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Cuadernos de comentario

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Title:
Cuadernos de comentario
Alternate title:
Comentario
Creator:
Instituto Judío Argentino de Cultura e Información
Place of Publication:
Buenos Aires
Publisher:
El Instituto Judío Argentino de Cultura e Informacíon
Publication Date:
Language:
Spanish
Edition:
no.23
Physical Description:
1 online resource : ;

Subjects

Subjects / Keywords:
Jews -- Periodicals -- Argentina -- Buenos Aires ( lcsh )
Jews ( fast )
Judíos ( bidex )
Argentina -- Buenos Aires ( fast )
Revistas ( bidex )
Genre:
Periodicals. ( fast )
serial ( sobekcm )

Notes

General Note:
No. 5 : Diez años de "Comentario" 1953-1963 : indice general de colaboradores.

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Source Institution:
Biblioteca del Patronato de la Casa de la Comunidad Hebrea de Cuba
Holding Location:
Biblioteca del Patronato de la Casa de la Comunidad Hebrea de Cuba
Rights Management:
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Resource Identifier:
36751250 ( ALEPH )
1089810530 ( OCLC )

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Full Text
Editorial: El Ano .Mundial
'del Refugiado
Jos P. Barreiro
Cmo, Sarmiento
y Juan* B. Justo
vieron los EEtUU.
Fernando Guibert
Lps pleitos d k
Amrica Latina
Emil ¡o L. Fajenheim
La existencia juda y
l Dios -viviente
Gregorio Sapoznikow
Rasgos psquicos de
la personalidad juda
Bogdan Raditsa
i Fermentos en la.
Espaa de Franco ;
Sergio Bag
Los desplazamientos
de poblacin
Luis Gudio Kramer
Deuteronomio
Dos poemas hebreos
Cortos Mast ron ardi
Alfonso Reyes,
mexicano universal
Exequial Gallo
Aristbulo del Valle
y la clase media
argentina
Otras colaboraciones de:
Adolfo Lans, Ana Biro1 de
Stern, Jos Mendelson, Nar-
isse Leven, Mauricio Ro-
entha! y Baruj Bendersky.
y autores. Comentan:
jo Amor, Gerardo G. Wainer,
nter, Strom Jameson, C. M.
parido y Juan Mauros.
ARO 1959
SEGUNDA ENTREGA
N XXIII


Concesionarios para la Argentina
TI TUS, S. R. L.
ALSINA 1621
Buenos Aires


Casa Central: CORRIENTES 999 Buenos Aires
Sucursales en Buenos Aires:
FLORES: Rivadavia 6699 BELGRANO: Cabildo 2280
Interior: ROSARIO SANTA FE PARANA TUCUMAN SALTA AZUL
Somos Concesionarios
de los afamados
CASIMIRES
PcRRoTTS


COMENTARIO
Declaracin de propsitos
Con la publicacin de Comentario, el Instituto
Judo Argentino de Cultura e Informacin se propo
ne ofrecer al mundo de habla espaola una tribuna
para el pensamiento y los problemas contemporneos,
entre los cuales el tema judo ocupe sealado lugar.
Sus pginas ofrecern hospitalidad a los puntos de vis
ta ms diversos, bien entendido que la responsabili
dad de stos ser exclusivamente de sus autores y que
por consecuencia, no representarn necesariamente ni
la opinin ni el punto de vista de la entidad editora.
Con esta publicacin, el Instituto abriga la firme
esperanza de contribuir al esclarecimiento del proble
ma judo que es parte indivisa del problema general
humano. De tal suerte, pues, Comentario constituir
una contribucin positiva a la elucidacin de las
ideas que preocupan al hombre de nuestro tiempo en
Amrica.
Comentario formar parte del programa de ac
tividades regulares del Instituto Judo Argentino de
Cultura e Informacin. Esta entidad, que aspira a la
eliminacin de los prejuicios religiosos y culturales
mediante un conocimiento recproco ms cabal entre
los distintos grupos humanos, pretende informar al
mundo lector sobre todo cuanto concierne a los judos
que, como comunidad, constituyen un innegable fac
tor de cultura y convivencia social
Instituto Judo Argentino
de
Cultura e Informacin


AO VI
N? 23
COMENTARIO
SEGUNDA ENTREGA 1959
Mximo G. Yagupsxy
Director
Registro Nacional de la Propiedad Intelectual N9 573.893
SUMARIO
El Ao Mundial del Refugiado Editorial
5
Cmo Sarmiento y Juan B. Justo vieron los EE. UU.
Jos P. Barreiro
13
Los pleitos de Amrica Latina
Fernando Guibert
19
La existencia juda y el Dios viviente
Emilio L. Fajenheim
25
Rasgos psquicos de la personalidad judia
Gregorio Sapoznikow
. 37
Fermentos en la Espaa de Franco
Bogdan Raditsa
42
Las colonias agrcolas judas en la Argentina
a los setenta aos de su fundacin:
53
En los eriales de Palacios
Jos Mendelson
55
Orgenes de la colonizacin juda
Narcisse Leven
58
Deuteronomio
Luis Gudio Kramer
62
Plumita en las cuadreras de Domnguez Cuento
Baruj Bendersky
70
Nosotros, los trabajadores
Adolfo Lans
77
Amrica Latira Hoy: Hombres y Problemas
Los desplazamientos de poblacin en la Argentina
Sergio Bag
81
Aristbulo del Valle y el surgimiento de la clase media
argentina
Ezequiel Gallo
85
Dos poemas hebreos
92
Los eruditos de la conquista y el origen del hombre
americano
Ana Biro de Stem
94
La otra hermana Comedia dramtica, 2 Mauricio Rosenthl
99
Libros y autores
Alfonso Reyes, mexicano universal
Carlos Mastronardi
111
A propsito de Espaa, un enigma histrico, de
Claudio Snchez Albornoz
Jos Blanco Amor
115
Comentarios por Gerardo G. Wainer, Carlos Winter,
Strom Jameson, Cristina C. M. de Aparicio y
Juan Mauros
117
Edicin del INSTITUTO JUDO ARGENTINO DE CULTURA E INFORMACIN
CONSEJO EJECUTIVO: Mario Schtelngart, presidente; Ignacio Winizky, Car
los J. Korimblun y Mauricio Slutzky, vicepresidentes; Samuel Tarnopolsky,
secretario general; Benjamn Stulman y Jaime A. Singerman, secretarios; Humberto
Minces, tesorero general; Marcos Braguinsky y Numo Werthein, tesoreros; Jorge
Bruetman, Julio Korn, Mauricio Kurchan, Alejandro Lutzky, Guillermo
Schbjtman, Guillermo Schlesinger, Adolfo Weil y Mximo Yagupsky, vocales.
COMENTARIO: Revista trimestral. Queda hecho el depsito que previene la ley 11.723. Copy*
right by INSTITUTO JUDIO ARGENTINO DE CULTURA E INFORMACION, Buenos Aires, con
derechos exclusivos para la Argentina de los artculos que se publican en las revistas Commentary*'
de Nueva York y Evidences de Pars. Se prohbe la reproduccin total o parcial de los
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Direccin y Administracin: Tucumn 2137, tel7. 48-1031, Buenos Aires, Argentina


EDITORIAL
EL AO MUNDIAL DEL REFUGIADO
Un factor de angustia social
A COMUNIDAD de las naciones
promovi en los ltimos tiempos
la celebracin de diversos aconte
cimientos especiales de alcance interna
cional. El ao pasado se conmemor el
dcimo aniversario de la Declaracin
de los Derechos Humanos, y para en
breve se anuncian actos similares re
lativos a la Organizacin Internacional
del Trabajo y la Organizacin Mun
dial de la Salud. La frecuente repeti
cin de este gnero de celebraciones nos
induce a planteamos el mrito que real
mente invisten como recurso destinado
a suscitar un mayor apoyo a las Na
ciones Unidas y a despertar un inte
rs ms positivo hacia su programa de
accin.
El Ao Mundial del Refugiado,
proclamado el l9 de julio prximo pa-
MILLONES de seres humanos con iguales
ttulos que nosotros para el libre ejer
cicio y disfrute de la vida, se ven priva
dos de este elemental derecho por la mera cir
cunstancia de ser refugiados. Vctimas de los
regmenes totalitarios, de las guerras y de otras
lacras morales como el prejuicio en sus va
riadas expresiones, estos desdichados langui
decen en tierras de nadie, esperando decisio
nes de gobiernos, las cuales por tardgra
dos agravan su situacin. El Ao Mundial del
Refugiado que acaba de proclamar la ONU
tiene por objeto despertar el inters de los
pueblos por el destino de aquellas muchedum
bres angustiadas. En el deseo de colaborar
de algn modo a esta finalidad humanitaria,
COMENTARIO hace una excepcin a su nor
ma, presentando a sus lectores este artculo
editorial.
sado, constituye, por su trascendencia
social y poltica, un tema de particu
lar inters en este examen de cosas.
Se invoca, como antecedente, el Ao
Geofsico Internacional y su programa
integral de cooperacin e intercambio
de datos cientficos. Empero, la sola
comparacin pone de manifiesto el
abismo existente entre actividades des
tinadas a superar los obstculos opues
tos por las fronteras polticas y aque
llas otras que propenden a ciertos avan
ces en el terreno de las relaciones hu
manas. La cooperacin internacional
en materia geofsica no requiri, como
corolario, el abandono de prejuicios na
cionales ni la renuncia a los intereses
especiales de cada estado soberano, ni
tampoco demand un amplio apoyo
popular. En cambio, todo progreso vin
culado al problema de los refugiados
depende de la capacidad de cada pas
de elevarse sobre los estrechos egosmos
nacionalistas.
A pesar de lo difcil que resulta im
partir directivas practicables en tan
resbaladizo terreno, hasta los hombres
ms enamorados de las ciencias v pres-
cindentes de los fenmenos polticos,
convendrn en que la solucin del pro
blema de los refugiados es ms vital
y urgente para la supervivencia huma
na que el acopio de conocimientos geo
fsicos.
No cabe duda que el problema mun
dial de los refugiados asume en estos
momentos una importancia tan agu-
5


6
COMENTARIO
da ques este ao 1959 bien pue
de ser considerado como el ao
crtico y decisivo. Por tal razn se pue
de concluir, como se.-ver ms adelan
te, que en caso de que los programas
propuestos por las Naciones Unidas se
limitaran a meras expresiones de bue
na voluntad con escasos resultados de
orden prctico, el desperdicio de esta
oportunidad sera de perniciosos efectos.
Aadira una nueva fuehte de desilu
sin no slo para los refugiados, sino
tambin para todoslllp hombres de bue
na voluntad. Todo lo que comienza
suscitando fervor en la opinin p
blica, corre el riesgo de terminar en
un decaimiento del inters. Esto po
dra suceder tambin con el problema
de Hit refugiados, problema que, por su
carcter duradero, requiere correlativa
mente una tendn constante. En ese
sentido, conviene recordar el entusiasmo
que suscit, al prindpio, en la opinin
pblica la idea de la protecdn' inter
nacional de los Derechos Humanos, so
bre todo en los primeros aos de la
posguerra. Lamentablemente aquella
idea acab por desvanecerse muy lue
go a causa del fracaso sufrido en el te
rreno de las convendones internacio
nales y* los mtodos de realizadn con
creta.
Existe asimismo el peligro derivado de
la rivalidad entre diversos grupos, todos
ellos con objetivos encomiables, que
pugnan por identificar sus actividades
con el atrayente rtulo de Ao Mun
dial del Refugiado. No menor riesgo
pata sus eventuales progresos entraa
el hecho de que muchos grupos cvicos,
en su afn de eludir controversias, aca
ben por reducir sjf; cometido a un
mnimo e inocuo denominador comn.
Importantes problemas de ndole pol-
tico-sodal, tales como la poltica inmi
gratoria de los Estados Unidos y las
restricciones que en la prctica existen
en pases latinoamericanos, podran sos
layarse poniendo a contribucin buena
voluntad y accin conjugada en un
programa de alcances internacionales.
Pero, por otro lado, hay quienes abri
gan el temor de que el Ao Mundial
del Refugiado puchera interpretarse na
da ms que como una mera pantalla
retrica tendida sobre los. numerosos
programas de organizaciones guberna
mentales, no-gubemamentales e inter
nacionales. A pesar de todo, empero,
la ida del Ao Mundial del Refugia
do ofrece una magnfica oportunidad
para encauzar adecuadamente la bue
na voluntad pblica.
La resolucin de la Asamblea Gene
ral de las Naciones Unidas del 5 de
diciembre de 1958 establece como fi
nalidades del Ao, la promocin de
contribuciones financieras con destino
a la solucin del problema y la crea
cin de otros recursos adicionales de
estmulo; La Asamblea inst a los Es
tados miembros de la ONSply a ls
organismos especializados a cooperar,
conforme a los deseos nacionales y posi
bilidades de cada pas, en la promo
cin del Ao Mundial del Refugiado,
como recurso prctico para obtener
creciente asistencia para los refugiados
en el mundo entero* La misma reso
lucin invita al Secretario General a
"adoptar las medidas que estime opor
tunas para facilitar dicha promocin!!;
otorgndole una amplia libertad de mo
vimiento en la labor informativa as co
mo tambin en la centralizacin de los
diversos programas gubernamentales y
no-gubemamentales.
El problema de los refugiados ha si
do muy raras veces calibrado en toda
su magnitud. Es con frecuencia dif
cil trazar una lnea divisoria entre
aqullos que se ven obligados a aban
donar su patria por causa de persecu
ciones raciales, religiosas o polticas, y
los que deben hacerlo por motivos ms
sutiles e indirectos. La emigracin ju
da de Rumania es un ejemplo de esto
ltimo. Pero aun recurriendo a la de
finicin ms estricta y. al m§ ajustado
de ls clculos; las cifras a que se arriba


EL AO MUNDIAL DEL REFUGIADO
7
son estremecdores. En Corea, por ejem
plo, el experto del Consejo Mundial
de Iglesias, Elfan Rees, estima que de
las nueve millones de personas desplaza
das registradas en 1953, tres millones
no han sido reacondicionados todava.
Anlogamente, en Vietnam hay 900.000
personas no reintegradas todava a su
lugar de origen, de aqullos que huye
ron del avance comunista en el norte
del pas. La particin de la India en
1947 ha determinado el xodo de
9.500.000 hindes y sikhs del Pakis
tn y de 6.500.000 mahometanos de
,1a India. Cinco millones de ellos figu
ran como desamparados. Setecientas
mil personas de las 2.500.000 que
forman la poblacin de Hong Kong,
se consideran refugiados de China. La
situacin en el Asia y en particular en
el Lejano Oriente, ha sido descrita como
la historia de unos 25 millones de se
res, convertidos en refugiados en el bre
ve lapso de una dcada. En la India,
uno de cada cuarenta y dos, es un re
fugiado'; en Vietnam, uno de cada do
ce; en Pakistn, uno de cada once; en
Corea, uno de cada tres; y en Hong
Kong, casi dos de cada siete (en 1957).
Y diariamente el jimero de refugia
dos aumenta. En los ltimos aos, ms
de 170.000 argelinos han buscado re
fugio en Tnez y Marruecos, y hace
pocos meses una cantidad no estable
cida de tibetanos se asilaron en la In
dia y Nepal.
Aunque los problemas de los refu
giados asiticos son mayores y ms
complejos, son menos conocidos que
los que afligen a los europeos y los del
Medio Oriente. Los 900.000 refugiados
rabes han estado en el foco del inte
rs internacional durante casi una d
cada. Los restantes refugiados de pos
guerra en el Medio Oriente, entre ellos
400.000 judos expulsados u obligados
a abandonar Irak, Yemen y Africa del
Norte, sumados a 20.000 del Egipto,
fueron en su mayora absorbidos rpi
damente por Israel.
Pero, en verdad, ni siquiera en Eu
ropa misma es debidamente apreciada
la magnitud del problema. El hecho de
que desde la finalizacin de la segun
da guerra mundial se encuentren to
dava aglomerados en Europa Central
y Occidental ms de quince millones
de refugiados, en gran parte de origen
germano, expulsados de Europa Orien
tal, es realmente decepcionante y des-
corazonador.
La mayora de los refugiados euro
peos encontraron asilo entre gentes de
caractersticas tnico-culturales simila
res a las suyas, como es el caso de los
350.000 blgaros de origen otomano
que ingresaron a Turqua, o los
400.000 karelios que huyeron a Fin
landia. A muchos refugiados europeos
no les result muy difcil emigrar y rea
condicionar sus vidas en otros pases, y
por ello slo quedan actualmente en los
campamentos de trnsito apenas 30 mil
refugiados europeos y quizs unos cien
mil an no integrados en sus nuevos
pases. Gran parte de stos caben en
la calificacin de difciles; su reacon
dicionamiento es uno de los objetivos
sealados entre las finalidades del Ao
Mundial del Refugiado. Los difciles
son los ancianos, los enfermos, los emo
cionalmente inestables y los no califica
dos profesionalmente, que desgraciada
mente vieron trabadas sus posibilidades
de emigracin debido a que ningn
pas considera beneficiosa su admisin
desde el punto de vista econmico. Es
realmente trgico que el factor econ
mico haya prevalecido sobre toda
consideracin humanitaria en el linca
miento de la polica inmigratoria de
numerosos pases.
Los guarismos estadsticos, por ms
impresionantes que parezcan, no ofre
cen una idea cabal de la realidad del
drama humano, ni menos de sus conse
cuencias. Los problemas del refugiado


8
COMENTARIO
no son nicamente resultado de la si-,
tuacin internacional, sino tambin su
causa. La impotencia de la sociedad
contempornea para resolverlos da lu
gar a un exacerbamiento de las ten
siones.
D econociendo la diversidad de los
' problemas que afectan a los refu
giados, la resolucin de la Asamblea
General especifica tres tipos de solucio
nes: repatriacin voluntaria, emigracin
e integracin. Empero, si la referencia
a la repatriacin voluntaria es de rigor
en toda resolucin de las Naciones Uni
das en punto a refugiados, su signifi
cado prctico es el de un recurso pu
blicitario y catrtico para la muy com
prensible amargura y depresin emotiva
que origina en los afectados. Un n
mero relativamente reducido de refugia
dos ha ejercido voluntariamente su de
recho a la repatriacin, y muchos de
los que retomaron a Hungra y otros
pases de la Cortina de Hierro, por
ejemplo, han lamentado su decisin. En
realidad, slo una guerra catastrfica o
un milagroso relajamiento de la tensin
poltica internacional podran hacer fac
tible la repatriacin.
Las soluciones que en apariencia tie
nen alguna probabilidad de xito son el
reacondicionamiento y la integracin.
Sin embargo, la magnitud de las cifras
en juego y la actitud de los pases po
tencialmente receptores, sobre todo los
del hemisferio occidental y la Comuni
dad Britnica de Naciones, que no se
muestran dispuestos a admitir a los in
migrantes en nmero tal como para re
solver virtualmente el problema, no
ofrece ninguna base qu permita con
siderar practicables dichas soluciones.
Estos pases no slo se resisten a ad
mitir a los inmigrantes en gran nmero,
sino que tampoco estn dispuestos a
aplicar los principios referentes a la no-
discriminacin. A pesar de los progresos
registrados en los Estados Unidos y en
otros pases occidentales en el terreno
de los prejuicios raciales, la barrera psi
colgica no ha podido ser superada an
totalmente, y salvo alguna que otra ac
titud meramente simblica, ninguno de
ellos ha revelado predisposicin a
situar, en un mismo plano de igualdad
con los europeos, a los inmigrantes en
potencia de origen no-europeo.
Por ello, cuando los gobiernos y las
organizaciones gubernamentales de esos
pases invocan la cooperacin para re
solver los problemas de los refugiados,
establecen un claro distingo entre eu
ropeos y no europeos; para los primeros
propician el reacondicionamiento, en
cierta medida, al menos; para los segun
dos, slo, una contribucin financiera
que facilite su proceso de integracin.
Algunos observadores estiman que
un esfuerzo en el corriente ao podra
poner fin a los problemas que afectan
la mayor parte de los refugiados euro
peos internados an en los campa
mentos de trnsito o de los que
no se han integrado todava en los pa-
$i§&$jjfi que; ahora residen, Eift cuanto
a las; msas id" refugiados no-europeos,
la solucin ms efectiva sera lograr su
integracin en los pases subdesarrlla-
dos, en los guie, se encuentran ahora.
Es dudoso que en un solo ao se pue
da conseguir gran cosa, si se tiene en
cuenta que la rehabilitacin de esos re
fugiados ha sido concebida de acuerdo
con un planteo econmico de largo al-
¡|§¡i§|||. Por otra parte, empero, aun
cuando el problema haya merecido pre
ferente atencin en el seno de las Na
ciones Unidas, no hay por el momento
ningn indicio sobre cualquier posible
formulacin de planes o programas de
largo aliento. Es evidente que tambin
el problema de los refugiados, como
tantos otros, no puede ser considerado
con prescindenda de las cuestiones esen
cialmente polticas y econmicas impl
citas. Esto est sobreentendido en la re-
soludn de la ONU antes mendonada
que invita a gobiernos v organismos
diversos a cooperar de conformidad con


EL AO MUNDIAL DEL REFUGIADO
9
las necesidades e intereses nacionales
especficos, cosa que les permite con
centrar sus esfuerzos slo en determi
nados aspectos del problema.
Entre los organismos que en los prin
cipales pases de Occidente desarrollan
una intensa actividad en favor de los
refugiados, pueden destacarse el Comi
t Nacional del Reino Unido, que se
ocupa del reacondicionamiento de los
europeos, de los refugiados de China
y de suministrar ayuda a los de Hong
Kong y a los rabes; el Comit Nacio
nal francs, cuya labor asistencial se
concentra mayormente en los refugia
dos ya instalados en Francia y no inte
grados totalmente en el pas. An cuan
do la poltica francesa respecto de la ad
misin de extranjeros es relativamente
liberal, ha habido algunas dificultades,
como ser: inhabilitaciones legales y tra
bas para la asimilacin de los refugia
dos. Debe mencionarse asimismo al Co
mit Norteamericano, establecido a co
mienzos de 1959 con apoyo del Depar
tamento de Estado previa solicitud de
una asignacin oficial de 10 millones
de dlares, con la finalidad de propi
ciar soluciones permanentes y recomen
dar la sancin de instrumentos legales
que autoricen un ingreso adicional de
veinte mil refugiados por ao con
inclusin de casos difciles en nme
ro substancial.
CT n cuanto a nuestro pas, preciso es
' partir de una comprobacin no
muy alentadora por cierto: el capital
humano que poseemos, elemento bsi
co y factor social, es insuficiente en
cuanto a cantidad, por lo menos. El
Padre Jos A. Laburu afirma que el
problema de la denatalidad es pavoro
so entre nosotros. Aunque no llegara
a tales extremos, lo cierto es que si se
lo une al elevado ndice de mortalidad
prematura y a una inmigracin insufi
ciente, nos encontramos en verdadera
indigencia frente a los problemas que
plantea el desarrollo nacional, en com
paracin con los niveles alcanzados en
otro tiempo.
La Repblica Argentina contina
siendo, relativamente, la tierra sin hom
bres, como se la calificara hace mu
chos aos. Una poltica errnea, miope,
ha perjudicado el incremento del capi
tal ms indispensable y rendidor, olvi
dando el postulado de Adam Smith:
La seal ms decisiva de la prosperi
dad de un pas en desarrollo es el au
mento del nmero de sus habitantes.
Es curioso afirma La Prensa en un
editorial reciente, que mientras pro-
liferan las ideas restrictivas de la inmi
gracin, en otros pases del continente
donde se admira la grandeza argentina,
sus hombres de gobierno reconocen ex
plcitamente la importancia con que el
factor inmigratorio ha concurrido a
ella. Se alude aqu al Brasil. Existe
el prejuicio de que con la inmigracin
disminuya el trabajo de los que desem
pean el mismo oficio o profesin que
el recin llegado. Se olvida que el in
migrante se alimenta, viste, produce,
promueve actividades varias, creando
posibilidades de trabajo para todos, y
no slo eso: regulariza tambin el cli
ma social y suaviza tensiones provoca
das por la presin que se ejerce sobre
la clase media, verdadera columna ver
tebral de la sociedad nacional.
Ser por este ltimo antecedente,
quizs, que Salvador de Madariaga ex
hortara, hace dos aos, a las naciones la*
tinoamericanas, a dar amplias facilida
des a la inmigracin europea como me
dio de lograr su estabilidad poltica y
social. Al efecto indic que en los pa
ses que tienen raz hispnica se nota
un gran desequilibrio poltico-social que
puede ser resuelto, en gran parte, me
diante el crecimiento de su poblacin.
Argentina, Per y otros pases estn
despoblados; esta realidad sociolgica es
la causa de la crisis sealada.
Es conveniente, adems, recordar
que mucho antes de Alberdi se inici
entre nosotros la poltica de atraccin


i
COMENTARIO
al inmigrante; entr otros antecedentes
puede mencionarse lo qu Carlos Le-
rrey llamara primera ley de coloniza
cin argentina (La Nacin 2B-10-
1949). En esa ley saltea se establece,,
entre otras cosas, que s,e acuerda a los
naturales de,la Repblica, a los avecin
dados en ella y dems extranjeros que
quieran establecerse en las tierras bal
das del Estado, un lote en la ciudad de
Orn o dems pueblos que se estable
cieren; un sitio para diaera y una suer-
fgljjde estanta donde eligiere el intere
sado, el que podr optar por las tres
mercedes o cualquiera de ellas.'-*,.
Esta ley es doblemente interesante,
primero por datar del ao 1836 (con
tiene disposiciones que concuerdan con
la ley nacional vigente, sancionada 106
aos ms tarde) y despus, por prove
nir del gobernador Felipe Heredia, her
mano del clebre Alejandro Heredia,
quien lo instal en el gobierno de Sal
ta,; provincia que invadiera a instancias
de Rosas y Estanislao Lpez...
Es decir y debieran tomar buena
nota de ello algunos sedicentes naciona
listas que n la tradicionalista provin
cia de Salta se dictaron disposiciones pa
ra atraer al extranjero por autoridades
cuya orientacin poltica no pueden sus
admiradores permitirse olvidar o des
dear. Y aqu viene al caso otro pre
juicio, y es el tan difundido de que ni
camente la inmigracin de origen lati
no es la que acusa mayor ndice de
adaptacin y radicacin. Segn los
Anales del Instituto Etnico Nacional
(Tomo I ao 1948) el porcentaje de
inmigrantes que no han regresado a su
pas es el siguiente, por nacionalidades:
italianos, 51 %; portugueses,. 52> %; aus
tro-hngaros, 70 %; austracos, 64 %;
belgas, 61%; blgaros, 73 ;%; checoes
lovacos, 73 %; dinamarqueses, 52 %;
irlandeses, 79 %; lituanos, 85 %; pola
cos, 85 %; rumanos, 77 %; ucranianos,
95 %; estonios, 68 %; finlandeses, 70
por ciento; rusos, 65 %; suizos, 56 %;
yugoeslavos, 66 %, etc.
E1 entonces senador por Corrientes,
Eduardo Madariaga, expres, con ra
zn, ante dichas cifras: Dando por sen
tado que de' las razas conocidas ningu
na constituye la expresin suprema de
la raza humana, no debemos tener inte
rs en perpetuar alguna, cualquiera que
sea, en' particular; nuestro norte debe
ser una raiza superior a las actuales, con
la foja en blanco para ser llenada con
honor; si procedemos con inteligencia-
alcanzaremos el objetivo, pues contamos
con elementos bsicos y oportunos pa
ra ello."'
p1 rente fra objetividad de las
' estadsticas, esos trozos selectos de
la vida de las cosas, como los llama Hen-
ri Barbusse, la actividad del pas recla
ma con insistencia brazos, tcnicos, es
pecialistas, artesanos. En una reunin
efectuada hace pocos meses en el mi
nisterio de Economa, altas autoridades,,
.tcnicos e industriales se refirieron a
la intensa demanda de personas espe
cializadas que habr de originar el plan
de desarrollo intensivo que el gobierno
argentino est impulsando. En esa reu
nin se puso en evidencia, aun sin dis
poner. de estadsticas exhaustivas, la ca
rencia de tcnicos y que por ende habr
que iorntar o traer d afuera Se ha re
petido de esta manera la experiencia salu
dable que ensea que la orientacin ur
bana o rural, profesional u obrera, debe
ser librada a las demandas J|| los res
pectivos campos de actividad. El gobier
no regula tarde y mal; la sociedad en
su conjunto, a tiempo y bien.
Dejemos que cada uno se establezca
donde le plazca: el pas no requiere
inexorablemente ms gente en el cam
po que en la ciudad, o viceversa. La-
ciudad proporciona al campo su manu
factura y le toma sus cosechas y sus
ganados. Ya est en desuso aquella fr
mula segn la ferial las ciudades que
crecen mucho perjudican al campo.
Los agricultores producen cada vez ms


EL AO MUNDIAL DEL REFUGLDO
II
con menos personal: y ya no saben c
mo colocar sus extraordinarias cosechas.
No se trata de un problema de sec
tores, sino del pas entero, y sobre este
concepto cabe afirmar que todo lo que
en s mismo es factor de riqueza moral
o material, al beneficiar el todo bene
ficia a las partes.
Si redujramos el caso a cifras, hara
mos valer la afirmacin de un delega
do de la Oficina Internacional del Tra
bajo que en una conferencia pronun
ciada en Buenos Aires expres que el
valor medio econmico del hombre era
de 25.000 pesos (¡en 1951!). A cun
to ascendera, entonces, hoy, el valor
econmico de cada habitante adulto
que se incorpora al pas? En la Cmara
de los Comunes se afirm en diciembre
de 1938 que la admisin de 11.000 re
fugiados polticos haba proporcionado
ocupacin a 15.000 ciudadanos brit
nicos antes desocupados. Las Naciones
Unidas y sus organismos especializados
se han ocupado de la cuestin de los
refugiados y de la inmigracin en va
rios estudios y seminarios de gran va
lor. Se ha llegado a la conclusin gene
ral de que en Amrica an rige el pos
tulado de "gobernar es poblar.
La UNESCO hizo preparar un sim
posio por la Asociacin Internacional
de Sociologa y la Asociacin Interna
cional de Ciencias Econmicas, bajo el
sugerente ttulo de Aportaciones posi
tivas de los inmigrantes. La versin
castellana apareci en 1955 en Pars.
El captulo dedicado al anlisis del te
ma en la Repblica Argentina termina
como sigue:
La afluencia de nuevos inmigrantes
europeos favoreci el desarrollo de la
clase media. Dignific el espritu del
trabajo, incluso en la agricultura, la
cra del ganado y la industria, y esta
bleci sus valores paralelamente a los de
antes. La medida en que se ha promo
vido as el progreso industrial y tcnico
y el adelanto educativo constituye quiz
la aportacin ms decisiva de los inmi
grantes.
Frente al panorama actual en mate'
ria de refugiados parece acertado reini
ciar la antigua poltica liberal que hizo
la grandeza argentina. El otrora adjeti
vo refugiado, que pas a ser sustan
tivo en la Europa totalitaria, no trasun
ta lo que tiene de ms esencial: se es
t ant-e una persona refugiada; lo acci'
dental es esto ltimo, lo permanente es
la persona, ese trozo de humanidad que
tambin tiene derecho a vivir en un
pas casi deshabitado todava.
Finalizada la guerra de 1914, el Mu-
seo Social Argentino realiz una en
cuesta entre varias personalidades ar
gentinas sobre el tema La inmigracin
despus de la guerra. No olvidemos
que por entonces las circunstancias te
nan puntos de contacto con las de la
hora presente, razn por la cual cobra
importancia excepcional la respuesta de
uno de los estadistas interrogados, el
Dr. Emilio Frers: De los prejuicios de
raza, el que con ms empeo y vigor
se mantiene en la Repblica Argentina
es el de la raza latina, tan malparada
bajo los golpes de Jean Finot, que ha
acabado de suministrar la prueba de su
inexistencia. El error no tendra mu
cha consecuencia si la historia no es
tuviese demostrando con el ejemplo de
la Grecia antigua, del mundo romano,
de Francia, Italia, Espaa y todos los
pueblos que han sido realmente gran
des, que la heterogeneidad tnica es un
factor principal de civilizacin progre
siva y de amplia y generosa hermandad
entre las naciones, tal vez porque des
poja a los pueblos de esa rigidez presun
tuosa y egosta que los impulsa a cerrar
los odos a toda idea extraa o a mono
polizar el dominio y el goce del mundo.
Afortunadamente el mencionado error
no ha ejercido sino una influencia limi
tada en la simpata y benevolencia con
que la Repblica Argentina ha acogido


12
COMENTARIO
en todo tiempo a los hombres de todas
las razas.
p l Ao Mundial del Refugiado po-
* dra servir, pues, de punto de par
tida para la movilizacin de la opinin
pblica. Es indudable que las necesida
des inmediatas de los refugiados no pue
den ser satisfechas mientras no se for
mulen objetivos ms concretos. Lo que
se requiere, pues, es una ampliacin
de la idea del Ao Mundial del Refu
giado, ms all del limitado cometido
expuesto en los programas de los go
biernos y los comits nacionales. No ca
be duda que tanto los Estados Unidos
como otros pases, la Argentina entre
ellos, podran adoptar diversas medidas
en apoyo de las iniciativas formuladas
por las Naciones Unidas sobre el pro
blema. Dichas medidas, adems de con
templar las necesidades inmediatas de
rehabilitacin y asistencia, debieran
procurar, especficamente, la ratifica
cin de las convenciones sobre Dere
chos de los Refugiados y Apatridas,
en materia de empleo, educacin, vi
vienda, movilidad y otros derechos hu
manos fundamentales. Hasta el presen
te, muy pocos miembros de las Nacio
nes Unidas han ratificado dichas con
venciones. Los pases que aducen el
pretexto de la intromisin internacio
nal en asuntos de orden interno como
justificativo de su indiferencia, sosla
yan el factor de estmulo moral que
una actitud positiva significara para
otros pases menos resolutos, y de orien
tacin poltica para el legislador del
futuro, que es en rigor el objetivo le
gtimo de este gnero de acuerdos in
ternacionales. Una de las actividades
bsicas en favor del Ao Mundial del
Refugiado podra muy bien orientarse
hacia una revisin de las leyes y proce
dimientos en prctica.
Los resortes jurdicos y organizativos
con los que la comunidad internacional
ha respondido al problema de los re
fugiados han sido, hasta cierto punto,
producto de la improvisacin. La dilu
cidacin de asuntos tan espinosos como
la propuesta Declaracin del Derecho
de Asilo, actualmente a consideracin
de la Comisin de Derechos Humanos
de da ONU, o el complejo mecanismo
montado por el organismo mundial pa
ra la asistencia, rehabilitacin y reacon
dicionamiento de los refugiados, pue
de convertirse asimismo en iniciativa
adecuada para el Ao del Refugiado.
Tales estudios podran tomar positiva
mente en cuenta la sugerencia de que
los organismos temporarios que hayan
surgido en caso de emergencia, sean
reemplazados por una entidad perma
nente una Organizacin Mundial de
los Refugiados, similar a la Organiza
cin Mundial de la Salud, que atien
de a la sanidad internacional, o a la
Organizacin Mundial de la Alimen
tacin y Agricultura, que se ocupa del
problema del hambre.
En general, el solo hecho de haber
llevado estos problemas a la atencin
pblica, puede servir de hora inicial
para una accin coordinada y orien
tada hacia la solucin permanente
de un problema que, por efecto de los
prolongados conflictos blicos, del tota
litarismo y las crisis, se ha convertido
en un factor de angustia social.
Es obvio que la finalidad ltima de
este movimiento de opinin, debe ser
¡la creacin de un orden internacional
en el que los hombres no tengan que
verse ms en la necesidad de buscar
ni asilo ni refugio.
LA DIRECCION


COMO SARMIENTO Y JUAN B. JUSTO
VIERON LOS ESTADOS UNIDOS
JOSE P. BARREIRO
DESDE haca muchos aos, desde
que Ingenieros en sus inolvidables
ediciones de La Cultura Argen
tina haba entregado a la curiosidad
mental de nuestros compatriotas los tres
tomos en que prologados por Julio
No aparecieron los famosos Via
jes de Sarmiento, ellos no haban sido
reeditados. Por eso, por el tiempo trans
currido, resultaba empresa imposible
encontrar en las libreras aquellas lar
gas epstolas que el gran sanjuanino
escribi a Demetrio Pea, Vicente Fi
del Lpez, Miguel Piero, Carlos Te
jedor, Antonio Aberastain, Jos Victo
rino Lastarria, Juan Thompson el hi
jo de doa Mariquita Snchez, a su
to el Obispo de Cuyo, a Juan Mara
Gutirrez, Manuel Montt y don Valen
tn Alsina con motivo de sus vagabon-
UNA vida consagrada al periodismo mili
tante, exaltada y regida por ideales de
mocrticos y con una devocin dinmica
por nuestra historia, son las coordenadas entre
las que debe ubicarse la personalidad intelec
tual de Jos P. Barreiro. Tanto en el libro,
en la tribuna del conferencista, en la conduc
cin de grandes empresas periodsticas como
en la exgesis de nuestros grandes valores ar
gentinos, Barreiro subraya la tendencia huma
nista del sector ms constructivo de la in
telectualidad argentina. En las pginas que
insertamos colora rio, en cierto modo, de
sus anteriores entregas para COMENTARIO
Barreiro traza un paralelismo de sugestivo in
ters actual entre las reflexiones que susci
taron a dos figuras histricas nacionales sus
experiencias de viaje por los Estados Unidos
en dos perodos diferentes.
daggios por Montevideo, Ro de Ja
neiro, Francia, Africa, Italia, Espaa,
Alemania, Suiza, Holanda, Blgica, In
glaterra y los Estados Unidos. La obra,
que documenta etapa a etapa las alter
nativas de aquel maravilloso periplo
que Sarmiento inicia a bordo de la
Enriqueta, en octubre de 1845, en
el puerto de Valparaso y que cierra
en el mismo puerto en octubre de 1848,
haba sido impresa originariamente en
1849 y 1851 en las planas de Julio
Belin, con el ttulo de Viajes en Eu
ropa, Africa y Amrica y constituy,
ya en las cercanas de la inmortalidad
del procer, el tomo V de sus Obras
Completas. Luego de las ediciones de
1922 esperse con ansiedad su reim
presin. Julio No, har tres lustros,
anunci en la nmina de sus Clsicos
Argentinos la inminencia de su apa
ricin; el prlogo pertenecera a la fi
na prosa de Nicols Coronado; pero la
hermosa promesa qued sin cumplirse.
Mientras tanto, el captulo exhaustivo
que Alberto Palcos dedic al tema en
su ya famosa historia del prcer, el be
llo libro que Jorge Calle public en
1925 con el ttulo de El Pasajero Su-
gerente y las pginas que Eduardo
Mallea seleccion para su Prosa de
leer y de pensar, renovaron peridica
mente la nostalgia por releer aquel ri
qusimo epistolario donde el autor, si
guiendo la escuela de Chateaubriand,
Lamartine, Dumas y Jaquemont, en
treg a sus amigos y a la posteridad las
13


14
COMENTARIO
observaciones, las revelaciones de sus
estupendos veintisiete meses de andan
zas. Es cierto que la reedicin de las
Obras Completas realizada en los
ltimos aos por Luz del Da facili
t reencontrar la poligrfica produccin
del artfice de Recuerdos de Provin
cia, pro, por la unidad de la em
presa, no era posible el hallazgo par
cial que se anhelaba. rj
Felizmente, bajo el signo de ^Ha-
-chette, en la tan bien escogid'a^tlfc
cin de El, Pasadp Argntpfo j: que
'Gregorio' Weinberg dirige con preocu
pacin benedictina, se acaba de finali
zar la hazaa de esterpail nuevja-
mentq'Alos 'Viajes^* En 1'9||¡>, prolo
gada por Alberto Palcos nos haba 'da
do el. tom de- Valpar^sli1lla'''jl>^fs.
"En 1 9.|f, presentado por N. Rodrguez
Hustamante, nos entreg e
Italia. Ahora, comentado por el poeta
-sanjuanino Antonio de;?la Torre,. Tff-
chette completa* el periplo sarmien-
-tino c,on las Crnicas sobre los Estados
Uidos en las que an est trmulo,
deslumbrantj,'* tel asombro conSqpfcel
autor de Facundo recorri la patria
de Washington. Los tres tomos repro
ducen la distribucin que Ingenieros y
No dieron en 1922 a la obra, pero
ella aparece enriquecida en la nueva
edicin con el minucioso y pintoresco
"Diario de Gastos que Sarmiento lle
v durante el itinerario y que permite
reconstruir, imaginar, sus grandes cu
riosidades, la propina que di en Ran
1 sacristn de San Onet par qil ?l
dejara ver los monumentos, los francos
que perdi en casa del seor Lassalle,
director de El Correo de Ultramar,
el sitio de la tercera galera que abo
n en el Teatro Francs'" para >eseu-
char a Mlle. Rachel, lo que un 24 de
mayo flelcost el ferrocarril para llegar
a Gran Bourg y visitar a San Martn,
las representaciones teatrales que pre
senci en Madrid, las lminas de Ve-
lzquez y de Murillo que compr en
la capital espaola, lo que pag por el
remiendo de sus trajes y de sus botines,
el albornoz fino que adquiri en T
nez, los cigarros que fum, los ve
hculos que utiliz y hasta las picar
das las orgas y las grandes orgas,
con que inevitablemente tuvo que ma
tizar sus jomadas. Ese Diario de Gas
tos que en 1950 divulg i el '.Museo
Histrico Sarmiento por iniciativa de
sulfll director, don Antonio P. Castro,
aparece repartido en los tres tomos de
acuerdo al itinerario del viajero. Su
incorporacin a los Viajes aumenta
Hi deleite con que se siguen estas pgi
nas entre confidenciales y periodsticas
del incansable sanjuanino.
C l vplumlit Unidos, qu
' ha aparecido recientemente, expli
ca por s solo, dada la riqueza del ma
terial acumulado, la ansiedad que abru
maba al andariego sanjuanino cuando
||¡1 los ltimos das de su permanencia
en Pars, ,-rsatisfechas sus ambiciones
intelectuales !de conversar con Thiers
y con Guizot, cumplido el deber litr
gico de visitar en Gran Bourg al hroe
de su patria y de haber experimentado
el halago.-ih'sigfe^a^jue M. de Maza-
des proclamara en las pginas de
la Revue des deux Mondes la gran
deza Barbarie, re
visando s bolsa y hallando en ella tan
slo unos setecientos duros, formulara
las ms desesperadas lamentaciones
frente a la posibilidad de que la esca
sez de recursos le impidiera llegar a la
patria de Washington. No poda admi
tir* en su condicin de maestro de es
cuela'y en viaje de exploracin por l
mtndo para examinar l estado de la
enseanza primaria, que tuviera que
regresar a Amrica sin haber inspeccio
nado las escuelas de Massachussetts,
jjas> ms adelantadas del mundo. No
comprenda tampoco cmo, hallndose
$$&caza de datos sobre la emigracin,
podra tener una nocin de ella "sin
visitarMjj| Estados Unidos a donde Se
dirigan todos los aos 200.000 erifi-


COMO SARMIENTO Y JUAN B. JUSTO VIERON LOS BE. UU.
15
erantes. Con igual melancola se plan
teaba ntimamente este otro problema.
Republicano como era, ¡cmo volvera
sin haber visto la repblica nica, gran
de y poderosa que exista sobre la tie
rra! En fin, no slo el problema edu
cacional le obsesionaba; quera inspec
cionar personalmente en los Estados
Unidos la colonizacin y la prctica
del sistema electoral; es decir el modo
de poblar el desierto y la manera de
proveer al gobierno de la sociedad.
Ello le amargaba ms que no ver Lon
dres, ni el Tmesis, ni las fbricas de
Birmingham o de Manchester, o los
bosques de mstiles de los docks de
Liverpool.
El 17 de agosto se embarca en Liver
pool a bordo del Moctezuma. El 15
de setiembre ya estaba en Nueva York,
buscaba maestro de ingls y compraba
un mapa de los Estados Unidos. El
nuevo panorama emociona y deslumbra
a Sarmiento. De inmediato, se siente
atrado por los problemas concretos, por
los adelantos notorios de la tcnica, por
las estadsticas y las cifras, aunque al
gunas veces se pierda divagando al ob
servar la libertad social de la mujer, la
tendencia por el flirt, las expansio
nes sentimentales y afectivas que los
enamorados suelen ofrecer indiscreta
mente al pblico, o cuando en diez ex
tensas pginas hace la apologa del ho
tel de San Carlos de Washington, en
cuya amplitud, confort y magnificen
cia cree descubrir que se realiza el
concepto falansteriano de Fourier.
He aqu dice asombrado el joven au
tor de Facundo al pueblo-rey que
construye palacios para reposar la ca
beza una noche bajo sus bvedas. Pa
reciera que el sanjuanino, frente al des
cubrimiento, hubiera querido contestar
aquel concepto desgarrado del versculo
bblico: Las aves tienen su nido. Las
fieras tienen su guarida. Slo el hijo
del hombre no posee una miserable pie
dra donde reclinar su cabeza.
Visita todas las grandes ciudades y
atraviesa o sigue los lmites de veintiu
no de los ms ricos estados. De Nueva
York viaja en vapor a Albany, despus
en ferrocarril a Buffalo. De Buffalo
cruza hacia Canad para visitar Mont-
real y maravillarse ante las cataratas
del Nigara. Luego, ya en Massachus-
setts, le impresionar la grandeza de
Boston y llegar hasta Newton East
para dialogar dos das consecutivos con
Horacio Mann, el apstol de la educa
cin popular. Todo lo observa, todo lo
anota para contrselo a don Valentn
Alsina en las cartas kilomtricas que le
escribir. Geografa, mares, ros, nave
gacin interior, caminos macadamiza-
dos, ferrocarriles, canales, los tejidos de
Lowell, la transformacin prodigiosa de
Pittsburg que en 1800 tena 45.000 ha
bitantes y que cuarenta y cinco aos
ms tarde albergara 2.000.000, sus
extraordinarios depsitos de carbn de
piedra, el espritu de publicidad que
est implcito en cada comerciante, los
vicios individuales, el caos religioso, el
periodismo, la geografa moral, el tel
grafo, la distribucin de las tierras que
le hace evocar el pensamiento de Riva-
davia, los sentimientos polticos, los
bosques, la marina, la inmigracin eu
ropea, el juicio por jurados, los arados,
las vajillas de las cocinas ms humildes,
el arte, las universidades de Ohio, las
columnas, los obeliscos elevados en ho
nor de Franklin y de Washington, etc.
Con esa curiosidad recorre Filadelfia,
Baltimore, Washington, Harrisburg,
Chamberburg, Cincinatti, para llegar
finalmente a Nueva Orleans. Por ah,
quiz para quebrar tanto panorama gi
gantesco, gastar un cuarto de dlar
para asistir a la representacin de Tom
Puce, el genial enano de 25 pulgadas
de alto. ¡Todo lo mira con las pupilas
deslumbradas de quien ha presenciado
el Advenimiento, mientras el vuelo de
sus ambiciones le hace desear que se
acorten las distancias para el da en
que pueda aplicar en su patria tanta
observacin asimilada!


16
COMENTARIO
O lo dos o tres cosas le obligan a
^ dibujar un parntesis en medio! de
tanta exaltacin admirativa. Sobre to
do, la esclavitud mantenida en los Es
tados del Sur. Frente a esa tristsima
realidad, fulmina a la aristocracia de
las balas de algodn y de las bolsas de
azcar, fruto del sudor de los esclavos.
¡Ah, la esclavitud, la llaga profnda
y la fstula incurable exclama que
amenaza gangrenar el cuerpo robusto
de la Unin!. ¡Qu fatal error
ce fu el de Washington y de los
grandes filsofos que hicieron la decla
racin de los Derechos del Hombre al
dejar a los plantadores del Sur sus es
clavos! La esclavitud subraya es
una vegetacin parsita que la coloni
zacin inglesa ha dejado pegada al r
bol frondoso de las libertades america
nas. Sin embargo, diecisis aos ms
tarde, cuando despus de ejercer tem
pestuosamente el gobierno de San Juan
vuelve a los Estados Unidos como ple
nipotenciario de su patria, tiene la sa
tisfaccin de apreciar cmo por la ac
cin heroica de Lincoln ha comenza
do a desbrozarse esa vegetacin par
sita y dedicaentonces al Emancipador,
como homenaje pstumo, algunas de
ss pginas ms conmovidas.
/O incuenta aos ms tarde, otro ar-
gen tino de la misma curiosidad
mental y de idntica audacia revolucio
naria Juan B. Justo visita los Esta
dos Unidos. Ese viaje que tendr para
su espritu la misma repercusin sensa
cional que medio siglo antes poseeran
para Sarmiento sus famosas incursio
nes por aquellos pueblos, le dar mo
tivos para escribir diez y ocho corres
pondencias que se publicarn en el pe
ridico La Vanguardia y para formar
un pequeo libro: En los Estados Uni
dos. Es interesante ensayar un para
lelo. Para uno y para el otro esos via
jes han de resultar fructferos. Sar
miento aplicar la enseanza de todo
lo que ha observado, en sus grandes
Campaas periodsticas, en su gestin
educacional de Chile, en la formidable
accin que desarrollar de lftlf a 1860
en el Estado de Buenos Aires y, un
decenio ms tarde, enriquecido el pa
norama de 1847 con las nuevas ense
anzas que recogi de 1865 a 1868, en
el ejercicio de su presidencia histrica^
Juan B. Justo, que acaba de fundar el
socialismo argentino, tendr oportuni
dad de apreciar en los Estados Unidos-
las leyes que rigen el desarrollo capita
lista y los secretos de la evolucin tc
nico-econmica. Desde entonces los
Estados Unidos han de ser, conjunta
mente con Nueva Zelandia, sus obliga
dos puntos de referencia para los pa
ralelos que trazar con respecto a nues
tra atrasada realidad y las escuelas de
Massachussetts, que enloquecan a
Sarmiento en 1847, han de ser para
este otro ilustre compatriota el modelo
que presentar al Congreso en 1917,
es decir, setenta aos despus, para po
ner en evidencia l. alto costo de la
enseanza^ secundaria, argentina.
Sarmiento ha sido exuberante en el
relato de los deslumbramientos que 1§|?
han fascinado. Justo, en cambio, con
aquel extraordinario poder de sntesis
que era una de sus virtudes intelectua
les, condensa en las ochenta pginas
de su pequeo libro las observaciones
del vasto panorama que se abre ante
sus ojos escrutadores. Comprende que
es en. Norte Amrica donde el capita
lismo se desarrolla ms grande y ms
libre y que ¡es all donde conviene es
tudiar su evolucin. Busca los censos
de 1850, de 1860, de 1870, de 1880
y 1890 y comienza a esbozar paralelos
que definen cmo se ha operado el pro
ceso evolutivo de la economa, de la
tcnica, del comercio y de la industria.
Comprueba que se cumple el peligro
previsto por Tocqueville ms de medio
siglo atrs: el d la formacin de una
aristocracia y de una servidumbre in
dustrial como consecuencia de las gran
des fbricas. Observa cmo la empleo-


COMO SARMIENTO Y JUAN B. JUSTO VIERON LOS EE. UU.
17
mana resulta en los Estados Unidos
tan general como en la Repblica Ar
gentina o en Espaa; que por accin
del progreso tcnico o de la maquina
ria que suplq el esfuerzo fsico, hom
bres y mujeres tienen que buscar su
vida en ocupaciones que son algunas
veces intiles y parasitarias, y otras,
humillantes y perniciosas. Los corredo
res y agentes intermediarios de todas
clases se multiplican al infinito. Los
hombres "sandwich aumentan, lo mis
mo que las prostitutas y los lacayos.
Puntualiza cul es la capacidad produc
tiva de un individuo; lo que elabora
en un ao el operario de una fbrica
de tejidos de algodn trabajando 10
horas por da; los pares de botines que
confecciona en lasl mquinas un obre
ro de las grandes zapateras de Massa-
chussetts; los cerdos que son muertos,
divididos y empaquetados en los mata
deros del Oeste; el trmino medio efi
caz, desde el punto de vista de la tc
nica y de la produccin, que dan las
chacras de Dakota, los molinos de Min-
neapolis, las carniceras de Chicago, las
fbricas de tejidos de Rhode Island,
las manufacturas de calzados de Lynn
y de Haverhill. Todo observa, todo
anota, todo lo que es una expresin de
progreso tcnico-econmico, un reflejo
social, un ndice cultural. Lo hace con
aquel extraordinario dominio de la sn
tesis, a que nos hemos referido, y que
le permite explicar en slo cinco pe
queas pginas la historia de las huel
gas obreras en los Estados Unidos. Des
de la desocupacin hasta la concentra
cin de la riqueza; desde la formacin
de los trust y la tirana de los mono
polios, hasta las expresiones de credu
lidad y de supersticin que exacerba el
sectarismo protestante.
Pl ominado ya por los principios del
^ socialismo, adicto a las teoras que
Marx ha elaborado sobre el proceso de
la sociedad capitalista, Justo com
prende cmo se realiza matemtica
mente, con la inexorabilidad determi
nista de una ley o del fatalismo, la ur
dimbre de integracin que elimina
las pequeas manufacturas y que en
sancha el radio de accin de las gran
des. Revisa, igual que Sarmiento, cen
sos y estadsticas. En verdad, el proce
so previsto por Marx se cumple y ano
ta en sus apuntes cmo el valor del ca
pital manufacturado ha aumentado
anualmente nueve veces, mientras el
nmero de los establecimiento indus
triales apenas si se ha triplicado, cmo
han disminuido de 25.079 a 18.267
los molinos harineros en el transcurso
de dos aos, mientras han superado
considerablemente su capacidad pro
ductiva, lo mismo en las refineras de
azcar, en las fbricas de tejidos de al
godn, etc.
Sin embargo, Justo no cita a Marx
en ninguna de esas pginas. Slo men
ciona dos veces, incidentalmente, la pa
labra socialismo a lo largo de sus 18
correspondencias o de sus 18 apuntes.
Pero Marx aparece ntido, palpitante
en l, as como Engels, Morgan y
Thompsen aparecern reflejados en su
medular conferencia de 1898 sobre
La Teora Cientfica de la Historia y
la Poltica Argentina, o casi tres lus
tros ms tarde en los captulos de Teo
ra y Prctica de la Historia. Cuando
buscando estadsticas y censos, docu
menta cmo en los Estados Unidos se
opera el proceso de la integracin o de
la concentracin capitalista que elimi
na la pequea manufactura, lo hace de
acuerdo a Marx. Cuando se burla de
la ingenuidad del Congreso de los Es
tados Unidos que quiere impedir la
formacin de los trust por medio de
una ley restrictiva especial, descono
ciendo las leyes inevitables de la evo
lucin capitalista, recuerda implcita
mente a Marx. Y piensa inequvoca
mente en Marx cuando se refiere a la
rpida desaparicin de las pequeas
casas de comercio de Chicago.


18
COMENTARIO
CT n la apreciacin del problema cul-
' tural. Justo plantea con respecto a
las apreciaciones de Sarmiento una fun
damental discrepancia. Sarmiento exalta
en Franklin,, en Morse, en Fulton, a
la virtud creadora, enumera las novelas
norteamericanas, los libros de filosofa
y de poesa que se han escrito, los in
genieros, los artfices y maquinistas que
surgiendo de Norte Amrica invadan
el mundo para ensear las artes de pro
ducir y de realizar maravillas. Justo,
en cambio, al observar 1 ritmo acelera
do del progreso tcnico y de la riqueza,
lamenta que el progreso cultural no ha
ya sido correlativo. El estancamiento
cultural lo impresiona. Comparados
con los pases de la Europa Central y
Occidental, los Estados Unidos muy
adelantados bajo el punto de vista eco
nmico seala estn lejos de serlo
bajo el plinto de vista intelectual. De
ploraba que en el campo de la teora,
en la elaboracin de las ideas genera
les, en la sntesis de los conocimientos
cientficos de detalle, los norteamerica
nos no hayan sido fcapaces de descu
brir una ley cientfica de gran alcance
o producir un gran- filsofo. En verdad,
en aquellos das todo era empirismo en
la'tierra de Lincoln. As como en Ale
mania dice el desarrollo intelectual
se adelant al desarrollo econmico y
poltico, en los Estados Unidos la in
teligencia nacional est en un retardo
relativo. Treinta aos despus, el gran
Andr Siegfried, en un esquema socio
lgico que resplandecera en las pginas
de Los Estados Unidos de hoy, repeti
ra, sin saberlo, *$ mismo concepto de
Justo: "Si por un lado hay adelanto,
;por el otro hay retroceso; l avance
]prctico para l bienestar general es in
menso en relacin con el viejo conti
nente, pero es a costa dl sacrificio dl
aspecto individual, dl refinamiento de
la vida y dl arte considerado en Eu
ropa, hasta en las clases ms humildes,
como una noble expresin de la per
sonalidad. A excepcin de la arquitec
tura agregaba el ilustre Siegfried,
los Estados Untelos no han producido
hasta l presente ningn arte nacional
y, en general no sienten su necesidad".
Sin embargo, Justo reconoce cmo la
gran industria, poniendo en eviden
cia el dominio adquirido por el hom
bre sobre las fuerzas naturales, tiende
a elevar la inteligencia del pueblo.
Comprueba cmo en materia de salarios
los trabajadores de los Estados Unidos
estn en una situacin mejor que los
de Europa y de los dems pases de
Amrica, pero que, a pesar de ello, la
situacin del pueblo norteamericano, es
decir, de la gente que trabaja, no res
ponda a la extensin y riqueza de su
territorio y a su adelantada tcnica in
dustrial. Para que la clase trabajadora
alcanzara, el ideal econmico, sera ne
cesario que cada uno dispusiera del
producto ntegro de su trabajo. Sera
necesario que todo el trabajo fuera til,
mientras que hoy una parte de l es des
tructivo; sera necesario que toda fuer-
iza- humana utilizable encontrara un
empleo inmediato y fcil, y ahora hay
un ejrcito permanente de desocupa
dos.
I usto, como Sarmiento, se detiene
^ ante el Capitolio. Sarmiento lo hi
zo en 1847 para admirar su estilo eo
rintio, para evocar a Washington, pa
ra establecer su grandeza definindolo
como m|J genio de la humanidad mo
derna, l principio de una era que aso
ma y que ya deja marcado al mundo
el camino de justicia, de igualdad y de
trabajo luminoso, que seguir. Justo lo
hace en 1895 para evocar "a los que
fundaron la gran repblica, cuyos ta
lentos y virtudes fueron dignos de la
historia clsica.


LOS PLEITOS DE AMERICA LATINA
Abstracciones heredadas y presente dinmico
FERNANDO GUIBERT
IEN SABEMOS, a travs de la proble
mtica de las ideas y por lo tanto de
la problemtica de la definicin y del
"juicio, qu dificultades y contradiciones se
presentan para una ordenacin vlida de las
abstracciones que hemos heredado de nues
tro mundo de lenguaje. Esto nos obliga a
precavemos del poder irracional e invisible
de las palabras porque repitiendo a Poincar:
"Tenemos que hacer uso del lenguaje, que
est constituido necesariamente por ideas
preconcebidas. Tales ideas sostenidas in-
conscientemente son lo ms peligroso de
'todo.
De conformidad a este aserto, digamos
-entonces que Amrica, tambin para nosotros
es una idea preconcebida, con todos los ries
gos de los errores y falsedades inherentes a
los prejuicios e ilusiones encerrados en ella.
Las causas que nos hacen difcil una com
prensin creadora de la realidad de Amrica
EL AUTOR de este artculo es un poeta ar
gentino de corte singular. Ha publicado,
adems, monografas y ensayos en los
que perfila con agudos trazos la idiosincrasia
del tipo porteo. La suburra, como dijera
'Cansinos Assens, requiere una percepcin de
-orden plstico para ubicar con gallarda a sus
tipos. Esa es la cualidad que ha exhibido Fer
nando Guibert como exaeta del "compadri
to" y su cohorte de adlteres orilleros. Pero
la obra que lo ha colocado verdaderamente
en la vanguardia de la poesa ciudadana es
'Profeta al pie de Buenos Aires. En ese libro
"de estrofas tan withmanianas, el fervor por
nuestra ciudad asume la jerarqua de un au
tntico mensaje lrico. Movido por esa inquie
tud mltiple que lo caracteriza, Guibert se
ocupa en el presente trabajo de un interro
gante que palpita con viva latericia en el es
pritu de Hispanoamrica.
y sus problemas son en primersimo lugar:
la imposibilidad de evadimos de nuestra
perspectiva de hombres histricos y geogr
ficos. En segundo lugar: el incompleto co
nocimiento fsico y espiritual que poseemos
de Amrica, en sus tan complejas singulari
dades y variaciones en el tiempo y en el
espacio. Y por lo tanto, la consiguiente re
duccin de nuestras experiencias e intuicio
nes sobre ella. Tambin nos desorienta bue
na parte de la literatura filosfica, sociol
gica, histrica y poltica, por la parcialidad
o extralimitacin de sus concepciones, ideali
zaciones o intereses. A lo que agregaremos,
el mundo conflictual, apasionado e intuitivo
de los resultados del aTte, no siempre vli
dos y proporcionados para los alcances de
una verdad posible para Amrica, pese a
sus valiosos encuentros y descubrimientos.
Tal vez, nuestra fragmentaria imagen de
Amrica derive principalmente de los arque
tipos y figuraciones de las creaciones arts
ticas, a travs de sus lneas y entrelineas.
Sobre todo por la implcita vocacin y pa
sin americanas de estas creaciones estticas.
Conocemos el nacimiento histrico de la
palabra Amrica, referida a una importante
porcin geogrfica del mundo. Pero debe
mos completar esta abstraccin espacial, co
mo totalidad geofsica y humana, con la abs
traccin temporal de lo que fu este conte
nido americano, antes del presente que vi
vimos. De lo que est siendo Amrica en
este presente dinmico. Y de lo que ser
y no es dado proponer en alguna medida
para Amrica en relacin con el mundo res
tante. Consideramos de importancia capital
estar de acuerdo en la aceptacin o no de
esa realidad o existencia de Amrica, como
entidad geogrfica, humana y significativa,


20
COMENTARIO
porque a partir de ella, nos ser posible ex
traer los sentidos o los modos particulares
que operan actualmente en su vivir. Y en
tal supuesto, resolver desde sus caractersti
cas ms peculiares y distintas, nuestra con
ducta. Porque Amrica Latina ser en gran
parte lo que nuestra voluntad y nuestra con
cepcin de ella determinen para nuestros
actos presentes y futuros.
Digamos desde ya, que dudamos de to
das las generalizaciones excesivas. Nos refe
rimos a los abusos de los esquemas menta
les verbalistas o pretendidamente intuitivos
sobre Amrica. Y a los procedimientos me
tafricos y analgicos que se apoyan en las
teoras culturales en moda: organicistas, c
clicas, fatalistas o finalistas de la historia.
Tampoco estamos de acuerdo con los pesi
mismos nihilistas. Ni con los entusiasmos me-
tafsicos, estticos y literarios por los pode
res y alcances de lo americano paia un des
tino mesinico y salvacionista de la huma
nidad, en razn de imaginadas decadencias
culturales ajenas. En ingenuo olvido o apre-
ciaciin excesiva de nuestras reales propor
ciones y posibilidades frente al proceso his
trico universal.
Deseamos ser cautos porque deseamos ser
tiles. Afirmados, ms en el anlisis objetivo
de las relaciones y magnitudes histricas que
en el sentimiento irracional e idealista, no
siempre puro y consecuente, por pretendi
das esencias americanas perennes. O en la
actitud vanidosa, romntica o agresiva de
una autoctona que reivindica abstractamente
situarse ms all de la realidad tan inquie
tante e ineludible del mundo presente, en
razn de la trascendencia de su singularidad.
Pese a los visibles tropiezos conceptuales
que se originan para determinar la idea
de unidad o identidad en un fenmeno tan
extenso y complejo como es el de un conti
nente, somos fcilmente proclives a aceptar
la unidad y designio rigurosos para Amrica.
Por nuestra propensin humana de afirmar
nuestra propia individualidad, de magnificar
nuestro drama y por lo tanto nuestra propia
importancia. Estas actitudes, como senti
mientos o juicios sin mayor hondura, son de
un simplismo peligroso puesto que desbor
dando los lmites de la especulacin formal,
nos llevan a consecuencias terico-prcticas
totalmente equivocadas y perjudiciales para
nosotros y para el cumplimiento de nuestros
destinos concretos y variables como compo
nentes de la comunidad mundial.
No existe tal identidad rigurosa en lo
Americano, ni en lo geogrfico, tnico, pol
tico, econmico y cultural. En cambio, po
demos descubrir un sincronismo histrico de
estos elementos en el tiempo de su incor
poracin al resto del mundo. Tambin nos
es posible descubrir semejanzas en la mag
nitud, intensidad y modos de esos elemen
tos, al conjugarse entre s, es decir, en su
movimiento geohumano en la historia. Y
principalmente, destacar algunos sentidos de
la actitud espiritual del americano, de sus
parecidas experiencias ntimas, de sus ten
siones en el mbito de la convivencia, rela
tivamente independientes del criterio antro
polgico exterior. Que se basa, para deter
minar; la unidad de lo americano, en los re
sultados de la fusin tnica, las influencias
de lo geogrfico y de las herencias cultura
les o en los mitos contemporneos para un
destino histrico inevitable, que alguien ca
lific de "xtasis de autoctona.
Se ha expresado repetidamente que la geo
grafa determina una identidad americana.
Y sin embargo Amrica se asla o se separa
de Amrica por su geografa. Una colosal
columna vertebral montaosa divide el te
rritorio americano en tres zonas generalsi
mas: el Altiplano en sus altitudes irregula
res y marcadas, la faja recostada en el Oca
no Pacfico, variable en cada sector de su
latitud y las extensiones pampeanas y selv
ticas enfrentadas a las costas del Atlntico.
En estas tres zonas se suceden las ms con
trapuestas caractersticas geogrficas: valles,
mesetas, praderas y pampas, litorales meso-
potamias, desiertos, selvas, pramos y llanu
ras. Bajo todos los mandos tirnicos de cli
mas heterogneos. Bajo las lluvias o las se
quas ms extremas. Y en la opulencia o la
miseria de las floras y las faunas ms diver
sas y antpodas. Es decir, un inmenso mun
do distinto y antagnico, excepto en su rela
tivo parentesco geolgico.
En lo tnico, se ha simplificado excesiva
mente con la unidad de lo indgena y la uni
dad del mestizaje. No pudindose descono
cer en cambio las complicadas resultantes de
la fusin racial operada antes y despus del
Descubrimiento. Existen, s, zonas prepon-
derantemente blancas, mestizas e indias y


LOS PLEITOS DE AMERICA LATINA
21
preponderantemente mulatas o negras. Pero
todas ellas pigmentadas y configuradas en sus
casi infinitas gradaciones y mezclas. Y uni
das parcialmente por el destino simultneo
de su vivir histrico y los modos parecidos
de su accin y reaccin en la convivencia.
En lo econmico, si bien nuestro nivel re
lativo respecto a otras zonas geogrficas del
mundo nos sita como un continente, en
general, subdesarrollado, este nivel es mar
cadamente variable en cada pas y sector de
cada pas. Igual variabilidad se observa en
la densidad de las poblaciones y en el cre
cimiento humano de cada uno de los pases
americanos. Si nos referimos a lo poltico,
oscilamos desde las ms crueles tiranas y
dictaduras parodias de organizacin y de
gobierno a formas de democracias estables,
prcticamente avanzadas en sus contenidos
y ejercicios.
/Cules son, pues entonces, los factores
del pasado y del presente que nos
unen, para justificar un parecido y simult
neo destino y problemtica continentales?
En primer trmino: la herencia cultural.
La herencia latina, con su religin, ideologa
y tcnica, fu la que se incorpor desde el
principio del Descubrimiento. Despus, en
los 400 aos siguientes, fu el influjo cons
tante de lo europeo, integrndose y modifi
cndose con las resultantes dinmicas del
medio americano, y las parcelas de las cul
turas autctonas an sobrevivientes. Y por
fin ahora, desbordando y cooperando con
los aportes de lo europeo contemporneo, se
acenta sobre Amrica Latina el gigantesco
comando ideolgico, financiero, tcnico y
comercial de los EE. UU. de Norteamrica.
Los resultados de estas influencias cultura
les han sido sensiblemente diversos de acuer
do a las formas ms o menos coherentes y
vivas de la cultura indgena, que recibi
violentamente tales influencias. Citemos,
entre otros, los procesos culturales tan im
portantes y complejos, de los antiguos M
xico y Per, de Guatemala, del Tiahuanaco,
vecino al lago Titicaca, que han determi
nado supervivencias y caractersticas tnicas,
sociales, econmicas y espirituales, diferen
tes al resto de los otros pases americanos,
de formas culturales aborgenes menos ricas
y desarrolladas.
Otro factor unitivo es el idioma, como ve
hculo comunicante y de intercambio ideo
lgico y convivencial. El espaol y el por
tugus son casi generales, enriquecidos y
empobrecidos simultneamente, cambiantes
y coloreados en cada sector del territorio
americano. Como excepcin quedan vesti
gios de idiomas o dialectos indgenas que
segn el clculo de Rivert alcanzaban a 123
familias lingsticas.
Otro elemento unitivo y tal vez el ms
significante, es el de la semejanza en la di
nmica sociolgica, producida a travs del
tiempo, en la formacin de las categoras o
clases que se desenvolvieron y se desenvuel
ven en Amrica como resultado de esa pene
tracin europea. Nos referimos al parentesco
en el nacimiento y desarrollo de las vidas
coloniales. El de los patriciados de la inde
pendencia, creadores de las actuales naciona
lidades La formacin y desarrollo de las oli
garquas. Los diversos grupos que constitu
yen lo que se llama en lenguaje sociolgico,
las clases medias, los campesinos y los obre
ros, ya en el nacimiento y evolucin de lo
tcnico e industrial.
Este abigarrado conglomerado social hu
mano en los distintos pases, estaba y est
ligado en los parecidos resultados de armo
nas y de conflictos de la vida social. Li
gado en los incalculables combates, manse
dumbres, enfrentamientos y dilogos con
una naturaleza anrquica, que avasalla con
su fuerza, la totalidad de la vida. Ligado,
en el lento vegetar de las ciudades devoradas
entre la enormidad de las distancias, la po
breza de los intercambios y las comunica
ciones El penoso aprendizaje para las
normas de la vida civil. Y los desarrollos
de la inteligencia y la cultura. En lo eco
nmico: los choques de los procesos de la
produccin agrcola, ganadera y minera, pri
mitivas y empricas, con las exigencias del
avance tan dificultoso del industrialismo en
Amrica.
Esta evolucin de lo histrico y sociolgi
co fu realizada en el amor y la pasin por
la libertad en todas sus formas. Y en el
sentimiento exigente de un gobierno y un
ejercicio civil para todos, con sus contradic
ciones, abusos y engaos. Este impulso siem
pre creciente e indecbnable por la justicia
V las libertades, ha generado, en razn de
los inevitables desequilibrios y retrocesos, y
con los apoyos y tcnicas de ideologas euro-


22
COMENTARIO
peas, similitudes en las luchas sociales, en la
organizacin sindical, la conciencia poltica
y las reivindicaciones paia la mayora que
aspira por un ascenso en sus destinos.
Esta semejanza en la dinmica sociol
gica se debe al sincronismo, a la simultanei
dad de los grandes fenmenos sociales cum
plidos en este continente.
El descubrimiento se produce en las
postrimeras del siglo XV y se inicia el
duro ejercicio de la conquista. En el deve
nir del siglo XVI se constituyen casi contem
porneos los virreinatos, que preparan la sor
da insurreccin, el altercado y el desangre
de las emancipaciones contra el orden de
sujecin y explotacin coloniales, entre los
aos 1810 y 1824. Con el resultado tnico
y cultural del mestizaje, elaborado en todos
los grados e incorporado a los distintos gru
pos de ¡a comunidad. Con el apoyo ideol
gico y militante de las minoras intelectua
les, entre las desproporciones de las distan
cias para los escasos ncleos humanos que
luchan y vegetan, nacen las repblicas con
la esperanza abstracta, indita y entusiasta
por la democracia, para el gobierno propio
y justiciero. Es as que las repblicas tra
jeron el cortejo nupcial de sus aspiraciones
y proyectos para la ms sana convivencia.
Pero, tambin las acompa el squito f
nebre v apasionado de las luchas intestinas
del caudillismo y la iracundia descompuesta
de la anarqua. Esta especie civil precursora
y necesaria en un momento, de las autono
mas, de la independencia enrgica para el
vivir y el derecho inalienable de vivir, se
configur ms adelante en las tendencias v
O >
remedos autoritarios del militarismo en Am
rica Muchas veces alentador, cmplice o
beneficiario del parasitismo americano de las
dictaduras, negativas, interesadas y gratuita
mente paternalistas. En este devenir costoso
de las repblicas se entronizaron y estrati
ficaron an ms las oligarquas y se desarro
llaron las capacidades y los poderes de los
otros ncleos sociales. Y se incorporaron los
nuevos pactos e intereses internacionales de
la banca, del dinero y la produccin. Fue
el tiempo de las penetraciones imperialistas
y las penetraciones ideolgicas y de la tc
nica. Por estas causas y las crecientes nece
sidades y conflictos suscitados entre los dis
tintos grupos sociales, nacieron los nuevos
partidos. Y la perversin, el profesionalismo
de los partidos y de la poltica. Junto con el
idealismo, el valor civil en defensa y pro
cura del avance para lo humano aparecid
el sensualismo y el sucio negocio del poder,
el castigo de la demagogia y la insensibilidad?
para los cuantiosos aspirantes a una felici
dad y un bienestar posibles. Todo esto, a
travs de la vida de todos los das, con sus.,
grandes y pequeos menesteres. A travs d
la accin creadora y de la inercia, del he
rosmo de las ideas y de los actos. De la:
codicia, de las trampas, de la indeferencia;
social, de los prejuicios, las crceles y las-
persecuciones.
Este es el pleito que trae Amrica para
el resto del mundo. Pleito que surge-
primariamente del choque tnico y cultural?
y de su geografa. El americano an no ha
vencido a su mundo fsico, por la pobreza de
ss fuerzas econmicas, tecnolgicas y cul
turales. La geografa contina siendo una-
realidad y apariencia primersima. Porqu-
todo an es naturaleza, que se enfrenta al
americano en la lucha inicial por sus nece
sidades. Y en la lucha de sus sentimientos,..
de su conciencia y de su cosmovisin para
la vida. Las ciudades casi no cuentan, ex
cepto para algunos importantes ncleos en
quistados en ellas. La geografa es para el
americano su sumisin y su1 admiracin, por-
el horror vital que le despierta y la grande
za permanente que le cohbe. Es la prodi
galidad y el sustento, pero an ms, es lw
dureza y la crueldad para obtener su prodi
galidad, la espantable dificultad para la vi
da de millones de seres y la facilidad para;
la muerte, tantas veces como la vida. Es-
una geografa de extremos y contradicciones,
que abarca toda la existencia del hombre.
De ah que surja as: la pasin y la resigna
cin por el suelo, ese doloroso amor y odio-
ahincado en lo vegetal, animal y mineral.
La pasin, la pasividad y el mito por la in
mensa extensin, la inmensa soledad que-
postergan y exacerban su vnculo con lo>
social. Porque la geografa an no se hav
conquistado y costar tanto conquistar.
Amrica tambin trae su pleito en lo eco
nmico, el del subnivel humano de la ma
yora. Este pleito viene acompaado con el"
grave suceso de los antagonismos y los des
encantos sociales, por la miseria despierta y


LOS PLEITOS DE AMERICA LATINA
23
aleccionada en el cansancio. Aleccionada en
el cansancio del engao, ante la posterga
cin de las promesas de sus dirigentes para
los grupos menos protegidos. Tambin: las
dificultades, la desorientacin y la especta-
cin de sus clases medias frente a la inesta
bilidad de lo poltico y la intransigencia, la
ignorancia o incomprensin fantica de sus
oligarquas. Por estas razones de su sincro
nismo y paralelismo en las graves deficien
cias en la civilidad y en las economas de
sus pases, Amrica est viviendo un pro
ceso agudo, en el que las reivindicaciones
sociales y materiales, los revisionismos ideo
lgicos y espirituales y la necesidad de incor
porarse a sus destinos nacionales inmediatos
y concretos, asumen caracteres especialmente
violentos, revolucionarios y estructurales.
Resurge as, agresivo, un nacionalismo
como solucin impetuosa para los conflictos
del vivir americano, exacerbado y resentido
por la intromisin extranjera y en el senti
miento de considerar a Amrica como un
continente agredido por las poderosas fuer
zas interesadas de Occidente. Agreguemos
a esto la metafsica por la intromisin ex
tranjera, apoyada en una copiosa literatura,
prdica y accin antiimperialistas, legtimas
e ilegtimas en la medida de su verdad.
Este nacionalismo en sus caracterizaciones
ms extremas e irracionales exige una sobe
rana abstracta ms all de las necesidades
actuales del mundo, orientado hacia una sa
na y respetuosa interdependencia de nacio
nes.
Este nacionalismo olvida o rechaza el in
calculable proceso de unificacin del mun
do por medio de la tcnica, a travs de la
inteligencia asociada de los planes mundia
les para la produccin, distribucin e inter
cambio de los bienes. En este ltimo senti
do, los avances son y sern cada vez ms
veloces y ms estructurales y modificarn los
actuales alcances y sentimientos de cada una
de las soberanas existentes.
Este proceso de unificacin no es nuevo
en la historia del hombre. Existi como vo
luntad y resultado en el poder totalitario de
hombres y de grupos de hombres, a travs
de la laTga historia de las conquistas suce
sivas y frustradas.
Existi en el finalismo de algunas religio
nes y en la creencia de un destino mesi-
tiico y de dominacin, en hordas y conglo
merados nacionales. Pero todos fracasaron
en el espacio y en el tiempo histrico. Por
que sus fuerzas eran menores que su volun
tad de dominio y de unificacin y por la
irracionalidad de sus principios. Hoy el po
der del hombre en su inteligencia y capaci
dad tecnolgica, lanzado en la conquista de
la naturaleza para subvenir a sus necesida
des espirituales y materiales, continuas y
creadas, est cada vez ms prximo para
operar en una unificacin armnica frente
a los ncleos nacionales.
N el mundo presente se enfrentan mi-
I litarmente dos poderosos grupos hege-
mnicos encabezados por los EE. UU. de
Norteamrica y la Unin Sovitica y apo
yados por pases que ya pueden entenderse
como autonomas parcialmente nacionales y
a los que Amrica no es ajena, como no
lo son los restantes continentes asitico y
africano. Esta unificacin puede producirse,
catastrficamente, por la victoria militar de
uno o de otro. O por una probable coexisten
cia en un nivel ms ntimo y estructural,
porque no lo ser ya a travs de lo mera
mente poltico, sino a travs de los planes
generales de la organizacin mundial, de la
produccin, de los intercambios, de las co
municaciones, y de la extensin y difusin
de lo ideolgico y cultural.
Por entre las autonomas y autoctonas,
por entre las fronteras, los orgullos legtimos
y las permisibles vanaglorias nacionales, los
sentimientos y tradiciones, los mitos y los h
roes, se filtran, se asocian y se superponen
los poderes internacionales de esta poca fi
nanciera y tecnolgica.
El conflicto fundamental de la Amrica
de hoy, su drama inquietante por las deri
vaciones ideolgicas y polticas que pueden
suscitarse variable en cada uno de sus 20
pases deriva de su dificultad de producir
lo que requieren sus actuales poblaciones en
rpido crecimiento. Y de elevar el nivel de
sus mayoras hambreadas antes de precipitar
se en el desorden social y material. Son
millones de hombres agobiados en su eco
noma domstica y primitiva, campesina o
minera. En la desesperacin por el dificul
toso e inseguro sustento y la perplejidad y
el desencanto ante su destino humano. Y
que creemos, slo puede resolverse en la
ms fecunda inteligencia democrtica.


24
COMENTARIO
Amrica en sus variables, posee muy baja
productividad y como consecuencia casi di
recta, sufre de subconsumo. Carece de un
(nivel industrial y tcnico adecuado para re
solver rpida y convenientemente esos pro
blemas. Amrica contina en una etapa in
cipiente de produccin, de modo tal, que
los resultados de su productividad son redu
cidos para sus necesidades de inter
cambio con pases ms evolucionados eco
nmicamente Sus soluciones, a partir de
la ms alta capacidad tcnica poltica y la
ms sincera voluntad de justicia, son las de
mecanizar y racionalizar la agricultura, di
vidir los latifundios en la medida justa de
su improductividad, eliminar el sistema su-
prstite de la Encomienda, que permitan
elevar al campesino, cooperar a la formacin
del pequeo propietario rural y convertirlo
en el consumidor natural de la industria y
superar por fin los riesgos y limitaciones de
la monoproduccin y los males de sus in
dustrias inseguras.
Amrica necesita enriquecerse, pero de
acuerdo con el proceso mundial de pro
duccin Es decir, mediante una sana inter
dependencia y cooperacin econmica. Ya
que no posee ni podr poseer los medios pa
ra cumplir esta tarea en el urgente tiempo
que le imponen los desequilibrios de su eco
noma. Y los dramticos desniveles sociales
y culturales entre sus mayoras y minoras
De ah que consideremos como un error
ideolgico y tcnico un aislacionismo conti
nental y ms aun el aislacionismo nacional.
El indoamericanismo, como variante senti
mental ideolgica, carece de las bases tc
nicas y racionales como para solucionar estos
conflictos. Como tambin las exageraciones
cerrilmente antiimperialistas, que se ciegan
ante la evolucin del interamericanismo y el
proceso poltico-social del mundo.
Amrica no debe caer en las ruinosas ma
quinaciones de las demagogias, ni menos en
la esclavitud y fijacin de los totalitarismos.
La grandeza de las posibilidades materiales
y espirituales de Amrica y el derecho de
sus habitantes a la vida y los goces de la
vida, no se lograr por el camino perturba
dor, de los enconos, del nihilismo social o la
desesperacin ciegamente revolucionaria. Es
ta grandeza y bienestar para la comunidad
slo se lograr por una democracia activa,
aue debe afirmarse con el respeto y las obli
gaciones de los grupos privilegiados frente
a la afligente situacin de la mayora. Me
diante la responsabilidad cultural, la auten
ticidad poltica y la inteligencia tcnica de
los dirigentes. Y sobre todo por la accin
consciente y espontnea de los pueblos, para
ei logro de sus reivindicaciones.
As, a travs del arduo ejercicio de una
justicia creciente y de un avance de las li
bertades concretas e inalienables, Amrica
dar tambin sus altos resultados humanos y
materiales en su correspondencia con la hu
manidad .


LA EXISTENCIA JUDIA Y EL DIOS VIVIENTE
El problema de la supervivencia
EMILIO L. FAJENHEIM
I
EL JUDIO moderno es un enigma
para s mismo. Cuando medita so
bre su existencia como judo no
puede menos que llenarse de asombro.
Otros individuos o pueblos pueden que
rer saber cmo han llegado a ser lo
que son; pero lo que es jp judo debe
querer saber, adems, cmo es que exis
te del todo. Puesto que estn probadas
las leyes de las mutaciones histricas, el
judo debi haber desaparecido hace
mucho tiempo. Y en verdad, se ha da
do el caso de otro pueblo que, en simi
lares circunstancias, haya podido sub
sistir a travs de los siglos? La respues
ta es que no se ha dado tal caso. Para
seguir existiendo, otros pueblos requie
ren el' vnculo de un territorio comn,
EL ENIGMA de la supervivencia juda, te
ma que ha preocupado por igual a his
toriadores, filsofos y humanistas de di
versos tiempos, es reexaminado en estas p
ginas con un enfoque inquisitivo, poco comn
en nuestra poca. A la luz de las nuevas cir
cunstancias sealadas por el resurgimiento del
Estado de Israel y las potencias espirituales
que ello ha suscitado entre los judos del mun
do, ese enigma cobra nuevas caractersticas
e incita a un nuevo planteo. De este ensayo,
1an lleno de reflexiones sugestivas y atrevi
dos interrogantes, fluye no slo una defini
cin audaz de judaismo sino tambin una in
terpretacin poco usual de la idea religiosa
juda con su inmanente sentido mesinico. El
Dr. Emilio L. Fajenheim es profesor de filo
sofa de la Universidad de Toronto y autor
de un libro de ensayos sobre el judaismo, ti
tulado El pueblo y su fe, que en breve apa
recer bajo el signo editorial de aquella Uni
versidad.
una lengua comn o de una cultura
comn. Por espacio de largas centurias
el judo no ha tenido nada de eso. Es
por ello que ms de un supuesto en
tendido en las leyes de las mutaciones
histricas se ha apresurado a predecir
su inminente desaparicin. Pero hasta
ahora, al menos, tales profecas se han
visto malogradas. El judo contina exis
tiendo, y es fuente de asombro para s
mismo y para dos dems.
, Cmo puede explicarse la subsisten
cia del judo? Ciertamente que no por
efecto de la persecucin ni de da dis
criminacin. Es indudable que tales for
mas de hostilidad pueden tener la vir
tud de unir a sus vctimas e infundirles
una voluntad colectiva de sobrevivir.
Ellos pueden querer unirse solidaria
mente para enfrentar la amenaza que
los escoge para ed sufrimiento; pero tam
bien pueden optar por hacer lo contra
rio, estos es, empearse en eliminar la
amenaza. Contrariamente a lo que acon
tece con el negro, en el caso del judo
esto no es cosa imposible. Por otra par
te, en la historia juda la persecucin,
aunque frecuente, no fu de ninguna
manera un hecho constante. Han habi
do largos perodos en los que los judos
fueron invitados a participar en la vida
que los rodeaba y, por cierto, jams di
simularon su deseo de aceptar esa invi
tacin. Resulta, por lo tanto, inadmisi
ble atribuir la supervivencia juda a
factores puramente negativos, tales co
mo persecucin o discriminacin. Tam-


26
COMENTARIO
poco resultan ms afortunados los mo
tivos que se expresan en trminos posi
tivos, como ser amor a la tradicin, o
sentimiento de ¡lealtad de grupo. Es
verdad que la tradicin constituy un
fuerte sostn para los judos occidenta
les hasta los comienzos del siglo XIX,
lo mismo que para sus congneres de la
Europa: Oriental hasta principios del si
glo XX. Pero, por lo general esa tradi
cin no ha sido esttica ni fosilizada ni
menos inerte; ha sido siempre flida.
Y aunque estaba frecuentemente ex
puesta a la desintegracin, no se ha des
integrado sin embargo; antes al contra
rio, se ha preservado por s misma. Aho
ra bien, cmo le ha sido posible pre
servarse en vez de desintegrarse? En
verdad, plantear esta pregunta es plan
tear de nuevo la cuestin de la super
vivencia juda. En sntesis, el amor a
la tradicin no explica la superviven
cia juda; es apenas un aspecto del pun
to en cuestin.
Precisamente lo mismo se puede de
cir respecto de los sentimientos de
lealtad de grupo. No cabe duda que
tales sentimientos constituyen en ciertos
perodos de la historia una poderosa
fuerza de cohesin y subsistencia. Pero
en el caso de los judos, la pregunta que
surge es cmo es que en un pueblo que
por muchos siglos no participaba ni
de territorio comn ni de lengua co
mn, ni siquiera de un destino comn,
haya podido surgir tal sentimiento. Lo
cierto es que, en el' caso de los judos,
sentimiento nacional o lealtad de
grupo no pueden explicar ms que un
aspecto de la cuestin. Pueden, acaso,
los sentimientos colectivos, surgir y sub
sistir independientemente de las expe
riencias que los nutren? Existen, aca
so, fenmenos como el llamado volun
tad racial que se transmitan con la
sangre? En rigor, no debemos perder el
tiempo en semejantes fantasas que s
lo existen en la imaginacin de dema
gogos y charlatanes de los que tanto
han proliferado en nuestro siglo.
Resulta sobradamente claro, en con
secuencia, que la subsistencia juda s
lo se puede explicar en el contexto de-
la fe juda. Todas las otras supuestas-
causas de la supervivencia juda tradi
cin, sentimiento de la lealtad de gru
po, etc. quedan implcitamente com
prendidas en ese contexto. Es por m
rito de la fe juda que el judo existe.
Lo cual, como ya lo expresamos ms-
arriba, es fuente de admiracin para l
mismo y para los dems.
Ello coloca al judo de nuestro tiem
po en una posicin singular. Como cual
quier hombre en el mundo de hoy, el
judo es presa de dudas religiosas. Tal
como ocurre con los dems, el judo de
hoy no est seguro de poder aceptar y
en caso de poderlo, hasta qu punte
la fe que le ha sido transmitida. Pero-
a diferencia de lo que acontece con cual
quier individuo, el judo se ve en la ne
cesidad de admitir que, en definitiva, es-
por virtud de esa fe y slo por ella que
le ha sido dado subsistir. En lenguaje
corriente, el trmino fe significa a me
nudo una vacilante aprobacin de pos
tulados abstractos y principios que
por regla general son gratos, inocuos e
incontrovertibles. Esta no es, precisa
mente, la fe que arranca montaas ni
tampoco la que puede ser causa determi
nante de la supervivencia juda. El tr
mino fe, en lo que tiene de aplicable
al pasado judo, significa compromiso1
total, compromiso con una experiencia
cabal en el presente, o bien com
promiso con el recuerdo persistente de
una tal experiencia vivida en el pasado.
Cualquiera que sea el juicio que me
rezca el relato bblico sobre los orgenes-
judos sea que se lo acepte al pie d
la letra o simplemente como una mera
referencia mitolgica, dos cosas estn
fuera de duda: primero, que aun cuan
do el relato bblico no sea ms que algo-
mitolgico, contiene un elemento ver
dadero; segundo, que incontables ge
neraciones de judos lo aceptaron como
una verdad. Lo primero se relaciona


LA EXISTENCIA JUDIA Y EL DIOS VIVIENTE
27
con la fe del judo bblico; lo segundo,
con la fe del judo posbblico. Lo pri
mero tiende a explicar cmo naci el
pueblo judo; lo segundo, cmo so
brevivi. El judo de hoy debe to
mar en cuenta ambas circunstancias si
quiere saber qu debe ser en cuanto
judo o, por lo menos, si quiere com
prender, qu es en cuanto judo.
II
SE puede dudar de que Abraham y has
ta incluso Moiss hayan existido
jams. Hasta se puede sostener la hip
tesis de que Israel jams estuvo junto
al Sina y, consecuentemente, que la
singular revelacin divina por la cual
Israel qued consagrado, no haya teni
do lugar jams. Pero, en cambio, no es po
sible dudar de que el relato bblico sobre
los orgenes judos, por mitolgico que
sea, refleje un hecho realmente suce
dido. Lo que tuvo lugar fu una suce
sin de avasalladoras experiencias reli
giosas. La presencia del Inefable fu
sentida en experiencias igualmente ine
fables. Como tales, esas experiencias no
fueron, sin embargo, especficamente
judas. Para experimentar la presencia
del Inefable, lo fundamental no es lo
puramente judo, sino lo que es parte
esencial de toda vida religiosa. Lo que
distingue a las formas de vida religiosa
es el modo en que el Inefable y la ex
periencia; inefable son interpretados.
Hay, a no dudarlo, ciertas variedades
del misticismo en las cuales toda inter
pretacin es desechada: el Inefable y
la experiencia inefable permanecen
siempre inefables; permanecen total
mente divorciados de todo lo que es fa
miliar y designable; toda la existencia
se convierte en un esfuerzo, en una
tendencia hacia un fin que, de lograr
se, trasciende todo lo inteligible y todo
lo expresable.
Pero en la vida religiosa del hombre
esto constituye la excepcin ms que la
regla. La regla es que el Inefable y la
inefable experiencia se relacionen in
mediatamente con algo perceptible, con
algo que es familiar y designable. En
virtud de esa relacin quedan definidos
y cobran designacin. Es ste el momen
to en que la religin empieza a existir.
En la originaria experiencia hebrea
se produjo esta suerte de inmediata re
lacin entre el Inefable y lo familiar.
Pero lo familiar no consisti, como fre
cuentemente sucede, en algo que for
ma parte de la naturaleza ni tampoco
en la naturaleza misma tomada como
un todo. A su vez, la experiencia inefa
ble no se expres ni en smbolos natu
rales ni en manifestaciones ritualistas
de los ritmos de la naturaleza. En la ori
ginaria experiencia hebrea, toda tenta
tiva de relacin directa entre el Inefable
y la naturaleza fu siempre rechazada
de una manera categrica. Lo familiar
y designable que en ese caso cobr sig
nificacin, no fu la naturaleza, sino la
accin humana.
Pero la inefable experiencia no con*
sisti en accin precisamente, sino
en algo que fu entendido como un
llamado a la accin; mas este llamado
no pudo haberse considerado como tal,
a menos de haber sido odo. Pero no
pudo haber habido un or a menos de
haber habido antes un hablar. El
Inefable se define a s mismo como lo
cucin y la inefable experiencia como
un or, como un percibir la locucin.
Lo que se haba percibido de aquel ha
blar era un mandamiento y una pro
mesa; es decir, un llamado a la accin
a la vez que un anuncio de los efectos
que habran de sobrevenir si el llamado
era debidamente atendido. Por lo tanto,
en la originaria experiencia hebrea la
presencia del Inefable se manifest en
la forma de un pacto divino-humano.
Debe notarse, sin embargo, que esa
experiencia no fu, al menos en un
principio, una experiencia individual.
Fu una experiencia colectiva. Se ma
nifest, no como un pacto entre el Ine
fable y los individuos, sino como un


28
COMENTARIO
pacto entre el Inefable y todo un pue
blo. Y slo a travs de esa experiencia
el pueblo se pudo convertir en pueblo.
He aqu el secreto del nacimiento de
Israel.
Se ha dicho muchas veces que la fe
juda fu, desde sus orgenes, la fe en
un monotesmo tico. Dicha afirmacin
es cierta en un sentido y no en otro. Si
por monotesmo se entiende la creencia
en un Dios universal, el Dios Uno del
universo y del gnero humano, en es
te caso es ms que dudoso que los pri
meros hebreos hayan sido monotestas.
Y si por tico se alude a cdigos de con
ducta de aplicacin universalmente hu
mana, es ms que dudoso que su fe ha
ya sido tica desde un comienzo. Su
Dios fu Uno, no por tratarse del Uni
co Dios habido, sino por tratarse del
nico en exigir un compromiso de tan
ta totalidad que reduca al mnimo todo
lo dems. Y El result tico por el he
cho de que reclamaba la accin con exi
gencia absoluta, total. En comparacin
con lo absoluto de esa exigencia, que es
todo un desafo, su contenido resultaba
de valor secundario. Los distingos en
tre lo tico y lo ritual se verificaron mu
cho ms tarde.
p stas cosas no deben sorprendernos.
1 Las religiones comienzan siempre por
experiencias y no por ideas universales.
All donde no ocurren tales experien
cias, que muy luego se convierten en
obligaciones, la religin no comienza.
Pero una vez que esa obligacin surgi
da de la experiencia cobra carcter radi
cal, la universalizacin de la misma es
cuestin de tiempo. En la experiencia
hebrea, el nico Dios importante evo
lucion hasta convertirse, a su debido
tiempo, en ei nico Dios existente; de
El procedieron los mandamientos uni
versalmente importantes, destinados y
aplicables a todos los hombres. La evo
lucin qued completada por obra de
los profetas hebreos.
Los profetas, en efecto, universaliza-
ron la originaria experiencia hebrea sin
disiparla en generalidades no obligacio-
nales. De esta suerte, la experiencia pri
mera pudo persistir y el Inefable con
vertirse en el Dios de todos los hom
bres, aunque con una advertencia im
portante: l continu exigiendo, peren
toriamente, la verificacin inmediata
de lo pactado, aqu y ahora. Sus man
damientos se tomaron, al menos en par
te, universalmente vlidos, pero sin ha
cerse abstractos. Fueron mandamientos
o principios del Inefable dirigidos, no
a la humanidad, sino a cada hombre en
particular. He aqu por qu el Dios pro-
ftico, aunque universal, pudo quedar
ligado a un pacto con el pueblo de Is
rael. Fu el Dios, no de la humani
dad en abstracto, sino de cada nacin.
En el mundo moderno hay quienes
consideran que una religin es tanto
ms sublime y "ms luminosa cuanto
ms se expresa en abstracciones. Los
profetas estaran en vigoroso desacuer
do. Para ellos, el uso de tales trminos
como humanidad y deidad indica
ra, no algo sublime o luminoso, sino
un evadirse de todo compromiso y de
todo divino desafo. Al tomarse univer
sal, el Dios proftico no ces de ejercer
su desafo; l no desafi a abstraccio
nes, tales como humanidad, a las cua
les ni Dios mismo puede desafiar. El
Dios proftico desafa por igual y en
todo momento, a etopes, a filisteos a
la vez que a israelitas. La preocupacin
de un profeta en Israel difcilmente po
da extremarse hasta inquirir el desafo
dirigido a etopes y filisteos.
Se sigue, pues, que con la experien
cia del Inefable se produjo el nacimien
to del pueblo de Israel. Y esto fu po
sible merced a tres factores: primero,
a que esa experiencia se tradujo en un
llamado a la accin; segundo, a que la
experiencia fu colectiva, o sea, que ese
llamado era un desafo a un grupo; ter
cero, a que fu una experiencia tan
profunda que pudo persistir sin varian
tes aun despus de que sus implicado-


LA EXISTENCIA JUDIA Y EL DIOS VIVIENTE
29
nes universales se pusieran de mani
fiesto.
III
D ero las experiencias primeras no
* perduran eternamente. Como pre
sumiblemente se producen en forma in
termitente, se van envolviendo en las
nieblas del mito, a medida que ocurren.
En la historia juda, como en la his
toria de la mayor parte de las religiones,
la revelacin se convirti en un tr
mino de referencia a sucesos ocurridos
en el pasado. La pregunta que surge, en
consecuencia, es a qu se debe que
el pueblo judo pudo sobrevivir, siendo
que su experiencia colectiva con el Ine
fable se convirti en lo que a primera
vista podra parecer cosa de un pasado
muerto, solamente registrado en info
lios caducos? La respuesta es que ni
el pasado ni los documentos han ca
ducado definitivamente. El pasado si
gue en vigencia, obrando sobre el pre
sente y el futuro; y en cuanto al do
cumento que lo registra, ste se convir
ti en la Biblia, el Libro por excelen
cia. El pensamiento judo se concentr
en la exgesis de ese Libro; la vida ju
da se apeg a sus mandamientos y pro
mesas y la experiencia juda qued in
terpretada como una derivacin cons
tante de las vivencias tempranas consig
nadas en dicho libro. Finalmente, fu
por virtud de ese Libro, desde los tiem
pos bblicos hasta la era moderna, que
los judos permanecieron siendo un
pueblo.
Pero ese sobrevivir al pasado y ese
generarse de continuo por obra de los
hechos que registra ese Libro pueden
de cierto probar que el pueblo vive real
mente? Bien pudiera suceder que si
el Libro regul el espritu judo por
ms de dos mil aos, esto no se debiera
a que conservara su vigencia, sino a que
el espritu judo estaba muerto; o sea
que durante esas largas centurias la vi
da juda hubiera estado formada por
montonas prcticas de estriles precep
tos as como de una esperanza desva
necida en una perdida promesa. Y en
verdad, cmo puede una vida religio
sa ser otra cosa que un peso muerto si
en vez de continuar nutrindose de la
experiencia con el Inefable, pretende
subsistir a base de un sometimiento ser
vil a la autoridad de un libro codifica
do? Por suerte y con excepcin de al
gunos escasos perodos de declinacin
religiosa, la lealtad juda hacia aquel
Libro jams se tradujo en una obedien
cia sumisa. Ms an, en un continuo
meditar las meditaciones bblicas, el
judo se meditaba a s mismo; en ima
ginar aquellas experiencias primeras se
perviva revivindolas; acatando sus
mandamientos, los adaptaba a sus nue
vos estilos de vida. Y de esta manera,
el pasado, antes que matar al presente,
reviva de continuo en el presente, do
tando de vida a ese presente.
Ahora bien, la cuestin que surge es,
cmo fu dable una relacin ta ex
traordinaria con el pasado? Por qu el
presente estuvo tan pocas veces en con
tradiccin con el pasado, a travs de esas
largas centurias? Por qu ese presente
no ha vindicado sus derechos de autono
ma respecto, del pasado? Cmo pudo la
experiencia religiosa considerarse per
manentemente subordinada a las gran
des vivencias religiosas del pasado? Hay
varias respuestas parciales a esta cues
tin fundamental, pero la respuesta de
cisiva radica en un elemento peculiar
de la fe juda: el elemento mesinico.
La fe mesinica es, por supuesto, b
blica en su origen. Fueron los profetas
los primeros en hablar de un Fin de los
Das en el cual slo Dios reinar en el
mundo y en el que todo se cumplir. Ms
an, esa fe estaba implcita en la propia
experiencia originaria; dado que la ex
periencia del Inefable se interpret a
s misma como un desafo y una prome
sa, era cuestin de tiempo y de profun-
dizacin religiosa el que surgiera una


30
COMENTARIO
nueva dimensin: la fe en un futuro
en el que todo, tanto lo que le corres
ponde hacer a Dios como lo que co
rresponde hacer al hombre se cumplir.
ero mientras la experiencia origina-
* ra persista en la vida juda, una ex
plcita fe mesinica, por decirlo as, no
era indispensable. Lo inmediato religio
so pudo subsistir sin aqulla. Mas una
vez que el pasado vino a suplantar la
experiencia original, la fe mesinica
aflor y fue inmediatamente a ocupar
el centro mismo de la vida religiosa
juda. De no haber ocurrido esto, la
vida juda no se habra podido salvar;
el mero anclarse en el pasado no ha
bra podido salvarla de la extincin es
piritual y fsica. El pasado pudo seguir
viviendo en el presente nicamente por
que ambos presente y pasado tuvie'
ron por mira el futuro. El pueblo judo
pudo subsistir aun cuando El, que es
inefable, dej de estar presente, gracias
a que esa Su presencia se transfigur
en esperanza de Su retomo final, total
mente consumado.
Nuestro juicio sobre la vida juda de
esas centurias queda, por lo que se echa
de ver, sujeto a revisin. El pensar ju
do era un repensar el pensamiento pa
sado; pero fu un pensar nicamente en
cuanto dirigido a una futura consu
macin. La imaginacin juda fu una
revivencia, siendo vivencia slo en cuan
to anticipaba el Fin. Por ltimo, y aca
so lo ms significativo, la obediencia
juda a los mandamientos pretritos
constitua un estilo de vida, posible tan
slo por representar un continuo predis
ponerse a y un esperar la realizacin
mesinica. En sntesis, la existencia ju
da se experimentaba a s misma como
un continuo estar entre Revelacin y
Redencin. La revelacin ha sido el
llamado a la accin humana al par que
a su divina promesa, o sea, la Reden
cin, consistiendo esta ltima en la con
sumacin de toda accin.
odrase alegar, sin embargo, que
* la esperanza mesinica deja sin ex
plicar el fenmeno de la subsistencia
juda. No es acaso aquella esperanza
algo que atae al futuro de toda la hu
manidad unificada? No deba haber
estimulado a quienes la sustentan, a
una autodisolucin antes que a una au-
toconservacin de grupo, para anticipar
de esta suerte el Fin? El misterio se
ahonda si se tiene en cuenta que los ju
dos se encontraban dispersos entre
otras naciones las que, en su mayora,
participaban del credo monotesta. No
habr sido, la esperanza del judo pos
bblico, una esperanza proftica uni
versal que tal vez por efecto de ua dis
minucin del fervor universalista, se re
dujo nada ms que a una esperan
za nacional? Esto no sera ms que
confundir abstracciones con realidades
religiosas. Lo cierto es lo contrario. De
no haber sido esa esperanza otra cosa
que una esperanza nacional1, los judos
de la Dispora se habran visto forza
dos, en muchas ocasiones, a abandonar
la. Precisamente por haber sido algo
ms que esperanza nacional es que pu
dieron retenerla. Por ms que parez
ca paradjico, debido a que el sen
timiento mesinico los tuvo tan estre
chamente unidos al destino de todas las
naciones es que los judos no perdie
ron su identidad nacional; y, por el
contrario, si hubieran perdido esa afi
nidad de destino con los dems, se ha
bran disgregado entre las naciones. No
es necesaria mucha reflexin para eli
minar la paradoja de entre esos asertos.
Cmo pudo vivir un pueblo tan pe
queo y por tan dilatado tiempo, en
medio de naciones tan poderosas y cul
turalmente ricas, sin abandonar una me
ra esperanza nacional que, por absurda,
sera hasta inmoral? Inmoral, porque
un Dios moral difcilmente podra con
finar su atencin a un pueblo tan in
significante como pequeo; absurdo,
porque todo parece evidenciar que ese
pueblo fu soslayado por la historia. En


LA EXISTENCIA JUDIA Y EL DIOS VIVIENTE
31
efecto, en las centurias de la Dispersin,
nicamente los de corto entendimiento
hubieran podido insistir en la super-
vivencia juda a base de una esperanza
nacional nicamente. Pero es el caso
que fueron los hombres de ms ancho
espritu y de. ms dara visin quienes
insistan en la supervivencia juda. Es
to ltimo fu posible por el hecho de
que alentaban una esperanza ms gran
de que la nacional: la esperanza emer-
gente de la relacin entre el Inefable
y todos los hombres.
Por qu esta esperanza en favor de
Tfs humanidad no condujo a una auto-
disolucin voluntaria dentro de esa hu-
manidad? Simplemente, porque una tal
humanidad no exista. Prcticamente,
*s<|lo haba naciones, y muchas de stas
no consideraban .p^mundo como n-
-cesitado de redencin. Esto, por una
parte fpf tiempo que por otra, algunas
naciones consideraban que l redencin
ya' haba llegado. En esas circunstan
cias,7 disolverse habra significado para
el judo, ms que apresurar el Fin, trai
cionar su destino. Se concluye de .elfo
que el judo de la 'I^ispora sobrevivi
-gracias a haber estado en condiciones
d Suscribir lo que hana implorado un
clebre rab jasdico, en momentos de
gran decepcin: "¡Oh Seor, enva
pronto al Mesas. para redimir a Tu
-pueblo Israel; mas, si ello es contrario
a Tji voluntad, envalo para redimir
-z las naciones!
IV
| a cuestin que Surge ahora es si l
judo de hoy puede compartir la fe
de sus antepasados, o si, dedo contrario,
ha de considerarse a s mismo como un
mero producto involuntario. Ser judo
hoy da implica" ua aceptacin de
obligaciones religiosas similares ya que
no idnticas a las de sus antepasa
dos, o es una simple y fortuita casuali
dad derivada del nacimiento? Es indu
dable que muchos judos se han plan
teado esta cuestin a travs de los tiem
pos. Pero slo ahora, y desde que el ju
do entr a participar en el mundo mo
derno, aquella cobr carcter universal
y por ende, ineludible. Ello se debe a
que el mundo moderno ha puesto en
duda, de una manera cada vez ms
acentuada, el punto esencial de la fe
juda bblica y posbblica, es decir, la
fe en el Dios viviente. El judo bblico
ha experimentado Su presencia, y el
posbblico ha depositado sus esperan
zas en El; pero el hombre del mundo
moderno ha llegado a sospechar que
todas estas supuestas experiencias con
la Divina Presenda no han sido ms que
ilusiones. Esa ltima actitud es resid
ante del ideal moderno de iluminismo
cientfico y moral. No impide, acaso,
un universo racional, la posibilidad de
incursiones de lo irradonal divino? No
^corisSitep e.s, el estilo de vida rato-
al, en un confiarse, no en las revela
ciones y. promesas de ayuda divina, si
no en l. Omnmodo poder de la razn
humana? Desde la era de la Ilustradn,
el hombre de ideas modernas quin
no se cree con ideas modernas, al me
nos en cierto grado?, considera que la
negacin del Dios viviente es un as
pecto eserial de la emancipadn
cientfica y moral del hombre. Si el
hombre ha de ser pfere en spmundo,
Dios debe ser expelido. Empleamos la
palabra expelido* intencionalmente.
;E1 ideal de I'a Ilustracin rto compele
al hombre a negar que Dios exista, pe
ro parece compelerlo a negar el derecho
a que pudiera estar presente 'aqu y
ahora. El Dios viviente fe tenido que
convertirse en una mera deidad, en un
principio csmico, remoto, indiferente y
mudo. En otro tiempo el profeta Elias
pudo contraponer a los dolos que no
pueden hablar, al Dios viviente que
hablaba. Desde la era del racionalismo
y la ilustracin el hombre de ideas mo
dernas cree que Dios no tiene ms ca
pacidad de hablar que los dolos.
La religin para el hombre de ideas


32
COMENTARIO
modernas vino a reflejar esa conviccin.
Lejos de apoyarse en la experiencia o
esperanza en un Dios presente, el hom
bre de pensamiento moderno presupone
Su necesaria ausencia. De esta suerte,
Dios se ha convertido en un endoso de
ideales, principios, postulados y,
en pases como los Estados Unidos de
Norteamrica, en plataformas. Pu
dese pensar de Dios como de un mero
ideal especialmente conformado como
para celebrar entrevistas con El?
Al entrar en el mundo moderno, el
judo no tena motivos de recelos con
tra el ideal ilminista que lo rega. Al
contrario, sobradas razones le asistan
para abrazarlo con vehemencia. Quin
otro poda mostrarse ms entusiasta que
el judo, que acababa de salir de los
linderos del ghetto medieval? Quin
haba de aprobar enfticamente la idea
de la emancipacin universal, sino el
judo que tanto ansiaba su emancipa
cin? Mas en medio de esa aprobacin
calurosa y sin reticencias, el judo des
cubri muy pronto algo que le resul
taba difcil de aceptar: la moderna ex
pulsin de Dios del mundo tornaba pro
blemtica la propia existencia juda. El
problema judo haca su entrada en
la escena y se presentaba como un pro
blema sin solucin.
D ara el judo pre-moderno, tal pro-
' blema no exista. Aquel judo no
se vea enfrentado con serias dificulta
des para su auto-interpretacin. Crea
haberse encontrado una vez con el Dios
viviente y comprometido con este en
cuentro hasta el da del cumplimien
to cabal de la esperanza mesinica.
Pero, qu ocurre si Dios no existe, si
no resulta ser ms que una entidad pu
ramente csmica relegada a lo infinita
mente remoto, si Dios no es sino una
simple relacin entre personas y pue
blos? Qu ocurre si todas las supues
tas experiencias de la divina presencia
no son ms que un cmulo de ilusio
nes? El momento mismo en que el Dios
viviente se convierte en cosa problem
tica, se toma simultneamente proble
mtica la existencia juda. El judo se
vi as embarcado en la ardua empresa de
definirse a s mismo, empresa tanto ms
penosa cuanto que ninguna definicin
era posible: era el judaismo una cues
tin de religin? Era uno judo por
suscribir los principios del monotes
mo tico? Haba quienes suscriban el
monotesmo tico sin ser judos, y por
el contrario, los haba quienes se con
sideraban judos sin suscribir ese mo
notesmo tico. El hecho ineludible era
que uno naca judo y que no se naca
sucribiendo a principios o normas. Las
definiciones omitan el hecho de que
los judos constituan un pueblo. Y tal
omisin no era un accidente. Un Dios
viviente poda encararse con un pueblo,
mientras que una deidad abstracta e
inanimada no poda hacerlo: sencilla
mente por incapacidad absoluta de ha
cerse presente. En el caso de una dei
dad, lo mejor que se poda hacer por
ella era afirmarla mediante una decla
racin; pero tal afirmacin no crea una
relacin con quienes la efectan. En
suma, si el Dios viviente tiene que de
jar paso a la deidad abstracta, entonces
los postulados del judaismo se hacen
aicos y el puebloi judo se desintegra.
Quizs pueda ofrecerse otra alternativa
para subsanar esa deficiencia. No se
podra definir el judaismo como la "cul
tura del pueblo judo, algo as como
el producto de su genio religioso? No
se podra definir al pueblo judo como
el pueblo que ha producido esa cultura?
Pero esas definiciones ya han tenido
tambin un curso fatal. Quizs ese cur
so no haya sido sino aparente, irreal pa
ra un observador desaprensivo. Pero
acontece que el judo no fu un ob
servador desaprensivo, sino un actor
protagnico; y como tal, habr tenido
que formularse una pregunta crucial
que aquella definicin no pudo respon
der: por qu tena que seguir siendo
judo?


LA EXISTENCIA JUDIA Y EL DIOS VIVIENTE
33
Mientras el judo crea en el Dios vi
viente, la pregunta se responda por s
misma: perseverar como judo era su
deber, una consecuencia del pacto di
vino-judo. Pero, qu ocurre si Dios
no existe y si, por lo tanto, no pudo
haber pacto alguno? Qu ocurre si el
judaismo no es un encuentro divino-
humano, sino simplemente un producto
del genio judo? En este caso, o bien
la supervivencia es un fin en s mismo,
o bien, un medio para las presuntas fu
turas contribuciones del genio ju
do en beneficio del mundo. Mas,
cualquiera de estas dos explicaciones
suena a patrioterismo que ningn judo
moralmente sensible puede deglutir.
Por consecuencia, los menos advertidos
aceptan la necesidad de la superviven
cia juda como una mera ficcin pia
dosa, en tanto que los ms avisados se
deciden a desistir de ella. La supervi
vencia juda era pues considerada como
un derecho y no un, deber; el seguir
siendo judo era una cuestin de gusto.
Pero si ese criterio mereciera acepta
cin general, cunto tiempo podran
los judos seguir subsistiendo en la dis
persin? Y, anlogamente, por cunto
tiempo continuaran los judos del Es
tado de Israel siendo judos? Por otra
parte, cuntos judos estn realmente
dispuestos a abogar y luchar por la auto-
disolucin, arrojando por la borda tres
mil aos de judaismo, a los que se ten
dra que calificar como un error tragi
cmico? Si cabe una generalizacin res
pecto del judo contemporneo, esta no
es otra que la de que el judo sigue
considerando todava a la supervivencia
juda como un deber. Puede llegar a
carecer de la ms mnima idea de por
qu sea ello un deber; puede hasta re
chazarlo en la intimidad de su con
ciencia; lo cierto, empero, es que lo
siente como un deber, y lo siente hasta
los huesos.
Despus de doscientos aos de deva
neos estriles, la conclusin es obvia:
el problema judo en cuanto proble
ma de una autodefinicin, es insoluble.
La existencia juda no puede ser en
tendida sin una referencia al Dios vi
viente. Y el judo de hoy, si persiste
en considerar la existencia juda como
un deber, entonces o persiste en al
go ininteligible o postula, consciente o
inconscientemente, la posibilidad de un
retomo a la fe en un Dios viviente.
V
p ero la posibilidad de semejante re-
' tomo ha de ser desechada por el
hombre moderno, sin vacilacin. Se
puede hoy da, y en esta era, creer en
un Dios que se revela a s mismo? No
ha sido refutada esta creencia de una
vez y para siempre? Y quienes sigan
persistiendo en ello, no debieran ser
objetados como vctimas de espejismos
y temores? En el siglo XX, la fe en un
Dios viviente bien puede ser tenida por
reliquia de edades pretritas y, a su vez,
la consagracin juda a su supervivencia
como parte de la misma reliquia.
Lo cierto es que el mundo jams re
fut la fe en un Dios viviente. Lo que
hizo fu rechazarlo, nicamente. Aun
que se tuviera la libertad de afirmar que
Dios no existe, no se puede refutar lo
irrefutable, sobre todo si lo irrefutable
no es susceptible de ser probado.
El pensamiento moderno refut mu
chas creencias tradicionales, algunas de
las cuales han estado asociadas cierta
vez a la creencia en un Dios viviente.
En la era de las ciencias naturales y de
la crtica histrica es harto difcil creer
en la particin milagrosa de los mares,
por ejemplo, o en documentos dictados
por Dios. Pero desechar documentos re
velados no supone necesariamente dese
char la revelacin. En forma anloga,
dudar de los milagros no supone nece
sariamente reducir toda experiencia re
ligiosa a reflejos del inconsciente. Es
admisible que se sospeche de la auten
ticidad de tantas cosas que se dan co
mo experiencia religiosa y que, lejos de


34
COMENTARIO
reflejar un real encuentro con el Ine
fable, son fruto de presentuosos deva
neos solitarios. Mas de ah a considerar
de este modo toda experiencia religio
sa y por ende desecharla como co
sa seudorreligiosa, equivale a seguir
los dictados, no de la evidencia
cientfica, sino de un prejuicio intelec
tual. O para decirlo de otra manera, es
adoptar una postura contraria al Dios
viviente por virtud de un ficticio cri
terio cientfico.
Hubo tiempos en que los que adop
taban tal postura lo hacan imbuidos
del espritu de Prometeo. Al igual que
aquel hroe mitolgico, pretendan un
control absoluto de su mundo con el
fin de difundir la luz y la libertad.
Aunque ya na son muchos en el mun
do de hoy, todava quedan algunos im
buidos del espritu de Prometeo. Algu
nos de los que se decidieron en contra
del Dios viviente se han embarcado en
la tarea de difundir el terror y las ti
nieblas en vez de la luz y la libertad;
otros han preferido entregarse, trmu
los, a la soledad y desesperacin; y
otros, en fin, que son la mayora en
el mundo occidental, al menos han
perdido terreno en su capacidad de de
cisin: ya no estn seguros de haber
escogido a Prometeo y hasta ignoran
lo que esto representa. Desde el punto
de vista religioso se encuentran en un
estado de perplejidad.
Acaso esa perplejidad sea la expre
sin religiosa ms autntica del hombre
de nuestro tiempo. En todo caso, esto
sera algo inslito en toda la historia re
ligiosa del hombre. Es posible que en
pocas precedentes haya habido entre
los hombres un estado de perplejidad
religiosa semejante, pero nunca lleg a
estremecer de un modo igual a toda una
era.
Todas las eras anteriores a la moder
na fueron religiosas. Es posible que ha
yan estado en desacuerdo en cuanto
a la interpretacin a asignar a la pre
sencia del Inefable, pero concordaban
en punto a admitir como -posible esa
presencia. En abierto contraste, la era
moderna al menos en lo que sta tie
ne de caracterstico es antirreligiosa
en espritu. Sea que se niegue su exis
tencia, sea que se lo desplace a zonas
sin importancia, el caso es que se nie
ga la posibilidad del Inefable. Lo que
las eras moderna y pre-modema tienen
en comn es que ambas toman deci
siones de carcter religioso sin prestar
seria atencin a la alternativa; es decir,
adoptan su decisin dogmticamente.
Lo hacen sin conciencia plena de estar
adoptando una decisin. Pero en ver
dad, el hombre de hoy no tiene certi
dumbres tan dogmticas. Es, posible
mente, la primera vez en la historia hu
mana que el hombre se ve enfrentado
con el ms fundamental de los proble
mas religiosos y, al igual que el de to
dos los tiempos, tiene que decidirse. Pe
ro contrariamente a lo ocurrido con el
de otras pocas, el hombre de hoy se
siente compelido a reconocer que es un
problema. A diferencia del primero, no
puede dejar de reconocer que el inte
rrogante slo puede ser respondido con
una decisin, ni puede dejar de advertir
que la decisin es una decisin, y sufre
la perplejidad derivada de esta situa
cin. El problema es, a saber, est
abierta o cerrada a lo Divino la exis
tencia humana? Puede el Inefable es
tar presente, o son, acaso, meras ilu
siones todas las supuestas experiencias
de tal presencia? Vive Dios o el hom
bre est irremisiblemente solo?
"T" odo esto es tan humano que las
grandes decisiones resultan ine
ludibles. Uno se siente tentado a afir
mar que no queda ninguna decisin
por hacer y que es preciso continuar a
la deriva en la indecisin. O bien creer
que se podra soslayar las decisiones
dando un rodeo, slo para comprobar
ms tarde que en fin de cuentas no se
ha tomado ninguna. Esta actitud de es
quivar la decisin es fcilmente com-


LA EXISTENCIA JUDIA Y EL DIOS VIVIENTE
35
prensible, puesto que tener que enfren
tarse con la disyuntiva significa ser pre
sa de la perplejidad, perplejidad ocasio
nada por las posibilidades contradicto
rias. No se puede hacer una eleccin
genuina sin pasar previamente por esta
perturbacin y es preciso afrontarla has
ta que sea llegada la hora de la deci
sin y de la accin.
Si esto es exacto en el caso de toda
decisin importante, tanto ms lo es en
lo que respecta a la gran decisin reli
giosa a que se ve abocado el hombre
contemporneo. El decidirse a favor o
en contra del Dios viviente, es mera
materia de hiptesis cientfica? O acaso
una cuestin de seguir la lnea de me
nor resistencia? O de descubrir, qui
zs, con la ayuda de psiclogos autori
zados, la senda ms confortable de la
paz espiritual? No es una eleccin en
la cual cada uno, o bien compromete su
ser todo o, de lo contrario, no se obli
ga a nada? Si tal fuera el caso, no es
de extraar que en la era actual el hom
bre se vea llevado a eludir esta deci
sin y pretenda, en cambio, alegar que
no hay ninguna decisin a tomar; pre
texto ste que refuerza mediante toda
suerte de actividades, dentro y fuera de
la iglesia o de la sinagoga, tendientes a
distraer su atencin. Tambin suele
adoptar un aire de volubilidad e irreso
lucin, dando proclamas en las que
anuncia que la decisin est tomada,
reiterndolas a intervalos regulares pa
ra infundirles mayor fuerza. Pero, en
verdad, la gran decisin religiosa que
se le plantea al hombre contemporneo,
no puede eludirse indefinidamente, co
mo tampoco puede disimularse la per
plejidad que le crean las proclamas,
no importa cuntas veces tenga lugar
este ritual1. El inquieto evadirse de la
decisin debe producir una persisten
te turbacin. Slo aqul que sobrelleva
la tensin de las posibilidades contra
dictorias, puede sealar con certeza
en qu consiste esa decisin; y slo l
puede saber cundo es propicia la ho
ra de adoptarla. Pero, cul es la de
cisin? Y cundo ser llegada la hora
de tomarla? Esto no se puede saber por
anticipado.
VI
p l judo de hoy es hombre de nues-
' tro tiempo, enfrentado con el pro
blema de la hora; es decir: puede o no
estar presente el Inefable para nosotros?
A la vez se ve enfrentado con el pro
blema judo de la hora actual: si la su
pervivencia juda constituye un deber
y, en caso afirmativo, por qu. Lo no
table es que no puede encarar autnti
camente la cuestin religiosa en s, sin
encarar al mismo tiempo la cuestin
juda.
El judo de hoy no puede encarar,
de una manera autntica, la decisin
religiosa como individuo, simplemente,
porque hacerlo equivale, en realidad, a
evadir, si no su calidad de judo, por
lo menos el interrogante que le sugiere
su condicin juda. Y el interrogante
exige una respuesta religiosa. De lo
cual resulta que, eludirla es, para el
judo, eludir parte del interrogante re
ligioso en s y, por ende, caer en lo in
autntico. El judo no puede encarar
la cuestin religiosa como individuo,
simplemente. Quiralo o no, se ve pre
cisado a encararla ,como judo. Proce
der de ese modo equivale a reconocer
que el deber hacia la supervivencia ju
da es, para el judo, parte de lo que
est en juego en la seleccin religiosa.
El hombre de hoy tiene que arrostrar
la vieja cuestin sobre si el Inefable
puede o no estar presente. E indisolu
blemente unido a esta controversia, el
judo de hoy tiene ante s otro interro
gante no menos antiguo que aqul, y
es el que se refiere a si la superviven
cia juda constituye o no un deber. Pa
ra el judo la perplejidad religiosa es
al mismo tiempo una perplejidad juda.
Y l'a vida religiosa juda de hoy consis-


36
COMENTARIO
te, precisamente, en sobrellevar esta do
ble perturbacin.
Cuando sea llegada la hora de las
decisiones, el judo bien pudiera decidir
que el viejo deber hacia la supervivencia
juda deba ser abandonado. De ser s
te el eventual partido a tomar, el pue
blo judo, as como ha existido durante
tres mil aos, dejara de serlo. Judais
mo o condicin juda ser un simple de
recho del cual harn uso nicamente
quienes tengan gusto en ello. Los
judos del Estado de Israel se con
vertirn en israeles, y los judos de
otras partes acabarn por ser, o bien
miembros de alguna denominacin a
modo de cualquier otra, o bien una mi*
noria condenada eventualmente a la
extincin.
Pero al fin de cuentas el judo podra
tambin decidirse por refirmar su anti
guo deber hacia la supervivencia juda.
Esto slo ser posible si el judo ha pre
servado, y aceptado como autntico, el
antiguo encuentro de su pueblo con el
Dios viviente. Entonces se aceptar a s
mismo como parte de ese pueblo, consti
tuido sobre la base de un encuentro con
el Inefable y existente aun como tal, de
bido tan slo a que sigue ligado y obli
gado por dicho encuentro. Habr de
aceptarse a s mismo como judo, puesto
que habr aceptado la obligacin juda
consagrada por los tiempos; esto es, pre
pararse y aguardar el Fin en el cual to
do lo que habr de ser hecho por el
hombre o por Dios se cumplir.


RASGOS PSIQUICOS DE LA PERSONALIDAD JUDIA
Predominio de la fuerza espiritual
GREGORIO SAPOZNIKOW
TODAVIA NO se ha concebido una psi
cologa juda por ms que en la litera
tura universal se ha acopiado material
suficiente que pudiera servir a tal objetivo
cientfico. La dramtica experiencia del
pueblo judo, no pocas veces veteada de ca
racteres trgicos, difcilmente tenga paran
gn en la historia; y si los judos se sealan
por una vitalidad asombrosa, manifestada no
slo en su supervivencia fsica,.sino tambin
en una elevada capacidad de creacin y rea
lizaciones espirituales, ello fue posible sobre
todo como consecuencia de su peculiar es
tructura psquica. Bajo la presin de las
ms tremendas condiciones objetivas, esa es-
EL PROBLEMA planteado por el profesor
Emilio Fajenheim en un ensayo que pu
blicamos en esta misma entrega, parece
encontrar eco y respuesta, por lo menos par
cial, en este artculo de Gregorio Sapoznikow.
Es que el enigma de la supervivencia juda
a que aquel ensayo alude, as como los plan
teos que determinan las nuevas circunstancias
histricas judas por efecto del resurgimiento
del Estado de Israel, promueven en los hom
bres de pensamiento un nuevo intento de de
finicin de judaismo. Cul es la causa ger
minal y el factor eficiente que mantienen in
variables las modalidades espirituales del pue
blo judo? En qu consisten estas modalida
des? Cmo se han preservado a travs de
las generaciones? Para el autor del presente
trabajo la respuesta es clara e inequvoca.
Gregorio Sapoznikow es un ensayista que
escribe mayormente en lengua idish. Dedica
do a los estudios de pedagoga y del psicoan
lisis, ha publicado ya varios ensayos sobre estos
temas en revistas argentinas. En su nmero
XIV, COMENTARIO di a conocer un trabajo
de Sapoznikow sobre la obra literaria de
Schalom Asch.
tructura psquica ha podido crear y desarro
llar en s una fuerte resistencia interior. Es
la lgica reaccin defensiva contra un am
biente adverso.
Los extraos seres que viven en las pro
fundidades marinas, se caracterizan por una
extraordinaria resistencia interior, que les
permite soportar el enorme peso que los
oprime. En el sabio juego de la naturaleza,
que tiende a un objetivo final de equilibrio
y armona, toda accin provoca una reaccin;
toda agresin origina una defensa. Un fe-
nmero similar se repite a lo largo de la
milenaria historia del pueblo de Israel. Los
admirables medios defensivos que se han
producido en el territorio de su psiquis
nico territorio retenido por la viviente na
cin juda durante siglos le han sido de
utilidad y eficacia en su lucha por la super
vivencia .
Una nacin dice el eminente historia
dor y pensador judo Simn Dubnov no
es tan slo un conjunto de individuos. Es
tambin un conjunto de generaciones; por
lo tanto, tras el umbral de la conciencia ac
ta una fuerza atvica, secuela de distintas
experiencias histricas que rige el destino de
la nacin y rivaliza con las influencias del
mbito exterior.
Tras el umbral de la conciencia, o dicho
de otro modo, en el inconsciente de toda
nacin, yacen las experiencias histricas que
han dejado un sello indeleble en el alma
de un pueblo. Estas influyen continuamente
de una u otra manera, en la vida de ese
pueblo, constituyendo algo as como la esen
cia anmica que, en sus rasgos esenciales, es
plasmada por las condiciones sociales y eco
nmicas que en aquella se desarrolla.


38
COMENTARIO
Sules fueron aquellas peculiares ex
periencias histricas del pueblo judo,
capaces de echar races profundas en el
inconsciente del pueblo, y, desde all, in
fluir en su espritu, fortalecerlo, ayudndole
a resistir la adversidad y, obstinadamente,
ponerlo en condiciones de rivalizar con las
influencias del medio exterior?
Reducido este interrogante a trminos es
quemticos, esas experiencias son, por una
parte, las penosas vivencias histricas, tras
mitidas de generacin en generacin, que
durante centurias castigaron la vetusta cabe-
de este pueblo por efecto de su situacin
de minora perseguida; y por otra parte, sien
do quizs el factor decisivo, la conciencia
siempre despierta en el largo camino del des
tierro; es decir la idea de considerarse a s
mismo portador de una valiosa herencia espi
ritual y religiosa.
La primera de esas experiencias, o sea la
persecucin, restaba al judo el derecho a la
vida, lo acorralaba y lo humillaba a los ojos
del mundo; la segunda, o sea el convenci
miento de estar prestando un valioso aporte
a la humanidad, animaba su ansia de vida,
invalidaba y empequeeca la significacin
de la agresividad circundante que se aprove
chaba del poder de sus medios coercitivos.
Desprovisto de' defensas materiales contra el
ms fuerte, el judo procuraba hallar consue
lo y hasta encontrar apoyo en lo interior de
su ser espiritual.
Las crueles persecuciones que hicieron
presa del judo a lo largo de su historia de
dispersin entre los pueblos y la vesana que
lo acos de continuo vicindole hasta el aire
q respiraba, crearon en l, inevitablemen
te, un sentimiento de inferioridad y sumi
sin. Contra esta tendencia angustiosa, el al
ma colectiva trat de defenderse por todos
los medios. Poniendo un prodigioso meca
nismo de compensacin psquica, de afn de
superacin, logr alertar todas sus fuerzas
espirituales y sostener el nimo en esa lucha
contra los degradantes efectos de las influen
cias adversas.
Un organismo sano y bien dotado est en
condiciones de j oponer una resistencia eficaz
a la permanente accin agresiva del medio
en que se desenvuelve. En este sentido, el
organismo que para el caso es el pueblo ju
do en su conjunto, ha realizado una proeza
espiritual sin precedentes en la historia, y
en su lucha defensiva, ha desarrollado en su
psiquis estructuras y mecanismos adecuados,
los cuales obraron de un modo persistente.
Son ellos a los que alude Dubnov cuando
habla de la suma de innumerables genera
ciones y de la manifestacin de su fuerza
atvica.
Bn su persistente afn de neutralizar y
compensar la sensacin de su debilidad
e inseguridad en el mbito de otros pueblos,
ms fuertes que el suyo, el judo neg, des
de un principio, fuerza y mrito a los atri
butos exteriores y a los elementos materiales;
coloc, preferentemente, en lo ms alto de
su escala de valores, a los principios morales
y espirituales, tanto en la vida individual
como en la vida colectiva. El concepto judo
del monotesmo, de un Dios como smbolo
abstracto y eterno, desprovisto de toda ex
presin material, es su manifestacin carac
terstica. El pueblo respetaba y veneraba al
estudioso, al erudito, al conocedor de las Sa
gradas Escrituras antes que al poderoso; el
afn de estudiar e instruir a los hijos en el
cultivo de las ciencias es un rasgo general,
presente hasta hoy, incluso entre los hombres
y mujeres de la ms humilde condicin.
La expresin bblica segn la cual el po
der de Dios no reside en los ejrcitos ni en
la fuerza, sino en el espritu, seal la l
nea directriz de la existencia nacional juda;
form la columna vertebral de la psicologa
nacional. He aqu por qu el genio del pue
blo judo se manifest particularmente crea
dor en las esferas de la cultura que tienen
relacin con valores de carcter espiritual.
En: su afn de afianzar su propia existen
cia y para no sucumbir bajo el peso de las
adversas circunstancias, el instinto vital del
pueblo se elev por sobre los lmites del tiem
po y espacio, logrando concebir la idea pro-
ftica de la armona universal y csmica. Es
por ello que, desde la poca de los profetas
hasta nuestros das, surgieron tantos visio
narios, sacerdotes y luchadores judos en to
dos los movimientos de carcter social, espi
ritual, tico y mstico.
El ncleo bsico del pensar y sentir judo
est formado por una sustancia espiritual de
naturaleza tica y humanitaria qu es la que
ha dado origen a los Diez Mandamientos, y
cuyo sentido culmina en aquella visin pro-
ftica cuyo contenido representa un vatici-


RASGOS PSIQUICOS DE LA PERSONALIDAD JUDIA
39
nio de esperanza, esto es, que en lo futuro,
los pueblos fundirn sus armas para conver
tirlas en arados.
Tan elevados ideales han sido el resultado
de la singular estructura psquica juda, de
cantada a lo largo de su acaecer histrico.
El pueblo judo no acostumbraba a descargar
en actos de violencia las amarguras y humi
llaciones acumuladas en el corazn; antes al
contrario, sola siempre sobrellevar estoica
mente las persecuciones e injusticias. Esto
ltimo es el rasgo caracterstico de su perso
nalidad nacional; es su herosmo espiritual
que se opone al otro herosmo, el de la fuer
za bruta y de los instintos desenfrenados.
El ideal heroico de los brbaros que do
minaron el imperio romano durante las
primeras centurias de la era cristiana, no era
otro que el de conquista. Crean dice
Jos Luis Romero en lo que hay de natu
raleza en el hombre y exaltaban, sobre todo,
el valor y la destreza, el goce primario de
los sentidos y la satisfaccin de los apetitos.
El poder de la fuerza fsica, la capacidad
para aniquilar al enemigo y el saber afron
tar la muerte con impasibilidad, constituan
su aspiracin suprema.
El concepto bblico de la vida que pro
clama la santidad de la sangre humana
pues Dios dijo "No matars! y hasta
prohibi comer carne en su sangre se im
puso, por fin, a los conquistadores brbaros,
a travs de la cultura cristiana. Los brbaros
fueron, pues, humanizados, y se sometieron,
en parte, a ciertos principios ticos y mo
rales .
La cultura occidental es la sntesis de es
tas dos tendencias, aunque no ha terminado
aun la lucha entre la fuerza de los puos y
la voz de la conciencia moral.
Bien conocido es el caso del nudo gor
diano, que nadie supo desatar. Alejandro
Magno intent hacerlo, sin resultado. Impa
ciente, el clebre guerrero desat, finalmen
te, aquel nudo a su manera: ¡Lo cort de
un golpe con el filo de su espada! Un judo
observara que la ocurrencia es admirable,
no menos que la osada en arbitrar solucin
semejante. Sin embargo, agregara: hasta
el ms torpe y necio puede cortar un nudo.
Lo difcil es desatarlo...
El judo no se inmuta frente a proezas
como sta de Alejandro en el clebre episo
dio. Y aquellos de estirpe juda que desatan ,
a golpes de espada los nudos sus proble
mas y conflictos, resolviendo con violencia
las cuestiones que deben decidir libremente,
no son leales a la tradicin moral de sus
antepasados.
Desprovista su existencia de una base te
rritorial firme y real, disperso entre todos
los pueblos de la tierra, el judo se ampar
en la imaginacin y en las ilusiones. De esta
suerte, la esperanza que crea y alimenta al
optimismo se convirti en parte integral de
la naturaleza juda, armando y fortificando
el nimo del pueblo en su sostenida lucha
por la supervivencia.
Con el carcter de una minora atomiza
da en pequeos grupos dispersos entre los
pueblos, sin posibilidad de defenderse en
caso de agresin, con las mismas armas em
pleadas contra ellos, los judos reaccionaban
contra la injuria con la fuerza interior de sus
armas espirituales, dirigidas, no hacia el ex
exterior, sino hacia el fortalecimiento del
propio Yo para dotarlo, as, de esperanza ili
mitada, de optimismo y de inagotable ale
gra. Con tales armas, que se manifestaban
en forma de ficticia altanera, los judos sa
lan al encuentro de sus enemigos, decididos
a derrotarlos.
La ilusoria superioridad de los hijos del
pueblo elegido, alcanza su ms caracte
rstica manifestacin en el humor judo. Es
te es el nico exponente agresivo de un ino
cente mecanismo psquico, llamado a apun
talar el propio nimo y a fortificar la esperan
za, a fin de no sucumbir bajo el peso de las
amargas condiciones de vida que con fre
cuencia le han sido Jimpuestas por el medio
social.
En su obra postuma Moiss y la religin
monotesta, que dice Sigmund Freud
los pueblos primitivos castigan a sus dioses
por cada fracaso o desdicha que sufren; has
ta los pueblos modernos derriban a los go
bernantes que no satisfacen sus aspiraciones.
Entonces, se pregunta, cmo se explica
el fenmeno de que los judos, durante mi
lenios, conservaran su apego incorruptible y
lealtad obstinada hacia su fe y su Dios?
En respuesta a su interrogante, hace
Freud un profundo anlisis de los principios
bsicos del monotesmo y seala que stos
influyeron en su psiquis y originaron la for
macin de toda una gama de singulares ele-


40
COMENTARIO
mentos en la mentalidad del pueblo judo.
La prohibicin tan rgida e inflexible
de representar en imgenes concretas el sm
bolo de Dios, signific, en aquellos remotos
tiempos, una concepcin sorprendentemente
nueva, que, por una parte, implicaba una
profunda tendencia interior hacia la espiri
tualidad, y, por otra, asignaba un papel pre
ponderante a las ideas abstractas e inmate
riales sobre los elementos instintivos y cor
preos. En otros trminos, la representacin
de Dios como pura abstraccin, desprovista
de toda forma y contenido material, tan slo
como ideal de valores ticos y morales, sig
nific, en realidad, un rechazo de los im
pulsos instintivos, un triunfo y predominio
de los elementos espiritualmente superiores
sobre las tendencias agresivas y erticas en
el alma del hombre.
Freud llega, as, a la conclusin de que
el robustecimiento de la espiritualidad y la
subordinacin de las percepciones sensoria
les e instintivas, afirman la confianza en s
mismo, tanto en los individuos como en los
pueblos. El Yo se siente halagado, ensal
zado, orgulloso, por haber logrado el gran
triunfo de renunciar al instinto. Y cuan
do el Yo sacrifica un instinto, obedeciendo
los mandatos del Super Yo, de su concien
cia moral, espera ser, en recompensa, el
hijo favorito, el ms querido en la familia
de Dios-Padre; en suma, el pueblo elegi-
do... '
La religin de Moiss, que comenz prohi
biendo la representacin de su Dios en im
genes, desarrollse, cada vez ms en el trans
curso de los siglos, en el sentido de una
religin basada en la renuncia a la satisfac
cin de los impulsos instintivos. Aunque
¡nunca exigi la abstinencia sexual, impuso
severa restriccin a la libertad ertica.
Los profetas no cesaron de sealar que
Dios no exiga a su pueblo otra cosa que
vivir dentro de la justicia y la virtud; es
decir, abstenerse de satisfacer todos aquellos
impulsos que, aun hoy, de acuerdo con nues
tras normas morales, consideramos de ndole
perversa. De suerte, pues, dirase que la
renuncia a la satisfaccin desenfrenada de
los instintos ha desempeado un papel so
bresaliente en la religin. Esta tendencia
hacia la espiritualidad se ha manifestado,
a la vez, como un rasgo hereditario en la
psiquis popular juda.
Con un enfoque distinto al de Freud, y
partiendo de un punto de vista diferen
te, otro investigador de la vida anmica, el
clebre fisilogo Ivn Petrovich Pavlov, lle
g a idntica conclusin, aseverando que
cuando los factores exteriores crean dificul
tades para el organismo, acude el aparato
interno a prestar ayuda con sus propios me
dios .
En lo que respecta a la estructura psico-
fsica juda, el aparato interno desempe
siempre un papel predominante, ven
ciendo a los factores exteriores.
La prodigiosa idea, autnticamente juda
y nica en su gnero, de erigir una Yavnef1),
un centro espiritual que preservara la con
tinuidad del pueblo, se manifest as como
expresin orgnica del espiritual elemento
yavniano que, como corriente oculta, fluv
sin cesar en el alma juda.
El espritu de Yavne sustituye al territorio
fsico-geogrfico de la nacin y mantiene in
clume, en el intervalo de dos mil aos, la
vida e integridad especfica del pueblo judo.
La idea de Yavne, en consecuencia, se de
be entender no en el sentido de que con
siste en la invencin de un individuo genial,
sino eso s como la genial realizacin de
un caracterstico rasgo de la psiquis hebrea.
De sus lejanos antepasados hered este pue
blo una singular inclinacin a la espiritua
lidad, tendencia que supo legar a sus des
cendientes. En la dispora, esa caracterstica
se convirti en firme sostn imantado, capaz
de aglutinar a los dispersos e infundirles un
incansable afn de continuidad.
Privados de territorio nacional propio por
espacio de 20 siglos, sin suelo firme bajo las
plantas de sus pies, ya que en muchos pases
se les negaba hasta el derecho de adminis
trar sus tierras, los judos buscaron una com-
(1) En el ao 70, los poderosos ejrcitos de
Roma. ba.io el mando de Tito, hijo de Vespasiano,
cercaron la ciudad de Jerusaln. Nunca se ofreci
a los romanos una resistencia tan perseverante
y encarnizada. La ciudad luch durante largos
meses y, finalmente, slo se rindi al hambre.
Perdida toda esperanza de salvar el pas, el rab
Yojanan Ben Zakai rog a Tito que le permitiera
fundar una academia de estudios en la ciudad
de Yavne. Tito accedi con el objeto de poder
someter ms fcilmente a los restos combatientes
que aun proseguan resistiendo. Fu as, estable
cido un centro de estudios en Yavne, donde se
cultivaron las tradiciones y se guardaron los
tesoros culturales del pueblo. Durante centurias
irradi desde all la fe y la esperanza de los
vencidos y dispersos hijos de Israel. Posterior
mente, aquella academia de estudios fu traslada
da a otros centros de dispersin hebrea. Cada
poca tena su propia **Yavne.


RASGOS PSIQUICOS DE LA PERSONALIDAD JUDIA
41
pensacin creando, por decirlo as, un in
menso cielo, un cielo de intereses espiritua
les. Y lo que parece inverosmil a primera
vista, es que ello se convirtiera en una rea
lidad histrica tan firme que permiti a los
judos arraigarse profundamente en este te
rreno celestial. Arndolo con las armas de
la inteligencia por espacio de casi dos mi
lenios de dispersin y persecuciones, han lo
grado desarrollar extraordinarias condiciones
para las actividades del espritu: crearon el
'Talmud, la Cbala, numerosas obras teolgi
cas, filosficas, literarias y poticas. Baste
mencionar, entre estas ltimas, a modo de
ejemplo, la obra de Spinoza, la vasta pro
duccin de la era espaola que en la historia
liebrea se denomina Edad de Oro, en la
cual brillan con luz propia figuras como
Tebuda Halev, Maimnides, Ibn Gabirol,
Moiss Ibn Ezra. En este orden de cosas,
es pertinente mencionar tambin la variada
creacin literaria moderna en idish y hebreo
aparecida principalmente en los centros de
la Europa Oriental.
Esta particularidad psquica y cultural
no impide al judo identificarse con los
pueblos entre los cuales vive. Es una iden
tificacin derivada de un afecto filial, biol-
gico, que lo liga ntima y naturalmente con
el pas de nacimiento. Una planta se desarro
lla mejor y con ms naturalidad en el terreno
que le da vida, y sigue ntimamente ligada
a esa tierra, salvo que algunas trabas obsta
culicen su crecimiento. Un hijo ama natural
mente a sus padres, ms an si stos le pro
porcionan afectuosamente los medios de sub
sistencia y desarrollo; los afectos fertilizan
los gratos recuerdos vividos en el hogar pa
terno y los hacen florecer en ideas y senti
mientos de patria. La particularidad psqui
ca del judo, secuencia de su vida histrica,
expresa un sentimiento natural que lo liga
a sus antepasados y a los valores espirituales
que aqullos le han legado. La madre patria
tiene para el judo carcter espiritual y sim
blico; est constituida, en primer trmino,
por la Biblia, y en segundo trmino, por to
do el acervo cultural formado a travs de su
azarosa existencia. Los regmenes totalitarios
no toleran esa singularidad juda, puesto que
ella perturba la uniformidad mental que es
condicin bsica del totalitarismo, porque es
el medio para aniquilar el libre pensamiento
y para disciplinar la personalidad humana,
aplastndola. La democracia, en cambio, re
presentada esencialmente por una sntesis de
las diversas tendencias sociales y corrientes
de pensamiento, se nutre a s misma de la
libertad y, a la vez, fomenta el libre desarro
llo de la personalidad. En una tal sinfona
humana, la voz suave y dbil de la pecu
liaridad psquica juda se hace ms audible
cuanto ms patente es el espritu de convi
vencia armnica. Es tambin la voz que
anuncia la utopa proftica de las espadas
convertidas en instrumentos de labranza, co
mo una realizacin ms prxima o ms le
jana, segn se haga ms o menos audible.


FERMENTOS EN LA ESPAA DE FRANCO
Oposicin activa bajo calma aparente
BOGDAN RADITSA
HACE VEINTE aos, el 28 de mar
zo de 1939, caa Madrid a manos
de los ejrcitos de Franco y llega
ba a su fin la efmera repblica espa
ola. Tres aos de guerra civil, signa
da por la intervencin de Alemania na
zi, la Italia fascista y la Unin Sovitica,
dejaron como saldo un milln de muer
tos y varios millones ms de mutilados
y heridos (Espaa contaba a la sazn
con una poblacin de veintisis millo
nes). Decenas de miles de partidarios
de la Repblica huyeron del pas; mi
llares pasaron largos perodos en la( cr
cel. La paz que sigui al conflicto en
las dos ltimas dcadas hay que atri-
HISTORIADOR y polgrafo, el profesor Bog-
dan Raditsa ha alcanzado particular no
toriedad entre los publicistas del norte
por sus artculos sobre la poltica de los pa
ses de Europa Oriental. Sin embargo, su preo
cupacin por los destinos de la civilizacin
contempornea no limitan el campo de su in
quisitiva curiosidad a aquella parte del Viejo
Continente. El cambio de cartas con don Mi
guel de Unamuno, algunas de las cuales pu
blic no hace mucho la revista Cuadernos, lo
revelan tambin como un entendido en los
problemas que afectan a Espaa, tan sofoca
da, en esta hora, por la dictadura franquista.
El presente artculo es el resultado de su ter
cer viaje a la pennsula, a fines de 1958,
en el que examin de cerca los problemas e
interrog a muchas figuras que protagonizan
el silencioso drama del pueblo espaol, no
resignado por cierto a dar por perdida su
libertad. El profesor Raditsa es catedrtico
de la Universidad de Dickinson, en los Esta
dos Unidos; sus sugestivas referencias a las
relaciones de su pas con Espaa, no estn
exentas de inters para nosotros.
huirla, en gran parte, al agotamiento es
piritual y fsico. Durante estos aos
Franco cambi de posicin varias veces,,
pasando de la alianza con las potencias
del Eje a una neutralidad aislacionista,
y de sta a la cooperacin militar con
los Estados Unidos; transform el r
gimen fascista en un absolutismo reac
cionario apoyado por los militares y la
iglesia; y en lo econmico, se apart de
los sistemas $corporativos optando por
estimular la iniciativa privada! bajo una
forma corrupta de monopolio estatal.
El odio al rgimen franquista es gene
ral, pero el temor a otra guerra civil
contiene a los hombres y mujeres que
fueron testigos de la carnicera de
1936-39.
Los militares, los altos prelados de la
iglesia y los nobles terratenientes fueron
los que ganaron la guerra civil, y hoy
gobiernan a Espaa. Entre los derrota
dos perdura todava un profundo senti
miento de fracaso. Un socialista cataln
me manifest: Nuestras vidas se de
tuvieron al caer la Repblica. Desde la
subida de Franco nos hemos convertido
en almas muertas. Nuestro fracaso deja
abierta una herida que jams podr res
taarse. En una ocasin invit a un
matrimonio de intelectuales a cierto res
taurante elegante de Madrid; la mujer,
una novelista cuyos libros los editores
se rehusaron a publicar, ech una ojea
da a los obesos potentados y a las rui
dosas mujeres que los acompaaban, di
ctndome: Me siento exilada en m


FERMENTOS EN LA ESPAA DE FRANCO
m
propio pas. Esta no es la Espaa con
que sobamos en el 30.
Empero, una nueva generacin ha
llegado a la edad adulta, y el viajero
pronto percibe el abismo existente en
tre los hombres y mujeres de cuarenta
para abaj y los de ms edad. La pri
mera dcada posterior a la guerra civil
se caracteriz por una laxitud espiritual.
Luego, cuando el aislacionismo inter
nacional de Espaa lleg a su fin, len
tamente comenzaron a surgir tenden
cias reformistas entre los funcionarios
pblicos de menor jerarqua y, sobre
todo, eri las universidades, donde los
profesores eran sensibles al juicio crti
co de los estudiantes de posguerra.
cia comienzos de la dcada del 50, hom
bres como el poeta y ex-falangista Dio
nisio Ridruejo, el ex ministro de edu
cacin Joaqun Ruiz Jimnez, y el rec
tor de la Universidad de Madrid, Pedro
Lain En traigo, empezaron a exigir re
formas sociales y una gradual transicin
hacia las libertades civiles y al gobierno
constitucional.
Franco prest scasd/q'do a estas exi
gencias. Sin embargo, en el otoo de
.1955 numrosos incidentes menores
confirmaron la impaciencia de la juven
tud espaola. Al morir Ortega y Gasset,
un millar de estudiantes asistieron a sus
funerales portando un cartel que deca:
A Jos Ortega y Gasset, espaol, fil
sofo y liberal. En febrero dl95o hu
bo tres das de violentas escaramuzas en
el parque de la Universidad, entre esjt
tudiantes y falangistas armados.uEn lbs
primeros momentos detuvieron a cente
nares de estudiantes, veinte de lsYua-
les fueron a la crcel. Al siguiente mes,
un grupo de intelectuales y antiguos
funcionarios estatales fueron arrestados
.bajo la acusacin de organizar ncleos
de resistencia y publicar hojas clandes
tinas. Jos Mara Gil Robles, que era
cabeza del partido catlico de derecha
en tiempos de la Repblica, figuraba
como su asesor letrado. Este conservador
de la vieja escuela, que tan importante ;
papel desempe en la preparacin del
terreno para el advenimiento de Fran-¡;
co, declaraba entonces: Cuando un rr
gimen niega a sus ciudadanos los me- ¡
dios normales de expresin, stos tie
nen el derecho de recurrir a cualquier
otro a su alcance.
Como resultado de tales incidentes,
en 19'57, Franco volvi a barajar su go
bierno, retrogradando a la Falange pa
ra otorgar gran poder al Opus Dei ca-,
tlico. Pero la inquietud estudiantil con
tinu hasta obtener el apoy de un con
tingente cada vez ms considerable de
ciudadanos respetables ms entrados en
aos. En entero y mayo de 1958, por
ejemplo, la polica apres grandes gru
pos de estudiantes comunistas o "so:.
cialistas. Veinticinco sacerdotes, entre/
ellos el propio capelln de Franco, fir- '
marn una peticin en su favor. Uno
depos sacerdotes me asegur que los
¡estudiantes arrestados eran en realidad
demcratas liberales, entre los cuales
haba catlicos creyentes. En noviembre
i^Itim'o hubo una nueva ola de arrestos
en Madrid, Barcelona y San Sebastin,,
dirigida esta vez contra intelectuales de
la lia generacin y gente d la clase
media.
O embargo, la resistencia abierta1
^ apareci por,vez primera entre los
jvenes y son ells, los que parecen ms
ansiosos de un cambio inmediato. El
elemento joven de Madrid y Barcelona
parece hoy tan amric-anizado en las
modas y en los hbitos como chele Pars,)
Roma y Habburgo. Los vejjos lazos fa-n
miliares se estn debilitando, las rgidas
normas de la iglesia van desvaneciri-;
Pbf1^ millares dW^automviles y mnifv
bus cruzan diariamente los Pirineos, in*;
traduciendo en las grandes ciudades es-1
paolas el cosmopolitismo y lascostum-Y
bres de los turistas. Madrid y Barcelo
na, ciudades de lneas modernas con -
grandes casas de lujosos departamentos,
jy no son tpicamente espaolas. El res-2


44
COMENTARIO
to del pas recin ha comenzado a en
terarse de lo que significa la revolucin
industrial. Espaa, Portugal y Grecia
son los pases ms pobres de la Europa
no comunista.
La extensa meseta ibrica, abrasada
por un sol despiadado, carece de lluvias
suficientes y su sistema de irrigacin es
primitivo. Los tractores y las trilladoras
son prcticamente desconocidos. Hom
bres, mujeres, nios y famlicos asnos,
labran la tierra casi del mismo modo
que en tiempos de los moros. En el nor
te hay pequeas granjas pauprrimas, y
en el sud la agricultura est dominada
por los grandes latifundistas, servida por
peones y braceros que deben afanarse.;,
para obtener un jornal de cincuenta
pesetas. Hay ms de un milln y me
dio de agricultores sin tierra, que for
man por lo menos el cuarenta por cien
to de la poblacin campesina en regio
nes como Andaluca, Toledo y Valen
cia. Las extensas fincas que cultivan,
pertenecen, en su mayor parte, a las
antiguas grandes familias (los, .duques
de Alba y Medina, Celli, la duquesa de
Montoro, etc.), las cuales se resisten a
emplear tractores y mtodos modernos
de labranza, por el temor de que ello
provocara desocupacin y la consiguien
te intranquilidad entre los campesinos.
Espaa no es la Francia frtil del si
glo XVIII ni la Inglaterra del veloz rit-'
mo industrializador del XIX. Una sim
ple reforma agraria que repartiera la
tierra entre los labriegos, no bastara
para dotar a cada agricultor de. suficien
te tierra de cultivo. La agricultura es|j
paola alcanza apenas para alimentar
a la creciente poblacin del pas; la ini
ciativa' de incrementar sensiblemente la'
produccin con nueva maquinaria y fer
tilizantes tomara aos ert surtir efecto.
Por otra parte, no se cuenta con nuevas
industrias que absorban el exceso det
poblacin campesina. En realidad, Es
paa exporta mineros y trabajadores-go
londrina a Francia y los Pases Bajos.
La poblacin urbana se halla en si
tuacin algo mejor que la de los campe
sinos, aunque los trabajadores no-ma
nuales se ven obligados a agenciarse,
por lo general, dos o tres empleos para
cubrir sus necesidades. El ingreso per
cpita es de 346 dlares anuales (en
comparacin con los 250, ms o menos,
de antes de la guerra civil); pero estas
cifras son engaosas a causa de la cre-
eitjje inflacin que se registra desde
1951. Hay pocas dudas, sin embargo,
de que el niyel de vida de los obreros
calificados y los mineros de Asturias,,
Bilbao, Barcelona, Madrid y. Extrema
dura ha mejorado; sus progresos no s
equiparan de ningn modo a los d los,
trabajadores de Alemania Occidental o
del norte de Italia, por ejemplo; pero
Son tangibles.
Debido, ,a esta relativa prosperidad
as. corri!, tambin a la circunstancia de
que la mayora de los dirigentes gremia
les han muerto en la guerra civil o se
han exilado, las numerosas huelgas que
han tenido lugar en Espaa no han sido
de carcter poltico. .Ha habido, por
otra parte, pocos contactos entre los
obreros y esos intelectuales, funciona
rios y estudiantes que forman la oposi
cin poltica a Franco. Algunas de las,
conquistas econmicas obreras se logra
ron a iniciativa de los sindicatos fisca
lizados por los falangistas; la clase obre
ra teme una restauracin de la monar
qua, que a juicio de ¡los crticos de la
clase media, parece ser el objetivo in
mediato de Franco. A este respecto, la
situacin se asemeja a la de la Argen
tina en tiempos de Pern, durante los
cuales ,1a masa trabajadora era contraria
a los intelectuales, empresarios y oficia
les de las fuerzas armadas que final
mente depusieron l dictador.
Los banqueros y hombres de empre
sa figuran,, por cierto, entre los ms
acerbos censores de Franco, siendo el
principal motivo de su descontent la
atmsfera de favoritismo y corrupcin


FERMENTOS EN LA ESPAA DE FRANCO
45
que reina en la economa espaola. Co
mo en otras partes, tambin all ha sur
gido una nueva clase de empresarios,
directores y burcratas que medra a cos
ta de la poltica. Algunos de los princi
pales integrantes de este grupo son pa
rientes de Franco. Su hermano Nico
ls, por ejemplo, es el presidente de la
planta local de Renault y muchas otras
corporaciones. Los permisos de importa
cin, que deben ser todos gestionados
ante las reparticiones oficiales en Ma
drid, constituyen una copiosa fuente de
corrupcin. Tambin suele fraguarse
una escasez de productos tales como
caf, azcar y papas, de la que se be
nefician los traficantes de la bolsa ne
gra con conexiones en el gobierno. Un
escndalo financiero producido en el
ltimo otoo revel la complicidad de
altos funcionarios oficiales con ciertos
espaoles que haban depositado cerca
de cuatrocientos millones de dlares en
bancos suizos nicamente.
onversando con los intelectuales
^ espaoles, que son los ms acrri
mos censores de Franco, se percibe al
punto un rasgo que es casi connatural
del carcter espaol; me refiero al des
den por las minucias de la realidad ma
terial, cosa que hace el eterno encanto
de Espaa y tambin su tragedia. La
palabra gana que tanto se ha generali
zado en la posguerra, refleja est carac
terstica. Sinnimo de placer, gusto, ca
pricho, expresa un espritu personalis
ta, no conformista y anti-burgus. Cada
uno hace lo que le da la gana. En la
carretera oscura un ciclista viaja sin las
luces reglamentarias: no me da la gana.
Un pescador se solea al medioda en la
Costa del Sol, cuando debiera estar pes
cando y lograr una buena redada... es
que no me da la gana.
La competencia en los negocios, el
darse prisa, la tensin del trabajo, no
parecen existir en Espaa. Entre la cla
se media siguen siendo habituales las
prolongadas siestas despus del almuer
zo, y las ceremoniosas cenas de media
noche. Entre los pobres se celebran con
gran solemnidad, y desde la vspera, las
fiestas de cada uno de los santos y los
das de la Virgen. Los jueves y sbados
hay corridas de toros, pero el holgorio
empieza un da antes con las apuestas,
lo cual hace que el perodo de ocio se
duplique.
La Espaa de mediados del siglo XX
no es, naturalmente, la Espaa de El
Greco, ni siquiera la de Coya. Desde la
Revolucin Francesa ha surgido una tra
dicin de minora liberal disidente, tra
dicin que cre la Repblica de la d
cada del 30. Incluso hoy, el pas pro
duce no slo filsofos y poetas de van
guardia, sino tambin tcnicos, expertos
en estadstica y hasta en psicologa in
fantil. Sin embargo, conversando con
intelectuales y polticos espaoles, uno
alcanza a comprender hasta qu punto
ha persistido el espritu medieval de!
pas. En muchos aspectos, el espritu
pragmtico del Occidente moderno, con
su respeto por los hechos, la experien
cia y el transigir con la realidad, recin
ha comenzado a abrirse paso.
Siempre hemos sido indefinidos,
abstractos, msticos, me dijo el socilo
go y profesor, Enrique Tierno Galvn,
uno de los pocos pensadores polticos
ealistas del pas, pero cuarenta aos
bajo la influencia de nuestro gran maes
tro Ortega, que trajo aqu la filosofa
alemana, ha acentuado aun ms esas
caractersticas nuestras. Todo se ha
vuelto ambiguo. El catolicismo es am
biguo: todo el mundo va a la iglesia,
pero pocos realmente creen. Todos des
potrican contra Franco, pero pocos estn
dispuestos a obrar contra su rgimen.
La poesa y la literatura siguen sien
do los vehculos de las protestas pol
ticas, como es frecuentemente el caso
dentro de un rgimen represivo. Los
cenculos poticos organizados por
Ridruejo y Lain Entralgo en diversas
partes de Espaa, han servido para re-


46
COMENTARIO
unir a intelectuales disidentes. Todos
dos mircoles por la noche, en la Biblio-
i teca Insula de Madrid, se juntan inte
lectuales y escritores, jvenes y viejos,
para discurrir sobre literatura, arte, filo
sofa e, inevitablemente, poltica. Y ca
si todos los das¡> V escritores, poetas,
crticos y artistas discuten, en torno a
las mesas de caf de Madrid, Bar
celona, Santander y Sevilla, las ltimas
ideas de Pars, Roma y New York. La
atmsfera recuerda la que imperaba en
Rusia hace medio siglq';y en Europa
-Oriental entre ambas guerras mundia-
Los jefes de la comunidad intelectual
espaola, a los que se puede calificar de
moderados en trminos occidentales, si
bien en la Espaa de Franco se los con
sidere rebeldes, estn todava sujetos a
la mfluempia filosfica de Miguel de
Unamuno y Ortega y Gasset y sus s- ,v
cuaces vivos, Salvador de Madariaga y
Gregorio Maran. Pero la filosofa de
stos, alejada de toda suerte de inquie
tud por la realidad social y econmica,
falla en cuanto al problema fundamen
tal de 'Espaai esto es, en cuanto a c
mo modemizlf esta sociedad autoritaria
medieval?*, JNfumerosos -intelectuales es
paoles de la actuahdad, como Tierno
. Galvn, por ejemplo, se sienten atra
dos por la filosofa pragmtica y emp-
, rica de los pases anglosajones; otros
.dirigen la mirada al marxismo. Hay un ,
;rupo considerable de jvenes .catlicos
que siguen a Jacqs Maritai; otros
estn bajo la influencia de Julin Ma
ras y Jos Luis Aranguren, que predi
can un cristianismo revolucionario.
V:ist|| en su conjunto, empero, los
Intelectuales espaoles parecen romn
ticos e imprecisos en su actitud frente
.a los problemas sociales. Por lo general
ven en la conquista del poder la nica
finalidad de la poltica, y se muestran
reacios a dar una respuesta concreta
cundo se les pregunta qu haran ellos
para elevar el. nivel de vida y moderni
zar el pas.
"Necesitamos institutos y organismos
de investigacin, explicme 'fiemo
Galvn, "para estudiar nuestros proble
mas sociales y- econmicos en forma
cientfica y prctica; estudiar el proble
ma agrario, la estructura social de la
clase trabajadora y de la dase media,
etc. Jams hemos ensayado nada en ese
orden y gran parte de nosotros ignora
Ja manera de encararlo. Incluso nues
tras universidades, por demasiado anti
guas, no le han prestado atencin. Na
die se ha ocupado de ninguna de estas
cuestiones, sallos- comunistas.
En Cuanto l problema de la tierra,
por ejemplo, los comunistas abogan por
la colectivizacin mientras que los li
berales no logran ponerse de acuerdo .
Ciertos sectores propugnan la reforma
agraria y|Il desarrollo de una dase in
dependiente de pequeos granjeros;
otros creen en la eficata de cooperati
vas voluntarias y otros, en fin, propi
dan la solucin dl problema de la tie
rra mediante una rpida industrializa
cin. Los no^fcotaists np slo que es
tn divididos entre s|, sino que esa su
divisin, que es ms bien emocional y
de contornos ideolgicos, tiene para ellos
ms mrito que el conocimiento prag
mtico) de las necesidades y posibilida
des de la agricultura espaola. Y cuan
do de la elurdarin de los asuntos eco
nmicos no sug un espritu prctico,
resulta difcil que se deje sentir un efec
to moderador en la discusin, de aspec
tos no-econmicos de valor tan explosi
vo como el clericalismo, que desde los
tiempos de la Inquisicin es sinnimo
de Espaa.
I A religin catlica ha estado siem-
1 pre en el centro de la sociedad es
paola. El clero, en s mayor parte, si-1
gue colaborando con Franco hasta el ex-


FERMENTOS EN LA ESPAA DE FRANCO
47
tremo de desconcertar al propio Vati
cano. Pero entre los clrigos jvenes
prevalece un nuevo espritu muy dife
rente.
Los dirigentes del clero espaol creen
haber salvado tres veces al catolicis
mo en los ltimos cuatrocientos aos:
primero, de la Reforma, luego de la Re
volucin Francesa y ms tarde, del So
cialismo, en los das de la Repblica.
Con semejantes proezas histricas en su
haber, los jerarcas de la iglesia se mues
tran, por lo general, impasibles frente
al auge de los movimientos demcrata-
cristianos de posguerra en Europa Occi
dental. El tradicional catolicismo espa
ol puede ejemplificarse con el caso del
terrateniente que al or citar a un pro
fesor de la Universidad Catlica de Se
villa el Rerum Novarum en el que el
Papa Len XIII recomendaba la distri
bucin de la tierra entre los campesi
nos, exclam: Si esas son las ideas del
Santo Padre, me hago protestante.
La iglesia monopoliza el sistema edu
cacional de Espaa, y como en los tiem
pos feudales posee y administra exten
sas fincas, pensionados estudiantiles y
escuelas de todo tipo imaginable. Cier
tas rdenes monsticas, particularmente
los jesutas, los dominicos y los fran
ciscanos, son bastante ricas como para
controlar la vida econmica de regiones
enteras, la de Castilla, por ejemplo.
Levantan nuevos monasterios e iglesias
y escuelas provistas de los ltimos ade
lantos, si bien en sus planes no entra
la construccin de casas baratas. Uno
de estos edificios es el enorme monaste
rio benedictino, con bao privado en
cada celda, levantado en plena sie
rra de Guadarrama, dominando el Valle
de los Cados, y que quedar exactamen
te debajo del proyectado lugar de re
poso de Franco: el Monumento a la
guerra civil, en el cual reciben sepul
tura los muertos en la conflagracin; di
cho Monumento est coronado por un
gigantesco crucifijo de mrmol visible
en toda Castilla(*).
El ltimo baluarte del rgimen de
Franco es el Opus Dei, al que sus cen
sores califican de masonera seglar cat
lica reaccionaria. Su gua es un libro ti
tulado Camino, del Padre J. M. Escri-
va, en el que ste insta a sus miembros
a restituir a Espaa su antigua gran
deza de santos, sabios y hroes. El li
bro insiste en el tema del caudillo¡ ¡Je
fe!... Haz viril tu voluntad de poder a
fin de que Dios te haga conductor... T
ests hecho para el mando....
Los del Opus Dei estn muy intere
sados en monopolizar la vida intelectual
espaola. Ya controlan la Academia Es
paola de Artes y Ciencias, el Consejo
Superior de Investigaciones, y su pro
nunciada participacin en el gobierno
desde 1957 les ha dado un papel deci
sivo en la censura. La censura religiosa
es aun ms severa que la poltica. El
Breviario de errores es observado seria
mente. En las libreras se prohbe la
venta de libros como La Crtica de la ra
zn fura, de Kant, Del sentimiento tr
gico de la vida y La agona del cristia
nismo, de Unamuno, aunque son fci
les de obtener en los mismos negocios
O
bajo cuerda. La censura va ms all de
la poltica y la filosofa; los autores de
imaginacin escriben a menudo dos
versiones de la misma novela, una, la
autntica, y otra que pasar por el cen
sor clerical. Por cierto que esta ltima
tiene que estar hbilmente hecha. A
un joven escritor que describa en un
pasaje de su libro el despertar de una
nia y su alegra al contemplar la au
rora, le devolvieron el manuscrito con
el siguiente comentario en rojo del cen
sor: Al levantarse, una nia espaola
se arrodilla y reza a la Santa Virgen.
* Para erigir este monumento, que costar ms
de 200 millones de dlares y cuya construccin
ha despertado una ola de descontento, hubo que
arrasar una montaa de slido granito. Nume
rosos deudos de los cados han expresado viva
oposicin a que se exhumaran los restos, la
mayora de los cuales yacen en el solar nativo.


48
COMENTARIO
Sin embargo, el catolicismo hispano
ya no es tan monoltico. En la lti
ma reunin del Colegio de Cardenales,
el primado espaol Dr. Enrique Pa y
Daniel, se rehus hasta el fin a votar
por el Cardenal Roncalli (considerado
generalmente como el candidato de Ir
Francia liberal), pero los Cardenales
de Tarragona y Santiago contribuyeron
con su sufragio a la mayora que con
sagr en la silla papal a Juan XXIII.
Entre los crticos abiertos o solapados
de Franco figuran prelados de tan alto
rango como el Obispo de Zaragoza y
el Abate del Monasterio Benedictino
de Monserrat, Padre Aurelio M. Esca-
rre (menciono estos dos porque la pren
sa ya los ha identificado como oposito
res de Franco; hay otros nombres me
jor guardados). Los hombres de esta
talla estn seriamente preocupados por
las consecuencias que pudiera tener la
estrecha alianza de la iglesia con la dic
tadura de Franco. Nosotros seremos
los culpables si nos matan y vuelven a
quemar nuestros templos y monaste
rios, me confi un alto prelado, entre
la penumbra de su vieja iglesia medie
val. Lo mereceremos, porque no he
mos hecho nada por evitarlo. Otro me
dijo que esperaba das terribles.
Los sacerdotes ms jvenes estn se
riamente preocupados. Son opositores
del rgimen de Franco y muchos no
vacilan en titularse revolucionarios. Los
he encontrado en diversas parroquias
de pueblos y ciudades y en los claustros
universitarios de Madrid y Barcelona.
Han ledo a Marx de igual modo que
a Maritain y en sus hogares he trope
zado a menudo con jvenes socialistas
y hasta anarco-sindicalistas.
Los prelados jvenes acusan a los je
rarcas de la iglesia de abandonar las ms
elementales ideas cristianas y a las ins
tituciones eclesisticas de Espaa las
consideran anticuadas y corrompidas
por mezquindades polticas. Condenan,
asimismo, la conducta de las autorida
des de la iglesia en tiempos de la rep
blica. Un injustificado temor al libera
lismo, afirman, llev a la iglesia a pro
ceder con deslealtad hacia el Estado se
cular, provocando la gran divisin es
paola. Si la iglesia hubiera trabajado
en favor de soluciones moderadas den
tro del marco secular republicano entre
1931 y 1936, no habra habido guerra
civil. Los jvenes sacerdotes rechazan
el punto de vista, sostenido por Mada-
riaga y otros exilados moderados, de que
la iglesia tuviera fundamento para te
mer la persecucin de las izquierdas es
paolas. Muy por el contrario me ase
guraron: desde el principio la iglesia
y las fuerzas armadas vieron en la Re
pblica a su enemigo y la forzaron a
combatirlos. Algunos de estos clrigos
estn dispuestos a apoyar la expropia
cin de los cuantiosos bienes de la igle
sia y poner fin a su monopolio en el
sistema escolar.
Sin embargo, estos jvenes sacerdotes
constituyen solamente el ala izquierda
de la opinin catlica disidente. Cuen
tan con el apoyo de la mayor parte de
los asistentes sociales, que han encorn
trado un enconado anticlericalismo en
tre los pobres y esperan persuadir a la
clase obrera de que el cristianismo puede
promover la justicia social. Sus hroes
son los tantas veces arrestados Jimnez
Fernndez, profesor de derecho y au
toridad en reforma agraria, y el padre
jesuta Llanos, a quien se considera una
especie de Abate Pierre espaol. Los-
ctlicos del centro estn agrupados en
tomo a Gil Robles, que pretende res
taurar la monarqua y formar un par
tido demcrata cristiano, sobre bases
ms liberales y conciliatorias de diver
sas tendencias. El lder de la derecha
catlica disidente es el ex ministro de
relaciones exteriores Martn Artajo, ca
marada de individuos como Otto de
Habsburgo, a quien detestan por igual
catlicos del centro, izquierdistas y l
juventud. Mucho ms a la derecha, y


FERMENTOS EN LA ESPAA DE FRANCO
49
ms poderosos que nadie, naturalmen
te, se hallan los. jerarcas que sostienen
a Franco y alientan el Opus Dei.
El encuentro de sentimientos disi
dentes y pro-franquistas en las esferas
clericales se ha puesto de manifiesto en
H incidente ocurrido hace poco. Goto,
motivo de haber sido despedidos, sin
indemnizacin, cierto nmero de obre
ros de una fbrica de Camposano (San
tander), el prroco del lugar reliz una
colecta para ayudar a los trabjadpres
necesitados. El obispo, con el consen
timiento del gobierno, destituyla! sa
cerdote por comunista y lo recluy en
un monasterio.
O egn me lo dijeron dos obispos que
v-' lo conocen' ntimamente, Franco es
pesimista respecto de sus sbditos, fifi#;:
nospreciando por igual a colaboradores
y opositores, cree que slo l puede do-
minarffs pasiones del hombre de la
calle. Tambin cree que cualquier re
forma moderada fomentar conflictos
sociales, atentados incendiarios y asesi
natos en masa. Aunque una vez prome
ti que se retirara algn da, lo cierto
es que ahora se propone continuar en
el poder por el refcto de su vida. Tiene
actualmente sesenta y seis aos, y goza
de buena salud.
Los mtodos de Franco son los de
un sagaz monarca medieval antes que
los d tantos dictadores providenciales
del siglo XX. Los intelectuales espao
les se complacen en citar la frase de
Ortega y Gasset: una dictadura dulcir
ficada por la corrupcin. Aunque la
eficiente polica de Franco est organi
zada, segn el modelo de Himmler, el
dictador no confa mucho en las tcticas
de terror y es reacio a convertir en mr
tires a los opositores. Primero, trata de
sobornarlos, y si esto no da resultado,
los hace arrestar; si la crcel no logra
que los detenidos muden de parecer,
se los intimida con la amenaza de un
"accidente. Dionisio Ridruejo m con
fes que cuando empez a desilusionar
se del rgimen franquista le ofrecieron
un cargo algo as como agregado cultural
en los Estados Unidos, con un sueldo
de dos mil dlares mensuales. Como se
rehusara a aceptarlo, lo encarcelaron
para libertarlo ms tarde advirtindosele
que podra ocurrirle un accidente. En
1958 lo arrestaron otra vez y lo proce
saron. El da del juicio, una muchedum
bre de ms de quinientas personas se
agolpaba en las inmediaciones del tri
bunal, en clara manifestacin de soli
daridad con el Djilas espaol. Aden
tro,, el fiscal de la Corte, que en prin
cipio haba reclamado una pena de die-
- cincho aos, acab por pedir para el
acusado dieciocho meses de crcel. Fi
nalmente, Ridruejo logr su libertad en
virtud de la amnista decretada con rho-
tivo de la coronacin del nuevo Papa.
Y la tensin emocional baj de punto.
El Consejo del Reino tiene poderes
para escoger, cuando muera Franco, un
nuevo jefe de Estado, ya sea un prnci
pe d sangre real u otro espaol de por
lo menos treinta aos de edad. La opi
nin es que el Consejo escogera, o bien
a Don-Juan de Borbn y Parma, here
dero de Alfonso XIII, depuesto en
1931, o a su joven hijo Don Carlos, es
tudiante de lis' academias naVal y mili
tar de Espaa. Don Juan vive confor
tablemente en Estoril, Portugal, gozan
do de una suculenta pensin del gobier
no espaol, y aconseja a sus partidarios
que tengan paciencia. Hasta los monr
quicos lo consideran poco inteligente,
falto de coraje y sin don de simpata.
gppie acuerdo con los planes del go-
biemo e independientemente de quien
llegara a ser rey, el ejrcito tendra po
der para continuar la poltica de Fran
co. El ejrcito espaol, fuerza frustrada
que perdi todas las guerras extranje
ras libradas desde la declinacin de la
casa de los Habsburgo en el siglo XVII,
dirige tradicionalmente sus invectivas
contra la clase culta del pas* Con Fran-


50
COMENTARIO
co, los generales y coroneles del ejrcito
ocupan cargos lucrativos en el gobierno
central y en los de provincias. Los suel-
dos de los oficiales han sido aumenta
dos, los cuarteles reconstruidos y las
instalaciones militares modernizadas.
Una ley reciente permite a los oficiales
de alto rango pasar a retiro a cualquier
edad con el sueldo ntegro y les acuer
da automticamente la prioridad para
desempearse en puestos pblicos o pri
vados; esto los habilita para cobrar dos
sueldos completos al mismo tiempo. Y
si bien entre los oficiales jvenes puede
que baya nuevas ideas, los hombres co
mo el general Jorge Vigon, a quien se
menciona frecuentemente como el Suce
sor ms indicado de Franco, creen que
slo una monarqua "tradicional, cleri
cal y antidemocrtica, puede salvar a
Espaa, de las perniciosas influencias de
Occidente.
Ov entro del rgimen de Franco la al-
temativa de otro .caudillo es poco
probable. El gabinete espaol no cuen
ta con ninguna personalidad indepen
diente; los ministros son tratados como
mandaderos.§¡S|n febrero de 1957, por
ejemplo, Artajo, que haba sido minis
tro de relaciones exteriores durante on
ce aos, fu destituido por el ministro
de gobierno Luis Carrero Blanco, des
pus de una conversacin telefnica de
ds minutos. A los tres das lo recibi
Franco, para expresarle "las gracias por
los servicios prestados a la diplomacia es
paola, y eso fu todo. Las Cortes,
cuerpo legislativo de quinientos diputa
dos nombrados a dedo, existen solamen
te por consentimiento de Franco.
Debido, en gran parte, a que no exis
te dentro de los cuadros gobernantes de
Espaa ninguna figura rectora en las
filas moderadas, la mayor esperanza de
los oponentes liberales de Franco parece
fincar en una restauracin de la monar
qua. Pero hay monrquicos y monr
quicos. El general Vigon encabeza uno
de los grupos monrquicos, denominado
Accin Espaol, el cual espera una
restauracin para legitimar la continui
dad de la poltica franquista; el ms
allegado colaborador de Vigon es el mar
qus Jos Ignacio Valdiglesias, otro n
timo amigo de Otto de Habsburgo.
Tambin hay monrquicos (como Cal
vo Serer) en la organizacin Opus Dei,
que esperan continuar dentro de una
monarqua como fuerza orientadora del
gobierno.
Por ltimo, estn los monrquicos in
dependientes, que consideran la restau
racin como el primer paso hacia un
rgimen constitucional y ms liberal.
Muchos monrquicos de este tipo se
han congregado en torno de la Unin
Espaola, coalicin respaldada por varios
grupos de los ms importantes industra
le!,'' cuyos conspicuos voceros intelec
tuales son Ridruejo y Tierno Galvn.
'Han logrado la colaboracin de Gil Ro
bles y tambin la de Femando Alvarez
de Miranda, que en Espaa es el ms
ardiente defensor de la federacin eu
ropea. Hay tambin algunos anarquis
tas y sindicalistas que apoyan esta
agrupacin; los socialistas, empero, se
han mantenido alejados de la misma.
Los jefes del partido! en el exilio* yclj
lan en prestar su colaboracin a gentes
que se opusieron a la Repblica Los
trabajadores recelan, por lo general, de
una monarqua apoyada por dirigentes
de la empresa privada.
Tampoco parece haber ningn vncu
lo 'entre la Unin Espaola y los estu
diantes. Aunque algunos de los ms cor
nocidos catedrticos espaoles la apo
yan,, los estudiantes muestran una incli
nacin mucho ms radical, estando me
jor dispuestos a colaborar con los comu
nistas. Estos ltimos, naturalmente, son
quienes n ^, primer lugar abogan por
un "amplio frente unido, y sus apti
tudes para las operaciones clandestinas
les permiten encaramarse a la direccin
de tales frentes.


FERMENTOS EN LA ESPAA DE FRANCO
51
Siempre mejor organizados que na
die bajo un rgimen dictatorial, los co
munistas espaoles reciben ayuda y di
rectivas de la poderosa agrupacin pol
tica hermana de Francia, la que les sumi
nistra fondos, material impreso y per-
-sonal idneo. Uno de los propsitos de
los comunistas es explotar el difundido
espritu nacionalista hostil, cuyo blan
co son los Estados Unidos. Y al mismo
tiempo, afirman que slo el comunismo
puede modernizar a Espaa. Usan to
das las estratagemas conocidas, incluso
la de enviar sus idelogos a las prisio
nes para catequizar a los reclusos.
La crcel de Burgos, segn! me
lian informado, es el equivalente
espaol de la penitenciara real yugos
lava de Mitrovica, donde el preso co
munista Mosh Piyade fudara, en la
dcada del 30, una clebre universidad
comunista.
El crecimiento del comunismo en
Espaa da en gran parte la medi
da de la desilusin respecto de las po
tencias occidentales y los Estados Uni
dos en particular, pas que en los lti
mos aos ha reanudado relaciones con
el gobierno de Franco. El resultado ms
visible de esta situacin es el enorme
progreso experimentado por la red ca
minera de Espaa, que ha abierto las
puertas a ms de un milln de turistas.
Bien es cierto que los Estados Uni
dos proporcionaron a Espaa 350 millo
nes de dlares en armas, pero no es
menos cierto que desde 1953, le sumi
nistraron tambin 895 millones en di
versas formas de ayuda econmica, in
cluyendo 351 millones en bienes de
consumo excedentes y 100 millones en
vveres distribuidos entre instituciones
catlicas de caridad, habiendo tambin
invertido desde entonces, 400 millones
en las tres grandes bases areas que al
cabo de cierto tiempo pasarn a pro
piedad del Estado espaol. Quizs lo
ms importante es el acusado contraste
entre el arcaico orden social hispano con
el sistema de vida de los norteamerica
nos en sus bases y los hbitos de los
obreros y empleados britnicos, france-
ces e italianos que vienen a pasar sus
vacaciones a Espaa.
Sin embargo, los valores positivos de
la ayuda norteamericana no son recono
cidos por el pueblo espaol, en parte,
porque el rgimen de Franco jams le
ha hecho justicia; en parte porque una
gran cantidad de esta ayuda se volc en
las altas esferas tan slo, y en parte,
tambin, porque los servicios informati
vos norteamericanos no han hecho na
da por aclarar la situacin. Como resul
tado de ello, el pueblo espaol se siente
agraviado por la presencia de soldados
norteamericanos en su suelo, atribuye
la inflacin a las inversiones norteame
ricanas y cree que los Estados Unidos
mantienen a Franco en el poder.
Muchas de estas crticas son total
mente injustas. Entre 1945 y 1953, ao
en que se concret la alianza militar
hispano-norteamericana, Espaa pudo
haberse librado perfectamente de Fran
co, pero no lo hizo, y en lugar de ello,
el pueblo espaol estrech filas en tor
no del caudillo como una exterioriza-
cin de orgullo nacional y de su resen
timiento por el bloqueo de las Naciones
Unidas. Es verdad que el gobierno de
la Unin ha llevado demasiado lejos
sus cortesas diplomticas en las nego
ciaciones con Franco. El extinto secre
tario de Estado Foster Dulles visit al
dictador en varias ocasiones. El emba
jador norteamericano John Davis Lod-
ge ha sido tambin muy claro en sus
juicios encomisticos. Pero, al mismo
tiempo, ningn miembro de la misin
diplomtico militar econmica de los
EE. UU. ha hecho el menor contacto
con los opositores del rgimen, ni si
quiera con los ms moderados.
Esto me parece tan desafortunado co
mo la negativa de la legacin norteame
ricana de Budapest a establecer contac
to con los intelectuales comunistas disi-


52
COMENTARIO
dentes agrupados en tomo a Imre Nagy,
entre los aos 1952 y 1956. Porque tar
de o temprano, ya sea en forma pacfica
o violenta, el rgimen de Franco des
aparecer de. la escena, y los occidenta
les tendrn que entenderse con alguno,
por lo menos, de los hombres a quienes
hoy tratan como parias. Descuidar hoy
el establecimiento de relaciones amisto
sas con los catlicos liberales y socialis
tas contrarios a Franco equivale, en
cierto sentido, a la poltica de no inter
vencin que los pases occidentales
adoptaron durante la guerra civil.
Cuando estall la primera guerra
mundial, los amigos soban preguntarle
al prncipe Kropotkin por qu crea que
todo eso conducira a una revolucin
rusa. Porque todos esperan que se pro
duzca, replic. A pesar de las difi
cultades que traban a la oposicin en
Espaa, la situacin es tan seria que a
dos dcadas de la guerra civil se habla
nuevamente de revolucin.


XAS COLONIAS AGRICOLAS JUDIAS EN LA ARGENTINA
A los setenta aos de su fundacin
Edificad casas y morad, plan
tad huertos y comed su fruto...
Y procurad la paz de la ciu
dad a la cual os hice migrar, y
rogad por ella al Seor; porque
en su paz tendris vosotros paz.
Jeremas 29: 5-7
CELEBRASE en estos das el septuagsi
mo aniversario de las colonias agrcolas
judas de la Repblica Argentina. Du
rante catorce lustros que de aquel da nos
separan 'o sea, desde aquella integracin pri
mera de los judos al agro argentino, esta
tierra se ha ido nutriendo, tambin, con ju
gos de raz hebrea. Jugos que se traducen en
esfuerzos, en afanes, en sudor del cuerpo y
en humores del alma; que es como decir ale
gras y tristezas, emociones y esperanzas.
Bajo la invocacin alberdina que la Carta
fundamental consagr con gcdlarda, han ido
llegando al pas, desde fines del siglo pasa
do, nutridos contingentes humanos de varia
do origen. Llegaban con ambiciones diversas
quiz, pero unidos todos por un mismo anhe
lo: incorporarse a la nueva familia argentina
que, bajo el signo augural de la igualdad,
empezaba a dilatarse por este vasto territorio
-preado ciertamente de abundancias, pero
necesitado de brazos laboriosos, de mentes
esclarecidas, de espritus abiertos, de hom
bres, en fin, ambiciosos de progreso.
Entre esta pluralidad humana empezaron
tambin a llegar, hacia 1889, los hijos de
la tribu de Israel. Procedan en su mayor
parte de la Rusia de los zares y de los perdi
dos rincones del Oriente. Tambin hasta
ellos, all en sus comarcas lejanas, haba lle
gado la voz acogedora de la nueva nacin
que acababa de organizarse en el continente
descubierto por su intrpido correligionario,
aventurero de los mares, soador de nuevos
mundos. Venan cargados con los prestigios
de una historia fabulosa, pero tambin ago
biados por los dolores de la persecucin y l
vejamen. Cansados los nervios y destempla
das las cuerdas del alma por efectos del po
grom y el oprobio, habanse decidido a aban
donar para siempre su pas inhspito, para
dirigirse a estas orillas, iluminados por una
promesa y animados por una esperanza: la
promesa de una patria nueva para sus hijos,
un terruo en el que pudieran albergar sus
sueos sin zozobra e imprimir nueva perse
verancia a sus talentos; la esperanza de vivir
del trabajo productivo y levantar nuevos bas
tiones para su cultura aeja.
Venidos por iniciativa privada o por el
aliento de instituciones filantrpicas como
la del Barn de Hirsch, por ejemplo, a quien
las coordenadas de la historia argentina re
servan un lugar de privilegio desembarca
ban en Buenos Aires, para instalarse por po
cos das en el Hotel de Inmigrantes o en las
tolderas improvisadas en el descampado de
los antiguos corrales de Miserere, hoy Plaza
Once de Setiembre. All sus dientes mordan
por vez primera la galleta criolla, dura pero
deliciosa, y el paladar se sazonaba con l
regusto amargo pero sedante del mate cocido:
y tambin all, al socaire, junto a los toldos
tremolantes, se envolvan en sus almalafas
litrgicas para saludar con bendiciones el da
nuevo, da de sol puro, alegre, sin odios ni
desasosiego. Luego hacan la travesa en bar-
53


54
COMENTARIO
cazas por las rumorosas gargantas del Paran
o del Uruguay, nuestros ros que tanto su
gieren a Mesopotamia a los conocedores del
texto bblico. Desde la ribera las carretas crio
llas, guiadas -por el baqueano de rostro an
guloso y nariz semtica, los transportaban a
las abiertas campias de Santa Fe, de Entre
Ros, de Santiago'del Estero, o a las despo
bladas comarcas de La Pampa y sur u oeste
de Buenos Aires. La feracidad del suelo, la
prodigalidad de las vegas, la clida humani
dad del gaucho, les broquelaron esa seguri
dad interior tan indispensable para las em
presas temerarias, esa confianza en s mismos
sin la cul desmaya la voluntad y el coraje
se mengua. Muy pronto, esos "gringos" ju
dos empezaron a distender los msculos vi
gorizando sus brazos en l trabajo: abrieron
surcos en la tierra, amasaron la gleba para
convertirla en adobe, construyeron casas,
plantaron rboles y levantaron poblados. AU
echaron races de patria. All padecieron las
inexcusables penurias del civilizador prime
rizo, braceando contra la privacin, la sole
dad, la intemperie, hasta domearlas a tocias.
All nacieron sus hijos y recibieron sepultu
ra sus muertos. All se encuentran todava
hoy sus chacras, sus cementerios, sus sinago
gas, sus bibliotecas, sus escuelitas rurales en
las que aprendieron las primeras letras agri
cultores, mdicos, artistas, escritores ilustres
y hombres de empresa, a quienes nada de
lo que es argentino les es ajeno y que como
descendientes de aqulla generacin heroica,
siguen nutriendo con jugos de raz juda el
plasma vivo de esta nacin egregia. Egregia,
porque en sus fronteras se tronchan los odios,
se esterilizan los rencores, se petrifican los
prejuicios de raza y se agostan en su germen
las diferencias religiosas. Nacin tan egregia
que en su mbito territorial y humano slo
repercute con resonancias de mandamiento
el verbo proclamado en su himno: Libertad.
Como adhesin a este aniversario, publi
camos aqu algunos trabajos otros apa
recern en nuestro prximo nmero que-
permiten l lector asomarse, como a travs
de un caleidoscopio, al cuadro mltiple de
este sector de la poblacin argentina. Sus vi
cisitudes primeras estn presentadas en dos
artculos, uno de Jos Mendlssohn, escritor
y erudito judo que vivi en la colonia Pa
lacios en los das iniciales de la misma. Don
Jos Mendlson es una de las primeras
figuras en las letras judas (idish y hebreo)
de la Argentina; ha sido redactor le "El'
Diario Israelita", decano de la prensa juda
del pas, y ahora ejerce la direccin del Se
minario de Maestros Hebreos de Buenos Ai
res. El segundo trabajo, de Narcisse Leven,
es reproduccin del original aparecilo en~
1934 en la revista "Judaica" de Buenos Ai
res, que diriga l malogrado escritor don-
Slomn Resnik. Publicamos asimismo, en
esta edicin, tres daguerrotipos de vivo aleteo-
humano y ternura comunicativa del eminente
escritor argentino don Luis Gudio Kramer,
recogidos en ocasin de un viaje realizado-
hace algunos aos l valle del Ro Negrou.
El autor de Aquerenciada soledad y de tan
tos otros magnficos cuentos de tierra aden-
tro, trascurri sus aos mozos en la provin
cia de Entre Ros, a pocas leguas le las co
lonias judas. En los dilogos con los hombres-
del valle, as como en los magistrales trazos:
con que pinta esos caracteres humanos, vibra
el recuerdo de aqullas otras aldeas situadas
junto al ro Guleguay o entre las suaves:
cuchillas de Clara y Domnguez. Agregamos
tambin un cuento del colono judo de En
tre Ros, don Baruj Bendersky, tomado de su
libro Campos judos y traducido del idish por
A. Rosenblum. Baruj Bendersky ha sido uno-
de los primeros escritores argentinos en len
gua idish que 'sola alternar las faenas dl
campo con las solicitaciones literarias.


EN LOS ERIALES DE PALACIOS
Hace 70 aos
JOSE MENDELSON
EN BUENOS AIRES, apenas desembar
cado, el primer grupo de colonizadores
llegado a bordo del Weser el 14 de
agosto d 1889, recibi la primera desilu
sin: de las tierras adquiridas por el cnsul
argentino nada quedaba. Los campos ha
ban estado ocupados sin que nadie tuviera
conocimiento. El gobierno les ofreci otras
tierras en el Chaco, pero por averiguaciones
hechas entre los israelitas residentes, a la
sazn, en Buenos Aires, los inmigrantes vie
ron la inconveniencia de ir a radicarse all.
El Chaco estaba lejos, la falta de caminos,
un clima sub-tropical, las plagas, etc. Y,
adems, pinsese que esto ocurra hace se
tenta aos: .. El gobierno argentino devol
vi a los recin llegados las sumas que ha
ban abonado y los aloj en el Hotel de In
migrantes. All se quedaron, solos, aislados,
sin perspectivas...
Algunos, desilusionados y abatidos, deci
dieron permanecer en la ciudad, aunque no
se ha podido establecer con exactitud si fi
nalmente se radicaron en ella o siguieron
con los dems cuando las 136 familias llega
das en el Weser partieron ms tarde a Pa
lacios. Por entonces, tres inmigrantes llama
dos Lambert, Ohrenstein e Hildsheimer, jo-
yjeros de oficio, consiguieron ponerse en
contacto con el Dt. Pedro Palacios, terrate
niente que posea a la sazn muchas tierras
en Santa Fe '(las que corresponden a la ac
tual Moissville y sus aledaos), donde se
estaba construyendo la lnea frrea a Tucu-
mn, para gestionar la cesin de campos a
los aspirantes a colonos. Al cabo se lleg a
un acuerdo entre Palacios y los inmigrantes
judos, conforme al cual los colonizados"
recibiran hasta cincuenta hectreas de tie
rra, algunos recursos, adems de implemen
tos de labranza. Palacios estim la hectrea
en 25 pesos, precio que sumado a los su
ministros, ascendi a 40 pesos. No obstan
te, segn se comprob ms adelante, Pala
cios no pudo cumplir lo pactado en los pla
zos convenidos.
Los inmigrantes que suscribieron el con
venio partieron a Santa Fe con sus fa
milias, por va fluvial, y desde esa ciudad
fueron transportados al pueblo de Palacios,
cuya estacin ferroviaria se hallaba por en
tonces en construccin. No haba casas, ni
siquiera carpas, sino un gran galpn de cha
pas de zinc. All fueron a parar aquellos
inmigrantes y aquel fu su albergue durante
semanas. Algunas familias se instalaron en
unos viejos y destartalados vagones de car
ga, abandonados en una va muerta.
All los dejaron, como olvidados de la ma
no de Dios, sin albergues, ni tierras ni im
plementos de labranza. Tampoco les sumi
nistraban alimentos suficientes. De cuando
en cuando, el colonizador les enviaba una
bolsa de harina de maz no exenta de gu
sanos. Tales fueron los comienzos de la
colonizacin juda en la Argentina: en me
dio de la soledad, el abandono, el hambre...
Palacios se haba embarcado en una obra
para la que, a todas luces, no estaba prepa
rado; es posible que careciera, desde el co
mienzo, de los recursos indispensables para
una empresa de tal magnitud. Los inmi
grantes llegaron a Palacios en la primera se
mana del mes hebreo de Elul (principios de
septiembre), y permanecieron en el galpn
y los vagones, faltos de la ms mnima higie
ne, mal alimentados, sin recursos ni auxilios,
hasta pasada la festividad de Sucot o de las
Cabaas (fines de octubre), es decir, cerca
de dos meses. 1
Cmo soportaron all tanto tiempo? C
mo resistieron la prueba? Es difcil contestar
estas preguntas, porque no han quedado do
cumentos de aquella poca y lo poco que
se sabe se funda nicamente en los recuer
dos, perdidos en la bruma del tiempo, de
unos pocos de aqullos que participaron en
la odisea.
No todas las familias llegadas a Palacios
continuaron all, ya que trece de ellas
se dirigieron a Monigotes donde se reunie
ron con otras tres o cuatro familias judas
55


56
COMENTARIO
que al parecer se haban radicado antes,
integrando el grupo de ocho que haban sido
enviadas en 1888 por la Alliance Israelite
Universelle. No cabe duda que muchos
inmigrantes se separaron del grupo de
Palacios, al ver que el colonizador no cum
pla su promesa de instalarlos en las tierras
fijadas ni de proveerles los medios para ini
ciarlos en la agricultura. Los que disponan
de recursos, abrieron pequeos comercios en
Snchales, otros se dirigieron, a Santa Fe y
varios regresaron a Buenos Abes. Los ms
valerosos y resueltos a ser agricultores, con
tinuaron soportando estoicamente toda clase
de padecimientos.
La alimentacin insuficiente y las psimas
condiciones de higiene dieron origen a una
epidemia que se ensa particularmente en
los nios, docenas de los cuales perecieron
en pocas semanas. Los inmigrantes carecan
de pan y de leche, y se mantenan con la
carne cruda que la administracin de Pala
cios les enviaba ocasionalmente. Los obre
ros de la vecina lnea frrea en construc
cin, compadecidos, distribuan rancias galle
tas entre los hambrientos nios. A veces,
los pequeuelos mendigaban comida al paso
de los trenes.
Tambin en el segundo grupo, el de Mo
nigotes, llamado as por el nombre del pue
blo de destino murieron por entonces nu
merosos nios. Antes aun de empuar la
azada, los pioneros judos ofrecan ya su
holocausto a la tierra que deba llegar a ser
suya. Los inmigrantes establecidos en Mo
nigotes padecieron harta penuria, fracasos y
desilusiones, si bien fueron los de Palacios
los ms castigados.
Al poco tiempo surgieron dos cemente
rios, uno en las inmediaciones de Palacios
y el otro cerca de Monigotes. Cumplase
as, en la historia de la colonizacin juda
de la Argentina, la sentencia de nuestros
sabios: La presencia de un camposanto en
un yermo indica la proximidad de un po
blado.
Los dos cementerios en que yacan los hi
jos de los primeros agricultores judos, echa
ron las bases de la colonizacin juda. Esta
blecieron un vnculo entre los pobladores
y el suelo argentino que guardaba los res
tos de sus hijos, vctimas de aquellos tem
pranos sufrimientos en el nuevo pas al que
haban venido para iniciar una vida nueva
y mejor.
Y as fu que cuando dos aos ms tarde
la fundacin del basn Hirsch ofreci tras
ladarlos a Mauricio o a Entre Ros, los co
lonos de la que luego sera Moisesville, jun
to a la cual estaba tomando forma un tercer
cementerio, se negaron de plano a abando
nar esas tierras. Ya poco tiempo antes, aque
llos judos, que haban hecho voto en la sina
goga de no abandonar el lugar, decidieron
trasladar al cementerio de Moisesville los res
tos de los pequeos sepultados en Palacios y
Monigotes. Fu tal su tenacidad, que el
barn de Hirsch dispuso la compra de aque
llas tierras a Palacios.
Ba presencia, por entonces, del Dr. Gui
llermo Loewenthal, higienista y cient
fico judo, que haba venido a la Argentina
en misin de1 estudio, fu decisiva tanto pa
ra la suerte de aquellos heroicos pioneros
cuanto para el curso todo de la colonizacin
juda en la Argentina. Informado de los
padecimientos de los inmigrantes de Pala
cios, el Dr. Loewenthal qued tan vivamen
te impresionado que envi una carta al mi
nistro de Relaciones Exteriores, Dr. Esta
nislao E. Zeballos, en la que le informaba
que haba encontrado en la estacin Pala
cios, donde permanecen desde hace cerca de
seis semanas, a quinientos de esos inmigran
tes, en la ms espantosa miseria, y muchas
veces, sin otro alimento que un pedazo de
galleta cada cuarenta y ocho horas; hay mu
chos enfermos; sesenta y un nios han muer
to v hay otros que agonizan sin asistencia
mdica ni medicamentos.
No satisfecho con ello, el Dr. Loewen
thal fu a ver al doctor Pedro Palacios, con
quien mantuvo una conferencia' acerca de la
suerte de las familias israelitas a las que
haba prometido colonizar y que languide
can en los campos de su propiedad, en me
dio de tanta tribulacin. Impresionado, al
parecer, por la intervencin de una perso
nalidad como la del Dr. Loewenthal, el es
tanciero convino en proporcionar trabajo a
los inmigrantes judos y en comenzar de
inmediato la obra colonizadora, en condicio
nes que favorecieran su establecimiento y
subsistencia en los campos.
Algunas semanas ms tarde, el propietario
cumpli lo acordado. Se inici definitiva-


LAS COLONIAS AGRICOLAS JUDIAS EN LA ARGENTINA
57
mente la colonizacin de la zona, trasladn
dose las cincuenta o sesenta familias de la
estacin Palacios al lugar donde Loy se en-
' cu entra Moisesville. Cada familia recibi
ama quinta y una carpa de lona.
Antes de su regreso a Europa, el doctor
Loewenthal se dirigi otra vez al ministerio
de Relaciones Exteriores, pidiendo amparo
para los inmigrantes y expresando su espe
ranza de que pudiera proporcionar trabajo
a los que no lo hubiesen encontrado y su
certidumbre de que el gobierno no permiti
ra que esa gente sufriera hambre en el
rico suelo de la Repblica Argentina.
En Europa, la suerte de los colonos de
Palacios sigui preocupando al Dt. Loe-
wenthal. Concibi la idea de una vasta co
lonizacin en la Argentina, la cual llevse
a cabo ms tarde gracias a la obra filantr
pica del barn Hirsch.
El gran mrito histrico de aquel grupo
precursor de Palacios es inestimable. Sus
penurias a la vez que la tenacidad que evi
denciaron para convertirse en agricultores,
inspiraron al barn Hirsch y le decidieron
a acometer la accin colonizadora que aquel
insigne benefactor desarroll en su empeo
de ayudar a emigrar a los judos de Rusia
para establecerlos en las librrimas tierras
argentinas: para que pudieran vivir en paz
conforme a sus convicciones.
El trabajo, el sudor, las alegras y los do
lores mezclados con aquella primera sangre
de los pequeos muertos, fecundaron las fe
races y desoladas llanuras santafesinas. Las
fecundaron permitiendo el surgimiento de
una hermosa poblacin agrcola juda y el
florecimiento del pueblo de Moisesville, que
fu por varios lustros un modelo de centro
agrcola y cultural en las pampas norteas
de la Repblica.
Pocas semanas despus de la fiesta de
Sucot o de las Cabaas (octubre) de
aquel ao de 1889, Palacios empez a dar
cumplimiento a la palabra dada al Dr. Loe
wenthal Es verdad que no poda hacer mu
cho en ese sentido, seguramente porque ca
reca de los recursos necesarios para seme
jante empresa y, a la vez, porque tena que
habrselas con hombres que desconocan el
idioma y las costumbres del pas y no esta
ban preparados para la colonizacin de una
regin desolada, salvaje, cubierta de malezas
y abrojos. Y ello exiga sacrificios, tiempo,
paciencia,, trabajo y recursos.
No obstante, comparada con sus padeci
mientos de los primeros meses, cuando se
revolcaban en la estacin Palacios, hambrien
tos y desesperados, la situacin de los inmi
grantes haba mejorado bastante. Palacios
haba designado como mayordomo al seor
D. Hurwitz, a quien ya conoca de antes.
Con l los colonos pudieron entenderse en
idish y, por su intermedio, con el estanciero
Palacios, quien visitaba la zona con bastante
frecuencia.
El grupo, integrado en esos momentos por
unas cincuenta familias, fu trasladado des
de Palacios al sitio que hoy ocupa Moises
ville Cada familia recibi una carpa de
lona gruesa y postes de hierro fundido, para
resguardarse contra las inclemencias del
tiempo, porque aun no haba casas. Mu
chos aos ms tarde, uno de los pobladores
de aquella colonia sin casas, seor David
Goldman, a la sazn un nio de corta edad,
describa con vivos colores las vicisitudes de
esos primeros das. La nica casa de la
pacho era la de Rabi Goldman, rabino y re
presentante del grupo de los pioneros. Pa*-
rece que Palacios le ayud a levantar el
rancho antes que a los dems, en atencin
a su destacada posicin dentro del grupo.
Semanas despus de asignrsele a cada fa
milia su correspondiente lote, los dems co
lonos levantaban sus casitas de barro y paja.
Fu por entonces cuando di realmente
comienzo la colonizacin en el sentido es
tricto del trmino. Uno de los colonos re
fera que cuando el propietario empez a
instalarlos, entreg a uno un par de bueyes,
a otro el yugo y a un tercero las lonjas. No
haba nada que hacer. Los campos estaban
sin alambrar todava y los bueyes chcaros
se escapaban.
Esta situacin se prolong por espacio
de un ao, desde fines de 1889, fecha
del traslado del grupo a las tierras que for
man la actual colonia de Moisesville, hasta
fines de 1890 o principios de 1891, cuando
arrib la misin del barn de Hirsch. Fu el
perodo ms duro de Moisesville.
A fin de conseguir alguna mejora de sus
condiciones de vida, algunos colonos entra
ron a trabajar en las estancias vecinas y


58
COMENTARIO
otros lo hicieron como jornaleros en la re
coleccin de la cosecha; los hijos mayores de
varias familias se fueron a Buenos Aires,
Santa Fe y Rosario, para emplearse o dedi
carse al comercio y contribuir as, con sus
salarios, a las necesidades de los que haban
quedado en la colonia. Por su parte, la re
ducida comunidad juda de Buenos Aires or
ganiz una colecta entre los pocos centena
res de judos residentes a la sazn en la ciu
dad, en favor de los colonos de Palacios
y los inmigrantes instalados en Monigotes.
Fu en verdad un ao duro aquel prime
ro de Moisesville, un ao de prueba. No
todos pudieron resistirlo; algunos, los me
nos, desertaron de la colonia. El resto con
tinu en su puesto.
De la fundacin misma de Moisesville, del
origen de este nombre, no hay ningn com
probante o documento fidedigno. Los datos
de que se dispone se basan nicamente en
los recuerdos y relatos dejados por quienes
participaron en los lejanos sucesos. Durante
mucho tiempo se crey que el nombre de
Moisesville se lo dieron en honor del barn
de Hirsch, por llamarse ste Mauricio (de
rivado de Moiss). Pero averiguaciones pos
teriores demostraron que la colonia ya se
denominaba as en 1890, o sea antes de la
intervencin del gran filntropo. La verdad
es que la colonia recibi el nombre de Moi
sesville (Villa Moiss), como homenaje al
profeta mximo.
Es fcil colegir que hubiesen optado por
el nombre del liberador bblico ("Kiriat
Mosh, Villa Moiss): Moiss libr a los
judos de la servidumbre en el Egipto y los
condujo a la tierra prometida. En la nueva
tierra argentina, ellos, que venan de la
Rusia zarista, se sentan a semejanza de sus
lejanos antepasados, como en su patria. .
ORIGENES DE LA COLONIZACION JUDIA
EN LA ARGENTINA
NARCISSE LEVEN
LA INMIGRACION juda en la Rep
blica Argentina no es de larga data; es
apenas anterior a la fundacin de la Je-
wish Colonization Association. Antes no
haba, en este pas, ms que un pequeo
ncleo de judos originarios de Inglaterra,
Alemania y Francia, que sumaban apenas
unas 1.500 personas, y que en su mayor
parte se encontraban aqu desde haca medio
siglo. Otros judos, de origen marroqu e
italiano, haban arribado al pas en escaso
nmero, algn tiempo despus. Tal era,
ms o menos, el inicio de la poblacin juda
antes de la llegada del primer contingente
de judos rusos que, adelantndose a la fun
dacin de las colonias del barn de Hirsch,
hicieron la tentativa de establecerse como
agricultores en la Argentina.
Fueron 827 los hombres, mujeres y nios
que se embarcaron en Bremen, en julio de
1889, alentados por un agente en nombre
de un estanciero argentino. Este les prome
ta a cambio de la sola inversin de 400
francos, proveerles de pasaje y alimentos des
de el puerto de salida hasta Buenos Aires,
implementos agrcolas, animales de labranza
y ayuda pecuniaria, hasta el trmino de la
primera cosecha. El tal agente haba obra
do sin autorizacin de nadie. Y este hecho
constituy su primera decepcin al arribar al
pas. Se les ofreci tierras en la colonia Pa
lacios, cerca de Snchales, de la provincia
de Santa Fe, bajo condiciones inaceptables.
Se dieron' cuenta de la gravedad de su si
tuacin? Rehusronse a firmar? Quin sa
be? Lo cierto es que quedaron en el pueble-
cito de Palacios sin ningn medio de sub
sistencia .
Un mdico encargado de una misin de'
estudio en el interior, el Dr. Loewenthal,
tuvo por entonces conocimiento de la mise
ria de esos desdichados inmigrantes, e infor
m de ello al ministro de Relaciones Exte
riores en una carta en la que manifestaba
haber comprobado la triste situacin de
quinientos de esos inmigrantes que muchas
veces no tienen que comer ms que un pe
dazo de galleta cada cuarenta y ocho horas;


LAS COLONIAS AGRICOLAS JUDIAS EN LA ARGENTINA
59
muchos estaban enfermos; sesenta y un nios
haban muerto ya y otros estaban en trance
de morir, sin asistencia mdica y sin medi
camentos. Regres luego a Buenos Aires
para conferenciar con el Dr. Palacios, pro
pietario de las tierras prometidas a los inmi
grantes, logrando que modificara las condi
ciones que en principio les haba impuesto,
estableciendo un rgimen que les permitiera
subsistir en condiciones humanas: por lo
menos, que tuvieran asegurado el pan coti
diano hasta la primera cosecha. Sin em
bargo, y no del todo seguro de las promesas
del Dr. Palacios, Loewenthal recomend los
inmigrantes a la buena voluntad del minis
tro, en la esperanza de que pudiera pro
porcionar trabajo a los que no hubiesen po
dido encontrarlo, y en la certidumbre de que
no permitira que, a la espera de ese traba
jo liberador, esa gente sufriera hambre en el
xico suelo, de la Repblica Argentina.
Seguidamente Loewenthal parti para
Europa. En Pars escribi al gran ra
bino Zadoc-Kahn, a quien saba animado de
bondadosos sentimientos por los sufrimientos
humanos y de un espritu siempre alerta en
lo atinente a la situacin de los judos rusos
y rumanos. Le esbozaba un proyecto de co
lonizacin agrcola en la Repblica Argen
tina, de la cual seran sus primeros benefi
ciarios los judos de Palacios. Las caracte
rsticas del pas eran las ms adecuadas para
el xito del plan. La enorme extensin te-
jrritorial y la escasa poblacin que contaba
no mayor de tres millones de habitantes,
la excelencia del clima, la fertilidad de sus
llanuras, la facilidad con que podan culti
var la tierra hasta los agricultores menos ex
pertos, el liberalismo del rgimen poltico,
el favor de que gozara una iniciativa seme
jante; todo ello supo destacarlo el Dr. Loe
wenthal en su carta. Contaba por seguro
el xito de las colonias que recibieran a esos
judos, a quienes las leyes de sus pases de
origen vedaban las labores del agro, pero que
en la Argentina encontraran un trabajo li
bre, fcil, honesto y remunerativo; augu
raba un risueo porvenir a las colonias, que
acabaran por constituir un refugio "slido
y perdurable para todos los oprimidos, y su
prosperidad sera el comienzo de una nue
va era destinada a sealar rumbos en los
anales de la civilizacin, no slo juda, sino
humana.
An sin ser tan ambicioso como el autor
de la nota, se poda admitir que el proyecto
era interesante. El plan fu llevado a co
nocimiento del barn Mauricio de Hirsch
quien, refirindose al mismo, escribi desde
Londres, a la Alliance Israelite Universelle,
el 29 de enero de 1890: En principio, es
toy dispuesto a otorgar mi apoyo a una em
presa de gran alcance, y si fuera preciso des
tinarle una suma importante, procurar que
la obra sea duradera. Desde este punto de
vista, no tengo inconveniente en la funda
cin de grandes colonias en un pas como la
Repblica Argentina que, en un futuro pr
ximo, pudiera convertirse en el hogar de
aquellos correligionarios nuestros que se ven
obligados a buscar refugio en tierras leja
nas, para iniciar una vida nueva lejos de los
horrores experimentados en su suelo natal.
Ee barn de Hirsch tena para el porve
nir las mismas esperanzas que el Dr.
Loewenthal; contaba, adems, con recursos
para realizarlas. A su regreso a Pars confe
renci con Loewenthal y con Isidore Loeb,
secretario de la Alliance. Se convino en en
viar a la Argentina una misin encabezada
por el Dr. Loewenthal. El barn de Hirsch
crey til que la integraran tambin dos tc
nicos; la designacin recay en el seor C.
Cullen, de Inglaterra, y en el coronel belga
Vanvinkeroy. Reunilos a los tres, el 20 de
agosto de 1889, para trazar el plan del via
je. En el acta de esa reunin se lee: El
seor barn de Hirsch expone que, preocu
pado desde hace mucho tiempo por la triste
situacin econmica y civil de los israelitas
de Rusia, ha concebido el proyecto de soco
rrerles ayudando a gran nmero de ellos a
emigrar a pases en los que puedan desarro
llar su actividad bajo un rgimen de libertad
y elevar mediante el trabajo su lamentable
condicin. A tal efecto, deseara adquirir,
por compra o por concesin, ya bien en forma
directa o por intermedio de una fundacin
que a ese fin constituira, grandes extensio
nes de tierra a las cuales se encaminaran
grupos de israelitas de Rusia para establecer
en ellas colonias agrcolas o industriales. El
barn de Hirsch cree que la Amrica del
Sud y principalmente la Repblica Argen
tina, ofrecen para esta obra favorables pers-


60
COMENTARIO
pectyas. Est convencido, por otra paite,
que semejante empresa, puramente filantr
pica en su comienzo, no tendra xito si no
se organizase con el carcter de una empre
sa comercial en la que el capital invertido
debe redituar beneficios, los cuales servirn,
a la vez, para desarrollar la obra y ampliarla
a fin de favorecer al mayor nmero posible
de inmigrantes.. .
Qu pasaba mientras tanto con los colo
nos de Palacios? El 20 de enero de 1890,
el Dr. Loewenthal daba a la Alliance la
siguiente informacin: He recibido algunas
lneas de un amigo de Buenos Aires, muy
vinculado al ministro de Relaciones Exterio
res, que me ba prometido cuidar personal
mente de los inmigrantes que he recomen
dado al ministro. Me escribe que todos mis
protegidos, segn los llama, se hallan bien
y que el ministro le ha prometido que con
tinuar ocupndose de ellos seriamente. No
es mucho, pero siempre es algo. Cierta
mente, no era mucho, y en Pars estaban
inquietos por su causa. El primer cuidado
de la misin Loewenthal fu ir a Palacios.
Encontr a cierto nmero de ellos en las
estancias prximas a los dominios del Dr.
Palacios; trabajaban como jornaleros, artesa
nos y horticultores; en la propia Moisesville
haba cerca de quinientas personas. La in
mensa mayora de estas gentes, dice el
informe de la misin del 16 de diciembre
de 1890, son trabajadores y colonos ejem
plares, las mujeres son muy hacendosas, los
hijos estn bien cuidados. Dagassan, far
macutico francs establecido en el pas des
de hace siete aos, nos cuenta que tambin
l prefiere los judos a los otros colonos, in
cluso los italianos; estos ltimos son rutina
rios, en cambio, los judos, con su despierta
inteligencia aprenden mucho en poco tiem
po y tratan de perfeccionarse rpidamente.
Ahora mismo trabajan y siembran mejor que
los agricultores italianos que en toda su vida
no han hecho otra cosa. Los judos no han
sido nunca albailes y sin embargo se las
ingenian para elaborar un, buen material so
lamente con tierra, con el que han cons
truido sus casitas. Y ahora los llaman para
construir otras casas. El nuevo juez de paz
de Villa Palacios ha hecho edificar la suya
por estos judos que antes eran zapateros o
sastres..
Un gran nmero de esos colonos no qui
so someterse a las gravosas exigencias
del propietario y la rapia de quienes me
draban a su sombra. Y se fueron disgregan
do, algunos a Buenos Aires, otros a Rosario
v Santa Fe, donde tambin supieron de pa
decimientos. Un grupo de trece familias se
estableci en Monigotes, no lejos de Moises
ville, lugar en el que residan cuatro de las
ocho familias enviadas por la Alliance en
1888. En 1889 el grupo fu aumentado por
otras familias con las que los propietarios
de aquellas tierras haban cerrado trato. Se
ran ms felices los colonos de Monigotes
que los de Palacios? La misin se ocup de
irnos y otros. Dedicse a agrupar a los de
Moiss Ville en una especie de organizacin
municipal para protegerlos y ayudar a los in
digentes y a los ancianos. Lo ms apremian
te era una escuela para los nios. Quince
mil francos fu todo lo que la misin crey
necesario pedir al barn de Hirsch para tal
fin. Luego se consagr a su principal obje
tivo: la bsqueda de tieiras para fundar la
primera colonia, dando la preferencia a Moi
sesville. Los que la ocupaban merecan con
justicia ser los primeros colonos del barn
de Hirsch y que se los liberara de la explo
tacin de que haban sido objeto. Las tie
rras de Monigotes fueron igualmente adqui
ridas e incorporadas a Moisesville que se
convirti, merced a otras compras sucesivas,
en la ms extensa de las colonias de la Je-
wish Colonization Association.
La iniciativa estaba en marcha, pero fal
taba organizara. Era necesario seguir
comprando tierras, constituir la sociedad a
la que deban pertenecer, legalizarla en Ru
sia, elegir los colonos, contar con una admi
nistracin para recibirlos e instalarlos. Las
proposiciones de compra de tierras afluan a
Pars, aun antes de constituirse formalmente
la Jewish Colonization Association, en agos
to de 1891. El campo principal de opera
ciones de la nueva corporacin, al menos en
parte, era Rusia. De all deban provenir los
colonos. Para seleccionarlos con entera li
bertad era menester el consentimiento del
gobierno. El barn de Hirsch recurri a un
tal Amold White, publicista ingls, para
que mediara ante el gobierno ruso. Mr.
White era conocido en su pas por sus pre
juicios contra los judos, pero quizs el ba-


LAS COLONIAS AGRICOLAS JUDIAS EN LA ARGENTINA
61
rn de Hirsch esperara hacer de l una es
pecie de Balaam, dispuesto a bendecir a los
que antes maldijera. El que se lo present
al barn u Horacio Guinzburg, quien
por su elevada posicin social, su celo
infatigable en la defensa de sus correligio
narios y la estimacin de que disfrutaba, era
el representante ms calificado de la judera
de Rusia. Uno de sus colaboradores, David
Feinberg, que habra de ser infatigable co
laborador de la Jewish Colonization Asso-
ciation, puso a White en contacto con los ju
dos de su pas. Lo gui por pueblos y aldeas,
hacindole ver a esos desventurados que vi
van en abominable estrechez, y que no obs
tante su srdido exterior, su aspecto penoso,
escondan nobles virtudes: la pureza de cos
tumbres, el profundo amor de unos a otros,
la estrecha unin entre todos, la lmpida vida
conyugal, el respeto de los hijos por los pa
dres, bastaban para sorprender y conmover
a un hombre como Amold White. Luego
visit las colonias agrcolas, donde se apre
tujaba una poblacin de labradores, a la
cual le faltaba tierra para trabajar debido a
que las disposiciones gubernamentales les
prohiban ampliar sus predios demasiado re
ducidos ya para subvenir a sus necesidades.
El primer cuidado de White deba ser el re
clutamiento de los colonos, de lo cual se
ocup conjuntamente con Feinberg. Solici
t al gobierno el reconocimiento de la Jewish
Colonization Association y el permiso de sa
lida para los judos que quisieran emigrar.
Esta gestin estaba en armona con los anhe
los secretos del gobierno ruso en cuanto a
los judos se refiere, y no caba esperar sino
que fuera acogida favorablemente por ste.
No obstante, la Alliance deplor la realiza
cin de estas gestiones con el gobierno ruso
en un plano de igualdad, en momentos en
que se producan los pogroms unnimemente
condenados por la opinin pblica universal,
lo que podra hacer aparecer al xodo obli
gado como un xodo voluntario. Pero ello
no inquietaba mayormente al fundador de
la Jewish Colonization Association, quien no
tena sino una sola preocupacin: apresurar
la emigracin en masa de los judos. Esti
maba que una autorizacin en regla por par
te de las autoridades impedira cualquier
obstculo ulterior para que los judos emi
grasen de Rusia y, llevado por la idea de
facilitar la labor de la entidad constituida,
logr al fin lo que se propuso: el reconoci
miento legal de la Jewish Colonization Asso
ciation .
Faltaba aun organizar el reclutamiento
de colonos y la administracin de las
colonias, tarea sta que le fu confiada al
Dr. Loewenthal. No se querva admitir
sino a familias que conociesen a fondo los
trabajos agrcolas; una vez aceptados, los co
lonos deban organizarse en grupos de cin
cuenta familias, con uno o dos delegados
que los representasen. La Jewish Coloniza
tion Association limit su intervencin a la
venta a cada grupo del terreno necesario, a
razn de 50 hectreas, aproximadamente, por
familia, y a un precio que fijaba la direc
cin de Buenos Aires. La entidad se reser
vaba el derecho de contribuir, si lo juzgaba
necesario, a los gastos de viaje desde Euro
pa; adems, entregaba para los gastos de
instalacin hasta la primera cosecha, un an
ticipo cuyo monto deba fijar la direccin
de Buenos Aires. La cuarta parte del anti
cipo, por lo menos, deba suministrarla el
grupo. Como se ve, el pago del precio de
venta de las tierras, el reembolso de los
anticipos y de todos los gastos de instalacin,
durante un perodo indicado por la direc
cin, obligaban solidariamente a los miem
bros de cada grupo.
Las reglas eran precisas. Pero, podan
acaso las comisiones de reclutamiento recha
zar a los infelices judos refugiados que acu
dan a ellas por el hecho de no ser agricul
tores de oficio? Y cmo podan dejar de
permitirles llegar a la Argentina en una po
ca en que los Estados Unidos parecan ce
rrarse a la inmigracin? Y los aceptaron, pe
se a que no eran trabajadores del agro ni po
dan llegar a serlo algn da. El barn de
Hirsch consinti al fin en enviar tambin a
la Argentina a los refugiados de Constanti-
nopla, a quienes no se saba dnde ubicar.
Las colonias habran de convertirse, pues,
en lugar de refugio.
La administracin de Buenos Aires, por
su parte, no estaba preparada todava para
recibirlos. Si bien es cierto que se dispona
de tierras en Mauricio, provincia de Buenos
Aires, y en Moisesville, provincia de Santa
Fe, stas no estaban parceladas aun ni se
haban levantado las casas ni provisto de los
implementos agrcolas ni de animales de la-


62
COMENTARIO
branza. Los inmigrantes fueron enviados, en
parte, a Mauricio, y en nmero mayor a
Moisesville, albergndolos dnde y cmo se
pudo. Las cosas no se presentaron bien los
primeros meses. Haba malestar por la falta
de previsin al incorporar elementos hete
rogneos a un medio en el que no hacan
falta sino agricultores. Muchos se quejaban.
Imponase una revisin del personal de las
colonias. La tarea de reacondicionamiento
de los que no se adaptaban a las labores
agrcolas, demand aos de trabajo.
i a organizacin de las colonias mejor
I en el ao 1893. El informe de la Je-
wish Colonization Association de entonces
dice: Lo ms difcil boy es escoger los
agentes con capacidad y competencia nece
sarias para la delicada tarea de dirigir las
colonias. El Consejo espera vencer esta di
ficultad con el concurso de la Alliance Is-
iraelite Universelle, que ha puesto a su dis
posicin personal inteligente y activo. La
J.C.A. no vi defraudadas sus esperanzas.
Con los nuevos directores las colonias expe
rimentaron en los diez aos siguientes un
desarrollo progresivo, aunque no tan rpido
como hubiera deseado su fundador. Si bien
no consideraba ya que las colonias fuesen
una solucin para el problema de los ju
dos de Rusia, el barn de Hirsch segua
alentando la esperanza de instalar en ella
a corto plazo unas quince o veinte mil fa
milias, o sea, de ochenta a cien mil almas.
Pero no tard en convencerse que semejante
proyecto exigira mucho tiempo y una ela
boracin progresiva para asegurar sus buenos
resultados. No poda menos que deplorar la
exigidad de los agricultores instalados en la
Argentina mediante su intervencin, compa
rada con los emigrantes que abandonaban
voluntariamente el territorio ruso cada ao,
como si Ips resultados obtenidos no corres
pondiesen al esfuerzo realizado. Invadido
poT el desaliento, no poda prever la signi
ficacin que cobrara, para la entonces inci
piente comunidad juda de la Argentina, el
aporte humano y econmico que con el co
rrer de los aos habra de surgir de esa
empresa colonizadora que acab por erigirse
en la perla de su obra filantrpica.
DEUTERONOMIO
Cuadros vivos de una colonia juda en General Roca
LUIS GUDIO KRAMER
I
N LA PIECITA, a la entrada no
ms del cementerio, lo estaban la
vando y cambiando, segn el rito,
para que su cuerpo fuese limpio a la
tierra. Solamente los hijos y los herma
nos asistan a la ceremonia.
No le pareci mal, a pesar de que
y no pudo evitar el pensamiento
qu podra considerarse sucio para la
tierra?
El bedel del oficiante, un hombre
joven, de barba crecida y cara plida,
impeda el acceso de los curiosos. To
dos esperaban, con los sombreros pues
tos, que volvieran a clavar el atad. En
tonces advirtieron que tres comercian
tes no-judos, amigos del difunto, esta
ban en cabeza y les hicieron cubrirse
con los pauelos. Despus pas el cor
tejo frente a las alcancas para las viu
das, los hurfanos, los pobres. Con voz
quejumbrosa el oficiante enton las ple
garias.
Todos queran estar cerca del cajn
y se apretujaban. Fernndez vino a
quedar al lado del mdico del difunto.
No podemos dar cuenta a la poli
ca oy que decan porque si se in
vestiga aparecer la muchacha; y ¡no
hay derecho No le parece...?
Cosas de la primavera, dijo alguien.
No contest con seriedad el m-


LAS COLONIAS AGRICOLAS JUDIAS EN LA ARGENTINA
63
dico. ¡Qu iba a hacer, a su edad, con
Ja mujer invlida!
Y cunto le robaron?
Dicen que el anillo vala quince mil
pesos y el reloj pulsera de oro, cuatro
c cinco mil. No se si llevaba cartera.
Cuando sufri el infarto iba en el auto
con la muchacha. Di marcha atrs,
dobl el coche, y recin dej el manejo
cuando sali del camino. Ella llam a
unos hombres y lo trajeron en el auto
al sanatorio. Cuando llegu, a los pocos
momentos, ya haba muerto. La mucha
cha estaba con l y entonces la obligu
a que se fuese, por lo que hablara la
gente y la familia. Avis a los deudos
y al llegar los sobrinos notaron el des
pojo.
El rabino segua con sus plegarias y
la tarde comenzaba a caer, envuelta en
tenue polvo y dorados reflejos. Alguien
hizo el elogio del muerto: las fbricas
gran fortuna, algunas obras benficas.
Fernndez recordaba ciertas conversa
ciones que haban mantenido, despoja
das de estas referencias, en que el muer
to gustaba recordar su niez de judo
pobre, componiendo molinos en las co
lonias, vendiendo mquinas de coser;
despus, en la ciudad repartiendo ciga
rrillos en un carrito, hasta que tuvo que
decidir entre quedar como era o hacer
se rico, formar una familia como la de
los hombres de negocios de la ciudad.
Empez vendiendo quinielas, luego fu
capitalista y especul, y concluy pres
tando dinero a inters. Tuvo millones
y gustaba recordar sus orgenes, su pron
tuario policial con treinta entradas, las
gauchadas que les haca a los polticos
de la situacin y sus prstamos a los
dignatarios de la curia.
Fernndez le tena un poco de lsti
ma porque le vea armado de dinero pe
ro indefenso frente a su propia concien
cia. Los hijos le daban disgustos, la mu
jer era una carga pesada, siempre des
contenta, inerme y desazonada en ma
nos de curanderos y vividores, y sus in
tereses cuantiosos le mantenan atado
a una vigilancia llena de desconfianzas
y de duda, que despus del ataque lle
g a ser srdida. Todos podran robarle,
burlarse de l, y esta sospecha le dola
porque su orgullo mayor era saberse
vivo, con un tipo de viveza criolla
que l atribua a una condicin natural
de inteligencia.
A hora est desnudo en la tierra, con
el cuerpo limpio, la almohadilla con
tierra debajo de la cabeza y los puados
de fina, tierra sobre los prpados. Para
qu hablar del alma, como el rabino?
Dnde podra estar su alma, all o cer
ca de la humilde muchacha; o vagan
do por las colinas de Entre Ros, aso
mndose desde los molinos a la vecin
dad de chacras pobres, o detrs de las
ventanillas del banco, contando sucios
billetes? Lo nico visible para Fernn
dez era ese cajn pesado, las caras afli
gidas de los deudos, las plegarias de]
rabino atravesando el aire cargado de
polvo dorado, y el muerto, solo otra vez,
sin el terror de sus ltimos meses, sin
infartos ni edemas, sin el miedo infantil
a la soledad ni el terror a la muerte.
Estaba ah, como al comienzo... pero,
sera realmente como al comienzo?...
II
Seris benditos en la ciudad
y en l campo; vuestros frutos
sern benditos, vuestras bestias,
vuestros bueyes, vuestras ove
jas, vuestros graneros con todo
lo que encierren y lo ser tam
bin el trabajo de vuestras ma
nos... (Deuteronomio).
Morir en este suelo, donde plan
t, sufr y vi crecer hombres y plan
tas. (Losev).
I a historia del maestro Losev, uno
' de los pocos sobrevivientes de los
fundadores de la Colonia Rusa en el
alto valle del Ro Negro, contiene los


64
COMENTARIO
elementos suficientes para escribir una
historia del progreso nacional. Fernn
dez se propone recoger ese material que
obtuvo penosamente en la colonia; pero
cuando recuerda al maestro Losev, se
rio, envejecido, al lado de su compae
ra tullida, sorda, vibrante de dolores, no
puede menos que sentirse emocionado.
¡Qu hombre, seor! ¡Qu espritu,
amigos!
Losev est ah, sobre ese mismo pe
dazo de tierra que gan al desierto con
otros compaeros. Que ganaron al de
sierto y a la milicia y la avidez de pol
ticos y especuladores. Mira a su alrede
dor y trata de detener el xodo de los
suyos, de los hijos de los viejos que un
da buscaron la tierra prometida. Los
jvenes se van a las ciudades y all se
olvidan de la tierra, y los ms nuevos
estn ahora preparndose para ir a
Israel.
Losev comprende que no todo ha ido
bien en la colonia. Que los ms impa
cientes tienen parte de razn; al menos
cuando se comparan con los comercian
tes judos de Roca, que ganan miles y
miles con poco trabajo y se dan una
gran vida. Ellos estn atados a las plan
tas, a los precios, a las plagas. Son po
cos y las peras se caen de maduras sin
manos que las recojan. La escuela se
despuebla y no se puede costear un
maestro. El ltimo maestro debi aban
donarlos y ahora est en Zapala. Losev
mismo debe dar las clases de hebreo y
ensear los salmos; pero es demasiado
para l, que tambin ha quedado solo,
entre sus frutales enfermos, entre los
yuyos que crecen hasta invadir la casa.
Por das y das su vida trascurre en
la atencin de su compaera enferma a
quien tiene que alimentar y consolar;
con sus propias manos da de comer a
los pocos pollos y gallinas que le que
dan y que noche a noche le roban. El
viernes temprano l mismo plancha su
traje negro, se peina la barba, y el s
bado preside la reunin en la sinagoga,
y lee el Pentateuco, como los lunes y
los jueves.
El saln lo hizo la juventud, en la
chacra de Kaspin, v ya estn totalmente
pagos los doce mil pesos que cost. Bue
nos muchachos, este Marcos Hambourg
y tambin Rufino Riskin, Luis Sourr
Len Kaspin y Samuel Glanz, casados
ahora, con hijos, trabajando en la mis
ma colonia. Kaspin atiende la bodega
cooperativa; Hambourg sigue en la cha
cra, tiene un bienestar, segn l mismo
dice; le rodean su mujer y sus hijos,,
pero empieza a sentirse un extrao. Las
nuevas gentes le miran como a un in
truso, aunque todos le respetan all,
donde su presencia es familiar desde
hace tantos aos. Losev llega a la es
cuela. Los chicos le rodean. Siete u
ocho vecinos asisten a los exmenes.
Dos chicas mayores escriben al dictado
en hebreo, y traducen al idisch y al cas
tellano. Losev corrige. Despus da su
informe a los padres, que le escuchan
con atencin. Recuerda que el primer
maestro que tuvieron all fu el camea-
dor Zavlasky. Era un buen maestro. Lo
sev le cedi siete hectreas para que se
quedara. Despus ense Isaac nkin.
Un hijo de l es ahora ingeniero civil
y tiene un alto puesto en la Direccin1
de Riego. Despus vino de Entre Ros
Pedro Lerman, que est en Zapala aho
ra. Al quedar sin maestro la colonia,
volvi a ensear, y ahora piensa que
habra que aprovechar las vacaciones
de la escuela nacional para que los chi
cos mejoren su conocimiento del he
breo. Pide autorizacin para ensear
durante las vacaciones.
Los padres se oponen al principio.
Entonces los nios piden que el viejo
maestro les ensee, y Losev se enter
nece. Por fin resuelven aprovechar las
vacaciones de verano. Hace tanto fro
en invierno, dice el maestro, y todos
comprenden. Recoge Losev los cuader
nos y da indicaciones a las muchachas
que le ayudarn. Pide a Hambourg que


LAS COLONIAS AGRICOLAS JUDIAS EN LA ARGENTINA
65
tome una leccin cualquiera, confirin
dole as cierta autoridad, y Marcos
Hambourg la toma con atencin. Los
viejos se retiran, y el sbado se puebla
a poco de gritos y risas de los chicos en *
el patio de la sinagoga. Al irse Losev
los vecinos se ofrecen a llevarlo en sul-
ky, pero l se retira a pie, derecho y
gil, a pesar de los aos. Se despide ce
remoniosamente de Fernndez y le re
cuerda que hace muchos aos, cuando
la chacra no le daba para vivir y deba
gestionar los ttulos en Buenos Aires,
se emple de maestro en la capital y le
ense hebreo a Alfredo Palacios.
No me expreso bien en castellano.
Usted perdonar. Pero no soy solamen
te un terico idealista, como dicen. Por
que aqu dicen que Wolf Kaspin es
hombre prctico y no idealista. Qu
bueno... Pero no. Soy idealista y soy
prctico, eh? perdone mi mal caste
llano; he sembrado, he levantado ran
chos, hemos explorado el desierto con
los primeros pobladores, y tengo mag
nficos frutales. Ahora soy viejo y me
dicen idealista, eh?...
Habis, pues, Le armar al ex
tranjero porque extranjeros fuis
teis vosotros en la tierra de Egip
to. (Deuteronomio).
Tengo un bienestar, me rodean
mi mujer y mis hijos, pero me siento
un extrao. Amo estas plantas, estos
surcos, los acaricio, pero las gentes
nuevas me tratan como a un intruso...
(Hambourg).
C" ernndez baja del mnibus en que
' viaj desde General Roca, pocos
minutos ha, con un viejo criollo que
echa a andar por el camino de ripio lle
vando una maleta liviana al hombro.
Antes de que se aleje le pregunta por
la casa de Hambourg...
El viejo o el hijo?
Marcos Hambourg.
Ah... Vamos. Yo paso por su cha
cra.
Al rato el criollo inicia la conver
sacin.
Estos rusos son raros, no? No tra
bajan los sbados.
Y, qu tal gente son?
Y, hay de todo dice el criollo. Hay
patrones buenos y malos como en todos
laus. Don Marcos Hambourg es gen
hombre. Yo le he sabido trabajar, por
que soy dispuesto a todo, no?...
Cuando llega a lo de Hambourg est
cosechando peras. Pasa a la cocina y
empiezan a tomar mate con Marcos.
A poco llega el viejo Hambourg, que
vive aparte. Toma asiento y se queda
en silencio. Marcos aprovecha para de
cirle a Fernndez que no consigue que
su padre deje de trabajar. Le aconseja
que se de buena vida, pero el viejo no
cede, aunque se queja de su suerte.
Seor dice el anciano en su me
dia lengua. Yo recuerdo un viejo
cuento ruso de un sembrador que re
corra sus sembrados, y le hablaban las
espigas, le cantaban los pjaros, le son
rea el viento. El escuchaba esos men
sajes y senta el corazn alegre. Y as
sembr en su juventud, y se alegr y
fu feliz. Pero lleg a viejo y perdi las
fuerzas para cosechar, y ya no le cant
el viento, ni las espigas ni los pjaros.
Y pens que no vala la pena vivir.
Pero usted, dice Fernndez, tiene
hijos, nietos, amigos, y ellos le dirn las
palabras consoladoras.
Le he dicho agrega Marcos que
venga a vivir con nosotros, pero l no
quiere. Y as estamos separados, y l
solo...
Y, entonces, de qu se queja, pa
dre?
Bah... dice el viejo. Todos estn
afuera, pero siempre adentro de mi co
razn. Y de nuevo sus penas y sus ale
gras repercuten, y uno se duele... Siem
pre adentro del corazn...
Mi viejo se levanta, refunfuando, y
se va, encorvado, con su larga barba ca
nosa, una gorra con ancha visera pro-


66
COMENTARIO
tegindole del sol de la media siesta de
verano.
Marcos Hambourg le lleva a ver sus
plantaciones. Las mira con tristeza, car
gadas de fruta, que nadie quiere reco
ger. No hay precios, los cajones estn
caros, se ha cerrado la exportacin, en
la cooperativa reciben apenas un tanto
por ciento. Antes haca orejones, pero
ahora est desazonado. Su hija est de
novia con el hijo del maestro Lerman.
Pertenecen al Dror, organizacin ju
venil sionista socialista. Se preparan pa
ra ir a Israel, y l mismo piensa en se
guirles, en ir a Eretz Israel.
Todo lo que se ve aqu lo han hecho
sus manos. Las acequias, las plantacio
nes de frutales, las vides, los alfalfares.
Los muchachos suelen cantar las can
ciones del Jalutz, y de ellas una frase
de Hilel preocupa a Marcos... Im ein
an l, mi li ujshean leatzm ma an,
veim lo ajshav eimatai... (Si yo no soy
para m, quin ha de ser? Y si slo soy
para m, qu soy? Y si no es ahora,
cundo?, cundo?).
Sale a conversar con los amigos. Se
preocupa de la escuela, visita a Losev,
pero aunque todos confan en l y prc
ticamente le consideran como el jefe
de la colonia, algo nuevo est ocurrien
do en l, una nueva sensibilidad le ha
ce mirar con detencin la expresin de
la gente. En cierta medida l, por su
culto, sus ideas, su familia, se siente ex
trao al medio. Todos son extranjeros
all: alemanes, italianos, espaoles, in
gleses; pero slo ellos son los rusos, los
judos, los que descansan el sbado, los
que tienen un cameador y cubren las
mesas los viernes a la tarde, y mantie
nen el fuego apagado el sbado. En el
pueblo los judos ricos viven como los
dems; se olvidan y se ren de sus cos
tumbres; pero ellos all en el campo, se
sienten ms unidos en el culto y el re
cuerdo de sus costumbres.
Hambourg siente que todo en esa le
jana tierra palestnica le es ajeno pero
intuye algo mejor, que solamente en Is
rael l ser igual, ser eternamente l
mismo, con sus hbitos y sus ideas. Le
duele el trabajo, los aos de sembrador,
* oyendo el canto de las espigas, de los
racimos, sintiendo el peso de las frutas
en las manos y en los ojos; pero algo
ms fuerte que l le est llamando, y
entonces discute con Losev, que est fir
memente plantado en la tierra y que
cree que all donde se trabaja con amor,
como un buen agricultor, se encuentra
un destino. El hombre encuentra su
Dios y su destino sobre la tierra.
Adis, don Marcos.
El criollo que pasa le ha saludado con
afecto. Y con ese mismo afecto los reci
ben, cuando recorren la colonia en sul-
ky, en todas partes, ricos y pobres. El
viejo judo que cultiva dos hectreas de
vid, intensivamente, y le rinden por cin
co, y que hace orejones y est rodeado
de paisanos, chilenos y nativos, en el
galpn, abriendo peras y acomodndo
las en los zarzis para que se oreen antes
de llevarlas al azufre, y que rene los
pesos que despus gastar con sus nie
tos en, Buenos Aires en pocas semanas;
c ese otro Riskin emprendedor, que
siempre siembra grandes extensiones de
alfalfa y cra vacas y quema perales para
sembrar arvejas o papas. Todos le tra
tan con cario, pero l los ve acriollar
se, abandonar sus costumbres, entregar
se a nuevas formas que concluirn por
borrarles su caractersticas de judos.
Fernndez se conmueve frente a esta
lucha interior, y empieza a querer a es
te hombre, tan honrado consigo mismo.
| A seora de Hambourg tiene la ma-
1 dre en la colonia. Sus hermanos no
tienen problemas, prosperan, se sienten
cmodos en las chacras o en la bodega.
Al pensar que se ir su hija, compren-
de que ellos tambin pueden irse, aun
que no hablen an con Marcos de eso.
Ve preocupado a su marido, pero no
puede dejar de pensar en su madre.
Dejarla e irse... Le parece imposible que


LAS COLONIAS AGRICOLAS JUDIAS EN LA ARGENTINA
67
ella tenga que decidir, o dejarla as,
cuando todo va tan bien. Tiene cocina
nueva, una casa cmoda, y nada les
falta, gracias a Dios...
Esa noche le invitan a comer, y cuan-
el cuchillo con que ha cortado la carne,
lo detienen, suavemente, y le alcanzan
-el cuchillo de la leche y el queso. En
tonces la suegra le explica lo que es
treif y lo que es kasher: lo prohibido y
lo permitido, lo bueno y lo malo, de
acuerdo con esa ancestral bromatolo-
ga... Ella toma despus el te con az
car prikuski, y le dice que extraa el
guefihe fisch, pero, cmo conseguir
pescado fresco ac, en la colonia?... Le
invita a probar al otro da kreplej... Y
Fernndez recuerda que una vez prob
el borsht y sabore pletzlej con te bien
cargado, en un bar donde oa, con su
amigo periodista, cantar canciones ru
sas y judas. Cuando escuchaban los
violines, entr un hombre con la barba
de varios das y se sent a conversar con
-su amigo. Sala de la crcel. Fu en
una poca de antisemitismo.
En Eretz Israel los jvenes recor
daremos con amor al pas donde na
cimos, pero slo all nos sentiremos
crecer con dignidad... (Lerman).
CU l maestro Lerman y su hijo, han
i venido a la casa de Hambourg a
formalizar el compromiso. Los mucha
chos cantan en el corredor una cancin
de los javerim.
Lerman recuerda sus aos en la co
lonia, y cuenta algunas ancdotas de
Losev. Comprende la preocupacin de
Hambourg, pero no parece sorprendido
por la decisin de su hijo de casarse e
irse de inmediato a Israel. El mu
chacho no es agricultor; ella tampoco.
El ha hecho el bachillerato, y ella es
maestra normal y de hebreo.
Fernndez le pregunta al muchacho
si no se siente argentino. Si no cree que
-en el pas puede ser feliz y cumplir su
destino, y el joven le mira con resolu
cin, y poco a poco le va diciendo que
l siempre quiso ser argentino, pero que
no le dejaron serlo. Lo mismo le cont
Chanine Teiblum en el pueblo. En
el ejrcito nos llaman judos o rusos.
Somos jvenes y queremos que nues
tros hijos crezcan con dignidad....
En el kibutz Negba hay un lugar pa
ra estos jvenes. Sus compaeros lo han
ganado con el arado y el fusil, y ya lo
han regado con sangre juda, con san
gre argentina o rumana o paraguaya.
¡Qu importa! Les pertenece.
III
Dadme de vuestra parte hom
bres sabios y entendidos y co
nocidos de nuestras tribus, a
quienes yo ponga por caudillos
vuestros... (Deuteronomio).
LOS JUDIOS agricultores de Schumiatz,
Mogilev, en Rusia, pasaron muy mal el
invierno de 1905. A comienzos de 1906
recrudecieron las persecuciones y el terror.
La guerra ruso-japonesa agrav la miseria.
Los hombres ms emprendedores y jvenes
resolvieron hacer algo, y en una reunin
Isaac Losev les propuso ir a Palestina. No
se pusieron de acuerdo, pero viendo su de
cisin le pidieron que se informara sobre lo
mejor que podran hacer. En Rusia mismo,
Losev se enter de que en la Argentina ya
se haban establecido colonias judas con
familias tradas con el plan del barn Hirsch.
Los agricultores reunieron entonces cien fir
mas, unos pocos rublos, y le dieron un po
der para que tratase de encontrar tierras en
este nuevo mundo.
As sali Losev de su aldea y en el vapor
Nil lleg a Buenos Aires en abril de 1906.
En el Hotel de Inmigrantes se encontr con
muchas familias hebreas que acudan al pas,
y all conoci tambin a dos contratistas in
teresados en colonizar. Uno perteneca a la
Jewish Colonization Association, que quera
colonizar Mdanos, Rivera, Villa Alba, Ber-
nasconi, etc. El otro era un tal Streider.
Losev se inform de que el gobierno que
ra colonizar tierras fiscales y con dos ami
gos que haban, viajado con l, trat de llevar


68
COMENTARIO
adelante esas gestiones. En la Direccin de
Tierras comprendi que si no tena cuas
no conseguira nada. Slo se atenda a las
compaas colonizadoras o a grupos numero
sos con contratistas dispuestos a poblar en
cualquier parte. Un seor Isaac Kapln le
¡recomend a un abogado de influencia pol
tica, y as, mediante la promesa del pago de
tres mil pesos de honorarios, consigui que
el ministro Ezcurra, de acuerdo con el poder
suscripto por las cien firmas, le diera per
miso para revisar y elegir tierras fiscales.
El ministro lo atendi muy bien, y le di
pasajes oficiales y un pasaporte.
Losev comenz a recorrer el pas en busca
de tierras laborables. Estuvo en San Luis,
Melocotn, la seccin 25 de la Pampa Cen
tral, Choele-ChoelC1), donde ya se haban
radicado boers del Transvaal. Inspeccion
ambas islas, la chica y la grande y de ah
pas a Neuqun y Ro Negro.
El 25 de mayo de 1906 la nieve en Neu
qun paraliz sus excursiones, pero pudo lle
gar al valle, en un carrito; eligi las tierras
cerca del canal abierto por las tropas del ge
neral Roca, y el 6 de agosto, por decreto,
se le concedieron tierras a razn de 100
hectreas por colono, a 2,50 la hectrea, a
seis aos de plazo, para doscientos colonos.
Cuando Losev trat de tomar posesin
de las concesiones, el jefe de Tierras y
Colonias, ingeniero Pico, resolvi que no se
poda autorizar la posesin hasta que no se
hiciese el canal grande, porque el chico re
sultara insuficiente. Entonces el ministro le
aconsej que solicitaran permiso para esta
blecerse con pozos semisurgentes.
Losev y sus compaeros empezaron a ca
var los pozos, mientras se escriba a Rusia
para que vinieran las familias. Nuevamente
el ingeniero Pico les opuso reparos diciendo
que los pozos semisurgentes no servan. Lo
sev debi realizaT gestiones y tratar de de
fender su posesin, y as vino a enterarse
de que un seor Misler con agencia de va
pores, traa inmigrantes alemanes y trataba
de ubicarlos en esos lotes.
Fu larga la lucha contra estos intereses,
hasta que Losev obtuvo que cuarenta fami
lias judas que llevaban seis semanas en el
(1) Choele-Choel: Echar perros al fantasma,
no asustarse de fantasmas. Choele: fantasma;
chuluv: perros.
Hotel de Inmigrantes se decidieran a poblar
la nueva colonia. Despus hubo que esperar
la medicin, a cargo del ingeniero Keisler,
mientras Stefenelli, otro colonizador, ocupa
ba las chacras.
Como no haban podido sembrar, las fa
milias salieron a ganarse el puchero en la
cosecha de otros campos. Cuando los judos,
salieron a trabajar para poder comer, fueron
denunciados de abandonar las chacras, y
Misler mand colonos alemanes que llega
ron con el ingeniero Keisler.
Los judos, al regresar encontraron los lo
tes ocupados. Durante seis meses gestiona
ron la posesin, hasta que finalmente obtu
vieron 50 hectreas de las 200, para cada
uno de ellos. El trabajo de mejorar los te
rrenos, nivelarlos, desmontarlos, hacer los
ranchos, cavar pozos, fu mprobo, luchan
do con tormentas, crecientes, inundaciones
y dificultades burocrticas. Cuando ya en
posesin de las rdenes definitivas, se pusie
ron a poblar, encontraron buena disposicin
en los vecinos, que estaban establecidos con.
riego, frente a Roca, como Fredos, Villa-
nueva, un tal Flores, que estableci un ser
vicio de balsas y un buen boliohe. Acom
paaban a Losev, Schuster, Smoliansky y
Resnik. Este haba explorado con ellos, en
ca'rro, el Ro Colorado (el cov leuv o ro-
caliente de los indios). Este judo de las
colonias de Entre Ros, hombre muy acrio
llado, fu un gran compaero y los orient,
en las pampas y los montes, en hbitos v
costumbres. Resnik no le haca asco a la
carne de caballo o de bichos del campo y
cuando ellos se quejaban de no tener qu
comer, l les deca en idisch: yo ya me he
comido 18 caballos muertos. Cuando los;
compaeros se asustaban del desierto, la so
ledad y las grandes distancias, l se rea:
Esto es chacota, deca. Vieran ustedes-
la selva de Montiel. All hay tigres. .
El carrito que usaban iba a la cincha
del caballo que jineteaba el gaucho ju
do. Los peones se acostumbraron a descan
sar el sbado, pero tambin el domingo, de-
modo que los colonos israelitas fueron los
precursores de la semana de cinco das. Co
mo la concesin caducaba a los dos aos si
no se cumpla el contrato, se apresuraron a
levantar el rancho de dos piezas, cavar el
pozo semisurgente y alambrar. El valor de-


LAS COLONIAS AGRICOLAS JUDIAS EN LA ARGENTINA
69
esta hectrea, con ttulo, alcanz a ser, pocos
aos despus, de doscientos pesos.
Para calzar el primer pozo, de 10 por 3,
¡tuvieron que traer las maderas a cuestas des
de la costa del ro, por ms de cuatro kil
metros, pues no haba caminos ni ellos dis
ponan de suficientes caballos. Durante cua
tro meses ensayaron la manera de obtener
agua para riego, y al fin se dieron cuenta
de que haciendo un pequeo canal del gran
de que haba, podran regaT algo, siempre
-que los autorizaran a utilizar los sobrantes
de agua.
No todas las familias que llegaron despus
se aclimataron a los trabajos y a los rigores
de esa naturaleza: vientos, terribles vientos,
y desbordes del ro. En los primeros siete
meses regresaron muchos, y quedaron slo
el viejo Kaspin, Fishel Liberman, Reznik y
Losev. Los veinte primeros colonos con con
trato fueron Resnik, Losev, Zilverstein, M.
Liberman, J. Uhlman, Y. Liberman, J. Li-
fcerman, Fishel Liberman, viuda de Saiden-
berg, M. Kaspin, W. Kaspin, B. Zeky, Hoff-
man, Gritschner, Rukalsky y Schuster. Mu
chos de ellos ni siquiera vieron el campo.
Ya con riego, pudieron plantar lamos, sem
brar alfalfa y extender a cinco kilmetros el
canal. YVolf Kaspin haca de herrero, Note
Kaspin de carpintero y de panadero Losev,
que adems atenda con Kaspin la sinagoga.
Los colonos de este tiempo recuerdan
sus luchas con Alfredo Viterbori, que
f gobernador muchos aos despus y era
el encargado del canal. Una vez cerr el
agua a los colonos judos. Mal fin tuvo este
gobernador, segn se cuenta. Estaf al ban
co y tir al ro los libros de la gobernacin
cuando lo procesaron.
En la oportunidad en que les clausur el
agua, Losev di muestras de su entereza y
capacidad para dirigir una comunidad. De
inmediato se fu a General Roca y habl
con el escribano Agustn Cruz, buen hom
bre pero temeroso de chocar con los intereses
influyentes. Losev le record su obligacin
y consigui que fuese a labrar el acta. En
Neuqun hizo imprimir volantes con la co
pia del documento y una relacin de los he
chos, y los distribuy profusamente. Los
mand al presidente de la Repblica, a los
ministros y diputados y senadores naciona
les. Entonces Viterbori mand un emisario
a pactar. Ellos pidieron el agua y la consi
guieron .
Pero no pararon ac las tribulaciones de
los colonos. Presidente de la comisin de
canales era un poderoso terrateniente, el
seor Sorondo. Viterbori obtuvo del funcio
nario una informacin caprichosa que elev
al Ministerio de Agricultura. Un seor
Yunkis les advirti, buenamente, que deban
aclarar esa informacin para no perder las
tierras, y Losev fu a Buenos Aires. Trat
de ver el expediente en el Ministerio de
Agricultura, e insisti tanto que al final lo
expulsaron. Tuvo nuevamente que ver a
un abogado, el Dr. Nissenson, que lo orien
t hacia los Tribunales. Se haba formali
zado una demanda de desalojos ante un juz
gado donde solan perderse los expedientes.
Losev, que esa vez tena como compaero
de gestiones a Jos Lutzky, alcanz a leer el
informe de Sorondo. Finalmente logr que el
expediente se perdiese, y as, a costa de
tiempo y algunos pesos, gan una de sus
ltimas batallas, y asegur su fama de buen
abogado. En 1913 ya estaban arraigados los
agricultores en la llamada colonia rusa. Do
ble error, dice Losev, porque no somos ru
sos ni esto es una colonia. Apenas agricul
tores libres, judos...
En 1913 llegan a radicarse Jaime Ham-
bourg, su hijo Jos Hambourg, y un joven
Gerchakov, estudiante de Smolensk. A los
pocos meses Bernardo Riskin, L. Riskin,
los hermanos Barron, Santiago Soul y Tor-
boschkin. A excepcin de uno de los Ris
kin, todos quedaron. Gerchakov se fu aos
despus a Comodoro Rivadavia. En 1925
llegaron el viejo Guisbourg y Freidman, que
tiene ahora campos, y una familia Wiemick,
radicada actualmente con sus hijos.
I osev ha ejercido durante estos 45
* aos la jefatura espiritual.de la co
lonia. Es, probablemente, el ms pobre
de todos. No ha podido impedir el xo
do de tantos agricultores como los que
actualmente se hallan diseminados por
toda la Repblica, pero en realidad ha
logrado que los vnculos culturales y
sociales se mantengan, y que la colonia
no se haya disgregado a travs de tantas
dificultades. Esos vnculos se prolongan
a travs de Hambourg, de Kaspin y de


70
COMENTARIO
otros, en cuyas casas se realizan vela
das en el invierno, donde se lee, se en
sayan obras teatrales, se- comentan li
bros.
En puf propia casa, Losev logr que
se instalase la escuela fiscal de la co
lonia rusa: la escuela nacional. L
cedi durante seis aos, hasta que una
directora antisemita que comenz a dic
tar clases de religin catlica a los ni-
os judos, hizo que revocase; su auto
rizacin.
Fernndez,, que le ha odo contar
parte de esta odisea colonizadora, le pre
gunta si est satisfecho del pas. Losev
le mira atentamente, y con seriedad, y
pidiendo disculpas por su mal castella
no, que domina muy bien, le dice:
Soy muy contento de una parte, pe
ro no me faltan motivos para estar dis
conforme. Pero, a mi avanzada edad,
no dejo este pueblo, esta tierra, pudien;
do estar cmodo en cualquier otra par
te. fpd'ej'a^yeste' lugar, donde el aire
amable, y os amable el vecindario.
He (Sido buen agricultor, y buen vecino.
He dado mi consejo y ejemplo de colo
no, "y esto influye, en la opinin de los
dems. Hay que' atraer l. gente a la
tierra y probar que nosotros, los judos,
tambin sabemos cultivarla y quererla.
Indina la cabeza jp$|que:di, enjuto y
envejecido, meditando, seguramente, en
sus trabajos, sus estudios, continuados
y profundos. El ha sido el abogado, el
mdico, el maestro, el sacerdote, ,el pa
nadero y el que les cortaba el cabello M
los' perseguidos de Europa qe venan
en busca de paz y tranquilidad a estas-
tierras de Amrica.
A la tardecita enderra sus pocas ga
llinas, sus pollos; tranca las puertas, pre
para su frugal comida y atiende a su
compaera. Trata, ci ,-leer, pero los que-
jidos de ella lo mantienen inquieto du
rante la interminable duermevela. Lo
rodean largas filas de rboles, unas
acequias, caminos de ripio, la extensin
de la chacra. Podra morir sin que na
die lq advirtiese.
Tal vez piense en los judos del pue
blo, llenos de lujos. Entre- ellos algn
deudo muy cercano, querfe tiene olvi
dado. Peroren realidad, su gente est
a su alrededor y se acuerda de- l y le
quiere, Hambourg, Kaspin, los Riskin.
Y en el mismo pueblo, acaso Chanine
Teiblum, el tendero erudito del "Diente
de Oro no sabe quin es el maestro Lo
sev? Y Vaparski, acaso no sabe quin
es el maestro Losev, aunque l concu
rra al Juzgado Federal y al Banco de
Ro Negro y sfe tutee con doctores y no
guarde 1 sbado? Vaparski cuando
discute con Hambourg sobre el campo
yJ la ciudad, y afecta desdn por los
campesinos, sabe, porque es buen lector
y justo en sus juicios, que Losev es dis
cpulo de Tolstoy y de Gordon; que ve
en el trabajo de la tierra un camino de
salvacin moral, y que ha mantenido*
d un grupo de judos perseguidos, uni
dos en la Dispora, y les ha ayudado a*
creer en s mismos y a hacerse estimar,,
no por sus riquezas o* sus vicios, sino*
por sus virtudes y su sola condicin
humana.
PLUMITA EN LAS CUADRERAS DE DOMINGUEZ
C u e n t o
BARUJ BENDERSKY
LA DORADILLA la compr Abraham
David en una estancia, pagando lo- que
le pidieron, sin mucho regate ar. Total, pe
sos ms pesos menos.
La haba comprado no por lo que vala,,
pues la yegua era aosa y no acostumbradas
a pesadas labores. Pero tena un cuerpo-
grande y notaiBte conformacin, con finas,.


LAS COLONIAS AGRICOLAS JUDIAS EN LA ARGENTINA
71
largas y bien torneadas patas, cuello estira
do y cabeza pequea.
Adems, el color de su pelaje prometa
.mucho.
Por otra parte estaba muy avanzada en su
preez. Segn aseguraba el capataz, el hijo
que iba a nacer era de gran origen, pues el
bisabuelo emparentaba con el gran Bota-
fogo.
Sin embargo, Abraham David pensaba en
esos instantes para sus adentros, mientras
sonrea suavemente:
A quin le interesa todo eso que cuen
ta?! Slo busco completar la monta de ca
ballos.
No opinaba as Herschl, su hijo. Este,
que acompa a su padre en el viaje, era
un muchaehote de unos 14 aos. Durante
todo el trascurso de la conversacin estuvo
atento a lo que el capataz refera respecto
de los orgenes del futuro animal.
Las mejillas del joven suban de color
y con brillo anhelante en los ojos observaba
a su padre, quien, despreocupado e indife
rente, sonrea a todo lo que el capataz deca.
Como su progenitor regateara el precio pe
dido, comenz a animarle:
No hay nada que dudar de la yegua,
pap. Y corajendole agreg, puede parir
un potrillito que valga diez veces ms de lo
que vas a pagar...
En. su fantasa, Herschl ya se imaginaba
montado en un dorado, grande y hermoso y
tan brioso que apenas poda sujetarlo para
que anduviera al tranquito. Al animalito lo
rea tironeando con todo mpetu; ste avan
zaba cabeceando hacia arriba y hacia abajo,
espantndose por cualquier simpleza, escar
ceando a derecha e izquierda o parndose
sobre sus patas traseras. Alrededor de la boca
se le iban formando unas capas de espuma.
En conjunto le pareca de aspecto atractivo
y simptico. Y l, Herschl, estaba como adhe
rido con profundas races al lomo del ani
mal, balancendose a cada vaivn.
Se figuraba que all en la colonia salan
de las casas sus compaeros y amigos, que
lo miraban con envidiare intentaban dete
nerlo simulando preguntarle algo... pero con
tinuaba su camino cual si no fuera a l a
quien se referan...
En el nterin Abraham David haba ce
rrado trato con el capataz sobre el precio.
Tom la yegua y la at a un costado del
carro.
Herschl despert como de un sueo. Con
tento y feliz se ubic de un salto en el
pescante.
C\ ierta maana, volviendo del campo,
' Herschl entr a casa agitado, casi sin
aliento, y con la faz resplandeciente grit:
La doradilla pari un potrillito!
Abraham David que estaba rezando, en
vuelto en su talit y ceido con las filacterias
hizo un gesto risueo, y cuando por lo bajo
termin, por fin, la oracin, dijo, dirigin
dose a su hijo:
Y... nu... he... yofe?*... Doradillo?...
Intentaba saber Abraham David si el re
cin nacido era lindo y si el color del pelaje
confirmaba las previsiones.
Herschl no entendi la primera palabra,
pero conoca perfectamente el significado de
la segunda.
S, un doradillo... igual que la yegua...
y tan lindo como el mundo. .. termin por
aclarar sin saber qu ms agregar.
Estaba turbado por la emocin. Recorda
ba que se haba apeado del caballo para
acercarse al potrillito a fin de observarlo ms
de cerca.
El potrillito no muy firme sobre sus pa
tas todava, se dirigi tambaleante hacia
Herschl, le extendi el cuello y con su negra
y hmeda nariz toc los dedos de la mano
que Hersohl le tenda. As fu el primer
saludo que se dieron. Era una mutua pre
sentacin amable.
La yegua madre que pastaba a pocos pa
sos, acudi temblorosa, agitada y comenz
a relinchar: Hihihi... hihihi..., como que
riendo decir al vstago: No vayas por
all....
El potrillito, como entendiendo aquel len
guaje, se apart y de un brinco se puso al
costado de la madre.
Desde aquel momento Herschl acuda
constantemente al potrero a visitar al
potrillito; se entretena con l; le acariciaba
el lomo y le rascaba debajo del pescuezo.
Al principio tena que enlazarlo y sujetarlo
a un palenque. El potrillo retozaba, brinca
ba, pero, con el tiempo se fu acostumbran
do a su patroncito hasta que luego se acer-
* Lindo, en hebreo.


72
COMENTARIO
caba solo toda vez que lo vea llegar y le
alargaba el cogote, como queriendo decir:
Quieres rascarme? Pues, rasca...
Cuando, en ocasiones Herschl no lo en
contraba en el potrero, profera un Hihibi...
hihihi... imitando el relincho del potrillito,
y ste le responda con acento igual: Hi
hihi. hihihi... como diciendo: ¡Ya
voy!... Y casi de inmediato se le vea
apartarse del grupo de caballos entre los cua
les se haba metido y correr en direccin al
muchacho. Este le colocaba el bozal que
haba mandado hacer expresamente y que
era de excelente cuero labrado, con aros de
bronce.
As pasaban el tiempo, juntos, en el po
trero .
Cierto da de verano, el sol estaba en lo
alto y se reflejaba en las aguas del ro
vecino.
En la orilla estaban las vacas con sus ter
neros, las que luego de abrevarse se echaban
al suelo a descansar, rumiando pausadamen
te y dormitando con los ojos entornados.
Los tiernos potrillitos con el doradillo al
frente salan del potrero corriendo y reto
zando y dando coces...
Herschl acercse al ro y sin proponrselo
interrumpi aquella procesin. Detuvo su
caballo. A prudente distancia contempl con
ntima satisfaccin a su doradillo.
¡Cmo creci en los ltimos tiempos!
se dijo. Ya casi se convirti en potrillo.
¡Qu modo de correr! ¡Cmo vuela! ¡Ni pisa
el suelo! Liviano como una pluma. .
Cual rayo cruzle por la mente una idea.
Una sonrisa plena de satisfaccin y felicidad
le ilumin la cara.
Haca tiempo que buscaba un nombre
adecuado para el doradillo, y ahora... ¡qu
feliz coincidencia!... Liviano como una plu
ma ... como una plumita... .
Plumita. As se llamar! Plumi
ta. Plumita...
Y Herschl se para sobre el lomo del ca
ballo y larga un relincho: Hihihi. hihi
hi...".
Se oye una respuesta a lo lejos, casi un
idntico relincho, y al rato llega el potrillito.
Herschl se apea de su cabalgadura y se
acerca al animalito, le rodea el pescuezo con
los brazos y ambos se van diciendo en len
guaje comn, muy suavemente:
Hihihi. hihihi. .
Plumita, Plumiii. taaa.
* Plumita fu creciendo hermoso y
grande. Poco a poco se lo prepar pa
ra montar. Herschl le compr una ancha fa
ja y una cincha grande. Lo mantena cin
chado todo el da para que no se le desarro
llara una panza demasiado grande que le
restara agilidad en la carrera.
Dos veces al da lo sacaba a varear. Le
enseaba a correr por un camino estrecho
y en lnea recta. Un par de veces le haca
recorrer al tranco ida y vuelta todo el largo
de ese sendero, como si quisiera predicarle:
Esta es la senda por la cual tendrs que
andar. .
Durante esos ejercicios y al llegar a un
extremo del sendero, lo detiene un momen
to, slo por pocos minutos, le afloja las rien
das y lo incita a correr. Plumita, sin agi
tarse, se da vuelta, se para nuevamente, da
luego presuroso un salto hacia adelante y
con el cuello estirado comienza a correr
velozmente.
Terminada la leccin Herschl desmonta,
lo acaricia, le rasca por todo el cuerpo, sa
ca su cuchillo de la cintura y comien
za a raspar el lodo que salpic el cuer
po del animal y se le adhiri a las patas; le
limpia los vasos y se los pule. Cubre luego
al potrillo con una manta, lo pasea un rato
paso a paso, para ir calmndolo lentamente.
En cuanto a la comida, Herschl se esmera
hasta en los ms nfimos detalles, atenin
dose a lo consabido en tales casos.
Al amanecer le da de comer un kilo de
maz y un kilo y medio de alfalfa. La mis
ma racin al medioda y al anochecer. Lue
go lo guarda en el galpn con una manta.
Toda esta labor la haca l mismo. No
se la confiaba a nadie. Iba preparndolo pa
ra intervenir en competencias cuadreras con
otros caballos. Aguardaba la hora en que
Plumita estuviera completamente listo pa
ra presentarlo en pblico.
Abraham David, el padre de Herschl, ya
de tiempo atrs no miraba con buenos ojos
esta tarea del hijo.
¡Carreras!... Caballo de carrera?...
clamaba. No sera mejor ensearle arras
trar el arado!?... O mejor que pastara por
el potrero junto a las yeguas... y ¡basta!
Qu sos vos?!... Un gaucho?!. ..


LAS COLONIAS AGRICOLAS JUDIAS EN LA ARGENTINA
73
O qu?... As le recriminaba a Herschl, a
veces amablemente y otras ya con severidad.
Herschl nada responda.
Plumita lo reciba con jovialidad, con
amable relincho: Desde ayer que no nos
hemos visto! pareca decirle. Estiraba la
cabeza, mova los belfos cual si quisiera de
cir algo y miraba al morral que le traa el
amo y en el que los granos secos del maz
producan una msica particular con el mo
vimiento .
Herschl le colgaba el morral de la cabeza,
le propinaba dos palmadas en el lomo y por
un instante quedaba escuchando el ruido que
haca Plumita al triturar los granos con
sus fuertes dientes. Y cuando Plumita
terminaba con la racin, Herschl se pasaba
horas enteras peinndole con una rasqueta.
Herschl tuvo noticia de que el domin
go se realizaran en Domnguez carre
ras cuadreras. Y decidi concurrir con su
potrillo, en principio, slo para presenciar
las.
El domingo, Herschl madrug antes de
costumbre y comenz a preparar a su cr
dito. Peinle cuidadosamente el cuerpo, cri
nes y cola. Le recort algunos pelos sueltos;
lim los vasos y fijando la mirada en los
ojos del potrillo, pregunt:
Qu te parece, Plumita, no me aver
gonzar de ti?
Plumita respondi con un relincho y
ello represent para su amo buena seal.
Colocle los enseres. Se fij detenidamente
si todo estaba en orden: la carona, el cue-
rito, el cojinillo. .
El mismo se puso un par de polainas
amarillas. Se anud un pauelo de seda al
cuello, dejando que las puntas se agitaran,
volanderas, hacia atrs. El ala frontal del
chambergo levantado hacia arriba. En el am
plio tirador de cuero meti el facn.
Y ya listo, se march hacia el lugar de la
competicin.
No lejos del pueblo, en ancho camino se
extendan a todo lo largo, uno al lado del
otro, dos senderos angostos y bien rectos. El
pastito haba sido arrancado, la cancha es
taba despejada y la tierra convenientemente
aplanada.
A ambos lados del camino haba un her
videro de gente, cual si aquello fuera una
feria. Haban llegado jinetes criollos de to
dos los rincones, desde lejos y desde cerca.
1 ambin jvenes judos de las prximas
colonias haban venido enfundados en sus
vestimentas domingueras y montando sus
mejores parejeros.
En el nterin se hacan demostraciones,
habilidades y pechazos con sus cabalgaduras,
cruzndose refranes y dichos de sabor criollo.
Hacia un costado se haba levantado un
puesto de tortas fritas. Dos chinas ama
saban pasteles en un tacho de latn que lue
go frean en grasa recalentada en un caldero
instalado en un hornillo. La atmsfera se
impregnaba del tufo caracterstico.
Prximo al fuego, en una banqueta, ha
llbase sentada una anciana criolla, con un
grueso cigarro de hoja entre los labios. La
cabeza reclinada hacia un costado, los ojos
entornados por causa del humo del cigarro.
Con un tenedor retiraba del calderillo las
tortas ya doradas, acomodndolas en una
fuente. Junto a la anciana la paisanada re
ciba el bocadillo ya listo, calentito. Los
piropos a las mozas menudeaban entre frases
de ponderacin por la excelencia de las
tortas.
Algo ms lejos, junto a unas brasas, her
va el agua en una marmita que incitaba a
los presentes a matear.
Chinitas jvenes con polleras de colores
chillones rojo, verde, amarillo. y con
ojitos chispeantes, picarones, corran ac y
all llenando los cimarrones, revolviendo la
bombilla para hacer brotar la espuma, alar
gndolos ora a uno ora a otro con un ama
ble: Srvase!
El mateador sorba con delectacin, lan
zando frases de doble sentido a la que le
haba servido. .
A un costado, del camino un anciano ven
da empanadas calientes de carne y pasas.
En uno y otro lado se formaban grupos.
Yodos hablaban a viva voz, animosos, ale
gres. ..
Los chistes y retrucanos criollos fluan
de boca en boca, alternados de versos festi
vos que provocaban estruendosas carcajadas
que resonaban por el vasto campo abierto.
Toda la conversacin giraba en torno de
los dos parejeros que deban correr pocos
momentos despus. El Galgo del comisa
rio y Paloma del carnicero. La apuesta
era de quinientos pesos.
Quin quiere apostar? exclam uno,


74
COMENTARIO
blandiendo como un cabo de soga, un bille
te arrollado de 500 pesos, yo voy a Pa
loma .
¡Pago! -^contest otro. Este dio vuelta
el cinto y sac de adentro un billete de igual
importe. ¡Pago! Voy por Galgo.
Ambos jugadores depositaron el dinero en
manos de un tercero.
Otros apostaron diez pesos y los menos
pudientes un peso y cincuenta centavos.
En grupo aparte estaban los dueos de
los parejeros del desafo. All estaban tam
bin otras personas respetables, dignas
de fiar. Estos haran de jueces. Se volvi
a tratar las condiciones de la carrera y se
deposit el dinero de la apuesta.
Hechos los arreglos necesarios para equi
librar los pesos correspondientes de las ca
balgaduras, dieron los jueces la seal de pre
pararse para la largada.
Los jinetes, quienes todo el tiempo esta
ban junto a sus caballos, les quitaron las
mantas, les acariciaron el lomo dos o tres
veces y sujetando con la mano izquierda la
rienda, de un gil salto se ubicaron en la
cabalgadura. Al trotecito, lentamente se di
rigen a un extremo del camino.
A su vez los amos y jueces se encaminan
al lugar de llegada de los competidores.
De todos los lados afluyeron los circuns
tantes, ubicndose a ambos lados del cami
no con viva ansiedad. Los rezagados se pa
raron en puntas de pies, alzando la cabeza
por encima de los hombros de los que esta
ban adelante. Otros se agacharon, atisban-
do entre las piernas algo separadas de los
primeros. Todos aguardaban impacientes, la
boca entreabierta, la respiracin contenida
y la mirada fija en el lugar al que haban
de llegar los corredores.
Y all en la otra punta, los corredores se
disponen para la prueba. Los jinetes, se co
locan uno junto al otro, cada cual en la
cancha correspondiente. Permanecen un ins
tante inmviles; luego comienzan la marcha,
primero despaciosamente y luego ms velo
ces. Y cuando todos los presentes y hasta
los mismos caballos creen estar en plena
carrera, los jinetes frenan de improviso a me
dio camino, regresan al punto de partida e
inician de nuevo. As practican hasta que
los caballos entran en trance sin poderse
mantener ms quietos; escarcean, corcovean,
cabecean violentamente, se estiran con todasr
las fuerzas hacia adelante, muerden los fre
nos de hierro con la boca cubierta de es
puma.
Y es en esta circunstancia que el juez de-
largada da la seal con la bandera. Los ji
netes se inclinan entonces hacia adelante-
sobre la cabeza de la cabalgadura, aflojan
las riendas y los parejeros se lanzan raudos,
veloces.
Ambos jinetes mantienen en una man
las riendas, mientras que en- la otra tienen
el rebenque en alto, listo para hacerlo caer-
sobre las ancas en el momento necesario.
Alrededor todo es silencio. Slo se oye
el rtmico y rpido golpeteo de los cascos-
en la tierra dura.
Todas las miradas estn dirigidas hacia los
corceles. Luego la concurrencia corre al sitio
en que se detienen los corredores.
Rodean al vencedor, lo aplauden, felicitan,
y comentan la destreza del pingo.
Los apostadores gananciosos, hacen un ges
to de suficiencia cual si de antemano hubie
ran sabido del triunfo.
Los perdedores a su vez, se consuelan co
mentando:
Es que no guard su lnea. Si hubiera
corrido por adentro, ganaba con toda segu
ridad. .
Concluida la carrera oficial, se inician'
otras con caballos de menor categora.
De todas partes se alzan voces. Todos ha
blan a la vez, gritan, gesticulan y ren de-
cualquier minucia.
Te corro con el mo contra tu barroso
por doscientos pesos, desafa alguien y el'
aludido responde:
¡Aceptado!
Y as durante todo el da quedan concer
tadas otras carreras, por sumas menores o-
mayores.
Herschl, montado en su Plumita, trota
ba todo el tiempo entre uno y otro grupo.
Su potrillo llamaba la atencin del pblico,
¡Bueno para correr! observ uno.
¡Muy tierno! asever otro.
¡Te lo compro! dijo un tercero.


LAS COLONIAS AGRICOLAS JUDIAS EN LA ARGENTINA
75
Hersohl escuchaba todo esto con disimu
lada indiferencia. Pero cuando uno le pro
puso disputar una carrera por cinco pesos,
midi con la mirada la calidad del caballo
de su contrincante y tras un breve silencio,
respondi:
¡Pago!
Ligero cual un rayo, sac la montura y
se dirigi al lugar de la partida para iniciar
la carrera.
Y nuevamente vuelve a ubicarse la con
currencia en largas filas a ambos lados del
camino, teniendo las miradas vidas, fijas en
los jinetes. Algunos haban jugado a favor
de Plumita, otros por su competidor.
¡Qu va a ganar el gringo! comenta
ban algunos.
Plumita pareci comprender perfecta
mente lo que se le exiga. Se puso muy
nervioso e impaciente. Golpeaba el suelo
con sus patas delanteras. Con la boca tiro
neaba queriendo arrancar las riendas de las
manos de su amo. Mova la cabeza arriba y
abajo y corcoveaba a lo ancho del camino,
una vez a la derecha, otra a la izquierda.
Herschl estaba plido; el corazn le gol
peaba agitado. No le importaban tanto los
cinco pesos como el posible derrumbe de to
das las esperanzas puestas en su Plumita.
El momento era serio y grave.
Instantes ms tarde ambos jinetes gri
tan al unsono:
¡Vamos!
Y aflojaron, las riendas. Inclinronse ha
cia adelante sobre las cabezas de los caba
llos.
Plumita sintindose libre, sali veloz y
en dos saltos dej atrs a su competidor, to
mando plenamente la delantera. Cuanto
ms corran, mayor era el trecho que se
paraba a Plumita de su seguidor. El ri
val esforzbase para acortar distancias; es
poleaba al caballo por los costados; lo casti
gaba con el rebenque, lo azuzaba de tanto
en tanto con silbidos, queriendo de esta
manera animarlo, pero todo era intil, pues
cuando apenas llevaba recorrida la mitad de
la distancia convenida, Herschl con su Plu
mita ya haba cruzado la meta.
¡Uaaa... uaaa... gringo!
Desmont Herschl de un salto y abraz el
cuello de su pingo con emocin.
Lgrimas de alegra brotaron de sus ojos
y riendo con risa que ms pareca un re
lincho, dijo:
Plumita!. ¡Plumita!...
Este apoy la cabeza sobre el hombro del
patroncito, relinchando a su vez muy sua
vemente :
Hihihi... Hihihi... Hihihi...
-Plumita!... Plumita!...
Desde aquel da Plumita adquiri re
nombre .
Tentaron a Herschl con grandes sumas
para que lo vendiera, pero l hizo odos sor
dos a todas las incitaciones.
Sr bien Hersohl se senta feliz con su
potrillo durante las carreras, en cambio
en su casa la cosa era muy distinta, pues la
situacin se le haca cuesta arriba.
¡Que un muchacho se entregue de esta
manera a un caballo!. ., se quejaba y le re
criminaba Abraham David. Dime, dnde
se ha visto eso?!... Yo hice eso, acaso?...
¡Ni mis antepasados saban de estas cosas!
Y a m, Dios me castig. A m y no s por
qu y por cules culpas...
¡Carreras!. ¡Carreras de caballos!. ..
Da y noche metido con l. Qu ser
de tu futuro?!.. .
Y terminaba su perorata, diciendo:
Que se presente no ms un buen com
prador, vendo el potrillo y asunto terminado!
Y esa oportunidad lleg cierto da en que
Herschl estaba ausente.
A casa de Herschl se haba aproxima
do un gaucho, jineteando en esplndido
caballo cuyo recado, montura, bridas, freno,
estaban todas revestidas de plata; hasta el
rebenque que llevaba en la mano.
Pregunt por Herschl:
¡Bravo muchacho; bien acriollado! dijo
el paisano.
S, buen muchacho respondi Abra
ham David en un mal espaol, invitando al
jinete a apearse y entrar.
Si no fuera por ese vicio de las carre
ras... Completamente desviado... Yo ven-


76
COMENTARIO
dera su Plumita si se me presentara un
comprador serio. .
, El gucho procur disimular la emocin.
Ya haca tiempo que insista ante Herschl
a que le vendiera el potrillo. Le ofreca dos
cientos pesos. Y aun estaba dispuesto a au
mentar cincuenta ms.
Y ahora se le presentaba esa ocasin, ines
peradamente .
-Si Vd. quiere dijo el paisano con disi
mulada indiferencia. Si Vd. quiere, yo se
lo puedo comprar.
¡Sara! llam Abraham David dirigin
dose a su mujer a travs de la puerta que
daba a la habitacin contigua, Sara, prepa
ra un mate, pero no en vaso...
Y volvindose al interlocutor:
Por qu no?... Cunto dara Vd.?
Al segundo mate, qued formalizada la
venta.
Cuando Herschl regres a casa, hall en
el galpn el bozal y la manta, arrinconados
en el suelo.
Plumita ya no estaba all!


NOSOTROS, LOS TRABAJADORES
ADOLFO LANUS
BEONARDO Da Vinci construy
un mecanismo de relojera, una ex
cavadora, compuertas para canales
de riego, un paracadas y una mquina
de pulir lentes de ptica. Elabor pri
mero los esquemas, perfeccion los pro
yectos, les di forma y vida material
con sus manos, en talleres ideados y
montados por l mismo y que le sirvie
ron adems para hacer la vlvula cni
ca, el tomillo de Arqumedes, el "gato
y otra enorme y variada cantidad de
mquinas de aplicacin til hasta la
poca presente. Traz los dibujos, deli
ne los planos, cort las maderas, alis
los trozos de hierro, los model, los
uni y los hizo funcionar con sus pro
pias manos, las mismas manos que pin
taron La Gioconda, La Cena, La
Virgen de las Rocas, la Adoracin de
los Magos. Es cierto que a Leonardo
da Vinci suele considerrselo la ms al-
SIN INTENCION polmica y, desde luego,
sin nimo de discutir los merecimientos
que en la civilizacin de todos los tiem
pos le corresponde al trabajador, el autor pre
tende reivindicar un derecho olvidado por la
opinin pblica: el derecho al honroso ttulo
de trabajador que le corresponde tambin al
obrero intelectual. Obrero, porque precisamen
te en la tarea que cumple se denota el ndi
ce cultural de una civilizacin. Los conflictos
obreros que se suceden entre nosotros con
tanta frecuencia actualizan esta necesidad de
reivindicacin. Adolfo Lans, colaborador de
COMENTARIO, es autor de varios libros de
tema argentino y redactor permanente de
La Prensa.
ta y cabal encamacin del genio, ttulo
de excepcin que explica la extraordi
naria diversidad y la inmortal trascen
dencia de su obra; pero la circunstancia
ya anotada de que ejecutara personal
mente las cosas que surgan de su ins
piracin creadora, bien podra tambin
ganarle el ttulo de trabajador. Es de
temer, sin embargo, que si en lugar de
nacer en 1452 el ilustre toscano hubie
ra venido al mundo en la segunda mi
tad del siglo pasado o a principios del
actual, ese calificativo no lo compren
dera. No dejara de ser genio, pero,
sin duda alguna, por mucho y prove
chosamente que trabajara, no figurara
en las filas de los hombres a quienes
hoy, con sentido excluyente, se denomi
na trabajadores.
En el manifiesto redactado hace ya
ms de un siglo, Carlos Marx y Fede
rico Engels hablan de obreros, pro
letarios, asalariados, burguesa, lu
cha de clases y, desde luego, de tra
bajadores, para terminar con la cle
bre exhortacin: ¡Proletarios de todos
los pases, unios!. Afirman, adems,
que todos ellos estaban tambin inclui
dos en la calificacin comn de traba
jadores.
Pero en el prlogo de la edicin ale
mana de 1890, escrito nicamente por
Engls, pues ya Marx haba muerto, se
lee esta frase destinada a justificar el
calificativo de Comunista que acom.
paa al manifiesto: Y como en nos
otros era ya entonces (1847) firme la


78
COMENTARIO
conviccin de que la emancipacin de
los trabajadores slo poda ser obra de
la propia clase obrera, no podamos du
dar en la eleccin del ttulo.
Bien sabido es que para alcanzar esa
finalidad Marx y Engels proponan, en
tre otras medidas, la expropiacin de
los bienes inmuebles y la aplicacin de
la renta del suelo a los gastos pblicos;
la confiscacin de los bienes 'dlJlos emi
grados y rebeldes; la centralizacin del
crdito en el Estado con .carcter de mo
nopolio; la multiplicacin d las fbri
cas nacionales, recursos todos que
constituyeron las bases del nazismo y
del fascismo con lis" consecuencias
qe son conocidas y que por su parte,
como que forman la esencia de su doc
trina, el comunismo aplica dondequiera
que domine, con resultados que asimis
mo estn a 'la vista.
NI o me atrevera a afirmar que las
' ^ palabras subrayadas
en bastardilla en la parte transcripta del
prlogo de!, Manifiesto correspondiente
a la edicin alemana de 1890, sealen
el arranque del concepto generalizado
por elgus^wel .abuso, de que nicamen
te mrecten llamarse trabajadores, con
propiedad, los que para realizar su labor
emplean |l|?|iOs^Ep|^^pes corriente
deciifft el msculo. Algunas, veces Bill
sultara injustificado lvidrTs' ha
cen distingos de clakifimerolllse habla
de trabajadores rurales, trabajadores
de bricas;. |wtab|MEfe's. del
transporte; mas la reffpMaa especiali
zada se limita casi siempre f. ^aquellos
que erifl'fc'mpo, en losSenes^jo en los
mnibus y camiones, tienen a su cargb
la|, tareas comunes de la agricultura o
la ganadera, de la mecnica o^-de la
fraga27;del manejo y conduccin del
vehculo, con todos los detalles particu
lares rde cada una de esas bcupaciones.
El que dirige la fbrica, el "cultivo de
los cereales owl cra de gMadjllf que
orienta la produccin, el pife promueve
mejoras en los mtodos industriales, el
qu spBpffib la manera de hacer ms
cmodo, rpido y econmico el trans
porte, esos quedan al margen de aque
lla apreciacin, olvidando el valor de
lo que se denomina chispa del poder
creador indispensable para que el tra
bajo sea fecundo.
Jpfa en ms vasta y universal escala,
Simdieo no resulta un trabajador, ni
tampoco lo son el abogado, ni el farma
cutico ni el escritor. Edison, el Mago
BS| Metilo Park\ que el mismo da d{|
casamiento,1'sin quitarse el traje de
shHHr encerr a trabajar en su|
^gam'nojte. mientras la flamante esposa es|
peraba desconcertada en* compaa de
los invitados, en qu categora podra
figurar? Tan luego l, que difini al
genio diciendo que se compona de un
dos,por ciento de inspiracin y noventa
y ..ocho por ciento de transpiracin! .
Rockefeller y Ebfd.ppje comenzaron
como obreros y terminaron como direc-
l¡oresf*y^{U'ul^de grandes empresas, !
inmensas fortunas,, trabajaron mucho
ms intensa ,fy duramente que nunca^en
'distas/ltimas etapas de sus jlraas; pero
tan slo fueron trabajadores cuando
llflllal) blusa azul, marcaban la hora de
entrada ,y de salida en las fbricas don
de, los contrataban ,y,¡,de dlsl que luego
fueron propietarios que se pasaban en
iil^Mibjariib^BAMylfeas^sn comer
y isin^ djprmirjj '^tque £no merecieran ya
ms que los llamaran trabajadores! ,
influido descl!¡ v el comienzo, acentun
dose con ¡¡fflpempo, una marcada espe
culacin demaggica. Nadie podra, jui"
ciosamente} restai mrito -a", la funcin
importantsima de la inmensa masa la-
bqrios ap .los obreros manuales; eso se
ria tan absurdo, que queda'.automtica
mente fuera del tema. Justo parece, no
obstante,;, advertir quejJ_calificativo de
"trabajador que-;muy honrosamente les
cuadra, no puede ser de su exclusivo
patrimonio. Sin nimo peyorativo bien


NOSOTROS, LOS TRABAJADORES
79
cabra observar aoje mientras Leonardo
da Vinci ¡¡¡Ilutaba con sus propias ma
nos la tarea que habra podido enco
mendar a un operario, este operario no
habra sido ni remotamente capaz de
pintar el "San Juan o idear el anem
metro. Y ya hay en esto alguna diferen--
cia que, guardando distancias, se puede
hacer extensiva a muchos aspectos de
actividades rutinarias que no les estn
vedadas a los filsofos, qumicos o bi
logos, en tanto que quienes las,realizan
habitualmente nada pueden hacer con
'la'^Mospf^y i siquiera lograran lim
piar sin destruirla, una probeta de la
boratorio...
Probablemente los actuales titulares
del calificativo no han buscado la ex
clusividad. EMgi surgi por accin extra
a a su voluntad, como fruto de objer
tivos polticos que se basan en el halago
de las mayqria^.y, como es natural, a
los beneficiarios no les fu difcil adap-*
tarse al convencionalismo que, induda-
blemente, les daba una expresin de
fuerza colectiva. Pero en materia de tra
bajo tanto corresponde el ttulo a la in
teligencia creadora, a la capacidad or
ganizadora, a la ciencia del mdico es
tudioso, al sabijfss||| investiga, y descu
bre, al: tesoherdv como al
que valido de' su manos, dep fuerza,
de su resistencia. apti
tud fsica pondicines no exentas, por
un apreciable aprtele inte
ligencia, complementa'las^tafea en el
orden material.
Precisamente a esa eomplementacin
¡est casi1 siempre subordinado el xito,
grande o pequeo segn la medida en
que se armonie^y coordine el esfuerzo
de conjunto. Sii^pntifende. como pa
rece elemental, que dllrse esfuerzo con-i
junto depende el beneficio general de
terminante del beneficio particular de
cada uno, cuesta mucho descubrir el
fundamento razonable de actitudes in
transigentes. vfiS8aKMp8 agresivas entre
JSs partes representativas de una y otra
forma de trabajo,' como si no hubiera
corrido uri slo da y nada se hubiera
cambiado desde los tiempos de Marx.
Y todava es menos fcil comprender
cmo se puede plantear cuestiones que
revstan carcter d intolerancia invo
cando de un. lado .la condicin de tra
bajador y negando a quienes estn en
el otro lado la igualdad de derechos en
el calificativo.
Pj esde las pocas ya muy lejanas en
que el trabajo comenz a tener
sentido humano y social, su represen
tacin en el arte ha sido generalmente
fsica. Es explicable. En la figura de
un hombre o de un grupo de hombres
en accin, el esfuerzo adquiere plasti
cidad en las manos, en los brazos, en
el pecho, en la boca y se trasunta hasta
en los ojos, de modo que la escultura
y la pintura han podido recoger esa ex
presin y reflejarla o plasmarla como
bello y elocuente smbolo. Esa es la
interpretacin inspiradora de tantas
obras admirables, en las que todos los
que trabajan se sienten personificados
sin detenerse, sin embargo, a pensar sf
.las tareas que efectan les dedican tan
slo la energa del cuerpo o nicamente
,1#. luz de su inteligencia. Tal Vez¡> sea'
por e|cf/?que la interpretacin artstica
se ha hecho clsica: porque esjrepresen-
ttiva^^avez luntad, del vigor y de la inteligencia
puesta al servicio de* un afn ennoble-
cedor; ,y porque en la sntesis estn, en
i definitiva, fundidas todas las formas d
la actividad humana. ,
En Vida y Trabajo Samuel Smiles
recuerda qlivVoltaalb pensaba que si(
toda la raza humana pudiera 'juntarse
desde la creacin ((hasta ahora, en la
graduacin d los genios, Newton es
tara a la cabeza. Y enseguida Smilel
realiza ms frecuentemente iam objeto
por medio del trabajo, que lo conquista
todo; y la capacidad misma del trabajo
muy perseverante y hasta excesivo tiene


80
COMENTARIO
mucho de la naturaleza del genio, pues
conforme se ha dicho muchas veces, la
gran diferencia entre los hombres con
siste ms que en sus cualidades origi
nales, en su capacidad de trabajo conti
nuo y perseverante.
El clebre cardenal Enrique Eduardo
Manning, arzobispo de Westminster,
acaso uno de los primeros representan
tes de la Iglesia Catlica (haba sido
protestante hasta la muerte de su espo
sa) en ocuparse de las cuestiones socia
les, confiaba en que la dignificacin del
trabajo habra de alcanzarse principal
mente por medio de la observacin de
cuatro principios. Helos aqu: La pru
dencia, que perfecciona el entendimien
to; la justicia, que hace perfecta la vo
luntad; la templanza, que ensea a los
hombres a dominarse ante los halagos
del poder y del placer; la entereza de
espritu que los hace fuertes en el sut
frumento y en las dificultades.
p N nada de lo que aqu se dice hay
' alegato de desconocimiento y me
nos todava de negacin de mritos. No
lo hay en nada de lo que se dice ni lo
habra tampoco en nada de lo mucho
que sera fcil aadir a estas elementa
les reflexiones, susceptibles de ampliar
se indefinidamente. Poco costara, en
efecto, sealar con mencin de hechos
slidamente fundados en la experiencia
diaria las diferencias que se ponen
de manifiesto en materia de responsa
bilidades individuales y colectivas, as
como tambin en lo q*||! atae al cum
plimiento de deberes primordiales y a
los lmites del derecho.
Apenas si hay en lo que queda es
crito un intento de restauracin de con
ceptos con referencia a muchos desvos
y, adems, con nimo de reconocimien
to para los que no son nicamente obre
ros manuales. Porque al fin y al cabo
quienes por ejemplo escribimos ar
tculos periodsticos, no importa si po
bres de contenido y vulgares de presen
tacin qu somos sino trabajadores?
Y si se quiere con agravante: lo hace
mos, a menudo, sin esperar paga, y
siempre hasta cuando se la espera, por
vocacin.


Amrica Latina Hoy: Hombres y Problemas
El presente trabajo ampla el estudio sobre "Las migraciones internas publicado
en la ltima entrega de COMENTARIO como parte de esta seccin permanente en
la que Sergio Bag pasa revista de los problemas actuales del continente latinoamericano.
LOS DESPLAZAMIENTOS DE POBLACION EN LA ARGENTINA
SERGIO BAGU
HEMOS TRAZADO, en el nmero an
terior, algunos de los rasgos fundamen
tales de las migraciones internas en
Amrica Latina.
En la Argentina, los desplazamientos de
poblacin son tan antiguos como su historia
misma. La guerra de la independencia, los
conflictos con Brasil y Paraguay y las luchas
civiles del siglo XIX crearon multitudes am
bulantes que no regresaban a sus activida
des habituales ni a sus sedes de origen. Las
condiciones econmicas, el latifundio, el des
arrollo tan desigual de algunas regiones con
tribuyeron, a la vez, a que existiera una ma
sa considerable de migrantes.
El primer censo general, levantado en
1869, logr captar el fenmeno y su orien
tacin geogrfica. Existe indudablemente
explica Diego G. de la Fuente, su direc
tor, en la pg. XXXIII de la Introduccin
un notable movimiento de traslacin conti
nua hacia el litoral... As, tenemos que los
cuatro estados del Este, Buenos Aires, Santa
Fe, Entre Ros y Corrientes, contenan
49.693 hijos de los pueblos del interior, en
tanto que en todos estos juntos, no alcanza
ban los del litoral sino a ¡1.869!
Lneas despus, se lee esta observacin im
portante: A juzgar por el censo, el estado
que ms aleja a sus hijos, o los reparte e
los otros, es Santiago, que tena fuera de su
seno 23.601, o sea casi la sptima parte de
su poblacin. Casi un siglo despus, vcti
ma de una estructura econmica arcaica y
sin que sus recursos naturales sean explota
dos con mtodos modernos, sigue Santiago
del Estero arrojando sus hijos hacia el Li
toral y dejando dentro de sus fronteras enor
mes extensiones despobladas.
Los cuadros preparados por Gino Germa-
ni, partiendo de las cifras de los cuatro cen
sos nacionales de poblacin, revelan, con al
gunas excepciones, una tendencia permanen
te a la intensificacin de estos desplazamien
tos Todos los ncleos urbanos, desde el
Gran Buenos Aires hasta los de menos de
2.000 habitantes, han aumentado su por
centaje de poblacin argentina emigrada de
otras jurisdicciones. El cambio ms notable
es el del Gran Buenos Aires, que del 3 %
en 1869 pasa al 29 % en 1947 y al 36 %
en 1957C1).
MIGRACIONES Y Ha hecho el autor ci-
URBANIZACION tado recientemente dos
aportes de especial im
portancia, que tienen relacin directa con
el problema que nos ocupa(2). En su mo-
(1) El proceso de urbanizacin en la Argen
tina, por Gino Germani. Publicacin en mime-
grafo del Instituto de Sociologa de Buenos Aires,
de circulacin restringida. Pgs. 9 y 11..
(2) El trabajo mencionado antes y su Inves
tigacin sobre los efectos sociales de la urbani
zacin en un rea obrera del Gran Buenos Aires,
editada en mimegTafo por el Consejo Econmico
y Social de las Naciones Unidas, con motivo del
Seminario sobre problemas de urbanizacin en
Amrica Latina, celebrado en Santiago de Chile,
en julio de 1959.
81


82
COMENTARIO
nografa sobre el proceso de urbanizacin en
la Argentina, observa que en las cuatro fa
ses en que puede dividirse ese fenmeno, en
tre 1869 y la actualidad, las migraciones in
ternacionales constituyen el factor principal
de la urbanizacin, en las tres primeras,
mientras que, a partir de 1936, son las mi
graciones internas las ms importantes (p
gina 19).
La medicin cuantitativa y la orientacin
geogrfica de esos grandes desplazamientos
de poblacin en los ltimos lustros acaban
de ser objeto de un valioso estudio de la Di
reccin de Estadstica e Investigaciones de
la provincia de Buenos Aires(3). Por pri
mera vez se nos ofrece un panorama general
de estas corrientes, de difcil localizacin y
valoracin cuantitativa, en todo el territorio
del pas.
Entre mayo de 1947 y setiembre de 1959,
segn el estudio mencionado en ltimo tr
mino, solamente las provincias de Buenos
Aires, Mendoza, Ro Negro y Chubut tienen
un saldo positivo entre la inmigracin y la
emigracin internas, mientras que el resto
del territorio, incluyendo la ciudad de Bue
nos Aires, tienen saldos negativos. Dentro
de ese perodo, la ciudad de Buenos Aires
perdi, por ese concepto, 183.000 habitan
tes; Corrientes 93.000; Entre Ros 89.000;
Santiago del Estero, casi 78.000(4). Los sal
dos positivos de Ro Negro y Chubut fueron
pequeos 1.500 y 8.100, respectivamen
te pero los de las provincias de Buenos
Aires y Mendoza fueron grandes: 797.000
y 37.000, respectivamente. Es muy proba
ble que la prdida asignada a la ciudad de
Buenos Aires est representada, en elevado
porcentaje, por el desplazamiento de fami
lias hacia las localidades del Gran Buenos
Aires.
Uno de los aspectos ms importantes del
trabajo de la Direccin de Estadstica de La
Plata es la localizacin del origen y del des
tino geogrficos de las inmigraciones y las
emigraciones dentro de la provincia de Bue
nos Aires en el perodo mencionado.
Se puede observar as que los partidos que
han expulsado ms poblacin en ese pero
(3) 'Clculo estimativo de poblacin al 30
de setiembre de 1957. Migracin interna pre
sunta en la Repblica Argentina y en la Provin
cia de Buenos Aires, abril de 1959.
(4) No se incluyen aqu la migracin inter
nacional ni el crecimiento vegetativo.
do son Azul, Bolvar, General Arenales, Ge
neral Pinto, General Villegas, Lincoln, Nue
ve de Julio, Pehuaj, Pergamino, Rojas, Sal
to y Veinticinco de Mayo. Todos estos par
tidos, con excepcin de Azul, se encuentran
en una zona continua ubicada en el noroeste
y parte del centro de la provincia. Locali
zadas las zonas ms activas de expulsin,
sera menester ahora examinar las condicio
nes econmico-sociales de esas regiones para
llegar a un planteamiento integral del ori
gen inmediato del fenmeno migratorio.
El mismo estudio delimita dos zonas de
menor importancia y dos de mayor impor
tancia entre las que reciben migracin in
terna Las dos primeras son Junn y Coronel
de Marina L. Rosales. Las dos ltimas, Mar
del Plata y el Gran Buenos Aires. Resulta
as notorio el nexo entre los dos procesos ya
mencionados: los desplazamientos internos y
la urbanizacin.
Debemos advertir que, aunque la provin
cia de Crdoba tenga, en el mencionado de
cenio, un saldo negativo, ocurre lo contrario
con la ciudad de Crdoba y sus alrededores
inmediatos, sumergidos en un tpico proceso
de concentracin urbana a causa de su desa
rrollo econmico, dentro del cual la indus
trializacin ocupa un lugar importante.
DE DONDE Las estadsticas y los
Y POR QUE mapas preparados por
la Direccin de Esta
dstica de la provincia de Buenos Aires ha
cen pensar, a primera vista, que estamos
frente a un tipo clsico de desplazamiento
interno: el rural-urbano. Necesitaramos, sin
embargo, una mayor discriminacin en los
datos estadsticos para llegar a conclusiones
ms precisas. Si en los cuestionarios del
censo general de poblacin que se levantar
en todo el pas en 1960 se incluyen pregun
tas apropiadas, se podr conocer, mucho me
jor que hasta ahora, la magnitud de este fe
nmeno intemo, sus orgenes y sus perspec
tivas. Con todo, algunos datos permiten ya
anticipar planteamientos ms generales.
La "Investigacin sobre los aspectos socia
les de la urbanizacin en un rea obrera del
Gran Buenos Aires de Germani, entrega
material de mucho valor para fijar los carac
teres de dos fenmenos conexos: el origen
remoto del migrante y el escalonamiento geo
grfico de su proceso migratorio.


LOS DESPLAZAMIENTOS DE POBLACION EN LA ARGENTINA
83
Contra lo que podra suponerse, los en-
cuestados de la Isla Maciel migrantes anti-
guos y migrantes recientes en la investi
gacin de Germani no provienen, sino en
pequea parte, del clsico salto campo-ciu
dad. La mayora de estos inmigrantes ex
plica Germani (pg. 14) no viva en zo
nas rurales: solamente un 15 % resida en
localidades de menos de 2.000 habitantes,
-y no hay diferencia a este respecto entre los
recin llegados y los de residencia ms an
tigua; ms de una tercera parte naci en
-centros intermedios, entre los 2.000 y los
'20.000 habitantes y la mitad restante en
centros mayores.
Desde luego, es probable que las condi
ciones prevalecientes en el grupo investigado
-en Isla Maciel no sean las mismas que en
otros grupos de inmigrados. Existen datos
abundantes, aunque dispersos, que indican
la existencia, en vastas zonas autnticamente
rurales del pas, de una expulsin sistem
tica de poblacin originaria: el latifundio,
la ganadera extensiva, las generaciones j
venes de pequeos chacareros sin posibilidad
de obtener nuevas tierras, alimentan sin ce
sar esa masa trashumante de nuestro inte
rior. Pero debe admitirse, a la inversa, que
Isla Maciel no es caso nico, sino que, por
lo contrario, traduce una realidad distinta a
la que conocemos como migracin directa
rural-urbana. Distinta pero estrechamente
vinculada, por su origen econmico-social,
con este ltimo tipo de migracin.
La estructura tradicional de la propiedad
rural en la Argentina ha impedido la crea-
-cin de ncleos urbanos productivos y mer
cados regionales, a la vez que fomentado in
cesantemente la macrocefalia metropolitana,
-con todas sus consecuencias. En las zonas
de latifundio, de ganadera y de agricultura
extensivas, los centros urbanos slo se des
arrollan, con pocas excepciones, como apn
dices caqucticos de una economa rural ru
tinaria. En esos centros urbanos vegeta una
poblacin sin arraigo ni destino productivo
fijo: masas de trabajadores no calificados,
que realizan faenas estacionales en los esta
blecimientos agropecuarios de la zona v
changas en los centros urbanos; que no
pueden, por su extrema miseria, ni saben,
por su extrema ignorancia, formar una fa
milia relativamente estable.
Es ese sector de la poblacin entre rural
y urbana el que, despus de penosa y a me
nudo larga trashumacin, -reaparece final
mente en una villa miseria? En realidad
explica Germani, al referirse al origen de
los migrantes por l estudiados en Isla Ma
ciel muchos de los centros pequeos e in
termedios, pero clasificados como urbanos
en base a su poblacin, incluyen una canti
dad de personas de ocupaciones rurales o
que se alternan con ellas. Solamente de un
60 % aproximadamente se sabe que tena
una ocupacin permanente; el resto o bien
no trabajaba o bien lo haca en trabajos ac
cidentales. En su mayora estos inmigran
tes eran peones, u obreros no especializados
o semiespecializados o trabajaban en chan
gas (cuenta propia); el resto, alrededor
del 20 25 %, poda considerarse especia
lizado o trabajaba como empleado. A este
respecto no hay diferencias notables entre
los dos grupos, el ms antiguo y el reciente
(pg. 14).
El desplazamiento, por lo dems, no se
produce, en muchos casos, en grandes agru
paciones ni en una sola etapa. Para ms
de las dos terceras partes de los inmigrados,
Buenos Aires fu la meta elegida de pri
mera intencin; sin embargo, particularmen
te en el grupo de inmigracin ms reciente,
casi una cuarta parte realiz varias etapas
y tard un nmero variable de aos en esta
blecerse en Buenos Aires, despus de haber
salido de su pueblo o ciudad natal (pg.
19). Es muy probable que este porcentaje
sea mayor en otras villas miseria; es decir,
que, al lado de la familia que ha venido
directamente desde Santiago del Estero o
Corrientes a recalar en la casucha de lata
del suburbio porteo, est la familia que
abandon su lugar de origen hace dos, cua-
tro o diez aos y que, desde entonces, vive
tres meses aqu y un ao all, siempre bra
ceando en la miseria, para llegar finalmente
al gran gigante del Ro de la Plata.
Este prolongado peregrinaje agrava an
ms el problema social que plantea l pas
esta familia de migrantes internos. Sin sede,
sin oficio, sin moblaje, carecer tambin de
cohesin y sus hijos pasarn por el aula es
colar slo accidentalmente. Cuando, por fin,
llega a su destino ltimo, esa familia arras
tra todo un historial, ya largo, de semianal-
fabetismo y desorganizacin.


84
COMENTARIO
ESTRATIFICACION En Estados Unidos,
Y CONFLICTOS cuyas migraciones in
ternas han sido y si
guen siendo de gran volumen, aunque no
sean, en su origen y sus modalidades iguales
a las de la Argentina, se produce, en las
zonas de destino, una estratificacin gene
ralmente compleja. La prioridad en la lle
gada de los grupos migratorios es uno de los
factores determinantes de esta estratificacin
Otros factores importantes son la calificacin
profesional y el origen tnico.
As, el negro sureo, en su xodo ince
sante hacia el norte industrializado, ha ido
radicndose en cinturas urbanas de viviendas
desvalorizadas, creando un sistema familiar
y social de caractersticas distintas del pre
dominante en los barrios de asalariados blan
cos, ms calificados econmicamente y de an
tigua residencia en el lugar. El fenmeno
se reproduce, salvo algunas variantes, con
la inmigracin puertorriquea en Nueva
York; los irlandeses, los italianos y otros sec
tores nacionales en las ciudades del este; los
mexicanos, en California y en el suroeste.
Dentro de la masa obrera urbana apare
ce, de esta manera, una estratificacin social
compleja, que se mueve alrededor de toda
una escala de valores econmicos, sociales e
ideolgicos, escala que se proyecta hasta en
el interior de los sindicatos obreros. Es una
estratificacin que no descansa sobre un
status menos conflictivo que la estratifica
cin que podramos llamar tradicional de
las sociedades urbanas gran burguesa ca
pitalista, pequea burguesa, proletariado
y a veces las luchas ms violentas entre gru
pos sociales que estallan en Estados Unidos
no lo son entre empresarios y asalariados,
sino entre asalariados de distintas califica
ciones profesionales, distintos orgenes na
cionales y distintos grupos tnicos. Los po
groms de Detroit en 1943 y la total parali
zacin de Filadelfia en 1944 ambos, en
plena guerra mundial fueron la exteriori-
zacin del conflicto entre asalariados blan
cos, de antigua residencia en la zona, y asa
lariados negros, de origen migratorio. El
problem'a adquiri tal magnitud que en
1941 se constituy un importante organismo
oficial, el Fair Employment Practice Contr
mittee, cuya misin fundamental fu la de
asegurar a los trabajadores negros que mi
graban de zonas rurales y se empleaban en*
fbricas de guerra e instituciones del Estado,
las mismas condiciones que tenan los tra
bajadores blancos, protegiendo a los negros
tanto contra sus empleadores como contra*
los asalariados blancos y sus sindicatos.
Nada de esto ha vivido la Argentina has
ta ahora. Tanto la masa de inmigrantes ex
tranjeros desde mediados del siglo XIX, co
mo la masa de migrantes internos, se han
asimilado sin que los conflictos entre asala
riados o entre grupos sociales equivalentes
se manifestaran en forma tempestuosa, salvo
quiz casos aislados.
Diferencias sustanciales entre el proceso
histrico estadounidense y el argentino ex
plican estas diferencias en el proceso de la
asimilacin de las masas migrantes. No tra
taremos aqu este tema. Slo deseamos anotar
algunas consecuencias probables.
En Estados Unidos, este tipo de estratifi
cacin dentro de la masa asalariada y estos
conflictos entre estratos absorben una parte
considerable de la energa individual y co
lectiva. El combate callejero entre el resi
dente antiguo y el migrante reciente, entre
el obrero negro y el obrero blanco crean
sustitutivos sociales, polticos e idelgicos
que tienen una importancia muy grande en
la historia contempornea del pas.
En la Argentina, ausentes los estallidos
de esa ndole, los conflictos tienden a repro
ducirse ms dentro del esquema de la oposi
cin de clases sociales.
Transformadas las villas miseria en mo
dalidad permanente de la vida argentina,
sin que el Estado intente elevar su condi
cin social y cultural, ni alterar el mecanis
mo econmico-social que produce inagotables
olas nuevas de migrantes hacia los grandes
centros urbanos, no puede menos que abrirse
una duda angustiosa sobre el destino hist-
rico de los centenares de miles de seres alo
jados en ellas, ayer dispersos sobre el ma
pa de las provincias, concentrados hoy en
la urbe misma, obligados a vivir indefini-
damente en los nuevos tugurios urbanos, en
psimas condiciones sanitarias, desorganizado
el ncleo familiar y llevados, en cualquier
circunstancia, a actuar como masa en los
conflictos de poder, sin haber superado su
semianalfabetismo ni su incultura poltica _


ARISTOBULO DEL VALLE Y EL SURGIMIENTO DE LA
CLASE MEDIA ARGENTINA
EZEQUIEL GALLO
OS ACONTECIMIENTOS de in
dudable importancia vendrn a
trastrocar la tradicional estructura
de la sociedad argentina en los albores
de la dcada del 80. Nos referimos a
la consolidacin definitiva de la clase
media urbana y rural, y a la incipiente
.aparicin de un proletariado de carac
tersticas artesanales en las grandes ciu
dades. Ambos hechos tendrn una in
fluencia decisiva en la estructuracin
de las primeras fuerzas polticas de ca
ractersticas democrticas: la Unin C
vica Radical y el Partido Socialista. En
este breve trabajo nos ceiremos al es
tudio y anlisis de las implicaciones po
lticas e ideolgicas que trajo aparejado
el surgimiento de la clase media a la
^vida nacional. Lo haremos en relacin
al pensamiento de uno de sus ms avan
zados y esclarecidos representantes:
Aristbulo del Valle.
i a legislacin liberal impuesta por
' las fuerzas triunfantes en Caseros per
miti una rpida mutacin en las es-
RECIA personalidad de estadista de la Ar
gentina de fin de siglo es la de Arist
bulo del Valle. Su obra parlamentaria
-y sus ¡deas econmicas y sociales comienzan
ser conocidas y examinadas despus de un
largo periodo de olvido. Este artculo se debe
a Ezequiel Gallo, joven historiador cuyos pri
meros ensayos aparecieron en Mar Dulce y
en la Revista del Centro de Estudiantes de
Derecha de Buenos Aires. Iniciado en la es
pecialidad de la historia econmica y social,
Gallo tiene en preparacin una obra sobre
Aristbulo del Valle y su poca.
tructuras sociales y econmicas del pas
que confluyeron en la configuracin
de un nuevo tipo de sociedad, que Jos
Luis Romero calificara acertadamente de
aluvial. En efecto, la aparicin del
capitalismo extranjero que removi toda
nuestra estructura econmica, el dis-
locamiento social por obra del aporte
inmigratorio, y luego, su progresiva
reordenacin a travs de las conmocio
nes provocadas por el ascenso y descen
so de grupos, trajeron como consecuen
cia inmediata una rpida y sustancial
alteracin de nuestra realidad espiri
tual1. Este anlisis de Romero englo
ba los principales elementos que fueron
dando forma a la sociedad argentina de
fines del siglo XIX, y que al mismo
tiempo, convergieron en la consolida
cin definitiva de nuestra clase media.
En efecto, el ingreso masivo de los
capitales extranjeros, producto de esa
legislacin liberal que se inicia con
la sancin de la libre navegabilidad de
los ros, trajo aparejado, en los prime
ros momentos, una rpida mutacin de
nuestras estructuras econmicas, con la
consiguiente movilidad demogrfica y
aumento de la poblacin. Las nuevas
zonas que se abrieron a la explotacin
y las nuevas fuentes de produccin que
surgieron, ferrocarriles, bancos y co
mercio, permitieron una Tpida mo
vilizacin de la poblacin a los cen
tros urbanos. No menor, en este senti
do, fu la influencia de la inmigracin,
posiblemente el acontecimiento social
85


86
COMENTARIO
de mayor envergadura del siglo XIX.
Las cifras comparativas de los censos
de 1869 y 1895 nos dan un claro pa
norama de la incidencia de este fen
meno en el aumento de la poblacin.
Mientras en 1869 el total de la pobla
cin del pas ascenda a 1.736.923 de
habitantes, en 1895 alcanzaba la cifra
de 3.95.9112. En Argentina el volu
men de la inmigracin alcanz propor
ciones mayores que en los EE. UU.:
En resumen, la intensidad del fen
meno inmigratorio en ambos pases se
mide en estos guarismos: en la nacin
del norte, a lo largo de 111 aos, 26
millones de extranjeros se agregaron a
9 millones y medio de habitantes (rela
cin de 3 a 1); en la repblica del sur,
en 74 aos, 4 millones de extranjeros
vinieron a convivir con un milln de
nativos (proporcin de 4 a l)3.
Pero, en la zona rural debemos
agregar dos factores ms que con
vergieron, tambin en gran escala,
a la formacin de esta nueva clase
social. Por un lado la relativa coloni
zacin que se inici en ciertas zonas
del pas, el litoral especialmente, y por
el otro la sustitucin paulatina, en la
economa pecuaria, del ganado vacuno
por el lanar. Ambos hechos, al produ
cir una relativa subdivisin en la pro
piedad territorial, aumentaron lgica
mente el nmero de pequeos produc
tores y al mismo tiempo impulsaron la
vida comercial y profesional en los cen
tros rurales. La incidencia de la coloni
zacin en este fenmeno es por dems
conocida, resultando exacta la afir
macin de Gastn Gori, cuando se
refiere a sus implicancias polticas:
Si el desierto origin los caudillos
feudales, las colonias de inmigran
tes agricultores, semi-analfabetos la
mayora, sin estabilidad en la tierra
y con la inmediata necesidad de reunir
capital, no podan originar sino los ele
mentos para una problemtica de la de
mocracia4-*. En lo que respecta al lanar
nos remitimos al juicio de Jos Mara
Jurado, en aquel entonces presidente
de la Sociedad Rural: Mientras que
con el ganado vacuno silvestre la cam
paa tena una tercera parte de pobla
cin que la ciudad y con el ganado
manso una poblacin igual o poco me
nos, con la oveja alcanza hoy una po
blacin el doble que aqulla quinien
tos mil habitantes y con una super
ficie que no es sino cuatro veces ma
yor que cuando tenamos de 40 &
45.000 (habitantes)6.
rr stos hechos, en consecuencia, fue-
* ron configurando cuantitativamente
a nuestra clase media, y en la medida en*
que ella fu tomando conciencia de su
importancia numrica fu presionando
sobre las estructuras polticas y econ
micas reinantes, para lograr su mayor
democratizacin. Las relaciones de pro
duccin existentes, basadas primordial
mente en el latifundio y en la situa
cin de dependencia con respecto al
mercado de Londres, se fueron convir
tiendo en trabas para el desarrollo y ex
pansin de esta nueva fuerza social, y
a medida que las necesidades de la cla
se media se iban convirtiendo en exi
gencias de toda la nacin para mante
nerse en el sendero del progreso, la nue
va fuerza social se converta en el expo
nente ms avanzado del pas, es decir,,
en negacin concreta del statu-quo rei
nante. Desde este punto de vista, la cla
se media, se converta, a su vez, en la
conductora de las dems fuerzas socia
les, que se encontraban en la misma si
tuacin de enajenacin con respecto a
las estructuras materiales existentes. La
clase media argentina retomaba, ei*
consecuencia, el sendero del progreso,
* El mismo Gori, sin embarga, se encarga
de demostrarnos la limitacin de tipo antidemo
crtico que tuvo la colonizacin en nuestro pas |
4iLa relacin tierra-inmigrante, que se propugn
en la teora del combate contra el atraso econ
mico y la falta de poblacin, se transform de
inmediato en la relacin prctica tlerra-terrate
niente-inmigrante.


A. DEL VALLE Y EL SURGIMIENTO DE LA CLASE MEDIA
87
que la burguesa terrateniente haba
abandonado al disociar sus intereses
particulares de los intereses generales
del pas.
Las etapas en la formacin del
partido popular:
La progresiva cohesin interna que
iba adquiriendo la clase media la em
puj a buscar su aglutinacin en una
estructura poltica que le sirviese de ins
trumento para su ascenso al poder. Es
te objetivo se ver concretado en 1891
con la formacin definitiva de la Unin
Cvica Radical. Pero, con anterioridad
a este hecho se escalonan una serie de
esfuerzos tendientes al mismo fin que
constituyen, a ms que una fuente pri
mordial de investigacin histrica, los
puntos de partida y las bases del radi
calismo actual. El club 25 de Mayo,
dentro del autonomismo alsinista, el
Partido Republicano y la tentativa de
un Partido Autonomista Nacional de
caractersticas democrticas promovida
por Sarmiento, son los mojones de este
proceso que analizamos, y que presenta
aristas altamente significativas.
Estas tentativas previas de formacin
de un partido democrtico y nacional
a que nos estamos refiriendo presentan
dos rasgos fundamentales; en primer
lugar, dichas organizaciones no llegaron
a representar numricamente a la nue
va clase media que surga ni a los res
tantes sectores populares del pas. En
este sentido', se mantuvieron dentro de
los mismos marcos de escasa representa-
tividad popular en que se movan las
clases gobernantes, es decir, en el juego
de las lites. Por el otro lado, las agru
paciones que analizamos, diagraman en
el aspecto programtico e ideolgico
enunciaciones de tal magnitud, que se
r necesario que pasen muchos aos pa
ra que sean igualadas por las agrupa
ciones polticas argentinas, y aun as, a
nuestro criterio, aun hoy no han sido
superadas en su sentido por los partidos
polticos de signo reformista6. Posible
mente el hecho de no haber tenido que
subordinarse a los instintos y reaccio
nes primarias de una gran masa de ad-
herentes, haya permitido a los hombres
de estas agrupaciones una mayor liber
tad en su trabajo de enunciacin te
rica.
L
a Unin Cvica Radical, en cam
bio, ser una gran entidad poltica
que aglutinar en su seno a casi toda la
capa media de la poblacin. Es en este
sentido el primer partido representativo
con que cuenta el pas, y la primera
estructura poltica de caractersticas de
mocrticas de Argentina. Pero, en su
formulacin programtica, en el anlisis
de los problemas del pas y en la capa
cidad tcnica de sus hombres, represen
ta un sensible retroceso con respecto a
las agrupaciones que mencionramos
precedentemente.
i a Unin Cvica Radical, abandona-
' ra el examen concreto de las cau
sales estructurales que impiden la de
mocratizacin del pas, para restringir
se, exclusivamente, a la lucha por el su
fragio popular, enuncindolo con for
mulaciones anodinas de mero carcter
tico7. Desde este punto de vista, el
radicalismo no podr superar los prejui
cios primarios de las clases que repre
senta y se dejar arrastrar muellemente
por ellos. Al mismo tiempo, la falta de
hombres con conocimientos tcnicos pa
ra la funcin de gobierno lo obligar
una vez en el poder a establecer una
suerte de co-gobierno, en el que aban
donar los puestos claves en materia
econmica en manos de los hombres
del funesto Rgimen que viniera a
suplantar.
As, tambin, en el terreno ideolgi
co, el radicalismo suplanta la concep
cin realista de los grupos polticos que
le precedieron, y que estaba basada en
la experiencia terica y prctica de los
sectores de la burguesa nacional ame
ricana, por una nueva cosmovisin de


COMENTARIO
netas raigambres idealistas. Para Alem
y los fundadores de la cultura poltica
radical argentina, la accin poltica no
se abstrae de la exigencia principista,
sino que la realiza como un imperativo
de la moralidad precedente de la con
ciencia. La conciencia al aplicar sus
ideales, resuelve sus problemas y resuel
ve los problemas del mejoramiento so
cial, introduciendo la moral en el or
den de la poltica y de la vida 8. Si la
revolucin redentora deba comenzar
por la conciencia de los hombres, para
de ah, reflejarse, mecnicamente dira
mos, en las estructuras econmico-socia
les, el primer paso el radicalismo de
ba ser, en consecuencia, el entrena
miento de la idea moral en el go
bierno del pas. La abstencin era, en
consecuencia, el medio tico de arribar
al Estado, y la intransigencia era la ex
presin d repudio a los hombres del
Rgimen funesto. Claro est que la
intransigencia slo era vlida en lo po
ltico, que era lo fundamental, y no en
lo econmico, que sera algo accesorio,
y a lo cual se llegara una vez asegurado
el primado de la idea moral. As, en
la prctica poltica concreta, la UCR,
no acept alianzas con otras agrupacio
nes electorales, pero, siendo gobierno,
no tuvo inconveniente en dejar en ma
nos de sus enemigos polticos, las pa
lancas de la economa del pas. Para
realizar sus fines polticos los radicales
prescindieron de lo programtico, que
como afirma Gramsci, es la elaboracin
de la estructura material en superestruc
tura en la conciencia de las masas, por
que ellos se proponan lo inverso, es de
cir, modificar el orden social desde arri
ba, desde la revolucin tica produci
da en la conciencia de los hombres. El
misticismo y el voluntarismo, resultan
tes de la abstencin electoral y poltica,
eran en consecuencia los instrumentos
coherentes para la realizacin de sus
objetivos filosficos. El Radicalismo en
el poder procur la democratizacin del
pas en lo poltico-institucional, pero al
dejar inclumes las bases econmico-
sociales de sustentacin de la oligarqua
terrateniente, dej l campo libre para
su propia destruccin como gobierno.
laro est, que gran parte de la res-
'k-'/ ponsabilidad por el posterior fraca
so de la esperanza renovadora que signi
fic el radicalismo les cabe a los hombres
que, comprendiendo cabalmente los pro
blemas dl pas, se separaron del parti
da popular en las primeras etapas de
su formacin. Educados en la escuela
de un liberalismo de lite, no supieron
integrarse en una organizacin que les
exiga, al mismo tiempo que cierta dis
ciplina, una relativa subordinacin a las
exigencias de las clases populares. La
misma crtica cabe a quienes, como Li-
sandro de la Torre, hicieron, posterior
mente, abandono del radicalismo.
Si nos parece de fundamental impor
tancia la valoracin de Aritbulo del Va
lle, es porque fu el nico, quizs, que
trat, infructuosamente, de realizar la
sntesis de ambos elementos divergen
tes: el partido popular programtico.
El pensamiento econmico^poltico
de Astbulo dl Valle:
Aristbulo del Valle es, en lneas ge
nerales, un producto del liberalismo de
Alberdi, Sarmiento, Lpez y Fragueiro.
Sus estructuras mentales se mueven
dentro del marco filosfico implantado
por la burguesa triunfante en el mun
do a partir de la Revolucin Francesa.
Pero, su diferencia fundamental con
respecto a los hombres de la Organiza
cin Nacional, estriba, primordialmente,
en la comprensin que adquiri Del
Valle del carcter dependiente de nues
tro pas. De esta manera su pensamien
to no se enajen en utopas futuras, si
no que se afinc en las contradicciones
concretas que ofreca la realidad polti
co-social argentina. Coincidi, sociolgi
camente, con Alberdi, en el rechazo al
esquematismo simplista de la anttesis
civilizacin y barbarie, y con Sarmien-


A. DEL VALLE Y EL SURGIMIENTO DE LA GLASE MEDIA
89
to en la necesidad de reformar las ar
caicas estructuras agrarias. Pero, si Al-
berdi radic la enajenacin de la socie
dad argentina, en el falso concepto co
lonial que tena del trabajo social, y
si Sarmiento la ubic en la deficiente
organizacin agraria y en la falta de
educacin, Aristbulo del Valle, sinte
tiz ambos conceptos, amplindolos con
la visin de la necesidad de la constitu
cin de un Estado proteccionista, que
impulsase el desarrollo industrial, so
bre la base de la capitalizacin de la es
tructura agropecuaria. Es en este
sentido, que afirmamos que la ideo
loga de la clase media se integraba con
la marcha del progreso, lo cual a su vez
la impregnaba de un matiz creador.
Esta caracterstica que la clase media
-expresaba a travs del pensamiento de
Del Valle, se perfilaba ntidamente an
te e'1 carcter de la oligarqua liberal,
que Vias9 acertadamente califica de
consumidora en materia cultural e
ideolgica, precisamente porque, a la
vez que abandonaba toda intencin de
desarrollo nacional en materia econ
mica, se subordinaba en lo espiritual a
Jas inspiraciones que le llegaban de otro
continente.
c l punto clave en la comprensin
' del pensamiento econmico-poltico
de Del Valle, est dado por su rechazo
del librecambio, como concepcin ina
decuada y altamente perjudicial para la
marcha ascencional del pas. Nada ms
claro en este sentido que el debate so
bre enajenacin de las Obras de Salu
bridad sostenido en el Senado de la
Nacin con el ministro de Jurez Cel-
man, Eduardo Wilde10. En dicha oca
sin Del Valle impugna por primera
vez la conjuncin Adam Smith-Herbert
Spencer, que se haba constituido en el
basamento obligado de toda la poltica
-de la clase gobernante. En el debate
mencionado, Del Valle sienta claramen
te la tesis de la necesidad imperiosa del
proteccionismo estatal, con lo cual no
hace otra cosa que seguir el ejemplo
de Estados Unidos, expresado funda
mentalmente a travs de la guerra ma
nufacturera sostenida con la Gran Bre
taa. As lo expresaba claramente Cal-
houn, uno de los portavoces del na
ciente nacionalismo econmico ameri
cano: El comercio y la agricultura que
hasta hace poco eran las nicas fuentes
de riqueza, siguen siendo hoy las prin
cipales Ambas dependen de merca
dos extranjeros. Cuando nuestras ma
nufacturas alcancen su natural creci
miento, como lo harn con la proteccin
del gobierno. ., el granjero encontrar
un mercado listo para colocar sus pro
ductos; y lo que es lo msimo, un se
guro y barato suministro para sus nece
sidades El brazo del gobierno debe
actuar. u.
El proteccionismo estatal significaba
en Del Valle reconocimiento del carc
ter dependiente de nuestra economa,
y necesidad, al mismo tiempo de supe
rarlo. Efectivamente el pas alcanzar
todos estos beneficios con relacin a la
generacin presente; esto es lo que se
ve, pero lo que no se ve, lo que est
ms all, es el porvenir de nuestro pas
que cada da y en cada uno de estos ac
tos se compromete sin pensar que pue
de llegar un momento en que la Rep
blica Argentina no sea sino un pueblo
como Irlanda, cuyos propietarios estn
en Inglaterra disfrutando de cuantiosas
rentas, mientras que los labradores que
cultivan el suelo apenas logran alcanzar
el pan de cada da".
La cuestin de Irlanda ha sido y es
una cuestin esencialmente agraria, y
queda planteada diciendo que tres cuar
tas partes del territorio de Irlanda no
pertenece a los irlandeses13.
a ruptura de la relacin de depen-
' dencia con Inglaterra exiga, en pri
mer lugar, la realizacin de una firme
poltica industrialista. Del Valie fu uno
de los promotores de aquel famoso mani
fiesto del P. A. N. del 78 que expre-


90
COMENTARIO
saba, como una de sus ms sentidas rei
vindicaciones, la de promover las in
dustrias que nos liberaran del dominio
del extranjero. Al mismo tiempo, des
de el Ministerio de Gobierno de la Pro
vincia de Buenos Ares, inspirar el
mensaje del gobernador Alvaro Barros:
De las escuelas de arte saldrn los IB
dustriales laboriosos e inteligentes que
han de transformar en artefactos adap
tables a nuestra civilizacin y a nues
tras necesidades, la materia prima que
hoy vendemos a vil precio en los mer
cados europeos, para adquirirla ms tar
de valorizada por la manufactura y re
cargada con los gastqs de transporte y
con el pago de monstruosos derechos
aduaneros18. Desde el diario El Na
cional realiz, conjuntamente con Mi
guel Ca, una de las campaas indus
trialistas de mayor vigor en el pas, que
se sintetiz en aquella conocida profe
sin de fe: tener o no tener indus
trias es tener o no tener progreso.
' El proceso de industrializacin deba
necesariamente estar acompaado de
una progresiva lucha por la elimina
cin de las estructuras precapitalistas
existentes' en el campo, basadas en tel
gran latifundio. De esta manera, al mis
mo tiempo que se introducan, las rel- ;
cins capitalistas .en el campo con un
criterio democrtico a la manera- de
Estados Unidos, js) destrua SaMbase
material de sustentacin de los grupos
gobemantes.tpa actitud de Del Valle,
fu igualmente clara en esta materia.
por regla general no es ventajosa
para l' nacin que aun los individuos
que habitan|§u suel posean grandes
reas de tierra, lo es mucho menos cMmm
do los ^propietarios son sociedades, in
dividuos o entidades que .no le perte
necen o que residen en el extranjero.
"La leccin es antigua, es la leccin
de la decadencia de Roma; fueron los
grandes fundos los que perdieron a la
Italia, como dice Plinio: "Lat fundii
perdidere Italiam.
Estamos amenazados en nuestra or
ganizacin social con las propiedades do
200 300 leguas, qje en la actualidad
no representan sino la barbarie... 14.
R\ el Valle ye^ como antes Alberdi,
el centro de esta poltica antina
cional en la provincia de Buenos Aires,,
es Ideciff en, sris grandes terratenientes.
La provincia de Buenos Aires, puesto
que voy a hablar con dureza y no quie
ro ofender en lo ms mnimo la suscep
tibilidad de los representantes de otras
provincias..., ha estado barbarizada
durante cincuenta aos, a consecuencia
de la legislacin de tierras, que ha per
mitido constituir feudos de doce, cator
ce, veinte y cincuenta lgds- hacien
do el desierto e su propio suelo, impo
sibilitando ^ el roce de los hombres, in
habilitando todos los elementos de la
civilizacin en su aplicacin a la cam
paa porque la justicia se ejercita, co
mnmente, en medio de despoblacio
nes, imposibilitando la educacin, por
que no hay escuela posible cuando es
tn los nios dispersos a veinte leguas
detiistanci los unos de los otros18.
rz sTa concepcin econmica permiti1
a Del Valle una correcta y coheren
te ubicacin en el campo poltico. De-
iil^st decir que, en este terreno, com
parti todas las aspiraciones que plante,
^fea^,d Ia Unin Cvita Radical,
el movimiento popular. Estuvo presen
te en todas las luchas entabladas en de
fensa de las libertades pblicas, del
sufragio universal, del laicismo, en fin,
de la democratizacin del estado y dla
cultura. Las divergencias fundamenta-
d Del Valle con los hombres del
radicalismo radicaron principalmen
te en la estructuracin terica y tcni
ca del partido, y en la tctica a seguir
por el mismo. Del Valle rechaz conse
cuentemente la actitud de abstenicio-
nismo e intransigencia proclamada por
Alem e Irigoyen, y propugn Una ac
tividad de esclarecimiento, interrelacio
nada con la aceptacin de la lucha pcti-


A. DEL VALLE Y EL SURGIMIENTO DE LA CLASE MEDIA
91
ca en todos los terrenos. De ah sus di
vergencias en la conduccin del movi
miento revolucionario del Parque, en la
posterior divisin de la Unin Cvica y
en 1893, con motivo del ofrecimiento a
los radicales para integrar l gabinete
de Senz Pea. Pero estas divergencias,
justificadas en la mayor parte de los ca
sos, no impidieron que Del Valle com
prendiera la esterilidad de toda accin
poltica que prescindiera del apoyo del
partido mayoritario. Es por esta razn,
que a pesar de las disidencias citadas,
Del Valle requiri siempre la colabora
cin de los radicales en sus planes po
lticos y que, en ltima insntancia, pre
firi el ostracismo a la actitud divisio-
nista que caracteriza a los fundadores
de pequeos grupos polticos.
Su actitud pro-radical aparece ms
clara que nunca en el transcurso de su
gestin al frente dl gabinete de Luis
Senz Pea, como ministro de Guerra
y Marina. Toda su actividad ministerial
se volc en la proteccin de las revolu
ciones radicales triunfantes en Buenos
Aires, Santa Fe y San Luis. As lo ex
presa La Nacin, en uno de los edi
toriales de la poca: Pero de todos los
indicios contemporneos, a despecho de
lo que los documentos oficiales alegan,
se deduce que el talentoso ministro de
Guerra y Marina quera dejar triunfan
tes las revoluciones radicales de Buenos
Aires, Santa Be y San Luis como las
otras que se gestaban ya y que no tar
daran en producirse para levantar so
bre esas bases los nuevos gobiernos sin
la accin de imparcialidad fiscalizadora
que corres
nal16.
U emos tratado de dar, en apretada
' sntesis, un panorama de la ideo
loga econmica y poltica que la inci
piente clase media argentina expres
por uno de sus ms caracterizados re
presentantes. En este esbozo hemos pres
cindido de una serie de aristas del pen
samiento y la accin de Del Valle igual
ponda al gobierno naci-
mente importantes, como, asimismo, de
una valoracin crtica de algunos aspec
tos no tan ajustados de su ideario.
Cabe agregar que los esfuerzos de
Del Valle estuvieron a punto de con
cretarse en 1896, cuando su nombre fu
proclamado para la presidencia de la
repblica por una conjuracin podero
ssima de las fuerzas populares antiro-
quistas. Su inesperada muerte frustr
tan alentadora esperanza, y con ello
posterg indefinidamente la liberacin
nacional y democrtica por l alenta
da. Su discpulo dilecto, Lisandro de la
Torre, al no comprender la mdula de
la concepcin poltica delvallista rela
cin estrecha con el partido popular
finaliz sus das en un solitario com
bate con las fuerzas que haba procu
rado abatir en el transcurso d^ toda su
carrera poltica.
BIBLIOGRAFIA
(1) Jos Luis Romero: Argentina, Imgenes
y Perspectivas, Editorial Raigal, Buenos Aires,
1956.
(2) Censos Nacionales de 1869 y 1895.
(3) Sergio J. Bag: La clase media en
Argentina en Materiales para el estudio de la
clase media en Amrica Latina. Publicaciones
de la Oficina de Ciencias Sociales, Unin Paname
ricana, Washington, Tomo I, 1956.
(4) Gastn Gori: El pan nuestro. Panora
ma social de las regiones cerealistas argentinas,
Ediciones Galatea-Nueva Visin, Buenos Aire3,
1958.
(5) Jos Mara Jurado: La estancia en Bue
nos Aires, Tomo IX de los Anales de la Sociedad
Rural Argentina, Buenos Aires, 1875.
(6) Estos programas publicados en los diarios
de la poca pueden consultarse ntegramente en
Luis V. Sommi: Hiplito Irigoyen: Su vida y
su poca. Editorial Monteagudo, Buenos Aires,
1947.
(7) Los programas radicales de la dcada del
90 pueden verse en Gabriel del Mazo: el Radica
lismo: Ensayo sobre su historia y doctrina. Edi
torial Gure, Buenos Aires, 1954.
(8) Introduccin de Gabriel del Mazo: Lean
dro Alem: Autonomismo y Centralismo, Edito
rial Raigal, Buenos Aires, 1954.
(9) 'Ismael Vias: Orden y Progreso en
Contorno, N9 9-10, 1959.
(10) Diario de Sesiones del Senado de la Na
cin. 2 y 8 de julio de 1887..
(11) H. Carey Hockett y A. Meier Schlesin-
ger: Evolucin Poltica y Social de los Estados
Unidos, Editorial Kraft, Buenos Aires.
(12) Senado de la Nacin, 19 de octubre de
1883.
(13) Registro Oficial de la Provincia de Bue
nos Aires, ao 1875, pgina 138, Imprenta del
Mercurio, 1875.
(14) Senado de la Nacin, 19 de octubre de
1883.
(15) Ibidem. 14 de octubre de 1882.
(16) llLa Nacin ante la poltica interna del
nas, nmero aniversario, 180-7-4 de enero-
*945.


DOS POEMAS HEBREOS
HIJA DE ISRAEL
JAIM NAJMAN BIALIK
Si hay un engaste vaco en tu corona,
guardo en mi mano la 'piedra que le
[cuadra
y si completa est la engastadura,
le aadir un suplemento mo.
Conmigo llevo una preciosa piedra,
[amor es su nombre.
Levntate y apodrate de ella,
prefirelo al resto de tus joyas
y ser la principal de tu hermosura.
Y creme que una nueva luz centellear
sobre sus compaeras,
y con muchos y nuevos colores
aumentar la luz de tu existencia.
Tambin las estrellas entonces te
[ guiarn
nuevos guios que desconocas,
y otra meloda escuchars
entre los mltiples cantos de tu alma.
Por las estrellas de Dios, te juro,
que es una piedra perfecta y pura;
ni una mnima mella hallars
aunque la observes a la luz de siete
soles.
Mi madre, cuyo recuerdo es mi coraza,
me ense a dominar el corazn,
y, a guardar callados tesoros
en sus silenciosas profundidades.
Y el sbado, apenas se santifica la
noche,
encenda mi madre siete velas,
que por siempre mi alma penetraron
con su luz humilde, su fulgor sagrado.
Sin aderezos ni afeites,
mi sencillo corazn te ofrezco;
solamente una pequea bendicin te
[traer:
una encendida partcula de la luz de
[Israel.
LA OBRA de Jaim Najman Bialik ha trascendido el mbito literario, ya que al en
contrarse con las esencias del judaismo tradicional, la embebieron en las ms puras
ambiciones redentoras del pueblo hebreo. Es por ello que Bialik es considerado co
mo poeta nacional de la Israel de nuestro tiempo. De Bialik, poeta y polgrafo su traduc
cin del Quijote al hebreo le vali la designacin de miembro correspondiente de la
Academia Espaola, presentamos el poema Hija de Israel, que compusiera a los treinta
aos de edad, es decir, en 1903.
La versin castellana de los poemas es de Isaac y Jos Isaacson.
92


HIJA MIA
ZALMAN SCHNEUR
Hija ma, me 'preguntas
cul es el secreto de la muerte,
y mejor fuera que me preguntaras
cul es el secreto de la vida.
Temerosa contemplas los muertos,
y yo,
a quienes nacen
debajo de los cielos.
Y si quieres escuchar
una tenue interpretacin
de tu pregunta,
abrzame,
y al atardecer,
cuando enloquecen las sombras,
te narrar un cuento
que so,
o invent,
o le en vetustos pergaminos.
Dos demonios,
la vida y la muerte,
trabaron un pacto para jugar
con enanos.
Yo los crear
y t los aniquilars,
y as tendremos un juego
de murientes y nacientes.
Uno crea hombres palpitantes
y los arroja
al flido tiempo
que golpea sus olas;
el otro los acoge y los aplasta,
y la corriente
arrastra sus cadveres
al sinfn de las tinieblas.
Con su hermoso juego
juagan los demonios, y nosotros
como muecos aterrorizados
danzamos frente a ellos.
Vivir es malo y amargo,
morir no queremos;
no sabemos qu es mejor
ni el por qu de su existencia.
/Pero oye, hija ma!
Llegar el tiempo
y se hastiar de su juego
el alma de los titanes,
y volarn hasta el infinito,
destrozando,
antes de su vuelo,
la masa palpitante de sus viejos
juguetes.
Y volarn al sinfn
en busca de nuevos juegos
desenfrenados,
salvajes,
majestuosamente rugientes
y terribles.
Y muchos,
muchos das luego de su vuelo,
sobre la tierra desolada
vagar
el polvo de nuestros corazones.. .
Hija ma, me preguntas
cul es el secreto de la muerte
y mejor fuera que me preguntaras
cul es el secreto de la vida.
Temerosa contemplas los muertos,
y yo,.
a quienes nacen
debajo de los cielos.
ZALMAN Schneur, recientemente fallecido, es un poeta que no cabe con facilidad en
las clasificaciones que proponen los crticos. Temperamental y apasionado, Schneur
supo equilibrar su demonismo con una visin metafsica, y compensar su estro ro
mntico con la exactitud de las estructuras formales y la armoniosa msica de sus ver
sos. A los valores intrnsecos de su obra aade su condicin de renovador de la lengua
hebrea. El poema que publicamos forma parte de su libro Puentes (Gesharim), cuyo colo
fn est fechado en 1922.
93


LOS ERUDITOS DE LA CONQUISTA Y EL ORIGEN
DEL HOMBRE AMERICANO
ANA BIRO DE STERN
ENTRE LOS tantos problemas que se
suscitaron muy pronto con motivo del
descubrimiento del Nuevo Mundo, los
que se refieren al origen de la poblacin na
tiva de este continente ocuparon de un modo
especial el inters de eruditos clrigos y hom
bres de letras. La curiosidad, que siempre
fu promotora esencial de las investigaciones
cientficas, tuvo tambin su parte en esta
oportunidad, llevando a los entendidos, con
la ayuda de los escasos conocimientos sobre
etnografa, lingstica, geografa e historia,
que a la sazn se posea, a desarrollar ms
de un esfuerzo con el fin de descifrar el
enigma de la procedencia de esta curiosa
raza, que no se pareca a ninguna de las
conocidas hasta entonces. La indagacin as
empezada contina hasta nuestros das, sin
que hasta el presente se haya podido dar
una respuesta definitiva y segura y sin que
dejen de seguir tejindose teoras y argu
mentos de mayor o menor aceptacin.
Nos referimos aqu a algunas de estas teo-
LA HISTORIA desde un ngulo apasionante;
el perfil de la leyenda hecha crnica de
aventuras; todas las etapas que conflu
yen en el aspecto originarlo de los aborgenes
del Nuevo Mundo, as como sus relaciones con
la lingstica, la geografa y la historia, han
dado pbulo a una abigarrada literatura, a
ratos cientfica y por momentos novelesca.
De todos esos elementos se ha valido la se
ora Ana Blr de Stern. Nacida en Hun
gra, ha sido directora del Museo de Cien
cias Naturales de Corrientes, presidenta de la
Comisin Permanente de la UNESCO para la
promocin de la artesana popular, adems de
ser miembro de la Academia de Ciencias de
Bello Horizonte (Brasil). Public sus primeros
trabajos en los anales de las universidades de
nuestro pas, de Mxico, Brasil, Per, etc.
ras de la primera poca; curiosas, pintores
cas, absurdas o verosmiles que demuestran
la honda preocupacin de los eruditos y el'
ingenio con que trataban de justificar sus
convicciones.
La historia antigua ofrece muchos datos
interesantes, muy tiles para tejer con ellos
alguna hiptesis verosmil. Aristteles hace
referencia a una isla descubierta por unos
mercaderes cartagineses, descubrimiento que
el Senado orden mantener en secreto. El
padre Cabello Balboa narra que: Ciertos
mercaderes cartagineses con pretensiones de
ganar honra y reputacin en su Repblica,
levantaron unos navios y alzaron velas si
guiendo al sol hacia su ocaso y poniente v
gastaron en tal navegacin muchos das y
al cabo de muy prolijo navegar se vinieron
a hallar muy cerca de una grande y es
paciosa isla y su postura y amenidad les
convid a que saltasen de los navios en ella.
Y aficionados a sus buenas partes aquellas
gentes hambrientas de gloria dejaron en la
isla la copia que les pareci bastante para
perseverar y permanecer en aquella tierra, y
con lo dems dieron la vuelta a Cartago.
Lo interesante es que el Senado no slo
no les agradeci por las penurias pasadas, si
no que prohibi bajo pena de muerte divul
gar el descubrimiento y orden quemar to
dos los documentos referentes a ello, por el
temor de que la gente impulsada por las
tentaciones abandonara el pas para ir a vivir
en las nuevas tierras descubiertas. As fu
como todo qued sepultado en el olvido, has
ta que Aristteles lo menciona. Ahora bien,
aquella isla bien pudo haber sido la Espa
ola o por otro nombre conocida como Santo
Domingo.
Indudablemente existen varias coinciden
cias en usos y costumbres. Se sabe, por ejem-


LOS ERUDITOS DE LA CONQUISTA
95
jplo, por Eneas, que los cartagineses recorda
ban sus Lechos histricos en pictografas. As
lo hacan tambin los aztecas y otros pueblos
le Amrica. Son conocidas las magnfica*
construcciones que tuvo Cartago; de la mis
ma manera abundan en Amrica los monu
mentales templos y palacios. Por lo cual se
-deduce que ambos pueblos adoraban a do
los crueles, a los que ofrecan sacrificios hu
manos. Tan sugestiva ha sido esta idea para
los espaoles que a una de las ciudades fun
dadas por los primeros conquistadores le die
ron el nombre de Cartagena.
Los siglos del Renacimiento estaban im
pregnados de las influencias helenistas, de
cuyo hechizo era difcil sustraerse. Se saba
-que los griegos eran eximios navegantes y
que hubieran podido arribar a las costas de
Amrica. ¡Cuntos rasgos comunes no se les
poda encontrar con los indios del Per in
caico! Unos y otros tenan gran aficin por
la oratoria, el recitado, y erigan monumen
tos de una arquitectura slida y sabia. Ms
claras an son las pruebas filolgicas; exis
ten, en su lxico, palabras griegas puras co
mo, por ejemplo, mama-madre, tata-padre,
theos-dios, etc. etc.
Por increble que parezca, esa curiosa in
dagatoria subsisti casi hasta nuestros das.
En los primeros aos de nuestro siglo, un
ilustre sabio brasileo se sinti muy intri
gado por el supuesto secreto significado de
ciertos dibujos grabados en unas rocas dis
persas sobre las riberas en la cuenca del
Amazonas. Convencido de que se trataba de
vestigios dejados por los primitivos poblado
res, que eran los griegos y fenicios, invent
un alfabeto convencional a base de los dibu
jos y los substituy por los signos griegos
-y fenicios. As logr descifrar los jerogl
ficos. Como consecuencia de esos descifra
mientos afirm que en Brasil hubo una
gran civilizacin precolombiana, trada por
los inmigrantes helenos y fenicios. Estas in
migraciones remontaran a una antigedad
superior a 800 aos antes de la era cristia
na. Para muestra, tomemos, al azar, una ins
cripcin descifrada de una piedra del ro
Utuh-Amazonas. Dice as: Divino, prodi
gioso Jpiter, tan considerado por la huma
nidad, Salud! Dios Jpiter, Diosa Venus,
dioses y diosas: conducid a la Humanidad
-con bonanza y salvadla de las agitaciones
violentas; dadle paz al alma!. No todas las
inscripciones contenan exhortaciones a los
dioses; haba simples indicaciones de la ruta,
o mensajes a los rezagados. Huelga decir
que todo ello no es ms que fruto de la fe
cunda imaginacin del seor Silva Ramos.
Otra TEORA que estuvo en boga y que
ms ha apasionado los nimos, fu la
idea del origen espaol. Se dividan en dos
partidos. Unos, los vascos, han sostenido con
pruebas irrefutables que fueron ellos, la
misteriosa raza roja, quienes muchos miles
de aos antes que Coln descubrieron a
Amrica y que la poblaron con sus hijos.
Los espaoles, en cambio, se atribuan a s
mismos o mejor dicho, a los antiguos iberos,
la hazaa del descubrimiento del Nuevo
Mundo. As se explica el azar del descubri
miento de Coln por obra de la justicia di
vina: Espaa recuper lo que siempre ha
sido de su legtima propiedad.
El campen de esa teora del origen es
paol fu el muy ilustre oidor de Lima, Dr.
Don Diego Andrs Rocha. En su ya men
cionado libro desarrolla su teora con argu
mentos de toda ndole, llamando en su au
xilio nada menos que la autoridad de 140
escritores, demostrando as su extraordinaria
erudicin y su condicin de biblifilo in
cansable.
En el captulo segundo, Don Diego An
drs Rocha explica la forma de poblar a
Amrica, de la siguiente manera:
Que estas Indias Occidentales, despus
del diluvio universal, se comenzaron a po
blar por los descendientes de Jafet, hijo de
No; de Jafet descendi Tubal, quien pobl
a Espaa, y sus descendientes la ocuparon
y poblaron, y de ellos como estaban vecinos
a la isla Atlntica, vinieron poblando por ella
y llegaron a tierra firme que corre por la
parte de Cartagena... y fueron poblando...
la Cartagena hacia el norte y subiran... por
todo eso del rein de Santa Fe, costas de
Brasil... y todo lo que corre de estos llanos
hasta el Paraguay y Buenos Aires. Expues
ta as su teora sobre la genealoga de los
indios, examina las costumbres, ritos y pro
piedades de los primitivos espaoles, con
frontndolos con los de los indgenas de
Amrica y encontrando perfecta analoga y
correspondencia en todo y probando as lo
acertado de su teora.
Construye Rocha su monumental edificio


96
COMENTARIO
especulativo sobre cuatro clebres autores,
reales autoridades que fijaron las caracters
ticas de los antiguos espaoles. Son ellos
Celio Rodigino, fray Gregorio Garca, el
padre Alonso Venero y el licenciado Cepeda.
Luego apuntaba con otros escritores y con
su propia experiencia las semejanzas deta
lladas con suma minuciosidad, llegando a
la conclusin de que efectivamente los in
dios occidentales no podan ser otra cosa que
descendientes directos de los antepasados es
paoles.
Sus argumentos, harto variados y pintores
cos, comienzan sealando la abundancia de
materias primas y metales en Amrica, hecho
que presta verosimilitud a la bsqueda de
estas tierras por parte de los espaoles, de
seosos de abastecerse de dichos elementos.
La segunda "proposicin, como dice Ro
cha, es que los antiguos espaoles eran gen
tes muy aptas para la guerra. A ese prop
sito explica el buen Rocha diciendo que si
bien muchos indios no eran tenidos por tan
valientes, especialmente los que habitaban
las zonas trridas, otros en cambio que se
apartaban de la trrida zona eran valentsi
mos. Estos ltimos eran descendientes puros
de los espaoles, mientras que los tmidos
estaban emparentados con otros pueblos
menos resueltos.
Los antiguos espaoles eran resistentes al
hambre, a la sed y a las fatigas del trabajo
y muy ligeros y alertas en la guerra, lo que
era aplicable a los indios, gente que si tiene
guerra es vigilantsima y se est dos das y
dos noches sin remudar, ni dormir, slo mas
cando coca.
Fueron los antiguos espaoles de fieras
costumbres, nada domsticos y usaban man
tenimientos indignos y groseros, comiendo y
durmiendo en el suelo; en todo esto se ha
llaron tan conformes los indios que casi no
es necesario probarlo. Los indios comen en
el suelo aunque sean caciques, duermen
asimismo en el suelo pues an los ms po
lticos de Mjico, cuando mucho con un
poco de paja como colchn, argumento de
peso para el Dr. Rocha.
Por otra parte, los primitivos espaoles
despus del diluvio fueron brbaros y gran
des idlatras, y ni hubo ni hay nacin tan
inclinada a todo gnero de idolatra como
estos indios en su gentilidad.
Otra proposicin del Dr. Rocha es que
los primitivos espaoles sacrificaban hom
bres a lo dolos. Esta costumbre era tan co
mn entre los indios americanos que estn
llenas las historias de los execrables sacri
ficios que hacan de hombres y nios.
Los antiguos espaoles eran tambin abo-
rrecedores de las ciencias. En esto se avenan
mucho a los indios que padecan gran des
gano por las ciencias, los libros y las histo
rias, ya que slo hacan uso de unos quipos
que conservaban slo memorias recientes.
Por tal motivo, afirma Rocha, es fcil creer
que estos americanos tuvieron su origen en
los espaoles. Aade el Dr. Rocha que l
mismo ha odo referir a viejos espaoles
que en numerosas regiones de la pen
nsula los hombres de campo se entien
den con tarjas y nudos para sus cuen
tas, cosechas y otras cosas, siendo esto el
libro de su memoria que alude a los quipos
y nudos de esos indios.
Sera muy largo enumerar la abundante
serie de analogas. Mencionar slo la
semejanza en las armas, en la vestidura de
combate, en el uso del veneno en las fle
chas, en la pintura facial, etc.
Rocha dedica asimismo largas elucubra
ciones a la etimologa. Y en esta ciencia, la
ms resbaladiza de todas, hay mucho que nos-
parece gracioso o francamente irrisorio. Apa
recen muchos lugares, montes y vocablos
coincidentes de la primitiva Espaa y de
esta Amrica, dice Rocha, y enumera una
larga serie de muestrario de estos datos. Por
ejemplo, vocablos comunes en ambos idio
mas son entre otros: ac, all, ama, ancha,
cana, casco, cota, llama, macho, marco, mu-
la, guante, manta, pata, to, surco, pasto,,
etc. El nombre de Cuba, esta isla tan cele
brada, quin puede dudar que tom su
nombre del espaol cuba que significa vaso
grande en que se guardan los vinos? Del
puerto y villa de Andaluca, llamada Tarifa,
deriva el nombre de una de las provincias de
esta Amrica, llamada Tarija, bastarden
dose con el tiempo una letra, igual que Ta-
rama y la isla de Bahama que parecen alu
dir a la antigua Jarama de Espaa y Tupisa
de Tubisa. En cuanto a los nombres de
personas, uno de los incas se llam Sinch
Rocha, y Rocha es uno de los apellidos ms
antiguos de Espaa, que lleva el mismo Dr.
Rocha. Aado, dice el autor, que tambin


LOS ERUDITOS DE LA CONQUISTA
97
el nombre de Mango-Capac es primitivo de
Espaa, mango significa el cabo o principio
de alguna cosa y capac alude a capa. Oigan
ustedes ahora este gracioso argumento:
Cuando el indio se admira dice: ¡ah! y
cuando se re: ¡ah, ah, ah!; cuando agarra
uno a otro: ¡aha, aha, aha!, todo espaol,
o este otro: "la voz guai que da el recin
nacido indio tiene semejanza con la voz
castellana guai, aunque muy antigua y por
eso mejor".
Incontable es el nmero de razones en
que abunda el Dr. Rocha en su libro sobre
los usos y costumbres en que coincidan los
primitivos espaoles y estos americanos, pero
las referidas ms arriba bastan para demos
trar lo insostenible del mtodo empleado a
la luz de los rigurosos procedimientos cient
ficos modernos.
A otro erudito cronista de la poca, frav
Diego de Rosales, tambin le parece
muy probable y verosmil que pasaron los
espaoles a las Indias Occidentales por la
isla que antiguamente llamaron Atlntida,
la cual con un espantoso temblor se hundi
en el mar. No eran los espaoles tan cultos
y polticos como ahora dice^- sino suma
mente eran rsticos, grosseros y feroces en la
guerra y ass heredaron estas costumbres sus
descendientes. Y con la suspensin de la co
municacin con Espaa les falt de l toda
la enseanza y quedaron como oy vemos
los indios. Pero no degeneraron en el valor
que experimentamos en los chilenos y brasi
les, pues a stos los hallaron valerosssimos.
Y prosigue su pintoresca argumentacin,
el ilustre jesuta: La dificultad que pudiera
hazer la variedad de lengua, no haze fuerza,
que a cada passo se mudan las lenguas en
todas las naciones, y a pocos aos se desco
noce la primitiva. Y a la de el color, res
ponde Claudio Abbervilla: que el sol los
tuesta y los muda el color en amembrillado.
Y que en los Tupanambas, donde l andubo
predicando ao de 1612, vi que todos los
indios nacan blancos, pero que sus padres
los untan con un aceite, que reconcentrn
dose con el cuerpo los muda el color y los
pone amembrillados.
Y en la parte de Chile que tiene de tie
rra fra ay indios blancos. Y en Chile los
he visto tan blancos que parezen Espaoles.
Y assimismo junto con el Estrecho de Maga
llanes los ay con barbas y blancos, que si
vistiesen en trage de espaol los jugaran to
dos como tales y de Europa hay hombres
tan prietos que cotexados con estos Indios
parecen ellos indios y los indios Espaoles.
Naturalmente, desde el siglo XVII esta
hiptesis no tiene ms defensores, habiendo
sido, por el contrario, muy caracterstica en
los primeros tiempos de la colonizacin.
Los misterios que rodean la civilizacin
egipcia, tan singular y tan antigua, no pue
den menos que sugerir una posibilidad de
relacin con las no menos enigmticas cul
turas de los mayas-aztecas. La extraordinaria
atraccin de esta teora, basada en un gran
nmero de elementos culturales coincidentes,
se mantuvo fresca a travs de los tiempos;
ms an, hav actualmente una escuela et
nolgica con asiento en Manchester que se
dedica casi exclusivamente a las investiga
ciones sobre este tpico.
Indudablemente existe un complejo cul
tural anlogo entre ambas civilizaciones, que
nos llama poderosamente la atencin. Por
Tazones de espacio nos limitaremos tan slo
a enumerarlos: en primer trmino est la
adoracin del disco solar, del buitre y la ser
piente. La construccin de grandes monu
mentos, el cultivo intenso por el mtodo de
la irrigacin, la momificacin y sus ritos f
nebres, los tatuajes, la deformacin cranea
na, el empleo de la prpura, etc. Observe
mos, por ejemplo, la coincidencia de la erec
cin de grandes prticos dispuestos de una
manera peculiar y las estatuas colosales como
la Puerta de Sol de Tiahuanaco y las estelas
Mayas, o la distensin del lbulo de la oreja,
distintivo aristocrtico de los incas. El ca
lendario maya con su divisin del ao en
360 das y cinco complementarios, el em
blema de la swstica y muchsimos elemen
tos ms son idnticos a los que encontramos
en la cultura egipcia.
Quin y cmo los ha trado a nuestro
continente? Nada sabemos; tampoco pode
mos aceptar sin reservas y sin crticas estas
coincidencias aparentemente tan evidentes.
No han faltado cientficos que han sosteni
do que la expansin de los mencionados ele
mentos culturales se produjo a la inversa.
Es decir, que su cuna ha sido precisamente
aqu, en Amrica, y que luego han pasado, a
travs del Asia, a Egipto. La vitalidad de
estas ideas descabelladas la prueba un ar-


98
COMENTARIO
tculo aparecido en La Prensa en el ao
1925, en el que Soto Hall sostena que los
egipcios son mayas trasplantados al pas del
Nilo, nombre que sera de origen maya.
No poda faltar naturalmente una hipte
sis sumamente atrayente, el deus ex machi
na de los escritores de cierta imaginacin,
es decir, la relativa a los continentes perdi
dos: Atlntida y Lemuria. Conocemos la in
mensa bibliografa sobre esas misteriosas tie
rras; a favor de ella podemos imaginar que
sus habitantes, los que se salvaron de la
catstrofe, poblaron nuestra Amrica. Un
prestigioso escritor venezolano da hasta por
menores interesantes sobre la Atlntida.
Gran sensacin y asombro ha causado el
descubrimiento de los monumentos me-
galticos en Tiahuanaco, Bolivia, orurrido en
las primeras dcadas de nuestro siglo. En
aquella poca la arqueologa americana es
taba dando recin sus primeros pasos incier
tos y por eso de ninguna manera poda ex
plicarse el origen de esa civilizacin monu
mental y sorprendente. Entonces se hablaba
de la raza atlanta que haban sido presu
miblemente los habitantes de aquella regin
lacustre por espacio de unos 10.000 aos.
Un escritor alemn del siglo XVII era
partidario de cierta emigracin escandinava
o germana. En su libro escrito en latn, de
fiende tenazmente el origen germnico de
los indios. Tambin l encuentra muchas
costumbres americanas que coinciden con las
de los sajones y godos. Como ellos, tam
bin los indios acostumbraban a tener 12
jueces, tambin lavaban a los nios recin
nacidos en los ros; tenan mucha aficin al
juego y como ltimo argumento indiscu
tible menciona que en La Florida existe un
pueblo cuyo nombre es Alevardi, que es
casi igual como decir Longobardi.
Fray Gregorio Garca estuvo entre los re
ligiosos de la primera poca de la Conquista.
El impacto del encuentro con esa humanidad
misteriosa le oblig a largas cavilaciones.
Lo notable es que se dej guiar por las se
mejanzas fsicas y por eso ubic la cuna de
los indios en China. Las razones que ex
pone en su favor son las siguientes: "Hay
poca distancia desde la China hasta tierra
firme de Nueva Espaa, los pobladores de
uno y otro lugar se parecen en la fisonoma
del rostro y en la contextura fsica, aunque
los chinos aventajan a los indios en ingenio
y polica. En religin ambos son idla
tras, poseen calendario; los chinos usan una
escritura parecida a la de los guips perua
nos y sus signos recuerdan a los de los me
jicanos. En ambos pases abundan los hom
bres lampios. ..
Ms tarde una serie de estudios tratan de
probar que los chinos y japoneses tuvieron
noticia, desde muy remota poca, de la exis
tencia de Amrica y hasta mantuvieron re
laciones comerciales con los habitantes de
estas tierras. Lo cierto es que existe un tex
to histrico chino que se refiere a una ex
pedicin de cinco sacerdotes budistas en el
siglo V. Salieron de Samarcanda y llegaron
a un pas llamado Fu-Sang, que podra iden
tificarse con Amrica. Lo cierto es que en
Alaska han encontrado, bajo mucha profun
didad, monedas chinas del siglo VIII y en
Acapulco excavaron vasos de cermica pin
tados, idnticos a los vasos sagrados de Chi
na, y hay gran parecido entre los vasos de
Honduras y los bronces Tsin.
Un sabio ingls del siglo pasado, sostena
que una expedicin de Kublaikan que se di
riga al Japn fu dispersada por una tor
menta y las naves haban llegado hasta la
costa oriental de Amrica. All habran fun
dado el reino del Per.
Lo notable es que hasta nuestros das per
siste la creencia de que los indios y los japo
neses son una misma cosa. Es indudable que
entre cirtas razas indgenas existe mucha
semejanza fsica con los japoneses; y por su
parte, los fillogos han encontrado notables
afinidades entre los idiomas americanos y
japoneses.
Podramos seguir exponiendo muchas
otras teoras; pero con lo expresado se prueba
en grado suficiente la complejidad del pro
blema y lo difcil de su solucin. Hay una
teora, sin embargo, que merecera un trato
ns extenso: la del origen autctono del
hombre americano; teora que ha sido sos
tenida por nuestro gran sabio Ameghino.
Pero como dice Kipling: Ese ya es otro
cuento.


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' i Editorial : El A o Mundial del Refug r ado Jos P. Barreiro C m o Sarmient o y Juan B Ju s t o vi eron l os EE UU Fernando Guibert Los pl ei t os d e Am rica Latina Emilio L. Fajenheim L a e x istencia ju d a y e l Dios viv i ente Gregorio Sapoxnikow Rasg o s p qu i co s de la pers on alidad ju d a Bogdan Raditsa Fe r m e nto s e n la Espaa de Fra nc o Sergio Bag Los despla z am ie nt os de poblac in Luis Gudio Kramer Deute r nom io Do s poe ma s hebreos Carlos Mastronardi 1 Alfons o Re yes, me xi can o u n ive r s al Ezequiel Gallo Aristbu l o d e l Valle y la cla se m e dia arg e ntina Otras colaboraciones de : Adolfo Lans, Ana Biro de L.-------'"i te r n Jos Mendelson, Nar isse Leven, Mauricio Ro nthal y Baruj Bendersky y a u t O r e s. Co men t an : o Amor Gerardo G. Wainer ter, Strom Jameson, C M aricio y Juan Mauros AO 1959 SE
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Co n ces i o n a ri os p ara l a Arge ntin a TITUS, S. R. L. ALSINA 1621 Buenos Aires

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Sastreras de Medida St,r,roi Co1tctsionarios dt los a/amado, CASIMIRES Peitrt,rs Casa Central : CORRIENTES 999 Buenos Aires Sucursales en Buenos Aires: FLORES: Rivadavia 6699 BELGRANO: Cabildo 2280 Interior: ROSARIO SANTA FE PARANA TUCUMAN SALTA AZUL

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COMENTARIO Declaracin de propsitos Con la publicacin de COMENTARIO, el Instituto Judo Argentino de Cultura e Informacin se propo ne ofrecer al mundo de habla espaola una tribuna para el pensamiento y los problemas contemporneos, entre los cuales el tema judo ocupe sealado lugar. Sus pginas ofrecern hospitalidad a los puntos de vis ta ms diversos, bien entendido que la responsabili dad de stos ser exclusivamente de sus autores y que por consecuencia, no representarn necesariamente ni la opinin ni el punto de vista de la entidad editoro. Con esta publicacin, el Instituto abriga la firme esperanza de contribuir al esclarecimiento del proble ma judo que es parte indivisa del problema general humano. De tal suerte, pues, COMENTARIO constituir una contribucin positiva a la elucidacin de las ideas que preocupan al hombre de nuestro tiempo en Amrica COMENTARIO formar parte del programa de ac tividades regulares del Instituto Judo Argentino de Cultura e Informacin. Esta entidad, que aspira a la eliminacin de los prejuicios religiosos y culturales mediante un conocimiento recproco ms cabal entre los distintos grupos humanos, pretende informar al mundo lector sobre todo cuanto concierne a los judos que, como comunidad, constituyen un innegable fac tor de cultura y convivencia social INSTITUTO J l T Do ARGENTINO DE CuL TURA E INFORMACIN

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COMENTARIO A:~O VI SEGUNDA ENTREGA 1959 N9 23 MxIMO G. YAGUPS'lt.T Director Registro Nacional de la Propiedad. Intelectual N 9 573 893 SUMARIO El Ao Mundial del Refugiado Editorial Cmo .Sarmiento y. Juan B. Justo vieron los :E:E. UU. Los pleitos de Amrica Latina La existencia juda y el Dios viviente Rasgos psquicos de la personalidad juda Fermentos en la Esp a a de Franco Las colonias agrcolas jwdas en la Argentina a los setenta aos de su fundaci6n: En los eriales de Palacios Orgenes de la colonizacin juda Deuteronomio "Plumit a en las cuadr e ras de Domnguez Cue,nto Nosotros, los trabajadores Amrica Latina Hoy : Hombres y Problemas Los desplazamientos de poblacin en la Argentina Aristbulo d e l Valle y el surgimiento de la clase media Jos P Barreiro Fernando Guibert Emilio L. Fajenheim Gregario Sapoznikow Bogdan Raditsa Jos M endelson N arcis s e Leven Luis Gudio Kramer Baruj Bendersky Adolfo Lans Sergio Bag argentina Ezequiel Gallo Dos poemas hebreos Los eruditos de 1a conquista y el origen del hombr e americano La otra hermana Libros y autores Com e dia dramtica, 2 9 acto Ana Biro de Stern Mauricio Rosenthal 5 13 19 25 37 42 53 55 58 62 70 77 81 85 92 94 99 Alfonso Reyes mexicano universal Carlos Mastronardi 111 A pr e psito de "Espaa un enigma histrico", de Claudia Snchez Albornoz Jos Blanco Amor 115 Comentarios por Gerardo G. Wainer, Carlos Winter, Strom J a meson, Cristina C. M. de Aparicio y Juan Mauros Edicin del INSTITUTO JUDO ARGENTINO DE CULTURA E INFORMACIN 117 CONSEJO EJECUTIVO: MARIO ScHTEINGART, presidente; lcNACIO WINIZKY, CARLOS J. KoRIMBLUN y MAURICIO SLuTZKY, vicepresidentes; SAMUEL TARNOPOLSKY, secretario general; BENJAMN STULMAN y JAIME A. SrncERMAN, secretarios; H UMBERTO MrncEs, tesorero gener a l; MARCOS BRAcUINSKY Y NuMo WERTHEIN, tesoreros; JORGE BRuETMAN, Juuo KoRN MAURICIO KuRCHAN, ALEJANDRO LuTZKY, Gu1LLERMO ScHEJTMAN, GUILLERMO ScHLESINGER, ADOLFO WEIL Y MxIMo YAGUPSKY, vocales. COMEINTARIO: Revista tr.im e stral. Qu e dn hecho el depsito que pr e viene la ley 11. 723. Copy. rigbt by INSTITUTO JUDIO ARGE))!TlNO DE CULTURA E lNFORMACION B1,enos Airee, con derechos exclusivos para la Arg e ntina de los u.rt1culos que se publica.o en las revistas "Co=e;tary" d e Nueva York y "Evlden c es" de Pu.r!s. S e prohibe la reprodu c cin total o parcial de los &r t!culo s y notas sin autorizacin expre s a de la entidu.d editora Pr ec i'O d e l ej e mplar s11olto: m$n. 2 5. 00 ; precio de la s u sc ripcin anua.!: m$n 75.00; precio ,del nm e ro atr as ado: m$n. 30.00; e n Suda.mri c a, suscrip ci n anual, m$n. 90.00; nmero suelto: m$n. 30.00; en otros pa!se s s u sc ripcin anual : m$n. 100.00. DirP.ccin y Administracin: Tucumn 2137, teli. 48-1031, Buenos Aires, Argentina

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EN PROXIMAS EDICIONES DE COMENTARIO El Hamado hacia la religin Martn Buber El ilustre filsofo de la Universidad Hebrea de Jerusaln, creador de la interpretacin existencialista del misticismo judo, re.futa en breves notas aun inditas en castellano, las ideas de Simone Weil, esta "mrtir israelita" como la apodara Gustavc Thibon, que en sus esfuerzos de lograr una total perfeccin interior no l ogra ms que revelar que el anverso de su personalidad juda se contrasta con el reverso de su condicin de cristiana conversa. Buber no acepta que estemos "en el punto en que el mal haya llegado al pice despus del cual se resolver en inocencia", segn lo afirma la autora de "La pesanteur et la Grace". Marx y los marxistas frent~ al judasmo Roberto Misraji Cuestin d e batida ampliamente y de continuo desde que el autor del Manifiesto Comunista escribiera su ensayo-libelo "La cuestin juda", Roberto Misraj~ la retoma nuevamente para sealar los resortes psicolgicos gue mueven l a r elac in entre la doctrina polmica antijuda de Marx y su condicin de judo. El sino d : e Otto Freundlich Eduardo Roditi El mote de artista maudit, aplicado a pintores judos de la talla de Pascin, Modigliani y Soutine, se ha universalizado al comps del prestigio que vienen alca nzand o sus telas. Eduardo Roditi, poeta y crtico, nos presenta otra figura que bien merece se r conocida: Otto Freundlich. Henri Be rgson Emanuel Berl Con motivo del centenario del nac1m1ento del insigne filsofo judeo francs que se conmemora este ao, Emanuel Berl, ligado al creador de la esc u e l a intui::ionista por lazos de sangre, nos presenta un cuadro evocativo de momentos de intimidad del maestro en l a villa de Montmorency. El orige n hidalgo de los judos sefarditas Ce.cil Roth La tierra de Sefarad mencionada por el profeta Obadia en los versculos co n que pr edice la r es tauracin de Israel, es identificada por la crtica bblica con un territorio situado en la margen oriental del Mediterrneo que en la antigiedad se co noca por el nombre de Aspamia. Confundida la nomenclatura por l os exgetas medievales con la tierra de Ispania, Hispania o Espaa, esta alusi n de l a Escritura desarroll andando el tiempo, entre los judos espa oles, un pretenso origen aristocrtico fundado nada ms que en conjeturas y ley e ndas. L as leyendas cobraron ms cuerpo aun despu s de la expulsin de los judos espao l es, al rec orda r tos con orgullo el gran flore c imi e nto cultural que h aban alcanzado en la pennsula. Cecil Roth sigue el curso de estas l eyendas y es tudia, en un anlisis comparativo, el proceso histrico de esta judera en un paralelismo con el otro sector hebreo, formado en Europa Central, denominado "ashkenaz". "El verdadero Byron", por Al ; fredo de la Gua rdia Antonio Pags Larraya La f rvida y apasionante trayectoria, tanto literaria como vital, del ms grande -poeta ingls del siglo pasado, es comentada por nuestro prestigioso colaborador, quien se ocupa del hbro de Alfredo de La Guardia, "El verdadero Byron", dest;icando sus mritos de recreacin y de investigacin exhaustiva, realzando los antecedentes que hacen entroncar este trabajo del exgeta de Garca Lor ca, con la mejor tradicin crtico-literaria de nuestro pasado inmediato. = J

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:EDITORIAL EL AO MUNDIAL DEL REFUGIADO Un factor de angustia social L A COMUNIDAD de las naciones promovi en los ltimos tiempos la celebracin de diversos aconte cimientos especiales de alcance interna ( cional. El ao pasado se conmemor el dcimo aniversario de la Declaracin de los Derechos Humanos, y para en breve se anuncian actos similares re ]ativos a la Organizacin Internacional de} Trabajo y la Organizacin Mun dial de la Salud. La frecuente repeti cin de este gnero de celebracio~es nos induce a plantearnos el mrito que real mente invisten como recurso destinado .a suscitar un mayor apoyo a las Na -ciones Unidas y a despertar un inte rs ms positivo hacia su programa de accin. El Ao Mundial proclamado el 19 de dd Refugiado, julio prximo paM ILLONES de seres humanos con iguales ttulos que nosotros para el libre ejer cicio y disfrute de lo vida, se ven priva dos de este elemento! derecho por la mera cir cunstancia de ser refugiados. Vctimas de los regmenes totalitarios, de las guerras y de otras locros morales como el prejuicio en sus vo Tiadas expresiones, estos desdichados langui decen en tierras de nadie, esperando decisio nes de gobiernos, las cuales por tardgra das agravan su situacin El Ao Mundial del "Refugiado que acaba de ,proclamar la ONU tiene por objeto despertar el inters de los pueblos por el destino de aquellos muchedum 'bres angustiadas. En el deseo de colaborar de olon modo o esta finalidad humanitario, 'COMENTARIO hace uno excepcin o su nor ma, presentando a sus lectores este artculo -editorial. sado, constituye, por su trascendencia social y poltica, un tema de particu lar inters en este examen de cosas Se invoca, como antecedente, el Ao Geofsico Internacional y su programa integral de cooperacin e intercambio de datos cientficos. Empero, la sdla comparacin pone de manifiesto el abismo existente entre actividades des tinadas a superar los obstculos opues tos por las fronteras polticas y aque llas otras que propenden a ciertos avan ces en el terreno de las relaciones hu manas. La cooperacin internacional en materia geofsica no requiri como corolario, el abandono de prejuicios na cionales ni la renuncia a los intereses especiales de cada estado soberano, ni tampoco demand un amplio apoyo popular. En cambio, todo progreso vin culado al problema de !os refugiados depende de la capacidad de cada pa s de elevarse sobre los estrechos egosmos nacionalistas. A pesar de lo difcil que resulta im partir directivas practicables en tan resbaladizo terreno, hasta los hombres ms enamorados de las ciencias v pres cindentes de los fenmenos polticos convendrn en que la solucin del pro blema de los refugiados es ms vital y urgente para la supervivencia huma na que el acopio de conocimientos geo fsicos. No cabe duda que el problema mun dial de los refugiados asume en estos momentos una importancia tan agu5

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6 COMENTARIO da que este ao 1959 bien pue de ser considerado como el ao crtico y decisivo. Por tal razn se pue de concluir, como se ver ms adelan te, que en caso de que los programas propuestos por las Naciones Unidas se limitaran a meras expresiones de bue na voluntad con escasos resultados de orden prctico, el desperdicio de esta oportunidad sera de perniciosos efectos. Aadira una nueva fu e nte d e desilu si1 \ n no slo para los refugiados, sino tambin para todos los hombres de bue na voluntad Todo lo que comienza suscitando fervor en la opinin blica corre el riesgo de terminar en un decaimi e nto del inters. Est o po dra suceder tambin con el problema de los refugiados, problema que, por su carcter duradero, requiere correlativa mente una atencin constante. En ese sentido, conviene recordar el entusiasmo que suscit al principio, en la opinin pblica la idea de la proteccid inter nacional de los Derechos Humanos, so bre todo en los primeros aos de la posguerra. Lamentablemente aquella idea acab por desvanecerse: muy lue go a causa del fracaso sufrido en el te rreno de las convenciones internacio nales y los mtodos de realizacin con creta. Existe asimismo el peligro derivado de la rivalidad entre diversos grupos, todos ellos con objetivos encomiables, que pugnan por identificar sus actividades con e l atrayente rtulo de Ao Mun dial del Refugiado. No menor riesgo para sus eventuales progresos entraa el hecho de que muchos grupos cvicos, en su afn de eludir controversias, aca ben por reducir su cometido a un mnimo e inocuo denominador comn. Importantes problemas de ndole tico-social, tales como la poltica inmi gratoria de los Estados Unidos y las r es tricciones que en la prctica existen en pa ses latinoamericanos, podran sos layarse poniendo a contribucin buena voluntad y accin conjugada en un programa de alcances internacionales. Pero, por otro lado, hay quienes abri gan el temor de que el Ao Mundial del Refugiado pudiera interpretarse na da ms que como una mera pantalla retrica tendida sobre los numerosos programas de organizaciones guberna mentales, no-gubernamentales e inter nacionales. A pesar de todo, empero, la idea del Ao Mundial del Refugia do ofrece una magnfica oportunidad para encauzar adecuadamente la bue na voluntad pblica. La resolucin de la Asamblea Gene ral de las Naciones U ni das del 5 de diciembre de 1958 establece como fi nalidades del "Ao", la promocin de contribuciones financieras con destino a la solucin del p:r:oblema y la crea cin de otros recursos adicionales de estmulo. La Asamblea inst a los Es tados miembros de la ONU y a los organismos especializados a "cooperar, conforme a los deseos nacionales y posi bilidades de cada pas, en la promo cin del o Mundial del Refugiado, como recur~o prctico para obtener creciente asistencia para los refugiados en el mundo entero." La misma reso lucin invita al Secretario General a "adoptar las medidas que estime opor tunas para facilitar dicha promocin", otorgndole una amplia libertad de mo vimiento en la labor informativa as co mo tambin en la centralizacin de los diversos programas gubernamentales y no-gubernamentales. El problema de los refugiados ha si do muy raras veces calibrado en toda su magnitud. Es con frecuencia cil trazar una lnea divisoria entre aqullos que se ven obligados a aban donar su patria por causa de persecu ciones raciales, religiosas o polticas, y fos que deben hacerlo por motivos ms sutiles e indirectos. La emigracin ju da de Rumania es un eiemplo de esto ltimo Pero aun recurriendo a la de finicin ms estricta y al ms ajustado de los clculos, las cifras a que se arriba

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EL AO MUNDIAL DEL REFUGIADO 7 son estremecedores. En Corea, por ejem plo, el experto del Consejo Mundial de Iglesias, Elfan Rees, estima que de las nueve millones de personas desplaza das registradas en 19 5 3, tres millones no han sido re.icondicionados todava. Anlogamente, en Vietnam hay 900.000 Personas no reintegradas todava a su lugar de origen, de aqullos que huye ron del avance comunista en el norte del pas. La particin de la India en 194 7 ha determinado el xodo de 9. 500 000 hindes y sikhs del Pakis tn y de 6. 500. 000 mahometanos de }a India. Cinco millones de ellos figu ran como desamparados. Setecientas mil personas de las 2 500 000 que forman la poblacin de Hong Kong, se consideran refugiados de China. La situacin en el Asia y en particular en el Lejano Oriente, ha sido descrita como "la historia de unos 25 millones de se res, convertidos en refugiados en el bre ve lapso de una dcada. En la India, uno de cada cuarenta y dos es un re fugiado; en Vietnam, uno de cada do ce; en Pakistn, uno de cada once; en Corea, uno de cadai tres; y en Hong Kong, casi dos de cada siete" (en 1957). Y diariamente el ;nmero de refugia dos aumenta. En los ltimos aos, ms de 170.000 argelinos han buscado re fugio en Tnez y Marruecos, y hace pocos meses una cantidad no estable cida de tibetanos se asilaron en la In dia y Nepal. A UNQUE LOS problemas de los refugiados asiticos son mayores y ms complejos, son menos conocidos que los que afligen a los europeos y los del Medio Oriente. Los 900.000 refugiados rabes han estado en el foco del inte rs internacional durante casi una cada. Los restantes refugiados de pos guerra en el Medio Oriente, entre ellos 400. 000 judos expulsados u obligados a abandonar lrak, Yemen y Africa del Norte, sumados a 20 000 del Egipto, fueron en su mayora absorbidos damente por Israel. Pero, en verdad, ni siquiera en Eu ropa misma es debidamente apreciada la magnitud del problema. El hecho de que desde la finalizacin de la segun da guerra mundial se encuentren to dava aglomerados en Europa Central y Occidental ms de quince millones de refugiados, en gran parte de origen ge rmano, expulsados de Europa Orien tal, es realmente decepcionante y des corazonador. La mayora de los refugiados euro peos encontraron asilo entre gentes de caractersticas tnico-culturales simila res a las suyas, como es el caso de los 350. 000 blgaros de origen otomano que ingresaron a Turqua, o los 400.000 karelios que huyeron a Fin landia. A muchos refugiados europeos no les result muy difcil emigrar y rea condicionar sus vidas en ctros pases, y por ello slo quedan actualmente en los campamentos de trnsito apenas 30 mil refugiados europeos y quizs unos cien mil an no integrados en sus nuevos pases. Gran parte de stos caben en la calificacin de "difciles"; su reacon dicionamien to es uno de los objetivos sealados entre las finalidades del Ao Mundial del Refugiado. Los "difciles" son los ancianos, los enfermos, los emo cionalmente inestables y los no califica dos profesionalmente, que desgraciada mente vieron trapadas sus posibilidades de emigracin debido a que ningn pas considera beneficiosa su admisin desde el punto de vista ec o nmico Es realmente trgico gue el factor econ mico haya prevalecido sobre toda consideracin humanitaria en el linea miento de la polica inmigrat o ria de numerosos pases Los guarismos estadsticos, por ms impresionantes que parezcan, no ofre cen una idea cabal de la realidad del drama humano, ni menos de sus conse cuencias Los problemas del refugiado

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8 COMENTARIO no son nicamente resultado de la si tuacin internacional, sino tambin su causa. La impotencia de la sociedad contempornea para resolverlos da lu gar a un exacerbamiento de las ten siones. R ECONOCIENDO la diversidad de los problemas que afectan a los refu giados, la resolucin de la Asamblea General especifica tres tipos de solucio nes : repatriacin voluntaria, emigracin e integrac i n. Empero, si la referencia a la repatriacin voluntaria es de rigor en toda resolucin de las Naciones Uni das en punto a refugiados su signifi cado prctico es el de un recurso pu blicitario y catrtico para la muy com prensible amargura y depresin emotiva que origina en los afectados. Un mero relativamente reducido de refugia dos ha ejercido voluntariamente su de recho a la repatriacin, y muchos de los que retornaron a Hungra y otros pases de la C o rtina de Hierro por ejemplo, han lamentado su decisin. En realidad, slo una guerra catastrfica o un milagroso relajamiento de la tensin poltica internacional podran hacer fac tible la repatriacin. Las solucione~ que en apariencia tie nen alguna probabilidad de xito son el reacondicionamiento y la integracin. Sin embargo la magnitud de las cifras en juego y la actitud de los pases po tencialmente recep~ores, sobre todo los del hemisferio occidental y la Comuni dad Britnica de Naciones, que no se muestran dispuestos a admitir a los in migrantes en nmero tal como para re solver virtualmente el problema, no ofrece ninguna base que permita con siderar practicables dichas soluciones. Estos pases no slo se resisten a ad mitir a los inmigrantes en gran nmero, sino que tampoco estn dispuestos a aplicar los principios referentes a la nodiscriminacin A pesar de los progresos registrados en los Estados Unidos y en otros pases occidentales en el terreno de los prejuicios raciales, la barrera psi colgica no ha podido ser superada an totalmente, y salvo alguna que otra ac titud meramente simblica, ninguno de ellos ha revelado predisposicin a situar, en un mismo plano de igualdad con los europeos, a los inmigrantes en potencia de origen no-europeo. Por ello, cuando los gobiernos y las organizaciones gubernamentales de esos pases invocan la cooperacin para re solver los problemas de los refugiados, establecen un claro distingo entre eu ropeos y no europeos; para los primeros propician el reacondicionamiento, en cierta medida, al menos; para los segun dos, slo una contribucin financiera que facilite su proceso de integracin Algunos observadores estiman que un esfuerzo en el corriente ao podra -poner fin a los problemas que afectan a la m ay or parte de los refugiados euro peos internados an en los campa mentos de trnsito o de los que no se han integrado todava en los ses en que ahora residen. En cuanto a las masas de refugiados no-europeos, la solucin ms efectiva sera lograr su inte g racin en los pases subdesarrolla dos, en los que se encu e ntran ahora. Es dudoso que en un solo ao se pue. da conseguir gran cosa, si se tiene en cuenta que la rehabilitacin de esos re fugiados ha sido concebida de acuerdo con un planteo econmico de largo al cance Por otra parte empero, aun cuando el problema haya merecido pre ferente atencip en el seno de las Na ciones Unidas, no hay por el momento ningn indicio sobre cualquier posible formulacin de planes o programas de largo aliento. Es evidente que tambin el problema de los refugiados, como tantos otros, no puede ser considerado con prescindencia de las cuestiones esen cialmente polticas y econmicas impl citas. Esto est sobreentendido en la re solucin de la ONU antes mencionada que invita a gobiernos v organismos diversos a cooperar de conformidad con

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EL AO MUNDIAL DEL REFUGIADO 9 las necesidades e intereses nacionales especficos, cosa que les permite con centrar sus esfuerzos slo en determi nados aspectos del problema. Entre los organismos que en los prin cipales pases de Occidente desarrollan una intensa actividad en favor de los refugiados, pueden destacarse el te Nacional del Reino Unido, que se ocupa del reacondicionamiento de los europeos, de los refugiados de China y de suministrar ayuda a los de Hong Kong y a los rabes; el Comit Nacio nal francs, cuya labor asistencial se concentra mayorm~te en los refugia dos ya instalados en Francia y no inte grados totalmente en el pas. An cuan .do la poltica francesa respecto de la ad misin de extranjeros es relativamente liberal, ha habido algunas dificultades, como ser : inhabilitaciones legales y tra bas para la asimilacin de los refugia dos. Debe mencionarse asimismo al Co mit Norteamericano, establecido a co mienzos de 1959 con apoyo del Depar tamento de Estado -previa solicitud de una asignacin oficial de 1 O millones de dlares-, con la finalidad de propi ciar soluciones permanentes y recomen dar la sancin de instrumentos legales .que autoricen un ingreso adicional de veinte mil refugiados por ao con inclusin de casos "difciles" en ro substancial. E N CUANTO a nuestro pas, preciso es partir de una comprobacin no muy alentadora por cierto: el capital bumano que poseemos, elemento co y factor social, es insuficiente en cuanto a cantidad, por lo menos. El Padre Jos A. Laburu afirma que el problema de la denatalidad es "pavoro so" entre nosotros. Aunque no llegara a tales extremos, lo cierto es que si se lo une al elevado ndice de mortalidad prematura y a una inmigracin insufi ciente, nos encontramos en verdadera indigencia frente a los problemas que plantea el desarroHo nacional, en coroparacin con los niveles alcanzados en otro tiempo. La Repblica Argentina contina siendo, relativamente, la "tierra sin hom bres", como se la calificara hace mu chos aos. Una poltica errnea, mope, ha perjudicado el incremento del capi tal ms indispensable y rendidor, olvi dando el postulado de Adam Smith: "La seal ms decisiva de la prosperi dad de un pas en desarrollo es el au mento del nmero de sus habitantes ." "Es curioso -afirma La Prensa en un editorial reciente-, que mientras pro liferan las ideas restrictivas de la inmi gracin, en otros pases del continente donde se admira la grandeza argentina, sus hombres de gobierno reconocen ex plcitamente la importancia con que el factor inmigratorio ha concurrido a ella". Se alude aqu al Brasil. Existe el prejuicio de que con la inmigracin disminuya el trabajo de los que desem pean el mismo oficio o profesin que el recin llegado. Se olvida que el in migrante se alimenta, viste, produce, promueve actividades varias, creando posibilidades de trabajo para todos, y no slo eso: regulariza tambin el cli ma social y suaviza tension es provoca das por la presin que se ejerce sob re la clase media, verdadera columna ver tebral de la sociedad nacional. Ser por este ltimo antecedente, quizs, que Salvador de Madariaga ex hortara, hace dos aos, a las naciones la tinoamericanas, a dar amplias facilida des a la inmigracin europea como me dio de lograr su estabilidad poltica y social. Al efecto indic que "en los ses que tienen raz hispnica se nota un gran desequilibrio poltico-social que puede ser resuelto, en gran parte, me dian te el crecirnien to de su poblacin" Argentina, Per y otros pases estn despoblados; esta realidad sociolgica es la causa de la crisis sealada. Es conveniente, adems. recordar que mucho antes de Alberdi se inici entre nosotros la poltica de atraccin

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IO COMENTARIO al inmigrante; entre otros antecedentes puede mencionarse lo que Carlos Le rrey llamara "primera ley de coloniza cin argentina" ( La Nacin 23-101949). En esa ley saltea se establece,. entre otras cosas, que "se acuerda a los naturales de la Repblica, a los avecin dados en ella y dems extranjeros que quieran establecerse en las tierras bal das del Estado, un lote en la ciudad de Orn o dems pueblos que se estable cieren; un sitio para chacra y una suer te de estancia donde eligiere el intere sado, el que podr optar por las tres mercedes o cualquiera de ellas." Esta ley es doblemente intere,sante, primero por datar del ao 1836 ( con tiene disp0siciones que concuerdan con u-a ley nacional vigente, sancionada I 06 aos ms tarde) y despus, por prove nir del gobernador Felipe Heredia, her mano del clebre Alejandro Heredia, quien lo instal en el gobierno de Sal ta, provincia que invadiera a instancias de Rosas y Estanislao Lpez .. Es decir -y debieran tomar buena nota de ello algunos sedicentes naciona hstasque en la tradicionalista provin cia de Salta se dictaron disposiciones pa ra atraer al extranjero por autoridades cuya orientacin poltica no pueden sus admiradores permitirse olvidar o des dear. Y aqu viene al caso otro pre juicio, y es el tan difundido de que camente la inmigracin de origen lati no es la que acusa mayor ndice de adaptacin y radicacin. Segn los "Anales" del Instituto Etnico Nacional (Tomo I ao 1948) el: porcentaje de inmigrantes que no han regresado a su pas es el sigui en te, por nacionalidades: italianos, 51 % ; portugueses, 52 %; aus tro-hngaros, 70 %; austracos, 64 %; belgas, 61 %; blgaros, 73 %; checoes lovacos, 73 %; dinamarqueses, 52 %; irlandeses, 79 %; lituanos, 85 %; pola cos, 85 %; rumanos, 77 %; ucranianos, 95 %; estonios, 68 %; finlandeses, 70 por ciento; rusos, 65 %; suizos, 56 %; yugo~slavos, 66 % etc. El entonces senador por Corrientes, Eduardo Madariaga, expres, con ra zn, ante dichas cifras: "Dando por sen tado que de las razas conocidas ningu na constituye ~a expresin suprema de la raza humana, no debemos tener inte rs en perpetuar alguna, cualquiera que sea, en particular; nuestro norte debe ser una raza superior a las actuales, con la foja en blanco para ser llenada con honor; si procedemos con inteligencia alcanzaremos el objetivo, pues contamos. con elementos bsicos y oportunos pa ra ello." F RENTE A la fra objetividad de las estadsticas, esos "trozos selectos de la vida de las cosas", como los llama Hen ri Barbusse, la actividad del pas recla ma con insistencia brazos, tcnicos, especiilistas, artesanos En una reunin efectuada hace pocos meses en d mi nisterio de Economa, altas autoridadesr tcnicos e industriales se refirieron la intensa demanda de personas espe cializadas que habr de originar el plan de desarrollo intensivo que el gobierno argentino est impulsando. En esa reu nin se puso en evidencia, aun sin dis poner de estadsticas exhaustivas, la ca rencia de tcnicos y que por ende habr que formar o traer de afuera. Se ha re petido de esta manera la experiencia salu dable que ensea que la orientacin ur bana o rural, profesional u obrera, debe ser librada a las demandas de los res pectivos campos de actividad. El gobier no regula tarde y mal; 12 sociedad en su conjunto, a tiempo y bien Dejemos que cada uno se establezca, donde Je plazca: el pas no requiere inexorablemente ms gente en el cam po que en la ciudad, o viceversa. La ciudad proporciona al campo su manu factura y le toma sus cosechas y sus. ganados. Y a est en desuso aquella mula segn la cual las ciudades que crecen mucho perjudican al campo. Los agricultores prnducen cada vez ms

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EL AO MUNDIA-L DEL REFUGL'\DO lI con menos personaJ: y ya no saben mo colocar sus extraordinarias cosechas. No se trata de un problema de sec tores, sino del pas entero, y sobre este concepto cabe afirmar que todo lo que en s mismo es factor de riqueza moral o material, al beneficiar el todo bene ficia a las partes. Si redujramos el caso a cifras, hara mos valer la afirmacin de un delega do de la Oficina Internacional del Tra bajo que en una conferencia pronun ciada en Buenos Aires expres que el valor medio econmico del hombre era de 25.000 pesos (en 1951!). A to ascendera, entonces, hoy, el valor econmico de cada habitante adulto que se incorpora al pas? En la Cmara de los Comunes se afirm en diciembre de 1938 que la admisin de 11 000 re fugiados polticos haba proporcionado ocupacin a 15. 000 ciudadanos brit nicos antes desocupados. Las Naciones U ni das y sus organismos especializados se han ocupado de la cuestin de J.os refugiados y de la inmigracin en va n.os estudios y seminarios de gran va lor. Se ha llegado a la conclusin gene ral de gue en Amrica an rige el pos tulado de "gobernar es poblar". La UNESCO hizo preparar un sim posio por la Asociacin Internacional de Sociologa y la Asociacin Interna cional de Ciencias Econmicas, bajo el sugerente ttulo de "Aportaciones posi tivas de los inmigran tes". La versin castellana apareci en 1955 en Pars. El captulo dedicado al anlisis del te rna en la Repblica Argentina termina como sigue: "La affiuencia de nuevos inmigrantes europeos favoreci el desarrollo de la clase media. Dignific el espritu del trabajo, incluso en la agricultura, la cra del ganado y la industria, y esta bleci sus valores paralelamente a los de antes. La medida en que se ha promo vido as el progreso industrial y tcnico y el adelanto educativo constituye quiz~ la aportacin ms decisiva de los inmi grantes." Frente al panorama actual en mate ria de refugiados parece acertado reini ciar a antigua poltica liberal que hizo la grandeza argentina. El otrora adjetivo "refugiado", que pas a ser sustan tivo en la Europa totalitaria, no trasunta lo que tiene de ms esencial: se es t ante una persona refugiada; lo acci dental es esto ltimo lo permanente es la persona, ese trozo de humanidad que tambin tiene derecho a vivir en un pas casi deshabitado todava Finalizada la guerra de 1914, el Mu seo Social Argentino realiz una en cuesta entre varias personalidades argentinas sobre eil tema "La inmigracin despus de la guerra". No olvidemos: que por entonces las circunst a ncias te nan puntos de contacto con las de la hora presente, razn por la cual cobra importancia excepcional la respuesta de uno de los estadistas interrogados, el Dr. Emilio Frers: "De los prejuicios de raza, eil que con ms empeo y vigor se mantiene en la Repblica Argentina es el de la raza latina tan malparada bajo los golpes de Jean Finot que ha acabado de suministrar la prueba de su in ex istencia. El error no tendra mucha consecuencia si la historia no es tuviese demostrando con el ejemplo de Ja Grecia antigua ? del mundo romano, de Francia, Italia, Esp a a y todos los pueblos que han sido realmente gran des, que la heter.ogeneid a d tnica es un factor principal de civilizacin pro gre siva y de amplia y generosa h e rmap.dad' entre l a s naiones, tal vez porque despoja a los pueblos de esa rigidez presun tuosa y egosta que los impulsa a cerrar los odos a toda idea extraa o a mono poliz a r el dominio y el goce del mundo. Afortunadamente el mencionado error no ha ejercido sino una influencia limi tada en la simpata y benevolencia con que la Repblica Argentina ha acogido

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12 COMENTARIO cm todo tiempo a los hombres de todas las razas. E L Ao Mundial del Refugiado podra servir, pues, de punto de par tida para la movilizacin de la opinin pblica. Es indudable que l as necesida des inmediatas de los refugiados no pue den ser satisfechas mientras no se for mulen objetivos ms concretos Lo que se requiere, pues, es una ampliacin de fa idea del Ao Mundial del Refu giado, ms all del limitado cometido expuesto en los programas de los go biernos y los comits nacion a les. No ca be duda que tanto los Estados Unid os como otros pases, la Ar ge ntina entre ellos, podran adoptar diversas medidas en apoyo de las iniciativas formuiladas por las Naciones Unidas sobre el pro blema Dichas medidas, adems de con templar las necesidades inmediatas de rehabilitacin y asistencia debieran procurar, especficamente, la ratifica cin de las convenciones sobre Dere chos de los Refugiados y Apatridas, en materia de empleo educacin, vi vienda, movilidad y otros derechos hu m a nos fundamentales. H as ta eil presen te, muy pocos miembros de las N acio nes Unidas han ratificado dicha s con venciones. Los pases que aducen el pretexto de la intr.omisin internacio nal en asuntos de orden interno como justificativo de su indif e rencia, sosla yan el factor de estmulo moral que una actitud positiva significara para otros pases menos resolutos, y de orien tacin poltica para el legisJlador del futuro, que es en rigor el objetivo le timo de este gnero de acuerdos in ternacionales. Una de las actividades bsicas en favor del Ao Mundial del Refugiado podra muy bien orientarse hacia una revisin de las leyes y proce dimientos en prctica. Los resortes jurdicos y organizativos con fos que la comunidad intemaciLlnal ha respondido al problema de los re fugiados han sido, hasta cierto punto, producto de la improvisacin. La dilu cidacin de asuntos tan espinosos como la propuesta Declaracin del Derecho de Asilo, actualmente a consideracin de la Comisin de Derechos Hum mos de ila ONU, o el complejo mecanismo montado por el organismo mundial pa ra la asistencia, rehabilitacin y reacon dicionamiento de los refugiados, pue de convertirse as1m1smo en m1ciat1va adec uada para el Ao del Refugiado. Tales estudios podran tomar positiva mente en cuenta 1a sugerencia de que los organismos temporarios que hayan surgido en caso de emergencia, sean reemplazados por una entidad perma nente -una Organizacin Mundial de los Refugiados-, similar a la Organiza ci n Mundial de la Salud que atien de a la sanidad internacional, o a la Organizacin Mundial
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COMO SARMIENTO Y JUAN B. JUSTO VIERON LOS ESTADOS UNIOOS JOSE P. BARREIRO D ESDE haca muchos aos, desde que Ingenieros en sus inolvidables ediciones de "La Cultura Argen tina" haba entregado a la curiosidad mental de nuestros compatriotas los tres tomos en que -prologados por Julio Noaparecieron los famosos "Via jes" de Sarmiento, ellos no haban sido reeditados Por eso, por el tiempo trans currido, resultaba empresa imposibl e encontrar en las libreras aquellas lar gas epstolas que el gran sanjuanino escribi a Demetrio Pea, Vicente Fi del Lpez, Miguel Piero, Carlos Te jed o r, Antonio Aberastain, Jos Victo rino Lastarria, Juan Thcmpson -el hi jo de doa Mariquita Snchez-, a su to el Obispo de Cuyo, a Juan Mara Gutirrez, Manuel Montt y don Valen tn Alsina con motivo de sus "vagabonU NA vida consagrada al periodismo mili tante, exaltada y regida por ideales de mocrticos y con una devocin dinmica por nuestra historia, son las coordenadas entre las que debe ubicarse la personalidad intelec tual de Jos P Barreiro Tanto en el libro, en la tribuna del conferencista, en la conduc cin de grandes empresas periodsticos como en la exgesis de nuestros grandes valores ar gentinas, Barreiro subraya la tendencia huma nista del sector ms constructivo de la in telectualidad argentina En las pginas que insertamos -colorario, en cierto modo, de sus anteriores entregas para COMENTARIO Barreiro traza un paralelismo de sugestivo in ters actual entre las reflexiones que susci taron a dos figuras histricas nacionales sus experiencias de viaje por los Estados Unidos en dos perodos diferentes. 13 daggios" por Montevideo, Ro de Ja neiro, Francia Africa, Italia, Espaa, Alemania, Suiza, Holanda, Blgica, In glaterra y l os Estados Unidos. La obra, que documenta etapa a etapa las alter nativas de aquel maravilloso periplo que Sarmiento inicia a bordo de la "Enriqueta", en octubre de 1845, en el puerto de Valparasc y que cierra en el mismo puerto en octubre de 1848 haba sido impresa originariamente en 1849 y 1851 en las planas de Julio Belin, con el ttulo de "Viajes en Eu ropa, Africa y Amrica" y constit uy ya en las cercanas de la inm o rtalidad del prcer, el tomo V de sus "Obras Completas". Luego de las ediciones de 1922 esperse con ansiedad su reim presin. Ju lio No, har tres lustros anunci en la nmina de sus "Clsicos Argentinos" la inminencia de su apa ricin; e l prlo go pert e necera a la fi na prosa de Nicols Coronado; pero la hermos a promesa qu~d sin cumplirse. Mientras tanto, e l captulo exhaustivo qu e Alberto Palcos dedic al tema en su ya famosa historia del prcer, el be llo lib ro, que Jorg e Calle public en 1925 con el ttulo de "E l Pasajero Su gerente" y las pgina s que Eduardo Mallea seleccion para su "Prosa de leer y de pensar", renovaron peridica mente la nostalgia por releer aquel ri qusimo epistolario donde el autor, si guiendo la escuela de Chateaubriand, Lamartine Dumas y J a quemont, en treg a sus amigos y a In posteridad las

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14 COMENTARIO .observaciones, las revelaciones de sus oestupendos veintisiete meses de andan .zas. Es cierto que la reedicin de las "Obras Completas" realizada en los ltimos aos por "Luz del Da" facili t reencontrar la poligrfica produccin .del artfice de "Recuerdos de Provin cia", pero, por la unidad de la em presa, no era posible el hallazgo par cial que se anhelaba. Felizmente, bajo el signo de "Ha chette", en la tan bien escogida colec .cin de "El Pasado Argentino" que Gregorio Weinberg_ dirige con preocu pacin benedictina, se acaba de finali zar 1a hazaa de estereotipar nueva mente los "Viajes". En 1955, prolo _gada por Alberto P1lco!': nos haba da do el tomo de "Val paraso a Pars". En 1957, presentado por N. Rodrguez Bustamante, nos entreg "Espaa e Italia". Ahora, comentado por el poeta -sanjuanino Antonio de la Torre, "Ha chette" completa el periplo sarmien tino con las crnicas sobre los Estados Unidos en las que an est trmulo, .deslumbrante, el asombro con que el -autor de "Facundo" recorri la patria de Washington. Los tres tomos repro -ducen la distribucin que Ingenieros y No dieron en 1922 a la obra, pero eHa aparece enriquecida en la nueva edicin con el minucioso y pintoresco "Diario de Gastos" que Sarmiento lle v durante el itinera~io y que permite reconstruir, imaginar, sus grandes cu riosidades, la propina que

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    COMO SARJvHENTO Y JUAN B. JUSTO VIERON LOS BE. UU. 15 grantes. Con igual melancola se plan teaba n timarnente este otro problema. Republicano corno era, "cmo volvera sin haber visto la repblica nica, gran de y poderosa que e)cista sobre la tie rra!" En fin, no slo el problema edu cacional le obsesionaba; quera inspec cionar personalmente en los Estados U nidos "la colonizacin y la prctica del sistema electoral; es decir el modo de poblar el desierto y la manera de proveer al gobierno de la sociedad.". Ello le amargaba ms q ue no ver Lon dres, ni el T rnesis, ni las fbricas de Birrningham o de Manchester, o los bosques de mstiles de los "docks" de Liverpool. El 17 de agosto se embarca en Liver pool a bordo del "Moctezurna". El 15 de setiembre ya estaba en Nueva York, buscaba maestro de ingls y compraba un mapa de los Estados Unidos. El nuevo panorama emociona y deslumbra a Sarmiento. De inmediato, se siente atrado por los problemas concretos, por los adelantos notorios de la tcnica, por fas estadsticas y las cifras, aunque al~ gunas veces se pierda divagando al ob servar la libertad social de la mujer, la tendencia por el "flirt", las expansio nes sentimentales y afectivas que los enamorados suelen ofrecer indiscreta mente al pblico, o cuando en diez ex tensas pginas hace la apologa del ho tel de San Carlos de Washington, en cuya amplitud, confort y magnificen cia cree descubrir que se realiza el concepto "falansteriano" de Fourier. "He aqu -dice asombrado el joven au tor de Facundoal pueblo-rey que construye palacios para reposar la ca beza una noche bajo sus bvedas". Pa reciera que el sanjuanino, frente al des cubrimiento, hubiera querido contestar aquel concepto desgarrado del versculo bblico: "Las aves tienen su nido. Las fieras tienen su guarida. Slo el hijo del hombre no posee una miserable pie dra donde reclinar su cabeza". Visita todas las grandes ciudades y atraviesa o sigue los lmites de veintiu no de los ms. ricos estados. De Nueva York viaja en vapor a Albany, despus en ferrocarril a Buffalo. De Buffalo cruza hacia Canad para visitar Mont real y maravillarse nte las cataratas del Nigara. Luego, ya en Massachus setts, le impresionar la grandeza de Boston y llegar hasta Newton East para dialogar dos das consecutivos con Horacio Mann, el apstol de la educa cin popular. Todo lo observa, todo lo anota para contrseloa don Valentn Alsina en las cartas kilomtricas que le escribir Geografa, mares, ros, nave gacin interior, camines macadamiza dos, ferrocarriles, can1le~, los tejidos de Lowell, la transformacin prodigiosa de Pittsburg que en 1800 tena 45.000 ha bitantes y que cuarenta y cinco aos ms tarde albergara 2. 000. 000, sus extraordinarios depsitos de carbn de piedra, el espritu de publicidad que est implcito en cada comerciante, los vicios individuales, Pl caos religioso, el periodismo, la geografa moral, el grafo, la distribucin de las tierras que le hace evocar el p e ns:miiento de Riva davia, los sentimieEtos palticos, los bosques, la marina, la inmigracin eu ropea, el juicio por j!lrados, los arados, las vajillas de las cocinas ms humildes, el arte, las universidades de Ohio, las columnas, los obeliscos elevados en ho nor de Franklin y de Washington, etc. Con esa curiosidad r e corre Filad e lfia, Baltimore, Washington, Harrisburg, Chamberburg, Cincinatti, para ll e gar finalmente a Nueva Orleans. Por ah, quiz para quebrar tanto panorama gi gantesco, gastar un cuarto de dl a r para asistir a la representacin de Tom Puce, el genial enano de 25 pulgadas de alto. Todo lo mira con las pupila s deslumbradas de quien ha presenciado el Advenimiento, mientras el vuelo de sus ambiciones le hace desear que se acorten las distancias para el da en que pueda aplicar en su patria tanta observacin asimilada!

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    16 COMENTARIO S Lo dos o tres cosas le obligan a dibujar un parntesis en medio de tanta exaltacin admirativa. Sobre tcr do, la esclavitud mantenida en los Es tados del Sur Frente a esa tristsima realidad, fulmina "a la aristocracia de las balas de algodn y de las bolsas de azcar, fruto del sudor de los esclavos". "Ah, la esclavitud, la llaga profunda y la fstula incurable -exclamaque amenaza gangrenar el cuerpo robusto de la Unin!". "Qu fatal error -di cefu el de Washington y de los grandes filsofos que hicieron la decla racin de los Derechos del Hombre al dejar a los plantadores del Sur sus es clavos! "La esclavitud -subrayaes una vegetacin parsita que la coloni zacin inglesa ha dej2d0 pegada al bol frondoso de las libertades america nas Sin embargo, di e cisis aos ms tarde cuando despus de ejercer tem pestuosamente el gobi e rno de San Juan vuelve a lo s Estados Unidos como ple nipotenciario de su patria, tiene la sa tisfaccin de apreciar cmo por la ac cin heroica de Lincoln ha comenza do a desbrozarse e sa veg e taci n p a sita y dedica entonces al Emancipador, como homenaje pstumo, algunas de sus p ginas ms conmovidas. e INCUENTA aos ms tarde, otro argentin o de la misma curiosidad mental y de idntica audacia revolucio naria -Juan B Justovisita los Esta dos Unidos Ese viaje que tendr para su espritu la misma repercusin sensa cional que medio siglo antes poseeran para Sarmiento sus famosas incursio nes por aquellos pueblos, le dar mo tivos para escribir diez y ocho co.rres pondencias que se publicarn en el pe ridico "La Vanguardia y para formar un pequeo libro: "En los Estados Uni dos ". Es interesante ensayar un para lelo Para uno y para el otro esos via jes han de resultar fructferos. Sar miento aplicar la enseanza de todo lo que ha observado, en sus grandes campaas periodsticas, en su gestin educacional de Chile, en la formidable accin que desarrollar de 1855 a 1860 1 en el Estado de Buenos Aires y, un decenio ms tarde, enriquecido el pa norama de 184 7 con las nuevas ense anzas que recogi de 1865 a 1868, en el eje1dcio de su presidencia histrica .. Juan B. Justo, que acaba de fundar el socialismo argentino, tendr aportuni dad de apreciar en los Estados Unidos. las leyes que rigen el desarrollo capita lista y los secretos de la evolucin nico-econmica. Desde entonces los. Estados Unidos han de ser, conjunta mente con Nueva Zelandia, sus obliga dos puntos de referencia para los pa ralelos que trazar con respecto a nues tra atrasada realidad y las escuelas de Massachussetts, que enloquecan a Sarmiento en 1847, han de ser para este otro ilustre compatriota el modelo que presentar al Congreso en 1917 es decir, setenta aos despus para Po ner en evidencia al alto costo de la enseanza secundaria. argentina. Sarmiento ha sido exuberante en el relato de los deslumbramientos que le han fascinado. Justo, en cambio, con aquel t ~ xtraordinario poder de sntesis que era una de sus virtudes intelectua. les, condensa en las ochenta pginas de su pequeo libro !as observaciones del vasto panorama que se abre ante sus ojos escrutadores. Comprende: que es en Norte Amrica donde el capita lismo se desarrolla "ms grande y ms: libre" y que es all donde conviene es tudiar su evolucin. Busc:a los censos de 1850, de 1860, de 1870, de 1880 y 1890 y comienza a esbozar paralelos que definen cmo se ha aperado el pro ceso evolutivo de la economa, de la tcnica, del comercio v de la industria. Comprueba que se c~mple el peligro previsto por T ocqueville ms de medio siglo atrs: el de la formacin de una aristocracia y de un:1 servidumbre in dustrial como consecuencia de las gran des fbricas. Observa cmo la empleo

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    COMO SAR.l\11ENTO Y JUAN B. JUSTO VIERON LOS EE. UU. 17 mana resulta en los. Estados U nidos tan general como en la Repblica Ar gentina o en Espaa; que por accin del progreso tcnico o de la maquina ria que supl~ el esfuerzo fsico, hom bres y mujeres tienen que buscar su vida en ocupaciones que son algunas veces intiles y parasit:::rias, y otras, humillantes y perniciosas. Los corredo res y agentes intermediarios de todas clases se multiplican al infinito. Lo,s hombres "sandwich" aumentan, lo mis mo que las prostitutas y los lacayos. :runtualiza cul es la capacidad produc tiva de un individuo; lo que elabora en un ao el operario de una fbrica de tejidos de algodn trabajando 10 horas por da; los pares de botines que confecciona en lasl mquinas un obre ro de las grandes zapateras de Massa chussetts; los cerdos que son muertos, divididos y empaquetados en los mata deros del Oeste; el trmino medio efi caz, desde el punto de vista de la nica y de la produccin, que dan las chacras de Dakota, los molinos de Min neapolis, las carniceras de Chicago, las fbricas de tejidos de Rhode Island fas manufacturas de calzados de Lynn y de Haverhill. Todo observa, todo anota, todo lo que es una expresin de progreso tcnico-econmico, un reflejo social, un ndice cultural. Lo hace con aquel extraordinario dominio de la tesis, a que nos hemos referido, y que le permite explicar en slo cinco pe queas pginas la historia de las huel gas obreras en los Estados Unidos. Des de la desocupacin hasta la concentra cin de la riqueza; desde la formacin de los "trust" y la tirana de los mono polios, hasta las expresiones de credu lidad y de supersticin que exacerba el sectarismo protestante. O OMINADO ya por los principios del socialismo, adicto a las teoras que Marx ha elaborado sobre el proceso de la sociedad capitalista, Justo com prende cmo se realiza matemticamente, con la inexorabilidad determi nista de una ley o del fatalismo, la ur dimbre de integracin que elimina las pequeas manufacturas y que en ~ sancha el radio de accin de las gran des. Revisa, igual que Sarmiento, cen sos y estadsticas. En verdad, el proce so previsto por Marx se cumple y ano ta en sus apuntes cmo el valor del ca pital manufacturado ha aumentado anualmente nueve v e ces, mientras el nmero de los establecimiento indus triales apenas si se ha triplicado, cmo han disminudo de 25 079 a 18 26 7 los moLlnos harineros en el transcurso de dos aos, mi~ntras han superado c o nsiderablemente su capacidad pro ductiva, lo mismo en fa s refineras de azcar, en las fbricas de tejidos de al godn, tc. Sin embargo, Justo no cita a Marx en ninguna de es a s -oainas. Slo men._.. .1. D ciona dos veces, incidentalmente, la palabra socialismo a lo largo de sus 18 correspondenci a s o de sus 18 apuntes. Pero Marx aparece ntido, palpitante en l, as como fa1geJs Morgan y Thompsen aparecern reflejados en su medular conferenci a de 1898 sobre "La Teora Cien tfica de la Historia y la Poltica Argentina", o casi tres lus tros ms tarde en los captulos de "Teo ra y Prctica de Ja Historia". Cuando buscando estadsticas y censos, docu menta cmo en los Estados Unidos se opera el proceso de la integracin o de la concentracin capitalista que elimi na la pequea m a nufactura, lo hace de acuerdo a Marx. Cuando se burla de la ingenuidad del Congreso de los Es tados Unidos que quiere impedir la formacin de los "trust" por medio de una ley restrictiva especial, descono ciendo las leyes inevitables de la evo lucin capitalista, r~cuerda impl/cita mente a Marx. Y p:;.ensa inequvoca mente en Marx cuando se refiere a la rpida desaparicin de las pequeas casas de comercio de Chicago.

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    18 COMENTARIO E N la apreciacin del problema cultural. Justo plantea con respecto a las apreciaciones de Sarmiento una fun damental discrepancia. Sarmiento exalta en Franklin, en Morse, en Fulton, a la virtud creadora, enumera las novelas norteamericanas, los libros de filosofa y de poesa que se han escrito, los in genieros, los artfices y maquinistas que surgiendo de Norte Amrica invadan el mundo para ensear las artes de pro ducir y de realizar maravillas. Justo, en cambio, al observar el ritmo acelera do del progreso tcnico y de la riqueza, lamenta que el progreso cultural no ha ya sido correlativo. El estancamiento cultural lo impresiona. "Comparados con los pases de la Europa Central y Occidental, los Estados Unidos muy adelantados bajo el punto de vista eco nmico -sealaestn lejos de serlo bajo el punto de vista intelectu a l". De ploraba que en el c3mpo de la teora, en la elaboracin de las ideas genera l es, en la sntesis de los conocimientos cientficos de detall e, lo~ norteamerica nos no hayan sido capaces de descu brir una ley cientfica de gran a lcance o producir un gran filsofo. En verdad, en aquellos das todo era empirismo en la tierra de Lincoln. A s com o, en Ale mania -diceel des3rrollo int e l ectua l se ade lant al desarrollo econmico v poltico, en los Estado s Unidos l a in'. teligencia nacional est en un retardo relativo. Treinta aos despus, el gran i.Andr Siegfried, en un esquema socio lgico que resplandecera en las pginas de Los Estados Unidos de hoy, repeti ra, sin saberlo, el mismo concepto de Justo : "Si por un lado hay adelanto, por el otro hay retroceso; el avance prctico para el bienestar general es in menso en relacin 00~1 el viejo conti nente, pero es a costa del sacrificio del aspecto individual, del refinamiento de la vida y del arte considerado en Europa, hasta en las clases ms humildes, como una noble expresin de la per sonalidad. A excepcin de la arquitec tura -agregaba el ilustre Siegfried-, los Estados Unidos no han producido hasta el presente ningn arte nacional y, en general no sienten su necesidad". Sin embargo, Justo reconoce cmo la gran industria, "poniendo en eviden -cia el dominio adquirido por el hom bre sobre las fuerzas naturales, tiende a elevar la inteligencia del pueblo". Comprueba cmo en materia de salarios los trabajadores de los Estados Unidos estn\ en una situacin mejor que los de Europa y de los dems pases de Amrica, pero que, a pesar de ello, la situacin del pueblo norteamericano, es decir, de la gente que trabaja, no res ponda a la extensin y riqueza de su territorio y a su adelantada tcnica in dustrial. Para que la clase trabajadora alcanzara el ideal econmico, sera ne cesario "que cada uno dispusiera del producto ntegro de su trabajo". "Sera necesario que todo el trabajo fuera til, mientras que hoy una parte de l es des tructivo; sera neces ari o que toda fuer za humana utilizable encontrara un empleo inmediato y fcil, y ahora hay un ejrcito permanente de desocupa dos". J usTo, como Sarmiento, se detiene ante el Capitolio. Sarmiento lo hi zo en 184 7 para admirar su estilo co rin tio, para evocar a \i\T ashington, pa ra establecer su grandeza definindolo como "el genio de la humanidad mo derna, el principio de una era que aser ma y que ya deja marcado al mundo el camino de justicia, de igualdad y de trabajo luminoso que seguir". Justo lo hace en 1895 para evocar "a los que fundaron la gran repblica, cuyos ta lentos y virtudes fueron dignos de la historia clsica".

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    LOS PLEITOS DE AMERICA LATINA Abstracciones heredadas y presente dinmico FERNANDO GUIBERT IEN SABEMOS, a travs de la proble mtica de las ideas y por lo tanto de la problemtica de la definici6n y del juicio, qu dificultades y contradiciones se presentan para una ordenacin vlida de las abstracciones que hemos heredado de nues tro mundo de lenguaje. Esto nos obliga a l'recavernos del poder irracional e invisible de las palabras p o rque repitiendo a Poincar: 4 'Tenemos que hacer uso del lenguaje, que est constitudo necesa:riamente por ideas preconcebidas. Tal e s ideas so s tenidas in conscientemente son lo ms peligroso de todo". De conformidad a este aserto, digamos entonces que Am rica tambi n para nosotros es una idea pr e concebid con todos los ries gos de los errores y falsedades inherentes a 10s prejuicios e ilusiones encerr a dos en ella. Las ca usas que nos hacen difcil una com prensin creadora d e la re a lid a d de Amrica E L AUTOR de este artculo es un poeta ar gentino de corte singular Ha publicado, odPrns, monografas y ensayos en los --que perfilo con agudos trozos lo idiosincrasia -del tipo porteo. Lo suburro, como dijera Cansinos Assens, requiere uno percepcin de orden plstico poro ubicar con gallarda o sus tipos. Eso es lo cualidad que ha exhibido Fer -nondo Guibert como exoeto del "compadri to" y su cohorte de odlteres orilleros. Pero lo obro que lo ha colocado verdaderamente en lo vanguardia de lo poesa ciudadano es Profeta al pie de Buenos Aires. En ese libro de estrofas ton withmonionos, el fervor por nuestro ciudad asume lo jerarqua de un au tntico mensaje lrico Movido por eso inquie "tud mltiple que lo caracterizo, Guibert se ocupo en el presente trabajo de un interro gante que palpito con vivo latencia en el es pritu de Hispanoamrica. 19 y sus problemas s o n en prim e ns1mo lugar: la imposibilidad de evadirnos de nuestra perspectiva de hombres histricos y geogr ficos. En segundo lugar : el incompleto co nocimiento fsico y esp i ritual que poseemos de Amrica, en sus tan complejas singulari dades y variaciones en e l tiempo y en d espacio. Y por lo tanto la consiguiente re duccin de nuestras experiencias e intuicio nes sobre ella Tambin nos desorienta bue na parte de la literatura filo s fic a sociol6gica, histrica y poltica, por la parcialid:td o extralimitacin de sus concepciones, ideali zaciones o intereses. A lo que agregaremos, el mundo conflictual, a pasionado e intuitivo de los resultados del a r te, no siempre dos y proporcionados para los alcances de una verd a d posible para Amrica, pese a sus valiosos encuentros y descubrimientos. Tal vez, nuestra fragmentaria imagen de Amrica derive principalmente de los arque itipos y figuraciones de las creaciones arts ticas, a travs de sus lneas y entrelneas Sobre t o do por la implcita vocaci6n y pa sin americanas d e estas creaciones est t icas. Conocemos el nacimiento histrico de la palabra Amrica, referida a una importante porci6n geogrfica del mundo. Pero debe mos completar esta abstracci n espacial, como totalidad g e ofsica y humana con la abs traccin temporal de lo que fu este conte nido americano, a ntes del ipresente que vi vimos De lo que est siendo Amrica en este presente dinmico. Y de lo que ser y no es dado proponer en alg.una medida ,!para Amrica en relacin con el mundo res tante. Consideramos de importancia capital estar de acuerdo en la aceptacin o no de esa realidad o existencia de Amrica, como entidad geogrfica, humana y significativa,

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    20 COMENTARIO porque a partir de ella, nos ser posible ex traer los sentidos o los modos particulares que operan actualmente en su vivir. Y en tal supuesto, resolver desde sus caractersti cas ms peculiares y distintas, nuestra con ducta. Porque Amrica Latina ser en gran parte lo que nuestra voluntad y nuestra con cepcin de ella determinen para nuestros actos presentes y fururns. Digamos desde ya, que dudamos de to das las generalizaciones excesivas. Nos refe rimos a los abusos de los esquemas menta -les verbalistas o pretendidamente intuitivos sobre Amrica. Y a los procedimientos me tafricos y analgicos que se apoyan en las teoras culturales en moda: organicistas, clicas, fatalistas o finalistas de la historia Tampoco estamos de acuerdo con los pesi mismos nihilistas. Ni con los entusiasmos me .tafsicos, estticos y literarios por los pode res y alcances de lo americano para un des tino mesinico y salvacionista de la huma nidad, en razn de imaginadas decadencias culturales ajenas. En ingenuo olvido o apre ciacin excesiva de nuestras reales propor ciones y posibilidades frente al proceso his trico universal Deseamos ser cautos porque deseamos ser tiles. Afirmados, ms en el anlisis objetivo de las relaciones y magnitudes histricas que en el sentimiento irracional e idealista no siempre puro y consecuente, por pretendi das esencias americanas perennes. O en la actitud vanidosa, romntica o agresiva de una autoctona que reivindica abstractamente situarse ms all de la realidad tan inquie tante e ineludible del mundo presente, en razn de la trascendencia de su singularidad. P ESE A los visibles tropiezos conceptuales q,ue se originan para determinar la idea de unidad o identidad en un fenmeno tan extenso y complejo como es el de un conti nente, somos fcilmente proclives a aceptar la unidad y designio rigurosos para Amrica. Por nuestra propensin humana de afirmar nuestra propia individualidad, de magnificar nuestro drama y por lo tanto nuestra propia importancia. Estas actitudes, como senti mientos o juicios sin mayor hondura, son de un simplismo peligroso puesto que desbor dando los lmites de Ja especulacin formal, nos llevan a consecuencias terico-prcticas totalmente equivocadas y perjudiciales para nosotros y para el cumplimiento de nuestros destinos concretos y variables como compo nentes de la comunidad mundial. No existe tal identidad rigu:rosa en lo Americano, ni en lo geogrfico, tnico, tico, econmico y cultural. En cambio, po demos descubrir un sincronismo histrico de estos elementos en el tiempo de su incor poracin al resto del mundo. Tambin nos es posible descubrir semejanzas en la mag nitud, intensidad y modos de esos elemen tos, al conjugarse entre s, es decir, en su movimiento geohumano en la historia. Y principalmente, destacar algunos sentidos de la actitud espiritual del americano, de sus parecidas experiencias ntimas, de sus ten siones en el mbito de Ia convivencia, rela tivamente independientes del criterio antro polgico exterior. Que se basa, para deter mina; la unidad de lo americano, en los re sultados de la fusin tnica, las influencias de lo geogrfico y de las herencias cultura les o en los mitos contemporneos para un destino histrico inevitable, que alguien ca ilific de "xtasis de autoctona". Se ha expresado repetidamente que la geo grafa determina una identidad americana Y sin embargo Amrica se asla o se separa de Amrica por su geografa. Una colosal columna vertebral montaosa divide el te irritorio americano en tres zonas generalsi mas: el Altiplano en sus altitudes irregula res y marcadas, la faja recostada en el no Pacfico, variable en cada sector de su -latitud y las extensiones pampeanas y selv ticas enfrentadas a las costas del Atlntico. En estas tres zonas se suceden las ms con trapuestas caractersticas geogrficas: valles, mesetas, praderas y pampas, litorales meso potamias, desiertos, selvas, pramos y llanu ras Bajo todos los mandos tirnicos de cli mas heterogneos. Bajo las lluvias o las se quas ms extremas. Y en la opulencia o la miseria de las floras y las faunas ms diver sas y antpodas. Es decir, un inmenso mun do distinto y antagnico, excepto en su rela tivo parentesco geolgico. En lo tnico, se ha simplificado excesiva mente con la unidad de lo indgena Y' la uni dad del mestizaje. No pudindose descono : cer en cambio las complicadas resultantes de fa fusin racial operada antes y despus del Descubrimiento. Existen, s, zonas prepon ,derantemente blancas, mestizas e indias y

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    LOS PLEITOS DE AMERICA LATINA 21 preponderantemente mulatas o negras. Pero todas ellas pigmentadas y configuradas en sus casi infinitas gradaciones y mezclas Y uni das parcialmente ipor el destino simultneo de su vivir histrico y los modos parecidos de su accin y reaccin en la convivencia En lo econmico, si bien nuestro nivel re lativo respecto a otras zonas geogrficas del m!llndo nos sita como un continente, en general, subdesarrollado, este nivel es mar cadamente variable en cada pas y sector de cada pas. Igual variabilidad se observa en la densidad de las poblaciones y en el cre cimiento humano de cada uno de los pases americanos. Si nos referimos a lo poltico, oscilamos desde las ms crueles tiranas y dictaduras -parodias de organizacin y d~ gobiernoa formas de democracias estables, prcticamente avanzadas en sus contenidos y ejercicios CULES SON, pues entonces, los factores del ij)asado y del presente que no s unen, para justificar un parecido y simult neo destino y problemtica continentales? En primer trmino: la herencia cultural. La herencia latina, con su religin, ideologa y tcnica, fu la que se incorpor desde el principio del Descubrimiento. Despu s, en los 400 sos siguientes, fu el influjo cons tante de lo europeo, integrndose y modifi cndose con las resultantes dinmicas del medio americano, y las parcelas de las cul turas autctonas an sobrevivientes. Y por fin ahora, desbordando y cooperando con les aportes de lo europeo contemporneo, se acenta sobre Amrica Latina el gigantesco comando ideolgico, financiero, tcnico y comercial de los EE. UU. de Norteamrica. Los resultados de estas influencias cultura les han sido sensiblemente diversos de acuer do a las formas ms o menos coherentes y vivas de la cultura indgena, que recibi violentamente tales influencias. Citemos, entre otros, los procesos culturales tan im portantes y complejos, de los antiguos xico y Per, de Guatemala, del Tiahuanaco vecino al lago Titicaca, que han determi nado supervivencias y caractersticas tnicas, sociales, econmicas y espirituales, diferen~ tes al resto de los otros pases americanos,
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    22 COl\.lENT ARIO peas, similitudes en las luchas sociales, en la organizacin sindical, la conciencia Poltica y las reivindicaciones para la mayora que aspira por un ascenso en sus destinos. Esta semejanza en la dinmica sociol gica se debe al sincronismo, a la simultanei dad de los grandes fenmenos sociales cum plidos en este continente. E L DESCUBRIMIENTO se produce en las postrimeras del siglo XV y se inicia el duro ejercicio de la conquista En el deve nir del siglo XVI se constituyen casi contem porneos los virreinatos, que ipreparan la sor da insurreccin, el altercado y el desangre de las emancipaciones contra el orden de suj e ci n y explotacin coloniales, entre los aos I 810 y I 824. Con el resultado tnico y cultural d e l mestizaje, elaborado en todos los grados e incorporado a los distintos gru pos de la comunidad Con el apoyo ideol gico y militante de las minoras intelectua les, entre las desproporciones de las distan cias para los escasos ncleos humanos que Juchan y vegetan, nacen las repblicas con la esperanza abstracta, indita y entllJsiasta rpor la democracia, para el gobierno propio y justiciero Es as que las repblicas tra jeron el cortejo nupcial de sus aspiraciones y pro ye ctos para 1a ms sana convivencia. Pero, tambin las acompa el squito nebre v apasionado de las luchas intestinas d e l c a {idillismo y la iracundia des c ompuesta de la anarqua Esta especie civil precursora y ne ce saria en un momento, de las autono mas, de la independencia enrgica ipara el vivir y el derecho inalienable de vivir, se c c nfigur ms adelante en las tendencias v rem e dos autoritarios del militarismo en rica Muchas veces alentador, cmplice o ben e ficiario d e l parasitismo americano de las 1 dict a dur a s, negativas, interesadas y gratllJita mente patemalistas. En este devenir costoso de las repblicas se entronizarnn y estrati ficaron an ms las oligarquas y se desarro aiaron las capacidades y los poderes de los otros ncl e os sociales. Y se incorporaron los nuevos pactos e intereses internacionales de la banca, del dinero y la produccin Fu el tiempo de las penetraciones imperialistas y las penetraciones ideolgicas y de la nica. Por estas causas y las crecientes nece sidades y conflictos suscitados entre los dis tintos grupos sociales, nacieron los nuevos partidos. Y la perversin, el profesionalismO'> de los partidos y e la poltica. Junto con e R idealismo, el valor civil -en defensa y procura del avance para lo humanoapareci ,, el sensualismo y el sucio negocio del ipoder, el castigo de la demagogia y la insensibilidad: para los cuantiosos aspirantes a una felici dad y un bienestar posibles. Todo esto, a travs de la vida de todos los das, con sus grandes y pequeos menesteres. A travs dela accin creadora y de la inercia, del he 'l"OSmo de las ideas y de los actos. De la codicia, de las trampas, de la indeferencia 1;; social, de los prejuicios, las crceles y las persecuciones E STE ES el pleito que trae Amrica para el resto del mundo. Pleito que surge primariamente del choque tnico y culturar y de su geografa El americano an no ha vencido a su mundo fsico, por la pobreza de sus fuerzas econmicas, tecnolgicas y cul turales La geografa contina siendo unl' realidad y apari e ncia primersima. Porque todo an es naturaleza, que se enfrenta al. .americano en la lucha inicial por sus necesidades Y en la lucha de su~ sentimientos .. de su conciencia y de su cosmovisin par a,, Ja vida Las ciudades casi no cuentan, ex cepto para algunos importantes ncleos en quistados en ellas. La geografa es para el americano su sumisin y su admiracin, por el horror vital que le despierta y la grande za permanente qu e le cohibe. Es la prodi galidad y el sustento, pero an ms, es la dureza y la crueldad para obtener su prodi galidad, la espantable dificultad para la vi da de millones de seres y la facilidad para la muerte, tantas veces como la vida Es. ur..a geografa de extremos Y contradicciones-.. que abarca toda la existencia del hombre. De ah que surja as: la pasin y la resigna ci 6 n por el suelo, ese doloroso amor y odio, ahincado en lo vegetal, animil y mineral La pasin, la pasividad y el mito ipor la in mensa extensin, la inmensa soledad que postergan y exacerban su vnculo con lo social. Porque la geografa an no se ha conquistado y costar tanto conquistar. Amrica tambin trae su pleito en lo eco nmico, el del subnivel humano de la may 1 ora. Este pleito viene acompaado con eF grave suceso de los antagonismos y los des encantos sociales, por la miseria despierta 'F

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    LOS PLEITOS DE AMERICA LATINA 23 aleccionada en el cansancio Aleccionada en el cansancio del engao, ante la posterga cin de las promesas de sus dirigentes para los grupos menos protegidos. Tambi n: las dificultades, la desorientacin y la especta cin de sus clases medias frente a la inesta bilidad de lo poltico y la in transigencia, la ignorancia o incomprensin fantica de sus oligarquas. Por estas razones de su sincro nismo y paralelismo en las graves deficien cias en la civilidad y en las economas de sus pases Amrica est viviendo un pro ceso agudo, en el que las reivindicaciones sociales y materiales, los r evisionis mo s ideo lgicos y espirituales y la necesid ad de incor porarse a sus destinos nacional es inmediatos y concretos, asumen caracteres especialmente violentos, revolucionarios y estructurales. Resurge as, agresivo, un nacion a li smo corno solucin impetuosa rpara los conflictos del vivir americano, exacerba do y :resentido por la intromisin extranjera y en el senti miento de considerar a Amrica corno un continente agredido por las pod erosas fuer zas int eresa d as de Occid ente. Agreguemos a esto la metafsica por la intromisin ex tranjera, apoyada en una copiosa lit eratura, prdica y accin antiimperialistas, le gt imas e ilegtimas en la medid a de su verdad. Este nacionalismo en sus caracterizaciones ms extremas e irracionales exige una sobe rana abstracta ms all de l as necesidades actuales del mundo, orientado hacia una sa na y respetuosa interdependencia de nacio nes. iEste nacionalismo olvida o rechaza el in calculable proceso de unific aci n del mun do por medio de la tcn ica, a trav s de la foteligencia asociada de los planes mundia les para la produccin distribuci n e inter cambio de los bienes. En es te ltimo senti do, los avances son y sern cada vez m s veloces y ms estrucnurales y modificarn lo s actuales alcances y sentimientos de cada una de las soberanas existent es Este proceso de unificacin no es nuevo en la historia del hombre. Existi corno vo luntad y resultado en el poder totalitario de hombres y de grnpos de hombres, a travs de la larga historia de las conquistas suce sivas y frustradas. Existi en el finalisrno de algunas religio111es y en la creencia de un d es tino rnesi 'Oico y de dominacin, en hordas y congio merados nacionales Pero todos fracasaron en el espacio y en el tiempo histrico Por que sus fuerzas eran menores que su volun tad de dominio y de unific aci n y por la irracionalidad de s us principios. Hoy el po d e r d e l hombre en su inteligencia y capaci dad tecn o l ic a, lanzado en la conquista de la natu:raleza para subvenir a sus necesid a des espirituales y materiales, continuas y creadas, est cada vez ms prximo para operar en una unific acin armnica frente a los ncleos nacionales rN EL MUNDO presente se enfrentan mi L. litarrnente dos poderos os grupos hege mnicos encabezados por los EE. UU de Norteamrica y la Uni n Sovitica y apo yados rpor pases que ya pueden entenderse corno au ton omas p a rci a lm en te nacionales y a los que Amrica no es ajena, como no lo son los restantes contin ente s asitico y africano. Esta unificacin puede producirse catastrficamente, por l a victoria militar de uno o de otro. O por una probable coexisten cia en un nivel ms ntimo y estructural, porque no lo ser ya a travs de lo mera mente poltico, sino a travs de los planes genera_les de l a organizacin mundial, de la p:roduccin, de los intercambios, de las co municaciones, y de la extensin y difusin de lo ideolgico y oultural Por entre las autonomas y autoctonas, por entre las fronteras, l os orgullos legtimos y las permisibles vanaglorias n acio nal es, los sentimientos y tradiciones los mitos y los roes, se filtran, se asocian y se s up erpo nen los poder es internacionales de esta poca fi nanci era y t ecno lgica El conflicto fundamental de la Amrica de hoy, su drama inquietant e por l as den vaciones ideolgicas y polticas que pueden suscitarse -variable en cada uno de sus 20 pasesderiva de su dificultad de producir lo que requieren sus ac tu ales poblacion es en rpido crecimiento. Y de elevar el nivel de sus mayoras haimbread as antes de precipitar se en el desanden social y mat erial. Son millones de hombres agobiados en su eco noma dom st ica y primitiva campesina o min e:ra. En la desesper acin por el dificul toso e inseguro sustento y la perplejidad y el desencanto ante su destino humano. Y que creernos, slo puede resolverse en la ms fecunda inteligencia democrtica.

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    24 COMENTARIO Amrica en sus variables, posee muy baja productividad y como consecuencia casi di recta, sufre de subconsumo. Carece de un 111ivel industrial y tcnico adecuado para re solver rpida y convenientemente esos pro blemas. Amrica contina en una etapa in cipiente de produccin, de modo tal, que dos "resultados de su productividad son redu cidos rpara sus necesidades de inter cambio con pases ms evolucionados eco nmicamente. Sus soluciones, a partir de la ms alta capacidad tcnica poltica y la ms sincera voluntad de justicia, son las de rnecanzar y racionalizar la agricultura, di vidir los latifundios en la medida justa de su improductividad, eliminar el sistema su p rstite de la Encomienda, que permitan elevar al campesino, cooperar a la formacin del pequeo propietaTio rural y convertirlo en el consumidor natural de la industria y superar por fin los riesgos y limitaciones de la monoproduccin y los males de sus in dustrias inseguras. A MRICA NECESITA enriq uecerse, pero de acuerdo con el proceso mundial de pro
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    LA EXISTENCIA JUDIA Y EL DIOS VIVIENTE El problema de la supervivencia EMILIO L. FAJENHElM I E L JUDIO moderno es un enigma para s mismo. Cuando medita so bre su existencia corno judo no puede menos que llenarse de asombro Otros individuos o pueblos pueden que rer saber cmo han llegado a ser lo que son ; pero lo que es Eil judo debe querer saber, adems, cmo es que exis te del todo. Puesto que estn probadas las leyes de las mutaciones histricas, el judo debi haber desaparecido hace mucho tiempo. Y en verdad, se ha da do el caso de otro pueblo que, en simi lares circunstancias, haya podido sub sistir a travs de los siglos? La respues ta es que no se ha dado tal caso. Para -seguir existiendo, otros pueblos requie ren el vnculo de un territorio comn, E L ENIGMA de lo supervivencia judo, te mo que ha preocupado por igual o his toriadores, filsofos y humanistas de di versos tiempos, es reexaminado en estos _ginos con un enfoque inquisitivo, poco comn en nuestro poca. A lo luz de los nuevos cir cunstoncios seolodos por el resurgimiento del Estado de Israel y los potencias espirituales que ello ha suscitado entre los judos del mun do, ese enigma cobro nuevos caractersticos e incito o un nuevo ,planteo. De este ensayo, ton lleno de reflexiones sugestivos y atrevi dos interrogantes, fluye no slo uno defini rin audaz de judasmo sino tambin uno in terpretacin poco usual de lo ideo religioso judo con su inmanente sentido mesinico El Dr Emilio L. Fojenheim es profesor de filo -sofo de lo Universidad de Toronto y autor de un libro de ensayos sobre el judasmo, ti ttulodo El pueblo y su fe, que en breve opa recer bajo el signo editorial de aquello Uni -versidod una lengua comn o de una cultura comn. Por espacio de largas centurias el judo no ha tenido nada de eso. Es por ello que ms de un supuesro en tendido en las leyes de las mutaciones histricas se ha apresurado a predecir su inmin e nte desaparicin. Pero ha sta ahora, al menos, tales profecas se h a n visto malogradas. El judo c o ntina exis tiendo, y es fuente de asombro para s mismo y para fos dem s. 25 Cmo puede explicarse la subsisten cia del judo? Ciertamente que no por efecto de la persecucin ni de J-a dis criminacin. Es indudable que t a les for mas de hostilid ad pueden tener l a vir tud de unir a sus vctimas e infundirles una voluntad colectiva de sobrevivir. Ellos pueden querer unirse solidari mente para enfrentar la amenaza que los escoge para eJ sufrimiento; pero tam bin pueden optar por hacer lo contr rio, estos es, empearse en eliminar la amenaza. Contrariamente a lo que acon tece con el negro en el caso del judo esto no es cos a imposible. Por otra p ar te, en la historia juda la per secucin, aunque frecuente, no fu de nin guna manera un hecho constante. H a n h abi do largos perodos en los que 1os judos fueron invitados a participar en l a vida que los rodeaba y, por ciert o, jains di simularon su deseo de aceptar esa invi tacin Result a, par lo tanto, inadmisi ble atribuir la supervivencia juda a factores puramente negativos, tales co rno persecucin o discriminacin. T arn

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    26 COMENTARIO poco resultan ms afortunados los mo tivos que se expresan en trminos posi tivos, como ser "amor a la tradicin", o "sentimiento de ~ealtad de grup0". Es verdad que la tradicin constituy un fuerte sostn para los judos occidenta les hasta los comienzos del siglo XIX, lo mismo que para sus congneres de la Europa' Oriental hasta principios del si glo XX. Pero, por lo general esa tradi cin no ha sido esttica ni fosihzada ni menos inerte; ha sido siempre flida. Y aunque estaba frecuentemente ex puesta a la desintegracin, no se ha des integrado sin embargo; antes al contra rio, se ha preservado por s misma. Aho ra bien, cmo le ha sido posible pre servarse en vez de desintegrarse? En verdad, plantear esta pregunta es plan tear de nuevo la cuestin de la super vivencia juda. En sntesis, "el amor a la tradicin" no explica la superviven cia juda; es apenas un aspecto del pun to en cuestin Precisamente lo mismo se puede de cir respecto de los "sentimientos de lealtad de grupo". No cabe duda que tales sentimientos constituyen en ciertos perodos de la historia una poderosa fuerza de cohesin y subsistencia. Pero en el caso de los judos, la pregunta que surge es cmo es que en un pueblo que por muchos siglos no participaba ni de territorio comn ni de lengua co mn, ni siquiera de un destino comn, haya podido surgir tal sentimiento. Lo cierto es que, en el: caso de los judos, "sentimiento nacional" o "lealtad de grupo" no pueden explicar ms que un aspecto de la cuestin. Pueden, acaso, los sentimientos colectivos, surgir y sub sistir independientemente de las expe riencias que los nutren? Existen, aca so, fenmenos como el llamado "volun tad racia!l" que se transmitan con la sangre? En rigor, no debemos perder el tiemp0 en semejantes fantasas que lo existen en la imaginacin de dema gogos y charlatanes de los que tanto han proliferado en nuestro siglo. Resulta sobradamente claro, en con secuencia, que la subsistencia juda lo se puede explicar en el contexto de la fe juda. Todas las otras supuestas. causas de la supervivencia juda -tradi cin, sentimiento de la lealtad de gru po, etc.quedan implcitamente com prendidas en ese contexto. Es par rito de la fe juda que el judo existe. Lo cual, como ya lo expresamos ms. arriba, es fuente de admiracin para l mismo y para Jos dems. Ello coloca al judo de nuestro tiem po en una posicin singular. Como cualquier hombre en el mundo de hoy, el judo es presa de dudas religiosas. TaI como ocurre con los dems, el judo de hoy no est seguro de poder aceptar -y en caso de poderlo, hasta qu punto? la fe que le ha sido transmitida. Pero a diferencia de lo que acontece con cual quier individuo, el judo se ve en la ne cesidad de admitir que, en definitiva, es: por virtud de esa fe y slo por ella que le ha sido ddo subsistir. En lenguaje corriente, el trmino fe significa a me nudo una vacilante aprobacin de "pos tulados" abstractos y "principios" que por regla general son gratos, inocuos e incontrovertibles. Esta no es, precisamente, la fe que arranca montaas ni tampoco la que puede ser causa determinante de la supervivencia juda. El mino fe, en lo que tiene de aplicable al pasado judo, significa compromiso, total, compromiso con una experiencia cabal en el presente, o bien com promiso con el recuerdo persistente de una tal experiencia vivida en el pasado. Cualquiera que sea el juicio que merezca el relato bblico sobre los orgenes judos -sea que se lo acepte al pie de la letra o simplemente como un~ mera referencia mitolgica-, dos cosas estn fuera de duda: primero, que aun cuan do el relato bblico no sea ms que algo mitolgico, contiene un elemento ver dadero; segundo, que incontables ge neraciones de judos lo aceptaron como una verdad. Lo prime.ro se relaciona

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    LA EXISTENCIA JUDIA Y EL DIOS VIVIENTE 27 con la fe del judo bblico; lo segundo, con la fe del judo posbblico. Lo pri mero tiende a explicar cmo naci el pueblo judo; lo segundo, cmo so brevivi. El judo de hoy debe to mar en cuenta ambas circunstancias si quiere saber qu debe ser en cuanto judo o, por lo menos, si quiere com prender, qu es en cuanto judo. II SE PUEDE dudar de que Abraham y hasta inoluso Moiss hayan existido jams. Hasta se puede sostener la tesis de que Israel jams estuvo junto al Sina y, consecuentemente, que la singular revelacin divina por la cual Israel qued consagrado, no haya teni do lugar jams. Pero, en cambio, no es po sible dudar de que el relato bblico sobre los orgenes judos, por mitolgico que sea, refleje un hecho realmente suce dido. Lo que tuvo lugar fu una suce sin de avasalladoras experiencias reli giosas. La presencia def Inefable fu sentida en experiencias iguaJ.mente ine fables Como tales, esas experiencias no fueron, sin embargo, especficamente judas. Para experimentar la presencia del Inefable, lo fundamental no es lo puramente judo, sino lo que es parte esencial de toda vida religiosa. Lo que distingue a las formas de vida religiosa es el modo en que el Inefable y la ex periencia inefable son interpretados. Hay, a no dudarlo, ciertas variedades del misticismo en las cuales toda inter pretacin es desechada: el Inefable y la experiencia inefable permanecen siempre inefables; permanecen total mente divorciados de todo lo que es fa miliar y designable; toda la existencia se convierte en un esfuerzo, en una tendencia hacia un fin que, de lograr se, trasciende todo lo inteligible y todo lo expresable. Pero en la vida religiosa del hombre esto constituye la excepcin ms que la regla. La regla es que el Inefable y la inefable experiencia se relacionen in mediatamente con algo perceptible, con aJgo que es familiar y designable. En virtud de esa relacin quedan definidos y cobran designain. Es ste el momen to en que la religin empieza a existir. En la originaria experiencia hebrea se produjo esta suerte de inmediata re lacin entre el Inefable y lo familiar. Pero lo familiar no consisti, como fre cuentemente sucede, en algo que for ma parte de i la naturaleza ni tampoco en la naturaleza misma tomada como un todo. A su vez, la experiencia inefa ble no se expres ni en smbolos natu rales ni en manifestaci o nes ritualistas de los ritmos de la natural e za En la ori ginaria experiencia hebr e a, toda tenta tiva de relacin directa e ntre el Inefable y la naturaleza fu siempre rechazada de una manera categrica. Lo familiar y designable que en ese caso cobr sig nificacin, no fu la naturaleza, sino la accin humana. Pero la inefable experiencia no con sisti en accin precisamente, sino en algo que fu entendido como un llamado a la accin; mas este llamado no pud01 haberse considerado como tal, a menos de haber sido odo. Pero no pudo haber habido un or a menos de hab e r habido antes un hablar. El Inefabl e se d e fine a s mismo como '1o cucin" y la inefable experiencia como "un or c o mo un percibir la locucin. Lo que se haba percibido de aquel "ha btar" era un mandamiento y una pro mesa; es decir, un llamado a la accin a la vez que un anuncio de l o s efectos que habran de sobrevenir si el llamado era debidamente atendido. Por lo tanto, en la originaria experiencia hebrea la presencia del Inefable se manifest en la forma de un pacto divino-humano. Debe notarse, sin embargo, que esa experiencia no fu, al menos en un principio, una experiencia individual. Fu una experiencia colectiva. Se ma nifest, no com.o un pacto entre el Ine fable y los individuos, sino como un

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    28 COMENTARIO pacto entre el Inefable y todo un pue blo. Y slo a travs de esa experiencia el pueblo se pudo convertir en pueblo. He aqu el secreto del nacimiento de Israel. Se ha dicho muchas veces que la fe juda fu, desde sus orgenes, la fe en un monotesmo tico. Dicha afirmacin es cierta en un sentido v no en otro. Si por monotesmo se enti~nde la creencia en un Dios universal, el Dios Uno del universo y del gnero humano, en es te caso es ms que dudoso que los pri meros hebreos hayan sido monotestas. Y si por tico se alude a cdigos de con ducta de apilicacin universalmente hu mana, es ms que dudoso que su fe ha ya sido tica desde un comienzo. Su Dios fu Uno, no por tratarse del Uni co Dios habido, sino por tratarse del nico en exigir un compromiso de tan ta totalidad que reduca al mnimo todo lo dems Y El result tico por el he cho de que reclamaba la accin con exi gencia absoluta, total. En comparacin con lo absoluto de esa exigencia, que es todo un desafo su contenido resultaba de valor secundario. Los distingos en tre lo tico y lo ritual se verificaron mu cho ms t ar de. E STAS COSAS no deben sorprendernos. Las religi ones comienzan siempre por experiencias y no por ideas universales. All donde no ocurren tales experien cias, que muy luego se convierten en obligaciones, fa religin no comienza. Pero una vez que esa obligacin surgi da de la experiencia cobra carcter radi cal, la universalizacin de la misma es cuestin de tiempo. En la experiencia hebrea, el nico Dios importante evo lucion hasta convertirse, a su debido tiempo, en e:1: nico Dios existente; de El procedieron los mandamientos uni versalmente importantes, destinados y aplicables a todos los hombres. La evo lucin qued completada por obra de los profetas hebreos. Los profetas, en efecto, universalizaron la originaria experiencia hebrea sin disiparla en generailidades no obligacio nales De esta suerte, la experiencia pri mera pudo persistir y el Inefable con vertirse en el Dios de todos los hom bres, aunque con una advertencia im portante: El continu exigiendo, peren toriamente, la verificacin inmediata de lo pactado, aqu y ahora. Sus man damient os se tornaron, al menos en par te, universalmente vlidos, pero sin ha cerse abstractos. Fueron mandamientos o principios del Inefable dirigidos, no a la humanidad, sino a cada hombre en particular. He aqu por qu el Dios pro ftico, aunque universal, pudo quedar ligado a un pacto con el pueblo de Is rael. Fu e l Di os, no de la "humani dad" en abstracto, sino de cada nacin. En el mundo moderno hay quienes consideran que una religin es tanto ms sublime y ms luminosa" cuanto ms se expresa en abstracciones. Los profetas estaran en vigoroso desacuer do. Para ellos, el uso de tales trminos como "humanidad" y "deidad" indica ra, no algo sublime o luminoso, sino un evadirse de todo compromiso y de todo divino desafo Al tornarse univer sal, el Dios proftico n o ces de ejercer su desafo; El no desafi a abstraccio nes, tales como "humanidad", a las cua les ni Dios mismo puede desafiar. El Dios proftico desafa por igual y en todo momento, a etopes, a filisteos a la vez que a israelitas La preocupacin de un profeta en Is:-ael difcilmente po da extremarse hasta inquirir el desafo dirigido a etopes y filisteos. Se sigue, pues, que con ila experien cia del Inefable se produjo el nacimien to del pueblo de Israel. Y esto fu po s ible merced a tres factores: primero a que esa experiencia se tradujo en un ll a mado a la accin; segundo, a que la exper iencia fu colectiva ; o sea, que ese llamado era un desafo a un grupo; ter cero, a que fu una experiencia tan profunda que pudo persistir sin varian tes aun despus de que sus implicado

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    LA EXISTENCIA JUDIA Y EL DIOS VIVIENTE 29 nes universales se pusieran de mani fiesto. III p ERO LAS experiencias primeras no perduran eternamente. Como pre sumiblemente se producen en forma in termitente, se van envolviendo en las nieblas del mito, a medida que ocurren. En la historia juda, como en la his toria de la mayor parte de las religiones, la "revelacin" se convirti en un mino de referencia a sucesos ocurridos en el pasado. La pregunta que surge, en consecuencia, es a qu se debe que el pueblo judo pudo sobrevivir, siendo que su experiencia colectiva con el Ine fable se convirti en lo que a primera vista podra parecer oosa de un pasado muerto, solamente registrado en info lios caducos? La respuesta es que ni el pasado ni los documentos han ca ducado definitivamente. El pasado si gue en vigencia, obrando sobre el pre sente y el futuro; y en cuanto al do cumento gue lo registra, ste se convir ti en la Biblia, el Libro por excelen cia. El pensamiento judo se concentr en la exgesis de ese Libro; la vida ju da se apeg a sus mandamientos y pro mesas y la experiencia juda qued in terpretada como una derivacin cons tante de las vivencias tempranas consig nadas en dicho libro. Finalmente, fu por virtud de ese Libro, desde los tiem pos bblicos hasta la era moderna, que los judos permanecieron siendo un pueblo. Pero ese sobrevivir al pasado y ese generarse de continuo por obra de los hechos que registra ese Libro pueden de cierto probar que el pueblo vive real mente? Bien pudiera suceder que si el Libro regul el espritu judo por ms de dos mil aos, esto no se debiera a que conservara su vigencia sino a que el espritu judo estaba muerto; o sea que durante esas largas centurias la vi da juda hubiera estado formada por montonas prcticas de estriles precep tos as como de una esperanza desva necida en una perdida promesa. Y en verdad, cmo puede una vida religio sa ser otra cosa que un peso muerto si en vez de continuar nutrindose de la experiencia con el Inefable, pretende subsistir a base de un sometimiento ser vil a la autoridad de un libro codifica do? Por suerte y con excepcin de al gunos escasos perod os de declinacin religiosa, la lealtad juda hacia aquel Libro jams se tradujo en una obedien cia sumisa. Ms an, en un continuo meditar las meditaciones bblicas, el judo se meditaba a s mismo; en ima ginar aquellas experiencias primeras se perviva revivindolas; acatando sus mandamientos, los adaptaba a sus nue vos estilos de vida. Y de esta manera, el pasado antes que matar al presente, reviva de continuo en el presente, do tando de vida a ese presente. Ahora bien la cuestin que surge es, cmo fu dable una relacin tan\ ex traordinaria con el pasado? Por qu el presente estuvo tan pocas veces en con tradiccin con e l p asado, a travs de esas largas centurias? Por qu ese presente no ha vindicado sus derechos de autono ma respecto. del pasado? Cmo pudo la experiencia religiosa considerarse per man e ntemente subordinada a las gran des vivenci:s religiosas del pasado? Hay varias respuestas ; parciales a esta cues tin fundamental, pero la respuesta de cisiva radica en un e lemento peculiar de la fe juda: el el e m e nto mesinico. La fe mesinica es, por supuesto, blica en su origen. Fueron los profetas los primeros en hablar de un Fin de los Das en el cual slo Dios reinar en el mundo y en el que t o do se cumplir. Ms an, esa fe estaba implcita en la propia experiencia originaria; dado que la ex periencia del Inefable se interpret a s misma como un desafo y una prome sa, era cuestin de tiempo y de profun dizacin religiosa el que surgiera una

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    30 COMENTARIO nueva dimensin: la fe en un futuro en el que todo, tanto lo que le oorres ponde hacer a Dios como lo que co rresponde hacer al hombre se cumplir. p ERO MIENTRAS la experiencia originaria persista en la vida juda, una ex plcita fe mesinica, por decirlo as, no era indispensable. Lo inmediato religio so pudo subsistir sin aqulla. Mas una vez que el pasado vino a suplantar la experiencia original, la fe mesinica aflor y fu inmediatamente a ocupar el centro mismo de la vida religiosa juda. De no haber ocurrido esto, la vida juda no se habra podido salvar; el mero anclarse en el pasado no ha bra podido salvarla de la extincin es piritual y fsica. El pasado pudo seguir viviendo en el presente nicamente por que ambos -presente y pasadotuvie ron por mira el futuro. El pueblo judo pudo subsistir aun cuando El, que es inefable, dej de estar presente, gracias a que esa Su presencia se transfigur en esperanza de Su retorno final, total mente consumado. Nuestro juicio sobre la vida juda de esas centurias queda, por lo que se echa de ver, sujeto a revisin. El pensar ju do era un repensar el pensamiento pa sado; pero fu un pensar nicamente en cuanto dirigido a una futura consu macin. La imaginacin juda fu una revivencia, siendo vivencia slo en cuan to anticipaba el Fin. Por ltimo, y aca so lo ms significativo, la ob e diencia juda a los mandamientos pretritos constitua un estilo de vida, posible tan slo por .representar un continuo predis ponerse a -y un esperarla realizacin mesinica. En sntesis, J
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    LA EXISTENCIA JUDIA Y EL DIOS VIVIENTE 31 efecto, en las centurias de la Dispersin, nicamente los de corto entendimiento bubieran podido insistir en la super -vivencia juda a base de una esperanza nacional nicamente. Pero es el caso que fueron los hombres de ms ancho -e spritu y de ms clara visin quienes insistan en la supervivencia juda. Es to ltimo fu posible por el hecho de que alentaban una esperanza ms gran de que la nacional : la esperanza emer ,gen te de la relacin entre el Inefable -y todos los hombres. Por qu esta esperanza en favor de la humanidad no condujo a una auto disolucin voluntaria dentro de esa hu manidad? Simplemente, porque una tal humanidad no exista Prcticamente slo hab a naciones y muchas d~ st a s no consideraban al mundo como ne cesitado de redencin. Esto, por una --parte al tiempo que por otra, algunas naciones consideraban que la redencin ya haba lle g ado. En esas circunstan ci a s disolverse habra significado para -e l judo, ms que apresurar el Fin trai ci o nar su d e stino S e conol'uye de ello que e l judo de la Dispora sobrevivi gracias a haber est a do en condiciones de suscribir lo que haba implorado un -c lebr e rab j as dico e n momentos de d ., "Oh S gran ecepc1on: enor, envia pronto al Mesas para redimir a Tu pueblo Israel ; mas, si ello es contrario a Tu voluntad envalo para redimir a las naciones! IV L A CUESTIN que surge ahora es si el judo de hoy puede compartir la fe de sus antepasados, o si de lo contrario, na de considerarse a s mismo como un mero producto involuntario. Ser judo hoy da implica una aceptacin de obligaciones religiosas similares -ya que no idnticasa las de sus antepasa dos o es una simple y fortuita casuali .. dad derivada del nacimiento? Es indu dable que muchos judos se han plante ado esta cuestin a travs de los tiem pos Pero slo ahora, y desde que el ju do entr a participar en el mundo mo derno, aquella cobr carcter universal y por ende, ineludible Ell o se debe a que el mundo moderno ha puesto en duda, de una manera cada vez ms acentuada, el punto esencial de fa fe juda bblica y posbblica es decir, la fe en el Dios viviente. El judo bblico ha experimentado Su presencia y el posbblico ha depositado sus esperan zas en El; pero el hombre del mundo moderno ha Hegado a sospech a r que todas estas supuestas experi e ncia s con la Divina Presencia no han sido m s que ilusiones. Esa ltima actitud es r e sul tante del ideal moderno de iluminismo cientfico y moral. No impid e, a c a so un universo racional la po s ibilid a d d e incursiones de lo irr a cional di v in o? N o consiste ac a so, eJi estilo de v id a ra cio nal, en un confiarse no en l as revel ciones y promesas de a yu d a d i vina, s i no en el omnmodo pod e r d e l a raz n humana? Desde l a e ra d e l a Ilu stra cin el hombre de ide a s m ode rn as qui n no se cree con ide as modern as, a l me nos en cierto grad o ?, con s idera que la negacin del Dio s v i vie nt e e s un a pecto esenci a l d e l a e m a ncip ac i n cientfic a y moral d e l homb r e Si el hombr e ha d e s e r libr e e n su mundo Dios debe ser exp e lid o. Empl e amo s l a palabra expelido intenci o nalmente. El ideal de -l a Ilust ra cin no compele al hombre a negar que Dios exist a, pe ro parece compel e rlo a ne g ar e l der e cho a que pudiera es tar presente a qu y a hora. El Dios viviente h a tenido que convertirse en un a mera deidad en un principio csmico remoto indifer e nte y mudo. En otro tiempo el profeta Elas pudo contraponer a los dolo s que no -pueden hablar al Dio s v iviente que habl'aba. Desde la era del racionalismo y la ilustracin el hombre de ideas mo dernas cree que Dios no tiene ms ca pacidad de hablar que los dolos. La religin para el hombre de ideas

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    32 COMENTARIO modernas vino a reflejar esa conviccin. Lejos de apoyarse en la experiencia o esperanza en un Dios presente, el hom bre de pensamiento moderno presupone Su necesaria ausencia. De esta suerte, Dios se ha convertido en un endoso de ""d 1 " 1 1 d 1 ea es prmc1p1os postu a os y, en pases como los Estados Unidos de N ,. "l f "P orteamenca, en p ata ormas u dese pensar de Dios como de un mero ideal especialmente conformado como para celebrar entrevistas con El? Al entrar en el mundo moderno, el judo no tena motivos de recelos con tra el ideal ih.1minista que lo rega. Al contrario, sobradas razones le asistan para abrazarlo con vehemencia. Quin otro poda mostrarse ms entusiasta que el judo, que acababa de salir de los linderos del ghetto medieval? Quin haba de aprobar enfticamente la idea de la emancipacin universal, sino el judo que tanto ansiaba su emancipa cin? Mas en medio de esa aprobacin calurosa y sin reticencias, el judo des cubri muy pronto algo que le resul taba difcil de aceptar: la moderna ex pulsin de Dios del mundo tornaba pro blemtica la propia existencia juda. El "problema judo" haca su entrada en la escena y se presentaba como un pro blema sin solucin. p ARA EL judo pre-moderno, tal problema no exista. Aquel judo no se vea enfrentado con serias dificulta des para su auto-interpretacin. Crea haberse encontrado una vez con el Dios viviente y comprometido con este en cuentro hasta el da del cumplimien to cabal de la esperanza mesinica. Pero, ocurre si Dios no existe, si no resulta ser ms que una entidad pu ramente csmica relegada a lo infinita mente remoto, si Dios no es sino una simple relacin entre personas y pue blos? ocurre si todas las supues tas experiencias de la divina presencia no son ms que un cmulo de ilusio nes? El momento mismo en que el Dios viviente se convierte en cosa prol?lem tica, se toma simultneamente proble mtica la existencia juda. El judo se vi as embarcado en la ardua empresa de definirse a s mismo, empresa tanto ms penosa cuanto qu ninguna definicin era. posible: era el judasmo una cues tin de "religin"? Era uno judo por suscribir los "principios" del monotes mo tico? Haba quienes suscriban el monotesmo tico sin ser judos, y p<>r el contrario, los haba quienes se con sideraban judos sin suscribir ese mo notesmo tico. El hecho ineludible era que uno naca judo y que no se naca sucribiendo a principios o normas. Las definiciones omitan el hecho de que los judos constituan un pueblo. Y tal omisin no era un accidente. Un Dios viviente poda encararse con un pueblo, mientras que una "deidad" abstracta e inanimada no poda hacerlo: sencilla mente por incapacidad absoluta de ha cerse presente. En el caso de una dei dad, lo mejor que se poda hacer por ella era afirmarla mediante una decla racin; pero tal afirmacin no crea una relacin con quienes la efectan. En suma, si el Dios viviente tiene que de jar paso a la deidad abstracta, entonces lios postulados del judasmo se hacen aicos y el pueblo judo se desintegra. Quizs pueda ofrecerse otra alternativa para subsanar esa deficiencia. No se podra definir el judasmo como la "cul tura" del pueblo judo, algo as como el producto de su genio religioso? No se podra definir al puebl01 judo como el pueblo que ha producido esa cultura? Pero esas definiciones ya han tenido tambin un curso fatal. Quizs ese cur so no haya sido sino aparente, irreal pa ra un observador desaprensivo. Pero acontece que el judo no fu un ob servador desaprensivo, sino un actor protagnico; y como tal, habr tenido que formularse una pregunta crucial que aquella definicin no pudo respon der: por qu tena que seguir siendo judo?

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    LA EXISTENCIA JUDIA Y EL DIOS VIVIENTE 33 Mientras el judo crea en el Dios vi viente, la pregunta se responda por s misma: perseverar como judo era su deber, una consecuencia del pacto di vino-judo. Pero, ocurre si Dios no existe y si, por lo tanto, no pudo haber pacto alguno? ocurre si el judasmo no es un encuentro divinohumano, sino simplemente un producto del "genio" judo? En este caso, o bien la supervivencia es un fin en s mismo, o bien, un medio para las presuntas fu turas "contribuciones" del "genio" ju do en beneficio del "mundo". Mas, cualquiera de estas dos explicaciones suena a patrioterismo que ningn judo mO!l'almente sensible puede deglutir. Por consecuencia, los menos advertidos aceptan la necesidad de la superviven cia juda corno una mera ficcin pia dosa, en tanto que los ms avisados se deciden a desistir de ella. La supervi vencia juda era pues considerada corno un derecho y no un deber; el seguir siendo judo era una cuestin de gusto. Pero si ese criterio mereciera acepta cin general, cunto tiempo podran los judos seguir subsistiendo en la dis persin? Y, anlogamente, por cunto tiempo continuaran fos judos del Es tado de Israel siendo judos? Por otra parte, cuntos judos estn realmente dispuestos a abogar y luchar por la auto disolucin, arrojando por la borda tres mil aos de judasmo, a los que se ten dra que calificar corno un error tragi cmico? Si cabe una generalizacin res pecto del judo contemporneo, esta no es otra que la de que el judo sigue comiderando todava a la supervivencia juda corno un deber. Puede llegar a carecer de la ms mnima idea de por qu sea ello un deber; puede hasta re chazarlo en la intimidad de su con ciencia ; lo cierto, empero, es que lo siente corno un deber, y lo siente hasta los huesos. Despus de doscientos aos de deva neos estriles, la conclusin es obvia: el "problema judo" en cuanto problerna de una autodefinicin, es insoluble. La existencia juda no puede ser en tendida sin una referencia al Dios vi viente. Y el judo de hoy, si persiste en considerar la existencia juda como un deber, entonces o persiste en al go ininteligible o postula, consciente o inconscientemente, la posibilidad de un retomo a la fe en un Dios viviente. V p ERO LA posibilidad de semejante retomo ha de ser desechada por el hombre moderno, sin vacilacin Se puede hoy da, y en esta era, creer en un Dios que se revela a s mismo? No ha sido refutada esta creencia de una vez y para siempre? Y quienes sigan persistiendo en ello, no debieran ser objetados corno vctimas de espejismos y temores? En el siglo XX, la fe en un Dios viviente bien puede ser tenida por reliquia de edades pretritas y, a su vez, la consagracin juda a su supervivencia como parte de la misma reliquia. Lo cierto es que el mundo jams re fut la fe en un Dios viviente. Lo que hizo fu rechazarl o, nicamente. Aun que se tuviera la libertad de afirmr que Dios no existe, no se puede refutar lo irrefutable, sobre todo si lo irrefutable no es susceptibl e d e s e r probado. El pensamiento moderno refut mu chas creencias tradicionales, algunas de las cuales han estado asociadas cierta vez a la creencia en un Dios viviente. En la era de las ciencias naturales y de la crtica histrica es harto difcil creer en la particin milagrosa de los mares, por ejemplo, o en documentos dictados por Dios. Pero desechar documentos re velados no supone necesariamente dese char la revelacin. En fomia anloga, dudar de los milagros no supone nece sariamente reducir toda experiencia re ligiosa a reflejos del inconsciente. Es admisible que se sospeche de la auten ticidad de tan tas cosas que se dan co rno experiencia religiosa y que, lejos de

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    34 COMENTARIO reflejar un real encuentro con el Ine fable, son fruto de presentuosos deva neos solitarios. Mas de ah a considerar de este modo toda experiencia religio sa y por ende desecharla como co-. sa seudorreligiosa, equivale a seguir los dictados, no de la evidencia cientfica, sino de un prejuicio intelec tual. O para decirlo de otra manera, es adoptar una postura contraria al Dios viviente por virtud de un ficticio cri terio cien tfico. Hubo tiempos en que los que adop taban tal postura lo hacan imbudos del espritu de Prometeo. Al iguar que aquel hroe mitolgico, pretendan un control absoluto de su mundo con el fin de difundir la luz y la libertad. Aunque ya n o son muchos ~n el mun do de hoy, todava quedan algunos im budos del: espritu de Prometeo. Algu nos de los que se decidieron en contra del Dios vivi e nte se han embarcado en la tarea de difundir el terror y las ti nieblas en vez de la luz y la libertad; otros han preferido entregarse, trmu los, a la s o ledad y desesperacin; y otros, en fin, -que son la mayora en el mundo occidental, al menoshan perdido terreno en su capacidad de de cisin: ya no estn seguros de haber escogido a Prometeo y hasta ignoran lo que esto representa. Desde el punto de vista religioso se encuentran en un estado de perplejidad. Acaso esa perplejidad sea la expre sin religi os a ms autntica del hombre de nuestro tiempo. En todo caso, esto sera algo inslito en toda la historia re ligiosa del hombre. Es posible que en pocas precedentes haya habido entre los hombres un estado de perplejidad religiosa semejante, pero nunca lleg a estremecer de un m o do igual a toda una era. Todas las eras anteriores a la moder na fueron religiosas. Es posible que ha yan estado en desacuerdo en cuanto a la interpretacin a asignar a la pre sencia del Inefable, pero concordaban en punto a admitir como posible esa presencia. En abierto contraste, la era moderna -al menos en lo que sta tie ne de caractersticoes antirreligiosa en espritu. Sea que se niegue su exis tencia, sea que se lo despl'ace a zonas sin importancia, el caso es que se nie ga la posibilidad del Inefable. Lo que las eras moderna y pre-moderna tienen en comn es que ambas toman deci siones de carcter religioso sin prestar seria atencin a la alternativa; es decir, adoptan su decisin dogmticamente. Lo hacen sin CO[lciencia plena de estar adoptando una decisin. Pero en ver dad, el hombre de hoy no tiene certi dumbres tan dogm ticas. Es posib l mente, la primera vez en la historia hu mana que el hombre se ve enfrentado con el ms fundamental de los proble mas religiosos y, al igual que el de tQl dos los tiempos, tiene que decidirse. Pe ro contrariamente a lo ocurrido con el de otras pocas, d hombre de hoy se siente compelido a reconocer que es un problema. A diferencia del primero, no puede dejar de reconocer que el inte rrogante slo puede ser respondido con una decisin, ni puede dejar de advertir que la decisin es una decisin, y sufre la perplejidad derivada de esta situa cin. El problema es, a saber, est abierta o cerrada a lo Divino la exis tencia humana? Puede el Inefable es tar presente, o son, acaso, meras ilu siones todas las supuestas experiencias de tal presencia? Vive Dios o el hom bre est irremisiblemente solo? T ono ESTO es tan humano que las grandes decisiones result a n ine ludibles. Uno se siente tentado a afir mar que no queda ninguna decisin por hacer y que es preciso continuar a la deriva en la indecisin. O bien creer que se podra soslayar las decisiones dando un rodeo, slo para comprobar ms tarde que en fin de cuentas no se ha t o mado ninguna. Esta actitud de es quivar la decisin es fcilmente com

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    LA EXISTENCIA JUDIA Y EL DIOS VIVIENTE 35 prensible, puesto que tener que enfren tarse con la disyuntiva significa ser pre sa de la perplejidad, perplejidad ocasio nada por las posibilidades contradicto rias. No se puede hacer una eleccin genuina sin pasar previamente por esta perturbacin y es preciso afrontarla has ta que sea llegada la hora de la deci sin y de la accin. Si esto es exacto en el caso de t oda decisin importante, tanto ms lo es en lo que respecta a la gran decisin reli giosa a que se ve abocado e l hombre contemporneo. El decidirse a favor o en contra d e l Dios viviente, es mera materia de hiptesis cientfica? O acaso una cuestin de seguir la lnea de me norr resistencia? O de descubrir, qui zs, con la ayuda de psic logos autori zados, l a senda ms confortable de l a p az espiritual? No es un a eleccin en la cual cada un o, o bien compromete su se r todo o, de lo contrario, no se obli ga a nada? Si tal fuera el caso, no es de extraar que en la era ac tual el hom bre se vea ll evado a eludir esta deci sin y pretenda, en cambio, alegar que no hay ninguna decisin a tomar; pre texto ste que refuerza mediante toda suerte d e actividades, dentro y fuera de la iglesia o de l a sinagoga, te ndientes a distraer su atencin. Tambi n suele adoptar un aire de volubilidad e irreso lucin, dando proclamas en l as que anuncia gue l a decisin est tom ada, reiterndolas a intervalo5 regul ares pa ra infundides mayor fu erza. Pero, en verdad, l a gran decisin religiosa qu e se le plantea a l hombre contemporneo, no puede e ludirse indefinidamente, co mo tampoco puede disimularse l a per plejidad que le crean l as proclamas, no import a cuntas veces tenga lu ga r este ritua}. El inquieto evadirse de la decisi n d e b e producir una persisten te turbacin. Slo aqul que sobrelleva la tensin d e l as posibilidades contra dictorias puede sealar con certeza en gu consiste esa decisin ; y slo l puede saber cundo es propicia l a hora de adoptarla. Pero, cul es 1a de cisin? Y cundo ser lleg ada la hora de tomarla? Esto no se puede saber por anticipado. VI E L JUDO de hoy es hombre de nuestro tiempo, enfrentado con e l pro blema de la hora; es decir: puede o no estar presente el Inefable para nosotros? A la vez se ve enfrentado con e1 pro blema judo de l a hora actual: si la su pervivencia juda constituye un deber y, en caso afirmativo, porr qu. Lo no table e s que no puede encarar autnti camente la cuestin religios a en s, sin encarar a l mismo tiempo la cu e stin juda. El judo de hoy no pu ede e ncarar, de una manera autntica, la d ec isi n religiosa como individuo, simp l emente, porque h acerlo eq uiv ale, en realidad a evadir, si no su calidad de judo, por lo menos e l interrogante que le sugiere s u condicin juda. Y el interro ga nte exige una respuesta religiosa. D e lo cual resulta que, eludirla es, pa ra el judo, eludir parte del interrogant e re ligioso en s y, por ende, caer en lo in autntico El judo no puede encarar l a cuestin religiosa "como individuo, simp l emente" Quiralo o no, se ve pr cisado a encararla como judo. Proc der de ese modo equivale a recono cer que e l deber hacia la supervivenci a ju da es, para el judo, parte de lo que est en juego en la seleccin religi osa. El hombr e de hoy tiene que arrostrar la vieja cuestin sobre si el Inefable puede o no estar presente. E indisolu blemente unid o a esta controversia; el judo de hoy tiene ante s otro interro gante no menos antiguo que aqul, y es el que se refiere a si la superviven cia juda constituye o no un deber. Pa ra el judo l a perplejidad religiosa es a l mismo tiempo una perplejidad juda. Y 1'a vida religiosa juda de hoy consis

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    36 COMENTARIO te, precisamente, en sobrellevar esta do ble perturbacin. Cuando sea llegada la hora de las decisiones, el judo bien pudiera decidir que el viejo deber hacia la supervivencia juda deba ser abandonado. De ser te el eventual'. partido a tomar, el pue blo judo, as corno ha existido durante tres mil aos, dejara de serlo. Judas mo o condicin juda ser un simple de recho del cual harn uso nicarnen te quienes tengan gusto en ello. Los judos del Estado de Israel se con vertirn en israeles, y los judos de otras partes acabarn por ser, o bien miembros de alguna denominacin a modo de cualquier otra, o bien una mt noira condenada eventualmente a la extincin. Pero al fin de cuentas el judo podrru tambin decidirse por refirmar su anti guo deber hacia la supervivencia juda. Esto slo ser posible si el judo ha preservado, y aceptado como autntico, el antiguo encuentro de su pueblo con eI Dios viviente. Entonces se aceptar a sf mismo como parte de ese pueblo, consti tudo sobre la base de un encuentro con el Inefable y existente aun corno tal, de bido tan slo a que sigue ligado y obligado por dicho encuentro. Habr de aceptarse a s mismo como judo, puesto-, que habr aceptado la obligacin juda consagrada por los tiempos; esto es, pre pararse y aguardar el Fin en el cual todo lo que habr de ser hecho por el hombre o por Dios se cumplir.

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    RASGOS PSIQUICOS DE LA PERSONALIDAD JUD IA Predominio de /,a, fuerza espiritual GREGORIO S A POZNIKOW T ODA VIA NO se ha concebido una psi cologa jud a p or m s que e n la lit era tura univ e rs a l se ha acopiado materi a l -suficiente que pudi era servir a t a l objetivo ,c ientfi co L a d ram tica experie nci a del pueblo jud o, no p ocas veces veteada de ca, racteres t rgicos, difcilm e nt e t e n ga p ara -g6n en la histor ia; y si los judos se sealan -por un a vitalida d aso mbros a, manifestada n o "$ lo e n su supervivencia fsica sino t ambi n en un a elevada capacidad de creacin y rea lizaciones espiri tu a les, ello fu posible sobre todo corno consecuencia d e su peculiar es tructura p sq ui ca. Bajo la presin de l as ms tr eme ndas condiciones obj e tivas esa es E L PROBLEMA .p lanteado por el profesor Emilio Fa je nheim en un ensayo que pu blicamos en esto mismo entrego, parece encontrar eco y re sp u es to por lo menos par cial, en e s te artculo de Gregario Sapoznikow "Es que el e nigma de lo su pervivencia j do -o que aquel ensayo alud e, a s como l os plan teas que determinan los nuevas circunstancias histricas judos por efecto del resurgimiento del Estado de Israel, promueven en los hom bres de pensamiento un nuevo intento de de finicin de judasmo. Cul es lo causo ger minal y el factor eficiente que mantienen in variables los modalidades espirituales del pue blo judo? En qu consisten estos modalida des? Cmo se han preservado o travs de las generaciones? Poro el autor del presente trabajo la respuesto es cloro e inequvoca Gregario Sopoznikow es un ensayista que escribe mayormente en lengua idish. Dedica do a los estudios de pedagoga y del psicoan lisis, ha publicado yo varios ensayos sobre estos temas en revistos argentinos En su nmero XIV, COMENTARIO di a conocer un trabajo de Sopoznikow sobre lo obro literario de Schalom Asch. 37 tructura p qui ca ha podido crear y desarro llar en s una fuerte resistencia interior Es la lgica reaccin defensiva contra un am biente adverso. Los extraos seres que viven en las pro fundidades marinas, se caracterizan por una extrao rdinari a resi s tencia interior, que les :perm ite sopor t ar el enorme peso que los oprime. En el sa b io juego de la naturaleza, que tiende a un objetivo final de equilibrio y armona, tod a accin ;provoca una reaccin ; toda agresin origina una de'fensa Un fe nrnero similar se repite a lo lar go de la milenaria historia del pueblo de I srae l. Los admirables medios defensivos que s e han producido en el territorio de su psiquis -nico territorio retenido por la vivie nte na ci n juda durante siglosle han sido de utilidad y eficacia en su luch a por la super vivencia. Un a nacin -dice el eminente historia dor y pensador judo Simn Dubnovno es t an slo un conjunto de individuos Es ta mb n un conjunto de generaciones; por lo tant o, tras el umbral de la conciencia ac ta un a fuerza atvica, secuela de distintas experie nci as hist rica s que rig e el d estino de l a n acin y rivaliza con las influencias del mbito exterior" ''Tras el umbral de la conciencia" o dicho de 0tro rn~o, en el inconsciente d e toda nacin, yacen las experiencias histricas que han dejado un sello indeleble en el alma de un pueblo. Estas influyen continuamente de una u otra m anera, en l a vida de ese pueblo constituyendo algo as corno la esen cia anmica que en sus rasgos esenciales, es pfasrnada por la s cond icio nes socia les y eco nmicas que en aquella se desarrolla.

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    38 COMENTARIO e ULES fueron aquellas peculiares "ex iperiencias histricas" del pueblo judo, capaces de echar races profundas en el "inconsciente del :pueblo", y, desde all, in fluir en su espritu, fortalecerlo, ayudndole a resistir la adversidad y, obstinadamente, ponerlo en condiciones de rivalizar con las influencias del medio exterior"? Re
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    RASGOS PSIQUICOS DE LA PERSONALID A D JUDI A 39 nio de esperanza, esto es, que e n lo futuro, los pueblos fundirn sus armas IPra conver tirlas en arados. Tan elevados ideales han sido el resultado de la singular estructura psquica juda, d e cantada a lo largo de su acaece r hist rico. El pueblo judo no acostumbraba a descargar en actos de violencia las amargur:is y humi llaciones acumuladas en el corazn; antes al contrario, sola siempre sobrell e var estoi:::a mente l a s pers ec uciones e injusticias. Esto ltimo e! el r asgo caracterstico de s u per s o nalid a d nacional; es su herosmo espiritual que se opone al otro herosmo, el de la fuer za bruta y de los instintos desenfrenados. E L ideal heroico de los brb aros que do minaron el imperio romano durante l as primeras centurias de la era cris ti ana, no era otro que e l de conquista. "Crean -dice Jos Luis Romeroen lo que hay de natu r a le za e n el hombre y exa lt aban, sobre todo, el valor y la destreza, el goce iprimario de los sentidos y la satisfaccin de los apetitos. El poder de l a fuerz a fsica, la capacidad para aniquilar al enemigo y el saber afron t a r la muerte con impasibilidad, constituan su aspiracin suprema". El concepto bblico de la vida que pro clama la santidad de l a sangre humana -pues Dios dijo "No matars!" y hasta prohibi comer carne en s u sangrese im i;uso, por fin a los conquist a dor es brbaros a travs de la cultura cristiana. Los brbaros fueron, pues humaniz ados, y se sometieron, en parte, a ciertos prin ci pios ticos y mo rales. La cultura occidental es la nte sis de es tas dos tend e ncias aunque no h a terminado a un 1a luoha entre la fuerza de los puos y voz d e la conciencia mor a l Bien conocido es el caso del nudo gor diano, que nadi e supo desat ar. Alejandro Magno intent hac e rlo, sin resultado. Impa ciente, el cl e bre guerrero des a f ina lmen te, aquel nudo a su manera : Lo cort de un golpe con el filo d e su espada! Un judo observara que la ocurrencia es a dmirable no menos que la osada en arbitrar solucin semejante. Sin embargo, agregara: hasta el ms torpe y necio puede cortar un nudo Lo difcil es desatarlo .. El judo no se inmuta frent e a proezas corno sta de Alejandro en el clebre episodio. Y aquellos de es tirp e juda que desatan a golpes de espada l os "n udo s" -sus proble mas y conflictos-, resolviendo con violencia las cuestiones que d eben decidir libremente, no son le a le s a la tradicin moral de sus antepas a dos. Desprovi s t a su existencia de una base te rritorial firme y real, disperso entre todos los pueblos de la tierra, el judo se ampar en la imaginaci6n y en las ilusiones. D e esta sue r t e, la esperanza que crea y alimenta al qpnm1smo se convirti en parte integral de fa naturaleza juda, armando y fortificando el nimo d e l pu~blo en su sostenida lucha por la supervivencia Con el carcter de una minora atomiza d a en pequeos grupos dispersos en tr e los pueblos sin posibilidad de defenderse en caso d e agresin, con l a s mismas armas em pleadas contra ellos, l os judo s reacc i onab a n contra l a injuria con la fuerza interior de sus armas espirituales dirigid as, no hacia el ex exterior, sino hacia el fortalecimiento del propio Yo para dotarlo as, de esperanza ili mitada d e optimi s mo y de inagotable ale gra. Con tal es armas, que se man i festaban rn forma de ficticia a lt anera, los judos sa lan al encuentro de s us e n e migos, decididos a derrotarlos La ilusoria superioridad de los hijos del "pueblo ele g ido" alcanza su ms caracte rstica m a nife s tacin en e l humor judo Es te es el nico exponente "agresivo" de un ino cente mecan is mo psquico, llamado a apun talar el propio nimo y a fortificar la esperan za, a fin d e no sucumbir bajo el peso de l a s amar gas condi c iones de vida qu e con fre cuencia le h an sido impuestas por el medio social. E N su obra pstuma "Moiss y la religin monotest a" que dice Sigmund Freud los pueblos pr i mitivos castigan a sus dioses por cada fracaso o desdicha que sufren; has ta los pueblos mod e rnos derrib a n a los go bernantes que no satisfacen sus aspiraciones. Entonces, -se pregunta, cmo se explica el fenmeno de que l os judos, durante mi lenios, conservaran su apego incorruptible y lealt a d obstina d a h acia su fe y su Dios? En respuesta a su interrogante, hace Fre'..I.Q. un profundo an lisi s de los principios bsicos del monotesmo y seala que stos influyeron en su psiquis y originaron la for maci n de toda una gama de singulares ele

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    40 COMENTARIO mentos en la mentalidad del pueblo judo. La prohibicin -tan rgida e inflexible de representar en imgenes concretas el bolo de Dios, signific, en aquellos remotos tiempos, una concepcin sorprendentemente n11eva, que, por una parte, implicaba una profunda tendencia interior hacia la espiri tualidad, y, por otra, asignaba un papel pre porulerante a las ideas abstractas e inmate riales sobre los elementos instintivos y cor preos. En otros trminos, la representacin de Dios como pura abstraccin, desprovista de toda forma y contenido material, tan slo como ideal de valores ticos y morales, sig nific, en realidad, un rechazo de los im pulsos instintivos, un triunfo y ipre'dominio de los elementos espiritualmente superiores sobre las tendencias agresivas y erticas en el alma del hombre. Freud llega, as, a la conclusin de que el robustecimiento de la espiritualidad y la subordinacin de las percepciones sensoria les e instintivas, afirman la confianza en s mismo, t anto en los individuos como en los pueblos. El Yo se siente halagado, ensal zado, orguI!oso, por haber logrado el gran triunfo de renunciar al instinto. Y cuan do el Yo sacrifica un instinto, obedeciendo los mandatos del Super Yo, -de su concien cia moral-, espera ser, en recomipensa, el hijo favorito, el ms querido en la familia ru sa. ln. Nun c a se ofreci a Jo s romanos una reRlstencia tan perseverante y encarnizada. La ciudad lu c h durante largos meses y, finalmente, slo se rindi al hambr e. P e rdid a toda esperanza de salvar e l pafs. el rab Yojannn Ben Za.ka! rog a Tito que Je permitiera fundar una academia de estudios en la ciudad de Yavn e Tito accedi con el objeto de poder someter m{Ls f{Lcllment e a, lo s re st os combatientes que aun prosegufan r eslst.le ndo Fu asf, estable c ido un centro de estudios en Yavne donde se cultivaron las tradiciones y se guardaron los tesoros culturales del pu e blo Durante ce nturlaR Irradi desdP. allf la fe y la esperanza de h>R vencidos y dispersos hijos de Israel Post e rior mente, aquella ncademla de estudios fu traslada. da a otros centros de dispersin hebrea. Cada poca tenfa su propia "Yavne".

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    RASGOS PSIQUJCOS DE LA PERSONM..IDAD J,UDIA 41 pensac1on creando, por decirlo as, un in menso cielo, un cielo de intereses espiritua les. Y lo que parece inverosmil a primera vista, es que ello se convirtiera en una rea lidad histrica tan firme que permiti a los judos arraigarse profundamente en este "te rreno celestial". Arndolo con las armas de la inteligencia por espacio de casi dos mi lenios
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    FERMENTOS EN LA ESPAA DE FRANCO Oposicin activa bajo calma aparente BOGDAN RADITSA H ACE VEINTE aos el 28 de mar zo de 1939 caa Madrid a manos de los ejrcitos de Franco y liegab a a s u fin la efmera repblica espa o l a. Tre s a os de guerra civil, signa d a por la intervencin de Alemania na zi l a It a l i a fascista y la Unin Sovitica, d e j a ron c omo saldo un miHn de muer tos y var i o s millones ms de mutilados J h e rid os ( E s paa contaba a la sazn c on un a pobl a ci n de veintiseis millo n es ). D e c e nas de miles de partidarios d e l a Repblica huyeron del pas; mi ll ares p asa ron largos perodos en la ce l La p a z que sigui al conflicto en l a s do s lt i mas dcadas hay que atriH ISTORIADOR y ,polgrafo, el profesor Bog don Rodit s o ha alcanzado particular no toriedad entre los publicistas del norte por sus artculos s obre lo poltico de los ses de Europa O r iental. Sin embargo, su preo cupac i n por los d estinos de lo civilizacin contemporneo no limitan el campo de su in qui s itivo curio s id a d o aqu e llo porte del Viejo Continente El cambio de cortos con don Mi guel de Unomuno algunos de los cuales pu blic no hoce mucho lo revisto Cuadernos, lo re v elan tambin c d mo un entendido en los problemas que afectan o Espaa, ton sofoca do, en esto hora, por lo dictadura franquista. El presente artculo es el resultado de su ter cer v i aje o lo pennsula, o fines de 1958, en el que e x amin de cerco los problemas e i nterrog o muchos figuras que protagonizan el silencioso drama del pueblo espaol, no resignado ,por cierto o dar por perdido su libertad El profesor Roditso es catedrtico de lo Universidad de Dickinson, en los Esta dos Unidos ; s us sugestivos referencias o los relaciones de s~ pas con Espaa, no estn exentos de inters ,poro nosotros. 42 1-uirla, en gran parte, al agotamiento es J)iritual y fsico. Durante estos aos Franco cambi de posicin varias veces,. pasando de la alianza con las potencias del E je a una neutralidad aislacionista, y de sta a la cooperacin militar con los Estados Unidos; transform el gimen fascista en un absolutismo reac cionario apoyado por los mi-litares y la iglesia; y en lo econmico, se apart de los sistemas "corporativos" optando por estimular la iniciativa privada'. bajo una forma corrupta de monopolio estatal. El odio al rgimen franquista es gene ral, pero el temor a otra guerra civil contiene a los hombres y mujeres que fueron testigos de la carnicera de 1936-39. Los militares, los altos prelados de la iglesia y los nobles terratenientes fueron ~os que ganaron la guerra civil, y hoy gobiernan a Espaa. Entre los derrota dos perdura todava un profundo senti miento de fracaso. Un socialista cataln me manifest: "Nuestras vidas se de tuvieron al caer la Repblica. Desde la subida de Franco nos hemos convertido en almas muertas. Nuestro fracaso deja abierta una herida que jams podr res taarse". En una ocasin invit a un matrimonio de intelectuales a cierto res taurante elegante de Madrid; la mujer, una novelista cuyos libros los editores se rehusaron a publicar, ech una ojea da a los obesos potentados y a las rui dos a s mujeres que los acompaaban, di cindome: "Me siento exilada en mi

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    FERMENTOS EN LA ESPAA DE FRANCO 43 propio pas. Esta no es la Espaa con que sobamos en el 30". Empero, una nueva generacin ha llegado a la edad adulta, y el viajero pronto percibe el abismo existente en tre los hombres y mujeres de cuarenta para abajo y fos de ms edad. La pri mera dcada posterior a la guerra civil se caracteriz por una laxitud espiritual. Luego, cuando el aislacionismo inter nacional de Espaa lleg a su fin, len tamente comenzaron a surgir tenden cias "reformistas" entre los funcionarios pblicos de menor jerarqua y, sobre todo, en las universidades, donde los profesores eran sensibles al juicio crti co de los estudiantes de posguerra. Ha cia comienzos de la dcada del 50, hom bres como el poeta y ex-falangista Dio nisia Ridruejo, el ex ministro de edu cacin Joaqun Ruiz Jimnez, y el rec tor de la Universidad de Madrid, Pedro Lain Entralgo, empezaron a exigir re formas sociales y una gradual transicin hacia l as libertades civiles y al gobierno constitucional. Franco prest escaso odo a estas exi gencias. Sin embargo, en el otoo de 1955 numerosos incidentes menores confirmaron la impaciencia de la juven tud espaola. Al morir Ortega y Gass et, un millar de estudiantes asistieron a sus funerales portando un cartel que deca: "A Jos Ortega y Gasset, espaol, wfo y liberal". En febrero de 1956 hu bo tres das de violentas escaramuzas en el parque de la Universidad entre es tudiantes y falangistas armados. En los primeros momentos detuvieron a cente nares de estudiantes, veinte de los cua les fueron a la crcel. Al siguiente mes, un grupo de intelectuales y antiguos funcionarios estatales fueron arrestados bajo la acusacin de organizar ncleos de resistencia y publicar hojas clandes tinas. Jos Mara Gil Robles, que era cabeza del partido catlico de derecha t:n tiempos de la Repblica, figuraba como su asesor letrado. Este conservador de la vieja escuela, que tan importante papel d ese mpe en la pr eparaci n del terreno para el' advenimiento de Fran: ; co, declaraba entonces: "Cuando un r'." gimen niega a sus ciudadanos los me, dios normal es de expresin, stos tie nen el derecho de recurrir a cualquier otro a s u alcance". Como result ado de t ales incidentes en 1957 Franco volvi a barajar su go bierno, retrogradando a la Falange pa Ta otorgar gran poder al Opus Dei ca, tlico. Pero la inquietud estudiantil con tinu hasta obtener el a poyo de un con, tingente cada vez ms considerable de ciudadanos respetables ms entrados en aos. En enero y mayo de 1958, por ejemplo, la polica apres grandes grud d 1 pos e estu iantes comumstas o socialistas". Veinticinco sacerdotes, entre llos el propio capelln de Franco, fir maron una peticin en su favor. Uno de los sacerdotes me asegur que los estudiantes arrestados eran en realidad demcratas liberales, entre los cuales haba catlicos creyentes. En noviembre ltimo hubo una nueva ola de arrestos en Madrid, Barcelona y San Sebastin, dirigida esta vez contra intelectuales de la vieja generacin y gente ~e la cl:=i~e m edia. SIN EMBARGO, la resistencia abierta apareci por vez primera entre los jvenes y son ellos l os que parecen s ansiosos de un cambio inmediato El elemento joven de Madrid y Barcelona parece .hoy tan americanizado en las mod as y en los hbitos como el de Par s, 1 Roma y Ha1nburgo. Los viejos lazos fa1 miliares se estn debilitando, las rgidas normas de l a igl esia van desvaneciridose; millares de automviles y mni..: bus cruzan diariamente los Pirineos, in\ troduciendo en las grandes ciudades es..: paolas el cosmopolitismo y las costum c bres de los turistas Madrid y Barcel~ na, ciudades de lneas modernas cdn : grandes casas de lujosos departamentos, ya no son tpicamente espaolas. El res ..l

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    44 COMENTARIO to del pas recin ha comenzado a en terarse de lo que significa la revolucin industrial. Espaa, Portugal y Grecia son los pases ms pobres de la Europa no comunista. La extensa meseta ibrica, abrasada por un sol despiadado, carece de lluvias suficientes y su sistema de irrigacin es primitivo. Los tractores y las trHladoras son prcticamente desconocidos. Hom bres, mujeres, nios y famlicos asnos, Libran la tierra casi del mismo modo que en tiempos de los moros. En el nor te hay pequeas granjas pauprrimas, y en el sud la agricultura est dominada por los grandes latifundistas, servida por peones y braceros que deben afanarse para obtener un jornal de cincuenta pes e tas. Hay ms de un !Ililln y me dio de agricu 1 ltores sin tierra, que for m a n por lo m e nos el cuarenta por cien to de la poblacin campesina en re~io nes como Andaluca, Toledo y Valen cia Las extensas fincas que cultivan, pert e nec e n, en su mayor parte, a las antiguas grandes familias (los duques de Alba y Medina, Celli, la duquesa de Montoro, etc.), las cuales se resisten a emplear tractores y mtodos modernos de labranza, por el temor de que ello provocara desocupacin y la consiguien te intranquilidad entre los campesinos. Espaa no es la Francia frtil del si glo XVIII ni la Inglaterra del veloz rit mo industrializador del XIX U na sim ple reforma agraria que repartiera la tierra entre los labriegos, no bastara para dotar a cada agricultor de suficien te tierra de cultivo. La agricuhura es paola alcanza apenas para alimentar a la creciente poblacin del pas; la ini ciativa de incrementar sensihl'emente la produccin con nueva maquinaria y fer tilizantes tomara aos en surtir efecto. Por otra parte, no se cuenta con nuevas industrias que absorban el exceso de poblacin campesina. En realidad, Es paa exporta mineros y trabajadores-go londrina a Francia y los Pases Bajos. La poblacin urbana se halla en si tuacin algo mejor que la de los campe sinos, aunque los trabajadores no-ma nuales se ven obligados a aoenciarse b po-r lo general, dos o tres empleos para cubrir sus necesidades. El ingreso per cpita es de 346 dlares anuales (en comparacin con los 250, ms o menos. de antes de la guerra civil); pero estas cifras son engaosas a causa de la cre ciente inflacin que se registra desde 1951. Hay pocas dudas, sin embarcro, de que el nivel de vida de los obre~os calificados y los mineros de Asturia5, Bilbao, Barcelona, Madrid y Extrema dura ha mejorado; sus progresos no se equiparan de ningn modo a los de los trabajadores de Alemania Occidental o del norte de Italia, por ejemplo; pero son tangibles. Debido a esta relativa prosperidad as como tambin a la circunstancia de que la mayora de los dirigentes gremia les han muerto en la guerra civil o se han exi~ado, las numerosas huelgas que han temdo lugar en Espaa no han sido de carcter poltico. Ha habido, por otra parte, pocos contactos entre los obreros y esos intdectuales, funciona rios y estudiantes que forman la oposi cin "poltica" a Franco. Algunas de las conquistas econmicas obreras se loorao rrm a iniciativa de los sindicatos fiscalizados por los falangistas; la clase obre ra teme una restauracin de la monar qua, que a juicio de los crticos de la clase media, parece ser el objetivo in mediato de Franco. A este respecto, la situacin se asemeja a la de la Argen tina en tiempos de Pern, durante los cuales la masa trabajadora era contraria a los intelectuales, empresarios y oficia les de las fuerzas armadas que final mente depusieron al dictador. Los banqueros y hombres de empre sa figuran, por cierto, entre los ms acerbos censores de Franco, siendo el principal motivo de su descontento la atmsfera de favoritismo y corrupcin

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    FERMENTOS EN LA ESPAA DE FRANCO 45 que reina en la economa espaola. Co mo en otras partes, tambin all ha sur gido una "nueva clase" de empresa1ios, directores y burcratas que medra a c o ta de la poltica. Algunos de los princi pales integrantes de este grupo son pa rientes de Franco Su hermano Nico ls, por ejemplo, es el presidente de h planta local de Renault y muchas otrns corporaciones. Los permisos de importa cin, que deben ser todos gestionados ante las reparticiones oficiales en Ma drid, constituyen una copiosa fuente de corrupcin Tambin suele fraguars e d d l una escasez e pro uctos ta es como caf, azcar y papas, de la que se be nefician los traficantes de la bolsa ne gra con conexiones en el gobierno. Un "escndalo financi ero" producido en el ltimo otoo revel la complicidad de altos funcionarios oficiales con ciertos espaoles que haban depositado cerca de cuatrocientos millones de dlares en bancos suizos nicamente. e ONVE~SANDO con los int~lectu~Ie _s es panoles, que son los mas acern mos censores de Franco, se percibe a l punto un rasgo que es casi connaturaJ del carcter espaol; me refiero al des den por l as minucias de la realidad ma terial, cosa que hace el eterno encanto de Espaa y tambin su tragedia. La palabra gana que tanto se ha generali zado en la p osg uerra, refleja esta' carac terstica. Sinnimo de placer, gusto, ca pricho, expresa un espritu personalis ta, no conformista y anti-burgus. Cada uno hace lo que le da la gana. En l a carretera oscura un ciolista viaja sin las luces reglamentarias: no me da la g:;ma. Un pescador se solea al medioda en l a Costa del Sol, cuando debiera estar pes cando y lograr una buena redada. es que no me da la gana. La competencia en lo,s negocios, el ciarse prisa, la tensin del trabajo, no parecen existir en Espaa. Entre la cla se media siguen siendo habituales las prolongadas siestas despus del almuerzo, y las ceremoniosas cenas de media noche. Entre los pobres se celebran con gran solemnidad y desde la vspera, las fiestas de cada uno de los santos y los das de la Virgen. Los jueves y sbados hay corridas de toros, pero el holgorio empieza un da antes con las apuestas, lo cual hace que el perodo de ocio se duplique. La Espaa de mediados del siglo XX no es, naturalment e, la Espaa de El Greco, ni siquiera l a de Goya. Desde la Revolucin Frances a ha surgido una tra dicin de minora liberal disidente, tra dicin que cre la Repblica de la cada del 30. Incluso hoy, el pas pro duce no slo filsofos y poetas de van guardia, sino tambin tcnicos, expertos en estadstica y hasta en psicologa in fantil. Sin embargo, conversando con intelectuales y polticos espaoles, uno alcanza a comprender hasta qu punto ha persistido e l esprit u medieval del pas. En muchos aspectos, el espritu pragmtic o del Occidente moderno, con su respeto por los hechos, la experien cia y el tr ansigir con la realidad, recin ha comenzado a abrirse paso. "Siempre hemos sido ind efinidos, 8 bstr actos, msticos", me di jo el socilo go y profesor, Enrique Tierno Galvn, un o de los pocos pensadores polticos 1ealistas del pas, "pero cuarenta aos bajo la influ encia de nuestro gran maes tro Ortega, que trajo aqu la filosofa a l ema n a, ha acentuado a un ms esas caractersticas nuestras. Todo se ha vuelto am biguo. El catolicismo es am biguo: todo e l mundo va a la iglesia, pero p ocos realmente creen. Todos des potrican contra Franco, pero pocos estn dispuestos a obrar contra su rgimrn". La poesa y la lit erat ura siguen sien do los vehculos de las protestas ticas, como es frecuentemente el caso dentro de un rgimen represivo. Los "cenculos poticos" organizados por Ridruejo y Lain Entralgo en diversas partes de Espaa, han servido para re

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    46 COMENTARIO unir a intelectuales disidentes. Todos 1 los mircoles por la noche, en la Biblier > teca Insula de Madrid, se juntan inte1ectuales y escritores, jvenes y viejos, para discurrir sobre literatura, arte, filer sofa e, inevitablemente, poltica. Y ca si todos los das, escritores, poetas, crticos y artistas discuten, en torno a las mesas de cafe de Madrid, Bar celona, Santander y Sevilla, las ltimas id eas de Pars, Roma y New York. La atmsfera recuerda la que imperaba en Rusia hace medio siglo y en Europa -: Oriental entre ambas guerras mundia les. Los jefes de la comunidad intelectual espaola, a los que se puede calificar de mcderados en trminos occidentales, si bien en la Espaa de Franco se los con sidere rebeldes, estn todava sujetos a 1a influencia filosfica de Mig~.1el de Unamuno y Ortega y Gasset y sus se cuaces vivos, Salvador de Madariaga y Gregario Maran. Pero la filosofa de stos, alejada de toda suerte de inquie. tud por la realidad social y econmica, falla en cuanto al problema fundamen tal de Espaa, esto es, en cuanto a mo modernizar esta sociedad autoritaria medieval. Numerosos intelectuales es~ paoles de la ac tualidad, como Tierno Galvn, por eje mplo, se sienten atra dos por l a filosofa pragmtica y emp. rica de los pases anglosajones; otros dirigen la mirada al m arxis mo. Hay un grupo considerable de jvenes c a tlicos que siguen a Jacques Maritain; otros estn bajo la influencia de Julin Ma ras y Jos Luis Aranguren, que predi can un "cristian ismo revolucionario". Vistos e n su conjunto, empero, los ntelectuales es paoles parec en romn ticos e imprecisos en su actitud frente a los problemas sociales. Por lo general ven en la conquista del poder la nica finalidad de la poltica, y se muestran reacios a dar una respuesta concreta cuando se les pregunta qu haran ellos para elevar el nivel d~ vida y moderni zgr el pas. "Necesitamos institutos y organismos de investigacin", explicme Tierno Galvn, "para estudiar nuestros proble mas sociales y econmicos en forma cientfica y prctica; estudiar el proble ma agrario, la estructura social de la clase trabajadora y de la clase media, etc. Jams hemos ensayado nada en ese orden y gran parte de nosotros ignora la manera de encararlo. Incluso nues tras universidades, por demasiado anti guas, no le han prestado atencin. Na die se ha ocupado de ninguna de estas cuestiones, salvo los comunistas". En cuanto al problema de la tierra, por ejemplo, los comunistas abogan por la colectivizacin mientras que los li berales no logran ponerse de acuerdo Ciertos sectores propugnan la reforma agraria y el desarrollo de una clase in dependiente de pequeos granjeros; otros creen en la eficacia de cooperati vas voluntarias y otros, en fin, propi cian la solucin del problema de la tie rra mediante una rpida industrializa cin. Los no-comunistas no slo que es tn divididos entre s, sino que esa su divisin, que es ms bien emocional y de con tomos ideolgicos, tiene para ellos ms mrito que el conocimiento prag mtic de las necesidades y posibilida des de la agricultura espaola. Y cuan do de la elucidacin de los asuntos eco nmicos no surge un espritu prctico, resulta difcil que se deje sentir un efec to moderador en l a discusin de aspec tos no-econmicos de valor tan explosi vo como el clericalismo, que desde los tiempos de la Inquisicin es sinnimo de Espaa. L A RELIGIN catlica ha estado siem pre en el centro de la sociedad es paola El clero, en su mayor parte, si gue colaborando con Franco hasta el ex

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    FERMENTOS EN LA ESPAAA DE FRANCO 47 tremo de desconcertar al propio Vati cano. Pero entre los clrigos jvenes prevalece un nuevo espritu muy dife rente. Los dirigentes del clero espaol cre~n haber "salvado" tres veces al catolicis mo en los ltimos cuatrocientos aos: primero, de la Reforma, luego de la Re volucin Francesa y ms tarde, del So cialismo, en los das de la Repblica. Con semejantes proezas histricas en su haber, los jerarcas de la iglesia se mues tran, por lo genera l, impasibles frente al auge de los movimientos demcrata cristianos d e posguerra en Europa Occi dental. El tradicional catolicismo espa ol puede ejemplificarse con el caso del terrateniente que al or citar a un pro fesor de la Universidad Catlica de Se villa el Rerum Novarum en el que el Papa Len XIII recomendaba la distri bucin de la tierra entre los campesi nos, exclam: "Si esas son las ideas del Santo Padre, me hago protestante" La iglesi a monopoliza el sistema edu cacional de Esp a a, y como en los tiem pos feudales posee y administra exten sas fincas, pensionados estudiantiles y e s cuelas de todo tipo imaginable. Cier tas rdenes monsticas, particularmente los jesutas, los domnicos y los fran ciscanos, son bastante ricas como para controlar la vida econmica de regiones enteras, la de Castilla, por ejemplo. Levant a n nu e vos monasterios e iglesias y escu e las provistas de los ltimos ade lant o s, si bien en sus planes no entra la construccin de casas baratas. Uno de estos edificios es el enorme monaste rio ben e dictino, con bao privado en cada celda, levantado en plena sie rra de Guadarrama, dominando el Valle de los Cados, y que quedar exactamen te debajo del proyectado lugar de re, poso de Franco: el Monumento a la guerra civil, en el cual reciben sepul tura los muertos en la conflagracin; di cho Monumento est coronado por un gigantesco crucifijo de mrmol visible en toda Castilla(*). El ltimo baluarte del rgimen de Franco es el Opus Dei, al que sus cen sores califican de masonera seglar c a lica reaccionaria. Su gua es un libro ti tuiado Camino, del Padre J. M. E sc ri va, en el que ste insta a sus miembros a "restituir a Espaa su anti g u a gra n deza de santos, sabios y hroes El li bro insiste en el tema del ca ud illo : "j J e fe! ... Haz viril tu volunt a d de p o d er a fin de que Dios te haga conductor .. T ests hecho para el mando .. ". Los del Opus Dei estn mu y int e r sados e n monopolizar la vid a in te l e ct u a l espaola. Y a controlan la Acad e mi a Es paola de Art e s y Ciencias, el Co n se j o Superior de Investigaciones y s u p nunciada particip a cin en e l go bi e rno desd e 1957 l e s ha d a do un p a p e l d e c i sivo en l a c e nsura. La c e nsur a r e li g i osa es aun m s sev e ra que l a p oltica. E l Breviario d e e rrores es observ a d o 5er i men te En l a s libr e r s s e p roh i be l a venta d e libros como L a Cr i ca de la ra zn pura de K a nt, D e l s e ntim i ento gico de la vida y L a ag o na de l cristia nismo de Unamuno aunqu e so n fc i les de obtener en lo s mi s mos n e g oc i os bajo cuerda. L a c e n s ur a v a m s a l l d e l a p o ltica y la filo so f a; los a utor e~ de imaginacin e s crib e n a m e nud o dos versiones d e la mi s ma nov e l a un a, l a autntica y otra qu e p asa r por e l c e n sor cl e rical. Por ci e rto qu e es t a ltim a ti e ne que e star hbilm e nt e h ec h a. un joven escritor que d es crib a e n un pas a je de su libro el desp er t a r d e un a nia y su alegra al cont e mplar l a a u rora, le devolvieron e l manuscrito c o n el siguiente comentari o en rojo d e l c e sor: "Al levantarse, una nia esp a ola se arrodilla y reza a la Santa Vir g en". P a r a e ri g ir este m o nu m e nto que co s ta r .ns d EI 200 mill o n es d e d l ar es y c u ya c o n s tru cc i n h a des p e rtado un a ol a d e d es co n t e nt o, hu bo q u e a rr asa r un a m o n taa de l ido g r a n ito. Num e ro s o s d e udo s d e l os c ald os h a n ex pr esad'O v i va o po s i c i n a qu e se exh um a r a n l os r e sto s l a mayorfa de los cuale s y ac en e n el s o lar nati vo

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    48 COMENTARIO S IN EMBARGO, el catolicismo hispano ya no es tan monoltico. En la ma reunin del Colegio de Cardenales, el primado espaol Dr. Enrique Pla y Daniel, se rehus hasta el fin a votar par el Cardenal Roncalli ( considerado generalmente como el candidato de la Francia "liberal"), pero los Cardenales de Tarragona y Santiago contribuyeron con su sufragio a la mayora que con sagr e n la sma papal a Juan XXIII. Entr e los crticos abiertos o solapados de Franco figuran prelados de tan alto rango como el Obispo de Zaragoza y el Abat e del Monasterio Benedictino de Mons e rrat Padre Aurelio M. Esca rre (menciono estos dos porque la pren sa y a los ha identificado como oposito res de Franco; hay otros nombres me jor guardados) Los hombres de esta talla e stn seriamente preocupados por l a s consecuencias que pudiera tener la estrech a alianza de la iglesia con la dic tadura de Franco "Nosotros seremos los culpables si nos matan y vuelven a quem a r nuestros templos y monaste rios me confi un alto prelado, entre la p e numbra de su vieja iglesia medie val. Lo mereceremos, porque no he mos hecho nada por evitarlo". Otro me dijo que esp e raba "das terribles". Los sacerdotes ms jvenes estn se riamente preocupados. Son opositores del rgimen de Franco y muchos no vacil a n en titularse revolucionarios. Los he encontrado en diversas parroquias de pueblos y ciudades y en los claustros universit a rios de Madrid y Barcelona. Han ledo a Marx de igual modo que a Maritain y en sus hogares he trope zado a menudo con jvenes socialistas y hasta anarco-sindicalistas Los prelados jvenes acusan a los je rarcas de la iglesia de abandonar las ms elementales ideas cristianas y a las ins tituciones eclesisticas de Espaa las consideran anticuadas y corrompidas por mezquindades polticas. Condenan, asimismo, la conducta de las autoridades de la iglesia en tiempos de la rep blica. Un injustificado temor al libera lismo, afirman, llev a la iglesia a proceder con deslealtad hacia el Estado se cular, provocando la gran "divisin" es paola. Si la iglesia hubiera trabajado en favor de soluciones moderadas den tro del marco secular republicano entre 1931 y 1936, no habra habido guerra civil. Los jvenes sacerdotes rechazan el punto de vista, sostenido por Mada riaga y otros exilados moderados, de que la iglesia tuviera fundamento para te mer la persecucin de las izquierdas es paolas. Muy por el contrario -me ase guraron-: desde el principio la iglesia y las fuerzas armadas vieron en la Repblica a su enemigo y la forzaron a combatirlos. Algunos de estos clrigoS, estn dispuestos a apayar la expropia cin de los cuantiosos bienes de la igle sia y poner fin a su monopolio en el' sistema escolar. Sin embargo, estos jvenes sacerdotes constituyen solamente el ala izquierda de la opinin catlica disidente. Cuen tan con el apoyo de la mayor parte de los asistentes sociales, que han encon, trado un enconado anticlericalismo en tre los pobres y esperan persuadir a la clase obrera de que el cristianismo puede promo ver la justicia social. Sus hroes son los tantas veces arrestados Jimnez Fernndez, profesor de derecho y au toridad en reforma agraria, y el padre jesuta Llanos, a quien se considera una esp e cie de Abate Pierre espaol. Los. catlicos del centro estn agrupados en turno a Gil Robles, que pretende restaurar la monarqua y formar un par tido demcrata cristiano, sobre bases ms liberales y conciliatorias de diver sas tendencias. El lder de la derecha catlica disidente es el ex ministro de relaciones exteriores Martn Artajo, ca marada de individuos como Otto de Habsburgo, a quien detestan por iguat catlicos del centro, izquierdistas y la juventud. Mucho ms a la derecha, y

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    FERMENTOS EN LA ESPAA DE FRANCO 49 ms poderosos que nadie, naturalmen tf:, se hallan los jerarcas que sostienen a Franco y alientan el Opus Dei. El encuentro de sentimientos disi dentes y pro-franquistas en las esferas clericales se ha puesto de manifiesto en un incidente ocurrido hace poco. Con motivo de haber sido despedidos, sin indemnizacin, cierto nmero de o bre ros de una fbrica de Camposano (San tmder), el prroco del lugar realiz una colecta para ayudar a los trabaj adores necesitados. El obispo, con el consen timiento del gobierno, d es tituy al sa cerdote por "comunista" y lo recluy en un monasterio. S EGN ME lo dijeron dos obispos que lo conocen ntimamente, Franco es pesimista respecto de sus sbditos. Me nospreciando por igual a colaborado-res y opositores, cree que slo l puede do minar las pasiones del hombre de la calle. Tambin cree que cualquier re forma moderada fomentar conflictos sociales, atentados incendiarios v asesi nat os en masa. Aunque una vez,prome ti que se retirara algn da, lo cierto es que ahora se propone continu ar en el poder por el resto de su vida. Tiene actualmente sesenta y seis aos, y goza de buena salud. Los mtodos de Franco son los de un sagaz monarca medieval antes que los de tantos dictadores providenciale s del siglo XX. Los intelectuales espao les se complacen en citar l a frase d e Ortega y Gasset: "una dict ad ura dulci ficada por la corrupcin". Aunque la eficiente polica de Franco est organi zada segn e l modelo de Himmler, el dictador no confa mucho en las tcticas de terror y es reacio a convertir en m tires a los opositores. Primero, trata de sobornarlos, y si esto no da resultado, los hace arrestar; si la crcel no logra que los detenidos muden de parecer, se los intimida con la amenaza de un "accidente". Dionisia Ridruejo me confes que cuando empez a desilusionar se del rgimen franquista le ofrecieron un cargo algo as como agregado cultural en los Estados Unid os, con un sueldo de dos mil dl ares mensuales. Como se rehusara a aceptarlo, lo encarcelaron para libertarlo ms tarde advirtindosele gue padra ocurrirle un "accidente". En 1958 lo arrestaron otra vez y lo proce saron. El da del juicio, una muchedum bre de ms de quinientas personas se agolpaba en las inmediaciones del tri bunal, en clara manifestacin de soli daridad con el "Djilas espaol". Aden tro, el fiscal de l a Corte, que en prin cipio haba reclamado una pena de die ciocho aos, acab por pedir para el acusado dieciocho meses de crcel. Fi nalmente, Ridruejo logr su lib~rtad en virtud de la amnista decretada con mo tivo de l a coronacin del nuevo Papa Y la tensin emocional baj de punto El Consejo del Reino tiene poderes para escoger, cuando muera Franco un nuevo jefe de Estado, ya sea un prnci pe de sangre real u otro espaol de por lo menos treinta aos de edad. La opi uin es que el Consejo escogera, o bien a Don Juan de Barbn y Parma, here dero de Alfonso XIII, depuesto en 1931, o a su jo ven hijo Don Carlos, es tudiante de las academias naval y mili tar de Espaa Don Ju an vive confor tablemente en Estoril, Portugal, gozan do de una suculenta pensin del gobier no espaol, y aconseja a sus partidarios que tengan paciencia Hasta los monr quicos lo consideran paco inteligente, falto de coraje y sin don de simpata. De acuerdo con los planes del go bierno e ind e pendi entemente de quien llegara a ser rey, el ejrcito tendra po der para continuar la poltica de Fran co. El ejrcito espaol, fuerza frustrada que perdi todas las guerras extran je ras libradas desde la declinacin de la casa de l os Habsburgo en el siglo XVII, dirige tradicionalm en te sus invectivas contra la clase culta del pas. Con Fran

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    50 COMENTARIO co, los generales y coroneles del ejrcito ocupan cargos lucrativos en el gobierno central y en los de provincias. Los suel dos de los oficiales han sido aumenta dos, los cuarteles reconstrudos y las instalaciones militares modernizadas Una ley reciente permite a los oficiales de alto rango pasar a retiro a cualquier edad con el sueldo ntegro y les acuer da auto mticamente la prioridad para desempearse en puestos pblicos o pri vados; esto los habilita para cobrar dos sueldos completos al mismo tiempo. Y .si bien entre los oficiales jvenes puede <1ue haya nuevas ideas, los hombres co mo el general Jorge Vigon, a quien se menciona frecuentemente como el suce so r ms indicado de Franco, creen que lo una monarqua "tradicional", cleri cal y antidemocrtica, puede salvar a Espaa de las perniciosas influencias de Occidente. O ENI'RO del rgimen de Franco la al ternativa de otro c a udillo es poco probable. El gabinete espaol no cuen ta con ninguna personalidad indepen diente; l os ministros son tratados como mandaderos. En f~brero de 1957 por ejemplo, Artajo, que haba sido minis tro de relaciones exteriores durante on ce aos, fu destitudo por el ministro de gobierno Luis Carrero Blanco, des pus de una conversacin telefnica de dos minutos. A los tres das lo recibi Franco para expresarle "las gracias por los servicios prestados a l a diplomacia es paola", y eso fu todo. Las Cortes, cuerpo legislativo de quinientos diputa dos nombrados a dedo, existen solamen te por consentimiento de Franco. Debido, en gran parte, a que no exis te dentro de los cuadros gob e rnantes de Espaa ninguna figura rectora en las filas moderadas, la mayor esperanza de los oponentes liberales de Franco parece fincar en una restauracin de la monar qua. Pero hay monrquicos y monr quicos. El general Vigon encabeza uno de los grupos monrquicos, denominado Accin Espaola, el cual espera una restauracin para legitimar la continui dad de la poltica franquista; el ms allegado colaborador de Vigon es el mar qus Jos Ignacio Valdiglesias, otro timo amigo de 0tto de Habsburgo. Tambin hay monrquicos ( como Cal vo Serer) en la organizacin Opus Dei, que esperan continuar dentro de una monarqua como fuerza orientadora del gobierno. Por ltimo, estn los monrquicos in dependientes, que c o nsideran la restau rncin como el primer paso hacia un rgimen constitucional y ms liberal. Muchos monrquicos de este tipo se han congregado en torno de la Unin Espaola, coalicin respaldada por varios grupos de los ms importantes industria les, cuyos conspicuos voceros intelec tuales son Ridruejo y Tierno G a lvn. Han logrado la colaboracin de Gil Ro bles y tambin la de Femando Alvarez de Mirand a, que en Espaa es el ms mdiente defensor de la federacin eu ropea. Ha y t ambi n algunos anarquis tas y sindicalistas que apoyan esta 2grupacin; los socialistas, empero, se h a n m a nt eni do alejados de la misma. Los jefes del partido en el exilio, vaci fan en prestar su colaboracin a gentes que se opusieron a la Repblica. Los trabajadores recelan por lo general, de una monarqua apoyada por dirigentes de la empresa privada. Tampoco parece haber ningn vncu lo entre la Unin Espaola y los estu diantes. Aunque algunos de los ms co nocidos catedrticos espaoles la apo yan, los estudiantes muestran una incli nacin mucho ms radical, estando me jor dispuestos a colaborar con los comu nistas. Estos ltimos, naturalmente, son quienes en primer lugar abogan por un "amplio frente unido", y sus apti tudes para las operaciones clandestinas les permiten encaramarse a la direccin de tales "frentes".

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    FERMENTOS EN LA ESPAA DE FRANCO 51 Siempre mejor organizados que na .die bajo un rgimen dictatorial, los co munistas espaoles reciben ayuda y di rectivas de la poderosa agrupacin tica hermana de Francia la que les sumi nistra fondos, material impreso y per -so nal idneo Uno de los propsitos de 1os comunistas es explotar el difundido -es pritu nacionaiista hostil cuyo blan co son los Estados Unidos Y al mismo t'empo, afirman que slo el comunismo puede modernizar a Espa a. Usan to~ das las estratagemas conocidas, incluso la de enviar sus idelogos a las prisio nes para catequi zar a los reclusos. La crcel de Burgos seon : me b ban informado, es el equivalente espaol de la penitenciara real yugos lava de Mitrovica, donde el preso co munista Mosh Piyade fudara, en la dcada del 30, una clebre "universidad ,co munista". E L CRECIMIENTO del comunismo en Espaa da en gran parte la medi da de la desilusin respecto de las po tencias occidentales y los Estados Uni dos en particular, pas que en los mos a os ha reanudado relaciones con -el gobierno de Franco. El resultado ms vis ible de esta situacin es el enorme prog reso experimentado por la red ca mi nera de Espaa, qu e ha abierto las -pue rtas a ms de un milln de turistas. Bien es cierto que los Estados Uni dos proporcionaron a Esp a a 350 millo nes de dlares en armas, pero no es menos cierto que desde 1953, le sumi nistraron tambin 895 millones en di versas formas de ayuda econmica, in duyendo 351 millones en bienes de consumo excedentes y 100 millones en vveres distribudos entre instituciones catlicas de caridad, habiendo tambin invertido desde entonces, 400 millones en las tres grandes bases areas que a] cabo de cierto tiempo pasarn a pro piedad del Estado espaol. Quizs lo ms importante es el acusado contraste entre el arcaico orden social hispano con el sistema de vida de los nort eamerica nos en sus bases y los hbitos de los obreros y empleados britnic os, france ces e italianos que vienen a pasar sus vacaciones a Espaa. Sin embargo, los valores positivos de la ayuda norteamericana no son recono cidos por el pu e blo espaol, en parte, porque el rgimen de Franco jams le ha hecho justicia; en parte porque una gran cantidad de esta ayuda se volc en las altas esferas tan slo, y en parte, tambin porqu e los servicios informati vos nort eamericanos no han hecho na da por aclarar la situacin. Como resul tado de ello, el pueblo espaol se siente agraviado por la presencia de soldados norteamericanos en su suelo, atribuye la inflacin a las inversiones norteame ricanas y cree que los Estados Unidos "mantienen a Franco en el poder". Muchas de estas crticas son total mente injustas. Entre 1945 y 1953, ao en que se concret la alianza militar hispano-norteamericana, Espaa pudo haberse librado perfectamente de Fran co, pero no lo hizo, y en lugar de ello el pueblo espaol estrech filas en tor no del caudillo como una exterioriza cin de orgullo nacional y de su resen timiento por el bloqueo de las Naciones Unidas Es verdad que el gobierno de h Unin ha llevado demasiado lejos s~s ~rtesas diplomticas en las nego ciaciones con Franco. El extinto secre tario de Estado Foster Dulle s visit al dictador en varias ocasiones. El emba jador norteamericano John Davis Lod ge ha sido tambin muy claro en sus juicios encomisticos. Pero, al mismo tiempo, ningn miembro de la misin diplomtico militareconmica de los EE. UU. ha hecho el menor contacto con los opositores del rgimen, ni si quiera con los ms moderados. Esto me parece tan desafortunado co mola negativa de la legacin norteame ricana de Budapest a establecer contac to con los intelectuales comunistas disi

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    # 52 COMENTARIO dentes agrupados en tomo a Imre Nagy, entre los aos 1952 y 1956. Porque tar de o temprano, ya sea en forma pacfica o violenta, el rgimen de Franco des aparecer de la escena, y los occidenta les tendrn que entenderse con alguno, por lo menos, de los hombres a quienes ho y tratan como parias. Descuidar hoy el establecimiento de relaciones amisto ~as con los catlicos liberales y socialis t as contrarios a Franco equivale, en c i erto sentido, a la poltica de "no intervencin" que los pases occidentale..o. adoptaron durante la guerra civil. Cuando estall la primera guerra mundial, los amigos solan preguntarle al prncipe Kropotkin por qu crea que todo eso conducira a una revwucin rusa. "Porque todos esperan que se pro duzca", replic. A pesar de las difi cultades que traban a la oposicin en Espaa, la situacin es tan seria que a dos dcadas de la guerra civil se habla nuevamente de revolucin

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    LAS COLONIAS AGRICOLAS JUDIAS EN LA ARGENTINA A los setenta aos de su fundacin Edificad casas y morad, plan tad huertos y comed su fruto .. Y procurad la paz de la ciu dad a la cual os hice migrar, y rogad por ella al Seor; porque en su paz tendris vosotros paz. JEREMAS 29: 5-7 e ELEBRASE en estos das e l septuagsi mo aniversario de las colonias agrcolas judas de la Repblica Argentina. Du rante catorce 11 ~ stros que de aquel d a nos separan ; o sea, d:esde aquella integracin pri mera de los judos al agw argentino, esta tierra se ha ido nutriendo, tambin, con ju gos de raz hebrea. Jugos que se traducen en -esfuerzos, en afanes, en sudor del cuerpo y .e n hum<>res del alma ; que es como decir ale gras )' tristezas, emoci.ones y espeircmzas Bajo la invocacin alberdina que la Carta fundamenta l consagr con gallarda, han ido llegando al pas, desde fines del siglo pasa do, nutridos contingentes humanos de varia .do origen. Llegaban con ambiciones diversas quiz, pero unidos todos por u:n mismo anhe zo: incorporarse a la nueva famil ia argentina que, bajo e l signo a'U!gural de la igualdad, empezaba a dilatarse por este vasto territorio preado ciertamente de abundancias, pero necesitado de brazos laborio sos, de mentes esclarec.das, de espritus abiertos, de hom "bres, en fin ambiciosos de pirogreso. Entre esta plural-idad humana empezaron w:nibin a llegar, hacia 1889 lo s hijos de za tribu de Israel. Procedan en su mayor parte de la Rusia de los zare'S y de los perdi 53 dos rincones del Orient e. Tambi n hasta ellos, all en sus comarcas lejanas, haba He gado la voz acogedora de la nueva nacin que acababa de organizarse en e-l continente descwbierto por su intrpido correligionario aventurero de los mares soador de nuevos mundos. Venan cargados con los prestigios de una historia fabulosa pero tambin ago biados por los dolores de la persecucin y el vejamen. Cansados los nervios y destempla das la s cuerdas del alma por e fectos del po grom y el oprobio, habanse decidido a aban donar para siempre su pas inhspito, para dirigirse a estas orillas, iluminados por una promesa y animados por una esperanza: la prcnnesa de una patria nueva para sus hijos un terruo en el que pudieran a lbergar sm sueos sin zozobra e imprimir nueva perse verancia a sws talentos; la esperanza de vivir del trabajo productivo y levantar nuevos bas tiones para su cultura aeja Venidos por iniciativa privada o por el aliento de instituciones filantrpicas -como la del Barn de Hirsch por ejemplo a quien las coordenadas de la historia argentina re servan un lu gar d'e privilegiodesembarca ban en Buenos Aires, para instalarse por po cos das en el Hotel de Inmi grantes o en las tolderas improvisadas en el descarmpado de los antiguos corrales de Miserere hoy Plazu Once de Setiembre". All sus dientes mordan por vez primera l a galleta criolla, dwra pero del i ciosa, y e l paladar se sazonaba con el regusto amargo pe r o sedante del mate cocido: y tambin all al socaire, ju nto a los toldos tremolantes, se en.volvan en sus almalafas l itrgicas para saludar con bendiciones el da nuevo, da d e sol puro, alegre, sin odios ni de s asosiego. Luego hacan la travesa en bar

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    54 COMENTARIO cazas por las rumorosas gargantas del Para:n o del Uruguay, n'Ulestros ros que tanto su gieren a Mesopotamia a los conocedores dl texto bblico. Desde la ribera las carretas crio llas guiadas por el baqueano de rostro an guloso y nariz semtica, los transpormban a las abiertas campias de Santa Fe, de Entre Ro s, de Santiago i del Estero, o a las despo bladas comarcas de La Pampa y swr u oeste de Buenos Aires. La feracidad del suew, la prodigalidad de las vegas, lai clida hwmani dad del gaucho, les broquelaron esa segur dad interior tan indispensable para las em presas temerarias, esa confianza en s mismos sin la cual desmaya la vo luntad y el coraje se mengua. Muy pronto, esos "gringos" ju dos empezaron a distender los msculos vi gorizando sus brazos en el trabajo: abrieron surcos en la tierra, amasaron la glba para convertirla en adobe, constr'U-yeron casas plantaron rboles y lev anta ron poblados. All echaron races de patria. All padecieron las inexcusables peni~rias del civilizador prime rizo braceando contra la privacin, la so.Ze dad, la intemperie, hasta domearlas a todas. All nacieron sus hijos y recibieron sepultu ra sus m1,iertos. All se encuentran todava hoy sus chacras sus cementerios sus sinago gas, sus bibliotecas, sus escuelitas rurales en las que aprendieron las primeras letras agri~ cultores mdicos, artistas, escritores ilustres y hombres de empresa, a quienes nada de lo que es argentino les es ajeno y que como descendientes de aquella generacin heroica, siguen nutriendo con jwgos de raz jwda el plasma vi1 1 0 de esta nacin egregia. Egregia, porque en sus fronteras se tronchan los odios, se esterilizan los rencores, se petrifican los prejuic io s de raza -y se agostan en su germen las diferencias religiosas. Nacin tan egregia que en su mbito territorial y humano slo repe r cute con resonancias .' de mandamiento el verbo proclamado en su himno: Libertad. C OMO adhesin a este aniversario, publi camos aqu algunos trabajos -otros apa r ecern en nuestro prximo nmeroque. permiten al lector asomarse, como a travs. de un caleidoscopio, al ouadro mltiple de este sector de la poblacin argentina. Sus vi cisitudes primeras estn presentadas en dos: artculos, uno de Jos Mendelssohn, escritor y erudito judo q1,e vivi en la colonia Pa lacios en los das iniciales de la misma. Don Jos Mendelson es una die las primeras : figuras en las letras judas (idish y hebreo) de la Argentina; ha sido redactor de "El-' Diario Israelita", decano de la prensa juda del pas, y ahora ejerce la direccin del Seminario de Maestros Hebreos de Buenos Ai res. El segundo trabajo, de Narcisse Leven, es reproduccin del original aparecido en. 1934 en la revista "Judaica" de Buenos Aires, q11 1 e diriga el malogrado escritor don. Salomn Resnik. Publ ica:nw s asimismo, en esta edicin, tres daguerrotipos de vivo aleteo humano y ternura co-rmmicativa del eminente escritor argentino don Luis Gudio Krmner recogidas en ocas in de un viaje realizado,, liace algunos aos al 1 ,a lle del Ro Negro El auto-r de Aquerenciada soledad y de tan tos otros magnficos cuentos de tierra aden tro, trascurri sus aos mozos en la provin cia de Entre Ros, a pocas leguas de Tas co lo-nias judas. En los dilogos con los hombres del valle, as como en los magistrales trazo s: con que pinta esos caracteres humanos, vibra el recuerdo de aquellas otras aldeas situadas junto al ro Gualegway o entre las suaves ; ci~hillas de Clara y Domnguez. Agregamos tambin un c1.1,ento del colono judo d En tre Ros don Baruj Bendersky, tomado de S1U libro Campos judos y traducido del idish por A. Rosenblum. Baruj Bendersky ha sido uno,, de lo s primeros escritores argentinos en lengua idisli que I sola alternar las faenas del: campo con las solicitaciones literarias.

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    EN LOS ERIALES DE PALACIOS Hace 70 aos JOS,E MENDBLSON E N BUENOS AIRES, ape nas desembar cado, el primer grupo de colonizadores llegado a bordo del W eser el 14 de agosto de l 889, recibi la primera desilu sin: de las tierras adquiridas por el cnsul argentino nada quedab a. Los campos h ban estado ocupados sin que nadie tuviera conocimiento. El gobierno les ofreci otras tierras en el Chaco, pero por averiguacione~ hechas entre los israelitas residentes, a la sazn, en Buenos Aires, los inmigrantes vie iron la inconveni e ncia de ir a radicarse all. El Chaco estaba l e jos, la falta de caminos un clima sub tropical, las plagas, etc. Y, adems, pi nsese que esto ocurra h ace se tenta aos. El gobierno argentino devol vi a los recin lleg a dos las sumas que ha bfan abonado y los aloj en el Hotel de In migrant es. All se quedaron solos, aislados, sin perspectivas .. Algunos, desilusionados y abatidos deci dieron perm a necer en la ciudad, a unque n o se ha podido establecer con exactitud si fi nalment e se [adicaron en ella o siguieron con los dems cua ndo las 136 famili a s llega das en el W eser partieron ms tarde a Pa lacios Por entonces, tres inmigrantes llama dos Lambert, Ohr e nstein e Hildsheimer, jo yrros de oficio, consiguieron ponerse en contacto con el Dr Pedro Pal acios, terr a te niente que posea a la sazn much as tierras en Santa Fe (,las que corresponden a la ac tual Moissville y sus aledaos), d onde se estaba construyendo la lnea frrea a Tucu mn, para gestionar la cesin de campos a fos aspirantes a colonos. Al cabo se lleg a un ac uerdo entre Palacios y los inmigrantes judos conforme al cual los "colonizados" recibiran hasta cincuenta hectreas de tie rra, algunos recursos, adems de implemen tos de labranza Palacios estim la hectrea en 25 pesos, precio que sumado a los su ministros, ascendi a 40 pesos No obstan te, segn se comprob ms adelante Pala cios no pudo cumplir lo pactado en los pla zos convenidos. L os INMIGRANTES que suscribieron el con venio partieron a S a nta Fe con sus fa milias por va fluvial, y desde esa ciudad fueron transportados a l pueblo de Palacios, cuya estacin ferroviaria se hallaba por en tonces e n construccin. No haba c asas, ni 1 siquiera carpas, sino un gran galpn d e cha pas de zinc All fueron a parar a quellos inmigrantes y aquel f.u su albergue durante semanas Algunas familias se instal aro n en unos viejos y destart alados vagones de car ga, abandonados en una va muerta 55 All los dejaron, como olvidados de l a ma no de Dios sin albergues, ni tierra s ni im plementos de labranza T am poco l es sumi nistraban a limentos suficientes De cuando en cuando, el colonizador les enviaba una bolsa de har ina de maz no exenta de gu sanos Tales fueron los comienzos de l a colonizacin juda en la Argentina : en me dio de la soledad, el abandono el h ambre ... Palacios se haba emba rca do en un a obra para l a que, a todas luces, no estaba prepa rado; es posible que careciera, desde el co mienzo de los recursos indispen sa bles para una empresa de tal magnitu d. Los inmi grantes ll egaron a Palacios en l a prim era se mana del mes hebreo de Elul ( principio s de septiembre) y permanecieron en el galpn y los vagones, faltos de la ms mnima higie n e, mal alimentados, s i n recurs os ni auxi li os, h asta pasada la festividad de Sucot o de las Cabaas (fines de octubre) es decir, cerca de dos meses. Cmo soportaron all tanto ti e mpo? mo r esistieron la prueba? Es difcil contestar estas preguntas porque no han qued a do do cumentos de aquella poca y lo poco que :se sabe se funda nicamente en los recuer dos, perdidos en la bruma del t ie mpo, de unos pocos de aqullos que participaron en la odisea N o TODAS las familias llegadas a Palacios continuaron all, ya que trece de ellas se dirigieron a Monigotes donde se reunie ron coD otras tres o cuatro familias judas

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    56 COMENTARIO que -al parecerse haban radicado antes, integrando el grupo de ocho que haban sido enviadas en 1888 por l a Alliance Israelite Universelle. No cabe duda que muchos inmigrantes se separaron del grupo de P a lacios, al ver que el colonizador no cum pla su promesa de inst a larlos e n la s tierr as fijadas ni d e proveerles los m e dios para ini ciarlos en la agricultura. Los que disponan de recursos, abrieron pequeos comercios en Sunchales, otros se dirigieron a Santa Fe y varios regresaron a Buenos Aires. Los ms valerosos y re sueltos a ser agricultores, con tinuaron sopor t a ndo estoicamente toda clase de padecimientos. La alimentaci n insuficiente y las psimas condiciones de hi giene dieron origen a una epidemia que se ensa particularmente en Jos nios, docenas de los cuales perecieron en pocas semanas Los inmigrantes carecan de pan y de leche, y se mantenan con la carne e.ruda que la a dministracin de Pal cios les enviaba ocasionalmente. Los obre ros de la vecina lnea frrea en construc cin, compadecidos, distribuan rancias galle tas entre los hambrientos nios. A veces, los pequeuelos mendigaban comida al paso de los tr e nes. Tambi n en el segundo grupo, el de Mo nigotes, -llamado as por el nombre dd pue blo de destinomuri e ron por entonces nu merosos nios. Antes aun de e mpuar la azada, los pioneros judos ofrecan ya Sl! holocausto a la tierra gue deba llegar a ser suya. Los inmigrantes establecidos en Mo nigotes padecieron harta penuria, fracasos y desilusiones, si bien fueron los de Palacios los ms castigados. Al poco tiempo surgieron dos cemente rios, 'llno e n las inmediaciones de Palacios y el otro cerca de Monigotes Curnplase as, en la historia de la colonizacin juda de la Argentina la sentencia de nuestr os sabios: "La presencia de un camposanto en un yermo indica la proximidad de un pa blado". Los dos c e m e nterios en que yacan l os hi jos de los primeros agricultores j'udos, echa ron las bases de l a colonizacin juda. Esta blecieron un vnculo entre los pobl adores y el suelo argentino que guardaba l os res tos de sus hijos, vctimas de a quellos t e m pranos sufrimientos en el nu evo pas a l que haban venido para iniciar una vida nueva y mej o r. Y as fu que cuando dos aos ms tarde la fundacin -del bafn Hirsch ofrec i tras l a darlos a Mauricio o a Entre Ros, los co lonos de la que lu e go sera Moisesville, jun to a la cual estaba tornando forma un tercer cementerio se n ega ron de plano a abando nar esas tierras. Ya poco tiempo antes, aque llos judos, que haban hecho voto en la sina goga de no abandonar el lugar, decidieron traslad ar al cementerio de Moisesville los res tos d e los p e queos sepultados en Palacios y Monig o tes. Fu tal su tenacidad que el barn de Hirsch dispuso la compra de aque llas tierras a Palacios. L A PRESENCIA, por entonces, del Dr. Gui ll erm o Lo ewen thal, higienista y cient fico judo, que haba venido a la Argentina en mi s in de estudio, fu decisiva tanto pa ra la suerte d e aq uellos heroicos pioneros cuanto para el curso todo de la colonizacin juda en la Argentina. Informado de los pad ec imientos de los inmigrantes de Pala cios, el D r. Loewenthal qued tan vivamen te impresionado que e nvi una carta al mi nistro de Relaciones Ext er iores, Dr. Esta nisl ao E. Z eba llo s, en la que le informaba qu e haba "encontrado e n la estacin Pala cios, donde permanecen desde hace cerca de s ei s s e manas, a quinientos de esos inmigran tes, en la ms espantosa miseria, y muchas veces, si n otro alimento que un pedazo de galleta cada cuarenta y ocho ho ras; hay mu chos enfer m os; sesenta y un nios han muer to y hay otros que agonizan sin asistencia mdica ni medicamentos". No satisfecho con ello, el Dr. Loewen th a l fu a ver al doctor P e dro Palacios, con quien mantuvo una conferencia acerca de h suerte de las familias israelitas a las que haba prometido colonizar y que languid can en los campos de su propiedad, en me dio de tanta tribulacin. Impresionado al parecer, por la int erve ncin de una perso nalidad corno la del Dr. Loewenthal, el es tanc iero co nvino en proporcionar trabajo a los inmigrantes judos y en comenzar de inmediato la obra colonizadora, e n condicio nes que favorecieran su establecimiento y subsistencia en los campos. Algunas semanas ms tarde el propietario cumpli lo acordado. Se inici d e finitiva

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    LAS COLONIAS AGRICOLAS JUDIAS EN LA ARGENTINA 5 ? mente la colonizacin de la zona, trasladn dose las cincuenta o sesenta familias de la estacin Palacios al lugar donde hoy se en cuentrn Moisesville. Cada familia recibi '1.lna quinta y una carpa de lona. Antes de su regreso a Europa, el doctor Loewenthal se dirigi otra vez al ministerio de Relaciones Exteriores, pidiendo amparo para los inmigrantes y expresando "su espe Tanza de que pudiera proporcionar trabajo .a los que no lo hubiesen encontrado y su certidumbre de que el gobierno no permiti na que esa gente sufriera hambre en el -rico suelo de la Repblica Argentina" En Europa, la suerte de los colonos de Palacios sigui preocupando al Dr. Loe wenthal. Concibi la idea de una vasta co lonizacin en la Argentina, la cual llevse a cabo ms tarde gracias a la obra filantr -pica del barn Hirsch E L GRAN mrito histrico de aquel grupo precursor de Palacios es inestimable. Su s -penmias a la vez que la tenacidad que evi
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    58 COMENTARIO otros lo hicieron corno jornaleros en la re coleccin de la cosecha; los hijos mayores de varias familias se fueron a Buenos Aires, Santa Fe y Rosario, para emplearse o dedi carse al comercio y contribuir as, con sus salarios, a las necesidades de los que haban quedado en la colonia. Por su parte, la re ducida comunidad juda de Buenos Aires or ganiz una colecta entre los pocos centena res de judos residentes a la sazn en la ciu dad, en favor de los "colonos de Palacios" y los inmigrantes instalados en Monigotes. Pu en verdad un ao duro aquel prime ro de Moisesville, un ao de prueba. No todos pudieron resistirlo ; algunos, los me nos, desertaron de la cdlonia. El resto con, tinu en su puesto. De la fundacin misma de Moisesville, del origen de este nombre, no hay ningn com probante o documento fidedigno. Los datos de que se dispone se basan nicamente en los recuerdos y relatos dejados por quienes participaron en los lejanos sucesos. Durante mucho tiempo se crey que el nombre de Moisesville se lo dieron en honor del barn de Hirsch, por llamarse ste Mauricio ( de rivado de Moiss). Pero averiguaciones PoS"' teriores demostraron que la colonia ya se denominaba as en 1890, o sea antes de la intervencin del gran filntropo. La verdad es que la colonia ,:ecibi el nombre de Moi sesville (Villa Moiss), corno homenaje al profeta mximo. Es fcil colegir que hubiesen optado por el nombre del liberador bblico ("Kiriat Mo s h", Villa Moiss): Moiss libr a los judos de la servidumbre en el Egipto y los condujo a la tierra prometida. En la nueva tierra argentina, ellos, que venan de la Rusia zarista, se sentan a semejanza de sus lejanos antepasados, corno en su patria .. ORIGENES DE LA COLONIZACION JUDIA EN LA ARGENTINA NARCISSE LEVEN L A INMIGRACION juda en la Rep blica Argentina no es de larga data; es apenas anterior a la fundacin de la Je wish Colonization Association. Antes no I1aba, en este pas, ms que un ipequeo ncleo de judos originarios de Inglaterra, A!ernana y Francia que sumaban apenas unas 1.500 personas y que en su mayor parte se encontraban aqu desde haca medio siglo. Otros judos, de origen marroqu e italiano, haban arribado al pas en, escaso nmero, algn tiempo despus. Tal era, ms o menos, el inicio de la poblacin juda antes de la llegada del primer contingente de judos :rusos que, adelantndose a la fun dacin .de las colonias del barn de Hirsch, hicieron la tentativa de establecerse corno agricultores en la Argentina Fueron 827 los hombres, mujeres y nios que se embarcaron en Brernen, en julio de 1889, alentados por un agente en nombre de un estancierc, argentino. Este les prome ta a cambio de la sola inversin de 400 francos, proveerles de pasaje y alimentos desde el puerto de salida hasta Buenos Aires, dmplementos agrcolas, animales de labranza y ayuda pecuniaria, hasta el trmino de la primera coseoha El tal agente haba obra do sin autorizacin de nadie Y este hecho constituy su primera decepcin al arribar al pas Se les ofreci tierras en la colonia Pa rracios, cerca de Sunchales, de la provincia de Santa Fe, bajo condiciones inaceptables. Se dieron cuenta de la gravedad de su si tuacin? Rehusronse a firmar? Quin sa be? Lo cierto es que quedaron en el pueble cito de Palacios sin ningn medio de sub sistencia. Un mdico encargado de una misin de estudio en el interior, el Dr. Loewenthal, tuvo por entonces conocimiento de la mise ria de esos desdichados inmigrantes, e infor m de ello al ministro de Relaciones Exte1riores en
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    LAS COLONIAS AGRICOLAS JUDIAS EN LA ARGENTINA 59 muchos estaban enfermos; sesenta y un nio s haban muerto ya y otros estaban en trance de morir, sin asistencia mdica y sin medi camentos". Regres luego a Buenos Aires para conferenciar con el Dr. Palac ios, pro pietario de las tierras prometidas a lo s inmi grantes, logrando que modificara l as condi ciones que en principio les hab a impuesto, estableciendo un rgimen q ue les permitiera subs ist ir en condiciones human as: por lo menos, que tuvieran asegurado el pan coti diano hasta la primera cosecha. Sin em bargo y no del todo seguro de las promesas del Dr Palacios, Loewenthal rec o mend los iinmigrantes a la buena voluntad del minis tro, "en l a esperanza de que pudiera pro porcionar tra bajo a los que no hubi ese n po dido encontrarlo, y en l a certidumbre de que no permitira que, a la espera de ese traba jo lib erador, esa gente sufr i era hambre en e l 1Iico suelo d e l a Repblica Argentina". S EGUIDAM ENTE Loewenthal parti para Europa. En P ars escribi al gran ra bino Zadoc-Kahn, a quien saba animado de bondadosos sentimientos por l os sufrimi e ntos human os y de un espritu siempre alerta en Jo atinente a l a situacin de los judos rusos y rumanos. Le esbozaba un proyecto de co ilonizacin agrcola en la Repblica Argen tina, de la cual se r an sus primero~ benefi ciarios lo s judos de Palacios Las caracte rsti cas del pas eran las ms adecuadas para el xito del plan. La enorme extensin te rritorial y la escasa poblacin que contaba -no mayor d e tres millones de habit a ntes, la excelencia del clima l a fertilidad de sus llanuras la facilidad con que podan culti var la tierra hasta los agricultores m enos ex pertos, el liberalismo del rgimen poltico, el favor de que gozara una iniciativa seme jante ; todo ello supo destacarlo el Dr. Loe .. wenthal en su carta. Contaba por seguro el xito de l as colonias que recibieran a esos judos, a qui e nes las leyes de sus pa ses d e origen vedaban las labores del agro, pero que en la Argentina encontraran un trabajo li bre, fcil, honesto y remunerativo"; augu raba un risueo porvenir a las colonias, que acabaran por constituir un r ef u gio "s lido y perdurable para todos los oprimidos", y su !prosperidad "sera el comienzo de una nue va era destinada a sealar rumbos en los anales de la civi liza cin, no s lo juda, sino humana". An sin ser t an ambicioso como el a utor de la not a; se poda admitir que el proyecto era interesante. El plan fu Uevado a co nocimiento del barn Mauricio de Hirsch quien, ref:rindose al mismo, escribi desde Londres, a la Alliance Israelite Universelle, e: 29 de enero d e 1890: "En prin ci pio, es toy dispuesto a otorgar mi apoyo a una em presa de gran alcance, y si fu era preciso des tin arle una suma importante, procurar que l a obra sea duradera. Desde este punto de vista, no tengo inconv e niente en la funda c.in de grandes colonias e n un pas como la Rep b lica Argent i na qu e, en un foturo ximo, pudier a convertirse e n e l hogar de aq u ellos cor : eligionarios nu estros qu e se ven obligados a buscar refu gio en ti e rras lej nas, para i ni cia r un a vida nu eva lejos de los horrore s experimentados e n s u suelo natal" E L BARN de Hirsch tena para el porve nir las mi s mas esperanzas que el Dr. Lo ewenthal; contaba adems, con recur s os ,para realizarlas. A su regreso a Pars confe rf.'nci con Loew e nthal y con I sidore Loeb secretario de l a Alliance. Se conviio en en viar a la Argentin a un a misin encabezada por el Dr. Loewenth al. El barn de Hirsch crey til que la integraran tambi n dos t nicos ; la d esignacin recay e n e l seor C Cullen, d e Ingl a t e rra, y en el coronel b elga Vanvinkeroy. Reuni los a los t r es, el 20 de agosto de 1889, para trazar el plan del via je. En el acta de esa reunin se lee : "El seor barn de Hirs ch expone que, preocu pc1do desde ha ce mucho ti e mpo por la triste situacin econmica y civil de l os israelit as de Rusia, h a concebido el proyecto d e soco rrerles ayudando a gr : m nmero de ellos a emigrar a pa ses en los que puedan desano llar su actividad bajo un r im e n de libert a d y elevar mediante el trabajo su l ame nt able condicin. A tal efecto, deseara adquir i r, por compra o por concesin, ya bi e n en forma directa o por intermedio de una fundacin que a ese fin constituira, grandes extensio nes de tie rra a l as cuales se encaminaran grupos de israelitas de Rusia para establecer en ellas colonias agrcol as o industriales. El bmn de Hirsch cree que la Amrica del Sud y principa lmente la Repblica Arg e n tina, ofrecen para esta obra favorables pers

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    60 COMENTARIO pectivas. Est convencido, por otra parte, que semejante empresa, puramente filantr pica en su comienzo, no tendra xito si no se organizase con el carcter de una empre sa comercial e n la que el capital invertido debe redituar beneficios, l os cuales servirn, a la vez, para d esarrollar la obra y ampliarla a fin, de favorecer al mayor nmero posible de inmigrantes ... pasaba mientras tanto con los colo r.os de Palacios? El 20 de enero de 1890 el Dr. Loewenthal daba a la Alliance l a siguiente inform aci n: "He recibido algunas lneas de un amigo de Buenos Aires, muy vinculado al ministro de Relaciones Exterio res, que me h a prometido cuidar personal mente de los inmigrantes que he recomen dado al ministro. Me escribe qu e todos mis protegidos, seg n los ll ama, se hallan bi e n y que el ministro le ha prom etido que con tinuar ocupndose de e llos seriamente. No es mucho, pero siempre es algo". Cierta mente, no era mucho, y en Pars estaban inquietos por s u causa. El primer cuidado de la misi n Loewenthal fu ir a Palacios. Encontr a cier to nmero .d e ellos e n las estancias prximas a los domini os del Dr. Palacios; trabajaba n co mo jornaleros, artesa nos y horticultores; en la propia Moisesvi11e haba cerca de quinientas pers o nas. "La in mensa mayora de estas gentes, dice el informe de la misin del 16 de diciembre de 1890, son trabajadores y colonos ejem plares, las mujeres son muy h acendosas, l os hijos estn bien c u ida dos Dagassan, far macutico francs estab lecido en el pas des de hace siete aos, nos cuenta que t a mbi n l prefiere los judos a los otros colonos, in cluso los italianos; estos ltimos son rutina Tios en cambio, los judos, con su despierta inteligencia apre nd e n mucho en poco tiem po y tratan, de perfeccionarse rpidamente. Ahora mismo trabajan y siembran mejor que Jos agricultores it a lian os que en toda su vida no han hecho otra cosa. Los judos n o han sido nunca a lb ai l es y sin embargo se las ingenian para e l aborar un, buen material so lamente co n tierra, con e l que h an cons trudo sus casitas. Y ahora l os ll a man para con struir otras casas. El nu evo juez de paz de Villa Palacios ha hecho edificar la suya por estos judos que ant es e ran zap a teros o sastres ... U N GRAN nmero de esos colo n os no qui so someterse a las gravosas exigencias del propietario y la rapia de quienes me draban a su sombra. Y se fueron disgregan do algunos a Buenos Aires, otros a Rosario y Santa Fe, donde tambin supieron de pa decimientos Un grupo de tr ece familias se estableci en Monigotes, no lejos de Moises ville, lugar en el que residan cuatro de las ocho familias enviadas por la Alliance en 1888. En 1889 el grupo fu aumentado por c,tras familia s con las que los propietarios de aquellas tierras haban cerrado trato. :ra n ms felices los colonos de Moniootes b que los de Palacios? La misin se ocup de unos y otros. Dedicse a agrupar a los de Moiss Ville en una especie de organizacin municipal para protegerlos y ayudar a los in <-ligent e s y a l os ancianos. Lo ms apremian te e ra un a esouela para los nios. Quince mil francos fu todo lo que la misin crey neces a r io pedir al barn .de Hirsch para tal fin. Luego se cons agr a su principal obje tivo: la bsqueda de tierras para fundar la prim e ra colonia, dando la pref e rencia a Moi sesville Los qu e la ocupaban merecan con justicia ser l os primeros colonos del barn ele Hirsch y qu e se los liberara de la explo t acin de que haban sido objeto. Las tie rras d e Monigotes fu e ron igualmente adqui ridas e i ncorporad as a Moisesville q ue se convirti, mer ced a otras compras su.cesivas, en la ms extensa de las colonias de la Je wish Colonizati o n Association L A INICIATIVA estaba en marcha, pero fal t ab a organizarla. Era necesario seguir comprando ti e rras, constituir la sociedad a la que deban pertenecer, legalizarla en Ru sia, elegir los colonos, contar con una admi nistr acin para recibirlos e instalarlos. Las proposiciones de compra de tierras afluan a P ars, a un antes de constituirse formalmente l a J ewis h Colonization As soc iation, en agos t e de 1891 El ca mp o principal de opera ci ones d e l a nuev a corporacin, al menos en p a rt e, era Rusia. De a ll deban provenir los colonos. Para seleccionarlos con entera li bertad era mene s ter el consentimiento del gobierno. El barn de Hirs c h recurri a un t a l Arnold \Vhite, publicista ingls, para que mediara ante el gobierno ruso Mr White era cono cido en su pas por sus pre j-cicios contra los judos, pero quizs el ba

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    LAS COLONIAS AGRICOLAS JUDIAS EN LA ARGENTINA 61 rn de Hirsch esperara hacer de l una es l'ecie de Balaam, dispuesto a bendecir a )os que antes maldijera El que se lo present al barn fu Horacio Guinzburg, quien por su elevada posicin social, su celo infatigable en la defensa de sus correligio narios y la estimacin de que disfrutaba, era el representante ms calificado de la judera de Rusia. Uno de sus colaboradores, David Feinberg, que habra de ser infatigable co fo borador de la Jewish Colonization Asso ciation, puso a White en contacto con los ju dos de su pas. Lo gui por pueblos y aldeas, hacindole ver a esos desventurados que vi van en abominable estrechez, y que no obs tante su srdido exterior, su aspecto penoso, escondan nobles virtudes: la pureza de cos tumbres, el profundo amor de unos a otros, la estrecha unin entre todos, la lmpida vida conyugal, el respeto de los hijos por los pa dres, bastaban para sorprender y conmover a un hombre corno Arnold White Luego visit las colonias agrcolas, donde se apre tujaba una poblacin de labradores, a la cual le faltaba tierra para trabaja r debido a que las disposiciones gubernamentales les prnhiban ampliar sus predios demasiado re
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    62 COMENTARIO branza. Los inmigrantes fueron enviados, en parte, a Mauricio, y en nmero mayor a Moisesville, albergndolos dnde y cmo se pudo. Las cosas no se presentaron bien los !primeros meses. Haba malestar por la falta de previsin al incorporar elementos hete ll'ogneos a un medio en el que no hacan falta sino agricultores Muchos se quejaban. Imponase una revisin del personal de las coloni as La tarea de reacondicionamiento de los que no se adaptaban a las labores agrcolas, demand aos de trabajo. L A ORGANIZACIN de las colonias mejor en el ao 1893. El informe de la Je wish Colonization Association de entonces dice: Lo ms difcil hoy es escoger los agentes con capacidad y competencia nece sarias para la delicada tarea de dirigiT las rolonias. El Consejo espera vencer esta di ficult ad con el concurso de la Alliance Is iraelite Universell e, que ha puesto a su dis posicin personal int e ligente y activo. "La J.C.A. no vi defraudadas sus esperanzas. Con los nu evos directores las colonias experimentaron en los diez aos siguientes un desarrollo progresivo, aunque no tan :rpid() como hubiera deseado su fundador Si bien no consideraba ya que las colonias fuesen una solucin para el problema de los ju dos
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    LAS COLONIAS AGRICOLAS JUDIAS EN LA ARGENTINA 63 dico-. iba a hacer, a su edad, con la mujer invlida! -Y cunto le robaron? -Dicen que el anillo vala quince mil pesos y el reloj pulsera de oro, cuatro
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    64 COMENTARIO elementos suficientes para escribir una historia del progreso nacional. Femn dez se propone recoger ese material que obtuvo penosamente en la colonia; pero cuando recuerda al maestro Losev, se rio, envejecido, al lado de su compae ra tuHida, sorda, vibrante de dolores, no puede menos que sentirse emocionado. hombre, seor! espritu, amigos! Losev est ah, sobre ese mismo pe dazo de tierra que gan al desierto con otros compaeros. Que ganaron al de sierto y a la milicia y la avidez de ticos y especuladores. Mira a su alrede dor y trata de detener el xodo de los suyos, de los hijos de los viejos que un da buscaron la tierra prometida. Los jvenes se van a las ciudades y all se olvidan de la tierra, y los ms nuevos estn ahora preparndose para ir a Israel. Losev comprende que no todo ha ido bien en la colonia. Que los ms impa cientes tienen parte de razn; a1 menos cuando se comparan con los comercian tes judos de Roca, que ganan miles y miles con poco trabajo y se dan una gran vida Ellos estn atados a las plan tas, a los precios, a las plagas. Son po cos y las peras se caen de maduras sin manos que las recojan. La escuela se despuebla y no se puede costear un maestro. El ltimo maestro debi aban donarlos y ahora est en Zapala. Losev mismo debe dar las clases de hebreo y ensear los salmos; pero es demasiado para l, que tambin ha quedado solo, e!1tre sus frutales enfermos, entre los yuyos que crecen hasta invadir la casa Por das y das su vida trascurre en la atencin de su compaera enferma a quien tiene que alimentar y consolar; con sus propias manos da de comer a los pocos pollos y gallinas que le que dan y que noche a noche le roban. El viernes temprano l mismo plancha su traje negro, se peina la barba, y el bado preside la reunin en la sinagoga, y lee el Pentateuco, como los lunes y los jueves. El saln lo hizo 1a juventud, en la chacra de Kaspin, y ya estn totalmente pagos los doce mi l pesos que cost. Bue nos muchachos, este Marcos Hambourg y tambin Rufino Riskin, Luis Sourr Len Kaspin y Samuel Glanz, casados ahora, con hijos, trabajando en la mis ma colonia. Kaspin atiende la bodega cooperativa; Hambourg sigue en la cha cra, tiene un bienestar, segn l mismo dice; le rodean su mujer y sus hijos, pero empieza a sentirse un extrao. La5, nuevas gentes le miran como a un in truso, aunque todos le respetan all, donde su presencia es familiar desde hace tantos aos. Losev llega a la es cuela Los chicos le rodean. Siete u ocho vecinos asisten a los exmenes. Dos chicas mayores escriben al dictado. en hebreo, y traducen al idisch y al cas tellano. Losev corrige Despus da su informe a los padres, que le escuchan con atencin. Recuerda que el primer maestro que tuvieron all fu el camea dor Zavlasky. Era un buen maestro. Losev le cedi siete hectreas para que se quedara. Despus ense Isaac Enkin. Un hijo de l es ahora ingeniero civif y tiene un alto puesto en la Direccin de Riego. Despus vino de Entre Ros Pedro Lerman que est en Zapala aho ra. Al quedar sin maestro la colonia, f volvi a ensear, y ahora piensa que habra que aprovechar las vacaciones de la escuela nacional para que los chi cos mejoren su conocimiento del he breo. Pide autorizacin para ensear durante las vacaciones. Los padres se oponen al principio. Entonces los nios piden que el viejo maestro les ensee, y Losev se enter nece. Por fin resuelven apro-vechar las vacaciones de verano. Hace tanto fro en invierno, dice el maestro, y todos comprenden. Recoge Losev los cuader nos y da indicaciones a las muchachas que le ayudarn. Pide a Hambourg que

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    LAS COLONJAS AGRICOLAS JUDIAS EN LA ARGENTINA 65 tome una leccin cualquiera confirin dole as cierta autoridad, y Marcos Hambourg la toma con atencin. Los viejos se retiran, y el sbado se puebla a poco de gritos y risas de los chicos en el patio de la sinagoga. Al irse Losev los vecinos se ofrecen a llevarlo en sul ky, pero l se retira a pie, derecho y gil, a pesar de los aos. Se despide ce1emoniosamente de Femndez y le re cuerda que hace muchos aos, cuando la chacra no le daba para vivir y deba gestionar los ttulos en Buenos Aires, se emple de maestro en la capital y le ense hebreo a Alfredo Pal ac ios. -No me expreso bien en castellano. Usted perdonar Pe ro no soy solamen te un terico ide a lista como dicen. Por que aqu dicen que Wolf Kaspin es hombre prctico y no ideali sta. Qu bueno ... Pero no. Soy ideali s ta y soy prctico, eh? -perdone mi maJ caste llano--; he sembrado, he levantado ran chos, hem o s explorado el desierto con los primeros pobladores y tengo mag nficos frutales. Ahora soy viejo y m e dicen idealista eh? ... Hab is, pues, de amar al ex tranjero porque extranjeros teis vosotros en l.a tierra de Egip to. (DEUTERONOMIO) "Tengo un bienestar, me rodean mi mujer y mis h ijos, pero me siento un extrao Amo estas plan,tas, estos surcos, los acaricio, pero las gentes nuevas me trat a n como a un intruso .. (HAMBOURG). F ERNNDEZ baja del mnibus en que viaj desd e General Roca, pocos minutos ha, con un viejo criollo que echa a andar por el camino de ripiolle vando una maleta livi ana al hombro. Antes de que se aleje le pregunta por la casa de Hambour g ... -El viejo o el hijo? -Marcos Hambourg -Ah ... Vamos. Yo paso por su chaera. !' Al rato el criollo inicia la conver sacin. -Estos rusos son raros, no? No tra bajan los sbados. -Y, tal gente son? -Y, hay de todo -dice el criollo. Hay patrones buenos y malos como en todos la.us. Don Marcos Hambourg es gen hombre. Yo le he sabido trabajar, par que soy dispuesto a todo no? ... Cuando llega a 1o de Hambourg est cosechando peras Pasa a la cocina y empiezan a tomar mate con Marcos. A poco llega el viejo Hambourg, que vive aparte. Toma asiento y se queda en silencio. Marcos aprovecha para de cirle a Femndez que no consigue que su padre deje de trabajar. Le aconseja que se de buena vida, pero el viejo no cede, aunque se queja d e su suerte. -Seor -dice el anciano en su me dia lengua. Yo recuerdo un viejo cuento ruso de un sembrador que re corra sus sembrados, y .Je hablaban las espigas, le cantaban los pjaros le son rea el viento. El escuchaba esos men sajes y senta el corazn alegre. Y as sembr en su juventud, y se alegr y fu feliz. Pero lleg a viejo y perdi las fuerzas para cosechar, y ya no .Je cant el viento, ni las espigas ni los pjaros. Y pen s que no vala la pena vivir. -Pero usted, dice Fernndez, tiene hijos, nietos, amigos, y ellos le dirn las palabras consoladoras. -Le he dicho -agrega Marcosque venga a vivir con nosotros, pero l no quiere. Y as estamos separados, y l solo ... -Y, entonces, de qu se queja, pa dre? -Bah... dice el viejo. Todos estn duera, pero siemp re adentro de mi co razn. Y de nuevo sus penas y sus ale gras repercuten, y uno se dude ... Siem pre adentro del corazn ... Mi viejo se levanta, refunfuando, y se va, encorvado, con su larga barba ca nosa una gorra con ancha visera pro

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    66 COMENTARIO tegindole del sol de la media siesta de verano. Marcos Hambourg le Ileva a ver sus plantaciones. Las mira con tristeza, car gadas de fruta, que nadie quiere recoger. No hay precios, los cajones estn caros, se ha cerrado la exportacin, en la cooperativa reciben apenas un tanto por ciento. Antes haca orejones, pero ahora est desaz,onado. Su hija est de novia con el hijo del maestro Lerman. Pertenecen al "Dror", organizacin ju venil sionista socialista. Se preparan pa ra ir a Israel, y l mismo piensa en se guirles, en ir a Eretz Israel. Todo Jo gue se ve aqu lo han hecho sus manos. Las acequias, las plantacio nes de frut a les, las vides, los alfaJfares. Los muchachos suelen cantar las can cion e s del Jalutz, y de ellas una frase de Hile] preocupa a Marcos ... Im ein a n l, mi li ujshean leatzm ma an, veim lo ajshav eimatai ... (Si yo no soy para m, quin ha de ser? Y s i slo soy p a ra m, s-oy? Y si no es ahora, cundo?, cundo?). Sale a conversar con los amigos. Se preocupa de la escuela, visita a Losev, pero aunque todos c o nfan en l y ticamente le consideran como el jefe de la colonia, algo nuevo est ocurrien do en l, una nueva sensibilidad le ha ce mirar con detencin la expresin de la gente. En cierta medida l, por su culto, sus ideas, su familia, se siente ex trao al medio. Tod o s son extranjeros all: alemanes, italianos, espaoles, in gleses; p e ro slo e llos son los rusos, -los judos, los que d e scans a n el sbado, los que ti e nen un carn ea dor y cubren las mesas los viern e s a la tarde, y mantie nen el fuego a pagado el sbado. En el pueblo los judos ricos viven como los dems; se olvidan y se ren de sus cos tumbr e s ; pero ellos all en el campo, se sienten ms unidos en el culto y el re cuerdo de sus costumbres. Hambourg siente que todo en esa le jana tiei-ra palestnica le es ajeno pero intuye algo mejor, que solamente en Is rael l ser igual, ser eternamente l mismo, con sus hbitos y sus ideas. Le duele el trabajo, los aos de sembrador, oyendo el canto de las espigas, de los racimos, sintiendo el peso de las frutas en las manos y en los ojos; pero algo ms fuerte que l le est llamando, y entonces discute con Losev, que est fir memente plantado en la tierra y que cree que all donde se trabaja con amor, como un buen agricultor, se encuentra un destino. El hombre encuentra su Dios y su destino sobre la tierra. -Adis, don Marcos. El criollo que pasa le ha saludado con decto. Y con ese mismo afecto los reci ben, cuando recorren la colonia en sul ky, en todas partes, ricos y pobres. El viejo judo que cultiva dos hectreas de vid, intensivamente, y le rinden por cin co, y que hace orejones y est rodeado de paisanos, chilenos y nativos, en el galpn, abriendo peras y acomodndo las en los zarzis para que se oreen antes de llevarlas al azufre, y que rene los pesos (!Ue despus gastar con sus nie tos en, Buenos Aires en pocas semanas; e ese otro Riskin emprendedor, que siempre siembra grandes extensiones de alfalfa y cra vacas y quema perales para sembrar arvejas o papas. Todos le tra tan, con cario, pero l los ve acriollar se, abandonar sus costumbres, entregar se a nuevas formas que concluirn por borrarles sus caractersticas de judos. Femndez se conmueve frente a esta lucha interior, y empieza a querer a es te hombre, tan honrado consigo mismo. LA SEORA de Hambourg tiene lamadre en la colonia. Sus hermanos no tienen problemas, prosperan, se sienten cmodos en las chacras o en la bodega. Al pensar que se ir su hija, compren de que ellos tambin pueden irse, aun que no hablen an con Marcos de eso. Ve preocupado a su marido, pero no puede dejar de pensar en su madre. Dejarla e irse ... Le parece imposible que

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    LAS COLONIAS AGRICOLAS JUDIAS EN LA ARGENTIN A 67 .-ella tenga que decidir, o dejarla as, cuando todo va tan bien. Tiene cocina nueva, una casa cmoda, y nada les \falta gracias a Dios ... Esa noche le invitan a comer, y cuan do Femndez va a tomar manteca con el cuchillo con que ha cortado la carne, lo detienen, suavement e y le alcanzan el cuchillo de la leche y el queso. En ; tonces la suegra le explica lo que es treif y lo que es kasher : lo prohibido y lo permitido, lo bueno y lo malo, de .:acuerdo con esa anc e stral bromatolo :ga... Ella toma despus el te con car prikushi, y le dice que extraa el ;guefilte fisch, pero, cmo conseguir pescado fr e sco ac, en la coloni a ? .. L e fuvita a probar al otro da kreplej .. Y 1:emndez r e cuerd a que una vez prob el borsht y s a bor e p l e t z l e j c o n te bien ,, cargado, en un bar donde oa, con su amigo p e riodista, cantar canci o nes ru -sas y judas. Cuando escuch a ban los violines, entr un hombre c o n la barba -de varios das y se sent a convers a r con -su amigo. Sala de la crcel. Fu en una poc a de a ntis e mitismo. "En Eretz Isr ae l los jv e nes r e cor dar e mos con a mor al pas donde na cimo s, pero s lo a ll no s s e ntir e mos cr e cer c o n dignidad" ... ( Lerm a n ) EL MAESTRO Lerman y su hijo han venido a la casa de H a mbourg a form a lizar el compromiso. Los mucha chos cantan en el corredor una cancin de los 1a verim. L e rm a n r e cu e rd a sus a s e n l a co loni a y cuenta al g unas an cdot a s de Los e v. Compr e nd e l a pr e ocup a cin d e Hambourg, p e rn n o p a r e c e s o rprendido por la d e cisin de su hi io de ca s a rs e e irse de inmediato a Israel. El mu ch ac h o no es a g ricultor; ella t a mpoc o. Bl h a h e cho e l b a chillerato, y e ll a es m ae stra normal y d e h e breo. Fernnd e z le pr eg unt a al muchacho s i no se si e nte argentin o Si n o cr ee qu e -e n e l p a s puede s e r feliz y cumplir su destino, y el joven le mira con r es olu cin, y poco a poco le va dici e ndo que l siempre quiso ser argentino, pero que no le dejaron serlo. Lo mismo l e c ont Chanine Teiblum en el pu e blo En el ejrcito nos llaman judos o ru so s ". "Somos jvenes y qu e remos qu e nu es tros hij os crezcan con dignid a d .. ". En el kibutz Ne g h a ha y un lu ga r p ra e s tos jvenes Sus comp a e r os l o h a n g a n a do con e l a ra do y el fu s il y ya l o ban r ega do con s a n g r e jud a, co n san gre a r g entina o rum a n a o p arag u aya. importa! Les pert e n e c e III Dad m e de vue str a parte hom br e s sab ios y en t endidos y co n o ci dos de nuestras tribus, a quie ne s y o p o nga por cawdillos v uestros .. ( DEUT ERONOMIO). L OS JUDIOS a gri c ult o r es d e Schumiatz, M og ilev e n Ru s i a p asaro n muy mal e l invi e rno de 1905. A co mi e n zos de 1 906 recrudeci ero n las p er s ec u ciones y e l terror. L a gu e rr a ruso-j a p o n esa agrav la mis er ia. L os h o mbre s m s e mp re n dedores y j venes resolvi e ron h ace r a l go, y e n u na r eunin Isa ac L o s e v l es p ro pu so ir a P a l es t i n a No se pu sie ron d e ac u erdo, pero viendo su de ci s i n l e pidi e ro n qu e s e info rm ara s obre l o mej o r qu e p o dr n h ace r En Ru sia mismo Losev s e ent e r d e qu e e n l a A r gen t i n a ya se hab n es t a bl e cid o co l o n ias j udas con famili a s t ra d as co n e l p l a n d e l b a r n Hirs c h 1 Los agri c ultor e s r e un iero n e nt o n ces c i e n fir;m<1s un os p oco s ru b l os, y l e d ieron, un po d e r pa ra qu e t ra t ase d e e n con t rar tier ra s e n est e n1.: e v o mund o. As s a li L osev d e s u a l dea y en el v a p o r Nil ll eg a B u e n os Ai 'res en a b ri l d e 1 906 En e l Ho t e l de Inmi g r a nt es se encontr c o n mu c h as fa mil ia s h e br eas q u e ac u dan a l pas, y a ll con oc i t a m b i n a d os co n t ra t istas i n ~ t e r es ado s e n c oloni zar Un o p e rt e n eca a la J e wi s h C o l o n iza ti on A ssocia t io n qu e quera col o ni za r M d a n os, R i v e r a, Vill a Alb a, B e nas co ni, e tc El o tr o era un t a l S treider Los e v s e in form d e qu e el go bi e rn o q u r a co loni za r t ierras f isca l es y co n d os a m gos q ue hab an via j a d o con l tr a t de ll evar

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    68 COMENTARIO adelante esas gestiones. En la Direccin de Tierras comprendi que si no tena cuas no conseguira nada. Slo se atenda a las compaas colonizadoras o a grupos numero sos con contratistas dispuestos a poblar en cualquier parte. Un seor Isaac Kapln le recomend a un abogado de influencia tica, y as, mediante la promesa del pago de tres mil pesos de honorarios consigui gue el ministro Ezcurra de acuerdo con el poder suscripto por las cien firmas, le diera per miso para revisar y elegir tierras fiscales. El ministro lo atendi muy bien, y le di pasajes oficiales y un pasaporte. Losev comenz a recorrer el pas en busca de tierras laborables. Estuvo en San Luis, Melocotn, la seccin 25 de la Pampa Cen tral, Ohoele-Choel ( 1 ), donde ya se haban !fadicado boers del Transvaal Inspeccion ambas islas, la chica y la grande y de ah p<1s a Neuqun y Ro Negro. El 25 de mayo de 1906 la nieve en Neu qun paraliz sus excursiones, pero pudo lle gar al valle, en un carrito; eligi las tierras cerca del canal abierto por las tropas del ge neral Roca y el 6 de agosto, por decreto, se le concedieron tierras a razn de l 00 hectreas por colono, a 2,50 la hectrea, a seis aos de plaz o para doscientos colonos e UANDO LosEv trat de tomar posesin de las concesiones, el jefe de Tierras y Colonias, ingeniero Pico, resolvi que no se poda autorizar la pos e sin hasta que no se hiciese el canal grande, porque el chico re sultara insuficiente. Entonces el ministro le aconsej gue s o l i citaran permiso para esta blecerse con pozos semisurgentes. Losev y sus compaeros empezaron a ca var los pozos, mientras se escriba a Rusia para que vinieran las familias Nuevamente el ingeniero Pico les opuso reparos diciendo que los pozos semisurgentes no servan. Lo sev debi realizar gestiones y tratar de de fender su posesin y as vino a enterarse de que un seor M i sler con agencia de va pores, traa inmigrantes alemanes y trataba de ubicarlos en esos lotes. Fu larga la lucha contra estos intereses hasta que Losev obtuvo que cuarenta fami lias judas que llevaban seis semanas en el ( 1) Ch 'Oe le-Choel: Echar p e rros al fanta s ma no a s u s tn.rse de fantasmas Choele : fantasma; chuluv: perros. Hotel de Inmigrantes se decidieran a poblar la nueva colonia. Despus hubo que esperar la medicin, a caTgo del ingeniero Keisler, mientras Stefenelli, otro colonizador, ocupa ba las chacras Como no haban podido sembrar, las fa milias salieron a ganarse el puchero en la: cosecha de otros campos. Cuando los judos, salieron a trabajar para poder comer, fueron denunciados de abandonar las chacras, y Misler mand colonos alemanes que llega ron con el ingeniero Keisler. Los judos, al regresar encontraron los lo tes ocupados. Durante seis meses gestiona ron la posesin, hasta que finalmente obtuvieron 50 hectreas de las 200, para cada uno de ellos. El trabajo de mejorar los te rrenos, nivelarlos, desmontarlos, hacer los : ranchos, cavar pozos, fu mproco, luchan do con tormentas, crecientes, inundacinnes y dificultades burocrticas. Cuando ya en posesin de las rdenes definitivas, se pusieron a poblar, encontraron buena disposicin en los vecinos, que estaban establecidos con riego, frente a Roca, como Freids Villa nueva un tal Flores, que e s tableci un servicio de balsas y un buen boliohe. Acom paaban a Losev, Schuster, Smoliansky Y Resnik. Este haba explorado con ellos, en cano, el Ro Colorado (el cov leuv o ro, caliente de los indios) Este judo de las colonias de Entre Ros, hombre muy acrio llado, fu un gran compaero y les orient en las pampas y los montes, en hbitos y costumbres. Resnik no le haca asco a la carne de caballo o de bichos del campo y cuando ellos se quejaban de no tener qu comer, l les deca en idisch: "yo ya me he comido 18 caballos muertos". Cuando los : compaeros se asustaban del desierto, la so ledad y las grandes distancias, l se rea: "Esto es chacota, deca Vieran ustedes la selva de Montiel. All hay tigres" ... E L CARRITO que usaban iba a la cincha del caballo que jineteaba el gaucho judo. Los peones se acostumbraron a desean sar el sbado, pero tambin el domingo, de modo que los colonos israelitas fueron los precursores de la semana de cinco das. Como la concesin caducaba a los dos aos s :no se cumpla el contrato, se apresuraron a levantar el rancho de dos piezas, cavar el pozo semisurgente y alambrar. El valor de

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    LAS COLONTAS AGRICOLAS JUDIAS EN LA ARGENTINA 69 -esta hectrea, con ttulo, alcanz a ser, pocos aos despus, de doscien t os pesos. Para calzar el primer pozo, de 10 por 3, 11.uvieron que traer las maderas a cuestas des de la costa del ro, por ms de cuatro metros, pues no haba caminos ni ellos dis ponan de suficientes caballos. Durante cu tro meses ensayaron la manera de obtener agua para riego, y al fin se d i eron cuenta ..de que haciendo un pequeo canal del gran de que haba, podran rega'r algo, siempre que los autorizaran a utilizar los sobrantes de agua. No todas las familias que llegaron despus se aclimataron a los trabajos y a los rigores de esa naturaleza: vientos terribles vientos, y desbordes del ro En los primeros siete meses regresaron muchos, y quedaron slo el viejo Kaspin, Fishel Liberman, Reznik y Losev. Los veinte primeros colonos con con trato fueron Resnik, Losev, Zilverstein, M. 1.iberman, J. Uhlman, Y. Liberman, J Li berman, Fishel Liberman, viuda de Saiden1:ierg, M. Kaspin, W. Kaspin B. Zeky, Hoff rnan, Gritschner, Rukalsky y Schuster. Mu chos de ellos ni siquiera vieron el campo. Ya con riego pudieron planta r lamos, sem har al.faifa y extender a cinco kilmetros el canal. \Volf Kaspin haca de herrero Note Kaspin de carpintero y de pan a dero Los ev, que adems atenda con Kaspin l a sinagoga. L os COLONOS de este tiempo recuerdan sus luchas con Alfredo Viterb ori, que fu gobernador mu c hos os d es pu s y era el enca rgado del canal U n a vez cerr el agua a los colonos judos. Mal fin tuvo este gobernador, segn se cuenta. Estaf a l ban co y tir al ro los libros de la gobernaci n cuando lo procesaron. En la oportunidad en que les clausur el agua, Losev di muestras de su entereza y capacidad para dirigir una comunidad. De nmediato se fu a General Roca y habl -con el escribano Agustn Cruz buen hom bre pero temeroso de chocar con los interes es influyentes Losev le record su obligacin y consigui que fuese a labrar el acta. En Neuqun hizo imprimir volantes con la co pia del documento y una relacin de los he chos, y los distribuy -profusamente Los mand al presidente de la Repblica, a los ministros y diputados y senadores naciona les. Entonces Viterbori mand un emisario a pactar Ellos pidieron el agua y la consi guieron. Pero no pararon ac las tribulaciones de los colonos Pre s idente de la comisin d e canales era un poderoso terrateni e nt e, el seor Sorondo. Viterbori obtuvo del funci nario una informacin caprichosa que elev al Ministerio de Agricultura. Un seor Yunki s les advi'rti, buenamente, que d eban a clarar esa informaci n para no p erde r la s !t ierr as, y Losev fu a Buenos Aires. Trat de ver el expe di ente e n el Ministerio de Agricultura, e insisti tanto que al final lo expulsaron. Tuvo nuevamente que ver a un aboga do el Dr Nissenson, que lo orien t hacia lo s Tribunales. Se haba formali zado una demanda de desalojos an te un juz gado donde solan perderse los expedientes. Losev, que esa vez tena como compaero de gestiones a J os Lutzky alcanz a l eer el informe de Sorondo. Finalmente l ogr que el expedien t e sP perdiese, y as, a costa de t iempo y a lguno s pesos, gan una de sus ltimas batallas, y asegur su fama de buen abogado En 1913 ya estaban arraiga dos los agricultores en la ll amada colonia rusa. Do ble error, dice Losev, porque no somos ru sos ni esto es una colonia Apenas agricul tores libr es, judos" ... En 1913 llegan a radicarse Jaime Ham bourg, su hijo Jos Hambourg, y un joven Gerchakov, estudiante de Smolensk. A lo s pocos meses Bernardo Riskin, L Riskin fos hermanos B arran, Santiago Soul y Tor boschkin. A excepcin de uno de los Ris kin, todos quedaron Gerchakov se fu aos despus a Comodoro Rivadavia. En 1925 ll egaro n el viejo Guisbourg y Freidman que ti e ne ahora campos, y una familia Wiernick, n> dicada actualmente con sus hijos L osEv HA eiercido durante estos 45 aos la jefatura espiritua'1. de la co lonia Es, probablemente, el m s pobre de todos. No ha podido impedir el do de tantos agricultores como los que actualmente se hallan diseminados por toda la. Repblica, pero en realidad ha .logrado que los vnculos culturales y sociales se mantengan, y que la colonia no se haya disgregado a travs de tantas dificultades Esos vnculos se prolongan a travs de Hambourg, de Kaspin y de

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    70 COMENTARIO otros, en cuyas casas se realizan vela das en el invierno, donde se lee, se en sayan obras teatrales, se comentan li bros. En su propia casa, Losev logr que se instalase la escuela fisca1 de la "co lonia rusa": la escuela nacional. La cedi durante seis aos, hasta que una directora antisemita que comenz a dic tar clases de religin catlica a los ni os judos, hizo que revocase su auto rizacin. Femndez, que le ha odo contar parte de esta odisea colonizadora, le pre gunta si est satisfecho del pas. Losev le mira atentamente, y con seriedad, y pidiendo disculpas por su mal castella no, que domina muy bien, le dice: -Soy muy contento de una parte, pe ro no me faltan motivos para estar dis conforme. Pero, a mi avanzada edad, no dejo este pueblo, esta tierra, pudien do estar cmodo en cualquier otra par te. No dejar este lugar, donde el aire es amable, y es amable el vecindario. He sido buen agricultor, y buen vecino. He dado mi consejo y ejemplo de colo no, y esto influye en la opinin de los dems. Hay que atraer la gente a la tierra y probar que nosotros los judos, tambin sabemos cultivarla y quererla Inclina la cabeza y queda, enjuto y envejecido, meditando, seguramente, en sus trabajos, sus estudios, continuados y profundos. El ha sido el abogado, el mdico, el maestro, el sacerdote, el pa nadero y el que les cortaba el cabello a los perseguidos de Europa que venan en busca de paz y tranquilidad a estas. tierras de Amrica. A la tardecita encierra sus pocas ga llinas, sus pollos; tranca las puertas, pre para su frugal comida y atiende a su. compaera. Trata de leer, pero los que jidos de ella lo mantienen inquieto du rante ila interminable duermevela. Lo rodean largas filas de rboles, unas. acequias, caminos de ripio, la extensin de la chacra. Podra morir sin que nadie lo advirtiese. Tal vez piense en los judos del pue blo, llenos de '1ujos. Entre ellos algn : deudo muy cercano, que le tiene olvi dado. Pero, en realidad, su gente esti a su alrededor y se acuerda de l y le ~ quiere, Hambourg, Kaspin, los Riskin. Y en el mismo pueblo, acaso Chanine Teiblum, el tendero erudito del "Diente de Oro" no sabe quin es el maestro Losev? Y Vaparski, acaso no sabe quin es el maestro Losev, aunque l concu rra al Juzgado Federal y al Banco de Ro Negro y se tutee con doctores y no guarde el sbado? Vaparski cuando discute con Hambourg sobre el campo y la ciudad, y afecta desdn por los campesinos, sabe, porque es buen lector y justo en sus juicios, que Losev es dis cpulo de T alstoy y de Gordon; que ve en el trabajo de la tierra un camino de salvacin moral, y que ha mantenido .a un grupo de judos perseguidos, uni dos en la Dispora, y les ha ayudado a .. creer en s mismos y a hacerse estimar,. no por sus riquezas o sus vicios, sino por sus virtudes y su sola condicim humana. "PLUMITA" EN LAS CUADRERAS DE DOMINGUEZ Cuento BAR:UJ BENDERSKY L A DORADILLA la compr Abraham David en una estancia, p.: 5 ando lo que le pidieron, sin mucho reg n. te3r. Total, pe sos ms pesos menos. La haba comprado no por lo que vala, pues la yegua era aosa y no acostumbrada a pesadas labores. Pero tena un cuerpogrande y notable conformacin, con finas ,,.

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    LAS COLONIAS AGRICOLAS JUDIAS EN LA ARGENTINA 71 largas y bien torneadas patas, cuello estira do y cabeza pequea. Adems, el color de su pelaje prometa mucho. Por otra parte estaba muy ,ivanzacta en su preez. Segn aseguraba el capataz el hijo que iba a nacer era de gran origen, pues el bisabuelo emparentaba con el gran "Bo ta fogo". Sin embargo, Abraham David pensaba en esos instantes para sus adentros, mientras sonrea suavemente: -A quin ie interesa todo eso que cuen ta?! Slo busco complet ar la monta de ca ballos No opinaba as Her sch l su hijo. Este, que acompa a su padre en el viaje, era un mucha c hote de unos 14 aos. Durante todo el trascurso de la conversacin estuvo atento a lo que el capataz refera respecto de los orgenes d e l futuro animal. Las mejillas d e l joven suban de color y con brillo anhelante en los ojos observaba a su padre, quien, despr eocUQlado e indife rente, sonrea a todo lo que el capataz deca. Como su progenitor re ga teara el precio pe dido, comenz a animarle: -No hay nada que dudar de la yegua, pap. Y cora j ndole agreg, -puede parir un pom:illito que valga diez veces ms de lo que vas a pagar ... En su fantasa, Herschl ya se imaginaba montado en un dorado grande y hermoso y tan brioso que apenas poda sujetarlo para qu e anduviera al tranquito. Al animalito lo yea tiron ea ndo con todo mpetu; te avan zaba cabeceando hacia arriba y hacia abajo, espantndose por cualquier simpleza, escar ce an do a derecha e izquier1a o parndose sobre sus patas traseras. Alrededor de la boca se le iban formando un as capas de espuma En conjunto le pareca de aspecto atractivo y simptico. Y l Herschl, estaba corno adhe rido con profundas r aces al lomo del ani mal, balancendose a cada vaivn. S e figuraba que all en la colonia salan de l as casas sus comp aeros y amigos, que lo mirnban con envidia e intentaban dete nerlo simulando preguntarle a l go ... pero con tinuaba su camino cual si no fuera a l a quien se referan ... En el nterin Abraiham David haba ce rrado trato con el capataz sobre el precio. Tom la yegua y la at a un costado del carro. Herschl despert como de un sueo Con tento y feliz se ubic de un salto en el pescante. C IERTA MAANA, volviendo del campo, Herschl entr a casa agitado, casi sin aliento, y con l a faz respla1.1deciente grit: -La doradilla ;pari un potrillito! Abraham D avid que esta:b rezando, en vuelto en su talit y ceido con las filacterias hiz o un gesto risueo, y cuando por lo bajo termin, por fin, la oracin, dijo, dirigin do se a su hijo: -Y ... nu ... he .. yofe?* ... Dor adillo? ... Int entaba saber Abra1harn David si el re cin nacido era lindo y si el color del pelaje wnfirmaba las previsiones. Herschl no entendi la primera palabra, pero conoca perf ec tamente el significado de la segund a. -S, un doradillo igual que la yegua .. y tan lindo como el mundo -termin por aclarn r s i n saber qu ms agregar. Estaba turbado por la emocin. Recorda ba que s e haba apeado del caballo para acercarse al potrillito a fin de observarlo ms de cerca. El potrillito no muy firme sobre sus pa t as todava se dirigi tambaleante hacia Herschl, le extendi el cuello y con su negra y hmeda nariz toc los dedos de la mano que Hersahl le t e nda. As fu el primer ~aludo que se di e ron. Era una mutua pre sentacin amable. La yegua madre que pastaba a pocos pa sos, acudi temblorosa, agitada y comenz a r e linchar: "Hihihi .. hihihi. .. ", como que riendo decir al vstago: -"No vayas por all. .. ". El potrillito, como entendiendo aquel len guaje se a part y de un brinco se puso al costado de la ma.dre. D ESDE aquel momento Herschl acuda constantemente al potrero a visitar al potrilliito; se entretena con l; l e acariciaba el lomo y le rascaba debajo del pescuezo. Al principio tena que enlaza rlo y sujetarlo a un palenque. El potrillo retozaba, brinca ba, pero, con el tiempo se fu acostumbran do a su patroncito hasta que luego se acer* Lindo, en h e breo

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    72 COMENTARIO caba solo toda vez que lo vea llegar y le alargaba el cogote, como queriendo decir: -"Quieres rascarme? Pues, rasca ... Cuando, en ocasiones Herschl no lo en contraba en el potrero, profera un "Hihihi ... hihihi ... imitanrdo el relincho del potrillito, y ste le responda con acento igual: "Hi hihi hihihi como diciendo : "Ya voy! .. Y casi de inmediato se le vea apartarse del grupo de caballos entre los cua les se haba metido y correr en direccin al muc'hacho Este le colocaba el bozal que haba mandado hacer expresamente y que era de excelente cuero labrado, con aros de bxonce. As pasaban el tiempo, juntos, en el po trero. Cierto da de verano, el sol estaba en lo alto y se reflejaba en las aguas del ro vecino. En la orilla estaban las vacas con sus ter neros, las que luego de abrevarse se echaban al suelo a descansar, rumiando pausadamen te y dormitando con los ojos entornados. Los ti e rnos potrillitos con el doradillo al frente salan del potrero corriendo y reto zando y dando coces Hers o hl acercse al ro y sin proponrselo interrumpi aquella procesin. Detuvo su caballo A prudente distancia contempl con ntima satisfaccin a su doradillo -Cmo creci en los ltimos tiempos! -se dijo. -Ya casi se convirti en potrilla. modo de correr! Cmo vuela! Ni pisa el suelo! Livi a no como una f>luma .. Cual rayo cruzle por la mente una idea. Una sonrisa plena de satisfaccin y felicidad le ilumin la cara. Haca tiempo que buscaba un nombre adecuado para el doradillo, y ahora ... feliz coincidencia! ... "Liviano como una plu ma como una plumita ". -"Plumita" ... As se llamar! -"Plumi ta" "Plumita" .. Y Herschl se para sobre el lomo del ca ballo y larga un relincho: "Hihihi hihi hi ". Se oye una respuesta a lo lejos, casi un idntico relincho, y al rato llega el potrillito. Herschl se a.pea de su cabalgadura y se acerca al animalito, le rodea el pescuezo con los brazos y ambos se van diciendo en len guaje comn, muy suav.emente: Hihihi. hihihi .. -"Plumita", "Plumiii taaa". 1 pLUMITA" fu creciendo hermoso y graIJJde. Poco a poco se lo prepar pa ra montar Herschl le compr una ancha fa ja y una cincha grande. Lo mantena cin chado todo el da para que no se le desarro llara una panza demasiado grande que le restara agilidad en la carrera. Dos veces al da lo sacaba a varear. Le enseaba a correr por un camino estrecho y en lnea recta. Un par de veces le haca recorrer al tranco ida y vuelta todo el largo de ese sendero, como si quisiera predic arle: -"Esta es la sen.da por la cual tendrs que andar" ... Durante esos ejercicios y al llegar a un extremo del sendero, lo detiene un momen to slo por pocos minutos, le afloja las rien das y lo incita a correr. "Plumita", sin agi tarse, se da vuelta, se para nuevamente, da luego presuroso un sa lto hacia adelante y con el cuello estirado comienza a correr velozmente Terminada la leccin Herschl desmonta, lo acaricia, le rasca por todo el cuerpo, sa ca su cuchillo de la cintura y comien za a raspar el lodo que salpic el cuer po del animal y se l e adhiri a las patas; le limpia los vasos y se los 1p ule. Cubre luego al potrillo con una manta lo pasea un rato ipaso a paso, para ir calmndolo lentamente. En cuanto a la comida, Herschl se esmera hasta en los ms nfimos detalles, atenin do se a lo consabido en tales casos. Al amanecer l e da de comer un kilo de maz y un kilo y medio de alfalfa. La mis ma r acin a l medioda y al anochecer. Lue go lo guarda en el galpn con una manta. Toda esta labor la haca l mismo No se la confiaba a nadie Iba preparndolo pa ra intervenir en competencias cuadreras con otros caballos. Aguardaba la hora en que "Plumita" estuviera completamente listo pa ra presentarlo en pblico. Abraham David el padre de Hersc'hl, ya de tiempo atrs no miraba con buenos ojos esta tarea del hijo. -Carreras!. Caballo de carrera? ... -clamaba. No sera mejor ensearle arrastrar el ara.do!? ... O mejor que pastara pot el potrero junto a las yeguas ... y basta! -Qu sos vos?!... Un gaucho?! ...

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    LAS COLONIAS AGRICOLAS JUDIAS EN LA ARGENTINA 73 O qu? ... As le recriminaba a Hers c' hl a veces amablemente y otras ya con severidad. Herschl nada responda "Plumita" lo reciba con jovialidad, con amable rehncho: "De9de ayer que no nos hemos visto!" -pareca decirle Estiraba la cabeza, mova los belfos cual si quisiera de r algo y miraba al morral que le traa el amo y en el que los granos secos del maz producan una msica particular con el mo vimiento. Hersohl le colgaba el morral de la cabeza, le propinaba dos palm a das en el lomo y por un instante quedaba escuchando el ruido que haca "Plumita" al triturar los granos con sus fuertes dientes Y cuando "Plumita" terminaba con la racin, Hers o hl se pasaba horas enteras peinndole con una rasqueta. H ERSCHL tuvo noticia de que el domin go se realizaran en Domngu ez carre ras cu a dreras. Y decidi concurrir con su potrilla, en principio, s 1o para presenciar las. El domingo, Herschl madrug antes de costumbre y comenz a preparar a su dito" Peinle cuidadosamente el cuerpo, cri nes y cola. Le recort algunos pelos sueltos; lim los vasos y fijando la mirada en los ojos del 'Po trillo, pregunt: -Qu te parece, "Plumita", no ine aver gonzar de ti? "Plumita" respondi con un relincho y ello represent parn su amo buena seal Colocle los enseres. Se fij detenid a mente si todo estaba en orden: la carona, el cue rito, el cojinillo ... 1 EI mismo se puso un par de polainas amarillas Se anud un pauelo de seda al cuello, dejando que las puntas se agitaran, ,olanderas, hacia atrs. El ala frontal del chambergo levantado hacia arriba. En el am plio tirador de cuero meti el facn. Y ya listo, se march hacia el lugar de la competicin. No lejos del pueblo, en ancho camino se extendan a todo lo largo, uno al la-do del otro, dos senderos angostos y bien rectos. El pastito haba sido arrancado la cancha es taba despejada y la tierra convenientemente aplanada. A ambos lados del camino haha un her videro de gente, cual si aquello fuera una feria. Haban llegado jinetes criollos de todos los rincones, desde lejos y desde cerca. 1 ambin jvenes judos de las pr ximas colonias haban venido enfundados en sus vestimen tas domingueras y montando sus mejor e s parejeros. En el nterin se hadan demostr aciones, habilidades y pechazos con sus cabalgaduras, cruzndose refranes y dichos de sabor crio llo. Hacia un costado se haba levant ado un puesto de tortas fritas Dos "chinas" ama sa han pasteles en un tacho de latn que lue go frean en grasa recalentada en un caldero instalado en un hornillo. La atmsfera se impregna.ha del tu.fo caracterstico. Prximo al fuego en una banqu eta, h llbase sentada una anciana criolla, con un grueso cigarro de hoja entre los labios L a cabeza reclinada hacia un costado, los ojos entornados rpor causa del humo del cigarro. Con un tenedor retiraba del calderilla las tortas ya dor a das acomodndolas en una fuent e Junto a la anciana la paisanada re ciba el bocadillo ya listo calentit o. Los piropos a las mozas menudeab a n entre frases de ponderacin por la excelencia de las tortas Algo ms lejos, junto a un as brasas her va el agua en una marmita que incitab a a los presentes a matear. Chinitas jvenes con poller as de colores chillones -rojo verde, amarillo ... y con ojitos c'hi~peantes, picarones corran ac y all llenando los cim arrones, revolviendo la bombilla para hacer brot ar la espuma, a l ar gndolos ora a uno ora a o tro con un ama b]e: Srvase!" El mateador sorba co n d electacin, lan zando frases de doble sentido a la qu e l e haba servido ... A un costado del camino un anciano ven da empanadas calientes de carne y p asas. En uno y otro la,do se formaban grupos. Todos hablaban a viva voz, animosos ale gres .. Los chistes y retru ca nos criollos fluan de boca en boca alternados de versos festi vos que provocaban estruendosas carcajadas que resonaban por el vasto campo abierto Toda la conversacin giraba en torno de los dos parejeros que d eban correr pocos momentos despus El "Galgo" del comisa rio y "Paloma" del carnicero La apuesta era de quinientos pesos. -Quin quiere apostar? -exclam uno

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    74 COMENTARIO blandiendo corno un cabo de soga, un bille te arrollado de 500 pesos-, yo voy a "Pa loma". -Pago! -contest otro. Este di vuelta el cinto y sac de adentro un billete de igual importe. Pago! Voy por "Galgo". Ambos jugadores depositaron el dinero en manos de un tercero Otros apostaron diez pesos y los menos pudientes un peso y cincuenta centavos. En gru,po aparte estaban los dueos de los parejeros del desafo. All estaban tam bin otras personas respetables, dignas de fiar. Estos haran de jueces. Se volvi a tratar las condiciones de la carrera y se deposit el dinero de la aipu esta. Hechos los arreglos necesarios para equi librar los pesos correspondientes de las ca balga duras, dieron los jueces la seal de pre p<1rarse para la largada Los jinetes, quienes todo el tiempo esta ban junto a sus caballos, les quitaron las mantas, les acariciaron el lomo dos o tres veces y sujetando con la mano izquierda la rienda, de un gil salto se ubicaron en la cabalgadura. Al trotecito, lentamente se di1igen a un extremo del camino A su vez los amos y jueces se encaminan al lugar de llegada de los competidores De todos los lados afluyeron los circuns tantes, ubicndose a ambos lados del cami no con viva ansiedad Los rezagados se pa iaron en puntas de pies, alzando la cabeza por encima de los hombros de los que esta ban adelante. Otros se agacharon, atisban do entre las piernas algo separadas de los primeros Todos aguardaban impacientes, la boca entreabierta, la respiracin contenida y la mirada fija en el lugar al que haban de llegar los corredores. Y all en la otra punta, los corredores se disponen para la prueba. Los jinetes, se co loc2n uno junto al otro, cada cual en la can rc ha corre$Jlondiente. Permanecen un ins tante inmiviles; luego comienzan la marcha primero despaciosamente y luego ms velo ces. Y cuando todos los presentes y hasta los mismos caballos creen estar en plena carrera, los jinetes frenan de improviso a me dio camino, regresan al punto de partida e inician de nuevo. As practican hasta que los caballos entran en trance sin poderse mantener ms quietos; escarcean, corcovean, cabecean violentamente, se estiran con todas las fuerzas hacia adelante, rnuer
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    LAS COLONIAS AGRICOLAS JUDIAS EN LA ARGENTINA 75 Hersohl escuchaba todo esto con disimu lada indiferencia Pero cuando uno le pro puso disputar una carrera por cinco pesos ; mi

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    76 COMENTARIO dera su "Plumita" si se me presentara un compra
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    NOSOTROS, LOS TRABAJADORES ADOLFO LANUS L EONARDO Da Vinci construy un mecanismo de relojera, una ex cavadora, compuertas para canales de riego, un paracadas y una mquina de pulir lentes de ptica. Elabor pri mero los esquemas, perfeccion los pro yectos, les di forma y vida material con sus manos, en talleres ideados y montados por l mismo y que le sirvie ron adems para hacer la vlvula ca, el tomillo de Arqumedes, el "gato" y otra enorme y variada cantidad de mquinas de aplicacin til hasta la poca presente. Traz los dibujos, deli ne los planos, cort las maderas, alis los trozos de hierro, los model, los uni y los hizo funcionar con sus pro pias manos, las mismas manos que pin taron "La Gioconda", "La Cena", "La Virgen de las Rocas", la "Adoracin de los Magos". Es cierto que a Leonardo da Vinci suele consider rselo la ms alS IN !NTENCION polmica y, desde luego, sin nimo de discutir los merecimi~ntos que en la civilizacin de todos los tiem pos le corresponde al trabajador, el autor pre tende reivindicor un derecho olvidado por la opinin pblica: el derecho o! honroso ttulo de trabajador que le corresponde tambin ol obrero intelectual. Obrero, porque precisamen te en la tarea que cumple se denota el ce cultural de una civilizacin. Los conflictos obreros que se suceden entre nosotros con tanta frecuencia actualizan esta necesidad d~ reivindicacin Adolfo Lans, colaborador de COMENTARIO, es autor de varios libros de tema argentino y redactor permanente de La Prensa. ta y cabal: encamacin del genio, ttulo de excepcin que explica la extraordi naria diversidad y la inmortal trascen dencia de su obra; pero la circunstancia ya anotada de que ejecutara personal mente las cosas que surgan de su ins piracin creadora, bien podra tambin ganarle el ttulo de "trabajador". Es de temer, sin embargo, que si en lugar de nacer en 1452 el ilustre toscano hubie ra venido al mundo en la segunda mi tad del siglo pasado o a principios del actual ese calificativo no lo compren der a. No d e jara de ser genio, pero, sin duda alguna, por mucho y prove chosamente que trabajara, no figurara en las filas de los hombres a quienes hoy, con sentido excluyente, se denomi77 b. d na tra ores En el manifiesto redactado hace ya ms de un s iglo, Carlos Marx y Fede rico Engels hablan de "obreros", "pro~ l "" ld""b '" "l etanos asa ana os urguesia ucha de clases y, desde luego, de "tra bajadores", para terminar con la bre exhortacin: Proletarios de todos los pases, unos!". Afirman, adems, que todos ellos estaban tambin inclu dos en la calificacin comn de "traba d p ores Pero en el prlogo de la edicin ale mana de 1890, escrito nicamente por Engels, pues ya Marx haba mue rto, se lee esta frase destinada a justificar el calificativo de "Comunista" que acom_ paa al manifiesto: "Y como en nos otros era ya entonces (184 7) firme la

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    78 COMENTARIO conv1cc10n de que la emancipacin de los trabajadores slo poda ser obra de la propia clase obrera, no podamos du dar en la eleccin del ttulo". Bien sabido es que para alcanzar esa finalidad Marx y Engels proponan, en tre otras medidas, la expropiacin de los bienes inmuebles y la aplicacin de la renta del suelo a los gastos pblicos; la confiscacin de los bienes de los emi grados y rebeldes; la centralizacin del crdito en el Estado con carcter de mo nopolio; la multiplicacin de las fbri" 1 d cas nac1ona es recursos to os que constituyeron las bases del "nazismo" y del "fascismo" con las consecuencias que son conocidas y que por su parte, como que forman la esencia de su doc trina, el comunismo aplica dondequier,! que domine, con resultados que asimis mo estn a la vista. N o ME atrevera a afirmar que las palabras subrayadas o destacadas en bastardilla en la parte transcripta del prlogo del Manifiesto correspondiente a la edicin alemana de 1890, sealen el arranque del concepto generalizado por el uso y el abuso, de que nicamen te merecen llamarse trabajadores, con propiedad, los que para realizar su labor emplean las manos o, como es corriente decir, el msculo. Algunas veces -re sultara injustificado olvidarlose ha cen distingos de clasificacin y se habla de "trabajadores rurales", "trabajadores de las fbricas" o "trabajadores del transporte"; mas 1a referencia especiali zada se limita casi siempre a aquellos que en el campo, en los trenes o en los mnibus y camiones, tienen a su cargo las tareas comunes de la agricultura o la ganadera, de la mecnica o de la fragua, del manejo y conduccip. del vehculo, con todos los detalles particu lares de cada una de esas ocupaciones. El que dirige la fbrica, el cultivo de los cereales o la cra de ganado; el que orienta la produccin, el que promueve mejoras en los mtodos industriales, el que concibe la manera de hacer ms cmodo, rpido y econmico el trans porte, esos quedan al margen de aque lla apreciacin, olvidando el valor de lo que se denomina "chispa del poder creador" indispensable para que el tra ba jo sea fecundo. Y a en ms vasta y universal escala, el mdico no resulta un trabajador, ni tampoco lo son el abogado, ni el farma cutico ni el escritor. Edison, el "Mago de Menlo Park", que ~l mismo da de su casamiento, sin quitarse el traje de ceremonia, se encerr a trabajar en su gabinete mientras la flamante esposa es peraba desconcertada en compaa de los invitados, en qu categora podra figurar? Tan luego l, que difini al g enio diciendo que se compona de un dos por ciento de inspiracin y noventa y ocho por ciento de transpiracin! Rockefeller y Ford, que comenzaron como obreros y terminaron como direc tores y dueos de grandes empresas e inmensas fortunas, trabajaron mucho ms intensa y duramente que nunca en e stas ltimas etapas de sus vidas; pero tan slo fueron "trabajadores" cuando vestan blusa azul, marcaban la hora de e ntrada y de salida en las fbricas don de los contrataban y de las que luego fueron propietarios que se pasaban en ellas trabajando horas y horas sin comer y sin dormir, aunque no merecieran ya ms que los llamaran "trabajadores". E N ESTE desorden de vocablos que desnaturaliza su real significado ha infludo desde el comienzo, acentun dose con el tiempo, una marcada espe culacin demaggica. Nadie podra, jut ciosamen te, restar mrito a la funcin importantsima de la inmensa masa la boriosa de los obreros manuales; eso se ra tan absurdo, que queda automtica mente fuera del tema. Justo parece, no obstante, advertir que el_ calificativo de "trabajador" que muy honrosamente les cuadra, no puede ser de su exclusivo patrimonio. Sin nimo peyorativo bien

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    NOSOTROS, LOS TRABAJADORES 79 cabra observar que mientras Leonardo da Vinci ejecutaba con sus propias ma nos la tarea que habra podido enco mendar a un operario, este operario no habra sido ni remotamente capaz de pintar el "San Juan" o idear el anem metro. Y ya hay en esto alguna diferen~ cia que guardand o distancias s e puede hacer extensiva a muchos aspectos de .actividades rutinarias que no les estn vedadas a los filsofos, qumicos o logos, en tanto que quienes las realizan habitualmente nada pueden hacer con 1a filosofa y ni siquiera lograran lim piar sin destruirla, una probeta de la .boratorio ... Prob a blem e nte los actuales titulares del calificativo no han bu sca do la ex dusividad. Ella surgi por a ccin extra a a su voluntad, como fruto de obje tivos polticos que se basan en el halago de las mayoras; y, como es natural, a '1os beneficiarios no les fu difcil adaptarse al convencionalismo que, induda blemente, les daba una expresin de fuerza colectiva Pero en materia de tra bajo tanto corresponde el ttulo a la in teligenci a creadora, a la capacidad or ganizadora, a la ciencia d e l m dico es tudioso, al sabio que investi ga y descu br e, al tesonero que invent a, como al que valido d e sus manos de su fuerza, -de su resi s t encia corporal y de su apti tud fsic a -condiciones no exentas, por cierto, d e un apreciable aporte de inte1ig e nci a-, c o mplementa la tarea en el orden materi a l. Pr ecisamente a esa complem entaci n est casi siempre subordinado e l xi to grande o pequeo segn la medida en que se armonice y coordine el es fu erzo de conjunto. Si se entiende, como pa rece elem~ntal, que de ese esfuerzo con-, junto depende el beneficio general de terminante del beneficio particul ar de cada uno, cuesta mucho descubrir el fundamento razonable de actitudes in transigentes, hostiles y agresivas entre las partes representativas de una y otra forma de trabajo, como si no hubie ra corrido un slo da y nada se hubiera cambiado desde los tiempos de Marx. Y todava es menos fcil comprender cmo se puede plantear cu esti ones que revistan carcter de intolerancia invo cando de un lado la condicin de "tra bajador" y negando a quien es estn en el otro lado la igualdad de der echos en el calificativo. D ESDE LAS pocas ya muy l ejanas en que el trab a jo comenz a ten er sentido humano y soci a l su r epresen tacin en el arte ha sido &eneralm ente fsica E s explicable En la fi g ura de un hombre o de un grupo de h ombres en ac cin el esfuerzo a dqui ere plasti cidad en las m a nos en lo s brazos en el pecho, en la boca y se trasunta h asta en los ojos, de modo qu e l a esc ultu ra y la pintura h a n podido reco ge r esa ex pr esi n y reflejarla o p l asmarla como b e llo y e l oc u ente smbolo. E sa es la interpr etacin inspi radora de tantas obras a dmirables en l as que todo s l os que trab aja n se sienten per so ni ficados sin detener se, sin embargo, a p ensar si las t a r eas que efectan les dedi ca n tan slo l a e n erga del cuerpo o nic amente l a luz de su inteli ge ncia. Tal vez sea por eso que la interpretacin artstica se h a h ec h o cl ica: porque es represen tativa a l a vez de l a fuerza y de la vo luntad del vigor y de la int e li gencia pu es t a al servicio de un afn ennoble cedor ; y porqu e e n l a sntesis estn, en d efi niti va, fundidas todas l as formas de l a act i vidad hum a na. En "Vida y Trabajo" S a muel Smiles recuerda que Volt a ire pensaba que "si t oda la raza hum ana pud iera juntarse desde l a creacin hasta ahora, en l a gra du aci n d e los ge ni os, Newton es t ara a la cabeza". Y enseguida Smiles h ace es t a observacin: "Aunque e l ge nio es a veces un a l ey por s mismo, realiza m s frecuentemente s u objeto por medio d e l trabaj o, que lo conquista todo ; y la cap aci d ad misma del trab a jo mu y perseverante y h asta excesivo ti ene

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    80 COMENTARIO mucho de la naturaleza del genio, pues conforme se ha dicho muchas veces, la gran diferencia entre los hombres co; siste ms que en sus cualidades origi nales, en su caPlcidad de trabajo conti nuo y perseverante". El clebre cardenal Enrique Eduardo Manning, arzobispo de Westminster, acaso uno de ti.os primeros representan tes de la Iglesia Catlica (haba sido protestante hasta la muerte de su espo sa) en ocuparse de las cuestiones socia les, confiaba en que la dignificacin del trabajo habra de alcanzarse principal mente por medio de la observacin de cuatro principios. Helos aqu: "La pru dencia, que perfecciona el entendimien to; la justicia, que hace perfecta la vo luntad; la templanza, que ensea a los hombres a dominarse ante los halagos del poder y del placer; la entereza de espritu que los hace fuertes en el su frimiento y en las dificultades". E. N NADA de lo que aqu se dice hay alegato de desconocimiento y me nos todava de negacin de mritos. No lo hay en nada de lo que se dice ni lo habra tampoco en nada de lo mucho que sera fcil aadir a estas elementa les reflexiones, susceptibles de ampliar se indefinidamente. Poco costara, en efecto, sealar -con mencin de hechos slidamente fundados en la experiencia diarialas diferencias que se ponen de manifiesto en materia de responsa bilidades individuales y colectivas, as como tambin en lo que atae al cum plimiento de deberes primordiales y a los lmites del derecho. Apenas si hay en lo que queda es crito un intento de restauracin de con ceptos con referencia a muchos desvos y, adems, con nimo de reconocimien to para los que no son nicamente obre ros manuales. Porque al fin y al cabo quienes -por ejemploescribimos ar tculos periodsticos, no importa si po bres de contenido y vulgares de presen tacin somos sino "trabajadores"? Y si se quiere con agravante: lo hace mos, a menudo, sin espera_r paga, y siempre hasta cuando se la espera, por vocacin.

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    Amrica Lafjna Hoy: Hombres y Problemas ... ----.. El presente trabajo ampla el estudio sobre "Las mi g ra c iones internas" publicado en la ltima entrega de COMENTARIO como parte de esta seccin permanente en la que Sergio Bag pasa revista de los problemas actuales del continente latinoamericano. LOS DESPLAZAMIENTOS DE POBLACION EN LA ARGENTINA SERGIO BAGU H EMOS TRAZADO, en el nm e ro a terior, algunos de los rasgos fundam e tales de las migraciones intern a s e n Amrica Lat i na En la Argentina, los desplazamiento s d e poblacin son tan antiguos como s u hi s to r i a misma. La guerra de la indep e nd e n c i a lo s conflictos con Brasil y Paraguay y las lu c h as civiles del siglo XIX crearon multitud e s a m bulantes que no r egresaban a s us act i vi d :i des habituales n i a sus sed e s d e o ri ge n L as condicion e s econmicas, el lat i fund i o el de s arrollo tan desigual de algunas regi o n es con tribuyeron, a la vez, a que existiera una ma sa considerable de migran tes El primer censo general, l e v a nt a do en l 869, logr captar el fenmeno y su ori e n tacin g e ogrfica. "Existe indud a bl e m e nt e -explica Diego G de la Fuente, s u d i r e c tor, en la pg. XXXIII de la Introduc c i un notable movimiento de trasl ac i n c o nti nua hacia el li t oral... As, ten e m os qu e l os cuatro estados del Este, Buenos Air es, S a nt a Fe, Entre Ros y Corrient e s, c o nt e n n 49.693 hijos de los pueblos d e l int e rior, en tanto que en todos estos j-untos no alc anz a ban l o s d e l litoral sino a l .869!" Lneas despus, se lee esta observ a ci n im portante: "A juzgar por el censo, el estado que ms aleja a sus hijos o los reparte en los otros, es Santiago, que tena fuera de su seno 23 .60 l, o sea casi la sptima parte de su poblacin". Casi un siglo despus, vctim a d e una e s tructura eco nmica arcaica y s in qu e su s r ec ur sos n a tu ra l e s sea n e xp lot a d os c o n m t o d o s mod e rn o s s i g u e Santiago d e l Est e ro a r ro j a n do sus hijo s haci a e l Li t ora l y d e j a ndo d e nt ro d e su s fronteras e nor m es e x t e nsi o n es d e sp o bl a das L os c u a dros p re p a r a d os por Gino G e rma n i p artie n do d e l as c ifr as d e l o s cuatro cen sos n ac i o n a l e s d e pobl aci n re ve lan c o n al gun a s e x c e pcion e s un a t e nd e n c i a p e rmanen t e a la i nt ensi fi cac i n de est o s de s pl a zamien t os. T o do s l os cleos urb a no s d e sde el Gra n Bu e n os Air es h asta l os de menos d e 2 0 0 0 h abi t an t e s h a n a ument a do s u por c rntaj e d e p o bl a ci n a r ge nt i n a e migrada de o tr a s juri s d icc i o nes El c a mbio ms n o t a ble es e l d e l Gr a n Buenos Aires que del 3 % en 1869 p a s a al 29 % en 1947 y al 36 % e n 195 7( 1 ). 81 MIGRACIONES Y H a h ec h o el autor ciURBANIZACION t a d r e cient e ment e dos apor te s d e e s pecial im portancia que tienen relacin directa con el probl e ma que n o s o c up a( 2 ). En su mo (1 ) E'l p r oceso d e u r b a niz a cin e n la A r ge tin a", p o r Glno G e rm :i n!. Publi ca ci n e n m im gr a f o d o l I nstl tut 'O d e S o c i o lo g a d e Bu e n os Air e, d o ci r c ula ci n r es tringid :i Pl'.lgs. 9 y 11 ( 2) El t rnb n Jo m e n c ion a d o a nte s y s u I nv es ti g a ci n so br e l os efer to s s o c i a l es d e l a urb ani zaci n e n un 11.r ea o br er a d e l G r nn Buen os A i r es", e di t ad a e n mim eg r a fo pw e l C on se jo E c onm i c o y S oc i a l d e l as Nacio n es Unid as, con moti vo de l Seminario sobr e probl e m as d e urbani zac i n e n Amri c a L a tin a ce l e br a do e n Santiag o d e G hile e n jull 'O d e 19 5 9.

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    82 COMENTARIO nografa sobre el proceso de urbanizacin en la Argentina, observa que en las cuatro fa ses en que puede dividirse ese fen6rneno, en tre 1869 y la actualidad, las migraciones in ternacionales constituyen el factor principal de la urbanizacin en l as tres primeras, mientras que, a partir de 19 3 6, son las mi graciones internas las ms importantes gina 19). La medicin cuantitativa y la orientacin geogrfica de esos grandes desplazamientos de poblacin en los ltimos lustros acaban de ser objeto de un valioso estudio de la Di reccin de Estadstica e Investigaciones de la provincia de Buenos Aires( 3 ). Por pri mera vez se nos ofrece un panorama general de estas corrientes de difcil localizacin y valoracin cuantitativa, en todo el territorio del pas. :Entre mayo d e 1947 y setiembre de 1959, segn el estudio mencionado en ltimo t mino solamente l as ,provincias de Buenos Aires, Mendoza, Ro Negro y Chu but tienen un saldo positivo entre la inmigracin y la emigracin internas, mientra s que e l resto del territorio, incluyendo la ciudad de Bue nos Aires, tienen saldos negativos. Dentro de ese perodo la ciudad de Buenos Aires perdi, por ese co ncepto, 183 000 h abitan tes; Corri e ntes 93 000; Enrre Ros 89. 000; Santi ago del Estero, casi 78. 000( 4 ). Los sal dos positivos de Ro Negro y Chubut fueron pequeos -1 500 y 8 100 respectivamen tepero los de las provincias de Buenos Aires y Mendoza fueron grandes: 797 000 y 3 7. 000 respectivamente. Es mu y proba ble que la prdida asignada a la ciudad de Buenos Aires est representada en e levado porcent a je, por el desplazamiento de fami lias h acia las localidades del Gr a n Buenos Afres. Uno de los aspectos ms importantes del trabajo de la Direccin de Estadstica de La Plata es la localizacin del origen y del des tino geogrficos de las inmigraciones y las emigraciones dentro de la provincia de Bue nos Aires en el perodo m e ncionado. Se puede observar as que los partidos que han "expulsado" ms poblaci6n en ese pero( 3) 1 C.lculo estimativo de pobla ci n al 3 0 de setiembre de 1957 Migracin interna pre sunt a en la Repbllca Argentina y e n la Provin cia de Buenos Aires'', abr!l de 1959 ( 4) No se incluyen aqu! la migracin int er nacional ni el crecimiento vegetativo. do son Azul, Bolvar, General Arenales, Ge neral Pinto, General Villegas, Lincoln Nue ve de Julio, Pehuaj, Pergamino, Rojas, Sal to y Veinticinco de Mayo. Todos estos par tidos, con excepcin de Azul, se encuentran en una zona continua ubicada en el noroeste y parte del centro de la provincia. Locali zadas las zonas ms activas de "expulsin", sera menester ahora examinar las condicio nes econmico-sociales de esas regiones para llegar a un planteamiento integral del ori gen inmediato del fenmeno migratorio. El mismo estudio delimita dos zonas de menor importancia y dos de mayor impor tancia entre las que reciben migracin in terna. Las dos primeras son Junn y Coronel de Marina L Rosales Las dos ltimas, Mar del Plata y el Gran Buenos Aires. Resulta as notorio el nexo entre los dos procesos ya mencion ados: los desplazamientos internos y la urbanizacin D e bernos advertir que, aunque la provin cia de Crdoba tenga, en el mencionado de cenio, un saldo negativo, ocurre lo ontrario con la ciudad de Crdoba y sus alrededores inmediatos, sumergidos en ~n tpico proceso de concentraci6n urbana a causa de su desa rrollo econ mico, dentro del cual la indus trializacin ocupa un lugar importante. DE DONDE Y POR QUE Las estadsticas y los mapas preparados por la Direccin de Esta dstica de la provincia de Buenos Aires ha cen pensar, a primera vista, que estarnos frente a un tipo clsico de desplazamiento interno: el rural-urbano. Necesitaramos, sin e mbargo una mayor discriminacin en los datos estadsticos para Ilegar a conclusio!les ms precisas. Si en los cuestionarios del censo general de poblacin que se levantar en todo el pas en 1960 se incluyen pregun1 tas apropiadas, se podr conocer, mucho me jor que hasta ahora, la magnitud de este fe nmeno interno, sus orgenes y sus perspec tivas. Con todo, algunos datos permiten ya anticipar planteamientos ms generales. La "Investigacin sobre los aspectos socia les de la urbanizacin en, un rea obrera del Gran Buenos Aires" de Germani, entrega material de muoho valor para fijar los carac teres de dos fenmenos conexos: el origen remoto del migrante y el escalonamiento geo grfico de su proceso migratorio.

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    LOS DESPLAZAMIENTOS DE POBLACION EN LA ARGENTINA 83 Contra lo que podra suponerse, los en -cuestados de l a I s la Maciel -migrantes anti-guos y migrante s recientesen la investigacin de Germani no provienen, s1no en ;pequea parte, del clsico salto campo-ciu dad. "La may o ra de estos inmigrantes -ex plica Germani ( pg 14 )no viva en zo nas rurales: solamente un 15 % resid a en 'localidades de menos de 2. 000 h a bit a ntes, y no hay dif e rencia a este respecto entre los recin llegados y los de residencia ms an tigua; ms de una tercera parte naci en
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    84 COMENTARIO ESTRATIFICACIOH Y CONFLICTOS En Estados Unidos, cuyas migraciones in ternas han sido y si guen siendo de gran volumen, aunque no sean, en su origen y sus modalidades iguales a las de la Argentina, se produce, en las zonas de destino una estratificacin gene ocalmente compleja. La prioridad en la lle gada de los grupos migr a torios es uno de los factores determinantes de esta estratificacin Otros factores impartantes son la calificacin profesional y el origen tnico. As, el negro sureo, en su xo do ince sante hacia el norte industrializado, ha ido radicndose en cinturas urbanas d e viviendas desvalorizadas, creando un sistema familiar y social de caractersticas distintas del pre dominante en los barrios de asalariados blan cos, ms calificados econmicamente y de an tigua Tesi dencia en el lugar. El fenmeno se reproduce, salvo algunas variantes, con la inmigracin puertorriquea en Nueva York; los irlandeses, los italianos y otros sec tores nacionales en l as ciudades del este; los mexicanos, en California y en el suroeste Dentro de la masa obrera urban a apare ce, de es ta m a nera, una estratificacin social ccmpleja, que se mueve alrededor de toda una escala de valores econmicos, sociales e ideolgicos, escala que se pro yecta hasta en el interior de los sindicatos obreros. Es una estratificacin que no descansa sobre un status menos conflictivo que la estratifica cin que pockamos llamar tradicional de l as sociedades urbanas -gran burguesa ca pitalista, pequea burguesa, proletariado y a veces las luchas ms vio~entas entre gru pos sociales que estallan en Estados Unidos no lo so n entre empresarios y asalariados, sino entre asalariados de distintas califica ciones profesionales, distintos orgenes na cionales y distintos grupos tnicos. Los p<> groms" de Detroit en 1943 y la total parali zacin de Filadelfia en 1944ambos, en plena guerra mundialfueron la exteriori zacin del conflicto entre asalariados blan cos, de antigua residencia en la zona, y asa lariados negros, de origen migratorio. El problem a adqu i ri tal magnitud que en 1941 se constituy un importante organismo oficial, el Fair Employment Practice Com nttee, cuya misin fundamental fu la de asegurar a los trabajadores negros que migraban de zonas rurales y se empleaban eni fbricas de guerra e instituciones del Estado las mismas condiciones que tenan los tra bajadores blancos, protegiendo a los negros tanto contra sus empleadores como contra los asalariados blancos y sus sindicatos Nada de esto ha vivido la Argentina has ta ahora. Tanto la masa de inmigrantes ex tranjeros desde mediados del siglo XIX, co mo la masa de migrantes internos, se han asimilado sin que los conflictos entre asala riados o entre grupos sociales equivalentes se manifestaran en forma tempestuosa, salv1> quiz casos aislados. Diferencias sustanciales entre el proceso histrico estadounidense y el argentino ex plican estas diferencias en el proceso de la asimil aci n de las masas migrantes. No tra taremos aqu este tema. Slo deseamos anotar algunas consecuencias probables. En Estados Unidos, este tipo de estratifi cacin dentro de la masa asalariada y estos conflictos entre estratos absorben una parte considerable de la energa individual y co lectiva El combate callejero entre el resi dente antiguo y el migrante reciente, entre el obrero negro y el obrero blanco crean sustitutivos sociales, polticos e ideolgicos que tienen una importancia muy grande en la historia contempornea del pas : En la Argentina, ausentes los estallido!> de esa ndole, los conflictos tienden a repro ducir se ms dentro del esquema de la oposi ci n de clases soc ia les. Transformadas las villas miseria en mo dalidad permanente de la vida a-rgentina, sin que el Estado intente elevar su condi cin social y cultural, ni alterar el mecanis mo econmico-social que produce inagotables: olas nuevas de migrantes hacia los grandes ieentros urbanos, no puede menos que abrirse una duda angustiosa sobre el destino hist rico de lo~ centenares de miles de seres alo jados en ellas, -ayer dispersos sobre el ma pa de las provincias, concentrados hoy en la urbe misma, obligados a vivir indefini damente en los nuevos tugurios urbanos, en psimas condiciones sanitarias, desorganizado el ncleo familiar y llevados, en cualquier circunstancia, a actuar como masa en los conflictos de poder, sin haber superado su st::mianalfabetismo ni su incultura poltica

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    A.RISTOBULO DEL VALLE Y EL SURGIMIENTO DE LA CLASE MEDIA ARGENTINA EZEQUIEL GALLO D OS ACONTECIMIENTOS de in dudable importancia vendrn a trastrocar la tradicional estructura
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    86 COMENTARIO de mayor envergadura del siglo XIX. Las cifras comparativas de los censos de 1869 y 1895 nos dan un claro pa norama de la incidencia de este meno en el aumento de la poblacin. Mientras en 1869 el total de la pobla cin del pas ascenda a 1.736.923 de habitantes, en 1895 alcanzaba 1a cifra de 3. 95.911 2 En Argentina el volu men de la inmigracin alcanz propor ciones mayores que en los EE. UU.: "En resumen, la intensidad del meno inmigratorio en ambos pases se mide en estos guarismos: en la nacin del norte, a lo largo de 111 aos, 26 millones de extranjeros se agregaron a 9 millones y medio de habitantes (rela cin de 3 a 1); en la repblica del sur, en 74 aos, 4 millones de extranjeros vinieron a convivir con un milln de nativos ( proporcin de 4 a 1)" 3 Pero, en la zona rural debernos agregar dos factores ms que con vergieron, tambin en gran escala, a la formacin de esta nueva clase social. Por un lado la relativa coloni zacin que se inici en ciertas zonas del pas, el litoral especialmente, y por el otro la sustitucin paulatina, en la economa pecuaria, del ganado vacuno por el lanar. Ambos hechos, al produ cir una relativa subdivisin en la pro piedad territorial aumentaron lgica mente el nmero de pequeos produc tores y al mismo tiempo impulsaron la vida comercial y profesional en los cen tros rurales. La incidencia de la coloni zacin en este fenmeno es por dems conocida, resultando exacta la afir rnac10n de Gaston Gori, cuando se refiere a sus irnplicancias polticas: "Si el desierto origin los caudillos feudales, las colonias de inmigran tes agricultores, semi-analfabetos la mayora sin estabilidad en la tierra y con la inmediata necesidad de reunir capital, no podan originar sino los ele rnen tos para una problemtica de la dernocracia" 4 *. En lo que respecta al lanar nos remitirnos al juicio de Jos Mara Jurado, en aquel entonces presidente de la Sociedad Rural: "Mientras que con el ganado vacuno silvestre la cam paa tena una tercera parte de pobla cin que la ciudad y con el ganado manso una poblacin igual o poco me nos, con la oveja alcanza hoy una po blacin el doble que aqulla -quinien, tos mil habitantesy con una super ficie que no es sino cuatro veces ma yor que cuando tenamos de 40 45. 000 (habitantes)" 5 E sTos HECHOS, en consecuencia, fueron configurando cuantitativamente a nuestra clase media, y en la medida en, que ella fu tornando conciencia de su importancia numrica fu presionando sobre las estructuras polticas y econ micas reinantes, para lo grar su mayor democratizacin. Las relaciones de pro duccin existentes, basadas primordial mente en el latifundio y en la situa cin de dependencia con respecto al' mercado de Londres, se fueron convir tiendo en trabas para el desarrollo y ex pansin de esta nueva fuerza social, y a medida que las necesidades de la cla se media se iban convirtiendo en exi gencias de toda la nacin para mante nerse en el sendero del progreso, la nueva fuerza social se converta en el expo nente ms avanzado del pas, es decir, en negacin concreta del statu-quo reinante. Desde este punto de vista, la cla se media, se converta, a su vez, en Ja conductora de fas dems fuerzas socia les, que se encontraban en la misma si tuacin de enajenacin con respecto a, las estructuras materiales existentes. La clase media argentina retornaba, en : consecuencia, el sendero del progreso, El mismo Gori, s in embargo, se encarga d e demostrarnos la limitacin de tipo antidemo cr.tlco que tuvo la culonlzac i n en nuestro pafs: L a r e l ac in ti e rr a -inmigrante, que se propugn6 e n la teor!a del com bat e contra el atraso econ mico y la falta de poblacin se tran sfo rm de Inmediato e n la r e lacin prctica tlerra-terrate ni e nte-inmi grar;tc ''.

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    A. DEL VALLE Y EL SURGIMIENTO DE LA CLASE MEDIA 87 que la burguesa terrateniente haba abandonado al disociar sus intereses particulares de los intereses generales del pas. Las etapas en la formacin deL partido popular: La progresiva cohesin interna que iba adquiriendo la clase media la em puj a buscar su aglutinacin en una estructura poltica que le sirviese de ins trumento para su ascenso al poder. Es te objetivo se ver concretado en 1891 con la formacin definitiva de la Unin Cvica Radica1. Pero, con anterioridad a este hecho se escalonan una serie de esfuerzos tendientes al mismo fin que constituyen, a ms que una fuente pri mordial de investigacin histric a, los puntos de partida y las bases del radi calismo actual. El club "25 de Mayo", dentro del autonomismo alsinista, el Partido Republicano y l a tentativa de un Partido Autonomista Nacional de caractersticas democrtic as promovida por Sarmiento, son los mojones de este proceso que analizamos, y que pr esen ta aristas altamente significativas. Estas tentativas previas de formacin de un partido democrtico y nacional a que nos estamos refiriendo presentan dos rasgos fundamentales; en primer lugar, dichas organizaciones no llegaron a representar numricamente a la nue va clase media que surga ni a los res tantes sectores popular es del pas. En este sentido se mantuvieron dentro de los mismos marcos de escasa representa tividad popular en que se movan las clases gobernantes, es decir, en el juego de las lites. Por el otro lado las agru paciones que analizamos, diagraman en el aspecto programtico e ideolgico enunciaciones de tal magnitud, que se r necesario que pasen muchos aos pa ra que sean igualadas por las agrupa ciones polticas argentinas, y aun as, a nuestro criterio, aun hoy no han sido superadas en su sentido por los partidos polticos de signo reformista 6 Posiblemente el hecho de no haber tenido que subordinarse a los instintos y reaccio nes primarias de una gran masa de ad herentes, haya permitido a los hombres de estas agrupaciones una mayor liber tad en su trabajo de enunciacin rica. L A UNIN CvrcA Radical, en cambio ser una gran entidad poltica que aglutinar en su seno a casi toda la capa media de la poblacin. Es en este sentido el primer partido representativo con que cuenta el pas, y la primera estructura poltica de caractersticas de mocrticas de Argentina. Pero, en su formulacin programtica, en el anlisis de l os problemas del pas y en la capa cidad tcnica de sus hombres, represen ta un sensible retroceso con respecto a la s agrupacio nes que mencionramos precedentemente. L A UNIN Cvica Radical, abandona ra el examen concreto de las cau sales estructurales que impiden la de mocratizacin del pas, para restringir se, exclusivamente, a la lucha por el su fragio popular, enuncindolo con for mulaciones anodinas de mero carcter "tico" 7 ~ Desde este punto de vista, el radicalismo no podr superar los prejui cios primarios de las clases que repre sen ta y se dejar arrastrar muellemente por ellos. Al mismo tiempo, la falta de hombr es con conocimientos tcnicos pa ra la funcin' de gobierno lo obligar un a vez en el poder a establecer una suerte de co-gobierno, en el que aban donar los puestos claves en materia econmica en manos de los hombres d e l "funesto Rgimen" que viniera a suplantar. As, tambin, en el terreno ideolgi co, el radicalismo suplanta la concep cin realista de los grupos polticos que le precedieron, y que estaba basada en la experiencia terica y prctica de los sectores de la burguesa nacional ame ricana por una nueva cosmovisin de

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    88 COMENTARIO netas raigambres idealistas. "Para Alem y los fundadores de la cultura poltica radical argentina, la accin poltica no se abstrae de la exigencia principista, sino que la realiza como un imperativo de la moralidad precedente de la con ciencia. La conciencia al aplicar sus ideales, resuelve sus problemas y resuel ve los problemas del mejoramiento so cial, introduciendo la moral en el or den de la poltica y de la vida" 8 Si la revolucin redentora deba comenzar por la conciencia de los hombres, para de ah, reflejarse, mecnic ame nte dira mos, en las estructuras econmico-socia les, el primer paso el radicalismo de ba ser, en consecuencia el e ntrona miento de la "idea moral" en el go bierno del pas. La abstencin era, en consecuencia, el medio tico de arribar al Estado, y la intransigencia era la ex presin de repudio a los hombres del "Rgimen funesto". Claro es t que la intransigenci a slo era vlida e n lo po ltico, que era lo fund amen tal y no en lo econmico, que sera algo accesorio, y a lo cu a l se llegara una vez asegurado el primado de la "idea moral". As, en Ia prctica poltica concreta, la UCR, no acept alianzas con otras agrupacio nes electornles, pero, siendo gobierno, no tuvo inconveniente en dejar en ma nos de sus enemigos polticos, las pa lancas de la economa del pas Para realizar sus fines polticos los radicales prescindieron de lo programtico, que como afim1a Gramsci, es la elaboracin de la estructura material en superestruc tura en la conciencia de l as masas, p or que ellos se proponan lo inverso, es de cir, modificar el orden socia l desde arri ba, desde la revolucin "tica" produci da en la conciencia de los hombres. El misticismo y e l voluntarismo, resultan tes de la abstencin electoral y poltica, eran en consecuencia l o 5 instrumentos coherentes para la realizacin de sus objetivos filosficos. El Radicalismo en el poder procur l a democratizacin del pas en lo poltico-institucional, pero al dejar inclumes las bases econom1co sociales de sustentacin de la oligarqua terrateniente, dej el campo libre para su propia destruccin como gobierno e LARO EST, que gran parte de la responsabilidad :por el posterior fraca so de la esperanza renovadora que signi fic el radicalismo les cabe a los hombres que, comprendiendo cabalmente los pro blemas del pas, se separaron del parti do popular en las primeras etapas de su formacin. Educados en la escuela de un liberalismo de lite, no supieron integrarse en una organizacin que les exiga, al mismo tiempo que cierta dis ciplina, una relativa subordinacin a las exigencias de las clases populares. La misma crtica cabe a quienes, como Li sandro de la Torre, hicieron, posterior mente, abandono del radicalismo Si nos parece de fundamental impor tancia la valoracin de Aritbulo del Va lle es porgue fu el nico, quizs, que trat, infructuosamente, de realizar la sntesis de ambos elementos divergen tes: el partido popular programtico. El pensamiento econmico-poltico de Aristbulo del Valle: Aristbulo del Valle es, en lneas ge neral es, un producto del libernlismo de Alberdi, Sarmiento, Lpez y Fragueiro. Sus estructuras mentales se mueven dentro del marco filosfico implantado por la burguesa triunfante en el mun do a partir de la Revolucin Frnncesa. Pero, su diferencia fundamental con respecto a los hombres de la Or~aniza cin Nacional, estriba, primordialmente, en la comprensin que adquiri Del Valle del carcter dependiente de nues tro pas. De esta manera su pensamien to no se enaien en utopas futuras si no que se afinc en las contradicciones concretas que ofreca la realidad poltico-social argentina. Coincidi, sociolgi camente, con Alberdi, en el rechazo al esquematismo simplista de la anttesis civilizacin y barbarie, y con Sarmien

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    A. DEL VALLE Y EL SURGIMIENTO DE LA OLASE MEDIA 89 to en la necesidad de reformar las ar caicas estructuras agrarias. Pero, si Al berdi radic la enajenacin de la socie dad argentina, en el falso concepto -co lonialque tena del trabajo social, y si Sarmiento la ubic en la deficiente .organizacin agraria y en la falta de educacin, Aristbulo del Valle, sinte tiz ambos conceptos, amplindolos con la visin de la necesidad de la constitu cin de un Estado proteccionista, que impulsase el desarrollo industrial, so bre la base de la capitalizacin de la es tructura agropecuaria. Es en este sentido, que afirmamos que la ideo Joga de la clase media se integraba con la marcha del progreso, lo cual a su vez la; impregnaba de un matiz creador. Esta caracterstica que la clas e media -ex presaba a travs del pensamiento de Del Valle, se perfilaba ntidament e an te eI carcter de la oligarqua liberal, que Vias 9 acertadamente calific a de "consumidora" en materia cultural e ideolgica precisamente porque a la -vez que abandonaba tod a intencin de desarrollo nacional en materia econ mica se subordinaba en lo espiritual a ]as inspir acio nes que le llegab an de otro continente. E L PUNTO clave en la comprensi n del pensamiento econmico-poltico de Del Valle, est dado por su rechazo del libr ecambio, como concepcin ina decu ada y altamente perjudicial para la marcha ascencional del pas. Nada ms claro en es te sentido que el debate so bre enajenacin de :las Obras de Salu bridad sostenido en el Senado de la Nacin con el ministro de Jurez Cel rnan, Eduardo Wilde 10 En dicha oca sin Del Va lle impugna por primera vez la conjuncin Adam Smith-Herbert Spencer, que se haba constitudo en el basam ento obligado de toda la poltica de la clase gobernan te En el debate mencion ado Del Valle sienta claramen te la tesis de la necesidad imperiosa del proteccionismo estatal, con lo cual no hace otra cosa que seguir el ejemplo de Estados Unidos, expresado funda mentalmente a travs de la guerra ma nufacturera sostenida con la Gran Bre taa. As lo expresaba claramente Cal houn, uno de los portavoces del na ciente nacionalismo econmico ameri cano: "E l comercio y la agricultura que hasta hace poco eran las nicas fuentes de riqueza, siguen siendo hoy l as prin cipales. Ambas dependen de merca dos extranjeros. Cuando nuestras ma nufacturas alcancen su natural creci miento, como lo harn con la proteccin del gobierno .. el granjero encontrar un mercado listo para colocar sus pro ductos; y lo que es lo msimo, un se guro y barato suministro para sus nece sidades El brazo del gobierno debe actuar .. 1 11 El proteccionismo estatal significaba en Del Valle r e conocimiento del carc ter d e p e ndiente de nuestra economa, y necesidad, al mismo tiempo de supe rarlo. Efectivamente el pas alcanzar todos estos beneficios con relacin a la generacin presente; esto es lo que se ve, pero lo que no se ve, lo que est ms a ll, es el porvenir de nuestro pas que cada da y en cada uno de estos ac tos se compromete sin pensar que pue de llegar un momento en que la blica Argentina no sea sino un pueblo como Irlanda, cuyos propietarios estn en Inglaterra disfrutando de cuantiosas rentas, mientras que los labradores que cu.ltivan el suelo apenas lo gran alcanz a r el pan de cada da)/. "La cuestin de Irlanda ha sido y es una cuestin esencia'Imente agraria, y queda planteada diciendo que tres cuar tas partes del territorio de Irlanda no pertenece a los irlandeses" 13 LA RUPTURA de la relacin de dependencia con Inglaterra exiga, en pri mer lugar, la realizacin de una firme poltica industria!l.ista. Del Valle fu uno de los promotores de aq uel famoso mani fiesto del P.A N del 78 que expre

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    90 COMENTARIO saba, como una de sus ms sentidas rei vindicaciones, la de "promover las in dustrias que nos liberaran del dominio del extranjero". Al mismo tiempo, d~ de el Ministerio de Gobierno de la Pro vincia de Buenos Ares, inspirar el mensa je del gobernador Alvaro Barros: "De las escuelas de arte saldrn los in dustriales laboriosos e inteligentes que han de transformar en artefactos adap tables a nuestra civilizacin y a nues tras necesidades, la materia prima que hoy vendemos a vil precio en los mer cados europeos, para adquirirla ms tar de valorizada por la manufactura y re cargada con los gastos de t~ansporte y con el pago de monstruosos derechos aduaneros" 13 Desde el diario El Na c:ional realiz, conjuntamente con Mi guel Can, una de las campaas indus trialistas de mayor vigor en el pas, que se sintetiz en aquella conocida profe sin de fe: "tener o no tener indus trias es tener o no tener progreso". El proceso de industrializacin deba necesariamente estar acompaado de una progresiva lucha por la elimina cin de las estructuras precapitalistas existentes en el campo, basadas en el gran latifundio. De esta manera, al mis mo tiempo que se introducan las rela ciones capitalistas en el campo con un criterio democrtico -a la manera de Estados Unidos-, se destrua :Ja base material de sustentacin de los grupos gobernantes. La actitud de Del Valle, fu igualmente clara en esta materia. "Si por regla general no es ventajosa para la nacin que aun los individuos que habitan su suelo posean grandes reas de tierra, lo es mucho menos cuan do los propietarios son sociedades, in dividuos o entidades que no le perte necen o que residen en el extranjero. "La leccin es antigua, es la leccin de la decadencia de Roma ; fueron los grandes fundos los que perdieron a la Italia, como dice Plno: "Lat fundi perddere Italiam". "Estamos amenazados en nuestra organzacn social con las propiedades de200 300 leguas, que en la actualidad no representan sino la barbarie ... 14 D EL VALLE ve, como antes Alberdi, el centro de esta poltica antina cional en la provincia de Buenos Aires, es decir, en sus grandes terratenientes. "La provincia de Buenos Aires, puesto que voy a hablar con dureza y no quie ro ofender en lo ms mnimo la suscep tibilidad de 1os representantes de otras provincias ... ha estado barbarizada durante cincuenta aos, a consecuencia de la legislacin de tierras, que ha per mitido constituir feudos de doce, cator ce, veinte y cincuenta leguas, hacien do el desierto en su propio suelo, impo sibilitando el roce de los hombres, in habilitando todos los elementos de lai civilizacin en su aplicacin a la cam paa porque la justicia se ejercita, co mnmente, en medio de despoblacio nes, imposibilitando la educacin, por que no hay escuela posible cuando es tn los nios dispersos a veinte leguas de distancia los unos de los otros" 15 E STA CONCEPCIN econmica permiti a Del Valle una correcta y coheren te ubicacin en el campo poltico. De ms est decir que, en este terreno, com parti todas las aspiraciones que plante a travs de la Unin Cvica Radical, el movimiento popular. Estuvo presen te en todas las luchas entabladas en de fensa de las libertades pblicas, del sufragio universal, del laicismo, en fin, de la democratizacin del estado y de la cultura Las divergencias fundamenta les de Del Valle con los hombres del radicalismo radicaron principalmen te en la estructuracin terica y tcni ca del partido y en la tctica a seguir por el mismo Del Valle rechaz conse cuentemente la actitud de abstenicio nismo e intransigencia proclamada por Alem e Irigoyen, y propugn una ac tividad de esclarecimiento, interrelacio nada con la aceptacin de la lucha polti

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    A. DEL VALLE Y EL SURGIMIENTO DE LA OLASE MEDIA 91 ca en todos los terrenos De ah s us di vergencias en la conduccin d e l movi miento revolucionario del Parque, e n la posterior divisin de la Unin Cvica y en 1893, con motivo del ofrecimiento a los radicales para integrar el gabinete de Senz Pea. Pero estas diverg e ncias, justificadas en la mayor parte d e los ca sos, no impidi e ron que Del Valle com prendiera la esterilidad de tod a acci n poltica que prescindiera d e l apoyo del partido mayoritario. Es p o r es t a razn, que a pes a r d e l as di s id e n cias citadas, Del Valle requiri siempre l a colab o ra cin de los radicales en s u s planes polticos y qu e, e n ltima insntancia, pre firi el ostracismo a l a ac t it ud divi sio nista que c arac teri za a l os fund adores de p e qu eos grupos polticos. Su actitud pro-radical aparece ms cl ara qu e nunc a en e l t ra n scurso de su gestin a l fr e nte de1 gab in ete d e Luis Senz P e como ministro de Guerra y M a rin a Toda su a ctivid ad ministerial se volc e n l a proteccin de l as revol ciones radical es triunfant es en Buenos Air es Sant a F e y San Lui s. As lo ex presa "La Nacin", en un o de los edi torial es d e la poc a : "Pero de todos los indicios contemporneos, a despecho de lo qu e l os documentos oficia l es a l egan, se d e duc e que el tal e nt oso ministro de Gu e rra y M a rina quera dejar triunfan tes las revoluciones radicales de Buenos Air es S an ta Fe y Sa n Luis -como l a s otras qu e se gestaban ya y que no t ar dar n en producir se p ara l evantar so bre esas b ases los nuevos gobiernos sin la accin de imparci a lid a d fiscalizadora que corresponda a l gobierno nacio nal 16 HEMOS TRATADO de d ar, en apre t ada sntesis, un panoram a d e l a id eo loga econmica y poltic a que la inci piente clase media argentina exp r es por uno de sus ms caract e ri zados re presen tan tes En este esbozo h emos pres cindido de una serie de aristas del pen samiento y la accin de Del Valle i g ualm e nt e importantes, como, asimismo, de una va loraci n crtica de algunos aspec tos no t a n a ju stados d e su ideario. Cabe ag r ega r que los esfuerzos de D e l Valle es tu v i ero n a punto d e con cretarse en 1896 cuando s u nombr e fu pr o cl a m a d o p ara l a pr es id e nci a de l a r e pblic a por un a conjuracin podero ssima d e l as fuerzas populares an tiI' qui s t as S u inesperada muerte frustr t an alentadora esperanza, y con e llo posterg indefini d amente l a liberacin nacional y d e mocrtica por l a l enta da. Su discpulo dilecto, Lis a ndro de l a Torre, a l no comprender l a md ul a de l a c o nc e pcin poltica d elva ll ista -rela cin estrecha con el partido pop ul ar fina li z sus das en un solitario com b a t e con l as fu erzas que h a b a procu rado abatir en e l transcurso d r-> toda su carrera poltica. BIBLIOGRAIFIA ( 1) Jo s Lui s Rom ero : "A r ge n tin a Im~g e n es y P e r spectivas" Ed i to r ial Raiga !, B u e no s Air es, 1 956 ( 2) Censos Nacional es de 1 869 y 1 89 5 ( 3) Sergio J. Ba g: La c l ase m e dia e n Argentina" e n e ri a l es para e l es tudio d e l a c l ase med i a en Amrica L ati na". Publi cac i ones d e l a Oficin a d e C i e nci as Sociale s U ni n P a nam e rican a W as hin gl' po l !ti c a int e rna del naf s" mero aniversa ri o, 180-7-4 d e e nero ~$45.

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    DOS POEMAS HEBREOS HIJA DE ISRAEL JAIM NAJMAN BIALIK Si hay un engaste vaco en tu corona, guardo en mi mano la piedra que le [cuadra y si completa est la engastadura, le aadir un suplemento mo. Conmigo llevo una preciosa piedra, [ amor es su nombre. Levntate y apodrate de ella, prefirelo al resto de tus joyas y ser la principal de tu hermosura. Y creme que una nueva l uz centellear sobre sus compaeras, y con muchos y nuevos colores aumentar la luz de tu existencia. Tambin las estrellas entonces te [guiarn nuevos guios qiie desconocas, y otra meloda fScuchars entre los mltiples cantos de tu alma. Por las estrellas de Di os, te juro, que es una piedra perfecta y pura; ni una mnima mella hallars aunque la observes a la luz de siete soles. Mi madre, cuyo recuerdo es mi coraza, me ense a dominar el corazn, y a guardar callados tesoros en sus silenciosas profundidades. Y el sbado, apenas se santifica la noche, encenda mi madre siete velas, que por siempre mi alma penetraron con su luz humilde, su fui gor sagrado. Sin aderezos ni afeites, mi sencillo corazn te ofrezco; solamente una pequea bendicin te [traer: una encendida partcula de la l;z de [Israel. L A OBRA de Jaim Najman Bialik ha trascendido el mbito literario, ya que al en contrarse con las esencias del judasmo tradicional, la embebieron en las ms puras ambiciones redentoras del pueblo hebreo Es por ello que Biolik es considerado co mo poeto nacional de la Israel de nuestro tiempo De Bialik, poeto y polgrafo -su tradu c cin del Quijote al hebreo le vali la designacin de miembro correspondiente de la Academia Espaola-, presentamos el poema Hija de Israel, q ue compusiera a los treinta aos de edad, es decir, en 1903. La versi n castellana de los poemas es de Isaac y Jos lsaacson 92

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    HIJA MIA ZALMAN SCHNEUR Hija ma, me preguntas cul es el secreto de la muerte, y mejor fuera que me preguntaras cul es el secreto de la vida. Temerosa contemplas los muertos, y yo, a quienes nacen debajo de los cielos. Y si quieres escuchar una tenue interpretacin de tu pregunta, abrzame, y al atardecer, cuando enloquecen las sombras, te narrar un cuento que so, o invent, o le en vetustos pergaminos. Dos demonios, la vida y la muerte, trabaron un pacto para jugar con enanos. "Y o los crear y t los aniquilars, y as tendremos un juego de murientes y nacientes ." Uno crea h o mbres palpitantes y los arroja al flido tiempo que golpea sus olas; el otro los acoge y los aplasta, y la corriente arrastra sus cadveres al sinfn de las tinieblas. Con su hermoso juego juegan los demonios, y nosotros como muecos aterrorizados danzamos frente a ellos. Vivir es malo y amargo, morir no queremos; no sabemos qu es mejor ni el por qu de su existencia. Pero oye, hija ma! Lle gar el tiempo y se hastiar de su juego el alma de Tos titanes, y volarn hasta el infinito, destrozando, antes de su vuelo, la masa palpitante de sus viejos Y volarn al sinfn en busca de nuevos juegos desenfrenados, salva jes, majestuosamente rugientes y terribles. Y muchos, juguetes. muchos das lue go de sii vuelo, sobre l a tierra desolada vagar el polvo de nuestros corazones ... Hija ma, me preguntas cul es el secreto de la muerte y mejor fuera que me pregunta ras cul es el secreto de la vida Temerosa contemplas los muertos, y yo, a quienes nacen debajo de los cielos. Z ALMAN Schneur, recientemente fallecido, es un poeto que no cobe con facilidad en los clasificaciones que proponen los crticos Temperamental y oposionodo, Schneur supo equilibrar su demonismo con uno visin metafsico y compensar su estro romntico con lo exactitud de los estructures formole s y lo .:irmonioso msico de sus ver sos A los volores intrnsecos de su obro aade su condici n de renovador de lo lengua hebreo. El poema que publicamos formo porte de su libro Puentes (Gesharim), cuyo colo fn est fechado en 1922. 93

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    LOS ERUDITOS DE LA CONQUISTA Y EL ORIGEN DEL HOMBRE AMERICANO ANA BIRO DE STERN E NTRE LOS tantos problemas que se suscitaron muy pronto con motivo del descubrimiento del Nuevo Mundo, los que se refieren al origen de la poblaci n na tiva de este continente ocuparon de un modo tspecial el inters de eruditos clrigos y hom bres de letras. La curiosidad, que siempre fu promotora esencial de las investigaciones cientficas, tuvo tambin su par t e en est a oportunidad, llevando a los entendidos, con fo ayuda de los escasos conocimientos sobre etn o gr a fa lingstica, geografa e historia que a la s a zn se :posea, a desarrollar ms de un esfuerzo con el fin de descifrar el enigma d e la proc e dencia de esta curiosa raza, que no se pareca a ninguna de l a s conocidas hasta entonces. La indagacin as empezada contina hasta nuestros das, sin que hasta el presente s e ha y a podido dar una respuesta definitiva y segura y sin que dejen de seguir tejindo s e teoras y argu mentos de mayor o menor aceptacin. Nos -r eferimos aqu a algunas de estas teoras de la primera poca; curiosas, pintores cas, absurdas o verosmiles que demuestran la honda preocupacin de los eruditos y el ingenio con que trataban de justificar sus convicciones. La historia antigua ofrece muchos datos interesantes, muy tiles para tejer con ellos alguna hiptesis verosmil. Aristteles hace referencia a una isla descubierta por unos mercaderes cartagineses, descubrimiento que el Senado orden mantener en secreto. El padre Cabello Balboa narra que: "Ciertos mercaderes cartagineses con pretensiones de ganar -honra y reputacin en su Repblica, l e vantaron unos navos y alzarnn velas si guiendo al sol -hacia su ocaso y poniente v gastaron en tal navegacin muchos das y al cabo de muy prolijo navegar se vinieron a hallar muy cerca de una grande y es paciosa isla y su postura y amenidad les convid a que saltasen de los navos en ella. Y aficionados a sus buenas partes aquellas gentes hambrientas de gloria dejaron en la isla la copia que les pareci bastante para perseverar y permanecer en aquella tierra, y con lo dems dieron la vuelta a Cartago". Lo interesante es que el Senado no slo no les agradeci por las penurias pasadas, si no que prohibi bajo pena de muerte divul gar el descubrimiento y orden quemar to dos los documentos referentes a ello, por el temor de que la gente impulsada por las t e ntaciones abandonara el pas para ir a vivir e n las nuevas tierras descubiertas. As fu c omo todo qued sepultado en el olvido, has ta que Aristteles lo menciona. Ahora bien, ,i quella isla bien pudo haber sido la Espa ola o por otro nombre conocida como Santo Domingo. L A HISTORIA desde un ngulo aiposionante; el perfil de lo leyenda hecha crnica de aventuras; todas las etapas que conflu yen en el aspecto 9riginario de los aborgenes del Nuevo Mundo, as como sus relaciones con la lingstica, la geografa y la historia, han dado pbulo a una obigarrada literatura, a ratos cientfica y por momentos novelesca De todos esos elementos se ha valido la se ora Ana Bir de Stern. Nacida en Hun gra, ha sido directora del Museo de Cien cias Naturales de Corrientes, presidenta de la Comisin Permanente de la UNESCO para la promocin de la artesana popular, adems de ser miembro de la Academia de Ciencias de Bello Horizonte (Brasil). Public sus primeros t~abajos en los anales de las universidades de nuestro pas, de Mxico, Brasil, Per, etc. Indudablemente existen varias coinciden cias en usos y costumbres. Se sabe, por ejem94

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    LOS ERUDITOS DE LA CONQUISTA 95 :_plo, por Eneas, que los cartagineses recorda ban sus hechos histricos en pictografas. As lo hacan tambin los aztecas y otros pueblos de Amrica Son conocidas l as magnficas construcciones que tuvo Cartago; de l a mis ma manera abundan en Amrica los monu mentales templos y palacios. Por lo cual se -deduce que ambos pueblos adoraban a los crueles, a los que ofrecan sacrificios hu manos. Tan sugestiva ha sido esta idea para los espaoles que a una de las ciudades fun .
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    96 COMENTARIO especulativo sobre cuatro clebres autores, reales autoridades que fijaron las caracters ticas de los antiguos espaoles. Son ellos Celio Rodigino, fray Gregorio Garca, el padre Alonso Venero y el licenciado Cepeda. Luego apuntaba con otros escritores y con su propia experiencia las semejanzas deta lladas con suma minuciosidad, llegando a la conclusin de que efectivamente los in dios occidentales no podan ser otra cosa que descendientes directos de los antepasados es paoles. Sus argumentos, harto variados y pintores cos, comienzan sealando la abundancia de materias primas y metales en Amrica, hecho que presta verosimilitud a la bsqueda de estas tierras por parte de los espaoles, de seosos de abastecerse de dichos elementos. La segunda "proposicin", como dice Ro cha, es que los antiguos espaoles eran gen tes muy aptas para la guerra. A ese prop sito explica el buen Rocha diciendo que si bien muchos indios no eran tenidos por tan valientes, especialmente los que habitaban las zonas trridas, otros en cambio que se apartaban de la trrida zona eran valentsi mos. Estos ltimos eran descendientes puros de los espaoles, mientras que los tmidos estaban emparentados con otros pueblos menos resueltos. Los antiguos espaoles eran resistentes al hambre, a la sed y a las fatigas del trabajo y muy ligeros y alertas en la guerra, lo que era aplicable a los indios, gente que "si tiene guerra es vigilantsima y se est dos das y dos noches sin remudar, ni dormir, slo mas cando coca". "Fueron los antiguos espaoles de fieras costumbres, nada domsticos y usaban man tenimientos indignos y groseros, comiendo y durmiendo en el suelo; en todo esto se ha llaron tan conformes los indios que casi no es necesario probarlo. Los indios comen en el suelo -aunque sean caciques, duermen asimismo en el suelopues an los ms po lticos de Mjico, cuando mucho con un poco de paja como colchn", argumento de JJeso para el Dr. Rocha. Por otra parte, los primitivos espaoles despus del diluvio fueron brbaros y gran des idlatras, y ni hubo ni hay nacin tan inclinada a todo gnero de idolatra como estos indios en su gentilidad. Otra "proposicin" del Dr. Rocha es que los primitivos espaoles sacrificaban hom bres a lo~ dolos. Esta costumbre era tan comn entre los indios americanos que estn llenas las historias de los execrables sacri ficios que hacan de hombres y nios. Los antiguos espaoles eran tambin abo rrecedores de las ciencias. En esto se avenan mucho a los indios que padecan gran des gano por las ciencias, los libros y las histo rias, ya que slo hacan uso de unos quipos: que conservaban slo memorias recientes. Por tal motivo, afirma Rocha, es fcil creer que estos americanos tuvieron su origen en lo$ espaoles. Aade el Dr. Rocha que l mismo ha odo referir a viejos espaoles. que en numerosas regiones de la pen nsula los hombres de campo se entien den con tarjas y nudos para sus cuen tas, cosechas y otras cosas, siendo esto el libro de su memoria que alude a los quipos y nudos de esos indios S ERA MUY largo enumerar la abundante serie de analogas. Mencionar slo la semejanza en las armas, en la vestidura de combate, en el uso del veneno en las fle chas, en la pintura facial, etc. Rocha dedica asimismo largas elucubra ciones a la etimologa. Y en esta ciencia, la ms resbaladiza de todas, hay mucho que nos: parece gracioso o francamente irrisorio, Apa recen muohos lugares, montes y vocablos coincidentes de la primitiva Espaa y de esta Amrica, dice Rocha, y enumera una larga serie de muestrario de estos datos. Por ejemplo, vocablos comunes en ambos idio mas son entre otros: ac, all, ama, ancha, cana, casco, cota, llama, macho, marco, mu la, guante, manta, pata, to, surco, pasto, etc. El nombre de Cuba, esta isla tan cele brada, quin puede dudar que tom su nombre del espaol cuba que significa vaso grande en que se guardan los vinos? Del puerto y villa de Andaluca, llamada Ta rifa,
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    LOS ERUDITOS DE LA CONQUISTA 97 el nombre de Mango-Capac es primitivo de Espaa, mango significa el cabo o principio de alguna cosa y capac alude a capa. Oigan ustedes ahora este gracioso argument
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    98 COMENTARIO tculo aparecido en "La Prensa" en el ao I 925, en el que Soto Hall sostena que los egipcios son mayas trasplantados al pas del Nilo, nombre que sera de origen maya. No pacla faltar naturalmente una hipte sis sumamente atrayente, el "deus ex machi na" de los escritores de cierta imaginacin, es decir, la relativa a los continentes perdi dos: Atlntida y Lemuria. Conocemos la in mensa bibliografa sobre esas misteriosas tie rras; a favor de ella podemos imaginar que sus habitantes los que se salvaron de la catstrofe, poblaron nuestra Amrica. Un prestigioso escritor venezolano da hasta por menores interesantes sobre la Atlntida. G RAN SENSACIN y asombro ha causado el descubrimiento de los monumentos me galticos en Tiahuanaco, Bolivia, orurrido en las primeras dcadas de nues t ro siglo. En aquella poca la arqueologa americana es taba dando recin sus primeros pasos incier tos y por eso de ninguna manera poda ex rp licarse el origen de esa civilizacin monu mental y sorprendente. Entonces se hablaba de la "raza atlanta" que haban sido presu miblemente los habitantes de aquella regin lacustre por espacio de unos 10.000 aos. Un escritor alemn del siglo XVII era partidario de cierta emigracin escandinava o germana En su libro escrito en latn, de fiende tenazmente el origen germnico de los indios. Tambin l encuentra muchas costumbres americanas que coinciden con las ele los sajones y godos. Como ellos, tam bin los indios acostumbraban a tener 12 jueces, tambin lavaban a los nios recin nacidos en los ros; tenan mucha aficin al juego y como ltimo "argumento" indiscu tible menciona que en La Florida existe un pueblo cuyo nombre es "Alevardi", que es casi igual como decir "Longobardi". Fray Gregorio Garca estuvo entre los re ligiosos de la primera poca de la Conquista. El impacto del encuentro con esa humanidad misteriosa le oblig a largas cavi l aciones Lo notable es que se dej guiar por las se mejanzas fsicas y por eso ubic la cuna de los indios en China Las razones que ex pone en su favor son las siguientes: "Hay poca distancia desde la China hasta tierra firme de Nueva Espaa", los pobladores de uno y otro lugar se parecen en la fisonoma del rostro y en la contextura fsica, "aunque los chinos aventajan a los indios en ingenio y polica". En religin ambos son idla tras, poseen calendario; los chinos usan una escritura parecida a la de los guips perua nos y sus signos recuerdan a los de los me jicanos. En ambos pases abundan los hom bres lampios ... Ms tarde una serie de estudios tratan de pro~ar que los chinos y japoneses tuvieron noticia, desde muy remota poca, de la exis tencia de Amrica y hasta mantuvieron re laciones comerciales con los habitantes de estas tierras. Lo cierto es que existe un tex to histrico chino que se refiere a una ex pedicin de cinco sacerdotes budistas en el siglo V. Salieron de Samarcanda y llegaron a un pas llamado Fu-Sang, que podra iden tificarse con Amrica Lo cierto es que en Alaska han encontrado, bajo mucha profun didad, monedas chinas del siglo VIII y en Acapuko excavaron vasos de cermica pin tados, idnticos a los vasos sagrados de Chi na, y hay gran parecido entre los vasos de Honduras y los bronces Tsin Un sabio ingls del siglo pasado, sostena que una expedicin de Kuhlaikan que se di riga al Japn fu dispersada por una tor m e nta y las naves haban llegado hasta la costa oriental de Amrica All habran fun dado el reino del Per Lo notable es que hasta nuestros das per siste la creencia de que los indios y los japo neses son una misma cosa. Es indudable que entre ciertas razas indgenas existe mucha semejanza fsica con los japoneses; y por su parte, los fil logos han encontrado notables a finidades entre los idiomas americanos y japoneses. Podram o s seguir exponiendo muchas otras teoras; pero con lo expresado se prueba en grado suficiente la complejidad del pro blema y lo difcil de su solucin. Hay una teora sin embargo, que merecera un trato
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    LA OTRA HERMANA Comedia dramtica en tres actos MAURICIO ROSENTHAL ACTO SEGUNDO H AN transcurri do dos m ese s. Aparente mente nad a ha cambiado e n l a sala de antiged a de s de don JULI AN VELAZQUEZ Cae la t ar d e, dejando que penetren los ltimos rayos de sol por el ventana l que es t abierto. (Al l evantarse el teln, doa EM ILI .A, acaba de entrar desde el exterior por la puer ta del fondo. La seora se encuentra pensa ti va, mu) desencajada. D on JULIAN se halla de pie, mirando hacia l a puerta de la derecha, pwes por ella lleg an hacia el saln murmullos de voces. LUISA atraviesa la escena desde la de r echa y sale por la puerta qil'e. da al jardn). D EMILIA: u ha di cho el d octor? D. JULIAN: Habl de l esiones psqui cas, de angustias moral es. Nada orgnico en definitiv a D. EMIUA: Lo mismo hubi era podido decir histerism os o vaya a saberse qu lo curas. D JULIAN: No seas injusta, Emilia. L A EXTENSION d e esta obra, qu e excede largamente el espacio hab itu al acordado en COMENTARIO al gnero de ficcin, ha impuesto la necesidad d e publicar los tres actos que la integran en otras tant as entregas sucesivas En nuestro nm e r o 22 han sido includos la introduccin y el primer ac to. En la presente edicin continuamos co n el segundo acto, cuyo clima hondament e emo tivo es traspasado por el aura de dolor que rodea la trgica figura de Myriam uno de sus pro tagonistas Myriam ha sufrido demasiado durante rit.t confinamiento en Buchenwald. D EMILIA: Lo admito. Pero, para qu ha regresado, entonces? Para desah ogars e contra nosotros, para amargarnos l a vida? dao le hemos he o ho? No querrs ha cerme creer que nosotros tenemos la culpa d e que se haya desencadenado la guerra, ni de que los alemanes la hayan martirizado. D. JU LIAN: Por supuesto que no, pero cuidado, que Myriam te puede oir. (Con cautela ) : Se ha quedado en su cuarto, no qui ere s a l i r. D EMILIA : ( Quejumbrosa ) : Sigue vi viendo en el mismo cuarto de nuestra hija, mientr as la querida Esther. (Se enjuga wna 1 grima ) : Crees que habr de regresar pron to ? D. JULLAN: Hace ya diez das que re cibimos su ltima carta ... Recuerda que nos deca en ella que haba obtenido todos los documentos, y que el traspaso de l os b i enes a nombre de Myriam era cuestin de mites menores D. EMILIA: Si el Seor lo quisiese .. Hay momentos en que creo que la hemos perdido para siempre. Y a la vejez, Juli n! A la vejez! (Lagrimeando). Es intil criar hijos ajenos. Siempre termin ar n por irse d e nuestro lado. D. JULIAN (Reconvinindole tiernamen ~): Tambin suelen irse los propios, queri da... Pero, dejamos, irse de nuestro lado la pequ ea Esther, ese ruiseor al que nos otros le hemos abier to las alas .. ? (Dengan do con la cabe za). J a ms lo podra creer, Emilia Esther es de l as que nacen trayendo la nobleza en su corazn ... (Por la derecha entra JOSADEC LIPPE, e l cwal baja rpidamente los tres escalones 99

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    100 COMENTARIO de la derecha y se dirige hacia \ ellos con im entusiasmo un tanto melanco1ico). LIPPE: Han visto ustedes? La pobrecita Myriam no tiene ninguna enfermedad visi ble. (Con orgullo). El Socorro Internacional Judo ha obrado siempre con eficiencia. D. EMILIA: le ha dicho el doctor? LIPPE: quiere usted que diga? Acaso existen medicinas para curar el amor? D. BMILIA (Inquietndose): Ha dicho el amor? LIPPE (Con sus ademanes caractersti cos): Es tan sencillo! Myriam sufre de amor, porque la pequea Esther no se en cuentra a su lado. D. EMILIA: Es lo mismo que lo que :nos est pasando a nosotros. Pero en ningn momento hemos pensado en llamar al dico. (Con acritud). Ni mucho menos, en echrselo en cara a nadie. D. JULIAN: Ya te lo expliqu, Emilia. Myriam es una muchacha algo neurtica. En su alma todava se agitan algunas som bras, que nuestra t e rnura y nuestra com prensin habrn de disipar en pocas sema nas ms. D. E l \llILIA: Pocas semanas ms despus de dos meses de vivir entre recelos e in quietudes? D JULIAN: Mi buena Emili a, sa bemos de los seres perseguidos por el ho nor? Estoy seguro de que el regreso d e '.nuestra pequea Esther significar mucho para la sal ud espi-ritual de su hermana. D. EMILIA: Eso es lo que crees t. Ya veremos qu pasa entre ellas cuando Esther se entere que Myriam est a ipunto de qui tarle el novio. D JULIAN (Escandalizado ) : es lo que ests dici e ndo, Emilia! D. EMILIA: De qu te asombras? dava no t e has enterado de lo que est pa sando e n tu casa? En estas semanas, Pedro Juan no ha d eja do de venir un solo da aqu. D. JULIAN (Intentando persuadirla, aun que sin mucha conviccin). Se trata de una simple amistad intelectual. Afinidades, co mo suele decirse. Eso ahora, se estila mu cho e ntre los jvenes. Por otra parte, Esther conoce l as afinidades que han nacido en Emropa entre Pedro Juan y su hermana, cuando los dos estuvieron juntos en Suiza. D. EMILIA (Incrdula): Amistad inte lectual? Afinidades? Msica celestial! Si en vida de mi madre, un muchacho hubiese venido todos los das para dragonear a solas conmigo, tal como lo hace Pedro Juan con Myriam, no hubies en tardado en pregun tarle si ya tena fijada la fecha, y de qu medios dispona para sostener con decoro un hogar. D. JULIAN: La vida ha dado un vuelco, Emilia. La historia ha comenzado a escribir se con sangre. Intentemos comprender a los que no han podido disfrutar de la paz, seamos indulgent e s, como lo exige nuestra f cristiana. D. EMILIA: No puedo entender lo que est ocurri e ndo en mi casa ... Antes, yo te na la ilusin de que era una verdadera ma dre para Esther. Despus que mi hijo naciera muerto, t sabes muy bien Julin de qu modo me he lleg ado a sentir una sobre viviente, una desesperada ... D. JULIAN: Por favor, querida .. Por favor! Otra vez removiendo esas cosas ... D. EMILIA: Si no soy yo quien las re mueve ... (Con lgrimas, al salir por derecha). Te consta que no soy yo ... Porque siempre han estado en m. .. No me han abandonado nunca ... Slo que ahora, con esta muchacha en casa v nuestra Esther ausente.. Ah!. No se q~ va a ocurrir, Julin! No lo s, pero lo terno ... (Sale agobiada Don ].ULIAN menea 1a, cabeza con tristeza. JOSADEC LIPPE en un rincn, ha permanecido silencioso, como si hubiese temido que notasen su presencia). D. JULIAN : Creo que ahora podr comprender ust e d muchas cosas, seor Lippe ... LIPPE (Se Le acerca suavemente, y dice con emocin): Mi corazn pertenece a una ,mtigua raza, mi buen am i go... Somos muy exp er t os en toda clase de dolores. No nos hace falta comprender. D. JULIAN: Por qu? LIPPE: Porque nos basta con sentir. Es el sino de todos los nuestros. La aptitud para s e ntir el dolor de los dems, es una especie de mandamien t o de nuestros libros sagrados. D. JULIAN: S, han adquirido ustedes la sabidura de saber ser mansos ante ]a adversidad. LIPPE (Con una sonrisa suave). Esa es

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    LA OTRA HERMANA 101 una de las tantas maneras de nuestro orgu llo, mi inteligente seor Velzquez ... D. JULIAN: En fin, amigo Lippe, temo que mi pobre mujer tenga razn. La pre sencia de Myriam ha ensombrecido algo la -plcida dicha que caracterizaba a esta casa. LIPPE: No incurra usted en el pecado de ser banal, mi querido seor Velzquez. Todos llevamos sombras en nuestro cora zn. No ~s la presencia de Myriam la que ha agitado esas sombras, sino la ausencia de 1 Esther. D. JULIAN (Entristecido). S. Quiz sea -sa la nica razn ... LIPPE (Muy suave y sutil). "Mis ojos estn carcomidos de descontento", se dice en un salmo del Rey D a vid. Por eso nos en ceguecemos tantas veces. (Con una gran f ,en 1o que dice): Nuestro antiguo rey taa -el ar;pa, y esa armona penetraba en su corazn. Por eso yo he trado el instrumento que habr de alegraT el corazn de Myriam, -y de todos nosotros ... D. JULIAN (Esperanzado): Ya lo tiene usted! Lo ha conseguido! LIPPE: Golpea uno al cabo del da en tantas puertas, que termina por encontra! lo que busca ... D. JULIAN (Muy animado). En dnde -e st? Lo ha trado con usted? LIPPE: No se debe dejar en medio del camino aquello que puede darnos la tr a -quilidad. Lo dej a bajo, en su taller. Es un -viejo violn amarillento, pero milagrosamente intacto. D. JULIAN (Reanimndose). Myriam -podra ejecutar en l las melodas q~e le dan consuelo. Vamos, seor Lippe vamos. Quiero ofrecrselo enseguida. Estoy seguro de que ese gesto la conmover. LIPPE (Escuchando ). Aguarde Ah llega Mvriam. (En efecto, por el extremo superior de la -escalera, aparece MYRIAM ALTER. Es exactamente su hermana ESTHER tanto en el talle como en los ademanes y en 1a voz. Slo la mirada es ms aguda, quizs ms hiriente por momentos, mientras que en otros tiene un fulgor ate;,,,.perado, el ciwl sua1,iza las dos arrugas que surcan 1as comi swras c1e sus labios generalmente contrados aunque sin desdn. Tiene el cabello lacio, corto y descuida do; la rop a que lleva pertenece a su hermana Esther. Cuando habla, lo hace impwlsada por estados de emodn que tocan los extremos; a veces es clida y envoh,ente, mientras que en otros momentos es crispada y hasta agre siva. En este instante en qu:e aca;ba de bajar, viene tem : blorosa con una agitacin que se advierte, no consigue dominar). MYRIAM (Tapndose los odos). Es ho rrible! Horrible! No comprendo cmo pue den admitir en una ciudad como sta, esa clase de ruidos taladran tes! Me van a ma tar! Me van a matar! D. JULIAN (Acudiendo solcito junto a ella) te pasa, hija? MYRIAM: Hagan callar a esa mquina! Es un pecado contra la paz, conquistada so bre el llanto y la desolacin! Es un ruido infernal que espanta a los pjaros en esta hora del atardecer! D. JULIAN: A qu mquina te ests re f i rien
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    102 COMENTARIO m tambin me hubiese alterado los ner vios. D JULIAN: es? LIPPE: Un taladro el ctrico. Estn de moliendo la vieja casona de al lado. Un pa facete de fin de siglo. En su lugar van a Jevantar un gran edificio de renta. (Mali ciosamente). No ha visto usted el cartel del arquitecto que va a ejecutar la obra? D. JULIAN: La verdad es que yo no acostumbro a fijarme en esas cosas. LIPPE (Subraya la intencin, observando a Myriam). Pues por esta vez, debiera ha ber!~ hecho. .. Se trata de Pedro Juan 01gun. MYRIAM (Sobresaltada). Pedro Juan se halla otra vez aqu? LIPPE: No ha de tardar en venir. Acabo de encontrarlo subiendo a un andamio con unos planos en la mano. Me dijo que estara aqu dentro de pocos minutos. MYRIAM ( Hosca ). Cuando pregunte por m, dganle que no pienso verlo. D JULIAN: Vamos, Myriam. No hay que extremar las cosas. Ese muohacho ha compartido los juegos de infancia con tu hermana. No hagas caso de los rezongos de mi mujer. En el fondo, tambin a ella le agrada ese arquitecto. MYRIAM: De todas maneras, yo no de bo recibirlo. D JULIAN ( De sanimado). En fin ... Vamos nosotros, seor Lippe. (Con cierta melanclica esperanza). Quiz cuando tenga el instrumento entre sus manos llegue a sentirse otra... "aquella" ... LIPPE: Oh, s! Ya lo ver usted hijita ... Le hemos preparado una sorpresa. (Corno si est1wiese ejecutando en un violn invisible, tararea un aire hebreo). L .. lar .. lar r .. Las dulces melodas de Mier Klur volvern a inundar s u corazn .. Y entonces, Dios nos bendecir a todos ... L ... lar ... lar, l .. (Hace mutis por derecha jwnto con don JULIAN Al quedar sola .MYRIAM se le1 :anta rpidamente, y cuando va a dirig1!r'se hacia el cuarto de arriba, suena el timbre de calle. Durante un instante, se detiene, inde cisa; pero al ver entrar a LUISA le dice odiosamente) : MYRIAM: Si es el seor Pedro Juan, gale que yo no estoy. LUISA: Lo hago pasar lo mismo? MYRIAM (Subrayando): Esta no es mi casa, Luisa. El seor Olgun es amigo de los seores ... (LUISA sale por la puerta del fondo. Una pau sa. De pronto, voces de la mucama, que enseguida reaparece con alegra). LUISA : Seorita Myriam! Seorita My riam! MYRIAM: Qu hay, Luisa. LUISA: Carta de la seorita Esther! Por expreso y certificada! MYRIAM: Para m? LUISA: Naturalmente! MYRIAM: Traiga, entonces. (Toma la carta, y al rasgar el sobre): Djeme, Luisa. Y no le diga a los seores que he recibido carta de Esther. LUISA (Intencionada): Le parece que va a hacer falta que yo lo diga? (Echando una mirada de disimulo hacia la derecha). Con toda seguridad que doa Emilia ya de be de estar escuchando. (Tose, para anunciar su salida, pues lo hace precisamente por derecha, por el sitio En el que se presume que est atisbando do a EMILIA. MYRIAM lee febrilmente; la expresin de m rostro cambia bruscamente, reflejando una extraa decisin ) MYRIAM: Maana! Maana ... Enton ces, no hay ti e mpo que perder ... Debiera de jarle unas lneas y ... (Se interrumpe, agre gando resueltamente): hay que hacerlo! Pero ahora mismo... (V a a dirigirse hacia la escalera, cuando por derecha entra brusca mente doa EMILIA, quien la detiene con un gesto imperioso, exclamando): D El\1ILIA : Escucha, Myriam! MYRIAM: (Se detiene, sin mirarla): necesita usted? D. EMI 1 LIA (Dominante, cree ser due~ a de la situacin): Hablarte. MYRIAM: Ahora? En este instante? D. EMILIA: En este instante. Adnde ibas? MYRIAM: Suba a mi cuarto. D. EMILIA (No la cree): A tu cuarto! Espera. Necesito que me escuches un mo mento. MYRIAM: No puedo. Me siento enfer ma D. EMILIA (Estallando): Enferma t? Mientes! MYRIAM (Crispada): Necesito desean

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    LA OTRA HERMANA 103 sarl Por culpa de ese taladro de la demoli cin, mis nervios ya no pueden ms! D. EMILIA (Implacable): Pues yo te repito que mientes! (Junto al ella, concentra da, pues no desea que la escuchen los de ms): Me has entendido bien? Ests min tiendo, Myriam! Como has mentido siem pre! MYRIAM (Con desprecio): Pobre mujer .. Siempre creyendo descubrir acechanzas en las actitud e s ajenas que no entiende. Siem pre buscando la deslealtad que le sugiere su propia frustracin! Siempre queriendo me noscabar mis menores gestos, para ensuciar los ms tarde con la suspicacia y el insulto. (Desesperada, queriendo dirigirse hacia la escalera). Oh Dios mo! Dios mo! (A doa Emilia ): Djame gritarte de una vez todo el martirio a que me han venido sometiendo tus cobardas pueriles, tu odio enfermizo hacia m, cultivado entre estas antiguallas que me enervan! D. BMILIA (Corre aterrorizada hacia la puerta de la derecha observa hacia adentro, y luego la cierra con rapidez): Por lo que ms quieras, Myriam! No grites! (Vuielve hacia el sitio en que se encuentra Myricrm e intenta agarrarla por las mu ecas). Ellos no deben orte. Has entendido? MYRIAM (Intentando desasirse, con cris paci n): Pues djame que me vaya de um1 v ez Djame! No ves que necesito irme? D. E...'l\1ILIA (Con desesperacin): No! Eso no! No puedo dejar que te vayas! Ese es el dao que tratas de hacerme! Ese es el dao gue onseguirs para todos! MYRIAM: Es preciso que lo haga! Tu malevolencia ha interpuesto una zona de suspicacia entre nos o tros: D. EMiiLIA: Porque nadie ms que t fu quin la alej de nues t ro lado! Sin t, nu(:sa pequea Esther no nos hubiese aban donado nunca! MYRIAM: Unicamente en una m e nte en fermiza como la tuya, se puede admitir esa aberracin. Amo a Esther tanto o ms que ustedes! No comprendes que es la parte de mi ser que an no fu contaminado? D. EMILIA (Tocada; con una apasionada ribracin): Has dicho que la amas ms que yo? Myriam, t, crees poder amarla ms que yo? que esta desdichada mu jer sin hijos que puso en ella mucho ms que el amor, puesto que puso la vida? MYRIAM: En ese caso, temes aho ra? No los dejo en paz al irme? D. EMILIA: No, Myriam! No vuelvas a repetir eso! Perdona mi ofuscacin. Vivo desesperada... enloquecida! Ya no puedo :ni debo dejarte ir, porque al irte t, Esther habr de seguirte ineludiblemente! MYRIAM: Amo demasiado a mi herma na como para no creer que la conozco bien. Esther ha podido des a rrollarse bebiendo el oxgeno bienhechor d e esta tierra ... Ella no tiene los abismos que el destino ha pue s to en mi corazn. Puede goza; de la suerte de no estar contaminada, y como al fin de cuentas tiene una naturaleza pura y vital, llorar sohre mis huellas, pero no pasar mucho tiempo sin que llegue a consolarse. D. EMILIA: Palabras, Myriam. Palabras que no hacen ms que esconder un irrepri mible egosmo! Quieres irte para que lue go tu hermana te siga! MYRIAM : Qu poco me comprenden y me conocen ... Necesito irme, nada ms que para que ese ruiseor que ha nacido para la armona, pueda realizar su destino. D. EMILIA: Yo rogar Me hincar de ; rodillas ante t p arn que no te vayas, My :r ia m! no te debes ir! MYRIAM (Levantan.do a doa Emili a,, que intent arrodillarse): Por favor ... No incu rramos en actitudes tra s nochadas. (Conmo vida: despus del desahogo nervioso las dos parecen tranquilizadas) La des esperacin nos lleva al a pasionami e nto... Sl o que yo, doa Emilia, he padecido tanto a ll que abara, lo que me va quedando de fuerzas, tengo que utilizarlo para reflexionar sobre el porvenir. D. EMILIA (En tono de splica): Prom teme entonces qu e no te irs. Por lo menos hasta que Esther regrese y vea que lo haces por tu voluntad. MYRIAM (Se toca el bolsillo de la pollera en el que ha ocultado la carta ): Quiz sea eso lo que deba hacer... Esperar... An no Jo s m~y bien ... (Decidindose): De todos modos, es poco lo que me queda por espe rar ... D. EMILIA (Esperanzada): Entonces, me lo prometes, Myriam? MYRIAM: Le repito que amo a Esther. Slo por volver a estar junto a ella, es que me decid a regresar.

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    104 COMENTARIO D. EMILIA (Apuntando hacia la malicia): Slo por ella ... ? MYRIAM: pretende insinuar? D. EMILIA: Que no creo ... (Subrayando) que lo hayas hecho "nicamente" par ella. MYRIAM (Nerviosa, huidiza): Es que habremos de comenzar otra vez con los re celos? Es que se halla usted condenada a ser desconfiada siempre, siempre, aunque a una se le desgarre el corazn y quiera aho gar una verdad que a cada instante se rebeb porque busca manifestarse a gritos? D. EMILIA (Con pesadumbre): Perdna me otra vez, Myriam. Yo no deseo hacerte dao. MYRIAM: Si todava no lo sabe usted todo, por lo menos veo que lo sospecha. Ahora, djeme llorar a solas, mientras invoco a ese dios de mis mayores, con la renacida esperanza de que pueda llegar a confortar me cuando ya todo, todo, me est indicando el alej a miento D. EMILIA: Yo no te quiero mal, My riam. Cremelo. Si pudieses entrar en mi corazn, veras cun sombramente cierto es lo que te estoy diciendo. MYRIAM (Con dureza): Ahora es usted la que se ha puesto a fingir, pues ha esa: chado detrs de la puerta y sabe que en la carta que acabo de recibir, Esther me anun cia que habr de regresar maana. D. EMILIA (Enloquecida de alegra): Te juro, Myriam, que eso no lo alcanc a es cu o har, porque si t lo has dicho fu en voz tan baja, que me fu imposible perci birlo! MYRIAM: Pues s. Si necesita us t ed s berlo... aqu, en esta carta lo dice. (Extrae la carta y la rnuestra ) Y con una ansiosa melancola que yo... yo, doa Emilia... en tiendo muy bien. D. EMILIA: Por qu dices que Esther vuelve hacia nosotros con "una ansiosa me lancola?" MYRIAM (Sombramente): Porque teme enfrentarse con la verdad ... D. EMILIA (Al soslayo): Supongo que esa verdad, no se refiere a Pedro Juan .. Eh? Dilo! MYRIAM (Refrenndose): Y si fuese as, culpa tendra yo de lo que pudiese suceder? D. EMILIA (Con odio, pero todava cau telosa): Piensas que durnnte estos dos meses que has estado en mi casa, yo revo loteaba por el limbo y no me daba cuenta de tus "afinidades" con Pedro Juan? MYRIAM (Conteniendo su crispacin): Cmo iba a pensarlo, si recin hoy he te nido la confirmacin de que usted se dedi caba a escuchar detrs de las puertas? D. EMILIA: dices? (Con violencia sorda, enloquecida; lanza el inswlto de u"',a irreflexiva rabia): Insultarme t, que no eres ms que una maldita ju ... (Se detiene, ate rrada, tapndose desesperadamente la boca). MYRIAM (Estoica): Dilo. Termina con el insulto. No sabas que, verdaderamente, soy una juda maldita? D. EMILIA (Sollozando): Oh, no, My riam! P e rdname! He perdido la cabeza! No quise c fenderte! MYRIAM: Slo que te has olvidado de que soy la hermana de Esther ... la melliza de es a hija que t dices que alegra tu ve jez... Tan semejantes las dos, que segn Josade c Lipp e, nos parecemos a dos lgrimas lloradas por el mismo rostro! D. EMILIA (Llorando, con evidente sin ceridad): No es posible que te muestres tan cruel ante una flaqueza ma ... MYRIAM ( Con wn gesto cansado) : llate a hora por favor ... No te muestres de masi a d o arr e pentida por el nico momento de lealtad que h a tenido tu corazn. As ha s ucedido siempre Por eso te comprendo Los s i glos no han bastado para que nos semos a c os t umbrando a esta clase de insul tos Por eso, quiz han creado en aquellos que nos humillaban, una sensacin de im punidad para inferimos el ultraje. Por eso, adems, debo admitirlo todo sin estreme cerme Int e ntaste afear lo que ms amas en la vida, segn dices, olvidn-dote que Esther, mi hermana, lleva mi misma sangre .. D. EMILIA: Oh! Perdname, Myriam! Perdname ... MYRIAM (Encaminndose hacia la sali da): Es precisamente ahora cuando ya no debes temer nada de m. Alcanzaste a gol pear en el callo de nuestras almas ... en la zona insensibilizada por la aoumulacin de los ultrajes de muchos siglos. Qudate tran quila. Has despertado mi piedad, pues aho ra, yo s que amas y necesitas de un ser contra el cual, sin embargo, has recibido una suspicacia hereditaria que te hace increble mente desdichada. Al fin de cuentas a un

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    LA OTRA HERMANA 105 -insulto mo, t has contestado con, otro peor. (Doa Emilia, entre lgrimas, sigue denegando con monoslabos). Ahora que, en estos momentos, necesito que conozcas una conviccin que has hecho nacer en m ... D. EMILIA: Comprendo que he sido te 'rriblemente cruel, mi pobre Myriam ... Te !Suplico me perdones. Dios es testigo de que estoy sufriendo MYRIAM: Comprendo que mi obligacin es perdonarte. Pero no puedo hacerlo. Mi destino no me ha permitido que me ejerci tase en esa clase de indulgencias. Slo a Dios le corresponde hacerlo. Pero esta sa cudida, ha hecho nacer una certidumbre en m. D. EMILIA: A qu te refieres? MYRIAM: A la necesidad impostergable ,que siento de regresar al seno de los mos ... Ellos me estn n eces itando en, la lucha en que se han empe ado para rec uperar nuestra integrid a d. D. EMILIA: Ah, Seor, Seor! es 10 que te preocupa ahora, Miriam! MYRIAM: No debes inquietarte ya. No es muy neoesario que me quede a esperar el regreso de Esther, aunque es muy posi ble que lo haga. D. BMILIA (Anhelante): Has dicho que ]lega maana? MYRIAM: S. D EMILIA : Oh Dios! Maana! Har lo que t quieras con tal de demostrarte que lo de recin ha sido un rnpto de locura Ya lo vers, Myriam! Hemos conservado el candelabro de siete braz os que usara tu infortunada madre. El bueno de Julin lo reservaba para cuando Esther se casase ... voy a trartelo enseguida. Con todas las velas encendidas, como si fuese un pequeo tabernculo! (Dirigindose hacia la puerta de 1a derecha). Voy por l, Myriam! Lo tendrs enseguida. (Sale agitada, cnvulsa. MYRIAM perma nece con desnimo al pie de la escalera. Transcurren unos instcmtes en los que se es c:uchan los trinos de los pjaros en el cre psculo. Ahora su rostro est reflejando una dolorida serenidad. Se oye golpear en la puer ta del fondo, la que da sobre el jardn). MYRIAM: Adelante. (Se abre la puerta y aparece PEDRO JUAN OLGIN. Trae un plano en la mano. !A,l entrar, se quita el sombrero). PEDRO JUAN: Myriam ... MYRIAM: Cmo has heoho para entrar? PEDRO JUAN: Encontr abierta la puer ta de calle. MYRIAM: Hace apenas unos momentos le ped. a Luisa que si t llegabas a venir, te dijese que no quiero verte REDRO JUAN: No titube al entrar, pues o unas voces que me parecieron las tu yas y de doa Emilia MYRIAM: Doa Emilia acaba de salir. Llama a Luisa para que t e anuncie. PEDRO JUAN: (Retenindola con un ademn ): Es contigo con quien necesito ha blar. Por qu no quieres verme, Myriam? MYRIAM : Por qu ? (Est ante el se gundo escaln. Se vuelve hacia el joven, mirndolo con lealtad. Luego desciende len ta, dirigindose hacia donde l est. Y cuan do lo tiene ante s, le pregwnta cont lmpida franqueza ) : A t te parece qu e es necesario que te lo vuelva a explicar? PEDRO JUAN (En desafo): Es que acaso. t no me quieres? MYRIAM: N_o creo que eso sea lo ms importante ahora. PEDRO JUAN: Para lo s seres que ya se encuentran vencidos espiritu almente como t, quizs no. MYRIAM (Ahoga el suspiro, retenindose el pecho, mientras se aleja unos pasos): Tie nes razn. Es que t te consideras un hom bre valeroso, capaz de arrostrar el escndalo. No s si porque con eso supones que los d~ms habrn de admitir atemorizados el desafo que significara una unin entre t y yo. De todos modos t e aconsejo que no pongas demasiado nfasis en una bravata de ese tipo. An hoy, y entre gentes como yo, que viven sumergidas en las peores in diferencias, algunos extremos todava les cau san repulsin PEDRO JUAN: Para t, el amor, es una actitud que puede causarte repulsin? MYRIAM: Un amor compartido entre dos, no. (Abstrada ). Es como un cntico su surrado por una voz que nos llegase desde el cielo ... PEDRO JUAN (Dando un paso hacia ella, con pasin): Eso es lo que t y yo de biramos hacer, Myriam ... MYRIAM (Severa): Por favor, Pedro Juan. Eso es lo que t y yo no podremos

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    106 COMENTARIO alcanzar nunca. Por lo menos, estando jun tos PEDRO JUAN ( Se detiene, reflejando rencor): Te sientes muy segura de lo que ests diciendo, Myriam? MYRIAM (Con dureza): Tan segura, que puedo repetirte las veces que sean necesa rias, de que yo no te amo, Pedro Juan. PEDRO JUAN: Mientes. MYRIAM: Ms an: no podr amarte nunca. PEDRO JUAN: Y yo te repito que mien tes. Que no ests haciendo otra cosa que mentir. MYRIAM (Con una tristeza reflexiva): T tambi n, Pedro Juan ... PEDRO JUAN: Yo tambin ... qu? MYR IAM : Coincides con doa Emilia Hace un momento, ella tambin me dijo que yo es t aba mintiendo. PEDRO JUAN: Supongo que no se es taba refiriendo a lo mismo ... MYRIAM: No. Supongo que no (Abstra da). Es mu,y posible que no se es tu viese refiriendo a lo mismo (Un silencio, que ella llena con un suspi ro) Si te ped s e n satez, fu porque al referirme a tus pro pios sentimientos, no estaba persuadida de gue no alcanzabas a ver claro a travs de ellos Y o no puedo creer en el amor que destmye, Pedro Juan En cambio t te de jas adormecer por un espejismo apasionado, y eso no es el amor ve rdadero sino una es pecie de volupt u osi dad destructiva, a la que intentas arras tr arte ll ev ndome contigo ... Posibl eme nte, porqu e en el .fondo de tu co r,:zn es t s profundamente desolado por la ofrenda qu e nos ha hecho Esther a los dos. PEDRO JUAN : IE.st h er iposee la misma persp : cacia que t, Myriam. Gracias a eso, h a comprendido nu estro amor, y r eso lvi irse. MYRIAM: Qu distinta es la interpre t aci n que los hombres suelen darle a nues tros caprichos! Crees t que Esther se hu biese ido de no tener la seguridad de que nicamente ella iba a resultar la triunfadora? PEDRO JUAN: Conoces muy poco a tu hermana, Myriam. MYRIAM: Cuando la pasin viene a in terponerse entre dos mujeres, los vnculos de la sa ngre resultan a veces un simple acci dente mi pobre muchacho. En Esther, la conviccin de su triunfo toma el carcter de un renunciamiento tan pueril, que sera una ingenuidad aceptarlo como es. PEDRO JUAN (Desesperndose): Por qu te complaces en mostrarte contradictoria, precisamente en el momento en que mis me1ores esperanzas y tus anhelos ms ntimos podran concretarse? Contesta, Myriam! MYRIAM: Eres tozudo como todos los ilusos. Es decir no tienes conciencia de la realidad. PEDRO JUAN (Mirndola con tristeza): Segn eso, t, mi querida Myriam, crees te ner una idea cabal de lo que es la realidad. MYRIAM (Chocante ) : Si te parece que yo no he llegado a conocerla ... PEDRO JUAN : Podras afirmar que sa bes apreciar el verdadero sentido de la vid~ cuando rechazas al ms autntico amor? MYRIAM (Se yergue, como defendi ndo se ): Por qu dices eso? PEDRO JUAN: Qu i z te resulte sor prendente que sea yo quien te lo diga MYRIAM: Exact a mente PEDRO JUAN : es lo que ests cre yendo ahora? MYRIAM: U na sola cosa ... PEDRO JUAN : M e lo imagino. (Con sarcasmo dolido ) Que como he tenido difi cultades durante mi desa-rrollo, todava soy de los que creen en el amor. MYRIAM: Es algo mucho ms grave, Pe dro Juan pues par e ces haberte olvidado de la clase de mujer que soy yo PEDRO JUAN ( Sin comprender) : Myriam ... ? MYRIAM (Contemplndolo con una sin cera amargura ) : Pero vamos, Pedro Juan, con qu cl ase de mujer crees t que te has pu es to a hilvanar esta rapsodia? PEDRO JUAN (En wn reproche ) : Lo lla mas burl o namente una rapsodia. Sin embargo, cuando en Ginebra recorramos ale gremente los prados, o nos tendamos sobre el csped, t llegaste a creer que aquello ... era algo ms que una cantata de nuestros aos de juventud. MYRIAM (Con dulzura): Piensa en el cuadro que entonces ofreca mi alma, Pedro Juan Yo acababa de abandonar un sana torio en la montaa Cuando los ruiseores atravesaban el cielo con su vuelo, a m se me figuraba todava que eran esquirlas de las granadas que nos mandaba la muerte. (A medida que avanza en su relato se apasion"'

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    LA OTM HERMANA 107 ms y ms). Yo no poda creer todava en la paz ... Ni menos, poda acostumbra'fme a estar al lado de un hombre, sin que ese hom bre no me ultrajase en mrito a sus derecho; de vencedor. Senta la misma sensacin q11e experiment cuando regres aqu, a la Ar gentina, y advert que los seres se saludaban sin temor, que los hombres le saban son rer galantemente a las mujeres, y que las dulces normas de la vida los enaltecan a todos ... PEDRO JUAN: Por eso, yo te ofrezco ahora mi amor, Myriam. MYRIAM: puede importarme el amor que t, mi noble muchacho ingenuo me vienes a ofrecer ahora, si a m me han hec-ho mujer entre los muertos, o en medio del inextinguible clamor de los moribundos? De qu belleza del cielo podras hablarme t, cuando yo me he amanecido entre los arroyos de sangre, absO'rta ante las largas ca ravanas de aptridas que se dirigan. (En una desesperada pregunta que se formula c.nte s misma) ... hacia dnde santo cielo, si en todas partes iba a resultarles igual? (Se deja caer sobre el sof, agitada por el llanto). Y todava t, mi pobre ngel, vienes a reac tualizarme aquellas torturas con ese taladro que tus pacficos obreros manejan incansa blemente ... PEDRO JUAN (Junto a ella. Con emo cin. Ha dejado transcurridor una pequea pawsa): No te imaginas de qu modo me siento atormentado en estos momentos por una sola cosa, Myriam ... MYRIAM: Dime cul es. PIEDRO JUAN: No hago ms que pre guntarme en dnde se encuentra ahora el norte de tu vida. qu itinerario piensas cumplir de ahO'fa en adelante. MYRIAM (Contemplndolo con tristeza ): Te das cuenta ahora de qu modo me siento distir:ta a ustedes, Pedro Juan? PEDRO JUAN: Myriam ... ? MYRIAM: S. Slo piensan en el por venir aquellos que lo han perdido U na ju ventud como la tuya y la de Esther, no pue de vivir especulando con esas nociones. Pa ra ustedes, el porvenir es algo ms que una jdea, o una obsesin, puesto que es una fuer za. (Con desaliento) Pero en cambio, para los seres como yo ... PEDRO JUAN (Abrumado): Es posi ble ... ? MYRIAM: S. A travs de las edades, los de mi estirpe peregrinaban en pos de una quimera. Nunca haba conseguido enten derlos, hasta el instante en que vi caer a mi benefactor al dulce Mier Klur. Entonces s, entonces llegu a sentirme como una ilu minada! En ese instante las ruinas me ro deaban como un cerco macabro ... Un ruido, infernal haba ahogado la msica del mun do Yo levant entonces mis dos manos ensangrentadas, en las que tena los restos de mi violn, y ... te imaginas lo que hice con esos restos, Pedro Juan? PEDRO JUAN: No se me ocurre, My triam .. MYRIAM: Pues los dej caer ent'l:'e las Hamas, para que se redujese a cenizas toda Ja armona de mi vida PEDRO JUAN: te habas propues to, Myriam? MYRIAM: Como en algunos ri '. os primitivos, toda mi vida se redujo hasta ahora a girar alrededor del fuego a dejarme abra sar por esa gran hoguera que ha resultado el mundo pa Ta PEDRO JUAN (Inclinndose sobre la mica de ella, a sus espaldas): No puedo com JJrender, entonces, tu temor a dejarte abra ~ar por bs nicas llam as que en lugar d d es: rurlo, habrn de reanim a r tu corazn. MYRIAM : Es que ahora, Pedro Juan, mi corazn anhela seguir por un solo camino ... PEDRO JUAN (Con ternura ) : Puedo preguntarte cul es? MYRIAM: Pens que ya lo habas pre visto .. PEDRO JUAN: Quiz lo haya llegado a, intuir. Pero cuando se ama con esta fuerza del amor que yo siento por ti, uno se vuel ve cobarde y trata de desviar sus ideas del camino de la verdad ... MYRIAM: En este caso, ser necesario que St:pas que mi vida, d es de este instante, toma el camino que conduce a Isra e l PEDRO JUAN (Abrumado): Eso no pue de s e r, M yriam. Renuncias a tu peque a cuota de .felicidad de un modo increble mente romntico! MYRJAM : Lo impartan te es que renun cio, no importa cmo.

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    108 COMENTARIO PEDRO JUAN: Pues yo no te dejar ir! Ha sido la propia Esther quien me alen t a quererte! MYRIAM (Mientras se deshace del abra zo de Pedro Juan): Djame ... Pareces una criatura ... PEDRO JUAN: Una criatura yo, el hombre que te quiere! MYRIAM (Ponindose de pie con excita cin): Y te atreves a irnplorarrne el amor en vez de tornarlo. por la fuerza? (Re nen,iosamente). PEDRO JUAN ( Que ha quedado abru tnado al otro lado del sof): Av, Mvriarn ... qu penoso nos est resultando todo ~sto. MYRIAM (Sacudida por una risa eviden temente nerviosa): Te parece penoso e n lu gar de resultarte ridculo? Ahora advierto que eso que t ll amas con todo nfasis "el a mor", no es s;no uno de tus tantos espejismo s ro mnticos. (La risa intenta ser chocante pero se transforma en un sollozo). cmoda postura la tuy a! Te pones a ju gar con l as dos imgenes del amor, y luego eliges la que menos t e conviene. La dulce Esther o la claman.te Myriam. Un slo sentimiento para dos amadas distintas. J j j! Los profetas se h a n olvidado de esc ribir en algn rincn del Antiguo Test ame nt o este pasaje de tus futuros conflictos pasi ona l es (Con la cri sp ada risa en aumento) No veo con cul de los h roes de l a Biblia podras com pararte! Aunque t e pareces bastante a mu chas de ellos, por tu incitante propensin ::t la bigami a ... PEDRO JUAN : Yo slo te h e querido a t, Myriarn. En cuanto t e encontr, he com prendido que e n t estaba lo que yo haba anhelado en Esther. MYRIAM (Acentuando la risa, que cada vez swe na ms a falsa y dislocada). Mi po bre. muchacho iluso ... Antes te dije que me par e cas ridcul o, pero ahora pi e n so que eres infantil. Un muchachito morboso que se subyuga ante una mujer que todava ostenta en su carne las h er idas de lo s ms crueles vejmenes! j! Languideces de ca bellera revuelta conmigo, jov en arq uitecto que suea con levantar bloques de viviendas para repoblar fa d eso la ci n que ha dejado la guerra! PEDRO JUAN (Con humildad con una profun da conviccin): Yo te a mo, Myriam. Es todo lo que puedo decirt e. MYRIAM (Entrando con ms franqueza en el sollozo): A m, que ha llegado a im presionarme la paz de esta tierra, porque yo pertenez::o al dolor! (Vibra con violencia al enfrentarlo) Pero de qu cuota de felicidad has venido a hablarme t, y a m, que he llorado con las peores lgrimas que puede llorar un ser humano, que no son las lgri mas del dolor, pues eso nos acerca a lo divi r.o, sino las de la vergenza y la humilla cin! (Enardecida, con histerismo) Y yo, d~bil y e stpida, ,que todava estaba dudan do si deba irme de esta casa ... PEDRO JUAN (Abalanzndose hacia ella, para rodearla con sus brazos): Yo no te dejar ir, Myriarn! Debes quedarte con nosotros! MYRIAM (Forcej eando con el propsito de desasirse): No debes interponerte _. Pedro Juan! Djame! Djame! PEDRO JUAN (Las dos bocas juntas): Yo te quiero, Myriam ... Te he querido siempre. amor mo. (La besa con ane h,ato). MYRIAM (Doblegada): Otra vez, mi Pe dro Ju a n Otra vez corno en Suiza ... (Se une a l en un beso largo, ardiente. Lue go, cuando se separan, ella todava mu:rmu, rn): No .. No ... Eso ya no es posible ... Yo no deb volver ... Ha sido mi peor lo cura ... (Se deja caer sobre el silln, agitada por el llanto Una pausa. Al trmino de elTa, PEDRO JAJ,,T se dirige hacia la mesita del centro, en la que dejara su sombrero con el r,lano. En ese momento entra por derecha JOSA DEC LIPPE. Observa durante wnos segun dos e l cuadro, volvindose h acia .za puerta_. r,aci nd ole s una sea a los que estn aguar dando adentro, como indicndoles de que no deben entrar. Des pus se acerca muy com pungido a MYRIAM). LIPPE: Myriaml q;erida ... Una dulce criatura corno usted, debe saber mostrarse serena ante el dolor .. (Myriam se enjuga !as lgrimas). Los padres de Es ~ her .. (Seala hacia el interior de la casa) Porque es os dos noble s seores lo son le han preparado una emocionante sorpresa. Debo agregar ahora que he sido yo quien ha tenido la suerte de dar con ese instrumento. (A, Pedro Jwm ): Le ruego que no se vaya, joven MYRIAM: A qu se refiere?

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    LA OTRA HERMANA 109 LIPPE: En seguida, en seguida lo sabr ... (Aparece don JULIAN con el violn en Tuelto en una felpa de color bord ). D JULIAN: Toma, Myriam. Para t. :El seor Lippe y yo hemos pensado que era el m e jor regalo que podamos hacerte. Ojal: contribuya a apaciguar tu alma MYRIAM (Toma el instrumento y lo des envuelve ): Q11! Un violn ... D. JULIAN ( Con dulzura.): Para que !a pequea Mytiam ejecute en l las melodas que emocionaban a los c o ntertulios de Mier Klur ... MYRIAM (Contemplando el violn entre sus manos): Es posible ... ? Todava ... ( Pa rece vibrar con desconc ierto ante el halla zgo) Aquello fu algo tan distante, que ya haba dejado de vivir en mi pensamiento ... LIPPE : F a lta algo ms, Myriam. (Se vuelve hacia la puerta de la derecha. Ms all del ventana l ha comenzado la penum bra del crepsculo). Quiere entrar, doa Emilia? (Apareci doa EMILIA trayendo en alto un candelabro de sie,te brazos, de los usados en el rito hebreo, con todas la s velas encen didas). MYRIAM (Estremecida): Ah! Lo ha trado! Sobre esas llamas se inclinaba mi madre al murmurar sus plegari as de cada viernes ... D. EMILIA (Atravesando la escena con el candelabro en alto ) : El espritu de Dios palpita e n todos los corazones que h an pu es to su f en El, Myriam. ( Depo sita el cande1.abro sobre la tapa del piano) Y El sabe per don ar. D. JULIAN: Ahora, hija, trata de tocar algo e n tu violn. Prue ba a arrancarle sus antiguas armonas ... MYRTAM (Absorta): No No ... Ya no puede ser .. D. JULIAN: Imagnate qu e result todo un hallazgo encontrarlo. Es un violn del mismo tipo d e los que fabricaba Guarnerius Una verdadera pieza de mu seo! Lo ms adecuado para tus inspiradas manos de gel. MYRIAM: Mis manos .. .? No ... No .. Mis manos ya no pueden ser las de un gel. .. Nunca lo fueron ... Jams tuvieron inspiracin! Y ahora, menos que nunca .. LIPPE: Se equivoca, Myriam. Est es crito que el dolor no deb e perdurar, que todo es t ra n sito rio. En su marcha hacia la m orada del Seor, los profetas solan escu char el rumor de cnticos lej a nos. Quiz los mismos que escuchaban los ancianos, cuando se renan a!tededor de su maes tro Mier Klur (Entona, a labios cerrados, una can cin hebrea, lnguida y reminiscente. Luego se nterrmnpe y la incita): Toca, Myriaml qu erida ... Toca .. MYRIAM ( De sa l entada con el violn en la mano; despus, con desolacin a lo s que la rodean): No ... Ya no puede ser ... Cuan do yo tocaba para mi maestro, par a mi padre adoptivo, la f, la inocencia, hac an vibrar el alma de mi violn Era la gracia que inundaba mi corazn, que entonces palpitaba ;puro, como esas msicas que anuncian los cielos matinales! P ero a hora. no com prenden que ahora el dolor me ha h echo per derlo todo. que ya no puedo identificar me con lo ms hermoso que tiene l a vida? LIPPE (Como si estuviese repitiendo un.a letana ): Toca, Myriaml querida ... Toca ... Te lo piden nuestros vi e jos corazones .. D. EMILIA: S, hija. Intenta llegar otra vez a la fu e nte de tu dolor. El consuelo har qu e me perdones. Y sobre todo, permanecers para siempre al lado de nues tra Esther. D. JULIAN: No te pedimo s sino eso, querida. Que vuelvas a s e r el alma gemela d e tu hermana ... MYRIAM (Ac osada): Pero, no compren den que ya no soy la mi sma? No ven que entre ella y yo, ahora se interpone la sangre de l a h umani dad? (Sbitamen t e, al ver a Pedro Ju an, que ha permanecido si l encioso y un tanto sorprendido en un rincn ). Y t ... por qu te callas? Por qu no me pide s, t t ambin, que toque un aire alegre en mi violn? PEDRO JUAN: Acaso. no te lo he pedido ya con este l argo silencio? MYRIAM ( Im presionada): Entonces, es preciso que ll eg u e a int e ntarlo ... TODOS (Alentndola desgarradortmie-n te ): S. S. Int nta lo, Myriam. Intntalo. MYRIAM (A lelada ausente ) : Con mis pobr es manos (Todos sus m o vimientos van desertando la espectante ansiedad de los que la rodean). Con estas manos impas que han empuado l as armas, esos instrumentos de la muerte. (Mira su violn, como si

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    110 COMENTARIO fuese algo extrao ) Quin me va a cmre ;gir ahora los movimientos del arco, si Mier Klur ha cado entre las ruinas de su casa? D. JULIAN (Con dulzura ): Intntalo, .. querida MYRIAM: Despus de todo lo que he vivido? Ya no hay tiempo para milagros. LIPPE: Mientras nosotros sigamos con vi .
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    ALFONSO REYES MEXICANO UNIVERSAL CARLOS MASTRONARDI S U VASTA curiosidad lo avecina a los hombres del Renacimiento y le ,permite acceder a los ms di ve rsos estmulos creadores. Desde los temas homricos hasta las virtudes artesanales del Anahuac precolombi no, sin excluir las prescripciones de la antigua Retrica, los rigores verbales de Mallarm ni las leyes que ri gen la traduccin I iterara -entre muchas otras cuestionestodo ha cado bajo el rea lcida de su plu ma. Cabe definirlo un Goethe abre viado, y ello, slo con referencia a la talla de su inventiva y a la altitud de su espritu La picarda que chispea en sus ojos aparece como corregida por el ademn mesurado y corts. Siempre que proyecta su atencin so bre un escritor, lo hace para sealar sus momentos munficos, para mos trarnos su hemisferio luminoso. El vi gor y la cordialidad son los rasgos ms visibles de su carcter. Y "esa gitane ra dorada de la diplomacia" a la que debi ceir su vida, ni destempl su estilo ni lo llev a desasirse de sus ex periencias profundos Antes bien, su traslaticio destino no slo le permi ti advertir la unidad entraa! de to dos los procesos literarios nacionales, sino que trajo a su prosa cierta le vedad ubicua que no excluye la emo cin elegaca, el grave acorde evoca tivo. Los sabrosos arcasmos que agracian sus obras de juventud han desaparecido para dejar paso a un estilo intemporal y despojado que ha ce audible la ascensin alada de las ideas. Bien avenido con la realidad, Re yes supo de todas las vendimias y be bi de todos los nctares A un tiem po mismo sacrifica en el ara de la sensacin y en la del pensamiento De ah que pueda percibir, con mira da descubridora, tanto lo que hay de plstico y concreto en el mundo, co mo lo que ste posee de arquetpico y esencial. De las gavetas de sys nu merosos escritorios, poblados de f chos y de apuntes, donde trabaja has ta diez y doce horas consecutivas, salen antiguas efusiones cartas o fotografasy nuevos poemas Tan propenso a las lgrimas de la ternura como Sarmiento, se despidi de sus amigos argentinos con emo cin nada diplomtica cuando los azares de su carrera le obligaron a dejar Buenos Aires, ciudad donde comparti noches y libros con cama radas de todas las edades, con toles de todos los Evangelios estti cos Queremos sugerir que se alej de nosotros un hombre sealado por la abundancia de su corazn, no un me canismo productor de saludos y re verencias. No hay experiencia estril, ni te mas subalternos o secundarios pa ra este m~xicano universal. Capaz de prestigiar cualquier asunto, su ta rea va desde el manejo de abstraccio nes hasta la revelacin de los menu dos secretos que son orgullo de las in dustrias primitivas y de las artesanas regionales. En "Las Vsperas de Es paa" nos muestra el proceso a que los expertos someten ya la materia 111

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    112 COMENTARIO textil, ya la plata en que plasman ciertos artculos suntuarios. No se be neficia con la dignidad apriorstico de las cuestiones que examina sino que infunde dignidad y gracia a todo cuanto entra en el campo de su ob servacin Por lo dems, en su acen to y en su estilo es fcil percibir un sentimiento aprobatorio del mundo, un modo singularmente carioso de proponernos la vida Reyes ilustra con fortuna el anti guo aserto conforme al cual la per sonalidad se manifiesta en la inven cin de los detalles. Su prosa, a la vez segura y recatada, rehuye los efectos de choque y los fulgores me tericos Acaso sea la prosa coste-lla na ms elaborada y "voluntaria" de nuestro siglo; sin embargo, deja en el lector una venturosa impresin de facilidad, como si hubiera nacido consustanciada con la fluidez y la soltura La eficacia de Reyes est he cha de consciente discrecin; su po dero reside en el continuo sacrificio o en el racional gobierno de su pode ro. Como quien llega a su punto de partida resuelto a disimular las ri quezas obtenidas en su compleja an danza, se dirige al lector en un len guaje libre de arreos retricos. Intu ye que la incantacin artstica es un subproducto, un bien derivado. Agudo observador de modos y atri butos genricos, dijo lo que hay de estable en el espritu de los pases por donde ha pasado. En nuestra Ar gentina advirti cierta vocacin nor mativa, cierto ritual sometimiento a formas pdicamente impersonales. Certero y delicado, hizo caer el acen to en la "correccin" de estirpe clsi ca que nos caracteriza, bajo cuya fuerza gravitatoria la calle se con vierte en un gimnasio o un liceo don de aprendemos un invariable compor tamiento. Prefiri juzgar desde una perspectiva generosa nuestro amor a las formas estrictas Con nimo be nigno, slo quiso detenerse ante los efectos educativos de uno constante presin social. He aqu un signo de civilizacin -agrega Reyes, luego de proyectar su curiosidad, con amistoso y ligera sonrisa, sobre la verticaf pulcritud de los pantalones argenti nos y sobre el parejo estilo con que nuestras domas (ao de 1930) se tercian el zorro invernal sobre los. hombros. A,jeno a las habituales limitaciones del escritor romntico, Reyes pliegcr sus juicios o uno suerte de equidad mvil y planetaria, logro sortear las coartados que el tiempo tiende a la estimativa artstico y, ms all de SLr propio temperamento, se define en funcin de las cosas, vale decir, del espritu objetivado, sea que se trate de libros, pases, concepciones doctri narias o vastos perodos culturales. As orientado, aquellos humores der nimo que suelen perturbar la justeza del estilo o del pensamiento, nun ca tien de parcialidad sus aploma dos pginas Desda su posicin centrol, digamos as, puede remontar sin esfuerzo la antigedad clsico o co rrer con deleite esos reinos indefini dos donde las nuevos generaciones ; cumplen sus audaces experiencias. Fiel o las enseanzas del humanis mo, conoce todos los sabores de lo belle-za y se muestra capaz de revivir el pasado con la mismo intensidad que otros ponen en el ejercicio del presente, como si admitiera que los su cesivos hechos estticos constituyen un vasto don simultneo Receptivo y lcido, no aplico los leyes de la naturaleza o los generosos procesos artsticos, donde ningn advenimien to ha de comportar necesariamente una prdida o un des9aste. Todos los haces y los hilos de esa delicada trama que es la literatura responden a una especie de armona profundo, bajo cuya virtud ordenado ra lo parcial y momentneo siempre se nos descubre dotado de porvenir. Reyes parece sustentar que las innu merables formas de belleza escrita componen un organismo inmenso Un organismo infinito que no difiere mu cho de lo humanidad Nos dice que las culturas no hacen ms que labrar sobre la masa recibida e ir as adap tndola Y sabe que las cosas de la mente disfrutan de ,:ierta comunidad,.

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    LIBROS Y AUTORES 113 convicc1on orillada a la de Goethe, que declar no haber cumplido ms que un esfuerzo orientador y una ta rea combinatoria. Acaso no sea ino portuno recordar que Schopenhauer compara nuestra especie a un homo gneo torrente inmvil del que saltan, como si fueran instantneas chispas, los individuos perecederos R EYES SE identifica con la mesura y el pudor, virtudes que le dictan un tono sostenido v una forma sin edad No hay riesgo en suponer que la leccin platnica se-orea en su es pritu y le seala un rumbo discreto. He aqu una porcin del comentario que dedica a la "Repblica" : "El hombre es un compuesto de impul sos inferiores y superiores. Importa que aprenda a domear aqullos con ayuda de stos; que sepa a la vez ser bravo y moderado. La modera cin es menos pasible de imitacin artstica que la exaltacin y el arre bato. La poesa adula los sentimien tos irritables". Y dice de Platn ms adelante : "Metafsico, no acepta que se le imponga la necesidad de un ser por el solo hecho de que lo capten los sentidos. Ante las divinas ideas, llega a dudar del ob ieto de la poesa, realidad imitada o de grado inferior. Y as se da la paradoja de que su discpulo Aristteles, menos permea ble que l a la belleza concede a la poesa un tratamiento ms detenido, ms resp e tuoso Porque, procediendo con criterio de naturalista se limito a reconocer pasivamente la existen cia del hecho literario, y a analizar lo tal como lo encuentra". Si bien se abstiene de seguir a Pla tn por todos los caminos, es eviden te que se incorpora sin esfuerzo bue na parte de su doctrina, de la que extrae una precisa conducta artsti ca. Los gustos, los temas, la entona cin de Reyes encuadran en un mar co de templanza y !11esura. No exa cerba ni agita su estilo ; desecha los excesos y nunca se complace en la exposicin de situaciones extremas. Desconfa del "entusiasmo" que per turba la razn y que suele desatar el catico frenes de los posedos. Acaso pueda afirmarse que ignora las vibraciones patticas, pero es induda ble que su lirismo, sublimado y cerni do, sobrevive al proceso de pudorosa serenidad a que somete sus trabajos. Lo cierto es que, en tierras de rica, comporta un ejemplo en la me dida en que abomina de I nfasis des mesurado y del dramatismo gratuito. La circunstancia que lo determina -voluntariamente empleamos el vo cablo a la modaaparece como de rrotada por la mvil riqueza de su es pritu y nunca se identifica con el ex cluyente rasgo personal. No hace de su destino un precioso objeto de ex hibicin. Digamos, de paso, que cuan to ms variada y honda es una indi vidualidad tanto ms difcil resulta juzgarla en funcin de las circuns tacias que la plasman. C URIOSO ES comprobar que este americano indudable, siempre dis puest o a mirar con abi e rta simpata las cosas y los hombr es de nuestro he misferio, nunca ced e a las sugestio nes del color local Su actitud pres cindente puede servir de ejemplo a qu ie ne s mueven y ostentan, para sa tisfacer una expectacin subalterna, los aromticos granos de especia que son propios de estas latitudes. Una difundida concepcin esttica que tiend e a identificarse con los ms im petuosos prejuicios nacionalistas nos recomienda el tema lugareo, nos aconseja el manejo de todo cuanto se define como {mico y singular lo de este modo -se afirma con de maggica fruicinlograremos ins pirar un fuerte inters literario. La privanza del colorido y de las formas peculiares, si bien corresponde a un gusto romntico muy arraigado en nuestro tiempo, en el caso americano denuncia una voluntad de afirma cin que no siempre recurre a los medios ms puros v que suele hol garse en lo pintorescn. Los coloniza dores literarios de nuestro continente, luego de adjudicarse la posesin de zones bastante parecidas entre s, trasladan al dominio artstico una

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    114 COMENTARIO sustancia aparentemente indita y virgen, tarea que les impone la obli9acin de registrar sus caracteres di ferenciales. La naturaleza primaria de sus efectos raras veces guarda re lacin con los fines estticos que se proponen. Con arreglo a esta propen sin -preferimos no llevarla a sus -ltimas consecuencias-, all donde el elemento aborigen es ms denso y 1a selva ms tupida, se dan las me jores condiciones para erigir una li teratura de gran altitud y de infali ble capacidad de sorpresa. Las moda fidades del ambiente, como en la doctrina de Taine, vienen a ser ine vitables y decisivas. El espacio, la at msfera comarcano, los atributos plsticos y exteriores, se convierten en materia central. En lo que respecta a los ti'pos hu manos, las costumbres y las menudas particularidades de grupo o de re gin, se sustituyen a las almas. Por su parte, el idioma que mejor se con cierta con estos fines es un idioma limitado y secreto que, en vez de ope rar a comps abierto, se enquista y oscurece para promover asombro por la va paradjica de la indigencia Todo lenguaje implica una restric cin; ahora bien, creemos que no es necesario incorporarse una volunta r ia restriccin adicional, ya que no resulta ventajoso disminuir el rea re ceptiva de la obra literaria, cuya ex tremada rareza formal suele privarla de mundo. Las convenciones inter nas, digamos as que se sobreponen o las ya admitidas como leyes de un idioma trabajado y rico, acaban por reducirlo a im : penetrable jerga tribal. Reyes se refiere sin pesimismo algu no a esas "fata I ida des concntricas", para l ms aparentes que reales, de que suelen quejarse muchos escrito res de estos pases En el sagaz co mentario que dedica a tan ambigua cuestin, nos dice que dentro de un vasto crculo temporal -para nues tro infortunio, integramos un mundo muy nuevo, lo que significa que he mos llegado muy tarde-se tiende a inscribir otro crculo, representado por la desgracio de ser americanos. Quiere verse una tercera fatalidad en el hecho de que, dentro del conti nente, somos gente de estirpe latino. Fraccin de esta fraccin, pertenece mos al orbe hispnico, lo que tam bin dice de cosa derivada, secunda ria. Si bien afirma que estas presun tas limitaciones -fantasmas que se ha ido llevando la luz del dano impiden nuestro porvenir ni traban nuestro quehacer, destacamos con el mayor nfasis que Reyes en ningn momento se acoge al mbito dialec tal ni se aviene a moverse en la di recin que conduce a un regionalis mo de rbita diminuta Su fervorosa entrega a las cosas de Amrica no se resuelve en encierro expresivo sino que se proyecta con vocacin univer sal. As lo prueba, adems del trato que concede a los temas vernculos, la amplitud de su evolucionada he rramienta estilstica No se siente prisionero de las ya enumeradas fata lidades concntricas Por lo dems, basta un poco de persistencia eleti ca para llevar hasta lo inverosmil ese proceso de subdivisin tnica y es pacial que alcanza, claro est, al poeta de Jercuaro, distrito que es t en la periferia literaria de Mxico, y al marginal novelista de Copiap, para quien Santiago de Chile es una especie de polo magntico Lo cierto es que Reyes, con un de coro que merece fundar escuela, nie ga su pluma a todo aquello que se agota en curiosidad pintoresca co es uno de los pases americanos de ms robusta tradicin y de ms vido pasado All abunda el indio pu ro y la raza conquistada convive con la conquistadora, de modo que el es pritu nacional se fija y manifiesta en rasgos diferenciados, nicos Sin embargo, Reyes siempre rehusa jouer a l'a utochtone con la profusa sustan cia aborigen que su patria le propo ne A diferencia de aquellos escrito res que lloran al charra o al que chua extintos, no recurre a materias colorantes cuando trabaja con los re cuerdos de su tierra. Asimismo, su espritu opone resistencia al fcil es tmulo de la novedad repentina, dio

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    LIBROS Y AUTORES 115 so populachera y accesible que siem pre recompensa a sus innumerables fieles. E N UNA poca en que la poesa se escinde de la "subalterna lite. rotura" para volverse una suerte de categora extrahumana, para conver tirse en revelacin prodigiosa o en abstrusa experiencia metafsica, Reyes persiste en considerarlo un bien comunicable y un lcido reino ms avecinado al mundo de la culturo que al milagro irreductible. Sin rubor alguno puede confesarse "literato". Si nos atenemos o las numerosas pro yecciones que se cruzan en su intimi dad, Alfonso Reyes es toda lo histo ria de la literatura y es, adems, Al fonso Reyes. A PROPOSITO DE "ESPAA, UN ENIGMA HISTORICO ", DE CLAUDIO SANCHEZ ALBORNOZ La historia con pasin JOSE BLANCO AMOR Admiro sinceramente o quienes son capa ces de escribir sobre temas histricos. Y los odmiro porque tienen el talento de saber orientarse en medio de los contradicciones y de los sucesos ms inverosmiles Su misin es ordenar el caos y despus presentrnoslo como los voces mltiples de uno serie de movi mientos sinfnicos que se van orquestando en el tiempo Al or esos voces nosotros, que ,somos porte de ese caos nos sentimos vivir en lo plenitud del orden histrico Admiro o esos hombres porque yo no s escribir si no empleo lo fantasa, y cuando tengo estos obras enormes de detalles, millonarios de datos, cuajados de sustrmcio informativo, pienso que mis libros son pasatiempo poro ociosos Lo historio e x ige mtodo, rigor, frial dad de espritu, desapasionamiento. Deso posionamiento? Don Claudia Snchez Albornoz demuestro que lo historio tam b i n se escribe con pa sin. Alrededor de 1 500 pginas de tamao mayor han consumido el ti e mpo, el saber y tos condiciones de escritor de este hombre vital poro rehacer lo hi s torio de Espaa o partir de un enigma Nadie que no fuero un espaol poda emprender semejante tor e o Porque el trabajo de rehacer de reconstruir, de perfilar en el tiempo histrico los vicisi tudes del vivir espaol, tiene, en ese caso, un origen desconcertante: ha sido emprendi do poro demostrarle a otro espaol que est equivocado "Sin lo aparicin de Espaa en su historia -dice el autor en el prefacio yo habra an trotado muchos aos en de cidirme a escribir uno obro ton ambiciosa como sto, si es que alguno vez me hubiera ,ol cabo decidi'do o escribirlo El temor a abordar uno nave ton bien defendido por la 1.1rtillera de cuanto ignoramos todava sobre el ayer hispano, habra io movindome o aplazar, tal vez sine die, lo gran aventuro. t.o audacia 'de Castro suscit la mo". Es de cir, el haber escrito Amrico Castro uno in terpretacin histrico personal de Espaa, movi a Snchez Albornoz a escribir otra i terpretacin casi totalmente opuesto. El his toriador embisti esa nove bien artillada de lo que se ignora todava wbre el posado es paol porb describirlo y al mismo tiempo reordenar lo historia contra Amrico Castro Esto es portentoso, y provechoso tambin po ro lo historiografa hispnico El hombre de pasin -estudiado por Madoriogo en su co nocido ensayo de psicologa comparadoha emprendido aqu lo ofensivo mximo. Lq ve r dad absoluto tal vez no ex i sto, y si existe no es divisible O estoy yo en lo cierto o est usted. O tengo rozn yo o la tiene mi adversario. Todo esto se deduce de los mu chas, de las muchsimas veces que el autor de Espaa, un enigma ltistrico, rebate al autor de Espaa en su historio. En defensa de eso singular pasin de una verdad que no admite nada -o -:asi nada'de la verdad opuesta, el nombre de Amrico Castro ha se g uido con paso rtmico al de Shchez Albor noz desde el prefacio al colofn Mas e s ta pasin vivsima e inextinguible en el curso de ton dilatado viaje histrico, no tiene s lo por finalidad destruir e l punta de vista del otro historiador : sino la muy superior de lla mar la atencin sobre el destino de E s paa s in perder de vista los salientes caracters t cos de lo espaol, incluso esa pasin "M i interpretacin de la historia de Espaa -di ce en el colofnpermite deducir una me nos esperanzado perspectivo que la sugeri da por Espaa en s11 historio. No estn tro zadas inexorablemente los rutas de nuestro moona por obro de uno contextura vital rgidamente determinista hacia el futuro. No es posible prescindir de nuestro herencia tem peromental, doria por inexistente y suponer la inoperonte Sera mortal su olvido o su desprecio para los espaoles Muchas de nues tras ms graves cados de las postreros codos hon sido motivadas por el desdn de muchas peninsulores hacia las limitaciones que lo estrucutro funcional hispano impone

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    116 COMENTARIO o nuestro vida histrico". He aqu uno rozn elevado --entre otros muchospor lo que el nombre de Amrico Castro est permanen temente uni do al del autor. Espaa, un enigma histrico, es obro es crito en un estilo que mE: atrevo o calificar de "impulsivo", pero de uno impulsividad que se prolongo o !o largo de l 500 pginas con gollordo, valor, bro y fresco naturali dad. El historiador hoce uno vigoroso y apa sionado interpretacin del espritu histrico, moral e intelectual del pueblo espaol. Ese espritu que ofrece sus "momentos de inten sidad muy distanciados" -dice Don Ramn Menndez Pido 1-; "represento uno curvo con cimas muy espaciados, ondas muy largos, sonido grave que se dejo or menos que otros grandes pueblos". Snchez Albornoz demues tro que los caracteres de mayor permanencia en el pueblo espaol no gravitan necesaria mente como un determinismo racial. Esos caracteres no son inmutables. Pueden modifi carse segn los hbitos de vida. El homo his panus no es un ser que s e viene repitiendo, desde el fondo del tiempo, como un modelo de hombre impermeable o los cambios hist ricos Ese hombre ho sido tran s formado de acuerdo con factores importantes del vivir hispano, pero los influencias exteriores fue ron menos sensibles que en otros pueblos eu ropeos. Hoy en esto :nul t itud de escenas his tricos que el autor ho expuesto con brillo y claro fulgor momentos que se pueden lla mar de plenitud creadora: son aquellos en que el hist o riador trabajo con lo sensibilidad alerta para detectar los matices que descu bran uno faceto oculta, y entonces su traba jo se acerca al del artista que se transmuto y se vuelco ntegro en el objeto de su creacin Tengo deseos de emplear un trmino que los historiadores no admiten : emocin Hoy muchos pasajes esc r itos con emoc1on, con una emoci n contenido y gobernado por !o outocrtico y con lo mono muy firme sobre lo palabro. Pero esa emocin est ah. Quiz esto secreta voz qu e hablo ton sutilmente al lector seo fruto de la situacin de exilado del autor. Porque el exilio espaol no ha si do una atropellado correra por el mundo para retornar al punto de partido. El exilio de los espaoles s e ha convertido en uno condicin: ven o E s paa con ojos distintos o los de los e s paoles que estn all. Este es un o modo de secreto transmitido al lector que padec e el mi s m:J complejo -en este co so yo, pero el historiador no se entrego nunca o lo fcil exaltacin Hoy un culto o Espaa, e s o lo que es perfectamente le gtimo. Un culto o Espaa visto desde Cas tillo lo que ya es ms cuestionable. Don Claudia Snchez Albornoz, castellano de Avi lo, rinde culto o Espaa desde el centro, por encima de los diferenciaciones que muestran ocusodomente las otras Espoos de lo peri feria: Catalua, Vasconia y Galicio. Este culto tiene oigo de lo obstinacin con que seguan mirando o IJ Roma de lo decaden cia los espritus ms fieles o su grandeza, segn refiere Dowson en su The Making Europe. Esos gentes vean en Romo a la "madre de dioses y hombres", y no admitan otro imagen que les desfigurase eso realidad subjetivo que ellos haban aprendido o amor. Romo, vulo del mundo que naci de su vientre, desapareci y la historia sigui un curso opuesto al de sus admiradores obsti nados Esa obstinacin era el pasado. El pre dominio de Castilla es tambin el pasado, loque fu y no podr seguir siendo En Bar celona se public en 1947 una Historia de las Literaturas Hispnicas. Esto quiere decir lo hispnico es plural y lo castellano singu lar Los historiadores tienen la misin de en s arn o s o comprender histricamente lo Es pa a plural. Espaa, un enigma histrico rene todos las condiciones para ser leda con la misma pasin con que est escrita Si la prolijidod 1 de citas no fuero abusivo, podra volcarse aqu abundancia de material ilustrativo poro envolver al lector en la vorgine dialctico en que se desplaza el autor. Cada uno de los captulos es digno de que se le dedique un largo ensayo interpretativo y tambin po lmico -por qu no?por parte de quien, haga de lo histrico su vocacin. Por gusto y por inclinacin, yo hubiera preferido dete nerme en esa bella y dilatada estampa me dieval que se titula Literatura y vida del Arcipreste, o en ese Jtm fresco del espaol por dentro que se llama Honor, orgullo y dignidad. Estos captulos, escritos con belleza li teraria -como todo lo obroy gracia y donaire en el decir y en El interpretar, me recen ser referidos y repensados. Hay un clido y fervoroso aliento vital en e s tos l 500 pginas La Espaa de lo in trahi s toria est aqu unida a travs de los. hechos y de a interpretacin que el histo riador da a esos hechos. He puesto la palabra pasin en el subttulo de esta glosa. El historiador la desmiente con trminos inequ vocos : "Dejemos gritor a quienes aconsejan escribir la historia con pasin". Este modo tajante de rechazar el trmino parece una, autodefensa subconsciente Es mejor que eso pasin vivencia! est presente de manera tan explcita. Los historiadores -como no poda ser de otro modonunca han hecho otro cosa que darnos interpretaciones perso nales de la historia. Pero tenan lo precau cin, eso s -tambin la tiene Snchez Al bornoz con respecto a lo pasinde cubrir la mercanca con el oabelln de la imparcia lidad. La imparcialidad en estado asptico no existe, porque no existen hombres en estado de pureza objetiva.

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    LIBROS Y AUTORES 117 .LOS ROLLOS DEL MAR MUERTO, por Yigael Yadin, Ed. Israel, Bs. As., 1959 GERARDO G. WAINER "Qu har?, me pregunt cuando hubimos <:ambiado nuestros shaloms--. 1 r a Betle hem? Debo ir Es lo primero que debo hacer maana por la moona. Lo que haba su cedido fu soliendo como torrente de la bo ~a de mi padre. Las palabras se le atrope llaban mientras contaba ese formidable his toria de lo que, estaba convencido, eran los documentos hebreos ms antiguos del mundo, y que le pareca tener cos en el puo. Estaba seguro de que lograra adquirirlos como un patrimonio judo eterno, pues haba encon "trado oigo simblico en el hecho de que es to estuviera ocurriendo en el preciso momen to en que estaba o punto de restaurarse la soberana judo en Palestina despu s de ca si dos mil aos: !a mismsimo edad de los -pergaminos que haba visto As comienza el relato apasionante, encontocior, que nos ha -ce Yigael Yodin en su libro que acaba de salir de prensas en versin castellana, bojo el signo de lo Editorial Israel de Buenos Ai res. Yodin public su libro originalmente en hebreo y luego present su versin personal en idioma ingls. El libro se convirti en, "best seller", tonto en Israel como en los pases de hobla inglesa. Fu vertido o otras lenguas, permitiendo que el extraordinario descubrimiento coutivoro el inters de los estudiosos; y no -slo de los estudiosos, o decir verdad, ni tam poco nicamente de los enamorados de lo historio, sino tambin de quienes acostumbran a leer libros de aventuras, algunos con fines de conciliar el sueo y otros paro perderlo, en una inquisicin infinita de los hilos que forman la tramo de los misterios. El descubri miento de los rollos del Mar Muerto, acaeci do a fines de noviembre de 1947, en los mismos das en que se produce el resurgimien 'to del Estado de Israel, constituye, por sus revelaciones, un acontecimiento de trascen dencia pluridimensional poro la investigacin histrico, paro los estudios bblicas y hasta ,para la ciencia arqueolgica. Aade un mo tivo de asombro ms al asombro que causa o todo espritu atento el fenmeno singular que representa en la historia el pueblo de Israel; de este pueblo que sabe resurgir de 10 fatalidad, de la postracin, para convertirse de nuevo en un pueblo vivo creador 'ele valores nuevos. Los documentos que se acaban de descubrir forman un conjunto de manuscritos que haban permanecido ocultos unos dos mil aos y que por su contenido vienen o arrojar nueva luz no slo sobre lo historia judo sino sobre la crtica y la in vestigacin bblica, como acoso tambin so ore un perodo confuso, por no suficiente mente esclarecido todava, que pertenece o los orgenes del cristianismo. Centena res de libros ya se han publicado sobre estos ma nuscritos, todos igualmente reveladores de aspectos sugestivos sabre los escritos prof ticas, los poemas sagrados y las sectas reli giosas o polticas de Tierra Santa que engen draron movimientos religiosos, constitutivos de la salsa en que se cuece la cultura de Oc cidente El libro de Y'igael Yadin nos ofrece, en un relato ameno, veraz y sincero, los circunstan cias novelescas en que se realiz ese ha llazgo, en el que su padre, el clebre arque logo Eleazar L. Sukenik, desempe un pa pel eminentemente protagnico El libro narra las peripecias que rodearon la adquisicin de los manuscritos y pone una nota aventu resco al revelar cuanta preponderancia ha tenido el azor en este hallazgo cientfico. En el verano de 1947, mientras unas mu chachos bedunos arreaban sus cabras en la costa noroeste del Mar Muerto, una de stas se descarri. Mientras la buscaban paFICCION La Revista-libro de Amrica, 200 p ginas DOBLES de texto Paraguay 479 T. E. 31-3694 Buenos Aires SUSCRIPC ION ARGENTINA Y PAISES LIMITROFES: ao . . m$n 80.0TROS PAISES ao 4 dlares Existe actualmente el obsequio-inaugura cin de un libro de $ 29 m / n. por un ao de suscripcin. Srvase anotarme como suscriptor de FICCION con 11 envo gratuito del li bro-ob sequio-i nauguraci n de $ 29 m?n y d'zl nmero especial extraordi nario dedicada al URUGUAY, el pr xi mo dedicado al BRASIL, a de cualquier otro nmero extraordinario que publique la revista. Nombre Calle y N9 Localidad (Adjunto cheque por $ 80.m/n. 4 dlares)

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    118 COMENTARIO HAN APARECIDO YA TODOS LOS LIBROS DE LA Familia del Libro Judo 1958 JASAMBA. Contiene dos pre ciosas narraciones detectivescos, de los "sobras" de Israel. Autor : lgal Mossinsohn. Trad.: Goldstein y Raquel Btesh. ANTE LAS PUERTAS DE MOS CU Grandiosa novela de Men del Man, llena de emocionantes episodios de la Segunda Guerra Mundi'Ol Trad .: Dora Kovensky de Neuman GRANDES FIGURAS DEL JU DAISMO Seleccin de bio grafas noveladas, que narran la vida y la s realiz ocio nes de los gran des hijos d e l pueblo judo Autora: Doctora Erna Schlesinger. LA GENERACION OLVIDADA. D e Samuel Pecar, primera no vela judeo-argentin-o. DEL l
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    LIBROS Y AUTORES 119 29 de noviembre: Las Naciones Unidas aprueban el establecimiento del Estado de Israel. Sukenik se dirige a Bethlehem, en la zona rabe, y all adquiere una parte de los rollos, y pocos das despus se entera de que el Metropolitano del Monasterio sirio de San Marcos de Ciudad Vieja haba requerido, me ses atrs, a la Universidad Hebrea, la pre sencia de un funcionario de la misma para examinar unos manuscritos Enero de 1948: Un sirio, amigo de Su kenik, le pide entrevistarse con l en la Y.M.C.A. Febrero de 1948: En dicha entidad neu tra 1, Sukenik inspecciona el resto de los ro llos, y das despus acude a la Fundacin Bialik en procura de fondos, resuelto a ad quirirlos. lsoc Gruenbaum, miembro de dicha NOVEDAD Fundacin, logra, interesor a la Agencio Ju da en el osunto. Semanas ms tarde, Suke nik recibe carta del Metropolitano en lo que ste le comunica su decisin de no despren derse de los manuscritos. 19 de febrero: Trever examina los manus critos y enva copia fotogrfico de los mis mos al profesor Albright, en los Estados Unidos. 26 de marzo: El capitcn belga Li,ppens, observodor militar de lo ONU, dirige uno expedicin que localizo lo cueva donde los beduinos hollaron las rollos. 27 de moyo: El Prof. Albright informo o Yigoel Yodin, a lo sazn en los EE. UU., que los rollos estn an vento. 19 de junio: El periodisto Monty Jocobs informa a Yadin que el "Wall Street JourLos Rollos del Mar Muerto Por YIGAEL YADIN U.n descubrimiento sensacional Una aventura opas onante El General Yadin, estudioso de renombre inter nacional, expone los pormenores del trascenden tal hallazgo de los manuscritos antiguos y su significacin, en un I ibro claro y ameno para et lector com n CON LAMINAS FUERA DE TEXTO Rstica $ 70.Encuadernado $ 95 EDITORIAL ISRAEL S. R. L. Sarmiento 2198 48-5725 Buenos tA ~res Argentina

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    120 COMENTARIO nal ha publicado un anuncio sobre la venta de los manuscritos. 4 de junio: El precio de la venta queda fijado: 250 000 dlares. En los das subsi guientes, Yadin acude al cnsul israel en Nueva York, seor A Harman en demanda de ayuda econmica. Harman lo recomienda a ltzjak Norman, director del Fondo Norte americano para Obras Culturales de Israel quien juntamente con otro benefactor, Som Rubin, facilito el dinero necesario. ]
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    LIBROS Y AUTORES 121 Y cul es mi fuerzo con lo que me he sostenido contra los golpes de lo moldad y con suerte contra los designios del infierno? Y el olmo del pobre es movido con gran desasosiego y lo destruccin acompao sus pasos Cuando surgieron todos los amenazas del abismo y se forjaron los trompos que lo moldad y lo red del infierno fu arrojado sobre los aguas; cuando todos los flechas del abismo corran velozmente y sin freno, no qued ninguno esperanzo. Cuando lo destruccin embot el juicio y el sino airado cay sobre los desamparados y un rapto de clera se abati sobre el inocente, lleg el momento de furia poro Beliol y los angustias de lo muerte acompaaron o lo gente sin abandonarlo, y eT diluvio de los impos inund, rebosando los canales de aguo. El fuego consumir todos las manantiales, destruyendo todo rbol verde y marchito. Sus subalternos resplandecern en el fuego hasta que sus cimientos no existan ms Devorar la fuente de los manantiales calientes y todo lo extensin de la tierra seco Convertir la base de los colinas en incendio y los pedernales en ros descendentes. 6e consumir hasta que alcance lo Gran Sima. los ros de Belio! irrumpirn desde el llano hasta Abaddon y el diluvio extendido rugir con abundancia de cogulos de borro y polvorientos peascos. (Versin de C. W. de la edi ci n in g l esa d e Meir Wallenstein ed. Impr en t a U niv e rsi taria Manchester, 1950 ) Pues me ha expulsado de mi pas como o un pooro de su nido. Y todos mis amigos y familiares fueron empujados lejos de m. Y creyeron que yo ero como uno vasija perdido Y ellos, los intrpretes de mentiros y profetas de engao, Urdieron en contra de m maquinaciones de Belio! Pretendiendo que yo trocara Tu ley que T grabaste en mi corazn por los adulaciones que ellos dirigen o Tu pueblo. AMISTAD EN LAS I S LA S e INGRESO E N EL HOMBRE, por Carlos Enrique Urqua, Ed. Americalee, 1958 y 1959 CALOS WINTER En contraposicin a tontos esquemas y frias generalizaciones que trotan de interpretar los fenmenos y que su e len reemplazar en mu chos espritus la realidad misma, la poesa hunde sus races en lo entraable de lo exis tencia y elevo sus romos palpando la intimi dad del cielo. Todo sentimiento implicG un cmulo de pensamientos, mientras que una ideo no siem pre es, ni tiene por qu ser, sentimental. Es to es la fuerza y la debil,dad de lo poesa: un testimonio enamorado en un mundo don de el amor es el perfume de uno flor casi desconocido. Un mundo dividido en mundos, poblado por clases contrapuestas y por hombres que actan en funcin de intereses inmediatos y ( Versi n de R. T ra bb de la edicin ing l esa de Y. Yad i n). que muy pocas veces pueden en el diario afa nar demorarse y escuchar el can t o que ent r gan los dios Es muy difcil encontrar una voz indepen di e nte, plantado frente o las cosas, auscul tnd o lo y celebrando con ellos el nico pac to que puede suscribir un poeta : el pacto d e la amistad Carlos Enrique Urqu i o nos ofr e ce con Amistad en las Islas un libro donde la poe sa y lo amistad se entrecruzan se s uper p nen, se conjugan y nunca Sf' contradicen : "Amistad sale y se va el comino de l tobillo y ms solo que nunca inicio tu aventuro hasta descolgar la ltimo mono y hacerlo mo." Urqua se instalo en el centro de los co sas que lo rodean, vido de poseerlos y de ser posedo por ellos Actitud de amonte en

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    122 COMENTARIO el pleno ejercicio activo-pasivo de lo pose sin amoroso. El paisaje del libro es nuestro delta, pe ro los islas son slo el pretexto que Urquo utilizo poro poner de manifiesto su amor al mundo y sus elementos El odo del poeta copto los voces primarios, elementales, y les presto su voz, su garganta : "Yo construyo mi duro testimonio de amapolo uno escalera un lazo un telegrama Porque no me conformo con la chispa que elaboran la escama y el reflejo porque es el hilo tuyo el que sostiene el que teje los nudos del paisaje porque es el hilo tu y o el que dispone las sales del futuro en los pistilos el que toco y consiento solamente Entre los poemas esenc i ales de un libro rico en acontecim1entos poticos, deseamos destacar, por su profundidad temtico, "Me moria de la Poes a ", declaracin lrico-amoEZRA TEUBAL & HNOS. S.A. Fbrica A.rg e ntina de Tejidos "LA UN ION" Alsina 786 T. E. 30-6621 Hilandera de Algodn S mbrn 4871 T. E. 50-5001 / 2 Hi,landero. y Tejedura de Lana Barragn 569 T. E. 64-1497 / 9 rosa, llena de definiciones y substancias ticos: "Toda serenamente naces como un invicto manantial de seda con la infinita solidez del canto residuo de las rozos y sus voces central como una meso como un gallo en el sol flor integral del ruido de la sangre No te he ido o buscar ni me encontraste comenzaste conmigo en mi comienzo en lo nico alianza en un lirio acostado entre los hombres. Y llega tu visita para dejarme un cesto d e dulzuro una espiral alegre sobr~ el pecho. un dilogo en los huesos Yo que tengo un conti g o calzo mi andar y siento que anoto tu camino y tu alegra ms all del secreto en tu ciudad de oxgeno donde nunca anochezco. Amistad en Jas Islas rezuma amistad al hombre y su paisaje A veces la poesa pue de surgir de la mero enumeracin (vase el poema "Los pjaros" J, y se concreta e 1n1c10 un lmpido vuelo irico con un sim ple comentario -cunta amistad volando. Visin sinttica del mundo y sus menos la poesa es la ntima reaccin del hombre frente o las solicitaciones y empujes con que la realidad pugna por penetrar den tro de esa otra realidad que es la conciencio. Lo objetivo se subjetiva en lo imagen poti ca y sta es, a su vez, lo objetivacin de nuestra intimidad. La poesa se alcanza de muchas maneras, pero en todas debe existir una inextricable relacin, causo / efecto, absolutamente irre versible y donde lo ubicacin de los eleme~ tos es tal que cualquier alteracin puede sig nificar la destruccin o, por lo menos, la desorganizacin del sistema Muchos creyeron que el abandono de las formas cerradas tradicionales, significaba un relajamiento de lo disciplino, un facilita miento de la labor potica No pocos poetas pretendidamente modernos, o pretendidomen te poetas justifican, tal vez, el aserto. Pera en el prrafo anterior podemos ano tar varios errores: 1) En el tiempo en que los aedos cantaban con rigurosos exmetros, los poetas hebreos empleaban amplias formas versiculares. 2) Esto aclara por s mismo que el antagonismo clsico moderno referido o formas poticas solamente, es totalmente errnea 3) Si afrontamos la penosa toreo de releer "Las cien mejores poesas lricas, etc", compraba remos una vez ms que lo formo cerrada no garantiza la presencio de la poe

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    LIBROS Y AUTORES 123 sa. Del mismo modo ser cierto que tampoco el verso libre puede ser indicio de modernidad. La modernidad de un poeta se da sola mente cuando el poeta trata los temas de su tiempo y, por inevitable interaccin, re sulta uno expresin de su tiempo. La poesa ha sido, y sigue siendo, una de los posibilidades que tiene el hombre de dia logar con el universo. Esta posibilidad ha si do ampliamente concretada por Carlos En rique Urqua en su libro Ingreso en el hom bre. Un vitalismo esenciol subyace, como ci miento secreto, en cado uno de los 22 poe mas del libro. Ya desde Certificado, poema inicia I y verdadero prlogo, nos dice: ... En el pas mundial de lo alegra asido de las flores a veces ingresando en una dulce astronoma ntima ... "Para el colmillo abierto de la nada vengo a certificar estos temas de vida y de misterio algo para anotar o lo intemperie." Ciertos sectores creen haber inventado el compromiso. Y se habla de poesa compro metida como contraposicin a una imposible literatura gratuita. Sinceramente monifesta mos nuestro asombro y nuestra incompren sin. Cr eemos, y nunca pudimos imaginar otra cosa que en toda obra va implcito el com prom iso entre el c r eador y sus circunstancias Lo contrario carece no lo de validez, sino de todo sentido, y el arte que se nutre so lamente de hechos e-lementales no permite la fecundidad sin el compromiso vital, que en ltima instancia es el nico agente feG RlRDcundonte De lo contrario slo se alcanzo lo esterilidad de los hbridos que confunden to tolidad potico con continge:ncio poltica Hijo del compromiso vital, nico pasible entre el poeta y su mundo, lo poesa de Ur qua no excluye ninguno de los elementos que permiten el ingreso en el hombre, esto es, de los elementos que von conformando al hom bre y posibilitando o su vez su ingreso en el mundo Urqua cree en el poder de los polobros (esta atroz palabNJ incapaz de decir otra cosa). Tal vez porque re~uerda que el Caos fu o rdenodo con palabros, y, adems, porque sobe que el poeta ti ene imperiosa necesidad de ser escuchodo. ("Certifico que estoy/que quiero que me escuchen"). En "Anotociones de 1.:i llegada", coudoloso poema de ms de 200 versos, el poeta nos declara su ingreso en el mundo, lo que l lla ma su asistencia. Permanentes logros metafricos enriquecen un estilo que verso o verso va ganando en densidad expresiva, inseparablemente unicki o la belleza elocutivo. Urqua sabe de "lo re sp uesta insuficiente de la flor", pero tam bin que lo insuficiente es un elemento con el cual debemos contar, "poro anotar ol cabo mi asistencia en el [mundo mi mordido lugar deshilachado la vida esto casi terminacin que contino ." Y, como el vitalismo es el fuerte denomi nador de toda esta poesa, son frecuentes las alusion es o los hombres que conviven con el poeta, quien practico un permonen1e amiguismo, estrictamente potico Nuestro poeta, se planta en el centro del mund o, decidido a comprenderlo, o inter pretarlo, y enfrento los cotidianos enigmas: "No me dejes despus detrs de esta [aventura de este ac t o heroico de censarme de hoc:er a topetazos esta cancho de carne donde s que me [habito de traer mi asterisco y anotarme en el da hoy que me he outorizodo que me seolo y digo todo lo que me [morco hoy que estoy decidido." Lo poesa de Urqua que comenz siendo pai saje en Amistad en las Islas, toma con tornos dramticamente metafsicos en este segu ndo libro que nos habla de un proceso en constante progresin ascendente ( "La pedra da") Muy distinto, pero igualmente logrado es el acento de "Cuerpo con diecisiete aos" poema extraamente visual y de notable ex trocci n pictrico. Y entre los elementos con que el hombre vo ormon do su mundo, lo ternura causa y

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    124 COMENTARIO efecto, es la inseparable compaera del amor del poeta; la ternura, eso misma ternura tan menospreciada por los hombres de accin que la sinonimizan con la debilidad, pero, en cam bio, fuerte, y sustantiva se asoma en el "Comentario de los Hermanos" : .. Verse parecidos las encas la sombra igual e igual el cementeric.. Los hermanos paralelos amigos codos horizontales en la mesa bocas de ritmo azul y hablar concntrico yo no llego a apostar que soy hermano vengo a traer la voz y la palabra y a [decir que los quiero." En "Asistencia sin modelo", Urqua inten ta, con singular fortuna, el poema en prosa. En el mismo anotamos nuevamente la apari cin de un inquietante buceo metafsico: "Uno debiera preguntarse hasta la muerte de ttodas las respuestas" Hablando de las pre guntas dice : "No est bien que se horizon talicen, como hace el mundo cuando se po ne a morir, y se pasiven al pie de la ener ga, desverticalizadas y derribadas, como lan zas sobrantes de una batalla de poca im portancia y de resultad::> conocido Y co mo corolario de una experiencia, siempre irre petible, sentencia: "No hay modelo til." "La calle" da al poeta nuevos elementos que le permiten configurar uno de los poe mas ms logrados del libro De extraordina rio vigor rtmico, la calle impone su tema de marcha, y el poema homnimo es una prueba ms de la consubstanciacin entre forma y fondo, cuando el resultada es, co mo aqu, un poema escrito desde la sangre "El poema de la muchacha desnuda", nos ofrece su "geometra azucarada" y esta jo cunda declaracin : "fuiste el pas libre del poeta". Poema dionisaco pero pleno de lo que podramos llamar erotismo trascenden te, par su "explicacin al fin/del andar gen tilicio en que me en c u e ntro La ternura, otra vez, asoma en "Situacin de la madre" Hablando con su madre muer ta dice Urqua : ... Que comprenda la madre que segui[mos sus aguas y sus islas su primer movimiento su sistema que comprenda que est que no debiera creer que anda la muerte [ entre nosotros Si Amistad en las Islas nos anunciaba la presencia de un poeta, Ingreso en el Hom bre nas da su ,presencia plena, su maduro fruta La aparente abundancia de poetas, que paradjicamente suele ir acompaada por una temible escasez de poesa, ha em paado y enmascarado el reconocimiento de los valores autnticos. Pensamos que la poesa no es slo una forme de expres,on, es por sobre todo una actitud frente a la vida, una forma de ver el mundo de interpretarlo, una expresin de deseos, un anhelo de en derezar los tuertos, un comentario, una can cin, etc., etc. Ingreso en el Hombre lo tes tifica, y Carlos Enrique Urqua, testigo, co mentarista, hombre, pero siempre poeta, nos confirma que cuando se escribe desde la san gre es posible alcanzar "el diamante verdad de la poesa" Con la elegancia habitual en sus entregas imprimi la Editorial Americalee, Silvia Bal dessari dise con una autntica creacin la vieta de tapa, y Ral Schurjin, con su re c onocida calidad nos entrega una imagen del poeta LAS HUELLAS DE ANA FRANK por Ernest Schnabel, Longmaus, Green Londres, 1958 STROM JAMESON "No era una nia extraordinaria" una de sus maestraspero otra que naci por aquel entonces, uno cierta van der Waol, recuerdo que "ella quin era" -dice lo co Mme saba Aca s o lo saba ciertamente? Saba que \a.\e EL I NEUMATICO ARGENTINO ROQUE PER~Z 3656 T. E. 70 4131/8 Buenos Aires

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    LIBROS Y AUTORES 125 haba nacido poro convertirse en el verbo de los incontables nios que murieron, de fro y de hombre, diezmados por los enfermeda des en los trenes de transporte y en los cam pos de concentracin o sofocados en los maros letales, durante todos esos aos en que Europa ero un vasto gabinete de tor turas? Por cierto que no lo saba, aunque esto es precisamente lo que lleg o ser, y cuan do Ernst Schnobel inici lo bsqueda e inda gacin de todos los personas an vivos que lo conocieron, lo que se propona ero ilumi nar desde todos los ngulos lo ligero figu ro de esto nio o lo que conocemos nica mente por sus propios palabras y gestos ins tintivos frente o lo mscara de lo crueldad y el temor. Ninguno de los cuarenta o ms personas con quienes convers el autor, ofreca algn resgo especia l. Gente ba stante simple fu lo que se ex puso a la muerte o al tormento poro escon der a los Fronk durante veinticinco me ses en el "anexo secreto" de la co so de Amster dom. Los cuatro o cinco nazis holandeses, civiles, que acompaaron al agente de lo Gestapo para arr est arlos eran hombres co mune s, ansiosos de demostrar que nada se les escapaba. El que los roiciori delatndo los a la Gestopo -posiblemente un depen diente de almacn, empleado en la caso era si n duda tan comn como lo s primeros. A ninguno de ellos le :,areci repugnante o difcil la tarea de entregar una nio a sus verdugos. Esto es lo que hay aue recordar cuando la imagen de Ana Fran k acude a la memoria. No son monstruos los que esto hacen sino hombres como nos otros. Detrs de los vidos sabuesos civiles, detrs del entregador ; sin rostro estn los burcrat as por decenas de millares, fas sobrios e industriosos funciona rios, empleados, mdicos cientficos, se rvido res del Estado de toda cctegora, cuya com petencia profesional hizo pasible la organi zacin de campos de concentracin, y ra s gasificodoras. "Me tomo la libertad de pre se ntar a usted un informe preliminar so bre la deportacin de los judos. Hasta aho ra se han despachada con destino a Ausch witz uno s 20.000 judo s. Procurar con seguir que los trenes semanales sean tres en lugar de dos ... Como los burcratas de todo el mundo tambin ellos empleaban un lenguaje oficial tpico al referirse o sus ob jetivos y acciones. "Lo solucin final de la cuestin judo" es uno manero de decir: "Nuestro esperanzo y nuestro ,propsito son los de eliminar algu nas millones de hombres mujeres y nios, cuyo crimen es haber nacido en otra raza y adems practican otra religin ." Los se res humanos con vida que embutan en los camiones de hacienda y despachaban o los campamentos de muerte, eran "trasladados". "Tratamiento especial" o "accin especial" es la decoroso denominacin oficial utilizada poro dejar constancia que uno determinada cantidad de personas, entre los que se se con taban nios aterrados y mujeres con pequeue los en las brazos, haban sido arrojados des nudos o los barrocas, donde moran presos de angustio y de terror. Quienes proyectaron los ccmpos de concen tracin eran hombres corrientes; los que cui daban que estuviesen siempre llenos, eran hombres corrientes tambin, como lo eran asimismo quienes llevaban en las libros la cuento de los ase si natos en maso o aqullos que opilaban con exactitud el calzado de los mujeres muertas y lo menudo ropita de los infantes inmo'lodos. Hombres corrientes eran los que se ocuparon, de que Ano Fronk pe reciera en Belsen de hombre y de fro, en medio de lo mugre y las enfermedades, o los diecisis aos E stos hombres particulares eran alemanes, y es un alemn el que escribe este libro si guiendo los pasos de Ano desde los felices aos escolares hasta los meses posados en la caso de Prinsengracht cuando su mente y su espritu comenzaron o madurar veloz mente, como si oigo en su interior supiera cun esco so sera su tiempo, y desde olli o los tres campos de concentracin en los que transcurri el resto fugaz de su existencia. Lo que de ello hemos vislumbrado o travs de los recuerdos de algun os sobrevivientes que est uvi e r on all cuando Ano estuvo, con tribuye oigo o llenar el aterrador vaco que nos abrumo cuando llegamos al final del Diario Primeramente en el campo de Westerbork, en Holanda donde todava segua con ello el nio P eter; la seora Wiek la recuerdo como aureolado por un extrao resplandor y feliz, "como si se sintiera liberado, porque entonces poda ver nuevos personas y ha blo res, y poda reir ". Eso es fcilmente com pre n si ble; despus de 25 me ses de encierro, obligada a permanecer antinaturalmente ca llada e inocfiva la mayor parte del da, hasta lo s tinglados y barracas del confinamiento debieran saber a libertad para una chiquillo tan pletrica de energa imaginativa. Y, posteriormente, en el segundo campo de concentraci n : Auschwitz Auschwitz, don de la separaron de e,u padre y su hermano -" las mujeres a la izquierda! Las hom bres a la derecha!"All muri su madre. All Ana perdi sus largos cabellos -ol in gre s ar le rasuraron l a cabeza-. "Ahora se poda ver, sin embargo, que su belleza es taba enteramente en las ajas solamente en los ojos, que parecan agrandarse cuanto ms se iba afinando Su juventud se habio esfumado, ,pera an era dulce y vivaz ... ,. All, en el campa de Auschwitz, a cuyo gran mayora de internados ya no les queda ban lgrimas ella aun poda llorar : el llan to inundaba su rostro cuando a su lado po saban, desnudas, las muchachas gitanas arros tradas al crematorio o cuando vea, aguar

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    126 COMENTARIO dando junta a las cmaras letales, a los ni os hngaras. All tambin, y ya en el final mismo, la seora Wiek vi a Ana y a su her mana mayor Margot, desnudas y rapadas, "y Ana nos miraba :on el rostro despejado, firme lo mirado y erguida la figura; y luego siguieran viaje ... -o Bergen-Belsen-. En Belsen no haba por entonces ninguna clase de orden; los confinados vivan en me dio de la inmundicia y moran de hombre y de tifus, y los que an estaban vivos junta ban los esquelticos cuerpos de los muertos y los arrostraban hasta el terreno donde se incineraban All hob-J 'Jtro muchacho, una amiga de la escuela de Ana que hablaba con ella por entre la alambrado de po que separaba sus respectivos sectores y trotaba de posarle algunos mendrugos "Estaba an drajo s o Vea su consumido rastro en, la os curidad. Tena los ojos muy grandes Llo rbamos continuamente Morgot muri, y pocos d as ms tarde Ano" -tal vez de ti fus el tifus de Belsen Otro muchacha de la mismo edad de Ana que alcanz a sobre vi v ir "e s t segura que Ana muri a conse cu e ncia de lo muerte d e su hermana" "Mo rir e s tan espontosome?1te fcil paro quien hoyo quedado solo en un campo de concen traci n A s fu cmo esto nia judo una de tonta s otros muri en marzo de 1945. No emplearemos palabras altisonantes paro re"DAVAR" Revista Literaria Bimestral Editada por la Sociedad Hebraica Argentina Ensayos, trabajos, cuentos, poesas, teatro, crtica literaria msica, artes pl.ticas, de inters judo y argentino. Direccin y Administracicin: Sarmi ento 2233 Buenos Aires 47 7783 48 5740 ferirnos a ello Ero uno ch:quilla y fu muer ta cruelmente, horriblemente, pero ay! no inhumanamente. Si alguno de sus verdugos pens par un momento en ella, seguramente habr credo que todo seria al cabo olvidado. En esto, por lo menos, l y sus cmplices fracaso ron YEARBOOK OF INTERNATIONAL OR GANIZATIONS. (Anuario de las org a n i z a e i o n e s internacionales) 1958-1959 (7'
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    LIBROS Y AUTORES 127 puesto de monifiesto en los ltimos aos es la demostracin de una imperiosa necesidad vital que se monifiesta en esta bsqueda de un mayor entendimiento y cooperacin in ternacional. As lo han comprendido los Es tados que van creando, mediante convenios, una serie de organismos intergubernamenta les destinados a atender problemas polticos, econmicos, culturales y cientficos, que no po
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    128 COMENTARIO fbula son personajes histricos toles como Fe lipe, Isabel, ms algunos otros arquetipos comunes simbolizados por Rucov, Popotono si y Moro Todos ellos actan en un tono forsesco, explanando verdades y teorizando con gracejo, sobre fo manero en que deben distribuirse los lmites de lo futuro humani dad, lo educacin, el marxismo, y todo aque llo que de alguno manero, ha incidido en el espritu y lo mente del atribulado y acoqui nado ente actual. Un estilo directo, sin re tricos, incisivo y no exento por momentos de algn vulgar giro oporteodo, sindican en !turbe o un escritor dotado poro esto clase de literatura. Lo cual, realizado con idea lismo, suele servir poro mostrar el revs de lo tramo de muchos de lo s grandes "aposto lados" que infligen o lo humanidad uno pe rentorio fiebre de accin Los dos corrientes que dividen espiritual mente al mundo civilizado de nuestros das, oriente y occidente, se sintetizan en persona jes que postulan idearios y recetas de salva cin, recetas de los cuales todava el mun do de este maltrecho siglo XX an no se ha repuesto, aunque segn todos los sntomas, parece haber asimilado lo amorgo leccin de esos falsos mesas Hoy en Horocio R !turbe un afn de sa tirizar, logrado casi siempre por medios rrectos, sin artilugios caricaturescos Bien es cierto que no se excluye esto ltimo en lo deformacin de ciertos personajes; circuns tancio que se salvo por el mvil elevado que g uo al autor. Lo accin es certero y ubicuo, despreocupado de lo unidad de lugar El sen tido utpico est dado por el recetario de lo futuro humanidad mejorado" qumicamente por los esquemas del idelogo Rucov Lo cual, no obstante, con un trasiego lleno de graci a e iranio, va preparando su humilde conversin final poro terminar admirando uno puesto de sol o el pacer plaidero de los cobros recortando u n hor iz onte idlico "Hoy que arreglar el mundo" es un libro, que se lee sin esfuerzo -gran mrito-que hoce sonreir, que trae pensamientos sombros aunque no irremediables, y que conduce o lo gran solucin: !o fraternidad, el amor. Aparte el innecesario prlogo, todas sus ginas parecen responder a un fin concreto de crtica y de reconstruccin. LIBROS RECIBIDOS Juego lim pio, por Mara Len, Edit. Gayo narte, Bs As 1959; Ki l metro 25, par Juan Goyonarte Edit Goyanorte, Bs. As ., 1959; Los rollos del Mar Muerto, por Yigael Yodin, Edit. Israel, Bs As 1959; Po Baroja, por B Gonzlez Arrili, Edit. Costellv, ~.A., Santo Fe ,. 1959; O alegre arcipreste, por Eduardo Friera, Ed ic de Livroria Osear Nicoloi, Belo Horizon te, Brasil, 1959; Breve historia del imperio bi:z:antino, por Armando Alonso Pieiro, Edit. La Mandrgora Bs A s., 1959 ; Er camino de las flores, por Gusty L. Herrigel, Edit La Man drgora, Bs As., 1959 ; Zen y el arte de los arqueros japoneses, por E uge n Herrigel Edit La Mandrgora, Bs As., 1959 ; Los techos, par Hctor Miguel Angeli, Edit. Tirso, Bs A s.,. 1959; Las hermanas, por Pedro G Orgombi de, Edit Goyanorte, Bs As ., 1959 ; Las hogueras ms altas, por Adriana Gonzlez Len ,. Edit. Goyanarte, Bs As., 1959; La resaca,. por Alberto Borges, Edit. Goyanarte Bs A s., 1959 ; Cuaderno del delirio, por Tulio Carella, Edit Goyanarte, Bs. As. 1959 ; Los carpidores, por Fernando Rosember g Edit Goyanarte, Bs As 1959 ; La torre de Babel, por Fernando Guibert, Edit Perrot Bs As ., 1959 ; Eneko Arista, fundador del reino de P ampl ona y su poca, por B Estornes Lasa, Edit. Vasco E n, Bs As 1959 ; Poemas con bastn, por Amol do Liberman Edit Stilcogrof. Bs. As 1959 lsrael Argo:z:i, por Isaac Halevy Levin, Ed Ya ut h Echalutz, Jerusaln 1959

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