Citation
Cartas a Luz Caballero

Material Information

Title:
Cartas a Luz Caballero
Creator:
Entralgo, Elías José, 1903-1966
Place of Publication:
La Habana
Publisher:
s.n.
Publication Date:
Language:
Spanish
Physical Description:
24 p. : ; 23 cm.

Subjects

Genre:
non-fiction ( marcgt )
Spatial Coverage:
Cuba

Notes

General Note:
"Prologo de la edición de la vida intima, t. 2, que se ha publicado en la Biblioteca de Autores Cubanos de la Editorial de la Universidad de La Habana."
Statement of Responsibility:
Elías Entralgo.

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Source Institution:
University of Florida
Holding Location:
University of Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
14088618 ( OCLC )

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CARTAS
A LUZ CABALLERO

por Elias Entralgo














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munaum


I


I


I















CARTAS


,UZ CABALLERO


Prlogo de la edicin DE LA VIDA
INbrr tomo II, que se ha publi-
cado en la Biblioteca de Autores
Cubanos de la Editorial de la
Universidad de La Habana.


AMA







2~ 929~ Ye.
dMMJUCA

















CARTAS A LUZ CABALLERO


I

El manojo de cartas dirigidas a Jos de la Luz Ca-
ballero que tengo delante con el encargo de que las
prologue, me lleva a un anlisis-cuyo orden estar de-
terminado por la misma clusula con que empiezo este
prrafo: manojo de cartas dirigidas a Jos de la Luz
Cabalero; es decir, que debo ver, en primer trmino, lo
que significant a las alturas de hoy las cartas en general,
despus el carcter de stas dirigidas a Luz Caballero y
el de los que las dirigen y el de la poca en que se
dirigen, el del medio a que se dirigen y el sentido por
que se dirigen.
La epstola, que en los tiempos de la Roma clsica
lleg6 a tener vida tan robusta y a estimrsele indispen-
sable para seguir el process histrico de aquella socie-
dad, es ahora un gnero en agona, que pasar pronto
a la mejor vida de la historic, como la tragedia antigua
y la epopeya medieval. La Revolucin Mecnica est
resultando un cementerio de gneros literarios. Si el
cinematgrafo ha enterrado al teatro y la radio est
despidiendo de la vida a la oratoria, la mquina de
escribir pone en trance de muerte a la epistolografia.
La misiva era hija dilecta de lo ms individual e nti-
mo de la personalidad humana. Cuando el hombre es-
criba una carta con su propia pluma, o para decirlo
con una palabra grata a nuestros abuelos y an a nues-
tros padres, con su propia piola, se contemplaba en
esas letras a s mismo como en un espejo nico, como











4 ELIAS ENTRALGO

en unainc dible impresin digital; ya su ez el
que reciba carta, sobre todo si trataba de temas
no vul la conservaba como singular espectculo
human. Po la mquina de escribir, con sus tipos
uniforms, sus lines comunes, ha venido a aca-
bar con el pio su puilo y letr. El elogio fnebre
de un p ele ser un repaso de todas las grandes
acciones de su vida. La necrologa de un gnero lite-
rario no puede ser otra cosa que eso, es decir, un re-
paso de sus grandes moments a travs de la poca en
que tiene especfico desarrollo.
Los epistolarios hay que dividirlos, esencialmente,
a mi juicio, en fingidos y reales, o sea, cartas simuladas
y cartas escritas para series de care y hueso. Los pri-
meros epistolios constituyen la representacin de los
especialistas dentro del gnero; los segundos la de los
humanistas. Veamos cmo se comportan unos y otros.


II

El primero que en los tiempos modernos toma en
grande el sesgo del epistolario como pretexto para con
estilo soliloquial dirigir ataques crticos a la Compa-
a de Jess es Pascal. Independientemente de la ra-
zn que pueda asistirle, sus llamadas Cartas Prooi-
ciales son documents de alta discusin teolgica, muy
versados en la discipline de su trato, ridos, densos,
cargados de citas, glosadores sin hermenutica, donde
se argument y hasta se ergotiza al modo de la lgica
escolstica.
En orden de tiempo me viene despus a la memorial
Montesquieu con sus Cartas Persiaas, reimpresas ms
tarde con el ttulo modificado, adaptndolo al uso ac-
tual, de Cartas Peras. Para l la epistolografia fu un
gozo y un deported literario. Hizo una dura crtica de











CARTAS A LUZ CABALLERO


las costumbres epocales entire observaciones sencillas y
a la vez profundamente humans. Verific sagaces
comparaciones entire el Oriente y el Occidente. Fu
perspicaz en la sntesis de sus anlisis. Es clsico por
haber dejado razones y verdades eternas. Su imagina-
cin no dejaba de tener las inevitable tangencias o se-
cancas con la realidad, cuando iba siguiendo ciertos
acontecimientos histricos cronolgicamente, pese al
simbolismo en las direcciones de estas cartas suyas. El
delicioso ironista que aparece en tales epstolas lleg6 en
ocasiones al sarcasm. Trat temas muy variados con
vision universal.
Jos de Cadalso, en sus Cartas Marruecas, acometi
una crtica constructive de las costumbres de su tiempo.
Hay fuerte unidad interpretativa en cada una de estas
cartas, y produce la impresin de que los temas van
a ellas ms que stas a aqullos. La alteza de ideas y
las reflexiones que dan que pensar lo elevan tanto que
hasta lo distancian de las caractersticas del gnero. Su
estilo, limpio, donoso, muy elaborado con elegantes
esencias castizas y clsicas, remataba en agudezas ir6-
nicas. Era dado a observer y sealar en sntesis muy
lcidas y penetrantes los caracteres psquicos de pue-
blos y naciones. Gustbale definir y clasificar a los
hombres. Hay epistolarios abstractos y los hay concre-
tos; ste es de los primeros. La Nota Final con que lo
epilog el author le aumenta la fantasia.


III

Con las Cartas de Santa Teresa de Jess pasamos a
los epistolgrafos reales. En estos billetes se tropieza,
no pocas veces, con la literature official, con las noti-
cias concretas, con los tpicos del lxico catlico, con
el tono meramente informative; pero, en varias oca-
siones, se camina muy bien, no obstante los retorci-











ELIAS ENTRALGO


mientos estilisticos inarmnicos del Conceptismo, por
entire definiciones vivaces y graciosas apreciaciones so-
bre las mujeres, hacia una rica personalidad femenina,
singularmente dotada para el gobierno. Aun bajo la
obsesin de su asunto.. la autora de estas confidencias
ofrece un interesante material para la psicologa y la
psiquiatra.
Si no nos dejamos vencer por las opinions tradi-
cionales y le aplicamos la propia lupa crtica a las Car-
tas de la Marquesa de Sevign veremos que tienen ms
fama que mrito. Sus noticias eran limitadas. Sus te-
mas son estados de nimo, interioridades familiares,
intimidades caseras, chismes cortesanos, escenas del vi-
vir cotidiano, expresado todo ello con un descripcio-
nismo elemental que no se detenia en la minucia ni
ante lo ms escabroso. Careca de sentido crtico, de
profundidad, de saber, reducindosele este ltimo a
ciertos conocimientos de la literature francesa. Gusta-
ba de los malabarismos estilisticos. Relataba, por lo
dems, con precision, que despus de todo es virtud ca-
racteristica de toda la prosa francesa. Muy de tarde en
tarde revelaba rasgos de carcter. No le faltaron ais-
lados aciertos fraseolgicos; y por alguno de ellos po-
demos enterarnos de los peculiares caracterismos que
le presentaba su vocacin epistologrfica.
Enfrentarse con el epistolio de Voltaire equivale a
recorrer un vasto panorama de saber, de cultural y de
humanidad. De saber, por la complacencia que senta
en cultivar el gnero epistolar, Por el gusto que pona
siempre en sus cartas, por su don de acumular noti-
cias reducindolas, por la difcil facilidad de su estilo
en general y la sobresaliente de ciertas frases en parti-
cuiar, por sus provechosas sentencias, y hasta por de-
fectos tan inevitable como el de que una luenga corres-
pondencia de grafomano,-escrita a travs de muy dis-
tintas circunstancias lo hiciera incurrir, a la larga, en
contradicciones. De cultural, por su amplia curiosidad











CARTAS LUZ CABALLERO 7

intelectual, por su ilran literaria, muy devota de
los clsicos anti por haber sido un observador
constant e in s, porque encarn muy bien el es-
piritu de su tiem porque en lo ms particular puso
acento de u, y porque en el espolvoreo auri-
fero de sus concepts escogidos se podra extraer un
important ideario. De humanidad, porque exceptuan-
do algunos moments infelices de aduloneria, esas co-
municaciones estn llenas de virtude-hasta cuando en
sus aos postreros la chochez le di por cierto apasiona-
miento patri6tico contra Shakespeare-pues nos reve-
lan un Voltaire intimo, pleno de sinceridad y ausente
de ironas, inspirado por el aliento vital del entusias-
mo, y muy lejano, por tanto, de todo escepticismo, que
recoge y afirma los valores de la experiencia, que pal-
pita por los hombres, cuando tantos de stos lo haban
combatido por sus ideas. No puede con justicia termi-
narse la lectura de las cartas volterianas sin un senti-
miento de honda admiracin para quien casi muri
con la pluma de epistolgrafo en la mano a los ochen-
ta y cuatro aios.
El cuantioso epistolario de Lord Chesterfield a su
hijo Stanhope nos manifiesta hasta dnde una firme
volicin humana puede mantener la unidad en el pro-
psito a travs del tiempo por entire la dilatacin y
la variedad. Vida y misiva se confunden en la evolu-
cin con que el noble ingls le va vigilando los pasos
a su hijo, y de paso, sin quererlo y sin saberlo, compo-
niendo a retazos el probablemente ms notable manual
educativo del caballero en los tiempos modernos. Re-
estructurando tales epstolas didcticas podra compo-
nerse una pequea encyclopedia pedaggica para la ni-
fiez, la adolescencia, la juventud y aun la edad madura,
que nos permitira ver diormicamente, a travs del
educador, al moralista, al psiclogo, al socigrafo prc-
tico, al politico, al pensador y al critic y preceptista
literario. En cuanto a este ltimo, dada la ndole de
nuestra present material, es oportuno recorder su opi-










ELIAS ENTRALGO


nin acerca de que el estilo epistolar debe ser fcil y
natural, nunca florido ni remontado. A su hijo le
aconsejaba que cuando se dispusiera a trazarle una car-
ta a determinada amiga nicamente pensara en lo que
le dirfa si estuviese present. Aprovechando un com-
prensivo sentido de la cultural y una variada erudicin
clsica, utilizando una vivida experiencia, empleando
una prosa clara, sencilla, elegant, fijadora de concep-
tos, teniendo una norma fundamental en el supremo
valor tico, aplicando una fe y una esperanza de mejor
vida en la fusin de las esencias y las forms, este padre
le fu distribuyendo mximas al hijo por entire sus
diferentes edades con la mira puesta en hacer de l una
especie de perfect escultura de care y hueso, y sin
desconocer que la perfeccin real no existe en la natu-
raleza humana.
La correspondencia entire Goethe y Schiller es una
demostracin muy representative del genio alemn. Ah
estn solemnemente su sentido de la objetividad, de la
discipline, de la jerarqua, de la paciencia, de la prose-
cucin, de la pertinacia. Muy rara vez se hallar la
confesin ntima. Son pginas de gabinete intellectual,
en las que se habla de manuscritos, traducciones, inter-
cambio de datos y documents, proyectos y realizacio-
nes de obras, opinions sobre asuntos literarios.
A Eca de Queiroz podr discutrsele como el episto-
lgrafo ms excelente; pero no se puede near que ha
sido hasta hoy el ms complete, puesto que cultiv el
gnero en sus dos aspects principles, en el fingido y
en el real, divergiendo, por cierto, radicalmente, en tan
sendos casos como hasta ser, en aqul, cuidado estilista
y delicioso humorista, y en ste descuidado escritor y
malhumorada persona. El hombre propicio al humo-
rismo en la literature era proclive al mal humor en la
vida; sa es la diferencia sustancial entire los supuestos
papeles a Fradique Mendes y las verdaderas misivas a
Ramalho Ortigao. En estas ltimas cartas privadas,











CARTAS A LUZ CABALLERO


paradjicamente lo que ms aparece es el publicist,
preocupado por su carcter de tal (urgencias, angus-
tias, querellas...), por su obra novelesca y por el con-
cepto en que se la tena. El publicista venia al escritor
privado en sus crticas constantes a los burgueses y en
la fidelidad a la escuela realista patentizada a travs
de las imgenes desnudas y el lenguaje fuerte. Lo de-
ms de esas comunicaciones particulares a Ortigao es,
en el fondo, egocentrismo egoltrico, a la vez atormen-
tado y desenfadado, y en la forma, una prosa saltarina
y juguetona. Tom otros rumbos, llenos de gracia hu-
mana, cuando se diriga al personaje imaginario Fra-
dique Mendes en epstolas pblicas amensimas, que
son algo as como modos de pensar agradablemente, en
los cuales mezclando la imaginacin y la realidad, co-
municndole a cosas, personas y acciones ficticias un
sentido tan director y subjetivo que parecen del todo
histricos, enfoc no poca de la fenomenologa social
del siglo XIX.
Una de las vivencias ms tpicas y expresivas de los
epistolgrafos ha sido el regodeo en la genuina escri-
tura. Cmo cuidbanse Santa Teresa y Voltaire de
advertir a los corresponsales suyos cuando las cartas no
las escriban de propia mano porque alguna circuns-
tancia, por lo comn la dificiente salud, los obligaba a
dictarlas!
Si el lugar me lo permitiera, si el espacio me lo to-
lerara, cuntas observaciones de muy diverse indole
no hara en torno a esos papeles ilustres! Para no citar
sino un ejemplo, a cuntas consideraciones sobre lo
negative en el siglo XVI no se presta la preocupacin
de Santa Teresa por la "bobera" y en el siglo XVII
la de Voltaire por la "calumnia"?











ELIAS ENTRALCO


IV

Qu significacin tienen las cartas dirigidas a Luz
Caballero dentro de ese cuadro del gnero epistolar en
la cultural occidental modern y contempornea-plan-
teada as, ejecutivamente, sin discusiones, haciendo caso
omiso del ms leave complejo de inferioridad national?
Dentro de las dos clasificaciones que establec antes,
estas epistolas son, por la una, reales, y por la otra,
concretas. Se distinguen bsicamente de las anteriores
en que mientras stas, las europeas, van de uno para
various corresponsales, las dirigidas al maestro y pensa-
dor cubano van de diversos correspondientes a uno
solo. En las primeras no puede apreciarse sino lo in-
dividual; en las segundas lo colectivo. La propia diver-
sidad de stas, su misma procedencia de distintos tem-
peramentos, caracteres y personalidades, las dota de un
inters panormico, las hace ms expansivas en la ob-
servacin o en la opinion, les da un sentido sumamente
ecumnico.


V

Para estimar el carcter de los que las dirigen hay
que empezar por distinguir los que son caracteres de
los que no lo son entire los autores de tales misivas.
A este efecto, las mismas pueden dividirse, por su tem-
poralidad, en ocasionales, repetidas y permanentes. Es
en las ltimas donde hay ms afinidad entire los epis-
tolistas, y donde pueden apuntarse, por lo general, la
espontaneidad, la franqueza, la igualdad en el trato y
la sensibilidad civic.
Periodo aparte merece el hecho de que aquellos va-
rones, que hoy vemos tan circunspectos y venerables en
retratos, pinturas y estatuas, o los adivinamos con esos
caracteres en casos como el de Jos Agustn Caballero,











CARTAS A LUZ CABALLERO


estuvieran presididos en su correspondencia por una
ndole comn de buen humor, de cboteo, que por lo
visto surgi en el carcter cubano hace bastante tiempo.
A travs de aquellas misivas permanentes sobresalen
cuatro personalidades: Saco, El Lugareo, Varela, y
tambin Luz Caballero. Cmo emergen tales tipos de
sus escritos o documents ntimos? Aparece Saco, es-
tudiante de por vida, admirando no al professor que
sabe ms, sino al que habla menos, al que "habla so-
lamente lo que es necesario", declarando as de qu
lado estaban su gusto esttico, sus preferencias litera-
rias, y descubrindonos la razn causal de su estilo con-
ciso; aparece Saco, por otra parte, movido, como una
reaccin o combustion qumicas tan gratas a su esp-
ritu, por su gran vocacin poltica y su ardiente y
fervoroso liberalism; aparece Saco, "resignado y con-
forme" ante las invencibles dificultades que le impiden
regresar a su tierra, esperando musulmanamente, como
un espaol lo mismo de la poca de Felipe II que de la
de Cnovas del Castillo, "del tiempo, del tiempo, de este
agent, el ms poderoso en todos los acontecimientos
humanss. Se revela Gaspar Betancourt Cisneros hon-
rando un pseudnimo nunca mejor escogido-porque l
era muy lugareiamente camageyano, lugarefismo que
no tuvo Saco para Bayamo ni Varela ni Luz Caballero
para La Habana-con su mente concrete, afilosfica, uti-
litaria, con su carcter predominantemente eufrico y
con su estilo espontneo, llano, natural, flido, franco-
te, a la buena de Dios, sano en sus desvergenzas-que
despus de todo no faltan en la obra maestra del idioma
y una de las obras maestras de la literature universal,
El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha-y
desbordante de sabrosa cubana. Se manifiesta Varela,
no ocultando su sonrojo cuando lo encomian delante de
algunas personas; no dejando de la memorial, de la
atencin y de la mano su lengua muerta latina de sa-
cerdote catlico y su lengua viva inglesa de resident










ELIAS ENTRALGO


en los Estados Unidos; afirmando que en sus Cartas
a Elpido estn, no solamente sus ideas y su carcter,
sino su alma today; expresando este concept tan demo-
crtico: "yo reconozco en los pueblos una inmensa su-
perioridad sobre los individuos y un derecho a apre-
ciarlos o a negarles su aprecio sin reclamo alguno"; y
sosteniendo el siguiente principio de buena tica y
sana political: "Yo siempre he credo que las circuns-
tancias en que el hombre se halla le imponen un deber
de hacerlas valer en cuanto pueda para su propio bien
y el de sus semejantes...". Se refleja Luz Caballero, mo-
desto, lleno de ocupaciones por la cultural y de preo-
cupaciones por la patria, sin perjuicio de espaciar la
vista por el saber universal y de cultivar relaciones
con sus grandes representatives, del moment: William
H. Prescott, A. H. Everett, Francisco Martinez de la
Rosa.. para no mencionar nada ms que a los que en
estas pginas han dejado su huella.



VI

De la poca, la idea prevaleciente en los que escri-
bieron estos papeles era la del Progreso y el fenmeno
preponderante en ellos el de la mal llamada-si tene-
mos en cuenta que comprende tambin a la mecnica
y a la tcnica-Revolucin Industrial Saco, enciclope-
dista como todos los pensadores cubanos del siglo XIX,
pero inclinado con pasin a la especialidad de la qu-
mica, escribira este prrafo clido de entusiasmo:
"Amigo mo, en La Habana nunca hemos visto la fuer-
za de una column galvnica. Qu falta me hacen
quinientos o seiscientos pesos! Qu buenas cosas lle-
vara! Qu deflagrador! Qu calorimotor! Al ver ope-
rar estas mquinas, el hombre no puede evitar su ad-
miracin!". No se ha interpretado en tal aspect a










CARTAS A LUZ CABALLERO


Saco, como tampoco se le ha atribuido a EJ Lugareo,
cuyos temas epistologrficos desde la region cubana
ms tradicionalista fueron: "locomotoras, carros, m-
quinas...", "terraplenes", "el camino de hierro cama-
geyano"...
El anhelo de progress se halla en el trasfondo de
una de las notas ms sostenidas de este epistolario: las
dificultades y peligros que todava embargaban la na-
vegacin en aquellos tiempos. Queda como rasgo ms
individual y aislado la capacidad crtica de Jos Agus-
tin Caballero para discernir-alguna vez con smbolos
folklricos cubanos-los conflicts internacionales.


VII
La distancia entire el genio y su ambiente ha sido
siempre una de las situaciones ms dramticas de la
historic. La incomprensin del segundo para el pri-
mero acentase cuando el grande hombre se mueve,
en sus sentimientos, actos e ideas, con el dinamismo de
los pases ms civilizados o cultos, mientras su tierra
anda con el estatismo de las colonies y la inercia de
las factoras. Saco, desde tan atrs como el ao 1826,
sospechar la malicia hipercrtica, murmuradora y ca-
lumniosa de sus compatriotas cuando est ms desve-
lado porque adelanten con la enseanza experimentaL
El Lugareo, al combatir cvicamente el vicio pblico
en la prensa, recibir como castigo la murmuracin
plebeya sobre su vida privada; y estara presto a re-
nunciar la presidencia de la junta directive del ferro-
carril camageyano al ver que sus coterrneos respon-
dian a sus empeos altruistas mostrndose renuentes
a reconocer los experiments visible del advance cons-
tructivo en el camino de hierro, nterin los que le acom-
paaban en la direccin de la empresa entregbanse










ELIAS ENTRALGO


al derroche burocrtico, el politiqueo, las intrigas y
el personalismo.
Por lo dems, el medio factoril al que tuvieron que
hacerle frente puede rastrearse en estos dilogos epis-
tolares, desde los chismes aldeanos, pasando por el me-
morismo en la enseanza, el vicio del juego, el robo y
el asesinato siempre impunes, hasta la esclavitud. Fue-
ron, sin duda, hombres de fe; pero bajo problems tan
enormes como los que tenan encima no debe sorpren-
demos que alguna vez se sintieran vencidos por el es-
cepticismo. As Saco, cuando ya no quiere que le en-
vien la mquina galvnica ni la neumtica para com-
ponerlas, pues le teme al caos opinativo y a la imagina-
cin maliciosa de sus "paisanos", capaces de suponerlo
con el propsito de especular econmicamente a costa
de ellos. As Varela, cuando tras de estar inquieto y
curioso por saber a qu se debe la poca aceptacin que
han tenido en su patria las Cartas a Etpidio-si ha sido
por las doctrinas, por el modo de presentar'as, o por
mero odio inesperado hacia el que las escribi, otrora
enaltecido por el aprecio de sus "paisanos"-opta por
la afirmacin del ltimo fundamento negative y se de-
cide a interpreter que el desprecio hacia tal obra no
es sino un exponente del que le tienen a su autor. Ha-
biendo "adquirido el inestimab'e tesoro del desenga-
o", no creyendo tener ya influjo sobre su pas-ms
con la sospecha de que nunca lo tuvo-se declare hom-
bre cosmopolita, ciudadano del mundo.
Esas oleadas de escepticismo han visitado las playas
de la historic cubana tras cada gran fracaso politico.
Mojaron la pluma de Toms Estrada Palma, Mximo
G6mez, Manuel Sanguily y Ramn Roa despus del
Pacto del Zanjn. Humedecieron la de Enrique Jos
Varona desde la cada del primerizo gobierno indepen-
diente hasta casi las postrimeras del primer tercio de
siglo republican.










CARTAS A LUZ CABALLERO


Para indagar peculiaridades de nuestra cultural re-
sultan muy tiles estos documents. La tendencia fre-
cuente a citar aforismos latinos denuncia la formacin
a la vez catlica y humanstica de sus autores. El ver-
dadero amor que sentan por el studio se descubre
en la inclinacin bibliofilica. Puestos a buscar sugeren-
cias para investigaciones y crticas acerca de nuestros
movimientos culturales, ah est Jos Agustin Caballero
brindando tema para un ensayo sobre la corriente co-
lombista, que l inicia, y por la que cursan Antonio
Bachiller y Morales, Jos Silverio Jorrn, Manuel San-
guily y Armando Alvarez Pedroso.
Por todo ello, no slo resultan indispensables estos
manuscritos para examiner las vidas de los que los re-
dactaron, sino que no puede prescindirse de los mismos
para acometer cabalmente el escudriamiento de nues-
tra evolucin histrica y sociogrfica. El mismo foco
de convergencia epistolar, Luz Caballero, puede ofre-
cernos el mejor ejemplo. Detngase la atencin en el
process que va desde la carta de su pariente Cecilio
Silvera (27 de diciembre de 1821), en que se testimo-
nian las aventuras amorosas juveniles de Mi Pepe pa-
sando por la que dirige (19 de septiembre de 1830) al
Hocbwohigeboren Hernr de la Luz el Dr. Robert Fro-
riep, donde se revela que el simptico mozo cubano, a
su paso por Weimar, fu visto con tanto agrado, espe-
cialmente por las seoras y particularmente por la de
Goethe y por la seorita Pappenheim, que se lamen-
taron repetidas veces de haberlo conocido para verlo
partir tan pronto; hasta llegar a la que le remite Do-
mingo Delmonte a su querido y estimado Pepe (6 de
marzo de 1849), para recomendarle como alumno a un
hijo suyo, hacindole conocer "la satisfaccin tan gran-
de" con que se ha enterado "que la persona a quien yo
amo y respeto ms en este mundo por su sabidura y
por su virtud se va a hacer cargo de la direccin in-
telectual y moral de aquella prenda querida"-y cuen-
ta que cuando consignbanse estas palabras ya ambos










ELfAS ENTRAGO


hombres ilustres hablan pasado por la prueba de la
acalorada polmica sobre Moral Religiosa. A travs de
esa rbita biogrfica hay importantes y trascendentes
contrastes de vida humana y personalidad. El indivi-
duo se transformara en el maestro de una promocin
creadora en la historic national; y, con la posteridad,
devendra en mito. (Quin, con esa reciprocidad epis-
tolar transcript en los dos tomos de La Vida Intima,
nos brindar un precioso libro como el de Gastn Bois-
sier sobre Cicern y sus Amigos?).


VIII

Dejando ya valores intelectuales e histricos, ser
possible llegar hasta otros ms raigalmente humans?
Contesto de modo afirmativo, pues creo que la razn
ms ntima y la explicacin ms comprensiva de estas
cartas radican en ser expansiones del sentimiento de la
amistad. Debe llamarse la atencin sobre el fenmeno
de que la amistad no ha sido todava incorporada al
mbito sociolgico, ni en el tratado, ni en la monogra-
fa, ni en el ensayo, ni siquiera en el capitulo. Care-
ciendo de rigor sistemtico en su terreno ms apropia-
do, hay que buscar su tratamiento en otros usufructos.
Los filsofos clsicos antiguos, ms que los medieva-
les y los modernos, le otorgaron consideracin al tema
de la amistad. Su concept no fu para Scrates ais-
lada teora, sino forma de vida. La filosofa y las as-
piraciones espirituales, en general, se asociaban, en la
concepcin socrtica de la existencia, al trato amistoso
con los hombres. La amistad se present a sus ojos
como factor de proteccin en la vida pblica durante
los tiempos de conmociones polticas, aconsejndole a
Critn la bsqueda de un amigo que ande a su alre-
dedor como un perro fiel para protegerlo. El funda-
mento de la amistad verdadera no est, a su juicio, en










CARTAS A LUZ CABALLERO


la utilidad externa de unos series humans para otros,
sino en el valor interno del hombre. Claro que la expe-
riencia dice que la humanidad no solamente est dotada
por la naturaleza para los sentimientos amistosos, sino
tambin para los hostiles. Los hombres llevan en s la
posibilidad de compadecer, de beneficiary, de agradecer;
pero tambin quieren gozar de bienes nobles o placen-
teros, y entonces se va descendiendo por una suerte de
escala destructive: la discrepancia engendra la dispute,
sta produce la discordia, sta conduce a la clera, sta
desata la guerra, trayendo la codicia de poseer ms por
part de los que tienen y la envidia por parte de los
que no tienen. Empero, la amistad brese paso por en-
tre tales obstculos, relacionando a los mejores hom-
bres, que prefieren esta riqueza interior al dinero, y
ponen a disposicin de sus amigos, con desinters, sus
servicios, alegrndose a su vez de los que ellos puedan
prestarles. Por qu cuando un hombre mantiene altos
fines politicos, como el honor de su ciudad natal, no
ha de poder unirse a otro hombre que se mueva con
semejantes propsitos, en lugar de tenerlo por enemi-
go? La amistad empieza por el perfeccionamiento de
la propia personalidad; pero, adems, require las con-
diciones del ertico, que necesita de otros y va tras
ellos porque ha recibido de la naturaleza la gracia ar-
tistica de agradar al que a l le agrada. Scrates pona
su sentido de la amistad a la disposicin de sus amigos
cuando stos lo necesitaban para allegar nuevas amis-
tades. No crea que ella fuera solamente un instru-
mento de cooperacin poltica, sino que la conside-
raba como genuina expresin de la colectividad cons-
tructiva en la especie humana. A sus discpulos los lla-
maba sus amigos, los miraba como hombres completos,
como representatives del espritu profundo y real de
todo su trato amistoso con la humanidad.
Platn, en el Lysis, con sentido dialctico, plantea,
dispute y trata de resolver la cuestin de la amistad.
El dilogo entra propiamente en el tema cuando hay











ELIAS ENTRALGO


quien no conoce cosa ms envidiable en el mundo, que
tener amigos, nada ms apetecible y digno que la amis-
tad. El suscitador del dilogo est tan distance de tal
fortune que no sabe ni cmo un hombre inicia el trato
amistoso con otro. Menexenes, uno de los dialogados,
responder que basta el afecto de un hombre hacia
otro para existir la amistad, la cual radica en el que
es amado, aunque aborrezca al que lo ama. La divini-
dad hace los amigos, uniendo unos hombres a otros,
por el sabio principio de que lo semejante atrae a lo
que se le asemeja. Por ello, los hombres malos, que no
se parecen entire ellos, ni en s mismos, porque son va-
riables, siendo diferentes no pueden ser amigos de nada.
Por lo tanto no tienen expedite la amistad entire ellos,
ni con los buenos. Los verdaderos amigos son los hom-
bres de bien. Sentado esto, los series que se parecen
ms, no suelen ser los ms envidiosos y hostiles entire
si? (El dilogo sigue vacilando entire las tembladeras
de la incertidumbre.) Lo que no es malo ni bueno es
amigo de esto ltimo por la simple presencia del maL
El cuerpo human, que en s no es bueno ni malo, ama
la medicine, a causa de la enfermedad, que es un mal,
en tanto que aqulla es un bien; y es esto ltimo por-
que se quiere la medicine con vista de la salud. Esta
es amiga, y la enfermedad es enemiga. Se ama la amis-
tad a causa de la enemistad. Al amigo no se le quiere
en vista de otro amigo. La amistad surge a causa de
algo. Dos amigos lo son porque entire ellos hay afi-
nidad de alma, de carcter o de exterioridad. A pesar
de todo ello, el dilogo terminal diciendo que no han
podido descubrir lo que es el amigo.
El tema de la amistad preocup tanto a Aristteles
que en la Moral a Nicomaco tratlo de pasada ms de
una vez, detenindose sobre l en los libros VIII y IX,
transitando por el mismo en La Gras Moral, y consi-
derndolo nuevamente en el libro VII de la Moral a
Eudemo. La amistad, en la "teora" del Estagirita es
una especie de virtud, o por lo menos va siempre es-











CARTAS A LUZ CABALLERO


coltada por la virtud. Es, tambin, una necesidad apre-
miante de la vida, porque nadie aceptara sta sin ami-
gos, au cuando fuere dueo de todos los dems bie-
nes. Unnimemente se conviene en que los amigos
constituyen el nico refugio durante los reveses. La
amistad sirve, en la adolescencia, para pedir consejos
que eviten la comisin de faltas; en la vejez, para re-
clamar los auxilios que suplan la carencia de fuerzas;
en plena virilidad, para realizar acciones sobresalientes.
La amistad es uno de los ms nobles sentimientos. Para
que exist, en verdad, es precise que se practique con
benevolencia, deseando el bien mutuo y no ignorando
este deseo. La amistad perfect es la de los hombres que
se parecen por su virtud, que son buenos por s mismos.
Por naturaleza y no por accident es que estn en tal
disposicin; de donde result que la amistad les sub-
siste todo el tiempo en que se comportan como vir-
tuosos, porque la virtud es un fenmeno slido y per-
manente. Entre dos amigos, cada uno es bueno en si
y para el otro. Son, adems, recprocamente agrada-
bles. Amistades tan nobles tienen que ser raras, por-
que hay pocos hombres de tal carcter y porque para
formarse esos lazos requirense tiempo y hbito. No
se llega a la amistad sino por el mutuo afecto y la re-
cproca confianza. El deseo de ser amigo puede sobre-
venir de improviso; pero la amistad nunca es rpida.
Ella s61o es complete cuando concurren el tiempo y las
dems circunstancias indicadas, y mediante estas rela-
ciones es que llega a ser igual por las dos parties. El
placer o el inters conducen a la amistad, pero de modo
secundario y pasajero. La primera y verdadera sensi-
bilidad amistosa es la de los hombres virtuosos y buenos
en tanto que lo son. Las otras s61o pueden ser amis-
tades por semejanza. El gusto es una impresin no
durable; la amistad, un modo de ser constant. El gus-
to puede recaer sobre cosas inanimadas; mas la reci-
procidad amistosa es el resultado de una preferencia
voluntaria, que afecta siempre a una cierta manera de











ELAS ENTRALO


ser moral Si se quiere el bien para los amigos, es ni-
camente por ellos, o sea, no por algo transitorio, sino
por una naturaleza tica que se conserve respect de
los mismos. Amando a un amigo se ama el propio
bien, el bien de si mismo. El hombre bueno y virtuo-
so, cuando cultiva la amistad, viene a ser como un bien
para aqul con quien la tiene. El sentimiento amistoso
consist ms en amar que en ser amado. Amar debe
ser la gran virtud de los amigos. Cuando el afecto
estribe en el mrito de dos amigos, ellos lo sern fir-
memente. Personas muy desiguales pueden ser amigas,
porque la reciproca estimacin las iguala. La igualdad
y la semejanza componen la amistad, sobre todo cuando
la segunda es la de la virtud.
Luz Caballero, que era algo as como el kilmetro
cero de los amigos cubanos reflejados en estas publica-
ciones epistolares, se me represent movido por algunos
extremos de la n aristotlica de la amistad-no
en la que aca de compendiar, en la Moral a Nico-
maco-, sipen la Gros Moral y en la Moral a Eude-
mo.1 efecto, el pensador cubano pareca seguir la
r de no tener muchos ni pocos amigos, sino el n-
conveniente de ellos, con los cuales integr una
pequea colectividad de hombres eminetes que ni la
distancia pudo separar, como lo demuestran las cone-
xiones postales que fijan ahora nuestra atencin. Estas
me llevan a preguntarme si hay elements para elabo-
rar una "teora" de la amistad cubana, similar a la ex-
puesta por Aristteles. La contestacin es afirmativa,
por lo menos y por ahora, para sugerir un ideario.
Flix Varela tena a la amistad desinteresada como
una quimera y a la que solamente se mueve por el
I Prescindo del dilogo ciceroniano De la Amiurd porque, a
mi juicio, el publicist latino no hizo sino seguir en algo los pa-
sos a Platn y en much los de Aristteles.
2 Lecciones de Filorof. Quinta edicin. Tomo Primero. Nueva
York. 1841. Pgs. 166 y 167.











CARTAS A LUZ CABALLERO


inters como "la compra de un individuo y la venta
de un afecto". Apartndose eclcticamente de Platn
y de Aristteles, aunque sin consignarlo, sostena que
todo el que ama es porque desea ser amado y porque
tambin recibe placer e inters en amar. En muchas
ocasiones, la persona apreciante espera que la apre-
ciada, por tener iguales sentimientos, acte como lo
hara ella. La amistad no debe existir por un inters
distinto de la persona a quien se tiene aprecio en tr-
minos que removido aqul no subsista ste; pero los
amigos no se imponen la obligacin de eliminar el
derecho a los buenos oficios que se puedan hacer mu-
tuamente. Y el idealista sacerdote y patriota nos sor- ., )
prende enseguida con esta afirmacin de fuerte realis-
mo: "Buscar otro S amIsd cnue los hombres, o
es buscar series i- s". La eleccin de amigos re-
quiere series meditaciones, pues de lo contrario nos
haremos un mal cuando procuramos un bien. En tal
sentido el procedimiento es indagar el inters que pue-
dan exigir de nosotros, y compararlo con el que po-
damos o queramos otorgarles, para pesar en la balanza
de las relaciones si la amistad es o no convenient.
Luz Caballero estimaba que nadie poda aventa-
jarle al career "a puo cerrado y a razn abierta" en la
virtud y en la amistad como antdotos del desengao.
En la cosmovisin pensamental de Mart no podan
faltar clidos concepts sobre un sentimiento con el
que l cumpli cabalmente. Tvole por tan hermoso
como el amor y consider que no haba nada que lo
mejorara en el mundo. Lo vivi como lealtad, como
3 Aforismos. Biblioteca de Autores Cubanos. Obras de Jos
de la Luz y Caballero. Vol. I. Pg. 26.
4 Prefiero tal traducci6n a nuestro idioma del vocablo alemn
walsnschbaung que la de mundividencia aplicada por various auto-
res hispnicos, entire ellos el excelente expositor de Historia del
Arte en nuestra qerida Facultad de Filosofa y Letras de la Uni-
versidad de la Habana, Dr. Luis de Soto. La palabra munduidescis
tiene un evidence sentido de posesi6n mistica excepcional que la
hace mis adecada para la terminologa espiritista o teosfica.











ELIAS ENTRALGO


"almohada cierta" y lo observe como la ltima luce-
cita de nobleza en el hombre cuando todas las dems
se le han apagado, alumbrndose tan s61o con ella
como para probar que nunca es del todo viLB
Manuel Mrquez Sterling7 vendria despus-defen-
diendo a la amistad por lo que obstaculiza los actos
inmorales-a recorder que los grandes cubanos ms
puros del pasado siglo tenan amigos a los que amaban
con ternura. Estos hroes-Saco, El Lugareo, Domin-
go Delmonte...-no gobernaron nunca y carecieron de
influencia en la administracin pblica. No eran ri-
cos. La amistad haba significado para ellos "un lazo
del espritu, argolla del corazn, vinculo intellectual y
moral". En los tiempos en que impera la tica surgeon
los amigos leales, que no necesitan el aliciente de la
prosperidad ni el atractivo del favor; en los tiempos en
que predomina la corrupcin los amigos fieles brotan
con much dificultad. El amigo del que manda es sos-
pechoso. Esa es la amistad de las concesiones, de los
elevados honors, de los altos cargo, de las desequili-
bradas ambiciones, que se marchita casi siempre cuan-
do el mandante pierde su podero. Tal amistad "es una
especie de asociacin momentnea dbilmente atada
con hilos tan frgiles como robusto el egosmo que
los anuda". Un amigo de esta clase no tiene carcter
firme, ni amor abnegado, ni consejo provechoso. Suele
terminar en el despecho y, a la larga, en la enemistad.
Queden aqu estos apuntes doctrinales para intentar
algn da en la cultural cubana lo que en otras ms

5 Discurso en honor de Fermn Valds Domnguez en el
saln jaeger's de New York el 24 de Febrero de 1894.
6 El Prsidente Artbur. Anlisis de su carcter. Crnica pu-
blicada en el peridico La Nacin de Buenos Aires el 5 de Fe-
brero de 1887.
7 Esprit de Aiociacin. Artculo publicado en el peridico
la Nacin de La Habana el domingo 13 de Enero de 1918.











CARTAS A LUZ


maduras an no se ha hecho: una sociologa de la
amistad. Entre nosotros tal studio lo reclama el mo-
tivoide que se trata del ms slido conglutinante social
en la gente cubana. Aqu no existe sentido del estado,
ni del municipio. Apenas lo hay de la corporacin.
E! de la familiar, que era muy fuerte-y ello se de-
muestra en estas cartas a Luz Caballero-lo estn disol-
viendo sucesivas y cada vez ms laxas leyes de divor-
cio, redactadas por abogados para facilitarles pleitos
a estos profesionales. El de la nacin, que todava es
muy creciente, lo comienza a deshacer el nuevo espi.
ritu de clase. Pero el de la amistad se defiende much.
Lo fomenta el carcter extravertido de los cubanos. Lo
mantiene, ms en provincias que en la Capital, la ve-
cindad. Creo que fu Horatio Rubens, el norteameri-
cano amigo de Mart y de la revolucin que l encabe-
zaba y luego magnate ferrocarrilero, quien dijo por los
afios terrible de la crisis econmica de 1930 a 1934 que
en Cuba ninguna persona se mora de hambre porque
siempre haba un vecino que le suministrara un plato
de comida. La amistad se desborda en el medio cu-
bano hacia otras organizaciones sociales. Nuestro pue-
blo, que no fecunda msticos, simpatiza desde sus ne-
gros africanos con el ecobio s y antipatiza desde sus
aborigenes al baracuey.g Ya Aristteles se haba en-
s Para los lectures extranjeros: Ecobio (voz afr.), m. Compa-
luo, amigo, especialmente entire los brujos.
Dicen que l era tu ecobio
pero te trajeron muerto.
NicolAs Guill.n (Luis J. Bustamante: Emcidopedia Popslar C-
bna. Tomo III. Pg. 57).
9 Tambin para los lectores forneos: "Baracutey.-Indica la
idea de la soledad o el aislamiento individual, y se ha aplicado mis
comnmente al pajarillo que nace sin compaero. Por analoga
de emplea esta voz para designer el hombre soltero, que vive sin
familiar, y en este sentido dice Milans:
Como soy baractey
'o que es cubiertos no tengo."
(Alfredo Zayas: Lexicografa Antillana. Segunda edicin. 1931.
Tomo I. P. 85.)










24 EINAS ENTRALGO ".-.,

cargado de decirnos que no es possible lograr la' uii
tad con personas que desagradan, y esta obserwaci
la refera particularmente a los excntricos, slo cpa-
ces de benevolencia y servicialidad ocasionales, pero
nunca de verdadera amistad porque no resisten la con-
forme vida colectiva. Desde la vitalidad terica de Aris-
t6teles hasta la teora vital de Lincoln, en el saber y
en la cultural de Occidente se encuentra con frecuencia
la afirmacin de la amistad y la negacin del asla-
miento. Es verdad que no han faltado oponentes al
ecobio y defensores del baracutey reclinados en el plo-
tiniano ~doos p ; pero no podemos desconocer que
el baracuteyism Plotino tena causa connatural en
ser l uno de lo bmbres ms castigados por la adver-
sidad: voz ron, i liento ftido, ceguera, cuerpo ulce-
roso, y por d miedo a la higiene. Desde en-
tonces, desde si re, el baracutey es un tipo que pide
Shospitalizacin a monografa psiquitrica, en tanto
que el ecobio ecig la residencia en el tratado psicol-
gico general.



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CARTAS A LUZ CABALLERO El manojo de cartas dirigidas a Tos6 de la Luz Caballero que tengo delante con el encargo de que las prologue, me leva a un anilisis-cuyo orden estarai determinado por la misma clausula con que empiezo este pirrafo: manojo de cartas dirigidas a Jose de la Luz Caballero; es decir, que debo ver, en primer t6rmino, lo que significan a las alturas de hoy las cartas en general, despues el carActer de estas dirigidas a Luz Caballero y el de los que las dirigen y el de la dpoca en que se dirigen, el del medio a que se dirigen y el sentido por que se dirigen. La epistola, que en los tiempos de la Roma clasica Ileg6 a tener vida tan robusta y a estimirsele indispensable para seguir el proceso hist6rico de aquella sociedad, es ahora un gdnero en agonia, que pasari pronto a la mejor vida de la historia, como la tragedia antigua y la epopeya medieval. La Revoluci6n MecAnica esti resultando un cementerio de gineros literarios. Si el cinemat6grafo ha enterrado al teatro y la radio esti despidiendo de la vida a la oratoria, la mAquina de escribir pone en trance de muerte a la epistolografia. La misiva era hija dilecta de lo mis individual e intimo de la personalidad humana. Cuando el hombre escribia una carta con su propia pluma, o para decirlo con una palabra grata a nuestros abuelos y a6n a nuestros padres, con su propia pdiola, se contemplaba eD esas letras a si mismo como en un espejo inico, como

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4 ELiAS ENTRALGO en una inconfundible impresi6n digital; y a su vez el que recibia una carta, sobre todo si trataba de tems no vulgares, Ia conservaba como singular especticulo humano. Pero la maquina de escribir, con sus tipos uniformes,;con sus lineas comunes, ha venido a acabar con el elcpico4e su pufio y letra. El elogio finebre de un pr6cer suele ser un repaso de todas las grandes acciones de su vida. La necrologia de un g6nero literario no puede ser otra cosa que eso, es decir, un repaso de sus grandes moments a travds de la 6poca en que tiene especifico desarrollo. Los epistolarios hay que dividirlos, esencialmente, a mi juicio, en fingidos y reales, o sea, cartas simuladas y cartas escritas para seres de care y hueso. Los primeros epistolios constituyen la representaci6n de los especialistas dentro del ginero; los segundos la de los humanistas. Veamos c6mo se comportan unos y otros. II El primero que en los tiempos modernos toma en grande el sesgo del epistolario como pretexto para con estilo soliloquial dirigir ataques criticos a la CompaAia de Jes6s es Pascal. Independientemente de la raz6n que pueda asistirle, sus Ilamadas Cartas Provinciales son documentos de alta discusi6n teol6gica, muy versados en la disciplina de su trato, iridos, densos, cargados de citas, glosadores sin hermen6utica, donde se argumenta y hasta se ergotiza al modo de la l6gica escoldstica. En orden de tiempo me viene despuds a la memoria Montesquieu con sus Cartas Persianas, reimpresas mis tarde con el titulo modificado, adaptandolo al uso actual, de Cartas Persas. Para 61 la epistolografia fu6 un gozo y un deporte literario. Hizo una dura critica de

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CARTAS A LUZ CABALLERO 5 las costumbres epocales entre observaciones sencillas y a la vez profundamente humanas. Verific6 sagaces comparaciones entre el Oriente y el Occidente. Fu6 perspicaz en la sintesis de sus anilisis. Es clAsico por haber dejado razones y verdades eternas. Su imaginaci6n no dejaba de tener las inevitables tangencias o secancias con la realidad, cuando iba siguiendo ciertos acontecinientos hist6ricos cronol'gicamente, pese al simbolismo en las direcciones de estas cartas suyas. El delicioso ironista que aparece en tales epistolas lleg6 en ocasiones al sarcasmo. Trat6 temas muy variados con vision universal. Josd de Cadalso, en sus Cartas Marruecas, acometi6 una critica constructiva de las costumbres de su tiempo. Hay fuerte unidad interpretativa en cada una de estas cartas, y producen la impresidn de que los temas van a ellas mAs que dstas a aqu6llos. La alteza de ideas y las reflexiones que dan que pensar lo elevan tanto que hasta lo distancian de las caracteristicas del gEnero. Su estilo, limpio, donoso, muy elaborado con elegantes esencias castizas y clasicas, remataba en agudezas ir6nicas. Era dado a observer y sefialar en sintesis muy I cidas y penetrantes los caracteres psiquicos de pueblos y naciones. Gustibale definir y clasificar a los hombres. Hay epistolarios abstractos y los hay concretos; 6ste es de los primeros. La Nota Final con que lo epilog6 el autor le aumenta la fantasia. III Con las Cartas de Santa Teresa de Jes6s pasamos a los epistol6grafos reales. En estos billetes se tropieza, no pocas veces, con la literature oficial, con las noticias concretas, con los t6picos del ldxico cat6lico, con el tono meramente informativo; pero, en varias ocasiones, se camina muy bien, no obstante los retorci-

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6 ELIAS ENTRALGO mientos estilisticos inarm6nicos del Conceptismo, por entre definiciones vivaces y graciosas apreciaciones sobre las mujeres, hacia una rica personalidad femenina, singularmente dotada para el gobierno. Aun bajo la obsesi6n de su asunto. la autora de estas confidencias ofrece un interesante material para la psicologia y la psiquiatria. Si no nos dejamos vencer por las opiniones tradicionales y le aplicamos la propia lupa critica a las Cartas de la Marquesa de Sevign6 veremos que tienen mis fama que merito. Sus noticias eran limitadas. Sus temas son estados de inimo, interioridades familiares, intimidades caseras, chismes cortesanos, escenas del vivir cotidiano, expresado todo ello con un descripcionismo elemental que no se detenia en la minucia ni ante lo mis escabroso. Carecia de sentido critico. de profundidad, de saber, reduciendosele este altimo a ciertos conocimientos de la literature francesa. Gustaba de los malabarismos estilisticos. Relataba, por lo demis, con precision, que despues de todo es virtud caracteristica de toda la prosa francesa. Muy de tarde en tarde revelaba rasgos de caricter. No le faltaron aislados aciertos fraseoi6gicos; y por alguno de ellos podemos enterarnos de los peculiares caracterismos que le presentaba su vocaci6n epistolografica. Enfrentarse con el epistoho de Voltaire equivale a recorrer un vasto panorama de saber, de cultura y de humanidad. De saber, por la complacencia que sentia en cultivar el g6nero epistolar, por el gusto que ponia siempre en sus cartas. por su don de acumular noticias reduciandolas, por la dificil facilidad de su estilo en general y la sobresaliente de ciertas frases en particuar, por sus provechosas sentencias. y hasta por defectos tan inevitables como el de que una luenga correspondencia de grafomano, escrita a travis de muy distintas circunstancias lo hiciera incurrir, a la larga, en contradicciones. De cultura, por su amplia curiosidad

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CARTAS A' LUZ CABALLERO 7 intelectual, por su ilustraci6n literaria, muy devota de los clhsicos antiguos; por haber sido un observador constante e ingenious, porque encarn6 muy bien el espiritu de su tiempoj porque en lo mis particular puso acento de universalad, y porque en el espolvoreo aurifero de sus conceptos escogidos se podria extraer un importante ideario. De humanidad, porque exceptuando algunos momentos infelices de aduloneria, esas comunicaciones estin llenas de virtudes-hasta cuando en sus afios postreros la chochez le di6 por cierto apasionamiento patri6tico contra Shakespeare-pues nos revelan un Voltaire intimo, pleno de sinceridad y ausente de ironias, inspirado por el aliento vital del entusiasmo, y muy lejano, por tanto, de todo escepticismo, que recoge y afirma los valores de la experiencia, que palpita por los hombres, cuando tantos de estos lo habian combatido por sus ideas. No puede con justicia terminarse la lectura de las cartas volterianas sin un sentimiento de honda admiracidn para quien casi murio con la pluma de epistol6grafo en la mano a los ochenta y cuatro alms. El cuantioso epistolario de Lord Chesterfield a su hijo Stanhope nos manifiesta hasta d6nde una firme volici6n humana puede mantener la unidad en el prop6sito a traves del tiempo por entre la dilataci6n y la variedad. Vida y misiva se confunden en la evoluci6n con que el noble ingles le va vigilando los pasos a su hijo, y de paso, sin quererlo y sin saberlo, componiendo a retazos el probablemente mas notable manual educativo del caballero en los tempos modernos. Reestructurando tales epistolas didicticas podria componerse una pequefia enciclopedia pedag6gica para la nihez, la adolescencia, la juventud y aun la edad madura, que nos permitiria ver dioraimicamente, a travis del educador, al moralist, al psic6logo, al soci6grafo prictico, al politico, al pensador y al critico y preceptista literario. En cuanto a este 6ltimo, dada la indole de nuestra presence materia, es oportuno recordar su opi-

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8 ELiAS ENTRALGO ni6n acerca de que el estilo epistolar debe ser fAcil y natural, nunca florid ni remontado. A su hijo le aconsejaba que cuando se dispusiera a trazarle una carta a determinada amiga finicamente pensara en lo que le diria si estuviese presence. Aprovechando un comprensivo sentido de la cultura y una variada erudici6n cldsica, utilizando una vivida experiencia, empleando una prosa clara, sencilla, elegante, fijadora de conceptos, teniendo una norma fundamental en el supremo valor dtico, aplicando una fe y una esperanza de mejor vida en la fusion de las esencias y las formas, este padre le fud distribuyendo m6ximas al hijo por entre sus diferentes edades con la mira puesta en hacer de 61 una especie de perfect escultura de care y hueso, y sin desconocer que la perfecci6n real no existe en la naturaleza humana. La correspondencia entre Goethe y Schiller es una demostraci6n muy representativa del genio alemin. Ahi estin solemnemente su sentido de la objetividad, de la disciplina, de la jerarquia, de la paciencia, de la prosecuci6n, de la pertinacia. Muy rara vez se hallard la confesi6n intima. Son pAginas de gabinete intelectual, en las que se habla de manuscritos, traducciones, intercambio de datos y documentos, proyectos y realizaciones de obras, opiniones sobre asuntos literarios. A Eca de Queiroz podri discutirsele como el epistol6grafo mAs excelente; pero no se puede negar que ha sido hasta hoy el mAs complete, puesto que cultiv6 el genero en sus dos aspectos principales, en el fingido y en el real, divergiendo, por cierto, radicalmente, en tan sendos casos como hasta ser, en aqu6l, cuidado estilista y delicioso humorist, y en 6ste descuidado escritor y malhumorada persona. El hombre propicio al humorismo en la literatura era proclive al mal humor en la vida; 6sa es la diferencia sustancial entre los supuestos papeles a Fradique Mendes y las verdaderas misivas a Ramalho Ortigao. En estas a6timas cartas privadas,

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CARTAS A LUZ CABALLERO 9 parad6jicamente lo que mis aparece es el publicist, preocupado por su cardcter de tal (urgencias, angustias, querellas.), por su obra novelesca y por el concepto en que se la tenia. El publicista venia al escritor privado en sus criticas constantes a los burgueses y en la fidelidad a la escuela realist patentizada a travds de las imigenes desnudas y el lenguaje fuerte. Lo demis de esas comunicaciones particulares a Ortigao es, en el fondo, egocentrismo egolitrico, a la vez atormentado y desenfadado, y en la formal, una prosa saltarina y juguetona. Tom6 otros rumbos, Ilenos de gracia humana, cuando se dirigia al personaje imaginario Fradique Mendes en epistolas pdblicas amenisimas, que son algo asi como modos de pensar agradablemente, en los cuales mezclando la imaginaci6n y la realidad, comunicindole a cosas, personas y acciones ficticias un sentido tan directo y subjetivo que parecen del todo hist6ricos, enfoc6 no poca de la fenomenologia social del siglo XIX. Una de las vivencias MIrs tipicas y expresivas de los epistol6grafos ha sido el regodeo en la genuina escritura. ;C6mo cuidibanse Santa Teresa y Voltaire de advertir a los corresponsales suyos cuando las cartas no las escriblan de propia mano porque alguna circunstancia, por lo comuin la dificiente salud, los obligaba a dictarlas! Si el lugar me lo permitiera, si el espacio me lo tolerara, ;cuintas observaciones de muy diversa indole no haria en torno a esos papeles ilustres! Para no citar sino un ejemplo, la cuintas consideraciones sobre in negative en el siglo XVI no se presta la preocupaci6n de Santa Teresa por la "boberia" y en el siglo XVIII la de Voltaire por la "calumnia"?

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10 ELIAS ENTRALGO IV dQue significaci6n tienen las cartas dirigidas a Luz Caballero dentro de ese cuadro del g6nero epistolar en la cultura occidental moderna y contemporinea-planteada asi, ejecutivamente, sin discusiones, hacienda caso omiso del mas leve complejo de inferioridad nacional? Dentro de las dos clasificaciones que estableci antes, estas epistolas son, por la una, reales, y por la otra, concretas. Se distinguen basicamente de las anteriores en que mientras 6stas, las europeas, van de uno para varios corresponsales, las dirigidas al maestro y pensador cubano van de diversos correspondientes a uno solo. En las primeras no puede apreciarse sino lo individual; en las segundas lo colectivo. La propia diversidad de 6stas, su misma procedencia de distintos temperamentos, caracteres y personalidades, las dota de un inter6s panorimico, las hace mis expansivas en la observacidn o en la opini6n, les da un sentido sumamente ecumenical. V Para estimar el caricter de los que las dirigen hay que empezar por distinguir los que son caracteres de los que no lo son entre los autores de tales misivas. A este efecto, las mismas pueden dividirse, por su temporalidad, en ocasionales, repetidas y permanentes. Es en las 6ltimas donde hay mas afinidad entre los epistolistas, y donde pueden apuntarse, por lo general, la espontaneidad, la franqueza, la igualdad en el trato y la sensibilidad civica. Periodo aparte merece el hecho de que aquellos vatones, que hoy vemos tan circunspectos y venerables en retratos, pinturas y estatuas, o los adivinamos con esos caracteres en casos como el de Jos6 Agustin Caballero,

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CARTAS A LUZ CABALLERO 11 estuvieran presididos en su correspondencia por una indole comiin de buen humor, de cboteo, que por lo visto surgi6 en el caricter cubano hace bastante tiempo. A trav6s de aquellas misivas permanentes sobresalen cuatro personalidades: Saco, El LugareJo, Varela, y tambidn Luz Caballero. eCmo emergen tales tipos de sus escritos o documentos intimos? Aparece Saco, estudiante de por vida, admirando no al profesor que sabe mis, sino al que habla menos, al que "habla solamente lo que es necesario", declarando asi de qud lado estaban su gusto estetico, sus preferencias literarias, y descubriendonos Ia raz6n causal de su estilo conciso; aparece Saco, por otra parte, movido, como una reacci6n o combustion quimicas tan gratas a su espiritu, por su gran vocaci6n political y su ardiente y fervoroso liberalismo; aparece Saco, "resignado y conforme" ante las invencibles dificultades que le impiden regresar a su tierra, esperando musulmanamente, como un espaiol lo, mismo de Ia epoca de Felipe H que de Ia de Cainovas del Castillo, "del tiempo, del tiempo, de este agente, el mis poderoso en todos los acontecimientos humanos". Se revela Gaspar Betancourt Cisneros honrando un pseud6nimo nunca mejor escogido-porque 61 era muy lugareflamente camagiieyano, lugareflismo que no tuvo Saco para Bayamo ni Varela ni Luz Caballero para La Habana-con su mente concreta, afilos6fica, utilitaria, con su caracter predominantemente euf6rico y con su estilo espontaineo, Ilano, natural, fl6ido, francote, a Ia buena de Dios, sano en sus desvergiienzas-que despuds de todo no faltan en la obra maestra del idioma y una de las obras maestras de Ia literatura universal, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha-y desbordante de sabrosa cubania. Se manifiesta Varela, no ocultando su sonrojo cuando to encomian delante de algunas personas; no dejando de Ia memoria, de Is atenci6n y de Ia mano su lengua muerta latina de sacerdote cat6lico y su lengua viva inglesa de residente

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12 ELiAS ENTRALGO en los Estados Unidos; afirmando que en sus Catas a Elpidlo estan, no solamente sus ideas y su caracter, sino su alma toda; expresando este concepto tan democritico: "yo reconozco en los pueblos una inmensa superioridad sobre los individuos y un derecho a apreciarlos o a negarles su aprecio sin reclamo alguno"; y sosteniendo el siguiente principio de buena d&ica y sana politica: "Yo siempre he creido que las circunstancias en que el hombre se halla le imponen un deber de hacerlas valer en cuanto pueda para su propio bien y el de sus semejantes.". Se refleja Luz Caballero, modesto, lleno de ocupaciones por la cultura y de preocupaciones por la patria, sin perjuicio de espaciar la vista por el saber universal y de cultivar relaciones con sus grandes representativos del momento: William H. Prescott, A. H. Everett, Francisco Martinez de la Rosa. para no mencionar nada mis que a los que en estas piginas han dejado su huella. V I De la 6poca, la idea prevaleciente en los que escribieron estos papeles era la del Progreso y el fen6meno preponderance en ellos el de la mal llamada-si tenemos en cuenta que comprende tambidn a la mecanica y a la t6cnica-Revoluci6n Industrial. Saco, enciclopedista como todos los pensadores cubanos del siglo XIX, pero inclinado con pasi6n a la especialidad de la quimica, escribiria este pirrafo cilido de entusiasmo: "Amigo mio, en La Habana nunca hemos visto la fuerza de una column galvanica. iQu6 falta me hacen quinientos o seiscientos pesos! ;Qu6 buenas cosas lievaria! ;Qu6 deflagrador! ;Qud calorimotor! Al ver operar estas maquinas, el hombre no puede evitar su admiracion!". No se ha interpretado en tal aspecto a

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CARTAS A LUZ CABALLERO 13 Saco, como tampoco se le ha atribuido a El LugareJo, cuyos temas epistolograficos desde la regi6a cubana mis tradicionalista fueron: "locomotoras, carros, miquinas.", "terraplenes", "el camino de hierro camagdeyano El anhelo de progreso se halla en el trasfondo de una de las notas mis sostenidas de este epistolario: las dificultades y peligros que todavia embargaban la navegaci6n en aquellos tiempos. Queda como rasgo mis individual y aislado la capacidad critica de Jose Agustin Caballero para discernir-alguna vez con simbolos folkl6ricos cubanos-los conflictos internacionales. VII La distancia entre el genio y su ambience ha sido siempre una de las situaciones mas dramiticas de la historia. La incomprensi6n del segundo para el primero acent6ase cuando el grande hombre se mueve, en sus sentimientos, actos e ideas, con el dinamismo de los pauses mas civilizados o cultos, mientras su tierra anda con el estatismo de las colonias y la inercia de las factorias. Saco, desde tan atras como el aflo 1826, sospechari la malicia hipercritica, murmuradora y calumniosa de sus compatriotas cuando estd mis desvelado porque adelanten con la ensefianza experimental. Nl Lugarefo, al combatir civicamente el vicio p6blico en la prensa, recibiri como castigo la murmuraci6n piebeya sobre su vida privada; y estaria presto a renunciar la presidencia de la junta directiva del ferrocarril camagiieyano al ver que sus coterrineos respondian a sus empeflos altruistas mostrindose renuentes a reconocer los experimentos visibles del avance constructivo en el camino de hierro, interin los que le acompafiaban en la direccidn de la empresa entregibanse

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14 ELAS ENTRALGO at derroche burocritico, el politiqueo, las intrigas y el personalismo. Por lo demdis, el medio factoril at que tuvieron que hacerle frente puede rastrearse en estos diilogos epistolares, desde los chismes aldeanos, pasando por el memorismo en la ensefianza, el vicio del juego, el robo y el asesinato siempre impunes, hasta la esclavitud. Fueron, sin duda, hombres de fe; pero bajo problemas tan enormes coma los que tenian encima no debe sorprendernos que alguna vez se sintieran vencidos por el escepticismo. Asi Saco, cuando ya no quiere que le envien la mdquina galvinica ni la neumdtica para componerlas, pues le teme al caos opinativo y a la imaginacion maliciosa de sus "paisanos", capaces de suponerlo con el prop6sito de especular econ6micamente a costa de ellos. Asi Varela, cuando tras de estar inquieto y curioso por saber a que se debe la poca aceptaci6n que han tenido en su patria las Cartas a Elpidio-si ha sido por las doctrinas, por el modo de presentarlas, o por mero odio inesperado hacia el que las escribi6, otrora enaltecido por el aprecio de sus "paisanos"-opta por la afirmaci6n del 6ltimo fundamento negativo y se decide a interpretar que el desprecio hacia tal obra no es sino un exponente del que le tienen a su autor. Habiendo "adquirido el inestimable tesoro del desengaio", no creyendo tener ya influjo sobre su pas-mis con la sospecha de que nunca Io tuvo-se declara hombre cosmopolita, ciudadano del mundo. Esas oleadas de escepticismo han visitado las playas de ]a historia cubana tras cada gran fracaso politico. Mojaron la pluma de Tomis Estrada Palma, Miximo G6mez, Manuel Sanguily y Ram6n Roa despu6s del Pacto del Zanj6n. Humedecieron la de Enrique Jos6 Varona desde la caida del primerizo gobierno independiente hasta casi las postrimerias del primer tercio de siglo republicano.

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CARTAS A LUZ CABALLERO 15 Para indagar peculiaridades de nuestra cultura resultan muy tiles estos documentos. La tendencia frecuente a citar aforismos latinos denuncia la formaci6n a la vez cat6lica y humanistica de sus autores. El verdadero amor que sentian por el estudio se descubre en la inclinaci6n bibliofilica. Puestos a buscar sugerencias para investigaciones y criticas acerca de nuestros movimientos culturales, ahi esti Jos6 Agustin Caballero brindando tema para un ensayo sobre la corriente colombista, que 61 inicia, y por la que cursan Antonio Bachiller y Morales, Jos6 Silverio Jorrin, Manuel Sanguily y Armando Alvarez Pedroso. Por todo ello, no s6lo resultan indispensables estos manuscritos para examinar las vidas de los que los redactaron, sino que no puede prescindirse de los mismos para acometer cabalmente el escudrifiamiento de nuestra evoluci6n hist6rica y sociogrAfica. El mismo foco de convergencia epistolar, Luz Caballero, puede ofrecernos el mejor ejemplo. Detdngase la atenci6n en el proceso que va desde la carta de su pariente Cecilio Silver (27 de diciembre de 1821), en que se testimonian las aventuras amorosas juveniles de Mi Pepe; pasando por la que dirige (19 de septiembre de 1830) al Hochwohlgeboren Hern de la Luz el Dr. Robert Froriep, donde se revela que el simpatico mozo cubano, a su paso por Weimar, fu6 visto con tanto agrado, especialmente por las sefioras y particularmente por la de Goethe y por la sefiorita Pappenheim, que se lamentaron repetidas veces de haberlo conocido para verlo partir tan pronto; hasta Ilegar a la que le remite Domingo Delmonte a su querido y estimado Pepe (6 de marzo de 1849), para recomendarle como alumno a un hijo suyo, haciendole conocer "la satisfacci6n tan grande" con que se ha enterado "que la persona a quien yo amo y respeto mas en este mundo por su sabiduria y por su virtud se va a hacer cargo de la direcci6n intelectual y moral de aquella prenda querida"-y cuenta que cuando consignibanse estas palabras ya ambos

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16 ELiAS ENTRALGO hombres ilustres habian pasado por la prueba de la acalorada polemica sobre Moral Religiosa. A traves de esa 6rbita biogrifica hay importantes y trascendentes contrastes de vida humana y personalidad. El individuo se transformaria en el maestro de una promocidn creadora en la historia nacional; y, con la posteridad, devendria en mito. (iQuien, con esa reciprocidad epistolar transcripta en los dos tomos de La Vida Intima, nos brindari un precioso libro como el de Gast6n Boissier sobre Cicerdn y sus Amigos?). VIII Dejando ya valores intelectuales e hist6ricos, jseri posible Ilegar hasta otros mis raigalmente humanos? Contesto de modo afirmativo, pues creo que la raz6n mAs intima y la explicacion mis comprensiva de estas cartas radican en ser expansiones del sentimiento de la amistad. Debe liamarse la atencidn sobre el fen6meno de que la amistad no ha sido todavia incorporada al imbito sociol6gico, ni en el tratado, ni en la monografia, ni en el ensayo, ni siquiera en el capitulo. Careciendo de rigor sistemitico en su terreno mis apropiado, hay que buscar su tratamiento en otros usufructos. Los fil6sofos clisicos antiguos, mas que los medievales y los modernos, le otorgaron consideraci6n al tema de la amistad. Su concepto no fu6 para S6crates aislada teoria, sino forma de vida. La filosofia y las aspiraciones espirituales, en general, se asociaban, en la concepci6n socritica de la existencia, al trato amistoso con los hombres. La amistad se present a sus ojos como factor de proteccidn en la vida piblica durante los tiempos de conmociones politicas, aconsejindole a Crit6n la b6squeda de un amigo que ande a su alrededor como un perro fiel para protegerlo. El fundamento de la amistad verdadera no est, a su juicio, en

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CARTAS A LUZ CABALLERO 17 la utilidad externa de unos seres humanos para otros, sino en el valor interno del hombre. Claro que la experiencia dice que la humanidad no solamente esta dotada por la naturaleza para los sentimientos amistosos, sino tambidn para los hostiles. Los hombres ilevan en si la posibilidad de compadecer, de beneficiar, de agradecer; pero tambikn quieren gozar de bienes nobles o placenteros, y entonces se va descendiendo por una suerte de escala destructiva: la discrepancia engendra la disputa, dsta produce la discordia, 6sta conduce a la c6lera, dsta desata la guerra, trayendo la codicia de poseer mas por parte de los que tienen y ]a envidia por parte de los que no tienen. Empero, la amistad 6brese paso por entre tales obstdculos, relacionando a los mejores hombres, que prefieren esta riqueza interior al dinero, y ponen a disposici6n de sus amigos, con desinteris, sus servicios, alegraindose a su vez de los que ellos puedan prestarles. iPor qu6 cuando un hombre mantiene altos fines politicos, como el honor de su ciudad natal, no ha de poder unirse a otro hombre que se mueva con semejantes prop6sitos, en lugar de tenerlo por enemigo? La amistad empieza por el perfeccionamiento de ]a propia personalidad; pero, ademis, requiere las condiciones del erdtico, que necesita de otros y va tras ellos porque ha recibido de la naturaleza la gracia artistica de agradar al que a 61 le agrada. S6crates ponia su sentido de la amistad a la disposici6n de sus amigos cuando 6stos lo necesitaban para allegar nuevas amistades. No crefa que ella fuera solamente un instrumento de cooperacion political, sino que la consideraba como genuina expresi6n de ]a colectividad constructiva en la especie humana. A sus discipulos los Ilamaba sus amigos, los miraba como hombres completos, como representatives del espiritu profundo y real de todo su trato amistoso con la humanidad. Plat6n, en el Lysis, con sentido dialdctico, plantea, discute y trata de resolver la cuesti6n de la amistad. El dialogo entra propiamente en el tema cuando hay

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18 ELIAS ENTRALGO quien no conoce cosa mas envidiable en el mundo, que tener amigos, nada mis aperecible y digno que la amistad. El suscitador del dialogo esta tan distante de tal fortuna que no sabe ni c6mo un hombre inicia el trato amistoso con otro. Menexenes, uno de los dialogados, respondera que basta el afecto de un hombre hacia otro para existir la amistad, la cual radica en el que es amado, aunque aborrezca al que lo ama. La divinidad hace los amigos, uniendo unos hombres a otros, por el sabio principio de que lo semejante atrae a lo que se le asemeja. Por ello, los hombres malos, que no se parecen entire ellos, ni en si mismos, porque son variables, siendo diferentes no pueden ser amigos de nada. Por Io tanto no tienen expedita la amistad entre ellos, ni con los buenos. Los verdaderos amigos son los hombres de bien. Sentado esto, los seres que se parecen mis, ino suelen ser los mis envidiosos y hostiles entire si? (El didlogo sigue vacilando entire las tembladeras de la incertidumbre.) Lo que no es malo ni bueno es amigo de esto iltimo por la simple presencia del mal. El cuerpo humano, que en si no es bueno ni malo, ama la medicina, a causa de la enfermedad, que es un mal, en tanto que aqudlla es un bien; y es esto 6ltimo porque se quiere la medicine con vista de la salud. Esta es amiga, y la enfermedad es enemiga. Se ama la amistad a causa de la enemistad. Al amigo no se le quiere en vista de otro amigo. La amistad surge a causa de algo. Dos amigos lo son porque entire ellos hay afinidad de alma, de caricter o de exterioridad. A pesar de todo ello, el diilogo termina diciendo que no han podido descubrir lo que es el amigo. El tema de la amistad preocup6 tanto a Arist6teles que en la Moral a Nicomaco trat6lo de pasada mis de una vez, deteniendose sobre 61 en los libros VIII y IX, transitando por el mismo en La Gran Moral, y considerindolo nuevamente en el libro VII de la Moral a Eudemo. La amistad, en la "teoria" del Estagirita es una especie de virtud, o por lo menos va siempre es-

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CARTAS A LUZ CABALLERO 19 coltada por la virtud. Es, tambien, una necesidad apremiante de la vida, porque nadie aceptaria 6sta sin amigos, aun cuando fuere dueiio de todos los demas bienes. Unanimemente se conviene en que los amigos constituyen el tinico refugio durante los reveses. La amistad sirve, en la adolescencia, para pedir consejos que eviten la comisi6n de faltas; en la vejez, para reclamar los auxilios que suplan la carencia de fuerzas; en plena virilidad, para realizar acciones sobresalientes. La amistad es uno de los mis nobles sentimientos. Para que exista, en verdad, es preciso que se practique con benevolencia, deseando el bien mutuo y no ignorando este deseo. La amistad perfecta es la de los hombres que se parecen por su virtud, que son buenos por si mismos. Por naturaleza y no por accidente es que estin en tal disposici6n; de donde resulta que la amistad les subsiste todo el tiempo en que se comportan como virtuosos, porque la virtud es un fen6meno s6lido y permanente. Entre dos amigos, cada uno es bueno en si y para el otro. Son, ademis, reciprocamente agradables. Amistades tan nobles tienen que ser raras, porque hay pocos hombres de tal carActer y porque para formarse esos lazos requi6rense tiempo y habito. No se liega a la amistad sino por el mutuo afecto y la reciproca confianza. El deseo de ser amigo puede sobrevenir de improviso; pero la amistad nunca es ripida. Ella s6lo es complete cuando concurren el tiempo y las demis circunstancias indicadas, y mediante estas relaciones es que Ilega a ser igual por las dos padres. El placer o el interns conducen a la amistad, pero de modo secundario y pasajero. La primera y verdadera sensibilidad amistosa es la de los hombres virtuosos y buenos en tanto que lo son. Las otras s6lo pueden ser amistades por semejanza. El gusto es una impresi6n no durable; la amistad, un modo de ser constante. El gusto puede recaer sobre cosas inanimadas; mas la reciprocidad amistosa es el resultado de una preferencia voluntaria, que afecta siempre a una cierta manera de

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20 ELiAS ENTRALGO ser moral. Si se quiere el bien para los amigos, es 6nicamente por ellos, o sea, no por algo transitorio, sino por una naturaleza &tica que se conserva respecto de los mismos. Amando a un amigo se ama el propio bien, el bien de si mismo. El hombre bueno y virtuoso, cuando cultiva la amistad, viene a ser como un bien para aqu6l con quien la tiene. El sentimiento amistoso consisre mis en amar que en ser amado. Amar debe ser la gran virtud de los amigos. Cuando el afecto estribe en el mdrito de dos amigos, ellos lo serin firmemente. Personas muy desiguales pueden ser amigas, porque la reciproca estimacidn las iguala. La igualdad y la semejanza componen la amistad, sobre todo cuando la segunda es la de la virtud. Luz Caballero, que era algo asi como el kil6metro cero de los amigos cubanos reflejados en estas publicaciones epistolares, se me representa movido por algunos extremos de la codcepci6n aristotrlica de la amistad-no en la que acaJd de compendiar, en la Moral a Nicomaco-, studf en la Gran Moral y en la Moral a Eudemo.1 Fiefecto, el pensador cubano parecia seguir la rela'le no tener muchos ni pocos amigos, sino el n6imero conveniente de ellos, con los cuales integr6 una pequefia colectividad de hombres eminentes que ni la distancia nudo separar, como 10 demuestran las conexiones postales que fijan ahora nuestra atenci6n. Estas me levan a preguntarme si hay elementos para elaborar una "teoria" de la amistad cubana, similar a la expuesta por Aristoteles. La contestaci6n es afirmativa, por lo menos y por ahora, para sugerir un ideario. F6lix Varela 2 tenia a la amistad desinteresada como una quimera y a la que solamente se mueve por el I Prescindo del dilogo ciceroniano De 1a Amistad porque, a mi juiclo, el publicist latino no hizo sino seguir en algo los pasos a Plat6n y en mucho los de Arist6teles. 2 Lecciones de Piosofia. Quinta edici6n. Tomo Primero. Nueva York. 1841. Pigs. 166 y 167.

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CARTAS A LUZ CABALLERO 21 interns como "la compra de un individuo y la venta de un afecto". Apartindose eclecticamente de Plat6n y de Arist6teles, aunque sin consignarlo, sostenia que todo el que ama es porque desea ser amado y porque tambidn recibe placer e interns en awar. En muchas ocasiones, ]a persona apreciante espera que la apreciada, por tener iguales sentimientos, actie como lo harda ella. La amistad no debe existir por un interns distinto de la persona a quien se tiene aprecio en tdrminos que removido aqudl no subsista este; pero los amigos no se imponen la obligaci6n de eliminar el derecho a los buenos oficios que se puedan hacer mutuamente. Y el idealista sacerdote y patriota nos sor..* prende enseguida con esta afirmaci6n de fuerte realismo: "Buscar otro M dr imnisfid-entreTs ombres, es buscar seres irdnt tarios". La elecci6n de amigos requiere serias meditaciones, pues de lo contrario nos haremos un mal cuando procuramos un bien. En tal sentido el procedimiento es indagar el interns que puedan exigir de nosotros, y compararlo con el que podamos o queramos otorgarles, para pesar en la balanza de las relaciones si la amistad es o no conveniente. Luz Caballero3 estimaba que nadie podia aventajarle al career "a puflo cerrado y a raz6n abierta" en la virtud y en la amistad como antidotos del desengaflo. En la cosmovisi6n' pensamental de Marti no podian faltar calidos concepts sobre un sentimiento con el que dI cumpli6 cabalmente. T vole por tan hermoso como el amor y consider que no habia nada que lo mejorara en el mundo. Lo vivi6 como lealtad, como 3 Aforismos. Biblioteca de Autores Cubanos. Obras de Josd de la Luz y Caballero. Vol. 1. Pig. 26. 4 Prefiero tal traducci6n a nuestro idioma del vocablo alemn weltanscharung que la de mundividencia aplicada por varios autores hispinicos, entre ellos el excelente expositor de Historia del Arte en nuestra querida Facultad de Filosofia y Letras de la Universidad de Ia Habana, Dr. Luis de Soto. La palabra mundividencia tiene un evidente sentido de posesi6n mistica exceptional que Ia hace mhs adecuada para Ia terminologia espiritista o teos6fica.

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22 ELIAS ENTRALGO "almohada cierta" 5 y lo observe como la iltima lucecita de nobleza en el hombre cuando todas las demis se le han apagado, alumbrindose tan solo con ella como para probar que nunca es del todo vil.6 Manuel Marquez Sterling 7 vendria despus-defendiendo a la amistad por lo que obstaculiza los actos inmorales-a recordar que los grandes cubanos mis puros del pasado siglo tenian amigos a los que amaban con ternura. Estos h6roes-Saco, El Lugarefo, Domingo Delmonte.-no gobernaron nunca y carecieron de influencia en la administraci6n pdblica. No eran ricos. La amistad habia significado para ellos "un lazo del espiritu, argolla del corazon, vinculo intelectual y moral". En los tiempos en que impera la 6tica surgen los amigos leales, que no necesitan el aliciente de la prosperidad ni el atractivo del favor; en los tiempos en que predomina la corrupci6n los amigos fieles brotan con mucha dificultad. El amigo del que manda es sospechoso. Esa es la amistad de las concesiones, de los elevados honores, de los altos cargos, de las desequilibradas ambiciones, que se marchita casi siempre cuando el mandante pierde su poderio. Tal amistad "es una especie de asociaci6n momentinea d6bilmente atada con hilos tan frigiles como robusto el egoismo que los anuda". Un amigo de esta clase no tiene caricter firme, ni amor abnegado, ni consejo provechoso. Suele terminar en el despecho y, a la larga, en la enemistad. Queden aqui estos apuntes doctrinales para intentar alg6n dia en ]a cultura cubana lo que en otras mis 5 Discurso en honor de Fermin Valdes Dominguez en el sal6n Jager's de New York el 24 de Febrero de 1894. 6 El Presidente Arthur. Anilisis de su caricter. Cr6nica publicada en el peri6dico La Nacidn de Buenos Aires el 5 de Febrero de 1887. 7 Espiritu de Asociacion. Articulo publicado en el peri6dico La Nacidn de La Habana el domingo 13 de Enero de 1918.

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CARTAS A LUZ 23 maduras a6n no se ha hecho: una sociologia de la amistad. Entre nosotros tal estudio lo reclama el motivo de que se trata del mis s6lido conglutinante social en la gente cubana. Aqui no existe sentido del estado, ni del municipio. Apenas lo hay de la corporaci6n. El de la familia, que era muy fuerte-y ello se demuestra en estas cartas a Luz Caballero-lo estan disolviendo sucesivas y cada vez mis laxas leyes de divorcio, redactadas por abogados para facilitarles pleitos a estos profesionales. El de la naci6n, que todavia es muy creciente, lo comienza a deshacer el nuevo espiritu de clase. Pero el de la amistad se defiende mucho. Lo fomenta el caracter extravertido de los cubanos. Lo mantiene, mis en provincias que en la Capital, la vecindad. Creo que fu4 Horatio Rubens, el norteamericano amigo de Marti y de la revolucidn que 61 encabezaba y luego magnate ferrocarrilero, quien dijo por los aibs terribles de la crisis econ6mica de 1930 a 1934 que en Cuba ninguna persona se moria de hambre porque siempre habia un vecino que le suministrara un plato de comida. La amistad se desborda en el medio cubano hacia otras organizaciones sociales. Nuestro pueblo, que no fecunda misticos, simpatiza desde sus negros africanos con el ecobio 8 y antipatiza desde sus aborigenes al baracutey.' Ya Arist6teles se babia en8 Para los lectores extranjeros: Ecobio (voz atr.), m. Companuo, amigo, especialmente entre los brujos. Dicen que 61 era tu ecobio pero te trajeron muerto. Nicolss Guill6n (Luis J. Bustamante: Enciclopedia Popular Cabana. Tomo I1. Pig. 57). 9 Tambi6n para los lectures forineos: "Baracusey.-Indica I& idea de la soledad o el aislamiento individual, y se ha aplicado mis com6nmente al pajarillo que nace sin compaiero. Por analogia se eniplea esta voz para designar el hombre soltero, que vive sin familia, y en este sentido dice Milan6s: Como soy baracutey Io que es cubierros no tengo." (Alfreao Zayas: Lexicografia Antillana. Segunda edici6n. 1931. Tomo I. Pig. 85.)

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24 EIfAS ENTRALGO cargado de decirnos que no es posible lograr la amistad con personas que desagradan, y esta observaci6n la referia particularmente a los excentricos, s6lo capaces de benevolencia y servicialidad ocasionales, pero nunca de verdadera amistad porque no resisten la conforme vida colectiva. Desde la vitalidad te6rica de Arist6teles hasta la teoria vital de Lincoln, en el saber y en la cultura de Occidente se encuentra con frecuencia la afirmaci6n de la amistad y la negaci6n del aislamiento. Es verdad que no han faltado oponentes al ecobio y defensores del baracutey reclinados en el plotiniano dvos p4vt; pero no podemos desconocer que el baracuteyismo de Plotino tenia causa connatural en ser el uno de los, hombres mas castigados por la adversidad: voz ronca, aliento f6tido, ceguera, cuerpo ulceroso, y por afliadidura, miedo a la higiene. Desde entonces, desde siemire, el baracuvey es un tipo que pide hospitalizaci6n en la monografia psiquiitrica, en tanto que el ecobio euigd la residencia en el tratado psicol6gico general.

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