Citation
Miscelánea filosófica

Material Information

Title:
Miscelánea filosófica escrita por el pbro. don Félix Varela y Morales ..
Series Title:
His Obras. Vol. VII
Creator:
Varela, Félix, 1788-1853
Vitier, Medardo, 1886-1960 ( ed )
Place of Publication:
La Habana
Publisher:
Universidad de la Habana,
Universidad de la Habana
Publication Date:
Copyright Date:
1944
Language:
Spanish
Physical Description:
2 p. â„“., vii-xxiii, 290 p., 1 â„“. : ; 21 cm.

Subjects

Subjects / Keywords:
Philosophy ( lcsh )
Genre:
bibliography ( marcgt )
non-fiction ( marcgt )
Spatial Coverage:
Cuba

Notes

General Note:
At head of title: Biblioteca de autores cubanos, 3.
General Note:
"Hemos seguido principlmente el texto de la tercera edición hecha en Nueva York, en 1827 ... y hemos interpolado dos de las Observaciones acerca del escolastismo, suprimidas de la tercera edición, tal como aparecen en la segunda hecha en Madrid en 1821."-p. vii
Statement of Responsibility:
Seguida del Ensayo sobre el origen de nuestras ideas, Carta de un italiano a un francés sobre las doctrinas de Lamennais y Ensayo sobre las doctrinas de Kant. Prólogo de Medardo Vitier.

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Holding Location:
University of Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
AAN2843 ( LTUF )
01437624 ( OCLC )
000117020 ( AlephBibNum )
a 45004218 ( LCCN )

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ICROF ILMED
al THE UNIVERSITY OF
FLORIDA LIBRAIES-








MISCELNEA FILOSFICA










S CUBANOS

ME UTORES CUBANOS


Auspiciada por el

H. S.EOR RECTOR DE LA UNIVESIDAD.
y por el
H. CoNSEJO UNIVEm ARmo

Director:
Dm. RoBERTo AGRAMONTB PICHAmDO
Vicerrector de la Universidad.

Secretario:
Dn. ELAts ENTAALGo VALLINA
Profesor de Historia de Cuba
de la Universidad.

Administrador:
S. SALVADOR VInASBCA FORm
Jefe del Departamento de Informacin, Publicaciones
e Intercambio Cultural.


















PRINTED IN CUBA
Impresa en Cuba.


BIBLIOTECA










BIBLIOTECA DE AUTORES CUBANOS

OBRAS DE FLIX VARELA Y MORALES
VOL. VII



MISCELANEA


FILOSOFICA
Escrita por el
PBRO. DON FLIX VA IA- RALESn
Catedrtico de aofi
en el Colegio de San Carlos de la Habana.

Seguida del
ENsxYO SOBRE EL ORIGEN DE NUESTRAS IDEAS,
CARTA DB UN ITALIANO A UN FRANCS SOBRE LAS
DocTRINAS DE LAMENNAIS
y
ENSAYO SOBRE LAS DOCTRINAS pa .KANT.

Prlogo de
MEDARDO VITIER









EDITORIAL DE LA UN'IVERSIDAD
DE LA HABANA
1944










lo Lf












Coppght
by
Universidad de la
Habwna, 1944


c&a, GAadA Y CIA. Tzmwu4 Rsy Nm. 15. LA H ~A<&.














AL LECTOR


En la present publicacin de la MIsCELNEA FILO.
sFICA del Pbro. Flix Varela y Morales, hemos se-
guido principalmente el texto de la tercera edicin
hecha en Nueva York, en 1827, en la Imprenta de
Enrique Newton, calle de Chatham, nmero 157; y
hemos interpolado dos de las Observaciones acerca
del escolasticismo, suprimidas de la tercera edicin,
tal como aparecen en la segunda hecha en Madrid
en 1821 en la Imprenta que fu de Fuentenebro.
La primera edicin de esta obra apareci en La Ha-
bana en 1819 y fu confeccionada por la Imprenta
Palmer.
Hemos credo convenient aiadir a esta obra filo-
sfica tres studios de la misma ndole, publicados en
Norteamrica en ingls por el Padre Varela. Estos
son el Ensayo sobre la doctrine de Kant, publicado
en 1841, en. The Catholic Expositor, traducido del
ingls por el Dr. Luis A. Baralt y Zacharie; la Carta
de un italiano a un francs sobre las doctrinas de
M. de Lamennais, publicada en 1842; y el Ensayo
sobre el origen de nuestras ideas-dos artculos publi-
cados en enero y febrero de 1842, que han sido tra-
ducidos por el Dr. Roberto Agramonte.
Deseamos expresar nuestro reconocimiento a Mon-
seor Eduardo Martnez Dalmau, Obispo de Cien-









AL LECTOR


fuegos, quien gentilmente nos facility una copia a
mquina de la segunda edicin de la MISCELNEA
FILOSFICA y las copias fotostticas de los primeros
dos ensayos mencionados, enviadas desde los Estados
Unidos por el Dr. Antonio Hernndez Travieso. Asi-
mismo agradecemos particularmente al Ilmo. Prelado
el habernos facilitado otros trabajos del Padre Varela.
Deseamos consignar, de modo especial, nuestro
agradecimiento al Dr. Ferin Peraza, Director de la
Biblioteca Municipal de La Habana, quien tuvo la
amabilidad de enviarnos desde Washington una copia
fotosttica del ltimo ensayo mencionado. El pr-
logo ha sido confiado al distinguido professor Dr. Me-
dardo Vitier, autor de la obra Las Ideas en Cuba
(Premio Nacional de Literatura). La preparacin y
revision del texto han estado a cargo del Dr. Roberto
Agramonte. 1

Quede consignado a todos nuestro reconocimiento.


EL COMIT EDITOR











i La division de este volume en parties y la numeracin de
los captulos son del Editor.


VII















INDICE


PG.

Prlogo, por Medardo Vitier ................... XII
Pensamiento ................................ 1
Introduccin ................................ 3


PARTE I
PRINCIPIOS LGICOS

Capitulo I: De la lgica ............ ........ 7
Captulo II: De nuestra existencia ............. 10
Captulo III: Diferentes modos de nuestra sensibi- --
ldad ..................... .......... 11
Captulo IV: De nuestras percepciones e ideas .... 13
Captulo V: Existencia de los series fuera de nos-
otros ................................ 15
Captulo VI: De las ideas de tiempo, movimiento
y extension ........................... 17
Captulo VII: De los signos de nuestras ideas .... 20
Captulo VIII: Lenguaje artificial y conventional 21
Captulo IX: De la deduccin de nuestras ideas... 27


PARTE II
CUESTIONES MISCELNEAS

Captulo I: De las obras elementales escritas en
verso ................................ 41









INDICE


PG.
Captulo I: Diferencia y relaciones entire la Ideo-
loga, la Gramtica general y la Lgica.... 44
Captulo I: Reflexiones sobre las palabras de Ba- -
con de Verulamio ...................... 47
Captulo IV: Ningn idioma puede llenar las vas-
tas miras de la Ideologa ................ 52
Capitulo V: El arte de traducir es el arte de saber 55
Capitulo VI: Preocupaciones ................. 60
Captulo VII: Influencia de las pasiones en la exac-
titud de nuestros pensamientos ........... 73
Captulo VIII: Sobre los arguments sacados de la
historic ............................... 78
Captulo IX: Limites que deben tener las reglas.. 87
Captulo X: Raciocinios por deduccin y por in-
ferencia ..................... ........ 94
Captulo XI: Sobre las cuestiones intiles ..... 99
Captulo XII: Observaciones sebre el sistema de
Gall, acerca del cerebro ........... ..... 105
Captulo XII: Nomenclaturas ................ 115
Capitulo XIV: Imitacin de la naturaleza en las
artes ................................ 122
Captulo XV: Reflexiones sobre algunas causes del
atraso de la juventud en la carrera de las
ciencias ...................... .. ... ... 134

PART m
APUNTEs FLosIcos SOBRE LA DIRECCIN DEL
EsPrru HUmANo

I: Operaciones del alma .................. 151
II: Correccin de dichas operaciones ........ 159
III: Talento, ingenio, juicio y buen gusto .... 162
IV: Manifestacin de nuestros conocimientos. 164








INDICE X

PAG.
V: Obstculos de nuestros conocimientos. De-
finiciones ........................... 168
VI: Principios .......................... 171
VII: Preocupaciones ...................... 172
VIII: Sistemas ............................ 173
IX: Aparato cientfico ........... ......... 174
X: Cuestiones .......................... 175
XI: Hbitos o costumbres ....... ...... 176
XII: Pasiones ........................... 177
XIII: Falta de disposicin .................. 178
XIV: Lenguaje ............................. 179
XV: Autoridad ......... .............. 180
XVI: Grados de nuestros conocimientos ...... 181
XVII: Observaciones sobre el studio y el pedan-
tismo literario ...................... 18'3
XVIII: Disputas literarias .................... 185

PART IV
Dos CUESTIONES IDEOLGICAS

Capitulo I: Carta a un amigo respondiendo a algu-
nas dudas ideolgicas ................... 189
Captido II: El idioma latino considerado ideolgi-
cam ente .............................. 194

PART V
OBSERVACIONES SOBRE EL ESCOLASTICISMO

Obseracin I: Cmo se introdujo el escolasticismo 201
Obseracin II: Causas que conservan el escolasti-
Scismo y efectos que produce ............. 209
Observacin II: Forma silogstica .... ........ 220









XII INDICE

PG.
PARTE VI
PATRIOTISM

Capitulo UNICO: Patriotismo ................. 235


PART VII
Oros ESTUDIOS FILOSFICOS

I: Ensayo sobre el origen de nuestras ideas ...... 249
II: .Carta de un italiano a un francs sobre las
doctrinas de Ml de Lamennais ............ 265
III: Ensayo sobre las doctrinas de Kant .......... 277















PROLOGO


Si exceptuamos los catorce aos (1848-1862) en que
Don Jos de la Luz dirigi el colegio El Salvador y
el perodo apostlico de Jos Mart que precedi a
la guerra de 1895, no creo que haya en nuestra his-
toria otro espacio de tiempo de tanta fecundidad
para la orientacin cubana como el decenio en que
el presbtero Flix Varela ense en el Seminario de
San Carlos, Filosofa primero, y despus, Derecho Po-
ltico en la llamada ctedra de Constitucin.
En 1811 fue designado maestro de Filosofa (segn
la denominacin reglamentaria). En enero de 1821
inaugur la ctedra de Constitucin, que obtuvo en
oposiciones a las que se presentaron Jos Antonio
Saco, Nicols Manuel Escobedo y Prudencio Echa-
varra. Su labor en esta ltima discipline fu breve,
pero de larga resonancia. En julio del propio ao
de 1821 se hallaba en Madrid, por haber sido electo
Diputado. Las peripecias parlamentarias que le oca-
sionaron persecucin y destierro no entran en el cua-
dro de este prlogo. Tampoco me detengo en su
famoso proyecto de un rgimen liberal para Cuba.
Sabido es que el Padre Varela residi el resto de
su vida en los Estados Unidos: Filadelfia, Nueva
York, San Agustn, donde muri. No volvi a su








MEDARDO VITIER


patria sino para que sus cenizas veneradas recibieran
en 1912, el homenaje conmovido de una generacin
que acababa de conquistar la Independencia.
Dej Varela buen nmero de trabajos filosficos.
No los menciono en bibliografa puntual, complete.
Baste recorder las Instituciones de filosofa eclc-
tica (1812), los dos primeros tomos en latn, y el ter-
cero y cuarto en espaol; Apuntes filosficos (1818);
Lecciones de Filosofa (1818); MISCELNEA FILOS-
FICA (1819). Adems sus elencos, elogios, sermones,
artculos periodsticos, traducciones, las Cartas a El-
pidio (1835-1838).
Casi todas sus obras circularon much en Cuba
y en el extranjero. De la MISCELINE se hicieron tres
ediciones (1819, 1821, 1827), y cinco de las Lecciones
de Filosofa (1818, 1824, 1828, 1832, 1841).
Los dos ltimos tomos en las Lecciones de Filo-
sofa se destinan a Fsica, ciencia que se inclua, como
studio del Universo, en el marco de las disciplines
filosficas. Esto interest adems, como veremos des-
pus, por la seria formacin cientfica del P. Varela,
que se repite luego en Jos de la Luz.
La edicin de la MIscELE. que ahora se reim-
prime es la de 1827. He manejado la de 1821, que
contiene un extenso captulo sobre el Escolasticismo,
en sus aspects histricos. No se incluye esa parte
en la edicin de 1827, que es la present, aunque
conserve el examen del silogismo. (Ver pgs. 181 y
siguientes). El author declare en la Introduccin:
"He suprimido las dos primeras observaciones sobre


XIV









PRLOGO


el escolasticismo, y ojal fuese tiempo de suprimir
la tercera; mas por desgracia no faltan defensores de
la Lgica escolstica, bien que su nmero sea muy
reducido."
Esto nos lleva a un punto sobre el cual hay discre-
pancias. Creen unos que al innovador le basta ex-
poner su material segn el criterio cientfico y la
metodologa propia, sin impugnar las ideas errneas
que en parte prevalecen. Otros no se limitan a eso,
y examinan y refutan doctrinas y mtodos. El Padre
Varela hizo esto ltimo. Lo primer parece ms
serio, ya que al cabo, se ha de confiar en la eficacia
de la verdad. Sin embargo, en el caso de la Esco-
lstica, procedi bien el reformador de los studios
en Cuba. Haba necesidad de examiner los funda-
mentos (inconsistentes) de una enseanza que al-
canz boga en los siglos xn, xm, xiv, y vigor en los
mejores contenidos del tomismo, pero persisti des-
pus, sin el aliento de los orgenes, a ms de cerrar
el paso a las corrientes modernas, como la cartesiana,
por ejemplo, que siendo del siglo xvn, constitua una
novedad en Cuba hacia 1800.
Sabido es que el siglo xm es el gran perodo de la
Escolstica. No me detengo aqu a puntualizar sus
direcciones y su razn de ser histrica. Lo hago en
un trabajo indito, donde llamo la atencin al hecho
de que el P. Varela, en su fecundo papel de demo-
ledor e innovador, impugn la parte deleznable, ana-
crnica del Escolasticismo, sin subrayar los contenidos
de valor. Como que lo que aqu persista era lo peor
de aquel sistema, el insigne sacerdote dirigi su ata-









MEDARDO VITIER


que--agudo, contundente-a evidenciar la falta de
doctrine y el psimo mtodo que el enterado notaba
en todo aquel arrastre de "las escuelas".
Claro que estimar con justicia la filosofa medieval
no significa que la adoptemos hoy. Aristteles, por
ejemplo, es objeto hasta ahora mismo de studios que
iluminan cada vez ms, no slo su vasta construccin
enciclopdica sino las tendencies de la mentalidad
griega. Pero no ponemos la Metafsica ni la Poltica
ni la Potica del estagirita en manos de los estu-
diantes para 'gua, en cursos de Filosofa, de Teora
literaria o de Derecho Poltico. Aquellas obras deben
leerse, y contienen buena parte de species perennes.
Por lo dems, nos atenemos a elaboraciones modernas.
As ocurre en menor grado, desde luego, con la Esco-
lstica del mejor perodo.
La que se ensei en las Universidades coloniales
(recurdese que las hubo desde el siglo xvi) era ya
cosa vaca, alejada de la realidad, esto es, del mundo
fsico y del hombre, con el silogismo y las disputes
por mtodo, cerrada a la ingente actividad intellectual
que produjo el Renacimiento. Contra tal estado do-
cente actu el P. Varela. De ah que no se contentara
con implantar lo nuevo sino que combati la parte
falsa de lo viejo.
D. Manuel Sanguily, a quien debemos el ms pene-
trante studio sobre Luz Caballero, no entendi la
frase de ste en que consider a Varela como "el pri-
mero que nos ense a pensar". La cree hiperblica;
no ve su intencin.
Debemos career que D. Manuel ley las obras del


XVI








PRLOGO


P. Varela. En ese caso, parece extrao que no per-
cibiera la exactitud del juicio de Luz. Porque, en
efecto, quien recorra, aun sin much detenimiento,
los textos que escribi el autor de esta MISCEl EA
filosfica que hoy reedita la Universidad, se percatar
de que en gran parte, la enseanza de aquel sapiente
y sencillo sacerdote consisti en puntos de mtodo,
actitud muy propia de quienes se proponen alguna
reform. Y eso era "ensear a pensar". No se carac-
teriza Varela, como Luz, por el vuelo de las con-
cepciones, sino por una doctrine rectora, que evite
los errors del entendimiento. Cualquiera de las
obras citadas contiene captulos en que la cautela
lleva al autor a un cmulo de reflexiones y adverten-
cias de carcter lgico. Quiere guiar el razonamiento.
Muestra el mtodo y seala los frecuentes tropiezos
del intelecto. Por cierto que esa parte de su obra
escrita conserve hasta hoy casi toda su vigencia,
cuando otros contenidos se han superado.
A veces hasta el ttulo de un elenco declara el
designio del P. Varela. Uno de ellos lo denomina
as: "Apuntes filosficos para la direccin del esp-
ritu humano" Lo incluy despus en la MISCELNEA.
La obra que lleva este ttulo sigue en much a
Destutt de Tracy, en los principios lgicos de ste.
Pero tanto la MISCELNE como los dems libros de
Varela forman conjuntos donde hay Lgica, Psico-
loga, Moral... con cierta promiscuidad. El siglo xxx
asisti, ms tarde, a la separacin resuelta de la Psi-
cologa, por ejemplo.
En los primeros captulos, hasta la pgina 49 (aun-


MISC. FILOSFICA 2


XVII








xvm


MEDARDO VITIER


que este lmite no es riguroso) el present libro trata
de las "ideas". Casi todo el resto se ocupa en refle-
xiones sobre el recto empleo del entendimiento. En
realidad prevalece una preocupacin de carcter 16-
gico en toda la obra, nota muy discernible en todas
las obras de Varela.
El cuerpo general de su enseanza se instala en lo
que se llamaba Ideologa a principios del siglo xx,
movimiento que sucedi a la filosofa de la "Ilus-
tracin" y repiti gran parte de su ideario. Las fuen-
tes eran Locke y Condillac.
Preconizaban el mtodo analtico. Varela indica
constantemente el anlisis. Por eso fijbanse en las
sensaciones y en las ideas como elements simple de
todo complejo mental. Testutt de Tracy (1754-1836)
es el representante principal de aquella direccin.
Sus Elments dPIdeologie (1804) circularon en Cuba
entire los dedicados a Filosofa. He manejado una
edicin posterior, pero dentro del primer tercio del
siglo, cuyos various tomos en francs son de diferentes
aios. Con excepcin de los extractos de Varela, no
he visto versions al espaol.
Pero aquellos "idelogos" no eran exclusivamente
psiclogos. Defendan una concepcin del mundo y
de la sociedad. Persiste en ellos la postura intelec-
tualista, que haba sido eje de la Enciclopedia en el
siglo xvm. Influye Newton, no slo en lo que ensea
sino en el mtodo. La metodologa cientfica pre-
ocupa. La actitud antimetafsica de los enciclope-
distas pas a-la Ideologa. Despus la adoptara el








PRLOGO


Positivismo. Fueron tres movimientos de much afi-
nidad, si bien distintos.
La Ideologa trabaja en el origen de las ideas, pero
incluye en su esfera los problems capitals de la
Lgica, la Etica y la Poltica. Propugna el libera-
lismo, la enseanza laica, la separacin de lo civil
y lo cannico en el Derecho.
A ms del conde de Tracy, ya mencionado, figuran
entire los idelogos, Volney, de interests historicistas;
Cabanis, que represent la Fisiologa y elabora una
explicacin exclusivamente cientfica del mundo; La-
kanal, dedicado a proyectos y reforms educaciona-
les; Daunou, ocupado tambin en cuestiones de en-
seanza y despus en la legislacin civil del clero,
en los das de la Convencin; Laromiguiere, de sesgo
espiritualista y ya, en parte, opuesto a las doctrinas
de la Ideologa.
Cuba se adelant, a virtud de la labor del P. Va-
rela, a implantar mtodos europeos que tardaban en
Amrica. En Argentina las mismas corrientes ani-
maron la enseanza, con Juan Crisstomo Lafinur
(cuyo Curso han publicado recientemente en Buenos
Aires), con Manuel Fernndez de Agero y con Diego
Alcorta. Pero ntese que la actividad docente de
estos profesores pertenece al perodo 1819-1842. De
modo que empezaba casi precisamente cuando Va-
rela dejaba su ctedra de Filosofa para tender la
de "Constitucin". Mucho influy en toda aquella
renovacin la Espaa de Carlos II, con su libera-
lismo y su poltica, penetrada de espritu die-
ciochesco.


XIX









MEDARDO VITIER


Todava D. Jos de la Luz divide el elenco lla-
mado de "El Salvador", en Lgica, Metafsica, Ideo-
logia y Etica.
La Ideologa, con filiacin en el Essay concerning
human understanding (1666) de John Locke, y por
modo ms inmediato y director en Condillac (Trait
des Sensations, 1754, entire otras obras), influy en
Varela y Luz Caballero. Pero obsrvese que ni Varela
ni Luz siguen en todo aquella direccin. Se desvan
de ella en cuanto afecta los postulados espiritualistas
de la fe religiosa. Tanto en Cuba como en Argentina,
con motivo del movimiento renovador que comenz
all en 1819 con Lafinur, los seguidores de Tracy y
Condillac fueron vistos como enemigos de la filosofa
traditional. Claro que el alcance del "sensualismo"
no era igual para todos. Varela y Luz mantuvieron
sus creencias religiosas, el primero en lnea ortodoxa,
el segundo, con much libertad. Alguna vez se de-
fienden de imputaciones. Luz, por ejemplo, protest
de que el materialismo sea consecuencia necesaria de
los principios sensualistas.
Los que estudien la obra filosfica del P. Varela
deben tender a la formacin cientfica que tuvo.
Ense Fsica y escribi textos sobre esta material,
muy al tanto de lo que se conoca en su tiempo. Re-
ciba libros y revistas de Europa, en various idiomas.
Los lea en compaa de discpulos aventajados que
le ayudaban. La habitacin de Varela era un taller
de trabajo.
El adelanto que alcanzan a fines del siglo xvm y
principios del xix las ciencias fsicas y naturales co-
lora fuertemente la hechura mental de Varela. El









PRLOGO


mismo caso, quiz ms acentuado, ocurre despus
con Luz.
Recordemos que estaban en boga en los primeros
aos del siglo Lavoisier, Galvani, Volta... Ms atrs,
desde el horizonte del siglo xvii, Newton rega el
pensamiento cientfico con sus Principia, que deter-
minaron la metodologa de las ciencias positivas, por
modo ms resuelto que otros representantes del esp-
ritu modern. Esencialmente consista su mtodo en
desechar la deduccin como cosa previa, pues, em-
plearla al inicio supona admitir verdades evidentes
por s mismas. Tales verdades-leyes-las busc
Newton por induccin. As formula la ley de la gra-
vitacin, utilizando la teora de Kepler. Esta di-
reccin no era enteramente nueva, pero la aclar y
fij Newton. Las ciencias empricas tuvieron ya su
norma. Ese mtodo de pensar, de investigar, lo ha-
llamos en la obra del P. Varela. No entender al
professor del Seminario quien no vea que no se pro-
pona slo ensear sino mostrar el mtodo del pen-
samiento cientfico.
La Fsica se denominaba Filosofa natural. Y Va-
rela la incorpora a sus cursos.
El ambiente cientfico europeo se senta por ac.
Otra de sus contribuciones fu la Philosophie zool-
gique de Lamarck (1809). Unos veinte aos despus
asisti Luz a los cursos de Cuvier en Paris.
Consideramos todo esto a otra luz. La actividad
cientfica a que me refiero determine, en much,
la orientacin intellectual (metodolgica) de Varela
como despus, la de Luz. En cambio apenas resuena









MEDARDO VITIER


en ellos el vasto movimiento que por los mismos aos
se generaba en Jena, en Heidelberg, en Berln. Aludo
al llamado "Idealismo germnico", que culminaba
en Hegel, precisamente en los aos que pas Va-
rela en su ctedra del Seminario. En 1817 empez
Hegel sus cursos en Berln. Era ya famoso. Haba
publicado su Lgica y su Fenomenologa del espritu.
De aquel idealismo posterior a Kant (Fichte,
Schelling, Hegel) no hay elements en la obra de
Varela. Cabra pensar que coincida casi con el pe-
rodo de su enseanza en el Seminario, y las oleadas
en Filosofa, demoraban su arribo a Amrica. As
es, pero Jos de la Luz ley en el original esos fil-
sofos alemanes. Schelling, sobre todo, le atraa. Sin
embargo, no se atuvo a ellos. Ms an: declar que
hubiera podido introducir "a mansalva" aquellas
doctrinas, pero no las crey convenientes.
Lo cierto es que la filiacin, por entonces, estaba
en el empirismo ingls (Bacon, Locke, Hume) con
la mediacin, en Varela, de Condillac, mxima figure
de la Ideologa. En la corriente del idealism post-
kantiano no tuvo Varela filiacin. Luz, alguna, para
su manejo, pues no difundi aquella filosofa.
En lo concerniente a puntos filosficos, propia-
mente tales, hay que subrayar en la enseanza del
P. Varela su criterio contrario a la "autoridad'
como norma intellectual. En Cuba, a principios del
siglo, eso era un paso de los ms importantes. Se-
par, por otra parte, las instancias de la fe, para
situar en plano independiente el pensar filosfico,
sin advertir, es cierto, que con ste, si es libre, no


xxn









PRLOGO


XXM


hay ortodoxia (no digo religiosidad) que se man-
tenga entera. Arremeti contra nociones consagradas
como la substancia, en lo cual tocaba en lo vivo un
punto escolstico, para asombro de Varona. Desba-
rat con slida impugnacin el aparato silogstico
y la metodologa general del Escolasticismo. In-
trodujo corrientes como la cartesiana (en parte) y
la sumariamente expuesta, de la Ideologa. Desvi
de su program, no ein condenarlas, las cuestiones
del ente. Recurdese que la Ideologa, salvo en al-
gunos de sus representantes, era antimetafsica. La
Ontologa no era asunto vital en sus cuadros.
No s si Varela posey cabal conciencia de que
su enseanza minaba los soportes de la colonia. En
cuanto a sus credos politicos, la remocin era evi-
dente y fij una etapa en las demands cubanas. En
lo filosfico, la influencia es menos ruidosa, mas no
por eso menos penetrante. Un mtodo para pensar
(que fu en esencia el mensaje Varela) afecta toda
la estructura de una sociedad, de una poca. La lec-
cin del noble reformador cala silenciosa en todo el
siglo xix. Es cierta la aseveracin del Dr. Roberto
Agramonte, en su Prlogo a las Lecciones de Filosofa
(1940): "Por eso, por sus ideas y por su actuacin,
el Padre Varela fu un precursor de nuestra inde-
pendencia."


MEDAEDO VrnnT


















Por muchos siglos los hombres no qui-
sieron pensar ms ni hacer uso de su
espritu, halagados por una admiracin
supersticiosa. Muy prevenidos en favor
de unos originaler que las ms veces no
entendan, y que por lo regular no me-
recan entenderse, tomaron el trabajo de
comentarlos, y se crean muy sabios
cuando haban sondeado sus profundi-
dades, o restitudo algunos pasajes trun-
cos. Pero al fin parece que la Europa
toma una nueva vida, como un enfermo
que adquiere el don de la preciosa salud
que haba perdido. Se ha visto que el
studio de la Filosofa no consiste en
interpreter respetuosamente a los anti-
guos; sino en estudiar la recta razn,
que los mismos antiguos haban estu-
diado. Est demostrado que es precise
buscar las primeras ideas de lo verda-
dero y lo bello, no en sus libros y en
sus tratados sino es la naturaleza, en
cuyo seno invariable las buscaron los
antiguos, y es constant que ella paga
con usura los cuidados que se toman en
consultarla. (DESLANDES. Hist. cr-
tica de la Filosofa, Tom. 4, pg. 173.)*










Este lema pertenece a la segunda
edicin de la Miscelnea Filosfica.
(Nota del Editor )















INTRODUCTION*


A instancias de un discpulo mo,** cuya memorial
me es tan grata como sensible su muerte, me dediqu
a escribir sobre algunos de los objetos de nuestras
conversaciones, y por complacerle di al pblico estos
entretenimientos filosficos bajo el ttulo de MISCE-
LNEA, por ser tan various como lo fueron sus motives.
Hallbame entonces en el lugar de mi nacimiento,
y el santuario de las letras, que haba frecuentado
desde mis primeros aos, y en que tena el honor
de ocupar un puesto, para indicar a una estudiosa y
amable juventud, las sendas de la razn y de la mora-
lidad, los portentos y delicias de la naturaleza.
Mientras mi espritu se ocupaba de estas apacibles
ideas, fui arrebatado por el torbellino poltico, que
aun agita la Europa, y, ms feliz que otros, lanzado
a la tierra clsica de la libertad, donde reviso tran-
quilo estos ocios mios para presentarlos menos
imperfectos.
He suprimido las dos primeras observaciones sobre
el escolaticismo, y ojal fuese tiempo de suprimir la
tercera; mas por desgracia no faltan defensores de la
Lgica escolstica, bien que su nmero sea muy redu-

A la tercera edicin, que es la que reeditamos de modo
principal,
D. Cayetano Sanfeliu, quien tuvo la bondad de servirme
de amanuense.









4 INTRODUCCIN

cido. Adems de los artculos agregados en la edicin
hecha en Madrid, que fu la segunda, he escrito otro
sobre las causes del atraso de la juventud en la ca-
rrera de las letras, y he insertado, a insinuacin de
un amigo, el del patriotism que se halla en la ltima
edicin de mis Lecciones de Filosofa; extendindole
algo ms con las reflexiones sugeridas por una lamen-
table experiencia.




















PARTE I

PRINCIPIOS LOGICOS
o
COLECCION DE HECHOS RELATIVES
A LA INTELIGENCIA HUMANA

Por M. DESTUTT
Conde de Tracy

ErrnAcros pon FLIX VARELA
















CAPITULO I


DE LA LOGICAL

Qu es Lgica? Qu debera ser?

Hasta el present se ha tenido por el arte de sacar
consecuencias de una proposicin que se supone ver-
dadera; pero las reglas que se han dado, fundadas
todas en el silogismo, no pueden conducirnos a este
intent. El famoso principio: dos cosas iguales a una
tercera son iguales entire s, es verdadero, pero intil,
pues si el trmino mayor, el menor y el medio tr-
mino se igualan, resultarn idnticas las proposiciones
y no tendremos un verdadero discurso, sino una pro-
posicin pronunciada tres veces. Si por el contrario
la menor se supone distinta de la mayor, y ambas
del consiguiente, ya no son iguales entire s. Por
tanto, todo el sistema actual de la argumentacin
est mal fundado.*

Los escolsticos nunca han entendido el principio de iden-
tidad con un tercero, en trminos que no haya diferencia alguna
en la totalidad del objeto, sino en aquella propiedad que se com-
para. Cuando dicen v. g. todo el que piensa es racional, es asi
que el hombre piensa, luego el hombre es rational, comparan
los trminos pensar, racional y hombre, en ..s61o la propiedad de
pensar, y en esto no hay duda que son idnticos; pero no afirman
que al hombre le conviene en todas sus parties la propiedad de
pensar, pues teniendo un cuerpo, no podan afirmar un absurdo
tan claro. Tampoco han dicho los escolsticos que las tres propo-
siciones de un silogismo son idnticas; y por tanto la observacin
del autor en esta parte me parece infundada.









MISCELANEA FILOSFICA


Se ha dicho que el trmino mayor de un silogismo
contiene al menor, mas esto debe entenderse en
cuanto al nmero de individuos a quienes se aplica
y no en cuanto a las propiedades que represent, y
as decimos que un hombre es animal, pero no que
el animal es hombre. Mas en las deducciones slo
se atiende a la comprensin de un trmino, y por
eso se ha establecido mal que el trmino que llaman
mayor comprenda al menor.
Supongamos que los principios pudieran guiarnos
para former buenas consecuencias: sin embargo,
sera preciso que se comprobase la verdad de dichos
principios, y es cabalmente lo que se ha omitido.
Todos suponen que no debe disputarse acerca de los
principios. Cada secta se ha credo autorizada para
establecer los suyos, y rechazar los ajenos sin dar
razn de los que establecen, ni de los que rechazan.
Unos dicen que es preciso ocurrir al sentido ntimo;
otros que una proposicin es innegable cuando pre-
senta un sentido claro y distinto; cuando traducida
en otros trminos, nunca puede ser ms clara; o
cuando su contradictoria envuelve un absurdo mani-
fiesto, y otras cosas semejantes.
Todo esto es muy vago, y aun cuando sea cierto
necesita alguna explicacin, para poder fijar un
punto en nuestro espritu, que nos sirva de apoyo
en las investigaciones. Por falta de un apoyo seme-
jante o de un mtodo exacto, no ee ha podido refutar
victoriosamente a los escpticos, y nos hemos conten-
tado con burlarlos, porque es ms fcil despreciar
que responder.
Un estado tan precario poda convenir al tiempo









PRINCIPIOS LGICOS 9

en que las ciencias no eran ms que la reunin de
ciertos hechos mal encadenados, que no podan
guiarnos a la primera causa de nuestra evidencia;
pero en el da cuando los descubrimientos no son
el fruto casual de un genio que adivina, sino los
efectos de la razn que ve, la Lgica debe tener
igual exactitud si quiere presidir a las dems ciencias.
Ella nos debe dar las causes de nuestros errors y
los medios de nuestros aciertos, y mientras no lo
haga as, la miraremos como un juego despreciable
y el ms engaoso. Es preciso renovarla totalmente.















CAPITULO I


DE NUESTRA EXISTENCIA

La conocemos porque sentimos

Hemoe dicho que la Lgica debe emplearse en la
contemplacin de nuestra inteligencia y que debe
investigar un hecho que sirva como de primer paso,
y como el apoyo de todos nuestros conocimientos.
Cartesio ha sido el primero que estudiando el
hombre, encontr esta base de sus ideas. Sentimos
y es todo lo que sabemos. Pensamos sobre estas
sensaciones, e inferimos que un ser que siente y que
piensa, existe. Por tanto la primera verdad conocida
es nuestra existencia, y si los sucesores de Cartesio
hubieran eeguido sus primeros pass, y no los ex-
travos en que irreflexivamente cay este gran fil-
sofo, nuestros progress seran ms considerable. La
Lgica de los modernos ha destruido la hiptesis de
las ideas innatas que Cartesio no estableci en nin-
guna de sus obras principals, que son los Ensayos
de la Filosofa, las Meditac ones y los Principios,
sino en unas notas contra un program de Le Roy, y
que por eso deben tenerse como un ensayo teme-
rario de aquel gran talent. Sin embargo, en destruir
las ideas innatas, ee ha hecho un gran bien a la
Ideologa.
















CAPhULO IH


DIFERENTES MODOS DE NUESTRA SENSIBILIDAD

Nuestra sensibilidad puede afectarse de diversos
modos, y es preciso reducir a algunas classes objetos
tan diferentes. Observo que estoy afectado de un
cierto modo a que llamo querer. Esta afeccin se
distingue muy bien entire todas las de mi sensibi-
lidad,* y a los actos que provienen de dicha afeccin
les llamo deseos, que siempre suponen un juicio an-
terior, que me indica que tal cosa debe apetecerse o
despreciarse. El juicio es una afeccin muy distinta
del deseo, pues juzgar que una cosa es deseable, no
ee desearla, y sin embargo stos reciben un mismo
nombre llamndoseles juicio, lo cual prueba la es-
casez de nuestras lenguas. Esto proviene de que no
desenvolvindose exactamente dichos actos, no se han
podido designer con claridad.**

El acto de querer no es una afeccin de la sensibilidad, y
este empeo en deducir todo de las sensaciones transformadas,
hizo que el clebre Condillac muchas veces no fuera muy exacto,
segn observan algunos idelogos de mrito. En esta parte yo he
extractado lo que dice el autor; pero mi sentir es diametralmente
opuesto, pues creo que la sensibilidad no es del alma sino del
cuerpo, segn he explicado en mis lecciones-de Filosofa, Tratado
del hombre. Lec. v.
No percibo la raz6n por qu dice el autor que se han de-
signado con un mismo nombre estos dos actos, y que se han
confundido; pues al contrario la palabra deseo ha indicado siempre
un afecto del nimo, y es muy violent substituir a ella la pala-
bra juicio.









MISCELNEA FILOSFICA


La accin de juzgar consiste en ver que la idea
de una cosa pertenece a la de otra. Afirmo que una
fruta es buena porque en su idea total percibo la
bondad. Es preciso para juzgar, tener antes estas
dos ideas.*
Por tanto hay un acto de la sensibilidad que con-
siste en percibir simplemente una idea, y ste no
es el de juzgar, ni el de desear, pues precede a ambos
y podemos llamarle simplemente sentir.
Mis sensaciones pueden ser producidas por una
causa actual o por una que ya ha pasado y esta cir-
cunstancia es muy interesante para distinguir la
accin de sentir simplemente sin juzgar ni desear,
y la de sentir lo pasado que podemos llamar memorial.
'Tenemos, pues, cuatro actos de nuestra sensibilidad
bien distinguidos: sentir simplemente, acordarse,
juzgar y querer. Muchos observadores del hombre
han distinguido otros actos como la reflexin, compa-
racin, etc.; perc en todos stos no se hace ms que
sentir y juzgar, pudiendo reducirlos a los anteriores
ya clasificados.








Convengo en que el juicio es percibir una propiedad en la
idea total del objeto, mas por esta misma razn niego que sea
precise tener antes dichas ideas; pues el entendimiento en lo que
se llama juicio no va a hacer otra cosa que percibir lo que la
naturaleza ha puesto en un objeto, y el juicio no es la reunin de
dos ideas, segn se manifestar en otro tratado de esta Miscenea.















CAPTULO IV


DE NUESTRAS PERCEPCIONES O IDEAS


Los cuerpos que nos rodean tienen una verdadera
existencia; pero el modo de conocerla no nos interest
por ahora, reservndolo para otro tratado. Chocan
en nuestros sentidos, y formamos la idea de una in-
mutacin de nuestros rganos; despus referimos las
diversas inmutaciones a sus causes, y formamos el
conocimiento que tenemos de los series distintos del
nuestro. La idea de una quemadura es diverse de la
del fuego, porque aqulla elo indica lo que sentimos,
y sta es un conjunto de las ideas de color, movi-
miento, calor, etc., que forman una cosa distinta de
nuestro cuerpo, y capaz de inmutarnos.
Todas estas ideas se refieren a un solo hecho, y son
individuals; pero nosotros vamos generalizndolas,
y la idea de quemadura no expresa ya una sola, sino
todas las quemaduras, la de fuego todos los fuegos.
Formamos de este modo diversas classes, quitando
a los objetos la individualidad, y resultan las species,
y los gneros, que son tanto ms. extensos cuanto
menor es el nmero de propiedades communes a los
individuos. As decimos: pera, rbol, vegetal, cuerpo,
y en fin ser, que es el trmino ms general de todos,
porque rene los individuos por una sola propiedad.









MISCELNEA FILOSFICA


Estas nociones tan sencillas no han sido percibidas
por la preocupacin que ha obligado a los hombres
a buscar distinto origen de sus conocimientos, y subs-
tituyendo las hiptesis a las realidades, lleg el de-
lirio hasta career que hubo un tiempo en que todas
las ideas se comunicaron por la mano del Ser Su-
premo, y que ahora no hacemos ms que renovarlas
de modo que el saber es acordarse. Estas nubes han
pasado; los idelogos conocen que a las combina-
ciones de los actos de nuestra sensibilidad se debe
la formacin de nuestros pensamientos, aun los ms
complicados. Todo por sensaciones y nada sin ellas.
Ved nuestra historic. El modo constant con que
operamos es acordndonos en consecuencia de sentir,
y queriendo en consecuencia de juzgar. Efectiva-
mente el hombre, por ms esfuerzos que haga, no
puede pensar sin tener o fingir sensaciones.
















CAPTULO V


EXISTENCIA DE LOS SERIES FUERA DE NOSOTROS


Sabemos nuestra existencia por nuestras sensaciones
y la de los cuerpos extraos, porque son sus causes;
pero indaguemos de qu modo nos convencemos de
esto.
Si yo fuera una virtud sensiente y nada ms, no
podra tener otras ideas que las de una accin, pues
experimentando en m mismo todas las sensaciones
nunca las referira a unas causes extraas; la idea
de pasin no existira para m. En semejante estado,
si mi voluntad se cumpla yo no podra saber por
qu, y si no tena efecto tampoco adivinara la causa.
Pero este ser que siente, se halla unido a una reunin
de parties y ejerce su accin sobre el sistema nervioso,
en cuyo caso percibe aunque no pueda conocer los
medios que produce dicha percepcin.
Muy pronto innumerable experiencias me indican
que el no cumplirse muchas veces mis deseos, expe-
rimentando_ sensaciones desagradables, y perdiendo
otras que me agradan, proviene de la resistencia de
sta que llamamos material, que por tanto debe ser
una cosa distinta de m. Este es el fundamento de la
idea que tenemos de la existencia de los cuerpos.
Aunque no los conociramos de este modo, bastara









16 MISCELNEA FILOSFICA

que causaran un conjunto de sensaciones, para decir
que existan relativamente a nosotros, aunque no es-
tuviramos ciertos de su existencia. Un agregado de
las sensaciones de color, figure, etc., le tendramos
por una cosa ya existente en nosotros mismos o fuera,
y a la verdad los cuerpos no se ponen en relacin
con nuestro espritu, sino por este conjunto de sen-
saciones.















CAPITULO VI


DE LAS IDEAS DE TIEMPO, MOVIMIENTO
Y EXTENSION

Por la resistencia hemos conocido los cuerpos y
sin ella seran muy vagas las ideas de tiempo, movi-
miento y extension. Un ser simplemente sensitive
careciendo de rganos, pero dotado de memorial,
podra former idea de la duracin; porque sta no
sera otra cosa que el conocimiento de los diversos
estados en que se haba hallado la virtud sensiente;
pero no tendra idea de tiempo, que es la de una
duracin media, o a lo menos no tendra una idea
fija de un tiempo determinado, pues 'siendo fugiti-
vas sus sensaciones, lo sera su memorial y su re-
lacin. Siempre medimos por algn movimiento, y
as usamos del de la tierra para determinar la du-
racin del da.
Cuando nuestra alma opera sobre los rganos cor-
preos, no conoce el movimiento en el instant en
que lo produce; experiment s una sensacin cuando
los miembros se mueven, pero no sabe que este
movimiento consistent en pasar de un punto a otro,
mientras no conoce que la propiedad que se llama
extension, consiste en poder ser recorrida por el
movimiento, o que es preciso hacer un movimiento









MISCELNEA FILOSFICA


para ir de un punto a otro de dicha extension.
Cuando paso la mano por la superficie de un cuerpo,
experiment siempre la sensacin del movimiento de
mi brazo, y de la resistencia del cuerpo, y por tanto
descubro al mismo tiempo que el cuerpo es extenso,
y que mi movimiento consiste en correr su extension.
Estas dos ideas son esencialmente correlativas, y as
una no existe sin la otra. Inferimos que todo movi-
miento operado, se mide exactamente por la extension
recorrida.
El vaco no es extenso, porque no tiene resistencia
que acompaar a la sensacin del movimiento. Una
extension sin resistencia es slo el objeto de la geo-
metra pura; pero no puede atribuirse a un ser par-
ticular.
Una sustancia que siente y no se mueve, no tiene
idea de extension, y un ser inextenso es impossible
que ejecute un movimiento, en s mismo, pero s en
otro.
La extension tiene la ventaja de poderse dividir
en infinitas parties siempre perceptibles, y sin con-
fundirse, lo que no puede ejecutarse con el calor, el
fro, la humedad, etc., y as es ms adecuada para las
medidas.
Cuando la duracin se mide por un movimiento,
como ste es conforme al espacio corrido, la idea
de tiempo se hace ms fija; pero aun tiene much
inconstancia, pues la extension corrida puede ser una
misma, y el movimiento ser mayor por disminuirse
el tiempo en que se efecta. Para remediar este in-
conveniente, basta referir toda duracin a un movi-
miento constant que nos sirve de unidad, como el









PRINCIPIOS LGICOS


da, que se forma por la revolucin de la tierra sobre
su eje. De este modo cuando sabemos el espacio que
ha corrido un cuerpo en un tiempo dado, v. gr.,
veinte minutes, sabemos tambin la relacin que
tiene este espacio con el que describe un punto del
ecuador terrestre en las veinticuatro horas, y as ve-
nimos a comparar espacio con espacio, quedando
fijas las ideas de movimiento y de tiempo. Yo s
que una nave ha corridor veinte leguas en un tiempo
dado; veo en este tiempo qu nmero de leguas co-
rrera un punto del ecuador terrestre, mientras no
se movi dicha nave, y comparando un espacio con
otro, s cuntas contiene el espacio corrido por la
nave, o si no lleg a valer la unidad; y teniendo
siempre por trmino de comparacin el movimiento
de la tierra, puedo medir todos los movimientos, y
todas las duraciones.
De estas observaciones podemos inferir en qu
consiste la diverse exactitud y claridad de las
ciencias, pues aquellas cosas que o no pueden me-
dirse, o tienen una analoga muy remota con la
extension sensible, necesariamente han de ser menos
perceptibles; y sus ideas ms fugitivas, por decirlo
as, pues el espritu sin un apoyo de sensaciones
claras, es preciso que lo deba todo a sus esfuerzos.
Esta es la dificultad que tienen las ciencias moral
y poltica.















CAPITULO VII


DE LOS SIGNOS DE NUESTRAS IDEAS

Lenguaje natural y necesario

Todas nuestras ideas se revisten de un signo, y
careciendo de l, seran inconstantes por no decir im-
posibles. La experiencia confirm esta verdad; pues
no podemos pensar cosa alguna sin presentarnos un
signo.
No fu ste el nico origen de la invencin de los
signos: la necesidad de comunicarnos y de simpatizar,
por decirlo as; esto es, de tener una complacencia
en nuestra conformidad con los dems hombres, fu
la principal causa. Las acciones, siendo efectos de
los sentimientos del alma, tienen gran ventaja para
significarlos, y estos signos parece que precedieron a
los convencionales; pues los hombres no podan con-
venir en que tal signo expresara tal idea, sin enten-
derse de antemano. El que experiment un dolor,
hizo un gesto, di un suspiro, y cuando advirti
iguales efectos en su semejante, infiri iguales causes.
Entendindose por estos signos, los hombres no pn-
dieron establecer las palabras de un idioma. Los
animals destitudos de la razn del hombre, produ-
jeron los mismos movimientos de dolor y placer, mas
no pudieron former convenciones ni clasificar sis-
temas.














CAPTrULO VIII


LENGUAJE ARTIFICIAL Y CONVENTIONAL


Las acciones, como hemos dicho, expresan los pen-
samientos, y siendo sugeridas por unos impulsos de
la naturaleza, se di muy bien al lenguaje de accin
el nombre de natural. No sucede lo mismo con las
palabras: ellas son el fruto de un convenio, y forman
el lenguaje artificial, que sin estar tan comn a todos
los hombres, es, sin embargo, ms fcil y abundante
que el de acciones. Todos conocen que uno experi-
menta una pena cuando suspira, mas no cuando la
expresa con palabras espaolas, latinas, etc., si no
supieren todos estos idiomas, y, por.tanto, el len-
guaje de acciones es preferible al de palabras si aten-
demos a su generalidad. Pero las voces son ms su-
ceptibles de variaciones delicadas y bien distin-
guidas; es ms fcil pronunciar veinte palabras rpi-
damente que no efectuar veinte acciones al mismo
tiempo, y estas circunstancias han hecho que los
hombres prefieran el lenguaje articulado.
Sin duda, las primeras voces del hombre fueron
monosilabos, unos gritos apasionados sefalando el
objeto, una de las que los gramticos llaman inter-
jecciones. Despus se sustituyeron a stas otras ms
complicadas; pero si analizamos nuestro lenguaje,
advertiremos que muchas voces que los gramticos









MISCELNEA FILOSFICA


no ponen entire las interjecciones pertenecen a ellas,
pues produce los mismos efectos. Tales son: s, no.
Cuando digo s, quiero decir yo afirmo esto, y cuando
digo no, equivale a yo niego esto. El lenguaje, com-
puesto en su principio de interjecciones, puede redu-
cirse en el da a proposiciones que llaman enuncia-
ciativas, o que declaran un juicio, que no es ms que
la percepcin de que una idea es parte de otra, y
puede atribuirse a ella. Por tanto, una proposicin
envuelve siempre dos ideas: la del sujeto y la del atri-
buto; mas al principio la interjeccin expresaba una
y otra cosa.
A los primeros gritos que indicaban la pasin se
agregaron otros que distinguieron su objeto, y se
formaron los nombres que llaman substantivos o su-
jetos de las proposiciones. Una interjeccin contena
tcitamente el sujeto apasionado, y la especie de sen-
timiento que le afectaba, y que no es otra cosa sino
el atributo de la proposicin. Vase de qu modo
una interjeccin viene a ser un verbo, pues ste no
es ms que la palabra que expresa el atributo,* pa-
labra que ha embarazado a los gramticos, y que les
ha parecido tan difcil, pero que tiene un origen muy

Yo creo que el verbo es la palabra que express la accin,
y aunque, como dicen los gramticos, exceptuando el verbo ser,
-todos los otros son adjetivos, pues indican la accin con alguna
propiedad determinada a una especie; sin embargo, me parece
que no puede decirse que la expresin de un atributo es un verbo,
.pues entonces todos los nombres adjetivos serian verbos. Bien s
que en todos puede formarse un giro de palabras que envuelvan
un verbo, v. g., blanco quiere decir que tiene la propiedad de
conmover la vista de un modo determinado que -llamamos blanco;
pero nunca se confundir este modo con las voces de que hemos
usado para expresarlo.








PRINCIPIOS LGICOS


natural en el grito primitive con que el hombre quiso
expresar los objetos.
Los verbos que se llaman adjetivos expresan el ser
de algn modo particular, y el que se llama subs-
tantivo (que es el que puede llamarse verbo con
propiedad) lo expresa simplemente. Estos verbos
adjetivos suplen el nombre de una cosa unida al
verbo ser; por tanto, decimos ciervo, ligereza, es, be.
lleza, y estos objetos los reducimos diciendo: el ciervo
es ligero, es bello. Posteriormente hacemos de estos
adjetivos unas propoeiciones para ligar los substan-
tivos, y unas conjunciones para unir las frases, y de
algunos substantivos hacemos los pronombres. Poco
a poco vamos formando los elements de la propo-
sicin y no los del discurso; pues ste se compone de
aqulla y los gramticos se han equivocado en esta
parte. Por ltimo se inventaron los giros elpticos y
oratorios, y lleg a ser el lenguaje si no muy per-
fecto, a lo menos muy complicado.
Observemos que en todas estas operaciones no hay
ms que una series de juicios que nos indican las dis-
tintas parties que componen una idea total; y la per-
feccin del lenguaje se debe a la facultad que tiene
nuestro espritu de considerar aisladamente dichas
parties, lo que llamamos abstraer. En esto consiste la
principal diferencia entire el hombre y los brutos
privados de dicha facultad, y, por consiguiente, de
un lenguaje bien desenvuelto.
Como la mayor parte de las ideas que tenemos
estn ya generalizadas por el uso, necesitan unos
signos que lae fijen, y stos son las palabras. Sin su








MISCELNEA FILOSFICA


auxilio se perdera todo el trabajo de nuestro esp-
ritu en haber formado dichas ideas generals, que
seran como fugitivas.
Las voces tienen adems la ventaja de variarse por
tonos, duraciones, acentos y articulaciones, lo cual es
muy cmodo para representar las diversas circuns-
tancias de los objetos, y fijar nuestras ideas desen-
volviendo las diversas facultades. Es muy verosmil
que al principio slo ee procur escribir los tonos;
pues los hombres cantaron naturalmente, y los pri-
meros idiomas eran muy acentuados; despus se
fueron modificando hasta llegar al estado en que
los observamos.
Hay otros medios de manifestar nuestros pensa-
mientos que consisten en los jeroglficos, como los
de los egipcios, los chinos y japoneses; tambin la
Pasigrafa, que es un conjunto de bosquejos in-
formes, que, por un carcter bien inventado, repre-
senta cada palabra del lenguaje. Siendo impossible
representarlas todas por ser infinitas, se contentaron
con indicar las radicales, y despus por ciertas modi-
ficaciones que se hacan a estos primeros bosquejos,
se expresaron las palabras derivatives. Toda esta series
de caracteres estaba fundada en la sintaxis del len-
guaje articulado; pero adems de que nunca podan
expresarse las innumerables inflexiones delicadas que
tiene cada palabra, se advierte que aqulla no era
una verdadera escritura como la nuestra; pues es-
taba fundada en ina operacin muy distinta. En la
Pasigrafa no se indica el sonido de una palabra,
sino que un rasgo de pluma se substitute a la misma









PRINCIPIOS LGICOS


palabra, que es lo mismo que dar un nuevo signo a
la idea o hacer una verdadera traduccin, y una tra-
duccin a una lengua necesariamente pobre, inco-
rrecta y confusa, que nunca puede llegar a ser usual
porque nunca puede hablarse. Cuando se lee seme-
jante escritura es preciso traducirla al lenguaje de
que usamos, y ste es un principio de nuevos errors.
La experiencia lo prueba, pues las naciones que se
han valido de semejantes signos han progresado muy
poco en sus ideas, porque se necesita la vida de un
hombre para aprender imperfectamente una mul-
titud de signos tan considerable. La imprenta no
podra tener uso si se admitiera este gnero de escri-
tura, y las ciencias padeceran considerable atrasos.
La ciencia de la cantidad tiene un lenguaje de esta
especie, cuyas cifras o signos algebraicos son los ca-
racteres, y las reglas del clculo constituyen la sin-
taxis. Este lenguaje no slo carece de inconve-
niente, sino que es de una ventaja prodigiosa, que
se debe a la naturaleza de las ideas que componen
dicha ciencia. Todas son de un mismo orden, y se
combinan con unas mismas relaciones, esto es, de can-
tidad; tienen una exactitud que las liberta de toda
confusion, y se prestan a todo gnero de elipses en
las formulas algebraicas, substituyndose un trmino
a toda una cantidad.
Los efectos de los signos se hacen tan perceptibles,
que no hay un hombre que no experiment que no
puede pensar sin parecerle que oye o que ve algo.
Siempre se entiende mejor lo que se lee, o se describe,
que lo que se habla, porque entonces nos parece que


M~SC. FILOSFnICA 4









MISCELNEA FILOSPICA


oimos, y esta sensacin unida a la de la vista, fija
nuestras ideas.*
Pero aunque los signos sean muy tiles, no puede
decirse, como han querido algunos, que es impossible
pensar sin tener signs; pues, al contrario, stos no
podan ser signos si no hubiera ideas que significar.
Nuestros signos son imperfectos no slo cuando estn
mal formados, pues este defecto puede corregirse, sino
aun cuando se establecen con exactitud. Advertimos
que expresan objetos muy complicados, y, por tanto,
es como fugitive e imperfecta la representacin y la
memorial que nos dan de ellos. Nuestra alma pierde
alguna de las ideas elementales que formaban la idea
total de una cosa, o bien la agrega alguna otra idea;
de modo que nuestro conocimiento se ha variado, y,
sin embargo, repetimos el mismo sign, y creemos
tener las mismas ideas. Cada uno ha aprendido la
significacin de una palabra en ciertas circunstancis,
en ciertas ocasiones, por medios diferentes y muchas
veces por acaso, y as es casi impossible que podamos
constituirnos, o figuraros exactamente en circuns-
tancias iguales, y que demos igual sentido a una
misma palabra. Esto se hace muy sensible en los
objetos delicados y poco conocidos.



Esto debe entenderse cuando no estamos habituados a lo
contrario, pues hay sujetos que entienden mejor lo que oyen
que lo que leen, y esto proviene de que sin ocupar su atenai6n
en las letras, pueden darla libremente a los objetos, y como el
alma repite los signs con mis ligereza que lo labio, el que
ye hace mil combinaciones mientras otro lee un prrafo, y por
los antecedents bien recordados aclara los consiguientes. En ge-
neral es cierta la observacin del autor, y el fundamento de ella.















CAPIfULO IX


DE LA DEDUCCION DE NUESTRAS IDEAS

Cuando nuestras ideas estn bien encadenadae,
tienen una evidencia de deduccin, as como nuestras
sensaciones tienen evidencia de sentimiento; pero el
paso desde un hecho fundamental hasta sus ltimas
consecuencias es algo dificultoso. Examinemos el au-
xilio que nos dan en esta material los lgicos: ellos
nos presentan la forma silogstica. Pero el dao est
en el fondo; esto es, en las ideas, y no en la forma;
esto es, en el modo de reunirlas. Adems, todo el
arte silogstico consiste en sacar una consecuencia
particular de una proposicin ms general. Pero
quin nos asegura de la exactitud de esta propo-
sicin general? Aqu el arte nos abandon. Nos dice
que es un axioma, que es un principio, que no se debe
disputar sobre principios, que es precise sujetarse al
buen sentido, al sentido comn, al sentido ntimo, y
otras mil cosas de este gnero, que, como advierten
los seores de Port-Royal, equivalent a decir que las
reglas que se han dado para los raciocinios, sirven
cuando no las necesitamos, y nos abandonan cuando
son necesarias. A esto debe agregarse que dichas
reglas estn fundadas en un principio falso, y es
que las proposiciones generals son la causa de la









MISCELNEA FILOSFICA


exactitud de las proposiciones particulares, y que
stas se contienen en aqullas.
Primeramente es falso que las proposiciones gene-
rales sean la causa de la verdad de las particulares;
pues al contrario, los hechos particulares bien obser-
vados, y referidos unos a otros, nos conducen a former
una proposicin general, que es decir a former un
mismo juicio acerca de un nmero mayor de hechos,
segn que hemos percibido que cada uno de ellos es
exacto.
En segundo lugar es falso que las ideas generals
contengan a las particulares, o a lo menos esto nece-
sita explicacin. Las ideas van generalizndose por-
que abstraemos sucesivamente ciertas propiedades
que distinguen los series, y dejamos las que son co-
munes a muchos, formando as los gneros y las es-
pecies. Este nmero mayor de individuos a quienes
conviene una idea se llama su extension, y el nmero
de ideas particulares, que es siempre mayor mientras
se disminuye el de los objetos a quienes se aplica, se
llama comprensin de dicha idea. Pero advertimos
que la extension de una idea no es la causa de po-
derse referir a otra, sino su comprensin, y as no
podemos decir el animal es hombre y puede decirse
el hombre es animal; pues aunque la palabra animal
es ms extensa que hombre, no contiene ni expresa
las propiedades de un individuo de la especie hu-
mana; pero cuando decimos hombre, esta palabra,
aunque menos general, comprende las propiedades
de los animals. Debe observarse, y yo creo que
nunca se ha hecho, que cuando se comparan las ideas
en una proposicin, tcitamente se contrae la exten-









PRINCIPIOS LGICOS


sin de la ms general hasta igualarla con la particu-
lar. Cuando digo un hombre es un animal, expreso un
animal de la especie humana, y no otro cualquiera,
pues esto sera un absurdo.
Podran hacerse otras muchas observaciones contra
los lgicos silogsticos; pues si se dice que las propo-
siciones generals son la causa de la exactitud de las
particulares, no puede decirse que el medio trmino
es igual a los dos extremos comparados en el silo-
gismo, y que la mayor es igual e idntica al consi-
guiente.* Condillac procedi bien negando que las
proposiciones generals son causa de la exactitud de
las particulares; pero err admitiendo el principio
de identidad que lleg a exagerar hasta decir que lo
conocido y lo desconocido son una misma cosa, y
sta es la causa por qu sus ltimos escritos no son
los mejores segn mi juicio.**
Es precise colocarnos en el verdadero camino que
es el contrario del que siguieron los antiguos: buscar
en los hechos particulares la verdad de los generals,
teniendo por guas la observacin y la experiencia.
Muchos siguen este buen mtodo por mera imitacin
sin saber por qu, y se extravan y enojan contra los
que procuran aclararlo y demostrar la causa de su
bondad.

Vase la nota del captulo primero.
SLos verdaderos ttulos de la gloria de Condillac son el
tratado de las sensaciones, el de los animals, el de los sistemas,
y sus bellos rasgos sobre la historic del espritu human. Tambin
debe colocarse en este rango, el tratado del origen de los conoci-
mientos humanos, a pesar de sus muchas imperfecciones, porque es
la primera obra en que se ha puesto la base slida de todos
nuestros conocimientos, fundndolos sobre el examen detallado de
las facultades y operaciones intelectuales.









MISCELNEA FILOSFICA


Nuestros lgicos antiguos no han sido ms felices
en ensearnos a aclarar la ideas que forman la base
de los raciocinios. Nos dicen que definamos los tr-
minos cuando nos hallemos confundidos; este consejo
no es malo, pero ellos se han extraviado: lo lo., pre-
tendiendo que una idea est bien definida cuando se
encuentra o se cree encontrar lo que la hace perte-
necer a tal gnero, y lo que la distingue de la especie
ms inmediata; 2o., distiguiendo definiciones de nom.
bres y de cosas; 3o., cuando pretenden que las defi-
niciones son principios. Por el contrario, debe creerse
que las definiciones no son principios, y que aun
cuando lo fueran, debera investigarse detenidamente
ei estos principios son verdaderos o falsos. Today defi-
nicin es o debe ser la explicacin de una idea, y,
por consecuencia, la determinacin del valor del
signo que la represent. Adems, es intil, y algunas
veces impossible, encontrar lo que hace que una idea
pertenezca precisamente a tal gnero o a tal especie.
Rechazadas las formas escolsticas, qu substitui-
remos a ellas? Nada ms que un buen anlisis de los
signs que expresan nuestras ideas, una observacin
del encadenamiento que guardian nuestros actos inte-
lectuales. Cada palabra de nuestro lenguaje es, por
lo regular, un signo que expresa un objeto com-
puesto, y muy pocas veces indican un objeto simple.
Desenvolvamos, pues, un trmino en otros, y stos
nuevamente en otros, siguiendo este orden en cuanto
nos fuere possible. Entonces advertiremos, sin nece-
sidad de reglas mecnicas y arbitrarias, cules son
las ideas que estn contenidas en el primer pensa-
miento, y se advertir si la consecuencia es legtima.









PRINCIPIOS LGICOS


La argumentacin que los escolsticos llaman sorites,
es la ms exacta y natural para percibir las relaciones
de las ideas; mas despus se quiso contraer a la forma
silogstica, haciendo una substraccin de muchos de
los elements o de las ideas intermedias de nuestros
conocimientos.
Todo consiste en procurar que los signos con-
serven una exacta correspondencia con las ideas; pues
si de nuestro espritu se han borrado, por decirlo as,
algunas de las circunstancias que acompaaban al
objeto y que expresa el signo, entonces llega ste a
ser mecnico, y hablamos de palabras cuando cree-
mos hablar de ideas, segn se ha advertido anterior-
mente. Cuando se sospeche de la exactitud de nues-
tras operaciones intelectuales, no .se ha de tomar el
recurso de substituir a los trminos unas definiciones
pedantescas, que anticipadamente se tienen preve-
nidas, sino por el contrario, es precise empezar nues-
tras operaciones como si nada supiramos, para ob-
servar detenidamente su correspondencia.
Esta observacin que hemos hecho repetidas veces
sobre las alteraciones de las ideas sin alterar los sig-
nos, es muy sensible en las diversas edades, costum-
bres, pasiones y conocimientos de los Ihombres; pues
una misma palabra excita distintas ideas y senti-
mientos segn estas circunstancias. La palabra Qu-
mica oda por un rstico nada express sino mna voz;
un hombre vulgar, pero civilizado, forma la idea de
una ciencia; el que ha estudiado algo de ella recuerda
algunas relacione.; y un professor muy ejercitado re-
corre prontamente en su espritu una multitud de
hechos y de observaciones.









MISCELNEA FILOSFICA


La dificultad de repetir las ideas que contiene un
signo, hace que unas ciencias sean ms difciles que
otras, y causa asimismo la diverse exactitud de ellas,
esto es, el menor peligro de equivocarse; pues las
ciencias, conteniendo la verdad, no pueden ser por
su naturaleza unas ms exactas que otras. Las cien-
cias morales, cuyos objetos no son muy sensible, en-
vuelven cierta dificultad, que da margen a un gran
nmero de opinions contradictorias; pero en las Ma-
temticas es muy difcil que por limitado que sea un
talent, no pueda seguir el orden de un problema
geomtrico, luego que lo ha aprendido, y la evidencia
en estos casos, acompaada de la sensacin, remueve
much ms las dudas que en otras ciencias menos
sensibles.
Sin embargo, el autor sigue una opinion contraria
al modo de pensar comn, pues afirma que el studio
de las Matemticas no es el ms a propsito para la
rectificacin del espritu, y para desonvolver sus fa-
cultades. No alega en su favor la inexactitud de la
mayor parte de los matemticos en los objetos que
no pertenecen a su ciencia, y aun en muchos de ella
misma, pues confiesa que en todas las facultades hay
espritus desarreglados. El ocurre a otras pruebas,
y hace observer que las que impropiamete se llaman
matemticas,* siempre tratan acerca de ideas de can-
tidades, y siempre en abstract, y sus raciocinios son
exactos porque son fciles; pues prescindiendo de la
naturaleza de las cosas, no estn tan sujetos a error,
cuando slo tratan de la idea clara de extension y

La palabra matemtica significa cosa aprendida, y qu cosa
no se ha aprendido, a no ser las que se inventan?









PRINCIPIOS LGICOS


cantidad. Por tanto, estas ciencias no presentan oca-
sin para aprender a resguardarse, y aun puede de-
cirse ms: ellas no presentan medios para hacerlo.
La ciencia de la cantidad tiene una monotona abso-
luta porque siempre se ocupa en unas mismas rela-
ciones, y sta es la causa por que tiene no slo signos
particulares, sino una sintaxis propia, que consiste
en las reglas del clculo que constituyen la verdadera
lengua. Advertiremos de paso que lo que impropia-
mente se llama lengua particular de otras ciencias,
es slo una nomenclatura que se funda en la sintaxis
de las lenguas comunes, pero la lenguak numrica y la
algbrica son totalmente distintas. Yo s muy bien
que es preciso tener un buen espritu y genio, para
usar bien de todos los recursos que ella nos ofrece;
es decir, para escribirla bien; pero estas reglas son
tan seguras, que si se logra aprenderlas de memorial
sin entenderlas, con tal que no se olviden, escribiendo
la primera proposicin podemos llegar a las ltimas
consecuencias sin saber lo que hacemos, y sin equi-
vocarnos. Esto es lo que sucede con frecuencia.
Pero seguramente no es ste el modo de perfec-
cionar nuestra facultad de discurrir. Agrgnese a
esto que no dando lugar a ninguna observacin, ni
experiencia, no sabr habituarnos la Matemtica a
tomar las precauciones, y a tener la sagacidad nece-
saria en punto a observacin y a hechos. Muchos
grande calculadores han tenido cierta ligereza y una
propensin a no examiner detenidamente los hechos
en que deban fundarse; y por esta causa mientras
ms extendan sus especulaciones, ms se extraviaron









MISCELNEA FILOSFICA


sin haberse equivocado en sus clculos; pues stos
salen bien, cuando se observan las reglas.*
La Geometra pura est en el mismo caso por lo
que hace a las observaciones y experiencias. Sus ra-
ciocinios cuando se forman por el mtodo que im-
propiamente se llama sinttico, y se hacen en lengua
comn, exigen las mismas precauciones que todo
idioma, y son exactos; pero esto sucede porque son
fciles, y si llegan a fatigar es porque son largos.
En toda operacin intellectual se descomponen y
recomponen las ideas, y por tanto es una impropiedad
decir mtodo analtico, y mtodo sinttico.
Suele decirse anlisis en lugar de Algebra, pero
sta no es un mtodo, es una lengua escrita, de la
cual nos servimos como de todas las dems para
descomponer y recomponer las ideas, y, por tanto,
la denominacin no es exacta. Por lo regular cuando
se resuelve una ecuacin en sus elements es para
former otras, y tenemos composicin y deacompo-

Wolfio lleg a decir que los habitantes de Jpiter tenan
14 pies franceses de alto, y para esto estableci infinitos calculos,
computando la divergencia de los rayos de la luz del Sol, a la
distancia en que est Jpiter, el dimetro de la pupila de aquellos
vivientes, para que en sus ojos pudieran pintarse las imgenes con
dicha cantidad de luz, la proporcin del tmao de la pupila con
el del ojo, de ste con la cabeza, de sta con el pecho, etc. Sin
embargo, tantos clculos difciles y prolijos formaron un gran
edificio sobre arena; pues la pupila no guarda en todos los ani-
males la misma relacin con el ojo, i ste con la cabeza, habiendo
algunos de ojos grandes y cabeza pequea. Por otra part, los
hombres en el globo que habitamos tienen distinta dilatacin en
sus pupilas; y aunque es cierto que puede establecerse un trmino
medio, tambin lo es que con cualquiera de los extremes de dicha
dilatacin se verifica la vista, y esto prueba la imposibilidad de
decidir por este medio cul es la estatura de los habitantes de
Jpiter. Vemos, pues, que el gran matemtico Wolfio trabaj
much para hacer nada que valiera.









PRINCIPIOS LGICOS


sicin. En hora buena que se diga anlisis qumico
cuando se descompone una sustancia, y sntesis
cuando se trata de former con estas parties un nuevo
compuesto; pero la ciencia consta de ambas cosas,
y no puede decirse que en ella se usa ms el mtodo
analtico que el sinttico.
Por lo que hace al pretendido mtodo sinttico,
que los gemetras creen usar cuando demuestran una
nueva proposicin por raciocinios en la manera acos-
tumbrada, es un verdadero abuso de palabras. Si
los gemetras parten de proposiciones probadas ante-
riormente, ellos hacen una deduccin como todas
las otras, y no constituyen nada. Si como sucede con
frecuencia usan de axiomas o mximas generals,
tal vez ciertas, pero que ellos no han querido tener
el trabajo de probar, o de definiciones que no dan a
conocer la generacin de la idea definida, estos ge-
metras no han corrido ms que la mitad del camino,
nada han compuesto, no han hecho ms que deducir,
y no solamente debe decirse que su sntesis no es un
mtodo, sino que su modo de proceder no es riguroso
como ellos screen, y aun ms debe afirmarse que da
al espritu un hbito muy malo, acostumbrndole a
contentarse con no empezar por el veradadero prin-
cipio. En una palabra, descomponer es un acto del
espritu y recomponer otro; pero ambos son nece-
sarios en todos los casos. No hay un mtodo pura-
mente analtico, ni puramente sinttico.'
El studio de las ciencias naturales, y especial-
mente la Qumica y Fisiologa parece el ms a prop-
sito para rectificar nuestro espritu, y comunicarle
buenos hbitos. En la Qumica los hechos son nume-









MISCELNEA FILOSFICA


rosos y variados: esto ejercita la memorial; son impli-
cados y a veces difciles de desenvolver: esto pro-
duce la sagacidad y acostumbra la atencin. Dicha
ciencia presta material a muchas deducciones, y esto
ejercita el raciocinio. Los objetos son sensibles, se
tienen entire las manos, y puede ocurrirse a la expe-
riencia y a la observacin, ya sea para no equivo-
carse en las deducciones, ya para cotejar y rectificar
los resultados cuando se ha concluido. Esto, cierta-
mente, es emplear un mtodo que no es ni pura-
mente analtico ni sinttico, pero que tiene de ambos
segn la necesidad que ocurra.
La Fisiologa es propia para former un buen esp-
ritu, porque tiene como la Qumica la ventaja de ha-
bituarnos a observaciones delicadas, y a razonamien-
tos sublimes comprobados frecuentemente por nuevas
experiencias. Podemos agregar que es superior a la
Qumica por el objeto de que se ocupa; pues nada
es ms interesante al hombre que el studio de s
mismo. Adems, comprendiendo la Fisiologa en el
conocimiento de nuestros rganos y de sus funciones,
el del centro sensitive, y de las funciones intelec-
tuales, nos ensea directamente cules son los medios
de conocer su fuerza y su debilidad, su extension y
sus lmites, y el modo con que operan. Nos hace
ver cmo debemos servirnos de ellos, y viene a ser
sta la primera de las ciencias, y la introduccin para
todas ellas.
Pero la naturaleza viviente se conoce poco y pre-
senta muchos misterios impenetrable, tiene muchos
puntos oscuros o mal aclarados, da lugar a explica-
ciones que no satisfacen completamente, y yo temo









PRINCIPIOS LGICOS


que si un espritu, que no est bien formado, se en-
trega a ella, en vez de habituarse al empeo en las
investigaciones, y al valor en las dudas, no se acostum-
brar sino a contentarse con unos conocimientos im-
perfectos, y a entregarse a conjeturas aventuradas. En
una palabra, la Fisiologa es una ciencia muy difcil
para servir de preparacin o de ensayo. Es precise
contentarse con saber los principles resultados para
servirse de ellos como de unas guas, sin pretender
dilatar los lmites, dando extension a la ciencia, sino
cuando el espritu se halla en toda su fuerza.
De todo lo dicho concluye el autor que no hay
otro mtodo sino proceder por la observacin de los
hechos, examiner con atencin las relaciones, tener
gran cuidado en former ideas compuestas que con-
tengan elements exactos, y procurar que estas ideas
no se alteren insensiblemente mientras hacemos
nuestras deducciones.





















PARTE II

CUESTIONES MISCELANEAS















CAPTULO I


DE LAS OBRAS ELEMENTALES ESCRITAS
EN VERSO


Mientras se hizo un gran aprecio de la memorial
de palabras, y los grande repetidores fueron tenidos
por grandes sabios, se escribi en verso para ensefar
las ciencias; pero cuando la Ideologa, ascendiendo
hasta el origen de nuestros conocimientos y exami-
nando sus relaciones, ha demostrado los absurdos de
una colocacin de signos, afectada y contraria a la
naturaleza, es preciso desterrar los versos de las obras
de primera enseanza, y reservarlos para las de
recreo. El hombre apasionado us de un lenguaje
sublime a veces, y otras variado con sencillez, pero
lleno de gracias, y fu poeta por naturaleza, mas no
fu versificador. Los versos han sido el fruto del
ingenio para halagar el odo, pero no de la naturaleza
en sus sentimientos.
Estas consideraciones manifiestan claramente que
no deben escribirse en vereo las obras elementales
donde todo debe reducirse al mtodo ms sencillo,
donde el entendimiento debe ejercitarse en los ob-
jetos, y no en el modo con que se presentan, donde
el autor debe dejar hablar a la naturaleza. Efecti-
vamente, qu cosa ms contraria a la claridad de las


MISC. FILOSFICA 5









MISCELNEA FILOSFICA


ideas que una inversin de los signos, unos nmeros
y cadencias estudiados, unas supresiones y adiciones
de voces, conforme a la necesidad del poeta, y no a
la del objeto que explica?
El espritu, lejos de fijarse por medio de los versos,
se distrae deleitado con su armona, y respect de
los nios, la experiencia prueba que para ellos una
regla en verso es una cantinela y nada ms.
Dicen algunos que se aprenden con ms facilidad
las reglas cuando tienen el atractivo del verso, y
mezclan lo til con lo agradable, segn el consejo
de Horacio. Si es aprender una regla repetir el verso
en que se contiene, yo confieso que se aprenden
fcilmente; pero si el saber consiste en percibir los
fundamentos de la regla y sus aplicaciones, yo creo
que la inversin potica de los signos y su obscuridad,
no pueden ser favorable a este intent.
Muchas veces se alucinan los mismos maestros con
los progress aparentes que hacen sus discpulos;
pues luego que oyen una voz de las contenidas en los
versos que aprendieron, repiten- la copla con exac-
titud, y se cree que la entienden y saben explicarla;
pero un hombre reflexivo conoce que stos son frutos
de una memorial que atina, y no de un esprita que
acierta.
Los que hayan meditado sobre las relaciones de
nuestras ideas, y la naturaleza de las ciencias, perci-
bitn claramente cunto perjudican a la verdadera
easeanza estos hbitos intelectuales viciosos que ad-
quieren los nios acomodndose a que las palabras
no presented el cuadro de los objetos como estn en
la naturaleza, sino como los ha fingido el capricho









CUESTIONES MISCELNEAS 43

del hombre. Vemos un nifo de tierna edad que res-
ponde a todo lo que se le pregunta sobre la material
que se le ha enseado, siempre que se haga en tr-
minos que su memorial dirija las respuestas, y no
su entendimiento; se le alaba, y yo convengo en que
lo merece por su aplicacin; pero confesemos que si
un idelogo se hace cargo de continuar su enseanza,
tendr el trabajo que un jardinero, que se ve en la
precision de cultivar un arbolito muy lozano, pero
lleno de tortuosidades, y disforme por las violencias
que en l hizo a la naturaleza una mano indiscreta.















CAPiTULO I


DIFERENCIA Y RELACIONES ENTIRE LA IDEO-
LOGIA, LA GRAMATICA GENERAL Y LA LOGICAL


Nuestros conocimientos, despus que estamos en
perfect relacin con la naturaleza, y con la sociedad,
forman unos conjuntos o sistemas ordenados loe ms
admirables; pero cuya armona no percibimos, y
much menos los pasos analticos que hemos dado
para adquirir tantas riquezas. El filsofo contem-
plando busca el origen de stas, media su enlace,
advierte los medios de que se ha valido para con-
seguirlas, y los obstculos que debe remover para que
no se perturbe el orden sabio de la naturaleza. No
es otro el principio de donde han dimanado la Ideo-
loga, la Gramtica general y la Lgica. Mientras
observa el origen de sus ideas en los sentidos, y la
influencia de estos rganos, mientras consider el
modo con que sucesivamente rene muchas ideas para
former otras ms complicadas, y que pueden resol-
verse en las mismas de que estn compuestas, pro-
cede como idelogo. Cuando advierte las relaciones
de los signos con nuestros conocimientos, que deben
ser unas mismas en todos los pueblos, por ser idn-
tica la naturaleza que las sugiere, usa de la Gram-
tica general, o ciencia general de los signos, a dis-









CUESTIONES MISCELNEAS


tincin de la Gramtica particular de un pueblo, que
usa de los signos de tal o cual idioma, pero siempre
fundada en la Gramtica general. Cuando forma de-
ducciones exactas, y recorriendo la historic de los
errors de los hombres procura evitarlos, le diremos
un lgico.
Infiero, pues, que la Ideologa es la ciencia de la
adquisicin y enlace de nuestras ideas, la Gramtica
general es la ciencia de los signos, formando un len-
guaje arreglado a las ideas, y la Lgica es la ciencia
de la rectificacin y conservacin de estos conoci-
mientos. En una palabra: adquirir, manifestar y
deducir rectificando las ideas, son las tres cosas que
han dado origen a la Ideologa, la Gramtica general
y la Lgica.
Sin embargo, es preciso confesar que la palabra
Ideologa lo envuelve todo, y que estas cosas se hallan
tan unidas, que es impossible ser idelogo sin ser l-
gico, y usar de la Gramtica general. Este es el
motivo por qu se suele poner indiferentemente
Ideologa por Lgica, aunque no suele en el uso con-
fundirse con la Gramtica general. Podemos concluir
que toda la inexactitud consiste en que la palabra
Ideologa ha llegado a ser equvoca, pues o signi-
fica la ciencia que comprende todo el orden de
nuestros conocimientos en todas sus relaciones, y
entonces no se confunde con la direccin del espi-
ritu human, que los antiguos llaman Lgica, o se
toma en un sentido ms riguroso, contrayndonos
solamente a la adquisicin de ideas, y le llamaremos
Ideologa propia o rigurosa.
En las cuestiones la prctica que debe observarse









46 MISCELNEA FILOSFICA

es or cuidadosamente al que habla, y a muy pocas
palabras se conoce la acepcin que da a la voz Ideo-
loga, y esta misma debemos darla, pues tengo bien
experimentado que a veces, por exigirse una gran
exactitud, ee produce un gran trastorno de ideas,
y venimos a incurrir en cuestiones de voces, que
han sido el origen del atraso de las ciencias.
















CAPITULO I


REFLEXIONES SOBRE LAS PALABRAS DE BACON
DE VERULAMIO: "NO CONVENE DAR AL ENTEN-
DIMIENTO PLUMAS PARA QUE VUELE, SINO
PLOMO QUE LE SIRVA DE LASTRE."

Estas palabras contienen, bajo el velo de una met-
fora, los documents de la ms exacta Ideologa. Per-
suadido el insigne pensador ingls de los daos que
han causado siempre a las ciencias los extravos del
entendimiento que finje nuevos series, desatendiendo
los que tienen a la vista, y que son obra de la sabi-
dura divina, quiso remover estos obstculos, recor-
dando que a veces, por elevarse much, suele entrar
nuestro espritu en regions imaginarias, si no tiene
el lastre de la observacin, y de la experiencia que
le detenga, por decirlo as, en el centro de los series
creados, indicndole lo que es verdaderamente til,
y lo que siempre ser absurdo por ms que pase de
unas a otras generaciones, mereciendo la atencin de
espritus ligeros y el aplauso de los insensatos. Seme-
jante a un demente que con los ojos elevados al cielo,
quisiese encontrar y escoger con tino las preciosas
flores que cubren un prado, que recorre con pass
irregulares hollando unas, separando otras, y destru-
yndolas todas, as el filsofo que entregado a sus









MISCELNEA FILOSFICA


abstracciones se pasea por el dilatado campo de las
ciencias, no hace ms que destruirlas, teniendo por
til lo ms errneo, y no advirtiendo las preciosidades
que la misma naturaleza parece que se empea en
ponerle entire las manos.
Cuntos grandes hombres han cometido grande
absurdos por no haber practicado la sabia sentencia
de Verulamio? Cartesio, el penetrador Cartesio, que
supo horadar el denso velo que cubra las ciencias
filosficas, y que segn la expresin de un sabio, pa-
rece que no content con los estrechos lmites del
Peripato, y fastidiado de la uniformidad y ridicule
de los objetos que vea en l, hizo una tentative deses-
perada contra sus paredes, que hall tan frgiles, que
pudo arruinarlas, saliendo al campo ms ameno;
este Cartesio, repito, fu autor de los delirios ms
ridculos, que seguramente hubiera evitado teniendo
un poco del lastre de Verulamio. La material sutil,
la estriada y la globulosa, products de la rotacin
de unos dados, en que haba dividido toda la material
su Autor Supremo; la formacin del sol y de las
estrellas por la material globulosa, y la de los cuerpos
opacos por la estriada, no son efectos de un gran
vuelo por la region de las abstracciones? Qu otro
origen tienen las mnadas de Leibnitz, los puntos
inflados de Boscobich, y las molculas orgnicas de
Buffon?
No creamos que slo el espritu de novedad, o
el obstinado empeo de resolver los puntos ms dif-
ciles, y penetrar los arcanos de la naturaleza, han
precipitado a estos ingenios superiores hasta el ex-
tremo de forjar unos sistemas, que pasan hoy entire









CUESTIONES MISCELNEAS


las fbulas filosficas. S muy bien que la ambicin
literaria suele tener parte en empresas semejantes,
pero advierto igualmente que en el mismo orden
con que nuestro espritu aplica sus facultades a los
objetos, puede hallarse el origen de sus errors, sin
que tengan en ellos tanta parte como se cree el deseo
de gloria, que tal vez agite el corazn.
Mientras la experiencia no ha presentado un n-
mero de verdades que destruyan las opinions reci-
bidas, el espritu naturalmente se conduce por lo que
sabe, y se recrea en lo que siempre le ha agradado.
Esto sucede no menos en las doctrinas que en los
mtodos, y si todos dicen que las hiptesis tienen por
objeto dar los primeros pasos hacia la verdad, hasta
que se consiga confirmarla por la experiencia, y que
pase al rango de tesis o proposicin demostrada, no
es culpable un entendimiento, que no habiendo po-
dido pensar y corregir todo, sigue el camino que
siempre haba seguido, y que le parece ms recto.
Efectivamente, por much tiempo se crey que con-
vena investigar el puede ser de las cosas, para que
luego la experiencia nos condujera insensiblemente
al ser. De este modo se empezaba siempre del hom-
bre a la naturaleza, y no de sta a aqul, y se esta-
blecan varias suposiciones como por instinto, para
luego irlas aplicando hasta ver si por casualidad al-
guna de ellas embonaba a loe series, y luego natural-
mente resultaba que las pasiones ejercan todo su
influjo, y cada filsofo, y aun cada secta se decidia
por las doctrinas que al principio haba fingido, y
despus crey ver comprobadas en la naturaleza.
El sabio Bacon de Verulamio siguiendo el mtodo









MISCELNEA FILOSFICA


de inducciones, totalmente opuesto al que acabamos
de explicar, form la admirable obra titulada Nuevo
rgano de las ciencias, para distinguirla de otra que
con el mismo ttulo haba escrito Aristteles, pero
que estaba muy lejos de ser un verdadero rgano,
o una gua que nos condujera a la verdad. Siempre
ser sensible que en los tiempos posteriores al filsofo
ingls no hayan querido todos seguir sus huellas, y
que por much tiempo la Metafsica no haya sido
otra cosa que un conjunto de quimeras. O si el
talent de Malebranche hubiera tenido un poco del
lastre de Verulamio! Cuntos frutos hubiera pro-
ducido! La Filosofa debe a este gran hombre muchos
progress en el conocimiento de las causes de los
errors, y seguramente su Investigacin de la verdad
se mirar siempre con aprecio. Pero qu diremos
de su sistema de ver las cosas en Dios como en un
espejo, pretendiendo que los sentidos no pueden de-
mostrarnos la existencia de los cuerpos?
La observacin, pues, y la experiencia deben indi-
carnos no slo los primeros pass, sino todoe los que
intentemos dar en el. campo de la naturaleza. Un
solo moment en que no se observe esta mxima,
basta para que nuestro espritu se distraiga, y se se-
pare del verdadero camino, entrando despus las pa-
siones a persuadirle que va muy bien, y que est
en el caso de continuar por la nueva senda en que se
halla. Si cada conocimiento que adquirimos por la
combinacin de otros anteriores, lo confrontamos con
la naturaleza y no pasamoa adelante hasta que un
conjunto de observaciones exactas nos demuestre que
hemos acertado, no ser fcil errar; a la manera que









CUESTIONES MISCELNEAS 51

no es fcil se extrave el caminante que cada rato
observa el camino, mira todas sus cercanas, y no
da un paso adelante sin estar seguro de que va bien
dirigido.















CAPIrULO IV


NINGUN IDIOMA PUEDE LLENAR LAS VASTAS
MIRAS DE LA IDEOLOGIA


Mucho se ha trabajado para la rectificacin de
los idiomas, pero hasta ahora puede decirse que no
se ha conseguido otra cosa que conservarles una
pureza graduada por la antigedad de las voces, y
no por su exactitud; darles ciertos giros que han
parecido ms conformes a la razn, y a veces slo por
conservar los modismos del lenguaje primitive en
cada pueblo. Pero estos trabajos, aunque utilsimos
y dignos de toda alabanza, son ms las prolijidades
de un fillogo, que las tentativas y resultados exactos
de la Ideologa.
Por ms que se empeen los idelogos en perfec-
cionar las voces, el coloso de la antigedad quedar
inmvil, haciendo vanos sus esfuerzos, pues inmensos
pueblos habituados a un lenguaje inexacto, y for-
mando cada da nuevas voces e inventando nuevos
modos de colocarlas sin ms regla que la imitacin
de las prcticas antiguas, hacen impossible al corto
nmero de buenos pensadores la total reform de
tanto abusos.
Cmo sera admitido un nuevo idioma que, as
en las voces como en su colocacin, siguiera exacta-









CUESTIONES MISCELNEAS


mente el orden de los objetos, y el de nuestras ideas?
Se han admitido ya innumerables colocaciones que
agradan ms, tal vez slo por el uso que hacemos de
ellas, y el que hiciera la tentative de hablar de un
nuevo modo, pasara por el hombre ms ridculo. Es
cosa admirable que siendo el lenguaje la expresin
de nuestras ideas, hayan convenido los hombres en
aumentar las dificultades siguiendo un orden con-
trario cuando hablan que cuando piensan. Nuestro
idioma, por fortune, no adolece tanto de esto, pero
el latino! El latino, repito, que fu idioma de uno
de los pueblos ms cultos, y que justamente causa
las delicias de los amantes de la literature. En este
idioma, segn advert al considerarlo ideolgica-
mente, se presentan las voces empezando a veces por
un adverbio, siguiendo despus un adjetivo, y ltima-
mente se present el objeto precedido de infinitas
voces, que expresaban otras tantas relaciones de l,
y que no pudieron entenderse hasta no or el signo
que expresa dicho objeto.
A las observaciones hechas debo agregar que aun
prescindiendo de las dificultades que ofrece el uso
constant de los pueblos, ningn idelogo creo que
puede inventar un idioma que llene sus deseos. La
Ideologa quisiera unos signos que, expresando a la
vez todas las ideas parciales que componen la total
del objeto, fuera, sin embargo, preciso, demarcando,
entire todas, aquella relacin que con especialidad
quiere considerarse y que al mismo tiempo fuera
breve y claro. Pero cmo puede conciliarse esto?
Al paso que va adquiriendo un signo exactitud, pierde
su brevedad y claridad, de modo que ste es uno








54 MISCELNEA FILOSFICA

de aquellos puntos en que yo juzgo que hay una
dificultad insuperable, por la diferencia que existed
entire el orden mecnico y pausado de los sonidos, y
la dignidad y prontitud de los pensamientos; en una
palabra, entire el espritu y la material. Nuestra alma
suple much a lo que oye, y nuestros labios no pueden
pronunciar todo lo que ella ha suplido.














CAPirULO V


EL ARTE DE TRADUCIR ES EL ARTE DE SABER

Esta mxima sacada si no a la letra, por lo menos
conforme a la doctrine de Condillac, ofrece algunas
dificultades, y da motivo a muchas consideraciones
ideolgicas. Traducir no es ms que hacer una sus-
titucin de signos, y esto parece que no puede prac-
ticarse si anticipadamente no se conocen unos y
otros, para saber los que pueden sustituirse; y as a
primera vista no se cree que la traduccin puede
ensearnos cosa alguna, pues al contrario, es precise
saber para traducir, y no traducir para saber. No
hablamos aqu precisamente de la traduccin de uno
a~ otro idioma, sino de la que se hace presentando
unos signos que conocemos, en lugar de otros ms
oscuros, pero que tienen exacta correspondencia con
los sustituidos.
Para former juicio de la exactitud de la mxima
que hemos expuesto, y de los limites a que deba
reducirse su aplicacin, advirtamos que en el estado
actual de nuestros conocimientos, adquiridos todos
por sensaciones, y ligados estrechamente a unos sig-
nos, es impossible pensar sin el auxilio de stos. Por
ms esfuerzo que hagamos para excluirlos, jams
podremos conseguirlo, y la experiencia prueba que
siempre que pensamos nos parece que omos hablar,
y muchas veces proferimos palabras sin advertirlo, y








MISCELNEA FILOSFICA


se dice que hablamos solos. Luego se infiere que
pensar es lo mismo que usar de loe signos, y pensar
bien es usar bien de ellos. Pero de qu modo apren-
deremos a hacer un buen uso de los signos? Obser-
vando su correspondencia, el valor de cada uno, y
sus diversas aplicaciones, todo lo cual constitute la
gran ciencia de la traduccin ideolgica.
No es preciso conocer antes el objeto en todas sus
relaciones, para aplicar los signs, y aun tengo por
cierto que repetidas veces ignoramos la naturaleza
de dicho objeto, y llegamos a investigarla por los
mismos signs que vamos sustituyendo. Deben dis-
tinguirse dos casos: el uno en que nuestro entendi-
miento investiga por s mismo las propiedades de los
series; el otro, en que las deducen por un signo que
se le present. En el primer caso seguramente los
signos no dan ideas, sino sirven como unas demar-
caciones para fijar los pasos que vamos dando; y esto
no puede hacerse si el entendimiento no percibe la
propiedad del objeto, a la cual aplica el signo, pues
sera lo ms absurdo pretender que hacemos apli-
caciones antes de advertir el objeto a quien se hacen;
mas en el segundo caso, los mismos signos dan ideas,
siendo innegable que la prctica de sustituirlos, faci-
lita a nuestro entendimiento la inteligencia de alguno
de ellos, que se le presentan con oscuridad. Un signo
compuesto envuelve relaciones, que unas a otras se
confunden, y fatigan a nuestro espritu, por lo cual
conviene separarlas; y esto no se consigne sino por
medio de signos ms sencillos, que por prctica sa-
bemos que correspondent al signo complicado que
nos molestaba. Repito siempre que por prctica ha-









CUESTIONES MISCELNEAS


cemos estas sustituciones, porque es claro que una
de las grandes ventajas de los signos consiste en aho-
rrar al entendimiento el trabajo de repetir a cada
instant el anlisis que hizo para conocer los objetos.
Repetido el signo, ocurren prontamente a nuestro
espritu muchas nociones particulares, que todas ellas
reunidas forman la idea total, o image del objeto,
y que seguramente no recordaramos si no tuviramos
este auxilio. Se infiere, pues, que por medio de los
signos abreviamos los procedimientos intelectuales,
formando unos conjuntos de innumerables nociones,
que ya no pueden confundirnos, porque constituyen
como unas masas separadas, quedando reducidas a
un cierto nmero de individuos intelectuales, si puedo
valerme de esta expresin, las infinitas ideas, que
desenlazadas, presentaran una dificultad insuperable
al entendimiento. Haciendo la sustitucin de signos,
la hacemos de estos conjuntos, que no son otra cosa
que las imgenes de los mismos objetos; y, por con-
siguiente, analizados los ltimos signos, que resultan
de la traduccin, sabemos los objetos que component
el total que queramos conocer. Si prescindiendo de
la prctica en el manejo de los signos hubiramos
querido analizar el objeto detenidamente, como si
nada supiramos acerca de l, y careciramos de
medios abreviados para analizarlo, seguramente hu-
biramos tenido los mismos resultados, pero con
much ms trabajo. De esto tenemos una prueba bien
clara en el Algebra. Un professor puede muy bien
investigar la formula necesaria para tal o cual caso, y
tambin el modo de aplicarla; pero, sin embargo,
se tienen formulas conocidas, que en el moment


MISC. PMrOSFICA 6








MISCELNEA FILOSFICA


ee aplican, y queda resuelto un punto difcil a pri-
mera vista, sin que casi cueste trabajo al matemtico.
Pero no est reducida toda la ciencia de la tra-
duccin ideolgica a encontrar las verdaderas rela-
ciones de los signos, y las ideas que cada uno de
ellos envuelve, o, lo que es lo mismo, su valor; se
necesita, adems, saber el orden con que deben pre-
sentarse, no slo para que expresen los objetos como
son en s, y segn estn colocados en la naturaleza,
sino tambin del modo que sea ms a propsito para
que el entendimiento pueda clasificarlos, y observer
con exactitud toda su armona. Esta es la razn por
qu deca Condillac que una ciencia no es ms que
un idioma exacto, como si dijera, un idioma despo-
jado de todas las ideas accesorias e inconducentes,
que el uso de los pueblos ha querido agregar al ver-
dadero plan de nuestros conocimientos; un idioma
que no limitndose a expresar las cosas, por los resul-
tados de las operaciones intelectuales, indica el orden
con que se practicaron stas, demuestra su origen o
enlace, sus perfecciones y sus vicious; en una palabra,
un idioma que pone en verdadera relacin al
hombre con tales o cuales objetos de la naturaleza.
Efectivamente, si observamos lo que son las ciencias
para nosotros, conoceremos que se reduce a un
conjunto. de nuestras relaciones con una u otra clase
de objetos, pues a la verdad toda la naturaleza no
es para nosotros ms que un conjunto de causes de
innumerable sensaciones. El hombre naturalmente
refiere a s mismo todos los objetos, y dice que los
conoce cuando sabe la relacin que tiene con ellos,
y los llama fros, calientes, duros, blandos, etc. No









CUESTIONES MISCELNEAS


hay duda que muchas veces parece que formamos
nuestra ciencia, de las relaciones que tienen los ob-
jetos entire s, y no con nosotros, como sucede al ge-
metra que compare la superficie de un tringulo con
la de un paralelgramo de igual base y altura, dedu-
ciendo que una es la mitad de la otra, o la de una
esfera con la del cilindro circunscrito, manifestando
que son iguales; pero aun en estos casos el hombre
no constitute su ciencia sino observando las sensa-
ciones que le causan el tringulo, el paralelgramo,
la esfera y el cilindro, y advirtiendo el orden con
que su entendimiento ha ido investigando dichos ob-
jetos, y el uso que puede hacer de ellos, como si
dijramos, las relaciones de utilidad que se hallan
entire estos objetos y el mismo hombre.
Se infiere, pues, que es preciso para que el arte
de traducir sea el arte de saber, que la traduccin
ideolgica se haga sin perder de vista el orden con
que nuestra alma ha percibido los objetos, pues no
basta presentarlos como son en s, o mejor dicho,
como creemos que son, sino se procura que el len-
guaje est conforme al orden de nuestras operaciones
intelectuales.
Esta doctrine de Condillac nos conduce a observer
la gran diferencia que hay entire saber y tener muchas
ideas. Sabe el que es capaz, por decirlo as, de former
su conocimiento nuevamente, indicando las opera-
ciones que haba practicado para adquirirlo, y perci-
biendo toda la relacin de ellas; pero basta para
tener muchas ideas, haber odo much sobre una
ciencia, y tener en la memorial un gran nmero de
proposiciones exactas que pertenezcan a ella.















CAPITULO VI


PREOCUPACIONES


As como las enfermedades tienen distinta gra-
vedad, y produce diversos estragos segn la natu-
raleza del cuerpo de cada individuo, aunque sean
unas mismas sus causes, as tambin las preocupa-
ciones, que son unos verdaderos males del espritu,
causan distintos efectos segn el diverso estado de los
entendimientos en que se hallan. Toca, pues, al fil-
sofo, observer en los casos particulares qu conduct
debe seguirse, para destruir, si es possible, tal o cual
preocupacin, en esta o en aquella persona; o desen-
gaiarse y conocer que el mal (como sucede con fre-
cuencia) es incurable, y que el pobre que lo sufre
debe mandarse al apartado de las ciencias, como suele
hacerse en los hospitals con los enfermos que no
dan esperanza.
Conviene, sin embargo, hacer algunas observaciones
generals, que siempre sern inexactas como todas
las semejantes, pues sabemos que no hay proposi-
ciones verdaderamente universales, y que cuando
stas se han tenido como principios de las ciencias,
han causado los mayores trastornos en ellas; pero
con todo en el caso present pueden ser de alguna
utilidad, supuesto que slo se trata de indicar lo que









CUESTIONES MISCELNEAS


sucede con ms frecuencia entire los hombres, y sirve
para guiarnos en la investigacin de lo que es pro-
bable que acontezca segn las circunstancias de las
personas.
La edad, los interests, la ilustracin y el origen
de las preocupaciones, son los elements que deben
entrar en el clculo de la permanencia de ellas, y de
los efectos que produce. Cuatro son las fuentes prin-
cipales de la preocupacin, segn he manifestado en
mis Lecciones de Filosofa y ahora no har ms que
indicarlas: trato social, anlisis imperfecto, timidez
literaria e inconsideracin; pues no hay duda que si
nos hallamos preocupados, proviene esto, o de lo que
hemos odo siempre a los dems, o de las investiga-
ciones imperfectas que nosotros mismos hemos prac-
ticado, y que creemos exactsimas, o de la persuasion
en que estamos de que una cosa es muy difcil, o l-
timamente del poco cuidado que hemos puesto en
investigar una material, y pasado algn tiempo, en
que siempre hemos repetido las primeras ideas que
adquirimos acerca de ella, llegamos a habituarnos
a cierto modo de pensar, y decimos lo que siempre
hemos dicho sin saber por qu lo hacemos.
Es precise observer estas cosas con atencin, y para
ello reflexionemos primeramente los efectos que pro-
duce cada especie de preocupacin, segn su divers
origen, que acabamos de asignar, la tendencia que
tienen los hombres segn sus circunstancias a ciertas
preocupaciones, y ltimamente nos detendremos en
contemplar de qu modo la ilustracin sirve de con-
trapeso a las preocupaciones, y aun consigue ven-









MISCELNEA FILOSFICA


cerlas haciendo que el entendimiento se incline al
lado opuesto, que es el de la razn.
La niez, y aun la juventud, dan fcil entrada a
la preocupacin, que proviene del trato social, pero
jams se radica en trminos que no pueda separarse
de su espritu, pues parece que el hombre en estas
edades, persuadido de que empieza la carrera de su
vida, y enseiado por la experiencia de los primeros
aos, en que todo para l era nuevo, y parece que
un portento se segua a otro en la naturaleza y en la
sociedad, defiere fcilmente a lo que se le propone,
aunque sea contrario a todo cuanto saba, pues gusta
en cierto modo de que continue esta series de nove-
dades. Si una mano diestra se vale de la misma
novedad, y sabe presentarla a la juventud de un
modo interesante, lograr despreocuparla sin much
trabajo.
Un obstculo es el nico que hay que vencer res-
pecto de la niez, y ste consiste en aquella natural
deferencia que tienen todos los nios hacia sus padres,
y dems personas que los educan, de modo que la
veneracin suele entenderse en ellos hasta el extremo
de ligar su entendimiento; parecindoles un absurdo,
y un atentado cuanto se dice contrario al dictamen
de personas tan respetables. Mas si la razn se pre-
senta con pasos moderados, y lleva consigo el mismo
aire de respeto, la niez es muy just, y por consi-
guiente muy dcil, de modo que podemos conducirla
hacia lo recto con la mayor facilidad. La juventud
siempre fogosa present otra clase de obstculos, que
consiste en la animosidad con que se resigna un
joven a defender sus ideas, como si sostuviera sus









CUESTIONES MISCELNEAS


ms sagrados derechos, hallando tanto placer en una
victoria literaria, como si hubiera vencido al ene-
migo ms denodado en el campo de la guerra. Por
eso es mxima, cuya utilidad comprueba la expe-
riencia, no arrostrar a la juventud en sus opinions
si queremos destruir su preocupacin, ya provenga
del trato social, ya sea fruto de un anlisis imper-
fecto, o lo que es lo mismo, de una mala investigacin.
No hay duda que estos obstculos se vencen fcil-
mente, y as es observacin muy exacta que las re-
formas tiles en las ciencias, en la poltica, y en
toda clase de objetos tienen cabida en la juventud
primero que en cualquier otra edad, y que los j-
venes suelen ser los primeros defensores de la razn
contra lo que el tiempo llega a autorizar entire los
hombres, sin ms fundamento que la misma an-
tigedad.
La mayor edad, y aun much ms la vejez, se ad-
hieren con ms fuerza a las prcticas que siempre
han odo, de modo que, entire los ancianos, vale
much el toda la vida se ha hecho, siempre se ha
dicho. Es muy difcil comprender que esta adhesin
a lo que siempre se ha practicado, proviene ms de
un hbito que de un convencimiento; mas no por
esto se crea que es fcil presentar las cosas en tales
trminos, que convenzan al que nunca ha querido
verlas. Si algunas veces- se consigue, muy pocas su-
cede que varen de sistema, pues el convencimiento
no destruye el hbito de operaciones contrarias,
cuando la ilustracin, segn expondremos.ms ade-
lante, no llega a ser igualmente habitual, y puede









MISCELNEA FILOSFICA


contrapesar los esfuerzos de la costumbre. Difcil
empresa es por cierto reformar un anciano!
La preocupacin que proviene de anlisis imper-
fecto, esto es, de investigaciones inexactas, casi no
produce efecto en los nios, siendo cierto que con
la mayor facilidad se consigue que varen de dicta-
men, pues aun no tienen deseo de rivalizar a los que
creen superiores por edad y luces. Muchas veces se
nota una especie de contumacia en los nios, que
parece propenden a sostener de todos modos las opi-
niones que han tenido por algn tiempo, mas esto
no proviene tanto de la preocupacin como del h-
bito adquirido, pues nadie duda que entregada la
niez a personas poco instruidas, y siendo inevitable
que sus primeras lecciones sean inexactas, se habitan
necesariamente a repetir ciertas ideas, y por una
especie de instinto suelen sostenerlas. Si observamos
los nios con atencin, advertiremos que todo su
empeo es acertar, y que en ellos la naturaleza se
present con toda su dignidad. Los vemos desechar
sus opinions luego que estn convencidos, y soste-
nerlas mientras se creen con razones para ello; pero
ni en uno ni en otro caso tienen otro empeo que
el de adquirirse conocimientos exactos. Con todo
no puede negarse que los efectos de la costumbre
en la niez suelen ser tan funestos que inutilizan al
hombre para toda su vida. El medio ms seguro de
destruir en los nios la preocupacin que proviene
de anlisis imperfecto, y el hbito pernicioso que
ella produce, es sin duda presentar los objetos de un
modo enteramente nuevo, procurar que ni las voces,
ni las circunstancias, presented una relacin clara,









CUESTIONES MISCELNEAS


o tendencia a las ideas que ocupan su entendimiento.
Si no se toman estas precauciones sucede con fre-
cuencia en las investigaciones lo que vemos que acon-
tece en la memorial, y es que cuando repite un nio
alguna clusula que se parece a otra de distinto
asunto, pasa insensiblemente, y le omos relatar una
material totalmente distinta, sin que l advierta la
incoherencia de sus discursos, pues todo su empeo
es repetir los signos, y todo cuanto hace es mecnico.
Hemos dicho que la juventud es ms celosa de su
honor literario, y que forma, por decirlo as, un plan
de defense para sostener los resultados de sus inves-
tigaciones; pero sin embargo hay en ella una causa
que facility su despreocupacin, pues ningn joven
quiere pasar por de ideas aejas, y si prevee que su
terquedad le ha de poner en ridculo, prontamente
desiste de su opinion.
No sucede lo mismo a los ancianos; stos ya miran
las cosas de un modo muy distinto, y confirmndose
cada vez ms en sus antiguas doctrinas, compadecen
o desprecian a los que se oponen a ellas. En una
cabeza cubierta de canas, rara vez ha lugar a re-
formas de opinions: La prudencia pide respetar la
ancianidad, y no empearse en reformarla, porque
es vano empeo.
La preocupacin que proviene de timidez literaria,
tiene lugar en los nios, y en los ancianos; pero rara
vez en los jvenes que regularmente propenden a
emprenderlo todo, y a career que nada puede resistirse
a sus esfuerzos. El nio ve ciertas cosas como re-
servadas a edades superiores, y persuadido de la de-
bilidad de sus fuerzas, suele anonadarse, y no dar









MISCELNEA FILOSFICA


un paso adelante creyendo que todos sern intiles.
Por esta razn, los sabios profesores que manejan la
niez con acierto, procuran presentar todas las cosas,
aun las ms difciles, como si fueran fciles, ocultando
el trabajo que ha costado investigarlas, y si es possible
ofrecen solamente a la contemplacin de los nios,
una pequea parte de los objetos que quieren ense-
arles, y evitan que prevean toda la que han de
aprender. De este modo suele conducirse a un nio
como al caminante, a quien se dice al principio que
ha de caminar una legua, despus se le suplica que
camine otra, y as se le conduce a una gran distancia,
cuya noticia anticipada le hubiera abatido. Uno de
los inconvenientes que tiene el sealamiento de
tiempo para los cursos literarios, es sin duda lo
much que hace desmayar a los principiantes. La
experiencia me ha manifestado que cuando en el
colegio de San Carlos de la Habana, se empleaban
tres aos en el studio de la Filosofa, segn la an-
tigna costumbre, solan decir mis discpulos al prin-
cipio: tres aos para aprender la Filosofa! tanto
tiempo! mucho es el trabajo! Me vea, pues, en el
estrecho de manifestarles que para las nociones ele-
mentales que iban a recibir, bastaba un ao para un
joven de grande luces, y que dos eran suficientes
al ms torpe. De lo cual inferan que iban a sacri-
ficar un ao de su carrera por mera costumbre. Pos-
teriormente se limit el tiempo a los dos aos, y
tuve la satisfaccin de experimentar que los efectos.
correspondan a mis deseos.
En cuanto a la timidez literaria de los ancianos,
es preciso considerar que despus de haber empleado









CUESTIONES MISCELNEAS


muchos aos en la investigacin de ciertos puntos
sin fruto alguno, llegan a persuadirse que son in-
comprensibles, y por ms que se les diga que se han
descubierto nuevos medios para explicarlos, creen
que todos son delirios, o vanos ensayos de una ju-
ventud presuntuosa. Nunca supo un anciano la causa
del flujo y reflujo del mar, oy varias veces la ap-
crifa ancdota de la muerte de Aristteles que dicen
se arroj al mar pronunciando estas palabras deses-
peradas: non possum te capere, cape me; pens siem-
pre que le era impossible exceder en conocimientos al
prncipe de los filsofos, y ya no hay quien le pueda
hacer entrar con franqueza en el examen de los nuevos
sistemas. En vano se le hablar de la atraccin del
sol y de la luna, y del movimiento de la tierra como
causes de estos fenmenos; el buen viejo se reir
de todo, como si oyera la narracin de una fbula.
Es menester, pues, en tales casos, manejar a los viejos
como a los nios, bien que esto es difcil porque son
demasiado resabidos para que no prevean a dnde
se les quiere conducir, y adems el respeto que me-
rece la ancianidad, es un obstculo a ciertas tenta-
tivas que divertiran a un nio, y seguramente
ofenden a un anciano.
La inconsideracin es propia de los nios y los
jvenes, pero no estn libres de ella los ancianos.
Con todo es preciso confesar que las preocupaciones
provienen de este origen; aunque son las ms gene-
rales, son igualmente las ms fciles de destruir. El
hombre no puede fijar su atencin en todas las cosas;
innumerable de ellas se pasan sin examen, y se re-
piten por costumbre. Mas estos conocimientos su-









MISCELNEA FILOSFICA


perficiales, como no son el fruto de un gran trabajo,
no interesan tanto y se defienden menos, pues de-
seamos rectificarlos. Esta es la causa por qu se
entra frecuentemente en la investigacin de ciertos
puntos a la primera noticia que se tiene del error en
que estbamos acerca de ellos, y suele suceder con
igual frecuencia que convienen los hombres en sus
ideas, y dan iguales pass en la investigacin, sin que
haya el menor altercado. No se creen con un derecho
a las nociones anteriores, y de este modo hacen sin
violencia el sacrificio de todas ellas por adquirir al-
gunas exactas. Se nota esto ms que en todos en los
sabios que no han estudiado una u otra ciencia, v. gr.
el matemtico que nada entiende de derecho, ni
jams ha pensado en examiner estos puntos, pues
vemos que fcilmente se sujetan al dictamen de un
inteligente, en dichas ciencias que ignoran, y des-
echan las ideas que por inconsideracin tenan acerca
de ella.
De lo que hemos observado puede inferirse que
las preocupaciones que provienen del trato social,
y del anlisis imperfecto, no slo separan nuestro
espritu del camino de la verdad, sino que aumentan
positivamente nuestros errors, comunicndonos un
gran nmero de nociones inexactas que se aumentan
cada vez ms en proporcin de los esfuerzos que
hacemos para sostenerlas. Es muy frtil en recursos
un entendimiento preocupado, y que se decide a no
perder cosa alguna de cuanto ha adquirido con
much studio; inventa nuevos absurdos, que le pa-
recen nuevas verdades, porque son nuevos apoyos
del edificio que antes haba formado, y se implica









CUESTIONES MISCELNEAS


por grados el sistema de sus ideas. Nada es ms per-
judicial que estas preocupaciones.
Las que provienen de timidez literaria, no hacen
ms que detener al espritu y privarle de los frutos
que podra recoger en el campo de las ciencias; pero
la inconsideracin fija los errors, aunque no del
modo que el trato social y el anlisis imperfecto.
Para hablar con ms brevedad, diremos que la ti-
midez literaria y la inconsideracin nada produce
positive, mas el trato social y el anlisis imperfecto
son fuentes de nuevos errors, y por esta causa son
ms perjudiciales, llegando a serlo en sumo grado
cuando se hallan en un anciano, pues tienen ya unas
races tan firmes y entretejidas, que es impossible
arrancarlas.
Hemos considerado hasta ahora los efectos de las
preocupaciones, segn su diverso origen y el estado
del entendimiento en que se hallan; resta que obser-
vemos de qu modo se opone la razn a ellas en
todas las edades del hombre, y cul es el fruto de
esta continue lucha. No hablo de los conocimientos
cientficos, pues stos a veces suelen hallarse en
hombres que por otra parte son los ms preocupados,
ni del talent que suele emplearse con frecuencia en
aprender absurdos, sino del sano juicio que consist
en cierto tino mental, para no dar a las cosas ms
mrito que el que en realidad tienen, y elegir siempre
lo ms til, atendida la naturaleza de los.objetos, sus
circunstancias, los tiempos, los lugares y las personas.
Este sano juicio es a veces un don de la naturaleza,
o para hablar con ms exactitud, es un don constant
de la naturaleza, y producira sus benficos efectos








MISCELNEA FILOSFICA


en todos los hombres, si la sociedad no presentara
innumerable obstculos. Se debe, pues, a la exacta
educacin el que ciertos hombres se hallen dotados
de esta sensatez, y que en todos los casos de la vida
demuestren una facilidad para mudar el plan de sus
ideas, sean cuales fueren sus preocupaciones ante-
riores; cuntos ancianos vemos nivelados a la altura
a que modernamente han subido las ciencias, y
cuntos vemos que con ms trabajo y mayor nmero
de ideas, se hallan tres o cuatro siglos atrs! De qu
proviene esto? No es seguramente del poco empeo
en aprender, ni del desarreglo de las pasiones, pues
muchas veces advertimos estos defects en hombres
moderadsimos, y que tienen el mayor deseo de pro-
gresar. Proviene, a mi ver, de que la razn no est
habituada en ellos a correr con libertad, y a repri-
mirse cuanto fuere necesario; no estn habituados,
repito, a variar sus ideas segn los nuevos descubri-
mientos, y por ms esfuerzos que hagan contra s
mismos, su espritu no puede dejar de considerar
las ideas que ha adquirido, como un tesoro que debe
defender contra todos los que quieran robarle. En
esto de razn y sensatez el hbito puede much;
si ste es arreglado las preocupaciones jams podrn
radicarse; pero si es vicioso difcilmente podr la
razn vencerle, pues siempre volver a repetir lo
mismo que tantas veces ha hecho. Yo no dudo que
la ancianidad de los jvenes que cursan hoy nuestras
escuelas, ser algo ms despreocupada que la que
observamos en nuestros mayores.
No hay duda que en el espritu se observan dos
cosas muy diferentes, que son el plan de las ideas








CUESTIONES MISCELNEAS


y el mtodo, o mejor dicho, la costumbre que tiene
cada uno en alterarlas, y establecer nuevo orden,
o conservarlas si las cree exactas. Es muy frecuente
observer dos hombres que tienen un mismo plan de
ideas, y ambos las han conservado por much tiempo,
y sin embargo en el uno ha echado, por decirlo as,
fuertes y profundas races la preocupacin que en el
otro es tan superficial, que cede al menor esfuerzo
de la razn. Proviene esto de que son pocos los que
en la prctica procuran despojarse de las preocupa-
ciones, atendiendo slo al fundamento de las cosas,
aunque son muchos los que afectan hacerlo, y aun
predican las ventajas de semejante conduct, y los
males que acarrea una obstinacin de opinions.
No debemos concluir este tratado, sin hacer algunas
reflexiones interesantes sobre una preocupacin muy
frecuente, pero poco advertida, que consiste en pre-
ocuparse por no ser preocupados, o en el temor de la
preocupacin. En los jvenes suele hallarse sta con
alguna frecuencia, pues persuadidos de que hacen un
papel ridculo, si pasan por preocupados, y deseando
ilustrarse por todos los medios posibles, suelen de-
generar estos buenos sentimientos en una ligereza
perjudicial; y les vemos variar de opinions a cada
paso sin ms razn que el no tener ideas afejas.
Por esta causa suelen quedarse sin una instruccin
slida, llenando sus cabezas de ideas mal digeridas,
pues no han dado tiempo a que se corrijan por la
meditacin y por la experiencia, resultando que a
veces desechan lo verdaderamente til porque no lo
conocieron, y quedan ya tan preocupados en contra.
que difcilmente se consigue que retrocedan y ad-








72 MISCELNEA FILOSFICA

mitan lo que una vez desecharon. La novedad es
para ellos un dolo a que sacrifican todas sus ideas,
y as es preciso valerse de la misma novedad, si se
quiere sacar partido de ellas.
Son innumerable los males que han sobrevenido
a la sociedad por esta clase de preocupacin en la
juventud, pues siendo sta la edad ms fogosa, es la
ms animada, y sus esfuerzos regularmente son fu-
nestos en el orden moral y en el politico. Lo ms
sagrado, lo ms just, lo ms comprobado por la
razn y por la experiencia, sufre ataques fortsimos,
si una mano perverse present estos dignos objetos
bajo el aspect de la antigedad que equivale entire
ellos al de absurdo y ridculo. Cunto interesara
al gnero human desterrar esta clase de preocu-
pacin!
















CAPITULO VII


INFLUENCIA DE LAS PASIONES EN LA EXAC-
TITUD DE NUESTROS PENSAMIENTOS


En el tratado de la Direccidn del espritu human,
que se halla en el primer tomo de mis Lecciones de
Filosofa, he procurado manifestar los obstculos que
presentan a nuestro espritu las pasiones, y cmo
ellas mismas son el principio de todos nuestros pro-
gresos. Todo hombre se conduce por algn bien,
y si trabaja por conseguirlo es por la pasin que
tiene hacia l: de modo que un hombre sin pasiones
quedara reducido a un ser inerte, para el cual ni
las ciencias ni las artee podran tener el menor atrac-
tivo, ni merecer el menor studio. Mas ei las pasiones
son desarregladas trastornan todas nuestras ideas,
no permitindonos que observemos los objetos sino
bajo ciertas y determinadas relaciones, fingidas las
ms veces a nuestro antojo.
Hay, sin embargo, un grali error en career que to-
das las fuertes pasiones son contrarian a la rectitud de
nuestros pensamientos. Para convencernos basta ob-
servar que un matemtico que halla todo su placer
en sus clculos, y que casi delira con ellos, adquiere
extensos y exactsimos conocimientos, dicindose lo
mismo del qumico que pasa los das en sus ensayos;


Mnsc. FILOsFCA 7









MISCELNEA FILOSFICA


y del astrnomo que siempre est mirando al cielo.
Se infiere, pues, que slo el desarreglo y no la inten-
sidad de la pasin suele ser obstculo de nuestros
conocimientos.
Ee por tanto un error career que todo el que dis-
curre apasionado discurre mal, y hacen una injuria
a la razn los que para indicar que alguno se ex-
trava en sus discursos, dicen que est apasionado.
Esta expresin no puede aplicarse sino cuando se
conoce por signos claros que las pasiones toman un
giro totalmente opuesto al recto juicio, y que de tal
modo han llegado a apoderarse del espritu, que le
privan de toda la libertad en contemplar los objetos.
Pero qu signos pueden indicarnos un estado tan
deplorable del espritu human? Examinemos este
punto detenidamente.
El acaloramiento es un signo muy equvoco, pues
acompaa al just que defiende lo recto, y al perverse
que quiere cohonestar su perversidad, al filsofo
que sostiene los derechos de la razn, y al preocupado
que se empea en sostener quimeras.
Sin embargo, se observa que la calma o la tran-
quilidad en las discusiones suelen acompaar a la
despreocupacin, y a la exactitud de las ideas; y esto
ha conducido a muchos a career que el hombre aca-
lorado no discurre bien. Nunca es ms frtil en
grades pensamientos; el nico temor que hay es
que una pasin just produzca por desgracia otra
desarreglada, quiero decir, que al laudable empeo
de encontrar la verdad, se agrega el de sostener que
ella se ha encontrado sin permitir nuevas reflexiones,









CUESTIONES MISCELNEAS


y teniendo por una prdida todo cuanto se destruya
en las ideas adquiridas.
La capacidad en presentar las cosas, ocultando
ciertas relaciones, que pueden ser contrarias al in-
tento que alguno ee propone, la incoherencia y pre-
cipitacin de las ideas, el empeo en esforzar ciertos
y determinados puntos, dejando otros como desam-
parados, o con dbiles fundamentos, tales son, a mi
ver, los principles signos que nos indican el dominio
de las pasiones sobre la razn. Se me dir que esto
arguye ms una perversidad que un trastorno de
ideas: pero es preciso advertir que aunque estas
estratagemas suelen ser fruto de la depravacin, re-
gularmente no tienen otro origen que el deseo de
que todos piensen de un mismo modo, y el entendi-
miento que ha llegado a persuadirse de que ha en-
contrado la verdad, mira los esfuerzos contrarios
como irracionales, y procura evitar todos los motivos
de que se repitan. Esta es la causa por que se nota una
capciosidad reprensible, aunque el que la use slo
se proponga ilustrar a los dems. Llegan los hombres
en ciertos casos a tener por locos a todos sus seme-
jantes, y de buena fe creyendo hacerles un gran favor,
los tratan como tales, ocultndoles siempre todo
cuanto pueda recordarles el tema de su locura. No
hay una prueba ms clara de que ellos mismos estn
locos, si por esta expresin entendemos el trastorno
del espritu en el uso de sus facultades intelectuales.
Ee innegable, con todo, que cierta clase de hombres
se halla tan llena de preocupaciones, que los ms
sensatos se ven obligados a valerse con ellos, de
ciertos recursos para traerlos a buen sentido, que a









MISCELNEA FILOSFICA


primera vista parecen irracionales, pero que en rea-
lidad son muy justos. Hablamos, pues, de aquellos
delirantee, que aun tratando con hombres de ilus-
tracin y sensatez, se atreven a valerse de ciertas
supercheras, que no se le pueden ocultar al enten-
dimiento ms torpe, y que ellos screen que no sern
percibidas. Qu prueba ms clara de que su pasin
les ha cegado?
Hay ciertas materials que por su naturaleza dan
lugar a que las pasiones impidan el uso de nuestro
entendimiento; pero otras son por s mismas tan
claras y tan opuestas a todo trastorno, que por ms
fuertes que sean los ataques del corazn contra el
entendimiento, ste quedar siempre libre y expe-
dito. Supongamos que un matemtico por adqui-
rirse aura popular, o por oponerse a sus mulos, se
propone persuadirse a s mismo que los trees ngulos
de todo tringulo no equivalent a dos rectoe. Lo con-
seguir? Y si lo consigue no ser preciso concluir
que est enteramente loco? No sucede lo mismo en
las verdades metafsicas y morales, y en todas las
abstractas, y as vemos dividirse los hombres con la
mayor facilidad, aprobando unos lo que otros de-
prueban, y nunca faltan recursos al entendimiento
para inventar sutilezas y vanos efugios cuando el
corazn se halla ocupado por pasiones desarregladas,
que llegan a dominar todas las facultades del esp-
ritu. En las materials evidentes sean del orden que
fueren, y en aquellas cuya demostracin depend de
objetos todos sensible, no es fcil, y sucede rara
vez, que las pasiones lleguen a dominar al entendi-
miento; pero en las materials abstractas que se de-




Full Text

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IX VAJELA Y MORALES ISCERCL IE A EILOSOFICA

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UNIVERSITY OF FLORIDA LIBRARIES THIS VOLUME HAS BEEN MICROFILMED BY THE UNIVERSITY OF FLORIDA LIBRARIES.

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MISCELANEA FILOS6FICA

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BIBLIOTECA 6'tNORES CUBANOS Auspiciada por el H. SFRoR RECTOR DE LA UNuvzsDAD y por el H. CoNsEjo UnvERtAmo Director: DR. RoBnTo AGRAmoNTE PIcHARDO Vicerrector de la Universidad. Secretario: DR. ELfAs EnrRALGo VALNA Profesor de Historia de Cuba de la Universidad. Administrador: SR. SALVADOR VLASEcA FoRNt Jefe del Departamento de Informaci6n, Publicaciones Intercambio Cultural. PRINTED IN CUBA Impreso en Cuba.

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BIBLIOTECA DE AUTORES CUBANOS 3 OBRAS DE FELIX VARELA Y MORALES VOL. VII or MISCELA NEA FILOSOFICA Escrita por el PBRO. DON FIdX VkRHSA ) nWALES Catedritico de lifosoia en el Colegio de San Carlos de la Habana. Seguida del ENSxro SOBRE EL ORIGEN DE NuEsTRAs IDEAS, CARTA DE UN ITALIANO A UN FRANc$s SOBRE LAS DOCTRINAS DE LAMENNAIS y ENSAYO SOBRE LAS DOCTRINAS PH -KANT. Prologo de MEDARDO VITIER EDITORIAL DE LA UN-IVERSIDAD DE LA HABANA 1944

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t \)29 3 m~ Copyright by Univesidad de le Habana, 1944 OcAn, GAnctA y CL. -TEINmB REY Nim. 15. -LA HABnA.

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AL LECTOR En la presente publicaci6n de la MISCELANEA FmLoSOFICA del Pbro. F6lix Varela y Morales, hemos seguido principalmente el texto de la tercera edici6n hecha en Nueva York, en 1827, en la Imprenta de Enrique Newton, calle de Chatham, nbnero 157; y hemos interpolado dos de las Observaciones acerca del escolasticismo, suprimidas de la tercera edici6n, tal como aparecen en la segunda hecha en Madrid en 1821 en la Imprenta que fu6 de Fuentenebro. La primera edici6n de esta obra apareci6 en La Habana en 1819 y fu6 confeccionada por la Imprenta Palmer. Hemos creido conveniente afiadir a esta obra filos6fica trees estudios de la misma indole, publicados en Norteamerica en ingl6s por el Padre Varela. Estos son el Ensayo sobre la doctrina de Kant, publicado en 1841, en. The Catholic Expositor, traducido del ingl6s por el Dr. Luis A. Baralt y Zacharie; la Carta de un italiano a un francs sobre las doctrinas de M. de Lamennais, publicada en 1842; y el Ensayo sobre el origen de nuestras ideas-dos articulos publicados en enero y febrero de 1842, que han sido traducidos por el Dr. Roberto Agramonte. Deseamos expresar nuestro reconocimiento a Monsenior Eduardo Martinez Dahnau, Obispo de Cien-

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VII AL LECTOR fuegos, quien gentilmente nos facilit6 una copia a miquina de la segunda edici6n de la MISCELANEA FILOS6FICA y las copias fotostiticas de los primeros dos ensayos mencionados, enviadas desde los Estados Unidos por el Dr. Antonio Hernfndez Travieso. Asimismo agradecemos particularmente al lmo. Prelado el habernos facilitado otros trabajos del Padre Varela. Deseamos consignar, de modo especial, nuestro agradecimiento al Dr. Fermifn Peraza, Director de la Biblioteca Municipal de, La Habana, quien tuvo la amabilidad de enviarnos desde Washington una copia fotostitica del siltimo ensayo mencionado. El pr6logo ha sido confiado al distinguido profesor Dr. Medardo Vitier, autor de la obra Las Ideas en Cuba (Premio Nacional de Literatura). La preparaci6n y revision del texto han estado a cargo del Dr. Roberto Agramonte. I Quede consignado a todos nuestro reconocimiento. EL COMITi EDITOR I La division de este volumen en padres y la numeraci6n de los capitulos son del Editor.

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INDICE P AG. Pr6logo, por Medardo Vitier ..XIII Pensam iento .1 Introducci6n .3 PARTE I PIuNcIrpIos LOGICOS Capitulo I: De la l6gica .7 CaPitulo II: De nuestra existencia ..10 Capitulo III: Diferentes modos de nuestra sensibiUdad .11 Capitulo IV: De nuestras percepcionts e ideas ..13 Capitulo V: Existencia de los seres fuera de noso tros .......1 5 Capitulo VI: De las ideas de tempo, movimiento y extensi n .17 Capitulo VII: De los signos de nuestras ideas. .20 Capitulo VIII: Lenguaje artificial y convencional 21 Capitulo IX: De la deducci6n de nuestras ideas .27 PARTE II CUESTIONES MISCELANEAS Capitulo I: De las obras elementales escritas en verso .4 1

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X fNDICE PAGO Capituto II: Diferencia y relaciones entre la Ideologia, la Gramatica general y la L6gica. 44 Capitulo III: Reflexiones sobre las palabras de Bacon de Verulamio .47 Capituto IV: Ningdn idioma puede lienar las vastas miras de la Ideologia .52 Capitulo V: El arte de traducir es el arte de saber 55 Capitulo VI: Preocupaciones ..60 Capituto VII: Influencia de las pasiones en la exactitud de nuestros pensamientos ..73 Capitulo VIII: Sobre los argumentos sacados de la historia .78 Capitulo IX: Linites que deben tener las reglas. .87 Capitulo X: Raciocinios por deduccion y por inferencia .94 Capitulo XI: Sobre las cuestiones indtiles ..99 Capitulo XII: Observaciones scbre el sistema de Gall, acerca del cerebro .105 Capitulo XIII: Nomenclaturas .115 Capituo XIV: Imitaci6n de la naturaleza en las artes .122 Capituto XV: Reflexiones sobre algunas causas del atraso de la juventud en ,A carrera de las ciencias .134 PART III ApuNTs Faos6ricos SOBRE LA DIRECCI6N DEL EspftrTu HUMAN I: Operaciones del alma .151 II: Correcci6n de dichas operaciones .159 III: Talento, ingenio, juicio y buen gusto .162 IV: Manifestaci6n de nuestros conocimientos. .164

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fNDICE Xj PAG. V: Obstaculos de nuestros conocnimentos. Definiciones .168 VI: Principios ..171 VII: Preocupaciones ..172 V1II: Sistem as .173 IX: Aparato cientifico .174 X : Cuestiones ..175 XI: Habitos o costumbres .176 XII: Pasiones .177 XIII: Falta de disposici6n .178 XIV: Lenguaje ..179 XV: Autoridad .180 XVI: Grados de nuestros conocimientos ..181 XVII: Observaciones sobre el estudio y el pedantism o literario .18'3 XVIII: Disputas literarias .185 PARTE IV Dos CUESTIONES IDEOL6GICAS Capitulo I: Carta a un amigo respondiendo a algunas dudas ideol6gicas ..189 Cepitulo II: El idioma latino considerado ideologicam ente .194 PARTE V OBSERVACIONES SOBE EL ESCOLASTICISMO Observacidn I: C6mo se introdujo el escolasticismo 201 Observacidn H: Causas que conservan el escolasticismo y efectos que produce ..209 Observacikn III: Forma silogistica ..220

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XH fNDICE PAG. PaTE VI PATRIOTISMO Capitulo Unco: Patriotismo ..235 PARTE VII OTRos EsTuDIos Faros6mcos I: Ensayo sobre el origen de nuestras ideas .249 II: .Carta de un italiano a un frances sobre las doctrinas de L. de Lamennais .265 III: Ensayo sobre las doctrinas de Kant .277

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PROLOGO Si exceptuamos los catorce aflos (1848-1862) en que Don Jos6 de la Luz dirigi6 el colegio El Salvador y el periodo apost6lico de Jos6 Marti que precedi6 a la guerra de 1895, no creo que haya en nuestra historia otro espacio de tiempo de tanta fecundidad para la orientaci6n cubana como el decenio en que el presbitero F6dix Varela enseii6 en el Seminario de San Carlos, Filosofia primero, y despu6s, Derecho Politico en la illamada citedra de Constituci6n. En 1811 fu6 designado maestro de Filosofia (segdn la denominaci6n reglamentaria). En enero de 1821 inaugur6 la citedra de Constituci6n, que obtuvo en oposiciones a las que se presentaron Jos6 Antonio Saco, Nicolis Manuel Escobedo y Prudencio Echavarria. Su labor en esta ijitima disciplina fu6 breve, pero de larga resonancia. En julio del propio aflo de 1821 se hallaba en Madrid, por haber sido electo Diputado. Las peripecias parlamentarias que le ocasionaron persecuci6n y destierro no entran en el cuadro de este pr6logo. Tampoco me detengo en su famoso proyecto de un regimen liberal para Cuba. Sabido es que el Padre Varela residid el resto de au vida en los Estados Unidos: Filadelfia, Nueva York, San Agustin, donde muri6. No volvi6 a su

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XIV MEDARDO VITIER patria sino para que sus cenizas veneradas recibieran en 1912, el homenaje conmovido de una generacion que acababa de conquistar la Independencia. Dej6 Varela buen namero de trabajos filos6ficos. No los menciono en bibliografia puntual, completa. Baste recordar las Instituciones de filosofia eclictica (1812), los dos primeros tomos en latin, y el tercero y cuarto en espaiol; Apuntes filosdficos (1818); Lecciones de Filosofia (1818); MiscEaIvEA MiOS6FICA (1819). Ademis sus elencos, elogios, sermons, articulos periodisticos, traducciones, las Cartas a Elpidio (1835-1838). Casi todas sue obras circularon mucho en Cuba y en el extranjero. De la MIscEINEA se hicieron tres ediciones (1819, 1821, 1827), y cinco de las Lecciones de Filosofia (1818, 1824, 1828, 1832, 1841). Los dos tiltimos tomos en las Lecciones do Filosofia se destinan a Fisica, ciencia que se incluia, como studio del Universo, en el marco de las disciplinas filos6ficas. Esto interesa ademis, como veremos despuis, por la seria forfnaci6n cientifica del P. Varela, que se repite luego en Jose de la Luz. La edicion de la MIscEiNEA que ahora se reimprime es la de 1827. He manejado la de 1821, que contiene un extenso capitulo sobre el Escolasticismo, en sus aspectos histdricos. No se incluye esa parte en la edici6n de 1827, que es la presented, aunque conserva el examen del silogismo. (Ver pigs. 181 y siguientes). El autor declara en la Introduccidn: "He suprimido las dos primeras observaciones sobre

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PROLOGO XV el escolasticismo, y ojal& fuese tiempo de suprimir la tercera; mas por desgracia no faltan defensores de la Ldgica escolistica, bien que su n6mero sea muy reducido." Esto nos ileva a un punto sobre el cual hay discrepancias. Creen unos que al innovador le basta exponer su materia segiin el criterio cientifico y la metodologia propia, sin impugnar las ideas err6neas que en parte prevalecen. Otros no se limitan a eso, y examinan y refutan doctrinas y m6todos. El Padre Varela hizo esto iiltimo. Lo primer6 parece mis serio, ya que al cabo, se ha de confiar en la eficacia de la verdad. Sin embargo, en el caso de la Escolistica, procedi6 Lien el reformador de los estudios en Cuba. Habia necesidad de examinar los fundamentos (inconsistentes) de una ensefianza que alcans6 boga en los siglos xu, xin, xxv, y vigor en los mejores contenidos del tomismo, pero persisti. despu6s, sin el aliento de los origenes, a mis de cerrar el paso a las corrientes modernas, como la cartesiana, por ejemplo, qne siendo del siglo xvi, constituia una novedad en Cuba hacia 1800. Sabido es que el siglo xm es el gran periodo de la Escolietica. No me detengo aqui a puntualizar sus direcciones y su raa6n de ser hist6rica. Lo hago en un trabajo inedito, donde ilamo la atencion al hecho de que A P. Varela, en su fecundo papel de demoledor e innovador, impugn6 la parte deleznable, anacronica del Escolasticismo, sin subrayar los contenidos de valor. Como que lo que aqui persistia era lo peor de aquel sistema, el insigne sacerdote dirigi6 su ata-

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XVI MEDARDO VITIER que;--agudo, contundente-a evidenciar la falta de doctrina y el p6simo m6todo que el enterado notaba en todo aquel arrastre de "las escuelas". Claro que estimar con justicia la filosofia medieval no significa que la adoptemos hoy. Arist6teles, por ejemplo, es objeto hasta ahora mismo de estudios que iluminan cada vez mis, no s6lo su vasta construccion enciclop6dica sino las tendencias de la mentalidad griega. Pero no ponemos la Metafisica ni la Politica ni la Po6tica del estagirita en manos de los estudiantes para guia, en cursos de Filosofia, de Teoria literaria o de Derecho Politico. Aquellas obras deben leerse, y contienen buena parte de especies perennes. Por lo demas, nos atenemos a elaboraciones modernas. Asi ocurre en menor grado, desde luego, con la EscolUstica del mejor periodo. La que se ensefi6 en las Universidades coloniales (recu6rdese que las hubo desde el siglo xvi) era ya cosa vacia, alejada de la realidad, esto es, del mundo fisico y del hombre, con el silogismo y las disputas por m6todo, cerrada a la ingente actividad intelectual que produjo el Renacimiento. Contra tal estado docente actu6 el P. Varela. De ahi que no se contentara con implantar lo nuevo sino que combati6 la parte falsa de lo viejo. D. Manuel Sanguily, a quien debemos el mas penetrante estudio sobre Luz Caballero, no entendid la frase de 6ste en que considera a Varela como "el primero que nos enseii6 a pensar". La cree hiperb6lica; no ve su intencion. Debemos creer que D. Manuel ley6 las obras del

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PR6LOGO XVII P. Varela. En eae caso, parece extraflo que no percibiera la exactitud del juicio de Luz. Porque, en efecto, quien recorra, aun sin mucho detenimiento, los textos que escribi6 el autor de esta MISCELANEA filos6fica que hoy reedita la Universidad, se percatari de que en gran parte, la ensefianza de aquel sapiente y sencillo sacerdote consisti6 en puntos de m6todo, actitud muy propia de quienes se proponen alguna reforma. Y eso era "ensenfar a pensar". No se caracteriza Varela, como Luz, por el vuelo de las concepciones, sino por una doctrina rectora, que evite los errores del entendimiento. Cualquiera de las obras citadas contiene capitulos en que la cautela lieva al autor a un cimulo de reflexiones y advertencias de caricter l6gico. Quiere guiar el razonamiento. Muestra el m6todo y sefiala los frecuentes tropiezos del intelecto. Por cierto que esa parte de su obra escrita conserva hasta hoy casi toda su vigencia, cuando otros contenidos se han superado. A veces hasta el titulo de un elenco declara el designio del P. Varela. Uno de ellos lo denomina asi: "Apuntes filos6ficos para Ta direcci6n del espiritu humano." Lo incluy6 despu6s en la MISCELANEA. La obra que ileva este titulo sigue en mucho a Destutt de Tracy, en los principios 16gicos de dste. Pero tanto la MISCELANEA como los demis libros de Varela forman conjuntos donde hay L6gica, Psicologia, Moral. con cierta promiscuidad. El siglo xix asisti6, mis tarde, a la separaci6n resuelta de la Psicologia, por ejemplo. En los primeros capitulos, hasta la pigina 49 (aunMISC. FILOSOFICA 2

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xvM MEDARDO VITIER que este limite no es riguroso) el presente libro trata de las "ideas". Casi todo el resto se ocupa en reflexiones sobre el recto empleo del entendimiento. En realidad prevalece una preocupaci6n de caricter 16gico en toda la obra, nota muy discernible en todas las obras de Varela. El cuerpo general de su ensefianza se instala en lo que se lamaba Ideologia a principios del siglo Xix, movimiento que sucedid a la filosofia de la "flustraci6n" y repiti6 gran parte de su ideario. Las fuentes eran Locke y Condillac. Preconizaban el m6todo analitico. Varela indica constantemente el anklisis. Por eso fijhbanse en las sensaciones y en las ideas como elementos simples de todo complejo mental. Testutt de Tracy (1754-1836) es el representante principal de aquella direccidn. Sus Elaments d'Ideologie (1804) circularon en Cuba entre los dedicados a Filosofia. He manejado una edici6n posterior, pero dentro del primer tercio del siglo, cuyos varios tomos en frances son de diferentes afios. Con excepcioni de lon extractos de Varela, no he visto versiones al espafiol. Pero aquellos "idedlogos" no eran exclusivamente psicdlogos. Defendian una concepci6n del mundo y de la sociedad. Persiste en ellos la postura intelectualista, que habia sido eje de la Enciclopedia en el siglo xvm. Influye Newton, no s6lo en lo que ensefia sino en el m6todo. La metodologia cientifica preocupa. La actitud antimetafisica de los enciclopedistas pas6 ala Ideologia. Despu6s la adoptaria el

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PROLOGO XIX Positivismo. Fueron tres movimientos de mucha afinidad, si bien distintos. La Ideologia trabaja en el origen de las ideas, pero incluye en su esfera los problemas capitales de la L6gica, la Etica y la Politica. Propugna el liberalismo, ]a ensefianza laica, la separaci6n de lo civil y lo can6ico en el Derecho. A mis del conde de Tracy, ya mencionado, figuran entre los idedlogos, Volney, de interesee historicistas; Cabanis, que represent Ia Fisiologia y elabora una explicaci6n exclusivamente cientifica del mundo; Lakanal, dedicado a proyectos y reformas educacionales; Daunou, ocupado tambi6n en cuestiones de ensefianza y despu&s en la legislacion civil del clero, en los dias de la Convenci6n; Laromiguiere, de sesgo espiritualista y ya, en parte, opuesto a las doctrinas de la Ideologia. Cuba se adelant6, a virtud de la labor del P. Varela, a implantar m6todos europeos'que tardaban en Am6rica. En Argentina Ias mismas corrientes animaron la ensefianza, con Juan Cris6stomo Lafinur (cuyo Curso ban publicado recientemente en Buenos Aires), con Manuel Fernindez de Agiiero y con Diego Alcorta. Pero n6tese que Ia actividad docente de estos profesores pertenece al periodo 1819-1842. De modo que empezaba casi precisamente cuando Varela dejaba su citedra de Filosofia para atender la de "Constituci6n". Mucho influy6 en toda aquella renovaci6n In Espana de Carlos III, con su liberalismo y su political, penetrada de espiritu dieciochesco.

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XX MEDABDO VITIER Todavia D. Jos6 de la Luz divide el elenco Ilamado de "El Salvador", en L6gica, Metafisica, Ideo. logia y Etica. La Ideologia, con filiaci6n en el Essay concerning human understanding (1666) de John Locke, y por modo mis inmediato y directo en Condillac (TraitA des Sensations, 1754, entre otras obras), influy6 en Varela y Luz Caballero. Pero obs6rvese que ni Varela ni Luz siguen en todo aquella direcci6n. Se desvian de ella en cuanto afecta los postulados espiritualistas de la fe religiosa. Tanto en Cuba como en Argentina, con motivo del movimiento renovador que comenz6 alli en 1819 con Lafinur, los seguidores de Tracy y Condillac fueron vistos como enemigos de la filosofia tradicional. Claro que el alcance del "sensualismo" no era igual para todos. Varela y Luz mantuvieron sus creencias religiosas, el primero en linea ortodoxa, el segundo, con mucha libertad. Alguna vez se defienden de imputaciones. Luz, por ejemplo, protest de que el materialismo sea consecuencia necesaria de los principios sensualistas. Los que estudien la obra filos6fica del P. Varela deben atender a la formacion cientifica que tuvo. Ensefi6 Fisica y escribi6 textos sobre esta materia, muy al tanto de lo que se conocia en su tiempo. Recibia libros y revistas de Europa, en varios idiomas. Los leia en compaflia de discipulos aventajados que le ayudaban. La habitaci6n de Varela era un taller de trabajo. El adelanto que alcanzan a fines del siglo xvm y principios del xix las ciencias fisicas y naturales colora fuertemente ]a hechura mental de Varela. El

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PR6LOGo XX mismo caso, quizi mis acentuado, ocurre despu6s con Luz. Recordemos que estaban en boga en los primeros afios del siglo Lavoisier, Galvani, Volta. Mis atris, desde el horizonte del siglo xvii, Newton regia el pensamiento cientifico con sus Principia, que determinaron la metodologia de las ciencias positivas, por modo mis resuelto que otros representantes del espiritu moderno. Esencialmente consistia su m6todo en desechar la deducci6n como cosa previa, pues, emplearla al inicio suponia admitir verdades evidentes por si mismas. Tales verdades-leyes-las busc6 Newton por induccion. Asi formula la ley de la gravitaci6n, utilizando la teoria de Kepler. Esta direcci6n no era enteramente nueva, pero la aclar6 y fij6 Newton. Las ciencias empiricas tuvieron ya su norma. Ese matodo de pensar, de investigar, lo hailamos en la obra del P. Varela. No entenderi al profesor del Seminario quien no vea que no se proponia s6lo ensefiar sino mostrar el m6todo del pensamiento cientifico. La Fisica se denominaba Filosofia natural. Y Varela la incorpora a sus curses. El ambiente cientifico europeo se sentia por aci. Otra de sus contribuciones fu6 la Philosophie zool6gique de Lamarck (1809). UJnos veinte afios despu6s asisti6 Luz a los cursos de Cuvier en Paris. Consideramos todo esto a otra luz. La actividad cientifica a que me refiero determine, en much, la orientaci6n intelectual (metodol6gica) de Varela como despu6s, la de Luz. En cambio apenas resuena

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XXn MEDARDO VITIER en ellos el vasto movimiento que por los mismos ados se generaba en Jena, en Heidelberg, en Berlin. Aludo al ilamado "Idealismo germanico", que culminaba en Hegel, precisamente en los ados que pas6 Varela en su citedra del Seminario. En 1817 empez6 Hegel sus cursos en Berlin. Era ya famoso. Habia publicado su Lgica y su Fenomenologia del espiritu. De aquel idealismo posterior a Kant (Fichte, Schelling, Hegel) no hay elementos en la obra de Varela. Cabria pensar que coincidia casi con el periodo de su ensefanza en el Seminario, y las oleadas en Filosofia, demoraban su arribo a America. Asi es, pero Jos6 de la Luz ley6 en el original esos fi6sofos alemanes. Schelling, sobre todo, le atraia. Sin embargo, no se atuvo a ellos. Mis adin: declare que hubiera podido introducir "a mansalva" aquellas doctrinas, pero no las crey6 convenientes. Lo cierto es que la filiaci6n, por entonces, estaba en el empirismo inglis (Bacon, Locke, Hume) con la mediacion, en Varela, de Condillac, maxima figura de la Ideologia. En la corriente del idealismo postkantiano no tuvo Varela filiaci6n. Luz, alguna, para su manejo, pues no difundi6 aquella filosofia. En lo concerniente a puntos filos6ficos, propiamente tales, hay que subrayar en la enseflanza del P. Varela su criterio contrario a la "autoridad' como norma intelectual. En Cuba, a principios del siglo, eso era un paso de los mis importantes. Separ6, por otra parte, las instancias de la fe, para situar en plano independiente el pensar filos6fico, sin advertir, es cierto, que con 6ste, si es libre, no

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PR6LOGO X=III hay ortodoxia (no digo religiosidad) que se mantenga entera. Arremeti6 contra nociones consagradas como la substancia, en lo cual tocaba en lo vivo un punto escolistico, para asombro de Varona. Desbarat6 con s6lida impugnaci6n el aparato silogistico y la metodologia general del Escolasticismo. Introdujo corrientes como la cartesiana (en parte) y la sumariamente expuesta, de la Ideologia. Desvi6 de su programa, no sin condenarlas, las cuestiones del ente. Recu6rdese que la Ideologia, salvo en algunos de sus representantes, era antimetafisica. La Ontologia no era asunto vital en sus cuadros. No s6 si Varela posey6 cabal conciencia de que su ensefianza minaba los soportes de la colonia. En cuanto a sus credos politicos, la remoci6n era evidente y fij6 una etapa en las demandas cubanas. En lo filos6fico, la influencia es menos ruidosa, mas no por eso menos penetrante. Un m6todo para pensar (que fu6 en esencia el mensaje Varela) afecta toda la estructura de una sociedad, de una 6poca. La lecci6n del noble reformador cala silenciosa en todo el siglo xix. Es cierta la aseveracidn del Dr. Roberto Agramonte, en su Prologo a las Lecciones de Filosofia (1940): "Por eso, por sus ideas y por su actuaci6n, el Padre Varela fu6 un precursor de nuestra independencia." MEDARDO VrER

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Por mchos siglos los hombres no quisieron pensar mis ni hacer uso de su espirita, halagados por una admiracidn aupersticiosa. May prevenidos en favor de unos original: que las mas veces no entendian, y que por Io regular no merecian entenderse, tomaron el trabajo de comentarlos, y se creian muy sabios cuando hablan sondeado sus profundidades, o testituido algunos pasajes truncos. Pero al fin parece que la Europa toma una nueva vida, como an enfermo que adquiere el don de la preciosa salud que habia perdido. Se ha visto que el estudio de A Filosofia no consiste en interpretar respetosamente a los antiguos; sino en estudiar la recta razdn, que los mismos antiguos habifan estudiado. EstS demostrado que es preciso buscar las primeras ideas de lo verdadero y lo bello, no en sus libros y en sus tratados sino en la naturaleza, en cuyo seno invariable las buscaron los antiguos, y es consiante que ella paga con asura los cuidados que se toman en consultarla. (DESLANDES. Hist. cr1tica de la Filosofia, Tom. 4, pig. 173.)* Este lema pertenece a la segunda edici6n de la Misceldnea Filosfica. (Nota del Editor)

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INTRODUCCION A instancias de un discipulo mio,** cuya memoria me es tan grata como sensible su muerte, me dediqud a escribir sobre alsiunos de los objetos de nuestras conversaciones, y por complacerle di al pzblico estos entretenimientos filos6ficos bajo el titulo de MISCELLNEA, por ser tan varios como lo fueron sus motives. Halldbame entonces en el lugar de mi nacimiento, y el santuario de las letras, que habia frecuentado desde mis primeros aflos, y en que tenia el honor de ocupar un puesto, para indicar a una estudiosa y amable juventud, las sendas de la raz6n y de la moralidad, los portentos y delicias de la naturaleza. Mientras mi espiritu se ocupaba de estas apacibles ideas, fi arrebatado por el torbellino politico, que aun agita la Europa, y, mds feliz que otros, lanzado a la tierra cldsica de la libertad, donde reviso tranquilo estos ocios mios para presentarlos menos imperfectos. He suprimido las dos primeras observaciones sobre el escolaticismo, y ojal6 fuese tiempo de suprimir la tercera; mas por desgracia no faltan defensores de la Logica escoldstica, bien que su ndmero sea muy redu* A la tercera edici6n, que es la que reeditamos de modo principal, ** D. Cayetano Sanfeliu, quien tuvo la bondad de servirme de amanuense.

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4 INTRODUCCION cido. Ademds de los articulos agregados en la edicidn hecha en Madrid, que fug la segunda, he escrito otro sobre las causas del atraso de la juventud en la carrera de las letras, y he insertado, a insinuaci6n de un amigo, el del patriotismo que se halla en la ziltima edicidn de mis Lecciones de Filosofia; extendigndole algo mds con las reflexiones sugeridas por una lamentable experiencia.

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PARTE I PRINCIPIOS LOGICOS 0 COLECCION DE HECHOS RELATIVOS A LA INTELIGENCIA HUMANA Por M. DESTUTT Conde de Tracy EXTRACTOS POR F9LIX VARELA

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CAP-ruLo I DE LA LOGICA gQug es Logica? gQuA deberia ser? Hasta el presente se ha tenido por el arte de sacar consecuencias de una proposicidn que se supone verdadera; pero las reglas que se han dado, fundadas todas en el silogismo, no pueden conducirnos a este intento. El famoso principio: dos cosas iguales a una tercera son iguales entre si, es verdadero, pero indtil, pues si el termiuo mayor, el menor y el medio t6rmino se igualan, resultant id6nticas las proposiciones y no tendremos un verdadero discurso, sino una proposicidn pronunciada trees veces. Si por el contrario ]a menor se supone distinta de la mayor, y ambas del consiguiente, ya no son iguales entre si. Por tanto, todo el sistema actual de la argumentaci6n esti mal fundado.* Los escolhsticos nunca han entendido el principio de identidad con un tercero, en t6rminos que no haya diferencia alguna en la totalidad del objeto, sino en aquella propiedad que se compara. Cuando dicen v. g. todo el que piensa es racional, es asi que el hombre piensa, luego el hombre es racional, comparan los t&rminos pensar, rational y hombre, en .s6Io la propiedad de pensar, y en esto no hay duda que son id6nticos; pero no afirman que al hombre le conviene en todas sus padres la propiedad de pensar, pues teniendo un cuerpo, no podian afirmar un absurdo tan cLaro. Tampoco han dicho los escolisticos que las tres proposiciones de un silogismo son idnticas; y por tanto la observaci6n del autor en esta parte me parece infundada.

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8 MISCELANEA FILOSOFICA Se ha dicho que el t6rmino mayor de un silogismo contiene al menor, mas esto debe entenderse en cuanto al nhmero de individuos a quienes se aplica y no en cuanto a las propiedades que representa, y asi decimos que un hombre es animal, pero no que el animal es hombre. Mas en las deducciones s6lo se atiende a la comprensi6n de un termino, y por eso se ha establecido mal que el t6rmino que Daman mayor comprenda al menor. Supongamos que los principios pudieran guiarnos para formar buenas consecuencias: sin embargo. seria preciso que se comprobase la verdad de dichos principios, y es cabalmente lo que se ha omitido. Todos suponen que no debe disputarse acerca de los principios. Cada secta se ha creido autorizada para establecer los suyos, y rechazar los ajenos sin dar razon de los que establecen, ni de los que rechazan. Unos dicen que es preciso ocurrir al sentido intimo; otros que una proposici6n es innegable cuando presenta un sentido claro y distinto; cuando traducida en otros t6rminos, nunca puede ser mis clara; o cuando su contradictoria envuelve un absurdo manifiesto, y otras cosas semejantes. Todo esto es muy vago, y aun cuando sea cierto necesita alguna explicaci6n, para poder fijar un punto en nuestro espiritu, que nos sirva de apoyo en las investigaciones. Por falta de un apoyo semejante o de un metodo exacto, no se ha podido refutar victoriosamente a los esc6pticos, y nos hemos contentado con burlarlos, porque es mis ficil despreciar que responder. Un estado tan precario podia convenir al tiempo

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PRINCIPIOS LoGICOS 9 en que las ciencias no eran mis que la reunion de ciertos hechos mal encadenados, que no podian guiarnos a la primera causa de nuestra evidencia; pero en el dia cuando los descubrimientos no son el fruto casual de un genio que adivina, sino los efectos de la raz6n que ve, la L6gica debe tener igual exactitud si quiere presidir a las demis ciencias. Ella nos debe dar las causas de nuestros errores y los medios de nuestros aciertos, y mientras no lo baga asi, la miraremos como un juego despreciable y el mis engafioso. Es preciso renovarla totalmente.

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CAPTULO II DE NUESTRA EXISTENCIA La conocemos porque sentimos Hemos dicho que la L6gica debe emplearse en la contemplaci6n de nuestra inteligencia y que debe investigar un hecho que sirva como de primer paso, v como el apoyo de todos nuestros conocimientos. Cartesio ha sido el primero que estudiando el hombre, encontr6 esta base de sus ideas. Sentimos y es todo lo que sabemos. Pensamos sobre estas sensaciones, e inferimos que un ser que siente y que piensa, existe. Por tanto la primera verdad conocida es nuestra existencia, y si los sucesores de Cartesio hubieran seguido sus primeros pasos, y no los extravios en que irreflexivamente cay6 este gran fil6sofo, nuestros progresos serian mis considerables. La L6gica de los modernos ha destruido la hip6tesis de las ideas innatas que Cartesio no estableci6 en ninguna de sus obras principals, que son los Ensayos de la Filosofia, las Meditationes y los Principios, sino en unas notas contra un programa de Le Roy, y que por eso deben tenerse como un ensayo temerario de aquel gran talento. Sin embargo, en destruir las ideas innatas, se ha hecho un gran bien a la Ideologia.

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CATpfruto III DIFERENTES MODOS DE NUESTRA SENSIBILIDAD Nuestra sensibilidad puede afectarse de diversos modos, y es preciso reducir a algunas clases objetos tan diferentes. Observo que estoy afectado de un cierto modo a que ilamo querer. Esta afecci6n se distingue muy bien entree todas las de mi sensibi. lidad,* y a los actos que provienen de dicha afeccidn les llamo deseos, que siempre suponen un juicio anterior, que me indica que tal cosa debe apetecerse o despreciarse. El juicio es una afeccion muy distinta del deseo, pues juzgar que una cosa es deseable, no es desearla, y sin embargo 6stos reciben un mismo nombre ilamindoseles juicio, lo cual prueba la escasez de nuestras lenguas. Esto proviene de que no desenvolvi6ndose exactamente dichos actos, no se ban podido designar con claridad.** El actor de querer no es una afeccidn de la sensibilidad, y este empeno en deducir todo de las sensaciones transformadas, hizo que el c6lebre Condillac muchas veces no fuera muy exacto, segan observan algunos ide6logos de merito. En esta parte yo he extractado lo que dice el autor; pero mi sentir es diamnetralmente opuesto, pues creo que la sensibilidad no es del alma sino del cuerpo, segan he explicado en mis leccionesde Filosoffa, Tratado del hombre. Lec. v. ** No percibo la raz6n por qu6 dice el autor que se ban designado con un mismo nombre estos dos actos, y que se han confundido; pues al contrario la palabra deseo ha indicado siempre un afecto del animo, y es nluy violento substituir a ella la palabra juicio.

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12 MISCELANEA FILOSOFICA La accion de juzgar consiste en ver que la idea de una cosa pertenece a la de otra. Afirmo que una fruta es buena porque en su idea total percibo la bondad. Es preciso para juzgar, tender antes estas dos ideas.* Por tanto hay un acto de la sensibilidad que consiste en percibir simplemente una idea, y 6ste no es el de juzgar, ni el de desear, pues precede a ambos y podemos ilamarle simplemente sentir. Mis sensaciones pueden ser producidas por una causa actual o por una que ya ha pasado y esta circunstancia es muy interesante para distinguir la acci6n de sentir simplemente sin juzgar ni desear, y la de sentir lo pasado que podemos llamar memoria. 'Tenemos, pues, cuatro actos de nuestra sensibilidad bien distinguidos: sentir simplemente, acordarse, juzgar y querer. Muchos observadores del hombre han distinguido otros actors como la reflexi6n, comp'araci6n, etc.; perc en todos 6stos no se hace mas que sentir y juzgar, pudiendo reducirlos a los anteriores ya clasificados. Convengo en que el juicio es percibir una propiedad en la idea total del objeto, mas por esta misma raz6n niego que sea preciso tener antes dichas ideas; pues el entendimiento en lo que se llama juicio no va a hacer otra cosa que percibir lo que la naturaleza ha puesto en un objeto, y el juicio no es la reunion de dos ideas, seg6n se manifestari en otro tratado de esta Miscednea.

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CAPITULO IV DE NUESTRAS PERCEPCIONES 0 IDEAS Los cuerpos que nos rodean tienen una verdadera existencia; pero el modo de conocerla no nos interesa por ahora, reservindolo para otro tratado. Chocan en nuestros sentidos, y formamos la idea de una inmutaci6n de nuestros 6rganos; despu6s referimos las diversas inmutaciones a sus causas, y formamos el conocimiento que tenemos de los seres distintos del nuestro. La idea de una quemadura es diversa de la del fuego, porque aqu6lla s6lo indica lo que sentimos, y 6sta es un conjunto de las ideas de color, movimiento, calor, etc., que forman una cosa distinta de nuestro cuerpo, y capaz de inmutarnos. Todas estas ideas se refieren a un solo echo, y son individuales; pero nosotros vamos generalizindolas, y la idea de quemadura no expresa ya una sola, sino todas las quemaduras, la de fuego todos los fuegos. Formamos de este modo diversas clases, quitando a los objetos la individualidad, y resultan las especies, y los g6neros, que son tanto mis. extensos cuanto menor es el wdmero de propiedades comunes a los individuos. Asi decimos: pera, irbol, vegetal, cuerpo, y en fin ser, que es el t6rmino mis general de todos, porque refne los individuos por una sola propiedad.

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14 MISCELANEA PILOS6FICA Estas nociones tan sencillas no han sido percibidas por la preocupacion que ha obligado a los hombres a buscar distinto origen de Bus conocimientos, y substituyendo las hip6tesis a las realidades, llegd el delirio hasta creer que hubo un tiempo en que todas las ideas se comunicaron por la mano del Ser Supremo, y que ahora no hacemos mis que renovarlas de modo que el saber es acordarse. Estas nubes han pasado; los idedlogos conocen que a las combinaciones de los actos de nuestra sensibilidad se debe la formaci6n de nuestros pensamientos, aun los m's complicados. Todo por sensaciones y nada sin ellas. Ved nuestra historia. El modo constant con que operamos es acordindonos en consecuencia de sentir, y queriendo en consecuencia de juzgar. Efectivamente el hombre, por mis esfuerzos que haga, no puede pensar sin tener o fingir sensaciones.

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CAfruwO V EXISTENCIA DE LOS SERIES FUERA DE NOSOTROS Sabemos nuestra existencia por nuestras sensaciones y ]a de los cuerpos extrafios, porque son sus causas; pero indaguemos de qu6 modo nos convencemos de esto. Si yo fuera una virtud sensiente y nada mfs, no podria tener otras ideas que las de una acci6n, pues experimentando en mi mismo todas las sensaciones nunca las referiria a unas causas extrafias; la idea de pasi6n no existiria para mi. En semejante estado, si mi voluntad se cumplia yo no podria saber por qu6, y si no tenia efecto tampoco adivinaria la causa. Pero este ser que siente, se halla unido a una reunion de padres y ejerce su acci6n sobre el sistema nervioso, en cuyo caso percibe aunque no pueda conocer los medios que producen dicha percepcidn. Muy pronto innumerables experiencias me indican que el no cumplirse muchas veces mis deseos, experimentando sensaciones desagradables, y perdiendo otras que me agradan, proviene de la resistencia de 6sta que ilamamos materia, que por tanto debe ser ima cosa distinta de mi. Este es el fundamento de la idea que tenemos de la existencia de los cuerpos. Aunque no los conocieramos de este modo, bastaria

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16 MISCELANEA FILOS6FICA que causaran un conjunto de sensaciones, para decir que existian relativamente a nosotros, aunque no estuvi6ramos ciertos de su existencia. Un agregado de las sensaciones de color, figura, etc., le tendriamos por una cosa ya existente en nosotros mismos o fuera, y a la verdad los cuerpos no se ponen en relaci6n con nuestro espiritu, sino por este conjunto de sensaciones.

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CAPirtO VI DE LAS IDEAS DE TIEMPO, MOVIMIENTO Y EXTENSION Por la resistencia hemos conocido los cuerpos y sin ella serian muy vagas las ideas de tiempo, movimiento y extension. Un ser simplemente sensitivo careciendo de 6rganos, pero dotado de memoria, podria formar idea de la duraci6n; porque 6sta no seria otra cosa que el conocimiento de los diversos estados en que se habia hallado la virtud sensiente; pero no tendria idea de tiempo, que es la de una duracion medida, o a lo menos no tendria una idea fija de un tiempo determinado, pues 'siendo fugitivas sus sensaciones, lo seria su memoria y su relaci6n. Siempre medimos por algin movimiento, y asi usamos del de la tierra para determinar la duraci6n del dia. Cuando nuestra alma opera sobre los 6rganos corp6reos, no conoce el movimiento en el instante en que lo produce; experimenta si una sensacidn cuando los miembros se mueven, pero no .sabe que este movimiento consistente en pasar de un punto a otro, mientras no conoce que la propiedad que se llama extension, consiste en poder ser recorrida por el movimiento, o que es preciso hacer un movimiento

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18 MISCELANEA FILOS6FICA para ir de un punto a otro de dicha extension. Cuando paso la mano por la superficie de un cuerpo, experimento siempre la sensaci6n del moviniento de mi brazo, y de la resistencia del cuerpo, y por tanto descubro al mismo tiempo que el cuerpo es extenso, y que mi movimiento consiste en correr su extension. Estas dos ideas son esencialmente correlativas, y asi una no existe sin la otra. Inferimos que todo movimiento operado, se mide exactamente por la extension recorrida. El vacio no es extenso, porque no tiene resistencia que acompaiar a la sensaci6n del movimiento. Una extension sin resistencia es s6lo el objeto de la geometria pura; pero no puede atribuirse a un ser particular. Una sustancia que siente y no se mueve, no tiene idea de extension, y un ser inextenso es impossible que ejecute un movimiento, en si mismo, pero si en otro. La extension tiene la. ventaja de poderse dividir en infinitas partes siempre perceptibles, y sin confundirse, lo que no puede ejecutarse con el calor, el frio, la humedad, etc., y asi es mis adecuada para las medidas. Cuando la duracin se mide por un movimiento, como 6ste es conforme al espacio corrido, la idea de tiempo se hace mis fija; pero aun tiene mucha inconstancia, pues la extensi6n corrida puede ser una isma, y el moviiiento ser mayor por disminuirse el tiempo en que se efectia. Para remediar este inconveniente, basta referir toda duraci6n a un movimiento constante que nos sirve de unidad, como el

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PRINCIPIOS LoGICOS 19 dia, que se forma por la revoluci6n de la tierra sobre su eje. De este modo cuando sabemos el espacio que ha corrido un cuerpo en un tiempo dado, v. gr., veinte minutos, sabemos tambi6n la relaci6n que tiene este espacio con el que describe un punto del ecuador terrestre en las veinticuatro horas, y asi venimos a comparar espacio con espacio, quedando fijas las ideas de movimiento y de tiempo. Yo s6 que una nave ha corrido veinte leguas en un tiempo dado; veo en este tiempo qu6 nnimero de leguas correria un punto del ecuador terrestre, mientras no se movi6 dicha nave, y comparando un espacio con otro, s6 cuhntas contiene el espacio corrido por la nave, o si no lleg6 a valer la unidad; y teniendo siempre por t6rmino de comparaci6n el movimiento de la tierra, puedo medir todos los movimientos, y todas las duraciones. De estas observaciones podemos inferir en qu6 consiste la diversa exactitud y claridad de las ciencias, pues aquellas cosas que o no pueden medirse, o tienen una analogia muy remota con la extensi6n sensible, necesariamente han .de ser menos perceptibles; y sus ideas mas fugitivas, por decirlo asi, pues el espiritu sin un apoyo de sensaciones claras, es preciso que lo deba todo a sus esfuerzos. Esta es la dificultad que tienen las ciencias moral y politica.

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CAuinaUo Vii DE LOS SIGNOS DE NUESTRAS IDEAS Lenguaje natural y necesario Todas nuestras ideas se revisten de un signo, y careciendo de 61, serian inconstantes por no decir imposibles. La experiencia confirma esta verdad; pues no podemos pensar cosa alguna sin presentarnos un signo. No fu6 6ste el Mnico origen de la invenci6n de los signos: la necesidad de comunicarnos y de simpatizar, por decirlo asi; esto es, de tener una complacencia en nuestra conformidad con los demis hombres, fu6 la principal causa. Las acciones, siendo efectos de los sentimientos del alma, tienen gran ventaja para significarlos, y estos signos parece que precedieron a los convencionales; pues los hombres no podian convenir en que tal signo expresara tal idea, sin entenderse de antemano. El que experiment un dolor, hizo un gesto, did un suspiro, y cuando advirtid iguales efectos en su semejante, infirid iguales causas. Entendi6ndose por estos signos, los hombres no pudieron establecer las palabras de un idioma. Los animales destituidos de la raz6n del hombre, produjeron los mismos movimientos de dolor y placer,mas no pudieron formar convenciones ni clasificar sistemas.

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CAfrULO VIII LENGUAJE ARTIFICIAL Y CONVENCIONAL Las acciones, como hemos dicho, expresan los pensamientos, y siendo sugeridas por unos impulsos de la naturaleza, se di6 muy bien al lenguaje de accion el nombre de natural. No sucede lo mismo con las palabras: ellas son el fruto de un convenio, y forman el lenguaje artificial, que sin estar tan comiin a todos los hombres, es, sin embargo, mis ficil y abundant que el de acciones. Todos conocen que uno experimenta una pena cuando suspira, mas no cuando la expresa con palabras espaniolas, latinas, etc., si no supieren todos estos idiomas, y, por.tanto, el lenguaje de acciones es preferible al de palabras si atendemos a su generalidad. Pero las voces son mis suceptibles de variaciones delicadas y bien distinguidas; es mis facil pronunciar veinte palabras ripidamente que no efectuar veinte acciones al mismo tiempo, y estas circunstancias han echo que los hombres prefieran el lenguaje articulado. Sin duda, las primeras voces del hombre fueron monosilabos, unos gritos apasionados sefialando el objeto, una de las que los gramiticos laman interjecciones. Despu6s se sustituyeron a istas otras mis complicadas; pero si analizamos nuestro lenguaje, advertiremos que muchas voces que los gramiticos

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22 MISCELANEA FILOSOFICA no ponen entre las interjecciones pertenecen a ellas, pues producen los mismos efectos. Tales son: si, no. Cuando digo si, quiero decir yo afirmo esto, y cuando digo no, equivale a yo niego esto. El lenguaje, compuesto en su principio de interjecciones, puede reducirse en el dia a proposiciones que laman enunciaciativas, o que declaran un juicio, que no es mis que la percepci6n de que una idea es parte de otra, y puede atribuirse a ella. Por tanto, una proposici6n envuelve siempre dos ideas: la del sujeto y la del atributo; mas al principio la interjecci6n expresaba una y otra cosa. A los primeros gritos que indicaban la pasion se agregaron otros que distinguieron su objeto, y se formaron los nombres que lHaman substantivos o sujetos de las proposiciones. Una interjeccion contenia ticitamente el sujeto apasionado, y la especie de sentimiento que le afectaba, y que no es otra cosa sino el atributo de la proposici6n. VWase de qu6 modo una interjecci6n viene a ser un verbo, pues 6ste no es mis que la palabra que expresa el atributo,* palabra que ha embarazado a los gramiticos, y que les ha parecido tan dificil, pero que tiene un origen muy Yo creo que el verbo es la palabra que expresa la acci6n, y aunque, como dicen los gramAticos, exceptuando el verbo ser, todos los orros son adjetivos, pues indican la accidn con alguna propiedad determinada a una especie; sin embargo, me parece que no puede decirse que la expresi6n de un atributo es un verbo, pues entonces todos los nombres adjetivos serian verbos. Bien s6 que en todos puede formarse un giro de palabras que envuelvan un verbo, v. g., blanco quiere decir que tiene la propiedad de conmover la vista de un modo determinado que ilamamos blanco; pero nunca se confundira este modo con las voces de que hemos usado para expresarlo.

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PRINCIPIOS L6GICOS 23 natural en el grito primitivo con que el hombre quiso expresar los objetos. Los verbos que se laman adjetivos expresan el ser de algdn modo particular, y el que se llama substantivo (que es el que puede llamarse verbo con propiedad) io expresa simplemente. Estos verbos adjetivos suplen el nombre de una cosa unida al verbo ser; por tanto, decimos ciervo, ligereza, es, belieza, y estos objetos los reducimos diciendo: el ciervo es ligero, es bello. Posteriormente hacemos de estos adjetivos unas proposiciones para ligar los substantivos, y unas conjunciones para unir las frases, y de algunos substantivos hacemos los pronombres. Poco a poco vamos formando los elementos de la proposici6n y no los del discurso; pues 6ste se compone de aquilHa y los gramaticos se han equivocado en esta parte. Por 6ltimo se inventaron los giros elipticos y oratorios, y leg6 a ser el lenguaje si no muy perfecto, a lo menos muy complicado. Observemos que en todas estas operaciones no hay mis que una serie de juicios que nos indican las distintas padres que componen una idea total; y la perfecci6n del lenguaje se debe a la facultad que tiene nuestro espiritu de considerar aisladamente dichas padres, lo que ilamamos abstraer. En esto consiste la principal diferencia entre el hombre y los brutos privados de dicha facultad, y, por consiguiente, de un lenguaje bien desenvuelto. Como la mayor parte de las ideas que tenemos estin ya generalizadas por el uso, necesitan unos signos quo las fijen, y 6stos son las palabras. Sin su

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24 MISCELANEA FILOSOFICA auxilio se perderia todo el trabajo de nuestro espiritu en haber formado dichas ideas generales, que serian como fugitivas. Las voces tienen ademas la ventaja de variarse por tonos, duraciones, acentos y articulaciones, lo cual es muy c6modo para representar las diversas circunstancias de los objetos, y fijar nuestras ideas desenvolviendo las diversas facultades. Es muy verosimil que al principio s6lo se procure escribir los tonos; pues los hombres cantaron naturalmente, y los primeros idiomas eran muy acentuados; despu6s se fueron modificando hasta ilegar al estado en que los observamos. Hay otros medios de manifestar nuestros pensamientos que cons'isten en los jeroglificos, como los de los egipcios, los chinos y japoneses; ;ambi6n la Pasigrafia, que es un conjonto de bosquejos informes, que, por un caricter bien inventado, repre senta cada palabra del lenguaje. Siendo imposible representarlas todas por ser infinitas, se contentaron con indicar las radicales, y despu6s por ciertas modificaciones que se hacian a etos primeros bosquejos, se expresaron las palabras derivativas. Toda esta serie de caracteres estaba fundada en la sintaxis del lenguaje articulado; pero ademis de que nunca podian expresarse las innumerables inflexiones delicadas que tiene cada palabra, se advierte que aqu6lla no era una verdadera escritura como la n'uestra; pues estaba fundada en una operaci6n muy distinta. En. la Pasigrafia no se indica el sonido de una palabra, sino que un rasgo de pluma se substituye a la miama

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PRINCIPIOS L6GICOS 25 palabra, que es lo mismo que dar un nuevo signo a la idea o hacer una verdadera traduccidn, y una traduccidn a una lengua necesariamente pobre, incorrecta y confusa, que nunca puede legar a ser usual porque nunca puede hablarse. Cuando se lee semejante escritura es preciso traducirla al lenguaje de que usamos, y 6ste es un principio de nuevos errors. La experiencia lo prueba, pues las naciones que se han valido de semejantes signos han progresado muy poco en sus ideas, porque se necesita la vida de un hombre para aprender imperfectamente una multitud de signos tan considerable. La imprenta no podria tender uso si se admitiera este g6nero de escritura, y las ciencias padecerian considerables atrasos. La ciencia de la cantidad-tiene uin lenguaje de esta especie, cuyas cifras o signos algebraicos son los caracteres, y las reglas del cailculo constituyen la sintaxis. Este lenguaje no sdlo carece de inconveniente, sino que es de una ventaja predigiosa, que se debe a la naturaleza de las ideas que componen dicha ciencia. Todas son de un mismo orden, y se combinan con unas mismas relaciones, esto es, de cantidad; tienen una exactitud que las liberta de toda confusion, y se prestan a todo g6nero de elipses en las fOrmulas algebraicas, substituy6ndose un tarmino a toda una cantidad. Los efectoe de los signos se hacen tan.perceptibles, que no hay un hombre que no experiment que no puede pensar sin parecerle que oye o que ve algo. Siempre se entiende mejor lo que se lee, o se escribe, que lo que se habla, porque entonces nos parece que MISC. FILoS6FICA 4

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26 MISCELANEA FILOS6FICA oimos, y esta sensacion unida a la de la vista, fija nuestras ideas.* Pero aunque los signos sean muy tiles, no puede decirse, como han querido algunos, que es imposible penear sin tener signos; pues, al contrario, 6stos no podian ser signos si no hubiera ideas que significar. Nuestros signos son imperfectos no 961o cuando estha mal formados, pues este defecto puede corregirse, sino aun cuando se establecen con exactitud. Advertimos que expresan objetos muy complicados, y, por tanto, es como fugitiva e imperfecta la representacidn y la memoria que nos dan de ellos. Nuestra alma pierde alguna de las ideas elementales que formaban la idea total de una cosa, o bien la agrega alguna otra idea; de modo que nuestro conocimiento se ha variado, y, sin embargo, repetimos el mismo sign, y creemos tener las mismas ideas. Cada uno ha aprendido la significacion de una palabra en ciertas circunstancias, en ciertas ocasiones, por medios diferentes y muchas veces por acaso, y asi es casi imposible que podamos constituirnos, o figurarnos exactamente en circunstancias iguales, y que demos igual sentido a una misma palabra. Esto se hace muy sensible en los objetos delicados y poco conocidos. Eito debe entenderse cuando no esammos habituados a lo contrario, pues hay sujetos que entienden mejor lo que oyen que Io que leen, y esto proviene de que sin ocupar su atenoi6n en las letras, pueden darla libremente a los objetos, y como el alma repite los signos con mis ligereza que log labios., el que oye hace mil combinaciones mientras otro lee un pirrafo, y por los antecedents bien recordados aclara los consiguientes. En general es erta la observaci6n del autor, y el fundamento de ella.

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CAPiTULO IX DE LA DEDUCCION DE NUESTRAS IDEAS Cuando nuestras ideas estan bien encadenadas, tienen una evidencia de deducci6n, asi como nuestras sensaciones tienen evidencia de sentimiento; pero el paso decade un hecho fundamental hasta sus 6ltimas consecuencias es algo dificultoso. Examinemos el auxilio que nos dan en esta materia los l6gicos: ellos nos presentan la forma silogistica. Pero el dafo esth en el fondo; esto es, en las ideas, y no en la forma; esto es, en el modo de reunirlas. Ademis, todo el arte silogistico consisted en sacar una consecuencia particular de una proposici6n mis general. Pero gquiin nos asegura de la exactitud de esta proposici6n general? Aqui el arte nos abandona. Nos dice que es un axioma, que es un principio, que no se debe disputar sobre principios, que es precise sujetarse a] buen sentido, al sentido coman, al sentido intimo, y otras mil cosas de este g6nero, que, como advierten los seofores de Port-Royal, equivalen a decir que las reglas que se han dado para los raciocinios, sirven cuando no las necesitamos, y nos abandonan cuando son necesarias. A esto debe agregarse que dichas reglas estin fundadas en un principio falso, y es que las proposiciones generales son la casa de la

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28 MISCELANEA FILOSOFICA exactitud de las proposiciones particulars, y que 6stas se contienen en aqu611as. Primeramente es falso que las proposiciones generales sean la causa de la verdad de las particulars; pues al contrario, los hechos particulares bien observados, y referidos unos a otros, nos conducen a formar una proposici6n general, que es decir a formar un mismo juicio acerca de un nfmero mayor de hechos, segin que hemos percibido que cada uno de ellos es exacto. En segundo lugar es falso que las ideas generales contengan a las particulares, o a lo menos esto necesita explicaci6n. Las ideas van generalizindose porque abstraemos sucesivamente ciertas propiedades que distinguen los seres, y dejamos las que son comunes a muchos, formando asi los g6neros y las especies. Este nfmero mayor de individuos a quienes convene una idea se llama su extension, y el njmoro de ideas particulares, que es siempre mayor mientras se disminuye el de los objetos a quienes se aplica, se llama comprension de dicha idea. Pero advertimos que la extension de una idea no es la causa de poderse referir a otra, sino su comprensidn, y ad no podemos decir el animal es hombre y puede decirse el hombre es animal; pues aunque la palabra animal es mis extensa que hombre, no contiene ni expresa las propiedades de un individuo de la especie humana; pero cuando decimos hombre, esta palabra, aunque menos general, comprende las propiedades de los animals. Debe observarse, y yo creo que nunca se ha hecho, que cuando se comparan las ideas en una proposicion, ticitamente se contrae la exten-

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PRINCIPIOS L6GXCOS 29 sion de la mhs general hasta igualarla con la particular. Cuando digo un hombre es un animal, expreso un animal de la especie humana, y no otro cualquiera, pues esto seria un absurdo. Podrian hacerse otras muchas observaciones contra los l6gicos silogisticos; pues si se dice que las proposiciones generales son la causa de la exactitud de las particulares, no puede decirse que el medio t6rmino es igual a los dos extremos comparados en el silogismo, y que la mayor es igual e id6ntica al consiguiente.* Condillac procedid bien negando que las proposiciones generales son causa de la exactitud de las particulares; pero err6 admitiendo el principio de identidad que lleg6 a exagerar hasta decir que lo conocido y lo desconocido son una misma cosa, y 6sta es la causa por qu6 sus niltimos escritos no son los mejores segfin mi juicio.** Es preciso colocarnos en el verdadero camino que es el contrario del que siguieron los antiguos: buscar en los hechos particulares la verdad de los generales, teniendo por guias la observaci6n y la experiencia. Muchos siguen este buen m6todo por mera imitaci6n sin saber por qu6, y se extravian y enojan contra los que procuran aclararlo y demostrar la causa de su bondad. V&se la nota del capitulo prinero. ** Los verdaderos titulos de ]a gloria de Condillac son el tratado de las sensaciones, el de los animals, el de los sistemas, y sus bells rasgos sobre la historia del espiriu humano. Tambiin debe colocarse en este rango, el tratado del origen de los conocimientos humanos, a pesar de sus muchas imperfecciones, porque es la primera obra en que se ha puesto la base s6lida de todos nuestros conocimientos, fundandolos sobre el examen detallado de las facultades y operaciones intelectuales.

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30 MISCELANEA FILOSOFICA Nuestros l6gicos antiguos no han sido mis felices en ensefiarnos a aclarar la ideas que forman la base de los raciocinios. Nos dicen que definamos los t6rwinos cuando nos hallemos confundidos; este consejo no es malo, pero ellos se han extraviado: lo lo., pretendiendo que una idea esti bien definida cuando se encuentra o se cree encontrar lo que la hace pertenecer a tal g6nero, y lo que la distingue de la especie mis inmediata; 2o., distiguiendo definiciones de nom. bres y de cosas; 3o., cuando pretenden que las definiciones son principios. Por el contrario, debe creerse que las definiciones no son principios, y que aun cuando lo fueran, deberia investigarse detenidamente Si estos principios son verdaderos o falsos. Toda definici6n es o debe ser la explicaci6n de una idea, y, por consecuencia, la determinacion del valor del signo que la representa. Ademas, es inditil, y algunas veces imposible, encontrar Io que hace que una idea pertenezea precisamente a tal g6nero o a tal especie. Rechazadas las formas escoldsticas, 4que substituiremos a ellas? Nada mis que un buen anilisis de los signos que expresan nuestras ideas, una observacion del encadenamiento que guardan nuestros actos intelectuales. Cada palabra de nuestro lenguaje es, por lo regular, un signo que expresa un objeto compuesto, y muy pocas veces indican un objeto simple. Desenvolvamos, pues, un t6rmino en otros, y estos nuevamente en otros, siguiendo este orden en cuanto nos fuere posible. Entonces advertiremos, sin necesidad de reglas mecanicas y arbitrarias, cuales son las ideas que estin contenidas en el primer pensamiento, y se advertiri si la consecuencia es legitima.

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PRINCIPIOS L6GICOS 31 La argumentaci6n que los escolisticos laman sorites, es la mis exacta y natural para percibir las relaciones de las ideas; mas despu6s se quiso contraer a la forma silogistica, haciendo una substracci6n de muchos de los elementos o de las ideas intermedias de nuestros conocimientos. Todo consiste en procurar que los signos conserven una exacta correspondencia con las ideas; pues si de nuestro espiritu se han borrado, por decirlo asi, algunas de las circunstancias que acompafiaban al objeto y que expresa el signo, entonces ilega 6ste a ser mecinico, y hablamos de palabras cuando creemos hablar de ideas, seg6n se ha advertido anteriormente. Cuando se sospeche de la exactitud de nuestras operaciones intelectuales, no .se ha de tomar el recurso de substituir a los t6rminos unas definiciones pedantescas, que anticipadamente se tienen prevenidas, sino por el contrario, es preciso empezar nuestras operaciones como si nada supi6ramos, para observar detenidamente eu correspondencia. Esta observaci6n que hemos echo repetidas veces sobre las alteraciones de las ideas sin alterar los signos, es muy sensible en las divereas edades, costumbres, pasiones y conocimientos de los hombres; pues una misma palabra excita distintas ideas y sentizuientos segan estas circunstancias. La palaibra Quimica oida por un rstico nada expresa sino una voz; un hombre vulgar, pero civilizado, forms la idea de una ciencia; el que ha estudiado algo de ella recuerda algunas relaciones; y un profesor muy ejercitado recorre prontamente en su espiritu una multitud de hechos y de observaciones.

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32 MISCELANEA FILOSoFICA La dificultad de repetir las ideas que contiene un signo, hace que unas ciencias sean mis dificiles que otras, y causa asimismo la diversa exactitud de ellas, esto es, el menor peligro de equivocarse; pues las ciencias, conteniendo la verdad, no pueden ser por su naturaleza unas mis exactas que otras. Las ciencias morales, cuyos objetos no son muy sensibles, envuelven cierta dificultad, que da margen a un gran niimero de opiniones contradictorias; pero en las Matemiticas es muy dificil que por limitado que sea un talento, no pueda seguir el orden de un problema geom6trico, luego que lo ha aprendido, y la evidencia en estos casos, acompafiada de la sensaci6n, remueve mucho mis las dudas que en otras ciencias menos sensibles. Sin embargo, el autor sigue una opinion contraria al modo de pensar coming, pues afirma que el estudio de las Matemiticas no es el mis a prop6sito para la rectificacidn del espiritu, y para desonvolver sus facultades. No alega en su favor la inexactitud de la mayor parte de los matemiticos en los objetos que no pertenecen a su ciencia, y aun en muchos de ella misma, pues confiesa que en todas las facultades hay espiritus desarreglados. El ocurre a otras pruebas, y hace observar que las que impropiamete se laman matemiticas,* siempre tratan acerca de ideas de cantidades, y siempre en abstracto, y sue raciocinios son exactos porque son fAciles; pues prescindiendo de la naturaleza de las cosas, no estin tan sujetos a error, cuando s6lo tratan de ]a idea clara de extension y La palabra matemitica significa cosa aprendida, jy qu6 cosa no se ha aprendido, a no set las que se inventan?

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PRINCIPIOS LOGICOS 33 cantidad. Por tanto, estas ciencias no presentan ocasi6n para aprender a resguardarse, y aun puede decirse mis: ellas no presentan medios para hacerlo. La ciencia de la cantidad tiene una monotonia absoluta porque siempre se ocupa en unas mismas relaciones, y 6sta es la causa por que tiene no solo signos particulares, sino una sintaxis propia, que consiste en las reglas del chlculo que constituyen la verdadera lengua. Advertiremos de paso que lo que impropiamente se llama lengua particular de otras ciencias, es s6lo una nomenclatura que se funda en la sintaxis de las lenguas comunes, pero la lengua num6rica y la alg6brica son totalmente distintas. Yo s6 muy bien que es precise tener un buen espiritu y genio, para usar bien de todos los recursos que ella nos ofrece; es decir, para escribirla bien; pero estas reglas son tan seguras, que si se logra aprenderlas de memoria sin entenderlas, con tal que no se olviden,.escribiendo la primera proposici6n podemos ilegar a las iitimas consecuencias sin saber lo que hacemos, y sin equivocarnos. Esto es lo que sucede con frecuencia. Pero seguramente no es 6ste el modo de perfeccionar nuestra facultad de discurrir. Agr6guese a esto que no dando lugar a ninguna observaci6n, ni experiencia, no sabri habituarnos la Matemitica a tomar las precauciones, y a tener La sagacidad necesaria en punto a observaci6n y a hechos. Muchos grandes calculadores han tenido cierta ligereza y una propensi6n a no examinar detenidamente los hechos en que debian fundarse; y por esta causa mientras mis extendian sus especulaciones, mis se extraviaron

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34 MISCELANEA FILOS6PICA sin haberse equivocado en sus cilculos; pues &8tos salen bien, cuando se observan las reglas.* La Geometria pura esti en el mismo caso por lo que hace a las observaciones y experiencias. Sue raciocinios cuando se forman por el m6todo que impropiamente se llama sint6tico, y se hacen en lengua comnn, exigen las mismas precauciones que todo idioma, y son exactos; pero esto sucede porque son ficiles, y si legan a fatigar es porque son largos. En toda operaci6n intelectual se descomponen y recomponen las ideas, y por tanto es una impropiedad decir m6todo analitico, y m6todo sint6tico. Suele decirse anilisis en lugar de Algebra, pero 6sta no es un m6todo, es una lengua escrita, de It cual nos servimos como de todas las demhs para descomponer y recomponer las ideas, y, por tanto, la denominaci6n no es exacta. Por lo regular cuando se resuelve una ecuaci6n en sus elementos es para formar otras, y tenemos composicion y descompo* Wolfio lleg6 a decir que los habitantes de Jdpiter tenian 14 pies franceses de alto, y para esto establecid6 infinitos calculos, computando la divergencia de los rayos de la luz del Sol, a la distancia en que esta J6piter, el diAmetro de Ia pupils de aquellos vivientes, para que en sus ojos pudieran pintarse las imhgenes con dicha cantidad de luz, la proporcidn del tamafio de la pupila con el del ojo, de 6ste con la cabeza, de sta con el pecho, etc. Sin embargo, tantos cAlculos dificiles y prolijos formaron un gran edificio sobre arena; pues la pupils no guarda en todos los animales la misms relaci6n con el ojo, ni este con Ia cabeza, habiendo algunos de ojos grandes y cabeza pequefia. Por otra pane, los hombres en el globo que habitamos tienen distinta dilataci6n en sus pupilas; y aunque es ciero que puede establecerse un termino medio, tambien lo es que con cualquiera de los extremos de dicha dilataci6n se verifica Is vista, y esto prueba Is imposibilidad de decidir por este medio cuil es Is estatura de los habitantes de J6piter. Vemos, pues, que el gran matemAtico Wolfio trabaj6 mucho para hacer nada que valiera.

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PRINCIPIOS LOGICOS 35 sici6n. En hora buena que se diga anilisis quimico cuando se descompone una sustancia, y sintesis cuando se trata de formar con estas partes un nuevo compuesto; pero la ciencia consta de ambas cosas, y no puede decirse que en ella se usa mis el m6todo analitico que el sint6tico. Por lo que hace al pretendido m6todo sintatico, que los ge6metras creen usar cuando demuestran una nueva proposicion por raciocinios en la manera acostumbrada, es un verdadero abuso de palabras. Si los ge6metras parten de proposiciones probadas anteriormente, ellos hacen una deducci6n como todas las otras, y no constituyen nada. Si como sucede con frecuencia usan de axiomas o miximas generales, tal vez ciertas, pero que ellos no han querido tener el trabajo de probar, o de definiciones que no dan a conocer la generaci6n de la idea definida, estos ge6metras no han corrido mis que la mitad del camino, nada han compuesto, no han hecho mis que deducir, y no solamente debe decirse que su sintesis no es un m6todo, sino que su modo de proceder no es riguroso como ellos creen, y aun mas debe afirmarse que da al espiritu un hibito muy malo, acostumbrindole a contentarse con no empezar por el veradadero principio. En una palabra, descomponer es un acto del espiritu y recomponer otro; pero ambos son necesarios en todos los casos. No hay un m6todo puramente analitico, ni puramente sint6tico. El estudio de las ciencias naturales, y especialmente la Quimica y Fisiologia parece el mis a proposito para rectificar nuestro espiritu, y comunicarle buenos habitos. En la Quimica los hechos son nume-

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36 MISCELANEA FILOSOFICA rosos y variados: esto ejercita la memoria; son implicados y a veces dificiles de desenvolver: esto produce la sagacidad y acostumbra la atenci6n. Dicha ciencia presta materia a muchas deducciones, y esto ejercita el raciocinio. Los objetos son sensibles, se tienen entre las manos, y puede ocurrirse a la experiencia y a la observaci6n, ya sea para no equivocarse en las deducciones, ya para cotejar y rectificar los resultados cuando se ha concluido. Esto, ciertamente, es emplear un m6todo que no es ni puramente analitico ni sint6tico, pero que tiene de ambos segin la necesidad que ocurra. La Fisiologia es propia para formar un buen espiritu, porque tiene como la Quimica la ventaja de habituarnos a observaciones delicadas, y a razonamientos sublimes comprobados frecuentemente por nuevas experiencias. Podemos agregar que es superior a la Quimica por el objeto de que se ocupa; pues nada es mas interesante al hombre que el estudio de si mismo. Ademis, comprendiendo la Fisiologia en el conociniiento de nuestros 6rganos y de sus funciones, el del centro sensitivo, y de las funciones intelectuales, nos ensefia directamente cuales son los medios de conocer su fuerza y su debilidad, su extension y sus limites, y el modo con que operan. Nos hace ver c6mo debemos servirnos de ellos, y viene a ser 6sta la primera de las ciencias, y la introducci6n para todas ellas. Pero ]a naturaleza viviente se conoce poco y presenta muchos misterios impenetrables, tiene muchos puntos oscuros o mal aclarados, da lugar a explicaciones que no satisfacen completamente, y yo temo

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PRINCIPIOS LOGICOS 37 que si un espiritu, que no est6 Lien formado, se entrega a ella, en vez de habituarse al empeiio en las investigaciones, y al valor en las dudas, no se acostumbrari sino a contentarse con unos conocimientos imperfectos, y a entregarse a conjeturas aventuradas. En una palabra, la Fisiologia es una ciencia muy dificil para servir de preparaci6n o de ensayo. Es preciso contentarse con saber los principals resultados para servirse de ellos como de unas gufas, sin pretender dilatar los lImites, dando extension a la ciencia, sino cuando el espiritu se halla en toda su fuerza. De todo lo dicho concluye el autor que no hay otro m6todo sino proceder por la observacidn de los hechos, examinar con atencidn las relaciones, tender gran cuidado en formar ideas compuestas que contengan elementos exactos, y procurar que estas ideas no se alteren insensiblemente mientras hacemos nuestras deducciones.

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PARTE I CUESTIONES MISCELANEAS

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CAPiTULO I DE LAS OBRAS ELEMENTALES ESCRITAS EN VERSO Mientras se hizo un gran aprecio de la memoria de palabras, y los grandes repetidores fueron tenidos por grandes sabios, se escribi6 en verso para enseiar las ciencias; pero cuando la Ideologia, ascendiendo hasta el origen de nuestros conocimientos y examinando sus relaciones, ha demostrado los absurdos de una colocaci6n de signos, afectada y contraria a la naturaleza, es preciso desterrar los versos de las obras de primera ensefianza, y reservarlos para las de recreo. El hombre apasionado us6 de un lenguaje sublime a veces, y otras variado con sencillez, pero leno de gracias, y fu6 poeta por naturaleza, mas no fug versificador. Los versos han sido el fruto del ingenio para halagar el oido, pero no de la naturaleza en sus sentimientos. Estas consideraciones manifiestan claramente que no deben escribirse en verso las obras elementales donde todo debe reducirse al m6todo mis sencillo, donde el entendimiento debe ejercitarse en los objetos, y no en -el modo con que se presentan, donde el autor debe dejar hablar a la naturaleza. Efectivamente, g qu6 cosa mis contraria a ]a claridad de las MISC. FILOSOFICA 5

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42 MISCELANEA FILOSOFICA ideas que una inversion de los signos, unos ndmeros y cadencias estudiados, unas supresiones y adiciones de voces, conforme a la necesidad del poeta, y no a la del objeto que explica? El espiritu, lejos de fijarse por medio de los versos, se distrae deleitado con su armonia, y respecto de los nifios, la experiencia prueba que para ellos una regla en verso es una cantinela y nada mis. Dicen algunos que se aprenden con mis facilidad las reglas cuando tienen el atractivo del verso, y mezelan lo ditil con lo agradable, segi6n el consejo de Horacio. Si es aprender una regla repetir el verso en que se contiene, yo confieso que se aprenden ficilmente; pero si el saber consiste en percibir los fundamentos de la regla y sus aplicaciones, yo creo que la inversion poitica de los signos y su obscuridad, no pueden ser favorables a este intento. Muchas veces se alucinan los mismos maestros con los progresos aparentes que hacen sus discipulos; pues luego que oyen una voz de las contenidas en los versos que aprendieron, repiten la copla con exactitud, y se cree que la entienden y saben explicarla; pero un hombre reflexivo conoce que 6stos son frutos de 'una memoria que atina, y no de un espfritu que acierta. Los que hayan meditado sobre las relaciones de nuestras ideas, y la naturaleza de las ciencias, percibiram claramente cuinto perjudican a la verdadera eseianza estos hibitos intelectuales viciosos que adquieren los nifios acomodhndose a que las palabras no presenten el cuadro de los objetos como estin en 1a naturaleza, sino como los ha fingido el capricho

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CUESTIONES MISCELANEAS 43 del hombre. Vemos un ninfo de tierna edad que responde a todo lo que se le pregunta sobre la materia que se le ha ensefiado, siempre que se haga en t6rminos que su memoria dirija las respuestas, y no su entendimiento; se le alaba, y yo convengo en que Jo merece por su aplicacidn; pero confesemos que si un idedlogo se hace cargo de continuar su ensefianza, tendri el trabajo que un jardinero, que se ve en la precision de cultivar un arbolito muy lozano, pero ileno de tortuosidades, y disforme por las violencias que en 61 hizo a la naturaleza una mano indiscreta.

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CAPITULO fl DIFERENCIA Y RELACIONES ENTRE LA IDEOLOGIA, LA GRAMATICA GENERAL Y LA LOGICA Nuestros conocimientos, despu6s que estamos en perfecta relaci6n con la naturaleza, y con la sociedad, forman unos conjuntos o sistemas ordenados los mis admirables; pero cuya armonia no percibimos, y mucho menos los pasos analiticos que hemos dado para adquirir tantas riquezas. El fildeofo contemplando busca el origen de 6stas, medita su enlace, advierte los medios de que se ha valido para conseguirlas, y los obsticulos que debe remover para que no se perturbe el orden sabio de la naturaleza. No es otro el principio de donde han dimanado la Ideologia, la Gramitica general y la L6gica. Mientras observa el origen de sus ideas en los sentidos, y la influencia de estos 6rganos, mientras considera el modo con que sucesivamente refine muchas ideas para formar otras mis complicadas, y que pueden resolverse en las mismas de que estin compuestas, procede como idedlogo. Cuando advierte las relaciones de los signos con nuestros conocimientos, que deben ser unas mismas en todos los pueblos, por ser id6ntica la naturaleza que las sugiere, usa de la Gramitica general, o ciencia general de los signos, a dis-

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CUESTIONES MISCELANEAS 45 tinci6n de la GramAtica particular de un pueblo, que usa de los signos de tal o cual idioma, pero siempre fundada en la Gramitica general. Cuando forma deducciones exactae, y recorriendo la historia de los errores de los hombres procura evitarlos, le diremos un l6gico. Infiero, pues, que la Ideologia es la ciencia de la adquisici6n y enlace de nuestras ideas, la Gramitica general es la ciencia de los signos, formando un lenguaje arreglado a las ideas, y la L6gica es la ciencia de la rectificaci6n y conservaci6n de estos conocimientos. En una palabra: adquirir, manifestar y deducir rectificando las ideas, son las tres cosas que han dado origen a la Ideologia, ]a Gramitica general y la Ldgica. Sin embargo, es preciso confesar que la palabra Ideologia lo envuelve todo, y que estas cosas se hallan tan unidas, que es imposible ser ide6logo sin ser 16gico, y usar de la Gramctica general. Este es el motive por qu6 se suele poner indiferentemente Ideologia por L6gica, aunque no suele en el uso confundirse con la Gramftica general. Podemos concluir que toda la inexactitud consiste en que la palabra Ideologia ha llegado a ser equivoca, pues o significa la ciencia que comprende todo el orden de nuestros conocimientos en todas sus relaciones, y entonces no se confunde con la direccion del espiritu humano, que los antiguos laman L6gica, o se toma en un sentido mis riguroso, contrayindonos solamente a la adquisici6n de ideas, y le ilamaremos Ideologia propia o rigurosa. En las cuestiones la prictica que debe observarse

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46 MISCELANEA FJLOS6PICA es oir cuidadosamente al que habla, y a muy pocas palabras se conoce la acepcidn que da a la voz Ideologia, y esta misma debemos darla, pues tengo bien experimentado que a veces, por exigirse una gran exactitud, se produce un gran trastorno de ideas, y venimos a incurrir en cuestiones de voces, que han sido el origin del atraso de las ciencias.

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CAPIfTuLo III REFLEXIONES SOBRE LAS PALABRAS DE BACON DE VERULAMIO: "NO CONVENE DAR AL ENTENDIMIENTO PLUMAS PARA QUE VUELE, SINO PLOMO QUE LE SIRVA DE LASTRE." Estas palabras contienen, bajo el velo de una metifora, los documentos de la mis exacta Ideologia. Persuadido el insigne pensador ingl6s de los dafios que han causado siempre a las ciencias los extravios del entendimiento que finje nuevos seres, desatendiendo los que tienen a la vista, y que son obra de la sabiduria divina, quiso remover estos obsticulos, recordando que a veces, por elevarse mucho, suele entrar nuestro espiritu en regiones imaginarias, si no tiene el lastre de la observacion, y de la experiencia que le detenga, por decirlo asi, en el centro de los seres creados, indicaindole lo que es verdaderamente itil, y lo que siempre seri absurdo por mis que pase de unas a otras generaciones, mereciendo la atenci6n de espiritus ligeros y el aplauso de los insensatos. Semejante a un demente que con los ojos elevados al cielo, quisiese encontrar y escoger con tino las preciosas flores que cubren un prado, que recorre con pass irregulares hollando unas, separando otras, y destruy6ndolas todas, asi el fil6sofo que entregado a sus

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48 MISCELANEA FILOSOFICA abstracciones se pasea por el dilatado campo de las ciencias, no hace mAs que destruirlas, teniendo por until lo mis err6neo, y no advirtiendo las preciosidades que la misma naturaleza parece que se empefia en ponerle entre las manos. ZCuAntos grandes hombres han cometido grandes absurdos por no haber practicado la sabia sentencia de Verulamio? Cartesio, el penetrador Cartesio, que supo horadar el denso velo que cubria las ciencias filos6ficas, y que segiin la expresi6n de un sabio, parece quc no contento con los estrechos limites del Peripato, y fastidiado de la uniformidad y ridiculez de los objetos que veia en 61, hizo una tentativa desesperada contra sus paredes, que hal6 tan frigiles, que pudo arruinarlas, saliendo al campo mis ameno; este Cartesio, repito, fu6 autor de los delirios mis ridiculos, que seguramente hubiera evitado teniendo un poco del lastre de Verulamio. jLa materia sutil, la estriada y la globulosa, productos de la rotaci6n de unos dados, en que habia dividido toda la materia su Autor Supremo; la formacion del sol y de las estrellas por la materia globulosa, y la de los cuerpos opacos por la estriada, no son efectos de un gran vuelo por la region de las abstracciones? Qu6 otro origen tienen las mdnadas de Leibnitz, los. puntos inflados de Boscobich, y las moaculas orgdnicas de Buffon? No creamos que s6lo el espiritu de novedad, o el obstinado empeflo de resolver los puntos mis dificiles, y penetrar los arcanos de ]a naturaleza, han precipitado a estos ingenios superiores hasta el extremo de forjar unos sistemas, que pasan hoy entre

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CUESTIONES MISCELANEAS 49 las fAbulas filos6ficas. S6 muy bien que la ambici6n literaria suele tener parte en empresas semejantes, pero advierto igualmente que en el mismo orden con que nuestro espiritu aplica sus facultades a los objetos, puede hallarse el origen de sus errores, sin que tengan en ellos tanta parte como se cree el deseo de gloria, que tal vez agite el coraz6n. Mientras la experiencia no ha presentado un nimero de verdades que destruyan las opiniones recibidas, el espiritu naturalmente se conduce por lo que sabe, y se recrea en lo que siempre Ie ha agradado. Esto sucede no menos en las doctrinas que en los m6todos, y si todos dicen que las hip6tesis tienen por objeto dar los primeros pasos hacia la verdad, hasta que se consiga confirmarla por la experiencia, y que pase al rango de tesis o proposicidn demostrada, no es culpable un entendimiento, que no habiendo podido pensar y corregir todo, sigue el camino que siempre habia seguido, y que le parece mas recto. Efectivamente, por mucho tiempo se crey6 que convenia investigar el puede ser de las cosas, para que luego la experiencia nos condujera insensiblemente al ser. De este modo se empezaba siempre del hombre a la naturaleza, y no de 6sta a aqu6l, y se establecian varias suposiciones como por instinto, para luego irlas aplicando hasta ver si por casualidad alguna de ellas embonaba a los seres, y luego naturalmente resultaba que las pasiones ejercian todo su influjo, y cada fil6sofo, y aun cada secta se decidia por las doctrinas que al principio habia fingido, y despu6s crey6 ver comprobadas en la naturaleza. El sabio Bacon de Verulamio siguiendo el m6todo

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50 MISCELANEA FILOS6FICA de inducciones, totalmente opuesto al que acabamos de explicar, form6 la admirable obra titulada Nuevo drgano de las ciencias, para distinguirla de otra que con el mismo titulo habia escrito Arist6teles, pero que estaba muy lejos de ser un verdadero 6rgano, o una guia que nos condujera a la verdad. Siempre sera sensible que en los tiempos poeteriores al fildsofo ingl6s no hayan querido todos seguir sus huellas, y que por mucho tiempo la Metafisica no haya sido otra cosa que un conjunto de quimeras. ;O si el talento de Malebranche hubiera tenido un poco del lastre de Verulamlo! I Cuintos frutos hubiera producido! La Filosofia debe a este gran hombre muchos progress en el conocimiento de las causas de los errores, y seguramente su Investigacidn de la verdad se mirari siempre con aprecio. gPero qu6 diremos de su sistema de ver las cosas en Dios como en un espejo, pretendiendo que los sentidos no pueden demostrarnos la existencia de los cuerpos? La observaci6n, pues, y la experiencia deben indicarnos no s6io los primeros pasos, sino todoe los que intentemos dar en el .campo de la naturaleza. Un solo momento en que no se observe esta maxima, basta para que nuestro espiritu se distraiga, y se separe del verdadero camino, entrando despues las pasiones a persuadirle que va muy bien, y que esth en el caso de continual por la nueva senda en que se halla. Si cada conocimiento que adquirimos por la combinaci6n de otros anteriores, lo confrontamos con la naturaleza y no pasamos adelante hasta que un conjunto de observaciones exactas nos demuestre que hemos acertado, no seri fAcil errar; a la mantra que

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CUESTIONES MISCELANEAS 51 no es fAcil se extravie el caminante que cada rato observa el canmino, mira todas sus cercanias, y no da un paso adelante sin estar seguro de que va bien dirigido.

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CAPITULO IV NINGUN IDIOMA PUEDE LLENAR LAS VASTAS MIRAS DE LA IDEOLOGIA Mucho se ha trabajado para la rectificaci6n de los idiomas, pero hasta ahora puede decirse que no se ha conseguido otra cosa que conservarles una pureza graduada por la antigiiedad de las voces, y no por su exactitud; darles ciertos giros que han parecido mis conformes a la raz6n, y a veces s6lo por conservar los modismos del lenguaje primitivo en cada pueblo. Pero estos trabajos, aunque utilisimos y dignos de toda alabanma, son mis las prolijidades de un fil6logo, que las tentativas y resultados exactos de la Ideologia. Por mis que se empefien los ide6logos en perfeccionar las voces, el coloso de la antigiledad quedari inm6vil, haciendo vanos sus esfuerzos, pues inmensos pueblos habituados a un lenguaje inexacto, y formando cada dia nuevas voces e inventando nuevos modos de colocarlas sin mis regla que la imitaci6n de las pricticas antiguas, hacen imposible al corto namero de buenos pensadores la total reforma de tanto abusos. ZC6mo seria admitido un nuevo idioma que, asi en las voces como en su colocaci6n, siguiera exacta-

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CUESTIONES MISCELANEAS 53 mente el orden de los objetos, y el de nuestras ideas? Se han admitido ya innumerables colocaciones que agradan mis, tal vez s6lo por el uso que hacemos de ellas, y el que hiciera la tentativa de hablar de un nuevo modo, pasaria por el hombre mis ridiculo. Es cosa admirable que siendo el lenguaje la expresi6n de nuestras ideas, hayan convenido los hombres en aumentar las dificultades siguiendo un orden contrario cuando hablan que cuando piensan. Nuestro idioma, por fortuna, no adolece tanto de esto, ipero el latino! El latino, repito, que fu6 idioma de uno de los pueblos mis cultos, y que justamente causa las delicias de los amantes de la literatura. En este idioma, segin adverti al considerarlo ideol6gicamente, se presentan las voces empezando a veces por un adverbio, siguiendo despu6s un adjetivo, y ailtimamente se presenta el objeto precedido de infinitas voces, que expresaban otras tantas relaciones de 61, y que no pudieron entenderse hasta no oir el signo que expresa dicho objeto. A las observaciones hechas debo agregar que aun prescindiendo de las dificultades que ofrece el uso constante de los pueblos, ningiin ide6logo creo que puede inventar un idioma que Ilene sus deseos. La Ideologia quisiera unos signos que, expresando a la vez todas las ideas parciales que componen la total del objeto, fuera, sin embargo, preciso, demarcando, entre todas, aquella relaci6n que con especialidad quiere considerarse y que al mismo tiempo fuera breve y claro. Pero gc6mo puede conciliarse esto? Al paso que va adquiriendo un signo exactitud, pierde su brevedad y claridad, de modo que 6&te es uno

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54 MISCELANEA FILOSOFICA de aquellos puntos en que yo juzgo que hay una dificultad insuperable, por la diferencia que existe entre el orden mecanico y pausado de los sonidos, y la dignidad y prontitud de los pensamientos; en una palabra, entre el espiritu y la materia. Nuestra alma suple mucho a lo que oye, y nuestros labios no pueden pronunciar todo lo que ella ha euplido.

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CAPITULO V EL ARTE DE TRADUCIR ES EL ARTE DE SABER Esta maxima sacada si no a la letra, por lo menos conforme a la doctrina de Condillac, ofrece algunas dificultades, y da motivo a muchas consideraciones ideol6gicas. Traducir no es mis que hacer una sustituci6n de signos, y esto parece que no puede practicarse si anticipadamente no se conocen unos y otros, para saber los que pueden sustituirse; y asi a primeravista no se cree que la traducci6n puede ensefiarnos cosa alguna, pues al contrario, es preciso saber para traducir, y no traducir part saber. No hablamos aqui precisamente de la traduccidn de uno aotro idioma, sino de la que se hace presentando unos signos que conocemos, en lugar de otros mis oscuros, pero que tienen exacta correspondencia con los sustituidos. Para formar juicio de la exactitud de la maxima que hemos expuesto, y de los limites a que deba reducirse su aplicaci6n, advirtamos que en el estado actual de nuestros conocimientos, adquiridos todos por sensaciones, y ligados estrechamente a unos signos, es imposible pensar sin el auxilio de 6stos. Por mis eafuerzo que hagamos para excluirlos, jambs podremos conseguirlo, y la experiencia prueba que siempre que pensamos nos parece que oimos hablar, y muchas veces proferimos palabras sin advertirlo, y

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56 MISCELANEA FILOS6FICA se dice que hablamos solos. Luego se infiere que pensar es lo mismo que usar de los signos, y pensar bien es usar bien de ellos. Pero de qu6 modo aprenderemos a hacer un buen uso de los signos? Observando su correspondencia, el valor de cada uno, y sus diversas aplicaciones, todo lo cual constituye la gran ciencia de la traduccidn ideoldgica. No es preciso conocer antes el objeto en todas Bus relaciones, para aplicar los signos, y aun tengo por cierto que repetidas veces ignoramos la naturaleza de dicho objeto, y ilegamos a investigarla por los mismos signos que vamos sustituyendo. Deben distinguirse dos casos: el uno en que nuestro entendimiento investiga por si mismo las propiedades de los series; el otro, en que las deducen por un signo que se le presenta. En el primer caso seguramente los signos no dan ideas, sino sirven como unas demarcaciones para fijar los pasos que vamos dando; y esto no puede hacerse si el entendimiento no percibe la propiedad del objeto, a la cual aplica el signo, pues seria lo mis absurdo pretender que hacemos aplicaciones antes de advertir el objeto a quien se hacen; mas en el segundo caso, los mismos signos dan ideas, siendo innegable que la prictica de sustituirlos, facilita a nuestro entendimiento la inteligencia de alguno de ellos, que se le presentan con oscuridad. Un signo compuesto envuelve relaciones, que unas a otras se confunden, y fatigan a nuestro espiritu, por lo cual conviene separarlas; y esto no se consigue sino por medio de signos mis sencillos, que por prictica sabemos que corresponden al signo complicado que nos molestaba. Repito siempre que por prictica ha-

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CUESTIONES MISCELANEAS cemos estas sustituciones, porque es claro que una de las grandes ventajas de los signos consiste en ahorrar al entendimiento el trabajo de repetir a cada instante el anhlisis que hizo para conocer los objetos. Repetido el signo, ocurren prontamente a nuestro espiritu muchas nociones particulares, que todas ellas reunidas forman la idea total, o imagen del objeto, y que seguramente no recordariamos si no tuvi6ramos este auxilio. Se infiere, pues, que por medio de los signos abreviamos los procedimientos intelectuales, formando unos conjuntos de innumerables nociones, que ya no pueden confundirnos, porque constituyen como unas masas separadas, quedando reducidas a un cierto nimero de individuos intelectuales, si puedo valerme de esta expresi6n, las infinitas ideas, que desenlazadas, presentarian una dificultad insuperable al entendimiento. Haciendo la sustituci6n de signos, la hacemos de estos conjuntos, que no son otra cosa que las imfgenes de los mismos objetos; y, por consiguiente, analizados los tiltimos signos, que resultan de la traducci6n, sabemos los objetos que componen el total que queriamos conocer. Si prescindiendo de la practica en el manejo de los signos hubi6ramos querido analizar el objeto detenidamente, como si nada supi6ramos acerca de 61, y careciAramos de medios abreviados para analizarlo, seguramente hubieramos tenido los mismos resultados, pero con mucho mis trabajo. De esto tenemos una prueba bien clara en el Algebra. Un profesor puede muy bien investigar ]a f6rmula necesaria para tal o cual caso, y tambi6n el modo de aplicarla; pero, sin embargo, se tienen formulas conocidas, que en el momento MTSC. PILOSOFICA 6

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58 MISCELANEA FILOSOFICA se aplican, y queda resuelto un punto dificil a primera vista, sin que casi cueste trabajo al matemaitico. Pero no esta reducida toda la ciencia de la traducci6n ideol6gica a encontrar las verdaderas relaciones de los signos, y las ideas que cada uno de ellos envuelve, o, lo que es lo mismo, su valor; se necesita, ademis, saber el orden con que deben presentarse, no s6lo para que expresen los objetos como son en si, y seg6n estin colocados en la naturaleza, sino tambien del modo que sea mas a proposito para que el entendimiento pueda clasificarlos, y observar con exactitud toda Sn armonia. Esta es la raz6n por qui decia Condillac que una ciencia no es mas que un idioma exacto, como si dijera, un idioma despojado de todas las ideas accesorias e inconducentes, que el uso de los pueblos ha querido agregar al verdadero plan de nuestros conocimientos; un idioma que no limitindose a expresar las cosas, por los resultados de las operaciones intelectuales, indica el orden con que se practicaron istas, demuestra sn origen o enlace, sus perfecciones y sus vicious; en una palabra, un idioma que pone en verdadera relacion al hombre con tales o cuales objetos de la naturaleza. Efectivamente, si observamos lo que son las ciencias para nosotros, conoceremos que se reducen a un conjunto de nuestras relaciones con una u otra clase de objetos, pues a la verdad toda la naturaleza no es para nosotros mis que un conjunto de causas de innumerables sensaciones. El hombre naturalmente refiere a si mismo todos los objetos, y dice que los conoce cuando sabe la relaci6n que tiene con ellos, y los llama frios, calientes, duros, blandos, etc. No

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CUESTIONES MISCELANEAS 59 hay duda que muchas veces parece que formamos nuestra ciencia, de las relaciones que tienen los objetos entre si, y no con nosotros, como sucede al gedmetra que compara la superficie de un triingulo con la de un paralel6gramo de igual base y altura, deduciendo que una es la mitad de la otra, o la de una esfera con la del cilindro circunscrito, manifestando que son iguales; pero aun en estos casos el hombre no constituye su ciencia sino observando las sensaciones que le causan el triangulo, el paralel6gramo, la esfera y el cilindro, y advirtiendo el orden con que su entendimiento ha ido investigando dichos objetos, y el uso que puede hacer de ellos, como si dijeramos, las relaciones de utilidad que se hallan entre estos objetos y el mismo hombre. Se infiere, pues, que es preciso para que el arte de traducir sea el arte de saber, que la traduccidn ideol6gica se haga sin perder de vista el orden con que nuestra alma ha percibido los objetos, pues no basta presentarlos como son en si, o mejor dicho, como creemos que son, sino se procura que el lenguaje est4 conforme al orden de nuestras operaciones intelectuales. Esta doctrina de Condillac nos conduce a observar la gran diferencia que hay entre saber y tener muchas ideas. Sabe el que es capaz, por decirlo asi, de formar en conocimiento nuevamente, indicando las operaciones que habia practicado para adquirirlo, y percibiendo toda la relaci6n de ellas; pero basta para tener muchas ideas, haber oido mucho sobre una ciencia, y tener en la memoria un gran nimero de proposiciones exactas que pertenezean a ella.

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CAPfTu.o VI PREOCUPACIONES Asi como las enfermedades tienen distinta gravedad, y producen diversos estragos seg6n la naturaleza del cuerpo de cada individuo, aunque sean unas mismas sus causas, asi tambi6n las preocupaciones, que son unos verdaderos males del espiritu, causan distintos efectos seg6n el diverso estado de los entendimientos en que se hallan. Toca, pues, al fil6sofo, observar en los casos particulares qu6 conducta debe seguirse, para destruir, si es posible, tal o cual preocupaci6n, en esta o en aquella persona; o desengafiarse y conocer que el mal (como sucede con frecuencia) es incurable, y que el pobre que lo sufre debe mandarse al apartado de las ciencias, como suele hacerse en los hospitales con los enfermos que no dan esperanza. Conviene, sin embargo, hacer algunas observaciones generales, que siempre serin inexactas como todas las semejantes, pues sabemos que no hay proposiciones verdaderamente universales, y que cuando 6stas se han tenido como principios de las ciencias, han causado los mayores trastornos en ellas; pero con todo en el caso present pueden ser de alguna utilidad, supuesto que s6io se trata de indicar lo que

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CUESTIONES MISCELANEAS 61 sucede con mis frecuencia entre los hombres, y sirve para guiarnos en la investigacidn de lo que es probable que acontezca seg6n las circunstancias de las personas. La edad, los intereses, la ilustracidn y el origen de las preocupaciones, son los elementos que deben entrar en el cilculo de la permanencia de elkas, y de los efectos que producen. Cuatro son las fuentes principales de la preocupaci6n, segdn he manifestado en mis Lecciones de Filosofia y ahora no har6 mis que indicarlas: trato social, anilisis imperfecto, timidez literaria e inconsideracian; pues no hay duda que si nos hallamos preocupados, proviene esto, o de lo que hemos oido siempre a los demis, o de las investigaciones imperfectas que nosotros mismos hemos practicado, y que creemos exactisimas, o de la persuasion en que estamos de que una cosa es muy dificil, o iltimamente del poco cuidado que hemos puesto en investigar una materia, y pasado algiin tiempo, en que siempre hemos repetido las primeras ideas que adquirimos acerca de ella, llegamos a habituarnos a cierto modo de pensar, y decimos lo que siempre hemos dicho sin saber por qu6 lo hacemos. Es preciso observar estas cosas con atenci6n, y para ello reflexionemos primeramente los efectos que produce cada especie de preocupaci6n, segin su diverso origen, que acabamos de asignar, la tendencia que tienen los hombres segin sus circunstancias a ciertas preocupaciones, y ailtimamente nos detendremos en contemplar de qu6 modo ]a ilustraci6n sirve de contrapeso a las preocupaciones, y aun consigue ven-

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62 MISCELANEA FILOSOPICA cerlas haciendo que el entendimiento se incline al lado opuesto, que es el de la raz6n. La nifiez, y aun la juventud, dan fAcil entrada a la preocupaci6n, que proviene del trato social, pero jams se radica en t6rminos que no pueda separarse de su espiritu, pues parece que el hombre en estas edades, persuadido de que empieza la carrera de su vida, y ensefiado por la experiencia de los primeros afios, en que todo para 61 era nuevo, y parece que un portento se segnia a otro en la naturaleza y en la sociedad, defiere ficilmente a lo quo se le propone, aunque sea contrario a todo cuanto sabia, pues gusta en cierto modo de que continue esta serie de novedades. Si una mano diestra se vale de la isma novedad, y sabe presentarla a la juventud de un modo interesante, lograri despreocuparla sin mucho trabajo. Un obsticulo es el 6nico que hay que veneer respecto de la ninfez, y este consiste en aquella natural deferencia que tienen todos los nifos hacia sue padres, y demis personas que los educan, de modo que la veneracion suele entenderse en ellos hasta el extremo de ligar su entendimiento; pareciendoles un absurdo, y un atentado cuanto se dice contrario al dictamen de personas tan respetables. Mas si la raz6n se presenta con pass moderados, y eva consigo el mismo aire de respeto, la nifiez es muy justa, y por consiguiente muy d6cil, de modo que podemos conducirla hacia lo recto con la mayor facilidad. La juventud siempre fogosa presenta otra case de obsticulos, que consiste en la animosidad con que se resigna un joven a defender sus ideas, como si sostuviera sue

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CUESTIONES MISCELANEAS 63 mis sagrados derechos, hallando tanto placer en una victoria literaria, como si hubiera vencido al enemigo mis denodado en el campo de la guerra. Por eso es maxima, cuya utilidad comprueba la experiencia, no arrostrar a la juventud en sus opiniones si queremos destruir su preocupaci6n, ya provenga del trato social, ya sea fruto de un anilisis imperfecto, o lo que es lo mismo, de una mala investigacion. No hay duda que estos obsticulos se vencen facilmente, y asi es observaci6n muy exacta que las reformas tiles en las ciencias, en la politica, y en toda clase de objetos tienen cabida en la juventud primero que en cualquier otra edad, y que los j6venes suelen ser los primeros defensores de la raz6n contra lo que el tiempo lega a autorizar entre los hombres, sin mis fundamento que la misma antigiiedad. La mayor edad, y apn mucho mAs la vejez, se adhieren con mis fuerza a las pricticas que siempre han oido, de modo que, entre los ancianos, vale mucho el toda la vida se ha hecho, siempre se ha dicho. Es muy dificil comprender que esta adhesi6n a lo que siempre se ha practicado, proviene mis de un hibito que de un convencimiento; mas no por esto se crea que es faicil prekentar las cosas en tales terminos, que convenzan al que nunca ha querido verlas. Si algunas veces se consigue, muy pocas eacede que varien de sistema, pues el convencimiento no destruye el habito de operaciones contrarias, cuando la ilustraci6n, seg6n expondremos.mis adelante, no illega a ser igualmente habitual, y puede

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64 MISCELANEA FILOSOFICA contrapesar los esfuerzos de la costumbre. ;Dificil empresa es por cierto reformar un anciano! La preocupacidn que proviene de anilisis imperfecto, esto es, de investigaciones inexactas, casi no produce efecto en los niios, siendo cierto que con la mayor facilidad se consigue que varien de dictamen, pues aun no tienen deseo de rivalizar a los que creen superiores por edad y luces. Muchas veces se nota una especie de contumacia en los nifos, que parece propenden a sostener de todos modos las opiniones que han tenido por algin tiempo, mas esto no proviene tanto de la preocupacidn como del habito adquirido, pues nadie duda que entregada la ninez a personas poco instruidas, y siendo inevitable que sus primeras lecciones sean inexactas, se habitnian necesariamente a repetir ciertas ideas, y por una especie de instinto suelen sostenerlas. Si observamos los ninos con atencidn, advertiremos que todo su empeflo es acertar, y que en ellos la naturaleza se presenta con toda su dignidad. Los vemos desechar sus opiniones luego que estin convencidos, y sostenerlas mientras se creen con razones para ello; pero ni en uno ni en otro caso tienen otro empeflo que el de adquirirse conocinientos exactos. Con todo no puede negarse que los efectos de la costumbre en la nifiez suelen ser tan funestos que inutilizan al hombre para toda su vida. El medio mis seguro de destruir en los nifios la preocupaci6n que proviene de anhlisis imperfecto, y el hfbito pernicioso que ella produce, es sin duda presentar los objetos de un modo enteramente nuevo, procurar que ni las voces, ni las circunstancias, presenten una relaci6n clara,

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CUESTIONES MISCELANEAS 65 o tendencia a las ideas que ocupan su entendimiento. Si no se toman estas precauciones sucede con frecuencia en las investigaciones lo que vemos que acontece en la memoria, y es que cuando repite un ninio alguna clAusula que se parece a otra de distinto asunto, pasa insensiblemente, y le oimos relatar una materia totalmente distinta, sin que 61 advierta la incoherencia de sus discursos, pues todo an empeflo es repetir los signos, y todo cuanto hace es mecinico. Hemos dicho que la juventud es mhs celosa de en honor literario, y que forma, por decirlo asi, un plan de defense para sostener los resultados de sus investigaciones; pero sin embargo hay en ella una causa que facilita su despreocupaci6n, pues ningiin joven quiere pasar por de ideas anejas, y si prevee que su terquedad le ha de poner en ridiculo, prontamente desiste de su opinion. No sucede lo mismo a los ancianos; 6stos ya miran las cosas de un modo muy distinto, y confirmAndose cada vez mas en sue antiguas doctrinas, compadecen o desprecian a los que se oponen a ellas. En una cabeza cubierta de canas, rara vez ha lugar a reformas de opiniones La prudencia pide respetar la ancianidad, y no empeflarse en reformarla, porque es vano empeflo. La preocupacidn que proviene de timidez literaria, tiene lugar en los niflos, y en los ancianos; pero rara vez en los j6venes que regularmente propenden a emprenderlo todo, y a creer que nada puede resistirse a sus esfuerzos. El ninfo ve ciertas cosas como reservadas a edades superiores, y persuadido de la debilidad de sus fuerzas, suele anonadarse, y no dar

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66 MISCELANEA FILOSOFICA un paso adelante creyendo que todos serin initiles. Por esta raz6n, los sabios profesores que manejan la ninez con acierto, procuran presentar todas las cosas, aun las mis dificiles, como si fueran fAciles, ocultando el trabajo que ha costado investigarlas, y si es possible ofrecen solamente a la contemplaci6n de los niflos, una pequefla parte de los objetos que quieren ensefiarles, y evitan que prevean toda la que ban de aprender. De este modo suele conducirse a un mino como al caminante, a quien se dice al principio que ha de caminar una legua, despuis se le suplica que canine otra, y asi se le conduce a una gran distancia, cuya noticia anticipada le hubiera abatido. Uno de los inconvenientes que tiene el sefialamiento de tiempo para los cursos literarios, es sin duda lo mucho que hace desmayar a los principiantes. La experiencia me ha manifestado que cuando en el colegio de San Carlos de la Habana, se empleaban trees aflos en el studio de la Filosofia, seg6n la antigua costumbre, solian decir mis discipulos al principio: treess aflos para aprender la Filosofia! itanto tiempo! ;mucho es el trabajo! Me veia, pues, en el estrecho de manifestarles que para las nociones elementales que iban a recibir, bastaba un aiio para un joven de grande luces, y que dos eran suficientes al mis torpe. De lo cual inferian que iban a sacrificar un aflo de su carrera por mera costumbre. Pos. teriormente se imit6 el tiempo a los dos alos, y tuve la satisfaccidn de experimentar que los efectos correspondian a mis deseos. En cuanto a la timidez literaria de los ancianos, es preciso considerar que despu6s de haber empleado

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CUESTIONES MISCELANEAS 67 muchos anos en la investigaci6n de ciertos puntos sin firuto alguno, legan a persuadirse que son incomprensibles, y por mis que se lee diga que se han descubierto nuevos medios para explicarlos, screen que todos son delirios, o vanos ensayos de una juventud presuntuosa. Nunca supo un anciano la causa del flujo y reflujo del mar, oy6 varias veces la ap6crifa an6cdota de la muerte de Arist6teles que dicen se arroj6 al mar pronunciando estas palabras desesperadas: non possum te capere, cape me; pens6 siempre que le era imposible exceder en conocimientos al principe de los fil6sofos, y ya no hay quien le pueda hacer entrar con franqueza en el examen de los nuevos sistemas. En vano se le hablari de la atracci6n del Sol y de la luna, y del movimiento de la tierra como causas de estos fen6menos; el buen viejo se reiri de todo, como si oyera la narraci6n de una fibula. Es menester, pues, en tales casos, manejar a los viejos como a los ninos, Lien que esto es dificil porque son demasiado resabidos para que no prevean a d6nde se lee quiere conducir, y ademas el respeto que merece la ancianidad, es un obsticulo a ciertas tentativas que divertirian a un nifo, y seguramente ofenden a un anciano. La inconsideracion es propia de los nifios y los j6venes, pero no estin libres de ella los ancianos. Con todo es preciso confesar que las preocupaciones provienen de este origen; aunque son its mis generales, son igualmente las mis fAciles de destruir. El hombre no puede fijar en atenci6n en todas las cosas; innumerables de ellas se pasan sin examen, y se repiten por costumbre. Mas estos conocimientos su-

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68 MISCELANEA FILOSOFICA perficiales, como no son el fruto de un gran trabajo, no interesan tanto y se defienden menos, pues deseamos rectificarlos. Esta es la causa por qu6 se entra frecuentemente en la investigaci6n de ciertos puntos a la primera noticia que se tiene del error en que estibamos acerca de ellos, y suele suceder con igual frecuencia que convienen los hombres en sus ideas, y dan iguales pass en la investigaci6n, sin que haya el menor altercado. No se creen con un derecho a las nociones anteriores, y de este modo hacen sin violencia el sacrificio de todas ellas por adquirir algunas exactas. Se nota esto mis que en todos en los sabios que no han estudiado una u otra ciencia, v. gr. el matemAtico que nada entiende de derecho, ni jams ha pensado en examinar estos puntos, pues vemos que ficilmente se sujetan al dictamen de un inteligente, en dichas ciencias que ignoran, y desechan las ideas que por inconsideraci6n tenian acerca de ella. De lo que hemos observado puede inferirse que las preocupaciones que provienen del trato social, y del anilisis imperfecto, no solo separan nuestro espiritu del camino de la verdad, sino que aumentan positivamente nuestros errores, comunicandonos un gran nazmero de nociones inexactas que se aumentan coda vez mis en proporci6n de los esfuerzos que hacemos para sostenerlas. Es muy f6rtil en recursos un entendimiento preocupado, y que se decide a no perder cosa alguna de cuanto ha adquirido con much estudio; inventa nuevos absurdos, que le pa; recen nuevas verdades, porque son nuevos apoyos del edificio que antes habia formado, y se implica

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CUESTIONES MISCELANEAS 69 por grados el sistema de sue ideas. Nada es mis perjudicial que estas preocupaciones. Las que provienen de timidez literaria, no hacen mis que detener al espiritu y privarle de los frutos que podria recoger en el campo de las ciencias; pero la inconeideraci6n fija los errores, aunque no del modo que el trato social y el anilisis imperfecto. Para hablar con mis brevedad, diremos que la timidez literaria y la inconsideraci'n nada producen positivo, mas el trato social y el anilisis imperfecto son fuentes de nuevos errores, y por esta causa son mas perjudiciales, ilegando a serlo en sumo grado cuando se ballan en un anciano, pues tienen ya unas races tan firmes y entretejidas, que es imposible arrancarlas. Hemos considerado hasta ahora los efectos de las preocupaciones, segan su diverso origen y el estado del entendimiento en que se hallan; resta que observemos de qu6 modo se opone la raz6n a ellas en todas las edades del hombre, y cuail es el fruto de esta continua lucha. No hablo de los conocimientos cientificos, pues estos a veces suelen hallarse en hombres que por otra parte son los mis preocupados, ni del talento que suele emplearse con frecuencia en aprender absurdos, sino del sano juicio que consiste en cierto tino mental, para no dar a las cosas mis m6rito que el que en realidad tienen, y elegir siempre lo mis 6til, atendida la naturaleza de los.objetos, sus circunstancias, los tiempos, los lugares y las personas. Este sano juicio es a veces un don de la naturaleza, o para hablar con mis exactitud, es un don constante de la naturaleza, y producirfa sus ben6ficos efectos

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70 MISCELANEA FILOSOFICA en todos los hombres, si la sociedad no presentara innumerables obsticulos. Se debe, pues, a la exacta educaci6n el que ciertos hombres se hallen dotados de esta sensatez, y que en todos los casos de la vida demuestren una facilidad para mudar el plan de sus ideas, sean cuales fueren sus preocupaciones anteriores; ;cuintos ancianos vemos nivelados a la altura a que modernamente han subido las ciencias, y cuintos vemos que con mis trabajo y mayor namero de ideas, se hallan tres o cuatro siglos atris! jDe qu6 proviene esto? No es seguramente del poco empefio en aprender, ni del desarreglo de las pasiones, pues muchas veces advertimos estos defectos en hombres moderadisimos, y que tienen el mayor deseo de progresar. Proviene, a mi ver, de que la raz6n no esti habituada en ello a correr con libertad, y a reprimirse cuanto fuere necesario; no estin habituados, repito, a variar sus ideas segdn los nuevos descubrimientos, y por mis esfuerzos que hagan contra si mismos, su espiritu no puede dejar de considerar las ideas que ha adquirido, como un tesoro que debe defender contra todos los que quieran robarle. En esto de raz6n y sensatez el hibito puede mucho; si 6ste es arreglado las preocupaciones jams podrin radicarse; pero si es vicioso dificilmente podri la razdn vencerle, pues siempre volveri a repetir Io mismo que tantas veces ha hecho. Yo no dudo que la ancianidad de los j6venes que cursan hoy nuestras escuelas, seri algo mis despreocupada que la que observamos en nuestros mayores. No hay duda que en el espiritu se observan doe cosas muy diferentes, que son el plan de las ideas

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CUESTIONES MISCELANEAS 71 y el mitodo, o mejor dicho, la costumbre que tiene cada uno en alterarlas, y establecer nuevo orden, o conservarlas si las cree exactas. Es muy frecuente observar dos hombres que tienen un mismo plan de ideas, y ambos las ban conservado por mucho tiempo, y sin embargo en el uno ha echado, por decirlo asi, fuertes y profundas races la preocupaci6n que en el otro es tan superficial, que cede al menor esfuerzo de la raz6n. Proviene esto de que son pocos los que en la prhctica procuran despojarse de las preocupaciones, atendiendo s6lo al fundamento de las cosas, aunque son muchos los que afectan bacerlo, y aun predican las ventajas de semejante conducta, y los males que acarrea una obstinaci6n de opiniones. No debemos concluir este tratado, sin bacer algunas reflexiones interesantes sobre una preocupaci6n muy frecuente, pero poco advertida, que consists en preocuparse por no ser preocupados, o en el temor de la preocupaci6n. En los j6venes suele ballarse 6sta con alguna frecuencia, pues persuadidos de que hacen un papel ridiculo, si pasan por preocupados, y deseando ilustrarse por todos los medios posibles, suelen degenerar estos buenos sentimientos en una ligereza perjudicial; y lee vemos variar de opiniones a cada paso sin mis raz6n que el no tener ideas aflejas. Por esta casa suelen quedarse sin una instrucci6n s6lida, lenando sus cabezas de ideas mal digeridas, pues no ban dado tiempo a que se corrijan por la meditaci6n y por la experiencia, resultando que a veces desechan lo verdaderamente 6til porque no la conocieron, y quedan ya tan preocupados en contra. que dificilmente se consigue que retrocedan y ad-

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72 MISCELANEA FILOSOFICA mitan lo que una vez desecharon. La novedad es para ellos un idolo a que sacrifican todas sus ideas, y asi es preciso valerse de la misma novedad, si se quiere sacar partido de ellas. Son innumerables los males que han sobrevenido a la sociedad por esta clase de preocupaci6n en la juventud, pues 8iendo 6sta la edad mis fogosa, es la mis animada, y sus esfuerzos regularmente son funestos en el orden moral y en el politico. Lo mis sagrado, Jo mAs justo, lo mis comprobado por la raz6n y por ]a experiencia, sufre ataques fortisimos, si una mano perversa present estos dignos objetos bajo el aspecto de la antigiiedad Tie equivale entre ellos al de absurdo y ridiculo. ;Cuainto interesaria al g6nero humano desterrar esta clase de preocupaci6n!

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CAPITULO VII INFLUENCIA DE LAS PASIONES EN LA EXACTITUD DE NUESTROS PENSAMIENTOS En el tratado de la Direccidn del espiritu humano, que se halla en el primer tomo de mis Lecciones de Filosofia, he procurado manifestar los obsticulos que presentan a nuestro espiritu las pasiones, y c6mo ellas mismas son el principio de todos nuestros progresos. Todo hombre se conduce por alg6n bien, y si trabaja por conseguirlo es por la pasi6n que tiene hacia 61; de modo que un hombre sin pasiones quedaria reducido a un ser inerte, para el cual ni las ciencias ni las artes podrian tener el menor atractivo, ni merecer el menor estudio. Mas si las pasiones son desarregladas trastornan todas nuestras ideas, no permiti6ndonos que observemos los objetos sino bajo ciertas y determinadas relaciones, fingidas las mhs veces a nuestro antojo. Hay, sin embargo, un grax error en creer que todas las fuertes pasiones son contrarias a la rectitud de nuestros pensamientos. Para convencernus basta observar que un matemitico que halla todo su placer en sus chlculos, y que casi delira con ellos, adquiere extensos y exactisimos conocimientos, dici6ndose lo mismo del quimico que pasa los dias en sus ensayos; Misc. FpLos6FicA 7

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74 MISCELANEA FILOS6FICA y del astr6nomo que siempre est& mirando al cielo. Se infiere, pues, que s6lo el desarreglo y no la intensidad de la pasi6n suele ser obsticulo de nuestros conocimientos. Es por tanto un error creer que todo el que discurre apasionado discurre mal, y hacen una injuria a la raz6n los que para indicar que alguno se extravia en sus discursos, dicen que esti apasionado. Esta expresi6n no puede aplicarse sino cuando se conoce por signos claros que las pasiones toman un giro totalmente opuesto al recto juicio, y que de tal modo han legado a apoderarse del espiritu, que le privan de toda ]a libertad en contemplar los objetos. Pero gqu6 signos pueden indicarnos un estado tan deplorable del espiritu humano? Examinemos este punto detenidamente. El acaloramiento es un signo muy equivoco, pues acompafia al justo que defiende lo recto, y al perverso que quiere cohonestar su perversidad, al fil6sofo que sostiene los derechos de la raz6n, y al preocupado que se empefia en sostener quimeras. Sin embargo, se observa que la calma o la tranquilidad en las discusiones suelen acompafiar a la despreocupaci6n, y a la exactitud de las ideas; y esto ha conducido a muchos a creer que el hombre acalorado no discurre bien. Nunca es mis f6rtil en grandes pensamientos; el 6nico temor que hay es que una pasi6n justa produzca por desgracia otra desarreglada, quiero decir, que al laudable empeflo de encontrar la verdad, se agrega el de sostener que ella se ha encontrado sin permitir nuevas reflexiones,

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CUESTIONES MISCELANEAS 75 y teniendo por una p6rdida todo cuanto se destruya en las ideas adquiridas. La capacidad en presentar las cosas, ocultando ciertas relaciones, que pueden ser contrarias al intento que alguno se propone, la incoherencia y precipitacion de las ideas, el empefio en esforzar ciertos y determinados puntos, dejando otros como desamparados, o con d6biles fundamentos, tales son, a mi ver, los principales signos que nos indican el dominio de las pasiones sobre la raz6n. Se me dir que esto arguye mis una perversidad que un trastorno de ideas: pero es preciso advertir que aunque estas estratagemas suelen ser fruto de la depravaci6n, regularmente no tienen otro origen que el deseo de que todos piensen de un mismo modo, y el entendimiento que ha illegado a persuadirse de que ha encontrado la verdad, mira los esfuerzos contrarios como irracionales, y procura evitar todos los motlivos de que se repitan. Esta es la causa por que se nota una capciosidad reprensible, aunque el que la use s6eo se proponga ilustrar a los demis. Llegan los hombres en ciertos casos a tener por locos a todos sus semejantes, y de buena fe creyendo hacerles un gran favor, los tratan como tales, ocultindoles siempre todo cuanto pueda recordarles el tema de su locura. No hay una prueba mis clara de que ellos mismos estin locos, si por esta expresi6n entendemos el trastorno del espiritu en el uso de sus facultades intelectuales. Es innegable, con todo, que cierta clase de hombres se halla tan lena de preocupaciones, que los mis sensatos se ven obligados a valerse con ellos, de ciertos recursos para traerlos a buen sentido, que a

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76 MISCELANEA FILOSOFICA primera vista parecen irracionales, pero que en realidad son muy justos. Hablamos, pues, de aquellos delirantes, que aun tratando con hombres de ilustraci6n y sensatez, se atreven a valerie de ciertas supercherias, que no se le pueden ocultar al entendimiento mis torpe, y que ellos creen que no serin percibidas. jQu6 prueba mis clara de que su pasi6n les ha cegado? Hay ciertas materias que por su naturaleza dan lugar a que las pasiones impidan el uso de nuestro entendimiento; pero otras son por si mismas tan claras y tan opuestas a todo trastorno, que por mis fuertes que sean los ataques del coraz6n contra el entendimiento, 6ste quedari siempre libre y expedito. Supongamos que un matemitico por adquirirse aura popular, o por oponerse a sus 6mulos, se propone persuadirse a si mismo que los trees ingulos de todo triingulo no equivalen a dos rectos. gLo conseguiri? Y si lo consigue gno seri preciso concluir que esti enteramente loco? No sucede lo miemo en las verdades metafisicas y morales, y en todas las abstractas, y asi vemos dividirse los hombres con la mayor facilidad, aprobando unos lo que otros deprueban, y nunca faltan recursos al entendimiento para inventar sutilezas y vanos efugios cuando el coraz6n se halla ocupado por pasiones desarregladas, que legan a dominar todas las facultades del espiritu. En las materias evidentes sean del orden que fueren, y en aquellas cuya demostraci6n depende de objetos todos sensible, no es ficil, y sucede rara vez, que las pasiones ileguen a dominar al entendimiento; pero en las materias abstractas que se de-

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CUESTIONES MISCELANEAS 77 ducen remotamente de las verdades demostradas, es muy ficil que el espiritu no vea las cosas sino bajo el aspecto en que quieran presentarlas sus pasiones. Concluyamos, pues, que es necesario observar, no solamente los signos que indican el domino de las pasiones sobre el entendimiento, sino tambi6n la naturaleza de las materias de que se trate para inferir hasta qui grado puede implicarse el plan de las ideas, y el uso de las facultades intelectuales. Pocos objetos merecen una atenci6n tan detenida, pues la mis leve falta en su examen nos expone unas veces a clasificar de inexactos los mis sublimes pensamientos del hombre apasionado, y otras nos conduce insensiblemente a los mis funestos errores, por no advertir los lazos que tienden las pasiones a ]a raz6n para aprisionarla.

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CAPITULO VIII SOBRE LOS ARGUMENTOS SACADOS DE LA HISTORIA Nada es mis titil y aun necesario al hombre que observar en el cuadro de las generaciones pasadas el origen de los males que han afligido a los pueblos, los errores que se han apoderado de los mis grandes talentos, los progresos que en contraposici6n a ellos ban echo las luces en todos tiempos, las circunstancias favorables o adversas que han precedido y acompafiado a cada uno de los acontecimientos; y ailtimamente la influencia que pueden tener en lo futuro, la conducta que debe seguirse para evitar los males que tanto le horrorizan, y proporcionar los bienes que tanto desea. La historia es sin duda la maestra de la vida, y un dep6sito inagotable de objetos dignos de la contemplacidn de un fil6sofo; pero al mismo tiempo suele ser principio de innumerables errores, que se establecen tanto mis cuanto se screen confirmados por mayor ndmero de hechos hist6ricos. Naturalmente pensamos que una cosa sucederi, cuando en semejantes circunstancias siempre ha sucedido; mas aquf es donde esti el escollo en que muchos han naufragado. Casi es imposible que dos hechos tengan unas

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CUESTIONES MISCELANEAS 79 mismas circunstancias, pues el caricter de las personas, sus intereses, sus pasiones, todo muda seg6n los diversos tiempos; y un general romano, por ejemplo, tenia ideas, sentimientos, costumbres e intereses muy diversos de los que puede tener uno de nuestros generales; de modo que aunque las circunstancias de una batalla parezcan id6nticas, en realidad no lo son, y es muy inexacto el paralelo. A muy poco que se reflexione, es ficil convencerse de que todo argumento hist6rico no es mis que una paridad imperfecta; y que mientras mis se reiinen dichos argumentos, mis se multiplica el nnimero de las diferencias, al paso que la relaci6n ainica, que nos sirvi6 de norma para comparar los hechos, aunque se multiplica, constituye siempre una sola especie, que contrapuesta al gran ninmero de relaciones contrarias, va perdiendo cada vez mis de su valor. Esto pareceri una paradoja a muchos, porque estin acostumbrados a que se aglomeren hechos histdricos sobre cualqnier asunto, creyendo darle el mayor comprobante, y granjeindose los qpie siguen esta conducta un gran cr6dito de sabios. Pero observemos las cosas, no como suelen presentarse, sino como las han visto siempre los hombres de juicio, y como la raz6n dicta que se vean, sea cual fuere la prictica establecida en esta materia. Los argumentos hist6ricos no tienen otro objeto que presentar causas id6nticas que han producido tales o cuales efectos en la antiguiedad, y que se espera produzcan los mismos en el estado presente; o bien poner a la vista las acciones virtuosas o criminales de los antiguos, cotejindolas con las cos-

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80 MISCELANEA FILOSOFICA tumbres de los pueblos que ahora existen, o de alguna persona particular. Pero Zquien podri estar seguro de esta pretendida identidad de causas? El sabio Leibnitz opinaba que no s6lo no existen, pero ni pueden existir en la naturaleza fisica dos cosas perfectamente iguales, y aunque yo jams admitir6 esta imposibilidad, no puedo negar que en los seres existentes bay pocos idinticos, y que esta observaci6n debe extenderse igualmente al orden moral, y al politico. ZHabri dos hechos tan iguales, que puedan clasificarse como causas identicas? Se infiere, pues, que los argumentos hist6ricos son los mis d6biles cuando se quieren presentar como prueba para establecer una norma de operaciones actuales, siempre que se pretenda arreglarse a ella absolutamente. La historia puede ser muy fitil para manifestar los vicios y las virtudes de los hombres, excitando el aprecio o el odio de los actuales, porque la virtud siempre es virtud, y el vicio siempre es vicio, sean cuales fueren sus causas; pero no tiene tanta influencia como algunos creen en el orden moral y politico. He dicho tanta influencia, porque jams negar6 que su estudio es absolutamente necesario para conocer a los hombres, sacando utilidad de lo pasado en favor de lo presente y lo futuro; y s6lo me opongo al delirio de algunos que juzguen tan selido y convincente un argumento hist6rico como una demostraci6n matemitica. Las acciones humanas son hijas de la voluntad: 6sta es libre y hace ostentaci6n de serlo, variando de tal modo sus actos, que apenas puede la imaginacidn seguirlos. Lo que en tales circunstancias produjo un

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CUESTIONES MISCELANEAS 81 efecto, en otras, que a primera vista parecen idinticas, produce el contrario. Aun los series fisicos van degenerando en su naturaleza, ya perdiendo su antiguo vigor, ya reproduci6ndose con energia. Por todas parts se manifiestan diferencias, que cada una de ellas basta para invertir todo el orden que seguian las cosas antiguamente; de modo que estas consideraciones nos conducen a creer que el argumento hist6rico no puede suministrar otra cosa que una probabilidad a veces muy ligera. Hay sin embargo algunas relaciones comunes a una multitud de hechos, que siempre producen efectos semejantes aunque no id6nticos, y 6stas bien observadas forman el mejor argumento hist6rico, aunque jams presentan una prueba convincente. La ambici6n siempre ha conducido a los principes a cometer incursiones politicas; la avaricia en todos tiempos ha dado origin a innumerables males; en una palabra, siempre Los vicios han sido el principio de las calamidades de los pueblos, asi como las virtudes han sido la fuente de su felicidad. Esta observaci6n gen6rica puede conducir al fil6sofo a sospechar que los pueblos que se hallan con los mismos vicios, o con las mismas virtudes que otros antiguos, Regan, al fin, a los mismos resultados; y que un principe, por ejemplo, que desplega el mismo caracter de otro que en la antigiiedad fu6 conocido por su virtud, o por sue crimenes, probablemente seguira sus huellas, pero todo esto no pasa de una probabilidad; y es muy extrafio el gran m6rito que algunos quieren dar a semejantes argumentos. Sucede con frecuencia que por una ostentaci6n

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82 MISCELANEA FILOSOFICA hist6rica, se aglomeran los argumentos de esta especie, dejando intactos los que mis podian convencer en la causa que se sostiene, pues a la verdad las razones sacadas de un anilisis detenido sobre las circunstancias y naturaleza del hecho de que se trata, son las verdaderas pruebas que pueden convencer nuestro entendimiento. La historia de lo que hicieron o pensaron los hombres sOlo puede inclinarnos a imitarlos, porque juzgamos que tendrian razones poderosas para ello; pero no nos persuade ni de la identidad de los hechos, ni de la justicia de los procedimientos. El hombre no desea tanto saber qu6 hicieron otros, como qu6 debe hacer en el caso que se le presenta, y la imitacidn no es para 1 otra cosa que un recurso en la perplejidad de sus ideas para hallar una disculpa de sus operaciones; o para aventurar un hecho por si acaso produce los mismos resultados que antes habia producido. Observemos que no todo el que imita lo hace por un verdadero convencimiento, que es el que resulta no de la autoridad, y de la preocupacion, sino del prolijo anilisis que se ha hecho del objeto. Comnnmente sucede que los hombres imitan por falta de consideraci6n, y por mera costumbre, de lo cual se infiere que aun la uniformidad de los hechos hist6ricos, o del modo con que han operado los hombres en ciertas circunstancias, no es siempre una prueba de la solidez de las razones que los han movido, y que los argumentos sacados de esta uniformidad, no tienen tanta fuerza como algunos creen, aunque en algunos casos puedan tenerla. Para convencerse de esto, figur6monos que en nuestros dias un politico

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CUESTIONES MISCELANEAS 8'3 dudoso del 6xito de las cosas actuales, se determine a imitar lo que en circunstancias a su parecer iguales practicaron otros. Es claro que este hombre no se halla convencido, y que casi va a jugar una suerte: supongamos que 6sta es favorable; ya queda clasificado el hecho centre los mis juiciosos, como si procediera de las reflexiones mas exactas. V6ase, pues, cuin inexacto es el concept que se forma de los argumentos hist6ricos teni6ndolos como el fruto de la sensatez, o mejor dicho, de la evidencia con que en todos tiempos se ban presentado las cosas. Se recogen los hechos favorables al intento que nos proponemos, y rara vez se atiende a los adversos, esto es, a aquellos en que las mismas causas produjeron muy contrarios efectos. El deseo de encontrar en la historia innumerables pruebas de su opinion, hace que un autor se empeoe las mis veces en ojear antiguos manuscritos exactos, o inexactos sacando de ellos como con pinzas cierto nimero de hechos que 61 ha visto bajo los coloridos que le inspiran su pasi6n; present despu6s los frutos de su dilatado trabajo, enlazando estos datos por medio de reflexiones que asegura se deducen de la naturaleza de ellos mismos, y queda comprobada por la historia una opinion totalmente contraria a ]a que tenian los antiguos. Ademis, es preciso advertir que la historia de los pueblos no es otra cosa que un conjunto de hechos principals, que aun prescindiendo de toda mala fe, no suelen tener otros comprobantes que la voz general, y las observaciones de personas que pudieron o no clasificarlos. Sea cual fuere el m6rito del his-

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84 MISCELANEA FILOSoFICA toriador, es imposible que todos los hechos est6n a su alcance bajo todas sus relaciones, pues la distancia de los lugares, el transcurso de los tiempos, la multitud y calidad de las personas, y otras circunstancias innumerables, producen una inexactitud necesaria. De aqui se infiere que es muy probable, o por lo menos muy posible, que en las circunstancias ignoradas por el historiador est6 la verdadera causa de los hechos que refiere. Mientras mis interesantes son los acaecimientos, mhs ocultas suelen ser sus causas, principalmente en la politica en que muchas veces se atribuyen a las causas manifiestas y conocidas de todo el mundo los efectos que provienen de principios muy diversos, y que pertenecen a los misterios de los gabinetes. En vista de estas reflexiones se conoceri ficilmente la grandificultad que hay en descubrir las verdaderas fuentes de donde provienen las pruebas que suelen alegarse como evidentes, no pasando verdaderamente de una probabilidad, que disminuye en raz6n de los tiempos. Debemos considerar igualmente que la ilustraci6n no ha sido una misma en todas 6pocas, pues ha habido algunas en que ban reinado de tal suerte las preocupaciones, que aun las personas del mayor m6rito no se han librado de ellas. En dichos tiempos se presentaron las cosas seg6n se veian, que es decir, bajo un aspecto enteramente contrario a su naturaleza; despu6s han querido los critics rectificarlas, pero jami estarin seguros de haberlo conseguido, supuesto que se omitieron o se dejaron de observar muchas circunstancias al tiempo de los acaecimientos, y despues ha sido preciso casi adivinarlas. ;Qu6 pocas

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CUESTIONES MISCELANEAS 85 historian habri escritas con un tino filos6fico! gY sin este tino podrin ofrecer otra cosa que un conjunto de materiales propios para ejercitar la paciencia de un anticuario, pero no para convencer el espiritu de un fil6sofo? Si se colectaran todos los hechos, o si colectados fuera posible retenerlos 4no tendriamos motivo para variar de opinion, aun en las cosas que juzgamos mis claras en la historia? En la oratoria es donde el vicio de sobrecargar los asuntos con hechos hist6ricos suele ser mis frecuente, y a la verdad mis reprensible. Se cree que es prueba de gran erudici6n y talento, lo que no es efecto sino de un verdadero pedantismo. El vulgo que por lo regular aplaude lo peor, y los literatos de mal gusto que no son capaces de apreciar la sencillez de los pensamientos, dan mil elogios a un orador que en un instante registra toda la historia antigua y moderna, sin que deje de salir a plaza algin h6roe de la antigiuedad, cuyas acciones tengan alg6n vislunbre de relaci6n o semejanza con las del sujeto de quien trata. No hay cosa mis despreciable para los hombres de juicio, que un discurso en que el orador se olvida de su intento que es enseiar, mover y deleitar, y se convierte en un historiador de rasgos inconexos que s6lo pueden agradar al que no tenga una idea de la naturaleza de una demostraci6n, y al que juzgue del m6rito de las obras por el trabajo que han costado, y de 6ste por el nimero -de cosas que se dicen, enti6ndanse o no se entiendan. Uno de los principales fines del ide6logo es aislar, por decirlo asi, los pensamientos removiendo cuantos accesorios no fueren absolutamente propios de la na-

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86 MISCELANEA FILOS6FICA turaleza del asunto, y usar del menor nimero de signos que fuere posible. De este modo se consigue que el entendimiento sin fatigarse, perciba de pronto toda la fuerza de un raciocinio. El orador que ademis de esto se propone deleitar y mover, se ve precisado a usar de algunos adornos y valerse de ciertos medios, cuya utilidad se haya comprobada por la raz6n y la experiencia; pero en el gran tino para colocar estos agregados se distingue un orador ide6logo de un charlatan incansable. La historia amontonada distrae el espiritu con una multitud de hechos, atormenta la memoria con nombres raros, hace muy dilatadas las partes de cada raciocinio, alejando las ideas principales en t6rminos que el entendimiento halla mucha dificultad en reunirlas, y de este modo viene a ser la mis imperfecta la obra que el vulgo juzga admirable. La historia en las oraciones debe ser como la eal en los manjares, que todo exceso aun el menor hace perder todo el m6rito. El deseo de brillar en unos, y la insensatez de aplaudir en otros, han sido causa de no haber progresado en la oratoria muchos talentos que parecian formados para ella. Luego que las cosas se observan bajo su verdadera relaci6n, desaparecen muchos fantasmas, a quienes el tiempo ha dado una realidad.

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CAPiTULO IX LIMITES QUE DEBEN TENER LAS REGLAS El deseo de facilitar las operaciones, evitando varios errores en que por experiencia se sabe que suelen caer los hombres, hizo inventar las reglas; pero este mismo deseo las ha multiplicado en tales t6rminos que no hay arte, no hay ciencia, que no tengan una multitud de principios y de normas que confunden mucho mis nuestro entendimiento que la simple consideraci6n del objeto a que se refiere. Ha habido un empefio en inventar, y creyendo entender los Limites de las ciencias, no se ha hecho mis que multiplicar sus dificultades, pues se ha creido ignorante a todo el que no retiene en la memoria estas normas prolijas e innltiles formadas las mis veces para un caso imaginario. No me propongo hacer un anilisis de ellas sino algunas reflexiones sobre la moderaci6n que debe tenerse en establecerlas, para que ni falten permitiendo que se extravie el entendimiento, ni sean tan numerosas. y estrechas que le opriman privindole de toda libertad. Las reglas, o se refieren al modo de discurrir solire tal o cual materia, o al modo de agradar proponi6ndolas. Observemos cuiles son sue limites en ambas casos. La naturaleza del objeto no puede ser la tinica

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88 MISCELANEA FILOS6FICA base en que nos fundemos para la formacidn de las reglas de discurrir acerca de 61, porque a la verdad, la experiencia prueba que solemos equivocarnos en clasificar la naturaleza de las cosas, aunque se tengan por bien comprobadas. Es preciso, pues, que las reglas se tomen del orden meramente ideol6gico, esto es, del m~todo analitico que la ideologia enseija a aplicar a todo ginero de conocimientos, pero no del metodo que se ha fingido pertenecer exclusivamente a una u otra ciencia. Si un m6dico, por ej., se aparta del enlace que deben tender las ideas, no forma buenas deducciones, ni percibe los pasos intermedios que une la primera verdad con ]a ailtima demostrada, podr& acusirsele de faltar a las reglas que dicta la sana raz6n, pues jams se ha demostrado, ni creo se puede demostrar, que haya otro m6todo de proceder bien en las ciencias; pero si su talento encuentra un nuevo orden mis ventajoso que el admitido en la aplicaci6n de la medicine, y despreciando todaa las normas, y aforismos, sigue un camino totalmente distinto, no debe desprecifrsele, ni ten6rsele como un curandero que acierta casualmente, pues dichas reglas, ni tienen, ni pueden tener el carfcter de las ideologicas fundadas en la. misma naturaleza, y no en la observaci6n equivoca de alginos efectos. ;Cuinto se han atrasado las ciencias por el miedo que han tenido los profesores de separarse de sus reglas! No pretendo que se desatiendan todas, ni que se hagan ensayos temerarios con perjuicio de las mismas ciencias; desearia, si, quo persuadidos de lo abundante que es la naturaleza, y lo variada en sus efectos, jamas se creyera que es un absurdo, abandonar una

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CUESTIONES MISCELANEAS 89 regla a6do porque ha mucho tiempo que se observa con fruto. No hay duda que para abandonarla es preciso tener datos y observaciones exactas; pero muchos no las tienen, porque ni han sospechado que pueden tenerlas, sino que dando por inalterables las reglas, desdefian como ridicula toda investigaci6n que se oponga a ellas. S6lo para discurrir mal no hay raz6n, ni puede alegarse disculpa, porque la ideologia en este punto suministra nociones tan claras, que reduciendose, no a doctrinas sino al orden de las ideas, jams puede fallar; pero en todo lo demhs esti facultado cualquiera, sin que incurra en la nota de ridiculo, para separarse de cuantas reglas hayan inventado los hombres. Deduzcamos de lo dicho que la conformidad con las reglas no da una prueba evidente de la exactitud de las operaciones, sino una probabilidad tanto mis aproximada, cuanto mis comprobadas estuvieren dichas reglas, y constare mAs la conformidad con ellas. Muchos para demostrar que han acertado en sue trabajos, dicen que estin conforme a las reglas, y creen que han dado cuantas razones podian desearse, porque no han reflexionado que seria preciso preguntar si las reglas en todos casos eran exactas, y si la mayor parte de ellas no son el fruto de la imaginacidn mAs que de la experiencia. En esto puede mucho la costumbre, y la casualidad de que acontezcan muchas cosas, segin los deseos del que aplica sus normas anticipadas, sean o no sugeridas por la verdadera naturaleza de las cosas. A veces las reglas se refieren, no a la verdad o exactitud de las doctrinas, sino a ciertos m46todos de M!SC. FILOSOFICA 8

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90 MISCELANEA FILOSOFICA proceder, como sucede en las artes con las pricticas mecinicas para conseguir tales o cuales resultados. En tales casos deben ligar mucho menos nuestro entendimiento, pues lo que uno ha practicado de tal modo, puede hacerlo otro de una manera diferente, y acaso mis sencilla, sin que hasta entonces hubiera ocurrido a nadie. La palabra facilidad envuelve una idea relativa a nail circunstancias, siendo cosa bien sabida que muchos encuentran gran trabajo en lo que otros hacen ficilmente, y si las reglas fueran tan sagradas que no pudieran abandonarse, impedirian a innumerables talentos todos sus progresos en el arte a que se dedican. Suele decirse: trabaja bien, pero sin reglas, para dar a entender que el trabajo, aunque es bueno, tiene ciertas imperfecciones, y que un profesor se avergonzaria de haberlo echo. Nada hay mis absurdo que decir que una cosa es buena por su naturaleza; pero que deja de serlo porque no es conforme a lo que se ha querido siempre que sea. ;Cuintas veces un talento semejante es el inventor de una nueva regla despreciada, cuando se propone por ser contraria a las admitidas, y que con el tiempo viene a ser la admiraci6n de los mismos que la despreciaban! ZQu6 origen tienen casi todas las reglas, sino la observaci6n del modo de operar de ciertos genios eminentes? La oratoria y la poesia, gde d6nde han sacado la mayor parte de las suyas? Bien sabido es que hubo poetas y oradores antes de haber ciencia de poesias y oratoria. Las artes que tienen por objeto el recreo de los sentidos, deben ser mucho mis libres en sus reglas, siendo innegable que el gusto de los pueblos esti

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CUESTIONES MISCELANEAS 91 casi sujeto al capricho, o que las mismas reglas que se han tenido como propias para agradar, producirin un efecto contrario si varian las circunstancias y los gustos. No quiero decir por esto que el bello gusto no tenga sus fundamentos en la naturaleza misma de las cosas; lo contrario he manifestado en mis lecciones de filosofia; pero si afirmo que la mayor part de los preceptos de los artistas tienen por base no la observaci6n de lo que debe ser, sino de lo que es, y que pueden y deben variar segdn se reformen los gustos. Por otra parte, las reglas son ya tan conocidas que destruyen toda ilusi6n, y falta el gran arte, que consiste en disimular el arte. Conviene, pues, ensayar nuevos medios de agradar, y un ingenio fecundo puede abandonar todas las reglas, inventando cuanto pueda para interesar la sensibilidad. En la misica es muy ridiculo el empefio de algunos en demostrar que una pieza que generalmente agrada no es buena, porque no esti en regla. Conseguido el intento jse diri que es mala la obra, porque son distintos los medios? Tal vez a este abandono de las reglas debe la pieza toda su hermosura, pues la novedad es el principio del agrado. Infiero, pues, que las reglas s6lo pueden obligar al ingenio cuando se trata del modo de discurrir, pero no cuando expresan lo admitido, en algdn orden de cosas, y mucho menos en las arts de .imitaci6n, y en todas aquellas cuyo objeto sea deleitar. Toda regla que expresa alguna doctrina, puede variarse si se demuestra lo contrario, y es preciso estar siempre haciendo investigaciones para cerciorarnos de su

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92 MISCELANEA FILOS6FICA exactitud, no dejindonos ilevar de una costumbre mis que de un convencimiento. En materias de buen gusto, conviene observar lo que consta por experiencia que siempre ha producido buen efecto, pero sin creer que es un crimen separarnos de elo; y por lo que hace a las reglas que han inventado los profesores segin los tiempos, conviene darlas de mano siempre que se juzgue necesario, y aun no pensar en ellas, porque legan a dificultar todas las operaciones, y muchas veces produce un gran dafio, quitando toda la energia a los pensamientos. En la ensefianza de los idiomas, ;qu6 fArrago de reglas! Todo es implicado, todo es fastidioso para un joven que se dedica a semejante estudio, y mucho mis al del idioma latino, en que parece que se han propuesto la mayor part de los profesores dar una importancia al asunto, dificultando su comprensi6n. S6lo numerar las reglas es empresa bien ardua; el aplicarlas es fruto de un trabajo muy dilatado y penoso. Pero observemos el origin de tantos inconvenientes. No es otro que haberse propuesto reducir todo a normas enteramente mecinicas, que se establecen por la mera obsrvacidon de ciertos modos de hablar que tenian los romanos, y lo que ficilmente se hubiera conseguido, con presentar ciertos rasgos sacados de los mejores autores, y hacer que los j6venes se habituasen a imitarlos; cuesta un inmenso trabajo, y la p6rdida de mucho tiempo sin adelantarse cosa alguna, y aun podemos decir que atrasando; pues la experiencia prueba que los j6venes, despu6s de tanto studio, estin muy distantes de saber el idioma latino, y que si no ocurren al estudio

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CUESTIONES MISCELANEAS 93 de los autores clAsicos, y a la prictica, jams salen de la linea de ramplones. Vemos un estudiante enteramente implicado y'detenido, sin poder hablar una palabra. IY de qu6 proviene? Seguramente de que su memoria quiere recordar infinitas reglas, y su entendimiento no atina, o esti indeciso en la aplicaci6n de ellas. No cree que puede hablar sin reglas para ello, o mejor dicho, sin unir el gran sistema de las sutilezas gramaticales, a la serie de palabras que por imitaci6n y naturalmente hubiera pronunciado. De aqui resulta que dividida la atenci6n es casi imposible que haya facilidad. Un Domine dir& que 6stos son disparates. En hora buena. Todos tenemos derecho para pensar, y aun para ciertos delirios, y 6stos son los mios. Reglas pocas, pocas, y si es posible ningunas, ningunas. La naturaleza lo hace todo cuando no se encadena, y si en ciertos casos pide un auxilio, jams desea un yugo.

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CAPiTULO X RACIOCINIOS POR DEDUCTION Y POR INFERENCIA Siempre se ha dicho entre los l6gicos que para deducir una proposici6n de otra, es preciso que est6 contenida en ella, y a ]a verdad que esto a primera vista parece evidente, y por tal lo tuve por muchos afios; pero ahora sospecho algo de la exactitud de esta mAxima, que sin duda ha parecido innegable, por el modo con que se enuncia, pero que hubiera dejado de serlo, si siempre se observaran las cosas como paean en nuestro espiritu, y no como suenan en Is palabras. Efectivamente, deducir es lo mismo que sacar de una cosa, y mal puede sacarse lo que no se contiene; pero advirtamos que ni la palabra deducir tiene siempre esa acepci6n, ni nuestro entendimiento siempre que infiere, deduce bajo el sentido que suele darse a esta voz. Una linea que empieza desde un punto, se deduce de 41, y no se contiene. La palabra deducir se compone de dos latinas de y ducere; la primera s6lo indica una relaci6n de lugar; la segunda, un movixniento de translaci6n, y asi, hablando rigurosamente, puede decirse que deducir no es siempre sacar lo contenido en alguna cosa. Pero conviene dar a la expresidn su sentido

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CUESTIONES MISCELANEAS 95 mhs general y propio, y asi le he conservado, diciendo raciocinios por deducci6n, distingui6ndolos de los que se hacen por inferencia. Nuestro entendimiento repetidas veces opera sin advertir mAs que cierta relaci6n o conveniencia de los objetos, y se determine a inferir uno de otro sin obse-var semejante inclusi6n. Ademis, en muchos casos no la hay; de modo que s6lo por un capricho podria fingirla nuestro espiritu. Para convencernos de esto, reflexionemos que las ideas generales no tienen objetos existentes en la naturaleza, sino que expresan una mera observaci6n de cierto modo de operar comsn a muchos seres, y que asi no puede decirse, hablando con exactitud, que de una idea general abstracta se saca una individual, que es la imagen de un objeto existente en la naturaleza, y que incluye innumerables propiedades, que jams podrh decirse que estaban contenidas en la primera idea general. Esto lo ha comprobado hasta la evidencia el c6lebre Tracy, como puede verse en el extracto que he formado de sus principios l6gicos, que se hallaen el primer tomo de esta miscelAnea. Decimos con frecuencia: tal hombre respira, luego vive, y Z qui6n no sabe que la vida es un conjunto de funciones y que una de ellas es la respiraci6n? ISe dira que el todo estaba contenido en la parte, y que cuando inferimos de la respiraci6n la vida, hemos sacado de una de las funciones to.das las otras? Formando el discurso al contrario decimos: vive, luego respira, y la inferencia es mala, sin embargo de comprender mas la palabra vida que la palabra respiracidn. Luego esto no depende de la mayor o

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96 MISCELANEA FILOS6FICA menor extensi6n ni comprensi6n de las ideas, sino de su dependencia o enlace. Algunos dirhn que en el caso propuesto, y en otros semejantes, se suple una proposici6n general, v. gr. todo el que respira vive. ZPero qu6 expresa esta proposici6n sino la mera dependencia de las ideas? jAcaso indica su inclusi6n? De ninguna manera, pues seria un absurdo decir que por una proposicidn general se ha hecho possible lo imposible, esto es, que la parte se contenga en el todo. Tal vez se creeri que la inferencia se ha hcho de esta proposici6n gen6rica, en que dicen que se incluye la individual; pero ademAs de haberse demostrado que esta inclusi6n es un absurdo, observemos que nuestro entendimiento jamis piensa en tales proposiciones, y que seria preciso que hubiera formado en el acto una dilatada eerie de ellas, como es ficil percibirlo si nos ponemos a formar todos los silogismos que se necesitan, para que sirvan de prueba a dicha proposici6n general, y a todas las que se deducen de ellas, hasta legar a demostrar qae hemos discurrido bien, cuando dijimos respira, luego vive. Y Zqui6n podri asegurar que su entendimiento ha formado al pronto ese gran nfimero de ilaciones? Pero se diri no las forma, porque esti habituado a inferir sin ellas. Basta: luego se verifica que a la sola vista de una relaci6n forma el espiritu una inferencia. Dejando a un lado todas las investigaciones abstractas, atendamos a los seres, y ellos nos darin la lecci6n mas importante, supuesto que nuestras ideas deben seguir el mismo orden que la naturaleza. Pero los seres que dependen de otros, isiempre se incluyen

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CUESTIONES MISCELANEAS 97 en ellos? A muy poco queo se observe, encontraremos infinitos ejemplos de una dependencia sin inclusi6n. ZY podri inferirse en las ideas lo que esti inferido, por decirlo asi, en la naturaleza? jQui~n lo duda? Luego habri raciocinios por mera inferencia. Pero es innegable que los hay tambiin por deducci6n rigurosa, supuesto que en la naturaleza hay muchos seres que rigurosamente incluyen a otros. Luego es claro que existen dos clases de raciocinios, unos por inferencia y otros por deducci6n. Mientras las abstracciones se iaeutifiquen en nuestro espiritu con las realidades, hallaremos mucha dificultad en persuadirnos que nuestras ideas no son fruto de una serie de operaciones, que, bien observadas, lejos de ser principios de nuestros conocimientos, debe decirse que son el resultado de ellos. Hay un sistema intelectual, sugerido por la naturaleza, y otro que han formado los bombres. Este es el abstracto que ilega a ser la tinica norma del entendimiento humano, porque siempre es propenso a aprobar sus obras. Los ide6logos conocen nuestros defector, advierten que lo que en su principio fu6 inspirado por la misma naturaleza para facilitar la combinacion de las ideas y del lenguaje, lleg6 a ser un conjunto de combinaciones absurdas, y de sutilezas despreciables, que s6lo sirven para impedir los progresos del entendimiento humano. Siempre se ha dicho: deducimos lo particular de lo universal; y para confirmarlo, se han buscado varios similes: v. gr. a la manera que cortamos un rbol sacindole de un bosque, o como una cantidad de agua se saca de un lago. Pero el mosque y el lago existen, y con-

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98 MISCELALNEA FILOSOFICA tienen al lago y a la porci6n que hemos sacado, gmis cxisten los objetos de las proposiciones generales? ZNo son 6stas abstractas? 4Incluyen o pueden incluir las verdades reales? ;Cuinto legan a valer las abstracciones! ;Cuinto puede la costumbre, aun en las mismas ciencias! Cada uno es libre en sus pensamientos, y por mi parte jamis me admiro de la discordancia que suele hallarse centre los hombres. Bien s6 que muchos graduarin estas ideas de metafisicas, sutiles o aventuradas sin fundamento; mas creo que estos primeros impulsos procederin del hibito, y no de la reflexi6n, pues estoy seguro que 6ste es uno de los puntos, cuyo examen se ha omitido por creerlos evidentes. Tal vez, pensando con mis detenci6n, se conoceri que no son tan demostrados. El empefio de todos en probar que una consecuencia es buena, manifestando que la proposici6n deducida se incluye en las premisas, es las mis veces absurdo, y vemos rechazar discursos perfectamente formados, s6lo porque no se manifiesta dicha inclusi6n que no existed. En tal estrecho se ocurre a probar que la proposici6n esti incluida en otra gen6rica; y hablando de abstracciones como de realidades, suelen quedar todos muy satisfechos. gNo seria mejor probar lo que realmente sucede, esto es, que dicha proposici6n, o mis bien su objeto, aunque no esti incluido en el otro, tiene una estrecha dependencia y relaci6n con 61? gNo evitaria esto muchas cuestiones en que vencen las reglas, y pierde la naturaleza?

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CAPiTULO XI SOBRE LAS CUESTIONES INUTILES Todos declaman sobre la p6rdida del tiempo en las cuestiones initiles, pero verdaderamente son pocos los que no caen en el mismo defecto que censuran. Las mismas ciencias matematicas que puede decirse que fueron las primeras que empezaron a ensefiar la elecci6n de lo until en los conocimientos naturales, se hallan sobrecargadas de una multitud de ellas, que mas parecen los delirios de un escolistico que los ensayos de una ciencia tan s6lida. Yo no me detendr6 en exponerlas, porque son bien conocidas, y los profesores juiciosos han procurado siempre removerlas, y no ignoran que falta mucho por corregir. En las demis facultades no puede calcularse su ndimero, pues hubo tiempo en que parece que los hombres se empefiaban en buscar todo lo iniltil para reducirlo a cuesti6n, y trastornar las ciencias, que por la abstraccion de sus objetos presentan un dilatado campo para estos extravios. Investigaxido el origen de estos males seri muy fhcil persuadirse, que no dependen tanto de la dificultad de las materias como el modo de tratarlas. Por mucho tiempo se crey6 que la naturaleza no abria sus arcanos, sino al pensador que mis sutili-

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100 MISCELANEA FILOSoFICA zaba, y que las ciencias no eran otra cosa que el resultado de profundas meditaciones hechas de un modo muy distinto del que piensa el vulgo. En consecuencia se empefiaron los hombres en inventar sistemas y abstracciones que por su misma naturaleza debieron producir innumerables cuestiones intitiles. Desengaflados despu6s, han seguido un rumbo contrario, advirtiendo que los niios y los risticos son sus primeros maestros en el arte de pensar. Han desaparecido prontamente muchos obsticulos que parecian insuperables, y el fil6sofo camina con pass mas tranquilos por la senda de la raz6n. Si al tratar las materias no se propusieran los hombres una utilidad quim6rica, cual es la del placer de un vano lucimiento, seria muy ficil no equivocarse y hallar el verdadero m6todo de discurrir, e igualmente no seria dificil separar los verdaderos frutos que constituyen el caudal de las ciencias. En la prictica puede establecerse como norma que toda cuestion que resuelta, por la afirmativa y por la negativa, da iguales resultados para la explicacidn de los hechos, es inzitil. Aclaremos esta materia con un ejemplo. Han cuestionado los fisicos con el mayor inter6s si la materia es divisible a lo infinito, o si esta division tiene ciertos t6rminos de los cuales no puede pasar. Resultaron de aqui varios sistemas como el de los Corpusculistas, y su contrario el de las monadas leibnizianas, el de los puntos inflados, y otros various, que ocuparon por mucho tiempo a grandes talentos. Preguntemos ahora: si la materia es divisible a lo infinito Zc6mo se explican los fen6menos de la Fisica? Por la atracci6n de las mol6culas, por su

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CUESTIONES MISCELANEAS 101 multitud y pequefiez, existentes y no imaginarias, en una palabra, por todas las relacioes que tienen los elementos conocidos de la materia. Y si no es divisible hasta lo infinito Zde qu6 modo se explican? Del mismo, pues basta que existan una multitud de particulas dotadas de las circunstancias que hemos insinuado. Luego la cuesti6n respecto de ]a Fisica es totalmente initil, pues tanto explica el que la resuelve por la afirmativa como por la negativa. Al empezar toda cuestidn conviene figurarnos por un moment que ya esti resuelta, y ver en consecuencia qu6 aplicaciones dariamos a los conocimientos que ella nos suministra. Si hubieran hecho esto los escolisticos, seguramente no se hubieran atormentado tanto en cuestionar si Dios esti o no en la categoria de sustancia, si la materia es pura potencia, y otras cosas semejantes, que aun resueltas nada eclipsan. Pero supongamos por el contrario que de la afirmativa resultan efectos totalmente diversos que de la negativa: en este caso aun debe hacerse otra investigaci6n reducida a si los tales efectos producen una utilidad. que indemnice el trabajo empleado en averiguarlos, pues de otra suerte seria lo mhs absurd perder en cosas superficiales el tiempo que podia emplearse en otras mas nitiles. No por esto se crea que toda cuesti6n, cuyo objeto no pueda aplicarse a alguna de las necesidades absolutas del hombre, debe rechazarse. .Qui6n dira que es inaitil la investigaci6tr del nimero de los sat6lites de Urano, y el descubrimiento de los nuevos planetas Ceres, Palas, Vesta y Juno? Sin embargo, para lo que son los usos de la vida, estos conoci-

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102 MISCELANEA FILOSOFICA mientos nada valen. Mas el hombre tiene ciertas necesidades intelectuales, por decirlo asi, que es preciso saciar, pues le mortifican mucho, y le retraen del nmero de los verdaderos observadores de la naturaleza. Conocer lo que existe en las obras mis portentosas del Omnipotente, es una especie de placer que ya induce una necesidad, y si los hombres se limitasen a s6lo las relaciones indispensables para la vida, 6sta seria desapacible. Muchos critican como initiles las investigaciones de las bellas artes, creyendo que los poetas, los pintores, y los demAs que cultivan el bello gusto, no producen en la sociedad bienes algunos, antes bien la imperfeccionan excitindola a frivolos placeres. Este es el mayor de los errores, pues basta considerar la misma constituci6n de la naturaleza humana, para desengafiarse que sin estos atractivos aun la palabra dtil, tan aplicada a otros objetos, disminuiria mucho en su valor respecto de los hombres. La vida siempre seria amable, pues la continuaci6n de existencia por recargada que est6 de males, siempre trae consigo un bien constante, y 6ste, prescindiendo del orden sobrenatural, no puede ser otro que la constante observacion de la naturaleza. El hombre se complace en las impresiones variadas, y aun aquellas que le son contrarias suelen causarle, por un accidente imprevisto, infinitos placeres. Luego Zqu6 diremos de aquellas artes que procuran presentar la naturaleza mis bella, o por lo menos recoger las bellezas, que ella tiene diseminadas, y presentarlas todas como en un cuadro a la vista del espectador? ZSerin inditiles las investigaciones que se hallan en tales artes sOlo

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CUESTIONES MISCELANEAS 103 porque con la poesia v. gr. no se fabrica una casa, ni se forma un vestido? ISe dira que tales profesores son gravosos a la sociedad, porque en recompensa. como dicen muchos, de sus ficciones, se les dan bienes reales, y viven de productos ajenos? Estoy muy distante de propender al sistema de Epicuro, y jam"e podr6 persuadirme que s6lo los placeres de los sentidos son los que deben dirigir al hombre en sus operaciones; en la sana moral, en la religion, todo clama contra una mAxima tan perniciosa; pero es preciso profundizar algo mis la materia, y ve. remos que la palabra placer, verdaderamente, es mis extensa de lo que se. cree, y no esti reducida a la mera sensibilidad fisica. Tine el espiritu sus placeres, por decirlo asi, independientes, pues el placer es producido necesarian'ente por la posesi6n de todo bien, y el que ha adquirido algo en las ciencias, o en la moral, necesariamente se complace. El mismo amor de Dios es un placer el mis recto, y podemos concluir que dando a estas palabras no el sentido que muchos han querido darlas, sino el que pide la recta raz6n, puede decirse que el placer y la pena son los m6viles de la naturaleza humana. En este sentido me parece que puede admitirse la doctrina del c6lebre Benthan que establece el principio de utilidad como la fuente de todas las operaciones humanas, y ]a base de todo derecho. Concluyamos, pues, que es cierta la utilidad de algunas materias que vulgarmente se desprecian, o por lo menos se tienen en poco valor, y que es innegable la inutilidad de muchas que han ocupado a grandes hombres,

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104 MISCELANEA FILOSOFICA y han merecido un lugar preferente en las ciencias naturales. Para hacernos cargo de una cuestion en cuyo examen debe entrarse necesariamente, bastari poner, por ejemplo, la c6lebre valuaci6n de las fuerzas de un cuerpo en movimiento, o lo que es lo mismo, la diversidad en graduar las fuerzas vivas, segin que se siga la doctrina leibniziana, o la antigua que aun en el dia puede decirse que prevalece. Si un cuerpo con dos grados de masa y dos de velocidad choca en otro, asegura el leibniziano que trade ocho grados de fuerza, pues el cuadrado de dos es cuatro, que multiplicado por dos de masa #ia ocho; mas el fisico que siga la opini6n contraria, y establezca como factor para la multiplicaci6n la simple velocidad, y no su cuadrado, diria dos por dos son cuatro, resultando una diferencia notable cual es de cuatro a ocho. Luego 6sta es una de aquellas cuestiones en cuyo examen debemos detenernos, pues se trata de una cosa tan interesante en la fisica, como es la valuaci6n de las fuerzas del movimiento, y de unos resultados tan diferentes si seguimos una u otra doctrina.

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CAPITULO XII OBSERVACIONES SOBRE EL SISTEMA DE GALL ACERCA DEL CEREBRO No hay duda que la analogia es uno de los caminos que nos conducen a encontrar la verdad; pero much as veces causa errores tanto mis inevitables, cuanto mis comprobados se juzgan, por haber reunido mayor nimero de hechos que tienen alguna semejanza. Yo creo que la doctrina del c6lebre Gall puede suministrar muchos ejemplos de esta inexactitud, en que incurren los mis grandes talentos cuando no ponen freno a su animosidad en emprenderlo todo, aun por los medios mis dificiles. Sc propuso este sabio que habia de conocer las cualidades intelectuales y morales de los hombres, s6lo por la estructura o configuraci6n exterior de sus crineos, creyendo que ciertas prominencias y cavidades eran signos de halarse tal o cual 6rgano en el cerebro, que producia una pasi6n determinada o una propiedad intelectual mis o menos ventajosa. En consecuencia, procur6 Gall hacer una gran colecci6n de crineos, pagando a muy alto precio los de hombres c6lebres, ya por sus virtudes, ya por sus vicios, ya por su talento. Ademis, adquiri6 los bustos o retratos mis exactos do los heroes antiguos, y de MIsc. wMos6FICA 9

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106 MISCELANEA FILOSOFICA todos aquellos hombres que se hicieron notables en tiempos mis remotos. Hecho este acopio de materiales, procedi6 a sus investigaciones, y lo primero queobserv6 fu6 que ]a superficie exterior de los crineos guardaba una estrecha relaci6n con la interna, esto es, que a una prominencia externa correspondia una convexidad interna, y al contrario. Esta observaci6n le sirvi6 de base para juzgar de la figura del cerebro por la del crhneo, pues decia que eran enteramente iguales. Empez6 despu6s a confrontar los crineos de aqueIlos hombres que se habian parecido mucho en su talento, en sus virtudes, o en otra cualidad del espiritu, y advirti6 que todos tenian cierta prominencia o cierta concavidad en un determinado paraje, o que en general el crineo tenia una determinada confi. guraci6n. Estos datos parecieron a Gall tan suficientes y correctos, que no dud6 valerse de ellos para formar todo su sistema, y crey6 que s6lo con palpar la cabeza de un niflo podria decir si se distinguiria por su amor filial, o por su talento la de un guerrero podria indicarle si seria intr6pido y valeroso en la batalla; en una palabra, opin6 que era el medio de conocer a los hombres con poco trabajo, y que seguramente habia descubierto la piedra filosofal en orden a las cualidades del espiritu humano. Estoy muy distante de creer que los ensayos de Gall nos conduzcan, no digo a los exactos conocimientos que algunos pretenden; pero ni a la mhs ligera idea de ciertas propiedades del espiritu, que sin duda no dependen de que el cerebro tenga una pequefia prominencia por tal o cual paraje. Si la doctrina no tu-

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CUESTIONES MISCELANEAS 107 viera el aparato de tantos gastos y observaciones hechas por muchos afios, seguramente hubiera pasado siempre por una quimera, la mhs absurda en Ideologia; perch este aire de importancia suele dar a las cosas un m6rito de que carecen, y al fin ya no se atiende a la naturaleza de las pruebas, sino a su ntmero, y al trabajo que han costado. Examinemos por parte los fundamentos de semejante doctrina, y despu6s los inconvenientes que de ella resultan, y las pruebas positivas e innegables que la destruyen. Dice Gall que a las prominencias del crineo corresponden convexidades interiores exactamente proporcionales. Y Apor qu6? Porque el examen de muchos crineos asi lo ha demostrado. Pero es preciso distinguir con mucho cuidado, cuindo los efectos son y deben ser id6nticos, por la identidad de causas y circunstancias; y cudndo su igualdad es, por decirlo asi, casual, por muy numerosos que sean los ejemplos de ella. Las prominencias del crineo traen su origen, o del tipo, si podemos valernos de esta expresi6n, que sirvi6 para formar cada uno de ellos (sea cual fuere el sistema que se admita sobre esta materia), o del impulso que a causa de alguna presi6n haga el cerebro, levantindose por unas partes, y deprimi6ndose por otras, o de la mayor debilidad de alguna parte del mismo crineo que no pueda contener con tanta firmeza el cerebro, como las demis, o ailtimamente de la aglomeraci6n casual de mayor cantidad de sustancia huesosa en una parte del crineo, que por esta raz6n no serii de igual grueso en todos parajes. Estas causas, principalmente la itima, que tal vez

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108 MISCELANEA FILOSOFICA no es menos frecuente, Apueden conciliarse con la exacta correspondencia que se pretende exista entre las prominencias exteriores y las convexidades internas del crhneo? ZNo es casi imposible que siempre suceda que el crineo conserve un mismo grueso? ANo seri possible que procediendo la prominencia de una aglomeraci6n de materia huesosa, no s6lo no corresponda a una convexidad, sino que por el respaldo tenga un plano, y a veces otra convexidad interna, formando entre ambas un s6lido eliptico, y a veces un globo? Si valiera el nAmero de crineos presentados por Gall para determinarnos a creer que siempre se guarda esta relaci6n de figura, seria preciso renunciar a toda demostraci6n de causas en los efectos naturales, pues hallAndose aqui tan manifiesta la imposibilidad de que se uniformen, sin embargo, se pretende que contra todo orden guardan una uniformidad prodigiosa s6lo porque en muchos casos asi sucede. ;Qu6 ficil seria hallar otros muchos craneos que presentaran efectos contrarios! Pero demos por hecho que no se encuentran, Ano los habri? S6db cuando se demuestra la imposibilidad de que una cosa suceda de un modo contrario al observado, o cuando se demuestra la posibilidad de que siempre suceda asi, vale el argumento sacado de la observacidn. En el primer caso da una certeza, en el segundo una probabilidad; pero no concurriendo ninguna de estas circunstancias, es alucinarse sacar consecuencias generales de inducciones, que por muy exactas que se supongan, nunca suministran una prueba irrefragable.

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CUESTIONES MISCELANEAS 109 Debemos agregar a lo expuesto que si las observaciones de Gall se refieren, como deben referirse, no al crineo desnudo y separado del cuerpo, sino a 61 como parte del hombre, dificilmente podri nadie cerciorarse de la verdadera configuraci6n por mis delicado que se suponga el tacto, y s6lo notari las grandes diferencias; pero no unas ligeras alteraciones en que coloca Gall el asiento de tales o cuales propiedades.jQuien duda que la misma piel y las membranas tienen, y aun son muy frecuentes, varias diferencias en su grueso por la consolidacidn de los humores, o por otras infinitas causas que suelen ocurrir? Supongamos que existen las cosas como las finge Gall, y que los crineos de todos los hombres guardan las proporciones que 61 dice ha observado, correspondiendo siempre una concavidad interna a la convexidad externa; Zpodria asegurarse que siempre son proporcionales, esto es, que guardando el crineo un mismo grueso estin siempre en igual razdn las concavidades internas y las prominencias externas? Ademis, estas convexidades se ocuparian por la parte exterior del cerebro que es tosca, y puede lamarse callosa, de modo que en ella, no s6 si con fundamento, se establece ningin 6rgano de sensibilidad, y mucho. menos de operaciones que influyan decididamente en los actos intelectuales. Yo tengo por un absurdo cuanto se dice acerca del cerebro como sensorio com6n, o como centro de las operaciones que ejerce nuestra alma, pues los vestigios, las proporciones, y otras cosas semejantes, son para mi unas bellas teorias que no tienen mis apoyo que el tiempo, ni otras pruebas que el haber creido que de este modo se salia

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110 MISCELANEA FILOS6FICA del paso, explicando algunos fen6menos de los mim dificiles de comprender. En el primer tomo de mis Lecciones de Filosofia pueden verse las razones que tengo para separarme de este modo de pensar. Por esta sola raz6n es para mi absurdo todo el sistema de Gall, supuesto que atribuye al cerebro aun mis prerrogativas que las admitidas comiinmente, pues ya quiere que cada parte determinada sirva para unos efectos y no para otros, y adivina, por decirlo asi, el acierto de cada facultad. Pero yo he querido tratar esta materia seg6n la opini6n general que establece el cerebro como 6rgano de que se vale el alma para su inteligencia, y aun bajo estos principios me parece dicho sistema destituido de todo fundamento. Aun concediendo todo cuanto quiere suponer Gall en orden a los crineos y el cerebro, gcuintos hombres conocemos con muy distinta configuraci6n de cabeza, y aun con muy distinta estructura en tal o cual paraje, v g., sobre las cejas, donde establece Gall un 6rgaao determinado, y sin embargo tienen iguales disposiciones? ZCufntos con estas mismas prominencias o cavidades, se distinguen enteramente en aquella especie de pasi6n o de talento que Gall quiere atribuirles? A pesar de estas frecuentes observaciones la craneologia de Gall ha alucinado a muchos, y acaso hay personas que aun creen que vale algo para discernir las cualidades intelectuales. gQu6 conexion puede tener una pequefia prominencia del cerebro con una facultad del alma? Es preciso olvidar las mis exactas demostraciones de la ideologia para creer que una sola parte del cerebro tiene la prerrogativa de poseer tal o cual facultad

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CUESTIONES MISCELANEAS 111 con exclusion de las otras. Todas nuestras ideas conservan una estrecha dependencia, formando una armonia la mis admirable. Una facultad no es otra cosa que el poder combinar dichas ideas de uno u otro modo, y estas combinaciones no se pueden hacer sin el diestro manejo de los signos. Pero 4qu6 son Latos? Sin duda, se reducen a una serie de sensaciones pertenecientes a diversos sentidos, pero con especialidad a la vista y el oido, y asi es que casi siempre nos figuramos que vemos u oimos. Luego, para repetir estos signos con facilidad es preciso conmover ficilmente los nervios que pertenecen a la vista y al oido, haciendo lo mismo que harian los objetos. Pero Zhay algun pequeflo paraje del cerebro, donde con particularidad se encuentren los extremos de estos rprvios, de suerte que otro no tenga la misma prerrogativa? Repito que estoy muy distante de creer que en el cerebro se dan vestigios de los objetos, ni que Lste sea 6rgano de alguna facultad del alma; pero si lo fuera operaria todo en cada facultad y no una parte exclusivamente, pues las facultades se reducen a cierto modo de manejar las ideas, y Lstas parece que estin ligadas a los sentidos de tal suerte que ni se reproducen sino por unos movimientos en los 6rganos icorp6reos, siendo, por otra parte, un absurdo creer que estos 6rganos, para cierto modo de operar, tengan s6lo dependencia de una parte del cerebro, a donde tal vez no va a pasar ninguna de las ramificaciones de sus nervios. Si las cosas no se establecieran a veces por mero capricho, distribuy6ndolas como queremos que sean, y no como la naturaleza las ha dispuesto, yo estoy

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112 MISCELANEA FILOSOFICA seguro de que 6ste y otros sistemas semejantes jamis hubieran hallado cabida, no digo entree grandes hombres, pero ni entre los mis d6biles talentos. ZNo es una hermosa fibula, y nada mis, la distribuci6n ingeniosa de las pequefias porciones del cerebro, para que en cada una de ellas quede como confinada cierta facultad, de suerte que nuestro espiritu para ejercerla se halle precisado a usar de aquel paraje y no de otro? Yo no s6 qu6 experiencia convincente pueda alegarse en favor de este delirio, y, sin embargo, he conocido personas que le han tenido por uno de los mis asombrosos descubrimientos. No puede admitirse la opinion de muchos cartesianos que encarcelaban al alma en el cerebro, pretendiendo que alli solamente ejerciera sus operaciones, iy seri admisible la de Gall, que quiere estrecharla mis, reduci6ndola a una peqiefia porci6n del mismo 6rgano para cada clase de operaciones! Demos por hecho que el alma se sujeta a no valerse sino de una part determinada del cerebro para ejercer cada una de sus facultades; sin embargo, resta una gran dificultad en explicar c6mo puede hacerlo. Ni la reunion de los nervios, ni la existencia de todos los vestigios o imigenes que son indispensables, se pueden suponer en cada una de las padres del cerebro, aun cuando concedi6ramos que se daban en todo 61; y por consiguiente, el alma se hallaria sin medios para semejantes operaciones. Decir que teniendo ya ]a noticia de los objetos por vestigios existentes en otros parajes del cerebro, venia despu&e a excitarse en ellos, en el 6rgano destinado a esta o aquella facultad, me parece un absurdo, pues no hallo una

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CUESTIONES MISCELANEAS 113 causa para semejante efecto, y si advierto muchas contradicciones. Mas natural es, sin duda, que si el alma se gobierna por vestigios de los objetos, se ejercite observindolos en el paraje en que se encuentran, y no haciendo, por decirlo asi, una abstracci6n para conducirlos a un pequeflo lugar, donde mal puede fijarlos, ni representarlos. No se percibe cuil es la raz6n de unas operaciones tan intdtiles, y contrarias a todo lo que tiene demostrado la recta Ideologia, pues si los signos. mientras mis fijos y sensibles, tanto mis facilitan el manejo de nuestras ideas, seguramente una mezcla de ellos en abstracto, y una limitaci6n a ejercerlos en el paraje en que no existen por su naturaleza, es lo mis opuesto a todo plan de ideas, y lo mis impropio para desenvolver las facultades intelectuales. Cada vez estoy mis persuadido de que los fisidlogos e idedlogos han concedido al cerebro mis prerrogativas que las naturales a este 6rgano, y el empeflo de constituirlo centro de las sensaciones, dep6sito de vestigios, o imigenes para determinar al alma a la formaci6n de las ideas, principio de reacci6n para explicar los fen6menos del sistema nervioso, y otras cosas semejantes, ha sido el origen de innumerables errores. No queremos ver las cosas sino bajo el aspecto de un sistema. Nos empefiamos en que todo dependa, si es posible, de un principio; el hallazgo de un centro de operaciones es para n6sotros de la mayor importancia, y la naturaleza se burla de nuestros vanos esfuerzos, tanto mas ridiculos cuanto mis nos constituimos creadores de los seres, y distribuidores de sus funciones. jPor qu6no hemos de guiar-

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114 MISCELANEA FILOSOFICA nos s6lo por la observaci6n y la experiencia en unas materias, en que cualquier otro m6todo no puede menos que conducirnos a innumerables absurdos, a veces dificiles de percibir? Y qu6 experiencia ha enseiado a los hombres, que su cerebro ejerce la multitud de funciones que se le atribuyen? jQu6 experiencia pudo ensefiar a Gall que existen los infinitos 6rganos que supone?

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CAPiTULO XIII NOMENCLATURAS Establecer nombres particulares que expresen con propiedad y distinci6n las circunstancias y naturaleza de los objetos en una ciencia o arte, sin duda produce muchas utilidades. pues se fijan las ideas, y se evitan difusiones insufribles en el lenguaje; pero el abuso en esta materia es aun mis perjudicial. Seguramente no es nuevo este pensamiento, pues no hay un hombre de juicio que no reconozca su exactitud; mas, sin embargo, vemos que en la prictica se sigue un rumbo contrario, y que los mismos que declaman contra las nomenclaturas intitiles, son sus inventores. La economia politica que puede decirse que es la tnica ciencia que ha nacido en el siglo de las luces, pues antiguamente casi era ignorada, va formando cada dia nuevas voces, o dando distinto sentido a las recibidas, y estableciendo de este modo un idioma particular, que entre poco tiempo seri tan abundante como el de las demis ciencias, en que casi cuesta mis trabajo aprender las voces que los pensamientos, pues 6stos alcanzan con un rato de meditaci6n, y para aquellas es preciso que todo lo haga la memoria. Desde que los griegos se hicieron dueflos de las ciencias, cultivindolas mis que ningin otro pueblo,

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116 MISCELANEA FILOSOFICA su idioma se tuvo como el natural de las mismas ciencias, y los siglos posteriores, por un respeto a la antigiiedad, mis que por un convencimiento, han conservado unas voces, que pocos entienden, y casi todos aplican mal, porque jams pueden series familiares. No hay duda, que despuas de haber repetido mil veces un matemitico las voces griegas de que abunda su ciencia, ilega a saber al pronto a qu6 objeto se aplican, y oido el signo, forma la idea; pero si no posee el idioma griego, como ya hay pocos que lo posean, jams sacaran ventaja alguna de la exactitud del signo, y mucho mis itil le seria pronunciar otro conocido en su idioma, que expresar el objeto si no con tanta prontitud, al menos con mayor claridad; pues entendiendo la etimologia de un signo compuesto, o resolvi6ndole en otros mis simples, se adelanta mucho en el conocimiento de las cosas. Es innegable que el idioma griego y el latino tienen una gran perfecci6n en sus composiciones, y que en pocas silabas expresan un pensamiento, que en otro idioma exigiria trees o cuatro palabras; pero esta ventaja, que para los griegos y romanos seria de mucha consideracidn, para nosotros es casi nula, porque jams podremos excusarnos de traducir a nuestro idioma el signo griego o latino, si queremos entenderlo, y cuando no, repetiremos las voces mecinicamente. Es preciso no perder de vista lo que vale en la Ideologia la facilidad de los signos, y hacerse cargo que aun cuando su nimero sea mayor, producen grandes bienes, que se impedirian usando de otros signos mis breves, pero menos ficiles respecto de un enten-

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CUESTIONES MISCELANEAS 117 dimiento no habituado a usarlos. ;Cuintos no estudian las Matemiticas o la Qufinica s6io por no tomarse el fastidiosisimo trabajo de aprender tantas palabrotas, y de repetirlas despu's hasta que lieguen a series familiares! Sin duda, las ciencias adquieren una dificultad doble con este lenguaje. No hay recurso: el idioma griego ha pasado, y por mis que se empefien los sabios, en su estudio, seri para ellos, y no para el com6n de los hombres, y las ciencias no han de ser el patrimonio der unos pocos, ni han de exigir el sacrificio de ponerse a estudiar un idioma desconocido, y dificil hasta por los distintos caracteres de que usa. Un corto trabajo en las traducciones, y aigunas palabras mis en una obra, ahorraria a muchos de eus lectores una mortificaci6n incalculable, y a todos, aun los mis versados en el idioma griego, serviria de mucho, evitindoles grandes equivocaciones. Se dice comiinmente que estas voces se conservan para tener los sabios un idioma comdn, y que no admiti6ndolas, seria preciso causar un gran trastorno en todo el plan de las ciencias. No encuentro semejantes dificultades: si una obra esti escrita en franc6s, v. gr., todo el que no entienda este idioma, aunque sea el mis c6lebre profesor en la ciencia de que rate dicha obra, no la entenderi; y si sabe el idioma, tambi6n podri entender la traducci6n que se haga de las palabras griegas. Es un absurdo traducir a medias, dejando innumerables palabras en un idioma que tal vez apenas se entiende. Trastorno en el plan cientifico s6lo puede haberlo en verdad, cuando se altera el orden de las ideas, y la relaci6n de las ma-

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118 MISCELANEA FILOSOFICA terias, pero no cuando se aclaran las voces; antes bien, esto sirve para rectificar nuestros conocimientos. ;Qu6 delirio es el del lenguaje comnn! Los sabios se empefiaron por mucho tiempo en hacer un misterio de su sabiduria, y en distinguirse de los demis hombres. Muchos aspiraron hasta el ridiculo homenaje de los ignorantes, que admiran todo lo que no entienden; y para esto nada era mis propio que un firrago de voces griegas, tan oscuras para el que las oye como para el que las pronuncia, por mis aire de inteligencia que quiera afectar. Ya hace tiempo que los hombres van desengafiindose sobre este punto; pero ain resta mucho pedantismo que desterrar. Convengamos sin embargo en que ciertas voces son tan exactas, que absolutamente se puede hacer una buena traducci6n de ellas, por lo menos en algunos idiomas, y por esta causa convendri siempre conservarlas, agregando, si es possible, otras voces mis conocidas que de algfin modo expresan el significado de las t6cnicas que no podemos omitir; pero la abundancia de ellas teniendo equivalentes exactisimos en el idioma que se habla, es un absurdo. Si todo espafiol entiende con claridad lo que son lados menores del recthngulo jpor qu6 se ban de ilamar catetos? ZPorque es mis breve la expresion? Tambi6n es mis oscura, y ficilmente se borra de nuestra memoria. Pero se dirn que al fin se hace familiar y no hay matemitico que no la entienda. Esto es despues de mucho tiempo, y no poco trabajo para acordarse. gY no seria mejor haber trabajado menos, y conservar mejor la idea?

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CUES'nONES MISCELANEAS 119 En esta materia debe observarse cuidadosamente el consejo de Horacio para la poesia, y todo lenguaje noble y delicado. Cuando hay un objeto nuevo, o no se encuentra voz que lo exprese bien en un idioma, inv6ntese una, o recibase de un idioma extrafio, pero cuando las cosas tienen sus nombres claros, legitimos, entendidos de todo el mundo Zpara qu6 es esa invenci6n caprichosa, o ese pr6stamo que se exige a idiomas distintos, y lo que es mis, a idiomas muertos y casi desconocidos? En las ciencias naturales principalmente se ha notado un gran abuso en las nomenclaturas, porque o bien se tomaban de los inventores, o bien de los mecenas, otras veces de los lugares, otras de la mitologia, y casi nunca de la naturaleza de los objetos significados. Por esta causa la nomenclatura quimica y farmac6utica antigua era tan confusa y dificil de retener, y seguramente fu6 uno de los grandes beneficios que se deben a Lavoisier, Laplace, Fourcroy y Bertollet la reforma de esta nomenclatura. Mas huyendo de un escollo no supieron evitar otro que fu6 el llenar la quimica de tantas voces griegas nuevas en su composici6n, que confunden a todo el que no est6 muy versado en ellas. No hay duda que todas se reducen a un sistema el mis correcto, y que atendiendo a ciertas claves, que sirven de norma, cuales son las terminaciones en oro, en ico, en ites, en ates, etc., es ficil traducir cualquier expresi6n, y en esta part es muy ventajosa la nueva nomenclatura; pero al mismo tiempo no puede negarse que este mismo sistema recarga demasiado la mente y mucho mis en los principiantes, En mis Lecciones de Filosofia pro-

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120 MISCELANEA FILOSOFICA cur6 hacer algunas simplifaciones, como puede verse en la introducci6n al tomo III, vali6ndome de niimeros que siempre son conocidos, y expresan mucho mejor la naturaleza de la operaci6n, pues diciendo v. gr. tercer dcido de azure se forma sin duda mis idea que diciendo dcido sulffrico, y asi de los demis. Yo no repetir6 aquellas observaciones o ensayos, que propuse para facilitar a mis discipulos el estudio de la Fisica, y que ahora no son de mi objeto, pues no me he propuesto indicar reformas especiales respecto de cada ciencia, sino hacer algunas reflexiones sobre los abusos que son comunes a todas en orden a nomenclaturas. No pretendo dictar leyes sobre el lenguaje de las ciencias, ni espero que se destruya en un instante lo que es obra de muchos afloe, y tiene muchos partidarios, mas si creo que el mismo tiempo que canoniz6 estas nomenclaturas iri destruy6ndolas, y que las ciencias legarin a simplificarse en las voces, como ya casi lo estin en las cuestiones. ;Qui6n sabe si algdn dia los quimicos espafioles hablan en casteilano claro y sencillo, y aun trivial, para que los entiendan hasta los mis ignorantes? Muchos pasos se han dado que hubieran parecido imposibles cincuenta afios antes; es de esperar que continien mejorindose las cosas cada vez mis. Un m6dico moderno ya casi no entiende a los rancios antiguos, aunque sabe mis medicina que ellos. Ya vemos que en vez de ostentar un lenguaje misterioso, y dejar a los pobres enfermos, y a sus familias a oscuras sobre la enfermedad, procuran los sensatos profesores de la ciencia mis consoladora, esparcir este consuelo, ilus-

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CUESTIONES MISCELANEAS 121 trando con una claridad, hija de la sabiduria, a todo el que quiere informarse de los males que afligen a un miserable, y consternan a todos los que le rodean. ;Qu6 pocos m6dicos hay de este caricter, pero qu6 apreciables! Las voices que no tienen otro objeto que facilitar nuestra inteligencia, ban legado a ser una carga irresistible. Es preciso, pues, substraernos del imperio de las costumbres, y de la preocupaci6n, desechando las que no fueren absolutamente indispensables, y sea cual fuere el juicio que se former del m6rito de una reforma tan necesaria, es menester que los sabios se dediquen a realizarla. MISC. FILCSOF:CA 11

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CAPITULO XIV IMITACION DE LA NATURALEZA EN LAS ARTES Cada pueblo puede decirse que ve la naturaleza a su modo. y no hay uno que no se precie de imitarla, aan cuando todos se diferencien en sus gustos respecto de las artes. Los distintos siglos ann se diferencian mucho mas, pues parece que es otro el g46nero humano y otra la naturaleza que le causaba los placeres. ;Cuhnto se distinguen los egipcios de los griegos, y 6stos de los romanos en todas las artes de imitaci6n! gLos tiempos actuales y los gustos de las naciones, en qu6 se parecen a aqu6llos? En una misma naci6n reciben las artes distinto giro, segin los pueblos que las cultivan. No se crea por esto que el buen gusto career de bases fijas, o que 6sta's no pueden encontrarse en la naturaleza. Ciertas okras que en todos tiempos han agradado, y que en el dia se tienen como norma de perfecci6n, deben todo este mirito a su conformidad con la naturaleza, y si en ellas se notan algunos defectos, sin duda consisten en haberse separado de los modelos naturales, o de aquella belleza que con mano diestra ha esparcido el Autor Supremo de los seres. La dificultad en esta materia no consiste en co-

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CUESTIONES MISCELANEAS 123 nocer estas perfecciones tan notables que a todos agradan, sino en percibir los medios de una recta imitaci6n. Algunos, persuadidos de que la dificultad es compafiera del m6rito de las obras, y advirtiendo por otra parte los complicados efectos de la naturaleza, han creido que para imitarla es preciso usar gran variedad de medios, y ostentar una complicaci6n incapaz de entenderse y mucho menos de practicarse sin trabajo y largo tiempo. El gusto de la antigiiedad decline mucho a este vicio, y asi se observa que casi todas las obras antiguas son dificultosas. Llegaron los hombres al extremo de superar a la naturaleza, y olvidAndose de las perfecciones que habian observado en los seres, y que debian colectar para la formaci6n de una obra perfecta inventaron otras a su arbitrio, y produjeron unos monstruos que 961o pudieron agradar a sus autores, y a unos pueblos cuyo gusto se habia estragado por la costumbre de apreciar solamente lo dificultoso. El mejor artista era entre los antiguos el que presentaba una obra mis rara por su extravagancia, y mis dificil en en ejecucidn. Siguiendo un camino totalmpnte opuesto ban querido ofros simplificar las cosas en t6rminos de privarlas basta de aquellos adornos mis naturales y que constituyen gran parte de su mirito. Entr6 el prurito por la sencillez fundindose en que la naturaleza es noble y majestuosa, pero al mismo tiempo demuestra una facilidad en las operaciones y una gran economia en los medios de producirlas. Se agreg6 a estas consideraciones, el deseo de reformar el mal gusto que se notaba en las obras antiguas, y de este em-

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124 MISCELANEA FILOS6FICA peio result6 un sistema totalmente contrario, y muchos sabios, guiados por rivalidades mis que por convencimientos, se desviaron igualmente de la naturaleza cuando acusaban a otros de este defecto. La Arquitectura antigua abundaba en adornos complicados, que confundian la vista y necesitaban largo tiempo para analizarse, y sin embargo los egipcios, griegos y romanos creyeron ver en estas obras unas imigenes de las que nos presenta la naturaleza a cada paso, obligAndonos a detenernos en su examen si queremos percibirlas con exactitud. Aun en las invenciones de cosas, que sin duda son contrarias a lo que demuestra la naturaleza, no se propusieron los antiguos mis que imitarla cuando no en las obras, por lo menos en el modo de producirlas, o mejor dicho de complicarlas. El mismo vicio se nota en la poesia, misica y pintura, sin que pueda inferirse que ]a naturaleza no fu6 el modelo que se propusieron los hombres aun en los siglos de peor gusto. Seguramente todo consisted en el aspecto bajo el cual se quieren observar las cosas, pue siendo casi infinitas las relaciones que comprende el gran cuadro de los seres, jams la imaginaci6n deja de hallar medios para variar sus obras, sin que le falter en qu6 fundarlas atendidos los objetos que nos rodean. Posteriormente se ha observado mis en la prictica lo que en especulativa todos admitian, esto es, que el gran arte consiste en ocultar el mismo arte, y que las obras pierden mucba parte de su m6rito luego que se perciben los medios de que se han valido sus autores para formarlas. No se ha hecho mis que variar, y, si se quiere, aumentar la dificultad, pero de

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CUESTIONES MISCELANEAS 125 un modo mucho mis agradable, pues sorprenden nuestro inimo unas operaciones de los hombres hechas al parecer con tanta facilidad como la ejecuta la naturaleza, y cuando alguno quiere repetir lo, que ha hecho un artista moderno, y que juzga estar a su alcance, encuentra obsticulos que s61o pudieron superarse con una profunda inteligencia, y una destreza admirable. Una facilidad aparente es el mayor encanto de las obras modernas. Sin embargo, la mdsica parece que tiene diverso caricter por lo menos en algunos paises. La antigua toda era sensible, cantable, de ficil ejecuci6n; de pasajes mis conocidos, llena de imitaciones o remedos entre los diversos instrumento o voces; en una palabra, mis acomodada al gusto de la generalidad. No procedia esto como algunos creen de que el arte adn estaba en su infancia, y la imaginaci6n no se habia enriquecido y adiestrado para las invenciones, sino de que el gusto se dirigia a diverso objeto, sin duda muy agradable, aunque de distinto orden, quiero decir, a la sencillez que causan los placeres sin fatigar el oido, y a la imitaci6n de la naturaleza humana cuando manifiesta sus pasiones tranquilas y moderadas en las que todo es claro y perceptible. De ningin modo es mi inimo afirmar que los antiguos no expresaron en sus composiciones musicales las pasiones fuertes y desarregladas, sino que esto mismo lo hacian conservando cierta sencillez que ponia al alcance de todos el objeto que se queria expresar. Un conjunto de hombres enfurecidos pueden lanzar un grito formidable que Ilene de un horror repentino al espectador, mas su alma no forma idea

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126 MISCELANEA FILOSOFICA alguna de la causa de esta furia, y la conmoci6n que experiment aunque fuerte es muy vaga, y poco radicada, de modo que pasa casi con la terminaci6n del sonido. Mas supongamos que estos mismos hombres, reprimiendo su c6lera, dan lugar a que sucesivamente cada uno se d& a entender, mientras los otros animan su exposici6n por medio de un ruido sordo que indica los esfuerzos que hacen para reprimirse, y que de tiempo en tiempo sueltan los diques a este torrente de pasiones, y todos se expresan con una energia extraordinaria, pero confusamente; y luego se contienen de nuevo para dejar percibir mejor las expresiones de sus sentimientos. Tal es el caricter de la miisica antigua cuando quiere expresar fuertes pasiones. Las obras de Hayden abundan de modelos semejantes; y las de Pleyel siempre claras y sensibles comprueban cuanto acabamos de decir sobre esta materia. La miisica moderna, manejada por Biotti, Romberg, Kromer, Kreutzer, Bethoven y otros cilebres profesores, es mucho mis implicada, tiene mis rareza en los pasajes, no quiere que el que oye los adivine mucho antes de ejecutarse, la sorpresa es nu delirio, y la monotonia el escollo de que huye con todo esfuerzo. Encubre el arte, y desea que el misico, a imitaci6n de las aves, parezca que se conduce por movimientos vagos y variados de la naturaleza, y no por un orden mecinico de reglas bien sabidas. Un compis poco marcado, y si es posible, no percibido, unas pausas distribuidas como al acaso, una armonia constante en medio de la independencia con que parece operan los instrumentos entre si, son los prin-

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CUESTIONES MISCELANEAS 127 cipales medios de que se vale para conseguir su intento. Esta es la causa por qu6 a los principiantes, y a las personas poco acostumbradas a oir este g6nero de misica, suele no agradar mucho, o a lo menos no tanto como la de Pleyel u otro autor antiguo, pues no percibiendo la composici6n, ni distinguiendo ficilmente la parte que ejecuta cada instrumento, es imposible que experimenten tanto placer. La mdsica italiana conserva mayor sencillez, y seguramente una composicidn de Rossini es capaz de agradar a toda clase de personas, pues los inteligentes hallan en ella lo mis selecto del arte, y los que nada entienden de misica, perciben, sin embargo, los pasajes con mucha claridad. De las reflexiones que acabamos de hacer, se infiere que todos ban imitado la naturaleza, y a pesar de esto, se ban diferenciado considerablemente en el carhcter de la composici6n, y en el gusto musical. Todo consiste en las diversas relaciones que se ban querido imitar en la naturaleza, que puede variarse infinitamente. Para establecer una regla de imitacion, es preciso conciliar la sencillez con la variedad, el artificio majestuoso y raro, la sensibilidad y distinci6n de los pasajes. Es necesario, pues, no olvidar la imposibilidad en que estin los hombres de imitar a la naturaleza en todas las inflexiones y variedad de los sonidos, y no ostentar una aptitud de que carecen, dejarse de imitar las aves, y tomar por objeto de imitaci6n a los hombres cuando expresan sus pasiones, y aun esto puede hacerse hasta un cierto punto, pues todo empefxo en la identidad es ridiculo. Cuando se dice que un profesor imita con su instru-

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128 MISCELANEA FILOSOFICA mento el canto de un pijaro, u otro sonido de la naturaleza, s6Io sirve para darnos una idea de an destreza, y a veces s6lo de su trabajo infructuoso, pues la imitaci6n, por mis que se diga, jamis seri perfecta, y aunque lo fuera, para oir pijaros no se necesitan instrumentos mdsicos. En todas las artes de imitacidn han procurado las mis veces los profesores dar a conocer su habilidad por los obsticulos que superan, y la dificultad de las obras que ejecutan, mis bien que arreglarse a lo que dicta la raz6n, y que puede lamarse la filosofia de las artes. ;Qu6 importa que haya costado mucho trabajo una obra, si ella no es por si agradable? Contray6ndonos a la mdisica de que hablibamos, iqu6 importa que el que toca ejecute un pasaje de suma dificultad, si es de tal naturaleza que no agradaria en el momento en que supi6ramos que no era dificil? S61o serviri para acreditar al profesor, mas no para deleitar a los que le oyen si tienen un gusto rectificado. Bastante dificultad hay sin buscarla en ]a imitaci6n de la naturaleza, contray6ndose s6lo a lo que habla al coraz6n, que es cl remedo de las pasiones, y lo que sorprende la imaginaci6n, que es el hallazgo de modos siempre nuevos y siempre interesantes; no es preciso, no, inventar dificultades caprichosas, que solo ejercitan las manos o la voz del mdsico, y el entendimiento del que observa la extravagancia de semejantes composiciones. Este deseo de ostentar destreza en vencer dificultades se not6 por mucho tiempo en la poesia, dejando a un lado la verdadera imitaci6n de la naturaleza, que miraban muchos poetas como cosa de poco mo-

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CUESTIONES MISCELANEAS 129 mento, y que no podia distinguirlos del resto de los cultivadores del arte. De aqui tuvieron origen las tramas complicadisimas, las acciones mis violentas v extraordinarias, lop sucesos mAs portentosos, y que apenas podia fingirlos la imaginaci6n; en una palabra, todo el arsenal de milagros porticos en que abundaron tanto los siglos pasados. Hasta en la dicci6n hubo la mis ridicula pedanteria, escogiendo las palabras mis raras y colocindolas del modo mis forzado y confuso. Tambi6n aparecieron los versos obligados, o que terminaban en una letra particular; en otros las letras de un nombre que servian de iniciales a los versos que a veces tanibiA6n concluian en otra letra del mismo nombre. En composiciones latinas (que seguramente no eran del tiempo de los romanos) he visto formar muchos circulos conc6ntricos, tirar varios radios, colocando despu6s ciertas letras en los puntos en que cortaban a los circulos menores, y en los extremos de dichos radios. En consecuencia, el autor se vid obligado o usar de todas aqiaelas letras que debian formar parte de su composici6n, la mis dificil por cierto; pero la mis ridicula del mundo. Todo esto prueba que, o no se imitaba la naturaleza, que es lo mis probable, o que s6lo se queria tomar por modelo en lo portentoso de las operaciones, y que teniendo por naturaleza todo cuanto puede el hombre, trataban por diversos medios de manifestar su poder en la invenci6n, aunque fuera de cosas frivolas, y en la ejecuci6n de retruecanos y laberintos misteriosos. El gusto moderno esti mucho mis rectificado, y seguramente se haria ridiculo el

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130 MISCELANEA FILOSOFICA que presentara obras semejantes. Pero gqu6 diremos de algunos que quieren ser tenidos por poetas de gran m6rito, y se atreven a versar con pie forzado, sacrificando la naturalidad del pensamiento y la libertad de la imaginaci6n? Dicen muchos que esto se hace por complacer a algunas personas. Yo digo que por lucir centre ellas, y seguramente tan buen gusto tiene el que propone el pie como el poeta que versa, obligindose a usarlo. La materia sobre qu6 ha deversar es 10 6nico que puede darse a un poeta, y si desempefla al pronto probar mucha facilidad, pero no siempre, dir6 mejor rara vez, perfeccidn en su arte, pues las obras repentinas, digase lo que se quiera, no pueden tener la delicadeza que exige una buena poesia, y si agradan a la generalidad que no percibe los ligeros defectos, no pueden merecer. sino con mueba indulgencia, por las circunstancias, la aprobaci6n de los conocedores. Tom6 despu6s otro aspecto la poesia, y en algunos autores fu6 muy sencilla, de modo que se les reprende de haber declinado al prosaismo, y de carecer de toda la fuerza de imaginacidn que parece absolutamente necesaria para la buena poesia. Este defecto suele ponerse a nuestro Iriarte, cuyas composiciones tienen tanta aencillez y facilidad que parece a veces que leemos una prosa muy trivial. Yo confieso que mi pasi6n a dicho autor me hace gustar hasta de sus defectos, pero ami los mas severos en la materia conocerin que la imitaci6n de la naturaleza debe ilevarse hasta donde es preciso al fin que cada uno se propone, y que siendo el de Iriarte la instrucci6n sencilla de toda clase de personas, la co-

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CUESTIONES MISCELANEAS 131 rrecci6n de vicios que era preciso ponerlos como de bulto, ning6n estilo podia convenirle mejor, y yo creo que prueba una gran delicadeza, en lo mismo que muchos Aristarcos graddan de afectaci6n. Sin embargo, no es mi intento contraerme a ningin autor, ya sea defendi6ndole, ya impugnindole, sino hacer unas ligeras observaciones sobre los diversos modos con que puede imitarse la naturaleza en las artes, sin que muchos de ellos, a pesar de ser contraries, sean reprensibles. Imita Mel6ndez, imita Iriarte, seguramente de un modo muy distinto, pero ninguno de estos grandes hombres dejari de ser tenido como an model, cada cual en su gZnero de poesia. Es por tanto muy necesario formar una justa idea de los limites que debe tener la limitaci6n de la naturaleza en las artes, o mejor dicho de la variedad de la extensi6n del campo en que puede espaciarse el artista. He dicho de la variedad, pues creo que todo depende de la materia y del g6nero de relaciones que cada uno se propane. Se sabe muy bien que la perfecci6n de una estatua en mArmol o en bronce, consiste en dejar percibir la materia de que esti formada, y que en este caso la imitaci6n s6lo puede illevarse hasta manifestar, por decirlo asi, el grupo de las facciones y miembros sin mi color que el de la materia, y sin otras delicadezas que las que ella misma permite y proporcionan los instrumentos que es preciso emplear para trabajarla. Si se diera color a dicha estatua y se la pusieran cristales en los ojos para fingirlos mis al natural, perderia todo su m6rito, aunque la imitaci6n se levara mucho mis adelante, pues sin duda se pareceria mis al original

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132 MISCELANEA FILOSOFICA de la naturaleza. Este ejemplo de que he usado en mis Lecciones de Filosofia, para aclarar la doctrine :obre el buen gusto, manifiesta muy bien la influencia que es preciso tenga siempre en el m6rito de las obras humanas la dificultad que se ha vencido para ejecutarlas, y que la imitaci6n es necesario que haga algtin sacrificio para conciliarse con este modo de sorprender los Animos por medios dificiles. Si la misma estatua se forma de cera, o de madera, nos desagrada, porque sin color natural nos pareceri siempre una en bruto que esti muy lejos de su perfecci6n. Luego si nos deleita siendo de mrmol, es s6lo por la idea de dificultad que excita. Dijimos que la ostentaci6n del poder en las artes, esto es, de la capacidad de superar dificultades, era un vicio que hizo perder todo el buen gusto en artes y ciencias por muchos ahos, y sin embargo esto no pugna con la insinuacion que hacemos ahora del cuidado que debe tener el artista para descubrir modestamente la dificultad de su trabajo. Hay dos clases de dificultades: unas que nacen de la misma naturaleza de las cosas, y que vencidas pueden manifestarse como un trofeo del arte, y que seria un gran defecto encubrirlas; otras que provienen s6lo de la voluntad, o mejor dicho de la extravagancia del artista, y 6stas son ridiculas. Para convencernos de esto advirtamos que la necesidad es quien realza el merito de las obras dificiles, y que faltando 6sta, aun las personas de peor gusto miran como frivolas dichas obras. Ha sido necesario perpetuar la memoria de un h6roe, presentando su imagen a los pueblos en

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CUESTIONES MISCELANEAS 133 parajes ptiblicoe, y por consiguiente sujeta a la acci6n de la atm6sfera en todos sus estados, y a los varios accidentes que son inevitables en tales circunstancias; en consecuencia se han buscado las materias mis s6lidas, y a prop6sito, aunque presentaran mucha dificultad en la ejecucidn, y el artista que la ha superado con mis felices resultados ha merecido mayores elogios. Pero si es posible, separemos la idea de necesidad, y en el momento la obra no se presentari sino como una tentativa initil e imprudente, que habiendo costado mucho trabajo, se aproximaba muy poco al fin que se habia propuesto o debid proponerse el artista. De aqui se infiere que la raz6n es siempre la moderadora del gusto, y que por mis injuria que se quiera hacer a los pueblos, aun en los mis barbaros hallamos a la naturaleza dirigiendo y proporcionando los placeres mismos, cuyos objets forma el hombre. Podemos inferir de lo expuesto que la imitacidn de la naturaleza en las artes, no s6lo tiene por limites los que exigen la materia, los instruments y el objeto del artista, sino tambi6n la necesidad de practicar tales obras de un modo y no de otro, resultando que la dificultad necesaria, y manifestada sin ostentaci6n, da mayor m6rito. Que la sencillez debe observarse hasta no incurrir en un desaliflo, y uniformidad zmondtona e insufrible, al paso que la complicaci6n jams debe exigir gran trabajo en el entendimiento que contempla, pues los placeres no pueden conciliarse con el sumo trabajo, ni con la total inacci6n.

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CAirTULo XV REFLEXIONES SOBRE ALGUNAS CAUSAS DEL ATRASO DE LA JUVENTUD EN LA CARRERA DE LAS CIENCIAS El vehemente deseo de progresar en la carrera de las ciencias suele producir en algunos j6venes un efecto muy contrario del que debia esperarse, pues lejos de contribuir a su adelantamiento, causa su atraso, sin disminuir, y acaso aumentando, su trabajo. Vense acometer con avidez y energia en toda clase de empresa literaria, pero ya sea por la multitud y complicaci6n de estas, ya por la falta de medios intelectuales para ellas, el triste resultado es la p6rdida del tiempo mis precioso de la vida, y de unas tareas penosisimas. La precipitaci6n y la inconstancia suelen acompafiar al laudable deseo de saber, y por una fatal deegracia inutilizan muchos talentos privilegiados. Hiblase de matemiticas en presencia de un joven entusiasmado por las ciencias, y en el momento resuelve entregarse a este studio; la idea de los sabios matematicos que han florecido en todos tiempos, la justa recomendacion y apreeio que se hace de esta clase de conocimientos, ocupa su espiritu, y ya no ve otra cosa que figuras geom6tricas. Hiblase algunos

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CUESTIONES MISCELANEAS 135 dias despu6s de los encantos de la literatura; y nuestro joven encuentra ya muy iridas las doctrinas de Euclidee, no pierde el deseo de saberlas, pero ya no es tanto su empeflo; vase resfriando -por grados, y al cabo da de mano su primer estudio, o por lo menos lo continua con tan poco empeflo y tantas interrupciones, que son cuasi nulos sus progresos. No es diferente la suerte del estudio de la literatura si ocurre alguna circunstancia que flame la atencidn hacia la Quimica, la Botinica, etc., y recorriendo de este modo casi todas las ciencias, y sin haber dejado de estudiar con empeio y fatiga, se queda como suele decirse un Petrus in cunctis et nihil in totum. Difer6nciase mucho un joven de esta clase, de los pedantes cuyo verdadero objeto es bacer ostentaci6n de una multitud y universalidad de conocimientos; su Cnimo no ha sido tan d6bil, sus intenciones han sido mis elevadas, pues a6do tenia por objeto la verdadera adquisici6n de aquella clase de conocimientos que creia mis ditil, o por lo menos para los cuales creia tener mis aptitud; pero el resultado es el mismo. La diferencia s6lo esti en que los unos pretenden alucinar pasando por sabios, y los otros con mis juicio lamentan la p6rdida de todas sus tareas. Otros j6venes que incurren en el misnto defecto que acabamos de indicar, tienen sin embargo mis prudencia, y jams abandonan enteramente una clabe de estudios por adquirir otros, pero los multiplican en t6rminos que apenas pueden adelantar. Se les observa formando continuamente la distribuci6n de sus horas de estudio, y acaso no pierden pocas en distribuir; estiran el tiempo, cercenan de aci y de

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136 MISCELANEA FILOSOFICA alli, no cuentan con la debilidad de la constituci6n humana, ni con los accidentes diarios de la vida, forman su idea de aprender en tal tiempo tantas materias, y se disgustan infinito cuando se ven chasqueados. De este modo fatigan su espiritu, hacen desapacible e infructuosa la carrera literaria, y suelen degenerar en una especie de misaintropos, que reconcentrados en sum planes no dejan tiempo alguno a la sociedad, y a la contemplaci6n de ella, que no es el estudio menos importante. Entre las obras de L6gica que he podido consultar s6lo en la de Taquier he hallado una observacidn semejante, sobre el cuidado que deben tener los jdvenes de no substraerse en tales t~rminos de la sociedad que se hagan infitiles a ella, observaci6n que acaso es lo anico bueno que se encuentra en dicha L6gica. Necesita el espiritu algunos momentos de reposo, y muchos de meditaci6n para hacer verdaderos progresos en las ciencias, para adquirir un caudal propio y no prestado, pues no es mhs que un pr6stamo la aparente adquisici6n que hacemos de las ideas ajenas por medio de la lectura, si no agregamos nuestras reflexiones, si no ilegamos, como decia Condillac, a ponernos en aptitud de formar nuestra ciencia. Yo no pretendo aislar a los j6venes en una case de estudios; muy al contrario, siempre he ensefiado, siguiendo a Quintiliano, que la variedad juiciosa no s6lo es convenient, sino del todo necesaria, pues ni las ciencias por si pueden estar aisladas, ni nuestro espiritu ea capaz de este aislamiento sin caer en la indiferencia y aun en el fastidio, y sin adquirir un orden mecanico de ideas, que sea cual fuere su rec-

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CUESTIONES MISCELANEAS 137 titud, es initil en su aplicacion. Sin embargo, no puede negarse que en muchos jdvenes la variedad de estudios no trae origen de la necesidad, o de la utilidad de interpelarlos, sino de la sed de saber, que a veces a expensas de la prudencia, suele obligarles a emprenderlo todo sin atender ni a su posibilidad, ni a su utilidad. Nada es tan recomendable como la constante aplicacion de un joven que ocupa casi todas las horas en ilustrar su entendimiento, y formar su coraz6n, pero suele haber mucho exceso, no s6Io en la multitud de material, e inutilidad, por lo menos atendidas las circunstancias del que las aprende, sino tambiin en el tiempo que se pretende dedicar al estudio; se pretende, repito, pues en realidad sucede lo contrario. No es estudio la lectura, lo es la comparaci6n y meditaci6n, ;y qui6n puede sostener una meditaci6n continua? La lectura prepara, no bay duda, y da motivo a las reflexiones, mas ella por si misma no es un estudio, o por lo menos, no es el que forma nuestro entendimiento. Yo desearia que se hiciese siempre una distinci6n entre los primeros pasos de nuestro espiritu, cuando aun no esti familiarizado con las ciencias, y los esfuerzos posteriores, cuando s6lo pretende afirmar sus ideas, o adelantar las mismas ciencias. Los j6venes que empiezan no deben querer imitar la conducta de los entendimientos ya formados, y acaso Lste es uno de los motivos de mayor atraso. Aunque todos los conocimientos humanos se adquieren por un mismo mitodo que es por el anhlisis, Lste se hace de distinto modo segan los signos, y 6stos son varies segtn el estado de nuestro entendimiento. MiSC. FILOSOFICA 11

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138 MISCELANEA FILOSOPICA Varias veces he hecho observar, siguiendo las doctrinas de Tracy, que Ians palabras tienen muy distinta significacidn ideoldgica, si podemos ilamarla asi, segtn el entendimiento del que las oye, y es claro que en Ia lectura de un sabio que con prontitud recuerda una infinidad de ideas sugeridas por cada signo, puede y aun debe seguirse un m6todo muy distinto que en In de un principiante. Oye un joven decir que tal sabio dedica tantas horas a la lectura, y se propone imitarlo, sin considerar que aquel entendimiento combina, y digiere, por decirlo asi, con In misma prontitud con que lee, y sin averiguar por otra parte el verdadero m~todo que sigue dicho sabio, si su lectura como parece no esti interrumpida por una multitud de meditaciones sobre un punto, aunque sobre otros pase rApidamente por serle demasiado familiares. El sabio en las materias que ignore es un principiante, pero un principiante que habituado a Ians combinaciones intelectuales, y, por decirlo asi, habituado a saber, ileva suma ventaja sobre un entendimiento poco acoatumbrado a Ins investigaciones. Con todo la conduct del sabio que se detiene, y acaso mias de lo que algunos creen en la meditaci6n de un punto dificil, demuestra a los j6venes principiantes, para quienes casi todos son dificiles, cuil debe ser su detenimiento. Lo primero que suele proponerse un joven es leer una obra en el mismo tiempo, 6 por lo menos casi tan pronto como ha oido decir que. fu6 leida por tal literato, y en consecuencia destizacuanto tiempo puede a Is lectura, y lee con toda Ia rapides posible. Logra o no au intento, en cuanto al tiempo, mas seguramente

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CUESTIONES MISCELANEAS 139 no lo logra en cuanto al aprovechamiento. Concluido si trabajo queda muy satisfecho de haber imitado a un sabio, sin advertir que a6lo ha imitado a sus ojos, pero no a s entendimiento. La moderacidn que en todas materias es recomendable, lo es mucho mas en las cientificas. No debemos violentar la naturaleza sino imitarla. Los frutos prematuros casi siempre son imperfectos, y por mis que quieran disimular su imperfccci6n, 6sta resalta luego que se ponen en paralelo con Jos producidos por un estudio regular y ilevado a la madurez por los pasos que la naturaleza indica, y la razdn persuade. Si el sofistico y estrafalario discurso de Rousseau contra el estudio de las ciencias puede tener alguna aplicacion, sin duda es a estos j6venes apreciables, pero poco prudentes, que malgastando el tiempo, atormentando an espiritu, y a veces perdiendo la salud, a6o consiguen un caudal, que siempre llamar prestado, de ideas superficiales e inconexas que, lejos de nervirles de ornamento y utilidad, injurian, y a veces inutilizan en ellos, el talento de que len ha dotado la naturaleza. No creo ceder a nadie en el deseo de inspirar a la juventud el amor a las ciencias, y la aplicacidn al estudio; pero este mismo deseo me conduce al de querer que se remueva un obsticulo de tanta consideraci6n, y se evite un escollo, que por experiencia ajena y aun propia, s6 los males que causa. Lo primero que debe consultarse es la naturaleza individual, y por ella debe arreglarse el estudio para que sea fructuoso. Es el estudio para el entendimiento como el alimento para el est6mago, que no todos pueden tomar una misma cantidad, y

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140 MISCELANEA FILOS6FICA si se pretende con imprudencia se sufre con deaconsuelo. Las fuerzas fisicas desfallecidas debilitan en cierto modo las intelectuales, y cuando menos se espera obligan a detener la carrera con grandes p6rdidas. Vemos por lo regular que los j6venes atareados inmoderadamente por tno o mis meses, se ven precisados a suspender el trabajo por otros tantos y an mhs, a causa de una enfermedad o de un desfallecimiento que la haga probable. ZY cufl es el resultado? Perder casi todo lo aprendido, y aun cuando esto no suceda, por lo menos quedan imposibilitados por mucho mas tiempo para tareas sostenidas. Si bien se considera, es mucho mayor la p6rdida de tiempo que sufren los j6venes que se aplican con imprudencia, que la de aquellos que menos aplicados en la apariencia son mis juiciosos en realidad. Podemos comparar estos filtimos a un caminante que jams se detiene, pero que sin apresurar su paso ve tranquilo que otros le pasan con esfuerzos extraordinarios para avanzar en el camino, pero al fin cansados se detienen en trminos, que no s6lo los alcanza sino que los deja atris, illegando sin fatiga y anticipacidn al fin de la jornada, y hallindose en aptitud de emprender otra, al paso que sus competidores apenas pueden moverse. Acuerdome de la juiciosa respuesta de un hombre que ilamaba la atenci6n por sus grandes conocimientos, y preguntindole un amigo cdmo los habia adquirido, respondi6: estudiando toda la maRiana, paseando today la tarde y durmiendo today la noche. Pero agreg6 que jams habia dejado de estudiar toda la mafiana sino por algin motivo de

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CUESTIONES MISCELANEAS 141 gran consideraci6n, y que esta constancia en su trabajo habia suplido su ocio y descanso. No podia verdaderamente tenerse por perdido el tiempo empleado en reponer las fuerzas corp6reas e intelectuales, y en rumiar, por decirlo asi, los conocimientos adquiridos. Es innegable que a veces la necesidad y otras la conveniencia exigen un estudio sostenido sin interrupci6n; pero estos casos debe procurarse que no sean muy frecuentes, y jams comprometerlos sin una necesidad. Uno de los motivos que suelen comprometer a los j6venes a trabajos imprudentes son los eximenes paiblicos, o la recepci6n de grados, y la experiencia me ha demostrado que muy rara vez es necesario este estudio inmoderado. Sucede por lo regular que un joven se descuida algunos meses antes del examen, y deja para los dias inmediatos el trabajo que con tranquilidad y perfecci6n podria tener hecho. jQu6 resulta? Que las ideas amontonadas mis bien que colocadas en el entendimiento, no se conservan mis tiempo que el que dura el examen, y pasados algunos dias s6lo se acuerdan los j6venes, como de un sueflo, de todo lo que trabajaron. Quedan por otra parte tan cansados y aburridos, que dan de mano a todo estudio, y se contentan con recordar el lucimlento con que quedaron en su examen, la felicidad con que respondieron, y algunas veces la fortuna que tuvieron en que no les tocasen ciertas y ciertas materias que apenas habian visto superficialmente, y mientras se recrean con estas ideas se borran las de la ciencia y todo esti perdido. Hay otra causa de esta imprudencia y es el vano

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142 MISCELANEA FILOSOFICA placer de otentar facilidad. Muchos jdvenes pretenden que les basta un corto tiempo para lo que a otros cuesta largo estudio, y dejan hasta la vispera de un examen el instruirse en las materias o por Io menos el profundizarlas. Esto proviene no s6lo de orgullo, sino de ignorancia, pues no han formado idea de lo que es saber una materia, por trivial que sea, y contenthndose como suele decirse con quedar Lien, para lo cual basta no responder mal, renuncian las ventajas de los verdaderos conocimentos, y aun (halagando su vanidad) la ostentacion de una riqueza que si Lien no es necesaria para resolver una duda, demuestra un gran m6rito en el que la posee. Todo el que conozca la Ideologia, sabri que en la resoluci6n de las cuestiones, como en el conocimiento de todos los objetos, hay distintos grados de perfeccidn segfin que el anilisis se haya ilevado mis al cabo, y que siendo una respuesta una verdadera definicidin, no comprende mis que Jo principal de la materia. En consecuencia, una respuesta puede ser muy buena porque en realidad comprenda estas relaciones principales, que acaso no percibe el mismo que la da; pero seria mucho mejor si explanando la materia se hiciese ver que se conocian los pasoe necesarios para tales resultados, que se percibia un gran nmero de las relaciones del objeto, en una palabra,-que se tenia la ciencia. Si un talento privilegiado es capaz de hacer con poco trabajo lo que otros hacen con grain, fatiga, no se contente con tan poco, advance mis, que yo aseguro qe por mucho que avance, aun le queda mas que saber, y haga honor a las ciencias, en vez

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CUESTIONES MISCELANEAS 143 de entregarse a una mezquina ostentaci6n de facilidad. Contribuye mucho a este defecto el m6todo vicioso de los eximenes. Suelen los examinadores incurrir en dos vicios muy opuestos: en la sutileza y en la aridez. Fatigan unos con argumentos capciosos, y con una terquedad ridicula sobre dudas de ningdin m6rito, y otros se figuran que a la manera de los que en las clases de gramitica laman decuriones, van a cerciorarse de si los j6venes saben su leccion de memoria, y no se queda definici6n, divisi6n, ni terminito que no les pregunten, y si hacen alguna reflexi6n es tan simple que mis valdria que la omitiesen. Para la primera clase de examinadores basta que un joven tenga alguna sagacidad y viveza, pues sin otras armas se defiende y juega con ellos como quien sortea un toro; para los segundos basta una buena memoria, o cuando no lo sea, basta que el dia antes se haya dado un repaso al catilogo de todas esas pequefleces. Unos y otros contribuyen sin pensarlo al atraso de la juventud haciendo que los eximenes, lejos de producir el efecto que se desea, s6lo sirvan para extraviar el entendimiento de los j6venes, y alucinar a la gran parte del psblico, que en estas materias no sabe distinguir de colores, y para quien un joven queda perfectamente cuando no se calla, y un examinador cuando ha preguntado mucho. No es menor obsticulo para el progreso de la juventud en la carrera de las ciencias la falsa. emulaci6n. Llimola falsa para distinguirla de aquel virtuoso deseo de imitar los buenos ejemplos y acabados modelos, que en las ciencias mis que en otras ma-

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144 MISCELANEA FILOS6FICA terias son necesarios. Que un joven se esfuerce por aprender lo que otro ha aprendido, juzgando de la posibilidad de conseguir un conocimiento por la experiencia de haberse conseguido por otro, a quien cree en iguales circunstancias, es sin duda una virtud, y el principio del adelantamiento. Pero que roido de la envidia, desee por todos medios oscurecer a los que mira como a sus enemigos, s6lo por que tienen mis aplicacion o mis talento, es no s6lo un crimen, sino la causa de su ignorancia. Siempre he tenido por absurdo, y hasta cierto punto por inmoral, el sistema de fomentar entre los j6venes una rivalidad, que por mis que quiera cohonestarse con el nombre de emulacion, no es sino una verdadera antipatia. No han contado los maestros sino con el vano placer de una aplicaci6n, que sin rectificar y aun extraviando al entendimiento, corrompe el coraz6n, y forma un caricter tan despreciable como vicioso. El efecto casi necesario de una emulaci6n semejante, es el empefio de ocultar la ignorancia propia y la instrucci6n ajena. Ignoran y no preguntan, dudan y se dan por satisfechos para evitar que se lea tenga por tardos en comprender, y que sus rivales se glorien de haber entendido con mis facilidad. Nada omiten para engafiar si pueden a todo el mundo, empezando por sus maestros, y se habittian a juzgar de su m'rito por el aprecio que consiguen, y no del valor de 6ste por el de aqu6l. El aprecio superior al m6rito es una generosidad incauta, y no una justicia circunspecta; puede agradar a la vanidad, pero jam's a la virtud. Tales son las ideas que deben inspirarse a los j6venes, tratando por todos medios de inspi-

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CUESTIONES MISCELALNEAS 145 rarles la justicia, la sinceridad, la generosidad y la franqueza, que deben formar el caricter de un sabio, y cuyos fundamentos deben ponerse desde los primeros aios, porque despuis es tarde, y rara vez se consigue. Diez afios estuve dedicado a la enseflanza ptiblica, y a una continua observaci6n de la juventud, y puedo asegurar que casi diariamente me demostr6 la experiencia los inconvenientes del errado sistema de inspirar a los j6venes una emulaci6n mal entendida. En nada puse tanto empeflo como en desterrarla, y pocas cosas me costaban tanto, por tener que luchar contra la pain de la vanidad, que acaso es la mis ind6cil, mayormente si se halla fomentada por la imprudencia de algunos hombres, cuya conducta seria criminal si lo fuesen sus intenciones. Elogian a un joven, hacen que se crea con mis m6rito del que tiene, pres6ntanle en paralelo con todos los de su tiempo; en fin, Uenindole de viento la cabeza y de mezquinas pasiones el coraz6n. El resultado es que no estudia, porque confiado en su gran talento, cree que no lo necesita mucho; o si estudia es con todos los obsticulos que resultan de una pasi6n desarreglada; cuida poco de sus progresos, y mucho de sus victorias, y a veces llega a extraviarse enteramente. Muchos jdvenes de esta clase me han dado mis tormento que los mfis desidiosos. Los que tributan elogios a los jdvene aplicados hacen justicia al m6rito y un bien a las ciencias y a la sociedad; pero si se hace sin precauci6n se produce un gran mal. Debe elogiarse a un joven dejAndole entrever lo mucho que a6n ignora, lo que puede esperarse de 61 si con-

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146 MISCELANEA PI.OS6PICA tinda con empeio en sus estudios, en qu6 consiste el verdadero m6rito, y cuin ficil es perderlo. No todos pueden tener igual confianza para inculcar estas ideas a los jdvenes; pero los maestros y personas allegadas deben tenerla sin limites, y persuadirse que faltan a su obligaciOn omitiendo estoo sab ludables consejos. An queriendo atender mis al aprecio que consiguen que al verdadero m6rito, debian los j6venes evitar una emulaci6n desarreglada. Nada es tan frecuente como que degenere en orgullo, y nada es mis repugnante que un joven orgulloso. ;Cuintos jdvenes de gran talento y aplicaci6n se atraen el desprecio de todos los sensatos por una pasion tan rastrera! Aun los mismos que tributan elogios a sun conocimientoe colman de oprobio en conduct. Por el contrario, el joven que a las luces une la generosidad y la sensates, que jamis usa de an mirito para hacer sufrir a otros, qe prodiga sus conocimientos sin hacer ostentacidn de ellos, y no se averguenza de mendigar los ajenos, que ve en cada condiscipulo un hermano, y se complace en sus progresos, no a6lo es apreciable por mu moralidad, sino porque promote infinito a las ciencias. Empieza a formarse un caricter franco y s6lido, que es la base de los progresos cientificos, y de la buena conducta social. Hay otros obsticulos que costari mucho desarraigar por tener en su favor a la costumbre y a la autoridad. Hablo de los reglamentos. Graddanse los trabajos intelectuales como los mecainicos, y el efecto es conform a tan equivocada conducta. Tantos afios se ha de estudiar para ser mn'dico, tantos para

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CUESTIONES MISCELANEAS 147 abogado; el estudio ha de ser en clase piblica autorizada. Para tal ciencia se necesitan tales estudios preparatorios, y algunos reglamentos forman una lista que s61 elo leerla horroriza a los j6venes. Obligase a estudiar el latin y a veces el griego, y otras cosas semejantes que podrin ser de ornamento, pero no de necesidad. Una multitud de j6venes que carecen de medios, o de tiempo para frecuentar las clases piblicas, pero que harian un estudio privado con buenos maestros, se ven sin esperanza de poderse dedicar a la carrera de las ciencias. Muchos al contar tantos aflos creen que no deben apurarse, y que en sabiendo al fin lo suficiente para contestar en un examen todo esti compuesto. Otros no pudiendo dedicarse a la multitud de estudios, que muchos de ellos s61o son preliminares porque se han establecido en el reglamento, se desaniman y abandonan. Es cierto que un joven que ha frecuentado una clase pdblica por mucho tiempo, ha tenido ocasidn y medios de instruirse, pero tambin -lo es que por lo regular se abusa de ellos. El examen imparcial es el que decide, y rara vez lo ea cuando se considera que la desaprobaciOn obliga a un joven no a estudiar lo que ignora, sino a perder otro tanto tiempo. Cuando las ciencias forman carrera social debe la sociedad tender una garantia de los conocimientos del individuo, pero no de los medios por donde los ha adquirido. La sociedad proporciona los suyos, pero si alguno quiere valerse de otros, y consigue el mismo efecto, no debe la ley privarle de lo que su talento y estudlo le han proporcionado. No hay que argiiir

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148 MISCELANEA FILOS6FICA con la indulgencia que podria tenerse con estos estudios privados o pdiblicos, pero hechos en menos tiempo; la experiencia prueba que mucho mis se condesciende con los que presentan una certificaci6n de haber asistido a una clase, aunque no hayan hecho mas que ocupar un asiento en ella.

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PARTE III APUNTES FILOSOFICOS SOBRE LA DIRECCION DEL ESPIRITU HUMANO* Estos apuntes que forman un compendio de las doctrinas ideol6gicas contenidas en mis lecciones de Filosoffa, sirvieron de indice para los examenes pnblicos en el dltimo curso que enseo6 en el Colegio de S. Carlos de la Habana. Por este motive se notari alguna sequedad o demasiada precision, y que en varios lugares se hace referencia a lo enseflado. He puesto como notas los fundamentos de algunas proposiciones, pues los de otras que acaso podrian desearse se hallan en otros articulos de esta Miscelunea.

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I OPERACIONES DEL ALMA El alma sin sentidos no conoceria la naturaleza. Sus primeros conocimientos tienen por objeto las sengaciones y se Uaman ideas. Estas son individuals, pues la naturaleza s6lo tiene individuos. Los objetos causan diversas sensaciones; inferimos, pues, que tienen diversa aptitud para inmutar nuestros sentidos, y estas aptitudes se laman propiedades. Por tanto las propiedades no son cosas distintas de los cuerpos, y 6tos no tienen nada semejante a nuestras sensaciones. Ellos no son verdes, frios, calientes, ni pesados.* Todo lenguaje es un cuadro que represents nuestAs ideas, y 6stas se conforman a nuestras sensaciones. De aqui se infiere que los nombres se han puesto a lo que sentimos, y despuhs se han aplicado a las causas de este sentimiento. Luego la palabra verde u otra semejante express nuestra sensaci6n; pero en los cuerpos no existe nada semejante a estas sensaciones. Luego ellos no son propiamente verdes, frios, calientes ni pesados. Manifestemos que los cuerpos no fienen noda semejante a naestra sensaciones. Estas o se conideran en el alma I y son unas meras ideas, o en el cuerpo y son unos movimientos de las fibras; pero ni las ideas, ni los movimientos de las fibras, tienen semejanza con la I Hablo ahora acomodindome a la opinion general y no a la mia, pues Juzgo cue la sensaci6n no esti en el alma. Vkase el Trwado del Hombre, lecci6n V.

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152 MISCELANEA FILOS6FICA Los fil6sofos han dicho que hay un sujeto que sustenta o sostiene las propiedades y por tanto le lamaron sustancia. Ellos dicen lo que piensan, y no lo que han observado.* diversa aptitud de la superficie de un cuerpo en la cual consisten sus propiedades; luego queda probada la provosician. Esta doctrina es contraria al lenguaje com'n, y manifiesta que en 6ste se ha confundido el efecto con la causa, y que en lugar de decir, cuerbo que tiene atitud para causar la sensacidn que l1amamos verde, se ha abreviado diciendo cuerpo verde. Reflexionemos que la naturaleza para nosotros existe s6lo en nuestras sensaciones, y que estas forman un conjunto de realidades bien percibidas, y existences en nosotros mismos. De aqui proviene que tenemos por cierto aquello que sentimos, y a menos que no sea un pirr6nico afectado, nadie negari que existe lo que siente. En consecuencia, hemos inferido justamente que un efecto real como es la sensaci6n, tiene unas causas verdaderas, y crevendo que 6stas son de la misma naturaleza cue sus efertos, se le han ido atribuyendo a las cosas una porci6n de realidades anidas, que todas se oponen a las ideas exactas de la Fisica moderna sobre las propiedades de los cuerpos. Infiero, rues, aue la doctrina expuesta no s6la es conforme a la buena Fisica, sino oue es uno de los princioales fundamentos de ella, y que por no haber fijado bien estas ideas, se ban establecido tantas cuestiones entre los escolisticos, sobre la naturaleza y producci6n de las formas, ya sustanciales, ya accidentales. Hemos manifestado que las propiedades no son cosas distintas v senarables de los cuerpos a quienes se atribuyen; luego todo el fundamento de la doctrina antigua queda destruido, pues no es otro one la necesidad de una base o apovo para sostener unas propiedades que se suponian como cosas distintas, y agregadas a los cuernos; luego destrufdo el fundamento es nula la doctrina. Es indtil fingir un sujeto que sustente no habiendo cosas que sustentar, y mucho mis cuando por ningain experimento se ha probado la existencia de este sujeto que le laman incdgnito, y a la verdad lo es en tales tirminos, que ni s4 c6mo han podido fingirlo. Luego Ins fil6sofos hablan de lo que no conocen, ni saben si existe. Ellos dicen lo que piensan por una tradici6n inveterada, y por una gran falta de anilisis. A los modernos, que a pesar de Ia rectificaci6n de sus ideas, conservan en esta porte las errores del escolasticismo, podemos hacerles esta reflexi6n. Las propiedades no son cosas distintas de los cuerpos. En esto convenimos. Luego son los mismos cuerpos, pero ninguno esti debajo de si mismo; luego dicho sujeto que no debe ser distinto del cuerpo, no puede estar debajo

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APUNTES FULOSOFICOS 153 La primer propiedad de los cuerpos que conocemos es su resistencia, luego su movilidad, despu&s su extension, de aquf su figura, y sucesivamente las demis. Seria conveniente distinguir la figura de los cuerpos de su forma exterior. La vista puede ensefiar la fide las propiedades. eQuien podra figurarse que unas meras aptitudes sirvan de velo a un sujeto que nadie conoce? Dicen los fil6sofos modernos que se conocen las propiedades y no el sujeto; pero al mismo tiempo afirman que la fiaura v. gr., no es una entidad o cosa distinta del cuerpo que la tiene; luego conocido uno, se conoce otro, y este lenguaje estA en contradirci6n consigo mismo, siendo un imposible que si un hombre se llama Juan Antonio, por eiemplo, conociendo a Juan, no se conozca a Antonio. La propiedad es un modo del fingido snieto inc6gnito; pero analicemos cu6 quiere decir esta palabra modo. Ella no da a entender otra cosa que cierta colocaci6n o cierta aptitud de alg'n sujeto, como el modo de tocar un instrumento consiste en la situaci6n y movimiento de los dedos. Mas mregunto ahora, ipuede conocerse este modo sin el sujeto? ;Podra uno conocer el modo de mover los dedos sin conocer los dedos? ;Pues c6mo dicen que se conocen las propiedades de este sujeto incognito. que son sus modos, sin ronocer el mismo sujeto? Yo creo que 6ste es un titere escondido con que se ha jugado al capricho. Por el empefio de buscar en las cosas lo que no hay, se ha perdido en las ciencias mucho tiemmo y trabajo. Son interminables las cuestiones cue han suscitado los fil6sofos sobre las esencias, sobre Ia ncAnraleza, sobre la subsistencia, la materia prima, y otras cosas semejantes; pero si investigamos el origen de este hilo de Ariadnes, conoceremos ficilmente que todo consiste en haberse fingido, y haber dado por existence un ser distinct de lo cue vemos y tocamos, y cue debia former la base de los principios de nuestras sensaciones. Es preciso que traduciendo los t6rminos, se aclaren las ideas, y cue los delirios de la imaginaci6n pierdan una realidad que les ha dado la costumbre en un lenguaje inexacto, y la ligereza de los fil6sofos. Preguntemos que quiere decir que una cosa se da a conocer. Esto equivale a manifestirsenos por algunos de los sentidos; pero el tal sujeto que impropiamente Ilaman inc6gnito ino esta operando en todos nuestros sentidos? Que otra cosa es la extension, la figura, el color, sino unas acciones de dicho sujeto? Luego se conoce tan rlaramente, como se podra conocer otra cusiquiera cosa la. mis evidente. MISC. riLos6nicA 12

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154 MISCELANEA FILOSOFICA gura, pero no las formas; 6stas y las distancias se conocen s6lo por el tacto.* Los individuos se hacen sensibles por un gran nimero de propiedades, y asi las ideas que tenemos de ellos son muy compuestas. Por tanto si atendemos a nuestro estado actual, las ideas no son conocimientos simple, segin quieren los escolisticos. Acerca de las ideas ejercemos la atenci6n, cuando el alma se detiene en considerar un solo objeto por una propiedad; la abstraccidn cuando considera la propiedad como si fuera cosa distinta del objeto; y el juicio cuando se percibe o expresa un objeto por una sola propiedad que se nos hace sensible. De aqui se infiere que formamos tantos juicios Las impresiones de la vista son muy variables, pues la mis ligera circunstancia altera considerablemente la imagen de un objeto, que estA sujeta a las infinitas modificaciones de la luz. Por otra parte, el sentido de la vista tiene una estructura tan delicada, y depende de tantas relaciones en la distancia del cristalino respecto de la retina, y en el estado de los humores, que es casi imposible conservar un orden constante en las representaciones. No hay dos hombres que vean de un mismo modo, y los cuerpos resultan aumentados o disminuidos, de una figura o de otra, segin el ojo que los mira. El sentido del tacto esti sujeto a alteraciones, pero son mis ligeras y pueden despreciarse. Los hombres estin seguros de lo que tocan, y este sentido tiene mucha mis constancia. Por l se nos manifiesta la verdadera situacd6n que tienen las padres exteriores de un cuerpo en la naturaleza, y por tanto seria conveniente distinguir la voces que expresan estos distintos modos de conocer los objects, y como la palabra figara se deriva de la voz latina Jingere, parece mis a prop6sito para expresar las ficciones variables de la vista, asi como la palabra forma se acomoda mis a la verdadera disposici6n de las padres de un cuerpo. Es regla invariable de Ideologia, que conviene distinguir los signs, asi como se distinguen las ideas, y 6sta es la raz6n por que el Conde de Tracy ha juzgado itil llamar figura al modo inconstante con que se presentan los objetos a nuestra vista; y forma a la verdadera situaci6n de las partes exteriores de un cuerpo en la naturaleza.

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APUNTES FILOSOFICoS 155 acerca de un objeto, cuantos son los modos con que inmuta nuestros sentidos, y que en toda atenci6n hay un juicio, no distingui6ndose sino en el mayor tiempo que permanece el alma juzgando. Se infiere igualmente que el juicio no es la reunion de dos ideas, como dicen las escuelas, o una doble sensaci6n, segdn quiere Condillac; sino por el contrario, que lo que entre los escolhsticos se entiende por un juicio, debia lamarse la idea mis simple, o el t6rmino de la sencillez a que pueden ilegar nuestras operaciones intelectuales, porque no es mis que la percepci6n de un solo modo de los infinitos con que cada objeto inmuta nuestros sentidos.* La opinion escolistica, por m6s que quiera explicarse, siempre supondri que primero tiene el alma las ideas, y luego por un actor secundario las reane o separa; pero esto es falso, pues cuando percibimos un objeto por una propiedad, ya todo esti unido en la naturaleza, y esta union no se debe a nuestro entendimiento. Si el juicio es negativo, no consiste mis que en dejar de percibir un objeto, por tal o cual propiedad; pero de ningurn modo supone que hemos separado del objeto dicha propiedad, siendo asi que no se separa de una cosa, lo que no existe en ella. Tambiin debe advertirse, que si la idea representa el objeto, como es en s1, debe representar sus propiedades. Seria un absurdo afirmar que cuando uno ve, o se imagina un hombre blanco, ha unido la idea de blancura a la idea primera que tuvo de este hombre, cuando todo fu6 a un tiempo, y tal vez le afect6 miAs el color. Reflexionemos que el entendimiento nunca forma idea del hombre en general, sino individual, esto es, contraida a cierto tamnafio, color, figura, etc. Pan comprender mejor esta materia, recordemos que toda proposici6n se reduce a un juicio, y as! la proposici6n el hombre es racional, se reduce a este juicio: hombre racional, donde seguramente no se hamunido dos ideas; pues cuando digo hombre, ya he formado la idea de racional, y no se podcri decir que 6sta viene a agregar algo a la primera, sino que es una parte de ella, que expresamos separada para hacerla mis perceptible. Lo mismo que percibo la racionalidad en un individuo de la especie humana, percibo su color, pues siempre juzgamos, no del color en general, sino de aquel que estamos viendo. Si examinamos detenidamente la opini6n escolistica, adverti-

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156 MISCELANEA PILOSOPICA Por medio de sucesivas atenciones se forma el aniliais que consiste en descomponer y recomponer intelectualmente los objetos. Esta operaci6n es la 6nica que nos descubre las verdades, y nos da ideas exactas de los seres complicados. La naturaleza es nuestro primer maestro en el arte de analizar, y ella es la nMica que nos dirige. Por medio del anhiisis formamos las clasificaciones poniendo nombres generales a ciertos conjuntos de remos que se habla de abstracciones como si fueran realidades, y que se confunden los actos complicados de un entendimiento que discurre y clasifica, con los sencilles del origen de nuestras ideas. Se dice: hombre bLanco es unI juico compuesto de la idea de blancura, y la de hombre; mas preguntemos, qu6 expresa est voz blancura? Una abstracci6n de nuestro entendimiento despuds de haber observado un modo de operar en los cuerpos o una propiedad. La voz hombre no significa un individuo de la especie, sino que es una palabra general que expresa un individuo vago e indeterminado, y que asi no puede ser el fruto sino de una abstracci6n. Luego cuando se dice que hombre blanco es un juicio que redne la idea de blancura y la de hombre, es lo mismo que si dijkramos que reunia dos abstracciones, o que era una cosa abstracta. ;Pero quikn no ve que este lenguaje es absurdo? En buena ideologia nunca se dird que primero se tienen las abstracciones que las realidades, y que stas se forman de aquellas. Contra esta doctrina se ha presentado el caso siguiente. Se dice a uno: ha lHegado un hombre, y despues se le dice: ha legado un hombre sabio; sin duda ahora relne otra idea a la primera que tenia. Sin duda, diria yo, corrige ahora su idea; pues 61 sin saber qud hombre era se lo habta figarado en abstracto, ignorante o sabio. Si lo primero, tiene que destruir una parte de su idea, y no se puede decir que a ella (seg6n I& habfa formado) une otra nueva. Si lo segundo, no hace mIs que ratificar su idea, y nada agrega. En esta materia no debe olvidarse, que la idea es una imagen del objeto, y asi donde no hay dos objetos, no hay dos ideas. iQui6n dird que el irbol es un obieto, y su color es otro, despuEs de lo que tiene demostrado la Fisica? Y aunque no se tenga idea de esta ciencia, qu6 rdstico cree que su entendimiento hizo al ver el arbol tres operaciones, unaa ara conocer dicho 6rbol (sin conocer su color, a pesar de estarlo viendo), otra para conocer su color, y la tercera para reunir estos dos conocimientos?

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APUNTES FILOS6FICOS 157 individuos; estos nombres no tienen objetos existentes en la naturaleza, pues un conjunto no es un individuo. Una idea a proporcion que va generalizindose va expresando menor namero de propiedades, aunque convenga a mayor nmero de individuos. Las ideas son tanto mis inexactas respecto de los seres, cuanto mis generales. De aqui se infiere que la exactitud de las ideas generales, debe comprobarse por las ideas El empefo en dar realidad a las abstracciones, y en aumentar prodigiosamente los actos de nuestro espiritu, cuando s6lo aumentamos las voces de un sistema aereo, es la causa de muchos atrasos en la Ideologia. Parece, pues, mhs conforme decir que el juicio consiste en suprimir o desatender las diversas propiedades del objeto, y expresarlo por una sola, y asi cuando decimos hombre grande, solo pretendemos que se atienda al tamnafo, con exclusion de las demis propiedades. Cuando Condillac dice que el juicio es una doble sensaci6n, no ha reflexionado que cuando juzgamos atendemos a una sola, y que si Dios hubiera formado un cuerpo con solo la propiedad de la blancura, dirlamos cuerpo blanco, y la sensaci6n serfa una sola. Es cierto que el lenguaje expresa dos signos, porque indica la idea total, de la cual hemos observado una parte; pero es un error inferir de aqui que son dos -ideas unidas o separadas. Hablando con exactitud diriamos mis bien a una sola sensaci6n, excluyendo las infinitas que nos causa el objeto, cuyo nombre recuerda para que se sepa de qu6 conjunto de propiedades elige la que presenta. Qu6 es para mi un irbol, sino la causa de un conjunto de sensaciones? dY que es su color, sino una de ells? Todo esvo debe entenderse en el estado actual de nuestros conocimientos, en que por un anilisis practicado desde la infancia, nuestras ideas son ya unas imagenes cabales de los objetos; pero si por idea quiere entbnderse toda sensaci6n, aunque sea de una propiedad, diremos entonces que el juiclo es la idea mas simple que tenemos. Adviirtase cuidadosamente que no es lo mismo suponer varies sensaciones, que componerse de ellas. El juicio no s6Io supone dos sensaciones, sino tantas cuantas son las propiedades que se nos hacen sensibles en el objero, mas no por esto debe decirse que consiste en la reunion de dos de ellas, pues en tal caso serial la reunion de una a otras innumerables.

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158 MISCELANEA FILOSOFICA individuales, y no al contrario. Esto demuestra que es absurda la practica de las escuelas. Tambi6n ejercemos las operaciones de imaginar y acordarnos, consistiendo la primera en la representaci6n de un objeto, que actualmente no inmuta nuestros sentidos; y la segunda en el conocimiento que tenemos de haber percibido antes una cosa. Estas operaciones son muy distintas, y nosotros hemos observado repetidas veces sus diferencias. Toda reproducci6n de una idea no es memoria. El raciocinio consisted en deducir una idea de otra, y para esto lejos de ser necesario que la deducida sea menos universal que su antecedente, podemos asegurar que en infinitos casos sucede lo contrario, y que siempre la comprensi6n de una idea es la que decide, y no su extension. Debe decirse igualmente que el raciocinio se hace por deducci6n y por inferencia. Para la deducci6n es preciso que una cosa se incluya en otra; para la inferencia basta que dependa, o tenga conexi6n con ella. El alma repite todas sus operaciones para ver si son exactas, y entonces reflexiona; otras veces acompafia esta reflexi6n exacta con nuevas combinaciones inventando medios, y procurando no s6lo examinar lo hecho. sino percibir nuevas cosas; entonces medita. Todas las operaciones que ejerce nuestro espiritu para conocer los objetos se atribuyen a una sola facultad, que recibe el nombre generico de entendimiento.

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CORRECCION DE DICHAS OPERACIONES Nuestras ideas se corrigen, corrigiendo los sentidos. Esto se ha explicado muchas veces, y parece indtil repetirlo. No deben atenderse muchos objetos a un tiempo, ni muchas propiedades. La atencion se promueve y se fija por sensaciones, interns y novedad. Como quiera que el juicio consiste e6lo en simplificar la idea que tenemos de un objeto, o mejor dicho, en una idea simple, se infiere que no puede tener otras reglas para su correcci6n, sino una prictica racional y met6dica, pues la atenci6n bien ejercitada es la que ensefia a aislar los objetos. En todo anilisis se procede de lo conocido a lo desconocido, de lo facil a lo dificil. Las propiedades deben estar enlazadas, pues no basta observarlas si ellas no forman una gran cadena. Hemos hecho un ensayo de estas doctrinas investigando ]a porosidad de dos cuerpos bajo volimenes iguales, sin tener conocimiento de las experiencias fisicas que se han practicado sobre esta materia. En el mismo ensayo indicamos los errores a que puede conducirnos un anhlisis mal encadenado. Se hizo ver asimismo que la verdad mAs comprobada cuando

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160 MISCELANEA FILOS6FICA no se adquiere por pass analiticos, cuando faltan algunos de los eslabones a la gran cadena, no puede tender firmeza su conocimiento en nuestro espiritu, que siempre tendri cierta desconfianza, y creer que ha acertado por casualidad. Todo anilisis debe acomodarse al objeto que nos proponemos, y es ridiculo querer analizar todas las propiedades de cualquiera cosa que se ofrezca. Las clasificaciones deben ser moderadas, pues su multitud, lejos de aclarar, confunde nuestras ideas. En esto debemos arreglarnos a la especie de conocimiento que queremos adquinr. Los vicios de la imaginaci6n se corrigen por los sentidos; sus ficciones deben tener por norma a la naturaleza. Una continua imaginaci6n ilega a distraernos debilitando la atenci6n; y produce ademis graves dafios sobre nuestros acts intelectuales. La imaginaci6n fija nuestras ideas por sensaciones, y las aumenta presentando nuevos objets. La memoria de cosas es muy titil; la de palabras muy despreciable. Cuando para darnos a entender que un individuo sabe muy bien las doctrinas de un autor, nos dicen que saben su obra de memoria, debemos creer que es probable que no la entienda, y es cierto que trabaj6 inzdtilente. Las abstracciones deben ser moderadas, y en ellas debe tenerse a la vista la naturaleza para no abstraer cosas que no existen. Asimismo es preciso tender mucho cuidado para que en nuestras operaciones intelectuales, desviindonos insensiblemente de los primeros pasos, no le demos al objeto la existencia que

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APUNTES FILOSOFICOS 161 presenta en su abstracci6n. Esto lo hemos hecho ver manifestando los errores de algunos grandes fil6sofos, y aplicando aquella gran sentencia de Bacon de Verulamio: al entendimiento no conviene darle plumas para que vuele, sino plomo que.le sirva de lastre. El discurso depende solamente de un buen anilisis. Todas las reglas escolisticas no sirven de nada. Por ellas no se puede resolver ninguna dificultad. Sin ellas se resuelven fhcilmente todos los sofigmas, ora pe presenten con la sencillez ideol6gica, ora con todos los adornos de la oratoria. No es dificil indicar todos los extravios del entendimiento en una conversaci6n familiar, si el que oye observa las reglas analiticas.

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m TALENTO, INGENIO, JUICIO Y BUEN GUSTO Hemos observado en qu6 consiste el talento, y cuiles son los medios de conocerlo. Se ha demostrado que un hombre de muchos conocimientos puede no tener talento, y al contrario, un ristico puede poseerlo. El talento es don de la naturaleza; pero puede rectificarse, y aun adquirirse por el estudio. El ingenio es la facilidad de inventar, y se distingue del talento en que 6ste no tiene por objeto precisamente las ficciones, antes bien versa con mis frecuencia acerca de objetos reales. En las cosas inventadas debe haber sencillez, relaci6n de padres, y conformidad en la naturaleza de ellas. Esto debe observarse en la poesia, pintura y demis artes de imitaci6n e invenci6n. Cuando se imita la naturaleza, no siempre se atiende a la belleza real de los objetos, sino a la ideal, y 6sta se forma por la observaci6n de muchas perfecciones individuales. Debe por tanto distinguirse la naturaleza fisica de la imitable, y la imitacion de la copia. La imitacion influye mas en el progreso de las bellas artes que la copia, aunque 6sta en algunos ramos es indispensable.

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APUNTES FILOS6FICOS 163 La imitaci6n tiene sus limites, y 6stos se demarcan por la naturaleza del objeto, de la materia y del instrumento. Lo que se llama genio para las ciencias o las artes, es cosa muy distinta del ingenio, y cuando se retinen producen efectos admirables. Si se dejan en plena libertad suelen producir monstruos, y si se restringen mucho por reglas, pierden su energia y son estdriles. Hay una linea de demarcaci6n en estas materias, y 6sta consiste en asignar lo que pertenece a la naturaleza de las cosas, y a los usos constantes de los pueblos; que es lo que puede prescribir las reglas, y lo que es fruto de una imaginaci6n acalorada. El juicio en este lugar lo tomamos por aquel acierto que algunos individuos tienen en elegir lo que conviene a las cosas, lugares y circunstancias. Este juicio es fruto de la continua meditaci6n, y de la prActica de analizar bien. No tiene otras reglas. El buen gusto literario tiene sus fundamentos en la naturaleza, y se nos da a conocer por lo que agrada generalmente a todos los hombres en todos tiempos, cuando se hallan desprendidos de toda preocupaci6n; pero debe atenderse a las naciones ilustradas, prefiriendo siempre el dictamen de los sabios. En este gusto influye notablemente la sensibildad fisica. Se adquiere y rectifica por el estudio, la prictica y la imitaci6n de -los buenos modelos, consiguiendo de este modo la delicadeza y correccidn que son sue principales propiedades.

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IV MANIFESTACION DE NUESTROS CONOCIMIENTOS Las acciones y palabras analizan nuestras ideas: el lenguaje de acci6n tiene ventajas sobre el de palabras, pero muchas perfecciones de 6ste no se hallan en aqu4. Concluimos dando la preferencia al lenguaje de palabras. En los signos hay una imperfecci6n inevitable, y se dicen mis correctos los que son menos imperfectos. Ningan idioma puede loenar las vastas miras de la Ideologia. Un mismo signo presenta diversas ideas segan los individuos que lo perciben. Todo signo que expresa un objeto compuesto es el resultado de un cilculo; y el anilisis de dichos signos es el verdadero m6todo de discurrir. En el estado actual de los hombres, no puede darse anilisis cuando no se dan signos, y la i-ectitud de estos influye considerablemente en todas nuestras operaciones intelectuales. Se ha echo ver segan las observaciones del conde de Tracy, en qu6 consiste que algunos entendimientos muy ejercitados en el Algebra, y muy exactos en todas las operaciones matemiticas, no tienen igual

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APUNTES FiLos6ricos 165 exactitud en otras materias, antes por el contrario son muy torpes. Asimismo se ha manifestado siguiendo a dicho autor que la Quimica y la Fisiologia son las ciencias mis adecuadas para desenvolver el espiritu humano. Con este intento hemos dado una ligera idea del objeto y operaciones de cada una de dichas ciencias, demostrando igualmente que no es preciso ser matemitico, fisico, ni fisidlogo para resolver esta cuesti6n, bastando un corto numero de ideas tan sencillas, que en un cuarto de hora puede cualquiera percibirlas. Las propiedades de un buen lenguaje son la sencillez, brevedad, claridad y precisi6n. Dotados los signos de estas circunstancias, promueven el anhlisis luego que legan a sernos famiHares, y mientras mis facil es el uso de dichos signos, tanto mis correctas son las operaciones del alma. De aqui hemos inferido que las ciencias se aprenden mis ficilmente en el idioma nativo que en otro alguno, y que es un plan anti-ideol6gico enseflar a los espafloles en otro idioma, y mucho mis si es un idioma muerto como el latin. Mientras Espafla quiera ser Roma no seri nada. Por la naturaleza del lenguaje hemos probado que todo el que piensa bien, habla bien, y en qu6 consiste que muchos dicen que entienden una cosa y no pueden explicarla, siendo esto un imposible, pues todo el que dene ideas y voces, puede hablar con claridad. Se ha observado la relacion de las palabras con los objetos de la naturaleza, manifestando que ]a interjeccidn fu6 la primera de todas las partes del

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166 MISCELANEA FILOS6PICA lenguaje, no siendo las otras sino una transformaci6n o eustituci6n de ella. Los gramaticos diciendo que hay nombres sustantivos y adjetivos han causado un gran perjuicio a las ciencias.* Se evitaria este inconveniente Ulamando a] sustantivo nombre total, y al adjetivo nombre parcial; expresando el primero una idea o una imagen de todo el objeto existente en la naturaleza; y el segundo tn juicio, que es una parte de dicha idea, segin hemos La palabra substantive se deriva de subesse, y significa un sujeto que esti debajo de las propiedades, y adjetivo, que se deriva de adicere, indica una cosa unida a otra; pero hemos hecho ver que estas ideas son err6neas en buena Fisica; luego el lenguaie de los gramiticos fomenta el error comdn, y es contrario al de la naturaleza. Por much que se explique el sentido de estas voces, no podri negarse que o Ia idea que formamos es err6nea, o el sign de ning6n modo la conviene; pues si pensamos que la sustancia es un objeto escondido, y las propiedades sus velos, es un absurd; y si no lo pensamos, y sin embargo, se conservan dichos nombres, es mayor absurdo, porque es hacer ciue los signs expresen Io contrario de nuestras ideas. No necesito probar mis lo que esto influye en las ciencias, y cuanto puede atrasarlas, supuesto que seg6n demostr6 el calebre Condillac, sna ciencia no es mds gque us idioma exaco. La nomenclatura gramatical se form6 en tiempo en que la Fisica estaba en tinieblas, y no es mis que un coniunto de abstracciones; se corrigieron estas, se form6 una nueva Fisica, y como por desgracia se ha mirado siempre con poco interes la correcci6n de las voces, y se ha .tenido el estudio de la gramitica como una cosa mecinica, que no necesita de las luces de la Filosofia; ban corrido estas y otras voces inexactas, y correrin siempre, pues tanta es la fuerza de la costumbre, que habri maestro que juzgue que se destruye el sistema gramatical si se varian las voces. El nombre que represents todo el objeto, puede muy bien llamarse total; y asi la palabra hombre que express todo lo que observamos en un individuo de nuestra especie, sin duda es total; y cuando expresamos una propiedad (que es lo que significa un adjetivo), dams a entender una parte dc la idea que hemos formado de dicho hombre, y puede ilamarse parcial. Esa nomendatura evitaria los errores de la comdn, conformindose a las nociones de una Fisica exacta, y por consiguiente a la naturaleza.

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APUNTES FILOSOFICOS 167 advertido. En estas nociones creemos que se contienen los elementos de la Gramitica general, que es una de las padres mis interesantes de la direcci6n del espiritu humano, y con este motivo hemos echo ver sus relaciones con la Ideologia y con la L6gica, manifestando asimismo en qu6 se diferencian.

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V OBSTACULOS DE NUESTROS CONOCIMIENTOS. DEFINICIONES Ninguna definici6n es exacta ni puede serlo.* No hay definiciones de cosas y de nombres, esen* Toda definici6n es el resultado de un anhlisis; siendo pues imposible que una cosa se analice perfectamente sin que se escape la mis ligera circunstancia, y comprender desu6s en la definici6n todo los resultados de este prolijo anfilisis, se infiere claramente que ninguna definici6n presenta, ni puede presentar, todo su objeto, y que nor tanto, si arendemos a la naturaleza de las cosas, ninguna definici6n es exacta ni puede serlo. Es cierto que decimos que un hombre es animal racional, y es imposible que siendo animal racional. no sea hombre; pero cada uno de estos signos, es una nota gen6rica, con que expresamos una multitud de propiedades, que nuestro entendimiento muchas veces no ha analizado, y que aunque las hubiera observado perfectamente, no podria repetirlas, siendo as cue el sign por si solo no las da a entender. Los verdaderos ide6logos convienen en que las ideas no pueden distinsuirse, sino se distinguen sus signs, y que las relaciones de un obieto nunca estarin bien determinadas, si el signo no puede expresarlas. De aqui se infiere la inexactitud de nuestros signos, pot mAs correcto que sea el idioma, pues cuando es muy complicado el objero, no es posible que el signo recuerde todas las overaciones que fueron necesarias para adquirir este conocmiento. Deduzco, pues, que estin equivocados los que creen concern las cosas, sabiendo sus definiciones. La naturaleza es mis abundance en sis obras, y ha puesto mayor ndmero de relaciones en cada objeto, que Ins que percibe nuestro espiritu. Esta es la raz6n por que he credo que ninguna definici6n es recproca, pues lo que reciprocamos es el conocumiento adquirido, y no el conjunto de todas las propiedades de un objeto, porque entonces serta preciso haberlas conocido todas, lo cual es un imposible.

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APUnTES FLOS6FICOS, 169 ciales y descriptivas. Todas son reales, todas descriptivas. Atrasan nuestros conocimientos, por el abuso que se hace de ellas. Son el t6rmino de las investigaciones, y no el principio. Hemos manifestado lo que debc hacerse cuando se oyen las definiciones, y para que sirven 6stas. Es un absurdo querer definir todas las cosas. Igualmente lo es persuadirse de que no se sabe lo que no se define. De aqui se infiere que hay cosas que si se nos pregunta qu6 son, de ningiin modo podemos responder, y sin embargo las conocemos perfectamente. La idea que no puede definirse es la mas exacta.* Atendidos los objetos de una definici6n puede ser buena sin reciprocarse con el definido, como exigen los escolisticos; pues en la mayor parte de las definiciones, s6lo se reciprocan los signos de nuestras El objeto no se puede definir cuando es muy simple, o cuando es muy complicado, y hemos hecho un anilisis prolijo de sus propiedades. En el primer caso la imposibilidad pioviene de que toda definicid6n explica o desenvuelve las diversas panes de un objeto por signos mis claros; y como es imposible que una idea muy simple tenga estas panes que desenvolver, y admita mayor claridad en sus signos, no puede practicarse la definici6n. En el segundo caso, la multitud de propiedades bien conocidas, necesitan un nmero igual de signos, y algan tiempo para repetirlos, todo lo cual no conviene con la brevedad que se pretende observar en las definiciones, y por tanto el que habla se halla implicado para responder a una pregunta, y no iuede definir el objeto segdn la costumbre escolistica. Pero advirtamos que si el objeto es simple, no tiene tantas relaciones que distraigan nuestro espirit, y su idea es mis exacta, y si el objeto es complicado, mientras mis detenido sea nuestro anilisis, que es decir, mientras mis le conozcamos, mis dificil es la definici6n; luego debemos deducir que la idea que no puede definirse es la mis exacta, MISC. FILOSOFICA 13

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170 MISCELANEA FILOSOFICA ideas, y no las cosas como son en si. Casi nunca podemos estar seguros de que una definici6n se reciproca con el objeto. Por no haber hecho todas estas observaciones se han producido muchos errors.

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VI PRINCIPIOS Los principios generales nunca son necesarios y muchas veces son perjudiciales. Por tanto, nada pierde el que los ignora. Cuando se dice que uno sabe tal o cual ciencia por principios, debe entenderse que sabe los pasos necesarios para adquirir cada conocimiento. Es un absurdo empezar por los principios generales como suele practicarse. Es igualmente un error creer que dichos principios deben suponerse y no probarse. La L6gica de Aristdteles, superior sin duda a la de los que quieren lamarse sus discipulos, tuvo sin embargo este defecto. La verdad de los principios generals se contiene en las ideas individuales, y no al contrario. El haberse figurado otra cosa es la causa principal de la inexactitud de la L6gica escolistica.

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Vi PREOCUPACIONES Cuatro son sus causas principales: el trato social, la imperfecci6n de los primeros pass analiticos, la timidez literaria, y la inconsideraci6n que proviene de una confianza cientifica. Cartesio que nos manda empezar dudando de todo, es un apreciable maestro; sus discipulos han sido mas imitadores de algunos de sus delirios, que de su m6todo y meditaciones exactisimas; m6todo al cual confiesa deber sus progresos este genio admirable. "Yo no creo, dice, baber sido particularmente favo"recido por ]a naturaleza, y aun muchas veces he "deseado igualar a otr6s, ya sea en la facilidad de "retener impresiones recibidas, ya en imaginar las "cosas de un mododistinto, ya en la rapidez del "pensamiento. Si tengo alguna ventaja sobre el "com6n de los hombres, la debo a mi m6todo." Conviene fijar la idea de preocupaci6n para no extraviarnos, illevandonos de encuentro todo cuanto hay de mis aitil. La preocupaci6n produce distintos efectos, segin su diverso origen y las circunstancias del individuo en que se halla.

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VIII S IST E M A S Un plan sistematico es un plan absurdo. La naturaleza no conoce estas normas. Inventar un sistema y buscarle pruebas, es un delirio; observar efectos y deducir causas, 6sta es una ciencia.

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IX APARATO CIENTIFICO La exactitud de las ideas no depende del aire magnifico y del orden con que se presentan. Afectando el rigor matemitico de Euclides, sofid Cartesio, y se extravid Leibnitz. La verdad es mis sencilla, ella no quiere adornos extranjeros, pues los suyos bastan para hacerla apreciable. Se ha demostrado esto con ejemplos que propone Condillac. Las voces tienicas son un juego literario, un obsticulo de nuestros conocimientos, y unos velos que cubren la ignorancia, para que a la lus de h& ras6n no sufran un justo desprecio.

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x CUESTIONES Su multitud prueba nuestra ignorancia, y la aumenta confundiendo nuestro espiritu. Los que procuran suscitarlas, aun sobre las cosas que menos importan, juzgan que son titiles a las ciencias, al paso que las destruyen. Los escolasticos tienen mucho de esto. Antes de examinar una cuesti6n debemos advertir si produce alguna utilidad, o si es aplicable a algtn objeto, despreciando las que se laman sutilezas, quo mejor podrian ilamarse torpezas intelectuales. Una cuesti6n que decidida por la afirmativa o por la negativa da iguales resultados en el adelantamiento de una ciencia, debe creerse inutil. No hay regla universal, mas sta tendri pocas excepciones si es quo tiene alguna. Toda cuesti6n se resuelve traduciendo, y el arte de traducir es el arte de saber.

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XI HABITOS 0 COSTUMBRES Impiden muchas veces nuestros conocimientos, aunque sirvan para rectificar sobremanera nuestras operaciones intelectuales. Los juicios habituales son la causa principal de los defector en orden a moralidad.* El error consiste unas veces en no atender a los juicios habituales, y otras en fijar la atenci6n dinicamente en edos. En la edici6n anterior continuaba este pirrafo del modo siguiente: y puede decirse quo singign hombre opera conra so razdn. Esto es inexacto, pues hay veces que con toda reflexion, y conociendo la injusticia de un acto, se ejecuta, y aunque puede decirse que se practica por un dictamen de raz6n, que indica el medio de satisfacer las pasiones, no puede tenerse como repuesta exacta, pues dictamen de raz6n no debe lamarse sino el que aprueba una accion como justa. Mi error antiguo es una confirmaci6n de la doctrina. Vi6 mi entendimienro la cuestion bajo el aspecto del influjo de los juicios habituales y pada mis, y por mucho tiempo no me hizo fuerza una objeci6n tan obvia, que sin duda me ocurri6 mil veces, pero que yo no crea fuerte, o por lo menos hallaba mil salidas. iTanta es la influencia de ciertas ideas cuando se apoderan de nuestro entendimiento!

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XH PASIONES Estas fomentan nuestro espiritu, y al mismo tiempo son el principal obsticulo de nuestros conocimientos. La observaci6n dnicamente es la que puede indicar su influencia. gTodo el que discurre apasionado discurre mal? ZQu6 signos hay para conocer cuando la pasi6n impide la exactitud de las ideas, hasta qu6 grado puede hacerlo, y cuiles son los medios de evitarlo? Estas preguntas nos han ocupado varias veces, y yo espero que su resoluci6n, aunque algo prolija, estari siempre Lien al alcance de mis discipulos.

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Xfl FALTA DE DISPOSICION Nada es mis frecuente que emprender estudios sin tener las ideas que deben conducirnos por una eerie bien enlazada, hasta levar al examen del objeto de la ciencia que apetecemos; y nada es mis contrario al orden cientifico.

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xlv LENGUAJE La mayor parte de los errores proviene de la inexactitud de las voces, por no estar bien fijada su significaci6n, y por creer que se entiende un objeto luego que se le haya puesto un nombre. Los fil6sofos disputan del infinito; ellos lo nombran, pero no lo entienden. El lenguaje escolistico es uno de los principales obsticulos de las ciencias. Debemos proceder, como advierte juiciosamente Laromiguiere, de las ideas a las voces, y no de 6stas a aqu6illas, pues aunque comAinmente se practica asi, inducidos por la costumbre y obligados por la necesidad, es preciso, sin embargo, que el ide6logo jamia olvide el origen de las cosas y busque el de los signos en las ideas.

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xv AUTORIDAD Las autoridades es otro de los obsticulos de nuestros conocimientos, el mis conocido, pero tal vez el menos evitado. No solamente los jefes de las sectas, sino tambi6n otros genios inferiores ejercen un imperio absolute sobre los espiritus poco ilustrados, y aun sobre aquellos que aprendieron que no se debia seguir autoridad, mas no aprendieron a no seguirla. Dios: he aqui el anico Ser infalible.

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xvI GRADOS DE NUESTROS CONOCIMIENTOS Todas las ciencias son exactas y es un absurdo decir que alguna de ellas no lo sea. En todas puede encontrarse la evidencia, y las decantadas abstracciones metafisicas son tan ficiles y claras como la operaci6n mis mecinica, si se examinan con un buen anilisis, pues se conoceri prontamente su exactitud o mu repugnancia. Hemos hecho ver las distintas aproximaciones que podemos tener a la verdad, en orden al testimonio de otros hombres, pues por lo que hace a nuestras investigaciones deben arreglarse a lo que hemos dicho anteriormente sobre el m6todo de corregir nuestras facultades intelectuales. Se ha manifestado el distinto valor del testimonio de los hombres, segdn las circunstancias de cada testigo, la naturaleza de la historia, y el valor de los monumentos con relaci6n a ella. Seg n las doctrinas de La Place, hemos considerado la probabilidad como una relacidn de los casos favorables a los posibles, siendo tanto mayor cuanto mis se aproxime un nimero a otro. Si los acaecimientos son igualmente posibles, la probabilidad se deduciri comparando la suma de los

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132 MISCELANEA FILOSOFICA casos favorable a los posibles, siendo tanto mayor cuanto mis se aproxime un nmiero a otro. Si los acaecimientos son igualmente posibles, la probabilidad se deduciri comparando la suma de los casos favorables con la de los posibles. Si los hechos son independientes, de suerte que uno nada influya en otro, la probabilidad de que acontezcan reunidos o a un tiempo, es como el producto de los casos posibles de un hecho, multiplicado por los posibles del otro. Siendo unas mismas las circunstancias, la probabilidad de que suceda cierto ndmero de veces seguidas un hecho simple e independiente, disminuye segtin se aumenta el producto de los casos posibles por el ndmero de las veces que se pretende que acontesca. Para graduar la probabilidad de un hecho cornpuesto, esto es, que depende de dos o mis acaecimientos, se valia la probabilidad de uno de ellos, despu6s se supone existente, y se ve la probabilidad que en tal caso tendria el otro o los otros hechos.

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XVII OBSERVACIONES SOBRE EL ESTUDIO Y EL PEDANTISMO LITERARIO Hemos tratado de los libros, del m6todo de estudiar, y de lo que debe evitarse en la carrera literaria. Se han dado reglas para distinguir los libros aut6grafos, ap6crifos, interpolados y variados. Reflexionamos sobre el m6rito de las obras, y el abuso que suele haber en esta materia. Se han indicado las reglas para hacer fructuosa la lectura segin la naturaleza de la obra que se lee, y el estado de conocimientos en que se halle cada uno. Se ha demostrado que deben preferirse los compendios a los libros extensos y magistrates, indicando cuil es el uso que debe hacerse de etos ailtimos. Se ha manifestado la utilidad de los apuntes y el m6todo de formarlos. Examinamos las circunstancias en que debe hallarse el que estudia y lo que debe evitarse. Observamos el m6todo de fijar las cuestiones o los objetos que quieren investigarse, y para esto se hizo un ensayo prhctico acerca de la proposicidn: icudles son los estudios fundamentaes de la oratoria? Se han hecho algunas advertencias sobre las ma-

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184 MISCELANEA FILOSOFICA terias principales de nuestros estudios y la reunion de ellas, manifestando serg6n la doctrina de Quintiliano, que es conveniente, y algunas veces necesario, estudiar muchas conas a un tiempo, pero que en esto puede haber alg6n abuso. Se ha fijado la idea del pedantismo literario, y hemos dicho que son pedantes los sectarios obstinados, los que dan dictimenes sobre obras sin entenderlas; los que andan en pesquisa de voces raras, los que tienen un gran empeflo en manifestar lo que saben, venga o no venga al caso; los consecuenciarios, los que afectan despreocupaci6n, los decididos por todo lo antiguo, y los partidarios de lo moderno.

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xvIn DISPUTAS LITERARIAS Indicamos las circunstancias que deben exigirse para entrar en una disputa, y se ha hecho ver que en nuestras escuelas se ultrajan y destruyen las ciencias, echando a pelear a sus alumnos como los atletas en los pugilatos de Roma, o los competidores en los juegos olimpicos. Se han observado detenidamente las pricticas de nuestras escuelas, manifestando que son inconducentes y contrarias a todo buen metodo. MISC. FILOSFICA 14

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PARTE IV DOS CUESTIONES IDEOLOGICAS

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CAPiTULO I CARTA A UN AMIGO RESPONDIENDO A ALGUNAS DUDAS IDEOLOGICAS Las dudas que usted me propone sobre la conveniencia de las doctrinas ideol6gicas establecidas en ]a primera de mis Lecciones de Filosofia, con la proposici6n: la idea que no puede definirse es la mids exacta, que se halla en mis Apuntes Filos6ficos, y cuyos fundamentos expuse en la Misceldnea, creo que pueden resolverse con una mera ampliaci6n de las mismas doctrinas. Para esto convendri recordar ligeramente las bases de otra proposici6n, y ver si concuerdan o no con lo que posteriormente he escrito. Una idea no puede defimurse cuando su objeto es tan simple que no encontramos otros en. que resolverlo, y por consiguiente no hay t6rminos para definirlo; o cuando siendo implicado, conocemos tantas propiedades de 61, que no podemos reducirlo al corto circulo de una definici6n. En el primer caso la idea no puede ser mis clara ni mis exacta, puesto que representa cuanto tiene el objeto, o por lo menos cuanto percibimos; en el segundo, tampoco puede aproximarse mis a la exactitud, pues la dificultad de definir proviene de ]a abundancia de conocuimiento, y mientras mis se aumente 6ste, es decir, mien-

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190 MISCELANEA FILOSOFICA tras mi8 conforme es la idea con el objeto, mAs crece aqudl1a. Resulta, pues, que la imposibilidad de la definici6n supone o la totalidad o la mayor extension de conocimiento, y por consiguiente, la idea, etc. Mas esta misma doctrina cree usted que no esti muy conforme con la expuesta en mi primera lecci6n, esto es, que no existen ideas sino t6rminos generales, porque en tal caso, dice usted, aquellas abstracciones en que se ilega a una extrema sencillez, como por ejemplo el ser, no son ideas sino t6rminos generales; de donde sacamos en claro, que no se da el caso de un objeto muy simple, pues todos son unoe grupos de propiedades, y las ideas que los representan han de ser compuestas. Luego, bablando con exactitud, debia decirse: yo puedo definir el t6rmino general ser, y no la idea. Efectivamente dice usted muy bien: todas las ideas que tenemos de los objets de la naturaleza son compuestas, pues no hay uno que no lo sea, y la idea no es mis que su imagen. Esta es la doctrina expuesta en la primera de mis lecciones, mas de ella no se infiere que no tengamos idea del ser y de todas las propiedades en abstracto, perteneciendo a ellas un objeto real, quiero decir, una parte real de un objeto existent. Jamis esti el ser despojado de propiedades, y jamis se halla una propiedad aislada; pero sin embargo su conocimiento, aunque no es la imagen completa de un individuo de la naturaleza, no puede decirse que .no tiene objeto. Trmino sin objeto seria tfrmino sin significacidn, lo cual es un absurdo; pero de aqui no se infiere que siendo el t6rmino general, tambi6n debe serlo en objeto como

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DOS CUESTIONES IDEOLOGICAS 191 parece a primera vista, y como dedujeron muchos antiguos. Para convencernos, basta reflexionar que cuando nuestra mente atiende al ser o a una propiedad sola, siempre se contrae a un individuo, y por mAs esfuerzos que haga, no puede figurarse un ser general id6ntico, en la piedra, el Arbol, el hombre, etc., ni un verde, o una redondez generales, sino siempre contraidas estas cosas a un individuo que se ve o se finge, y asi el t6rmino que llamamos general no tiene en la naturaleza un objeto general. Z C6mo, pues, le conviene la denominaci6n? Porque se aplica a muchos donde no se encuentra un mismo ser, pero si uno semejante, y entonces la universalidad es una propiedad del t6rmino que s6lo expresa su aplicacidn universal, pero no su objeto universal, porque no hay ninguno de esta clase ni puede fingirse. Se da, pues, el caso de un objeto simple, aunque 6ste no exista aislado en la naturaleza, y sea preciso encontrarle siempre formando parte de un conjunto, en cuyo sentido puede decirse que no es un objeto de la naturaleza, asi como una piedra no es una casa de una ciudad, ni el que tuviera conocimiento de las piedras separadamente, lo tendria de las casas, mas no por eso dejan de estar en las casas, ni de ser unos verdaderos objetos. Supongo que usted no se figurara que yo pretendo que las propiedades sean cosas separables de los objetos, y que el simil que he puesto (como todos los similes) no debe entenderse sino en cuanto puede aclarar la materia, conservando la idea de la naturaleza de cada cosa. Luego que se convenga en la aplicaci6n de la pa-

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192 MISCELANEA FILOSOFICA labra idea, creo que se resuelve toda la duda. Idea es imagen, y si lo es de un individuo de la naturaleza, todas nuestras ideas son compuestas; pero si esta palabra quiere aplicarse, como no puede menos de hacerse, a todo lo que tiene una realidad, aunque no forme por si solo un objetode la naturaleza, tendremos ideas simples. Para nosotros tiene realidad todo lo que nos produce una sensaci6n real, prescindiendo de lo que verdaderamente fuere en la naturaleza; y la diversidad de sensaciones nos sugiere la idea de la diversidad de operaciones reales, provengan o no de un mismo principio. Creo, pues, que convendremos en que se da el caso de un objeto simple, cuya idea serA igualmente simple y no podri definirse. siendo la mis exacta por esta misma raz6n, y que nuestras abstracciones no suponen la nulidad del objeto, sino la ficci6n del modo de existir. Pero en la suposici6n de un objeto compuesto, dice usted que tambi6n ofrece alguna duda la proposici6n que nos ocupa. ZCuAntas veces sucederi que el tener un objeto muchas propiedades facilite su definici6n? Si el imin no tuviese la propiedad de dirigirse a los polos, que quiere decir, si fuera menos compuesto, yo no podria definirlo. Convengo, amigo mio, pero de ahi s6o puedo inferir que para la definici6n de un objeto compuesto, no basta conocer las propiedades en que conviene con todos si no se encuentra alguna en que se distinga, mas no que la multitud de propiedades conocidas, que quiere decir la mayor exactitud de una idea, no sea un obsticulo para la definici6n, cuando se quiere que 6sta vaya como debe ir a la par de nuestros conocinientos. jSi ademis

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DOS CUESTIONES IDEOL6GICAS 193 de esta propiedad del imhn conoci6semos en 61 un centenar de ellas, que en todas se distinguiese absolutamente de los demAs cuerpos, 4c6mo las reuniriamos todas en una definici6n sin que 6sta se convirtiese en un tratado? Si aun conociendo esta sola propiedad diferente, conoci6semos tal ninmero de las esenciales y comunes que su enumeraci6n fuese dilatada 4c6mo se definiria el objeto cuando ni aun la meamoria pudiese conservar sus propiedades? No basta para definir bien un objeto, decir en qu6 se diferencia de los demis, sino que es en si mismo. Yo creo, pues. que en algunos casos la composici6n de un objeto nos facilita el definirlo; pero que en estos mismos casos, y en todos los demAs, ilegaria a ser imposible la definicion, cuando legase a ser muy exacto nuestro conocimiento. Cada objeto de la naturaleza es un mar inagotable de donde sacamos pequeias porciones, que al principio contenemos en estrechos recipientes, pero que al fin nos inundan, y obligan a abandonar la empresa. Definimos mientras sabemos poco; se aumenta la ciencia, y desaparece la definici6n. Estas se repiten como un recurso para dar alguna sefia del objeto, pero esta algo atrasado el que crea que ha explicado su naturaleza. Es cuanto puedo contestar a ousted en orden a las dudas que se sirve proponerme. Es de usted, etc.

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CAPtruLo II EL IDIOMA LATINO CONSIDERADO IDEOLOGICAMENTE Es innegable que la lengua de los romanos, sin embargo de haber perdido mucha parte de su hermosura, conserva unos atractivos y tiene una delicadeza, capaces de elevar el espiritu rins frio. Nadie puede leer las obras de Cicer6n, Tito Livio, y otros autores del siglo de oro, sin percibir las bellezas que proporcionaba el idioma, y que contribuyeron a realzar el m6rito de estos hombres c6lebres. Toda traducci6n por buena que sea es d6bil, y despu6s de haber oido a Tulio, no queremos oir a nadie. La elocuencia moderna, y el buen gusto en literatura, encuentran una fuente abundante en las obras clisicas de los romanos. Estas ventajas que servian para halagar el espiritu, y dar pibulo a la imaginacion, no eran muy favorables para rectificar las ideas. Muchos creerin que 6sta es una paradoja; yo expondr6 sencillamente ni juicio, y cada cual pensari como gustare. Un idioma arreglado a la exacta Ideologia, debe tener claridad, brevedad y precision. El de los romanos tenia esta diltima circunstancia; pero carecia de las otras, y era el mis defectuoso en el modo de

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DOS CUESTIONES IDEOLOGICAS 195 presentar los pensamientos. Es sabido que la principal hermosura de la lengua latina consiste en el hip6rbaron o trastorno de palabras, invirtiendo todo el orden que la naturaleza prescribe. Muy rara vez hablaban los romanos coordinando las voces como lo estin las ideas, y esta contradicci6n centre el cuadro intelectual de los pensamientos y el material de los signos, debe confundir el espiritu, y un idioma semejante nunca seri conforme a la buena Ideologia. La costumbre puede hacer que se entienda, pero nunca seri sino con mucho trabajo del entendimiento, que va deshaciendo lo que fabrica el que habla, y lo va coordinando segdn el orden de la naturaleza. No es otra cosa una traducci6n. Los latinos es verdad que no traducian, porque era su idioma patrio, pero si coordinaban los signos, y de otra suerte no se hubieran entendido. Un idioma que divide al hombre, y le obliga a ejercer dos actos a la pir, oyendo al que habla y combinando sus voces, no puede ser claro. Por otra parte, en la separaci6n de las palabras y las distintas combinaciones que hacian, era muy frecuente colocarlas en t6rminos; que era muy dificil, por no decir imposible, atinar con el verdadero orden, pues se presentaban al entendimiento dos o tres combinaciones, todas muy naturales, pero que daban diversos sentidos. Los que se ban dedicado al estudio de ]a latinidad saben que esto es cierto, y que es el origen de las diversas traducciones pie suelen darse a un pasaje de tal o cual autor clisico, sin que se pueda decidir cuil es la verdadera. Bien conocida es la anfibologia del oriculo de Delfos: dico te Cesarem vincere parthos; que puede entenderse,

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196 MISCELANEA FILOS6FICA o que los partos vencian a Csar, o Csar a los partos. Quintiliano refiere que se suscit6 un pleito considerable por haber dejado uno en su testamento estas palabras: faciant mihi statuam auream hastam habentem; cuyo sentido depende de la colocaci6n de una coma en la palabra statuan o en la palabra auream, pues en el primer caso la estatua puede ser de cualquier materia, y la vara que debia tener en sue manos debia ser de oro, mas en el segundo caso, asi ]a estatua como ]a vara debian bacerse de oro. Dichas palabras no podian menos de ser confusas, al pronunciarse donde no puede ser sensible la pequefia inflexi6n de una coma. En el idioma latino estin admitidas otras varias figuras, que consisten en quitar y dividir palabras, dejando al entendimiento el gran trabajo de arreglarlas, como hemos dicho del hip6rbaton; esto influye igualmente en ]a confusi6n de las ideas. Yo omito repetirlas por ser bien conocidas, y la misma dificultad que ellas presentan a los principiantes y a veces hasta a los profesores, es una prueba de lo que oscurecen el lenguaje. Ademds, la armonia del idioma latino pide muchas veces un agregado de palabras superfluas, pues aunque es cierto que algo significan, sin embargo no corresponde el agregado de voces a la sencillez de las ideas, y 6sta es otra de las causas que hacen poco exacta en Ideologia la lengua de los romanos. Por otra parte, muchas de sus figuras oratorias consisten en empezar de un mismo modo los periodos o en concluirlos; en conjugar un verbo, en esparcir superlativos, y otras cosas semejantes que

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DOS CUESTIONES IDEOLOGICAS 197 inspiran cierta ligereza a] espiritu, y es menester estar muy prevenido para no caer en el defecto de debilitar los pensamientos por adornar las palabras. Los que han dicho que el estudio del idioma latino rectifica la Ideologia, porque ejercita el entendimiento en analizar los periodos de un idioma tan trastornado, no advierten que en este caso le considerariamos como un objeto del anilisis, como podria serlo una piedra o un rbol, y un objeto muy complicado, mas no como un idioma, esto es, como una reunion de signos que sirven de medio para el an&lisis, pues si el mismo instrumento de que debemos valernos para hacer una cosa es mis complicado, y cuesta mis trabajo manejarlo que practicar lo que intentamos, es claro que de poco puede servirnos.

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PARTE V OBSERVACIONES SOBRE EL ESCOLASTICISMO * Dos de las Observaciones (I y II) sobre el escolasticismo las hemos interpolado, por encontrarse en la segunda edici6n de la Misceljnea Filosdfica, pp. 42-68. (Nota del Editor.)

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OBSERVACION I COMO SE INTRODUJO EL ESCOLASTICISMO El escolasticismo, considerado en su doctrina, no es mis que un conjunto de las que se le atribuyen a Arist6teles, aplicadas a los diversos objetos de las ciencias. Si se considera en su m6todo viene a reducirse a un orden de definiciones, divisiones y principios generales, que se aplican a las diversas materias. Atendidas sus reglas, no vienen a ser otra cosa que unas observaciones pricticas del modo con que cada uno ha creido que puede dirigir el entendimiento, y por eso se observa que todas ellas se establecen, sin haber presentado antes los pasos analiticos que se dieron en su formaci6n. Si consideramos su lenguaje, 61 no es de ningin idioma conocido, sino que forma una mezcla de todos, y asi se forman muchas de las palabras de la escolistica. Sus cuestiones, o contienen verdades que sin estudio alguno las perciben todos, o son de materias abstractas que atormentan el entendimiento, sin adelantar un punto el verdadero estudio. Esta ligera idea del escolasticismo me parece que est& tan comprobada por la experiencia, que no necesita nuevas manifestaciones. Reflexionemos de qu6 modo se introdujo el escolasticismo en las ciencias. uSC. ruoa6ncA 15

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202 MISCELANEA FILOS6FICA Los primeros escritores, asi te6logos como juristas y m6dicos, no usaban otro lenguaje que el admitido legitimamente en el idioma en que escribian. Sus disertaciones eran claras, y ilenas de dignidad y elocuencia, observando las reglas que habian aprendido de los ret6ricos. En este sentido llama Beda a Aurelio Prudencio, noble escolistico espafiol, y S. Jer6nimo dice que 61 usaba algunas veces el adorno escolistico, y que S. Pablo habl6 en el Aredpago con cierta elegancia escolistica. Por tanto, los antiguos escritores recreaban con su lectura en vez de mortificar, y en cuanto lo permitia el estado de los conocimientos en su tiempo, esas doctrinas eran claras y exactas. Basta para desengafiarse de esto, leer las obras de los Padres de la Iglesia, y con especialidad las de S. Agustin. En el siglo vi, Boecio empez6 a unir la filosofia aristot6lica con la teologia, explicando muy sutilmente las palabras sustancia y persona, en un tratado que escribi6 sobre ]a Trinidad. Al fin del mismo siglo, escribi6 S. Isidro Hispalense una especie de reunion o suma teologica, y algiin tiempo despu6s, Trayor, Obispo de Cesirea, escribi6 un compendio teol6gico, cuya obra se cree que abri6 camino a la escolistica. En el siglo siguiente escribi6 S. Juan Damaseno, y despu6s S. Anselmo, los cuales se tienen entre los Padres como el origen de la Teologia esco1Tstica; no porque ellos hubiesen escrito en el m6todo de nuestras escuelas, sino porque formaron un cuerpo de doctrina ordenado, siendo asi que los antiguos Padres escribian seg6n las necesidades de la Iglesia, sin guardar un m6todo ni sistema en las materias. En el siglo xii, Lotario HI mand6 explicar en las

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SOBRE EL ESCOLASTICISMO 203 escuelas un c6digo de las leyes romanas muy deteriorado, que por casualidad se encontr6. Con este motivo se levant6 una plaga de comentadores, que cada uno daba interpretaciones a dichas leyes segiin su capricho, y se creian mis sabios cuanto mis abundaban en sutilezas, capaces de esparcir las tinieblas sobre todos los conocimientos juridicos. Habiendo Ilegado a ser studio de moda la Jurisprudencia, tratada bajo este nuevo m6todo, empez6, dice Sixto Senense, a decaer el estudio de la Teologia, y se vieron precisados los profesores a ensefiarla como se ensefiaba la Jurisprudencia. Aqui empez6 a escolastizarse la Teologia, tratada hasta entonces con la mayor sencillez y dignidad por los Padres de la Iglesia. En el siglo xm estaba ya introducida la Filosofia peripat6tica, y los herejes se valian de sus armas para combatir la Religi6n. En este tiempo pareci6 uno de los hombres de mayor talento que ha tenido la Iglesia. Este fu6 Santo Tomis, a quien elogiaron justamente Leibnitz y Grocio; pues, como dice Fontenelle, hubiera sido otro Cartesio, si le hubieran ayudado los tiempos. Este Santo Doctor se vi6 precisado a herir a los herejes con las mismas armas, y por los mismos filos con que aqu6llos querian destruir la casa del Seiior. La filosofia peripat6tica, cultivada por los irabes, estaba en sumo cr6dito, y en el siglo xu, como escribe el cardenal Palavicinio, habian convertido a C6rdoba en Atenas, y por la destreza de Averroes, se levant6 la filosofia de Ariet6teles, que habia estado sepultada por mucho tiempo, principalmente en las provincias occidentales (Historia concilii tridentini, Lib. 7, cap. 14). De donde debe inferirse que Santo

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204 MISCELANEA FILOSOFICA Tomas us6 de la filosofia peripatitica, porque era la admitida en su tiempo, y tenia autoridad entre los herejes con quienes disputaba. Despu6s siguieron Escoto y Guillermo Ocam, dividihndose la secta escolhstica en sus trees ramas-bien conocidas. Constituidos estos tres grandes hombres maestros del escolasticismo, se empenaron todos en cultivarle, favoreciendo este intento la circunstancia de pertenecer Santo Tomhs a la Orden de Santo Domingo, y los otros dos maestros a la de los franciscanos; pues esparcidas estas religiones por casi todo el orbe, en muy poco tiempo se oy6 por todas padres el eco de la voz de Arist6teles, confundida y alterada seg6n Bus repetidores. Escolastizada de este modo la filosofia, lo estuvieron por consiguiente las demhs ciencias, a quienes sirve de preliminar, y el empeflo de las interpretaciones, el juego de las palabras, el misterio de las autoridades y la sutileza de las cuestiones fueron los efectos de un m6todo, que, separandose de la naturaleza, se fundaba en los hombres, y sin investigar el origen de las cosas, se contentaba con unos resultados que provenian de unos datos, cuya prueba no era otra que la autoridad de algtin maestro. No pudiendo el escolasticismo ser fecundado en doctrinas, pues no debia presentar otras que la de eus maestros, procur6 serlo en voces, en f6rmulas, en reglas, y en abstracciones deducidas como con pinzas del texto de los grandes hombres. Efectivamente, una esterilidad es indecorosa y mortifica; los mismos escolAsticos no podian sufrirla, y los esfuerzos que han echo para dar un nuevo aspecto a su doctrina y des-

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SOBRE EL ESCOLASTICISMO 205 pojarla de aquella especie de monotonia que la caracteriza, ha sido la causa de haberse enredado en tales trminos ]a escolistica, que ni ellos mismos se entienden, y si resucitara Santo Tomis, seria preciso que aprendiera con sus discipulos para entenderlos. Contray6ndonos a ]a Medicina se advertiri mis claramente las alteraciones que produjo en ella el escolasticismo. Al principio, esta ciencia no era mis que un conjunto de observaciones sobre los remedios que debian aplicarse a unas o a otras enfermedades; pero 6stas no estaban bien clasificadas, y siendo inexactas las indicaciones, lo eran los indicados. El genio de Hip6crates, digno del mayor elogio, fu6 el que di6 pasos mis solidos en esta ciencia. Renunciando no menos al ciego empirismo que a los raciocinios sutiles y extraviados, tom6 el camino que dictaba la raz6n y exigia la naturaleza. El lecho de los enfermos era la citedra de su ensefianza. Es preciso, nos dice, deducir las reglas pricticas no de una serie de raciocinios anteriores, por mis probables que puedan ser, sino de la experiencia dirigida por la raz6n. El juicio es una especie de memoria que renne y pone en orden todas las impresiones recibidas por los sentidos; porque antes de producirse el pensamiento, experimentan los sentidos todo lo que debe formarlo, y ellos son los que hacen ilevar los materiales. Por estas palabras, que cita en su elogio el sabio Cabanis, se conoce la exactitud de los pensamientos de Hip6crates y de su mitodo. Diez y siete ascendientes suyos consagrados a la Medicina, le habian proporcionado en an familiar una herencia m6dica, que supo fomentar

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206 MISCELANEA FLOS6FICA y levar a la iltima perfeccidn este hombre verdaderamente digno de memoria. Vino despu6s Galeno para echar a perder todo, alterando las doctrines de Hip6crates, habi6ndolas mezclado con las sutilezas del Peripato (ignoradas de Arist6teles) en que se hallaba muy versado; pues le pareci6 que habia hecho una gran cosa, inventando una cuarta figure al silogismo. Despu6s Averroes y Avicena acabaron de completar el trastorno de la Medicina peripatetizindola enteramente; de modo que, cono dice un critico, ya no era el arte de sanar las enfermedades, sino de alterar con sofisterias. En los tiempos posteriores, la Medicina fundada toda en una Fisica absurda por todas consideraciones, no pudo menos que sufrir continuos males y una rApida decadencia, porque la mayor parte de sus cuestiones ban servido y sirven tanto para curar un enfermo, como servirian para fabricar una casa. Se estudi6 una Medicina de voces, de divisiones, de sistemas, de principios establecidos al antojo, y la experiencia, la observaci6n, las exactas inducciones se desterraron de una ciencia que toda debe ser experimental. Se quiso decidir de la vida de los hombres por la autoridad mal entendida y peor explicada de algunos de ellos, y en muriendo uno segiin Galeno, muere en regla. En vista de estos absurdos, han procurado los modernos dar un nuevo giro a las ciencias. Los te6logos se empenian en reducir la ciencia sagrada a la sencillez y dignidad con que la enseiaron los padres de la Iglesia, pero clasificAndola. y arreglhndola al estado de los conocimientos actuales, por la relacion que esta

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SORE EL ESCOLASTICISMO 207 ciencia tiene, en muchos de sus tratados, con la Fisica, y en todos con la Ideologia. Nuestros juristas, aunque han visto un poco mis tarde, y apenas se halla una obra de Derecho que tenga m6todo ideol6gico, sin embargo, conocen estos defectos, y han dado un gran paso hacia el buen m6todo con saber que no lo han conseguido. Los m6dicos han reformado su ciencia, y la medicina ha hecho grandes progresos, y promete felices resultados. Sus profesores se han puesto en la misma senda de Hip6crates, han separado de la doctrina de este sabio el escolasticismo que la trastornaba, y han dado nuevos pass, que no pudo dar aquel genio sublime, porque en su tiempo las ciencias naturales que sirven de base a la medicina, estaban muy imperfectas. De lo que hemos dicho sobre cl modo con que el escolasticismo se fu6 introduciendo en las ciencias, podemos decir que la necesidad oblig6 a unos hombres grandes comno Santo Tomis, a valerse de semejante m6todo, aunque con mucha moderaci6n; que muchos lo hicieron por costumbre, y porque no sabian otra cosa; iltimamente, que si los hombres c6lebres que cuentan en su nmmero los escolasticos vivieran en nuestro tiempo, serian los primeros en desechar las doctrinas y m6todos de las escuelas, y seguir las lecciones de la razdn y de la naturaleza, que es decir el plan moderno; asi como en su tiempo no se obstinaron en defender la doctrina de los antiguos, sino que siguieron la que parecia mhs fundada o la que juzgaron mAs a proposito para el objeto que se proponian, como lo hizo juiciosamente Santo Tomas. Confundir a este Doctor y a otros

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208 MISCELANEA FILOSOFICA hombres c6lebres con la multitud de los escolisticos, es hacer una injusticia al m6rito; pero es tambion un fanatismo literario querer conservar un m6todo y unas doctrinas, que, siendo adaptables a aquellos tiempos, desdicen enterainente de los nuestros. Me parece, pues, que son injustas las invectivas con que muchos quieren zaherir a los maestros respetables, a quienes siguen los escolisticos; pero asimismo creo que es irracional la obstinaci6n de nuestras escuelas en conservar lo que claramente se conoce, que es opuesto al buen m6todo y a la verdad de las cosas. Muchos dicen que es preciso ser escolistico para ser te6logo. Asi han hecho caer la Teologia en el desprecio. ;Qu6! Los Padres de la Iglesia no eran te6logos? 4-Acaso eran ellos escolisticos? Pero hablemos en un orden ideol6gico. jLa Teologia para ser buena necesita un plan inexacto, unas cuestiones superficiales e inntiles, unos principios de ciencias naturales totalmente falsos, y un lenguaje oscuro, indeterminado, en una palabra, cuantos defectos pueden tener unos signos? La ciencia de nuestra santa Religi6n es mis noble, es mis hermosa; es preciso despojarla de un vestido que tom6 por las circunstancias de los tiempos, dejarla ver con 8u antigua hermosura, agregindola, por una exacta Ideologia y una Fisica experimental, nuevos adornos que la hagan mis apreciable. No es por cierto marchitar la corona cientifica que justamente cuie las sienes de santo Tomis de Aquino; es dejar unos principios y un lenguaje que 61 tom6 por la necesidad de la religion, y que 61 mismo dejaria si viviera, pues no puede creerse otra cosa de su gran talento.

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OBSERVACION II CAUSAS QUE CONSERVAN EL ESCOLASTICISMO Y EFECTOS QUE PRODUCE Todos los hombres procuran defender sus ideas y pretenden que los otros se avengan a ellas; pero cuando se ha llegado a formar partido y cuando 6ste ha dominado en las ciencias, el deseo de maestrar Ilega al diltimo grado, y se sienten las mis leves incursiones que se hagan contra una autoridad cimentada en los afios, aunque destituida de raz6n. Los escolisticos, ademis del amor a su doctrina, y del celo por su autoridad, tienen el hAbito de sutilizar y cuestionar como rivales unos entre otros desde sus primeros pasos en la carrera literaria. La gloria escolistica esti en el vencimiento de un enemigo, al modo que la gloria militar. Se disputa sobre quien ha entendido mejor al principe de la escuela, y no se trata de si todos, incluso el mismo maestro de la secta, han errado. De aqui proviene que se buscan textos para darles siniestras inteligencias, y truncarlos muchas veces con malicia; tambien se bacen preguntas capciosas, y se buscan todos los medios de enredar al contrario, para dominar el campo de la escuela, y pasar por un hombre de buenas campafias literarias. Por esta raz6n el espiritu de los escoldsticos esti exal-

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210 MISCELANEA FILOS6FICA tado habitualmente, y se enajena, por decirlo asi, a la primera palabra que se habla en materias cientificas, y aun en todas las cosas en que hay alguna contrariedad de opiniones. Ellos jams pueden manifestar su juicio con serenidad, y si alguna vez afectan tenerla, lea cuesta tanta violencia, que dejan traslucir el arte. Estin decididos a impugnar, y a vencer a todos hombres que se opongan a su dictamen, jurando no rendirse jamis en la batalla, y jams tienen un deseo de observar los progresos de que es susceptible el entendimiento humano. Estando en una regi6n de timieblas, creen que estin en medio del dia, y rehusan los auxilios que se lea proporcionan para que vean la luz. Tienen un apego a Bus prhcticas, su idioma y SUs maestros, que se dan por agraviados en el momento en que siquiera Be insinda que pueden reformarse. Miran con un sumo aprecio a las mAs ligeras doctrinas que ellos mismos conocen que son inaplicables a ninguna cosa, y se irritan al ver que ciertamente son indtiles, y se exige que lo confiesen, cuando ellos quisieran que cada proposicidn escolistica pasara por un dogma. Sienten mis que se lea acuse de haber faltado a una de las formulas de la escuela, que si se lea dijera que an doctrina es falsa. Los mis moderados Se convierten en furias que despedazan la reputaci6n de cualquiera hombre de bien, aplicindole los epitetos de libertino, irreligioso y aun el de hereje. Este furor tiene otras varias causas. La primera consiste en que, no teniendo los escolisticos doctrinas que puedan merecer el menor aprecio, se resisten y

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SOBRE EL ESCOLASTICISMO 211 procuran preponderar, vali6ndose de todos los recursos. La segunda causa es el bibito contraido desde los primeros estudios, y heredado de los mis antiguos maestros, que siempre sostuvieron la autoridad y esta especie de veneraci6n supersticiosa. Z C6mo han de sufrir que se tenga por nificrias los trabajos de sus oriculos? Tercera: la falta de reflexi6n, pues jamis se han puesto a meditar libremente sobre sus doctrinas; antes al contrario, entran siempre suponiendo que son ciertas, y tratando de defenderlas. Cuarta: los intereses personales; porque si a un buen escolUstico le desnudan de estos vestidos, nada le queda, y elo es muy duro (como siempre he dicho a mis discipulos), perder en un moment lo que se habia adquirido en muchos afios, y es una dulce ilusi6n la que nos presenta como bueno aquello que siempre tuvimos por tal. Los escolisticos se ven en la necesidad de empezar sus estugios, y de confesar que un joven en las escuelas modernas puede ser su maestro. IQu6 cosa tan dura! ;Pero es cierta! En tal estrecho es preciso defender el pabell6n, y valga la autoridad literaria, cuando no valgan las razones. Todas las ciencias han adquirido, y de algin modo conservan, cierta puerilidad, que sirven s6la para distinguir los profesores escolhsticos, y atrasar los conocimientos cientificos. Se aumenta la dificultad, en vez de allanarse; se introducen voces y doctrinas insignificantes, que aterran el animo mis decidido a aprenderlas. S6neca dijo en su tiempo: "Deja este juego literario de los fil6sofos, que reduce a silabas el asunto mis grande; desalienta y atormenta el ini-

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212 MISCELANEA FILOS6FICA mo ensefiando cosas minimal, y hace que la filosofia parezca mis bien dificil que grande." (Epist. 72.) Los sucesores de aquellos sofistas son nuestros escolisticos; ellos hacen que la juventud se retraiga de los estudios, y de aqui proviene la decadencia, pues no percibiendo el pueblo la utilidad de los conocimientos bien ordenados y adquiridos con exactitud, mira a los sabios como una gente misteriosa, a la cual es preciso seguir, porque dicen que saben, mas no porque su ciencia sea manifiesta. Estos son los efectos del embolismo escolistico. Mas yo quiero hacer algunas reflexiones ideol6gicas que manifiesten que el escolasticismo, por una necesidad inevitable, produce estos estragos en todas las ciencias. No aprendemos sino procediendo de lo conocido a lo desconocido, y considerando por este orden sucesivo las propiedades de los objetos, que es lo que ilamamos analizar. Para este anilisis son indispensables los signos que van fijando cada una de las verdades encontradas para poderlas combinar despu6s. Si dichos signos carecen de la claridad conveniente, y si no representan con exactitud el objeto a que se aplican, ellos mismos producen el trastorno y nuevas confusiones, que se hacen inevitables; porque el alma entonces tiene que entrar en el examen del objeto, y de los signos, presentindosela con este motivo mayor ndmero de cosas que contemplar, y que al fin la abruman. De aqui procede que el hombre, rehusando al trabajo y aspirando a la gloria, repite el signo y afecta tener la ciencia. Por otra parte, en las combinaciones ideol6gicas, es preciso un gran manejo en dichos signos, y cuando 6stos son

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SOBRE EL ESCOLASTICISMO 213 de un idioma, que ni aprendimos en la niflez ni se oycn en otra parte que en las escuelas, y que de ningun modo pueden sernos familiares en la sociedad, resulta necesariamente que el entendimiento no es dueflo de los signos, ni sabe manejarlos con facilidad; es preciso que se fije toda su atenci6n en ellos, y que la separe de los objetos, resultando una ciencia de palabras. Me parece que ningdn escolistico (a menos que no est6 muy preocupado) podr& decir que percibe con claridad la naturaleza de la materia prima, de la forma sustancial, del ente de raz6n, del movimiento, segdn la definici6n aristot6lica, y de otras cosas semejantes. gPero cufntas veces hablan de estos objetos? Mejor dir6: gcuintas veces disputan furiosamente, como si se tratara del negocio mas interesante? Esto prueba claramente que toda la ciencia es de voces, y nada se entiende. Qui6n puede sufrir, decia el ilustrisimo Melchor Cano, aquellas disputas de los universales, de la analogia de los nombres, de primo cognito, del principio de individuaci6n (asi le lHaman), de la distinci6n entre la cuantidad y la cosa cuanta, del mhximo y el minimo, del infinito, de la intensi6n y remisi6n de las proporciones y grados, y de otras cosas innumerables, que yo, no siendo de un ingenio muy tardo, y habiendo empleado mucho tiempo y trabajo en entenderlas, nunca pude informarme de ellas? Me avergonzaria de decir que no las entiendo, si las entendieran aquellos mismos que las han tratado. APara qu6 referir otras muchas cuestiones: si Dios puede hacer una materia sin forma, si puede crear muchos

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214 MISCELANEA FILOS6FICA Angeles de una misma especie, si puede dividir el continuo en todas sus partes, si puede separar la relaci6n del sujeto y otras cosas mucho mAs infitiles?" (De Loc. Theol. Lib. 9. Cap. 7.) Esta misma inutilidad de las doctrinas escolisticas habia conocido claramente San Antonio de Florencia, cuando escribi6: "De qu6 sirve pasar el tiempo en estas cosas, que no aprovechan ni en la milicia, ni en el foro, ni en el claustro, ni en la curia, ni en la iglesia, ni alguna otra parte, que en las escuelas?" (Part. 4, tit. II, cap. 4, p. 2.) Lo mis notable es que, como escribe un critico de m6rito, ninguno de estos males se deben a Arist6teles. "; Qu6 batallas, dice, qu6 rifas, sobre quimeras, sobre la cuarta parte de la nada, del ser, del no ser, y sobre el origen, patria, padres y educaci6n del ente de raz6n, de lo que no se halla ni una palabra en Arist6teles, que habia aprendido de su maestro Plat6n que las disputas del no ente, mis son negocios de ociosos sofistas que de los que siguen la verdadera sabiduria!" (Aymerich, Proluc. Filosofic, en la 3.) Para comprender mejor la causa de estos efectos tan contrarios a la verdadera ciencia producidos por el escolasticismo, advirtamos, que, segdn las observaciones de Destutt, conde de Tracy, el defect de nuestros signos consiste principalmente en no representar a todos los hombres una misma idea, pues cuando se oye el signo, nuestra alma repite las operaciones que habia producido cuando conoci6 el objeto, los sentimientos que la excit6 y las circunstancias que le acompafiaron. Por tanto, puede decirse, en un sentido diverso del de los plat6nicos y cartesianos, que el saber es acordarse.

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SOBRE EL ESCOLASflCISMO 215 Claro esti, que todos los hombres no han hecho unas mismas operaciones sobre el objeto, y asi a todos no se les recuerdan unas mismas ideas; de modo que aunque la noci6n general del objeto sea una misma para cuatro o seis individuos que oyen el signo, las nociones particulares no son id6nticas, y la exactitud del conocimiento es muy diversa. Cuando se oye la palabra Quimica, todo hombre de mediana instrucci6n forma la idea de una ciencia; el que ha estudiado algo de ella, trae rApidamente a su memoria muchos resultados, y un insigne profesor recuerda tantas cosas, que necesitaria un tiempo infinito para expresarlas. Sin embargo, todo esti comprendido bajo el nombre de Quimica; y este signo siendo uno mismo para todos los que le oyen, no sugiere unas mismas ideas. Por otra parte, aun el ide6logo mis versado no seri capaz de reproducir prontamente, cuando oye el signo, todas las operaciones intelectuales que hizo acerca de su objeto; y de aqui se infiere que los signos son unos recuerdos imperfectos, y que &ste es un mal inevitable. La Ideologia se aproximari a su perfecci6n, luego que simplifique los signos, haciendo que correspondan o que envuelvan el menor nmero de circunstancias que sea posible. Simplificados los signos y multiplicados al mismo tiempo segdn los objetos y sus relaciones, el lenguaje vendri a ser un cuadro fiel de las ideas, y 6stas lo serin de la naturaleza. Talentos sublimes han esparcido en nuestro siglo una luz brillante sobre estas materias, pero ellos mismos conocen que ain faltan muchos pasos para restituir el plan sencillo de

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216 MISCELANEA FILOS6PICA nuestras primeras ideas dictadas por la naturaleza, y disipar las tinieblas en que nos hallamos sumergidos. Bajo estas doctrinas yo pasar6 a manifestar brevemente, que los signos -escolhsticos presentan un obsticulo casi invencible a las ciencias. Contraigamos a un t&rmino de la escuela, y lo que se diga acerca de 61, puede extenderse a otros infinitos. Simpliciter, esta voz traducida quiere decir simplemente. Semejante signo recuerda la idea de la sencillez, y 6sta la de exclusion de padres y de relaciones en cuanto fuere possible; de modo que el entendimiento hace todo esfuerzo para minorar las ideas de las relaciones, que forman la complicaci6n contraria a la sencillez. Sin embargo, en las escuelas, este t~rmino. lejos de simplificar el objeto, lo comprende bajo todas consideraciones, y muchas veces equivale a totaliter, esto es, totalmente. Aqui tenemos que el alma se ve precisada a formar una idea contraria de la que expresa el signo, y que es muy diversa la idea que forman distintos hombres de esta voz, agregando a la imperfecci6n natural de todos los signos, otra nueva por el mal uso de los escolesticos. Tambi6n suelen confundir el simpliciter con absolute, siendo ad que este ultimo termino viene de absolvere, que quiere decir desatar una cosa, y expresa el objeto separado de los demise, y prescindiendo de otras relaciones; pero no indica sencillez o simplicidad en su naturaleza como el tirmino sim pliciter. Infiero por tanto que no est& bien fijada la significacion de los terminos anteriores, y que el uso que se hace de ellos, es casi mecanico. Iguales reflexiones podian hacerse sobre cada una de las palabras del

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SOBRE EL ESCOLASTICISMO 217 idioma escolistico, y concluiriamos que si el arte de discurrir, segin ensefia Condillac, puede reducirse al de formar un idioma exacto, nuestras escuelas estin bien lejos de ensefiar a los j6venes los verdaderos elementos del arte de pensar. Si consideramos el influjo del escolasticismo en la vida social, conoceremos mis claramente que no es cosa de poca importancia desterrarlo. Apenas hay un hombre de buenas ideas que se atreva a manifestarlas en piblico, cuando prevee que le ha de caer encima la liuvia tempestuosa de los escolasticos, pero sin oirle ni penetrarse de sus razones le condenarain, o lo que es mis, lo echarin por tierra si pueden hacerlo. Todos no se hallan en hnimo de sufrir invectivas, ni exponerse a mayores perjuicios, y asi se contentan con reirse a solas; pero la sociedad se priva de muchos bienes, que disfrutaria desterrandose esta furia escolistica. Muchos padres de familia sacrifican a sus hijos, haci6ndoles recibir unas ideas elementales de lo mis absurdas, s6lo porque ellos son escolhsticos, o porque siendo ignorantes oyeron hablar algan seflor Doctor, y va radicindose la ignorancia de unos en otros. Yo no hablo de la resistencia a las clases p6blicas solamente, sino tambi6n, y con especialidad, de lo que se inspira en la educaci6n privada. Me ha sucedido muchas veces no poder meter a camino un joven por las ideas que le comunicaban sus parientes o sus amigos, y cuando yo ponia empeno en evitar las sutilezas escolAsticas, me encontraba al buen joven tan metidito en ellas, que era imposible despreocuparlo, y ]a raz6n es bien clara, pues un M-SC. FILOS6nfCA 16

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218 MISCELANEA FILOSOFICA padre, un pariente, es un maestro continuo, a quien se le tiene mucha consideraci6n y afecto. El carActer dominante, litigioso y reconcentrado, que inspira a los j6venes esta furia escolastica en que se han criado, por lo regular los acompafia hasta el sepulcro, y son el tormento de la sociedad en todos los puestos que ocupan. No hablemos de buen gusto, cuando se trate de escolhstica; porque 6stas son ideas que se destruyen mutuamente. El pedantismo siempre tuvo lugar en las escuelas, y se conoce prontamente en cualquiera obra, sea del g6nero que lucre; si su autor no sabe sino lo que aprendi6 en el peripato, no tiene otro gusto que el que le comunicaron los subsumos, retorqueos, y otras cosas semejantes. El idioma latino ha perdido entre nosotros toda su dignidad, desde que lo usan las escuelas; porque es imposible tener mas acierto que el que han tenido nuestros escolisticos para cometer barbarismos y solecismos. De cada veinte palabras que profieren, una es latina, y se puede oir a un escolistico media hora sin que haya formado una construcci6n del siglo de oro. No hablemos de los idiomas de Roma, porque cada uno de ellos es rara avis. Se habla un espafiol en latin, mejor diremos, en griego, latin, hebreo y otro idioma, que nadie sabe cuAl es, pues de todos 6stos hay construcciones en las escuelas. Cuando se dice que un joven va a versarse en la latinidad con la escolistica, yo digo que ese pobrecito va a perder lo poco que le ensefi6 an maestro, a conseguir un -idioma birbaro, y no el de Roma, que ya no lo entiende, y mucho menos es capaz de hablarle.

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SOBRE EL ESCOLASTICISMO 219 El sabio Heineccio, que en materias de latinidad merece muchas consideraciones, reprueba que se ejerciten los j6venes en hablar este idioma, hasta no tener gran posesi6n de 61, y aun se extiende a opinar con muchos sabios de Italia (que segn dice son los que en esta materia dan el tono) que convendria abstenerse de todo discurso latino hecho al pronto, porque es muy dificil que aun al mis versado no se escape alg n defecto y no se habitde a un lenguaje birbaro. 4Qu6 debemos decir de nuestros escolisticos? Permitaseme que haga nuevas reflexiones sobre esta materia. Yo creo que para versarse en el idioma latino, es preciso fijar nuestra alma en 61, y no distraernos en objetos de otra naturaleza; conviene, pues, practicirselo muy despacio, corrigiendo con tranquilidad los defectos, y procurando imitar los grandes modelos del siglo de oro. Para esto es necesario que el asunto de que tratamos sea bien conocido, y que no vayamos a aprenderlo, ni agitemos nuestro espiritu, pues de lo contrario 6ste se fijari en el objeto y no en el lenguaje. Pregunto ahora: Ise dan ni pueden darse estas circunstancias, en medio del furor y sutileza escolisticas, que ellas por si solas, aunque las pongan en el lenguaje mis claro, son capaces de atormentar el entendimiento mis penetrante? ZNo es andar a obscuras creer que en el escolasticismo adquiere perfecci6n la lengua que habl6 a Tulio?

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OBSERVACI6N III FORMA SILOGISTICA Siendo la principal de las quimeras, con que se alimenta el escolasticismo, sui decantada forma silogistica, nos detendremos en observarla. Muchos confiesan que debe desecharse la Fisica escolistica; pero si l6gica, y con especialidad su forma silogistica, es para ellos la cosa mis sublime y digna de aprecio. Vamos a examinar este punto. Convendremos primeramente en que un silogismo bien formado es un buen discurso, y por tanto nunca se ha tratado de decir que el silogismo por su naturaleza es inexacto. Tambi6n convendremos en que todo lo que habla el hombre puede reducirse a silogismos, siendo imposible que alguno able sin discurrir. La cuesti6n, pues, no consisted en si deben o no deben hacerse silogismos; sino en si el m6todo de los escolisticos es el que dicta la raz6n, e inspira la naturaleza. Sobre esta materia, yo mismo me he hecho algunas preguntas, que he contestado en el orden siguiente. gNecesitamos las reglas de los escoldsticos? La exactitud de un conocimiento, me dije a mi mismo, consiste en que el espiritu humano haya descompuesto y vuelto a componer el objeto de que

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SOBRE EL ESCOLASTICISMO 221 se trata. No puede tener otro origen nuestra ciencia. Discurrir no es mis que sacar unas verdades de otras, o advertir que una case menor se comprende en otra mayor, y tambi6n un individuo en una especie. gMas quin me ensefia todo esto? -No es el anAlisis? Si analizando percibo que en el niimero de unas cosas estin comprendidas otras, anecesito reglas para conocer esto mismo? Sin duda seria como si despu6s de haber visto claramente que en el ndimero de diez irboles, que tengo delante, se contienen dos naranjos, me dieran reglas para ver que se contienen. Yo despreciaria semejantes reglas; pues lo mismo hago con las escolisticas. Si yo no he analizado, todas las reglas del mundo de nada pueden servirme. En consecuencia me pregunt6: Las reglas escolisticas, gensefian a analizar? Todas se reducen a decir que no se infiera de una proposici6n lo que no se contiene en ella, cosa que yo no ignoraba antes de aprender L6gica, y que equivale a decir: hdgalo usted bien y ya lo hizo bien. Es verdad que agregan algunas seflales para conocer cuando un silogismo es malo; pero esto no es propiamente ensefiar a hacerlos buenos, y mucho menos ensefnar a analizar. Sus reglas son mecAnicas, y los mas de los escolisticos las aplican sin entenderlas. En una conducta semejante Iqu6 anilisis puede haber? Esto me condujo a preguntarme: gUnas reglas mecdnicas servirdn para dirigir operaciones intelectuales? Yo me contest muy pronto que todo mecanismo,

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222 MISCELANEA FILOSOFICA toda forma rutinera es diametralmente opuesta a la atenci6n y reflexi6n, que deben reinar en las operaciones intelectuales, y que, un alma habituada a saber que una cosa debe admitirse porque es conforme a la regla, frecuentemente ignora si esta tal cosa en si misma es buena. Consider6 al punto varias de las formulas escolisticas, y ellas acabaron de convencerme prontamente. Me puse a formar silogismos en todas las figuras, y adverti que la verdad siempre era una misma, y que por consiguiente, yo no adelantaba un punto con saber si el silogismo era de la primera, segunda o tercera figura. No siendo, pues, la forma silogistica otra cosa que la disposici6n del t6rmino medio en las premisas, combinado con los extremos, inferi que toda esta forma era initil; y que mucho mis lo era el que liaman modo, que es la disposicidn de las proposiciones. Form6 varios silogismos en bdrbara, y adverti que los que yo habia analizado de antemano, salian buenos; pero que los otros, aunque estaban en bdrbara, eran unas barbaridades. Conclui, pues, que podia pasarlo sin el bdrbara, y sus dieciocho compafieros. Entonces continu6 preguntindome: Si las reglas escoldsticas son meednicas qu mds sabe un escoldstico que un rdstico? Yo me respondi: el escolAstico sabe que el discurso es conforme a su regla, el rdstico a la naturaleza; el escolistico tiene por divisa el magisterio; el rdistico se distingue por la sencillez. Continu6 mi examen, y dije: gPor qui se aprenden estas reglas, y cudl es el arte de discurrir?

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SORE EL ESCOLASTICISMO 223 Las reglas se aprenden porque siempre se han aprendido. El arte de discurrir es el de analizar, y tste se perfecciona por la observaci6n de la naturaleza, por la historia de los aciertos y errores del g~nero humano, y por la rectificaci6n prictica de cada una de nuestras operaciones intelectuales. No hay otra L6gica, no hay otras reglas. ;Pues qu6! gUn silogismo hecho segin, las reglas no es exacto? Sin duda lo es, pero no se lo debe a las reglas, que nada dicen, sino que no se infiera lo que no esti contenido, pero no ensefian a hacerlo. Algunas otras formulillas son tan inexactas, que aun conformindose con ellas un discurso, puede ser malo. El que tenga alguna paciencia, podri, como he dicho anteriormente, formar muchos silogismos inexactos, y que est6n arreglados a las figuras y a las diecinueve palabras de los ridiculos versillos escolisticos; pues soo se exige por las vocales que las proposiciones sean afirmativas o negativas, universales o particulares, y pueden tender todas estas circunstancias segn la combinacidn, por ejemplo, de celarent, y star mal deducidas. iEn caso que haya alguna dificultad en el silogismo, se puede resolver por las reglas escoldsticas? Cuando hay dificultad es porque no se percibe bien si una proposici6n esti contenida en otra, o cuando se nos escapan algunas relaciones que no podemos combinar en el discurso. ZDe qu6 sirven entonces las reglas? Ellas s6lo dicen que de lo

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224 MISCELANEA FILOS6FICA particular no se infiere lo universal, que de dos proposiciones negativas nada se deduce, y otras cosas semejantes; pero jpor d6nde conozco que una proposici6n es mis universal que otra? ,C6mo sabr6 si son efectivamente negativas? ZNo es analizindolas? Luego el anilisi' es la verdadera causa de mi acierto, y no las reglas. Un escolistico lo mis que puede decir es que un discurso es malo porque no esti conforme a las reglas; pero si no recurre al m6todo que la naturaleza le ha enseflado, y olvida lo que oy6 en sus escuelas, si no analiza gpodri gloriarse de haber conocido bien el defecto de aquel discurso? Si se le ofrece manejar esas ideas en otras combinaciones, gpodri hacerlo con exactitud? Podemos decir con el citado conde de Tracy, que las dichosas reglas escolisticas nos ofrecen sus servicios cuando no las necesitamos, porque los defectos son de bulto, y nos abandonan en las verdaderas dificultades. Entonces la naturaleza nos recibe, destruye en nosotros lo que form6 la opinion, y nos conduce a la verdad por el camino del anilisis, si nosotros mismos no nos presentamos obsticulos. Estas ideas me condujeron a examinar: eQu6 son las disputas escoldsticas, y qu6 deberian ser? Ellas son el teatro de las pasiones mis desordenadas, el cuadro de las sutilezas y capciosidades mis reprensibles, el trastorno de toda la Ideologia, el campo en que peligra el honor, y a veces la virtud, el estadio donde resuenan las voces de los competidores, mezcladas con un ruido sordo, que forman los

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SOBRE EL ESCOLASTICISMO 225 aplausos ligeros, y las criticas injustas, ahuyentando a la amable y pacifica verdad, que permanece en el seno de la naturaleza, por no sufrir los desprecios de una turba descompasada, que con el nombre de fil6sofos, dirige las ciencias, cuando s6lo esti a la cabeza de las quimeras mis ridiculas. La raz6n reclama contra estas pricticas; la experiencia ensefia que no ban producido un solo conocimiento exacto, y si muchos trastornos. Sin embargo, ellas subsisten y unidos los intereses individuales con los cientificos, 6stos fueron sacrificados en favor de aqu6llos. Las disputas literarias deben reducirse a unas reflexiones pacificas y sin capciosidades, que puedan servir para la ilustraci6n do la juventud y ejercicio de los profesores; mas no para proporcionarse glorias ridiculas con perjuicio de otro, procurando desacreditarle, y como dicen concluirle. Ninguna cuesti6n pnblica debe juzgarse a prop6sito para profundizar una materia, y menos para encontrar la verdad; pues esto queda reservado a la meditaci6n detenida, a las conferencias privadas, y a un trabajo continuo y desapasionado. En el piblico, se van a presentar los frutos del estudio, que son las verdades demostradas, o a lo menos conducidas a un grado de probabilidad que merezca alguna atenci6n. Por tanto, es perder el tiempo el empeflarse en ventilar un punto completamente en un acto p6blico; pues las circunstancias no proporcionan todos los recursos necesarios para ello, y los escolisticos, que tienen o fingen tener semejante empeno, sacan el fruto de su irreflexi6n en la pirdida del tiempo, y el desprecio de todos los sensatos.

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226 MISCELANEA FILOS6PICA Asimismo deben desterrarse de las disputas las f6rmulas y nomenclaturas en que ponen tanto empeflo los escolisticos, reprendiendo si se dice antecedente a la menor subsumpta, y otras bagatelas semejantes, que s6lo sirven para retardar las disputas y comprometer a los sujetos de mejor juicio, pues se hace muy sensible que se est6 corrigiendo por una nomenclatura caprichosa, y que tal vez se quiera graduar de ignorant al que no la observa. No hay cosa que mis me molested que observar en una disputa escolistica que un individuo dice v. gr.: distinguo antecedens, en lugar de distinguo maiorem, y cuando se espera la soluci6n le interrumpen corrigi6ndole distimgo maioren. La mayor es antecedente, y el antecedente es mayor; porque la una antecede al consiguiente, y el otro siempre es mis extenso o mayor que el dicho consiguiente, de modo que semejante correcci6n en nada influye, que pertenezca a la naturaleza de las cosas, y s6lo prueba la rutina mecinica de la escuela. Una simpleza semejante sonroja a cualquier joven en un acto pablico, y tal vez le hace pasar por menos instruido que otros necios muy versaditos en todas esas formulillas. Por lo que hace a la prictica de argumentar con una serie de silogismos, debo decir que es ridicula; pues aunque el silogismo sea muy bueno en ciertos casos, sin embargo el reducirlo todo a esta fortna es sumamente fastidioso e initil. Cuando las ideas intermedias no estin bien percibidas, conviene formar un silogismo que las aclare, mas cuando son evidentes, perjudica el reducirlas a silogismo. Si decimos: el hombre debe amar a Dios, que Lo ha criado,

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SOBRE EL ESCOLASTICISMO 227 y si no le ama, es un ingrato y merece el enojo divino, la conexidn de estas ideas es muy clara, y presentadas con sencillez, convencen y se quedan muy impresas en el espiritu. Pero supongamos que se reducen a forma silogistica, y decimos: el hombre debe amar al ser que lo ha criado, es asi que Dios es el ser que ha criado al hombre, luego el hombre debe amar a Dios. Otro silogismo: el que no ama al ser que lo ha criado, es un ingrato; es asi que si el hombre no ama a Dios, no ama al ser que lo ha criado; tuego si el hombre no ama a Dios, es un ingrate. Otro silogismo: el hombre ingrate para con Dios, merece el enojo divine; es asi que el hombre que no ama a Dios es ingrate para con Dios; luego el hombre, que no ama a Dios merece el enojo divino. iQu6 diferencia entre aquellas expresiones tan breves, tan claras, tan convincentes, y este retru6cano pesadisimo, y casi incapaz de conservarse! Una repetici6n necesaria no debe omitirse; pero cuando es superflua, atormenta al espiritu. Esta cadena de silogismos derivados unos de otros sin ser necesarios, se parece al cuento de las cabras de Sancho, que no pudo snfrirlo su amo, y le mand6 callar; pero a los escolisticos les mandan hablar cada vez mis, y les celebran, cuando presentan una docena de silogismos, cuyas ideas se hubieran propuesto con claridad en trees o cuatro cliusulas. Por eso las disputas (prescindiendo de toda digresi6n) duran una eternidad, sin que se haya dicho casi nada; pues el que arguye va repitiendo los pensamientos, y el que responde, hace una nueva repeticidn de todo lo que le proponen. No se pudo sufrir el cuento de Sancho, sin tener re-

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228 MISCELANEA FILOSOFICA petidor, y se sufren gustosamente (a Jo menos por muchos) las repeticiones escolasticas. El silogismo se forma cuando el entendimiento ha percibido la conveniencia de las ideas, que quiere decir, cuando ha encontrado la verdad, y por tanto 61 no es el medio de encontrarla, y es a veces una imprudencia presentarle a uno con silogismos extensos las ideas que ya en pocas palabras tenia bien comprendidas. Llega tarde el silogismo, y s6eo puede servir para manifestarle a otro lo que ha hecho nuestro espiritu, y esto, como dice el sabio autor del Ensayo sobre el entendimiento humano, mejor se hace presentando sin artificio las ideas con palabras sencilias. Con todo, el que esti acostumbrado a formar silogismos, si no puede entender sin este recurso, que los haga en hora buena, asi como el que no puede ver sin espejuelos, debe valerse de ellos; pero que no pretenda que todos vean con este auxilio, ni que 6ste es el mejor modo de ver. ZPor qu6 los hombres cuando tratan sus negocios, no arguyen en esa forma, y los mismos escolisticos la desechan? ZPor qu6 en las juntas de estado, y en todos los asuntos de grande interns no se usa? ASeri porque se ignora? Esto es increible. Cuando uno examina tal o cual materia a sus solas, como decimos, Zacaso forma silogismos con este encadenamiento escolistico? Pero me dirin que todo puede reducirse a silogismo; lo confieso, asi como la narraci6n mas clara y sencilla puede reducirse a una imitaci6n del cuento de Sancho, y no por eso se dirA que todos son como 61. Todas las invenciones, todos los progresos, se le

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SOBRE EL ESCOLASTICISMO 229 deben a un m6todo totalmente distinto del escolistico; y sin embargo el escolasticismo permanece, y se quiere decir que la decantada forma silogistica es el medio de encontrar la verdad. En las probabilidades donde es preciso tener a la vista una gran multitud de relaciones expresadas con los t6rminos mis breves que sean posibles, de que utilidad son los innumerables eilogismos en que pueden resolverse dichos t6rminos? gQu6 entendimiento no se confundiri con un firrago semejante? Vemos que en el Algebra se procura reducir a t6rminos muy sencillos el valor de las cantidades, para poderlas percibir con facilidad, y de esto depende toda la ventaja y dignidad de dicha ciencia, que ha producido tantos bienes; mas los escolisticos, en un sentido opuesto, se empefian en alargarlo todo, y hacer el anAlisis mis dificil por una consecuencia de las mis exactas observaciones ideol6gicas; pues la claridad de las ideas sigue la raz6n de la brevedad y claridad de los signos. Los escolisticos dicen que su lenguaje es el mis breve, y que la forma se ha inventado para presentar los pensamientos desnudos y perceptibles. Yo lo confieso, que si se trata de comparar la forma silogistica con el lenguaje de algunos ignorantes, que hacen infinitas digresiones, y trastornan el pensamiento principal, o con el de un pedante que tenga un estilo hinchado y difuso, conviene hacer silogismos; pero si se compara con un lenguaje exacto, segdn la recta Ideologia, ninguna forma sera tan breve, ni tan clara. Yo creo que la falta de Ideologia ha obligado a los escolisticos a introducir esa forma; pues dejindola

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230 MISCELANEA FILOSOFICA tendrian un lenguaje tan redundante como el del vulgo, y asi les conviene su rutina, pues el que no puede caminar sin muletas, es preciso que las use, aunque con ellas no camine tan ligero, y con tanta perfecci6n como los que tienen sus pies sanos. Se dice que los silogismos evitan los errors, y creo que esto sucede algunas veces; pero que por lo regular los producen lejos de evitarlos. No hay cosa mis capaz de envolver falsedades que un silogismo, donde tienen cabida todos los sofismas, y tambi6n los paralogismos, en que de buena fe se cometen errors, y no se conocen por la misma persuasion en que suele estarse de la exactitud del discurso. 1Si el silogismo es tan claro y ficil, por qu6 sucede que en una disputa apenas se hacen dos que sean exactos? Porque un hombre convencido, mejor dicho, aterrado por silogismos, no puede responder; mas no por eso cree que dichos silogismos prueban la verdad, y que su doctrina es falsa. Pres6ntense razones claras, y sin ese rejuego de voces que siempre ileva consigo la sospecha de falsedad, y veremos que el entendimiento se convince. Sucede con frecuencia que se conoce la debilidad de un pensamiento, que nada prueba contra la doctrina que se admit, y con todo se encuentra dificultad en resolverlo por el artificio con que esti puesto en forma, y esto creen los escolisticos que es una gran cosa. Dicho pensamiento puesto con claridad no hubiera merecido la mis ligera atenci6n. Vase cuil es el efecto de la forma, que sirve para confundir lejos de aclarar. Pero me dirin: gy cuindo uno present un sofisma, no conviene conocerlo? Cuando uno presenta

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SOBRE EL ESCOLASTICISMO 231 un sofisma, se le traduce el pensamiento a un lenguaje claro, y prontamente aparece la inconexi6n de las ideas, y est& despachado sin forma para ello. Concluyo, pues, que hay dos g6neros de preocupaciones en este punto; unos detestan el silogismo absolutamente, y otros quieren usarlo en todos casos: los primeros no hacen bien; pero de su opinion nunca puede seguirse un mal, porque efectivamente, todo lo que se hace con un silogismo en forma, puede hacerse sin 61; los segundos trastornan toda la Ideologia, y causan una gran p6rdida de tiempo.

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PARTE VI PATRIOTISM * Bste artlculo se halls en mis Lecciones de Fiosofia, pero deseando ampliarlo, y no pudiendo pot ahora hacer otra edici6n de aquellas, he determinado insertarlo en esta Misednoe. Misc. os6ncA 17

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CAPfruLo UNICO PATRIOTISM 0 Al amor que tiene todo hombre al pais en que ha nacido, y al intere que toma en su prosperidad les llamamos patriotismo. La consideraci6n del lugar en que por primera vez aparecimos en el gran cuadro de los seres, donde recibimos las mas gratas impresiones, que son las de la infancia, por la novedad que tienen para nosotros todos los objetos, y por la serenidad con que los contemplamos cuando ningxn pesar funesto agita nuestro espiritu, impresiones cuya memoria siempre nos recrea; ]a multitud de objetos a que estamos unidos por vinculos sagrados, de naturaleza, de gratitud y de amistad: todo esto nos inspira una irresistible inclinaci6n, y un amor indeleble hacia nuestra patria. En cierto modo nos identifieamos con ella, considerindola como nuestra madre, y nos resentimos de todo lo que pueda perjudicarla. Como el hombre no se desprecia a si mismo, tampoco desprecia, ni sufre que se desprecie su patria que reputa, si puedo valerme de esta expresi6n, como parte suya. De aqu* procede el empefio en defender todo lo que la pertenece, ponderar sus perfecciones y disimular sus defectos. Aunque establecidas las grande sociedades, la voz

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236 MISCELANEA FILOSOFICA patria no significa un pueblo, una ciudad, ni una provincia; sin embargo, los hombres dan siempre una preferencia a los objetos mis cercanos, o por mejor decir, mis ligados con sun intereses individuales, y son muy pocos los que perciben las relaciones generales de la sociedad, y muchos menos los que por ellas sacrifican las utilidades inmediatas o que les son mis privativas. De aqui procede lo que suele ilamarse provincialismo, esto es, el afecto hacia la provincia en que cada uno nace, levado a un tirmino contrario a la raz6n y a la justicia. Solo en este sentido podr6 admitir que el provincialismo sea reprensible, pues a la verdad nunca seri excusable un amor patio que conduzca a la injusticia; mas cuando se ha pretendido que el hombre porque pertenece a una nacion toma igual interns por todos los puntos de ella, y no prefiera el suelo en que ha nacido, o a que tiene ligados sus intereses individuales, no se ha consultado el coraz6n del hombre, y se habla por meras teorias que no serian capaces de observar los mismos que las establecen. Para mi el provincialismo racional que no infringe los derechos de ningdn pais, ni los generales de la naci6n, ea la principal de las virtudes civicas. Sa contraria, esto es, la pretendida indiferencia civil o politica, es un crimen de ingratitud, que no se comete sino por intereses rastreros, por ser personalisimos, o por un estoicismo politico el mis ridiculo y despreciable. El hombre todo lo refiere a si mismo, y lo aprecia segan las utilidades que le produce. Despu6s que esti ligado a un pueblo teniendo en 61 todos sus intereses, ama los otros por el bien que pueden pro-

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PATRIOTISMO 237 ducir al suyo, y los tendria por enemigos si se opusiesen a la felicidad de 6ste, donde 61 tiene todos sus goces. Pensar de otra suerte es quererse engafiar voluntariamente. Suele sin embargo el desarreglo de este amor tan justo, conducir a gravisimos males en la sociedad, aun respecto de aquel mismo pueblo que se pretende favorecer. Hay un fanatismo politico, que no es menos funesto que el religioso, y los hombres muchas veces, con miras al parecer las mis patri6ticas, destruyen su patria, encendiendo en ella la discordia civil por aspirar a injustas prerrogativas. En nada debe emplear mis el fil6sofo todo el tino que sugiere la recta Ideologia que en examinar las verdaderas relaciones de estos objetos, considerar los resultados de las operaciones, y refrenar los impulsos de una pasi6n que a veces conduce a un t6rmino diametralmente contrario al que apetecemos. Muchos hacen del patriotismo un mero titulo de especulaci6n, quiero decir, un instrumento aparente para obtener empleos y otras ventajas de la sociedad. Patriotas hay (de nombre) que no cesan de pedir la paga de su patriotismo, que le vociferan por todas padres, y dejan de ser patriotas cuando dejan de ser pagados. ;OjalA no hubiera yo tenido tantas ocasiones de observar a estos indecentes traficantes de patriotismo! ;CuAnto cuidado debe ponerse para no confundirlos con los verdaderos patriotas! El patriotismo es una virtud civica, que a semejanza de las morales, suele no tenerla el que dice que la tiene, y hay una hipocresia politica mucho mis baja que la religiosa. Nadie opera sin inter6s, todo patriota

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238 MISCELANEA FILOS6FICA quiere merecer de su patria; pero cuando el interest se contrae a la persona en terminos que 6sta no le encuentre en el Lien general de su patria, se convierte en depravaci6n e infamia. Patriotas hay que venderian su. patria si les dieran mAs de lo que reciben de ella. La juventud es muy ficil de alucinarse con estos cambia-colores, y de ser conducida a muchos desaciertos. No es patriota el que no sabe hacer sacrificios en favor de su patria, o el que pide por 6stos una paga, que acaso cuesta mayor sacrificio que el que se ha hecho para obtenerla, cuando no para merecerla. El deseo de conseguir el aura popular es el m6vil de muchos que se tienen por patriotas, y efectivamente no hay placer para un verdadero hijo de la patria, como el de hacerse acreedor a la consideraci6n de sus conciudadanos por sus servicios a la sociedad; mis cuando el Lien de 6sta exige la p6rdida de esa aura popular, he aqui ei sacrificio mis noble, y mis digno de un hombre de bien, y he aqui el que desgraciadamente es muy raro. Pocos hay que sufran perder el nombre de patriotas en obsequio de la misma patria, y a veces una chusma indecente logra con sus ridiculos aplausos convertir en asesinos de la patria los que podrian ser sus mis fuertes apoyos. ;Honor eterno a las almas grandes que saben hacerse superiores al vano temor y a la ridicula alabanza! El extremo opuesto no es menos perjudicial, quiero decir, el empeflo temerario de muchas personas en contrariar siempre la opinin de la multitud. El pueblo tiene cierto tacto que pocas veces se equivoca, y conviene empezar siempre por creer, o a lo menos

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PATRIOTISMO 239 por sospechar que tiene raz6n. ;Cuintas opiniones han sido contrariadas por hombres de bastante m46rito, pero sumamente preocupados en esta materia, s6lo por ser como suelen decir las de la plebe! Entra despu6s el orgullo a sostener lo que hizo la imprudencia, y la patria entretanto recibe ataques los mis sensibles por provenir de muchos de sus mis distinguidos hijos. Otro de los obsticulos que presenta al bien piblico el falso patriotismo, consiste en que muchas personas, las mis ineptas, y a veces las mis inmorales, se escudan con 61, disimulando el espiritu de especulaci6n, y el vano deseo de figurar. No puede haber un mal mis grave en el cuerpo politico, y en nada debe ponerse mayor empeflo, que en conocer y despreciar estos especuladores. Los verdaderos patriotas desean contribuir con sus luces y todos sus recursos al bien de su patria, pero siendo 6ste su verdadero objeto, no tienen la ridicula pretension de ocupar puestos que no puedan desempefiar. Con todo, aun los mejores patriotas suelen incurrir en un defecto que causa muchos males, y es figurarse que nada esti bien dirigido cuando no esti conforme a su opini6n. Este sentimiento es casi natural al hombre, pero debe corregirse no perdiendo de vista que el juicio en estas materias depende de una multitud de datos que no siempre tenemos, y la opini6n general, cuando no abiertamente absurda, produce siempre mejor efecto que la particular, aunque 6sta sea mis fundada. El deseo de encontrar 10 mejor nos hace a veces perder todo lo bueno. Suelen tambi6n equivocarse aun los hombres de

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240 MISCELANEA FILOS6FICA mis juicio en graduar por opinion general la que e6lo es del circulo de personas que los rodean, y procediendo con esta equivocaci6n dan pibulo a un patriotismol imprudente que les conduce a los mayores desaciertos. Se finger a veces lo que piensa el pueblo arreglindolo a lo que debe pensar, por lo menos segin las ideas de los que graddian esta opini6n, y asi suele verse con frecuencia un triste desengaflo, cuando se ponen en prictica opinions que se creian generalizadas. Es un mal funesto la preocupaci6n de los hombres, pero aun es mayor mal su cura imprudente. La juventud suele entrar en esta descabellada empress, y yo no podr6 menos que transcribir las palabras del juicioso Watts tratando esta materia. "Si s6lo tuvi6ramos, dice, que lidiar con la raz6n "de los hombres, y 6ata no estuviera corrompida, no "seria materia que exigiese gran talento ni trabajo "convencerlos de sus errores comunes, o persuadirles a que asintiesen a las verdades claras y compro"badas. Pero ;ah el g6nero humano esti envuelto "en errores y ligado por sus preocupaciones; cada "uno sostiene mu dictamen por algo mis que por la "raz6n. Un joven de ingenio brillante que se ha pro"visto de variedad de conocimientos y argumentos "fuertes, pero que aun no esti familiarizado con el "mundo, sale de las escuelas como un caballero an"dante que presume denodadamente veneer las lo"curas de los hombres, y esparcir la luz y la verdad. "Mas 61 encuentra enormes gigantes y castillos en"cantados; esto es, las fuertes preocupaciones, los "hibitos, las costumbres, la educaci6n, la autoridad,

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PATRIOTISMO 241 "el inter6a, que reuniindose todo a las varias pasiones "de los hombres, los arma y obstina en defender sus "opiniones, y con sorpresa se encuentra equivocado "en sus generosas tentativas. Experimenta que no "debe fiar s6lo en el buen filo de su acero y la fuerza "de su brazo, sino que debe manejar las armas de "su raz6n, con mucha destreza y artificio, con cui"dado y maestria, y de lo contrario nunca seri capaz "de destruir los errores y convencer a los hombres." ;Cuintos males causa en la politica este imprudente patriotismo! Yo me detendr6 en considerarlos, y ojali mis consideraciones no pudiesen estar apoyadas en hechos funestisimos, cuya memoria es una lecciOn continua para mi espfritu, si bien la prudencia y la caridad me prohiben especificarlos. Hallibame afectado de estos mismos sentimientos cuando escribi este articulo en mis Lecciones de Filosofia; mas la delicadeza de la materia, el temor de ofender a personas determinadas, y el caricter de una obra elemental me impidieron su manifestaci6n. Procurar6 entrar en ella del modo mis genirico que me sea posible, y si mi acierto no corresponde a mis intenciones, espero que 6stas obtengan en mi favor la indulgencia de los verdaderos patriotas. La injusticia con que un celo patri6tico indiscreto califica de perversas las intenciones de todos los que piensan de distinto modo, es causa de que muchos se conviertan en verdaderos enemigos de la patria. El patriotismo cuando no esti unido a la fortaleza (como por desgracia sucede frecuentemente) se da Watts: On the improvement of the mind. Part II, chap. 5.

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242 MISCELANEA FILOS6FICA por agraviado, y a veces vacila a vista de la ingratitud. Frustrada la justa esperanza del aprecio pilblico, ]a memoria de los sacrificios hechos para obtenerlo, la idea del ultraje por recompensa al mrito, en una palabra, un cximulo de pensamientos desoladores se agolpan en la mente, y atormentindola sin cesar legan muchas veces a pervertirla. Vase, pues, cuil es el resultado de la imprudencia de algunos y la malicia de muchos, en avanzar ideas poco favorables sobre el merito de los que tienen contraria opinion. Cuando ista no se opone a lo esencial de una causa jpor que se ha de suponer que proviene de una intenci6n depravada? Yo me atrevo a asegurar que muchos que difieren totalmente, aun en cuanto a las bases de un sistema politico, no tienen un inimo antipatri6tico; y que bien manejados variarian ingenuamente de opinion, y serian tiles a la patria. jQui6n no sabe que la palabra bien pablico es un Proteo que toma tantas formas cuantos son los intereses, la educacion, o los caprichos de los que la usan? g Por qu6 hemos de suponer depravaci6n y no error en los que piensan de un modo contrario al nuestro? Hay casos en que claramente se conocen las intenciones perversas de algunos hombres, y para este conocimiento sirve much el que tenemos de su inmoralidad; pero otros muchos casos son totalmente aereos, y nos figuramos enemigos donde no existen. jCul es el resultado? Formarlos en realidad, y quitar por lo menos el prestigio a la buena casa suponiendo que experimenta mas oposicion que la que verdaderamente sure. Nada es tan interesante

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PATRIOTISMO 243 en un sistema politico como la idea de que no tiene enemigos, y por consiguiente nada le es tan contrario como fingirselos. El verdadero politico trata por todos los medios de ocultar los verdaderos ataques que experimenta la causa pdblica, y se contenta con impedirlos si puede en secreto. ;Qu6 distinta es la conducta de algunos, cuyo patriotismo consiste en decir que no hay patriotas, y en buscar crinenes ain en las acciones mis indiferentes! Sucede en lo politico lo que en lo moral, que el rigorismo conduce mis de una vez a la relajaci6n. Otro de los defectos en que suele incurrir el falso patriotismo, es el de acabar de pervertir a muchos que en realidad no estin muy lejos de ello, pero cuyo mal no era incurable. Danse prisa en denunciarlos a la opinion pdblica, y a la denuncia sigue el descaro y la obstinaci6n de los acusados. Hay ciertos entes perversos de que debemos servirnos unas veces para hacer el bien, y otras tolerarlos, para que no hagan mal. Principalmente cuando los hombres tienen prestigio es perjudicial desenmascararlos, porque sus partidarios juzgan siempre que se les hace injusticia y toman su defensa con indiscreci6n. Por otra parte, el pueblo que ve con frecuencia que le son infieles aun aquellos hombres en quienes mis confiaba, duda de todos, y faltando la confianza no bay fuerza moral, expresidn que se ha echo favorita, y que efectivamente califica mis que ninguna otra la verdadera acci6n de un gobierno, que si bien se debe momentineamente a la fuerza fisica, cede al fin a la irresistible de la opinion. En este punto desearia yo se detuviese la consi-

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244 MISCELANEA PILOS6FICA deraci6n de los patriotas, para evitar uno de los ataques mis funestos que suelen hacer a la causa pnblica. Procuran sus enemigos desacreditar individualmente a sus mis decididos defensores, a hombres que sin duda no pueden clasificarse en el namero de los enmascarados, y el objeto no es otro sino lograr que el pueblo se desaliente considerindose sin direccidn, y crea que no le queda otro remedio sino mudar de sistema de gobierno, para ver si entree los partidarios del opuesto hay hombres que valgan algo mis, o que por lo menos no scan perversos. ;Vase cuinto daio causan los patriotas, o mejor dicho, antipatriotas desacreditadores! Las ignorancias de los nuestros deben callarse para no dar armas a los contrarios; el verdadero patriota debe procurar por todos medics impedir que por malicia, o por ignorancia, se haga mal a la patria; mas el vano placer de publicar faltas, no s6lo es un crimen en moralidad sino en politica. De esta conducta, no s6 si diga equivocada o perversa, de algimos que por lo menos se denominan patriotas, result que muchos hombres de m6rito tengan la debilidad de no querer tomar parte en ningan negocio p6blico, y 6ste es, sin duda, uno de los mis graves dafios. Trabaja un hombre toda su vida por adquirirse la estimaci6n de sus conciudadanos, y prevee que todo va a perderlo sin culpa suya por la perversidad o ignorancia de cuatro charlatanes, y en consecuencia trata de retraerse cuanto puede para que no se comprometan. iQui6n puede responder desus aciertos? Y si la mis ligera falta no de intenci6n de hacer el bien, sino de tino para

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PATMIOTISMO 245 conseguirlo, ha de atraerle el descr6dito, y a veces el opropio, jno seri necesaria gran fortaleza para arrostrar tan gran peligro? Dila Dios a los verdaderos patriotas para que no quede la patria abandonada a una multitud de ignorantes y de picaros que la sacrifiquen, que es el resultado de la separacion de los buenos.

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PARTE VII OTROS ESTUDIOS FILOSOFICOS

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ENSAYO SOBRE EL ORIGEN DE NUESTRAS IDEAS1 I En el capitulo de las Veladas de San Petersburgo inserto en nuestro iltimo naimero, el lector puede advertir que el Conde de Maistre admite las ideas innatas, y trata con gran severidad a los defensores de la doctrina que la nueva escuela de espiritualistas llama sarchsticamente sensualist o. Ni yo ni el ilustrado traductor de ese trabajo debemos ser considerados como solidarios en la defensa de todo lo que contiene, ya que ningiin traductor esta obligado a ello, y mucho menos el editor del periodico en que se publica un trabajo; por lo tanto no creimos necesario haber hecho observaciones de ninguna clase. No obstante, y despuis de meditarlo, creo necesario hacer algunas observaciones personales expresivas de mi sentir sobre la cuesti6n, no sea que alguien sospeche que ya no mantengo el criterio que hice patente en mis Lecciones de Filosofia, y que me he convertido en innatista. Tal cosa es ajena a mi modo de pensar. ZC6mo 1 Publicado en The Catholic Expositor por F6lix Varela, D. D. en enero y febrero de 1842. Traducci6n directa del ingles por Roberto Agramonte. msc. mcsirse

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250 MISCELANEA FILOSOFICA puedo creer que hay en la mente humana una innumerable multitud de ideas, que no son conocimiento o que son conocimiento desconocido? Esto serial como concebir un circulo cuadrado. Pero supongamos que existen tales ideas no ideas, y que 6stas son excitadas o se manifiestan (se hacen conocidas) cuando ]a ocasidn lo requiere, a voluntad de los defensores de tal sistema. En tal caso gpor qui agente son excitadas? jPor Dips? Tal excitacidn no puede ser sino una verdadera producci6n de ideas, y por consiguiente no han sido producidas con anterioridad, esto es, no han sido innatas. En verdad gqn6 cosa puede ser esta excitacion? Si fuera e6lo mover o excitar al alma a formal las ideas sin dar la nocion del objeto icdmo puede el alma formarla o darse a si misma el conocimiento no sdlo de esta misteriosa afecci6n previamente desconocida, sino tambi~n el de su correspondencia con el objeto exterior? Si la excitaci6n fuera una producci6n de las ideas gcon qu6 objeto se hallan 6tas almacenadas previamente en el alma? ANo bastaria con producirlas en la ocasidn pertinente? ANecesita Dios ese almacenamiento de ideas o mis bien esas semillas de ideas, como si fuesen meras plantas? Supongamos en cambio que el alma es excitada por los sentidos para formar o, mis bien, para conocer las ideas (ya existentes, al ser innatas) jdarin los sentidos la noci6n al alma? Tal asuncion lievaria a estos fil6sofos a donde ellos no quieren ser ilevados, y ello probaria, por otra parte, la inutilidad o al menos ]a falta de necesidad de las ideas innatas. Pero si los sentidos no dan ninguna nocidn

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ORIGEN DE NUESTRAS IDEAS 251 Sc6mo pueden 6stos encauzar tal excitaci6n o sefialar una determinada idea existente en el alma, con la cual no tienen conexi6n ni similaridad? El sistema de las ideas innatas me luce a modo de una mera serie de aserciones sin otra prueba que el temor a que el sietema opuesto pueda conducir al materialismo. Semejante temor carece de motivos y se funda en razonamientos harto improcedentes, a saber: que los sentidos originan las ideas; de aqui que los sentidos forman las ideas, y que existen, en fin, realidades materiales. Todos los materialistas enseian que las ideas proceden de los sentidos, y gran ndimero de los que sostienen esta doctrina se convierten en materialistas; de aqui que esta doctrina conduzca al materialismo. Por ridiculos que puedan ser estos razonamientos, son el fundamento de toda la alarma de los innatistas. Supongamos que les decimos que los sentidos dan existencia a las ideas innatas que estaban como muertas; y de edo concluimos que los sentidos las forman, las encauzan y las conocen, y que todo esto conduce al materialismo, o, mAs ann, es puro materialismo. Los innatistas pensarian que estamos demasiado atados al prejuicio, o mis bien se reirian de nuestro razonamiento y de nuestro temor. Nosotros les respondemos con el mismo argumento, y nos sorprendemos de que los innatistas no pretenden probar que los objetos materiales que nos rodean no tengan influencia alguna en nuestras ideas, razonando de aniloga manera, de acuerdo con su 16gica, y diciendo que si los objetos materiales influyesen en nuestras ideas, ellos serian en alguna medida su origen, y siendo su origen

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252 MISCELANEA FILOS6FICA formarian ideas, y habria cualidades materials. ;Quizi Malebranche razon6 de esta manera, cuando llegi a la conclusion de que no podemos conocer la existencia de los cuerpos circunstantes sino a virtud de una operaci6n de Dios equivalente a la revelaci6n! Vayamos un poco mis lejos en la investigaci6n del sistema de las ideas innatas almacenadas, como observe, en nuestra alma que es una sustancia espiritual-;sin lugares ni escondrijos! Si asi fuera, parece que Dios surte de un modo muy diferente a estos almacenes espirituales, o que un gran niimero de los articulos carecerin totalmente de uso. En verdad, los objetos presentados a un hombre durante su vida son muy diferentes a aquellos presentados a otro hombre, y en consecuencia las excitaciones son muy diferentes, y las ideas innatas de los objetos, que no ban de ser vistos por un hombre, le serian totalmente inditiles. Este sistema presenta otra dificultad relativa a las operaciones de la imaginaci6n. Si aqu6llas no proceden originariamente de los sentidos sino que son innatas, o al menos sus padres materiales o constitutivas son tales, gde d6nde proceden? No puede decirse que son excitadas o sugeridas por Dios, de acuerdo con las actividades de los sentidos, porque 6stos no estin en actividad ni lo han estado en la operaci6n imaginada. Ellas no son excitadas tampoco de acuerdo con la voluntad de nuestra alma, porque el alma no puede tener voluntad con anterioridad al conocimiento del objeto. De aqui que

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ORIGEN DE NUESTRAS IDEAS 253 aquellas deben o bien ser excitadas por Dios sin ocasi6n ni participaci6n alguna de nuestra alma, o bien deben ser excitadas por el alma de acuerdo con las impresiones recibidas anteriormente de los sentidos, y como consecuencia de nuestra voluntad de crear sin que conozeamos todavia qu6 habria de ser el producto de nuestra creaci6n. La primera posici6n no es mis que una aserci6n sin fundamento, que por otra parte convierte a Dios en autor de muchos crimenes que cl hombre no habria cometido, si las ideas no le hubieran sido comunicadas sin su participacidn; y la segunda posicidn destruye de inmediato el sistema de las ideas innatas, puesto que tal sistema supone que el alma no produce tales ideas sino que 6stas son obra de Dios y el alma es meramente pasiva con relaci6n a ellas. Los defensores de este sistema no tienen en mente otra cosa que sustraerse al materialismo y sentirse satisfechos con esto, si6ndoles imposible explicar c6mo las ideas son excitadas por los sentidos, o c6mo pueden ser derivadas estas acciones espirituales de fuentes materiales. En lo que respecta a ese temor deben asimismo eliminarlo, con considerar que la fuente de una cosa no es siempre de la misma naturaleza que dicha cosa; asi los movimientos son causados por el alma y el alma no es movible; y tocante a la dificultad de explicar los efectos, debieran considerar que ningin sistema esti debidamenta fundamentado si no cuenta con otra prueba que la dificultad de explicar los efectos sin 61, porque 6stos nunca llegarian mas que a una mera probabilidad, la cual a menudo es destruida totalmente (como en

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254 MISCELANEA FILOSOFICA el presente caso) por algunas otras dificultades insuperables. ffablando de los defensores del sistema, sarcisticamente Ilamado sensualismo, el Conde de Maistre expresa, con mis acritud que prudencia, esto: "STe ha ocurrido alguna vez, bien por accidente, bien por debilidad, hallarte en mala compania? En este caso, como sabes, no cabe mis que decir una cosa: "D6jala!", pues mientras te mantengas alli tenemos el derecho de reirnos de ti, por no usar un t6rmino mis duro." El Conde puede reirse cual le plasca, pero le garantizari el mismo derecho a los demis; y por consiguiente, por via de consejo, transcribir6 lo que sigue, tomado de la Revista de Dublin, del articulo titulado Simonismo, publicado en enero de 1838, pigina 147: Pero durante la restauracion la incredulidad asumi6 una nueva forma, porque la nueva generaci6n, cansada y disgustada por la obscena inmoralidad del siglo xvm, fu6 adoptando gradualmente, bajo la direcci6n de M. M. Royer Collard, Benjamin Constant, Guizot y Cousin, un sistema de espiritualismo mis elevado si no menos hostil. Era criterio uninime que era impossible gobernar a ninguna nacion sin valerse de algo semejante a una doctrina religiosa, y ciertamente ilegaron al extremo de asegurar que su gran objecidn, aunque no la ainica, a la religion cat6lica, consistia en que sus dogmas ya no se ajustaban a los deseos, habitos y cultura de la generacion actual. Ellos expresaron prontamente un deseo de ver el advenimiento de una religion mis en armonia con la civilizaci6n moderna; y fueron mis lejos aun al predecir que el intelecto humano descubriria una doctrina independiente de toda revelaci6n -y demos-

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ORIGEN DE NUESTRAS IDEAS 255 trable como una verdad matemitica, en la cual el hombre encontraria una norma para su creencia y su moral que estaria mAs conforme que el Evangelio con el progreso del intelecto moderno. Dos cosas han de notarse particularmente en los escritos de ese periodo. En primer lugar, de acuerdo con los hombres eminentes que hemos mencionado, la 6itilidad prictica de una doctrina moral y religiosa debe considerarse como criterio adecuado de su propia verdad; de modo que el mismo culto puede ser verdadero durante ciertas 6pocas y dejar de serlo en otra posterior, cuando ya no exista la conformidad con los intereses bien entendidos del g6nero humano. En segundo lugar, la incredulidad, aunque excelente cuando sirve para destruir una religion que ha finiquitado, es, no obstante, lo que Robespierre, La Revilleire, Lassaux y Napole6n habian creido que era: una inevitable causa de destrucci6n para el pais donde esa incredulidad cundia. Considerando que es ridiculo (por no decir otra cosa) calificar de mala compaiia la de los sensualistas, cuando Santo Tomis es tenido por sensualista, el sapiente Conde de Maistre se esfuerza en hacernos creer que el Doctor Ang6lico ensenf6 que nuestras ideas no proceden de nuestros sentidos. ;Extraia pretension! Para que nos percatemos de tal falacia, bastari con que dediquemos unos breves instantes a razonar de manera imparcial. El estilo de Santo TomAs es notable, como nos dice el propio Conde de Maistre, debido a su perspicuidad, precision, fujerza y laconismo. Por tanto, es imposible creer que sue discipulos, por espacio de unos siete siglos, no lo hayan entendido ni lo entiendan. Ahora bien, no ha habido ni hay un solo tomista que no hubiese

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256 MISCELANEA FILOS6FICA creido ni crea, de acuerdo con la doctrina de su maestro, que todas nuestras ideas proceden de nuestros sentidos; y por ende esto es lo que podemos lamar una demostraci6n moral de que Santo Tomis profes6 tales doctrinas. Si no las profes6 ipor qu6 Descartes atrajo tanto la atenci6n, cuando revivi6 la doctrina de Plat6n sobre las ideas innatas? Las pruebas que el Conde de Maistre aporta para persuadirnos de que Santo Tomis no ensefi6 que nuestras ideas proceden de nuestros sentidos, son en realidad muy extraias; de tal manera que debo confesar que apenas podia career que estaba leyendo una obra escrita por una de las lumbreras de nuestro tiempo, cuando pasaba la vista por el siguiente pirrafo: "El (Santo Tomis) vacila en no aceptar que el intelecto, en nuestra condicion presente, comprenda nada sin una imagen". Z Es esto congruente con las ideas innatas? Pero oigamoslo disertando acerca de la mente y las ideas: "El distingue cuidadosamente el intelecto pasivo, o sea, la facultad que recibe las impresiones del intelecto activo, del intelecto propiamente dicho, que razona sobre las impresiones. Los sentidos no conocen mis que lo individual: s6lo el intelecto se eleva a lo universal." Los sentidos no entran para nada en esta operaci6n (de generalizar) ; ellks reciben las impresiones y las transmiten al intelecto (esto es exactamente lo que los sensualistas dicen), pero s6o el intelecto puede hacerlas inteligibles. Los sentidos son extraios a toda idea espiritual, y aun son ignorantes de sus propias operaciones; no siendo la luz capaz de verse a 9i misma, ni de ver que ve.

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OIUGEN DE NUESTRAS IDEAS 257 A causa de que Santo Tomis distingui6 el intelecto pasivo del activo, no crey6 que nuestras ideas procediesen de nuestros sentidos. ;Qu6 conclusi6n! ZNo es la que saca el Conde de Maistre? Por lo contrario, Santo Tomas denomina al uno intelecto pasivo, porque recibe la impresi6n de los sentidos, y el intelecto activo generaliza y ramona. Esta es precisamente la doctrina de los sensualistas. gQui6n ha dicho acaso que los sentidos conocian algo o que razonan o que generalizan? S6lo se ha dicho lo que el Conde de Maistre al fin afirma, a saber: que los sentidos transmiten las impresiones al intelecto. Ciertamente 6stos no forman las ideas, pero son como la luz, que no ve, pero que es necesaria para que podamos ver. Y no otra cosa ha sido enseflada por los sensualistas, que consideran justamente a Santo Tomis como su patrono. De lo que antecede el lector pensari sin duda que soy sensualista. Y en efecto, lo soy, en tanto en cuanto no puedo admitir las ideas innatas, al menos como 6stas suelen ser explicadas. Mas no soy defensor de ning6n sistema en la cuesti6n del origen de nuestras ideas, puesto que estoy convencido de que todos los fil6sofos o tienen que estar de acuerdo sobre el punto o eneeflar todos ellos un error evidente; al menos para cualquier honibre cuyo punto de vista sea el sentido comin y no est6 influido por un prejuicio filosdfico. Probar6 esto en el siguiente nmero, al considerar la cuesti6n de acuerdo con los trees sistemas principales admitidos entre los fil6sofos.

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258 MISCELANEA FILOS6FICA II Preguntemos a un innatista qu6 significa ser innatista. Si contesta que significa creer que todas nuestras ideas estaban previamente en nuestra alma, pero eran desconocidas par& nosotros, tal cosa es un absurdo, como ya hemos probado. Si dice que nuestra alma recibe estas ideas, sin ningn conocimiento de ellas, esto es otro absurdo, como tambi6n hemos probado. Mas si dice que hay algunas ideas tan evidentes, y adquiridas de modo tan fAcil, que se encuentran en todo intelecto humano, como por una inspiraci6n universal de la naturaleza, todo hombre razonable estarit de acuerdo con 61. Otros fildsofos rechazan ciertamente las ideas innatas, pero admiten algunas ideas que no proceden de nuestros sentidos, y por esto les place el denominarlas "puramente intelectuales"-pure intellectuales-. jQu6 significa esto? "Que existen algunas ideas de objetos espirituales, cuya imagen los sentidos no pueden nunca producir". Esta es una verdad evidente admitida por todo fil6sofo; y ninguno ha pretendido nunca decir que nuestros sentidos pueden darnos la imagen de Dios o la de nuestra alma. jQuiirese dar a entender que no podemos venir, por medio de algunos razonamientos, de las cosas sensibles al conocimiento de las espirituales? Esto es con toda evidencia absurdo, -y lo prueba la voz de la:naturaleza, proclamando la existencia de Dios; y si no fuera porque s61o me propongo considerar esta materia en u aspecto filos6fico, afiadiria que las Escrituras prueban lo absurdo de tal asereion.

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ORIGEN DE NUESTRAS IDEAS 259 Supongamos ahora que un sensualista nos dice que los sentidos forman las ideas. Esto es absurdo. Supongamos que nos dice que el objeto espiritual puede ser representado por medio de imigenes sensibles. Esto es asimismo absurdo. Pero si dijese que los sentidos causan que el alma forme las ideas, y que las de los objetos materiales, aunque no representadas por medio de imigenes sensibles, pueden ser formadas por medio de alguna conclusi6n derivada de los objetos sensibles, tal aserci6n debe ser admitida por toda mentalidad exenta de prejuicios; porque aun los mismos innatistas afirman que las ideas son desconocidas para el alma hasta el moment en que los sentidos las excitan, o al menos dan ocasi6n a su excitaci6n, de acuerdo con el sistema de las causas ocasionales generalmente mantenido por los cartesianos. De lo que antecede concluimos que todos los fil6sofos deben estar de acuerdo, y en efecto lo estin, en la siguiente proposition La idea de Dios y algunas otras ideas son tan evidentes por si mismas que las adquirimos muy fdcilmente; no estdn representadas por ninguna imagen, pero nosotros podemos ser excitados a formar, a partir de ellas, la observaci6n de los objetos sensibles. El apartarnos de algfn modo de esta proposici6n nos conduciri a algunos de los errores contenidos en las siguientes aserciones: La idea de Dios ha estado siempre presente en nuestra mente, desde el moment en que nuestra alma fu6 creada, y nosotros no supimos nada acerca de ello, porque i&s ideas estdn "escondidas" en nuestra alma como el fuego bajo las cenizas, y se ponen

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260 MISCELANEA FILOS6FICA de manifiesto cuando son excitadas por los sentidos, como el fuego se hace visible cuando las cenizas se remueven. Podemos representar adecuadamente las sustancias espirituales por medio de imd genes. Las sustancias espirituales afectan a los sentidos. Estos pueden "producir" ideas. El mundo no puede conducirnos aL conocimiento de su Creador. Debemos por ende concluir que o Lien todos los fil6sofos estin de acuerdo sore el origen de nuestras ideas o todos incurren en errores evidentes. Despu6s de todo, la cuesti6n acerca del origen de nuestras ideas me parece de una importancia imaginaria, y por ello no ha arrojado luz en el campo de la filosofia, a pesar de que ha desazonado bastante a los fil6sofos. Desde hacia largo tiempo yo la habia abandonado, y no la hubiera vuelto a tomar en consideraci6n en este articulo, si no hubiera sido obligado por las circunstancias, y con la esperanza de derivar la utilidad de poner de manifiesto su inutilidad. Hablando con justeza, no hay mis problema acerca de esta cuesti6n que el causado bien por prejuicio, bien por carencia de reflexi6n. El lector pensari quizas que es sumamente raro que yo niegue la utilidad de una investigaci6n que ha sido considerada de gran importancia por los fil6sofos mas eminentes, pero no puedo pensar de otra manera; y espero que la franca y caindida expresi6n de mis sentimientos sea considerada tan s6lo como ejercicio del derecho que tiene cada hombre de manifestar sus ideas, dejando a los demis el derecho de juzgarlas. Supongamos que sabemos que todas nuestras ideas son innatas. ZEsto no illevari a adquirirlas?

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V, Iii ti 4 1~jih J4 i IT" v fil 1 1 1 1 1 I I ~ii i i i i ; ; tfo1l AF

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ORIGEN DE NUESTRAS IDEAS 261 Supongamos que sabemos ciertamente que no son innatas. gNos guiari este conocimiento hacia su adquisici6n? En manera ninguna. La cuesti6n, por consiguiente, es totalmente initil. En realidad, las mismas reglas de la l6gica son seguidas por los innatistas y por los sensualistas, y nunca fu6 aclarada ninguna dificultad sobre t6pico alguno, aplicando los principios de un sistema u otro. En ambos lados hay hombres eminentes, y dlos no pueden atribuir el acierto de sus respectivos intelectos a su propia doctrina sobre el origen de nuestras ideas. Tambien han reconocido errores los defensores de ambos sistemas, sin que hayan sido originados por estos tiltimos. En una palabra, ninguna perfecci6n, como ningtin defecto intelectual, han derivado nunca de uno u otro sistema. 4D6nde esti, pues, su utilidad? Si reflexionamos imparcialmente acerca de este asunto, nos convenceremos de que todas las ciencias y todas las arts pueden adquirirse con la misma perfecci6n, seamos innatistas o sensualistas, y que ambos partidos pueden gloriarse de contar con hombres eminentes de todas las profesiones. Es mis, estos hombres ilustrados confesarian cindidamente, si liegara el caso, que el sistema que edos estudiaron en su juventud, relativo al origen de nuestras ideas, nunca lee sirvi6 en lo mie ninimo durante su carrera cientifica. A veces hasta olvidan lo que aprendieron en los colegios, o por lo menos conservan una nocion muy vaga de eHo, y nunca sintieron la necesidad de estudiar de nuevo lo que antes les fu6 ensefiado. No se diga que es necesario conocer el origen de nuestras ideas para juzgar su naturaleza, puesto que

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262 MISCELANEA FILOS6FICA esto nos ilevaria a creer o que ellas son cualidades materiales, o que no son representaciones de objetos materiales. Tanto los innatistas cuanto los sensualistas creen que las ideas son cualidades espirituales y que en consecuencia no son producidas por los sentidos, pero 6stas (o al menos la mayor parte de 6stas) son representaciones de objetos sensibles. Todos los fil6sofos en verdad, excepto los materialistas, piensan Io mismo sobre la naturaleza de nuestras ideas, y 6sta es otra prueba de la inutilidad de la cuesti6n acerca de su origen. Existen muchas reglas formuladas por los ide6logos para la correccidn de nuestros sentidos, que no dejan nos extraviemos, y tales reglas son admitidas y aplicadas tanto por los innatistas cuanto por los sensualistas, de tal modo que en la prictica-que es lo que interesa-todos estin de acuerdo, y la disputa es s6lo de cariz especulativo, mis bien enderazada a atormentar que a instruir al fil6sofo. Existen muchas cosas en las ciencias que comenzamos a creer que conocemos a6do porque a menudo las hemos' repudiado; y creemos que otras son de gran importancia porque nunca fueron dejadas de tratar. Desde tiempo inmemorial la cuestidn del origen de nuestras ideas ha ocupado la mente de los fil6sofos y ha sido el tema de muchos de sus escritos. Los 16gicos han considerado esencial entrar en ella, de tal modo que es rara la obra de 16gica en que el punto no se examine. De aqui la opinion universal tocante a la importancia y aun a la necesidad de tales investigaciones. Por mi parte debo confesar que yo me embarqui en ella durante muchos aflos, pero

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ORIGEN DE NUESTRAS IDEAS 263 tambiin han pasado muchos afios deede que la abandon6, considerando tal materia como una de aquellas cuya ignorancia constituye gran parte de la verdadera ciencia, segdin la famosa sentencia de S6crates: Aliqua ignorare est magna pars sapientiw.

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CARTA DE UN ITALIANO A UN FRANCES SOBRE LAS DOCTRINAS DE M. LAMENNAIS1 La desafortunada defecci6n de Lamennais ha sido el tema de muchos escritos, pero en nuestra opinion ninguno ha sido tan justo, a pesar de su severidad, como el que vamos a resefiar. Parece que en Paris algunos italianos dieron su expresa aprobaci6n a las doctrinas de Lamennais, pretendiendo hacerlas pasar como doctrinas que expresaban el modo general de sentir en Italia; y tal afirmaci6n, carente de fundamento, motiv6 la carta de Gioberti, que por ello publica como carta de un italiano a un franc6s. No hemos de seguir al autor en sus frecuentes digresiones en que ataca, de una manera indirecta y sarchstica, los principios del gobierno republicano, y alaba la monarquia, pues ello seria inmiscuir a nuestro periodico en el campo de la politica; pero nos apena cuando 61 en la pagina 56 nos dice que preferiria vivir en Constantinopla a vivir en Richmond, Virginia; El pobre hombre nunca ha estado 1 Articulo publicado en The Catholic Expositor, bajo el titulo "Carta de un italiano", etc., o Lettre d'un italien a un franfais, sur les doctrines de M. de Lamennais, Paris, Lagny Freres, 1841, por el Muy Rvdo. Padre Fix Varela, D. D., Julio, 1842, n6mn. 4. Version directa del inglis por Roberto Agramonte. MISC. FILOSOFICA 19

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266 MISCELANEA FILOSOFICA en ninguno de estos dos lugares, y se deja ilevar por su imaginaci6n. Sin embargo, en materia de gustos esti en el derecho de preferir el suyo. Nuestras observaciones girarin en torno a Lamennais y su sistema. Tocante a la nueva doctrina ideol6gica de Giobbrti, la cual 6ste mis bien insinia que explica en una de sus digresiones, la consideraremos despu6s de pasar revista a la propia obra suya a la que se refiere, a saber, a la Introduzione allo studio della Filosofia. Debemos confesar cindidamente, sin embargo, que como queda explicado en la carta que resefiamos, nos parece aquel sistema un absurdo extraordinario y peligroso. En habiendo sido los amigos del autor del Essai sur l'indifference dans matier de religion mis prudentes en exagerar sus verdaderos talentos, y menos falaces con respecto a la ficci6n de los que en realidad no pose, nunca habria escrito el Esquisse, pero nuestra naturaleza es tan corrupta que el halago se abre paso siempre en nuestros corazones y los encadena completamente. El empeno en demoler es generalnente resultado del amor a la fama, porque con nada se atrae el hombre mis la notoriedad que con la destrucci6n de objetos venerados por largo tiempo. Por eso vemos que las herejias han sido casi invariablemente hijas del orgullo contrariado. Cuando un hombre orgulloso se ve imposibilitado de hacerse notar en los cauces ordinarios de la vida, intenta lograrlo por uno extraordinario, y el mis ficil es poner en duda las mis conspicuas y arraigadas doctrinas. La historia de la impiedad presenta un no. table ejemplo'de esta verdad en el caso de Rousseau,

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DOCTRINAS DE LAMENNAIS 267 cuando 6ste se decidi6 a escribir contra las artes y las ciencias considerindolas perjudiciales a la humanidad, tan a6lo porque el malicioso Duclos crey6 era atinado aconsejarle defendiese la tesis negativa en el program propuesto por la Academia de Dij6n, acerca de "Si las ciencias son beneficiosas a la sociedad". Para decidir a Rousseau a abandonar la tesis afirmativa, que ya estaba determinado a sostener, y a convertirse en un enemigo de la cultura, fu& suficiente la simple observacion hecha por Duclos de que todos los demas escritores sostendrian de fijo la tesis afirmativa; y que el que defendiese la tesis negativa ilamaria la atenci6n a causa de 8u singularidad. El caso de Lamennais es muy semejante. Este no pudo ilamar la atenci6n por mis tiempo, de una manera exclusive, sino por medio de su elocuencia, y por ello recurri6 a otros medios sin reparar mucho en la naturaleza de 6stos. El sabio autor de la carta que reseflamos describe muy bien el caracter de Lamennais con decir que "61 pertenece desafortunadamente a una clase de escritores--harto numerosa en nuestros dias-que creen que el arte de escribir puede suplir la carencia de ciencia, y que el escritor tiene que pensar mis que en combatir justamente en combatir duramente. Esta es la causa de extravios de toda clase: 6sta es la causa de su incapacidad para juzgar con tino a hombres y cosas, para distinguir las realidades de las quimeras y los planes reales de los imaginarios: 6sta es la causa de los continuos y estupendos cambios que han afligido a menudo a sus admiradores y discipulos".

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268 MISCELANEA FILOSOPICA El autor estA de acuerdo con nosotros con respecto a la semejanza entre Lamennais y Rousseau, que expresa en los siguientes tirminos: "De acuerdo con el criterio de sanas mentalidades, no le seria favorable una prueba que se hiciese de sus ideas paraddjicas, que le hacen, de manera singular, semejante a Rousseau. Los honabres de paradojas pueden Iicilmente ilamar la atenci6n de su tiempo, atraerse a la multitud y adquirir una fama mis ripida que durable y que tan s6lo tiene de la gloria verdadera la apariencia. Estos hombres pueden producir un inmenso mal y destruir in grand. pero carecen de fuerza creadora. La causa de esta debilidad, disfrazada por diversas apariencias, es que no tienen la verdadera fuerza-la fuerza creadora-que selo es posible encontrarla en la verdad." No podemos encarecer lo bastante la profundidad de juicio que el autor patentiza en este pasaje. Una paradoja no es mis que una prueba de ignorancia, porque una verdad conocida no puede menos que ser simple e indisputable. Las nociones paraddjicas no pueden nunca satisfacer a la mente, a pesar de que puedan mantenerla en constante actividad, con miras a la satisfaccion de la curiosidad. Leibnitz y Malebranche nos han dejado tristes ejemplos de los males entrafiados en las paradojas cuando. se convierten en sistemas-que nada hay tan ridiculo ni tan peligroso. Los brillantes talentos y el profundo conocimiento de las ciencias de 6stos, producen, tocante al positivo adelanto de las ciencias (eus escritos son en su mayor part cientificos) muy poco, al

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1 1 !IIlii 41II ii illt II --U3

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DOCTRINAS DE LAMENNAIS 269 menos comparativamente, con respecto a lo que debe esperarse de ellos. El escritor que nos ocupa continia de la manera mis notable el paralelo entre Rousseau y Lamennais. Los presenta como la atracci6n de las mujeres y de la juventud, haciendo amable el vicio al mismo tiempo que pretenden predicar la virtud, y destruyendo la fe, al par que pretenden fundamentar la libertad. Desafortunadamente, la experiencia demuestra que no bay severidad en esta observaci6n, pues hemos visto que la elocuencia de Lamennais, como antes la de Rousseau, ha seducido y descarriado a toda clase de personas. Sin embargo, consuela a los amantes de la verdad advertir que ambos han corrido la misma suerte: esto es, han logrado el aplauso por sus talentos y el desprecio por sus errores. Empero-observa nuestro autor-Lamennais carece de esa facultad de captar los asuntos en su totalidad y de presentarlos con precision y con todos sus matices. El no posee una verdadera riqueza de pensamientos, y por ello trata de ser rico en imigenes y figuras ret6ricas, a fin de ocultar su verdadera carencia de poder intelectual. Por esta raz6n nunca legara a crear una verdadera escuela, porque en la esfera del error se necesita verdadera fuerza, y el sofisma jamis reemplazari a la verdad. Un mdlange de verdad y falsedad, de descubrimiento y negaci6n, echados en un mismo molde por una imaginaci6n poderosa, pero descarriada, constituye, como lo observa el autor, el genio de un innovador y a la vez destructor-que es el mis terrible de todos los genios. No conozco ningin fil6sofo moderno a quien esto

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270 MISCELANEA FILOS6FICA pueda aplicarse mejor que a Spinoza, a Kant y a Hegel; esto es, al triunvirato de la heterodoxia racio. nalista producida por el cartesianismo. No enumero a Hume entre estos hombres que hicieron estragos en el reino de la inteligencia, porque es, por asi decirlo, demasiado negativo. Un esceptico nunca hari nada, porque no podri dejar trash de si sus errores. Las ruinas no se reedifican. Lo mis que un esc6ptico puede hacer es preparar el camino de un error dogmitico; esto es, de un error mezclado con verdad, posesionindose de todas las bellezais predominantes, y esto constituye la esencia de la heterodoxia positiva. Tal fu6 el role del escritor ingl6s, hijo de Locke y nieto de Descartes. Di6 nacimiento a Kant, un esc6ptico moderado, un semidogmitico, autor de un maravilloso sistema formado de la confusi6n de diferentes elementos, y del cual ha emanado el panteismo germanico. Estamos perfectamente de acuerdo con el autor de esta observacidn, y si no fuera por el caricter de esta resefia que no permite que ampliemos el tema acerca de la doctrina fanitica de Kant, consagrariamos algunas piginas a probar la juaticia de la observacion.1 Cualquiera que haya sido la severidad de los reparos hechos a Lamennais, debe confesarse que sus doctrinas, si no su intencion, son un tanto favorable al panteismo, a pesar de que 61 hace patente que Jo detesta. "Este fendmeno-dice Gioberti-no es para que asombre en una 6poca en que encontrainos tantos panteistas contra eu propla voluntad, y, lo que es 1 Consagraremos nuestro pr6ximo articulo a Kant y su sistema desde nuestro punto de vista.

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DOCTRINAS DE LAMENNAIS 271 mis curioso, algunos panteistas que refutan el panteismo. Todo el mundo teme, sin embargo, a este horrible sistema, y la mayoria de los fil6sofos lo profesan, ora con pleno conocimiento de causa, ora en contra de su voluntad. Obs6rvese los esfuerzos de Cousin por permanecer alejado de 61; pero sus esfuerzos son en vano, porque tiene que pasar por 61. Me refiero a sus primeros escritos, pues es de esperarse que un hombre de tan gran talento y noble caricter habri modificado ya las opiniones de su juventud. Este fen6meno, que presenta la mis antigua teoria, y la mis extendida-a excepci6n de la verdadera ortodoxia--en el mis absurdo sistema, se origina de la necesidad de caer en el panteismo tan pronto como rechazamos escuchar la palabra divina del exterior. Podemos decir con justeza que el panteismo ha sido el inico error filos6fico en el mundo y el padre de todas las herejias. Despu6s de la admirable obra de Maret Essai sur le panth6isme dans les sociftls modernes, muy poco puede decirse acerca del tema, ya que 61 ha demostrado palmariamente que todos estos misticismos filos6ficos que Alemania lanza, no son en verdad mis que panteismo, que, con apariencia de espiritualidad, identifican a Dios mismo con el mundo material. Apenas nosapartamos de aquellas fuentes naturales que guian a la humanidad en el conocimiento de la naturaleza, y de aquellas verdades divinas, obtenidas s6lo por medio de la Revelaci6n, caemos necesariamente en el materialismo, que, a mis de ser detestable, horroriza; y el hombre trata de desfigurar sus

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272 MISCELANEA FILOS6FICA propios sentimientos para hacerlos gratos a si mismo, admitiendo palabras que pueden sonar a espiritualismo, pero que estin muy lejos de corresponder a la verdadera noci6n del espiritu. En lo tocante al sistema de Lamennais, bien podemos con justeza aplicarle la bien conocida expresi6n: pessima est corruptio optimi-o sea, que la corrupci6n de lo mejor es lo peor. El consenso comn o la voz de la humanidad en el consenso general de toda la humanidad, ha sido y seriWconsiderado siempre por todos los filosofos y te6logos como uno de los motivos o principios fundamentales de la certidumbre; pero Lamennais, corrompiendo y envenenando de esta guisa las mis sanas doctrinas, pretende que sea el dnico. El cree que nuestros sentidos no pueden ser una fuente de certidumbre, porque cada uno de 6stos participa en abusar de nosotros por medio de vans ilusiones y unos sentidos convencen a los otros de impostura. IQui6n pensaria que un hombre como Lamennais habria de presentar con tanta impavidez un argumento que podria ser contestado por un estudiante de 16gica, pues se halla contestado en todas las obras elementales? El debe ser el iltimo en usar tal argumento, que, en verdad, daria al traste con todo su sistema, pues que nosotros podriamos decir tambi6n que cada hombre participa en abusar de nosotros por medio de vans ilusiones, y los unos convencen a los otros de impostura; y que por consiguiente el consenso u opinion comunes de la humanidad no pueden ser una fuente de certeza. A pesar de que nuestros sentidos estin sujetos a error, cada vez que en todos ellos, al menos en aqu6llos que pue-

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DOCTRINAS DE LAMENNAIS 273 den percibir el objeto, se produce un acuerdo atingente al mismo, su testimonio combinado produce la evidencia, y la falibilidad de cada uno de dichos sentidos, individualmente considerados, lejos de disminuir, aumenta el valor del testimonio, pues que la misma dificultad en que tal acuerdo se produzca potencia mis el acuerdo cuando se produce. Razonamos de la misma manera con respecto al consenso comiin o testimonio universal de ]a humanidad. Es verdaderamente risible leer las enfiticas sentencias de Lamennais, quien al hacer ostentaci6n de poseer un gran conocimiento de ideologia, habla en la misma forma en que Pirr6n hablaria, con decir: "jQu6 es sentir? iQuien lo sabe? jEstoy seguro yo de que siento? gQu6 prueba tengo yo de mi sensaci6n?. El Si y el No tienen su semejanza, y aquel que demostrare que la vida entera no es mis que un suefio y una quimera indefinible, haria ciertamente mis de lo que los fil6sofos han hecho hasta ahora." Debemos pensar que Lamennais estaba realmente durmiendo o en estado sonambalico cuando escribi6 lo que precede. Le deseamos salud perfecta, mas si acaso sufriera de alg6n dolor, su m6dico podria bromear con 61, y conversarle, como a Pirr6n su m6dico, cuando se le fracture la pierna. El m6dico, a fin de probarle cuan ridiculo era su sistema, le dijo: "Quizi tu pierna no est6 fracturada; quizA no sientas dolor; quizi no tengas pierna; quizt yo no estoy aqui y no me estis hablando." Al fin el paciente le dijo: "Ciirame, doctor, y despu6s discutiremos." Lamennais no admite el sentimiento de evidencia como regla de certidumbre, por el hecho de que po-

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274 MISCELANEA FILOS6PICA demos encontrar also mafiana lo que creemos cierto hoy; "y nosotros no estamos mas seguros de nuestros sentimientos de Jo que estamos de nuestras sensaciones, y nuestro ser se escapa, y no podemos retenerlo. Estimamos que es justo decir: "Yo juzgo", y "Yo soy", pero nos quedamos en nuestra eterna impotencia para demostrar que nosotros juzgamos y que somos -tan presionados estamos nosotros por todos lados por la nada." Despu6s de leer estas palabras, nada puede decirse sino que si existieran manicomios para fil6sofos, Lamennais se ganaria un lugar en cualquiera de ellos. El general de los jesuitas dict6 una orden en 1827, prohibiendo a los miembros de esa sociedad enseiar ninguno de los errores de Lamennais. Fu6 concretada en pocas palabras como sigue: "19 No hay otro criterio de verdad que el consenso comtn. 29 S61o la fe produce la certidumbre. 39 La existencia de Dios es la primera verdad que nosotros conocemos ciertamente. 49 La existencia de un ser contingente no puede ser inferida de la existencia del Ser necesario, que es Dios; porque es un razonamiento incorrecto decir: "Yo existo-luego Dios existe." 59 Un intelecto limitado, por la misma raz6n de estar limitado, esth siempre, y en todas las cuestio. nes, expuesto a error. 69 En las escuelas cristianas han prevalecido sis-

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DOCTRINAS DE LAMENNAIS 275 temas falsos que tienden al ateismo y a la destruccidn de la religi6n. 79 Un hombre, sin el consenso coman, no puede tener la certeza de su existencia y de sus pensamientos." En 1832 trece obispos de Francia extrajeron cincuenta y seis proposiciones de las obras de Lamennais, igualmente objetables, y pidieron a la Santa Sede que fuesen condenadas; y en 1834 Su Santidad Gregorio XVI, en su encicica sobre la obra de Lamennais titulada Palabras de un creyente, reprueba y condena expresamente su sistema. A virtud de ello se establecid en Italia un juramento para ser tomado a todo individuo antes de ordenarse, de acuerdo con el cual acepta y obedece la encicica de Gregorio XVI, reprobando este nuevo sistema de filosofia. VWase Institutiones Philosophicm, auctore J. B. Bouvier, pigina 198. Cerramos esta resefla con una obvia y sencilla observacion, que seg6n nuestro modo de ver muestra la justicia de la critica de Gioberti y la improcedencia del sistema de Lamennais. El consenso comin no puede ser nuestra regla a menos que nosotros lo conozcamos. Pero Icomo podemos conocerlo? Con seguridad, oyendo o leyendo. Luego el conocimiento viene de los sentidos. Si ningin conocimiento adquirido por medio de los sentidos puede ser evidentemente cierto, como afirma Lamennais, g d6nde esti entonces el valor del consenso comin de los hombres? Si nosotros no podemos estar evidentemente seguros

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276 MISCELANEA FILOS6FICA de que ofmos, de que leemos, jpara qu6 sirve oir o leer? Una verdad nunca destruye a la otra, y por consigniente la verdadera filosofia ensefia que del testimonio de los sentidos podemos legar al conocimiento de la verdad, como tambi6n a virtud del consenso coman y de algunas otras fuentes.

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ENSAYO SOBRE LA DOCTRINA DE KANT 1 La inventomania, deseo desordenado de inventar, es uno de los mayores males, tanto en las ciencias como en la religion, y es mucho mis peligrosa que las demis ilusiones humanas, puesto que se pone en el lugar de la pasi6n mis noble y del rasgo mis distinguido de la naturaleza humana, con el que pretende identificarse, a saber: el justo deseo de adelanto. La ideologia moderna, o, mejor, actual, nos presenta un triste ejemplo de esta verdad en el sistema del progreso o cole du progrks que a tantos, principalmente en Francia, ha fascinado; y poco antes, en el suefio filos6fico de Kant, que ha embotado y sumido en profundo sopor a una multitud de brillantes talentos y ha corrompido a muchisimos corazones generosos y buenos. La ideologia, en nuestra opinion, es la ciencia menos susceptible de invenciones, y, por desgracia, es precisamente aqu6lla en que los hombres mis se complacen en inventar, por lo mismo que sus monstruosos aportes no estin sujetos a inspecci6n fisica y a comprobaci6n imparcial, sino que siempre vienen envuel1 Publicado en The Catholic Expositor (1841), t. II, p. 294 y sigs., por el Muy Rvdo. Dr. Felix Varela, D. D. Traduccion directa del ingl6s por el Dr. Luis A. Baralt Zacharie, professor de Teoria del Conocimiento, L6gica y Est&ica de la Universidad de la Habana.

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278 MISCELANEA FIOSOFICA toe en abstracciones y rodeados de la nube de misterio de una especial fraseologia en que estriba siempre la parte principal de la invencion. Asi introdujo Kant en el mundo cientifico su filosolfia trascendental y su raz6n pura con varios otros terminos (y s6lo terminos) del mismo cariz, tan ridiculos como la jerga escolihtica del siglo xm. A no ser por los errores a que induce su doctrina, mis valiera no darse por enterado de las fantasies del fil6sofo romintico; pero la experiencia nos advierte la necesidad de poner en guardia contra iatas a los amantes de la verdad. Abordaremos el kantismo en su aspecto ideo16gico y en su aspecto religioso. El kantismo considerado ideoldgicamente. Ante todo debemos confesar nuestra perplejidad y rogar al lector nos excuse si no acertamos a dar una idea clara y correcta del sistema kantiano, pues se nos antoja que ni el propio Kant lo entendi6. Mas, a juzgar por las explicaciones de sus doctrinas dadas por varios autores, podemos inferir que, segan este sistema, la experiencia no es el origen de la verdad ni su criterio, ni puede hallarse meramente en la actividad mental ni en nuestra raz6n, sea la que fuere Sn forma de operar. Por consiguiente, tanto la raz6n como la experiencia tienen que estar sostenidas por otro principio: y a este sublime principio tenemos que trascender o elevarnos, a fin de considerar la razn pura, libre de las imagenes de los sentidos y de las ficciones del razonamiento. Este principio eminente esti compuesto de ciertas formas espirituales que radican en nuestra alma y que se manifiestan como resultado de la acciOn de nuestros sentidos.o de

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ENSAYO SOBRE KANT 279 la fuerza de nuestra razon. Pero estas fuerzas g qu6 son? Dudamos que Kant lo haya sabido jams o que ninguno de sus discipulos lo haya comprendido nunca -por nuestra parte al menos nos confesamos ignorantes. Si preguntisemos a los kantistas Si por estas formas o por este principio hay que entender las ideas innatas de Descartes, contestarian: no, de ninguna manera; porque tal cosa despojaria al sistema de su novedad y al inventor de su fama. gRadica en Dios este principio? Lo negarin por temor a evidenciar demasiado la tendencia de su sistema al panteismo; ya que, por fuerza, ese principio, sea lo que fuere, ha de residir en el alma; y si estuviese en Dios, el alma tambi6n estaria en Dios y Dios en el alma, o tendrian que ser ]a misma sustancia, ya que la naturaleza divina no admite en si ninguna otra sustancia. gSeri este principio algo distinto del alma, pero unido a ella? Entonces ide qu6 modo? gEs una sustancia? El conocimiento de ella ha de adquirirse por el alma, ya sea mediante la sensaci6n, o por el razonamiento, o al menos por el sentido intimo o conciencia. Pero Kant pretende que los sentidos, la experiencia, el razonamiento, la conciencia, y cuanto se le asemeje, son insuficientes para ilegar a la verdad, y no pueden por tanto probar la existencia de ese principio misterioso que es ]a raz6n pura. Acaso piensen algunos de nuestros lectores que falseamos la doctrina de Kant, al afirmar que no establece la experiencia como el criteria de la verdad; pero les rogamos adviertan que aunque Kant dice explicitamente que su sistema se basa en la

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280 MISCELANEA FILOSOFICA experiencia, y que 4sta ha de ser tanto la guia como el origen de la certidumbre, no queda duda, a poco que examinemos su doctrina, que la experiencia a que se refiere Kant es de naturaleza muy distinta y tiene un significado muy otro. La divide en objetiva y subjetioa, o mis bien afirma que la experiencia se compone de estos doe elementos: el objetivo, que concuerda con el objeto en la naturaleza, y el subjetivo en el intelecto, que es el sujeto que recibe y capta este elemento. Pero estos elementos subjetivos carecen de todo valor a no ser comparativamente con los objetivos; y los objetivos mismos no pueden captarse por los sentidos ni por el mero razonamiento. De aqui que la experiencia resulta en realidad nula, aunque se hable de ella a menudo en los escritos de Kant, quedando todo a ]a raz6n pura, que podriamos ilamar el ideal o mis Lien la ficci6n. Nuestro fil6eofo soflador no toma en cuenta las sensaciones sino la sensibilidad, que 61 distingue de aqu6llas, como si la sensibilidad no fuese meramente una abstracci6n de las sensaciones, sino cosas de naturaleza muy distinta, aunque 61 nunca pudo sefialar la diferencia; y ensefia que no tenemos idea del objeto en la naturaleza, sino que nosotros todo lo vemos en nuestra alma. Si esto quiere decir que en los cuerpos no hay nada semejante a nuestras ideas (puesto que 6stas son espirituales) o que las mis aproximadas representaciones (si se nos permite la palabra) que el alma tiene de los objetos son-las ideas, no habra ninguna dificultad, ya que todos los fil6sofos dirian y han dicho lo mismo; pero, seg6n parece, Kant ensefia otra cosa. Pero jqu6 es lo que

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ENSAYO SOBRE KANT 281 ensefia? Quizi lo sepa 61, pero estamos seguros de que no tuvo tan clara idea de la cuesti6n como la que tenemos nosotros de en ilusi6n. A este respecto afirma que podemos estar seguros de nuestra sensacidn. pero no de an objeto en la naturaleza, y que todo se reduce al egoismo o conocimiento que tenemos de nosotros mismos. He aqui de nuevo la doctrina de Malebranche, y si Kant no dice nada mAs, no es su sistema acreedor a que se le lame invenci6n o doctrina nueva en Ideologia. Sin embargo, por decir algo nuevo, incurre en un gran error al admitir el escepticismo en lo tocante a la razon pura, pero no en cuanto a la razdw prdctica, en virtud de la cual todos sabemos lo que es menester para alcanzar el fin que perseguimos, que es nuestra felicidad. Es por esto, eegn afirma, que admitimos la existencia de Dios y de una vida futura. El profesor de filosofia del Colegio de La Propaganday-cuo libro de textocay6 accidentalmente en mis manos y cuyo nombre ignoro-dice atinadamente que puede definirse el kantismo como un idealismo trascendental y un empirismo real. El kantismo examinado desde el punto de vista de la religion. Si la razdn pura, que segfin Kant es la verdadera guia y norma de la verdad, nos ileva al escepticismo jc6mo puede la raz6n prdctica, regulada como esti por Ia razdn pura, tener certeza de nada? ;,C6mo podremos propiamente creer, reflexionar? Los defensores de tal sistema, muchos de Joe cuales estin lejos de percatarse de su tendencia, harian bien en reflexionar que sin alguna forma de certidumbre en ]a correspondencia de los objetos con USC. PILOSOFICA 20

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282 MISCELANEA FILOSOFICA las ideas o con esas formas que Kant admite o inventa, la fe se reduce a una mera palabra; y ademis, la existencia misma de nuestra alma, como substancia dotada de la facultad de percibir distintos objetos, aeria indemostrable, al no haber evidencia de que los objetos existen, pues tal conocimiento de nuestra alma acaso probaria lo contrario, a saber, que es un engaflo. Los sentidos, segan Kant, nada ensefian al alma; tampoco es capaz de hacerlo la raz6n. ZQuien entonces podri enseiar a nuestro intelecto y convencernos de que nuestra existencia no es una mera ficcion? Ni podriamos nunca adquirir siquiera la idea de ficcidn, que supone la de realidad. AD6nde esti entonces. la certidumbre de la religion? gDe qu6 sirve predicar si cuando ]a razdn prdctica nos asegurase que el predicador dice verdad, la raz6n pura argiirfa: 'No hay evidencia siquiera de que tal hombre estA predicando, ni de que los objetos de que habla existan o no?" iQu6 se ha hecho, pues, de la religi6n?-repetimos. En 1764 Kant lam6 la atencion con un libro pe. queflo, pero pernicioso, titulado: "El znico fundamento possible para demostrar la existencia de Dios." Este fundamento era, segfin Kant, el sentido intimo. Descartaba, por consiguiente, toda otra demostraci6n, y dejaba la creencia en Dios al mero capricho de exclamar: "Mi conciencia me dice que hay un Dios." El mismo se percat6 muy pronto del escMndalo que habia producido su obra y de que por ella se perjudicaba su nombre, y, como observa el autor de Mgmoires pour tHistoire ECcl6siastique du 18me Siecle, en escritos posteriores Kant mismo contradice

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ENSAYO SOBRE KANT 283 y destruye ese pensamiento principal, al pretender solamente explicarlo; de mantra que puede considerrsele refutado por su propio autor. Entonces eseribiO la critica de la razdn pzra y la religion dentro de los limites de la mera razdn, que llam6 la atenci6n de Alemania, mis por la propension de aquel pais a los sistemas abstractos y torturadores que por el m6rito real de las obras, a no ser que se entienda por m6rito el trabajo, la dificultad, la incomprensibilidad y la afectada novedad. Desdichadamente varias universidades adoptaron la nueva doctrina que, por consiguiente, comenz6 a ponerse de inoda en el mundo cientifico. En cuanto a las doctrines mismas, o mis bien a las aplicaciones que de ellas hizo Kant en sus principios peregrinos y visionarios, bastari para refutarlos con transcribir sus propian palabras, ya que confiamos en que ninguna inteligencia imparcial dejari de percibir el absurdo que envuelven. "La moral-dice-o sea, un ideal de virtud reconocido por la raz6n pura, es el fundamento de la verdadera religin, y ella sola constituye la idea de una religion universal, fuera de la cual no hay mAs que error, o por lo menos superfluidades (;abajo la religi6n revelada!). Hay en el hombre un principio del mal, que lo hace malo por naturaleza, aunque sea esencialmente bueno. Estos dos principios lucharAn entre si hasta que se establesca el imperio de Dios sobre la Tierra (luego no esti establecido y no hay Iglesia) ; y entonces se decidiri la victoria entre el bien y el mal. La imagen de este imperio es la Iglesia, que sOlo debe admitir

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28'4 MISCELANEA FILOS6FICA devoci6n moral, sin oraciones, ofrendas, eacrificios ni ceremonias" (jqu6 bonito!). "La naturaleza humana tiene tres raices: la animalidad, que es la fuente de las virtudes y vicios naturales, de la rudeza y la brutalidad; la humanidad, de donde nacen las virtudes sociales y los vicios que acercan al hombre a los seres infernales; y la personalidad (totalmente incomprensible) que manifiesta a la raz6n, y al coraz6n la voz de la conciencia y de la divinidad." Prosigue diciendo que "el principio del bien de la humanidad es una cosa ideal; que esta cosa ideal es, en relacidn con su origen, el anico hijo de Dios (esto, hasta donde se ilega a comprender, es una impiedad), que es el Verbo, ligado al mundo, que es su criatura; que sea la que fuere la naturaleza del fundador del cristianismo, ha venido a producir, por su vida y su muerte, la realidad de aquel ideal que nos es dado imitar; que todos los hoxibres estin Ilamados a constituir una sociedad civil con Dios como legislador; que el ideal de esta sociedad seri la iglesia visible; que el creer en esta iglesia invisible o ideal seri la fe pura de la religi6n pura de la raz6n pura. Esta fe ser& de dos class: la fe de la iglesia visible o fe eclesiistica, depositada en un libro sagrado, y la fe religiosa, intirprete del anterior y de su libro-que aquilla no es sino la introduccidn de 6sta entre las gentes, y que cuando se identifiquen, todos los hombres gozarin de una felicidad infinita en la Tierra-; que a la raz6n pura no le conciernen la historia, los hechos, los milagros ni las pruebas de la revelacidn." Las anteriores conclusiones sacadas por el propio

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ENSAYO SOBRE KANT 285 Kant de sus principios, bastan para demostrar cuin absurdo e impio es su sistema. Acaba con la religi6n, salvo aquella incierta e insuficiente religion que tiene la esperanza de establecer, que a 61 se le antoja illamar religion moral. Pero aun 6sta, en nuestra opinion, es totalmente inconsistente con su doctrina, que hace recaer toda incertidumbre en los elementos subjetivos, como 61 los llama, es decir, en esos principios intelectuales o formas que 61 supone existen en nuestra alma. ZC6mo conocerlos? La experiencia, segan la doctrina de Kant, no nos leva al conocimiento de la verdad misma, salvo gracias a la direcci6n, o como dij6ramos, la acci6n de esos elementos. Son independientes de la experiencia, y 6sta nada puede ensefiarnos acerca de elos, sino que, por el contrario, la experiencia misma se nos da a conocer por dichos elementos. Por tanto, no podemos aprender esa religion moral de la experiencia y la observaci6n de la naturaleza de los objetos, a fin de dar a cada uno de edos 10 suyo, sino que toda nuestra sabiduria a este respecto ha de ser subjetiva, es decir, ha de existir en el sujeto de las formas o nociones que estin en el alma. Hemos de ver, pues, en nuestra alma la divinidad de los principios de la religion pura y verdadera, que ha de ser enteramente subjetiva. Esto nos conduciri al panteismo y por consiguiente a la destrucci6n de toda religi6n, o a un estado de incertidnmbre igualmente incompatible con todo sistema religioso. Confiamos en que nuestros lectores no esperarin que nos detengamos en el tema del panteismo, ya que su deformidad es tan evidente que ning6n hom-

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286 MISCELANEA FILOSOFICA bre sensato, a no estar descarriado por la vanidad filos6fica, se dejari convencer por 61; y en cuanto a la tendencia de la doctrina kantiana a este error resulta obvia al decir que -todo lo observamos en nuestra alma como en la divinidad, si tenemos en cuenta que ello s6lo podria ser por una emanaci6n, lo cual equivaldria al panteismo. Limitemos nuestras observaciones a la incertidumbre de tal moral religiosa, de acuerdo con los principios mismos de su sistema. Temiendo comprender mal a Kant, ya que, como hemos dicho, tenemos motivos para creer que 6l mismo no se comprendia, trancribiremos de ]a excelente obra del sabio Galluppi la explicaci6n de algunas de sus doctrinas. "La filosofia trascendental-afirma--despoja a la nocidn de lo absolute de toda realidad. Si los elementos objetivos de nuestro conocimiento s6lo adquieren valor objetivo por la sintesis, por la que se forman los objetos de la expe. riencia, gc6mo puede, segan esta filosofia, haber valor objetivo en lo absolute, que no entra en la sintesis de ningain objeto sensible? Los elementos que entran por sintesis a formar un objeto, pueden separarse por el anilisis; pero si se intenta analizar un objeto sensible, nunca se obtendri como resultado lo absoInto, que se reduce, por tanto, segan esa filosofia, a una simple idea de nuestra raz6n, sin realidad ilguna." (Gallup. Elementi di Filosofia, vol. 2, p. 168.) Por consiguiente, la religion moral basada en esta filosofia trascendental, no sea mis que una simple idea de nuestra raz6n, sin realidad alguna, es decir, no sera tal religion. El fundamento mismo de la religion, que es la existencia de lo absolute, a saber,

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ENSAYO SOBRE KANT 287 Dios, no puede demostrarse mis que como mera idea; Zc6mo podri entonces demostrarse de otra manera la religi6n misma? De aqui que, segdn observa Galluppi, admita Kant la existencia de Dios, pero por otros motivos y razones. ZPuede darse una prueba mis clara de que l mismo reconocia que su razon pura--su filosofia trascendental-, en una palabra, su abstracto y extraordinario sistema, no nos ofrece una demostraci6n del fundamento mismo de su imaginaria religi6n? Poco beneficio han derivado las ciencias de los sistemas, y mucho ha sufrido a manos de ellos la religi6n. Todo sistema aporta un determinado plan y una invencion, frutos de la raz6n humana, rara vez basados sobre la verdadera observaci6n. Aun cuando lo estin, se core grave riesgo en la aplicaci6n de los principios, y cuando la mente humana se propone hallar una uniformidad fantastica, cae por fuerza en el abismo de las abstracciones, suplantando una naturaleza imaginada en lugar de la obra magnifica del Creador Omnipotente. A veces ocurre que se construye un sistema sobre algunas observaciones aisladas, aunque correctas, y luego se invoca a la naturaleza en apoyo suyo; de esta mantra el hombre usurpa el puesto al Creador, aunque s6lo pretenda explicar sus obras y seguir los dictadoo de esa luz de la razon, dada en prenda de su alto destino. En religi6n no puede haber ningdn sistema, pues la obra divina ha sido planeada por el Todopoderoso mismo; verdad que no hay que investigar sino recibir, ora de las evidencias de la naturaleza, ora de la revelaci6n, y al hombre s6lo le queda creer seg6n

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288 MISCELANEA PILOS6FICA los hechos y dogmas evidentes, y meditar sobre la correspendencia y alcance de las verdades ya sabidas, en lo que consiste el estudio profundo de la religi6n. Los sistemas son sus enemigos, y la historia de las herejias lo confirma. Mientras Kant se limit6 a sofiar, no era mis que un sofiador, tenido como tal por todos los que no se dejaron engafiar por prejuicios filos6ficos y religiosos contra la doctrina generalmente aceptada de la inducci6n a partir de las sensaciones; pero en cuanto comenz6 a aplicar sus suefios a la religion, su doctrina se hizo peligrosa. Quiso encontrar su raz6n pura en la palabra revelada, y al no lograr su prop6sito, desdefi6 lo que se le opomia, a saber: la revelaci6n. De aqui naci6 la fantistica religion civil y moral que 61 esperaba surgiese en un futuro que 61 no pudo determinar. No hay otro sistema tan apto para producir y aumentar el fanatismo; y para que ningan lector crea que estamos influenciados por motivos particulares, dar6 la raz6n en que me fundo. El fanatismo es un estado de excitaci6n del intelecto humano, que le hace incapaz de percibir un objeto mis que por un lado, ylo ileva a sobreestimar ora las cosas mismas, ora los medios para obtenerlas, y a defenderlas con ese imprudente celo tan frecuente en cuestiones religiosas; de aqui que el nombre se haya tomado de esa falsa inspiraci6n que los adoradores de Fan pretendian recibir en su templo o Fanum, por virtud de la cual solian salir de 61 perturbados y hasta enfurecidos. Por lo tanto, aquellas doctrinas que versan sobre materias de importancia y son de indole abs. tracta, son las mis aptas para provocar esta exci-

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ENSAYO SORE KANT 289 taci6n, porque la actividad de la mente se endereza precisamente a concentrar nuestras ideas en un solo orden de cosas, y abarca, si se me permite la palabra, las operaciones todas de nuestro intelecto. Referimos asi todos nuestros deseos y placeres a tales objetos, sintiendo aversion hacia cuantos los contradicen. A esto se deben los numerosos estudios del kantismo, emprendidos y continuados por hombres cuyo talento les hubiese echo percatarse de las deformidades del monstruo que estaban alimentando, a no ser por la fuerza del fanatismo que se habia entrado a hurtadillas en sus mentes para acabar dominindolas. Asi la filosofia se allegaba a la religi6n no como servidora sino como duefla; y en poco tiempo los dogmas de la divina revelaci6n se convirtieron en meras emanaciones, que no otra cosa podemos lamar a los principios y formas del kantismo. El afiin de descubrimiento tenia sobrada justificacidn en entregarse a un desacostumbrado fanatismo, y los que en realidad estaban desfigurando y hasta destruyendo las cosas mis sagradas, se creian estar prestando un gran servicio a la filosofia y a la religion. La oposici6n de este sistema al materialismo gan6 para aqul el sufragio de muchas personas piadosas, entristecidas ante el atroz especticulo de la inmoralidad quite aquella horrible doctrina acarrea naturalmente, y todo nos induce a creer que tal es el caso de muchos kantistas que, mis que percibir la verdad de la doctrina, quisieran creer en ella. Por desdicha, no observaron sino un solo lado del objeto y asi lo abrazaron sinceramente y a conciencia como un don del cielo y como una inspiraci6n que destruia el materialismo.

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290 MISCELANEA FILOS6FICA Mas iay! perseguian una apariencia de verdad que tomaban por un dios, y su desengaio no sern menor que el de aquel infeliz que creyendo tener entre sus brazos a Juno, abrazaba s61o n sombra.

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BIBLIOTECA DE AUTORES CUBANOS EDITORIAL DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANA OBRAS PUBLICADAS 1.-Jost A. CABALLERO: Philosophia elective (edici6n bilingfie). 2.-Fkux VARE LA: Observaciones sobre a Constitucd0n de la monarquia espa oia y otros trabajos politicos. 3.-Fiux VARELA: Misceldnea filosdfica seguida de tres ensayos filos6ficos. EN PREPARACION Fux VARELA: El Habanero, con las Observaciones sobre El Habanero. Jost DE LA Luz Y CABALLERO: Aforismos. Jost DE LA Luz Y CABALLERO: Viajes Por Egipto y Siria por Volney. (Traducido y comentado por Luz). Fiux VARELA: Cartas a Elpidio.