Citation
Training for agriculture and rural development

Material Information

Title:
Training for agriculture and rural development
Series Title:
<199798> FAO economic and social development series
Parallel title:
Formation pour l'agriculture et le developpement rural
Parallel title:
Adiestramiento para la agricultura y el desarrollo rural
Abbreviated Title:
Train. agric. rural dev.
Creator:
Food and Agriculture Organization of the United Nations
Unesco
International Labour Organisation
Place of Publication:
Rome
Publisher:
Food and Agriculture Organization of the United Nations.
Creation Date:
1985
Frequency:
annual
regular
Language:
English
Physical Description:
24 v. : ill. ; 23 cm.

Subjects

Subjects / Keywords:
Agricultural education -- Periodicals ( lcsh )
Community development -- Study and teaching -- Periodicals ( lcsh )
Education, Rural -- Periodicals ( lcsh )
Agrarische ontwikkeling ( gtt )
Platteland ( gtt )
Beroepsopleidingen ( gtt )
AGRICULTURAL DEVELOPMENT ( unbist )
AGRICULTURAL TRAINING ( unbist )
RURAL DEVELOPMENT ( unbist )
TEACHING METHODS ( unbist )
Genre:
serial ( sobekcm )
international intergovernmental publication ( marcgt )

Notes

Language:
Articles in either English, French or Spanish with summaries given in the other 2 languages.
Dates or Sequential Designation:
1975-97/98.
Numbering Peculiarities:
None published in 1974.
Issuing Body:
Vols. for 1975-98 issued by the Food and Agriculture Organization of the United Nations with the United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization and the International Labour Organisation.
Funding:
FAO economic and social development series.

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Holding Location:
University of Florida
Rights Management:
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Resource Identifier:
02441278 ( OCLC )
76641400 ( LCCN )
0251-1495 ( ISSN )

Related Items

Preceded by:
Training for agriculture
Succeeded by:
Human resources in agricultural and rural development

Full Text











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)4


1985

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Publicada conjuntamente por FAO, Unesco y OIT, esta revista anual recoge las opiniones y experiencias actuales sobre la extension agricola y su contribution al desarrollo rural.


Cubierta:
Jamaica. Las campesinas se preparan para transportar a sus casas el hame cosechado

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ADIESTRAMIENTO PARA LA AGRICULTURA
Y EL DESARROLLO RURAL

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Colecci6n FAO: Desarrollo econ6mico y social


1985

adiestramiento para la agricultura y el desarrollo rural





Organizaci6n de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentaci6n
Organizaci6n de las Naciones Unidas para la Educaci6n, la Ciencia y la Cultura Organizaci6n Intemacional del Trabajo


ORGANIZACION DE LAS NACIONES UNIDAS PARA LA AGRICULTURA Y LA ALIMENTACION Roma, 1986


No 38

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Las denominaciones empleadas en esta publicaci6n y la forma en que aparece presentado el material que contiene no implican, de parte de la Organizaci6n de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentaci6n, de la Organizaci6n de las Naciones Unidas para la Educacidn, la Ciencia y la Cultura, ni de la Organizaci6n Internacional del Trabajo, juicio alguno sobre la condici6n juridica de ninguno de los pauses, territorios, ciudades o zonas o de sus autoridades, ni respecto de la delimitaci6n de sus fronteras o limites. Las opiniones expresadas son las de sus autores y no representan necesariamente las de las Organizaciones.




P-67
ISBN 92-5-302334-1
ISSN 0251-1479




Reservados todos los derechos. No se podri reproducir ninguna parte de esta publicaci6n, ni almacenarla en un sistema de recuperaci6n de datos o transmitirla en cualquier forma o por cual.quier procedimiento (electr6nico, mecdnico, fotocopia, etc.), sin autorizaci6n previa del titular de los derechos de autor. Las peticiones para obtener tal autorizaci6n, especificando la extensi6n de lo que se desea reproducir y el prop6sito que con ello se persigue, deberin enviarse al Director de Publicaciones, Organizaci6n de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentaci6n, Via delle Terme di Caracalla, 00100 Roma, Italia.


FAO 1986
Impreso en Italia

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Indice










Introducci6n 1

Reorientaci6n de los servicios de extensi6n en beneficio de la campesina 3
S. Gura

Formas de extension quepueden beneficiar a las agricultoras 13

Participaci6n de extensionistas varones en la capacitaci6n de las agricultoras en Malawi 13
A. Spring

Prestaci6n de servicios de extension agraria a las agricultoras por ticnicos varones en la Rep blica Arabe del Yemen 25
D. Hamada

Evoluci6n de la situaci6n de la campesina en Zambia 35
B. Keller

Asistencia a pescaderas en Bangladesh 47
P. Natpracha y B. Williams

Campesinas realizan actividades de comercializaci6n: unproyecto de cria de cerdos en Filipinas 55
A. Muiioz

Fiji: capacitaci6n de mujeres en actividades lucrativas 61
M. Kroon

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vi INDICE

Plan de ensefianzaparafomentar la participaci6n de Ia mujer 71
N. Minett

Prdctica ypeligros de losproyectospara mujeres en el Tercer Mundo 83
M. Buvinic

Las mujeres nepalesas en la gesti6n de los recursos naturales 97
S. Pandey

Un mitodo eficazpara la capacitaci6n de extensionistas 105
C. Rucks

Organizaci6n de cursos de agricultura en una escueli primaria de Cerdefra 111
A.T. Bonapace


De la teoria a laprictica: estudio de un caso de capacitaci6n superior para la extension agricola 119
A. Blum

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Introducci6n






El afio 1985 marca el final de los diez afios designados por las Naciones Unidas como Decenio para la Mujer. Sus tres objetivos han sido promover una aut6ntica igualdad entre el hombre y la mujer; lograr la plena integraci6n de la mujer en el desarrollo, como participante y como beneficiaria, y conseguir que fuese mayor su contribuci6n al fomento de la paz mundial.
En reconocimiento de los esfuerzos realizados durante los filtimos diez afios para lograr esos objetivos, asi como del compromiso constante de la FAO, la Unesco y la OIT a este respecto, el mimero de 1985 de esta publicaci6n esti dedicado al tema Papel de la mujer en la agricultura y el desarrollo rural: progresos conseguidos durante el Decenio para la Mujer, 1976-1985.
En algunos de los articulos que figuran a continuaci6n se describen las tentativas levadas a cabo en diferentes regiones del mundo para ayudar de manera mis eficaz a las mujeres que viven en zonas rurales; se sefialan las causas de los 6xitos conseguidos, la experiencia adquirida con los fracasos, y las prActicas innovadoras utilizadas para aumentar la participaci6n y la productividad de la mujer en la agricultura y el desarrollo rural.
Los estudios de casos en Malawi y la Reptiblica Arabe del Yemen constituyen ejemplos de diferentes enfoques adoptados para llegar hasta las mujeres campesinas que pertenecen a las diversas tradiciones culturales de Africa y del Cercano Oriente. En las descripciones de las actividades de desarrollo realizadas en Zambia, Filipinas, Nepal, Fiji y Bangladesh se pone de manifiesto la situaci6n mis dificil en que se encuentran las campesinas, y los problemas que supone integrarlas en programas de capacitaci6n y extensi6n orientados hacia la producci6n. Estas consideraciones, si bien no pretenden dar soluciones simples ni andlisis definitivos, son testimonio de la ensefianza y la capacitaci6n, sin las cuales la mujer no tiene acceso al cr6dito, la tecnologia y los conocimientos necesarios para mejorar su suerte y su contribuci6n al desarrollo.
Otros articulos de este ntimero, en consonancia con la importancia que la publicaci6n atribuye a la capacitaci6n y la extensi6n en pro del desarrollo rural, presentan metodologias innovadoras de la ensefianza y la extensi6n en general, asi como relaciones sobre actividades de desarrollo que han tenido 6xito gracias a su aplicaci6n.

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2 INTRODUCCION

Todos los articulos, aunque no traten explicitamente de las mujeres campesinas, expresan en cierta medida la esperanza de que el proceso de desarrollo rural, mediante la ensefianza y la extensi6n, sirva de base para alcanzar los objetivos de igualdad, desarrollo y paz para todos que se fijaron en el Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer.

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Reorientacion de los
servicios de extensi6n
en beneficio de la campesina


S. Gura






Casi la mitad de la fuerza laboral agricola de los pauses en desarrollo estd constituida por mujeres. Las estimaciones oficiales relativas a algunas regiones son particularmente elevadas, como en Africa: en el Congo, por ejemplo, las mujeres son mis del 60 por ciento de la fuerza laboral. De hecho se sabe que la proporci6n de mujeres estd a menudo subestimada. Puede suceder que en las encuestas no se registre a las mujeres que trabajan en el sector agricola, o que se ocupan de trabajos no registrados, o que ni siquiera se les pregunte cuil es su aportaci6n laboral. En las estimaciones oficiosas sobre la participaci6n de la mujer en la fuerza laboral agricola de diferentes pauses de Africa, su proporci6n Ilega a menudo hasta el 80 por ciento.
Al mismo tiempo, se observa una escasez de producci6n alimentaria que sumerge a muchos pauses, particularmente de Africa, en graves crisis de disponibilidad de alimentos. Lo 16gico seria que, cuando hubiera escasez de alimentos, se tratara de aliviar esas situaciones mejorando los recursos de producci6n y los insumos y servicios proporcionados a los agricultores. Sin embargo, cuando los agricultores son mujeres, generalmente se les ha ignorado en estos esfuerzos de desarrollo en los que las actividades de extensi6n ocupan una parte importante. En Kenya, por ejemplo, se ha estimado que los agricultores de sexo masculino que son cabezas de familia, son visitados por los extensionistas 13 veces mAs que las agricultoras que son tambi6n cabezas de familia (Staudt, 1981).



La Dra. Susanne Gura es una Profesional Asociada (Las mujeres y los sistemas alimentarios) de la Direcci6n de Recursos Humanos, Instituciones y Reforma Agraria (ESH), FAO, Roma.

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S. GURA


La tarea que se enfrenta es pues hallar los medios para que los servicios de extensi6n leguen a las agricultoras. Con demasiada frecuencia ese objetivo no se alcanza por razones de comportamiento comunes, tales como:

- trabajar s6lo con el cabeza de familia, que se supone es un hombre;
- dedicarse a las cuestiones relativas a la producci6n de cultivos comerciales mis que a las de cultivos alimentarios, generalmente a cargo de las mujeres;
- no tener en cuenta la divisi6n de la fuerza laboral segfin los sexos dentro de las unidades familiares;
- dar por supuesto que la informaci6n facilitada a un miembro de la familia se comparte con los otros miembros;
- dar por supuesto que el horario de la mujer es flexible, y que 6stas se hallan a disposici6n para las actividades de extensi6n en los mismos lugares y horas que los hombres;
- dar por supuesto que los intereses de la mujer se limitan a la economia dom6stica.

Esti creciendo la conciencia de los efectos perjudiciales de estos planteamientos tradicionales, y la necesidad de cambiarlos. Se han elaborado nuevos criterios y m6todos para mejorar los servicios de extensi6n prestados a pequefios agricultores en general que, con alguna adaptaci6n, se han demostrado fitiles para beneficiar tambi6n a las pequefias agricultoras. El presente articulo examina los siguientes planteamientos y criterios pertinentes:

- andlisis de grupos de la poblaci6n, para reconocer que los grupos de agricultores no son homog6neos;
- aplicaci6n de m6todos de extensi6n orientados a grupos especificos de productores, en vez de a los individuos o familias;
- aplicaci6n de metodologias de participaci6n en que los beneficiarios participen lo mis directamente posible en la concepci6n de las actividades de desarrollo;
- la articulaci6n de la investigaci6n sobre sistemas agricolas con los sistemas de extensi6n agraria.

Se reconoce el hecho de que hay en general escasez de fondos y de personal de extensi6n calificado. No obstante, alli donde las mujeres constituyen una parte importante de la fuerza laboral rural, a ellas deberia destinarse una parte considerable de las actividades de los servicios de extensi6n, incluso en la situaci6n actual de escasez de recursos. Si se quiere resolver el problema de la seguridad alimentaria a nivel de hogar, hay que prestar atenci6n prioritaria al mejoramiento de las costumbres que rigen en la producci6n de cultivos ali-

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REORIENTACION DE LOS SERVICIOS DE EXTENSION


mentarios y de cultivos comerciales. Probablemente no se alcanzard este objetivo si no se tiene en cuenta la responsabilidad de la mujer en la producci6n de cultivos alimentarios.


Las campesinas como grupo aparte

Es necesario reconocer a las campesinas como grupo aparte, que tiene necesidades de extensi6n y capacitaci6n especificas. Su participaci6n en las labores agricolas es a menudo extensa, y sus actividades agricolas difieren con frecuencia de las de los hombres. Los mensajes de los servicios de extensi6n deben dirigirse a las mujeres, cuando tratan de sus actividades e intereses, y hay que procurar identificar y satisfacer sus necesidades.
La mujeres han sido consideradas, err6neamente, como grupo homog6neo en muchos esfuerzos de desarrollo. No obstante, la participaci6n de las mujeres en las labores agricolas y la toma de decisiones en este sector pueden variar ampliamente incluso dentro de una misma regi6n, debido a diferencias de subzonas ecol6gicas, de sistemas agricolas, de clases segfin los ingresos, o de fases en el ciclo de vida familiar. Son diferencias que hay que tener en cuenta, y que obligan a una cuidadosa planificaci6n de la concepci6n y prestaci6n de los servicios de extensi6n. En el examen de la investigaci6n de sistemas agricolas y las metodologias de participaci6n que se expone mis adelante, se proponen dos m6todos para ayudar a identificar mejor los grupos objetivo y sus necesidades en materia de extensi6n.
Las actividades de campo, ademis de difundir mensajes de extensi6n, deben satisfacer las necesidades de las mujeres. De hecho las actividades de extensi6n de campo han funcionado a menudo en contra de los intereses de los productores de sexo femenino. Por ejemplo, se han celebrado reuniones de debate pfiblico en horarios convenientes s6lo para los hombres, es decir, cuando las mujeres no podian asistir; se ha difundido informaci6n por medios tales como folletos, radio, o carteles expuestos en bancos u otros lugares en gran parte inaccesibles alas mujeres. La capacitaci6n de los agricultores se ha impartido a menudo en centros que no disponen de servicios para mujeres o nifios pequefios.
En Zambia, el reconocimiento del elevado porcentaje de agricultoras y de los problemas que se les plantean al dejar la casa ha dado lugar a la creaci6n de unidades de capacitaci6n m6viles en vez de centros de capacitaci6n para agricultores, que tienden a favorecer a los hombres (Safilios-Rothschild, 1985).
A veces las prdcticas culturales o costumbres religiosas dificultan o impo-

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S. GURA


sibilitan las relaciones de funcionarios agricolas de sexo masculino con las agricultoras. Por ejemplo, en Pakistin las reglas purdah no permiten a los extensionistas de sexo masculino entrar en los hogares para vacunar las aves de corral en ausencia del marido. Puesto que, a causa de su horafia sobrecargado, los funcionarios no podfan volver a esos hogares, no se pudo evitar la difusi6n de enfermedades de aves de corral. MAs tarde se emplearon extensionistas de sexo femenino (Carloni, 1983). Para estos casos concretos deberia contratarse sobre todo a mujeres, y capacitarlas especialmente como agentes de extensi6n agraria.
Las relaciones entre extensionistas de sexo masculino y agricultoras resultan a veces mis aceptables si los hombres trabajan con grupos de mujeres en vez de individualmente'. Si los extensionistas son introducidos al principio por mujeres extensionistas, podrdn ser aceptados mis tarde en las familias rurales, aunque vayan solos.
Puede que las <> que regulan las relaciones entre hombres y mujeres no se apliquen igualmente en todos los niveles de la sociedad. A las campesinas pobres que a duras penas obtienen los medios de subsistencia les afecta menos la condici6n social y pueden ser entrevistadas por profesionales de sexo masculino incluso en muchos paises donde los estereotipos se oponen a ello.
El sexo del personal es, tal vez, menos importante como criterio de extensi6n para ilegar a las campesinas de lo que se ha credo hasta ahora. Hay casos en que los agentes de campo de sexo masculino han trabajado satisfactoria y eficazmente con productoras de sexo femenino, cuando han comprendido sus funciones y necesidades de producci6n. En un proyecto realizado por la FAO en Zaire, se hizo hincapid en la labor con grupos de mujeres para mejorar la producci6n de yuca y maiz. Tradicionalmente, esos cultivos alimentarios son <>, y por tanto no siempre se capacita a los agr6nomos para su producci6n. Tras haberles impartido capacitaci6n intensiva en el servicio, en las prdcticas de cultivo e introducci6n de nuevas variedades de aquellos cultivos, los extensionistas de sexo masculino pudieron legar con 6xito a las agricultoras.
En Kenya, un extensionista se interes6 en ayudar en cuestiones de nutrici6n a las mujeres a las que habia de atender (Muzale y Leonard, 1982). En otro caso, un extensionista de Sri Lanka capacit6 mujeres en el uso de tractores y equipo de rociado y en las tdcnicas agricolas modernas (Postel y Schrij1 V6anse los artfculos de Spring y Hamada, pigs. 13 y 25.

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REORIENTACION DE LOS SERVICIOS DE EXTENSION 7

vers, 1980). Se trataba de casos en que las mujeres no s6lo estaban bien organizadas, sino que eran ademis reconocidas por los funcionarios administrativos y supervisores agricolas del distrito como grupo apropiado para la asistencia de extensi6n. En cada caso, el factor clave era la capacitaci6n y orientaci6n del trabajador de campo, mds que su sexo.


Labor de extensi6n a trav6s de grupos de mujeres

El m6todo de dirigirse a los grupos de mujeres, en comparaci6n con los m6todos de extensi6n orientados a las mujeres individualmente, ofrece la ventaja potencial de ampliar el alcance de los esfuerzos de extensi6n, y de ampliar las repercusiones de la labor de extensi6n. El sistema de dirigirse a los grupos de mujeres, en vez de a 6stas individualmente, puede ayudar a evitar las restricciones de orden cultural que a menudo impiden las relaciones entre agricultoras y agentes de extensi6n de sexo masculino.
Actualmente se esti ensayando un m6todo interesante, en planes piloto realizados en la India, que prev6 la participaci6n de << agentes femeninos de informaci6n >. El cometido de estas agentes es el de organizar grupos de agricultoras para reunirse peri6dicamente con el funcionario de extensi6n. Se han identificado tres categorfas de mujeres como agentes de informaci6n potenciales: las esposas de los extensionistas, las mujeres funcionarias de aldea, y las aldeanas de mis edad. Dichas mujeres, a causa de su posici6n social, pueden facilitar el contacto entre las agricultoras de la aldea y los agentes de extensi6n (Epstein, 1983).
El primer paso para poner en practice el m6todo de extensi6n de grupo es identificar los grupos existentes de mujeres y las actividades que desean reforzar. Esto es lo que han hecho recientemente, por ejemplo, el Ministerio de Asuntos Femeninos de la Rep6blica del Camerdn y la Oficina Internacional del Trabajo en cooperaci6n con el Organismo Dan6s de Fomento Internacional, que esti estudiando redes de grupos de mujeres en determinados pafses.
Otro ejemplo del m6todo de extensi6n de grupo es el de apoyar los actuales grupos femeninos de ahorro y cr6dito. En todo el mundo, las campesinas organizan y administran grupos de ahorro y cr6dito agricolas. Son ejemplos de tales grupos: arisan en Java; mabati en Kenya; isusu en Africa occidental; mushti en Bangladesh; dhikuri en Nepal; kutu en Malasia; wokmari en Papua Nueva Guinea, y gamayas en Egipto. Los procedimientos, administraci6n y distribuci6n de beneficios de estos grupos de ahorro estin perfectamente adaptados para satisfacer las necesidades especificas de las mujeres.

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S. GURA


Alli donde se puede ayudar a estas organizaciones oficiosas a ampliar la base de ahorro, y articularlas con los servicios destinados a mejorar la capacidad de obtener ingresos de los miembros, los resultados pueden ser espectaculares. Por ejemplo, la supervivencia de la agricultura alimentaria entre mujeres productoras de alimentos durante las penurias y dificultades de los iltimos dos decenios en Zimbabwe, y la adopci6n relativamente generalizada de variedades de maiz de alto rendimiento (en comparaci6n, por lo menos, con los cultivos vecinos de Zimbabwe) estin directamente relacionadas con la creaci6n y desarrollo de grupos rurales de ahorro. La mayoria de los miembros de estos grupos son mujeres analfabetas (Smith, 1984).
Otro mdtodo de grupo que han aplicado algunos servicios de extensi6n ha sido'el de organizar a las mujeres concretamente para actividades productivas relacionadas con la agricultura. Por ejemplo, el movimiento de cooperativas de mujeres creado por el Ministerio de Gobierno de Bangladesh ha fomentado la formaci6n de grupos de mujeres para trabajar con los extensionistas agricolas en la producci6n agrfcola. Tambi6n se han creado grupos de mujeres en Benin, Ghana y Guinea para la introducci6n de tecnologfas mejoradas para la elaboraci6n y conservaci6n del pescado. En consecuencia, en muchos casos se ha recomendado la formaci6n de grupos de mujeres para fines de extensi6n.


Metodologias orientadas a la participaci6n

Como se reconoce que la extensi6n no es simplemente un proceso de comunicaci6n en un solo sentido, donde la informaci6n pasa del extensionista al cliente, sino que incluye tambi6n los conocimientos y la percepci6n del problema por parte de 6ste, se han elaborado diversos m6todos que se basan en la experiencia y conocimientos de los agricultores. Muchos organismos de extensi6n hacen participar directamente a los agricultores en la concepci6n de los programas de extensi6n.
Hasta ahora se han hecho pocos intentos por sefialar los asuntos de las mujeres directamente a la atenci6n de los funcionarios encargados de las politicas de extensi6n. Con ocasi6n del Dia Mundial de la Alimentaci6n de 1984, la FAO organiz6 en Nepal un seminario prdctico sobre la campesina. En dicho seminario se reunieron funcionarios de extensi6n de alto nivel con campesinas, las cuales describieron los problemas existentes y sugirieron soluciones. Una importante sugerencia fue la de incluir mis temas e informaci6n agricolas en los programas de extensi6n actuales y futuros, ademis del de la economic dom6stica.

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REORIENTACION DE LOS SERVICIOS DE EXTENSION 9

En 1985 la FAO organiz6 en muchos pauses africanos seminarios de capacitaci6n a nivel de aldea en cuestiones de comercializaci6n y cr6ditos. Dirigentes de grupos de mujeres productoras explicaron a otras mujeres los buenos resultados obtenidos en actividades de comercializaci6n. A los seminarios asistieron funcionarios gubernamentales, asi como representantes de organizaciones de cr6dito agricola, de forma que recibieron informaci6n de primera mano, de las campesinas mismas, sobre los problemas y limitaciones con que tropiezan.2
La FAO realiz6 tambi6n un programa general para campesinas desfavorecidas. En ese programa de aplicaci6n del m6todo de participaci6n se estimulaba a las mujeres a identificar sus necesidades y las actividades de proyecto convenientes, y se formulaban proyectos para grupos de mujeres en relaci6n con las plantaciones, los planes de reasentamiento y los campamentos de refugiados, tanto en zonas dridas como semidridas. Experiencias de este tipo dan a conocer c6mo participan las mujeres en tales grupos, c6mo se van afianzando y establecen mecanismos para obtener los insumos necesarios, y c6mo las instituciones gubernamentales, de financiaci6n y de otro tipo responden a tales m6todos y los secundan.


La investigaci6n sobre los sistemas agricolas

En la Investigaci6n sobre los sistemas agricolas (ISA) la explotaci6n agricola se considera como un sistema compuesto de numerosos factores entrelazados, fisicos, econ6micos y sociales. Este enfoque conduce a considerar una amplia variedad de actividades segdn los sexos. Se presta mayor atenci6n a la familia campesina en conjunto y a cuestiones como la producci6n de subsistencia, el empleo fuera de la explotaci6n agricola, y la administraci6n del hogar, que afectan a la producci6n agricola.
Hasta la fecha, en la ISA se ha hecho mayor hincapi6 en la funci6n de los hombres que en la de las mujeres y los nifiios, aunque varias instituciones estin corrigiendo ese enfoque. La FAO, por ejemplo, ha modificado su paquete de andlisis de las explotaciones agricolas para tener mis en cuenta a las mujeres y a los nifios. Hay que reconocer mis claramente las actividades, intereses y responsabilidades de estos iltimos en la agricultura. Conviene tambi6n separar y analizar los datos pertinentes por sexo y edad. Asimismo,


2 Este m6todo del > fue aplicado anteriormente con 6xito (ESCAP, 1979).

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10 S. GURA

ese enfoque permite prestar mayor atenci6n a la funci6n que desempefian los hombres en el hogar y la familia campesina.
En la ISA se han ignorado actividades importantes como la manipulaci6n de los cultivos despu6s de la cosecha, la crfa de ganado pequefio y el cultivo de huertos caseros, que en muchos pauses se consideran responsabilidad de las mujeres. En los esfuerzos por reducir las p6rdidas poscosecha, se ha visto con evidencia la necesidad de ilegar a las campesinas, que son casi exclusivamente las responsables del secado y almacenamiento de los cultivos (Stevenson, 1984).
La ISA resulta particularmente titil para sacar a la luz los problemas de los hogares encabezados por mujeres, muchos de los cuales han sido ignorados por los servicios de extensi6n (Staudt, 1981). Las mujeres cabeza de familia son productoras independientes de alimentos y, mis marginalmente, tambi6n de cultivos comerciales. Muchas de ellas estin casadas con emigrantes y tienen registradas sus tierras a nombre del marido, de forma que a menudo no se les reconoce como agricultoras independientes; en consecuencia, no tienen acceso a cr6ditos o a los servicios de extensi6n. Lo mismo sucede con muchas mujeres poligamas que cultivan sus propias tierras y las de sus maridos. La ISA puede ayudar a analizar tales situaciones complejas y definir las necesidades de extensi6n.
En general, la ISA trata de crear vinculos mis s6lidos entre la investigaci6n y los servicios de extensi6n. El personal de extensi6n que trabaja diariamente en el campo, puede Ilegar a comprender perfectamente los problemas con los que tropiezan las mujeres rurales dentro de la familia y en sus Ambitos de trabajo, y ayudar a encontrar soluciones con la ISA.
Los agentes de extensi6n que diariamente se enfrentan con las realidades de las situaciones rurales, necesitan tal vez nuevas directrices politicas. En dos proyectos de la FAO, los oficiales de extensi6n locales fueron quienes subrayaron la importancia de la aportaci6n de las mujeres, y fueron directamente ellos quienes convencieron a los oficiales del proyecto a modificar su disefio (Carloni, 1983).


Conclusiones

A las agricultoras se les reconoce como grupo objetivo especial dentro de la poblaci6n rural, cuyas actividades e intereses -y, por consiguiente, necesidades de extensi6n- difieren de las de los hombres. Ha pasado ya la 6poca de orientar las actividades de extensi6n hacia el bienestar social, para llegar a las campesinas. Las actividades de las mujeres son decisivas en la produc-

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REORIENTACION DE LOS SERVICIOS DE EXTENSION 11

ci6n de alimentos, particularmente en la mayoria de los pauses africanos donde la seguridad alimentaria ha empeorado iiltimamente. Ello requiere que los servicios de extensi6n agraria orienten sus esfuerzos para ilegar a las campesinas.
Hay en general acuerdo en que, a la larga, el empleo de mis agentes de extensi6n agraria de sexo femenino contribuird a mejorar el acceso alas campesinas. Este objetivo es particularmente importante alli donde las practices socioculturales limitan las relaciones entre hombres y mujeres fuera de la familia. El personal de extensi6n de sexo femenino no deberfa limitarse a trabajar en el sector de la economic dom6stica, lo mismo que no se puede pretender que las beneficiarias de la extensi6n se interesen exclusivamente por ese sector.
Otro factor mis importante incluso que el sexo del personal de extensi6n es el de capacitarles y orientarles para que reconozcan la aportaci6n y las necesidades t6cnicas de las mujeres rurales. Es necesario capacitar a los agentes de extensi6n de ambos sexos para que consideren la explotaci6n agricola familiar como una unidad complej a que comprende cuestiones relativas tanto a la agricultura como al hogar y a la familia. La reorientaci6n del personal masculino actual puede ser eficaz, sobre todo si se pasa a trabajar con grupos de mujeres en vez de con las mujeres individualmente.
En los programas de estudio de los cursos de agronomia deberia incluirse mis informaci6n sobre la funci6n de los distintos sexos en la familia rural. A los agentes de extensi6n de sexo masculino no se les ha ensefiado por qu6 las mujeres representan una parte importante de su clientela en lo que respecta a la informaci6n t6cnica. Al personal masculino ya en funciones puede impartirse capacitaci6n en el servicio para reorientar sus actividades, o se pueden organizar reuniones especiales con las agricultoras para que conozcan directamente las necesidades de las campesinas en materia de extensi6n.
Un ejemplo de programa de capacitaci6n mis completo lo tenemos en el Instituto Agr6nomo de Yambio, en el Sudin. Dicho Instituto imparte un curso de diploma de dos afios de duraci6n para extensionistas y t6cnicos agr6nomos de nivel medio. Hace unos cinco afios, el Instituto, con asistencia de la FAO, reorient6 su programa de capacitaci6n para incluir ademis de los cursos de agricultura, temas relacionados con asuntos del hogar y de la familia, tales como la nutrici6n, el desarrollo de los nifios y la gesti6n de los recursos. El mismo programa de capacitaci6n se imparte tanto a los alumnos como a las alumnas (las mujeres representan aproximadamente el 15 por ciento de los alumnos). Los graduados son capaces, pues, de ayudar a los agricultores y a las agricultoras, tanto en lo relativo a sus tareas agricolas como a sus res-

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IZ S. GURA


ponsabilidades en el hogar y la familia. Esta experiencia positiva se esti repitiendo ahora en la Divisi6n Shambat del Colegio de Estudios de Agricultura del Polit6cnico de Jartfim, en el SudAn.
La reorientaci6n de los actuales extensionistas de sexo masculino para que presten mayor atenci6n a la funci6n de la mujer en la agricultura y trabajen con grupos de mujeres es uno de los medios mis eficaces e inmediatos para llegar a las agricultoras, habida cuenta de la escasez de personal de servicios de extensi6n que hay actualmente en todas partes.
El intensificar los vfnculos entre la investigaci6n y los servicios de extensi6n, seguin se ha propuesto en la investigaci6n de sistemas agrfcolas, puede ayudar a destacar mejor las funciones y necesidades t6cnicas tanto de mujeres como de hombres en la agricultura, y a fomentar m6todos prdcticos para ofrecer insumos a ambos sexos.










Referencias

CARLONI, K. Integrating women in agricultural projects case studies of ten FA O-assisted 1983 field projects. Roma, FAO.
ESCAP/FAO INTER-COUNTRY PROJECT. Learning from rural women: village-level success 1979 cases of rural women's group income-raising activities. Bangkok, Oficina Regional de la FAO para Asia y el Pacifico.
JIGGINS, J. Agricultural extension and training for rural women. Roma, FAO. (Manuscrito 1983 in6dito.)
MUZALE, P.J. y LEONARD, D. Women's group and extension in Kenya: their impact on food 1982 production and malnutrition in Baringo, Busia and Taita- Taveta, Kenya. Informe
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Proyecto de descentralizaci6n administrativa.
POSTEL, E. y SCHRIJVERS, J. (Red.). A woman's mind is longer than a kitchen spoon: report 1980 on women in Sri Lanka. Proyecto de investigaci6n sobre la mujer y el desarrollo.
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STEVENSON, K.A.P. Social and economic aspects of prevention of food losses activities. 1984 Roma, FAO.

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Formas de extension que pueden beneficiar a las agricultoras




Las agricultoras han sido marginadas en los sistemas tradicionales de extensi6n debido en gran medida a factores culturales, sociales y econ6micos que separan a las mujeres de los hombres como grupo destinatario. Los estudios de casos que figuran a continuaci6n se asientan en las diversas tradiciones culturales de Africa y el Cercano Oriente. Contienen ejemplos de experiencias de campo que ofrecen posibilidades de 6xito mediante cambios innovadores en los m6todos tradicionales de extensi6n. En ambos casos, los mensajes de extensi6n se transmiten fundamentalmente a trav6s de extensionistas de sexo masculino.



Participacion de
extensionistas varones en la capacitacio6n
de las agricultoras en Malawi


A. Spring



En numerosos lugares de Africa el servicio de extensi6n se ha estructurado de tal manera que, en las zonas rurales, las extensionistas trabajan con las mujeres y los extensionistas con los hombres. A primera vista, 6sta parece una divisi6n razonable del trabajo sobre la base del sexo. Sin embargo, las poliftiLa Doctora Anita Spring es Decano Asociado y Profesor Asociado de la Universidad de Florida, Gainesville, Florida, EE.UU. Fue directora delproyecto <
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cas relacionadas con la prestaci6n de servicios de extensi6n a los agricultores deberfan poder tratar las necesidades segtin las diversas costumbres y situaciones de los hogares rurales. En este articulo se examina un servicio de extensi6n organizado sobre la base del sexo, asf como algunos cambios que se introdujeron y permitieron al servicio atender mejor las necesidades de los hogares rurales y, en particular, las de las mujeres de la zona rural. El pafs en cuesti6n es Malawi, y la innovaci6n consiste en una circular del servicio de extensi6n que autorizaba al personal de extensi6n de sexo masculino a trabajar con las agricultoras.
Es preciso examinar algunos elementos variables para comprobar si se justifica ---o sencillamente, si conviene- la divisi6n del trabajo sobre las bases del sexo ya que, con arreglo a esa divisi6n, las extensionistas trabajan inica o principalmente con mujeres y los extensionistas dinica o principalmente con hombres. Es necesario evaluar diversos factores y, en particular i) la demograffa de la situaci6n, es decir, el ndimero de extensionistas y de agricultores, por sexo; ii) la capacitaci6n/educaci6n de los extensionistas, por sexo; iii) el contenido de los programas de extensi6n, segfin el sexo a que pertenecen los extensionistas y los agricultores; iv) la prestaci6n de servicios de desarrollo, seg6in el sexo a que pertenecen el extensionista y el beneficiario.
En t6rminos demogrdficos, el nimero de extensionistas de uno u otro sexo puede variar considerablemente. El personal de extensi6n suele estar integrado principalmente por hombres. En cuanto a los clientes, quizis haya mis mujeres que hombres en la poblaci6n rural debido a la emigraci6n de los varones hacia las ciudades, en busca de trabajos asalariados. En consecuencia, puede haber menos extensionistas de sexo femenino para atender a las mujeres de la zona rural, que extensionistas varones para atender a los hombres de la misma zona.
Por lo que se refiere a la capacitaci6n, la educaci6n de los extensionistas de ambos sexos puede diferenciarse en lo que respecta a clase, calidad y duraci6n de los cursos que reciben. Los cursos que suelen tomar los hombres son en general mis t6cnicos y mis prolongados que los destinados a las extensionistas.
Se pueden formular varias hip6tesis acerca de la clientela rural y de los objetivos de la extensi6n. Una de esas hip6tesis establece que como las mujeres de la zona rural participan finicamente en actividades dom6sticas y en las relacionadas con la reproducci6n, s6lo necesitan informaci6n y capacitaci6n en lo tocante a la economic del hogar (especialmenteacocina y costura). Lo que se olvida o no se tiene en cuenta es que las mujeres africanas desempefian funciones productivas importantes en la agricultura para poder alimentar a sus familias.

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Por lo que se refiere a la prestaci6n de servicios de extensi6n, pueden variar las modalidades de acceso de los agricultores y las agricultoras. Los hombres, en su calidad de miembros de grupos o jefes de familia, retinen las condiciones para obtener los servicios, en tanto que 6stos pueden negarse a las mujeres a pesar de que algunas de ellas son cabeza de familia. Debido a la divisi6n, basada en el sexo, de los servicios de extensi6n, es casi imposible Ilegar a conocer las diversas situaciones reales que tengan en cuenta las necesidades de los distintos miembros del hogar.
En algunos hogares el marido y la mujer dedican todo su tiempo a la agricultura; en otros, quizis el marido est6 ausente pero envia remesas que la mujer puede utilizar para administrar el sistema agricola; en otros, una mujer no dispondri del trabajo ni del sost6n de un hombre; en otros, s6lo el marido se dedica a las faenas agricolas. En algunos hogares los recursos se reparten equitativamente; en otros, los hombres quizis se apropian de recursos que otros iniembros del hogar han contribuido a producir. La hip6tesis segfin la cual si el marido recibe capacitaci6n o ayuda, 6sta revierte sobre otros miembros de la familia, y especialmente sobre la mujer, no puede justificarse a la luz de los hechos.


El servicio de extensi6n en Malawi y la participaci6n de la mujer en los proyectos de desarrollo agricola (WIADP)

Malawi ha desarrollado un servicio de extensi6n complejo adscrito al Departamento de Desarrollo Agricola del Ministerio de Agricultura (MOA) que se encarga de Ilevar a cabo el Programa Nacional de Desarrollo Rural (NRDP). Aunque en el pais hay alrededor de 1 950 extensionistas, s6lo 150, es decir, el 5 por ciento, pertenecen al sexo femenino.
El caso que aquf se presenta indica que las mujeres son importantes en la producci6n del sector constituido por los pequefios terratenientes, pero que hasta hace poco la mayor parte de los servicios de extensi6n destinados a la mujer daban mis importancia a la ensefianza de la economia del.hogar que a la relacionada con la producci6n agricola. La capacitaci6n en economia del hogar y los demis servicios recibidos por las agricultoras eran ofrecidos por extensionistas de sexo femenino, cuyo nimero y capacitaci6n t6cnica eran inferiores a los del personal masculino. Unicamente los extensionistas podian inscribir a los agricultores que se beneficiarian de servicios agricolas tales como cr6dito e insumos, o facilitar informaci6n t6cnica en materia de agricultura; dichos extensionistas trabajan principalmente con los campesinos. En 1981, el Ministerio de Agricultura traslad6 la secci6n de economic

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del hogar a los <>. Este arreglo permiti6 prestar mis atenci6n al ofrecimiento de capacitaci6n agricola y otros servicios de extensi6n a pequefios grupos de campesinas por parte de extensionistas de sexo femenino. Sin embargo, este cambio no afect6 a los extensionistas.
El proyecto sobre la participaci6n de la mujer en el desarrollo agricola (WIADP), financiado por la Oficina de Desarrollo de la USAID, se llev6 a cabo en Malawi entre 1981 y 1983. En el marco del proyecto se realizaron amplias investigaciones en todo el pais sobre i) la funci6n productiva de las mujeres y los hombres en la agricultura; ii) el tipo de servicios de extensi6n que se ofrecian a los habitantes de la zona rural, y iii) el tipo de orientaci6n y capacitaci6n que recibian los trabajadores de ambos sexos (Spring, Smith y Kayuni, 1983).
El WIADP trat6 de documentar la contribuci6n de las mujeres y los hombres a la producci6n agricola en el sector de los pequefios propietarios (en comparaci6n con el sector de los grandes terratenientes) y de convencer al personal encargado del desarrollo que era preciso incluir a la mujer entre los objetivos sefialados para el NRDP. El WIADP examin6 asimismo la influencia del sistema de extensi6n en los agricultores de ambos sexos en lo tocante a la capacitaci6n del personal de extensi6n y a la prestaci6n de servicios de desarrollo a los agricultores. Se examin6 la capacitaci6n que se ofrece a los auxiliares tdcnicos y de campo de ambos sexos en todas las instituciones de ensefianza, para observar las diferencias y las semejanzas en el tipo y contenido del curso. Por tiltimo, se hicieron sugerencias para revisar la capacitaci6n de los extensionistas de ambos sexos en cuanto al contenido de los cursos y a los m6todos utilizados para llegar hasta los habitantes de la zona rural (Spring, 1983).
El WIADP estimaba que el personal de extensi6n perteneciente al sexo masculino podria trabajar con los campesinos de ambos sexos y que podria ofrecer mis servicios a las mujeres si se utilizaban m6todos adecuados. Ademis, el WIADP ide6 diversos modos de ofrecer a los extensionistas mis capacitaci6n agricola (Spring, 1983).
Ademis, prepar6 una circular sobre medios auxiliares de extensi6n titulada Participaci6n de extensionistas varones en la capacitaci6n de las agricultoras, en que se sugerian mdtodos para mejorar los servicios de extensi6n que se prestan a la mujer. En el presente documento Se examinan los antecedentes de la contribuci6n de la mujer a la agricultura practicada en pequefia escala; se examinan asimismo el tipo y la frecuencia de los contactos entre los servicios de extensi6n y los agricultores; por tiltimo, se describe la circular y los m6todos sugeridos para mejorar los servicios de extensi6n destinados a la mujer.

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Antecedentes sobre la contribuci6n de la mujer a la agricultura en pequefia escala

Aunque el personal encargado de las actividades de extensi6n y de investigaci6n sabia que las agricultoras de Malawi trabajaban en el sector de los pequefios terratenientes, raramente reconocia la contribuci6n de la mujer o al hacerlo, estimaba que la misma no era muy importante. Algunos extensionistas crefan que las campesinas en realidad no eran agricultoras, o que si se dedicaban a la agricultura era para ayudar a sus maridos. Otros tenian la idea de que las mujeres realizaban algunas faenas agricolas, pero que s610o los hombres administraban la propiedad.
Clark (1975), en un documento que prepar6 para el Ministerio de Agricultura a principios de 1970, estim6 que las mujeres de Malawi realizaban del 50 al 70 por ciento del trabajo agricola que se Ilevaba a cabo en el sector de las pequefias explotaciones. Las investigaciones realizadas en 1980 por el WIADP indicaron que la mujer realizaba la mayor parte del trabajo agricola en ese sector y que en Malawi habia una gran variedad de operaciones de cultivo de tierras y de modalidades de trabajo (Spring, Smith y Kayuni, 1983). El WIADP utiliz6 datos procedentes de la Encuesta Agropecuaria Nacional (NSSA) recopilados por el Gobierno de Malawi a trav6s del Ministerio de Agricultura en 1980-81, de los estudios agroecon6micos realizados en Malawi entre 1968 y 1982, de sus propias investigaciones y encuestas sobre los sistemas agricolas, y de otros investigadores. Entre las conclusiones figuran las siguientes:

* en las zonas rurales hay mis mujeres que hombres, y las mujeres son importantes en la agricultura de los minifundios debido a que, a menudo, los hombres han emigrado para trabajar como jornaleros. Una tercera parte, aproximadamente, de todos los hogares rurales estin encabezados por mujeres y parece que este tipo de hogar esti aumentando debido a la emigraci6n de los hombres. En consecuencia, las mujeres han tenido que ocuparse en mayor medida de la administraci6n de las explotaciones familiares;
* las mujeres emplean tanto tiempo en las actividades dom6sticas como en las faenas agricolas, despus de haber trabajado a la par de los hombres en estas tiltimas;

* las mujeres participan en diversas modalidades de cultivo, desde la agricultura mixta de subsistencia hasta los cultivos comerciales. Cultivan maiz, mani, arroz, yuca, tabaco, algod6n, caf6 y t6. A veces la tierra que cultivan pertenece a la familia, y a veces se trata de parcelas propias;

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* las mujeres cultivan alimentos destinados al consumo humano y cultivos comerciales, y llevan a cabo muchas de las faenas agricolas (tales como la pulverizaci6n del algod6n y la plantaci6n de tabaco) que suelen creerse realizadas inicamente por los hombres. Las operaciones agricolas se asignan con arreglo al sexo en algunas zonas y en algunos hogares, pero no ocurre lo mismo en otras zonas y en otros lugares; las mujeres participan en todos los aspectos del cultivo, y en particular en las operaciones de desbroce, arado, aplicaci6n de fertilizantes, protecci6n de cultivos, etc., regularmente o cuando no hay hombres para realizar el trabajo;

* los proyectos de desarrollo agricola aumentan el nimero de horas al dia y de dias al afio que deben trabajar los hombres y las mujeres;

* en muchas zonas, las mujeres ayudan a cuidar el ganado, especialmente los pequefios rumiantes y las aves de corral. Los hombres suelen ser los duefios del ganado, y si 6ste esti suelto en las dehesas, la tarea de cuidarlo se asigna a los nifios o a los j6venes. Las mujeres adquieren importancia en este trabajo si el ganado permanece en la aldea, en establos, para el engorde;

* los hogares dirigidos por mujeres suelen tener mis dificultades para realizar el trabajo, sistemas agricolas mis sencillos, y deficit de alimentos, ademis de carecer de servicios agricolas. Los hogares dirigidos por hombres reciben ayuda considerable del trabajo de 6stos o de las remesas que envian; esos hogares pueden cultivar mis tierra y contratar mano de obra adicional;

* en comparaci6n con los hombres, las mujeres reciben pocos servicios de extensi6n agricola tales como capacitaci6n, insumos, cr6dito, visitas, etc. A menudo las pricticas agricolas de la mujer (por ejemplo, la 6poca de plantaci6n, el espacio entre las plantas, el uso de fertilizantes y las prdcticas de protecci6n de cultivos) son deficientes y reflejan la carencia de la mujer en materia de capacitaci6n agricola y servicios de extensi6n. Sin embargo, cuando a las mujeres se les proporciona cr6dito, capacitaci6n agricola, insumos y conocimientos sobre administraci6n rural, los resultados de su actuaci6n en la agricultura se asemejan a los de los hombres. Cabe sefialar especialmente que las mujeres utilizan bien el cr6dito y que raras veces faltan a sus compromisos.

Contactos entre los extensionistas y los agricultores de ambos sexos

El WIADP document6 la prestaci6n de servicios de extensi6n agricola recurriendo a tres fuentes, a saber: el estudio sobre los servicios de extensi6n pre-

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parado por la NSSA, los datos sobre el nimero de agricultores de ambos sexos que pertenecian a clubes y recibian cr6dito en el marco de diversos proyectos de desarrollo rural, y entrevistas y observaciones formuladas por el personal de extensi6n local (Spring, Smith y Kayuni, 1983).
Los datos indicaron que los contactos entre los agricultores y los extensionistas -visitas en el hogar y en el campo, asistencia a reuniones de grupo y a demostraciones, y participaci6n en cursos de capacitaci6n- variaban segfin el sexo. Los extensionistas eran la principal fuente de asesoramiento para los agricultores de ambos sexos, pero los hombres recibian mis visitas personales y se les asesoraba mis frecuentemente y sobre mis temas. Aunque las reuniones colectivas tendian a abarcar mis agricultores que los contactos personales, tambi6n dichas reuniones beneficiaban mis a los hombres que a las mujeres.
Relativamente pocos agricultores de ambos sexos asistian a las demostraciones de los servicios de extension, pero un ndlmero mayor de hombres que de mujeres aprendia con este m6todo. Las visitas sobre el terreno abarcaban a una proporci6n mds pequefia de agricultores que las visitas personales o las reuniones colectivas, y se visitaba a las mujeres con menos frecuencia que a los hombres.
Al analizar los datos de la encuesta nacional, el WIADP compar6 tres categorias: jefes de familia, sus esposas y jefas de familia. Se observaron diferencias en los tipos de temas de ensefianza que utilizaban los extensionistas. En todos los temas agricolas, los hombres recibian mucha mis instrucci6n que sus esposas o que las jefas de familia. Sin embargo, en muchas zonas, las esposas recibian mds instrucci6n que las jefas de familia, en tanto que en otras zonas era a la inversa. Los datos tambi6n indicaron que muy pocas esposas recibian informaci6n agricola de sus maridos. La presunta transferencia de tecnologia de los maridos a sus esposas en el hogar no se verificaba. La hip6tesis segdn la cual si a los maridos se les capacitaba o ayudaba, tambi6n se capacitaria a otros miembros de la familia, no fue confirmada por los datos.
A pesar de que los extensionistas y los administradores creian, en general, que era considerable la participaci6n femenina en los programas de cr6dito, los datos relativos a la participaci6n de hombres y mujeres en clubes de agricultores y en programas de cr6dito indicaron que pocas mujeres participaban en 6sos y en otros programas agricolas, en comparaci6n con los servicios de extensi6n relacionados con la economia dom6stica. Ademis, el WIADP estableci6 una relaci6n entre el porcentaje de hogares dirigidos por mujeres en diversas zonas y el porcentaje de mujeres que recibia servicios de extensi6n. Las cifras discrepaban considerablemente en la mayoria de las zonas, lo que indic6 que muchos hogares eran repetidamente excluidos.

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LU A. SPRING

Durante entrevistas y debates con el WIADP, los extensionistas indicaron que factores de indole cultural podrian impedir su trabajo con las agricultoras. Sefialaron en particular que la gente sospecharia si ellos se dirigian alas agricultoras del mismo modo en que se dirigian a los hombres. Sin embargo, varios extensionistas solfan visitar e inscribir a algunas agricultoras en los programas de cr6dito. Gracias a esas t6cnicas aplicadas con 6xito, asf como a las nuevas t6cnicas desarrolladas y ensayadas en situaciones reales, el WIADP pudo elaborar m6todos aplicables que podian recomendarse para su adopci6n en mayor escala. M6todos tales como solicitar a los maridos que llamasen a sus esposas durante las visitas personales y de campo, solicitar a los lideres locales que informasen alas mujeres de la comunidad acerca de la celebraci6n de reuniones, pedir a los lideres locales que indicaran las jefas de familia que necesitaban servicios de extensi6n, y trabajar con mujeres en reuniones colectivas o en clubes de agricultores, allanarfan las dificultades que podrfa provocar el que hombres y mujeres no emparentados trabajasen juntos.


Circular sobre medios auxiliares de extensi6n: Participaci6n de extensionistas varones en la capacitacidn de las agricultoras

Era necesario encontrar un modo para que el personal de extensi6n reconociese la funci6n que la mujer desempefiaba en la agricultura de los minifundios, y para que se proporcionasen m6todos pricticos que le permitieran incluir a la mujer en la prestaci6n de servicios agrfcolas. Ademds, hacia falta legitimar el trabajo de los extensionistas con las trabajadoras agricolas en todo el pafs, y que la politica no siguiera basindose en la creencia anterior de que s6lo las extensionistas podian trabajar con las campesinas. El WIADP, conjuntamente con el Director de la Subdirecci6n de Medios Auxiliares de Extensi6n y el oficial de programas de la mujer, prepar6 una circular sobre medios auxiliares de extensi6n, una de las muchas circulares de caricter t6cnico publicadas por la Subdirecci6n de Medios Auxiliares de Extensi6n. La finalidad de la circular era la de dirigir el personal de extensi6n masculino, mds numeroso y mejor capacitado, a trabajar con las agricultoras. La circular se prepar6 para todo el personal de extensi6n de Malawi y se distribuy6 entre los funcionarios de todas las categorfas, es decir, desde los que ocupaban los puestos mis bajos hasta los dirigentes. Su publicaci6n se anunci6 en el peri6dico nacional.
La circular mimero 2/83 sobre medios auxiliares de extensi6n, titulada Participaci6n de extensionistas varones en la capacitaci6n de las agricultoras

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PARTICIPACION DE EXTENSIONISTAS VARONES EN LA CAPACITACION 21

fue publicada en agosto de 1983 por el Ministerio de Agricultura. La circular sefiala a la atenci6n el hecho de que deben proporcionarse servicios de extensi6n a las campesinas porque:
>;
<>;
las mujeres son jefas de familia en alrededor del 30 por ciento de los hogares rurales de Malawi y toman las decisiones del hogar con respecto a la explotaci6n agricola>>;
<>.
Esos puntos constituyen la primera pigina de la circular, junto con la fotografia de un extensionista que ensefia a grupos de agricultoras y agricultores algunas t6cnicas de plantaci6n y de preparaci6n de tierras. Las ocho fotografias, una para cada pigina de la circular, pertenecen a la colecci6n de la Subdirecci6n de Medios Auxiliares de Extensi6n. En ellas aparecen mujeres que desempefian diversas faenas agricolas (eliminaci6n de retofios en las plantas de tabaco, utilizaci6n de un arado tirado por bueyes y siembra de semillas), asisten a demostraciones efectuadas por un extensionista, asisten a una reuni6n de la aldea con agricultores y extensionistas varones, reciben cr6dito, y exhiben un certificado de m6rito en la actividad agricola. Las fotografias, que presentan personas reales en circunstancias reales, se tomaron en distintas partes del pais.
El texto se divide en dos secciones. En la primera, la circular explica que hay pocas extensionistas y muchos extensionistas, y que las campesinas realizan gran parte del trabajo que se Ileva a cabo en el sector de los pequefios propietarios.
Se indica que algunas personas podrian aducir que las mujeres estin mis interesadas en recibir capacitaci6n en economic del hogar que capacitaci6n agricola, y se sefiala que la capacitaci6n agricola se ha ofrecido principalmente a los hombres. Sin embargo, la circular sefiala que las mujeres estin interesadas en ambos temas, y que cuando se ha tomado la iniciativa de ofrecer programas agricolas a las mujeres, 6stas han aprendido nuevas tecnologias y aumentado su producci6n, a menudo generando ingresos para las actividades del hogar.
En segundo lugar, la circular presenta varios m6todos para mejorar la prestaci6n de servicios de extensi6n a las mujeres de las zonas rurales. Se formulan recomendaciones con respecto a la celebraci6n de reuniones locales, cursos de capacitaci6n en agricultura, programas de cr6dito, clubes de agricultores, parcelas de demostraci6n y dias de campo, y mantenimiento de registros. La circular indica que las reuniones locales son ideales para aplicar

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ZZ A. SPRING

el m6todo de grupos, y que se puede solicitar la asistencia de las mujeres a trav6s de los lideres locales, los maridos o las extensionistas. La circular sefiala que los extensionistas tendrAn que descubrir por qu6 las mujeres no pueden asistir a las reuniones. Sugiere ademis varias razones que podrfan investigarse y corregirse posteriormente, tales como la celebraci6n de reuniones en horas que coinciden con las faenas agricolas o dom6sticas de las mujeres, la tendencia de los extensionistas a atender los problemas de los hombres y a ignorar los de las mujeres, la necesidad de explicar a ambos sexos que los servicios agricolas deberian ofrecerse a las mujeres, o el problema de que los maridos y las mujeres asistan a la misma reuni6n sin que haya otra persona en el hogar que pueda cuidar de los nifios. Se hacen sugerencias relativas al horario de las reuniones, a la capacitaci6n de las mujeres para que desarrollen dotes de mando y puedan expresar sus problemas en piblico, y a la necesidad de que el personal convenza a las mujeres de que los extensionistas estin interesados en los problemas que ellas enfrentan en sus actividades agricolas. Se estimula a los extensionistas a incluir a las esposas y a las demis mujeres emparentadas con los agricultores durante las visitas personales que efecttian a los hogares o a las explotaciones agricolas en relaci6n con los programas de capacitaci6n, cr6dito y conservaci6n de suelos.
Por lo que se refiere a los cursos de capacitaci6n agricola, se informa a los extensionistas que pueden destinar a las mujeres algunos lugares en los cursos que se ofrecen en los centros de capacitaci6n, a todos los niveles, como se ha hecho en una zona de Malawi, donde el 30 por ciento de los lugares se reservan para las mujeres. Dado que es una novedad que las mujeres participen en cursos sobre temas agricolas, se necesitan nuevos m6todos para inscribirlas. Durante los cursos de capacitaci6n, las mujeres deberian recibir la misma informaci6n que se da a los hombres en materia de cultivos, ganaderia y administraci6n rural.
La circular observa que la political de cr6ditos estacionales y a plazo medio no es discriminatoria porque prev6 la otorgaci6n de cr6ditos tanto a hombres como a mujeres, pero que, en la prdctica, pocas mujeres reciben cr6dito. Luego sefiala que la decisi6n de solicitar cr6dito tendri que ser examinada en el dmbito del hogar. En los hogares donde existe una pareja, uno o ambos c6nyuges podrian desear obtener cr6dito para la misma empresa agricola o para empresas diferentes. Deben estudiarse principalmente los hogares dirigidos por mujeres. Por consiguiente, habida cuenta de la situaci6n del hogar y de las preferencias de los agricultores, el extensionista deberia ofrecer cr6dito a los agricultores que retinan las condiciones para recibirlo, independientemente d6 su sexo. Puesto que el cr6dito y la informaci6n t6cnica se proporcionan a los agricultores principalmente mediante los clubes de agri-

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cultores, se deberia estimular alas mujeres a inscribirse en clubes por su propia cuenta o, si son casadas, con su maridos.
Los extensionistas colaboran en la selecci6n de agricultores de sus zonas para que participen en diversas demostraciones y programas que necesitan de tierras o de personal de gesti6n. Estos incluyen pruebas de investigaci6n y asistencia a dias de campo especiales durante los cuales los agricultores aprenden nuevas tecnologias. La circular aconseja a los extensionistas que elijan mujeres y hombres para esas actividades. Por iltimo, se exhorta a los extensionistas a prestar atenci6n a sus contactos con los agricultores de ambos sexos y a indicar en sus registros, ademis del nimero de hombres y mujeres, el tipo y la frecuencia de los contactos, la asistencia a demostraciones y a cursos de capacitaci6n y la participaci6n en programas de cr6dito e insumos.
Cabe mencionar queen la circular no se presentan modelos para registrar y comunicar la entrega de servicios de extensi6n a hombres y mujeres. Sin embargo, en distintos lugares del pafs el WIADP, en colaboraci6n con elpersonal dirigente, prepar6 modelos que los extensionistas y sus supervisores podrian utilizar para informar acerca de las actividades de extensi6n tales como las relacionadas con el crddito, la capacitaci6n y la participaci6n en clubes. Dichos modelos indican el sexo del agricultor que participa en las distintas actividades o programas.


Significado de la circular sobre medios auxiliares de extensi6n

Antes de que apareciera la circular, varios extensionistas inclufan en sus programas a algunas campesinas. Pero la inclusi6n de las mujeres no se efectuaba con regularidad ni reflejaba sus contribuciones o necesidades. La mayor parte de los extensionistas preferia que las pocas extensionistas disponibles se ocuparan de las mujeres. La circular justific6 y orden6 que los extensionistas trabajasen con las agricultoras en el sector de los pequefios propietarios.
El trabajo que realizan las mujeres de las zonas rurales podria bien justificar que los extensionistas, cuyo nimero suele ser mis numeroso y que estin mejor capacitados y bien situados en el sistema de prestaci6n de servicios, trabajen con mujeres y les expliquen c6mo pueden beneficiarse de los servicios de desarrollo. Esto no quiere decir que a las campesinas no se les deba ofrecer programas de economia dombstica. Estos programas deberfan considerarse programas de enriquecimiento, o bien deberian tener en cuenta el trabajo productivo de la mujer. Sin embargo, cuando la situaci6n es tal que las extensionistas son poco numerosas, o la capacitaci6n no les ha suminis-

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A. SPRING


trado los conocimientos necesarios para destacar las funciones productivas de la mujer, los extensionistas tendrin que aportar su contribuci6n. Deberin reexaminarse los razonamientos seguin los cuales los hombres no pueden trabajar con las agricultoras, y habri que elaborar nuevos m6todos y t6cnicas factibles que tengan en cuenta los obsticulos de caricter cultural. Sucesivamente deberA elaborarse un mecanismo para ensefiar las t6cnicas al personal de extensi6n y justificar el uso de los nuevos m6todos. En el presente caso, una circular sobre los servicios de extensi6n, basada en investigaciones sobre los sistemas agricolas en las contribuciones de los campesinos de ambos sexos, y basada asimismo en datos sobre el modo en que funcionaba la entrega de los servicios y el modo en que podria funcionar mis eficazmente, sefial6 la manera de orientar a centenares de extensionistas para que tomaran en cuenta una porci6n considerable de la poblaci6n rural. Los m6todos sugeridos fueron aceptables desde el punto de vista cultural y se publicaron como recomendaciones del Ministerio de Agricultura. Por tiltimo, cabe mencionar que pr6ximamente seri posible realizar estudios complementarios para verificar la influencia de esas recomendaciones en la prestaci6n de servicios de extensi6n a los hogares rurales, y especialmente a las campesinas.








Referencias

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Prestacio6n de servicios de extension agraria a las agricultoras por tecnicos varones en la Reptublica Arabe del Yemen


D. Hamada




Antecedentes

A fin de introducir y popularizar mejoras tecnol6gicas agricolas, a principios del decenio de 1970 se comenzaron a prestar servicios de extensi6n en la Reptiblica Arabe del Yemen. Ante el 6xito inicial de esas actividades, se decidi6 repetirlas en Tihama, regi6n que, tradicionalmente, constituye el granero del pais.
Hacia finales del decenio, la necesidad de mejorar los sistemas locales de producci6n de alimentos para hacer frente a la creciente demanda, asi como la constante emigraci6n de los hombres a los estados petroleros del Golfo y a los centros urbanos, hizo necesaria una reevaluaci6n de los programas de extensi6n agraria.
Se admiti6 el papel potencial de la mujer en la producci6n agricola y se lleg6 a la conclusi6n de que con la formaci6n de las agricultoras se mejorarfa, en primer lugar, su eficacia en la realizaci6n de las tareas tradicionalmente femeninas y en segundo lugar, se las prepararia para hacerse cargo de las labores agricolas abandonadas por los hombres. Si se les daba formaci6n, las agricultoras compensarian la deficiencia de mano de obra evitando un giave retroceso de la producci6n agricola, garantizando la adecuada administraci6n de las explotaciones agricolas.
Si bien en otras partes del mundo se ha reconocido y utilizado la posible contribuci6n de la mujer en la agricultura, quedaban todavia por determinar con qu6 criterios, aceptables para la cultura yemenita, se podria aprovechar y utilizar ese potencial. Ademis habia que definir el actual papel de la mujer

La Sra. Dorothy Hamada es una experta de la FAO que trabaj6 en el Yemen, actualmente destinada al Sudan.

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26 D. HAMADA

en la agricultura asf como las labores agricolas tradicionalmente desempefiadas por los hombres para las que habia ahora que preparar a las mujeres, a fin de que pudieran participar en ellas, o asumirlas totalmente.
Con objeto de ensayar las posibilidades de hacer extensivos los servicios agricolas a las agricultoras y teniendo en cuenta las limitaciones culturales, se contrat6 una voluntaria de las Naciones Unidas, especializada en agricultura. Su labor consistia en complementar la asistencia a las actividades de campo realizadas por otros voluntarios masculinos en el proyecto Naciones Unidas/ FAO para Tihama.
Antes de poder elaborar un programa de asistencia a las agricultoras, la voluntaria de las Naciones Unidas tuvo que familiarizarse con la zona y con la comunidad agricola, sobre todo con la de las mujeres. Para ello, trabaj6 con sus colegas masculinos en los proyectos de campo ya establecidos y con los agricultores que cooperaban con ellos. Esto le permiti6 observar directamente la realidad y adquirir experiencia.
Pronto se hizo evidente que existian algunos factores que condicionarfan las posibilidades de 6xito de cualquier programa destinado a las mujeres realizado por voluntarios de las Naciones Unidas. Los aspectos mds importantes eran los siguientes:
- la falta de mujeres yemenitas con conocimientos t6cnicos de agronomia y la imposibilidad de conseguir que las mujeres se presten a recibir formaci6n en esa especialidad, limitaria el dmbito de operaciones. Esto significaba, ademis, que cualquier programa comenzado se interrumpirfa muy probablemente tan pronto como terminara la misi6n de la voluntaria de las Naciones Unidas;
- los escasos conocimientos de lengua drabe de la voluntaria de las Naciones Unidas limitaban su comunicaci6n con las agricultoras, para lo que necesitaba un int6rprete. Los inicos int6rpretes disponibles eran los t6cnicos masculinos en extensi6n agraria;
- por ser una mujer, tanto los agricultores como sus propios colegas, dudaban seriamente de la competencia de la voluntaria como t6cnica agr6noma, asi como de su capacidad para realizar trabajos agricolas. Antes de que se le permitiera trabajar con las mujeres, tuvo que demostrar primero su credibilidad, con el consiguiente consumo de tiempo.


La mujer en la agricultura en la regi6n de Tihama

La agricultura en la regi6n de Tihama de la Reptiblica Arabe del Yemen es bisicamente de autosostenimiento y esti orientada hacia la autosuficiencia

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familiar. Como tal, los cereales constituyen el principal cultivo. Vienen despu6s la crfa de ganado, el cultivo del forraje necesario para alimentarlo asf como de algunas especias y hortalizas. Puesto que se puede cultivar s6lo la mitad del afio, en la agricultura de Tihama tiene una gran importancia el almacenamiento de las reservas. Todo excedente de las necesidades para el consumo familiar se vende. La agricultura comercial se realiza en algunas explotaciones privadas y estatales.
Si bien las mujeres yemenitas participan en las tareas agricolas, cuando trabajan lo hacen generalmente separadas de los hombres o aisladas y recluidas, sobre todo cuando trabajan en torno hombres que no pertenecen al circulo familiar pr6ximo. Cuanto mis baja es la extracci6n social a la que pertenece la campesina, mis frecuente es que participe en las labores agricolas, fen6meno que tambi6n se observa cuando las mujeres trabajan en las explotaciones estatales y comerciales. En todos los contactos sociales existe la separaci6n de sexos.
En las explotaciones familiares, las mujeres ayudan en la siembra. Echan los granos y los cubren caminando detris de los hombres que trazan los surcos con un arado de tracci6n animal, o bien van montadas sobre un tractor, arrojando manualmente el grano en sembradoras improvisadas sujetas al arado transportado por el tractor.
Las mujeres se ocupan tambi6n de escardar y limpiar los campos, sobre todo para utilizar la hierba como alimento del ganado, y trabajan por lo general en cortar las paniculas del sorgo y cargarlas en cestos de paja o en reunir las espigas en fardos en el caso del mijo. Estas operaciones las realizan ya sea mientras las plantas estin todavia en el campo, o despu6s de que los hombres las han cortado por la base y depositado en tierra a lo largo de las parcelas. Las mujeres se ocupan tambi6n de trillar, golpeando las paniculas con desgranadores en forma de litigos. Participan tambi6n en el embalaje del grano y en su almacenamiento, y se encargan de guardar las semillas para la siguiente cosecha.
Las mujeres y los nifios crian animales: pollos, cabras, ovejas y, a veces ganado bovino, dindoles de comer y beber, llevindolos a pastar, meti6ndolos en los establos y ordefiindolos. La cria de camellos es un trabajo masculino.
Las mujeres se encargan de la elaboraci6n y preparaci6n de los alimentos y, cuando no hay molinos mecdnicos, aplastan el grano h6medo entre dos piedras, una plana y otra en forma de rodillo, que utilizan como molino manual. Parte del trabajo habitual de las mujeres es tambi6n la fermentaci6n y secado de los cultivos; la salaz6n de los alimentos y la fabricaci6n de reques6n, mantequilla y queso, asf como la recogida de lefia y el acarreo del agua.

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Muchas mujeres en Tihama se ocupan tambidn de hilar la lana, fabricar objetos con hojas de palma y juncos, reparar las paredes de adobe de las casas y las empalizadas. A veces, el trabajo incluye tambi6n la pintura de las paredes de adobe.
Con la expansi6n de la agricultura comercial y la creaci6n de granjas estatales y centros experimentales, cada vez se emplean mis mujeres en los trabajos agricolas de esas explotaciones. Se ocupan de plantar, preparar macetas y plantar en ellas, escardar, entresacar y replantar. Cuando se encuentran en el campo durante las operaciones de riego ayudan a encauzar el agua a trav6s de las parcelas, y se las emplea tambi6n para recoger algod6n y hortalizas, embalar los productos y clasificarlos.
Existen en Tihama tres tareas agricolas principales en las que habitualmente no participan las mujeres: i) la preparaci6n de la tierra; ii) la adopci6n de decisiones y administraci6n de la explotaci6n agricola, y iii) la comercializaci6n, tanto en lo que se refiere a la compra como a la venta. Aunque pueden influir en estas operaciones, no participan activamente en ellas.


Tcnicos agricolas en el Yemen

Solo recientemente pueden seguirse en la Reptiblica Arabe del Yemen estudios profesionales en agricultura. Hasta 1980 no habia ninguna escuela de agronomia y la capacitaci6n de los t6cnicos agr6nomos se realizaba en las escuelas del primer ciclo de estudios medios, y mediante cursillos especializados organizados por algunos proyectos e instituciones agricolas. La capacitaci6n prdctica era tambi6n una fuente importante de mano de obra. Para recibir una formaci6n superior, los yemenitas tenian que ir al extranjero y las muchachas no podfan asistir a ninguna de las escuelas de agronomfa del pafs, por lo que en el Yemen no existia ninguna mujer con tales conocimientos. La limitaci6n cultural impuesta a las j6venes yemenitas que trabajaban con los hombres impedia tambi6n que se las empleara en las oficinas de extensi6n agricola, sobre todo en las que se ocupaban del trabajo de campo.
Los extensionistas agricolas de base eran en su mayoria muchachos con una formaci6n elemental. Los supervisores de nivel medio estaban graduados en institutos de ensefianza media y tenian una mayor experiencia prictica y alguna capacitaci6n especial. Los t6cnicos que trabajaban como personal superior de contraparte en los proyectos eran graduados universitarios.
Los t6cnicos de campo estaban asignados a un grupo de poblados adyacentes y debian vivir dentro de la zona que les correspondfa, de la que por lo general eran oriundos. Otra de las ventajas de este sistema de contrataci6n de

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expertos de campo era que estaban familiarizados con la zona, la poblaci6n y el medio cultural y politico, que los hacia conocidos y aceptados por la poblaci6n local con la que trabajaban.
Entre los servicios de extensi6n agraria se inclufa la creaci6n de parcelas experimentales en los campos de los agricultores para demostrar las ventajas de los avances tecnol6gicos; clases a los agricultores; visitas a los hogares y a las explotaciones; dias dedicados a los agricultores y a demostraciones prdcticas; un programa radiof6nico didictico y documentaci6n sobre actividades en las explotaciones agricolas. En los pueblos y poblados mis importantes se instalaban pequefias oficinas de extensi6n agraria.
Para complementar la capacitaci6n prdctica del personal que trabajaba con los voluntarios extranjeros de las Naciones Unidas, de vez en cuando se impartian cursillos. Todos los afios se invitaba a representantes de los proyectos agricolas de instituciones de todo el pafs a asistir a un seminario en Tihama para que participaran en las experiencias, descubrimientos y recomendaciones. Durante esas reuniones se fomentaba el didlogo con el personal de campo, al que ademds se instaba a participar en investigaciones aplicadas conjuntas, producci6n controlada de semillas y actividades de multiplicaci6n, asi como en la documentaci6n e informaci6n y en andlisis sencillos sobre explotaciones agricolas.


Estrategia para ayudar a las agricultoras

En zonas como el Yemen se dan ciertas limitaciones, como i) no hay mujeres con formaci6n agron6mica y, por lo tanto, no se las puede contratar para trabajar como extensionistas agricolas; y ii) es dificil encontrar especialistas en agricultura extranjeras que hablen drabe y que est6n dispuestas a trabajar en el modo tradicional de los t6cnicos en producci6n agricola, es decir, a viajar a grandes distancias y a vivir en ambientes a menudo desconocidos. Debido a ello, se ide6 una estrategia distinta consistente en que los propios ingenieros agr6nomos yemenitas ayudaran a las agricultoras y procurasen que la informaci6n agricola estuviera dirigida a las mujeres tanto como a los hombres. Si bien este sistema no es nuevo en las actividades de extensi6n, hasta ahora se habia considerado imposible en la cultura yemenita.
La voluntaria de las Naciones Unidas reajust6 entonces su trabajo y, aunque continu6 ayudando a sus colegas masculinos en el campo para ganarse la credibilidad, se ocup6 tambi6n de forma mis activa en trabajos de documentaci6n de proyectos, programaci6n, capacitaci6n y comunicaci6n. La asistencia a las agricultoras se canaliz6 a trav6s de los tdcnicos varones.

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Requisitos que deben reunir los extensionistas varones encargados de los programas agricolas para la mujer

* Deben proceder de las mismas aldeas en las que vayan a trabajar, y ser aceptables por la comunidad tanto desde el punto de vista cultural como social.
* Deben conocer exactamente qu6 trabajos realizan las mujeres de la explotaci6n agricola y la forma en que lo hacen.
* Deben estar sinceramente decididos a trabajar con las mujeres, y convencidos de que 6stas pueden participar en la producci6n agricola. A menos que tengan el modo apropiado de trabajar con las campesinas, las posibilidades de 6xito de los extensionistas serin muy escasas.

Planificaci6n del programa. Cuando se planifique cualquier programa de extensi6n agricola, deben tenerse en cuenta los intereses de las agricultoras, y siempre y cuando las mujeres participen en las actividades agricolas se las debe incluir en la asistencia facilitada mediante el programa de extensi6n. En el programa deben hacerse constar los objetivos especificos y los medios necesarios para ayudar a las agricultoras, y no suponer simplemente que esta ayuda se ird prestando a medida que se presente la ocasi6n. Es err6neo asimismo suponer que si un extensionista capacita a los agricultores, 6stos a su vez transmitirin a las mujeres las nuevas tecnologfas.
En las zonas donde las mujeres no han participado tradicionalmente en los trabajos, pero donde tienen que hacerlo actualmente, al introducir cualquier tecnologia debe tenerse en cuenta la anterior inexperiencia de la mujer y sus diferencias fisicas, a fin de hacer los reajustes necesarios. A las mujeres debe dirseles igual oportunidad para recibir formaci6n e informaci6n sobre las nuevas tecnologfas. Se deberd recordar este hecho a los extensionistas y, en pauses como el Yemen, esta igualdad de oportunidades significa que los agricultores y las agricultoras deben recibir igual formaci6n, pero por separado. Necesariamente, toda la capacitaci6n agraria que se d6 a las mujeres deberi realizarse dentro de la explotaci6n agricola.
La programaci6n de cualquier actividad de extensi6n agraria no supone automiticamente alcanzar a todos los sectores de la comunidad agricola. Existen barreras y restricciones para una distribuci6n igualitaria de la informaci6n y los servicios. Al programar la asistencia a la comunidad agraria debe tenderse a adoptar un criterio mis amplio e integrativo en el que se incluya a los adultos, hombres y mujeres, y a los j6venes.

Preparaci6n de los extensionistas. Deberd revisarse el programa de capacitaci6n para los t6cnicos agron6micos varones. Pueden existir sectores de la

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agricultura que se consideren actividades propias de mujeres y, como tales, excluirse, conciente o inconcientemente, del programa de capacitaci6n. Sin embargo esos sectores de actividad deberdn incluirse en el programa de formaci6n para los extensionistas agrarios varones.
Si se pretende que los hombres presten una ayuda eficaz a las agricultoras, deberdn recibir formaci6n en los trabajos realizados por las mujeres. En otras palabras, los hombres deben saber hacer el trabajo para poder ensefiar a las mujeres a hacerlo mejor. En Yemen se tiende a descuidar o a minusvalorar, entre otras, las siguientes faenas agricolas: la siembra de las semillas como operaci6n separada de la preparaci6n de la tierra; la escarda, recolecci6n y trilla; la selecci6n de semillas para la plantaci6n, la prevenci6n de p6rdidas de cultivos y alimentos; la elaboraci6n de los alimentos y molienda del grano, la conservaci6n del agua y de la lefia, asi como la introducci6n de mecanismos y t6cnicas para ahorrar tiempo y trabajo.
En la investigaci6n y selecci6n de las tdcnicas agrfcolas necesarias para los servicios de extensi6n agraria, habrd que tener en cuenta tambi6n los intereses de las mujeres, es decir introducir herramientas y aparatos manuales que hagan la labor de la mujer menos pesada, inc6moda y antiecon6mica. Entre las medidas adoptadas para prevenir las p6rdidas en la agricultura, deberd incluirse un estudio sobre las p6rdidas durante la elaboraci6n y preparaci6n de los alimentos. Otra de las medidas que puede hacer mis eficaz el trabajo de la mujer campesina es el reciclaje de los productos agricolas, para conservarlos y aumentar su uso.

Utilizaci6n de los medios de comunicaci6n social. Para llegar a las campesinas resultan muy itiles los medios de comunicaci6n social, sobre todo la televisi6n, el video, la radio y los impresos, pues ayudan a resolver el problema del contacto personal entre los sexos. En la cultura islimica, el uso de la televisi6n y del video -instrumentos ambos audiovisuales- puede sustituir hasta cierto punto las demostraciones en vivo de t6cnicas y las clases de los t6cnicos de campo varones a las mujeres. De hecho, en los poblados del Yemen cada vez se estin haciendo mis populares la televisi6n y el video, pues las mujeres pueden ver los programas sin salir de sus alojamientos propios.
Pueden prepararse programas especiales para audiencias femeninas, distribuirse las cintas de televisi6n o video en los centros de extensi6n para que se los presente a las mujeres o a los grupos de mujeres y, aunque los mensajes vayan dirigidos a un determinado sexo, no se excluye con ello que los otros sectores de la poblaci6n vean tambi6n las cintas. Presentan ademds la ventaja de ampliar el circulo de pfiblico al que se quiere informar. Cuando el nivel cultural de la audiencia es bajo, los mensajes transmitidos por medios

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audiovisuales serin mis ficiles de captar. En cuanto a la radio, se mejorard el nivel de recepci6n si se utilizan locutores locales que hablan la lengua del pafs y, para los textos impresos, el uso de grificos y dibujos sencillos facilitard la comunicaci6n.
En cuanto a los otros aspectos de cualquier programa de extensi6n, debe hacerse un esfuerzo conciente por dirigirse a las mujeres en los programas de comunicaci6n. Habri que averiguar los sistemas de presentaci6n preferidos por las mujeres, la hora del dia en que es mis probable que escuchen la radio o vean la televisi6n, y el texto mis adecuado a su nivel de educaci6n.
Los programas de los medios de comunicaci6n de masas deberin complementarse con actividades de seguimiento por parte de los t6cnicos de campo, con lo que se obtendri la informaci6n de contraste necesaria sobre la eficacia del programa, ayudard a aclarar el mensaje o los aspectos de 6ste que puedan no haber sido entendidos por los agricultores, y fomentard el uso de la informaci6n transmitida.

Documentaci6n y control. Debe existir una actividad continua de documentaci6n y vigilancia de los intereses de las mujeres con respecto a la explotaci6n agricola. En el sistema de documentaci6n agricola y vigilancia deberd incluirse informaci6n sobre'sus funciones actuales, los cambios que se est6n produciendo, la experiencia obtenida con los sistemas aplicados para llegar a las campesinas, otros posibles enfoques distintos, asi como documentaci6n sobre otros hechos que puedan influir en el papel atribuido a las agricultoras. Ademis, es importante que la informaci6n se tabule, se analice y que los resultados se utilicen para mejorar constantemente el programa. Deberin revisarse los sistemas de documentaci6n para asegurarse de que recogen informaci6n sobre las agricultoras, sus actividades y la participaci6n de la mujer en la agricultura.

C6mo matar dos pijaros de un tiro. Aunque no exista ninguna especialista en t6cnicas agron6micas para ocuparse de los intereses de las agricultoras y no sea ficil que pueda conseguirse tal cosa en un futuro pr6ximo, no hay por ello que seguir descuidando la asistencia a la mujer. La contrataci6n de especialistas extranjeras constituye, en el mejor de los casos, una soluci6n provisional solamente y a menudo es la mis cara. Ademis, la carencia de mujeres especializadas no debe retrasar el tratar de aumentar la participaci6n de las agricultoras en el desarrollo agricola. Para ayudar a los agricultores y a las agricultoras al mismo tiempo, pueden contratarse agentes de extensi6n agraria de ambos sexos, lo que no tiene por qu6 duplicar el trabajo de cualquiera de

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los t6cnicos, cuyo imbito de actividad dependerd de la eficacia con que desempefie su labor.
Puede resultar mts econ6mico matar dos pijaros de un tiro. Siempre que el t6cnico reciba ayuda para preparar su programa, el que exista un solo t6cnico reducird las posibilidades de duplicaci6n de trabajos o de lagunas en los programas, debido a la dificultad de determinar cuil de uno o mis t6cnicos debe ocuparse de una determinada labor agricola. Puede formarse a los t6cnicos de manera que consideren la labor agricola como un conjunto de operaciones interrelacionadas entre si, realizadas indistintamente por hombres y mujeres.
En cuanto a los administradores y supervisors, se reduce asi la necesidad de coordinar el trabajo de dos empleados distintos, de facilitar apoyo logistico para dos t6cnicos o de cubrir las necesidades personales y de personal. Con ello puede aumentarse la rentabilidad del programa.


Conclusiones

La experiencia adquirida en la regi6n de Tihama en el Yemen es todavia reciente. Habri que introducir constantes ajustes antes de que funcione eficazmente un sistema de ayuda alas campesinas. Sin embargo, la experiencia demuestra que la tarea es realizable. Los t6cnicos agr6nomos varones pueden trabajar con las agricultoras, y pueden ser tan eficaces como las mujeres.

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Evoluci6n de la situaci6n de la campesina en Zambia


B. Keller




La gran mayoria de las campesinas de Zambia son muy pobres. Muchas de ellas no pueden obtener suficientes productos alimenticios durante la temporada agricola para alimentar a sus familias todo el afio. Cultivan la tierra con aperos simples, vali6ndose de su propio trabajo y ocasionalmente del de sus hijos. Mis de un tercio de las campesinas adultas son cabezas de familia, y constituyen el segmento mis pobre de la poblaci6n rural; algunas no disponen ni siquiera de aperos como el azad6n. Cultivan solas y producen poco. Casadas o solteras, las campesinas deben trabajar largas horas cada dia, y no s6lo en sus campos. Realizan las faenas dom6sticas rutinarias y fatigosas que consisten en ir a buscar agua y lefia, y en preparar la comida. Casi todas tienen numerosos hijos, pero muchos de ellos son victimas de la mortalidad infantil. Las campesinas suelen tener mala salud, lo que reduce su capacidad productiva. Pese a ello, para alimentar a sus hijos, han de trabajar para producir alimentos y para ganar unas sumas insignificantes de dinero con las que hacer frente a las necesidades bdsicas como la asistencia de sus hijos a la escuela.
En el presente articulo se examinarin los motivos por los que la mujer zambiana no participa afin plenamente en los esfuerzos de desarrollo rural, se evaluardn las restricciones actuales a que hacen frente y se analizard su participaci6n en el programa LIMA (explotaci6n agricola), que tiene por objeto mejorar la productividad de los pequefios agricultores. La informaci6n facilitada procede de un estudio reciente (Keller, 1984) de los progresos realizados para integrar a las mujeres zambianas en el desarrollo, como consecuencia del Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer.


La doctora B. Keller es catedrdtica del Departamento de Estudios para el Desarrollo de Africa de la Universidad de Zambia en Lusaka.

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Marginaci6n de la campesina

Numerosos estudios realizados en el iltimo decenio han demostrado ampliamente que las mujeres del Tercer Mundo no han participado plenamente en el desarrollo socioecon6mico ni de sus beneficios (Rogers, 1980). Los motivos de ello varian seg6n la historia de cada pafs. Para poder comprender los problemas abrumadores que afrontan en la actualidad las campesinas de Zambia, se deben examinar brevemente su funci6n productiva tradicional, el impacto de la colonizaci6n y las principales tendencias del pafs desde que se independiz6 del Reino Unido en 1964.
La estructura socioecon6mica tradicional o precolonial no ha sido causa de la actual marginaci6n de la campesina zambiana. Los datos etnogrificos recogidos por los investigadores del entonces Ilamado Instituto RhodesLivingstone' documentan la importancia de la mujer en la producci6n agricola. En las pequefias comunidades de horticultura basadas en el parentesco, los maridos y las mujeres compartian el trabajo que entrafiaba la producci6n de alimentos con arreglo a los sistemas locales de divisi6n de las tareas segiin el sexo. Aunque las mujeres solian trabajar mis horas que los hombres, puesto que se encargaban de labores que requerfan mis tiempo, como la escarda, podian contar con la ayuda de sus maridos, asi como de los parientes y vecinos gracias a las agrupaciones cooperativas de trabajo. Las mujeres estaban subordinadas desde el punto de vista social, de conformidad con el derecho consuetudinario, pero la desigualdad debida al sexo no las empobrecia sistemiticamente en comparaci6n con los hombres. Las comunidades locales eran autosuficientes en alimentos, y algunas de ellas -por ejemplo las situadas en la actual Provincia Occidental, a lo largo del rio Zambezi- producian excedentes de alimentos.
El empobrecimiento econ6mico de la mujer comenz6 con la colonizaci6n a mediados del siglo XIX (Muntemba, 1982). Zambia y otras partes de Africa meridional constitufan reservas de mano de obra, que proporcionaban trabajadores no calificados para las minas y los centros agricolas comerciales de Sudifrica, Rhodesia (actualmente Zimbabwe) y el copperbelt (faja del cobre) de Zambia. Los hombres pasaban la mayor parte de la vida adulta fuera de sus aldeas, y el trabajo del mantenimiento de la familia corria a cargo



1 Se trata del instituto mis antiguo de investigaci6n en ciencias sociales del continente africano, hoy denominado Instituto de Estudios Africanos. Eminentes antrop6logos, como Elizabeth Colson, estudiaron la complementariedad del trabajo realizado por los hombres y las mujeres (1958).

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de la mujer. En ausencia de sus maridos, las mujeres no podian realizar las pesadas tareas consistentes en la roturaci6n de nuevos campos. Parcelas que normalmente habria que haber dejado en barbecho, se explotaban en exceso, por lo que los niveles de producci6n de alimentos comenzaron a descender. Algunas mujeres, que no lograban producir por sf solas alimentos, se vefan obligadas a ganar lo necesario para comer trabajando para los pocos agricultores locales mis pr6speros (Cliffe, 1979).
En la Provincia Meridional, el Estado colonial estimul6 a los campesinos a producir maiz, para alimentar a la creciente poblaci6n urbana de la faja del cobre. La mano de obra femenina se utilizaba para los cultivos comerciales y para la producci6n de alimentos, pero las mujeres no se beneficiaban necesariamente de este aumento de su carga de trabajo. Aunque hombres y mujeres trabajaban juntos en los maizales, se consideraba que los nuevos cultivos comerciales pertenecian a los hombres. En otros lugares, el Estado colonial hizo poco para promover los cultivos de subsistencia, que cada vez estaban mis a cargo de la mujer. Hacia el decenio de 1940, algunas zonas rurales ya no eran autosuficientes, menos ain productoras de excedentes de alimentos, por lo que se transformaron en importadoras, situaci6n que ha persistido hasta el dia de hoy.
Despu6s de 1964, el Gobierno invirti6 los beneficios del floreciente sector del cobre en mejorar descuidadas infraestructuras fisicas como las carreteras, y en perfeccionar los servicios m6dicos, educativos y de otra indole, que se habian prometido a los ciudadanos como frutos de la independencia. Los intentos de diversificaci6n para que la economic no se basase exclusivamente en el cobre inclufan la mejora de la producci6n agricola, pero progresaron muy lentamente. La migraci6n de las zonas rurales a las ciudades ha aumentado, lo que tuvo por consecuencia que la poblaci6n urbana de Zambia represente hoy casi el 50 por ciento del total, situaci6n que no es tipica del resto de Africa, con exclusi6n de Sudifrica. La poblaci6n restante, es decir, la rural, que incluye un nfimero desproporcionado de mujeres adultas, trabaja mis horas de manera mis dura. Los precios al productor de los cultivos comerciales, incluido el mani (tradicionalmente un <>), se mantuvieron artificialmente bajos para sostener el costo de vida de la poblaci6n urbana, que era importante desde el punto de vista politico. En general, la situaci6n econ6mica de la mujer empeor6 proporcionalmente, acentuando las desigualdades entre las zonas rurales y las urbanas, pero ello no se percibi6 mientras se mantuvo la demanda del cobre a unos precios elevados en el mercado internacional.
El Afio Internacional de la Mujer, celebrado en 1975, coincidi6, en Zambia, con una caida de los precios del cobre, una disminuci6n de los ingresos

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del Estado y un empeoramiento general de la situaci6n econ6mica. Reconociendo la necesidad de diversificar la economic, el Gobierno lanz6 diversos programas destinados a incrementar la producci6n agricola, para lograr la autosuficiencia alimentaria nacional y estimular la exportaci6n. Algunos eran programas de gran envergadura que requerian mucho capital, pero otros, como el programa LIMA, que se examinard mis adelante, estaban correctamente destinados sobre todo a los pequefios productores de subsistencia. Una caracteristica del programa LIMA, del movimiento cooperativo y de otros programas en favor de los campesinos pobres fue la falta de reconocimiento de las desigualdades existentes basadas en el sexo. Al tratar alas familias campesinas como unidades, y al suponer que al frente de la mayor parte de ellas estaba un hombre, los esfuerzos en pro del desarrollo agricola dejaron en gran parte de lado a las mujeres.
En Zambia, apenas se ha logrado tomar conciencia de las importantes funciones econ6micas que desempefia la campesina. Sin embargo, en 1980, el Decenio Internacional para la Mujer habia empezado ya a tener repercusiones. En gran medida por recomendaci6n de diversas organizaciones del sistema de las Naciones Unidas y de importantes organismos donantes, como los de los paises escandinavos, ha habido un creciente ntimero de proyectos especiales en favor de la campesina. Asimismo, aunque en grado mucho menor, se han realizado estudios sobre estructuras existentes, tales como los servicios de extensi6n y de cr6dito, con miras a determinar si estin a disposici6n de las mujeres.


Obsticulos que afronta la campesina en la actualidad

La political actual del Gobierno consiste en integrar a la mujer zambiana en el desarrollo. Sin embargo, un examen de las limitaciones con que tropiezan las mujeres hoy indica que la integraci6n no serd ficil ni rdpida. Las campesinas de Zambia tienen un acceso insuficiente e inferior al de los hombres a los principales factores de la producci6n agricola, en especial a la tierra, al trabajo, al capital y a los conocimientos t6cnicos.
Zambia es un pafs extenso con una poblaci6n aparentemente pequefia, muy esparcida en la mayor parte de las zonas rurales. A primera vista, el acceso a la tierra para la producci6n agricola no parece constituir un problema. Antafio, las mujeres casadas solian disponer de sus propios campos, que sus maridos roturaban y les cedian. En la actualidad, los campos obtenidos por el sistema de la tenencia comunal de tierras pertenecen a la familia conjuntamente. Si se produce un excedente para la venta, los ingresos pertene-

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cen al cabeza de familia en cuanto <> del campo, que es invariablemente el marido. Una mujer casada no puede obtener tierras ficilmente por derecho propio. Incluso si lo logra, prestard a sus cultivos una atenci6n secundaria con relaci6n a los de la familia. En ciertas regiones de Zambia, en las que la producci6n para la venta de mafz y algod6n est mis desarrollada, la tierra pasa cada vez mds a ser de propiedad privada, y los titulos de propiedad corresponden a los hombres y no a las mujeres.
En la Provincia Meridional, donde se produce el grueso de los alimentos de primera necesidad y se obtienen importantes cosechas comerciales de mafz, la mano de obra femenina es fundamental para los pequefios agricultores favorables al progreso. Mediante el empleo de arados tirados por bueyes, es posible s6lo incrementar la producci6n de mafz para el mercado, en la medida en que se disponga de ms mano de obra. Ello se consigue generalmente gracias a matrimonios poligamos. Como consecuencia del trabajo de la mujer en el campo, los matrimonios mfiltiples constituyen una buena inversi6n econ6mica para el hombre. En general, los hombres controlan la capacidad de trabajo de las mujeres casadas, y 6stas no pueden encomendar a nadie tarea alguna, salvo a los nifios no escolarizados. Como los maridos controlan la mayor parte de las fuentes de ingresos resultantes de la producci6n agricola, a menudo las mujeres no reciben unos ingresos en efectivo, proporcionales a su aportaci6n de trabajo. Incapaces de producir por si mismas excedentes agricolas para la venta, cubren sus necesidades peri6dicas de dinero para comprar uniformes escolares a los nifiios, por ejemplo, mediante la fabricaci6n y venta esporddica de cerveza. Las restricciones para trabajar son particularmente graves para las mujeres cabezas de familia, que constituyen del 30 al 40 por ciento de los hogares en las provincias rurales de Zambia. Como cultivan completamente solas una pequefia parcela de tierra, y son las inicas responsables de las necesidades de sus hijos, estas mujeres son las mis necesitadas entre la ingente poblaci6n pobre rural de Zambia.
La mayor parte de las mujeres adultas, solteras o casadas, no pueden incrementar su producci6n agricola debido a la falta de acceso a los cr6ditos para obtener los insumos necesarios en forma de semillas hibridas, fertilizantes y plaguicidas. En general, los campesinos que no tienen garantias que ofrecer no pueden obtener ficilmente los pequefios cr6ditos que concede el Estado. Los insuficientes programas de cr6dito destinados a fomentar la producci6n de cultivos comerciales en pequefia escala han sido monopolizados por los campesinos <> masculinos.
Las mujeres tienen un acceso inadecuado no s6lo a los factores bdsicos de producci6n, sino tambidn a la informaci6n y alas t6cnicas. Los servicios de extension agricola han sido, en gran parte, dirigidos por hombres y proyecta-

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dos para hombres. Por tradici6n, los extensionistas varones no se acercan a la esposa de otro hombre. Por ello, las nuevas t6cnicas agricolas se ensefian a los hombres, cuando de hecho son sus mujeres las encargadas de Ilevar a cabo casi todas las faenas del campo. Las mujeres cabezas de familia deberian ser mis abordables, pero como son las mis pobres de la comunidad rural tienden a ser dejadas de lado por los servicios de extensi6n, cuya misi6n consiste en encontrar y ayudar a los agricultores mis abiertos al progreso. El programa destinado alas mujeres, tanto para la agricultura como para el desarro11o de la comunidad, ha insistido en la economfa dom6stica mAs que en las t6cnicas de producci6n agricola. El resultado de ello es que, en Zambia, muchas mujeres saben hacer punto pero no son capaces de comprender las instrucciones sobre la aplicaci6n de fertilizantes.
El acceso inadecuado de la mujer a la tierra, al trabajo, al cr6dito y a las t6cnicas debe analizarse en el contexto mis amplio de la pobreza rural. La mayor parte de las familias rurales viven en casas pobres sin letrinas, disponen de cantidades insuficientes de alimentos proteinicos y utilizan fuentes de agua que no han sido tratadas. Las mujeres adultas de tales familias estin invariablemente sobrecargadas de trabajo y, a menudo, tienen mala salud debido a embarazos excesivamente frecuentes y a enfermedades end6micas, como paludismo, infecciones de las vias respiratorias, etc. Un estudio reciente, por ejemplo, document6 la utilizaci6n del tiempo de la mujer adulta en una zona de la Provincia Septentrional de Zambia; las mujeres pasan la mayor parte del tiempo de que disponen realizando las faenas dom6sticas o, en segundo lugar, enfermas. El tiempo destinado a la producci6n agrfcola venfa en tercer lugar (Allen, 1984).
Como consecuencia del Decenio Internacional para la Mujer, esos obsticulos se perciben ahora con mis claridad y se discuten ptiblicamente. Sin embargo, este reconocimiento no ha influido todavfa en la planificaci6n nacional del desarrollo de modo que se evalfie con claridad la repercusi6n de todos los planes y proyectos de desarrollo en la condici6n de la mujer. En lugar de esto, se han concebido <> para las mujeres zambianas, las cuales quedan excluidas de la corriente principal de los esfuerzos nacionales de desarrollo. Algunos de estos proyectos para la mujer siguen siendo del tipo dedicado a la economic dom6stica. Sin embargo, cada vez se da mis importancia a proyectos que estimulan a la mujer a obtener ingresos, mediante un incremento de la producci6n agricola y de pequefias empresas, en general <> para la mujer, como la producci6n de tejidos o prendas de vestir. Estos proyectos generadores de ingresos han producido escaso impacto, salvo en las pocas personas que participan en ellos. Como modelo de desarrollo, no pueden extenderse con facilidad a una poblaci6n mis

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amplia, porque las restricciones fundamentales con que tropiezan las mujeres
-falta de tierra, mano de obra, cr6dito, acceso a la informaci6n, carga excesiva de trabajo y mala salud- permanecen inalteradas.


El programa LIMA

El Gobierno de Zambia inici6 el programa LIMA a finales del decenio de 1970. LIMA fue uno de los varios esfuerzos realizados para diversificar la economia, evitando que dependiese excesivamente de las actividades mineras y la exportaci6n del cobre. Debido a las sequfas peri6dicas, a un alto indice de migraci6n de las zonas rurales a las ciudades, a los precios al productor artificialmente bajos para los cultivos comerciales y a una falta general de asignaci6n de recursos para el desarrollo rural, el nivel de producci6n de maiz en el pafs estaba estancado. Unos cuantos agricultores comerciales en gran escala y algunos agricultores progresistas, especialmente de la Provincia Meridional, abastecian a las ciudades de este producto. La mayor parte eran agricultores de subsistencia que no producian excedentes para la venta.
LIMA tenia por objeto mejorar esta situaci6n proporcionando una ayuda t6cnica a los agricultores de subsistencia. Un agricultor que deseara participar en el programa LIMA, podia obtener un pequefio pr6stamo por conducto de un organismo pliblico de cr6dito, para conseguir insumos de semillas de maiz hibrido y fertilizantes. A los extensionistas agricolas se les capacitaba para que ayudaran a los agricultores a medir sus campos incluidos en el programa LIMA, a plantarlos, a aplicar las cantidades necesarias de fertilizantes, etc. El modelo LIMA fue adoptado por varios de los principales pauses donantes que contribuyen al desarrollo rural de Zambia, y lleg6 a ser un elemento importante de los programas de desarrollo rural integrado de la mayor parte de las provincias.
En el momento en que se introdujo el programa LIMA, apenas se reconocia la importancia de la funci6n de la mujer en la producci6n agricola. El mensaje de LIMA se difundi6 por los canales establecidos, de hombre a hombre. En las familias campesinas de parejas casadas, un nuevo campo del programa LIMA destinado a la producci6n de excedentes para el mercado se transform6 en el campo del marido, aunque se utilizaba el trabajo de su mujer, que era realmente esencial para mejorar la agricultura familiar. Se dio por sentado que todos los miembros de una familia se beneficiarian por igual de los ingresos en metilico procedentes de la producci6n de maiz. Como cabezas de familia, los hombres casados tienen el derecho de adoptar decisiones sobre el destino de los ingresos en efectivo.

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Muchas mujeres se percataron de que sus esfuerzos en los campos del programa LIMA de sus maridos, s6lo les producian como beneficio urnos cuantos metros de tela, una vez vendida la cosecha. Un estudio pertinente ha sugerido que la situaci6n nutricional de las mujeres y los niiios es realmente peor, en las zonas donde se ha registrado un desplazamiento importante de una agricultura de subsistencia a sistemas que persiguen un incremento de la producci6n de maiz. Si su atenci6n se aparta de la producci6n de alimentos o si el tiempo limitado de que disponen se divide entre los cultivos alimentarios y los comerciales, obviamente las mujeres no se benefician del programa LIMA.
Para la mayorfa de las mujeres solteras esta situaci6n ni siquiera se ha planteado, puesto que han quedado excluidas en gran medida del programa LIMA. Por ejemplo, una reciente encuesta sobre los participantes en el programa LIMA de la Provincia Nordoccidental lleg6 a la conclusi6n de que el proyecto no era equitativo con las mujeres solteras, fundamentalmente porque no disponian de suficiente mano de obra familiar para trabajar en el programa LIMA y para la agricultura de subsistencia (Oppen, 1983). S61o el 8 por ciento de los agricultores de LIMA entrevistados eran mujeres solteras, aunque 6stas constitufan el 21 por ciento de toda la poblaci6n. Algunas esposas (el 25 por ciento de los cultivadores del programa LIMA) lograron participar, pero se encontraron en desventaja frente a sus maridos, al ser responsables asimismo de la producci6n de subsistencia.
La gran mayorfa de los agricultores de la zona objeto del estudio no participaron en el programa LIMA. Muchas mujeres comunicaron a los entrevistadores que LIMA era un programa << s6lo para hombres >>, y advirtieron que nunca habian sido contactadas con respecto al programa por extensionistas agrfcolas varones.
En la Provincia Septentrional, un programa del tipo LIMA patrocinado por donantes facilita semillas y fertilizantes gratuitos para una temporada agricola a todos los adultos que deseen inciar la producci6n de mafz, a diferencia de los servicios que facilitan pequefios cr6ditos en otros lugares. Aquf, en las aldeas donde se ofrecieron a todos los adultos sanos -hombres y mujeres-iguales oportunidades para cultivar una parcela del programa LIMA, la participaci6n de la mujer ha sido considerable. Aproximadamente el 40 por ciento de los participantes del primer afio fueron mujeres (NORAD, 1982). En afios sucesivos, en que se espera que los participantes compren sus propios insumos, las mujeres normalmente abandonan. Aunque no se ha realizado ning6n estudio sistemitico para averiguar la causa de ello, es probable que se designe a las mujeres casadas para trabajar en los campos de sus maridos, en lugar de en los suyos, sea cual sea la causa y, despu6s del primer afilo

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casi todos los ingresos en efectivo resultantes de este programa agricola vayan a parar a los hombres.
En la Provincia Oriental, el programa LIMA ha formado parte desde hace tiempo de las actividades del programa de desarrollo rural integrado mis antiguo del pafs. Hasta hace poco, toda la atenci6n prestada a <> se concentraba en los clubes femeninos que llevaban a cabo, casi exclusivamente, actividades de economia dom6stica. Sin embargo, durante los dos filtimos afios se estimul6 a esos clubes femeninos a abandonar las labores de costura y a aceptar el programa LIMA, con miras a poder generar pequefios ingresos. Ello no fue una decisi6n political adoptada por el personal del programa de desarrollo rural integrado, sino que reflej6 la opini6n de extensionistas voluntarias expatriadas que trabajan conjuntamente con ese programa. Se facilitaron crdditos especiales a los clubes, convertidos ahora en grupos del programa LIMA, y se moviliz6 al personal de extensi6n para asistirles. Aunque no todas las mujeres tienen tiempo para incorporarse a los clubes, para las que lo hacen, esa actividad cooperativa con otras mujeres es una forma aceptable de hacer algo por si mismas, con mis probabilidades de que el resultado no sea manipulado por sus maridos.
Inicialmente, los grupos LIMA tuvieron mucho 6xito y sus miembros recibian pr6stamos en grupo pero cultivaban la tierra individualmente. Despu6s, el Banco Mundial inici6 el proyecto C y V (Capacitaci6n y Visitas) que lleg6 a Zambia; la Provincia Oriental fue la zona piloto. En el modelo C y V, cada oficial de extensi6n agricola que trabaja a nivel de base, asigna a 7 u 8 agricultores como enlaces y los visita una vez cada 15 dias, comunicindoles el mensaje de extensi6n pertinente para ese perfodo especifico del afio. Ninguno de los extensionistas asign6 a ninguna agricultora como enlace, y los grupos LIMA femeninos existentes se vieron excluidos del asesoramiento de extensi6n. Aunque en el futuro esta situaci6n puede que se corrija localmente, persuadiendo al personal de extensi6n a que incluya a las agricultoras en su lista perfectamente estructurada, el modelo C y V en si representa otro ejemplo de un enfoque t6cnicamente eficaz, destinado al desarrollo agricola, que excluye a las mujeres.


Conclusi6n

Pese a sus buenas intenciones, los programas de desarrollo agricola, como el LIMA y el C y V mejoran la situaci6n econ6mica de un mimero proporcionalmente escaso de campesinas zambianas. El campesinado no es una poblaci6n homog6nea. Las familias cuyo jefe es una mujer representan un gran porcen-

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taje de los hogares rurales y se ven excluidas en gran parte de los programas de desarrollo, que suponen que todas las familias estin dirigidas por hombres. En las familias de parejas casadas, el titulo de propiedad de las tierras y el acceso a los servicios de pr6stamos y extensi6n son monopolizados por los maridos, aun cuando son sus mujeres quienes se encuentran en los campos cuando pasan los extensionistas a cumplir su misi6n. Esta desigualdad basada en el sexo aumenta, en lugar de disminuir, cuando el trabajo de las mujeres se utiliza para obtener cultivos comerciales, a la vez que se las considera responsables de la producci6n de alimentos.
Los recientes proyectos de desarrollo agricola, tales como el programa LIMA, no han abordado la desigualdad basada en el sexo. Donde no tengan igual acceso a las tierras, a la mano de obra, al cr6dito y a la informaci6n, las mujeres evidentemente no podrin producir mis ni para sus familias ni para el pais. Ademis, las que estin dispuestas a intentarlo, no se beneficiardn necesariamente de ello, si debido a su participaci6n en el programa trabajan por encima de su capacidad de resistencia.
S61o ahora se estd empezando a reconocer la aportaci6n de la mujer a la producci6n agricola. Si se parte de la hip6tesis de que las mujeres estdn en condiciones de obtener mis alimentos o cosechas comerciales, sin cambiar las estructuras y las actitudes actuales, se obtendrdn escasos resultados.
Los organismos internacionales que han desempefiado una funci6n de promoci6n de la integraci6n de la mujer en el proceso de desarrollo, hasta ahora han optado por una salida ficil. Reacios a atacar las estructuras y actitudes vigentes, tienden a crear pequefios proyectos especiales para la mujer. En Zambia, por ejemplo, algunos clubes femeninos financiados por organismos de las Naciones Unidas reciben pr6stamos para la producci6n de cultivos comerciales.
Como se trata de proyectos especiales fuertemente subvencionados, algunas mujeres resultan beneficiadas. La mayor parte de ellas son campesinas ligeramente en mejor situaci6n que disponen del tiempo y de la energia necesarios para generar ingresos. Pero la mayoria de las campesinas de Zambia no estin a ese nivel. Todavfa no se dispone de tecnologias apropiadas para permitir.que las mujeres conserven su tiempo y su energia. Los servicios de sanidad rural, aun cuando han mejorado mucho en los filtimos veinte afios, todavia siguen siendo insuficientes. Todos los agricultores se ven obstaculizados por infraestructuras rurales inadecuadas, como las carreteras o los servicios de transporte y la comercializaci6n. Estas cuestiones deben afrontarse conjuntamente con la necesidad de cambiar las estructuras y actitudes, que siguen privando a la mujer de la oportunidad de efectuar una aportaci6n significativa al desarrollo rural.

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De hecho, las campesinas de Zambia ya estin integradas en el desarro11o, pero de manera poco equitativa. Trabajan para que sus familias puedan comer, y su mano de obra se utiliza para obtener cultivos comerciales. El pais las honra como madres, pero no como productoras. La verdadera integraci6n, sobre una base de igualdad, s6lo se logrard cuando se evalfie la repercusi6n de los programas especificos de desarrollo sobre las mujeres, y cuando se distingan sus intereses, en lugar de incluirlos en el marco del campesinado en general. El Decenio Internacional para la Mujer ha logrado abrir el debate sobre estos temas, pero mucho tiempo despu6s de que finalice habri que proseguir un esfuerzo concertado para afrontar las desigualdades actuales.









Referencias

ALLEN, J.M.S. Baseline survey report (1980-82): Chief Mubanga's area. Mpika, Proyecto de 1984 desarrollo rural integrado, Consejo de distrito de Chinsali. CLIFFE, L. Labour migration and peasant differentiation: Zambian experiences. En Deve1979 lopment in Zambia, ed. B. Turok. Londres, ZED Press. COLSON, E. Marriage and the family among the Plateau Tonga of Northern Rhodesia. Man1958 chester, Manchester University Press. KELLER, B. The integration of Zambian women in development. Lusaka, NORAD. 1984
MUNTEMBA, S.M. Women as food producers and suppliers in the twentieth century: the case 1982 of Zambia. En Development dialogue (Uppsala). Ndmero 1/2. NORAD (ORGANISMO NORUEGO DE DESARROLLO INTERNACIONAL). An evaluation of a 1982 village agricultural programme Northern Province, Zambia. Lusaka/Oslo. OPPEN, H.J.V., SHULA, E.C.W. y ALFF, U. 1983 LIMA survey: final report. Frankfurt 1983 (FRG), GTZ.
ROGERS, B. The domestication of women: discrimination in developing societies. Londres, 1980 Tavistock.

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Asistencia a pescaderas en Bangladesh


P. Natpracha y B. Williams




El programa del Golfo de Bengala (BOBP), un proyecto de la FAO financiado por la Oficina Central Sueca para la Ayuda Internacional (SIDA), tiene por objeto mejorar las condiciones de trabajo y de vida de los pescadores en pequefia escala. Esto supone, necesariamente, prestar cierta atenci6n a las mujeres de las aldess pesqueras que, aunque no salen al mar, trabajan activamente en la comercializaci6n del pescado y deben Ilevar adelante su hogar en un ambiente agobiador de extrema pobreza.
A fines de 1981, en la pequefia aldea de Juldia-Shamirpur, situada a 20 km al sur de Chittagong, se inici6 un proyecto piloto Ilamado Actividades de las pescaderas (FWA). La finalidad del proyecto era experimentar y seleccionar mdtodos para ayudar alas pescaderas pobres, en su mayorfa analfabetas, a organizar grupos de trabajo colectivo con el objetivo de mejorar sus condiciones de vida y fortalecer el sentido comunitario.
El proyecto FWA se bas6 en la hip6tesis de que todo desarrollo que sirve para lograr la autosuficiencia debe guiarse por criterios de participaci6n. Esto significa que:
- las actividades no hay que establecerlas de antemano, sino que deben nacer de las ideas que surjan en las conversaciones con los participantes;
- las relaciones de trabajo entre el personal del proyecto y el grupo destinatario deben ser las contrapartes en el desarrollo;
- la actitud bisica del personal del proyecto debe ser de respeto y confianza hacia el grupo destinatario.
Los objetivos concretos del proyecto eran ayudar alas pescaderas a identificar y ejecutar actividades remunerativas y fortalecer su capacidad de mejorar la salud, nutrici6n e higiene familiar.
,C6mo respondieron las mujeres a este enfoque basado en criterios de


La Sra. Patchanee Natpracha es una soci6loga que trabaja en el programa del Golfo de Bengala y particip6 en este proyecto. La Sra. Betty Williams escribe sobre cuestiones de desarrollo.

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participaci6n? LHubo signos positivos de mejoramiento de las condiciones de vida? LCudles fueron los problemas que hubo que superar? ZQu6 debe hacerse para garantizar la continuidad de los resultados conseguidos en un proyecto de pequefia escala como 6ste, una vez que el organismo de ejecuci6n se retira? A continuaci6n se expone una evaluaci6n hecha por la soci6loga del BOBP que dirigi6 el proyecto.


Las mujeres de Juldia-Shamirpur y sus familias

El proyecto emprendi6 un estudio para reunir informaci6n sobre las condiciones de vida de los pescadores marinos de Juldia-Shamirpur, que se bas6 inicialmente en entrevistas y datos disponibles. Una vez iniciado el proyecto, se observaron durante un afio las actividades cotidianas de ocho familias seleccionadas, de diferentes niveles socioecon6micos. Ello permiti6 conocer mejor a los pescadores, sus creencias, costumbres, conductas, sentimientos y actitudes.
Las 114 unidades familiares de pescadores del grupo destinatario son hindies y viven en un pequefio enclave de la aldea, en medio de comerciantes y agricultores musulmanes. El 67,5 por ciento es muy pobre y su inica posesi6n es la choza en que vive. Los ingresos proceden del trabajo realizado en los barcos de pesca y de la comercializaci6n del pescado.
En el momento de realizarse el estudio 62 personas trabajaban en la comercializaci6n del pescado en pequefia escala; de 6stas, 43 eran mujeres, de las cuales 21 viudas. La venta de pescado es un trabajo agotador. Hay que esperar en el embarcadero a que lleguen los barcos, negociar la compra de un lote de pescado, y cargarlo luego sobre la cabeza para venderlo en el mercado local o las ciudades cercanas, yendo puerta por puerta. La vida de las pescaderas de Juldia-Shamirpur es particularmente dura, ya que desde hace poco tiempo, los barcos ya no atracan cerca de la aldea sino en Chittagong. Ello significa que las mujeres que hacen este trabajo deben recorrer 20 km hasta el embarcadero en transbordador, autobis y rickshaw, para esperar a los barcos que Ilegan a las dos de la madrugada y a las dos de la tarde. Estas mujeres duermen varias noches a la semana en la acera, cerca del muelle.
La deuda y los altos tipos de interns son una carga aplastante para esta gente. Si han tenido un dia sin ganancia, tienen que pedir dinero prestado para comprar mis pescado; durante la temporada baja de pesca, cuando no hay trabajo de pe6n en los barcos y el pescado para vender es escaso, la gente debe pedir pr6stamos para dar de comer a su familia. El tipo de interns que exigen los prestamistas puede elevarse hasta el 2 por ciento diario. En el

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momento de realizarse el estudio, el 62 por ciento de las familias estaban endeudadas y el 35 por ciento no tenia deudas, pero tampoco ahorros.
No es de sorprender que las mediciones antropomdtricas realizadas en 95 niflos menores de cinco afios, en Juldia-Sharmipur, revelaran que s6lo el 6 por ciento tenia un nivel nutricional normal, en tanto que el 23 por ciento sufria de malnutrici6n aguda (de tercer grado) y el resto estaba subalimentado en mayor o menor medida. Se trata de una de las peores situaciones nutricionales de Bangladesh.
Se entrevist6 a 40 personas, una muestra representativa de los distintos niveles econ6micos, a fin de conocer su apreciaci6n de la situaci6n. Un fen6meno que llam6 la atenci6n fue que todos consideraban que la situaci6n de la aldea se habia deteriorado en los tiltimos afios. Casi todas las razones dadas para justificar el empeoramiento eran de orden econ6mico; no podian ni siquiera permitirse dos comidas diarias, habian perdido el embarcadero de la aldea, tenian menos oportunidades de empleo, etc. Ello puede deberse en parte a las presiones demogrificas sobre los limitados recursos. Sin embargo, otro factor puede ser la modernizaci6n de la comunidad mayor y de la tecnologfa pesquera; los pescadores pobres de la aldea no cuentan con medios para poder competir, y sus prdcticas tradicionales de pesca y comercializaci6n los relegan a una posici6n social cada vez mis marginal.


Estructura del proyecto

La estructura del proyecto era sencilla. Dos trabajadoras de campo, establecidas en Chittagong, pero que viajaban a la aldea en dias alternos, se ocuparon de la direcci6n general de los diversos aspectos de las actividades del proyecto. Aunque tenian una formaci6n adecuada, estas dos j6venes necesitaban capacitarse en el terreno y aprender la aplicaci6n prIctica del m6todo de participaci6n con las campesinas.
Como posible actividad remunerativa que permitiera el trabajo en comin, se identific6 la fabricaci6n de redes. Se invit6 a las mujeres de la comunidad a reunirse para estudiar esa idea. Tras largas deliberaciones, unas 30 mujeres se mostraron de acuerdo en probar esa soluci6n, para lo cual se les sugiri6 que formaran pequefios grupos de cinco o seis mienibros. Cada grupo eligi6 a uno de sus miembros para que actuara de coordinadora; generalmente una mujer que disponia de tiempo para dedicarse a ese trabajo. Cada una de las coordinadoras recibia un pequefio salario mensual que oscilaba entre 100 y 250 T (25 T = 1 d6lar EE.UU. aproximadamente), seg6in fuera su rendimiento en esta actividad de dedicaci6n parcial. En mayo de 1985, se

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lleg6 a reunir 178 mujeres que se organizaron en 13 grupos con nueve coordinadoras. Se prev6 que mis adelante cada coordinadora podri ocuparse de dos grupos FWA de 15 miembros cada uno.
Tambi6n surgieron en cada grupo auxiliares voluntarios que se ocuparon de tareas como la ensefianza de cuestiones de atenci6n primaria de la salud, por las cuales recibieron un sueldo mensual. Cuando algunas coordinadoras empezaron a trabajar en una fAbrica de prendas de vestir recientemente abierta, las auxiliares voluntarias ocuparon su lugar. Las coordinadoras y las auxiliares, que recibieron en todos los casos algtin tipo de capacitaci6n y desarrollaron sus aptitudes organizativas, constituyen ahora un recurso human valioso dentro de la aldea.
Por filtimo, uno de los principios fundamentales del proyecto fue el de utilizar los recursos locales para obtener los insumos necesarios, como por ejemplo, la capacitaci6n. Trece organismos u organizaciones de distinta indole prestaron ayuda en alguna de las etapas del proyecto piloto. De especial importancia fue la ayuda prestada por el Comit6 de Fomento Rural de Bangladesh (BRAC) para la capacitaci6n de trabajadoras de campo y/o coordinadoras y auxiliares voluntarias; por CONCERN, una organizaci6n de voluntarios de origen irland6s, para la atenci6n preventiva de la salud; por el Banco Grameen, para su programa de cr6ditos, y por el Instituto de Nutrici6n y Ciencias de la Alimentaci6n de la Universidad de Dhaka, en materia de salud y nutrici6n.


Actividades de los grupos FWA

Los estudios del proyecto revelaron que la deuda era el obsticulo mis constante y destructor en la vida de estas mujeres. La clave para ayudarles a recobrar un poco de autonomfa sobre sus vidas, era romper el vinculo de dependencia con los prestamistas usureros. Por lo tanto, el proyecto puso a disposici6n de los miembros de los grupos pequefios pr6stamos sin intereses de 50 a 300 T, para invertirlos en actividades remunerativas. Se estimul6 a las mujeres a que, ademis de pagar los pr6stamos, ahorraran un 10 por ciento de sus ganancias, para reunir fondos que pudieran invertir en otras actividades econ6micas o utilizar en casos de emergencia.
En general, las mujeres sabian fabricar redes, pero no tenian gran destreza, por lo que se les capacit6 en los m6todos prdcticos de fabricar un tipo de red de arrastre, cuya demanda excede la oferta en esa regi6n. Pronto, en muchas chozas, pudo verse a las familias reunidas en un rinc6n fabricando redes.

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ASISTENCIA A PESCADERAS EN BANGLADESH )1

Ademis de la fabricaci6n de redes, las mujeres decidieron invertir en actividades que ya habfan practicado cuando disponian de los medios necesarios; crfa de gallinas para la producci6n de huevos y carne, cria de patos para obtener huevos, y de cabras para carne, asf como secado y venta de pescado. Antes de concederles pr6stamos para estas actividades, se organizaron debates para ayudar a las mujeres a considerar los problemas que podrian surgir y la forma de superarlos, las ganancias probables y la forma rdpida de obtener el pr6stamo.
Todas esas actividades resultaron rentables. Ciento sesenta y cuatro miembros del FWA trabajaron en la fabricaci6n de redes. En junio de 1985, se habian fabricado 392 redes y las mujeres habian obtenido una ganancia total de 63 918 T (2 567 d6ares EE.UU.). Aunque los pr6stamos se hicieron de buena fe, sin establecer un plan de amortizaci6n, en abril de 1985 se habfa reembolsado el 62 por ciento del valor total de los pr6stamos, y todas habian devuelto una parte de su pr6stamo. Ademis, la mayoria de los miembros del FWA habia logrado ahorrar unos 100 T. El total de ahorros era de 16 350 T.
Dos de las actividades del proyecto fracasaron. En una, se distribuyeron dos especies de irboles frutales, guayabo y cocotero a 75 miembros para que los plantaran, pero el ganado se comi6 la mayor parte. La otra actividad, y significativamente 6sta fue la inica no sugerida por las mujeres, consisti6 en alquilar e instalar un criadero de peces. La falta de experiencia, la incapacidad en materia de gesti6n, y el poco inter6s de los pescadores fueron las causas probables de este fracaso.
Una vez que las actividades generadoras de ingresos estuvieron bien afirmadas y se establecieron relaciones de creciente respeto y confianza entre las trabajadoras de campo, las coordinadoras y los miembros de los grupos, las mujeres comenzaron a examinar otros aspectos de sus condiciones de vida, especialmente la salud. Despu6s de haber recibido capacitaci6n de CONCERN, las coordinadoras y las auxiliares dedicaron de tres a ocho meses en capacitar grupos del FWA sobre 16 aspectos de la atenci6n preventiva de la salud, desde higiene ambiental hasta atenci6n prenatal.
Mis tarde, a principios de 1984, el proyecto estableci6 acuerdos con el Instituto de Nutrici6n y Ciencias de la Alimentaci6n de la Universidad de Dhaka para que enviara un equipo de cinco personas a capacitar al personal del proyecto y a las mujeres de la aldea en materia de salud y nutrici6n. La capacitaci6n incluy6 clases de cocina en que se introdujo una planta silvestre de alto valor nutritivo que crecia en abundancia cerca de la aldea, pero que habitualmente no se coma. Sin embargo, se observ6 que muy pocas de las mujeres que participaron en estas clases aplicaron sus nuevos conocimientos de nutrici6n en la preparaci6n de las comidas o utilizaron la planta silvestre.

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P. NATPRACHA Y B. WILLIAMS


Para cambiar hibitos antiguos de preparaci6n y consumo se requiere reforzar constantemente las nuevas prdcticas. En consecuencia, las coordinadoras y los miembros del FWA siguen cocinando juntos y analizando las dificultades y los problemas que les impiden aplicar sus nuevos conocimientos.
Por 6ltimo, como la aldea estd superpoblada y las chozas son muy pequefias, habia una imperiosa necesidad de disponer de una sala comunal para celebrar las reuniones de los grupos del FWA, instalar las oficinas de las trabajadoras de campo y almacenar los hilos y las redes. Despu6s que un comerciante musulmin, una personalidad sumamente respetada de la aldea, don6 un terreno, el BOBP proporcion6 los fondos para la construcci6n de la sala comunal. Las mujeres esperan ahora que pueda utilizarse como centro de atenci6n diurna, si se puede capacitar al personal para atenderlo.


Transferencia del proyecto piloto

Dado que el apoyo del BOBP para el proyecto piloto terminaba en junio de 1985, el personal del proyecto dedic6 considerable tiempo a identificar un organismo local que continuara la labor, aprovechando el personal ya capacitado y la estructura existente, y ampliando las actividades del proyecto FWA a otras aldeas cercanas. Al final, Nijera Kori (NK), una organizaci6n popular conocida por su labor comunitaria y su interns sobre todo en el desarrollo de los recursos humanos, visit6 la aldea, habl6 con miembros del FWA y convino en continuar la supervisi6n de los trabajos.
El segundo insumo necesario -un crddito que estuviera al alcance de las mujeres- serd suministrado por el Banco Grameen, que abrird una sucursal muy cerca de la aldea. Este banco es uno de los principles logros de Bangladesh en la esfera del desarrollo rural, porque concede pequefios pr6stamos a bajo inter6s a personas pobres para invertir en actividades generadoras de ingresos.
De este modo, parece casi asegurada la continuaci6n de este pequefio esfuerzo por mejorar las con'diciones de vida de las familias de pescadores.



ZQuB ensefiia el proyecto piloto FWA?

Hay algunos aspectos de la experiencia obtenida durante ese proyecto piloto a corto plazo, relacionado con las pescaderas pobres de una pequefia aldea de Bangladesh, que pueden tener una aplicaci6n mis amplia.

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ASISTENCIA A PESCADERAS EN BANGLADESH 53

El enfoque de laparticipaci6n crea una mayor autosuficiencia. Cuando se inici6 el proyecto, las dos trabajadoras de campo inexpertas procedieron como si fueran asistentes sociales, y las mujeres consideraron el proyecto como un programa de beneficencia. La atm6sfera de confianza en que las trabajadoras de campo y las participantes trabajaran juntas en condiciones de igualdad no se logr6 hasta que:

- se lleg6 a comprender las condiciones de vida y las creencias de los pescadores mediante observaci6n directa durante el trabajo en comtin, y no solamente a partir de los datos socioecon6micos sobre la comunidad que se habian reunido inicialmente;

- se pudo entablar un debate conjunto sobre cada una de las actividades propuestas, y los miembros de los grupos comprendieron que se trataba s6lo de un > en el que podian o no tomar parte;

- se capacit6 al personal del proyecto para que escuchara a las mujeres, aprendiera de ellas y las ayudara a reflexionar sobre sus experiencias, identificar problemas y buscar formas de superarlos.

Cuando las mujeres se dieron cuenta de que se las consultaba, y que sus ideas y aptitudes se consideraban importantes, empezaron gradualmente a manifestar una mayor autoconfianza y su actitud fue mds positiva. En todos los esfuerzos de desarrollo deberia proponerse como objetivo crear la capacidad de afrontar los problemas evitando toda dependencia.

Las actividades delproyecto deben satisfacer las necesidades bisicas de los participantes. Cuando los participantes viven en condiciones de extrema pobreza, el punto de mira del trabajo en comtin y de la ayuda que se les preste para que aprendan formas de gesti6n mejores, debe orientarse alas actividades generadoras de ingresos o a alguna actividad que aporte mis comida al hogar. Tambi6n, un rasgo positivo de este proyecto es que sus actividades prActicamente no aumentaron el volumen de trabajo de las mujeres, ya sobrecargadas, sino que, por el contrario, actividades como la fabricaci6n de redes y la cria de animales pudieron compartirse con maridos e hijos.

El cridito es esencial para las mujeres pobres. Las pescaderas dependian completamente de los prestamistas usureros para su supervivencia. Los pequefios pr6stamos que concedi6 el proyecto fueron decisivos para romper ese vinculo pernicioso. Sin este componente de cr6dito, el proyecto habria

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sido dificil o imposible. Ademis, a pesar de su pobreza, las mujeres se mostraron muy escrupulosas en la devoluci6n de los prdstamos.

Deben aprovecharse yfortalecerse las capacidades del lugar. El empleo de mujeres j6venes de la aldea como auxiliares, no s6lo aument6 la atm6sfera de participaci6n del proyecto FWA, sino que tambidn cre6 valiosas aptitudes directivas dentro de la comunidad. Fue importante contar con la ayuda de organismos que trabajan en la regi6n, porque conocian la situaci6n mejor que los consultores que venian del exterior, y en el futuro su participaci6n puede ser esencial.
Elproyecto ha de encuadrarse en el contexto mds amplio del desarrollo.
Cuando se inici6 el proyecto FWA se esperaba que el Departamento de Pesquerias Marinas continuara las actividades una vez que el BOBP hubiera terminado. Sin embargo, el Departamento carecia de la infraestructura orgdnica para apoyar al proyecto, y los encargados de la formulaci6n de politicas estaban interesados en mejorar las tecnologias pesqueras, mAs que las condiciones de vida de los pescadores. Los organismos de asistencia que emprenden proyectos piloto deben asegurarse desde el comienzo de que haya una estructura de apoyo que permita seguir las actividades; debe mantenerse un constante didlogo entre los funcionarios responsables del gobierno y del organismo de asistencia sobre los conceptos de desarrollo en que se funda el proyecto y los recursos necesarios para continuar y ampliar las actividades del proyecto si los m6todos utilizados han resultado satisfactorios.
Existe un vinculo importante entre el desarrollo humano y la transferencia de tecnologia, que con demasiada frecuencia se deja de lado. Es esencial que los organismos de asistencia ayuden a los encargados de la formulaci6n de politicas del pafs, a comprender el caricter prioritario de la necesidad de desarrollar los recursos humanos a fin de que el insumo tecnol6gico se acepte y utilice en la mayor medida posible. Son, con frecuencia, los propios organismos de asistencia los que no suelen comprender la importancia de este vinculo.
Hay que prever un plazo razonable para que elproyecto logre su cometido. A los proyectos piloto destinados al desarrollo de recursos humanos hay que conceder un plazo suficiente para desarrollar las aptitudes de los participantes y lograr un cierto 6xito en el mejoramiento de la comunidad. Un proyecto que termina despu6s de haber ensayado ciertos m6todos puede parecer explotador a los ojos de los patticpates. Si el patrocinador inicial no puede continuar el proyecto, debe asegurarse de que otro organismo de apoyo asuma la responsabilidad.

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Campesinas realizan actividades de comercializacion:
un proyecto de cria de cerdos en Filipinas


A. Mutioz



Soy Simeona Azores. Tengo ya 56 afios pero me mantengo llena de salud y energia. Abandon los estudios cuando estaba en la escuela secundaria. Mis seis hijos estin ya casados. Desde que enviud6 en 1978, he redoblado mis esfuerzos para ganarme la vida y ayudar a mis hijos en el cuidado de mis nietos; algunos de 6stos frecuentan la escuela primaria del pueblo, y otros estin ya en la secundaria. Mis actividades diarias van de los quehaceres de la casa a la venta de pescado, y del cuidado de los animales al trabajo en los arrozales.
Para comenzar, les dir6 algo sobre mi pueblo. Se encuentra a 12 kil6metros de Naga y a 27 del aeropuerto de esa ciudad. Santo Domingo, que por ser ilano esti sujeto a inundaciones, consta de una sola calle -6nica via de acceso y de salida- donde vive toda la comunidad del barangay. 1
Los terrenos que pertenecen al pueblo tienen una superficie de 435 hectireas y comprenden 202 hectreas de arrozales y 5 hectireas en que se han plantado cocoteros. El resto son pantanos y cidnagas.
Santo Domingo, que es el barangay mis deprimido del municipio de Bombon, se encuentra muy cerca del rio Bicol y de la bahia de San Miguel. A ello se debe, probablemente, que el agua salada entre al barangay por los canales de desviaci6n. Durante los meses lluviosos, el rio se desborda, pues el avenamiento es deficiente. Ademis, los pantanos que se encuentran en la orilla izquierda sirven de madriguera a roedores que atacan los cultivos durante ciertos meses del afio. Por el momento, no existe un sistema de riego y avenamiento, pero se esti construyendo uno en virtud de un programa de desarrollo integrado de la zona y dentro del marco del proyecto de desarrollo del rio Bicol. Los beneficios de ese proyecto se hicieron sentir desde 1985.


De Six case studies of rural women's activities in marketing, presentado por la Sra. Angelina Mufioz, Subsecretaria del Ministerio de Reforma Agraria de Filipinas.
1 La unidad administrativa mis pequefia de Filipinas. Antes se lamaba barrio.

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56 A. MUNOZ

La gente de Santo Domingo es, en general, pobre. Existen dos tipos de familias en la zona: el 77 por ciento de ellas (105 familias) son campesinas y el 23 por ciento (31 familias) trabajan en otras actividades. S61o tres de las 129 casas se han construido con materiales semipermanentes; las demis estin hechas de materiales ligeros, como bambdi, madera y paja.
La poblaci6n de Santo Domingo asciende a 987 personas, con un promedio de 7,3 miembros por familia. El ingreso medio anual es de 1 375 pesos (183,33 d6lares EE.UU.) y se sitia muy por debajo del ingreso nacional medio por familia, que es de 3 736 pesos (498,14 d6lares).
En 1976 no habia en Santo Domingo ni un agricultor que fuera propietario de la tierra. La mayoria eran arrendatarios o braceros. Anteriormente, algunos de ellos tenfan tierras, pero tras varios afios de malas cosechas debidas a inundaciones, tifones, plagas y sequfas y a haber perdido el animal de trabajo que posefan (bdifalo de agua), se vieron obligados a renunciar a sus parcelas. Sin embargo, los mis decididos continuaron trabajando como arrendatarios, hasta hace muy poco, cuando pudieron comprar tierras durante la reforma agraria.
La situaci6n de los agricultores es muy mala debido a la falta de un sistema adecuado de riego y avenamiento. A ello se debe que algunos no puedan escapar a las garras de la pobreza. Pese a que anteriormente el Gobierno les habia suministrado cr6ditos, los efectos de las catistrofes naturales fueron tan destructivos que no s6lo no pudieron mejorar su situaci6n sino que, por el contrario, se endeudaron en mayor medida y por muchos afios. Ninguna instituci6n bancaria, sea privada o gubernamental (salvo, filtimamente, el Banco de Tierras de Filipinas, en el dmbito del Programa de Desarrollo de los Pequefios Agricultores) concederd un pr6stamo a un agricultor de Santo Domingo sin las necesarias garantias.
Despu6s de haber terminado las faenas agricolas, algunos pequefios agricultores se dedican tradicionalmente a la fabricaci6n de tejas que venden a raz6n de 6 pesos cada cien piezas. La mayoria de los miembros de la familia, y en particular las mujeres, participan en ese trabajo. La pesca es otra de las actividades secundarias generadoras de ingresos.
Al igual que muchos otros barangay de Filipinas, el nuestro cuenta actualmente con los siguientes servicios:

* dos locales escolares de tres piezas cada uno, en los que se imparte ensefianza primaria completa
* una capilla cat6lica
* una bomba de agua en el recinto de la escuela, que abastece de agua potable a los nifios y a las familias vecinas

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CAMPESINAS REALIZAN ACTIVIDADES DE COMERCIALIZACION 3 /

* un sistema de distribuci6n de agua que depende de las autoridades municipales
* una visita cada quince dias de la unidad sanitaria rural
* una tapiceria, de un miembro de un GPPAC2
* un proyecto generador de ingresos realizado por un grupo de campesinas
* una herreria integrada en un GPPAC y establecida en el proyecto del PCT
de la FAO3
* una tienda de muebles
* retretes con agua corriente en muchas casas
* cinco refrigeradores, un televisor y radios de transistores en algunas casas
* siete tiendas de sar-sari
* canchas de baloncesto y de voleibol
* corriente el6ctrica en casi todas las casas
* tres motocultivadores, dos de ellos pertenecientes a miembros del
GPPAC, y una trilladora, que se pueden alquilar
* un grupo especial de acci6n para la preparaci6n de las tierras en el que participan diez miembros del GPPAC.


Tipos de ayuda que suministran los servicios gubernamentales

Personal de cuatro ministerios y tres oficinas del Gobierno visita frecuentemente el barangay de Santo Domingo con el fin de proporcionar servicios relacionados con la agricultura, la reforma agraria, la salud y la ganaderfa.
En 1973, durante la fase I del programa Masagana 99, la mayoria de los agricultores de Santo Domingo obtuvieron pr6stamos para la producci6n de arroz. Cuando lleg6 el momento de reembolsarlos, s6lo el 15 por ciento de los agricultores pudo hacer frente a sus obligaciones, pues el tif6n habia destruido las cosechas. El restante 85 por ciento pudo saldar sus cuentas con el banco s6lo en cuatro o cinco afios mis.
Se dieron nuevos pr6stamos s6lo a los que habian pagado sus deudas. Existen agricultores en Santo Domingo que, hasta la fecha, no han terminado de pagar los prdstamos para la producci6n concedidos en la fase I del programa Masagana 99 que, por lo demis, ha sido la primera y tiltima. Hoy en

2 Grupo de producci6n de pequefios agricultores y campesinos, en el marco del Programa de Desarrollo de los Pequefios Agricultores.
3 Este proyecto del Programa de Cooperaci6n T6cnica de la FAO (PCT) ha proporcionado capacitaci6n a herreros y carpinteros y ha facilitado asistencia para la instalaci6n de talleres artesanos. El proyecto estd integrado en el Programa de Desarrollo de los Pequefios Agricultores.

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')8 A. MUIOZ

dia, los agricultores de Santo Domingo que desean obtener cr6ditos deben contar con las garantias necesarias.
Bajo la actual administraci6n del Ministerio de Reforma Agraria, los beneficiarios de la reforma pueden utilizar el certificado de transferencia de tierra (CTT) que se les extiende como garantfa para obtener pr6stamos de producci6n. Pero, desgraciadamente, el incendio que caus6 dafios en la capital provincial de Camarines Sur en marzo de 1976, alcanz6 a la oficina de registro de escrituras destruyendo, entre otros papeles relacionados con la operaci6n de transferencia de tierras, los documentos de los beneficiarios de Santo Domingo. Es necesario, pues, reconstituirlos.
Que yo recuerde, el Grupo de producci6n de pequefios agricultores y campesinos es el dinico proyecto estatal que ha tenido 6xito y ha prosperado en Santo Domingo. Se iniciaron muchos otros proyectos en la comunidad, pero no duraron mis de dos o tres afios. Cuando, en 1976, comenz6 este programa, muchas personas se entusiasmaron por 61. Se formaron muchfsimos grupos pero s6lo siete Ilegaron a organizarse. Quienes deseaban participar en uno de ellos debfan asistir a una serie de seminarios sobre diferentes aspectos de la agricultura, como producci6n agricola, cria de ganado y de aves de corral, administraci6n de explotaciones agricolas, planificaci6n, elaboraci6n de presupuestos, contabilidad, etc. Yo fui una de las que particip6 en el seminario sobre cria de ganado.
Lamentablemente, la ilegada de los fondos para sostener el proyecto de pequefios agricultores se retras6 y ello min6 un poco la confianza en los posibles participantes. En algunos casos, los grupos se deshicieron pero no por eso se detuvo el programa. Los responsables de los GPPAC se dedicaron de nuevo a reorganizarlos e iniciaron proyectos de autoayuda, como la fabricaci6n de pugones 4 y de tejas, ensayos de cultivo de variedades de arroz resistentes a suelos salinos, la crfa de cerdos y otras actividades.
En 1979, cuando los tan esperados fondos llegaron finalmente, se concedi6 prioridad a aquellas personas que ya formaban parte de un grupo organizado. Asi tuve yo la oportunidad de convertirme en lo que actualmente soy.
Antes de ser una experta en la cria de cerdos, por muchos afios me dediqu6 a la venta de pescado. Era el iinico trabajo que podia realizar para poder ayudar a mi esposo enfermo. Fue a partir de ese negocio que se me ocurri6 criar cerdos, pues, cuando el pescado es muy abundante, el de calidad inferior no se vende sino que se tira. Cada dia llevaba yo a casa los desperdicios


4 Hornillo para cocinar inventado por uno de los miembros y fabricado con materiales producidos en el pueblo.

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CAMPESINAS REALIZAN ACTIVIDADES DE COMERCIALIZACION


y los daba a mis cerdos. Sin embargo, no me fue bien. Trat6 de nuevo y me puse a criar gallinas con mi hija, pero se me murieron. Me dije que no habia nacido para criar cerdos o que, tal vez, necesitaba mis experiencia.
Afortunadamente, a principios de 1976, dentro del marco del Programa de Desarrollo de los Pequefios Agricultores y bajo la direcci6n del Ministerio de Reforma Agraria, se organizaron Grupos de producci6n de pequefios agricultores y campesinos. Los beneficiarios y futuros miembros de los grupos del programa asistieron a una serie de seminarios sobre planificaci6n agricola, elaboraci6n de presupuestos, contabilidad y producci6n ganadera y de aves de corral. En estos filtimos se dio especial importancia a la cria de cerdos, a los piensos y a la alimentaci6n de los animales. Como me habia dado cuenta de que lo finico que me faltaba para tener 6xito en la cria de cerdos era un curso de capacitaci6n, asisti a los mencionados seminarios. Era la primera vez en mi vida que hacia algo parecido. Qued6 muy satisfecha, pues no s61o las clases eran gratuitas sino tambi6n los materiales y las comidas. Ademis se proporcionaron alimentos y medicamentos para animales a las personas que iban a comenzar sus proyectos inmediatamente despu6s de los cursos.
Comenc6 el proyecto con un cerdito, mi experiencia personal en cria de cerdos y los nuevos conocimientos adquiridos en los cursos de capacitaci6n. El cerdito, que pude comprar gracias a la ayuda de mis hijas, que deseaban que comenzara sobre la mejor base posible, era de calidad superior. Aproximadamente un afio despu6s era ya duefia de una marrana plenamente productiva y de otras siete listas para la producci6n. La marrana creci6 mis de lo que habia previsto. Cuando pari6 por segunda vez, pesaba alrededor de 260 kilos, lo que hacia de ella la marrana mis gorda de todo el municipio y tambi6n la mis grande que habia criado yo. Antes de que la vendiera como reproductora, me dio 62 hermosos lechones en seis lechigadas.
Por entonces, el Banco de Tierras de Filipinas nos concedi6 el prdstamo que habiamos solicitado. Poco despu6s, comenzamos la construcci6n de corrales para cerdos con el sistema bayanihan.5 Mientras los otros miembros del GPPAC estaban ain iniciando sus proyectos, el mfo estaba ya en fase de expansi6n. La ayuda de los demis miembros del grupo hizo que yo ahorrara mucho dinero, pues no tuve que contratar mano de obra.
El pr6stamo me permiti6 comprar mis corrales y piensos para producir animales de calidad. Dado que mi capital era muy limitado, lo mejor que podia hacer era limitar tambi6n el nfimero de animales, para no comprometer el proyecto. Recordaba que en los cursos de capacitaci6n se nos decia que


5 Ayuda mutua entre amigos y vecinos del barangay.

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A. MUlOZ


el 75 por ciento del capital total se iba en la alimentaci6n de los animales. Por tanto, para lograr que el costo de producci6n fuera lo mis bajo posible, yo misma preparaba los alimentos mezclando los ingredientes que, habitualmente, consegufa en el mercado. Por otra parte, entregaba cerditos a campesinas y amas de casa interesadas, dejando establecido que el 50 por ciento de las ganancias y del nimero de cerditos seria para ellas. Hice este arreglo con veinte mujeres en un radio de 40 kil6metros.
Tengo siempre presente que la comercializaci6n es muy importante en la actividad que realizo. Muchas veces he visto intermediarios que se aprovechaban de pequefios productores como yo. Desde hace alg6in tiempo no hacemos negocios con ellos. Nos dirigimos a mayoristas de Manila o tratamos directamente con compradores locales, cuyos precios no son muy distintos de los que rigen en la ciudad de Naga.
Con el fin de obtener el precio mis alto posible, habitualmente incito a las amas de casa, agricultores y miembros del GPPAC a que se unan conmigo para la venta de sus cerdos. A veces, los ofrecemos a los principales tratantes durante los meses de mayor demanda. De esta manera se obtienen precios mis altos ymis uniformes, independientemente del peso de cada animal que, normalmente, es una de las bases principales para clasificar los cerdos.
Con los ingresos generados por este proyecto y por otras actividades afines he podido construirme una casa mucho mejor que la anterior, que estaba hecha de materiales ligeros. He comprado, ademis, un reloj de pared, una radio y un pequefio refrigerador. Estos son los trofeos de mis sacrificios y los recuerdos de la actividad emprendida con la ayuda del proyecto. Si bien es verdad que he ganado dinero con la cria de cerdos, debo ain alcanzar la meta que me he fijado y que consiste en tener una porqueriza. Esto significa para mi el camino hacia la independencia. Traeri consigo mis problemas y mis sacrificios, pero 6stos son necesarios y se convierten luego en fuente de satisfacciones sociales y econ6micas. En nuestra ciudad, algunos tienen una visi6n muy materialista de las cosas, y descuidan ciertas obligaciones sociales necesarias para crear fuentes de ingresos destinados a mejorar el nivel de vida de nuestras familias. Reconocemos, por otra parte, que no es ficil llevar adelante un proyecto.
Mi situaci6n econ6mica actual seria mucho mejor si no fuera por la enfermedad que, en 1981, mat6 a 14 lechones seleccionados, valorados en 4 200 pesos, a tres futuras reproductoras que costaban 4 500 pesos y a una marrana prefiiada cuyo valor era de 2 300 pesos. Esta p6rdida me caus6 una gran depresi6n y tard6 algin tiempo en recuperarme. Tom6 el asunto como un desaffo y di pruebas de que merecia el titulo de experta en la cria de cerdos, que es como me llaman ahora mis amigos.

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Fiji: capacitacion de mujeres en actividades lucrativas


M. Kroon




Fiji estd formada por 800 islas ubicadas en el Pacifico sudoccidental, de las cuales unas cien se encuentran deshabitadas. Segfn estimaciones efectuadas en 1983, la poblaci6n ascendia a 677 481 habitantes, siendo 304 575 nativos de Fiji, 339 456 de origen hindd, y una pequefia proporci6n de proveniencia europea, china y de otras islas del Pacifico. La mayor parte de la poblaci6n, especialmente los nativos, viven todavia en las zonas rurales, donde la agricultura, tanto comercial como de subsistencia, constituye su principal medio de vida. Al igual que muchos otros pauses del Pacffico, la falta de oportunidades de empleo para los egresados escolares y para las mujeres es un problema que se agudiza ripidamente. Siendo fundamentalmente una economic agricola, se estd reconociendo la importancia del desarrollo rural, especialmente en lo que respecta a la creaci6n de posibilidades de autoempleo, campo en que la contribuci6n de la mujer no debe ser subestimada.
A diferencia de la mayor parte de los pauses del Tercer Mundo, Fiji no padece de niveles de pobreza aguda. Muchos habitantes de las zonas rurales viven ain en un nivel de semisubsistencia, aunque la necesidad de dinero comienza a sentirse en forma creciente. Si bien la contribuci6n de las mujeres a la economia de subsistencia es evidente, no siempre se reconoce su participaci6n en las actividades monetarias, que sin embargo puede ser sustancial, como lo demuestran las peticiones de fondos para consejos provinciales, escuelas e iglesias.
En general, se puede afirmar que las mujeres realizan actividades monetarias cuando sienten la necesidad, por lo que en su mayor parte se trata de trabajos de caricter ocasional que se realizan aprovechando los recursos naturales y empleando t6cnicas tradicionales. Sin embargo, la situaci6n esti cambiando rpidamente y la necesidad de dinero se esti tornando regular y casi diaria. Aunque las mujeres se las ingenian para ganar algo de dinero con

La Sra. Marjan Kroon es una experta que estd trabajando An Fiji para el proyecto OIT/ UNVFDW de educaci6n de adultos y capacitaci6n de campesinas.

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M. KROON


sus actividades ocasionales, las circunstancias se presentan completamente diferentes cuando se trata de generar ingresos en forma mis regular y planificada.
En los iltimos afios, el Gobierno y algunos organismos no gubernamentales han organizado varios programas para ayudar a las mujeres j6venes y adultas a desarrollar actividades que les permitan generar ingresos. Sin embargo, la mayoria de esos programas se centran en la ensefianza de oficios manuales, como artesania, sastreria y servicios de comidas. Dificilmente se tienen en cuenta las t6cnicas administrativas bdsicas ni lo que se requiere para que una actividad generadora de ingresos tenga 6xito, por la simple raz6n de que la mayor parte de los encargados de la capacitaci6n carecen de formaci6n previa en este campo y de experiencia personal como empresarios.
El Proyecto Organizaci6n Internacional del Trabajo (OIT/Fondo voluntario de las Naciones Unidas para el decenio de la mujer (UNVFDW) de educaci6n de adultos y capacitaci6n de campesinas tiene por objeto capacitar a las asistentes de promoci6n femenina y a los profesores de oficios en t6cnicas empresariales bAsicas para fomentar asf el autoempleo entre las mujeres. Las asistentes de promoci6n femenina son extensionistas que se ocupan de grupos de mujeres, mientras los profesores de oficios actdan como instructores en un programa de ensefianza de oficios para mujeres j6venes. El proyecto se concentra en estos dos programas, que abarcan grupos de edades diferentes, con necesidades y exigencias diversas.
El proyecto se realiza en coordinaci6n con la Secci6n de Ensefianza de Oficios del Ministerio de Educaci6n, la Secci6n de Promoci6n Femenina del Ministerio de Desarrollo Rural y el Servicio de Oportunidades Empresariales y Asesoramiento Administrativo (BOMAS) del Ministerio de Asuntos Interiores de Fiji.


Programa de Promoci6n Femenina Ministerio de Desarrollo Rural

Este programa ofrece capacitaci6n a grupos de mujeres en economia del hogar, trabajos artesanales, educaci6n familiar, liderazgo y actividades generadoras de ingresos. Los cursos son de breve duraci6n (de una o dos semanas) y se ilevan a cabo en centros de capacitaci6n rural o en los municipios de las aldeas.
A pesar de que la Secci6n de Promoci6n Femenina ha de ocuparse tambi6n de la asistencia para actividades generadoras de ingresos, ese sector ha recibido hasta el momento poca atenci6n, por las razones previamente mencionadas. El proyecto CESPAP/FAO para la promoci6n y capacitaci6n de las

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CAPACITACION DE MUJERES EN ACTIVIDADES LUCRATIVAS 63

campesinas en actividades de grupo generadoras de ingresos, realizado en 1980 en la zona del Pacifico, ha contribuido a despertar una mayor conciencia por esos problemas y especialmente la realizaci6n de estudios de casos se ha demostrado muy eficaz. El programa se ha concentrado en recopilar la valiosa informaci6n obtenida mediante el intercambio de experiencias entre las participantes, pero no se ha ocupado de familiarizar a las asistentes de promoci6n femenina con las t6cnicas empresariales, como hubiera sido necesario para el seguimiento de las actividades.
El programa de capacitaci6n para las asistentes de promoci6n femenina realizado en 1984 en el marco del proyecto OIT/UNVFDW procedi6 por etapas, con el fin de lograr una mejor comprensi6n del concepto de actividades generadoras de ingresos y de los m6todos empresariales bisicos. Los estudios de casos se utilizaron como material de referencia para vincular la teoria con la prictica. Cada asistente intervino en cuatro seminarios prcticos, primero como participante y luego como auxiliar, asistente de curso y, finalmente, directora de curso (profesora).

Temas tratados en los seminarios. Durante el primer seminario en el que las asistentes de promoci6n femenina eran meramente participantes, se insisti6 ante todo en el concepto de actividades generadoras de ingresos y en el uso de estudios de casos. Como introducci6n, se identificaron las diferentes actividades econ6micas en que las mujeres intervienen, a fin de situar la contribuci6n de la mujer al desarrollo dentro de una perspectiva mis amplia.
Se procedi6 a distinguir entre:

- actividades que permiten ahorrar dinero, orientadas exclusivamente hacia el propio hogar, tales como la pesca, la costura y la agricultura de subsistencia;
- actividades destinadas a obtener fondos, realizadas cuando es necesario o cuando se presenta la oportunidad (parece ser que la mayor parte de las mujeres de Fiji intervienen en actividades ocasionales de ese tipo);
- actividades generadoras de ingresos de caricter regular y mejor planificadas y organizadas;
- empresas en pequefia escala de tipo mis oficial y orientadas con criterios de rentabilidad.

Se hizo hincapi6 en las diferencias entre las actividades ocasionales y las de caricter regular, considerando que para el logro de un desarrollo autosostenido es necesario que las mujeres se orienten hacia la realizaci6n de actividades generadoras de ingresos mis regulares y planificadas, y que en ese

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M. KROON


campo la Secci6n de Promoci6n Femenina puede desempefiar una funci6n importante. El seminario incluy6 cursos sobre actitud empresarial y requisitos necesarios, estructura cooperativa y realizaci6n de estudios de casos. Ademis, las asistentes de promoci6n femenina tuvieron que obtener del Octavo Plan de Desarrollo de Fiji algunos datos bsicos, como poblaci6n, indice de crecimiento y programas de prioridad econ6mica de la provincia donde estaban trabajando. Para muchas de ellas era la primera vez que tenian ocasi6n de ver un plan de desarrollo.
La segunda serie de seminarios se realiz6 a nivel de divisi6n. Previamente, cada una de las asistentes tuvo que recoger datos sobre dos tipos de actividades de generaci6n de ingresos en sectores en los que las mujeres participaban tradicionalmente. Se pens6 que de ese modo las asistentes y las campesinas que participarfan en el seminario podrian comprender prdcticamente lo que supone la iniciaci6n y realizaci6n de una pequefia actividad generadora de ingresos dentro del sector en el que tenian experiencia. Las actividades seleccionadas fueron, por ejemplo, producci6n y venta de productos como masi (corteza aplastada de morera), bila (mandioca fermentada con azicar y coco), tub6rculos y hortalizas; la recolecci6n y venta de mariscos, y la comercializaci6n de voivoi (hojas de pindano para tejidos) y de objetos de artesania. En cada seminario, cuatro estudios de casos sirvieron de base para las discusiones. Los problemas planteados se examinaron luego en las sesiones de capacitaci6n, que incluyeron cdlculo de costos, precios, nociones sobre principios empresariales bisicos y presupuesto familiar. Este iltimo tema se incluy6 en vista de que muchas mujeres consideraban que, aparte de la obtenci6n de dinero, era tambi6n importante utilizarlo mejor en el hogar, especialmente para afrontar gastos irregulares y urgentes (como derechos de ensefianza y gastos m6dicos). Estos seminarios se realizaron en la lengua vernicula.
El tercer seminario se celebr6 a nivel nacional y en 61 intervinieron participantes de las cuatro divisiones que habfan presentado mejores propuestas de generaci6n de ingresos. Se examinaron detalladamente los cuatro estudios de casos mejor presentados en los seminarios anteriores (a nivel de divisi6n) y la informaci6n en ellos contenida se utiliz6 para ejercicios de cdlculo de costos, determinaci6n de precios y mantenimiento de registros. Para contar con la asistencia t6cnica necesaria, se invit6 a expertos calificados en los sectores de agricultura, sastreria y estampado por estarcido. Igualmente, se concertaron visitas a compradores potenciales para las participantes que buscaban colocar sus productos. En este seminario, las asistentes de promoci6n femenina ayudaban a las participantes de su propia divisi6n, lo que les permiti6 apreciar las medidas complementarias que serian necesarias.

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CAPACITACION DE MUJERES EN ACTIVIDADES LUCRATIVAS 65

En el cuarto seminario celebrado a nivel nacional, participaron solamente las asistentes de promoci6n femenina. A cada una de ellas se le asign6 parte de las materias ensefiadas en los seminarios previos. El personal del proyecto ocup6 el lugar de los alumnos y las asistentes de promoci6n femenina se encargaron de la ensefianza. Como ellas mismas observaron, esa experiencia les fue muy fitil para darles confianza en su capacidad de dar cursos por si solas. Ademis, permiti6 al personal del proyecto identificar los puntos d6biles del programa de capacitaci6n, y el grado de preparaci6n de cada asistente.

Trabajos de seguimiento. La primera serie de visitas de seguimiento fue realizada por personal del BOMAS acompafiado, siempre que fue posible, por una asistente de promoci6n femenina. En el futuro, este trabajo de seguimiento seri realizado por las mismas asistentes, que se pondrn en contacto con el BOMAS u otros departamentos, como el de Cooperativas y Agricultura, cuando sea necesaria su asistencia. Esta cooperaci6n con otros departamentos y organismos es importante si se pretende que las asistentes de promoci6n femenina ayuden alas mujeres a desarrollar nuevas actividades generadoras de ingresos, aparte de la costura, los servicios de comidas y los trabajos de artesanfa, y que tales actividades se orienten hacia mercados situados fuera de la aldea. Sin embargo, su importancia principal radica en que reforzard la integraci6n de las mujeres en las actividades de desarrollo econ6mico rural y las incluird en los programas normales de extensi6n de los diferentes organismos.
En resumen, el programa de capacitaci6n mostr6 a las asistentes de promoci6n femenina:

- c6mo presentar las materias de estudio en forma interesante y comprensible para las mujeres de la aldea (estudios de casos);
- c6mo relacionar la capacitaci6n con las necesidades de las participantes (vinculando la capacitaci6n con los problemas identificados);
- d6nde obtener asesoramiento t6cnico y administrativo y la importancia de cooperar con otros organismos;
- la importancia del seguimiento para determinar en qu6 medida se estd aplicando lo que se ha aprendido, y proporcionar ulterior asistencia.

Problemas encontrados. A pesar de que se pidi6 a las asistentes de promoci6n femenina que identificaran actividades realizadas por grupos de mujeres, result6 que las actividades que tenfan 6xito se efectuaban casi siempre en forma individual, hecho que debe tenerse en cuenta en el planeamiento

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66 M. KROON

futuro de actividades y programas. Se deberin efectuar estudios mis detenidos antes de incentivar la realizaci6n de actividades generadoras de ingresos por parte de grupos de mujeres, especialmente cuando est6n organizados segfin los modelos tradicionales y, en consecuencia, sus objetivos sean mis bien sociales que econ6micos.
Otro problema que encontr6 la Secci6n de Promoci6n Femenina fue la selecci6n de personas id6neas para participar en los cursos, dado que la selecci6n la realizaban las responsables de las organizaciones de mujeres y/o grupos de mujeres. Ademis, las participantes no siempre estaban bien informadas sobre el contenido del curso. A pesar de que antes de la celebraci6n de los seminarios a nivel de divisi6n se distribuy6 un folleto informativo, varias participantes legaron esperando encontrar otra cosa.
La diferencia en el nivel de educaci6n, especialmente entre las mujeres j6venes y las mayores, determin6 que a veces fuera diffcil mantener el inter6s de todas.
Debido a problemas de transporte, el seminario de la divisi6n oriental, que comprende las islas exteriores, tuvo que realizarse en un centro de capacitaci6n de la capital, Suva. A diferencia de otros seminarios, las participantes se mostraron muy cohibidas, dando la impresi6n de que el curso tenia interns limitado para ellas. Aunque las visitas de seguimiento mostraron que las mujeres habfan aprendido mucho durante el seminario, result6 evidente tambidn que la respuesta a la capacitaci6n es mejor cuando 6sta tiene lugar en el medio mismo en que viven las mujeres.

Programa de Ensefianza de Oficios Ministerio de Educaci6n
Este programa, que ofrece capacitaci6n prdctica bdsica a los egresados escolares, tiene una duraci6n de dos afios e insiste sobre todo en la creaci6n de autoempleo, especialmente en las zonas rurales. Los centros (27) estin adscritos a las escuelas secundarias en todo el pafs. Se dan cursos de mecinica, t6cnicas de construcci6n, agricultura y artesania e industrias dom6sticas, pero no en todos los centros se ensefian los cuatro cursos. En las zonas rurales, lo mis comdn es ofrecer cursos de agricultura, t6cnicas de construcci6n y artesanfa e industrias dom6sticas. A pesar de que a todos los cursos pueden asistir tanto hombres como mujeres, los participantes en el curso de artesanfa e industrias dom6sticas son sobre todo mujeres. Del total de centros existentes, s6lo diez ofrecen ese curso.
El proyecto de la OIT se orienta particularmente a mejorar ese curso (que antes se Ilamaba de economic del hogar), y a introducir la capacitaci6n de adultos entre las actividades comunitarias del programa.

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CAPACITACION DE MUJERES EN ACTIVIDADES LUCRATIVAS 67

Los objetivos del curso son:

- proporcionar a los egresados escolares capacitaci6n bdsica en oficios, que les permita conseguir empleo;
- ayudar a los estudiantes a establecer industrias dom6sticas o de pequefia escala, individualmente o en grupos;
- ensefiarles t6cnicas de uso inmediato en su vida diaria, con la utilizaci6n de materiales y equipos disponibles localmente, a fin de mejorar la vida familiar y comunitaria.

Cambios recientes. En el primer afio del curso de artesania e industrias dom6sticas se insiste ante todo en la ensefianza de t6cnicas aplicables en la vida diaria, dando igual atenci6n a la agricultura, el uso de tecnologia apropiada (trabajos en madera, construcci6n de estufas que no ahtmen, mantenimiento y reparaci6n de articulos dom6sticos), trabajos de artesania y economia del hogar. S61o recientemente se han introducido en ese curso materias como la agricultura y los trabajos en madera, mientras que los alumnos de los cursos de agricultura y t6cnicas de construcci6n reciben ahora tambi6n ensefianza en materias como costura, nutrici6n y administraci6n del hogar.
En el segundo afio el principal objetivo es el autoempleo y, por tanto, la creaci6n de proyectos generadores de ingresos. Atin no se ha introducido el nuevo programa del segundo afio. Durante 61, los estudiantes habrin de identificar el sector en que desean especializarse e invertirin el 50 por ciento de su tiempo en ese campo, mediante proyectos individuales o de grupo realizados en la escuela o en la aldea. Las t6cnicas bisicas empresariales y administrativas formarin parte integral de la capacitaci6n, siempre en relaci6n con los proyectos que los estudiantes est6n realizando. Se continuard prestando atenci6n a la agricultura, a la artesania y al uso de tecnologia apropiada. Vinculando la capacitaci6n con la producci6n se dard alas estudiantes la posibilidad de ganar algo de dinero, y cada alumna tendrd su propia libreta de ahorros. Los ahorros que efectde los usard al final del curso para comprar las herramientas, equipo y materiales que necesite para su actividad generadora de ingresos.
Aunque esti adscrito al sistema acad6mico de ensefianza secundaria, el Programa de Ensefianza de Oficios es un programa extra acad6mico. No obstante, los cursos se organizan todavia en gran medida ajustindose al calendario escolar y dentro del recinto de la escuela, por lo que carecen de la flexibilidad necesaria. Asi ha sucedido sobre todo en el curso de artesanfa e industrias dom6sticas, donde toda la capacitaci6n se ha hecho en el Centro. Esta situaci6n esti cambiando lentamente y ya se estin introduciendo programas

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M. KROON


a nivel de aldea en los cuales se ayuda a las j6venes estudiantes a establecer sus propios proyectos, y se proporciona capacitaci6n t6cnica a los adultos que lo requieren.
A fin de alcanzar los objetivos del programa, los profesores del curso de artesania e industrias dom6sticas deberian participar en los trabajos de extensi6n y seguimiento. Hasta la fecha esta parte del programa ha estado muy descuidada. La estrecha conexi6n del programa y del personal con el sistema acad6mico de educaci6n crea una especie de <>. La coordinaci6n con otros departamentos y organismos es muy importante, aunque hasta el momento apenas existe. El proyecto esti apoyando especialmente la cooperaci6n entre el programa de promoci6n femenina, el curso de artesania e industrias dom6sticas y el BOMAS. En 1984, el personal femenino del BOMAS visit6 casi todos los centros donde se dan cursos de artesanfa e industrias dom6sticas para infundir al personal y a los alumnos una actitud empresarial y ensefiar las t6cnicas empresariales. Cuando est6n terminadas las instalaciones necesarias para los cursos de artesanfa e industrias dom6sticas, las asistentes de promoci6n femenina y los profesores del curso colaborardn en la capacitaci6n de adultos.
Resumen del curso de artesania e industrias dom6sticas:

Objetivo principal: 1"e afio Impartir conocimientos que permitan mejorar la vida cotidiana.
2do afio Desarrollar la capacidad de autoempleo. Grupo destinatario: J6venes que egresan de la escuela prematuramente, de 16 a 20 aflos de edad.
Nivel educacional: De preferencia, egresados de la clase 10. Materias: Sastrerfa, alimentos/nutrici6n, administraci6n del
hogar, agricultura, tecnologia apropiada, artesania creativa y t6cnicas empresariales bisicas. Duraci6n: Dos afios.

Problemas encontrados. Aunque el curso de artesania e industrias dom6sticas ofrece una alternativa para las mujeres j6venes que no pueden encontrar un empleo estable, hasta el momento son pocas las que han conseguido establecer actividades generadoras de ingresos. Como ya se mencion6, una de las principales razones es la falta de actitud empresarial y de conocimientos administrativos de los profesores de economic del hogar, por lo que los estudiantes se ven privados de algunos elementos esenciales. En vista de ello, el programa esti organizando cursos breves de t6cnicas empresariales y administrativas bisicas, para capacitar al personal.

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CAPACITACION DE MUJERES EN ACTIVIDADES LUCRATIVAS 69

Hasta hace poco, las j6venes recibian capacitaci6n solamente en costura, servicios de comidas y trabajos de artesania. Es obvio que, con esa capacitaci6n limitada, las oportunidades de establecer actividades viables de generaci6n de ingresos no son muchas. Mediante la introducci6n de materias como la agricultura y, donde convenga, la pesca, en el curso de artesanfa e industrias domdsticas, las alumnas aprenderin tdcnicas que, particularmente en Fiji, les permitirin participar en una gran variedad de actividades generadoras de ingresos.
El Programa de Ensefianza de Oficios se dirige a los j6venes que egresan de la escuela en un nivel correspondiente al 10' curso. Los objetivos y los planes de estudio del programa estin concebidos pues, para un grupo con un nivel suficiente de educaci6n y de madurez. Sin embargo, algunos centros admiten egresados de escuelas primarias, a menudo directamente de la escuela, que son generalmente demasiado j6venes e inmaduros para aprovechar plenamente la capacitaci6n que se les ofrece. Raramente se inscriben mujeres j6venes que hayan estado fuera de la escuela por alg6n tiempo. La duraci6n del curso puede resultar demasiado larga para las j6venes mis maduras que han superado cierta edad.
El apoyo de la comunidad y de los padres es sumamente importante para que las j6venes egresadas de la escuela puedan establecer y continuar con 6xito actividades generadoras de ingresos, dado que muchas veces se les exige que asuman nuevamente sus obligaciones domdsticas sin darles tiempo para que Ileven adelante sus proyectos. Por esta raz6n, el programa esti organizando seminarios destinados especialmente alas madres, que serin similares a los organizados a nivel de divisi6n por el programa de promoci6n femenina, dado que se basarin tambi6n en la discusi6n de estudios de casos, pero incluirdn ademis informaci6n sobre los objetivos del curso de artesanfa e industrias dom6sticas.


Conclusiones

Es a6n demasiado pronto para apreciar en qu6 medida la Secci6n de Promoci6n Femenina y el curso de artesania e industrias dom6sticas serin capaces de desarrollar programas que ayuden a las mujeres j6venes y adultas en la generaci6n de ingresos. Es evidente que la preparaci6n empresarial de las asistentes de promoci6n femenina y de los profesores de artesania e industrias dom6sticas determinard el grado de asistencia que puedan prestar. De todas maneras, serd necesario ofrecer asesoramiento y apoyo profesional en aspectos como identificaci6n de nuevas oportunidades de generaci6n de

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70 M. KROON

ingresos, organizaci6n y administraci6n de actividades de grupo y t6cnicas especializadas de trabajo. Especialmente a nivel nacional, ambos programas deberian asegurar que uno de los miembros de su personal reciba ulterior capacitaci6n y se encargue especificamente de apoyar al personal de campo con informaci6n, capacitaci6n y cualquier otra asistencia que requiera. Como ya se ha mencionado, la cooperaci6n con otros departamentos y organismos, tanto a nivel nacional como local, es de crucial importancia.

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Plan de ensefianza
para fomentar la participacio6n de la mujer


N. Minett




Las mujeres se sientan en cuclillas en la playa para observar a los hombres tirar de una enorme red Ilena de pescados que se retuercen y aletean. Luego, el pescado se saca de la red con mucho cuidado y se divide en varios montones segfin la especie y el tamafio. Las mujeres negocian el precio y la cantidad de pescado que desean, colocan su compra en bandejas y con 6stas en la cabeza se marchan a la ciudad, que dista varios kil6metros, para vender su mercancia. En otras aldeas situadas a lo largo de la costa, donde las embarcaciones pueden entrar en las pequefias bahias, se pueden recibir diariamente mayores cantidades de pescado durante el buen tiempo. Las mujeres ahtiman el pescado antes de transportarlo en grandes cantidades a otras zonas del pais para venderlo.
Antes de que raye el alba, las mujeres emprenden el largo viaje hacia sus fincas, que a veces distan varios kil6metros de la aldea donde viven. Llevan en la cabeza bateas con alimentos, ropa para lavar en el rio y aperos de labranza. En la espalda, el i61timo nifio, y, junto a ella, una nifia de dos afios que tambidn Ileva en la cabeza una pequefia bandeja sostenida con la mano. Las mujeres y los nifios pasarin el dia desyerbando los arrozales y cuidando las hortalizas que cultivan en los monticulos construidos por las termitas y en pequefias parcelas situadas entre los arrozales. En medio del campo se ha construido una cabafia pequefia donde pueden refugiarse de las iluvias torrenciales durante el dia. Todas las mujeres trabajarin inclinadas desde la cintura, con el beb6 en las espaldas, desyerbando a mano el arroz sembrado al voleo.


La Sra. Nancy Minett es consultora de la Unesco en materia de recursos para la ensefianza y el aprendizaje de la nutrici6n.

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N. MINETT


Al atardecer, a lo largo de un camino que conduce a la aldea, pasa una larga procesi6n de mujeres y nifiios que Ilevan en la cabeza grandes atados de ramas. La lefia se utilizari para cocinar al aire libre la comida de la familia. Es preciso buscar diversas clases de lefia para las diversas clases de fuego: lefia que arda durante mucho tiempo, lefia que despida mucho calor, lefia que arda lentamente, lefia que despida menos calor. Si se trata de un pueblo grande, a veces es necesario comprar lefia ya que el bosque quiz:1s est6 demasiado lejos para ir y volver diariamente.
Es muy probable que la vendedora de pescado y la mujer que prepara el gari' tambi6n tengan que buscar lefia y preparar la comida. En realidad, la mayoria de las mujeres de la zona rural de los pauses en desarrollo participan regularmente en una combinaci6n de las siguientes funciones y actividades: i) en calidad de mujeres de negocios, comprar, vender, conservar y transportar el pescado; poseer y alquilar embarcaciones de pesca; contratar mano de obra; comprar y vender pequefios articulos (f6sforos, pasta de tomate, aceite vegetal); comprar, tefiir y vender tejidos; pagar las matriculas escolares; fabricar y vender cerveza y otras bebidas; comprar, preparar (frefr, hornear) y vender alimentos; actuar como comadronas; ii) en calidad de agricultoras, desyerbar y proteger los cultivos de los depredadores; cultivar hortalizas para el consumo y la venta; secar y almacenar semillas de hortalizas; cuidar de los animales dom6sticos, las gallinas y los patos; ayudar a recoger las cosechas; ayudar a preparar los productos para su almacenamiento; preparar aceite de palma para el consumo y la venta; recoger fruta para el consumo y la venta; iii) en calidad de amas de casa: limpiar la casa y el patio; dar a luz y amamantar a los nifios; cuidar de los nifios; guisar; moler los cereales que utilizarin para preparar las comidas; buscar agua para la familia; buscar lefia para la familia; fabricar jab6n para el hogar y para la venta; pescar peces de agua dulce para la familia y para la venta; obtener ropa para los nifios y ocuparse de que vayan a la escuela; vigilar la salud de los nifios; lavar la ropa de la familia, a menudo a orillas del rio lejos del hogar.



El gari es un producto alimenticio fermentado y desecado, hecho con mandioca. Es un alimento bisico en Africa occidental, y un elemento importante en la dieta de algunas zonas de Africa central y oriental. En Am6rica del Sur, y en particular en el Brasil, se consume en gran cantidad un producto similar, lafarinha de mandioca.
La fabricaci6n de gari comprende seis operaciones principales desde la recolecci6n hasta la venta, que consisten en desenterrar los tub6rculos de mandioca en la explotaci6n agricola, transportarlos a la aldea, descascararlos, rallarlos, fermentar y desecar la harina, y tostarla. El procedimiento tradicional para Ilevar a cabo todos esos trabajos es casi por completo manual.

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PLAN DE ENSENIANZA PARA FOMENTAR LA PARTICIPACION DE LA MUJER 73

Entre los conocimientos y las habilidades que las muj eres deben adquirir de alglin modo para desempefiar esas funciones multiples figuran las siguientes: administraci6n; zootecnia; banca; contabilidad; evaluaci6n de los productos desde el punto de vista del consumidor; preparaci6n y conservaci6n de alimentos; estar familiarizada con las leyes y los reglamentos laborales; primeros auxilios; silvicultura; horticultura; logistica; administraci6n; aprender de memoria; comercializaci6n; significado y utilizaci6n de los nimeros; cuidado de los hijos; fuerza fisica; planificaci6n; compra y preparaci6n de alimentos en grandes cantidades.
La lista comprende una gama impresionante de conocimientos t6cnicos y comerciales dificiles de adquirir; para las mujeres que viven en pequefias aldeas, a menudo aisladas, y que no han asistido a la escuela, es doblemente impresionante y dificil.
LD6nde estin los programas educativos para ayudar y apoyar a la mujer en la adquisici6n y/o mejora de esos conocimientos? La instrucci6n tradicional que se imparte en la aldea a cierta edad quizis transmita algunos de los conocimientos importantes para mantener la vida familiar en la comunidad, pero normalmente no incluye los conocimientos que se requieren para competir en el comercio.
Las mujeres, que apenas disponen de ensefianza acaddmica, deben aprender por si mismas a fuerza de tanteos, o aprender de las demis, del mejor modo posible, los conocimientos necesarios para generar dinero en efectivo y mantenerse a si mismas y a sus familias.
La finalidad de este articulo es proporcionar un marco de acci6n que permita la plena participaci6n de las mujeres en la identificaci6n de las necesidades de capacitaci6n de la comunidad y en el subsiguiente disefio, ejecuci6n y evaluaci6n de programas que respondan a esas necesidades.
Cada dia se recalca mis y mis la necesidad de mejorar el estado nutricional de los habitantes de las zonas rurales de los pauses en desarrollo. Por tanto, ya es tiempo de que se reconozcan y estimulen debidamente alas mujeres en cuanto proveedoras de alimentos y de educaci6n. La preparaci6n de programas educativos para las campesinas, disefiados con su propia ayuda, es una forma de expresar reconocimiento y estimulo.
Las estadisticas indican que, por t6rmino medio, se matricula en las escuelas primarias menos del 40 por ciento de las nifias que podrian asistir a dichas escuelas en los pauses en desarrollo. Cuando ese pequefio porcentaje se reduce todavia mis a consecuencia del abandono escolar y la disminuci6n progresiva del n6mero de estudiantes en las escuelas secundarias y posteriores a las secundarias, el nimero de mujeres educadas llega a ser infinitesimal (Unesco, 1983b). En el Cuadro 1 se ilustra este proceso:

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74 N. MINETT


CUADRO 1. Matricula escolar de mujeres id6neas (Africa sub-sahariana) Ndmero de pauses en que la
Ndmero de palses Informantes matricula es inferior al Niveles 40%

35 18 primario
34 25 secundario

Ndmero de paises en que la
matricula es Inferior al
30%

33 30 posterior a secundario

Ndmero de pauses en que la
matricula es inferior al
10%

18 14 posterior a secundario
(agricultura)



El Cuadro 2 ilustra el significado de las cifras relativas a la matrfcula con respecto al nimero de mujeres que probablemente alcanzarian un nivel de capacitaci6n agricola posterior al secundario. Las cifras son similares en otras regiones del mundo en desarrollo, y en todas partes son desalentadoras.


CUADRO 2. Disminuci6n progresiva del numero de estudiantes
partiendo de 500 mujeres id6neas a nivel primario
Porcentaje NOmero

Primario <40% <200
Secundario <40% < 80
Posterior al secundario <30% < 24
Agricultura <10% < 2,4


A la luz de esas estadisticas, y en vista de que el porcentaje mundial de mujeres analfabetas no ha variado en los 1ltimos 30 afios -alrededor de un 60 por ciento- pareceria razonable presumir que el nlimero de mujeres que terminan cualquier nivel de educaci6n probablemente no cambiard dr6sticamente al menos durante los pr6ximos 20 afios. Esto significa que la responsa-

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PLAN DE ENSEIANZA PARA FOMENTAR LA PARTICIPACION DE LA MUJER 75

bilidad que recae en mujeres que no han asistido a la escuela en relaci6n con la salud y el bienestar de un elevado porcentaje de los habitantes de cualquier pafs en desarrollo, seguird siendo importante y debe apoyarse mediante un compromiso a nivel gubernamental para proporcionar programas de capacitaci6n especialmente disefiados para todas las mujeres, j6venes y ancianas, de las zonas rural y urbana. Significa ademis que debe ddrsele a la mujer mayor acceso a los proyectos de desarrollo de todas clases para que ella pueda utilizar al mAximo sus nuevos conocimientos y tenga mis posibilidades de participar en actividades remunerativas.
Se ha demostrado que algunos de los grandes proyectos agricolas que constituyen gran parte de los planes de desarrollo de numerosos paises pueden, por un lado, haber aumentado la tierra cultivada, pero por otro, tambi6n han aumentado la carga de trabajo de la mujer, obligindola a pasar un nimero mayor de horas desyerbando y cuidando una mayor extensi6n de tierras. Los nuevos adelantos tecnol6gicos en materia de agricultura se han suministrado casi exclusivamente a los hombres, disminuyendo a menudo las posibilidades de las mujeres de emprender proyectos agricolas remunerativos y reduciendo su acceso a la tierra. Las facilidades de cr6dito y las oportunidades de dedicarse a cultivos comerciales tambi6n se han concedido principalmente a los hombres (Unesco, 1983a).
Aunque esos hechos se reconocen cada vez m~s, parece que pocos planificadores y urbanizadores han podido disefiar proyectos que incluyan a mujeres y a hombres en pie de igualdad. No basta decir que las mujeres pueden participar en este proyecto agricola, que no estin discriminadas. Si las mujeres deben dedicar una mayor parte de su tiempo trabajando para los hombres, y si las actividades del programa reducen el tiempo que las mujeres pueden dedicar a cultivar las hortalizas con que se alimenta la familia, no s6lo las mujeres no pueden participar, sino que el estado nutricional de los miembros de la familia, especialmente de los nifios, tambi~n se perjudica.
A medida que mis y mis mujeres se convierten en cabezas de familia de los hogares rurales debido a la emigraci6n de los hombres alas zonas urbanas, es todavia m~s importante proporcionar programas educativos orientados hacia esos problemas. Es tan importante que los hombres comprendan plenamente la contribuci6n de las mujeres a la economia y a la comunidad, como que las mujeres tengan oportunidades para aumentar sus habilidades y conocimientos y, por consiguiente, su contribuci6n.
Se debe incluir a la mujer en programas de capacitaci6n agricola y en cursos de alfabetizaci6n. Algunos programas ya las incluyen, pero gran parte de la capacitaci6n agricola que actualmente se ofrece a los agricultores se proporciona en el marco de determinados proyectos de desarrollo agricola y se

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76 N. MINETT

ocupa de un proyecto en particular desde el punto de vista del agricultor de sexo masculino. Gran parte del material docente actualmente utilizado en las clases de alfabetizaci6n < Mediante un proceso en el que participe toda la comunidad, puede construirse un programa de manera tal que en un solo disefio educativo y de capacitaci6n puedan integrarse algunos conocimientos generales de aritm6tica, agricultura o comercializaci6n. Este conjunto de temas y la coordinaci6n entre programas que hasta ahora habian estado separados, ayudard a interesar a los estudiantes y reducird el porcentaje de abandono escolar de los participantes debido a la mejor utilizaci6n de su tiempo y energia.
Antes de comenzar a ayudar a una comunidad a planificar su programa, es muy importante que el planificador de programas emplee algin tiempo en familiarizarse plenamente con la comunidad, y que la comunidad se familiarice plenamente con el planificador. Esto toma tiempo y la voluntad de parte del planificador de explorar, de sentirse a sus anchas con la vida de la aldea y de entender su dindmica, funciones, controles, procesos para resolver problemas y equilibrios de poder.
En un proyecto, esta familiarizaci6n con la vida de la aldea no se desarro116 lo suficiente. Uno de los objetivos del proyecto era capacitar a las comadronas tradicionales para que ofreciesen instrucci6n sanitaria en sus propias comunidades. El plan se discuti6 largamente con las comadronas, quienes 6staban sumamente interesadas en la capacitaci6n. Se habian comentado las posibilidades con los jefes y las personas mayores de las diversas comunidades donde vivian las mujeres. Estas convinieron en que seria una idea muy buena que las comadronas recibieran la capacitaci6n puesto que se consideraban mujeres poderosas en la comunidad y muy importantes en las vidas de los aldeanos.

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PLAN DE ENSERANZA PARA FOMENTAR LA PARTICIPACION DE LA MUJER 77

Los planificadores del proyecto pasaron una semana con las comadronas en un pueblo central, ensefiindoles canciones y representaciones sobre la salud que se complementaban con cuentos grabados en casetes que ellas deberian utilizar para estimular las discusiones de grupo en sus propias aldeas. Las mujeres, que estaban muy entusiasmadas, dijeron que la capacitaci6n era muy titil y que el proyecto las apoyaria proporcionindoles informaci6n acerca de buenas prdcticas sanitarias para los aldeanos.
Sucesivamente los planificadores visitaron las aldeas donde vivian y trabajaban las mujeres para ver c6mo se desarrollaban sus actividades. Muchos jefes de aldea que habian escuchado el casete y a quienes se habia pedido que formaran grupos mixtos de hombres y mujeres, reaccionaron con desconfianza. Uninimemente, los jefes rehusaron su ayuda y participaci6n.
Investigaciones posteriores mostraron que no se habia comprendido plenamente la jerarqufa de la aldea. Es cierto que a la comadrona se le considera un miembro poderoso de la comunidad, pero finicamente en el contexto de su capacidad como comadrona, lider de la sociedad femenina y maestra de las nifias. Ella, a su vez, nunca habia estado en una situaci6n en la que debia dirigir un grupo de debate mixto integrado por mujeres y hombres. La idea del proyecto era correcta, pero no habia sido estudiada lo suficiente como para llevarla a la prdctica con 6xito. Los planificadores del proyecto esperaban y ofrecian capacitaci6n para una nueva funci6n de las comadronas, distinta de la tradicional, y ni los miembros de la comunidad ni las propias mujeres habian sido preparadas suficientemente para aceptar esa nueva funci6n. Finalmente, se asign6 a cada comadrona un maestro de ecuela, y desde entonces la ejecuci6n del proyecto procedi6 mis ficilmente.
Despu6s de haber establecido una atm6sfera de confianza y respeto mutuos, el planificador puede comenzar a conocer a la gente para estimular el debate y despertar interns en el andlisis de sus propias vidas y de los problemas de la comunidad. En la mayoria de las sociedades tradicionales, todas las mujeres, y no s6lo las comadronas, estin condicionadas culturalmente a sus funciones sociales y dom6sticas, y no suelen tener la ocasi6n de tomar sus propias decisiones ni de comportarse de manera distinta a la prevista en el papel que desempefian. Por consiguiente, para facilitar el desarrollo de programas para la mujer, es necesario en primer lugar, establecer condiciones en que ellas puedan comenzar a verse a si mismas desde otro punto de vista. Deberia celebrarse una serie de reuniones con las mujeres finicamente para cultivar esas nuevas ideas.
Actualmente se dispone de buenos manuales de capacitaci6n en los que se indican las medidas que podrian tomarse para que los participantes en un taller o grupo de debate colaboren entre si en el trabajo y en la preparaci6n

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N. MINETT


de planes (Save the Children, 1978). El planificador tendrd en mente algunos objetivos para esas primeras sesiones de planificaci6n en las que participant s6lo mujeres como resultado de conversaciones oficiosas anteriores, pero se sugieren las siguientes preguntas por considerarlas tiles para generar ideas. Despu6s de las preguntas figura una frase en par6ntesis que presenta el posible resultado de cada pregunta que se discuta. Aunque las preguntas quizis surjan en otro orden durante las sesiones, deberia examinarse el mayor nimero posible de ellas con objeto de proporcionar la informaci6n necesaria para la futura planificaci6n.

"* C6mo definen las mujeres sus funciones en su propia comunidad? (Una
percepci6n mis amplia de si mismas.)

* LQu6 tienen en commin, individual y colectivamente, con mujeres que han
tenido 6xito y con programas femeninos que han tenido 6xito en otros lugares? (Identificaci6n de recursos personales y colectivos.)

* LC6mo definen las mujeres las funciones de los hombres de su comunidad?
(Una percepci6n mis amplia de la funci6n de los hombres.)

* LQu6 problemas se plantean en su comunidad? (Una percepci6n mis
amplia de su comunidad.)

* LQU6 problemas tienen mis importancia para las mujeres? (Asignaci6n de
prioridad.)

* LPueden resolverse los problemas en el seno de la comunidad? iPor parte
de las mujeres inicamente? iPor qu6? (Comprensi6n del mundo real.)

* iQu6 funciones puede desempefiar la mujer para ayudar a resolver los problemas? (Nuevas percepciones.)

* iQu6 conocimientos necesitan las mujeres para ayudar a resolver los problemas? LQu6 conocimientos han adquirido ya las mujeres? (Identificaci6n de eventuales necesidades de capacitaci6n.)

* iQu6 funciones pueden desempefiar los hombres para ayudar a resolver
los problemas? (Coordinaci6n femenina/masculina.)

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PLAN DE ENSE1NANZA PARA FOMENTAR LA PARTICIPACION DE LA MUJER 79

* iOQu conocimientos necesitan los hombres para ayudar a resolver los problemas? (Identificaci6n de eventuales necesidades de capacitaci6n.)

* iPueden proporcionarse a nivel de aldea esos conocimientos necesarios?
LQui6nes pueden proporcionarlos? ,D6nde y c6mo? (Posibles objetivos
de capacitaci6n.)

* LProvocard problemas nuevos la soluci6n de los actuales? (Previsi6n de
posibles efectos perjudiciales de las medidas proyectadas.)

Mientras una mujer (en lo posible) dirige esa serie de reuniones/talleres con las mujeres de una aldea, las mismas preguntas pueden plantearse a los hombres en una serie andloga de reuniones, desde su punto de vista. Cuando cada grupo haya debatido todas las preguntas, ambos grupos pueden juntarse para examinarlas. Al presentarse los informes mutuamente, pueden utilizarse representaciones, dramas y otras t6cnicas para estimular la participaci6n plena del grupo. Desde aquf en adelante, el esfuerzo y el prop6sito deberian integrarse completamente cuando se proceda a disefiar programas de ensefianza/capacitaci6n para las mujeres y los hombres. Deberian tomarse decisiones colectivas para decidir a qui6nes deberia incluirse en las actividades sucesivas de los programas.
Es importante planificar de modo tal que las distintas cuestiones o temas no permanezcan aislados. La ensefianza agricola, la educaci6n general, la nutrici6n, la zootecnia y la puericultura pueden vincularse entre si. En vista del modo en que suelen funcionar las fuentes externas de financiaci6n, a veces se han abordado diferentes temas por separado y, en consecuencia, en la misma comunidad se esti tratando de ofrecer diversos tipos de capacitaci6n. El prograna de ensefianza/capacitaci6n deberia examinarse globalmente, y habria que explicar claramente a los organismos de financiaci6n, si 6stos fuesen necesarios, no s6lo las ventajas de la coordinaci6n y la cooperaci6n, sino tambi6n la determinaci6n de las mujeres y los hombres de la comunidad a que se respeten sus deseos en materia de capacitaci6n. Una actuaci6n hibil y discreta por parte del planificador puede asegurar que en las sesiones mixtas se conceda a las mujeres las mismas oportunidades para hablar, y que sus opiniones se respeten. Durante los debates, los miembros de la comunidad pueden delinear los objetivos, el disefio, la duraci6n y los procedimientos de evaluaci6n de los programas.
Es indudable que la evaluaci6n es una parte vital de una buena planificaci6n de programas, y el disefio de un proceso de evaluaci6n eficaz es una experiencia de aprendizaje beneficiosa para cualquier persona. Los partici-

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SU N. MINETT

pantes aprenden a definir claramente sus propios objetivos de aprendizaje y a determinar si se estAn alcanzando o se han alcanzado esos objetivos. Esto ayuda a la gente a entender qud es lo que realmente desean aprender, y les confirma que lo han aprendido.
A continuaci6n se sugieren algunas preguntas que pueden utilizarse para estimular los debates acerca de la evaluaci6n del programa de ensefianza/ capacitaci6n disefiado por la comunidad.

* iQu6 es lo que queremos aprender?

* iPor qu6 queremos aprenderlo?

* AC6mo podemos aprenderlo? iCudles son las fases de aprendizaje?

* iCuinto tiempo tomard cada fase?

* iC6mo sabremos si hemos aprendido lo que se ensefia durante cada fase?

* iC6mo utilizaremos lo que hemos aprendido?

* iNos ayudard lo que hemos aprendido para abordar los problemas absolutamente prioritarios de la comunidad?

* iTenemos que aprender otras cosas antes de poder abordar los problemas
que se plantean en la comunidad?

* iHemos aprendido lo que querfamos aprender?

* LNecesitamos aprender mis?

* iQu6 deseamos aprender?

De acuerdo con los deseos del grupo, quizis seria fitil separar los hombres y las mujeres una vez mds para que primero desarrollen sus propias ideas, y luego unir los grupos para preparar el disefio de evaluaci6n. La evaluaci6n puede y debe ser realizada, durante toda la ejecuci6n del programa, por los miembros del grupo.
Los cambios en la ejecuci6n pueden hacerse en cualquier momento, siempre que dirijan mis claramente las actividades del program hacia los objetivos del mismo.

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PLAN DE ENSENANZA PARA FOMENTAR LA PARTICIPACION DE LA MUJER 81

Para incrementar la participaci6n plena por parte de las mujeres, en las actividades de los programas se deberia incluir un nmmero igual de mujeres y de hombres. Puesto que uno de los objetivos de este esquema de planificaci6n es estimular la participaci6n de la mujer, cualquier variaci6n en la representaciin 50-50 deberia ser detalladamente examinada por los grupos, tanto separada como conjuntamente, antes de determinar los porcentajes por mutuo acuerdo. Sin embargo, este tipo de variaci6n deberia desaconsejarse, pues de lo contrario se malogra el objetivo de alcanzar una participaci6n plena.
En este documento se ha presentado un plan para estimular alas mujeres a participar en el disefio de programas de ensefianza/capacitaci6n, en su ejecuci6n y evaluaci6n, y para estimular a los hombres a que respeten y acojan con interns las ideas y las aportaciones de las mujeres. Quizis podria pensarse que este plan requiere mucho tiempo, pero es necesario prestar atenci6n especial a la elaboraci6n del proceso si se desea desarrollar respeto y confianza en el valor de las ideas, las opiniones y los conocimientos de las mujeres para ellas mismas y para sus comunidades.




Referencias

INFORMATION COLLECTION AND EXCHANGE. Community health education in developing 1978 countries. Wdshington, D.C.
SAVE THE CHILDREN. Bridging the gap: a participatory approach to health and nutrition edu1978 cation. Westport, CT (EE.UU.).
UNESCO. Bibliographic guide to studies on the status of women. Paris. 1983a
UNESCO. La igualdad de oportunidadespara las jdvenesy las mujeres en la ensehdanza ticnica, 1983b la formaci6n profesional y el empleo. Paris.

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Practica y peligros de los proyectos
para mujeres en el Tercer Mundo


M. Buvinic



En 1979, una instituci6n privada de beneficencia elabor6 un proyecto de generaci6n de ingresos para campesinas en la provincia occidental de Kenya, mediante el cual un grupo de 50 mujeres se organiz6 en cooperativa para fabricar redondeles de fibra de banano, que se vendian en Nairobi como agarraderas. Despu6s de dos afios de proyecto, las mujeres perdfan 0,50 chelines (0,05 d6lares) por cada agarradera que fabricaban y vendian, prescindiendo incluso del costo implicito de su mano de obra. (El costo unitario de la fibra era de 3,00 chelines y el precio al por menor de las agarraderas era de 2,50 chelines.) Ademis, un capital donado para financiar y repetir el proyecto mediante un fondo rotatorio, se habia ya agotado. Sin embargo, el proyecto sigui6 adelante.
Otro proyecto en un asentamiento ilegal en las afueras de.Lima, Perd, tiene las mismas perspectivas econ6micas negativas que el de Kenya. El proyecto consiste en ensefiar a unas siete u ocho mujeres a confeccionar camisas y faldas para venderlas en el mercado local. Sin embargo, el dril que se emplea para confeccionar una camisa cuesta 1 000 soles mds (0,45 d6lares) que el precio al por menor mis alto al que puede venderse (7 000 soles).
No es probable que estas mujeres, algunas de las cuales han trabajado sin cobrar en un centro de costura durante dos afios, consigan nunca algdin beneficio por la venta de dichas prendas. 1
Aunque parezca incredible, no se trata de dos casos an6malos de funcionamiento de un proyecto; por el contrario, constituyen un ejemplo del destino de muchos proyectos de generaci6n de ingresos para mujeres pobres del Tercer Mundo, que logran sobrevivir a sus desastres financieros gracias exclusivamente a que los objetivos sociales o de desarrollo comunitario (es decir, el ideal de crear un grupo de trabajo basado en la comunidad) tienen


Mayra Buvinic es la directora del Centro Internacional de Investigaciones sobre la Mujer, 1717 Massachusetts Avenue, NW, Suite 501, Wdshington, D.C. 20036, EE.UU.
1 Las observaciones sobre los proyectos, que se citan a lo largo del texto, se fundamentan en la labor del Centro Internacionalde Investigaciones sobre la Mujer (WAshington, D.C.).

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prioridad sobre los aspectos productivos, o incluso los sustituyen, cuando entre los participantes hay mujeres. En la ejecuci6n de proyectos destinados a mujeres ha prevalecido el aspecto de la asistencia social, en contradicci6n con las politicas econ6micas y los programas de los proyectos, asf como con las necesidades econ6micas que han expresado repetidamente las mujeres pobres en diferentes culturas y situaciones (Dixon, 1980; Chen, 1984).
Un proyecto de desarrollo rural integrado en las zonas altas de Bolivia ilustra la discrepancia entre la teorfa y la prictica. Uno de los objetivos primarios del proyecto consistia en modernizar los m6todos de cria de ganado y esquileo de los campesinos bolivianos, a fin de incrementar la producci6n de lana de alpaca y de llama. La informaci6n recogida durante la evaluaci6n del proyecto revel6 que las actividades de pastoreo y esquileo incumbian a las mujeres, por lo que se revis6 la concepci6n del proyecto para incorporar un componente femenino orientado a la producci6n. Sin embargo, a la hora de la ejecuci6n, este componente se reorient6 para instruir a las mujeres en materia de nutrici6n, cocina y bordado. En el transcurso del proyecto, muchos equipos de supervisi6n insistieron, infructuosamente, en la necesidad de que las actividades de las mujeres no fueran las que afianzaran su funci6n de esposas y madres, sino que se concentraran en los aspectos productivos y en las necesidades econ6micas que habian expresado. En los documentos del proyecto aparecian repetidamente recomendaciones, que nunca se llevaron a efecto, para que se incluyera a las mujeres en cursos de capacitaci6n agricola y recibieran informaci6n sobre prdcticas veterinarias modernas (Buvinic y Nieves, 1982).
LPor qud ocurre que las estrategias sociales para las mujeres del Tercer Mundo persisten en la ejecuci6n de los proyectos, incluso cuando no aparecen como objetivos en las polfticas y en las directrices de los mismos? En el presente ensayo se analiza el mal funcionamiento de los proyectos para mujeres que, teniendo objetivos econ6micos, asumen caracteristicas de asistencia social durante su ejecuci6n. En el andlisis no se pretende abarcar toda la experiencia de los proyectos, por lo que no se examinan las excepciones de rigor. Vale la pena sefialar que esas fructiferas excepciones, la mayoria de las cuales se refieren a la concesi6n de crdditos a mujeres pobres, han sido mis frecuentes en los iltimos afios.


Tres explicaciones del mal funcionamiento de los proyectos

La tendencia hacia los aspectos sociales en la ejecuci6n de proyectos para mujeres se explica, en primer lugar, por una serie de caracteristicas especifi-

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cas de los proyectos que son comunes a la mayoria de los mismos y que interfieren en la realizaci6n de los objetivos de producci6n, pero que pueden facilitar el logro de los objetivos sociales. Estas caracteristicas, a su vez, son el resultado tanto de los conocimientos t6cnicos que han adquirido en el sector social organismos que ejecutan proyectos para mujeres, como de las asimetrias hist6ricas en la evoluci6n de organismos que se ocupan del desarrollo y del tema de la mujer. Por filtimo, en las decisiones institucionales y en la preferencia mis general por actividades de asistencia social influyen los costos financieros y sociales mis bajos que entrafia la aplicaci6n de politicas orientadas a este sector, en lugar de al sector econ6mico para las mujeres de los paises en desarrollo.


La concepci6n del proyecto modelo

El proyecto tfpico para mujeres, que se ilustr6 en la introducci6n de este articulo y que ha adquirido popularidad en el ltimo decenio, es el proyecto pequefio, aplicado a una situaci6n concreta y que utiliza limitados recursos financieros y t6cnicos. Es ejecutado por mujeres, muchas de las cuiles son voluntarias con escasos conocimientos t6cnicos, para mujeres finicamente. El proyecto tipico funciona con grupos de cinco a 40 mujeres, ya constituidos o que se han creado para el proyecto; los grupos que quieren realizar actividades econ6micas suelen constituirse legalmente en cooperativas. Estos proyectos entrafian una gran participaci6n de grupo, y uno de sus objetivos es crear una mayor conciencia mediante debates de grupo, formaci6n en materia de desarrollo humano y ensefianza de tareas cl6sicas femeninas, como costura, punto, cocina y horticultura. Por iltimo, en un proyecto tipico se realizan actividades de grupo en que las mujeres procuran aplicar los conocimientos que han adquirido en lo referente a la generaci6n de ingresos. Dado el tipo de capacitaci6n que se ofrece, las actividades de generaci6n de ingresos se realizan en sectores que requieren mucho tiempo y donde no hay posibilidades de ganar dinero. Por esta raz6n, los grupos sobreviven al fracaso financiero que suele producirse, sustituyendo los objetivos econ6micos por los sociales, y los proyectos se reducen asi a una serie de actividades de grupo.
Seg6fn la literatura mis reciente en materia de desarrollo, la elecci6n que se hace en la concepci6n del proyecto modelo sobre la naturaleza del trabajo, composici6n del personal, participaci6n de grupo y la utilizaci6n de mano de obra voluntaria interfiere en los objetivos de producci6n y contribuye, durante la ejecuci6n del proyecto, a que tales objetivos se traduzcan en realidades de indole social.

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Interpretaci6n equivocada de las tareas simples y familiares

Es mis probable que la ejecuci6n de un proyecto sea fructuosa si las tareas que se les exigen a los participantes no son demasiado numerosas, demasiado complejas o desconocidas (Esman y Uphoff, 1984). De hecho, se ha observado que los proyectos para mujeres suelen dar mejores resultados cuando las tareas que los participantes tienen que realizar son conocidas (Dixon, 1980).
Corrientemente se piensa que las tareas estereotipadas de la mujer occidental son simples y conocidas para las mujeres pobres del Tercer Mundo, y por consiguiente, son ficilmente transferibles. No resulta sorprendente que 6stas deban predominar en la ejecuci6n de proyectos para mujeres de bajos ingresos. La realidad, sin embargo, es que las ocupaciones femeninas clAsicas no son ni tan simples ni tan conocidas para las mujeres de bajos ingresos como se cree. Esta es una de las caracterfsticas mis inmediatas y Ilamativas cuando se observan en la prdctica proyectos para mujeres, y ya result6 claro en 1980, en unas clases de costura para un grupo de mujeres de bajos ingresos de San Jos6, Costa Rica. En este proyecto se ensefiaba a las mujeres c6mo tomar medidas para hacer patrones que luego se utilizarian para cortar el tejido. La tarea de dibujar patrones (como se ensefiaba) era sumamente compleja y requeria habilidad para dibujar, sentido de las dimensiones y conocimientos bisicos matemiticos (porcentajes y fracciones). Se comprob6 que la mayorfa de las mujeres del grupo no podrian seguir las clases porque eran demasiado dificiles y trataban de un tema desconocido.
El primer curso de capacitaci6n para mujeres, en el proyecto de desarro11o rural de Bolivia que se cit6 antes, constituye un buen ejemplo de la complejidad de las tareas tradicionalmente femeninas. Como se sefial6 en un informe de supervisi6n, todo march6 bien en el curso, pero habia demasiados temas, entre los que figuraban, por ejemplo, nutrici6n y cocina, bordado, costura, punto y crochet, trabajos con papel y cart6n piedra y fabricaci6n de flores. Estas tareas eran no s61o diversas sino tambi6n muy desconocidas para las campesinas de las tierras altas, cuyas funciones principales eran cuidar y esquilar animales, administrar el hogar y supervisar las actividades diarias.
El calcular por defecto la dificultad de las tareas clhsicas femeninas y por exceso su capacidad de transferencia hace que el proyecto funcione mal, es decir, impulsa a quienes lo ejecutan y quieren ver buenos resultados en los proyectos para mujeres a escoger las tareas de asistencia social en lugar de las productivas. Es verdad que estas iltimas no son intrinsecamente ficiles, pero se da poco valor a la dificultad de los trabajos de asistencia social, mientras que a menudo se considera err6neamente que las tareas productivas son mis dificiles para las mujeres pobres.

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Participaci6n, trabajo voluntario y autoselecci6n de participantes

El tiempo que exige la participaci6n en el grupo y la petici6n de que el trabajo sea voluntario en la concepci6n normal de estos proyectos tienden a excluir a las mujeres que disponen de menos tiempo o son las mis pobres. La observaci6n prActica muestra repetidamente que en un proyecto tipico para mujeres, el grupo integrado mayoritariamente por amas de casa que, por consiguiente, disponen de tiempo, se autoselecciona para la participaci6n en el proyecto: las mujeres mis pobres no entran. Es sumamente probable que las mujeres que Ilevan adelante un hogar, y que suelen ser las mis pobres y las que disponen de menos tiempo (porque tienen que encargarse de las tareas productivas en el hogar y en el mercado, y generalmente cuentan con menos miembros de la familiar que les puedan ayudar en esos trabajos remuneradores), se excluyan ellas mismas de los proyectos que requieren tiempo para los debates de grupo, la participaci6n y el trabajo voluntario. Estos requisitos de los proyectos para mujeres fomentan la selecci6n de las beneficiarias que pueden realizar tareas sociales y, por consiguiente, aceptan que los objetivos productivos se conviertan en actividades de asistencia social.


Las instituciones y su herencia

Un organismo internacional de desarrollo se puso en contacto con una pequefia organizaci6n privada de Costa Rica, compuesta en su mayoria por voluntarias que habian presionado eficazmente para conseguir que las mujeres tuvieran derechos juridicos, con objeto de elaborar y ejecutar un proyecto grande y de iniciativas nuevas para incrementar la productividad y la renta de las mujeres en la zona rural de Costa Rica. Se determin6 que el cr6dito tenia que ser un componente clave del proyecto, pero la organizaci6n no tenia la capacidad institucional de administrar un pr6stamo importante ni de ejecutar un programa de cr6dito para mujeres pobres. Las voluntarias sabian ensefiar tareas femeninas tradicionales (es decir, cocina, costura, punto), pero tenian poca experiencia para ocuparse de desembolsos de fondos y balances. Puede comprenderse que la mencionada organizaci6n dudara en realizar el proyecto como se habia concebido.
Estas circunstancias son tipicas de los proyectos para mujeres y ayudan a comprender la reorientaci6n que se produce en la fase de ejecuci6n hacia actividades de indole social; las instituciones femeninas que se eligen para ejecutar proyectos destinados a mujeres pueden, en cuanto a organizaci6n, ejecutar proyectos orientados a la asistencia social, pero no a la producci6n.

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Como esas instituciones desean ejecutar proyectos que den buenos resultados, su opci6n mis racional es transformar los objetivos de producci6n en sociales. La reducida capacidad tdcnica de las instituciones femeninas se debe, en parte, a que dichas organizaciones han ido creciendo junto a organismos de desarrollo y de socorro en el period posterior a la segunda guerra mundial.
El final de esa guerra, y la reconstrucci6n de Europa que sigui6 a continuaci6n, hizo que surgieran dos mundos paralelos en materia de asistencia al desarrollo; por una parte, el mundo del crecimiento econ6mico, representado institucionalmente por el Banco Mundial y sus filiales; por otra parte, el mundo de la asistencia de socorro para casos de urgencia, con la proliferaci6n de instituciones privadas de beneficencia internacionales y nacionales. Las mujeres pobres y sus hijos se convirtieron en el objetivo principal de los programas de asistencia social dirigidos por instituciones privadas internacionales de beneficencia. Los organismos de socorro dependieron a menudo de 6stas, por lo que fomentaron organizaciones nacionales, integradas en su mayor parte por voluntarias de buena posici6n, para ejecutar sus programas, es decir, para distribuir socorro a las mujeres pobres y a sus hijos. Las organizaciones femeninas, muchas de las cuales ya existian desde finales del decenio de 1920, habian aceptado en sus mandatos iniciales los objetivos de asistencia social junto con los de derechos juridicos, y estaban dispuestas a encargarse de las tareas de socorro.
Los objetivos de socorro influyeron en las instituciones femeninas para que se organizaran como sistemas eficaces para distribuir servicios y bienes gratuitos. Estas instituciones necesitan el apoyo de un amplio auditorio y un gran mimero de afiliados para lograr dicho objetivo, y comprobaron que las voluntarias podfan realizar esta tarea de forma adecuada y econ6mica. Los clubes de madres, que se constituyeron durante este period en los pauses en desarrollo, contribuyeron a realizar las actividades de socorro de las organizaciones femeninas. Sin embargo, aparte de esa labor, dichas organizaciones permanecieron inactivas entre 1950 y 1970.
En el decenio de 1970 ocurrieron dos acontecimientos principales que iban a tener profundas repercusiones en los programas destinados a las mujeres pobres del Tercer Mundo: los cambios que se registraron en la teorfa y en la prictica del desarrollo econ6mico, y la designaci6n por parte de las Naciones Unidas de un Decenio para la Mujer, que comenz6 en 1975 con el Afio Internacional de la Mujer. Despuds de comprobar que la transferencia de capital y de tecnologia de los pauses industrializados no habia llegado a los pobres en las sociedades en desarrollo, los organismos de desarrollo establecieron nuevas estrategias encaminadas a mejorar directamente el nivel de

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vida de los pobres. Organizaciones nacionales e internacionales de socorro siguieron ripidamente el ejemplo y empezaron a transformarse en fundaciones privadas para el desarrollo.
Los dos mundos, el de ayuda de socorro y el de crecimiento econ6mico, avanzaban a poca distancia el uno del otro; el Banco Mundial invirti6 grandes cantidades en sectores sociales y asumi6 la direcci6n en lo referente a investigar las necesidades humanas bisicas, mientras que las organizaciones privadas de beneficencia se rodearon de personal profesional y ejecutaron pequefios programas de desarrollo econ6mico. Sin embargo, estos organismos procedian lentamente en su labor con las mujeres en cuanto a pasar de las actividades de socorro a las de desarrollo. Quizd eso se deba en parte a la herencia institucional antes mencionada, orientada hacia la ayuda de socorro.
El Afio Internacional de la Mujer present6 al mundo las preocupaciones de las mujeres en los pauses industrializados y en desarrollo, legitim6 que en las actividades de desarrollo econ6mico se trabajara tambi6n sobre problemas femeninos, y consigui6 que organismos internacionales de desarrollo asignaran un presupuesto reducido, pero decisivo, para emprender actividades sobre el particular. Se consider6 apropiado que los organismos de desarrollo incluyeran en sus programas de lucha contra la pobreza proyectos destinados a mejorar la situaci6n de las mujeres pobres en los paises en desarro11o. Algunas organizaciones femeninas, que ya existian desde el decenio de 1950 o incluso antes, habian comenzado tambi6n a revisar sus objetivos y estaban en condiciones de ejecutar esos proyectos nuevos. Sin embargo, estas organizaciones se habian desarrollado y eran id6neas desde el punto de vista organizativo para ejecutar proyectos de ayuda de socorro, y no productivos, para las mujeres. La asimetria en la evoluci6n de los organismos femeninos y de desarrollo y la motivaci6n de que las instituciones (femeninas) tenian que ampliarse y realizar lo que mejor sabian hacer, contribuye a explicar la orientaci6n hacia la asistencia social de los proyectos femeninos en el Tercer Mundo.


La economia politica de los proyectos para mujeres

Los factores que condicionan la elecci6n de las instituciones de ejecuci6n terminan de explicar por qu6 los proyectos para mujeres funcionan mal. Las instituciones femeninas que realizan proyectos de desarrollo para mujeres no actfian en el vacio, sino en el contexto de los organismos nacionales e internacionales de desarrollo. La elecci6n de las instituciones exclusivamente femeninas de ejecutar programas para mujeres se debe, en parte, a la creencia de

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que el personal femenino debe trabajar con beneficiarios que sean mujeres; sin embargo, y es mucho mis importante, es el resultado de la reticencia de organismos de desarrollo de caricter t6cnico a asignar recursos financieros importantes a proyectos para mujeres, asi como a encargarse de la ejecuci6n de proyectos femeninos orientados a la producci6n. Detris de esa resistencia estin los costos y beneficios reales y percibidos de los organismos de desarroIlo constituidos por hombres, en lo que se refiere a realizar actividades de asistencia social, por contraposici6n a las productivas, para las mujeres pobres del Tercer Mundo. Las instituciones de mujeres desean realizar dicha tarea, y de forma econ6mica.
En un mundo en el que los limitados recursos para el desarrollo estin controlados en su mayoria por hombres, los programas de asistencia social y de desarrollo para las mujeres del Tercer Mundo representan una amenaza minima o nula para la asignaci6n actual de presupuesto y de poderes, en comparaci6n con los proyectos de caricter productivo. LPor qu6 las estrategias de asistencia social se consideran menos amenazadoras o costosas que las orientadas a la producci6n?
Las actividades de asistencia social se sufragan con fondos que tradicionalmente se reservan para esa finalidad y, como estas actividades estin dirigidas exclusivamente a mujeres en cuanto madres y responsables de sus hijos, se desarrollan en un ambiente de segregaci6n sexual en el que, por definici6n, no existe la posibilidad de competencia con los hombres en lo que se refiere a los bienes o servicios que se ofrecen. Por el contrario, en las actividades de indole productiva existe la posibilidad de que haya un enfrentamiento de las mujeres contra los hombres en el proyecto. Estas actividades no pueden menos de considerarse como mis costosas que las de asistencia social, pues pueden crear una situaci6n en que las mujeres pobres compitan con los hombres para conseguir los escasos recursos.
Las estrategias de producci6n son menos atractivas que las de asistencia social, porque existe en ellas la posibilidad de una redistribuci6n de los recursos, que pasarian de los hombres a las mujeres; en otras palabras, entrafian el riesgo de que se desemboque en una situaci6n en que unas ganan y otros pierden; una victoria para las mujeres seria una p6rdida para los hombres, bien por los costos afiadidos de los programas para reducir las desigualdades, o por la posible apropiaci6n de los recursos econ6micos disponibles por parte de las mujeres.
Como las actividades de asistencia social se limitan s6lo a las mujeres y se realizan en una situaci6n de aut6ntica segregaci6n sexual, se considera que estas actividades serin apropiadas para las mujeres, no entrarin en conflicto con los hombres y, lo que es mis importante, no les quitarin recursos. Por

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esta raz6n, los programas de asistencia social se consideran como una victoria para todos, en donde no hay perdedores.
Por consiguiente, las actividades para las mujeres pobres del Tercer Mundo dependen de calcular que las inversiones que se hagan en ellas no afectarn o reducirin las inversiones en materia de desarrollo en beneficio de los hombres pobres. El resultado es que los expertos y pricticos en materia de desarrollo prefieren los criterios de asistencia para las mujeres, los cuales predominarin a menos que no se aduzcan pruebas s61lidas y bien documentadas de proyectos productivos. Los costos que se prev6 que entrafien estas filtimas perspectivas contribuyen al mal funcionamiento de los proyectos para las mujeres, incluso cuando existe la voluntad de ejecutar proyectos productivos. Una consecuencia directa del miedo a la redistribuci6n de recursos es que las actividades en beneficio de las mujeres pobres se realizan mucho mis ficilmente cuando estin respaldadas por fondos que se han asignado especificamente a programas femeninos o que se destinan a la asistencia social en general.
En resumen, las consecuencias de esta amenaza de la redistribuci6n de fondos son las siguientes:

* la preferencia por programas orientados a la asistencia social en la fase de ejecuci6n;

* cuando se trata de programas de lucha contra la pobreza, la preferencia por trabajar con grupos exclusivamente femeninos y en actividades especificamente femeninas. Cuando se trata de programas integrados para hombres y mujeres, la preferencia por trabajar con mujeres que sean responsables del hogar y que se ocupen en tareas femeninas, ya que en ambas situaciones hay cierta segregaci6n sexual y, por consiguiente, no existe la competencia con los hombres.


Soluciones y sus peligros

El mal funcionamiento de los proyectos de desarrollo para mujeres de bajos ingresos tiene races hist6ricas en la creaci6n de organismos independientes de desarrollo econ6mico y de ayuda de socorro despuds de la segunda guerra mundial, y esti en funci6n de tres factores que se relacionan mutuamente: un estilo particular de proyectos que Ileva a la ejecuci6n de actividades sociales en lugar de productivas; la capacidad t6cnica de las instituciones que realizan este tipo de proyectos en materia de asistencia social, y el volumen reducido

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de presupuesto necesario, ademis de los escasos riesgos sociales y financieros que se cree entrafian las actividades de asistencia social, en comparaci6n con los proyectos de lucha contra la pobreza orientados a la producci6n.
La transformaci6n de los objetivos productivos en actividades sociales es en parte la respuesta racional de los organismos femeninos de ejecuci6n, que cuentan con la capacidad, y a menudo con la experiencia necesarias para lograr buenos resultados en el sector de la asistencia social. Se debe tambi6n al caricter de esos mismos organismos, pues carecen de capacidad institucional para ejecutar programas productivos, lo cual se remonta a la funci6n que se les ha asignado en materia de prestar auxilio y a su aislamiento del mundo del desarrollo econ6mico. Por consiguiente, el anilisis muestra un circulo vicioso entre la falta de poder de las instituciones femeninas en materias econ6micas, la prdctica resultante de orientarse hacia la asistencia social y la creciente pobreza de las beneficiarias cuando los proyectos productivos destinados a ellas se convierten en un fracaso financiero y se transforman en proyectos de asistencia social.
La pregunta fundamental en el imbito de las political es c6mo conseguir que se siga destacando en modo particular la importancia de la mujer, de forma que se abarquen los temas de la pobreza y de la equidad en el desarroIlo econ6mico, sin crear programas femeninos separados que requieren una parte de los recursos para el desarrollo y niegan a las mujeres el acceso a la capacidad t6cnica en dicho campo. El dilema surge cuando se observa que, si bien los organismos exclusivamente femeninos y los programas para mujeres tienden a aislar atin mis a las mujeres pobres de los beneficios econ6micos de los proyectos, la integraci6n plena de los objetivos femeninos en la pauta de los organismos entrafia el riesgo de que desaparezcan las prioridades femeninas durante la fase de ejecuci6n, o la posibilidad de que los recursos del proyecto destinados a las mujeres queden monopolizados por los hombres beneficiarios. Ademis, el interns por la equidad exige el crecimiento y la profesionalizaci6n, y no la desaparici6n de las instituciones exclusivamente femeninas, con capacidad t6cnica en el desarrollo econ6mico.
Una soluci6n a este dilema consiste en explorar las posibilidades institucionales de organismos integrados y de base femenina en campos especializados y complementarios. Un desarrollo institucional racional, que considere los puntos fuertes y d6biles de los organismos existentes y los riesgos de un mal funcionamiento o de la desaparici6n, es un elemento necesario para que las estrategias productivas para las mujeres obtengan mayores resultados.
En primer lugar, las organizaciones exclusivamente femeninas pueden desempefiar una funci6n de corretaje, es decir, pueden proporcionar servicios a mujeres pobres, que organizaciones integradas normalmente no sumi-

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nistran o no pueden suministrar. Un ejemplo tipico de ello es servirse de organizaciones femeninas para conseguir informaci6n sobre servicios orientados a la producci6n para mujeres pobres en zonas rurales, que de otro modo no recibirfan esa informaci6n al no participar en cooperativas de producci6n. En segundo lugar, de forma muy parecida a los colegios femeninos, los organismos exclusivamente femeninos pueden abrir el camino para que las mujeres entren en instituciones modernas, creando un ambiente de segregaci6n sexual y <> en que las mujeres puedan aprender, practicar y ponerse al nivel de las organizaciones modernas en los sectores productivos. En tercer lugar, las organizaciones femeninas pueden realizar la funci6n fundamentalmente politica de hacer que las instituciones sean concientes de las funciones econ6micas de las mujeres.
Las organizaciones femeninas que cuentan con un gran ntimero de miembros gozan de influencia polftica, que deberia desarrollarse y explotarse al mdtximo. Tienen la posibilidad de influir en los 6rganos de poder, esbozando estrategias political para integrar a las mujeres pobres en la economic nacional. A su vez, las instituciones femeninas de investigaci6n pueden poner mis de manifiesto los miedos que generan los programas productivos para mujeres en la clase dirigente actual. Por filtimo, los organismos femeninos pueden desempefiar la funci6n decisiva de < de las actividades que se realizan en nombre de las mujeres, fomentando la labor de seguimiento y evaluaci6n.
Por el contrario, los puntos d6biles de los organismos femeninos limitan su funci6n en la ejecuci6n de programas productivos para mujeres pobres, exceptuando los casos en que son necesarios para que las mujeres tengan la oportunidad de alcanzar el nivel de la economia moderna y conseguir titulos acad6micos en ella. Un ejemplo destacado de esta funci6n de < es la provisi6n de cr6dito. El cr6dito asignado a mujeres les permite competir por fondos con otras mujeres que retinen caracteristicas andlogas para tomar dinero a pr6stamo, y no con los hombres que, como grupo, tienen mis formaci6n que las mujeres y menos dificultades para reunir requisitos de garantia.
Varias sociedades femeninas que han surgido en los iltimos afios, precisamente para colmar el vacio entre la demanda de cr6dito de las mujeres de bajos ingresos y los recursos disponibles en los mercados oficiales, han conseguido grandes logros en los proyectos (Everett y Savara, 1985). Estos organismos femeninos han ejecutado la mayoria de los proyectos que han resultado una excepci6n entre los de generaci6n de ingresos y tienen una funci6n decisiva que desempefiar en la ejecuci6n de proyectos femeninos en el Tercer Mundo. Sin embargo, para que funcionen fructiferamente, necesitan recur-

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