y detractores. a Qui6n no los
ha tenido ? Su austeridad monacal en los campamentos, su ca-
ricter agrio y violento se los suscitaba. Como todo hombre
que ha nacido gran capitan, era autoritario, y tenfa, como dijo
Poincare de Clemenceau, "el defecto de sus grande cualida-
des"; y 61, que cuando hablaba parecia que daba 6rdenes, trat6
a todos en la guerra como a subalternos. Pero, despu6s de todo,
muerto Marti, I qui6n no era su subalterno, moral o militar, en
)a revoluci6n? El tiempo, que no en vano sigue su curso des-
piadado, lo borra todo; a nuevas 6pocas, otros hombres, nuevos
idolos; pero entonces, en aquellos sombrios tiempos, los dos su-
premos cultos, las dos esperanzas del pueblo de Cuba fueron
estos dos hombres, y de Maisi a San Antonio su pueblo elevaba


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todos los dias preces por la vida de ellos, y cuando cay6 Maceo,
s6lo tienen los cubanos en su honda aflicci6n un lenitivo a su
pena!: I ain nos queda Maximo G6mez!
Un grande de la Revoluci6n del 95, Juan Gualberto G6mez,
el hombre que abri6 su mano el 24 de febrero y desat6 ese dia
sobre Cuba la tragedia de la guerra por orden de Marti y G6mez,
discorde con el, dijo: "Me separo del general G6mez en esto,
como puede un hijo separarse de su padre." Junto a la puerta
de su modesto hogar, dos grandes retratos, dos 6leos, atraen
la mirada. Uno de Francisco Vicente Aguilera, su maestro en el
ideal; el otro, de Miximo G6mez. Manuel Sanguily, en carta
Intima a Jose Manuel Carbonell, le dice: "Del pobre general
muerto le dir6 que lo he sentido como cosa mia... Ahora estan
cerca en el cementerio el viejo y glorioso caudillo que recuerda,
para mi, mi Historia. El era una encarnaci6n, su presencia
significaba el ideal vivo y luminoso; desaparecido el queda este
sin representaci6n y sin autoridad... "

LA MUSA POPULAR

Los nombres de los dos, unidos para siempre como lo estan
en la historia, lo fueron tambien por sus soldados. La musa po-
pular, el folklore mambi, los entrelaza siempre en su ingenua y
primitiva poesia, y los infantes de los Ducasse, rudos negros
de Oriente y montunos de Las Villas, cantaban en el vivac de
"Mi Rosa" el 10 de enero del 96, al son de las maracas y
del tiple:

Yo le pido al Soberano
que viva MAximo G6mez.
Espafia, to no te comes
al viejo dominicano.
A1 defiende a sus hermanos
porque tiene facultad,
y defendidndolo estA
toda la plana guerrera;
Maceo con la bandera
pidiendo la Libertad.


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Martinez Campos crela
que Cuba iba a ser de Espafia, (8),
recorriendo la montafla
con piezas de artilleria.
Y Maceo le decia:
"VAyase usted a la Habana;
yo, con mi tropa cubana
y M~ximo G6mez al frente,
hago a Cuba independiente
con p6lvora americana.

Y otra de la cual s6lo el final recuerdo:
Y grita Maceo a su gente:
MAximo G6mez me ha dicho
que a 1 le va de capricho
ver a Cuba independiente.

No se puede, noarrancar de las sienes del glorioso anciano el
heroico laurel que las cife. Para eso seria preciso, antes, borrar
de nuestras efemerides el Pino de Baire, Palo Seco, Playitas,
Mal Tiempo, la invasion, y habria tambien que borrar treinta
afios de orgullosa historia patria. Ya lo dijo el con ceno altivo,
refiriendose a uno de sus enemigos: "Lo desaffo a que escriba
la historia de Cuba sin nombrarme; cualquiera la puede escri-
bir sin nombrarlo a el.''

INGRATITUD DE LA REPUBLICA

Si Marti, profetico, dijo a G6mez en memorable carta fecha-
da en Santiago de los Caballeros en el afio 1892, cuando le pi-
dio su concurso para libertar este pueblo: "Yo invito a ousted sin
temor de negativa a este nuevo trabajo, hoy que no tengo mis
remuneraci6n para ofrecerle que el placer del sacrificio y la
ingratitud probable de los hombres", jams se pudo pensar que

-(8) El general Mdndez Capote, que tambidn oy6 cantar estas
ddcimas en los vivacs mambises, me observa que dl conocia este ver-
so asi:
"Que se encontraba en Espana."
Yo lo estampd tal como lo entendi en aquella memorable noche.


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en tan poco tiempo se cumpliera el augurio del bardo vidente.
Veinticinco anos hace que duerme bajo la tierra aquella gran
figura americana a quien tanto debe en su independencia Cuba,
Sun cuarto de siglo!, y esta Republica, de la que fue, junto con
Marti, creador, no ha podido an levantar un monumento al
hombre a quien tanto debe. Ella, que tan pr6diga ha sido; ella,
que ha alzado uno hasta a su adversario de treinta anos, al sol-
dado espanol, no ha tenido tiempo para ofrendarselo a Maximo
G6mez;- pero si la Repnblica dejara incumplida esta deuda con
el que todo se lo di6 para que ella naciera, hasta su hijo, el buen
pueblo de Cuba, ese generoso subsuelo, esperanza de Marti, cuan-
se toque a sus puertas, dara su 6bolo para alzar la estatua de
Mfximo G6mez.


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