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Hispanismo de los Sefardies levantinos

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Title:
Hispanismo de los Sefardies levantinos
Creator:
Benardete, M. J ( Maír José ), 1895-
Place of Publication:
Madrid
Publisher:
Aguilar
Publication Date:
Language:
Spanish
Physical Description:
1 online resource (267 pages) : ;

Subjects

Subjects / Keywords:
Sephardim ( lcsh )
Sephardim ( fast )
Sefarden ( gtt )
Sefarditas ( bidex )
Sefardíes ( abne )

Notes

Statement of Responsibility:
Traduccion del Ingles por Manuel Aguilar.

Record Information

Source Institution:
Biblioteca del Patronato de la Casa de la Comunidad Hebrea de Cuba
Holding Location:
Biblioteca del Patronato de la Casa de la Comunidad Hebrea de Cuba
Rights Management:
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Resource Identifier:
555403173 ( OCLC )
36751252 ( ALEPH )
Classification:
DS135.S7 B45 1963 ( lcc )
15.59 ( bcl )

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Full Text
MAIR JOSE BENARDETE
hispanismo
de los sefardes
levantinos
AGUILAR


r







HISPANISMO
DE LOS
SEFARDIES LEVANTINOS


Si
1


MAIR JOSE BENARDETE
HISPANISMO
DE LOS
SEFARDIES
LEVANTINOS
TRADUCCION DEL INGLES POR
MANUEL AGUILAR
AGUILAR MADRID


Nm. Rgtro. : 5620.-62.
Depsito legal. NA. 428.1963.
Aguilar, S. A. de Ediciones, 1963.
Reservados todos los derechos.
Printed in Spain. Impreso en Espaa por Talleres COMETIP,
Guelbenzu. 13. Pamplona


A MI PRIMO
LEON SEDACCA
A QUIEN TANTO DEBO


Si la historia de nuestra literatura
es la del ingenio espaol, menester
ser buscarle dondequiera que se ha
lle y en cualquier lengua o dialecto
en que est formulado.
M. Menndez Pelayo.


I
INTRODUCCION
HISTORIA DE ESTA OBRA
Ce ha sealado con gran agudeza que las ciencias
exactas no necesitan historia*1; dicho de otro mo
do, cuanto ms abstracta sea una ciencia, menos falta
hace investigar sus orgenes para llegar a comprender sus
principios y su metodologa. La augusta presencia de la
matemtica y de la fsica, soberanas del reino de lo abs
tracto, basta para conmover a sus sbditos, aun sin toda
la pompa y circunstancia de la historia.. Este aserto se
aplica en trminos generales a las ciencias exactas, pero
no sera justo tener en menos a las dems ramas del
rbol de la ciencia, cuyo estudio requiere otros caminos.
En su defensa de las dems ciencias, el profesor Etienne
* Las notas, por su extensin, se encuentran al final del vo
lumen.
9


Gilson se sirvi de la premisa aristotlica de que cada
cosa se ha de comprender en funcin de su propia esen
cia 2. La promiscua aplicacin de la tcnica matemtica y
de laboratorio a ciertos problemas no ha rendido los fru
tos que con el optimismo de los primeros tiempos de la
sistematizacin cientfica se esperaban. El positivismo, ese
absceso del mtodo de laboratorio, hizo estragos en las
artes y en la lingstica al tratar en pie de igualdad las
cuestiones estticas y las ciencias exactas3. Cabe admitir
que, al pasar por las diversas fases del proceso de des
cubrimiento de la verdad en fsica y matemtica, se pue
da experimentar una emocin esttica. Pero por ser sus
elementos meros medios y no fines, y por carecer de lo
sensual, la fsica y la matemtica en nada pueden pare
cerse a las artes. Y por ser las ciencias exactas diferentes
de las artes, su metodologa debe, por ende, ser tambin
distinta. Si lo que el profesor Gilson dice es cierto, fuerza
es que en el campo de la literatura y de las dems artes
procuremos hallar los mtodos que mejor se ajusten a
nuestros objetivos, a saber: una comprensin de su esen
cia y una aplicacin gozosa de su unidad orgnica. Hay
quien piensa que la economa es una ciencia lbrega, pe
ro nada hay ms descorazonador que una ojeada a la
historia de la literatura espaola escrita segn los cnones
del positivismo. Queremos resumir nuestra actitud expre
sando la conviccin de que, al entregarse al estudio de
las ciencias sociales y de las artes, es preciso hacerlo con
cierto respeto por las tcnicas propias de las ciencias exac
tas, haciendo uso de su disciplina y fines ltimos; pero,
una vez hecho el uso necesario, hay que seguir una me
todologa distinta.
En inters propio, ya que para aliento de pocos, he
creido necesario exponer mi credo antes de entrar en el
desarrollo de mi tema. En 1923, estimulado por el profe
sor Federico de Ons, propuse como tema de mi tesis
doctoral en la Lniversidad de Columbia un estudio pre
liminar de las coplas espaolas que han sobrevivido entre
los sefardes. Yo saba que an me quedaba mucho por
10


decir respecto de las coplas espaolas recogidas en los
barrios bajos del este de Manhattan y de Harlem, y
tambin me daba cuenta de que yo no haba sido el
nico en recopilar todas las coplas que an se conser
vaban en los pequeos reductos de sefardes oriundos de
lugares como Monastir, Castoria, Salnica, Adrianpolis,
Constantinopla, Gallpoli, Dardanelos, Esmirna, Rodas,
etctera. Me vi obligado a aplazar el desarrollo de mi
tesis iniciada en 1923 para atender a mi propia forma
cin intelectual y a las exigencias de mi labor docente.
En el curso de los ltimos veintitantos aos, he seguido
recogiendo ejemplares y estudiando la mejor manera de
darles forma de libro. Cuando tuve que recurrir a las
posibles fuentes de erudicin en materia de canciones
espaolas, me di cuenta con pesar de cun poco haba
sido el inters por ellas demostrado. Algunos eruditos
eminentes haban compilado coplas conservadas por ju
dos sefardes de Turqua; pero, por desgracia, esos eru
ditos, aunque versados en lenguas orientales y en la fran
cesa, carecan del necesario conocimiento de la literatura
espaola. Y sin conocer el romancero, cmo se podra
comprender la estructura, la temtica, el abolengo y la
fragancia literaria de las coplas espaolas? A esa cate
gora de estudiosos pertenecen figuras como Abraham
Danon y Abraham Galante4. Hubo judos espaoles y
eruditos de gran valor que cursaron sus estudios en cen
tros de enseanzas en cuyos programas no figuraba el
estudio de la historia y civilizacin de Espaa. Adems,
hombres ilustres como Menndez Pelayo, al tratar de de
terminar las relaciones entre los elementos hispanolevan-
tinos desplazados y sus prototipos peninsulares, tenan
que depender de la materia prima acopiada por hombres
como Danon y Galante. Sin embargo, los Menndez Pe-
layo nO tuvieron tiempo para medir todas las consecuen
cias que pudieran derivarse de las tradiciones folklricas
hispanojudas. La fortuna sonri con ternura al roman
cero judeoespaol cuando don Ramn Menndez Pidal
recri de manos de un judo marroqu Jos Benoliel,
11


ciento cincuenta romances de extraordinaria pureza de
lenguaje y de estructura de copla. Y decimos fortuna,
porque por haberse consagrado en cuerpo y alma al estu
dio de la Edad Media, don Ramn abord el tema en
funcin del poema pico de la literatura espaola, que
a su vez dio lugar al resplandeciente florecimiento del
romancero espaol. Adems, don Ramn estaba altamente
capacitado para estudiar las canciones hispanolevantinas
en su relacin con toda la gama del romancero. A dife
rencia de sus predecesores, don Ramn haba entrelazado
ntimamente el anlisis y elaboracin de sus estudios y
una intensa exploracin personal en las aldeas y pueblos
de Espaa en la bsqueda de todo vestigio de romances.
Sin embarg, vuelve a surgir la falta de atencin y de
minuciosidad en el tratamiento de las canciones que se
conservaban entre los judos de Marruecos, Grecia, Yu
goslavia, Rumania, Turqua y de las islas mediterrneas.
Absurdo sera esperar que don Ramn Menndez Pidal
dedicara demasiado tiempo a un riachuelo que, mera
parte de un sistema fluvial de magnitud amaznica, ha
ido fluyendo en su tortuoso curso a travs de los siglos.
Las exigencias de la cultura espaola se ven ms que
colmadas con la labor preparatoria del humanista ms
ilustre de Espaa al establecer el lazo de unin entre las
coplas o canciones hispanolevantinas e hispanomarroques
con sus modos originales. Ahora bien: es justo afirmar
que las canciones de los judos espaoles tienen un inte
rs puramente hispnico? El que hayan seguido siendo
cantadas durante ms de cuatro siglos lejos de la madre
patria permite suponer que, en un momento dado, asu
mieron una funcin propia en las pequeas teocracias
mediterrneas de los desterrados de 1492.
Las canciones espaolas como las que yo he podido
recopilar de entre los judos sefardes que emigraron en
los ltimos tiempos a los Estados Unidos procedentes
del Levante mediterrneo no han sido nunca objeto de
profundo estudio por parte de los eruditos judeoespaoles
o peninsulares. Los primeros no conocan la literatura
12


espaola, mientras que los segundos carecan de la ntima
experiencia personal de la vida de los judos espaoles.
Y si los eruditos de esas dos categoras nada haban
hecho hasta la fecha, qu poda hacer yo, con una
preparacin tan escasa, tan lejos de igualarlos en ciencia
y en experiencia, para poder componer una imagen fiel
de esas curiossimas canciones?
Todos estos pensamientos no hacan ms que ahondar
mi indecible desaliento. Adems, no es tarea fcil reco
pilar las canciones en una ciudad como Nueva York. La
necesidad de recopilar ese valioso legado del ltimo siglo
de la Edad Media era tanto ms urgente cuanto que el
nuevo ambiente de los emigrantes amenazaba con des
truir ese legado. En 1922 no era an difcil establecer
contacto con los inmigrantes judeoespaoles procedentes
del Levante. En un principio, esos inmigrantes se haci
naron en los barrios bajos de Harlem y del sudeste de
Manhattan. Por mediacin de amigos y conocidos pude
visitarlos en sus hogares, y con persuasin y splicas
solan acceder a dictarme los venerables romances que
conocan. Con el transcurso del tiempo, los sefardes se
fueron adaptando al nuevo ambiente, se fueron abriendo
camino en su nuevo mundo y comenzaron a desplazarse
a barrios ms amenos. En la actualidad, viven en dos
o tres barrios de Brooklyn y se han diseminado en varias
manzanas del Bronx y de otros distritos neoyorquinos.
Como es lgico, su dispersin ha hecho an ms difcil
el contacto con ellos. Adems, al detenerse la afluencia
migratoria, se ha acentuado la influencia americana sobre
el modo de vida de los que llegaron en el primer decenio
del siglo, lo cual, si bien ha redundado en su provecho,
ha sido gravoso para mi empresa.
Quedaba an pendiente el estudio de los romances
hispano judos en funcin ele su forma de vida, esto es,
haba que tratar la sociologa literaria de esos temas y
melodas folklricas. Por fortuna, se puede encontrar
bastante material diseminado en diversos lugares, en
particular en los escritos de los sefardes que han llegado
13


a conocer la existencia del movimiento sefardista en Es
paa. El calificativo de devoto es especialmente apropia
do para aquellos sefardes que, al enterarse de la actitud
favorable de ciertos intelectuales espaoles hacia el diez
mado tesoro heredado con su tradicin peninsular, entre
garon sin reservas todo su entusiasmo y amor por estos
elementos populares que, en su somera educacin, se les
haba enseado a menospreciar. Escritores como Angel
Pulido, Emilio Castelar, Juan Eugenio Hartzenbusch, Be
nito Prez Galds, Marcelino Menndez Pelayo, Ramn
Menndez Pidal, Rafael Cansinos Assns, Manuel Ortega,
Federico de Ons y Ernesto Gimnez Caballero han alen
tado, directa o indirectamente, a los sefardes a mantener
sus tradiciones y dedicarles su inters y cario con toda
reverencia.
Para darse una idea clara de lo que significa la super
vivencia de los romances en un ambiente ms bien ad
verso a su conservacin, es preciso analizar el lugar que
corresponde al romance en la vida de los judos espao
les. No bastan, para evocar el universo de esos romances,
los arranques de lirismo, cuyo trasfondo de fragante nos
talgia se halla en las coplas que haban odo en las bodas
y guateques, en el silencio de la hora nocturna, junto
a la cuna del nio al atad del muerto. Al dejarse
llevar por su inters y su entusiasmo, los judos espaoles,
y tambin sus simpatizantes, pasaron por alto el ambiente
comunal en que se cantaban esas coplas. Es cierto que,
segn las normas positivistas, estas coplas tienen una
existencia sustantiva que se presta al anlisis cientfico.
Por qu no estudiarlas, pues, desde el punto de vista
lingstico? En su vocabulario se acusa toda clase de
trueques y deformaciones, abundan los barbarismos, y
en los originales se han incorporado ideas y sentimientos
ajenos a lo hispnico. Acaso bastan esos problemas?
Por qu buscarle tres pies al gato, como se dice en
Espaa? Yo tena bien presente que sabios mucho mejor
preparados que yo haban establecido un modo distinto
de analizar las canciones y otros elementos populares.
14


Acaso no haban enlazado los elementos existentes en
una regin con otros elementos semejantes que se halla
ban en otras tierras, cercanas y lejanas? Lejos de m me
nospreciar el estudio lingstico y la bsqueda de fuentes.
Procede, en particular, mostrar que existe una relacin
entre las canciones conservadas por los judos espaoles
y las canciones del siglo XV, y aun de los siglos XVI
y XVII, que han sobrevivido en forma impresa. Ante todo,
esas canciones son espaolas, y es puro accidente que los
judos las adoptasen y conservasen. Mientras se derrotaba
al moro en Granada, mientras los castellanos se enzar
zaban en guerra contra los portugueses para decidir si
quien tena derecho al trono era la hermanastra de En
rique IV o la bastarda Juana la Beltraneja, las cancio
nes espaolas se oan en los zocos y mercados, en las
mansiones seoriales y en los campos de batalla. Habra
sido difcil que, mientras estuvieron en Espaa, los
judos no hubieran aprendido las canciones populares
de la poca, ya que todo el mundo las cantaba: el pue
blo, los Reyes Catlicos, la corte, los nobles, todos. Les
hubiese sido tan difcil no aprender esas canciones como
lo hubiese sido el no aprender la lengua espaola. Ahora
bien: una vez lejos de Espaa, por qu haban de seguir
cantndolas en Orn, Tnger, Tetun, Larache, en el
ghetto de Venecia, en la llamada repblica sefard de
Salnica, e incluso en la ciudad mstica de Safed? Es
evidente que, a pesar del cambio de medio, los judos
conservaron esas canciones populares de tan poca tras
cendencia. Conviene recordar que esas canciones no son
hebreas, no son judas; en forma y esencia, son espaolas.
Una vez desarraigados de su tierra original y trasplan
tados a otros suelos, los judos no tenan por qu seguir
fertilizando esas canciones ni mantenerlas vivas. Su valor
prctico era nulo y, al menos en apariencia, nada esen
cial tenan que aportar a la perpetuacin de su religin,
que haban sido la causa del abandono de su solar mile
nario. Aun admitiendo todos estos argumentos que pare
cen debilitar nuestra posicin, seguimos sosteniendo que
15


la cancin espaola en su nuevo ambiente lleg a desem
pear un papel de importancia en las vidas de los judos
espaoles. Cmo se puede explicar, si no, el que hayan
sido conservadas durante ms de cuatrocientos aos? Que
se han conservado es un hecho comprobado y se requie
re una idea muy precisa sobre la historia de esos judos
para llegar a comprender el papel desempeado por esas
canciones seculares en las comunidades hispanolevantinas.
Es decir, hay que relacionar las canciones espaolas con
las comunidades donde fueron protegidas contra los efec
tos destructores de origen interno y externo.
Cuando todas estas ideas comenzaban a concretarse en
mi mente y a sealarme el camino que haba de seguir
en mi trabajo, empec a vislumbrar, hacia 1937, la im
portancia de las investigaciones realizadas por los ara
bistas espaoles en la espinosa cuestin del origen de
la lrica europea. Nuestro siempre bien informado don
Ramn pronunci ese mismo ao en la Habana una con
ferencia sobre los zjeles que llevaba el modesto ttulo
de Poesa rabe y poesa europea. Fui fcil presa del
entusiasmo y comenc a sospechar que los grandes poe
tas sefardes de la Espaa musulmana debieron tener
una ntima relacin con la elaboracin de los zjeles.
Don Ramn, quien aquel mismo ao vino a la Universi
dad de Columbia en calidad de profesor visitante, se vio
sorprendido cuando le habl de mi sospecha de que los
zjeles debieron haber desempeado un papel en la his
toria de la poesa hebraicoespaola. Una versin ms
erudita de Poesa rabe y poesa europea, publicada el
ao siguiente en el Bulletin hispanique, llevaba una breve
nota de pie de pgina en la que don Ramn, con exce
siva generosidad, me expresaba su agradecimiento por
haberle facilitado la transcripcin en caracteres latinos
de una muasaja o zjel de Salomn ben Gabirol. A partir
de 1937 se acrecent mi inters por los numerosos estu
dios de la lrica andaluza. Me vi arrastrado a una con
clusin que, al menos a m, pareca evidente: en adelante,
adems del romance, tenamos que aceptar otra creacin
16


potica peninsular: la muwaSSaha, o muasaja, que durante
casi un milenio ha formado parte de la tradicin sefard,
tanto en hebreo como en judeoespaol. ¡Ha sido tan
grato encontrar no pocas muasajas en los libros de ora
cin sefardes!
La propia presencia de la muasaja en la tradicin
sefard me oblig a revisar el problema del romance en
su totalidad. Ya no era lcito considerarlo como un
mero fragmento del folklore que introdujera un grano
de sal en la montona existencia de mis antepasados.
Una civilizacin es un todo orgnico y hay elementos
que parecen ser ajenos y sin relacin, pero que, ante
un anlisis ms minucioso, revelan que estn ligados
integral y funcionalmente al cuerpo orgnico de esa
civilizacin. As, pues, vemos que en la eterna tradicin
del judo espaol entran dos formas poticas de estirpe
espaola: la muasaja y el romance. El primero es de
origen hispanoarbigo, mientras que el segundo es de
estirpe puramente hispanorromnica, y ambas formas
poticas son adoptadas y conservadas por los judos es
paoles. A diferencia de los musulmanes que en el
siglo xvi hicieron profesin externa de fe catlica, los
judos desterrados, a pesar de no poder beneficiarse de la
maravillosa literatura castellana que en su siglo de oro re
nov la sintaxis y el vocabulario, siguieron inspirndose
en sus muasajas en hebreo y en espaol, aun varios siglos
despus de ser expulsados de Espaa. Tanto la muasaja
como el romance formaron parte del patrimonio del
morisco 5, el cual no pudo conservar su espaol en suelo
africano. Sin embargo, aun sin parecer ese su propsito,
el judo en la Dispora ha mantenido vivos hasta nues
tros das los dialectos espaoles y el koin. En qu
radica la razn de este fenmeno?
El espaol de la muasaja y del romance moriscos es
taba tan desarrollado como el espaol de la comedia y
de la poesa gongorina, tan en boga en aquel entonces
Sin embargo, la lengua y folklore espaoles desapare
cieron de entre los moriscos pese a la proximidad geo-
BENARDETE.2
17


grfica a la Pennsula, y a la pujanza de la gloriosa
evolucin de la lengua.
El que en un lugar se perdieran y en otro se conser
varan la lengua y el folklore espaoles puede obedecer
a muchas causas, pero parece justo afirmar que la razn
principal radica en el carcter del ethos judo. Por su
origen predominantemente berber, el morisco lleg al
Islam carente de una tradicin cultural propia, mientras
que nos consta que los judos nunca perdieron contacto
con su tradicin milenaria. Nuestro inters, no obstante,
se limita a comprobar que el judo respondi con gran
viveza a la novedad de la muasaja y del romance y
que demostr con ello una gran capacidad para aceptar
esas nuevas formas poticas y, a su vez, utilizarlas ms
tarde como modelo para nuevas composiciones en esas
mismas formas. Sera oportuno sealar un principio
sociolgico fundamental que parece haber sido tpico de
los judos: un hermetismo ante toda influencia que a
la larga pudiera alterar la quintaesencia del judaismo, y
una disposicin a absorber toda nueva forma e ideas
que pudieran contribuir a modernizar e inyectar nueva
vida a una tradicin venerable. Este doble mecanismo,
propio del judaismo vivo, explica por qu los sefardes
fueron capaces de incorporar la muasaja al acervo de
sus caracteres esenciales. Hermetismo y permeabilidad
son, pues, la clave de nuestro enigma. Desde que los
judos iniciaron su marcha por los caminos y senderos
de la historia, nada de cuanto les aconteciera dej de
ocupar un lugar en el floreciente tesoro de su experien
cia espiritual. El hecho de que en ciertas ocasiones se
hayan dejado de lado innovaciones autnticamente judai
cas de carcter revolucionario precisamente por el ac
rrimo hermetismo, no hace ms que confirmar el prin
cipio que hemos expuesto.
Hubo un tiempo en que cuantos laboramos en el jar
dn de la cancin judeoespaola ignorbamos la exis
tencia de la muasaja porque hasta hace poco se desco
noca la verdadera naturaleza de ese gnero procreador
18


de cancin espaola. Sin embargo, ahora que tenemos
ya una idea precisa respecto de sus orgenes, influencia
e importancia en la historia de la cultura europea, en
modo alguno cabe excusa de que en lo futuro se estudie
la cancin hispnica entre los sefardes haciendo caso
omiso de la muasaja en el estudio de su civilizacin.
La muasaja es una creacin artstica de paternidad
conocida; pero, al mismo tiempo, es, en su versin es
paola, un producto pxjpular al que, como tantos otros,
no se puede atribuir una ascendencia reconocida. Dijimos
antes que la muasaja era la cancin procreadora de
Espaa y as e9, ya que tras nacer en el rabe, la mua
saja, cual polen primaveral, fecund el genio potico de
todos los pueblos de Europa occidental. De todos ellos,
el judo fue el que con ms avidez absorbi esa poli
nizacin.
UN GRAN DESCUBRIMIENTO
En 1948, la revista ALAndalus public un artculo que
llevaba el inocente ttulo de Les vers finaux en espagnol
dans les muwassaha hispano-hbra'ique. Une contribution
1histoire du muwassaha et ltude du vieux dialect
espagnol mozrabe 6, del que era autor S. M. Stem, de
la Universidad Hebrea de Jerusaln. Un ao ms tarde,
Francisco Cantera se dedic a un renovado estudio de la
aportacin de Stern con el propsito de formular suges
tiones y proponer correcciones a lo que ha venido a ser
uno de' los acontecimientos ms trascendentales en el
estudio histrico y filolgico de la civilizacin rabe en
orden a su influencia sobre la civilizacin europea. Lo
que Cantera tena que decir tampoco llevaba un ttulo muy
llamativo: Versos espaoles en las muwassahas hispano-
hebreas 1. Tanto en el estudio de Stern como en el de
Cantera, que se complementan mutuamente, encontr D
maso Alonso la revelacin extraordinaria de un enigma
que por ms de un siglo haba resistido el anlisis de
eruditos y crticos, a saber: qu es una muasaja, dnde
19


tiene su origen y de qu modo ha influido en la ges
tacin de la poesa lrica del oeste europeo. A su vez,
Dmaso Alonso hizo alarde de austeridad al titular Can-
cioncillas de amigo mozrabes 8 un artculo en el que
vibraba la emocin ante un descubrimiento de la natu
raleza de la muasaja. En menos de un ao, un hebrasta
y arabista, un especialista en literatura hebrea sefard y
un crtico literario nos haban hecho comprender la
vasta complejidad y alcance del problema de la muasaja.
Y si hoy comenzamos a sistematizar nuestras nociones
sobre la lrica europea, se debe a la obra de Julin Ri
bera, de A. R. Nykl y de Ramn Menndez Pidal en
torno a este asunto 9. Y si bien no nos es viable ahon
dar en el estudio de la muasaja y en su trascendencia en
cerca de mil aos de vida sefard, permtasenos al menos
trazar un breve resumen de las aportaciones de estos tres
humanistas.
En el siglo IX hubo en Cabra, provincia de Crdoba,
un poeta ciego llamado Muccadam, que dio con una
nueva forma de poesa rabe, compuesta por estrofas,
forma hasta entonces desconocida en la poesa clsica
rabe.
Como si quisiera cautivar el alma arabesca de Orien
te, se dio el evocador nombre de muasaja a esta nue
va forma potica. Las bases principales de la estruc
tura y trascendencia de la muasaja se encuentran en
cuatro sabios musulmanes: Ibn Massam, nacido en San-
tarem, Portugal, en el siglo XI; Ibn San-l-Mulk, recopi
lador y crtico del siglo XII; Ibn Jaldn, el Spengler y
Toynbee del mundo rabe, nacido en Tnez en el siglo XIV;
y Al Makkari, autor de Las dinastas mahometanas en
Espaa, escrito en el siglo xvn. Ribera, Nykl y Menn
dez Pidal llegaron a la conviccin de que la muasaja es
un producto original de la civilizacin del Andalus. Lo
que ms les ha intrigado han sido dos fases de la cues
tin, a saber: a) su posible influencia en la gestacin y
nacimiento de la lrica provenzal (romnica) y del resto
de Europa; y b) su carcter bilinge.
20


A quienes no conocamos la lengua rabe, la edicin de
El Cancionero de Aben Guzmn preparada por A. R. Nykl
nos revel la verdadera naturaleza del zjel y de la mua-
saja. La segunda estrofa del zjel nmero 20 de esa obra
dice as:
Ya mutarnani S(i)bato
Tu n hazin tu n benato
Tara al-yauma wastato
Lam taduq fih geir luqueymah 10.
Tanto Nykl como cuantos se ocuparon del mismo tema
quedaron intrigados por las palabras que hemos puesto
en cursiva, Sil(i)bato, tu, benato y wastato, por no ser
rabes, sino de origen latino en la forma propia del dia
lecto mozrabe espaol. A partir de las indicaciones de
Ribera y de Nykl, Menndez Pidal reconstituy la estro
fa de este modo:
Oh, mi locuelo Salvado,
t ests triste, t penado;
vers el da gastado
sin probar ms que un poquito.
No caba la menor duda de que el poeta bohemio de la
Crdoba del siglo xil, Aben Guzmn, salpicaba sus poemas
rabes con expresiones espaolas. La densa bruma de la
historia de esta prstina lrica andaluza no comenz a
desvanecerse hasta 1948. Martin Hauptmann, Ribera y
Nykl haban ledo con toda minuciosidad el tratado de
Ibn Sana-l-Mulk sobre las muasajas pero no haban acer
tado a explicarnos la presencia de un dialecto romnico
en el interior de un poema rabe. Por otra parte, la pa
labra markaz fue traducida, por un mal hado, como es
tribillo, cuando en realidad denota la ltima estrofa de
la muasaja. Markaz y harja son sinnimos, y en adelante,
empleaiemos harja, o su forma castellanizada jarcha n.
El sealado hallazgo de Stem radica, en realidad, en
haber llegado a comprender qu era la jarcha. El crtico
egipcio haba dejado escrito que una muasaja puede fi-
21


nalizar con una estrofa en dialecto romnico, pero hasta
el momento de escribir su estudio Stern haba fracasado
en su empeo de encontrar una muasaja en rabe con su
pintoresco remate en espaol. Cuantos estbamos intere
sados en el asunto, nos vimos gratsimamente sorprendi
dos al enterarnos de que Stern haba encontrado nada
menos que veinte muasajas en hebreo con su ltima es
trofa en espaol mozrabe. Este histrico descubrimiento
no puede menos de causamos, a nosotros tanto como
a Dmaso Alonso, un gozo profundsimo. Tres son los
conceptos principales que podemos colegir: primero, las
muasajas de Tehuda ha-Lev nos ofrecen las muestras
ms antiguas del espaol literario que conocemos hasta
la fecha; segundo, esas cancincillas de la Espaa moz
rabe, por ser del siglo XI, demuestran lo errado de
la teora, varias veces centenaria, de que, en su origen, la
poesa espaola fue pica; y tercero, en cuanto al judo
sefard y a su cultura, esas cancincillas, nos consta aho
ra, eran por lo menos trilinges y, lo que es an ms im
portante, en el siglo XI se inicia una asociacin del es
paol y del hebreo que habr de durar siglos.
Quisiramos, en esta coyuntura, hacer partcipe al lec
tor en nuestro jbilo ofrecindole una jarcha de nuestra
eleccin, la nmero nueve, en la forma en que ha sido
interpretada por Stern y por Cantera. La vuelta o penl
tima estrofa sola introducir un tipo literario convencio
nal, ya fuera una persona, ya un animal, ya un objeto
material que vena a trastrocar el flujo potico con que el
autor haba concebido la muasaja, pero con el cual se pre
tenda expresar en metfora la intencin del poema. Esta
muasaja es un panegrico a un amigo de Yehud ha-Lev,
llamado Abraham 12. He aqu su penltima estrofa:
Mi corazn se parte
por una cervatilla que tiene sed de verte.
Hacia el cielo levanta la cervatilla
su puro rostro, lleno de lgrimas.
22


El da en que le dijeron:
Est enfermo tu amigo,
exclam con amargura:
Por supuesto, el poema est escrito en hebreo hasta lle
gar a la j archa, que aparece en espaol. Sigue, pues, el
lamento de la cervatilla:
Vayse meu Corachn de mib
Ya, Rab, si se me tornarad?
¡Tan mal meu doler li-l-habib!
Enfermo yed, cundo sanarad? 13
En su obra Poesa espaola, antologa de poesa de la
Edad Media y poesa de tipo tradicional, Dmaso Alonso
da muestra de una sutil sensibilidad en la apreciacin
de la pureza de la poesa lrica, sensibilidad que se des
borda con juvenil arrebato al llegar a estas jarchas:
Y otra vez nos recorre un escalofro. ¡Qu voz tan pura!
De un hondn de siglos llega a nuestra embotada sensibilidad
de hombres de estos angustiosos mediados del siglo xx una
voz fresca y desgarradora. Ntida, exacta, como si brotara
ahora de la garganta en flor y de labios que transparentaban
la sangre moza. ¡Eterna doncella enamorada, eterno grito, re
petido siempre y siempre nuevo! Estas ¡argos, estas, y otras...
nos mueven no solo por su viejsimo lxico y morfologa en
comparacin con los cuales el Poema del Cid parece de ayer
y aun moderno parece el Auto de los Reyes Magos (atribuido
a la segunda mitad del siglo XIl). Nos mueven no solo por ser
una bocanada horadante hacia una oscuridad profunda (or
genes de la lrica europea), sino an ms por su desnuda,
sencilla, trmula e impregnante belleza. Y nos viene a la
memoria en seguida una bella desnudez igual: la de la que
hasta hoy considerbamos primitiva lrica tradicional de
Castilla...
Y para demostrar que esta jarcha tiene afinidad con
los airosos poemas de la literatura espaola, Dmaso
Alonso nos da varios ejemplos: He aqu uno annimo:
Vaisos, amores,
de aqueste lugar.
¡Tristes de mis ojos,
y cundo os vern!
23


Y la siguiente redondilla de Gil Vicente nos recuerda
una vez ms cun ntimamente ligada est a la jarcha
nmero nueve:
Vanse mis amores, madre;
luengas tierras van morar,
y no los puedo olvidar.
Quin me los har tornar?
NECESIDAD DE UNA NARRACION SINTETICA
DE LA HISTORIA HISPANO-LEVANTINA
En el estudio de las ciencias exactas, el foco de la
dimensin tiempo es el presente. Las ideas, princi
pios, ecuaciones y frmulas son eternos. El tiempo nada
puede horadar su esencia. Por no tener forma corporal,
estn libres del proceso de crecimiento y extincin. En
cambio, los productos de la cultura humana, tales como
las costumbres, los gestos, las artes, estn entretejidos
con el tiempo. Por ocupar un lugar en el universo, no
se Ies puede abstraer de la dimensin tiempo. Su estudio
resultara imposible si no trajramos a cuento el pasado.
Una vez sentada esta premisa, seria vano intentar el es
tudio de esas canciones y poemas lricos sin adentrarse en
la historia de las comunidades judeoespaolas despus
de la dispora peninsular.
Quines son, a fin de cuentas, esos judos? Qu
cabe decir de ellos despus de haberse dispersado por el
viejo y el nuevo mundo? Hubo entre ellos algn ele
mento homogneo cohesivo? Se introduce ahora en el
anlisis de sus canciones y muasajas el grave y sorpren
dente problema del destino del judo espaol. (Dgase, de
paso, que nada se ha escrito an sobre el reciente ha
llazgo de la cancin hispan-rabe entre los judos espa
oles.) Quienes han tenido la atencin de dedicarse en
mayor o menor grado al estudio de esas canciones, cua
lesquiera que sean los motivos que les haya movido a
ello, convienen en que es preciso ocuparse de la historia
del pueblo que las ha preservado. Crticos y humanistas
24


se lian limitado a narrar brevemente, para satisfacer la
curiosidad de sus lectores, algunos de los aspectos cere
moniales, y otros de mayor significacin, de la historia
judeoespaola en la dispora. De la contribucin de los
humanistas, cabe sealar las notas relativas a los judos
espaoles con que don Ramn Menndez Pidal ilustr
los fragmentos de los romances recuperados en Marruecos
y otros lugares, subsanando as el memorable error co
metido por Abraham Dann, cuando crey con toda in
genuidad que los romances que su pueblo haba conser
vado pertenecan todos al siglo xv14. Fue don Marcelino
Menndez Pelayo quien aludi por vez primera al con
tinuo contacto entre los judos espaoles y la Pennsula,
despus de su forzada separacin. Con todo acierto, Me
nndez Pidal demostr ciertos tipos de contacto entre
Espaa y Portugal y las comunidades sefardes, tales
como la infiltracin de marranos ocurrida en el siglo XVI,
a travs de Portugal, Flandes, Francia, Italia y Turqua,
as como los contactos, espordicos, pero incesantes, en
tre catlicos espaoles y judos espaoles en Marruecos,
Alepo y Constantinopla. De ellos dan fe escritos como La
lozana andaluza, el Viaje de Turqua, la Historia Pontifi
cal de Gonzalo de Illescas, y los anales de la Inquisi
cin. Menndez Pidal ha demostrado la absoluta ne
cesidad de ahondar en los antecedentes histricos y es
de presumir que an no nos haya dicho la ltima pala
bra sobre el romancero hispanojudo. El que se hayan
incluido canciones del renacimiento espaol entre los ro
mances encontrados en Marruecos y aun en el Levante
mediterrneo viene a corroborar la tesis de que Espaa
no ignor totalmente la existencia de los sefardes y que,
a su vez, los sefardes no olvidaron a Espaa.
He aqu por qu la historia es un complemento indis
pensable del estudio de las canciones espaolas conserva
das por los judos en la dispora que los alej de Espaa.
Y, sin embargo, dnde est el libro que se ocupa de
ello? Hasta hace poco tiempo nadie se haba tomado la
molestia de elaborar una historia de los judos en el
25


destierro que fuera digna de aprobacin. Detengmonos,
empero, un instante para enderezar algn entuerto. Para
ello esbozaremos ahora unas ideas que sern desarrolla
das en el prximo captulo.
Los judos que salieron de Espaa en diversas ocasio
nes se pueden clasificar en dos grupos: los judos medie
vales y los judos del Renacimiento. Los que permanecie
ron en la Pennsula despus de la expulsin en abril de
1492 como cristianos nuevos vinieron a quedar bajo la in
fluencia de la religin y de la cultura de un modo que, co
mo es lgico, se vieron privados sus hermanos en el des
tierro. En el siglo xvi las poderosas fuerzas de Weltpolitik
y las grandes corrientes culturales produjeron cambios fun
damentales en Espaa. El nuevo mundo que estaba for
jndose influy profundamente en sus costumbres, idio
ma, profesiones, objetivos comerciales, vida familiar y
en otros muchos aspectos de la civilizacin. Ms tarde,
cuando miles de judos abandonaron Espaa y Portugal,
esos cristianos nuevos o marranos volvieron con frecuen
cia a la fe de sus mayores. Los marranos prefirieron
vivir en ciudades italianas como Ferrara, Npoles, An-
cona. Roma, Venecia, Pesaro, Liorna, etc., o del sudeste
francs, como Bayona y Burdeos, y ms tarde, en el
siglo xvn, en Londres, Amsterdam, Hamburgo y en lu
gares tan apartados como Surinam, Pernambuco, Jamai
ca, Barbados, Curasao y Nueva Amsterdam. Llamamos
a estos judos peninsulares judos del Renacimiento por
que, a diferencia de sus hermanos que fueron expulsa
dos en 1492, aquellos se criaron en las tradiciones ca
tlicas de Espaa y Portugal. El inters por los judos de
origen hispnico ha ido creciendo gradualmente porque
ellos fueron un factor de gran importancia en el desarro
llo histrico, poltico y cultural de Occidente en ambos
lados del Atlntico en los tres ltimos siglos. Al entrar
y afianzarse en pases occidentales hasta entonces veda
dos a ellos, los judos de Alemania, Polonia y Rusia se
vieron atrados hacia las comunidades de marranos que,
por haber estado all antes, les fueron abriendo las puer-
26


tas de esos pases. En agradecimiento a sus hermanos
sefardes, acometieron la ardua tarea de investigar las
contribuciones de los marranos a la historia de Occidente
y de los judos. A partir de los escasos elementos an
en manos de descendientes de marranos, como E. H. Lin
do, los judos germnicos o askenases como Joseph Ja
cobs, Mayer Kayserbng, Isidore Loeb, David Kaufmann,
Heinrich Graetz y Cecil Roth hicieron hallazgos sorpren
dentes. Dos fueron los problemas principales que se les
plantearon: el origen y desarrollo de las comunidades
marranas, por una parte, y los antecedentes peninsulares
de los judos sefardes, por otra. Gracias al poderoso
renacimiento de la erudicin espaola en pro de los ju
dos, los humanistas askenases se vieron ayudados en su
empresa por hombres cmo Alejandro Llrente, Amrico
Castro, Jos Amador de los Ros, Francisco Fernndez
y Gonzlez, el padre Fidel Fita, etc.
Conviene recordar, sin embargo, que las canciones que
hemos recopilado en Nueva York han sido conservadas
por judos medievales, es decir, judos descendientes de
los que al salir de Espaa marcharon al norte de Africa,
Egipto, Mesopotamia, Palestina, los Balcanes y Asia
Menor. Los descendientes de esos judos vinieron a es
tablecerse en Nueva York siglos despus de haberse crea
do en esa ciudad una comunidad sefard. Nuestro inters
principal e inmediato es conocer la historia de esos
sefardes africanos y levantinos. Qu humanista occiden
tal, judo o gentil, ha escrito sobre ellos? Qu inters
pueden ofrecernos, ahora que han perdido toda su im
portancia histrica? No debemos ser ingratos, puesto que,
despus de todo, en algunos libros de historia se encuen
tran referencias dispersas. Graetz dedica muchas pginas
a las colonias de Safed y Salnica y al movimiento saba-
taico del siglo XVII. Pero, en cambio, Graetz se limita a
interpretar los cuatro siglos de la historia de nuestro
pueblo como un simple incidente en la historia judaica.
Quines son, a fin de cuentas, esas reliquias vivientes
de un pasado glorioso? En nmero, insignificantes; en
27


importancia, diminutos. Lo judo de Rusia, de Alemania,
de Amrica, el sionismo, son los temas candentes de la
historia judaica moderna.
Ningn historiador o crtico, gentil o askenas, ha de
dicado mucho tiempo o atencin al estudio de la historia
de los judos hispano-levantino-marrques, que han sido
los depositarios de tantas canciones espaolas. Ha habido
judos askenases que han escrito con gran profusin y
penetracin sobre los judos espaoles y las comunidades
marranas en Europa occidental y en Amrica. Fritz Baer
ha publicado ya en hebreo y en ingls una documentada
historia de los judos de la Pennsula Ibrica. Han apare
cido excelentes monografas sobre ciertos aspectos de
la historia hispanojudaica, como The Chuelas of Ma
llorca: Conversos and the Inquisition of Majorca de
B. Braunstein y The Economic Activities of the Marrano
Jews in Holland in the Seventeenth Century del Rab Her-
bert I. Bloom. El humanista anglo-judo Cecil Roth nos
ha dado numerosos estudios de las comunidades marra
nas y, en particular, su Historia de los Marranos, que es
de fcil lectura y divulgacin. Hay que tener en cuenta
que las comunidades de marranos no estuvieron herm
ticamente aisladas de los focos de cultura sefard levan
tina y que es indispensable conocer la historia de los ma
rranos a fin de poder comprender plenamente las vici
situdes del romancero. Ya tendr ocasin de servirme en
el prximo captulo de las contribuciones de esos erudi
tos para reconstituir las lneas fundamentales de la his
toria de los sefardes en el exilio, pero antes deseara
sealar a la atencin del lector la lamentable escasez de
relatos histricos acerca de las comunidades sefardes en
Africa y en el Levante, tema que parece no merecer in
ters alguno a eruditos tanto gentiles como askenases. Y,
sin embargo, insistimos en que no es posible definir la
funcin del romancero en la vida de los sefardes si no
se determinan las circunstancias de su historia. Esta con
viccin ha sido otra de las causas de que, en el curso de
28


todos estos aos, no hayamos podido seguir los estudios
en esta materia.
Por fortuna, los ltimos tiempos han presenciado una
resurreccin entre los sefardes de origen levantino que
han realizado importantes aportaciones a nuestro tema.
Despus de Salomn Rosanes, autor de una obra en he
breo sobre los judos del Cercano Oriente, dos judos
de Salnica, Joseph Nehama y rab I. S. Emmanuel han
escrito, cada uno por su parte, la historia de Salnica y
sus judos. La obra monumental de Joseph Nehama est
an por terminar. Hasta la fecha se han publicado los
volmenes que llegan hasta el final del siglo XVII. Edu
cado en Francia y discpulo de la escuela histrica de
Michelet, Joseph Nehama ha sido el primero en escribir
un bellsimo y fiel relato cronolgico de los sefardes en
el Levante. Con la ayuda de todo el material de que dis
ponen los historiadores judos, como la responso, de los
rabinos sefardes, las hascamot u ordenanzas comunales
de Salnica, los escritos coetneos hebreos y judeoespa
oles, as como las narraciones de los viajeros del si
glo XVI, y valindose de su gran inteligencia y disciplina
mental, Nehama ha conseguido presentar una admirable
y autntica reconstitucin del microcosmos sefard des
pus de haber sido trasplantado a un clima no hispnico.
Por haber estudiado en Breslau, el rab Emmanuel sigue
la escuela positivista de erudicin histrica y, aunque su
estilo es ms seco y austero, sus estudios son autoriza
dos y certeros.
Estos dos humanistas salnicos, grandes conocedores del
ethos sefard, son los primeros, despus de Rosanes, que
han escrito la historia de los judos levantinos y, aunque
lamentamos que no hayan escrito la historia de todo el
mundo hispanolevantino, su admirable contribucin les
hace merecedores de nuestra suma gratitud. De modo me
nos sistemtico, Abraham Galante, de Esmirna, ha tra
do su aportacin al estudio de los judos hispanolevan-
tinos con sus numerosos libros y folletos en francs y
turco. Es preciso recordar que las dificultades que ase-
29


dian al erudito sefard son extraordinarias. Sera exce
sivo esperar que estos humanistas realizaran toda la labor
de reconstitucin cuando tan escasa ha sido la prepara
cin monogrfica que constituye los cimientos para re
construir la historia completa del sefard levantino. Sa
lnica sirvi de ejemplo al establecimiento, evolucin, y,
finalmente, decadencia de las dems comunidades. De ese
modo, un minucioso estudio de la estructura de la vida
sefard en Salnica nos permitir ahondar en la vida de
los sefardes que formaron las comunidades de Alejan
dra, Brusa, Adrianopolis, Monastir, Gallipoli, Rodas,
Constantinopla, Esmirna y otras. Existe otra razn por
la cual Salnica nos ayuda a comprender mejor el mundo
hispanolevantino. Salnica era una diminuta repblica
juda, compuesta de plebeyos y patricios, tejedores, hu
manistas y prncipes mercaderes. (De esa Salnica flore
ciente, nada queda. Las hordas hitlerianas la destruyeron
casi por completo.) La cultura era lo suficientemente
elevada para que esos judos tuvieran plena conciencia
de la historia, lo cual les permita darse cuenta de su
propia existencia y de sus relaciones con todo el mundo
judo y con el mundo gentil, en general. Ese propio co
nocimiento histrico es la clave de la investigacin del
pasado.
As, pues, sin demasiada constancia, llevo cerca de
treinta aos laborando en las tradiciones hispnicas del
sefard medieval. Por no querer limitarme al estudio eru
dito de las canciones espaolas, me he ido adentrando en
un terreno diferente. En lugar de escribir un ensayo sobre
las canciones judeoespaolas, me vi dando los toques
finales de esta obra sobre la cultura y carcter hispnico
de los judos sefardes del Cercano Oriente. Me inspira
la conviccin de que no solo yo, sino tambin cualquier
persona interesada en la civilizacin judeoespaola, es
taremos en posicin de acometer un estudio relativo a
esa civilizacin con un conocimiento menos velado que
hasta ahora. Tras leer con simpata esta nostlgica obra
ma, la prxima, La rrumsaja y el romance entre los judos
30


sefardes se escribir sin dificultad, puesto que ya no me
lo impedirn la confusin, la distraccin. Y es que ahora,
gracias a mi reconstitucin de la cultura hispanolevan-
tina, confo en que se habr aclarado considerablemente
la funcin que desempearon en esa cultura la muasaja y
el romance.


I
LA DIASPORA SEFARDI
1391-1950
MOMENTO CRTICO DE LA HISTORIA SEFARDI
T)ara el judo espaol, el ao, de desgracia dira-
mos, de 1391 es el momento crtico de su historia,
sobre el cual el curioso puede encontrar informacin de
tallada en Amador de los Ros y en Graetz 15. A nosotros
no nos incumbe expresar nuestro entusiasmo o nuestro
dolor, sino acometer la exposicin de los antecedentes
histricos de los judos espaoles. Se inicia un nuevo ca
ptulo de la historia del judo ibrico y de sus conciuda
danos catlicos con las matanzas y depredaciones cometi
das en todos los rincones de los reinos por un populacho
enardecido por eclesisticos movidos de buenas intencio
nes, pero cuyos actos merecieron la desaprobacin de la
ms alta jerarqua civil y de la Iglesia 16. De esos sucesos
32


se derivaron dos consecuencias de importancia. En pri
mer lugar, centenares de judos emigraron en exilio vo
luntario del medioda espaol y las Baleares al norte de
Africa, Egipto y Salnica, donde ya existan comuni
dades hebreas. Estos judos, que abandonaron Espaa
un siglo antes que los Reyes Catlicos promulgasen el
edicto de expulsin, fueron los precursores del espritu
sefard en todo el mundo. Ms adelante volveremos a
ocuparnos de las comunidades que fundaron, ya que su
estudio es necesario para la mejor comprensin de esta
tesis.
Sin embargo, la consecuencia ms revolucionaria de
los desrdenes religiosos de 1391 fue la aparicin de una
nueva clase de espaol, a saber, el marrano. Como suele
ocurrir en todos los sucesos histricos de trascenden
cia, las causas de la aparicin de esta nueva clase social
son oscuras a la vez que numerosas. Fiel al genio que
la inspira, la Iglesia se esforz en convertir al judo para
liberarlo en cuerpo de la furia del populacho, as como
para darle la oportunidad de salvar su alma. No cabe
duda de que centenares de judos aceptaron la fe catli
ca adaptndose con toda conviccin a la tendencia que
ya exista en el seno de las comunidades judas que se
haban conformado a un tipo de civilizacin que ha
ba producido un grado ms alto de desarrollo. Esa ten
dencia se acusa claramente en aquellas comunidades cu
yos miembros, en gran nmero, se ven atrados de mo
do irresistible por las costumbres e instituciones de
sus compatriotas no judos. Ya sea por induccin ex
terna, ya sea por la visible recompensa que promete el
pertenecer a la sociedad gentil, lo cierto es que se produce
un inevitable proceso de asimilacin. Y sea la agitacin
popular, sea la presin eclesistica, los momentos de cri
sis dan lugar a millares y millares de conversiones que,
a pesar de su premura, no impiden a los nefitos adap
tarse fcilmente a su nueva condicin. Unos, movidos
por el ansia contenida de pertenecer al modo de ser del
pas en que sus antepasados han morado durante siglos.
BENARDETE.3
33


Otros, arrastrados por un sincero deseo de reconciliacin,
que les llev a veces a excederse en su celo de tal modo
que su sentido de la culpabilidad lleg a traducirse en
una obsesin por perseguir a sus antiguos correligiona
rios. Si bien es justo admitir que muchos judos se in
corporaron el etho>s del pas, que a la sazn constitua
una amalgama de amor por la tierra, lengua, solar, cos
tumbres, gestos y conviccin, en una peculiar teologa,
fueron en cambio muchos los millares de cristianos nuevos
en quienes la nueva fe y el nuevo ambiente que se les
ofreca no dejaban de crear una sensacin de malestar
y culpabilidad que a muchos llev a una nueva vida se
creta. Por no poder aceptar la fe catlica en toda su ex
tensin y por debatirse entre la seduccin de la nueva
cultura y la fuerza del legado ancestral de sus mayores,
esos nefitos comenzaron a vivir una doble vida. As na
ci el criptojudasmo.
Durante los siglos de dominacin mora, los judos
haban disfrutado de numerosos privilegios en sus activida
des mercantiles, de artesana, agrcolas y en las profesio
nes liberales, sin que este estado de cosas variase nota
blemente cuando las tierras en que vivan fueron con
quistadas por los reyes cristianos. Quienes conocen la
historia de Espaa, saben que los judos recibieron ptimo
trato de reyes como Alfonso VI, quien se llamara a s
mismo el Emperador de las Tres Religiones; el santo rey
don Femando, que conquist Sevilla, y su hijo el sabio
rey don Alfonso. La armona entre judos y cristianos se
vio agriada por las luchas fratricidas entre Pedro el Cruel
y su hermanastro el bastardo Enrique de Trastamara.
Por entonces, los judos se haban despojado lentamente
de sus hbitos rabes y haban asimilado' los modos ro
mnicos. Los dialectos romances fueron arraigndose en
su lenguaje diario y su mentalidad y vida familiar fue
adaptndose progresivamente a las caracteristicas de su
medio ambiente.
Al llegar el momento de las conversiones mltiples, los
judos de Castilla y de Catalua eran ya parte integral
34


de la civilizacin hispanocristiana reinante. Las conver
siones no hicieron ms que dar mayor mpetu al proceso
de asimilacin del ethos hispnico 17. En particular, las
fuerzas prevalentes les abrieron puertas que hasta enton
ces les haban estado cerradas. Podan ya dedicarse a ac
tividades relacionadas con la Iglesia, la universidad, las
armas, las profesiones liberales. Por su condicin de ca
tlicos, se permiti a esos cristianos nuevos aspirar a for
mar parte de las familias de ms alta aristocracia de la
Pennsula. Era evidente que la conversin reportaba
pinges beneficios. Mas, pese a dejarse seducir por tanta
recompensa a su conversin, esos nefitos persistieron en
la fe de sus mayores. Es evidente que tal dualismo en su
lealtad tena que producir en esos hombres, que ahora sus
correligionarios cristianos llamaban despectivamente ma
rranos, un formato psicolgico en el que la personalidad
se distingua por su reserva. Prevaleci la creencia de
que, al convertirse al cristianismo, toda la poblacin que
dara unificada, pero al decir de historiadores espaoles,
a los judaizantes se debi en parte la inquietud social
y poltica del siglo XV, aunque nos negamos a admitir
que ellos fueron la causa mayor. Los efectos ulteriores
del marranismo fueron formidables. Para un pueblo des
contento, el marrano se convirti en el blanco de todo su
contenido resentimiento. La falta de autoridad real de
Juan II y de Enrique IV no contribuy precisamente a
resolver los nuevos problemas que vinieron a acosarles,
como la violencia de los seores feudales, las intrusiones
de Portugal, la presencia del reino moro de Granada,
viva demostracin de una unidad cristiana o nacional an
por lograr, y los elementos marranos. El marrano es un
nuevo tipo de espaol en el que ms de una autoridad
reclama su lealtad. El judo ortodoxo considera al marra
no como un judo investido de cierta prosperidad mate
rial, cultura secular, as como de un modo de actuar
que le abre las puertas de un mundo que al ortodoxo est
vedado y que no hace ms que tolerarle en su territorio.
En el siglo XV conviven el marrano y el ortodoxo y man-
35


tienen relaciones por medios un tanto tortuosos. En
1478, los Reyes Catlicos recurren a la instauracin de
la Inquisicin para que se encargue de poner fin al ver
gonzoso dualismo del marrano y llegar a convertirle en
un fiel cristiano. Sin embargo, no tardaran en darse
cuenta de que, a pesar del cel vigilante de la Inquisicin,
de nada serviran los esfuerzos por detraer a los marra
nos del judaismo en tanto los judos ortodoxos siguieran
viviendo en su proximidad. Y as, uno de los argumen
tos ms frecuentemente aducidos en favor de la expulsin
es que el judo ortodoxo era un elemento contaminador
de las puras fuentes donde bebe el cristiano18; mientras
el ortodoxo viva en Espaa, el marrano podr seguir ob
servando sin dificultad los preceptos judaicos.
A lo largo del siglo XV las relaciones entre el judo y
el marrano son bastante francas a pesar de que aquel sigue
viviendo al margen de la sociedad espaola. Se debe ello,
por una parte, a que el ortodoxo perteneca a los secto
res ms humildes de la poblacin, sin que llegara a per
cibir, con la misma intensidad que el marrano, las rpi
das transformaciones de la lengua que se acusaron en las
esferas ms elevadas de la sociedad espaola. Desde un
punto de vista social, estn lejos del judo ortodoxo fiel
a su fe figuras como Hernando del Pulgar, Juan Pacheco,
el marqus de Villena, Pedro Girn, micer Gonzalo de
Santa Mara, Alfonso de Baena, Rodrigo de Cota, Pablo
de Heredia, Alfonso de Zamora, Andrs Hel, Alonso de
Cabrera y tantos otros literatos, polticos y cortesanos
descendientes de marranos. Es tpico de las religiones en
general, pero de la judaica en particular, mantener su
conservadurismo en casi todos sus aspectos 19.
Nos vamos a preocupar aqu de mantener clara la dis
tincin entre estos dos tipos de judos porque ella nos
dar la clave del papel que desempearon en la Pennsula
y en el destierro despus de 1492. Por considerarse ex
tranjero, el ortodoxo puede celebrar, en su arcaico espa
ol, su Pascua, su Purim y dems fiestas. Por estar su
idioma asociado a lo sagrado en su vida, el judo se siente
36


satisfecho con su espaol de los siglos XII y XIV que, aun
anticuado, sirve de elemento de cohesin de sus costum
bres. El idioma le permite seguir escribiendo su corres
pondencia, y las narraciones comunales donde, en carac
teres hebreos, se mezclan en giros y expresiones el espaol,
el cataln, el portugus y el hebreo.
Las comunidades judas de Castilla, reunidas en con
sejo para dictar las leyes de su aislado mundo, levantan
sus actas en caracteres hebreos en un idioma donde se
hermanan el espaol y el hebreo. En un espaol que ya
ha cado en desuso entre los marranos, se siguen leyen
do y cantando las traducciones de la Biblia y de los poe
mas de Salomn ben Gabirol, Yehud ha-Lev y otros
bardos hispanomoriscos. Quien est familiarizado con la
evolucin del castellano se dar cuenta fcilmente, tras
estudio un tanto minucioso, de que la llamada Biblia del
duque de Alba est escrita a principios del siglo XV por
el oscuro rab Moiss Arragel de Guadalajara en un es
paol ms arcaico que el de las versiones contemporneas
de la Biblia, aun cuando esa famosa traduccin estaba
destinada a ser leda por quien era una de las personas
de la ms alta nobleza del pas20.
Al pasar el marrano a formar parte de una nueva socie
dad se inicia a s mismo en un idioma que se encontraba
en un estado ms avanzado de evolucin, mientras que
al adoptar el nuevo alfabeto latino se le abren las puertas
a la esplndida literatura que estaba forjndose a la sa
zn. Si bien Alfonso de Baena 21, Francisco Lpez de Vi
llalobos, Antn de Montoro, Rodrigo de Cota y tal vez
Femando de Rojas fueron parte importante del renaci
miento germinal de la lengua castellana, no es menos
cierto que su obra contribuy de un modo decisivo a su
evolucin y florecimiento. Nos encontramos a mediados
del siglo XV y ya existen dos tipos distintos de judos,
cuyas diferencias son mayores de lo que podra pa
recer.
La vida en pie de igualdad con sus conciudadanos ibri
cos altera la fisonomia del marrano, sobre todo al unirse
37


en matrimonio con elementos de la sociedad prevalente.
No pasar mucho tiempo sin que el marrano se convierta
en un hidalgo de alcurnia. Por sus gestos, hbitos, ade
manes, idioma, labores y aspiraciones, el marrano se aleja
cada vez ms de su hermano judo. Bastara un siglo de
vida en su nueva condicin para que una parte conside
rable de la poblacin juda de Espaa sufriera la meta
morfosis que les permitira compartir el legado cultural
de Occidente que estaba elaborndose en Italia en el si
glo XV, y en los Pases Bajos, en Francia y en Inglaterra
en el XVI. Legado del que haban de quedar totalmente ex
cluidos los judos ortodoxos, en particular los que en
1492 tuvieron que abandonar las tierras de Espaa por
las de Africa y del Levante.
PRIMERA DISPERSION DE LOS JUDIOS
ESPAOLES
Nos asiste la esperanza de que esta breve relacin
de los sucesos acaecidos a la poblacin juda de Espa
a en el siglo XV permitir observar cmo esa pobla
cin se bifurc en dos grandes corrientes. Quienes si
guieron fielmente adictos a la fe judaica se convirtieron
en corriente tributaria del sistema fluvial del judaismo
mundial. A su vez, los marranos eran judos en todo
menos de nombre, cristianos en nada ms que en for
ma 22. Unos se integraron por completo en la vida na
cional espaola, donde perdieron sus caractersticas, sobre
todo al contraer nuevos vnculos matrimoniales. Pron
to se comportaran como hidalgos. Otros prefirieron lle
var una doble vida, a pesar de las posibles consecuen
cias que el establecimiento de la Inquisicin pudiera aca
rrearles.
Conviene aclarar que nos referimos a los marranos
que de un modo total o parcial se mantuvieron fieles a
la religin de los Patriarcas y de los Profetas. El que
durante todo el siglo XVI muchos marranos abandonaron
33


la Pennsula para practicar en secreto su judaismo en
pases como Flandes o Francia, donde no se les recono
ciera su calidad de judos, o bien el que marcharan a
otros muchos pases del mundo donde pudieron revertir
pblicamente a la fe de sus mayores, demuestra de modo
concluyente que en los siglos XV y siguientes el marra-
nismo fue pasando de padres a hijos por varias genera
ciones.
Una vez sentada esta premisa, volvamos a contar a
partir de 1391, ya que todo intento de comprender ple
namente la historia judeoespaola sera vano si nos afe
rramos a la creencia de que la dispersin sefard se ini
ci el mismo ao en que Coln descubri Amrica. Los
judos salieron de Espaa en tres momentos23. Ya un si
glo antes del edicto de expulsin se registra un xodo vo
luntario.
Si bien la partida de los sefardes en 1391 no tuvo
consecuencias de relieve, los problemas que se plantea
ron al emigrante de 1391 en su nuevo hogar y el modo
de resolverlos habran de constituir un precedente de lo
que ms de un siglo despus esperaba al ortodoxo judo,
a quien no se permitira permanecer en Espaa como tal.
De uso cada vez ms frecuente entre quienes se ocupan
de la historiografa de la civilizacin juda son las res
ponso rabnicas 24, que constituyen las fuentes principales
de la historia y de la cronologa judas. Isidore Epstein,
de Inglaterra, ha escrito dos obras sobre las responso de
dos rabinos peninsulares con vistas a reconstituir los pe
rodos correspondientes. Las responso del rab Durn
nos permiten formarnos una idea de lo acontecido a los
judos ibricos que prefirieron salir de su pas en 1391.
En Preguntas y respuestas, donde se recogen los dic
tmenes, decisiones, juicios y decretos del rab balear
Simn ben Zemah Durn, se encuentra, tras atento escru
tinio, material suficiente para reconstruir el primer pero
do de la dispersin sefard. En 1391 sale el primer con
tingente de judos con destino al Norte de Africa, donde
estos judos de Catalua, Andaluca, y, sobre todo, Ma-
39


Horca, encuentran un ambiente material y espiritual muy
atrasado. El perodo de 1389 a 1411 es de gran incerti
dumbre poltica. Faltan libros, los rollos de la Ley de
uso en las sinagogas estn en grave estado de deterioro,
los rabinos locales brillan por su ignorancia y se desco
nocen aspectos tan importantes de la ciencia hebrea como
el propio Talmud. Por provenir de una tierra donde las
condiciones materiales e intelectuales estn tan avanzadas,
los inmigrantes de la Pennsula no tardan en formar sus
propias entidades de culto. Dondequiera que se establez
can, forman grupos independientes y retienen su atuendo,
su sistema de relaciones y su modo de hablar 25. Tan
pronto como se establecen, comienzan a mejorar las con
diciones econmicas. Se alivia un tanto la piratera, que
es el azote de la costa de Marruecos. Pronto hallan favor
los judos que cruzaron el Mediterrneo en lugares como
Argel, donde, entre otras cosas, se reduce la capitacin por
su causa. A pesar de esta rpida desbandada, an queda
la mayora en la Pennsula. Como un siglo despus se
confirmara en similares desplazamientos demogrficos, no
tardaran los emigrantes en sentir su recia vinculacin
a la tierra de donde procedan y a sus hermanos de
fe. Uno de los pocos viajeros que salieron de Espaa
en el siglo XII para visitar oomunidades judas fue
Benjamn de Tudela26, al que seguiran ms tarde otros
muchos.
La aparicin de las comunidades sefardes en Afri
ca en el siglo XIV crea un nexo comercial entre Espa
a y Africa que haba de durar ms de un siglo. Nos
consta que al exiliarse de Espaa en tres ocasiones,
en 1391, en 1492 y en los siglos XVI y XVII, muchos
familiares quedaron en la Pennsula. A pesar de lo des
mesurado y de lo tendencioso de la teora de Sombart27,
segn la cual los judos fueron los fundadores del capi
talismo moderno, no le falta cierto pice de razn. No
cabe imaginar un sistema comercial moderno sin trans
acciones internacionales y, aunque lo fueran en redu
cida escala, las operaciones de los judos baleares que
40


crearon firmas comerciales en Africa abrieron las puer
tas al nuevo sistema econmico. A requerimiento de
sus actividades comerciales, los judos hicieron repeti
dos viajes a travs del Mediterrneo, pese a los peli
gros inherentes a la primitiva navegacin de la poca
en un mar infestado de piratas. Y, sin embargo, esas
operaciones habran de mantenerse durante ms de un
siglo entre diversos pases y siempre bajo la iniciativa
de. judos. Llegaron hasta a crear sociedades cuya fina
lidad era, al igual que la de ciertas instituciones mona
cales de la Espaa cristiana, prevenir incursiones de
corsarios y pagar el rescate de los prisioneros apresa
dos por los piratas 28.
Estos hombres errantes siguieron, impertrritos, la marcha
hacia su propio destino, administrando sus negocios y mante
niendo el orden riguroso en sus relaciones sociales y comuna
les que haba distinguido a las comunidades judas en su
pas de origen.
As se vio la judera norteafricana enriquecida por
la nueva orientacin espiritual, sabia y prudente, de
los judos espaoles.
Es curioso observar que esas comunidades hispano-
judas son organismos que, bajo la direccin de hom
bres como Durn, tienden a perpetuarse. Imbuidas del
espritu medieval que las inspir, esas comunidades his
pano judas tienen corporaciones, gremios, universidades
y autonoma y, bajo la direccin del rabino y de los
legos elegidos democrticamente para ciertos puestos pbli
cos, fiscalizan todos los aspectos de su vida espiritual,
educativa, jurdica y econmica. Sin tener que respon
der ante ningn tribunal no judo, la corte rabnica
dirima todo conflicto econmico, matrimonial o re
ligioso.
Los judos espaoles que se organizaban en comunidades
autnomas lo hacan con arreglo a un plan democrtico. Como
lo fueran en Espaa, se regan por nemanim o memunim a
los que elegan por sufragio; y aunque las responsa de Du-
41


rn parecen ser un tanto reticentes sobre este punto, cabe
afirmar sin temor a incurrir en falsedad que a estas nuevas
comunidades trajeron los judos todos los notables mtodos de
organizacin comunal tpicos de las aljamas espaolas. Es cu
rioso observar que llegaron a instaurar el tributo de la sisa,
que se impona sobre la carne y el vino y cuya exaccin, al
igual que en Espaa, se arrendaban a una o varias personas,
las cuales, mediante el pago de un tanto alzado, se encarga
ban de recaudarlo 29.
Digamos, para terminar, que en estas comunidades
hispano judas se mantena la paz mediante la promul
gacin de ordenanzas comunales llamadas entre los
sefardes hascamot (en singular, has cama).
Las ordenanzas tenan una gran amplitud en la vida comu
nal y su observancia se aseguraba mediante el anatema o
herem, arma poderosa que, en manos de los jefes comu
nales, serva para mantener la disciplina y hacer respetar las
ordenanzas que, de tiempo en tiempo, se promulgaran.
Cabe, en fin, decir que la emigracin de 1391 cre
una serie de comunidades hispanojudas en Africa, Egip
to, Salnica y otros lugares, que haban de dar la pauta
a la emigracin sefard de un siglo ms tarde. Con la
supresin oficial del judaismo en Mallorca en 1436,
nuevos contingentes de judos se anticiparon en una
generacin al xodo de los sefardes hacia esas comu
nidades. Las ciudades en que se establecieron esos emi
grantes habran de acusar un rpido florecimiento eco
nmico, sin que se olvidaran de mantener relaciones
comerciales con sus compatriotas que se haban quedado
en la Pennsula. Consigo llevaron estos peregrinos un
nuevo concepto de vida juda que se distingua por una
ciencia ms profunda, un comportamiento ms refinado
y un nivel de vida ms elevado.


III
COMUNIDADES MARRANAS
EN varias ocasiones hemos sealado a la atencin
del lector la aparicin en el siglo xv de un nuevo
tipo de judo en Espaa, o, si se quiere, de un nuevo
tipo de cristiano. En el siglo XV, el problema judo co
mienza a seguir un nuevo derrotero: lo que haba sido
acrrima oposicin al judo se convierte en abierta opo
sicin al marrano. Por haber estado complicados en la
arbitraria administracin del ministerio de don Alvaro
de Luna, as como en otros asuntos de Estado, se des
pert en el nimo popular un rencor contra el marrano,
que provoc los sangrientos episodios de Toledo y otros
lugares de 1449 y 1467. La gravedad del problema re
quera una solucin de la mxima habilidad poltica30.
Por una parte, la Iglesia no poda renunciar a sus ten-
43


tativas de conversin de los hermanos de raza de Jess,
mientras que, por otra, las bendiciones eclesisticas no
servan de mucho para calmar la ira del populacho.
Por tanto, se impona una sabia avenencia entre la uni
versalidad del principio de la hermandad de todos los
hombres ante la Iglesia y los problemas prcticos que a
la sazn acuciaban al pas. Se crey que con la crea
cin de la Inquisicin se podra hacer frente a las acu
saciones de que los cristianos nuevos no eran sinceros
en su profesin de la fe cristiana. Y, por otra parte, se
crey que la oposicin social cesara en cuanto se for
zase al marrano, mediante amonestaciones, adulacin,
amenaza y castigo, a abandonar sus hbitos ancestrales
y a adquirir una mentalidad agraria y feudal. De la
continua oposicin al marrano naci, al fin, una teora,
repugnante al espritu del Catolicismo, de pureza racial:
la limpieza de sangre 31.
Prescott recoge una cita de la crnica de los Reyes
Catlicos del Cura de los Palacios (MS, captulo 43) 32,
en la que se resume netamente la actitud mental y
emocional de los espaoles respecto de los marranos y
pone de manifiesto las causas primarias de esa actitud.
Grandes pensadores de nuestro tiempo han afirmado,
sin que les falte un tanto de razn, que, al estudiar los
tipos culturales de las civilizaciones del pasado, de nada
sirve el que queramos dar lgica y propiedad a las
creencias de esas civilizaciones. Cualesquiera que fuesen
sus conceptos, esos conceptos constituyen su ideologa
y, por tanto, sera vano tratar de confirmar o rebatir
las reacciones emocionales de los castellanos del siglo xv.
Baste saber cmo pensaban, y lo que pensaban es lo
nico que nos interesa. El odio hacia los marranos se
deba a que estos se mostraban reacios a acatar el ritual
catlico y preferan observar sus festividades en secreto.
Seguan observando igualmente costumbres culinarias
bien diferentes de las cristianas, y se les acusaba de
falta de respeto por instituciones cristianas, tales como
la vida monstica, y se les reprochaba igualmente de
44


profanar esa vida. Se deca de ellos que no tenan
espritu de solidaridad y colaboracin con sus hermanos
de fe cristiana. En lo material, se les tachaba de ambi
ciosos y rapaces. Por poseer tanta riqueza, les fue viable
a los marranos contraer matrimonio con miembros de
las familias aristocrticas. Tras la animosidad popular
contra el marrano se ocultan razones sentimentales, reli
giosas y psicolgicas33. Es curioso que sea una crnica
hebrea la que nos haya legado un minucioso y profundo
anlisis de esa animosidad, ponderando las acusaciones
de que fueron objeto los marranos por parte de los
castellanos. Sin compartir los sentimientos que provo
caron tales acusaciones, el cronista admite los cargos y
trata de conjurar una explicacin racional de las mise
rias y tribulaciones que se cernieron sobre los judos
y los marranos:
Por que hay tres clases de envidias importantes: la envidia
de la religin, la de las mugeres y la de las riquezas, y todas
tres se encuentran en Israel con los dems pueblos; pues por
el continuo trato ya haban comenzado los judos en Espaa
a poner sus ojos en las hijas del pas. ...La envidia de las
riquezas, por que entraron los judos en los oficios y nego
cios de los cristianos... se envanecieron algunos de nuestro
pueblo y pensaron mandar sobre los cristianos, los habitantes
del pas, siendo stos seores34.
El establecimiento de la Inquisicin y la expulsin
de los judos fueron la consecuencia inevitable de la
poltica de los Reyes Catlicos de lograr paz interna
mediante la asimilacin total de los exponentes de la
economa del dinero. En el momento oportuno, esos
propsitos se vieron cumplidos de modo notable. A cau
sa de las maquinaciones de la fortuna y de la poltica
internacional, el problema marrano comenz a despla
zarse de Castilla. Debimos hacer notar en el captulo
anterior que, merced al pago de un determinado tributo,
se concedi a seiscientas familias judas castellanas el
derecho a trasladarse a Portugal. Empero, por la suma
de seis escudos por adulto, pasaron a Portugal unos cien
45


mil judos tras prometer que abandonaran el pas antes
de transcurrido un ao. Resulta pattico observar cmo
algunos pases imitan polticas ideolgicas de sus veci
nos, aun cuando las circunstancias de un caso dado
sean diferentes. Una de las condiciones impuestas por
los Reyes Catlicos al matrimonio de su hija Isabel con
don Manuel de Portugal fue la conversin o expulsin
de los judos. Sin embargo, Portugal no sigui la con
ducta uniforme de Castilla. Mientras Castilla puso a los
judos en la extraordinaria disyuntiva de convertirse al
catolicismo o abandonar la tierra, Portugal, por haberse
comprometido a no dejar partir a los judos al permitir
su entrada, recurri a toda especie de ardides y trapa
ceras para que los judos, tanto procedentes de Castilla
como los nacidos en Portugal, se convirtieran forzosa
mente al catolicismo, sin ofrecer siquiera la alternativa
de abandonar el pas.
A este respecto dice Cecil Roth, el moderno historia
dor de los marranos:
He aqu cmo, en realidad, llamarlo la expulsin de Por
tugal es un eufemismo. El nmero de los que fueron autori
zados a emigrar fue tan exiguo que raya en lo ridculo. Lo
que dio fin a la estancia de judos en Portugal fue una con
versin general de amplitud hasta entonces sin igual y, casi
sin excepcin, realizada por medio del uso desmesurado de
la fuerza 35.
La poltica vacilante de los portugueses permiti que
el marranismo se convirtiese en un poderoso movimiento
clandestino que nunca pudo ser suprimido. Si como
judos los marranos no podan abandonar el pas, como
cristianos, en cambio, gozaban, en teora, de la libertad
de viajar a voluntad. Una vez ms, los portugueses
dieron muestras de ambigedad y arbitrariedad al poner
en prctica sus doctrinas. En 1499 ya existan leyes que
prohiban la emigracin de marranos. Sin embargo, a
raz de los cruentos disturbios ocurridos en Lisboa en
1506, se renovaron las antiguas promesas de no moles-
46


tar a los cristianos nuevos lusitanos y de eximirlos de
la vigilancia de la Iglesia, y se les autoriz, adems,
a que se trasladaran en persona y en bienes a donde
les pluguiera con toda clase de garantas. Estos privile
gios haban de tener repercusiones de alcance mundial.
En primer lugar, los marranos de reciente conversin,
en los que todava bulla un impulso irresistible hacia
la religin de sus mayores, abandonaron Portugal en
cuanto les fue posible y se encaminaron hacia las co
munidades sefardes de Africa y del Levante. Las llama
das congregaciones portuguesas de Salnica, de los
Balcanes, de Esmirna y de Constantinopla surgieron
con la llegada de los marranos castellanos. Por no exis
tir an la Inquisicin y por estar considerablemente
garantizados contra escrutinios respecto de su fe, fue
ron muchos los marranos castellanos que abandonaron
Espaa para unirse a sus hermanos en Portugal.
Como resultado de esas favorables coyunturas, se ini
ci un nuevo flujo migratorio de marranos portugueses
hacia Italia, Francia y Flandes. En su nueva calidad de
portugueses, les asista ahora el derecho de estable
cerse a su discrecin en esos pases sin tener que estar
sometidos a vigilancia de ninguna clase. Aun despus
de instaurarse la Inquisicin en 1536, los marranos per
sistieron en su bsqueda de oportunidades comerciales
y de una relativa libertad de persecucin.
Como es lgico, en cuanto la Inquisicin comenz a
actuar en Portugal, los cristianos nuevos se apresuraron
a abandonar el pas. Al examinar la correspondencia
de 1540 a 1550 entre Carlos V y su dilecta hermana
Mara, reina de Hungra, respecto de las transacciones
financieras de la familia marrana de los Mndez se
observa cun aprensivo se senta el Defensor de la Fe
Catlica ante la intrusin de los judos, so profesin
de cristianos, en Flandes y otros de sus dominios:
En cuanto a los cristianos nuevos que pasan a diario de
Portugal a Amberes, pasan continuamente de dicho Amberes
a Francia y de ella, se dice, a Ferrara, sin que nada pueda
47


alegarse contra ellos en tanto se digan buenos cristianos y
sepan generalmente responder de la fe cristiana, por grande
que sea la presuncin de que no se marchan del dicho Por
tugal y en tan gran nmero sin que se sospeche grandemente
de ellos. Y cuando se les interroga por qu se retiran, dicen
que lo hacen para tener mejor comodidad de vida, no sabien
do ganar su vida en Portugal, lo que no es muy verosmil36.
Cuando la reina Mara de Hungra pregunta a los
mercaderes de Amberes acerca de su actitud hacia los
mercaderes portugueses, le contestan que sera buena idea
hacerles ostentar una marca distintiva como la de los
judos en Alemania. Las observaciones de la hermana
del Emperador revelan plenamente el idealismo y el des
inters con que Espaa era la campeona del catolicismo:
Pues si son judos, Vuestra Majestad no querr tolerarlos
en vuestros pases e incluso los expulsara de Geldres, y si
son cristianos, sera injusto hacerles ostentar marca alguna37.
Las autoridades flamencas se dieron cuenta de que
los mercaderes portugueses solan servirse de Flandes
como punto de trnsito hacia las ciudades italianas don
de se toleraba a los marranos como tales y aun se les
acoga como judos. Flandes sirvi igualmente de nexo
de unin entre el Occidente y ciudades levantinas, como
Salnica.
Monseor, hay gran presuncin contra aquellos judos que,
poco a poco, se van camino de Salnica38.
Sera intento vano tratar de hacer un esquema del
desarrollo histrico de las comunidades marranas en
todo el mundo y enjuiciar la contribucin que aporta
ron a las culturas de los pases donde habitaron. Aun
as, querramos esbozar algunas caractersticas genera
les de esta gente extraordinaria que, en tantos aspectos,
puede considerarse los precursores de los judos de
nuestros das. Los tipos de existencia marrnica fueron
diversos, pero podemos establecer cierta clasificacin:
48


Marranos peninsulares
En el ltimo decenio del siglo XIV los marranos co
mienzan a practicar su criptojudasmo en la propia Es
paa. En las Baleares se escribe un pintoresco captulo,
con trasfondo de tragedia 39. Es lgico suponer que exis
tan marranos en todos aquellos lugares en que la In
quisicin descubre trazas de judaismo y encausa a los
culpables. Como muestran las historias que ya se han
escrito de los marranos en Mallorca, la conversin del
judo balear dio lugar a un nuevo tipo de catlico. Por
habrseles impuesto un bloqueo racial, los nefitos de
las islas pudieron mantener la pureza de sangre, sin
mezcla de sangre local. A fin de protegerse contra un
ambiente hostil, los chuetas, esto es, los catlicos de
origen judo, comenzaron a dar muestra de un exceso
de celo religioso que si bien no lleg a vencer la re
serva social que se les impuso, logr al menos darles
el derecho a permanecer en la isla de Mallorca.
Muchos marranos huyeron de Espaa a las islas
Canarias para liberarse del peligroso ambiente de la
Pennsula. Los archivos del Santo Oficio revelan que
fueron muchsimos los cristianos nuevos que se trasla
daron a aquellas partes del territorio espaol que esta
ban libres de la constante presin social que se ejerca
sobre los marranos.
Las investigaciones de distinguidos especialistas, Kay-
serling entre ellos, nos permiten afirmar hoy que los
marranos de Aragn y Andaluca contribuyeron de mo
do muy directo a la empresa del descubrimiento de
Amrica40. Fueron muchos los marranos que, pese a
las leyes del siglo XVI que restringan la emigracin de
marranos a las Indias y a Tierra Firme, lograron esta
blecerse en Mjico y Per41. Y, una vez ms, el Tribunal
del Santo Oficio, a cuya ubicua vigilancia poco escapa
ba, fue forzando a los marranos a abandonar el culto
clandestino.
BENARDETE.\
49


En una historia general de los marranos, correspon
de un segundo captulo al marrano luso <2. Como se ha
apuntado ms arriba, Portugal pas a ser no solo un
remanso donde se concentraban los marranos que haban
de nutrir los ncleos que se haban venido formando
en todo el mundo durante ms de dos siglos, sino que,
con sus posesiones transocenicas, Portugal ha sido mo
rada tradicional de marranos hasta nuestros das43.
Son, sin embargo, las vicisitudes del marrano en tie
rras no hispnicas las que ofrecen el mximo inters
al estudioso. En este terreno cabe distinguir tres fases.
Durante decenios los pequeos ncleos en tierras cat
licas, como Flandes, Francia e Italia, constituyeron lo
que se ha dado en llamar en el extranjero la nacin
portuguesa M. En ciudades como Burdeos y Bayona, los
marranos, por guardar las apariencias, bautizaron a sus
hijos y enterraron a sus muertos segn el rito catlico.
Ante tan extrao proceder, las autoridades eclesisticas
no tardaron en mostrar una actitud ms benigna, per
donando a aquellas gentes que parecan respetuosas de
la ley y ciudadanos de pro en todos los dems aspectos.
Esa tolerancia hacia el criptojudasmo se prolong en
esas comunidades durante muchos aos y hacia princi
pios del siglo XVIII se lleg a permitir el culto pblico
del judaismo a los marranos del mediodia occidental
de Francia.
A mediados del xvi aparece en Ferrara otro tipo de
comunidad marrana que haba de ser precursora de
otras comunidades que aparecieron ms tarde en Italia
y en otros pases. Los prncipes italianos de ciudades
como Ferrara, Liorna y Venecia, confrontados con el
judaismo de esos llamados cristianos nuevos, tuvieron
que admitirlo como hecho consumado. La profundidad
espiritual y cultural de estos judos peninsulares, que
haban pasado dos o tres generaciones enfrascados en
la fe catlica, adquiri un carcter tan netamente eu
ropeo y estaba tan al tanto de los tiempos, que se les
fueron abriendo las puertas a la vida civil con una li-
50


bertad desconocida hasta entonces. En Ferrara es donde
mejor se acusa la configuracin de una comunidad ma
rrana. La clebre Biblia de Ferrara se public en ca
racteres latinos, mientras que el Pentateuco apareci
en Constantinopla en versin trilinge, en hebreo, grie
go y espaol, en columnas paralelas y en transliteracin
hebrea. Fue tambin en Ferrara donde Usque (familia
oriunda de Huesca) public en el portugus clsico del XVI
sus lamentaciones y apologtica del judaismo peninsu
lar tituladas CoTisolaqam as tribulaqoens de Israel. Dis-
tnguense entre las caractersticas ms sealadas de este
nuevo tipo de comunidad juda la organizacin comu
nal, el empleo del espaol y del portugus en sus prc
ticas cotidianas y religiosas, as como en sus obras re
ligiosas, y la inspiracin de sus obras originales en los
modos literarios de la pennsula.
Cuando en el siglo xvii Italia pierde la hegemona
comercial, y aun antes, las comunidades de origen marra
no comienzan a diseminarse por Holanda, Hamburgo,
Londres y el Nuevo Mundo. ¡Qu narracin tan curios
sima podra haberse escrito sobre los ncleos judos en
Surinam, Curasao, Jamaica, Barbados, Nueva Amster-
dam, Newport e incluso Santo Toms, en las islas Vr
genes, a la sazn parte de las Antillas danesas!
Un signo exterior comn a todas las comunidades marranas
era el cultivo de la literatura espaola y de la portuguesa,
editada no en caracteres hebreos, como hacan los sefardes
orientales, sino de manera que podan comprender fcilmente
todos los emigrantes que llegaban.
Al leer las obras de Mennasseh ben Israel, Immanuel
Aboab, Isaac Cardozo, los apologistas del judaismo, es
critas en un castellano pursimo que nada tiene que en
vidiar al mejor que se escriba a la sazn en Espaa, o
al leer las parfrasis de los salmos, o los poemas de
toda ndole escritos por Enrquez Gmez o Daniel de
Barrios, nos asiste ms y ms la conviccin de que, des
de un punto de vista lingstico, esos judos represen-
51


tan de modo ntimo la cultura peninsular de los dos si
glos que siguieron a su expulsin. Como habran d
hacer ms tarde las vctimas de la Alemania nazi, los
marranos crearon academias literarias bajo el mecenaz
go de personas que, como Belmonte, habran logrado
acceso a la jerarqua aristocrtica de Europa. No era un
dialecto lo que hablaban, sino el lenguaje culto que se
hablaba en las altas clases sociales de Espaa y Portu
gal, en sus universidades, en la iglesia, en la escena, en
sus clases militares. Un gran nmero de marranos ha
ba cursado estudios universitarios antes de revertir
al judaismo, a edad avanzada casi siempre. Entre ellos
abundaban los mdicos, juristas, astrnomos, drama
turgos, poetas, filsofos, telogos, rabinos, prncipes mer
caderes, oficiales del ejrcito y miembros de tantas otras
profesiones. Las profundas transformaciones sociales re
gistradas en los ltimos tiempos en todas partes del mun
do han hecho imprescindible la investigacin en la es
tructura de la sociedad, y han dado como resultado
patente la nocin de que la sociedad se compone de
masas y de clases dirigentes. Al analizar las comunida
des marranas, nos sorprende descubrir que existan cla
ses dirigentes sin tener masas que dirigir. Ello tal vez
sea una de las causas de su desaparicin, ya que, al
carecer de masas, falt a esas comunidades la fuerza
centrpeta que sustenta a las minoras.
Los marranos tuvieron que hacer grandes sacrifi
cios para conservar la libertad de practicar la religin
de sus mayores sin impedimentos ni ocultaciones. Para
muchos, el retorno a la fe mosaica constituy una fuente
de satisfaccin y un refugio una vez liberados de los
lazos de una religin que nunca llegaron a asimilar. Por
mucho que se trate de negarlo, es evidente que el ca
tolicismo es ms que una mera religin. Al igual que el
judaismo, es una forma de vida que no deja espacio al
guno para otros conceptos. A los judos les doli pro
fundamente tener que modificar su Weltanschauung, pero
el catolicismo tiene maneras sorprendentes d arraigarse.
52


Logr transformar a muchos marranos hasta tal punto
que a muchos que emigraron les pareci el judaismo algo
plido e insulso. Nada tiene de extraar que tantos de
cidieran volver a la pennsula o permanecer en su fe
catlica. Y aun para quienes encontraran difcil acep
tar el simbolismo y el misterio del catolicismo, el pro
testantismo se les ofreci lo suficientemente prximo a
la tradicin hebraica para abrazar sin demasiados re
paros esta nueva forma de cristianismo.
La tragedia del marrano que se vio vctima de las
dos encontradas tendencias espirituales queda ilustrada
en la historia con la trgica vida de Uriel da Costa4S.
Huy Uriel de Portugal por haber prestado odo a la
misteriosa llamada de sus antepasados. Interpret el
catolicismo en forma tan pervertida que le hizo buscar
en la alucinacin la religin de la Biblia. Mucho le sor-
pendi comprobar que el judaismo se apartaba con mu
cho de la religin que haba concebido en sus sueos.
Le roa el corazn el virus del modernismo, y ello hizo
olvidar que la religin obliga- al hombre en todas las
fases y actividades de su vida. Su satnico sentido de la
libertad, de un lado, y su insaciable sed de espiritualidad,
de otro, le llevaron a rebelarse contra las normas mora
les de la sinagoga. Tras ser anatematizado, volvi a so
meterse a la disciplina de la sinagoga con tal violencia
a su orgullo que, presa de la desesperacin y de la hu
millacin, termin poniendo fin a su vida.
Al caso de Baruj de Spinoza le falta la punzante
tragedia de Uriel da Costa. Sus escrpulos le llevaron
a abstenerse de reconocer los dogmas de las religiones
que a la sazn se debatan en cruel contienda en Ho
landa. Por haberse mantenido al margen de la diatriba,
por su modo de vivir asctico y por su sentido de la
independencia, pudo crear uno de los sistemas filos
ficos inmortales de la Europa occidental. El alma tortu
rada de Uriel da Costa y la serenidad olmpica de
Baruj de Spinoza abren las puertas de nuestra era mo
derna. Formada en el Renacimiento, vino a disolverse
53


en el romanticismo y, con ello, la promesa de una nueva
aurora an muy distante y que hoy apenas podemos
vislumbrar.
No hace mucho tiempo, los filsofos y los estudiosos
consideraban que Spinoza era el punto de partida del
pensamiento moderno. La obra del profesor Harry Wolf-
son, The Philosophy of Spinoza (Cambridge, Harvard
University Press, 1934) ha venido a disipar toda duda
respecto de la relacin de la filosofa juda medieval y
las contribuciones cartesianas. Por lo que a este estudio
se refiere, baste sealar que lo ms excelso del pen
samiento judeohispnico ha quedado incorporado en las
meditaciones de la metafsica moderna. Esa sntesis de
medievalismo y de modernidad que se atisba en Spinoza
constituye el punto culminante de la contribucin marra
na a la civilizacin europea.
EL OCASO DEL SEFARDISMO OCCIDENTAL
En el transcurso del presente resumen sinttico de
la historia del sefardismo, nos hemos referido ms de
una vez al hidalguismo de los marranos que volvieron
al judaismo en los pases a ambos lados del Atlntico.
Daremos a continuacin algunos ejemplos del modo en que
se manifest ese hidalguismo, y trazaremos algunos ras
gos complementarios que perfilaron este bosquejo del hi
dalgo judo.
Los eruditos sefardes como Michel Molho e I. S. Em-
manuel46 han estudiado las estelas funerarias de los ju
dos de Salnica y nos dicen que, en su mayora, las
inscripciones en las tumbas estn en hebreo y, casi siem
pre, sin ornamentacin alguna. Por el contrario, los ce
menterios marranos permiten vislumbrar la vanidad del
hidalgo en todo su esplendor y mezquindad:
Sobre las estelas funerarias del Lido comenzaron a apare
cer las armas de los hidalgos de la Pennsula, y el hebreo se
hace cada vez ms excepcional.
54


El mismo autor ofrece esta impresin del cementerio de
Liorna:
Muchas tienen escudos de armas coronados de yelmos de
caballero... La del famoso rabino Isaac Ergas se adorna igual
mente con esta distincin, si bien le acompaa una inscripcin
toda ella escrita en hebreo. Lo cual apoya la hiptesis de que
tambin era de origen marrano.
Este hidalguismo que de modo tan pattico se manifies
ta en la ostentacin mostrada en la casa de la vida,
denominacin hebrea del cementerio, produjo tal impre
sin que los judos germnicos que estuvieron en contacto
con sus hermanos hispnicos les imitaron, como en tan
tas otras cosas, en esta su vanidad.
Del mismo modo, es curioso que familias de origen germ
nico reciente e innegable como la familia Worms, han sufrido
la influencia de su ambiente hasta tal punto que las inscrip
ciones funerarias estn escritas en espaol.
Algunos de sus tipos han quedado inmortalizados en
los lienzos de pintores que, como Rembrandt, llegaron a
conocer ntimamente a estos marranos. A fin de dar
una idea acertada de su gran consecucin, debiramos
ofrecer una galera completa de estos hombres y mujeres
excepcionales. Baste rememorar la descripcin de un se
fard en las colonias inglesas del siglo XVIII en el conti
nente americano, escrita por Ezra Stiles, presidente de
la Universidad de Yale:
El 28 de mayo muri ese amable, benvolo, muy hospita
lario y muy respetable gentilhombre Sr. Jaron Lpez, Merca
der, que se retir de Newport Rhode Island en esos Tiempos
residi en Leicester en Massachusetts de 1775 hasta su muer
te. Era de Nacin Judo, vino de Espaa o de Portugal ha
cia 1754 y se afinc en Rhode Island. Fue Mercader de Pre
eminencia; en Honor y Amplitud de Comercio no ha sido tal
vez superado por ningn Mercader en Amrica. Haca Nego
cio con la mayor Soltura y Claridad, mostrando siempre una
Afabilidad de Porte, una calma Urbanidad, una agradable y
55


sincera Cortesa de modales. Sin un solo Enemigo y ms uni
versalmente amado por tantos nunca he conocido. Su Benefi
cencia para con su Familia y su Nacin, y para con todo el
mundo no tiene casi Paralelo. Fue l mi Amigo ntimo y Com
paero. ¡Oh! ¡Cun a menudo he deseado que una mente
tan sincera, pa y cndida hubiera podido percibir la Evidencia
del Xtianismo, la Verdad tal que reside en Jesucristo, que
hubiera sabido que Jess era el Mesas predicto de Moiss y de
los Profetas! Los amables y excelentes Caracteres de un Lpez,
de un Menasseh ben Israel, de un Scrates, y de un Gangenelli,
casi nos persuadiran de esperar que su Excelencia haba sido
infusa del Cielo, y que los virtuosos y los buenos de todas
las Naciones y religiones, a pesar de sus Ilusiones, sean reuni
dos en el Paraso en el Sistema Xtiano, encontrando Gracia
1 con el todo benevolente y adorable Emmanuel, que con su
alienta final y en sus ms profundas agonas or por aquellos
que no saban lo que hacan47.
Se desprende del diario de Ezra Stiles que, a pesar
de la benevolencia que para un amigo difunto se reserva,
un- hombre como Aarn Lpez no es, en la Nueva Ingla
terra de su tiempo, un extrao en medio de los gentiles.
Y nadie puede negar que esa Afabilidad de Porte, esa
calma Urbanidad, esa agradable y sincera Cortesa de
modales, no podan tener sus races ms que en la Pen
nsula. Este sello indeleble de una educacin aristocr
tica es uno de los tesoros que los marranos heredaron de
Espaa. Ningn ejemplo ilustra mejor el ideal del marrano
que Aarn Lpez, en cuyo nombre se conjugan con toda
armona lo hebraico y lo hispnico.
A este ejemplo podran sumarse millares. Todos ellos
muestran el modo en que el tipo de hidalgo lleg a ser
fruto de sefardismo marrano. De igual modo, se conju
garon en el judo las virtudes y lo negativo de esa natu
raleza. La prosperidad despert en el judo un desdn por
el trabajo y, de creer al erudito holands Van Praag, los
varones de numerosas familias sefardes en Holanda ob
servaron una rigurosa tradicin de ocio total. El orgullo
de su alcurnia les llev al extremo de negarse a mezclarse
en matrimonio con judos askenases. El egosmo y la in
decisin arrastraron a muchos de ellos a crear un coto
56


cerrado dentro de cada familia que, con el transcurso
del tiempo, se tradujo en una degeneracin de la raza
que, a su vez, dio al mundo algunos ejemplares de du
dosa presencia. La obsesin por mantener el caudaloso
peculio dentro de la familia se reflej en una frecuente
endogamia, que redund en perjuicio de la vitalidad de
la raza. A estos factores se unieron otros que contribu
yeron a la decadencia del sefardismo. La influencia de
lo cristiano, las decepciones derivadas de la erupcin del
mesianismo del XVII de una parte, y las tentaciones mo
netarias, sociales e intelectuales a abandonar el judaismo,
de otra, fueron minando los slidos cimientos del edifi
cio sefard y aceleraron su colapso. A estas causas pue
den aadirse otras dos que explican la decadencia y la
casi desaparicin del sefardismo marrano. Durante ge
neraciones, los marranos mantuvieron una sociedad pan-
hispnica por medio de los diversos centros por ellos
creados y que sirvieron de lazo de unin entre las di
versas comunidades y la Pennsula, preservando as un
ntimo y constante contacto que dio cohesin a su cul
tura. Un abnegado sentido de martirio y un espritu de
aventura les impuls a conservar toda clase de relaciones
con Espaa, aun a riesgo de su vida y hacienda, y ello
fue una fuerza considerable que ciment su unidad. La
decadencia de la cultura y del comercio espaoles y la
hegemona de los antiguos enemigos de Espaa y de Por
tugal indujeron a los marranos a desechar lo viejo por
lo nuevo. Al reconocerles una mayor participacin en la
vida poltica de los pases en que residanfruto de la
Revolucin francesa, se fueron debilitando los lazos
que les unan a las tradiciones hispnicas. A su vez, los
nuevos dioses del nacionalismo exigieron su homenaje en
Francia, Holanda, Inglaterra, Alemania, Italia y los Es
tados Unidos. Ms an: el uso de los idiomas locales fue
debilitando su arraigo al espaol. Al renunciar al espa
ol y al portugus en la sinagoga y en el hogar, se fue
desvaneciendo el sentido de comunidad sefard, sin que
el sefardismo hispanolevantino y el hispanoafricano acu-
57


dieran en ayuda del occidental. El sentido medieval del
judaismo y las masas, que fueron elementos vitales de lo
marrano, eran algo que una vez perdido era imposible
recuperar, tanto ms cuanto que faltaba el deseo de
recobrarlo.
Y si por una parte las incontables dificultades inhe
rentes a una peticin de socorro a sus hermanos sefardes
les hizo desistir de tal ayuda, tampoco se dejaron rege
nerar por las oleadas de millares y millones de askena-
ses que llegaron a establecerse en esos pases. En el mun
do occidental, los sefardes se convirtieron en una pau
prrima minora. Nada habra podido impedir que estos
reductos quedaran anegados por las nuevas inundacio
nes, pero sera una grave injusticia histrica olvidar que
si sus hermanos germnicos y eslavos pudieron encontrar
nuevas patrias en la Europa occidental, se debi a la
labor precursora de los sefardes, ya que fueron ellos
quienes sembraron las semillas que haban de dar el
fruto de que gozaran los nuevos judios del Occidente.
Occidente.


IV
SEPHARAD HA-GUEDOLA
LOS SEFARDIES EN EL CERCANO ORIENTE
C IN nimo de ahondar por el momento en las razo-
nes y maniobras diplomticas49 que culminaron en
en la expulsin de los judos en ese ao, memorable en
tre los memorables, de la historia de la era moderna,
queremos reconstituir los movimientos migratorios por
los que los sefardes50 abandonaron la Pennsula en di
versas ocasiones antes y despus de 1492. Durante el
perodo visigtico, fueron muchos los judos que aban
donaron Espaa a causa de una adversa legislacin. En
el siglo XII, la amenaza de los almohades que cruzaron
el Estrecho provoc el xodo de israelitas ms impor
tante de la Espaa musulmana. Tras vagar de una ciu
dad a otra de la Espaa cristiana, familias como la de
59


Moiss ben Maimn dieron con sus huesos en las ciu
dades de Marruecos, como Fez, donde el ambiente tam
bin se les hizo hostil. En el captulo anterior hemos ana
lizado con cierto detalle la creacin de comunidades se
fardes a raz de los disturbios religiosos y de las con
versiones de 1391. Pero la fecha crtica de toda la
historia moderna de los judos, y quiz de toda la his
toria de Espaa, fue la de la expulsin de los judos
sefardes de la tierra donde haban vivido durante ms
de mil aos. Ha habido historiadores que han comparado
este xodo al que, en diferentes pocas, sufrieron los ju
dos a raz de la conquista de Palestina por los babilo
nios y por los romanos. Y la dispersin de lo.-, judos
espaoles vino a ejercer una gran influencia en las vidas
tanto de quienes hubieron de partir hacia el destierro
como de aquellos en cuyas tierras haban de afin
carse.
Limitmonos a esbozar las caractersticas de las colonias
y comunidades que llegaron a crear en todo el mundo.
La bsqueda de nuevos lugares donde vivir no fue tarea
breve ni fcil. Pese a lo que se pueda creer, lo cierto es
que los judos no salieron de Espaa en aquel ao fat
dico. Antes de renunciar a la tierra de la que tantos re
cuerdos de felicidad y de angustia guardaban, los sefar
des recurrieron a muchos y muy tortuosos planes para
evitar la emigracin. Dado que la evacuacin nunca lleg
a ser total, se impone una aclaracin respecto a la dis
persin de los judos a partir de 1492. Las profundas
races econmicas, sociales, intelectuales y sentimentales
que los judos haban echado en Espaa obligaron a
una gran parte de ellos a cumplir la condicin sine qua
non para quedarse en el pas, esto es, aceptar la conver
sin. A esos elementos marranos vinieron a unirse nue
vos contingentes de ltima hora. En un principio, pa
reca que los lugares ms favorables seran Navarra y
Portugal, pero no tardaran en ser expulsados o forzados
a aceptar la fe cristiana. Unas dos mil familias recibieron
el privilegio de establecerse en Portugal y unos cien mil
60


judos ms s trasladaron a ese pas con la esperanza de
que tambin se les permitira quedarse. Sin embargo, no
tardaron en imponerse consideraciones de orden dins
tico, poltico, econmico y religioso que obligaron a los
judos a aceptar la fe cristiana, sin que se les permitiera,
cmo Castilla haba hecho, elegir entre convertirse al ca
tolicismo y quedarse en el pas o negarse a abdicar de
su fe y abandonar la tierra. Si bien el marranismo no
comenz a tomar forma en el siglo XV, como en Castilla,
el criptojudasmo, en cambio, no tard en cobrar auge.
Y al liberalizarse las restricciones de la emigracin, Por
tugal se convirti en el punto de partida de las migra
ciones judas y en el remanso donde los marranos pau
saban, antes de partir a crear las comunidades del si
glo XVI, cuyos cimientos ya haban sentado en Africa y en
Oriente, una o dos generaciones antes, los judos castella
nos y aragoneses.
Como se ver ms adelante, los judos que abandona
ron Espaa en 1492 y Portugal antes y despus de 1506
constituyen, en su mayora, lo que podramos llamar el
judo medieval. Forman lo que podramos llamar el cuer
po de las masas judas. Desde el momento de partir, su
decisin de exiliarse les oblig a adherirse a la comuni
dad mosaica. Abandonaron Espaa de motu proprio por
que deseaban seguir siendo judos y Espaa no les quera
como tales y, como es lgico, se acogieron a la autoridad
de los jefes espirituales del judaismo espaol.
Al fracasar en su tentativa de que se rescindiera el edic
to de expulsin, los rabinos dijeron a sus congregaciones:
Sea lo que fuere lo que el destino nos deparare, sepamos
sobreponemos a cualquier calamidad con el valor y la ente
reza que nuestra nacin y nuestra religin nos exige... Si nos
i espetan la vida, vivamos; si se nos priva de ella, muramos;
pero nunca quebrantemos nuestra sacra ley, la plenitud de
nuestros afectos ni la sabidura de nuestro consejo. Antes de
llegar a eso, es preferible abandonar nuestras comunidades y
buscar nuestros hogares en tierras extraas51.


Se ha subrayado deliberadamente las palabras, nacin,
religin y sacra ley, porque queremos dejar bien sentado
que desde un principio el judo medieval abandon Es
paa eon el propsito de volver a crear comunidades
dedicadas a la tradicin mosaica. No tardaron en engro
sar los ncleos que otros judos haban ya creado en tie
rras extraas. El propio impulso que les hizo abandonar
el solar de sus mayores les inspir en la constitucin de
teocracias judas medievales semejantes a las que durante
siglos haban tenido en Espaa. Empero, al faltarles el
elemento revitalizador y absorbente de una cultura ajena a
sus tradiciones, esas teocracias fundadas en las ciudades
del Levante alcanzaron, para grandeza y miseria del ju
daismo sefard, un raro tipo de perfeccin. Es este un
punto en el que vale la pena detenerse, por no carecer
de importancia. Por vivir en Espaa, la cultura de esta
no fue del todo ajena al vivir judo, hasta el punto de
hacer de este una parte activa y pasiva de la inmensa
riqueza que esa cultura ofreca.
Desde 1391, Africa contaba con comunidades tpica
mente judas. Con la derrota de Boabdil, los judos de
habla rabe que vivan en Granada fueron los primeros
en emigrar en grandes masas para establecerse en Tnez,
Argel y otros muchos puntos allende el estrecho de Gi-
braltar. Por ser inciertas las condiciones polticas en Ita
lia, no duraron all mucho los grandes contingentes que
buscaron primero refugio en Npoles, Genova y Roma,
mientras que, por ser Sicilia posesin espaola, tambin se
vieron obligados a emigrar los muchos judos que all
vivan. Fue Turqua el pas que, tras arrasar Bizancio
en el siglo XV, abri sus puertas a la inmigracin para
colonizar las devastadas regiones de Macedonia, Tracia
y los territorios circundantes de Constantinopla, como la
pennsula de Gallpoli, Adrianpolis, Rodasto, etc. Al
vencer el primer decenio del XVI, los judos procedentes
de Espaa, Provenza, Sicilia e Italia ya haban coloni
zado diversas zonas del Imperio turco.
Si hasta ahora pareca perdida en la bruma de los
62


tiempos la gnesis de las comunidades sefardes en el Le
vante. poseemos, en cambio, una imagen perfectamente
definida de la comunidad sefard por excelencia, Salnica.
Una y otra vez revertiremos a Salnica porque su historia
est siendo escrita gracias a los instrumentos de la in
vestigacin histrica moderna.
Creemos que este es lugar ms apropiado para exami
nar el legado que los sefardes llevaron consigo al aban
donar la Pennsula. Lo que nos interesa en esta coyun
tura es el judo medieval acuciado por las primicias de
la cultura renacentista. Es evidente que, entre los aspectos
ms sobresalientes dignos de estudio, figuran su origen,
idioma, carcter, preparacin, y su configuracin religiosa
y cultural.
Leamos a Isidore Epstein:
En la Pennsula, los judos y los cristianos haban vivido
en un ambiente de armona y amistad desconocido en el resto
de Europa; por considerarlos extranjeros, fueron objeto del
trato reservado a tales, sin perjuicio de que, en muchos aspec
tos, fueran tratados en pie de igualdad con los cristianos.
Reyes y nobles les dispensaban favor y, con frecuencia, privi
legios e inmunidades que les protegan contra injusta violencia
y opresin arbitraria. Formaban imperium in imperio. Dentro
del recinto de su aljama, ellos administraban su propia vida
privada y comunal. Por aquel entonces, eran ms numerosos
en Espaa que en ninguna otra parte de Europa. Vivan en
ciudades, casi siempre en las grandes ciudades, y se dedicaban
a toda clase de oficios, y a operaciones de prstamo e hipo
teca, lo que permiti a muchos adquirir grandes fortunas e
influencia, y poseer grandes extensiones de tierra52.
Habla el rab Epstein del mundo hispanojudo del
cuatrocientos, pero lo mismo podra decirse del judo es
paol hasta el momento de la expulsin, a pesar de la
guerra civil del siglo XV y la difusin del criptojudasmo.
En el curso del siglo siguiente, el proceso de hispaniza-
cin se aceler hasta tal punto que en todo el mbito de
la Peninsula no habia aldea, villa o ciudad donde no
hubiera judos en mayor o menor cantidad. Muchos es
critores judos vieron su primera luz en localidades como:
63


Alba de Tormes
Gerona
Monzn
Alcal de Henares
Granada
Murcia
Alcolea
Guadalajara
Ocaa
Almazn
Illescas
Pamplona
Arvalo
Jan
Peafil
Avila
Len
Ronda
Baena
Lrida
Sevilla
Barcelona
Lorca
Soria
Bjar
Lucena
Tarragona
Briviesca
Lunel
Toledo
Burgos
Mlaga
Tolos
Calahorra
Maqueda
Tordesillas
Calatayud
Medinaceli
Tudela
Coimbra
Medina del Campo
Ucls
Crdoba
Monreal
Valencia
Daroca
Montalbn
Valladolid
Denia
Montilla
Zaragoza S3.
Al hallarse en tierra extranjera, la
nostalgia avr
amor por los nombres de la Pennsula hasta el punto de
usarlos en la denominacin de sus sinagogas y comuni
dades. Hubo un tiempo en que Salnica se enorgulleca
de ms de treinta sinagogas llamadas Castilla, Aragn,
Portugal, Catalua, Evora, Lisboa, etc. Y las familias co
mo los Njera, Toledano, Alcalai, Sevilla, Lorca, Mallor
ca, Burgos, Carmona, Len, Medina del Campo, Tudela,
etctera, revelan el origen peninsular de las mismas.
Pero el elemento que sirve de lazo de unin y que da
carcter a un pueblo es el idioma. A su vez, el idioma
refleja admirablemente los rasgos dominantes del pueblo
que lo emplea. Cuando nos ocupamos de los sefardes,
vemos que el tesoro ms preciado que llevaron con ellos
al exilio fueron los dos o tres idiomas de la Pennsula,
as como algunos de sus dialectos. Vemos que tanto entre
los judos medievales como entre los del Renacimiento,
al encontrarse en tierras extraas, prevaleci de modo ab
soluto en menos de cincuenta aos la modalidad castella
na de los idiomas romances espaoles.
Hasta ahora, nadie entre los entendidos se ha tomado
la molestia de analizar en detalle las caractersticas pecu
liares del espaol que hablaban los judos antes de 1492.
64


Incluso un escritor de la agudeza de Joseph Nehama es
tima que el espaol de Salnica del siglo XVI se haba con
servado bastante puro y sin elementos extraos, opinin
quiz basada en el hecho de que Almosnino, por ejem
plo, escriba en un espaol impecable, o de que en ese
siglo vivieran en el Levante algunos marranos con forma
cin universitaria. Se ha llegado a deducir de esos he
chos, con cierta ingenuidad, que en esa poca se hablaba
en Salnica un espaol de la misma categora que la del
que imperaba en los crculos cultos de la Pennsula. Fcil
confusin debida a que no se ha trazado la debida dife
rencia entre el marrano y el judo medieval. Si nos dej
semos llevar de la teora de Nehama y de otros, nos vera
mos en la imposibilidad de comprender la razn por la
cual el espaol levantino lleg a enquistarse de tal
modo 5L..
Debe tenerse muy presente que los judos de la Penn
sula no constituan un pueblo hispanizado, ni heredaron
de la noche a la maana el legado de lo romnico. Si
bien es cierto que la mayora de los judos vivieron bajo
el signo de Islam desde la conquista de los rabes, no
debe olvidarse que ya en los siglos IX y X haba en Len
comunidades judas, menguadas de nmero y hacien
da 5S. Con la Reconquista, muchas de las comunidades
que haban medrado entre los rabes pasaron a depen
der del mundo cristiano. El punto de partida hacia la
gran hispanizacin del judo espaol es la conquista
de Toledo por los castellanos y leoneses en 1086. El
que Yehud ha-Lev escriba en rabe y en hebreo en
el siglo XI y a principios del XII muestra la lentitud
con que ios judos asimilan el tosco y desgarbado len
guaje que les ofrecen sus nuevos seores56. Tambin
es curioso notar el simbolismo que se desprende de la
presencia de judos, moros y cristianos en el primer
monumento literario de la lengua castellana, el Poema
de Mo Cid57. Y cuando se bautiza Pedro Alfonso, au
tor de la Disciplina Clericalis, el rey Alfonso I de Ara
gn es su padrino.
BENARDETE.5
65


A mediados del siglo XIII, los cristianos estn en poder
de toda Espaa, salvo una reducida regin en torno a
Granada. Como ya se ha hecho notar, al iniciar los al
mohades su persecucin de judos en el siglo XII, mu
chos judos andaluces se acogieron al asilo de los rei
nos de Castilla, Portugal y Aragn. Al llegar el siglo XIV,
la latinizacin de los judios es tal que, en sus lecturas
de las Escrituras en el hogar y en la sinagoga, tienen
que recurrir a traducciones al castellano, el cataln 58, y
quiz a otros dialectos, como el aragons.
En el siglo XIV, en varias partes de Espaa, al llegar el
Purim, y para dar placer a las mujeres, el Libro de Ester se
lee en una traduccin castellana. Cuando a mediados de este
siglo el purista Isaac ben Sheshit es nombrado rabino de la
congregacin de Zaragoza, le escandaliza hallar esa costumbre
entre sus miembros. Con la ayuda de Nissim Gerundi empren
de la supresin de una costumbre que, gracias a la compla
cencia de los rabinos locales, ha venido practicndose durante
un tercio de siglo5!>.
La creciente participacin de los sefardes en empre
sas literarias revela de modo indiscutible la progresiva
hispanizacin de los judos peninsulares. Se les puede
hallar en nutridos grupos vertiendo textos del rabe al
latn en la escuela de traductores de Toledo iniciada en el
siglo XII por el obispo don Rodrigo. En su empresa en
ciclopdica, el Rey Sabio emplea muchos judos que ya
en el siglo XIII se dedican a traducir libros del hebreo
y del rabe al castellano, lengua que el propio rey re
visa. La hispanizacin del judo culmina en el primer
triunfo literario de ese proceso, la obra del poeta Dom
Sem Tob de Carrin.
Independientemente de las actividades literarias del se
fard medieval y de su asimilacin de la cultura espaola
si era converso, entre los judos se prohij un espaol
litrgico y casero que haba de perdurar muchos siglos.
Ya se ha dejado sealado que la lengua de la Biblia de
la casa del duque de Alba es ya ms arcaica que la for
ma de expresin literaria de los contemporneos del
66


rab Moiss Arragel de Guadalajara. La Biblia qued
acabada en el primer tercio del siglo XV, pero, segn se
deduce de elementos de juicio fidedignos, ya en el si
glo XIV los judos tenan traducciones orales y quiz es
critas. El espaol que se encuentra en las antologas li
trgicas tales como el de las traducciones que abundan,
entre otros, en el Libro de Oraciones de la Congregacin
Sefard Oriental o en los libros de la Pascua, es mu
cho ms antigu que el dialecto que a la sazn se ha
blaba. En el siglo XV, tan pronto como se inicia la im
prenta en Espaa, los judos empiezan a imprimir sus
libros. Al decir del profesor Salo W. Barn, de la Uni
versidad de Columbia, cabe afirmar que antes que
se promulgara el edicto de expulsin, vieron la luz ms
de cuarenta incunables en hebreo. De creer lo que dice
un documento de la Inquisicin, hacia mil cuatrocien
tos ochenta y tantos, un maestro impresor judo, que
imprima en Castilla y venda libros en Andaluca, ha
ba sacado ya de prensa un libro de oraciones en ro
mance, o espaol, del que, por lo menos, sus hijas se
servan 60. Y conocindose como se conocen las traduc
ciones que nos han llegado, no cabe duda de que tam
bin los marranos debieron hacer suyas las versiones ar
caicas a la sazn en boga.
Ha sido rasgo tpico del judo, desde Babilonia hasta
nuestros das, transliterar en caracteres hebreos los idio
mas de los pases donde han vivido, aparte, naturalmen
te, de escribir su propia lengua en esos caracteres. Cos
tumbre esta que trascendi a las cartas, documentos,
tratados y obras literarias redactados en los idiomas de
la Pennsula61. As, pues, cuando en 1432 se redactan
en Valladolid los estatutos de las comunidades judas de
Castilla, se escriben en caracteres hebreos utilizando el
hebreo y el castellano 52.
El documento est escrito en caracteres hebreos y en len
gua en que constantemente se mezclan el hebreo y el espaol,
formando as un singular mosaico. No debe pensarse, sin em
bargo, que esa fuera la lengua que los judos espaoles uti-
67


tizaban todos los das; es indudable que en su conversacin el
hebreo abundaba mucho menos. Se trata de una especie de
lengua literaria que, por decirlo as, constituye el estilo can
cilleresco judo...63.
Como puede verse, a medida que las aljamas judas
se van incorporando gradualmente al dominio cristiano,
comienza a esbozarse entre los judos un lenguaje que
difera de modo notable del que hablaban y escriban sus
contemporneos cristianos. Siempre parece darse el caso
de que los judos adoptan como lengua materna la del
pas en que viven, pero introduciendo al mismo tiempo
una clara diferenciacin lingstica. Por ejemplo, el cas
tellano de los judos de Toledo, pongamos por caso, se
distingue claramente en entonacin, vocabulario, semn
tica y construccin del castellano que hablaban los to
ledanos gentiles. Hablamos, claro est, de los judos, y
debemos omitir necesariamente el creciente nmero de
aquellos que, por conversin, matrimonio o ntimo con
tacto con la vida secular cristiana, se haban asimilado
por completo a los modos de la sociedad castellana. Y
aun as, ¡quin sabe si los marranos no habran tarda
do varias generaciones en liberarse de los elementos lin
gsticos que les separaban de los cristianos! Segn el
profesor van Praag, los judos castellanos y portugue
ses hablan el holands con una modulacin distinta de
la prevalente en la poblacin del pas M.
Sea cual fuese el lugar donde se hablara, la gama fo
nolgica del judo era ms amplia que la del espaol. De
las regiones de habla rabe los judos trajeron a Castilla
no solo cierta modulacin de la voz, sino tambin un re
pertorio de sonidos y modos de estructurar la idea que
eran de todo punto ajenos al habla del centro y del norte
de la Pennsula. Se fueron transmitiendo las deforma
ciones y las transformaciones de sonidos y se lleg a
trasladar al castellano ciertas sutilezas y rasgos caracte
rsticos de la imaginacin rabe, dando por resultado
el que dos lenguas tan distantes entre s como son el ra
be y el castellano llegaran a convivir como idiomas de
68


uso corriente en la misma persona. Por no dilatar en ex
ceso esta disertacin, baste recordar que aun viviendo
en la Crdoba musulmana, los judos conservaron su
tradicin hebraica, que, si bien coincida en muchos as
pectos con la cultura rabe, sola sin embargo ir mucho
ms lejos. Por tanto, durante muchos decenios, el judo
toledano tena tres idiomas: el hebreo, el rabe y el caste
llano. Conservaron el rabe por muchas razones, y cuando
lleg el momento de abandonarlo, la dualidad lingstica
se dej sentir en su forma de hablar el castellano 65.
En razn del peligro que les acechaba, tuvieron que
elaborar un mecanismo defensivo que les permitiera co
municarse en secreto con sus correligionarios de modo que
el adversario no lo entendiera, recurriendo a expresiones
hebreas y rabes. Por su parte, las costumbres y prcti
cas tanto en el hogar como en la sinagoga dieron a su
modo de vida un carcter claramente distinto, que se ma
nifestaba en los gestos, en las celebraciones, en las can
ciones y en el modo de hablar. Se- cre la necesidad de
utilizar una terminologa tcnica en el idioma local para
denominar aspectos tan tpica y exclusivamente ju
dos como las estrictas normas culinarias y dietticas para
las diversas festividades, as como su nomenclatura espe
cial, los utensilios hogareos y de la sinagoga, sin olvidar
las alusiones espirituales tpicamente hebreas. Por tener la
religin un carcter notablemente conservador, se pasaron
de padres a hijos, sin alteraciones, las traducciones de las
Sagradas Escrituras y las selecciones de los grandes poetas
sefardes. Nada se hizo porque el idioma original siguiera
de cerca la evolucin del castellano. Adems, las traduc
ciones eran versiones literales del hebreo, sin procurar
aplicar la sintaxis castellana, que entonces estaba en for
macin.
El autor recuerda de su infancia dos ejemplos. Uno
es una estrofa recitada con salmodia y que procede
del famoso poema sobre la historia de Ester, en la inter
pretacin de \ehud ha-Lev:
69


Ech mano en el goral espandi
Y vido que en Adar muri
Padre de la ley,
Y no se acodr que era la hora del nacer,
Dolores de la que pare, vengan a l66.
La otra procede de la ceremonia del Seder, en la vspera
de la Pascua:
Siervos ramos a Par en Ayifto
y sacnos Adonay de all,
con poder fuerte y con brazo tendido.
Y si nos sacara, el Santo Bendicho El,
a nuestros padres de Ayifto
anda, nos y nuestros hijos,
hijos de nuestros hijos,
sujeptos ramos a Par en Ayifto
y ajila todos nos sabios,
todos nos entendidos, etc.67.
Los castellanos del siglo XV no ignoraban que los judos
hablaban un castellano pleno de carcter y casticismo.
Ms de un bromista lleg a expresar ese sentido de exo
tismo intercalando en sus propios poemas ciertas expresio
nes hebreas tpicas del vocabulario de los judos. Del fa
moso poeta del siglo, Alfonso Alvarez de Villasandino, he
aqu unos versos en los que se burla de Alfonso Ferrn-
dez Semuel, el ms donoso loco que ovo en el mundo:
Fase su testamentario
para cumplir todo aquesto
un judo de buen gesto
que llaman Jacob Cidaryo,
al qual manda ssu sudario
en seal de cedaqu
porque rreze tefyl
desque fuere en su fonsario68.
No cabe duda de que el legado cultural ms notable
que los sefardes llevaron consigo fue la lengua de Casti
lla. Sera vano repetir aqu una vez ms lo que ya se ha
dicho, a saber, que los judos de Castilla, por ejemplo,
70


tenan dos formas de utilizar el castellano: una para su
uso domstico y en la sinagoga, y otra, ms desarrollada,
para comunicarse con los gentiles en el mercado y en sus
contactos sociales. Al partir, su idioma no tena unifor
midad alguna, que, por lo dems, tampoco exista ni existe
hoy en el castellano, pese a la influencia allanadora de
los tiempos modernos. Mas, a pesar de las diferencias re
gionales, el castellano llevaba en s la potencia unificadora
suficiente para adquirir una cohesin bien marcada y un
gran poder de absorcin, debido al florecimiento literario
en la Edad Media y a su gran poder de proyeccin en el
futuro. En su Historia pontifical (1606), Gonzalo de Illes-
cas recuerda los contactos que, en sus viajes, tuvo con
los judos peninsulares:
Pasaron muchos a Constantinopla, Salnica o Tessalnica,
el Cairo, y a Berbera. Llevaron de ac nuestra lengua, y toda
va la guardan y usan della de buena gana, y es cierto que
en las ciudades de Salnica, Constantinopla, y en el Cairo y
otras ciudades de contratacin y en Venecia no compran ni
venden, ni negocian en otra lengua sino en espaol. Y yo co
noc en Venecia judos de Salnica hartos que hablaban cas
tellano, con ser bien mozos, tan bien y mejor que yo.
Es posible que los judos de Salnica con los que habl
Gonzalo de Illescas fueran de origen marrano; pero aun
que hubieran sido descendientes de judos medievales, el
que se encontraran en Venecia representaba una libera
cin del ambiente teocrtico y les permita caer ms fcil
mente bajo la influencia del castellano del siglo XVI, ms
desarrollado y de uso comn entre los marranos y los es
paoles que residan en Italia. Hasta qu punto se des
arroll el castellano de los sefardes del siglo XVI es algo
que quiz nunca llegaremos a saber con exactitud. En Ma
rruecos la lengua ha conservado una pureza aparejada a
una elasticidad que hace que los dialectos balcanizados de
los judos levantinos sean causa de sonrojo. En el Levante
se acusan dos grandes zonas lingsticas: la de la regin
de Constantinopla y la de Salnica y alrededores. Por
71


otra parte, comunidades aisladas como Monastir ofrecen
una forma lingstica mucho ms arcaica que las de Sa
lnica y Constantinopla 69.
Pasamos ahora a una nueva fase de la dispersin se
fard. Por cuanto hemos dicho ms arriba, Salnica pas
a ser el prototipo de comunidad sefard. Por su escasa po
blacin, Salnica se convirti en un refugio predilecto.
En Salnica ha habido judos desde los das de Pablo.
Al caer en poder de los turcos, la poblacin griega qued
casi totalmente aniquilada, de manera que, cuando las fa
milias errantes llegaron a Salnica en 1492, se encontra
ron con diversas comunidades de judos que hablaban
griego, yidish y hasta cataln, en razn del origen balear
de quienes lo hablaban. No tard en correrse la voz de
que Salnica era un asilo pleno de paz y atractivo 70. A
sus costas fueron llegando sucesivas oleadas de numerosos
contingentes de sefardes. De haber sido stos dados a la
aceptacin y a la conformidad, no habran tardado en aca
tar las leyes y costumbres de los judos que all residan.
Sin embargo, sus peculiaridades, su resistencia ibrica a
someterse a una disciplina estricta y su inclinacin a for
mar capillas no tardaron en manifestarse de modo tal que
pronto comenzaron a aparecer comunidades que se dis
tinguan por su separatismo y su espritu de independen
cia, en una palabra, unidades separadas y de recursos
propios.
En tomo a la sinagoga crearon sus escuelas, a veces
sus bibliotecas, y sus instituciones benficas. Baste un
ejemplo para ilustrar la tendencia ibrica a la disgre
gacin :
A pesar de haber hecho el viaje juntos, los catalanes no se
mezclaban con los aragoneses, llegando a constituir dos co
munidades bien distintas y separadas. Los aragoneses, que pro
cedan del interior de Espaa, se aferraban al pasado, a la
tradicin, celosos de su independencia, de sus fueros y prerro
gativas, y al propio tiempo desplegaban un instintivo sentido
de superioridad, un orgullo en exceso, rayano en la terquedad,
a menudo cido, fro, egosta, sombro y casi taciturno, de
modales abruptos, circunspectos en demasa, y de una honra-
72


dez elemental y meticulosa. Los aragoneses no se distinguan
por su inclinacin al trabajo y al esfuerzo; antes bien, eran
haraganes y apticos. Los catalanes, por el contrario, eran
gente de mar, avisados y giles, amigos de lo novedoso, joviales,
comunicativos, de modales refinados, de vivida inteligencia,
de gran penetracin en todo cuanto emprendan, constantes
en sus empeos, activos, exuberantes. Los judos procedentes
de Barcelona, Gerona, Tarragona y Valencia eran de gran pe
ricia en su trabajo, constantes y tenaces. Los catalanes, de las
piedras sacan panes. Y todo esto, sin perjuicio de ser, al mismo
tiempo, de gran refinamiento, cultos conversadores, hbiles
dialcticos, haciendo justicia al refrn corriente en Espaa:
El aire de Catalua agudece.
Unas pocas familias provenan de Galicia y se afincaron
entre los pobres en los cortijos contiguos en una gran fila.
Eran gente sencilla, tosca, ignorante, sufrida y austera. El
trabajar en condiciones serviles les haba hecho disciplinados
y dispuestos a acometer de grado las tareas ms arduas. Su
dialecto rural, lleno de guturales y nasales, era muy afn al
portugus. Se expresaban en voz muy alta, y les resultaba di
fcil hacerse entender de castellanos, aragoneses y catalanes.
An se usa en Salnica un dicho que refleja de muy lejos lo
difcil que fueron sus primeros tiempos para comunicarse con
los dems: Somos gallegos, non nos entendemos. No tardaron
sin embargo en asimilarse a los emigrados procedentes de Lis
boa, con quienes tenan una afinidad lingstica71.
Lo homogneo y recio de los ademanes, comportamiento
y rasgos psicolgicos del judo peninsular caus en sus
hermanos de Safed, Tetun, Sofa, Damasco, Salnica,
Adrianpolis y otras tantas ciudades, un complejo de ad
miracin, emulacin y temor. Y estas caractersticas ex
ternas eran de tal vitalidad que hacan borrar la pre
sencia evidente de elementos dispares y aun antogni-
cos en los peninsulares. Un viajero francs que los estu
di de cerca y con actitud comprensiva, deca: Tienen
tantos conflictos y cismas entre s que algunos tienen
opiniones contrarias de todos los dems 72. Su superio
ridad, tanto en lo religioso como en lo seglar, respecto
del judo africano, del mesopotmico, del bizantino y del
germnico, era tal que tard menos de dos generaciones
en imponerse a ellos con el propio peso de sus faculta-


des. Las gestiones de los sefardes encaminadas a impri
mir sus libros de oraciones tradicionales y sus cdigos
comunales provoc la primera reaccin entre los judos
nativos. Las sinagogas y comunidades que se conocan
con los nombres de Romana, Askenaz, Castilla, Catalu
a, Aragn, Italia, publicaban sus majzors o libros de
oraciones, pero fue en vano. El gran musiclogo profesor
Idelsohn ha investigado en sus mismas fuentes los choques
y los conflictos de las diversas comunidades judas que
se esforzaban por liberarse de lo sefard. En traduccin
libre, he aqu una descripcin impresionante del resultado
de ese conflicto:
De aquella lucha sali victoriosa la modalidad castellana y
fue entonces cuando se manifest la superioridad del sefard
sobre el nativo por su cultura, inteligencia y nmero, en par
ticular en las comunidades balcnicas y en las zonas norteas
del Imperio turco. En Pleven haba tres pequeas comunida
des: una sefard, una germnica y una hngara, pero las dos
ltimas fueron absorbidas por la primera, como haba ocurrido
en Nikopol, Vidin, Belgrado, etc. En 1620 haba una comu
nidad de lengua griega, una germnica y una hngara. No
tardaron todas ellas en fundirse con la sefard. En Ankara
haba una comunidad castellana y una portuguesa; en Mag
nesia, tres: Toledo, Shalom (Paz) y Lorca; en Patrs, una
griega, una siciliana, una sefard, y una polaca; en Trikala,
una griega, una sefard, una siciliana; en Orto, cuatro: Corf,
Calabria, Puglia y Sicilia; y en Lefantes, una griega, una si
ciliana y una sefard. Todas ellas fueron refundindose poco a
poco en las comunidades sefardes. En Salnica, las comunida
des de lengua griega se unieron a la sefard en 1570. Y el
mundo judo acata el rito sefard porque los sefardes consti
tuyen la mayora en este reino; su liturgia es hermosa y rica,
por lo cual todas o casi todas las dems comunidades renun
cian a su propio ritual y adoptan el sefard; la comunidad as-
kenas es la nica que se aferra a su propio ritual. (Res-
ponsa 34 de Samuel de Medina del Campo) 73.
Desde un punto de vista cultural, el triunfo lingstico
del castellano constituy el acontecimiento ms signifi
cativo que se produjo en el trasplantado mundo hisp
nico. No debe olvidarse que, a pesar de todo, la imposi-
74


cin de un rito diferente no supuso cambio en la religin
judaica. Salvo la pronunciacin, la literatura litrgica,
las costumbres del contrato matrimonial, los procedimien
tos de sacrificio en los mataderos a fin de determinar si
un animal era aceptable o no para el sacrificio, y de cier
tas estructuras administrativas comunales, la sefardizacin
del judo indgena no influy grandemente en la propia
religin que todos profesaban. Los elementos universales
del judaismo permanecieron inclumes y respetados. Pero
es al rememorar el triunfo del castellano sobre los idiomas
indgenas cuando se observan fenmenos curiosos. Por
que triunf el castellano sobre los dems dialectos penin
sulares y sobre el siciliano, el italiano, el provenzal, el
yidish, el griego, el rabe y tantos otros? El prestigio
de Castilla no era el elemento de ms influencia en aque
llas remotas comunidades. Tampoco hubo una autoridad
que impusiera una lengua por la fuerza. Y lo que es ms,
no hubo ventajas econmicas que justificaran el suceso.
El profesor Nehama ha asimilado con tal tino el espritu
y transcendencia del triunfo del castellano, explica tan
agudamente este fenmeno y con tal belleza de lenguaje,
que nos sentimos justificados en transcribir seguidamente
estos inmortales prrafos:
EL TRIUNFO DEL CASTELLANO EN SALONICA
No tardan los castellanos en dar la tnica en todo, haciendo
llegar sus costumbres y modales a toda la poblacin. Son con
mucho los ms numerosos y ejercen una considerable influen
cia en todos los aspectos de la vida en Salnica. Y es que
quin habra podido poner en duda su superioridad? Estos
altivos hidalgos dominan todas las ciencias. De generosidad
esplndida y ademanes aristocrticos, han vivido hasta hace
poco en torno a la corte y a los grandes de Espaa y han
absorbido los valores y modales de ese ambiente. Incluso se
da el caso de personas que han llevado la capa y la espada
del hidalgo o que han ocupado posiciones de altura. Han go
zado de gran prestigio y pinges ganancias. Miran al pue
blo por encima del hombro y son duchos en el arte de
75


gobernar. Imbuidos del sentido del honor propio de la aris
tocracia feudal espaola, son corteses, valerosos, celosos de la
palabra dada y perseverantes en su empeo. El contraste con
los dems es manifiesto. Los aragoneses, los catalanes, los ma
llorquines, todos, rinden pleitesa a su superioridad y se de
jan eclipsar. Los propios portugueses, en su mayora de origen
castellano, son los ltimos, a pesar de su riqueza y cultura,
en poner en tela de juicio una supremaca de la que son
parte. Los nicos en ofrecer cierta resistencia son los italia
nos, los sicilianos, los calabreses y los apulianos quienes se
esfuerzan por contrarrestar esa influencia. Se destacan los
oriundos de Otranto, que se muestran orgullosos de su linaje.
Durante mucho tiempo, se casaban solo dentro de su grupo y
seguan rigurosamente sus costumbres.
Quienes tardan ms en ceder a la influencia sefard son
los askenases. No alternan con los sefardes y no casan con
las hijas de estos, quienes, por su parte, no lo permitiran,
como si los askenases fueran de otra raza. Nunca se sien
tan juntos a la misma mesa, ni comen alimentos preparados
por el otro, por creerlos impuros y por lo tanto pecaminosa
su ingestin. Son distintos en todo, incluso en las costumbres,
las oraciones, la liturgia. El sefard mira con altivez a su di
minuto y hermano pobre del Norte; este, dado a la miseria
y a la opresin, se retrae y se humilla para evitar roces; ha
vivido siempre entre muros y tras puertas cerradas, al margen
del mundo exterior, en el ambiente, poco ameno, de la Ja-
dengasse, privado de todo contacto social con gentiles; este
judo de la Europa oriental, vctima fcil del expolio y de la
violencia, tena que vivir en mil sitios como un nmada, siem
pre dispuesto a tomar de nuevo su hatillo y su bculo y
seguir errante por el mundo.
A su vez, el askenas mira al sefard con recelo. No impugna
su superioridad pero le considera como una especie de agns
tico. No le gusta estar subyugado, y, por tanto, se irrita
y protesta sordamente. Despus de diez siglos de separacin,
estos hermanos en Israel han dejado de reconocerse mutua
mente. Al encontrarse de nuevo, se producen roces, porque,
en muchos aspectos, se consideran extraos mutuamente.
A estos elementos dispares, griegos, italianos, provenzales,
portugueses y germnicos, se impone el castellano como lengua
oficial. Entre ellos, cada grupo emplea su dialecto regional:
el judo bizantino emplea el griego; el askenas, el yidish;
los oriundos de Francia, el provenzal. Los italianos autnticos
se aferran al italiano en el hogar y en el templo, ya que leen
y escriben su lengua en textos redactados en caracteres latinos,
y su formacin intelectual es por lo comn de primer orden.
76


As, los calabreses renunciaron en 1512 al ministerio del fa
moso Rab Jacob ben Habib, fundador de su congregacin,
en favor de un predicador en lengua italiana: David Messer
Len, hijo del clebre fsico y rabino Judh Yahiel Messer
Len, de Npoles (1450-1490), filsofo aristotlico, amn de
ser uno de los latinistas ms perfectos de su tiempo.
Pero sobre estas lenguas y jergas, predomina el castellano,
que conocen la mayora de estos hombres, casi todos de gran
cultura y de grandes conocimientos humansticos.
Recurren a la lengua de Castilla en actos comunales, anun
cios, sermones, operaciones mercantiles, y para entenderse en
tre grupos de diverso origen provincial. Hasta los griegos y
los turcos de la ciudad lo aprenden y los emplean de grado
como una especie de volapuk en sus contactos con los judos.
De este rpido triunfo de su lengua, se envanecen sobre ma
nera los orgullosos castellanos. Segn ellos, qu lengua
hay ms armoniosa y noble en el mundo que la suya? La len
gua castellana goza del ms alto prestigio en Espaa, donde
legiones de escritores y eruditos la han elevado a una digni
dad literaria, gracias al mecenazgo de sus prncipes. En su
nueva dispora, el sefard la adopta, como en Salnica, al
diseminarse durante el siglo y medio por los puntos ms impor
tantes del mundo. As, han. conservado el espaol de Castilla
como reliquia de su patria perdida, en lugares como Tnez,
Niza, Amsterdam, Londres, Hamburgo, etc. 74.
Quisiramos poder vanagloriarnos de hazaas y glo
rias de nuestros antepasados ms grandes que las que real
mente lograron en los mundos de Africa y Levante.
Como lo prueba la triste historia de Tartarn de Taras
cn, se puede exagerar tanto por defecto como por ex
ceso. La contribucin del judo medieval merece his
toriarse. Como era lgico, la literatura hebrea floreci
durante todo el siglo. El sefard llevaba hasta tal punto
en su sangre la cultura espaola que lleg a traducir al
hebreo la novela a la sazn en boga Amads de Gtuda, y
la primera obra genial del castellano, La Celestina75.
Sin duda alguna, la contribucin ms duradera del ju
do ortodoxo espaol a la civilizacin occidental fue los
Dilogos de amor de Yehudh Abrabanel, libro de tal
fecundidad que, por medio de sus tres traducciones al
castellano, tuvo el honor de fertilizar los ms puros ge-
77


nios del Siglo de Oro de la literatura espaola. Abunda
la bibliografa del tema. Nos extenderamos intilmen
te sobre l si no nos limitsemos a decir que el hecho
de hallarse en Italia alent a los Abrabaneles a dar fru
tos a una cultura civil76. Era Italia tan liberal a la
sazn que los Abrabaneles pudieron llevar una vida de
gran cultura sin apartarse de la ortodoxia juda. Si los
judos de Levante hubieran hallado un ambiente propi
cio, tambin habran podido dar muestras de genio en
ms aspectos que el religioso. Hasta el momento no
ha sobrevivido ninguna obra entre los judos hispano-le-
vantinos, al menos escrita en espaol y caracteres
latinos 77.
El sefardismo ortodoxo puede estar legtimamente or
gulloso de los hechos extraordinarios de los Abrabane
les, e incluso mostrar cierta indulgencia para con el Or
gullo de una familia que pretenda descender directa
mente del rey David. Isaac Abrabanel fue un rabino de
primera categora, humanista de gran honra, amn de
diplomtico y financiero, que alternaba en las esferas
ms altas de Portugal, Espaa e Italia. Dignos de su
ilustre padre, sus dos hijos, Yehudh y Samuel hereda
ron su refinamiento y cultura. Pero lo que ms sorpren
de fue la presencia de mujeres sefardes, que lograron
igualar e incluso emular los tipos de mujeres extraordi
narias del Renacimiento.
De ms que el seor don Semuel Abravanel era dotado de
excelentes virtudes como habernos dicho, fue venturoso en tener
por compaera una de las ms nobles y generosas matronas
que hubo en Israel despus de nuestros esparzimientos; tal
era la seora doa Benvenida Abrabanela; dechado de hones
tidad, de piedad, de prudencia y valor... Mientras que estubo
en Npoles, siendo all Visrey don Pedro de Toledo, quiso
que su hija doa Leonor de Toledo, se criase debaxo de la
disciplina de la seora Benvenida, y en su casa, y despus que
cas con el Serensimo gran Duque Cosmo de Medices, y vino
a ser gran Duqueza de la Toscana, siempre en sus casas se
vala de la seora Benvenida que habitaba en Ferrara, a quien
llamaba madre y como a tal la trataba y veneraba78.
78


En los Abrabaneles, en suma, se conjugaban las m
ximas cualidades del judaismo sefard medieval y del Re
nacimiento; su cultura hebrea, su conocimiento y su
blimacin de las lenguas de Espaa, Portugal e Italia,
su xito en lo material, su pericia en diplomacia y finan
zas, la excelencia de la educacin de sus mujeres, su
devocin inquebrantable al judaismo y a sus hermanos
de fe, su dedicacin, en una palabra, a los ms altos va
lores humanos, hacen de los Abrabaneles figuras repre
sentativas de la gloria de lo sefard.
Wo itnmer eine aujbluhende Stad entstand ¡indet sich
gleich eine Judische Gemeinde 79. Los que fueron a Tur
qua no se contentaron con encontrar un lugar de asilo.
Su fino instinto comercial gui sus pasos a un pas don
de la oportunidad de prosperar era tanta como la liber
tad para practicar su religin. A mediados del siglo XVI,
cuando Turqua constitua un formidable imperio que
amenazaba la hegemona en el Mediterrneo, de Espaa,
ante todo, y de los estados italianos, visitaron el pas dos
viajeros franceses, Pierre de Belon y Nicholas de Nico-
lay, que tenan relaciones con el ministerio francs de
Estado. Acompaaron a los embajadores en Constanti-
nopla en un momento en que Francia trataba de utili
zar el Imperio otomano para contrarrestar la potencia
del Imperio espaol. Dicho sea de paso, en el siglo xvi
los nicos judos que haba en Francia era un pequeo
ncleo en Avin, amn de los cristianos nuevos, disper
sados en todo el pas. Teniendo en cuenta su falta de in
formacin directa sobre los judos, sorprende ver con
qu exactitud recogieron aquellos refinados viajeros al
gunas de las caractersticas ms destacadas de los judos
de origen hispnico que residan en el Imperio otoma
no. Cuando esos franceses visitaron el Cercano Oriente,
se haba iniciado ya la dispersin de los marranos, y
aun cuando, para el propsito de nuestra tesis, sus escri
tos sean un tanto ambiguos, no dejan de ser muy revela
dores en otros aspectos. El tema central de la atencin de
estos espas humanistas era la actividad econmica de
79


los judos de Turqua. La posicin financiera de Europa,
por ejemplo, haba comenzado a resentirse del oro y de la
plata. Y lo que se ha dado en llamar la revolucin de
los precios haba comenzado a transformar la estructura
econmica de Europa 80. Pierre Belon hizo un viaje con
la intencin expresa de visitar una mina de oro que los
sefardes estaban explotando en Siderocapsa. Al descri
bir los procedimientos de minera seguidos en esta mina,
no muy lejos de Salnica, se observa que Espaa es una
de las consideraciones principales en la mente del autor.
Francia y otros pases, entre ellos Inglaterra, se esfor
zaban por encontrar nuevas fuentes de riqueza81.
Los obreros metalrgicos que trabajan all ahora son bl
garos de nacin. Los campesinos de las aldeas circundantes
que vienen al mercado son cristianos y hablan el servio y el
griego. Por su parte, los judos son tan numerosos que, gra
cias a ellos, la lengua espaola es la de casi todos. Al hablar
entre ellos, no emplean otra82.
Ms sorprendente es lo que escribe sobre las minas en
las que no se trabaja el sbado 83. He aqu que la tradi
cin religiosa hebraica y la lengua espaola como instru
mento mercantil son las dos caractersticas fundamentales
de la explotacin sefard de las minas de Siderocapsa.
Menos comprensivo para con los judos, Nicholas de
Nicolay, seor de Arfeuil, chambeln y gegrafo en ejer
cicio del rey de Francia, nos transmite una perspectiva
un tanto deformada que, a pesar de ello, nos permite
recoger valiosa informacin:
Es tal el nmero de judos en todas las ciudades de Tur
qua y Grecia, sobre todo en Constantinopla, que es algo ma
ravilloso e increble; y es que de da en da se multiplican
de tal manera los que se dedican al comercio y al trfico de
mercanca, y de dinero y usura, e importan gnero de todas
las partes del mundo por tierra y por mar en tal grado que
cabe afirmar sin faltar al buen sentido que los judos casi
solos manejan el ms grande trfico de mercanca y de
dinero en todo el Levante. Asimismo, las tiendas y almacenes
mejor surtidos de toda clase de gnero en Constantinopla son
los de los judos.
80


Tambin se cuentan entre ellos los magnficos obreros de
todas las artes y oficios, en particular los maraes, que hace
poco fueron expulsados de Espaa y de Portugal quienes, para
gran perjuicio de la Cristiandad, han enseado a los turcos
diversos inventos, artes y artefactos de guerra, para hacer arti
llera, arcabuces, plvora, balas y otros tipos de municin;
tambin han establecido la imprenta, hasta entonces desco
nocida en aquellas tierras, con la cual publican en caracteres
legibles libros en diversas lenguas, como el griego, el latn,
el italiano, el espaol y el hebreo: igualmente tiene la ven
taja de poder hablar y comprender todos los idiomas que se
hablan en el Levante; lo cual les es de extrema utilidad para
comunicarse y traficar con otras naciones extraas, en las
cuales a veces sirven de dragomanes o intrpretes84.
A pesar de sus prejuicios, el gegrafo y chambeln
del rey de Francia estaba muy interesado, como buen
seor feudal, en la funcin econmica que desempea
ban los judos. Eran los agentes del comercio internacio
nal, los traficantes en gneros de todo origen, los media
dores entre los mercaderes locales y los viajantes extran
jeros. De otras fuentes sabemos que, como en Espaa,
los judos actuaron para el gobierno turco en calidad
de arrendadores de contribuciones y de otras transac
ciones fiscales8S. Les respaldaba el dinero, que ya era
la palanca del mundo moderno. Por sus manos pasaban
con facilidad las mercancas en que se concretaban los
valores comerciales. El dominio de las lenguas extranje
ras era, por decirlo as, el pan nuestro de cada da, por
exigirlo as el comercio internacional y lo heterogneo
de las condiciones demogrficas del Cercano Oriente. En
su calidad de diplomtico, Nicolay prest especial aten
cin a las contribuciones de la judera hispnica. La
plvora haba revolucionado el arte medieval de la gue
rra. Los marranos se llevaron el conocimiento y la peri
cia para hacer artefactos de guerra y los pusieron a la
disposicin de Turqua. Quiz se haya deformado un
tanto la importancia de esas contribuciones, pero, sin
embargo, ha sido refrendada una y otra vez por el testi
monio de numerosos viajeros. Pueden comprobarse algu-
81
BENARDETE.6


as de las observaciones de Nicholas de Nicolay. La in
troduccin de la imprenta ha sido confirmada por los
libros que nos han llegado. Judos de la Pennsula como
Guedalia, y de Italia, como los Soncinos, llevaron las
prensas a ciudades como Salnica, Constantinopla y Sa-
fed, e imprimieron libros en hebreo y espaol en carac
teres rash. Por su parte, adems de confirmar las im
presiones de su colega, Pierre Belon nos ha legado ms
detalles. Los judos tenan el monopolio de la medicina y
del comercio de las drogas. Como buenos fsicos que
eran, los judios confiaban ms en su propia experiencia
que en la teora, incluso un par de generaciones despus
de su llegada. Se daba el caso frecuente, sin embargo,
de que a Turqua llegaran mdicos formados en Sala
manca y en Coimbra. El ejemplo ms distinguido es el
de Amatus Lusitanus, alias Joao Rodrigues de Castel-
Branco, quien en el ocaso de su.vida march a Salnica,
donde muri 86. Los judos solan poseer tambin escla
vos y, a juzgar por los testimonios de los cristianos, los
trataban con consideracin y cortesa. La maldicin del
Mediterrneo era la piratera. En Venecia, Salnica y
otros centros sefardes, se haban constituido sociedades
para el rescate de los cautivos judos. El poseer esclavos
era una de las compensaciones de sufrir, a su vez, el
triste sino de ser esclavos.
Ya hemos aludido de paso a la existencia de centros
comunales creados por los sefardes en acuerdo con sus
hermanos mediterrneos. Ya se ha analizado el triunfo
de la lengua y de las costumbres de Castilla. Los viajeros
europeos nos proporcionan pruebas de la importancia
de las actividades econmicas de los judos peninsulares
y de sus hermanos sefardizados. En un siglo como el
XVI, lo elemental de los conocimientos geogrficos y
antropolgicos impeda a los diplomticos y sus auxilia
res comprender con claridad a los pueblos extraos. No
sera justo esperar que hombres como Pierre Belon y
Nicholas de Nicolay llegaran a poder describir minucio
samente la vida de los judos. Aun con la mejor volun-
82


tad del mundo, no podan dedicarse a estudiar de cerca
las comunidades judas, ya que el calidoscpico mundo
del Cercano Oriente tena otras mil facetas que distraan
su atencin. De querer trazar un cuadro aproximado de
los sefardes de este siglo transcendental, el XVI, ser
preciso recurrir a otras fuentes. Hace pocos aos, se ha
conseguido recobrar documentos diplomticos relativos a
las actividades comerciales de los judos en Blgica, Ve-
necia y Turqua. Aparte de tratados y correspondencia
de asuntos de estado, la mina ms fecunda en toda clase
de datos, detalles e ideas son las Preguntas y respuestas,
las Responsa o las Consultas de los rabinos, trminos
todos estos que se aplican por igual a los mismos dic
tmenes autorizados. Asimismo, se puede extraer precio
sa informacin respecto de la organizacin interna de
las comunidades, de las ordenanzas promulgadas por las
comunidades del Cercano Oriente, ordenanzas conocidas
con el nombre de hascamot87.
Estas fuentes documentales nos ayudan a hacernos una
idea ms completa y precisa de muchos aspectos de la
vida sefard. Dado el carcter histrico del presente estu
dio, no podemos dejar de reconocer que dentro del m
bito del Imperio turco existan y funcionaban estados
de diminutas proporciones. Moysn Almosnino llamaba
a su ciudad natal Repblica de Salonique. En su sen
tido literal estricto, repblica evoca una forma de go
bierno civil, independiente de la autoridad monrquica
o eclesistica. En ese sentido, Salnica no era una rep
blica. Un gobierno debe ser quien en ltima instancia
tome una decisin definitiva; eso es soberana. En ese
sentido, Salnica tampoco era una repblica. Mas
dejando aparte esas dos limitaciones, a saber, el
ejercicio de derechos supremos soberanos y libertad
de la autoridad real o eclesistica, Salnica era una
sociedad que haba conseguido un grado extraordinario de
homogeneidad y autonoma. Si se nos permite el neo
logismo, diramos que Salnica era una hascamotarqua
o una hascamotocracia. Podemos definir la hascamoto-
83


cracia diciendo que es una comunidad juda regida por
funcionarios, libremente elegidos, quienes administran
los asuntos de la comunidad en colaboracin con las au
toridades rabnicas. Estas ltimas gobiernan por medio
de la aplicacin del derecho judo, emanado del Talmud
y de los cdigos que proceden de la Biblia y del Talmud.
Por medio de decretos u ordenanzas, se da a la comu
nidad una estructura orgnica que abarca todo cuanto
se relacione con la sinagoga, la escuela talmdica, el
hogar y el mercado. Todos los aspectos de la vida estn
debidamente regulados. Los residuos del laissez-jaire
tienen tanto de bueno como de malo, pero ante el temor
de que nuestro mundo se caiga en pedazos, nos abste
nemos. Ello crea en nuestros das la falta de una plani
ficacin en nuestra sociedad. En los ltimos tiempos han
abundado las teoras y prcticas encaminadas a ligarnos
para formar un todo coherente, ante la conviccin de
que no se pueden separar nuestras necesidades espiri
tuales de las materiales. Independientemente de lo que
de todo ello resulte, baste sealar que, por lo que al
presente estudio se refiere, lo nico positivo es que la
hascamotocracia del siglo XVI en Salnica, fiel al mer
cantilismo propio de la poca, cre un cuerpo de dere
cho que rega las actividades industriales y comerciales
de la ciudad 88. El tejido de la lana pas a ser la indus
tria fundamental de Salnica y, a juzgar por la termi
nologa tcnica empleada, por ejemplo, telar, batanero,
tundidor, prensador, manteo, ropero 89, la industria pro
ceda de Espaa. A mediados del siglo, Salnica con
cert un acuerdo con el Gobierno turco, en virtud del
cual la ciudad pagara en gneros textiles los impuestos
colectivos. Esa disposicin, que estuvo en vigor durante
ms de dos siglos y medio, dio lugar a que prosperara
la legislacin hascamtica. El proletariado de Salnica
estaba constituido en su mayora por tejedores. La sina
goga lleg a administrar telares que producan una con
siderable cantidad de gnero todos los aos para el Go
bierno turco, el cual lo destinaba a los uniformes de los
84


jenzaros. Por su parte, la complicada industria lanera
tena entroncadas otras actividades fabriles, como la tin
tura, la sastrera, etc.
Los rabinos agudizan su ingenio para proteger el comercio
de la lana, y se valen de mil combinaciones legislativas para
realizar milagros. Multiplican las hascamot a fin de regular
todas las fases del negocio textil. No permiten que nadie les
sobrepuje en la compra de lana cruda, ponen coto a los ex
cesos de produccin, eliminan las ventas sin utilidad y de
tienen la cada de precios. Los autores y las obras de la poca
abundan en consideraciones econmicas y jurdicas emanadas
de las innumerables disposiciones tomadas para combatir los
efectos de la competencia imprudente en la fabricacin y venta
de tejidos. La jurisprudencia que forman las hascamot promul
gadas a ese fin, algunas de las cuales se remontan a los al
bores de la colonizacin sefard, es una de las jurisprudencias
ms completas y tupidas que jams haya producido la obra
rabnica en la ciudad de Salnica 90.
Las hascamot u ordenanzas relativas a la industria de
la lana o del tinte muestran con claridad la unidad que
prevaleca entre los judos del XVI en todo cuanto em
prendan. A raz de la primera guerra mundial, se pro
dujo en toda Europa y en los Estados Unidos una grave
crisis de la vivienda que nos hizo ver lo precario y lo
injusto de las condiciones de alojamiento propias de
hacinamiento y de la insolente exjrlotacin de los pro
pietarios de inmuebles. Admira ver que, desde un prin
cipio, los rabinos de Occidente se percataron de los
problemas de la vivienda. Por medio de disposiciones
rabnicas se protega al inquilino judo reconocindole
el derecho de ocupacin por contraposicin al dere
cho de posesin del propietario de la casa o de la
tienda.
Este extraordinario privilegio se conoce con el nombre
de jazakh. En Italia se tradujo este trmino por ius
casaca. Este derecho de tenencia preferencial o hazakh
era transferible, y los hijos podan recibirlo en heren
cia o como dote91. En tanto se pagara el alquiler, el
desahucio era imposible. Tan pronto como llegaron a
85


Salnica, los sefardes promulgaron y reiteraron con fre
cuencia las hascamot en materia de jazahh92. Por lo
general, se respetaban estas disposiciones, porque todos
se daban cuenta de que la legislacin rabnica sobre la
vivienda protega a todos. Las comunidades sefardes
tenan sus bet din o tribunales religiosos. Toda contro
versia o querella se dirima en el tribunal judo de jus
ticia, donde se vean los casos con carcter casi gratuito,
ya que no existan los gastos de abogado u otros gastos
inherentes a la maquinaria judicial. Al moroso se le
aplicaba toda clase de presiones sociales. El castigo ms
riguroso era la excomunin. Cuando se pronunciaba el
anatema contra el rebelde en la sinagoga, las ceremonias
revestan un carcter aterrador y sobrecogedor. A fin
de infundir en los fieles un respeto sumiso, se formu
laban en las hascamot imprecaciones bblicas y zoh-
ricas. Si recordamos que el poder soberano radicaba en
las autoridades turcas, asombra ver el enorme xito
logrado por las comunidades medievales en su forma
hascamtiea de gobierno 93.
Queda dicho que se han consultado los archivos diplo
mticos de las cancilleras europeas a fin de obtener
informacin sobre el papel desempeado por los judos
en el siglo XVI. Hoy contamos con gran riqueza de docu
mentacin. Deben atribuirse a la civilizacin sefard del
siglo xri las siguientes obras: la Biblia de Ferrara, edi
tada por Abraham Usque; los Dilogos de amor de Len
Hebreo; la impresin del Zohar; la compilacin del
cdigo judo por Joseph Caro, denominado Suljn Aruj,
el misticismo safdico; el Regimiento de la vida de
Mosh Almosnino; y las extraordinarias adventuras en
finanzas y diplomacia de don Joseph Nassi94. En par
ticular sobre Joseph Nassi poseemos documentacin en
turco, francs, espaol y hebreo. Desempe Nassi un
papel nico y excepcional en la historia. Muchos gobier
nos recabaron su ayuda y otros procuraron destruir su
influencia de una vez para siempre. Sus maniobras diplo
mticas se caracterizan por el xito y el fracaso.
86


Sospechamos que la fecundidad de los sefardes del
siglo XVI se debe a que procedan de un pas en cuyo
espritu flua una savia creadora y se asentaron en una
tierra dominada por una potencia que a la sazn se
hallaba en el apoge de sus conquistas. El punto en que
se contrarrestaban mutuamente las lneas de fuerza de
uno y otro era Italia. En el germen sefard bulla la
vitalidad espaola, que se alimentaba de la energa turca,
y se templaba en el clima propicio de Italia. Aun dejando
de lado la metfora, la realidad de la interrelacin entre
Espaa, Italia y Turqua se encarna con plenitud en la
vida y obras de la familia Mndez. Los Mndez posean
una red de bancos en Amberes, Lin, Venecia, Constan-
tinopla, etc. Nacidos en Espaa, Francisco Mndez en
Portugal y Diego Mndez en Amberes eran financieros
internacionales que hacan emprstitos al emperador Car
los y al rey de Francia. A la muerte de los hermanos,
se puso al frente de sus empresas doa Gracia, esposa
de Francisco. Si Bienvenid Abravanel fue un excelso
prototipo de seora de Israel, doa Gracia o Beatriz de
Luna, como tambin se la llamaba, fue la primera mujer
de negocios de la Europa moderna, digna coetnea de
Catalina de Mdicis 95.
Como el lector habr imaginado, los Mndez eran ma
rranos. Al apilarse las dificultades en Portugal, doa
Gracia se traslad a Amberes en compaa de su hija
y parientes, lejos de la enrarecida atmsfera religiosa de
Portugal. En Blgica, su hija fue causa de que don
Francisco Aguilar prometiera un emprstito al empera
dor Carlos, a condicin de que este intercediera ante
doa Gracia para que accediera al matrimonio de su
hija con Aguilar. Se propalaron rumores en Amberes de
que Juan Mguez, sobrino de doa Gracia, haba raptado
a su prima. No se sabe a ciencia cierta si estos rumores
eran fundados o no, pero lo cierto es que los Mndez no
tardaron en asentarse en Venecia. Brianda de Luna, her
mana de doa Gracia, la denunci por criptojudasmo.
A su vez, los agentes de Brianda la traicionaron a las
87


autoridades eclesisticas. Ello puso a la fortuna de los
Mndez en peligro de ser confiscada y, aunque las her
manas se reconciliaron, no habran escapado al castigo
del Santo Oficio, si, entre tanto, don Joseph Nassi, alias
Juan Mguez, no se hubiera trasladado a Constantino-
pla y logrado que, gracias a la ayuda del doctor Amn %,
mdico personal del Sultn, y a cartas de recomendacin
del embajador francs, la Sublime Puerta accediera a
interceder en favor de su familia. Por razones diplom
ticas, Venecia crey ms prudente poner a ambas herma
nas en libertad y restituirlas sus bienes. Tras peregri
nar por algn tiempo en Italia, la familia Mndez hizo
su entrada en Constantinopla con todos los honores.
...un da, una seora portoguesa que se llamaba doa Bea
triz Mndez, muy rica, y entr en Constantinopla con cua
renta caballos y cuatro carros triunfales, llenos de damas
y criadas espaolas... destaj con el Gran Turco desde Vene
cia... sino que todos sus criados no trajesen tocados como los
otros judos, sino gorras y vestidos a la veneciana... y luego
doa Beatriz dej con todo su cortejo el mal impuesto cristia
nismo y mud su nombre por el de Doa Gracia de Luna.
No tena ms que una hija, a quien daba de dote 300.000 du
cados y tras estos fuese, Tao siguiente de 1554, un sobrino
de la seora, fastuoso tambin, diestro en armas y bien ledo;
y hay pocos hombres de cuenta en Espaa, Italia y Flandes
que no le conociesen y llambase don Juan Micas; circunci-
dise, despus vino con su prima y mud su nombre por el
de Josef Nasi. Los gentiles hombres suyos, uno se pona don
Samuel, otro don Abraham, y otro Salomn 97.
Bajo el reinado de Selim II, las cancilleras europeas
se vieron alarmadas por las maniobras de don Joseph Nas
si. El Gobierno francs tuvo que sufrir, por intervencin
de don Joseph, la humillacin de ver sus mercaderes de
tenidos junto a su mercanca confiscada en puertos tur
cos, debido a que los franceses se haban negado a
reconocer una deuda para con la casa de los Mndez.
Esta negativa se deba a que los Mndez eran judos y,
de acuerdo con la ley a la sazn en vigor, el gobierno
tena derecho a confiscar los bienes de los judos. Se
38


confiri a don Joseph el ttulo de Duque de Naxos, quien
hizo uso de su influencia para proteger a los judos en
Turqua y fuera de Turqua. A l debe atribuirse par
te de la responsabilidad por haberse declarado el pri
mer bloqueo econmico de la edad moderna, contra la
ciudad de Ancona, en la que se haba ejecutado a va
rios marranos acusados de criptojudasmo. No es que
existiera comn acuerdo entre los judos orientales so
bre la conveniencia de declarar este bloqueo. Tuvo slo
xito parcial, debido a intereses econmicos y a dife
rentes formas de enjuiciar el fenmeno. Ciertas autori
dades rabnicas estimaban que la situacin de los judos
solo podra empeorarse si las ciudades levantinas de
claraban la guerra econmica. Se concedi a don Joseph
Nassi la ciudad de Tiberias para su colonizacin. Por
cierto tiempo se importaron lanas finas de Espaa para
abastecer a los telares de origen espaol. Las hazaas
y las actividades de Joseph Nassi parecen resumir la
relacin entre la Europa occidental y el Cercano Orien
te, a travs de Italia.
Entrelazadas de modo inextricable con la vida eco
nmica de las comunidades estaban las aspiraciones es
pirituales de esos judos desarraigados, a las cuales les
estaba vedado el acceso a los extranjeros. Adems de
los estudios corrientes de la Biblia y del Talmud en las
grandes yesivoth de Salnica y de otras comunidades,
los judos sufrieron en el siglo XVI ciertas extraordina
rias experiencias msticas y mesinicas que dieron ma
yor altura y profundidad a sus vidas. Como suele ocurrir
con las dems posesiones espirituales que tenan, las ra
ces de sus aventuras msticas se encuentran en su tras
fondo espaol.
En lo espiritual, los sefardes iniciaron varias corrien
tes de ideas a lo largo de los cinco siglos de actividad
creadora. El judaismo rabnico se sirvi de la costumbre,
de la ley, de las festividades, y la santificacin para
infundir valor y para preservar intacta la fina estructura
de la aljama. Debido a los embates filosficos del aris-
89


totelismo en la Espaa musulmana, Yehudh ha-Lev
reiter las causas de la ortodoxia en libros como Al Ku-
zar. Nunca se concibi un judaismo desligado de as
piraciones nacionales. Fueron los sueos y las esperan
zas conjugadas en una naturaleza de gran intensidad
lo que produjo la sobrecogedora poesa sionstica de
Yehudh ha-Lev. El genio arrollador de Maimnides
sembr las semillas del racionalismo en el judaismo rab-
nico. Era tanto el poder del racionalismo maimnico que,
al relegar a segundo trmino los fecundos elementos irra
cionales de la tradicin mosaica, puso en peligro al pro
pio judaismo. Se acusaron dos corrientes de reaccin.
La amenaza que contra la fe supona el aristotelismo im
puls a rabinos como Salomn Ben Adereth a imponer
restricciones a la lectura de Aristteles a los menores
de treinta aos98. Se produjeron roces y escisiones entre
los seguidores de Maimnides y los fieles a la ortodoxia
radical. Muchos fueron quienes temieron la disolucin del
judaismo. Contra la tendencia racionalista en Espaa
vino a influir poderosamente la compilacin y elabora
cin de una de las obras ms extraordinarias del genio
de Israel, el ZoharTodava abundan las dudas sobre
el origen de este libro misterioso. Se ha puesto en en
tredicho la paternidad de Moiss de Len. Lo nico que
caber afirmar, pese a cuanto pueda decirse en su favor
o en su contra, es que el Zohar no exista antes de que
el rab castellano lo diera a luz, ni ha vuelto a darse
en Israel fenmeno semejante. Tard el libro dos siglos
en difundirse por todo el mundo judo. Su distribucin
fue copiosa y abundaron los grupos de sesudos varo
nes encargados por las comunidades de explorar los mis
terios de la obra. La expulsin de sefardes fue vehculo
propicio a su difusin. Al publicarse en el Oriente, el
Zohar, se convirti en el tesoro ms precioso de la ju
dera.
Con la dispora sefard no se elaj la adhesin
rabnica al Talmud y a las disposiciones de la ley juda.
Antes bien, se acendr el inters en los cdigos ante la
90


necesidad de organizar el gobierno de las comunidades.
En los reductos sefardes predominaba la autoridad teo
crtica y ninguna teocracia puede sobrevivir sin un de
recho cannico. En la religin mosaica, el derecho ca
nnico lo constitua la legislacin rabnica. El genio
sefard alcanz su ms sublime expresin en el Suljan
Aruj, cdigo producto de una mente de extraordinarias
dotes organizadoras como la de Jos Caro 10.
Paralelamente al inters en la codificacin juda, se
acusa en el mundo mediterrneo sefard una corriente
poderosa y transfiguradora hacia la mstica como modo
de existencia. Tal vez desde los tiempos de Filn de Ale
jandra, nunca fuera el misticismo tan aceptado, tan di
fundido y tan fructfero como lo fue en el siglo xvi
entre los sefardes. Los judos de la Europa oriental han
experimentado con el jasidismo una mstica popular que
introdujo un elemento de dulzura en su existencia y en
nobleci sus sentimientos; empero, no logr ni prestigio
ni universalidad. Por su parte, la mstica sefard tuvo
tal poder de absorcin que a su seno fluyeron minoras
y masas, rabinos y artesanos, genios y sefardes y aske-
nases, talmudistas y poetas. Como la mstica espaola de
Santa Teresa y de San Juan de la Cruz, la mstica sefard
se combina con la ms estricta pureza ortodoxa. El gran
creador del cdigo ms importante de derecho rabnico,
Jos Caro, fue adepto estudioso del Zohar101.
No solo por haber brotado de la tradicin mstica
judeo-arbiga de la Espaa cristiana es el Zohar crea
cin sefard. Cuando tuvieron que afincarse en tierras
extraas, los sefardes desterrados hallaron en sus pgi
nas hondura, consuelo y promesa.
Y as como los desterrados de Judea hicieron de la Biblia
su nico tesoro de cuanto haba sido suyo en la Tierra Santa,
los desterrados de Espaa hicieron del Zohar la riqueza de
que vivir en los das aciagos que se les acercaban. Y as como
la Biblia y el Talmud dieron a los desterrados el nimo que
necesitaban para arrostrar las fuerzas destructoras que de todo
punto amenazaban al judo, tambin el Zohar fue la tabla
91


de salvacin que sustent a los sefardes desterrados salvn
doles del naufragio en el mar de la desesperacin102.
El gran milagro de la mstica sefard fue la creacin
de una ciudad mstica, morada excepcional para quienes
se valan de la intuicin y del xtasis para buscar a Dios.
Safed, en la alta Galilea, era la Ciudad de Dios. Tal vez
se deba a un azar de la providencia que la mstica Safed
lograse el cnit de su gloria en aquellos mismos aos en
que los genios peninsulares trataban de llegar a Dios por
la accin, la plegaria, la meditacin, la mstica comunin
con Dios. De no emanar de una fuente comn no sera
posible la coincidencia del paralelismo entre Avila la
mstica y Safed la mstica. Ambas heredaron el legado
religioso del medievo acumulado en la Pennsula. Por la
propia potencia de su grandeza, la tradicin sefard se
impuso en la cuenca del Mediterrneo. De tan gran sig
nificacin fue tambin la inmediata difusin del Zohar y
del modo de vida que aconsejaban los creyentes en esot
ricos secretos. Puede decirse que Safed se debe a la he
rencia peninsular del sefard.
Desde el momento en que fue destruido el centro nacional
en Jerusaln, el genio de la raza aspir a crearse una morada,
un foco de concentracin, un centro de organizacin, donde
poder desplegar sus valores espirituales, donde, a manera de
fanal, pudiera llegar a todas las comunidades de la espln
dida entidad tnica, para iluminarles, darles aliento, instruir
les y fundirles en una unidad mstica.
Safed se convirti en ese centro generador de energa y
de unidad. As como los sefardes prefirieron Salnica por
estar alejada de los centros de violencia, as se mostraron
por Safed por estar alejada de las ciudades populosas.
La judera sefard volvi sus ojos deliberadamente hacia
esta ciudad en las colinas de Palestina. An en el si
glo xix era difcil su acceso.
El camino de Safed es uno de los peores que existen; es una
spera subida de dos horas plagada de pedruscos, rodeada
de grandes arbustos y brezos; sin embargo, el ascenso se ame
niza con la vista del mar de Tiberades a nuestra espalda, que
92


parece agrandarse ms y ms, a medida que nos alejamos
de l, hasta que, al llegar a Safed, la vista abarca toda su
extensin de un extremo a otro. La ciudad tiene una situa
cin soberbia y domina el lago desde la ciudadela en rui
nas, con una bella vista del Mediterrneo, y pudindose atis-
bar el Mern, el lago superior del Jordn, que se extiende
sus cinco millas de longitud y tres de latitud a unas diez
millas al norte de Tiberades103.
Solo un alma sensible puede penetrar en el secreto de
los msticos embriagados de Dios. Ariel Bension, descen
diente de msticos judeoespaoles, fiel a su legado, pudo
llegar a comprender sus misteriosos caminos. Sobre esta
sagrada ciudad, se expres as:
...pues Safed, aparte de su aire claro y saludable, tena
una atraccin especial para los msticos. Estaba muy pr
ximo a la pequea aldea de Mern, que fue el sitio natal y
la tumba del hroe del Zohar, Reb Simen ben Yojai. Y
Safed se convirti en el centro de este misticismo judaico. Sgfed
se convirti en la ciudad legendaria de signos y maravillas.
Safedse nos dijotiene una especie de aire privilegiado
que ayuda al hombre a alcanzar los misterios secretos con
mayor facilidad que en cualquier otra parte... Y all se le
vant un centro, que alcanz gran elevacin en cultura y en
valor moral, y del que salieron creaciones que enriquecieron
el tesoro espiritual de la Humanidad, no tan solo en las
enseanzas msticas ocultas sino tambin en las verdades re
veladas a las que se adheran los hombres104.
Safed pas a ser la ciudad de los santos y eruditos se
fardes. Como en otras ciudades a las que emigraron, en
Safed les esperaba una comunidad juda ms o menos des
arrollada.
Su nmero creci de tal modo que se creyeron con fuerza
para tratar de imponer en otras partes de la comunidad sus
usos peculiares en cuanto a la reglamentacin de dotes. No
tard la lengua espaola, la lengua materna de los sefardes
en ser el vehculo de la enseanza, haciendo desaparecer todas
las dems. Por su cuanta y por la distincin de sus dirigen
tes, no tardaron en ganarse una posicin de preeminencia
hasta el punto de que encontramos hombres de categora e
influencia de la poblacin indgena que cedieron a la va-
93


nidad de hacerse llamar sefardes, apelativo comn de los
judos oriundos de Espaa y Portugal105.
Fueron muchos los motivos que impulsaron a los se
fardes a ir a Safed. Ya se ha mencionado la proximidad
de Safed a la cuna y sepultura del padre de la mstica
juda; lo alejado de Safed de los focos de peligro en el
Cercano Oriente; y el saludable clima de la ciudad en las
colinas de la alta Galilea. A pesar de su inaccesibilidad,
Safed se hallaba dentro del mbito de las rutas comer
ciales. Se poda llegar a Safed por mar al puerto de Si-
dn, y Damasco no se hallaba muy lejos. Su posicin
apartada no impidi a Safed convertirse en un centro del
comercio y la industria. Que no se crea que era una
ciudad de refugiados que queran evadirse de este mun
do. El judaismo no acepta el transcender tialismo de las
religiones orientales como las que abundan en la India.
Aferrada a la realidad, la mstica juda tena que ocu
parse de la vida familiar, de las prcticas de la sinagoga,
de las exigencias y obligaciones de las transacciones co
merciales. El zoharismo sefard no fue excepcin. El pro
fesor Schechter deca que en ningn lugar de Israel como
en la Safed del siglo XVI puede hallarse, desde la destruc
cin del Templo, una plyade ms rica de eruditos, san
tos, msticos, juristas y hombres temerosos de Dios. Mas
n se crea que cuanto lograron en el estudio y en los
ejercicios en camino de perfeccin les hizo tener en me
nos al trabajo.
Ninguno de entre ellos tena reparo en ir al pozo y sacar
agua y llevar el cntaro al hombro, o ir a la plaza a com
prar pan, aceite o verduras; en casa, hacan todo el trabajo106.
Hoy conocemos ya ms en detalle la vida econmica
de Safed. De una aldea insignificante, Safed se haba
convertido a comienzos del siglo XVII en una floreciente
ciudad de treinta mil habitantes. De entre todas las ac
tividades econmicas, las relacionadas con la fabricacin
94


de ropa parecan ser las que ms absorbieron las labores
de los judos:
El comercio de Safed se basaba ante todo en la manu
factura de vestidos. No solo se cosan y cortaban prendas en
Safed, amn de las dems fases del arte, sino que tam
bin se haca el hilado, el tejido y el tinte de los materia
les. En la ciudad haba hilanderas, tejedores, bataneros, tun
didores y cortadores. Los exilados espaoles que vinieron a
Safed trajeron consigo el arte de tejer la lana y de la cos
tura, hasta que poco a poco esa ciencia pas a ser la ocu
pacin juda por excelencia en todas las tierras de Turqua107.
Un rabino que haca trajes en Safed cuenta una his
toria muy curiosa. Con su homrica personalidad, el ms
tico Luria haba infundido en las almas pas de la alta
Galilea el santo temor y sospecha de que nunca llegaran
a lograr la perfeccin. Un da el rabino-paero pregunt
a Luria si poda distinguir en .los rasgos de su cara algn
indicio de imperfeccin. Muy reacio, Luria amonest al
po rabino por no observar escrupulosamente los precep
tos de la justicia. Alarmado ante tales palabras, el rabino
llam a todos sus operarios y les rog que le presentaran
cualquier queja que creyeran de razn. Tan slo una
operara pidi que se le pagara ms por su trabajo lm.
Muestra ello cmo en Safed se identificaba el trabajo y
la religin.
Lo que caracterizaba a Safed eran sus hombres, que
estaban decididos a purificarse y, por sus vidas inma
culadas en armona con las enseanzas del Zohar, a sal
var al mundo de la desintegracin, pese a las discordias
que en l reinaban.
La impresin que nos causa la Safed del XVI es la de un
campamento permanente de renovacin de la fe habitado
por penitentes que han venido de todas las partes del mun
do. Para ellos la vida es una oportunidad que solo interrum
pen de cuando en cuando ciertas consideraciones secundarias
como son allegar el sustento para la familia y las contri
buciones que hay que pagar al gobierno. La ocupacin pri
mordial y universal es la plegaria109.
93


A la plegaria acompaaban otras prcticas de peniten
cia. La penitencia tomaba todas las formas posibles. El
ms frtil de los comentaristas del Zohar, Moiss Cor-
dovero, autor de El jardn de las granadas, obra en que
da un preclaro anlisis del misticismo cabalstico, reco
mendaba, entre otras cosas, la reunin de los devotos para
disertar sobre asuntos espirituales y para intercambiar
confesiones. De todos es bien conocido que el nfasis por
lo mstico dentro de la estructura de una religin orto
doxa suele engendrar la prosa y la poesa msticas. La
prosa de Santa Teresa tiene toda la meloda del canto
gregoriano y, como l, se remonta a los cielos. Los poe
mas de San Juan de la Cruz son las efusiones hmnicas
de un corazn transfigurado. En Safed, el misticismo
judo produjo algunos de los ms bellos poemas en he
breo que jams se hayan escrito desde el Siglo de Oro
de los poetas andaluces y castellanos de Israel. La natu
raleza ortodoxa del misticismo safdico ha quedado de
mostrada por el hecho que tanto las comunidades aske-
nases como las sefardes han aceptado ciertos de sus
himnos para incluirlos en sus libros de oracin. Uno de
los himnos que han quedado as inmortalizados es himno
Leja Dodi no, que se canta el sbado. Fiel a la tradicin
milenaria de personificar el sbado, esta cancin sefard,
escrita en arameo, compara el da de descanso con la
novia e Israel con el novio que va a su encuentro. Salo
mn Halev Alcabez supo captar los anhelos de Israel
infundiendo de modo magistral en su composicin lo in
candescente del paisaje de Safed. Israel Nagera fue el
poeta que incorpor la tradicin mstica de Safed en la
poesa popular, dejando de lado las formas arcaicas que
seguan otros poetas. Como cantor introdujo en sus him
nos una sensualidad lrica que a ojos de muchos les hizo
pecar de mundanos. En 1579, Safed fue atacada por
una tribu rabe. Acompaado de su familia, Israel Na
gera se encamin hacia Gauhar, pequea ciudad no lejos
de Damasco. La fertilidad y la lujuriosa vegetacin de
Gauhar influyeron sobre Nagera de tal modo que su poe-
96


sa adquiri un carcter de romntico erotismo. El pro
fesor Israel Davidson, del Jewish Theological Seminary,
ha recogido ms de un millar de poemas de Nagera, o
atribuidos. Nagera nos ofrece el inters de ser no solo
el ltimo gran poeta de la tradicin hebraica sefard, sino
tambin de haber compuesto himnos hebreos inspirados
en poemas griegos, turcos, rabes y espaoles 111.
Safed, la ciudad santa de la labor y la plegaria, fue
el foco del misticismo, pero tambin fue el centro de la
cultura y de la creacin potica. Los judos de habla
griega de Salnica y Constantinopla se vieron alentados
a explorar los mbitos de la cultura. Merced al ejemplo y
al precepto, los judos yemenitas de Safed se sintieron
igualmente inspirados hacia la actividad literaria. A dife
rencia de la mstica hispnica, la safdica tuvo otra di
mensin orientada hacia el herosmo, la agitacin, pero
que fracas miserablemente desde un punto de vista prc
tico. La dispora sefard fue una experiencia tan transcen
dental que despert las latentes aspiraciones de redencin
mesinica. Israel alienta dinamismo porque se siente in
completo. Como realidad inminente, el mesas se convier
te en una fuerza avasalladora en diversas ocasiones. La
mstica catlica pone de relieve la perfeccin personal, in
dividual y es la recompensa de las acciones piadosas de
una vida de pureza. La mstica juda, si bien pone de
relieve la purificacin y la caridad, se dej llevar por
las esperanzas mesinicas avivadas por visionarios que
surgieron por doquier. La especulacin zohrica no tuvo
de por s repercusiones polticas. Sin embargo, el me-
sianismo adquiri impulso desde que David Reubeni y
Salomn Molho comenzaron a difundir la buena nueva
de la llegada del Redentor hasta la glorificada predica
cin de Sabbetai Sev y su ignominioso fracaso en el
siglo xvii. Bajo la influencia del etope Reubeni, un
marrano portugus, Diego Pires, se circuncid, tom el
nombre de Molho y encamin sus pasos hacia las comu
nidades sefardes del Cercano Oriente. Un codificador
tan juicioso como Jos Caro sinti un profundo cari-
97
BENARDETE.7


o por este marrano visionario que quiso apresurar la
venida del Mesas. Apuesto y de gran habilidad persua
siva, lleg a olvidarse de s mismo y de su seguridad
personal hasta el punto que se neg violentamente a re
tractarse para salvar la vida. Molho cortej el martirio
y lo logr en 1532, ao en que fue quemado en Mantua
por renegar del catolicismo. En el cosmos sefard, el
mesianismo y el misticismo se funden en uno.
CONTACTOS SEFARDIES CON ESPAA
En el examen sinttico que acabamos de hacer del
legado sefard, hemos tratado de su dote lingstica, los
planes institucionales realizados en tierra ajena, las
tcnicas y actividades econmicas iniciadas en la Pen
nsula y laboradas fuera de ella, las consecuencias cul
turales en Italia y el Levante y, por fin, la mstica zo-
hrica y mesinica que floreci en Safed. Todos estos
elementos definen las dimensiones de la riqueza espiri
tual de los judos espaoles cuando comenzaron a emi
grar de Espaa. Por no ahondar en el conocimiento del
sefard y de su historia, muchos han llegado a creer
que los judos rompieron con la Pennsula en 1492. Al
reconocer que la dispersin marrnica fue un xodo
continuo que variaba en intensidad segn las pocas a
lo largo de doscientos aos, se observa que las comuni
dades de Africa y del Levante no se mantuvieron ais
ladas de Espaa. Una parte considerable de la legisla
cin rabnica en Salnica versaba sobre el levirato. Como
es bien sabido, la ley mosaica prescribe que, al quedar
viuda sin hijos, una mujer debe casarse con su hermano
poltico a fin de preservar la tradicin del difunto. Pin
sese en el matrimonio de Enrique VIII de Inglaterra con
Catalina de Aragn. Solo mediante cierta ceremonia que
se remonta a tiempos bblicos poda la viuda liberarse de
esa obligacin para con la familia del marido. Muchas mu
jeres en Salnica se encontraron en una situacin un tan-
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MAIR JOSE BENARDETE hiSPD nismo de los selardles levantinos \ (i) AG : U ILAR

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HISPANISMO DE LOS SEFARDIES LEVANTINOS

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MAIR JOSE BENARDETE HISPANISMO DE LOS SEFARDIES LEVANTINOS TRADUCCION DEL INGLES POR MANUEL AGUILAR AGUILAR MADRID

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NM. RGTRO : 5620.-62. DEPSITO LEGAL. NA. 428 -1963. '6) AGUILAR, S. A. DE EDICIONES 1963. Reservados todos los derechos. Printed in Spain. Impreso en Espaa p o r Ta1Je re e COMETJP Guelbenzu. 13 P a mplona

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A MI PRIMO LEON SEDACCA A QUIEN TANTO DEBO

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Si la historia de nuestra literatura es la del ingenio espaol, menester ser buscarle dondequiera que se ha lle y en cualquier lengua o dialecto en que est formulado. M. MENNDEZ PELAYO.

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I INTRODUCCION HISTORIA DE ESTA OBRA S E ha sealado con gran agudeza que la s c ienc ias exactas no necesitan historia 1 ; di cho de otro mo do, cuanto ms abstracta sea una ciencia, menos falta hace investigar sus orgenes para llegar a comprender sus principios y su metodologa. La augusta presencia de la matemtica y de la fsica, soberanas del reino de lo abs tracto, basta para conmover a sus sbditos, aun sin toda le. pompa y circunstancia de la historia.. Este aserto se aplica en trminos generales a las ciencias exactas pero no sera justo tener en menos a las dems ramas del rbol de la ciencia, cuyo estudio requiere otros ca.minos. En su defensa de las dems ciencias e l profesor Etienne La s notas, por su extensin, se e ncuentran al final del vo lum e n. 9

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Gilson se sirvi de la premisa aristotlica de que cada c osa se ha de comprender en funcin de su propia esen cia 2 La promiscua aplicacin de la tcnica matemtica y de laboratorio a ciertos problemas no ha rendido los fru tos que con el optimismo de los primeros tiempos de la sistematizacin cientfica se esperaban. El positivismo ese absceso del mtodo de laboratorio, hizo estragos en las artes y en la lingstica al tratar en pie de igualdad las c uestiones estticas y las ciencias exactas 3 Cabe admitir que, al pasar por las diversas fases del proceso de des cubrimiento de la verdad en fsica y matemtica se pue da experimentar una emocin esttica. Pero por ser sus elementos meros medios y no fines, y por carecer de lo sensual, la fsica y la matemtica en nada pueden pare cerse a las artes. Y por ser las ciencias exactas diferentes de las artes, su metodologa debe, por ende, ser tambin distinta. Si lo que el profesor Gilson dice es cierto, fuerza es que en el campo de la literatura y de las dems artes procuremos hallar los mtodos que mejor se ajusten a nuestros objetivos, a saber: una comprensin de su esen cia y una aplicacin gozosa de su unidad orgnica.. Hay quien piensa que la economa es una ciencia lbrega pe ro nada hay ms descorazonador que una ojeada a la historia de la literatura espaola escrita segn los cnones del positivismo. Queremos resumir nuestra actitud expre sando la conviccin de que, al entregarse al estudio de las ciencias sociales y de las artes, es preciso hacerlo con c ierto respeto por las tcnicas propias de las ciencias exac tas haciendo uso de su disciplina y fines ltimos; pero, una vez hecho el uso necesario hay que seguir un a m e todologa distinta. En inter s pro p io, ya que para aliento de poco s, he c redo nece s ario exponer mi credo antes de entrar en el d e s arroll o de mi tema. En 1923 es timul a do por el profe so r Federi c o de Ons propu s e como tema de mi t e sis d o c toral en la Univer s id a d de Columbia un estudio pre li minar de las cop las espaolas que han sobrevivido entre lo s sefardes. Y o sab a qu e a n me qued a ba mucho p o r 10

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decir respecto de las coplas espaolas r e cogidas en los barrios bajos del este de Manhattan y de Harlem y tambin me daba cuenta de que yo no haba s i do e l nico en recopilar todas las coplas que an se con se vaban en los pequeos reductos de sefardes oriundo s d e lugares como Monastir, Castoria, Salnica Adrianp o l is, Constantinopla Gallpoli, Dardanelos Esmirna Rod as, etctera. Me vi obligado a aplazar el desarrollo de mi tesis iniciada en 1923 para atender a mi propia fo r m a cin intelectual y a las exigencias de mi labor d o cent e En el curso de los ltimos veintitantos aos he seguido recogiendo ejemplares y estudiando la mejor m a nera de darles forma de libro. Cuando tuve que recurrir a la s posibles fuentes de erudicin en materia d e c a nci o ne s espaolas, me di cuenta con pesar de cun poco haba sido el inters por ellas demostrado Algunos erudito s eminentes haban compilado coplas conservadas por ju dos sefardes de Turqua; pero, por desgra c ia eso s eru ditos, aunque versados en lenguas orientales y en la fran cesa, carecan del necesario conocimiento de la literatura espaola. Y sin conocer el romancero, cmo se podra comprender la estructura, la temtica el abolengo y la fragancia literaria de las coplas espaolas? A e s a cate g ora de estudiosos pertenecen figuras como Abrah a m Danon y Abraham Galante 4 Hubo judos e s paol e s y eruditos de gran valor que cursaron sus estudios e n cen tros de enseanzas en cuyos programas no figuraba e l es tudio de la historia y civilizacin de Espa a Ad e s hombres ilustres como Menndez Pelayo, al trat a r de de terminar las relacion es entre lo s elementos hi s p a n o l e va ti n os desplazados y sus prototipos peninsulare s, t e n an qu e depender de la mat e ria pr i ma acopiad a p o r h o mb res c omo Danon y Galante. Sin embargo lo s M en nd e z P e la y o no tuvieron tiempo p a ra medir tod as l as co n sec u e c ias que pudieran derivarse de las tradicion es fo lkl i cas hi s panojudas. La fortuna sonri con ternura al roman c ero jude o e s paol cuando don Ramn M e nndez Pid a l r ec : h i d e m a n o s de u n ju d o m c rroq u Jo s Be n o li e l 11

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ciento cincuenta romances de extraordinaria purez a de lenguaje y de estructura de copla. Y decimos fortuna, porque por haberse consagrado en cuerpo y alma al estu dio de la Edad Media, don Ramn abord el tema en funcin del poema pico de la literatura espaola, que a su vez dio lugar al resplandeciente florecimiento del romancero espaol. Adems, don Ramn estaba altamente capacitado para estudiar las canciones hispa.nolevantin as en su relacin con toda la gama del romancero. A dife rencia de sus predecesores, don Ramn haba entrelazado ntimamente el anlisis y elaboracin de sus estudios y una intensa exploracin personal en las aldeas y pueblos de Espaa en la bsqueda de todo vestigio de romances. Sin embarg, vuelve a surgir la falta de atencin y de minuciosidad en el trata.miento de las canciones que se conservaban entre los judos de Marruecos Grecia, Yu goslavia, Rumania, Turqua y de las islas mediterrneas. Absurdo sera esperar que don Ramn Menndez Pidal dedicara demasiado tiempo a un riachuelo que, mera parte de un sistema fluvial de magnitud amaznica, ha ido fluyendo en su tortuoso curso a travs de los siglos. Las exigencias de la cultura espaola se ven ms qu e colmadas con la labor preparatoria del humanista ms ilustre de Esp;a al establecer el lazo de unin entre las coplas o canciones hispanolevantinas e hispanomarroques con sus modos originales. Ahora bien: es ju s to afirmar que las canciones de los judos espaoles tienen un inte rs puramente hispni c o? El que hayan seguido si e ndo cantadas durante ms d e cuatro siglos lejos de la madre patria permite suponer que, en un momento dado asu mieron una funcin propia en las pequeas teo c ra c ias mediterrneas de los desterrados de 1492. Las canciones espaola"s como las que yo he podido recopilar de entre los judos sefardes que emigraron en los ltimos tiempos a los Estados Unidos proced e ntes del Levante mediterrneo no han sido nunca objeto de profundo estudio por parte de los eruditos judeoespaoles o peninsulares. Los primeros no conocan la literatura 12

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espaola, mientras que los s e gundos carecan de l a nti ma experiencia personal de la vida de los judos e spa o l es Y si los eruditos de esas dos categoras n a. da h a a n hecho hasta la fecha, qu poda hacer yo con una preparacin ta.n escasa, tan l e jos de igualarlo s en cien c ia y en experiencia, para poder componer una ima ge n fi e l de esas curiossimas canciones? Todos estos pensamientos no hacan ms qu e a h o nd ar mi indecible desaliento. Adems, no es tarea fcil re co pilar las canciones en una ciudad como Nueva York. L a necesidad de recopilar ese valioso legado del ltimo siglo de la Edad Media era tanto ms urgente cuanto que e l nuevo ambiente de los emigrantes amenazab a con d es truir ese legado. En 1922 no era an di f c il esta bl ec e r contacto con los inmigrantes judeoespaoles pro ce d e nt es del Levante. En un principio, esos inmigrant es s e ha c naron en los barrios bajos de Harlem y del sud es t e d e Manhattan. Por mediacin de ami g os y con oci d os pud e visitarlos en sus ho g ares, y con persua s in y pli ca s solan acceder a dictarme los venerables roman ce s que conocan. Con el transcurso del tiempo los se fa rde s se fueron adaptando al nuevo ambiente, se fueron a b ri en d o camino en su nuevo mundo y comenzaron a d esp l a z a r se a barrios ms amenos. En la actualidad viv e n e n do s o tr e s barrios de Brooklyn y se han diseminado en va ri as manzanas del Bronx y de otros distrito s n eoy o rq u in o s Corno es lgico, su dispersin ha he ch o n ms dif il el contacto con ellos. Ad e m s al d e t ene r se l a afl u e n c i a migratoria s e ha acentuado la influencia am eri ca n a. s o br e el modo d e vida de lo s qu e ll e g a ron e n e l p rim er d ece ni o d e l siglo lo cual si bien ha redund a do en s u nro vec ho, ha s ido gravoso para mi empresa. Quedaba an p e ndient e ": l e s tudio de l os roma n ces hispanojudos en fun c in ae su for ma d e vid a, es t o e s haba que tratar la sociologa literaria de esos t e mas y m e lod s folklric as Por fo r tun a, se pu e d e enco nt ra r bastant e materi a l di s emin a do en d i v e rso s lu gares e n parti c ul a r en lo s es critos d e lo s se far d es qu e ha n ll egad o 1 3

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a conocer la existencia del mov1m1ento sefardista en Es paa. El calificativo de devoto es especialmente apropi a do para aquellos sefardes que, al enterarse de la actitud favrable de ciertos intelectuales espaoles ha c ia el diez mado tesoro heredado con su tradicin peninsular, entre garon sin reservas todo su entusiasmo y amor por estos elementos populares que en su somera educacin se les haba enseado a menospreciar. Escritores como Angel Pulido Emilio Castelar, Juan Eugenio Hartzenbusch, Be nito Prez Galds, Marcelino Menndez Pel a yo, Ramn Menndez Pidal Rafael Cansinos Assns, Manuel Ortega Federico de Ons y Ernesto Gimnez Caball e ro han alen tado directa o indirectamente, a los sefarde s a mant e ner s us tradiciones y dedicarles su inters y cario con toda reverencia. Para darse una idea clara de lo que significa la super v ivencia de los romances en un ambiente ms bien ad verso a su c onservacin es preciso analizar el lu g ar qu e corresponde al romance en la vida de los judos espao les. No bastan para evocar el universo de esos roman c es, los arranques de lirismo cuyo trasfondo de fragante no s tal gi a se halla en las coplas que haban odo en las bod as y g uat e qu e s, en el silencio de la hora nocturna ju n t o a la cuna del nio ci al atad del muerto. Al dejar s e llevar po r su inters y su entusiasmo, los j
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Acaso no haban enlazado los elementos existentes en una regin con otros elementos semejantes que se halla ban en otras tierras, cercanas y lejanas? Lejos de m me nospreciar el estudio lingstico y la bsqueda de fuentes. Procede, en particular, mostrar que existe una relacin entre las canciones conservadas por los judos e spaoles y las canciones del siglo XV, y aun de los siglos X V I y XVII, que han sobrevivido en forma impr e sa. Ante tod o, esas canciones son espaolas, y es puro accidente que los judos las adoptasen y conservasen. Mientras se derrotaba al moro en Granada, mientras los castellanos se enzar zaban en guerra contra los por~ugueses para decidir si quien tena derecho al trono era la hermanastra de En rique IV o la bastarda Juana la Beltraneja las cancio nes espaolas se oan en los zocos y mercados, en las mansiones seoriales y en los campos de batalla. Habra sido difcil que, mientras estuvieron en Espaa los judos no hubieran aprendido las cancion e s populares de la poca, ya que todo el mundo las cantaba: el pu e blo, los Reyes Catlicos, la corte, los nobles todos. L e s hubiese sido tan difcil no aprender esas canciones como lo hubiese sido el no aprender la lengua espaola. Ahora bien: una vez lejos de Espaa, por qu haban de s eguir cantndolas en Orn, Tnger, Tetun, Larache en e l ghetto de Venecia, en la llamada repblica s e fard de Salnica. e incluso en la ciudad mstica d e Safed ? E s evidente que, a pesar del cambio de medio los jud os conservaron esas canciones populares de tan poca tras cendencia. Conviene recordar que esas canciones no s o n hebreas, no son judas; en forma y esencia, son es paola s Una vez desarraigados de su tierra original y trasplan tados a otros suelos los judos no tenan por qu seguir :fertilizando esas canciones ni mantenerlas vivas. Su valor prctico era nulo y, al menos en apariencia nada esen cial tenan que aportar a la perpetuacin de su religin, que haban sido la causa del abandono de su solar mil e nario. Aun admitiendo todos estos argumentos que pare cen debilitar nuestra posicin, seguimos sosteniendo que 1 5

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la canc10n espaola en su nuevo ambiente lleg a desem pear un papel de importancia en las vidas de los judos espaoles. Cmo se puede explicar, si no, el que hayan sido conservadas durante ms de cuatrocientos aos? Que se han conservado es un hecho comprobado y se requie re una idea muy precisa sobre la historia de esos judos para llegar a comprender el papel desempeado por esas canciones seculares en las comunidades hispanolevantinas. Es decir, hay que relacionar las canciones espaolas con las comunidades donde fueron protegidas contra los efec tos destructores de origen interno y externo. Cuando todas estas ideas comenzaban a concret arse en mi mente y a sealarme el camino que haba de seguir en mi trabajo, empec a vislumbrar, hacia 1937, la im portancia de las investigaciones realizadas por los ara bistas espaoles en la espinosa cuestin d e l origen de la lrica europea. Nuestro siempre bien informado don Ramn pronunci ese mismo ao en la Habana una con ferencia sobre los zjeles que llevaba el modesto ttulo de Poesa rabe y poesa europea. Fui fcil presa del entusiasmo y comenc a sospechar que los grandes poe tas sefardes de la Espaa musulmana debieron tener una ntima relacin con la elaboracin de los zjeles. Don Ramn, quien aquel mismo ao vino a la Universi dad de Columbia en calidad de profesor visitante, se vio sorprendido cuando le habl de mi sospecha de que los z jeles debieron haber desempeado un papel en la his toria de la poesa hebraico espa ola. Una versin ms erudita de Poesa rabe y poesa e,ropea, publicada el a o siguiente en el Bulletin hispanique, llevaba una breve nota de pie de pgina en la que don Ramn, con exce siva generosidad, me expresaba su agradecimiento por haberle facilitado la transcripcin en caracteres latinos de una muasaja o zjel de Salomn ben Gabirol. A partir de 1937 se acrecent mi inters por los numerosos estu dios de la lrica andaluza. Me vi arrastrado a una con clusin que, al menos a m, pareca evidente: en adelante, adems del romance, tenamos que aceptar otra creacin 16

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po tica peninsular: la muwassaha, o muasaja, que durante casi un milenio ha formado parte de la tradicin sefard, tanto en hebreo como en judeoespaol. Ha sido tan grato encontrar no pocas muasajas en los libros de ora cin sefardes! La propia presencia de la muasaja en la tradicin s efard me oblig a revisar el problema del romance en su tot a lidad. Y a no era c ito considerarlo como un mero fragmento del folklore que introdujera un grano de sal en la montona existencia de mis antepasados. Una civilizacin es un todo orgnico y hay elementos que parecen ser ajenos y sin relacin, pero que, ante un anlisis ms minucioso, revelan que estn ligados integral y funcionalmente al cuerpo orgnico de esa civilizacin. As, pues, vemos que en la eterna tradicin del judo espaol entran dos formas poticas de estirpe espaola: la muasaja y el romance. El primero es de origen hispanoarbigo mientras que el segundo es de estirpe puramente hispanorromnica, y ambas formas poticas son adoptadas y conservadas por los judos es paoles. A diferencia de los musulmanes que en el siglo XVI hicieron profesin externa de fe catlica, los judos desterrados, a pesar de no poder beneficiarse de la maravillosa literatura castellana que en su siglo de oro re nov la sintaxis y el vocabulario siguieron inspirndose en sus muasajas en hebreo y en espaol, aun varios siglos despus de ser expulsados de Espaa. Tanto la muasaja como el romance formaron parte del patrimonio del morisco 5 el cual no pudo conservar su espaol en suelo africano. Sin embargo, aun sin parecer ese su propsito, el judo en la Dispora ha mantenido vivos hasta nues tros das los dialectos espaoles y el koin. En qu radica la razn de este fenmeno? El espaol de la muasaja y del romance moriscos es taba tan desarrollado como el espaol de la comedia y de la poesa gongorina, tan en boga en aquel entonces Sin embargo, la lengua y folklore espaoles d e sapare cieron de entre los moriscos pese a la proximidad geo17 BENARDETE.-2

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grfica a la Pennsula, y a la pujanza de la gloriosa evolucin de la lengua. El que en un lugar se perdieran y en otro se conser varan la lengua y el folklore espaoles puede obedecer a muchas causas, pero parece justo afirmar que la razn principal radica en el carcter del ethos judo. Por su origen predominantemente berber, el morisco lleg al Islam carente de una tradicin cultural propia, mientras que nos consta que los judos nunca perdieron contacto con su tradicin milenaria. Nuestro inters, no obstante, se limita a comprobar que el judo respondi con gran viveza a la novedad de la muasaja y del romance y que demostr con ello una gran capacidad para aceptar esas nuevas formas poticas y, a su vez, utilizarlas ms tarde como modelo para nuevas composiciones en esas mismas formas. Sera oportuno sealar un principio 50c iolgico fundamental que parece haber sido tpico de !os judos: uh hermetismo ante toda influencia que a la larga pudiera alterar la quintaesencia del judasmo, y una disposicin a absorber toda nueva forma e ideas que pudieran contribuir a modernizar e inyectar nueva vida a una tradicin venerable. Este doble mecanismo, propio del judasmo vivo explica por qu los sefardes :fueron capaces de incorporar la muasaja al acervo de sus caracteres esenciales. H e rmetismo y permeabilidad so n, pues la clave de nuestro enigma. Desde que los judos iniciaron su marcha por los caminos y senderos de la historia, nada de cuanto les aconteciera. dej de ocupar un lugar en el floreciente tesoro de su experien cia espiritual. El hecho de que en ciertas ocasiones se hayan dejado de lado innovaciones autnticamente judai cas de carcter revolucionario precisamente por el rrimo hermetismo, no hace ms qu e confirmar el prin cipi o que hemos expuesto. Hubo un ti em po en que cuantos laboramos en el jar dn de la cancin judeoespaola ignorbamos la exis t encia de la muasaja porque hasta ha ce poco se desco nocia la verdadera naturaleza de ese gnero procreador 18

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de canc10n espaola. Sin embargo, ahora que tenemos ya una idea precisa respecto de sus orgenes, influencia e importancia en la historia de la cultura europea en modo alguno cabe excusa de que en lo futuro se estudie la cancin hispnica entre los sefard e s haciendo caso omiso de la muasaja en e l estudio de su civilizacin. La muasaja es una creacin artstica de paternidad conocida; pero al mismo tiempo es, en su versin es paola, un producto popular al que, como tantos otros, no se puede atribuir una ascendencia reconocida. Dijimos antes que la muasaja era la cancin procreadora de Espaa y as es ya que tras nacer en el rabe la mua sa ja, cual polen primaveral fecund el genio potico de todos los pueblos de Europa occidental. De todos ellos, el judo fue el que con ms avidez abso r bi esa p o li nizacin. UN GRAN DESCUBRIMIENTO En 1948, la revista Al-Andalus public un artculo que llevaba el inocente titulo de Les vers finaux en e spagnol dans les muwassaha hispano-hbrai'que. Une contribution a l'histoire du muwassaha et a l'tude du vieux dialect espagnol mozarabe )) 6, del que era autor S. M. Stern de la Universidad Hebrea de Jerusaln. Un ao ms t a rde, Francisco Cantera se dedic a un renovado estudio de la aportacin de Stern con el propsito de formular suges tiones y proponer corre c ciones a lo que ha venido a ser uno de los acontecimientos ms trascendental e s en el estudio histrico y filolgico d e la civiliza c in rabe en orden a su influencia sobre la civilizacin europea. Lo que Cantera tena que decir tampoco llevaba un ttulo muy llamativo: Versos espaoles en las muwassahas hispano hebreas)) 7 Tanto en el estudio de Stern como en el de Cantera, que se complementan mutuamente encontr maso Alonso la revelacin extraordinaria de un enigma que por ms de ~n siglo haba resistido el anlisis de eruditos y crticos, a saber: qu es una muasaja dnde 19

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tiene su origen y de qu modo ha influido en la ges tacin de la poesa lrica del oeste europeo. A su vez, Dmaso Alonso hizo alarde de austeridad al titulax Can cioncillas de amigo)) mozrabes 8 un artculo en el que vibraba la emocin ante un descubrimiento de la natu raleza de la muasaja. En menos de un ao un hebrasta y arabista, un especialista en literatura hebrea sefard y un crtico literario nos haban hecho comprender la vasta complejidad y alcance del problema de la muasaja. Y si hoy comenzamos a sistematizar nuestras nociones sobre la lrica europea, se debe a la obra de J ulin Ri bera, de A. R. Nykl y de Ramn Menndez Pidal en torno a este asunto 9 Y si bien no nos es viable ahon dar en el estudio de la muasaja y en su trascendencia en cerca de mil aos de vida sefard, permtasenos al menos trazar un breve resumen de las aportaciones de estos tres humanistas. En el siglo IX hubo en Cabra, provincia de Crdoba, un poeta ciego llamado Muccadam, que dio con una nueva forma de poesa rabe, compuesta por estrofas, forma hasta entonces desconocida en la poesa clsica rabe. Como si quisiera cautivar el alma arabesca de Orien te, se dio el evocador nombre de muasaja a esta nue va :forma potica. Las bases principales de la estruc tura y trascendencia de la mua.saja se encuentran en cuatro sabios musulmanes: Ibn Massam nacido en San tarem, Portugal, en el siglo XI; Ibn Sana-1-Mulk recopi lador y crtico del siglo XII; lbn J aldn, el Spengler y Toynbee del mundo rabe nacido en Tnez en el siglo XIV; y Al Makkari, autor de Las dinastas mahometanas en Espaa, escrito en el siglo XVII. Ribera, Nykl y Menn dez Pidal llegaron a la conviccin de que la muasaja es un producto original de la civilizacin del Andalus. Lo que ms les ha intrigado han sido dos fases de la cues tin, a saber: a) su posible influencia en la gestacin y nacimiento de la lrica provenzal (romnica) y del resto de Europa; y b) su carcter bilin g e. 20

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A quienes no conocamos la lengua rabe, la edicin de El Cancione ro de Aben Guzmn preparada por A. R. Nykl nos revel la verdadera naturaleza del z jel y de la mua saja. La segunda estrofa del zjel nmero 20 de esa obra dice as: Ya mutarnani Sil (i)bat o Tu 'n hazin tu 'n benato Tara al-yauma wastato Lam taduq fih geir luque yma h 10. Tanto Nykl como cuantos se ocuparon del mismo tema quedaron intrigados por las palabras que hemos puesto en cursiva, Sil(i)ba to tu benato y wastato, por no ser rabes, sino de origen latino en la forma propia del dia le c to mozrabe espaol. A partir de l as indicaciones de Ribera y de Nykl, Menndez Pid a l reconstituy la e stro fa de este modo: Oh, mi lo c u e lo Salvado, t ests triste, t penado; vers el da gastado sin probar ms que un poquito. No caba la menor duda de que el poeta bohemio d e l a Crdoba del siglo XII, Aben Guzmn, salpicaba sus poemas rabes con expr es iones espaolas. La densa bruma de l a historia de esta prstina lrica andaluza no comenz a desvanecerse hasta 1948. Martn Hauptmann, Ribera y Nyk l haban ledo con toda minuciosidad el tratado de Ibn Sana-l-Mulk sobre las muasajas pero no haban acer tado a explicarnos la presencia de un dialecto romnico en el int erior de un poema rabe Por otra parte la pa labra markaz fue tradu ci da por un mal ha do, como es tribillo cuando en realidad d eno ta la ltima estrofa de la muasaja. Markaz y harja so n sinnimos, y en adelante, empleaiemos harja o su forma castellanizada jarcha 11 El sealado hallazgo de Stern radica, en realidad, en haber llegado a comprender qu era la jar c ha. El crtico egipcio haba dejado escrito que una muasaja puede fi. 21

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nalizar con una estrofa en dialecto romamco, pero hasta el momento de escribir su estudio Stern haba fracasado en su empeo de encontrar una muasaja en rabe con su pintoresco remate en espaol. Cuantos estbamos intere sados en el asunto, nos vimos gratsimamente sorprendi dos al enterarnos de que Stem haba encontrado nada menos que veinte muasajas en hebreo con su ltima es tro/a en espaol mozrabe. Este histrico descubrimiento no puede menos de causamos, a nosotros tanto como a Dmaso Alonso, un gozo profundsimo. Tres son los conceptos principales que podemos colegir: primero las muasajas de Yehuda ha-Lev nos ofrecen las muestras ms antiguas del espaol literario que conocemos hasta la fecha; segundo, esas cancioncillas de la Espaa rabe por ser del siglo XI, demuestran lo errado de la teora, varias veces centenaria, de que, en su origen, la poesa espaola fue pica; y tercero, en cuanto al judo sefard y a su cultura, esas cancioncillas, nos consta aho ra eran por lo menos trilinges y, lo que es an ms im portante, en el siglo XI se inicia una asociacin del es paol y del hebreo que habr de durar sigl,os. Quisiramos, en esta coyuntura, hacer partcipe al lec tor en nuestro jbilo ofrecindole una jarcha de nuestra eleccin, la nmero nueve, en la forma en que ha sido interpretada por Stem y por Cantera. La vuelta o penl tima estrofa sola introducir un tipo literario convencio nal, ya fuera una persona, ya un animal, ya un objeto material que vena a trastrocar el flujo potico con que el autor haba concebido la muasaja, pero con el cual se pre tenda expresar en metfora la intencin del poema. Esta muasaja es un panegrico a un amigo de Yehud ha-Lev, llamado Abraham 12 He aqu su penltima estrofa: 22 Mi corazn se parte por una c e rvatilla que tiene s ed d e verte. Ha c ia e l cielo levanta la cervatilla s u puro ro s tro, lleno de lgrima s.

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El d a e n que le dij e ron : Est e nfermo tu amigo exclam con amargura: Por supuesto, el poema est escrito en hebreo hasta lle gar a la jarcha, que aparece en espaol. Sigue, pues, el lamento de la cervatilla: Vayse meu Corachn de mib Ya, Rab, si se me tornar ad? j Tan mal meu doler li-1-habib Enfermo yed, cundo sanarad ? 13 En su obra Poesa espaola, antologa de poesa de la Edad Media y poesa de tipo tradicioaal, Dmaso Alonso da muestra de una sutil sensibilidad en la apreciacin de la pureza de la poesa lrica, sensibilidad que se des borda con juvenil arrebato al llegar a estas j archas: Y otra vez nos recorre un esca lofro j Qu voz tan pura! De un hondn de sig lo s ll e ga a nue s tra, e mbotada sensibilidad d e hombres de estos angustio sos mediados del siglo XX una voz fres c a y d es garradora. Ntida, exacta, como si brotara ahora d e la garganta, en flor y de labios que transparentaban la sangre moza. j Eterna doncella e namorada, eterno grito, re petido s i emp re y siempre nuevo! E s tas jargas, es tas, y otras .. nos muev e n no solo por su vi e s imo l xico y morfologa en compar a c in con los c ual es el Po e ma del Cid parece de ay e r y aun moderno parece el Auto de los Reyes Magos (atribuido a la segunda mitad del siglo XII). Nos muev e n no solo por ser una bo c anada horadan te hacia una os c uridad profunda ( genes de la, lri c a e urop e a), si no an s por s u d es nuda, .en c illa, trmula e impr e gnant e b e lleza. Y nos viene a la m e moria en seguida una bella d es nudez igual: la de la qu e hasta ho y considerbamos primitiva lrica tradicional de Castilla ... Y para demostrar que esta jarcha tiene afinidad con los airosos poemas de la literatura espaola, Dmaso Alonso nos da varios ejemplos: He aqu uno annimo: V aisos, amores, d e aqueste lugar. Trist es de mis ojos, y c undo os vern! 23

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Y la siguiente redondilla de Gil Vicente nos recuerda una vez ms cun ntimamente ligada est a la jarcha nmero nueve: V anse mis amores, madre; luengas tierras van morar, y no los puedo olvidar. Quin me los har tornar? NECESIDAD DE UNA NARRACION SINTETICA DE LA HISTORIA HISPANO-LEVANTINA En el estudio de las ciencias exactas, el foco de la dimensin tiempo es el presente. Las ideas, princi pios, ecuaciones y frmulas son eternos. El tiempo nada puede horadar su esencia. Por no tener forma corporal, estn libres del proceso de crecimiento y extincin. En cambio, los productos de la cultura humana tales como las costumbres, los gestos, las artes estn entr e tejidos con el tiempo. Por ocupar un lugar en el universo, no se les puede abstraer de la dimensin tiempo. Su estudio resultara imposible si no trajramos a cuento el pasado. Una vez sentada esta premisa, sera vano int e ntar el es tudio de esas canciones y poemas lricos sin adentrarse en la historia de las comunidades judeoespaolas d es pus de la dispora peninsular. Quines son, a fin de cuentas esos judos? Qu cabe decir de ellos despus de haberse dispersado por el viejo y el nuevo mundo? Hubo entre ellos algn ele mento homogneo cohesivo? Se introduce ahora en el anlisis de sus canciones y muasajas el grave y sorpren dente problema del destino del judo espaol. ( Dgase de paso que nada se ha e s c rito an sobre el reciente ha llaz g o de la cancin hispano-rabe entre los judos espa oles.) Quienes han tenido la atencin de dedicarse en mayor o menor grado al estudio de esas canciones cua lesquiera que sean los motivos que les haya movido a ello, convienen en que es preciso ocuparse de la historia del pueblo que las ha preservado. Crticos y hum a nistas 24

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se han limitado a narrar brevemente, para satisfacer la curiosidad de sus lectores, algunos de los aspectos cere moniales, y otros de mayor significacin, de la historia judeo e spaola e n la dispora. De la contribucin de los humanistas cabe sealar las notas relativas a los judios espaoles con que don Ramn Menndez Pidal ilustr los fragmentos de los romances recuperados en Marruecos y otros lugares, subsanando as el memorable error co metido por Abraham Dann cuando crey con toda in genuidad que los romances que su pueblo haba cons e vado pertenecan todos al siglo x-v 14 Fue don Marcelino Menndez Pelayo qui e n aludi por vez primera al con tinuo contacto entre los judos espaoles y la Penn s ula, despus de su forzad a separacin. Con todo acierto Me nndez Pidal demostr ciertos tipos d e contacto entre Espaa y Portu g al y las comunidades sefardes tal es como la infiltra c in de marranos o c urrida en el si g lo XV I, a travs de Portu ga l Flandes Francia Italia y Tu rq ua a s como los contactos, espor di c os pero ince sa nt es, en tre catlicos e spa ol e s y judos e s paoles en Marru ec o s Alepo y Constantinopla. De ellos dan fe escritos como La l ozana an d al uz a el V i aje de Turqu a, la Hi s toria Pon ti fi ca l de Gonzalo de Illescas y los anales de la Inquisi ci n. Men ndez Pida! ha demostrado la absoluta ne c esidad de ahondar en los antecedentes histricos y es d e p r es umir qu e an no nos h ay a dicho la ltima pala bra s o bre el romancero hi s panojudo. El que se ha y a n incluido canciones del renacimiento espaol entre los ro mance s en c ontr a d o s en Marruecos y aun e n el L e v an t e medit e rrneo viene a c orroborar la t es is d e qu e E spa a no i g n o r tot a l m ent e l a e x istencia de los s e fard es y qu e, a su vez, los sefardes no olvidaron a Espaa. He aqu por qu la hi s toria es un compl e mento indi s pensa b le del e s tudio de l a s canciones espaolas cons e rva das por los judos en la dispora qu e los alej de Espaa. Y sin e mba rgo, dnde est el libro que se ocup a de ell o ? Hast a ha c e poco tiempo nadie se haba tomado la mole s ti a d e e l a borar una historia de los judos en el 2 5

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destierro que fuera digna de aprobacin. Detengmonos, empero, un instante para enderezar algn entuerto. Para ello esbozaremos ahora unas ideas que sern desarrolla das en el prximo captulo. Los judos que salieron de Espaa en diversas ocasio nes se pueden clasificar en dos grupos: los judos medie ,ales y los judos del Renacimiento. Los que permanecie ron en la Pennsula despus de la expulsin en abril de 1492 como cristianos nuevos vinieron a quedar bajo la in fluencia de la religin y de la cultura de un modo que, co mo es lgico, se vieron privados sus hermanos en el des tierro. En el siglo XVI las pod e rosas fuerzas de W eltpolitik y las grandes corrientes culturales produjeron cambios fun damentales en Espaa. El nuevo mundo que estaba for jndose influy profundamente en sus costumbres, idio ma profesiones, objetivos comerciales, vida familiar y e n otros muchos aspectos de la civilizacin. Ms tarde cuando miles de judos abandonaron Espaa y Portugal, e s os cristianos nuevos o marranos volvieron con frecuen cia a la fe de sus mayores. Los marranos prefirieron vivir en ciudades italianas como Ferrara, Npoles, An co na Roma, Venecia, Pesaro, Liorna etc., o del sudeste francs como Bayona y Burdeos y ms tard e en el s i g l o XVII en Londres, Amsterdam, Hamburgo y en lu gares tan apartados como Surinam Pernambuco, Jamai ca., Barbados, Curagao y Nueva Amsterdam. Llamamos a est o s judos peninsulares judos del Renacimiento por que a diferencia de sus hermanos que fueron expulsa rlo s en 1492 aquellos se criaron en las tradicion-es ca t l ic as de Espaa y Portugal. El inters por los judos de o rige n hispnico ha ido creciendo gradualmente porque e ll os fueron un factor de gran importancia en el desarro llo histrico poltico y cultural de Occidente en ambos l a do s del Atlntico en los tres ltimos siglos. Al entrar y af i anzarse en pases occidentales hasta entonces veda do s a ellos los judos de Alemania Polonia y Rusia se vieron atrados hacia las comunidades de marranos que por haber estado all antes les fueron abriendo las puer26

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tas de esos pases. En agradecimiento a sus hermanos sefardes, acometieron la ardua tarea de investigar las contribuciones de los marranos a la historia de Occidente y de los judos. A partir de los escasos elementos an en manos de descendientes de marranos, como E. H. Lin do los judos germnicos o askenases como Joseph Ja cobs, Mayer Kayserling, Isidore Loeb David Kaufmann, Heinrich Graetz y Cecil Roth hicieron hallazgos sorpren dentes. Dos fueron los problemas principales que se les plantearon: el origen y desarrollo de las comunidades marranas, por una parte, y los antecedentes peninsulare s de los judos sefardes, por otra. Gracias al poderoso renacimiento de la erudicin espaola en pro de los ju dos, los humanistas askenases se vieron ayudados en su empresa por hombres como Alejandro Llorente, Amrico Castro Jos Amador de los Ros, Francisco Fernndez y Gonzlez el padre Fidel Fita, etc. Conviene recordar, sin embargo, que las canciones que hemos recopilado en Nueva York han sido conservadas por judos medievales, es decir, judos descendientes d e los que al salir de Espaa marcharon al norte de Africa, Egipto, Mesopotamia, Palestina, los Balcanes y Asia Menor. Los descendientes de esos judos vinieron a es tablecerse e n Nueva York siglos despus de haberse crea do en esa ciudad una comunidad sefard. Nuestro inter s principal e inmediato es conocer la historia de esos sefardes africanos y levantinos. Qu humanista occiden tal judo o gentil, ha escrito sobre ellos? Qu inters pued e n ofrecemos, ahora que han perdido toda su im portancia histrica? No debemos ser ingratos, puesto que, despus de todo, en algunos libros de historia se encuen tran referencias dispersas. Graetz dedica muchas pginas a las colonias de Safed y Salnica y al movimiento saba taico del siglo XVII. Pero en cambio Graetz se limita a interpretar los cuatro siglos de la hi s toria de nuestro pueblo como un simple incidente en la historia judaica. Quines son a fin de cuentas esas reliquias vivientes de un pasado glorioso? En nmero insignificantes; en 27

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importancia, diminutos. Lo judo de Rusia, de Alemania, de Amrica, el sionismo, son los temas candentes de la historia judaica moderna. Ningn historiador o crtico, gentil o askenas, ha de dicado mucho tiempo o atencin al estudio de la historia de los judos hispano-levantino-marroques que han sido los depositarios de tantas canciones espaolas. Ha habido judos askenases que han escrito con gran profusin y penetracin sobre los judos espaoles y las comunidades marranas en Europa occidental y en Amrica. Fritz Baer ha publicado ya en hebreo y en ingls una documentada historia de los judos de la Pennsula Ibrica. Han apare cido excelentes monografas sobre ciertos aspectos de la historia hispanojudaica como The Chuetas of Ma llorca: Converso,s and the lnquisition of Majorca de B. Braunstein y The Economic Activites of the Marrano J ews in H olland in the Seventeenth Century del Rab Her bert l. Bloom. El humanista anglo-judo Cecil Roth nos ha dado numerosos estudios de las comunidades marra nas y, en particular, su Histor ia de los Marrano s, que es de c il lectura y divulgacin. Hay que tener en cuenta que las com unidades de marranos no estuvieron herm ticamente aisladas de los focos de cultura sefard levan tina y que es indi spensab le conocer la historia de los ma rranos a fin de poder comprender plenament e las vici situ d es del romancero. Y a tendr ocasin de servirme en e l prximo captulo de la s contribuciones de esos erudi tos para reconstituir las lneas fundam en tale s de la his toria de los sefardes en el exilio, pero antes deseara sealar a l a atencin del lector la lam entable escase z de relatos histricos acerca de las comunidades sefardes en Africa y en el Levante, tema que parece no merecer in ters alguno a eruditos tanto gentiles como askenases. Y, sin embargo, insistimos en que no es posible definir la funcin del romancero en la vida de los sefardes si no se determinan las circunstancias de su historia. Esta con viccin ha sido otra de las causas de que en el curso de 28

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todos estos aos, no hayamo s podido seg uir los estudios en esta materia. Por fortuna, los ltimos tiemp os han presenciado una resurreccin entre los sefardes de origen levantino que han realizado importantes aportaciones a nuestro tema. Despu s de Salomn Rosan es, autor de una obra en he breo sobre los judos del Cercano Oriente, dos judos de Salnica, Joseph Nehama y rab l. S. Emmanuel han escrito, cada uno por su parte, la hi s toria de Salnica y sus judos. La obra monumental de Joseph Nehama est an por terminar Hasta la fecha se han publicado los volmenes que llegan ha sta el final del siglo XVII. Edu cado en Francia y discpulo de la escuela histri ca de Michel e t Joseph Nehama ha sido el primero en escribir un bellsimo y fiel relato cronolgico de los sefardes en el L evan te. Con la ayuda de todo el material de que dis ponen los historiadores judos como la responsa de los rabinos sefardes, las hascamot u ordenanzas comunales de Salnica, los escritos coetneos hebreos y judeoespa ole s, as como las narracion es de los viajeros del si glo XVI, y valindose de su gra n inteligencia y disciplina mental Nehama ha conseguido presentar una admirable y aut tica reconstitucin del microcosmos sefard des pus de haber sido trasplantado a un clima no hispnico. Por haber estudiado en Breslau el rab Emmanu e l sigue la e scuela positivista d e erudicin histrica y, aunque su est ilo es ms seco y austero, sus estudios son autoriza dos y certeros. Estos dos humanistas salnicos grandes conocedores del ethos sefard, son los primeros despu s de Rosanes, que han escr ito la historia de los judos levantinos y, aunque lamentamos que no hayan escrito la historia de todo el mundo hispanolevantino, su admirable contribucin les hace merecedores de nuestra suma gratitud. De modo me nos sistemtico, Abraham Galante, de Esmirna, ha do su aportacin al estudio de los judos hispanolevan tinos con sus numerosos libros y folletos en francs y turco. Es preciso recordar que las dificultades que ase2 9

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dian al erudito sefard son extraordinarias. Sera exce sivo esperar que estos humanistas realizaran toda la labor de reconstitucin cuando tan escasa ha sido la prepara c in monogrfica que constituye los cimientos para re construir la historia completa del sefard levantino. Sa lnica sirvi de ejemplo al establecimiento, evolucin, y, finalmente, decadencia de las dems comunidades. De ese modo, un minucioso estudio de la estructura de la vida sefard en Salnica nos permitir ahondar en la vida de los sefardes que formaron las comunidades de Alejan dra, Bmsa, Adrianopolis, Monastir, Gallipoli Rodas, Constantinopla, Esmirna y otras. Existe otra razn por la cual Salnica nos ayuda a comprender mejor el mundo hispanolevantino. Salnica era una diminuta repblica juda compuesta de plebeyos y patricios, tejedores, hu manistas y prncipes mercaderes. ( De esa Salnica flore c iente nada queda. Las hordas hitlerianas la destruyeron c asi por completo.) La cultura era lo suficientemente e levada para que esos judos tuvieran plena conciencia de la historia, lo cual les permita darse cuenta de su propia existencia y de sus relaciones con todo el mundo judo y con el mundo gentil, en general. Ese propio co nocimiento histrico es la clave de la investigacin del p asado. As pues sin demasiada constancia, llevo cerca de tr e inta ao s laborando en las tradiciones hispnicas del s efard medieval. Por no querer limitarme al estudio eru dito d e las canciones espaolas me he ido adentrando en un terr e no diferente. En lugar de escribir un ensayo sobre l as canciones judeoespaolas me vi dando los toques finales de esta obra sobre la cultura y carcter hispnico de los judos sefardes del Cercano Oriente. Me inspira l a c onviccin de que no solo yo sino tambin cualquier persona interesada en la civilizacin judeoespaola es tar e mos en posicin de acometer un estudio relativo a e s a civilizacin con un conocimiento menos velado que hasta ahora. Tras leer con simpata esta nostlgica obra ma, la pr:xima La muasaja y el romance entre los judos 30

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sefardes se escribir sin dificultad, puesto que ya no me lo impedirn la confusin, la distraccin. Y es que ahora. gracias a mi reconstitucin de la cultura hispanolev a tina confo en qu e se habr aclarado considerablemente la funcin que d ese mpearon en esa cultura la muasaja y el romance.

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11 LA DIASPORA SEFARDI 1391-1950 MOMENTO CRTICO DE LA HISTORIA SEFARDI PARA el judo espaol, el ao, de desgracia diramos, de 1391 es el momento crtico de su historia, sobre el cual el curioso puede encontrar informacin de tallada en Amador de los Ros y en Graetz 15 A nosotros no nos incumbe expresar nuestro entusiasmo o nuestro dolor, sino acometer la exposicin de los antecedentes histricos de los judos espaoles. Se inicia un nuevo ca ptulo de la historia del judo ibrico y de sus conciuda danos catlicos con las matanzas y depredaciones cometi das en todos los rincones de los reinos por un populacho enardecido por eclesisticos movidos de buenas intencio nes, pero cuyos actos merecieron la desaprobacin de la ms alta jerarqua civil y de la Iglesia 16 De esos sucesos 3 2

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se derivaron dos consecuencias de importanc ia. En pri mer lu gar, centenares de judos emigraron en ex ilio vo luntario del medioda espaol y las Baleares al norte de Africa, Egipto y Saln ica, donde ya existan comuni dades hebreas. Estos judo s, que aba ndonaron Espaa un siglo antes que lo s Reyes Catlicos promulgasen el edicto de expulsin, fueron los precursores del espritu sefard en todo el mundo. Ms adelante volveremos a ocuparnos de las comunidades que fundaron, ya que su estudio es necesario para la mejor cdmprensin de esta tesis. Sin embargo, la consecuencia ms revolucionaria de l os desrdenes religiosos de 1391 fue la aparicin de una nueva clase de espaol, a saber, el marrano. Como suele ocurrir en todos los sucesos histricos de trascenden cia, las causas de la aparicin de esta nueva clase social son oscuras a la vez que numerosas. Fiel al genio que la inspira, la Iglesia se esforz en convertir al judo para lib erar lo en cuerpo de la furia del populacho, as como para darle la oportunidad de salvar su alma. No cabe duda de que centenares de judo s aceptaron la fe catli ca adaptndose con toda conviccin a la tendencia que ya exista en e l seno de las comunidades juda s que se haban conformado a un tipo de civilizacin que ha ba producido un grado ms alto de desarrollo. Esa ten d e ncia se acusa claramente en aquellas comunidades cu yos miembros, en gran nmero, se ven atrados de mo do i rresistibl e por las costumbres e instituciones de sus compatriotas no judos. Ya sea por induccin ex terna, ya sea por la visible recomp e nsa que promete el pertenecer a la sociedad gentil, lo cierto es que se produce un inevit able proceso de asimilacin. Y sea la agitacin popular, sea la presin eclesistica, los momentos de cri sis dan lugar a millares y millares de conversiones que, a pesar de su premura, no impiden a los nefitos adap tarse fcilmente a s u nueva condicin. Unos, movidos por el ansia contenida de pertenecer al modo de ser d e l pas en que sus antepasados han morado durante siglos. 33 BENARDETE. 3

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Otros, arrastrados por un sincero deseo de reconciliacin, que les llev a veces a excederse en su celo de tal modo que su sentido de la culpabilidad lleg a traducirse en una obsesin por perseguir a sus antiguos correligiona rios. Si bien es justo admitir que muchos judos se in corporaron el ethois del pas, que a la sazn constitua una amalgama de amor por la ti erra, lengua solar, cos tumbres, gestos y conviccin, en una peculiar teologa, fueron en cambio muchos los millares de cristianos nuevos en quienes la nueva fe y el nuevo ambiente que se les ofreca no dejaban de crear una sensacin de malestar y culpabilidad que a muchos llev a una nueva vida se creta. Por no poder aceptar la fe catlica en toda su ex tensin y por debatirse entre la seduccin de l a nueva cultura y la fuerza del legado ancestral de sus mayore:5, esos nefitos comenzaron a vivir una doble vida. As na ci el criptojudasmo. Durante los siglos de dominacin mora, los judos haban disfrutado de numerosos privilegios en sus activida des mercantiles, de artesana, agrcolas y en las profesio nes liberales, sin que este estado de cosas variase nota blemente cuando las tierras en que vivan fueron con quistadas por los reyes cristianos. Qui e nes conocen la historia de Espaa, saben que los judos recibieron ptimo trato de reyes como Alfonso VI, quien se llamara a s mismo el Emperador de las Tres Religiones; el santo rey don Fernando, que conquist Sevilla, y su hijo el sabio rey don Alfonso. La armona entre judos y cristianos se vio agriada por las luchas fratricidas en tre Pedro e l Cruel y su h ermanas tro el bastardo Enrique de Trastamara. Por e ntonces, los judos se haban despojado lent amente de s us hbitos rabes y haban asimi l ado los modos ro mnicos. Los dialectos romances fueron arraigndose en su lenguaje diario y su mentalidad y vida familiar fu e adaptndose progresivament e a las caractersticas d e su medio ambiente. Al llegar el momento de l as conv e rsiones mltipl es, los judos d e Castilla y de Catalua eran y a part e inte gra l 34

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de la civilizacin hispano-cristiana reinante. Las conver siones no hicieron ms que dar mayor mpetu il proceso de asimilacin del ethos hispnico 17 En particular, las fuerzas prevalentes les abrieron puertas que hasta enton ces les haban estado cerradas. Podan ya dedicarse a ac tividades relac io nadas con la Iglesia, la universidad las armas, las profesiones liberales. Por su condicin de ca tlicos se permiti a esos cristianos nuevos aspirar a for mar parte de las familias de ms alta aristocracia de la Pennsula. Era evidente que la conversin reportaba pinges beneficios. Mas, pese a dejarse seducir por tanta recompensa a s u conversin, esos nefitos persistieron en la fe de sus mayores. Es evidente que tal dualismo en su lealtad tena que producir en esos hombres, que ahora sus corre li gionarios cristianos llamaban despectivamente ma rranos, un formato psicolgico en e l que la personalidad se distingua por su reserva. Prevaleci la creencia de que, al convertirse al cristianismo toda la poblacin que dara unificada pero al decir de historiadores espaoles, a los judaizantes se debi en pa1te la inquietud social y poltica del siglo XV, aunque nos negamos a admitir que ellos fueron la causa mayor. Los efectos ult eridres del marranismo fueron formidables. Para un pueblo des contento, el marrano se convirti en el blanco de todo su contenido resentimiento. L a falta de autoridad real de Juan II y de Enrique IV no contribuy precisamente a resolver los nuevos problemas que vinieron a acosarles, como la violencia de los seores feudales las intrusiones d e Portugal la presencia del reino moro de Granada, viva demostracin de una unidad cristiana o nacional an por lograr y los elementos marranos. El marrano es un nue vo tipo de espaol en el que ms de una autoridad reclama su lealtad. El judo ortodoxo considera al marra no como un judo investido de cierta prosperidad mate rial, cu ltura secular, as como de un modo de actuar que le abre las puertas de un mundo que al ortodoxo est vedado y que no hace ms que tolerarle en s u territorio. En el siglo XV conviven e l marrano y el ortodoxo y man35

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tienen relaciones por medios un tanto tortuosos. En 1478, los Reyes Catlicos recurren a la instauracin de la Inquis i cin para que se encargue de poner fin al ver gonzoso dualismo del marrano y lle gar a convertirle en un fiel cristiano Sin embargo, no tardaran en darse cuenta de que, a pesar del celo vigilante de la Inquisicin, de nada serviran los esfuerzos por detraer a los marra nos del judasmo en tanto los judos ortodoxos siguieran viviendo en su proximidad. Y as, uno de los argumen tos ms frecuentemente aducidos en favor de la expulsin es que el judo ortodoxo era un elemento contaminador de ias puras fuentes donde bebe el cristiano 18 ; mientras el ortodoxo viva en Espaa, el marrano podr seguir ob servando sin dificultad los preceptos judaicos. A lo largo del siglo XV las relaciones entre el judo y el marrano son bastante francas a pesar de que aquel sigue viviendo al margen de l a sociedad espaola. Se debe ello, por una parte, a que el ortodoxo pe1teneca a los secto res ms humildes de la pob la cin, sin que llegara a per cibir, con la misma intensidad que el marrano, las das transformaciones de la lengua que se acusaron en las esferas ms elevadas de l a sociedad espaola. Desde un punto de vista socia l estn lejos del judo ortodoxo fiel a su fe figuras como Remando del Pulgar, Juan Pacheco, el marqus de Villena, Pedro Girn, micer Gonzalo de Santa Mara, Alfonso de Baena, Rodrigo de Cota, Pablo de Heredia, Alfonso de Zamora, Andrs Hel, Alonso de Cabrera y tantos otros literatos polticos y cortesanos descendientes de marranos. Es tpico de las religiones en general, pero de la judaica en particular, mantener su conservadurismo en casi todos sus aspectos 19 Nos vamos a preocupar aqu de mantener clara la dis tincin entre estos dos tipos de judos porque ella nos dar la clave del papel que desempearon en la Pennsula y en el destierro despus de 1492. Por considerarse ex tranjero, el ortodoxo puede celebrar, en su arcaico espa ol, su Pascua, su Purim y dems fiestas. Por estar su idioma asociado a lo sagrado en su vida, el judo se siente 36

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satisfecho con su espaol de lo s siglos XII y x1v que, aun anticuado sirve de elemento de cohesin de sus costum bres. El idioma le permite seguir escribiendo su corres pondencia y las narraciones comunales donde, en carac teres hebreos se mezcl an en giros y expresiones el espao l, el cataln, el portugus y el hebreo. Las comunidades judas de Ca st illa, reunida s en con sejo para di c tar las l e yes de su aislado mundo levantan sus actas en caracteres hebreos en un idioma donde se hermanan el espaol y el hebreo. En un espaol que ya ha cado en desuso entre lo s marranos, se siguen leyen do y cantando las traducciones de la Biblia y de los poe mas de Salomn ben Gabirol, Yehud ha-L ev y otros bardos hispanomoriscos. Quien est familiarizado con la evolucin del castellano se dar cuenta fcilmente tras estudio un tanto minucioso, de que la llamada Biblia del duque de A lba est escrita a principios del siglo XV por el oscuro rab Moiss Arragel de Guadalajara en un es paol ms arcaico que el de las versiones contemporneas de la Biblia, aun cuando esa famosa traduccin estaba destinada a ser leda por quien era una de las personas de la ms alta nobleza del pas 20 Al pasar el marrano a formar parte de una nueva socie dad se inicia a s mismo en un idioma que se encontraba en un estado ms avanzado de evolucin, mientras que al adoptar el nuevo alfabeto latino se le abren l as puertas a la esplndida literatura que estaba forjndose a la sa zn. Si bien Alfonso de Baena 21 Francisco Lp ez de Vi llalobos, Antn de Montoro, Rodrigo de Cota y tal vez Femando de Rojas fueron parte importante del renaci miento germnal de la lengua castellana, no es menos cierto que su ob.ra contribuy de un modo decisivo a su evolucin y florecimiento. Nos encontramos a mediados del siglo XV y ya existen dos tipos distintos de judos, cuyas diferencias son mayores de lo que podra pa recer. La vida en pie de igualdad con sus conciudadanos ibri cos altera la fisonoma del marrano, sobre todo al unirse 37

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en matrimonio con elementos de la sociedad prevalente. No pasar mucho tiempo sin que el marrano se convierta en un hidalgo de alcurnia. Por sus gestos, hbitos, ade manes, idioma, labores y aspiraciones, el marrano se aleja cada vez ms de su hermano judo. Bastara un siglo de vida en su nueva condicin para que una parte conside rable de la poblacin juda de Espaa sufriera la meta morfosis que les permitira compartir el legado cultural de Occidente que estaba elaborndose en Italia en el si glo XV, y en los Pases Bajos, en Francia y en Inglaterra en el XVI. Legado del que haban de quedar totalmente ex cluidos los judos ortodoxos, en particular los que en 1492 tuvieron que abandonar las tierras de Espaa por las de Africa y del Levante. PRIMERA DISPERSION DE LOS JUDIOS ESPAOLES Nos asist la esperanza de que esta breve relacin de los sucesos acaecidos a la poblacin juda de Espa a en el siglo XV permitir observar cmo esa pobla cin se bifurc en dos grandes corrientes. Quienes si guieron fielmente adictos a la fe judaica se convirtieron en corriente tributaria del sistema fluvial del judasmo mundial. A su vez, los marranos eran ccjudos en todo menos de nombre, cristianos en nada ms que en for man 22 Unos se integraron por complet en la vida na cional espaola, donde perdieron sus caractersticas, sobre todo al contraer nuevos vnculos matrimoniales. Pron to se comportaran com hidalgos. Otros prefirieron lle var una doble vida, a pesar de las posibles consecuen cias que el establecimiento de la Inquisicin pudiera aca rrearles. Conviene aclarar que nos referimos a los marranos que de un modo total o parcial se mantuvieron fieles a la religin de los Patriarcas y de los Profetas. El que durante todo el siglo XVI muchos marranos abandonaron 38

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la Pennsula para practicar en secreto su judasmo en pases como Flandes o Francia, donde no se les recono ciera su calidad de judos, o bien el que marcharan a otros muchos pases del mundo donde pudieron revertir pblicamente a la fe de sus mayores, demuestra de modo concluyente que en los siglos XV y siguientes el marra nismo fue pasando de padres a hijos por varias genera c10nes. Una vez sentada esta premisa, volvamos a contar a partir de 1391, ya que todo intento de comprender ple namente la historia judeoespaola sera vano si nos afe rramos a la creencia de que la dispersin sefard se ini ci el mismo ao en que Coln descubri Amrica. Los jud os salieron de Espaa en tres momentos 23 Ya un si glo antes del edicto de expu l sin se registra un xodo vo luntario Si bien la partida de los sefardes en 1391 no tuvo consecuencias de relieve los problemas que se plantea ron al emigrante de 1391 en su nuevo hogar y el modo de resolverlos habran de constituir un precedente de lo que ms de un siglo despus esperaba al ortodoxo judo a quien no se permitira permanecer en Espaa como tal. De uso cada vez ms frecuente entre quienes se ocupan de la historiografa de la civilizacin juda son las res ponsa rabnicas 24 que constituyen las fuentes principales de la historia y de la cronologa judas. lsidore Epstein de Inglaterra, ha escrito dos obras sobre las re sponsa de dos rabinos peninsulares con vistas a reconstituir los pe rodos correspondientes. Las responsa del rab Durn no s permiten formarnos una idea de lo acontecido a los judo s ib ricos que prefirieron salir de su pas en 1391. En Preguntas y respuestas donde se recogen los dic tmenes, decisiones, juicios y decretos del rab balear Simn ben Zemah Durn, se encuentra, tras atento escru tinio, material suficiente para reconstruir el primer pero do de la dispersin sefard. En 1391 sale el primer con tingente de judos con destino al Norte de Africa, donde estos judos de Catalua, Andaluca, y, sobre todo, Ma3 9

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Horca, encuentran un ambiente material y espiritua l muy atrasado. El perodo de 1 389 a 1 4 11 es de gran incerti dumbre poltica Faltan l ibros, los rollos de la L ey de uso en l as sinagogas estn en gra v e estado de deterioro, los rabinos locales brillan por su i gnorancia y se desco nocen aspectos tan importantes de la ciencia hebrea como e l propio Talmud. Por provenir de una tierra donde l as condiciones materiales e intelectuales estn tan avanza da s, los inmigrant e s de la P ennsul a no tardan en formar s u s propias entidades de c ulto Dondequiera qu e se estab lez can, forman grupos independientes y retienen s u atuendo, su sistema de relaciones y su modo de hablarn 25 T an pronto como se establecen comienzan a mejorar la s con dicion e s econmicas. Se alivia un t anto l a piratera, que es el azote de la costa de Marruecos. Pronto hallan favor los judos que cruzaron e l Mediterrneo en lu gares como Argel donde entre otras cosas, se reduce l a capitaci n por su causa A pesar de esta rpida d esban d ada, an queda la mayora en la P ennsu l a Cmo un sig l o despus se confirmara en simi lar es desplazamientos d emogrficos no t ardaran los emigrantes en sentir su recia v inculacin a l a tierra d e donde procedan y a s u s hermanos d e fe. Uno de lo s pocos viajeros que salieron de Espaa en e l sig l o XII para visitar oo munidad es judas fue Benjamn de Tudela 26 al que seguiran m s tarde otros muchos La aparicin d e las comunidades sefardes en Afr ca en e l sig l o XIV crea un nexo comercial entre Espa a y Africa que haba de durar ms d e un siglo. Nos consta que al exi liarse de Espaa en tres ocasiones, en 1 39 1 en 1492 y en los siglos XVI y XV II mucho s familiares quedaron en la Penn s ula. A p esa r de lo des mesurado y de lo tendencioso de la t eor a d e Sombart 27 segn l a cual los judos fueron los fundador es del capi talismo moderno no le falta cierto pice de razn. No cabe imaginar un sistema comercial moderno sin trans acciones int ern acionales y, aunque lo fueran en redu cida escala, las operaciones de los judos bal ea res que 40

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crearon firmas comerciales en Africa abrie ro n las puer tas al nuevo sistema econmico. A requerimiento de sus actividades comerciales, lo s judos hicieron repeti dos viajes a travs del Mediterrneo, pese a los peli gros inherentes a la primitiva navegacin de la poca en un mar inf estado de piratas. Y, sin embargo esas operaciones habran de mantenerse durant e ms de un siglo entre diversos pases y siempre bajo la iniciativa de judos. Llegaron hasta a crear sociedades cuya fina lidad era, al igual que la de ciertas instituciones mona cales de la Espaa cristiana, prevenir incursiones de corsarios y pagar el rescate de los prisioneros apresa dos por los piratas 28 Estos hombres errantes siguieron, imp ertrritos, la marcha hacia su propio desno, administrando s u s negocios y mante niendo el orden riguroso en sus relaciones sociales y comuna l es que haba distinguido a la,s com unid ades judas en su pas de origen. As se vio la judera norteafricana enriquecida por la nueva orientacin espiritual, sabia y prudente, de lo s judos espaoles. Es curioso observar que esas comunidades hispano judas son organismos que, bajo la direccin de hom bres como Durn tienden a perpetuarse. Imbudas del espritu medieval que las inspir, esas comunidades his panojudas tienen corporaciones, gremios, un iversidades y autonoma y, bajo la direccin del rabino y de l os legos elegidos democrticam e nte para ciertos puestos pbli cos, fiscalizan todos los aspectos de su vida espiritual, educativa, jurdica y econmica. Sin tener que respon der ante ningn tribunal no judo la corte rabnica dirima todo conflicto econmico, matrimonial o re ligioso. Los judos espaoles que se organizaban en comunidades autnomas lo hacan con arreglo a un plan democrtico Corno lo fueran en Espaa, se regan por nemanim o memunim a los que elegan por sufragio; y aunque las responsa de Du4 1

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rn par ece n ser un tanto reticentes sobre este punto, cabe afirmar sin temor a incurrir en falsedad que a estas nuevas comunidades traj eron los judos todos los notables mtodos de organizacin comunal tpicos de las aljamas espaolas. Es cu rio so observar que llegaron a instaurar el tributo de la sisa, que se impona sobre la carne y el vino y cuya exaccin, al igual que en Espaa, se arrendaban a una o varias p e rsonas, las cuales, median~e el pago de un tanto alzado, se encarga ban de r ec audarlo 29_ Di gamos, para terminar, que en estas comunidades hispanojudas se mantena la paz mediante la promul gac10n de ordenanzas comunales llamadas entre los sefard es hascamot ( en singular, hascama). Las ordenanzas tenan una gran amplitud e n la vida comu nal y s u observancia se aseguraba mediante el anatema o herem, arma poderosa qu e, e n mano s de los j efes comu nale s serva para mantener la disciplina y hacer respetar las ordenanzas que, de tiempo en tiempo se promulgaran. Cabe, en fin, decir que la emigracin de 1391 cre una serie de comunidades hispanojudas en Africa, Egip to Sainica y otros lugares, que haban de dar la pauta a la emigracin sefard de un siglo ms tarde. Con la supresin oficial del judasmo en Mallorca en 1436, nu e vos con tingentes de judos se anticiparon en una generacin al xo do d e los sefardes hacia esas comu nid ades Las ciudades e n que se estab lecieron esos emi grantes habran de acusar un rpid o florecimi en to eco nmico, sin que se olvidaran de mantener relaciones comerciales con s u s compatriotas que se haban quedado en la Penn s ul a. Consigo llevaron estos peregrinos un nuevo concep to de vida juda que se distingua por una cienc ia ms profunda, un comportamiento ms refinado y un nivel de vida ms elevado.

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III COMUNIDADES MARRANAS E N varias ocasiones hemos sealado a la atencin del le c tor la aparicin en el siglo X V d e un nuevo tipo de judo en Espaa, o, si se quiere, de un nuevo tipo de cristiano. En el siglo xv, el probl e ma judo co mienza a seguir un nuevo derrotero: lo que haba sido acrrima oposicin al judo se convierte en abierta opo s ici n al marrano. Por haber estado complicados en la arbitraria administracin del ministerio de don Alvaro de Luna, as como en otros asuntos de Estado, se d e pert en el nimo popular un rencor contra el marrano que provoc los sangrientos episodios de Tol e do y otros lugares de 1449 y 1467. La gravedad del problema re quera una solucin de la mxima habilidad poltica 30 Por una parte, la Iglesia no poda renunciar a sus ten4 3

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tativas de conversin de los hermanos de raza de Jess, mientras que por otra, las bendiciones eclesisticas no servan de mucho para calmar la ira del populacho. Por tant, se impona una sabia avenencia entre la uni v e rsalidad d e l principio de la hermandad de todos l0s hombr e s ant e la Iglesia y los problemas prcticos que a l a sazn acuciaban al pas. Se crey que con la crea cin de la Inqui s i c in se podra hacer frente a las acu saciones de que los cristianos nuevos no eran sinceros en su profesin de la fe cristiana. Y, por otra parte, se crey que la oposicin social cesara en cuanto se for zase al marrano mediante amonestaciones, adulacin, amenaza y castigo, a abandonar sus hbitos ancestrales y a adquirir una mentalidad agraria y feudal. De la continua oposicin al marrano naci, al fin, una teora, repu g nante al espritu del Catolicismo de pureza racial: la limpieza de sangre 31 Prescott recoge una cita de la crnica de los Reyes Catlicos d e l Cura de los Palacio s (MS, captulo 43) 32 en la que se resume netamente la actitud mental y emocional de los e spaoles respecto de los marranos y pone de manifiesto las causas primarias de esa actitud. Grandes pensadores de nuestro tiempo han afirmado, sin que les falte un tanto de razn, que, al estudiar los tipos culturales de las civilizaciones del pasado, de nada sirv e el que queramos dar lgica y propiedad a las creencias de esas civilizaciones. Cualesquiera que fuesen sus conceptos, esos conceptos constituyen su ideologa y, por tanto, sera vano tratar de confirmar o rebatir las reacciones emocionales de los castellanos del siglo XV. Baste saber cmo pensaban, y lo que pensaban es lo nic que nos interesa. El odio hacia los marranos se deba a que estos se mostraban reacios a acatar el ritual catlico y preferan observar sus festividades en secreto. Seguan observando igualmente costumbres culinarias bien diferentes de las cristianas, y se les acusaba de falta de respeto por instituciones cristianas, tales como la vida monstica, y se les reprochaba igualmente de 44

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profanar esa vida. Se deca de ellos que no .tenan espritu de solidaridad y colaboracin con sus hermanos d e fe cristiana. En lo material, se, les t achaba de ambi ciosos y rapaces. Por poseer tanta riqueza les fue viable a los marranos contraer matrimonio con miembros de las familias aristocrticas. Tras la animosidad popular contra el marrano se ocultan razones sentimentales, reli giosas y psicol g icas 33 Es curioso que sea una crnica h ebrea la que nos haya legado un minucioso y profundo anlisis de esa animosidad, pond eran do las acusaciones de que fueron objeto los marranos por parte de los castellanos. Sin compartir los sentimientos que provo caron tales acusaciones, el cronista admite los cargos y trata de conjurar una explicacin racional de las mise rias y tribulaciones que se cernieron sobre los judos y los marranos: Por que h ay tres clases d e envidias importantes: la envi dia d e la religin, la de las mug eres y la d e l as riqu e zas, y todas tres se enc u e ntran en Israel con lo s dems pueblos; pues por e l continuo trato ya haban comenzado los judos en Espaa a poner s us ojos e n las hijas del pas .... La envidia de las riqu ezas, por que entraron los judo s en lo s oficios y nego cios de los cristianos... se envanecieron algunos de nuestro pu eb lo y pensaron mandar sobre los cris tianos, los habitantes del p as, s i e ndo stos seores 34. El establecimiento de la Inquisicin y la expulsin de los judos fueron la consecuencia inevitable de la poltica de los Reyes Catlicos de lo grar paz interna mediante la asimilacin total de los exponen tes de la economa del dinero. En el momento oportuno, esos propsitos se vieron cumplidos de modo notable. A cau sa de las maquinaciones de la fortuna y de la poltica internacional el problema marrano comenz a despla zarse de Castilla. Debimos hacer notar en el captulo anterior que, merced al pago de un det er minado tributo, se concedi a seiscientas familias judas castellanas el derecho a trasladarse a Portugal. Empero, pcir la suma de seis escudos por adulto, pasaron a Portugal unos eren 45

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mil judos tras prometer que abandonaran el pa~ antes de transcurrido un ao. Resulta pattico observar cmo algunos pases imtan polticas ideolgicas de sus veci nos, aun cuando las circunstancias de un caso dado sean diferentes. Una de las condiciones impuestas por los Reyes Catlicos al matrimonio de su hija Isabel con don Manuel de Portugal fue la conversin o expulsin de los judos. Sin embargo, Portugal no sigui la con ducta uniforme de Castilla. Mientras Castilla puso a los judos en la extraordinaria disyuntiva de convertirse al catolicismo o abandonar la tierra, Portugal, por haberse comprometido a no dejar partir a los judos al permitir su entrada, recurri a toda especie de ardides y trapa ceras para que los judos, tanto procedent es de Castilla como los nacidos en Portugal, se convirtieran forzosa mente al catolicismo, sin ofrecer siquiera la alternativa de abandonar el pas. A este respecto dice Cecil Roth el moderno historia dor de lo s marranos: He a qu cmo, en relidad, llamarlo la expulsin de Por tug a l es un e ufemi smo El nm ero d e los qu e fu ero n autori zados a emigrar fue tan exig uo que raya en lo rid c ulo. Lo que dio fin a la esta ncia d e judos en Portugal fue una con versin general de amplitud hasta entonces sin igual y, casi sin excepcin, r e alizada por medio del u so desmesurado de la fuerza 35_ La poltica vacilante de los portugueses permiti que el marranismo se convirtiese en un poderoso movimiento clandestino que nunca pudo ser suprimido. Si como judos los marranos no podan abandonar e l pas como cris tian os, en cambio, gozaban, en teora, de la libertad de viajar a voluntad. Una vez s, los portugueses di e ron muestras d e ambigedad y arbitrariedad al poner en prctica sus doctrinas. En 1499 ya existan le yes que prohiban la emigracin de marranos. Sin embargo, a raz de los cruentos disturbios ocurridos en Lisboa en 1506, se renovaron las antiguas promesas d e no mole s 46

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tar a los cristianos nuevos lusitanos y de eximirlos de la vigilancia de la Iglesia, y se les autoriz adems, a que se trasladaran en persona y en bienes a donde les pluguiera con toda clase de garantas Estos privil e gios haban de tener repercusiones de alcance mundial. En primer lugar los marranos de reciente conversin, en los que todava bulla un impulso irresistible ha cia la religin de sus mayores abandonaron Portugal en cuanto les fue posible y se encaminaron ha c ia las co munidades sefardes de Africa y del Levante. Las llam das congregaciones portuguesas de Salnica de los Balcanes, de Esrnirna y de Constantinopla surgieron con la llegada de los marranos castellanos. Por no exis tir an la Inquisicin y por estar considerablemente garantizados contra escrutinios respecto de su fe, fue ron muchos los marranos castellanos que abandonaron Espaa para unirse a sus hermanos en Portugal. Como resultado de esas favorables coyunturas, se ini ci un nuevo flujo migratorio de marranos portugueses hacia Italia, Francia y Flandes En su nueva calidad de prtu g ueses n, les asista ahora e l derecho de estable cerse a su discrecin en esos pases sin tener que estar sometidos a vigilancia de ninguna clase. Aun despus de instaurarse la Inquisicin en 1536 los marranos per sistieron en su bsqueda de oportunidades comerciales y de una relativa libertad de persecucin. Como es gico, en cuanto la Inquisicin co menz a actuar en Portugal los cristianos nuevos se apresuraron a abandonar el pas. Al examinar la correspondencia de 15 40 a 15 50 e ntre Carlos V y su dilecta hermana Mara, reina de Hungra respecto de las transacciones financieras de l a familia marrana d e l os Mndez se observa cun aprensivo se senta el Defensor d e la Fe Cat li ca ante l a intrusin de l os judos so profesin de cris tianos en Flandes y otros de sus dominios: En cuanto a los cristianos nuevos que pasan a diario de Portugal a Amb eres, pasan con tinu amente de dicho Amberes a Francia y de ella, se dice, a Ferrara si n que nada pueda 4 7

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alegarse contra ellos en tanto se digan bu enos c n stia nos y sepan generalmente r espo nd e r d e la fe cr i stia na, por grande qu e sea la presuncin de que no se marchan d e l d ic ho Por tugal y en tan gran nm ero si n que se s o spec h e gra nd e m e nt e de ello Y cuand o se les interroga por qu se retiran, dicen qu e lo ha ce n para tene r mejor comodidad de vida, no sa b ie do ganar su v ida en Port uga l l o que n o es muy veros m i l 3 6, Cuando la r eina Mara de Hungra pregunta a los men :a d e res de A mber es a ce rca de s u actitud ha ci a los merca deres port u g u eses, l e contestan que ser a buena idea hacerl es ostentar u na marca di s tintiva como la de l os jud os en A l em ania. Las observaciones de la hermana del Emperador revelan plenamente el idealismo y e l des inters con que E spa a era l a campeona d e l catolicismo: Pues s i son judo s, Vue s tra Majestad no querr tol e rarlos en vu est ros pases e in cluso los expulsara d e e ldres, y si son cristia nos se r a inju st o ha cer l es o ste ntar marca alguna 3 7 Las autorida des flam e ncas se dieron cuenta de que l os merc aderes portugue ses solan servirse de Flandes como punto de t rnsito hacia l as ciudades itali anas don de se t oleraba a los marranos como t a les y aun se le s acoga como judos Flandes s ir vi igualmente de nexo de unin entre el Occid en te y ciudad es lev a ntinas como Salnica. Mon se or, h ay gra n presunc10n co ntra aqu e ll os judos qu e po c o a poco, se van camino d e Salni ca 38 Sera int e nto vano tratar de ha cer un esquema del desarrollo histrico de las com unidad es marrana s en todo el mundo y enjuiciar la contribucin que aporta ron a l as culturas d e l os pases donde habitaron. Aun as querramos esbozar al g una s carac teristi cas genera l es de esta gen te extraordinaria que e n tantos a s pectos, puede considerarse l os precursores de los judos de nuestros das. Los tipos de existencia marrnica fueron di versos, pero podemos estab l ecer cierta clasificacin:

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Marranos peninsulares En el ltimo decenio del siglo XIV los marranos co mienzan a practicar su criptojudasmo en la propia Es paa. En la s Baleares se escribe un pintoresco captulo, con trasfondo de trag e dia 39 Es g ico suponer que exis tan marranos en todos aquellos lugares en que la .In quisicin d e scubre trazas de judasmo y encausa a los culpab les. Como muestran las historias que ya se han escri to de los marranos en Mallorca, la conversin del judo balear dio lugar a un nuevo tipo de catlico. Por habrseles impu es to un bloqueo racial, los nefitos de las islas pudieron mantener la pureza de sangre, sin mezcla de sangre local. A fin de protegerse contra un ambiente hostil, los chuetas, esto es, los catlicos de origen judo, comenzaron a dar muestra de un exceso de celo religioso que si bien no lleg a vencer la re serva social que se les impu so, logr al menos darles e l derecho a permanecer en la isla de Mallorca. Muchos marranos huyeron d e Espaa a las islas Canarias para liberars e del peligroso ambiente de la Pennsula. Los archivos del Santo Oficio revelan que fueron muchsimos lo s cristianos nuevos que se trasla daron a aquellas partes del territorio espaol que esta ban libres de la constante presin social que se ejerca sobre lo s marranos. Las investigaciones de distinguidos especialistas, Kay serling entre ellos, nos permiten afirmar hoy que los marranos de Aragn y Anda luca contribuyeron de mo do muy directo a la empresa del descubrimiento de Amrica 40 Fueron muchos los marranos que, pese a las leyes del sig lo XVI que restringan la emigracin de marranos a las Indias y a Tierra Firme, lo graron esta blecerse en Mjico y Per 41 Y, una vez ms, el Tribunal de l Santo Oficio, a cuya ubicua vigilancia poco escapa ba, fue forzando a los marranos a abandonar el culto clandestino. 4,9 BE NARDETE.---4

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En una historia general de los marranos, correspon de un segundo captulo al marrano luso 42 Como se ha ipuntado ms arriba, Portugal pas a ser no solo un remanso donde se concentraban los marranos que haban de nutrir los ncleos que se haban venido formando en todo el mundo durante ms de dos siglos, sino que, con sus posesiones transocenicas, Portugal ha sido mo rada tradicional de marranos hasta nuestros das 43 Son, sin embargo, las vicisitudes del marrano en tie rras no hispnicas las que ofrecen el mximo inters al estudioso. En este terreno cabe distinguir tres fases. Durante decenios los pequeos ncleos en tierras licas, como Flandes, Francia e Italia, constituyeron lo que se ha dado en llamar en el extranjero la nacin portuguesa 44 En ciudades como Burdeos y Bayona, los marranos, por guardar las apariencias, bautizaron a sus hijos y enterraron a sus muertos segn el rito catlico. Ante tan extrao proceder, las autoridades eclesisticas no tardaron en mostrar una actitud ms benigna, per donando a aquellas gentes que parecan respetuosas de la ley y ciudadanos de pro en todos los dems aspectos. Esa tolerancia hacia el criptojudasmo se prolong en esas comunidades durante muchos aos y hacia princi pios del siglo XVIII se lleg a permitir el culto pblico del judasmo a los marranos del medioda occidental de Francia. A mediados del XVI aparece en Ferrara otro tipo de comunidad marrana que haba de ser precursora de otras comunidades que aparecieron ms tarde en Italia y en otros pases. Los prncipes italianos de ciudades como Fenara, Liorna y Venecia, confrontados con el judasmo de esos llamados cristianos nuevos, tuvieron que admitirlo como hecho consumado. La profundidad espiritual y cultural de estos judos peninsulares, que haban pasado dos o tres generaciones enfrascados en la fe catli c a, adquiri un carcter tan netamente eu ropeo y estaba tan al tanto de los tiempos que se les fo e ron abriendo la s pu e rtas a la vida c ivil con una li50

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bertad desconocida hasta entonces. En Ferrara es donde mejor se acusa la configuracin de una comunidad ma rrana. La clebre Biblia de Ferrara se public en ca racteres latinos mientras que el Pentateuco apareci en Constantinopla en versin trilinge, en hebreo, grie go y espaol en columnas paralelas y en transliteracin hebrea. Fue tambin en Ferrara donde Usque ( familia oriunda de Huesca) public en el portugus clsico del XVI sus lamentaciones y apologtica del judasmo peninsu lar tituladas Consolw;am as tribuu;oens de Israel. Dis tnguense entre las caractersticas ms sealadas de este nuevo tipo de comunidad juda la organizacin comu nal, el empleo del espaol y del portugus en sus ticas cotidianas y religiosas, as como en sus obras re ligiosas, y la inspiracin de sus obras originales en los modos literarios de la pennsula. Cuando en el siglo XVII Italia pierde la hegemona comercial y aun antes las comunidades de origen marra no comienzan a diseminarse por Holanda Hamburgo, Londres y el Nuevo Mundo. narracin tan curios sima podra haberse escrito sobre los ncleos judos en Surinam, Cura~ao, Jamaica Barbados, Nueva Amster dam, Newport e inclu s o Santo Tom s, en la s islas genes a la sazn parte de las Antillas dane s as! Un s igno exterior comn a todas la s c omunidades marranas era el cultivo de la literatura e s paola y de la portuguesa, e d i tada n o e n c ar acte r es h e br e o s, co m o h aca n l os se farde s oriental es sino de man e ra que podan comprender fcilmente todos los emigrantes que llegaban Al leer las obras d e Mennasseh b e n I s ra e l Immanuel Aboab, Isaac Cardozo, los apologistas del judasmo, es critas en un castellano pursimo que nada tiene que en vidiar al mejor que se escriba a la sazn en Espaa o al leer las parfrasis de los salmos, o los poemas de toda ndole escritos por Enrquez Gmez o Daniel de Barrios, nos asiste ms y ms la conviccin de que, de s de un punto de vista lingstico, esos judos represen51

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tan de modo ntimo la cultura peninsular de lo~ dos si" glos que siguieron a su expulsin Como habran de hacer ms tarde las vctimas de la Alemania nazi, los mananos crearon academias literarias bajo el mecenaz go de personas que, como Belmonte, habran logrado acceso a la jerarqua aristocrtica de Europa. No era un dialecto lo que hablaban, sino el lenguaje culto que se hablaba en las altas clases sociales de Espaa y Po:itu 0 gal, en sus universidades, en la iglesia, en la escena, en sus clases militares. Un gran nmero de marranos has ba cursado estudios universitarios antes de revertir al judasmo, a edad avanzada casi siempre. Entre ellos abundaban los mdicos, jurrstas, astrnomos, dr.ama .' turgos, poetas, filsofos, telogos, rabinos, prncipes mer caderes, oficiales del ejrcito y miembros de tantas otras profesiones. Las profundas transformaciones sociales re gistradas en los ltimos tiempos en todas partes del mun do han hecho imprescindible la investigacin en la es tructura de la sociedad, y han dado como resultado patente la nocin de que la sociedad se compone de masas y de clases dirigentes. Al analizar las comunida des marranas, nos sorprende descubrir que existan cla ses dirigentes sin tener masas que dirigir. Ello tal vez sea una de las ca.usas de su desaparicin, ya que, al carecer de masas, falt a esas comunidades la fu e rza centrpe ta que sustenta a las minoras. Los marranos tuvieron que hacer grandes sacrifi cios para conservar la libertad de practicar la religin de sus mayores sin impedimentos ni ocultaciones. Para. muchos, el retorno a la fe mosaica constituy una fuente de satisfaccin y un refugio una vez liberados de los lazos de una religin que nunca llegaron a asimilar. Por mucho que se trate de negarlo, es evidente que el ca tolicismo es ms que una mera religin. Al igual que el judasmo, es una forma de vida que no deja espacio al g uno para otros concep tos. A los judos les doli pro fundamente tener que modificar su Weltanschauung, pero el catolicismo tiene maneras sorprendentes de arraigarse. 52

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Logr tr~ns~or~ar a muchos marranos hasta tal punto que muchos que emigraron les pareci el judasmo algo plido e insulso. Nada tien~ de extraar que tantos de cidieran volver a la pennsula o permanecer en su fe catl!c a: Y ami para quienes encontraran difcil acep tar el simbolismo y el misterio del catolicismo, el pro te~tantismo se les ofreci lo suficientemente prximo a la tradicin hebraica para abrazar sin demasiados re paros esta nueva forma de cnstianismo. La tragedia del marrano que se vio vctima de las dos encontradas tendencias espirituales queda ilustrada en la historia con la trgica vida de Uriel da Costa 45 Huy Uriel de Portugal por haber prestado odo a la mist e riosa llamada de sus antepasados. Interpr e t el catolicismo en forma tan pervertida que le hizo buscar en la aludnacin la r e li gin de l a Biblia. Mu c ho le sor pendi comprobar que el judasmo se apartaba con mu cho de la religin que haba conc ebido en sus sueos. Le roa el corazn el virus del modernismo, y ello hizo olvidar que la reli g in obli ga al hombre en todas las fases y actividades de su vida Su satnico sentido de la libertad, de un lado, y su insaciable sed d e espiritualidad, de otro, le llevaron a rebelarse contra las normas mora l e s de la sinagoga. Tras ser anatematizado volvi a so meterse a la dis ci plina de la sinagoga con tal violen c ia a su orgullo que, presa de la desesperacin y de la hu millacin, termin poniendo fin a su vid a Al caso d e Baruj de Spinoza le falta la punzante tragedia d e Uriel da Costa. Sus escrpulos l e ll evaron a abstenerse de reconocer los dogmas de las religiones q ue a la sa z n se debatan en cruel contienda en Ho l a nda. Por haberse mantenido a l margen de la diatriba, por su mod o de vivir asctico y por su sentido de la independencia pudo crear uno de los sistemas filos ficos inmortale s d e la Europa occidental. El alma tortu rada de Uriel da Costa y la serenidad olmpica de Baruj d e Spinoza abren las puertas de nue s tra era mo derna. Formada e n e l Renacimient, vino a di so lverse 53

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en el romant1c1smo y, con ello, la promesa de una nueva aurora an muy distante y que hoy apenas podemos vislumbrar. No hace mucho tiempo, los filsofos y los estudiosos consideraban que Spinoza era el punto de partida del pensami e nto moderno. La obra del profesor Harry Wolf son, The Philosophy o/ Spinoza (Cambridge, Harvard University Press, 1934) ha venido a disipar toda duda respecto de la relacin de la filosofa juda medieval y las contribuciones cartesianas. Por lo que a este estudio se refiere, baste sealar que lo ms excelso del pen s amiento judeohispnico ha quedado incorporado en las meditaciones de la metafsica moderna. Esa sntesis de medievalismo y de modernidad que se atisba en Spinoza constituye el punto culminante de la contribucin marra na a la civilizacin europea. EL OCASO DEL SEFARDISMO OCCIDENTAL En el transcurso del presente resumen sinttico de la historia del sefardismo, nos hemos referido ms de una vez al hidalguismo de los marranos que volvieron al juda s mo en los pases a ambos lados del Atlntico. Daremos a continuacin algunos ejemplos del modo en qu e se manifest ese hidalguismo, y trazaremos algunos ras gos complementarios que perfilaron este bosquejo del hi dalgo jud o Los eruditos sefardes como Mi c hel Molho e l. S. Em manuel 46 han estudiado las estelas funerarias de los ju dos de Salnica y nos dicen que en s u mayora, la s inscripciones en las tumbas estn en hebreo y, casi siem pre, sin ornamentacin alguna. Por el contrario, los ce menterios marranos permiten vislumbrar la vanidad d e l hidalgo en todo su espl e ndor y mezquindad: 54, S o br e la s este l as fun e raria s d e l Lid o c om e nzaron a apar e c e r la s arma s d e lo s hidalgos de la P e nn s ula, y e l hebreo se h ace c ada v e z s exoepcional.

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El mismo autor ofrece esta impresin del cementerio de Liorna: Muchas tienen escudos de armas coronados de yelmos de caballero .. La del famoso rabino Isaac Ergas se adorna igual mente con esta distincin, si bien le acompaa una inscripcin toda ella escrita en hebreo. Lo cual apoya la hiptesis de que tambin era de origen marrano. Este hidalguismo que de modo tan pattico se manifies ta en la ostentacin mostrada en la casa de la vida, denominacin hebrea del cementerio, produjo tal impre sin que los judos germnicos que estuvieron en contacto con sus hermanos hispnicos les imitaron, como en tan tas otras cosas, en esta su vanidad. Del mismo modo, es curioso que familias de origen germ nico reciente e innegable como la familia Worms, han su/rulo la influencia de su ambiente hasta tal punto que las inscrip ciones funerarias estn escritas en espaol. Algunos de sus tipos han qu edado inmortalizados en los lienzos de pintores que, como Rembrandt, llegaron a conocer ntimamente a estos marranos. A fin de dar una idea acertada de su gran consecucin, debiramos ofrecer una galera completa de estos hombres y mujeres excepcionales. Baste rememorar la descripcin de un se fard en las colonias inglesas del siglo XVIII en el conti nente americano, escrita por Ezra Stiles, presidente de la Universidad de Yale: El 28 de mayo muri ese amable, benvolo, muy hospita lario y muy respetable g entilhombre Sr Aaron Lopez, Merca der, que se retir de Newport Rhode Island en esos Tiempos residi en Leicester en Massachusetts de 1775 hasta su muer te. Era de Nacin Judo, vino de Espaa o de Portugal ha cia 1754 y se afinc en Rhode Island. Fue Mercader de Pre eminencia ; en Honor y Amplitud de Com e rcio no ha sido tal vez superado por ningn Mercader en Amrica. Haca Nego cio con la mayor Soltura y Claridad, mostrando siempre una Afabilidad d e Porte, una calma Urbanidad, una agradable y 55

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sinGera Cortesa de modales. Siii un solo Enemigo y ms uni versalmente amado por tantos nunca he conocido. Su Benefi cencia para con su Familia y su Nacin, y para con todo el mundo no tiene casi Paralelo. Fue l mi Amigo ntimo y Com p~fi;~. Oh! j Cun a menudo he deseado que una mente ta n -~i~cera, pa y cndida hubiera podido percibir la Evid encia cl~I Xtia~ismo, la Verdad tal que reside en Jesucristo, que ' \~bie;a sabido que Jess era el Mesas p redicto de Moiss y de los Profetas! Los amables y excelentes Caracteres de u n Lpez, de un Menasseh ben Israel, de un Scrates, y de un Gangenelli, casi nos persuadiran de esperar que su Excelencia haba sido infusa del Cielo, y que los virtuosos y los buenos de todas la s Naciones y religiones, a pesar de sus Ilusiones, sean reuni dcis en el Paraso en el Sistema Xtiano, encontrando Gracia con el todo benevolente y adorable Emmanuel, que con su , aliento final y en sus ms profundas agonas or por aquellos que no saban lo que hacan 47. je desprende del diario de Ezra Stiles que, a pesar de .. la benevolencia que para un amigo difunto se reserva, tm homhre como Aarn Lpez no es, en la Nueva Ingla terra de su tiempo, un extrao en medio de los gentiles. Y nadie puede negar que esa Afabilidad de Porte, esa :calma Urbanidad, esa agradable y sincera Cortesa de modales no podan tener sus races ms que en la Pen nsula. Es~e sello indeleble de una educacin aristocr tica es uno de los tesoros que los marranos heredaron de Espka. Ningn ejemplo ilustra mejor el ideal del marra~o que Aarn Lpez, en cuyo nombr e se conjugan co n toda armona lo hebraico y lo hispnico. A ; este ejemplo podran sumarse millares. Todos ellos muestran el modo en que el tipo de hidalgo lleg a ser fruto de sefardismo marrano. De igual modo, se conju garon eri e l judo las virtudes y lo negativo de esa natu raleza. La prosperidad d es pert en el judo un desdn por el trabajo y, de creer al erudito holands Van Praag los varones de numerosas familias sefardes en Holanda ob servaron una rigurosa tradicin de ocio total. El orgullo de su alcurnia les llev al extremo de negar se a mezclarse en matrimonio con judos askenases. El egosmo y la in decisin arrastraron a muchos de ellos a crear un coto 56

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cerrado deutro de cad a familia que, con el transcurso del tiempo, se tradujo en un a degeneracin de la raza que, a su vez, dio al mundo algunos ejemp la res de du dosa presencia. La obsesin por mantener el caudaloso peculio dentro de la familia se reflej en una frecuente endogamia, que redund en perjuicio de la vitalidad de la raza . A estos factores se unieron otros que contribu yeron a la de cadencia del sefardismo. La influencia de lo cristiano, las decepcionfs derivadas de la erupcin del mesianismo del XVII de u na parte, y la s tentaciones mo n(ltarias, sociales e intelectuales a abandonar e l jud asmo, de otra, fueron mi nando los slidos cimientos d e l edili c io sefard y aceleraron su c;olapso A estas causas pue den aadirse otras dos que explican la decaden c ia y la casi : des.aparicin del sefardismo marrano. Durante ge. neraciones, los marranos mantuvieron una sociedad pan hispnica por medio de los diversos centros por ellos c reados y que sirvieron de lazo de unin entre las di versas comunidades y la Pennsula, preservando as un ntimo y constante contacto que dio cohesin a su cul tura. Un abnegado sentido de martirio y un espritu de aventura l es impuls a conservar toda clase d e relaciones con Espaa aun a ries g o de su vida y hacienda y ello fue u na fuerza con s id e rable que ciment su unidad. La decadencia de la cultura y del comer c io espa oles y la hegemona de los antiguos enemi g os de Espaa y de Por tu ga l indujeron a lo s marranos a desechar lo vi e jo por lo nu evo A l recono c erl es una ma yor participacin en la vida poltica de los pases en que residan-fruto de la Revolucin francesa -, se fueron debilitando lo s l a zo s que l es unan a l as tradiciones hispnicas. A s u vez los nu e vos dios es d e l n aci onalismo e x igi ero n s u ho mena j e en Franci a H o l a nda Inglaterra Alemania, Italia y l os Es tados U nido s Ms an: el uso de los idiomas l ocales fue debilitando su arraigo al espao l. Al renunci ar a l espa ol y al portugus en l a sinagoga y en el hogar, se fue d es vane cien d o e l sentido de comunidad sefard, sin que el sefardismo hispano l evantino y el hi spanoafricano acu57

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dieran en ayuda del occidental. El sentido medieval del judasmo y las masas, que fueron elementos vitales de lo marrano, eran algo que una vez perdido era imposible r e cuperar, tanto ms cuanto que faltaba el deseo de recobrarlo. Y si por una parte las incontables dificultades inhe rentes a una peticin de socorro a sus hermanos sefardes les hizo desistir de tal ayuda, tampoco se dejaron rege r. e rar por las oleadas de millares y millones de askena ses que llegaron a establecerse en esos pases. En el mun do occidental, los sefardes se convirtieron en una pau prrima minora. Nada habra podido impedir que estos reductos quedaran anegados por las nuevas inundacio nes, pero sera una grave injusticia histrica olvidar que si sus hermanos germnicos y eslavos pudieron encontrar nue vas patrias en la Europa occidental, se debi a la labor precursora de los sefardes, ya que fueron ellos quienes sembraron las semillas que hiban de dar el fruto de que gozaran lo s nu e vo s jud o s del Occidente O c c idente

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IV SEPHARAD HA-GUEDO L A LOS SEFARDIES EN EL C ERCA NO ORIENT E s IN nimo de ahondar por el m o ment o en las r azones y maniobras diplomticas 49 que culminaron en en la expulsin de los judos en ese ao, memorable en tre los memorables, de la historia de la era moderna, queremos reconstituir los movimientos migratorios por los que los sefardes 50 abandonaron la Pennsula en di versas ocasiones antes y despus de 1492. Durante el perodo visigtico, fueron muchos los judos que aban donaron Espaa a causa de una adversa legislacin En el siglo XII, la amenaza de los almohades que cruzaron el Estrecho provoc el xodo de israelitas ms impor tante de la Espaa musulmana. Tras vagar d e una ciu dad a otra de la Espaa cristiana, familias como la de 5 9

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Moiss ben Maimn dieron con sus huesos en las ciu dades de Marruecos, como Fez, donde el ambiente tam bi n se les hizo hostil. En el captulo anterior hemos ana lizado con cierto detalle la creacin de comunidades se fardes a raz de los disturbios religiosos y de las con versiones de 1 39 1'. Pero la fecha crtica de toda la historia moderna de los judos, y quiz de toda la his toria de Espaa, fue la de la expulsin de los judos sefardes de la tierra donde haban vivido durante ms de mil aos. Ha habido historiadores que han comparado este xodo al que, en diferent es pocas, sufrieron lo s ju dos a raz de la conquista de Palestina por los babilo nios y por los romanos. Y la dispersin de lo e: judos espao l es vino a ejercer una gran influencia en las vidas t anto d e quienes hubi e ron de partir hacia el destierro como de aq uellos e n cuyas ti e rras haban d e afin carse. Limitmonos a esbozar l as caractersticas de la s colonias y com unidad es qu e lle garo n a crear en todo el mundo. La bsqueda d e nuevos lugares donde vivir no fue tarea breve ni fci l. Pese a lo que se pueda creer, lo cierto es q u e lo s judos no sa l ieron d e Espa a en aquel ao dico. Antes de r e nun c iar a la tierra de la que t a ntos re c uerdo s de fel i c id ad y de ang u s tia g uardaban lo s sefar des recurrieron a muchos y muy tortuo sos planes para evitar la emigrac in. Dado que la evacuacin nunca ll eg a s e r total, se impone una aclarac i n respecto a la dis persin de lo s judos a partir de 1 492. La s profundas races econmicas, sociales, in te l ec tual es y sen ti menta l es que l os j udos haban echa do en E spaa obligaron a una gran parte de ellos a cumplir la condicin s ine qua non para quedarse en el pas, esto es, aceptar la conve s i A esos elementos marranos v ini eron a unirse nue \ os contingentes de ltima hora. En un principio, pa reca que l os lugares ms favorables seran Navarra y Portugal, pero no tard aran en ser expu l sados o for zados a aceptar la fe cr ist iana. Unas do s mil famili as recibieron el privilegio de establecerse en P ortuga l y unos cien mil 60

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judos ms se trasladaron a ese pas con la e'spefahza de que tambin se les permitira qu e darse. Sin embargo, no tardaron en imponerse consideraciones de orden dins 0 tico, poltico, econmico y religioso que obligaro,n a los judos a aceptar la fe cristiana, s in que se les p rini ~iera, cmo Castilla haba hecho, elegir en tre convertirse l ca tolicismo y quedarse en e l pas o negarse a a bdicar de su fe y abandonar la tierra. Si bien el mrr nismo n comenz a tomar forma en e l s iglo xv como en Cas tilla el criptojudasmo en cambio, no tard en cobrar auge. Y al liberalizarse las restriccines de la emigr~cin, Por~ tug a l ~e convirti en el punto de partida de la s migra cion e s judas y en el remanso donde los marranos p au saban antes de partir a crear las comunidades del si glo xvr, cuyos cimientos ya haban sentado en Africa y en Oriente, una o dos generaciones antes, los juds castella nos y aragoneses. Como se ver ms adelante, los judos que abandona ron Espaa en l' 492 y Portu ga l antes y d espus de 1506 constuyen, en su mayora, lo que podramos llamar el jud o m edieva l. Forman lo que podramos llamar el cuer po de las masas ju das Desde e l momento d e partir, su deci sin de ex iliarse le s oblig a adherirse a la comuni dad mosaica. Abandonaron Espaa de motu proprio por que de sea ban seg ui r siendo judos y Espaa no l es quera como t ales y, como es gico, se acogieron a la autoridad de los j efes esp iritu a l es d e l judasmo espaol. A l fracasar en s u t enta ti va d e que se rescind i era el edic to d e e x pulsin, los rabinos dijeron a sus congr~gaciones: Sea lo que fuere lo que el d es tino nos deparare, sepamos sobreponernos a cua lqu ier ca l amidad con e l valor y la ente reza que nuestra nacin y nuestra religin nos exige .. Si nos ,i:,spetan la vida, vivamos; si se nos priva de e ll a, muramos; p er o nunca quebrantemos nuestra sacra l ey, la plenitud de nuestros afectos ni la sabidura de nuestro consejo Antes de ll e gar a eso, es preferible abandonar nuestras co rhunidades y bu sc ar rtuestros hogares en ti erras extraas 51

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Se ha subrayado deliberadamente las palabras, nacion, religin y $acra ley porque queremos dejar bien sentado que desde un principio el judo medieval abandon Es paa con el propsito de volver a crear comunidades dedicadas a la tradicin mosaica. No tardaron en engro sar los ncleos que otros judos haban ya creado en tie rras extraas. El propio impulso que les hizo abandonar el solar de sus mayores les inspir en la constitucin de teocracias judas medievales semejantes a las que durante siglos haban tenido en Espaa. Empero, al faltarles el elemento revitalizador y absorbente de una cultura ajena a sus tradiciones, esas teocracias fundadas en las ciudades del Levante alcanzaron, para grandeza y miseria del ju dasmo sefard, un raro tipo de perfeccin. Es este un punto en el que vale la pena detenerse, por no carecer de importancia. Por vivir en Espaa, la cultura de esta no fue del todo ajena al vivir judo, hasta el punto de hacer d-e este una parte activa y pasiva de la inmensa riquez~ que esa cultura ofreca. Desde 1391, Africa contaba con comunidades tpica mente judas. Con la derrota de Boabdil, los judos de habla rabe que vivan en Granada fueron los primeros en emigrar en grandes masas para establecerse en Tnez, A rgel y otros muchos puntos allende el estrecho de Gi braltar. Por ser inciertas las condiciones polticas en Ita l i a no duraron all mucho los grandes contingentes que b uscaron primero refugio en Npoles, Gnova y Roma, mientras que, por ser Sicilia posesin espaola tambin se v ieron obligados a emigrar los muchos judos que all vivan. Fue Turqua e l pa s que tras arrasar Bizancio e n el siglo XV abri sus puertas a la inmigracin para c olonizar las devastadas regiones de Macedonia Tracia y los territorios circundantes de Constantinopla como la pennsula de Gallpoli Adrianpolis, Rodasto, etc. Al vencer el primer decenio del XVI los judos procedentes de Espaa, Provenza Sicilia e Italia ya haban coloni zado diversas zonas del Imperio turco. Si hasta ahora pareca perdida en la bruma de los 62

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tiempos la gnesis de las comunidades sefardes en el Le vante, poseemos en cambio, una imagen perfectamente definida de la comunidad sefard por excelencia, Salnica. Una y otra vez revertiremos a Salnica porque su historia est siendo escrita gracias a los instrumentos de la m vestigacin histrica moderna. Creemos que este es lugar ms apropiado para exami nar el legado que los sefardes llevaron consigo al aban donar la Pennsula Lo que nos interesa en esta coyun tura es el judo medieval acuciado por las primicias de la cultura renacentista Es evidente que, entre los aspectos ms sobresalientes dignos de estudio, figuran su origen, idioma, carcter, preparacin, y su configuracin religiosa y cultural. Leamos a lsidore Epstein: En la Pennsula, los judos y los cnst1anos haban vivido en un ambiente de armona y amistad desconocido en el resto de Europa; por considerarlos extranjeros, fueron objeto del trato reservado tales, sin perjuicio de que, en muchos aspec tos, fueran tratados en pie de igualdad con los cristianos Reyes y nobles les dispensaban favor y, con frecuenci, priyj. legios e inmunidades que les protegan contra injusta violencia y opI'esin arbitraria. Formaban imperium in imperio. Dentro del recinto de su aljama, ellos administraban su pro pia yjda privda y comunal. Por aquel entonces eran ms numerosos en Espaa que en ninguna otra parte de Europa Vivan en ciudades casi siempre en las grandes ciudades, y se d e di c aban a toda clase de oficio s y a op e ra c ion es de prstamo e hipo teca, lo que permiti a muchos adquirir grand es fortunas e influencia, y poseer grandes extensiones de tierra 52 Habla el rab Epstein del mundo hispanojudo del cuatrocientos pero lo mismo podra decirse del judo es paol hasta el momento de la expulsin a pesar de la guerra civil del siglo XV y la difusin del criptojudasmo. En el curso del siglo siguiente el proceso de hispaniza cin se aceler hasta tal punto que en todo el mbito de la Pennsula no haba aldea villa o ciudad donde no hubiera judos en mayor o menor cantidad. Muchos es critores judos vieron su primera luz en localidades como: 6 3

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Alba de Tormes Gerona Monzn Alcal de Henares Granada Murcia Alcolea Guadalajara Ocaa Almazn Illesas Pamplona Arvalo Jan Peafiel Avila Len Ronda Ba e na Lrida Sevilla Barcelona Lor c a Soria Bjar Lucena Tarragona Br i viesca Lunel Toledo Burgos Mlaga Tolos Calahorra Maqu e da T ordesillas Calatayud Medinaceli Tudela Coimb ra M e dina del Campo Uc!s Crdoba Monreal Valencia Daroca Mont~lbn Valladolid D e nia Montilla Zaragoza s3. Al hallarse e n tierra extranjra, la nostalgia aviv su a mor por los nombres de la Pennsula hasta el punto de usarlos en la denominacin de sus sinagogas y comuni dades. Hubo un tiempo en que Salnica se enorgulleca d e ms de treinta sinagogas llamadas Castilla Aragn, Portu ga l Catalua, Evora, Lisboa etc. Y las familias co mo l os Njera, Toledano, Alcalai, Sevilla, Lorca, Mallor ca, Burgos, Carmona, Len, Medina del Camp, Tudela, e t ctera, revelan el origen peninsular d e las mismas. Pero e l elemento que sirve de lazo de unin y que da carc t er a un pueblo es el idioma. A su vez e l idioma r efle ja admirablemente los rasgos dominantes del pueblo que lo emp l e a. Cuando nos ocupamos de los sefardes, vemos que el t eso ro m s pr ecia do que llevaron con ellos a l exilio fueron l os dos o tr es idiom as de la Pennsula, as como algunos de sus d ialectos Vemos que tanto entre l os judos medievales como entre los del Renacimiento, al encontrarse en t ierras extraas, pr ev ale c i de m od o ab so luto en menos de cincuenta aos la modal i dad castella na de l os idioma s romances espaoles. Hasta ahora, n a di e en tre lo s entendidos se ha tomado l a molestia de a nalizar en d e talle la s caractersticas pecu li ares de l espao l que hablaban los judos antes de 1 492 64

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Incluso un escritor de la agudeza de Joseph Nehama es tima que el espao l de Salnica del siglo XVI se haba con servado bastante puro y sin elementos extraos, opinin quiz basada en el h ec ho de que Almosnino, por ejem plo, escriba en un espaol impecable, o de que en ese siglo vivieran en el L evante algunos marranos con forma cin univ ersitaria. Se ha lle gado a deducir de esos he chos, con cierta ingenuidad, que en esa poca se hablaba en Salnica un espaol de l a misma ca t egora que la del que imperaba en los crculos cultos de la P e nnsula. Fcil confusin debi da a que no se ha trazado la debida dife rencia entre el marrano y el judo medieval. Si nos semos llevar de la teora de Nehama y de otros, nos vera mos en la imposibilidad de comprender la razn por la cual el espaol levant ino lleg a enquistarse de tal modo 54 .. Debe t enerse muy presente que los judos de la Penn sula no const ituan un pueblo hispanizado, ni heredaron de la noche a la maana el legado d e lo romnico. Si bien es cierto que la mayora de los judos vivieron bajo el signo de Islam desde la conquista de los rabes, no debe olvidar se que ya en los siglos IX y X haba en Len comunidades judas menguadas de nmero y hacien da 55 Con la Reconquista, muchas de las comunidades que haban medrado entre los rabes pasaron a depen der del mundo cristiano. El punto de partida hacia la gran hispanizacin del judo espaol es la conquista de Toledo por los castellanos y leoneses en 1086. El que Yehud ha-Lev escriba en rabe y en hebreo en el siglo XI y a principios del XII muestra la lentitud con que los judos asimilan el tosco y desgarbado len guaje que les ofrecen sus nuevos seores 56 Tambin es curioso notar el simbolismo que se desprende de la presencia de judos, moros y cristianos en el primer monumento literario de la lengua castellana, el Poema de Mio Cid 57 Y cuando se bautiza Pedro Alfonso, au tor de l a Disciplina Clericalis, el rey Alfonso I de Ara gn es su padrino. 65 BENA RDETE. 5

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A mediados del siglo XIII, los cristianos estn en poder de toda Espaa salvo una reducida regin en torno a Granada. Como ya se ha hecho notar, al iniciar los al mohades su persecucin de judos en el siglo XII mu chos judos andaluces se acogieron al asilo de los rei nos de Castilla, Portugal y Aragn. Al llegar el siglo XIV, la latinizacin de los judos e s t a l que en sus le c turas de las Escrituras en el hogar y en la sinagoga, tienen que recurrir a traducciones al castellano, el cataln 58 y quiz a otros dialectos como el aragons. En e l s iglo XIV e n varias partes de Espaa, al ll e gar el Purim, y para dar pfa ce r a las muj e re s, el Libro de E s t e r se l ee e n una tradu cci n castellana. Cuando a m e diado s de este s iglo el purista Isaa c b e n Sheshit es nombrado rabino de la co ngr egac in de Zaragoza l e esc andaliza hallar esa costumbre ent re s u s miembros. Con la ayuda de Nissim Gerundi e mpren d e la sup r esi n d e una cos tumbr e qu e, gra cias a la compla cencia d e lo s r ab inos lo ca l es, ha venido practicndose durante un t e r c io de siglo 59. La creciente participacin de los se fardes en empre sas lit e rarias revela de modo indiscutible la progresiva hispanizacin de los judos p e ninsulares. Se les puede hallar en nutridos grupos vertiendo textos del rabe al latn en la escuela de traductores de Toledo iniciada en el s i g lo XII por el obispo don Rodrigo. En su empresa en ciclopdica, el Rey Sabio emplea muchos judos que ya e n e l siglo XIII se dedican a traducir libro s d e l hebreo y del rabe al castellano, lengua qu e el propio rey re visa. La hispaniza c in del judo culmina en el primer triunfo literario de ese proce s o, la obra d e l poeta Dom Sem Tob de Carrin. Ind epend i e ntemente de la s actividades literaria s d e l se fard medjeval y de su as irrnla c in de la cultura espaola si era converso, entre los judos se prohij un espaol litrgi c o y caser que haba de perdurar muchos siglos. Y a se ha d e jado sealado que la lengua de la Biblia de la casa del duque de Alba es ya m s arcaica que l a for ma de expresin literaria de l os contemporneos del 66

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rab Mois s Arragel de Guadalajara. La Biblia qued acabada en el primer tercio del siglo xv pero segn se deduce de elementos de juicio fidedignos ya en el si glo XIV los judos tenan traducciones orales y quiz es critas. El espaol que se encuentra en las antologas li trgicas tales como el de las traducciones que abundan, entre otros, en el Libro de Oraciones de la Congregacin Sefard Oriental o en los libros de la Pascua, es mu cho ms antiguo que el dialecto que a la sazn se ha blaba. En el siglo XV tan pronto c omo se inicia la im prenta en Espaa, los judos empiezan a impnm1r su~ libros. Al d e cir del profesor Salo W. Baron d e la Uni Vf:rsidad de Columbia cabe afirmar que antes que se promulgara el edicto de expulsin vieron la luz ms de cuarenta incunables en hebreo. De creer lo que dice un documento de la Inquisicin h ac ia mil c uatroci e tos ochenta y tantos, un maestro impre s or judo que imprima e n Castilla y venda libros e n Andaluca, ha ba sacado ya de prensa un libro de oraciones en ro mance o espaol del que por lo menos su s hijas se serva n 60 Y conocindose c omo se conocen las traduc ciones que nos han llegado no c abe duda de que tam bin los marranos debieron hacer suyas las versiones ar caicas a la sazn en boga. Ha sido rasgo tpico del judo desde Babilonia hasta nuestros das, transliterar en caracteres h e breos los idio mas de los pases donde han vivido, aparte naturalmen te de escribir su propia lengua en esos caracteres. Cos tumbre esta qu e trascendi a la s cart as, document os, tratados y o bras literarias redactados en los idiomas de la P e nnsula 61 As pue s, c uando e n 1 43 2 se redact a n en Valladolid los estatutos de las comunidad es judas de Castilla, se escriben en caractere s hebreos utilizando el hebr e o y el castellano 62 El docum e nto e s t e s crito e n c ara c t e r es hebr e o s y en len gua en qu e c on s tantem e nte se m e zclan e l h e breo y el e s p a o l, formando a s un singular mosai c o No d ebe p e n sa r se, s in e bargo, qu e es a fu er a la l en gu a qu e lo s ju d s es p a o l es ut i 6 7

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!izaban todos los das; es indudable que en su conversacin el h e br eo a b undaba mucho menos. Se trata de una especie de l e ngua literaria que, por decirlo as, constituy e el estilo can cilleresco judo ... 63. Como puede verse, a medida que las aljamas judas se van incorporando gradualmente al dominio cristiano, comienza a esbozarse entre los judos un lenguaje que difera de modo notable del que hablaban y escriban sus contemporneos cristianos. Siempre parece darse el caso de que los judos adoptan como lengua materna la del pas en que viven, pero introduciendo al mismo tiempo una clara diferenciacin lingstica. Por ejemplo, el cas tellano de los judos de Toledo, pongamos por caso, se distingue claramente en entonacin, vocabulario, semn tica y construccin del castellano que hablaban los to ledanos gentiles. Hablamos, claro est, de los judos, y debemos omitir necesariamente el creciente nmero de aquellos que, por conversin, matrimono o ntimo con tacto con la vida secular cristiana, se haban asimilado por completo a los modos de la sociedad castellana. Y aun as, quin sabe si los marranos no habran tarda do varias generaciones en liberarse de los elementos lin gsticos que les separaban de los cristianos! Segn el profe so r van Praag los judos castellanos y portugue ses hablan el holands con una modulacin distinta de la prevalente en la poblacin del pas 64 Sea cual fuese el lugar donde se hablara, la gama fo nolgica del judo era ms amplia que la del espaol. De las regiones de habla rabe los judos trajeron a Castilla no solo cierta modulacin de la voz, sino tambin un re pertorio de sonidos y modos de estructurar la idea que eran de todo punto ajenos al habla del centro y del norte de la Pennsula. Se fueron transmitiendo las deforma ciones y las transformaciones de sonidos y se lleg a trasladar al castellano ciertas sutilezas y rasgos caracte rsticos de la imaginacin rabe, dando por resultado el que dos lenguas tan distantes entre s como son el be y el castellano llegaran a convivir como idiomas de 68

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uso corriente en la misma persona. Por no dilatar en ex ceso esta disertacin baste recordar que aun viviendo en la Crdoba musulmana los judos conservaron su tradicin hebraica, que, si bien coincida en muchos as pectos con la cultura rabe, sola sin embargo ir mucho ms lejos. Por tanto durante muchos decenio s, e l judo toledano tena tr es idiomas: el hebreo, el rabe y e l cas te llano. Conservaron el rabe por muchas razones, y cuando lleg el momento de abandonarlo, la dualidad lingstica se dej sentir en su forma de hablar el castellano 65 En razn del peligro que les acechaba tuvieron que elaborar un mecanismo defensivo que les permitiera co municarse en secreto con sus correligionarios de modo que el adversario no lo e ntendiera recurriendo a e xp resiones hebr eas y rabes. Por su parte, l as costumbres y prcti cas tanto en el hogar como en la sinagoga dieron a su ~do de vida un carcter claramente distinto, que se ma mestaba en los gestos, en las celebraciones, en las can ciones y en el modo de hablar. Se cre l a necesidad de utilizar una terminologa tcnica en el idioma local p ara d e nominar aspectos tan tpica y exclusivamente ju dos como las estrictas normas culinarias y dietticas para las diversas festividades, as como su nomenclatura espe cial, los utensilios hogareos y de la sinagoga, sin olvidar las alusiones espirituales tpicamente hebreas. Por tener la religin un carcter notablemente conservador, se pasaron de padres a hijos, sin alteraciones, las traducciones d e las Sagradas Escrituras y las selecciones de los grandes poetas sefardes. Nada se hizo porque el idioma original sig ui era de cerca la evolucin del castellano. Adems, las traduc ciones eran versiones literales del hebreo, sin procurar aplicar la sintaxis castellana, que entonces estaba en for macin. El autor .. recuerda de su infancia dos ejemp los. Uno es una estrofa recitada con salmodia y que procede del famoso poema sobre la historia de Ester en la inter pretacin de Yehud ha Lev: 69

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Ech mano en e l goral e spandi Y vido qu e e n Adar muri Padre de la ley, Y n o se acodr que era la h ora del na cer, Dolores de la que pare, venga n a l 66 La otra procede de la ceremonia del Seder, e n la vspera de la Pascua: S i e rvos ramos a Par en Ayif to y sacnos Adonay de all, con poder fu er t e y co n brazo tendido. Y s i nos sacara, el S,,nto B e nd ic ho El, a nuestros padres de Ayifto anda, no s y nu estros hijo s, hijos de nuestros hijo s, sujeptos ramos a Par e n Ayifto y a/ilu to do s n os sab io s, todos nos e n tendidos, etc 67. Los caste llano s del siglo XV no ignorabar"i que los judos hablaban un castellano pleno de carcter y casticismo. Ms de un bromista lleg a expresar ese sentido de exo tismo intercalando en sus propios poemas ciertas expresio nes hebreas tpicas del vocabulario de los judos. Del fa. moso poeta del siglo, Alfonso Alvarez de Villasandino, he aqu unos versos en los que s e burla de Alfonso Ferrn dez Semuel, el ms donoso loco que ovo en el mundo: Ffase su testamentarid para c umplir todo aquesto un judo de buen gesto qu e llaman Jacob Cidaryo, a l qual manda ss u sudario en sea l de cedaqu porque rr-eze te/yl desque fuere e n s u fonsario 68. No cabe duda de que el legado cultural ms notable que los sefardes llevaron consigo fue la lengua de Casti lla. Sera vano repetir aqu una vez ms lo que ya se ha dicho, a saber, que los judos de Castilla, por ejemplo, 70

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tenan dos formas de utilizar el castellano: una para su uso domstico y en la sinagoga, y otra ms desarrollada, para comunicarse con los gentiles en el mercado y en sus contactos sociales. Al partir, su idioma no tena unifor midad alguna, que, por lo dems, tampoco exista ni existe hoy en el castellano, pese a la influencia allanadora de los tiempos modernos. Mas, a pesar de las diferencias re gionales, el castellano llevaba en s la potencia unificadora suficiente para adquirir una cohesin bien marcada y un gran poder de absorcin debido al florecimiento literario en la Edad Media y a su gran poder de proyeccin en el futuro. En su Historia pontifical (1606), Gonzalo de Illes cas recuerda los contactos que, en sus viajes, tuvo con los judos peninsulares: Pasaron muchos a Constantinopla, Salni c a o Tessalnica, el Cairo, y a Berbera. Llevaron de ac nuestra lengua, y toda va la guardan y usan della de buena gana, y es cierto que en las ciudades de Salnica, Constantinopla, y en el Cairo y otras ciudades de contratacin y e n V e necia no compran ni venden, ni negocian en otra lengua sino en espaol. Y yo co no c e n Venecia judos de Salnica hartos que hablaban cas tellano, con ser bien mozo s, tan bi e n y m e jor que yo. Es posible que los judos de Salnica con los que habl Gonzalo de Illescas fueran de origen marrano; pero aun que hubieran sido descendientes de judos medievales, el que se encontraran en Venecia representaba una libera cin del ambiente teocrtico y les permita caer ms fcil mente bajo la influencia del castellano del siglo XVI, ms desarrollado y de uso comn entre los marranos y los es ptoles que residan en Italia. Hasta qu punto se de s arroll el castellano de los sefardes del siglo XVI es algo que quiz nunca llegaremos a saber con exactitud. En Ma rruecos la lengua ha conservado una pureza aparejada a una elasticidad que hace que los dialectos balcanizados de los judos levantinos sean causa de sonrojo. En el Levante se acusan dos grandes zonas lingsticas: la de la regin de Constantinopla y la de Salnica y alrededores. Por 71

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otra parte, comunidades aisladas como Monastir ofrecen una forma lingstica mucho ms arcaica que las de Sa lnica y Constantinopla 69 Pasamos ahora a una nueva fase de la dispersin se fard. Por cuanto hemos dicho ms arriba Salnica pas a ser el prototipo de comunidad sefard. Por su escasa po blacin, Salnica se convirti en un refugio predilecto. En Salnica ha habido judos desde los das de Pablo. Al caer en poder de los turcos, la poblacin griega qued casi totalmente aniquilada, de manera que, cuando las fa. milias errantes llegaron a Salnica en 1492, se encontra JOn con diversas comunidades de judos que hablaban griego, yidish y hasta cataln en razn del origen balear de quienes lo hablaban. No tard en correrse la voz de que Salnica era un asilo pleno de paz y atractivo 70 A sus costas fueron llegando sucesivas oleadas de numerosos contingentes de sefardes. De haber sido stos dados a la aceptacin y a la conformidad no habran t arda do en aca tar las leyes y costumbres de los judos que all residan. Sin embargo, sus peculiaridades, su resistencia ibrica a some terse a una djsciplina estricta y su inclinacin a for mar capillas no tardaron en manifestarse de modo tal que pronto comenzaron a aparecer comunidades q ue se dis tinguan por su separatismo y su espritu de independen cia, en una palabra, unidades separadas y de recursos prop10s. En torno a la sinagoga crearon sus es c u e la s, a veces sus bibliotecas, y sus instituciones benficas. Baste un ejemp lo para ilustrar la t endenc ia ibrica a la disgre gacin: 72 A pesar de haber hecho d viaj e juntos, lo s catalanes no se mezclaban con los aragoneses, ll ega ndo a const ituir dos co munidades bien distintas y separadas. Los aragoneses, qu e pro cedan del interior de Espaa, se aferraban al pasado, a la tradi ci n celosos de su independencia, de s u s fueros y prerro gativas, y al propio tiempo d esplegab an un instintivo sentido de superioridad, un orgullo e n exceso, rayano en la terquedad, a m en udo cido, fro, ego sta, sombro y ca s i taciturno, de modales abruptos, circunspec tos e n demasa, y de una honra

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dez elemental y meticulo s a. Loti aragoneses no se distinguan por su inclinacin al trabajo y a l esfuerzo; antes bien, eran haraganes y apticos. Los c atalan es por e l contrario, eran ge nte de mar, avisdos y giles, amigos d e lo novedoso, joviales co municativos, de modales refinados, de vvida inteligen c ia, de gran penetracin en todo c uanto emprendan, constan t es e n sus e mpeos, activos, ex ub erantes. Los judos procedentes de Bar ce lona, Gerona, Tarragona y Valencia eran de gran pe ricia en su trabajo co nstantes y tena ces Los catalanes, de las piedras sacan panes. Y todo esto, sin p e rjuicio de ser, al mismo tiempo, de gran r e finami e nto c ultos conversadores, hbiles dial ti cos, ha c iendo ju st i c ia al refrn corriente e n Espaa : E l aire de Catalua agude ce. Unas po cas familias prov e nan d e Galicia y se afincaron e ntr e los pobr es en lo s cortijos contiguos e n una gran fila. Eran gente se n c illa tosca, ignorante, sufrida y aust e ra. El trab a jar en co ndicion es serv il es l es haba h ec ho d iscip linado s y dispuestos a acometer d e grado las ta reas ms arduas. Su dialecto ru ral, lleno de guturales y nasales, era muy afn al portugus. Se expresaban e n voz muy alta,, y l es r es ultaba di fcil hacerse entender de caste llano s, aragoneses y catalanes. An se usa en Saln i ca un dicho que refleja de muy l e jos lo difcil que fueron sus primeros ti empos para comun i carse co n los dems: Somos gallegos, non n os ente n demos No tardaron si n r go en asimilarse a los emigrados procedentes de Lis boa, con quienes t e nan una afinidad lingstica 71. Lo h omogneo y recio de los ademanes, comportamiento y rasgos p sico l gicos del judo penin s ular ca u s en sus hermanos de Safed, Tetun Sofa, Dama sco, Sa lnica Adrianpolis y otras tantas ciudades, un complejo de a miracin, emulacin y temor. Y estas caractersticas ex ternas eran d e t a l vitalid a d qu e hacan borrar la pr e sencia evidente de elementos dispares y aun antogni cos en los peninsulares Un viajero fran s que los es tu di de cerca y con actitud compre n siva, d eca: Tie n e n tant os conflictos y cismas entre s que algunos tienen opiniones contrarias de todos los dems)) 72 Su superio ridad tanto en lo religioso como en lo seglar respecto del judo africano, del mesopotmico, del bizanti n o y del ge rmnico era tal que tard menos de dos g eneraciones en imponerse a ellos con el propio peso de sus faculta7 3

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des. Las gestiones de los sefardes encaminadas a impri mir sus libros de oraciones tradicionales y sus cdigos comunales provoc la primera reaccin entre los judos nativos. Las sinagogas y comunidades que se conocan con los nombres de Romania, Askenaz, Castilla, Catalu a, Aragn, Italia publicaban sus majzors o libros de oraciones, pero fue en vano. El g ran musiclo g o profesor ldelsohn ha investigado en sus mismas fu e nt es los choques y los conflictos de las diversas comunidades judas que se esforzaban por liberarse de lo sefard. En traduccin libre, he aqu una descripcin impresionante d e l r es ultado de es e conflicto: De aquella lu c ha sali victoriosa la modalidad cas t e llana y fu e ento nces c uando se manifest la superioridad del sefard so br e el nativo por su c ultura, int e ligen c ia y nmero, en par ticular en la s comun idad es balcnicas y e n las zonas norteas del Imp erio tur co. En Pleven haba tres p e qu e as c omunida des: una sefard, una g e rmnica y una hngara, pero las dos ltimas fu ero n ab so rbidas por la prim era como haba ocurrido e n Nikopol, Vidin, Belgrado e tc En 1620 haba una comu nidad de l eng ua griega, una germnica y una hngara. No tardaron todas ellas en fundirse con la se fard. En Ankara haba una com unidad castellana y una portuguesa; en Mag nesia, tres: Tol edo, Shalom (Paz) y Lorca; e n Patrs, una gr i ega, un a s i c iliana una sefa rd, y una polaca; e n Trikala. una griega, una se fard, una s i c ilian a; e n Orto, cuatro: Corf, Calabria, Puglia y Sicilia; y en L efa n tes, un a gri ega, una si cil i a na y una sefa rd. Todas e llas fuer o n refundindose poco a poco e n las comunidades se fard es. En Sa lnica, las c omunida des de lengua griega se unieron a la sefard e n 1570 Y el mundo judo acata e l rito se fard porqu e lo s sefardes consti tuye n la mayora en este reino; s u liturgia es hermosa y rica, por lo cual todas o casi todas las dems comunidades renun cian a su propio ritual y ado ptan e l sefard; la comunidad as kenas es la um ca qu e se aferra a s u propio ritual (Res ponsa 34 de Samu el de Medina del Campo) 7 3. Desde un punto de vista culturnl, el triunfo lingstico d e l castellano constituy el acontecimiento ms signifi cativo que se produjo en el trasplantado mundo hisp mco No debe olvidarse que, a pesar de todo, la imposi7 4

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cin de un rito diferente no supuso cambio en la religin judaica. Salvo la pronunciacin, la literatura litrgica, las costumbres del contrato matrimonial, los procedimien tos de sacrificio en los mataderos a fin de determinar si un animal era aceptable o no para el sacrificio, y de cier tas estructuras administrativas comunales, la sefardizacin del judo indgena no influy grandemente en la propia religin que todos profesaban. Los elementos universales del judasmo permanecieron inclumes y respetados. Pero es al rememorar el triunfo del castellano sobre los idiomas indgenas cuando se observan fenmenos curiosos Por que triunf el castellano sobre los dems dialectos penin sulares y sobre el siciliano, el italiano, el provenzal, el yidish el griego, el rabe y tantos otros? El prestigio de Castilla no era el elemento de ms influencia en aque llas remotas comunidades. Tampoco hubo una autoridad que impusiera una lengua por la fuerza. Y lo que es ms, no hubo ventajas econmicas que justificaran el suceso. El profesor Nehama ha asimilado con tal tino el espritu y transcendencia del triunfo del castellano, explica tan agudamente este fenmeno y con tal belleza de lenguaje, que nos sentimos justificados en transcribir s eguidamente estos inmortales prrafos: EL TRIUNFO DEL CASTELLANO EN SALONICA No tardan los castellanos en dar la tnica en todo, haciendo llegar sus costumbres y mod&les a toda la poblacin. Son con mucho los ms numerosos y ejercen una considerable influen cia en todos los asp e ctos de la vida en Salnica. Y es que quin habra podido poner en duda su superioridad? Estos altivos hidalgos dominan todas las ciencias. O.e generosidad esplndida y ademanes aristocrticos, han vivido hasta hace poco en torno a la corte y a los grandes de Espaa y han absorbido los valores y modales de ese ambiente. Incluso se da el caso de personas que han llevado la capa y la espada del hidalgo o que han ocupado posiciones de altura. Han go zado de gran prestigio y pinges ganancias. Miran al pue blo por encima del hombrn y son duchos en el arte de 75

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76 gobernar. Imbuidos d e l sentido del honor propio de la aris tocra c ia feudal espaola, son cortes e s, valerosos, ce losos de la palabra dada y persev e rantes en su empeo. El contraste con los d e ms es manifiesto Los aragoneses, los catalanes. los ma llorquin es, todo s, rinden pleitesa a su superioridad y se de jan eclipsar Los propios portugues es en su mayora de origen cast e llano, son los ltimos, a pesar de su riqueza y cultura, en poner e n t e la d e juicio una supremaca de la que son part e. Los nicos en ofrecer cierta resistencia son los italia nos, los sicilianos, los calabreses y los apulianos quienes se esfuerzan por contrarrestar esa influencia. Se destacan los oriundos d e Otranto, que se mue s tran orgullosos de su linaje. Durant e mu c ho tiempo, se casaban solo dentro de su grupo y seg uan ri g uro same nte sus costumbres. Qui enes t a rdan ms en ced e r a la influ e ncia sefard son lo s askenases. No alternan con los sefardes y no casan con las hij as d e estos, qui e nes, por su parte, no lo p e rmitiran, como si lo s askenases fu era n de otra raza. Nun ca se sie tan juntos a la mi sma mesa ni comen alimentos pr e parados por e l otro, por c r ee rlo s impuros y por lo tanto pecaminosa s u ingestin. So n dis tintos e n todo, inclu s o en las costumbres, las oraciones, la liturgia. El sefard mira con altivez a su di minuto y h e rm ano pobre del N ort e; este, dado a la miseria y a l a opresin, se retrae y se humilla para evitar roc es; ha vivido siempre entre muro s y tra s puertas cerra d as, al margen del mundo ext e r i or, e n e l ambiente, poco ameno, d e la Ju dengasse, pri vado de todo contacto ; social con ge ntil es; este judo de la Europa oriental, c t im a ci l d e l e xpolio y de la vio l encia, t ena que vivi r e n mil s itio s como un n m a da, s i e m pre d ispuesto a tomar de nu e vo s u hatillo y s u bculo y seguir errante por e l mundo. A s u vez, e l askenas mira al se fard con r ece lo No impugna s u s up eriori d ad pero l e co n si d era como una es p ec i e de agns tico. No l e gusta es t ar s ubyugado y, por tanto, se irrita y pro t esta sordamente. Despus d e diez siglos de separacin, estos h er m anos en Israel han dejado de recono ce r se mutua mente. Al encon trar se de nu evo, se producen roc es porqu e, en muchos aspectos, se co n s ideran ex traos mutuamente. A es to s elementos dispares, gri e gos, italian os, provenzales portugueses y germnicos, se impon e el castellano como lengua oficial. Entre e llo s, cad a grupo emplea su dialecto regional: el judo b izantino emp lea e l griego; el askenas, el yidish; lo s oriundos de Francia, el pro v enzal. Los italianos autnticos se aferran al italiano e n el hogar y en el templo, ya que leen y escriben su lengua e n textos r e da ct ados en caracteres latinos, y s u formaci n int e lectual es por lo comn de primer orden

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As, los calabreses renunciaron en 1512 al mm1sterio del fa. moso Rab J acob ben Habib, fundador de su congregacin, en favor de un predicador en lengua, italiana: David Messer Len, hijo del clebre fsico y rabino J udh Yahiel Messer Len, de Npoles (14 5 0-14-90), filsofo aristotlico, amn de ser uno de los latinistas ms perfectos de su tiempo. Pero sobre e s tas lenguas y jergas, predomina el castellano, que conocen la mayora de estos hombres, casi todos de gran cultura, y de grandes conocimientos humansticos. Recurren a la lengua de Castilla en actos comunales, anun cios, sermones, operaciones mercantiles, y para entenderse en tre grupos de diverso orig en provincial. Hasta los griegos y los turcos de la ciudad lo aprenden y los emplean de grado como una especie de volapuk en sus contactos con los judos De este rpido triunfo de su l e ngua, se envanecen sobre ma nera los orgullosos castellanos. Segn ellos, qu lengua hay ms armoniosa y noble en el mundo que la suya? La len gua castellana goza del ms alto prestigio en Espaa, donde l e giones de escritores y eruditos la han elevado a una digni dad li t eraria, gracias al mecenazgo de sus prncipes. En su nueva dispora,, el sefard la adopta, como en Salnica, al diseminarse durante el siglo y medio por los puntos ms impor tantes del mundo. As, han conservado el espaol de Castilla como reliquia de su patria perdida, en lugares como Tnez, Niza, Amsterdam, Londres, Hamburgo, etc. 74. Quisiramos poder vanagloriarnos de hazaas y glo rias de nuestros antepasados ms grandes que las que real mente lograron en los mundos de Africa y Levante. Como lo prueba la triste historia de Tartarin de Taras cn, se puede exagerar tanto por defecto como por ex ceso. La contribucin del judo medieval merece his toriarse. Como era lgico, la literatura hebrea floreci durante todo el siglo. El sefard llevaba hasta tal punto en su sangre la cultura espaola que lleg a traducir al hebreo la novela a la sazn en boga Amads de Gaula, y la primera obra genial del castellano, La Celestina 75 Sin duda alguna, la contribucin ms duradera del ju do ortodoxo espaol a la civilizacin occidental fue los Dilogos de amor de Yehudh Abrabanel, libro de tal fecundidad que, por medio de sus tres traducciones al castellano, tuvo el honor de fertilizar los ms puros ge77

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nios del Siglo de Oro de la literatura espaola. Abunda la bibliografa del tema. Nos extenderamos intilmen te sobre l s i no nos limitsemos a decir que el hecho de hallarse en Italia alent a los Abrabaneles a dar fru tos a una cultura civil 7 6 Era Italia tan liberal a la s azn que los Abrabaneles pudieron llevar una vida de g ran cultura s in apartarse de la ortodoxia juda Si los judos de Levante hubieran hallado un ambient e propi c io tambi n habran podido dar muestras de genio en ms aspe c tos qu e el religioso. Hasta el momento no ha sobrevivido ninguna obra entre los judos hispano-l e vantinos al menos escrita en espaol y cara c teres l a tinos 77 El s e fardismo ortodoxo pued e e s tar legtimamente or gulloso de los hechos extraordinarios de los Abrabane le s, e incluso mostrar cierta indulgencia para con el or g ullo d e una familia que pretenda descender dir e cta m e nte del rey David. Isaac Abr~banel fue un rabino de primera cat e gora humanista de gran honra amn d e diplomtico y financiero, que alternaba en las esferas s altas de Portugal, Espaa e Italia. Dignos de su ilustre padre sus dos hijos Yehudh y Samuel hereda ron s u refinamiento y cultura. Pero lo que ms sorpr e de fue la presencia de mujeres sefardes que lograron igualar e incluso emular los tipos de mujeres extraordi n a rias del Renacimiento. D e s qu e e l se or don Se mu e l A b ra v an e l era dotado d e e x ce lent es vir t ud es co mo hab e m os di c h o fue venturo s o e n tener por c ompa e ra una d e la s m s nobl es y g e n e ro s a s matronas qu e hubo e n I s ra e l d es pu s d e nu es tro s e s parzimientos; tal era l a se or a do a B e nv e nida Abraban e la; d ec hado de hones tidad d e pi e d a d d e prud e n c i a y val o r. .. Mi e ntra s que e stubo e n Npole s, s i e ndo all Vi s r ey d o n P e dro d e Tol e do, quiso q u e s u hija doa L e onor d e Tol e do s e c ria s e d e baxo de la di sc iplina d e la se ora B e nv e nid a y e n su ca s a y d e spus que cas co n e l S e r e s im o gran Duque Co s mo de M e dic es, y vino a s e r gran Duqu e za de la To sca na s i e mpr e en sus c asas se v ala d e la se o ra B e nv e nid a qu e habitaba e n F e rrar a, a quien llam a b a mad re y co m o a ta l la tratab a y v e n era ba 78 7 8

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En los Abrabaneles, en suma, se conjugaban las ximas cualidades del judasmo sefard medieval y del Re nacimiento; su cultura hebrea, su conocimiento y su blimacin de las lenguas de Espaa, Portugal e Italia, su xito en lo material, su pericia en diplomacia y finan zas, la excelencia de la educacin de sus mujeres, su devocin inquebrantable al judasmo y a sus hermanos de fe, su dedicacin, en una palabra, a los ms altos va lores humanos, hacen de los Abrabaneles figuras repre sentativas de la gloria de lo sefard. W o immer eine auf bluhende Stadt entstand findet sich gleich eine Judische Gemeinde 79 Los que fueron a Tur qua no se contentaron con encontrar un lugar de asilo. Su fmo instinto comercial gui sus pasos a un pas don de la oportunidad de prosperar era tanta como la liber tad para practicar su religin. A mediados del siglo XVI, cuando Turqua constitua un formidable imperio que amenazaba la hegemona en el Mediterrneo de Espaa, ante todo y de los estados italianos, visitaron el pas dos viajeros franceses, Pierre de Belon y Nicholas de Nico lay, que tenan relaciones con el ministerio francs de Estado. Acompaaron a los embajadores en Constanti nopla en un momento en que Francia trataba de utili zar el Imperio otomano para contrarrestar la potencia del Imperio espaol. Dicho sea de paso, en el siglo XVI los nicos judos que haba en Francia era un pequeo ncleo en Avin, amn de los cristianos nuevos disper sados en todo el pas. Teniendo en cuenta su falta de in formacin directa sobre los judos, sorprende ver con qu exactitud recogieron aquellos refinados viajeros al gunas de las caractersticas ms destacadas de los judos de origen hispnico que residan en el Imperio otoma no. Cuando esos franceses visitaron el Cercano Oriente se haba iniciado ya la dispersin de los marranos y aun cuando, para el propsito de nuestra t e sis sus escri tos sean un tanto ambiguos no dejan de s er muy revela dores en otros aspectos. El tema central de la atencin de e s tos spa s humanistas n era la actividad e c onmica de 79

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los judos de Turqua. La pos1c10n financiera de Europa, por ejemplo, haba comenzado a resentirse del oro y de la plata. Y lo que se ha dado en llamar la revolucin de los precios haba comenzado a transformar la estructura econmica de Europa 80 Pierre Belon hizo un viaje con la intencin expresa de visitar una mina de oro que los sefardes estaban explotando en Siderocapsa. Al descri bir los procedimientos de minera seguidos en esta mina, no muy lejos de Salnica, se observa que Espaa es una de las consideraciones principales en la mente del autor. Francia y otros pases, entre ellos Inglaterra, se esfor zaban por encontrar nuevas fuentes de riqueza 81 Los obreros meta.lrgicos que trabajan all ahora son garos de nacin. Los campesinos de las aldeas circundantes que vienen al mercado son cristianos y hablan el servio y el griego. Por su parte, los judos son tan numerosos que, gra cias a ellos, la lengua espaola es la de casi todos. Al hablar entre ellos, no emplean otra 82. Ms sorprendente es lo que escribe sobre las minas en las que no se trabaja el sbado 83 He aqu que la tradi cin religiosa hebraica y la lengua espaola como instru mento mercantil son las dos caractersticas fundamentales de la explotacin sefard de las minas de Siderocapsa. Menos comprensivo para con los judos, Nicholas de Nicolay, seor de Arfeuil, chambeln y gegrafo en ejer cicio del rey de Francia, nos transmite una perspectiva un tanto deformada que, a pesar de ello, nos permite recoger valiosa informacin: Es tal el nmero de judos en todas las ciudades de Tur qua y Grecia, sobre todo en Constantinopla, que es algo ma ravilloso e increble; y es que de da en da se multiplican de tal manera los que se dedican al comercio y al trfico de mercanca, y de dinero y usura, e importan gnero de todas las partes del mundo por tierra y por mar en tal grado que cabe afirma r sin faltar al buen sentido que los judos casi solos manejan el ms grande trfico de mercanca y de dinero en todo el Levante Asimismo, las tiendas y almacenes mejor surtidos de toda clase de gnero en Constantinopla son los de los judos. 80

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Tambin se cuentan entre ellos los magnficos obreros de todas las artes y oficios, en particular los maranes, que hace poco fueron expulsados d e Espaa y de Portugal quienes, para gran perjuicio de la Cristiandad, han enseado a los turcos div ers os inventos, artes y artefactos de guerra, para hacer artiJlera, arcabuces, plvon1, balas y otros tipos de municin; tambin han establecido la imprenta, hasta entonces desco nocida en aquellas tierras, con la cual publican en caracteres l egi bl es libros en diversas l e nguas, como el griego, el latn, e l italiano, el espa ol y el hebreo: igualmente tiene la ven taja de poder hablar y comprender todos los idiomas qu e se hablan en e l Levante; lo cual l es es d e extrema utilidad para comunicarse y trafi ca r con otras naciones extraas, en las c ual es a veces sirv en de dragomanes o intrpretes 84. A pesar de sus prejuicios, el gegrafo y chambeln del rey de Francia estaba muy interesado como buen seor feudal, en la funcin econmica que desempea ban los judos. Eran los agentes del comercio interna.cio nal los trafi ca ntes en gneros de todo origen, los media dores entre los mercaderes locales y los viajantes extran jeros. De otras fuentes sabemos que, como en Espaa, los judos actuaron para el gobierno turco en calidad de arrendadores de contribuciones y de otras transac ciones fiscales 85 Le s respaldaba el dinero, que ya era la palanca del mundo moderno. Por sus manos pasaban con facilidad las mercancas en que se concretaban los valores comerciales. El dominio de las lenguas extranje ras era, por decirlo as, el pan nuestro de cada da, por exigirlo as el comercio internacional y lo heterogneo de las condiciones demogrficas del Cercano Oriente. En s u calidad de diplomtico, Nicolay prest especial aten cin a las contribuciones de la judera hispnica. La plvor~ hba rvolucionado el arte medieval de la gue rra. Los marranos se llevaron el conocimiento y la peri cia para hacer artefactos de guerra y los pusi~ron a la disposicin de Turqua. Quiz~ se haya deformado un tanto la importancia de esas c ontribuciones, pero, sin embargo, ha sido ref~e,ndada una y ot~a vez por el testi monio de numerosos viajeros. Pu~den comprobarse alguBENARDETE -6

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nas de la s observaciones de Nicholas de Nicolay. La in troduccin de la imprenta ha sido confirmada por los l ibros que nos han lle ga do. Judos de la Pennsula co mo Guedalia, y de Italia como los Soncinos, llev aron l as prensas a ciudades como Salnica, Constantinopla y Sa fed, e imprimieron libros en hebreo y espaol en carac ter e s rash. Por su p a rte adems de confirmar las im presiones de su colega, Pi err e Belon no s ha l ega do ms d e talles Los judos tenan e l monopolio d e la m edicina y d e l comercio de las drogas. Como buenos fsicos que eran, los judos confiaban ms en su propia experiencia que en la teora, incluso un par de gene racion es despus de su ll egada Se daba el caso fr ec u ente, sin embargo, de que a Turqua ll egaran mdi c os formados en Sa la manca y en Coimbra El ejemplo ms d i stinguido es el d e Am at us Lu s itanus a li a s Joao Rodrigues d e Castel Branco, quien en el ocaso d e su vida march a Salnica, donde muri 86 Los judos solan poseer tambin escla v o s y, a juz g ar por lo s t estimon ios de l os cristi a nos, l o s tra taba n con consideracin y cortesa. La maldi c in del M e diterrneo era la pi rater a. En Venecia Sal n ic a y otros centros sefardes, se haban co n s tituido soci edades para e l res c ate de l os cautivos judos. El poseer escl avo s era una de l as compensaciones de sufrir, a su vez e l tri ste sino de ser esclavos. Ya h e mos aludido de paso a l a exis t enci a de cen tros com un a l es creados por lo s sefardes e n acuerdo con sus h er manos mediterrneos. Y a se ha analizado el triunfo d e la l engua y de las cost umbr es d e Castilla. Lo s viajeros e ur opeos nos proporcionan pruebas de la importanc ia de l as actividad e s econmicas de los jud os p e n ins ul ares y d e s u s hermanos sefardizados. En un si g lo como el XVI l o elemental de lo s conocimientos geogrficos y antropolgicos imp eda a los diplomti cos y sus auxilia res comprender con claridad a los pueblos extraos. No sera justo esperar que hombres como Pierre B e lon y Nicho l as de Ni co lay llegaran a poder d e scribir minucio s a m e nte la vi d a de l os judfos. Aun con la mejor volun82

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tad del mundo, no podan dedicarse a estudiar de cerca l as comunidades judas, ya que e l calidoscp ico mundo d e l C e r c ano Oriente tena otras mil facetas que distraan su atencin De querer trazar un cuadro aproximado de l o s s e fard e s de e s t e siglo transcend e ntal, el XVI, ser pre c i s o re c urrir a o tras fue n t e s H ace po c o s aos, se ha con seg uido recobrar docum en tos diplomt i cos relativo s a las ac tiv i dades com e r c ial e s d e los jud os en lgica, Ve necia y Turqua. A parte de tratados y corre s pond e ncia de asuntos d e estado, la mina ms fecunda en toda clase d e d a tos d e tall e s e ideas son las Preguntas y r e spue s ta., las R e sponsa o l as Consu l tas d e los rabinos t rminos tod os es tos qu e se apli c an por igua l a los mismos di c t m e n e s a utorizados. Asimismo, se pu e de e x traer precio sa info rmacin re s pecto de la organizacin i n t e rna de las comunidad e s, de las ord e nanz a s p ro mul ga d a s p o r l a s comunidades del Cercano Oriente, ordenanzas conocidas con el nombre de hascamot 87 Estas fuentes documentales nos ayudan a hacernos una id e a m s completa y precisa de mu chos aspectos de la vida s e fard. Dado el carcter histrico d e l present e estu dio, no podemos dejar de reconocer que dentro del bito del Imperio turco exista n y funcionaban estados de diminutas proporciones. Moysn Almosnino llam aba a su ciudad natal c
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cracia diciendo que es una comunidad juda regida por funcionarios, libremente elegidos, quienes administran los asuntos de la comunidad en colaboracin con las au tridades rabnicas. E;stas ltimas gobie~nan por medio de la aplicacin del derecho judo, emanado del Talmud y de los cdigos que proceden de la Biblia y del Talmud. Por medio de decretos u ordenanzas, se da a la comu nidad una estructura orgnica que abarca todo cuanto se relacione con la sinagoga, la escuela talmdica, el hogar y el mercado. Todos los aspectos de la vida estn debidamente regulados. Los residuos del laissez-faire tiene n tanto de bueno como de malo, pero ante el temor de que nuestro mundo se caiga en pedazos, nos abste ne~os. Ello crea en nuestros das la falta de una plani ficacin en nuestra sociedad. En los ltimos tiempos han abundado las teoras y prcticas encamina.das a ligarnos para formar un todo coherente, ante la conviccin de que no se pueden separar nuestras necesidades espiri tuales de las materiales. Independientemente de lo que de todo ello resulte, baste sealar que, por lo que al presente estudio se refiere, lo nico positivo es que la hasca.motocracia del siglo XVI en Salnica, fiel al mer cantilismo propi~ de la poca, cre un cuerpo de dere cho que rega las actividades industriales y comerciales de la ciudad 88 El tejido de la lana pas a ser la indus tria fundamental de Salnica y, a juzgar por la termi nologa tcnica empleada, por ejemplo, telar batanero, tundidor, prensador, manteo, ropero 89 la industria. pro ced{a de Espaa. A mediados del siglo, Salnica con cert un acuerdo con el Gobierno tur co, en virtud del cual la ciudad pagara en gneros textil es los impu estos co lectivos. Esa disposicin, que estuvo e n vigor durante ms de dos siglos y medio, dio lugar a que prosperara la legislacin hascamtica. El proletariado de Salnica estaba const i tuido en su mayora por tejedores. La sina goga lleg a administrar telares que producan una con siderable cantidad de gnero todos los aos para el Go bierno turco, el cual lo destinaba a los uniformes de los 84

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jenzaros. Por su parte, la complicada industria lanera tena entronca.das otras actividades fabriles, como la ti tura, la sastrera, etc. Los rabinos agudizan su ingenio para proteger e l comercio de la lana, y se valen de mil co mbina ciones l egis lativas para realizar milagros. Multiplican la s has c amot a fin de regular todas las fa ses d e l n egocio t ex til. No permiten que nadie les sobrepuje en la compra de lana cruda, ponen coto a los ex cesos de produc c in, eliminan las v entas sin u t ilidad y d tienen la cada d e pr ec ios Los autores y l as obras de la poca abundan e n consideraciones econmicas y jurdi cas emanadas de las innum erab l es dispo siciones tomadas para comba tir los efectos de la competencia imprudente en la fabricacin y v e nta de tejidos. La juri sp rudencia qu e forma n l as hascamot promul gadas a ese fin, algunas d e las c u a l es se remontan a los al bores de la colonizacin sefa rd, es una de la s jurisprndencias s completas y tupida s qu e j11m s ha ya producido la obra rabnica en la ciudad d e Salnica 90 Las has camo t u ordenanzas relativa s a la i n du s tria de la lan a o del tinte mue s tran con claridad la unidad que prevaleca entre lo s judos d e l A'"VI en todo cua nto em prendan. A raz de la primera guerra mundial se pro dujo en toda Europa y en los Estados Unidos una grave crisis de la vivienda qu e nos hiz o ver lo precario y l o injusto de las condiciones de a l ojamiento propias de hacinamiento y de la in so lent e explo t acin d e lo s pro pietarios de inmuebl es. Admira ver que d e sde un prin cipio, los rabino s de Occidente se p ercataro n de lo s problemas de la vivienda. Por med i o d e disposiciones rabnicas se prot eg a al inquilino j1,1d o reconocindol e el derecho de ocupacin por contraposicin al dere cho de posesin del propietario d e la casa o de la tienda. Este extra ord inario privil egi o se conoce con el nombre de jazakh. En Italia se tradujo este trmino por ius casaca Este derecho de tenencia preferencial o hazakh era transferibl e, y los hijos podan recibirlo en heren cia o como dote 91 En tanto se pagara el alquiler, e l d esah u c io era imposible. Tan pronto como llegaron a 85

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Salnica, los sefardes promulgaron y reiteraron con fre cuencia las hascamot en materia de jazakh 92 Por lo gene ral, s e respetaban estas disposiciones, porque todos se daban c uenta de q ue la legislacin rabnica sobre la vivienda protega a todos. Las comunidades s efa rd es tenan sus be t di n o tribunales religiosos. Toda contro vers i a o q u erella se dirima en el tribunal judo de jus ticia, donde se vean los casos con car cte r casi gratuito, ya q u e no ex istan los gastos d e abogado u otros gastos inherentes a la maquinaria judi c i a l. Al moro so se le aplicaba tod a clase de presiones sociales. El castigo ms riguroso era la excomunin. Cuando se pronun ciab a el anatema contra el rebelde en la sinagoga, las ceremonias reve s tan un car ct er aterrador y sobrecogedor. A fin de infundir en l os fieles un r e speto sumiso, se formu laban en l as hascamot impr ecacion e s bblicas y zoh ricas S i recordamos q ue el poder soberano radicaba en las autoridades tur cas asombra ver el enorme xito logrado por las comunidades medievales en su forma hascamtica de go bierno 93 Queda dicho que se han consultado los archivos diplo mticos de las cancilleras europeas a fin de obtener informac in sobre el papel desempeado por los judos en el sig lo XVI. Hoy contamos con gran riqu e za de docu m e ntacin. Deben atribuirse a la civilizacin sefard del siglo XV I l as siguientes obras: la Biblia de Ferrara, edi tada por Abraham Usque; los Dilogos de amor de Len Hebreo; la impr es in del Zohar; la compilacin del cdigo judo por Joseph Caro, d e nominado Suljn Aruj, el misticismo safdico; el Regimiento de la vida de Mosh Almosnino; y las extraordinarias ad venturas en finanzas y diplomacia de don Joseph Nassi 94 En par ticular sobre Joseph Nassi poseemos documentacin ea. turco, francs, espaol y hebreo. Desempe N assi un papel nico y excepcional en la historia. Muchos gobier nos recabaron su ayuda y otros procuraron destruir su influ enc ia de una vez para siempre. Sus maniobras diplo mticas se caracterizan por el xito y el fracaso. 86

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Sospechamos que la fecundidad de los sefardes del siglo XVI se debe a que procedan de un pas en cuyo e s pritu flua una savia creadora y se asentaron en una tierra dominada por una potencia que a la sazn se hallaba en el apogeo de sus conquistas. El punto en que se contrarrestaban mutuamente las lne as de fu e rza de uno y otro era Italia En eI germen sefard bulla la vitalidad espaola, que s e alimentaba de la energa turca, y se t e mplaba en el clima propi c io de Italia. Aun dejando de lado la m e tfora, la real i d a d de la interrelacin entre Es paa, Italia y Turqua s e encarna con plenitud e n la v i da y obra s de la familia M nde z. Los Mndez posean una red d e bancos en Amberes, Lin, Venecia, Constan tinopla, etc. Nacidos en Es p aa, Francisco Mndez en Por tuga l y Di ego Mnd e z en Am b e r e s eran fina nc ieros int e rn ac io nale s que hacan emprstitos al emperador Car los y al r e y de Francia. A la muerte d e los hermanos, 1;e puso al frente de sus empresas doa Graci a, esposa de Francisco. Si Bienvenida Abravanel fue un excelso prototipo de seora de Israel, doa Gra c ia o Beatriz de Luna, como tambin se la llamaba, fue la primera mujer de ne go cios de l a Europa moderna, digna coetnea d e Catalina de Mdicis 95 Como el lector h ab r imaginado, los Mndez e r an m a rran os Al apilarse l as d ificulta d e s en Portug a l doa Gracia se traslad a Amberes en compaa d e su hija y pari en tes lejos de la enrarecida atm sf e ra r e li g iosa d e Portugal. En Blgica, su hij a fu e causa de que don Francisco Aguilar prometiera un e mpr tito a l e mpera dor Carlos a condicin d e q ue e ste intercediera ante doa Gra c ia para que ac ce diera al matrimonio de su hija con Aguilar. Se propalaron rumores en Amber es d e que Juan Mguez, sobrinD d e doa Gracia, h a ba raptado a su prima No se sabe a ci e n c ia cier ta si estos rumor e s eran fundados o no, pero lo cierto es que los Mnd e z no t ar daron en asentarse en Venecia. Bria.nda de Lu n a, her mana de doa Gracia, la denunci por criptojudasmo. A su vez, los agentes de Brianda la traicionaron a las 87

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autoridades eclesisticas. Ello puso a la fortuna de los Mndez en peligro de ser confiscada y, aunque las her manas se reconciliaron, no habran escapado al castigo del Santo Oficio, si, entre tanto, don Joseph Nassi, alias Juan Mguez, no se hubiera trasladado a Constantino pla y logrado que, gracias a la ayuda del doctor Amn 9 6, mdico personal del Sultn, y a cartas de recomendacin del embajador francs, la Sublime Puerta accediera a interceder en favor de su familia. Por razones diplom ticas, Venecia crey ms prudente poner a ambas herma nas en libertad y restituirlas sus bienes. Tras peregri naT por algn tiempo en Italia la familia Mndez hizo su entrada en Constantinopla con todos los honores ... un da una seora portoguesa que se llamaba doa Bea triz Mndez, muy rica, y en tr en Constantinopla c on cua renta caballos y cuatro carros triunfales, ll enos de damas y c riada s espaolas ... destaj con el Gran Turco de s de Vene cia .. si no qu e todos sus criados no traj ese n to cados como los o tro s judos, sino gorras y vestidos a la veneciana... y luego doa Beatriz dej con todo su cortejo el mal impuesto cristia nismo y mud su nombre por el de Doa Gracia de Luna. No tena ms qu e una hija a quien daba de dote 3 00 000 du ca dos y tras estos fu ese, l'ao siguiente d e 15 54, un so b r ino de la seora, fastuoso tambin, diestro en armas y bien ledo; y hay pocos hombr es de cue nt a en Espaa, Italia y Flandes que no le conociesen y ll ambase don Juan Micas; circunci dise, d esp us vino con su prima y mud su nombre por el de Josef Nasi Los gentiles hombres s uyos, uno se pona don Samuel, otro don Abraham, y otro Salomn 97. Bajo el reinado de Selim 11, la s cancilleras europeas se vieron alarmadas por las maniobras de don Joseph Nas si El Gobierno francs tuv o que sufrir, por int e rven c in de don Joseph, la humill acin de ver sus mercaderes de tenidos junto a s u m ercanca confiscada en puertos tur cos, debido a que los franceses se haban n ega do a reconocer una d~uda para con la casa de los Mndez. Esta negativa se deba a que los Mndez eran judos y, de acuerdo con la ley a la sazn en vigor, el gobierno tena d e recho a confiscar los biene s de l os judos. Se 88

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confiri a don Joseph el ttulo de Duque de Naxos, quien hizo uso de su influencia pa.ra proteger a los judos en Turqua y fuera de Turqua. A l debe atribuirse par te de la responsabilidad por haberse declarado el pri mer bloqueo econmico de la edad moderna, contra la ciudad de Ancona, en la que se haba ejecutado a va rios marranos acusados de criptojudasmo. No es que existiera comn acuerdo entre los judos orientales so bre la conveniencia de declarar este bloqueo. Tuvo slo xito parcial, debido a intereses econmicos y a dife rentes formas de enjuiciar el fenmeno. Ciertas autori dades rabnicas estimaban que la situacin de los judos solo podra empeorarse si las ciudades levantinas de claraban la guerra econmica. Se concedi a don Joseph Nassi la ciudad de Tiberias para su colonizacin Por cierto tiempo se importaron lanas finas de Espaa para abastecer a los telares de orig e n espaol. Las hazaas y las actividades de Joseph Nassi parecen resumir la relacin entre la Europa occid en tal y el Cercano Orien. te a travs de Italia. Entrelazadas de modo inextricable con la vida eco nmica de las comunidades estaban las aspiraciones es pirituales de esos judos desarraigados a las c uales les estaba vedado el acceso a los extranjeros. Adems d e los estudios corrientes de la Biblia y del Talmud en las grandes yesivoth de Salnica y de otras comunidades los judos sufrieron en el siglo XVI ciertas extraordina rias experiencias msticas y mesinicas que dieron ma yor altura y profundidad a sus vidas. Como suele ocurrir con las dems posesiones espiritual es que t enan, las ces de sus aventuras msticas se encuentran en su tra s fondo espaol. En lo espiritual, los sefardes iniciaron varias corrien tes de ideas a lo largo de los cinco siglos de actividad creadora El judasmo rabnico se sirvi d e la costumbre, de la ley, d e l as festividades, y la santificacin para infundir valor y para preservar intacta la fina estructura de la aljama. Debido a los embates filosficos del aris89

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totelismo en la Espaa musulmana, Y ehudh ha-Lev reiter las causas de la ortodoxia en libros como Al Ku zar Nunca se concibi un judasmo desligado de as piraciones nacionales. Fueron los sueos y las esperan zas conjugadas en una naturaleza de gran intensidad lo que produjo la sobrecogedora poesa sionstica de Yehudh ha-Lev. El genio arrollador de Maimnides sembr las semillas del racionalismo en el jud asmo nico. Era tanto el poder del racionalismo maimnico que, al relegar a segundo trmino los fecundos elementos irra cionales de la tradicin mosaica, puso en peligro al pro pio judasmo. Se acusaron dos corrientes de reaccin. La amenaza que contra la fe supona el aristotelismo im puls a rabinos como Salomn Ben Adereth a imponer restricciones a la lectura de Aristteles a los menores de tr e int a aos 98 Se prod uj ero n roces y escisiones entre los seguidores de Maimnides y los fieles a la ortodoxia radical. Muchos fueron quien e s temieron la disolucin del judasmo. Contra la tendencia racionalista en Espaa vino a influir poderosamente la compilacin y elabora c in de una de las obras ms extraordinarias del genio de Israel, el Zohar 99 T odava abundan las dudas sobre el origen de este libro misterioso. Se ha puesto en en tredi c ho la paternidad de Moiss de Len. Lo nico que caber afirmar, pese a cuanto pueda decirse en su favor o en su contra, es que el Zohar no exista antes de que el rab castellano lo diera a luz, ni ha vuelto a dau e en I s rael fenmeno semejante. Tard el libro dos siglos en difundirse por todo el mundo judo. Su distribucin fue copiosa y abundaron los grupos d e sesudos varo nes encarg ados po r las comunidades de explorar los mi!! terios de la obra. La expulsin de sefardes fue vehculo propicio a su difusin. Al publicarse en el Oriente, el Zohar, se convirti en el tesoro ms precioso de la ju dera. Con la dispora sefard no :;e 1eiil, la adhesin rabnica al Talmud y a las disposiciones de la ley juda. Antes bien, se acendr el inters en los cdigos ante la 90

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necesidad de organizar el gobierno de las comunidades. En los reductos sefardes predominaba la autoridad teo crtica y ninguna teocracia puede sobrevivir sin un de r ec ho cannico. En la religin mosaica, el derecho ca nnico lo constitua la legislacin rabnica. El genio sefard alcanz su ms sublime expresin e n el Suljan Aruj, cdigo producto de una mente de extraordinarias dotes organizadoras como la de Jos Caro 100 Paralelamente al inters en la codificacin juda se acusa en el mundo mediterrneo sefard una corriente poderosa y transfiguradora hacia la mstica como modo de existencia Tal vez desde los tiempos de Filn de Ale jandra nunca fuera el mi sti cismo tan a ceptado, tan di fundido y tan fructfero como lo fue en el siglo XVI entre los sefard'es. Los judos de la Europa oriental han experimentado con el j as idi smo u na mstica popular que introdujo un elemento de du lz ura en su existencia y en nobleci sus sentimentos; empero, no logr ni prestigio ni universalidad. Por su parte, la mstica sefard tuvo t a l poder de absorcin que a su seno fluyeron minoras y masas, rabinos y artesanos, genios y sefardes y aske nases, tahnudistas y poetas. Como la mstica espaola de Santa T e resa y de San Juan de la Cruz, la msti ca sefard s e combina con la ms estricta pureza ortodoxa. El gran creador del cdigo ms importante de derecho rabnico, Jos Caro, fue adepto estudioso del Zohar 101 No solo por haber brotado de la tradi cin mstica judea-arbiga de la Espaa cristiana es el Zohar cr ea cin sefard. Cuando tuvieron qu e afincarse en tierras extraas, los sefardes desterrados h a llar on en sus nas hondura, consu elo y promesa. Y as como los desterrados de Jud e a hici ero n de la Biblia su nico tesoro de cuanto haba sido suyo e n la Tierra Santa, los desterrados de Espaa hicieron del Zohr la riqueza de que vivir en los das aciagos que se les acercaban. Y as como la Biblia y el Talmud dieron a los desterrados el nimo que necesitaban para arrostrar las fuerzas destructoras que de todo punto amenazaban al judo, tambin el Zohar fue la tabla 91

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de salvacin que sustent a los sefardes desterrados salvn doles del naufragio en el mar d e la desesperacin 102. El gran milagro de la mstica sefard fue la creacin de una ciudad mstica, morada excepcional para quienes se valan de la intuicin y d e l xtasis para buscar a Dios. Safed, en la alta Galilea, era la Ciudad de Dios. Tal vez se deba a un azar de la providencia que la mstica Safed lograse el cenit de su gloria en aquellos mismos aos en que los genios peninsulares trataban de llegar a Dios por la accin, l a plegaria, la meditacin, la mstica comunin con Dios. De no emanar de una fuente comn no sera posible la coincidencia d e l paralelismo entre Avila la mstica y Safed la mstica. Ambas heredaron el legado religioso del medievo acumulado en la Pennsula. Por la propia potencia de su grandeza, la tradicin sefard se impu so en la cuenca del Mediterrneo. De tan gran sig nificacin fue tambi n la inmediata difusin d e l Zohar y del modo de vida que aconsejaban los creyentes en esot ricos secretos. Puede decirse que Safed se debe a la he rencia p e ninsular d e l sefard. D e s d e e l momento en que fu e destruido el ce ntro nacional en Jerusaln, e l genio de la raza a s pir a crearse una morada, un foco de concentracin, un centro d e organizacin, donde poder desplegar sus valores espirituales, donde, a manera de fanal, pudi e ra llega,r a todas las comunidades de la espln dida entidad tnica, para iluminarle s, darl es aliento, instruir l es y fundirle s e n una unidad s ti ca. Safed se convirti en ese centro generador de energa y de unidad. As como los sefardes prefirieron Salnica por estar a l ejada de los centros de violencia, as se mostraron por Safed por estar alejada de las ciudades populosas. La judera sefard volvi sus ojos d e liberadamente hacia esta ciudad en las colinas de Pal e stina. An en el si glo XIX era difcil su acceso 92 El camino de Safed es uno de los p eores que existen; es una sp era subida de dos horas pla,gada de p e druscos, rodeada d e grandes arbustos y brezos; sin embargo, el ascenso se ame niza con la vi s ta del mar de Tiberade s a nu es tra espa lda, que

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parece agrandarse ms y ms, a medida que nos alejamos de l, hasta que, al llegar a Safed, la vista abarca toda su extensin de un extremo a otro. La ciudad tiene una situa cin soberbia, y domina el lago desde la ciudadela en rui nas, con una bella vista del Mediterrneo, y pudindose atis bar el Mern, el lago superior del Jordn, que se extiende sus cinco millas de longitud y tres de latitud a unas diez millas al norte de Tiberades 103. Solo un alma sensible puede penetrar en el secreto de los msticos embriagados de Dios. Ariel Bension, descen diente de msticos judeoespaoles, fiel a su legado, pudo llegar a comprender sus misteriosos caminos. Sobre esta sagrada ciudad, se expres as: ... pues Safed, aparte de su aire claro y saludable, tena una atraccin especial para los msticos. Estaba muy ximo a la pequea aldea de Mern, qu e fue el sitio natal y la tumba del hroe del Zohar, Reb Simen ben Yojai. Y Safed se convirti en el centro de este misticismo judaico. Sa,fed se convirti en la ciudad legendaria de signos y maravillas. Sa,fed-se nos dijo-tiene una especie de aire privilegiado que ayuda al hombre a alcanzar los misterios secretos con mayor facilidad que en cualquier otra parte... Y all se le vant un centro, que alcanz gran elevacin en cultura y en valor moral, y del que salieron creaciones que enriquecieron el tesoro espiritual de la Humanidad, no tan solo en las enseanzas msticas ocultas sino tambin en las verdades re veladas a las que se adheran los hombres 1 04. Safed pas a ser la ciudad de los santos y eruditos se fardes. Como en otras ciudades a las que emigraron, en Safed les esperaba una comunidad juda ms o menos des arrollada. Su nmero creci de tal modo que se creyeron con fuerza para tratar de imponer e n otras partes de la comunidad sus usos peculiares en cuanto a la reglamentacin de dotes. No tard la lengua espanola, la lengua materna de los sefardes en ser el vehculo de la enseanza, haciendo desaparecer todas las dems. Por su cuanta y por la distincin de sus dirigen tes, no tardaron en ganarse una posicin de preeminencia hasta el punto de que encontramos hombres de categora e influencia de la poblcin indgena que cedieron a la va93

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nid a d de h ace rse llamar sefardes apelativo comn de los judos oriundos de Espaa y Portugal 105. Fueron mucho s los motivos que impulsaron a los se fardes a ir a S afed Y a se ha m e n c ionado la pro x imidad de Saf e d a la cuna y sepultura del padre de la s tica ju d a; lo al e j a do de Safed de los focos de pel i gro en el Cerca no Oriente; y el saludable clima de la ciudad en las coli nas d e la alta Galilea. A pesar de su inaccesibilidad, Safed s e hallaba dentro del mbito de las rutas comer ciale s Se p o da llegar a Safed por mar al puerto de Si dn y Damasco no se hallaba muy lejos. Su po s icin apartada no impidi a Safed conve r tirse en un centro d e l comercio y la indu s tria. Que no se crea que era una ciudad de refugiados que queran evadirse de est e mun do. El judasmo no acepta el transcend ~ ~ tali srn o de las religi o nes orientales como las que abundan en la India. A ferrada a la realidad, la mstica juda tena que ocu pars e de la vida familiar, de las prcticas de la sinagoga, de las exigencias y obligaciones de las transac c iones co merciales. El zoharismo sefard no fue excepcin. El pro fesor Schechter deca que en ningn lugar de Israel como en la Safed del siglo XVI puede hallarse, desde la destruc c in del Templo, una plyade ms rica de eruditos, san tos, msticos, juristas y hombres temerosos de Dios. Mas no se crea que cuanto lograron en el estudio y en los ejerc1cws en camino de perfeccin les hizo tener en me nos al trabajo. Ninguno de entre ellos tena reparo en ir al pozo y sacar agua y llevar el cntaro al hombro, o ir a la plaza a com prar pan, aceite o verduras; en casa, hacan todo el trabajo 1 0. Hoy conocemos ya ms en detalle la vida econmica de Safed. De una aldea insignificante, Safed se haba convertido a comienzos del siglo XVII en una floreciente ciudad de treinta mil habitantes. De entre todas las ac tividades econmicas, las relacionadas con la fabricacin 94

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de ropa parecan ser las que mas absorbieron las l abores de los ju dos : El comerc i o de Safe d se basaba ante todo en la manu factura de ve s tidos. No solo se cosan y cortaban prendas en Safed, amn de las dems fases del arte sino que tam bin se h aca el hilado, el tejido y e l tinte de los materia les. En la ciu d ad haba hiland eras, tejedores, bataneros, tun didores y cortadores. Los exila,dos espao les que vinieron a Safed trajeron consigo el arte de tejer la lana y de la cos tura, hasta que poco a poco esa ciencia pas a ser la oc11r pacin juda por excelencia en todas las tierras de Turq ua 1 01 Un rabino que haca traj es en Safed cuenta una his t oria muy curiosa. Con su hom rica personalidad, e l ti c o Luria haba infund ido en las almas pas de la alta Galilea el santo temor y sospecha de que nunca ll egar an a lo grar la perfeccin. Un da el rabino-paero pregunt a Luria si poda d ist in g uir en .los ra sgos de su cara algn indicio de imperf eccin Muy reacio, Luria amonest al po rabino por no observar escrupulosamente los precep tos de la justicia. Alarmado ante tales palabras, el rabino llam a todos sus operarios y les rog que le presentaran cualquier queja que creyeran de razn. Tan slo una op era ria pidi que se le pagara ms por su trabajo 108 Muestra ello cmo en Safed se identificaba el trabajo y la religin. Lo que caracterizaba a Safed eran sus hombres, que estaban decididos a purificarse y, por sus vidas inma culadas en armona con las enseanzas del Zohar a sal var al mundo de la desintegracin pese a las discordias que e n l reinaban. La impr esi n que nos causa la Safed del XVI es la de un campamento permanente de renovacin de la fe habitado por penitentes que han venido de todas las partes del mun do. Para ellos la vida es una oportunidad que solo int e rrum pen de cuando en cuando ciertas consideraciones secundarias como son allegar el sustento para la familia y las contri bu ci ones que hay que pagar al gobierno. La ocupacin pri mordial y universal es la plegaria 109.

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A la plegaria acompaaban otras practicas de peniten cia. La penitencia tomaba todas las formas posibles. El ms frtil de los comentaristas del Zohar, Moiss Cor dovero, autor de El jardn de las granadas obr a en que da un preclaro anlisis del misticismo cabalstico, reco mendaba, entre otras cosas, la reunin de los devotos para disertar sobre asuntos espirituales y para intercambiar confesiones De todos es bien conocido qu e el nfas is por 1o mstico dentro de la estructura de una religin orto doxa suele engen drar la prosa y la poesa msticas. La prosa de Santa Teresa tiene toda la meloda del canto gregoriano y, como l, se remonta a los cielos. Los poe mas de San Juan de la Cruz son las efusiones hmnicas de un corazn transfigurado. En Safed, el misticismo judo produjo algunos de los ms bellos poemas en he breo que jams se hayan escrito desde el Siglo de Oro de los poetas andaluces y castellanos de Israel. La natu raleza ortodoxa del misticismo safdico ha quedado de mostrada por el hecho que tanto las com unidades aske nases como las sefardes han aceptado ciertos de sus himnos para incluirlos en sus libros de oracin. Uno de los himnos que han quedado as inmortalizados es himno Leja Dodi no, que se canta el sbado. Fiel a la tradicin milenaria de personificar el sbado, esta cancin sefard, escrita en arameo, compara el da de descanso con la novia e Israel con el novio que va a su encuentro. Salo mn Halev Alcabez supo captar los anhelos de Israel infundiendo de modo magistral en su composicin lo in candescente del paisaje de Safed. Israel Nagera fue el poeta que incorpor la tradicin mstica de Safed en la poesa popular, dejando de lado las formas arcaicas que se guan otros poetas. Como cantor introdujo en sus him nos una sensualidad lrica que a ojos de muchos l es hizo pecar de mundanos En 1579, Safed fue atacada por una tribu rabe. Acompaado de su familia, Israel Na gera se encamin hacia Gauhar, pequea ciudad no lejos de Damasco. La fertilidad y la lujuriosa vegetacin de Gauhar influyeron sobre Nagera de tal modo que su poe96

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sa adquiri un caracter de romntico erotismo. El pro fesor Israel Davidson, del Jewish Theological Seminary, ha recogido ms de un millar de poemas de Nagera, o atribuidos. Nagera nos ofrece el inters de ser no solo el ltimo gran poeta de la tradicin hebraica sefard, sino tambin de haber compuesto himnos hebreos inspirados en poemas griegos, turcos, rabes y espaoles m Safed, la ciudad santa de la labor y la plegaria, fue el foco del misticismo, pero tambin fue el centro de la cultura y de la creacin potica. Los judos de habla griega de Salnica y Constantinopla se vieron alentados a explorar los mbitos de la cultura. Merced al ejemplo y al precepto, los judos yemenitas de Safed se sintieron igualmente inspirados hacia la actividad literaria. A dife rencia de la mstica hispnica, la safdica tuvo otra di mensin orientada hacia el herosmo, la agitacin, pero que fracas miserablemente desde un punto de vista tico. La dispora sefard fue una experiencia tan transcen dental que despert las latentes aspiraciones de redencin mesinica. Israel alienta dinamismo porque se siente in completo. Como realidad inminente, el mesas se convier te en una fuerza avasalladora en diversas ocasiones. La mstica catlica pone de relieve la perfeccin personal, in dividual y es la recompensa de las acciones piadosas de una vida de pureza. La mstica juda, si bien pone de relieve la purificacin y la caridad, se dej llevar por las esperanzas mesinicas avivadas por visionarios que surgieron por doquier. La especulacin zohrica no tuvo de por s repercusiones polticas. Sin embargo, el me sianismo adquiri impulso desde que David Reubeni y Salomn Molho comenzaron a difundir la buena nueva de la llegada del Redentor hasta la glorificada predica cin de Sabbetai Sev y su ignominioso fracaso en el siglo XVII. Bajo la influencia del etope Reubeni, un marrano portugus, Diego Pires, se circuncid, tom el nombre de Molho y encamin sus pasos hacia las comu nidades sefardes del Cercano Oriente. Un codificador tan juicioso como fos Caro sinti un profundo can97 BENARDETE. 7

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o por este marrano v1s10nario que quiso apresurar l a venida del Mesas Apuesto y de gran habilidad persua siva, lleg a olvidarse de s mismo y de su s eg urid a d p e rsonal hasta el punto que se neg violentamente a re tractarse para salvar la vida. Molho cortej el martiri o y lo logr en 1532, ao en que fue quemado en Mantua por renegar del catolicismo. En el cosmos sefard, el mesianismo y el misticismo se funden en uno. CONTACI'OS SEFARDIES CON ESPAA En el examen sinttico que acabamos de hacer del legado sefard, hemos tratado de su dote lingstica, los planes institucionales realizados en tierra ajena, las tcnicas y actividades econmicas iniciadas en la Pen nsula y elaboradas :fuera de ella, las consecuencias cul turales en Italia y el Levante y, por fin, la mstica zo hrica y mesinica que floreci en Safed Todos estos elementos definen las dimensiones de la riqueza espiri tual de los judos espaoles cuando comenzaron a emi grar de Espaa. Por no ahondar en el conocimiento del sefard y de su historia, muchos han llegado a creer que los judos rompieron con la Pennsula en 1492. Al reconocer que la dispersin marrnica fue un xodo continuo que variaba en intensidad segn las pocas a lo largo de doscientos aos, se obs e rva que las comuni dades de Africa y del Levante no se mantuvieron ais ladas de Espaa. Una parte considerable d e la le gis la cin rabnica en Salnica versaba sobre e l levirato Como es bien sabido, la ley mosaica prescribe que, al qu e d ar viuda sin hijos, una mujer debe casarse con su h e rmano poltico a fin de preserv a r la tradicin del difunto. sese en el matrimonio de Enrique VIII de Inglaterra con Catalina de Aragn. Solo mediante cierta ceremonia que se remonta a tiempos bbli c os poda la viuda liberarse de esa obligacin para con la familia del marido. Muchas mu jeres en Salnica se encontraron e n una situacin un tan98

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to ambigua, ya qu e sus hermanos polticos eran oficialmen te catlicos que vivan en Espaa o en Amrica Por ello, los rabinos tuvieron que decidir sobre la convenie cia de permitir a las vudas c
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se les trataba con gran consideracin y se le permiti residir en Viena en el siglo xvm, cuando los judos na tivos fueron desterrados de la capital. Las comunidades marranas se renovaban constantemente con la llegada de nuevos refugiados de Espaa, con lo cual su nivel cultural se mantena ms o menos a la altura del de la Pennsula. Los contactos que pudieron mantener los judos hispanolevantinos y los marranos les permiti be neficarse, si bien en reducida escala, de la evolucin y modernizacin de la lengua espaola. Si los marranos se tenan por hidalgos y, por tanto, diferentes en lo civil de sus hermanos medievales, al llegar a lo religioso se consideraban inseparables de las tradiciones sefardes cultivadas y conservadas en las co munidades hispanolevantinas. Al hablar de los rabinos de Oriente, lmanuel Aboab, que tambin era de origen marrano, los reconoce como los caudillos de Israel, del Israel sefard: Ahora nos toca dezir como sobre todos sus discpulos flo reci el eminente seor Rabenu Joseph Caro, el qual sucedi en su lugar (es decir, de Jacob Berab, gran rabino de Safed) y fue Ros Y esiba, o general maestro de nuestra gente ... Gobernnos siempre con mucha prudencia, severidad y amor; y era de todos amado como padre universal 116. Incluso al establecerse las comunidades del norte de Europa, no perdieron inmediatamente su afinidad con los hermanos del Cercano Oriente. El mesianismo saba taico conmovi a los judos de Amsterdam y a los marra nos del mundo cristiano tanto, si no ms, como a sus correligionarios sefardes de Marruecos, Macedonia, Me sopotamia y Asia Menor 117 Si se estudia con cierto de tenimiento las actas sinagogales de congregaciones como las de Amsterdam, Saint Esprit, Burdeos ns, Hamburgo, Nueva York, Newport, Filadelfia, Cura<;ao, Surinam, Ja maica, Barbados, etc., se observar que ya fuera por carta o por mediacin de mensajeros especiales, se aten dan las peticiones de dinero para socorro de los judos 100

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hispanolevantinos que se encontraban en precaria situa cin de pobreza. Han sido muchas las instituciones que han mantenido unidos a los ncleos judos desparramados por todo el mundo. El mensajero o Salliah 119 a quien se enva a las comunidades de Israel universal, ha sido una institucin durante muchos siglos. Quien haya vivido en una pequea comunidad juda en el extranjero recordar el respeto y cario con que se reciba a este barbudo forastero, avala do por sus credenciales; vena de la Tierra Santa y peda dinero en nombre de Dios. Se le suele invitar a la s casas de los guiberim, o miembros prominentes de la congre gacin. Se esperaba de l que pronunciara un sermn el Sabat. Tenemos antecedentes de la venida de esos Sellehim, o mensajeros d e Tierra Santa, a l as colonias inglesas de Amrica en el sig lo XVIII. La sinagoga ms antigua en los Estados Unidos, She arit Isra el (los restos de Israel) de Nueva York dio cobi jo a muchos Sellehim y probable mente nunca permiti a ningn mensajero partir sin una generosa contribucin de los mercaderes sefardes 120 Mordecai M. Noah, quien en cierta ocasin quiso resol ver el problema judo creando colonias en los Estados Unidos, adujo como razn de peso para ayudar a esos mensajeros los servicios que presta la judera palestina para reservar e l contacto continuo de Israel con la Tierra Santa: l piadoso apego de los judos que re s iden en la Tierra Santa les hace merecedores de nuestra generosi dad y proteccin 121 En su diario, Ezra Stiles que co noca muy bien a lo s judo s de Newport, nos ha dejado una vivida d escr ipcin de un salliah notable. Este men sajero, de nombre Rab I saac Hayim Carigal 122 haba viajado por todo el mundo sefard. Nacido en Hebrn, e n Palestina haba heredado la ortodoxia la piedad la nobleza y la ciencia de su hogar rabnico. Leemos en Ezra Stiles que Carigal era un erudito sefard, docto en lenguas modernas y antiguas De su descripcin deduci mos que era un autntico representante de la judera 101

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palestina sefard. Fiel a la tradicin del saliato, vino a estas tierras en busca de dinero para los desvalidos. Am parado por las credenciales de otras comunidades sefar des, los judos de Newport y de Nueva York le respe taban y honraban, y le consultaban sobre muchas cues tiones relativas al derecho y a la tradicin judaicas. Tu vo el jbilo de ver el sermn que pronunci en espaol fuera traducido al ingls el santo da de Pentecosts de 1773, y publicado en Newport el mismo ao 123 No ca be duda que hombres como Carigal repasaban su espa ol antes de enfrentarse con las comunidades marranas de Italia, Francia, Holanda, Inglaterra, las Antillas y las colonias inglesas. En qu medida llevaba el Salliah consigo trazos de cultura espaola a sus correligionarios hispano-levantinos no se sabe con certeza, pero no cabe duda de que la institucin del saliato debe haber ejerci do cierta influencia sobre ellos 124 Durante ms de dos siglos, el mundo sefard logr conservar cierta unidad y cohesin, gracias a la inmigra cin, al comercio y la residencia de judos hispano levantinos en comunidades marranas; a la incorporacin de marranos en los ncleos del Cercano Oriente, en ciu dades palestinas en Alepo, Damasco, etc.; a la circula cin de libros en hebreo; a la contratacin de rabinos sefardes afro-levantinos en ciudades occidentales; a las actividades de cooperacin de los sefardes medievales y renacentistas, tales como el rescate de esclavos, ayuda a los pobres y a los hurfanos, y entrega de dotes a las hijas pobres de Israel; y por ltimo a la obra del Salliah. Este anlisis pone de relieve una idea fundamental, a saber, la unidad de la judera sefard en materia de re ligin, filantropa, mstica y mesianismo. Admitir que esta unidad no existi en modo alguno contradice nuestro aserto de que, desde un punto de vista cultural, los ju dos de las pequeas teocracias del Cercano Oriente eran fundamentalmente diferentes de los judos que haban vivido la tradicin catlica y que despus se incorpora ron en la personalidad de la civilizacin occidental. 102

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Los contactos comunales intersefardes e intrasefar des, en todos los aspectos que he mencionado antes, de terminan ciertas tendencias generales que caracterizan al judo peninsular en el exilio: por su forma teocr tica de gobierno, las comunidades medievales se abstu vieron de mantener relaciones dire c tas con la Espaa ca tlica. Hoy sabemos ya con certeza que durante muchos decenios los marranos constituyeron una importante d e rivacin de la vida peninsular. Como se ha sealado ms arriba, los marranos, imbudos de cultura peninsular, es taban al tanto de todo lo pertinente a su refinada so ciedad. Algo de esta consecucin cultural se infiltr en las comunidades medievales. Existen pruebas dispersas de que durante ms de un siglo los espaoles y los portu gueses trabaron conocimiento con los judos exilados en sus nuevos hogares. Merece me!}cin el caso de un nio castellano que a la edad de ocho aos sali con los ju dos desterrados y, tras vagabundear por las ciudades mediterrneas, regres a Espaa, a pesar de la ley de 1499 por la que se prohiba la entrada de judos aun cuando estuvieran dispuestos a someterse al bautismo 125 La ley de 1499 demuestra que el caso del nio de Illes cas no era una excepcin. Debieron ser muchos los ju dos que no pudieron soportar la vida alejada de su hogar an cestral. Imaginamos la emocin que causara la confesin de un castellano que, al ser interrogado por la Inquisicin, admiti en 1514 haber estado en contacto con la vida juda de los peninsulares en Italia, Africa, Egipto y en ciudades como Salnica, Adrianpoles, Cons tantinopla, Brusa, etc. En una veintena de aos los ju dos de Espaa ya haban formado sus comunidades en el exilio: E que de all este confesa nt e se fue a la ciudad de Adria npoli, que est dos jornadas de Salonique; e que estu'fo all quince das por judo e entre judos; y que vio all mu chos judos naturales de Toledo e de Torrejn, e Madrid, e Guadalajara, que se haban ydo cuando la general es103

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pulsion, e habl con ellos e les dixo quien era, e como yba; e que comi un sabado con un judo que le combid, e co mieron carne e cerezas 126_ Entre los muchos incidentes narrados por un mendigo ciego de Illescas est el de los artesanos como los teje dores de Valencia, que vivan en Turqua, y el de gente que haba vivido en Espaa como cristianos pero que eran ahora judos en el exilio. Es, pues, ms que proba ble que muchos judos regresaran a Espaa a pasar los ltimos aos de sus vidas entre los vivos y los muertos de la tierra que los vio nacer. En el siglo XVI, Italia estaba plagada de espaoles; soldados, polticos, estudiosos, prostitutas mercaderes, sacerdotes, escritores, actores. Entre los muchos y distin guidos espaoles que vivieron en Italia en aquellos tiem pos figuran el Gran Capitn, Garcilaso de la Vega, Don Pedro de Toledo, Juan de Valds, Bartolom Torres Na harro y Cervantes. Con la distinguida sociedad del da tena relaciones la familia Abravanel. En atencin a la opinin pblica de la poca, las personas de mente ms liberal y corazn ms generoso en la Pennsula no po dan dar muestra de su tolerancia para con los judos pero al encontrarse fuera de ella no tena el menor reparo en tratar con sus paisanos de la tradicin mo sai c a. Solo admitiendo este extremo podemos comprender la diligencia con que un grande de Espaa como don Pedro de Toledo recab los servicios de Bienvenida Abravanela, esposa del ortodoxo Samuel Abravan e l p a ra educar a su hija. Estamos seguros de que estos no fueron los nicos contactos con Italia y otras partes entre judos y ca tlicos. Resulta gracioso y curioso ver cmo los personajes de la novela picaresca La lozana andaluza que pretende ser un relato de pcaros y rameras espaoles se sienten solidarios con los judos de habla hispana en Roma y desprecian a los que hablan italiano y alemn 12 7 : 104

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LOZANA.Qu es aquella casa que tantos entran? RAMPIN.-Vamos all y vello s; sta es sinoga de cata lanes y esta de abaxo es de mujer es, y all son tudescos, y la otra frances es, y sta de romanescos e italianos que son los ms necios judos que toda s las otras nacion es, que tiran al gentilicio, y no sa ben s u ley; ms saben los nuestros espaoles que todos porque hay entre ellos letrados y ricos y son muy resabidos .. 12a La solidaridad espaola fuera de Espaa se manifest en dos formas: los catlicos dispuestos a ayudar a sus paisanos de habla espaola fieles a la alianza de Abra ham, y los judos ibricos que, en la medida de lo po sible, ayudaban a los espaoles en situacin precaria. En el Viaje de Turqua Cristbal de Villaln nos narra una historia jocosa y triste de un judo que al ver al narra dor abrumado por el exceso de trabajo como esclavo en Constantinopla, acude a ayudarle para hacerle menos penosa s u tarea Ello le vale una buena paliza a manos de los guardias que le vigilaban: ... habanme hecho un da cargar dos ladrillos que eran de solar aposentos, de un palmo de grueso y como media mesa de ancho, de lo s c ual es e ra uno sufici-ente carga para un hombr e co mo yo; y yendo tan fatigado que no poda ate ner con lo s otros, ni va, porque e l grande s udor de la cabeza m e caa e n lo s ojos y m e cegaba, y lo s palos iban espesos, alc los ojos un poco y dije con un sos piro bi en acompaado de lg rimas: Perezca el da en qu e n asc Hallse cerca d e m un judo; qu e como yo andaba con barba y bien vestido, y los otros no, traa siempre infinita gente de judos y griegos tra s mi, como maravillndose, de ciendo uno s a otro s: Este algn rey o gran seor debe de ser en s u ti erra; otros: Hijo o pariente de Andrea de Oria En fin, como tamboritero andaba muy acompaado, y ... no s qu me iba a decir. Mata: Lo que os dijo el judo cuando se acab la paciencia. Pedro: Ah!, dice: Animo, nimo, gentil hombre, que para tal ti e mpo se ven l os caballeros Y llcgse a mi y to mme l un ladrillo y fuese conmigo a ponerle en su lugar. Respondle: El nimo de caballero es, hermano, poner la vida tablero cada y cuando que sea menester de buena gana; pero sufrir cada hora mil mu ertes si n nunca morir y llevar pa los y cargas, ms es de caballos qu e de ca ball eros. C uando lo s 105

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guardianes que estaban en la segunda puerta de la casa vieron dentro el judo, maravillados del hbito, que no le haban visto trabajar aquellos das, preguntronle que qu buscaba: djoles como me haba ayudado a atraer aquella carga porque yo no poda; respondieron: Quin te mete a ti donde no te llaman? Somos tan necios que no sabemos si puede o no? Y diciendo y haciendo con los bastones en tre todos, qu e eran diez o doce, le dieron tantos, que ni l, ni otro no os ms llegarse a mi de all delante 1 29. Fue un muy culto judo quien en 1634 liber del cau tiverio de Alepo al capitn Domingo de Toral. Conoca tan bie n los poetas de los siglos XVI y XVII que los poda citar con soltura y placer. Sus conocimientos de la lite ratura y sus aos de residencia en Madrid permiten su poner que se trataba de un marrano: Era tan sabio en la l en gua castellana que e]l abundancia de vocablos y en estilo y lenguaje poda ensear a muchos muy presumidos, repitiendo a cada paso muchos versos de los insignes poetas de Espaa, como Gngora, Villamediana y otros ... uo. Las vicisitudes de la guerra y de los VIaJes dieron lugar a que los sefardes y los catlicos se ayudaran mutamen te. La derrota de Don Sebastin en ti erras de Afr i c a en 1578 redujo a la esclavitud y venta pblica a muchos nobles portugueses. All acab la flor de Portugal y los que quedaron fueron llevados a Fez, donde fueron vendidos, a voz de pregonero, en las pla i; as donde habitan los judos .. Y me contaba el Sabio David Fayan, vecino de Alcai;arquivir, y discpulo de Rab Yehuda Aboah, arriba nombrado, que tenan mayor consolacin aquellos desgraciados, que ser vendidos a los ju dos por esclavos, conosciendo su natural piedad 131.

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V EROSION CULTURAL EN el proceso de desarrollo de los dos tipos definitivos de comunidades sefardes del siglo XVII se advierten dos etapas claramente diferenciadas. En las Antillas o en el continente ameri ca no, Inglaterra, Fran cia, Holanda, Portugal o Italia, los sefardes occidentales conocieron perodos de apogeo a medida que evoluciona ba su legado religioso y cultural de la Pennsula. Al llegar al XVIII y a principios del XIX, los marranos van perdiendo gradualmente su lengua espaola, ha s ta des aparecer. Al perder su hegemona imp e rial los dos pases iberos, los marranos no sintieron la necesidad de mante ner el idioma de sus antepasados peninsulares, como ins trumento de creacin y de comunicacin comunal y do mstica, sobre todo despus de haber experimentado la 107

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Enciclopedia la nueva literatura del romant1c1smo, las nuevas ideas y prcticas polticas y el nuevo sentido del nacionalismo. Bajo la influencia de las nuevas ideas eco nmicas y de las opiniones en boga su fervor religioso fue enfrindose. El atesmo, el desmo y las diversas cla ses de cristianismo les sedujeron por nuevos senderos de la vida y del espritu. Al perder su legado hispnico, los sefardes occidentales adquirieron otros valores qu e, si bien no eran superiores, les fueron muy tiles en la ca en que vivieron. Lo que en general sufri mayor detri mento fue la religin judaica. No es este el lugar apro piado para examinar el proceso de apogeo y d eca dencia de las comunidades marranas. Lo que nos interesa es el judo sefard africano y del Mediterrneo oriental, quien, trescientos aos despus de su Siglo de Oro e n el :>..'VI, conserva an ciertos tesoros folklricos valiossimos de origen peninsular en forma de romances, muasajas y zjeles. En lo s ltimos tiempos se han obtenido buenos resul tados de l a ap li cacin de los conceptos biolgicos y geo lgicos a los fenmenos culturales e histricos, si bien mu chos filsofos no acaban de admitir las con clusiones de las hiptesis bio-geolgicas. Sin embargo, no nos cree mos obligados a romper una lanza en su defensa puesto que no creemos que ese mtodo sea el nico instrumento de descubrimiento y anlisis. El concepto satisface nues tro propsito porque nos permite, e n un sentido metaf rico, exp li car en breves trminos los tr es siglos de his toria del judo levantino Desde un puntode vista or gnico la s comunidades sefa rdes en tierra ex traa des arro llaron durante un sig lo o ms lo s elementos positivos de su cultura peninsular. Gracias a su desvinculacin de la fuerza econmica de un imperio que a la sazn se ha llaba en su cenit y gracias al vigor de sus tradiciones, lo graron crear y mantener un altonivel de cultura his panohebraica. La judera sefard alcanz ( valga el mil biolgico) su plenitud. A ella sigui la decadencia, la degradacin y la desintegracin. Nada se opuso a ese 108

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proceso de descomposicin. Tras el smil se observan ciertos hechos histricos. Dando por sentado por ahora el colapso total de ambos tipos de comunidades sefar des, quiero traer a colacin la Conferencia de Comuni dades Sefardes celebrada en Londres los das 26, 27 y 28 de mayo de 1935. Uno de los delegados admiti la deplorable decadencia de la enseanza hebraica entre los sefardes de todo el mundo: Dios nos ha dado la gracia de que entre nosotros haya doctores, juristas, ingenieros, arquitectos, profesores, historia dores, eruditos, filsofos, etc .; mas en lo que toca a la cul tura judaica y a la rabnica, nuestra miseria es deplorable El antiguo gran rabino de Turqua, Hayim Najum, quien por muchos aos fue el jefe espiritual del judas mo sefard en El Cairo, puso de relieve la carencia de seminarios para la formacin de rabinos sefardes: No solo ha disminuido gradualmente e l nmero de semi narios que tena,mos hacia fina l es de siglo, sino que, a me dida que decr ece el contingente de aspirantes al rabinado, los estudios rabnicos decaen en calidad. Los estudios judai cos, que e n el siglo XIX contaron con tanos adeptos, estn hoy en peligro de desaparecer e n po c os aos. Otro eminente erudito sefard lamentaba que los judos hispnicos hubieran renunciado a la investigacin crea dora sobre su glorioso pasado espaol, dejando la tarea en mano de sus hermanos askenases: Si los eruditos judos de Rusia y Alemania han realizado investigaciones tan valiosas en ese acervo tan clebre de la literatura espaola que floreci e n el Siglo de Oro del Ju. dasmo, no podramos acaso los descendientes de aquellos sefardes pon e rnos por lo menos a la par de nuestros her manos a s kenases? Es curioso observar que los sefardes se percataron del peligro que amenazaba a su patrimonio y prepararon lo s instrumentos que habran de restaurar la unidad de la s comunidades orientales y occidentales tomando como de109

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nominador comn la religin. Sobre el fruto de sus es fuerzos, el tiempo dir. Una vez apuntada por los propios sefardes la notoria decadencia de lo sefard, solo quere mos sealar a la atencin del lector las diversas etapas por las que pas esa cultura tan rica en promesas y rea lidades. Al analizar los extraordinarios sucesos en la judera hispanoafricana y levantina, saltan a la vista el elemento perturbador del movimiento seudomesinico de Sabba tai Zev en el siglo XVII; la gestacin y aparicin del Meam Loez, la llamada Enciclopedia Popular del Sefar dismo Oriental, que redime a ese mundo del siglo XVIII, y las penosas tentativas en el siglo XIX de dar nueva fer tilidad al depauperado campo de la cultura sefard me diterrnea, que tan ubrrimo fuera un da en todo cuan to da gracia y amenidad a la vida. Ms concretamente, en el siglo XIX se importan ideas de Occidente y se re cobra el desahogo econmico. Por ltimo, al nacer nues tro siglo, la adormilada gente sefard, impulsada por la esperanza y promesa de las nuevas tierras de Occidente, abandona por millares sus hogares en Turqua, Grecia, Bosnia, Bulgaria, Marruecos y parte rumbo a Francia, los Estados Unidos, Palestina y la Amrica hispana. En menos de veinte aos, se afincaron en los Estados Unidos unos 60.000 hispanolevantinos. PRELUDIO AL MOVIMIENTO SABATAICO Al finalizar el siglo XVI q uedaron resu e ltos mu chos de los problemas que haban asediado a los in migrantes ibricos. Al establecerse las comunidades y sus rganos docentes, religiosos, sociales, polticos y eco nmicos, el orden y la estabilidad volvieron a imperar en las vidas de los desterrados. Sus contactos con los ju dos no sefardes iban a constituir una amenaza a ese modus vivendi. Por su ejemplo, gracias a la superioridad de su nmero y de sus preceptos, se absorbieron en gran 110

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medida sus hermanos criados en tradic iones distintas. Sinie stros d e todas clas es, c omo guerra s terr e m o tos in cen dios epidemias, as como la responsabilidad colectiva p a ra con el Gobierno turco en materia de tributa cin impu s i e ron la necesidad moral y material de mantener u na c oope racin en e l seno de las comunidades. Recaan sobre t odos ellos otras obligaciones tales como el res c ate de clavos judos, la defensa contra las p e rsecuciones y el man tenimiento de la continuidad en Palestina por med i o de instituciones. Sin embargo, el obstculo que ms difcil haca esta tarea era el carcter recalcitrant e del judo JJrico, quien por mucho tiempo se neg a a ce ptar dis ciplina de ningn gnero. Dado que los factores que con tribuyeron a la separacin en el siglo XVI son anlogos a los que se observaron en el siglo XX entre los sefardes que emigraron a Nueva York, no est fuera de lugar ci tar las palabras de Joseph Nehama sobre el carcter del judo ibrico. Tendremos ocasin ms adelante de remi tirnos a un informe preparado por un trabajador social askenas sobre los pequeos reductos sefardes de Nueva York, en el que se da un anlisis que coincide en mucho con el de Nehama. De modo muy emprico, nuestro as lcenas llega a conclusiones semejantes a las de los sefar des que han analizado las tendencias dispersivas de su carcter. Si vemos que en la Amrica d e l siglo XX funciona el mismo m eca nismo espiritual de la Salnica del siglo XVI, no es legtimo suponer que, independientemen te de la analoga de la situacin sociolgica, en su com portamiento centrifugo se agitan las tendencias cong nitas del sefard : El entusiasmo d e sus r e uni ones, el ambi e nt e de r ec onci liacin y fraternidad que e n ellas se c reaba, solan evitar las i nminentes disrupciones. Sin e mbargo, los llamamientos a la unidad se vean con frecuencia desvirtuados por los intere ses fiscales, las luchas por obtener predominio, las cuestio nes relativas al cavad, esto es, el anhelo de distinciones ho norficas, y los dardos que heran las susceptibilidades ajenas. 11]

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Pre v al ec i el espmtu de capilla. En este aspecto el sefard1 tard mucho en sobreponers e a su castellanismo, siempre dis puesto a romper sus cadenas, nunca feliz bajo el yugo de una di sc iplina. Esta es la Castilla que Ja c e a los homes y los ga s ta, r e za la mxima de la patria p e rdida, y nunca tuvo s r e alidad que en Salni c a. Sin duda algu'Ila, Castilla ha ba t e mplado el carcter de sus hijos, inculcando en ellos un e x ces ivo instinto de independencia junto a los frutos de sus m e ntes creadoras. Para aquellos ca s t e llanos, catalanes y aragon es es era arduo aceptar la derrota. Siempre lograban s alvar l os obstculos. La ley deca que no deban construirse nu e vo s templos. Y a nosotros, qu ? Adelante con capillas y oratorio s privados donde reunirse con sus amigos .. 132. El eminente erudito sefard doctor Saul Mzan, quien ha dedicado mucho tiempo a reflexionar sobre los problemas de lo sefard, piensa que la decadencia de la fibra peninsular se inicia con la salida de Espaa de sus antepasados. De haber penetrado ms hondo en el si g lo XVI, habra descubierto Mzan que en todo el mun do sefard floreci una viva civilizacin. Ello no resta veracidad a cuant_o dice sobre el periodo que sigui al movimiento sabataico: La tormenta de 1492 vi e ne a destruir la feliz simbiosis de judos c ristianos y musulman es .. Su nuevo ambiente fue un refugio para el cuerpo, p e ro un abi s mo para el e spritu .. De r e pente se encontraron trasplantados a un nuevo medio ambi e nt e propiamente dicho .. As, pu es se hallaron en me dio d e una gente de s cono c ida, en estado casi de barbarie, con la que no tenan ni podan tener e l mnimo contacto e s piritual. .. D.e ese modo, la decadencia se inicia con el esta b l e c imi e nto de los s efard es en Oriente si bien es cierto que los c olonos de Salnica y Constantinopla mantuvieron rela c ion es c ada vez ms tenues, con los marranos d e Espaa y Por t ugal ( v ase Men nd e z Pida!), y qu e e s as relaciones ejer c i e ron c i e rta influ e ncia sobre su cultura en general, tambin e s c i e rto que esa Influ e ncia solo s e acu s aba en los grandes pu e rtos mediterrneos y apenas se notaba en el interior del pa s S e a c ual fu e r e, e n modo alguno poda deten e r el rpido ri t mo d e la de c aden c ia judeoe s paola 1 3 3 Las palabras del doctor Mzan ofrecen dos o tre s no c10nes muy valiosas. La idea de simbiosis, concepto tam112

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bin biolgico, sugiere uno de los procesos de evolucin cultural. Al no poder crear el sefard oriental una nueva relacin simbitica, su cultura ha venido decayendo en los ltimos trescientos aos. Por sorprendente que pa rezca, lo cierto es que, tras cuatrocientos aos de resi dencia en Turqua, la mayora de los judos no apren dieron a leer y a escribir el turco 134 En Espaa escri ban en espaol con caracteres hebreos, mas en su nue va morada no se dignaron ni siquiera escribir el turco en caracteres rash. No solo eran muy escasos sus co nocimientos del turco, sino que el idioma no lleg a pro vocar en l ninguna reaccin ntima. Durante siglos el judo peninsular haba convivido con musulmanes, col mando con su ciencia sus ansias de saber. En verdad, durante ciertos perodos crticos de su historia, el mundo islmico haba sido ms acogedor al judo que el mundo cristiano. En cambio, una vez en Turqua, de nada se vali del modo de vivir turanio Justo es sealar que la cultura turca estaba bien por debajo de la que trajeron los judos de la Pennsula. Al llegar a Turqua el judo peninsular se vio privado de la posibilidad de estudiar las prof es iones en que tan prdi go haba sido el Occi dente. En el Viaje de Turqu a hallamos una ancdota burlesca que confirman las radicales teoras del doctor Mzan de que una vez fuera de la Pennsula comenz a decaer la cultura del judo. En Espaa, los judos haban cul tivado durante s i g los la medicina, tanto cientfica como emprica. En Turqua no haba escuelas de medicina donde el judo medieval pudiera r e novar los conocimien tos elementales del arte de curar que haba trado de Es paa. Con los marranos, el caso es distinto. Su posicin les abra las puertas de l as mejores escuelas de medici na de Espaa, Francia e Italia. El judo medieval tena que contentarse con sus nociones empricas. Tras todo esto vino un mdico judo de quien no rezaba la Iglesia, que se llamaba l licenciado, y prometi que si se le d e jaban ver que le sanara. El baj, por ser cosa de 113 BENARDE TE.--8

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medicina, cuando vino remitimelo a m rogndome que si yo vie se que era cosa que le podra hacer provecho, por en vidia no lo dejase Yo se lo promet, y cuando vino el seor licenciado comenz de hablar de tal manera que pona asco a los que lo entendan. Yo le dije: Seor, en cuntos das le pensis dar sano? Dijo que con la ayuda d e l Dio en tre s R ep liqu si por va de medi c ina o por otra El dice que no, sino de medicina; porque aquella era trpico y l e haban de sacar, que era como un gato, y otros dos mil d is parates: a lo cual yo le dije: Seor, el grado de licenciado que tenis hubstele por letras o por heren c ia? Dijo tan simplemente: o, seor, sino mi agelo estudi en Sa la manca y hzose licenciado, y como nos ec haron d Espaa, nose ac, y mi padre fue mdi c o que estudi en sus libros y llamse ans licenciado, y tambin me lo llamo yo. Digo: Pu es a esa cuenta tambi n vuestros hijos, despus de vos muerto se lo llamarn ? Di ce: Ya se or, los llaman licen ci ad itos. Idioma y decadencia No cabe duda de que si el espaol que hablaban aque llos judos hubiese sido peregrino y arcaico hasta el ri dculo el autor d~l Viaje de Turqua, quien vivi de es clavo en Constantinopla varios aos a mediados del XVI, no habra sido remiso en su sarcasmo e irona. Al no ha cerlo dado el tono para con lo judo cabe suponer que su espaol era lo suficientemente puro como para no provocar burla. Sin embargo, esa pureza no sobrevivira el siglo XVI. No debemos olvidar el carcter teocrtico de las comunidades de Marruecos, Egipto, Palestina y Turqua. Consecuencia lgica de las hascamotocracias fue el triunfo del hebreo sobre el espaol. En el siglo XVII los marranos de Liorna y Arnsterdam fundaron acade mias literarias inspiradas en las de Madrid, Lisboa y Coimbra, y en ellas se hermanaron el espaol y el Re nacimiento. En cambio, en las academias literarias de Constantinopla y Salnica, el hebreo surgi como lengua de la poesa 135 En l se expres lo erudito y lo potico. Solo se emplearon las modalidades medievales bblicas y talmdicas del hebreo. Cuando un gran erudito escri ba sobre tica prctica agregaba al final de su obra un 114

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glosario d e vocablos castellanos qu e, a s u juicio el le c tor no lle ga ra a comprender; pero las explicaciones del voca blo castellano venan en hebreo y no en espaol 1 36 El pres ti g io de que gozaba el hebr eo caus un perjuicio irr e pa rable, ya qu e gracias a l se p erpe tu u na cl ase oligarca. El sefard d e la calle no poda seguir l os sermo n es o le er los li b ros en h ebreo. En Oc c id e nte era signo de pedante ra salpicar con excesiva profusin palabras y expresiones latinas en obras que pretendan es tar escritas en e l idioma propio de cada pueblo. Entre lo s sefardes, era el u so des m e dido del hebreo en el espaol d e las masas lo q ue d e notaba una mente pedante. Al darse preferencia al he breo sobre el espa ol se inici la d eca dencia del u so d el idioma c otidiano. Hasta cierto punto l a Biblia el Z o har el Talmud y los tratados medieval es representaron la con tinuidad de algo que vena de muy antiguo, p ero, como fu e nte de conocimiento, no tard en agotarse. Es evidente que a menos que el lector aporte ideas con su interpretacin, las obras clsicas pierden vitalidad como fu e nte de conocimientos. Nada ms estril que estudiar a los autores antiguos con ideas desacreditadas. Lo s rabi nos de Oriente no estaban en situacin de absorber las extraordinarias contribuciones de la Europa renacentista. Los escaso s estudiosos que percibieron ecos de ese pro ceso de efervescencia tropezaban con la impermeabilid a d de los cotos teocrticos. Una de las causas ms directas de la depauperacin de la lengua espaola en Oriente fue el empleo exclusivo del alefato hebreo en sus div e rsas formas, en la trans c ripcin del espaol. Las obras se impriman en caracte res hebraicos cuadrados o en caracteres rash. El ale fato que el judo espaol emplea en su escritura cursiva difiere grandemente de la que el askenas emplea para escribir en yiddisch. De todo estudiante de espaol es bien conocida la literatura aljamiada, esto es, los textos romances escritos en caracteres hebraicos o rabes. En Espaa, tal prctica es innocua. Como es sabido, el rabe c arece del sonido si bien es probable que muchos ll5

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moriscos podan articularlo. Una vez fuera de Espaa, 1as nuevas generaciones no sentan la necesidad de apren der el espaol con el sonido de la Entre los judos, el alefato hebreo no distingue entre la r sencilla o la rr doble, ni entre la i y la e, etc. No era nada fcil corregir a los nios de familias no espaolas o no castellanas cuando aprendan en Turqua el espaol aljamiado 137 No es que fuera absolutamente imposible corregir esas deformaciones, pero los judos no tenan acceso a obras espaolas escritas en caracteres latinos: La,s masas no conocfa.n la grafa latina, lo cual era un privil eg io reservado a las personas cultas, que eran las cas que tenan acceso al castellano impreso en Espaa. De sus prensas nunca sali una obra impresa en caracteres la tinos. Hecho verdaderamente lamentable. Al finalizar el si glo XVI, no se pueden apreciar netamente las consecuencias, pue sto que la vanguardia de la, generacin de entonces sigue siendo eminentemente culta; nutre reciamente su espritu y se r ege nera constantemente al contacto con los maestros pen sadores que, en toda la cristiandad, se afirma en aquellos aos con una audaz ind e pendencia y una autoridad prodigio sa. Entre el pueblo y la clase media c ulta se produce en cambio una ruptura total con la literatura de la madre pa tria que, precisamente en e se momento, inicia su auge mara villoso. He aqu cmo la escritura juda, que ha sido el vehculo de la ciencia y de fa vida int e rior cuando los serfades con vivan con rabes y caste llanos, y estaban ligados a todo e l mundo exterior, y podan verter en s us obras la esencia del pensamiento y del saber de esa minora sel ecta d e la huma nida,d, ahora que los sefardes se ven confinados al islote balcnico de Salnica, la escritura juda, d eci mos, Levanta un cerco inmarcesible alrededor del pueblo sefard. Quedan dentro de l e ncerradas las mentes y la s separa de todo cuanto no sea es trictamente la, tradicin. Es un pueblo caste llano casi latino, que cua,ndo el castellano le habla desde las pginas de un libro que le llega de la madre patria im pr eso e n el alfabeto romano, se desflora en la nada. No es exage rado afirmar que una de las causas esenciales de la decadencia de la comunidad sefard es la trasliteracin es paola en alefato rabnico. Y un pueblo que hasta entonces se haba distinguido por un carcter reciamente occidental, comienza a orientalizarse y a fosilizarse 158. 116

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El alefato hebraico, pues, deseca y esteriliza el campo en que ha florecido el pensamiento sefard. Por muy seve ra que parezca esta sentencia, resume por desgracia una triste verdad. Si las eminencias sefardes se hubiesen per catado de la inseparabilidad de su relig n y la lengua espaola, habran intentado sin duda mantenerse en con tacto con la lengua de Espaa que no cesaba de evo lucionar. Por su falta de visin, el espaol se conv irti en una jerga plagada de elementos extraos al genio de la lengua espaola. Como se ver ms adelante, ni siquie ra las figuras preclaras del siglo XIX sintieron la nece sidad de preservar una lengua culta propia, aunque no hubiere sido el espaol, o de rejuvenecer los dialectos adulterados de las comunidades levantinas. La historia tiene un modo peculiar de imponer sus fenmenos en l a vida de los hombres. Las proyecciones aprioristicas en el pasado pueden servir de r ecreo, p ero no pueden alte rar la realidad de los hechos. Con un lxico escaso, una sintaxis defectuosa un estilo tosco y el concurso de palabras y giros extraos, el sefard escriba libro s en espaol con caracter es hebrai cos Los libros que fu eron escr itos e n la lengua judeoespaola judesmo, o ladino son muchos. E st a secc i n de la literatura juda es demasiadamente rica y grande, ms qu e las otras seccio n es no h eb rea s. Tod ava en es t ando los gidios en Es paa, ya haban escrito l ibros en s u s l eng u as. Y los emig ra dos a Italia y a Holanda escribieron libros diferentes en un espao l muy claro sin mezclar paJabras estraeras y es por esto que el trazlado de lo s esc ritos santos qu e fueron estam pados anda estaba n demasiad a mente claros y limpios por lo que fue inm e diatamente despu s de la expulsi n d e la penn sula ibric a. Este l enguaj e es fuerte (difcil) para los ele vos (discpulos) para comprenderlo y los mae str os so n obliga dos de explicar las palabras espaolas qu e no se usan ms en la habla de las masas ... Tambi n en Turqzda compasaron munchas composiciones en lad ino y muc has de ellas se perdieron por la falta de biblio tecas pbli cas en el oriente. El viajador francs N ico la s de Nicolay, qu e est uvo en Constantinopla en el ao de 1551, escri be que lo s gidios estampaban libros en diferentes linguas 117

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y tambin e n espao l. Reb Y acob beri Habib e n s u In tro duccin a su libro Enn Yaacob (El ojo de Ja cobo) d ice que e n co ntr mun chos libro s e n es p ao l y en tr e lo s lib ros antiguos se topa n e l li b ro Naar Pisan (El ro Pesn) escri to por R e b Yaacob Aboab estampa do en Constantinopla en 15 3 8. El libro Ann Agat Ahayim (Regimiento de l a vida) que lo co mpu so Reb Mos Almosninos esta mpado e n l a impremira Yabe lz de Saln i ca en 1 56 4 y a la : fin d e su libro hizo un a lista de las palabras ms fuertes ( difcile s) y la s tras l ad a l hebreo. El la llam
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mt er prete. Sospecho qu e s u esta n cia en Cdiz fu e ms bien br eve; pu es e n c u a,n t o arribaron las naves, se hi c i ero n a la mar y pro s igui eron s u s viajes ... 1 4 0 SEUDO MESIANISMO Se han escrito un sinfn de novelas, obras t eatra l es y de diver sa ndole y en mu chos idi o mas sobre este extrao fal so profeta judeo es paol qu e vi no a sembrar inqui e tu de s y a promover tormenta s e n e l mundo judo d e l si g lo XVII. Sa bbatai Sev ben Mord e j ai ha sido objeto de escarnio, burla y de incompren s i n por parte de lo s judos, despus d e su humillant e desenlace, y obje to de veneracin por parte de la reducida secta que busc asilo en el Islam. El me sia ni s mo d e Sabbatai, como fenmeno hi strico, es fcil de comp r ender si se ve en l un producto de l a queda milenaria de ls~ael en pos de s u Sa l vador. Las aspi rac i o nes mesinicas se vieron sustentadas por la divul ga c in del Zohar e n letra impr esa En un principio, el misticismo h ebreo se abri paso e n e l seno de l juda smo ortodoxo, in s i s ti endo en la purifica c i n individu a l some tida a l as e x igencias de la com unid ad. La p urifi c acin del cuerpo y del alma sugiere l a idea de l iber tad espiri tual. Sin e mbar go a jui c i o de mu c hos la lib ertad espi ritual es t asociada a l a redencin final mediante la sa lva c in de I srae l. D e cuando en cuando han aparecido judo s un tanto de scen trado s que ha n re s pondid o a l a vocacin m es ini ca El que terminaran en forma poco airosa no impidi que otros sig ui eran e l mismo ca min o movidos de la misma ambicin. En e l sig lo XVI, hallaron triste fin el etope David R e ub e ni y e l portu g u s Salo mn Molho. La experiencia nada e n sea a lo s profet as, ya que pretenden tras ce nd e rla. Hay quien ha t ra tado de a tribuir la m e teri ca c arrera m es i i c a d e l sefard de Esmirna a la precaria situacin econmica y poltica d e l momento. Sin embargo, no puede decir se que aquejara sobre m anera a lo s jud os d e Turqua. Es cie rto q ue l as matanzas de judo s polacos a manos de Jmielnicki hab an 119

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contristado a todo el mundo judo. Los marranos estaban especialmente predispuestos a la experiencia mesinica porque se haban negado a aceptar el dogma catlico del advenimiento del Mesas, por creer, como los judos, que el Mesas no haba llegado an y todava se esperaba su advenimiento. La aparicin d e Sabbatai Sevi en el si glo XVII obedeci a predicciones zohricas, a la degrada cin de judos a aspiraciones milnicas, a clculos apo calptics y a circ unstancias locales muy particulares: Este persona extraa caus tal desorden, tal conmocin, en las creencias religiosas, no solo de sus correligionarios en el Imperio otomano, sino entre los judos de toda Europa, que sus repercusiones todava haban de dejarse senti r du rante siglo y medio despus de su muerte. Sabbatai Sev naci en 1627. Era hijo de un tratante en aves de corral que haba logrado un considerable ca pital con la representacin de los intereses de un merca der ingls. En sus contactos con un protestante ingls, este judo esmirniota oy hablar de la llegada del Mesas. A su vez, Sabbatai, de nio, al estudiar la Cabal, oy los ecos de las profecas. No tard en sentirse predispuesto a experimentar personalmente el concepto de Mesas. Por carcter, estaba inclinado a la soledad y haba rehuido la compaa de sus coetneos aun en la infancia. Como todo nefito en e l mundo de lo oculto, tuvo que pasar por la fase del ascetismo. El ejemplo de sus contemporneos le hizo creer que, a fin de iniciarse en todos los arcanos de esa ciencia Oa Ga bal), era preciso practicar una vida de ascetismo, lo que le indujo a ayunar con frecuencia, a baarse en el fro mar tanto en verano como en invierno, tanto de da como de noche Otra caracterstic a de su juventud fue la aversin al matrimonio. Aunque sus padres le haban concertado un ma trimonio, segn la costumbre oriental, a edad temprana, se abstuvo de toda relacin marital con su esposa, a la que ter min repudiando. Al cumplir los veinte aos, ya contaba con varios dis cpulos que tenan fe en l. A su xito en el ambiente 120

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local contribuyeron sin duda su reserva, su encanto personal sus inquietudes y su independencia econmica. Sus prendas personales le permitieron triunfar en Jerusaln, El Cairo, Salnica y Abydos. Su n e gra cabellera y esplndida barba contrastaban con la blancura de su tez. Su lengua argentina daba a su pala bra tonalidades musical es; adems ca ntaba de modo arre batado, y no poco del embrujo que este fundador de una nueva secta stica ejerca sobre sus seguidores, se d eba a su bellsima voz. Las comunidades judas han mirado siempre con recelo a todo individuo que ha tratado de introducir innovacio nes radicales en la religin. La triste leccin del pasado haba nutrido los temores de los rabinos. Antes de cum plir los veinte aos, Sabbatai Sev haba sido excomul gado por los sefardes de Esmirna. Durante quince aos vag por el Imperio turco. En Constantinopla encontr un rabino que le mostr un libro apcrifo donde estaba escrito el nombre del mesas que haba de venir y, por ex traa coincidencia, ese nombre coincida con el de Sabba tai. Para que la idea del Mesas se tradujera a la realidad era imperativo hallarse en Jerusaln. Y Sabbatai no tard en hallarse en el lar ancestral de Israel. Desde el momento de ll egar, Sabbatai se mostr remiso, por temor a causar esc ndalo. Se conformaba con ayunar a me nudo, dormir co n suma prudencia en la s tumba s de los san tos varones jud os, a fin de asimilar s u esprit u profti co, y e n sus momentos de oracin a la luz de una vela, sola de rramar copiosas lgrima s Sumido en honda s meditaciones, Sabbatai se paseaba a lo largo d e l a habit aci n A veces, se le oa cantar ca n ciones espaolas de amor, si bien de amor mstico. Segn una crnica, senta una debilidad espe cial por un romance cuya herona era la hija de un rey, de labios rojos como e l cora l y que, al salir del bao, su blanca piel emu l aba la blancura de la l ec h e. P ese a la simpl i cidad de su carcter, para garnirse la simpata d e l as masas, Sab batai se vala de medios muy astutos. Siempre ll evaba con sigo dulces que reparta profusamente entre lo s nio s que e ncontraba a su paso. E stos, a su vez, se c ontenta.h an con llamarle padre santo, en cuanto l e vean venir a lo lejos. 121

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El momento decisivo de su vida se produjo cuando l a comunidad de Jerusaln, que haba pasado por tiempos muy arduos, le nombr Salliah. Raphael Joseph de Alepo era a la sazn inspector de acuami e nto de moneda de El Cairo. Estudioso del Zohar, asceta por inclinacin, hombre en extremo piadoso este judo adinerado era una fu e nte de bendiciones para su comunidad. Sabbatai le haba conocido en Egipto antes de ir a Palestina A re cabar su ayuda le mandaron. Sabbatai no tuvo dificultad alguna en obtener limosnas para los pobres. Su xito en lo material foment no poco sus aventuras mesinicas. En Egipto contrajo matrimonio con una juda de origen po laco quien en su infancia haba s ido criada en un con vento catlico. Tras huir del convento fue enviada en secreto a Amsterdam, de donde se march por su cuenta a Liorna. En esa ciudad se entreg a la prostitucin a fin de probar las heces de la sensualidad y experimentar toda clase de degradaciones para hacerse digna del mesas. Sarah y Sabbatai, el hechizo de la sensualidad y el canto de sirena d e l misticismo, irrumpieron en la vida de sus correligionarios. Al ser expulsado de Jerusaln no tard Sabbatai en encontrar aliados y discpulos que tenan fe en l y vean en l un instrumento propi c io para sus pro pios planes. El regreso del m es as a su ciudad natal fue causa d e la ola de histeria ms intensa que se registra en l a hi s toria del sefardismo. La co munidad de E s mirna se envaneca de haber sido la c una del Salvador de I srae l. Nadie e n la ciudad escap a la divina intoxicacin; poda verse a hombres y muj e res y aun nios, cae r e n tran ce mientras la s nuevas pitonisas pro fetizaban la divina misin de Sabbatai. Los fieles seguidores se infligan torturas diversas: de da ayunaban; de no c he, ento naban letanas; se baaban e n agua glida o se ente rraban e n nieve hasta la cint ura, ha s ta que acababn conge lados. La demencia popular fu e an ms lejos. So pretexto de ha cer ll e gar antes la hora de la liberacin, a fin de obligar al cielo a enviar las ltimas almas que le quedaren en re serva, muchos judos de E s mirna y aun de Salnica y otras ciudades se apresuraron a desposar a sus hijos aun d e do ce ]22

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aos. Los hijo s qu e na c i era n de esos ma trimonios contribui ran grandemente a d es poblar la s r ese rva s ce l estia l es. Solo Salnica se e no rg ull eca d e se t ecientos matrimonios d e jv n es qu e apenas hab an ll ega d o a la pubertad. En honor a l a verdad, valg a decir qu e la agita c i n obedeca en pa r te a s u espos a Sarah, qui en co n s u extica b e ll eza excitaba la se n s ibilid ad d e lo s ve n es En s u s fr ec u e nt es pro cesiones por la ci udad -cere monias p or l as cuales Zev se nta un a d e bilidad es p eci al -, se vieron cosas h asta ento n ces inau dita s e n e l Ori e nt e : hombres y mujer es que participaban j un tos e n este ca rn aval religioso; persona s t otalmente d esco n c ida s qu e se e ntr eg aban mutu ame nt e con frene s al canto, a la danza y a transportes amorosos. M u chos esc nda los se produj e ron a causa de esta promiscuidad. Al atravesar el m esas la ci u dad, las muc h edumbres se ap iaba n a su alre dedor e ntonand o e l sa lmo 118: La diestra d e l Seor es su blim e: la di estra del Seor hace valentas. El ao ca balstic o de 1666 fue te s ti go del punto culmi nante y mico desenlace de este melodrama. Ante la hos tilidad de los rabinos, que se n egaro n a dejarse vencer por la hipnosis d e la alucinacin, y la oposicin de las autoridades oficiales de Esmirna, e impulsado por sJ deseo y e l de s us seguidores de apremi ar a la llega da del d a de rendimiento d e cuentas, Sabbatai se traslad a Constantinopla. La s autoridade s tur cas obraro n con su m a cautela en s u trato con este perturb a dor elemento. Confinado a Abydos se vali del soborno p ara convert i r su prisin e n los Da r d ane los e n un verdadero santuario. Un judo polaco quien t ambin afirmab a ser e l mesa s, se dej llevar por su e nvidi a y denun ci a Sabbatai ante e l Gobierno turco acusndole de conspirador. Emp l azado ant e e l s ultn Mohamed IV, no pudo pasar airoso l a pru e b a de la invulnerabilidad a que se le some ti ; para sa l var la vida, se retract y se convti al i s l ami smo. E l mesas pas a se r un fraude. De lo exaltado d e s u s prome sas, cay e n la i g nominia de aceptar un pu es to de portero en uno de los palacios del sultn Obli gado a tomar una se gunda esposa, fue iniciado en l a religin de Mahoma sin renunciar a l a hechicera Sarah. Su s seguidores se con virtieron a mjllares. Sin e mbar go, nun ca l e aban d onaron 1 23

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los amores y sueos de su infancia. A hurtadillas, asista a los servicios en la sina g oga. Las autoridades turcas se negaron a admitir esta reincidencia y terminaron deste rrando a Sabbatai a Albania, donde muri a la edad de cincuenta aos. Sus hermanos y herm anas mantuvieron una reducida comunidad que se convirti en criptojudaica dentro del Islam. Durante ms de doscientos cincuenta ari os, estos seguidores de Sabbatai han vivido separados de la co munidad juda, sin llegar a identificarse plenamente con el mundo turco. Hasta el momento de la ocupacin grie ga, los seguidores esmirniotas vivieron en Salnica. En la actualidad, casi todos ellos se han trasladado a Estam bul. Poco se sabe de sus costumbres. Su reserva es tan absoluta que hasta ahora han fracasado todas las tenta tivas de vencerla. El llorado erudito Abraham Danon vio caer en sus manos por accidente los artculos de fe a que se adhieren. A los fines del presente trabajo baste con decir que ese ca tecismo estaba escrito en judeoespaol. Thedore Bent quien en 1888 escribi un artculo sobre esta secta de criptojudos dentro del Islam estimaba que su mero ascenda a unos ocho mil. Antes que Danon, ya saba Bent que estos conversos al islamismo (llamados donmehs) lean sus oraciones en judeoespaol: un paytan, nombre que dan al sacerdote oficiante, preside y lee los servicios en judeoespaoh. Lo s maminns como tambi n se lo s llama, sirven de constan t e recordatorio de la s in quietudes mesinicas en el s eno del mundo sefard. Los e st udiantes d e la cultura pen insular hallarn en ellos ejemp l o s de las permutaciones de la len g ua espaola. Ellos son prueba viva d e que, pese a la conversin al islamismo, e l espaol s i gu i e jercien do una poderosa influencia aun cuando haba d e jado de ser un instrumento indispensable de comunicacin para un pueblo que no tard en asimilar la l e ngua y cos tumbres de su nueva patria. Los maminns aprendieron el turco, pues eran turc os, lo cual nunca hicieron los judos a pesar de lo s s i glos que haban vivido en Tur124

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qua. Por tanto, el judeoespaol no poda servir les de lenguaje nico. Pero el espaol estaba santi ficado por tantos recuerdos que sirvi an para unificar estos restos de restos que es Israel. El judeo espaol, y no el hebreo, era la lengua sagrada de esos Donmehs. No podemos olvidar a los maminns. Su mesas entonaba ro mances en espaol, y sus seguidores, a su modo, mantu vieron su reverencia por la lengua de las Espaas 141 ANTECEDENTES ECONMICOS DE LA ENCICLOPEDIA POPULAR A la larga, el movimiento sabataico caus grandes per juicios a los intereses de los sefardes de Oriente. La con vulsin de histeria les hizo descuidar sus intereses ma teriales. Mientras se sumian en el torbellino del mesia nismo, sus competidores griegos y armenios comenzaron a minarles el terreno. Europa empezaba a establecer nue vos lazos comerciales con elementos locales. La Europa occidental ya iniciaba la fabricacin de productos que fueron desplazando a la artesana turca. La lenta de ca dencia del comercio puede atribuirse tambin a otras cau sas. El Imperio otomano no poda ya dominar el Medi terrneo. Al perder territorios y prestigio, su existencia comenz a perder esplendor. Los primeros en sufrir esta crisis fueron los judos, si bien las clases superiores t ar daron ms tiempo en sentir esos efectos en sus empresas comerciales. Los impuestos comunales fueron a recaer solo sobre aquellos que podan pagar. En la Sepharad ha-gue dol, corno en Espaa, se multiplic de modo alarmante el mendigo orgulloso que crea en la responsabilidad de sus hermanos ms afortunados. Algunos de entre ellos son rico s, aun cuando lo elevado de los impuestos para el mant e nimiento de los pobres estaba a punto de reducirlos a la misma condicin. Y es que por lo menos una. dcima parte de sus ingre sos se esfuma d e ese modo; adems, sus judos mendicantes les extraen grandes 1 25

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s uma s qu e l e s piden por c aridad d i c i e ndo: Tien es el d e be r de socorrer al pobre. Y o s o y pobr e ; socrreme Es p roverbial la fra s e d e qu e el ju d o pi-d e con bastn en mano; y co mo prueba de su magnimidad, lo s ricos se ven obligados a at e nd e r las s pli c a s y se dP.sprenden d e sumas considera bl e s bajo el p es o de tales argum e nt os 142. E l fraile capuchino Mi c hel Febre y Sir Dudley North e stuvieron en Turqua en el siglo X'VII y dieron cuenta del p apel que desempeaba el judo en el comercio interna cional. Aun cuando las condiciones no eran del todo p ro pi c ias an serva de intermediario entre los mercad e 1 es e x tranjeros y los nogociantes locales. S o n tan di es tro s e industriosos qu e s e hacen indisp e n s b l es a todo el mundo. No se hallar familia importante entre los tur c o s y mercad e res extranj e ros que no t e nga a su se vi c i o un judo se a para tasar las m e r c ancas y determinar s u ca lidad, s e a para actuar d e int rpr e t e sea para dar c on se jo s obr e cualquier cosa. Conocen al d e dillo c ua nto pasa en la c iudad en ca s a d e quin se en c u e ntra algo qu e s e pre c ise, s u pr e cio, calidad y c antidad s i est a la v e nta o al c a mbi o, y t o do e llo c on tanta pr ec isin qu e slo ellos pueden d ar a cono c er cuanto corresponda al comercio. Las dems naciones oriental e s, como los griego s y los armenios, carecen de ese talento y no les alcanzan e n es a habilidad; lo cual o b liga a los nego c iant es a s e rvir s e d e e llo s aunque les ten ga n av e rsin 1 4 3. Este fraile que por lo menos para con los judos no pa re ca ser en extremo benvolo, qued atnito al compro b ar c un grande era la solidaridad que entre ellos reina b a en sus relaciones comerciales y por decirlo as, sin dicales. Por ejemplo, una vez que una firma extranjera se enten da con un agente comercial, la comunidad juda se encar g aba de que ese agente nunca fuera desplazado por la com petencia. La opinin pblica se volcaba contra cualquiera que pretendiera ocupar el puesto que corresponda a un h e rmano. Bajo pena de excomunin se abstena de interfe nr en los asuntos del vecino. Del mismo modo que los : 126

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sefardes de Salnica disfrutaban del derecho d e tenen c ia de la ti e nda o casa que ocupaban la hascam otocrac i a reconoca como derecho sagrado l a fuente de la que la persona se ganaba la vida. El mercader extranjero que proceda de una sociedad delicuescente no acertaba a comprender el significado religioso que se atribua al medio con que un hombre se ganaba l a vida Para e l ex tranjero, esta costumbre era una forma de tirana ya que e l mercader no poda desentenderse del agente cualquiera que fuera e l mrito de sus razones. He aqu otra formu la cin de esta le y medieval: Cuando un nu e vo m ercader o factor ll ega a Constantinopla, pasa a se r por a s d ec irlo la propiedad d e l primer judo co n qui e n e ntabla co nv e r sac in; p as a e nton ces a ser su mer ca d e r y e n ese estado seg ui r h as ta qu e parta, si n qu e d es d e e n to n ces otro judo trate de arrebatrselo; preferira robar antes de cometer tal falta. Y as con la unanim idad d e la poblacin, se es tabl ece esta norma sagrada ... Por s u part e, e l mercader tampoco puede desembarazarse de l judo qui e n se l e pega corno una sang uiju e la para bi e n o para mal, y le acompa a en todo movimiento qu e h aga; y nada puede r e m e diarlo .. Tampo co vale desestimar la s v enta j as que s upon en estos judo s, ya que actan d e agentes univ ersales, para toda clase d e cosas, grandes y pequ e s. Su oficio es r ecorre r la ciuda d de arriba abajo, co mo tanto s de lo s d e monio s d e Job p asa ndo sin c es ar de un asunto a otro, segn la capacidad e n qu e se les emplee. Si e l m e r ca d er d esea algo, por in s ignifi can t e qu e sea, dgaselo al judo, quien si e l objeto es t so bre la faz de la ti e rra dar co n e llo. Ello r ed unda en beneficio d e todos; y es qu e aqu h ay millares de personas que se nece s itan una s a otras y l a n eces idad impone la unid a d oficio en que d es ta c a e l judo 144. Lady Mary Wortley Montague visit Adrianpolis en 1716 y 1717 y tambi n qued impre sionada por l a evidente prosperidad de los judos de esa ciudad. Por supuesto, careca de antecedente que le sirviera de t rmino d e com paracin. Como turista vestida a la turca, pudo observar que los judos de Adrianpolis ocupaban importantes pues127

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tos en la vida econmica de la capital auxiliar de 'Turqua. He observado qu e la mayora de los mercaderes ricos son judos. Esa gente tiene un poder extraordinario en el pas. Gozan de privilegios que no se conceden a los turcos, y han formado una importante comunidad que se rige por sus pro pias leyes. Han absorbido todo el comercio del imperio, de bido en parte a la desidia. y volubilidad del carcter turco. Cada baj tiene su judo que acta de hombre de negocios; ste tiene acceso a todos los secretos y efecta todas las transacciones. No se cierra ningn trato, ni se recibe ni[lgn soborno, ni se dispone de ninguna mercanca, sin que ellos intervengan. Son los mdicos, los administradores y los in t rpretes de todos los turcos prominentes. Puedes imaginar la ventaja que ello supone para un pueblo que no pierde oportunidad de aprovecharse de la mnima ventaja. Han dado con el secreto de hacerse indispensables, lo que les garantiza la proteccin de la corte, cualquiera que sea el ministro que gobierne 145. Dejando de lado lo absoluto de estos conceptos, y lo in exacto e incompleto de esas superficiales observaciones, llegamos a un hecho verdadero. En la primera parte del siglo XVIII, unos pocos judos ocupaban puestos de in fluencia en el comercio y en las profesiones. La vida au tnoma de los judos dentro de su propia comunidad, atrajo la atencin de frailes, diplomticos, damas romn ticas y mercaderes extranjeros. Por falta de curiosidad o de informacin, escap a su aviso el mundo misterioso que mantiene unido a los judos. Acaso un sagaz mer cader ingls llegara a estudiar lo que llamaba gif foot, voz degradante para d e nominar el espaol hablado por los se fardes. Mas ni aun l acert a comprender las fuerzas que dan cohesin a lo judo. Las comunidades sefardes del XVIII quedaron al margen de las grandes corrientes del pensamiento que se desencadenaron en la Europa occi dental. Mientras lo nuevo no se abra camino en la co munidad, lo viejo se debata por perpetuarse. El habla de las masas tuvo un nuevo respiro con la publicacin del Meam Loez. El Zohar haba sido causa de un cata128

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clismo en la forma del mesiamsmo sabataico. El tem or hizo presa de las comunidades, las cuales miraban con recelo a esta crptica obra. Qu vendra ahora a reem plazarle? La r esp u es ta fue una reabsorcin en el jud as mo ortodoxo. Sin embargo, las masas tropezaban con la barrera infranqu eab le d e l idioma. Solo por el espaol se poda devolver la savia del judasmo tanto el espao l de los descendientes directos como el de los judos sefar dizados. Fue puro genio lo que impuls al Rab Jacob ben Mahir Hul a publicar en 1730 el primer tomo de esa gran obra popular que lleva el extrao ttulo de M ea m Loe z. Antes de analizar en detalle el carcter de es ta en ciclopedia popular del sefardismo oriental quiero trans cribir literalmente las palabras del seor Albert Levy, director que fue del semanario judeoespaol de Nueva York La V ara, que ya pas a mejor vida. En un restau rante sefard de Allen Street, el seor L evy hizo una da evocacin de la funcin que desempe el Meam Lo ez en Salnica, donde naci y prosper en la tradi c in po mlar de su pueblo: Sabat la tarde, despus de los serv1c10s del arvit ( oracin d e la tar d e) los fid eles, se r enda n en sus c a sas d espus de la avdal (oracin de sa ntifi cac in o sea bendicin sobre la divi soria entre la terminacin del Sabat y el principio de los das de entre semana) y despus de cantar el famoso canto de Amevdil (que qui e r e d ec ir El qu e aparta) d e: Buenas semanas v eo venir, las salgamos a recibir, para que nos d exe el Di vivir a nos y a todo Istrael. Venid todos y nos ayuntemos y a su nombre bendeziremos y de l demandaremos la rehmisin (redencin) de I s ra e l; eto se ayuntaban en grupos en una casa donde los vezinos de abaso, de arriba, d e nmedio y de los entornos participaban a la l ect ura del M eam Loez. Hombr es y mujeres detodas las edades escuchaban co n una at e n c in r e ligio sa a uno d e la 129 BENARDETE -9

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co mpaa, el cual en alta voz meldaba unas cuantas pginas toc ante a la porcin del Pentateuco d e la semana. Al fin de l11, lectura recitaban el Kaddis de Rabann (la sa ntificacin de los sabios) y espartan belganiones, una s orta de dul<;:ura a todos los a s ist e ntes. Luego despu s empe <;: aban a jugar a los filganes y se c ontinuaba hasta una hora avan<;:ada en la noche, retirndos e e n sujetndose unos con o tros diziendo: Semenada buena y beta/ taln (con bueno qu e durmas) y la respuesta que l e daban era: takitz berra hamin tuvim (que te despiert e s en las piedades buenas) 146_ El seor Albert Levy estaba cerca de los cuar e nta y lo que describe era las costumbres que imperaban hasta el primer decenio d e l siglo. En todo el mundo sefard orien tal el Meam Loez fue un elemento de gran vitalidad du rante dos siglos. Existe una excelente apreciacin de esta obra sefard en un ensayo del que es autor Michael Mol ho erudito de Salnica, a quien se debe la Contribucin a la historia de Salnica, escrita en judeoespaol. Que nosotros sepamos, Molho ha sido el primero en ocuparse del tema en un idioma moderno. En respuesta a nuestra peticin nos envi un estudio para aprobacin y futura publicacin en la revista de cultura sefard que el Insti tuto de las Espaas tena el propsito de publicar. L a s ideas y las citas que damos ms abajo proceden del ar tculo indito titulado: Le Meam Loez: Encyclopdie po pulaire du Sfaradism Oriental 147 Cuando sal,i /sra,el de Egipto, la casa de facob, de pueblo brbaro. Con estas palabras comienza el Salmo 114 y su original hebreo dio a la obra que nos ocupa su ttulo. Los comentaristas y eruditos medievales interpre taron esas palabras finales en el sentido de lengua local de los judos As pues e n Francia los Ras llamaban Mearn Loez a quienes h a blaban fr a ncs en lugar de he breo. En judeoespaol se traducen las palabras del sal mista por pueblo aladinn esto es, pueblo sin cultura hebraica. El M earn Loez tena el propsito de instruir y entretener a la masa en la tradicin juda, poniendo a su alcance los enormes tesoros de la Biblia, el Zohar, el Tal mud y la literatura rabnica de toda clase. 13 0

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Reda c tado en ladino, en judeoespaol, en un estilo sin pre tensiones, sencillo y accesible al gran pblico, pone en manos de quienes carecen de Jadicin hebraica toda 1a vasta lite ratura juda, tanto cuanto instruye co mo c uanto deleita Cons tituye una autntica enciclopedia para el u so d e personas sin cultura o incapaces de adquirir por s us propios medios todo c uan to el buen judo debe saber sobre hi stor ia de I srae l, s us creencias, sus tradiciones, s us leyendas sus princ1p1os morales y sus ley es, sus normas filantrpicas relativas a la pobreza, a la higi e n e, etc ... Como es sabido todos los sbados se l ee en la sina goga un fragmento del Pentateuco y ello no es puro azar. En el transcurso del ao se lee el Pentateu co nt egro bado tras sbado. En torno a cada versculo, cada captu lo cada episodio, cada libro, han surgido comentarios de ca rcter exegtico, filosfico, mstico e hi str i c o. El pro psito del rab Hul era compilar las numerosas obra$ relacionadas con el pasaje que se lea cada sbado, y ll g a completar el libro sobre el G nesis. Ninguna obra de las escritas hasta entonces para ilustracin de l as masas jams haba logrado el ito que tuvo el primer tomo del Meam Loez. Hal aga do y alentado por el en tu sias mo que su obra despert inm e diatamente e l rab Hul logr pasar de la mitad del Exodo. La prim era edicin de un millar de ejemplares muy costosa por cierto, se ven di en seguida. Las masas sefardes vean algo nuevo que se les ofreca y se dejaron cautivar con entusiasmo por el hechizo de la obra: El c ont e nido d e l Meam Loez es diverso, rico y profund o. Trata de la s institu c ion es del juda smo, sus ceremonias, sus ri t os, s u ica, su filosofa s u s normas de higi ene, su hi loria, s u s co mentarios sobre lo s preceptos de la Ley, y l os aclar a co n gran profu si n de d eta ll es extrados de todos los rnme ntarista s. Este ac e rvo de ideas est ensartado c on una dora da hebra d e ancdotas, ley e ndas, narra c iones hi str i cas y folklore. Est libr e de toda afecta.;in, gravedad o pret e si n. Por sus pginas corre una brisa de naturalidad que trae el perfume d e la charla familiar o de la an c dota jocosa. Tampoco se hallar la intencin de prdica ni e l man er i s mo e rudito Es co mo un amigo qu e nos lleva de la mano, nos 131'

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e nsea, nos deleita, nos invita al regocijo, y, a veces, aviva hondam e nte nu e stra emocin y nos hace dern1mar lgrimas. Capta y cautiva la atencin del ms es c ptico dr. los lec tores u oyen tes. A la muerte de Hul, prosigui su obra el rab Isaac ben Moiss Magriso, quien la termin en 1764. Despus ha habido otros siete autores que han querido contribuir con uno o ms volmenes a la coleccin, con la esperanza de concluir esta empresa enciclopdica. Entre ellos figuran: Isaac Argeti, quien termin la parte correspondiente al Deuteronomio; Manahem Mitrani de Adrianpolis impri mi en 1851 y en 1870 los tomos primero y segundo del Libro de Josu; en 1890, Isaac ]udah Aba present al blico los comentarios sobre lsaas 11; Nissim Moiss Abad public en 1898 su obra sobre el Eclesiasts; por ltimo, Hayim Isaac Sciaky labor sobre el Cantar de los Canta res. Entre las irreparables prdidas del espantoso incendio de 1917 en Salnica figura el original terminado del tomo del Meam Loez sobre Jeremas, preparado por Isaac Pera hia. La Biblia tiene veinticuatro libros; de ellos solo once han sido objeto de estudio en el Meam Loez, pero esta obra tiene quince tomos porque algunos de los libros tra tados ocupan ms de un tomo. Los comentarios ms difun didos son los del Gnesis y el Exodo. La narracin de aque lla edad dorada de la raza ha ejercido siempre un irresis tible hechizo literario sobre cristianos, judos y musulma nes. La obra de Hul sobre el Gnesis se edit y reim primi en Cnstantinopla en 1730, 1748 y 1823; en Lior na en 1822; en Esmirna en 1864; en Salnica en 1798 y 1897. Los dos tomos sobre el Exodo se publicaron en Constantinopla en 1733, 1746, 1753 y 1763; en Salni ca en 1799, 1803 y 1865; en Liorna en 1823; en J eru saln en 1884 y 1886, en Esmirna en 1859, 1864 y 1865. Las fechas y lugares de publicacin dan una idea de la fuerza de cohesin que sobre el mundo sefard ejerca la imprenta. Adems de haber judos sefardes en Lior na, Esmirna, Jerusaln, Salnica y Constantinopla, luga132

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res de impres1on del Meam Loe z, deducimos del nmero de ediciones la popularidad de la obra que contribuy a preservar la lengua espaola contra los elementos que tendan a corroerla. Quienes n
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se congregaban para ese fin. Una excelente escuela de la palabra hablada han sido las reuniones familiares para ce lebrar el aniversario de la mu erte de algn ser querido. EL MELDADO Existe una diversidad de modos de dominar la cos tumbre juda de rendir tributo en familia a la memoria de los muertos entre los sefardes. El ms corriente entre nosotros es meldado es de cir, ledo Se han bus cado numerosas etimologas de la palabra meldar o leer forma preferida de los sefardes aun en la Espaa medieval i,ia_ Sea cualquiera su origen, lo cierto es que la palabra significa leer y el infinitivo sustantivado sir ve para denominar a la escuela elemental en la que se ensean exclusivamente cuestiones judas. All en el meldar vide cosas que me dexaron el ms penible re cuerdo en el corazn. el meldado es lo que los ju dos de habla yiddisch llaman Jahrzeit. Sobre todo e n los primeros aos despus de la muerte de un ser querido se observa con singular fervor religioso su aniversario. La presencia de una mesa cubierta por un tapete, los ci rios encendidos, unos libros hebreos, a la cada del sol, d e notaba que e n la casa se observaba el meldado. Como se sabe, el ritual judo exige la presencia de diez hom bres adultos para poder celebrar cualquier acto de dole sacramental, como la circuncisin, una boda, o una plegaria pblica. Dado que el meldado ofreca gran des atractivos en las casas de familias pudientes, no era extrao que se reuniese varias veces ese nmero para honrar la memoria de un difunto. En primer lugar se entonaba la oracin vespertina a veces al unsono, a veces con el concurso del haham o del rabino, quienes cantaba n solos. Al final de la plegaria los parientes va rones del difunto recitaban la bendicin apropiada en memoria de los muertos. Al terminarse la ceremonia los pasillos adyacentes de la sala estaban ya abarrota134,

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dos de muJeres, ancianas, casadas, parientes, y hasta algunas mujeres pobres que se arrimaban a la celebra c10n en busca de calor, algunas galletas y dinero. En la sala donde los varones estaban congregados, el rabino daba lectura a leyendas, relatos en torno a algn vene rable pasaje de la Escritura. En el transcurso del ao, estas reuniones en los di versos hogares judos, en las que a veces se honraba l a m e moria de varios difuntos constituyeron una de las instituciones sefardes fundamentales que permitieron pre servar e n la vida juda las costumbres sefardes y la lengua espaola. El meldar perpetuaba la tradicin en las nuevas generaciones. El espaol que se usaba era el tipo arcaico de las versiones ladinas de la Escritura. La sinagoga marcaba la continuidad del ambiente litrgico de la esc uela. Sea cual fuese el espaol que se em pleaba, lo cierto es que se remontaba a los siglos XIII y XIV. En cambio, en las conmemoraciones de difun tos, se hablaba el espaol de uso cotidiano. Era de ri gor que el rabino pronunciase una edificante pltica in pirada en la tradicin judaica. Para cuando empeza ba su pltica en tono familiar, las mujeres y los nios de la casa se haban acercado a las puertas de la sala donde se haban encendido las velas y los hombres que ya ha ban rezado sus oraciones vespertinas se arrellanaban para escuchar los relatos que el rabino haba preparado para la ocasin. Gracias a esos rabinos, la lengua espa ola no degener tan rpidamente como sera de esperar en un ambiente extranjero. Cuando el rabino terminab a sus relatos, todos haban olvidado sus cuitas y se haba dejado sentir un espritu de solidaridad gracias a la participacin en la religin y en el idioma. Tras la pltica se serva caf tur co y biscochos preparados expresamente para el meldado. Al caf acompaaba un dulce de ajonjol. En su lugar en otros hogares se serva halv. El sefard es un hombr e muy de su casa. Siempre llevaban bizcochos y otros dulces del meldado a sus mujere s Una vez satisfechos por ms de 1 35

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un concepto, los invitados abandonaban la casa donde se haba observado el meldado, rezado, honrado a los muer tos, escuchado la amena y edificante charla del rabino, conversado con sus amistades e injerido caf aromtico acompaado de bizcochos. El seor de la casa reparta limosnas y propinas entre el bedel de la sinagoga, quien haba transmitido la invitacin a los huspedes uno a uno el rabino los dems cargos menores de la clase ra bnica y los mendigos. En Israel no cabe concebir la piedad sin caridad.

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VI DECADE NC IA Y REGENERACION EN 1835, un americano hizo la siguiente descripcin de los sefardes de Constantinopla: Es indudable que la nacin juda en Turqua se halla en un estado de plena indigencia, como queda suficientemente demostrado por las mezquinas y viles tareas a l as que se de dica ... No se ve e l mnimo indicio de comodidad o de compe tencia; t odo cuanto de ellos puede verse u olerse, es suma mente repelen te, y al atravesar su barrio, a juz gar por los rui dos que hieren el odo, se ve que est habitado por una raza querellante, falta de paz domstica y comodidades... En su aislamiento, lo s judos constituyen una sociedad r egu lada por un gobierno compuesto por una mezcla de aristocracia y teocra cia; es esta lLima la qu e predomina y las antiguas mximas de la Ley Mosaica han extendido s u influencia sobre la oli garqua e n gqdo tal que no d e ja de sorprendernos cual137

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qui er apariencia de una repblica bi e n administrada en medio de tanto poder arbitrario y tanta anarqua 149_ Todas las descripciones de los judos peninsulares en Turqua en el siglo pasado, ya sean de gentiles, ya sean de judos, ofrecen un panorama desalentador de las con diciones materiales y espirituales en que vivan. A fin de comprender cmo al descomponerse el Impe rio turco se fue quebrantando la unidad sefard de tantos siglos, es preciso explicarse la estructura poltica en que se fundaba. A causa de la presin social que ejerce la poltica kemalista en la Turqua de hoy los sefardes se sienten cohibidos de hablar espaol o para publicar sus peridicos en espaol. El nacionalismo occidental a ul tranza fue una victoria que cost sangrientos sacrificios. Huelga decir que al reducirse Turqua, la cultura juda t uvo que adquirir nuevas caractersticas 150 Pero antes de llegar a esta situacin, los sefardes tu vieron que presenciar las fases siguientes en la historia de su mundo, de la que han sido tanto vctimas como be neficiarios. Como el resto de Europa, Turqua sufri transformaciones econmicas. Se importaron grandes cantidades de productos manufacturados. Gracias a las grandes inversiones extranjeras, se construyeron ferroca rriles, centrales de energa y monopolios. Las maquina ciones imperialistas extranjeras tendan a emascular a Turqua. Por fortuna para ella, las grandes potencias no lo graron lle gar a un acuerdo, con lo que se prolong la precaria situacin de Turqua. Esta perdi gran parte de sus territorios europeos como resultado de las intrigas eu ropeas. Los territorios que abandonaba se transformaban en nuevos pases: Grecia, Bulgaria, Montenegro Servia, Rumania etc. Las rivalidades entre Inglaterra, Rusia y las dems potencias precipitaron numerosas guerras a costa de Turqua: la guerra de Crimea, la guerra ruso turca, las guerras balcnicas, la guerra talo-turca, la Gran Guerra y la guerra greco-turca. En el tercer decenio de nuestro siglo, Kemal baj rescat a Turqua del olvido

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cuando infligi una abrumadora derrota a Grecia en el Asia Menor. En contra de ciertas versiones tendenciosas sobre la Turqua del siglo XIX, se produjeron varias ten tativas de rehabilitacin: la destruccin de los tiranos je nzaros, las reformas constitucionales bajo Abdul Mejid y Abdul Aziz, y la supresin del sanguinario Abdul Ha mid a manos de los Jvenes Turcos. Por fin, las polticas nacionalistas de Kemal baj dieron a Turqua un gobier no aceptable. La lenta occidentalizacin de Turqua y de los Balea nes tuvo profundas repercusiones en la vida sefard. La desqiembracin del Imperio turco contribuy de mu c h os modos a deteriorar an ms la lengua espaola que ha blaban. Antes del siglo XIX, antes de formarse los nuevo s pases, los judos de Sofa, Severin, Sarajevo, Monastir, Salnica y Adrianpolis no tenan necesidad de aprender los idiomas locales, ya que el dialecto judeoespaol cubra virtualmente todas sus necesidades de comunicacin. Las nuevas condiciones polticas les obligaron a aprend e r los idiomas locales. La decadencia del j udeoespaol puede atribuirse, ante todo, a la creacin de las nacionalidades. Los sefardes del XIX se caracterizan por el caos en lo econmico, el oscurantismo en lo religioso y la vaciedad en lo cultural. En ese siglo, como en todas partes, la s bendiciones y las maldiciones de la moderna civilizacin se c e rnieron sobre Turqua y los Balcanes, sobre Egipto y Marruecos. Adems de las nuevas influencias que ejer cieron el comercio y la industria, la regeneracin puede atribuirse a otros dos factores: las misiones catlicas y protestantes de una parte, y las escuelas de la Alianza Israelita Universal, de otra. A estas fuerzas que ensan charon el horizonte espiritual debe sumarse la creacin de la prensa sefard, los inevitables contactos con las cul turas autctonas de las nuevas naciones y la iniciacin en las formas de vida francesa, italiana alemana e inglesa. Entre las causas que han contribudo a la de ca den cia de la vida sefard en el siglo XIX debe citarse la prdid a 1 39

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de la preeminencia econmica. Por tener un espritu ms avisado que los sefardes, los griegos y los armenios con siguieron ocupar ansiados puestos gubernativos. Los ar menios lograron sobrepujar a los judos hasta tal punto que muchos sefardes poderosos quedaron asfixiados bajo la presin de aquellos despus de la destruccin de los jenzaros de cuya asociacin tanto se haban beneficiado. Entre las vctimas figuraba Behar Carmona, quien fue traicionado por el armenio Cazaz Autn. Para los judos de Constantinopla la muerte de Carmona fue una ca tstrofe. En su honor se escribi un largo poema que se cantaba como elega: Ajuntemos mis hermanos a cantar esta endecha porque nos cort las manos e l Di en es ta echa. Todo el mundo lo lloraron porque era muy amado. De los ojos me lo quitaron sin culpa y sin p eca do. Lloremos y endechemos por e l mal que mos vino. Si mil aos v1v1Temos no mos sale del tino. Los sefardes perdieron todo contacto con las profe siones cultas. La medicina, que haba sido su tema predi l ec to de prctica e investiga ci deg e ner en una amal gama de nociones empricas y de magia oriental. En tanto algunos griegos y armenios iban penetrando en el campo de la jurisprudencia islmica, los judos no pasa ron de las cortes rabnicas. Las nuevas profesiones de la ingeniera arquitectura, industria les eran totalmente aje nas. Si las clases altas eran ignorantes j qu decir de las clases bajas! En el primer cuarto del siglo XIX, Salnica ya haba perdido su industria lanera vctima de la com petencia europea. Cada vez era menor el nmero de per140

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sorras que reciban una formacin satisfactoria en los ofi cios. He aqu las palabras de un erudito sobre los judos de Constantinopla: La comunidad juda ha perdido su antigua gloria. Cuando, al ser desterrados de Espaa, los judos vinieron a asentarse e n gran nmero en Turqua, llegaron a ocupar posiciones preeminentes en la Sublime Puerta, y dura,nte mucho tiempo sus descendientes gozaron d e gran favor en importantes pues tos del Estado. Pero, poco a poco, los griegos y los arme nios los fueron desplazando. Estos lograron ocupar lenta mente los altos puestos de la Administracin y monopolizar el comercio, mientras los judos iba111 cayendo progresiva mente en la pobreza y en el desfavor. Su decadencia obedece ante todo al bajo nivel intelecual a que han quedado rele gados y a la falta de una autoridad por todos reconocida que podra haber impuesto las medidas necesarias para elevar el niv el intelectual de los israelitas 1 5 1_ En lo material, los judos no pudieron trascender las limitaciones que les impona el medio ambiente en que vivan. En cuanto se establecieron en el Oriente, quedaron a la merced de ciegas fuerzas disolventes. La falta de una poltica coordinada para evitar las causas de ciertas cala midades, como incendios y epidemias, caus estragos en la poblacin juda. Por ejemplo, los devastadores incen dios de Salnica en el siglo XVI casi destruyeron para siempre las pocas bibliotecas de los sabios sefardes. Poco a poco, estos incendios se fueron repitiendo, quebrantan do el nimo de los judos. Y, durante siglos, no poda atisbarse una solucin al problema. No es de extraar que el sentimiento de fatalismo desesperanzado calara hasta el tutano en estos sefardes orientalizados. En toda Tur qua los jenzaros explotaban a los pusilnimes sefardes sometindoles al chantaje, y cuando no obtenan resulta dos por ese medio, prendan fuego al barrio judo para entrar a saco en sus hogares. La degradacin lleg al mximo cuando los sefardes renunciaron a defender sus derchos. Hasta los nios, cristianos o musulmanes, se permitan burlarse de los judos adultos amenazndoles con una escopeta o un cuchillo: 141

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La ciudal de Salnica ha sido testigo y vctima de muchos desas tres pblicos. Ha sufrido mil calamidades, la peste el c lera y otras enfermedades co ntagiosas; terremotos, guerras, violentas explosiones de arsenales; tempestades, huraca
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mil forma5 d e p e rsonarse, de animales o de cosas de c a s a co mo muebles, atuendos de cocir,a y otras, mu c ha s veces, l os mijores de mosotros tenan una partida de persona y una partida de animal o de cosa. Daador es e n forma de animal tenan voz de hombre; otros en forma de hom bre t enan c a beza de gamello o de vaca. Cantaban c omo gallo ca minaban co n p ies es (sic!) de pat o, remaban e n bar cas de pap e l o v o l aba n s in alas. Cntaros bailaban, ca ld eras caminaban, ba ci na s r ea n lmpara s abran la boca esco bas esc ru s an diente s, escarabatos lloraban con gemido, e n fin no venan a imag n arse las a s n edades qu e una suma de personas quitaban se riosamente de la bo ca y crean e n e lla s como en le y de Sina En c u a nto a l as ves timen tas de l os mijores de mosolros era una v e rdadera ca'Ilcaraba: cabe llo s d e algodn, s bana s volando, ce idura de zamarra, botones de velludo, escriba na de hi e lo e ntojos de fu ego, bastones de flama, lo todo en una o e n mil colores. Familias e nt eras que se crea n ase l adadas d e parte de lo5 de abaso abandonaban s us casas y se an e n cuartieres lea nos si n d ec ir nada a ningulllo, espant ndo se, no l o embesa ran los sedim y fueran a p e rs eg uirlo s e n sus nu eva morada Otros imaginando que el daador o e l gerco se l es hab a e ntrado e n e l c u e rpo ayunaban ha sta ve int e y un da s o to Jll aba n manesia para sacar e l :11al de e n ci ma ... 1 5 2 E s t e vvido relat de Sa a di L evy dis ta mu c h o de ofre cer un panorama co mpleto de las s up ers ti c i ones que rei naban en tr e los sefardes. Tanto nios co mo adultos ll eva ban amuletos c ontra los espritus malignos y la s enfer m e d ades A m en udo se recurra a lo s s e rv1c10s de muj eres y dervi c hes musulmanes para remediar tod a clase d e en fermed ades El racionalismo d e Maimnides habr a redu cido a pavesas la superestructura d e esas s up ers ticio nes pero su Gua de descarriado s careca de in flu encia. L o nico que impeda que la gente se s umi ese en u n abismo nigromnti co eran sus virtudes elementales y sus pr cas religiosas. El gran amor por la Ley sagra d a enardeca la reverencia por la palabra escrita en un m o mento en que haba perdido ya en su mayora la fa c ultad de dom narla o haba qu e dado confin ada a un os pocos que no se distinguan por su amplitud de nuras. 143

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Dond e qui e ra que hu b i e r a co l ecc ion es d e libros, haba ge n iz s ; sobre todo e n lo s m e ldar es, e n las sinagog11s, en las yes ivot y en parti c ular e n la s impr e ntas. Un pueblo ti co c o mo t e con s id e raba s agrado todo aquello que llevara algo impr es o por c r ee rlo un art c ulo d e L ey. La palabra L e y par11 e llos era r e ligin y nadi e se atreva a tocarla sin temor y sobr ec ogimi e nto. Cuando algui e n se e ncontraba urn pedazo de papel impreso en la calle, lo recoga, lo besaba y lo colo c aba e n un lugar e levado. Nadie osaba pisar la Ley. Si se hallab11 en la proximidad de un meldar o de una sinagoga, se apr e suraba a llevar e l pap e l a la geniz I53. Como es lgico, este culto totmico puramente israelita por su ley fue causa de intolerancia y aun de violencia. La intolerancia organizada radi c aba en los crculos nicos. Por exceso de celo se s o la fulminar el herem o excomunin sobre aut nticos benefactores de la comuni dad. La hascamotocracia sefard tena una base econmi ca. La carne de la res sacrificada conforme a la tradicin, es d e cir, la carne llamada koser, era un monopolio que adquiran los carniceros judos por una suma deterrn nada. A veces el privilegio se v e nda por una suma irri soria y con l se obtena un in g reso muy superior a la suma pagada en un principio por su adquisicin. Se crea han int e reses entre los funcionarios de la comunidad y los monopolizadores. No se subsanaban las arbitrariedades administrativas. Cuando ciertas organizaciones extranje ras comenzaron a socorrer a los sefardes, no se haca distincin entre las organizaciones judas y las cristia nas. Por instinto, las masas se daban cu e nta de que su forma de vida comenzaba a sufrir una evolucin radical. Las propias autoridades rabnicas tambin comenzaron a sosp ec h a r que su mundo que por tantos siglos haba sido coto cerrado, estaba llamado a desaparecer. A fin de con trarr e star esta tendencia, tanto los rabinos como el pue blo se entregaron a la ira a la violencia y a la defensa ciega. Los liberales suelen sentir una sensacin de supe rioridad cuando alguien se opone a sus buenos propsitos, si bien sus programas de regeneracin pecan a veces de deficientes. Como se ver, los judos emancipados no sa 144

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ban a ciencia cie1ta lo que haba que destruir y lo que haba que conservar. Sin embargo, la falta de compren sin por parte de los progresi stas no justifica la postura inexcusable en que se refugiaron los conservadores orto doxos. Los defectos que se condenaban en los conserva dores eran la venalidad, la corrupcin en los procedimi e tos financieros y morales de la admini s tracin de la comunidad deplorabl es condiciones antihiginicas en los meldares y la supersticin sin freno. E l sig uiente episo dio de la vida de los sefardes de Constantinopla ilustra la crtica situacin creada por la pugna entre el progre sismo y el fanatismo en el siglo XIX: Exista a la sazn (1862) en Constantinopla un grupo de ra binos radicales que se oponan tenazmente a toda tentativa de progreso. A la cabeza del grupo se hallaban, entre otros, Rab Ytjak Acrish y cierto individuo llamado Camh. Con sus fanticos sermones y la amenaza de excomunin, arma de te rrible fuerza persuasiva, estos dementes exacerbaban a las ma sas d e las clases inferiores contra el benefactor de la comunidad. Por si fuera poco, se obligaba a todos los padres, so amenaza de anatema, a retirar a sus hijos de las escuelas que, segn los rabinos, efectuaban propaganda cristiana. Pero esto no bas taba para acallar al sector de fanticos. El propio Rab Acrish tuvo la osada de pr e sentarse en persona ante el Conde Camondo y excomulgarle recitando ante l la frmula consagrada. Ante tamaa audacia, el conde no pudo proferir palabra. Ello no impidi que a la maana siguiente consi guiera d e l Gran Rabino hacer encarcelar a Rab Acrish quiein, segn testigos oculares, fue internado en la prisin de lplik Haneh, en Eyub. Como los dems prisioneros, trabajaba en la manufactura de cordeles. Los fanticos que visitaban al j efe de los intransigent es regr esab an d e su celda con los ojos arrasados de lgrimas. Sus corazones se desarngraban al ver a aquel santo varn, que hasta entonces no haba tenido en sus manos ms que los folios del Talmud, entregado a aque lla humillante tarea bajo la severa mirada vigilante de fe roces guardianes. Eran los relatos de este tono los que enardecieron los corazones cristia,inos de la Edad Media, y los relatos de aquellos fanticos igual soflamaban las turbas judas. El viernes siguiente a ese suceso, el Sultn Aziz tena que asistir a las ceremornias de la Selamlik en la mezquita de Eyub. Cuando la noticia se difundi por la ciudad, la pobla145 BENARDETE.-10

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c10n juda de Constantinopla comenz a congregarse en las orillas del Cuerno de Oro. Las colinas de Haskey hasta Sutlidjeh estaban cubiertas por tan compacta multitud de judos que lo nico que poda di s tinguirse desde el Cuerno de Oro, del pie a la cumbre de la colina, sobre todo en la cos ta d e la baha, eran las innumerabl es cabe zas de los ju dos. En e l momento en que la nav e imperial lleg a Has key, se elev un clamor monstruoso procedente de treinta y ocho mil gargantas, que cantaban himnos, entre otros, el famoso Melej Yosheh. Atnito, ensordecido y sobrecogido al propio ti e mpo e l Sultn crey al principio que se trataba de un motn. En seguida vio aproximarse una nave. Tras pro funda reverencia, tres judos que se hallaban de pie en la proa, le hicieron entrega de umi peti c in. El Sultn no tard e n dar se de cuenta del objeto de la peticin. Se suplicaba merced para el Rab A c rish; merced que fue concedida. La multitud se lanz a la s puertas d e la prisin, y de ella sa caron en triunfo a la vctima inocenb e, como gustaban de llamarl e, y le llevaron en andas por todo el barrio judo de Haskey. El santo varn convertido en mrtir estuvo a punto de se r adorado por nuestros correligionarios; los ms arre batados Jl egaron a be sar el borde de la tnica de Rab Acrish. Con excepcin de ciertas tradiciones domsticas, la vida sefard estaba gravemente quebrantada. Las escuelas eran una abominacin La falta de material, los maestros ig norantes, la p e dagoga ms prehistrica, las clases infes tas, la rencorosa forma de castigo, el lenguaje injurioso reservado a los discpulos, as como otros atentados contra la sagrada humanidad de los alumnos, eran la regla comn en los pocos c entros que an quedaban donde se supona que se enseaba la Ley de Dios: Los hijos de los gidios vejetan en los hederim; ellos salen de estos idos de ioranza, sin conocer, ni Biblia, ni hebreo, ni nada. Fr e nte a esta deplorable situacin, se venan haciendo es fuerzos desde dentro y, ms tmidamente, desde fuera, para regenerar a los sefardes. Dicho sea con el nimo ms imparcial, y nada sectario, y desde nuestro emplazamiento de hoy gran honor se debe a los misioneros cristianos que, aun de modo indirecto, contribuyeron a difundir la cultura. En las escuelas catlicas de todo el pas haba mnos y nias judos. Si bien no lograban convertirlos, 146

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por Jo menos les enseaban los rudimentos de co ndu c ta, higiene y saber. Sin embargo, los misioneros prote:otantes t ra jeron a los sefardes algo nico. Con fines de propa ganda, trajeron traducciones de las Sagradas Esc r ituras tr a ducidas al judeoespaol. Fueron muchos a quien es be neficiaron e stas ediciones econmicas, bien impres as e n un idioma que poda llamar suyo. E s c urio so ob se rvar cmo a veces r es ulta lo ine spe rado Aun la lengua espaola, tan bella, tan potica, en la que tantos escritores judos escribieron libro s maravillo s o s, que nosotros habamo s mamado a p ec hos de nue s tras madr es, se haba degen e rado d e la ma ne ra s vergonzosa. Qui e nes se titulaban estudiantes d e la L ey, o los sabi o s d e la L ey, tenan qu e e mpl e ar e n la co nv e r saci n tres pala b ras h eb reas por cada palabra espa ola Los qu e es taban e n negocios u saba n un vocablo turco, uno gri ego y uno es paol todo s torpem e nte mezclados. La bella l en gua d e nue stros mayores esta ba total mente arruinada 154_ No caba la esperanza d e difundir l as v1 e ias traduc ciones de la Biblia; el s e fard oriental desconoca l as extraordinarias obras de los rabinos marrano s, co m o Isaac Cardozo Immanu e l Aboab y Menasseh ben Israel. Solo las tradu cciones protestantes divulgaron hasta cier to punto las fu en te s vivas del espaol medieval. Entre Biblias y Antiguos Testamentos Nuevos Testamentos Sal mos partes etc. la Sociedad Bblica inglesa ha venido distribuyendo de s d e 1829 hasta nuestros das 63.352 los diferentes. Por cuanto el libro es an un lujo en el Levante esa cifra representa un ndice autntico de la difusin e influencia del espaol puro de las antiguas ver siones modernizadas. Y a Sal Mzan ha hecho observar el valor de esas ediciones de la Sociedad Bblica para el aprendizaje de las lenguas vivas por parte de los judos espaoles que tenan el d ese o pero no la oportunidad de recibir instruccin en una escuela moderna. Saadi Levy, de cuyas extraordinarias memorias hemos venido citando por ser fuente original indispensable de conocimientos sobre la vida de los sefardes de Ori e nte tambin nos 147

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cue n ta cmo ll eg a estudiar su l e n g ua m aterna en las traducciones de la Soc i e dad Bblica. Si ten emos en c uenta que Saadi L evy, imp resor autodidacto, lleg a s e r un agente d e l progreso de Salnica y fundador de l gra n pe ridico jude oe spao l La Epo c a forzoso nos es reco noce r la buena obra realizada por l as misiones prot e s tant e s. Aun cuando l o que pretendan era conversos, si n sabe r lo ni querer lo contrib u yeron a forjar e l hombre mo derno de Oriente 1 55. La Biblia y l as oraciones, las s casi todas de memoria. Para apr e nderl<1s m e j o r, d e j de lado el libro qu e me haba dado Abraham Abenu y l ea otros i mpr esos e n la l e ngua sa,nta y en ju deoes paol. .. Esos libros los co mpr de los protestant es, entre qui e n es t ena mucho s amigos, ya que muchos de e llos venan a mi taller de impr e nta. Haban trado a nu est ra ci udad grandes cantidades de libros bien impresos que ae ve ndan muy bar atos. C uando l ea uno de mis libros, que guardaba e n mi armario, a,not<1ba todas las palabras que no comp r enda. Cu a ndo tropezab<1 c on una palabra de s cono c ida, recordaba el versculo y el capt ulo, y e ntonces, la buscaba en la Sagrada E sc ri t ura, consultaba la tradu cc in al ladino y as aprenda e l sentido y esp ritu d e las p<1labras 156. Antes de concluir esta breve diserta c in sobre el esta do del idioma entre los judeoe s paoles de L e vant e en el s i g lo X IX antes y d esp us de la desmembracin d e l Impe rio otomano, queremos decir unas palabras sobre la acti v id a d renovada d e las imprentas jud eoes paolas, de las que sa li ero n libros y peridicos. N unca se publicaron tantds libros en judeoe spao l como en el siglo XIX. Las obras de ndol e religiosa solan aparecer co n un ttulo hebreo pero s u contenido es t a ba e n un espaol balcani zado. Entre l os estudios religiosos figuraban ca l endarios, comen tarios a la Biblia, resmenes del Zohar y tratad os morales. El nuevo gnero, la novela comenz a difun dirse e ntre los sefardes. La lit era tura yiddis c h ha pro ducido ob ras de vala y dimensin univ e rsales En cam bio, a causa de lo limitado de su campo, la inestabilidad poltica, la prdida del verbo cultural la literatura jud eo 148

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espaola no se ha dado a conocer. Al judeoespaol s lo se traduca, a menudo con escaso mrito, obras del h e br e o, francs, griego y alemn Al aparecer obras de hi s toria universal, as como de historia turca juda y sefar se despert un inters por este gnero. La po e sa con taba con algunos adeptos y al g unos juglare s populare s se ganaban el sustento imprimiendo los viejo s rom a nc es que recitaban en las f e stividade s Pero lo qu e m s no s dar una idea del cos polglota de ese mundo, e s la pren s a p e r idica que nos daban a leer. En Esmirna Constanti nopla, Salnica Belgrado Pars y Viena se publicaban peridi c os en jud e oespaol transcrito en cara c teres rasi. El ms anti g uo tal vez sea La puerta de Ori e nt e, que apareci en Esmirna en 184.6. En Constantinopla se publi caba El Tiempo diri g ido por David Fresco y en Salnica La Epoca a cargo de Saadi L e v y E l tur c o n o se i m p r i mi hasta \ e l siglo XVIII. Los nicos que adoptaron el turco como lengua materna fueron los segui d ores d e Sabbatai Zev y los caratas En la segunda mit a d del XIX sur g ie ron judos cultos que comenzaron a tomar parte en las instituciones y el idioma de Turqua. Un reflejo d e la conciencia del judo otomanizado de que la lengua turca debe adquirir carta de ciudadana entre sus correligiona1ios pu e d e apreciars e en la apa ri cin de peridicos en tur c o impreso en caracteres hebr e os. Zman y Djeridi Terdjum fueron dos de los cin c o que comenzaron publi cac i n . Tuv ie ron poco x ito, porque el judeoespaol esta ba demasiado arraigado y nd era fcil de s plazarlo. Cinco v ece s de s de 1867 v a ria s per s ona s in s ir a d a s por una id e a patriti c a, han tenido el e xc e l e nt e prop s ito d e difundir la l e ngua turca e ntr e los isra e litas d e Ori e nte por medio de p e ridi c o s e scritos e n esa lengua e impr es o s e n ca ra c t e res rabni c o s Lo s intentos han fracasado porque la s p e r s onas en e dad de le e r no haban tenido d e sde su infancia la oportu nidad de e s tu diar esa lengua. No hay que olvidar que despus de todo los judos peninsulares eran judos y la r es urre c cin de la lengua hebrea antes de que el sionismo comenzara a captar a las 149

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comunidades judas del mundo despert el nimo de los sefardes a favor de su legado ancestra l. Comenzaron a aparecer peridicos con artculos en hebreo junto al ju d eoespao l. En Ca r mi y en el prometedor peridico fun d a do por Danon, Y ossef Daath ( El Progreso) aparec an artculos e n hebreo con su traduccin judeoespaola. La forma extre ma de este caos poli g loto se manife s t en el p e ri ico S e lanik que se red ac t aba en cuatro idiomas: ju d eoespao l, turco, griego y blgaro. En el ltimo cuarto del siglo XIX, el idioma franc s haba ganado gran preemi nen c ia entre los graduados de las escuelas de la Alianza J srae l it a Universal y de las mi s iones catlicas. En mu chas c iudad es se publicab a n peridicos en fran cs co n destino a los judos. Por fin, en 1886 Elas M. Crespn public en Tumu-Severin ( Rum a ni a) e l primer peridico jud eoespao l en caracteres romano s: El lu ze ro de la pa cencia Una generacin antes los de habla h a kita de Marrue c os haban comenzado a familiarizarse con e l es paol d e Espaa. Y un siglo antes, una reducida colonia d e jud os peninsulares se instal a l as puertas de Espa a en l a co l oni a britnica de Gibraltar. Si la Alianza hubie se comprend ido la importancia de ensear el espaol a los hispanolevantinos, como hizo en el caso de los judos de Tnger y de Tetun, la len g ua a cas o habra recob ra d o su v it a l idad en el Oriente. A es ta gra n confusin de l eng uas vinieron a compli carla a l go l os fr anceses E n ju s t ic ia se debe rendir un juicio sereno sobre la g ran in s titucin de la A li a nza. No cabe duda d e que la l eng u a francesa fue vehculo de cultura para lo s sefardes d e Tnez, Marruecos, l os Balcane s, Turqua y Asia. Las co n mociones blicas h abran sorpren dido a l os jud os sin estar debida mente prepara dos para emigrar. Dotado s de su educa c i n e u ropea, lo s sefardes de Marruecos salieron para Venezuela; los de Macedonia para Francia; y lo s de Turqua para la Argentina y los Estados Unidos Con vendr, a fin de comprender mejor el medio ambi e nt e d e l se fard pasar una minuciosa revista a l a labor r ea 1 5 0

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lizada por la Alianza y a los motivos que la impulsaron a crear escuelas y talleres, antes de que se disolviera t an to de su legado cultural y de que sus vidas siguie ran otros derroteros. En trminos generales cabe afirmar que la Alianza Israelita Univ e rsal fue la organizacin que ms trabaj por regenerar a los judos de los pases mediterrneo s y vecinos. Y a hemos tratado d e los factores que ms contribuyeron a su erosin y decadencia: retraso econ mico tirana teocrtica, retraso espiritual, y la babel de lenguas en que viva. En la euforia de su xito, el judo occid e ntal s upo comprender su responsabilidad. Ante las deplorables condiciones en que vivan sus hermanos orientales se despert en los judos franceses un senti miento de so lidaridad. Quienes acababan de conocer la s bendiciones de la Emancipacin deseaban propagar las doctrinas y principios de la tolerancia moderna. L es impulsaba un celo misionero por creer que en sus manos resplandeca la antorcha de un tipo ms avanzado d e civiliza c in. Sabindolo o sin saberlo, lo s fundadores de la Alianza se convirtieron en agentes del imperialismo francs. Dondequiera que se inaugurase una escuela de la Alianza, la enseanza se daba en francs, la lengua francesa destinada a propagar hasta remotos confines el genio del pas que ms ha hecho por la libertad de con ciencia ... tendr preferencia en las escuelas y los maes tro s de las mismas debern hablar de ordinario esa lengua)). Con ser filantrpicos, l os judos franceses po dan granjearse la buena voluntad de sus compatriotas en Francia. Al difundir la cultura occidental, pod a n demostrar que el pueblo judo estaba en condiciones de asimilar unas modalidades ms elevadas de vida Por ese motivo, queremos evitar toda falta de caridad y com prensin para con la red de escuelas de todas clases fundadas en todos los pases por la Alianza desde 1860 Entre ese ao y 1870 se fundaron 14 escuelas; e n los diez aos siguientes, 29; hacia 1910 existan ya 116 151

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escuelas diseminadas ~n Marruecos, Egipto Palestina, los Balcanes, Turqua y Tnez. La misin de los prim e ros maestros de la Alianza en Tur qua, hac e unos treinta aos, era casi como la de los misio neros catlicos entre los negros de Africa. A los ojos de la poblacin fantica, la creacin d e una escuela era poco ms o m e nos que abrir un centro d e proselitismo catlico. Qu cama rilla s, qu intrigas, cun t a d esco nfianza para con esos infelices mae stros que, e n nombr e de la civilizacin y de la fraternidad en la fe, vinieron a traernos un rayo de luz a uno s srdidos ghettos dond e, co mo verdadero s parias d e la sociedad habramos vegetado h asta hoy! Los maestros y fundadores de la Alianza tenan que granjearse la confianza de los judos cultos de mu c h as comunidades. Fue preciso eliminar o renovar num ero !!as escuelas religiosas. Las escuelas que construan ra diaban claridad y limpieza, virtudes hasta entonces d es conocidas en aquellas localidad es. Los maestros que se preparaban en Pars se contaban entre los sefardes ms inteligentes. Se pens en dar formacin normal a las jvenes. Adems de aprender las nociones elementales d e la civilizacin y cultura d e Occidente se daba a esos j ve nes sefardes una formacin moral que tran s form la vida del Levante. Este prurito de moralidad se incul caba con extensos conocimientos, mejor apariencia ca, m e jores modales y menos provincialismo. Con la educacin se elevaba el nivel de vid a y se d es pertaba e l deseo de mejorar el medio ambiente. Las escuelas :francesas combatieron las deficiencias firmem en te arrai gadas del carc ter sefard: egosmo, or g ullo exceso en l os sen timientos personales, ciego respeto por el poder o la riqueza, y la violencia de pasiones mezquinas. L icam en te, no se p o da en el breve tran sc ur so d e dos o tre s generac ione s reemplazar la s costumbres de s i g l os por otras de ms valor pragmtico. Se opona a ello sobre todo el estado inorgnico de las comunidades sefardes)), la falta de unidad y la indiferencia ante la innovacin. Sin embargo el programa docente de las esc uelas francojudas lograron algunos resultados dura152

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cleros. Al educar a los mnos, los hogares sefardes algo aprendieron. Ante ellos se abrieron las puertas de nue vas carreras y profesiones, de nuevas empresas y nego cios. Las grandes empresas absorbieron los graduados de esas escuelas. Las emigraciones a tierras ms p r s peras puede atribuirse en gran parte a esas escuelas. Cabe formular dos crticas a esas escuelas. El e s ritu que producan se inspirab a en la fuerza y en la debilidad del judasmo lib era l. Los judos franceses pro curaban desvanecer las caractersticas que les eran pro pias como judos. No se explicaban por qu esas dif e r e ncias eran necesarias. El judasmo francs debera haber exigido para la comunidad los mismos derechos que invocaba para los individuos. Los jud os franceses no lle garon a comprender el problema nacional. Con tanta len g ua materna, no era posible mantener unidos a los judos. El nexo natural de unin se cifraba en la renaciente cultura hebrea. Sin embargo, la Alianza n o vea con claridad la propia solucin que ella mi s ma ofreca. En los programas de las escuelas de Tetun y Tnger haba cursos elementales de espaol moderno. Lo s hispanolevantinos empleaban en el hogar la len gua materna, e l judeoespaol. En lugar de ayudarles a reju venecer su l eng ua balcanizada, las escuelas de la Alianza rehusaban ensear el espaol. El poder balbucear en fran c s distaba de dar un aliento vital al intruso artifi cia l. E l francs que se enseaba en las escu e las vino a complicar el caos de lenguas en que se hallaban sum i das esas comunidades Adems, e l jucl e oespaol estaba tan clepauperaclo, sobre tocio en vocablos abstractos y locuciones propias ele la cien cia moderna, que en las cOJJversaciones la gente culta t e na que recurrir o al vocablo franc s o, lo que resultaba ms modo, al ga li ci s mo ms flagrante. Mas por a.mplia que fuera la influencia francesa, careca de profundidad. Solo trascendi a la lengua cot idiana pero no lleg a tocar el folklor e: los pocos proverbios de orig en francs solo predominan en unas pocas ciudades o entre los jvenes que han pasado por las escue la s ele la Alianza 157 153

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VII LOS JUDIOS SEFARDIES EN LOS ESTADOS UNIDOS How strange it seems! These Hebrews i n thei r [grarr es Clase by the street o/ this Jair seaport town S i lent beside the never-silent waves, At rest in all this mo v ing up and down! The very names recorded here are strange, 0/ Joreign accent, and o/ di/Jerent climes; Al v ar e s and Rivera interchange With Abraham and Jacob o/ old times HENRY WADSWORTH LONGFELLOW 158 E N el primer decenio de nuestro siglo, los hispano levantinos comenzaron a llegar a los Estados Uni dos en pequeos grupos. Era un momento, antes que se impusieran las normas restrictivas que ahora imperan, e n que este pas estaba recibiendo un flujo de sangre nueva. En el momento oportuno se explicarn las razo nes de la tarda llegada de los hispanolevantinos; valga sealar por ahora que a su llegada existan grandes ncleos de poblacin juda ya afincada, y que tenan una vaga idea de que mucho antes de que ellos llegaran del Levante, ya haban puesto pie en esta tierra otros judos sefardes; tanto es as que en las primeras colo154

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nias europeas en Amrica ya haba sefardes. La hist o ria de los sefardes en el Nuevo Mundo ofrece tal varie dad de aspectos que sera imposible tratarla en det alle en una obra como la presente Pongamos tambin de lado el natural orgullo que en cada sefard despierta la evocacin de la esplndida obra de sus mayores. Con finmonos al ltimo contingente de sefardes que lleg a este pas pues sefardes eran los hispanolevantinos que llegaron a este pas en la ltima poca. Los marranos participaron en la labor precursora que hizo posibles los descubrimientos de Coln. Aun cuando no fue fcil a los marranos abrirse paso de s de Espaa hacia las Antillas y Ti e rra Firm e, de un modo u otro lo s marranos se instalaron en casi todos los enclaves hisp nicos. Si se establecan en las colonias en su calidad de sbditos de los soberanos de Espaa o Portugal ha ban de esperar siglos antes de poder confesar pblic a mente su judasmo. Por otra parte, si zarpaban d e pu er tos ingleses u holandeses y se establecan en las India s Occi dentales, en el Brasil o en los territorios de las tr e ce colonias inglesas,, entonces podan vivir pblicamente como judos. En un principio hubo una viva hostilidad contra los judos en Massachusetts y en Nueva Ams terdam. La Reforma protestante dio carta de ciudadana a una gran profusin de confesiones cristianas, las cua les a su vez dejaron la puerta abierta a otras religiones para pretender que tambin ellas ofrecan el camino se guro hacia Dios. Aun cuando desde un principio las t eocrac ia s intolerant es de las c olonia s ele Pl ymo uth y de Massachusetts Bay ofre cieron escasa hospitalidad a cuantos no profe s aban la fe cr i tiana predominante, los puritanos tuvieron siempre inters autntico e intenso por todo lo judo No ya lo s clrigos sino aun mu chos d e los jefes lai c os era n di st inguidos hebra stas. Gracias a la predisposicin de los puritanos por el Antiguo Testamento y su tendencia a buscar la inspi ra cin en la ley mosaica los judos que buscaban un cam155

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po de actividad econmica hallaron un clima de rel a tiv a tolerancia. Si nos dejramos persuadir por los autore s modernos de sus ideas sobre la gnesis del capitalismo moderno, podramos tambin nosotros observar cierta analoga en los factores psicolgicos del pur ita no y del judo. Sea como fuere, los sefardes vinieron a la Am rica del Norte. No fue difcil vencer la oposicin que a su presencia surgi en Nueva Amsterdam por cuanto Holanda ya haba admitido a mercaderes portugueses en su t e rritorio. Si se les permita permanecer en la metr poli, nada poda impedir su acceso a las colonias. En una carta escrita en Nueva Amsterdam el 18 de marzo de 1655, e l reverendo Johan Megapolensis se lam e ntaba a la jerarqua eclesistica de su pas acerca de los judos hispano-ho l an des es: El verano pasado ll eg aron de Holanda unos cuantos judos con propsito de n egoc iar. Ms tar de ll egaro n otros pocos ju dos a bordo de l De Polh eymius; ricos de sal ud, ms escasos de fondos. Lo justo habra sido que s u gente se e n cargase de mant e nerlos, pero han estado viv i endo a nuestras e xpen sa s lo que nos ha costado varios cientos de florines. Varia~ veces ac ud ieron a mi ca,sa, lloriqueando y pl a ndose de su miseria. Cuando les dije qu e se fueran a pedir a l os merca deres judos, me respondieron qu e no obtendran de ellos ni unos mseros sLivers. Algunos lle garo n de Holanda esta primaver<1. Dicen que an vendrn muchos ms de su cla se y en tonces edificarn aqu una sinagoga. Todo e llo es causa de qu e en la Congregac i n se oigan muchos l amentos y murmuraciones. Esa gente no tiene ms dios que e l prfido Mammon ni ms propsito qu e hac erse con la propiedad cris tiana, y desbanc<1r a l os d ems mercaderes hacindose con todo el comerc i o 159. A travs del inevitable antagonis mo del buen reve rendo, se observa cmo l os marranos menos afor tuna dos trataban de hallar amparo en Amrica. Eran mu y e scasos los sefardes de origen orien tal y los pocos que venan no eran nada comparados con l os qu e quedaban en e l Viejo Mundo. Aun as, pese a lo exiguo de su nmero, los marran o .; de sempearo n importante papel 156

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en la guerra de la Independencia, e n la guerra de 181 2 y en la guerr a de Secesin. Hasta mediados d e l pasado sig l o, los marranos eran prcticamente lo s nicos judos que contaban en l a vida nacional. Los judo s de origen a l emn no comenzaron a ll ega r hasta d es pu s de h a b e r fracasado l os movi mientos liberales de 1848 Gracias a su gran vitalidad, energa crea dora y espritu empren dedor, no tard aron lo s askenases en imponer se a los p e ninsul a res que se durmi ero n e n sus laur e l es Abrumados por la arroll a dora mayora de s us hermanos tude scos, los sefardes comen zar on a t eme r aun por su propia existencia. La g l oria d e l sefar di smo to caba a s u ocaso en todo e l hori zonte L as palabras del Reverendo Bueno d e Mesquita en la Con gregacin d e L o ndr es tenan un fatdico halo de tris te realidad, an ms doloro sa, en la s comunidades sefar des de los Estados U nido s: En Londres se vea con gra n an s i e dad la po s ib ilida d de qu e los colonos se fardes no pudieran perpetuarse como e n tidad religiosa inform ada de caracterst i cas y modo s esp o les. Y aun as, pese a ser escasos e n nmero y a no tener derecho legal a vivir e n In glaterra, fu ero n ar rai ndo se en esta isla. En ca mbio, al m e diar e l XIX, tanto e l es paol como el portugus haba d esapa recido d e sus esc uela s, de s u s libr os de oraciones traducidas, de sus plpitos y d e l mah amad Por su parte, lo s askenases fu ero n adquiriendo tal magnitud e influ e n c ia qu e come n za ban a atrner para s la preeminencia que h as ta ento n ces haba si do patrimonio exclusivo d e los sefa rd es. Y as, un buen da, uno de los ancianos, a larmado por la expansi n de la comunidad germa na, habl as a sus co frad es: Seores, debo advertirles que, si no s descuidamos, nos veremos sumergi dos en e l ocano tudesco. El que fue juez Cardozo d e l Tribunal Supremo d e los Estados Unidos, en una carta diri g ida al a u tor e l 2 de febrero de 1937, concreta uno de lo s fenmenos lados en esa cita acerca del sino de la cultura hispnica e ntre los sefardes: 1 5 7

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Por lo que a mi familia r especta, no hay ninguna tradicin c ultural que la relacione con la pervivencia del espaol o con su origen espaol o portugus. Tal vez se deba a que ese origen se ha perdido en el pasado. Pese a la acc10n corrosiva de las fuerzas que tratan de sojuzgar el instinto de identidad, la falta de una cul tura hispnica no ha sido necesariamente la causa de que la identidad quede anulada. Privado de su armazn cultural peninsular, el sefard que vino a Occidente ha procurado mantener su identidad por medio de la no cin bsica de su existencia, a saber, la religin judaica. Por una parte, el nacionalismo y las corrientes cultura les emanadas de la Revolucin francesa fueron minando las tradiciones peninsulares de los descendientes de los marranos; por otra parte, la heterodoxia en lo cientfico y lo poltico obraron en pro de la secularizacin de la vida. El nacionalismo y las fuerzas adversas a la reli gin y de la tradicin contribuyeron a aniquilar casi por complet las comunidades sefardes de Occidente. La secularizacin de la vida moderna est debilitando la raigambre de nuestra religin; con la desaparicin de la prctica religiosa de los hogares, los nios judos estn per diendo el acervo peculiar de su gente que de tan vital impor tancia es para el porv enir de lo judo; cada da es ms difcil atender nuestras necesidades espirituales, proveer las vacantes rabnicas, tanto en el tebh como en el plpito, de maestros en las escuelas religiosas, aun para aquellos que de sean sus servicios. Los hispanolevantinos que llegaron a los Estados Uni dos en el primer decenio de nuestro siglo venan huyen do de pases desolados por la guerra en pos de una vida mejor. De haber comenzado a llegar un siglo antes, no se habra producido la triste decadencia de la vida occi dentalizada del sefard. En cuanto a la cultura, estos his panolevantinos estaban muy alejados de sus hermanos sefardes de Amrica. Antes de producirse un acerca miento han de seguir un largo proceso de ambientacin. 158

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No es fcil prever si con el tiempo los sefardes medit e rrneos han de proseguir la noble tradicin de los primi tivos colonos judos de Nueva York, Newport, Filadel fia, etc. Lo nico que cabe afirmar es que el hispanole vantino ha llegado. El factor que ms contribuy a crear la corriente de emigracin de judos hispanolevantinos del mundo me diterrneo fue la rpida descomposicin del Imperio tur co, que se aceler al comenzar el segundo decenio de nuestro siglo. La ambicin, las maquinaciones y los pro psitos imperialistas de las grandes potencias indujeron a los pueblos de los Balcanes a rebelarse abiertamente contra la tutela turca. Animados por el movimiento pan eslavista y por las ambiciones de Austria-Hungra, Ingla terra y Francia, pases como Grecia, Bosnia, Bulgaria Montenegro y Rumania conspiraron para desmembrar el imperio otomano. En 1911 Italia logr arrancar de Turqua como botn los villayets de Trpoli y Cirenaica, y el derecho a controlar doce islas del mar Egeo el lla mado Dodecaneso, entre las que figuraba la famosa isla de Rodas. Los pueblos balcnicos siguieron su ejem plo en 1912 y 1913, y formaron una alianza para liqui dar el moribundo Imperio turco que durante tantos si glos haba medrado a su costa. Como resultado de esta cruzada balcnica, Turqua pareca estar a punto de ha cer el mutis final del sangriento escenario de la His toria. Si bien no todas sus ambiciones quedaron satisfe chas, por lo menos, al terminar sus guerras de recon quista, casi todos esos pases haban adquirido impor tantes territorios que nunca haban sido suyos. Cuando observamos que la Repblica sefard por excelencia, Sa lnica, pasa a manos griegas como consecuencia de esas guerras, no es fcil apreciar las violentas conmociones que sufriran los indolentes hispanolevantinos. Inmedia tamente, casi por instinto los sefardes del Cercano Orien te se dieron cuenta de que su aislamiento de cuatro siglos haba tocado a su fin. Hubieron de abandonar su altane ra indiferencia por los problemas nacionales de los pue 159

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bl o s en cuyas tierras haban estado viviendo. Durante si g l o s haban logrado resistir la tentacin de aprender l a s c o s tumbr e s y los idiomas de los griegos y eslavo s ya q ue c are c a de importancia poltica y cultural. Si hubi e ran a bandonado su actitud indiferente a mediados del s ig lo X IX tal vez habran establecido un contacto ms ntimo c on sus vecinos no turcos. Sin embargo, les re s ult a ba imposible comprender las aspira c ion e s naciona li s tas d e los griegos rumanos bosnios y blgaros, por qu e s u s i ns titu c iones comunal es s e aban fo s ilizado y su s ituac i n econmica haba sufrido serios contratiempos. P o r otra parte, su lealtad hacia Turqua les impeda i g ualmente identificarse con los futuros vencedores. Su instinto de pueblo perseguido les permita ver que las maquinaciones de las grandes potencias en nada bu e no poda acabar para nadie. (Los pobres armenios, ms in g e nuos y osados, se manifestaron contra Turqua, acti tud que les caus desgracias incalculables.) Otra razn que les impidi adaptarse a las nuevas fuerzas en accin fue e l desaceitado programa docente de la Alianza. ( La ingratitud no es uno de los defectos del sefard. Por ello es justo afirmar que la Alianza hizo cuanto pu do por p r eparar a sus alumnos p a ra el nuevo mundo qu e es tab a en gestacin. Gracias a que la Alianza incul c aun l e v e mente, en los jvenes s e fard e s modales ideas y lengu a s occidentales, la emigracin se les hizo menos c ru e l y d es alentadora.) Cmo s e expli c a que el sefard comenzara a perca t a r se d e l as oportunidades que brindaban los Estados Uni do s, p1 e c isa me n te e n e l mom e nto e n que el Imperio turco se hunda irremisiblemente? Las compaas navieras que t e nan r e laciones con los Estados Unidos enviaron agen t e s al Cercano Oriente en busca de negocio y de pasaj e Una g eneracin antes de 1910, centenares de griegos y es lavos haban precedido a los hispanolevantinos. Al g unos mercaderes sefardes en objetos orientales, tapi ces antigedades y materias primas haban visitado l o s E s tados Unidos con motivo de varias exposiciones. Por 1 60

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medio de cartas, conversaciones con emigrantes regre sados y sefardes, as como de las noticias de prensa qu e ensalzaban las prosperidades de Amrica comenzaron a configurar la posibilidad de escape. A las inevitables pe nalidades que trae la guerra, las prdidas de vidas y bie nes, cabe aadir la movilizacin de jvenes sefardes en los diversos ejrcitos balcnicos, as como en las fuerza s armadas turcas. Es preciso recordar que, en virtud del carcter comunal de su existencia bajo dominio turco los jvenes sefardes haban estado exentos del servicio militar a cambio del pago de tributos. Al no participar en la vida castrense, el carcter judo desconoci el va lor educativo que esa vida tiene con lo que su fibra viril se dej resentir Por no poder alcanzrsele las compen saciones que da la experiencia militar, los sefardes se resistieron en un principio a ser movilizados o pagar las elevadas sumas que se les e x i ga n como equivalente. La insuficiencia econmica, los peligros de la guerra y la movilizacin militar eran males que los sefardes estn resueltos a evitar. Pocos aos antes de la guerra talo-turca y de las guerras de los Balcanes, ya los sefardes comenzaron a percatarse de la inminente destruccin de su vida retira da. El da 23 de julio de 1908 el comandante Enver Bey restaur con un golpe de Estado en Salnica y en nombre del Comit de Unin y Progreso, la Constitucin de 1876 ~ La difcil liquidacin del sanguinario tirano Ab dul Hamid inici la transformacin radical de la decaden te Turqua. La obra iniciada por Enver Bey y Niazi Bey, tras enormes prdidas territoriales en las citadas guerras, ms la Gran Guerra y la guerra greco-turca, fue completa da por Kemal Attatrk. Por fin, Turqua se converta en un Estado moderno. Sin embargo, en ese prooeso los sefar des sufrieron penas indecibles, aunque su cultura deca dente recibi nuevos elementos fecundadores. Como ocu rri en los Balcanes tampoco en Turqua estaban los judos preparados al principio para los cambios que ha ban de sobrevenir. Lo que se peda de aquellos sefardes 161 BENARDETE. 11

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deshe-redados era superior a sus fuerzas. Por creer que l os reajustes seran demasiado penosos, los ms fuertes se hicieron en los medios, aun contrayendo deudas, para comprar pasajes de clase nfima rumbo a la Nueva Tie rra de Promisin. En funcin de los aos de residencia y de experiencia humana, las microscpicas comunidades de hispano levantinos en los Estados Unidos no merecen un extenso estudio de la historia general ni en la historia de los judos. Sin embargo, a fin de comprender debidamente la labor realizada en el campo de folklore es preciso, al menos en este libro, hacer un resumen de la situacin en la ms nutrida de esas comunidades. Las estadsticas no son siempre el mejor canon de la trascendencia. Esas comunidades en s no cuentan mucho. Cuando l as miramos a travs de la lente analtica de la historia, se observa en ellas una cualidad ejemplar que se debe no tanto a sus propias virtudes como a su remoto origen. Esta gente humilde puede vanagloriarse de descender di re c tamente de una gloriosa raz peninsular. Sus antepa sados espaoles ( y aun durante un siglo despus de su ex ilio) enriquecieron la cultura de los judos y aporta ron grandes contribuciones al fondo cultural de la huma nidad. Quien est interesado en las letras hispnicas y en lo judo no puede menos de sentirse atrado hacia estos judos mediterrneos que en los barrios pobres de Nueva York can t aba n romanc e s de la Espaa caballeresca y muasa j as que hab an venido conservando entre sus ms pr e ciosos tesoros heredados de sus ant e pasados en el des tierro. Po co a poco a medi da que vayan dndo se cuenta de que antes de su opaco presente fueron parte de una profun da experiencia h is trica, irn cobrando el nimo necesar i o para escribir una historia digna de su afinca miento en lo s E sta dos Unidos. Cuando yo estudiaba en la Es c uela Woodward de Cincinnati en 1913, recuerdo que colabor considerablemente con el doctor Maurice He x ter, del Establecimiento Judo de aquella ciudad, qmen emprendi un es tudio socio lgico de lo s trescien16 2

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tos y pico de sefardes qu e habitaban la ciudad desde 1905. A penas se despertaba mi conciencia histrica cuando comenc a vislumbrar la fascinacin que ejerce la hi sto ria d e mi pueblo. Para mi mentalidad infantil, no era nada gra to ver que aqu e lla pequea tribu perdida en el holln del barri o ms pobre de la ciudad a orilla s del ro Ohio co ns titua un problema para las in sti tuciones benficas de askenases qu e, en comparacin, eran num e rosas y p r speras. No dej que ningn escr pulo de or d en sentimental me impidiera ayudar al doctor He x ter en la obten ci n de datos ac er ca de mis paisanos sefardes. Subamos y bajbamos innumerables escaleras y siempre se nos reciba en hogares limpios y hospitala rios de ca mar e ros vendedores callejeros, obreros fabriles y m e r cachifles. Mal paga do s, trabajando horas int erminables, o parados durante mes es, ignorant es de la l engua, po c o habituados a las costumbres y lenguaje de los askenases y de los gentiles, aquella gente ocupaba un a posicin poco envidia ble. Y o perteneca al segundo contingente que lle g en 1910, y por eso recuerdo otras fas es del me2io social en que vivan los hispanolevantinos de Cincin n a t i Por tener poco ms de diez aos, tu ve la ventaja de as i s tir a escuelas pblicas americanas. Sin saberlo, unos cuantos muchachos sefardes y yo servamos de lazo de unin en tre los obreros sefardes y las instituciones mu nicipales. No s cmo, un da descubr los parques blicos. Adems de Eden Park y Burnett Woods hall otro lu g ar de recreo con un paisaje ms apetecible. En compaa d e mi s amigos se fardes nos dedic a mos a explo rar aquellas tierras y nuestro gozo era inde c ible c uand o podamos refugiarnos de lo odioso de los barrios bajos de Cincinnati en medio de tanta bell e z a de paisaje. Estos Yagos recu er dos se asocian con mis dos o tre s aos de enseanza de la lengua inglesa entre mi gente. Aun que an asista a la escuela y conoca no muy bien el ingls yo era la nica persona que poda orientar a los obreros jvenes y casados que pasaban el da en agotad o:a s tareas 160 163

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Por supuesto, para tener un documento histrico com pleto de la llegada y aventuras de los hispanolevantinos en los Estados Unidos, ser preciso escribir la historia de esas comunidades en ciudades como Rochester, India npolis Los Angeles, Atlanta, Montgomery o Seattle. El director del ltimo semanario judeoespaol que quedaba en este pas, el seor Albert Levy, me aseguraba que estaba escribiendo las crnicas de esas comunidades. An no se puede saber si el seor Levy ir ms lejos. Pero s puede afirmarse que cualquiera que sea el tipo de libro que escriba, tendr una gran importancia lingstica y soc iolgica 161 De todas las comunidades sefardes, no cabe duda de que la del Gran Nueva York es la ms numerosa y la ms compleja. Por ser el puerto de Nueva York la pue1ta de entrada al pas, en l desembarcaron las ltimas oleadas de emigrantes. La ciudad tentacular absorba insaciable toda materia prima, tanto humana como inanimada. El sefard es eminentemente urbano en su pas de origen y, como los millones que le precedieron, se sinti atrado por el anonimato que ofrece la gran ciudad. Se calcula que el nmero de sefardes en el pas es de unos sesenta mil de los cuales ms de la mitad residen en Nueva York. Como en Cincinnati, la primera persona que intent determinar su magnitud y sus problemas fue un experto en materia de filantropa juda. Bajo los auspicios de la Oficina de Investigaciones Sociales Judas, el doctor Louis Hacker prepar en forma de manuscrito ( en mayo de 1926) un informe bastante autorizado sobre la vida comunal de los judos sefardes de la ciudad de Nueva York. Cuando el doctor Hacker escribi su informe an no era una autoridad de talla nacional en economa. Aun as, su informe revela que estaba muy bien dotado para estudiar una nueva condicin humana cuando se trataba de analizar fenmenos sociales de inters para judos y no judos en este pas. Por ser ajeno a los sefardes, el doctor Hacker poda observarlos con imparcialidad. La gran comunidad juda de Nueva York tena la obligacin 164

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moral de comprender a sus parientes pobres, quienes una y otra vez entraban en la vida de los askenases y para determinar la ayuda necesaria, era preciso acometer un estudio sociolgico reciente de los sefardes 162 Durante siglos la incomprensin ha reinado entre se fardes y askenases. Dondequiera que los sefardes estu vieran en mayora, en Salnica, Constantinopla, Amster dam, Londres, Nueva York, y en Palestina en los ltimos siglos, los sefardes han mirado siempre a los askenases con desdn. Ahora que estos ltimos han pasado a la mayora en las juderas y tienen en su mano el poder y la facultad creadora, los sefardes han pasado a una situacin de pupilaje. Y en lugar de mostrar hostilidad y abuso contra el altanero sefard ibero y pagarle en su misma moneda, en desdn y altanera, por lo general el askenas, sobre todo los dirigentes comunales, han tenido paciencia y buena voluntad para tender una mano a sus hermanos en desgracia. Para la masa de askenases, el sefard ha sido siempre un tipo extrao. Aun cuando en general los sefardes se han ido estable ciendo en aquellas partes de la ciudad habitadas por sus correligionarios askenases, aqullos parecan encontrarse en tierra extraa y tan alejados de su ambiente como si se hubiesen afincado en China o en Suecia. Para el judo que habla alemn o yiddisch, que son muy superiores en mero a todos los dems, es difcil admitir la idea de que haya judos que se expresen en un idioma distinto del suyo; y si por llJll momento se olvidan de la barrera lingstica que les separa y tratan de comprobar que en realidad aquellos extraos son judos y recurren al hebreo en su conversacin con el sefard, su confusin va en creces al escuchar la lengua santa con un acento y con una entonacin que les son total mente extraos al odo. Por si fuera poco, el rito sefard es algo diferente del suyo, as como el canto sinagoga!. A estas diferencias en el idioma, rito, costumbres y hbitos, se debe en gran parte que se haya creado una comunidad sefard slidamente cristalizada cuya identidad resalta viva mente 163. Esta sucinta expos1c1on del profesor Max Luria, por admirable que sea, adolece de cierta ambigedad en su 165

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ltima frase. Si por una ((comunidad sefard slidamente cristalizada debemos entender una masa organizada de p e rsonas, entonces se falta a la verdad. Si, por el contra rio, la frase significa que por muy elstica que sea la forma en que los sefardes estn organizados en un sen tido a dmin i strativo y, pese a la1> diferencias internas, forman sin embargo una unidad sociolgica en lo psico lgi co, etnolgi co y cultural, entonces e l Profe s or Lur ia es t en lo c ierto. Sera injusto afirmar que al doct9r Louis Hacker le muev en s u s prejuicios. Pese a su buena voluntad y dotes t cn i cas, l e faltaba sin embargo la suficiente prepara c in para penetrar e n lo pat tico de las limitaciones de los hi spano l eva ntino s y en las oscuras fuentes de su fortaleza moral. As, pues, aun cuando su informe sea d e incalcu lable valor ( por s er el nico estudio fidedigno de esta ge nte he c ho hasta la fecha), le falta en cambio perspec tiva y amp litud. L a diagnosis de Hacker de la psicologa de este pueb l o en pugna con su nuevo ambiente no solo es inadecu a da, si no tambi n errnea. Donde Ha c ker cree ver que su atraso es un ve s ti g io de fatalismo oriental y que su tendencia a l loca li smo fragmentario es una actitud trad a de las viejas ci ud ades del Imp erio turco, otros historiadores mejor informados vislumbran rasgos que da tan de tiempos anterio res a la estancia en Turqua y en l os Balcanes. A causa de l as difer e ncias reli giosas, ling st i cas y p s i co l gicas que l es separa n d e sus correligionarios a s kenases, los sefardes se v i eron obligados a re so lver s us propios problemas y a crear s u s propia. s in st itucion es D e sus viejos hogar e s en e l Imp e 1io tur co traj eron un agudo sentido de localismo. Ello dio lu ga r a la creac in en Am ica de sinagogas y socie dad es ba sa da s en e l principio de Landsmanschaft. Los hechos que el doctor Hacker expone en esas lneas son indiscutibles. No cabe duda de que la razn remota de que los sefardes crearan sus organizaciones exclusi vas se debe a la tendencia de los sefardes a mantenerse 166

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aparte de los judos espaoles que no sean paisanos de su misma localid ad. Y, hasta la fecha, pese a la asimila cin intracomunal progresiva de s us afiliados, han sido vanos todos los intentos de federar esas diminutas socie dades de socorro mutuo. El doctor Hacker est en su fuerte c uando se trata de datos tomados de observacin. Mas cuando int enta explicar causas u orgenes, sus fa c ultad 2 s siguen derroteros perdidos. El localismo de la gente sefa rd, que l atribuye a su experiencia en el Im perio turco, data de su formacin peninsuh\r y tal vez esta tenga su origen en los comi e nzos de la historia de los jud os en el desierto y en Palestina. Nuestra hipte sis es que, combinado con el temperamento ib ero, ese tribalismo semtico cr e en el sefard una estructura p s i colgica de marcado carcter separatista. Esta can1cterstica de psicologa nica se manifiesta siem pre que por vicisitudes del azar y de la historia los sefar e s se ha n visto obligados a abandonar sus hogares. Donde qui e ra que establezca s u residencia, el sefard se apresura a r e crear la s calles de su ciudad natal, lleva a ella su idioma, sus costumbres, sus hbitos cu l inarios, sus pr e ocupa c ion es y sus querellas. Cada grupo regional forma su pequeo mundo privado junto a otros mundillos privados y todos lo ms lejos po s ible del mundo no judo. Casi podra decirse que en s u ha t illo el s e far d lleva s u patria c hi ca y su sinagoga. Aun en nu e stros das se puede observar este fenmeno de aislamiento del resto de lo s judos y de reagrupamiento en torno a su templo, casi como objeto casero, en las colonias que los salnicos han establec ido recientemente en Nu e va York, Pars o Tel Aviv 164. Casi desde el primer momento de su llegada a Nueva York los hispanolevantinos crearon en el l ado Este sus tpicos cafs mediterrneos en los que pasaban sus horas de asueto. Como muchos de los inmigrantes eran solte ros, era preciso atender a sus gustos y caprichos culina rios. Por ello el caf tena que ofrecer tambin comidas: El caf prosperaba entre los sefardes por otra razn tam bin. De todos es bien conocido el hecho de qu e en los pa167

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ses musulmanes de donde procedan los sefardes, el hombre es rey. En lo social, la mujer no contaba para nada. Como reflejo, aqu, en Occidente, el lugar donde se mantienen re laciones sociales no es el hogar, sino el caf. Es preciso re cordar que en el Levante el caf era una mezcla de colmado, pea, lonja de comercio y garito. En Nueva York el caf oriental cumple casi la misma funcin 165. Esta descripcin es, en general, exacta. La observacin de que la mujer sefard no cuenta para nada obedece a la falta de perspectiva del doctor Hacker. Si el hogar sefard es humilde e insignificante, ntonces la mujer se fard es humilde e insignificante. La importancia de la esposa depende exclusivamente de la posicin social del marido. Ms de una vez esos cafs han sufrido las incursiones de la polica por razones reales o imaginarias. Cuando los jueces de distrito eran inteligentes, a los detenidos se les pona en libertad inmediatamente. Aun cuando inter viniese el dinero en las partidas de naipes o de billar, no sola tener proporciones demoledoras. He aqu el relato que hace un obrero sefard de una incursin injustificada de un caf, de la que fue testigo al encontrarse di s fru tando unos minutos de esparcimiento despus de una dura jornada de trabajo: Asentado en un cantn reposndome de la cansera del laboro del da, en un caf sefard, arrodeado de unos cuantos amigos, tratando de las cuestiones del da, el resulta do del c ual non era ms que satisfacer nuestros instincts de crtica, sbito uno de mis compaeros grita: Amigo, ests arres ta do Por quin? le demando yo. Y antes mismo de es capar de responderme me veo e ntornado de tres detectivos, ordenndome de asentarme y non hacer ningn movimiento. Una de las vctimas de este incidente nos cont que, debido al celo de la polica secreta por la ley y el orden, se cometi una injusticia al detener a una persona que nada haba hecho. En otra ocasin anterior, por haber asistido a un caf, las vctimas pasaron trescientos ochen ta das en la crcel. 168

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Por falta de instituciones apropiadas en su nuevo am biente, los sefardes tuvieron que recurrir al caf. Sin em bargo, en los ltimos treinta aos al diseminarse los 30.000 sefardes por el Bronx, Brooklyn y otros distritos de Nueva York el caf ha decado grandemente hasta el punto de casi no ejercer influencia alguna sobre el antes asiduo concurrente. Por todas partes han surgido peas sefardes exclusivas de todas clases. Y muchos de los se fardes ms prsperos e ilustrados se han adherido a or ganizaciones ms amplias, tanto askenases como gentiles. Por supuesto, carece de fundamento la acusacin de fa talismo y de falta de curiosidad. Los sefa,rdes se consideran un pueblo apart e. Son judos espa ol es con una conciencia hi str ica clara y un orgullo y dignidad que realza su peculiaridad. Es cierto que en su mayora no son tan prsperos ni tan adaptados a la vida americana como s us primos a,skenases, pero su altanera no obedece a una pattica tentativa de mantener su amor propio, sino al hecho de qu e se co n sideran superiores. A estas ponderadas palabras del doctor Hacker, quien suele errar en lo tocante al carcter de los hispanolevan tinos, cabe agregar la siguiente observacin d e l doctor De Sola Pool, jefe espiritual de la congregacin sefard ms antigua de los Estados Unidos: .. la tradcin de un pa sa do noble y la pos es10n de un nom bre ~on honra no han permitido al judo l evant ino que la miseria o la opresin le degrade o le prive de la propia honra Aun cuando sea vend e dor callejero o limpiabota s, sera in justo crer que un Abulafia un Aboab o un Kamhi perte necen a una clase inferior. El no lo cree as 1 66. Los estudiantes de la literatura espaola estarn fa miliarizados con la psicologa del hidalgo venido a me nos ejemplo clsico del escudero en el Lazarillo de Tor mes. En el mundo utilitario en que vivimos, no se co tiza en mucho el orgullo preservado en la miseria. A causa de ese sentimiento de superioridad, aun cuando faltan los medios positivos que lo justifiquen, ha sido ms dif169

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cil el acercamiento de los sefardes a sus hermanos aske nases que son ms prsperos y han llegado ms lejos. No ha faltado el hispanolevantino inteligente que haya deplorado esta altanera: Nosotros sefardim que nos glorificamos tanto de nuestros abuelos espaoles por sus contribuciones a su pueblo y al mundo, nos c reemos superiores en carcter a nuestros her manos Esqu enaz im y percuramos a non asociarnos con ellos; nosotros sefardim que nos sentimos transportados encima de Olimpos (montaa onde los dioses de los viejos griegos vivfan) cuando un hablador nombra. los nombres ilustres de lshac ( sic) Halevi, Rambam, Ben Gabirol, y de otros sabios, no queremos ver que malgrado que nuestros padres eran ricos nosotros nos morimos de hambre. Los bien es del pasado no pueden hartar nuestro estmago. La buena fama. de ayer no puede conservar la pureza y la nobleza de nuestro nombre de hoy 167. Como en el siglo XVI, en el XX, el sentido sefard de pertenecer a un mundo de tradicin y consecucin dignas de preservacin acompaa una incapacidad al parecer casi congnita de pasar por alto diferencias ligeras y fingidas en nombre de la propia unidad a la que deben pleitesa. Esta caractenst 1ca de orgullo y localismo que ha di s tin guido a los sefar de s... es la causa verdadera de su falta de armona interna. Ante e l extrao ofrecen un slido frente comn; entre ellos ex i ste un sinfn de rencillas, eq uvoco s y oscuras rivalidades. Se han ejerc ido influencias de vario carcter a fin de limar los factores de aspereza. Hasta la fecha han fraca sado todos los int en tos de crear un rgano centralizado para la administracin de la vida comunal sefard, pese a que desde un punto de vista lingstico sus dialectos se han fundido en un koin identificable y pese a que ncles de gente oriunda de distintas ciudades y pases mantienen un contacto cotidiano 168 Hoy da se entienden ya en ingls; sin embargo, todos escriben y hablan el dialecto judeoespaol, de Nueva York. Otra versin de la situacin lingstica nos la da un filsofo americano que 170

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estudi el dialecto de Monastir, a partir de sus investiga ciones entre los hispanolevantinos que formaron herm ticos grupos en la ciudad de Nueva York: Los judos sefardes que no nacieron en este pas se afe rran al patois que adquirieron en su lugar de nacimiento, aunque su discurso est salpicado de pintorescas vocablo que pasan por ingleses o bien palabras inglesas hispanizadas. Las inclinaciones literari11s suelen quedar saciadas con la l ec tura de los peridicos judeoespaoles. La generacin nacida. en Amrica o la que lleg a este pas en su tierna infancia se a parta cada vez ms de la. lengua y de las costumbres de sus padres. Se trata de atajar esta tendencia en la Talmud Torh. En ella se dan clases de judeoespaol, llamado comn mente fadino. Los ejercicios de hebreo y los pasajes bblicos se traducen al judeoespaol. Sin embargo este mtodo no
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degeneracin en que ha cado el espaol que habla nues tra gente. Muchos jvenes han descubierto el significado de la jerga que se hablaba en su hogar, al tomar cursos en castellano en las escuelas. Sin embargo, e l factor ms significativo de la modernizacin de los dialectos espa oles de origen medieval se debe a los contactos cotidia nos entre los hispanolevantinos y los espaoles e hispa noamericanos que viven a millares en la ciudad de Nueva York. El doctor, el abogado, el contable, el agente de seguros, el dentista, el boticario, el _tendero, el camarero y el obrero no pueden evitar el contacto con gente de habla espaola con el resultado de que las protuberancias extraas van limndose con el roce con las muestras autnticas del espaol en su vigor actual. Entre los fac tores que contribuyen a este extrao fenmeno de rehis panizacin artificial del hispanolevantino cabe citar la escuela y la tienda, la calle y el metro, la radio y la prensa, el cine y los restaurantes. En tanto Nueva York siga siendo el lugar donde converjan tantos millares de gente hispnica, se reducir el peligro de que los dialec tos hispanojudos desaparezcan para siempre. No solo se ha acelerado el proceso de unifica c in y de depuracin de sus dialectos sino que tambin en todos los dems aspectos de sus relaciones sociales y profesio nales se van eliminando las diferencias provinciales. El matrimonio ha unido a los hijos e hijas de familias per tenecientes a sociedades de distinto origen. Las amistades y las asociaciones comerciales, la asistencia a las mismas peas y a los mismos cafs, a las mismas sinagogas y a las mismas representaciones teatrales, son contactos que poco a poco van absorbiendo a los hispanolevantinos en su nuevo medio ambiente americano. Sin embargo, todava hay quien se aferra a las formas de antao, como se ve en los prejuicios y criterio exclusivo propios de las sociedades fundadas en razn tan solo de su lugar de origen, con lo cual se impide que se reconozca abierta mente la existencia de circunstancias propicias a una nueva estructuracin de las cosas 170 172

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En 1936 Albert Amat ea n resumi e n los siguientes trminos su exper iencia como d i rigente sefard, qu i en, en unin de otras preclaras figuras cvicas, no pudo lo grar la unificacifo de las distintas sociedades regional es d e sus hermanos: En aq u e llos das (1915-1925), las p erso nas de experiencia observamos el mal c ur so qu e tomaba nu es tra co lonia plagada de infinitas soc iedad es, diferentes cementerios, si nagoga s, es c u e la s bbli cas y c u entas ban c arias. Nos esforzamos por crear unidad a fin de qu e en el momento oportuno nuestra colonia pudiera realizar obras dignas para sa ti sfacer s u s ne ces idad es. Previmos el caos social y comunal e n que hoy se encuentra la colonia Ma s nadie no s escuc h ni nos comprendi La ambicin p erso nal de algunos dirig e nt es que queran mant e n e r a toda costa s u influencia como guas de sus co munidades, las intrigas de los is-biterigs, que nunca permi tieron que nuestra gente tuviera nunca cierta eficiencia co munal -se fardes d e la vieja generacin ayudados por un periodista que, afortunadamente, ha si do mantenido aparte para e l bien de nu es tra co lonia y la ignorancia de nuestros h e rmanos, figuran entre los fa c tores que co mbinados, han co ntribuido a qu e nu es tra colonia, se enc u e ntre s umida en la d esorg anizacin, pri v ada de dir eccin y proteccin. Salvo unos pocos que se han abierto camino e n el comercio o en las profesion es, nue st ra gente se encuentra hoy ms atrasada y ms d es unida que nunca. Nos falta todo; no t ene mos so, ciedades de ayuda social, cultural, industrial o religiosa Salvo una o dos excepciones, nu es tras soc i e dades d e socorro mutuo estn en una situacin de ruina moral, ya que no hac e n s que recaudar fondos sin prestar ayuda a sus afi liados y su sola existencia impide la c rea c in de una autn tica unidad, de una autntica comunidad qu e des e an y an san todos los hombres de bu e na voluntad. Si dejamos aparte de momento la amargura que rezu man esas lneas, debido a que fueron escritas por una persona de buenas intenciones pero que fracas en su empeo, nadie puede negar el peso de sus cargos. Esta tendencia hispanosemtica a la dispersin es un factor de suma importancia que debe tenerse muy present e siempre que se desee comprender el carcter del jud o espaol. 173

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Los de Castora emplean en sus sinagogas una cantinela que desagrada a los de la isla de Chos. Dicho sea de paso, es propio del temperamento oriental abrigar suspicacias aun de lo que es ligeramente extrao, lo cual ha dado lugar a que en el curso de los siglos se miren con de sc onfianza p e so n as que proceden de localj.dad es s e paradas por pocas le g uas. S i donde el doctor Hacker dice oriental, nosotros pone mos es p a ol la descripcin ser i gua lm en te exacta En la prim era gen er a c10 n de inmigrante s, el locali s mo es t an pronun c iado c omo el primer da en que pisaron tierra a mericana. Si a ello se agrega su n<1tural instinto conserva do r su fcil suspicacia, y su gran afinidad por la casustica q u e les ha c e ver profunda s diferencias donde no existen, se co mprender fcilmente la razn de que haya tantas socie d ad es independi e nt es y estn tan mal admini s tradas. En 1926, el doctor Hacker lleg a contar treinta y seis sociedades de hispanolevantinos en Nueva York. En su mayora tenan y tienen nombres hebreos. He aqu algu nas de ellas, aun cuando en su mayora no hacen o hacan ms que dar escasas prestaciones por enfermedad y de funcin: Agudat v-Salom (Unin y paz); Ahavat Salom ( Amor de paz); Hessed ve Emet (Amor y verdad); S e bet Hayyim (Bculo de vida); Kevel Ahi (Unin frater na); Mekkor Hayyin (Fuente de vida); Hayyin v-Ah ava t (Vida y amor); Etz Hayyin (Arbol de vida). B a j o estos signos ambiciosos y de suprema tica, los hombres d e Monastir Castora, Adrianpolis Constantinopla Da ~ da nelos, Gallpoli, Esmirna Chos, Rodas etc. han mante ni d o hasta cierto punto el amor por las peculi ari dade s e idiosincrasias del viejo mundo rn. Son muchas las fuerzas que amenazan con destruir estas minsculas agrupaciones. Por una parte, existen dos poderosos elementos que tienden a disolver el localismo retrgado. Como a todos los dems grupos tnicos del pas, los valores americanos se van imponiendo. Si es cierto que 174

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las grandes masas acaban absorbiendo a las masas me nores, es inevitable que adems de americanizacin l os sefardes quedarn tarde o temprano absorbidos en el mundo askenas. A paso lento pero fatal, lo s sefardes se van sumando por matrim o nio a la s tradiciones nort e e uropeas del juda smo. El futuro siempre nos reserva sor presas. Quin sabe?

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VIII ESPAA Y LOS SEFARDIES Y en s e ptlmo da del m e s de Ab del mismo ao, los exiliados de Jerusalem que vi v an en Espaa salieron para el destierro con el alma entristecida por el man dato del Rey. Que un d.a regresen con jbilo en el c orazn y espigas en la mano. (D e una descripcin d e la Biblia hebrea escrita para rab J acob ben Samuel Aboab por A. Abraham Caliph, y acabada e n Toledo e n el m es de Nisan de 1492, tres m e s e s ant es d e salir d e E s paa ) ( Jewish Lije in Orien tal Countries N. Y. Public Library, 1927.) D URANTE dos siglos se han registra.do en el mundo de la erudicin, de la poltica y de la cultura de Es paa una t e ndencia a establecer contacto con la historia y civilizacin de los sefard e s no solo como homenaje al pasado, sino tambin en inters por las colonias actuales de judos hispnicos en el Africa del Norte y en el Levan te, y se llega a concebir la vaga posibilidad de ser reab sorbidos en el futuro. Se podran escribir extenssimos vo lmenes sobre el tema del resurgimiento del inters espaol por los judos sefardes. El espacio no nos permite ocuparnos del tema ms que de un modo muy somero. El inters por los sefardes se ha mantenido al margen de ideologas polticas. El doctor Angel Pulido durante la Monarqua, don Fernando de 176

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los Ros durante la segunda Repblica y, por ltimo, Francisco Franco se han preocupado por traducir a he chos el intenso inters de muchos espaoles por sus pai sanos judos. Tanto el Gobierno de la efmera segunda Repblica como el Gobierno de la Espaa actual han reconocido la ciudadana espaola a sefardes que ha ban estado bajo su proteccin. Quien est interesado en el decreto ms reciente, deber consultar Se/arad, XI ( 1949), 260. En la actitud benvola de Menndez Pe layo se percibe una profunda admiracin por la cultura sefard. En su extraordinaria obra crtica abundan las refe rencias a la cultura juda; los poetas, dramaturgos, fi lsofos, creencias y triunfos cientficos de los sefardes son especial objeto por su parte de un juicio y valoracin acertados 172 El judo imaginario est tratado con todo afecto en dos novelas-Gloria y Misericordia-del ms grande no velista espaol desde Cervantes, Benito Prez Galds. Si nuestras deducciones son ciertas, Galds par e ce decir en Misericordia: el espritu espaol no podr renacer hasta que se hayan reconciliado Iberia e Israel. El pro picio entusiasmo por lo sefard que se siente en Espaa quedan resumidos en Castelar Menndez Pelayo y Prez Galds. Al igual que grandes sectores de la Espaa de hoy aoraron el regreso del judo de habla espaol a a s u Sefarad. Los espaoles han sido los nicos que en nuestro tiem po han profesado sin reparo parentesco con los judos. No solo no sienten repugnancia por los judos, sino que, con candor desconcertante, pretenden llevar sangre juda en sus venas. En un mundo hostil a lo semtico, esta gran identificacin mtica con el judo, solo en parte verdadera, hace que el espaol sea un cristiano de cierta rareza. El doctor Angel Pulido y don Isidoro de Hoyos y de la Torre, marqus de Hoyos, viajaron al mismo tiempo 177 BENA.RDETE.-12

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por el C e r c ano Ori e n te en b usca de in fo rmacin sobre los sefardes. Don Isidoro se dio cuenta de cun benefi cioso habra sido para los sefardes haberse mantenido al corrie nt e del espaol moderno. Expres ideas qu, e Una muno h abr a aprobado, en los siguientes t rminos : No soy, c i e rtam e n te, de lo s que co nd e nan irr e mi s ibl e m e nte e l ladino o spa n yol como l eng u a j e in capaz de to do adelanto e impropio para t o d a obra de alguna importan cia, ni de los que le motejan de mera jerga o jeri_gonza como muchos, y entre e llo s no pocos ilustrados israel ita s lo c alifican. Entiendo que d esc11rtando de l la s voces puram e nt e h e br eas y tur c as y otras m arc adam ente extra nj eras, y co rrigi endo cie rt os jiros tambin en un todo extraos a la ndole d e nu est ra l e ngua, y pulido y fijado ese dialecto por person11s de gusto y de inteligencia empapadas en la l ec tu ra de nu estros clsicos, podra ll egar a se r un l eng u aje agradab l e y expres ivo s u sce tible de l a mayor dulzura y elegancia. Es s: cre o que una vez perfeccion&do de esta suerte y exte ndido por medio de algunas obras y publicaciones notables, podra e j e r ce r un b e n e ficioso influjo sobre nu estro propio idiom a cas t e llano, en que, con notoria sinrazn, han quedado a nti cua d as y fuera de uso tan tas palabras y frases til es, e l egantes y sig nifi cativas En Bucarest, en Belgrado, e n Const&ntinopla y en una porc i n de ci udad es en donde yo crea qu e haba de encontrar graneles dificultades para ser compren d i do, a un llevando con nosotros medios ele ex pr esin en francs y ale mn estos idiomas eran en c i erto punto innecesarios, por que all se practica e l idioma caste llano con grandsima ab un dancia. No es co no cido el nm ero de individuo s qu e en esos pueblos hablan e l idi oma caste llano porque no s que ha ya est11dstica qu e n os pa e cla dar a conocer el nmero de judos es p ao l es 1 73. El do c tor Angel Pulido sena d or y autor de varias obras sobre la repatriacin de los sefardes, fue uno de lo s campeones romnticos de este tan anhelado reencuen tro de sefardes y espao l es. En la sesin del Senado espa ol d e l da 1 3 de noviembre de 1903 174 don Angel defendi con todo vigor el caso que formulaba ante la opi nin pblica de su pas. Entre las mu c ha s cosas rela ti vas a la c ue s tin dijo lo sig uiente: 178

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Conoretando ms, dir que en muchos pueblos de Orien te he visto que utilizan dicho idioma [espaol] para las re laciones ntimas y aun para las relaciones comerciales, pero lo que s puedo asegurar a S. S es que el castellano es por e llos considerado, con muchsima razn, como el idioma pro pio, como el idioma natural, y que, en algunos sitios, se tiene un grandsimo inters en su conservacin ... Seguidamente, el doctor Pulido dio cuenta al Senado de la campaa de Enrique Bejarano en Bucarest para revivir el inters en la lengua espaola. Con motivo de una ceremonia celebrada en una escuela, Bejarano recit un poema que Pulido crey digno de ser ledo a sus co legas del Senado: Se me ha dicho qu e se ley una compos1c10n original del dir ector de aquel establecimiento (que es don Enrique Be jarano, un sabio polglota que posee muchos idiomas, y es sumamente apreciado en el Oriente): composicin que me voy a permitir leer aqu, por ser breve, expresiva del estilo que se usa en el castellano oriental, muy parecido a nuestro castellano antiguo, y notable porque en ella se manifiesta un amor grande a nu e stra Patria y a nuestra lengua, que creo estamos en el caso de apreciar convenientemente. Dice as esta composicin: LA LENGUA ESPAOLA A ti, lengua santa, a ti te adoro, ms que a toda plata ms que a todo oro. Tu ss la ms linda de todo lenguaje, a ti dan las ciencias todo el ventaje. Con ti nos hablamos al Dios de la altura, Patrn del Universo y d e la Na tura. Si mi pueblo santo l fue ca ptivado, con ti, mi querida, l fue consolado ... 179

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El se gundo hecho que he podido apreciar es que nosotros, por sucesos conocidsimos de nuestra historia, tenemos m!l de medio milln de individ uos desparramados por todos los pueblos de Oriente, que practican nuestro idioma, que le tie nen grandsimo cario, y a los cuales miramos, sin embargo, en compl e to desdn y hllanse tan extendidos, que ni nos damo s cuenta de las publicaciones espaolas que ellos tienen. Una v e z expuesto el tema, el senador Pulido comenz a formular preguntas sobre lo que el Gobierno espaol podra hacer para establecer relaciones concretas, co merciales y culturales, con los levantinos hispnicos: Pu e s c reo que la Academia de la Lengua debe poner en este asunto un inters muy grande, debe mirarlo con algn cario, y debiera procurar. .. primero, que se conservase el idioma espaol en aquellos sitios y, segundo, que el idioml!l aquel se diferenciase lo menos posible del nuestro, es decir, que no fueran por las fatalidades de los tiempos separndose cada vez ms estos idiomas... hasta llegar a diferenciarse por completo, en un porvenir ms o menos remoto. Crear algunas relaciones, fomentarlas y, en lo posible, hacer que se es tabl e zcan comunicaciones literarias para que apre c i e n all el cario con que nosotros vemos que usan nuestro idioma 17 5 La propaganda cultural del doctor Angel Pulido a fa vor de los sefardes tuvo un efecto magntico sobre los se fard e s cultos del Oriente y algunos intelectuales de la Pennsula se hicieron entusiastas seguidores del doctor Pulido. Rafael Cansinos Assns, notable escritor y dor mesinico, lleg, por medio de clculos cabalsticos, a la inquebrantable conclusin de que sus antepasados haban sido marranos. Inspirado por esta creencia, co menz a tomarse un intenso inters en la cuestin sefard. Dio su apoyo a la tesis del doctor Pulido en sus artculos periodsticos: pco despus el doctor A. S. Y ahuda fue invitado a ocupar la ctedra de hebreo y literatura ra bnica de la Universidad Central y el joven Rafael, oriun do de la romntica Sevilla, se hizo gran amigo del pro fesor y form un pequeo grupo de sefardes marroques y europeos que vivan en Madrid. A la pluma de Cansi180

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nos se deben numerosos folletos, ensayos, novelas cortas, poemas y novelas sobre lo sefard 176 Citaremos dos pasajes de La s luminarias de Hanukah (Un episodio de la historia de Israel en Espaa). En el primero se percibe un eco de la influencia del doctor Pulido sobre el entusiasta autor, y en el segundo se vis lumbran la s alucinaciones y ensueos msticos de un es paol que se cree un marrano de nuestros das: El seor Farsi y e l joven Rafael laboran incansables por el ideal de una reparacin para los desterrados bajo la gida d e l seor Florido 1 77, que presta a la campaa sus auspicios polticos. El israelita autntico y el que lleva en s u s vena11 sa ngr e del venero proscrito y generoso, procuran inspirar su entusiasmo a sus amigos, periodistas y literatos. Estn en co municacin con los sefar es de Oriente que les envan nmeros de s u s peridicos que se publican en Turqua, en lengua espao la y en caracteres hebraico s, rotulados con ttulos tan expres ivos, doli.entes y esperanzados, como estos que se llaman El Alba y El lucero de la pa c iencia. En estos peridicos asume el verbo ms amplio un escritor sefard, Sam Levy 178, que habla en nombre de todos los de s terrados. Las palabras de Sam Le v y so n l e das por lo s amigos del seor Farsi con atencin profunda y conmov ida Tienen un estilo plaente y vigoroso que impresiona lo s corazones. Cla ma con el acento de una indigencia moral, patti c a, implo rando el amor y la piedad d e E s paa para la l eng ua espa ola, que como un suntuoso manto apolillado llevado d e Es paa al d est ierro por los proscritos, d es hc ese ya entre las manos d e la nueva juv e ntud. En torno a su entusiasmo e identifica cin con lo s ju dos espaoles, Rafae l Cansinos As n s se h a creado un mito. Su h erm ana, con la que ha vivido toda su vida nun ca comparti sus fant st i cas lucubracio nes: E spaa se l e ha c a qu e rida e n las ev o cac ion es d e aquellos d es terrados qu e s in haberla vi s to, cantaban s u s bellezas t ra dicionales, segn los r ec uerdos conservados en su familia. Pero l senta ms vivamente que ellos la afrenta hecha a su estirpe y anhelaba una reparacin solemne, una re s titu cin de la ti erra y d e los tesoros usurp ados; pensaba q c1 c s i su familia, gracias a una abjuracin, haba perman e cido en 181

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Espaa, hzolo tan slo en prevlSlon de tiempos mejores, para entregar un da las llaves de este suelo sagrado a los descen dientes d e los proscritos, cuando retornasen. El quera ver a su estirpe establecida nue v amente en la Pennsula con todos lo s honores, en posesin de los antiguos templos, que an se conservaban intactos, aunque transformados en iglesias, en posesin de sus blasones y tesoros usurpados; ayudar a la realizacin de ese ensueo sera la misin de su vida, que as adquira un sentido providencial, justificando la apostasa de sus ascendientes. Considerba se l mismo como uno de aquellos t e mplos encalados que se haban salvado de la des truccin, aceptando en su mbito al Cristo, pero que un da seran restitudos al primitivo culto 179 Menos apocalptico que Cansinos, pero no menos vi sionario, Ernesto Gimnez Caballero fue an ms lejos que el escritor sevillano; hizo una gira por las comunida des balcnicas. Inspirado en el estilo de Azorn y los nuevos escritores de la generacin del 98, cre para s un lenguaje pleno de modos de expresin de sorpren dente int ers. He aqu su retrato impresionista de un maestro de escuela sefard de Uskub 180 : EL MAESTRO VITRAN Estaba papeleteando estos datos cuando lleg el maestro judo de la escuela: Vitrn. Desde el primer momento me impr esion este Vitrn. Era un tipo flaco, sombro y encen dido, con un raro reparto de distincin y de amargura en toda su esencia. Hablaba vehemente y silenciosamente. Tipo d e l int e lectual fracasado, descont e nto, agnico, r, e belde, que se debate en una lucha de anarqua interior, de dura disci plina interna, que est menospreciado por la masa burguesa del pueblo y sien~e una fra superioridad indecible. Me bast cambiar unas palabra s con l para decidir que l sera mi norte y gua en Uskub, que l podra ser el elemento uti lizable en el caso d e ordenar alguna investigacin o mi sin local. Nos quedamos en la escuela. Nos sentamos junto a una ventana que daba al Vardar, y a las lejanas montaas de nieve. Tmida y suspicazmente comenz a narrarme su vida. Era un aristcrata, un hidalgo de la mejor estirpe sefard. 182

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Su familia tena origen en Madrid: Vitrn era un madri leo. Por deformacin de la palabra Madrid, se llam a s u familia del Madero. Toda ella haba sido de casta rabnica sacerdotal, fina. Todava sus abu e los pre sta ron altos servi c ios a la comunidad de Salnica. Y l y su hermano d ese p e aron selectas funciones en la Selanik antes de la gu erra Posea una casa abundante y una rica bibliot eca Pero el fuego criminal y atroz de 1917 le arras todo su haber y hogar. Se vio forzado a la emigracin. Ll eg a Monastir y no pudo organizar su vida. Pas entonces a Skoplj e, con su muj e r y sus dos hijos Y en Skoplj e viva de ses perado e n una gran miseria, inquieto, con un fuego bblico consumidor de su destino. Me llev a su casa. Su casa era una alcoba y una cocina. Tena otras dos estancias, pero las alquilaba a hu pedes. La mujer de Vitrn me acogi ll e na de gracia y de alegra; me quiso ofrecer confitura y pan Y o slo le acept una taza de caf con leche. Los dos hijos de Vitrn se me acer caron y me saludaron distinguidam e nte Y viendo mi Z e iss-Ikon, me pidieron un retrato. En un instante, los cuatro Vitrn se pusieron endomingados y les film unos m e tros. Me anoche ci en su casa. Haca fro. No tenan apenas luz. Est u ve apurando este hogar judo hasta lo ltimo, escuchando sus miserias y sus angustias. Me crean enormemente influyente en el judasmo. Me crean un judo de alta mar c a. No les qui s e disuadir. Cuando al da siguiente alguien dijo a Vi trn que yo no era hebreo, not que palideca y que al poco se alejaba de m extraamente. Vitrn era un romntico, un fantico, un desinteresado, un alma firme, y quiz creyera que yo le haba impurificado su hogar y su conciencia con mis palabras y mis modestos dones 181. Adolfo de Castro el padre Fid e l Fita Jos Amador de los Ros Francisco Fernndez y Gonzlez, solo fueron unos pocos de los eruditos que sentaron los cimientos del inters y entusiasmo en el que compartieron plenamen te l os miembros de la Institucin Libre de Enseanza 182 Don Francisco Giner de los Ros y sus adeptos leyeron y asimilaron todo cuanto hall esta gran escuela de es tudio sos. Prez Galds, Blasco lbez Concha Espina, Cansinos Assns, son los nove l istas que llevaron a sus obras el ritu de resurreccin del inters por la cultura hispanojuda. El doctor Angel Pulido y el marqus de Hoyos fueron los 1 83

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productos naturales de esta reorientacin hacia un pasado glorioso. Esta nueva conciencia en la Pennsula inspir a algunos eruditos askena s es, como Meyer Keyserling e lsi dore Loeb, a realizar sus grandes descubrimientos en el campo de la historia y de la literatura. Al propio tiempo, durante decenios vini e ron apareciendo estudios y artculos sobre la cultura hebraico es paola en las publicaciones de las Academias de la Lengua y de la Historia, as como en la excelente Revue des Etudes !uives, -de los franceses, por no mencionar las revistas de Alemania. Poco a poco, la ins piracin fue arrastrando a los cultos askenases a Espaa y su instinto los hizo identificarse con la tradicin sefard, que hicieron suya. Con el seudnimo de Medina Azara, se uni a un crculo de intelectuales de Madrid Jos Mximo Kahn. Y ahora desde la guerra civil, vive en Buenos Aires, tras breve estancia en Salnica como cnsul de Espaa, y sigue arrebatado por su juvenil pasin por lo sefard 183 Hemos pensado en el trmino neo-sefard para desig nar a los nuevos judos que, aun cuando en su mayora son de origen germnico o eslavo, por haberse hispani zado a fondo en la Amrica hispana, no pueden menos de constituir una nueva rama de judos de habla espa ola. El destino les depara la gloria de emular a los judos de Espaa y en e l curso de lo s siglos venideros crearn una cultura de tanta grandeza, si no mayor que la de quienes les precedieron. Como es lgico, el aske nas tambin tiene su orgullo. Por ello, algunos no aca ban de sentirse halagados si se les ll a ma neosefardes. La fase final hasta 1961 la constituye la intensa labor realizada por un nuevo grupo de hebrastas espaoles, quienes dirigen una excelente publicacin llamada Se/a rad fundada en 19 40 y que ya hoy goza de prestigio uni versal. Han sido muchos los eruditos judos que han co laborado en ella con magnfi cos estudios. Al propio tiem po, publican libro s, entre los cuales cabe destacar La poesa sagrada hebraico espaola, de Jos Mara Mills Vallicrosa, editada en Madrid en 194,0 y reeditada en 1949. 184

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Esta inspirada actividad en Espaa no ha pasado inad vertida entre los judos sefardes del Oriente, de Europ a y de Norteamrica. Ningn judo espaol que ha vuelt o a pisar la tierra de sus mayores ha dejado de sentir un a hondsima impresin. En 1900 un sefard nacido en la antigua capital del Imperio en Asia Menor, Brusa, hizo una visita a Espaa. El seor M. J. Bensasson dice as1: Si me encuentro en esta hermosa tierra, no es por las "entajas que ofrec e n los artculos 2 y 11 de la Constitucin de la Monarqua espaola, ni tampoco a los efectos del plau s ible decreto r eal de 1 5 d e junio de 1881, pue s si a aspirar fu e ra pret e nd e ra con todo d erec ho el segundo prrafo del artculo primero de la c ita
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m e dia n oc h e, llevado d e di c ho e ntu s ia s mo y sin darme cuen t a de lo que haca, abra c ll e no de alegra a la anciana ca marera del es table c imi e nt o, a la cual causaron tanta risa como asombro aquellos mi s transportes d e jbilo 1 8 4 El gran erudito bblico y arabista do c tor Abraham S. Yahu da y Ar iel Ben s i o n nacidos ambos en Pal es tin a, ll evaron s u amor y comprensin por la Espaa de antao y d e ho gao a un e x tr em o de efus in exttica. Y a hemos hablado de la ferviente apreciacin que Bension hizo del Z ohar. En c uanto a l doc tor Y ahuda, baste decir que dej tra s s en Madrid un grupo de discpulos que han con quistado gra n fama t an to para s como para su gran ma es tro. La fase de reavivami en to d e l int e rs por la cul tura sefard que estamos analizando fue de suma impor tancia para un grupo d e judos l evantinos y marroques que se haban aventurado en l a Pennsula. A la l arga, e l corazn manda ms qu e l as c u es ti ones de economa y de seca erudic in. N o ten e mos r e paro s en proclamar qu cordial emoc in sentimos lo s se farde s y cunto nos salt e l corazn cuando vimos Espaa por vez primera. Jo s Estrugo descubri su l ega do cult u ra l espao l en l os E s t a d os Un idos. Aunque e n pequea escala, s u nombre est asociado a los aconte c imientos polti cos de hace treinta aos Es tru go nos dice que nadie le tom nunca en Espaa por judo o extran j ero: Hac e algunos meses, en una t e rtuli a de Madrid, estbamos entre un grupo de espao l es tr es sefa rdes. Un es paol amigo que nos conoca qu iso ha ce r un e xperimento e in vit a los conter tulio s a que designaran qui ne s eran los tr es hebr e os q u e haba en e l grupo, antes d e pre se ntarnos Los tres h e breos qu e todos escogiero n eran espa ol es, quiz cris ti anos viejos. La v erdad es qu e no ex i s ten e ntre lo s sefardes lo s conocidos tipos c l sicos semitas y stos abundan ms en Espaa que e n lo s ce n tros sefard i tas E s tos tipos son muy ra ros y co n s tituy e n la excepci n .. Como e n el caso d e Bensasson, Estrugo experiment una viva y profunda emocin a l lle gar a Espaa: 1 86

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En octubre de 1922 ll egu por prim era vez a Espaa en un barco que traa al puerto de Vigo muchos espa ol es r epatriados de Nueva York. La alegra de estos emigrantes era inmensa, pero la ma lo era mucho ms. Ellos vo lv an a sus hogares, pero yo me reintegraba a una patria milenaria, de la cual haban arrojado a mis mayores... Me pareca que iba a encontrar intacta s las hermosas moradas que segn conta,ban los viejos haban vendido por una burra o un pe dazo de lienzo. . moradas cuyas lla ves oxidadas haba visto alguna vez en las juderas como reliquias de Toledoth (To ledo), la Jerusaln sefardita. Por primera vez en mi vida me senta verdaderam e nte abo rigen, nativo. j Aqu no era, no poda ser un intru so j Por pri mera vez me senta en mi casa, mucho ms que en la judera donde haba nacido! No me averg e nzo d e confesar que me inclin, en un arranque de emocin indescriptible, y bes la tierra que pisaba por primera vez. Un siglo casi despus de ter mrnda la Inquisicin 185. La Espaa de Franco salv a varios centenares de se fardes de la aniquilacin a manos de los dementes hitle rianos. Este es un ejemplo de la benevolencia de Espaa. Por otras razones, por toda la Amrica ibrica hay dise min ados unos cien mil sefardes. Si no en cualquier otra parte, ser en esta nueva Espaa donde el sefard medie val, al rejuvenecer su lengua encontrar un medio civi lizado de expresin y con l escuchar el susurro y la voz del Espritu 186

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APENDICES l. LA SALO NI CA SEF ARDI LA Salnica sefard ha dejado de existir. La repblica d el sefardismo fue aniquilada por la barba rie de Hitler y sus falanges. j Qu irona histrica! Los judos espaoles que lograron sobrevivir el totalitarismo ibrico fueron exterminados por la bota de un pueblo q u e haba alcanzado cumbres de civilizacin. Oh Dios de Israel, lbranos de los pueblos cuya ciencia no tiene races y cuya cultura les hace fcil presa de prevaricacio nes y perversiones! Como si el destino fu era marcando sus pasos, Salnica se iba preparando al holocausto que haba de consumir su belleza y su original concepcin de la vida. Su razn de ser, su forma de ser qued irremisiblemente destruida cuando la desidia de un sultn y los apetitos de Europa fueron desgarrando el Imperio otomano. Los rabinos
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Iberia cuidaban de su grey en las bellas tierras tesal nicas. El atomismo ibrico se conjugaba con el tribalismo semtico y cre en el sefard un individualismo recalci trante que solo los siglos pudieron doblegar. La rabino cracia de Salnica dio al traste con los jirones de cultura que quedaban despus de un siglo de marranismo. De las prensas del Levante judeoespaol no sali apenas un libro en caracteres latinos. En Salnica, Constantinopla o Esmirna no se imprima ms que en caracteres hebreos. Los peninsulares creaban sus crculos en torno a sus ~i nago ga s y centros de estudio que llevaban los nombres de donde procedan de Espaa. Por una curiosa ley filo g ica el castellano fue absorbiendo o eliminando los d e ms dialectos y lenguas peninsulares cmo el gallego, el cataln, el andaluz, el portugus etc. La supervivencia de ciertas entonaciones, vocabulario, sonidos, revela a travs de los siglos, la patria de aquellos judos que han olvidado sus idiomas locales. En un artculo aparecido en Edot ( en hebreo) dedicado al folklore y a los estudios etnolgicos de los judos se sealaba cmo el judeoespa ol de Palestina vici el yiddisch qu e hablaban los pri meros colonos de Jerusaln. Si un dialecto en decadencia como el judeoespaol poda infiltrarse en una lengua extraa como el yiddisch, qu de extraar tiene que una lengua imperial como el castellano triunfara sobre dialec tos transplantados o incluso sobre el griego de los judos bizantinos de Constantinopla! En la bibliote ca del Jewis h Theolo g ical Seminary de Nueva York se conserva un raro ejemplar de un Pentateuco publicado en Constantinopla en el sig lo XVI. Cada pgina tiene tres columnas, todas en caracteres hebreos, y una de ellas est en castellano. E l judo de habla griega h aba sucumbido ante la len gua ca balleresca de los espaoles. En Salnica las diferencias comunales tardaron en disi parse, pero al cabo desaparecieron. Los historiadores afirman que la controversia que caus estragos en Sa lnica fue el mesianismo quijotesco de Sabbatai Zev. Las discordias, los tira y afloja, las defecciones, las conver siones al Islam, sumieron a la ciudad en un mar de cala midades ante las cuales casi sucumbi. Sobre Salni ca 18 9

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se cernieron las sombras de la ignorancia y de la s uper ticin Hasta mediados d e l siglo XIX nada se hizo por revivir la religin y l a vida cultural de Salnica. La Alianza Israelita Universal creada por judo s franceses para ayudar a sus hermanos del Levante comenz su ar dua tarea Sus props i tos eran dignos de encomio. El cha uvinismo francs les indujo a cometer un grave error. En lu gar de tratar de sa l var a aquellos jud os con r l idioma que haba sido suyo durante sig l os, los correligio narios trataron de apartar a los levarrtinos del estudio del espao l. Con esa poltica no hicieron ms que acentuar an ms el pronunciado ba l canismo de l as comunidades. Dejando aparte estos errores, es justo reconocer a la Alianza la gratitud a que se hizo acreedora. Fue un ele mento occidental en el Cercano Oriente. Su efecto, no obstante, fue solo temporal. Aus tria-Hungra los griegos, los bl garos y las Gran de s Potencias se estaban aprestan do a inmolar para s iem pre el Imperio turco. Una de las vctimas haba de ser Salnica La vida econmica se fue depauperando. Pocos podan sentirse seguros. Guerras, revoluciones e invasio nes se conjuraron para hacer de Salnica un infierno. La dispersin de los judos macedonios comenz antes de la primera guerra mundial. Eso s judos fueron crean do colonias en ciudades de Italia Francia y Espaa. Nueva York, Mjico y la Argentina fueron los polos de atraccin ms poderosos Hitler dio el go lpe de gracia irreparab le a todo esto. Cuando se cierra un ci clo histrico, no est de ms hacer una evocacin nostlgica de su sentido. Ante lo i nevitable de la catstrofe, surgieron dos judos de nica bien dotados de ed ucacin cultura y talento capa ces de enjuiciar la importancia de Salnica para los se fardes. Joseph Nehama, gran maestro y gran banquero, co menz antes de la ltima gran g uerra una ambiciosa his toria de Salnica. Hasta la fecha han sido ya publicados seis tomos. Joseph Nehama escribe en francs. En su trabajo se ha visto asistido por su paisano Mich e l Molho que fue por poco tiempo gran rabino de la horriblemente diezma190

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da comunidad de aquella ci ud ad y hoy es rabino en Buenos Aires, y quien le facilit informacin rabnica. Nehama pertenece a la escuela historiogrfica de Miche let. En su depurado estilo se conjugan la viva imagina cin y la reconstitu c in de hechos hi str icos. Su historia es una ohra maestra que merece ser traducida a nuestros idiomas Si l o que distingue a Nehama es su ima g inacia, rab l. S. Emmanue l hasta hac e pocos aos rabino d e Curagao y por breve tiempo de Panam, se vali de l as armas del erudito y del hum an ista para escribir t a mbin en francs una slida historia de Sa l nica. Como ya ha ban hecho rab Abraham A. Neuman, del Dropsie Co llege de Filadelfia, y otros mu c hos rab Emmanuel se bas en las Responsa y someti a l os de Salnica a un riguroso an li s i s. Sus esfuerzos se vieron recompensados por maravillosos descubrimiento s. Por ejemplo, lo gr re constituir la organiza ci n gremial de los obreros de Sa lnica So l o esta contribucin ha hecho a rab Emman u e l acreedor de l a gratitud de todo estudiante d e la historia juda. Las dotes imaginativas de Nehama y l a tcni ca erudita de Emmanuel sin embargo, no han llegado a d esve l ar lo ms hondo del a lm a saln i ca. La dispora de Salnica contaba entre sus hijos a hombres de t a l ento que han sabido sacar provecho de su contienda con lo s nuevos ambien t es. C up o a l a l e ngua inglesa el honor de dar for ma a las evocaciones de otros ti empos por cuenta de un salnico de Nueva York. Far ewell to Salonica de Leon Sciaky ( Current Books, Nueva York) es una encantador'.! obra escrita en un ingls qu e nada tiene que envidiar ,1 los ms refinados estilistas de esa lengua. Leon Sciaky emigr a l os Estados Unidos y no tard en ceder ante l a pujanza de este pas. Su idealismo y s u impulso vital le llevaron al campo de l a educacin progresiva. En su mltiple psique se aunaba n e lem entos del medievo, d Oriente, Espaa, la c ultu ra francesa, Turqu a y Mace donia. A medida que e ns eaba a l os j venes de clases ms acomodadas, se iban r eav ivando en su alma l os re cuerdos de su g lorio so pasado. A modo de ilustracin fue desvelando ante los ojos de s u s a lumno s fragmentos de la vida balcnica. Asistir a s u s clases e quivala a s umrr se 191

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en un mundo fascinador y extico donde no se distingua c on claridad dnde terminaba la realidad y comenzaba la ficcin. Los alumnos no acertaban a saciar su propia sed. De tal situacin surgi F arewell to Salonica. Qu mundo nos evoca Sciaky? Lo ms vvido de su relato son las escenas que recons tituye a partir de recuerdos fragmentarios d e su infancia y adolescencia. A las escenas callejeras, a los tipos po pulares, a las costumbres, a las relaciones familiares sa be dar siempre una dimen sin potica. Sciaky nos lleva al mundo de lo esencial. Su abulo fue el bondadoso mentor de sus das juvenil es. Y cuando habla d e su abu e la y d e su percepcin de los cambios revolucionarios que amenazaban una tradicin milenaria, Sciaky nos hace lle g ar una sobrecogedora oleada de patetismo. La vida ha cambiado bastante en torno a e lla. Acaso la mujer juda no se ha de s v e lado el rostro y sale a la calle e nseando sus facciones? No han llegado a la ciudad esa! modas o cc id e ntales que estn transformando el aspecto de las nuevas generaciones? Se han creado nuevas escuelas donde se ense a en idiomas extraos Los jvenes estn olvidando las tradiciones de sus padres y las costumbres milenarias no s ignifi can y a gran cosa para e llos. j Que Dios nos guarde! No qu e ra ll eg ar a l da en que e l espao l la lengua de sus mayores, cayera en el olvido. La curiosidad de Sciaky en su infancia le llev a todos los confines de l a c iu da d. El hecho de que ahora vive en los montes Catskills, alejado d e la ciudad, revela su amor por la natu ra leza Amrica ha agudizado su sensibilidad Gracias a la di sc iplina con que modula su sensibilidad, logra r eco n s tituir los pai sajes de Solnica. Los S c iak ys haban sido comerciantes en granos. Lo que ms intere saba al joven Leon de nio era n sus contactos con e l ca mpo. Su amado abuelo sola llevarle a las aldeas Cuan do describe las aldeas en que vivi o visit, lle ga a l lector l a gracia de una buclica virgi lian a, libre de la sensible ra de la trillada literatura pastoral clsica. Al evocar su es tancia en Kilkish, aldea blgara, n
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y segadores, tan de tierra como la de los clidos surcos que en primavera abran los arados. Eran esquiladores, hiladores y teje dores de lana, apacentaban sus rebaos en los ricos prados. Eran leadores, ladrilleros para construir sus casas, y trabajaban de sol a sol para ganar lo esencial para vivir: comida, un techo y ropa. Cun grande no habra sido su satisfaccin si hubieran podido comer todo el pan que haban ganado con el sudor de su frente! Por qu haba de lle vrselo el saqueador? Adems de los recuerdos de niez y de sus evocaciones buclicas, Sciaky nos da una vvida idea de cmo, poco a poco, la poltica del pas y de fuera fueron destruyendo una sociedad mltiple. La poltica suicida de Austria Hungra para dominar Servia y Macedonia, el movimien to revolucionario turco que estaba en gestacin entre to dos los jvenes de todas las nacionalidades levantinas, los escarceos imperialistas de Italia en Africa y en el Egeo, el paneslavismo zarista entre los montaeses de Servia, Bulgaria y Montenegro, las rivalidades entre In glaterra y Alemania, fueron todos conflictos, conjuras y guerras que resquebrajaron los cimientos de Salnica. Las rivalidades balcnicas y las guerras mundiales dieron al traste con la judera salonicense. De los cuarenta mil judos espaoles que haba en Salnica al comienzo de la guerra, apenas quedan unos doscientos ... Estas cifras que da Sciaky deben rectificarse a la luz de los siguientes datos autnticos: En vsperas de la guerra la poblacin juda de Grecia as cenda a unas setenta y cinco mil almas. La guerra aniquil a la rama de la familia juda qu-e, en su inmensa mayora. perteneca a la categora sefard. En toda Grecia no queda ms que diez mil setecientos judos; cinco mil en Atenas, dos mil en Salnica y unos tres mil quinientos disemina dos por distintas localidades. (Vase Joseph Nehama: tuation actuelle du Juda1sme en Grece, Les Cahiers s~ /ardis, nov. 1946.) El primer libro de Leon Sciaky ha sido una consecu cin extraordinaria. En su mente y alma an germina rn ms libros. Cabe, sin embargo, hacerle un par de observaciones. En su lirismo, siempre viril, alberga un germen de disolucin. No todo es edulcorado. A menos 193 BENARDETE.-13

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que se fertilice con resistencia realista, lo esencial no en gendra ms que lucirnagas que no llegan a iluminar las moradas ocultas del alma con la persistencia que requie re nuestra vida en la tierra. En el retorn o a su legado espaol en La Celestina y en Don Quijote pued e Sciaky hallar la sustancia y cuerpo de sus reminiscencias prous tianas. Cuando un sefard c ierra el libro tras haberlo a b sorbido hasta su ltima gota, no puede menos de perci bir que Sciaky ha deformado su propia imagen. No es Sciaky el hijo de un rico b e y balcnico sino que en lo ms profundo de su alma no es ms que parte de un legado ibrico. All ha de descender para sacar a la luz el judo espaol que en l se oculta. En literatura solo se puede ser autntico cuando se es fiel a lo que uno es irremisiblemente ... II IN MEMORIAM: NESSIM BEHAR (1848-1931) Al igual que Sal Mzan ha tenido motivos para sentir gratitud y oponer reparos al sistema educativo de la Alianza Israelita Universal fundado por seis personas en 1860 Tanto mi familia como yo tenemos una gran deuda para con esta notable institucin. Mi to materno, Abraham Habib fu e uno de los primeros venes sefardes nacido en Dardanelos ( Chanak Kalessi) que fue enviado a Pars a estudiar por cuenta de la Alian za en la escuela normal que tena en Auteuil. La muerte le sorprendi antes de terminar sus estudios y sus restos estn enterrados en Pars. Mis hermanos y hermanas y yo recibimos nu e stra enseanza elemental en las escuelas de la Alianza. Por medios imprevisibles la Alianza volvi a influir en mi vida entre 1918 y 1919 cuando tuve la oportunidad d e conocer e n N u e va York a N ess irn B e h a r e l extraordinario educ ad or s efard qui e n y a e n aqu e lla po c a estaba cerca de los sete n ta. Fue Nes s im B e har un 1 J de los mucho s mae s tro s qu e la Alianz a haba fo r mado en Pars y a quienes e n; i a h a, como misioneros a la Mesopotamia y a Palestina a fundar y re g ir e scu e las Cuando le conoc su vi g or an desmenta lo avanzado d e s u edad. 194

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En todo cuanto emprenda, destacaba su aire de apstol encarnado, afable, persuasivo e infatigable Cuando inici en los barrios bajos de Nueva York su campaa por ame ricanizar a los judos hispanolevantinos que acababan de llegar a los Estados Unidos, despleg el mismo celo y presencia de nimo de que haba dado muestra en Jeru saln en 1882, cuando los fanticos askenases y sefar des amenazaron con dar al traste con su obra y aun su vida. Fue en la Ciudad Santa donde se puso a prueba i,u fibra. Behar se encontr un da e n una s ituacin un tanto tica. Al pa s ar por una angosta ca llejuela, sa li e ron a su en cu entro tres mozos que comenzaron a gritar: va el hombre que quiere destruir nu est ra religin en nu es tra santa c iudad! j Matmosle Con una sa ngre fra que nunca le ha abandonado, Behar les respondi: Matadme si queris, pero no olvid is que el gobernador es amigo mo y esta d se guros de que os har ahorcar *. En Jerusaln tuvo que salvar a los nmos sefardes de la amenaza de las calles y de las inoperantes escuelas re ligiosas. No haba de pasar mucho tiempo antes que los nios comenzaran a acudir a su escuela. Deca en una carta a Pars: Vienen de todas las partes y j so n tan se ros! A estos d es graciados les alienta la esperanza d e qu e les a c ojamo s, y l es dan fuerzas para resistir las t e ntaciones de los misione ros, quien es les ofr ece n un refugio cmodo, ropas y comida en abundan c ia. Algunos sucumben a estas solicitudes, pero la gent e, pese a su ind ec ibl e mi se ria sigue resistiendo. Casi es un mil agro. Nosotro s d ebe mos ofrecerles lo s mi s mos alicientes*. Cuando conoc a Nessim Behar en lo s cafs d e l es te -le Nueva York cas i todos e n Rivington Street entre el Bo wery y la Se g unda Avenida y en Allen Stre e t es t aba predicando en su vacil a nt e jud e o es paol-que haba Jacques Bigart: A la mmoire de Nessim Behar (1848-1911) (Pars, Alliance l s ralit e Universelle, 19 3 1), 10-11. 195

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aprendido en su mnez en Jerusaln-la necesidad y la urgencia de aprender ingls. Saba cun vano era todo esfuerzo por disuadir al nuevo inmigrante del vicio de apostar. Me sent atrado hacia Nessim Behar, porque en l vea yo al hombre que estaba tratando de elevar a mis correligionarios Antes de conocerle, yo ya haba estado haciendo mi propia propaganda cultural. Por mi cuenta venda a centavo el ejemplar una traduccin al judeo espaol de algunos poemas de Longfellow. Qu me indujo a escoger aquel que empieza as?: Tell me not in mourn/ul n11,mbers Lije ist but an empty dream. Fort the soul is dead that slumbers And things are not what they seem! Era porque me daba cuenta de que las almas de mi pueblo estaban sumidas en el sopor? En mis das escola res (Woodward High School, de Cincinnati, Ohio, 19131916 ) colabor en la revista escolar con una traduccin del judeoespaol de un tema estoico-tico. Por su parte, Nessim Behar hall en m un devoto colaborador. Le acompaaba en sus visitas a las mseras viviendas en que habitaban los sefardes. Subamos a aquellos chamizos malolientes, llamando a las puertas de aquellos humildes hogares de paso en tl momento de cenar para aquellos hombres que haban pa sado largas horas trabajando por una msera retribucin. Nessim Behar, el apstol esperaba de aquellos cuerpos macerados por un trabajo insalubre que dieran muestra de suficiente vigor fsico para responder al llamamiento que haca a sus mentes Unos por vergenza, otros por res peto a este viejecito venerable hacan el gran sacrificio por la cultura y el porvenir; en respuesta a su incitacin, asistan a clases especiales organizadas especialmente para ellos en las escuelas del vecindario. Nessim Behar el palestino, ex director de las escuelas de la Alianza en el Oriente, en los aos ltimos de su vida revel a las generaciones ms jvenes el secreto
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y les enseaba el medio de lograr recompensas materiales y espirituales. Este viejo maestro, este nuevo patriarca, influy decisivamente sobre la vida de muchas persona5. El da 21 de febrero de 1928, se celebr, bajo los auspi cios del ex embajador americano en Turqua seor Abraham Elkus, un banquete de homenaje a Nessim Behar al que acudieron tanto askenases como sefardes. Para Behar no fue slo un bello ejemplo de ser humano sino tambin un smbolo de lo sefard. Fue un producto de la Alianza, y por l hablaban Francia e Israel y sin embargo, la tradicin sefard logr imponer el judeoespaol en Nessim Behar. El elegante francs de la Alianza no le era muy til en las mseras viviendas de Nueva York donde tena que trabajar. Nessim Behar slo poda llevar a mi pueblo el nuevo evangelio hablado en nuestro dialecto espaol. Tal vez el espritu se expre se en cualquier lengua pero para nosotros solo tiene sentido cuando se nos inspira en la lengua que hemos mamado en los pechos de nuestra madre. FIN DE LA HISTORIA DE LOS SEFARDIES LEVANTINOS n

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NOTAS

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s Sobre lenguaje y textos literarios espaoles empleados por los mori s cos, vase: A. R. Nykl, Aljamiado Literature, Revue des Etudes hispaniques (1929), 409-611, y Aljamiado Texts in Tunisia Revue des Etudes hispaniques, 81, p. 254 et seq.; Jaime Oliver Asn, Un morisco de Tnez, admirador de Lope, en Al Andalus, I, 409-50. Uno de los primeros estudios sobre el tema es Discurso que el Excelentsimo Seor Don Eduardo Saave d.ra ley en junta pblica de la Real Academia Espaola, el 29 de diciembre de 1878, al tomar posesin de su plaza de Acadmico de nmero Memorias de la Real Academia Espaola, VI, 140-92; a s 1m1smo, cf. Pedro Longs, Vida religiosa de los moriscos (Madrid, 1915). 6 S. M. Stern, Les vers finaux en espagnol dans les muwassaha hi s pano-hbra'iques. Une contribution a l'histoire du muwassaha e t a l'tude du vieux dialect espagnol mozarabe, en Al-Andalus, XIII (1948), 299-346. 7 Francisco Cantera, Versos espaoles en las muwassahas his pano h e br e as Se/arad, IX (1949), 197-234. 8 Dma s o Alonso, Cancioncillas de 'amigo' mozrab e s, R e vi s ta de Filologa Espaola, XXXIII (1949), 2673 49. 9 E s te no e s el lugar s adecuado para dar una bibliografa d e la mua s aja. Baste sealar ciertas contribuciones importantes. S o bre la obra del gran arabista espaol J ulin Ribera, quien ha h ec ho ms que nadie por e sclarecer este enigma que ha in trigado a lo s eruditos e urop e os durante s de un siglo, vase: a ) A. R. N y kl, El cancion e ro de Aben Guzmn; b) A. R. Nykl, H i spano-Arabic PoeUy and its R e lations with the Old Proven cal Troubadours; c) Martn Hartmann, Das Arabische Strophen g e di c ht, l. Das Muwassah; d) S. M. Stern, Imitaciones de las mu as aja s rab e s en la poesa hispano-hebraica (en hebreo), Tarbi z, XVIII (1947); Un muwassah arabe av e c terminaison es p ag no Al-Andalus, XIV (1949), 214-18 10 Z j e l es e l nombre qu e se da a este tipo d e poema cuando es t esc rito en rabe popular y mua s aja c uando e st escrito en r a b e li te rario. Los e sp ec iali s tas en la materia no se han puesto an d e a.cu e rdo sobre c ul de ellas apar e ci primero. 11 Sobre la nom e nclatu r a de las div e rsas partes d e la muasaja v ase R a mn Mennd e z Pidal, Poesa rabe y poesa europea, con o t ros es tudios de literatura medie v al, 4 e d. (Buenos Air e s, E s pasa C a lp e, 19 5 5), 17-19; sobr e e l significado de markaz, vase el es tudio d e S. M. Stern e n Al-Andalus, XIII (1948), 301-302. 12 La autoridad espaola ms eminente en poesa hispano-he218

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brea es Jos Mara Mills Vallicrosa. Sus obras La poesa sa grada hebraicoespaola, 2 . ed. (Madrid, In s tituto d e E s tud io s Hebraico s y Ori e n te Prximo, 1949) y Y ehud ha-L ev com o poe ta y apolog ist a ( Madrid-Bar ce l o na, Instituto d e E s tudios He braicos y Oriente Prximo, 1947) contienen estudios indi s pen sa bles sobre las muasajas. En esta ltima (pgs. 55-57 y 5 9-61 ) Mills da la traduccin d e dos poemas de Y e hud ha-L ev cu yas jar c has terminan en esp aol tran scr ito e n e l or ig in al, por s u pu es to, en caracteres hebreo s. 13 Stern Cantera y Dma so Alon so se ocupan de la jarcha nm. 9. El lector interesado e n e l a s pecto ling s ti co de las jar chas se sentir sorprendido por la forma extica d e t rmino s c omo corachn, mib, tornarad, sanarad, yed, y las palabras ticas Rab y li-l-habib. Todos lo s especialistas mencionados se ocupan d e la morfologa correspondiente. Dma s o Alon so nos da una versin ms prosaica de los cuatro versos de esta jar c ha: Mi corazn se va, de m / Oh, Dio s, acaso se me tornar? / j Tan fu e r~e mi dolor por e l amado! / Enfermo est, cundo sanar? 14 Ramn Menndez Pidal. atlogo del romanc ero judo es paol, en El romancero, teoras e investigaciones, Bibliote c a d e Ensayos nm. 3 (Madrid, s. a.), 101 124 El mi s mo estudio apa rece e n mu c has obra, s del mi s mo a utor, que se pu e d e n encontrar e n las div e r s as bibliografa s de la s obras de Menndez Pidal. 15 Constituyen una fiel prctica y bibliografa de consu lta las sigu i e nt es obra s: Abraham A. Neuman Th e J ews in Spain: Th eir Social, Politi c al and Cultural Li/e duri n g th e Middle Ages, vol. II ; J os Amador d e los Ros, Historia social, poltica y r eligiosa de los jlldos en Espaa, y H e inri c h Graetz, H istory of the Jews 16 Aun hoy es motivo de viva controversia la cuestin d e so bre qui n debe re caer la c ulp a d e la destruccin d e l as aljamas. En s u obra La r e alidad histrica de Es p aa, y en s u Aspe ctos del vivi r hispnico: espiritualismo m esian is m o, actitud personal e;i los siglos XIV al XV I Amrico Castro manti e n e l a, tes i s de que fue e l p u e blo bajo y n o l as clases privil egi adas, qui e n tom l a iniciativa d e atacar y d est ruir la s aljamas En apoyo d e esta tesis, l ase lo s igui e n te : ce ... pues lo s judo s e n E spaa era n muy qu er i dos y honrados por lo s r eyes y prncipes, y por todos l os sabios inteligentes, porque los destie rros no fueron pro voc ado s si no por causa de algimos d e la pl e be qll e pensaban los judos y por que ha b an ve nido al r ei no se haban e n carecido los alimento s. A si mismo, fu ero n ocasionadas la s exp u ls ion es por lo s frailes, l os cua l es, a fin de mo s trar su san tidad y ha cer ver al pueblo que 219

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pretendan honrar y ensalzar la religin cristiana, diariamente predicaban contra los judos cosas terribles. Mas por las res tantes corporciones cristianas eran los judos considerados como si habitaran en su propia tierra, y eran muy queridos de ellas, como que era reconocido por los ancianos de Espaa Este curioso anlisis de Salomn Ben Verga, contemporneo de la expulsin final, parece coincidir, hasta cierto punto, con la idea de que las masas fueron los enemigos mortales de judos y conversos. Pero eso no es todo ... Vase del mismo autor Che bet Yehuda (La vara de Yehud). 1 7 Cecil Roth es el historiador judo considerado como e s pe cialista e n marranos. En su obra Historia de los Marranos, tra ducida por Aaron Spivak, se da toda clase de detalle sobre su vida y las controversias que sobre ella se mantienen. La obra original se titula A History o/ the Marranos. Los marranos del siglo XV recibieron muchas denominaciones, algunas neutras, como nefitos y cristianos nuevos, otras despec tivas, como alboraicos. En la villa de Erena, de la provincia de Len, fu.e puesto nombr e a los nefitos judaizantes, conviene a saber a los con versos agora ha sesenta aos y ms aos de la guerra que enton ces se hizo en toda Espaa por muerte de espada, conviene a saber destruccin en las aljamas de los judos, e los que quedaron vivos por la mayor parte los bautizaron por fuerza y tomaron ellos sobre s un sobrenombre en hebraico anuzim que quiere decir forzados. Ca si alguno se torna cristiano llmanle mesumad, que quiere decir en hebraico revol v edor, que los revuelve con loa cristianos. Y as alguno d e este linaje llega a algn lug a r donde hay agues ta mala generacin, pregntanle ellos eres anuz, c ristiano por fuerza, o mesumad, cristiano por voluntad? Si res ponde anuz soy, danle ddivas y hnranle; y si dice mesumad soy, non le hablan ms. As como de otros de esa Andaluca y de E s paa sean anuzim Xristianos, porque ms no pueden hacer, esto e s e n el nombre, ca non en las obras, guardando sabad y otras c reencias judaica s r e zando por libros de judos emp e ro porque e llo s ti e n e n la circun c i s in como moros, e el sabad como ju el os, e el s olo nombre ele Cristianos, aunque por la voluntad judos, p e ro non g u a rdan el Talmud nin las ceremonias todas de judos, nin menos la ley cristiana y por esto les fue puesto este nom b r e por ma y or vituperio, conviene saber alborayco. Y yo b usc ando e ste nombre en la vieja y nueva Ley y en sus glos as non pude hallar, pero halllo en el Alcorn. Ca Moha macl, caudillo de los moros, fingi que Al envi del cielo a lo llamar con el angel Gabriel, y que para ir all, le truxo un aniTJ)al qu e a s lo llam Alborayque, en que fu e caballero ... etc. El trmino alboraico no es pues ni caballo ni mula, sino que 220

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d enota un anim a l q ue posee ciertas caractensllcas d el l obo, del bu ey d e la serpi e nt e d e l guila y la d e o t ro s varios an i m a l es P o r su ndole d es pr ec i a tiv a, fu e a pli cado a c i e r tos m a rr anos. E sta c r i osa cita pro ce d e d e l M S n 0 35 6 fo l s. 6 0 70 d e l a se c ci n d e m a nu sc rit os es pa l es d e l a Bi b liothe qu e n at ion ale d e P ars Vase l s id o r e Loeb, Pol mi s t e s c hr es ti e n s e t J u if s e n Fr a n ce et e n Espag n e e n R evue des ud es j u i ves, XVIII (18 8 9), 2 1 9 -4 2. La transc rip ci n y r efe r enc i a d e l p r rafo prece d e nt e l a debo a la tesis d oc t o r a l p rese n t a d a por Se ym o ur R es ni c k a la Uni vers id ad de New York e n 1 95 0 y qu e ll eva por tu lo Th e J ew as Portrayed in Ea rl y Sp a n is h Li t e r a t u r e. l8 Si l os reyes de Espaa desean de s t er rarlos no es porque sea n pec ad o r es si n o p ara que no hagan a sus vecinos p ec adores y malvados como ellos Ben V e rga, op. cit., 271. 19 Co n viene r ecordar que tanto Fernando de Rojas, autor de la inmorta l La Celesti n a como J uan de Mena, se contaban am bos ent r e los i lustres cristianos nuevos Sobre el linaj e judo de Juan de Mena, vase Amrico Castro, La realidad his rica de Espaa 20 La Biblia de la Casa de Alba es una riqusima mina filo lgica q u e an no ha sido explorada, ni interpretada como pro ducto de una civilizacin. Amrico Castro ha sido el primero e n deducir c i ertas conclusiones de l h echo de qu e el Maestre de Calatrava h u bi e ra encargado expresamente a un oscuro rabino qu e viva en Maqueda, en la provincia de Toledo, que l e tra dujese e l Antig u o Testamento. En su obra citada, Amrico Cas tro re l aciona la traduccin de esa Biblia con el inters por cuest iones culturales que otros prohombres cas tellanos es t a ban demostrando en el sig l o XV. La primera carta que don Luis de Guz mn escribi a l Rab Moi ss Arragel, deca as: Nos el Maestre de Calatrava embiamos mucho s saludos a vos rabby Mos Arr agel, nue s tro bassallo en la nuestra villa de Maquecla, como aquel para quien honra e bu e na ventura qu mos. Es nos di c ho qu e soys muy sa bio e n la l ey de los judos, e que ha poco que ende venistes morar. Lo cual a nos copo en placer por seer sabio, e vos entendemos fazer m e rced: Rraby Mos: Sabed que auemos cobdicia de una biblia e n rrom a n ce, glosada e Y storia d a, lo qua! nos dizen que soys para lo fazer assy mu y b as t a nt e.,, Anto n io P az y Meli es t udi esa Biblia por encargo de l duque el e A l ba. So b re este estud i o vase Ho m enaje a M e n n dez y Pe layo. E s tudio s d e erudici n espao l a (Madrid, 1 889), 2 vols. El mism o au t or n os da u na resea ms breve en B i b lia ( Antiguo Testa m e nto ). Tra d u c i da de l hebreo al castella n o po r r a b Mos 1 2 21

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Arragel de Guadalfajara (1422 1433?) y publicada por el duque d~ Berwick y de Alba. 21 Sobre Alf o n so d ,e Ba e na y otros eminentes conversos, v ase Rot h, op. cit., 25-26. 22 /b id 27-28. Se n os da aqu e l origen de la palabra (>. 23 Sobre la expulsin d e los judo s d e Espaa en tiempo de los visigodos, vase Salomon K at z, The ] ews fo t he Visigothic and Fra nk ish Kingdoms of Spain and Gaul. 2 4 I sidore Ep s t ei n, The R es ponsa of R. Solomon b e n Adreth of Barcelo na ( 12 35-13 10), as a Source of the History of Spain; The Respo n sa of R. Simn b Zemah Dur n as a S ou r ce of the H is t ory of the ] ews in North A/rica. 25 Epstein, The Respon sa of R. Simn .. pass im 2 6 Benjam n de Tud ela, Viajes de B en jam n de Tud e la, 11601173. Por primera vez traducidos a l cast e llano con introdu ccin, aparato crtico y anotaciones por Ignacio Gonzlez Llubera. 27 Werner Sombart, The lews and Modern Capitalism Tra duccin inglesa anotada M. Epstein (Londres, 191 3). 28 De todos es bien sabido que Miguel de Cervantes fue resca tado por lo s trinitarios en Argel. De i g ual modo, los ju dos te nan sus sociedades para el rescat e de esclavos, en cumplimiento del mandato r eligioso Pedion Shiouyim, por el que lo s judos de Espaa y de las comunidades en el destierro mo stra ban e l ms alto respeto. Vase Nehama, Histoire des l srae li tes de Salo nique t. I. 29 Epstein, The Respon sa o/ R. Sim n ... 30 Amador de los Ro s, Historia social, poltica y religiosa de los judos de Espaa y Portuga l, t. III, cap. III. 3 1 An no se ha escrito una obra documentada sobre este trascende ntal tema de la limpieza de sangre Cua lq uier estu dinte de historia y cu l tura espaolas podra, si lo de sea, ela borar una teora s o m e nos plausib l e de esta m onstruosa r ea lidad socia l. Se nos ocurre una posib l e so lu ci n a es te enigma. En pocas palabras, a) si, a l final del siglo XV, la polt i ca espa ola es tuvo en manos de l a ma sa de gente annima, y b) si la expulsin de los judos ps1cific la s tierras y la In222

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quisici n c on s i g ui m antener a raya a l os conversos, se deduce qu e: 1. 0 Al no di s m i nuir e l p o d e r y e l p res tigio d e l os ma rr a n os c uan t o s al e j a d os est u v i era n d e lo s ju d os de pro f esi n t a nt o s d ifci l r es ult aba a la s a u tor id ades reco n oce r s u or i ge n. 2. 0 El hidal g u is m o se co n v i rti e n e l id ea l com n; 3. 0 El hi da l gu i smo s in b ase econmica n o p asaba de ser mero mb o l o; 4. 0 Se impo n a a l go de mayor fu erza pers u asiva ... 5. 0 Nada ms hu m ill an t e y d egradante p ara l os org ull osos hid al gos d e or i ge n m arra n o q ue e l o n e r oso estigma de no se r c ri st i a n o v i e j o D u rante siglos, el terna de la li mp i eza de sa n gre se convrr t 10 en la nota ms discordante de la composicin tnica espaola. Sin ser u n autntico e ru d it o, Valerio lVIarc u en su amena obra The expulsio n o/ the ] ews /rom Spai n de d ica a este asunto u n captulo entero titu l ado The Struggle /or Purity o/ Blood (pp. 86-102) La mana de l a limp i eza ele sa n gre lleg a un punto risible. Cabildos, Consejos, hermandades y gr,emios consignaron en sus estatutos la absoluta exclusin de todo individuo de esti r pe ju da, por remo t a q u e fuese. En este gnero, nada tan gracioso corno el estatuto de los p e dreros de Toledo, que eran casi todos mudjares, y andaban escrupulizando en materia de limpieza. Esta intol,erancia de los relapsos fue en ade l ante semillero de rencor es y venganzas, piedra de escndalo, elemento d e discordia. Slo el progreso de los tiempos pudo borrar esas od i osas dis tinciones en toda la P e nnsula. En Mallorca, duran todava M. Menndez y Pelayo, H ist oria de los heterodoxos espaioles; pasaj e r eprod ucido en una antologa de escritos selectos: His toria de Espaa (seleccionada ele la obra del ma estro (Mad rid 1934), p. 128). Cervantes escribi una deliciosa stira de las pretensiones raciales en su encantadora farsa El retablo de las maravillas. Un antiguo alumno d e l autor, Alb e rt Sicrof, ha trabajado en una t es is doctoral sobre el terna bajo la direccin de Marce] Bataillon, de la Sorbona. La erudicin de Bataillon es tal que cuanto sea digno ele su aprobacin m erece nuestra confianza. V ase Bibliografa,. 32 William H Prescott, The History o/ Ferdinand and lsabella, the Catolic, t. I 339, y t. 11 cap. XVII, 1 34 5 1. 3 3 Amrico Castro h a abordado ab i ertamente el terna de las razones por las que los judos fueron objeto de tamaa hosti lidad en la Espaa del s i glo XV. Con todo ce l o y ahnco, trata de calar h ondo en l as ca u sas axiolgicas. 223

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Amrico Castro, Aspectos del vivir hispnico (Santiago de Chile, Editorial Cruz del Sur, 1949). Las siguientes citas dan una idea de la tesis de Amrico Castro: Iberia, con Castilla por centro dinmico, una vez casi acabada 1a Reconquista se lanz a la tarea colectiva con desnuda esponta neidad ... sus armas fueron el mpetu, el gusto por las acti tudes, las utopas y los sueos. Con escasa atencin para las razones, porque stas escinden al hombre en su interior y trun can su visin del mundo. No siendo de su voluntad y de sus reencias el espaol se crea seg uro, y as r eal iz creaciones de maravilla y eternidad casi siempre en tempo de tragedia. De ah el despego por sus travesuras de la mente, la tcnica-mecnica o intelectual-que envilece cuando se convierte en trabajo manual, y r e lega el puro mpetu a lugar secundario. (pp. 93-94). El exterminio de los hebreos y su secuela, la Inquisicin, no s o n fruto de la intoleranc ia de los rey es, sino un gran captulo de la tenaz defensa del espritu popular hispano, secundado por el rencor defensivo de muchos conv ersos. (p. 95). La verdad es que, adems de deicidas, los hebreos fueron para los cristianos unos testigos tan impr esc indibles como eno josos ... La tragedia de Israel fue no haber desaparecido al haber dado vida a su retoo cristiano (pg. 103) Castro d e muestra en las anteriores citas un entusiasmo tan impulsivo, as como tal an tirracionalismo o quiz su perracio nalismo, que no se sabe hasta qu punto dar crdito a sus ideas e interpretaciones. R e specto de la presencia de los marranos en las rdenes reli giosas, vase el captulo Conversos y jernimos, de la citada obra de Amrico Castro, que en un principio fue parte de Lo hispnico y el erasmismo en Re vista de Filologa Hispnica (Bue no s Aires), 1941-1942. 34 Salomn Ben Verga, Chebet ]ehuda (La vara de Jud), 6566. Comprense las ideas de Castro con las siguientes: Jams he visto que un hombre int eligen t e de verdad odie a los judos. Solamente son odiados por el bajo pu eblo. Y esto ltimo tiene su raz ju st ificant e : e l judo es soberbio y apetece siempre mando; no piensan que e llos son unos pobres deste rrados y esclavos que andan echados de nacin en nacin; antes bien, procuran presentarse como seores y gobernantes, y por eso el comn del pu e blo lo s aborrece ... Cuando los judos entraron en nuestros dominios venan como siervos y desterrados, v esti dos de andraJos, y continuaron muchos aos sin v ,es tir trajes preciosos y sin mostrar deseo alguno de ensalzamiento sobre los dems. Y de aquel tiempo no ha podido escuchar nuestro seor 224,

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que fueren inculpados judo s de b e b er sangre (d e cristiano s); porque tal hecho, de haber ocurrido hubi ese sido consignado en las Crnicas de los re yes d e Espaa, se gn la recta y bu e na costumbre de consignar tal es s uc es o s para enseanza en lo fu. turo. Por lo que se ve que en aqu e l ti e mpo en que los judos no despertaron la envidia d e l comn d e l pu e blo fueron qu e rido s de este . La segunda razn d e l odio a los judos es porque estos, cuan do vinieron al reino de nu est ro se or, eran pobres y los cris tianos estaban ricos y ahora sucede lo contrario; pu e s el judo es intelig e nt e e ingenioso para conseguir su prov ec ho, adems de que se han enriquecido grandemente por las art es d e la usura. Vea nuestro se or que la s tr es part es d e los campos y h e redades de Espaa estn en manos d e los judos, gracia s a b. onerosa usura que ejercan. (Al apcrifo rey no l e parece mal esa ex plotacin econ mica, pero .. ): Todava creo yo que exis t e otra razn de tal odio: la gran diferencia qu e los separa d e lo s cristianos en su comer y b e ber; pues no hay cosa que ms aproxime lo s corazon es de las gentes como la costumbre de com e r unos con otros en igual trato ntimo. 35 Cecil Roth, A History o/ the Marranos cap. III, The Ge neral Conv e r s ion in Portugal pp. 55-73, es pecialmente p. 60. Como obra int e resante d e viajeros de la poca sobre los judos en Portugal a fines del siglo XV, va se Jernimo Mnzer, Viaje por Espaa y Portugal en los aos 1494 y 1495, p. llO. (Sobre el t e xto latino de esta obra v a se Re v ue Hispanique, 1920). He aqu lo que dice Mn:jer: Los judos de Lisboa poseen cuantiosas riqu e zas; son los r ce pt o r es de los tributo s que han arruinado al r e y; mus transe harto arrogantes con los cristianos y tem e n mucho al destierro, porque el rey de Castilla ha pedido al de Portugal que expulse a conversos y judos o rompa con ellos las hostilidades. El mo narca portugus, imitando el ejemplo castellano, ha mandado que antes de las fiestas de Navidad salgan de su reino todos los Con versos; ya les estn embarcando en una hermosa nave llamada Reina, y antes de mediar diciembre saldrn rumbo a Npoles En cuanto a los judos, el rey les ha dado trmino de dos aos para que en este tiempo va y an saliendo ordenadamente de la tierra, y en atencin a ello, son numerossimos los que cada da marchan a pases extranjeros en busca de lugar y casa para establecerse. 225 BENARDETE.-15

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36 Jacob Re snick (J. Ha-Rosin), Le duc Joseph de Naxos. Con tri bution a l'Histoir e Jui ve d' u XVI siecle, 71 passim 37 I bid., 71. 38 Loe. cit. 39 lsaac s, The Jews o/ Major ca La historia de los judo s en la s Bal ea r es es un tanto anmala. Si bien se hizo desapar ece r d e la p e n ns u ll! toda traza d e juda mo, en las Balear es lo s conversos fueron vctima de un ostraci s mo social y religio s o que no tiene igual en ninguna otra part e de l mundo hi s pni c o. A cau s a d e s u raza, lo s conversos, a qui nes se denomina chuetas, se han v i sto obligados a vivir totalm e nt e ai s lado s, aun siendo catlicos, sin qu e los paisanos d e las islas hayan ll ega do a admitirlos en pie de igualdad. Aun hoy da se ven obligados a co ntraer m a trimonio con p e rsonas de la penn su la. Ha s ta e l momento h a fra c a sado todo int e nto d e d esc ubrir si lo s c hu e ta s guardan algn recuerdo vivo de l a religin de s u s mayores. Re s ulta imposib l e ll ega r a e nt erarse s i entre lo s judos c hue tas d e Mallorca ha qu e dado resto alguno de jud as mo. Se han encon trado familias e n ciertos distritos del nort e de Portug a l descen di entes de judo s del sig lo XVI, que han v en ido practi ca ndo cierta forma de jud a s mo qu e se ha ido pasando verba,1mente de ge n e racin a gen erac in .. Como es lgi c o, con e l trans c ur so del tiempo se ha ido alterando y reformando, pero se ha co nservado e l esprit u, gracias a l a tenacidad y h eroismo con que esos campesi no s se h an aferrado a la fe de s u s m ayores ( Lucien Wolf, R e port on the arranos or Crypto-]ews o/ Portugal (Londres, 192 6); S. Schwartz, Os Christaos novas en Portugal no sculo XX (192 5) ; vase asimismo en Menorah ]o u nal XII (1926), 138 -49 28 3-97. ) Si ocurre algo seme jan te en Mallorca, se guarda celosamente e l sec r e to, pues toda pr eg unta, por di sc r e ta que sea, se estrella co ntra un t e naz muti s mo Los descendi e nt es d e lo s judo s c on Je r sos r esie nt e n toda pregunta y toda pesquisa. Suelen r es ponder que so n catlicos, s u s padres l o fu eron, s u s ab u e lo s lo fu eron, y eso es todo lo dicen sa b e r. ( l s aa cs, op. cit 212-13.) S e d e b e a Vicente Bla sco Ibez un a h e rmosa nov e la Los muer tos mandan que, tomada d e la re a lidad o de la fanta s a, pre se nta una vvida narracin de la e xtraa existencia de catlicos ju d os o judos ca tlico s de Mall o rca Su sa ngr e apenas se ha adul terado e n los ltimo s sig lo s, pero nadi e pu ede reprochar a los c huetas la mnima falta a la or to do xia. El e x ce l e nt e ensayista Gabriel Alomar, que vivi e n Mallorca, dijo en 1924 al autor de estas nota s qu e cuando se trataba de d efe nd e r a los chue226

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tas contra la discriminacin de que eran vctimas, ellos mi s mos eran sus peores enemigos. Al tratar de la condicin social d e los chuetas d e Mallorca, Blasco lbez escriba en 1908: Por supuesto, despus de los nobl es y d e l pueblo llano, ve nan en Mallorca en cuanto al respeto que se guardaba, los cerdos, los perros, los asnos, los gatos y las ratas, y a l a cola d e esos animales del Seor, v e nan lo s odiados h&bitant es de la Calle, los chuetas, los malditos descendientes de judos Es este un orden social que an s ub s ist e. Quien de la ca ll e viene, d ebe viv i r y morir con aquellos que de la calle son D e nada sirve ser r ico o inteligente.. Y lo ms extraordi nario de ese r encor de que se manteng& a pesar del progr es o d e lo s tiempos modernos e ; que esos chuetas no son i srae lita s de r e lig in, sino catlicos d ~ una ferviente fo y fanatismo .. ( Apud I saacs, op. cit 205. Sobre el mismo tema, vase B. Braun ste in The Chuetas o/ Ma jor c a: Conversos and ~he lnquisition o/ Majorca ) De un artculo indito titulado Los chuetas e n Mallorca, enviado al autor el 8 d e febrero de 19 36 desd e P alma de Mall o; ca por el seor Francisco Aguil, tomar e mo s un pasaje int e resantsimo so bre los eptetos d e menosprecio aplicad os a los conversos de Mallorca: No tan solo han sido llamados chuetas los descendi e ntes d e co nv ersos, s ino qu e an l es h an hechado (sic!) como expresio nes de rencor varios apstrofes: Chueta, que vi ene del cataln hu ya,,, era e l epteto ms co mn usado para n10l e st11rles. Los cristianos no ignoraban qu e la carne y la grasa de cerdo, chuya, era la carne vedada por la religin juda Y e lla es la misma expresin marra no en Es paa y el s c hwein alemn. De esta palabra hay la variacin chuet. [Cf. la explicacin de Isa&cs, op. cit., 191: Fue por aquel ti e mpo (siglo XVII) cuando los d esce ndientes de los con ver sos recibieron e l sobre nombr e de chuetas o chueytas, que se deriva de l a palabra Xuhita o Xi.huela, que significa judito o judo pequeo d iminutivo de carcte r d es preciativo (en cataln y mallorqun, la x se pronuncia co mo la j franc esa o una ch s uave). Otra explicacin, incorrecta, del origen del vocablo es que se deriva d e c huya o cor teza el e c e rdo, aludiendo a la abs tinencia de carne d e cerdo observada por lo s judo s ; este mino de menosprecio an existe hoy.] De la calle: As fueron ll11mados por dos razones. Una por tomar apellido los conversos d e l siglo XV de personas cnsuanas muy conocidas. En Mallorca des carrer o d e la ca ll e, qui ere d e cir, sin nombre, del arroyo. Y la otra por vivir r etirado e n varias c11lles, en casas de s u propiedad, siguiendo reunido s r e227

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medando la Aljama, regida por los consejos de vi e jos sabios y prudentes. Macabeus: En cast e llano Macabeos. A la vista salta que que ran molestarle s, al citarles los nombres gloriosos de la historia hebr e a antigua: los Macab e os. Por cierto que, con este ttulo, a mitad del siglo XIX an corran unas listas de apodos que, como costumbres pueblerinas, se aplican apodos que llegan a ser ms conocidos qu e el ap e llido mismo, juen o judo. Son en cast e llano judo o ju da. ,, M e lej: Este nombre, que creo que quiere decir rey en he breo, era comnmente empleado. Hoy es rara vez citado. Coda /et: Ignoro el exacto significado y desconociendo si vie ne del hebreo, expongo gratuitamente, ni quisiera decir venal. Es conocido un pjaro d e Mallorca, parecido al gorrin, por el nom br e d e coda/et. Como este animal vuela a trechos cortos se aplicara a los conversos sus cortos vuelos, por sus presuntas he rejas, cosa no siempre exacta! Neo: Lanzada es ta palabra para decir cobarde no qui ere decir tal cosa, sino nu e vo. Y por ello podemos darle el mismo valor qu e converso. Nu e vo en religin.,, [No ser cristiano nu e vo?] [No ta final del Sr. Aguil:] responden a su pa sado? Es fcil suponerlo. Tienen una tradicin, pero no la prac tican... Se hizo tan popular el rerse a sus barbas, con cual quier a podo de los citados que se han vuelto recelosos y descon fiado s, c uando se les pregunta con insistencia es usted judo? .. La mayor parte de las v eces contestan mal, creyndolo ofensa, mas s i se hac e n amigos de ellos, algunos los encontrarn sim pticos y originales. No demuestran externa simpata ni apata por lo s turistas hebreos ni los conocen. Es fcil conocer sus ras gos faciales; los de aqu con los de Turqua se complementan. Un dato curioso: En las elecciones de 1933 espaolas, en Ma llor ca, muchos de los que citamos votaron la coalicin centro o izqui e rda por haber dicho, en un mitin, el seor Gil Robles: Hay que hacer una Espaa nueva sin masones ni judos 40 a) Sobre los marranos en el mundo occidental, vase Roth, op. cit., cap. XI. 228 b ) Consltese asimismo Meyer Kays e rling, Christopher Co lumbus and the Participation o/ the Jews in the Spanish and Portuguese Discoveries. e) La obra d e C eci l Roth data de 1932 y desde entonces han aparecido dos obras ms de gran importancia so bre la familia Carvajal de Mjico que constituyen ex traordinarias aportaciones a la historia de los marranos en Mjico en el siglo XVI. Procesos de Luis de Carva jal (El Mozo) Publicaciones del Archivo General de la Nacin, XXVIII; y Alfonso Toro, La familia Carvajal.

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Luis de Carvajal, el Mozo, es probablemente el primer m1su co mejicano. Derram su pasin y su celo en sus poemas, que hoy da son dignos de ser includos en las antologas de poesa mejicana. El poema que citamos a continuacin, que se encuen tra en el tomo I de la obra de Toro, p. 333, hace recordar a quien conoce la literatura espaola el famoso soneto A Cristo crucificado; sin embargo, este no es el lugar ms apropiado para utilizar este poema para el estudio del alma atormentada del marrano: P e qu, Seor; mas no porque be pecado de tu amor y clemencia me despido, temo segn mi culpa ser punido, y espero, en tu bondad, ser perdonado. R ec lome segn me has aguardado ser por mi ingratitud aborrecido y hace mi pecado ms crecido el ser tan digno T de ser amado. Si no fuera por Ti, de m qu fuera, y a m de m, sin Ti, quin me librara si tu mano la gracia no me diera y a no ser T, Seor, quin me sufriera, y a Ti, sin Ti, mi Dios, quin me llevara. 41 Sobre los marranos en Francia, vase: a) G. Cirot, Les juifs de Bordeaux. Leur situation morale et sociale de 1500 a la Rvolution, Revue historique de Bordeaux, U-XXXII (1909-1939), 1 4 partes. b) Henri Lon, Histoire des juif s de Bayonne (Pars, 1893). De gran importancia en la historia de la cultura occidental es el hecho de que la madre d e Montaigne era de origen ma rrano. Vase Amrico Castro, Aspectos del vivir hispnico, pp. 156-57. La madre de Montaigne Antonia Lpez, perteneca a la se gunda generacin de judos en su forma esencial de vida. Esa familia Lpez proceda de Aragn y se haba enriquecido en Toulouse comerciando con plantas tintre.s. El padre de Mon taigne tena en alta estima a su mujer, y en su testamento la juzga capaz de administrar su hacienda. La accin de Antonia Lpez en Montaigne debi ser muy efectiva, y junto a ella apren dera a conceder importancia a vivir sintindose y expresndose a s mismo, porque eso es lo espaol. Sobre este mismo tema, vase tambin Paul Courtault, La mere de Montaigne, en langes de Littrature, d'Histoire et de Philologie of/erts a Paul Laumonier (Pars, 1935), pp. 311 et seq.) 229

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42 Samu e l Usque, Consolar;am as Tribular;oens de Isra e l (F rrara, 1 553 ). 43 Para una extensa bibliografa de lo s judos en Holanda, se H e nry V. B esso, Dramatic Literature o/ the S e phardi c Je ws of Amst e rdam in the 16 t h and 17th Centuries; y Cecil Roth, A Lij e o/ Menasseh Ben I s rael: Rabbi Print e r and Diplomat 44 Cecil Roth, Histor i a de los marranos ; cap. XII. 45 Uriel da Costa, D ie Schriften des U riel da Costa. Compilados y tradu cidos al al em n por C. Gebhardt (Amsterdam, 1922). La trgi c a autobiografa de Uriel da Co s ta fue escrita originalmen t e en latn: Exemplar humanae vitae. Traduccin ingl es a de Whiston : The Remarkable Lije o/ U ri e l Da Costa (Londr es, 1740). 46 Mich ae l S. Molho, Contr ibuci n a la historia de Saln ica, 5692-1932, (en judeoe s paol en caracteres rasi). 4 7 T. B. D ex t e r, e d., The Literary Diary o/ Ezra Stil es (Nu e va York, 1901), III, 14-25, 8 junio 1792. 48 Los judo s de Espaa d eci di e ron identificar el nombre d e Sefarad qu e apar ece e n la Biblia (Abdas, 1 :20) con la P en s ul a espaola. A s como, pese a su vari e dad, se poda d es ignar con un solo nombre a los div ers o s pueblo s que habitaban Es paa, e l pu e blo judo que vino a Espaa d e varias part es del mundo ll eg a acusar la s s ufi cie nt es caractersticas comunes como p-a h acerse acreedores a una sola denominacin para todos. Sefarad e ra e l nombre de E spa a, de toda E spa a y d e todos sus pueblos. Los intereses de los judo s d e Espaa ex igan una denominacin qu e l es diferenciase de los judos de Al e mania y d e lo s que se haban g er manizado d e conformidad con lo s rito s de los judo s germnicos. En la Edad M ed ia se a s ign a todas las tierras alemanas e l nombre de A s kenaz que aparece en Gnesis (10:3) y en otras partes de la Biblia Por haber aban donad o Espaa e n diversas ocasiones y h a b e r vivido e ntre los judos del Norte de Africa, como hizo Maimnides en el siglo XII, lo s judo s s intieron la n eces idad d e denominarse por e l pas d e origen. Maimnid es se e norgulleca en llamarse sefarad, esto es, es paol. Por ex istir ya en h e breo trmino s para designar a lo s cr i s tiano s en gene ral, la palabra sefard qu e d reservada exclu siva m ente a lo s judo s de E s paa As, pues, sefa rd es e n hebreo judo es paol, y S e farad es Espaa. Es cur io so notar que S e farad no fue la ti e rra de lo s judo s espa ol es, si no E s paa en general. Sin sumirme en un an li s i s de s u s consecuencias filolgi cas d eseo ju s tificar el ttulo 230

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dado a esta seccin. Desde los primeros tiempos, los judos de Espaa se sirvieron de los conceptos de sefard y Sefarad para distinguirse a s mismos y a su tierra. La perspectiva histrica nos obliga a buscar una expresin para designar la expansin y establecimiento de las comunidades sefardes en todo el mun do. En esta y otras partes del libro hemos trazado una lnea de d e marcacin entre el judo, de origen hispnico, medieval y el r e na ce ntista. Sin embargo, en realidad nunca estuvieron total mente aislados e inclumes los mundos creados por esos dos tipos. Haba tanto en comn entre las comunidades del Levant e, de Africa, de la Europa occidental y de Am rica que formaron una verdadera comunidad espiritual. En su conjunto, cabe lla mar al mundo sefard la Comunidad Pansefard. Ten e mos la b e lla tradicin de llamar las Espaas a las diferentes modali dades de vida espaola D es de el punto de vista judo, es parte integral de la Alianza de Abraham. Como exp resin cultural, las comunidades sefardes forman unidad, y para denominarla queremos utilizar la expresin hebrea que significa el gran mun do sefard. Sefarad no es ya Espaa sino esa forma de Espaa creada por los judos oriundos de ella. La contribucin ms reciente a la etimologa de Sefarad la encontramos en los artculos de A. l. Laredo y David Gonzalo Maeso El nombre de Sefarad" y Sobre la etimologa de la voz Sefarad" en Se/arad (IV), 1944, 2, 349-63. Jonathan ben Uziel, discpulo de Hillel tradujo la Biblia al arameo. Fue l quien dio a Sefarad el equivalente de lspania o Aspania. En el Talmud babilnico, Nida 30, encontramos este pro verbio Adam. yasen kan / v'roe halom. be I spam.ia" ( El hom bre duerme pero en sus sueos v e a Espaa "). As, pues, el con cepto de que Espaa es la tierra legendaria donde los sueos imposibles se convierten en realidad, es tan viejo como e l pro pio Talmud. 49 La mejor y ms ju sta interpr e tacin de lo s motivo s d e l a reina Isabel para expulsar a los judos se halla en el captulo qu e a ella dedica Waldo Frank en su Espaa vi rgen. so No existe una palabra para d es ignar a los judos de Espa a o de Alemania. Cmo se denominan los judos de habl a yidish? Por no haber una palabra para designa r al judo aske na s es necesario en ingls utilizar azkenas como adje tivo. Gracias al inters renovado con que Espaa ha tornado su mirada hacia los judos, esa tierra nos ha dado el nombre feliz que necesitbamos: sefard, sefardes o sefardita, sefarditas. Son palabras que han dejado de tener sonoridad extraa para el od o espaol. Los judos ingleses de descendencia espaola han ve231

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nido empleando re c ient e m e nt e las palabras Sephardi y Sephar d i m. Las term i naciones e n i e n el s ingular e im e n el plural mu e stran que esos vocablos no han sido an anglicanizados y no s e les ha dado an carta de natural e za en ingls. Sobr e el em p l e o d e es t a terminologa v a se el artculo Le di s cour s du R e v. Bueno de Mesquita en Le ] udafsme Sephardi, julio-septiembre 19 35 5 1 Isaac Abraban e l en e l prefa c io a sus com e ntarios al Libro de lo s Reyes, citado en Hui e The History o/ th e ]ews, 177. 52 I s idore Epstein, The 'Responsa' of Rabbi Salomon Ben Adr e th of Barc e lona ( 1235 -1 3 10) as a Source of the History of Spain en Studies in the Communal Lije o/ the ]ews in Spain as r e / le c t e d in the 'R es ponsa', 1-2 A este respecto, lase lo s gui e nt e : En todas las ciudades de Espaa habitaban Hebreos tanto en e l ti e mpo qu e el Imperio Romano la dominaba, como d es pu s d e qu e los godos la ganaron, y a ss d es pus que los moro s pas s aron d e Afri ca y la tomaron a lo s godos. I vivan los Judos d e baxo d e l dominio de lo s R e y es Moros y debaxo de los chri s tiano s qu e ib an r ec up e rando lo s R ey nos de Espaa d e pod e r d e lo s Moros. En todas las partes adonde estaban los Hebreos e n aqu e llas Pro vi ncias tenan sus casas heredades, y nego c ios co n pri v ileg i os, y pr e rrogativas honradas, que la s concedan aque llos R e yes. Imanuel Aboab, Nomologas o discursos Legales .. Est ampados a costa y despenza de sus herederos en el ao de la c reacin (Amsterdam, 5 3 89 (1629) ) s e gunda pa r te, XXVI, 289. 53 Sobre los autores nacido s en e s o s lugares, vase Jacob, A n lnquiry into the Sources o/ the History o/ (he ] ews in Spain. 54 Vase nota 74. 55 Vase Snchez Albornoz, Estampas de la v i da en Len du rante el siglo x. 5 6 El primer poeta castellano de nombre conocido (quin lo dira?) es muy probabl e m e nt e e l e xcelso poeta hebreo Juda Lev, d e quien consta que v e rsifi c no so lam ente en s u l engua, sino e n rabe y en la lengua vulgar de los cristianos, porqu e su co pioso Divn nunca ha, sido enteramente publicado; pero en los extractos y traducciones parciales que de l se han hecho, no es raro encontrar palabras y aun versos enteros castellanos ex t raamente m e zclados con e l t e xto hebreo. Sirvan de ejemplo aqu e llos do s qu e en la edicin de Geiger ( Divan des Castilier Abdul Hassan, p. 141) se alcanzan a leer, aunque desfigurados por e l copista, probablemente italiano, que co nfundi el dalet con e l resh: 2.12

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Venit, la /esca uven ce nnillo. Quem conde m eu coragion /eryllo ? As conjeturo que pu eden le e rse estos v e rsos cuya in terpre taci n es realmente difcil. U ve ncennillo parece un diminutiv o femenino al modo prov e nzal : jo v encita y si /esca es er ror del co pista por / res ca, de lo cual no r esp ondo, pa r ece que es to s dos versos, de los cuales e l segundo es gallego s b ie n que cas t e llano, dan este se ntido: Venid, fr esca joven c ita. Quin esconde mi corazn h e rido ? (M Menndez Pelayo, De las influencias semticas e n la lite ratura espaola en Estudios de crtica literaria (Madrid, 1895), 3 82-83.) Esta nota nece s ita una considerable revisin y pu esta al da a la luz de los recientes descubrimientos en el mundo de la e rudicin. En un artculo .escrito en hebreo ( Efo nolad Y ehu da ha-Levi Tarbiz (1930), 237-39), la autoridad contempor nea en poesa hebrea H. Schirmann, ll eg a a la conclusin d e que Yehuda ha-Lev no na ci en Tol edo, como se haba c r edo durante siglos, sino en Tudela. Al parec e r, en la Poti ca ( Kitab al-muhadara) d e Moiss ben Ezra se le y tolitali (toledano) en lugar d e tuteli (tudelano). Por grande que sea la autoridad d e Schirmann, no nos parece convincente su teora, en vi s ta de l as opiniones disidentes de Francisco Cantera y del profesor S. Spie gel del J ewis Theological Seminary. El profesor Spi e gel dijo al autor de este ensayo que rechaza las conclusiones de Schirmann y admite que el lugar de nacimiento de ha-Lev es totalment e desconocido. Vase Mills Vallicrosa, La poesa sagrada hebraico espa ola 97. No tocamos ahora la c ita d e Menndez Pelayo porqu e ha de se rnos muy til en la segunda parte de este trabajo ( vase In trod uccin). En ella nos ocuparemos ms en detall e de los gran des descubrimi e ntos h ec hos reci en tem e nte en torno a la mua s aja. Aunque no del modo e n que e l polgrafo lo sospechaba, la pri mera fra se de su cita sigue siendo ci e rta Yehudh ha-Lev fu e e l primer gran po et a de las tres lenguas de la Espaa de su tie mpo: rabe, hebreo y espaol mozrabe Vanse las notas en h Introduccin para hallar la bibliografa sobre el nu e vo de s c ubrimiento. El artculo de Dmaso Alonso trata de la jarcha de ha-Lev. En la obra de Seymour Resnick The ]ew as Portrayed in Early Spanish Literature ( tesis doctoral aceptada en New York Uni versity (1950) ), indita, figura un captulo entero dedicado al ep isodio de las arcas de arena. En su La realidad histrica de 233

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Espaa, Amrico Castro da ciertas curiosas no c ion es so bre el in c id e nte de Rache! y Vidas. Cree que el epi s odio demuestra el desprecio d e l guerrero castellano por el judo y todo cuanto le p erte n ece, en es t e caso, e l din e ro. R es ni c k se ala qu e en guna parte del poema se llama judo s a estos prestamistas Se enco ntrar una extravagante int e rp ~ c tacin de los cofres de are na e n El humor en e l eng ~ : o de la s arcas, en Huerta Po ticc. del Mio Cid, 112-18. 5 7 Sobre e l episodio de las arcas, vase la e di ci n popular d e Menndez Pida del Poema de Mio Cid ( Clsicos Castellar.os), pp. 33 37. 58 No t e ngo noti cia de que, aparte del cas t e ll ano y del c ata l n ha ya traducciones judas a otros dialectos. Lo s glosarios blicos en el seg undo de esos id iomas demuestran que se e n se aba la Biblia e n l. Han aparecido fragmentos de libro s d e oraciones e n espao l y se hace alusin a ellos en un caso visto ante la Inquisicin en 1480. De una car ta, de fecha 31 de di c i em br e de 19 36, dirigida al autor por el Profesor Alex a nd e r Marx, eru dito y bibliotecario d e l J ew i s h Theological Seminary of America. 59 Abrahams, ]ewish Lij e in the Middle Ages, 345. 60 cc Dixo ansi es t e t estigo qu e l tuvo a las manos un libro qu e se ll amaba Geturi (Sidur, libro de oraciones) el e ora c ion es, de judo s, en roman ce, en e l c ual libro cada dia bu e lta s a l a pared, clixo, este testigo que vido muchas veces r eza r a la s dichas don zellas, fi jas del dicho Ju a n de Lu cena ... apud S. Mitrani Sama r i an, n t ypograp h juif en E spagne avant 1482, R evue des d e s j uives, 54, p. 251. Vase tambin Fidel Fita, Fr agme nto s de u j 1 ritual hi spa no-h ebreo d e l sig lo x v, Bol et n de la Real Aca demia de la Historia XXXV I (1 900), 85-89 (fragmentos halla dos en El Cai ro) Nuestra t eo ra se ve confirmada ele modo r e v e lad o r por Menas seh B e n I srae l e n s u obra Orig e n d e los americanos : Esto es espe ranza de Isra e l. Prlogo d e Ign acio Bau e r (Madrid, CIAP, s .a.). T omamos al azar un pa sa j e en el que las citas bblica s es tn en u n espa ol medieval arcaico y cuya sintaxis est s cerc a del hebreo qu e d e l espao l : Si gue pues e l Propheta d izi en do : y alsar p e rd n a las gen tes y apaar los empuxados de Is rael, y los espa r zidos de ] ehu da, Congregar de las quatro partes de la tierra: donde se deb e n otar que a los i srae lita s llama ( nidahim ) em pu xados, y a los de J ehuda ( n e p hussim) esparzidos; y la razn dello es, porqu e lo s ( j sic!) Tribus habitan no so lam e nte muy lexos de la Tierra sancta, mas aun en qualqui e ra part e qu e estn, viven en la s ex t remidades y partes s re motas de aquellas co mar cas, pobla234

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das de gentiles; mas no se halla que habiten en la Europa: a;si que solamente los do s tribos estn derramados por todo el mun do, y desto que se inclu e n en Geuda: dize qu e los apaar de las quatro partes de la tierra, como sea que ya oy tienen syna gogas en la America. (p. 70; tambin Roth, A Lije o/ Menasseh Ben I srael). 6I a) ... La lengua hebrea, aun continuando este nombr e al dialecto caldeo y arameo, no fue jams lengua viva, a lo me nos desde el sig lo IX en las regiones de Occidente, donde los hebreos han acostumbrado a escribir hasta los tiempos d e su expulsin de la Pennsula ibrica, sus cartas familiares en el idioma dominante en el pas donde estaban domiciliado s, alte rado, en v erdad, no rara vez con la introduccin de algunos gi ros, palabras y frases de la lengua santa, que el r e zo y la s prcticas devotas mantentan vivas en su memoria. Francisco Fer nndez y Gonzlez, Tres manuscritos rabnicos del siglo xv Boletn de la Real Academia de la Historia, V (1884), 299-307 b) Sobre un monumento escrito en portugus y transcrito en caracteres hebreos, vase David S. Blondheim, Notes on a P or tuguese Work on Manuscript Illumination J ewish Quarterly R e view, XIX (1928-1929), 97-137, y XX (1929-1930), 89-90 y 283-84 Sobre el texto original, vase Livro de como se fazen as co res en Todd Memorial Volumes (Nueva York, Philological Stu dies, 1930), vol. I, pp. 73-83. c) Sobre una obra literaria en castellano, tambin escrita en caracteres hebreos, vase Gonzlez-Llubera, Coplas de Yor;e/: A Medieval Spanish Poem in Hebrew Characteres. 62 Francisco Fernnd e z y Gonzlez, Ordenamiento formado p or lo~ procuradores de las aljamas h e br eas, pertenecientes al terri torio de los Estados de C11stilla e n la A sa mblea cel e brada en Valladolid, Boletn de la Real Academia de la H istoria (188 5), 145-89 et seq. 63 Tomado del r es um e n de I s idore Loeb d e l citado est u dio trascendental en Re v ue des tudes juives (1886) 13, 188. 64 J. A. van Praag, R est os d e lo s id iomas hisp11nolusit a no s Boletn de la Academia Espaola, XVIII (1931), 177-201 passim 65 Muchos de los problemas que hemos sealado son objet o de un trato admirable en Jos Benoliel, Dial ecto jud eo-hispano marroqu o hakita Boletn de la Academia Espaola, XIII (1926), 206-33. Amrico Castro, cuyo nombre tanto aparece en estas notas, en su tan citada La realidad histrica de Espaa, muestra cm o 235

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au n el lengu aje de las Ca s tillas qu e d orgnicamente impreg nado de modo s rab es de expresin que, por supuesto, son aje n os al g e nio de la m o rfol oga roman ce Por ejemplo, en bu e n espao l d ec imos amaneci con un fuert e dolor de cabeza y n oc h ec i sintindose muy bien Amane ce r y ano c hec e r co n carc t e r p e r s onal es de d escende n c ia se mtica. En franc s o ita liano vulgar es im posi bl e e ncontrar e quival e n te d e estos v e r bos en se ntido per son al. Con sl t ese la obra de Ca st ro para m s eje mplos. 66 Comprese es ta estrofa con la sig uiente traduccin inglesa del Dr. Dav i d de Sola Pool y obs rv ese cmo se expande la con c isin de la traduc c in es paola y la sintaxis se m a ntiene fi e l a l g eni o de la lengua ingl esa : H e set the tim e by lo t Adar lll om e ned month o/ Moses death Eke Moses bir th month, he /orgot H is sch e me s birth pangs would ra ck him. Bo ok of Pra ye r; according (o the Custom of the Spanish and Portuguese ]ews (compila c in y traduccin d e David de Sola P oo l) (Nueva York, 5696-1929), 326. D ado qu e e l sefardismo, en s us numero s as ramificaciones, es el tema de este libro no est fu era d e lugar citar aqu l a partici pacin d e l autor en el canto d e es te maravillo so poema e n e l sbado qu e pr ecede a la ce l e bra ci n del Purim. D e la bruma de lo o ti empos ll e ga a s u memoria, como un d este llo, s u propia imag e n ataviado con una vistosa tnica, en babu c has y tocado d e un fez turco. La s inagoga a qu e a s i s ta mi padre se hallaba en e l seg undo piso d e un edificio hundido en la part e tras e ra d e un pati o. El rabino que nos enseaba hebreo so la escoger un grupo de nios de nu e ve a tr ece a os y pa s aba s e manas enteras preparndonos para la ocasin, h acindonos cantar el poema en s u texto h e br e o y su versin castellana Tras ciertas fras e s d e l servicio d e l sabat se acompa a ba a los nios al te v ah y en m e dio d e l s ilencio y at e ncin de la congregacin, narraban e n for ma de bella cantilena, c on int e n s idad toledana, la s historias de Est e r, de Mord ec ai d e l villano Haman y del r ey de P ers ia. A mi mente solo llegan fragm e ntos de es te poema cargado de la fragancia de l os ms tiernos se ntimi entos de una infancia a orillas del Helesponto. 67 Par: Faran; Ayipto: Egipto; Adonay: el Seor; anda: n; sujeptos: suj e tos; afilu: aunque. 68 Vase El ca n cionero de Juan Alfonso de Ba ena (siglo xv) (Madrid, 1851), 133-34. Cedaqu es una forma engaosa de es 236

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cribir una palabra qu e se pronuncia s ed ac y qu e s ignif ica ca ridad p ie dad P e rfecto ejemplo de un poema rebosante d e pa labras hebr e as es el n. 0 501 de la c itada obra. Cf. nota a este poema en la pgina 697 del Cancionero. Jos Benoliel, op. cit., 207-209 da un poema del mismo g ne ro que este, en portugus de Luis Anrriques Una mu es tra magnfica del u so de palabra s hebr eas en un po e ma espaol la hallamo s e n la supuesta respuesta de los ra bin os al po e ta marrano Pero F e rrus c uando este se qu e ja de los ru i dos que le despiertan en la parte de retiro de la si nagog a d e Alcal d e Henares. Entre otras cosas, dic e n los rabinos : El pueblo e lo s hasanes que nos aqu ayuntamos con todo s nue s tro s afanes e n e l Dio siempre es p e ramo s con mu y bu e na d ev ocin que nos llev e a rr e misin por qu e seguros bivamos (Cancionero de Ba e na p 334 ). hasanes: c hantres. D i o: forma judeoespaola de Dio s. 69 El jud eoes paol qu e hablan los sefardes de los pases m e dit e r n eos ha sido objeto d e minu c i os o es tudio por parte d e eruditos como M. L. Wagn e r, Max A. Luria, Jo s Benoliel y C. M. Crews; e n sus respectivas obras se hallar abundant e bi bliografa sobre el tema: V as e Bibliografa, seccin IV 70 El contraste entre Constantinopla y Salnica en e l siglo XVI se pon e de manifi es to en el siguiente relato, del que es autor el s s abio rabino de Salnica Rab Moysn Almosnino fue enco m e ndado, e n unin de otro s delegados, de obt ene r d e l Gobi erno turco en Constantinopla una pat e nte para qu e se garantizase a los judos de Salnica el d e recho a permanecer en la ciudad y a ser protegidos. En su original la obra estaba escrita e n carac t e r es rash y fue transcrita en caracteres latinos en el siglo XVII: Andando, navegando en el golfo del mar de los trabajos que pad ece n los que se o c upan, en negocios e n esta nobilsima ciudad de Constant;nopla, corte del gran Seor, donde resido por mis pecados y adversa fortuna, que todo se junt para tirar contra m sus pon<;oosas saetas, sacndome de mi conti nuo estudio, y estable contemplacin estando al pr ese nt e de n che y de da en continuo movimiento, con el zelo y amor qu e se requiere para efectuar el intento des e ado en b e n e ficio de nuestra Repblica de Salonique, como tal comisario, intentando lo s medios conveniente s para adquirir el fin d e semejantes n gocios, me fue fu e rza comunicarle con diferen te s personas, d e 237

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latndose por ordinacin divina con re m1 s 10n de un da para otro, y harto que senta en mi haber salido de una extremada quietud, tranquilidad, y jixo estado de delectable estudio, y dul ce co ntemplacin a servicio de Dios y beneficio de su sacra es critur a (Alivio para passar es a vida, que maana a ca ba, para alcanzar la verdadera, permanente y perdurable). (Prlogo del autor en Extremos y grandezas de Constantinopla, compuesto por Rabi Moysen Almo s nino. H e br eo Tradu ci do por Jacob Cansino . Madrid, 16 38). Tradu c ido s ignifica aqu t ta n sc rito. Mosh Almosnino, d e origen aragons por parte de padre, fue uno de los grand es rabinos y e rudito s d e l siglo XVI e n Sa lnica. Va se Emmanuel, H i stoir e des lsraelit es de Salonique, 17 6 -84. 71 Nehama, Histoire des lsra li t es de Saloniqu e, II 26-27. 72 Blon de Mars, Les observations de plusieurs singularitez e t choses memorables, Trou ves en Cre ce, Asie, }u dee Egypte, Ara bie, et autres pa ys estrangeres, r e diges e n trois l iv res, Libro III, c XIV. 73 I delso hn, Gesan ge der Ori entalische n S ephardim, 1-9 Sobre las Res pon sa de Medina del Campo: Samuel B. de Medina ... Responsa 4 . prta., segn lo s arreglos de J a co b B. A s h e r Turim (Salnica, 1797-1798). Samuel de Medina naci en Salnica e n 1 506.. D es de jov en se distingui e n e l estudio del Talmud y a la edad de 25 era ya r11b ino. D e s u familia, nada ms que p ena Perdi a todos lo s s uyos ... F u nd en Salnica una esc u e la cuya fama pronto c undi Alu nos suyos ll e garon a se r rabinos l ebres qu e llevaron el nom bre dC' s u maestro mucho ms a ll d e la s fronteras d e Salnica. Cono cemos su mtodo docente: enca rgaba a s u s alumno s qu e com e tas e n las obras fundam e ntal es y l diriga la s e xplica c ion es. Uno d, lo s manuscritos s u yos que se conservan e n la Biblioteca Bod leyana nos da una id e a de s u mtodo: R e parta entre sus discpulos los capt ulo s d e un tratado del T a lmud y ellos ten n que dar su interpretacin por escr ito. Por su parte, l daba la s u ya y des pus se d isc ut a e l comenta ri o de cada uno en pr ese n c ia d e todo s l os discp ul os. Por esle m edi o, poda formarse una id ea de las c ualidades y de las fal tas de s u s alumnos, y aprobarlas o repro barlas. [ No es este un magnfi c o s i s t ema de seminario univer s itario?] En todos lo s pu es tos que d ese mpe dio mu est ra s de n tables c ualidad es moral es ... (Emmanuel, op. cit., c. V ) 74 Ne hama, op. cit c. II, 30-41. Aunqu e mucho no s pla ce este en ar dec ido pa sa j e, debe mo s se alar la impres1on errn ea que ca sa. Como es lgi co Ne ha ma se deja ll ev ar del ent u s iasmo ante 238

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las r e alizaciones de la c ultura lai ca d e lo s marrano s y sin da rse c u e nta, atribuye s u cu ltura renac e ntista al judo m e dieval. Lo s marranos era n hi dalgos, c ultivaban un castellano puro y eran de gran c ultura, lo cua l, por d es gracia, no puede decirse de todos sus s humildes h e rmanos qu e no ll e garon a gozar d e lo s co n tactos co n la corte, la Igl es ia y l a universidad. En g e neral Nehama est e n lo cierto : e l castellano triunf a p es ar d e no ser el cas t e llano templado e n l os fuegos de Garcila s o, Fray Lui s d e Len, Cervantes y Lop e 7 5 a) Vase en la En ciclo p e dia Judai ca so bre la tradu cci n del Amads al hebreo. b) En la prim e ra parte d e l siglo XVI, Jo se f Safarti traduj o La Cel esti na al hebreo. Cf Umberto Cassuto, La pri mera comedia h e br e a (en h ebreo), e n K.ohu t Memorial Volu1:i e, 1 2 1-1 28. e) Abrah am, hijo d e J o se ph R e ub e n nacido en Monastir, hoy Bitola (Yugos la via), tradujo al gunos pro verbios espa le s al h e br eo. Cf. Emmanu e l, op. cit ., 1 94. 76 Don Y ehuda Abravanel compuso la Philo graphia e D ialogas de Amor de Lean H e br eo, e n que mostr est r emacla sabidu ra; es obra tan e l evada, qu e habindola l comp u esto e n l engua Latina ( si.e), se halla oy traducida en qua si todas l as pr 1 cipales enguas d ,: la Europa; ... imita perfectamente Platn, y siempre qu e pue d e lo concilia con su di sc pulo Ari st tel es; y dizen por l !.J que por nue s tro Filn : 'aut Plato philonizat, aut Phil o platonizat' (Aboab, op. cit., 3 03.) En 19 37 todo e l mun do judo conmemor e l quinto cent e nario d e l n acimie nto de I saac Ab rabane l, ocasin e n que se publicaron mu chos y mu y valio sos artculos.) n B lon, op. cit., l. XII, c. XIV. Los judos, qu e han sido expu l sados d e Espa a y de Portugal, han fomentado tanto s u juda s mo en Turqua, qu e casi h an tra ducido toda s u e rte de libro s a un idiom a h ebra i co, y a hora han impre s o obras e n Constantinopla, si n pun tos Tambi n impr i m e n en esp aol italiano latn griego y ale mn, m as nada imprim e n e n t ur co ni e n rabe, pu es l es est pro hibido. 78 Aboab, op cit., 304 . 7 9 Id e l s ohn, op. ci t ., ?. 8 0 Earl J efferson Hamilton, Ameri ca n Tr easu r e and the Pr ice R evolu tion in Spain, 1 50 1-16 50 (Cambridg e Ma ss 19 34) 81 Los min eros de Sid e r scapsa rinden una mu y grande s um a ele oro y d e plat a a l emperador d e lo s tur cos; pues l o qu e e l gran 239

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Turco 1 c ibe de e llos cada m e s, sin conta r con lo que ganan los obreros, asciende a la suma d e dieciocho mil ducados por m es, a v e ces tr e inta mil a v eces s, a ver.es, m e no s Blon, op cit., L I 45. 82 Blon, op. cit 46. 83 i enen la cost umbre de trabajar toda la semana comenzando e l lunes y terminando el viernes por la t-arde, de modo que los judos no hacen nada el sb ado /bid. 8 4 The Na v igatio n s P e regrinations and Voyages made into Tur key b y Nicholas Nicholay Daulphinois, Lord o/ Arfeurle, Cham b e rla i n and Geographer in Ordinary to the King o/ France; con taining sundry singularities which the author hath there seen and observe d ... t radu cido del francs por T. Wa s hington el joven ... incluido en A Collection o/ Voyages and Tra ve ls .. Compiled from the cu riou s and va luable Library o/ the late Earl of Oxford (Lon dres, 17 45), est u c he IV, ca ptulo XVI. Existen muchas ediciones en francs del original publicadas en varias ciudades. 85 Por toda Turqua tomaron lo s H e br e os salidos de Espaa, la s R e n tas R ea le s d e las E sc ola s, y comerc io s co n que se enri quecie ron mucho; y lo mi s mo en Africa, d e mu c ho s contratos, y negocios importantes. Aboab op cit. 3 06 86 l mejor dotado de todos era s in duda este ]oao Rodrigu es de Caste l-Branca (1 5 10-1568), llamado Amatus o Habib Lusita nu s, que ense aba anatoma no slo a lo s m dicos sino tambi n a lo s pintores y escultores de la Italia del pleno Renacimiento. E! fue e l prim e ro en explicar la fun cin d e la s vlvulas venosa s, en sos p ech ar la circulacin d e la sa ngre, en introducir la dila tacin de la ur e tra con bujas m et lica s, y en practicar una re s ecci n d e l os c ostados en casos d e pleuresfa purulenta, mtodos todos : e ll os que la c iruga s igu e empleando en nuestros da s. Fu e mdico en Portugal, Blgica, Italia, Ragusa (Duvrovnik) y nica, donde muri vctima del deber, y di se min la ciencia m dica po r doquier que pasara ... E ste l e bre m dico haba cursado estudios e n la Universidad d e S a laman ca. Sus cenizas r e po san en e l viejo ce m e nterio judo de Salnica. (Mzan, De Gabirol a Abra va n e l, 144-45 .) Amatus Lusitanus es un p erso naj e d e e xtraordinaria importan cia q u e e xig e s informa c in y evaluacin que, por d es gracia, no podemos dar aqu. Ti e ne una gran importancia para la historia de la m ed i c ina en Europa y e n Espaa, y como ejemplo d e l ma rrano c tima de la ansi e dad Como mdico, fue un maravilloso producto de lo que apr e nd i en Salamanca: 240

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En sus Siglos en latn, que llegan a los siete volmenes, en cada uno de los cuales se ocupa de un centenar de casos de medicina, elabora sobre el historial y tratamiento de cada uno de los casos. Al final de su Sexto siglo presenta el juramento del mdico. Es harto elocuente: ,,Juro por el Dios Eterno y por sus diez santsimos mandamien tos, que fueron dados en el Monte Sina por mediacin de Moi ss el legislador despus de que el pueblo fue liberado de la servidumbre de Egipto, que nunca hice nada en estos mis trata mientos salvo lo que la fe respetada ha reservado a la poste ridad; que nunca fing nada, agregu nada, ni cambi nada con fines de lucro; que siempre he perseguido esto, a saber, que nunca halagu a nadie ni censur a nadie con el solo fin de satisfacer mis pasiones, a menos que el deseo de la verdad me lo exigiera ... ,,En cuanto a la altura de pos1c10n, nunca me ha preocupado y el mismo trato he dado al pobre que al nacido en preemi nencia ... En mis mtodos de estudio, tanto me he esforzado por que, por difcil que fuere, nada me distrajera de la lectura de los buenos autores, ni la prdida de fortuna privada, ni la frecuen cia de los viajes, ni siquiera el exilio, que cual corresponde a un filsofo, he soportado con calma y invencible valor. Y los mu chos estudiantes que he tenido hasta este da siempre los trat como hijos, y les he enseado con toda franqueza, y les he ins tado a que traten de comportarse como hombres de bien. ,,He publicado mis libros sobre cuestiones mdicas sin fin de lucro: sino que slo he tenido presente unas cosas, a saber, que en cierta medida poda yo contribuir a la salud de la hu manidad ... "Dado en Thessalonica, en el ao 5319 de la creacin del mundo (1559),,, Amatus Lusitanus nac10 en Portugal y se educ en Salaman ca Vivi en muchos pases de Europa y muri en Salnica. Tan to la Iberia integral como el Israel Sefard pueden enorgullecer se de este hombre de ciencia, tan honesto, estoico y humanitario. Sobre el Juramento de Amatus, vase Marcus, The ]ew in the Medieval World, 316-19. Amatus Lusitanus y La Celestina Desde antiguo se supuso personaje real a la famosa hechi cera y se enlaz su recuerdo con tradiciones locales de Salaman ca, donde suponan muchos que pasaba la accin del drama. Ya se consigna esta especie en uno de los escritos mdicos del famoso Ama.to Lusitano (Juan Rodrguez de Castelobranco), que termin sus estudios en aquella Universidad el ao 1529. Habla en su comentario a Dioscrides de una fbri~a de cola animal 241 BENARDETE.-16

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que haba en Salamanca, junto al puente d e l Torm es y no lejos d~ la casa de Celestina, mujer famosa de quien se hace m e n ci n en la Comedia de Calisto y Melibea: non procui a dom.o Celes tinae muliereis /amosissimae et de quale agitur i n Comoedia Ca luti et Melibeae. (M. Menndez y Pelayo, Or ge n es de la no vela t. IIJ, p. XXXIX.) 8 7 Has camh: voz hebrea qu e s ignifi ca audiencia, aprobacin; p lural has camot. En la pronunciacin seiar d d e palabras t er minadas en tau, del h ebreo, se tiende a dar a la t el so nido e qui valente de la fricativa d, como la d intervoclida en la palabra nada. Nombre dado por la s com unid ades judas esp aola s y portu guesas a la s l eyes qu e rigen s u administracin interna. Estas leyes, aprobadas y aceptadas co n carcter obligatorio por los miembros de la co munidad llamados e n general ye hidim se amo ldaban en su gran mayora a modelos antiguos. Hasta c ierto punto, son la s up ervive n cia de la antigua administracin int erna de las aljamas de Espaa y Portugal. Escritas originalmente en espaol, se tradujeron a lo s idiomas de lo s pases donde resi dan ahora l as comunidades. Las hascamot redactadas e n la s comunidades inglesas de 1664 se trad uj eron al ingls del por tugus e n 1891. Corresponde en cierto modo a la s tekanot de la s co munidades askenases, aunque stas son de alcance ms limi tado y parecen ms bien decisiones tomadas en consejo sobre cie nos asuntos de inters com unal. ( ] ewish Encyclopedia). Sobre la funcin de la s tekanot en la Edad Media, vase Abra hams, op. cit., passim. Sobre e l funcionamiento int erno d e l a hascamotocracia de Sa l nica, vase Emmanuel, op. cit. Poseemos ya dos importantes obras sobre la estructura y sig nificacin de la vida com unal juda en ge n era l y de lo s tipos de unidades comuna l es sefardes en Espaa: l. Baron, Th e ] ewis h Community. (El tomo JI co nti ene una bibliografa c rtica). 2. Neuman, Th e ] ews in Spain. 88 Para un estudio documentado de la industria textil y tin torera de Salnica, vase Emma nu e l Histoire de l'industrie des tissus des 1 sralites de Salonique. Esta monografa ha sido ya includa en su Hist oire des l sralites de Salonique. 89 Que ningn obrero de ropa de Sa loniqu e, perchero, ni /un didor, presador batanero pueda emprestar dinero al patrn d ropa, fragmento de una hascamah escrita e n espaol aljamiado reproducido en Abraham Danon, La comm unaut juive de Sa lonique au xvre siecle, Revue des tudes Jui ves, vol. 41, p. 255. 90 N eh ama, op. cit., t. IV p. 45. 242

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91 En 1554 celebraron un nodo la s com unidad es de Roma, Ferrara, Mantua, Romagna, R egg io, Mdena y Venecia. Enlre los decretos expedidos figura e l sig ui e nt e: Por cuanto ha y quienes infringen la tekanah del Rab Ger s hon por la qu e se prohbe a un judo d esa huciar a otro judo de una cas a alquilada a un c a se ro c ri s tiano y por c uan to h,. habido infractore s qu e c; uando e l casero vende s u casa s u quilino judo ha, perdido su jazakah (opcin a tenencia), nos por la pr ese nte decretamos que aunque e l propi e tario cristiano venda s u casa, no se alterar por ello e l der ec ho del inquilino judo a retener po sesi n ... (Abrahams, op. ci t. 70-71.) 9 2 La co ndicin ese ncial qu e garantiza la jazakah local se funda e n el perfecto es pritu d e so lidaridad y di sc iplin a soci al, y en e l concepto d e int e s co mn qu e r e ba sa lo s int ereses egos t as del individuo. Lejos d e pretender exp lotar al g e ntil, tiene por finalidad impon er un obstculo a la ex plota c in d e l inmi grante por e l propietario tur co Por otra parte, impide la com petencia qu e amenaza co n privar al inquilino a expe n sas d e lo s turcos, qu e eran lo s nico s propietarios de la s viviendas y de l as tienda s (Nehama, op. cit., t. II, pp. 86-87.) 93 Lase la tradu cc in fran cesa d e una ha sca mah por la qu e sP. restringe la exp lotacin de l os gneros de lana en Salnica, y obsrvese la formidabl e movili zac in d e todos lo s poderes di v inos co n el fin de castigar a qui enes osaban desobedecer las ordenanzas rabnicas, en Emmanu e l, Hi sto ire de l'industrie .. 32-35 94 Sobre Jo sep h Nassi, v ase Abraham Galante, D on Joseph Nassi, Duc de Naxos, d'apr es d es nouveaux do c ument s (confe r enc ia pronunciada e n la Sociedad B e ni-Berith de Constantinopla e l bado, 15 de febr ero d e 191 3); Ja co b R ez ni c k (J ha-Ro si n) Le Du c ]o se ph de Naxos (Contribution a l'histoire ]u ive du XVI siecle). 95 Ali ce F e rnand-Halphen, n e Grande Dame Juiv e d e la Re naissenoe, Re v u e de Pars (septiembre 19 29), 148-6 5. La Sala de M e dalla s de la Bibliot eca Nacional posee un mag nfico medalln e n bron ce qu e r eprese nta a Doa Gracia Nasi ... medalln d e l R e nacimi e nto italiano en e l que se reprodu ce el re trato d e una gran dama d e la poca y qu e lleva en el exergo su nombr e escrito en ca ract e re s h e brai cos; tien e de qu despertar la c urio s idad de lo s afi c ionado s. (Fernand-Halphen, op cit., p. 165.) 96 Sobre lo s Amn va,se Henri Gro ss, La famille J uiv e des Hamon, nevue des tudes Juives 56 (1908), pp. 1-26. 243

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9 i Cristbal de Villaln, Viaje de Turqua, Edicin y prlogo de Antonio G. Solalinde (Buenos Aires, Espasa-Calpe Argenti na, 194), Col. Austral, n. 0 24, pp. 272-73. En Salonique plant nuestra gente el famoso Talmud Torah, adonde estn l eyendo ms de cinco mil discpulos, con tener los Preceptores cmodos salarios; y los discpulos pobres su ves tido, calzado y mantenimiento necesario; ultra muchas Yesibot excelentsimas que hay; y treinta y se i s Escuelas Generales, en que de continuo se est loando el nofubre del Seor. ... podemos dezir, que la excelente Academia de Toledo se tnnsport en las ciudades de Fez, Salonique y Saphet. En esta florecieron eminentes sabios, particularmente en la sanct1;1 Cabala. (Aboab, op. cit., 307 ) Todo estudiante de la literatura espao la ha aceptado como cierto que el autor verdadero del Viaje de Turqua fue Crist bal de Villaln; sin embargo, hoy conocemos ya la verdad, gra cias a la brillante labor investigadora de Marce! Bataillon, quien ha descubierto que el autor fue el doctor Andrs de Laguna. Nos encontramos en mucho mejor posicin para situar al autor del Viaje de Turqua. Y es que si negamos su paternidad a Cristbal de Villaln, nos resulta fcil saber a quin atribur sela. Se trata an de una obra que ha estado dormida sin ver la luz a la sombra de algunas bibliotecas hasta el albor de nues tro siglo. Pero es una obra tan sabrosamente espaola a la que no iguala el Crotalon, una obra que por su agilidad de dilogo, el ingenio de su ficcin, la amplitud de espritu y la experiencia del mundo de que da muestra, es sin duda alguna la obra maes tra de la literatura a la vez seria y divertida que Espaa debe a sus humanistas erasmianos ... Desde que comenzamos a estudiar el problema, estuvo bien claro para nosotros que el Viaje de Turqua se deba a otra pluma, a otra esencia. Del libro se desprenda que el autor era un humanista, un helenista, pero tambin un hombre que se ha instruido tanto en la vida como en las bibliotecas, y dotado de un excepcional sentido del humor. Las investigaciones paralelas sobre el Viaje y la vida y obra del doctor Laguna nos llevaron pronto a la conclusin de que el libro no era una narracin autobiogrfica, sino una novela de viaje en la que se funden con todo ingenio una slida informacin sacada de libros y los recuerdos de una vida rica en experiencia, y que el autor de la novela era un mdico, un buen mdico, el doctor Laguna. ( Marce! Ba.taillon, Erasme et l' Espagne ( Pars, Librairie E. Droz, 1937), pp. 712-35.) Documentacin complementaria sobre la familia Mndez en Turqua Si el Viaje de Turqua se trata realmente de una obra de la 244

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imaginacrnn, el fragmento citado sera mucho m e no s convin cente. Lo curioso es que el relato de la lJegada triunfal d e la fam il ia Mndez est corroborado por los apuntes del diario d e un alemn qu e a la sazn se hllaba en Constantinopla. Ha n s Dernscbivam era un agente de lo s pod erosos banqu e ros Fuggers, la e mpre sa comercial int e rna c ional s rica de la Euro pa del siglo XVI. Entre 1553 y 1555 viaj por su cuenta por los Balcanes, la Turqua e urop ea y e l A si a Menor y fu e anotando tod o c uanto l e i nt e r esa ba. En 1 553 vino de V e n ecia a Con s tantinopla una anciana por tugu esa ( Gracia Mend es ia Na s i) con s u hija y s u s sirvientes ... Los jud os est n muy orgullosos d e e lla; tien e mu c h os cr i ados y doncellas, ent r e e ll as do s d e lo s Pases Bajo s. Se dice qu e ha sid o m a rrana y qu e aqu se ha vu e lto a ha ce r juda. No vive e ntre los judo s de Con s tantinopla s ino e n Galata e n una r esi dencia c on judn, por la cual se di ce que paga un du cado diario de alquiler. (Marcus, op ci t pp. 411-17.)" 98 Sobr e e l movimi e nto antimaimnico en E spa cons lte se S ara c h e k, Faith and R easo n. 99 El m e jor libro qu e, a nu estr o JUI CJO, h ac e resaltar e l ca c ter sefard d e l Zohar es Ari e l B e nsion El Zoha r e n la Es p aa musulmana y cristiana (Un es tudio d e l Zohar, la B ib l ia d e l mi s tici s mo judaico y d e l ambiente espao l e n qu e h a sido reve lado) (Madrid, C.I.A.P., 1934), que es traduc c in del original in gls qu e ll e va por ttulo The Zohar in Moslem and Ch r istia n Spain (Londres, 1932). En e l prlogo de l a edici n espao l a, Migue l de Unamuno deca lo siguie nt e: Re p asa ndo e l Zohar no s preguntamos s i es que no viene s u inspiraci n de la tierra y del cie lo mismo espao l es, del pramo le o ns y castella no d e l as sie rra s y de l os esteros anda lu ces y l eva ntinos. Hay e n l luz de m ese ta hi s pni c a y de riberas m e diterr n eas tambin hispnicas El co nt enido, la materia d e s u s ideas-o e n sueos-t i ene muy poco o nada original, como no l o tiene el de San t a T eresa, Sa n Ju an de la Cruz, Lulio y los ticos musulmanes. La originalidad est donde s i empre est e lla : en l a expa n sin, en la expresi n en el tono, tenor y a c ento, en e l es tilo ntimo entraado, no e n la razn ra tio, de reri, hablar co n e l lo gos, s ino e n e l espritu en el rnah, en e l sop l o so n oro qu e es sustanc i a de la palabra, y todo nos h ace cr ee r qu e aun que e l Rabino Moiss d e Le n lo escri bi er a en ara m eo l o s 'n t i ms bi e n e n romance espaol... (p. 12.) Se hallar un minucioso anlisis d e l mi s ti cismo jud o y del Zohar e n Scholem, Majar Tr ends in ]ew is h Mysticism, b asado e n las HiJda Str e ah Le ct ur es dictadas en e l Jewi s h In st itu : e o f Religion de Nueva York Vanse la s confere n c ia s quinta: The 245

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Zohar : Th e Book and its Author; y sexta: The Zohar : Th e Th e s op h i c Do ct r i ne of th e Zohar. 1 00 So br e la vida obra s, s ti c a y juri s prudencia de Joseph Caro v a s e Schechter, Saphed in the Sixteenth Century: a Ci ty of l e gi s t s and M y stics e n Studies in Judaism ( se gunda se ri e) p p. 2 02-8 5 Se trata de un e n s ayo ya cl s i c o. Ca ro e rudito se fard que vivi en e l Jmp e rio Otomano des pu s d e s u e xpul s in d e Espaa y muri e n la comunidad s ti c a de Safed e n Pal es tina fu e una d e las mximas autoridad es r a bni cas el e s u g e n e ra c in En s u s da s la unidad r e ligio s a ju dai ca, se vi o am e nazada por opinion e s di s par es y antagni c a s e n c u es ti o n es d e ob se rvan c ia, y no e s improbabl e que, por m e di o d e s u s do s prin c ipale s obra s jurdic a s c onfiara en c r e ar una unidad e n la pr c t ic a mundial d e l juda s mo.. qu e apr es u ra ra l a v e nid a d e l M es s (Mar c u s, op. c it pp. 200.) 1 0 1 Be n s ion op. cit., 3 0 3 10 2 Id e l s ohn op. ci t. 8. 1 03 H e nr y W B e llo ws, Th e O l d World in i ts N ew Fa ce, l mpr essi on s of Europ e in 1 867 -186 8, t. U 341-34 2 1 04 B e n s ion, op. c it 3 0 4 3 0 5 10 s S c h ec ht e r, op c it ., 2 29 10 6 C it a do por S c h ec ht e r op. c it ., p. 206. 10 7 J a c ob Cana a ni La s itu ac in e conmi c a de Safed y e l c am p o c ir c und a n te e n e l s iglo X VI y prim e ra mitad d e l X V II Z io n ( en h eb r e o ), 6 (19 3 4 ), J e ru sa l n (T e n go un a d e uda d e grati tud c on e l se or D Slomin s k y, a ntiguo alumno mo, ho y pro fe so r el e h e br e o.) 10 a E s ta an cdot a, es t mu y bi e n narrada e n S c h ec ht e r, op. ci t., 2 73 75 109 Sc h ec h te r op ci t. uo Sobr e algun as de l as m e lodas c on qu e se canta Leja Dod i v a se Id e l s hon, op. c i t. En la pgina 9 hallamo s e s ta apr ec iaci n po ti c a d e l himno: o ha habido h ast a a h o ra un po e ma qu e ha y a lograd o g oz ar tal difu s in y t a n amplia popularidad como es t e E s la e xpr e sin d e lo s s hondo s se ntimi e nto s d e l pueblo judo d e s u s c r ee n c ia s y d e s u s es p e r a nza s En s u idioma se si e nten los tono s d e Pal es tina y s u e s pritu e s t e mb e bido por las fresca s bri s a s de 24 6

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las montaas de Galilea, y lleno del arrullo de las aguas deshe ladas que reflejan el azul del cielo de una maana de prima vera palestina. El Leja Dodi es una contribucin tan grandiosa del judasmo sefard, que no podemos resistir la tentacin de transcribir otra apreciacin del poema: Para l (Schlomo ha -Lev Alcabez), e l sabat era una viva realidad a l a que se debe esperar cada seis das con el ansia jubilosa e impaciente amor con que e l desposado espera a su desposada ... El Isniel catlico que con tanta fidelidad ama a BU novia Sabat y con tanta ansia espera la llegada del da de la redencin final, no tard en honrar el poema de Alcabez, asig nndole un lugar prominente en todos sus ritos; y hoy, cuan do llega la vspera de Sabat, cuando la reina Shabat acoge a I s rael en la intimidad de la tienda de Jacob, en todo el mundo se e ntona el Leja Dodi ... (Schechter, op. cit p. 228). Heinrich Reine supo captar el espritu y trascendencia del himno en su poema Prinzessin Sabbat (Gesammlte Werke, B e ln, 1887, t. II, p. 383). El preparador de esta edicin da una traduccin alemana del Leja Docli. Alice Lucas es la autora de la versin inglesa que apareci en The J ewish Year (Londres, 1898), pp. 167 et seq.: Come loved Isra e l, greet thy bride, W elcome the coming o/ the Sabbath tide Keep' and 'Remember the Sabbath Day God said on Sinai in single phrase, He who alone is supreme is sway, Enclless in glory and mankind's praise, Come now, come, welcome the Sabbath res t ... La versin completa ele l a traduccin del rab David de Sola Pool figura en el Book o/ Prayer (Nueva York, 1936), 134-36 111 Idelsohn, op. cit 10-13, contiene un conmovedor anlisis de la obra de N agera, ilustrado con muestras de su poesa. 112 Cf. Nehama, op. cit., t. II, c. XIII (Haggounoth et Yeb bamoth). 113 Sobre Salomn Molho y su influencia sobre hombres como J oseph Caro, vase el ensayo de Schechter sobre Safed. 114 Sobre la importancia del boicot de Ancona, vase Nehama, op cit., t. IV, y Emmanuel, Histoire des israelites de Salonique, 164, et seq. ns Los mercaderes judos tienen esa astucia que cuando vie n e n a Italia llev a n voluntariamente e l turbante blanco, s igno por el 247

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c ual se les cree turco s ; pues se toma la palabra de un turco mejor que la de un judo. (Blon, op. cit, libro III, c. XIV ) 116 Mono logia, p. 309. 117 Aun a mediados del siglo XVII, los rumores que sobre Sabbatai Zev, el pret e ndi e nte turco qu e enardeci a todo el Levante, ll e garon a la Pennsula bastaron para atraer cierto mero de seguidores. Se mont una guardia es p ec ial en todos los p u ertos d e mar para deten er a cuantos se disponan a unirse a l; y se castig con rigor a un mulero de Tol e do por guiar a fu era del pas clandestinamente a jud a izantes sospechosos qu e sa lan co n esa inten c in. (Ro t h, op. cit., 172.) . aquel ao fatdi co de 1666 se abati sobre el mundo ma rrano una ola de entusiasmo, en el que el impostor hall sus ms acrrimos seguidores (esto es, en Amst e rdam). Como se ha visto, en la Penn s ula se ob ser v una tentativa gen e ral de huda e n s u bus ca. Un s ico marrano qu e se fug al L e vante y fue uno de los primeros en jurarl e lealta,d al Pretendiente, recibi co mo r ec ompen sa la corona de Portugal, s u tierra natal. /bid., 250.) 118 l deseo d e p er man ece r en la ortodoxia, d e manten e r una especie de cato licidad e ntre ellos y los sefardes de todos los pases, y e l pr es tigio de c uanto s ll e gaban, ya fuera de la Ti rra Santa, ya fu e ra d e Am s t e rdam (donde se imprima la ma y or parte de lo s libro s de oraciones e n es paol y en hebreo), impe d an a esos negociantes, banqu e ro s armador es ai s lar s e en su pros per idad. Escuchaban pacientemente y r eca baban e l c on se jo de los sa bi os, de lo s hah a m im, lo in scr iban e n a c ta s de delibera cio n es, c uando lo s qu e daba,n e l co n se jo no l o ha ca n e llo s mi mos e n una d e la s do s lenguas maternas: el hebreo y el espaol. De ese modo se sometan a un a v igilancia, a una gua moral a una inq ui s i c in qu e l e aseguraba la pur e za de sus costumbres y l a confo rmid ad de prcticas c on la L ey. ( G Cirot, Recher ches su r l es J uif s espag nol s et portuguais a Bor dea ux Bulle tin Hispanique, 9 (1907), pp. 273-74). 119 Con frecuencia sola recibirse la visita de alg n m e n sa, j ero, o salliah, de J e ru sa l n, Hebrn, Safed o Tib e ria s e ncargado de hacer una co l ecta por Eu ro pa. Solan ser rabinos que ha ca n preceder s u nombr e del ttulo de haham y gozaban d e gran pres tigio. La riqu eza y generosidad de la co munidad d e Burd eos les atraan a veces co n excesiva frecuencia .. ( /bid. p. 290.) En 177 3 ll ega ron a Burd eos dos rabinos proc e dent es de Jeru sal n La organizacin co munal co no c ida con e l nombre de Se da,c decidi contribuir a la s agrada causa de la judera sefar d. Las actas sobre es t e punto dicen lo s igui e nt e: 248

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Tras haber verificado la autenticidad de carcter de dichos delegados as como las eminentes virtudes de que nos parecan dotados, nos hemos esforzado en esta oportunidad por darles prueba. de nuestro pesar por sus cuitas y de nuestra generosi dad, deliberando por unanimidad que nuestro sndico pagar la suma de mil quinientas libras, que asignamos a Jerusaln, amn de doscientas libras para sufraga.r los gastos y subsisten cia de viaje de los delegados desde su llegada hasta su partida, con la condicin expresa de que nada pedirn a ningn particu lar de la nacin bajo ningn pretexto y de que la presente de liberacin sea transcrita al registro de que son portadores, el cua.l nos ser presentado cada vez que nos enven delegados, lo cual no debe ocurrir antes de que transcurran diez aos, so pena de no atender a quienes lleguen antes de tiempo. Apud Cirot, op. cit., p. 291.) La judera de Esmirna recibi de Burdeos mil libras en 1775 para a.yudar a las vctimas del incendio. En otra ocasin los sefardes de Bosnia recibieron doscientas libras de la misma pro cedencia. 1 20 David de Sola Pool, Early Relations between Palestine and American Jewry, The Brandeis Avukah Annual o/ 1932 (Bos lon, 1932), pp. 536-48. 121 Citado por el doctor de Sola Pool en el ensayo citado supra. 122 Sobre Carigal, vase The Literary Diary o/ Ezra Styles ( Pre sident o/ Yale College), (compilado por Franklin B. Dexter) (Nueva York, 1901), t. I, pp. 362-63, 357-58, 360-61, 386-89, 398-400; semblanza de Carigal, t. III, p. 94. Sobre otros relatos de shellehim o mensajeros vase Guts tein, The Story o/ the Jews o/ Newport. Lee M. Friedman, Rabbi H. Isaac Cariga/,. His Newport Ser mon and his Yale Portrait. (A Sermon / preached at the Synagogue, in Newport, Rhode Island, called The Salvation o/ Israel. On the day of the Pen tecost, or Feast of Weeks, the sixth day of the month Sivan. The Y ear of the Creation, 5533: or May 28, 1773, Being the anniversary of giving the Law at Mount Sinai. By the venerable Hocham, the learned Rabbi Hairn Isaac Karigal, of the city of Hebro, near Jerusalem, in the Holy Land. Newport, Rhode-Island: Print ed and Sold by S. Southwick, in Queen street, 1773). 123 Gutstein, op. cit., 125-29. 124 Debe concluirse de ello que la lengua de esos sellehim era el espaol y que las congregaciones de Jerusaln, Hebrn, 249

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Tiberias y Safed, a las que tantas limosnas dio la de Burdeos, e ran originarias de E s paa. ( Cirot, op. cit., 293.) 1 2s Fidel Fita, l judo errante de Ill escas (1484-1514)>J, Bo l et n de La Real Academia de La Historia VI (1885), pp. 130-140. 1 26 / bid p 134. 1 21 R e lra l o de La Lozana Andaluza. En lengua espaola muy clar s ima, comp u es to e n Roma. El c ual re trato demue stra lo qu e e n Roma pasaba, y co nti ene mucha s s cosas qu e La Cel est ina. ( Coleccin de Libros Espaoles Raro s o Curiosos, Tomo primero Madrid, 1871). Lo que pr ece de a la co nversacin citada es muy interesante por muchas razones: Cmo entran a la judera y veen la s sinogas, y mo vien e Trigo, judo, a poner casa. Lozana.-Aqu bien huele convite se debe hac er, por mi vida, que hu e l e a porquet a asada Rampin. No v e is que todos esos son judo s, y es maana sb ado qu e hac e n e l adafina? Mir lo s braseros y las ollas e ncima Lozana. -S por nuestra vida, e llo s son sab io s en guisar a carb qu e no hay ta l comer como lo que se coc ina a fo e go de carbn y en olla de tierra; ... 1 2 s / bid., 76-77. 1 29 Viaje de Turqua, t. I, 1 27 29. 130 Citado por R Menndez Pida! en e l logo d el Roman cero judo-e spa ol en Cultura espaola, secc in 11 10 50 -105 5. El ca pitn Domingo de Toral observa sobre lo s co ntacto s entre los judos sefardes de Alepo y l os d e la Europa occidental: Ha y e n esta c iudad (d e Alepo) s de ochocientas casas de judo s .. ti e nen s u barrio apa rt e .. la lengua comn suya y case ra y e ntr e e llo s es Caste llana la cua l conserva n desde que fu e ron ec hado s de Espaa ... s u s hij os e nvan a Europa, a Flan d es y Espaa y Italia, y Inglat e rra y las islas y as no s e hablar co n ninguno qu e sea de mod e rada co n s ideracin, que no haya estado e n es ta s partes mu c ho s a s . y e n sie ndo mayor de e dad se r e tiran a Al e po y a otras partes dond e tienen s u s c asas. 1 3 1 Aboab, op. c it. 308. 1 32 N e hama, Histoire des l s ra elites de Salonique, III 94-95 1 33 M zan, Les Jui/s Espagno l s en Bulgarie, 33-34 1 34 Al a s umir e l poder Kemal Attatrk, la vida en Turqua s u fri un camb io radical. D esde el final del primer c uarto de si250

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glo hasta nuestros das, la vida de los judos turcos se vio trans formada por innovaciones tales como la occidentalizacin del pas, la modificacin de las prendas de vestuario y tocado para hombres y mujeres, la adopcin de la ortografa latina modifi cada para la escritura del turco, la supresin y subordinacin de los elementos extranjeros que st> consideraban predios de las potencias extranj eras, las leyes de enseanza obligatorlia, el servicio obligatorio para musulmanes, cristianos, judos, etc 135 La comunidad de Salnica contaba en el siglo XVI y prin cipios del XVII con un nutrido grupo de poetas, cuyos escritos apenas han llegado a nuestras manos... Tan refinado era el gusto por la poesa entre algunas familias de la ciudad qu e como haran un siglo ms tarde ciertas familias en Francia, man tenan salones en honor de los poetas y se celebraban cert menes poticos. Se encargaban de organizar y arbitrar los con cursos los cabezas de familia quienes con frecuencia solan ser a su vez poetas. Una de esas familias fue la de Ben Yaha. Entre los poetas que se distinguieron cabe mencionar a Abra ham Reuben, Saadia Loudo, Don Seder Zemanim e Israel Na gera. Todos escriban en hebreo. Es curioso comparar esta si tuacin con los dramaturgos, comentaristas y poetas de Amster dam que escriban en espaol y portugus. Emmanuel, op. cit., 191-200. 136 Tal fu.e el caso de la obra de Almosnino Regimiento de la Vida. El libro estaba escrito en buen espaol y en caracteres he breos. Como colofn a la obra, Almosnino da una explicacin de las palabras espaolas que ofrec,m dificultades. Este libro fue transcrito e impreso en caracteres latinos por Samuel Mendez de Sola, J. S. Gabay y Y. Piza en Amsterdam en 1729. (Emma nuel, op. cit,., 181). 137 El profesor Ignacio Gonzlez Llubera, de la Queen's Uni versiLy de Belfast, es un asiduo estudioso de la literatura judeo espaola escrita o impresa en caracteres hebreos. En su edi cin de las coplas de Yu<;uf, se esfuerza por reproducir el texto aljamiado transliterado, reproduciendo siempre las consonantes equivalentes y las vocales ambiguas He aqu un ejemplo: ccEsaw destah manerah. Luego obo fablabo ; la h exponente corres ponde la h hebrea, y la van de obo podra transliterarse hubo. Comprese a continuacin la transliteracin de una frase de Al mosnino con la representacin en caracteres latinos de la misma frase, tal como apareci en la citada edicin de Amsterdam: cc Y en cuanto (a) la primera ( virtud) que es la fortaleza, es de saber que se divide en tres maneras y especies diferentes, y por 251

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megor dezir se toma en tres modos, que so n un modo largo y estrec ho y ms es trecho ,,, En cminto a la primera virtud, que es la Fortaleza, has de s aber que se divide en tres suer(es y especies diferentes, o por m e j or dezir, se toma e n modo lacto est ri c to, y s es tri cto.,, Quien conozca e l es paol observar inmediatamente qu e la vers in de Amst e rdam es, con mu c ho ms correcta : se coloca la prepo s i cin a e n s u s itio, y los adj et ivo largo y est recho se han subs titu do por lato y estricto. Largo y estrecho son pala bras de uso c orriente y cast iz as pero no se pr es tan al discurso de ideas. Hu el ga in s i st ir: nada en e l Ori e nt e poda det e n e r la depauperacin d e l idioma espao l. 138 Nehama, op. ci t., 2. 0 fa scc ulo (L'Age d'or du sephardisme Saloniciem) 206. l39 Solo qui e n est familiarizado con la l eng ua es paola pue d e a preciar e l sabor de este idioma arca i co y viciado de gali cismos y sentirse apurado ant e tamaa torp eza. 140 North, The Lives o/ the Right Honourable Francis North III, 93 Se trata d e l m erca der Sir Dudley North (1641-1691) La palabra gif/oot que North emp l ea para d es ignar e l judeoespaol es una co rrupcin d e la palabra turca chi/ut, forma desprecia tiva de de s ignar a lo s judo s. V a se tambin Mich e l F eb re Th tre de la Turquie R evue des Etudes juives XX, 97 (mediados del XVII). Cf. Alfr e d C. Wood, A Histor y o/ the Levant Company (Ox ford, 19 35), 214-15. Lo s n egoc ios se ha ca n lo al por ma y or y estaba e ntera ment e e n manos d e lo s judos qui e n es dominaban la mayor par te del comercio d e L e vant e. Arrendaban la s contribuciones para los tur cos s obr e todo la s ad u anas, era n lo s bnqueros a qui enes recurran los francos c uando t e nan que pagar una avenia, y sola ser co n e l judo int e rme d iario y no co n e l cliente turco co n quien tena que e nt e nder se e l m e rcader ingls. 1 41 Tod ava no se ha escr ito la obra d e finitiva sobre este falso mesas. Ni la imagina cin ms ferviente d el nov e li sta m s po p ul ar poda ha be r concebido un carcter tan extrao y apasio nante c omo e l d e l se fard es mirniota d e l siglo XVII Las c it as relativas a Sabbatai Z ev (1629-1679) h an si do tomadas d e l tex to de Mo1se Franco, Essai sur l'Histoire des lsra e l ites de l'Em pire Otoman depuis l es origin es jusqu'a nos jo urs, 94-114; Abraham Galante, co mo Z ev, natural d e Esmirna, ha r es umido s u s est udios sobre s u paisano e n Nouveaux do cu ments sus Sabbe ta'i Se v i, organizations et us et coutumes de ses adepts; cf His toi re des l s ra elites d A natolie, I cap XXXI, 236-56; Amzalak, 252

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Shabbetai Zev, Una carta em Portugus do scolo XVII en que se testemunhan Jact.os relativos a sua vida; Abraha.m Danon (1857-1925) fue uno de los pocos eruditos sefardes que apor taron una inestimable contribucin al estudio del mesas de Esmirna y de su secta: a) Influencia de Sabata.i Cevi en El Progreso (peridico redactado en hebreo, judeoespaol y turco), publicado en Andrinpolis, 1888-1889, 269, 300, 315, 331. b) Documents et traditions sur Sabatai Cevi et sa secte, Revue des Etudes Juives, XXXVII (1898), 103 et seq. c) Une secte judo-musulmane en Turquie (Pars, 1898), 20 pp. d) AmuJ.ettes sabatiennes J oumal Asialique, lQe srie, XV (1910), 130 et seq. e) Etudes Sabatiennes (Pars, Durlacher, 1910), 48 pp. Los cripta-judos mahometanos de Turqua A los seguidores de Sabbatai Zev se les conoce con el nom bre de donmehs o maminns. Los donmehs de Salnica son lo. descendientes de los seguidores del falso mesas Sabbatai Zev, a quien acompaaron en su apostasa; y aunque a la vista sou musulmanes, practican en sus hogares un judasmo mesinico. Roth, op. cit., 5-6. 142 Las observaciones de srr Dudley North sobre los mendigo. judos son harto penetrantes. Cuntos recuerdan a los mendi gos de Espaa! Cf North, op. cit III, 51-54 143 Vase la nota 140. 144 Vase las notas 140 y 142. 145 The Letters and Works o/ Lady Mary Wortley Montague comp. por su bisnieto Lord Wharncliffe, I, 410-11. 146 Arvit av'dal, amevdil, kaddis, betof, taln, takitz, berra hamin tuvim son palabras hebreas cuyo significado se da en el texto. Fideles, una sarta de, saetarse son palabras francesas hispanizadas. Berganion o belganion son probablemente de ori gen turco. 147 C1.1:ando rab Molho supo que su ensayo no haba sido pu blicado, lo imprimi por su cuenta en su ciudad natal. Vase Mi chael Molho. Le Meam-Loez, Encyclopdie populaire du Sphar disme levantin (Salnic&, 1945). En el prlogo leemos: Sur la de mande de Mr. M. J. Benardete, directeur de Estudios Sefardes a l'Universit de Columbia de New York, j'ai dirig en 1936 un tude sur le Meam Loez. 1 4 a El autor recuerda de su infancia esta cancioncilla en la que 253

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meldar signifi c a escuela y meldar leer, estudiar. Tor y mala.h son palabras hebreas que significan Ley y ngel La Tor, la Tor El hijico la dir Con el pan y el queso. Indose para el Meldar Encontrse con un malah -Ande vas, hijo del Di. ~ -A meldar la ley del Di. -Vida que te d el Di A ti y a tu padre Y a todos los gidis. 1 4 9 David Porter, Constantino ple and its Environs: In a seriel o/ letters exhibiting the actual state o/ the manners customs, and habits o/ the Turks, Armenians, ]ews and Greeks, as modi/ied by the policy o/ Sultan Mohammed. By an American. (Nueva York, 1835), 2 vols., 167 y passim ; vase tambin Theophilo G a utier Constantinople. l 5 0 Una vez pasada la fiebre nacionalista, los sefardes con tinuaron hablndo y escribiendo e l judeoespaol y los turcos no hi c i e ron nada slido por desarraigar el espaol del suelo his panojudai c o. Tan slo una vi c toria logr la nueva Turqua de K e mal Attarturk, y fue en la e sc ritura del judeoespaol. Esta l e ngua s e es c ribe hoy en el alfab e to latino turco. Tampoco eso es nu e vo. En mi poder obran p e ridicos yugoslavos que contie n e n romances transcritos e n el alfabeto latino de Yugoslavia. 15 1 Judos de Turqua en el siglo XIX: las cits sobre los ju d s de Con s tantinopla proceden d e : a ) Moi: s e Franco, Essai sur l histoire des lsralites de I'Em pire Ottoman, depuis les origines jusqu a nos jour; -, L e s juifs d e l'Empir e Ottom11n au dixneuvieme siecle R ev ue des Etudes Jui v es XXVI (1893), 111-30; -, His t oire et litterature juives, pays par pays (Pars, Fernand Nathan, 1905-1906) b ) Haim Nahum ]ews in Turke y, estudio que forma parte de Eliot G. Mears Modern Turkey (Nueva York, 1924), 86-97. c ) Salomon A. Rosane s, Historia de los judos de Turqua ( e n hebreo); -, Literatura jud e oespaola Otzar Israel (Tesoro de Israel, enciclopedia), t. V, 74 et seq. d ) Varios artculos informativos sobre los judos de Turqua e n Archives lsralites (1840), I, 198-201; 249-51; II, 216-22; 270-74; 480-83; (1846), 359 et seq. 152 Hace ya casi veinticinco aos, Sam Levy, a quien con pro254

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fundo respeto llamamos el Don Quijote del sefardismo, me envi un e jemplar de la s memorias de s u padre. Con profundo pesar anunciamos que este precioso documento no ha visto an la luz. Las citas de Mis memorias de Saadi Levy, las h emos tomado de la cop ia fotosttica que obra en nuestro poder. Permtaseme decir algo sob re Sam y Saadi Levy, qui en fund y dirigi el peridico La Epoca. La Epoca de Saadi Levy y El Tiempo de David Fresco fueron sin duda lo s mejores peridicos judeoes paoles de Salnica y Constantinopla, respectivamente. El espaol en qu e ambos escr iban era ms o menos puro. El Tiempo hizo un gran esfuerzo por aproximarse al castellano moderno. Por su puesto, ambos se publicaban en caracteres hebreos. Sam Levy, que sigui lo s pasos de su padre, dej tras s una larga vida dedicada a lo s intereses de la cultura sefard. En 1949, ces de publicar s u muy inteligente revista Les Cahiers s/ardis: Recueil documentair e, historique retrospecti/, d' actualit. Desde que termin la segunda guerra mundial, se dedi c a a propugnar e l concepto de la cultura sefard dentro del judasmo mundial. Su magnfica revista se publicaba en Neuilly-sur-Seine. Ante todo, la co l eccin comp l eta seguir s i endo una fuente indispensable de la hi stor ia de las com unidad es sefardes, a medida que iban surg i endo, diezmadas y ensangrentadas, mas sin ceder, d e l ho rrendo holocausto que sufrieron bajo la barbarie d e Hitl er y de su Alemania. Vanse en nuestra bibliografa las obras sobre el judeoespaol. Quien es t interesado en el aspecto filolgico del notable pasaje citado, deber consultar Wagner, Luria, Crews y otros. Creo que no se ha prestado la debida atencin a la formacin de pala bras espaolas en tr e los hi s pano-levantinos Ejemplos, asnedad, de asno (comprese con burro, burrada); desmadrarse y desmo dramiento son hallazgos feli ces. He puesto de cursiva muchas palabras para realzar las peculiaridades del judeoespaol de Salnica. 153 Saadi Levy, op. cit., Libro 1, captulo XI; meldar tiene por lo menos tres signif i cados: como verbo, significa l eer; como s us tantivo, significa dos cosas: escuela elemental y la ceremonia para conmemorar en su aniversario la muerte de una persona. 1 154 En 184
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C o n s lantinopla, el libro en koin s e hallaba en prensa. Se pu blic y di s tribuy como estaba previsto? Vase Al lector en J o s Amador de los Ros, Estudios histricos, polticos y litera r i os sobre los judos en Espaa (Madrid, 1848; Buenos Aires, Edicione s Argentinas Solar, 1942). 1 55 Fran c o, Essai sur l' histoire .. 164-65. 1 56 V ans e Memorias d e Saa,di L e vy e n l bibliografa. l 57 M an, L e s Juifs e spagnols en Bulgarie. Sal Mzan ha a n a l i zado con gran e fi c a c ia e l c ao s lingsti c o de las comunidades hi s pano-l e vantinas y a l se d e b e n las c rticas a la labor de la Alianza V ase s obr e todo p 41 et seq. 1 58 Gut s t e in, The Stor y of the Jews of Newport Two and a Hal f Cen t uri e s of ]udaism 2 5 1-54. El poema de Longfellow Th e J e wi s h C e m e ter y at Newport fu e escrito en 1858; vase t a mbi n e l poema d e Emma Lazarus In the J ewish Synagogue i n Ne wpo r t (1867) e n la obra supra 2 5 4-55. 1 5 9 Sobr e la c arta c ompleta d e Johann Megapolensis, vase Le e M Fri e dman, Early Ameri c an ] e ws (Cambridge, Mass Har v a r d U niv e r s i ty Pr ess, 19 3 4) 5 1 5 2. 1 6 0 Mauri ce B H e xter Th e Dawn of a Probl e m J ewish Cha r i t ies ( di c. 1 9 1 3 ) vol. 3, 2-5. 1 6 1 E s ta c rni c a no ha sido publicada, y d e spu s de redactar es t e c aptulo s e ha suspendido la publicacin del semanario La Vara. 1 62 Loui s Ha c ker, The Communal Lije o/ the Sephardic Jews o/ New Yor k Cit y El informe c ompl e to se c ons e rva e n e l Bureau o f J e wi s h Soci a l R ese arch Un r es umen del inform e apar e ci en Th e J ewi sh So cia l S e r v i ce Quar te rl y d ic. 1926 vol. 3 n 0 2, 32 4 0 1 63 Luri a Jud e o-Spani s h D ia l ec t s in N e w York City. Sobre 1 a s itu ac in d e lo s dial ec t o s jud e o es paol es vase p. 9 y sobre l a r e la c i n e ntr e se fard es y a s k e na s es v a s e p. 8 Para ms d e t a, ll es s obr e e l t e ma d e sef ard es y a s k e na s s v a se Addenda a la s nota s d e l ltimo c aptulo d e e se libro. 164 N e hama Histoire des lsra lites de Salonique, III, 66. 16 5 Va se nota 1 6 2 166 David de Sola Pool, On Spani s h J e w s of L e vantine Origin in th e Un i t e d Stat e s ]ewi s h Charities (mar. 1913) (Alocucin 25 6

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d e l Dr. De Sola Pool sobre el tema, pronunciada ante la Confe rencia de la Asociacin Nacional de Trabajadores Sociales Judos, reunida en Memphis, Tennessee, en mayo de 1914.) l6i Cita de uno de los numerosos artculos de que es autor Al berto Matarasso, infatigable dirigente comunal e intelectual entre los judos salnicos, aparecidos en el ya difunto semanario La Vara. Una traduccin francesa de su resumen de la primera his toria de las comunidades levantinas apareci en dos partes en la revista de Sam Levy Les Cahiers Sefardis, con el ttulo Histoire du Sefardisme aux U.S.A." (Recueil documentaire-historique trospectif-d'actualit) (publicado en Neuilly-sur-Seine), 20 ju nio 1947, 240-44; 30 septiembre 1947, 347-51. l68 Entre 1940 y 1950 se ha venido desarrollando una progre s iva actividad para s e ntar los cimi e ntos de una sociedad general de sefardes. Ese id e al se ha logrado ya en parte. He aqu al gunos de los factores que han contribudo a este nuevo ambiente: a) Las viejas ~ e neraciones han ido desapareciendo y las nuevas gen e raciones, nacidas y educadas en los Estados Unidos, estn tomando un inters cada vez mayor en los asuntos comunales. b) Algunos rabinos de gran p re stigio vinieron a Nueva York huyendo de los nazis y sus aliados; entre ellos, Rab Ovadia, de Pars; Rab Isaac Alcalay, de Yugoslavia; Dr. Mos e s Ventura, gran rabino de Al e jandra. El Dr. Ven tura recibi su doctorat de l'Etat en la Sorbona y es un e s tudioso d e la filosofa h e braico-rabe. Rab Cardozo, de r e cia tradicin marrana, e st a cargo de una congrega cin de hispanolevantinos en el Bronx. Estos rabinos y eruditos pertenecen a una categora intelectual superior a los laicos que actuaron como jefes espirituales al prin cipio. e) En esta tendencia a la unidad tambin ha infludo el desahogo y bienestar materiales de esos sefardes y la tradicin filan trpica americana que les rodea. 169 Luria, A Study of the Monastir Dialect of Judeo-Spanish based on Oral Material collected in Monastir, Yugoslavia." 170 The Sephardi, publicado por la Central Sephardic Jewish Community of America, lnc. (225 West 34th Str eet, New York), es prueba de que se ha traducido en realidad el ideal de unidad y cooperac10n de los sefardes. El Centro Sefard del Bronx, con su sinagog& y escuela religiosa, es el mayor triunfo logrado hasta ahora por los hispanolevantinos. Hay razones para creer que el Hogar Sefard de Ancianos pronto ser realidad. 257 BEN'-RDETE.-17

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171 El atomismo y disgregacin son an realidad en los sefar es de la ciudad de Nueva York. A continuacin figura una re lacin de las organizaciones que componen la Central Sephar dic Jewi s h Communit y of America en Nueva York Los nombr es de las sociedades constituyen una interesante historia crptica de l Isra e l Sefard: Ahi Ezer Congregation Association of Bulga.rian Jews in the U S.A. Co ngr e gation Peace and Bro therhood of Monastir Congregation Shearit Israel ( Th e Spa,nish and Portugue se S y nagogue) Con gregation Zehout Arabim, Inc. C hios Brotherhood Society, Inc. Ez Ahaim Society, In. G ood Hope Society Hessed ve Emet de Kastorialis Keter Zion Society of New York lnc. Life and Charity Aid Society, In c. Mage n David Congregation Rhodes L eag u e of Brothers Aid Society, lnc. Sephardic Congregation of Long Beach, lnc. Sephardic Home of the Aged Sephardic Jewi sh Brotherhood of America, lnc. S e phardic J ewish Center of the Bronx, lnc. Sephardic J ewish Cong regation and Center of Queens, lnc. S e phardic Sha-re Rehamim of East Bronx, lnc. Shaar e Zion Congregation Sisterhood of Janina, lnc. Si s t e rhood of the Spanish and Portuguese Synagogue in the City of New York, Inc. -Source of Life Benevolent So ciety Union and Pea ce Society. United Brotherhood of J anina, Inc. United S e phardim of Brooklyn, lnc. Unit e d Sisterhood Benevolent Society. Wom e n Division of the Cen tral S e phardic J ewish Com munity of America, lnc. li2 A partir d e l siglo XVIII, so bre todo bajo el reinado de Car lo s IV se han regi stra do esfuerzos espordicos por rescindir e l Edicto de Expulsin d e 1492. Don P e dro de Varela prepar c on fec ha 22 d e marzo de 1797 un documento para el rey por e l qu e se p eda la abolicin d e la ley que prohiba la entrada de judos en Espaa. Vas e Al c ubilla, Diccionario de la Admi nistrac n vol. IV Judo s. En una fas e anterior del mi s mo siglo, Feijoo, a quien no se e s c apaba nada que se refiriera a E s paa, no dej de estudiar la so licitud d e lo s judos de regresar a Espaa. Vase Carta octava. R ec onven cio nes caritativas a los profesores de la Ley de Moi ss en r es puesta a un judo d e Bayona de Francia, en Cartas e rud itas y cu r i osas en que por la ma,yor parte se contina el de sign io d e l Th e atro Crtico Universal escrito por el Seor don 258

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Frey Benito Gernymo de Feijo y Montenegro, tomo tercero, cuarta impresin. Con privilegio, Madrid, en la Imprenta del Su pr e mo Consejo de la Inquisicin, 1759, pp. 93-128. Por su parte, los judos ansiaban que se les reparara la injus ticia que paq con ellos haba cometido el decreto. En 1854, el director del Allgemeine Zeitung des ]ud ent hums, Dr. Philipson, dirig i a las Cortes una solicitud a ese fin en nombre de las com unidades judas de Marsella, Burdeo s y Bayona. En 1865, los judos franceses que residan en Espaa pidieron al Gobierno espaol el privilegio de tener cementerio propio. C f. Archives lsralites (1897), 1076. Sir Mos es Montefier e y H. Guedalla., as como los Consistorios de Burdeos y Bayona pidieron al Gobierno del General Prim que s uprimiera todas las leyes di scri minatorias contra los judos. El Ministro de Justicia, Romero Ortiz y el General J. Serrano les respondieron el 1 de diciembre d e 1866: Por hab er proclamado nuestra gloriosa R evo lucin entre las dems conquistas de los d erec ho s del hombre la libertad de cul tos, el ed icto del sig lo XV qu e da abolido de he cho. En co ns ec u en cia, tienen Vds. plena libertad para entrar en nuestro pas y practicar e n l su culto. Por supuesto, el victorioso general y su secret ario no llegaban a darse plena cuenta de lo que significaba concede r la entrada y libertad de culto a los judos. Don Emilio Castelar habl a favor de los judos en las Cortes e l 12 de abril de 1869. En 1871, e l r ey de Espaa naturaliz a nueve judos. Cr. Allge meine Zeiwng des ]udenthums (1869), 476; (1871), 781-824; (1875), 730; (1876), 224, 339. Oficialmente, segn el Censo, en 1887 residan en Espaa cuatro cien tos seis judos. A estas som e ras nota s. cabe agregar la muy b e nvola actitud del r ey Alfon so XIII para con los judos. Un artculo muy autorizado sobre el inters espaol por los judos, basado en datos no muy bien conocidos, fue el que es cri bi Juan Prez de Guzmn Los israelitas de origen espaol en el Oriente d e Europa La Espaa Moderna (julio 1904). nm. 187, 5-28. 173 Hoyos y de la Torre. Los judos espa,ioles en el Imperio Austraco y en los Balcanes, 53. (Esta obra ofrece una til lista de proverbios judaicos y una relacin de los peridicos iudeo es paoles, en pp. 89-92). 174 Sobre las numerosas obras de Angel Pulido sobre sefardes, vase la Bibliografa general. 1 7 s Reproducido en Bensasson, Los israelitas espaoles: Espaa 259

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y sus hijos de Orient e, 121-136. (Bajo e l nombre d el autor se lee: Caballero de la Real Orden E s paola d e I L.C.), pp. 121 36. 1 7 6 Sobre Rafa e l Cansinos Assns, vase la br eve resea de M. l. Benardete en Columbia Dictionar y of Modem European Literature (Nueva York, C o lumbia University Press, 1947), 137. l77.flo rido es una forma d e disfrazar el nombre de Pulid(). J. 78 Sam Levy es hijo de Saadi Levy, de cuyas m e morias he cit ado s arriba. 179 Cansinos A ss n s, Las lum i narias de Hanukah (Un episodio de la H ist oria de I srael en Espaa), 76 11 3 -1 4. 180 Skopl j e es e l nombr e serbio de la antigua Uskub (pero lla m o s la e n medieval tradici n hi s p ana : Escopia). 18 1 E. Gimnez Caballero, Monograma so b re los judos de Es copia R evista de Occidente (marzo 1930), 365 -66) 18 2 L' Abb Pierre Jo bit, L es ducateurs de l' Espag n e conte poraine (Pars E de Boccard, 19 36). l83 a) Como t odos los temas fundam en tale s que se tocan en est a obra, l os contactos histricos y c ultural es entre sefard es y askenases ba st aran para Henar un libro por s solos. E stos c onta ctos da ta n de la Edad M e dia y contin uaron en Italia, Holanda, Turqua, Safed, ri ca y por ltimo, e n e l nuevo Estado de Israel. 260 b) A Espaa vinieron rabinos a s k e nas es, como Rab Aser ben Y e hi e l. Rab Aser, oriundo de Alemania y conoce dor de la s co ndi c iones e n Francia, por donde pas en s u viaj e a Tol ed o (principios del sig lo XIV), esc ribi lo sig u ie nt e : uando ll eg u a este pas, pregunt sor prendido en virtud de qu l ey l os judo s tenan la fa c uluid l ega l d e se n te n c iar a mu er t e a una persona sin tener un s anhedrn En ningn pas que yo sepa, salvo E s paa, lo s tribunal es judos ent i e nden en casos d e pena capital (Neuman, The J ews in Spain, I, 138-39). e) Las s inagoga s d e I talia y d e Amsterdam llamaban, para regirlas, a rabinos a s k e na ses. d) La aceptacin por el judo ori e ntal d e la poesa sefard para sus libros d e oraciones y la a probacin universal de l Zohar y la sanc in d e finitiva d e l Suljn Aruj de Caro. e) La m e zcla de ambos e n la ciudad mstica de Safed, don de un rabino askenas, I saac be n Salomn Luria, ejerci una e xtraordinaria influencia s obre lo s sefardes. ( Cf.

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Baron, The fewish Community, 11, 142, donde habla de la uniformidad del culto judo: La uniformidad era tal que el grupo has-dico, que tuvo su origen en Polonia, de donde por generacionl's procedieron sus nicos adep tos, no tard en abandonar el rito tradicional askenas para adoptar el sefard, ya que este ltimo estaba ms ntimamente inspirado en los reflejos msticos del gran cabalista palestino Isaac Luria, que era askenas.) f) La funcin que ambas ramas del judasmo desempea ron en la tragicomedia del mesianismo sabataico. g) Moiss ben Mor-deca Zacuto, autor de un drama en he breo Yesod Olam, 1642 (La fundacin eterna) perfeccio n en Polonia sus conocimientos talmdicos; David Franco Mendes colabor en el peridico hebreo Ha meassef de Mendelsohn y Weseley. h) Aversin, incomprensin y localismo de los sefardes del Levante por sus correligionarios. (En Bulgaria hubo dos tipos de askenases: el viejo grupo hispanizado ms fiel a sus ritos-su sinagoga se conoca con el nombre de El kal de los locos-, y los nuevos inmigrantes que no se inclinan por estudiar el judeoespaol.) Cf. Mzan, Les JuJs espagnols en Bull(arie, 15. i) La composicin de las congregaciones sefardes en los Esta dos Unidos, que en un principio eran enteramente sefardes o de descendencia ibrica, ha ido cambiando progresivamente de tal manera que son ya muchas las congregaciones en el que los fieles son en todo o en parte askenases. j) Los numerosos matrimonios entre p e r s onas de ambas ramas. k) Hispanizacin del judo askenas en la Am rica ibera y la aparicin del nuevo tipo de sefard. l) Respeto mutuo y colaboracin cordial de ambas ramas en Israel aun cuando la iniciativa est en gran parte en manos de los askenases. m) En varias ocasiones hemos tenido oportunidad de men cionar en esta obra la notable reaccin mostrada por los jvenes educados en Turqua, Rumania, Yugosla via, Grecia y Marruecos, ante el manifiesto inters de Espaa por las comunidades sefardes. Dos rabinos, Abraham Danon (1857-1925) ( Cf. Sa vie et ses oeuvres) y Enrique Bejarano colaboraron en las publicaciones eruditas con muchos estudios sobre la historia y la cul tura de su pueblo Barukh Camhi, de Yugoslavia, estu dio con don Ramn Mennd ez Pida! en Madrid y, al igual que el Dr. A. S. Yahuda, public estudios filol gicos en la famosa Revista de Filologa Espaola. 261

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En Vi ena e l e n t u s ia s mo por E s paa y su m a ravillo s a l e ngua c as t e ll a na qu e daron e xpr es ado s e n la c r e a c in de la Casa sefardita Mo sc o Galimir, na c ido e n Rumauia d e una distinguida familia se fard, al tra s lad 11 r se a Vi e na, logr cr e ar un centro de propa g ac in d e la c ultura se fard a partir de la lengua castellana. C f. L e Qu a tu o r Galimir L e s Cahiers sphardies (septiem b r e 194 7), 33 7 -3 8. Mo sc o Ga l imir t e na e l culto de lo s e fard y de la lengua ca s t e llana qu e hablaban nu es tros padres. Con santa razn, afir m a ba qu e d e no hab e r s e pr ese rvado el jud e oespaol, el sefar di s m o h a b ra d es apar ec ido. Lo g r in s pirar s u idea a un grupo d e c orr e ligionario s e ntu s i as tas c on c u y a a y uda compr una pro pi e dad s ituada e n W e intraub e ga sse 9, qu e se convirti en la Casa s e fardita la prim e ra e n s u g nero. Tuvo un xito con s ide rabl e Ll e g a t e n e r mil c uatroci e ntos cincuenta socios . 1 8 4 B e n s a ss on, Los israelitas e spaoles, 8, 15. 1 85 E s trugo, El r e tomo a S e / arad, 30, 363 7. 1 8 6 M e abst e ndr e n este libro de o c uparme de los judos en la Am rica ib e ra Hasta ahora no se ha escrito ninguna obra a utorizada s obr e los sefard e s e n e l Brasil o en los pases de ha bla hi s p11n a No pretender dar una bibliografa representativa d e los judo s e n el mundo hi s pni c o de Amrica. Como muestra nos r e mitimo s a Judai c a, 51-53 (1937) (Nmero dedicado a los judo s d e la Amrica Latina). V a s e tambi n: M e dio siglo de vida juda en la Arg e ntina Judai c a 26 (oct. 1939), 104 10; L es se fardi s du M xiqu e l. Le s juif s indiens Les Cahiers se fard s (se pti e mbre 1947) ( Por pura coincidencia, nos dice e l Sr. B e har, m e h e ent e rado de que exist e n judos indios, mejor di c ho, se farde s aut c tonos, mejicanos de pi e s a cabeza.) Sin documenta c in qu e lo corrobor e permtasenos por el mo m e nto r ec ordar al l ec tor los e xtraordinarios triunfos culturales qu e lo s se fardes han logrado e n muchos pases de la Amrica ib e ra. Rab I saac Al g azi, d e Montevid e o, public una ambicio s a obra s obr e la es e ncia del judasmo titulada El judasmo, reli gi n d e amor ; e n M ji c o, B e nito Alazraki, nacido en la capital, ha ofr e cido al pbli c o e l prim e r libro de poemas titulado La v oluntad de la t i erra (i944) (En e l prlogo de esta obra Len F e lipe di c e: Para m, y cr e o que para la Esp aa de las viejas tradi c iones lib e ral e s, para todos los espaoles del Exodo, del Ll a nto, s u voz, nacida en el destierro sefardita, mucho ms largo y aca s o ms doloroso tambin que el nuestro, nos suena c omo e l lam e nto como el grito angustioso de un nio extraviado, de un h e rmano perdido .. Chilolo Zarco, nacido en Estambul, vive ahora en Guatemala. Aun cuando se gana la v ida en su pequ e o taller de ropa in262

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terior de se ora, por voca ci n dedi c a s u tiempo libre a escribir. Su primer libro, Esto no lo aprend en la escuela, rezuma la d liciosa agudeza y prudencia didctica de Sem Tob de Carrin. Otro aspecto suyo qu e apunta a la misteriosa alquimia de la tierra y d e l ethos hi s pnico: Su esposa es una joven salvadorea, hija de lo ms sel ec to de su pas. El ciego de Salnica, seor Flor e ntn, fund el primer asilo para nios ciegos de Caracas; el Dr. Benchetrit, de Marruecos, tal vez sea la persona que con ma yo r devocin ha tratado de curar y cuidar a los leprosos de Venezuela y Colombia. Entre las pocas obra s que los se fardes han publicado sobre la tica juda figura Fundamentos de la moral hebrea, de Ezra B e har (La Habana, 1931). FIN DE LAS NOTAS

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INDICE

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INDICE l. INTRODUCCIN .. . . . . . . . . . . .. . . . 9 Historia de esta obra . . . . . . . . . .. . . . 9 Un gran de sc ubrimiento .. . .. . .. ... .. ... 1 9 Necesidad de una narracin sinttica de la historia hi s pano-levantina . . .. 24 11. LA DISPORA SEFARD . 32 Momento crti c o d e la historia sefard 3 2 Prim e ra disp e rsin de los judos espaoles 38 III COMUNIDADES MARRANAS El ocaso del sefardismo occidental IV. SEPHARAD HA-GUEDOL Los sefardes en el Cercano Oriente El triunfo del castellano en Salnica . . . .. Contactos sefardes con Espaa . . . . . .. 4 3 54 59 59 75 98 2 67

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V. EROSI N CUL TURAL ... 107 Pr e ludio al movimiento s a,bataico 100 Idioma y d ec adencia ... ... ... ... ... ... 114 Seudomesianismo . .. ... .. ... ... ... 119 Ant ece d e ntes econmicos de la enciclopedia popular. 125 El m e ldado .. .. . . .. .. . . .. . . .. .. .. .. 134 VI. DECADENCIA Y REGENERACIN 137 VJI. Los JUDOS SEFARDES EN LOS ESTADOS UNIDOS 154 VIII. ESPAA Y LOS SEFARDES ... ... ... ... .. 176 La lengua espaola ... ... ... ... ... ... 179 El ma est ro Vitrn . .. .. .. .. .. .. 182 APNDICES: I. La Salnica sefard .. . .. .. .. .. .. 188 II In memoriam: Nessim Behar (1848-1931) 194 BIBLIOGRAFA .. .. .. .. .. .. ... .. .. 199 NOTAS I. II III. IV. v. Historia .. ... ...... ........ Mausajas y zjeles ........... Literatura judeoespaola .. .. .. Ladino o judeoespaol .. .. .. Otra s obras consultadas .. . . .. .. .. 199 201 201 204 205 217

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U8RERIA LAS AMERICAS INt:' / 760, SHEllBROOKE O., MTL 110 lEL. (514) 844-5994 ~ "P.Q., CANADA ~ .:

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..: MAIR JOSE BF.NARDETE HISPANISMO DE LOS SEFARDIES LEVANTINOS Traduccin del ingls por MANUEL AGUILAR Una admirable reconstitucin de la cultura hispanolevantina, desde la primera dispora de los judos espaiioles hasta nuestros das O!!ines son, a fin de cuentas, esos judos? cabe decir de ellos, despus de haberse dispersado por el viejo y el nuevo mundo? Hubo entre ellos algn elemen to homogneo cohesivo? ... A estas y otras importantes pre guntas responde Benardete en este libro con rigurosa y emocionada investigacin.