Citation
Historia de la Nación Cubana

Material Information

Title:
Historia de la Nación Cubana Publicada bajo la dirección de Ramiro Guerra y Sánchez [et al.]
Creator:
Guerra, Ramiro, 1880-1970
Place of Publication:
Habana
Publisher:
Editorial Historia de la Nación Cubana
Publication Date:
Language:
Spanish
Edition:
Tomo 4, 1952
Physical Description:
1 online resource (10 volumes) : illustrations, portraits, maps (1 in pocket) diagrams, facsimiles ;

Subjects

Subjects / Keywords:
History -- Cuba ( lcsh )
Cuba ( fast )
HISTORIA -- CUBA ( renib )
Genre:
History ( fast )
bibliography ( marcgt )
non-fiction ( marcgt )
History ( fast )

Notes

Bibliography:
Includes bibliographical references.
General Note:
t. 4. Ruptura con la metrópoli (desde 1837 hasta 1868).
General Note:
Print version: Historia de la Nación Cubana. Habana, Editorial Historia de la Nación Cubana, 1952 (DLC) 54021114 (OCLC)1854480

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Source Institution:
Instituto de Historia de Cuba
Holding Location:
Instituto de Historia de Cuba
Rights Management:
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Resource Identifier:
608490013 ( OCLC )
ocn608490013
36567346 ( Aleph )
Classification:
F1776 .H56 ( lcc )
972.91 H673 ( ddc )

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Aggregations:
Digital Library of the Caribbean
Cuban Collections

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HISTORIA DE LA NACION CUBANA TOMO IV

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r Comprado a; Precio: qK^

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HISTORIA / DE LA NACION CUBANA PUBLICADA BAJO LA DIRECCION RAMIRO GUERRA Y SANCHEZ JOSE M. PEREZ CABRERA JUAN J. REMOS EMETERIO S. SANTOVENIA TOMO IV RUPTURA CON LA METROPOLI (DESDE ¡8J7 HASTA 186S) I

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= P r:cr r ~""'~" 1 G'o? Ff qcMO-tf ES PROPIEDAD Copyright, 15S2 3 by Editorial Historia de la Nacin Cubana, S. A. Impreso por Cultural, S, A>, Obispo 2, La Habana, Cuba Pkinted by Cultural, S A-, 5 21 Obispo St., Habana, Cuba

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LIBRO PRIMERO REAFIRMACION DEL REGIMEN COLONIAL Eme temo S. Santo ve na LIBRO SEGUNDO ANEXION E INDEPENDENCIA Jos M. Prez Cabrera {Captulos f, II, III v IV) Ramiro Guerra y Snchez (Captulo V) LIBRO TERCERO HISTORIA ECONOMICA Julio J. Le Riverend Brusonb LIBRO CUARTO HISTORIA SOCIAL Elias Entralgo LIBRO QUINTO LA CULTURA Juan j. Remos (Captulos I, II III) Diego Gonzlez (Captulo IV)

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INDICE LIBRO PRIMERO Re afirmacin del rgimen colonial Pag. Cap. I Perfiles de la desigualdad 3 Cap. II Actitudes insulares 16 Cap. III Posibilidad de reformas 30 Cap. IV Fracaso 42 Fuentes 59 LIBRO SEGUNDO Anexin e Independencia Cap. I De 1337 a !S4S 6 3 Cap. II De 1848 a 1851 81 Cap. III La polmica anexionista ....... 97 Cap. IV De I81 a 1867 112 Cap. V . De 1867 a 1868 130 Fuentes . 140 LIBRO TERCERO Historia econmica Cap. 1 La estructura agraria y el desarrollo agrcola 141 Cap. II Primeros cambios en la estructura demogrfica 167 Cap. III Disolucin de la esclavitud y coexistencia de regmenes de trabajo 132 Cap. IV La revolucin industrial azucarera 198 Cap. V Evolucin de las dems industrias 212 Cap. VI La expansin irregular del comercio 230 Cap. Vil Predominio del ferrocarril. El telgrafo 243 Cap. VIII Aspectos financieros 257 Cap. IX Las instituciones econmicas. Las ideas y los grupos sociales ........... 277 Fuentes ... 291 vn

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Kisto fia m la Nacih Cubka viu LIBRO CUARTO Historia social Pg Cap, I Estudio de los factores cuantitativos 297 Cap* II Las costumbres 304 Cap, III Situacin jurdica interna de la esclavitud 316 Cap* IV < T Fomento de la poblacin blanca. Otros factores tnicos, 326 Fuentes 345 LIBRO QUINTO La cultura Cap. I El romanticismo literario. Poetas y costumbristas. Reaccin de i gusto potico 349 Cap. II El teatro romntico. La polmica filosfica. Los prosistas, La Revista de ta Habana, El Siglo y otras publicaciones 371 Cap, III ... La msica. Las artes plsticas* Las ciencias 389 Cap* IV .... La enseanza 406 Notas 415 Fuentes 417

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LIBRO PRIMERO REAFIRMACION DEL REGIMEN COLONIAL

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Captulo I PERFILES DE LA DESIGUALDAD S uceso de consencuencias demasiado profundas y duraderas fue el paso de Migue! Tacn por la capitana general de Cuba. E coturno de este gobernante dej en el suelo moral de la Isla rastro que haban de seguir sucesores suyos, porque los males del rgimen se sobreponan a las buenas intenciones que aisladamente se manifestaban. Pero Cuba haba sido colocada, para su dicha como para su desgracia, en uno de los cruceros ms notables del Mundo, por aadidura en las inmediaciones de tierras continentales recin advenidas a la vida independiente. Y Cuba se resista a conllevar de grado un rgimen contrario al desenvolvimiento de su prosperidad, a su existencia de pas civilizado y a las influencias provenientes de sus vecinos. Los hombres en cuyas manos estaban los destinos de Espaa se mostraban sordos a los rugidos de la tempestad y a los clamores de conciencias mesuradas: obraron casi siempre en detrimento de lo que ambicionaban salvar y en contradiccin con las aspiraciones justas de Cuba. En armonizar los valores materiales e inmateriales de la Pennsula con los de la Isla se hallaba la solucin del conflicto, expuesto, sin embargo, a secar las fuentes de esa convivencia restauradora. En los primeros aos del segundo tercio dei siglo xix con dolor vieron los cubanos cmo los cambios introducidos en la funcin pblica influan desfavorablemente en los modos y medios de usar la imprenta para difundir siquiera un mnimo de ideas liberales. La prensa de la Isla qued sometida a una censura frrea, segn la calific Jos Antonio Saco, que de sta fuera vctima. Los procedimientos iniciados por Tacn para hacer imposible la vida de peridicos dedicados a propugnar la salud y la prosperidad colectivas adquirieron tal fuerza que personas ilustradas y entusiastas inclinadas a hablar y escribir sobre asuntos de utilidad general tuvieron que enmudecer. La intolerancia gubernamental lleg al extremo de no permitir que en Cuba se publicasen sin mutilaciones o deformaciones los mensajes de la Corona a las Cortes y los debates en el seno de stas desarrollados. Entre los empeos ahin3

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4 Historia de la Nacin Cubana cadamcntc cultivados por los agentes de la Metrpoli en a Colonia figuraba el de mantener a la poblacin cubana en la mayor ignorancia. En los estudios superiores, no menos que en la instruccin primaria, se viva bajo el signo del atraso. Dentro del rgimen colonial este hecho tenia dos vertientes. Por una de ellas corra la resistencia del Estado a prohijar o proteger iniciativas enderezadas a producir reformas en la enseanza. Por la otra vertiente se exhiba la invencible oposicin a todo intento particular de cultivar las mentes, siendo as que a personas respetables se negaba licencia para ofrecer gratuitamente lecciones de mera literatura. El ilustre Saco tuvo a Cuba por el ms infeliz de los pueblos, puesto que no se le permita emitir opinin alguna acerca de los impuestos que satisfaca. La Isla, privada de representacin en las Cortes del Reino, no contaba tampoco con rganos locales de carcter oficial de que pudiera servirse para manifestar su inconformidad o sus reparos respecto de las contribuciones que pagaba. Y la gravedad de estas negaciones suba de punto ante la ausencia en la Colonia de los beneficios provenientes de las recaudaciones. Casi las tres cuartas partes de los dineros que producan las aduanas se empleaban en las fuerzas armadas que la Metrpoli mantena organizadas para conservar su dominacin en la Isla. Las enormes cantidades que en sta obtena el Erario se invertan en gastos improductivos, en atenciones ajenas, en tierras extraas, jams en fecundar su suelo ni en mejorar la condicin social de sus hijos. Las facultades omnmodas conferidas por Fernando YII al capitn general de Cuba en tiempo de Vives alcanzaron sumidad, por inexorable aplicacin, en poca posterior, en una poca que pareca interminable. La ms alta expresin de la justicia colonial radicaba en la Comisin Militar Ejecutiva y Permanente de a Isla de Cuba, armada de atribuciones que le permitan disponer discrecionalmente de los bienes, honras y vidas de los naturales del pas. Las justicias ordinarias eran privadas por la Comisin Militar del conocimiento de todo aquello que el draconiano tribunal reclamaba, con razn o sin ella, como de su incumbencia. La independencia de los organismos judiciales de hecho no exista: exista el influjo de la espada del hombre de turno que el gobierno de Madrid, de real orden, destinaba a mandar en la mayor de las Antillas, la ms rica, y quiz, por ms rica, la ms desgraciada, de las posesiones ultramarinas de Espaa. La poltica de Espaa no poda dejar de ahondar las diferencias entre las condiciones polticas, sociales y econmicas de la Metrpoli y las que trataba de imponer en la Colonia, Todo intento de loable enten-

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Js' Antonio Saco

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Jos Antonio Saco. El ms grande y vigoroso de los polemistas que Ha producido Cuba, talento enciclopdico* autor celebrad simo de una monumental Historia de iu Encliuiturf, que aun se cita cou encomio. Discpulo y continuador del P. Vrela en el benemrito Seminario de San Carlos i desterrado por el spero general Tacn, porque la juventud cubana segua con mucho calor sus ideaSj el ilustre escritor bayam.es ensay su bien cortada pluma en el tratamiento de las ms graves y trascendentales cuestiones cubanas de su tiempo. Enemigo tenaz de la tendencia anexionista — t el anexionismo esclavista sobre todo — Saco quiso que sobre la losa que cubriera sus (lepo jos mortales se colocara este significativo epcali; "Aqu yace jse Amonio Saco* que no fue anexionista, porque u ms cubano que todos ios anexionistas**. Ef retrato que se publica es copia de una fotografa obtenida por el seor Domingo Guillermo de Arozarena, perteneciente a, la Coleccin bigamia -Cae da. que se consen a en el Archivo de la Academia de la Historia de Cuba. 0

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Toree tratamiento a los naturales pe la Isla $ dimicnto, sobre la base de un trato razonable y justo, chocaba con obstculos fabricados en la Corte y colocados en el camino de la concordia y de la equidad por los agentes de la Corona en la Isla y por quienes de tal estado de cosas se aprovechaban para adelantar intereses bastardos. La reafirmacin del rgimen colonial descansaba en el imperio de una conducta dirigida a dar todo a los dominantes y negar todo a los dominados, sin que importase nada la presuncin de que as se avanzaba hacia la destruccin de lo que precisamente se pretenda retener ms por fuerza que de grado* Naturalmente, el afn de establecer diferencias fundamentales entre las maneras de gobernar a Espaa y a Cuba — Espaa en nn ambiente de libertades pblicas y Cuba en la agona de esclavitudes polticosociales — se reflej en las personas* Con extrema torpeza fueron tratados a raz del convenio de Ver gara los naturales de la Isla que como jefes y oficiales haban peleado en la Pennsula contra la reaccin vinculada en la rebelin carlista* Aquellos que solicitaron regresar a Cuba con sus grados y honores, terminada ya la guerra civil, recibieron por respuesta la notificacin de que deban renunciar a su condicin castrense y volver a su pas como simples particulares. Los hombres que en Espaa se llamaban enemigos del absolutismo, y contra el mismo bregaban, para Cuba lo queran tan sin razn, y tan sin razn pretendan hacerla vctima de inicua desigualdad, que ni siquiera les pareca admisible que los antillanos all con categora de hroes pudiesen ac vestir uniformes y portar sables. Esto era signo de autoridad, y el ejercicio de la autoridad en su propia patria, aunque fuese al servicio de la Metrpoli, estaba vedado a los nacidos en la Colonia. El traslado de la secular Audiencia de la Espaola o Santo Domingo a Puerto Rrncipe habia entraado una ventaja para Cuba. Pero no fu todo lo satisfactorio que pudo haber resultado. La posicin geogrfica de Puerto Prncipe mantena al alto tribunal alejado del centro principal de la actividad de Espaa en las Antillas, Desde haca mucho tiempo ese centro estaba en La Habana, por su poblacin y por el volumen de los negocios que se desenvolvan en la capital de Cuba. La superfluencia de asuntos judiciales en La Habana sin el complemento de un tribunal colegiado de la categora de una audiencia fu causa, a juicio de funcionarios espaoles, del aumento de la corrupcin dominante en el foro de a parte occidental de la Isla. Adems, en la confusin que en la Metrpoli produca el complejo de arbitrariedad oficial e inquietud cubana, se lleg a creer que la instalacin de una audiencia sera capaz de sosegar a los hombres que permanecan en

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6 Historia de la Nacin Cubana guardia y hasta en actitud dscola contra los excesos de quienes mandaban en la Colonia. El gobierno de Tacn extrem el rigor en los comienzos del segundo tercio del siglo xix. Tacn no hizo asesinar a los adversarios del rgimen que l encabezaba en Cuba* pero lanz al destierro a muchos hijos del pas, entre los que sobresali Jos Antonio Saco. Espaa se ocup en apretar los resortes coercitivos. Cuanto a las manifestaciones del espritu pblico sobre el suelo de la Isla* presumi que con medidas como la traducida en la ereccin de una audiencia en La Habana sera capaz de atajar el ascenso de las ideas incrementadas por la exclusin de Cuba de la comunidad espaola, que a tanto equivala el haber cerrado las puertas del Parlamento a los diputados de la Isla y privado de las prerrogativas constitucionales vigentes en la Metrpoli a los cubanos so color de que las posesiones de Ultramar se regiran por leyes especiales destinadas a producir la felicidad de sus habitantes. Por distintos conductos se manifest la conveniencia de dotar a La Habana de un tribunal colegiado que absorbiese el conocimiento de los litigios de importancia suscitados en la mitad occidental de la Isla, A la Corona llegaron solicitudes y dictmenes procedentes de los principales funcionarios de Cuba, del Tribunal Supremo, del Consejo Real y del de Indias. La reina gobernadora —Mara Cristina de Borbn, viuda de Fernando VII y madre de la menor Isabel II— se conform con esas opiniones, favorables a la creacin del aludido tribunal. Adems, pesaba en su nimo, a su decir, el deseo de proporcionar fcil y segura justicia a los fieles habitantes de la importante isla de Cuba, persuadida la Reina de que ste era ei mejor medio de sosegar a los pocos hombres inquietos que en la Colonia se abrigaban y penetrada de la obligacin de excusar ta necesidad del rigor. Tales fueron los fundamentos del real decreto de 7 de agosto de 183 8 que dispuso: 1. Se erigiran en La Habana una audiencia con las mismas facultades y categora que por las leyes de Indias correspondan a las audiencias pretoriales, y, por lo tanto, se la considerara de ascenso para los magistrados y jueces que hubiesen dado pruebas de entereza, saber y virtud en otros tribunales, o para los abogados distinguidos de los tribunales superiores, con tal que unos y otros hubieran desempeado durante no menos de diez aos las funciones judiciales o ejercido a profesin de abogados, 2. La Audiencia de Puerto Principe continuara en esta residencia. 3. E territorio de a Audiencia de Puerto Prncipe quedara limitado a las dos provincias o departamentos denominados Oriental y Central de Cuba, en el ltimo de ios cuales estaran comprendidos los

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Creacin de la Audiencia pretorial de La Habana 7 gobiernos de Trinidad y Fernandina de Jago a. El resto del territorio de la Isla qued asignado a la Audiencia de La Habana* 4* La Audiencia de La Habana se compondra de: a) un regente, con la dotacin anual de seis mil pesos fuertes; b) cuatro ministros y dos fiscales, con la de cuatro mil quinientos pesos fuertes cada uno; c) dos porteros, con la de trescientos pesos fuertes cada uno. Los relatores, escribanos de cmara y dems subalternos necesarios percibiran nicamente los emolumentos de arancel, y estos oficios se conferiran en la forma proscripta por las ordenanzas para las audiencias de Reino* 5, Se destinara para el servicio de la Audiencia la parte de la Casa de Gobierno que haba designado el Capitn General, y se adoptaran las dems medidas de economa por el indicadas para que la Audiencia quedase establecida con el menor gasto posible* 6* La Audiencia de Puerto Prncipe se compondra de un regente, cuatro ministros y un fiscal* En todo lo dems conservara su planta, con las mismas dotaciones, exceptuadas las reformas que conviniese hacer respecto de subalternos* 7. La Junta de Hacienda de La Habana se compondra de los ministros que designaban las leyes de Indias, y se excusara la asistencia de los suplentes, como los sueldos que se les pagaban, 8, El capitn general de Cuba sera el presidente de las audiencias de la Isla, con las prerrogativas que le sealaban las leyes* En este concepto, cuidara de proponer, con acuerdo de ambos tribunales, el mejor medio de asegurar la justicia as por lo que tocaba a la institucin de juzgado de primera instancia como por lo concerniente al orden y forma de proceder en los juicios. En el entretanto procuraran las dos audiencias aplicar el reglamento provisional para la administracin de justicia de 26 de septiembre de 1835, con las modificaciones adoptadas ya en Puerto Rico, y las dems que estimasen indispensables de concierto con su presidente, quien dara cuenta al gobierno de la Reina* 9 En igual forma se propondran las enmiendas que conviniese hacer en la planta de los mencionados tribunales, para que, despus de ensayada la que provisionalmente se les daba, contando ya con los avisos de a experiencia, se perfeccionase su arreglo definitivo de la manera ms estable y legal. Pocos das despus de firmado el real decreto de creacin de la Audiencia Pretorial de La Habana, en el curso del mismo mes de agosto de 1838, fue nombrado su personal, a saber: regente, Fermn Gil de Linares; ministros, Pablo Mara Paz y Membiela, Jaime Mara Sala y Azara, Manuel Remn Zarco del Valle y Jos Sierra; fiscales, Jos Antonio Olaeta y Jos Berna!; relatores, Jos Ortiz de Leyta, Francisco

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8 Historia de la Nacin Cubana Vallejo, Francisco Escolarlo y Jos de Laplana; escribanos de cmara, Ignacio Escoto, Ricardo Federico y Juan Mendoza; y procurador de numero* Regino Martn. Estas designaciones y otras que de ellas fueron consecuencia recayeron en espaoles de la Fennsula, lo que entra un nuevo agravio para los nacidos en Cuba, deliberadamente excluidos de toda participacin en el manejo de los intereses pblicos del pas* As lo advirti en aquella misma poca, el 24 de septiembre de 1838, Francisco Muoz del Monte, a la sazn en Madrid, en carta privada a Domingo del Monte. Muoz del Monte, enrgico protestante contra la poltica implantada en Cuba por Tacn, habl con claridad a Del Monte. Vea torpeza e injusticia en los actos relacionados con la creacin de la Audiencia Pretorial de La Habana, para la cual slo haban sido nombrados ministros y dependientes europeos, no obstante haber existido algunas docenas de aspirantes de la Isla tanto para las plazas de magistrados como para las tenencias de gobierno de La Habana, dos de las cuales haban sido provistas en los diputados Villa verde y Parejos. Muoz del Monte invit a Del Monte a tender la vista en todos los ramos, en lo legislativo como en lo administrativo, en lo econmico como en lo judicial, seguro de que en todas partes encontrara profundamente grabada la huella de la forma!, inflexible e irrevocable determinacin de alejar a los cubanos de toda intervencin, de toda participacin en sus negocios. Bajo ese signo malaventurado surga a Audiencia Pretorial de La Habana, Su advenimiento slo responda al propsito de reforzar el excesivo aparato de defensa por Espaa mantenido en Cuba? La respuesta estaba en la afirmacin de Muoz del Monte: en Madrid era inflexible e irrevocable la determinacin de apartar a los cubanos del manejo de los asuntos pblicos de su propia patria. Por su condicin de Capitn General de la Isla, sera Joaqun de Ezpeleta el presidente de la Audiencia Pretorial de La Habana, A su cargo qued la direccin de los trabajos que deban culminar en la instalacin del nuevo tribunal. La necesidad de aguardar a que llegase el personal enviado desde Madrid demor varios meses la inauguracin. AI fin, sta fue dispuesta para el 8 de abril de 1839. La instalacin de la Audiencia Pretorial de La Habana estuvo acompaada de ceremonias y pompas extraordinarias, muy acordes con los usos y costumbres imperantes en la colonia de una monarqua. Desde mucho antes del da sealado para aquel acto hubo actividades especiales en la esfera oficial de la capital de Cuba. El hecho de que el Capitn General fuese el presidente del nuevo tribunal concentraba en ste inusitada atencin.

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Exclusin de los cubanos del alto personal 9 Ya el real decreto de creacin de la Audiencia advirti que al servicio de la misma se destinaba la parte de la Casa de Gobierno designada por el Capitn General* ste escogi las salas de uno de los ngulos del piso principal de Palacio: el ngulo correspondiente a la esquina de las calles del Obispo y de los Mercaderes* Iban a convivir bajo el mismo techo la primera autoridad de la Isla, su principal Ayuntamiento y su ms alto tribunal* No se trataba solamente de un mero hecho fsico. El Capitn General presidia tambin el Cabildo. Capitana General, Audiencia y Ayuntamiento — gobierno de la Isla, justicia y gobierno municipal — eran regidos, en ltimo trmino, por una sola voluntad* La centralizacin estaba clara. Y centralizacin y absolutismo eran valores equivalentes en Cuba. La exclusin de los cubanos del alto personal de la Audiencia fue en cierto modo rectificada mediante determinaciones posteriores a la fecha de las primeras designaciones. Dentro de esa poltica estuvo la concesin de los honores de ministro de la Audiencia Pretorial de La Habana a Bernardo de Hechavarra y O’Gavn, asesor titular del Juzgado Patrimonial y de la Real Casa. Con anterioridad a la instalacin de la Audiencia le fu sealado di a para que prestase juramento como tai ministro. La ceremonia dio lugar a un incidente que puso de manifiesto algo de lo que habia en el subsuelo cubano. Hechavarra fu invitado a jurar que no reconoca el principio de residir la soberana en el pueblo. Su respuesta fu terminante: dijo que no le era posible hacer este juramento por estar el mismo en oposicin a los principios del gobierno representativo. Y se mantuvo firme en su actitud, no obstante haberlo amonestado el Capitn General. ste se sinti preocupado por la conducta de Hechavarra. Llam la atencin del gabinete de Madrid hacia las ideas que pareca profesar el letrado. Si a su presencia y en acto solemne — discurri Ezpeleta — se produca el recin nombrado ministro con tan poco comedimiento, era fcil colegir cmo se expresara particularmente. Adems, le mortificaba que una persona avara de reunir gracias y destinos provenientes de la Corona pretendiera conducirse as en un pas cuyas leyes no poda ni deba ignorar. Ezpeleta consider que a la reprensin por l dirigida a Hechavarra era menester que Madrid aadiese la negacin de las nuevas mercedes que pronto solicitara. A principios de abril de 1839 se ultimaron en La Habana los preparativos del establecimiento de la Audiencia Pretorial. Se dispuso la realizacin de actos externos e internos. A los externos di ocasin el recibimiento del Real Sello destinado al Tribunal. Los internos se refirieron a la inauguracin de las tareas que le eran privativas.

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10 Historia i>e la Nacin Cubana El 8 de abril de 183?, a las nueve de la maana* se reunieron el regente y los magistrados de la Audiencia Pretorial de La Habana en la parte de Palacio destinada a sala del Real Acuerdo* De all pasaron a la habitacin del Capitn General, bajo cuya presidencia regresaron poco despus y se constituyeron en pleno Acuerdo, a fin de consumar el acto inaugural de la Audiencia* Fu ledo el real decreto de ereccin. El Capitn General prest juramento como presidente del Tribunal y lo tom a sus restantes miembros. El de los relatores, escribanos de cmara, canciller, porteros y alguaciles fue recibido por el secretario del Rea! Acuerdo* Ezpeieta pronunci un breve discurso. Manifest que la Audiencia Pretorial de La Habana quedaba siendo e tribunal superior de justicia de Cuba, Aludi a los propsitos regios inspiradores de la creacin de la Audiencia: vigilar el exacto cumplimiento de las leyes e impedir de cerca los abusos introducidos en el foro. Sent que la Reina Gobernadora haba remediado el inconveniente de la distancia a que se hallaba de Ja capital de la Isla la Audiencia de Puerto Prncipe, Por ltimo, declar instalada la Audiencia Pretorial y a sus magistrados en el goce y ejercicio de sus jurisdicciones y mand a despejar la sala. Desde sta el Real Acuerdo acompa a Ezpeieta hasta su habitacin* Entre las funciones de la Audiencia Pretoral se hallaba la de intervenir en el recibimiento de los abogados. Desde fines del siglo xviii hasta entonces los letrados cubanos haban tenido que acudir a Puerto Principe, cuya Audiencia, nica existente en la Isla, era a encargada de habilitarlos. Los dos primeros abogados recibidos en La Habana fueron Jos Victoriano Betancourt y Manuel Costales y Govantes. La casualidad quiso que en ambos se juntaran, con la condicin de hombres de toga, los ttulos de servidores del pas en las letras, la reforma de las costumbres y el fomento del espritu pblico* El funcionamiento de 1 a Audiencia Pretorial no cerr e! paso a las dificultades que con frecuencia se producan en Cuba, Poco ms de tres meses despus de instalado el Tribunal el Capitn General se dirigi al gabinete de Madrid para exponer los obstculos con que tropezaba. Slo con el concurso del tiempo se obtendran los buenos efectos que la Corona haba previsto y que* efectivamente, exiga e corrompido estado del foro de la Isla, segn las palabras de Ezpeieta. Otros inconvenientes subsistan* El ms sealado consista en a amplitud de Jas atribuciones que las leyes de Indias concedan a la Audiencia Pretorial de La Habana para todos los asuntos de gobierno e inters general, Ezpeieta consideraba que en el Nuevo Mundo la naturaleza de

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Leopoldo OÂ’Dqnnell en la Capitana General 11 Las cosas no era entonces igual a a dominante en el siglo xvl En realidad de verdad, la administracin de justicia sola chocar con los planes concebidos en Espaa para conservar los restos de su imperio ultramarino* Lo primero que se destacaba en tas relaciones entre los tribunales de justicia de a Colonia y el casi permanente conflicto suscitado por os anhelos liberadores de Cuba en el segundo tercio de! siglo xix era la incompatibilidad que los capitanes generaes encontraban entre sus facultades omnmodas y las inclinaciones a proceder con arreglo a derecho que solan exhibirse en tales tribunales* En la forma haba manifiesta contradiccin* En el fondo la pugna se presentaba y creca cada vez que la opresin de los gobernantes chocaba con el sentido de defensa de los gobernados* En los das de la creacin de la Audiencia de Pretorial de La Habana el Capitn general de Cuba tuvo oportunidad de expresar al gabinete de Madrid noticias y preocupaciones que lo asaltaban con referencia al sosiego pblico en la Isla* En una composicin potica titulada El cntico del esclavo contempl toda una excitacin enderezada a producir la insurreccin de los esclavos de Cuba y la inmediata muerte de sus amos: nada menos que un gran servicio prestado a los metodistas* Metodistas apellidaba el Capitn General a los animadores de soluciones liberales y humanas para ia Colonia* En una sociedad donde era obligatorio y ex c! oyente el culto catlico resultaba cmodo para los usufructuarios del rgimen, y no precisamente por celo religioso, atribuir a sus adversarios ia condicin de miembros de una secta proscripta por el Estado, Contra tales expansiones de los espritus insumisos, a juicio de los procuradores del absolutismo colonial, no poda haber freno ms eficaz que el constituido por la decisin de mantener sujeta la vida de los habitantes del pas a las limitaciones y coerciones concebidas por quienes mandaban, Y el antagonismo de esta manera incrementado tena que buscar salida por dondequiera. La centralizacin no daba paso a innovacin alguna capaz de producir alivio en la masa de ia poblacin criolla o esperanza de justas soluciones en sus conductores naturales. La presencia de Leopoldo OÂ’Donnell en ia Capitana General remach la decepcin de los cubanos* En l, una entre cien ocasiones, se cumpli el perturbador principio que depositaba el mantenimiento de las posesiones ultramarinas de Espaa en individuos a quienes os hombres influyentes en la Corte necesitaban premiar por servicios de partido o alejar de la Pennsula

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12 Historia de la Nacin Cubana por razones polticas. Puesto que se consider obligado a preservar la Colonia de graves conflagraciones, OÂ’DonnclI tom el camino trillado por Tacn. El adelanto del pas aconsejaba rectificaciones en su divisin administrativa. De esta coyuntura se vali OÂ’Donnell para aumentar el numero de tenencias de gobierno, Pero semejante medida se hall lejos de significar una loable y justa modificacin de las condiciones polticas de la Isla. Todo teniente de gobernador era nombrado sin intervencin de la voluntad o la aquiescencia de los llamados a ser regidos por el encumbrado funcionario, el que por lo comn adecuaba su conducta al deseo de ser ciego agente del Capitn General, su superior jerrquico. En siendo el Capitn General sordo a los clamores cubanos, como lo era OÂ’Donncll, los tenientes de gobernador estorbaban y retrasaban la adopcin de procedimientos de templanza y equidad en a medida misma en que ellos eran ms y, por consiguiente, les era posible vigilar de ms cerca las inclinaciones y los movimientos de aquellos a quienes regan, por muy inocentes c inofensivos que resultasen sus maneras de discurrir y obrar. Clara idea de las demasas a que llegaba la concentracin de atribuciones en una sola autoridad en Cuba poda tenerse con slo observar las del comandante general de Departamento Oriental de las Isla. Este funcionario, adems de la direccin y el manejo de la regin en lo poltico y lo militar, juntaba en s! os cargos de vicepatrono regio, jefe de la Junta de Fortificacin, presidente de la Comisin Provincial de Instruccin Primaria, juez protector de la Sociedad Filarmnica Cubana y rector de la Sociedad Econmica de Amigos de Pas de la ciudad de Santiago de Cuba, todo esto bajo el rgimen de facultades omnmodas de tipo castrense y el arbitrario tribunal de justicia constituido por la Comisin Militar Ejecutiva y Permanente que mantenan la Colonia en perenne estado de sitio. Con gobernantes que en sus manos acumulaban tantos y tan recios resortes todo pareca conspirar contra la probabilidad de una saludable convivencia entre espaoles y cubanos. Pensamientos y palabras de quienes administraban los negocios pblicos empeoraban sus excesos. La suspicacia se enseoreaba de los gobernantes, En La Habana se recordaba la perplejidad, hija de una penuria mental absoluta, en que cayera el funcionario encargado de la censura regia al leer frases de Jos de la Luz y Caballero, todo mesura y comedimiento, que trasparentaban cierta duda acerca de la posibilidad de que Cuba tuviese historia y sealaban el nico tronco humano que el sabio maestro viera en el yermo de virtudes que era la Colonia.

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Empleo de procedimientos coercitivos n Peor que esto an era la tendencia a dividir la poblacin del pas en buenos espaoles y malos espaoles* Segn ios detentadores de las posiciones gubernativas, slo ellos y sus secuaces eran buenos espaoles* Los dems habitantes de la Isla, en su inmensa mayora nacidos en ella* eran llamados malos espaoles por torpes calificadores* O’Donnell, apoyado en aquellos que a s propios se tenan exclusivamente por buenos espaoles, condujo los intereses pblicos en forma que excit y agrand los sentimientos de inconformidad nutridos por los cubanos* El Capitn General llev a muchos de los ms afanados en el encauzamiento decoroso y til de los negocios colectivos a pensar en soluciones extremas, dictadas por la conviccin de que resultaban baldas las esperanzas depositadas en todo empeo de evolucin frente al despotismo militar dominante en la Isla* Los polticos de Madrid continuaban manteniendo a Cuba excluida de la comunidad institucional hispnica y entregada al rgimen circunscripto a la voluntad omnmoda de la suprema autoridad colonia!. Encarnada se hallaba sta en hombres de la contextura de O’DonnelL Las derivaciones tenan que ser fatalmente destructivas* Una famosa causa por conspiracin — la denominada de La Escalera, por la forma de uno de los suplicios empleados en la investigacin judicial — envolvi a miles de negros y blancos acusados de hallarse en connivencia para derrocar la soberana de Espaa en esta Antla, llen t4 las fortalezas de cubanos sospechosos por su liberalismo y amor al pas”, condujo a las prisiones y al cadalso a individuos exentos de responsabilidad y sembr el terror en la sociedad insular* Uno de ios perseguidos, Jos de la Luz y Caballero, aun cuando pudo salir del proceso tras la alegacin de que libraba su defensa en el mrito de los autos y en la justificacin de! Tribunal, se vio sujeto a las resultas de una trama urdida por la inmoderacin y la perversidad* As y todo, no se limit a eso la nefaria obra de O'DonnelL En tanto crecan los sumarios incoados contra los reales o supuestos revolucionarios del Departamento Occidental de la Isla e Capitn General daba pbulo a la trata africana, para l fuente de ingresos tan elevados como ilcitos, y constrea a los criollos a tomar la va de la violencia* Los procedimientos coercitivos empleados por O’Donnell aumentaron el desasosiego y la rebelda en los cubanos* Frente a cada esfuerzo cvico se levantaba un exceso gubernativo. Hasta las ms ntimas expansiones sociales caan bajo la ojeriza oficial. Estas medidas subalternas de precaucin y represin concordaban con la substancia del sistema concebido y desarrollado para cortar el avance de la transfor-

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14 Historia de la Nacin Cubana m acin poltica del pas que, no obstante tales cortapisas, o por efecto de las mismas, prosegua en la ascensin que abonaban sus fuerzas vitales, las corrientes de la poca y el curso incontenible de toda sociedad humana. Los cubanos no ignoraban las dificultades inherentes a los afanes en pos de la independencia. Era realidad dursima que la ilusin de contar con el apoyo de pueblos libres vecinos —ilusin en momentos pretritos muy acariciada— yaca sepultada desde la fecha en que Mxico concluy con Espaa el pacto secreto enderezado a no propiciar ni tolerar en su suelo actividad alguna favorable a la emancipacin de las Antillas hispnicas. As las cosas, los liberales de Cuba acaloraron la idea de obtener franquicias dentro de la Colonia, Moderadas innovaciones habran bastado para satisfacer sus anhelos; a) creacin en Madrid de un ministerio especial de Ultramar; b) formacin en la Isla de un rgano legal de comunicacin entre Espaa y Cuba, capaz de representar los intereses bien entendidos de la Metrpoli y la Colonia; c) otorgamiento de alguna latitud a la prensa; d) adopcin de medidas eficaces para a cesacin completa del comercio de esclavos procedentes de Africa; e) autorizacin para el establecimiento de sociedades consagradas al fomento de la colonizacin blanca en la Isla; f) modificacin del sistema tributario. El patriotismo cubano se resolvi a consumar todos los empeos compatibles con la situacin imperante. Continu la difcil tarea de "'resistir las demasas de los capitanes generales y de sus secuaces en el mando de a Isla por los medios que estuvieran a su alcance, ilustrar al gobierno supremo en las cuestiones polticas y econmicas relativas al pas, promover en todo l el fomento de los intereses generales y la educacin popular y dirigir la opinin pblica hacia un bien comn 5 \ Hombres de altas calidades se sintieron inclinados a combinar e impulsar planes de importancia suma para el pas. El estado de Cuba y la ndole de sus gobernantes eran opuestos a la realizacin de nobles fines, tenidos por pretextos para lograr segundas intenciones atribuidas a generosos patricios. La verdad era que stos se empeaban ms en evitar una revolucin que en precipitarla. Rehusaron marchar por caminos que pudiesen conducir a la guerra, y encararon con estoicismo el sacrificio de sufrir sin gloria y trabajar incesantemente por el bien de la Isla, aunque hurfanos de la esperanza de recoger frutos tempranos. Cortaron toda relacin con la vida gubernamental. Se encastillaron en Jos lmites de la privada para fomentar sus intereses particulares sin dejar de dedicar sus talentos y fortunas al auge de la riqueza pblica. Unos promovieron la apertura de esta-

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El peso de la influencia norteamericana IS blecimientos docentes en las ciudades principales. Otros se afanaron en incrementar las comunicaciones interiores y allegar a los chpos la civilizacin por medio de vas frreas y mquinas de vapor. Otros pusieron sus plumas al servicio del mejoramiento de la prensa peridica* utilizada para divulgar las artes y las ciencias y ventilar cuestiones sociales aun en los dbiles y disimulados tonos impuestos por la incomprensin y la intolerancia* En suma, todos concurrieron a la empresa de propugnar el cuasi milagro de evitar una lucha cruenta sin faltar a los dictados ms puros del corazn ante desmanes elevados a sistema* Al abandonar su mando OÂ’Donnel se hallaba Cuba en peores condiciones para Espaa que aquella en que la haba dejado Tacn. Los criollos de ideas liberales arribaron a la persuasin de que era infantil aguardar de la poltica espaola soluciones salvadoras. Adems, hombres avisados seguan con avidez los sucesos fundamentales de la poca. El resurgimiento de las nacionalidades en Europa tena resonancias en una isla americana rezagada respecto del proceso de la independencia del Continente* La revolucin francesa derrocadora del trono de Luis Felipe de Orlens alent a los antillanos que pensaban en la emancipacin* Llegara a Madrid la riada republicana triunfante en Pars? Y, en transformndose el rgimen institucional hispnico, no contara Cuba con una probabilidad ms para advenir a un orden de cosas superior al que soportaba? Por otra parte, la influencia norteamericana pesaba cada vez con mayor decisin en un pas tan vecino a la Unin que algunos de los estadistas de sta lo consideraban apndice natural de la vasta nacin que acababa de acrecentar su rea y podero a expensas de Mxico*

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Captulo II ACTITUDES INSULARES E L concepto que los representantes de Espaa en Cuba tenan de de sus deberes los conduca con frecuencia a peligrosos extravos* Uno de estos consisti en suponer que la administracin de justicia no exista para realizar la constante y perpetua voluntad de dar a cada quien lo suyo, sino para reforzar y endurecer la dependencia en que se hallaba la Isla respecto de la Pennsula. La Audiencia de Puerto Prncipe fu una de las piedras de toque de esa estrecha manera de ver y apreciar a coordinacin de los resortes polticos y sociales de la Colonia. Durante algunos aos se haba agitado enrgicamente en La Habana la pretensin de que se trasladase a esta capital la Audiencia instalada en Puerto Prncipe. Se haba aducido en la esfera oficial la razn de que* por la importancia del Tribunal, el ms antiguo de Amrica, no deba estar su asiento sino en La Habana. Pero la expresin de este motivo no sigui acompaando la mentada aspiracin. Creci en La Habana el deseo de tener un tribunal colegiado de importancia, y, al fin, advino la Audiencia Pretorial. El xito entonces alcanzado slo satisfizo en parte* Los rectores de la Colonia empezaron por considerar peligrosa la coexistencia de dos audiencias en la Isla y acabaron por diputar la de Puerto Prncipe en extremo daosa para la paz pblica y para a perdurabilidad de la soberana de Espaa en Cuba. Las ideas expuestas alrededor de estas apreciaciones pusieron en claro el sentido de la poltica oficial seguida en la Isla con desprecio de los avisos de la experiencia* El capitn general Federico Roncali tom a su cargo en 1849 las gestiones encaminadas a suprimir la Audiencia de Puerto Prncipe. Conjuntamente con tal medida propuso que se trasladase a Puerto Prncipe la comandancia general del Centro, que se hallaba en Trinidad, porque as lo demandaban "el bien de la Isla, la conservacin de orden y los mejores medios de defensa, y entonces mejor sera que all no hubiese Audiencia, corporacin ni autoridad que pudiese disminuir 16

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Jos Gutirrez de la Concha 17 con su posicin social el brillo de la Comandancia Militar”, que era reflejo de la Capitana General, como sta lo era de la Corona, A juicio de Roncali, era necesario en las Antillas hispnicas, ms que en otro pas alguno, que el lustre exterior guardase armona con la realidad del mando y que el mismo fuese uno y nunca padeciera en el roce con otras jurisdicciones. Para lograr semejante aspiracin, y aun cuando todava no era Puerto Prncipe asiento del vistoso aparato militar deseado por Roncali, quera ste empezar por eliminar a la Audiencia, punto de atraccin de gentes letradas y despiertas. Los pretextos y razones aducidos para conseguir la supresin de la Audiencia de Puerto Prncipe adquirieron vigor y solidez desde el punto de vista espaol ai iniciarse a segunda mitad del siglo xix, Jos Gutirrez de la Concha fu el llamado a exponerlos con insistencia. Este capitn general, tan distinguido por el rigor de sus procedimientos como por la agudeza de algunos de sus juicios como gobernante, replante la cuestin de la eliminacin del tribunal existente en Puerto Principe en momentos que consideraba de inminente peligro para la conservacin de Cuba por parte de Espaa, Jos Gutirrez de a Concha tuvo por la primera y ms importante y urgente de las obligaciones que se impuso a! aceptar el gobierno de Cuba en 1 S 5 0 la de velar por la inalterabilidad de la unin de la Isla con Espaa, La subsistencia de la Audiencia de Puerto Prncipe, a su entender, atacaba directa y gravemente esa unin. Exista de entrada una razn potsima para quien apreciaba con criterio castrense las cosas sometidas a su voluntad y mando: la supresin del citado tribunal colegiado estaba aconsejada por la necesidad de introducir economas en ciertos gastos pblicos para mejor atender a los aumentos con que haban sido favorecidos el ejrcito y la armada destinados a dificultar la libertad de Cuba, La fuerza creca a expensas del derecho. En el complejo de intereses y conflictos a que Concha haca frente se hallaban en juego el arreglo definitivo de la administracin de justicia de la Isla, la perentoriedad de nivelar los ingresos y egresos de a Colonia y la seguridad de la dominacin de Espaa en las Antillas. Para Concha, era Puerto Prncipe, si no el ms peligroso, uno de los puntos ms peligrosos de Cuba. Y lo ms peligroso de Puerto Prncipe era a Audiencia, que deba desaparecer, y pronto. Tres eran los elementos principales que entraban en la composicin social de Cuba, a saber: a) los espaoles naturales de la Pennsula y sus islas adyacentes; b) los blancos nacidos en Cuba; c) los habitantes de la Colonia pertenecientes a las razas de color. Estos tres ncleos man-

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18 Historia de la Nacin Cubana tenan un sistema de contrapesos. Los espaoles del otro lado del Atlntico queran conservar a todo trance a unin entre la Colonia y la Metrpoli, Los cubanos blancos no estaban por regla general en anloga disposicin* Los negros, en su mayor parte esclavos y desafectos a los blancos, constituan un freno para los animadores de novedades y rebeldas* Pero en Puerto Prncipe ese sistema de contrapesos fallaba, porque all los espaoles y los negros, respecto del total de la poblacin, se encontraban en proporcin inferior a los de los dems departamentos de la Isla. El Occidental, por ejemplo, tenia 38,682 habitantes nacidos en la Pennsula y sus islas adyacentes, 289 ,5 07 de color y 205,427 blancos criollos, en tanto que en el del Centro haba 5,305 espaoles ultramarinos, 81,100 de color y 109,649 blancos naturales de Amrica* Por consiguiente, el temor que las razas de color infundan a los que sin l quiz se hubiesen lanzado en la senda de !a revolucin no deba ser tan intenso en Puerto Prncipe como en La Habana. Adems, con excepcin de los distritos de Trinidad y C enfuegos, no se levantaban en el departamento del Centro grandes ingenios azucareros, cada uno de los cuales supona un capital inmenso y cuya ruina era probable en una guerra, por la dificultad do contener a las grandes masas de esclavos que componan sus dotaciones. No eran las apuntadas las nicas circunstancias que aumentaban la peligrosidad de Puerto Prncipe para la integridad de la dominacin hispnica en Cuba. Sus habitantes blancos eran por lo comn robustos, porque estaban dedicados a las labores del campo, a diferencia de lo que ocurra en ios departamentos Occidental y Oriental, donde se realizaban por esclavos el cultivo de la caa y del caf y la elaboracin del azcar y era corta la poblacin blanca empleada en la agricultura. La riqueza principal de Puerto Prncipe consista en la cra de ganado, cuidada o dirigida por gente blanca, que as adquira habilidad en andar a caballo. Con caballos en abundancia, destreza en cabalgar y terrenos llanos y de buen pasto, era fcil organizar excelentes cuerpos de caballera. La preparacin mental de los criollos del Centro era tan ventajosa como la fsica. Constituan suma considerable los jvenes que salan de all para recibir educacin en los Estados Unidos de Amrica, de donde regresaban equipados con nuevas ideas sobre la libertad y la democracia republicanas — ideas subversivas, segn Concha— que difundan entre parientes, amigos y conocidos. ( E1 ms temible, acaso, de los que en la Unin Americana trabajaban por arrancar a la corona de S. M, esta preciosa Antilla — reflexionaba el Capitn General— es don Gaspar Betancourt, natural de Puerto Prncipe, quien, despus de

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Independencia del poder judicial 19 haber recibido all una instruccin no comn y de haber vivido durante algunos aos en el pueblo de su naturaleza, difundiendo por escrito y de palabra sus perjudiciales doctrinas, volvi a Nueva York/’ Estas palabras, al cabo elogiosas para el fomentador de espritu pblico que fue El Lugareo evidenciaban las inquietudes del supremo funcionario de la Isla, afanado en acumular argumentos en pro de su deseo de que se suprimiese la Audiencia de Puerto Prncipe, La Audiencia estorbaba la accin de la autoridad militar robusta que en Puerto Prncipe, ms que en otra parte alguna, era necesaria, pero necesaria con urgencia, Y tambin la Audiencia era el motivo que atraa a la ciudad de Puerto Prncipe a muchas personas de otras poblaciones de la porcin oriental de la Isla, personas que, merced a este contacto, entraban en la esfera de influencia de las ideas revolucionarias. En el ao critico de 1851 pas de la Metrpoli a la Colonia algo que alarm profundamente al capitn general de Cuba. Una real cdula de 29 de enero estableci la independencia del poder judicial y declar que los jefes civiles de la Isla cesaban de tener jurisdiccin ordinaria. Al sealamiento de esta novedad aadi Concha el recuerdo de la antigua atribucin de legislar por medio de autos acordados que la Audiencia conservaba, y llam a lo as creado enormidad y anomala. Dentro de su criterio autoritario y absoluto, vio Concha confirmados sus temores, a mediados del propio 1851, cuando Joaqun de Agero desencaden en el Centro un fuerte movimiento armado contra la soberana de Espaa en Cuba, "Ahora —escribi Concha al presidente del Consejo de Ministros — que los sucesos de que doy cuenta han justificado mi peticin, permtaseme insistir en la urgente necesidad de aquella medida, pues que la Audiencia de Puerto Prncipe sostiene en esa poblacin un gran nmero de letrados y curiales que son los ms dispuestos a la insurreccin, y atrae de los dems distritos del territorio personas que se corrompen, pervierten y llevan a sus pueblos las prfidas ideas de que all se imbuyen/" £ Cundo se habl con mayor nfasis del servicio que a la libertad de Cuba prestaban la justicia colonial y los encargados de solicitarla en no sintindose atados por la coyunda del despotismo? En Madrid hubo durante mucho tiempo resistencia contra las pretensiones enderezadas a privar a Puerto Prncipe de la Audiencia, Sin embargo, esa resistencia acab por declinar ante las reiteraciones del Capitn General* Y Concha logr aun ms de lo que deseaba ai principio. En su afn de castigar en sus instituciones a la ciudad que haca de "centinela avanzado de la libertad” y era "nido de vboras”, barri con la Comandancia Militar, justamente el aparato que se haba quejk

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20 Historia de la Nacin Cubana rido reforzar con la supresin de la Audiencia, La Audiencia, naturalmente, desapareci. Pero, con Audiencia y sin Audiencia, en Puerto Prncipe no decay el espritu de liberacin. Los movimientos de opinin que culminaron en las insurrecciones encabezadas por Joaqun de Agero, Isidoro de Armente ros y Narciso Lpez, perturbando la paz en la parte central y en e extremo occidental del pas y conmovindolo en su totalidad, sirvieron de pretexto a polticos de Espaa y a autoridades de Cuba para esforzarse en apretar ms an, si esto era posible, la coyunda colonial. La idea de la independencia de la Isla y la de su anexin a los Estados Unidos se entreveraban en forma que hubo demasiada confusin en el ambiente hispanocubano. El caso de Jos Antonio Saco, acrrimo adversario del absolutismo mantenido por Espaa en Cuba, alcanz caracteres dramticos. El ilustre propulsor de reformas liberales para la mayor de las Antillas necesit sostener doble polmica: la polmica con paisanos suyos a que lo llev su enemiga a la incorporacin de su patria a los Estados Unidos y la polmica que sostuvo con algunos de los que, llamndose presuntuosamente buenos espaoles, sin cesar trabajaban por la ruina de los intereses de la Metrpoli en la Colonia, mantenindolas en perpetuo divorcio, condenada la segunda a ser vctima de a incomprensin de k primera. En medio de la consternacin causada por el infortunado fin de los afanes revolucionarios de mediados del siglo xix en Cuba crey Saco, situado en Europa, que poda prosperar un nuevo empeo dirigido a convencer a los gobernantes que rodeaban a Isabel II de la necesidad de conceder a la Isla algunos derechos polticos. Tuvo l por cierto que haba peninsulares de crdito y diputados de viso ganosos de que las Cortes reunidas en IS5 1 abordasen el estudio de negocio pblico de tamaa importancia. Pero pas por la angustia de contemplar que el Gobierno segua en la mala disposicin que con tanta reiteracin mostrara en punto a reformas liberales aplicables a Cuba, situacin agravada por la suspensin o disolucin de aquellas Cortes y por la actitud intransigente de partidarios de la rigidez del rgimen colonia!. En la comprobacin de valores negativos respecto de la pacfica transformacin polticosocial de Cuba hecha por Saco fueron exhibidos los argumentos usados por los sostenedores de la poltica que pretenda que la Isla continuase manejada por medio de pautas y procedimientos de justicia y gobierno muy diferentes de los usuales en a Pennsula, Aquello de las Espaas de Europa y de Amrica, unidas bajo normas de igualdad, como haban querido las Cortes de Cdiz, estaba irremisiblemente sustituido con la absurda tozudez que no vea en la Colo-

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Argumentos contra la libertad poltica de Cuba 21 nia sino una dependencia obligada a asumir todas las obligaciones de una porcin importante de la Nacin, pero sin el goce de fundamentales derechos inherentes a los hijos de a misma. Los argumentos contra la libertad poltica de Cuba esgrimidos por enemigos de ella estaban concebidos como para matar cualesquiera esperanzas de saludable rectificacin, a saber: 1. Los derechos polticos concedidos a las colonias por decreto de las Cortes de Cdiz en 1810 y por preceptos de la Constitucin en 1812 promovieron la independencia del continente hispanoamericano. Siendo as, Cuba deba seguir privada de tales derechos. 2. Cuando en Cuba rigi la Constitucin de 1812 hubo desrdenes en las elecciones. Para que stos no se repitiesen, Cuba deba ser esclava siempre. 3. Cuba se haba ilustrado y enriquecido bajo el rgimen en que Espaa la mantena. Por consiguiente, no necesitaba libertades pblicas. 4. Las seculares leyes de Indias constituan la verdadera legislacin colonial, nicamente susceptible de ligeras modificaciones para que satisficiese las necesidades de Cuba. Estaba claro que no deban introducirse en la Isla novedades polticas. 5. Cuba tena muchos esclavos. Este hecho adverta que ella no poda gozar la libertad poltica. Las instituciones existentes en Cuba mantenan e orden y la tranquilidad, y las reformas polticas ocasionaran trastornos y precipitaran la independencia. Por tanto, era improcedente toda alteracin en el ordenamiento poltico social. Ya por falsas, ya por pobres, eran inadmisibles las premisas y conclusiones de los impugnadores de las reformas que para Cuba demandaba el bien pblico y aconsejaba el sosiego colectivo. Que se temiese que la evolucin poltica condujese a la emancipacin, mayormente en un pueblo que daba seales de capacidad creadora, no poda tenerse por un desatino. Pero la aspiracin de los cubanos a la independencia era de modo vigoroso reforzada, aunque por va indirecta, con la obstinacin que la Metrpoli pona en negar a la Colonia esenciales y justas modificaciones del rgimen a sta aplicado. La lgica de los voceros de a intransigencia resultaba contraproducente. Si algn motor de fuerza incontenible haba en el desarrollo de las ideas y los hechos enderezados a obtener la secesin de la Isla, era e constituido por la renuncia de la Corte, con La complicidad y e estmulo de sus agentes en las Antillas, a dictar medidas destinadas a suavizar los procedimientos de gobierno y justicia coloniales, dar participacin a los cubanos en la direccin y administracin de sus negocios pblicos e inspirar confianza en a rectitud

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22 Historia de i, a Nacin Cubana de los polticos peninsulares. En persistiendo la Metrpoli en el empeo de negar reformas legtimas, la Colonia no podia avanzar sino por caminos apartados de toda pacifica evolucin. FJ ministerio presidido por Juan Bravo Murillo propuso la creacin del Consejo Especial de Ultramar, al que dio vida un real decreto de 3 0 de septiembre de 18 51. Esta novedad naci con ta! raquitismo que antes de que los cubanos pudiesen expresar su juicio sobre ella ya en la misma Espaa, por plumas espaolas, fue enrgicamente impugnada, Jos Antonio Saco, el sagaz procurador de la libertad de la Isla bajo el rgimen colonial, observ que el Consejo, cualquiera que fuese el punto desde el cual se le considerase, era “enteramente intil para mejorar la condicin de Cuba”. Y expuso las buenas razones en que apoyaba su dictamen* Cuba peda un Consejo Colonial como remedio idneo para sus males. Esta corporacin deba formarse por lo menos mediante el concurso de la clase influyente y propietaria que Habitaba en su suelo, deba hallarse integrado por hombres nacidos o domiciliados en a Isla y deba residir en La Habana. De una agencia de bien comn as creada poda esperar Cuba la cesacin de excesos y defectos que la perturbaban y empobrecan. Lo acordado en i a Corte estaba a una distancia abismal de lo requerido en la Colonia. El Gobierno procedi con olvido de lo que Cuba necesitaba. Se reserv el derecho de designar por s mismo a los miembros del Consejo Especial de Ultramar. Fij en Madrid e punto de sus reuniones* Determin que se compusiese de personas residentes en Espaa, ignorantes de las necesidades profundas de la Isla y sin grande anhelo de satisfacerlas. La mitad del pomposo ttulo de Consejo Especial de Ultramar contena una cosa algo nueva, pero muy atrasada en su esencia, puesto que todo se reduca a una imperfecta reproduccin del de Indias, fundado y mantenido para tiempos dejados muy atrs. Los impugnadores de los proyectos de reformas raigales para Cuba no daban descanso a sus mentes ni a sus manos mientras la Isla trepidaba por efecto de la rebelda de las conciencias mejor orientadas. En el torpe afn de negar todo a los que pedan algo, por muy lleno de justicia que esto se encontrase, incidan en notorias falsedades y contradicciones. Segn tales impugnadores, las cosas eran as: 1. Los cubanos no pedan derechos polticos. La supuesta abstencin significaba que no los deseaban. 2, En La Habana exista la Junta de Fomento. Por eso sera intil el Consejo Colonial bosquejado por Saco*

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Notorias falsedades y contradicciones 23 3* En Espaa y en Cuba* pero ms en Cuba que en Espaa, la autoridad deba ser fuerte* Era inconcebible una autoridad en Cuba que a cada paso tuviese que consultar con un cuerpo deliberante capaz de entorpecer la ejecucin de sus disposiciones* 4. La Roma antigua haba creado derechos para sus ciudadanos que no alcanzaban a los habitantes de sus colonias. Este precedente no poda ser olvidado por Espaa en sus relaciones con Cuba. 5* Cuba careca de la riqueza y la ilustracin necesarias para disfrutar de derechos polticos* Negrselos era realizar una buena poltica colonial. En todo lo de esa manera expuesto haba enormes desfiguraciones de la verdad. En lo primero, la mentira de que los cubanos no pedan derechos polticos en momentos en que padecan, sangraban y moran por conquistarlos. En lo segundo, el error de confundir la composicin y las funciones de la Junta de Fomento con las que deba tener el Consejo Colonial propugnado por Saco* En lo tercero, el desatino de creer que Cuba no poda ser gobernada sino con el uso de a violencia. En lo cuarto, la pretensin de establecer paralelo entre las conquistas militares de la Roma antigua y la conducta observable por Espaa en una posesin ultramarina por ella misma organizada a lo largo de tres siglos. En lo quinto, la negacin de que contase con riqueza e ilustracin suficientes para vivir en libertad una colonia que se adelantaba a su Metrpoli en iniciativas y obras tan fundamentales como la construccin de caminos de hierro* Grave era la exposicin de juicios adversos a las reformas que Cuba anhelaba. Pero ms grave resultaba que tales juicios reflejasen fielmente Jas determinaciones adoptadas y mantenidas en a Corte. En Espaa haba enraizado la creencia de que el despotismo era agente civilizador de las colonias y que, consiguientemente, en las mismas no deba ser introducido derecho poltico alguno mientras su contenido humano no llegase a plena madurez* En oposicin a tal criterio, reido con las enseanzas britnicas de tiempo que corra, Jos Antonio Saco, abroquelado con la autoridad que le daba el hecho de no haber mentido ni adulado nunca al gobierno de Madrid, le dirigi la grave advertencia de que o Espaa conceda a Cuba derechos polticos, o Cuba se perda 'pura Espaa. A raz de las fechas en que Saco se afan de nuevo por llevar alguna luz a las mentes espaolas que dirigan los asuntos cubanos hubo mudanza en el mando supremo de la Isla mediante la sustitucin de Gutirrez de la Concha con Valentn Caedo* La frecuencia de eam-

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24 Historia de la N acin Cubana bios como ste confirmaba la deplorable realidad a que daban vida los polticos de la Metrpoli a tomar c gobierno de la Colonia para ajustar intereses polticos que nada tenan que ver con los permanentes de la principal de las Antillas. Las sucesiones en la Capitana General se producan a intervalos cuyo promedio no llegaba a dos aos. Por supuesto, estos traspasos de poderes no significaban variacin alguna en los mtodos usados en el gobernalle de la Isla, la que continuaba esperando las leyes especiales prometidas por los corifeos de los partidos metropolitanos que haban decidido excluir a los cubanos de los derechos constitucionales de que gozaban los espaoles de Europa, En una demostracin de sus aptitudes para gobernar, aunque casi por lo comn las emplease en dao y con perjuicio de los sujetos a su frula, Jos Gutirrez de la Concha escribi y public, poco despus de su salida de la Capitana General, sus Memorias sobre el estado poltico, gobierno y administracin de la Isla de Cuba Las deducciones, reflexiones y soluciones apuntadas en este impreso tuvieron en gran parte el valor de un reconocimiento, ora explcito, ora implcito, de la correccin de las actitudes insulares frente a las demasas del rgimen colonial, Concha mostr a sus compatriotas influyentes las consecuencias de abusos y deficiencias de que Cuba era vctima por torpeza o negligencia de los detentadores de facultades polticas que iban siendo privativas de pueblo de la Isla, Los cubanos se dolan de que las leyes especales que les fueran ofrecidas por estadistas y polticos espaoles seguan en estudio al cabo de muchos aos, durante los cuales se haban aplicado en la Isla medidas opresivas, Concha emiti su concepto sobre semejante antinomia. Segn l, la excepcin constitucional estaba fundada en la necesidad de dar a las provincias de Ultramar gobiernos fuertes, destinados a desarrollar accin tan pronta como vigorosa, sin que, por consiguiente, fuese lcito que se pretendiera partir de otra base, al organizarlos, que la de la absoluta centralizacin de la autoridad. En la unidad de mando contemplaba la fuerza, la prontitud y la energa indispensables para dominar en territorios situados a miles de leguas de la Corte, La unidad de mando en Cuba tena expresin en el hecho de que el Capitn General ejerca las atribuciones de gobernador superior civil, presida el ayuntamiento de La Habana, la Junta de Fomento, la de Sanidad, la de Beneficencia y la de Inspeccin de Estudios, era superintendente de Correos, diriga los presidios y pona el sello de su voluntad en los nombramientos de los funcionarios y empleados de la administracin colonia!. Sin embargo, Concha estimaba insuficiente esta centralizacin de poderes y clamaba por algo ms rgido, ms acomo-

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A Presen Ca de Pez lela en la Capitana General 25 dado "a las sugestiones de la razn, a los principios elementales de la ciencia y hasta a la tradicin misma de la constitucin de la autoridad superior en ios reinos o provincias de las Indias", puesto que el Capitn Genera! resultaba responsable de la tranquilidad y defensa de la Isla. Del cotejo entre el duro rgimen que Cuba sufra y el ms severo an a que l aspiraba sac el General a conclusin de que en la Colonia no habla gobierno organizado. La conciliacin de espaoles y cubanos era necesaria, a juicio de Concha, para que la Monarqua conservase la principal de las Antillas. Acerca de esto l opin que el Gobierno deba cuidar de no perder el apoyo de los buenos espaoles y cultivar la intimidad con los dems habitantes del pas. Siempre se sacaba a colacin el concepto de buenos espaoles, dejando as subrayada la presencia de malos espaoles, que no podan ser sino ios que ms o menos abiertamente rehusaban vivir de rodillas ante la autoridad colonial. Respecto de stos, Concha habl de “sus sentimientos naturales, la tradicin de sus mayores, su propio idioma, el espritu religioso, por apagado que estuviera, sus costumbres y hasta el temor de caer bajo el dominio de una raza soberbia, intolerante y avasalladora**. Quien as manifestaba su pensamiento lleg a admitir la necesidad de "castigar los abusos y vejaciones que pudieran cometer ios funcionarios pblicos", a fin de asegurar "a la primera autoridad de Cuba mayores simpatas y una decidida afeccin de parte de los cubanos". Pero entre las palabras de Concha y su conducta exista una distancia semejante a la que separaba la repetida promesa de promulgar leyes especiales para la Colonia y ia invencible abstencin de los llamados a votarlas y aplicarlas. En realidad, la leccin que Concha quiso dictar encerraba notorias contradicciones. Su inmediato sucesor. Caedo, pudo creer que la segua cuando persigui a nuevos conspiradores, hacindoles imponer sever i simas sanciones, la de muerte inclusive. Tambin era presumible que Juan de la Pezuela, que reemplaz a Caedo, hubiese ledo las recomendaciones de conciliacin provenientes de Concha, pues !e plugo amnistiar a los hijos de pas que haban participado en los recientes movimientos separatistas. Pero tales posturas, as la de Caedo como la de Pezuela, respondieron a los respectivos temperamentos de estos personajes, y no a lincamientos en forma contradictoria trazados por Concha, La presencia de Pezuela en la Capitana General constituy un acontecimiento en Cuba. Fuera de su deseo de inspirar confianza en su conducta a los coba nos, l tuvo valor suficiente para frenar la codicia de ios funcionarios que se enriquecan al amparo de sus infuen2 T. iv.

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26 Historia de la Nacin Cubana cas en a Corte y desafiar la soberbia de los todopoderosos que explotaban el trfico de esclavos con violacin de tratados que comprometan la seriedad y e crdito de Espaa* Los sbditos de Isabel II que se tenan por los nicos buenos espaoles entre todos los habitantes de Cuba repudiaron y combatieron a Pezuela hasta hacerlo saltar del supremo mando de la Isla, Puesto que los procederes del exonerado traducan el deseo de aplicar en !a Colonia una poltica de cierta igualdad y de tratar a los cubanos con edificante benignidad, su cada aniquil en la conciencia insular cualesquiera esperanzas de rectificacin por parte de a Metrpoli. Concha fue reintegrado al mando de la Isla. La Habana lo recibi con jbilo que envolva aviesa acriminacin de la conducta de Pezuela, plena de sentido humano, especialmente en relacin con el comercio clandestino de esclavos. El restituido jefe supremo se consider en el caso de repetir las medidas extremas para combatir a los separatistas. Ramn Pint y Francisco Estrampcs, un espaol notable y un cubano arrojado, expiraron en el garrote* Haban existido relaciones cordiales entre Pint y Concha, y la celeridad con que se llev el proceso del primero despert hondas sospechas. Segn el historiador hispano Antonio Piral a, c! suplicio de Pint se consider en Cuba como misterioso y anmalo, por a rpida tramitacin de la causa y los antecedentes del ajusticiado. Ya en esos das Concha advirti en torno suyo una ausencia de adhesiones a que no estaba habituado. La sociedad cubana reaccionaba entonces enrgicamente contra los desmanes perpetrados desde las alturas materiales del poder publico. Los procedimientos administrativos de Concha estuvieron lejos de dar la impresin de que se procuraba introducir en el pas alguna reforma sera* El Capitn Genera! puso nfasis en la afirmacin de que organizaba las oficinas a la moderna espaola, y no pas de crear un gnero de literatura y manejos burocrticos no menos nocivos para el Erario que para los contribuyentes* Consejos y acuerdos suyos tendieron a quebrantar y suprimir instrumentos de progreso y civilizacin* As crey 1 que poda menguar el espritu renovador de ios cubanos. Entre los observadores de la conducta de Concha se cont un periodista peninsular, Dionisio A. Gal ¡ano, nada sospechoso respecto de su adhesin al rgimen colonial. Pero l se consider obligado a ilustrar a los espaoles de Europa acerca de lo que los residentes en Cuba, con el Capitn General a la cabeza, hacan en deservicio de la Corona. Comprendi que la verdad entera, tal como deba ser revelada al publico de la Pennsula, resultaba demasiado fuerte para a situacin de los

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4 Avance hacia una autocracia sin freno 27 nimos en la Isla, Su condicin de espaol sincero y leal lo condujo a promover una reforma templada y lata a la vez, conducente al provecho y a la gloria de la causa de su patria en el Nuevo Mundo, El mencionado escritor estaba convencido de que Cuba sera africana o espaola* y nada ms. l la quera espaola, mas no a la manera preferida por los intransigentes que tanto alboroto producan entre sus correligionarios. La dictadura ejercida en Cuba por el Capitn General, al parecer sin trmino, descubra las fatales tendencias del rgimen. Las facultades extraordinarias de la primera autoridad de la Colonia, concebidas para situaciones polticas excepcionales, eran aplicadas a los derechos civiles y extendidas a la modificacin de la legislacin. Por el camino que llevaban los excesos gubernamentales se avanzaba hacia una autocracia sin freno, semejante a un antiguo baj alato turco. Esto era totalmente lo contrario de lo que habran significado las reformas tantas veces y tan engaosamente ofrecidas a los cubanos para hacerlos prsperos y felices, La insistencia de cubanos cultos y liberales en el afn de ilustrar a la pblica opinin acerca de la justicia que haba en las demandas de reformas era digna de la mejor fortuna. sta poda venirles por la fuerza de la conviccin o por el imperio del azar. Y mucho de azar hubo en el nombramiento de capitn general de Cuba recado en Francisco Serrano, cuya serenidad para ver y apreciar los asuntos pblicos lo recomendaba muy ventajosamente. A causa de las demasas de gobernantes frreos, los hombres de ideas ms atrevidas haban apelado en Cuba al recurso de la rebelin para dar salida al conflicto provocado por a intransigencia de los que expoliaban a los habitantes de la Isla, Los resultados de tales esfuerzos blicos constituan una experiencia sangrienta y triste, que mucho influa en la adopcin de procedimientos persuasivos por parte de aquellos cuyos derechos polticos eran sistemtica y torpemente negados. La frustracin del movimiento revolucionario impulsado por el grupo de alteradores denominado El Ave Mara y la presencia de Serrano en la Capitana General convergieron en e punto en que empez a producirse el deseo de encauzar la inconformidad de personas sobresalientes por una va que no fuese precisamente a de a violencia. La conducta de Serrano no era por s solo idnea para acelerar un cambio radical en el sistema de lucha de los cubanos inconformes con e rgimen colonial. La blandura del Capitn General se hallaba muy lejos de significar amplia libertad. De sus limitaciones hablaban hechos

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2a Histoiua vil la Nacin Cubana concretos, como la prohibicin de que circulasen en la Isla las poesas de Jos Mara Heredia y la imposibilidad dentro de las normas legales y gubernamentales vigentes de discutir en los peridicos de La Habana las razones o sinrazones de la ingerencia de Espaa en los asuntos polticos de Mxico. Pero Serrano no participaba de los crueles instintos de algunos de sus predecesores recientes, y se inclinaba a cultivar la amistad y c afecto de los criollos, y tena rasgos de la alta calidad de aquel que ¡o llev a darse por enterado oficial y piadosamente de la extincin de la vida temporal de Jos de a Luz y Caballero. Por supuesto, tales manifestaciones de respeto y comprensin deban causar y causaron sosiego y alivio en una sociedad acostumbrada a ser tratada con desdn y dureza por quienes de Europa salan para Amrica con talante de conquistadores. Estuvo en lo cierto Saco cuando advirti que !a disposicin de Serrano favorable a! otorgamiento de las reformas que Espaa deba a Cuba no era consecuencia de las consideraciones y distinciones por el Capitn General recibidas de la poblacin insular. Esta corriente de simpatas hacia Serrano se produjo por efecto de su conducta noble y liberal en a Colonia, Y el apoyo por l prestado a la vieja aspiracin cubana de que se cumpliese el compromiso de promulgar leyes especiales para ei gobierno de las provincias de Ultramar era el resultado de su experiencia. Serrano estudi sobre el terreno la cuestin de Cuba, y fcilmente, con la sola asistencia de un acrisolado espritu de justicia y de un neto concepto de las mutuas conveniencias de la Pennsula y de la Isla, comprendi que lo mejor, seguramente !o nico salvador para Espaa, radicaba en afirmar el rgimen colonial mediante la adopcin de medidas reconocedoras de los derechos polticos, econmicos y sociales de las Antillas y de la capacidad de muchos de sus hijos para intervenir con provecho para todos en el manejo de los intereses de ellas bajo la bandera hispnica. Tan arraigada se hallaba en Serrano la creencia de que el robustecimiento del rgimen colonia! en Cuba dependa principalmente de la accin directa de esta Antilla, por medio as de sus hombres capaces como de sus legtimas autoridades, que nutri apasionadamente y puso en ejecucin a idea de que La Habana deba ser el centro de la expansin de la influencia hispnica en Amrica* Ejemplo: sus pensamientos y actividades acerca de la anexin de Santo Domingo a Espaa y de la ingerencia de !a propia Espaa en los asuntos de Mxico* Tales pensamientos y actividades no fueron felices ni reservaban provecho alguno a Espaa, puesto que sta ya tena demasiada tarea con limitarse

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Consejo de administracin de la Isla de Cuba 29 a conservar o que le quedaba en el Nuevo Mundo, Pero, en lo relativo a la situacin poltica de Cuba bajo la dominacin de Espaa, la manera de discurrir de Serrano era correcta: tenda, n¡ ms ni menos, a que en las cosas de Cuba pesasen ms los criterios y las voluntades de Cuba que los de Espaa* En armona con la opinin de que a ia subsistencia de la soberana de Espaa en Cuba ms convenia una poltica liberal y justa, como la propugnada por Serrano, que una de rigor y centralizacin, segn la bosquejara Concha, fue creado el Consejo de Administracin de a Isla de Cuba, Mucho distaba este de parecerse al Consejo Colonial ideado por Saco: ms tena de tribunal contencioso -administrativo y de cuerpo consultivo que de rgano de opiniones polticas, sociales y econmicas o de regulador y amparador de los derechos privativos de la Colonia* Pero su establecimiento llevaba aparejados dos progresos: a) la atenuacin de la omnipotencia del Capitn General y la existencia de una corporacin residente en La Habana y llamada a ser punto de reunin y trabajo de personas escogidas por sus prendas morales e intelectuales, y no en mrito a su nacimiento lejos de Amrica* Y esto por igual favoreca los intereses ultramarinos de Espaa y las aspiraciones legtimas de Cuba* No haba poder humano capaz de arrancar de las mentes de los corifeos de la poltica espaola, precedidos o secundados por sus correligionarios residentes en las Antillas, la conviccin de que acordar reformas para las mismas era acelerar el advenimiento de su independencia* De poco, si de algo, vala la verdad de que entre los postulantes de la renovacin colonial figuraban hombres como Saco, convencidos de que, aunque el sentimiento de la emancipacin poltica estaba escrito en el corazn de todo americano, su realizacin era imposible en Cuba, Todos los que pedan reformas para la Isla eran acusados de filibusteros y conspiradores* Semejante situacin condujo al propio Saco a decir que de Espaa no poda Cuba esperar mucho* El Consejo Colonial, por l tan anhelado, de llegar, llegara ms adelante, y nunca sera o que deba ser. A su entender, los que aspiraban a que Cuba alcanzase un gobierno parecido al del Canad corran tras una quimera. Pero ninguna de estas tristes apreciaciones haba de servir de razn o pretexto para detenerse en e necesario empeo de solicitar ahincadamente de Espaa, para su bien no menos que para el de Cuba, que robusteciese el rgimen colonial dotando a la Isla de los medios que le permitiesen atender por s misma la recta administracin y el mejor disfrute de sus intereses permanentes.

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Captulo III POSIBILIDAD DE REFORMAS "p"\OR parte de cubanos notables hubo expresiones de complacencia y gratitud ante las suaves formas oficiales de Francisco Serrano, continuadas por Domingo Dulce, su sucesor* Esta manera de ver las cuestiones pblicas aproxim a gobernantes y gobernados a la posibilidad de abrir cauce dentro del rgimen colonial a la solucin del enconado problema polticosociaL Los criollos ansiosos de trabajar por el bien colectivo no despreciaron la favorable coyuntura. Meditaron. Se acercaron los unos a los otros* Estudiaron necesidades. Fijaron la manera de satisfacerlas. Comprendieron que haba que empezar por ilustrar a la poblacin de la Isla y a los que la manejaban acerca de los medios capaces de renovar y mejorar su vida* En La Habana se publicaba un peridico diferente de aquellos que a todo trance, sin condiciones, como ellos afirmaban, defendan la incegridad de rgimen absoluto que era el manejo de Cuba* Este perridico fue El Siglo Las tendencias de que era vehculo despertaron c! propsito de remozarlo y ponerlo al servicio directo y permanente de ios intereses cubanos* Algunos hombres de capacidad intelectual, moral y econmica, encabezados por Jos Morales Lemus, resolvieron adquirir El Siglo y ponerlo bajo la direccin de Francisco de Fras, conde de Pozos Dulces. El Siglo, con las limitaciones impuestas por la censura previa, dio forma y expansin a la idea de obtener innovaciones fundamentales en los modos de conducir ios asuntos cubanos* Lo que iba saliendo de aquella lenta elaboracin era un movimiento poltico adverso a rgimen que padeca Cuba. Lo advirtieron los usufructuarios de ste, y su intolerancia suscit una polmica periodstica que culmin en una declaracin memorable de los innovadores, hasta entonces tmidos y cautelosos: ellos, sin ser antiespaoles, eran cubanos, sinceros y leales cubanos, prohij adores de un plan que traduca ansias de progreso material y moral. La postura pblica as evidenciada llevaba ya la marca de# reforma. La sola idea de la reforma era la ne30

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Perodo de calma pblica 31 g acin del irritante sistema de privilegios y abusos que en las postrimeras dd segundo tercio del xix estaba arraigado en Cuba* El periodo de calma pblica que precedi y acompa a la definicin reformista no se debi slo a ios desastres y desengaos acumulados en la sexta de las dcadas del siglo xix, ni nicamente a las tolerancias de Serrano y Dulce. Mucho influy en la creacin de ese estado de conciencia la guerra secesionista de los Estados Unidos de Amrica. Cuando a las puertas de Cuba se desarrollaba una lucha de tamaos inusitados tenan los habitantes de la Isla que vivir poco menos que en suspenso. En los empeos blicos consumados o intentados en recientes tiempos hablan participado el pensamiento y la accin de angloamericanos, y a esclavitud, eje del pavoroso conflicto en que se hallaba sumida la Unin, haba entrado en el complejo de ideas y clculos formado en torno al proyecto de alterar el orden de cosas existente en Cuba, En la poca que corra era improcedente esperar desviacin alguna de las actividades dei Norte hacia la cuestin cubana. Suceda an algo de mayor montas la oblicin de la esclavitud proclamada por Lincoln obligaba a revisar algunas de las opiniones formadas sobre el porvenir inmediato del pas. En los das de expectacin trados a Cuba por el sangriento conflicto entre el Sur y el Norte de los Estados Unidos fueron formndose en la Isla dos bandos; el de los simpatizantes de los confederados y el de los partidarios de Lincoln. En el segundo de estos grupos estaban los cubanos que queran renovar a su patria en lo poltico, lo social y lo econmico, desde hombres blancos abrasados por hondas inquietudes hasta negros libres que esperaban en el puerto de La Habana el arribo de los barcos procedentes de la Unin para conocer las ltimas noticias de a contienda y exhibir su alegra por las victorias de aquel a quien con razn tenan por redentor de la raza africana en Amrica. Asi, bajo la influencia de poderosos sentimientos humanitarios y cvicos, crecieron y se robustecieron los contrarios a la subsistencia integral del rgimen a que Cuba estaba sometida. La imagen de Lincoln, lo mismo en modestas habitaciones que en mansiones que albergaban a varones altruistas y progresistas, lleg a ser expresin de hondas aspiraciones cubanas. Cuando los hombres anhelosos del triunfo de a libertad se regocijaban por el que ya alcanzaba Lincoln lleg a Cuba la desgarradora nueva del asesinato del lidiador de mirada triste. Entonces se produjo aqu una consternacin semejante a la que la partida de otro justo, Jos de la Luz y Caballero, haba causado. Numerosas y elocuentes fueron las expresiones de solidaridad con que quisieron honrarse quienes en

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32 Historia de la Nacin Cubana esta tierra vean en la obra de Lincoln una consolacin para sus profundos dolores morales. Hombres y mujeres de La Habana guardaron el luto de Lincoln. Un mdico notable Juan Bruno Zayas, honr la memoria del padre de la emancipacin pagando la de los nios nacidos esclavos en Cuba el 4 de julio de 1 8 >" Una sociedad que de manera tan noble y espontnea manifestaba su compenetracin con ideas y procederes transmutronos se bailaba transida de inconformidad y contena grmenes de renovacin. La expectacin engendrada en Cuba por la guerra de secesin angloamericana se acentu al quedar consumada a victoria de los abolicionistas. Todos, los empecinados en la defensa del rgimen imperante en la Isla no menos que los que no cesaban de meditar sobre medios pacficos o violentos para transmudarlo, comprendieron que urga substanciar rectificaciones esenciales en las maneras de ver la poltica colonia!. La institucin de la esclavitud acababa de perder todo su terreno en un pas al que unos y otros haban dirigido sus miradas en momentos de honda crisis. Las influencias negadoras de la dignidad humana estaban en quiebra. Las aspiraciones progresistas acaso podan contar con mejores y ms eficaces sostenes. Muchos pudieron pensar que no haba tiempo que perder en relacin con e] porvenir de Cuba. La tregua impuesta por hechos y circunstancias internos y externos lleg a su fin a mediados del ao de 1 865. El pensamiento y el sentimiento colectivos de que era rgano el peridico El Siglo haban desembocado en una definicin: la reforma. La reforma era la definicin dada por ios hombres que pretendan variar las condiciones polticas, sociales y econmicas de Cuba sin salir de la dominacin espaola. Otra definicin labraba la conciencia cubana: la independencia. La independencia era la definicin concebida y amamantada por quienes detestaban la arbitrariedad colonial y no crean en la posibilidad de obtener de Espaa una revisin de procederes propicia a la felicidad de la Isla. Ambas definiciones, nacidas de espritus igualmente enardecidos por c ansia de aproximarse a un universo moral mucho mejor que aquel en que se asfixiaban, podan ser principio y motor de actividades paralelas desarrolladas para acelerar el advenimiento del bien pblico. En la declinacin del segundo tercio del siglo xix la opinin poltica cubana estaba dividida en cuatro grupos: espaoles, reformistas, anexionistas y separatistas. Los espaoles y os reformistas coincidan cu la idea ele mantener la dominacin hispnica en Cuba, pero se diferenciaban entre s por la adhesin de los primeros al absolutismo colonial y por el propsito innovador de los segundos. Los anexionistas y los se-

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Divisin de la opinin poltica cubana 35 para tis tas se hallaban acordes en desear la extincin de la soberana de Espaa en Cuba* pero discrepaban en cuanto a los resultados definidÂ’ vos de sus respectivas actitudes, ya que ios segundos anhelaban tener gobierno libre y propio mientras los primeros crean que la solucin prctica radicaba en la incorporacin de esta Antilla a los Estados Unidos de America. Las potencias y actividades de los cuatro ncleos en que se fraccionaba ia pblica opinin cubana eran desiguales. Los espaoles, usufructuarios del estado de cosas imperante, se aferraban a la defensa del mismo y confiaban en el seoro de sus fuerzas, que eran las de la Corona, Los anexionistas apenas daban seales de vida, principalmente por efecto de la recientsima conmocin sufrida por el pueblo angloamericano. Los reformistas atraan las miradas de los ms preocupados por la suerte del pas. Los separ atitas hacan poco ruido, pero no arriaban su pabelln, teido con mucha sangre generosa. Los reformistas y los separatistas, ansiosos de ver a su patria sana y feliz, se disputaban, sin conexiones entre s y a veces en airada forma los unos frente a los otros, el honroso privilegio de producir tamaos bienes. La cesacin de Francisco Serrano en la Capitana General no haba sido consecuencia de su conducta en ei manejo de los asuntos privativos de la Isla: a haban originado discrepancias suyas con Juan Prim y con el gobierno de Madrid en tomo a la retirada de las tropas espaolas invasoras de Mxico. La vuelta de Serrano a la Pennsula no paraliz su buena disposicin para con quienes alentaban la idea de introducir cambios liberales en la Colonia* Por e contrario, su presencia en la Metrpoli sirvi para que se dejase sentir todo el peso de su influencia en favor de los propsitos reformistas que en Cuba seguan ganando terreno. Serrano pas a constituir un factor externo de fundamentales determinaciones cubanas. Los separa titas se sentan alentados en su fe e impulsados para proseguir en la lucha por el calor que generaban Nueva York, Filadelfia y Nueva Orlens. En estas ciudades angloamericanas haba cubanos que mantenan lo que ya era una tradicin revolucionaria, A ellos lleg entonces una nueva corriente de simpatas y compenetracin: la procedente de las repblicas hispanoamericanas agredidas por las torpezas de los polticos espaoles. As se manifest otra influencia fornea en importantes decisiones de los patriotas de la Isla. A mediados de 1865, cuando se cruzaban entre los reformistas de la Isla y su valedor en Madrid largas y enjundiosas epstolas, cargadas de consideraciones y reflexiones sobre la vida cubana, llegaron a tierra camageyana fusiles y plvora con destino a gente empeada en en-

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34 Historia de la Nacin Cubana cen der la revolucin contra el poder de Espaa en esta A n tilla. Serrana recogi un viejo sueo de la Colonia, obstinada y torpemente burlada por la Metrpoli: el sentimiento dominante en un pueblo que, deseoso de marchar por el camino de la prosperidad y la gloria, y aleccionado por una larga y dolorosa experiencia, encontraba la manera legtima de satisfacer sus aspiraciones en la identidad de derechos y deberes de todos los sbditos espaoles, cualquiera que fuese la regin en que habitasen. La actitud de los separatistas iba traducida en hechos, no en palabras: por e puerto de Nuevitas y por la baha de Guanaja, principalmente en un pailebot de Manuel Arteaga Burrero y bajo la direccin de ste y de Juan Isidoro Callejas — personas marcadas como desafectas al Gobierno — > fueron introducidos unos cincuenta cuetes de plvora y un crecido nmero de fusiles, que hablaban de la voluntad de sacar a Cuba de ia dependencia de Espaa. No por obra exclusiva de la tendencia reformista desarrollada en Cuba, sino por efecto de ella y de un clamor que llevaba varios lustros de vida precaria, en Madrid hubo quien se diese por enterado de que en Cuba, como en Puerto Rico, haba la apetencia de una existencia colectiva mejor. Un ministro de Ultramar, Antonio Cnovas del Castillo, se hizo cargo, aunque no sin reservas mentales, del acontecimiento de que en las Antillas hispnicas ganaban terreno los propsitos de luchar por una transformacin que las elevase en lo econmico y social no menos que en lo poltico. Suya fu la iniciativa, convertida en real decreto el 2S de noviembre de 1863, de abrir una informacin sobre las bases en que deban fundarse las leyes especiales que haban de proponerse a las Cortes para el gobierno de Cuba y Puerto Rico. La primera manifestacin de la convocatoria era bastante para producir desconcierto y desencanto. La junta encargada de recibir y encauzar la informacin estara presidida por el Ministro de Ultramar y compuesta por un nmero de individuos en ei que los representantes directos y legtimos de Cuba y Puerto Rico, elegidos por determinados ayuntamientos, seran minora. Adems, su actividad no podra pasar de los lmites privativos de meros informadores, horros de toda facultad resolutiva. La repugnancia producida por la simple lectura de aquella convocatoria fu, al cabo, vencida. Pudo ms el optimismo sembrado por e suceso inslito de que Madrid diese muestras de abordar i a vieja cuestin de las leyes especiales llamadas a hacer la felicidad de los restos del imperio colonial hispnico. Pero la transigencia inicial de los reformistas cubanos no avanz soia.

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Transigencia inicial de los reformistas cubanos 3 5 La apuntada limitacin no era la nica de que adoleca el real decreto de 2 5 de noviembre de 1865. En realidad, la medida adoptada no salia de a esfera de las promesas con que durante tantos aos haba respondido la Metrpoli a las ansias innovadoras de a Colonia: la Corona se limitaba a solicitar datos que podan servir a sus ministros para presentar a ¡as Cortes proyectos concernientes al manejo de sus posesiones en las Antillas, As y todo, el advenimiento de esta poca cosa, a tantas desviaciones sujeta, caus gran satisfaccin en el grupo de los que aqu crean an poder llegar a una buena solucin de los problemas pblicos sin emanciparse de Espaa, El pensamiento reformista ganaba terreno, pero estaba lejos de desalojar del suyo a los revolucionarios. Mientras en La Habana se iniciaba el cumplimiento del real decreto de 2 5 de noviembre de 186 5 en los Estados Unidos se movan los separatistas de la Isla, La sociedad Republicana de Cuba y Puerto Rico compensaba la falta de una muchedumbre de afiliados con el coraje de su presidente, el cubano Juan Manuel Maclas, y con el calor que empezaba a depararle el peridico La Voz de la Amrica fundado en Nueva York por Benjamn Vicua Mackenna, sagaz y activo agente confidencial de Chile en la Unin, La Sociedad Republicana de Cuba y Puerto Rico y La Voz de la Amrica se manifestaron como pblicos instrumentos de los acrrimos partidarios de la independencia de ambas Antillas. La reforma no lograba librarse de Jos efectos de la incomprensin espaola y del fervor cubano que miraba hacia la independencia. Poco ms de un mes bast para que los consejeros de Isabel II se decidiesen a revisar en sentido restrictivo para los intereses antillanos el cauteloso decreto autorizante de la informacin acerca del reordenamiento institucional de Cuba y Puerto Rico, Una real orden secreta expedida en Madrid el 28 de diciembre de 1865 habilit al capitn general de Cuba para modificar las reglas a que haba de sujetarse la eleccin de los comisionados. En los das en que este documento atravesaba el Atlntico estrechaban sus relaciones Maclas y Vicua Mackenna en Nueva York. El 10 de enero de 1866 Vicua Mackenna expres a Maclas que Chile se hallaba en disposicin de prestar efectiva ayuda a Cuba si los separatistas de la Isla ofrecan pruebas previas de $u espritu y capacidad de lucha. Por otra parte, La Voz de la Amrica iba filtrndose en distintas poblaciones cubanas, a las que conduca razones y alientos para organizar la guerra contra la soberana hispnica. Tamaos iguales tenan la inhabilidad de los polticos espaoles y la agudeza de Vicua Mackenna y Macas para comprender el caso de

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3 6 Historia de la Nacin Cubana Cuba. En favor de los polticos espaoles militaban las potencias materiales de a Metrpoli. Contra ellas tenan que bregar los alteradores cubanos. Vicua Mackenna haba pasado de Chile a los Estados Unidos con instrucciones concretas para promover abiertas simpatas hacia su patria en la guerra que sostena con Espaa y para fomentar la insurreccin de i as Antillas hispnicas, medio escogido para hostilizar a Espaa en Amrica y contrarrestar su accin reconquistadora, llevada hasta el Pacifico. Maclas acept con entusiasmo el plan chileno. Sus opiniones descansaban en el exacto conocimiento que tena de los negocios pblicos de su patria. No consideraba enemigos de la causa de la independencia a los reformistas, pero los diputaba pusilnimes y dudosos del xito de la revolucin. La revolucin estaba latente y era menester ponerla en actividad. El proyecto de atacar a Espaa en las Antillas alean zar i a mejores resultados desarrollndolo de manera secreta y misteriosa en vez de divulgarlo por el rgano de publicidad de Chile en Nueva York. A despecho de la fuerza de Espaa en Cuba, Mac as esperaba mucho de sus compatriotas, porque casi todos, y en todas las clases sociales, eran enemigos del rgimen colonial. En las primeras semanas dei ao de 1866 la reforma y la revolucin, influidas por factores externos, trabajaban en la conciencia cubana. La reforma era combatida por los espaoles incondicionales y segua bajo la amenaza de ser absorbida por a revolucin. La revolucin vea en cada reformista, por adversario del estado de cosas dominante, un futuro seguidor suyo al servicio de los intereses patrios. La reforma lleg a ser la pasin poiticosocial dominante en Cuba. Pero no consegua aniquilar a la revolucin — -que era revolucin porque no transiga con soluciones basadas en la subsistencia de la soberana de Espaa en la Isla y, por consiguiente, aspiraba a transformar totalmente el ordenamiento institucional del pas—. Aunque la reforma ganaba adictos a expensas de la revolucin, sta continuaba tenindolos muy sinceros e irreducibles, condenados a trabajar en el silencio y en la penuria, y contaba con la indirecta colaboracin proveniente de los yerros, incomprensiones e intransigencias de los pretensos buenos espaoles. La reforma poda avanzar, siquiera fuese en apariencia. La revolucin viva de sus propios valores permanentes, superiores a las potencias de la adversidad. La real orden de 28 de diciembre de 1865 destinada al capitn general de Cuba vino a ser fuente de perturbacin y buria de que resuL taren vctimas los reformistas. A vuelta de consideraciones que pre-

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Formacin de los grupos de mayores contribuyentes 37 tendan hallarse inspiradas por el deseo de encauzar con sabidura los negocios pblicos, cre un resorte adecuado para satisfacer a los enemigos de toda renovacin. Advirti que las reglas establecidas para la provisin de cargos municipales en las Antillas deban servir de base a las que se fijasen para la eleccin de los informadores, pero autoriz al Capitn General para adicionarlas y completarlas en cuanto fuese necesario respecto de la designacin de personas capaces de corresponder a las intenciones del Gobierno* Los reformistas conocieron el a 1canee de la mentada real orden por el uso que de ella hizo la mxima autoridad colonial. Con arreglo a la ley municipal que rega en Cuba, los mayores contribuyentes con derecho a designar a ios comisionados deban alinearse en tres grupos: a) propiedad rstica y urbana; b) industria y comercio; c) profesiones o capacidades* El Capitn General, que segua sindolo Domingo Dulce, se pleg a las exigencias de los adversarios de la reforma, deseosos de compensar con adulteraciones la escasez de votos. Dulce dispuso que aquellos electores se dividiesen en cuatro secciones de mayores contribuyentes: a) propiedad territorial rstica y urbana; b) industria; c) comercio; d) profesiones. Esta disposicin se encamin a aumentar el nmero de sufragios de los espaoles, dueos casi exclusivamente de industrias y comercios, sin atender al volumen de los intereses representados por los cubanos, poseedores de la mayor parte de la riqueza inmobiliaria. El valor de la industria no llegaba a la vigsima parte del de la propiedad urbana y rstica, y, sin embargo, stas continuaban juntas en tanto eran separados el comercio y la industria: los votos de los espaoles crecan artificiosamente mientras los de los cubanos no experimentaban alteracin alguna. Dos ayuntamientos, el de La Habana y el de Crdenas, protestaron contra el cambio introducido en la formacin de los grupos de mayores contribuyentes llamados a votar. El conde de Pozos Dulces y Jos Silverio Jorrn expusieron, en el seno del cabildo habanero, razones potsimas en abono del deseo de que el Gobernador volviese sobre sus pasos. En el ejercicio del derecho electoral a que estaban llamados los contribuyentes de i a Isla debian predominar los intereses materiales y morales de esta Antilla. Y era la dase de ios propietarios, eo su mayora agricultores, aquella en que se manifestaban el arraigo, la estabilidad de la fortuna y la identificacin absoluta del bienestar privado con el adelanto dei pas. Domingo Dulce se mostr inflexible en su criterio, no oculto su enojo c hizo saber a los inconformes que los concejales en el caso suscitado slo podan ser meros electores, impedidos de ejercer fun-

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Historia de la Nacin Cubana 38 ciii corporativa alguna* Por lo dems, en un oficio al Ministro de Ultramar dej estampado el fundamento de su actitud: no habla tocado los grupos formados por la riqueza inmobiliaria y por la capacidad universitaria porque cada una de ellas tena representacin concreta y bien definida, y haba duplicado la de los industriales y comerciantes para proteger grandes e importantes intereses. Naturalmente, estos intereses eran ios de quienes se oponan al avance de los reformistas para mantener sin mutaciones el rgimen poltico imperante en Cuba. Los reformistas iban aceptando los cercenamientos a que eran sometidas sus posibilidades porque estaban decididos a agotar la va por ellos escogida para servir a su patria* Pero no todos los cubanos seguan esa resolucin, mezcla de noble obstinacin e ingrato sacrificio. En Cuba y fuera de Cuba se conspiraba para la rebelin contra Espaa. Las violentas pugnas entre ¡a aristocracia criolla y el partido peninsular — la idea reformista y el propsito absolutista— incitaban a los revolucionarios, ocupados ya en organizarse. Nueva York dejaba de ser el nico lugar donde trabajaban los separatistas cubanos. Gente de accin laboraba tambin en La Habana, centro y cindadela del podero espaol en las Antillas. En el primer trimestre de 1866 en las semanas en que se tramitaban los preliminares de la eleccin de los comisionados que deban ir a informar a Madrid, pareca que con el solo hecho de desentenderse los reformistas de su timidez y sus ilusiones se producirla para Espaa un cataclismo en sus posesiones americanas. Con el desahogo econmico de os reformistas contrastaba la penuria de los separatistas* Los emigrados en los Estados Unidos no podan reunir sino algunos centenares de pesos. Mediante la emisin de bonos, que circularon en Cuba* pretendieron nutrir su tesoro, pero el xito de tal empeo era muy dudoso. La agitacin en torno a la idea de la independencia creca espontneamente entre hombres de humilde posicin social* Estos hombres ansiaban verse, ms que acompaados, acaudillados por los pudientes que gastaban energas y caudales en la tarea de convencer a Espaa de lo que en vano sta haba tenido al alcance de su conocimiento durante largusimo tiempo. El Gobierno llev sus suspicacias respecto de los reformistas al extremo de prohibir a los peridicos la publicacin de noticias y comentarios que pudiesen favorecer el triunfo electoral de esos pari tas, acusados de antinacionales y enemigos del orden pblico por la prensa espaola de La Habana con la tolerancia y hasta la complacencia de las mismas autoridades que privaban del derecho de libre expresin de las

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Agitacin en torno a la idea de ea independencia 39 ideas a los partidarios de una renovacin de normas y procedimientos dentro del rgimen colonial. -Pero el Gobierno no pudo evitar que circulasen con creciente demanda los ejemplares que por vas ocultas y misteriosas llegaban a Cuba de La Voz de la Amrica que desde Nueva York y en tonos encendidos incitaba a la guerra por La independencia y anunciaba la proximidad del da de tomar las armas liberadoras. A exacerbar los nimos de la gente honrada de la Isla concurran por caminos opuestos la injusticia hispnica y e fervor revolucionario que mantena en constante comunicacin a los separatistas de la Isla con los refugiados en los Estados Unidos. Entre la exaltacin colectiva y las situaciones de hecho mediaba poco, segn pudo verse por el prommci amiento insurreccional habido en Santa Clara unos das antes del sealado para la eleccin de los informadores sobre la reforma, E ltimo domingo de marzo de IS se celebraron los comicios de donde salieron los comisionados que iban a exponer en Espaa necesidades y aspiraciones cubanas. El resultado de la eleccin constituy una enorme sorpresa. No obstante la parcialidad gubernamental* de los diecisis candidatos triunfantes eran doce partidarios decididos de la reforma* uno reformista con ligeras reservas y los dems personas ilustradas y liberales. En definitiva* los designados fueron Manuel de Armas y Antonio X. de San Martn por La Habana* Jos Miguel Angulo y Heredia por Matanzas, Jos Antonio Saco por Santiago de Cuba* Manuel Ortega por Pinar del Ro, Jos Antonio Echeverra por Coln, Calixto Berna! por Puerto Prncipe, Toms Terry por Cienfuegos* Conde de Pozos Dulces por Villaclara, Juan Mumn por Holgun, Conde de Vallellano por Sagua a Grande* Antonio Fernndez Bramosio por Crdenas, Jos Morales Lemus por Remedios, Nicols A zc rate por Gines, Agustn Camejo por Sancti-Sprims y Antonio Rodrguez Ojea por Guanajay. En la Colonia se abra paso la reforma o, para hablar con mayor exactitud, el grupo de hombres encargado de propulsarla en la Metrpoli. Lo ocurrido poda significar que la poblacin cubana o detestaba el rgimen de fuerza bajo el cual viva o se agigantaba en el deseo de probar que !a revolucin careca de toda posibilidad. La victoria reformista respondi ms a la inconformidad de tos cubanos ante el hecho espaol dominante en la Isla que al temor inspirado por las consecuencias de una lucha armada. La verdad era que actividades exteriores e interiores preparaban al pas para la revolucin. Afuera exista algo ms que el riesgo de unos corsarios chilenos o los efectos de la propaganda dirigida por Vicua Mackenna: existan pro-

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40 Historia de la Nacin Cubana psitos y esfuerzos tendientes a reunir en Nueva York, en el Sur de los Estados Unidos y hasta en parajes del Oeste elementos destinados a arrancar a Cuba de manos de Espaa, y nunca haban sido tan estrechas y prometedoras como entonces las relaciones entre sudamericanos y cubanos emigrados. Adentro eran muchos los que esperaban el pronto advenimiento de una insurreccin, y en lugares conocidos, como la calle de Prado de La Habana, escuelas de tiro instruan en el manejo de las armas a jvenes dispuestos a empuarlas por la independencia patria. Con el triunfo de ios reformistas coincidi la cesacin de Vicua Maekcnna como agente confidencial de Chile en los Estados Unidos* Esta novedad era infausta para los revolucionarios cubanos, porque l vena prestndoles extraordinarios servicios desde que manifest a la Sociedad Republicana de Cuba y Puerto Rico que su gobierno se complacera altamente en contribuir a la libertad de ambas islas y se hallaba dispuesto a demostrar a buena fe de su promesa si ellas evidenciaban el deseo de emanciparse. Vicua Mackenna era poltico de altos vuelos* Se esforz por buscar el desenlace de la guerra entre Chile y Espaa en las Antillas, y no en el Pacfico* Pretendi coordinar con la accin de Chile la del Per y la de Venezuela para pelear contra Espaa en las Antillas* Quiso dar sentido de universalidad, por lo menos de universalidad americana, a ia causa de la independencia de Cuba* Por obra de sus ideas e informaciones, pudo Domingo F, Sarmiento afirmar que las Antillas eran conmovidas por el espritu emancipador que las labraba y empez Mariano Ignacio Prado a estudiar a posibilidad de ayudar a los separatistas cubanos. Mientras los reformistas esperaban el momento de ir a desarrollar en la Metrpoli su plan de defensa de los intereses cubanos pusieron los revolucionarios en claro c designio de no cejar en su empresa. La reforma se aproximaba a la hora de la prueba definitiva para su destino. La revolucin iba adentrndose en su obra. Atrs quedaban momentos que habran sido decisivamente graves para la estabilidad de Espaa en Cuba si los reformistas hubiesen abandonado su ingenuidad poltica y se hubieran sumado a los revolucionarios. La tarea que esperaba a los reformistas era dura y enojosa. A despecho del carcter que Serrano y Dulce haban querido dar al rgimen colonial, librndolo de las crueldades de los tiempos de CEDonnel y Concha, la situacin de Cuba y de los cubanos — la pintura sali de manos de Saco, apstol de las reformas— era afligen te. La imprenta gema bajo estrecha censura. El derecho de reunin, para pobres o ricos, pequeos o grandes, no exista* Las quejas y reclamaciones de los ha-

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Dificultades para loorar rectificaciones 41 hitantes de la isla carecan en la misma de junta o corporacin que pudiesen servirles de vehculo. Todo esto daba a los enemigos de las reformas polticas, por muy corto que fuese su nmero, una enorme ventaja sobre el pueblo que las peda. Sin embargo, en medio de tanta dificultad, los adversarios del absolutismo colonial, concurriendo a las elecciones, acababan de triunfar de los obstinados en mantenerlo. Les quedaba por ver si una victoria parecida, por comprensin y rectificacin provenientes de los hombres que dictaban las determinaciones de Isabel II, los aguardaba en Madrid,

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Captulo IV FRACASO r os reformistas se tomaron un descanso despus de su triunfo electora L En cambio, los revolucionarios no se dieron entonces tregua J alguna* En la ciudad de La Habana, la noche del 19 de abril de IS, se desarrollaron sucesos evidenciado res de que se hallaba adeantada la organizacin de quienes preparaban la guerra por la independencia* Con motivo de celebrarse en el teatro de Tacn una funcin en beneficio de la viuda y ios hijos del esclarecido cubano Ramn Zambrana se exhibi la hostilidad entre criollos y peninsulares: alborotos, golpes e intervencin de agentes del orden pblico. Aquello no pas de un escndalo, pero un escndalo que denunci la existencia de un fuerte espritu subversivo entre los naturales del pas. La propaganda dirigida por Vicua Mackcnna no haba sido infructuosa en Cuba. En La Habana a agitacin revolucionaria enlazaba los acontecimientos del Pacfico con las posibilidades de la Isla para combatir por medio de las armas la soberana de Espaa* A despecho de ser adicta la mayora de los cubanos ricos a la solucin reformista, se crea fcil reunir el dinero necesario para costear una expedicin blica de cuatro o cinco mil hombres. En Matanzas se tena por seguro que proporcionar a Cuba elementos para su revolucin era herir a la Metrpoli en el corazn, propiciar la victoria de Chile y eliminar para siempre la influencia espaola en Amrica. La perturbacin no provena slo d la accin de los revolucionarios. Como de costumbre, Espaa labraba su ruina con medidas errneas. La presencia de Dulce en la capitana general de la Isla era un valladar para los excesos de los peninsulares aun despus de sus veleidades en torno a la eleccin reformista. El anuncio de su relevo caus descontento y alarma en Cuba, con mayores veras siendo el designado para sustituirlo Francisco Lersundi, de cuyos procedimientos e ideas no podan esperarse sino actos de agresin o por lo rtienos de resistencia a las aspiraciones legitimas de esta Antilla. La despedida de Dulce estuvo 42

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Inauguracin del gobierno de Lersundi 43 acompaada de explosiones de vehemencia poltica por parte de los criollos. La inauguracin del gobierno de Lersundi abri un perodo de expectacin, Lersundi emiti a raz de su llegada a Cuba conceptos enderezados a definir el arte de gobernar. Gobernar era para l pasar por el presente respetando el pasado y mirando ai porvenir, progresar conservando y conservar progresando. Demasiada reticencia haba en esta manera de expresarse: la suficiente para que los cubanos no se viesen libres de la desconfianza inspirada por ia nueva encumbrada autoridad. El estreno de su intolerancia en Cuba no se hizo esperar: una circular suya prohibi que en talleres y establecimientos urbanos y en fincas rsticas se leyesen libros y peridicos y se discutiesen cuestiones extraas a las labores realizadas en esos lugares* Todava fu ms all: dispuso que no se consintiese en lo sucesivo reunin alguna de que pudieran derivarse males que l estaba en el deber y la necesidad de evitar y remediar. Los males a que se refera el Capitn General consistan, llana y sencillamente, en meros indicios de inconformidad respecto del orden poli tic osocial existente en Cuba* Los recelos de Lersundi tenan fundamento distinto del que poda estar constituido por la simple lectura de libros y peridicos en talleres, comercios y grupos campesinos. E peligro para la paz se hallaba en actividades mucho ms efectivas que tales entretenimientos. La agitacin revolucionaria continuaba trabajando entre los cubanos, y, en definitiva, las medidas de rigor en relacin con hechos de escasa importancia avivaban la rebelda. As lo prob la fuerte alteracin del orden que se produjo en la ciudad de Puerto Prncipe en las fiestas de San Juan de 1866, disturbio acaudillado por el joven Bernab Varona, popularmente conocido por Bentbeta, cuya escapatoria de manos de las autoridades espaolas depar mayor importancia an al suceso. La alarma cunda en las esferas oficiales. En julio de 186 policas de La Habana ocuparon ejemplares de La Voz de la Amrica introducidos con fines subversivos por Ramn Martnez y Canuto C arabia. Esto revesta gravedad, ms que como hecho, como sntoma* El sntoma era muy significativo. La victoria reformista, tan enojosa para los usufructuarios de absolutismo colonial, careca de eficacia para contener los mpetus revolucionarios* Los defensores de la rigidez del rgimen colonial andaban tras hombres y manejos sospechosos. De continuo aguardaban estallidos blicos. A mediados de agosto de 18 encerraron en El Morro de La Habana y sometieron a ju cio a Timoteo Pedro Daz, acusado de ser secretario de una junta revolucionaria cubana en Fila del fia. Asumi la defensa

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44 Historia de la Nacin Cubana de Daz un abogado de alto coturno, Jos Vads Fauly, quien empic en favor de su patrocinado las razones que tena l para hallarse alejado de los preparativos de una insurreccin. Segn Valds Fauly* los acontecimientos histricos de los ltimos aos, dentro y fuera del pas, haban llevado a rectificar muchos errores y producido en los cubanos la conviccin de que la violencia destrua y no edificaba, que sobre el cimiento movedizo de las revoluciones nada duradero poda constituirse y que por el camino de la legalidad se llegaba a la montaa sin gastar las fuerzas en lo spero de las vertientes, A su juicio, los criollos sensatos e ilustrados no esperaban la felicidad del exterior : crean lograrla en su patria, sin renunciar a sus costumbres, idioma e historia, Fina!mente, consideraba cerrada para siempre la era de las conspiraciones y posedos de demencia a quienes las promoviesen. El letrado us argumentos muy del tiempo que corra en obsequio del noble deseo de obtener la libertad del enjuiciado. Mas en el entresijo de su conciencia debi de agitarse una gran duda, puesto que en el mejor de los casos ese despliegue de su habilidad profesional era consecuencia lamentable del seoro de una situacin gubernamental demasiado insegura de sus potencias morales. La aparicin de impresos con propaganda subversiva en un buque procedente de Nueva York y surto en el puerto de Matanzas en septiembre de 1866 inquiet a os cuerpos de seguridad y al ministerio fiscal de a Colonia, Recayeron sospechas en Juan Bellido de Luna, corresponsal de El Siglo Pero no era esto o que ms comprometa a Bellido de Luna: lo que ms lo comprometa era su pasado de peligroso conspirador. La justicia espaola lleg entonces a una conclusin de trascendencia extraordinaria: sent que quien hubiese participado en otro tiempo en actividades revolucionarias contra la soberana hispnica en la Isla deba ser tenido por alterador en la poca que corra. Pocas veces pudo reconocerse en trminos tan enfticos y precisos la continuidad histrica del largo suceso que era la lucha de Cuba por su independencia. La mayor parte de la primavera y del verano de 86 pareci corresponder a un perodo revolucionario, y no al reformista que estaba substancindose en Cuba. En tanto os servidores de la reforma se entregaron a! concienzudo estudio de serias cuestiones polticas, sociales y econmicas, sobre las cuales haban de informar en Madrid, prosiguieron los adictos a la revolucin la tarea de difundir sus ideas y preparar la guerra, el instrumento elegido para acelerar la integra! transformacin de la vida patria.

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Sospechas sobre la Universidad 45 En das en que ios elegidos para informar en Madrid iban acercndose al punto de reunin algunos custodios del rgimen colonial experimentaron honda inquietud por la suerte de Cuba a causa de las actividades revolucionarias desarrolladas en !a Isla. El legado de Espaa en Washington anot una observacin harto instructiva: si en otros tiempos haban sido los trabajos del exterior lo principal y la conspiracin interna lo accesorio, en el otoo de 1866 ocurra lo contrario, porque en la Isla estaba el centro de los proyectos subversivos, los que se aprovechaban de las consecuencias de la guerra entre Espaa y las repblicas hispanoamericanas del Pacfico* Un nuevo factor apareci en el teatro principal del conflicto hispanocubano cuando empezaron a recaer sospechas sobre la fidelidad de la Universidad de La Habana al rgimen colonial. El acto de apertura del curso acadmico de 1866 a 1867 fu presidido por el Capitn General, a quien el discurso inaugural produjo no disimulado enojo. Sin aguardar a la terminacin de la ceremonia Lersundi expres el deseo de hablar privadamente al claustro, Y lo hizo en trminos significativos de su creencia de que el alto centro docente albergaba ideas hostiles a Espaa, a Isabel II y al Gobierno, La Universidad no se hallaba en actitud de rebelda* Lo que suscit el nuevo recelo de Lersundi obedeci a algo que estaba en el ambiente: una inconformidad pblica que hasta sera difcil enervar con la reforma de cuyo advenimiento tantos hombres buenos se encontraban pendientes. La sustitucin de Lersundi por Joaqun del Manzano sirvi de coyuntura para que oficialmente, desde el ms encumbrado cargo colonial, se declarase la existencia de un vigoroso movimiento cubano hacia la revolucin por la independencia* Manzano necesit dedicar gran parte de su tiempo a prevenirse contra los ataques armados que le eran anunciados* juzg que Lersundi haba reprimido con acierto lo que l tena por excesos de la prensa peridica, vehculo de pasiones polticas exhibidas con demasiada libertad* En el momento en que tom la Capitana General nada le pareca imposible respecto de perturbaciones blicas. Sin embargo, adopt una conducta reflexiva: se ocup en vigilar activa y cautelosamente los planes de los desafectos a Espaa y reserv para casos de extrema gravedad los procedimientos represivos. Los comisionados reformistas entraron en funciones a fines de 1866 : reuniones, conocimiento de los interrogatorios, organizacin de las secciones, presentacin a Isabel II y acometimiento de lo substancial de sus tareas. Se encontraban adentrados en tamao afn cuando en La Habana se extingui la existencia temporal de Gaspar Betancourt Ciseros. Este eminente cubano, que haba hecho clebre su seudnimo

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46 Historia de la Nacin Cubana El Lugareo i dejaba consumada una brillante labor para levantar el espritu pblico y apresurar el progreso de su pas, Pero su reputacin de patriota eximio se deba a algo de mayor monta para muchos de sus paisanos: se deba a sus antiguos empeos por separar a Cuba de Espaa. Estos antecedentes bastaron, y era natural que bastasen, para que los criollos mostraran una profunda solidaridad sentimental en presencia de los restos materiales del procer camageyano. Los funerales organizados en La Habana revistieron caracteres imponentes. El traslado del cadver a Camagey estuvo acompaado de manifestaciones cvicas muy expresivas* En Puerto Prncipe se produjo una enorme concentracin de admiradores de aquel que haba querido alterar fundamentalmente la estructura polticosocial de su pas* En realidad, entonces se exhibi sin gran recato la compenetracin de muchedumbre de hombres y mujeres con los ideales de El Lugareo > adversario acrrimo del absolutismo colonial. A fines de octubre de 1866 se hallaban en Madrid casi todos los comisionados de Cuba y Puerto Rico encargados de informar sobre las reformas que deban implantarse en ambas Antillas. Los dems no se hicieron esperar. En 4 de noviembre fueron citados para la reunin inicial, que haba de celebrarse dos das despus. Con la citacin para la primera conferencia recibieron los Comisionados el impreso contentivo del interrogatorio sobre la manera de reglamentar el trabajo de africanos y asiticos y los medios de facilitar la inmigracin que se considerase ms conveniente en Cuba y Puerto Rico. En el real decreto de 2 5 de noviembre de 1 8 6 5 estaba previsto que a la junta seran sometidos, a objeto de su aprobacin, los interrogatorios con arreglo a los cuales haba de hacerse la informacin. Psimo efecto produjo entre los comisionados reformistas el hecho de haberse presentado nicamente las preguntas relativas a la cuestin social, cuando era de esperarse que se dejaran conocer todas a la vez o por lo menos que se comenzase por las referentes a las bases de las leyes especiales que, en cumplimiento del artculo 80 de la constitucin de la Monarqua, seran sometidas a la consideracin de las Cortes para el gobierno de las provincias de Cuba y Puerto Rico. La postergacin de este punto se destacaba porque era el ms importante de la informacin y apareca con preferencia en el Real Decreto. Uno de los comisionados de Cuba, Jos Morales Lemas, expuso que el Presidente haba admitido la necesidad de que los miembros de la Junta conociesen todos los interrogatorios y que l, el orador, por su parte, consideraba que exista tal enlace entre unas respuestas y otras que no comprenda la

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Interrogatorios sobre la cuestin social 47 posibilidad de contestar acertadamente una sin haber ledo la totalidad de las preguntas. El Presidente pronunci aclaraciones tranquilizadoras, y los nimos quedaron aquietados. La solucin dada a la dificultad que levantara sospechas entre los comisionados reformistas dej libre el camino para el trabajo. Por consiguiente, el relativo a la cuestin social deba llevarse adelante con vista del cuaderno comprensivo de este interrogatorio: 1, Apreciada la imposibilidad de que en cada grupo de esclavos hubiese un sacerdote encargado de la educacin y del cumplimiento de los deberes religiosos de aqullos, convendra establecer misiones que peridicamente recorrieran las fincas para atender a estos importantes fines? 2, Cules eran las medidas que convendra adoptar para promover los matrimonios entre los esclavos? 3, Sera conveniente y eficaz el establecimiento de premios anuales para los dueos que en sus dotaciones de esclavos presentasen mayor nmero de matrimonios? Cul debera ser la cuanta de estos premios? En qu forma deberan adjudicarse? Qu medidas convendra adoptar para evitar los fraudes? 4, Haba algunas consideraciones que se opusiesn a que se adoptara la resolucin de que las familias de esclavos no pudieran separarse por voluntad de los dueos en ningn caso ni por ningn motivo? 5 Resultando de las estadsticas que en las poblaciones haba ms de cien mujeres esclavas por cada cen varones, mientras que en los campos existan solamente cincuenta y nueve mujeres por cien varones, qu medidas podran adoptarse, sin perjuicio de los derechos de los dueos de esclavos y sin chocar con las costumbres, para llevar a las fincas rurales una parte de estas mujeres destinadas al servicio domstico en las ciudades? 6 Cules eran las medidas que deban adoptarse para atender a la alimentacin y al cuidado de los esclavos, segn sus edades, hasta que cumpliesen la de catorce aos? 7, Que disposiciones deban adoptarse en favor de los negros que hubiesen cumplido la edad de sesenta aos? S. Cmo deberan los negros ser atendidos en sus enfermedades? 9, Qu nmero de lloras de trabajo por regla general deba establecerse para los esclavos? Caba hacer un aumento en las pocas del ario en que los trabajos eran urgentes? Cul deba ser el lmite de este aumento? 10. Qu reglas convendra establecer en el uso que los esclavos hiciesen del beneficio de ia coartacin? Debera continuar siendo per-

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48 Historia de la Nacin Cubana sonal simo? En qu forma podra en una familia ser utilizado este beneficio por los hijos de un coartado en caso de fallecimiento de ste? 11Convendra mantener en toda su extensin las facultades disciplinarias concedidas a los dueos y a los representantes de stos sobre sus esclavos? 12* Qu disposiciones convendra adoptar para prevenir o castigar en su caso la crueldad de los dueos o de sus encargados sobre los esclavos? 13* Convendra adoptar medidas indirectas para procurar que fuesen a las fincas rurales los esclavos destinados en las ciudades al servicio domstico, en el cual podan ser reemplazados fcilmente? 14* Sera eficaz y oportuno el establecimiento de premios anuales en favor de los dueos de esclavos que presentasen mayor nmero de emancipados poseedores de lotes de tierra que sus seores les hubieran adjudicado y que labrasen aqullos por cuenta propia? En qu cantidad deberan estas recompensas fijarse? En qu forma se adjudicaran? Qu medidas convendra establecer para evitar los fraudes? 15* Presentara inconvenientes la imposicin de una capitacin sobre ios esclavos destinados al servicio domstico con destino exclusivo al pago de los premios de que se hablaba en las preguntas anteriores? 16* Qu medidas deberan adoptarse para reprimir la vagancia de los negros libres? 17* Sobre qu bases podra establecerse el trabajo obligatorio para los negros libres? 18* Convendra establecer la pena de expulsin del pas para los negros condenados por reincidentes en la vagancia? 19* Qu medidas convendra adoptar para asegurar e buen trato de los trabajadores asiticos en su pasaje desde China? 20* Convendra introducir algunas reformas respecto de las condiciones de los contratos que se celebraban entre los empresarios y los trabajadores? 21* Habra inconveniente en suprimir las penas corporales que estaban autorizadas, reemplazndolas con multas? Habra consideraciones importantes en oposicin a que con el importe de estas multas se formase un fondo especial que peridicamente se distribuyera entre los trabajadores que no hubiesen incurrido en ninguna falta? Qu reglas deberan establecerse para estas distribuciones? 22* Cul debera ser la situacin de los trabajadores asiticos una vez terminados sus contratos? En qu condiciones podran permanecer en el pas? En caso de imponrseles ia obligacin de abando-

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Tres variantes de la esclavitud 49 Bario y de no poder os trabajadores pagar el precio de su pasaje, cmo debera atenderse a este gasto? 23, Cu! era la inmigracin que se consideraba ms conveniente? 24, Deba la inmigracin emprenderse directamente por el Gobierno o convendra que este la dejase al inters particular, aunque con sujecin a reglas determinadas? Cuales habran de ser estas reglas? 25, En el caso de que el Gobierno dejase la inmigracin al inters particular, convendra establecer anualmente algunas recompensas en favor de los propietarios que en pocas determinadas presentaran mayor nmero de colonos domiciliados en sus fincas? Cmo deberan adjudicarse estos premios? Qu garantas convendra establecer para asegurar e resultado y evitar el engao? Sera admitida la inmigracin extranjera del mismo modo que la procedente de las provincias de la Pennsula? En caso negativo, qu diferencias deberan establecerse? Las condiciones de trabajo en Cuba quedaron denunciadas en el interrogatorio preparado por defensores del absolutismo colonial. Ciertamente, en el perodo dentro del cual la Metrpoli estuvo obligada a adoptar una legislacin enderezada a modificar en sentido liberal la vida de la Colonia, poseedora de enormes recursos naturales, sta apenas haba cesado de ser campo de las actividades de la trata africana, de la introduccin de asiticos y de la importacin de indios yucatecos: tres variantes de ia esclavitud fomentada como nico medio, segn los defensores de la situacin imperante, para evitar que la principal de las Antillas dejase de ser rica posesin de Espaa. Una de las razones tenidas por los comisionados reformistas para impugnar el orden en que empezaron a presentarse los interrogatorios consisti en el temor de que, por la ndole de los asuntos sometidos a estudio, se exaltasen los nimos y se introdujera la discordia en el seno de la junta antes de llegar al momento de ocuparse con los particulares correspondientes a la parte poltica. Semejante obstculo poda surgir en el tratamiento de la esclavitud, de la que eran partidarios los comisionados designados por el Gobierno, El recelo sigui en pie cuando, en la sesin de 11 de diciembre de 18 66 de nuevo se aplaz la presentacin del interrogatorio poltico. Los miembros de la junta conocieron entonces las preguntas acerca de la cuestin econmica: 1, Convendra celebrar tratados de navegacin y de comercio para facilitar la exportacin de los frutos de Cuba y Puerto Rico y la importacin de os artculos de su consumo? En caso afirmativo, con qu naciones y sobre qu bases deberan ajustarse?

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50 Historia de la Nacin Cubana 2. Qu dificultades de esencia y de forma presentaban los aranceles vigentes en Cuba y Puerto Rico para celebrar tratados de comercio y de navegacin? Como podran vencerse? 3Deberan sostenerse en el arancel de Cuba los derechos de exportacin sobre sus principales artculos o sera conveniente sustituirlos por otra forma de contribuir? 4, Convendra variar la forma del arancel de Cuba sustituyndole agrupaciones que redujesen considerablemente el numero de sus partidas y sustituyendo tambin el derecho fijo del tanto por ciento ad-valorem en cuanto fuese posible, segn el proyecto publicado por e intendente conde Armildez de Toledo? Qu resultados se haban obtenido con el derecho diferencial de bandera? Convendra sostenerlo, modificarlo o suprimirlo? 6 La proteccin que presentaba el derecho diferencial de bandera era un obstculo para celebrar tratados de comercio y navegacin? En caso de serlo podra suprimirse este derecho desde luego o dentro de un plazo dado sin que sea perjudicada la marina mercante nacional? 7 En el caso de suprimirse el derecho diferencial de bandera qu ciase de proteccin podra concederse a la marina mercante nacional para que pudiese sostener la concurrencia con la extranjera? Debera preferirse el sistema de primas, el de franquicias o la reforma de las ordenanzas de matrculas? 8, Convendra reducir los derechos de abanderamiento sobre los buques extranjeros y declarar libre la admisin de los de alto porte, de hierro o madera* por un plazo nas o menos largo? 9 Podra permitirse a la marina de Cuba y Puerto Rico hacer en puertos extranjeros la carena, la recorrida y las dems obras que le fuesen convenientes o necesarias? 10* Debera sostenerse la prima a ios constructores de buques concedida por la legislacin vigente o modificarse esta forma de proteccin, otorgando franquicias sobre las primeras materias y objetos en bruto o fabricados* inclusas las mquinas y las piezas de stas que habran de emplearse en la construccin* aparejo, armamento y conservacin de los buques destinados al comercio martimo, fuesen de vela o de vapor, de madera o de hierro? ] 1. Qu reforma convendra introducir en las ordenanzas de marina, en la parte relativa al nmero de individuos que como dotacin fija habran de llevar los buques y a las condiciones, as marineras como de cualquier otra clase, que deberan reunir los mismos? 12* Sera conveniente conceder el libre ejercicio en los puertos de carga y descarga de buques y de las dems faenas comerciales?

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Preguntas acerca de la cuestin econmica 51 13* Qu franquicias deberan establecerse en la legislacin relativa al derecho de pesar y al manejo de embarcaciones menores, como botes, lanchas y falas, en los puertos, para facilitar las transacciones mercantiles? 14* De suprimirse el derecho diferencial de bandera, as sobre las mercancas como sobre los buques, convendra permitir desde luego a la marina extranjera la facultad de hacer el cabotaje en los puertos de Cuba, o debera reservarse para la espaola, y por cunto tiempo? 15* Qu dificultades presentaba el arancel vigente en la Pennsula, arreglado a la ley de aduanas de 17 de julio de 1849, para reformar el de Cuba y Puerto Rico, de manera que pudieran celebrarse tratados de comercio y de navegacin con las naciones que con las Islas sostenan relaciones mercantiles? Cmo podran estas dificultades superarse? 16. Qu inconveniente ofreca el rgimen arancelario de las aludidas naciones, particularmente en cuanto se refera a las Antillas, para ajustar con ellas tratados de navegacin y comercio? 17. Sera conveniente refundir en uno solo los derechos de puerto, navegacin, faros, sanidad y dems que se exigan a la marina mercante en Cuba y Puerto Rico a la entrada y a la salida y en la carga y en a descarga de mercancas, siendo tantos y tan diversos los que se exigan en los puertos del extranjero? 18. Sera conveniente reducir los derechos que sobre los artculos del comercio entre Espaa y sus dos provincias trasatlnticas figuraban en los aranceles respectivos, o sera preferible concederles la absoluta franquicia declarando de cabotaje el comercio entre ellas y la Pennsula? En este caso, qu dificultades se oponan a esta declaracin y cmo podran vencerse? 19. Si se creyese preferible la reduccin de los derechos vigentes en los aranceles de Espaa, Cuba y Puerto Rico para los artculos de su comercio, o no fuera oportuno declararlos desde luego de cabotaje, convendra al hacer la reduccin en el arancel de la Pennsula imponer los derechos a los azcares, segn sus clases, o fijar un derecho a los azcares, segn sus clases, o fijar un derecho nico para todos los azcares, excepto el de refino? 20* De declararse de cabotaje el comercio de Cuba y Puerto Rico con la Pennsula, debera hacerse desde luego extensiva esta declaracin a las dems provincias de Ultramar entre s y con la Pennsula? En este caso, semejante declaracin podra perjudicar las producciones de alguna de las dos Antillas? 21* Qu limitaciones tendra la marina extranjera para hacer este comercio de cabotaje?

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52 Historia de la Nacin Cubana 22. Antes de adoptar la medida a que se referan los nmeros del 18 al 21, ambos inclusive, qu medidas deberan adoptarse para igualar el sistema tributario de Jas provincias de Ultramar y el de tas de la Peni nsula, a fin de que el cabotaje no resultase por obra de esta medida un privilegio en favor de unas o de otras? 23. En mantenindose el impuesto arancelario, qu alteraciones deberan hacerse en el rgimen de las aduanas y en la instruccin para el despacho de las mercancas a fin de facilitar las operaciones comerciales en los puertos de Cuba y Puerto Rico? Con este objeto, convendra aumentar el numero de las aduanas y ampliar la habilitacin que algunas disfrutan? 24. Convendra suprimir todas las obvenciones que estaban concedidas a los empleados de aduanas y dotarlos con asignaciones fijas, sin opcin a percibir derecho alguno? 25* Qu reformas convendra introducir en la legislacin de aduanas de la Pennsula que trataba del adeudo de mercancas extranjeras procedentes de los depsitos comerciales de Cuba y Puerto Rico, a fin de facilitar las relaciones comerciales de las dems naciones americanas con i as Islas y las de estas con la Pennsula? 26* Debera hacerse extensiva esta reforma a las mercancas procedentes de los depsitos de las dems provincias de Ultramar? Y en este caso, cmo adeudaran las importadas en Cuba y Puerto Rico procedentes de los otros depsitos de Ultramar, o en las dems provincias ultramarinas las procedentes de los de Cuba y Puerto Rico? 27. Dadas las condiciones de las riquezas de Cuba y los elementos con que la Isla contaba para la produccin, cabia que la contribucin de aduanas se subrogase en otra por la cual contribuyesen di rectamente al Estado las clases comerciales, suprimindose las aduanas? Y en este caso, cmo podran conservarse los elementos que constituan la proteccin? Podra adoptarse la misma medida en Puerto Rico? 28. Sera conveniente declarar libres la importacin y exportacin en Cuba y gravar la produccin, sin distincin alguna para el consumo y la exportacin, con un derecho nico exigibie en los puntos de produccin o elaboracin, o era preferible sustituir el vigente sistema de impuestos con una contribucin directa sobre los productos de la agricultura, la industria y e! comercio? Qu circunstancias especiales de produccin convendra tener presentes? Era aplicable alguno de estos sistemas a Puerto Rico? 29. Qu efectos producira la supresin de las aduanas para la celebracin de tratados de navegacin y comercio?

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Interrogatorio de carcter poltico 53 30. Qu causas Influan en Cuba para el constante desnivel de los cambios con Espaa? 31La circulacin monetaria de Cuba satisfaca las necesidades de! movimiento mercan tilj as en el interior como en e exterior, o presentaba embarazos al comercio? En este ltimo caso, cmo se lograra vencerlos? Las preguntas as redactadas en Madrid invitaban a los reformistas a poner sus luces al servicio de esclarecimientos que podan variar el rgimen colonialEsto era evidente. Pero la desconfianza de los hombres procedentes de las Antillas no desapareca ante aquella mera presuncin. La verdad era que la preferencia dada al cuestionario econmico respecto del poltico encubra inconfesables intenciones. No fu sino ms de tres meses despus de constituida la Junta, en la sesin del 14 de febrero de 1867, cuando se circul el interrogatorio de carcter poltico. La alteracin en el orden del tratamiento de las secciones de asuntos que la junta deba estudiar fu un constante motivo de recelo. Lo que pareca fundamental haba pasado por enojosa postergacin. Al fin, las preguntas polticas eran las siguientes: 1* Convendra que todos los derechos polticos establecidos por las leyes para los habitantes de la Pennsula e islas adyacentes se hicieran extensivos a Cuba y a Puerto Rico? Cules seran las diferencias que deberan hacerse? Qu principios habran de servir de fundamento a las leyes electorales? 2. Supuesta la asimilacin de derechos polticos a que ia pregunta anterior se refera, sobre qu bases debera establecerse la consiguiente igualdad completa de obligaciones en cuanto al sistema tributario, al reemplazo para el ejrcito y a las dems cargas pblicas? 3. En vez de !a asimilacin de que las dos preguntas anteriores trataban seran preferible la creacin al lado del Gobierno de un cuerpo consultivo, en que hubiese necesariamente un nmero determinado de personas elegidas por las provincias de Ultramar? En qu forma debera hacerse la eleccin de estas personas? Cules habran de ser la organizacin y las atribuciones de este cuerpo consultivo? 4. Cules deban ser las bases de una disposicin en que se organizasen los gobiernos generales de las islas de Cuba y Puerto Rico? 5. Convendra introducir algunas modificaciones en la organizacin y atribuciones de los Consejos de Administracin existentes? Cules deberan ser estas modificaciones? 6. Deba mantenerse la divisin territorial de Cuba y de Puerto Rico? En caso negativo, qu divisin habra de hacerse?

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$4 Historia be la Nacin Cubana 7* Convendra introducir variaciones en la organizacin de los gobiernos locales dentro de cada Antiila? Cules deber jan ser estas variaciones? 8. Sera conveniente crear en las capitales de tos gobiernos locales algunas corporaciones que con carcter consultivo o administrativo* o con uno y otro a la vez* auxiliasen la accin de las autoridades respectivas? Cules habran de ser la organizacin y las atribuciones de estas corporaciones locales? 9* Deberan introducirse modificaciones en la organizacin y en las atribuciones de los Ayuntamientos? Cules habran de ser estas variaciones? 9. Deberan introducirse modificaciones en la organizacin y en las atribuciones de los Ayuntamientos? Cules habran de ser estas variaciones? 10. Al dictar todas las disposiciones de que trataban las preguntas precedentes, cul sera la participacin que en el goce de los nuevos derechos habra de concederse a los individuos libres de la raza de color? El interrogatorio poltico, aunque ms) breve que el social y el econmico, abarc los puntos de vista de los que teman que las provincias ultramarinas adquiriesen demasiada personalidad por efecto de la legislacin que se acordara en la Metrpoli y los de los que aspiraban a una modificacin del rgimen colonial basada en la existencia de organismos formados con intervencin de los habitantes de las Antillas* Las preguntas que dejaban ver estas posibilidades estaban inspiradas en el deseo de satisfacer demandas en que se entreveraban el decoro de Espaa y las necesidades de Cuba y Puerto Rico? La respuesta concluyente sera dada por ios hechos. Y los hechos pendan de la capacidad para obrar en justicia y con sabidura de los estadistas hispnicos en cuyas manos se hallaba el porvenir inmediato de las Islas. En aquel tiempo — las ltimas semanas de 1866 y las primeras de 18 67 — fue intenssima la labor de los comisionados cubanos reunidos en el Ministerio de Ultramar, en Madrid, con e propsito de discutir y aprobar las respuestas a los interrogatorios sobre las cuestiones social, econmica y poltica. Las deliberaciones estuvieron en armona con la importancia de los asuntos sometidos a estudio. En uno de ellos, el de la esclavitud de la raza africana, subi el tono de las discrepancias entre los reformistas y los defensores de los intereses espaoles en las Antillas* Alrededor de ios modos y medios de gobernarlas tampoco poda esperarse un acuerdo fcil* En cambio, hubo unanimidad de criterios en cuanto a la necesidad de modificar el sistema tributario que

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Necesidad de modificar el sistema tributario 55 rega en Cuba. Si se hubiese consultado a los hombres que ac seguan pensando en la independencia por la va de la revolucin, tambin se habran producido por un cambio inmediato en la forma de obtener y administrar ios recursos fiscales de esta nsula. Los informadores desembocaron en conclusiones concretas acerca del sistema tributario que desmoralizaba y arruinaba a Cuba, Urga extirpar las inmoralidades enseoreadas de la administracin pblica. El mejor remedio consista en ia supresin de las aduanas, que haban sido convertidas en instrumento de escandalosos peculados y de exacciones, gabelas, vejmenes y extorsiones que daaban el patrimonio y hasta atacaban el decoro de los comerciantes y agricultores. En el caso de abolir se las aduanas, un impuesto entre el cinco y el seis por ciento sobre la renta o produccin lquida bastara para satisfacer las obligaciones pecuniarias de carcter oficial. De no acceder se a la eliminacin de las aduanas, seran inexcusables la reduccin y la simplificacin de ios aranceles para evitar que la capacidad productiva de Cuba continuara rodando hacia el aniquilamiento y la esterilidad. Semejantes conclusiones estaban dando la razn a quienes pintaban la situacin gobernante en las Antillas hispnicas como una de las peores del Mundo y se preparaban para derrocarla por medio de a violencia. En vano esperaron ios reformistas ver triunfante la aspiracin suya que tan unnimes pronunciamientos provocaba. De sbito, el 12 de febrero de 1867, un real decreto ech por tierra toda ilusin relacionada con la informacin que se tramitaba en Madrid, puesto que, dando a entender falsamente que aquello era consecuencia de las deliberaciones y los acuerdos ya terminados, vulnerando respetos y derechos y manteniendo intacto el rgimen de las aduanas, estableci sobre la renta o produccin lquida el impuesto directo del diez por ciento, nico en el nombre y lo suficientemente elevado para arruinar la propiedad y la agricultura cubanas. Inmensa fue la indignacin causada por esta sorpresa. Hubo reformistas que aconsejaron y pidieron que al desmn perpetrado se contestase con el retraimiento, la retirada o a despedida violenta. Pero una voz cubana, por aadidura muy autorizada, la de conde de Pozos Dulces, se dej escuchar para encarecer el valor de a mesura y la serenidad en momentos tan difciles. La posicin de Pozos Dulces pudo parecer la revelacin del secreto reformista. Por muchos de los antecedentes de la informacin, por el contenido de los mismos interrogatorios sometidos a examen en Madrid, vena apareciendo que lo esencial de todo aquel esfuerzo colectivo era lo econmico. A la vista se hallaba un hecho muy instructivo: sobre comprender el interrogatorio econmico slo asuntos econmicos, los

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56 Historia de la Nacin Cubana interrogatorios acerca de lo social y lo poltico tocaban tambin, y con reiteracin, o econmico. Sin embargo. Pozos Dulces, el profundo definidor cubano de la economa cubana, quiso entonces, en una hora decisiva para los criollos que haban optado por la va de la evolucin, decir palabras de trascendencia incalculable. A su juicio, resultaba impropio de hombres prudentes y previsores renunciar a ventilar la cuestin poltica, que era lo primordial y preferente en el conflicto hispanocubano, puesto que las dems soluciones, as la econmica como la social, de la poltica dependan* Qu era, pues, la reforma? La reforma era una aspiracin plena de sentido poltico, que en azarosos y amargusimos instantes de prueba deba sacar fuerzas de flaquezas para llenarse de razones irrebatibles en su probable fracaso, Los reformistas siguieron la lnea de conducta trazada por la ecuanimidad de estadista que haba en Pozos Dulces* Otro cubano eminente, Jos Morales Lemus, redact una mocin enderezada a gestionar la revocacin del injusto real decreto sobre el impuesto directo de diez por ciento. Frases suyas tradujeron una inquietud grave: a medida impugnada, en no siendo derogada, producira en Cuba gran descontento, acaloradas discusiones y quiz alguna perturbacin* Imposible era decir ms en una rueda de hombres presidida por la suspicacia. Baldamente esperaron durante dos meses largos alguna rectificacin los comisionados cubanos. La norma de Pozos Dulces slo Jes sirvi para evidenciar hasta dnde eran capaces de llegar por el camino de ios sacrificios para servir a su patria en a desgracia. Entonces qued comprobada la exactitud con que el poltico espaol Cndido Nocedal habia afirmado que Isabel II era reina absoluta de Ultramar, E 27 de abril de 1867 se celebr la ultima reunin de los comisionados encargados de informar en Madrid sobre las bases en que haban de fundarse las leyes especiales que deban proponerse a las Cortes para el gobierno de las provincias de Cuba y Puerto Rico. Unos das despus, e! y de mayo. Morales Lemus puso a nota final en, la historia de la frustrada reforma. El sesudo representante de esta An tilla dej en poder del Ministro de Ultramar un compendio de indicaciones acerca de lo econmico y algo de la educacin primaria y la enseanza universitaria. De lo poltico, considerado lo primordial por Pozos Dulces, prefiri no hablar: de lo poltico era mejor no hablar. Ciertamente, en el fracaso de la reforma habia influido, ms que la inicua burla vaciada en una medida de carcter fiscal, la notoria e irremediable incapacidad de Espaa para comprender el alcance de las aspiraciones polticas de Cuba.

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Lluvia de falsas imputaciones 57 Los reformistas mordieron el polvo del descrdito, pero no por causas menoscaba doras de su probidad. Trgico fu el destino de su mproba labor en pos de una solucin pacifica para el conflicto entre Espaa y Cuba. En su lucha contra el egosmo y la deslealtad de la Metrpoli tuvieron que admitir la conclusin de que nada les quedaba por hacer para salvar a la Colonia. A la Isla regresaron sumidos en el desencanto y el pesimismo. La desventura creci para los voceros de la reforma cuando a su vuelta de Madrid se vieron amordazados por la censura espaola. Quisieron explicar publicamente la naturaleza y el alcance de sus gestiones, as en descargo propio como para satisfaccin de sus mandantes, y la intolerancia oficial coart el ejercicio de tan claro derecho. Pero la malignidad no se detuvo ah. Sobre los reformistas llovieron las falsas imputaciones lanzadas por los espaoles de la Isla. Los peridicos gubernam entales no se cansaron de atribuir a los defensores de la no conseguida transformacin del rgimen colonial todas las consecuencias del pernicioso impuesto recin creado. Para que el sarcasmo fuese cabal, las altas autoridades de a Isla se mostraron ntimamente ligadas y en absoluta armona con los retrgrados, sin excluir a los esclavistas y negreros, atacados de ceguera poltica. La revolucin no haba detenido su marcha en Cuba. Segua siendo un suceso de tamaos histricos. Entre los hombres que en la Isla se sentan embargados por la inquietud patritica corran an las noticias relativas a !a frustracin del empeo reformista cuando, a mediados de 1867, las autoridades espaolas descubrieron una conspiracin extendida por la ciudad de Santiago de Cuba, El Cobre, Palma Sonano y otros partidos de ia regin oriental. Hubo tres muertos — Agustn Da, Marcelino Vclzqucz y Fernando Gullet — y numerosos detenidos. La justicia colonial dijo que la conspiracin tena por objeto trastornar el orden pblico y el social y rebel ar a los negros contra los blancos. La represin oficial frustr este pan subversivo. Era evidente que el espritu de rebelda llevaba vida larga en Cuba y que vena pugnando por manifestarse violentamente. Este fenmeno se haba exhibido en Ja poca del auge reformista, sin que el mismo hubiese tenido potencias suficientes para enervar la accin revolucionaria. Naturalmente, a frustracin de la reforma favoreci la idea de librar a Cuba del yugo espaol y ensanch de manera extraordinaria sus posibilidades. Por parte de los maltrechos reformistas hubo honda reflexin. Con pavor observaron el engreimiento espaol. Los peridicos que lo traducan no guardaron recato en sus pronunciamientos. Expresaron que T, iv. o

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S8 Historia de la Nacin Cubana el sistema de gobierno vigente en Cuba era inmejorable y que, por consiguiente, no poda pedirse ni esperarse innovacin alguna. Llamaron traidores a quienes crean lo contrario. Se tuvieron por dueos de la Isla. Se mofaron de los criollos por su largo sufrimiento y por su prudencia, que achacaban a cobarda. Tanto acoso origin en los reformistas Ja verdadera revolucin, !a de las ideas, precursora de la decisin de vindicar sus derechos a costa de cualquier sacrificio. Los revolucionarios irreducibles no haban ocultado sus censuras para los cubanos entregados a la tarea de buscar cambios y mejoras bajo la dominacin espaola. Hasta haban clamado en momentos decisivos de 1 $66 por el abandono de la ilusin reformista como medio apto para robustecer los proyectos insurreccionales. La rivalidad entre ambos grupos obedeca a discrepancias respecto de sus finalidades polticas. As lo comprendieron los reformistas, convencidos ya de que de Espaa nada reparador o saludable podan esperar. Y procedieron con ejemplar elevacin. No se acomodaron en la abstencin, ni se refugiaron en el despecho. El sueo de los espaoles que no comprendieron c alcance de la concesin de reformas polticas a Cuba, ni midieron el peligro de negarlas, empleando en ello hasta el engao, consista en mantener en la Isla un rgimen colonial fuerte. A esto pudieron llegar ellos por medio de justas y sabias medidas, enderezadas a satisfacer las ansias de libertad nutridas por hombres en quienes se juntaban excelente posicin econmica, equilibrio mental y vasta ilustracin, Pero prefirieron persistir en e insano empeo de negar hasta las ms elementales innovaciones. Puesto que carecieron de aptitud para apreciar el valor de una renovacin ajustada a la equidad, les pareci que la nica forma idnea para robustecer el rgimen colonial consista en conservarlo cerrado a todo entendimiento entre espaoles y cubanos. De esto a fracaso de las soluciones pacficas que eran asequibles la distancia resultaba tan corta como grave pareca e momento histrico en que se hallaba Cuba al desaparecer toda esperanza de reparadora rectificacin por parte de Espaa.

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LIBRO SEGUNDO ANEXION E INDEPENDENCIA

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Captulo I DE 1837 A 1848 J os Antonio Saco* en el comentad simo prrafo final de su Para tlelo entre la isla de Cuba y algunas colonias inglesas, publicado el ao crtico de 1837, se detuvo a sealar los dos objetivos a donde pudieran y debieran dirigirse los esfuerzos de todos los buenos cubanos* si el gobierno espaol llegase alguna vez a cortar los lazos polticos que unan a Cuba con Espaa. Una existencia propia, una vida independiente, y si posible fuera tan aislada en lo poltico como lo est en la naturaleza, deba ser, en opinin de Saco, la primera y ms alta aspiracin de los cubanos; pero si arrastrada por la fuerza de las circunstancias tuviera la isla de Cuba que arrojarse en brazos forasteros, en ningunos, aada el ilustre escritor, podra caer con ms honor ni con ms gloria que en los de la gran confederacin norteamericana.* Ni una ni otra de las dos soluciones apuntadas por Saco, ha escrito Ramiro Guerra, encontraron ambiente y acogida favorables por el momento. Los cubanos de significacin social e intelectual no tenan fe en la independencia ni crean en la posibilidad de conseguirla* Entre los hijos del pas, asegur Luz y Caballero en la notabilsima Representacin al general Tacn que firmara Jos Antonio Saco, exista un sinnmero de hombres acaudalados que no se moveran por nada ni por nadie de este mundo, amn de otra fraccin harto pequea y desunida que tampoco tendra nimos para agruparse y promover trastornos, ya que, dolase Luz, el empeo y la perseverancia no eran las cualidades que ms sealaban a sus conterrneos. Por otra parte, el temor al ^enjambre de africanos 3 que nos rodeaba — el gran argumento de A rango y Par reo— condujo al ilustre patricio a proclamar que lt aun entre os ms ilusos se ha desacreditado i a opinin por la independencia 33 ; que el ideal separatista era ya negocio pasado, cosa juzgada y abandonada, muy principalmente a causa dei lastimoso estado de instabilidad y desorden que brindaban las flamantes repblicas americanas* Luz se detuvo asimismo a sealar que el propio Saco, en las pginas de El Mensajero Semanal, haba publicado en diversas oportunidades escritos muy circuns-

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64 Historia de la Nacin Cubana t andados contra !os ambiciosos proyectos de Bolvar y de Santa Anna, impulsado por el puro amor a la verdad y a la patria, nico mvil de su bien cortada pluma, Y la misma desilusin e idntica falta de entusiasmo que hemos advertido en Saco y en don Jos de la Luz, haban ganado tambin a los ms gallardos y animosos paladines antao del ideal i ndepen dentista: Jos Mara Heredia, el cantor ardoroso de La Estrella de Cuba, y Gaspar Betancourt Csneros, el ilustre y batallador patricio camage y ano. La solucin anexionista, casi cada en el olvido y abandonada tambin, pareca tener sin embargo mayor suma de posibilidades. El mismo Saco, cuando aun no se haban hecho pblicos los acuerdos de la Comisin especial de las Cortes espaolas sobre la exclusin de los diputados cubanos, el 21 de enero de 1837, descubri a su buen amigo Jos Luis Alfonso, el "querido Pepe 55 de sus cartas, el trasfondo de su pensamiento poltico asegurndole que: "Mis deseos siempre han sido que Cuba fuese slo para los cubanos; pero ya que tal vez no podr ser, porque este gobierno nos empuja a una revolucin, no nos queda ms recurso que arrojarnos en brazos de los Estados Unidos. Esta es la idea que conviene difundir e inculcar en d nimo de todos”. Cuatro aos antes, en su aplaudido Clamor de ¡os cubanos — carta de un patriota dirigida a sus Procuradores a Cortes — Saco haba advertido que un funesto porvenir, que acaso no estuviese muy lejano, esperaba sin duda a nuestra isla, si no se cambiaba de sistema, es decir, de manera y de mtodos de gobierno. Y Saco siempre crey y sostuvo que de los abusos de ese torpe rgimen poltico haban surgido el anexionismo y todas sus graves consecuencias, Pero la solucin anexionista encontraba tambin grandes obstculos e inconvenientes. La aguda crisis hacendstica y poltica que padecan ios Estados Unidos, por 1837; la honda rivalidad angloamericana, que tendi a favorecer, en Cuba, el mantenimiento dei statu quo (la soberana espaola) ; la oposicin decidida de la Gran Bretaa y de las otras potencias europeas a las tendencias espansionstas de las antiguas Trece colonias; el movimiento ant esclavista de los estados norteos de la confederacin; y la creencia de que los norteamericanos no se atreveran o no podran desafiar la firme actitud de los gabinetes de Londres y Pars, eran notorios impedimentos, muy difciles si no imposibles de salvar. La publicacin y circulacin del Paralelo saquista provocaron las iras del spero general Tacn. De folleto incendiario, receptculo de ideas sediciosas y de alusiones subversivas, escrito con el propsito bien vi-

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Jos ue la Lu?. y C a siluro. *Td mis sabio, el ms virtuoso y el ms bueno entre iodos los cubanos,” Pensador de ideas originales y profundas, poligloto consumado, viajero observador, maestro eficacsimo, patriota integrrimo, "niq gun nombre llego a tener en la isla de Cuba, antes de! periodo de guerras libertadoras que comienza en 1868 tan gloriosa resonancia, de un extremo al otro del pas”. Lu y Caballero no alent ni predic jam-, la violencia, porque crea firmemente que los males deCuba eran de ndole moral; perc cuando, ya desaparecido el maestre, un abogado ba yantes, impetuoso \ decidido, ret a singular contienda con solo un puado de valientes al podero espaol, cuatro veces secular en nuestra patria* un gran nmero de profesores y discpulos del Colegio del Salvador — la obra predilecta de Luz — corri a tomar parte en la guerra emancipadora, y la historia de Cuba conservar para siempre en m: r ; pginas los nombres ilustres de Ignacio Agramme, Juan Clemente Zenea, Luis Ayustarn. Honorato de! Castillo. Antonio Zambrana, .Marcos Garca y cien ms, dig nos hijos espirituales de don Jos de la Luz* De A dijo Mart: "Supo cuanto se saba en su poca, pero no para ensear que Iq sabia, sino para t tasn i l i rlo. Sen i br h ora b res ” K i grabado que se reproduce est tomado de k Vid ti de don Jos de h Lux y CubaUm/, por Jos Ignacio Rodrigue/ {Nueva York, 1874).

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Una conspiracin original 65. sible de sublevar al pas y separarlo de la dependencia de Espaa, no vacil Tacn en calificar el vibrante alegato, en el oficio reservado que dirigiera al Ministro de la Gobernacin de Ultramar, apenas lleg a sus manos un ejemplar del Paralelo por conducto del agente secreto y confidencial Joaqun N. Valds Peralejo, residente a la sazn en Cdiz en el afanoso desempeo de su degradante empleo, Pero Tacn hizo algo ms que denunciar al gobierno metropolitano las actividades de Saco y del club de habaneros desleales o de cubanos disidentes, que de ambas maneras los llamaba: crey o fingi creer en la existencia de una conspiracin separatista, conjura original! sima que se tramaba a la vez, segn sus espas o confidentes, en la isla de Cuba y en su distante Metrpoli, y que se conoce en nuestra historia poltica como la conspiracin de la Cadena Triangular y Soles de la Libertad Saco, en dos oportunidades distintas, ha negado la existencia de la trama conspiratoria (en una carta a su entraable amigo Jos Luis Alfonso, ya citado, y en una cumplida refutacin a tinos errores consignados en el Ensayo histrico de don Jacobo de la Pezuela). La carta est fechada en Gbraltar, a 1* de diciembre de 1837, y es por consiguiente contempornea de los sucesos; la refutacin fue publicada en el tomo tercero de su Coleccin de papeles (Pars, 1859), y trae, en abono de sus asertos, una interesante carta de don Francisco Muoz del Monte, complicado tambin en la supuesta conspiracin, escrita en Madrid, a 16 de diciembre de 1858* Segn el gran polemista bay arns, uno de los numerosos espias que el general Tacn subvencionaba y mantena "derramados” por la Pennsula, el ya mencionado Joaqun N* Valds Peralejo, rufin de profesin”, fu a vivir a una casa de huspedes gaditana, muy frecuentada por varios habaneros. Valds se dedicaba a seguir los pasos y escuchar las conversaciones de las personas que juzgaba sospechosas, para despus informarle minuciosamente al general Tacn, que gustaba de esos procedimientos, y es muy posible que, a falta de datos fidedignos, aadiese algo de su propia cosecha* Supuso Valds la existencia de una junta revolucionaria, que presida un mexicano de apellido Lama, en otro tiempo amigo devoto y contertulio de Tacn* Saco y el general Narciso Lpez eran tambin, segn el confidente, figuras conspicuas de la conjura, y varios cubanos recin llegados a Cdiz, unos de trnsito para la villa y corte de Madrid y otros en viaje de regreso a La Habana, haban celebrado, apuntaba el espa, un almuerzo patritico y varias reuniones ms con el propsito de convenir en los medios ms eficaces para el mejor xito de la revolucin. Con esos antecedentes, el suspicaz gobernador dispuso la formacin de la correspondiente causa en La Ha-

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6 6 Historia de ta Nacin Cubana baa, dando cuenta en seguida al gobierno de la Metrpoli, que orden asimismo que un juez de letras de la poblacin de Cdiz se hiciera cargo de las investigaciones sumariales en la Pennsula, Lama fue preso y Saco juzg prudente ponerse a salvo. Pedro Jos Guitcras, cuyo nombre ilustre figura en el nmero de las personas encausadas, nos ha dejado t amblen en el captulo segundo de Cuba y su gobierno (Londres, 18 53), y en el captulo ltimo de su notable Historia de la hla de Cuba (Nueva York, 1865-1806), sendos relatos de estos sucesos que en lo esencial concu er dan con las noticias de Saco. La Comisin Militar Ejecutiva y Permanente de la isla de Cuba libr mandamiento de prisin contra el abogado don Manuel Rojo, uno de los miembros ms destacados de la Gran Legin del Aguila Negra el capitn don Manuel Molina y dos jvenes que acababan de regresar de Cdiz en el correo martimo (los hermanos Pedro Jos y Ensebio Guiteras). La Comisin dispuso tambin que se prepararan varios calabozos para determinados individuos que se esperaban de aquella ciudad espaola, y los patriotas de La Habana y Matanzas "estuvieron en peligro de sufrir persecuciones injustas”. Las personas detenidas permanecieron presas e incomunicadas varios meses, "durante cuyo tiempo se han visto obligadas a pagar, anota Domingo del Monte, cuatro y seis reales de plata diarios por su forzado alojamiento”, mientras el odioso denunciante sufra encierro en Cdiz por calumniador y estafador. Sustituido el spero Tacn por el teniente general don Joaqun Ezpeleta, fueron todos los detenidos puestos en libertad, reservndoseles sus derechos contra el denunciante. El profesor Portell Vil, que cree en La existencia de la trama conspiraron a a pesar de las protestas reiteradas de Saco y de Culteras, nos dice que: "El inicio de ese movimiento revolucionario deba tener lugar con ocasin de una revista militar que presidira Tacn, durante la cual la guarnicin del viejo castillo de San Carlos de la Cabaa se sublevara y amenazara con bombardear la plaza si no era entregado Tacn a los revoltosos”. Las exigencias de Lord Palmerston en el gravsimo problema de los emancipados y la agitacin del cnsul Turnbull, fantico adversario de la esclavitud, dan lugar, en 1842, a un pujante y amenazador brote de la tendencia anexionista, en Cuba y en tos Estados Unidos. El batallador ministro de S.M. britnica haba solicitado del gabinete espaol, en nota de 25 de mayo de 1840, que se ampliasen las atribuciones del tribunal mixto creado en La Habana por el convenio

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La imperiosa ley de la propia conservacin 67 angloespaol de 183 5, a fin de que e mismo quedara autorizado para proceder a la bsqueda y emancipacin de todos los esclavos introducidos despus del 30 de octubre de 1820, El gobierno espaol, que tema desagradar a Jos ingleses, trat de ganar tiempo y puso en conocimiento de Lord Palmerston que, dada la gravedad del asunto, crea necesario antes de tomar cualquier determinacin or el parecer de las autoridades de Cuba. La noticia de las pretensiones britnicas, muy pronto conocidas y divulgadas, produjo una intensa alarma entre los propietarios insulares de esclavos y hasta en la propia cancillera norteamericana que, temerosa de una posible doble intencin de los ingleses, se apresur a asegurar al gobierno espaol por boca de su Encargado de Negocios en Madrid, que Espaa poda contar con los recursos militares y navales de los Estados Unidos para mantener en su poder la isla de Cuba, o para recuperarla en el caso de que se viese compelida a abandonar su posesin. Un crecido nmero de hacendados y de otros elementos representativos de la riqueza de Cuba, criollos y peninsulares, entr entonces en estrecha inteligencia con ncleos importantes de esclavistas norteamericanos — que "no hay cosa que rena ms las opiniones que k identidad de intereses”, escribi Jos Antonio Saco — y hasta el Ayuntamiento de la Siempre Fidelsima Ciudad de La Habana, organismo ponderado y conservador, no temi dirigirse al gobierno peninsular advirtindole que la acrisolada e altad de los vecinos de esta opulenta Antilla correra serios peligros de quebrantarse en el caso, imposible en justicia, de que se viesen obligados sus moradores a ceder a k "imperiosa ley de su propia conservacin”. Las connivencias entre los esclavistas norteos e insulares y la noticia, obtenida en fuentes responsables, de que se trabajaba de nuevo y con renovado vigor en pro de k anexin, alarmaron y pusieron sobre aviso al ministro espaol en Washington, y movieron asimismo al gabinete de Madrid a dar seguridades al general Valds y a los propietarios de esclavos respecto a que no se consentira, de ninguna manera, que la propiedad fuera perturbada ni puesta en peligro por las exigencias de Inglaterra, Mas, a pesar de estas seguridades, el gobierno espaol le ordenaba al general Valds, en los primeros das de enero de 1842, que comenzase a disponer las cosas para la emancipacin de los esclavos introducidos despus de 1820. Pero el celoso gobernador, que tema la prdida o acaso la ruina de la isla si esta disposicin se haca pblica, guard k ms absoluta reserva sobre su contenido y se dispuso a resistir con inquebrantable firmeza la orden del gobierno. Val des hizo ms: reiter su peticin de que se hiciese abandonar a Mr. Turnbull su cargo de cnsul y hasta el suelo de Cuba, y amenaz al gabinete, si la orden se mantena, con resignar su ¡L

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8 Historia de la Nacin Cubana alto cargo, avergonzado, dijo, de la humillacin tan degradante a que se vea constreida su infortunada patria. La enrgica actitud del gobernador de Cuba se vio favorecida por los vaivenes de la poltica inglesa y el xito mis lisonjero coron su proceder, Turnbull fue relevado de su cargo y el vicealmirante Parker, jefe de la escuadrilla arribada a La Habana para cooperar, con las autoridades del pas, en los medios mis viables para realizar la pesquisa y la subsiguiente emancipacin de Jos esclavos introducidos de contrabando, reconoci al cabo, de manera tcita a lo menos, la inoportunidad y la imprudencia de emprender ¡a bsqueda general solicitada por su gobierno; actitudes, una y otra, que se deban a un cambio de frente en la poltica de la Gran Bretaa: a la cada del gabinete liberal de Melbourne y a su reemplazo por el gobierno conservador de Peal, que produjo a su vez la designacin del conciliador Lord Aberdeen en lugar del fogoso y exigente Lord Palmcrston; y a un creciente mejoramiento de las relaciones angloamericanas, perturbadas hasta entonces por la cuestin de Cuba y el candente problema de la esclavitud. La poltica conciliadora de Lord Aberdeen exasper al cnsul Turnbull y a los abolicionistas ingleses y produjo un hondo descontento, primero, y una profunda decepcin, despus, entre los esclavos y la gente de color libre de la isla de Cuba, El vehemente funcionario britnico, que muy pronto sera relevado de sus funciones, no se resign con facilidad a ver derruido su ms ferviente anhelo, y hay motivos suficientes para pensar que fue entonces sin duda que intent llevar a termino feliz sus propsitos dos veces liberadores: la independencia de Cuba, satisfaccin que brindaba a los cubanos blancos, y la abolicin inmediata de la esclavitud, cifra y compendio de las aspiraciones de los hombres de color. (Turnbull, que haba concitado contra s el odio de las autoridades coloniales y de los dueos de esclavos, se vio precisado muy pronto a refugiarse a bordo de buque ingls Romney, el da 8 de junio de 1842, temeroso de ser asesinado "a causa de la excitacin que en La Habana haba causado su conducta 1 '). Pero Turnbull y sus activos y eficaces colaboradores — cubanos y emigrados sudamericanos, personas de talento y de indiscutible influencia— tropezaron, desde ios primeros instantes, con a gran dificultad de que los cubanos blancos diferan esencialmente [entre s] en cuanto a la oportunidad y los medios de conceder inmediata libertad a la poblacin esclava”, y con la evidente, mutua desconfianza que reinaba entre las dos "fracciones independientes”, aparte del justificado temor a las medidas rigurosas que pudiera tomar el gobierno, que tambin contena o retraa a muchos.

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Digna y valiente actitud de Luz y Caballero 69 El relevo de Turnbull, que se produce a poco, desanim a los conspiradores blancos, aunque, segn la versin de Erancis Ross Cocking, vicecnsul ingls y hombre de la confianza del funcionario depuesto, la decisin del nuevo agente consular Mr, Grawford de llevar adelante los planes de la conjura dos veces in dependen tist a, infundi nuevo vigor y renovada vida a los comits revolucionarios: e! comit de los blancos y el de los negros y mulatos, Pero una gestin encaminada a conseguir la ayuda de las autoridades y de las personas de color influyentes de la isla vecina de Jamaica, que emprendi Cocking por indicaciones de Crawford, no hall ambiente ni acogida favorables. Tan slo e¡ viejo general Marino, venezolano al servicio de las .sociedades abolicionistas inglesas, estuvo dispuesto a dirigir lo que se ha dado en llamar la expedicin de los tizones (El relevo del cnsul Turnbull di origen a un ruidoso incidente promovido en la Sociedad Econmica de Amigos del Pas, en el que se destac de manera singular, por su viril comportamiento, el gran patricio cubano don Jos de la Luz y Caballero, que !a diriga por entonces, El general Valds, que aborreca a Turnbull, quiso infligirle una grave mortificacin y, a ese fin, sugiri a varios "amigos del pas” que solicitasen la supresin del nombre del tenaz abolicionista de la prestigiosa lista de miembros correspondientes de la institucin. El acuerdo, logrado en una sesin bastante concurrida, pero no sin protestas, movi a Luz y Caballero, enfermo a la sazn, a dirigir a la Sociedad un enrgico escrito, que redact Antonio Bachiller y Morales, y que ledo y discutido en la junta de 22 de junio de 1842, logr, por gran mayora, la revocacin inmediata del infortunado despropsito. La opinin ilustrada del pas recibi con aplausos la reconsideracin del acuerdo y la digna y valiente actitud de Luz y Caballero.) Al regreso de Jamaica, Cocking pudo notar, con pesar y honda preocupacin, que sus amigos y colaboradores blancos haban perdido mucho de su entusiasmo, y no se ocultaban para manifestar sus deseos de conocer la actitud que adoptara el jefe de la escuadra inglesa de las Antillas en el caso de producirse en Cuba el esperado movimiento revolucionario, y sobre todo mostrbanse ms renuentes que nunca a admitir "criollos o nativos esclavos” como auxiliares en la lucha que se avecinaba* Cocking se vio recibido con sensible frialdad y, decepcionado, atribuy esta triste situacin, que derrumbaba sus proyectos, a las gestiones de agentes confidenciales norteamericanos que, hbil e inte! i genteniente adiestrados, ofrecan a los cubanos la independencia, una independencia que desembocara ineludiblemente en !a anexin; pero que permitira conservar, y quizs consolidar, la combatida institucin do-

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70 Historia de e a Nacin Cubana mstica. Y !a conspiracin del cnsul Turnbull — -su gran desquite de fantico defraudado— produjo estas dos reacciones antagnicas: un a vi v amiento del espritu anexionista, entre los blancos, y un hondo malestar, fuente de graves y sangrientas insurrecciones, entre la gente de color. El general Vads que conoci sin duda de la extensin y de alcance de ios planes de los anexionistas —de los anexionistas por motivos puramente econmicos — supo comprender y disculpar a actitud del general Narciso Lpez, que haba brindado su espada a los conspiradores en los "trminos propuestos” por los norteamericanos, y de los otros comprometidos en el movimiento ("varios espaoles europeos muy importantes se haban unido a l, persuadidos de que tarde o temprano el gobierno britnico obligara a Espaa a emancipar los negros”), y no hubo rdenes de arresto, ni persecuciones, ni otras desdichas que lamentar. Para Vads, la conspiracin no iba dirigida contra Espaa, ni haba sido fomentada ni auspiciada por los enemigos de la Metrpoli; sino que era, a su modo de ver, un movimiento natural de defensa de la poblacin blanca del pas, amenazada en sus intereses ms vitales, frente la poltica torpe y perniciosa del gobierno espaol, instrumento dcil de las pretensiones abolicionistas de los ingleses. E enrgico gobernante que, noticioso de los planes de Turnbull y de sus infatigables secuaces, haba adoptado las medidas oportunas de precaucin y de defensa, pas entonces el asunto a conocimiento de la Comisin Militar, y sta, presidida a la sazn por el general Narciso Lpez, dict, entre otras, sentencia de muerte, ms tarde conmutada por la de diez aos de presidio en Africa, contra el mulato libre Jos Migue! Mitchell, hombre de a confianza del cnsul Turnbull y activo y eficaz agente abolicionista. Una gran figura social e intelectual de esta poca, "el ms real y til de los cubanos de su tiempo”, que dijera Jos Mart, Domingo del Monte, se sinti seria y profundamente alarmado ante la invasin de las fuerzas de Mario y la formidable insurreccin de esclavos que se anunciaban como hechos posibles e inmediatos. El ilustre patricio, que persegua a la vez ganarse la simpata y el apoyo de las autoridades norteamericanas en pro de la abolicin del trfico negrero, causa ltima de todos nuestros males, se dirigi por escrito a su buen amigo Alexander H. Everett, de Boston, rogndole, en 20 de noviembre de 1842, que pusiera los hechos a que hemos aludido ms arriba en conocimiento del gobierno de los Estados Unidos y del gabinete de Madrid, pero que por prudencia —vivase entonces bajo el rgimen de las facultades omnmodas — silenciara su nombre. Mr. Everett se apresur a hacer llegar las noticias de Del Monte al Secretario de Estado de su nacin, el fa-

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La conspiracin, supuesta o real* de 1844 71 moso Daniel Webster* el cual a su turno le di cuenta del asunto al Cnsul general de los Estados Unidos en La Habana, al Ministro espaol en Londres y al Gobernador general de Cuba. El gobierno americano, alarmado y preocupado, dispuso el envi de dos fragatas de guerra a las aguas cubanas con rdenes de brindarle sus servicios y ayuda efectivos al general Vads* Pero Mr, Campbell, cnsul americano, y el propio general Vads, se apresuraron a dar seguridades a sus gobiernos respectivos sobre el estado de quietud y de orden absolutos que se disfrutaba en la isla, y Lord Aberdeen, a su vez, neg de plano la supuesta participacin del gobierno britnico en los manejos y confabulaciones de Turnbul y de Cocking y, temeroso de la actitud de los norteamericanos cuyos hbiles trabajos conoca, advirti a las autoridades de Jamaica que estrechasen la vigilancia y o bst acular izaran hasta hacerlos fracasar los proyectos de los abolicionistas contra Cuba, El nombre de Turnbul so vi mezclado de nuevo, unos meses despus, en los enmaraados procesos de la Conspiracin de la gente de color contra los blancos, como rezan las carpetas de ios autos instruidos por la celebrrima Comisin Militar los aos de 1844 y 1845, considerndose al tenaz abolicionista, en varias de las sentencias dictadas, como el principal responsable e inductor del movimiento. Pero estudiosos investigadores de nuestro pasado, como Vidal Morales y Morales, que en busca de la verdad consult la opinin de los ms conspicuos coetneos de los das de la conspiracin, y Francisco Gonzlez del Valle, notable autor de magnficas monografas histricas, no han dudado en poner en tela de juicio la existencia misma de la conspiracin, calificndola de supuesta o de cuestin no bien averiguada ni esclarecida por lo menos. Recientemente, sin embargo, otro enterado y acucioso investigador, el doctor Jos Manuel de Ximeno, ha sostenido, con gran copia de argumentos, que la conspiracin de 1844 no slo es la ms importante de las ocurridas hasta entonces en Cuba, sino que fue tambin "la primera gran conspiracin cubana separatista con ramificaciones en toda la isla”, y "representa la ltima etapa de la poltica tradicional de Inglaterra con respecto al imperio espaol en Amrica Es un largo proceso cuyas races prendieron en el instante mismo que Cromwell inici el engrandecimiento de su patria, y que en el transcurso del tiempo, sufri las mutaciones naturales impuestas por lugares y pocas”. Para Ximeno, Turnbul diriga y alentaba sin duda alguna los planes conspratenos y supo halagar y estimular adems, con rara habilidad, las aspiraciones de todas nuestras clases sociales; si no logr sus proyectos fue por ciertas complicaciones internacionales que obligaron a

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72 Historia de la Nacin Cubana los ingleses a desistir de sus propsitos y por la honda divisin existente entre negros y mulatos, (Ximeno sostiene la existencia, en 1844, de dos conspiraciones paralelas; una de negros, a quienes mova la funesta pasin de la venganza; otra de mulatos, a quienes impulsaba un noble deseo de elevarse*) El vivo afn de conservar la odiosa institucin de la eslavitud, fundamento de la estructura econmica y social de la isla, conduca, por 1845 —apenas desvanecidos los temores que inspirara la conspiracin de i 844, que haba sido severa, despiadadamente reprimida — a adoptar y propugnar una de estas dos soluciones: acogerse a los beneficios de la ley penal espaola de 2 de marzo de 1845, que dispuso que "en ningn caso ni tiempo podr procederse, ni inquietar en su posesin a los propietarios de esclavos, con pretexto de la procedencia de stos”; en otras palabras, continuar bajo la dependencia poltica de Espaa, en la que la cada de Espartero haba significado tambin el cese de la influencia dei gobierno britnico y de sus exigencias alesela vis tas; o buscar la alianza interesada de los dueos de esclavos del sur de los Estados Unidos, solucin peligrossima que desembocara ineludiblemente en la anexin* La primera va, que tanto entusiasmo despert en Saco y en Del Monte, tuvo muy pronto numerosos partidarios, dispuestos a olvidar, frente a posibles rectificaciones, los errores y los agravios de 1837; pero tambin la tesis anexionista, a pesar de sus indudables peligros, fue para muchos el modo satisfactorio y quizs definitivo de resolver varios de los grandes y gravsimos problemas cubanos del momento* Domingo del Monte, en sus Reflexiones sobre la balanza mercantil entre Cuba Estados Unidos e Inglaterra, escritas en Pars durante e mes de marzo de 1846, nos ha trazado, de mano maestra, un detenido y perspicaz anlisis de las razones que inspiraban a los agregacionistas, estudio que, en opinin de Ramiro Guerra, constituye un documento de gran valor histrico para comprender la razn de ser dei pensamiento y de a tendencia anexionistas en ios diez aos crticos que corren de 1845 a 1855* La fuerza de expansin de los norteamericanos en el Nuevo Mundo no encontraba, a juicio de Del Monte, obstculo alguno que se le opusiera, sobre todo si se le pona en parangn con la notoria inexperiencia y la debilidad cierta de los gobiernos hispanoamericanos* Para las colonias espaolas, mejor aun, para la misma Espaa, este peligro era tanto mayor cuanto ms racionales y pacficos eran, o parecan ser, los mviles de la conquista norteamericana* A las ventajas inmensas que el

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Las relaciones mercantiles entre Cluia y los Estados Unidos 73 comercio de los Estados Unidos brindaba, unase el espectculo seductor de su prodigiosa prosperidad y de sus libres y progresistas instituciones* Cuba, en particular, le deba mucho a sus florecientes vecinos* a introduccin de los barcos de vapor y, en buena parte, la de ios caminos de hierro, ya que al ejemplo inmediato de los Estados Unidos se deba sin duda el desarrollo del espritu de asociacin que permiti .acometer, con xito notorio, la construccin de varias lneas ferrocarrileras* Las relaciones mercantiles, sin duda alguna, contribuan a estrechar, cada vez ms, los lazos entre Cuba y los Estados Unidos. En 1844, anota Del Monte, cerca de un tercio de nuestro comercio de importacin, 1 'puramente extranjero en Cuba”, y casi la mitad del de exportacin "para puertos extranjeros”, lo hicieron los norteamericanos. Pero haba otro lazo ms, aunque bastardo y vergonzoso, que tenda a consolidar estos fuertes vnculos econmicos: la institucin de la esclavitud existente en ambos pases, convergencia de intereses que, ya lo apuntamos, haba llevado en 1842, aun a los espaoles peninsulares ms adictos a la Metrpoli a decidirse, si llegaba el caso, por separarse de Espaa e incorporar la isla a la Unin Americana* Otros motivos ms, de accin constante y poderosa en la opinin pblica cubana, venan a reforzar esa inclinacin a los Estados Unidos: el evidente divorcio poltico que haba entre Cuba y su vieja Metrpoli desde el ao decisivo de 1837*. y el recargo insoportable de las contribuciones, que consuman ms de quince de los cincuenta millones a que alcanzaba la produccin bruta de la isla. Es decir, que a infortunada colonia, cada da ms alejada ostensiblemente de la Metrpoli, vease reducida a sacrificar a la dependencia de Espaa, el treinta y tres por ciento de su produccin, lo que significaba que cada habitante blanco del pas hallbase constreido a pagar ms de treinta y seis pesos anuales de contribucin, mientras cada espaol, segn Moreau de Jones, no pagaba ms de dos y medro* (Para remediar males tan graves, aseguraba Del Monte, Espaa no tendra ms que devolver a Cuba sus fueros mercantiles y concederle alguna garanta de orden poltico en el manejo de su propia administracin* Con tan sencillo expediente, perderan de hecho los Estados Unidos mucha parte de su influencia material y moral en la isla de Cuba, y aun la perderan por completo si otra nacin ms aventajada que ellos en industria y en riqueza — la Gran Bretaa— pudiera hacerles competencia en nuestro mercado. Pero, sealaba Del Monte, Inglaterra, por su empeo en perseguir el trfico de esclavos y por las .indiscreciones de cnsul Turnbull, no contaba ya con la simpata de

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74 Historia de la Nacin Cubana ningn espaol (lase propietario de negros) en la isla de Cuba; es ms, se le odiaba y se le tema como propagandista interesada y maquiavlica del abolicionismo,) Las causas de orden general, apuntadas por Del Monte, que favorecan los propsitos anexionistas, no eran lo bastante poderosas por si mismas, observa Ramiro Guerra, para arrojar a una sociedad tan prudente y conservadora como la cubana de 1845 por la temible y temida senda de las conmociones revolucionarias. Fue preciso que acontecimientos exteriores, que siempre han pesado e influido tanto en nuestro proceso histrico, produjeran otra vez un ambiente de temores e inquietudes favorable a la solucin anexionista, tales como: la poltica expasionista de James K. Polk, demcrata de Tcnnessee, undcimo Presidente de los Estados Unidos; la vuelta al poder de Palmerston, en Inglaterra; e creciente espritu liberal, contrario al mantenimiento de la esclavitud, que se adverta en los pases europeos; la labor infatigable* en pro de a anexin* de los emigrados cubanos en los Estados Unidos, cada da nis numerosos y cada vez ms activos y entusiastas; la crisis econmica cubana de 1847 y 1848; amn de otras causas asimismo poderosas cuyos orgenes sera menester buscar en notables acontecimientos polticos, europeos y norteamericanos, ocurridos el ao crtico de 1848. Pero a pesar de estas circunstancias favorables, un recio valladar, que a muchos parecale infranqueable, se levantaba en el camino de los anexionistas, La poltica inglesa haba sido —lo era an — de oposicin tenaz a la adquisicin de Cuba por los Estados Unidos, y el podero naval y militar britnico estimbase por todos, los norteamericanos inclusive, como capaz de contener los deseos expansionistas de la Unin. Las fciles victorias de la guerra injusta y codiciosa contra Mxico, cambi, por 1846, a opinin que se tena sobre los recursos de los norteamericanos, “y los que anhelaban por la anexin, ha escrito Saco, creyeron, que as como los Estados Unidos haban triunfado de Mxico, con a misma facilidad se apoderaran de nuestra antilla; y enarbolando pblicamente su nueva bandera, apareci en Cuba desde 1847 un partido numeroso, que pasando de las ideas a los hechos, trat de ejecutar sus proyectos valindose de las armas”. (Para Saco, la idea de la anexin fue laborando en silencio, y en 184 6 todava no era ms que un simple y vago deseo que nadie intentaba realizar.) El nuevo momento anexionista, el de 1846 a 1848, tuvo tres focos o ncleos de conspiracin: La Habana, Trinidad y Camagey.

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Plan de los anexionistas habaneros 75 Los conspiradores de esta ciudad, los miembros del Club de La Habana r constitu a n, como ha sealado Portell Vil, una aristocracia revolucionara. Eran dueos de ingenios, propietarios, profesionales, lite ratos, hombres de negocios, dirigidos y alentados por Jos Luis Alfonso, ms tarde marqus de Mntelo, y por su primo y cuado Miguel Aldama, y en sus filas contbase a Francisco Fras y Jacote, conde de Pozos Dulces, Anacleto Be r mudez, Ambrosio Jos Gonzlez, Jos Antonio Echeverra, Domingo de Goacoura, Cristbal Madan, Ramn de Palma, Manuel Rodrguez Mena, Rafael Mara Mendive Ramiro Guerra sospecha, y con razn, que estos hombres fueron quizs los mismos que tomaron la iniciativa en 1842, y que desde entonces lograron y mantuvieron estrechas relaciones con los esclavistas norteamericanos interesados en la incorporacin de Cuba. El plan de los anexionistas habaneros, varones acaudalados e intelectuales de prestigio, y no gente de guerra, tenda a evitar, por encima de todo, una revolucin o acaso una guerra civil larga y sangrienta, que hubiera conducido, sin que fuera imposible remediarlo, a la destruccin de la riqueza y a la rebelin de los esclavos. De ah que —corno tendremos ocasin de sealar— ante cualquier posibilidad de conseguir nuevas garantas para el mantenimiento de la esclavitud, que satisficieran su inters, o algunas mejoras en la administracin colonial, que dieran esperanzas a sus deseos de reforma, no dudaran en aplazar, una y otra vez, 4 la aventura anexionista”. El centro conspirador de Trinidad, que extenda sus labores a SanctiSpritus, CIcnf liegos y otras poblaciones del departamento, y hasta la ciudad de Matanzas, dirigalo el general Narciso Lpez, conmilitn y amigo favorecido del general Gernimo Valds. Unas breves, rpidas apuntaciones nos permitirn presentar a peripecia cubana de la vida agriadsima del recio y esforzado precursor de nuestra independencia, venido a los caminos del mundo en Caracas, Venezuela, ei dia 29 de octubre de 1797. La derrota decisiva de los espaoles en Costa Firme trajo a Santiago de Cuba, en el verano del ao memorable de 1S23, los restos de las fuerzas del valeroso pero crudelsmo Francisco Toms Morales, Los escasos recursos que la poblacin santiagucra poda ofrecer a los refugiados realistas, mueven a Morales a comisionar a su segundo, el coronel Narciso Lpez de U rila, que tan buenos y eficientes servicios ha prestado a la causa de Espaa, para que, a caballo y con la mayor rapidez posible, se encamine a La Habana y ponga en las manos hbiles del gobernador don Francisco Dionisio Vives, los pliegos reservados en que se ie advierten los peligros de semejante e insostenible situacin. Unas

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76 Historia de la Nacin Cubana pocas semanas dura la estancia del joven y animoso coronel en nuestra ciudad; pero ese breve lapso es suficiente para fijar, de una vez y para siempre, el rumbo de su vida, entonces incierto y problemtico* Porque en La Habana, Narciso Lpez, por sus dotes de caballerosidad, su trato amensimo y su arrogante figura de jinete, conquista simpatas y admiraciones duraderas, y gana tambin el corazn de la bella y distinguida seorita Dolores Fras y Jacott, hermana del famoso conde de Pozos Dulces, con la que contrae matrimonio unos meses despus, a su regreso de un breve viaje a a Pennsula, que se ve precisado a realizar* Ln 1827, Lpez pasa de nuevo a Espaa, en comisin del real servicio. En la vieja Metrpoli, donde permanece casi tres lustros, la guerra carlista, en la que se bate con decisin y bravura singulares, le proporciona ascensos y distinciones apetecidos* Pero en la villa y corte de Madrid y en otras poblaciones peninsulares donde reside, Lpez busca la compaa y cultiva la amistad de ios criollos, y a tal punto se identifica con sus modos de pensar y con sus esperanzas, que cuando en 1837 las cortes espaolas deciden la injusta e impoltica exclusin de los diputados cubanos, Narciso Lpez lucha y se afana por conseguir la dimisin en pleno — -en seal de inequivoca protesta — de los jefes y oficiales del ejrcito espaol, de origen americano* Ese mismo ao, el terco general Tacn, que sabe de sus opiniones liberales —Lpez milita en las filas del partido progresista— llega hasta creerle complicado en la conspiracin de la Cadena Triangular y Soles de la Libertad Pero, en 1841, a pesar de los altos cargos polticos y militares que ha desempeado — ‘Senador, mariscal de campo, gobernador de Madrid — ; a pesar del triunfo de su partido que, con la regencia de Espartero, tantas risueas perspectivas brindaba a su legtima ambicin, Narciso Lpez prefiere volver a nuestra patria en la grata compaa de su antiguo jefe, el caballeroso don Gernimo Valds, que ha sido designado para ocupar la capitana general de Cuba, gaje de a victoria progresista. Bajo el prudente gobierno de Valds, el general Lpez sirve dos tenencias de gobierno importantes, la de Matanzas y la de Trinidad; preside a Comisin Militar Ejecutiva y Permanente, y sabe ganarse en uno y otro empeo la consideracin y el afecto de sus subalternos y de sus convecinos. Su anciana madre y una de sus sobrinas, a quienes ha hecho venir de Venezuela, se instalan a su lado, lo que evidencia, a juicio de su mejor bigrafo y entusiasta panegirista, el profesor Herminio Portcll Vil tr que haba vuelto a la Isla con el propsito bien definido de afincarse en ella y vivir sus problemas”. En 1842, ya lo apuntamos, Lpez se muestra dispuesto a prestar su colaboracin a los inspiradores, cubanos y peninsulares, de aquella casi

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La conspiracin de la Mina de la Rosa Cubana 77 publica conjura anexionista promovida por las exigencias de Palmerston y la propaganda abolicionista del cnsul TurnbuLL Un nuevo gobernador de Cuba, don Leopoldo O’DonnelI que ha sustituido a Valds, priva a Lpez, por razones de enemistad poltica y por rencor personal, de sus altos empleos y preeminencias, colocndole en la difcil y precaria situacin de reemplazo. El genera! Lpez se consagra entonces para ganarse La vida al fomento de varios negocios privados, y en pro de ellos recorre a isla y traba y reanuda provechosas relaciones, que luego le serian muy tiles. La imprudente decisin de OTkmnell ha quebrado e ltimo lazo que le mantena unido al gobierno colonial, cuyas grandes fallas e injusticias conoce tan de cerca; en lo adelante, Narciso Lpez de Ula, que ha encontrado su verdadero camino, dedicar su vida — todo el resto de su vida— a la noble causa de la redencin del pueblo que ha escogido voluntariamente como su nueva pero predilecta patria. La conspiracin de la Mina de la Rosa Cubana — llamada as porque uno de los pozos perforados en las minas de hierro y carbn de San Fernando de Camarones, pertenecientes al general Lpez, tena como nombre La Rosa Cubana — fue objeto de una ardua y cuidadosa preparacin. El General, conspirador infatigable, logr el apoyo de numerosos militares espaoles, antiguos compaeros y subordinados suyos; obtuvo el concurso de la gente campesina, ganada por sus modales campechanos y su generosa comprensin; alcanz tambin la ayuda de los hacendados y de los trabajadores, y hasta lleg, por ltimo, a establecer provechosos contactos con los cubanos ms distinguidos por su ilustracin y por la alteza de sus propsitos. El licenciado Jse Gregorio Diaz de Villegas, regidor del Ayuntamiento de Cienfuegos, era uno de ios jefes principales. Los trinitarios Jos Mara Snchez Iznaga, Jos Isidoro de Armenteros y Rafael Arcs; el espirituano Pedro Manuel Snchez y el hacendado matancero Blas Cruz, dirigan y preparaban los planes revolucionarios en sus respectivas localidades. El general Lpez era el jefe superior, indiscutido y acatado por todos, dei bien urdido movimiento. Es muy posible que Lpez, conjurado de 1842, conociera, y desde bien temprano, la labor y los propsitos de los conspiradores habaneros, y stos, a su vez, tuvieran noticias de sus planes; pero est fuera de dudas que, durante esta poca preparatoria, el General actu con entera independencia de los mismos, y hasta quizs, en sus inicios — no sin duda despus — la conspiracin de la Mina de la Rosa Cubana fuera limpia y puramente indep enden t ista como ha propugnado con tenacidad y gran copia de argumentos el profesor Herminio Portell Vil.

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78 Historia dl la Nacin Cubana Los conspiradores caimgeyanos seguan las inspiraciones del eminente patricio Gaspar Betancourt Cisneros, El Lugareo que residente a a sazn en los Estados Unidos haba confiado a la diligencia y al entusiasmo sin lmites del arrojado patriota Joaqun de Agero, que tanto prometa, !a organizacin de grupos revolucionarios y el recibo y distribucin de a propaganda. Betancourt Cisneros no ignoraba sin duda los trabajos del Club de La Habana, donde contaba con viejos y probados amigos, pero gustaba de proceder con cierta independencia, orientando y dirigiendo, por su cuenta, a los camageyanos, que tanto le respetaban, y a sus fieles seguidores de la emigracin. (Los conspiradores del Camagiey mantenan tambin estrechas conexiones con ncleos apreciables de patriotas de Santiago de Cuba.) El Lugareo y sus devotos parciales eran anexionistas decididos, que vean en la incorporacin de Cuba a los Estados Unidos — que no era un sentimiento, sino un clculo — el plazo cierto, el prudente respiro que impidiendo la emancipacin repentina de los esclavos, que todos teman, permitiera adoptar medidas salvadoras, como duplicar, en diez o veinte aos, la poblacin blanca; fomentar la introduccin de maquinarias, instrumentos, capitales, inteligencias —hoy diramos tcnicos— que reemplazasen o mejorasen los medios existentes de trabajo y de riqueza; y tambin la garanta, la fianza del gobierno de los Estados Unidos frente a las pretensiones de las potencias europeas, no menos que contra nosotros mismos, que mal que pesara a nuestro amor propio ramos del mismo barro de los que haban conseguido erigirse en pases independientes, pero no organizarse como pueblos libres y felices. En 1848, El Lugareo comprensivo, accedi a unir sus esfuerzos con los dems grupos revolucionarios, y en Nueva York se constituy el Consejo Cubano > que tenda a dar unidad de accin y de propsitos al movimiento anexionista en marcha. En la primavera de 1848, ya nuiy adelantados los trabajos de la conspir acin, dos acontecimientos exteriores vinieron a facilitar, acelerndolos, el desarrollo de los planes anexionistas. Uno de ellos, la ruptura de las relaciones diplomticas entre las cortes de Londres y Madrid, a mediados del mes de abril, hizo temer a muchos la inminencia de un conflicto blico angioespaol y la posibilidad de un ataque enemigo a las colonias espaolas de Amrica, Cuba y Puerto Rico; el otro, a abolicin de la esclavitud en las colonias francesas de las Antillas, decretada por e gobierno provisional establecido en Pars despus de la cada de a monarqua de julio, hizo pensar tambin en una prxima revo-

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El general Wiixiam Jenkins orth 79 lucin p en in su lar fomentada desde Francia, a que, victoriosa, no vacilara tampoco en dictar otro decreto fulminante contra la propiedad t es decir, 3 a esclavitud. Ante esas contingencias tan graves, os anexionistas de Cuba, apunta Saco, juzgaron que el momento decisivo haba llegado ya, al mismo tiempo que otro partido ms formidable todava alzaba tambin la cabeza en los Estados Unidos, juntbase con los cubanos y declarndose, no ya el protector, sino el propio ejecutor de la anexin, se dispuso a invadir a Cuba para a la postre enseorearse de ella. Los anexionistas habaneros, seriamente atemorizados, se decidieron entonces a llevar a la prctica el plan que haban discutido y aprobado desde haca ya algn tiempo; recabar el concurso de un jefe militar norteamericano, uno de los vencedores de a guerra de Mxico, para que, con una fuerte expedicin — se lleg a hablar de cinco mil hombres — invadiera la isla y cortara los lazos que nos unan con Espaa* El Club de La Habana, tal vez por consejos de sus amigos del Norte, acord solicitar la ayuda del general Wiliam Jenkins Worth, militar aguerrido y prestigioso, cuyo nombre se mencionaba con insistencia por aquellos das como el de un posible candidato a la presidencia de los Estados Unidos, y que, apunta Ambrosio Jos Gonzlez, "pareca combinar las cualidades de inteligencia y corazn [que se requeran] para aceptar la noble misin y ejecutarla con buen xito”* "En tal virtud, aade el destacado anexionista, en Jalapa se le acercaron [a Worth] delegados cubanos. La impresin que recib de mis conversaciones con las personas ms directamente relacionadas con este asunto [Gonzlez celebr ms tarde, a nombre de los conspiradores habaneros, una segunda entrevista con el General], es que acept las proposiciones que se le hicieron, subordinadas a la renuncia de su posicin en el ejrcito*” Pero mientras el Club de La Habana lograba el apoyo de Worth y de sus aguerridos soldados, John O’Sullivan, cuado de Cristbal Madan, entusiasta anexionista, se entrevistaba con ei Presidente Polk, en compaa del senador Douglas, de Illinois, para someter a su consideracin un nuevo plan: la compra de la isla de Cuba a la monarqua espaola. El plan de O'Sullivan fue muy del agrado del Presidente, aunque, por excusables motivos de prudencia, no quiso dar a conocer su opinin a los visitantes. Pero unos das despus, ci gabinete, a solicitud del propio Polk, conoca y aprobaba, vencidas las objeciones de Buchanan, ministro de Estado, el susodicho plan y, noticiosos el Presidente y sus secretarios de las gestiones de os conspiradores habaneros, tomaban a su vez

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so Historia de la Nacin Cubana las medidas pertinentes para impedir la participacin de los soldados norteamericanos — los pertenecientes a los regimientos que an se encontraban en Mxico— en los planes revolucionarios de los cubanos* Polk realiz algo ms* deseoso de evitarle entorpecimientos a sus propsitos: hizo dar las oportunas instrucciones al cnsul Campbell para que pusiera en conocimiento de los conspiradores y de las autoridades espaolas de La Habana, el firme criterio de su gobierno sobre la solucin que se propona dar a a cuestin cubana* Y la inesperada intervencin de! presidente norteamericano vino a obstaculizar el bien urdido plan de invasin del Club de La Habana. Ajeno a estas determinaciones contradictorias, el general Narciso Lpez lo tenia dispuesto todo para el 24 de junio de ese ao crtico de 1848; pero a ltima hora y en el curso de una entrevista que celebr, en esta ciudad, con los dirigentes del club revolucionario habanero, accedi a aplazar su movimiento en espera del resultado de las proposiciones que se haban formulado al general Worth. Lpez regres en breve a Trinidad y al cabo de unos das, cansado de esperar una respuesta que no llegaba, y temeroso acaso de que sus actividades hubiesen sido descubiertas, decidise a iniciar, con sus propios recursos, el movimiento que haba organizado. Mas, unos das despus, el 4 de julio, el hacendado Pedro Gabriel Snchez, padre de uno de los jvenes ms comprometidos y entusiastas, denunciaba la conspiracin a las autoridades espaolas* Lpez, avisado a tiempo, logr escapar de sus perseguidores y por la baha de Matanzas pudo salir rumbo a ios Estados Unidos* E! general Federico Roneali, conde de Alcoy, que gobernaba a Cuba, reprimi la nueva intentona con medidas tan prudentes y mesuradas como las que adopt Vives en 1823 o las que tom Vaids en 1842* Domingo del Monte, desde Madrid, celebra y estimula esa poltica comprensiva y le pide a don Manuel Pastor, ^criollo por sus simpatas y sus intereses, y espaol por su nacimiento”, que aconseje al gobierno que no mueva mucho el caldo de la anexin, "porque quizs encontrara complicados en l a muchos peninsulares ricos, que querran salvar sus negradas de un decreto fulminante de abolicin”, y que no dude, por ltimo, en sobreseer en el procedimiento* Para las autoridades espaolas, complementa sagazmente Ramiro Guerra, haba "un fondo de justicia, en el asunto”, que disminua la responsabilidad de los participantes: el temor a que una revolucin victoriosa en Ja Pennsula pretendiese imponer, desde a villa y corte, la abolicin inmediata de la esclavitud.

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Captulo II DE 1848 A 1851 M ientras el general Narciso Lpez lograba burlar a persecucin de las autoridades espaolas, los conspiradores del Club de La Habana, que no haban sido objeto de ningn gnero de molestias, decidan enviar un segundo representante suyo — esta vez a los Estados Unidos — para que se pusiera ai habla con el general Worth y tratase de obtener su formal adhesin a ios empeos y propsitos del Club. La persona designada, ya !o apuntamos, fue el joven matancero Ambrosio Jos Gonzlez, que tena un perfecto dominio de la lengua inglesa y singulares aptitudes de negociador. (El primer comisionado, el profesor don Rafael de Castro, vicedirector del colegio de Buen avista, no dominaba el idioma ingls y precis por consiguiente el empleo de un intrprete.) Ambrosio Jos Gonzlez logr entrevistarse con el general Worth en Newport (RJiode Isand), y pudo conseguir que el ilustre militar aceptase, en principio, el plan de Jos conspiradores habaneros y hasta se pusiese en tratos con el general Lpez y con Gaspar Betancourt Chileros, Pero cuando todas las dificultades parecan resueltas y allanadas, a eleccin de Zacaras Taylor para la presidencia de los Estados Unidos por el partido whig, que no propiciaba ei plan de expansin de los territorios esclavistas, fu un serio contratiempo para los propugnadores de la anexin aquende y allende e golfo mexicano. El general Worth fu designado jefe militar del estado de Texas, donde falleci poco despus, en mayo de i 849, perdindose de ese modo toda esperanza de poder llevar a cabo el proyecto de invasin por el momento. La idea, por otra parte, haba encontrado tambin un grave obstculo interno para su ejecucin: los propios conspiradores se haban visto obligados a reconocer la imposibilidad de allegar la suma de tres millones de pesos indispensables para costear los gastos de la empresa. El general Lpez, que pudo darse cuenta muy pronto de las condiciones favorables que existan en los Estados Unidos —en el pueblo norteamericano, valdra mejor decir—, para la realizacin de sus planes, SI

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82 Historia de la Nacin Cubana se entreg en seguida a la tarea, de organizar una expedicin fuerte de GO hombres que* arribando a las playas de Cuba, diera alientos e impulso a los patriotas dispuestos a sublevarse. A este momento corresponde, ha escrito Jos Ignacio Rodrguez, "la inauguracin del sistema u orden de cosas que con relacin a los asuntos de Cuba ha venido despus repitindose con montona identidad en los Estados Unidos de Amrica. La creacin de una junta en Nueva York. La celebracin de reuniones pblicas de cubanos y de los que con ellos simpatizasen. La agitacin por medio de los peridicos. La pronunciacin de discursos ms o menos inflamatorios en la plaza pblica o en los salones del Congreso nacional por este o aquel Diputado, Senador o personaje importante de mayor o menor renombre. La recoleccin de fondos por medio de emisin de bonos, suscripciones, ferias, regalos de sus joyas por las seoras, etc., etc, Y una lucha abierta, declarada (eficaz nicamente dentro de los lmites que convenan al Gobierno) entre la legalidad del pas y las aspiraciones de los revolucionarios”. Y tambin por esa poca, en los primeros das de junio de 1849, el general Narciso Lpez de Uriola, caraqueo de nacimiento, cubano de corazn, concibe, en un instante feliz, la bandera de la revolucin, hoy da nuestra bandera nacional, con la ayuda eficacsima del poeta y patriota Miguel Tcurbe Toln, que supo trasladar al papel, dndole animacin y colorido singulares, el afortunado pensamiento del caudillo. Con la contribucin de los emigrados y de ios simpatizadores de la revolucin, pudo Narciso Lpez reunir 23,000 de los 80,000 pesos en que, segn clculos prudenciales, se haba fijado el costo de la expedicin. El Club de La Habana, que tuvo conocimientos del proyecto y quiso sumarse a l, ofreci a Lpez 60,000 pesos, si el nmero de expedicionarios se haca elevar a 1,5 00. Acept el caudillo y el Club, en prenda de buena fe, puso de inmediato en sus manos la mitad de la suma ofrecida. Esta ayuda y los fondos recolectados permitieron adquirir un buque de vapor y fletar dos embarcaciones ms, y reunir tambin en la isla Redonda, a mediados de ao, muy cerca de 800 hombres, a las rdenes del coronel White, veterano de la guerra de Mxico. "La llamada expedicin de la isla Redonda, ha escrito Portell Vil a, constaba de tres ncleos organizados, uno el de Nueva York, un segundo en Cat Isln d, y el tercero en Round Island.” Los hombres concentrados en Cat Island, aclara el propio historiador, se vieron constreidos a abandonarla, una vez "conocidas las instrucciones dictadas en contra de los expedicionarios [por las autoridades norteamericanas]

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La proclama del Presidente Tylr 83 y mientras parte del contingente invasor regresaba a Nueva Orleans y renunciaba a la empresa, los ms de los reclutas se refugiaban en otra isla. donde ya haban sido concentrados centenares de voluntarios que integraban lo que se llam expedicin, de Round Island*\ (La mayora de los enganchados eran de nacionalidad americana; pero haba tambin algunos emigrados de varios pases europeos.) Pero el Presidente Taylor, que haba hecho llegar al gabinete de Madrid sus propsitos de no continuar las negociaciones iniciadas por Pok sobre la compra de Cuba, y su criterio favorable al mantenimiento de la soberana espaola en nuestro pas, dict su famosa proclama de 1 1 de agosto de 1849, advirtiendo a los ciudadanos de los Estados Unidos que estuviesen asociados en empresas de agresin contra los territorios de las naciones amigas, en abierta infraccin de las leyes y de las obligaciones impuestas por los tratados, que quedaran por ello sujetos a severas penas, perdiendo a la vez todo derecho a la proteccin y ayuda de la Repblica, sean cuales fueren los extremos a que se vieran reducidos. Y, prosegua la proclama, tumba de tantas ilusiones, exhortndolos a que se separasen de los susodichos proyectos y los reprobaran y estorbaran por todos los medios a su alcance. El Presidente ordenaba, por ltimo, a todos los empleados del gobierno, civiles y militares, que procediesen a asegurar la prisin, procesamiento y castigo final de todos y cada uno de los que estuviesen comprometidos en esas empresas y no se apartasen a tiempo de las mismas. Ante esa actitud, los conspiradores de la isla Redonda tuvieron que dispersarse y su bravo caudillo tuvo que dar por aplazada, para otra oportunidad ms favorable, la realizacin de sus proyectos. El fracaso de la expedicin de la isla Redonda vino a producirse adems, como apunt El Lugareo a Jos Antonio Saco (Nueva York, a 14 de agosto de 1849), en circunstancias que no eran las ms adecuadas para propiciar, en Cuba, un movimiento revolucionario. En Espaa, donde reinaba una paz octaviana, el incidente diplomtico sostenido con Inglaterra estaba ya a punto de cerrarse, sin que se hubiese producido ninguna tentativa grave de hostilidad contra la Pennsula ni contra sus colonias; en el resto de Europa, el retroceso evidente de la revolucin producto de la crisis de 1848, era otro sntoma desfavorable, bien visible para los hombres de pensamiento que dirigan y animaban la propaganda anexionista, en La Habana y en los Estados Unidos, En semejantes condiciones, superados los motivos urgentes e inmediatos de la tendencia agregacionista, los conspiradores cubanos

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84 Historia de la Nacin Cubana — hacendados y dueos de esclavos— creyeron oportuno buscar por otras vas menos comprometedoras la solucin de los problemas polticos y econmicos del pasPero ese brusco viraje provoc una honda y gravsima divisin entre los cubanos emigrados y trajo a la postre la disolucin de organismo coordinador de los planes revolucionarios: el Consejo Cubano. El general Lpez, que persista en sus propsitos de llevar a Cuba la guerra separatista, organiz entonces con sus devotos parciales (Ambrosio Jos Gonzlez, Jos Mara Snchez Iznaga, Juan Manuel Maclas y Cirilo Villaverde) un grupo revolucionario distinto del que dirigan Gaspar Betancourt Cisneros y Cristbal Madan. Y en Nueva York, e da 5 de diciembre de 1849, constituy el bravo adalid la Junta patritica promovedora de los intereses polticos de Cuba A su vez, otros miembros del disuelto Consejo {Jos Aniceto Iznaga, Gaspar Betancourt Cisneros, Victoriano Arrieta y Cristbal Madan), se agrupaban bajo una nueva denominacin. Junta Suprema Secreta que cambi a poco su nombre por Consejo de Organizacin y Gobierno Cubano f y que, en total desacuerdo con los propsitos de la Junta que orientaba Lpez, sostena en cambio estrechas relaciones con los conspiradores del Club de La Habana. El da 13 de diciembre de 1849, Ambrosio Jos Gonzlez, que se ha trasladado a Jackson, Mississippi, dirige al mayor general John A. Quitman, Gobernador del Estado, una interesante carta donde le confirma, por escrito, lo que en una entrevista anterior, celebrada la vspera, le ha dado a conocer vcrbalmente: la necesidad de unir, en una accin comn, el inters de los estados del Sur y el inters de la anexin de Cuba, a cuyo fin sugera la conveniencia de crear un centro inteligente de accin, norteamericano, cuya misin sera examinar la cuestin — la incorporacin de Cuba a ios Estados Unidos— adoptar un plan, dirigirlo y ponerlo en ejecucin. Dos meses despus, el 24 de febrero de 18 50, el comisionado del Club de La Habana se dirige de nuevo al general Quitman, esta vez desde Nueva York, manifestndole sin ambages que si se decida a aceptar la jefatura y direccin del movimiento anexionista, los hacen* dados cubanos estaban dispuestos a levantar la suma de un milln de pesos, que pondran a su disposicin para satisfacer los gastos de la empresaEl general Lpez, aade el comisionado, estaba decidido a prestar tambin su concurso a la obra, si Quitman aceptaba asumir la direccin de la mismaUnas semanas ms tarde, el 17 de marzo, Gonzlez y el propio general Lpez, que se han tr al adado a Jackson, ponen en L

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El general John AQuitman S las manos del diligente gobernador un documento suscrito por ambos donde se le hacen las siguientes proposiciones: 1. Quitman sera in vestido con el cargo y los poderes de general en jefe de la organizacin anexionista, y Lpez se comprometa a actuar como su lugarteniente; 2. El general Quitman y los oficiales y soldados que sirviesen a sus rdenes serian recompensados, en su da, con generosidad; 3. Lpez, en prenda de la honradez de sus proposiciones, partiria para Cuba levantar el estandarte de la independencia y, desde el propio campo de la revolucin, brindar a Quitman la evidencia de que el pueblo cubano apoyaba, con su actitud, las proposiciones que se le hacan al jefe norteamericano; 4. Lpez, con el consentimiento de los cubanos, sera reconocido como jefe de la administracin civil de la isla de Cuba; 5. El propsito de los revolucionarios sera el establecimiento inmediato de un gobierno republicano, democrtico y libre, para verificar ms tarde la incorporacin a la gran confederacin de los Estados Unidos del Norte; Si el general Quitman aceptaba, Lpez abrira en seguida la campaa de propaganda y de accin; 7 Los gastos todos de la empresa correran por cuenta de Cuba* Las proposiciones de Lpez y de Ambrosio Jos Gonzlez causaron una profunda impresin en el general Quitman, que, a juicio de su bigrafo J, F. H. Ci ai borne, era ambicioso y de ideas liberales y progresistas; pero al cabo sus deberes como gobernador de Mississippi y sus indeclinables obligaciones con la causa del Sur, perturbada en aquellos das por gravsimos problemas, pudieron ms que su ambicin persona!, y Quitman, cortes, pero con firmeza, declin la tentadora oferta. La negativa de Quitman no desalent al general Lpez ni a su eficaz colaborador Ambrosio Jos Gonzlez, los que, ante a urgente necesidad de procurarse los fondos indispensables, decidieron poner en circulacin, entre los amigos y simpatizadores de la causa de Cuba, una emisin de bonos patriticos —que se ofreci al diez por ciento de su valor nominal— que serian pagados el dia ? que Lpez y Ambrosio Jos presuman bien cercano, de triunfo definitivo de sus empeos revolucionarios. Para lograr sus propsitos, Lpez no vacil en aventurarse a formular promesas y contraer compromisos, en muchos casos imprudentes y peligrosos, con los esclavistas sureos; '"pero en los que se lanzaba, ha escrito Portell Vil, sin la menor disposicin de cumplir sus convenios si triunfaba la revolucin, con una falta de escrpulos que denotaba los resabios de la vida que haba llevado con anterioridad y demos-

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86 Historia de la Nacin Cubana trando que l quera hacer lbre e independiente a Cuba aunque tuviera que engaar a los norteamericanos, los peleles que entretendran a los espaoles que deca el propio Lpez con censurable ligereza”. Con el producto de la venta de los bonos, el general Lpez pudo adquirir, en 16,000 pesos, e vapor Crele (de ah el nombre que se da a esta expedicin) y aleccionado por el fracaso de su anterior tentativa, dispuso las cosas de manera que la empresa revolucionaria acabara de organizarse fuera del territorio de los Estados Unidos, en tierras insulares mexicanas vecinas de las costas de Yucatn. Muy pocos cubanos (e bayams Francisco Javier de la Cruz, el trinitario Jos Mara Snchez Iznaga, los matanceros Juan Manuel Macas, Jos Manuel Hernndez y Ambrosio Jos Gonzlez, y el mulato trinitario Pedro Velazco, asistente del ilustre caudillo), y dos sudamericanos (un sobrino de Lpez, Pedro Manuel, y el argentino Len Duval), constituan los nicos criollos que, animados por el ejemplo del general Lpez, se haban decidido a prestar el concurso de su esfuerzo a la arriesgada empresa. El resto de las fuerzas, hasta 610 hombres, se compona de soldados norteamericanos, veteranos de la guerra de Mxico y gente deseosa de correr nuevas aventuras. El propsito primitivo del general Lpez fu apoderarse de la ciudad de Matanzas, donde crea contar con numerosos amigos y entusiastas partidarios; pero, a ltima hora, en el consejo de guerra celebrado en la maana del da 1 6 de mayo de 18 50, se tom el acuerdo de dirigirse a Crdenas, ya que, segn valiosos informes adquiridos de labios de algunos espaoles apresados en la isla de Contoy, la ciudad yumurina hallbase bien defendida y fortificada y todo haca presumir que ofrecera seria, tenaz resistencia. A las diez de la noche del da 18, sin contar con los servicios de un prctico, apagadas las luces de situacin, entregado tan slo a a pericia y al arrojo del capitn Lewis, cruzaba el Crele junto al cayo Piedras del Norte, internndose despus, con temeraria decisin, en la hermosa y dilatada baha d Crdenas. En la madrugada inolvidable del 1?, pisaban tierra cubana los expedicionarios y un soldado del regimiento de Kentucky, Bill Rcdding, hacia flamear, por primera vez sobre Cuba, la ensea de la patria. Vencida la resistencia de las fuerzas espaolas, dueo ya de la ciudad, Lpez, animoso y decidido, disponase a partir rumbo a Matanzas, cuando, en horas del medioda, supo el bravo adalid que las autoridades coloniales, con noticias de la toma de Crdenas, concentraban ncleos respetables de fuerzas en Guamacaro y en Lagunillas, con nimo de

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Toma y abandono de Crdenas 87 marchar, una vez reunidos, a disputar a los expedicionarios a posesin de la ciudad, y que, informacin desalentadora, entre esas fuerzas enemigas venan tambin grupos apreciablcs de campesinos cubanos. Ante el temor de un seguro choque sangriento entre sus hombres, casi todos extranjeros, y esos grupos de guajiros, Lpez convoc una junta de jefes y oficiales para decidir el partido a tomar en tan crticas circunstancias. Afrmase asimismo, por los bien enterados, que hubo otra razn poderosa que pes mucho en el nimo de Lpez: la escasa confianza que le brindaban algunos de sus soldados, gente de torpe comportamiento, cuyos posibles escndalos y depredaciones quera evitar a toda costa. La junta, comprensiva, determin la retirada de la ciudad y que se intentase un nuevo desembarco en algn fondeadero de las costas occidentales de la isla* Pero antes de reembarcarse, fue preciso pelear, una vez ms, en las propias calles de la poblacin, con la agresiva vanguardia de las fuerzas espaolas. A las seis de la tarde de aquel da memorable, el Crole abandonaba al fin la histrica poblacin, conduciendo a bordo unos cincuenta heridos y catorce muertos, tristsimo balance de la arriesgada empresa* Entre los heridos figuraba el arrojado matancero Juan Manuel Maclas, que haba cruzado su sable con decisin y valenta singulares con el sargento peninsular Feliciano Carrasco, que pag con la vida su temeraria determinacin. Unas horas ms tarde, una nueva reunin de jefes y oficiales, acordaba, por mayora de sufragios, a pesar de la obstinada oposicin de Lpez, poner proa a Key West, en las costas hospitalarias de la Florida, abandonando, por el momento, todo propsito revolucionario. La efmera ocupacin de Crdenas aument el prestigio y la popularidad del general Narciso Lpez. Simpatizadores entusiastas, cubanos y norteamericanos, ayudaron de nuevo con sus aportaciones pecuniarias al heroico caudillo y le permitieron emprender los preparativos de una tercera y poderosa expedicin, la del Cica paira que deba partir muy pronto rumbo a la costa norte de Finar del Ro, aunque para despistar a los espas y confidentes espaoles se ech a rodar I a especie de que el desembarco se hara en las playas meridionales de Cuba. Pero los informes de un delator —norteamericano al servicio de a Legacin d Espaa — permitieron a las autoridades federales detener, en el momento oportuno, ai Cleo paira y a sus dos embarcaciones auxiliares, y el bien urdido plan culmin en un nuevo y terrible fracaso. El Vicepresidente Fillmore, que ocupaba la presidencia desde e deceso de Taylor, haba dado el golpe de muerte a la pujante empresa con la pu-

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88 Historia de la Nacin Cubana blicacin de su spera proclama de 2 5 de abril de 18 51, donde puso nfasis en sealar que las expediciones de Lpez no podan ni deban ser consideradas de otro modo que como "a venturas de latrocinio y saqueo”, merecedoras de la reprobacin de todo el mundo civilizado; organizadas por elementos extranjeros que se atrevan a bacer del territorio norteamericano "teatro de sus criminales y hostiles preparaciones contra una potencia amiga”* Pero ni el reciente fracaso ni la enojosa persecucin de que fue objeto lograron quebrantar la decisin y el entusiasmo singulares de Lpez y de sus numerosos e influyentes partidarios sureos* Y mientras el infatigable caudillo buscaba afanoso la manera de llevar adelante sus planes de invasin en el propio sudo de Cuba y en dos comarcas distintas, en el Camagey y en Trinidad, se producan sendos movimientos revolucionarios. En los trgicos acontecimientos de 1851, el Camagey tuvo la prioridad en la iniciativa y en el martirio* Un da sealadsimo, el 4 de julio de ese ao memorable, un joven y gallardo paladn, Joaqun de Agero y Agero, y un puado de valientes que le sigue, se declaran "en abierta rebelin contra todos los actos o leyes que emanen de nuestra antigua Metrpoli”, en el fundo Gracias a Dios de la hacienda San Francisco de Jucaral, y e bravo caudillo se compromete por Dios, por su honor y por las venerandas cenizas de sus padres, a desempear, segn los dictados de su conciencia, el arduo encargo que ha recibido de sus parciales* El hroe camagey ano, a quien la confianza de sus conmilitones colma de noble satisfaccin, teme en su modestia no llenar a plenitud las esperanzas en el depositadas, y sin embargo, justo es consignarlo, ninguno entre los hombres de su generacin posea las condiciones de carcter ni la generosidad de espritu de gran alterador. Dos progresistas decisiones de Joaqun de Agero le haban ganado la simpata y la admiracin de sus conterrneos: el establecimiento de una escuela gratuita de primeras letras en el poblado de Guimaro y la emancipacin de los esclavos que recibiera por herencia de sus padres, y de alguno que otro ms que obtuvo por donacin o por compraventa* La Sociedad Econmica de Amigos del Pas de La Habana premi la altruista conducta de Joaqun de Agero otorgndole c honroso diploma de Socio de Mrito, por su magnfica contribucin a la causa de la enseanza popular. Pero la libertad que concediera a sus siervos.

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Alzamiento del Camagey: Joaqun de Agero 89 escandaliz a las autoridades y a numerosos propietarios de esclavos y le gan para siempre la reputacin de hombre peligrossimo, y se le supuso complicado en la vasta agitacin producida por la infatigable propaganda del batallador cnsul de S. M, Britnica, Mr. David Tumbuil. ¡Que mucho, pues, que unos aos ms tarde el famoso Gaspar Betancourt Cisneros, El Lugareo r confie a la diligencia y al entusiasmo sin lmites de Joaqun de Agero, ya lo hemos apuntado, la organizacin de grupos de conspiradores y el recibo y distribucin del peridico La Verdad entre los patriotas camage y anos! Tambin el general Narciso Lpez, animador de una bien urdida conjura en el vecino territorio de Las Villas (la conspiracin de la Mina de la Rosa Cubana ) obtiene el concurso de Agero y de los conspiradores principcos; pero denunciado el propsito y frustrada la insurreccin, el joven adalid, sin desanimarse, funda a poco en el Ca^ magiiey dos agrupaciones revolucionarias, los clubes Tmma y Caunao donde los afiliados son conocidos por sus nombres de guerra y se jura fidelidad a la patria y la observancia de la ms cordial camaradera entre sus miembros. Joaqun de Agero adopta como seudnimo el nombre significativo de Franklin. A fines de 1849, un grupo reducido pero selecto de patriotas crea y organiza la Sociedad Libertadora de Puerto Prncipe, cuya ardua labor de extensin y de unificacin de los trabajos revolucionarios deba regir y orientar un avisado triunvirato. Joaqun de Agero y Agero, por sus altos merecimientos, es designado jefe superior de la organizacin. El gobierno colonial, que segua los pasos y espiaba las actividades de los patriotas, supo muy pronto de la fundacin y de los manejos de la Sociedad Libertadora, y tom las medidas de precaucin y de vigilancia que crey apropiadas a las necesidades del momento. Unos meses despus, el 26 de abril de 5 851, e spero mariscal don Jos Lemery, de ingrata memoria, dispone la suspensin de ios regidores del ayuntamiento camageyano por haber ejercitado el derecho ciernen talsimo de peticin, medida desptica que irrita y exacerba los nimos de los conspiradores. La noche de ese da, la Sociedad Libertadora de Puerto Principe, que tiene noticias fidedignas del arribo inminente de una fuerte expedicin (la frustrada del Cleo paira ) estima que ha llegado el momento de disponer las cosas para un prximo y general levantamiento de los patriotas, y le encarga a su jefe superior, Joaqun de Agero, que recorra a caballo los pueblos y caseros de la jurisdieT. TV. 4

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90 Historia de la Nacin Cubana ein, asientos de ncleos de conspiradores, a fin de prevenir a los comprometidos y conocer y apreciar de visu el nmero de hombres y los elementos de guerra disponibles. El ardiente patriota, animoso e impaciente, toma el da 30 de abril el camino que conduce a las Tunas de Bayam. En la vecindad de San Miguel de Nucvitas, a donde se dirige ms tarde, 1c alcanza un correo de a Libertadora con pliegos reservados y urgentsimos, por los que puede conocer los graves sucesos ocurridos en Puerto Prncipe el da 3 de mayo y la orden de prisin que se ha librado contra l. El bravo caudillo, previsor, decide buscar refugio en El Faralln prominencia casi inaccesible de la Sierra del Palenque, y oficia a sus compaeros que continen sin desmayar los preparativos revolucionarios, a pesar de la noticia desalentadora, que acaba de recibir, del aplazamiento de la expedicin del general Narciso Lpez* En el "buen refugio’ 3 de El Faralln Agero pone de manifiesto sus grandes dotes de mando y de organizacin, fabricando depsitos y cartuchos de plvora, rsticos equipos y correajes, y comunicndose con frecuencia con os conspiradores de Camagey y de los pueblos vecinos, a quienes apremia para iniciar cuanto antes — ya l no puede contener ms su impaciencia— la accin revolucionaria. Por fm, la Sociedad Libertadora accede a sus reiteradas solicitudes y acuerda que el 4 de julio, septuagsimo quinto aniversario de la declaracin de independencia de los Estados Unidos, tenga lugar el anunciado levantamiento de la jurisdiccin. La noche de ese da memorable, en la casa de vivienda de la finca San Francisco de Jucaral Joaqun de Agero, enrgico y magnfico, dicta a su secretario, el joven poeta Adolfo Fierra y Agero, el acta de independencia. Pero la actividad militar no respondi ai coraje y a las esperanzas de los revolucionarios. El asalto de las Tunas de Bayamo — primera empresa blica de los bisoos soldados — result un rotundo fracaso, y la accin de San Carlos, donde cinco ardientes patriotas — el licenciado Juan Francisco de Torres, Mariano Bena vides Pardo, Francisco Per domo Batista, Antonio Agero Estrada y Victoriano Malledo — supieron pelear y morir como buenos, a pesar de la abrumadora desproporcin numrica, ocasion la fuga y a la postre la dispersin de los rebeldes. El da 23 de julio, en el pesquero Puna de Ganado > cuando trataban de conseguir una embarcacin que los condujera fuera de Cuba, Agero, Betancourt, Benavides, Zayas, Castellanos y Fierra, que se han mantenido reunidos, caen en manos de sus implacables perseguidores.

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Insurreccin de Trinidad: Jos Isidoro de Armen teros n Conducidos a Puerto Prncipe y encerrados en los calabozos del cuartel de la Viga, intiles resultaron las gestiones de los conspiradores de la ciudad por proporcionarles la fuga o retrasar la ejecucin. Hasta la generosa solicitud del santo arzobispo de Santiago de Cuba, Monseor Antonio Mara Claret y Ciar, que en su doble condicin de pastor de aquella grey infortunada y de dignsimo prelado espaol, se dirige por escrito en dos oportunidades a! general don Jos Gutirrez de la Concha, resulta condenada al fracaso. El virtuossimo arzobispo, que ha podido conocer de cerca la ingente labor patritica de la mujer camageyana, le apunta al general Concha que la revolucin ha sido ms "la obra de las mujeres que de los hombres” y que una seversima condena hara que las matronas del Camagey amamantaran en lo sucesivo a sus hijos con la leche de la insurreccin, y hora llegara, se atreve a escribirlo, en que la nacin espaola, por su culpable actuacin, perder i a a esta riqusima Perla de las Antillas, Pero el autoritario gobernador — inflexible — se apresur a impartir su aprobacin a las cuatro sentencias de muerte dictadas por el consejo de guerra (Castellanos y Fierra haban sido condenados tan slo a diez aos de presidio), y un da aciago, el 12 de agosto de 18 51, en la Sabana del Arroyo de Beatriz Mndez, desde esa ocasin campo sagrado de la patria, cayeron —subieron a la inmortalidad— Joaqun de Agero y Agero, Jos Toms Betancourt y Zayas, Fernando de Zayas y Cisneros y Miguel Ben avides y Pardo. En los trgicos acontecimientos de 18 51, la ciudad de Trinidad emul e! hondo patriotismo y la gallarda decisin de los camagey anos. Un generoso patricio, el teniente coronel graduado de milicias de caballera, don Jos Isidoro de Armen teros y Muoz, rico en bienes de fortuna y en cvicas virtudes, diriga y alentaba en la pintoresca y le gendaria ciudad los planes revolucionariosConspirador con Narciso Lpez en 1848, Armenteros se haba convertido desde entonces en uno de los ms adictos colaboradores del infortunado caudillo y en un empecinado y eficaz propagandista de 3a revolucin. En 1851, en connivencia con el eminente jurisconsulto Anacleto Ber mudez, que presida la junta revolucionaria establecida en esta ciudad, y con el entusiasta camagey ano Serapio Recio, miembro responsable de la Sociedad Libertadora de Puerto Prncipe, Armenteros se entrega de lleno a la tarea de organizar mi movimiento subversivo que habra de producirse simultneamente en Trinidad y en Puerto Prncipe, durante la poca propicia de las festividades de San Juan y de San Pedro, que congregaban en las poblaciones del interior a un gran nmero de personas (el

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92 Historia de la Nacin Cuuana carnaval de fierra adentro ), sin provocar, y esto era lo importante, alarma ni sospechas en las autoridades espaolas, siempre alertas y vigilantes* Asegurbase entre los conjurados que el general Narciso Lpez, ausente en ios Estados Unidos, se hallaba dispuesto a partir de nuevo hacia Cuba, en son de guerra, tan pronto como se hubiesen levantado en armas los entusiastas patriotas de Puerto Prncipe y de Trinidad. Armenteros y los ms destacados conspiradores trinitarios —el joven poeta y maestro de Colegio del Salvador, Fernando Hernndez Eeherri, pariente por afinidad del noble caudillo; Francisco Prez Ziga, dueo del potrero Las Avispas; e entusiasta espirituano Ignacio Beln Prez; Juan Cadalso, administrador de los cuantiosos bienes que posea el conde de Casa Brunct; Alejo y Pedro Jos Iz naga Hernndez y Justo Germn Cantero, acaudalados propietarios, y algunos ms — ; dispusieron con sigilo y acierto las cosas para que el pronunciamiento tuviera lugar el 28 de junio, festividad de San Pedro, Prncipe de los Apstoles* La tarde de ese da, el teniente gobernador, los oficiales de la guarnicin y las principales autoridades civiles se hallaran reunidos como de costumbre, en la vivienda de comandante del regimiento de Tarragona, don Pedro Cruz Romero, que festejaba su onomstico* Los conspiradores, audaces y decididos, rodearan la casa y la sorpresa pondra en sus manos, sin escndalo ni violencias, a la plana mayor de la jurisdiccin. El da sealado, y desde muy temprano, partidas de hbiles jinetes campesinos recorran y atronaban las calles de la poblacin. Pero, a poco, ante el asombro y la desesperacin de los conspiradores de la ciudad, aquellos animosos grupos de guajiros volvan grupas y al galope tomaban los caminos de los ingenios y de las fincas de donde procedan. Armenteros, Hernndez Echcrri, los Prez y algunos conjurados ms, se echan a la calle en busca de! motivo que justificase aquel extrao comportamiento, que tena todos los caracteres de una vergonzosa desercin. Y' el pretexto se les descubri en seguida' el retorno sbito de aquellos animosos campesinos se deba a un asustadizo dueo de ingenio que, temeroso de las consecuencias de una insurreccin, hizo correr la especie de que haba estallado un formidable alzamiento de esclavos en los ingenios y haciendas de la vecindad. Y nunca se ha podido averiguar, no obstante los aos transcurridos, quin fu el ingenioso y pusilnime inventor de aquella estratagema que ech por tierra, en hora infeliz, la bien urdida trama de! pronunciamiento. As las cosas, el 6 de julio se tuvo conocimiento en Trinidad de a heroica determinacin de los patriotas camageyanos, y desde ese da

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Fracaso y martirio de tos rebeldes trinitarios 93 los conspiradores trinitarios se dieron sin tregua ni descanso a la organizacin de una fuerte partida que diera alientos y apoyase a los rebeldes de Puerto Principe, hasta la llegada que todos saban inminente del general Narciso Lpez* Por fin, el 23 de julio, el mismo da en que por funesta coincidencia Agero y sus bravos conmilitones caan en poder de sus tenaces adversarios, los conspiradores de Trinidad daban a ios vientos su grito de guerra y hacan circular entre el pueblo tas proclamas que redactara Hernndez Echerri, hombre de Plutarco* Los patriotas trinitarios, fraccionados en dos grupos, recorren los ingenios y potreros de la localidad en busca de caballos y de armamentos, y una de esas partidas, la que capitanea el propio Armen teros, avista y hace prisionero al correo que conduce la correspondencia de la Vuelta Arriba* Entre los papeles y documentos ocupados, el noble paladn pudo conocer el parte oficial donde se daba por concluido, con la derrota y dispersin de los rebeldes, el movimiento iniciado y sostenido por Joaqun de Agero; noticia tristsima y desalentadora que Armenteros trat de ocultar a sus partidarios, pero que para l, hombre avisado y de experiencia, era a modo de un rudo anuncio de la terrible suerte que le esperaba* El 27, en horas de la tarde, la avanzadilla de los rebeldes sostiene fuego con fuerzas espaolas superiores que se movan en su persecucin, y A miente ros, que ha solicitado en vano los servicios indispensables de un prctico, toma con sus hombres un estrecho y zigzagueante sendero que conduce a las montaas, donde piensa refugiarse por el momento* Pero al pie de una empinada loma hallan que se cierra la vereda y la orden lgica de desmontar que se dio entonces confundi a muchos y produjo la dispersin inmediata y la disolucin a la postre de la partida. Tres das despus, al filo de la medianoche, Jos Isidoro de Armenteros y Muoz, hroe de la mala fortuna, se entrega al teniente del puesto militar establecido en e paso del ro HanabanIa* Conducido a Trinidad, la Comisin Militar Ejecutiva y Permanente, que conoci de su viril intento de rebelda, le conden a ser fusilado por la espalda en unin de Femando Hernndez Echerri y del corajudo joven campesino Rafael Arcs, mayoral de ingenio Pal mar to* Y otro da aciago, el 18 de agosto de 1851, en el campo Mano del Negro, tuvo lugar la triste ejecucin* La noticia de los movimientos revolucionarios ocurridos en el Camagey y en Trinidad provoc una ola de entusiasmo popular en Nueva Orleans y en todo el sur de los Estados Unidos* Las versiones del fra-

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94 Historia de da Nacin Cubana caso de esos intentos, que la prensa espaola dio muy pronto a conocer, se estimaron como inciertas y tendenciosas, y una muchedumbre de vehementes partidarios de la causa de Cuba corri a alistarse en la nueva expedicin que se preparaba. El general Lpez, mis entusiasmado e impaciente que nadie, logra, al fin, burlar la estrecha vigilancia de las autoridades norteamericanas y parte otra vez hacia Cuba, a bordo del Pampero^ al frente de una expedicin fuerte de ms de 400 hombres, de los cuales tan slo unas pocas docenas eran nativos de Cuba. (La compaa cubana, al mando de Ildefonso Oberto, contaba tan slo 44 hombres.) Lpez, ha escrito Emeterio S. Santovenia, haba preparado en esta ocasin 'los documentos polticos explicativos de la situacin que trataba de crear en la isla”: una proclama dirigida a los habitantes del pas, donde dejaba la situacin futura de Cuba a la libre determinacin de la voluntad de sus hijos, y se mostraba partidario de la continuacin de la esclavitud, y una Constitucin provisional de Cuba y cuyo artculo primero expresaba textualmente lo que sigue: ( Cesa y queda anulada para siempre la autoridad de la Corona de Espaa en la isla de Cuba, y sta se constituye en Repblica libre e independiente, con el nombre de Repblica de Cuba*\ El da 12 de agosto de ese ao memorable de 1851, el general Narciso Lpez pona la animosa planta en el Morrillo, cerca de Baha blonda, y, gravsimo error, divida en seguida sus fuerzas en dos porciones o columnas. A una, compuesta de unos 120 hombres, le orden, por consejos del general Pragay, su jefe de estado mayor, que permaneciera en la aldea de Corralillo, a las rdenes del coronel Wihiam L. Crittcnden, para que defendiera, de un posible ataque enemigo, las provisiones de boca y de guerra; a la otra, fuerte de ms de trescientos hombres, la condujo, el propio Lpez, a tomar posiciones en el vecino pueblo de Las Pozas. Pero batidos y dispersados ios rebeldes de Puerto Prncipe y de Trinidad; ejecutados sus principales caudillos, la expedicin del Pampero estaba condenada al fracaso. En vano fue que Lpez, prodigio de valor y de tenacidad, llevara a cabo ante el pas indiferente y hasta hostil ta gloriosa campaa pinarea, donde trab recios combates y produjo bajas de consideracin a las fuerzas del gobierno. Agotado el parque y las provisiones, un da triste, un odioso traidor, el canario Jos de los Santos Castaeda, su compadre, le entrega en manos de sus tenaces adversarios. Condenado a muerte, previa humillante ceremonia de degradacin, el dcil tribunal que conoci de a causa, plegndose a las exigencias

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Las ejfxuoones de Atares 9S del implacable Gutirrez de la Concha, dispuso que la sentencia fuera ejecutada en garrote vil, como si se tratara de un reo de gravsimo delito comn y no de un militar de su categora y de m renombre* El da primero de septiembre de 1851, en el campo de la Punta, extramuros de esta ciudad, Narciso Lpez de Uriola, caraqueo de nacimiento, cubano de corazn, sufri la dura, crudelsima condena* Sus ltimas palabras, que no pudieron acallar los tambores : —M muerte no cambiar los destinos de Cuba fueron para los hombres de su tiempo y para las generaciones responsables de 18S y 1895, espuela y acicate que animaron y dispusieron sus voluntades para las grandes acciones y los ms cruentos sacrificios* Un grupo de expedicionarios dei Pampero parte de un con ti gente de ciento veinte hombres que el general Narciso Lpez haba dejado en Playtas del Morrillo a cargo de las provisiones y de las armas, vin^ dose perseguido y acorralado por fuerzas espaolas superiores, se ech sobre la costa y en cuatro botes que pudo conseguir trat de dirigirse mar afuera; pero descubierto por el buque de guerra Habanero, fue aprehendido el da 13 de agosto, conducido a esta ciudad y encerrado en el Castillo de Atars* Dirigalo el coronel William L. Crittenden, pariente muy cercano del At torne y General de los Estados Unidos, graduado de West Point y veterano de la guerra de Mxico, donde se haba batido con distincin y con fortuna. Funcionario de la aduana de Nueva Orleans, el coronel Crittenden habla prestado notable servicios al general Lpez y a los patriotas cubanos en la organizacin y en la partida de la expedicin del Pampero El teniente coronel Wiiam Scott Haynes, de Tennessee, y cuarenta y nueve expedicionarios ms, casi todos norteamericanos, componan la mermada tropa de Crittenden. Ei general Concha se propuso, en un principio, diezmar a los prisioneros, siguiendo el parecer de la junta de autoridades que haba reunido; pero luego, sintindose alentado y respaldado, cede a las destempladas voces de venganza y ordena fusilarlos a todos menos a imo, el teniente coronel Scott Haynes, hijo de un distinguido estadista norteamericano, a quien, se ignora gracias a qu poderosa intervencin, le fue perdonada la vida* El da 16, a las once de la maana, en las faldas del Castillo de Atars, en presencia de una muchedumbre enardecida y brutal, se cumpli la terrible sentencia. Crittenden fu fusilado el primero de todos; despus, juntos los dos, sus jefes subalternos; por ltimo, y en grupos de a diez, el resto de ios expedicionarios.

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Historia de la Nacin Cubana Concluida la ejecucin c iniciado el desfile de las fuerzas, pudo la enfurecida turba acercarse al lugar de ia brbara hecatombe. Lo que ocurri entonces — la torpe profanacin de aquellas vctimas; la exhibicin, a guisa de trofeos, por las calles y plazas de la ciudad, de sus miembros palpitantes y de sus ropas ensangrentadas; los gritos de jbilo, las iluminaciones — ; constituye una de las pginas ms oscuras y bochornosas de la historia colonial de Cuba. Las ejecuciones de Atares produjeron una serie de encendidas manifestaciones de protesta por todo el territorio de los Estados Unidos* El presidente FiLlmore, cuya torpe proclama de 25 de abril de 1351 era uno de los argumentos esgrimidos por el implacable Gutirrez de la Concha para cohonestar su crudel isima represin, se vio obligado a adoptar algunas medidas de amparo y defensa de los ciudadanos norteamericanos que aun permanecan en las prisiones de la isla. Y el comodoro Foxhall A. Parker vino a Cuba, a nombre del Departamento de Estado, a interesarse por la suerte de los prisioneros de guerra y a manifestar el sentimiento y el disgusto de su gobierno por las surnarsimas medidas tomadas.

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Captulo III LA POLEMICA ANEXIONISTA A la polmica sostenida por Jos Antonio Saco con los acrrimos defensores de la idea anexionista (1848-18 50), nos ha parecido bien que, por su repercusin y trascendencia singulares, le consagremos un captulo especial, aparte de ia exposicin, rigurosamente cronolgica, que hemos venido haciendo de los orgenes y vicisitudes de los movimientos en pro de la anexin o de la independencia de Cuba acaecidos de 1837 a 1851 Saco, desde Europa, haba seguido paso a paso, y con suma ansiedad e inquietud, el desarrollo de la tendencia y la conspiracin anexionistas. Unido por antiguos y estrechos lazos de amistad con algunos de los corifeos del movimiento, el ilustre escritor ba y arns se vio muy pronto convidado a formar en sus filas, y hasta uno de ellos le ofreci, a nombre de los "amigos de la isla”, la suma de diez mii pesos para que fundara y dirigiera, en Nueva York, un peridico anexionista* "Con la mano puesta en la conciencia, y con los ojos clavados en Ja patria, francamente respondo que no”, le escribi Saco a Gaspar Betancourt Cisneros, desde Pars, a 19 de marzo de 1848. Para el gran discpulo del P. Varela, la crtica situacin de Cuba no consenta ni guerra ni conspiraciones de ningn gnero, y era preciso sufrir con resignacin, con heroica resignacin, el azote de Espaa, para poder legar a las generaciones futuras, si no un pas de libertad, a lo menos un pas tranquilo y de porvenir. Haba que empearse, con todas las fuerzas, por extirpar, de una vez y para siempre, el infame y bochornoso contrabando de esclavos, raz de todos los males que nos aquejaban; haba que disminuir, sin violencia ni injusticia, el nmero de hombres de condicin servil; que aumentar La poblacin blanca, derramar las luces, construir vas de comunicacin ; y entonces, y slo entonces, Cuba, nuestra Cuba adorada, sera Cuba algn da. Saco, lo apunta el mismo, hizo todo cuanto pudo por apartar a sus amigos de una senda en la que slo vea males para ellos y desgracias 97

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98 Hstoua de xa Nacin Cubana e infortunios sin cuento para la patria; pero sus esfuerzos, sus reiterados esfuerzos, resultaron intiles. Los anexionistas, desvanecidos por risueos espejismos, desoyeron sus prudentes consejos y severas admoniciones y se apartaron ostensiblemente de su lado, y fue entonces que el gran patricio bay arns, en presencia del gravsimo peligro que amenazaba el bienestar y el porvenir de la patria, se hall en ¡a triste necesidad de anunciarles, con toda franqueza, que iba a esgrimir su bien cortada pluma contra la revolucin y los ideales anexionistas, Y en Pars, en la imprenta de Fanckoueke, calle de Poitevios, 14, el ilustre escritor publica, en el mes de noviembre de 184B, su clebre folleto Ideas sobre la incorporacin de Cuba en los Estados U nidos, que es, sin duda, el ms conocido y citado de todos sus papeles poli ticos > y una de las muestras ms vigorosas de sus grandes talentos de escritor y de polemista. Domingo del Monte, adversario decidido y tenaz de a idea y de la revolucin anexionistas, sufraga los gastos de la impresin y toma a su cuidado la profusa distribucin del mismo en Europa y en Amrica* Saco, dialctico habilsimo, se apresura a hacer constar, desde la primera pgina de su trabajo, que a l personalmente una revolucin en Cuba, lejos de causarle dao alguno, e traera evidentes ventajas* Desterrado para siempre de su patria por el odioso despotismo que la asfixiaba, peregrino tenaz, la revolucin le abrira de nuevo sus puertas y le franquearla gozosa sus umbrales* Pobre y abrumado de pesadumbres, la revolucin podra tai vez enriquecerle y hasta brindarle, sobre una base segura, a tranquilidad y el reposo de su vida* Sin empleos, honores ni distinciones, la revolucin, coyuntura oportunsima, sin duda alguna se los proporcionara. Y, pues, si tantos beneficios le brindaba la revolucin, por qu no formaba bajo sus banderas?; por qu vena entonces a combatirla renunciando —heroico renunciamiento— a sus grandes favores y halagadores recompensas? Saco sabe muy bien que algunos malintencionados se dejarn decir que sus opiniones son retrgradas; que otros, menos piadosos, le tildarn de apstata, y hasta no faltar quien publique a los cuatro vientos que ha vendido su pluma — su pluma, que es su nico tesoro— para escribir contra la anexin* Pero a los que estas y otras cosas semejantes digan y propalen, si las apuntan de buena fe, movidos por el calor y la pasin de sus convicciones, los perdona; y si proceden de mala fe, los desprecia* Saco comprende que, contemplando lo que es Cuba bajo el gobierno y la dependencia de Espaa y lo que podra ser incorporada a los Estados Unidos, parezca razonable que todo cubano desee y propugne ardientemente la anexin; pero ei notable polemista sabe y se explica

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PRDIDA DE LA NACIONALIDAD CUBANA 99 tambin que ese cambio tan halageo en apariencias ofrece al tratar de realizarse grandes dificultades y notorios peligros. La anexin slo podra conseguirse de dos maneras: pacficamente o por la fuerza de las armas Pacficamente > si llevndose a cabo lo que podra considerarse como un caso improbable, la nacin espaola regalase o vendiese la isla de Cuba a los Estados Unidos, En esa eventualidad, tan problemtica, la transformacin poltica de Cuba —el cambio de soberana— se hara tranquilamente y sin ningn riesgo, Pero, aun en ese caso, a Saco le quedara siempre en el fondo del corazn un sentimiento secreto de dolor por la perdida de la nacionalidad cubana. Anexada que fuese Cuba a los Estados Unidos, muchos de los espaoles peninsulares que entonces la habitaban, mal avenidos y disgustados con la nueva situacin, la abandonaran para siempre, y como la bondad de su clima y sus grandes riquezas naturales convidaran a establecerse en su suelo a numerosos inmigrantes norteamericanos, stos, dentro de muy poco tiempo, superaran, y con creces, a los cubanos, y la incorporacin, en ultimo extremo, no sera anexin sino absorcin de Cuba por los Estados Unidos, Verdad es, contina Saco, que la isla, desde el punto de vista geogrfico, seguira formando parte del grupo de las Antillas; pero el gran escritor quisiera, por encima de todo, que Cuba siempre quedase para los cubanos y no para expansin y disfrute de una raza extranjera. La raza anglosajona, comenta Saco, difiere mucho de la nuestra por su origen, su idioma, sus creencias religiosas, sus hbitos y sus maneras de producirse, y desde que se sienta con fuerzas suficientes para contrarrestar la opinin y el nmero de los cubanos, aspirar y lograr al cabo la direccin poltica de los negocios de Cuba, Los norteamericanos acudirn a las urnas electorales, los cubanos tambin; ellos votarn por sus candidatos, los hijos del pas por los suyos; pero como estos ltimos estarn ya en franca minora, los cubanos sern excluidos legalmente de todos o de casi todos ios empleos, y presenciaremos el doloroso espectculo de que los verdaderos amos del territorio se hallarn en l vencidos y postergados por una raza advenediza. Saco, que ha visto acontecer eso en otras partes —en la ciudad de Nueva Orleans, en la antigua colonia francesa de la Luisiana, por ejemplo—, teme que los cubanos, profundamente adoloridos y desesperados, acudan entonces a las armas y provoquen una guerra civil, con todas sus fatales consecuencias. En sus sueos de patriota, ei ilustre bayams no slo aspira a que Cuba sea rica, ilustrada, moral y poderosa, sino que sea tambin cubana y no angloamericana. La idea de la inmortalidad, puntualiza, es sublime.

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100 Historia de la Nacin Cubana porque prolonga la existencia de los individuos ms all del sepulcro; y la nacionalidad es la inmortalidad de los pueblos y el origen ms puro del patriotismo. El otro modo de conseguir la anexin sera por la fuerza de las armas Pero, se pregunta Saco, podemos los cubanos empuar as armas sin provocar la ms espantosa insurreccin? Con que apoyo decisivo contamos? Pelearemos solos o con la ayuda de una potencia extranjera? Los espaoles residentes en Cuba, menos numerosos pero ms fuertes que los criollos por su identidad de aspiraciones y el ejercicio exclusivo del poder, en su casi totalidad se mantendran fieles al estandarte de la Metrpoli, y sera vano y hasta temerario empeo contar con su apoyo, ni aun con su neutralidad, y en cualquier tentativa armada en pro de la anexin se agruparan en el campo contrario a los cubanos. Pero, contina Saco, es yerdad que todos los cubanos desean y estn dispuestos a pelear por la anexin? Es posible que en La Habana, Matanzas y otras ciudades de importancia, ciertas ciases sociales, no todas, abriguen semejantes propsitos; pero sera imprudente creer que en el resto de la poblacin hubiese penetrado ya "tanta filosofa”. Mas aun suponiendo que todos los cubanos marchasen al unsono y reclamasen a coro la anexin, aun habra que resolver otra dificultad muy grave: la recia oposicin de los estados dei norte de la gran confederacin americana, que no se resignaran fcilmente a permitir que la incorporacin de Cuba quebrase, en su perjuicio, el equilibrio existente entre as fuerzas esclavistas y las antiesclavistas dentro de la Unin. Aparte de que, lo que era muy factible, si cuando la solicitud de anexin se presentase no estuviera reunido el congreso federal, nico juez capaz de decidirla, sera preciso aguardar — angustiosa incertidumbre — a que reanudara ese cuerpo legislador sus sesiones, quedando la isla de Cuba mientras tanto expuesta a los embates y a las ambiciones de los elementos nativos y forneos que podran alzarse contra ella. La incorporacin de Cuba a los Estados Unidos, sealaba Saco, perturbara necesariamente las relaciones pacficas que hoy sostienen stos con Espaa. Y pudiera darse el caso tambin de que el partido numeroso y respetable de !a paz que dentro de ellos existe, ante ese lgico temor, lograse que los Estados Unidos no nos recibiesen como miembros de su gran familia. En esa crtica situacin, qu sera entonces de Cuba? Acaso no pregonaban los mismos anexionistas que Cuba no podra existir —subsistir— por s sola? Forzosa consecuencia nos re-

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Revolucin poltica y revolucin social 101 sultana: o presentar de nuevo el cuello al yugo espaol, o condenar la isla infortunada a una ruina inevitable. Saco, ademas, no crcc en 3 a sinceridad de la ayuda norteamericana, y bien quisiera infundir a sus compatricios que desconfiasen de todas las promesas, aunque fuesen formuladas por a boca del propio Presidente de la Unin, y que ninguno se prestase por incauto a ser juguete dcil de planes e intrigas que si se frustrasen slo perjudicaran a Cuba y a sus hijos. Por otra parte, aun aceptando la realidad de la ayuda extranjera, mucho se engaaban los que creian que el gobierno espaol se dejara arrebatar la isla de Cuba sin ofrecer una resistencia desesperada, y mal calculaban los que admitan, sin meditar, la pregonada debilidad de Espaa, Porque la Metrpoli, en Cuba, era an fuerte y muy fuerte para arruinar a ios cubanos, y su fuerza principal descansaba en las diversos y peligrosos elementos que constituan la poblacin de la isla. Empeada la contienda, y en caso de inminente derrota, cualquiera de los dos partidos, y muy principalmente el partido espaol, no lanzara a los vientos el mgico grito de libertad reforzando sus vacilantes legiones con ios esclavos? Y aun cuando ninguno de los dos bandos en discordia llamase en su socorro a tan peligrosos auxiliares, ellos mismos, de por s, no permaneceran ociosos ni indiferentes. El da que el estruendo del can separase a los habitantes blancos del pas, volveran a producirse, en tierras de Cuba, los horrores de Santo Domingo. La invasin de Cuba por los Estados Unidos, asegura el gran polemista cubano, pondra al descubierto una ambicin tan desenfrenada, que una honda alarma habra de producirse en todos los pases que poseyeran colonias en las regiones septentrionales de Amrica. Una de esas naciones, la Gran Bretaa, precisamente la que ms tendra que perder, de un modo abierto o solapado, segn conviniera mejor a los fines de su poltica, se mezclara tarde o temprano en la contienda, y sus parciales, en Cuba, seran sin duda ms numerosos que los de la gran repblica americana. Los Estados Unidos, a lo ms, podran contar con los cubanos; pero la Gran Bretaa reunira con facilidad bajo sus banderas a los peninsulares, porque defendera el inters y la permanencia de Espaa en la isla, y a los hombres de color, porque stos saben bien que ella hace a los esclavos, libres, y a los libres, ciudadanos; mientras que los Estados Unidos mantienen a los suyos — a sus habitantes negros— en dura esclavitud. Y si, caso imposible, llegasen a triunfar los norteamericanos, su victoria no se lograra sino sobre las ruinas y las cenizas de la patria. Quedar ates el punto geogrfico; pero sobre ese

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102 Historia de la Nacin Cubana punto se alzaran ms de 600,000 negros, baados en la sangre de sus seores, y ofreciendo a los estados meridionales de aquella confederacin un ejemplo terrible que imitar.” Porque en las circunstancias peculiares por las cuales atravesaba Cuba, la revolucin poltica irla necesariamente acompaada de la revolucin social; y la revolucin social sera la ruina completa de la raza y del pas cubanos. El patriotismo, el puro c ilustrado patriotismo, deber consistir entonces en soportar con resignacin y grandeza de nimo ios duros embates de una triste suerte, mientras que, con los pies bien firmes en la tierra, se contina luchando por enderezar hacia metas de progreso los destinos de la patria infortunada. Ni en I a situacin de Cuba, por critica que apareciese, ni en los extraordinarios sucesos que han conmovido a Europa en 1848, encuentra Saco motivos suficientes, vitales, que obligaran a los cubanos a buscar a anexin por uj^dio de las armas. Ser por ventura, se pregunta consternado, que los hijos de Cuba, considerando su suerte tan insoportable, pretendiesen, ciegos y desesperados, entregarse a la venganza y a otros excesos indignos de sus almas generosas? Buscarn acaso la anexin por temor de que la Metrpoli, agitada por graves convulsiones intestinas, ordenara algn da a libertad de los esclavos? Ser para libertarse, de una vez y para siempre, de las ambiciones y tentativas de los ingleses? Propugnarn tal vez los cubanos la idea anexionista con el propsito de dar libertad a sus siervos? Ser, por el contrario, para reanimar el odioso trfico de negros africanos, trayndolos, no directamente de las costas del Viejo Mundo, sino de los propios Estados Unidos? El mantenimiento de la institucin domstica, ser la causa nica de la anexin? No vean los cubanos un grave peligro en la muy posible guerra entre los Estados Unidos y la Gran Bretaa? Cul sera la suerte de Cuba si, anexada ya, se iniciasen las hostilidades entre ambas potencias? La conservacin de la esclavitud, meta y aspiracin de tantos anexionistas, la ve Saco seria y gravemente comprometida aun en medio de la paz ms asegurada y prolongada. Las modernas sociedades americanas no lograrn repetir, a su juicio, el espectculo de ios pueblos antiguos que pudieron vivir y medrar durante muchos siglos rodeados de la ms espantosa esclavitud. Saco, que no es abolicionista — que no propugna al menos ia abolicin—; pero que s es encarnizado enemigo de la trata, alza bien la voz para manifestar a sus conterrneos que no es nada ms, ni nada menos, que un mensajero del tiempo, un mensajero pacfico del siglo xfx, que es el nico abolicionista,

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Saco, mensa je no pacfico del tiempo 103 La verdadera salvacin y estabilidad de Cuba estar, pues, no en injertarse en un tronco tan enfermo y carcomido como e suyo, sino en arrojar lejos de s, con decisin y sin demoras, el amargo tsigo que corroa sus entraas. El gobierno espaol, con evidente torpeza, ha escogido como piedra angular de su poltica en Cuba, la esclavitud de los negros y el criminal trfico de los mismos* Este gravsimo error, no menos daino a a colonia que a la Metrpoli, surgi de haber identificado, con notoria equivocacin, e caso de Cuba con lo ocurrido en las antiguas posesiones espaolas de Amrica, ya que, anota Saco, lo que fue en aqullas un suceso inevitable, en Cuba, aun sin la presencia de los esclavos, sera muy difcil que pudiera acontecer. Reflexione el gobierno espaol, contina el brillante polemista, que el mal que teme “a independencia— es menos grave que el que pretende evitar, ya que, conseguida la emancipacin, siempre le quedara en Cuba una rama espaola y un buen mercado peninsular. Piense que de la misma manera que l se apoya en los esclavos para evitar cualquier conato de insurreccin, pudieran tambin los separatistas reclamar el auxilio de los propos siervos para conseguirla. Medite que si hay algn inters que pudiera unir a los cubanos y a los espaoles en apretado haz para lograr la tan temida independencia, ese inters sera la esclavitud, y tenga la seguridad de que si la isla se pierde por un levantamiento de los esclavos o por una revolucin anexionista, el gobierno peninsular ser el nico gran responsable de todos cuantos males pudieran acontecer. A m no me consta, aade Saco, s en la isla de Cuba ha habido conspiracin o conspiraciones en favor de la causa anexionista; lo que s me consta es que un profundo descontento y un vivo deseo de salir de la esclavitud poltica en que se hallan, alientan y dominan en el corazn de todos los cubanos* Cuba se va acercando ya al momento cr~ tico en que la cultura y la sociabilidad de sus moradores y, aun ms, la injusticia y los ultrajes sinnmero que estn padeciendo sus hijos, reclaman, de modo perentorio, una amplia reforma poltica. Y nada exageraba Saco al afirmar que, menos oprimidos y vejados vivan los cubanos bajo el cetro absolutista de los monarcas de Castilla, que en los das, constitucionales en apariencia, de la reina Isabel II; y porque, no lo deba echar en olvido el gobierno, la ley eterna c inmutable que escribi la madre naturaleza en el propio corazn del hombre, prohbe que ste ame y respete al tirano que lo oprime y lo maltrata, aun cuando sea, terrible afirmacin, su mismo padre.

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104 Historia de la Nacin Cubana Creer que la libertad concedida a las colonias del Continente por el Cdigo de 1812, trajo como secuela inevitable la independencia, era un criterio absurdo, pero que inspiraba la poltica del gobierno peninsular. La idea de la independencia puede asegurarse, aclara Saco, que empez a fructificar con la misma Conquista, y gritos de libertad se escucharon ya en el siglo xvni, Espaa, por oprimir a sus colonias, perdi un vastsimo imperio. Ensaye ahora, que aun es tiempo, un nuevo modo de gobierno para ios preciosos restos que aun le quedan. Cese en buena hora la mortal desconfianza con que se mira a los cubanos', otrguenseles derechos polticos; branse libremente, a su legtima ambicin, todos los empleos y todas las carreras; establzcase una legislatura colonial para que ellos — los ms capaces de ellos — tomen parte en el manejo y direccin de los negocios de su pas Pero si esto no se hace y el gobierno, por el contrario, sigue la misma marcha tortuosa que ha seguido hasta aqu, da llegara, se atreve Saco a pronosticarlo, en que estalle una revolucin que, sea cual fuere su resultado para Cuba, para Espaa siempre ser funesto. SI la Metrpoli no quiere que los cubanos claven sus ojos en las refulgentes estrellas de la gran constelacin norteamericana, haga pronto brillar sobre Cuba, la isla iufortunada, el benigno sol de la libertad. La publicacin de este vibrante alegato levant contra su autor las speras protestas de todo el partido anexionista, y muchos de sus adversarios polticos se concertaron para calificarle de servil, apstata, traidor y vendido a los intereses del gobierno. Pero el gran batallador, sin parar mientes en tales desahogos, que una prensa hostil y desatada se complaca en propagar, prest slo atencin a cuatro impugnaciones, publicadas todas en la ciudad de Nueva York, en la imprenta del peridico agregaclonista La Verdad y las contest cuidadosa y detenidamente para que el pueblo de Cuba, dijo, acabase de comprender cun equivocados estaban los que, ciegos e irreflexivos, queran lanzar a su pas por los resbaladizos senderos de una revolucin prematura. El nuevo folleto de Saco, que Pezuela considera digno eplogo del anterior o, mejor aun, como un verdadero texto de aquel prlogo, apareci bajo e ttulo de Rplica de don fos Antonio Saco a los anexionistas que han impugnado sus ideas sobre la incorporacin de Cuba en los Estados Unidos, y fue impreso en Madrid, en la Imprenta de la Compaa de Impresores del Reino, el ao 18 50, La diferencia que se advierte entre la fecha de la terminacin del escrito (septiembre 4 de 1849) y la de su publicacin (e ao de 18 50), cuid Saco de sealar que era debida a sus deseos de no darlo a la publicidad hasta que no

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Las cuatro impugnaciones anexionistas 105 tuvo noticias fidedignas de haberse frustrado la expedicin de la isla Redonda, y de haberse calmado, en Espaa, la agitacin producida por tan extraordinario acontecimiento. Con su nuevo papel no quiso Saco, no era posible que lo pretendiese, contribuir a que fuera perseguido algn compatriota. La primera de las cuatro impugnaciones que Saco se propuso contestar, perteneca a un caballero que se firmaba Freemindy y que Domingo Figarola-Cancda, en su Utilsimo Diccionario cubano de seudnimos registra como correspondiente a Juan Daz Quibus, colaborador, por 18 50, de! diario anexionista neoyorquino La Verdad El propio Saco asegura que prescindir de las razones de este impugnador, es decir, que no lo har objeto de su rplica, por ser idnticos sus argumentos a los de los otros. Se referir a esa curiosa y llamativa excepcin Domingo del Monte cuando, en su carta de 17 de noviembre de 1849, escrita desde Madrid, le dice a Saco: "Tu rplica est como tuya: no me gustan sin embargo las reservas respecto a la persona del autor de uno de Sos folletos, que t sospechas que sea Pep [Jos Luis Alfonso] : hacen mal efecto. Podras tratarlo con mesura como lo haces, sin necesidad de decirlo expresamente en el introito porque te podra acusar el pblico de ser ms amigo de Platn que de la verdad ?*\ O quizs, como piensa Jos Antonio Fernndez de Castro, esas reservas, diluidas en el texto de la Rplica fueron suprimidas por Del Monte? En este caso, podra pensarse que Saco atribuy el folleto que mencionamos a continuacin, escrito por Len de Fragua Calvo a la pluma fraternal de Jos Luis Alfonso. La segunda impugnacin, la de uno que se decia amigo de Saco, apareci suscrita por Len de Fragua Calvo seudnimo que Fig arla Caneda atribuye a Cristbal Madan y Madan, escritor y hombre de negocios habanero, amigo de Heredia, de Vareia, de Gener, del propio Saco, y uno de los ms fervientes defensores de la causa anexionista. La tercera, que iba firmada con cuatro iniciales (E.D.L.T.) y que tena por epgrafe unos versos de Heredia, Domingo del Monte la crey obra de! poeta y novelista Ramn de Palma "por lo galano del estilo”, y, a su juicio, "respira un noble sentimiento de dignidad y de patriotismo”. Saco asegur que esta impugnacin era de un discpulo suyo o a lo menos de alguien que se venda como tai, pero se trata sin duda de un error, como ha sealado Fernndez de Castro, pues el trabajo de El Discpulo (Lorenzo de Alio y Bermdez), que se public tambin por aquellos mismos das, era distinto del anterior por su contenido y hasta por su ttulo. I

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Historia de la Nacin Cubana 10 6 La cuarta y ltima, la que se supona escrita en La Habana con fecha 29 de abril de 1842 y a cuyo autor Saco quiso llamar el Compatricio para distinguirlo de los dems, fu debida a la pluma de Gaspar Betancourt Cisneros, El Lugareo. Vidal Morales cita, adems, como impugnadores del folleto de Saco a Cirilo Vill averde y a Pedro Jos Morillas, cuyas obras, o no llegaron a manos del gran escritor bay arns o no las crey dignas de mover su bien cortada pluma* El gran polemista cubano se apresura a declarar, desde un principio, que no se propuso impugnar todos y cada uno de los errores en que abundan los folletos anexionistas, porque se hubiera visto obligado entonces a componer un libro y no pudo ni quiso perder su tiempo en tan estril ejercicio. Seala, despus, que no se ha empeado tampoco en combatir indistintamente toda especie de anexin, sino que su nico objeto fu oponerse a los medios peligrossimos que queran ponerse en prctica para conseguirla: la revolucin, la guerra civil. Prvese a la anexin de ese aparato formidable y amenazador y entonces, y slo entonces, Saco permanecer neutral. Neutral, porque el vigoroso escritor no puede ser partidario de una tendencia que aun canalizada por vas pacficas y de orden matara infaliblemente dentro de pocos aos la nacionalidad cubana. Tan slo en un caso le brindara Saco sus servicios, todos sus servicios, a a combatida aspiracin: tc Si condenados los cubanos por un adverso destino a perder sus fortunas, sus; vidas y su nacionalidad, no encontrasen otro medio de salvarse que incorporndose en los Estados Unidos, entonces yo sera el primero que en el duro trance de perderlo todo, los exhortara a que sacrificasen su nacionalidad, y buscasen su salvacin en el nico puerto donde pudieran encontrarla”, Pero estamos hoy, se pregunta, en tan terrible situacin? No caigamos en el error, insiste Saco, de considerar al partido anexionista como una agrupacin homognea y movida por las mismas ideas y propsitos. Ntrese, por el contrario, de elementos diversos y hasta antagnicos, pues mientras unos desean la anexin por el impulso generoso de gozar la libertad que se disfruta en ios Estados Unidos; otros g hacen por el impuro afn de conservar a sus esclavos; no faltando quienes, mezcla original isima, participen a a vez de una y otra aspiracin. Para los primeros, los anexionistas por patriotismo, tiene Saco todos sus respetos; con los otros, lo advierte con honradez, se ver obligado a emplear a veces un lenguaje algo duro, para tratar de sacudirles la conciencia.

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Entre la amistad y el deber 107 Persuadido el sagaz polemista de que seguir escribiendo para los anexionistas, que no se han detenido a refutar sus argumentos, los de primer folleto, sera perder el tiempo intilmente, ha credo oportuno cerrar, con esta rplica, toda polmica con ellos: se discute con quien escucha la razn, no con aquel que la desprecia y apela a la fuerza. Saco arremete, en primer lugar, contra el folleto del Amigo (Cristbal Madan), que es por consiguiente, lo apunta el propio escritor, el primer personaje que se presenta en la escena. Con una ingenuidad que le honra, anota Saco, redcese su impugnacin, pobrsima de razones, a hablar de modo difuso y desordenado sobre la nacionalidad de la Lu isln a, de i a constitucin y de la historia constitucional de aquel estado sureo, de la prosperidad y del engrandecimiento de los Estados Unidos, y de la tirana del gobierno espaol en la isla de Cuba* Despus, brillante entrada, comenta Saco con irona, anuncia que en alguna ocasin le ser muy penoso a magnfico escritor reconocer que la parte pro f tica de su papel adolece de la falacia que mas de una vez acompa a sus vaticinios polticos Pero Saco, que no aspira a ser profeta, gusta de repetir al Amigo las verdades, que no son sino profecas infalibles, que, en las pginas de su primer folleto, hubo ya de manifestar: que la nacionalidad cubana perecera con la incorporacin de Cuba en los Estados Unidos, sea cual fuere e modus operandi, y que en la situacin de Cuba la guerra civil, que provocara sin duda la anexin, resultara muy funesta para ios cubanos y provechosa tan slo para los extranjeros. Como individuo privado, afirma Saco, soy todo de mis amigos, no tengo ni quiero tener otra opinin que la suya y estoy pronto a sacrificar por ellos hasta mi sangre* Pero si sos eran sus deberes en las relaciones de amistad, no eran menos sagradas las obligaciones que le ligaban estrechamente con su patria bienamada, juzgar de otra manera su conducta sera confundir las relaciones privadas con las pblicas, las del individuo con las del ciudadano, y los intereses personales con los de la patria* Quin entonces poda acusarle de que se haba separado del partido verdaderamente cubano? Y sobre todo, quin poda responderle de que los anexionistas eran los nicos representantes de ese partido? En qu fundaban los anexionistas la infalibilidad de sus opiniones? Al Discpulo o, mejor dicho, al poeta Ramn de Palma, que Del Monte crey ver detrs de las iniciales E.D.Lf., Saco quiere agradecerle, en primer trmino, todo el inters que se toma por librarle de

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103 Historia de ta Nacin Cubana una suerte igual a la del malogrado Heredia, pero no acepta, no puede aceptar, su apremiante invitacin para que se traslade a los Estados Unidos y preste all su valiosa cooperacin a los buenos patriotas que propugnan la solucin anexionista. Por lo dems, el nuevo papel contiene tan frecuentes divagaciones y es tan pobre y dbil en argumentos como el escrito del Amigo, Comienza E*D.L*T. su impugnacin pretendiendo desenredar a Saco del gravsimo error de haber confundido la inmortalidad del alma con la de las naciones, y, para ello, no slo se enfrasca en un fastidioso tratado de metafsica, sino que invoca las '"colosales pirmides de Egipto, las reliquias de las antiqusimas ciudades con que tropiezan los viajeros entre los bosques y desiertos del Asia, Africa y Amrica, y hasta ios cadveres de Mcnfis, Tebas, Palmira. Babilonia, Herculano, etc*”. Para, anota Saco, al cabo de viajes tan largos y de peregrinaciones sepulcrales tan tristes, venir a poner en evidencia que el impugnador no ha comprendido el pensamiento del gran polemista. Desembarazado ya del Amigo y de E*D*L.T., pasa Saco a razonar con su querido Compatricio, y como por su notoria impetuosidad, a agilidad y a soltura de su estilo, sus giros inconfundibles, ha podido percatarse de la recia personalidad con la que se dispone a contender, el talentoso Gaspar Betancourt Cisncros, El Lugareo, el hbil polemista se preocupa de rebatir, uno por uno, los cuatro grandes argumentos de su contradictor, agrupando por ultimo, bajo el ttulo de examen de otros punios del papel de mi Compatricio, el estudio del resto de su razonamiento. (Los cuatro grandes argumentos de El Lugareo, tal como los resumi e! propio Saco, son como sigue: L ""Saco ha dicho en un papel impreso en 1845, '"que a continuacin del trfico de esclavos, lejos de afianzar la seguridad de Cuba, la conduce irremediablemente a su pronta perdicin”. De aqu infiere mi Compatricio, que no queriendo el gobierno espaol poner trmino a tan infame contrabando, y que siendo l a quien corresponde exclusivamente cortarlo, porque slo l tiene facultad y poder para ello, es forzoso que los cubanos, para conseguir este fin, tomen las armas, y se agreguen a tos Estados Unidos”; 2. "Saco ha dicho en 1845: "Cuba para hacer frente al porvenir, no slo debe terminar al instante y para siempre todo trfico de esclavos, sino proteger con empeo la colonizacin blanca”. Luego, segn Saco, forzoso es para conseguir estos dos objetos, hacer 3 a revolucin anexionista”; 3* "Saco escribi en 1837, "'que al contemplar el msero estado en que Cuba yaca, hubiera trocado, a fuer de cubano, la suerte de su

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DOS PRINCIPIOS ANTAG"NICOS 10? patria por la de Canad”. "Y de 1837 a 1848 (pregunta mi Compatricio), ha mejorado en algo el msero estado en que yaca Cuba? Todo lo contrario 4. "Saco dijo en 1837* "que la milicia nacional no existe en Cuba* y que debera organizarse en los campos para aumentar la seguridad de la isla”. "Y de 1837 a 1849 (pregunta m Compatricio) se ha organizado la milicia nacional de Cuba?”.) Todos estos motivos, que Saco se ocupa de examinar prolijamente, cree el gran escritor que podian y deban reducirse a dos principios contrarios, antagnicos: de una parte, esclavitud ; de ia otra, libertad Saco, respetuoso de la opinin de los anexionistas sinceros, de los que tienen por mvil la libertad, no quiere, no quisiera confundirlos en su Rplica con aquellos que slo aspiran a mantener y fomentar la esclavitud de los negros, base y fundamento de sus fortunas y de su ideario poltico. Pero en el generoso sentimiento de libertad que mueve a los anexionistas por patriotismo, halla Saco, y con razn, e sacrificio indudable de la nacionalidad cubana. Sus deseos, una y otra vez manifestados, son de que Cuba, dependiente de Espaa, sea libre, y no esclava, como lo es; pero que, separada de ella algn da, no slo disfrute de la libertad, sino que goce tambin de una existencia poltica que le asegure para e porvenir la conservacin y la preponderancia de la raza blanca que hoy la habita. Y, polemista temible e incisivo, insiste en que incorporada Cuba en los Estados Unidos, su actual nacionalidad perecera irremisiblemente, y a demostrar esta afirmacin, nervio de su trabajo y mdula de sus argumentos antianexionistas, consagra las mejores pginas de su famosa rplica, acaso el mejor y ms maduro de sus escritos polticos. El folleto s aquista concluye con el examen de esta cuestin importantsima: qu deben hacer los cubanos para conseguir la libertad, y Espaa para no perder a Cuba? Saco sabe bien que los derechos polticos que Espaa estara dispuesta a concedernos nunca alcanzaran la amplitud que si Cuba fuese independiente o formase parte de la confederacin norteamericana; porque una colonia, dulese el escritor, es siempre una colonia, Pero, en las circunstancias de momento, por que habran de empezar ios cubanos por a revolucin que es precisamente por donde acaban y deben acabar los pueblos que pueden salvarse con ella? Y al gobierno espaol, cuyo empecinamiento conoce, no duda en advertirle que si, desatendiendo los consejos de una poltica previsora, no se apresta a destruir cuanto antes el sistema desptico que rige e impera en Cuba; si deja escapar la ocasin propicia en que aun puede

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lio Historia de la Nacin Cubana conjurarse la tempestad en formacin, preprese desde ahora a perder a m importante Cuba, pues siendo los Estados Unidos mucho ms fuertes que Espaa* y encontrndose adems a las puertas de Cuba* el resultado de la agitacin anexionista no ser otro que el provecho para los extranjeros La Rplica de Saco* ha escrito Pezuela, "era ya el fruto sazonado de uoa inteligencia emancipada de aejas ilusiones que adems de reconquistar a Saco su antiguo prestigio sobre todos los pensadores cubanos* le granje la amistad de muchos espaoles 55 Pero* como apunt el propio polemista* "el ministerio [espaol] de aquella poca entendi tan bien los intereses de Espaa* que mand recoger y denunciar como suyersivo mi papel: que le valia en Cuba ms de cincuenta mil bayonetas 15 En 18 59, Saco recoge en el tomo tercero de su magnfica Coleccin de papeles, impresa en Pars, sus dos folletos antianexionistas, pero cuida entonces de hacerlos acompaar de sendas pginas aclaratorias, que los aos transcurridos y los sucesos pasados desde su primera aparicin haban hecho convenientes y quizs necesarias a su juicio. En el prembulo que puso al primero de sus dos grandes trabajos, Saco establece, con claridad y valenta, la gradacin que ha seguido, que segua aun, en sus ideas sobre la incorporacin de Cuba en los Estados Unidos: "Lo primero que deseo, es que Cuba libre y justamente gobernada viva unida a Espaa. Lo segundo, que disueita esta unin, ora por la madre, ora por 3a hija, Cuba trate de conservar su nacionalidad, y de constituirse en estado completamente independiente. Lo tercero, que si las circunstancias le fueran tan adversas, que no pueda existir por s sola, ni salvarse de su total ruina sino arrojndose en los brazos de los Estados Unidos, entonces y slo entonces lo haga como la nica tabla a que puede asirse en su naufragio”. Eso fu* puntualiza el gran escritor* lo que l quiso decir cuando* en 1837, dio a la publicidad su famoso Paralelo entre la isla de Cuba y algunas colonias inglesas, cuyo comentad simo prrafo final no era por otra parte ms, es fcil comprobarlo, que el desarrollo, con las debidas reservas, de su pensamiento ntimo expuesto a Jos Luis Alfonso, en carta de 21 de enero del propio ao, citada y glosada ms arriba. Saco sinti en lo ms vivo los rudos y destemplados y en ocasiones injuriosos ataques de los anexionistas, y convencido de la verdad y de la grandeza de la causa que haba defendido — su gran servicio a Cuba— en una breve cuartilla que apareci entre sus papeles, y que

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Epitafio de Saco 111 intitul Mi epitafio, dej escrito lo que sigue: '"Cuando en 1849 tuv una recia polmica con los anexionistas cubanos, unos me tacharon de retrgrado, y otros me acusaron de mal cubano, de traidor y hasta de haberme vendido a Espaa para escribir contra la anexin. Deplorando un da con un amigo la injusticia de mis compatricios, dijele, que $i antes que l mora yo, hiciese poner sobre la losa de mi sepulcro e siguiente epitafio: Aqu yace Jos Antonio Saco que no fue anexionista, porque fn ms cubano que todos los anexionistas

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Captulo IV DE 1851 A 1867 E l trgico fracaso de fas expediciones e insurrecciones de 18 50 y 1 S 51 no entibi la fe ni merm el entusiasmo de los anexionistas que se movan dentro y fuera del territorio de Cuba. Hubo, eso s, algunas bajas o deserciones notables (Jos Luis Alfonso y Cristbal Madan, por ejemplo); pero un grupo numeroso de los antiguos conspiradores del Club de la Habana y los desunidos pero fervorosos emigrados cubanos en las ciudades de la confederacin norteamericanaj prosiguieron con decisin c impulso renovados sus trabajos en pro de la sonada incorporacin. En los Estados Unidos, los devotos de la memoria de Lpez —los lopiztas ~ tenan su principal centro de accin en Nueva Grleans, y seguan las inspiraciones de Ambrosio Jos Gonzlez, Domingo de Goicoura, Jos Elias Hernndez, Miguel Teurbe Toln, Cirilo Villaverde y alguno que otro emigrado ms. El grupo opuesto a los lopiztas tenia como caudillo natural a Gaspar Betancourt Cisne ros, activa y eficazmente secundado por Manuel de Jess Arango y Porfirio Valiente* Los partidarios de El Lugareo radicaban casi todos en Nueva York y su rgano de propaganda ms ledo y escuchado segua siendo La Verdad Los lopiztas contaban con la simpata y el apoyo efectivo de muchos de los conspiradores habaneros (Miguel Aldama, Anacleto Bcrmdez, Santiago Bombalier, el conde de Pozos Dulces, Ramn de Palma )* El Lugareo i por su parte, conservaba an la vieja y decisiva influencia que siempre tuvo sobre sus comprovincianos, y feles partidarios suyos establecan, en Puerto Prncipe, ramas o secciones locales de la Orden de la Estrella Solitaria vasta asociacin secreta, fundada en los Estados Unidos, que reuna en sus cuadros a criollos y norteamericanos celosos defensores de la causa de Cuba* Las actividades de estos grupos de conspiradores pusieron muy pronto sobre aviso a las autoridades coloniales, y el general Gutirrez de la Concha, que gobernaba la isla, crey oportuno informar al mi112

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Un tstuevo folleto de Saco m nisterio que no estimaba prudente hacer extensivos a Cuba los benef icios de i a amnista dictada con motivo del nacimiento de S.A.R., doa Mara Isabel Francisca de Asis, princesa de Asturias. Para el general Gutirrez de la Concha, todo haca presumir que se preparaba un movimiento muy semejante al de 18 51, y que los revolucionarios, cada da ms audaces, slo esperaban una ocasin favorable para pronunciarse e invadir de nuevo la isla. En tan crticas circunstancias, ha escrito Jos Antonio Saco, no faltaron algunos peninsulares responsables e influyentes que trataran de pedir determinados derechos polticos para Cuba, como medio eficaz de destruir o por lo menos neutralizar los proyectos de los anexionistas, y diputados elocuentes estuvieron dispuestos a levantar su voz en el Parlamento; pero, a fines de 1851, el gobierno disolvi las Cortes, dispuso el arresto de los ms destacados miembros de los partidos de oposicin y orden tambin a clausura y confiscacin de los peridicos hostiles a su poltica, y ios buenos deseos de los hombres que queran conceder a Cuba algunas libertades se vieron frustrados de ese modo. Los negocios insulares, en particular, quedaron en las manos apasionadas y parciales de don Vicente Vzquez Queipo, ex Fiscal de la Real Hacienda, en La Habana, y autor de un Informe sobre fomento de la poblacin blanca en la isla de Cuba y emancipacin progresiva de la esclava, impreso en Madrid en 1845, que Saco haba impugnado con vigor y competencia singulares, Y el "malfico empeo” de ese alto funcionario, enemigo tenaz y encarnizado de toda innovacin poltica para Cuba, cerr muy pronto el paso a todo intento de reforma. Mas a pesar de ese recio y evidente obstculo, el ilustre polemista di a la imprenta, en Pars, un com curadsimo folleto, La situacin poltica de Cuba y su remedio, donde estudi, con su maestra acostumbrada, los peligros externos e internos que eran, a su juicio, amenaza cierta para a soberana y la tranquilidad de Espaa, e insisti en que slo una amplia reforma del viejo sistema colonial podra prevenir y desvanecer esas asechanzas; pero el gobierno espaol, mal aconsejado, prohibi la circulacin del escrito de Saco, que, caso curioso, fue combatido a la vez por los anexionistas cubanos y por los peninsulares enemigos de las reformas. (El connotado bayams, dando al desprecio la infortunada contestacin de los anexionistas, cuya defensa asumi el gran escritor Cirilo Villa verde — El seor S ac con respecto a la revolucin de Cuba Nueva York, 18 52 — tuvo a bien considerar c impugnar el examen de sus ideas hecho por El Constitucional, de Madrid, y por don Jos Luis Retor tillo, en un nuevo papel que intitul Cuestin de Cuba (Pars,

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114 Historia de la Nacin Cubana enero 2 y marzo 3 de 18 52), que llevaba como lema esta frase proftica: "O Espaa concede a Cuba derechos poli ticos, o Cuba se pierde para Espaa”. ) Los temores de Concha se vieron justificados, unos meses despus, durante el gobierno de su anodino sucesor, el general don Valentn Caedo. Una formidable conspiraen, la llamada de la Vuelta Abajo t que logr agrupar a significados elementos de la sociedad cubana, y que Vida! Morales considera como una de las ms vastas y mejor organizadas que hubieran existido, fue descubierta y debelada por entonces (1852). Un accidente sufrido en el transporte de unas armas a la estacin del ferrocarril de Villaneva, haba dado lugar a la prisin de Jos G. Tejada, que tena a su cargo la custodia del cargamento, y avivado adems la vigilancia suspicaz de las autoridades. Unos das despus, la noche del 5 de agosto, la polica practicaba un registro en una modesta vivienda del barrio de Pealver, residencia de la familia del escogedor de tabacos y activo conspirador Francisco Val des. Preso ste —el registro haba permitido la ocupacin de tres cajones de cartuchos, algunas libras de plomo y varias turquesas o matrices para hacer balas — confes cuanto sabia, sealando al rico hacendado de Candelaria Juan Gonzlez Alvarez, como a uno de los miembros significados de la conspiracin. Gonzlez Alvarez fu tambin aprehendido y, lo mismo que Valds, manifest a las autoridades todo lo que conoca de la trama revolucionaria. (Un importante acopio de armas que haba escondido en una de sus fincas fu ocupado en seguida por el gobierno.) La prisin del hacendado produjo la salida inmediata para los Estados Unidos del distinguido patricio oriental Porfirio Valiente y caus profunda alarma entre los conspiradores de esta ciudad: los hermanos Bellido de Luna, Anacleto Bermdez, Carlos de Castillo, Luis Eduardo del Cristo, Francisco Estrampes, Joaqun Fortn, Juan de Miranda y Caballero, Ramn de Palma, Fernando de Peralta, el conde de Pozos Dulces. (El notable jurisconsulto habanero Anacleto Bermdez y Prez, discpulo del famoso P. Varela y figura principalsima dd movimiento revolucionario, falleci repentinamente en esta ciudad, el da primero de septiembre de 18 52, primer aniversario de la ejecucin del general Narciso Lpez, y su entierro, se ha dicho y con razn, ms que el justo tributo debido a sus grandes merecimientos, fu el desahogo de un partido consternado por su sbita desaparicin.) Un peridico clandestino. La Voz del Pueblo Cubano rgano de la independencia, que editaba Juan Bellido de Luna e imprima, con grave

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LOS EMIGRADOS CUBANOS SE UNEN m riesgo, el joven tipgrafo reglano Eduardo Facciolo, mantuvo en jaque durante algunas semanas a las autoridades espaolas, hasta que la denuncia de un traidor permiti sorprender y recoger, ya a punto de terminarse su impresin, el cuarto nmero del peridico, y el temerario Facciolo, aprehendido, fue condenado a muerte y ejecutado en garrote vil el dia 28 de septiembre. La Comisin Militar Ejecutiva y Permanente, que conoci de estos hechos, conden a muerte a los procesados Juan Gonzlez Alvarez y Luis Eduardo del Cristo (5 de abril de 18 53); pero al pie mismo de la escalera del patbulo le fue conmutada la pena, a los dos, por la de diez aos de presidio, A otros encausados se le alivi asimismo la condena y al conde de Pozos Dulces, don Francisco Fras y Jacott, se le confin a la ciudad de Osuna* Mientras estas ocurrencias infortunadas tenan lugar en la isla de Cuba, en los Estados Unidos Gaspar Betancourt Cisneros y otros prestigiosos corifeos anexionistas, animados por la posible victoria de la candidatura presidencial de Frankn Pierce, de New Hampshire, "leal y decidido demcrata )acksonmn*\ dirigan sus esfuerzos a conseguir la unin de los dos grupos de emigrados cubanos que coexistan en la confederacin americana, unificacin que asegurara la identidad de propsitos y por ende de actividades y de iniciativas revolucionaras* Los afanes de los partidarios de la unificacin se vieron coronados por el xito y el da 18 de octubre de 18 52, Manuel de jess Arango, Gaspar Betancourt Cisneros, Porfirio Valiente, Jos Elias Hernndez y Domingo de Goicoura, invitaban a los emigrados cubanos y a sus amigos y simpatizadores a la ceremonia que tendra lugar a las siete de la tarde del siguiente da (martes 19), en el saln Apolo de la casa Broadway nmero 410, en Nueva York, para establecer, entre vtores y aplausos, el nuevo organismo coordinador de las labores revolucionarias: la fua Cubana El grupo que segua las inspiraciones de El Lugareo logr tres cargos en la mesa ejecutiva de la Junta: a presidencia, que ocup el propio Gaspar Betancourt Cisneros; la vice presidencia, para la que fue elegido Manuel de Jess Arango; y la secretara, que se confi a Porfirio Valiente* La fraccin lopizta minora dscola y de opiniones independientes, como se ver muy pronto, obtuvo solamente dos posiciones: la vicesecretara, que ocup Jos Elias Hernndez, y el cargo de tesorero, que se otorg a Domingo de Goicoura, El mismo da de su instalacin la Jimia Cubana crey oportuno consignar en un prolijo y razonado manifiesto los motivos que haban

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116 Historia de la Nacin Cubana dado origen a su establecimiento, afirmando que en la imposibilidad de constituirse en el suelo de Cuba, levantaba all, en los Estados Unidos el sagrado estandarte de la libertad de nuestra patria, a cuyo alrededor esperaba que acudiesen presurosos todos los cubanos y todos los que sin haber nacido en la desdichada isla antillana simpatizasen con la causa de la redencin de nuestro pueblo, y poniendo empeo en asegurar que, una vez conquistada la independencia, los miembros de la junta resignaran sus cargos ante la primera Convencin nacional cubana que se reuniera, a la que daran cuenta detallada adems de todos sus afanes y trabajos. "Y tu. Ser Omnipotente, Dios de bondad, conclua la junta, que abates a los soberbios y ensalzas a los dbiles y oprimidos, protege nuestra causa, fija tu mirada por una sola vez sobre ei sudo infortunado de Cuba, y la obra de nuestra libertad ser la obra de tu justicia infinita/" La eleccin de Pierce, unos pocos di as despus de constituida la junta Cubana (2 de noviembre), vino a robustecer las risueas esperanzas de los anexionistas. En efecto, la cuestin cubana, puesta de nuevo sobre el tapete poltico, fue objeto de un apasionado y dilatado debate en e senado federal, a propsito del proyecto de convencin tripartita que la Gran Bretaa y Francia propusieron a los Estados Unidos, y que stos rechazaron, proporcionando a senador Fierre Sou, de Luisiana, entusiasta partidario de la anexin, la oportunidad de dirigir rudos ataques a la torpe poltica cubana del presidente Fillmore, y para plantear adems, sin tapuja y sin ambages, la posibilidad de adquirir, por conquista, no por compraventa, el dominio de la isla de Cuba. Unos meses ms tarde, el 4 de marzo de 18 53, el propio presidente Pierce, en su discurso inaugural aluda tambin a la adquisicin de ciertos territorios indispensables para la seguridad nacional de los Estados Unidos, y designaba, en seguida, para los ms importantes cargos diplomticos a conocidos y entusiastas expanslonistas. Muy pronto, sin embargo, una noticia alarmante y desalentadora lleg a odo de los miembros de la junta Cubana El gobierno de Pierce, asegurbase por algunos que se decan bien informados, a pesar de las encendidas manifestaciones de Soul, su autorizado vocero, pareca inclinarse al cabo a favor de la tesis de Polk, que tanto haba herido y lastimado antao la dignidad cubana: el plan de comprar y desde luego disponer, con entera y absoluta libertad, de la isla de Cuba. Y la Junta, temerosa de esa peligrossima posibilidad, propsose entonces la rpida organizacin, en los Estados Unidos, de una fuerza militar numerosa que, bajo el mando de un jefe de reconocida capacidad y de

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Otra vez el general Quitman 117 renombre, invadiese a isla y se diera la mano con los patriotas dispuestos a sacudir cuanto antes el spero yugo de la Metrpoli espaola. Vencida Espaa y forzada a renunciar su soberana sobre Cuba* el pueblo* y nadie ms que el pueblo* decidira entonces sobre su futuro destino: la independencia* que acaso fuera todava un ideal inasequible* o la anexin* que el inters econmico y la falta de confianza en la preparacin para el gobierno propio, hacan florecer en el nimo de muchos. Consecuente con este criterio, el da 29 de abril de ese ao de 18 £3* la Junta Cubana, que se ha trasladado a Natchez* en Mississippi, se dirige por escrito al general John A. Quitman — que ya en una ocasin anterior, lo hemos apuntado ms arriba, haba declinado la tentadora oferta de Narciso Lpez y Ambrosio Jos Gonzlez — para brindarle, a nombre del pueblo cubano, la jefatura exclusiva de la revolucin en sus dos mandos lgicos, el civil y el militar, posicin que durara, lo aseguraba la Junta, todo el trmino del perodo revolucionario, o hasta que, una vez concluido ste, fuera oportuno o posible, a juicio de Quitman, constituir ia isla en nacin independiente y soberana. S el general Quitman aceptaba, asumira de inmediato la direccin de todos los asuntos y el manejo de todos los recursos allegados, quedando an la propia Junta sujeta a sus rdenes y determinaciones. Al da siguiente, el general Quitman, profundamente emocionado, notific a la Junta desde Monmouth, en las cercanas de Natchcz, que aceptaba en principio las graves responsabilidades que se le ofrecan, si bien subordinada su aceptacin definitiva al cumplimiento de estas tres condiciones: E Adhesin, a la empresa, de todos los patriotas cubanos residentes en los Estados Unidos que representasen alguna fraccin del pueblo de Cuba; 2, Delegacin de suficientes poderes en el Jefe; y 3. Aporte de los recursos adecuados por la Junta (y sus asociados) bajo cuyo nombre y por cuya autoridad se llevaran a cabo los preparativos de la empresa. Aceptadas estas condiciones por la Junta, el general Quitman visit algunas ciudades norteamericanas (New York, Filadefia* Baltimore, Washington ) deseoso de conocer, bien de cerca, el estado de opinin que prevaleca sobre la cuestin cubana, y satisfecho de su exploracin el da 19 de agosto suscribi, en Nueva York, un convenio de siete artculos, preparado por la Junta, aceptando como jefe civil y militar de la revolucin todos los poderes y atributos que se reconocan como inherentes a las dictaduras por las naciones civilizadas. Para guardar el secreto del plan, la Junta se mantendra en pie de organizacin y dara la impresin de hallarse funcionando, pero estara so-

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118 Historia de la Nacin Cubana metida en realidad a las rdenes y decisiones de Quitman y no podra verificar actos de ninguna ndole sin d consentimiento y la aprobacin de! General. Una disposicin adicional ("Voluntar y Proposition of the Cuban Junta to manifest thcir valu of Quitman's influence to thcir cause”), estableca que, una vez lograda la victoria, Quitman, adems de su paga regular, recibira una compensacin ascendente a la suma de un milln de pesos. Las obligaciones de la Junta quedaron reducidas de este modo, segn sus propias declaraciones (New York, a 25 de agosto de 1855), "a completar la recoleccin de los cuantiosos recursos que todava demandaba el proyecto; a vigilar el cumplimiento por parte del Jefe de todas las condiciones del convenio, y a festinar, por cuantos medios estuviesen a su alcance, i a ms pronta realizacin del movimiento de que estaban pendientes los destinos de la patria”. El general John Anthony Quitman, a su vez, asumi sin demoras ni entorpecimientos la direccin y la organizacin de los trabajos revolucionarios, dentro y fuera de los Estados Unidos. Cinco meses escasos despus de la firma de! convenio, Domingo de Goicoura daba a conocer su inconformidad con La conducta del todopoderoso Jefe y solicitaba de sus compaeros de la Junta que se 'Je hablase claro” a Quitman y, si fuere preciso, se buscase otro militar menos irresoluto — ms dispuesto — que se comprometiese a conducir, a Cuba, la primera fuerza expedicionaria. El general Quitman, sugera el impaciente tesorero, podra marchar despus a la isla o quedarse en los Estados Unidos, si as lo estimaba ms til y provechoso a la causa. Esta actitud de Goicoura, y de Hernndez, que le brindaba su apoyo, es decir, de la intransigente fraccin lopizta^ fue al cabo compartida y propugnada por los conspiradores de Cuba, un poco ms tarde, en la primavera de 18 54, cuando varios acontecimientos exteriores e interiores, como observa Ramiro Guerra, vinieron a imprimir nuevo vigor y renovado impulso ai movimiento en pro de la anexin. En efecto: en la Metrpoli espaola, una situacin poltica instable y confusa, quitaba a los efmeros ministerios que se sucedan en el poder lo posibilidad de resistir, con seguridades de xito, una rpida y enrgica accin, en Cuba, de las fuerzas revolucionarias. Por otra parte, la guerra de Crimea, grave y mortfero episodio de la cuestin de Oriente, mantena ocupada la atencin de la Gran Bretaa y de Francia, privando as a la nacin espaola del recio valladar que haba significado, para la idea anexionista, la decidida oposicin de los gabinetes de Londres y Pars. En los propios Estados Unidos, el presidente

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Poltica del general Pezuela 119 Pierce, abandonando su prudente actitud de espera vigilante, daba instrucciones concretas a Pierre Soul, ministro de la Unin en la corte de Madrid, a fin de que investido de amplios y completos poderes pudiera negociar y convenir un tratado general de comercio, y pudiera plantear asimismo a cesin do la isla de Cuba y de sus islas y cayos adyacentes, la isla de Pinos inclusive, a los Estados Unidos de Amrica (28 de marzo de 184), (Una semana ms tarde. Souf reciba nuevas e importantes instrucciones: podra ofrecer, por a isla de Cuba, la respetable suma de ciento treinta millones de pesos, treinta ms que la cantidad sealada en 1848, y, en caso de rotunda negativa, se le instaba a que procurase por todos los medios separar la isla del dominio de Espaa, evitando, eso si, que cayese bajo la dependencia de cualquier otra potencia europea.) El gabinete de Pierce, a su vez, aprovechaba el incidente del Black. W arriar t buque norteamericano que haca viajes de Mobila a Nueva York, con escala regular en La Habana, y que haba sido apresado y embargado por funcionarios de ia Aduana de este puerto, para ejercer una fuerte presin diplomtica y quizs para provocar un casus bli f que permitiera a la postre a adquisin pacfica o la conquista de la isla de Cuba. Y el mismo Pierce, en un mensaje de tonos violentos, manifestaba al congreso federal que se crea obligado, s Espaa no daba una solucin satisfactoria al ruidoso incidente, a usar de los medios y de la autoridad que aquel Cuerpo le concediera para obtener la justa reparacin de las injurias recibidas y vindicar el honor de la bandera. A estos acontecimientos exteriores, cuya gravedad todos reconocan, vino a sumarse muy pronto la actuacin del capitn general don Juan de la Pezuela, caballeroso gobernador de Cuba, en el arduo problema de la esclavitud y de la poblacin de color libre de la isla, que tanto contrari a los negreros y a los propietarios de esclavos. El alarmante rumor de que un tratado secreto firmado con la Gran Bretaa obligara a la nacin espaola a emprender, en breve plazo, la abolicin total de la esclavitud, se ech a rodar de nuevo, y los traficantes y los dueos de siervos, amenazados en sus intereses ms vitales, ponderaron otra vez la ruina inevitable de la agricultura cubana y aludieron tambin, en todos los tonos, a la terrible revolucin social que sin duda alguna estallara muy pronto sumiendo a la opulenta isla en a ms espantosa y miserable condicin. Y hasta hubo algunos que, ms asustadizos o peor intencionados, no temieron asegurar que, entre los planes del gobierno, estaba tambin la africanizacin de Cuba, buscada por a va de! sistema de aprendizaje que se propona establecer, torpe medida que transformara en libres al cabo

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120 Historia de la Nacin Cubana de un ao a los negros africanos que se introdujeran en lo adelante, (Los conspiradores cubanos* anexionistas o independen tis tas puros, aprovecharon la ocasin para difundir la alarma y la intranquilidad en e! pas y crearle nuevos y poderosos adversarios al gobierno,) Un nuevo bando de Pezueta, de 3 de mayo de 1854, que dejaba sin efecto las garantas del artculo 9 de la ley penal de 2 de marzo de 1845, produjo a poco otro intenso pnico entre los traficantes y los dueos de esclavos y una profunda excitacin entre los revolucionarios, y dise otra vez e caso singular de que las personas de fortuna y de significacin, as criollas como peninsulares, pusieran sus esperanzas en la incorporacin inmediata de Cuba a los listados Unidos, ya fuera por la accin directa del gobierno norteamericano, ya fuera como resultado de la invasin del pas por las fuerzas de Quitman y el apoyo decidido de los propietarios a la revolucin. Como en 1842 y en 1848, los espaoles acomodados de Cuba no vacilaron, en 18 54, en nutrir las filas entusiastas de la anexin y esperaron ansiosos a llegada de los invasores americanos que, proclamaban ellos, vendran a salvar ai pas de la terrible ruina a que lo arrastraban la torpe poltica del gabinete de Madrid y el espritu francamente abolicionista del general Pezuela. Y un espaol ilustrado y de ideas liberales, don Ramn Pint, que haba gozado de la privanza y de los favores del general Gutirrez de la Concha, durante el primer mando de este gobernante, ech sobre sus hombros la tarca ingente de dirigir y orientar, en esta ciudad, los planes revolucionarios. Ln 1824, la derrota de los liberales espaoles fuerza a Ramn Pint, que tiene a la sazn poco ms de veinte aos y teme a las duras represalias de los absolutistas ensoberbecidos, a embarcarse en Cdiz rumbo a Cuba, Ya en La Habana, el joven constitucionalista, fraile frustrado que se ha batido con decisin en el Trocad ero logra ganarse a simpata y la estimacin del barn de Ressd, uno de los personajes ms influyentes de la colonia, quien le confa la educacin y e cuidado de sus hijos y le hace tambin su administrador y apoderado general. Ms tarde. Pint, que ha adquirido valiosas relaciones sociales y mercantiles, emprende por su cuenta y riesgo "el agenciamcnto de negocios”, logrando hacerse de una slida y ventajosa posicin durante el primer mando del general Gutirrez de la Concha, Hombre de vasta y variada ilustracin y de acendrado buen gusto, Ramn Pint fu uno de los asociados ms distinguidos y entusiastas del prestigioso Liceo de la Habana que lleg a presidir; socio fundador de la empresa del Diario de la Marina^ en cuyas pginas di a la publi-

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La minora lopizta y ros planes dQujtman 121 cidad bajo el seudnimo de Vetusto Claro una serie de cartas a Severo Franco que fueron muy ledas y celebradas; y en las gratas veladas del Liceo, punto de cita de la sociedad habanera, dej or, en ms de una ocasin, su ampla y bien timbrada voz de bartono. En 18 50, hizo el diligente hombre de negocios un viaje a los Estados Unidos, viaje que su bigrafo, Enrique Larrondo y Maza, sospecha que quizs estuviera en relacin con las actividades revolucionarias que desarrollaban, en las ciudades de la confederacin americana, los emigrados cubanos; pues, a su juicio, mucho tiempo antes de que el general Gutirrez de la Concha tomara posesin por segunda vez del gobierno de Cuba, habia fructificado en el espritu del generoso cataln, liberal de siempre, la idea separatista. Pint, que propugna con el calor y el entusiasmo que pona en todas sus empresas la unin estrecha de criollos v peninsulares en "una fraternidad comn y nacional”, preside, en 1SH, la Junta Revolucionaria de La Habana, en cuya difcil tarea ha sustituido con aplauso general al eminente patricio Anac eto Bermdez y Prez, Los conspiradores de La Habana, llenos de temores por las medidas de Pezuela — una de ellas, la creacin de las compaas de pardos y morenos, haba producido una honda excitacin y un evidente malestar— se mostraban cada vez ms apremiantes y reclamaban en todos los tonos la salida de a expedicin libertadora, aunque fuera preciso, en aras de la rapidez de la empresa, reducir la potencia numrica y el armamento de la misma. En los Estados Unidos, la fraccin lopizta, era tambin decidida partidaria de la accin inmediata; pero la mayora de la Junta y el general Quitman mantuvieron la opinin de que no deba intentarse ningn acto de hostilidad sin contar antes con la fuerza necesaria para alcanzar una victoria decisiva y rpida. Goicoura y Hernndez, inconformes, se dieron entonces a la tarea de organizar, en Nueva Orleans, una expedicin de 1,5 00 a 2,000 hombres que, a manera de vanguardia de una fuerza superior y mejor equipada, saldra de inmediato para Cuba, Esta actitud de franco desacato a su autoridad y a sus rdenes, disgust a Quitman, que tena sus propios planes, y el General hizo llegar sus quejas a a junta, la que $e apresur a comisionar a Porfirio Valiente para que se entrevistase con Goicoura y Hernndez y tratase de contenerlos. (La Junta, a la postre, redujo su accin a solicitar del jefe militar norteamericano datos y fechas destinados a calmar la impaciencia de la minora lopizta y de los conspiradores de La Elabana, Goicoura y Hernndez llegaron hasta solicitar que se prescindiese de los servicios de Quitman y se buscase otro caudillo ms T. IV. 5

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122 Historia de la Nacin Cubana activo y tic ms resolucin; pero la mayora crey prudente y acertado ratificar al jefe exclusivo los amplios poderes que disfrutaba desde agosto de 18 53* Como ha escrito Ramiro Guerra, el criterio conservador de Porfirio Valiente se impuso sobre la poltica de accin inmediata, aunque fuera preciso emplear medios ms reducidos, de la minora lopizta de la junta.) Entre tanto, en las altas esferas oficiales norteamericanas, el se ere crctario Marcy, solicitado y apremiado por urgentes atenciones nacinales c internacionales, lograba que el presidente Picrce aplazase, para otra oportunidad mejor, a candente cuestin de Cuba, y, lgica consecuencia, que se dictasen tambin Jas instrucciones necesarias para evitar que el general Quitman y la junta Cubana ovasen adelante sus proyectos revolucionarios, propsitos que al cabo enredaran a los Estados Unidos en los conflictos internos y externos que Picrcc y Marcy queran evitar. El hbil secretario de Pierce persegua otro objetivo ms: desbrozar el camino para el futuro desarrollo de los planes expansin stas del gobierno, ya que, una revolucin victoriosa en Cuba no habra de conducir forzosamente a !a incorporacin de la isla a los Estados Unidos, porque la unin de los anexionistas y de los independenlistas cubanos era ma mera cuestin de tctica revolucionaria, y, una vez vencida la Metrpoli, el pueblo de Cuba, en un plebiscito, decidira sobre el estado poltico definitivo de la isla. La anexin era pues una eventualidad, una posible solucin, sujeta a numerosas y poderosas contingencias; algo que podra lograrse o no, que acaso no se lograra nunca, alternativa que Picrce y Marcy no queran afrontar ni aun siquiera considerar* Mientras el presidente Picrce aplazaba para una opor Cuidad mejor la ejecucin de sus planes ex pan sionistas, en la propia Metrpoli espaola producanse, a mediados de 18 54, graves sucesos que iban a influir, de modo decisivo, en nuestro agitado momento poltico. La ardua y enconada pugna que mantenan los partidos moderado y progresista, divididos a su vez en bandos y facciones rivales, haba venido a la postre a facilitar la ambicin y los deseos de mando de varios generales audaces (Narvez, Serrano, O'Donnell, Evos de Olano), los cuales, unidos a algunos hombres civiles que por entonces se iniciaban en la vida poltica (Vega de Armijo y Cnovas del Castillo) hacan ruda y constante oposicin al gobierno que presida el conde de San Luis* La agitacin poltica degener al cabo en un pronunciamiento militar y as, el da 28 de junio, en las primeras horas de la maana, se reunieron en Madrid, en la pradera de guardias, las fuerzas de caballera que mandaba el general don Domingo Dulce y el batalln de infantera del

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Nuevo mando de Concha 23 Principe, encaminndose despus a Canil lejas, donde otro general, don Leopoldo CEDonneI, ios areng y se puso al frente de los sublevados. Dos das ms tarde, tuvo lugar la indecisa accin de Viclvaro, entre las fuerzas pronunciadas y las tropas del gobierno que dirigan el general Blser, Ministro de la Guerra, y el capitn general de Castilla la Nueva, Quesada. La sublevacin hall escaso eco en los elementos civiles y fue preciso que OÂ’Donnell. a instancias de! sagacsimo Cnovas, d iese a la pu b licid a d el Ma n i f i esto de M a n za n a res (7 de j uli o ) para que los progresistas, desvanecidos sus temores, provocaran en Madrid y en otras varias ciudades tan graves desrdenes que, el da 17, el gobierno, vencido, se apresurase a presentar su dimisin. La reina, para restablecer el orden, se vi al fin en la necesidad de confiar el poder al general Espartero, duque de la Victoria, que se haba asimismo pronunciado en la ciudad de Zaragoza. El 22 de julio lleg a La Habana la noticia de Sa sublevacin de la pradera de guardias y, das despus, conocise tambin el rudo combate de Viclvaro, el Manifiesto de Manzanares, los desrdenes ocurridos en Madrid y en otras ciudades de la Pennsula, la cada del ministerio y la llamada del general Espartero por la reina, y nadie, en esta ciudad, tuvo dudas de que el relevo del caballeroso general Pezuela ^scra una de las consecuencias inmediatas de las barricadas"* espaolas. Y as aconteci en efecto. El vapor Fernando el Catlico que arrib a La Habana el da 28 de agosto, trajo los peridicos de Madrid que publicaban los reales decretos, fecha 2 del propio mes, donde se dispona !a susttu^ don del caballeroso don Juan de la Pezuela por el teniente general don Jos Gutirrez de la Concha, de funesta recordacin, y la rpida divulgacin de estas noticias hizo variar, de manera radical y casi repentina, la opinin poltica en perjuicio de ios revolucionarios cubanos. Porque si bien es verdad que la vuelta de Espartero inspiraba an sospechas a los traficantes y a los dueos de esclavos, no era menos cierto que ia reposicin de Concha, recibida con entusiasmo por la mayora de los peninsulares, les brindaba tambin, a unos y a otros, las apetecidas y necesarias garantas, Y el sentimiento anexionista que animara y moviera a ios espaoles de posicin y de fortuna, se enfri con la misma rapidez que haba brotado, y una buena parte de los propietarios criollos, gente prudente y de marcado espritu conservador, imit h acomodaticia postura de sus aliados de la vspera. La Junta Cubana se vi entonces en la necesidad de encarar la nueva y difcil situacin que se haba creado, Goicoura y Hernndez defendieron con calor y tenacidad (del J 3 al 17 de agosto) su idea fija de la

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124 Historia de la Nacin Cubana accin inmediata; pero la mayora fue partidaria de cumplir los compromisos contrados con el ex gobernador de Mississippi, aunque, arrastrada por la gravedad y por las urgencias del momento, le seal un plazo para la salida de su expedicin, plazo que, por otra parte, Quitman logr a la postre que le fuera prorrogado. Pero Goicoura, que ya no puede contenerse ms, acenta sus deseos de proceder con entera independencia de la Junta y del General y se entrega con febril entusiasmo a la tarea de disponer, por su cuenta y bajo su responsabilidad, ios primeros pasos de la expedicin que haba venido reclamando. Dos jvenes patriotas y decididos, Juan Enrique Flix y Francisco Estrampes, se prestan a secundar sus planes, y el da 19 de octubre de ese ao de 18H, el pailebot Charles T* Smitb, que conduca a Flix, fondeaba en el puerto de Baracoa, llevando diez cajas de armas y pertrechos disimuladas entre un cargamento de maderas y de vveres procedente de Nueva York; dos das despus, otro pailebot, el John E. Whi, desembarcaba en el propio lugar a Francisco Estrampcs, oculto bajo el nombre de Mr. Ernesto Lacoste. (Flix y Estrampcs solicitaron la ayuda y la proteccin de Francisco Flernndez, hermano de Jos Elias, e animoso compaero de Domingo de Goicoura; pero Hernndez, antiguo conspirador, cometi la vileza de denunciarlos y ambos jvenes fueron reducidos a prisin y sujetos a la correspondiente causa criminal.) La mayora de la Junta, a pesar de las dilaciones y de los errores evidentes de Quitman, le continuaba todava dispensando su confianza, cuando, a principios de febrero de 1 S 5 S se supo en Nueva Orleans a triste y desalentadora noticia de que !a conspiracin haba sido descubierta por el general Gutirrez de la Concha, y que Pint y otros revolucionarios mas haban sido denunciados y apresados. El general Quitman, sobre quien se vuelven impacientes todas las miradas, juzg oportuno partir en esos mismos das para Washington y a su regreso, los miembros de la Junta, recelosos, creyeron descubrir en l ciertas reservas y reticencias, pero el General, con su actuacin, logr muy pronto desvanecer aquellas sospechas. Dos meses ms tarde, a fines de abril, cuando todo permita suponer que se hallaba ya dispuesto a partir rumbo a Cuba, Quitman se dirige por escrito a la Junta anuncindole su propsito inquebrantable de aplazar, sine die, el decantado proyecto de invasin. Medidas imprudentes y precipitadas que se adoptaron por algunos sin el consentimiento y ni siquiera el conocimiento de general, haban producido, en opinin de su bigrafo J, F. H. Ci aiborne, la interferencia decisiva del gobierno y de los agentes federales,

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Narciso Lpez

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Narciso Lpez* Caraqueo de nacimiento, cubano de corazn, que dispuso y acaudill nuestro primer movimiento revolucionario. Organizador tenaz de cuatro expediciones insurgentes ; asaltante audacsimo de Crdenas; hroe de i a prodigiosa campaa vuclrabajera; vencido de Ja mala fortuna; patriota insigne de cuya frente luminosa surgiera en hora feliz, con la magia de sus colores y de sus afortunados simbolismos — como Minerva de la cabeza de Jpiter — el pabelln sagrado de la patria, Sus ltimas palabras, que no pudieron acallar los tambores: — Mi j itucrlc no cambiar {os df:f vm /c (7 ttbtt, fueron para los hombres de su tiempo y para las generaciones responsables de ¡S y epuda > acicate que animaron y dispusieron sus voluntades para las grandes acciones y lo. ms cruentos .sacrificios. Retrato a pluma que tiene el mrito, como observa remando Portuondo, "de haber sido heolio poco ames de la salida de tu ltima expedicin a Cuba T en 1851”.

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Prisin de Pint 125 causando el fracaso lamentable del vasto plan preparado por el general para La invasin y liberacin de Cuba, La Junta, burlada y decepcionada, se v entonces en la necesidad de rescindir el famoso contrato de Natchez y de dar por terminadas tambin sus relaciones con el irresoluto jefe norteamericano. La prisin de Pint y de sus infortunados compaeros debise a la denuncia de un tai Claudio Maestro, presidiario espaol escapado de Ceuta en unin de ios patriotas cubanos Alejo Iznaga Miranda, Ignacio Beln Prez y Juan CPBourke, condenados a presidio ultramarino cuando los trgicos sucesos de Trinidad en 1851. Claudio Maestro fu a residir con sm compaeros de fuga a la Unin Americana y, agradecido a sus favores y atenciones, manifest repetidas veces sus vivos deseos de que se le empleara en el honroso servicio de la revolucin. Accediendo por fin a sus instancias, los conspiradores le enviaron a Cuba, con la misin de distribuir algunas proclamas entre los habitantes de las poblaciones y las tropas de los cuarteles, Claudio Maestro cumpli con fidelidad esta comisin y otras anlogas que le fueron confiadas, a tal punto que Pint y Cadalso, los jefes ms comprometidos, no dudaron en tomarlo a su servicio, y el antiguo malhechor, conspirador voluntario, sirvi de correo entre los conjurados de La Habana y los de Trinidad. De vuelta de uno de esos viajes al interior de la isla, fu que hizo su infame delacin a las autoridades de la colonia, quizs, como se ha apuntado por algunos, al propio capitn general Gutirrez de la Concha, valindose de los buenos oficios de su paisano, don Jos Ramos, natural de Zaragoza, del comercio de esta plaza, E general Concha dispuso entonces la prisin de los conspiradores ms significados, y en su comunicacin oficial al gobierno de Madrid, de 12 de febrero de 1855, cuidaba de sealar que: "No se trata, Excmo. Seor, de una conspiracin mis o menos vasta, de una reproduccin de planes anteriormente desbaratados, 3o que hoy se me presenta de frente es una liga general del pas, de largo tiempo formada, con inviolable secreto extendida, con armas y dinero asegurada, por un peninsular por primera vez dirigida, Ramn Pint, y por algunos peninsulares aceptada Se haban llegado a reunir catorce millones de reales; los trabajos estaban dirigidos por Pint y secundados en e interior por personas de las ms sagaces y de las ms ilustradas entre los hijos del pas. La confianza en el buen xito era ilimitada”. La expedicin de Quitman (cuatro vapores y seis buques de vela) supo Concha que saldra parte de Nueva York y parte de Nueva Orleans, conocidos centros de accin del General y de la Junta. La fecha

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116 Historia de i, a Nacin Cubana del desembarco se hallaba fijada para fines de febrero y el lugar sealado haba sido la baha de Nuevitas, Pero el general Gutirrez de la Concha con rapidez y energa desbarat el bien urdido plan de los conspiradores cubanos: redujo a prisin a los principales comprometidos y a sus activos agentes en las localidades de interior —la conspiracin tena numerosas c importantes ramificaciones — y logr apoderarse adems de los depsitos de armas y municiones* Al mismo tiempo, y en previsin de futuras contingencias, ordenaba la organizacin de compaas de licenciados, de colonos gallegos y de paisanos voluntarios, y pona en pie de defensa las fuerzas veteranas* El consejo de guerra — la Comisin Militar haba iniciado el proced miento el da 6 de febrero — dict sentencia de muerte contra Ramn Pint, el doctor Nicols Pneio de Rojas, mdico del Hospital Militar, y Juan Cadalso, considerado como uno de los iniciadores y directores del movimiento* pero el ntegro auditor de guerra, don Manuel Garca Gamba, solicit que se suspendiese la aplicacin de la sentencia y se viera de nuevo la causa ante un consejo formal de revisin. El asunto pas entonces a conocimiento de los magistrados de a Audiencia Pretorial, escogidos a la suerte, seores Escosura, Portillo y Pasadillo, quienes, a pesar de no ser tantos ni tan convincentes los cargos que arrojaba el sumario, pidieron por unanimidad la pena de muerte para Pint y la inmediata de diez aos de presidio para Juan Cadalso y el doctor Pinelo* El auditor de guerra, firme en su criterio, mantuvo su anterior dictamen; pero ei general Gutirrez de la Concha aprob la sentencia y el ilustre y generoso Pint fue agarrotado en a plaza de la Punta, a las siete de la maana del da 22 de marzo de 18 SS* Otros conspiradores menos responsables o ms afortunados fueron condenados a penas de presidio, de destierro o a otros castigos menores* Pint, ha escrito Ramiro Guerra, "fu sacrificado a la necesidad en que se encontr e! genera! Concha de asegurarse e! apoyo del partido espaol integrista, de hacer un escarmiento entre los mismos espaoles, de ponerse a salvo de a acusacin de parcialidad si salvaba !a vida de un antiguo amigo, y, acaso, segn se ha supuesto, de quedar a cubierto de ms graves responsabilidades personales de otro orden** Dos das despus de la ejecucin de Pint, el consejo de guerra que conoca de la causa seguida contra Estrampes y Flix, dictaba tambin sentencia de muerte contra Jos Elias Hernndez, juzgado en rebelda, y contra el valeroso y gallardo joven matancero Francisco Estrampes — Flix fue sentenciado tan slo a diez aos de presidio—, y el da 31 de marzo, nueve das despus del suplicio de Pint, un nuevo mrtir,

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La independencia absoluta, nico ideal 127 Francisco Estrampes, ofrendaba su vida por la libertad de su patria infortunada. El fracaso de la conspiracin de Pint, un vasto empeo frustrado, signific asimismo el fracaso total de cuatro aos de ingentes trabajos y de grandes sacrificios de los revolucionarios cubanos de dentro y fuera de la isla. La imprudente poltica del Presidente Pierce — la Conferencia de Os ten de, culminacin y fracaso de lus propsitos de adquirir a Cuba, haba conmovido profundamente a la opinin norteamericana, obligando ai Presidente y a su Secretario Marcy a desistir a la postre de sus proyectos, ostensiblemente impopulares — y la extraa conducta el general John A. Quitman, a que hemos aludido ms arriba, apagaron ios entusiasmos anexionistas de los patriotas cubanos. Goicouria y Hernndez, la antigua y batalladora minora lopizta de la Junta, fueron ios primeros en reconocer y declarar pblicamente su equivocacin, renunciando, de una vez y para siempre, a la costosa ayuda norteamericana, que exiga el mantenimiento de la odiosa institucin de la esclavitud y la prdida tambin, como haba sealado Saco, de la nacionalidad cubana, y propugnando, como nico ideal, la aspiracin a a independencia, aunque ello significase la emancipacin en definitiva de todos los esclavos y la necesidad de confiar, al esfuerzo y a os medios materiales propios, la consecucin de la libertad de Cuba. El manifiesto de Goicouria aparece fechado en Nueva York, el 10 de junio de 18JS. Unas semanas despus, el Vde agosto, la Junta Cubana —lo que aun quedaba de ella — declaraba tambin el error en que Labia incurrido al fiarse demasiado en el apoyo de los gobiernos norteamericanos, deseosos casi todos de lograr la incorporacin de Cuba, y en haber ligado su suerte —la suerte de la revolucin — con el ambicioso anexionismo esclavista, interesado en ia conservacin de la esclavitud y en el robustecimiento de las fuerzas sudistas en el Senado Federal. El 2 del propio mes, la Junta ratificaba, en un nuevo y bien redactado manifiesto, obra del conde de Pozos Dulces, que haba entrado a formar parte de la misma, su inquebrantable renuncia al anexionismo, a la vez que diriga nuevos y contundentes ataques a la poltica contradictoria del gobierno norteamericano, causa eficiente, en el fondo, de su nueva posicin. El conde de Pozos Dulces "era un hombre de cultura y de mente europeas, con una visin panormica, amplia y filosfica de los problemas cubanos y de la poltica mundial”, y sus ideas sobre la cuestin

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128 Historia de la Nacin Cubana de Cuba — problema de orden internacional que, a su juicio, podra y debera resolverse por una bien concertada accin de las potencias—, fueron expuestas en el manifiesto de 2 5 de agosto, confiado a su talento de estadista y a su bien cortada pluma. Para Pozos Dulces el equilibrio de las fuerzas polticas, la seguridad de los cuantiosos intereses de las repblicas americanas y hasta el inters de la propia civilizacin, exigan una isla de Cuba independiente y neutral, mercado abierto a la libre concurrencia de todos los pueblos de la tierra* Europa, conocedora de esa situacin, deba darle a la cuestin cubana la solucin razonable y definitiva que reclamaban de consumo la posicin estratgica de la isla, los derechos imprescriptibles de su heroico pueblo y la paz y el equilibrio de las potencias europeas y de los Estados Unidos en el Nuevo Mundo, A fines de 185 8 y a principios de 18 59 hubo todava amagos de conspiraciones en Cuba; pero el general Gutirrez de la Concha no les concedi importancia, acaso porque los agentes consulares espaoles en los Estados Unidos venan informndole que los emigrados revolucionarios cubanos haban desistido por completo de sus actividades y se hallaban adems totalmente desacreditados, (En los Estados Unidos exista, sin embargo, por esta poca, la sociedad llamada de El Ave Mara de un curioso fondo mstico que se pone de manifiesto en sus estatutos y en el juramento que prestaban su afiliados, que era representacin del Partido Democrtico de Cuba y se hallaba dirigida por la Convencin de Nueva York, que presidia el tenaz y ardiente patriota Jos Elias Hernndez, La sociedad prepar la expedicin del Africain, que fue a dar a la baha de Port-au-Prince, en Hait, despus de haber intentado desembarcar sin xito en Nuevas Grandes,} Por 1864, un grupo de emigrados de diversos pases americanos organiz, en Nueva York, la Sociedad Democrtica de Amrica, ante el creciente temor de los espritus liberales a los propsitos ms o menos declarados de ciertas naciones europeas, "que alucinando a los incautos con la seductora ensea de la elevacin de la raza latina en el Nuevo Mundo, a lo que tendan visiblemente era a destruir en l las formas de gobierno que aman todos los pueblos americanos^, A esta pujante sociedad pertenecieron Juan Manuel Maclas y otros viejos emigrados cubanos, cofundadores, un ao despus, de la Sociedad Republicana de Cuba y Puerto Rico, (Junto a la figura patricia de Maclas es preciso colocar al joven mdico puertorriqueo Juan Francisco Bassora, de grato recuerdo,)

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La misin de Vicua Mackenna 129 As las cosas, en noviembre de 1 B65 lleg a la dudad de Nueva York el notable escritor chileno Benjamn Vicua Mackenna, con el propsito de entrar en franca relacin con los emigrados revolucionarios de Cuba y de Puerto Rico, brindarles el apoyo de los corsarios chilenos en las Antillas y hacerles presente el deseo de contribuir al desarrollo de sus planes independentistas por todos ios medios que estuviesen al alcance del agente confidencial de la Repblica surea. Chile 5 en guerra con Espaa, buscaba conseguir amigos y auxiliares, al propio tiempo que suscitarle a la antigua Metrpoli enemigos y contrarios que la distrajesen. Vicua fund en Nueva York La Voz de Amrica peridico de combate, cuyo primer nmero con una seccin de tres pginas consagrada a las Antillas, principalmente a Cuba, apareci el da 21 de diciembre de 1865, y en forma clandestina circul profusamente en nuestro pas. A pesar de las lgicas discrepancias de objetivos de Vicua y de los patriotas cubanos y puertorriqueos, muy pronto puestas en evidencia, las relaciones entre el ilustre escritor chileno y los antillanos Maclas y Bassora continuaron siendo estrechas y cordiales, porque "haba dos extremos sobre los cuales la conformidad de pareceres era completa: uno, la conveniencia de la propaganda revolucionaria ; otro, el ataque a los con cesionistas o reformistas, puesto que inducan al pueblo a mantenerse en paz y a buscar el remedio de los males pblicos por la va legal”, Pero es justo y honrado hacer constar que a pesar de las concretas instrucciones de su gobierno, que limitaban su actividad y ponan freno a su entusiasmo, don Benjamn Vicua Mackenna, americano ejemplar, es un glorioso y respetado propulsor de nuestra independencia. El impuesto directo sobre la renta y sobre las utilidades, que comenz a regir en Cuba el da primero de julio de 1867, hizo a muchos pensar en acudir a medios ms enrgicos y efectivos de protesta que los empleados hasta entonces, y la propaganda i ndepen dentista, que se haba intensificado desde la fundacin de La Voz de Amrica, d muestras muy pronto de una actividad mayor y ms ordenada, que habra de desembocar en la constitucin de grupos revolucionarios en varios lugares del departamento oriental, cuna y baluarte de la rebelda cubana.

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Captulo V DE 1 867 A 1868 N la dudad de B ay amo, centro de una extensa zona rural de in crisis, cuyos habitantes, entre los que se contaba una escasa pro* porcin de peninsulares, se haban distinguido en todas las pocas por su espritu independiente, el primer proyecto de organizar una pro* testa armada encaminada a poner trmino a la dominacin espaola y ricos y generalmente respetados terratenientes de la jurisdiccin, Francisco Vicente Aguilera, cuyo carcter un tanto irresoluto, unido a una manera de ser modesta y a una condicin apacible y bondadosa, aunque era hombre de convicciones firmes y arraigados sentimientos pamilitante en circunstancias normales* Hay evidencias histricas de que Aguilera, a quien se atribuye el haber realizado una labor de propatada ciudad de Bayamo, Francisco Maceo Gsorio, en 12 de agosto de 1867, cuando acababa de cumplirse el primer mes de la vigencia del preparatorios para organizar un movimiento de rebelda armada conda en la casa de Maceo Osario, encargronse ambos de convocar a varios amigos de confianza para una junta secreta el i 4 dei mismo mes, en la morada de otro abogado de Bayamo, Pedro Figueredo. En sta, a la cual concurrieron unas sesenta personas unidas a Aguilera y Maceo Osorio por una estrecha comunidad de ideas y sentimientos, se acord promover un movimiento revolucionario para derrocar al gobierno* A ese efecto, se design un comit de tres miembros, con Aguilera de presidente y Maceo Osorio y Figueredo de vocales, encargado de comenzar los trabajos de preparacin y organizacin de la protesta armada* genios y grandes haciendas de crianza duramente azotada por la asegurar la independencia, se debi a la iniciativa de uno de los ms tri ti eos, jams hubiera podido hacer de l un revolucionario activo y ganda del ideal separatista entre sus convecinos por medios indirectos desde 1863, adopt, de acuerdo y en consulta con el abogado de la ciimpuesto directo sobre la renta, la resolucin de comenzar los trabajos tra Espaa, Tomada la decisin en una entrevista celebrada el citado 130

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La conspiracin se extiende 131 Adelantada al cabo de corto tiempo la conspiracin en La zona de Bayamo, el comit acord extenderla a Santiago de Cuba, Camagiicy, Holguin, las Villas y la Habana. Con tal propsito, Aguilera encargse de visitar a algunas personas de confianza en los dos primeros lugares y solicitar el concurso de las mismas; Maceo Osorio se dirigi con igual misin a Holguin, y Luis Fernndez de Castro, uno de ios concurrentes a la reunin del 14, y Pedro Figu credo, fueron comisionados para practicar las mismas gestiones en las Villas y la Habana respectivamente. Aguilera y Maceo Osorio encontraron los nimos bien dispuestos para secundar los planes de revolucin en los Lugares por ellos visitados, en los cuales dejaron iniciados los trabajos de organizacin, pero Figueredo hall las opiniones muy divididas en la Habana. Fernndez de Castro no encontr acogida en las Villas, no se cuid de cumplir su cometido o lo abandon y no dio cuenta del resultado de sus gestiones. La cohesin, que nunca haba sido muy fuerte, del grupo reformista habanero, a cuyos miembros ms significados se dirigi en primer trmino Figueredo, no resisti a lo que se consider el fracaso de la gestin de sus comisionados en Madrid. La fe en las reformas haba sido muy diversa entre los reformistas aun en ios momentos de mayor confianza. Nicols Azcrate, muy inclinado a la poltica, con muchas relaciones en Madrid, semejante a Arango y Par reo en cuanto a los sentimientos de ste de lealtad a Espaa y de optimismo a toda prueba respecto del resultado final de un trabajo perseverante y bien dirigido en La capital de la Metrpoli, fue un tipo de reformista ortodoxo muy poco numeroso dentro del partido. En agudo contraste, Miguel Aldama, orgulloso de su posicin social y sus riquezas, de sentimientos marcadamente a nt espaoles y uno de los jefes de mayor relieve e influencia del grupo, no fue 'Vn reformista puro”. Nunca tuvo verdadera fe en la posibilidad de llegar a una cordial inteligencia con Espaa, y ni en la de alcanzar justicia de sta. La gran mayora de sus amigos ms ntimos y ms adictos pensaba y senta de la misma manera, aun cuando cooperasen a la labor dei partido. Morales Lemus comparta, en c fondo, el escepticismo y, en menor grado, el sentimiento antiespaol de Aldama. Las condiciones peculiares de su temperamento, su carcter conciliador, la mayor prudencia que le daban ios aos, ei hbito, que le cre el continuado ejercicio de la profesin, de perseverar en la discusin de los asuntos, sin considerar nunca una causa enteramente perdida, y el concepto de los deberes que le imponan su amor al pas, su posicin social y sus relaciones, le hicieron aceptar una carga de la cual no pudo excusarse, pero Morales Lemus no tena el

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132 Historia de la Nacin Cubana menor gusto por la accin ni la ms ligera inclinacin a la poltica, pronto siempre a retirarse del campo de la misma, si las circunstancias le brindaban la oportunidad de hacerlo sin desdoro. En cuanto a Pozos Dulces, convertido en cierto sentido a las ideas de Saco, el caso, era distinto. Sin la fe ni e espaolismo de un Azcrate era, sobre todo, un escritor poltico de primer orden, muy aficionado al estudio de las cuestiones econmicas y sociales y al de la situacin internacional, irresistiblemente inclinado a la divulgacin y la propaganda de las ideas, polemista por conviccin y por temperamento, a quin el triste fracaso de los primeros intentos revolucionarios y la madurez de su espritu, inclinaban en 1867 a la accin poltica legal ms que a la rebelda. Jos Manuel Mes t re, Jos Antonio Echeverra, Jos Francisco OTarrill, Fernndez Bramosio y otros miembros del estado mayor reformista, se inclinaban ms o menos a los criterios de Aldama, de Morales Lemus o de Pozos Dulces, segn la manera de ser de cada cual, sin contar con ciertos reformistas retrados, como Jos Luis Alfonso, que, por diversos motivos, o se abstenan definitivamente de toda accin en la vida pblica, o se sentan dominados por sus instintos conservadores congnitos, y se inclinaban cada vez ms del lado del orden y de la paz, representados para ellos por la causa de la Metrpoli. Las circunstancias, tanto de orden interior como exterior, que prevalecan en 1867, tenan que influir de muy diversa manera sobre hombres de carcter, criterios y sentimientos tan distintos. Todos ellos se hallaban indecisos y desorientados, vacilantes sobre las determinaciones que deban tomarse y la conducta que deba seguirse en lo futuro; pero muy cortos en nmero eran los dispuestos a considerar la derrota como definitiva y a resignarse de una vez para siempre a la inaccin y al humillante sometimiento al vasallaje colonial. Por otra parte, todos eran tambin, en mayor o menor grado, jefes de familia de responsabilidad, con importantes intereses que guardar y defender. Aldama, poco dispuesto a sumarse a una revolucin sin grandes medios de accin, se inclinaba a romper con Espaa en la primera oportunidad; Morales Lemus era partidario de suspender a lucha por e momento y abrir un comps de espera sin tomar nuevos derroteros, por si en Espaa se produca un cambio poltico que brindase algunas esperanzas; Azcrate era de parecer que se prosiguiesen las gestiones en Madrid; Pozos Dulces entenda que la campaa periodstica de lucha con la prensa adversaria y de ilustracin del pueblo deba continuarse, por ser una necesidad cubana de primer orden. Dados tan contradictorios pareceres, Figueredo no poda encontrar en la Habana franca acogida para los proyectos revolucionarios. Tra-

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CSPEDES SE SUMA A EA CONSPIRACION 133 tbase de una empresa muy aventurada; y el pas no se hallaba preparado material ni moralmente para la misma* Sera* pues, una locura lanzarse a una revolucin sin pensarlo mucho, sin hacer antes un cuidadoso balance de las probabilidades en pro y en contra del triunfo de la causa, y sin agotar previamente todos los medios para evitar las horribles calamidades de una larga, sangrienta y destructiva guerra con Espaa. La respuesta que Figueredo obtuvo de Morales Lemus, despues de ser odo con inters y con atencin no desprovista de cierta preocupacin y alarma, fue, por consiguiente, "que no contaran con l ni con sus compaeros del reformismo”. La desalentadora contestacin traduca, sin embargo, el sentir de los hombres maduros y de responsabilidad nicamente. Los proyectos revolucionarios de los bayameses fueron acogidos con calor por la gente joven que tuvo noticia de los mismos, de manera que Figueredo, con el concurso de ciertos elementes de la masonera, logr que se iniciase la formacin de un ncleo revolucionario en la Habana* sin conexin con los jefes del moribundo reformismo. La abstencin de los prohombres de ste de toda participacin en los preparativos de la protesta armada, aunque lamentada por los conspiradores de Bayamo y dems lugares de Oriente y Camagey, no paraliz en ningn momento los trabajos de los mismos* La propaganda y la organizacin de centros de accin continuaron extendindose, siendo una de las personas ms importantes que se sumaron al movimiento Carlos Manuel de Cspedes, abogado de Bayamo radicado en la zona de Manzanillo, donde posea el ingenio "La Demajagua” y diversas propiedades ms* Cspedes ingres en la conspiracin invitado por Figueredo y Aguilera en septiembre de 1867, segn el libro de Carlos Manuel de Cspedes y Qucsada: Manuel de Quesada y Loynaz* Segn Eladio Aguilera Rojas, dicho ingreso no se efectu sino en julio de 1868 (Francisco V* Aguilera y la Revolucin Cubana de 1868 ), Dados los antecedentes de desafecto al rgimen colonial de Espaa de Cspedes, por lo cual haba sido vigilado y perseguido por la autoridad espaola desde 1831, y las extensas relaciones de amistad personal conque contaba en Bayamo y Manzanillo, incluyendo entre las mismas a Aguilera, Figueredo y Maceo Osorio, as como su condicin de Venerable Maestro de la Logia del ltimo lugar mencionado, debe considerarse inadmisible que Cspedes no tomase parte en la conspiracin hasta julio de 1868* Cuando Cspedes concurri, en agosto de dicho ao, a la reunin de San Miguel del Rompe, lo hizo en la condicin de comisionado o re-

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134 Historia de la Nacin Cubana presentante y jefe del grupo de Manzanillo, Debe admitirse* racionalmente, que esa jefatura la ejerca ya desde yarios meses atrs,) A mediados de 1868, la obra de los conspiradores comenzaba a hallarse en peligro en un doble sentido. Las autoridades coloniales empezaban a sospechar algo de lo que se tramaba y a tornar medidas de vigilancia* las cuales podan conducir al descubrimiento del plan revolucionario. Por otro fado* algunos jefes locales muy impacientes se hallaban en una actitud casi ostensible de desafo a dichas autoridades, dispuestos a rebelarse en cualquier momento* El rumor de que podian ser detenidos, una imprudencia, o un incidente imprevisto cualquiera, podan arrastrarlos a lanzarse a la revolucin, precipitando los acontecimientos y colocando en situacin difcil a todos ios comprometidos en el plan. Preocupados por el rumbo que tomaban las cosas en ese sentido y por la responsabilidad que sobre ellos pesaba, los miembros del comit revolucionario de Bayamo decidieron convocar una junta de jefes o delegados de grupos de las regiones organizadas ms importantes, para estudiar a situacin, resolver lo que deba hacerse y concertar un plan de accin colectiva que contase con el asentimiento de todos. Comisionado Vicente Garca, uno ce los jefes de Tenas, zona en la cual por su posicin central y su aislamiento resultaba ms fcil y menos expuesto celebrar la junta, para escoger un sitio apartado y seguro donde efectuarla, seal el extenso fundo del Rompe, en una de cuyas haciendas llamada c< San Miguel”, se reunieron los delegados de diversos grupos revolucionarios el 3 de agosto de 1868, Concurrieron a esta histrica reunin delegados de Bayamo, Manzanillo, Jiguan, Holguin, Tunas y Camagey, (Respecto a los grupos que estuvieron representados en San Miguel, los comisionados de ios mismos y los acuerdos que se adoptaron hay diversas versiones, lo cual se explica fcilmente por el carcter secreto que tuvo la reunin y la reserva que durante algunos aos se guard sobre la misma. Eladio Aguilera Flojas dice que a la junta de San Miguel concurrieron como delegados de los grupos que se mencionaron: Salvador Cisneros Betancourt y Carlos Loret de Mola por Camagey; Belisario Alvarez, Salvador Fuentes y Antonio Rubio por Holguin; Vicente Garca, Francisco Mara Rubalcava y Flix Figueredo por Tunas; Donato Mrmol por jiguan; Aguilera, Pedro Figueredo y Francisco Maceo Oso rio por Bayamo; y Carlos Manuel de Cspedes, Jaime Santicsteban c Isaas Mas por Manzanillo. Vidal Morales, en su libro Hombres del 68 y cita como delegados de Manzanillo a Cspedes y a John Hall, y no menciona a la delegacin de Jiguan, representada por Mrmol* Respecto de los acuerdos adoptados en la

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DOS TENDENCIAS ANTAG"NICAS 135 Junta, las versiones histricas son ms dismiles, Manuel Anastasio Aguilera, a quien parecen seguir Vidal Morales y Carlos Manuel de Cspedes y Quesada, public en "La Independencia" de Nueva York que en San Miguel no pudieron adoptarse acuerdos en firme a virtud de haberse empatado la votacin propuesta por Cspedes, pero Aguilera Rojas ofrece la versin de los acuerdos que se citan ms adelante. El libro de Aguilera Rojas, est inspirado en un noble sentimiento filial, en cuanto al comentario que hace frecuentemente sobre los hechos que expone, pero respecto de los hechos mismos Aguilera Rojas, aun cuando a veces escribiera fiado slo en sus recuerdos personales, es generalmente exacto,) Pero aunque todos perseguan un propsito comn, se hizo evidente entre ellos una radical disparidad de criterio sobre cuestiones de fundamental importancia. Tocante al problema bsico de las condiciones en que deba iniciarse la revolucin, se manifestaron dos tendencias Una que pudiera llamarse conservadora, segn la cual la lucha no deba iniciarse, de ningn modo, antes de que se hubiesen ultimado los preparativos indispensables y acopiado armas y dinero en cantidad para asegurar el buen xito de la misma; otra, radica!, resueltamente favorable al inmediato inicio de la protesta armada, aun cuando no se dispusiese sino de escasos recursos y reducido materia! de guerra, pobreza de elementos que sera suplida por el entusiasmo y el valor de los revolucionarios. La tendencia conservadora fue mantenida por los comisionados de Can agey, quienes declararon que la regin necesitara no menos de seis meses para prepararse; por los de Holgun, que expresaron la opinin de que habra de necesitarse ms tiempo an quizs, y por Aguilera, a juicio del cual se requerira no menos de un ao para reunir fondos, adquirir armas en el extranjero, introducirlas secretamente y distribuirlas entre los patriotas. En cuanto a Ja solucin radical, fue sostenida con gran calor y entusiasmo por Cspedes, con el apoyo de sus compaeros y el de algn otro delegado. Segn el parecer de Cspedes, los nimos estaban preparados, las circunstancias eran excepcin al mente propicias y no haba tiempo que perder* Como consecuencia de la diversidad de pareceres sobre asunto de tanta trascendencia, los delegados de Camage y, por una parte, y Be1 isano Alvarez, de Holgun, por otra, sometieron a la consideracin de la junta dos cuestiones esenciales de principios. Hicieron observar los delegados camageyanos, que habiendo concurrido a la reunin comisionados de cinco grupos del departamento de Cuba, a saber, Bayarno, Manzanillo, Jiguan, Tunas y Holgun, Camagey, que estaba representado por una sola delegacin, se hallaba en condiciones de inferi-

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136 Historia de la Nacin Cubana ridad en las votaciones. La objecin fue resuelta medante al acuerdo de que todos los grupos del departamento de Cuba confiasen su representacin, para lo sucesivo* a una junta revolucionaria de tres miembros para a cual quedaron designados los tres comisionados de Bayamo: Aguilera* presidente, Pedro Figueredo vocal, y Maceo Osorio secretario. Resuelto este punto los dos departamentos quedaron colocados en un plano de igualdad. Belisario Avarez, delegado de Holgun, mantuvo la tesis de que la grave cuestin de la fecha en que deba comenzar la lucha armada no deba someterse a votacin hasta que pudiesen concurrir a una junta posterior delegados de a Habana, Matanzas, las Villas y del distrito de Santiago de Cuba. Cspedes sostuvo el derecho de los reunidos a decidir sobre el asunto, sin aplazamientos improcedentes. Su tesis acab por prevalecer y se acord, no sin la protesta de los camagey anos, fijar la fecha del 3 de septiembre prximo para proclamar la independencia y comenzar la revolucin. {Segn Vidal Morales la junta no lleg a adoptar ningn acuerdo porque en la votacin propuesta por Cspedes se produjo empate. La versin que se ha seguido aqu es la de Eladio Aguilera Rojas.) Los comisionados se separaron, despus de acordar tambin reunirse el primero de septiembre, dos das antes de la fecha fijada para iniciar la lucha. El criterio de Aguilera era enteramente opuesto a precipitar la revolucin en los trminos acordados en la reunin de San Miguel. En tal virtud, durante todo el mes de agosto se dedic a celebrar entrevistas con los jefes revolucionarios ms impacientes y a tratar de convencerlos de la necesidad de aplazar el movimiento hasta que se hubiese asegurado el concurso de todas las regiones cubanas y acopiado armas, municiones y dems recursos indispensables. A medida que se fu acercando la fecha del 3 de septiembre, sus razonamientos parecieron ms fundados y fueron ms convincentes, de manera que logr un asentimiento casi general a su idea de diferir la lucha por algn tiempo. Con el respaldo de casi todos los jefes de Oriente concurri, ms tranquilo, a la reunin convenida para primero de septiembre. Celebrse sta en la hacienda "Muoz”, de la misma jurisdiccin de Tunas, con la asistencia de Cisneros Betancourt y Augusto Arango, en representacin de Camagey, y de Aguilera, Pedro Figuercdo y Maceo Osorio, que ostentaban la de todos los grupos del departamento de Oriente. (Vicente Garca, Rubalcava y otros conspiradores de las Tunas estuvieron presentes tambin, pero sin voz ni voto, de conformidad con lo acordado en la reunin de San Miguel.) Los revolucionario de Camagey, que traan instrucciones de la junta revolucionaria de su regin de oponerse al inicio de cualquier movimiento Insurrec-

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Se acuerda aplazar el movimiento 1 17 cional hasta no contar con la previa sancin de os revolucionarios de las dems regiones de Cuba* no tuvieron que enfrentarse esta vez con oposicin alguna. Aguilera y Figueredo declararon que los jefes de los diversos grupos de Oriente estaban de acuerdo en la necesidad de aplazar el comienzo de la revolucin hasta 1868, inmediatamente despus de terminada a zafra* inclusive Carlos Manuel de Cspedes* quien lo haba manifestado as en carta a Aguilera. Conformes los camageyanos, el acuerdo de aplazamiento se adopt unnimemente. Resolvise, asimismo, que Cisneros Betancourt quedase comisionado para trasladarse a La Habana a conferenciar con los jefes revolucionarios de 3 a ciudad* y que Augusto Arango visitase con igual misin a Las Villas, El perodo de espera deba aprovecharse para proceder activamente a reunir fondos, adquirir armas y municiones, y completar la labor de propaganda y organizacin. (Aunque Cisneros Betancourt era firme partidario del aplazamiento de la lucha, dio cuenta en la reunin de n Muoz” de a peticin que le haban hecho Vicente Garca, Luis Figueredo y otras personas ms, al llegar al lugar donde deba celebrarse la junta, de que influyese para que no se aplazase el movimiento por la situacin comprometida en que se hallaban varios jefes de HoL gn, Manzanillo y otras partes, vigilados de cerca por las autoridades y expuestos a ser reducidos a prisin o perseguidos en cualquier momento, Despus de or a Cisneros, los comisionados se ratificaron en la resolucin de aplazamiento y adoptaron el acuerdo de desautorizar y condenar severamente cualquier alzamiento prematuro que comprometiese el triunfo de la revolucin. Vidal Morales, Aguilera Rojas y Cspedes y Quesada convienen en esta versin en sus obras respectivas.) El acuerdo de aplazamiento adoptado en a junta de "Muoz” se ajustaba a criterio de los comisionados all presentes, y al de los jefes de tendencias ms moderadas o conservadoras de los diversos ncleos de la conspiracin, pero se apartaba del de los ms radicales e impacientes, del de los que se consideraban en situacin personal ms difcil ante las autoridades, y tambin del sentir general de gran nmero, quizs de la mayora, de los iniciados en la conspiracin, y de muchos que aunque slo tenan una vaga idea de lo que se tramaba, se hallaban contagiados con el espritu de rebelda y de protesta extendido por todas partes, de manera que apenas podan dominar la impaciencia de empuar las armas y alzarse contra Espaa. ("Se haban cometido grandes imprudencias —dice Antonio Zambrana— disculpables ciertamente en un pueblo inexperto y en el que la indignacin llegaba al delirio. Jams se reunan en gran nmero los campesinos en tabernas y poblados sin gritar libertad, siendo atropellados y puestos en fuga los

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133 Historia de la Nacin Cubana agentes del gobierno que trataban de impedirlo, Con motivo del impuesto era muy frecuente anunciar que* agotado el oro por las antiguas y constantes expoliaciones, se pagara con hierro/*) Hay pruebas histricas de que la junta revolucionaria de Oriente que presida Aguilera, convencida de !a imposibilidad de contener el estallido popular de la revolucin hasta la terminacin de a zafra, asumi la responsabilidad de variar los acuerdos de a reunin de '"Muoz”, y fijar una nueva fecha mucho ms prxima, el 24 de diciembre de 1868, resolucin sta que le fue comunicada a Cspedes en 2 de octubre, Ei cambio de fecha no fue suficiente, sin embargo, para reducir a los impacientes, razn por la cual fueron stos convocados por Aguilera a una reunin en el potrero "Ranchn de los Cale tenes” (potrero de Manuel Calvar, posteriomente general de la revolucin, situado en la jurisdiccin de Manzanillo), a siguiente da. En esta junta, presidida por Cspedes, que habl poco y se mantuvo expectante y neutral, agot Aguilera todos los razonamientos y puso en juego toda su autoridad moral, para convencer y persuadir a todos los jefes locales presentes, de la imprescindible necesidad de aguardar hasta la mencionada fecha de 24 de diciembre para levantarse en armas. Momentneamente dominados por la vehemente apelacin del jefe sobre quien pesaba hasta aquel momento, por la confianza y los poderes en l depositados, la ms grave responsabilidad en la organizacin y direccin de la empresa revolucionaria, acordse, despus de larga y acalorada discusin T al fin y al cabo, segn se consign en acta que qued en poder de Cspedes, mantener !a fecha pedida por Aguilera, pero libres de a sugestin y de la presin moral de ste, los asistentes a la junta de "Ranchn” no tardaron en volver sobre sus pasos y en reunirse, esta vez por su propia iniciativa, y sin citar a Aguilera, en el ingenio "Rosario”, de Jaime Santiestcban, uno de los impacientes jefes manzanilleros, e 5 de octubre. En esta secreta asamblea, sin ninguna oposicin moderada y conservadora, se acord prescindir de las resoluciones adoptadas por otras juntas sobre a fecha del comienzo de la insurreccin; iniciar sta el prximo da 14, con la proclamacin de la independencia; designar a Cspedes jefe superior militar de la jurisdiccin de Manzanillo, y despachar inmediatamente emisarios secretos a los dems centros y jefes revolucionarios, informndoles de las decisiones adoptadas y pidindoles que secundasen el movimiento y se levantasen en armas en sus zonas respectivas* Notificado Aguilera de estos acuerdos, no intent realizar ningn nuevo esfuerzo por torcer el rumbo que tomaban las cosas, y de su ingenio "Santa Gertrudis”, situado cerca de "La Demajagua”, de Cspedes, parti para sus haciendas de "Cabangun”, al

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LOS CONJURADOS SE REUNEN EN "La DEMAJAGUA 3 139 sur de Tunas, a esperar los acontecimientos, dispuesto a secundar un movimiento que consideraba prematuro pero inevitable. El estallido de la revolucin se precipit ms an de lo que se proponan los asistentes a la junta del "Rosario”* El capitn general Lersundi, con noticias ms o menos completas de la existencia de la conspiracin, curs rdenes telegrficas d da 6 a las autoridades de Bayamo y Manzanillo, por las cuales dispona que se procediese a la detencin de Cspedes, Aguilera, Figueredo, Maceo Gsorio, Bartolom Mas y otras personas significadas por sus actividades revolucionarias, segn antecedentes que obraban en poder de la primera autoridad. Informado secretamente Cspedes de la orden de detencin, copia de la cual le fu entregada a Pedro Figueredo por el telegrafista de Bayamo, se dispuso a no dejarse reducir a prisin. (Ismael de Cspedes, sobrino de Carlos Manuel. Figueredo envo copia del telegrama a Cspedes con Manuel Anastasio Aguilera, familiar cercano de Francisco Vicente, y persona de toda confianza de este.) Por otra parte, cundida la alarma, desde el 8 comenzaron a reunirse algunos de los conjurados en "La Demajagua”, y en la evidencia de que la conspiracin Babia sido descubierta, ultimaron rpidamente sus preparativos.

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LIBRO TERCERO HISTORIA ECONOMICA

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Captulo I LA ESTRUCTURA AGRARIA Y EL DESARROLLO AGRICOLA E n el tomo precedente hemos reseado la transformacin que se produce en la estructura tradicional de la propiedad agraria, como consecuencia del estupendo desarrollo de a agricultura comercial iniciado a mediados del xvm y acelerado especialmente a partir de 1790. Indicbamos que tal fenmeno se produjo, sobre todo, en la regin occidental, que tambin llamamos habanera — por cuanto dependa econmica y administrativamente de la capital— mientras en las regiones central y oriental se mantena casi inclume la vieja estructura simbolizada por los hatos, los corrales y los sitios de labor y vegas de tabaco, salvo, claro est, en aquellas zonas muy delimitadas en que penetr desde principios del siglo el cultivo del caf. Esa transformacin se manifestaba como una onda que partiendo de la regin occidental o, ms propiamente, de la jurisdiccin de La Habana, se expanda, por el Oeste hasta, ms o menos, el puerto de Cabaas y, por el Este, en direccin a Matanzas esto es bordeando a costa, podra decirse, que en busca de salidas para los productos de la tierra. Se constataba que ai final de perodo estudiado, o sea, 1790-1837, ya haba comenzado a producirse esta invasin de la agricultura comercial, con sus formas agrarias peculiares, en la frtilsima llanura de Coln (Nueva Bermeja) y Banagises, Rotos los moldes jurdicos en que se sustentaba la estructura agraria fundada en el siglo xvi, ya nada detena el avance de la agricultura comercial y todo aquello que se le opona, fuera hato, corral, vega realenga, aprovechamientos comunales o posesin inmemorial era barrido en nombre de la libertad de cultivo y de la libre disponibilidad de las tierras. Estos caracteres se seguiran observando despus de 1837, En tal sentido, no hay solucin de continuidad entre un perodo y otro. Sin embargo, debe subrayarse la presencia de nuevos elementos, todava confusos, en la estructura agraria, resultantes de la profunda transformacin que se est operando en la industria azucarera principalmente, 145

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Histkja de la Nacin Cubana 14 6 que tienen una influencia directa sobre i as formas agrarias que sustentan al cultivo de la casa. De menor resonancia fueron los cambios deducidos del abandono, a veces general en algunas regiones, del cultivo del cafeto. En el cultivo de la caa se pueden observar los primeros sntomas del latifundio que lia de singularizar la situacin agraria de Cuba basta nuestros das. Y, por otra parte, la multiplicacin de minifundios, aunque no de los pequeos propietarios, a consecuencia del propio desarrollo azucarero y demogrfico general. La dedicacin de tierras cafetaleras a la ganadera intensiva —de potreros— y al cultivo del tabaco en forma tambin intensiva son hechos que corresponden a este perodo como consecuencia de grandes cambios surgidos en las exportaciones bsicas del pas. Un examen general de la organizacin agraria entre 1837 y 1868 permitir situar — al par que constatar — los hechos a que nos referimos: 1, Se dispone de datos bastante completos sobre la estructura agraria del pas, a consecuencia de la formacin de Censos generales como los de 1846 y 1862 amen de trabajos menores —sobre todo publicados por la Sociedad Econmica de Amigos de Pas en sus Memorias — sobre localidades o regiones. Segn se deduce de la comparacin de las cifras que sobre las fincas rsticas proporcionan esos censos, entre 1837 y 1868 se mantiene la vieja distribucin regional de las explotaciones agrcolas as como de la poblacin y, en consecuencia, la estructura agraria sigue manifestndose concentrada en tres zonas: La Habana, Villa-Clara y Oriente, a las que podra aadirse por su localizacin y caracteres la zona de Puerto Prncipe. Cada una de esas zonas se ha* liaba en una estadio diferente de evolucin agraria, sobre lo cual haremos unos comentarios ms adelante. A) En la regin occidental debe observarse la diferencia, ya histrica, en aquellos aos, entre la jurisdiccin de Nueva Filipina o Pinar del Ro, la regin habanera y la jurisdiccin de Matanzas, Lo que hasta 1820 haba sido ms o menos la regin habanera ya era un conjunto de tres zonas cada una con sm caracteres* La estructura agraria en Ja primera de ellas — Pinar del Rio— estaba caracterizada por e escassimo desarrollo azucarero, unido a un aumento de los potreros y de las vegas de tabaco. Cierto es que tradicionalmente las localidades caeras, situadas al Oeste de la capital haban sido consideradas como de la jurisdiccin de esta, por lo cual hasta el puerto de Cabaas no empezaba propiamente —por a costa norte — la jurisdiccin de Pinar del Ro*

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Examen general de i. a organizacin agraria 147 En las localidades intermedias, o sea, que se extendan entre esta zona y la de La Habana, se estaba produciendo ya, desde aos atrs, algunos cambios especialmente debido a la desaparicin de cafetales. En Puerta de la Gira (que inclua a Artemisa o San Marcos), mientras disminuyen los ingenios y los cafetales aumentan los potreros y los sitios de labor: Haciendas Sitios de Sitios y do ganado crianza Ingenios Cafetales Potreros Estancias 1846 4 6 SO 8 172 1859 4 25 36 392 La industria azucarera se estaba moviendo ms al oeste pues en Cabaas los ingenios pasan de 12 a 22 entre 1846 y' 1859, En la localidad de Guana j ay est sucediendo fenmeno similar, no obstante la adicin de territorio a consecuencia de arreglos jurisdiccionales. Haciendas de ganado Sitios de Ingenios y crianza Trapiches Cafetales Potreros Sitios y Estancia?: Vegas 11 23 11 177 66 11 248 En este caso se observa un desplazamiento total, que responde posiblemente a un fenmeno local que agrava la tendencia mostrada en las otras zonas intermedias, a que nos referimos. En la regln propiamente habanera, la antigua zona de Gines que se haba caracterizado por la instalacin de los mejores ingenios a partir de 1790, haba comenzado a decaer. En este caso, las cifras de 18 59-62 incluyen partidos que no estaban comprendidos en la jurisdiccin de Gines en 1846, por lo cual hechas las deducciones, tenemos los siguientes datos: Sitios de Sitios y crianza Ingenios Cafetales Potreros Estancias Vegas 1846 5 66 86 149 1,3 51 62 1859 6 39 12 302 1,425 4 Los ingenios de la zona se estaban moviendo hacia el Este, de ah que la localidad matancera de Alacranes fuera haca 1855 incorporada a Gines. En esta evolucin influy desde luego, el ramal del ferrocarril hasta Unin. Los cafetales desaparecan y eran reemplazados por los potreros que ofrecan una salida fcil al mercado capitalino y as antiguas vegas de tabaco verdn, para rap, desaparecieron completamente.

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148 Historia de la Nacin Cubana de modo que el proceso de su liquidacin iniciado por el auge azucarero de 1750*1820 qued consumado en este perodo, movindose la zona tabacalera baca el Occidente, para formar la zona llamada de partido. Pero s bien quedaron reducidos los ingenios, la industria progres extraordinariamente, pues en 18 $9-62 la totalidad de los ingenios, o sea, 39, eran movidos por vapor y producan ms que ios 66 ingenios contados en 1846. Este proceso que supone un cambio estructural de la agricultura comercial en la zona central de la regin habanera abri paso a los cultivos menores, especialmente papas y hortalizas que, desde entonces, constituyen una parte importante o la ms importante de la regin de Gines, Y este fenmeno no era exclusivo de esa localidad habanera sino se produca igualmente en Bejucal, donde, adems, de a definitiva liquidacin de la hacienda ganadera extensiva se produce una reduccin de los ingenios, de los cafetales y un fuerte aumento de las tierras dedicadas a potreros. En lo que hemos denominado regin occidental se distingue una tercera zona, constituida por Matanzas y las tierras situadas al E. de ella. Aun cuando las cifras correspondientes a 1862 muestran una disminucin de todos los tipos de explotaciones debe observarse que ello se debe a que a partir de 1846 ocurrieron cambios jurisdiccionales que tendieron a sumar a la jurisdiccin de Crdenas y de Coln algunas de las tierras antao comprendidas bajo la unidad administrativa de Matanzas. De modo que pudiera estimarse que no ocurrieron cambios apreciables, salvo en lo que hace a los cafetales en los que la reduccin se debi a descenso general de la industria. Respecto de Crdenas se observa un crecimiento de cierta importancia. Sin embargo, las cifras son difciles de establecer debido a los grandes cambios territoriales sucedidos en la regin entre 1846 y 1839-62. De un lado, entre esas dos fechas, los partidos de Palmillas, Hanbana, y Macuriges, pasan a la nueva jurisdiccin de Coln, y el de Ceja de Pablo, a la de Sagua, como indicando que el movimiento hacia el E. continuaba paulatinamente. Tomando, pues los datos de aquellos partidos que eran comunes a Crdenas en las dos fechas registramos un aumento de no menos de 14 ingenios que, a juzgar por la informacin de la poca, eran de los ms extensos en tierras. Este dato se refuerza por el hecho que, salvo los minifundios, estimulados por la propia multiplicacin de los ingenios, todas las dems explotaciones agrarias disminuyen en la jurisdiccin entre 1846 y 1862, aunque

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Desplazamiento de la agricultura comercial 149 especialmente ello ocurre con los cafetales. De la expansin de la industria azucarera en esta zona surgi la nueva jurisdiccin de Coln (Nueva Bermeja) en cuyo caso el establecimiento de las cifras apropiadas es ms difcil debido a que se constituy con partidos segregados de las dems jurisdicciones. Como puede advertirse, en todo el llamado Departamento Occidental las tendencias haban variado desde el perodo 179G-1837* especialmente en la zona habanera* donde se notaba ya un desplazamiento importante de la agricultura comercial. B) En el llamado Departamento Central el ritmo presentaba la superposicin de dos tendencias* De un lado, perduraba el movimiento de liquidacin de las antiguas explotaciones ganaderas, transformndolas en tierras cultivadas o en potreros, cuyo aumento es particularmente significativo; y de otro, penetraba la agricultura comercial simbolizada por los nuevos ingenios. Esto se observa de modo especial — aparte de o que expresan las cifras sobre el aumento de los ingenios— en el ligero aumento de los cafetales y el surgimiento de algodonales especializados. En esta regin, de la que hemos excluido a Puerto Prncipe (Carnagey) por sus caracteres diferenciales, se comenz a producir a partir de 1840 un fuerte movimiento de liquidacin de las haciendas comuneras, se formaron nuevos ncleos rurales de poblacin y comenzaron a establecerse ingenios que huan del “cansancio” de las tierras matanceras, donde solo podan perdurar aquellas fbricas que dispusieran de una serie de elementos financieros que les permitiera emplear mtodos agrcolas e Industriales ultramodernos* Sin embargo esta tendencia se mostr con ms fuerza en unas localidades que en otras. Es evidente que el mximo empleo de tierras en plantaciones caeras fue en Sagua — continuando la expansin producida en Col n-Ban aguises—, mientras el ms amplo desarrollo de los potreros y de las vegas de tabaco se produca en Sancti-Spritus. El aumento de los cafetales y la supervivencia de los cacaotales era propio de Remedios, Por su parte, Puerto Prncipe donde predominaban las formas tradicionales: hatos, corrales, haciendas comuneras —combatidas por todos los criollos progresistas, como El Lugareo — ya senta la presin no solo de la onda originada en la Habana desde mediados del xvm sino tenda a suplir ias zonas productoras de ganado que iban faltando a consecuencia del auge caero. Mientras las zonas de Sancti-Spritus, Nue vitas y Puerto Prncipe solo contribuyeron con 3 1 ingenios nuevos al aumento de 204 que se produjo entre 1846 y 1862, en la zona cen-

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no Historia dh i. a Nacin Cubana tra! del pas, ellas mismas contribuyeran con 714 potreros nuevos al total de 1,016 que constituyen la diferencia entre 1846 y 1862, Desde el punto de vista de la estructura agraria Sancti-Sp ritos se asemejapa ms a ¡a de Puerto Prncipe que las restantes* situadas ms al Oeste* o sobre a costa norte* donde el incentivo de los puertos atraa la agricultura comercial. C) En 3 a regin o Departamento Oriental la estructura agraria se mantena sobre las bases tradicionales, salvo en lo que hace a la liquidacin paulatina de las viejas haciendas ganaderas para sustituirlas por potreros. Entre 1846 y 1860 no se produjo prcticamente cambio alguno en a industria azucarera y la disminucin producida en la agricultura del cafeto* del cacao y del algodn es de poca entidad. En realidad* no puede hablarse de transformacin alguna fuera de la referente al uso de las tierras en la ganadera. Desde el punto de vista de la distribucin local el fenmeno de ms inters consisti en la concentracin en Guan namo (Saltadero) de las explotaciones cafetaleras. El desplazamiento de los algodonales situados en Guanta amo hacia Manzanillo, responde posiblemente a la necesidad de aprovechar todas las tierras de la antigua hacienda Santa Catalina en cultivos ms prometed ores. En general, los cambios ms fuertes tienden a producirse en la zona de Hol gn -Tunas, quizs en direccin al norte, en Manzanillo y en Santiago de Cuba, donde el desarrollo de! comercio y de la poblacin estimulaba la apertura o el cambio de uso de las tierras. 2. Durante este perodo el nico obstculo que se opone a a difusin de la nueva estructura agraria est limitado a las haciendas comuneras. Claro est que otras razones —que no es del caso explicar— impedan la difusin continua y regular de la agricultura comercial; pero desde e! punto de vista de la propia constitucin agraria del pas, las haciendas eran el reducto de a tradicin ganadera y ocasionalmente, lat fu odiara. Aparte de los hechos ya conocidos en el perodo anterior que marcan el inicio de la demolicin de las haciendas cercanas a Caibarin y Nuevitas, durante ios aos que median entre 1846 y 1868 se produce una gran tendencia a la eliminacin de las haciendas comuneras y los hatos y corrales, especialmente en la zona de Remedios donde haba buen nmero de ellas. Todava en 18 57 Francisco Javier Balmaseda* como Alcalde Segundo de la ciudad, expona los inconvenientes y el modo de divididr estas haciendas de comunidad, Y en Puerto Prncipe se desvinculaban las tierras de N ajasa* mayorazgo compuesto de 2,000 caballeras y 4,000 cabezas de ganado.

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El movimiento demogrfico 151 El movimiento demogrfico* por otra parte, se manifiesta intensamente con tribuyen do a crear la base para la demolicin de las grandes haciendas. En este sentido hay positivamente una apertura de nuevas zonas que estudiaremos con ms detalles en el captulo IL Pero lo cierto es que desde 1840 hasta ISS las nuevas zonas se encuentran todas, salvo pocas excepciones, en el Departamento Central o sea en lo que es hoy las provincias de Las Villas y de Camagey* La celeridad con que se produjo este movimiento de disolucin de las haciendas tradicionales fue un hecho fcil de distinguir, especialmente en la regin de Matanzas. "Hace ocho o nueve aos, las haciendas Banagises, e jige y Rio Piedra eran incultas”, al decir del qumico Casaseca en un estudio de los ingenios de esa regin. Esto es, hacia 1840 todava no haba penetrado all la gran agricultura comercial* La continuacin de la "onda” hacia el Este se vi acelerada por la Guerra de los Diez Aos que introdujo un elemento perturbador en la tendencia* La disolucin de las haciendas comuneras se rega por el Voto Consultivo de 1819 ya conocido. No hubo modificacin en el procedimiento, quizs porque a medida que pasaban los aos ya el problema de estas haciendas iba desapareciendo* En la dcada de los 60 comenz a verificarse el movimiento de demolicin en la zona de Sancti-Spritus y, al parecer, hacia 1868 se estaba produciendo el inicio del mismo fenmeno en la zona de Holgiin. Tan poca atencin se prestaba ya a las haciendas comuneras que ai aplicarse en Cuba la Ley de Enjuiciamiento Civil (1865) se derog el Voto Consultivo de 1S19, sin sustituirlo, de modo que el juicio demoltorio tendra que regirse en el futuro por las normas procesales comunes a todo deslinde de tierras. 5* En el orden de la estructura nueva, se estaban produciendo cambios de cierta importancia* El que nos parece ms digno de atencin es el de la ampliacin de la capacidad de cultivo por ingenio y, en consecuencia, la aparicin de ingenios con una tendencia latifundiaria muy clara* Desde luego, en este periodo, como en los anteriores, Ja palabra latifundio debe ser tomada en un sentido comparativo y relativo. Propiamente en Cuba, desde el siglo xvi, no haba existido ms que un tipo de latifundio, el dedicado a las explotaciones ganaderas extensivas: hatos y corrales. Pero en este momento, aparte de que ya estaban en proceso de liquidacin completa, la propia explotacin ganadera tenda a reducirse e intensificarse en los potreros, mientras los ingenios tendan —a impulsos de las mejoras tcnicas de la poca— a ampliar sus cultivos.

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Historia de la Nacin Cubana 152 Lo primero que conviene subrayar respecto de este fenmeno es la influencia de la revolucin tcnica. Desde 1840 comenz el proceso acelerado de instalacin de aparatos de coccin del guarapo al vaco, que es el ins importante de los hechos que caracterizan el progreso industria] azucarero. Se ensayaron centrfugas, se difundi completamente el empleo de la mquina de vapor para mover los trapiches y stos, por una serie de mejoras, extraan ms guarapo que los molinos utilizados a principios del siglo. Al levantarse significativamente la capacidad de extraccin y de elaboracin de la fbrica, fu preciso, en ciertas zonas por lo menos, ampliar el cultivo para producir ms azcar en cifras absolutas. Por otra parte, all donde se empleaban renes anticuados o que las tierras estaban ^cansadas” era posible igualmente aumentar la produccin uniendo dos o tres trenes y ampliando el cultivo. En suma, a consecuencia del auge constante de las exportaciones, el uso caero de las tierras no solo se difundi por el pas sino tendi a difundirse en torno a los propios ingenios. Bastara percatarse que en las estadsticas publicadas por Rebello, los ingenios equipados con trenes o aparatos modernos (Rillieux, Derosne, etc.) generalmente disponan de ms tierras, en total, y de ms extensin sembrada de caa en particular, que los ingenios deficientemente equipados. Fu precisamente en la zona nueva de Matanzas-Crdenas-Cienfuegos donde se pudo observar este fenmeno de ampliacin de los cultivos y de las tierras caeras entre 1S46 y 1868. Pezuela en su Diccionario ofrece datos que son muy elocuentes. Vamos a reproducir algunos de ellos, con la salvedad que muestran diferencias apreciables con las que ofreca la obra de Rebello, interesada por lo general en dar solo la cantidad de tierras empleadas en caaverales. Segn Pczuea algunos de los ingenios ms importantes de la colonia tenian la siguiente extensin total de tierras: Alava (Crdenas) 148 caballeras Asuncin (Mane!) 100 „ Flor de Cuba (Crdenas) 9 3 ,, Giia de Toro (Trinidad) 190 „ Ponina (Crdenas) 108 „ Progreso (dem) 184 „ San Martn (dem) 222 „ San Rafael (Matanzas) 180 „ Santa Susana (Cenfuegos) 340 „ y Trinidad (Matanzas) 128 „

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Evolucin del cultivo del tabaco 153 El primero tenia 80 caballeras dedicadas a caaverales y !os dems de 45 a 60 caballeras. Comparados con los ingenios modelos de perfaccin de la dcada de los 20 se notar' que la extensin se haba duplicado o triplicado, indicando una forma primitiva de concentracin de la propiedad agraria caera. Hacia 1860 estos ingenios, en los cuales la extensin de tierras iba unida a la gran cantidad de esclavos dependientes (de 300 a 400), no tenan comparacin con ios que iban quedando, en forma residual digamos, en las zonas ms atrasadas. Por ejemplo, en el llamado Departamento Oriental la generalidad de los ingenios disponan de 1 a 15 caballeras. Por lo contrario en partidos nuevos como Macagua la concentracin llegaba a un extremo realmente notable por la presencia de una serie de ingenios grandes en la misma localidad; en ei partido mencionado, perteneciente a la jurisdiccin de Coln, el ao 1862, sobre 26 ingenios todos disponan de mquina de vapor en el molino y uno solo tena menos de 10 caballeras sembradas de caa. Ninguno tena menos de 30 caballeras de tierras en total. En este partido la presin de estas circunstancias sobre las restantes formas de explotacin agraria es elocuente: existan entonces solamente unos 32 potreros y un centenar de sitios de labor y estancias, dedicadas a cultivos menores. El hecho ilustra una tendencia que habr de manifestarse plenamente despus de las sacudidas revolucionarias que agitaron al pas desde 1868 y, por esta razn, debe tomarse como un fenmeno local y en formacin, no como una regla general, ni siquiera como un hecho comn en la estructura agraria entre 1846 y 1868. En cierto sentido, el cultivo del tabaco estaba sufriendo una evolucin similar, aunque representada por cifras de extensin de las plantaciones siempre mucho menores. De esta tendencia era responsable la poltica de liberacin progresiva de todas las trabas a la exportacin. La desocupacin de tierras cafetaleras, a partir de la dcada de los 30 en algunas de las zonas del Occidente de La Habana, abri el camino a la formacin de la zona tabacalera de Partido, donde se sinti primero el impacto del alza de las exportaciones. Por primera vez comenzaron a aplicarse los esclavos en nmero apreciable al cultivo del tabaco. De este modo hacia 1849 se poda hablar de fincas pequeas 3 las que disponan de menos de 10 hombres y fincas grandes las que podan tener hasta 25 30 esclavos de dotacin. Como veremos ms adelante esta tendencia, que nunca pudo desarrollarse al punto de transformar el cultivo del tabaco en una explotacin de carcter comercial como los dems cultivos bsicos del pas, est relacionada, adems, con la T. IV, 6

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154 Historia de la Nacin Cubana oportunidad y la necesidad de aumentar rpidamente las cifras absolutas de produccin. Lo que muestra ms claramente el hecho a que nos estamos refiriendo es que el nmero de vegas existentes entre 1846 y 1860 aumenta progresivamente, sobre todo a partir de 185 5 al expandirse sbitamente las exportaciones. En este caso, como en el de la industria azucarera el crecimiento se produca por la adicin de unidades no por el aumento de su eficiencia. En 1846 haba unas 9,102 vegas, distribuidas en 3,990 eti el Departamento Occidental, 967 en el Departamento Central y 4,145 en el Departamento Oriental. Entre 1858 y 1860 los datos censales indican una dismnucin en la zona Central, mientras hay un crecimiento evidente en los otros dos Departamentos. El total en 1 8 S era de 9,408 y en 1860 11,5 50, Desde luego, se sabe que hubo en esos aos una produccin mayor; pero es posible que algunas veces no pudiera realizar debidamente la enumeracin de estas explotaciones. De todas suertes, lo cierto es que la Guerra de los Diez Aos determin una destruccin de este cultivo en las zonas central y oriental, comenzando entonces el proceso de "concentracin tabacalera” que no terminara hasta la primera dcada del siglo xx. Finalmente, otro hecho que conviene destacar es el de las relaciones entre la difusin de las formas menores de explotacin agraria y el desarrollo de la agricultura comercial. Con razn sostiene Ramiro Guerra en Azcar y Poblacin en las Antillas que e auge de la agricultura comercia! no detuvo la multiplicacin de las pequeas explotaciones durante el siglo x¡x. Esta tesis es verdadera sobre todo hasta 1868 Aun ms, es posible que la multiplicacin de los ingenios fomentara a creacin de pequeas explotaciones agrcolas. Desde luego, esto no quiere decir que foment la pequea propiedad, sino solo a pequea explotacin agraria; sin embargo, el hecho conviene ser destacado. Por lo general, los grandes ingenios no eran autosuf ¡cien tes, porque la creciente deficiencia de esclavos —no obstante el contrabando — y la tendencia a intensificar las zafras a travs de la aplicacin intensiva de brazos y de la utilizacin al mximo de cada esclavo, impedan que produjeran todo lo que necesitaban. Por otra parte, la concentracin de ingenios en ciertas zonas produjo un movimiento demogrfico que tenda a crear, junto al mercado formado por las dotaciones de los ingenios, un mercado urbano de alguna importancia. Por esta razn los propios hacendados fomentaban, en torno a sus ingenios, la creacin de sitios que daban a censo, en arrendamiento o en otras formas. A diferencia de esta tendencia, en las zonas de concentracin tabacalera, por ejemplo, se dificultaba la creacin de esas pequeas exploraciones diversificadas.

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Tendencias de la estructura agraria 155 Desde luego, las vegas eran, por s, diversificadas y producan gran cantidad de fruto s menores y legumbres; pero esto mismo les daba un carcter tpicamente de subsistencia, mientras que en las zonas agrcolas azucareras o cafetaleras la produccin de los sidos se realizaba con vista de un mercado. Las cifras, que no vamos a reproducir en este lugar, relativas a zonas en donde imperaba la agricultura comercia!, indican que entre 1846 y 1868, una parte importante del desarrollo de las pequeas explotaciones agrcolas se debi precisamente a la presencia de los grandes cultivos* Solo en casos extremos, como el del partido de Macagua, antes comentado, se nota la exclusin de todas las dems explotaciones por la presencia de un desarrollo abosorbente del cultivo caero* Lo que quiere decir que en las circunstancias generales de la poca, esto es, en presencia de ingenios de 20 a JO caballeras de tierras en total, las pequeas explotaciones agrarias no quedaban ahogadas* Debe, sin embargo, tenerse presente que para acelerar esta multiplicacin de los minifundios era preciso seguir una activa poltica de colonizacin blanca rural, a la cual se oponan las propias condiciones rurales resultantes de la esclavitud y la incomprensin de la mayor parte de los hacendados que no tenan ms preocupacin que producir ms, ms barato y sin peligro de alteracin del orden consagrado* 4, Las transformaciones o las tendencias de a estructura agraria que hemos reseado se produjeron al par que iban sentndose las bases de una reforma trmicoagrcola de gran alcance. Desde luego, los hechos de ms significacin corresponden al cultivo de la caa y, en tal sentido, responden al proceso general de tecnificacin y de concentracin que se estaba operando desde 1840. Pero como el problema del rendimiento de a industria se apreciaba mejor dentro del marco de la parte industrial de la produccin, e proceso de tecnificacin es ms, mucho ms intenso, en la casa de mquinas que en los caaverales. En el orden agronmico, la introduccin de la variedad cristalina de la caa, al parecer anterior a 1840, no tiene significacin especial, pues no logr desplazar ni la variedad Otahiti, ni la caa criolla, ni la cinta que eran las existentes entonces, entre otras razones, porque bien pronto se descubri que no tena un rendimiento comparable a las dems. Hacia 1853-60 constataba Juan Poey que la caa cristalina produca solo 2,000 @ por caballera; aos antes el qumico Casaseca indicaba un rendimiento aun ms bajo. En la zona nueva de Ban aguises hacia 1850 toda la caa sembrada era de la variedad Otahiti. La transformacin de los mtodos de cultivo fue de mayor trascendencia* Claro est que las lneas generales del cultivo en el perodo

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Transformacin tcnica. Teora cientfica 157 En realidad, esta transformacin tcnica fu acompaada de una teora cientfica de mucha mayor resonancia que sus escasas manifestaciones prcticas. En efecto, frente al cuidado casi exclusivo que se dio a la tecnificacin industria!, Reynoso sostuvo y demostr que la verdadera fabrica del azcar era el caaveral, no la casa de mquinas, con lo cual se desplazaba el inters del hacendado hacia la plantacin que era, por razn de la evolucin de la industria el sector ms retrasado de la tcnica y aquel en que las reformas podan ofrecer un mayor rendimiento efectivo. Sin embargo, la teora no llegaba a los hacendados, quienes "no han resuelto la cuestin de saber cul de los dos, el cultivo o la elaboracin es el que verdaderamente determina sus mayores ganancias”, segn deca el Conde de Pozos Dulces el ao 18 £7 en una de sus famosas "Cartas”, Con esta renovacin de las ideas sobre e cultivo concurre el hecho de la aparicin de los primeros grandes agrnomos azucareros de nuestra historia. Los nombres de Alejandro Dumont, de Jos Mara Dau y de Alvaro Reynoso son la expresin de la importancia que estaba adquiriendo la agronoma cientfica en el desarrollo econmico del pas. Junto a estos nombres es preciso poner el de los escasos hacendados, como Francisco Dago y Juan Poey, que se interesaban por la tcnica y la conocan. Es posible, adems, que la presencia de administradores extranjeros — primero, franceses y, despus, norteamericanos— conocedores de una tcnica ms desarrollada que la de Cuba a principios de xix y, por ende, en condiciones de captar rpidamente las necesidades del cultivo, tuviera una influencia en la direccin del progreso agrcola durante este perodo. No es de extraar que surgieran entonces varios proyectos para organizar Escuelas o Institutos de Agricultura. Pero, en este sentido, parece de mayor importancia el envo de estudiantes cubanos a las escuelas especializadas europeas, como la de Gembloux, donde haba seis pensionados el ao 1865. Siguiendo el ejemplo de La Habana, la Sociedad Econmica de Santiago de Cuba, entonces renacida, plane crear ese ao algunas becas para jvenes de !a localidad. En ntima conexin con esta teora agronmica y con otros hechos resultantes de la evolucin de la economa azucarera y que no son de tratar en este momento, apareci un pujante movimiento a favor de la subdivisin de las explotaciones agrcolas y de la creacin de pequeos propietarios, cuya manifestacin ms debatida fu la llamada "divisin del trabajo” en la industria azucarera, tema sobre el cual volveremos en el captulo III. Bajo un nuevo ropaje volva a plantearse el pro-

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Historia de la Nacin Cubana 158 biema de la "colonizacin blanca" 5 y el programa de a "Cuba peque a 5 5 j muertos de consuncin en medio del auge econmico producido entre 1830 y 1857. Como indicacin de los adelantos, debe registrarse la publicacin de catlogos de maquinarias o instrumentos agrcolas, como los editados por Jos M* de la Torre y Casto Jos de Iturralde en New York, 1849 y 18 50, basados en ediciones inglesas* Uno de los aspectos en que los progresos continuaban siendo difciles era el de la fertilizacin de las tierras* En realidad, el progreso dependa aqu de la recepcin de los conocimientos de qumica aplicada a la agricultura que se estaban desarrollando en Europa desde principios del siglo* La generalidad de los ingenios cubanos ni siquiera aprovechaban la cachaza, y algunos solamente el estircol para enriquecer o reponer la fertilidad* Pero en la obra de Reynoso se observa ya un tratamiento basado en el examen qumico del suelo y de los abonos conocidos entonces* La fama que parece haber tenido en estos aos el "guano 55 peruano indica que se estaba comenzando a practicar la fertilizacin; pero que todava no se haba logrado aclimatar la tcnica de la composicin de mezclas de abonos para suplir adecuadamente todos los elementos nutrientes que perda el suelo* Precisamente, por el hecho de la divulgacin de las cualidades atribuidas al "guano 5 peruano se procedi a localizar en e! territorio de la isla los yacimientos que pudiera haber* En !8G se descubri en algunos cayos del Sur de Cuba, en el grupo llamado de los Jardines y Jardinillos una sustancia que, analizada por el qumico Casaseca, contena algunas de las sales fertilizantes de mayor importancia* Se dio en denominarlo "guano** y sobre sus componentes, as como sobre la posibilidad de su empleo dictamin Reynoso el ao siguiente indicando el limite en que pudiera usarse y las ventajas que presentaba frente al guano peruano* Inmediatamente despus del hallazgo se autoriz su exportacin y la introduccin del mismo libre de derechos cuando fuera para consumo interno; pero, en la medida en que disponemos de informacin sobre la materia, parece que ni el yacimiento era de importancia, ni los resultados del abono fueron importantes. En cuanto al cultivo del tabaco, se observan adelantos y transformaciones de cierta importancia. Aparte de la total independiz acin de los procedimientos de cultivo, segn las zonas en que se realizara, se observa La aparicin, como respecto del cultivo caero, de los primeros trabajos, o manuales, de valor tcnico sobre el cultivo. La Cartilla Agraria para el Cultivo del tabaco compuesta por el veguero de Vuelta-

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La "Cartilla agraria” de Salazar 159 Abajo, Toms de Salazar, y publicada en 18 50 es el primer trabajo de esta ndole en la bibliografa cubana. Todava en esta poca, como en nuestros das, el cultivo del tabaco, independientemente de su especializaein regional y de la calidad que se desea obtener, era un conjunto de prcticas tradicionales. Las fechas para el riego de semilleros y la terminacin de las siembras reflejan est carga de elementos tradicionales, pues se fijaban por medio de los das de Santa Rosa, la Virgen de Regla, San Mateo y San Francisco, o sea, 30 de agosto, 8 y 21 de septiembre y 3 de octubre, terminndose las siembras en la Pursima Concepcin (8 de diciembre) y nunca despus de Navidad. La realidad es que, a juzgar por lo expresado en la Car illa de Salazar las condiciones del momento haban influido notablemente en un descenso de la calidad del producto. La necesidad de intensificar la produccin haba introducido la prctica de cortar todas las hojas a un tiempo sin esperar que madurasen en la mata como se consideraba necesario antao. Ei uso inmoderado del guano ” del Per haba contribuido a la baja calidad del producto, mal que, a decir de Reynoso (1867), era 'reconocido por todo el mundo”. Otra de las prcticas frecuentes en la poca era la de sembrar entre las matas de tabaco algunos otros vegetales que tendan a debilitar a aquellas, siendo evidente que si se deseaba aumentar en cifras relativas y absolutas la produccin era preciso especializar al mximo la explotacin, dejando los cultivos secundarios, o de subsistencia, para otros paos de tierra adecuados. Frente a estos problemas, la opinin de los agrnomos, entre los cuales se cuenta, desde luego, Reynoso, se manifiesta por la implantacin, como estaba ocurriendo en la agricultura caera, de las tcnicas guiadas cientficamente. Lo que ndica que se estaba en e umbral de una transformacin pro-capitalista dentro del cultivo del tabaco. Lo que se planteaba no era, en realidad, el problema de las calidades o de los procedimientos sino la cuestin de saber si con la organizacin que tena el cultivo, basado en minifundios o en el empico de un reducido nmero de esclavos, se poda llegar a satisfacer convenientemente la creciente demanda tanto de hoja para elaboracin en el pas como de rama para exportar. En los dems cultivos comerciales hubo igualmente manifestaciones de progreso tcnico. Pero, en el caso del caf, se observa que estas manifestaciones tienden a disminuir despus de 1840. Por otra parte, como cultivo importado recientemente, los trabajos publicados sobre l fue-

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160 Historia oe la Nacin Cubana ron relativamente abundantes antes de 1830; pero su decadencia influy en la atencin cientfica que deba drsele. Despus de los interesantes trabajos publicados por la Sociedad Econmica y a los que hemos hecho referencia en el t. III, prcticamente no hay cosa nueva. En alguna obra de la quinta dcada del siglo, se expresa que los cafetales "son la parte ms atrasada de nuestra agricultura”* Al parecer, todas las opiniones, desde el ao en que Noda y Serrano escribieron sus Memorias coincidan en que una de las razones de la facultad con que el cultivo decay o, ms bien, se vio imposibilitado de confrontar la decadencia de su exportacin, fu la' mala seleccin de los terrenos, por lo cual la concentracin de los cafetales en determinadas zonas altas del pas a partir de 1840 representa un proceso de seleccin natural Los dems cultivos como el del cacao y el del algodn tambin llamaron la atencin en este periodo. Sobre ambos se publicaron manuales y se practicaron investigaciones sin que dieran resultado positivo alguno, pues les faltaba el importantsimo acicate de las exportaciones, como ocurri en el caso del caf y del azcar* El cacao fue objeto de particular atencin como lo prueba el hecho que en 1849 la Junta de Fomento importara semillas de Centro Amrica y contratara labradores expertos en su cultivo para colocarlos en Cuba* Como quiera que nadie se interes inmediatamente por este cultivo, los "expertos” contratados pidieron la rescisin de sus contratos y permiso para volver a su pas, quedando frustrada esta interesante iniciativa* Los dems cultivos eran de ndole no comercial, esto es, no miraban a la exportacin real o potencial del producto sino al abastecimiento interno* Estos cultivos que podramos denominar secundarios y que, desde el punto de vista de la comunidad, eran principales o primarios, se hallaban, por lo general, en manos de cultivadores en pequeo, propietarios los menos, arrendatarios, censatarios, partidarios o precaristas los ms, que disponan de una extensin de sudo muy reducida o de pocos brazos y aun de menos medios financieros* Cuando algunos de estos cultivos atraen la atencin de un agrnomo de primera categora como Reynoso, la impresin que se tiene es que lo consideraba como una fuente de materias primas industriales o como un cultivo que por la disponibilidad de un mercado interior suficiente permitira introducir en l reformas propias de la agricultura comercial* Aun cuando la tendencia ideolgica en materia agrcola fuera precisamente la difusin de los cultivos "menores”, en pequeos terrenos, la realidad social y econmica se opona a un desarrollo que tendra que realizarse sin aquellos medios financieros que haban respaldado y respaldaban a la agricultura

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Cultivos intensivos por medio de regado 161 comercial, A esa tendencia ideolgica debe atribuirse la persistencia de los esfuerzos de propaganda a favor del trigo, cuyo cultivo propugnaba La Prensa, del ao 1841 y ponderaba La Sagra, con ejemplos tomados de los ecasos cultivadores de la zona central, en su obra sobre Cuba del ao 186 0. No faltaron iniciativas oficiales que tendan a mejorar estos cultivos menores. Un ejemplo data de 1849, Al divulgarse el Catlogo de instrumentos agrcolas, mencionado en prrafo anterior, se enviaron a la zona de Gines algunas semillas de arroz adquiridas en los Estados Unidos, para que los cultivadores las sembraran y pudieran apreciar su utilidad. Que sepamos no hubo una labor sistemtica en cuanto a la distribucin de semillas; pero aun cuando la hubiera se puede dudar de que fuera una medida bastante a superar el estado en que se encontraba a agricultura que hemos llamado secundaria, tac desprovista — por otra parte— de estmulos privados y pblicos, Pero, en el campo de esta agricultura menor, lo ms notable es el desarrollo de una serie de cultivos intensivos, por medio de regado, en algunas zonas del pas, particularmente en a regin de Gines, en La Habana, Los partidos de Catalina y Melena se distinguan por su produccin de arroz, papas y viandas, Y toda la jurisdiccin produca, adems, frijoles, garbanzos, arbejas, man, ajonjol y pltanos. Gines, la cabecera, produca cebollas y ajos. No era, por cierto, el nico caso en que, hacia 1862, se poda apreciar una gran variedad de produccin de alimentos en pequea escala. Otras zonas, la mayor parte de la isla, producan parte de esos vegetales, Pero el hecho bsico respecto de los mismos era el dficit, que obligaba a importar cantidades realmente importantes de algunos de ellos como eran el arroz, las cebollas y los frijoles. En ningn momento se tiene la impresin de que esta agricultura menor estuviera en decadencia; pero siempre se pudo constatar que no alcanzaba a satisfacer ¡as necesidades del mercado interno. Es muy probable que en algunas zonas estos cultivos representaran un grado mayor de intensificacin que en otras, pues algunos de los elementos bsicos de la tcnica, como es el regado, eran conocidos y usados desde tiempo atrs. Por otra parte, en el Censo de 182 se observa que haba localidades en que no se registraban sitios de labor sino solo estancias, que, desde el punto de vista de la capacidad de las tierras, suponen una mayor concentracin de a propiedad y posiblemente prcticas ms atrasadas. Dentro de las diversas ramas de esta agricultura que hemos denominado menor, hay una que ocupa muy poco la atencin de los escri\

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162 Historia de la Nacin Cubana tores contemporneos y que casi no figura en los datos censales publicados por Pezuela y relativos — como se sabe— a los aos 18 59-62* Se trata del cultivo de los rboles frutales* Al parecer aun no haba adquirido la individualidad econmica suficiente para figurar entre los ramos importantes de la agricultura cubana* Segua siendo bsicamente una ocupacin de tipo recolector; esto es, una agricultura caracterizada por la obtencin de los frutos sin ms intervencin del labrador que en lo que hace a la siembra de los rboles y a su aprovechamiento durante aos* Muchas de estas frutas eran silvestres. Sin embargo deba estar en vsperas de una transforma cin, pues disponemos de datos que indican que tambin la expansin del comercio de exportacin estaba irrumpiendo en este sector de la agricultura* Segn el Journal of Commerce la exportacin de frutas frescas a New York, en 1855-56* a haba aumentado sbitamente en un ao duplicando el promedio de los quince aos anteriores alcanzando ahora un valor de 100,000 pesos* Cuatro aos ms tarde, la prensa manifestaba que el mayor precio de las frutas frescas, para conservas y para refrescos, corriente en La Habana, se deba a una disminucin de la produccin simultnea con el aumento de a demanda resultante del crecimiento de la capital* Se constataba de este modo, la incapacidad de esta rama de la agricultura para expandirse a medida que se abra su mercado. En el mismo ao de 1860 se estaba produciendo un aumento de la exportacin de frutas frescas y de frutas en conserva (dulces). Tardara mucho esta rama de la agricultura en transformarse en una explotacin especializada y, como consecuencia de la proximidad del mercado habanero y del puerto de embarque a Estados Unidos, este hecho se producira a fines del siglo en la regin occidental* 5. Uno de los aspectos de ms inters en la evolucin agraria de Cuba durante este perodo es la desaparicin de los montes* Ya hemos indicado en el t* III que hubo muchos factores contribuyentes a este fenmeno* No fueron solamente los ingenios, que devoraban bosques enteros, como dice grficamente Ramiro Guerra, sino tambin los mltiples usos en construcciones (casas, cercas, traviesas de ferrocarril, etc.) y sobre todo, las tumbas con el objeto de abrir tierras para la agricultura y la ganadera, las prcticas que contribuyeron con mayor vigor a a liquidacin rpida de ¡as reservas forestales del pas. Pero este proceso estaba operndose desde fines del xviii y hacia 1 840 se encontraba prcticamente terminado. Alrededor de esa fecha ya haba numerosos ingenios que usaban el bagazo como combustible, el cual, a

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Las reservas forestales 163 virtud del perfeccionamiento de ios molinos, poda obtenerse ahora en un grado de sequedad extraordinario. No hay duda que el bagazo era un combustible barato y accesible; pero sustituye a la madera ms que por el agotamiento efectivo de sta, por sus ventajas econmicas. Las reservas forestales no se agotaron, claro est, pues a partir de 1840, ms o menos, las exportaciones para los Estados Unidos fueron aumentando progresivamente. Desde fines del siglo xvin se haban liquidado los montes que existan en la zona de Matanzas y de Sagua, a consecuencia de la expansin de la agricultura comercial por esas zonas. Quedaban, pues, hacia 1860 las concentraciones boscosas que todava hoy constituyen las nicas existentes en el pas. Estos montes estaban situados en el extremo occidental del pas, en la regin de Mantua, y en el extremo oriental en la regin de Sagua -Baracoa, ambas con una localizacin que haca demasiado costoso y difcil el tiro de las maderas para exportacin. No quiere esto decir que no hubiera en otras zonas pequeas reservas forestales aunque, por lo general se hallaban en lo que es actualmente la provincia de Oriente (Holgun, Jiguan y Manzanillo) Distribucin que subraya la importancia de la expansin de la agricultura y de la ganadera en la destruccin de los montes de Cuba; en efecto, a esas zonas no haba llegado aun el vigoroso impulso que cubri con un enjambre de ingenios y de cafetales la regin occidental desde Cabaas hasta Sagua La Grande durante el perodo que se extiende entre 1790 y 1840, A diferencia de lo que haba sucedido entre esas fechas, en el orden de las ideas sobre este problema, ahora, esto es, entre 1840 y 1860, habr un movimiento de opinin muy favorable a la conservacin y la reproduccin de los bosques, A principios del siglo, la opinin de Arango, expresada en un famoso expediente sobre montes — del cual result, en gran medida, la legislacin de libertad de montes y plantos de 1815 a 1819 — consista en despreciar todo aquello que se opusiera a la agricultura comercial y, por ende, en desechar como anticuada o intil toda medida que tendiera a salvaguardar las escasas reservas forestales de a regin occidental, A mediados del siglo, la reiteracin de viejos memoriales, como el del Conde Mopox y de Jaruco, la Memoria de Pizarro y Gardin (1846) y artculos como el de Rodrguez Ferrer (1849), codos en defensa de los bosques y contra las prcticas brutales que acompaaban a la agricultura comercial, significan que la opinin predominante era precisamente la contraria de Arango y su tiempo* No se puede medir el grado de liquidacin a que se haba llegado hacia 1850 en cuanto a las reservas forestales del pas* Todas las ci-

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164 Historia de la Nacin Cubana fras aportadas por los escritores contemporneos son estimados, sobre los cuales no pueden fundarse consideraciones econmicas de algn valor* Baste solo sealar que mientras en 1852 se fija la extensin de los montes en unas 2 50,000 caballeras, descontando las escassimos montes de propiedad privada, en 1 870-76, Rodrguez Ferrer solo puede sealar la existencia de unas 223,000 hectreas de montes. A simple vista, esas dos cifras son renuentes a toda concordancia* 6* La pequea propiedad, o mejor, la agricultura en pequeo present durante este perodo algunos problemas especficos* Ya sabemos que si, de una parte, la tendencia hacia la agricultura comercial, desviaba toda la fuerza econmica del pas hacia el azcar y el caf y, hasta cierto punto, el tabaco, por otra, es evidente que el desarrollo demogrfico resultante de la expansin de la agricultura comercial propiciaba la multiplicacin de los pequeos fundos agrcolas, Pero independientemente de estos factores, la pequea agricultura cubana de la poca tena problemas de cierta importancia y que, al parecer, en* torpecan su normal desenvolvimiento, Parece que, en primer lugar, los contemporneos situaban el sistema de arrendamiento de tierras* Los contratos se realizaban solo por cuatro aos y, como ha ocurrido en todas las pocas, la inestabilidad del arrendatario quitaba todo estmulo para la mejora de los cultivos y mucha ms para la introduccin de cultivos — como por ejemplo, los frutales—, que requeran una pemanencia asegurada* Por otra parte, este cultivador en pequeo careca de f mandamiento, a menos que estuviera dedicado —por cuenta del propietario de ingenio o de otra explotacin cualquiera— a producir determinados alimentos, lo cual tampoco era estimulante para l* Finalmente, los medios de comunicacin no favoerecan la ampliacin y la consolidacin de los mercados* El mismo ferrocarril, que se estim pudiera favorecer el transporte de los frutos menores, no contribuy a mejorar la condicin de la agricultura en pequeo ms que en La Habana debido a la existencia de un gran mercado urbano y de la exportacin* En algunas de las ramas especializadas, como la del tabaco, siguieron manifestndose algunos de los problemas tradicionales. Aun cuando ya la lucha entre los vegueros y los hacendados haba sido liquidada, a consecuencia de la declaracin de libertad de montes y plantos y de la legitimacin de toda la propiedad territorial, como vimos en el t* III, haba aun motivos para que las vegas de tabaco sufrieran los efectos de la proximidad de haciendas ganaderas, a juzgar por algunas refe-

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Evolucin del precio de las tierras 1 65 rendas en los documentos contemporneos^ segua vigente c pleito sobre ceceamiento de las vegas, especialmente de las situadas sobre los ros. Agravado ahora porque la escasez de maderas en una serie de zonas impeda renovar las cercas y facilitaba la penetracin del ganado que destrua la cosecha del veguero* No sufra menos la pequea propiedad o explotacin agrcola por la indeterminacin de ios ttulos, por la tradicional desorganizacin de las grandes explotaciones y por la presin que los grandes propietarios ejercan sobre los ms dbiles cuando se trataba de poseer las tierras mejores. Pero la amplitud y la profundidad de estos problemas no alcanz nunca a influir suficientemente en la estructura agraria que desde mediados del xvu se estaba implantando en todo el territorio y progresaba incesantemente al comps del desarrollo de las exportaciones bsicas* Eran, precisamente estas condiciones desfavorables las que, segn opinin de los contemporneos contribuan a dificultar la "colonizacin” blanca o sea el establecimiento de pobladores blancos en zonas rurales. 7. Sera difcil estudiar la evolucin del precio de las tierras durante este perodo, sin contar con una suma realmente completa de datos. Claro est que el proceso iniciado, en torno a La Habana, desde fines del xvrn fu propagndose por el resto del territorio a medida que la agricultura comercial se expanda* Pero se tiene la impresin que entre 3 837 y 1868 las tierras todava lejanas de los grandes centros o localidades de produccin no tenan el nfimo valor que alcanzaban sus iguales de fines del xvrn o principios del xix, Se explica que as fuera, pues la colonizacin econmica del territorio iba reduciendo el alejamiento de esas zonas incultas residuales c influa sobre el precio de ellas en tanto en cuanto poda esperarse que a ellas llegara en un futuro ms o menos inmediato la onda de creacin de la agricultura comercial* Los efectos del aumento del valor de las tierras quedan registrados por La Sagra en su obra de 1360 para la zona de Trinidad* Las tierras peores se estimaban entonces en unos 200 pesos la caballera. En la regin oriental — entonces la que estaba ms a margen del desarrollo acelerado de la agricultura comercial— las tierras de menos valor eran hacia 1863 los llamados pastos naturales, estimados en unos 100 pesos a caballera, mientras ias tierras destinadas a los cultivos bsicos (caa, caf, cacao y tabaco) alcanzaban precios no menores de 2,500 pesos la caballera* Al parecer para esta fecha los precios inferiores a 100 pesos correspondan a tierras consideradas como ridas, a diferencia de la

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1 66 Historia de la Nacin Cubana poca en que abundaban a 25 y 30 leguas de La Habana las tierras buenas evaluadas en 20 y 30 pesos la caballera. Cierto es que Pezuela* refutando el estimado de costo de un ingenio elaborado en 1830 por La Sagra, indica que el promedio de precio de la caballera de caa para ingenio deba ser (en 1860) unos 1,000 pesos; pero no lo es menos que en ciertas zonas de gran concentracin este precio era realmente muy bajo, Trasher en oota a Humboldt e inspirndose, segn dice en un anlisis realizado por un hacendado experto en estas materias, evala la caballera de tierras para ingenios en 2,500 a 2,000 pesos cada una.

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Captulo II PRIMEROS CAMBIOS EN LA ESTRUCTURA DEMOGRAFICA D ejamos sentado en el tomo III que la evolucin demogrfica de Cuba hacia 1837 haba perdido o estaba perdiendo parte de los caracteres que tuvo desde fines del XVIII. En efecto, la ola de inmigracin espontnea, semi-f orzada y esclavista, tendi a cesar hacia 1830* Claro est que ello debe entenderse solo en el sentido de que la importacin de esclavos qued limitada al trfico clandestino, y que la inmigracin se produjo a un ritmo ms lento. En realidad, Cuba no dejaba de atraer a sus costas a hombres de todas las procedencias, pues la bonanza econmica — no obstante la manifestacin de perodos de alza y de baja — era suficiente acicate para la inmigracin espontnea; espaoles, canarios y norteamericanos vinieron a la colonia en busca de aplicacin a su trabajo y de horizontes ms claros para el porvenir. Faltaron, sin embargo, los estmulos coincidentes -“polticos, como en el caso de los franceses de Hait o de los espaoles de las colonias sublevadas” con el auge econmico que favorecieron la oa inmigratoria que se desarrolla entre 1800 y 1820* Lo que quiere decir que el ritmo de crecimiento haba vanado, manifestndose, posiblemente, en una forma ms regular que antao. El hecho, pues, que parece dominar en la evolucin demogrfica entre 1837 y 18 68 es el crecimiento natural de la poblacin blanca y de la negra; pero en esta ltima el fenmeno se cruza, digamos, con una tendencia, en sentido contrario, esto es, a la disminucin debido a las reducidas posibilidades de importar esclavos. Despus de 1837 no faltaron, claro est, manifestaciones permanentes de evolucin geogrfica de la poblacin; pero, sin duda, mucho ms dbiles que durante los perodos anteriores, debido a que la ocupacin del territorio — a lo menos en aquellas condiciones econmicas— estaba casi consumada, Y la Guerra de los Diez Aos se encargara de detener y reorientar el proceso de ocupacin del territorio. Desde luego, la apertura de me1 67

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170 Historia de la Nacin Cubana de la poblacin blanca casi se duplica, mientras el de ia poblacin esclava disminuye. Desde luego, entre uno y otro perodo se observa al mismo tiempo un aumento de la poblacin lbre de color. El hecho que marca con ms nfasis las tendencias al aumento de la poblacin blanca y libre de color y la disminucin relativa de los esclavos es la distribucin de los grupos de edades entre 1841 y 1361 que varan significativamente. En la poblacin blanca, el grupo de 0 a 15 aos aument respecto de! tota] general durante esos aos, pero disminuy respecto del total de la poblacin blanca; en cuanto a los habitantes libres de color la proporcin aument en los dos supuestos? mientras los esclavos disminuyen respecto del total general y aumentan respecto del total de su grupo, lo que indica que la reproduccin estaba operando, aunque sin compensar la falta de trata negrera. HABITANTES DE 0 A 15 AOS Ifi4I 1SJ Habitantes % del total general % de su grupo Habitantes % dd total general % de su grupo Blancos ... 172,412 17 41 271,613 19 34 Color libres 54,989 5 3$ 85,777 6 38 Esclavos 93,540 9 21 98,5 60 7 26 A! mismo tiempo ocurran fenmenos concordantes en el grupo de los habitantes de l a 60 aos, limite que se ha escogido, en parte por la carencia de datos ms pormenorizados respecto de 1841 y por ser, adems, una suerte de criterio prctico contemporneo para juzgar el perodo de mxima utilizacin del hombre para el trabajo. Los blancos evolucionan hacia el aumento tanto en proporcin al total de la poblacin como respecto del total de su grupo. Entre los esclavos, respondiendo a esa creciente importancia de la reproduccin natural, disminuyen. En la poblacin libre de color la proporcin respecto del total se mantiene estacionaria, pero disminuye respecto del grupo, lo que indica el papel que segua jugando la reproduccin natural a ritmo creciente. HABITANTES DE 16 A O AOS Habitantes del total general /o (le su grupo Habitantes % del total general / de su grupo Blancos ... 236,514 23 56 476,921 34 60 Color libres 92,798 9 60 1 27,390 9 54 Esclavos .... 328,109 32 75 241,312 18 65

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Movimiento demogrfico 17 Estos dos cuadros muestran que hacia 1860 e movimiento demogrfico de los blancos originado en las olas inmigratorias de principios del siglo est cesando; en realidad, estaba en su apogeo hacia 1841. Claro est que a disminucin de la inmigracin repercuti sobre la capacidad total de a poblacin para un desarrollo a ritmo creciente. Posiblemente las condiciones econmicas crticas del perodo que estudiamos en este tomo no permitan un crecimiento de ese tipo. Respecto de los esclavos, es evidente que la disminucin de la proporcin de los individuos de ms de 16 aos es un reflejo de la cada de la trata, que generalmente operaba con africanos en edad de rendir el mximo provecho, Al par, la disminucin seguida de un aumento en la proporcin de los individuos de menos de 16 aos indicaba que la reproduccin del grupo se estaba acelerando. En este fenmeno debe verse la influencia del tratamiento que se estaba dando a los esclavos en ciertas explotaciones; pero hay que tener en cuenta tambin el hecho apuntado por Trasher de que los esclavos urbanos o de explotaciones menores posean un nivel de vida superior y que posiblemente fueron stos los que ms contribuyeron a la elevacin del ritmo de crecimiento, A nuestros ojos esta evolucin parece representar un progreso; pero no se olviden los temores de Saco y de otros patricios de la poca respecto del crecimiento artificial de la poblacin esclava —por medio de la trata — y del aumento de ella por medio del estmulo a la reproduccin. La dificultad —que Saco negaba constantemente — para hallar inmigrantes blancos unida a este hecho del crecimiento natural incesante de la poblacin de color libre y esclava sigui operando sobre la mentalidad de los criollos, ahora ms aun que antes porque las autoridades agitaban la amenaza racial como arma poltica. La posicin de los diversos grupos et no-sociales vara fuertemente durante este perodo, a consecuencia de los cambios internos sealados, como puede observarse por el siguiente cuadro: 1827 1841 L8S1 Blancos .. 44% 42% 57% Color libres is% 15% 16% Esclavos 41% 43% 27% He ah el resultado de veinte aos de reproduccin de a poblacin blanca y de dificultades en el contrabando de esclavos. Hay que notar que en 1841 el grupo de blancos de 16 a 60 aos era con mucho supe-

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172 Historia de la Nacin Cubana rior a! de 0 a i aos y que lgicamente ello tendra que repercutir en la posicin relativa de todo el grupo blanco en la poblacin total de la isla en 1861, La proporcin nacional dentro de la poblacin es un dato muy importante* Los extranjeros, asiticos y mejicanos formaban alrededor del 7% del total de la poblacin libre en 1861. El resto hasta 793,484 lo constituan residentes espaoles, cuya mayora eran criollos* En 18 5 5 entre espaoles “ultramarinos” y canarios sumaban solo 69,917 habitantes; en 1861 seguan siendo una pequea porcin de los habitantes blancos* 2, La distribucin geogrfica era resultado lgico de la formacin de zonas de intensa explotacin de los recursos econmicos del pas* Por lo pronto, la mayor concentracin de poblacin esclava se produca, claro est, en las zonas de gran produccin azucarera* La Habana, no obstante su condicin de capital y su tradicional concentracin de esclavos en las casas de La aristocracia, presentaba menos poblacin esclava que Matanzas, Crdenas, Coln o Sag a La Grande. Esas cuatro jurisdicciones comprendan en 1871, segn padrn publicado por Carlos de Sedao, un 36% del total de esclavos, sin embargo que solo comprendan el 15% del total general de la poblacin del pas* Como fenmeno resultante de la distribucin geogrfica de la industria azucarera esta concentracin segua, al igual que aquella, su marcha hacia el Este, aunque, al producirse la abolicin, algunas de las zonas antiguas mantuvieron su alta concentracin de poblacin negra, como es el caso de Joveilanos y Coln; sin embargo, es notorio que las altas concentraciones de poblacin negra se desplazaron hacia las nuevas tierras azucareras de Oriente y de Camagey a fines del siglo y durante los primeros 25 aos del perodo republicano* A la inversa, en aquellos distritos en que no predominaba la industria azucarera se presentaba igual concentracin, pero respecto de los blancos y de los libres de color, esto es, de los dos grupos demogrf icosociales restantes. As, por ejemplo, Pinar del Ro, Sancti-Spritus, Puerto Prncipe y Holgun representaban el 18,5% del total general de los habitantes y solo el 5.6% del total do los esclavos. Eran zonas en que predominaban los cultivos menores y la ganadera que, por otra parte, es un factor despoblante* La significacin poltica de estos hechos ha sido subrayada por el historiador Ramiro Guerra en el captulo I de su obra titulada Guerra de los Diez Anos Desde luego, la poblacin de color libre tenda a concentrarse en las zonas urbanizadas ms importantes. Este fenmeno es permanente

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Crecimiento absoluto be la poblacin 173 en la historia colonial, como resultado de la organizacin esclavista del trabajo. La Habana, Pinar del Ro, Santa Clara, Puerto Prncipe, Santiago de Cuba y B ay amo contenan el 55% de los libres de color. Solo La Habana y Santiago reunan el 3 5%. Pezuela en su obra Necesidades de Cuba seala con nfasis que este grupo rehua los ingenios y todos los trabajos "duros” al punto que en 1861 solo un 2% del total estaba incorporado a la industria azucarera. Pero, como partidario de mantenimiento de la esclavitud, se ve obligado a preferir esta situacin al peligro que significaba la presencia de los negros y pardos libres en los ingenios, al lado de los esclavos a los cuales podan contagiar con su "vagancia” y sus sentimientos libertarios. De pasada, debe apreciarse hasta qu punto la opinin conservadora en materia de rgimen de trabajo se hallaba en un callejn sin salida en la vspera de la Guerra de los Diez Aos. Claro est que si se lleva ese anlisis de la concentracin local de la poblacin por grupos demogrfico -sociales a las divisiones territoriales ms pequeas se hallarn manifestaciones extremas del fenmeno. Algunos de los casos han sido debida y agudamente estudiados por Guerra en su obra mencionada ms arriba. A nuestros fines basta la exposicin te las lneas generales del problema para dar una idea de cmo se manifestaba este aspecto de la vida colonial en el periodo que estudiamos durante el cual culmin, por un lado, el desarrollo econmico iniciado a fines del xviii y comenz, por otro, la crisis general de la economa cubana que la Guerra de los Diez Aos no hara sino acelerar quebrantando la esclavitud, liquidando parte de la industria azucarera en retraso y abriendo a la nueva colonizacin econmica las tierras nuevas situadas al E. de Remedios y Saneti-Sprtus, 3, El crecimiento absoluto de la poblacin entre 1837 y 1868 aparte de los hechos relativos a su concentracin regional, presenta otras manifestaciones de tipo geogrfico que merecen un comentario. El aumento de la poblacin se haba traducido desde mediados del xvnr en un proceso acelerado de apertura de nuevas zonas interiores o perifricas, tendencia que contina manifestndose durante el periodo que estudiamos, aunque con un ritmo realmente retardado, como cuadra al estado general del crecimiento demogrfico. El factor principal de ese movimiento de colonizacin interior desde 1750 haba sido la expansin sbita de la agricultura comercial, la cual promova no solo la ocupacin de nuevas tierras sino tambin la importacin masiva de esclavos. Entre 18 37 y 1868 ambos hechos van perdiendo fuerza y, en consecuencia, el movimiento de penetracin en direccin al Este del

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174 Historia de la Nacin Cubana pas y hacia su interior se reduce. Por otra parte, la colonizacin perifrica tena que detenerse debido a que los lugares de la costa mejor situados haban sido ocupados desde principios del siglo y haba en ellos organizaciones municipales; en algunos el comercio de exportacin haba alcanzado ya altos niveles. Quedaban, sin embargo, grandes extensiones de costas despobladas y buenos puertos en Puerto Prncipe y en Oriente, los cuales no se desarrollaran plenamente hasta que el hmterland fuera invadido por la agricultura para la exportacin, esto es, hasta 1900-1920. Aunque lento, el proceso de colonizacin interior en direccin al Este continu. La crisis general de la economa, caracterizada por la cada de la agricultura cafetalera, la concentracin del cultivo del tabaco y el estancamiento de la industria azucarera, se reflej en a creciente disminucin del empuje hacia las tierras nuevas del este del pas* Dentro de las condiciones econmicas gestadas en el auge del siglo xviii y las primeras dcadas del xix se haba llegado al punto de mximo desarrollo. Es ms, quedaban zonas residuales — desocupadas cas totalmente" muy cerca de los centros en que se haba producido la expansin agrcola, tal es el caso de zonas de Pinar del Ro y del centro sur de Matanzas y las Villas; desde luego, la mayor parte del territorio no alcanzado profundamente por esa penetracin se encontraba en la regin de Puerto Prncipe (Camagey) y de Oriente. Una lista de las comunidades que se forman o que adquieren organizacin institucional en este perodo, puede facilitar la apreciacin de este movimiento, ya retardado, de penetracin al interior. Hela aqu: Abreus, Vueltas y San Diego del Valle (Las Villas) hacia 1840; Ciego de Avila (Puerto Prncipe), 1840; Palmira y Seibabo (Las Villas), 1842; Yaguajay-Mayajigua e Isabela de Sagua, 1844-45; Joveilanos (Bemba), 1843; Unin de Reyes y San Jos de los Ramos (Matanzas), 844; Tunas (Oriente), 1847; Place tas-Guaracabulh (Las Villas), 1847-67; Sibanic (Puerto Prncipe), 1850; Navajas (Matanzas) y Puerto Padre {puerto de Oriente), 1851; Cruces (Las Villas, 1853; Jatbonico (Puerto Prncipe), 18 56; Cascorro (Puerto Prncipe), 18 59; Rodas (Las Villas), 18 59; Jagey Grande (Matanzas), 18 59; Quemados y Minas (Puerto Prncipe), 1863-65; Alto Songo (Oriente), 1869. Lo primero que debe destacarse es la importancia de los centros que aparecen o se organizan en las regiones de Las Villas y de Puerto Prncipe, donde tenda a producirse el mayor asentamiento de inmi-

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Penetracin de la agricultura comercial 175 gran tes blancos, a consecuencia de a importancia que tena a agricultura menor y la ganadera. En la zona azucarera de Matanzas, e$ de sealar la aparicin de Jagey Grande, centro situado mucho ms al interior que todos los existentes en esa jurisdiccin. Finalmente precisa sealar que algunos de los centros mencionados, como Unin de Reyes, Jovellanos (Bemba, entonces) y Camajuan deben parte de su existencia ai tendido de lneas ferroviarias que conectaban zonas azucareras ya existentes con puertos de la costa norte. La ola producida por la penetracin de la agricultura comercial se detiene prcticamente en Sagua (La Isabela); la expansin econmicodemogrfica lleg hasta esta localidad del Noroeste de Las Villas como parte del movimiento originado en la regin habanera a fines del xvih y marca, posiblemente, ia terminacin de aquel interesante y vigoroso proceso. La relacin antecedente no excluye el hecho que hacia el Occidente de la isla se estaban produciendo cambios de tipo geogrfico en la poblacin. La realidad es que la apertura de nuevas zonas en la regin de La Habana y en la de Pinar del Ro no constituyen parte del proceso que hemos estado estudiando desde el t. II, sino que responden en sus lneas generales a fenmenos de cambio de uso de la tierra que se comienzan a producir alrededor de 1830, especialmente con la decadencia de los cafetales. La traslacin de una parte de la poblacin de las zonas agrcolas de La Habana hacia el occidente, para incorporarse a a zona tabacalera llamada de partido, es un ejemplo de este tipo de modificaciones territoriales. Hacia e Este del pas tambin se estaban produciendo cambios similares, como la ‘"emigracin” de algunos pequeos ingenios de Matanzas hacia Guaracabulla-Placctas, que huan de las tierras "cansadas”. Desde luego, un hecho particular en este desarrollo territorial de la poca es el crecimiento de La Habana, donde por circunstancias econmicas y polticas tenda a formarse ya un centro demogrfico de alta concentracin. Hasta 1 830 el casco de la urbe apenas haba rebasado la parte que se encuentra comprendida entre la calzada de la Infanta y el mar, tanto el mar abierto como el puerto. Pero en los aos comprendidos entre 1840 y 1868 la expansin de la ciudad en direccin al Oeste y al Sur se acelera grandemente, con la formacin de "repartos” o urbanizaciones, como el de la 1?rcn$a en e Cerro, hacia 1841-45, Concha, entre 1846-56; Santos Surez, en 18 59-60; El Carmelo (Vedado), en 18 59; Aldecoa (entre el reparto de Medina, que se abre posteriormente, y el Cerro), en 18 59 y La Vbora, en 1861. Quedaban,

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176 Historia dk la Nacin Cubana claro est, porciones desocupadas que, a virtud de esta expansin de los confines de la ciudad formaban parte de ella y que fueron cegadas, digamos, por la urbanizacin posterior* Es el caso de la gran extensin de tierra situada entre la urbanizacin de Joaqun Gmez (o sea, la calle Soledad) y El Carmelo (o sea hasta la calle Paseo, en e actual Vedado), que constituira, ms tarde, las urbanizaciones de Medina y otros "barrios**. Este progreso de La Habana va acompaado de un aumento de la riqueza inmobiliaria y de un alza de las rentas, de la cual se quejaban la prensa y algunos sectores de la poblacin pobre hacia 1 860* Esta expansin produce, adems, el primer empuje baca una nueva ordenacin de los sectores econmicos en la ciudad* A partir de 1878, y en aumento hasta la poca Republicana, el Cerro dejara de ser la zona de ubicacin de las grandes casas aristocrticas, a donde se haban trasladado muchas familias a consecuencia del crecimiento comercial de La Habana 'Vieja'*, mientras se comenzara a poblar de grandes casas la zona de El Carmelo-Medina* 4. Aun cuando el hecho predominante en el crecimiento de la poblacin durante el perodo que estudiamos es el proceso de reproduccin natural de la misma, a diferencia de lo que hab a sucedido durante los aos 1790 a 1837 en que las olas inmigratorias de pobladores blancos y la importacin masiva de esclavos haban determinado el sbito aumento de los habitantes, no hay duda de que sigui manifestndose un movimiento inmigratorio muy regular si bien de poca importancia numrica* Desde luego, estamos dando por descontado que hubo importacin de esclavos de cierta consideracin durante este perodo; pero la diferenciamos de la inmigracin propiamente dicha. El hecho que caracteriza la reduccin de la inmigracin es la falta de incentivo econmico. El ritmo de desarrollo econmico entre 18371868 estaba centrado en la gran agricultura comercial, cada vez ms encaminada hacia una concentracin de tipo agrario c industrial que reduca las posibilidades de ocupacin de las tierras, por parte del inmigrante blancoY ya hemos visto en el prrafo precedente la escasa importancia de la formacin de nuevos centros en las zonas donde haba ms posibilidades de establecimiento de los inmigrantes blancos, como Puerto Prncipe. Por otra parte, el comercio haba llegado hacia 1 S 0 a su mxima expansin posible dentro de las circunstancias econmicas determinadas por e auge de fines del siglo xvin, reducindose, en este sentido, las posibilidades de atraccin urbana para e! inmigrante. En la nica rama de la agricultura donde era posible la atraccin era la

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Ensayos firmes de "colonizacin” 177 industria azucarera que por la existencia de la esclavitud no era apropiada para el labrador o el obrero blanco y libre. No es un azar que los primeros ensayos firmes de "colonizacin” blanca se produjeran a partir de 1839 en las localidades al Este de Las Villas y en Puerto Prncipe donde tanto la estructura de la poblacin como la de la economa permitan atraer a los inmigrantes y ios habitantes propietarios de tierras, por tradicin apreciaban ms el trabajador blanco o libre que a! esclavo. Las ideas de mejoramiento racial, por medio de cruzamiento con "razas superiores” que est latente en el pensamiento de El Lugareo son un indicio de que tal era la situacin real de la regin de Puerto Prncipe (Camagey) Ahora bien, una buena parte de esta inmigracin —la mayora quizs — no se produjo con la espontaneidad que haba sucedido en el perodo anterior sino que se debi a una accin oficial o privada, por medio de "contratas” que venan a representar el ltimo recurso compulsivo para los propietarios y hacendados cubanos frente a las dificultades de obtener trabajadores que permanecieran regularmente adscriptos a la explotacin en que se situaban originariamente. Inmigracin de "contratados” fue la de ios catalanes de Estorch, la de los canarios y la de los gallegos, de las cuales nos ocuparemos en e! captulo siguiente. No se dispone de cifras completas sobre este movimiento inmigratorio durante el perodo que estudiamos. Hacia 1857, 1858 y 1859 los inmigrantes espaoles y canarios arribados a! pas no pasaban de 6,000 por ao. Eran muchos ms, si se tomaba en cuenta los soldados, que, por lo general* no se quedaban en el pais. El movimiento total de inmigrantes y de transentes era en la dcada de 1 8 50-59 de unos 2 5,000, entre soldados y residentes, y unos 15,000 transentes. Con este aporte de muy poca consideracin se formaba el ncleo de espaoles "ultramarinos” y de canarios que desde 1851 oscilaba alrededor de los 60,000 habitantes, de os cuales unos 2 5,000 eran isleos de las Canarias, inmigracin bsica en la formacin demogrfica rural de Cuba desde el siglo xvi. Los extranjeros eran muchos menos. En 18 51 los residentes formaban un grupo des 8,500 habitantes, de los cuales los hispanoamericanos, los franceses y los norteamericanos constituan % del total. Era una inmigracin altamente especializada, como la de los ingenieros de ferrocarriles, los agrnomos y los maquinistas norteamericanos, los comerciantes, los profesionales y los administradores de negocios franceses, y los comerciantes y los refugiados polticos hispanoamericanos. En este

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178 Historia de la Nacin Cubana ltimo grupo se producan cambios frecuentes a consecuencia de los trastornos de orden institucional que agitaban a las vecinas repblicas americanas, al igual que ocurri con el grupo norteamericano durante los anos de la Guerra de Secesin, Entre los inmigrantes espaoles haba, desde luego, cierta variedad de calidades. Los catalanes, por ejemplo, constituan un grupo dedicado al comercio y otras ocupaciones urbanas, mientras los canarios se incorporaban, por lo general, a la agricultura menor* El resto se situaba en las ciudades como funcionarios o como proletarios (dependientes de comercio ) 5* La crisis del rgimen esclavista que, para nosotros, se manifiesta y desenvuelve entre 1840 y 1868, acentundose despus de 1878, motiv la preocupacin de algunos criollos por la poltica demogrfica hasta entonces practicada. En verdad, desde la dcada de 18 JO se haba comenzado a opinar en contra de la conveniencia de mantener la esclavitud; es el caso de las referencias veladas a las reformas del sistema agrcola que aparecen en la Historia de La Sagra, Y los primeros estudios sobre "ingenios sin esclavos" muestran igualmente el cambio de orientacin, digamos terica, sobre la materia. Este se produce especialmente despus de 1840, cuando, a consecuencia de hechos internacionales e internos que mencionaremos en el captulo siguiente, particularmente la presin inglesa contra la trata clandestina y e temor de los blancos a las sublevaciones de esclavos, se hace necesario dar satisfaccin a la opinin casi unnime de los productores y de los criollos de clase media contra a trata y, ocasionalmente, contra la esclavitud, por los peligros sociales y las deven tajas econmicas de una y otra. Cierto es que la decadencia del cultivo del caf contribuy a aligerar la presin que la demanda de brazos ejerca en favor de la trata; pero no parece que la "liberacin" de brazos resultante del abandono de ios cafetales fuera suficiente para compensar la falta de importacin de esclavos* Los peligros sociales, las desventajas econmicas y el constante dficit de brazos tenan por fuerza que orientar en un sentido nuevo la poltica de poblacin aplicada o proclamada hasta entonces. Ya sabemos que la poltica de "poblacin blanca" originada a fines del xvill trataba fundamentalmente de favorecer el asentamiento de propietarios rurales o urbanos, con e fin de que sirvieran de contrapeso al aumento rpido de esclavos. Estos propietarios eran estimulados indirectamente, antes de llegar al pas, por medio de una legislacin que les permita naturalizarse, disponer de sus bienes, etc*, o directamente, al llegar a Cuba, concedindoseles tierras en zonas agrcolas o

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Nueva orientacin demogrfica 179 en ciudades en formacin; pero su entrada al pas era espontnea y libre, sin que mediara ms gestin de tipo pblico o privado que las mencionadas. A partir de la crisis del regimen de trabajo se alzara una nueva orientacin demogrfica. En lo sucesivo* se requera ena inmigracin "dirigida”, asegurada por medio de contratas y compacta de trabajadores ms que de propietarios. Supuesto que los esclavos haban sido vencidos en sus primeros intentos formales de emancipacin violenta (1843-44) y que comenzaran a faltar los bozales contrabandeados, era preciso realizar una poltica que contribuyera a suministrar efectivamente trabajadores ms que verdaderos pobladores. Esta inmigracin deja de ser completamente libre y completamente esclava, es un tipo intermedio, compulsivo, que responde a matices y circunstancias del momento, como veremos en el capitulo III. El hecho que marca ms claramente el cambio de poltica demogrfica es la liquidacin de la Junta de Poblacin Blanca en 1842, pasando sus atribuciones a la Comisin de Poblacin que dependa directamente de la Junta de Fomento. Desde la Real orden de 1 6 de febrero de 1838 se recomendaba investigar los “medios de suplir e dficit de operarios para las labores del campo'" y a partir de 183? se haban iniciado los proyectos y ensayos de contratacin de trabajadores libres. Esta nueva poltica no hall sino nueva confirmacin en los hechos ocurridos en 1843-1844, que crearon un estado de histeria social y de an.glofobia generales. En consecuencia de las perturbaciones causadas por las sublevaciones de los esclavos de la regin de Matanzas y del evidente surgimiento de una conciencia de libertad entre los esclavos se comenz a manifestar sin tapujos el sentimiento ant-tr arista cubano el cual encontr oposicin en el capitn general O’Donnell y los pequeos grupos de “negreros” y agentes de ios polticos voraces de la Metrpoli asociados a la riqueza nefanda del contrabando de esclavos, Pero, digamos de pasada, que a consecuencia del cambio de opinin y, por ende, de poltica demogrfica impuesta por las circunstancias y fomentada por los productores, la Metrpoli comenz a usar el recurso del temor a los negros y de peligro de las sublevaciones como un arma poltica contra el movimiento reformista e i nde pe n dentista de los criollos. Quizs la ms alta expresin de este recurso de dominacin se encuentre en las comunicaciones y en la Memoria del Gobierno de Jos Gutirrez de la Concha. La estructura de la poblacin de Cuba durante este perodo tiene una significacin econmica que va ms all del problema de la

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180 Historia D£ la Nacin Cubana esclavitud y de sus implicaciones, que era sin duda, el ms considerado y analizado por los contemporneos, La presencia de otros fenmenos conexos con la distribucin y la agrupacin de la poblacin no significa, claro est, que desposeamos a la crisis de la esclavitud de ia bsica importancia que tenia, sino que tratamos de indicar las profundas repercusiones que en otros aspectos econmicos tenan aquellas. No se nos escapa que los temas a que nos referimos tienen en alguna forma conexiones con el hecho de que la organizacin social y del trabajo fuera de tipo servil; pero ameritan una consideracin especial* En primer lugar, e estudio de la estructura demogrfica del perodo nos indica que haba un grupo de altos ingresos y de alto consumo, el de los blancos, concentrados casi todos en la ocupaciones productivas, como los terratenientes, los hacendados, los criadores de ganado, los vegueros, los industriales urbanos, o bien, en el comercio y la administracin tanto privada como pblica. Una pequea parte eran artesanos o asalariados, siempre en los ramos ms productivos o con perspectivas de elevacin en la escala econmico-social, como los dependientes de comercio. Esta poblacin, que no llegaba, en 1868 al 6 0 /o del total de los habitantes, consuma prcticamente la totalidad de las importaciones de alimentos, de tejidos y de artculos domsticos. Este mismo grupo era el que soportaba las cargas fiscales del pas en crecimiento constante desde 1820, al par que, por esa razn, sufra ms al saber el destino que se daban a los fondos de las cajas de Cuba por Jos polticos metropolitanos* Para ilustrar debidamente la importancia del hecho que este grupo pagara los impuestos, debe recordarse el efecto que caus la reforma fiscal inmediatamente anterior a la Guerra de los Diez Aos. La existencia de dos grupos, uno de altos ingresos y alto consumo — -siempre dentro de las circunstancias del momento— y de otro grupo de ningn ingreso y de consumo deprimido al mximo, supone la carencia de un mercado interior que permita el desarrollo de ciertas explotaciones destinadas al consumo domestico* Desde el punto de vista que estamos considerando la distancia entre los habitantes de color libres y los esclavos era muy pequea. Los "morenos y pardos” libres constituan el grueso de La poblacin urbana proletaria o sin ocupacin fija, ni ingreso regular. De este grupo libre que algunos sealaban como el destinado a suplir la demanda de brazos para la agricultura comercial, tos subgrupos mejor situados eran los tabaqueros y Jos sirvientes domsticos* Su escasa capacidad econmica explica,

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Poblacin urbana proletaria 1SL cu parte, aquella tendencia de los esclavos a no emanciparse definitivamente sino a permanecer en un estado de clientela o de proteccin con el amo antes que supervivir como asalariado libre, en un momento de crisis en que se producen grandes presiones para bajar el nivel de salarios a un punto en que deban coincidir con el costo del esclavo. En el fondo es ei mismo mecanismo econmico-psicolgico que mantiene alejados de las duras tareas agrcolas a la poblacin cubana pobre durante la Repblica y foment la importacin de haitianos y jamaiquinos para trabajar en los ingenios azucareros.

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Captulo III DISOLUCION DE LA ESCLAVITUD Y COEXISTENCIA DE REGIMENES DE TRABAJO E n el captulo precedente hemos dejado establecido un hecho: el cambio de orientacin de la poltica demogrfica a partir de 1840. Esto significa mucho ms de o que la expresin parece indicar; por lo menos desde el punto de vista econmico representa nada menos que e reconocimiento pblico de que la esclavitud est en disolucin y que e rgimen de trabajo que ella entraa debe ser sustituido por el asalariado* Las causas de ese cambio son hondas en lo que hace a la erecente imposibilidad de expander la industria azucarera, y son inmediatas y superficiales en o que atae al temor de que Cuba siguiera e destino que cupo a Hait o algo similar* Desde luego tal temor estaba vinculado ntimamente con el deseo de la criolicz blanca de supervivir como entidad nacional y como grupo tnico -social dominante; pero estas races —a diferencia de las que llegaban al problema azucarero — no aparecen ntidamente expresadas ms que en la obra de los hombres cultos como Jos Antonio Saco, para quien fue muy claro el destino final de la comunidad de los blancos si se produca efectivamente la anexin a los Estados Unidos* En realidad, la creciente inadecuacin de la esclavitud al progreso industrial debe merecer nuestra mayor atencin, ya que es uno de los factores de la crisis estructural de a economa colonial y, dentro de los lmites de presente captulo, es un tema bsico* No cabe duda que el rgimen esclavista progres y se fortaleci mientras las condiciones internacionales e internas le favorecieron; pero en cuanto comenzaron a cambiar, este rgimen de trabajo se transform en el principal obstculo para toda reforma que tratara de poner la industria cubana a la altura de las circunstancias internacionales* El esclavo dificultaba la expansin de la industria y su te orificacin no solo porque sus condiciones materiales de existencia lo desposean de una base de cultura que le facilitara el aprendizaje, hecho tanto ms visible cuanto ms bozal o recin llegado fuera el esclavo 182

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Disolucin interna de la esclavitud i83 sino porque la maquinaria que se instalaba en los ingenios durante esta poca supone una intensif acin del trabajo que invitaba al esclavo a sabotearla a destruirla si poda* pues que l careca de todo inters y de toda esperanza de mejora. El hecho que el aumento de rendimiento entre 1840 y 1860 se produjera realmente respecto a la capacidad de extraccin de guarapo y de sacarosa del nuevo instrumental sin que disminuyera sustancialmente el numero de esclavos empleados en los ingenios indica esa contradiccin entre el progreso mecnico y la esclavitud. De esc modo, el nico factor de a produccin que realmente no mejoraba su rendimiento era el esclavo, el trabajo. Lgicamente, habla dentro de las condiciones industriales contemporneas un lmite para el progreso tcnico, pasado e cual o se liquidaba el rgimen de trabajo existente o se entraba en una crisis esencial que arriesgaba toda la riqueza del pas. La crisis comenz desde 1840 y fue desarrollndose a lo largo del perodo que estudiamos hasta llegar a 1868* ao en el cual una insurreccin patritica sent las bases para la superacin de la organizacin econmico-social colonial. En sus condiciones de bajo rendimiento, el esclavo resultaba caro. He aqu un tema que ha sido abordado mltiples veces por los comentaristas e historiadores. La cuestin debe analizarse con cierto cuidado, pues la caresta del esclavo era un hecho y, por ende, un concepto esencialmente relativo. El africano empleado en los ingenios cubanos era caro, si se le comparaba con los dems factores de la produccin. Tal caresta se agravaba en tanto que crecan las dificultades para obtener esclavos, a virtud de la presin internacional contra la trata, las grandes utilidades que el negocio "negrero 5 requera y la participacin que una gama de intermediarios corrompidos, desde ios funcionarios nacionales hasta los funcionarios extranjeros, exigan en forma de un tanto por ciento sobre cada cabeza de bozal. Sin embargo, esa caresta era muy relativa si se comparaba con el costo del trabajo libre disponible, muy alto por las propias condiciones econmicosociales deducidas de la esclavitud. Ya tendremos ocasin de volver sobre este problema ms adelante. La disolucin interna de la esclavitud fue producindose en una forma acelerada a virtud del cruzamiento de influencias varias, polticas, sociales, etc., con este conflicto esencial entre la institucin y el progreso mecnico; en un periodo de cincuenta aos la crisis fue superada y se estableci sobre slidas bases el rgimen del asalariado, Pero los factores sociales y humanos en juego no facilitaron, por lo general,

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1S4 Historia de la Nacin Cubana esta evolucin, sino que la entorpecieron. Cuando Saco en su ensayo sobre la Supresin de la trata africana, dice que los hacendados que solo toman en cuenta el valor de los jornales para juzgar la utilidad de los ingenios se equivocan, pues en los dems elementos de la produccin pudieran hallarse fC ahorros” que compensasen la caresta del asalariado, est situando el problema en su justo lugar; pero no todos, ni siquiera la mayor parte de los individuos directamente interesados en la industria, eran capaces de apreciar el problema con tan slido fundamento terico. De ah que surgieran frmulas intermedias. Claro est que la perspectiva histrica nos permite apreciar la gravedad de la situacin cubana a mediados del siglo xix; no era lo mismo para aquellos que estaban situados en el centro de la tormenta. Lgicamente, el inters individual e inmediato se resista a aceptar que esa crisis pudiera conducir a la ruina, porque ninguna estructura o formacin histrica acata su destino prefiriendo siempre que este se consuma en medio de una obstinada e intil defensa contra a ley irremediable de su propia evolucin. Mientras los propietarios de esclavos vean desmoronarse la institucin, se aferraban a clculos color de rosa como los de la Condesa Merlin que esperaba la abolicin de la esclavitud a travs de una lenta evolucin, o el Marqus de Mntelo autor de un proyecto que situaba la abolicin hacia 1900. Los esfuerzos para detener o alejar la crisis — como veremos en el captulo IV — se orientaron en dos sentidos: unos, hacia a revolucin tcnica en la industria azucarera; otros, hacia la inmigracin de trabajadores libres, que trataremos en el presente captulo. La evolucin que estos ensayos de poltica antier i rica hubiera determinado en la economa del pas fu trastornada por la Guerra de los Diez Aos. Al cesar sta, ya coexistan plenamente los dos regmenes de trabajo aun en la misma industria azucarera, y se produjo la necesidad de consagrar legislativamente la desaparicin de la esclavitud. Y es curioso que la clase que haba estado luchando denodadamente por no perecer al par que la esclavitud, pereci con ella, pues entre 1878 y 1900 la industria azucarera dej de estar en manos de las viejas familias cubanas. L El cambio de actitud resultante de las mltiples evidencias de la crisis interna de la esclavitud se produce, como sabemos, alrededor de 1840, antes de que sucedieran los horrores de 1843-44 que, superficialmente, pareceran haber motivado el terror de los criollos y contribuido a su cambio de actitud. Digamos, como tendremos ocasin de sealar en el nmero $ mas abajo, que antes de 1840 ya penetraban significativamente los trabajadores blancos en la propia industria azu-

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Cirilo Vil la VERDE, Escritor y patriota cmineme. Autor cdcbradimo de Cecilia Y cilds, la mejor novela cubana de todas las pocas. Secretario y panegirista entusiasta y apasionado del general Narciso Lpez, Desterrado ilustre, conspirador infatigable, maestro, periodista, editor, cubano siempre. Discpulo notable de "Wakcr Scott y de Alejandro M anconi. Villa yer de rice; lia dejado en las pginas i m perecederas de su gran creacin costumbrista, b.'visincabal, y afortunada de i a sociedad 'cubiUi.a .'ivn, los aos que corren de 1812 a 1851; poc^ rakerrojada y entristecida, como ha escrito Juan JL Remos, por. Ja sombra de la esclavitud y el tormento del despotismo 3 ’. "Cafetales, ingenios, fiestas p neb crin as, tradicionales diversiones tpicas, caracteres del paisaje, divisiones de raza, los horrores Jel csclaYsmO, prejuicios y sistemticas normas sociales, tipos locales con todas sus taras inextinguibles; todo ese horizonte abarca Ca'fia Yads”. Ll retrato que se reproduce pertenece a la Coleccin Fgaro! a-Canedaj que se conserva en el Archivo de la Academia de la Historia de Cuba.

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Tendencia a proteger la vida de los esclavos 185 carera, dedicndose por contrata a precio alzado o por jornal al corte y tiro de las caas. Tambin antes de 1840 se estaban produciendo algunas de las reformas internas del rgimen esclavista que muestran esa tendencia a impedir su disolucin. No es preciso, en este lugar repetir lo que hemos dejado consignado en el t. Til respecto de la organizacin interna del trabajo de los esclavos. En sus grandes lneas, la explotacin del trabajo de ios esclavos se mantuvo como un sistema represivo y esquilmador, pues que era relativamente ms barato exterminar parte de la dotacin cada ao, para reponerla a buenos precios que mejorar sus condiciones de existencia. Este sistema represivo -explotador ms bien se acentu a partir de las sublevaciones de 1845-44, como resultado de la incapacidad de los partidarios de! status quo y de las autoridades de hallar una salida eficaz al problema de la liquidacin de la esclavitud. Sin embargo, entre los patronos se haba manifestado ya, y continuara manifestndose, una tendencia a proteger en cierto sentido la vida de los esclavos. La forma en que este movimiento se produjo no es nica, sino que reviste diversos caracteres. Una de las formas extremas de esa preocupacin fue expuesta por Torrente, en su obra Bosquejo Econmico de la Isla de Cuba Este prominente defensor de los negreros y del trfico clandestino de africanos, favoreca con clara mentalidad "zootcnica”, e desarrollo de los esclavos por medio de su reproduccin. Tan til “especie”, segn mereca ser estimulada para que la reproduccin natural permitiera disponer de los brazos que ya no poda suministrar regularmente el contrabando negrero. El autor se mostraba muy enterado y entusiasta partidario del sistema “industrial” de reproduccin puesto en prctica en los estados del sur de los Estados Unidos. Fs posible que el aumento de pardos esclavos se debiera al entusiasmo con que Torrente y los que como l pensaban pusieron en prctica sus ideas. Claro est que por esta misma va se encaminaban otros reformadores. Estos crean que el xito en la conservacin del ejrcito de brazos que se requera permanentemente no radicaba en fomentar su reproduccin simplemente sino en darles condiciones mejores de existencia que, por acercarlos ligeramente a hombre libre, favoreciera su desarrollo natural. Alvaro Reynoso en su ensayo titulado "Gobierno de ios esclavos”, plantea una serie de ideas bsicas sobre ei problema de la mano de obra y con lgica sorprendente expone el criterio a que nos venimos refiriendo. Mejorando el sistema de vida del esclavo se le capacitaba para un mayor rendimiento y se le estimulaba para perdurar; T, IV. 7 i

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1 $6 Historia de la Nacin Cubana se alargaba su vida media til. El distinguido agrnomo cubano cifraba muchas esperanzas cu la creacin de las familias entre los esclavos, en la abolicin de los barracones, sustituyndolos por viviendas individuales o familiares, con huertos para la manutencin del esclavo y su familia, mencionando al efecto el ingenio "Cayajabos” de Jos R. OTarrI en el cual no se conocan los barracones, ni se haban tenido que "deplorar niales de consideracin”, esto es, sublevaciones y trastornos de disciplina, a despecho del abandono del sistema represivo general. Dentro de este criterio, haba ingenios en que la esclava reciba una recompensa por cada hijo que alumbrara, llegndose en algunos casos a darle la libertad; durante el embarazo se la retiraba de las tarcas penosas, se le mejoraba la alimentacin y, despus del parto no volva a las ocupaciones fuertes hasta 40 das despus de nacida a criatura. Sintomticamente, el Lugareo en sus proyectos de colonizacin tendi a dar a los esclavos e mismo trato que daba a los trabajadores blancos "contratados”; como l deca: "mismas horas, mismos trabajos, mismos alimentos, etc,, y no hay ltigo ni cepo, ni prisiones, ni nada”. Esta era la conclusin lgica de todo esfuerzo de reforma interna de la esclavitud: el acercamiento entre el hombre libre y el esclavo en cuanto al rgimen de trabajo se refera; pero ello era posible solamente en zonas como Puerto Prncipe donde a escasa concentracin de los esclavos no despertaba el temor de ios amos. En realidad, tanto las ideas de Torrente como las de Reynoso, no fueron comunes, ni produjeron una actitud prctica suficientemente general para garantizar un progreso real. La legislacin sobre esta materia se reduca, como antao, a un corto numero de disposiciones generales o no cumplidas; aun ms, una buena parte de ellas se refera a medidas de tipo represivo como la limitacin de a libertad de movimiento del esclavo, a prohibicin de portar armas, etc. Ya hemos visto en e t, III a suerte que cupo a intento de promulgar una especie de "Cdigo negrero”, al estilo de las colonias francesas, que regulan en alguna forma conveniente —por el bien de los patrones ms que de los esclavos— !a utilizacin de los esclavos. Los esfuerzos en tal sentido realizados por algunos criollos previsores no dieron su fruto hasta el momento en que comenz a evidenciarse a crisis de la institucin. El reglamento anexo a! Bando de Buen Gobierno de 14 de noviembre de 1842 fue, en realidad, el primer texto que intent regular esta materia, incluyendo horas de trabajo en zafra y en tiempo muerto, descanso, alimentacin, asistencia mdica, etc., y forma un cuerpo de disposiciones bastante completo; pero en la prc-

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El Informe de Vzquez Queipo 187 tica no responda ms que a la actitud de os partidarios de una reforma muy suave del rgimen interno de la esclavitud, pues ni siquiera llegaba a expresar ideas como las de El Lugareo o Reynoso* Esta legislacin tuvo mucha importancia para todo lo que se refiere al trabajo en este perodo pues pas por ser a expresin de la prctica seguida en el pas respecto al tratamiento de los trabajadores. Ya tendremos ocasin de comenzar este punto en el nmero siguiente. De mucho mayor inters, claro est, fueron las ideas relativas a la abolicin de la trata o de la propia esclavitud* No nos interesa en este lugar comentarlas extensamente, pues corresponde a un capitulo posterior; pero vamos a indicar algunos de sus aspectos. Desde luego, el tema de la caresta del esclavo apareci desde los momentos iniciales de la crisis institucional* Uno de los primeros que aborda a cuestin directamente es el fiscal Vzquez Queipo en su debatido Informe donde llega a la conclusin que mientras el africano solo costaba unos 70 pesos anuales, el trabajador libre costara alrededor de 140 pesos; sin embargo, l no pareca darle importancia: primero, al aumento progresivo del precio de adquisicin del esclavo; segundo, a la frecuencia de la reposicin de los esclavos a causa del alto porcentaje de mortalidad por extenuacin o por enfermedades epidmicas* En cuanto a lo primero, es cierto que entre 1S40 y 1860 el precio promedio de un esclavo entre 16 y 60 aos —perodo considerado de mximo rendimiento— se elev de 400 pesos a cerca de 1,000 pesos* Una de las razones que favoreci el sistema de arrendar los esclavos fue precisamente el alto precio de los mismos* Aun cuando el arrendamiento de esclavos eliminaba a carga del precio inicial, constitua un sistema ms caro que la tradicional propiedad directa de hacendado* Pero, aun cuando las cifras citadas por Vzquez Queipo puedan ser modificadas y hasta rechazadas por inexactas, la realidad es que respendan a una verdad propia de las circunstancias del pas* La caresta del trabajador libre se originaba en el hecho que la poblacin disponible para incorporarse al trabajo era limitada, y, por ende, el salario muy alto. Ya hemos visto cmo contestaba a este agumento Jos Antonio Saco, sealando a la posibilidad de mejorar la tcnica de produccin. Empero, el propio Saco seal que la llegada de los inmigrantes blancos (catalanes) a Puerto Prncipe tuvo un efecto represivo sobre os salarios agrcolas, con lo cual no haca sino reforzar el argumento, aunque indicando claramente la necesidad de fomentar la inmigracin blanca. En consecuencia, las ideas contra la trata no comenzaron a manifestarse como actitud general de los criollos hasta que los sucesos de

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I 1 S 8 Historia de la Nacin Cubana 1843 aterrorizaron a una gran parte de la poblacin. No es un azar que la representacin de noventa y tres vecinos de Matanzas contra la trata, redactada por Jos F. Lamadrid fuera de 23 de noviembre de 1843, Por consiguiente, los argumentos que pesaban entonces no eran de tipo econmico sino poltico; por esa razn O'Donnell no vio con buenos ojos tal documento ni otros que se redactaron entonces, aun cuando dice Saco que l permiti la libre circulacin de su ensayo sobre "La supresin de la trata africana”, que no haca sino repetir en sus grandes lneas el trabajo titulado "Mi primera pregunta” del ano 1837. Al desplazarse la consideracin del problema hacia el aspecto poltico, se estaba reconociendo que la caresta del esclavo dejaba de tener valor como argumento y que era preferible cualquiera solucin antes que fomentar el aumento de los esclavos bozales. Esto es, cambiaba completamente el aspecto de las ideas sobre la institucin. En lo sucesivo, mientras los partidarios del status quo y las autoridades se mantendran — salvo escasas excepciones — en favor de la continuacin de la trata, los enemigos de la trata se orientaran hacia ios planes de inmigracin de trabajadores o hacia la reforma interna de la institucin. No pueden aceptarse sm mis algunos de los testimonios contemporneos sobre la trata. Richard Maddcu fijaba el nmero de bozales contrabandeados en unos 15 a 20,000 anuales, lo cual concordaba perfectamente con testimonios ingleses que hacan ascender el nmero total de esclavos a 900,000, cifra exagerada, como producto de una actitud polmica, interesada. Por su parte, las autoridades coloniales tendan a rebajar el nmero de bozales introducidos en la colonia. Un estimado aceptable — quizs inspirado en la opinin de Trasher — fija en 300,000 los bozales arribados a Cuba entre 1820 y 1870, o sea un promedio de 000. S se considera exacto que hubiera entonces alrededor de 450,000 esclavos o ms, y que a reposicin anual se elevaba al 2%, o sea no menos de 9,000, se comprender hasta qu punto haba una verdadera crisis prctica, econmica (no poltica) en la institucin, hasta qu lmite haba un dficit permanente de brazos para las industrias fundamentales del pas. La crisis sera ms evidente si se aceptase que el porcentaje de reposicin anual era el 5%, como indica Trasher inspirndose en un testimonio contemporneo. 2. La inmigracin de trabajadores libres surgi como resultado del cambio de actitud de a poltica demogrfica. No se ocultaba a los hombres ilustrados de la poca que esta inmigracin presentaba dificultades. Se conocan las experiencias habidas en las colonias inglesas al aborse la esclavitud, circunstancia que los libertos aprovecharon

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LOS CATALANES CONTRATADOS POR MlGUEL ESTORCH 139 para huir de los ingenios refugindose en las ciudades y en las tierras libres. Zamora Coronado en el t. III de su Legislacin Ultramarina seala el fenmeno inspirndose en La Sagra, y el propio Saco alude a l en su ensayo sobre la supresin de la trata africana. Por otra parte, se conocan ya los efectos de la atraccin que ejercan las ciudades y las tierras libres sobre los trabajadores "contratados” para las obras del ferrocarril. No parece, pues, aventurado afirmar que los ensayos con trabajadores libres se realizaron a sabiendas de su escasa posibilidad de xito y con el designio de experimentar sobre frmulas de contratacin que obligasen efectivamente al trabajador libre a mantenerse en el cumplimiento del "contrato’ 5 Quizs los reformistas contemplaron este problema en una forma ms adecuada al replantear la necesidad de poblar con propietarios, esto es, de completar efectivamente la ocupacin de las tierras, de modo que la inmigracin futura fuera forzosamente de trabajadores* Lo cierto es que desde 1839 se anunciaba la llegada de ms de 240 isleos de Canarias destinados a Puerto Prncipe en calidad de "contratados" y que en los aos siguientes no cesaron de llegar estos esforzados labradores contribuyendo a resolver en parte e problema del trabajo en zonas no azucareras; ya sabemos que los nativos de Canarias constituyeron siempre el grupo ms numeroso de espaoles "ultramarinos 1 *, lo que indica que hubo una inmigracin continua, fomentada o libre. El ejemplo de ms importancia entre estos ensayos es el de ios catalanes contratados por Migue! Estorch, para el ingenio "La Colonia* 5 de Puerto Principe. A fines de 1840 llegaron 90 trabajadores reclutados en Catalua, de los cuales unos 3 se colocaron en otras explotaciones y c resto permaneci en el ingenio realizando todas las labores al par que los "jornaleros” del pas* En marzo de 1841 haba unos 3 8 catalanes y 12 jornaleros empleados en el ingenio. Aquellos, al decir de un comentarista de la poca, "No ceden en el corte de caas, ni en os dems trabajos a los hijos del pas**. Se logr fabricar azcar y los informes sobre el xito de la empresa en sus primeros meses fueron tan favorables que la Sociedad Econmica de Amigos del Pas concedi el ttulo de "amigo de mrito” a Estorch. Sin embargo, la empresa no perdur y los catalanes se dispersaron, abrindose un debate pblico sobre las causas de este fracaso. El Lugareo particip, a su manera, de esa polmica* En alguna de sus cartas a Del Monte deca que Estorch era un "telogo y un catedrtico de filosofa**, que no saba nada de "monte”, ni de agricultura, ni de "manejar hombres**. En consecuencia, contrat algunos de los catalanes de Estorch y los puso a trabajar con jornaleros y esclavos.

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190 Historia de la Nacin Cubana Sus primeros informes fueron optimistas; pero sbitamente confes que unos taberneros catalanes le hablan sonsacado a "'sus” catalanes, Y aada: "Yo tuve la culpa por haberlos trado para San Juan y San Pedro a la ciudad no quiero nada con catalanes y espero mis 10, 15 20 isleos”. Las circunstancias econmico-sociales del pas haban incorporado al buen Lugareo en el gremio de los "telogos y catedrticos de filosofa”. La ciudad, la taberna, habla atrado a los catalanes labradores, como los atraa ia propiedad de la tierra, mas que lo que podra atraerlos el salario por trabajar al lado de esclavos y de jornaleros del pas. Con razn dira Bachiller en los Anales de Erenchun que el problema no era de clima, ni de indolencia tnica, ni de inexperiencia, sino de recompensa del trabajador libre. No haba salario suficientemente alto que lo retuviera en los trabajos ms duros y ms degradados mientras la ciudad o la propiedad de la tierra le ofrecieran realidades o esperanzas mejores. No se produjeron nuevos ensayos de este tipo hasta 18 53, En esa fecha Urbano Feijoo de Sotomayor lanz la idea de contratar en Cuba algunos centenares de gallegos, que eran desde entonces los provincianos espaoles que ms emigraban, bien a Portugal, bien a otros lugares de Amrica. Feijoo estimaba que haba unos 200,000 gallegos en aptitud de emigrar y que Cuba podra aprovecharlos para resolver la crisis de la esclavitud, esto es, importndolos como simples obreros no como propietarios. Los gallegos estaran sujetos a contrata, sobre cuyas bases hemos de hacer comentarios ms adelante. La idea de Fijoo fue expresada por l mismo de la siguiente manera: Cierto parece, Excelentsimo Seor — -deca dirigindose al Capitn General — que podra tal vez y no sin suceso, elevarse un tanto mis el mdico sueldo a nuestros labradores fijado; mas claro es tambin que el empeo con que Vuestra Excelencia se sirve promover el bien de aquellos, es el mismo que a Vuestra Excelencia debe esta Isla Y hallndose hoy amenazada en la concurrencia extranjera su acumulada agricultura solamente por medio de la mayor depresin posible en el jornal es dado a Vuestra Excelencia dotar este pas con el sobrante de peninsulares y jornaleros.” As fijaba el proyectista los objetivos de este plan en relacin con Jos problemas generales de la crisis econmica del pas. La Comisin de Poblacin Blanca manifest sus reservas ante un proyecto de tan difcil realizacin pues no haba patronos dispuestos a contratar a los gallegos bajo un rgimen en que "no se poda imponer castigo alguno sin la intervencin judicial, ni obligarlos a trabajar en las altas horas del da”, un proyecto en que las "franquicias de los trabajadores sobre los negros

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La compaa colonizadora de Feijoo J 91 habran de invertir el orden y disciplina tan indispensable" en las grandes explotaciones agrcolas cubanas* Sin embargo, Feijoo form una compaa colonizadora y contrat algunos centenares de gallegos* Se les aseguraba el pasaje, alguna ropa ("dos camisas, un pantaln y blusa a propsito de este clima, un sombrero de paja y un par de zapatos") una estancia de tres meses en lugar apropiado para su aclimatacin, con asistencia mdica* Una vez pasados los tres meses se les buscara empleo, cedindose la contrata, o se les abonara el sueldo correspondiente por cuenta de la compaa, sueldo fijado en no menos de 5 pesos mensuales, por un perodo fijo de cinco aos. La compaa aceptara depsitos de ahorros de los contratados por los cuales se les pagara un 6%, capitalizado cada seis meses; de modo que no era preciso hacer nuevas inversiones para seguir operando. Desde luego, la cesin de la contrata constitua la base de la especulacin. Es evidente que la condicin libre y espaola de los trabajadores daba a este rgimen cierta calidad que lo haca superior al tratamiento comn de los esclavos* Los gallegos contratados por la compaa de Feijoo llegaron a La Habana al son de sus "aires nacionales" y desfilaron por las calles. Pero no tardaron en presentarse problemas muy graves. Unos se sublevaron, otros huyeron, algunos protestaron ante las autoridades por el trato que se les daba, hubo muertos por falta de aclimatacin y, en definitiva, se origin un pleito que arruin a la Compaa y a Feijoo. E Estado intervino, pues desde la Circular de 7 de octubre de 1844 se haba establecido el sistema de protectores de los trabajadores libres inmigrantes y un registro de cdulas personales. Se le concedi a Feijoo la contrata para la construccin de un ferrocarril a cual fu traspasada con los gallegos incluidos en ella a la Direccin de Obras Pblicas. Aos ms tarde, Feijoo desde el Congreso espaol acusaba al Capitn General Gutirrez de 1a Concha de haberlo arruinado. Lo cierto es que este ensayo haba demostrado, al igual que el de Estorch las dificultades que el rgimen esclavista existente presentaba a la contratacin de obreros blancos y libres. Sin embargo, en 1861 haba gallegos empleados en algunas industrias, como ocurra en el horno de ca de la hacienda Vedado del Conde de Pozos Dulces* No obstante, el reglamento de 22 de marzo de 18 54 abra un plazo de dos aos durante el cual podran introducirse colonos blancos, yucatecos y chinos bajo las condiciones especificadas en el mismo, que eran ms o menos las mismas que haban prevalecido en las contratas

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92 Historia ob la Nacin Cubana anteriores. Pero nadie se preocup entonces de Jos trabajadores blancos y todo el inters se concentr en 5a importacin de yucatecos y chinos. La inmigracin de trabajadores blancos continu, como siempre la hubo, en forma espontnea y libre. La realidad es que, a despecho de opiniones como la de Saco, que segua siendo favorable a la contratacin de trabajadores blancos, se abandon completamente esta idea e incluso se proyect importar africanos libres* 3. Los ensayos con otros tipos de trabajadores se produjeron en 1846 y 1847, fechas de las primeras contratas de chinos y de yucatecos* El 11 de marzo de 1849 lleg a !a Habana el primer contingente de yucatecos contratados por el comerciante Carlos Tolm. Fueron en total 13 3 indios. Despus siguieron otros hasta el numero de 75, todos adquiridos al precio de 25 pesos per cdpita, aunque llegaron a valer en el mercado hasta 1 00 pesos, en virtud de la participacin que tuvieron en el negocio varios intermediarios mexicanos y cubanos* Estos indios procedan de las prisiones de Yucatn, donde estaban recluidos por consecuencia de a llamada Guerra de las Castas* El gobernador de esc Estado, Barba chano, y otros polticos del lugar, en combinacin con los traficantes cubanos decidieron lucrar con estos inf dices, so pretexto de que vendindolos se les mejoraba su suerte y se descargaba el pas de peligrosos enemigos de la raza blanca. Apenas llegados, se iniciaron las violencias contra los indios; se les pusieron grillos y se les aplicaron los castigos propios de ios esclavos, aunque se les llamaba piadosamente "colonos”* El Cnsul mexicano en La Habana protest contra estos hechos, sin que sus gestiones dieran resultado alguno, pero el gobierno del Presidente mexicano Manuel de la Pena y Pea prohibi terminantemente este trfico logrando que se d e tu viera mom en tae am ente. Pocos aos despus, al replantearse en la Sociedad Econmica el problema de a importacin de trabajadores libres, el Conde de Jaruco —ponderando los buenos informes dados sobre las cualidades de los yucatecos— propuso que se les contratara, esta vez, con el nimo de establecerlos en calidad de verdaderos pobladores ms que como simples asalariados, esto es, en condiciones materiales mejoradas* Como haba sucedido en otras ocasiones, la idea del Conde £u aprovechada por los traficantes rapaces para cohonestar un nuevo atropello como el de 1847* Al parecer los primeros yucatecos llegados en esta nueva etapa fueron secuestrados en las costas de Mxico por la nave inglesa Jenny Lind y vendidos y trasladados a un vivero de Francisco Marty y Tor rets.

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Nueva etapa de contratacin de yucatecos 193 que tuvo a su cargo la “cesin” de las contratas. Por su parte* la Casa Goicura Hermanos destac en la Ciudad de Mxico un agente, oscuro personaje de la poca* llamado Tito Visino* Cnsul de Baviera en La Habana, para que obtuviera permiso del Gobierno Federal para "contratar” indios en Yucatn, El Gobierno de “Su Alteza Serensima” el General Santa Anna, conmovido por las medidas humanitarias implantadas en favor de los yucatecos por las autoridades de Cuba permiti contrata de indios. Es posible que entre las medidas que influyeran en el nimo de Santa Anna estuviera la siguiente clusula obligatoria en los contratos, por mandato del reglamento de 22 de marzo de 18 54: "Yo, N.N., me conformo con el salario estipulado, aunque s y me consta que es mucho mayor el que ganan los jornaleros libres y los esclavos de la Isla de Cuba, porque esta diferencia la juzgo compensada con las otras ventajas que ha de proporcionarme mi patrono, y son las que aparecen en este contrato,” Sin embargo, al revisar las condiciones establecidas por este famoso reglamento se observa que* aun cuando eran ligeramente mejores que las de los esclavos, no constituan ninguna de las ventajas a que se refera la clusula transcrita ms arriba. Por otra parte* el rgimen de trabajo de estos contratados se asimilaba en casi todo a las costumbres del pas, con lo cual estaban rigiendo en muchos aspectos las disposiciones del Banco de 14 de noviembre de 1842 que regulaba el trabajo de los esclavos. Esta nueva etapa de contratacin de yucatecos estuvo caracterizada por desmanes aun mayores que los de 1847; baste decir que una ocasin tambin los soldados de un regimiento de Yucatn pudieron gozar de “las otras ventajas” que ofrecan los traficantes y patronos cubanos, con gran escndalo de la opinin mexicana. Por esta razn el Presidente Jurez orden investigar los problemas de Yucatn y entre ellos este de la venta de indios a los “ndieros” cubanos, en consecuencia de lo cual dispuso por el decreto de 6 de mayo de 1861 que no se podran “contratar” ms indios para llevarlos a Cuba, Es muy difcil precisar el nmero de yucatecos introducidos durante los doce aos que dur este trfico. Corbitt fija su nmero en unos 2*000, Eli el Censo de ISl figuran 1,047 "mejicanos” que pudieran ser estos indios. Pezuea fu un gran admirador de las cualidades de trabajo de los indios yucatecos: "son humildes, sobrios, vigorosos y trabajadores* toman una querencia extraordinaria a las fincas en donde se les emplea, cuando estn reunidos a sus familias”. Otros testimonios de la poca coinciden con el del cronista espaol pero lo cierto es que —

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194 Historia de la Nacin Cubana 4La importacin de asiticos "contratados” comenz en 1847. El 3 de agosto de ese ario lleg de Amof el primer contingente compuesto por 571 chinos. Desde esa fecha hasta alrededor de 1880 llegaron posiblemente ms de 150,000 cooiies. Esta nueva trata comenz propiamente desde 1853. La primera remesa de chinos lleg a Santiago de Cuba en 185 8. Las condiciones de las contratas de los chinos segn la obra de Torrente, titulada Poltica ultramarina eran las siguientes: abono del pasaje y dems gastos de viaje, adelanto de 11 ¡4 pesos para habilitacin, suministro de dos mudas de ropa anuales, de una racin diaria de 8 onzas de carne salada y libra y media de pltanos, boniatos y otros vegetales, asistencia medica y enfermedad* Se les contrataba por ocho aos, al cabo de los cuales quedaban en aptitud de tomar el "partido que ms le acomode”, pero los gastos de retorno a su pas corran de cuenta de ellos. Se les pagaran 8 pesos mensuales; pero en realidad solo se les pagaron 4, conforme al reglamento de 10 de abril de 1849. Esta paga correra desde las 48 horas siguientes a su desembarco en La Habana y se les suspendera solo por enfermedad que durase ms de quince dias* Se les descontaran de salario el adelanto de habilitacin y otros gastos extras en que incurrieran* De modo que sobre un total de unos 3 80 pesos que ganaran durante los ocho aos de contrata les quedara como mximo 3 00, con los cuales tenan que pagarse el pasaje de vuelta a China* Los chinos pudieron adquirirse hasta por 150 pesos, precio que les colocaba en condiciones de baratura excepcionales en comparacin con los esclavos. Resultaron tan baratos que hubo propietario de ingenio, como Juan Bautista Fernndez, que pudo mejorarles ei salario a 5 pesos mensuales y aumentarles la alimentacin. Sin embargo, otros testimonios indican que algunos de estos trabajadores fueron "cedidos” hasta por 400 pesos. En general, parece que el negocio era provechoso, pues en 1860 entre las cuarenta solicitudes de licencia para importar chinos una de ellos ofreca 900,000 pesos a cambio del monopolio de esta trata. La opinin contempornea coincidi en atribuir a los chinos cualidades muy estimables como trabajadores, especialmente habilidad y resistencia; fueron, en general, agricultores experimentados y hbiles trabajadores manuales. Para permanecer en el pas se les obligaba a recontratarse segn el decreto de 7 de julio de 1860, ocasin en la cual se les daba algn aumento de salario. No obstante el buen nombre de que disfrutaron haba quejas sobre la gran proporcin de cimarrones y delincuentes, Segn el Boletn de Colonizacin de 1872 sobre un total de 58,400 chinos existentes en la Isla (entre libres y contratados} unos

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La situacin de los obreros libres 195 8,380 eran cimarrones, o sea un 14%, proporcin muy alta realmente. Al parecer, las malas condiciones de existencia contribuyeron grandemente a este resultado. Las malas condiciones de tratamiento empezaban, como en el caso de los esclavos, en el viaje. Segn datos contemporneos, en 338 expediciones de chinos realizadas hasta 1873 murieron en travesa unos 15,000, o sea ms del 10% del total de chinos importados en Cuba. 5. Todos estos trabajadores "con tratados” eran, en cierta manera, libres, ms bien seniiesclavos, pues el mecanismo de su utilizacin era precisamente lo bsico de la esclavitud: la falta de libertad de movimiento. La situacin de los obreros libres era, positivamente, mejor, aunque todos formaban una escala graduada de matices entre la esclavitud ms cerrada y el rgimen puro de asalariado. Mientras se importaban catalanes, gallegos, yucatecos y chinos, los obreros libres —los proletarios, propiamente dicho — aumentaban a medida que creca la poblacin. Sus filas se nutran de los inmigrantes pobres libres y de los morenos y pardos libres. Sus condiciones de trabajo no variaron radicalmente respecto de las que existan desde 1790. En algunos aspectos, el tratamiento que se les daba tenda a parecerse a la esclavitud, sin que esto quiera decir que asimilemos los dos regmenes. Seguan siendo fundamentalmente libres y a medida que se produca el desarrollo general de las condiciones sociales de la colonia su posicin mejoraba. El alto salario segua siendo el principal motivo de atraccin de los trabajadores libres; pero, al parecer, variaba grandemente segn las condiciones locales. Es sabido que El Lugareo le pagaba a "sus” catalanes 6 7 pesos mensuales. Comentando el proyecto de Estorch se deca en la prensa de La Habana que ei salario oscilaba en Puerto Prncipe entre 2 y 10 pesos mensuales. La Sagra, por su parte, constata en i 8 59 que haba zonas en que era preciso pagar hasta i 5 a 20 pesos. Es posible que los obreros urbanos tuvieran salarios comparativamente ms bajos. El peridico de los artesanos, La Aurora publicado en 1865 ofrece informacin sobre las condiciones del rgimen de trabajo asalariado, especialmente en el sector tabacalero urbano. Un "seor mar quista, segn voz de la gente, pona grillos a los infelices nios que tiene de aprendices”; el salario real bajaba en medio de un alza de precios de los artculos fundamentales para la subsistencia. Pero la propia existencia del peridico en que se exponan estas adversidades muestra que haba un progreso rea! dentro de la conciencia social de la comunidad libre de Cuba. Por otra parte, las condiciones entre ios trabajadores tabaca-

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1 96 Historia de la Nacin Cubana eros eran especiales, pues se elevaban a ms de 15,000* En alguna oca* sin, como en 1 8 56, se deca que haba £,000 de ellos desocupados; pero el crecimiento constante de la industria hace sospechar que ello fue una situacin ocasional. Segn el Censo de 1861 haba 430,496 habitantes, clasificados como "trabajadores” (370,508) y "jornaleros” (59,988). Las denominaciones se prestan a confusin; pero, desde luego, excluan a los esclavos. Una categora importante eran los "industriales” que sumaban 177,393 en la cual pudieran comprenderse tanto asalariados como artesanos y pequeos negociantes. Es posible que la cifra tota! de habitantes dependientes de un salario ascendiera a no menos de 500,000, lo cual indica que el rgimen de la esclavitud haba ido quedando reducido a una institucin rural y especialmente azucarera. Y ya en los ingenios haba ocasionalmente blancos, ms ios trabajadores "contratados”, yucatecos y chinos, y esclavos alquilados, que constituan una variadsima gama de factores indicadores de la disolucin de la esclavitud. La Condesa Merl in refiere en su obra que un ingenio empleaba hombres libres para el corte y tiro de las canas, Quizs se trataba solo de capataces o de empresarios de cuadrillas de esclavos, ms que de obreros* Pero la referencia a los hombres libres que trabajaban en la elaboracin de azcar en ingenios de las zonas ms retrasadas es muy enftica en uno de los trabajos de Juan Poey (1863)El crecimiento industrial en las ciudades y en ciertas zonas urbanas situados en el centro de grandes concentraciones de la agricultura comercial ofrecieron un campo cada vez mayor para la incorporacin de los habitantes libres al trabajo asalariado. No solo aumentaron en nmero sino que se diversificaron las especialidades. Por lo general, el grupo ms nutrido era el de los dependientes de comercio, si bien en las capitales de distritos de agricultura menor, como Pinar del Ro, eran superados por los labradores; en la ciudad citada estos constituan el 50% del total de los habitantes de la jurisdiccin, quizs porque se incluan los propietarios* En el Censo de 1861 figuraban otros oficios urbanos, algunos —como antao — de tipo artesanal, como barberos, zapateros, sastres, etc,, todos en cantidades pequeas; pero haba otros absolutamente nuevos resultantes del desarrollo industrial reciente, como los maquinistas, los fundidores, los hojalateros que aparecen en ciertas ciudades. A este grupo de trabajadores libres es preciso aadir los emancipados a consecuencia de los Tratados con Gran Bretaa para la abolicin de la trata. No ces la especulacin con estos emancipados, y siempre fueron objeto de cierta represin como en c caso del reglamento de 31 de

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Notable cambio del panorama social 1 97 mayo de 1844 que dispona la recogida y expulsin de Cuba de todos los emancipados* a los cuales se atribuan relaciones con la propaganda britnica* Al parecer se les entregaba por contratas de 8 aos* con un salario de 8 a 10 pesos mensuales. Pero el nmero de emancipados fue siempre muy pequeo. En 1861 haba unos 4,500 empleados en distintas industrias, incluso la azucarera, En la vspera de la Guerra de los Diez Aos ya el panorama social de Cuba haba cambiado grandemente. Lo oposicin de los productores al cambio de sistema de trabajo estaba bsicamente quebrada por la realidad de una crisis que no admita —al cabo de veinte aos de esfuerzos por superarla sin atentar a la esclavitud — ms que una solucin: la abolicin atestigua que la resistencia a esa medida casi no exista o estaba formada por un simple sentimiento de inercia muy dbil para detener el progreso de la comunidad colonial. Seguan existiendo los esclavistas cerrados; pero casi nadie planteaba* como antao* la imposibilidad de desarrollar la economa del pas con brazos libres. En el tomo VI tendremos ocasin de observar que en los propios ingenios, hacia 1878 haba crecido la proporcin de trabajadores libres* a tal punto que la esclavitud pudo ser abolida sin que se produjeran los resultados depresivos que haban experimentado algunas colonias antillanas inglesas y francesas* El peligro de que se reprodujeran los hechos acontecidos en las colonias britnicas y francesas, dejando aparte que stos efectivamente ocurrieron — como veremos en el t* VI—, estaba presente no solo en i a mente de los criollos sino en la de muchos observadores internacionales. Con frecuencia se dijo entonces que uno de los objetivos de Gran Bretaa era precisamente el de provocar la cada de la industria cubana, a travs de la abolicin de la esclavitud. Fuera lo que fuese, lo cierto es que en 1869 ante el anuncio de que se iba a producir la abolicin de la esclavitud en Cuba, el Presidente de una compaa azucarera inglesa deca: "... si por alguna causa la produccin de Cuba disminuye ello mejorar sus propiedades (las de la Compaa) en las Indias Occidentales. el da en que se emancipen los esclavos ser el de la disminucin de la produccin y el del aumento de la de las Indias Occidentales”, razn por la cual los Directores de la Compaa se hablan apresurado a tomar las medidas propias de esas circunstancias.

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Captulo IV LA REVOLUCION INDUSTRIAL AZUCARERA M ientras, como pudimos apreciar en el captulo I, se continuaba la marcha hacia el Este de la agricultura comercial, y se producan los primeros cambios en la orgnizacin del trabajo y en la estructura demogrfica, la industria azucarera sufra transformaciones de gran importancia. Estos cambios constituyen el hecho de ms resonancia en e periodo de transicin de la economa cubana colonial, El panorama que se presente al observador histrico se caracteriza por una lucha tenaz, durante ms de 20 aos, por superar las dificultades que presentaban a la expansin de la industria tanto la estructura interna como la situacin nter nacin ah Independientemente de que toda explotacin agrcola o industrial tiende, en algn momento de su desarrollo, a una expansin cuyo objetivo sea e aumento de la capacidad de produccin por unidad para reducir costes y aumentar el margen de beneficios, habia razones profundas para que la industria azucarera cubana propendiera a lograr esos objetivos. No pudiendo, o no atrevindose a abordar la cuestin por el aspecto de la organizacin del trabajo, los criollos fijaron su esperanza en las reformas tcnicas o de procedimientos con la mira de reducir, en lo posible, los excesivos costes de la industria y ponerla en condiciones de responder a la creciente baja de precios internacionales. Estas reformas tcnicas se basaban en los conocimientos cientficos, de qumica y de fsica, aplicados ya en la industria europea y que eran, sin duda, los que permitan a esta competir desde principios del siglo algunas de las iniciativas cientficas de ms inters. Aun cuando el efecto de esta revolucin tcnica fuera logrado en cierta medida, no es menos de sealar que aceler la crisis de la industria, pues aument la disparidad entre los productores y sent las bases para una expansin ulterior que requera, positivamente, la eliminacin de los ingenios ineficientes. De este modo, las medidas adoptadas para superar los conflictos internos e internacionales que tena la industria cubana condujeron a la reorganizacin de la economa colo198

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Evolucin de la industria azucarera 199 nial, pues 3a revolucin tcnica reforz el papel de elemento bsico de la economa cubana que ya adquira la industria azucarera. Hasta los aos que corren de 1840 a 1868 la evolucin de la industria azucarera se haba producido en forma de una expansin horizontal esto es, por la adicin de fbricas, de tal modo que haba una cierta correlacin entre el aumento de la produccin, el del comercio y 3a creacin de ingenios; pero a partir de los primeros pasos de la revolucin industrial azucarera la expansin se producira en otro sentido, diametralmente opuesto, esto es, medante a reduccin de fbricas a medida que aumentaba la produccin y el comercio. Claro est que, en un corto perodo de veinte y ocho aos cal tendencia es difcil de apreciar; pero en Ja informacin sobre los ingenios en que se produjo esta revolucin industrial hay elementos suficientes para afirmar que tal sera el sentido de la transformacin de la industria. Adems, la historia del pas despus de 1878 en torno al proceso llamado de concentracin de la industria azucarera. Los hechos bsicos de la transformacin tcnica azucarera, que vamos a comentar en este captulo, tienen, por lo general, antecedentes bastante lejanos. Por ¡o menos, debe advertirse que toda la historia de la industria azucarera cubana desde fines del xvm est salpicada de esfuerzos por introducir cada vez ms los mejores instrumentos y los ms adecuados procedimientos. En realidad, apreciando de conjunto a evolucin de la tcnica azucarera es posible afirmar que si las grandes transformaciones no se produjeron antes de 1840 ello se debi a que la propia industria europea no haba desarrollado aparatos adecuados. El general retardo con que se produce en la colonia la recepcin de ideas, tcnicas o costumbres europeas no se produjo en el caso de ia industria azucarera, ni, por ejemplo, en el del ferrocarril. Las razones para que los productores cubanos estuvieran tan alertas en cuanto al mejoramiento de la industria son varias. En las races de este impulso hacia una organizacin industrial de tipo superior es preciso tener en cuenta, primeramente, las condiciones internacionales. La competencia desarrollada por las otras zonas productoras, especialmente las no coloniales (o metropolitanas) europeas actu como un enrgico acicate para los hacendados cubanos. Las circunstancias de principios del siglo xix favorecieron la aparicin de !a industria del azcar de remolacha que, basada cada vez ms en la ciencia, logr asentarse definitivamente en Francia, en Alemania, en Rusia y se inici en los Estados Unidos. A medida que se desarrollaba la industria europea y aumentaba la participacin de nuevas colonias asiticas en los mercados internacionales los precios tendan a bajar. Por una parte, se amena-

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200 Historia de la Nacin Cubana zaba seriamente a ia industria cubana con desplazarla, reducindole su participacin en el comercio internacional; por otra* se la colocaba en condiciones de no poder competir sino en condiciones excepcionales de altos precios. Cierto es que durante todo el siglo xix el consumo de azcar activado por el desarrollo industrial europeo y por el crecimiento de la poblacin fue en aumento. En este sentido* los peligros de un desplazamiento serio eran bastante lejanos. Sin emebargo la informacin de que se dispone en cuanto a la participacin de la industria de la remolacha en los mercados internacionales entre 185 3 y 18 8 indica que esta haba aumentado del 13,7% al 31,2%. Mientras tanto el consumo per cpita haba pasado de 4,5 klgrs. a 7 klgrs, Es posible que el ritmo de expansin de la produccin de azcar de remolacha fuera ms vivo que el del aumento del consumo, puesto que el aumento de la participacin en el comercio se produce precisamente en momentos en que se expande el consumo o sea* aumentan las necesidades de abastecimiento, Cuba durante esos aos no parece perder posiciones importantes. Sin embargo, debe notarse que la participacin del azcar cubano en el movimiento comercial internacional oscilaba grandemente aun cuando al final del perodo que estamos estudiando las cifras se hubieran realmente elevado. En cierto sentido, pudiera hablarse de un aumento a ritmo decreciente. Por otra parte, esta situacin no parece haber sido exclusiva de la industria cubana, pues el anlisis de los datos sobre Luisiana, Brasil y algunas de las Antillas britnicas refleja la misma inestabilidad de su participacin en el mercado nter nacional. Claro est que a ello contribuy, en parte, el hecho que todava la industria y el comercio azucareros no estaban tan rgidamente zonif cadas como a fines del siglo y en el siglo xx. La inestabilidad a que nos estamos refiriendo supone la liquidacin de muchas zafras con sobrantes, cuyos efectos depresivos sobre la industria quedaban agravados por la tendencia secular a la reduccin de los precios. Debe advertirse que, sin embargo de los elementos crticos de la posicin internacional del azcar de Cuba* este pudo mantenerse en lneas generales sus posiciones debido al crecimiento del mercado norteamericano y a que la crisis violenta de los precios internacionales no se desarroll hasta despus de 1878, Pero es que las condiciones exteriores, oscilantes y en cierta medida depresivas, coincidieron con un desajuste interno profundo, al cual por otra parte estimularon, contribuyendo de este modo a desencadenar la criis de la industria y de toda la estructura econmica colonial* Los caracteres ant i-econmicos de la esclavitud no hicieron sino destacarse

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Problema planteado por el uso de la mquina de vapor 201 ms a medida que las circunstancias internacionales variaban* La reitcracin de las crisis financieras como las de 18 57 y 1866 no hacan sino debilitar ms la industria, en sus aspectos consttucionalmente dbiles, e impedan la evolucin definitiva hacia formas superiores de organizacin* Finalmente, la Guerra de los Diez Aos detuvo todo el proceso solo para acelerarlo algunos aos ms tarde* 1* Desde luego, la primera de las manifestaciones importantes de la revolucin tcnica azucarera es anterior al perodo que estudiamos. Desde 1819 se introdujo la mquina de vapor para mover los molinos, en el Ingenio "'Cambre” (Gines) de Pedro Diago* En esa fecha todava esa zona era el centro ms importante de la industria colonial, como estimaba Humboldt. No se dispone de datos adecuados sobre el progreso de esta innovacin* Es posible que no diera los resultados inmediatos que fe ella se esperaban, debido a la imperfeccin de los trapiches (molinos). En algunas de las zonas retrasadas como Oriente la primera mquina de vapor no se us hasta 1843, La dificultad de operar convenientemente los molinos dndoles la velocidad y a presin suficientes para extraer el mximo de guarapo y evitar su reabsorcin por el bagazo todava era un problema de dudosa resolucin hacia 1849, fecha en que se publica la traduccin del libro de W. E* Evans. Segn clculos del momento los molinos movidos por bueyes podan extraer hasta un 5 8 5 % del guarapo, y los movidos por agua hasta 61*2%; los molinos de vapor extraan desde 59.3% a 60*9%. Esto es, la mquina de vapor aplicada a los molinos presentaba una ligera ventaja respecto de la traccin animal, que era la general en la Isla* Es sabido que se careca de suficiente fuerza hidrulica aprovechable* Por otra parte, se fueron ensayando diversos tipos de molinos, con tres y hasta con cinco mazas que contribuan a elevar la productividad de la mquina de vapor* Esta mejora tcnica fue difundindose, merced a que eliminaba el ganado de tiro, muy costoso, y que requera gran nmero de esclavos para atenderlo, y que supla la fuerza hidrulica, que en otras circunstancias pudiera haber sido la principal fuerza motriz en ios ingenios. La difusin no fue, sin embargo, muy rpida. En 1846 haba solo 286 mquinas de vapor en los ingenios cubanos, sobre un total de 1442. En 1861 haba 949 sobre un total de 1365. Pero el uso generalizado de la mquina de vapor plante un nuevo problema, No bastaba que e! molino fuera capaz de extraer 60% o hasta 70% del guarapo contenido en la caa, si el resto de la instalacin azucarera no era capaz de extraer, a su vez, el mximo de la sacarosa contenida en el jugo. A consecuencia de la disparidad de los

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202 Historia de la Nacin Cubana molinos y el tren como se llamaba a conjunto de aparatos para elaborar el dulce, la industria presentaba una tendencia muy marcada a la sobreproduccin de mieles lo cual no Iiabia sido tradicionalmente propio del desarrollo azucarero de Cuba* Por lo contrario* antao y hogao la generalidad de los hacendados queran poner en el mercado el producto ms puro* Esa disparidad y el desvo consecuente —que subray en un informe el ingeniero francs Derosne— hacia la produccin excesiva de mieles constituyeron uno de los acicates ms fuertes para proseguir adelante en la revolucin tcnica* Desde luego, la mquina de vapor aplicada a los molinos produjo de inmediato una economa de brazos y de animales de tiro, actuando positivamente en el sentido que requeran las circunstancias* Por otra parte, se tradujo en un aumento absoluto de la capacidad de produccin de la fbrica* si el resto del equipo responda igualmente* De este modo, la introduccin de la mquina de vapor repercuta sobre la organizacin de las plantaciones* Adems* la mquina de vapor franqueaba la posibilidad de operar continuamente* Todas esas resonancias sobre los dems aspectos de la produccin contribuyeron a transformar la revolucin tcnica en una ofensiva general para la rebaja de costes y el aumento de la productividad* 2. La revolucin tcnica prosigui abarcando la 4 casa de mquinas* 5 o sea el tren de elaborar azcar. En este sector comenz bastante ms tarde que la mquina de vapor, nunca antes de 1840, esto es, cuando ya habia un centenar de ingenios que empleaban aquella* Los antecedentes en este aspecto se remontan a fines de xvin. La expresintpica de esos esfuerzos iniciales fu el tren jamaiquino consistente de cinco calderas sometidas al fuego de urt horno nico* El nombre se presta a confusin, pues parece indicar que se estableci en Cuba procedente de Jamaica, pero lo cierto es que tal sistema fu implantado originalmente como sistema francs antes de i 8 00* Lleg a ser el tren ms generalizado, de tal modo que se denominaba tambin tren comn Al parecer* se difundi grandemente alrededor de 1830, despus del viaje de Baudhuy y Arozarena a la vecina colonia inglesa. Su ventaja sobre los trenes primitivos cubanos consista en la economa de combustible y de brazos para atender el homo* Posiblemente con la difusin de este equipo se us ms e! bagazo como combustible* Lo cierto es que este tipo de instrumental no mejoraba sustancialmente el proceso de elaboracin* El nuevo impulso tcnico, posterior a 1840, estara basado en el uso de aparatos cientficamente construidos, en los cuales el proceso de fabricacin quedaba variado y se fundamentaba en la aplicacin de prin-

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Primer ensayo del aparato Derosne 20 3 cipios qumicos y fsicos. El eje de la diferencia entre el tren jamaiquino y los aparatos introducidos despus de 1840 radicaba en que con stos la coccin de guarapo se realizaba al vaco, o sea, a baja temperatura, eliminndose las prdidas por inversin de mieles a causa de exceso de calor que se requera para la coccin a cielo abierto. Por consecuencia del tipo de caldera que se usaba para la coccin al vaco ya no se poda trasladar el guarapo de una a otra por medio de brazos o por dispositivos de tipo bascular sino solo por presin o por gravedad controlando las operaciones por medio de llaves situadas en los conductos de pase de una caldera a otra. Desde este punto de vista el resultado inmediato de las calderas al vaco era el aumento de la extraccin de sacarosa y la economa de brazos. No eran recientes los aparatos que trataban de lograr adecuadamente esos resultados. Por lo menos, desde 1811 el ingls Howard habla ideado una caldera al vaco que tuvo poco xito debido a su alto costo. Ms tarde, en 1817 se ensayaron aparatos similares en Francia, Hasta 1833, ao en el cual el inventor marsells Degrand construy una caldera de este tipo, no se pudo realizar a poco costo este adelanto; simultneamente Carlos Derosne, inventor francs que haba estado ensayando aparatos al vaco, ideaba uno muy parecido al de Degrand, por lo cual se produjo un pleito entre los dos inventores que, zanjado en 1834, permiti proseguir los ensayos y perfeccionar un aparato que poda servir para la industria colonial. El primer ensayo del aparato Derosne en Cuba se efectu en el ingenio "San Juan Nepomuceno” o "La Mella”* de Wenceslao de VillaUrrutia quien confes que desde 183 5 estaba estudiando la posibilidad de emplear en Cuba una caldera como la de Howard. Aunque conoca los trabajos de Derosne desde 1838 no pudo adquirir el equipo hasta 1840, Las pruebas realizadas en las zafras de 1841 y 1842 no dieron resultado y parecan destinar al fracaso al inteligente hacendado, cuando el propio Derosne, adems de enviarle el resto del equipo, decidi venir a Cuba para presidir ios experimentos. El ingeniero francs hizo dos viajes a Cuba (1842 y 1843). Durante el segundo de ellos dio preferente atencin al equipo instalado en el ingenio de VillaUrrutia y logr que funcionara debidamente, dejando sentado de una vez que se trataba de un progreso tcnico indudable. Inmediatamente, otros hacendados como Joaqun de Arrieta manifestaron su deseo de adquirir los aparatos Derosne. Casi al tiempo en que Derosne estaba en estos trabajos, sala comisionado para Francia el qumico Casa.seca, director del Instituto de Investigaciones Qumicas, quien inform muy favorablemente sobre este procedimiento, ignorando

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204 Historia de la Nacin Cubana que en la Isla ya se conoca, por comunicaciones privadas de VillaUrrutia, el xito de! nuevo tren La ancdota merece que la tengamos en cuenta* pues indica que los esfuerzos generales se orientaban en el mismo sentido. En 1846, segn ios datos del Censo, haba solo dos aparatos Derosne en toda la Isla. En 1860 segn los trabajos estadstios de Rebelo habia 32 equipos Derosne* Durante ese perodo de catorce aos se introdujeron otros aparatos al vaco* Uno de ellos, el de Norberto Rillieux, criollo luisians, tuvo cierta boga, debido a su baratura en comparacin con el Derosne; en 1860 haba unos 15 en toda la Isla. Pero tambin se introjeron calderas modificadas sobre el tipo ideado por Derosne, como las de marca Benson, No todos los ingenios que usaban calderas Derosne tenan completo el equipo que fabricaba el inventor francs; con frecuencia se trataba de trenes mixtos, jamaiquinos con aparatos al vaco, como constataba el qumico Casaseca en su informe de 1850 sobre ios ingenios de la zona de Coln -Ban aguises. Sin embargo, el equipo Derosne tuvo la preferencia, pues su fabricacin ofreca nayores garantas que la de los dems. Los ensayos realizados en el ingenio de Villa-Urrutia comprobaron que con el nuevo tren se poda obtener cerca de 6 @ de azcar por cada 100 @ de caa, mientras en las zafras anteriores operando con tren comn solo se haban obtenido resultados variables, entre 3.4 y 3*8 He ah el primer progreso: ms rendimiento por la misma cantidad de caa molida* En segundo trmino, el tren Derosne no solo agot las caas del ingenio, sino que pudo ser dedicado los sbados a "cocer las mieles compradas a los vecinos”, con lo cual quedaba demostrada a mayor capacidad absoluta de elaboracin del nuevo equipo* Al sealar estos hechos, es claro que estamos apuntando hacia aquellos resultados bsicos de la innovacin, hacia los que, con el decurso de los aos, constituiran la base del desarrollo ulterior de la industria, o sea, la centralizacin De inmediato, los ingenios equipados con aparatos Derosne, o Rillieux o cualquiera otro de los tipos de calderas al vaco, tenan ante si el problema de reducir el tiempo de zafra, lo cual supona un uso menos que eficiente de la instalacin, o la ampliacin de sus propias plantaciones, lo cual implicaba problemas que consideraremos en un nmero posterior do este captulo, o, finalmente, trabajaba con caas o mieles obtenidas de otros ingenios o agricultores cercanos. No perdieron de vista estas implicaciones los hacendados contemporneos. En realidad, los trenes Derosne solo fueron tilmente empleados en aquellas zonas en que los ingenios disponan de muchas tic-

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Sustituido el tradicional sistema de porgar el azcar 205 iras de reserva, como ocurri en la jurisdiccin de Coln, En efecto, segn los datos censales de 1858-61 y los que public Rebelo se observa que, por lo general, los ingenios equipados con aparatos Derosne tenan una mayor extensin de caa sembrada que los dems, y producan ms azcar. Situacin similar se observa respecto de los ingenios equipados con trenes Rillieux, Estos resultados se alcanzaban al misino tiempo que se reducan costes porque el cocimiento del guarapo se realizaba en menos tiempo, porque se eliminaban perdidas por inversin de las mieles y porque se reduca, aunque poco, el personal requerido en la casa de mquinas. Debe advertirse que simultneamente se emple por primera vez la correa sinfn para conducir la caa hasta e molino. Como se ve la marcha hacia una organizacin industrial altamente tecnificada y mecanizada era decidida. Todos estos resultados repercutieron de alguna manera en los restantes aspectos de la industria, especialmente sobre la agicultura caera. La revolucin industrial prosigui. El ao 1850 fue ensayada con xito en el ingenio "Amistad” (Gines) de Joaqun Ay estarn la primera centrfuga. Con ella quedaba sustituido el tradicional sistema de purgar el azcar con barro en hormas, por un sistema mecnico cuya aplicacin en gran escala producira cambios importantes en la calidad de los productos presentados por la industria cubana* En 1867 un hacendado de Santiago de Cuba ofreca los resultados obtenidos por la centrifuga de su invencin de a cual tena patente concedida por el Gobierno Superior Civil: de una sola vez se eliminaba toda una seccin de los ingenios tradicionales, a "casa de purga”, con sus hormas, sus enfriaderas, sus secaderas y sus brazos adicionales a los ya numerosos empleados por el tren comn. Y, sobre todo, subrayaba el autor: se producan solo dos clases de azcar: blanco bueno y blanco malo segn la calidad del producto metido en la centrfuga. Sin embargo, en 1860 haba solo unas cuatro centrfugas operando en toda la Isla, Hasta L 878 no se difundiran con 3a debida celeridad. No fueron esas las nicas innovaciones* Al mismo tiempo se perfeccionaban los filtros, se generalizaba el uso del carbn animal para decolorar el guarapo y se obtenan progresos efectivos en el control de la cal usada en la defecacin del guarapo. 3. Esa revolucin, que se encuentra en pleno desenvolvimiento en 1868, dentro de las circunstancias anormales, claro est, resultantes de las dos crisis de 18 57 y 1866, tuvo repercusiones realmente profundas en la economa cubana contempornea* Desde luego, responda al objetivo inmediato de disminuir costes y empleo de esclavos. Por lo pronto, se tiene la impresin que esto pudo

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206 Historia de la Nacin Cubana efectivamente realizarse solo en un sentido: aumentando la capacidad de produccin del equipo y, por ende, el rendimiento por esclavo. En general, la disminucin de brazos en Sa casa de mquinas no fue de importancia. Si, de una parte* aquel objetivo se obtena solo indirectamente, de otra parte, el efecto de a aplicacin de los nuevos instrumentos produjo un aumento del empleo de brazos esclavos. As como veinte aos antes se haba planteado la disparidad de eficiencia de la mquina de vapor y el resto de la instalacin, ahora —a consecuencia de los aparatos ms eficientes — se destacaba con relieve especial la disparidad de eficiencia entre el equipo industrial y el equipo y la tcnica agrcolas. Se tiene la impresin de que los progresos en cuanto a la tcnica de elaboracin de azcar fueron mucho ms importantes* ms sustanciales que los escasos progresos realizados en la siembra y la cosecha de la caa. Se impona entonces una reforma casi tan radical de los mtodos de cultivo y el empleo de aparatos y maquinarias modernos en las plantaciones. No otro sentido tienen las ideas y las prcticas expuestas por Reynoso en sus diversos trabajos sobre agricultura. Tambin en otra forma el efecto de la maquinaria industrial repercuti profundamente en las plantaciones. Ya lo dejamos expuesto al explicar las experiencias deducidas de ensayo del aparato Derosne en el ingenio de Villa-Urrutia. Una de las consecuencias a que nos venimos refiriendo era la ampliacin del cultivo* al aumentar la capacidad de elaboracin de la maquinaria y los aparatos. Este resultado se puede observar en la extensin mayor de tierras cultivadas en los ingenios provistos del equipo moderno. Este hecho significa que la dotacin” de esclavos tenia forzosamente que ausentarse* de modo que las economas realizadas en la casa de mquinas quedaban neutralizadas por el crecimiento de los campos cultivados, Pero, adems, es posible que se observara — algo de esto aparece en un escrito de Juan Poey— que mientras no se elevara el rendimiento en guarapo y en sacarosa de las caas, los equipos modernos estaran limitados a un progreso de corto alcance. Hay en esta revolucin tcnica una cadena de acontecimientos, como la hubo en Europa desde mediados del xvm hasta mediados del xix a consecuencia, igualmente, de un sbito progreso tcnico. El aumento de las plantaciones dificultaba el corte y tiro de las caas. De modo que era preciso tambin abordar este aspecto. La transformacin tcnica produjo tambin cambios en los aspectos comerciales. Se ha dicho que la aspiracin de los hacendados de la poca era fabricar azcar blanco. Ello es cierto, en tanto en cuanto la industria cubana siempre haba llevado al mercado un producto de bastante

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LA AMPLIACION DEL CULTIVO 20 7 calidad, con una pureza superior a lo que ofrecan las dems colonias. Faltando en Espaa una industria refinadora, a la que interesase la adquisicin de mascabado, —como ocurra en las colonias britnicas y francesas — era lgico que Cuba se esforzase por producir un azcar puro. Con la revolucin industrial la posibilidad de producir solo azcar puro y azcar impuro hizo variar completamente la posicin de a industria cubana, Mientras ms riqueza sacarina tuvieran nuestros azcares, ms provecho representaban para la nueva industria refinadora norteamericana que se abasteca en Cuba. Se fueron, pues, desechando las clases tradicionales: purgado, mascabado, cucurucho o bien florete, blanco, quebrado de 1% quebrado de 2” y cogucho; para sustituirlas por los dos tipos actuales refinado y crudo. Ya en 1869, ios ensayos realizados en refineras inglesas con los azcares cubanos mascabados situaban a ste en el nmero 13 Dutch Standard (o escala holandesa indicadora del contenido en sacarosa) con un contenido de 88% de azcar refinado. Desde luego, el blanco producido entonces se consideraba refino. Pero esta evolucin no se consum hasta despus de 1878, al cambiarse casi totalmente la estructura de la industria. Mientras existieron trenes jamaiquinos o comunes hubo diversas clases de azcar. La centrfuga acab con ellas. No es menos de tenerse en cuenta el hecho que la instalacin de los nuevos ingenios, con sus requerimientos extraordinarios de capital para maquinaria y aparatos, para tierras y aparatos agrcolas, exigi nuevos tipos de organizacin del capital y de las inversiones. Ya tendremos ocasin de comentar este fenmeno en un captulo posterior, 4, Pero la ampliacin del cultivo era una de las soluciones posibles, dentro del cuadro tradicional de la industria. Los hacendados ms inteligentes y los criollos preocupados por el destino del pas repararon en que ello supondra un agravamiento de las presiones internas sobre los costes. En efecto, en el ingenio individual el mismo capital tena que afrontar los buenos rendimientos de la casa de mquinas y los azares y la ineficicncia de las plantaciones. El propio ingenio de VillaUrrutia que se dedic a cocer las mieles de los ingenios vecinos dio otra pauta: la de la separacin de la parte industrial y la parte agrcola, independizndolas desde el punto de vista del capital y de la organizacin. De ah surgi la llamada "divisin del trabajo”. Por divisin del trabajo se entenda que el cultivo, corte y tiro de las caas del ingenio quedaran en manos de agricultores independientes, bien con capital y tierras propios, bien con tierras arrendadas y con capital facilitado por ei hacendado. De este modo, el hacendado tradicional se aligeraba de los problemas que confrontaban las plantaciones y

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208 Historia de i. a Nacin Cubana se lograba —como crean los Reformistas — fomentar la poblacin blanca, esto es, sentar las bases para una ocupacin definitiva de las tierras como paso previo a a abolicin de la esclavitud. Que sepamos, los proyectos de divisin del trabajo no aparecieron antes de 1840; en cambio, se desarrollaron entre 1848 y 1868* Podramos citar los ingenios modelos basados en la divisin del trabajo ideados por Mateo Barrero (1849-51) y por Jos M. Dau (1865 ). El peridico El Sglo insisti en plantear la cuestin abordndola desde varios puntos de vista. Pero la divisin no se llev a efecto hasta la zafra de 1863-64, en el ingenio "Tinguaro" (partido de Jiquimas, jurisdiccin de Coln), propiedad de Fernando Dago, Se entregaron 26 caballeras a los colonos que eran, en total, unos doce, a los cuales se pag dos pesos por cien arrobas de caa 'limpia de paja y de cogollo" puestas en el batey. Este ingenio estaba equipado con aparato Rilliuex, dispona de unas cincuenta caballeras sembradas de caa, posea reservas en tierras de ms de 20 caballeras y poda producir cinco mil cajas (de 16 @) por zafra. Los resultados del ensayo no fueron satisfactorios, pues, al parecer, los contratos no garantizaban a ios "colonos" una participacin suficiente en la produccin. La realidad es que, como dira un colaborador de El Siglo, el sistema de la "divisin del trabajo" no poda establecerse ms que sobre la base de un rendimiento mayor en azcar. O sea que, mientras los equipos no fueran capaces para extraer cantidades mayores de azcar, y a juzgar por testimonios contemporneos se obtenan regularmente unas 5-6 @ de azcar por 100 @ de caa, era imposible ofrecer al cultivador un pago que le estimulara a correr los riesgos y los afanes de la agricultura caera. La divisin del trabajo en los ingenios dio origen al sistema de la "centralizacin", o sea la fundacin de los centrales, que aparecen en Cuba despus de 1878 y se difunden basta nuestros das. Con ellos se desarrolla igualmente el sistema del "colonato". Desde el momento en que se plantea la ampliacin del cultivo, bien directamente, bien por medio de "colonos", se presenta el problema del transporte dentro del ingenio. En 1864 un artculo del peridico El Siglo demuestra que el tiro de las caas por medio de carretas de bueyes era mucho ms caro que el tiro por medio de carriles. Sin embargo, esta tendencia — que supona la necesidad de introducir el ferrocarril hasta el corazn de la industria azucarera — no se realiz hasta despus de 1878; posiblemente debido a que los costos de fundacin y de manipulacin del ferrocarril eran muy fuertes para emplearlo solamente en unidades de 50 60 caballeras de cultivos.

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Primera y segunda zonas occidentales 20? 5. La industria azucarera durante los aos que corren entre 1840 y 1868 se hallaba irregul armen te distribuida en el territorio de la colonia* Se mantena, pues el carcter que tradicionalmente habla tenido en cuanto a su localizacin geogrfica; sin embargo, debe advertirse que la marcha hacia c! Este, tantas veces indicada, haba desplazado, desde 1837, un poco ms los grandes centros industriales que llegaban a los que es hoy la parte occidental de la provincia de Santa Clara. En el corto numero de aos que comprende el perodo que nos ocupa haba surgido el centro azucarero de Coln y se extenda ya, por Ceja de Pablo, hacia Sagua la Grande y por San Fernando de Camarones, hacia Cicnfuegos* Ya no poda seguir aprovechndose la zona inmediata a los puertos; por otra parte el ferrocarril estaba resolviendo la cuestin de las comunicaciones. Algunos de los ingenios situados ai interior, en la zona de Matanzas tiraban sus azcares por La Habana* Haba ingenios situados ya a distancias mayores de 10 millas del ms prximo puerto de embarque* La penetracin al interior era forzosa, especialmente cuando se trataba de ingenios modernos que requeran grandes reservas de tierras, bien para ampliar cultivos, bien para establecerlos en las partes no utilizadas cuando se “cansasen” las tierras en uso. Esto es, para mantener — dentro de un espacio reducido — la migracin de os caaverales, caracterstica de la poca p re -tcnica de la industria* Segn los datos publicados por Pezuela y por Rebebo en 1860 la industria azucarera cubana estaba distribuida en cuatro zonas bien diferenciadas, aun cuando a veces es difcil separarlas desde el punto de vista geogrfico. L Primera zona occidental* Puede considerarse que esta zona se extiende entre Pinar del Ro y los lmites actuales de la provincia de La Habana y Matanzas, En este sentido comprende una seccin, ms bien excntrica, constituida por los ingenios establecidos al Oeste de Pinar del Ro (unos 6 ingenios) y una seccin continua que se extenda entre Baha Honda y Matanzas, por la costa norte, y penetraba al interior de la actual provincia de La H abana por Guana j ay, Gines, prolongndose hasta Matanzas a travs del partido de Alacranes (que perteneca administrativamente a la jurisdiccin de Gines) Por la costa norte, esta zona llegaba casi hasta la misma capital, pues haba ingenios en Guanabaeoa y en Guanabo. Los centros principales estaban formados en torno a Cabaas y a Gines* La zona de Alacranes se proyectaba hacia Matanzas de tal

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210 Historia de la Nacin Cubana forma que puede considerarse como independiente de la seccin habanera. En esta seccin principal se estaban produciendo cambios con sentido inverso a los ocurridos entre 1790 y 1837, Algunas de las localidades como Santa Mara del Rosario* Bejucal, Jaruco y el propio Gines estaban siendo progresivamente abandonadas por la industria azucarera, trasladndose por la direccin de Alacranes hacia el Este, Esta tendencia fu la que determin y, a su vez, se debi, a la construccin del ferrocarril de Gines a Unin, con un centro ferroviario de importancia en Bolondrn, Sobre un total de 260 ingenios haba 215 con mquinas de vapor en los molinos y solo 2 empleaban fuerza hidrulica. Haba en total 3 equipos Derosne, 6 Rillieux y uno al vaco no especificado. La mxima extensin de tierra sembrada en un ingenio, as como la mxima produccin ocurran en la zona de Cabaas. El mximo de capacidad total de tierras, en Alacranes (124 caballeras) que, por ser zona relativamente nueva, haba permitido la ocupacin de ms tierras por ingenio, IL Segunda zona occidental. Esta zona, que era el centro principal de la industria azucarera de entonces, se puede considerar constituida por la actual provincia de Matanzars, dividida entonces entre las jurisdicciones de Matanzas, Crdenas y Coln, Debe aadirse la jurisdiccin de Sagua la Grande, donde estaba penetrando la industria azucarera moderna, aunque solo hasta la localidad de Ceja de Pablo. Propiamente el resto de la jurisdiccin de Sagua deba quedar incluido en la zona central por tener los mismos caracteres industriales que ella. En 1860 esta zona occidental se hallaba saturada de ingenios, algunos de los cuales se hallaban a 10 o ms millas del puerto ms cercano. Por lo general, embarcaban sus azcares por Matanzas y Crdenas; algunos, por La Habana. El centro de mayor densidad y de mayor capacidad industrial estaba constituido por Coln, y dentro de esta jurisdiccin por los partidos de Macagua y Macurijcs. En menos de quince aos esa extensa legin llana se haba poblado de cientos de ingenios. De un total de 520 ingenios, 459 tenian mquina de vapor en los molinos. Solo en Sagua la Grande, la mayora de los ingenios tenan trapiches de bueyes. En total, haba 16 equipos Derosne, 9 Rillieux y 6 al vacio, no especificados. Ya haba cuatro centrfugas. Elaba ingenios como el "Sociedad” (Macagua) con 174 caballeras y el "Santa Rita” (Jiquimas) con 100, El "Alava” (Macagua) tena 80 Caball-

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Zona central. Zona oriental 211 ras. El de mayor produccin era el Alava'’ y tena un equipo Derosne, como el "San Martn”, que produca 12,000 cajas por zafra. En general, en la zona de Macagua no haba ingenio de menos de 2,000 cajas, IIIZona central Al considerar esta zona debe advertirse que es muy dispersa. Abarcaba desde Cien fuegos, donde penetraba dbilmente la revolucin industrial, hasta Puerto Prncipe, Comprenda varios centros ms o menos aislados, como Santa Clara, Trinidad, Sancti-Spritus y Puerto Prncipe, algunos de los cuales iban perdiendo parte de su esplendor, como en el caso de Trinidad, donde existan ingenios muy eficientes a principios del siglo. Sobre un total de 378 ingenios haba solo 182 con mquina de vapor, el resto eran trapiches de bueyes. Haba un solo equipo Derosne (Ingenio "Santa Susana”, Ccnf liegos) y un aparato al vaco no especificado, El conjunto de mayor importancia estaba constituido por los ingenios de Palma rejo (Trinidad), Por lo general, se trataba de ingenios de 1 a 13 caballeras sembradas y con ms de 15 caballeras de reserva: el "Cinaguayabo”, en Caibarin tena 200 caballeras. En esta zona los haba a ms de 25 millas del puerto o embarcadero ms cercano, IV. Zona oriental Era, como la anterior, muy extendida; comprenda desde Holgun-Bayamo hasta Guantnamo, De los 198 ingenios que comprenda, solo 84 tenan maquina de vapor y de stos, l estaban situados en la jurisdiccin de Santiago de Cuba, esto es, cerca del puerto principal de la regin. Predominaban los ingenios y trapiches con menos de 10 caballeras de tierras. En algunas de las secciones ms retrasadas, los haba con reservas de 100 a 150 caballeras. No haba equipos modernos. En su conjunto, estaba en un estado inferior de desarrollo, salvo en la seccin de Santiago de Cuba. Tal era la distribucin geogrfica de la industria azucarera en la vspera de la Guerra de los Diez Aos, Cuando sta termin haban sido eliminados numerosos ingenios de las zonas central y oriental; esto es, las operaciones militares no alcanzaron al ncleo principal de los ingenios modernos situados al Occidente, En este sentido, la revolucin solo impidi que se produjera durante diez aos a marcha hacia el Este; pero, por otra parte, liquid la organizacin industrial y agraria existente en esa parte de a Isla dejando libres las tierras nuevas de Cama gey y de Oriente para la penetracin de los centrales. Tras de los centrales que se movan hacia el E, siguieron la poblacin, los ferrocarriles y el latifundio.

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Captulo V EVOLUCION DE LAS DEMAS INDUSTRIAS TTun cuando este perodo representa desde el punto de vsta de la LX organizacin industrial de Cuba el momento en que la industria azucarera* impulsada por la revolucin tcnica comienza a consolidarse como la rama de ms importancia y solidez, el desarrollo de las dems industrias tiene un especial inters histrico. Entre otras razones porque una de las industrias que ms se expande y crece es la del tabaco que constituye, sin duda, la ms importante manufactura de tipo urbano. Los cambios que sufren la estructura agraria y a industria azucarera durante este perodo no fueron un fenmeno exclusivo de ellas, sino general; tambin despus de 1840 se observan nuevos elementos en las dems industrias, lo que significa que esa fecha marca con cierta precisin un viraje en la economa insular. La primera de las industrias que sufre modificaciones entonces e$ a del tabaco que alcanza proporciones realmente notables dentro de la circunstancias de la poca. Surgieron nuevas industrias resultantes del auge agrcola y del aumento de la poblacin. Otras se fortalecieron debido a las posibilidades del mercado interno. Sin embargo, algunas de las industrias tradicionales se mantuvieron estancadas o en retroceso, como es el caso de la ganadera, por razones que no son fciles do dilucidar pero que parecen estar vinculadas, a travs del uso de la tierra, con los altos beneficiosque produca aun en 1860 la industria azucarera. Estos beneficios altos de la industria azucarera tuvieron la virtud de desviar el desarrollo industrial haca una sola rama de la produccin; sin embargo, cabe preguntarse por qu la disminucin de ios mismos en la propia industria azucarera tuvo como resultado el empuje reformador que analizamos en el Captulo IV, mientras en otras industrias tradicionales — y que haban mostrado cierta capacidad de expansin desde el xvin— la disminucin de los beneficios no tena la misma virtud estimulante sino conduca directamente al abandono de esa actividad. Evidentemente, hay condiciones especiales de cada industria que favorecen o entorpecen el uso 212

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Evolucin de la industria tabacalera 213 de maquinarias o de procedimientos que reducn costes, aumenten la produccin y permtan mantener un nivel alto de rendimiento. No obstante, hay un lento y trabajoso progreso en todas las industrias de Cuba. En todas se produjeron algunas de las reformas o mejoras tcnicas que pudieran haberlas puesto en el camino de una reorganizacin a fondo. L No es fcil describir la evolucin de la industria tabacalera durante este periodo. Faltan, por o general, los datos estadsticos bsicos, como se puede observar en el Memorndum de Gonzlez del Valle. Se sabe, desde luego, que las exportaciones de tabaco aumentaron durante el perodo, especialmente en cuanto al tabaco elaborado, lo que supone una creciente capacidad industrial para la produccin; pero se carece de los datos que permitiran apreciar cmo responde la industria a este estmulo de la exportacin. El primer hecho que conviene tener presente en la evolucin industrial tabacalera es el hecho de la subdivisin especializada que se produce en su seno durante los aos que corren entre 1857 y 1868. La industria cigarrera exista hasta la dcada de los 30 solo como actividad de trabajadores a domicilio que enviaban su producto a los "fabricantes 5 ", que, en realidad, eran distribuidores. No exista la cigarrera especializada, como taller, que es un resultado del cambio definitivo del consumo hacia las formas nuevas del producto; los tabacos (puros de cigarros) y cigarrillos. Aun cuando se haba abandonado el uso del rap todava en 1841 haba en La Habana alguna fbrica dedicada a este producto. La industria cigarrera independiente progres rpidamente. Hacia 183 5 no haba cigarreras formales. Al parecer a primera se fund poco despus. En 18 59 haba unas 38 en La Habana que fabricaban unos 97 millones de cajetillas. Para esta ltima fecha, ya la industria haba sufrido el primer impacto de consideracin al aplicarse la maquinaria a la fabricacin de cigarrillos, hecho que se produjo con la fundacin de a fbrica "La Honradez" 5 (1853 ). Esta innovacin representaba la posibilidad extraordinaria de producir unos dos millones de cigarrillos por da. La industria cigarrera no se extendi rpidamente por la Isla. Hacia 1860 haba solo cuatro cigarreras "con marca"" en Matanzas las cuales empleaban unos ochenta operarios. En Puerto Prncipe haba solamente una cigarrera "con marca" 5 En La Habana haba entonces ms de dos mil operarios de este ramo. El hecho que se destacaran, como en a industria tabacalera, los fabricantes "con marca 5 significa que se haba alcanzado cierto desarrollo que haca de la fbrica una entidad

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214 Historia de la Nacin Cubana estable en el mercado. Los datos que aporta Pezuea en su Diccionario, indican que haba muchas ciudades de Cuba en las cuales a industria cigarrera era del tipo tradicional, esto es, T *sin marca” y con operarios a domicilio* El desarrollo, pues, era escaso hasta 1860* En algunas localidades ios operarios eran solo tres o Cuatro* La industria tabacalera, de puros o cigarros, cuyo inicio hemos comentado en el tomo III se desarroll ms intensamente* A partir de 1 840 y, por consecuencia de aumento de las exportaciones de tabaco torcido, la industria del tabaco se difundi en todo el pas y adquiri cierta solidez en La Habana* Veamos los datos que se conservan al respecto: Establecimientos Obreros F a portacin Produccin I S3 6 30 6 2,152 4,887,000 u* 1859 .. 5 16 15,128 246,863,000 u. 684,589,000 Estos datos muestran que la formacin de un gran mercado do m estico para los tabacos fue de suma importancia. Esas cifras prueban que La Habana comprenda casi la mitad de las tabaqueras del pas, ascendientes a 1,295 en 1859, de las cuales solo 13 6 radicaban en el Departamento Orienta!, mientras el resto se extenda entre Puerto Prncipe y Pinar del Ro* Algunas de las cifras correspondientes a las principales ciudades nos permiten apreciar la distribucin altamente concentrada de esta industria* Tabaqueras con marca sin marca La Habana 149 349 Pinar del Ro 179 Matanzas 54 2 Puerto Prncipe 45 Remedios 2 5 Sag a La Grande 25 San Antonio de los Baos 31 Santiago de Cuba 19 Sancti-Spritus 11 Santiago de las Vegas 4 20 San Cristbal 2 Listos datos tomados de Diccionario de Pezuela corresponden a las jurisdicciones, salvo en los casos de La Habana y Matanzas en que se consignan solamente las tabaqueras de !a ciudad* Si se comparan estos datos con algunos de los mencionados en el t* III se apreciar que, en

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Manifestaciones de una nueva organizacin 215 ciertas zonas tabacaleras donde no haba industria alguna en 1846 ya la haba, lo cual supone una di versificacin geogrfica ms activa. Entre las jurisdicciones mencionadas se hallan dos de la zona habanera, las cuales deban producir como tributarias de las fbricas de la capital. El ritmo era lento. Hasta 1845 no se fund en Santiago de Cuba el primer taller de importancia "con marca”. Sin embargo, hacia 1860 este puerto era junto con Matanzas uno de los tres que exportaba ms de 1,000,000 de tabacos o puros al ao. Sin embargo de que en La Habana exista algn taller hasta con 300 operarios' hay que observar que en 1859 haba solamente unos 377 fabricantes, nombre con el que se designaba posiblemente a los propietarios de talleres, lo que hace sospechar que los haba con ms de un taller, esto es, con una fabricacin descentralizada y que quizs se extenda por otras jurisdicciones y localidades cercanas a la Habana como Guanabacoa, Bejucal y Gines* Al parecer, el crecimiento de esta industria consisti fundamentalmente en la creacin de talleres con un gran nmero de obreros torcedores. No hubo pues, grandes reformas o mejoras de tipo tcnico que permitieran — corno en la industria azucarera— aumentar la productividad del operario. Hubo, sin embargo, discusiones ms o menos tericas sobre la posibilidad y la utilidad de emplear maquinaria para la elaboracin; pero no se pas del campo de la especulacin* Sin embargo, hubo manifestaciones de una nueva organizacin que se impona cada vez ms a medida que las exportaciones crecan y que era apremiante satisfacer al mercado principal, que eran Jos Estados Unidos. La importancia que tena la '"marca” a mediados del siglo es un sntoma de esta necesidad de dar cierta estabilidad y de mejorar el producto. Claro est que la sbita expansin del comercio de tabaco manufacturado perjudic al producto, puesto que favoreci cierta tendencia al descuido de la calidad dei tabaco, como expresan varios testimonios contemporneos; pero, en general, fue preciso establecer nuevas normas, especialmente, en la presentacin del producto. Hacia 18 50 un ""marquista” llamado Ramn Aliones se hizo famoso introduciendo ciertos envases especiales, con adornos, fileteados” que luego imitaron los dems fabricantes. En este momento culmin una evolucin hacia la presentacin del producto en envases pequeos, pues anteriormente se presentaban en cajones de 5 a 10 millares de tabacos, amarrados en mazos de 50 de 100 tabacos* Ya en 1845 el envase corriente contena solo cien tabacos, al decir de Rivero Mumz* La innovacin de Aliones dio la pauta que todava domina en la actualidad.

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21 6 Historia de la Nacin Cubana Sin embargo, los puros siguieron siendo iguales en su elaboracin distinguindose solamente por su grueso y su largo, Pero dentro del proceso de fabricacin aparecieron nuevas modalidades de cierta importancia, La que parece ms digna de sealarse fue la especi aligacin de la escogida del tabaco, operacin previa a la elaboracin y de la cual depende el destino adecuado de a hoja segn su color y sus calidades, como en la esc agid a del tabaco ya manufacturado depende el xito definitivo de la presentacin del producto. Quizs alrededor de 1830 se comenzaron a formar los primeros departamentos de escogida y ya en 18^0 Arboleya en su Manual cita a los escogedores entre los obreros tabacaleros especializados. La elaboracin se realizaba toda a mano, De ah i La importancia del obrero torcedor, de cuya habilidad dependi siempre el xito del fabricante, Este hecho explica la existencia de una Escuela de Aprendizaje de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas, en a cual el grupo ms numeroso lo constituan los torcedores. No obstante, hubo intentos de realizar a transformacin mecnica de la industria. La patente de uso de a mquina de torcer tabaco concedida en 1847 a Samuel Eryen Hastivill y las patentes simultneas sobre una mquina "para prensar y arreglar tabaco en rama y labrado” y otra para "picar tabaco” indican que se estaban produciendo presiones similares a las que existan en la industria azucarera. La industria tabacalera y cigarrera fue, desde luego, afectada por la crisis poltica que transcurre entre 1868 y 1878; pero en sus lneas generales conserv la organizacin y la estructura que tena a mediados del siglo hasta principios del perodo republicano en que la aparicin del Trust tabacalero norteamericano produjo cambios sustanciales. La repercusin de las medidas tomadas en los Estados Unidos produjo entonces e fenmeno de la "emigracin” de la industria hacia los Estados Unidos, que es uno de los hechos caractersticos del perodo que corre entre 1868 y 1900, Esta emigracin fue, un traslado de los empresarios y obreros, hacia el sur de esa Repblica, ms que de fbricas o talleres. 2, La industria minera renacida en la dcada de 183 0-40 prosigui desarrollndose, aunque se mantuvo fundamentalmente localizada en la regin oriental del pas. El hecho caracterstico de esta evolucin lo constituye, sin duda, el hecho que la mayor parte de las iniciativas y de las empresas principales se deban a inversionistas britnicos y norteamericanos, esto es, de pases en los cuales la revolucin industrial estaba presionando fuertemente sobre el abastecimiento de materias primas minerales.

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Desarrollo de la industria minera 217 El principal producto de la minera cubana de esta poca fu el cobre, especialmente en la zona cercana a Santiago de Cuba. En 1854 haba all unas 31 empresas mineras que empleaban un total de 2,389 obreros. Solo en ocho de estas empresas haba unos 169 empleados ingleses. En total haba unos 1,300 esclavos y unos 760 operarios libres de color. De todas las empresas existentes las principales eran la Consolidada, la Sociedad de San Jos, la Compaa de Santiago y la Nueva Descubierta; la segunda y la ultima espaolas y as otras dos britnicas. La principal — Consolidada— tena 31 concesiones, la de San Jos solo iina> en la mina del mismo nombre la de Santiago, 12 concesiones, de las cuales explotaba tres. Haba adems, una compaa norteamericana que beneficiaba los desechos de las dems. Aun cuando se produjeron numerosos intentos para forzar a las compaas britnicas a concentrar el mineral en Cuba, no se obtuvo. Solo la Compaa San Jos mont un horno de calcinacin hacia 1851, con el cual se reduca el mineral a masas con un 70% de contenido puro. La exportacin de cobre se mantuvo durante casi todo este perodo por encima de las diez mil toneladas al ao, representando no menos de un 12% del total de la produccin mundial. Cuba era entonces ei principal abastecedor de cobre de la industria inglesa. El principal obstculo que hallaron estas compaas fu el problema del transporte. Primero, se tiraban os minerales en arrias y en camellos y, ms tarde, desde 1843, en un ferrocarril hasta la Baha de Santiago de Cuba. Al parecer, la baja de! precio del cobre en 1865 origin un pleito entre la compaa Consolidada y la empresa de este ferrocarril por arreglo de los fletes, pleito cuya prolongacin parece haber contribuido a la paralizacin progresiva de los trabajos, que se terminaron definitivamente e ano 1868. Otras minas de cobre se conocieron en esta poca. Desde 1846 se tienen noticias de las minas situadas en Bayatabo (Nue vitas) llamadas San Agustn, propiedad de un norteamericano y de as cuales se extrajeron en 1851 unas 50 toneladas; Buena Esperanza, tambin norteamericana que en su primer ao de explotacin (1852} produjo unas 75 toneladas; y la Casualidad que no parece haber sido explotada. Segn Calvadle estas minas se conocan desde 1843, fecha en la cual leciban nombres distintos y una de ellas haba producido ya hasta 550 toneladas de mineral. En los datos estadsticos del Diccionario de Pczuela figuran varas minas de cobre, adems de las mencionadas; cuatro de ellas en la regin de Manicaragua y dos en Bacuranao, cerca de la Habana, sobre cuya explotacin no se dispone de ms datos. Al parecer, se continu explotando irregukrmente la mina San Fernando

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218 Historia de la Nacn Clfbana en k regin de Gienfuegos — que pudiera ser una de las localizadas en Mancaragua— la cual hacia 18 56 produca unas 780 toneladas embarcadas a Estados Unidos y a Gran Bretaa y a la cual se atribua una riqueza del 17% de contenido metlico* En 1843 el gelogo Tayor que visit ia zona norte de Oriente hacia 1836 se refiere a 18 concesiones mineras de cobre en la regin de Holgun; pero que sepamos no se explot ninguna de ellas, como no parecen haber sido explotados ciertos yacimientos de Villa-Clara (Cuartn de San Gil) y de Mantua, conocidos por estos aos* Al parecer no se explotaron otros yacimientos mineros, salvo los de oro en Auras, jurisdiccin de Holgun, conforme al testimonio de Rodrguez Ferrer. Segn este inteligente viajero espaol haba en la Mina Abundancia de esa zona un equipo para separar el metal por medio del mercurio. Se conocan, sin embargo, los principales yacimientos de hierro de la zona de Santiago de Cuba (Juragu, Juraguacito, Damajayabo y otros) as como yacimientos de cromo. Aun cuando muchos de los testimonios contemporneos se refieren a las minas de carbn de piedra, lo que parece ms cierto es que todas las explotaciones de este tipo eran de chapapote o asfalto muy abundante en diferentes lugares de a Isla, Desde i 835 se trabajaba en una mina en la zona de Bacuranao, posiblemente la misma que Pezuda denomina "Casualidad” y cuyo producto se empleaba en las herreras y talleres de maquinarias de la capital, como combustible y como preservador de los instrumentos metlicos contra la oxidacin. Se habla tambin de un yacimiento denominado "Prosperidad” en Tapaste, tambin cerca de La Habana, El ya citado Taylor que visit la primera de las mencionadas se reficrec al "sistema inadecuado” de organizacin del trabajo, en el cual no se empleaba mquina ni instrumento accesorio alguno sino solo el trabajo de algunos negros. Los mrmoles de Isla de Pinos comenzaron a explotarse en esta poca, A lo menos, hacia 1846 una Compaa minera requiri y obtuvo la exencin de derechos aduanales para las maquinarias y aparatos que deba emplear en esa explotacin. Caso diferente es el de las arenas, las arcillas y diversos materiales de aplicacin industrial. Las caleras, las yeseras, los tejares fueron establecimientos diseminados por todo el pas, especialmente en zonas rurales, cercanas a ios ingenios, donde se haca gran consumo de materiales de construccin. En 1846 haba un total de 65 3 tejares y alfareras, mientras en IB60 haba 468; se enumeraron 777 caleras y yeseras en 1846 y solo 504 en 18Q, Las canteras eran menos abun-

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La ganadera se resiente de los profundos cambios 219 d antes, pero algunas corno las del Calvario (Habana) usaban sierra de vapor; tambin cerca de Ja capital habla tres canteras en explotacin (San Miguel de Padrn), lo cual se explica por el gran mercado que formaba la “gran Habana 1 ’, Durante este perodo se estuvo planeando una legislacin de minas especial para la colonia, que respondiera a las mismas finalidades de la Ley de II de abril de 1S49 vigente en la Metrpoli; pero la comisin formada a este efecto tuvo muchos tropiezos por falta de algunos elementos de trabajo. Hacia 1851 Mariano Torrente reclamaba su aprobacin y vigencia con el objeto de favorecer esta industria. 3, La ganadera fue quizs la industria bsica de! pas que ms se resinti de los profundos cambios que se haban operado en la estructura econmica desde fines del xvm* Por una parte, continu el proceso de intensificacin, simbolizado por !a formacin de potreros; pero este proceso no signific una mayor capacidad de la industria para resistir a las presiones que sobre ella ejercan las circunstancias. En efecto, segn el Conde de Pozos Dulces, los potreros eran a mediados del siglo "fieles trasuntos de los hatos y corrales” tradicionales. De esta manera, el proceso a que nos estamos refiriendo vena a constituir ms el abandono de tierras nominalmentc ganaderas para dedicarlas a cultivos, sin ms transformacin interna de la industria* Ya veremos que los potreros significaron, sin embargo, cierta mejora en el tratamiento del ganado. La ganadera tradicional fue quedando reducida a zonas orientales donde no llegaba, como explicamos en otro captulo, el empuje decisivo de la agricultura comercial. Sin embargo, hacia 1360 llegaban all los potreros, debido a que en las regiones occidentales y centrales quedaba cada vez menos tierra Ubre para dedicarlas a la industria. Pero, como hemos visto en el captulo primero, los cambios de localizacin de la industria azucarera en el Occidente del pas as como la destruccin de numerosos cafetales, dieron un nuevo estmulo a a ganadera. En ciertas localidades de la regin habanera antiguas tierras dedicadas a los cultivos se dedicaron nuevamente a la ganadera intensiva o de potreros* Es el caso de o sucedido en Puerta de la Gira y en Gines. Pero en las zonas centrales y orientales penetraban por primera vez los potreros y se difundan en Saocti-Spritus, Nuevitas y Puerto Prncipe, Ya hemos tenido ocasin de comentar las cifras al respecto en el captulo No obstante tal expansin, la industria ganadera segua representando un factor de poca importancia en la estructura econmica colonial* Con claridad vi el Conde de Pozos Dulces el mecanismo que

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220 Historia ol la Nacin Cubana produca este resultado: "A tal punto ha podido distraerla de sus legtimos destinos la especialidad de ciertos cultivos que una buena parte de sus rentas las consume en pagar al extranjero la precisa subsistencia de sus habitantes”* Pero si, de un lado, a atraccin de los cultivos sustraa capitales y brazos, de otro, el proceso de multiplicacin de los ingenios y de los cafetales propici c desarrollo de la ganadera ofreciendo un mercado muy rico para los animales de tiro. Posiblemente esta demanda sbita influy, al par que el aumento del consumo de carne y la necesidad de “liberar” tierras para los cultivos, en la formacin y difusin de los potreros, pues el ganado "hatero” no bastaba, por su escasez y su mala calidad. Los potreros se caracterizaban no solo por su extensin reducida si comparados con los hatos y corrales, e, incluso, con ciertas explotaciones agrcolas, sino tambin por el hecho de que se sembraba el pasto, la yerba de Guinea, que fue introducida con este objeto antes de 1837. Pero esta simple mejora no bastaba para resolver los problemas aun cuando gracias a ella se haba logrado, segn el Conde de Pozos Dulces, mantener diez cabezas de ganado mayor por caballera, en vez de dos o tres como suceda en los hatos tradicionales. Pero otras deficiencias dieron por resultado la produccin de un ganado raqutico, que disminua en la poca de las sequas porque el pasto cultivado no garantizaba el alimento cuando la naturaleza impeda el crecimiento de la verba de Guinea. "La industria pecuaria sucumbe entre nosotros sin haber combatido.” Estas palabras del Conde responden a una visin de conjunto de la industria. Sin embargo, hacia 18 50 se introdujeron ejemplares de sementales de raza Durham, con destino a potreros de a zona de Puerto Principe y se les eximi de derechos de importacin. Esta raza, cuya finalidad era aumentar la produccin de carne fresca por ejemplar, parece que continu ensayndose en la misma zona, pues hacia 1868 se sabe que existan ejemplares de cruzamiento. Rodrguez Ferrer, naturalista y empresario, recibi premio en la exposicin de Puerto Principe de 1860 por un mestizo de Durham. Sin embargo, de los datos de que se dispone sobre la materia y de las noticias sobre exposiciones, ambos indicadores de que se produca cierto progreso, no pueden desprenderse por ahora conclusiones adecuadas acerca de la influencia de este cruzamiento y aclimatacin. La i nefieicncia resultante de los factores sealados en los dos prrafos anteriores produca, sin duda, efectos depresivos sobre la industria. Se deca que una caballera de frutos menores produca ms que una caballera destinada a ganado. No haba capacidad para competir con

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Estado embrionario de das industrias lechera y quesera 221 el producto extranjero y el propio tasajo tena ms precio en el mercado que !a carne fresca, y se consuma ms que sta. Las importaciones por concepto de carnes preparadas y derivados de la ganadera eran cuantiosas, como podremos apreciar en el capitulo VI. Un factor ms pesaba sobre la industria* El rgimen fiscal la gravaba fuertemente* Cada cabeza de ganado deba pagar un impuesto de consumo, ascendiente a 4 pesos ms 7 rls* para el Alguacil Mayor por derecho de matanza, 1 l /i rl* por derecho de rastro o matadero y 14 rls* por comisiones a encomenderos y otros intermediarios. Si el precio oscilaba alrededor de 25 pesos por cabeza, a suma de esas cargas representaba un 24 feEn cambio, los derechos de aduanas sobre el tasajo y otros productos derivados de la ganadera eran relativamente moderados, por tratarse de productos de absoluta necesidad, a los cuales con alguna frecuencia se exima de derechos por causa de desastre publico. Pero haba otras deficiencias que no dependan de factores, digamos polticos o econmicos, sino de la organizacin interna de la propia industria. La multiplicacin de intermediarios entre el "hatero” o "potrerero” productor y el consumidor tenda a encarecer el producto y a dificultar cualquier intento de reforma. El sistema de arrendamiento de haciendas o potreros para que el cebador los explotara durante un corto perodo de aos, al cabo de los cuales se habla dedicado a vender los buenos ejemplares y dejaba al propietario absentista los peores, tenda igualmente a colocar a la industria en una situacin de indefensin grave ante las dificultades que la estructura econmica y la espcci aligacin agrcola oponan al desarrollo de la ganadera y de las dems industrias en genera!* No faltaban explotaciones derivadas o secundarias. Tanto la industria lechera como la quesera existan en un estado embrionario, especialmente la segunda, que tena que* competir con el producto importado, Ambas eran de tipo rural, alcanzaban solo a una pequea zona inmediata a la explotacin, por dificultad de transportes y de conservacin del producto* Todava la extraccin de a leche se realizaba en algunas haciendas, segn Rodrguez Fcrrcr, "amarrando” o acorralando el ganado cada quince o veinte das, para dejarlo pacer a su albedro hasta que se repitiera la operacin. Las teneras y curtiduras eran relativamente abundantes* Casi no haba zona en que no hubiera algunas de ellas, de acuerdo con el desarrollo ganadero general* En 1846 haba un total de 5 6 en todo el territorio de la colonia, particularmente concentradas en el llamado Departamento Central, en torno a Sancti-Spritus, donde haba el mayor

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222 Historia de i. a Nacin Cubana numero. En 1860 haban aumentado a 61 y sufrido un desplazamiento que responde al movimiento general de expansin de los potreros hacia el Este. El nmero de teneras en la zona de Sancti-Spritus haba quedado reducido y se haban concentrado extraordinariamente en la zona de Holgun, donde la localidad de Tunas estaba floreciendo desde el punto de vsta ganadero. Desde luego, durante este perodo prosigui a reforma del sistema de intervencin pblica en el mercado de ia carne. La antigua tasa del precio, fijada dentro de la regulacin de la pe$a> fue desapareciendo y tiendo sustituida por regulaciones que tendan, desde luego, a mantener un regimen de precios determinado, aunque reflejando con ms fidelidad el estado del mercado. El Reglamento de 2 de noviembre de 1843 estableci el sistema de las posturas diarias y por partidas de animales, lo que significa que se aceptaba cada da en el rastro el ganado del encomendero que ajustase por licitacin el mejor precio para un nmero determinado de animales que podan ser los suficientes, o ms o menos de los que se necesitaban para el abastecimiento de a Habana. Este precio se determinaba sin atender al precio en casilla, o sea de venta ai consumidor. En esa fecha la venta de la carne en La Habana estaba concentrada principalmente en los grandes mercados establecidos durante el gobierno de Tacn: Cristina, Tacn y el Vapor, La reforma del sistema del rastro se complet con el Reglamento de 1848, por el cual todo ganadero quedaba libre de matar sus reses cu el rastro y de venderlas al precio que estmase oportuno a los casilleros, aun cuando, por lo general, los casilleros y los encomenderos estaban "ligados**, lo cual eliminaba en la prctica el funcionamiento completo de la ley de la oferta y la demanda. La centralizacin de la distribucin de la carne por medio de los mercados fue una reforma iniciada en La Habana durante la poca de Tacn y que se difundi paulatinamente por las dems ciudades. Pocos anos despus se construa en Santiago de Cuba un mercado y se implantaba una reforma del rastro. En 18 59 este proceso estaba operndose en San Juan de los Remedios, 4. Otra de las industrias que parece entrar en una etapa crtica es la de la pesca. Durante a poca precedente al gran desarrollo agrcola estaba en manos de pescadores costeros o de orilla, ms que en la de verdaderos pescadores de altura. Aun cuando los bancos y zonas pesqueras estuvieran, en la regin occidental, relativamente alejados de la capital, lo cierto es que se limitaba a una actividad costera o litoral.

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Etapa crtica de la industria de la pesca 223 Por lo general, se careca de abastecimiento regular. El pescado fresco no se poda transportar ni conservar fcilmente, por lo cual era preciso limitarse al abastecimiento suministrado por los pescadores locales. Sin embargo, creca e consumo, al par que aumentaba !a poblacin y disminua o se dificultaba el abastecimiento de carne. Se senta cierta presin hacia una organizacin mejor de la industria. Alrededor de 1837-40 las condiciones para esta reforma se presentan, a la sombra de la administracin de Tacn, muy partidario de dar privilegios y contratas a amigos y asociados. Uno de stos, Francisco Marty y Torrens obtuvo en una fecha que no liemos podido precisar licencia para abastecer las pescaderas de la capital. Hacia 1844 haba quejas sobre ello y las autoridades de Marina explicaban que nadie haba obtenido igual licencia por falta de solicitud, pues no se pona dificultad a que otros las disfrutaran. Al parecer Marty no desarroll su negocio hasta aos despus. En 1848 se propona establecer grandes "trenes de pesca y de salazones”, aquellos en la Sonda de Campeche y stos en La Habana, Estos "trenes” no eran ms que los equipos de pesca. Aprovechaba Marty no solo su grado de Teniente de Fragata que le conceda ciertos privilegios, sino igualmente la extensa propaganda que a favor del pescado, como alimento bsico de los esclavos haba efectuado un expediente de la Sociedad Econmica de Amigos de! Pas en ese ao, A cambio del establecimiento de la industria, su iniciador peda: libertad de derechos para los viveros y otras embarcaciones; permiso para emplear marinos matriculados o no matriculados (aquellos tenan el privilegio de ser los nicos que podan emplearse en la pesca) ; libertad de derechos para todo el pescado seco y de concha introducido por la compaa y, finalmente, solicitaba un subsidio de 1 real en cada quintal de pescado salado, seco o vivo introducido por concepto de "remu ner acin de las gruesas sumas que pueda ocasionar al postulante la ejecucin de dicho pensamiento”. La Junta de Fomento, al parecer, solo rechaz la ltima de las demandas. En 1850 se sabe que los viveros de esta compaa estaban operando en la Sonda de Campeche, aunque se dedicaban a una "pesquera” muy especial: la de esclavos yucatecos. Es posible que desde esta poca date la organizacin de la pesca de altura de Cuba, Hay testimonios contemporneos que indican que, adems de la presin del consumo, esta modalidad nueva surgi tambin del hecho que estaban agotndose los bancos ms cercanos al litoral. Casi al mismo tiempo que Marty iniciaba sus operaciones, el Comandante General de Marina de La Habana (1844) dispona que no se usasen redes en que los claros de nudo a nudo fueran menores de 4 pul-

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224 Historia de la Nacin Cubana gadas, porque las redes muy finas haban contribuido a la destruccin de la riqueza pesquera mediante ei exterminio de los ejemplares jvenes. Al parecer, se impona, adems, salir mar afuera en busca de zonas ms ricas y menos explotadas. Es posible que a este momentneo estado de escasez natural contribuyeran pesqueros de otras zonas americanas, pues durante estos aos los ingleses establecidos en Bahamas defendieron su derecho a pescar en las costas de Cuba y hubo ms de un incidente sobre la cuestin. Sin embargo, un testimonio algo posterior, afirma que la materia prima era abundante y vanada y que solo faltaba desarrollar la industria adecuadamente. Rodrguez Ferrer, cuya autoridad no parece sujeta a discusin, se refiere en su obra famosa a la escasa produccin pesquera de La Habana y Santiago de Cuba, que ascenda apenas a 1,700 (ii mensuales. Criterio que parece responder ms adecuadamente a la impresin que se tiene en tiempos posteriores sobre la riqueza pesquera de ios mares de Cuba. El abastecimiento era deficiente, como resultado de la incapacidad de la industria. Tanto Miguel Escalada y Gil que public un estudio sobre la industria, como otros contemporneos se quejaban de la dificultad prctica para suministrar el pescado fresco. Una curiosa patente de 1846 para distribuir el pescado vivo en "cajones llenos de agua de mar” muestra a qu extremos se llegaba en el afn por resolver el problema. Por su parte, el Ayuntamiento de Remedios recibe la proposicin de que se abastezca la ciudad con pescado vivo llevados en viveros "como ocurra en Puerto Principe 1 (1861). La organizacin interna de a industria era tradicional y, en sus lneas generales, ¡a que existi en tiempos posteriores. Haba los armadores, que eran los matriculados de mar propietarios de embarcaciones y de redes y aparejos; los pescadores, o sea los patrones de barcos, marineros y vendedores, tambin matriculados, y la "gente de tierra 5 que eran los obreros adicionales destinados a recoger el chinchorro en las playas y a descargar el pescado, que podan no ser matriculados de mar. En algunos casos, los marinos y dems operarios estaban a sueldo o contrata directa del armador, lo cual determinaba una distribucin diferente de la marca o pesca que cuando trabajaban por su cuenta. La "pesca” de tortugas, especialmente careyes, continuaba en algunos puntos de las costas de Cuba, aunque ahora no se propona como antao un fin de abastecimiento de alimentos sino el aprovechamiento de la concha para la industria de fabricacin de peines y peinetas, muy difundida en las grandes ciudades, especialmente en La Habana.

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Aparicin de una industria moderna 225 5Pero este perodo habra de caracterizarse por la aparicin de una industria nueva, o mejor* de una industria moderna que superaba la etapa de organizacin primitiva que tena hasta entonces y mantendra casi hasta nuestros di as. La metalurgia de herrer as, calderer as y hojalateras exista en Cuba desde los primeros tiempos de la colonizacin y perdurara despus de 1868; pero entre 1840 y 1860 aparece una metalurgia moderna, con equipo mecnico y con un mercado de productos de cierta calidad. Esta metalurgia tiene su razn de existencia en la activa mecanizacin de la industria azucarera contempornea y en la difusin de ios ferrocarriles. Hasta entonces haba numerosas herreras, albeiteras, caldereras y hojalateras, segn a mayor o menor importancia de los transportes a caballo, de los ingenios y de otras consumidores de los productos metalrgicos de esos establecimientos pero un anlisis somero de los datos que al respecto publica Pezuela en su Diccionario indica que estas industrias eran fundamentalmente artesanales, con un corto nmero de brazos, quizs el propietario y algn aprendiz o ayudante. Posiblemente de mayor entidad fueron las fbricas de machetes a que nos referimos en el tomo II I. El uso creciente del acero y de piezas metlicas grandes en los ingenios y los ferrocarriles forz el establecimiento de talleres modernos, de tipo capitalista, digamos, con equipo mecnico, numerosos obreros y una organizacin de fbrica. Fue posible solo al implantarse la maquinaria adecuada para trabajar esas piezas metlicas y cuando una industria domstica requiri sus servicios, especialmente en momentos en que ios ingenios por s no podan encargarse de estos trabajos, como ocurri pster ¡ornen te en cierta medida* El trabajo principal de estos establecimientos era la fundicin. De los datos publicados por Pezuela se desprende que haba en todo el territorio unas doce fundiciones: tres en La Habana, una en Madruga, tres en Matanzas, una en Bemba ( Jovellanos) una en Sagua la Grande, una en Sancti-Spritus y dos en Puerto Prncipe. En otras ciudades existan establecimientos que reunan la condicin de fundicin, de herrera y de calderera, pero en escala menor, como era el caso del que exista en Remedios hacia 1858-59. De todas las que hemos enumerado dos fueron particularmente importantes por representar debidamente la tendencia nueva; las fundiciones de Bemba y de Sagua la Grande. La fundicin establecida en Bemba fue fundada en 1849 y hasta el ao 1857, fecha en que cambi de propietario, no se mejor. Las someras descripciones del establecimiento muestran que dispona de unas 7,00 Q varas cuadradas de extensin, que su presupuesto de salarios era de treinta mil pesos anuales y que empleaba de 70 a 100 obre-

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226 Historia de la Nacin Cubana ros, a ios cuales se pagaba una escala de salarios segn fuesen "maestros” o aprendices en el oficio. Segn se dice en los testimonios contemporneos posea un equipo formado por mquinas de vapor, una mquina para doblar planchas metlicas, once tornos, varias forjas, un martillo* Posea tambin dos hornos* En este establecimiento se fabricaban piezas de ingenios, para los que existan en la zona de Odn. La fundicin de Corts en Sag a posea una mquina de vapor, una mquina para doblar planchas metlicas, cuatro tornos, amen del instrumental menor* Al igual que la anterior abasteca a los ingenios de la cercana zona matancera, posiblemente los de Ceja de Pablo y de Crdenas* Al parecer, esta industria no se resinti de la conmocin producida por la Guerra de los Diez Aos que no afect fundamentalmente a la zona azucarera occidental. Y, positivamente, partir de 1878 se desarroll en la propia regin matancera (Jagey Grande) y en otras zonas nuevas* 6 Otras industrias haba en la colonia durante este perodo* La mayor parte de ellas podra considerarse como secundarias, por cuanto su importancia quedaba reducida al mercado interno y generalmente a mercado puramente local* Algunas existan desde tiempo atrs, otras se crearon. Hubo, sobre todo, una serie de proyectos irrealizados. Todo este conjunto constituye, desde luego, un elemento que conviene tener presente en la visin panormica de la economa cubana de la poca* Desde luego, respecto de estas industrias es preciso tener en cuenta que se hallaban desigualmente distribuidas. La Habana y Matanzas constituan dos grandes centros de actividad econmica en torno a la exportacin bsica de! pas Pero algunas de las industrias "menores” tendan a concentrarse o a manifestarse en zonas rurales o urbanas de poca importancia* En cada caso haba condiciones intrnsecas de la produccin o circunstancias geogrficas que determinaban esta localizacin especial. En La Habana haba un desarrollo apreciable de ciertas industrias de transformacin, para las cuales el mercado urbano era bsico* Podran mencionarse; cuatro fbricas de fsforos, una fbrica de jabn y una fbrica de pape!, para cuya fundacin se realizaban esfuerzos desde 1846 y al parecer se logr establecerla en Puentes Grandes cesando algunos aos despus a consecuencia de un incendio, para ser sustituida por una nueva fbrica en el mismo lugar el ao 18 57, Haba en La Habana trece tasajeras* Tambin era el centro de la naciente industria de dulces y conservas de frutas para a exportacin, que se registra desde 1860.

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Importancia de la industria destiladora 227 La industria destiladora era importante. La que produca para la exportacin parece haber estado localizada en el Occidente, mientras en la zona oriental del pas se hallaba concentrada la industria destiladora fundamentalmente al servicio del consumo interno. La realidad es que las dos grandes ciudades occidentales —La Habana y Matanzas — deban consumir muchos licores importados, mientras en la regin oriental se consuman principalmente por su poblacin rural o de pequeos centros urbanos, las destilaciones locales. En La Habana que era el principal puerto exportador de aguardiente, haba 9 alambiques que empleaban una decena de obreros, si hemos de creer las cifras que ofrece el Diccionario de Pezuela. En Matanzas haba 6 alambiques con unos veintids obreros, A juzgar por la renta estimada, eran de mayor capacidad que las de La Habana. Por lo general no haba alambiques en poblaciones menores de la regln occidental; pero hacia el Oriente abundaban hasta en caseros y poblaciones pequefias. En Jutinic (Santiago de Cuba) haba 45 alambiques con unos cuarenta obreros, en la propia ciudad de Santiago de Cuba haba cuatro. En El Cobre haba 12 alambiques; en Palma Soriano, 10; en Holgun, 6; en Caureje, 5; y en Gibara, 3, Al parecer, entre 1846 y 1860 se habia producido una disminucin del nmero de instalaciones, aun cuando haba aumentado la exportacin y, desde luego, el consumo. Esta disminucin — representada por la diferencia entre 278 alambiques en la primera fecha y 243 en la segunda — parece haberse producido principalmente en la regin occidental, en La Habana y Matanzas, Sin embargo, en la regin occidental, a consecuencia del desarrollo de cicrtas zonas de Pinar del Ro pudo haberse producido un cierto desplazamiento al par que la disminucin. En 1860 haba centros como San Cristbal y Candelaria con seis y cuatro alambiques respectivamente, Y en a regin central Sancti-Spritus y Sagua la Grande contaban con once alambiques cada una. El desarrollo y la concentracin de esta industria no se produjo hasta despus de 1878, en conexin con la radical transformacin que sufri entonces la industria azucarera. Entre las industrias rurales la de mayor entidad era la apicultura, introducida, como se sabe, desde mediados del xvin. En el tomo Il sealamos cierta tendencia a desplazarse hacia zonas nuevas, cada vez ms alejadas de la Habana que haba sido y continuaba siendo el principal puerto de exportacin. Durante los aos que corren entre 1846 y 1860 disminuyeron los colmenares ligeramente y los centros productores sufrieron cierto desplazamiento. El centro principal era ahora Puerto Prncipe, Segua en orden Sancti-Spritus, Tunas. Remedios

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228 Historia de la Nacin Cubana haba perdido parte de su antigua importancia. La zona occidental comprenda centros apcolas desde San Cristbal hasta Mantua-Baja; pero en la regin habanera haba decado est industria y quedaban solo dos centros de relativa importancia: San Antonio de los Baos y Jaruco. La industria apcola parece haber comenzado a decaer en esta poca, a juzgar por las cifras de exportacin de cera y de miel. Cierto es que Rodrguez Ferrer, testigo de excepcional juicio, pondera el alto rendimiento de las colmenas y la bondad de sus productos; pero seala igualmente la existencia de parsitos y enemigos de las colmenas que los productores no combatan debidamente. Habla igualmente de colmenas importadas de los Estados Unidos, pero no parece que hubiera un movimiento general a favor del perfeccionamiento de la industria. No faltaron los trabajos cientfico -tcnicos sobre la materia, como el Manual del Apicultor ? de Jos R. Villan y Hechevarra, de 1867, reproducido por Balmascda en su Tesoro el cual aclara que hasta la dcada de los 80 no comenzaron las reformas de la industria, Al igual que otras industrias rurales, los cortes de maderas que haban tenido un momento de esplendor y de actividad inusitada a mediados y fines del xvm fueron quedando reducidos a zonas residuales, prcticamente solo a localidades muy precisas de la regin oriental. En la regin al Norte de Oriente quedaban grandes reservas boscosas que fueron intensamente explotadas en este perodo para la exportacin de las maderas a los Estados Unidos por los puertos de Gibara y Manzanillo, No faltaban cortes de maderas en menor escala en otras localidades de la Isla, como parece deducirse de la presencia de aserraderos; pero no tenan importancia para la exportacin, sino solamente para el consumo interno de maderas. Industrias rurales de un valor puramente local eran las de fabricacin de tejidos de fibras, la de fabricacin de carbn vegetal y la de casabe. 7, El panorama de ias industrias de Cuba durante este perodo tiene inters por cuanto muestra que haba fuerzas econmicas con posibilidades de desarrollo independiente de la gran agricultura comercial. Tales fuerzas presionaban continuamente y despuntaban abriendo nuevas perspectivas al desarrollo general del pas. Hay una extraordinaria cantidad de documentos sobre la materia en los fondos administrativos que tratan de los privilegios de invencin y de explotacin. Su estudio no ha sido realizado hasta hoy, pero una simple ojeada sobre ellos permite completar el panorama industrial de Cuba durante el perodo colonial.

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Panorama de t as industrias de Cuba 229 Muchos de los esfuerzos industrialistas contemporneos estaban evidentemente anticipados o carecan de las condiciones que les permitieran subsistir en medio de la crisis estructural de la economa. Casos como el del molino de harina (1837), del horno para fabricar coke (1S4G), iniciativa en la que particip Domingo Goieura, de la fabricacin de gas (1864) y de la destilacin del petrleo (1866)* que no se prosigui despus de haber comenzado a montar la fbrica, muestran cmo las necesidades surgidas del desarrollo general pugnaban por abrir un camino nuevo a la economa colonial.

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Captulo VI LA EXPANSION IRREGULAR DEL COMERCIO A la expansin de la produccin industrial corresponde durante el perodo de 1837 a 1S68 un creciente intercambio comercial, que se caracteriza por sus fuertes oscilaciones, mucho ms visibles y de ms significacin que las observadas durante el perodo anterior, no obstante haber intervenido en estas los conflictos blicos suscitados en Europa. Desde principios del siglo el comercio era c! mejor ndice de a situacin y del desarrollo de la colonia. En este perodo veremos cmo representa igualmente un indicador de la crisis que se est for mando en la raz de la economa colonial y de los trastornos que en ella producen las crisis internacionales. Por ello hemos preferido destacar en el ttulo del captulo el hecho que el comercio tuvo un desarrollo progresivo pero irregular, fluctuante. Tanto el comercio internacional como el interno se expanden, se diversifican y se organizan durante estos aos, marcando el momento de mayor equilibrio —no obstante las fluctuaciones™ en este aspecto de la economa colonial cubana. Solo despus de 1878 comienzan a sentirse los efectos definitivos del crecimiento de los Estados Unidas sobre el comercio internacional del pas. En cambio, durante los aos que corren entre 1837 y 1868 aun cuando la posicin norteamericana —como mercado de abastecimiento y de consumo — era principal no le cedan en muchos otros mercados como Gran Bretaa y a propia Metrpoli, si bien esta deduca su importancia ms de las restricciones que del efecto natural de su desarrollo y sus necesidades sobre el comercio de Cuba* 1. El comercio interior de la colonia sigue organizado sobre las bases ya establecidas desde principios del siglo. La alta importancia del comercio de importacin concede a ciertas "unidades” comerciales una significacin esencial en el desarrollo de la economa del pas y contribuye a establecer categoras definidas dentro de la organizacin general del comercio domestico. Esta influencia de! comercio de importacin se conjuga con el crecimiento de algunos centros urbanos que tienden 230

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Organizacin del comercio interior 231 a una organizacin superior del trfico y de la distribucin de los productos* progreso al cual ofrecen facilidades los perfeccionamientos en las comunicaciones ( ferrocarril navegacin y carreteras) Sin embargo, este comercio de importacin va perdiendo importancia a medida que nos adentramos ms en el interior del pas* donde se desconoce o est solamente en embrin y domina propiamente sobre el mercado locaL Sin embargo, la importancia interna del comercio de importacin de los grandes centros urbano-portuarios, como La Habana, Matanzas y Santiago, va cediendo, en otro sentido, ante la aparicin del comercio de importacin en grande en los centros ms jvenes o que estaban empezando a recibir el influjo del desarrollo agrcolademogrfico general. En La Habana, Matanzas y Santiago de Cuba, por ejemplo, este comercio de importacin mayorista, ademas de su multiplicacin a travs de "casas comerciales" de gran capital, sirvi de base para la organizacin dei crdito. Este fenmeno parece quedar debidamente ilustrado en la participacin de los comerciantes habaneros en la fundacin y mantenimiento del Banco Espaol de la Isla de Cuba (1856-66) y en 3a de los comerciantes santia geros en la de Banco Mercantil (18 57). Las vinculaciones de este comercio con el crdito se extienden posiblemente al extranjero, a travs de numerosas firmas norteamericanas establecidas en La Habana, Matanzas y Crdenas. Es significativo el hecho que desde tiempo atrs hubiera en la capital un peridico como The Mercantil e Weekly Re por / and The H avana Trices Car re que muestra una organizacin muy moderna del mercado. Pero este gran comercio no es general o indiscriminado. Dentro del mismo se han operado algunos cambios que dan la impresin de cierta especializacin. Haba "casas" o establecimientos comerciales dedicados a la exportacin, aun cuando es sabido que los grandes importadores continuaron, mediante operaciones de tipo bancario, a lo menos hasta 1855, dominando grandes porciones de la produccin exportable del pas. La existencia de almacenes de azcar y de caf al por mayor en La Habana, Matanzas, Puerto Prncipe y Villa Clara indica que este tipo de comercio especializado se estaba extendiendo por todo el pas siguiendo la expansin de la industria azucarera. En la propia Habana existan almacenes de envases de azcar, lo que muestra cmo la especializacin se produca en diversos sentidos. Y en Matanzas haba once almacenes de mieles. En el ramo del tabaco aparecieron tambin los comerciantes-exportadores especializados, posiblemente con mayor dominio sobre la pro-

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232 Historia be la Nacin Cubana d accin que en el caso de ios exportadores de azcar, pues el cultivo del tabaco limitaba las posibilidades de operacin directa del cultivador. Este tipo de establecimiento estaba fundamentalmente concentrado en La Habana, donde se centralizaba a mayor parte de la produccin; haba hacia 18 5? unos 62 almacenes de este tipo, segn Pezuela, y 66, segn una lista ms exacta publicada por Gonzlez del Valle, En Matanzas y en Puerto Prncipe haba uno respectivamente. Si se tomasen los datos de renta estimada que publica Pezuela en su Diccionario como verdaderos indicadores de a capacidad de los diversos tipos de comercio especializado habra que concluir que los almacenes de tabaco eran los de mayor volumen. Sin embargo, esas cifras no constituyen ms que estimados, en los cuales se observa una casi constante tendencia a atribuir cantidades fijas cmo 'Venta” de cada establecimiento. Los establecimientos comerciales en pequeo dedicados a la distribucin regional o local dependan de muy diversos factores. En primer lugar, claro est, la poblacin (el mercado). En este sentido. La Habana y Matanzas presentaban un cuadro muy distinto de las dems poblaciones, no solo por la variedad de tipos sino igualmente por su nmero. Las tradicionales "pulperas^, llamadas ahora segn voz popular, "bodegas” eran ms de 900 en la capital y ms de 2 50 en Matanzas, En las dems ciudades, incluyendo Santiago de Cuba, donde haba solo unas 16 pulperas, no existan como tiendas o comercios especializados en productos de importacin o ultramarinos. En las zonas urbanas retrasadas o rurales, el tipo de establecimiento que predomina es la tienda mixta, que no faltaba, por cierto, en las zonas urbanas de importancia, pero que era el vnico comercio local en aquellas. Estas tiendas mixtas no han variado fundamentalmente en nuestro campo y resultan de la necesidad del abastecimiento en localidades poco desarrolladas o relativamente aisladas. En La Habana, cuya jurisdiccin comprenda, distritos rurales, haba unas 462 tiendas de este tipo, en Puerto Prncipe, 339, en Villa Clara, 261, en Pinar del Ro, 206, en Matanzas, 181, en Santiago de Cuba, 126, y en Crdenas, 80. Posiblemente un factor que contribua a mantenerlas vigentes, y a limitar la multiplicacin de las bodegas era el hecho que los comerciantes mayoristas disfrutaban de permiso especial para vender por menor compitiendo con las bodegas. Dentro del comercio por menor, distribuidor, digamos, haba otras categoras. Algunas respondan a una cspccializacin tradicional, como las carniceras y pescaderas, otras a ciertas necesidades especficas de la poblacin como las maicenas de la zona occidental (Pinar del Ro,

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LOS PROBLEMAS DE DISTRIBUCI"N 233 Matanzas y La Habana) ; otras se creaban como resultado de a especializaein por tipo o calidad de producto corno las carboneras, especialmente concentradas en La Habana, las ferreteras "no importadoras”, las loceras y las quincalleras "no importadoras”* Las carniceras y las pescaderas estaban sujetas a un rgimen especial que proceda de las antiguas regulaciones municipales para el abastecimiento, las cuales fueron prcticamente eliminadas durante este perodo* No menos importante era el comercio de artculos para el vestido* En este caso, debe sealarse que una parte de los establecimientos era, ai par, importadores y vendedores al por menor. Por lo general, las llamadas "tiendas de ropa” eran abundantes o existan en las ciudades y las poblaciones de menor categora* Pero en La Habana aparecen ya las "ventas de ropa hecha” que suponen una nueva espeeializacin dentro de este giro, as como el comienzo de la desaparicin de la confeccin artesanal, que no ha desaparecido aun en nuestros das* Los establecimientos dedicados a las confecciones eran las sastreras que constituan una modalidad superior del artesanado urbano. Las peleteras y las zapateras representaban una evolucin distinta. A diferencia de lo que ocurra entre las tiendas de ropa y las sastreras, las peleteras se dedicaban al comercio de pieles y las zapateras a la confeccin y reparacin del calzado, y como es lgico, eran numerosas en todos los centros de poblacin, mientras las peleteras soi o se encontraban en determinadas localidades* Los problemas de distribucin eran ms complejos, claro est, mientras ms grande era el centro de poblacin* Este perodo se caracteriza por transformaciones importantes ca la legislacin y la organizacin de la distribucin* Desde el gobierno de Tacn comenzaron a construirse grandes "plazas de mercado” en La Habana, los llamados de Cristina, Tacn, Santo Cristo y el Vapor, donde se pretenda concentrar la mayor parte del abastecimiento diario en frutos del pas y carne* A partir de 183 5-37 estas mejoras, independientemente de las confabulaciones, monopolios y fraudes pblicos que implicaron, fueron difundindose por todo el pas* Hacia 1858 se producan en Santiago de Cuba y en Remedios, No bastaba con esta centralizacin, pues d mercado urbano, especialmente, en La Habana exiga formas descentralizadas del comercio al por menor* As fue que aparecieron, al par que otras regulaciones leyes destinadas a reglamentar el comercio en puestos pblicos o ambulatorios.

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234 Historia de la Nacin Cubana Esa organizacin jerarquizada del comercio, desde el gran comercio de importacin y exportacin hasta los Tendedores ambulantes se mantuvo en su esencia invariable, debido a que responda, como responde hoy, a necesidades de los mercados; pero a medida que discurre el perodo el nmero de comercios aumenta y se diversifica, penetrando las formas superiores de organizacin en las zonas ms apartadas del pas. Este proceso continu vigorosamente durante los aos posteriores a 1878, como veremos oportunamente. La reglamentacin del comercio estaba fundamentalmente a cargo del Gobierno Superior Civil y de los Ayuntamientos, aqul en lo que se refiere a la licencia general para todo establecimiento, ste en lo que hace especialmente ai comercio local, interno. El Gobierno Superior Civil conceda licencia a los comerciantes a propuesta del Tribunal Mercantil; pero para elo era preciso que acreditaran su condicin de matriculados de comercio en el Ayuntamiento, Por lo general, sobre unos y otros comerciantes, rega casi exclusivamente el Cdigo de Comercio, Pero la gradual intervencin del Estado despus del perodo corto de libertad producido a partir de 1318 determin la aplicacin de una serie de medidas adicionales. Por el decreto de l 9 de octubre de 185 5 se estableci la matrcula obligatoria para todo comercio, profesin, arte u oficio, que haba sido ordenada por el de 8 de diciembre de 1851 arbitrariamente incumplido. Se excluan de la matrcula, los obreros, los mdicos cirujanos, los boticarios del ejrcito y la marina, los capitanes y patrones de buques, los pescadores, los calafates, los aguadores y los maquinistas de ingenios y maestros de azcar, Y era una matrcula obligatoria solamente para ios que vivieran en poblados, Se conceda gratuitamente y se acreditaba por medio de una cdula especial P Desde 18 52 se cobraba una contribucin municipal a todos los comercios y establecimientos. Para regular el pago de este derecho se establecieron clases, discriminadas por la cuanta del capital y las ramas a que se dedicaba el establecimiento. Hasta 18 5 5 haba 7 clases, llamados a veces "gremios”, pero por orden de 20 de diciembre de ese ao se establecieron 10 clases, con un aumento sustancial de la contribucin. Estas regulaciones no se difundieron por toda la Isla inmediatamente. En algunas zonas interiores perduraron formas tradicionales como las prescripciones contra la regatonera en Remedios (182) o no se establecieron normas por el escaso desarrollo y especializacin del comercio.

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Aranceles de aduanas. Su estructura. Su alcance 235 2. Los a r anecies de aduanas sufrieron pocas modificaciones durante este perodo* Su estructura su alcance, su aplicacin se mantuvieron estables desde la reforma de 1822, aun cuando se fueran produciendo modificaciones parciales. Entre todas las modificaciones hay que sealar el aumento a 6 fe de los derechos de las mercancas importadas nacionales, as como un aumento sobre los vinos y licores de todas las procedencias, en 1835* Y el recargo llamado subsidio extraordinario de guerra creado en 183 8. Como consecuencia del establecimiento de las Cortes en la Metrpoli en 18 37 se quit a la Superintendencia de Hacienda la mayor parte de sus atribuciones en materia arancelaria; pero le fu restituida en 1838 la facultad de modificar los avalos, pues era cuestin que deba realizarse en presencia de los fuertes cambios comerciales y para operar inmediatamente. La distribucin en partidas y en columnas se mantuvo inalterable* Hasta 18 53 no se produjeron las reformas que habran de continuar vigentes hasta la terminacin del perodo. Los aranceles generales de ese ao constaban de 3,0 l partidas y stas abarcaban generalmente un artculo o un pequeo grupo de ellos* Estaban distribuidas por orden alfabtico de productos. Cada letra tena partidas adicionales, resultantes de desgloses o de nuevas partidas iniciados durante el perodo que media entre 1838 y 1853. Estas adiciones comprendan un total de 362 partidas. Las partidas de la exportacin eran solo 31. La lista de productos libres de derechos comprenda unos 46 artculos, aunque con frecuencia se introducan nuevas excepciones al tratamiento arancelaria o se retiraban algunos productos de la lista. En algunas circunstancias esta lista de artculos exentos o con derechos reducidos se estableca solo para determinado puerto, como fu e caso de Santiago de Cuba despus de! terremoto de 18 52* Con posterioridad a esta reforma se continuaron aadiendo productos a la lista de exenciones; entre stos es preciso sealar os materiales de construccin y de explotacin de los ferrocarriles fijados en la Ley de Ferrocarriles de 1860. Conforme a los nuevos aranceles de 18 53 los artculos extranjeros pagaban en bandera nacional, 21 Yzjo 2 5¡/2% ad valoren!; en bandera extranjera, 29^2% 35 ^ 2 % ad valoran* Los artculos nacionales pagaban, en bandera nacional, un 6%, ) en bandera extranjera, 1 6 l /z% l9 l / 2 %. Los artculos de exportacin pagaban segn fueran extranjeros eti bandera nacional, 2 ¡/ 2 %, 3 J /%, S c /c y 7 Yz c /c\ o, en bandera extranjera, 3% y 4%; los nacionales en bandera extranjera pagaban solo 3%.

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236 Historia de la Nacin Cubana Haba habido un aumento pequeo pero progresivo desde ei establecimiento de los aranceles de 1822, con el objeto de acentuar la proteccin de los productos y de la marina espaola, Pero esos tipos de derechos no dan la medida exacta de las cargas que pesaban sobre la importacin. Habla una primera categora, constituida por los recargos o derechos accesorios que ascendan por lo general a 7%, distribuidos entre: el subsidio extraordinario, 2J4%, el aumento a la importacin, 1 Yz%* un recargo adicional, 1 %, el derecho de extincin de pesetas, 1% y el derecho de consulado, 1%, que recaan sobre todas las procedencias y en algunos casos sobre los artculos nacionales importados en bandera nacional. Otro grupo de derechos llamados de navegacin y puerto gravaban indirectamente las importaciones, aunque no fuera este su objeto especfico, En primer lugar, se encontraba c derecho de toneladas que pagaban a razn de 12 rls, por toneladas los buques extranjeros y de 5 rls, los nacionales. Exista, adems, el derecho de pontn sobre todos los buques, de % de rl. por tonelada; el de faros, de Ya y ¡4 rh por tonelada respectivamente para los buques nacionales y los extranjeros el de sanidad, de 1*4 r, y 3 rls, por tonelada respectivamente para nacionales y extranjeros, y el derecho de patente que comprenda tres clases segn el buque fuera de mis de 150 toneladas, de 99 a 150 y de menos de 99 pagndose por este concepto 6, 4 y 3 pesos fuertes. Finalmente haba otro grupo de derechos ocasionados por el movimiento portuario como el atraque ai muelle y derechos municipales que completaban el cuadro de un gravoso y complicado sistema fiscal en torno al comercio internacional. No es extrao que algunos contemporneos despus de ponderar el efecto de estos diversos grupos de derechos, fijaran la totalidad de lo que contribuan las mercancas de importacin en un 10% ms de lo que fijaban los aranceles de aduanas, para todas las clases* El rgimen arancelario de la harina de trigo sufri diversas modificaciones durante este perodo. Este articulo constituy durante todo e siglo pasado el ms fraudulento y escandaloso ejemplo de la proteccin que los intereses polticos metropolitanos mantenan a favor de los productos espaoles. Por exigencias de orden interno de la Pennsula fu establecindose un arancel diferencial muy fuerte en favor de la harina nacional. Sin embargo, como Espaa no poda producir o suficiente para abastecer a Cuba, ni, por otra parte, tena organizadas sus comunicaciones debidamente, al amparo de esos derechos diferenciales que daban un monopolio al comercio santanderino en Cuba se importaban harinas norteamericanas que antes haban sido transborda-

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Aumento del comercio internacional de Cura 237 das en puertos espaoles. Las harinas extranjeras en cualquier bandera pagaban 8 pesos por barril ms el 2 % sobre su avalu, mientras el producto “nacional” pagaba solo 2 pesos por barril. Exista el depsito mercantil desde 1822 en La Habana y desde 1848 en Santiago de Cuba, mediante el cual podan almacenarse en los puertos las mercancas duraderas con el fin de declararlas a consumo o de reexportarlas cuando se considerase conveniente. El derecho a pagar por este almacenaje era del 2 l /z c /c ad valorem. Desde 18 50 se estaba difundiendo el criterio de que era preciso reducir la proteccin, no con el objeto de favorecer a los competidores extranjeros sino con el de facilitar el consumo de los artculos de importacin que no tenan sustitutivo nacional, espaol o cubano. Algunos de los partidarios de esta reforma, como Torrente, sostenan que era posible reducir en un tercio los derechos de aduanas sin que se disminuyera la proteccin, Pero, de una parte, el inters fiscal del Estado, que obtena muy buenos ingresos a travs de las aduanas y, de otra, el proteccionismo cerril de algunos grupos de intereses metrpolitaos y cubanos impedan una reforma que beneficiaba al consumidor. Sin embargo, al producirse los acontecimientos de 18 57 y su secuela de aos de depresin y plantearse la necesidad de una reforma fiscal comprensiva se decidi reducir los derechos diferenciales, lo cual se puso en prctica por el decreto de l 9 de abril de 1865, pero en una proporcin mezquina que no alter el sistema proteccionista tradicional. Otras reformas necesitaban las aduanas que no eran simplemente de tipo arancelario. El contrabando, por ejemplo, sigui siendo un factor importante en el manejo de las oficinas aduanales del pas, como lo haba sido en los perodos anteriores, con la simple diferenia que ahora era ms bien un nuevo tipo de “negocio” y estaba organizado sistemticamente con la participacin de los importadores y de las autoridades. Con razn dira Eren ch un en sus Anales: “Para evitar la inmoralidad del empleado la mejor ordenanza es la que asegura su suerte futura”* Esto era cierto, respecto de las constantes remociones de los dependientes de esas oficinas; pero no o era respecto de aquellos funcionarios a quienes los polticos metropolitanos enviaban a las aduanas de Cuba precisamente para asegurarles, por medio de una buena temporada de fraudes, “su suerte futura”. Ya veremos en el perodo siguiente que esta situacin no vari esencialmente, como demuestran algunos de los trabajos de Rafael Fernndez de Castro. 3. Durante este perodo el comercio internacional de Cuba aumenta, en medio de fluctuaciones fuertes, algunas veces realmente extraordinarias. Aumenta en volumen y en valor y se diversifica, sin

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238 Historia de la Nacin Cubana que ello signifique que dejara de producirse o de mantenerse aquella propensin a comerciar especialmente con Estados Unidos que haba surgido pujantemente en los tiempos de las Guerras napolenicas. Los cambios operados en la composicin del comercio internacional de Cuba produjeron en este perodo, por primera vez desde fines del xvm, as balanzas de mercaderas favorables, con fuertes alternativas, por lo general en perodos de dos a cuatro aos* Esta cuestin de as balanzas favorables tiene su explicacin en el hecho de la existencia de dos saldos favorables de gran importancia en el comercio de la colonia: el de intercambio con Estados Unidos y con Gran Bretaa* Sistemticamente, durante ios aos que corren entre 1840 y 1860, el intercambio con esos pases produjo saldos parciales favorables a Cuba, salvo en lo que hace al quinquenio 1841 -184£ con Estados Unidos. Este ltimo hecho parece deberse al hecho que desde 1834 tanto la poltica norteamericana como la espaola tendan a impedir las relaciones comerciales entre la colonia y la vecina Repblica* Hasta 1842 existi en sta una tarifa proteccionista de la industria de refinacin del azcar* Pero una vez aplicadas las nuevas tarifas y orientadas las relaciones hacia un tratamiento recproco ms favorable, la corriente de exportaciones de Cuba a los Estados unidos se engros fundamentalmente* Los saldos se produjeron entonces de la siguiente manera: Importacin Exportacin Saldo 1846-50 27,838,109 ps. 37,426,137 ps, -f9,388,028 1851-55 35,978,782 „ 61,817,757 „ -j25,838,975 1856-59 40,308,024 „ 68,339,765 „ — 28,051,741 En el intercambio con Gran Bretaa, el fenmeno se manifest en una forma menos intensa, pero idntica en su esencia* Alrededor de 1840 ese pas evoluciona hacia la posicin librecambista cuyo primer efecto ser la admisin del azcar de Cuba en sus mercados* Importacin Exportacin Saldo 1 841-45 17,645,689 36,1 58,801 + 18,513,112 1846-50 21,682,071 35,105,554 -J13,423,483 185 1-55 31,991,162 42,388,062 -i10,396,900 1856-59 .. 29,406,043 37,294,907 -j7,888,864 Estos saldos parciales produjeron con frecuencia saldos generales favorables, no empece a que Cuba tena una balanza negativa con casi todos los dems pases, especialmente con Espaa, desde 1841 hasta

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Saldos generales favorables 239 18 59 y ms adelante. El inters de Espaa consista en proteger su desmedrada industria y lo obtena adecuadamente, mientras por otro lado las exportaciones cubanas disminuan o se estancaban Importacin Exportacin 1841-45 33,639,553 I9,4G3,69 — 14,236,944 1846-50 27,2 10,3 59 16,957,598 — 10,252,761 1851-55. .. 44,729,949 17,727,085 —27,002,864 1856-59 3 1,042,2 12 20,974,554 — 10,067,658 Estos cuadros indican que hubo durante esos veinte aos tres tendencias: l 9 hacia el aumento de porcentaje de as exportaciones a Estados Unidos; 2 P hacia el crecimiento irregular de las exportaciones a Gran Bretaa y 3 9 hacia el estancamiento de las exportaciones a Espaa. En 1865 las exportaciones a Estados Unidos, a Gran Bretaa y otros pases, y a Espaa representaban el 62%, el 22% y el 3%; de total Sin embargo, estas cifras quinq nenales no dan la medida exacta de las oscilaciones sufridas por el comercio de Cuba durante este periodo. Las balanzas favorables anuales se extendan de 1840 a 1844, Se produce entonces un perodo depresivo que — con excepcin del ao 1848 — se extiende hasta 1852, caracterizado por balanzas desfavorables. Entre 18 53 y 18 56 se producen nuevamente los saldos favorables* Desde esa ltima fecha hasta 1868 se mantendran las alternativas anuales. Est claro que desde 1844 hasta 1866 hay en los principales mercados europeos y americanos una cadena de crisis que se reflejan profundamente sobre el comercio y la industria cubanos* Pero si se repara en la evolucin independiente de las importaciones y las exportaciones se observar que aquellas sufrieron fluctuaciones de menor intensidad que estas, o cual se explica, porque los artculos bsicos de la exportacin de Cuba, azcar y caf, eran muy sensibles a las cambios internacionales y constitua ms del 70% del valor de las exportadones. Desde luego, debe tenerse presente que el anlisis a base de los valores puede a ocasiones producir una falsa impresin. Casos tpicos de este efecto son los aos 1847 y 1848, en el primero de los cuales el precio de los artculos bsicos de exportacin disminuy, aumentando, sin embargo, el volumen, mientras en el segundo ocurri lo contrario, subi el precio y disminuy el volumen de as exportaciones, dando por resultado esta combinacin una balanza desfavorable el primer ao y favorable el segundo*

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240 Historia du la Nacin Cubana El comercio de importacin y exportacin se realizaba fundamentalmente por el puerto de La Habana; pero los puertos de menor categora fueron progresando paulatinamente durante este perodo. El caso de Matanzas, cuyo comercio siempre present un saldo favorable durante todo e perodo significa que los puertos "menores” eran fundamentalmente exportadores, o cual concuerda con lo que hemos dicho en ios tomos precedentes sobre el papel que el desarrollo agricolandustrial de las zonas nuevas tuvo sobre la apertura de nuevos puertos y la formacin de ciudades portuarias. La evolucin del comercio de Santiago de Cuba durante estos aos confirma este fenmeno, aunque haya dos aos de balanza desfavorable (1850 y 1858), La distribucin de las exportaciones bsicas entre estos puertos era irregular* Desde luego, casi todos los puertos principales eran fundamentalmente exportadores de azcar; pero en e caso de Santiago de Cuba se nota cierto equilibrio entre las exportaciones de azcar, las de caf y las de mineral de cobre que comunican a esa ciudad un carcter comercial propioEsta influencia decisiva de la trastierra o hintcrland se prueba en Crdenas, puerto casi exclusivamente azucarero. Solo los puertos con escasa exportacin de productos bsicos, como Nuevitas y Remedios, presentaron balanzas regularmente desfavorables. Las exportaciones bsicas de Cuba estaban constituidas por el azcar, la miel de purga, el caf, la cera, el tabaco en rama y manufacturado y el aguardiente de caa y el mineral de cobre. La posicin respectiva dentro del cuadro general del comercio contemporneo oscil notablemente. Un hecho debe tenerse en cuenta, como hemos tenido ocasin de sealar reiteradamente, y es la decadencia progresiva de las exportaciones de caf que se observa desde antes de 1840* Hacia 1860 prcticamente Cuba ha cesado de exportar caf. Hecho negativo que tiene su contrapartida en e aumento realmente asombroso de las exportaciones de tabaco en todas sus formas* Las exportaciones de azcar se mantuvieron en un ritmo irregular de crecimiento, factor que comunica esa caracterstica al comercio general de la Isla, El empuje originado despus de 1815 no ces realmente hasta la depresin posterior a a Guerra de ios Diez Aos, Sin embargo, con frecuencia al aumento absoluto de las exportaciones de azcar proceda por "empujes” de dos o tres aos y sufra inmediatamente reducciones a veces considerables sobre los niveles anteriores* Estas oscilaciones no fueron caractersticas del comercio azucarero de Cuba en el petrodo anterior. El hecho se podr constatar entre 1840 y 1868, aun cuando los aos de depresin intercalados en este perodo lo desfiguran, acentundolo* Un ejemplo sera el ao 1847 durante el

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Aumento sbito de las exportaciones de tabaco 241 cual las exportaciones de azcar descienden a un nivel que haba sido superado desde 1832. En 1857 se vuelve al nivel superado desde 1853* Tales alternativas del comercio de azcar repercutan como es lgico sobre la normal liquidacin de las zafras. Dentro del cuadro del progreso de as exportaciones el hecho singular ms interesante fu el aumento sbito de las de tabaco en rama y tabaco manufacturado a partir de 1840, movimiento que culmina en 1855-56* aos en los cuales ambas ramas alcanzan niveles extraordinariamente altos. La rama conserv esos niveles, no as el torcido que sigui presentando oscilaciones anuales muy pronunciadas, seguidas de una baja continua. El mineral de cobre contribuy con cantidades sustanciales a las exportaciones del pas durante este perodo. Sin embargo, haba tenido una trayectoria especial, consistente en altos niveles en la dcada de los 40 y un descenso en la de los 50, solo para alcanzar sbitamente en 1359 la cifra de ms de un milln de quintales. Durante este perodo la distribucin del comercio internacional de Cuba se mantiene en sus lneas tal como estaba situada desde los aos posteriores a 1820, La aparicin de Blgica no se debe ms que al hecho de la fundacin de su monarqua independiente. En general no se abrieron nuevos mercados a los ya existentes. Cuba exportaba a Espaa, Estados Unidos, Gran Bretaa, a Francia, con la cual tena una balanza favorable solo por excepcin, a Alemania, que comenzaba a ser uno de los grandes mercados azucareros del mundo, a Holanda, que tambin proporcionaba un intercambio favorable, como ocurra con Italia, Suecia y Noruega y Rusia. Blgica, Dinamarca, Portugal y Brasil producan balanzas desfavorables regularmente, Turqua, algunos territorios de Africa y de Asia carecan de importancia. Por lo general el grupo compuesto por Espaa. Hispano -Amrica, Estados Unidos, Gran Bretaa, Francia, Alemania y Holanda constituan ms o menos un 7 0% del volumen total del comercio. El comercio de importacin continu, como era desde fines del siglo xvut, constituido por una variadsima serie de productos, la mayor de los artculos de consumo del pas, Dos grupos es preciso distinguir entre las importaciones: los alimentos y los tejidos. Posiblemente constituan no menos del 5 0% del tota! del valor importado. Los suministradores de estos artculos se distribuan en una forma distinta de los importadores de productos cubanos. Espaa, por lo general, representaba un 2 5-30% de las importaciones, superando, por lo general a Estados Unidos y a Gran Bretaa, que cada uno por s alcanzaba al-

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242 Historia de la Nacin Cubana rededor del 20%. Sin embargo, hacia 1860 se observaba una franca tendencia hacia la primaca de las importaciones procedentes de Estados Unidos, Se importaban de la vecina Repblica especialmente carnes para la alimentacin de las dotaciones de esclavos y del pueblo en general, manteca de cerdo, maquinara; de Espaa procedan gran parte de los tejidos, arroz, aceite, vinos, harinas norteamericanas reexportadas; de Gran Bretaa, los tejidos finos, manufacturas metlicas y maquinaras.

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Captulo VII PREDOMINIO DEL FERROCARRIL, EL TELEGRAFO E l progreso de las comunicaciones modernas corresponde propiamente ai perodo que estamos estudiando, porque es, asimismo, el momento de mayor esplendor de k economa colonial. A partir de 1878 hasta la segunda dcada del siglo xx, el desarrollo de las comunicaciones quedara ms bien detenido. Al misino tiempo que se est produciendo el esfuerzo decisivo para la creacin de los ferrocarriles necesario a la movilizacin de la produccin del pas, surgen nuevos medios de comunicacin aun ms spidos, como el telgrafo y hasta se proyecta establecer c cable submarino cuando apenas se ha conseguido su primer xito en Europa. El objetivo era, evidentemente, k aceleracin de las comunicaciones, para responder a ia revolucin en los transportes que se est produciendo en todos los pases avanzados y que constituyen los mercados principales de los productos cubanos. 1. La era de los ferrocarriles se desarrolla propiamente entre 1857 y 1800. En esos anos coinciden grandes proyectos de construccin de vas y se inauguran numerosos ramales en la zona occidental del pas. Durante el perodo que corre entre 1842, fecha en que el primer ferrocarril pasa a propiedad particular, hasta 1 $68 casi no hay ao en que no se terminen los trabajos de instalacin de alguna va. Gomo es natural esta constante actividad produce una saturacin de las principales zonas productoras del pas, que eran reducidas, en comparacin con las necesidades que el ferrocarril se supona apto a satisfacer. Este movimiento de creacin de nuevos ferrocarriles se produce especialmente en la regin azucarera de Matanzas, donde los primeros proyectos alentados por hacendados, surgieron casi ai mismo tiempo que se terminaba con xito el ensayo de ferrocarril en la regin habanera. En esta provincia econmica, formada por las jurisdicciones de Matanzas, Crdenas y Coln, la saturacin de las lneas ferroviarias se caracteriza por la rivalidad y la competencia entre algunas empresas. Es curioso 243

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244 Historia de la Nacin Cubana observar cmo desde 1840, las lneas que servan los diversos puntos de concentracin azucarera de la zona matancera se duplican y, segn parece, entran en conflicto, debido a su inmediata incapacidad para rendir los beneficios esperados. El primer hecho de este tipo es la duplicidad del ferrocarril de Crdenas, que se forma primero (1840) entre Bemba (Jovellanos) y el progresista puerto azucarero, y, despus, entre ste y Jcaro (1842) prologndose sucesivamente hasta diciembre de 1 8 5 5 fecha en que se pone al servicio desde San Jos de los Ramos. Sin embargo, con el transcurso de los aos estas lneas dejaron de ser competidoras. No faltara otro caso que se asemejara a esta situacin inicial entre las dos lneas de Crdenas. Desde i 845 se comenz la construccin del ferrocarril de Matanzas a Coliseo, el cual no pudo inicialmente utilizar parte del recorrido de la lnea Sabanilla-Unin-Matanzas, con lo que hubiera evitado la duplicacin de recorrido. Hubo ms tarde un avenimiento entre las compaas y pudo entroncarse con el de Matanzas, en Guanbana, hasta Coliseo (1848) y se prolong posteriormente (1859) hasta Bemba, donde se una con el de Crdenas. Esta ltima linca fue una de las de peor rendimiento y solo tuvo una funcin de entronque entre dos lneas principales. Al quedar trazadas estas lneas que unan las zonas principales de a regin con los dos puertos principales, se completaba el servicio de transporte por el E, de la regin matancera. Por el Oeste y el Sur haban estado establecindose otras lneas. La primera de ellas era la de Gines-Unin terminada en 1848 como ramal del "primer ferrocarril 1 que lgicamente deba trarar de llegar a Matanzas, pues la posicin de Unin haca demasiado costoso el tirar los productos por la Habana. As fu; se construy la va entre Unin y Matanzas que fue puesta al servicio pblico el ao 1845 prolongndose despus hasta Corral Falso e Isabel (1849). De este modo la rica zona de Alacranes qued unida al puerto de Matanzas, Esta es la va con la cual entroncaba en Guanabacoa el ferrocarril de Coliseo. Lgicamente, el proyecto de unir los dos puertos principales de la Isla apareci desde temprano. Desde los primeros aos de la era de los ferrocarriles, los AlfonsoAl dama tenan una concesin para trazar la va entre Gines y Matanzas. El ao 18 5 una Compaa, de las muchas que se fundaron, entonces adquiri la concesin y comenz las obras. El ao iSl qued terminado este ferrocarril que se extenda entre Gines y Matanzas pasando por Catalina, Aguacate y Ceiba Mocha. Esta lnea no responda a su objetivo, pues tenda a dar un rodeo

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Gaspar Di takcqurt Cjsjpros (El Lugar io)

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Gaspar Betancoilrt Cisne ros (El Lu cari-: no) Patricio y escritor pblico distinguidsimo, a quien su regin natal, d Camagey, debe notables y progresistas funda cienes* Con Ja constancia heroica que le reconoci Jos Antonio Saco, Hl Ll'arlNO emprendi all todos los trabajos para derramar despus sus grandes beneficios, como frutos de bendicin, sobre su pueblo* Partidario convencido de la anexin, sta, para b no era un sentimiento sino un clculo; el plazo cierto que impidiendo la emancipacin repentina de los esclavos, que todos teman, permitiera adoptar medidas salvadoras que reemplazasen o mejorasen los medios existentes de trabajo y de riqueza; y tambin la fianza de los Estados Un dos frente a las pretensiones de las potencias tu topeas, no menos que contra nosotros mismos, que ramos del mismo barro de ios que haban con seguido erigirse en pases independientes, pero no organizarse como pueblos libres y felices. Vuelto a Cuba, despus del rudo fracaso de sus aspiraciones poli lie as, muri a poco en 1.a Habana, V el traslado de sus restos al C a maguey fi lugar, en esta ciudad y en ¡a poblacin principen a, a sinceras y Imadas manifestaciones populares de dolor. El retrato al leo que se reproduce fue pintado por francisco Ci sueros, artista salvadoreo que dirigi la Escuela de San Alejandro, en esta ciudad. La Sociedad Filarmnica de Puerto Prncipe quiso consagrar este recuerdo pictrico a la memoria del benemrito patricio en el primer aniversario de su muerte.

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La extensin hacia el Oeste de La Habana 245 desde La Habana que imposibilitaba su uso como comunicacin directa con Matanzas. Ei defecto que haban tenido las primitivas lneas de Gines-Unin y de Gines-Guanbana para la comunicacin con Matanzas fue subsanado por el ferrocarril de la Baha de La Habana a ese puerto. Tambin se origin su construccin en el auge inversionista de 1856-57* El ao 18 58 qued terminado hasta Guanabacoa; el siguiente tramo hasta Campo Florido termin en 1859 y en 1861 qued terminada la va desde Aguacate a Matanzas. En este ltimo tramo era paralela a la del ferrocarril de Gines. Esta lnea que tenda a atraer hacia el puerto de la capital algunas de las zonas agrcolas del Oeste* tenia la ventaja de que permita escoger entre los dos puertos principales. Como puede observarse este en otro caso de duplicacin y competencia de recorrido. La extensin hacia el Oeste de La Habana se efectu en dos etapas. La primera est constituida por la construccin de los "ramales” del "primer ferrocarril” que saliendo del Rincn se extendan hasta San Antonio de los Baos y de ah seguan hasta Guanajay* servicio que qued establecido el ao 1849, El de San Antonio a ataban fue terminado en 1843. Pero a medida que progresaban las zonas del occidente se necesitaba ms la comunicacin rpida con la capital. Se comenz a construir el ferrocarril de Cristina (La Habana) a Calabaza^ a Al quizar y Artemisa en 1860 y fue terminado en 1864* marcando la mayor penetracin del ferrocarril en direccin a Pinar del Ro. Al llegar a este punto cabe sealar que en 18 59 toda la zona azucarera occidental formada por Gines* Alacranes* Matanzas* Coln y Crdenas estaba servida por ferrocarriles y* en algunos casos* por dobles vas competidoras. No tardara en producirse una extensin de los proyectos hacia Este, en proseen si n del desarrollo — ya muy lento — de la zona central del pas. La lnea de CienfuegosVilla Clara pasando por la Esperanza qued terminada en 1860 y la lnea de Sagua La GrandeEncrucijada fue puesta al servicio pblico en 1863. A diferencia de lo ocurrido en la zona habanera y matancera* estas lneas quedaran sin vinculacin entre s, debido a que les alcanz el momento de paralizacin general de los negocios que precede a la Guerra de los Diez Aos. La forma de entroncar estas vas con el Occidente tena que tomar como punto de partida el extremo del ferrocarril de Crdenas que era Macagua, Al igual que ocurra con Cienfucgos y Sagua, donde terminaban lneas locales* se produjo en Caibarin a donde termin la lnea de

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246 Historia de la Nacin Cubana Taguayabon-Rcmedios el ao 1 863* Y se repiti la experiencia en Casilda donde se termin el ferrocarril de Trinidad hasta Paso Real el ao 1860. Al fracasar la prolongacin de esta ultima va hasta Sancth Spritus se frustr una de las ms fuertes razones para la supervivencia de la importancia econmica de Trinidad, pues Sanct iSpritus desde 1858 dispona de otro proyecto con terminal en Tunas, que fue acabado el ao 1865* Antes de 1850 el nico ferrocarril existente fuera de la zona occidental era el del Cobre que se termin el ao 1846 cubriendo el recorrido entre Punta de Sal y las minas* Era un servicio que aprovechaba en ciertos lugares la gravedad y en otros la fuerza animal* Hacia 18 6 se estn proyectando las primeras lineas verdaderamente interiores que haban de terminar en Santiago de Cuba* La primera fue la del ferrocarril de Santiago-Sabanilla-Valle de Maroto, cuyos tramos hasta el Cristo quedaron terminados en 18 59* El ferrocarril de Guantnanio qued establecido desde 1863, tambin para el servicio estrictamente local de la zona portuaria, aunque ya tena, por Ja parte de Santiago de Cuba, el punto de unin de Sabanilla* Ferrocarriles menores como el de La H ab anaManan ao, que fu terminado en 1863, y el de] Ingenio La Esperanza a los muelles de Crdenas, terminado en 1860 y que operaba con traccin animal, completa el cuadro de la era de construccin de estas vas que se extiende durante unos veinticinco aos* El primer hedi que puede destacarse es la forma radial, digamos, que tenda a unir zonas interiores con ios puertos ms cercanos. Esto dio origen a los ferrocarriles locales como fueron los de la zona central y oriental* Claro est que la prolongacin de estas lneas hasta entroncarlas —como haba sucedido en La Habana y en Matanzas* — se dificultaba por el hecho que tenan que atravesar zonas aun no desarrolladas debidamente, lo cual elevaba los costes y disminua las perspectivas de beneficios* Pero no tardara, baca 18 54 en surgir un fuerte movimiento a favor de! llamado ferrocarril central, que no era sino ia unin de todos ¡os sistemas desde La Habana hasta Santiago de Cuba* Respondiendo a la misma libertad de iniciativa que haba caracterizado la construccin de las principales lneas occidentales, el proyecto de Ferrocarril Central fue iniciado por secciones. En 1856 se concedi permiso para Ja lnea de Bayamo-Santiago de Cuba; dos aos antes se estaba planeando la continuacin de Macagua a Villa Clara, que no se realiz. Pero la influencia de la legislacin de ferrocarriles de 1858 determin un cambio de poltica. En lo sucesivo, la intervencin de la Direccin

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Las comunicaciones martimas 247 de Obras Pblicas se traducira en un estudio ms sistemtico de las lneas que era preciso establecer para efectuar esta unin de todos los sistemas a travs del territorio de la Isla. Entre 1861 y 1865 se produjeron los planes de las secciones siguientes; Villa Clara a San cti-$p ritas* Ciego de Avila y Puerto Prncipe; Puerto Prncipe a Tunas y Tunas a ayamo que quedaron fijados como parte del futuro ferrocarril central, realizado despus de 1878. El otro hecho que debe destacarse en este proceso ingente de fundacin de ferrocarriles es la decadencia que se observa desde 1861. Hasta ese ao se haban construido lneas por un total de 1,029 kilmetros, de los cuales 244 correspondan a 1860 y 1861. Desde 1862 hasta 1865 solo se construyeron unos 180 kilmetros completndose Justa ms de 1,200 kilmetros que existan en la vspera de a Guerra de los Diez Aos, Esta paralizacin no se debi solamente a la depresin posterior al ao 18S7-58 sino a que la crisis de la industria azucarera ya se haba desatado completamente. Los ferrocarriles fueron establecidos principalmente por hacendados para el servicio de transporte de los azcares hasta los puertos de embarque y al paralizarse la expansin de la industria qued detenido el programa de construccin de ferrocarriles, limitndose entonces a cubrir aquellas zonas que estaban necesitndolo desde la dcada anterior. Es esta la razn fundamental para la paralizacin de todos los proyectos relativos al ferrocarril central que no tendan a unir el interior con la costa sino solo los puntos principales del interior. Tenia, desde Juego, una utilidad poltico-estratgica que no se ocultaba a las autoridades coloniales; pero que no atraa a los inversionistas. 2, Aun cuando las comunicaciones martimas constituan, desde el siglo xvi, la base de la existencia econmica del pas, su desarrollo en este periodo no se muestra, como en el caso de los ferrocarriles, tan vigoroso y continuado. Ya desde la dcada de los 30, las comunicaciones internacionales se encuentran organizadas sobre a base de relaciones peridicas con los Estados Unidos, Espaa y Gran Bretaa. Pero durante los aos que corren entre 1840 y 1868 estas comunicaciones no sufrieron alteracin sustancial, si bien puede observarse un aumento absoluto del nmero de barcos empleados y del tonelaje que representaban. Al parecer las mejoras en el transporte martimo que se estaban produciendo en el Atlntico no repercutieron inmediatamente en Cuba, posiblemente porque su proximidad a los Estados Unidos impidi que se necesitara aplicar ios ltimos progresos a su trfico comercial. El aumento del nmero de barcos y de tonelaje corresponde, desde luego, al crecimiento de! volumen del comercio internacional que he-

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248 Historia de la Nacin Cubana mos tenido ocasin de sealar en el captulo precedente. El total de entradas y de salidas pasa de 5,000 en 1840 y llega a 9,000 en 18 5 9, Lo que viene a representar un promedio de 2,500 buques en la primera fecha y de 3,500 alrededor de la ltima fecha mencionada. La capacidad de carga aumenta visiblemente desde un promedio de 400,000 toneladas en 1840 hasta 6 50,000 ms en 18 59. Desde luego, la participacin de los buques extranjeros en este trfico era un hecho decisivo. Por lo general, los barcos nacionales, espaoles o cubanos, no llegaban a la mitad de los extranjeros* Y aun cuando la proteccin a la marina espaola era una de las bases de todo el sistema aduanal y martimo, ya en 18 59 se observa que los buques espaoles no aumentan en la proporcin que estaban aumentando los extranjeros, paralizacin relativa que se debe a que la Metrpoli se empeaba en exportar a Cuba mucho ms de lo que importaba de ella, So cual tena forzosamente que reflejarse sobre el estado de las comunicaciones martimas, mientras la proporcin de los Estados Unidos en ambos sentidos — exportacin e importacin — creca sustancial mente, determinando un aumento del trfico martimo. Esta situacin sufrira un fuerte impacto con motivo de la Guerra de Secesin, tras h cual cambiara no solo e! volumen del trfico sino tambin las lneas de navegacin entre Cuba y los Estados Unidos. Las comunicaciones martimas internacionales de Cuba durante este perodo estaban constituidas por varias lneas norteamericanas que unan los puertos de New York, Ch a r lesin, que era el verdadero centro atlntico, Savannah, New Orleans y La Habana, servicio que ya estaba regularizado antes de 1851* Estas lneas entraron en crisis hacia 18 58, cuando el peridico La Prensa se quejaba de la disminucin de los barcos, pero se repusieron hasta cierto punto antes de que comenzara la guerra civil* En realidad, !o que estaba ocurriendo en Estados Unidos era el desplazamiento del centro del comercio hacia el Norte, esto es, hacia New York, lo que entraaba la decadencia de Charles ton como punto terminal de unin con Cuba. Para esta poca tambin llegaban los barcos ingleses a La Habana aunque con una frecuencia menor. Las lincas inglesas dejaban casi todo e transporte de los productos cubanos o exportados a Cuba a cargo de los barcos norteamericanos, que entroncaban en New York y en Charles ton con las lneas transatlnticas. Haba, desde luego, barcos de otras nacionalidades, pero su servicio con los puertos de Cuba no era regular y, sobre todo, tan frecuente como el de los barcos norteamericanos. Los dos centros espaoles eran

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Comercio martimo de cabotaje 24 9 Cdiz y Santander, servidos por compaas pequeas y armadores independientes. El comercio martimo de cabotaje se desarroll durante este perodo sobre la base de su creciente unificacin y centralizacin. Ya exista, como sabemos, un trfico con barcos de vapor entre La Habana y Matanzas, y entre La Habana y algunos puertos del occidente; pero estas lneas no solo se prolongan sino que se entrelazan con las dems basta que surge la Compaa General Cubana de Navegacin. En 1841 haba un servicio de vapores entre La Habana y Matanzas; tambin exista uno entre Crdenas y Matanzas. Por el Occidente, el vapor "Almendares” haca viajes regulares a Mar iel, Cabaas y Baha Honda. Un vapor con el curioso nombre de "Jejn” haca los viajes entre Sagua La Grande y Remedios. Por la costa sur, no haba comunicacin ms que entre Bataban y Santiago de Cuba por medio del vapor "Villanueva” que haca el recorrido dos veces al mes. Claro est que se formaron las correspondientes escalas en Cienfuegos y TrinidadCasilda. Por la seccin ms occidental de la costa sur no haba navegacin regular y, a parecer, hacia 1851 el privilegio para establecerla estaba concedido a una compaa que no lo aprovechaba. Haba dificultades especficas en esta zona, debido al escaso desarrollo de los puertos intermedios, como La Colonia, que no estaba habilitado para d comercio. Puede afirmarse que en 18 57 al iniciarse el movimiento de formacin de las primeras grandes compaas de navegacin cubanas casi todos los puertos de la isla tenan comunicaciones martimas con los restantes, siempre, desde luego, con tendencia a concentrar las lneas en puntos terminales como Santiago de Cuba, por e sur, y La Habana y Matanzas por el norte. En 185 8 se fund la compaa de Herrera propietaria del vapor "Pjaro del Ocano” que haca viajes a St, Tilomas, a cual recibi una subvencin de seis mil pesos, ampliando su servicio al Golfo y las Antillas Menores en 18$ 5, hacindose cargo, adems, de varios de los barcos que posea la Compaa General Cubana de Navegacin. La Compaa General Cubana de Navegacin fue fundada en 18 57 y estaba destinada a unificar y fundir todas las lneas y compaas dedicadas al cabotaje hasta entonces. Con un total de seis vapores de ruedas y 3 de "tornillo” (hlice) emprendi sus operaciones por ambas costas estableciendo mltiples servicios que partiendo de La Habana servan, en lneas independientes, a Matanzas y Crdenas, a Sagua y Caibann, a Sagua, Nucvltas, Gibara, Baracoa y Santiago de Cuba, y a Nue vitas, Gibara, Baracoa y Santiago de Cuba, con un total de cuaT. IV. >

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250 Historia o e la Nacin Cubana tro lincas. Por la costa sur, estableci dos lneas que comprendan a Bataban, Cien fuegos y Trinidad* y a Bataban, Cicnfuegos* Trinidad, Santa Cruz* Manzanillo y Santiago de Cuba, Guantnamo qued aislado de este sistema* aunque desde 18 56 el antiguo vapor "General Tacn” haca viajes regulares a Santiago de Cuba, Ai parecer antes de la constitucin de la Compaa General Cubana haba servicios de tipo local como el de Remedios al embarcadero de los Perros, donde haba salinas y cortes de maderas. Deba abundar el trfico menor, pues sabemos que no faltaban los embarcaderos. Por ejemplo, en a regin de Baja haba cinco embarcaderos utilizados para el pequeo trfico hasta los puertos ms cercanos o para el sermeio irregular con La Habana, Una modalidad especial de las comunicaciones por barco eran las fluviales. Haba dos vas particularmente aprovechadas. Una, era el ro Damuj* que serva de salida y comunicacin a un grupo de ingenios de la zona de Cenfuegos (Dos Hermanos, Manuclita, Reglita, San Antonio, San Ignacio, San Nicols* Santa Marta y Silvcrita), Otra, el Agabama que, adems de proveer de pesca, serva para el transporte de azcar de los ingenios de a zona de Trinidad, A medida que el comercio de cabotaje tuvo que sufrir la competencia de las grandes compaas extranjeras que, paulatinamente, despus de 1868, fueron adoptando la poltica de comunicarse directamente con los puertos exportadores de Cuba, fu disminuyendo. Antes de 1900 ya haba quedado limitado a muy pocas lneas. La construccin del ferrocarril central le dio un golpe de muerte. 3, Las carreteras y los caminos progresaron muy lentamente durante este perodo. Aparte de las razones que haban pesado anteriormente, como el escaso desarrollo de ciertas zonas, el costo de las obras, la ineficacia de la carretera para el transporte rpido, si era preciso utilizar anmales de tiro, ahora intervendra un nuevo factor: la influencia negativa de los ferrocarriles que haban relegado las carreteras a un plano muy secundario. Pero este relegamiento tena sentido siempre que se pensase en el transporte de los frutos principales de exportacin, sobre todo el azcar* la miel y el caf; pero no tena igual explicacin respecto de los dems ramos de la produccin. Estos no hallaron ayuda alguna en el ferrocarril; a lo menos no la hallaron en la escala que requeran. El trfico interior con los frutos, digamos menores, se mantuvo reducido a muy cortas posibilidades de transporte terrestre. Tanto el ferrocarril como el transporte en arrias o en carretas resultaban caros y poco estimulantes para la produccin de consumo domstico. Quizs en La Habana fu donde el ferrocarril sirvi ms

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Atraso constante di. la construccin de carreteras 251 positivamente a estas ramas menores de la agricultura* a consecuencia del cambio en el uso de la tierra ocurrido despus de la fundacin del "primer ferrocarril”* Resultado de estas causas coincidentes fue el atraso constante de la construccin de carreteras y de la conservacin de los caminos de tierra tradicionales* Al inaugurarse los trabajos de la Direccin de Obras Pblicas el ao 18 54 solo haba un total de 107 kilmetros de carreteras* Este organismo tnico logr construir unos 99 kilmetros ms hasta 1866, fecha en la cual quedaron sus actividades prcticamente, paralizadas, pues poco despus las necesidades militares absorberan todas las fuerzas de la organizacin* Hasta 18 54 los escasos kilmetros de carreteras que haba estaban principalmente centrados en torno a La Habana y ninguno de los trazados haba sido terminado en puntos importantes del interior* La generalidad de las "calzadas” estaban por terminar. La Direccin de Obras Pblicas extendi a otros lugares dd interior las carreteras y trat de terminar las "calzadas” habaneras* Hacia S 8 6 5 los progresos realizados en direccin a Vuelta Abajo eran visibles, pues la carretera llegaba casi hasta San Cristbal. Fuera de estos pequeos progresos, las dems zonas del pas solo contaban con "caminos vecinales” y "caminos reales” tradicionales* La mejora observada respecto de la conservacin de algunos de los caminos tradicionales se debe principalmente al aumento de la riqueza de ciertos centros econmicos y de poblacin interiores, que estimul la iniciativa de propietarios de la zona* Con frecuencia, la Direccin de Obras Pblicas no realizaba siquiera las obras de conservacin correspondientes; todo corra de cuenta de los vecinos interesados en el asunto. La tcnica de construccin de las carreteras no mejor gran cosa* Las "calzadas” habaneras eran empedradas, como las principales carreteras del interior* Se les acondicionaba con cunetas y desages, para evitar los efectos de las temporadas de lluvia, y con frecuencia, se trazaban con una ligera altura mayor sobre el nivel general de la regin para facilitar su conservacin. 4* Si los ferrocarriles tendieron a depreciar las comunicaciones terrestres, el telgrafo oper similares efectos sobre el correo* Apenas se realizaron en los Estados Unidos los primeros ensayos venturosos de la telegrafa, ya se propona su establecimiento en Cuba, al parecer a iniciativa de Antonio Mara Escobcdo (1840). En 1841 Pedro Alejandro Auber desde las columnas del Diario de La Habana propona

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zn Historia de la Nacin Cubana igualmente la adopcin de este invento. Sin embargo, pasaran algunos aos ms antes de que fuera implantado el servicio telegrfico. La razn de esta demora no radica solamente en las dudas que se tenan sobre la viabilidad del invento si se aplicaba a grandes distancias, extremo que la prctica internacional iba demostrando ser falso, sino, sobre todo, por las escasas perspectivas de beneficio que presentaba la explotacin del servicio de telgrafos para el capital privado. Hasta 18 51 no se autoriz un ensayo en pequea escala dentro de la propia ciudad de La Habana, el cual fue realizado por un or team ericano de apellido Kennedy, El Capitn General Caedo, al notar el escaso entusiasmo por solicitar la concesin de este servicio, invit a los comerciantes habaneros a reunir un fondo para emprenderlo. Se dieron los primeros pasos y despus de reunir cierta cantidad se confront el fracaso de la iniciativa, por lo cual se decidi emprender el tendido de las lneas y la prestacin del servicio por cuenta del Estado que, en definitiva, era el primer interesado en este tipo de comunicacin, sobre todo despus de la sorpresa de Crdenas por las fuerzas expedicionarias de Narciso Lpez, La primera lnea se extendi de La Habana a Bataban y fue inaugurada el ao 1853. Se continu durante las siguientes administraciones este trabajo de tal modo que ya en 1860 se estableca la comunicacin directa entre Caibarin-Remedios y a capital. Sin embargo, el procedimiento de tendido de las lneas fu parecido al de los ferrocarriles, pues la lnea "Ventral 1 digamos, no pas c Sancti-Spiritus, continuando de all a Santiago por medio de entronques locales. Todo ello estaba realizado ya en i 865, cubriendo un total de 1,540 kilmetros de lneas, entre los cuales se inclua la del occidente que llegaba basta San Cristbal y de ah a Pinar del Ro, AI mismo tiempo que se montaba el sistema oficial de telgrafos con una rapidez y eficiencia extraordinarias, se exiga a las compaas de ferrocarriles que establecieran los sistemas propios de sus lneas que serviran para la mejor operacin y cuidado de las mismas Estas lneas servan de comunicacin adicional entre grandes ciudades y, sobre todo, entre stas y ciertos puntos del interior, que el sistema oficial haba dejado al margen, En i 866 muy pocas de las lneas ferroviarias carecan de su telgrafo, quizs solo la lnea de Puerto Prncipe a Nuevitas. El total de lneas era de 1,021 kilmetros, haciendo, junto con las lineas estatales, un total de 2,561 kilmetros de telgrafos. En el trmino de unos diez aos habia quedado establecida la red esencial de comunicaciones telegrficas del pas, lo cual sera de gran ayuda a po-

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Continuas mejoras de l servicio de correos 253 der espaol, a raz de la sublevacin de los cubanos el ao 1868. Pero este hecho de tipo poltico, no debe ocultar la importancia que tenia este progreso para la unificacin y mejora econmica del pas. Precisamente, como podr apreciarse en un captulo posterior, uno de los hechos ms significativos de la economa cubana antes de i 868 es su zomficacin, lo que puede observarse por e! diferente efecto de las crisis cclicas en las diversas ciudades. La terminacin del ferrocarril central, el funcionamiento eficaz de telgrafo y la gradual penetracin hacia el interior de la organizacin financiera surgida primero en La Habana, haran de la Isla un solo mercado y una sola entidad econmica a partir de 1878. La realidad es que Cuba, por sus estrechas vinculaciones econmicas con Estados Unidos y Gran Bretaa estaba siempre alerta a los ltimos adelantos. Una prueba de ello es la rapidez con que al difundirse la noticia de los primeros xitos obtenidos con el cable submarino se agita en La Habana el proyecto de establecer esta comunicacin con los Estados Unidos. La prensa peridica del ao 18 58 es particularmente interesante en este sentido. 5. El servicio de correos que haba tenido adelantos notables duiante el periodo anterior, continu mejorndose, a merced del adelanto general de las comunicaciones y los transportes. En realidad, a organizacin moderna del servicio y el aumento de su eficacia se produjo durante los aos que corren entre 18 50 y 1860. Pero los adelantos ms notables en esta organizacin se obtuvieron solo en cuanto al correo interior, pues el correo martimo que, como se sabe, hasta el ao 1850 permaneci en manos de una empresa privada que mantena el servicio en conexin mensual con La Cor ua, pas a la administracin pblica sin mejorar visiblemente en la rapidez ni en el nmero de expediciones mensuales. El ao 1 8 5 5 se realizaron las principales reformas, consistentes en aumentar las salidas del llamado "correo general** de la Isla que era el que una a La Habana con Santiago de Cuba. Se aprovech el ferrocarril que llegaba a Macagua para conducir hasta all las balijas y de ah, por tierra a Sancti-Spritus, abandonndose la ruta de Trinidad, que como se sabe exista desde mediados del xvrn y, en las actuales circunstancia s, demoraba el trnsito de la correspondencia enviada a Santiago de Cuba. El ao 18 56 qued definitivamente establecido el sistema de distribucin central con extensiones radiales que servan a los pueblos como Cienfuegos, Trinidad, Bayamo, Gibara, etc., situados un poco al Norte o al Sur de la lnea central. Este servicio se mantuvo bajo contrata; pero sujeto a la inspeccin y a los reglamentos del Go-

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2 H Historia de la Nacin Cubana bierno, En el propio ao de 1856 se establecieron los sellos de correos que uniformaron ei cobro del servicio, que hasta entonces adems de variables se basaban en las distancias lo que haca demasiado costoso el uso del correo. Para las comunicaciones con Espaa y Europa una vez cesada la compaa de correos se utilizaban por medio de contratas distintas vasLa correspondencia sala por los vapores de la Mala Real Inglesa, los di as 9 y 19 de cada mes, por vapores espaoles los das 12 y los das 22 por el vapor correo a Saint Thomas (de la Compaa de Herrera), que transbordaba la correspondencia para los vapores ingleses que terminaban en Southampton. Para los Estados Unidos, los vapores correos norteamericanos con seis salidas para puertos del Este y cinco para puertos del Golfo, El servido con Mxico lo hacan vapores espaoles. Para el resto de Amrica los correos eran ingleses, salvo para Puerto Rico y Santo Domingo y Saint Thomas, que eran espaoles, 6. Los progresos realizados en materia de comunicaciones y de transportes durante los veinte aos que corren entre 1840 y 1860 determinaron nuevas necesidades de orden administrativo y publico. Estas necesidades pudieran resumirse en la intervencin estatal. En efecto, la expansin de las nuevas comunicaciones determin la aparicin de una poltica caracterizada por la mayor intervencin estatal en la organizacin y operacin de los servicios pblicos de transporte, Pero tambin aparecieron otros cuerpos legales destinados a acentuar, a mejorar y afirmar as atribuciones del poder pblico en cuanto a la administracin de las comunicaciones. Sin duda, el texto de mayor importancia fu el Real decreto de 10 do diciembre de 18 58 que constituy el primer cuerpo uniforme de regulaciones sobre la materia. Hasta entonces, ei Gobierno Superior Civil conceda los permisos a empresas particulares sin sujetarse a normas como no fueran las de un simple procedimiento para el examen del proyecto y su aprobacin. En lo sucesivo, la aprobacin del proyecto deba realizarse por medio de Real orden, lo cual pona en manos de las autoridades metropolitanas la creacin de los ferrocarriles de Cuba, aunque previos los informes de autoridades coloniales como ciertos organismos locales. Real Junta de Fomento y corporaciones o personas que a juicio del gobernador civil debieran informar. Se concedan desde luego a los concesionarios una serie de privilegios y exenciones, como los terrenos de dominio pblico que tuvieran que utilizar, el beneficio de vecindad para el aprovechamiento de leas, pastos y otros bienes comunales de los pueblos donde estuviesen establecidos los obreros constructores de la linea, el derecho de abrir can-

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Legislacin sobre carreteras 255 teras para aprovechar la cal y fabricar materiales necesarios para la construccin, la devolucin de los derechos devengados por los materiales y aparatos y maquinaria importados durante la construccin y los primeros diez aos de funcionamiento de la linea y la exencin del derecho de hipoteca. Tambin determinaba esta ley las medidas de la entrevia y la distancia entre los bordes de los carriles, determinndose las dems dimensiones en cada caso particular. Se regulaba igualmente las tarifas, especialmente su revisin de cinco en cinco aos y se obligaba al establecimiento de un telgrafo que poda servir tambin para uso general El captulo noveno de este Real Decreto especificaba los requisitos exigidos de las compaas por acciones formadas para la construccin y explotacin de un ferrocarril. Tena primero que constituirse provisionalmente mientras no obtuviera la concesin a partir de a cual podia emitir acciones y dems valores que solo podran transformarse en valores al portador cuando los suscribientes hubieran pagado la totalidad del capital. Las concesiones no podan hacerse ms que por noventa y nueve aos, a perpetuidad o temporalmente; estas dos ltimas solo cuando no hubiere mediados subvenin estatal. Al Decreto en cuestin acompa una detallada Instruccin para su cumplimiento. Esta legislacin quedaba completada con la Ordenanza Provisional para la conservacin y polica de los ferrocarriles. La legislacin sobre las comunicaciones martimas quedaba incorporada a las leyes sobre aduanas y navegacin que formaban un cuerpo casi unificado desde principios del siglo y sobre la cual no hemos de insistir en este lugar, porque fundamentalmente tena fines fiscales, que han sido debidamente expresados en el captulo precedente. Tambin fue establecida una legislacin sobre carreteras* Las Ordenanzas para la conservacin y polica de carreteras, de 2 5 de agosto de 18 56, que se ocupaba en materias de tipo pblico como obras, arbolado, trnsito, construcciones contiguas, denuncias por infracciones de las ordenanzas. Los portazgos y los peajes se regulaban por disposiciones especficas. No menos importante fu el Reglamento provisional del cuerpo y servicio de telgrafos, de 2 de marzo de 18 57. Por este texto, el servicio telegrfico quedaba bajo la jurisdiccin de la Direccin de Obras Publicas, o sea, bajo la inmediata dependencia del Gobierno Superior Civil. Se organizaba a continuacin el cuerpo de telgrafos con un Director que lo era e de Obras Pblicas, un inspector, que lo era, el de Obras Pblicas, jefes de lneas, jefes de estaciones y telegrafistas. Desde luego, tambin tena su cuerpo de vigilancia propio. Se esta-

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26 Historia de la Nacin Cubana bleca e! ingreso en el cuerpo por las plazas inferiores, con alumnos graduados de la Escuela Especial de Telegrafistas y cuando hubiera ms de un aspirante calificado se celebrara oposicinLos dems cargos se cubran por ascenso. El Reglamento provisional inclua una Instruccin tambin provisional fijando las tarifas de la comunicacin telegrfica as como los dems requisitos de La prestacin del servido. 6, El progreso realizado por Cuba en materia de comumccaciones durante este perodo constituye uno de los hechos ms notables del siglo xix. Deba continuar este impulso despus de 1373; pero fu preciso, primeramente, reponer los perjuicios provocados por la Guerra. En buena medida, muchas de las lneas telegrficas tuvieron que ser reconstruidas, los caminos, a menos que hubiesen sido necesitados por las tropas espaolas, quedaron abandonados e intransitables. Algunos de los ferrocarriles sufrieron prdidas muy serias. No se haban recuperado de estas adversidades, cuando la nueva insurreccin dio lugar a una destruccin aun ms sistemtica, como veremos en un tomo prximo.

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I Captulo VIII ASPECTOS FINANCIEROS D urante el perodo que estamos analizando el crdito se organiza con formas modernas. Es un Iiecho fundamental en d desar rollo de la economa colonial* que indica el grado de crecimiento a que haba llegado, por una parte* y que* por otra, servira para mostrar hasta qu punto la economa de la Isla estaba vinculada a a economa internacional, pues esta organizacin moderna y ios fenmenos que la acompaan siguen un camino paralelo a los acontecimientos del mismo tenor que sucedan en Europa los veinte aos que corren entre 184G y 1860. Esta organizacin del crdito se traduce, claro est, en una acentuada especializacin de las instituciones. Aun cuando no quedase liquidada la organizacin tradicional de las casas de comercio que $c dedicaban a operaciones financieras, ella se reduca grandemente por la aparicin de sociedades annimas dedicadas a operaciones fundamentalmente bancarias y de crdito. Con esta transformacin aparece claramente el que pudiramos llamar '"capitalismo financiero” en la economa colonial, que ya asomaba desde 183 5-3 8, cuando los intereses azucareros se fundieron con los intereses ferroviarios en una forma embrionaria de "integracin”. Esta transformacin supone, desde luego, la participacin del capitalismo comercial que hasta entonces haba estado perfectamente diferenciado de los dems tipos. Hacendados y comerciantes fueron los animadores de las numerosas sociedades de crdito, de los Bancos y de los llamados almacenes de depsito. Paralelamente, la organizacin moderna del crdito se refleja en la forma jurdica de los agolpamientos especializados en estos negocios. De ah, la sbita difusin de las sociedades annimas. Aun cuando las crisis del momento repercutieron desfavorablemente sobre estas sociedades, puede afirmarse que desde entonces quedaron definitivamente Insertadas en la economa cubana, como forma superior de organizar las disponibilidades de capital. 257

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258 Historia de la Nacin Cubana En cambio, la organizacin monetaria de la colonia se mantiene sobre sus bases tradicionales, sujeta fundamentalmente a los trastornos que se producan en los Estados Unidos, factor de mayor influencia en el movimiento de fondos del pas. 1. La reforma de 1842, consistente —como sabemos — en retirar de la circulacin las pesetas sevillanas que inundaban el mercado insular provocando la salida dei oro y de la plata columnaria, no sirvi para restablecer sobre buenas bases el sistema monetario imperante, si es que se pudiera llamar sistema a a libre circulacin de moneda de muy diversas procedencia y de ley distinta. Desde luego, las pesetas sevillanas, al ser desvalorizadas en ms de lo que les corresponda, salieron de Cuba, reexportadas a Espaa. La situacin, como veremos, se agrav repetidamente en aos posteriores; pero de inmediato la buida de la moneda mala restableca en su justo papel al oro. Sin embargo, faltaron las monedas de plata por la desaparicin casi completa de la moneda columnaria o peso fuerte tradicional. Para las transacciones menudas seguan faltando signos de menor valor. Solo corra el medio o real de velln que, con frecuencia, cubra con creces e! valor de las compras en las calles y en los mercados, de modo que o se consuma por el total de su valor o se aceptaban los pedacillos de lata que algunos comerciantes al menudeo "emitan" para vuelto y que forzaban a seguir adquiriendo en su establecimiento, Mientras no se acuaran monedas de cuartillo tal inconveniente seguira presentndose, como sucedi durante todo este perodo. Pero estas dificultades no eran comparables a las que procedan de desarreglo de las monedas de mayor denominacin, La perduracin de la prima del 6 / 2 % sobre el oro en onzas, que se converta a razn de 17 pesos fuertes, en lugar de diecisis, sigui contribuyendo a la huida de la plata. La primera variacin que se observa en este aspecto se debi a la afluencia de oro procedente de California entre 1847 y 1 8 50, La Habana se transform en un centro de operaciones en oro por el trnsito de los norteamericanos que venan de las tierras aurferas del Pacfico, La Habana, que ya tena graneles reservas en oro y escaseaba en plata, aument su circulacin de onzas sobrevalor adas aun en mayor grado a consecuencia de la baja del valor del metal bsico, Las exportaciones de plata a los Estados Unidos se acentuaron. Toda la colonia se resenta del fenmeno, pues en Santiago de Cuba se producan quejas en tal sentido hacia 18 53. El Marqus de la Pczuela, cuyo gobierno se caracteriz por un gran inters en las cuestiones econmico-financieras, intent una medida en-

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Dificultades por la multiplicidad de signos y valores 259 caminada a poner coto a !a situacin, proponindose equilibrar el valor relativo de las monedas de oro y de plata mediante el establecimiento del cambio de la onza de oro a 16 pesos fuertes* Con esto se pretenda acercar el valor nominal de ambos metales a la relacin real que resultaba de la entrada en circulacin del oro de California* El simple anuncio de esta medida provoc la resistencia del comercio y de todos los que haban celebrado contratos que implicaban pagos en dinero corriente, pues supona una modificacin en stos. Se pas la cuestin a consulta de la Junta de Fomento; el dictamen fue desfavorable* En lugar de esta medida se propusieron otras, en verdad come id entes con ella, aunque ms radicales* La conclusin de los informantes sobre la materia fue que no poda conservarse el sistema imperante, que deba reformarse la moneda de plata, creando una moneda provincial cuya ley fuera ajustada a las necesidades del pas y a las relaciones monetarias que ste tena con Estados Unidos* En suma, lo que se propona era la acuacin de monedas de plata de menor valor intrnseco, de modo que respondieran convenientemente al valor de la moneda de plata americana e hispanoamericana que circulaba entonces* Como es lgico esta solucin se tuvo por demasiado radical y la situacin qued sin remedio momentneo* Sin embargo, una medida dictada en los Estados Unidos pareci operar efectos similares en Cuba* En 185 3, con el objeto de impedir la continuacin de las importaciones de plata extranjera, se procedi en aquel pas a reducir la ley de la moneda de modo que respondiera lo ms adecuadamente a la relacin real entre los metales* En lo sucesivo se detuvo la huida de la plata cubana hacia Estados Unidos; pero se present el fenmeno inverso, pues los reales y medios americanos ya desvalorizados tuvieron cabida en Cuba al cambio nominal que exista de tiempo atrs. Pero seguan confrontndose las dificultades resultantes de a multiplicidad de signos y de valores, razn por la cual no pocos opinantes de esta poca se decidieron por la creacin de una Casa de Moneda, que sobre las bases tradicionales de una moneda de plata desvalorizada permitiera alcanzar un grado de estabilidad que no se tena mientras las monedas hispanoamericanos, norteamericanas y espaolas circulasen libremente* 2. Fue a organizacin del crdito aquella actividad financiera que sufri la mayor transform acin durante este perodo, como hemos dicho* En verdad ni ios proyectos anteriores — fallidos o ni siquiera ensayados—, ni el Banco de San Fernando o de Fernando VII, haban logrado establecer sobre bases modernas el crdito. El xito de la Caja de Descuentos y Depsitos, creada en 1840 por iniciativa de Carlos de

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26 Historia de la Nacin Cubana Castilla, bajo la presidencia del Conde de Caengo y de la cual fu secretario Bachiller y Morales, no bastaba, aunque debi ser alentador. Sin embargo, la agricultura bsica de pas requera cada vez ms una expansin de los medios financieros, pues tanto el coste de la mano de obra como de las maquinarias y aparatos azucareros requeran un financiamiento mucho ms grande que el disponible de acuerdo con la organizacin tradicional de los comerciantes-banqueros. Por otra parte, las crecientes relaciones econmicas con los Estados Unidos imponan las prcticas que all estaban imperando, esto es, el ensayo de sociedades y de Bancos* La primera finalidad que deba obtenerse con el establecimiento de un sistema de crdito moderno era dar flexibilidad al f mandamiento y abaratar el capital. Sustrayendo los capitales de los negocios particulares estrictamente especulativos como el comercio y la propiedad inmueble se podan alcanzar esos dos objetivos* El capital, desde luego, segua siendo caro. Los testimonios contemporneos, desde Torrente que fija el inters en 18 a 20 € /o hasta d’Hespel d’ArponvilIe, que se refiere a un 14 c fo dan la medida del alto inters “Verdaderamente usurario — que se cobraba en la refaccin de los productores. Al parecer se obtena ms barato en inversiones sobre bienes inmuebles. Posiblemente el testimonio de Balmaseda que reproduce Martnez Fortn en sus Anales no sea exacto cuando fija el inters a "'solo el 6% mensual con excelentes hipotecas”, pues, al parecer en la misma ciudad de Remedios hay quejas en 1862 de que la usura fija un inters de 2% mensual, lo cual es ms concebible* Sin embargo, esta ltima cantidad con ser menor significa, desde luego, que la situacin era difcil en todo el pas, ms grave cuanto menos desarrollada fuese la zona. Posiblemente una parte del financiamiento necesario para realizar las grandes transformaciones de la industria azucarera, donde segn la expresin de F* del Monte, desde as columnas de El Siglo era preciso "ser un capitalista” para realizarlos, procedieron del fin ancla miento internacional, concretamente norteamericano, ingls y francs. Los norteamericanos lo ejercieron especialmente a travs de formas consagradas por la tradicin colonial cubana. Se citan con frecuencia "casas” de comercio norteamericanas establecidas en distintos puertos cubanos* Los constructores de maquinarias y aparatos tanto de Estados Unidos, como de Gran Bretaa y de Francia contribuyeron con crditos, como fu el caso de Derosne cuando se estableci el primer tren de su nombre en el ingenio de Villa Urrutia* La misma participacin de armadores y piratas norteamericanos en la trata negrera clandestina repte-

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Apaucin de los Almacenes de Depsito 261 senta, a travs del suministro de esclavos a plazos, una forma clsica de fnanciamiento. El refaccin amiento tradicional consista en la simple anticipacin de dinero, a cambio de un alto inters o en el suministro de esclavos, envases y utensilios, a ms alto precio, lo cual constitua de por s ma usura y, finalmente, el cobro de ambos tipos de servicios en frutos, para lo cual se exiga una comisin de venta consistente en apreciarlos por debajo de Ja cotizacin del mercado. Posiblemente Jos efectos de los aos crticos de 1845 a 1848 fueron decisivos para la aparicin de un nuevo ritmo financiero en el pas. No se tienen datos sobre el movimiento de fundacin de ingenios en estos aos; pero debe considerarse que, por lo general, fue el momento en que se abrieron definitivamente las nuevas zonas caeras de Matanzas y que se fomentaron nuevas lneas de ferrocarriles. En consecuencia, la memoria de 1847 de la Caja de Descuentos y Depsitos de La Habana anunciaba la necesidad de crear un Banco Agrcola c Hipotecario destinado a operaciones a largo plazo tpicas del financiamiento de los ferrocarriles y de la fundacin de ingenios. La misma institucin se manifest ms liberal en 1851 cuando al reformar su reglamento aument su capacidad de operacin. La aparicin de ios Almacenes de Depsito tiene el mismo significado que la reforma introducida por la Caja. La creacin del primero de ellos, llamados Almacenes de Depsito de Regla y Banco de Comercio data de 1844. En esta ocasin la expansin del crdito se opera por medio de una organizacin ms completa del comerciante-exportador, que ya no es individual sino colectivo o en forma de sociedad annima y que, en la prctica, realiza operaciones tpicamente bancarias. La operacin bsica era la pignoracin de los frutos. Por lo pronto, la escala en que procedieron estos Almacenes les permiti rebajar considerablemente el costo de almacenaje y transporte, asi como los intereses de los prestamos. La situacin que vinieron a corregir est expresada por un numero de cajas de azcar con la que operaron desde sus inicios, y, aun ms, durante la poca de auge en que llegaron a manipular hasta cerca de 700,000 cajas de azcar en un ao, o sea no menos del 5G% de las exportaciones totales de azcar. Los Almacenes de Regla no tardaron en ser imitados. En 1847 se crearon los Almacenes de San Jos, los cuales operaban pricipalmente con artculos importados para su venta y distribucin en el interior del pas. Finalmente en 185 5-57 se crearon los Almacenes de Depsito de Hacendados, que no pudieron operar hasta 1858, los Almacenes de Santa Catalina y los de Marimelena. Todas estas instituciones realiza-

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262 Historia de la Nacin Cubana ban operaciones de almacenaje, de descuentos, de pignoracin, de depsito de valores y de venta de los frutos. Eran verdaderos bancos. En das estaban interesados algunos de los principales comerciantes de La Habana y, por lo menos una, fue obra de asociacin de un grupo de hacendados entre los que se contaba Miguel Adama, Este desarrollo se extendi por otras ciudades. Que sepamos hacia 180 haba almacenes de depsito en Matanzas, si bien parce que eran fundamentalmente de tipo individual, como los de Trnente, los de Fonrodone y Ca., etc. No debe olvidarse que este movimiento, del cual hemos expuesto solo aquellas realizaciones mas destacadas, encontr ciertas facilidades que tradicionalmente no existan. El privilegio de exencin de embargo de los ingenios establecido desde el siglo xvi y que desde fines del xvm algunas corporaciones y grupos de intereses estaban combatiendo sin cesar, desapareci durante este periodo. Ya sabemos que mientras el Consulado formado por los comerciantes -ref accionistas y hacendados, se haba inclinado a su abolicin, otras instituciones y especialmente el Ayuntamiento de La Habana se haba opuesto. Las razones que aducan los defensores de esta legislacin eran valederas sobre todo para aquellos ingenios anticuados, pequeos, que difcilmente podran resistir los altos intereses del capital ref accionista. La necesidad creciente de financiar a la industria se evidenci a medida que aument la capacidad de produccin por ingenio. Es de notar que fue precisamente a Caja de Descuentos de La Habana, creada en la dcada de los 40, esto es, coincidiendo con el momento en que se crean los nuevos ingenios, la que solicit con ms insistencia, desde su primera memoria anual, la eliminacin de esta traba financiera. Y en su reforma del ano 1851 se lanz por la va directa a exigir la renuncia de ese privilegio y de otros fueros a los que contratasen con ella, Pero para esa fecha ya estaba decidindose la legislacin que liberalizara el fin andamiento azucarero. En efecto, a Real Cdula de 11 de abril de 18 52 prescribi que los ingenios nuevos estaran sujetos al derecho comn. Se abri un perodo de liquidacin del privilegio que termin c! T 1 de enero de 1865, Aun cuando haba los almacenes de depsito, aun cuando otras instituciones, como la Compaa de Seguros Martimos, creada en 1838, y los "capitalistas 55 individuales se dedicaban todos a los negocios de crdito y refaccin, parece que ciertos sectores de Ja economa habanera carecan de instrumentos apropiados a estas finalidades. Posiblemente una parte del comercio-bancario tradicional qued desplazada del mercado de dinero y pas a su vez, a requerir el crdito.

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Real Caja de Descuentos, Creacin df. Bancos 263 Se acudi, como otras veces a las autoridades, y ct resultado de las gestiones fue la fundacin de la Real Caja de Descuentos con 800,000 pesos de las reservas de Hacienda. Esta nueva institucin comenz sus operaciones el 15 de mayo de 18 54, y no tardara — el 7 de enero de 185 6“ — en transformarse en Banco Espaol de la Habana, ms tarde Banco Espaol de la Isla de Cuba* Entre una y otra etapa aument su capital a 3 millones de pesos. No es cosa de seguir en este lugar el detalle de sus operaciones de descuentos de pagars y de letras, de prstamos y anticipos con garanta de frutos o de valores, de depsito voluntario, de cobros, de cuenta corriente, etc. Sus operaciones abarcaban toda la gama de las generalmente realizadas en la plaza de La Habana. Pero s es de observar que su poltica en cierto sentido fue ms conservadora que a practicada por la Caja de Descuentos, Esta institucin, aun en contra de la prctica seguida en plazas europeas para los descuentos, exiga solo dos firmas satisfactorias y permita que el plazo se extendiera a 180 d tas. El Banco Espaol no descontaba esos documentos por ms de 90 das. Pero la poltica del Banco respecto de otras cuestiones, principalmente las reservas, aunque tildada de conservadora, precisamente por los conservadores de la poca, parece, a la luz de la experiencia de la crisis de 1857, haber sido acertada. La creacin de Bancos fue uno de los hechos ms importantes del perodo de auge que se extiende entre 1854 y 1858. En 18 56 se fund el llamado Crdito Industrial, en 1857 comenz a operar la sociedad Crdito Territorial Cubano. La Alianza, creada en 18 57 pitra operaciones de seguros, al fusionarse con las sociedades llamadas Caja Central de Comercio, Crdito Agrcola de Crdenas, la Positiva y el Banco de Pinar del Ro pudo ampliar sus objetivos hasta la explotacin de servicios pblicos. Pero de la prensa peridica de 18 57 y 18 58 se obtiene una visin aun ms cabal de este movimiento. Aparecen en ella sociedades corno el Crdito Industrial y Mercantil de Pinar del Rio, el Banco Industrial Pecuario, e] Crdito Mobiliario y Fomento Cubano, el Banco de Garanta y de Crdito y otras ms, muchas de las cuales no pasaron de proyectos, sorprendindolas el crack del mes de julio de 1857. En Santiago de Cuba se cre un Banco Mercantil en 18 56, con aportes de comerciantes y hacendados; pero en otras ciudades de la Isla no se difundi igualmente la institucin* En 1862 se reclamaba la creacin de una sucursal del Banco Espaol en Remedios para combatir la usura. En la zona de Pinar del Ro, donde la situacin agraria era especial no logr consolidarse ninguna institucin. El crdito sigui operando

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2 64 Historia de la Nacin Cubana mediante los comercian tesref accionistas y los vegueros "ligados” a los cuales se imponan las condiciones del contrato. Los comerciantes locales y los almacenistas de las grandes ciudades mantuvieron en esa regin y respecto del cultivo del tabaco los procedimientos financieros tradicionales* Los esfuerzos en este sentido no se circunscribieron a la regin vueltabajera; en 1866 se proyect la creacin de una Sociedad Protectora del veguero pobre en Mayar i, Oriente* de cuya efectiva existencia no sabemos nada. 3* El desarrollo institucional que hemos esbozado se produce entre dos grandes crisis generales, que tuvieron manifestaciones muy visibles y profundas en Cuba, La significacin general de estas crisis es clara; Cuba se hallaba ya estrechamente vinculada a la economa internacional europea y norteamericana, de tal modo que su sensibilidad a los cambios producidos en ella creca por da. Si bien se mira esta vinculacin databa de tiempo atrs, posiblemente ya es una razn suficiente del desarrollo de la economa cubana a fines del xvim Sin embargo, la trascendencia del fenmeno es mayor cuando se producen los primeros grandes cambios en la economa norteamericana, esto es, durante el perodo que estudiamos. A fines del xvrn la repercusin de los perodos alcistas o depresivos sobre Cuba poda operarse, indistintamente a travs de sus vinculaciones con Gran Bretaa —primer mercado azucarero— o con Estados Unidos. Ahora, la vinculacin entre Cuba y los Estados Unidos se encuentra reforzada por las estrechas relaciones entre la economa norteamericana y la britnica. La onda poda llegar a Cuba no solo directamente sino reforzada. Y es lo que ocurri, especialmente en S57. Pero el hecho que en Cuba no se sintieran particularmente los efectos de la crisis norteamericana de 1837, ni que, con anterioridad, se sufrieran lo de la depresin de 1825 significa quizs que su incorporacin a a economa internacional no era todava estrecha* Por lo genera!, !a va de esta incorporacin era el comercio internacional y, por ende, las oscilaciones en las exportaciones constituyen un ndice no siempre totalmente eficiente para apreciar la gravedad de la crisis. Se tiene la impresin, de acuerdo con los datos de que se dispone actualmente, que las crisis ms profundas fueron precisamente las de carcter secundario desde el punto de vista europeo* Posiblemente ello se debi a que coincidieron — a diferencia de las crisis principales — con cambios internos de importancia. En efecto, la crisis de 1845-46 oarece haber sido menos intensa que la de 18 57, no obstante responder aquella a verdaderas conmociones universales y esta ms bien a fen-

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Primer perodo de crisis 265 menos locales ‘"contagiados** y expandidos en onda por el mundo americano y europeo. El primer perodo de crisis que debemos comentar es el de los aos 1844-47, entre los cuales debe delimitarse, con cierta amplitud, la depresin que azota a la economa europea, tras de los primeros cambios bsicos resultantes de la revolucin industrial en Gran Bretaa y en Francia. Esta crisis parece originarse en Gran Bretaa, a consecuencia de una expansin extraordinaria de la industria ferroviaria, con su secuela de especulacin, de inflacin, de altas importaciones. La poltica empleada por el Banco de Inglaterra, basada en la reduccin del inters para ponerse en plan competitivo como las dems instituciones b anearlas de la poca, no hizo sino acelerar el desenlace. Este qued agravado por el hecho que desde 1846 se notaban los efectos de condiciones climticas adversas para las cosechas. En la primavera de 1847 se sucedieron una serie de quiebras que no terminaron hasta 1848, Por su parte, en los Estados Unidos estaban ocurriendo fenmenos similares. Hubo malas cosechas desde 1844, la especulacin ferroviaria se desarrollaba igualmente desde cuatro o cinco aos antes. Sintomticamente, este perodo fue de grandes movimientos sociales que contribuyeron a agravar la crisis. La situacin en Cuba vena desarrollndose tambin desde 1844. Los mismos trastornos polticos — traducidos a las condiciones sociales de la colonia— la prolongada sequa hasta junio de 1844, el cicln del mismo ao que azot las zonas occidentales, y un nuevo cicln en 1846, fueron factores adicionales de la crisis. Esta se produjo esencialmente por la repercusin que sobre las exportaciones bsicas de Cuba tuvo la depresin europea y norteamericana. Esta baja de las exportaciones coincide con una baja drstica en los precios del azcar. En 1845 las exportaciones de azcar volvieron al nivel de 1832, bajando en un 50% con relacin a 1844. Aun cuando se repusieron al ao siguiente, ocurri entonces la sbita baja de las exportaciones de caf que quedaron reducidas en casi dos terceras partes con relacin a 1845; igualmente sufrieron reducciones cuantiosas las exportaciones de tabaco elaborado que era uno de los elementos de mayor activacin de a economa colonial. En consecuencia de estas alteraciones ias balanzas desfavorables se sucedieron entre 1845 y 1847. En 1847 se alcanzaron nuevos niveles hasta entonces no vistos de exportaciones de azcar; al mismo tiempo se expandieron las dems exportaciones. Sin embargo, la recesin se produca en medio de niveles muy bajos de precios. Con solo apreciar los ndices de Saucrbeck, que reproduce el doctor Guerra en su Manual se tiene una impresin del impacto que

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266 Historia de la Nacin Cubana ello producira en la economa cubana. Con razn dira un comentarista de la zona de Remedios “la miseria es grande; la riqueza estacionada”. Despus de esta crisis qued eliminada prcticamente la industria del caf que ya vena sufriendo los efectos de la competencia de otros productores. Hacia mediados de 1848 ya estaba superada la situacin y comenzara un perodo de alza. Fue el momento en que comenzaron a desarrollarse las sociedades annimas, protegidas desde 1846 por una exencin de pago de alcabala en su constitucin y en a trasmisin de sus acciones. La vuelta a la normalidad se caracteriza por un alza progresiva y extraordinaria de las exportaciones bsicas, especialmente de azcar a Estados Unidos, las cuales, al parecer, fueron acompaadas de una extensin del crdito a los exportadores cubanos, por parte de los importadores de la vecina repblica* En consecuencia, los aos que corren entre 18 53 y 1857 se caracterizaron por una era de especulacin y de inflacin que termin violentamente. La crisis de 18S7 se origin fundamentalmente en los Estados L T ndos, a donde el capital ingls estaba afluyendo continuamente para participar del amplio movimiento financiero ferroviario y en el desarrollo de zonas como la parte media y superior del valle del Mssissippi, sobre la cual refluy un alud de poblacin y de medios econmicos parecido al de California, aos antes. La explotacin de las minas de California permiti financiar las grandes importaciones realizadas en esos aos y contribuyeron a la expansin del crdito que se manifiesta por la creacin de multitud de bancos, sobre todo en las zonas del Oeste, En los primeros das de agosto de 18 57 la crisis lleg a su climax a consecuencia de la contraccin del crdito en el Oeste. La salida de metlico a consecuencia de las exportaciones hall a los grandes bancos de New York sin medios para respaldar a los bancos del Oeste. Comenzaron a bajar las acciones de las grandes compaas y a producirse descubiertos como el de a Ohio Life Insurance and Trust Co. que quebr el 24 de agosto, iniciando el periodo de suspensiones de pagos. En Gran Bretaa haba ocurrido algo similar, debido a la expansin del crdito resultante de las inversiones en Estados Unidos, Aun cuando el Banco de Inglaterra decidi alzar el tipo de inters con U finalidad de restringir el crdito, no pudo impedir que las noticias de crisis en los Estados Unidos se recibieran de Glasgow y produjeran la quiebra de una serie de casas comerciales y J, bil broker s”. Durante el ao 185 8 se emplearon algunos medios de limitacin del crdito, como no rcdcscontar documentos presentados por los “bil brokers’ 1

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Fuertes oscilaciones en las exportaciones de azcar 267 logrndose superar la crisis* sin* por otra parte* hacer desaparecer los factores depresivos que siguieron manifestndose hasta 1866, No obstante proceder directamente de una crisis or team cric ana* esta del 57 tuvo repercusiones muy notables en Cuba, Sin duda, oper efectos de gran profundidad debido a que se acumul a la crisis interna de la economa colonial* caracterizada por la creciente dificultad de producir a bajo coste y por la coexistencia de ingenios altamente tecnificados, de "cachimbos” y trapiches ineficientes, Al mismo tiempo* la industria entraba de lleno en una organizacin superior del crdito que la haca ms sensible a los cambios exteriores* Desde 1 853 se estaban produciendo fuertes oscilaciones en las exportaciones de azcar, oscilaciones ms sentidas por las variaciones de los precios. En 185 5 comenzaron a subir los precios del azcar* determinando un ascenso sbito de la produccin de azcar de remolacha en Europa a !a que sigue una disminucin de las exportaciones cubanas, las cuales alcanzan en 18 57 un nivel absoluto y relativo superado desde 1853, En general, las exportaciones bajaron durante ios aos 1856 y 18 57, aunque coincidieron con eseeasas fluctuaciones en los precios* La situacin se prolong durante el ao 185 8, En medio de este cuadro se estaba produciendo un fenmeno de especulacin e inflacin realmente notables* Con razn dira Alcal Galiano: "Todos aqu trapicheamos y especulamos por va de episodio a nuestra ocupacin principal”* A principios de 18 57 este movimiento de expansin del crdito alcanz caracteres realmente extraordinarios. Se creaban diariamente nuevas instituciones de crdito o de fomento, se emitan acciones y se colocaban en el mercado cada da ms saturadoSe ensay, al parecer, una restriccin voluntaria al crdito* pero el recurso no dio resultado. El Banco Espaol de la Isla de Cuba cometi el error de ensanchar su crdito situndose en condiciones de competencia con los dems bancos, al bajar su tipo de descuento. Lleg a haber solicitudes para la fundacin de 263 sociedades annimas dedicadas a la especulacin con valores. El 6 de julio el Capitn General dispuso en una circular que no se abieran nuevas suscripciones de acciones hasta que las compaas fueran autorizadas en firme para operar, por !o cual se daba un plazo de un mes para presentar las solicitudes definitivas pasado el cual se considerara anulada la primera autorizacin dada para emitir sus acciones y colocarlas en el mercado. En contradiccin con esta poltica de restriccin del crdito — que implicaba* por otra parte — un fuerte movimiento de restitucin de fondos en los casos ele las sociedades que no resultasen definitivamente autorizadas, cinco das despus (11 de julio), el Capitn General con-

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2 t! S Historia de la Nacin Cubaba cedi permiso para constituirse a 18 compaas* Son famosos los nombres de estas dieciocho sociedades autorizadas por denunciar el grado de extravagancia a que se haba llegado en las empresas de fomento. La demanda de redescuentos y de fondos en el Banco Espaol produjo inmediatamente una disminucin peligrosa de sus reservas* El da 31 de julio un decreto del Gobierno Superior Civil determinaba que las autorizaciones para crear nuevas sociedades deban tramitarse ante el Gobierno metropolitano, si no hubieran sido aprobadas conforme a la Real Cdula de 29 de noviembre de 1S5 3 que regulaba la creacin de las sociedades annimas* Esta medida par en seco la especulacin; pero determin la necesidad d devolver los fondos ingresados por acciones de compaas que no estaban operando efectivamente. En consecuencia la demanda contra el Banco Espaol y las dems instituciones financieras arreci. El 4 de agosto se convoc a una junta de propietarios y de comerciantes para resolver sobre los medios de aumentar las reservas del Banco, Se acord que los propietarios contribuyeran por medio de hipotecas sobre sus bienes, para responder a los compromisos del Banco por el trmino de seis meses; otros propietarios podran contribuir con cantidades en especie. El Banco emiti bonos por valor de varios millones de pesos para respaldar esta operacin, que lo salv de una suspensin de pagos (decreto de 6 de agosto). Estos bonos eran a IQf, que no representaba precisamente un tipo restrictivo. Se autoriz al Banco a cobrar un 1% adicional en todo descuento hasta la total liquidacin del emprstito. La continuacin del movimiento, no obstante las quiebras, dieron origen al decreto de 17 de octubre por el cual se ordenaba una reunin de las juntas de accionistas de todas las sociedades para acordar, su fusin o su liquidacin, la reduccin de su capital o su divisin en diferentes emisiones con disminucin del valor nominal a fin de emitir los que correspondan a los dividendos no pagados o el aplazamiento de pagos. Esta medida dio fin a muchas sociedades y produjo, por ejemplo, la fusin de la Alianza, con a Caja Central de Comercio, el Crdito Agrcola de Crdenas, La Positiva y el Banco de Pinar del Ro, Las quiebras que se produjeron durante el mes de julio y de agosto alcanzaron segn datos posteriores la cifra de mil millones de reales de velln, de los cuales las comisiones liquidadores nombradas al efecto haban pagado unos 440 millones el ao 1864, Sin embargo, una serie de instituciones fundadas durante este periodo o con anterioridad perduraron. Los Almacenes de Depsito de Rega, de San Jos, la Compaa de Seguros Martimos, a Alianza, ya

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Cuba siente los efectos del dnico de 1866 269 mencionadas, continuaron sus operaciones y algunas lograron inmediat amen te despus de! pnico cubrir su capital y hasta ampliarlo* Pareca llegado el momento en que la organizacin financiera colonial eliminaba a todas las empresas y productores organizados sobre bases tradicionales. Los datos que se tienen sobre dividendos de estas organizaciones modernas indican que sus operaciones aumentaban continuamente y que la industria del pas, as como las exportaciones* haban cado bajo su dominio* La situacin internacional se mantuvo inestable durante los aos siguientes y como se sabe desemboc en la crisis de 1875. Pero ia continuacin de los ajustes especialmente en Estados Unidos y en Gran Bretaa produjo un nuevo pnico en 1866, iniciado sobre todo por la quiebra de una casa inglesa dedicada a descuentos* Cuba sinti los efectos de esta crisis que no era sino un episodio menor dentro del ciclo. Sin embargo, nuevamente se aprecian los efectos debidos a la situacin propia de la colonia. AI comenzar el ao 1866 los precios del azcar bajan hasta e nivel promedio alcanzado en 18 53, tendencia que se estaba produciendo desde el ao anterior* en medio de una gran expansin de las exportaciones cubanas y de un aumento sustancial de la produccin de azcar de remolacha. A principios del ao las reservas metlicas del Banco Espaol parecan satisfactorias; pero hacia agosto subi el tipo de inters a 15* 18% y aun ms* mientras el Banco mantena sus descuentos al 5 %, Comenz a restringirse el crdito, de tal modo que numerosos hacendados tuvieron que preparar la zafra de 1867 sin refaccin. La contraccin del crdito y el mantenimiento del tipo bajo por el Banco hizo derivar hacia ste una fuerte demanda de metlico. Ante esta situacin se autoriz la comisin de descuentos del Banco para fijar el tipo apropiado a cada negocio* sin que ello — por haberse mantenido un tipo bajo general— operase efecto alguno sobre la demanda* En diciembre se confront la crisis debido a la falta casi completa de reservas y el Banco suspendi pagos el 22 de diciembre* Las dems instituciones — Banco de Comercio, Industrial, de San Jos, La Alianza, Compaa de Seguros Martimos y Caja de Ahorros — suspendieron igualmente pagos; pero su situacin era ms clara que la del Banco Espaol debido a que ste haba efectuado operaciones para el sostenimiento de la guerra de intervencin en Santo Domingo y se encontraba en muy malas condiciones. Pero esta crisis que no ces debido a que vino a sumarse el estado depresivo resultante de la Guerra de los Diez Aos, dio fin a a etapa de organizacin del crdito y de a industria* En lo sucesivo la inversin de

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270 Historia de la Nacin Cubana capitales extranjeros y la ausencia casi total de crdito interior seria la caracterstica de la nueva estructura de la economa colonial. Pocos aos despus de la crisis de 1866 ya no exista ms Banco que e Espaol de la Isla de Cuba, dedicado a financiar la guerra contra los cubanos. Para 1869 la nueva tendencia del desarrollo financiero, esto es* la aparicin de los capitales extranjeros invertidos en los negocios de Cuba se refleja en la aparicin, por primera vez, de veinte y cinco millones de "cuban moneys" en un estado de valores extranjeros en Estados Unidos. 4. Las crisis que temos comentado, atenindonos a la escasa informacin que se dispone fueron principalmente sentidas en La Habana y en Matanzas, esto es en los dos grandes centros de la economa colonial. Los datos sobre la situacin en las dems plazas y en zonas del interior no permiten seguirlas debidamente. Desde 1847 hasta 18 57 se produce una continuada expansin industrial y comercial que constituye d ultimo perodo de esplendor de la economa colonia!. A partir de 1857 la situacin se agrava de tal modo que comienzan a plantearse los grandes problemas de tipo social y poltico que desembocaran en la Guerra de los Diez Aos. Las dificultades financieras pblicas aumentan al punto de exigir, de una vez, la decantada reforma del sistema tributario, que constituye el antecedente visible de la sublevacin de los cubanos. La Hacienda en Cuba durante este perodo entr en una etapa d c reorganizacin. Sin embargo, esta reorganizacin no abarc a las bases del sistema tradicional que sigui imperando y pesando gravosamente sobre la economa y el pueblo de Cuba. Ya durante este perodo antes de que se acumularan sobre las cajas pblicas del pas las grandes erogaciones de la Guerra y de la administracin metropolitana, manejada por poli ticos irresponsables y militares insaciables, Cuba reciba el significativo nombre de "la vaca de ordear", pues sobre ella recaan libranzas, pagos y contribuciones forzosas o voluntarias relacionadas con toda clase de actividades metropolitanas. La crisis interna de la economa, acentuada por las depresiones de 1847, 18 57 y 1866, baca ms pesada esta multitud de cargas, pues la capacidad general para contribuir se reduca visiblemente. Durante este perodo se observa un crecimiento constante de las rentas pblicas, Esta tendencia se manifest, como sabemos, desde el momento en que el Conde de VilUnucva se hace cargo de la Intendencia e introduce algunas modificaciones que permitieron realizar una mejor cobranza de las contribuciones. Por otra parte, y aun ms que las ref ornas del Conde, el florecimiento del comercio produca los dos ingresos ms cuantiosos: los derechos de importacin y de exportacin.

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r Mal empleo de los fondos destinados a gastos civiles 271 Desde 1838 hasta 1849 fecha en que se publicaron los datos de ingresos y gastos y desde 18 60 a 1864* el aumento de los ingresos y a distribucin de os gastos pblicos, muestran esa tendencia. Sintomticamente, los datos de 18 50 en adelante no se publicaron, como que, al parecer, constituy un perodo de cambio extraordinario en que los gastos militares y las remeses a Espaa, constituyeron un alarmante sntoma de la situacin. Por lo general, los gastos civiles del pas comprendan alrededor de un tercio de las rentas pblicas. Durante los anos comprendidos entre 183 8-42, 1843-47 y 1848-49 estos gastos civiles se elevaron respectivamente a 9,100,000 pesos, 8,400,000 pesos y 5.095.000 pesos. Superados, salvo una pequea excepcin, por los gastos militares y las remeses a la Pennsula que fueron 13,900,000, 14.400.000 y 6,800,000, y 16,800,000, 12,040,000 y 3,500,000 pesos respectivamente. A corta diferencia de los gastos civiles se situaban los gastos de la Real Marina. Lgicamente, de todas las cantidades extradas del pueblo de Cuba la proporcin que se destinaba al fomento de servicios pblicos o a obras reproductivas era mnima. La situacin se agrav en el perodo 1860-64 en que mientras los gastos civiles constituyeron solamente 31,200,000 pesos, los restantes gastos militares sumaron 39,500,000, los de Real Marina 18,300,000, las remeses a la Pennsula, 17,400,000 y otros pagos 1,700,000 pesos. Las cantidades empleadas en obras y servicios de utilidad para el pas eran menos del 28 /c del total de las rentas pblicas. Esta distribucin viciosa, corra pareja y se agravaba con el aumento de las recaudaciones. El aumento de gastos de ¡a propa Hacienda, de o cual se quejaban no pocos escritores de la poca, especialmente los espaoles, indica que una gran parte de los fondos empleados en los gastos civiles se empleaban mal, pero con el fin de garantizar las recaudaciones destinadas a pagar un ejercito, una marina y los dficit de la hacienda metropolitana, o sea, en finalidades que no hacan sino consagrar el sistema tradicional. Hacia 1 855 un escritor dedicado a cuestiones econmicas, Pasaron y Lastra, definia as la situacin financiera pblica de Cuba: "'Reinaba la desigualdad en el impuesto, la intervencin fiscal en los negocios privados, el veto fiscal en muchas transacciones particulares, la imposicin de tributos en los momentos en que arruina al contribuyente, la exaccin del impuesto con inoportunidad, la di versificacin del impuesto que lleva consigo la diversificacin en los cargos, el mantenimiento de las dificultades, de la oscuridad y de la complicacin, el aumento, en fin, de ios gastos de recaudacin y el consiguiente en el impuesto para pagar a los empleados”. El cuadro es un magnfico re-

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272 Historia de la Nacin Cubana sumen de la situacin que desde la dcada de los 50 algunos trataban de reformar para dar ms eficacia a a Hacienda y producir ms ingresos* La administracin relacionada con las finanzas pblicas era* adems de complicada* muy diversa. Estaba constituida fundamentalmente por dos instituciones: la Intendencia de Hacienda y el Tribunal de Cuentas. La Intendencia estaba bajo la direccin de un Superintendente y comprendan dos intendencias subordinadas, una para el Departamento occidental* otra* para el oriental* hasta que en 18 54 se fundieron en una sola* mantenindose la divisin territorial como administraciones simples. La Intendencia comprenda una administracin central* que despus de 1856 estuvo constituida por la Secretara de la Superintendencia y* en virtud de los esfuerzos cent rali z adores realizados durante todo el perodo, qued incorporada como Seccin de Hacienda Pblica al Gobierno Superior Civil* una administracin de rentas martimas y una administracin de rentas terrestres i las dos ltimas se ramificaban por todo el territorio en forma de administraciones locales subalternas. La divisin de administraciones responda al tipo de impuesto o de ingreso que tenan a su cargo. Las Rentas Martimas eran los derechos de importacin y de exportacin as como los dems accesorios al comercio internacional y las rentas terrestre comprendan todos los impuestos e ingresos por conceptos que no fueran aquellos. Desde luego, el principal elemento de tas rentas pblicas eran las Rentas martimas que, por lo general* duplicaban a las rentas terrestres. Adems* las rentas martimas se caracterizaban por su corto nmero y su relativa facilidad de percepcin, puesto que las aduanas constituan un trmite ineludible de la materia imponible. Las Rentas Terrestres eran, por lo contrario, diversas y de escaso rendimiento. Un cuadro de los grupos puede dar idea de la diversidad, la complicacin y la ineficencia del sistema. Rentas martimas Rentas terrestres Derechos de importacin. „ ,* exportacin. „ „ toneladas. Registro. Derechos de importacin del depsito mercantil. Multas y condenaciones. Depsito mercantil. Habilitacin de bandera. Alcabala de fincas. Consumo de ganado. Alcabala de esclavos. Papel sellado. Cdulas de esclavos. Correos. Derecho de tiendas. Alcabala de remates. Sellos y derechos judiciales. Papel de multas. Derecho de hipotecas* etc.

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Reformas de la Hacienda municipal 273 La lista de las rentas terrestres abarcaba unos treinta ttulos diferentes ms. De todos los ingresos all agrupados solo los siete primeros producan alrededor del 80% o ms del total del grupo; las restantes eran todas rentas que producan menos de 100*000 pesos anuales y, a veces solo menos de 10,000 pesos. A ello se refera Pasaron y Lastra al hablar de la diversificacin del impuesto. Se impona una simplificacin, fundiendo en una sola distintas contribuciones similares o sustituyendo un grupo de ellas por otra de distinta base. Este es el origen del llamado impuesto directo que tanta resonancia tendra sobre la situacin poltica del pas en 1867, La tendencia a la centralizacin que se manifiesta no solo en la supeditacin de la Hacienda a los capitanes generales sino tambin en la fusin de la Secretara de la Superintendencia con la Secretara del Gobierno Superior Civil oper igualmente en beneficio de la propia hacienda, sobre la cual revirtieron fondos a cargo de otras instituciones y organismos. Durante el gran perodo de reforma que trascurre entre 18 50 y 1860, la renta de Correos, las recaudaciones a cargo de la Junta de Fomento, y otras recaudaciones menores como la de Sos documentos de polica fueron incorporadas a la administracin de rentas terrestres. No pararon en este aspecto. Las reformas establecieron en esos aos nuevos sistemas de contabilidad y regularizaron la formacin de presupuestos que hasta entonces no existan en su forma propia. Hubo igualmente una legislacin sobre los empleados y funcionarios de la Hacienda y, especialmente, de las aduanas. Con frecuencia, el comentario sobre estas disposiciones haca depender de su cumplimiento la eliminacin no solo de las malas prcticas fiscales sino tambin del contrabando y el fraude que eran planta silvestre de la administracin, cada da ms sometida a las necesidades de los grupos polticos metropolitanos y de sus "asociados" de Cuba, Desde luego* las reformas establecidas en este perodo condujeron cada da ms a la conclusin de que era preciso profundizarlas y adecuarlas a fines fiscales y econmicos ms congruentes con el desarrollo del pas, 5, No menos importantes, posiblemente ms, que las reformas en la hacienda estatal, fueron las reformas de la hacienda municipal. Durante este perodo hasta la dcada de los 50, los Ayuntamientos conservaron viejas atribuciones, fundamentalmente relacionadas con el abastecimiento de las ciudades y tuvieron atribuciones recaudadoras, Pero, adems, de no estar sujetas a reglas uniformes, carecan de fijeza dentro del propio ayuntamiento. La creciente diversificacn de la

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274 Historia de la Nacin Cubana vida urbana exigi que algunos de los ayuntamientos principales como los de La Habana, Matanzas y Santiago de Cuba tuvieran normas claras y uniformes por las cuales regir sus actividades econmicas. Desde el ao 18 56 las rentas municipales entraron en una etapa de reforma general, que corresponda adecuadamente a las reformas en la Hacienda estatal que hemos comentado ms arriba. El l 9 de diciembre de 185 5 qued establecido por primera vez el impuesto municipal, directo, reguiado por la Instruccin de 20 de diciembre. Este impuesto consista en un porciento variable sobre las rentas de las fincas urbanas, segn fueran las necesidades de los presupuestos anuales de cada ayuntamiento, De este modo, ia contribucin poda variar de ao en ao, Como tuvimos ocasin de ver en el captulo correspondiente al comercio, para esa fecha ya se haba regulado la contribucin municipal sobre las tiendas, los oficios, las profesiones, etc,, que era de suma importancia en la vida urbana. Esas dos reformas se complementaban con el establecimiento de un sistema regular de formacin de presupuestos municipales, aprobado el 30 de septiembre de 1855 y que deba funcionar bajo la vigilancia y a supervisin del Gobierno Superior Civil, Todas estas modificaciones fueron coronadas por el Decreto de 27 de julio de 18 59 que puso ce vigor una Ley orgnica de los Ayuntamientos, bajo cuyo imperio se formalizaran varios de los municipios ya desarrollados econmica y demogrficamente durante este periodo. 6, Todos los pasos dados con el objeto de arreglar la Hacienda respondieron al impulso dado en Espaa por las reformas de Mon el ao 1845. Desde entonces, una serie de publicistas, espaoles principalmente, abordaron los problemas de las finanzas pblicas con un espritu reformista. Entre ellos, deben mencionarse a Mariano Torrente y a Jacobo de la Pezueia, quienes reconocan ios efectos depresivos de la organizacin tradicional de a Intendencia. El primero de los mencionados fue uno de los ms entusiastas partidarios de La implantacin de los impuestos directos, especialmente de uno sobre la renta de las tierras y de las explotaciones agrcolas e industriales, que sustituyera a los derechos de exportacin, justificados solamente mientras faltaron datos sobre ia riqueza agrcola, y a otros derechos sobre trasmisin de bienes. Haba antecedentes de esta idea desde 1838. La medida era acertada y de ser planeada convenientemente hubiera redundado en un progreso evidente de ia economa colonial, tanto la pblica como la privada, liberalizando numerosas transacciones que entonces se rehuan por evitar los engorros y !a presin de las alcabalas y otros impuestos.

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Impuesto directo sobre la propiedad agrcola 27 S El Intendente Conde Armildez de Toledo, que dirigi la Hacienda cuando se realiz el Censo de 1860, prepar un plan de reforma a base de la implantacin de un impuesto directo sobre la propiedad agrcola c industrial que pretendi poner en ejecucin el propio ao. Pasado el asunto a consulta del Capitn General* que era el Duque de la Torre, ste acept un dictamen del Secretario del Gobierno Superior Civil por el cual se explicaban claramente las razones que aconsejaban desechar el proyecto. El proyecto de Armildez consista fundamentalmente en refundir en uno solo ios derechos de alcabalas y diezmo* fijndolo en un 5.9 5% sobre la riqueza inmueble; tras ele ello seguira la ref orina del derecho linico de tiendas y almacenes* los derechos de aduanas y los dems derechos y contribuciones. Pero aquella primera parte de la reforma dejaba subsistentes los derechos de exportacin y no restableca el equilibrio en la contribucin de la riqueza, pues* como es sabido, los diezmos, por ejemplo, eran distintos para las fincas bsicas del pas y para las dems explotaciones, que pagaban ms que aqullas, beneficiadas de antao por la poltica de fomento basada en las exenciones de tributacin o de pago de derechos de aduanas. Como que fas explotaciones sujetas a este impuesto directo ya estaban gravadas con la contribucin municipal ascendente a 2%, el total de la imposicin directa sobre la agricultura se elevara al 8% y sobre la riqueza urbana al 10 ^£j. La reforma era difcil de realizar debido a la falta de datos sobre la renta de la tierra y de las explotaciones agrarias. Se demostr en esa ocasin que la contribucin municipal no servia para ese objeto por ser muy incompleta. Es ms, segn los clculos realizados a raz de la iniciativa de Armildez, fa creacin de este impuesto directo con la supresin de la alcabala y los diezmos producira, al parecer, un dficit. La Iniciativa qued aplazada, pesando mucho en el nimo dei Duque de la Torre 5a posible repercusin poltica que tendra entre las clases econmicas principales un sistema de contribucin que les afectaba tan directamente* Como es lgico* estas clases estaban niuy a favor de los impuestos indirectos que descargaban sobre la poblacin desposeda una buena parte de las cargas pblicas. Durante los aos siguientes, aun cuando no se abandonaba la idea de esta contribucin, recogida incluso por los reformistas como un medio de hacer contribuir a los grupos econmicos comerciales y de propietarios que, por su vinculacin poltica a la dominacin espaola, estaban libres de una serie de cargas, continuaron los planes de reforma* Se tiene la impresin que uno de los objetos que se persigui al convocar la famosa junta de Informacin fue precisamente este de propiciar una

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276 Historia de la Nacin Cubana declaracin publica de los reformistas a favor del sistema para poder implantarlo con una pretendida anuencia de los cubanos. En los momentos en que los comisionados antillanos se manifestaban partidarios de una reforma fiscal que incluyera la implantacin del impuesto directo, se promulg el Decreto de 12 de febrero de 1867 que estableci un impuesto directo sobre la propiedad de todo tipo. Este decreto suprima la alcabala de fincas, de esclavos, el consumo de ganado, la alcabala de remates, el derecho de vendutas, el diezmo, la manda pa forzosa, el impuesto a las salinas, los portazgos, el derecho de almacenes y de tiendas, la media annata secular, el estanco de gallos, la alcabala de ganado, el derecho sobre costas procesales y los derechos de exportacin. Quedaban sustituidos por un impuesto de 10% sobre la propiedad rural y urbana. El efecto que caus esta medida fue funesto para el desarrollo de la situacin poltica. En el interior, especialmente en zonas donde la propiedad rural se caracterizaba por muy bajos rendimientos, por su atraso y su falta de financiamiento, como en Oriente, la resistencia al pago del impuesto fue cosa corriente en e! ao 1867 y desde luego en el ao siguiente. La reforma presentaba aspectos positivos, como seala Ramiro Guerra en su Manual ; pero el problema es que las circunstancias en que se estableci no eran precisamente las ms propicias para recargar la produccin con impuestos directos que, sumados a los dems existentes, venan a gravar, aunque fuera ligeramente, aun ms la propiedad econmicamente productiva. Quizs los ingenios de la zona occidental podan resistir la nueva exaccin; pero los que no podan en modo alguno eran los ingenios de las zonas retrasadas y otras explotaciones rurales, ganaderas y de frutos menores. Por otra parte, a resistencia civil tuvo el apoyo de las clases ms ligadas a la dominacin colonial que tambin se sentan agredidas por el nuevo impuesto.

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Captulo IX LAS INSTITUCIONES ECONOMICAS, LAS IDEAS Y LOS GRUPOS SOCIALES M ientras el perodo de 1790 a 1837 se caracteriz por la formacin de las primeras instituciones econmicas de tipo mixto, publico-privado, donde la iniciativa de los criollos interesados en el desarrollo de la colonia poda manifestarse con cierta libertad y determinar en alguna medida la poltica estatal, durante los aos que corren entre 1837 y 1868 se produce una reaccin a la inversa, por lo menos en cuanto a la composicin de las instituciones. Cierto es que durante este periodo se manifiesta francamente una tendencia a la constitucin de una organizacin verdaderamente estatal, en la que las instituciones van formando simples escalones en una compleja jerarqua que termina en e Gobierno Superior Civil y Militar de la Isla, en lo que diramos hoy el Poder Ejecutivo, encarnado por el Capitn General. Hay un verdadero desplazamiento de la iniciativa privada en materia de gobierno y, por lo contrario, un intervencionismo estatal que anuncia la maduracin del pas para una vida poltica superior. 1. Algunas de las instituciones tradicionales, de las que formaron el ncleo en tomo al cual se realiz el primer impulso del progreso colonial, sufrieron fuertes cambios durante este periodo. En el caso de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas esta alteracin no atent a su organizacin interna sino simplemente a su idoneidad y repercusin externas. Como es sabido la Sociedad haba sido durante los aos primeros del siglo y bajo el gobierno de algunos capitanes generales un organismo consejero y de iniciativas que se trasmitan al poder pblico que las acoga, con frecuencia, simpticamente. A medida, claro est, que las corrientes polticas coloniales se diversifican, la Sociedad resulta cada da menos el rgano de expresin de sentimientos y objetivos ms o menos comunes; la tirantez interna se refleja sobre su eficacia para la accin pblica. Este perodo de relativa decadencia de su actuacin se origina igualmente en la aparicin de capitanes generales encaminados 277

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278 Historia de la Nacin Cudana a gobernar sin tener en cuenta los factores nacionales, sino solo aquellos que podan contribuir al mantenimiento de la dominacin espaola. El incidente de Turnbul en la Sociedad prueba que ya estaba bajo los azotes de la profunda crisis poltica que se iniciaba hacia 1 830-40, A partir de 1840, aun cuando sus actividades no decayeron, la Sociedad se transform paulatinamente en un organismo de divulgacin, de propaganda, de iniciativa puramente privada sobre materias que no tuvieran tintes polticos inmediatos* Durante estos aos no faltaron los grandes proyectos y las realizaciones* En 1847 y 1 853 se organizaron y efectuaron las primeras exposiciones industriales del pas, que tendran, desde luego, un efecto estimulante sobre la difusin de las nuevas tcnicas econmicas. La publicacin de los Anales en conjuncin con la Junta de Fomento, da la medida del tipo de actividad a que se dedic durante estos aos la Sociedad. Mantuvo desde luego, las ctedras que haba protegido y auspiciado como la de Qumica y la de Economa Poltica y en diversas ocasiones inform sobre problemas capitales de la poltica educativa, cultural o econmica de! pas. Pero la ltima gran iniciativa seguira siendo el primer ferrocarril, que es anterior al perodo que estamos estudiando. Entre los informes de esta poca se encuentra uno sobre e desestanco del tabaco en la Pennsula del ao 1865* 2* Quizs la institucin que sufri las ms fuertes modificaciones hasta su disolucin en a prctica, fue ia Junta de Fomento* AI separarse el Tribunal de Comercio de las funciones de fomento y de obras publicas durante la administracin del Conde de Villanueva, pareca que la Junta estaba destinada a aumentar sus funciones y a adquirir mayor eficacia en su gestin. No fue as, pues ni los fondos de que dispuso, ni los medios tcnicos a su alcance le permitieron realizar algo ms que unas escasas construcciones de caminos, puentes y carreteras. Aun cuando la Junta en su nueva forma haba perdido mucho de su autoridad y no pocos de los criollos contemporneos consideraban que haba perdido su virtud de dar participacin a los cubanos en la gobernacin y administracin del pas, las autoridades centrales no consideraban que mereca mucha confianza. Sobre eila tambin se proyectaba la sombra de las disensiones polticas. La gestin no fue eficaz* Por decreto de 17 de agosto de 18 54 la Junta de Fomento sufri una modificacin que e restarla algunas de sus funciones ejecutivas de ms importancia. En esa fecha qued constituida la Direccin de Obras Publicas, dependiente del Gobierno Superior Civil, con las atribuciones relativas a la proyeccin y ejecucin

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Constitucin de la Direccin de Obras Pblicas 279 de las obras as como la vigilancia de las mismas. La antigua Junta qued relagada a una posicin meramente consultiva y de jurisdiccin sobre las juntas departamentales y locales de fomento. Desde 185 5 se le quitaron efectivamente todas las funciones de recaudacin y administracin de los fondos para obras pblicas a su cargo hasta 18 54, las cuales pasaron a la hacienda pblica. La nueva institucin fue relativamente ms eficaz. Sin embargo, los tiempos en que tuvo que desarrollar sus primeros pasos no eran favorables, pues tanto la crisis de 1857 como la de 1866 repercutieron sobre la hacienda pblica agravando la poltica de malos manejos que se haba seguido con los fondos cubanos, empleados en financiar la intervencin en Santo Domingo y la poltica metropolitana. Pero a la Direccin le correspondi, a lo menos, aprovecharse de la diversifica^ don institucional y de la creacin de los primeros servicios pblicos centralizados como los Telgrafos, que quedaron bajo su jurisdiccin. En otros aspectos, como el de los ferrocarriles particip del movimiento de creacin que transcurre entre 18 57 y 1860, pero los trabajos para el ferrocarril central no fueron siquiera terminados como proyecto. 3. Una nueva institucin apareci durante este perodo, entre cuyas funciones figuraran, claro est, las de tipo econmico o relacionadas con la economa y las finanzas pblicas. La necesidad de dar nuevas formas de organizacin se reflej en la creacin de Consejo de Administracin por el Decreto de 4 de julio de 1861. Se trataba de un organismo consultivo, que diera la sensacin de que en Cuba haba una cierta neutralizacin del poder dominante de los Capitanes Generales y que semejase a un Consejo colonial que era una de las tantas demandas levantadas por grupos de criollos y de peninsulares. El Consejo de Administracin venia a ser en esta forma una nueva edicin de las Juntas de Autoridades tradicionales compuestas de los jefes militares, navales y de la hacienda. Participaban del mismo como consejeros natos el Capitn General, los Prelados de La Habana y de Santiago de Cuba, e Comandante General del Apostadero, el Regente de la Audiencia Pretorial, el Intendente General del Ejrcito y Hacienda, el Fiscal de la Real Audiencia y el Presidente del Tribunal de Cuentas; los dems eran designados. El Consejo tena tres secciones: contenciosa, de hacienda y de gobierno. En realidad, participaba tanto de las atribuciones de la Junta de Autoridades como de las de Real Acuerdo, que explicamos en el tomo precedente. Desde luego, la limitacin de sus atribuciones a una funcin de asesoramicnto dej al Consejo en condiciones de ineficacia que han ori-

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280 Historia de la Nacin Cubana ginado la poca estimacin histrica en que se !e tiene. Sin embargo, los fondos de la institucin, que se conservan en el Archivo Nacional, indican que trat los problemas esenciales de la poca y constituyen una fuente de conocimiento histrico de gran importancia. Pero, por lo general, no tuvo en sus operaciones aquella profundidad, aquel inters que caracterizaron al Consulado y a la Junta de Fomento. Fue mucho ms burocrtico y de tramitacin que los organismos que le hablan precedido. 4. Otra institucin nueva, a la cual nos hemos referido ya, fue el Instituto de Investigaciones Qumicas. Su naturaleza y sus funciones la diferencian claramente de las dems que hemos analizado hasta ahora, incluso de la Sociedad Econmica* Desde 18 37 el qumico espaol Jos Luis Casase c a desempeaba la ctedra de Qumica auspiciada y dotada por la Sociedad. Hombre activo, bien preparado y laborioso, el profesor se acredit inmediatamente y logr el apoyo de algunas personalidades para desarrollar sus planes, como, por ejemplo, cuando hizo el viaje a Francia en 1842 para estudiar los aparatos Derone. Desde esos aos estaba empeado en investigaciones que llevaban por la buena va a descubrir y satisfacer las necesidades de la industria bsica deJ pais* En 1848 se di forma al Instituto de Investigaciones Qumicas, al parecer condicionado a una revisin de sus actividades. El ao 181 con motivo de la discusin en la Junta de Fomento sobre la conveniencia de mantener a institucin, el Conde de Pozos Dulces a quien se encomend el anlisis de la labor realizada por la organizacin, compuesta al decir de Pezuela, aos despus, por "su director y nico empleado”, expres que "no hay motivo porque deba arrepentirse la Junta de haber dedicado sus fondos a la creacin y sostenimiento del Instituto”. Durante un corto perodo de tres aos, el Instituto haba realizado numerosas investigaciones que sumaban un total de diecisiete memorias sobre problemas tcnico-prcticos Industriales y agrcolas y numerosas memorias cientficas, algunas de las cuales haban sido bien recibidas por la Academia de Ciencias de Pars, a la cual las remiti Casaseca. No pocos hacendados progresistas se acercaron al qumico espaol para recibir sus consejos y le dieron facilidades para sus investigaciones; pero, en general, e Instituto careci de fondos, de personal y, sobre todo, de colaboradores jvenes. Pero ah estn las memorias sobre el rendimiento de los ingenios de la zona de Coln, sobre la composicin de las variedades de caa sembradas en Cuba, para acreditarle un buen juicio histrico* Y no

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Enseanza doctrinal de la Economa : Poltica 281 debe olvidarse que el sucesor de Casaseca en la ctedra y en e Instituto, ya languideciente, claro est, fue un discpulo aventajado, que despus perfeccion sus conocimientos en Europa, Alvaro Reynoso. Seran estos ttulos suficientes para reconocer que con todos los obstculos y deficiencias la institucin prest grandes servicios a la economa del pas. Si la experiencia posterior hubiera mostrado la capacidad del pas para crear siquiera una institucin semejante como seala el Ing. Emiliano Ramos, la obra de Casaseca y del Instituto de Investigaciones Qumicas nos parecera mucho ms pobre. 5, La enseanza doctrinal de a Economa Poltica continu, durante este perodo encargada a la ctedra de la materia, a cual desde 1842 fue declarada permanente en la Universidad. Se sucedieron en la ctedra unos siete profesores durante este perodo, En realidad, ninguno de ellos, salvo quizs Antonio Bachiller y Morales, representa una aportacin efectiva al movimiento de las ideas econmicas del pas. Claro est que incluso en este caso las ideas introducidas en el pas no respondan adecuadamente a las necesidades del medio. Vale repetir lo que tantas veces hemos advertido, que el inters de las ideas econmicas radica, sobre todo, en aquellas manifestaciones que parten de la propia realidad de la economa colonial y la aprecian, estudian y orientan en alguna forma, sin preocupacin especial por seguir ideas surgidas del desarrollo de las economas europeas. La prensa sigui siendo un instrumento de desarrollo de las ideas y de progreso de la economa durante este perodo. Desde luego, deben excluirse de estas consideraciones a prensa peridica ms importante de La Habana y de las dems ciudades. Publicaciones como E Faro Industrial, El Diario de la Marina La Prensa y otras, contienen abundantes materiales sobre el desarrollo de la economa colonial. Tiene, adems, e valor que les conceda el hecho de representar, ms o menos consecuentemente las ideas y los intereses de determinados grupos econmicos y polticos, lo cual supone precisamente la disparidad de criterios que, con frecuencia, se expresaban en ellos. Pero durante esta poca se publicaron numerosas revistas que trataron prmordiahnente de temas econmicos. Ya hemos mencionado The Mercantile Weekly Re por t, editado en ingls y que fue una publicacin estrictamente especializada, con una informacin completa semanal sobre el movimiento comercial, los precios y dems elementos de informacin. Pero deben citarse tambin como importantes El Correo de la Tarde El Porvenir del Carmelo la Revista de Jurisprudencia^ Administracin y Comercio y El Labrador t, iv. 10

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282 Historia de la Nacin Cubana Sera prolijo estudiar toda esta prensa. Por otra parte, no resulta fcil reducirla a sus grandes lneas, pues como toda publicacin actalista responde a requerimientos momentneos. Desde el punto de vista de la narracin histrica el grupo de ms importancia lo constituyen ios materiales publicados por ios Anales de las Reales Jimia de Fomento y Sociedad Econmica de La Habana que se referan, por lo general, a cuestiones tcnicas industriales y a problemas de desarrollo general, Otro grupo de sumo nteres son los artculos relativos a las crisis que se extienden entre ios aos 18 J7 y 18 66 en diversas publicaciones, especialmente El Siglo y El Correo de la Tarde y en una publicacin espaola de plataforma reformista, La Amrica de Eduardo Asquerino. Una mencin aparte debe hacerse del primer peridico obrero, La Aurora f que tiene particular importancia para la historia social. 7. Siguiendo el plan trazado en ios tomos precedentes, vamos a considerar en este lugar las grandes corrientes del pensamiento econmico a la luz de los problemas planteados por el desarrollo industrial y agrcola del pas. Una vez ms debe advertirse que el estudio de las ideas econmicas sistemticas pierde todo su valor, no solo por la escasa importancia que ellas tuvieron dentro de panorama general de la evolucin econmica de este perodo sino, sobre todo, por tratarse de frmulas y de criterios que necesitaban una adecuacin a la realidad colonial. Para este tipo de anlisis remitimos a la obra Friedlaender que constituye el mejor aporte sobre la materia. Desde luego, el problema de la estructura de la economa colonial, que hasta mediados de! siglo estaba centrado sobre la expansin de h agricultura comercial, sigue siendo el ms importante; pero ya no aparecen, con la misma reiteracin precedente, las tendencias al desarrollo diversificado. Con razn seala Felipe Pazos que a economa cubana flucta entre las afirmaciones de Arango y Parreo y las dudas del Conde de Pozos Dulces, como si estas actitudes constituyeran un resumen del “contrapunto” ideolgico en materia de desarrollo; pero es evidente que, salvo el renacimiento efmero de las tesis pro-diversificacin de los reformistas, la preocupacin central de los elementos mis ligados a la economa real del pas es el progreso y la expansin de la gran agricultura comercial. No se trata efectivamente de un simple reflejo de la primaca que los hacendados tienen en la poltica y en la sociedad, pues ambos quedan hasta cierto punto disminuidas con la agudizacin de la crisis poltica que se produce en el pas desde 1840 a 1868, Entre otras razones, por el hecho que una gran parte, la mayora de los propietarios de ingenios, eran cubanos “viejos” o espaoles arraigados en el pas. En

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Acentuacin del impulso pro -azucarero 283 realidad, el fenmeno se impona por tradicin, por oportunidad y por inercia a Jos grupos ms activos de la poblacin. Cuando el Conde de Pozos Dulces en su Meinoria sobre a industria pecuaria reconoce que los beneficios producidos por la tierra empleada en plantaciones de caa anulan todo intento de expansin de la ganadera, est postulando un hecho que dominaba por encima de toda otra consideracin, dado que se trataba de una economa basada en la atraccin del beneficio y no en la utilidad social de ia explotacin. Por otra parte, el desarrollo de los Estados Unidos durante estos aos produjo una acentuacin del impulso pro-azucarero. El elemento comercial que, por su vinculacin a la poltica, tuvo una creciente influencia en la gobernacin del pas no tena ya intereses opuestos al desarrollo agrcola comercial centrada en ei azcar. Por lo contraro, se reconoca paladinamente que haba que liberalizar las posibilidades de exportar azcar a los Estados Unidos para mantener el alto nivel de comercio alcanzado hasta mediados del siglo, Y hasta en alguna ocasin escritores espaoles se inclinaron a la creacin de un rgimen especial —un antecedente, digamos, de sistema preferencia!— para favorecer estas relaciones con los Estados Unidos. Entre estos debe citarse a Pezuela. Sin embargo, a diferencia del perodo anterior, las ideas predominantes no estaban revestidas de aquel optimismo, digamos, que pareca reflejar el auge azucarero. Las condiciones generales del pas y especialmente el rgimen de trabajo sobre el cual se basaba fundamentalmente la industria azucarera mostraban elementos de crisis que los propios hacendados — ms directamente interesados— perciban y consideraban. Los abundantes materiales sobre la trata de esclavos, sobre los ingenios modelos, sobre la tcnica de produccin y de cultivo, sobre la abolicin de la esclavitud, estn todos vinculados a esta preocupacin, a esta visin pesimista sobre las posibilidades de desarrollo de la industria. Aun cuando, como hemos sealado en un captulo anterior, el pensamiento sobre la crisis comienza a desarrollarse y difundirse despus de 1840, por lo cual quedan fuera de su esfera las ideas bsicas de Jos Antonio Saco, cuyo origen responde a condiciones pre-cr ticas, el momento en que adquieren su mayor fuerza, al punto de originar un renacimiento de la actitud anti-azttearera, puede situarse entre los aos 1SJ7 y 1806. Las fechas indican claramente cul es la causa de esta expansin ideolgica. En el curso de unos pocos aos se haba logrado establecer una organizacin financiera privada que requera una transformacin radical de la industria. Esta transformacin supona la el i mi-

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284 Historia m la Nacin Cubana nacin de numerosos ingenios y propietarios de ingenios incapacitados para abordarla eficazmente. La introduccin de las sociedades annimas hasta en la propia industria amenazaba al tradicional propietario individua! y lo situaba en condiciones de inferioridad que pona en peligro su existencia, tanto como podan ponera las crecientes dificultades para producir en competencia con los dems ingenios y con los productores de azcar extranjeros* Una parte importante de la poblacin criolla econmica e intelectualmente predominante, rompi con el conformismo y se lanz por el camino de la liquidacin de! desarrollo azucarero tradicional. Cuando el Conde de Pozos Dulces, como vocero del Reformismo, aventura la hiptesis de que quizs la solucin del pas fuera la exportacin de materia prima azucarera, esto es, de caa est indicando el grado de incapacidad para afrontar la crisis a que se haba llegado. La "Cuba pequea*', ideal de los partidarios de una agricultura diversificada renaci, pues, como resultado de la conviccin a que se haba llegado de que ya no era posible esperar una reorganizacin y expansin apropiadas de la industria azucarera* No ignoraban los criollos vinculados directamente a la economa de la colonia la posicin cada da ms dbil de su industria en los mercados internacionales. El crecimiento de ia industria del azcar de remolacha, la expansin de la industria refinadora norteamericana, con su secuela de reformas arancelarias tendientes a limitar la importacin de azcar purgado, la reduccin visible del beneficio de los ingenios, que Juan Poey, por ejemplo, fija en menos de un 5 % forman el marco en que se encuadran las aspiraciones reformistas, por o menos de aquella parte de los reformistas ms decidida a abandonar el ritmo tradicional de desarrollo econmico* En realidad en este grupo se aprecia hasta qu punto la presin de la crisis, por un lado, y la resistencia de ios intereses particulares, por otro, impedan ver claramente la salida. Si los reformistas hubieran estado en plena libertad de actuar, lgicamente hubieran aceptado la abolicin de la esclavitud como solucin final a la crisis; pero el temor de un conflicto con el criterio de conservar a todo trance la institucin —como solucin "menos mala’ 1 — los forz a adoptar una actitud derrotista ante la crisis. Es evidente que la consigna de producir caa para ia exportacin, que, por otra parte, no fu criterio general de los reformistas, no poda atraer a nadie, ni propenda efectivamente a la di versificacin. Pero esa tesis extrema, era contrarrestada en el seno del movimiento reformista por la de la "divisin del trabajo”, que tena positivamente implicaciones econmicas y sociales mucho ms interesantes para el fu-

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Movimiento a favor de la divisin del trabajo 285 turo del pas. Claro est que la "divisin del trabajo 5 era, igualmente, una consigna en la que influa aquel temor de reformismo a las implicaciones de la abolicin de la esclavitud. Vale la pena reparar en que el movimiento a favor de la divisin del trabajo en la produccin azucarera se produce casi contemporneamente con los primeros sntomas de crisis. Esta crisis que se desarrolla y profundiza durante un corto perodo de veinte aos, y se agrava con la aparicin de los movimientos cclicos en la economa colonial — como repercusin de las grandes alternativas internacionales — pareci poder evitarse mediante la aplicacin de recursos tcnicos y de otro tipo. Cuando los reformistas se transforman momentneamente en los paladines de la divisin del trabajo estn tratando desesperadamente de consumar una poltica que permita superar la crisis sin atentar a la organizacin social bsica. Las dudas sobre esta posibilidad apareceran en el mismo peridico El Siglo f puesto que un articulista se encargara de expresar la imposibilidad de dividir el trabajo e implantar las tcnicas modernas si no se lograban previamente otras mejoras y especialmente una capacidad financiera adecuada. Pero la divisin del trabajo tena el atractivo de sugerir una, digamos, redistribucin de la tierra y una mayor colonizacin blanca que se suponan requisitos previos a la abolicin de la esclavitud. Antes de que pudiera demostrarse su perfecta viabilidad, dentro de las condiciones presentes, estall la Guerra de los Diez Aos, tras la cual qued de hecho abolida la esclavitud. Con todas sus limitaciones, el pensamiento econmico de los reformistas es el nico que se aventur a plantear los problemas centrales del momento. Los grupos criollos partidarios del mantenimiento sin reservas de sistema estn presentes, solo por eliminacin, puesto que carecieron de rganos o de agrupaciones que les permitieran expresar su pensamiento. Sin embargo, conviene tener presente que entre los reformistas haba diversos matices y que toda aceptacin de una implcita unanimidad conduce a errores de juicio sobre el papel de ese movimiento. Sin embargo, la tendencia filoagrcola tiene nuevas manifestaciones, Es evidente que la oposicin tradicional entre los partidarios de la agricultura comercial y los de la agricultura en pequeo se mantiene en este perodo y se desarrolla a travs de ciertos aspectos de la doctrina Reformista; pero no lo es menos que hay destellos de una nueva actitud que cifra el desarrollo equilibrado de la economa cubana en la creacin de una agricultura comercial diversificada. No hay muchos elementos de informacin de esta nueva lnea de pensamiento

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286 Historia du la Nacin Cubana econmico, empero debe sealarse que parece ser la base de las ideas expuestas por Alvaro Reynoso respecto de los cultivos no bsicos, los cuales pudieran ser susceptibles de una expansin de tipo comercial similar a la de la caa. Estas ideas constituyen una desviacin de los criterios sobre la solucin de la crisis de las industrias bsicas, la cual se pudiera aminorar si las dems posibilidades agrcolas del pas tuvieran un tratamiento inspirado en la experiencia azucarera. Un poco ms tarde de 1868 un agrnomo, cuya formacin vital corre entre ios aos 1840 y 1868, tratara de desarrollar estas ideas y dedicara su vida a la propaganda de las mismas; Francisco Javier Balmaseda, cuya labor publicitaria en materias agronmicas de desarrollo se extiende casi hasta la Repblica, parece encarnar esta tendencia que ya no admite el ideal de una agricultura ineficiente y limitada, de ** sitieros” o campesinos autosuficienres. La circunstancia, en realidad, imponan, desde antes de 1868, Ja aplicacin de medidas tcnicas y financieras a los cultivos llamados secundarios o menores que los colocara en condiciones de atraer efectivamente la iniciativa privada capitalista, que no se senta inclinada a invenir en explotaciones carentes de mercados de exportacin y de perspectivas de altos beneficios. 8. Es difcil precisar la actitud de los diversos grupos sociales respecto de estos problemas bsicos del desarrollo econmico del pas. Con frecuencia se han intentado interpretaciones. Algunas de ellas parecen bien encaminadas en sus lneas generales; pero generalmente parten de supuestos indebidamente sustanciados. El grupo econmico capital, o sea el de los hacendados azucareros, no estaba precisamente constituido por un estrato social parejo sino por una diversidad de grupos. No tiene igual significacin, ni confronta idnticos problemas, el hacendado de las zonas occidentales, especialmente de la regin de Matanzas y Coln, que el de los centros azucareros situados ms al Este, o sea en Sancti-Sp ritas o en Puerto Prncipe y en Oriente. Los grandes movimientos de opinin se gestan en la regin occidental, lo cual quiere decir que en ellos participaban los grupos econmicos propios de la zona, en mayor medida que los de las dems zonas del pas. Sin embargo, estos movimientos no se forman con la participacin exclusiva de algn grupo. El Movimiento Reformista se forma, precisamente, como una alianza de tipo poltico entre hacendados, letrados, propietarios y terratenientes, cuya coincidencia mnima en el campo de la situacin social del pas se produce en tomo a la cuestin de la esclavitud y al regimen fiscal; pero en los dems aspectos salta a la vista la falta de unidad. No poda haberla entre hombres cuyos inte-

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Francisco Fras y Jacott, con he de Pozos Dui. ns* Escritor pblico de bien ganada y extendida reputacin; polemista por conviccin y por temperamento; muy dado al examen y discusin de ios problemas econmicos y sociales de su poca e inteligente conocedor tambin de la poltica internacional. Colaborador en ios empC' os anexionistas de Ec Luario y de Porfirio Valiente* obra suya fu el clebre manifiesto de 2 5 de agosto de 185 5, donde la Junta Cubana — lo que aun quedaba de ella— ratific su inquebrantable decisin de abandonar, de una vez y para siempre, la maltrecha tendencia anexionista como solucin de los problemas cubanos* Para Pozos Dulces, la cuestin de Cuba era un problema de orden internacional que poda y deba resolverse por una bien concertada accin de las potencias. Vuelto a Cuba, se hace cargo de la direccin de El $ ¡/o, anima la campaa reformista y es elegido Comisionado de ia Junta de Informacin. Muri en Pars, en vsperas del Pacto del Zanjn, en 1877. El grabado que se publica (mp. Bertaute, Pars; A, Mouilleron, del.), forma parte de la Coleccin Fgarola-Caneda del Archivo de U Academia de la Historia de Cuba,

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Vacilacin ante los problemas de sustancia 2S7 reses diferan grandemente: Conde de Pozos Dulces* Jos Morales Lemus* Jos Antonio Echevarra* Jos Antonio Saco, Esta discncin implcita explicara lo que algunos historiadores han sealado en el Reformismo* unos como timidez* otros como "diletantismo”* otros como conser v a tismo, esto es* la vacilacin ante los problemas de sustancia y* es ms* ante la misma cuestin de a esclavitud que parece* sin embargo, haber sido la que motiv esa alianza poltica, Pero esta alianza tena igualmente una razn: la oposicin de otros grupos econmicos — los comerciantes urbanos, grandes y pequeos—, a toda reforma que tendiera a restaurar la preponderancia de los grupos fundamentalmente compuestos por criollos, que tradicionalmcnte haban sostenido el peso de los impuestos que en estos aos les era muy difcil sostener sin la colaboracin de ios grupos exentos o ms desahogados como los comerciantes y los propietarios urbanos. La actitud de los hacendados y terratenientes en las zonas ms retrasadas econmicamente estaba condicionada por otros factores. Con certeza el doctor Guerra ha sealado la vinculacin estrecha entre las condiciones sociales y econmicas de las zonas orientales donde se inicia la sublevacin de 1868 y los orgenes del movimiento separatista. Cspedes, Aguilera, Agramme, tenan sus intereses en zonas donde no predominaba la esclavitud, ni la gran agricultura comercial imperaba. Se ha dicho que la situacin econmica de Cspedes, en la vspera del 10 de octubre era precaria, lo cual no hace sino ratificar la impresin de que en ciertas zonas la industria bsica del pas estaba en condiciones de crisis mucho ms agudas que las imperantes en el Occidente, agobiada por hipotecas y usuras. La resistencia civil contra la reforma fiscal de 1867 no refleja otra cosa, sino la incapacidad de ciertas explotaciones agrarias para contribuir efectivamente. En especial de aquellas explotaciones que no eran compensadas con la desaparicin de los derechos de exportacin, por que no exportaban sus productos* como eran los sitios, !as estancias, los potreros, e ingenios pequeos tambin caractersticos de las regiones de Puerto Prncipe y de Bayamo. El grueso de los intereses econmicos de la zona occidental era conservador, El temor a que la abolicin de la esclavitud produjera efectos arrasadores sobre su riqueza determinaba una actitud centrada en el mantenimiento del status, sin que ello signifique que, en aspectos particulares del desarrollo econmico* dejaran de ser efectivamente progresistas. 3. E otro problema bsico, aunque se hallaba, claro est, presente en las orientaciones sobre el desarrollo* fue el de la esclavitud. El iniciador de las grandes polmicas sobre este asunto fue* como es sabido,

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288 Historia de la Nacin Cubana Jos Antonio Saco, que vio daro antes que Jos dems sobre la crisis que la institucin producira. Cuando Saco comenz a atacar la trata no haba ningn grupo de los econmicamente dirigentes interesado en alterar el status, A diferencia de Varela que se anticip a los tiempos, Saco realistamente, esto es, a ras de la experiencia colonial, planteo la necesidad de superar la esclavitud, primero, aboliendo la trata, despus l blanqueando" la poblacin. No nos interesa en este lugar juzgar sus ideas por nuestros criterios actuales. Lo cierto es que percibi la crisis de la estructura econmico -social antes que la mayora de los hacendados. Estos estaban muy adormecidos por los altos rendimientos y por la posibilidad de superar la crisis mediante la aplicacin de tcnicas modernas. Estos hechos explican la vigencia del pensamiento de Saco entre ios grupos criollos principales hasta despus de 1868, Su esperanza de que la inmigracin "dirigida*" tendra efectos depresivos sobre los salarios, estaba indicando desde 1843 una verdad en la que ya crean — un poco a la fuerza™ muchos hacendados de la dcada de los 6 0. Si Saco hubiera representado los intereses y el criterio de los grupos azucareros predominantes no hubiera sido sino un conformista pblico y reformista vergonzante como lo fueron otros destacados intelectuales cubanos de la poca del apogeo patricio, la poca de Domingo del Monte. Por lo contrario su posicin fu clara, paladina desde el juicio. La vieja consigna de la "poblacin blanca"", como instrumento de rectificacin de la estructura social cambi de sentido al producirse h crisis final, a partir de 1840. Los intereses econmicos directamente afectados por la esclavitud recogieron aquella poltica y bajo el nombre perdurable encubrieron una nueva poltica de "importacin de braceros”, que no es colonizacin, ni responde a los intereses perdurables del pas y de la nacionalidad, sino a la necesidad inmediata de obtener mano de obra barata. Y en este tipo de poltica de "vino nuevo en odres viejos” se sumaron casi todos los elementos importantes de la economa y de la sociedad. No es un azar que figuren en la lista de los que propugnaron por la contratacin de braceros, desde Betancourt Cisneros, el travieso y deslenguado camageyano, hasta Domingo Goicoura, e Conde de Ja ruco, Julin Zulueta, y numerosos hombres principales de la poca. Como hemos indicado en e! captulo III la experiencia demostr casi inmediatamente que solo ia inmigracin "compulsiva” y el trabajo semi-esclavo, podran de inmediato satisfacer la necesidad de abastecimiento de brazos que requera el mantenimiento de los niveles de exportacin alcanzados hasta entonces. Esto es, un

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La crisis institucional llega a su mximo 289 sistema que permitiera y justificara, a su vez, el mantenimiento de la esclavitud. No es de sealar especialmente la actitud reservada de los reformistas en cuanto a la abolicin. Cuando Morales Lemus en carta a Jos A. Echevarra confiesa que *'las notabilidades adineradas han abdicado* hasta cierto punto, el derecho de ejercer su influencia en esas materias (de Indole poltica) para dedicar todo su tiempo al culto del becerro de oro y a mendigar las sonrisas del poder”, muestra claramente la escisin que se produce en la poblacin criolla cuando la crisis institucional llega a su mximo alrededor de 1862; pero en el mismo documento solicita que el peridico proyectado por Saco en Madrid, entre otras cosas se dedique a "estudiar la cuestin de la esclavitud, y tratar de resolverla, concillando la resolucin con los intereses de los propietarios, a fin de conjurar la revolucin y sus peligros”. Esto es, se quera contar con los sentimientos de aquellos que volvan la espalda a la poltica y se dedicaban al cultivo de becerro de oro. Con razn se dira en la poca que la mayor parte del reformismo estaba constituido por una especie de "clase media”, que no poda ir sola a la lucha, ni obtena que la acompaasen los factores decisivos. Esta grave disencin interna decide a Jos Sil vera Jorrn — hacia 1865 — a ocuparse en reformas prcticas: ... he vuelto los ojos como a ia estrella luminosa del porvenir cubano, a la propagacin de la agricultura cientfica ; llevar la instruccin y la moralidad a nuestros campos; dar gran impulso a la ganadera y a los propietarios dedicados a cultivos menores; ”, Con ayuda de este pan se resolvera el problema de la esclavitud. La Guerra de los Diez Aos se encargara, independientemente de la poltica oficial de la Revolucin, de dar el golpe de muerte a la institucin. Represe en los numerosos casos en que Mximo Gmez consigna en su Diario la liquidacin de dotaciones de esclavos de las fincas ocupadas por las fuerzas revolucionarias. 9, Una voz nueva aparece en el panorama econmico -social de la colonia en 186S. Hasta entonces todos aquellos grupos que quedaban excluidos de la aristocracia, o sea, los que hemos denominado "tercer estado” colonial y ios asalariados o dependientes, no haban tenido manifestacin alguna de su pensamiento, de sus propensiones o de sus intereses. El populismo de un historiador como Antonio Jos Valdes tiene un carcter indefinido todava. No suceder lo mismo con las ideas formuladas por el peridico de los artesanos. La Aurora que comenz a publicarse en 1865. Sus columnas estuvieron fundamentalmente dedicadas a presentar los problemas de su grupo. Por lo general, el contenido de los artculos no aborda los problemas bsicos

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290 Historia de la Nacin Cubana del desarrollo econmico sino solo en tanto en cuanto afectaban a los asalariados urbanos, principalmente a los tabaqueros, que eran los animadores del peridico. Esto supone una efectiva disencin, producto de la posicin que ocupaban los artesanos dentro de la economa. Esto es ¡o que individualiza debidamente el peridico y le da mayor inters: la precisa formulacin de nuevos problemas y de preocupaciones distintas de las expuestas por los dems grupos* No debe extraviarse el juicio histrico* S el peridico La Aurora parece desentenderse de la cuestin de la esclavitud o de la refoma fiscal, ello se debe a que le interesaban otras cuestiones, que nadie atenda, cuya presencia — por otra parte — indica que en a sociedad se estaban produciendo procesos que exigan un tratamiento de ellas, puesto que el desarrollo econmico de! pas produca el extraordinario caso de la coexistencia de los dos regmenes de trabajo* Sera interesante investigar hasta qu punto las ideas expuestas en La Aurora representan un efectivo paso de progreso en el mismo sentido que estaba realizndose en Europa desde 1830. Sus relaciones con El Siglo fueron, aunque no inmejorables, ms cordiales que con el resto de la prensa, que se opuso a la lectura en voz alta en los talleres de tabaquera, mientras los obreros trabajaban, Pero, en general, su tono fu singular, propio* De este modo La Aurora introduca en el panorama poltico un elemento nuevo — -el pueblo— cuya presencia quebrantaba, con una proyeccin demo-liberal, el viejo esquema social y econmico de la colonia, dentro del cual se hallaban todos los grupos entonces actuantes, incluso, claro est, los Reformistas* No es posible afirmar cul fu el xito de este peridico en la propaganda de esas nuevas ideas; pero lo cierto es que pasado el perodo de los Diez Aos volvieron a brotar esas manifestaciones artesanales y que aparecieron los primeros conflictos obreros, nuncios de que al abol irse la esclavitud ya estaban reagrupados los componentes econmicos y sociales de la colonia.

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2 94 Historia de la Nacin Cubana CAPITULO VI Alcal Galiano, Dionisio. Cuba en 1SI. Madrid, 1&59, Cuadro General del Comercio, Navegacin y Rentas de la Isla de Cusa desde 1826 a 184$. Anules de tas Reates Junta de Fomento y Sociedad Econmica de la Habana. T. II, rA 5 {mayo, 18 5 0). Irenchuk, Flix. Anotes Je la lila Je Cuba* Ao de IES f. C. Habana, 185 8. Mercantile Weekly and The Ha vana Prces Curre nt, The. Peridico semanal. S. Spcneer, edit., 187H8J9, PREZ DE LA RYA, FRANCISCOOp. cit, Pezuela, Ja cod o f. la. Diccionario ct— Necesidades, cit. Torrente, Mariano. Op. cit. Zamora, Jos Mara. Legislacin Ultramarina, cit. CAPITULO VII Memoria sobre el progreso de las Obras Pblicas en la Isla de Cuba. La Habana* IM6. Pezuela, J acobo de la. Diccioffirj cit. Prtele Vil, Herminio. Historia de Cuba en sus relaciones con tos lisiados Unidos y Espaa, ts, I y IL La Habana, 1 9)8. Coleccin de Reales Ordenes y Disposiciones de las autoridades superiores de la h la de Coba. Habana, I S S i Brenchun, Flix, Anales, cit. Zamora, Jos Mara. Op. cit. CAPITULO VIII Alcal G altano, Diontsto, Op. cit. Amrica, La, Madrid, especial mente, 1S"2. Archivo Nacional, puna Je Fomento, Leg, 204, n 9 9002. Bacard Moreau, Fmtlo, Op. cit., cspec. ts. III y IV. Correo de la Tarde, El. Peridico, 18)7. Friedlaender, H. F. Op, cit. Guerra. Ramiro. Manual, cit. Pezuela, J acoro de la. Diccionario, cit. — Necesidades Je Cuba, cit. Sedao, Cari, os de. Op. cit. Siglo, El, Peridico, especialmente 1866 y 1867. Zamora, Jos Mara. Op. ce. CAPITULO IX Brown, Gerardo. Op. cit, Ccpero Bonilla, Ral. Op. cit. Guerra, Ramiro, Manual, cit. — — Guerra de los Diez Aos, cit. Entralgo, Elias. Jos S ilverio Jorrin. o la timidez poltica. La Habana, 19)7. Morai.es, Vidal, Iniciadores y primeros mrtires de la Revolucin Cubana. La Habana, 190L Ramos, Jos Antonio, pozos Dulces el intil vidente. Cuaderno de Historia Habanera, n 5 9.

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LIBRO CUARTO HISTORIA SOCIAL

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Captulo I ESTUDIO DE LOS FACTORES CUANTITATIVOS 1 a de 1837 es fecha de simple significacin poltica en nuestra historia* La de 1868, a ms de significacin poltica* tuyo trascendencia econmica y social. Por ello puede decirse que la primera fecha es de mera evolucin, para este extremo de nuestro proceso histrico que estamos considerando, en tanto que la segunda es de transmutacin. Comenzaremos por el estudio de los factores cuantitativos, es decir por los aportes que van suministrando los censos de poblacin. La persecucin que en 1829 dict el gobierno de Mxico contra los espaoles, la emigracin de ios franceses que habitaban en aquel pas cuando estuvo en pugna con Francia, los sucesivos refuerzos de tropas enviadas por Espaa a Cuba, el gran nmero de espaoles que una larga guerra civil trajo a nuestras costas desde 1833 hasta 1840, y cerca de 00 cargamentos de negros arribados a las Isla desde 1827, determinaron el aumento de poblacin que se puso de manifiesto en el censo de 1841. El nmero total de habitantes ascendi entonces a 1,007,624, aunque no faltan quienes consideran este guarismo un poco exagerado por motivo de algunos errores e irregularidades en varios empadronamientos de partidos y jurisdicciones. A la paz que reinaba en todas partes, al reconocimiento por Espaa de la independencia de casi todos los estados de Amrica que haban sido sus anteriores colonias, y a varias medidas represivas de la trata de Africa, atribuye un publicista el que, lejos de aumentar la poblacin en el censo de 1846, disminuyese la misma* Adems, se ausentaron en este periodo multitud de capitales* La poblacin general constaba entonces de 898,752 habitantes, es decir 108,872 menos que la del censo de 1841* De la enumeracin de bautismos, matrimonios y entierros se pueden extraer ciertas conclusiones* Si se compara c nacimiento y la mortalidad de la raza blanca con los de las razas de color, resulta en el quinquenio referido una proporcin de 1.17 entre los nacimientos de los blancos, por uno entre los de color, o sea, que nacieron 100 blancos

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Historia de la Nacin Cubana 29S por 8 5 entre negros y mulatos; y tambin resulta que murieron 89 blancos por cada 100 de color; diferencia que ha tratado de explicarse como motivada por !a de los hbitos, rgimen y trabajos en que vivan unos y otros. La falta de reproduccin y la mortalidad entre las gentes de color se estim que no dimanaba apenas del estado de servidumbre de una gran parte de sus individuos; sino que tenia principalmente su origen en la falta de equilibrio que se observaba entre los sexos, en el costoso celibato en que tenan que vivir muchos esclavos de no pocas haciendas donde apenas haba mujeres, y en la prdida de un 10 un 12% que sufran en los primeros meses de su llegada a Cuba las introducciones de africanos, vctimas de dolencias anteriores a su arribo. Considerando las circunstancias en que llegaban los africanos, el medio en que vivan, los trabajos a que se dedicaban y el abandono en que estaban, apareca porporcionalmente mayor la mortalidad entre los blancos. Segn los datos recogidos por a Comisin de Estadstica, la poblacin de la Isla era en 1849 la siguiente; Varones Hembras Total Blancos Libres de Esclavos color 245,694 79,624 199,177 211,438 84,787 124,720 457,138 164,411 323,897 Totales 524,495 420,945 945,440 Del examen de esos guarismos resultaba que la poblacin blanca representaba el 48.35% de la totalidad, y la de color el 51.65%; la libre sin distincin de clases el 5 5.16% y la esclava el 44,84%, La libre de color representaba un 17,3%. En el trienio de 1847, 48 y 49 hubo un aumento de poblacin de 48,180 individuos. Se adverta que la poblacin no creca en proporcin al desarrollo de la agricultura y del comercio, a pesar de los esfuerzos que se realizaban para aumentarla. El exceso de nacidos sobre muertos equivala a 1.6% entre los blancos. El aumento en la raza de color era de 0,7% anual. La poblacin esclava mermaba en 0.04% anualmente. Destacbase que la falta de brazos para las labores agrcolas se haca sentir muy vivamente. En 1847 con permiso del Capitn General, y con el propsito de ensayo, algunos especuladores apelaron al recurso de introducir remesas de naturales de los puertos del medioda de China contratados por varios aos. Los tornaron algunos hacendados bajo condiciones ventajosas para los contratistas, y al emplearlos en sus fincas

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Introduccin de chinos e indios yucatecos 2 99 descubrieron que podran sacar cierto partido de ellos por su astucia; pero que no era comparable su vigor con el de los negros para los trabajos de cultivo y corte da la caa. Por otra parte, por no avenirse su carcter a aquellas faenas, cometieron algunos asesinatos de mayorales y dependientes blancos y an entre ellos mismos. Adems, en aquellos primeros tiempos no parecan llevarse bien con las otras clases populares del pas. Otro ensayo tambin nuevo fue el que se le ocurri a un especulador consistente en emplear algunos barcos de sus pesqueras para traer indios yucatecos, de los que se sublevaban en tal pennsula mexicana contra los funcionarios de su gobierno. Esos indios, repartidos entre los hacendados, resultaban aptos para las industrias rurales, y eran muy vigorosos. Venan con sus mujeres y sus hijos, y por ello le tomaban cario a las localidades en que se les empleaba. Pero al apaciguarse las sediciones en Yucatn se opuso el gobierno mexicano a que continuasen saliendo de aquel pas. Del cmputo de varios guarismos resultaba que la poblacin general de la Isla en X B 5 era de 1,044,18 5 habitantes de toda clase, sexo y condicin. Otra vez los publicistas y crticos de la poca sealaban que el avance de la poblacin no guardaba correspondencia con el desarrollo que haban tomado la agricultura, ia riqueza pblica y las rentas del erario. Los documentos oficiales fijaban la poblacin general a fines de 1859 en 1,180,013 habitantes, presentando un aumento de 135,828 sobre el cmputo de la poblacin en 185 5, Por esos datos se sabe que a fines de 18 59 existan en la Isla 622,797 habitantes blancos, 189,848 de color libres, y 367,368 de color esclavos. Comparados con los 498,752 blancos, los 179,012 de color libres y los 366,421 de color esclavos del cmputo del ao 18 55, revelaban un aumento de 1,420,045 de blancos, 10,836 de color libres y 947 de color esclavos. Al aumento de la poblacin blanca haban contribuido la libertad concedida en 23 de diciembre de 1853 por el Capitn General para la introduccin de colonos y jornaleros espaoles, el constante desarrollo que iban tomando el cultivo del tabaco y otros frutos, y el fomento de nuevos intereses, tales como mltiples lneas de ferrocarriles y empresas de utilidad pblica. El aumento de las personas de color libres estaba determinado por las franquicias que les haba proporcionado para obtener esa libertad la legislacin ultramarina, el juego de la lotera y la generosidad de la mayor parte de ios propietarios. A estas causas comunes haba que aa-

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300 Historia de la Nacin Cubana dir la extraordinaria de que el Gobierno haba emancipado en 1854 a 3,000 africanos. El aumento de los esclavos se deba a introducciones* Los indios yucatecos, cuya mayor parte resida cerca de la ciudad de la Habana, eran 5 76 varones y 1?2 hembras. Los asiticos, princip alente agrupados por Coln, Crdenas, Matanzas y la Habana, eran 16,373 varones y 13 hembras solamente, Pasando ya de lo individual a lo colectivo, puede decirse que de las tres grandes clasificaciones sociales en que suele considerarse dividida la humanidad, la clase alta y la clase media no sufrieron sustanciales transformaciones en este periodo de 1837 a 1868. En el rgimen de castas en que viva la sociedad cubana por entonces, la que arribaba en aquel momento a un perodo crtico era la de ios esclavos. No siempre conforme con su dura y cruel situacin, ms bien rebelde muchas veces frente a ella, empez a tener argumentos favorables para liberarse desde la primera abolicin de la esclavitud en Amrica, la decretada por la Convencin Nacional Francesa que tan honda repercusin produjo en Hait, y despus las sucesivas liberaciones graduales decretadas por los gobiernos de Inglaterra y Holanda en sus colonias. Si para las clases dominantes la esclavitutd no haba an entrado en crisis, el mantenimiento de la trata s iba contando ya con un pensamiento uniforme en contra de la misma. AI comienzo de este perodo la clase media era muy reducida. La poblacin blanca de Cuba en gran mayora estaba poblada por grandes familias que tenian en sus manos casi toda la riqueza territorial de Cuba; eran ios hacendados, que entonces se contaban por varios miles, los dueos de cafetales, qUfe tambin sumaban millares, y los dueos de las grandes haciendas de crianza de ganado, que no eran pocos. Haba, por !o tanto, una clase alta de grandes terratenientes, muy numerosa; una pequea clase media, porque no existan industrias que la diversificaran n ampliaran, la case media de los vegueros o estancieros, y ms abajo la enorme masa de esclavos. Todo eso se fue transformando poco antes de 1868. Por entonces se destruyeron casi todos los cafetales. La industria de caf tuvo una quiebra casi violenta, hasta el extremo que desaparecieron completamente ms de dos mil cafetales, todo ello determinado por la poltica arancelaria de los Estados Unidos hacia Cuba. Por otra parte, se produjo el proceso de desaparicin de los pequeos ingenios azucareros. A medida que se fueron introduciendo y perfeccionando las mquinas, los pequeos ingenios empezaron a desaparecer. Muchas familias que hasta

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Campaa liberadora de la esclavitud 301 entonces haban gozado de la posicin de hacendados y amos de ingenios, pasaron a una situacin inferior, subalterna. Los amos de ingenios empezaron a ser menos, porque se estaba preparando ei trnsito del pequeo ingenio al gran central. En el pequeo ingenio, el cultivador agrcola de la caa, desde el punto de vista del capital, era el mismo que a transformaba en azcar; pero despus el hacendado se quedara con a parte industrial y aparecera e colono para la parte agrcola* Todos estos fenmenos se van presentando ai final de este perodo. AI principio, como ya queda dicho, lo que sobresale es la situacin crtica en que se encuentran los esclavos. Por razones provenientes de la poltica interior e internacional de Inglaterra, la campaa liberadora de la esclavitud, realizada en el orden de inters por el Estado britnico y en el orden del ideal por ciertas sectas religiosas, se extiende y ramifica durante los primeros lustros de este perodo. No corresponde a esta parte de la presente historia el estudiarla dentro de sus iineamientos de tipo poltico o de ndole individual P Quede solamente la constancia de que se haca sentir entre los altos dirigentes polticos del pas y entre las clases dominantes en la vida econmica. Unos y otras vivan preocupados por aquellas intrigas y conociendo o aumentando as conspiraciones de los esclavos. El miedo engendraba la violencia y la crueldad* Se estaba a caza de oportunidades para realizar un gran escarmiento. Ciertos sucesos, aumentados y agrandados, dieron la oportunidad que se estaba buscando, y el acontecimiento de La Escalera fue el remate y culminacin de aquel proceso, que silenciara todos los empeos liberadores de los esclavos por algn tiempo. Pero de todas maneras, como ha sealado el historigrafo Ramiro Guerra, el quinquenio de 1840 a 134S marca e punto ms alto a que lleg la marea creciente de la esclavitud iniciada en 1790 Despus de 1844 y de la aprobacin He la ley de represin de la trata de 1845, contina la introduccin de esclavos por la va de contrabando, pero en proporcin cada vez menor* Los mismos acontecimientos de 1844 contribuyeron a ello, con !a enorme huella de espanto que dejaron* Los negreros y 3a mayora de las autoridades coloniales, para los que e contrabando africano era, como se sabe, una prdiga fuente de lucro, continuaban inclinndose a la trata clandestina, pero no pocos hacendados ilustrados y previsores y hasta algunos componentes del gobierno metropolitano se iban mostrando opuestos cada vez ms al incremento de la esclavitud. El propio historigrafo Ramiro Guerra seala que otras causas contribuyeron, a partir de 1845, a reducir el contrabando de africanos y

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302 Historia de la Nacin Cubana a producir el aumento de la poblacin blanca. Por una parte, los tratados internacionales, auspiciados firmemente por la Gran Bretaa; por otra parte, la decadencia de la industria cafetalera; por otra parte, el maqumismo, con su consiguiente reduccin de! nmero de brazos, sobre todo en la industria azucarera. Despus de la conspiracin de 1844 y de la aprobacin de la ley de 1845, ios antiguos planes de fomento de poblacin blanca, se revivieron con mayor impulso. Un escritor y publicista espaol consignaba, a mediados del siglo, entre protestas de sinceridad y honradez, que el elemento espaol que imperaba en Cuba no estaba compuesto en general de hombres de gran ilustracin y cultura sino por hombres de dinero, y consideraba que ste era un motivo ms de menosprecio para la gente ilustrada del pas, educada en los principales colegios del extranjero. Entre los razonamientos del propio escritor y publicista estaba el de que en todos los pases mercantiles, pero en Cuba principalmente, la gran masa de inmigrantes que venan destinados al comercio, salan de las aldeas de las provincias del Norte, sin haber tenido trato alguno con la gente culta y sin ms conocimientos que las primeras letras. En Cuba, en el contacto con una sociedad adelantada, muchos adquiran algunos rudmientos de educacin y un barniz puramente exterior de refinamiento de costumbres y gustos; y cuando hacan dinero y se encontraban al frente de sus negocios o se retiraban a vivir de sus rentas, se llenaban de vanidad y orgullo y se crean, por su posicin adinerada, competentes en todos los conocimientos que afectaban a la administracin y a la poltica. Por regla general se hacan conservadores, porque les pareca que lo liberal delataba un origen plebeyo y se les poda descubrir la hilaza de su origen. Se volvan intransigentes en toda case de asuntos que se ventilaran, como para demostrar que obedeca su tesn a profundas convicciones procedentes de sus estudios y su talento; hablaban en tono dogmtico y se hacan tan insoportables, empalagosos, pedantes y ridculos para la gente culta, que acababa por no alternar con ellos, dejndolos en sus tertulias que resolvieran sin contradiccin todos los problemas econmicos, sociales, polticos, religiosos y hasta internacionales. Eran los clsicamente conocidos en Espaa con el nombre de indianos Los negros esclavos, continuaban dividindose en: de nacin o africanos procedentes de la trata, y los nativos del pas o criollos. La gente de color no poda mezclarse con los blancos en los bailes ni en los espectculos pblicos. Entonces tenan un lugar aislado para

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Datos peculiares sobre la fecundidad 303 ella en el teatro, en los circos y en los dems lugares de distraccin* Se les permita celebrar bailes pblicos, pero exclusivamente para ellos* Era en las iglesias donde no haba distincin, ni en los cementerios* El dato ms peculiar acaso sobre ia composicin de la familia recogido por los observadores de la poca, era el de su fecundidad* Ramn de la Sagra, en sus andanzas por Trinidad, se fij en que el matrimonio de Pedro Castellanos con Doa Serafina, tuvo 24 hijos; el de Rafael Gonzlez con Dolores Prez tuvo 21 hijos y ninguno muri siendo nio; el de Mariano Castillo con Antonia Lpez, 21; el de Flix Iznaga con la Sra* Rendn, 18; el de Gregorio Ferrer con Clotilde Caldern, 16; el de Jos Cadalso con Juana Padn, 1 5 ; el del Sr. Puertas con Juana Lpez, 15; el de Antonio Prez con Catalina Muoz, 13; el de Antonio Germn Castiera de Romay con Brbara Llanes tambin 13; y el mismo nmero de hijos tuvieron los matrimonios de Jos Felipe Pomares con Ana Monteros, de Juan Snchez con Trinidad Pomares, de Domingo Ortega con Felipa Fernndez, de Jos de Jess Caldern con Simona Matanzas, de Antonio Prez con Catalina Muoz, de Fernando Castro con Concepcin Bermdez y de Po Bastida con Josefa Hernndez* Le llam tambin la atencin a La Sagra el que hubiera un nmero considerable de otros matrimonios con 12, 11 y 10 hijos, as como tambin el que no se mencionaran como notables los que no tenan ms que ocho o siete; se fij igualmente en multitud de casos de nacimientos de gemelos y en que hubieran casos de fecundidad hasta los 50 aos. Se enter de que los matrimonios fecundos eran ms numerosos en Santiago de Cuba todava* El padrn de Trinidad verificado en 1853, consignaba el nmero de 123 matrimonios que tenan entre 8 y 10 hijos vivos* Parecidos fenmenos de fecundidad los encontr La Sagra en SanctiSprtus* El matrimonio de Nicols Abad Cancio con Mara de la Soledad Ochoa tuvo 26 hijos; el de Manuel Reyes y Cancio con Ana del Carmen Madrigal tuvo 24; el de Manuel del Castillo con Francisca Pina, 23; el de Roque Pina con Dolores del Castillo, 22; el de Camilo Padilla con Rosa Fuentes, 20, y 3 de ellos gemelos; el de Eduardo Gmez con Maurica del Castillo, 19; y los de Domingo Estrada con Rafaela Pina, Jos Mara Echemenda con Mara Francisca Pina, 18; el de Agustn Brizuela con Ins Mara Fernndez, 17; el de Antonio del Valle con Catalina Iznaga, 16* En varios de los casos citados, algunas mujeres haban sido madres a la edad de 13 aos, por haberse casado a los 12, y otras continuaron teniendo familia hasta los 50 aos*

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Captulo II LAS COSTUMBRES F orma parte tambin de este captulo lo referente a las costumbres, por lo que destacaremos las ms caracterizadas de aquella poca. Una de ellas era la de felicitar en verso el da del cumpleaos. Por entonces era raro el da en que no publicaban los peridicos sonetos u otro gnero de composiciones dedicados a los natales de tal o cual persona. Otra costumbre que se manifestaba por entonces era a de la retreta, ms acentuada y frecuente en la Capital que en ciertas ciudades del Interior. La de la Habana se tocaba todas las noches en la Plaza de Armas. Era de ocho a nueve. Una banda militar ejecutaba las piezas musicales, La plaza se llenaba de gentes pertenecientes a las clases alta y media. En los alrededores se situaban los carruajes. Concluida la retreta, se produca el desfile de los concurrentes; pero los cafs y casas de refrescos que haba por los alrededores conservaban, cierta animacin hasta las diez o diez y media de la noche, en que se cerraban, Era costumbre muy generalizada en la poca la de acostarse temprano. Los observadores y cronistas extranjeros se fijaban en la indolencia de los cubanos de la poca. La cargaban en la cuenta del clima, en la condicin de pas tropical, clido. Advertan que a los hijos de esta tierra les fatigaba moverse de un punto para otro. A ello atribuan el uso excesivo del carruaje en los que podan sostenerlo. Consideraban que el uso de ese medio de transporte estaba en Cuba mucho ms extendido que en otras partes del mundo. Las seoras de la clase alta nunca salan a pie a la calle, salvo el jueves y el viernes santos. A pesar de que se hablan introducido en las ciudades ciertos carruajes europeos, como victorias, coches, tilburis, etc., prevaleca el gusto por el quitrn o la volanta, que era un carruaje cmodo, de dos asientos, montado sobre sopandas en dos grandes ruedas y tirado por un caballo sobre el que 3 04

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Indiferentismo y libertad de costumbres 305 iba montado el calesero. Otros llevaban dos caballos o tres pareados* que llamaban pareja o tro, y entonces el calesero iba montado en uno de los de fuera de los varales* que siempre era el de la izquierda. Esos carruajes solan ser muy lujosos. Recordaban mucho las calesas andaluzas, Las mujeres de la aristocracia no los utilizaban solamente para sus paseos sino tambin para sus quehaceres. La Isla vivi en aquellos tiempos una etapa de gran trasiego inmigratorio. Se destacaban dentro del mismo los espaoles que venan a hacer fortuna. Privaba ese tipo obsesivo de las factoras que tiene una concepcin unilateral de la vida, consistente en que sta no existe ms que para acumular dinero. En esas situaciones sociales el egosmo sube mucho* y en la misma proporcin bajan los sentimientos morales. Algunas personalidades con mucha experiencia en viajes notaban y anotaban la falta de ideas msticas en el pueblo cubano de aquella etapa* y les llamaba la atencin el indiferentismo y la libertad de costumbres* sobre todo en la Capital. Algunos publicistas advirtieron la ya creciente influencia del pragmatismo norteamericano sobre ciertas zonas de la sociedad cubana. La vean como una protesta contra las rancias preocupaciones de los espaoles y contra la desmoralizacin poltica y administrativa del gobierno espaol. El mimetismo hacia los Estados Unidos iba, as* revestido de cierto csprttu progresista. El trato social era bastante despreocupado, pero sincero, sin doblez, sin hipocresa. En el pueblo predominaba la indiferencia religiosa. La inmensa mayora de las familias de las clases alta y media no oan misa sino el da l 9 de enero, y entendan que esa misa cubra su obligacin con respecto a la misma para todo el ao recin iniciado. A las clases populares* sobre todo a los esclavos, no llegaba apenas la instruccin y la propaganda del credo religioso prevaleciente, del catolicismo. Algunos extranjeros practicaban los cultos de otras sectas cristianas; pero con gran sentido de tolerancia y respeto* sin asomos de fanatismo, eran tratados por los nativos. El clero catlico era bastante tolerante y sola ser muy respetado. No se le discutan sus derechos. Ese clero reservaba su intransigencia para los matrimonios entre parientes* los cuales ocasionaban dispensas muy costosas y grandes dilaciones. Un cronista apunta que algunos interesados de las clases poderosas* para evitarse molestias y gastos, preferan embarcarse hacia Nueva Orleans, y all* sin ms ni ms, los casaba el obispo a muy poco costo, perdiendo con ello los obispos de Cuba todos sus derechos. Esto se deba a que los obispos de los Estados Unidos estaban facultados por el Papa para toda clase de dispensas*

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30 6 Historia de la Nacin Cubana La gente de color era la que practicaba la religin con ms fe y hasta con cierto fanatismo. Era la que daba casi todo el contingente de las procesiones pblicas* El espritu igualitario y democrtico de nuestro pueblo se adverta ya desde entonces en la tendencia a la uniformidad de la vestimenta, "No liay en e pueblo distincin de trajes — adverta un viajero espaol de mediados del siglo—; todo el mundo viste con igualdad, aunque claro que con ms o menos lujo segn sus recursos. Aqu gastan levita el carnicero y e conde, e negro y el blanco. E torero que llega de Espaa, acostumbrado a su sombrero calas, su chaqueta y su faja, no aguanta ocho das su traje nacional, y se avergenza de llevarlo cambindolo por el de moda corriente en los pueblos civilizados.” La igualdad de trajes se estimaba una demostracin de la tendencia a la igualdad de condiciones. Haba una marcada inclinacin al refinamiento en todas las clases sociales. Las categoras estaban determinadas por el dinero y c! saber, mucho ms por el primero que por el segundo. El respeto de unas clases hacia otras iba disminuyendo, sobre todo en el trato social. "Esta sociedad, como ms positivista, ha dado de lado a los convencionalismos que an imperan en los pueblos viejos, y se presenta desnuda, con todas sus llagas, que aunque en otras partes no se vean no por eso dejan de existir,” Son observaciones de un viajero que visit a Cuba a mediados de ia centuria. El lujo haba tomado grandes proporciones, afectando directa o indirectamente a la moralidad de las costumbres. En las familias ricas las seoras solan vestir muy bien. En esas familias solan utilizarse gran nmero de criados, porque sus mujeres no tomaban parte alguna en las faenas de la casa. La vida era cara. La vanidad incitaba, en ms de una clase social, a aparentar una opulencia que las ms de las veces no se tena. El lujo en s no perturbaba tanto como la impaciencia de muchas personas por ostentarlo precipitadamente, sin esperar a adquirir mediante el trabajo una posicin econmica slida, que les permitiera disfrutar de ese lujo sin menoscabo de la dignidad. Ya entre los hijos del pas y los espaoles exista una marcada divisin. En las reuniones a que asistan unos y otros no se mantena la cordialidad. Siempre tena que dominar uno de los dos. Entre las mujeres, las espaolas o espaolizantes preferan el color rojo, las cubanas el azul. El pueblo segua siendo muy aficionado en todas sus clases sociales al baile y a los juegos de cartas, y en la clase campesina a las peleas de

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Bailes* juegos de cartas y peleas de gallos 3 07 gallos. Todo ello haba sido importacin espaola. El baile era la expansin que contaba con mayor predicamento por tomar parte los dos sexos en un sentido de acercamiento. No haba reunin, jira o celebracin de algo que no tuviera baile. “Es verdad — -af rimaba un cronista— que el baile ntimo y voluptuoso de este pas es de lo ms sugestivo que puede imaginarse y no es extrao que sean tan aficionados a l los que se han criado a su arrullo* cuando con el mismo entusiasmo suelen tomarlo los espaoles y extranjeros que viven aqu.” El tipo de baile predominante era la danza, compuesta cada sedazo o parte del paseo, la cadena y el sostenido segn los iba marcando la msica. Esta era muy animada y alegre, y no tena mejores intrpretes que los ejecutantes locales. Un publicista extranjero anot lo siguiente: “Al que no est acostumbrado a oir las danzas, se le figura escuchar una algaraba infernal, pues parece que cada instrumento va por su lado como suele decirse; pero poniendo atencin, no solo se distingue la belleza de la composicin, sino que, eso que parece algaraba, forma un todo armnico, de un efecto sorprendente, sujeto a un comps obligado que marca con exactitud los pasos de la danza. No he visto en mi vida baile ms animado c incitante, ni he o ido tampoco msica ms entusiasta y deliciosa; as es que no es extrao ver en un baile a la mayor parte de los mirones llevar involuntariamente el comps con los pies o con el cuerpo, como arrastrados por una fuerza superior. El comps es el mismo que tocan los negros en sus tambores e instrumentos para sus bailes grotescos y voluptuosos”. Constitua el bae una diversin de todo el ao; pero se acentuaba, con disfraces, durante la temporada de carnaval. En algunas poblaciones las peleas de gallos se organizaban en torno a dos bandos, el azul y el punz. Cada bando ostentaba su color respectivo, y cada uno elega su reina de la hermosura, y cada una de stas, por medio de diplomas, nombraba su corte. Los agraciados con los cargos de cortesanos se entregaban al desempeo de los mismos con gran formalidad. Las reinas reciban a su corte sentadas en un trono; y cuando salan a la calle iban acompaadas de una banda de msica. El pueblo sola dividirse entre ambos bandos, ostentando cada cual, ora en la corbata, ya en a cinta del sombrero, el color de que era partidario. Las peleas de gallos decidan cul de las dos reinas era la ms hermosa. Los peridicos en esos das insertaban muchos versos escritos por los trovadores afiliados a uno u otro bando, ensalzando cada uno tanto la hermosura de su reina como del color respectivo. La pasin poltica andaba muchas veces por dentro de esas fiestas, y la vanidad y el donjuanismo por fuera.

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3 OS Historia de la Nacin Cubana Adems de los distintos juegos de cartas* ya mencionados* estaba muy extendido el juego de billar en lugares pblicos. Las ms de las veces no se practicaban unos y otros por simple recreo* por mero pasatiempo; antes por el contrario se le sealaba como un resultado de la impaciencia por hacer dinero en poco tiempo. Hasta la trata de esclavos no falt quien la viese como un juego de azar, con los riesgos del contrabando, en el que el explotador era el banquero y el comprador de buena fe la vctima. El jbilo en ciertas fechas conmemorativas se exteriorizaba con manifestaciones estrepitosas. El entusiasmo pblico se desbordaba por medios atronadores, Habia tiros de fusil desde las tiendas, msicas, gritos, fogatas de resina. Los campesinos, hombres y mujeres, mantenan su tradicional adhesin a la poesa lrica, mediante el preferente cultivo de la dcima, cantada por lo general al son de la guitarra. Hacia 1860 se oan en tierra adentro dcimas cantadas de ese modo, como las siguientes; En una fresca maana del florido mes de Abril, cuando el cfiro sutil agita la palma indiana, una guajira lozana ms hermosa que una jagua, bajo una esbelta macagua medio dormida encontr, y al verla all la pens la flor de Manicaragua, Hija del trpico ardiente exclam, despierta, indiana, que de la regin cubana mece el cfiro al oriente. Si tu noble pecho siente placer bajo esta macagua, yo con pasos de camagua te fabricar un bohio, y t sers, dueo mo, la flor de M ankaragua. Siguiendo las costumbres del catolicismo espaol, las ceremonias religiosas de la Semana Santa adoptaban una especial solemnidad. Aumentaba la concurrencia de feligreses a los templos, en mucho mayor proporcin la del sexo femenino.

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Habilidad en la artesana culinaria 3 O? Los placeres de la mesa se caracterizaban por la sobriedad y la rutina en las capas ms bajas de la poblacin — los esclavos, los hombres de color libres, los campesinos — y por el lujo y la prodigalidad de manjares en las ms altas categoras sociales. Un extranjero muy distinguido estimaba que con los comestibles que a l solamente e pusieron a la mesa una vez, un cocinero francs arreglara comidas para cuatro y hasta para seis personas, Y llamaban la atencin de los extraos no solamente el nmero de platos, sino su complicada composicin. Un cocinero cubano de la poca opinbase que no se quedara contento si no aglomeraba cuatro o cinco sustancias en el mismo guiso; y su habilidad mejor vista deba consistir en transformar la sustancia principal de ese guiso en algo que en nada se le pareciera. Los ms hbiles en la artesana culinaria eran los negros y los mulatos, Pero se les aadieron los cocineros chinos, los cuales embellecieron las grandes mesas cubanas con adornos graciosos, desconocidos en Europa, contribuyendo a alejarlas no poco del tradicional ajiaco. Tambin eran abundantes los postres, especialmente los dulces, en esas mesas de familias ricas, A la Condesa de Merlin, durante su viaje a la Habana en 1840, le llamaron la atencin las preciosas casas bajas de la clase media en la Habana, casas que se le destacaron por sus grandes puertas cocheras, por sus inmensas ventanas enrejadas, puertas y ventanas siempre abiertas, por donde se poda penetrar con una sola mirada hasta las ms ntimas intimidades del vivir domstico, desde el patio regado y florido hasta el aposento de la nia, cuyo lecho estaba cubierto de cortinas de limn con lazos de color de rosa. Las casas aristocrticas no eran ms que de un piso, rodeadas de galeras que se destacaban desde lejos por largas filas de persianas verdes. Es decir, ms de un trozo de Andaluca transportado al trpico americano. La Condesa advirti que los cubanos de entonces practicaban la caridad sin ostentacin, en forma sencilla y candorosa, Vi las negras manejadoras, vestidas de muselina, sin medias y sin zapatos* Observ que las muchachas blancas eran de esbelta estatura y de tez plida, negra la cabellera y suelta en bucles flotantes, con vestidos tan ligeros que los agitaba !a brisa y tan difanos que se transparentaban al sol. Insista ella en su visin de la Habana de aquellos tiempos, que le pareca una ciudad medieval conservada intacta bajo el trpico, con unas costumbres en que se mezclaban Espaa y Amrica* Las calles estrechas, las casas bajas con balcones de madera y ventanas enrejadas

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310 Historia de ha Nacin Cubana siempre abiertas* Las habitaciones rezumando aseo, saturadas de luz, palpitantes de alegra, aleteadas de frescura* La nia, como la denominaban tpicamente, cubierta con un ropaje areo, desnudos los brazos y enlazados a la reja, curioseando hacia la calle* Y all en el fondo el patio cubierto de flores, y las fuentes derramando sus saltos de agua clara y limpia sobre los ptalos de la pitahaya y el volador* Los ricos cubanos de entonces cultivaban la filantropa* El carcter cubano de aquel momento era una mezcla de la gravedad espaola y de la indolencia nativa* Estaban muy acendradas ciertas tradiciones religiosas del catolicismo* Al oscurecer, cuando sonaba la primer campanada de la oracin, se silenciaban todas Jas conversaciones* Todos los presentes se ponan de pie y rezaban en voz baja hasta que terminaba de sonar la campana* Despus, todos se abrazaban, y se daba las buenas noches* Los nios besaban la mano de la madre y se iban a dormir, Y la tertulia de los mayores continuaba* La sencillez de las mujeres comunicaba a su trato un atractivo indecible; todo era naturalidad en ellas* Cuando envejecan, ni se tean las canas ni trataban de ocultar las arrugas* Y, hecho curioso: por esa misma abnegacin voluntaria, no slo se hacan ms amables, sino que daban hasta la sensacin de prolongar su juventud* "Siempre se encuentran aqu —deca la Condesa de Merln— un trato candoroso y apasionado, el abandono y la confianza, la fe en el amor y en !a amistad; hay en estas gentes algo de simptico y de acariciador que penetra hasta el fondo del corazn” Una niveladora costumbre cubana no distingua categoras: el tuteo* Las edades se confundan en la conversacin. La prodigalidad de la familia se expresaba por el inter-regalo de onzas de oro* Los negocios y las transacciones comerciales pocas veces se hacan bien y siempre duraban mucho, porque los cubanos de entonces para ahorrarse de dar un paso, de decir una palabra, de poner una firma, tenan siempre una disculpa, hallaban siempre un pretexto, encontraban siempre un maana; porque el sol, un sol implacable, se interpona perpetuamente entre las actividades econmicas* Un da atravesaba la Condesa de Merln la plaza de Beln, cuando le sorprendi una especie de motn junto a a iglesia* La multitud se agolpaba a la entrada, pero no se decida a penetrar dentro del templo* Una de las puertas estaba cerrada, la otra entreabierta, y por ella asomaba la cabeza un hombre que deca en voz alta y solemne: “Rogad por el criminal, hermanos mos ,J Indag Ja Condesa el significado de todo aquello, y le informaron que un asesino se haba escapado de los frenos de la justicia y se haba refugiado en aquella iglesia que gozaba

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Ob serva ctones de la Condesa de Merin 311 del derecho de asilo, privilegio que solamente tenan dos templos de la Habana. Es decir, que ese fuero de asilo eclesistico, tan tpicamente medieval, se mantena en la Habana casi a mediados del siglo xix. Por lo dems, los asesinatos abundaban y se cometan a plena luz del da, generalmente respondtenedo a mviles de venganza. En las estadsticas de criminalidad prevaleca el asesinato sobre el robo. El ladrn de caminos rara vez empezaba a serlo por eleccin; por lo general era empujado a esas actividades por crmenes. Los campesinos, los guajiros, eran enamorados, celosos y pendencieros. Solan tener pendencias a la salida de los bailes o de las peleas de gallos. Ei guajiro que mataba a otro hua a interior del monte, hasta donde lo perseguan, ponindole precio a su cabeza. Abandonado, temeroso, obligado a defenderse, se converta en ladrn para sostener su existencia, y en asesino para conservarla. Pero esos bandoleros del campo cubano no perdan el carcter aventurero, caballeresco y generoso de sus indudables precursores: los bandoleros andaluces. Eran temibles, y sin embargo presentaban paradjicos rasgos de lealtad y de confianza. El ladrn de los campos, el bandolero que se decida a ser amigo, no traicionaba nunca, y era valeroso hasta la temeridad. Not la Condesa de Merln que a los cubanos y cubanas de aquella poca gustbales preferentemente una posicin: la de estar sentado. Las muchachas se sentaban junto a las ventanas, se recostaban voluptuosamente en los quitrines. Los hombres se sumergan en el fondo de las volantas. Hombres y mujeres de la clase media, lo mismo que los de la clase alta, posean qitrn y disfrutaban de la molicie del mismo. Los primeros ahorros se empicaban siempre en la adquisicin de un quitrn o de un piano. En las reuniones de a aristocracia no usaban los hombres chaqueta ni gorra. Usaban ya desde entonces el frac, con corbata, chaleco y pantalones blancos. Abundaban los halagos musicales y poticos. Se cultivaba la msica y el verso improvisado callejeramente. Destacaba la Condesa el entusiasmo mel man ac de los negros y la especial capacidad de que estaban dotados para el cultivo dei arte musical. Mercedes de Santa Cruz penetr con seguridad en ciertos aspectos del carcter cubano que han tenido vigencia posteriormente. f La vista de los recuerdos, la fe de las reliquias faltan enteramente aqu. La pereza y la poesa de lo presente o absorben todo, y si los habaneros se ocupan del porvenir, se ocupan de l solamente como de una dicha inmediata, Esta imprevisin se reproduce frecuentemente en la falta de

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312 Historia de la Nacin Cubana orden y de conservacin de los caudales,” Y ratificaba esas afirmaciones con el aporte de datos concretos. Era muy raro que el millonario guardara ni una mnima parte de sus rentas. Si era buena la cosecha, gastaba todo su producto al ao siguiente. Si el azcar no se venda o se venda a precios inferiores, el rico estaba apurado, pero segua manteniendo el mismo boato. El lujo, el desorden y el vicio del juego hundan los patrimonios. Y es que el cubano de entonces, como el de ahora, padeca la torpe costumbre de no vivir sino en el tiempo presente. Con sensibilidad ardiente, con entendimiento vivo, era capaz de comprenderlo todo. Influenciado por los afectos que le rodeaban, estaba abierto a una generosa simpata, y generosamente estaba dispuesto a dar su fortuna y basta su vida por un cario, por una amistad o por su patria; pero arrancado de esa influencia, la pereza y la negligencia enervaban su voluntad. Si la sangre, concentrada por el ardor de la atmsfera,, hua de ia superficie de su piel, y refugindose en el fondo de sus venas le daba esa palidez innata y caracterstica de los habitantes de los trpicos, del mismo modo su voluntad, delimitada por el olvido o por i a indiferencia, no se volva a despertar en l sino por a sacudida de grandes pasiones o de grandes necesidades* Los campesinos se singularizaban por su carcter excntrico. Eran aficionados al canto, dados a los placeres y a las aventuras. Tenan una pasin indomable por su independencia. Los criollos rara vez aceptaban una ocupacin dependiente, con excepcin de la de maestro de ingenio. En el campo, los espaoles eran mayorales, mayordomos, o se dedicaban a ciertas ocupaciones asalariadas; pero d campesino cubano prefera vivir con poco con tal de vivir con independencia. Su comida era frugal: pltanos, boniatos, papas. En sus viviendas haba la misma confusin y falta de higiene que en la de tiempos posteriores. La tierra no le exiga un cultivo esmerado, ni abono. Para recoger algunas cosechas al ao le bastaba con algunos das de arado y esparcimiento de granos. Las campesinas eran delicadas y cuidaban no poco de su adorno. Estaban siempre vestidas de blanco y llevaban flores naturales en la cabeza. Las casadas tenan gran influencia sobre sus maridos, y sus "atenciones y buenas maneras podran servir de modelo a nuestros elegantes La guajiras no correspondan a los requiebros amorosos sino tras muchas pruebas de constancia de los enamorados; y los guajiros no contraan matrimonio sino posedos de amor desenfrenado. La facilidad de ganarse la vida con poco trabajo Ies permita pasarla en gran parte entre el amor y el placer. La pereza, la voluptuosidad y el amor a la independencia dominaban el espritu

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La pompa y ostentacin de los entierros 313 de los campesinos a mediados del siglo xd. Pasaban las maanas en las vallas de gallos y las noches bailando o cantando al son de a guitarra junto al boho de la amada* Si haciendo esto ltimo llegaba por all un rival poda producirse sin dificultad un duelo irregular a machetazos. Muy de maana, al amanecer, armado el guajiro de su machete y de su espuela, apretaba el caballo para realizar su trabajo. Procuraba el lujo en sus arreos. Aunque amaba a una sola mujer, las cortejaba a todas. Su baile predilecto y casi nico, el zapateo, ha llegado a nuestros tiempos con similares caractersticas. Cualidades psquicas prevalecientes en l eran su memoria y su facilidad para improvisar versos. Costumbres cubanas que llamaron poderosamente la atencin de la Condesa de Merln por lo genuinas fueron las funerarias. La pompa y ostentacin de los entierros de las familias habaneras se apoderaron de su rutina. Para ella la memoria amnsica de los cubanos se reflejaba particularmente en su sentido de la muerte. Deca que no la comprendan, que no les inquietaba, y por eso la comentaban como un banquete o como un baile. Encontraba ella la causa de este sentido de la muerte en un clima de tanto lujo vital, donde la vida en su vigorosa energa absorba todas las facultades y las someta a un como renacimiento perpetuo de la Naturaleza. La atraccin tan poderosa de la Naturaleza, la sumersin en todas las potencias de !a vida, haca que el cubano no tuviera ni tiempo para contemplar a la muerte cuando esta pasaba por su lado. Era por esas razones, no por el sentimiento debilitado por el inters, por las que se produca ese fenmeno, pues en Cuba entonces los hijos no tenan que esperar a la muerte de los padres para compartir sus bienes materiales. Estos se los iban entregando a medida que llegaban a la mayora de edad. Este sentido alegre de la muerte se manifestaba en la ceremonia funeraria del velorio. La familia del fallecido quedaba recluida con su dolor en una habitacin interna de a casa la noche antes del entierro. Mientras tanto, los amigos y vecinos formaban grupos en la sala. Se hablaba de temas muy distantes de la memoria del muerto. Se rea a carcajadas. Se jugaba a las prendas. Se coman confites. Se tomaba chocolate y se beba vino moscatel. Esos velorios no acostumbraban a celebrarlos las clases aristocrticas, sino la clase media. En volantas paseaban las habaneras de un extremo a otro de la entonces no muy extensa ciudad, desde las seis de la tarde hasta mediada la prima noche. A veces formaban tertulias en las casas. El movimiento de los abanicos, agitados cadenciosamente, la vestimenta de las seoras, su colocacin en crculo, le recordaban a la Condesa de Merln a la antigua Espaa. Pero los grandes portones abiertos de par en par, las buT< TV. II

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314 Historia ge la Nacin Cubana j as dentro de los fanales de cristal, los grupos de hombres hablando en los balcones o circulando en los corredores, los grandes faroles que iluminaban esos corredores, le pregonaban a Mercedes de Santa Cruz, Condesa de Merln, que estaba viviendo en Cuba, Al lento avance de la evolucin social contribua mucho el deplorable estado de la enseanza primaria* En varios pueblos de! interior de la Isla no pasaban del 8% o del 7% los nios de edad escolar que reciban instruccin. Invitados los padres a los exmenes de los hijos en la instruccin primaria, no acudan a ellos* No haba consideracin ni repeto para c maestro pblico* Se le remuneraba muy escasamente. Los padres no secundaban ios esfuerzos de los profesores en la educacin de sus hijos. Maestros muy distinguidos deploraban una y otra vez esa indiferencia de los padres hacia la educacin de sus hijos. El resto del ambiente, tpicamente factorl, era todava ms indiferente, si cabe para el adelanto educativo e intelectual de las nuevas generaciones. Por todo ello, e tesn y el espritu de lucha de los maestros es ganaba la admiracin de los propios y extraos capaces de apreciar e mrito de sus esfuerzos* Pese a la educacin esmerada que se imparta a los jvenes en no pocos colegios privados, muchos padres pudientes mandaban a educar sus hijos a centros docentes de Francia y de los Estados Unidos. Pese a tantas adversidades, el pas iba tomando el camino de la civilizacin, sobre todo su Capital. Extranjeros que llegaban a esta ultima no echaban de menos en ella nada de lo que caracterizaba a una poblacin civilizada, particularmente en cuanto a lugares de expansin y recreo. Alguno de esos viajeros se atreva a afirmar, a mediados del siglo, que el teatro Tacn era probablemente el mejor de Amrica* La importancia de sus espectculos pblicos hacan famosa a la Habana, Las mejores compaas de pera italiana se presentaban en los escenarios habaneros. En ese extremo nada tena que envidiarle la capital de la Isla a Nueva York, Londres, Pars y Madrid* En la Habana de entonces se oan notabilidades como la Te deseo, la Bossio, la Albo ni, la Lagrange, la Fezzoii, la Garraniga, la Cortessi, la Lotti y la Cruz Gasier; contraltos como la Philips; tenores como Sal vi, Brignoli, Musan! y Pancani; bartonos como Benenvetano, Gasier y Ronconi; bajos como Marn i. Otras veces se presentaban al pblico cubano de la poca excelentes compaas de zarzuela espaola. Circos que gozaban de fama en Europa y en los Estados Unidos presentaban tambin sus variados nmeros en la Habana y en algunas importantes poblaciones del interior de la Isla.

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Signos de la cultura de la poca 315 Signos de la cultura de la poca eran vanas sociedades artsticas, entre las que descollaba el Liceo de la Habana, especialmente por sus secciones de declamacin y canto. La Universidad de la Habana iba ganando crdito como centro difusor de cultura; pero ya desde entonces algunos investigadores y estudiosos le cargaban en la cuenta de su dficit el fenmeno de su poco rigor selectivo y de no marchar a comps con las necesidades sociales, aumentando con exceso el nmero de profesionales, sobre todo en las carreras de Derecho y Medicina. A uno de esos investigadores y estudiosos de la poca pertenece este juicio: e No pequea porcin del descontento sordo, cuya presencia me veo obligado a reconocer, acusa este origen, viniendo a ser por su turno efecto y causa, merced a la cantidad de abogados sin pleitos y de doctores sin pacientes que procede de esa concentracin de ambiciones sobre e nmero ms reducido de carreras”.

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Captulo III SITUACION JURIDICA INTERNA DE LA ESCLAVITUD t A situacin jurdica interna de la esclavitud se abre en este perodo con una reai orden de 2 de noviembre de 133 8 en la que la Reina Gobernadora trataba de excitar el celo de as autoridades insulares para que persiguiesen el contrabando de esclavos. Por otra parte, los esclavistas no estaban muy conformes con las funciones de los sndicos. Estos haban venido a ser unos parsitos burocrticos, que amparados en sus grandes atribuciones se beneficiaban ampliamente de los amos de esclavos por la puerta accesible del cohecho. Aparentando defender el mejoramiento de os esclavos, estos sndicos penetraban ms cada da en las atribuciones y derechos de los amos. La Real Audiencia Pretorial estim necesario poner coto a ese nuevo e irritante inodm vivendi que vena a ser una trituradora ms en la maquinaria infernal de la esclavitud; y en un expediente sobre derechos devengados por un sndico de la Habana se dict un auto (24 de octubre de 1840} regulando el procedimiento que deban seguir los sndicos y los jueces en las cuestiones y querellas de los esclavos contra los amos. Los sndicos, adems de promovedores de esos procedimientos y de defensores de ios derechos de os esclavos, ejercan funciones de amigables componedores, y por ese auto se es restringieron las atribuciones que por una prctica abusiva se haban arrogado, suprimindoseles adems los derechos fiscales que devengaban, fuente inextinguible de exacciones injustas y abusivas. Pero esas eran medidas parciales que no resolvan el problema central de regular el trabajo, a alimentacin, la educacin, el rgimen de vida, en fin, de los esclavos en las plantaciones. Esa ausencia trat de subsanarse con la presencia de una legislacin sistemtica en 1842. Esta fecha marca el inicio de una nueva etapa en la historia de la esclavitud entre nosotros. Hasta entonces, en la confusin, en el caos, todos haban sido privilegiados para el amo y deberes ominosos para el esclavo. Fernando Ortiz ha hecho notar el caso curioso de la sistematizacin de la esclavitud en Cuba coincidiendo con las dificultades de la 316

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Bando de Gobernacin y Polica de la Isla de Cuba 317 trata por la poltica internacional de Inglaterra y con el robustecimiento de una conciencia abolicionista en la sociedad cubana* El capitn general Gernimo Valds dict un Bando de Gobernacin y Polica de la Isla de Cuba (14 de noviembre de 1842)* implantado el l 9 de enero de 1843, en el que figuraban corno anexos un Reglamento de Esclavos y unas Instrucciones de Pedneos* Es ah donde se enfronta la sistematizacin de la esclavitud* En el Bando no hay ningn precepto sobre la condicin civil del esclavo* S hay artculos acerca de su religin, sus diversiones y su ordenamiento policaco. En el articulado del Reglamento de Esclavos se regulaban los ms variados aspectos. En primer termino, la enseanza religiosa. Los amos tenan que instruir a sus esclavos en los principios de la Religin catlica, enseanza que deba verificarse por la noche, despus de terminar el trabajo, y despus deban hacer ciertos rezos. El reposo dominical del esclavo quedaba, en realidad, arbitrariamente, al capricho del amo. El articulo del Reglamento era toda una definicin de conducta de los esclavos, dirigida por los amos: "Pondrn el mayor esmero y diligencia posible en hacerles comprender la obediencia que deben a las autoridades constituidas, la obligacin de reverenciar a los sacerdotes, de respetar a las personas blancas, de comportarse bien con las gentes de color, y de vivir en buena armona con sus compaeros”. Despus trataba el Reglamento de la alimentacin y vestido de los esclavos, de la crianza de los esclavices, de ciertos preceptos preventivos de orden pblico, de las diversiones lcitas de los esclavos, de las habitaciones, de las enfermeras. Los preceptos referentes al matrimonio y a la familia tendan a humanizar la esclavitud. As se procuraba facilitar el matrimonio y reprimir las uniones ilcitas, para lo cual los dueos no podran impedir el matrimonio de sus esclavos con los de otros dueos* Para lograr esa reunin, y que los cnyuges cumplieran el fin del matrimonio, seguira la mujer al marido, comprndola el dueo de ste por el precio en que se conviniere con el de aqulla, y si no en justa tasacin por peritos de ambas partes o de un tercero en caso de discordia; y s el amo del marido no se allanara a hacer la compra, tendra accin el amo de la mujer para comprar a marido. En el caso que ni uno ni otro dueo estuvieren en disposicin de hacer la compra, se vendera el matrimonio esclavo reunido a un tercero* Cuando el amo del marido comprara a la mujer tendra tambin que comprar con ella a sus hijos menores de tres anos* Se estableca tambin en ese Reglamento la venta forzosa en casos de sevicia* Los amos podran ser obligados por las justicias a vender sus esclavos cuando les causaran vejaciones, les

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318 Historia i>e la Nacin Cubaka dieran mal trato o cometieran con dios otros excesos contrarios a la humanidad y a la razn. En estos casos a venta se hara por el precio de tasacin de los peritos de ambas partes* o por la justicia en el caso de que algunos de ellos se negare a nombrar perito* El artculo 38 del Reglamento de Esclavos contena un precepto muy significativo en relacin con a poca: “Ganar la libertad y adems un premio de quinientos pesos el esclavo que descubra cualquiera conspiracin tramada por otro de su clase o por personas libres para trastornar el orden pblico 3 "* Muy poco dur a vigencia del Reglamento de Esclavos* pues no haban decursado dos aos desde su promulgacin, cuando sus principales preceptos fueron derogados, para levantar de nuevo sobre ellos le plena postestad arbitraria del amo sobre el esclavo* La conspiracin de los negros en 1844 y la causa de La Escalera produjeron consecuencias muy variadas* Pueden clasificarse en dos grandes grupos: unas de orden pblico y otras de poltica racial* En vista de la resonancia universal que tuvieron aquellos acontecimientos, Inglaterra insisti, apremian temen te, en el cumplimiento de los tratados* Y Espaa no tuvo otra salida que cambiar su poltica internacional y local* A partir de esa fecha (1844) vemos cmo se ramifica y prolifera la legislacin en todo lo relacionado con la esclavitud, La Capitana General, respondiendo a proposiciones de la Junta de Fomento, dict dos providencias de polica escavitoria en 3 1 de mayo de 1844* Una de esas providencias deba implantarse dentro de las haciendas* encargada a los dueos^ que a su vez haran responsables del cumplimiento de la misma a sus administradores y mayorales* En virtud de esa primera providencia los dueos de esclavos destinados a la agricultura cuidaran de que a los esclavos de su propiedad se les diera por el administrador, mayoral o mayordomo de cada finca instruccin en los principales ministerios de la religin catlica; y esos mismos dueos deban cuidar de que los esclavos cumplieran oportunamente los preceptos de la religin catlica y de que es fueran administrados por los prrocos los sacramentos de esa religin* "Dichos amos* usando en toda su plenitud de la autoridad dominica que les conceden las leyes sobre sus siervos, como el nico medio de mantenerlos en subordinacin 3 ", dispondran que por cualquiera de sus empleados se les diera alimento, ropa y asistencia en las enfermedades, dejando todo eso al prudente arbitrio de los empleados, quienes tambin lo tendran* ante la comisin de delitos, por ellos libremente apreciada, para castigar a los esclavos con azotes o prisiones en el nmero y por el tiempo que el

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Vigilancia a los hombres de color libres 31 9 empleado o encargado considerara conforme con las instrucciones que para cada caso hubiera recibido del amo, sin ms limitaciones que la de que en ningn caso aplicara el empleado por su propia mano ese castigo de azotes, y que al disponerlo se inclinara ms bien a la moderacin que al exceso. Otra de esas disposiciones de 31 de mayo de 1844 ordenaba a los amos que previnieran a administradores* mayorales o mayordomos para que bajo la ms estrecha responsabilidad de los empleados de las fincas se vigilara la conducta de las personas libres de color que se estimara conveniente y necesario admitir en esas fincas. Fuera cierta o falsa la participacin de negros y mulatos libres en la conspiracin de 1844, o furelo en menos grado e importancia que lo que las autoridades espaolas supusieron, es evidente que los hombres de la raza de color que haban logrado la libertad posean mucha ms cultura y capacidad que las de su co-raciales esclavos, y por lo tanto aunque no los hubieren lanzado a la rebelda anteriormente, algunos de ellos podran continuar identificados con las penas de los que seguan gimiendo en la esclavitud, y por eso se dictaba ese precepto ordenando una especial vigilancia sobre esos hombres de color libres, para evitar contactos que determinaran acti vi d a des I nsu r r e cc Ion ales. Otra medida de la misma fecha que las que anteriormente hemos descrito dispona que fueran precisamente blancos los carreteros, arrieros, mandaderos y dems proletarios que tuvieran que realizar diligencias fuera de los linderos de las fincas. Como se ve, con ello se trataba de evitar que los esclavos, saliendo de ingenios y estancias, se pusieran en relacin con quienes pudieran excitarlos a la rebelda. Y, por ltimo, entre esas providencias policacas para ser cumplidas dentro de las haciendas, debemos destacar aquella otra en virtud de la cual en cada finca, por grande que fuere, tendra que hacer un numero de empleados blancos correspondiente al 5 % de su dotacin de color. Ya se dudaba de la vigilancia y fiscalizacin que unos esclavos pudieran realizar sobre los dems. Ya no se quera establecer jerarquas en la organizacin econmica del trabajo en los ingenios. Estos empleados vendran a ser los superiores jerrquicos de las dotaciones de colon Adems, en ese precepto asoma ya el estmulo a una nueva poltiea racial de que luego habremos de ocuparnos. La otra serie de medidas dictadas en la misma fecha a que ya hemos hecho repetida mencin con anterioridad (31 de mayo de 1844) encargaba su aplicacin a las autoridades locales. Estas quedaban encargadas de recoger los negros emancipados existentes en la Isla tan pronto

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320 Historia dl la Nacin Cubana como empezaran a disfrutar de su libertad por haber terminado su instruccin civil y religiosa, para sacarlos fuera de Cuba en el modo y forma que resolviera la Corona. Las autoridades locales averiguaran los hombres de color libres que existieran en el territorio de su jurisdiccin respectiva que no tuvieran oficio, propiedad o modo de vivir conocido para que fueran juzgados por el tribunal privativo de vagos. En un plazo corto seran expulsados los hombres de color libres que procedieran de otros pases. Se cumplira puntual y rigurosamente la prohibicin que existia de permitir el desembarco de ningn hombre de color libre o esclavo. Esta medida implicaba cierto respeto a las nuevas y constantes exigencias de la diplomacia britnica, y se adelantaba a otras provenientes de Espaa que luego examinaremos. Las autoridades locales vigilaran la conducta de los arrendatarios de color que vivan en los campos. Se observara exactamente la prohibicin de reuniones de individuos de color sin autorizacin de !a respectiva autoridad local, castigndose severamente cualquiera falta que cometieran contra los blancos. Se prohiba expresa y absolutamente que se emplearan en las boticas hombres de color ni aun para verificar los preparados ms simples. Esta discriminacin tan taxativa nos parece muy imbuida del espritu negro fobo imperante en la poca, por parte de las autoridades, pues no recordamos haber ledo que en ninguna de las conspiraciones y sublevaciones de hombres de color hubiera alguno que, trabajando en una farmacia, envenenase a ningn blanco. Esa medida gubernativa, muy propia de los delirios imaginativos de aquellos tiempos de miedo y terror, era previsora con exceso. Se excitara a os propietarios de fincas para que se reuniesen los ms cercanos y procuraran costear eclesisticos de virtud conocida con el fin de que instruyeran a los esclavos de sus respectivas dotaciones m los preceptos de la Religin catlica y en los que se consideraban deberes de moralidad, obediencia y sumisin “que las leyes y la sociedad les imponen y deben guardar**. El 2 de marzo de 1845 Isabel II sancion y Francisco Martnez de La Rosa, como Ministro de Estado, refrend la Ley de Represin del Trfico de Negros. Despus de esa ley puede afirmarse que la trata clandestina desapareci completamente. Y es que la ley contena penas muy severas para todos los que tomaran parte en el que llamaba reiteradamente "ilcito comercio de esclavos”, asi como tambin sealaba procedimientos de muy difcil evasin. Caan dentro de sus sanciones

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Ley de Represin del Trfico de Negros 321 los capitanes, sobrecargos, pilotos y contramaestres de los buques apresados con negros bozales a bordo procedentes de Africa, que fueren detenidos por los cruceros autorizados para ejercer el derecho de registro. Estableca la ley varias penas de presidio segn el grado de resistencia que ofrecieren esas autoridades martimas. No se escapaban tampoco de penas de presidio segn el grado de resistencia que ofrecieren esas autoridades martimas. No se escapaban tampoco de penas de presidio ni los marineros ni el resto del equipaje del barco apresado, oscilando tambin el nmero de aos segn el grado de resistencia. La ley castigaba, adems, a los capitanes, pilotos, sobrecargos y contramaestres, aunque no tuvieren negros dentro de sus barcos respectivos, por el solo hecho de ser apresado el buque cuando se encontraba anclado en las costas del continente africano o a menos de tres millas de distancia de las mismas si se demostrara que estaba tratando de comprar esclavos. E iba ms lejos la ley: haba penas de presidio an para los responsables de los barcos que fueran apresados en alta mar con rumbo hacia Africa, y an para los buques detenidos en el puerto de partida. La ley, sin embargo, era injusta, puesto que castigaba con inferior penalidad a los ms responsables: los propietarios de buques, los armadores, los dueos de los cargamentos de esclavos y los que costeaban las expediciones slo eran condenados a penas de destierro y a multas; aunque tambin es verdad que se les decomisaba el buque y todos los efectos hallados a bordo. Por cierto, que el buque tena que ser hecho pedazos y venderse por trozos separados, todo ello con arreglo a lo dispuesto en el tratado de 1S35. En cuanto al procedimiento, se confiaba con bastante amplitud y comprensin a las autoridades superiores, a los tribunales, a los jueces ordinarios y fiscales de S.M., ya de oficio, ora a instancia de parte; pero en ningn caso ni tiempo podra procederse, ni inquietar en su posesin, a los propietarios de esclavos con el pretext de la procedencia de los mismos. En otras palabras: la ley no tena efecto retroactivo, y aunque represiva de la trata, quera mantener indemne la esclavitud. La ley remita a la legislacin penal ordinaria los casos de complicidad, connivencia, soborno o cohecho de las autoridades y empleados residentes en los lugares en que se verificaran desembarcos de negros bozales de Africa. Cuando del juicio no resultare ms que negligencia, omisin o falta leve, esas autoridades o empleados seran relevados. S la culpa fuese grave tendran pena de suspensin de empleo en distintos grados segn los casos. Y la ley llevaba sus penalidades hasta el escri-

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322 Historia de la Nacin Cubana bao que autorizara alguna escritura u otro documento en contravencin de la misma. Y, por ultimo* derogaba todo fuero en las causas que se siguieran sobre estos delitos, A partir de esa ley, los gobernantes espaoles cumplieron mejor que antes sus obligaciones internacionales. Sin embargo, no dejaron de presentarse casos — si bien ya menos frecuentes, si bien mucho ms aislados — de incumplimiento de las leyes y tratados. As, el Ministerio de Estado crey necesario explicarle a a Capitana General de Cuba (R, O. de 27 de octubre de 1848) a inteligencia de los tratados de 1817 y 183 5 sobre abolicin de la trata. Haba mediado anteriormente correspondencia entre el Capitn General de la Isla y el Cnsul ingls con motivo de la aprehensin de 130 negros bozales verificada en la baha de Cabaas, No aparece muy claro este punto en cuanto a la situacin de esos negros bozales, Pero el Ministerio de Estado se asi fuertemente a la clsica arrogancia espaola, recordando que e gobierno espaol haba prohibido ya el trfico de esclavos con las costas de Africa, y que esa prohibicin, una vez consignada en las leyes de Espaa, constitua un principio legal sobre el que slo la jurisdiccin espaola tena derecho de intervenir y que asi como constituira una violacin flagrante de la independencia jurisdiccional de Espaa el que un poder extranjero se convirtiese en denunciador de los delitos que fuesen declarados como tales por las leyes de Espaa, aunque esa ingerencia se quisiese justificar pretextando que el delito era grave y que estaba condenado por las leyes de todos los pases civilizados, de la misma manera lo era el que ios empleados ingleses en Cuba se entrometieran a denunciar los delitos que se cometan contra las leyes que prohiban la trata, y mucho ms que se dedicaran a perseguir los delincuentes de ese tipo. El Ministerio de Estado no olvidaba la especialidad de esa clase de delitos por las tambin especiales relaciones entre Espaa e Inglaterra para su persecucin; pero esa condicin en nada deba perjudicar los principios generales del derecho, ni lastimar la independencia ni la dignidad de Espaa* El gobierno espaol ratificaba por medio del Ministerio de Estado su firme propsito de prohibir en sus dominios el trfico esclavista; pero recordaba los lmites precisos de los tribunales mixtos de presas. Todo lo que no fuera puramente fallar sobre aprehensiones de buques negreros hechas por barcos de guerra de las dos naciones, constitua un abuso, porque no estaba consignado en el espritu ni en i a letra de los tratados de 1817 y 183 5, que se limitaban exclusivamente a sealar el derecho de visita, la forma en que haba de verificarse y a manera en que se deban sentenciar las presas. Basado en esos principios recordaba el

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El Ministerio de Estado y los "comisarios britnicos 5 323 Ministerio de Estado que el gobierno espaol haba sostenido en 1845 una empeada discusin diplomtica con los gabinetes britnicos para acabar con la prctica abusiva, iniciada durante los trastornos de la guerra civil de Espaa de aquella poca, en virtud de la cual se convertan los jueces ingleses en un tribunal de polica de negros, y pesquisaban y denunciaban hechos que a su arbitrio calificaban de infraccin de los tratados, E gobierno ingls, por entonces, accediendo a lo que le peda e espaol, previno a sus jueces del tribunal mixto que en lo sucesivo se abstuviesen de hacer denuncias y de participar en cuestiones que no fuesen propias de sus facultades* Y el gobierno espaol accedi a que el Cnsul ingls pudiese comunicar al Capitn General de Cuba cualquiera violacin de los tratados de que tuviese noticia, Pero ahora el gobierno espaol reciba la noticia de Cuba de que en esta isla haba unos agentes cuya denominacin y funciones no reconocan los tratados, unos comisarios britnicos que eran denunciadores y fiscales de las autoridades espaolas por conducto de su cnsul, y que segn el Ministerio de Estado espaol no estaban ni en el espritu ni en la letra de las varias estipulaciones entre una y otra nacin. El Ministerio de Estado insista en que e gobierno espaol haba admitido la cooperacin del britnico para perseguir e trfico esclavista que hicieran los sbditos espaoles fuera del territorio hispnico y en mares comunes, pero que no haba admitido esa intervencin dentro de las partes integrantes del territorio nacional, en las cuales estimaba suficiente el desenvolvimiento de sus autoridades como s se tratara de cualquier otro delito. Y, finalizando, deca el Ministerio de Estado que al Cnsul ingls se le haba concedido por el convenio de 1845 la facultad de poner en conocimiento del Capitn general cualquier hecho contrario a los tratados, pero que no poda sostener discusiones con la primera autoridad de Cuba ni mucho menos indicarle el giro que deba dar a ios procedimientos judiciales. Como se ve, paralelamente con la Ley de Represin de la Trata de 1845, Espaa negoci con Inglaterra nuevas estipulaciones concordantes con los tratados de 1817 y 1835. Otra consecuencia reactiva, represiva y previsora de los acontecimientos de 1844 fue el Reglamento de Cimarrones, reformado por la Junta de Fomento, y que constituy parte del Bando de Gobierno y Polica de la Habana promulgado el l <} de enero de 184, Ese reglamento en su artculo i 9 defina los cimarrones simples en esta forma: "Se considera cimarrn en las poblaciones el esclavo que pernocte fuera de su casa sin licencia de su amo, y en los campos el que se encuentra

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324 Historia de la Nacin Cubana sin licencia a una legua del lindero de la finca a que corresponde”. Ese reglamento estimulaba la bsqueda y aprehensin de los cimarrones mediante el pago a los que las verificaban de un llamado "derecho de captura” que oscilaba en su precio segn los esfuerzos que hubiera tenido que realizar el perseguidor y aprehensor. Ese derecho de captura, minuciosamente regulado y amparado por el reglamento, deban abonarlo los amos, y en su ausencia los administradores, mayorales o mayordomos. Haba ciertos preceptos en ese reglamento que indicaban una tendencia a la humanizacin de la esclavitud, quien sabe si no tan espontnea y generosa como derivada de la situacin misma en que se encontraba esa 1 institucin despus de la ley represiva del trfico de 2 de marzo de 1845. Es evidente que a partir de esa ley se haca ya muy difcil el trfico clandestino de esclavos, y que ya la institucin de la esclavitud casi no poda mantenerse sino por la reproduccin de las uniones sexuales. Por lo tanto, los esclavos valan ms que antes, valan ms que nunca, y era preciso cuidarlos. Por eso, el artculo l 9 de ese reglamento dispona que las justicias territoriales slo podran detener a los cimarrones ios das precisos para que se restablecieran cuando en e momento de aprehenderlos hubieran sido heridos o se encontraran tan enfermos que no pudieran hacer el camino sin riesgo de la vida; y en ambos casos las justicias territoriales tendran que avisarlo a la finca correspondiente. El artculo ll 9 aada que en cualquiera de esos casos del precepto citado anteriormente el esclavo sera reconocido y asistido por el subdelegado de medicina residente en el partido o el facultativo que viviera ms cerca hasta que hubiera sanado. Los cimarrones que padecieran de enfermedad leve seran llevados a su destino en cabalgadura. El reglamento multaba o encarcelaba, segn los casos, a los que indebidamente se apoderaran de esclavos que no eran cimarrones, quitndoles la licencia, o a los conductores de cimarrones que los dejaran escapar, El derecho absoluto de ios amos sobre sus esclavos, an en la condicin de cimarrones, se respetaba tanto que el artculo 32 9 de ese reglamento estableca que nadie, ni autoridad ni particular, podra ocupar ei cimarrn en su servicio privado, y el que tal hiciese sera responsable del pago de los jornales, adems de tener que abonar una multa. Y los amos podan reclamar el cumplimiento de ese precepto ante cualquier tribunal. La parte segunda de ese reglamento se destinaba a los cimarrones apalencados, que defina de esta manera: "Se consideran apalencados

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Tendencia a humanizar la esclavitud 32) seis o ms cimarrones que e encuentren reunidos**. Las justicias territoriales quedaban obligadas a participar inmediatamente al gobierno superior civil de los palenques de que tuviesen noticia en sus jurisdicciones, que procedera "sin demora, con servicio preferente* a destruirlos, empleando la fuerza armada que fuere necesaria”* "En el momento de atacar un palenque —aada inmediatamente el reglamentono se perdonar medio alguno para reducirlos y escarmentarlos; pero cuando ya estn rendidos y desarmados los esclavos no ser permitido maltratarlos,** Exista un precepto en el Reglamento* el nmero 45", que tendia evidentemente a aislar las sublevaciones de esclavos; "Los apalencados aprehendidos sern devueltos a sus amos, excepto aquellos que por ser cabecillas de importancia juzgue la Junta (la de Fomento) que es peligroso que vuelvan ai partido de que desertaron; !o que liar presente al Gobierno para que determine el lugar a que deben ser confinados”. La tendencia a humanizar la esclavitud la impulsaron os tribunales de justicia; y la Audiencia Pretorial dict un auto (1 9 de junio de 1848) propendiendo a fijar reglas propias para dar unidad y energa a la defensa de esclavos que estaba cometida a los sndicos. En ese auto se estableca que para lo sucesivo los sndicos procuradores generales de los Ayuntamientos del distrito que hubieran tomado en primera instancia la defensa de un esclavo, tanto en lo criminal como en lo civil, se consideraran sus legtimos representantes para seguir gestionando la prosecucin de las segundas o terceras instancias, sin que tuvieran necesidad de otorgar poder en forma a favor del procurador de esa superioridad, bastando con que designaran apud-acta al que hubiera de encabezar sus escritos, previa exhibicin que se les hara en los juzgados Inferiores de la lista de los procuradores de la Audiencia antes de elevarse los autos; y en e caso de no aceptar voluntariamente el mandato el procurador que as fuera nombrado, se encargara el asunto al que le tocare por turno con e abogado que tambin ie correspondiera* Adems, cuando el cargo de Sndico de la Habana $c encontrara desempeado, como era frecuente, por letrado, este mismo sera quien en tal concepto formulara las alegaciones y concurrira a los estrados. En 112,736 haba decendido el nmero de esclavos en el censo de 1846 en relacin con el de 1S4L Esta disminucin en la poblacin esclava hay que anotrsela principalmente a dos causas: a los asesinatos clandestinos perpetrados durante la causa de La Escalera y a la Ley de Represin de la Trata de 2 de marzo de 1845.

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Captulo IV FOMENTO DE LA POBLACION BLANCA, OTROS FACTORES ETNICOS R eprimida la Trata, empezaron a oirse clamores de los hacendados, desde todas partes de la Isla, en demanda de brazos para la industria azucarera, Pero, dnde buscarlos? La Sociedad Econmica de Amigos de pas tena establecida desde haca algn tiempo noa Comisin de Poblacin Blanca, Desde la poca del gobierno del capitn general Vives, y a peticin del mismo, el seor Jos Hiplito Odoard Grand Pr haba presentado un informe (21 de noviembre de 1S26) sobre el fomento de la poblacin blanca en Cuba y especialmente en Isla de Pinos, informe en que se abogaba por la preferencia a los espaoles, y a falta de los mismos, a los europeos catlicos de potencias amigas. En tiempos posteriores, ya dentro de a poca que estamos analizando, se presentaron trabajos con propsitos parecidos en una junta general de la Sociedad Econmica (14 de diciembre de 1841), llamando la atencin el de un a migo del pas, de la diputacin de Puerto Prncipe, Miguel Estorch. Haba hacendados catalanes que estaban poniendo en prctica esas teoras de fomento de la poblacin blanca. La Sociedad Econmica solicitaba del Gobierno que se declararan libres de todo derecho de exportacin por cierto nmero de aos a los azcares elaborados por brazos blancos. La Real Junta de Fomento peda tambin al Gobierno que se estimulara ia elaboracin de azcar y del caf por brazos libres. Jos Mara Deu escriba una memoria titulada Ingenios sin esclavos, en a que propona la fundacin de una sociedad de agricultura en que, al mismo tiempo que se mejoraran los cultivos, se proporcionaran medios de aumentar la poblacin blanca. En los certmenes que anualmente convocaba la Sociedad Econmica, se presentaban con frecuencia, por esta poca, trabajos sobre inmigracin blanca. La memoria de Estorch, a que antes hicimos referencia, fu uno de los trabajos presentados en esos concursos, y por la misma mereci su autor el ttulo de socio de mrito. Despus (junta de 7 de agosto de 1845) 32

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Propsito de aumentar la poblacin blanca 327 presentaron un informe a la misma Sociedad Econmica su Presidente Toms Romay y Laureano Jos Miranda* en el que abogaba porque todos los esfuerzos de la Corporacin se concentraran en el propsito de conseguir el aumento de Ja poblacin blanca. Ellos proponan, entre otros medios, que se reuniera un nmero considerable de hacendados, animados de espritu patritico y convencidos ntimamente de la necesidad del fomento de la poblacin blanca* que se obligasen por escrito a recibir algunos trabajadores blancos, pagando el costo del pasaje de los mismos al precio moderado que se estipulase, y colocndolos en sus fincas, donde deban trabajar por cierto tiempo bajo las condiciones y retribucin que ellos acordaran. Decan los autores de ese informe que muchos agricultores, horticultores y jardineros de Espaa, Irlanda y otros pases extranjeros no esperaban ms que una invitacin decidida y las garantas de un porvenir til para trasladarse a Cuba, hacer que adelantase la agricultura y poblar los campos de la Isla, En el expediente que sobre esos particulares estaba formando la Sociedad Econmica se encontraba tambin una Memoria del Sr. Lucas Ariza, en la que se peda el aumento de la poblacin blanca mediante un plan de adelanto de la horticultura y jardinera, impulsando la abundancia de frutos y las mejoras en los que produce Cuba y aclimatando ciertas plantas exticas. Pero a pesar de todo ello, de las risueas y optimistas esperanzas que tenan puestas en esa inmigracin blanca los idelogos y teorizantes, los inmigrantes blancos no llegaban a Cuba. Y es que en la realidad se oponan a esa inmigracin factores de muy diversa ndole. Unos provenan de los que deban inmigrar; otros de los que tenan que favorecer la inmigracin. El trabajador blanco de Europa, adaptado a su ambiente climtico y telrico, arraigado a su tierra, no iba a dejar aqul y sta para venir a un pas de clima distinto, sobre cuyos infernales calores se contaban ancdotas y hasta leyendas en la Europa de entonces, y donde, adems, epidemias terribles como la fiebre amarilla, el vmito negro, devastaban poblaciones enteras* Por otra parte, aquellos trabajadores blancos, acostumbrados a ganar en Europa salarios muy superiores a los que podian pagarles quienes estaban acostumbrados a la compra de esclavos de por vida, no iban a verificar un cambio en su economa domstica que a prior i se les presentaba como desfavorable; mientras, por otra parte, por muy duras que fueran las condiciones de trabajo en sus respectivos pases de! viejo continente, siempre era muy superior el trato que reciban de sus patronos de aquel otro que estaban acostumbrados a tener los amos de la economa cubana. Y stos, por

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32S Historia de la Nacin Cubana otro lado, tenan incrustada en a mente la idea de que slo el negro africano era el que resista los rigores del clima tropical. Por eso es que, aunque como vamos a ver en seguida, las autoridades locales y peninsulares dieron favorable acogida a todas esas iniciativas para fomentar la poblacin blanca, la misma fracas por completo. Una real orden (29 de julio de 1844), enviada por la gobernacin de Ultramar, conceda a la Junta de Fomento de la Habana un nuevo impuesto para la colonizacin. Era un impuesto de capitacin de un peso por cada negro empleado en el servicio domstico, de un peso y diez reales por el que tuviera dos, y as sucesivamente. Ese tributo debia limitarse el servicio domstico en las pobl aciones y de ningn modo poda pasar a las haciendas del campo. Sin embargo, tuvo repercusiones insospechadas, porque los dueos de ingenios, temiendo que se lo aplicaran en el andar del tiempo, ocultaban gran cantidad de esclavos a Us enumerad ores de los censos; y esa fue una causa ficticia de disminucin de la poblacin en las estadsticas posteriores, y, por ende, de falsedad en las mismas. Y es porque se haban dictado providencias complementarias ( 3 1 de octubre de 1 844 ) disponiendo que se reunieran las noticias de los esclavos del servicio domstico para la formacin de un censo que orientara a los encargados de cobrar el impuesto por semestres a partir de! ao IS4S, con cuyo fm se celebraran tambin remates en cada pueblo. Una real orden posterior (8 de febrero de 1845) u circulada por el Ministerio de Estado a los agentes diplomticos y consulares del gobierno espaol en el extranjero, respondiendo a una solicitud del Comisionado de colonizacin en Cuba, Domingo de Goicuria. Por esa real orden deban ponerse de acuerdo tales agentes diplomticos y consulares con Goi curia para proteger su proyecto de transportar a los hombres blancos que quisieran incorporarse a sistema de colonizacin de esa raza que se iba a implantar en la isla de Cuba, concediendo el pasaporte necesario a los soldados o artesanos que lo pidieran con ese propsito, con excepcin de aquellos que por sus antecedentes penales, o su conducta viciosa, o por su exageracin de principios polticos pudieran perjudicar la tranquilidad de la Isla. Domingo de Goicura, vocal de la Junta de Fomento, expresamente comisionado para desarrollar ese sistema de colonizacin blanca, estableci las siguientes condiciones iniciales de su plan en una escritura de $ de noviembre de 1844: 1. Traer a la Habana, dentro de un ao, quinientos colonos agricultores de las provincias de Espaa, de 18 a 40 aos de edad, sanos, robustos, de buena vida y costumbres, conocedores de su oficio, acreditado todo ello por certificados de sus respee-

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Plan de Domingo de Gojcoura 329 tivos alcaldes. 2. Traer tambin sus familias, con tal de que no excedieran de cien personas ms que sumar a las quinientas anteriores, 3. Traer los colonos artesanos que conviniera de las mismas provincias, 4, Por su transporte, la Junta de Fomento abonarla cuarenta y cinco pesos a cada colono agricultor o artesano, y por sus mujeres, padres, hermanos e hijos, de 12 hasta 40 aos; pagaran por los menores de 12 hasta 2 aos veinte y dos pesos, y viajaran gratis los menores de 2, La Junta de Fomento se comprometa a proporcionar gratis un cmodo alojamiento y alimento sano y abundante a los colonos durante e primer mes de su estancia en Cuba, mientras una comisin del seno de la misma Junta les diligenciaba colocaciones en la ciudad o en el campo, con entera libertad; y si durante el mes ellos no encontraban colocacin satisfatcoria, la junta de Fomento los empleara en su propio trabajo pagndoles la comida y una gratificacin mensual de cuatro pesos. A los tres aos es cuando la Junta les vendra a exigir la mitad del pasaje y habilitacin que hubiesen satisfecho por ellos a su llegada, pero no les cobrara la otra mitad. En reciprocidad, los colonos contraan la obligacin de permanecer en Cuba durante tres aos por lo menos, inscribindose en un registro para asegurar el cumplimiento de ese requisito. Se les preparara una casa de salud para curarles gratis, sobre todo si eran atacados por el vmito negro. Se les pensaba dedicar preferentemente al cultivo y extensin de las vegas de tabaco, a las labores de pequeos cafetales y estancias, a la parte industrial del azcar, que ya por entonces se pensaba en separar de a agrcola, al cultivo intensivo de pequeos lotes de terrenos caeros, a la ocupacin de las plazas de administradores, mayorales, mayordomos y dependientes de las haciendas, y a los oficios de artesanos por entonces ocupados casi exclusivamente por los hombres de color libres. Hacia 1847 volvemos a ver que se habla del proyecto de Domingo Goicoura como presentado a la Real Junta de Fomento y circulado entre varias corporaciones. Parece que la Real junta de Fomento no le fue favorable en esa poca. Tampoco le fu propicio el Ayuntamiento de la Habana, que en una sesin (14 de julio de 1847) aprob un informe de su comisario y sndico, el distinguido jurisconsulto Jos Antonio Cintra, En ese informe afirmaba Cintra que ni el proyecto del Sr, Goicoura, ni la contrata que en aos anteriores haba celebrado con ia Real Junta de Fomento para la inmigracin de colonos peninsulares, ni ninguna medida que se utilizara para traer colonos o pobladores, seria suficiente por s sola para aumentar la poblacin con la rapidez y con la intensidad que se deseaba. En varios razonamientos fundaba Cintra su

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330 Historia de la Nacite Cubana pesimismoAn suponienedo, deca l, que vinieran dos mil colonos al ao, y que a los diez aos hubiera veinte mil, eso no significaba nada* eso no estaba en proporcin con. los millares de pesos y los muchos sacrificios que $e habran tenido que realizar. Los razonamientos econmicos que le servan a Cintra de base para su pesimismo no estaban exentos de importancia. Los hombres — deca l — siguen las leyes generales de la Naturaleza, Porque sean racionales no estn dispensados de las leyes y necesidades fsicas. Los hombres se aumentan —en su concepto — cuando se aumentan los medios de subsistencia, y se disminuyen cuando escasean estos medios. Hay ms hombres donde con ms facilidad y comodidad puedan subsistir. Cintra busca un smil en el mundo vegetal. En los terrenos feraces —recordaba^ — se forman tupidos bosques con rboles vigorosos y gigantescos, sin que nadie los cuide ni, a veces, los siembre; mientras que en tierras estriles la mejor industria y el ms esmerado trabajo slo consigue rboles raquticos y dbiles. De donde l deduca que haba que buscar medios de subsistencia, facilitar los mismos, aumentarlos, para lograr que se aumentara la poblacin. He ah donde, a juicio de Cintra, haba que buscar medios, por pocos que fueran, y ventajas, por pequeas que parecieran, para producir el constante y permanente aumento de poblacin, por encima de todas las contratas, Haba que procurar la reparticin de tierras, la mejor garanta para las propiedades, los menos tributos posibles, equitativa libertad de la industria y del trabajo, buena administracin municipal en todas sus ramificaciones, fomento del espritu de ahorro. Esos eran ios medios ms seguros, y acaso los ms baratos, de aumentar la poblacin, a juicio de Cintra. Con ese dictamen, y con otros emitidos por las varias corporaciones consultadas, el proyecto de Goi couna fracas. Otras iniciativas anteriores, coetneas o posteriores fracasaron tambin. La Reai Junta de Fomento haba propuesto una serie de estimulantes premios. Ofreca mil doscientos pesos para cada uno de los tres primeros hacendados que establecieran en los aos 1845, 1846 y 1847 cincuenta familias blancas en sus ingenios con todos los instrumentos necesarios para las labores agrcolas. Ofreca tambin la Real Junta de Fomento seis mil pesos a cada uno de ios tres primeros propietarios de ingenios que durante el antes citado perodo establecieran veinte y cinco familias blancas en veinte y cinco lotes de tierra, con tal que la mitad de estos colonos se dedicaran a sembrar y cultivar la caa de azcar, Y, por ltimo, ofreca la Real Junta de Fomento veinte mil pesos al hacendado que dentro del plazo mencionado anteriormente pudiera

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Necesidad de brazos para la agricultura 331 plantar un campo de caa que produjera anualmente cuarenta y cinco mil arrobas de azcar purificada por concentracin o en el vaco, siempre que la caa hubiera sido cultivada por treinta familias blancas en treinta parcelas de tierra determinadas, A pesar de todo ello, no se recogan los frutos que se esperaban de tales incitaciones. No creca la inmigracin blanca, Y el clamor por la necesidad de brazos para a agricultura continuaba. Entonces, a la Real Junta de Fomento se le ocurri en 1847 que los chinos podan sustituir a los negros. Una real orden (3 de julio de 1847) acept a proposicin de la Real Junta de Fomento, y al propio tiempo dict las reglas para la inmigracin de esos nuevos colonos, eufemismo con el que se cubra a los que iban a ser, en realidad, nuevos esclavos. Esa nueva inmigracin comenz con una contrata o asiento entre a Real Junta de Fomento y un individuo llamado Julin de Zulueta, que se comprometa a traer a Cuba, por primera vez, seiscientos chinos. El gobierno metropolitano aplaudi y apoy esa iniciativa, fundndose en que habla "acreditado la experiencia que esos colonos eran dciles, laboriosos, frugales, morigerados y duros para las fatigas del cultivo de la caaÂ’\ En la real orden que antes mencionamos (3 de julio de 1847) se recomendaba que esos nuevos colonos asiticos fueran tratados con los miramientos que la religin y la humanidad exigan; que se trajeran tambin mujeres asiticas; que se estudiara la conveniencia de que se mezclaran con los negros y, por ltimo, que se nombrara un protector de asiticos, tal como el que exista en Filipinas, Las primeras introducciones de chinos no lograron el xito que de ellas esperaba la Real Junta de Fomento, porque la resistencia ai trabajo y las insubordinaciones, en muchos casos, dieron pbulo a algunos para sostener que eran infructuosas esas inmigraciones, Pero a pesar de que parecan no responder a los propsitos que se pusieron en prctica al fomentarlas en gran escala, la Real Junta de Fomento no estuvo dispuesta a desechar el proyecto en vas de realizacin, y solicit informes de muchos hacendados sobre las ventajas que poda recibir el pas de esa inmigracin. Provocaba tambin esas consultas una solicitud de Manuel B. Pereda para traer de Amoy cierta cantidad de chinos para los trabajos de fabricacin del azcar. Contestaron a la solicitud de a Real Junta de Fomento Francisco Pedroso y Herrera, Jos Mara Lanz, Juan de Urbea, Ignacio de Arrieta, Julin de Zulueta, Juan Ignacio Echarte, Juan Urbano Feijoo, Fernndez y Pozo, el Conde de Pealver y Francisco, Federico y Pedro Dago. No podemos detenernos a exa-

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332 Historia de ea Nacin Cubana minar todos los informes de los mismos; pero s debemos siquiera destacar los razonamientos del informe ms representativo, del que pudiera considerarse como informe-sntesis, que era el de Francisco Diago. El tena asiticos a su servicio desde 1847, y se dispona a opinar sobre Ja pregunta que se le haca acerca de si era conveniente esa inmigracin, El deca que los colonos chinos que le haban sido consignados en el reparto de la Real Junta de Fomento y los que por su conducto se haban concedido a algunas personas de su familia o de su amistad, se encontraban entonces empleados a completa satisfaccin de sus patronos en todas las faenas a que se acostumbraba a dedicar a la poblacin negra esclava, desde las suaves tareas del servicio domsttico urbano hasta las fatigosas que se exigan en la explotacin de los ingenios. La experiencia propia de cuatro aos, la de su familia y la de sus vecinos confirmaban a Francisco Diago en el juicio favorable en que tena a los chinos desde los primeros tiempos de su introduccin en la Isla, por la aptitud que los mismos demostraban en toda clase de trabajos, y por la suma facilidad con que se les conduca y gobernaba, sin necesidad de emplear la violencia fsica, cuando se utilizaba un sistema humano y racional que guardara proporcin armnica con la inteligencia de esos colonos. Sin embargo, Francisco Diago le sala al paso a la paradoja de que siendo tan patentes esos satisfactorios resultados, no faltaran personas de juicio y capacidad que estuvieran informando a la Junta en distinto sentido. Esta aparente contradiccin resida, para Diago, en las circunstancias que siguieron a los primeros ensayos. Los primeros chinos que llegaron venan en mal estado de salud, cubiertos de parsitos, despus del largo viaje en que o o haban recibido buen trato ni alimento sano y abundante. Desconocedores del idioma de pas, sin facilidades para entender o ser entendidos en su propia lengua, no se es pudo aprovechar inmediatamente. Adems, no imper un principio selectivo en los embarques, sino que se aceptaron indistintamente cuantos se presentaron dispuestos a partir bajo los muy inferiores trminos de las primeras contratas que se le ofrecieron, trminos ms bajos que los que la Real Junta de Fomento haba autorizado. El contratista crea que sera utilidad para l toda economa que pudiera conseguir en e! salario de cuatro pesos mensuales convenido con la Real Junta de Fomento. De ah que viniesen algunos individuos viejos, invlidos, enfermos o por otros motivos intiles para el trabajo a que se les destinaba. Pero Diago insista en que algunos hacendados que en 1847 no estaban satisfechos del servicio de los chinos que se les haba asignado, en a fecha en que l emita su informe estaba muy contento con ellos,

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Nuevos colonos asiticos 355 y hasta descoso de seguir a d quinndolos. De ah que Diago estimara que era muy conveniente esa inmigracin asitica, como el medio ms fcil* y tal vez el nico que por entonces se les presentaba a los hacendados de atajar el continuo encarecimiento de la mano de obra. El recordaba el fracaso de los intentos de inmigracin de colonos blancos* Y sealaba la anomala —solo explicable por la repulsin a amalgamarse los blancos libres con los negros esclavos en el trabajo comn — de que habindose encarecido extraordinariamente el precio del trabajo del peonaje para las labores agrcolas e industrales, o sea, el que desempeaba exclusivamente la raza esclava, no hubiera sufrido alteracin alguna el precio del trabajo de artes y oficios que practicaban individuos de la raza blanca* De ah que Diago pidiera una ancha puerta para la inmigracin de trabajadores chinos trados de los puertos de Amoy, Hong Kong y Shangai* Para l no haba raza ms adecuada por su laboriosidad, inteligencia, docilidad y frugales costumbres para cubrir las necesidades de la industria cubana en aquellos momentos; 17 de octubre de 18 31* Antes nos referimos a la real cdula (3 de julio de 1847} que propona un buen tratamiento para los nuevos colonos asiticos* Pero ahora debemos decir que esa real cdula propona desde Espaa; en tanto que las torpes realidades del contubernio entre los plutcratas del lado de ac del Atlntico y los altos gobernantes disponan otra cosa muy distinta. Fu la eterna contradiccin y la eterna tragedia de nuestra 3stona: la contradiccin trgica entre la ley peninsular y la realidad insular* Por eso se equivocan de buena fe o mienten a sabiendas quienes a estas alturas pretendan interpretar la historia del pueblo cubano teniendo slo a la vista la legislacin redactada en Espaa* Ya Enrique Jos Varona haba afirmado en su folleto sobre La instruccin pblica en Cuba, Su pasado Su presente > publicado en 1901, que "siempre que se acusa a los espaoles de su mal gobierno contestan invocando sus buenas leyes'** Frente a la real orden del 3 de julio de 1847, se alz el rglameneto dictado por el gobierno de la Isla para e manejo y trato de los colonos asiticos el 10 de abril de 1849* Y ese reglamento se confeccion, segn se expresa en su mismo prembulo, porque "los hacendados comenzaron bien pronto a tocar obstculos en la manera de tratar y manejar la raza asitica, ya porque constitua un elemento nuevo y desconocido en el pas, ya porque se careca de reglas para darles direccin al lado de otra, sujeta a disposiciones muy especiales*** Endurecido, encallecido el hacendado en su trato con el negro esclavo, no se resign a tratar al chino como libre, y por este reglamento lo

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334 Historia de la Nacin Cubana conden tambin a la esclavitud. Pero como tal reglamento era comn en casi todos sus extremos a los chinos y a los indios yucatecos, nos detendremos en 1 cuando hayamos analizado lo referente a esta otra inmigracin. Es curioso que ante la Comisin de Poblacin Blanca de la Real Junta de Fomento, compuesta por los seores Domingo Arozarena, Francisco de Goyri y Juan B. de !a Cantera, se presentaran informes pidiendo el aumento de la inmigracin asitica, como aquel (10 de diciembre de 1851) que determin la aprobacin por unanimidad de nuevos proyectos de importacin de esos trabajadores, por estimarlos no slo convenientes sino indispensables. En ese informe se invocaba el ejemplo seguido por Inglaterra en el fomento de sus posesiones y los eficientes resultados obtenidos en la isla de Mauricio con la colonizacin china; y se recordaba una obra de Mr, Wr ay, titulada The Fracical Su.gar P{aner> en la que se deca: '*De todos los labradores que he tenido ocasin de observar no conozco ninguno que bajo ningn concepto se pueda comparar con los chinos bajo el punto de vista de su espritu industrioso, su energa, sobriedad, inteligencia, aplicacin, fuerza fsica, perseverancia, agudeza y prudente economa combinada*Â’. Y Mr. Wray deca que esa afirmacin era el resultado de su maduro examen y de su constante observacin durante ms de diez y seis aos de experiencia en las Indias orientales, en Bengala y en los establecimientos de Malaya, en cuyo tiempo haba inspeccionado millares de trabajadores negros, indostanes, be ng al es, malayos y chinos. El trfico de chinos se organiz comerci almentc, como la trata de negros, con asientos o contratos efectuados por compaas expresamente dedicadas a ese negocio. As, la casa de Yilloldo, Waltrop y Ca. propuso a 3 a Real junta de Fomento un contrato mediante el cual se comprometa a traer a Cuba de seis mil a ocho mil chinos, con la condicin de que ia Real Junta de Fomento saliese fiadora de los hacendados que se comprometieran por escrituras a recibir el lote de colonos que de antemano haban sealado. Este contrato fue elevado al gobierno de Espaa. Se fijaba como precio de cada chino la suma de ciento veinte y cinco pesos. Estos chinos habran de servir un mnimo de cuatro aos. Tratbase, como se ve, de una compraventa por la que los chinos se sometan indudablemente a la esclavitud. Concedida la autorizacin para introducir seis mil chinos, se dict una real orden (16 de septiembre de 13 52) en la que se dispona que para lo sucesivo deba preceder consulta y autorizacin del gobierno supremo para disponer en la Isla nuevos permisos de introduccin de

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Se organiza el trfico cmercialmente 355 asiticos. Por esa poca se remiti a Madrid una instancia (20 de mayo de 18 52) de Manuel B. Pereda y otra de la casa Villoldo, Waltrop y Ca*, en las que los interesados pedan que se les ampliara el permiso que haban conseguido para introducir tres mil chinos hasta seis mil. A esas solicitudes contest el gobierno metropolitano con una real orden (16 de enero de 18 53), negando el permiso que se peda, fundando la negativa en que, si bien era cierta a escasez progresiva de brazos, no lo era el que los colonos chinos pudieran sustituir a la poblacin negra en las fincas agrcolas, ni mucho menos que fuesen evidentes la moralidad y virtudes de los asiticos "sobre lo cual los informes son del todo contradictorios^* Como se ve segua prevaleciendo el criterio, llevado hasta las altas esferas del gobierno de Madrid, de que solamente los negros resistan el trabajo en los campos de estas tierras tropicales* Conviene decir aqu que la trata africana, si bien con mucha menos intensidad que antes de 1845, no haba desaparecido del todo* En una carta (Madrid, 17 de enero de 1848) le deca Domingo Delmonte a Jos Antonio Saco cmo prevaleca el criterio antes mencionado, y le aada que Vzquez Queipo pensaba que no haba ms remedio que volver a meter negros, si los cubanos no queran que $c arruinase el cultivo de la cana, y con l la Isla entera. Por esa poca tambin (New York, agosto 30 de 1848} El Lugareo le daba cuenta a Saco de que segua practicndose la trata clandestina, de que se estaba reorganizando la sociedad negrera con la duquesa de Rianzares, madre de Isabel II a la cabeza, y de que el capitn general Roncali quera traer diez mil negros del Brasil. Ms tarde (agosto 7 de 1849) le aada que eran de Africa "y juran que son del Brasil; Eran varias las compaas que, segn El Lugareo le expresaba a Saco (agosto 14 de 1849) seguan burlando los tratados contrarios a la trata: las de Cristina, Parejo, Pastor, Font y Forcadc. Pastor era, adems, funcionario de la Administracin colonial, y era el que cobraba para la reina madre Mara Cristina la cuota por cada negro esclavo que entraba en Cuba, (New York, marzo 19 de 18 50*) A pesar de la real orden que antes mencionamos (16 de enero de 18 5 3 ), se dictaron otras, as como tambin decretos autorizando la introduccin de chinos en Cuba, Desde 1847 a 18 5 5 habian penetrado por el puerto de la Piaban a — nico autorizado para esa contratacin — ms de treienta mil chinos* Otro factor tnico ms en la poblacin de Cuba vino a constituirlo en el ao 1848 el indio yuca teco. Por esa poca, como ya dijimos, se habian sublevado los indios de Yucatn contra sus dominadores, y es-

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336 Historia de la Nacin Cubana tos haban adoptado la resolucin de expulsar del territorio del Estado a los que caan prisioneros de los fuerzas del Gobierno, concedindolos a contratistas extranjeros que los traan a trabajar en Cuba a tanto por cabeza. Los mayas se haban sublevado en justa protesta por los abusos de que eran vctimas. Y el gobernador Miguel Barbachano haba dictado un decreto (6 de noviembre de 1848) disponiendo que todo indio que fuera hecho prisionero con las armas en la mano, o que habiendo tomado partido con los sublevados no se hubiese acogido en tiempo hbil a la gracia de indulto podra el Gobierno alejarlo de su respectivo domicilio y an expulsar del Estado por diez aos a lo menos, al que tuviera por conveniente. Tres meses despus de haber expedido el gobernador Barbachano ese decreto comenz a hablarse en Yucatn de varios proyectos tendientes a sacar a los indios prisioneros de la pennsula yucateca. Se hablaba de una empresa establecida en Cuba para introducir esos indios yucatecos. Poco tiempo despus (marzo de 1845) se publicaba en la prensa yucateca que el vapor Cetro procedente de la Habana haba fondeado en la rada de Sisal, llevando a bordo un agente de la empresa establecida en Cuba para introducir los indios yucatecos, y que ese agente haba hecho la proposicin al gobierno de Yucatn de dar veinticinco pesos en efectivo por cada indio, comprometindose los empresarios a pagar el trabajo de cada uno, mantenerlo y dejarlo en libertad al cabo de algn tiempo. Aquella prensa yucateca estimaba que deba aceptarse la proposicin, porque esos prisioneros, conforme a la legislacin de guerra deban sufrir la pena de muerte, y que resultaba una media transaccional con la civilizacin la de perdonarle la vida y enviarlos a trabajar a Cuba, para resarcirse el gobierno de los gastos que le costaba sostener la guerra, con la aglomeracin de tantos prisioneros, y para evitarse ese mismo gobierno el tener que distraer tropas en el cuidado de los prisioneros. Efectivamente, por aquella fecha (5 de marzo de 1845), el vapor Cetro parti de Sisal trayendo para Cuba los primeros 140 indios yucatecos, so pretexto de que iban a ser trabajadores libres puesto que haban firmado un contrato en idioma espaol y en lengua maya. Por ese documento cada indio se daba por contratado libre y voluntariamente, para pasar a la Isla de Cuba, obligndose desde su llegada a a misma a trabajar a la orden del contratante por el trmino de diez aos en ingenios, cafetales potreros, vegas y cualesquiera otra dase de fincas, o en algn otro trabajo de camino, fbrica, taller o servicio domstico y no slo en las horas de costumbre durante el da, sino en las faenas extraordinarias que estaban establecidas en los campos de Cuba. Por el mismo contrato, si el indio

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El NEGOCIO DE LOS INDIOS yucatecos 33 7 traa mujer, sta se ocupara de su cuidado y asistencia, y ademas de las faenas propias de su sexo en el campo, y en las ciudades o pueblos en el servicio domstico. Los hijos estaran bajo la proteccin de los padres hasta los nueve aos, pero desde esa edad hasta los catorce desempearan ciertos trabajos ligeros. Se les pagaba a los indios el pasaje y manutencin a bordo y los gastos de desembarco y traslado, sin que se les restaran despus de sus salarios. Este se reduca a dos pesos ai mes en moneda corriente, y adems la racin semanal de maz, caf en el desayuno* carne salada, pltanos u otras races alimenticias. El indio contratado, su mujer y sus hijos* si los tuviese, tendran dos mudas de ropa de algodn ai ao y un par de sandalias de cuero. Esos indios se compraban en Herida al precio de tres onzas de oro cada uno, y se vendan en la Habana al precio de diez onzas. Ese negocio de los indios yucatecos levant en Mxico tal protesta que ei gobierno de la nacin, presidido interinamente por Manuel de la Pea y Pea mand a suspender ese trfico en el mes de mayo de 1849* cuando acababa de sair el segundo cargamento de indios, en numero de 1 75, para la Habana, a bordo nuevamente del vapor Cetro. Desde 1849 hasta 18 53 ese trfico estuvo en suspenso. Pero en el ao 18 54 lo restaur el general Antonio Lpez de Santa Ana, desde la presidencia de la Repblica; es decir, antes haba sido una arbitrariedad abusiva del gobernador de Yucatn, ahora lo era de presidente de la Repblica, Los ingleses, con sus barcos, persiguieron tambin ese trfico. En esta nueva etapa los indios yucatecos se vendan a Cuba a diez pesos. Todo parece indicar que ese comercio con los indios yucatecos dur hasta 1861. Haba un fenmeno muy elocuente para que los hacendados siguieran pidiendo bra2os asiticos o yucatecos, y es que, disminuidos los brazos africanos por la reduccin de la trata clandestina y por las invasiones del clera morbo asitico, se haba encarecido el precio de los esclavos. Si antes se compraba en cuatrocientos pesos un negro esclavo y se alquilaba en ciento veinte pesos al ao para los trabajos de! campo* ahora slo se conseguan para los meses de zafra, y haba que pagar por cada uno veinte o veinte y cinco pesos mensuales, Al fin se haba llegado a estimar unnimemente que los chinos eran tan tiles para las faenas del campo como los negros, y que daban grandes muestras de listeza en las atenciones de la casa de caldera, de purga* en el manejo de trapiches y en otras operaciones de la manufactura azucarera. Se ios tena por inteligentes, constantes y de buen comportamiento. Y se formalizaba un acuerdo {6 de febrero de 18 52) entre

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53 8 Historia de la Nacin Cubana la Real Junta de Fomento y la casa de Villoldo, Valtrop y Ca, Esta se obligaba a introducir colonos asiticos, mientras los hacendados se comprometan a tomarlos, suscribindose con ciento vcinticico pesos por cada uno de los que entregaran en el puerto de la Habana, Cada colono vena escriturado por ocho aos y obligado a trabajar durante ellos por cuatro pesos mensuales los varones y tres las hembras Las contratas escritas que trajeran seran iguales a las de los venidos en 1847. Las de las hembras seran tambin iguales, pero agregndole una clusula sobre el embarazo, por la que se le pagaba el salario sin trabajo durante el ltimo mes de la preez y el primero despus del parto, Los colonos deban ser varones en la proporcin de cuatro quintas partes, y la otra quinta parte de hembras. Los varones no seran menores de 15 ni mayores de 35, No se admitan matrimonios que trajeran hijos menores de diez aos. Tenan que ser sanos, sin defectos corporales ni mentales. Esas contratas tienen el inters histrico de que en ellas tuvo nacimiento el salariado colectivo en el pueblo cubano. No parece que se cumplieran en cuanto a la introduccin de las hembras. Muy pocas, poqusimas chinas han venido a Cuba. Pero si esas contratas daban origen ai salariado colectivo, el Reglamento para el manejo y trato de los colonos asiticos e indios (10 de abril de 1849) mantena algunas de las ominosas formas de la esclavitud. Comenzaba ese reglamento con un prembulo justificativo. En l se afirmaba que la introduccin en Cuba de colonos asiticos y de indgenas procedentes de pases que en otra poca formaban parte del territorio espaol, considerse de utilidad por la Real Junta de Fomento para favorecer la agricultura Pero aada inmediatamente ese prembulo que Sos hacendados empezaron pronto a tropezar con obstculos en el trato y manejo de la raza asitica, bien porque constitua un factor tnico nuevo y desconocido en el pas, bien porque faltaban reglas para dirigir a los asiticos, mientras las haba para sujetar a los africanos, Otro tanto suceda con los indios. Para remediar esa dificultad con la urgencia que se crea necesaria dictronse reglas "que al paso que protejan los derechos de los colonos, aseguren tambin la subordinacin y disciplina, sin las cuales podran daar en vez de producir beneficio a la agricultura'". Para eso, el prembulo segua diciendo que era indispensable precisar las obligaciones de colonos y consignatarios, procurando que estos ltimos comprendieran "los lmites de las correcciones domsticas para evitar excesos en la facultad privada, y marcar el trmino desde donde empieza la intervencin de la autoridad p-

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Reglamento. Rgimen de castigos 335) blica”* El prembulo aada — e insistimos en la glosa de sus afirmaciones porque stas demuestran muy elocuentemente el estado social de la poca— que la experiencia haba demostrado que sin esas correcciones aplicadas domsticamente, era "de todo punto imposible la acertada direccin de los trabajos e inevitable la indisciplina”* Para ello se escudaba en que os colonos no empeoraban su situacin con respecto a la que tenan en los pases de que procedan* Inspirndose en estos principios, y correspondiendo a las muchas peticiones y quejas de los que advertan la ausencia de disposiciones que seguir en estas actividades — a reserva de comunicrselo a la Corona— se dispuso, sin perder de vista lo ordenado en la Recopilacin de Indias (Ley 10, ttulo 16, libro II) el Reglamento, cuyas clusulas ms significativas pasamos a examinar. Las primeras se referan concretamente a ios colonos asiticos. Sus encargados procuraran iniciarlos en los dogmas de la Religin Catlica, Apostlica y Romana, y si los colonos asiticos manifestasen deseos de abrazar esta religin, sus encargados se lo comunicaran al prroco respectivo. Los encargados 3e haran "tambin entender la obediencia y respeto que deben a las autoridades y a los superiores de quienes inmediatamente dependan”* A esos colonos asiticos se les pagaban cuatro pesos al mes, se le daban dos mudas de ropa al ao y una frazada, y su alimento se reduca diariamente a ocho onzas de carne salada o bacalao, y libra y media de pltanos, boniatos u otras races alimenticias* Si se enfermaban por ms de quince das, perdan el salario mensual de los cuatro pesos* Tambin lo perdan en el mes posterior a la fuga de la finca o casa en que trabajaban, y los gastos que ocasionaba la captura y restitucin de! fugado se los descontaban del salario* En los domingos, en los das festivos y en las horas de descanso de los das laborables, se les permita emplearse dentro de la finca en manufacturas u otras ocupaciones de beneficio personal propio* Tambin en os das festivos y tambin dentro de la finca en que trabajaban se les permitan diversiones lcitas que les sirvieran de descamo y solaz al paso que los fortificaran para las faenas Cada grupo de diez asiticos estaba bajo la direccin de un mayoral blanco* El rgimen de castigos, si bien no llegaba en su refinada variedad al sadismo que haba caracterizado al que se practic con los esclavos negros durante ms de tres centurias, conservaba algunas de sus crueldades. El colono asitico que desobedeciera las rdenes superiores, ora resistindose al trabajo, ya incumpliendo cualquiera otra de sus obligaciones, podia ser castigado con doce cuerazos; si persista, con dieciocho I

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340 Historia de la Nacin Cubana ms; y si an as no cambiaba de conducta, se le pona un grillete y se le haca dormir en el cepo* Haba el cepo de cabeza y mano, gran tabln con agujeros donde se introducan la cabeza y una mano del colono asitico castigado, A veces se le amarraban tambin los dos pies, y entonces el que sufra el castigo quedaba apoyado sobre el trax o .sobre el abdomen. Era un verdadero suplicio, sobre todo cuando se prolongaba, pues debido a las condiciones climticas de nuestra Isla, los mosquitos, las moscas, los ms variados insectos se aprovechaban de la posicin inerte del castigado para caerle encima sin que pudiera espantarlos, Haba otro tipo de cepo para pes y manos, con agujeros ms pequeos que e anteriormente descrito. Si transcurridos dos meses —tiempo mximo del castigo nocturno en el cepo segn el Reglamento — > el asitico no se enmendaba, dbase cuenta de su conducta a la autoridad local para que sta lo comunicase a las autoridades superiores de la Isla, Cuando los que se resistan al trabajo pasaban de dos, se es Impona el castigo mltiple de veinticinco cuerazos, llevaban grilletes y dorman en el cepo durante dos meses. Cuando la resistencia al trabajo estaba compuesta por un nmero de asiticos que inspiraba temores al mayoral o encargado, ste acuda a la autoridad local para que fuera la encargada de aplicar los anteriores castigos o los que estimase pertinentes de acuerdo con la ndole de la rebelda. El asitico fugado, adems de recibir la sancin pecuniaria de que hablamos anteriormente, llevara el grillete por dos meses, por cuatro meses en la primera reincidencia y por seis meses en a segunda reincidencia, y durante ese castigo dormira tambin en el cepo. La persona que escondiese a un asitico prfugo pagara cuatro reales diarios ai amo del colono, mientras durare su ausencia, y adems el costo de la restitucin del asitico al fundo de que se habia huido. Como se ve, por ese precepto del Reglamento, la poltica represiva del mismo llegaba un poco lejos en sus sanciones. El artculo 18 del Reglamento trataba de humanizar, aunque de un modo un poco vago y genrico, el trato de los dueos o encargados de fincas, disponiendo que en ei caso de que no diesen a los colonos lo que por la contrata estaban obligados a darles, o los castigaran excesivamente, o no acertaran a manejarlos y dirigirlos, el gobernador de la jurisdiccin tomara cuenta de todo ello y adoptara las disposiciones que estimara oportunas a seguir con los culpables, comunicndolas al gobierno y capitana general. El Reglamento someta a la jurisdiccin ordinaria los delitos comunes.

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El problema de la inmigracin y de la colonizacin 541 Esas dsposicionese, y otras de menos importancia que hemos omitido, se aplicaban tambin a los indios yucatecos, sin ms excepcin que en lo referente a la catcquesis catlica de los mismos, puesto que stos procedan de un pas que practicaba esa creencia religiosa; pero se recomendaba que se tratara de conservar en ellos el apego a esas prcticas del culto catlico. Mientras los colonos asiticos y yucatecos no terminaban las contratas que los ligaban a sus consignatarios, no podan obtener pasaporte, licencia de trnsito ni pase por s mismos, sino por los consignatarios o encargados en las mismas condiciones que se sealaban en la instruccin reglamentaria para la expedicin de esos documentos a clases de color no libres. El problema de la inmigracin y de la colonizacin continuaba siendo inquietante en los aos postreros de este perodo* Una real orden (16 de septiembre de 1 S J 2 ) dio origen a unas ordenanzas dictadas en 23 de diciembre de 18 53 por e! Marqus de la Pezuea, capitn general de la Isla entonces, luego revisadas por el gobierno de la Metrpoli y ms tarde modificadas por un Reglamento (22 de marzo de 18 54), Ese reglamento ampliaba la autorizacin para introducir, adems de colonos chinos y yucatecos, espaoles, durante un trmino de dos aos inmediatos, mediante la obtencin previa de un permiso gubernativo, presentndose con la solicitud una certificacin que acreditara que el buque destinado al transporte se encontraba en buen estado para emprender la navegacin. Esa reglamentacin tenda a ser ms justa y humana que las que ya conocemos. Los colonos que haban celebrado sus contratas siendo menores de veinte aos, adquiran el derecho de rescindirlas a los veinticinco* Los que hubieren sido contratados con ms de veinte aos tenan tambin ese derecho a los seis de servicios; pero os colonos no podan ejercitarlo sin indemnizar ante al patrono, con trabajo o por otro medio, de lo que ie deban* Los colonos adquiran tambin el derecho de salir de la potestad del patrono abonando al contado la cantitdad que ste hubiera satisfecho por su adquisicin, la que el mismo colono le debiera por indemnizacin del trabajo o por otro cualquier motivo, o el mayor valor que a juicio de perito hubiesen adquirido los servicios del colono desde que entr en poder del patrono* Este derecho de libertad no poda utilizarlo el colono en la poca de a zafra o en la de faenas perentorias de las toleradas en os das festivos* Ahora bien, conviene destacar, para que se tenga muy en cuenta, que los asiticos no podan libertarse en el tiempo y en las condiciones

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342 Historia be la Nacin Cubana antes expuestas, porque se burlaban esos preceptos dd Reglamento de 22 de marzo de 18 54 exigindoseles que firmaran unas contratas en las cuales apareca que ellos renunciaban previamente a esos derechos. Haca 1853 se trajeron a Cuba grandes cargamentos de gallegos que al llegar a nuestras costas se vendan como mercancas libradas al comercio. As se aplicaba un proyecto de inmigracin gallega que puso en ejecucin, Urbano Feijoo y Sot omayor. Pero a poco de desembarcar los colonos ? pidieron la rescisin de sus contratas, y nombrados los rbitros, declarronse con derecho a reclamar once mil pesos que se haban tasado en el concurso empresario. De ese propsito de introducir colonos como trabajadores por tiempo determinado, para despus de vencido e! mismo devolverlos a su pas, particip tambin i a Sociedad Econmica de Amigos del Pas. Tambin se hablaba en esta institucin de suplir la carencia de brazos en las fincas con los mismos negros existentes en la Isla dedicados al servicio domestico o a otras actividades de menos importancia. Las Cortes Constituyentes espaolas, aprobando lo propuesto por una comisin de las mismas con vsta del expediente instruido sobre inmigracin de trabajadores gallegos en Cuba, realizada por Urbano Feijoo y Sotomayor, acordaron rescindir el contrato celebrado con ste, quedando los inmigrantes gallegos desde entonces en libertad de apartarse de la empresa, o continuar en ella como jornaleros libres sin sujecin a ninguna de las limitaciones que rebajaban sus derechos de hombres. Ese acuerdo de las Cortes Constituyentes, comunicado al capitn general de la Isla por real orden de 7 de julio de 185 5, introdujo una variante excepcional en el Reglamento de 22 de marzo de 18 54, pues a partir de entonces solamente la inmigracin gallega tena derecho a la libertad, y quedaban condenados a la esclavitud los colonos de las otras tierras que haban sido trados por medio de contratas iguales a las firmadas por los gallegos. A la inmigracin asitica se le comenzaron a poner limitaciones. En 1858 se dispuso que los colonos chinos no podan permanecer en la Isla, una vez terminados y refundidos sus contratos, sin permiso expreso del Gobierno, y el que no lo obtuviere seria inmediatamente remitido por su cuenta al pas de su procedencia o al que eligiere. En 1860 se public un decreto declarndose suspendida la introduccin de chinos, prohibindose terminantemente su entrada a partir del ao siguiente. Pero los efectos de esa disposicin no duraron ms que unos pocos meses, y antes de que venciera el ao 1860 ya se publicaba una real

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Surgen las protestas de Inglaterra 343 orden con un nuevo Reglamento para la introduccin de trabajadores chinos* dictado “con objeto de proporcionar a la agricultura los brazos que le eran necesarios para que su prosperidad no decayera* y considerando que la introduccin de ellos era entre todos los ensayos el que menos inconvenientes presentaba’*. Continuaron las importaciones de asiticos, y pronto surgieron las protestas de Inglaterra* La propia China denunci el hecho ante el mundo, sosteniendo que los reclutamientos se hacan all con engao y violencia. Una vez el pueblo de Cantn, en seal de protesta* dio muerte a varios agentes de chinos que medraban all al servicio de casas importadoras de la Habana. En otra ocasin hubo sublevaciones a bordo de los barcos franceses e italianos que traan chinos a la Habana. El Reglamento de 1860 tenda tambin a humanizar la servidumbre asitica en Cuba. En toda contrata deba estipularse la duracin de la misma, el salario, la cantidad y calidad de los alimentos que iba a recibir el chino contratado, la obligacin de darle asistencia mdica, el nmero de horas de trabajo. Pero, ai mismo tiempo, contena ese reglamento preceptos que delataban bien a las claras la condicin de esclavos en que venan aquellos trabajadores a Cuba. Renunciaban al ejercicio de todos los derechos civiles que no fuesen compatibles con el cumplimiento de las obligaciones que contraan. Solamente podan casarse con el consentimiento de los patronos. Pero podan adquirir bienes y disponer de los que posean a ttulo lucrativo u oneroso, siempre que no estuvieran cu contra de sus contratas. Se mantena en ese reglamento el derecho de emancipacin y la forma de ejercicio, que ya estaban consignados en e de 18 54, Los patronos podan ejercer sobre sus trabajadores asiticos jurisdiccin disciplinaria por medio de estas correcciones: 1. Arresto de uno a diez das. 2. Prdida del salario durante el mismo tiempo* Cuando algn patrono tratara con sevicia a su trabajador asitico o faltara a las obligaciones contradas con l, el trabajador poda utilizar el derecho de acudir al protector delegado, que o era el capitn general, y en los distritos a los gobernadores o tenientes gobernadores, quienes seran auxiliados por los capitanes de partido* Este protector poda acordar la rescisin del contrato, sin derecho el patrono a indemnizacin* Ese reglamento, aunque atenu la esclavitud a que en realidad estaban sometidos los trabajadores asiticos, no los libert por completo* An despus de cumplidas sus contratas dispona el Reglamento que era condicin esencial la de que, terminado el tiempo de su empeo, el trabajador chino no poda permanecer en la Isla sino contratado de

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344 Historia de la Nacin Cubana nuevo con el mismo carcter, como aprendiz u oficial bajo la responsabilidad de un maestro, o destinado a la agricultura o a las faenas domsticas, siempre que fuese garantido por su amo; y de no suceder as, deba salir de la isla a sus expensas y apremiado a hacerlo a los dos meses de terminada la contrata. Hacia fines de 1864 la inmigracin de chinos fue plenamente legalizada por un tratado que se firm en Tien Tsin entre Espaa y China. La poblacin china disminua en la Isla en proporcin de un 40 %* N o era que volvieran a su pas. La diferencia, segn clculos de la prensa de la poca, estaba en los presidios, el cadalso y los cementerios. El trabajo excesivo, el rgimen excepcional e inesperado a que quedaban sometidos, el despecho que les causaba el convencimiento de que haban sido engaados bajo falsas promesas; todo ello produca, en proporcin desmesurada, los suicidios, los levantamientos, ios asesinatos de amos y mayorales y las represalias y las venganzas entre los propios chinos. Era un problema inquietante el de Ja presencia de esos inmigrantes. Preocupaba a ios tribunales. Desde que comenz a aumentar la inmigracin asitica en Cuba no haba regente de Audiencia territorial que en el discurso de apertura de los tribunales no hablara algo sobre el trato que deba darse a los chinos. Se les trataba evidentemente con sevicia, y ellos reaccionaban de diversas maneras ante ese trato* En 18 57 se suicidaron 262 chinos en Cuba. En 1363, de cada diez presidiarios, cinco eran chinos. Y no dejaba de producir consecuencias trastornadoras de muy varia ndole para el equilibrio social a presencia, por aquellos tiempos, de unos 34,000 chinos sin mujeres Con esa sociedad de manifestaciones muy primarias, profundamente dividida y aislada desde sus cimientos, sociedad de castas y de costumbres patriarcales se presentaba Cuba ante los radicales acontecimientos econmicos, sociales y polticos de 1868.

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LIBRO QUINTO LA CULTURA

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Capitulo I EL ROMANTICISMO LITERARIO, POETAS Y COSTUMBRISTAS, REACCION DEL GUSTO POETICO C ON el Romanticismo nace plenamente, en la literatura cubana, la preocupacin por los motivos nacionales y los destinos patriticos. Es en este aspecto que Hercdia y Del Monte resaltan como precursores, tal como los hemos estudiado anteriormente. Los pensadores, educadores y estadistas de este perodo de nuestra historiarse empean en definir y orientar las esencias de lo que ha de constituir la conciencia de la nacin ify los poetas, novelistas y articulistas van al cogollo del sentimiento patritico! de los perfiles de la vida cubana, que reflejan espritu y proyecciones propios, y en las costumbres ofrecen una fisonoma singular y caracterstica, /En todo el pais| palpita/ e ansia sin disimulo de una transformacin que para unos habr de ser reforma y para otros soberana, Sttrcde Tonio en el resto de Hispanoamrica, y "es algo que se quiere ser, para dejar de ser lo que se ha sido*’ { I ) Por eso la literatura romntica est imbuida de alientos y trascendencia sociales. Sus obras transpiran todo aquello que ha de cambiar el status de la sociedad en todos sus aspectos; y en poemas, relatos, doctrinas se conjugan los conceptos de libertad, igualdad, dignidad humana, liberalismo, antiesda visiiio, justicia, equidad, progreso,/ En el romanticismo cubano, al igual que en los europeos y en los dems de Amrica, cuaja una literatura revolucionaria que no se circunscribe a lo esttico, sino que se desborda en lo soctT T, Por medio de la libertad de examen quedan descubiertos los sufrimientos sociales, que son condenados en nombre de la justicia, y se hace la promesa de remediarlos en nombre del progreso” ( 2 ) El tema nativlsta, tmidamente apuntado por Zequeira y Rubaleava, y abordado por Del Monte y sus discpulos con ms decisin, cobra ahora ilimitadas amplitudes; y la naturaleza, como el estilo de vida, se vuelcan en la literatura de ficcin, en el poema, en la didctica misma y en la doctrinal; el costumbrismo colora todo el proceso romntico; y la poesa canta la belleza y las peculiaridades de la naturaleza criolla, exaltando el paisaje, que es una de las predilecciones en los nuevos temas. 349

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350 Historia de la Nacin Cubana i Junto a las particularidades del escenario, espiga en la poesa el acento separatista, el anhelo de libertad, la condenacin a la coyunda opresora y oprobiosa; y no falta en la lira la cuerda en que vibra el motivo moral y de reaccin y mejoramiento en la organizacin colectiva. Con el propsito de subrayar lo propio, siguiendo la corriente del Romanticismo universal, que busca en el pasado remoto del pas, huellas de autoctona, y en ellas suele basar razones de singularidad nacional, naci tambin la evocacin del ayer ciboney; y bajo el recuerdo de su vida y sus leyendas, los poetas cobijaron el ideal anticolonista y solieron disfrazar los sentimientos separatistas, ante las autoridades metropolitanas. En una literatura que se ergua frente a aquel cuadro de opresin, el antiesclavismo tena que ser (como fue) otro de los temas principales. Sumados a stos, que bien podemos distinguir como asuntos muy caractersticos de las letras cubanas, se registran en ellas, en este periodo, cuantos tenas han sido comunes a todas las literaturas en su etapa romntica: el fervor del amor idealista, el dolor melanclico, la angustia de ia lejana, la atraccin de lugares exticos, el sentido de la vida y de la muerte, Dios, el destino, el alma, los derechos del pueblo; en fin, cuanto tocan los salientes universales de la escuela. Zorrilla, Mesonero Romanos y Walter Scott fueron los escritores europeos que ms influyeron en nuestros romnticos, en la lrica, el artculo de costumbres y la novela, respectivamente. Esto no obsta para que otros hayan pesado tambin considerablemente, en el gusto de poetas y novelistas: los alemanes Korner y Ruckert, por ejemplo, fueron muy gratos a la experiencia de la poesa patritica de nuestra plenitud romntica. Tambin lo fueron, en otras manifestaciones de la lrica, Vctor Hugo, Byron, Musset, Grossi, Rosmini, y en la novela: Manzoni. Es innegable que nuestro romanticismo est ms bien a tono con el sentido que dieron a la escuela los poetas meridionales de Europa; romanticismo basado fundamentalmente en el espritu nacional, choque de pasiones, idealismo, liberacin de los preceptos neoclsicos, amor a las tradiciones populares; romanticismo muy otro del de las literaturas norteas, en las que predomina, por lo general, lo filosfico, se acenta la tendencia a lo fantstico, y el ms puro lirismo cubre todas sus concepciones, tanto en verso como en prosa; lo cual no fue bice para que Espaa ofreciera el caso singular de El Diablo Mundo, de Espronceda, con alientos muy propios de aquellas literaturas. El cubano del Romanticismo vivi los fervores y las inquietudes que el momento histrico (del que es fiel reflejo la escuela) identifica, en franca oposicin a la actitud serena, sobria, criticoanaltica del siglo xvm, cuya voz artstica resuena en el Neoclasicismo. El entusiasmo, la pro-

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Caracteres y generaciones del romanticismo cubano 351 ycccin individual, la preocupacin por un reajuste en la vida del individuo y de la colectividad, alentando el espritu revolucionario y abriendo los cauces de una liberalidad que buscaba, an ms en el impulso espontneo que en k razn misma y en el sentimiento religioso, la cristalizacin de un idealismo salvador frente a una realidad negativa, prosaica y agobiadora; todo ello, tan evidente en e hombre del Romanticismo, se traduce estticamente en las desesperaciones que vibran en nuestra literatura romntica; en las palpitaciones autobiogrficas; en una expresin que acusa la excitacin de la sensibilidad y que se vale de lo retrico, para dar vigor y colorido a la expansin de los sentimientos, cayendo, como sucedi en todas partes, en las extravagancias, gimoteos y efectismos contraproducentes, que dieron a! traste con el prestigio del movimiento de mayor trascendencia en el arte, despus del Renacimiento y del Barroquismo, ya que sus esencias an persisten, a despecho de todas las nuevas teoras, que en e fondo se alimentan de la misma principal razn esttica del Romanticismo: liberacin. £ El romanticismo cubano carg la mano en la dosificacin realista que caracteriz la realizacin del sentido nacional, nativista, de fuentes propias, que persigui la escuda. Novelistas y articulistas trazaron cuadros vividos de la realidad cubana, sin perder el trasfondo romntico que debe haber en todo reflejo de lo real, contemplado a travs del prisma idealizador del movimiento, y que permite exaltar el anhelo de una realidad superior en sus entraas, con la que se logra que deje de ser lo que, siendo, niega las nobles aspiraciones del espritu humano. La extensin del Romanticismo en Cuba hay que fijarla desde 1838, en que aparece la primera edicin de las poesas de Plcido, se da a conocer El Conde Alar eos, de Milans; se publican en E Album las pequeas novelas de Cirilo Villaverde y Ramn de Palma y se inicia la polmica filosfica, con Luz y Caballero como centro. Hasta la aparicin de los poetas de Arpas Amigas (1879), e Romanticismo mantiene sus primigenias esencias en nuestra literatura, aunque con la favorable reaccin de buen gusto que propician, despus de 18 50, Mcndive, Laces, Zenea. Con los poetas de Arpas Amigas (Tejera, los Sellen, Barrero, Varona, etc.) el Romanticismo se desva hacia un nuevo rumbo, inspirado por el eclecticismo de Bcquer, de Campoamor y de Nez de Arce, y aunque conserva (como en a poesa de stos) la sustancia que lo anima, la tcnica y las ideas dan un nuevo gusto a la sensibilidad. Con razn llam Enrique Jos Varona a este momento "la nueva era J \ A los dos tiempos en que se desdobla el Romanticismo propiamente dicho, en nuestra literatura, corresponden dos generaciones literarias: la que florece en 1S38 y la que despunta sobre 18 50. Hacemos esta afir-

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32 Historia de la Nacin Cubana m acin atenindonos a! concepto de Ortega y Gasset que atiende a i a vida histrica y no a la vida individual, identificando a generacin por el sistema de vigencias que hay en el momento histrico; y que afirma que la edad no es una fecha, sino "una zona de fechas”; y que tienen la misma edad, por tanto, no nicamente los que nacen en un mismo ao, sino los que nacen dentro de una zona de fechas. Adems, si en algn caso tiene justa aplicacin la teora de Ortega, que fija quince anos para la duracin de una generacin, es en estos dos momentos romnticos de Cuba, pues el segundo aflora ostensiblemente hacia 18 53, en que aparece la Revista de la Habana, de Mendive, que representa la reaccin de gusto; es decir, quince aos despus de la eclosin de 1838* Las fluctuaciones de la edad individual se aprecian en la coincidencia de Gaspar Betancourt Cisneros, que nace en J8Q3, y Anaciere Bermadez, en 1806, con la Avellaneda y Miln s (1814 ambos}* En la poesa, el poeta de primera calidad que sobresale cronolgicamente es Gabriel de a Concepcin Valds (Plcido), cuya vida (Habana, 1 80? -Matanzas, 1844) fue triste y angustiosa* Fue un mestizo (hijo de una bailarina espaola y de un mulato peluquero) que, como incluso de a Casa de Beneficencia de La Habana, llev el apellido Valds* Gan la vida practicando varios oficios (peinetero, tipgrafo, etc*) en La Habana y en Matanzas; y comerciando con las musas, haciendo poesa de ocasin. Fu perseguido por las autoridades coloniales, ms que como conspirador, por su relieve potico, que le haca a figura ms destacada de su raza; aunque no dej en reiteradas ocasiones de expresar sus sentimientos de simpata a la idea de la libertad. Se le incluy arbitrariamente en e! proceso de La Escalera, y muri fusilado* El seudnimo con que es universalmente conocido. Placido parece haberlo tomado de la novela de Genlis, Plcido y Blanca > aunque no han faltado quienes opinen que !o prefiri por ser el nombre de un cercano y amado pariente. Aunque Plcido cae en la mayor parte de su labor potica en el "tropie al; smo” (abundancia efectista, exceso meldico, acentuada ingenuidad ntima), hay, sin embargo, un pequeo grupo de composiciones que lo salvan para la posteridad y que compensan con creces el crecido volumen de sus desaciertos* Tipo genuino del repentista, de una cultura atropellada y desorganizada (producto de su propia vida carente de los ms elementales recursos) le llev con frecuencia a! empleo de consonantes vulgares, pobreza de lxico, prosasmo y conceptos errneos o por lo menos confusos* Sin embargo, el vigor de su fantasa, la espontaneidad del verso, que brotaba musical y sonoro, el colorido y el pasticismo, logrados en aquellas composiciones aludidas, le colocan a la ca-

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Plcido y sus coetneos 353 beza de nuestra poesa lrica. Mucho tiempo escribi bajo el influjo neoclsico de Quintana, Gallego y Martnez de a Rosa; pero el Romanticismo, por la va de Zorrilla, le impresion y le cont entre sus cultivadores. La primera edicin de sus Poesas vio la luz en Matanzas, en 1838, En su copiosa produccin cant e tema amoroso, en mltiples sonetos y en letrillas, algunas deliciosas, como La flor de la cana; gust del motivo festivo; se asom a la intencin civil, como en el feliz soneto La muerte de Gesler y el que ms descubre sus sentimientos de libertad: El Juramento; escribi leyendas y romances, odas, elegas, fbulas. La ms famosa de sus poesas es la Plegaria a Dios que escribi en la prisin, en vsperas de su fusilamiento, como los sonetos La fatalidad y Despedida a mi madre y la oda Adis a mi lira La Plegaria (que ha sido traducida a diversos idiomas) admira por su tensin i rica, el tono optativo y e conmovedor acento de resignacin. Aunque se discuti su autenticidad, la duda ha sido absolutamente deshecha (3), La ms perfecta de sus composiciones es el romance Jicotencaly que Menndez y Peayo considera "magistral y primoroso que Gngora no desdeara entre los suyos” (4). Su fluidez rtmica, a naturalidad y sencillez del relato y el vigor con que en breves lneas describe al protagonista y exalta su carcter, as como el movimiento y color dramtico, dan a este romance una fuerza expresiva y una emocin insuperables. Coetneos {por la edad individual) de Plcido son varios poetas que tambin son sus contemporneos en la vida histrica y que estticamente producen una poesa familiar de la suya: Ramn Vclez Herrera (1809-1886), fecundo y (por el contrario de Plcido) de bien formada cultura, a quien llamaron sus contemporneos El Vate Public sus Poesas en tres tomos (1833, 1837 y 1838, respectivamente); y ms tarde Flores de Otoo (1846) y Romances Cubanos (1856); estos ltimos muy aprecables por su habilidad narrativa. Su poesa es suave y correcta. Fue el verdadero descubridor de las cualidades excepcionales de Plcido y lo alent y le facilit libros. Jos Policarpo Vaks (180718 52), que public sus versos con el seudnimo de PoHdoro, demostr, por el contrario de Placido y Veloz Herrera, poca fecundidad; pero dej un saldo potico muy estimable por su fondo reflexivo y su forma cuidada, con exponentes tan bellos como su elega A una rosa blanca y su soneto A una boca Miguel de Crdenas (1808-1890) fue ms dado a la poesa incidental, coleccionada en Flores cubanas dedicadas a las habaneras (1842) y en Poesas (Madrid, 18 54) ; lo mismo que Jos L, Alfonso y Garca (1810-1881), que edit en Pars sus Cantos de un peregrino (1863), que acusan cultura y buen gusto. Angel Turla (1813-

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354 Historia i>e la Nacin Cubana 1834), nacido accidentalmente en los Estados Unidos, de muy corta vida, era una gran promesa por su ternura, delicadeza, sencillez, cultura y refinamiento artstico* Aunque anterior en nacimiento a todos los de este grupo, Anadeto Bermdez (1806-18 52) se identifica con el mismo en su tcnica y en sus temas (A ¡a brisa La rosa de la playa s etc*)* En el mismo se cuentan tambin Ramn de Palma y Jos Victoriano Retan court, ms significados como costumbristas. E de ms condiciones fue Francisco de Paula Orgaz (1815-1873), muy influido por Zorrilla y cuyos Preludios del arpa (1841) motivaron que el Capitn General prohibiera su circulacin, por su contenido patritico* El cibonc yismo le cont entre sus adeptos, segn puntualizaremos ms adelante, al referirnos a esta modalidad de nuestra poesa* Otro de nuestros mejores poetas y la ms insigne de nuestras poetisas, nacen en 1814: Jos Jacinto Milans y Gertrudis Gmez de Avellaneda* Jos Jacinto Milans (Matanzas, 1814-1863) es uno de los mximos lricos cu batios destacados por Enrique Pieyro. Su nombre, sin embargo, se consagra en su tiempo, en el teatro* Asiduo concurrente a las tertulias de Domingo del Monte, recibe e aliento del ilustre humanista y mecenas, y animado por su consejo escribe su drama El Conde larcoSj que se estrena en La Habana en 1838* El verso fcil y la tensin dramtica son cualidades que avaloran este drama de ambiente romntico, inspirado en un romance annimo, que figura en a coleccin publicada por Duran y que haba servido de inspiracin a otros poetas, desde Lope de Vega hasta Federico Schlgel, y que despus, ya en nuestro siglo, sugiri la tragedia escrita por Jacinto Grau* No era el teatro precisamente el campo ms propicio para que Milans desarrollara a plenitud sus cualidades caractersticas; a pesar de que se ensay tambin en l con otras obras: Un Poeta en la Corte A buena hambre no hay pan duro (proverbio que le sirve para enmarcar un episodio de la vida de Cervantes) Ojo a la finca. Le falt habilidad para sostener los caracteres {que suele concebir con fuerza) ; y esto se advierte en su mejor produccin, E Conde Atareos en que chocan las pasiones ms en la trama que en la vitalidad de os personajes, que a ratos lucen algo desvaidos, en medio de la tempestad en que se mueven* No puede negrsele a Milans, en cambio, su seria documentacin, su buen conocimiento del espritu romntico del teatro clsico, que aplic sin duda con decoro y acierto, logrando emocin de ambiente y fluidez en el dilogo* E mayor defecto que tiene la obra es que el protagonista es el personaje ms dbilmente creado, muy desigual*

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Jos Jacinto Miln es 355 Persistiendo en la forma dialogada, escribi los cuadritos de costumbres que titul El Mirn Cubano (1840). Estn compuestos en verso y persiguen un fin moralista, atacando las ideas y procedimientos malsanos de su tiempo; algo as como el Entrems de los Mirones del siglo xvm espaol. El Mirn es un personaje obligado en los cuadritos, que observa y comenta cuanto ve y escucha; parece ser el propio poeta, que ejerce as su stira social. Miln s es uno de los representativos del romanticismo cubano que ms justifican la proyeccin social de la escuela. Esa tendencia moralista se advierte en su poesa lrica: El Mendigo, contraste del dolor que gime en los labios de un anciano que pide limosna a las puertas de un baile, y el fausto y la alegra que desbrdame en ste; El Expsito en que se apostrofa al padre que abandona al hijo en la inclusa; El Poeta envilecido, protesta contra el vate que trafica con su pluma, y en el que ha querido identificarse a Placido; La Guaprta del Yunmr, letrilla en que se canta la triste burla que, de una ingenua campesina hace un ricacho de la ciudad. El sentido civil alent los alejandrinos Los Dormidos en que increpa a jvenes y ancianos, hombres y mujeres, que embebidos en el festn (alegora de la cmoda indiferencia y el goce de una transigencia antipatritica) olvidan sus deberes de cubanos; y asimismo inspir su viril y valiente Epstola a Ignacio Rodrguez Calvan, en que afirma su postura patritica, esperando el momento en que la obligacin lo llame: tl mas siempre voy contigo, j oh, Cuba hermosa! — y apoyado al timn, espero el da J? El mejor valor lrico de Milans se halla en sus poesas amorosas, a pesar de llamrsele a veces el poeta de La Madrugada, por haber cantado e amanecer en nuestro pas, y tener esta oda pasajes muy bellos, ms subjetivos que descriptivos, pues en ella, como en otros cantos inspirados en la naturaleza (Orillas del mar El alba y la tarde. Invierno en Cuba, Nigara, etc.), no se manifiestan en toda su intensidad la ternura y exquisitez de su temperamento lrico, que tan justamente elogi Longfellow, y que nos llegan a travs de las estrofas de La fuga de la trtola. El beso. Las lgrimas y otras creaciones suyas de tema ertico. La primera edicin de las Poesas de Milans fue dada a la estampa en 1846, y una ms amplia, dos aos despus de su muerte; ambas prologadas por su hermano Federico, tambin poeta. Su musa va de lo mstico a lo festivo. Como en Plcido, la obra completa le perjudica estticamente. La musa popular le sopl; pero ni sus Glosas Cubanas, ni las leyendas basadas en tradiciones cubanas abonan en su faina, como tampoco el Cancionero de Tristdn Morales Temperamento fino, atormentado por un conflicto ntimo que al cabo di al traste con su cordura, terminando sus das completamente loco, Milans perdurar por

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Historia de la Nacin Cubana 3J la delicadeza y hondo lirismo de sus poemas idlicos. Posey una cultura muy bien orientada, que no slo prob en algunos trabajos crticos que escribi, sino en sus traducciones de italiano y del francs (Ariosto, Vctor Hugo, Berangcr, Millevoye), realizando versiones en verso dignas de los originales. Gertrudis Gmez de Avellaneda (Camagey, 1814-Madrid, 1873), en quien la abundancia no afect a la calidad, cosech sus triunfos literarios en Espaa, donde madur su cultura y encauz sus excepcionales dotes poticas, con maestros tan calificados como Gallego y Quintana. Aunque muy vinculada a Espaa por su larga estancia en ella, por sus estudios, por sus amores y matrimonios, as como por sus resonantes xitos con sagrad ores, pertenece por completo a las letras cubanas, porque su genio se manifest, desde su adolescencia, en Camagey; y lleg a Espaa, a los veintids aos, con su sensibilidad criolla bien definida, de tal modo que nunca renunci al amor de su cuna, rechazando invitaciones a figurar en antologas como espaola y exigiendo su clasificacin en el parnaso cubano, y exteriorizando su devocin cubana en varias composiciones suyas: Al partir (soneto que ha ganado justa celebridad), La vuelta a la patria, A las cubanas Que no cantara los anhelos de libertad que anidaban en el corazn de los cubanos, nada significa: casada con espaoles, radicada en Madrid, no dej de recordar y de enaltecer a su patria; y quien cant A Washington y A Francia no disimulaba su simpata por la libertad. Por la armona, e! valor castizo de su lenguaje, el vuelo potico, la elegancia, nitidez y elevacin del estilo, la rotunda sonoridad de los versos, el nfasis eficaz, pero medido, de su expresin, a profunda pasin humana que transpira y la sinceridad desbordada que la inspira, la obra de la Avellaneda la coloca entre los poetas ms grandes de nuestra lengua. La perfeccin de su forma le da jerarqua clsica. Por sus sentimientos, por sus ideas, por su postura ante la vida, rezumada de sus poemas, de sus dramas, de sus novelas y leyendas, la obra de la Avellaneda es fruto del Romanticismo; pero dentro de un equilibrio magistral que la libra de todos sus extremismos. El lamento de su dolor no llega a la sensiblera; la expresin de su tristeza est tocada de una aristocracia emocional que ennoblece sus pesares; cuando llora y no calla su tormento, no hiere la eufona ni hace agresin al buen gusto; huye de la estridencia y de todo lo destemplado y desmedido. Espontnea en su arte como en su vida, infundi a su poesa lrica el calor de sus ardientes sentimientos* Selecta en sus costumbres, imprimindole a su vida un matiz de acendrado idealismo, con lo que salvaba su propia sensibilidad, en los choques ms rudos con la realidad,

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Gl RTRUJTS G"MEi DE A VIMujer de genio extraordinario y m'lrirtno; poetisa lrica, autora dramtica, novelista, mcmorigrafa, articulista "en sus versos se ve reflejada, asegura don Marcelino Mcnmlez y Pela y o, que glosa una opinin do don Juan Valora, no esta o aquella fase del amor, como acontece en otros poetas, erticos, sino el a mor en UhUs su manife. iiichmc^ y di'setiioh ijjtierifos \ Su teatro* lia escrito Remo?;* "coloca su nombre a la altura de Eos principes del romanticismo castellano’*. Sus narraciones imaginativas inferiores sin duda a sus grande* aciertos lricos y a sus celebradas obras teatrales, punen de manifiesto sin embargo dotes y caractersticas a preciables, "que seran suficientes para prestigiar la personalidad de un artista, si otru. mis altas aun no la prestigiaran en quo?¡ aspectos del pensamiento esttico"* l,a Avellaneda* nacida en Ja ciudad de Santa Mara del Puerto del Prncipe, fioy da G a maguey, dedic Ja coleccin de sus obras, "en pequea demostracin de grand afecto", a su "Isla mira!, a la hermosa Cuba". Domingo Figarola-Caneda publica el grabado que reproducimos ^Gertrudis Gmez de A ¡el ht flPiftfj obra postuma, ordenada y dispuesta para la impresin por Ja. seora viuda del eminente bibligrafo cubano* Madrid* 1929), calificndolo de "un retrato muy conocido de Ja excelsa pnce isa".

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La lrica de i, a Avellaneda 557 pera sin dejar de hacer predominar en todo instante lo que en ella pes tanto* de hembra y de artista, di a su poesa esa misma tnica con que anim su intimidad. Su lira es de acentos clidos y sonoros como sus sentimientos y como las resonancias que en su espritu tuvieron siempre todos los episodios de su vida; debindose a ello a sinceridad de su poesa. Por su pasin y por su estro potico, V alera la ha comparado con Safo y Corina. Pero en la lira de la Avellaneda el amor no se atiene a una cuerda, como suele suceder con casi todos los poetas, sino que recorre todas las esencias de la pasin; y en su estro vibran, con anloga elevacin e idntica sinceridad e intenso fuego, el amor humano y el amor divino, porque aquella sensibilidad suya estaba afinada para las ms puras y sublimes inspiraciones del cielo y de a tierra. La primera coleccin de sus Poesas fue editada en Madrid, en 1S4I, con prlogo de Juan Nicasio Gallego. En ellas se asoma el lector al cosmos interior de la poetisa, que vuelca el fervor de sus ntimos deliquios, de sus xtasis de enamorada soadora, de sus infinitas ansias de amor inquieto, y el alborozo de sus ilusiones y el quebranto de sus desengaos, en composiciones tan representativas de su lrica, como Amor y Orgullo A l y Ley es amar; que canta su reaccin ante el paisaje; que medita ante lo abstracto; que expresa su devocin a la esencia de la poesa, al genio potico y a la gracia de quienes fueron de los ms distinguidos poetas de su tiempo; que dice de su aptitud para ansiar y sentir el arrobamiento de lo mstico, en la Dedicacin de la lira a Dios y en a Soledad del alma, en las que aspira a lograr el ultimo grado de la ascensin espiritual: la unin del alma con Dios. Slo un estro como el suyo poda arrancar como ella !o hizo, a su lira, acentos tan sublimes como los que entraan estas dos odas msticas. La Avellaneda emple en su lrica una variedad extraordinaria de metros, aplicando con lujo la innovacin romntica de la diversidad frente a la unidad. Su fantasa La noche de insomnio y el alba es un ejemplo muy original de su rica gama mtrica y del dominio que tena sobre todos los ritmos, pues comienza el poema con un verso de dos slabas, y contina, empleando todas las medidas, hasta la de diecisis, con la que termina* Las cualidades brillantsimas de la Avellaneda asombraron ms en $u poca, por ser mujer; lo cual justifica que su prologuista dijera que la publicacin de un tomo de poesas por una mujer no era frecuente en ningn pas; "en e! nuestro (dice) rarsima” (5). Pero en ella se sobreponan an a esta circunstancia, para recibir con simpata su obra, sus prendas superiores, que en un momento como el que le toc vivir parecan privativas del hombre. De ah que Gallego dijera: "Todo en sus cantos es nervioso

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3S Historia de la Nacin Cubana y varonil; as cuesta trabajo persuadirse que no son obra de un escritor del otro sexo” (6) En el teatro, la Avellaneda escal la altura de Garca Gutirrez y Hartzenbusch. Cre caracteres, movi acertadamente el dilogo, conjug admirablemente e! conflicto de las pasiones, atuvo el plan a una lgica teatral atinadsima y us del verso con la maestra que le era caracterstica, Desde Caldern el drama bblico no haba gozado de tanto aliento potico* y Baltasar y Sal son cumbres del gnero; la tragedia romntica brot de su pluma con toda la fuerza de su fatal contraste, y Mua Alfonso (i 844) le abri el camino del xito en el teatro; la comedia tuvo en su inventiva el enredo ingenioso de la clsica de capa y espada, en Orculos de Taifa, y la primorosa intriga de exquisito lirismo de La Ilja de las flores De las muchas obras que escribi para el teatro, y que fueron representadas en Madrid con feliz xito (unas, desde luego, ms que otras) la unnimemente encomiada por Ja crtica y colocada en primer trmino es Baltasar (1858), cuyo carcter ha sido comparado con el Sardana paloy de Byron. El personaje de la Avellaneda es una de las creaciones ms vigorosas del teatro de nuestra lengua, en todas sus pocas. Irreflexivo, pasional, con el desdn de los que creen ser semidioses, con la abulia propia de ios que viven hastiados de poder, sin valladar a sus vicios y caprichos, alentados y servidos por a acomodaticia abyeccin cortesana; dspota taciturno que siendo la sntesis de una poca, es a la vez el smbolo de la tirana sin freno y sin razn. Frente a l, la fe y la virtud encarnadas en Elda; y como desenlace el cumplimiento de la prediccin prof tica y el fallo de la justicia divina, encarnada circunstancia [mente en los ejrcitos persas de Ciro* Todo ello enmarcado en un ambiente de precisin fidelsima y articulado en magnficas estampas, inspiradas en el pasaje bblico que prendi tambin en la fantasa de Caldern* Los que han puesto en duda los sentimientos de la Avellaneda, con respecto a los legtimos anhelos de los cubanos, podrn una vez ms rectificar su postura negativa, ante esta pieza condenatoria del despotismo y de la tirana, algunos de cuyos versos bien pueden hacer pensar que la autora no tena lejos de Cuba su pensamiento: lt alas no halla el pensamiento — en donde no hay libertad”, Baltasar por su pensamiento, por su emocionante trama, por las situaciones tan bien dispuestas, por la pintura de sus personajes y por la garra teatral de varias de sus escenas, como el dilogo del acto segundo del protagonista con Elda, la locura de sta y el desenlace, de gran efecto, colocan la obra de la Avellaneda al lado de El Trovador y de Los Amantes de Teruel a los que supera a trechos en la versificacin* En este drama, como en todos los

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El teatro y la prosa de la Avellaneda 3 S9 de ambiente histrico, la Avellaneda hizo patente su escrupulosidad para estudiar y penetrar el espritu y los detalles de poca* As, Recaredo, El Prncipe de Viana, Egilona, los citados Munio Al jomo y Sal podrn distar de Baltasar por la grandeza artstica de ste; pero no por la seriedad y acierto en ia evocacin de ambiente* El espritu liberal de la Avellaneda se reafirma en algunas de sus novelas, como Sal? (1841), de ambiente cubano; Espatolno (1846) y Guatiniozn (1846)* La primera, que es la ms rica en bellsimas descripciones de paisajes enclavados en la regin camageyana, tiene como protagonista a un mulato, en cuyo pecho anidan los sentimientos ms puros y nobles del corazn humano; no es puramente una novela de tesis abolicionista; pero est bien claro en ella un marcado propsito de rechazar los prejuicios raciales que dominaban en su tiempo; y con los prejuicios de raza, los de clase. En Es pal olino (cuyo protagonista es el clebre bandido italiano) persigue un fin anlogo al de Schiller, en su magistral drama Los Bandidos ; atacar las mentiras sociales, animadas por la hipocresa humana, la ambicin convencional y la falsa virtudEn Guatmozn (el emperador azteca), aunque violenta un poco la historia, lo hace precisamente en favor de sus ideales, atribuyendo a los indgenas pensamientos y sentimientos que, aunque no cuadran con la poca de la Conquista, s sirven al amplio criterio que distingui en todo a la Avellaneda, Sus novelas, en general, no tienen la jerarqua literaria de su lrica y de su teatro; pero en todas infundi el hlito potico que fue privilegio de su ingenio; y tanto aqullas, como sus leyendas (La Ondina del lago azul. El aura blanca La dama de Amboto etc.}, atraen por su prosa de belleza en cauda!, revelada en sus imgenes y detalles, por la atmsfera en que dio vida a la fbula. No es raro: todo cuanto escribi la Avellaneda lo impregn de esa belleza en que envolvi su propia vida; y lo advertimos en sus cartas ntimas, en sus memorias, en sus impresiones de viaje, en los apuntes biogrficos y en los diversos artculos que escribi para aquella revista que fund en La Habana, cuando volvi a Cuba, en el ao 18Q: Album Cubano de lo Bueno y de lo Bello Dondequiera que estamp su pluma dej un destello de poesa, porque el sentido de lo potico era innato en ella. De sus obras se hizo una edicin en Madrid, de 1869 a 1871, precedida por una biografa escrita por Nicomedes Pastor Daz, y otra oficial en La Habana, en la fecha de su centenario (1914). Costumbristas fueron en parte de su obra (como hemos visto) Miln s y la Avellaneda; pero incidentalmente* Como tales hemos de considerar ms bien a quienes se han distinguido por una dedicacin especial

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Historia de la Nacin Cubana 360 a la novela y al artculo de costumbres. El ms notable de nuestros costumbristas fue Cirilo Villaverde (San Diego, Pinar de Ro, 1812New York, 18M), profesor, periodista y patriota* que secund los planes separatistas de Narciso Lpez, a quien ayud a confeccionar la bandera del movimiento encabezado por ste, y que es hoy la ensea nacional de la Repblica; fundador en la emigracin de varios peridicos consagrados a los empeos cubanos de separarse de Espaa; y en ciertos momentos de su vida consagrada a la causa patria, partidario de la anexin de Cuba a los Estados Unidos, como mal menor* En 1837 comenz su produccin novelesca, con cuatro cuentos extensos, que aparecen en la Miscelnea de til y agradable recreo; pero es en cuando se insertan en El Album sus novelas cortas El Espetn de oro y Engaar con la verdad que se revela el excelente narrador que haba en Villaverde. Otros cuentos y nove litas, insertados en El Plantel, La Cartera Cubana y otras publicaciones, e hicieron predilecto de los lectores; pero su consagracin definitiva la debi a su novela Cecilia V 'aides, cuya primera parte vio la luz en La Habana, en 1835?, despus de haberse insertado en el peridico La Siempreviva editndose completa en New York (1 882). El ttulo completo de esta novela de Villa ver de (la ms representativa de la novelstica cubana) es Cecilia Valds o La Loma del Angel; y es un gran lienzo, rico de colorido descriptivo, de las costumbres cubanas en las primeras dcadas del siglo pasado. Es la epopeya social de Cuba en el perodo a que su accin se contrae; cuadro admirablemente trazado, lleno de inters y vida, en ci que se animan hombres e instituciones; y en que los tipos desfilan con fuerza realista, como se ofrecen los encantos de la naturaleza y la topografa urbana. En sus pginas sabemos del drama de cada espcimen de la escala social, desde el potentado dueo de haciendas e ingenios, hasta el sufrido mestizo que busca el sustento en las reuniones bailables de la clase pobre; desde el ms alto dignatario del gobierno, hasta el triste esclavo que gime por las torturas del bocabajo La tcnica de Walter Scott influy en el gusto de Villaverde, y tejiendo los hilos de la urdimbre sobre un pan que denuncia la filiacin al estilo del gran novelista escocs, descubre la vida cubana en la ciudad y en e! campo, con todas sus peculiaridades, en los distintos estratos sociales; enaltecida por los altos ideales de quienes aspiraban a una superacin colectiva, empequeecida por los vicios, las crueldades, la esclavitud, la insania gubernamental y las prerrogativas de los paniaguados, Cafetales, ingenios, fiestas populares, tradiciones religiosas, abismos de razas, plazas y templos, prejuicios y sistemticas normas en las relaciones sociales, diversiones tpicas, escuela y mercado; todo cuanto A

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Las novelas de Villa verde 361 decora y alimenta el panorama cubano, en lo rural y en lo urbano, en ios treinta primeros aos del ochocientos, palpita y toma relieve en Cecilia Val des. Un idilio amoroso entre una mestiza de singular belleza y un joven blanco, rico, estudiante del Seminario de San Carlos y que resultan ser hermanos, por azares del destino, constituye el motivo de la accin principal, que el autor cie a la poca del omnmodo General Vives, Alrededor del idilio toman cuerpo otras acciones y se relatan episodios diversos que dan al conjunto una amenidad deleitosa. En todo ello juegan hs costumbres con una suerte de realidad asombrosa; en io cual estriba el mayor mrito de la pluma de Villa ver de, en una prosa clara y precisa. La evocacin del barrio del Angel, en la capital de la Isla, escenario de los pasajes ms importantes del drama central de la novela, lo har perdurable en la misma forma en que lo describe el autor, aunque el progreso urbano le haya transformado hoy su fisonoma; tal es el milagro de color y emocin que nace de la hbil paleta de quien fue maestro de 1 a descripcin y del relato. Esas mismas cualidades identifican a Villaverde en El Penitente {cuya publicacin se inici en El Faro Industrial en 1844, y se hizo completa en New York en 188?) y en Dos Amores (18S), las novelas que le siguen en valor a Cecilia Valds; la primera, revive La Habana del siglo xvm; la segunda, la de 1836; una y otra son excelentes fuentes para reconstruir nuestra historia en las respectivas pocas en que la accin se desarrolla. Partiendo de El Penitente y siguiendo la lectura de Cecilia Valds primero, y despus la de Dos Amores puede rehacerse el ambiente histrico cubano, hasta incluir el primer tercio del siglo xix. Asistente asiduo a las tertulias de Del Monte, quien apreci sus dotes naturales, orient sus lecturas y le anim en la eleccin de algunos de sus temas, Villaverde asimil de aquellas reuniones memorables el gran amor a los valores nativos, la gran curiosidad por investigar y tratar todo lo que fuera caracterstico de nuestro suelo, y e fruto de aquella influencia fu su nutrida bibliografa de cuentos, novelas y artculos, inspirados en la historia y en las costumbres de pas. Otros novelistas agrpanse en nuestra historia literaria alrededor de Villaverde, aunque sin sus alientos; cultivan ms bien la novela de cortas dimensiones, el cuento extenso si se quiere. Ramn de Palma {18121860), poeta lrico de fondo triste y melanclico, que public tres tomos de versos, concurrente tambin a las tertulias de Del Monte, escribi preciosos cuentos costumbristas, de los que fueron los mejores: el relato sentimental Una Pascua en San Marcos (enmarcada en la esplndida naturaleza de Artemisa, en 1818) y El Clera en la Habana (tra-

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Historia de la Nacin Cubana 3 62 ma amorosa tejida en torno a la epidemia que arras a La Habana en 1833), ambos publicados en El Album (1838). Otro compaero de Jas tertulias, Jos Antonio Echeverra (1815-1855), de cuna venezolana, como Del Monte, ensayaba la novela histrica con Ant n el li (publicada en La Cartera Cubana f 1839), que gira sobre un rumor que corri acerca de una aventura amorosa que, en el siglo xyi, tuvo en La Habana el protagonista, ingeniero que vino a esta ciudad para fortificar el castillo del Morro; el autor (poeta tambin) era muy inclinado a los estudios histricos, como lo prueban sus biografas publicadas en El Plantel* Otro extranjero, tambin vinculado a Cuba, el colombiano Flix M. Tae o (de quien ya hablamos en el anterior perodo, como poeta 1 i rico) es autor de la nove lita de costumbres Petrona y Rosala (producto de las conversaciones en las tertulias famosas), y que no se public hasta 192 5, en Cuba Contempornea y que al parecer deba formar parte de un libro de novelitas titulado Escenas de la vida privada en la Isla de Cuba y que fu concebido en 1838, ao en que la literatura costumbrista haba ganado el favor del pblico, y en que se editaba la coleccin de escritos de esta ndole, profusamente ilustrada, que lleva por titulo: Paseo pintoresco por la Isla de Cuba Entre aquellos contertulios, el que nos da la nota esclavista ms vibrante es Anselmo Surcz y Romero (1818-1878) con su novela Francisco f escrita entre 1838 y 1839, y publicada en New York en 1880. Ofrcese en ella un cuadro emocionante, vivido, de la tragedia humana sufrida por los negros que en Cuba gemian, vctimas de la onerosa institucin. Narra los desdichados amores de dos esclavos, interferidos por los apetitos carnales del amo y ahogados por la ms cruel impiedad. Minuciosa en la descripcin de las costumbres domsticas y en las peripecias de la vida esclava, la novela de Surcz y Romero, aunque ms cuidada en el estilo, no tiene el vuelo narrativo que caracteriza a Villaverde. Por su acento sentimental y sus escenas transidas de dolor, Francisco se desenvuelve en un ambiente de tristeza y desesperacin muy propio del romanticismo. La noveita Carlota Valds (bello canto doliente a la orfandad) y la Coleccin de Artculos (1859) justifican a buena literatura que hay que reconocer en la pluma del autor, de quien escogi Luz y Caballero estos ltimos, como texto de lectura en su famoso colegio El Salvador. Jos Zacaras Gonzlez del Valle (182018 51) publicaba por aquellos das sus bien escritos cuentos romnticos. Pero el de ms castizo lenguaje, el de estilo cervantino, fu Ramn Pina (1819-1861), que tambin gust asomarse al teatro. Su novela Historia de un bribn dichoso hace correr parejas lo costumbrista y lo psicolgico; y el protagonista es un tipo muy corriente en la sociedad, de los

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LOS ESCRITORES COSTUMBRISTAS 363 que se encumbran, por suertes de una cruel infamia, de la indigencia a la opulencia. Se public esta novela en Madrid, en 18 59, un ao despus de otra que titul Gernimo el honrado de corte anlogo* En 1841 sali de las prensas una novela que cautiv por su argumento y por su colorido: Una Feria de la Caridad de Jos Ramn de Betancourt (1823** 1890), orador y poltico que produjo sensacin en las Cortes espaolas. Dicha novela describe las costumbres camageyanas, en la decada de 1835 a 1845, y por ella se deslizan personajes histricos* Hacia 1865 edit su novela El Fatalista, Esteban Pichardo, de cuya labor didctica y filolgica hicimos mencin en el anterior periodo. Los artculos de costumbres, ms influidos por Mesonero Romanos que por Larra, contaron con un grupo de excelentes cultivadores. Adems de Viaverde y Surez y Romero, sobresalen otros que denotan avisado espritu observador y delicioso gracejo. En primer termino: el patricio camageyano, Gaspar Betancourt Cisneros (1803-1866), que firm con e seudnimo El Lugareo sus Escenas Cotidianas, publicadas primeramente en La Gaceta de Fuerte Prncipe y despus en El Fanal, de 1838 a 1840. La proyeccin que El Lugareo tiene en la historia de Cuba toca a otro lugar de esta obra y a otra pluma explicarla; a nosotros slo nos concierne sealar aqu los valores del escritor, que en sus Escenas, con una prosa de claridad meridiana, de sencillo estilo y agudo ingenio, con oportunas inclusiones folklricas, atac las prcticas inciviles, el atraso, la indolencia y carencia de iniciativa en que se desenvolva la sociedad de su tiempo y de su regin; describi fiestas y diversiones, refiri tradiciones y estimul a sus contemporneos, para que por medio del trabajo levantaran el nivel de la vida cotidiana. I tenista incisivo, se oculta tras e articulista que comenta deficiencias y desvos, pero que apunta remedios, el estadista que haba en l y que se escapaba por sus disquisiciones sobre economa, agricultura, educacin, poltica, sociologa. Ms literarios, si se quiere, fueron otros articulistas del momento: Jos M. de Crdenas (1812-1882), a quien llamaron el Mesonero Romanos cubano y que us el seudnimo Jeremas D ocar ansa. Su Coleccin de Artculos (1847) acusa una prosa atildada y un fondo satrico filosfico, que atraviesa la epidermis de una sociedad tarada por los peores vicios sociales. Sus artculos hicieron tanta fortuna, que se reprodujeron en el extranjero (Rcvue des Deux Mondes, de Pars) y hubo quien afirm que l y Villa verde eran “lo s dos primeros escritores de costumbres de Cuba”. Jos Victoriano Betancourt (1813-1875), poeta festivo, insert en la prensa de Cuba y de Al jico (donde muri) artculos de fina comicidad, de mucha sal, aunque no falta en e! fondo cierta

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364 Historia de la Nacin Cubana melancola que Ies imprimee marcada espiritualidad, Manuel Costales y Gov antes (1815-1866)* autor de una novelita titulada Florentina se distingui por la elegancia y donaire con que describa las costumbres de su tiempo, colaborando en los peridicos ms significados de la capital. Varios de los costumbristas citados, y especialmente Manuel Costales, Jos Victoriano Betancourt y Jos Mara de Crdenas, colaboraron en Los Cubanos pintados por s mismos (Barcelona, 18 52) ilustrada por Patricio de Landaucc y con grabados hechos por Jos Robles, Es obra anloga a Los Espaoles pintados por s mismos s aparecida en Madrid en 1843, Debi constar de dos volmenes, pero slo vio la uz el primero. Por ella desfilan los tipos ms caractersticos de nuestras costumbres de entonces: el lechero, el tabaquero, el vividor, la vieja verde, el picapleitos, el calambuco, el gallero, el gurrupi e amante de ventana, el mataperros, la solterona, el maestro de escuela, el testaferro, la comadre, etc. Persegua esta tipologa poner de relieve nuestra peculiaridad; lo que nos diferenciaba de la propia Metrpoli, como una expresin de los "fenmenos generales de la poblacin y de las costumbres de cada clase”. De otras obras de esta ndole, como Los Habaneros pintados por s mismos no queda rastro, aunque a ella hace referencia Bartolom j. Crespo, en su coleccin de poesas humorsticas: Las Habaneras pintadas por s mismas en miniatura (Habana, 1847). Apunta Aurelio Mitjans (primero que escribi un estudio histrico organizado del proceso literario cubano) que en la dcada de 1830 a 1840, decay el gusto potico, salvo en aquellos poetas de superiores cualidades a que hemos hecho referencia. La verdad es que se produce una poesa desigual, en la que en verdad no predomina el acierto. El grupo de poetas nacidos en 1822, Jos Gonzalo Roldan (que mucre en 1856), Francisco Javier Blanchie (en 1847), Felipe Lpez de Brias (en 18 87) y el puertorriqueo Narciso Fox (en 1883), ofrece altibajos en sus composiciones, como Carlos Val des Navarrete (1837-1893) y Emilio Blanchet (1837-1915); muy fecundo y distinguido en otras disciplinas, como Ramn Zambrana (1817-1866); junto a los de ellos aglpanse multitud de nombres. Frente a esa poesa exterior, sin altos alientos poticos, se alzan algunos poetas de depurado gusto, que cultivan un arte de ms delicada emocin interior y de ms culta expresin, que contrasta por su buen tono con la de dichos lricos, en quienes decae la brillantez que muestran los que mejor representan la primera etapa del Romanticismo. Figura en primer trmino Rafael Mara de Mendve (Habana, 1821 1886), patriota que sufri persecuciones y destierro, fundador del col-

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Rafael M. Mendive y Joaqun L. Luaces 365 gio San Pablo, donde fu maestro muy amado de Mart; fundador de la Revista de la Habana (18 5 3), que tanto contribuy al en cauz amiento de la buena literatura en Cuba* En 1847 public la pequea coleccin de poesas, Pasionarias, y en 1860 a primera edicin de sus Poesas, con prlogo del critico y erudito espaol D. Manuel Caete. En New York se imprimieron, en 1863, las Melodas Irlandesas traducidas de Tilomas Moore, y a las que haba dado lectura en las tertulias que celebraba en su casa y en las que se congregaban los hombres ms representativos de las letras cubanas en aquel momento. Resalta en su poesa la ternura, la delicadeza del pensamiento y el decir impecable; Menendez y Pelayo lo juzgaba como el ms elegante de su hora (7). La naturaleza estimul sus reacciones interiores en poemitas antologeos, como La gofa de roco (exquisita balada de la ms honda y fina espiritualidad). La nota sentimental pura y selecta dio tono a sus versos, y su canto fu tenue y suave; slo ante el tema patritico su lira reson vibrante, como en su elega 27 de Noviembre y en la traduccin de El Pueblo de Vietor Hugo. Mendive colabor en Cuatro Lades (1853 ), coleccin en que figuran, con las suyas, poesas de Ramn Zambrana, Rol dn y Lpez de Brias. Poeta de vasta cultura, de copiosas lecturas, de forma muy trabajada y autor de una obra, tanto lrica como teatral, en que predomina el buen gusto, fu Joaqun Lorenzo Luaces (Habana, 1826-1867), quien se dio a conocer ventajosamente en las tertulias de Felipe Poey, con la lectura de su poesa Rosa, la hija del artesano. Editronse sus Poesas en 18 57. Su inclinacin a la cultura helnica, que estudi con devocin y provecho, tradcese en sus grciles imitaciones de Anacreonte, y en su tragedia Aristodemo (1867), animada de un neoclasicismo medido y excelente. En correccin potica, Luaces aventaja a los ms significados cantores seleccionados por Pieyro, excepto a Avellaneda, con quien — en esto solamente— puede hombrearse. Le falt el vuelo de inspiracin de Heredia, la espontaneidad de Placido y el eco interior de Mendive. No es la ternura, como en este, su mejor acento; se muestra ms afecto al tono grandilocuente, en poesas en que el fondo civil se filtra por el motivo indirecto (La cada de Mholonghi, Canto de Kaiedj A Var savia. Oracin de Matatas, etc.) y en odas de alientos filosficos (La Vida La Muerte El Trabajo ? La Naturaleza, etc.). Ensay el poema extenso, en Cuba, sin feliz resultado; en cambio, acert en los pequeos cuadros plsticos, como La salida del cafetal y La muerte de la bacante. Sobre leyendas de nuestro folklore, escribi en romances sus Tradiciones Cubanas Y en el teatro no se circunscribi al

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566 Historia de la Nacin Cubana citado ensayo neoclsico: de pura cepa romntica son El mendigo rojo y Arturo de Osberg. Este momento dio el mejor de nuestros poetas elegiacos: Juan Clemente Zenea (Bayamo, 1832-Habana, 1871), cuyo patriotismo albore desde temprano en su vida, cosindole destierro y, como desenlace, morir fusilado. Slo una coleccin de sus versos vio a luz en vida del poeta: Cantos de la tarde (1860), Este ttulo bien poda cobijar toda su produccin (a excepcin de a patritica vibrante) porque toda ella est a tono con a melancola del atardecer. Zenea fu periodista (fund la Revista Habanera y fu redactor de La Revolucin, el peridico que diriga Pieyro en New York) y profesor (lo fue del colegio El Salvador), En sus poesas expres con emocin comunicativa sus estados espirituales, sus ntimos dolores, estimulados por el amor y por la patria. La sinceridad dio a las elegas suyas una calidad potica inconfundible; ellas brotan como cantos incontenibles desde lo ms profundo de su tribulacin. Su romance Fidelia (desolador recuerdo del amor extinto) gan el aprecio selectivo de las antologas, por la dulce y natural manera de cantar su tristeza crepuscular, junto a l cabe colocar el manojo que integra el Diario de un mrtir (ttulo dado por Pieyro) y que lo forman diecisis composiciones de dimensiones breves, escritas en la fortaleza de la Cabaa e inspiradas, casi en su totalidad, en a nostalgia de la esposa y de la bija ausentes. De fondo patritico, el poema en cuatro partes En Das de esclavitud > contiene su magnfico Nocturno, que es, con Fidelia el madrigalesco soneto A un lunar y las diecisis composiciones postumas, lo mejor de su Jira, Aunque se ha discutido el patriotismo de Zenea, por la sombra que se proyect sobre su gestin suasoria cerca de Carlos Manuel de Cspedes, aclaraciones posteriores y su propia muerte desvirtan toda sospecha. En su obra lrica no son disimuladas a ratos las influencias de Musset y Lamartine, as como la del poeta italiano Grossi, a quien imit en su conocida cancin A una golondrina Alfredo Torradla (1S45-1879) de quien Marti dijera que "pareca fuerte guila que llevaba en el seno una paloma” produjo una lrica romntica sin extravos; discreto, pero de contagiosa sinceridad; publico dos tomos de poesas, en 1864 y en 1866. Emigrado en Mjico, escribi nuevos poemas, alentados algunos por el ideal separatista. Dirigi la revista Ensayos Literarios (1861). Concurri a las tertulias de Azcrate, donde fu admirado, a la vez que como autor, como recitador. A su muerte, Mart hizo su panegrico, en memorable discurso, en el Liceo de Guanabacoa. Antonio Vinageras (1823-1905) fu poeta de fecunda lira y tambin cultiv el teatro; sin ser muy altas sus cuai-

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Zenea y otros poetas romnticos 3 67 dades, su verso es fcil y de grata sonoridad; en Pars imprimi sus Obras (1855) y despus Ideas (1862)* Otro alto valor elegiaco de nuestro parnaso, constituyelo Luisa Prez de Zafnbrana (1835-1922), cuya poesa desprovista de todo artificio, natural, profundamente sentida, fcil en su expresin, le da jerarqua de primer orden. La delicada ternura que le imprimi le vali el sobrenombre de "Tojosta de Melgarejo” (su lugar natal, Santiago de Cuba). Varona afirm que '"jams la poesa castellana ha encontrado notas ms suaves, ms dulces, ms tiernas para trasladar ios afectos de un alma frvida” (8), El dolor del hogar deshecho por la muerte de sus seres ms queridos, sugiri los motivos de varias de sus mejores elegas (Martirio f Dolor supremo y La vuelta al bosque ) Con razn dijo la Avellaneda, poniendo prlogo a sus Poesas (1860) que '"s hay en la poesa de Luisa esa interesante "sombra de indefinible pesar”, hay ese "virginal misterio” del alma que slo se revela por suspiros melodiosos; hay esa vaguedad de la melancola que seduce y atrae”* Luisa Prez de Zam brama (exceptuada la Avellaneda) es la cumbre de un grupo de poetisas que producen en nuestro romanticismo: Mercedes Valds Mendoza (1820-1896), de ejemplar buen gusto, bien orientada preparacin y marcada originalidad, cuyas poesas fueron coleccionadas en 1854; Luisa Molina (1821-1887), magnfico caso de autoddactismo, cuya buena cosecha potica, cultivada en su apartamiento campesino, donde arrastr miseria y soledad, fu recogida por varios escritores en el Aguinaldo de Luisa Molina (18 56) ; Ursula Cspedes de Escanaverino (18321874), de escogido lenguaje y buena versificacin, muy afn a la tnica potica de Luisa Prez de Zambrana, cuyo volumen de versos Ecos de la Selva (1861) fu prologado por Carlos Manuel de Cspedes; Brgida Agero (1837-1866), prima del mrtir Joaqun Agero, influida, como Ja mayora de las poetisas de este grupo, por las bellezas del campo, que vivieron casi todas desde su infancia; la hermana de Luisa, Julia Prez y Montes de Oca (1839-1875), suave y cadenciosa, esmerada y elegante; y Adelaida del Mrmol, que slo vivi diecisiete anos (18401857), cuyos Ecos de mi arpa ( 1857) descubrieron una sensibilidad finsima y una gracia y belleza poco comunes, que hubieran hecho de ella una de las primeras poetisas de su tiempo* El fabulista de nuestro romanticismo fue Francisco Javier Balmaseda (1823-1907), superior a Plcido y a Jos Mara de Crdenas. Su tomo de Fbulas Morales (1861) es digno de nota por su originalidad, ya que estn bien alejadas de los consabidos modelos, desde Esopo, a los que tanto saquearon por lo regular los fabulistas* Lo claro y fcil de la exposicin, tanto del relato como de la moraleja, las hicieron populares

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Historia de la Nacin Cubana 3 68 en su tiempo* Estas fbulas de Balmaseda contribuyeron con sus enseanzas a orientar la conciencia cubana, pues en el fondo de todas ellas haba la obra de un pensador, que en esta forma amena lleg al corazn de la juventud de su tiempo* As sirvi doblemente a su patria, ya que coadyuv con fervor y decisin a la causa de a independencia* Sus vastos conocimientos, su nutrida cultura la puso a contribucin (en obras diversas) de los intereses econmicos y agrcolas de Cuba; pero principalmente con sus fbulas le prest a sta su mejor servicio, ya que ellas corrieron por los colegios de su poca y dieron su jugo a la gran generacin del 68* La poesa patritica que desde Heredia representa una de las manifestaciones ms peculiares de nuestra literatura, fu en el Romanticismo un factor muy eficaz en la preparacin de la conciencia separatista, tanto en los movimientos precursores como en el que origin la Guerra Grande* En algunos de los poetas estudiados hemos anotado su contribucin a ella* Algunos, como Mendive y Zenca, directamente; otros, como Ltiaces, simblicamente* En 185 8 fu editado en New York un tontito en que estn recopiladas las ms ardientes poesas patriticas de los poetas revolucionarios; se titula El Lad del Des errado, y tuvo una significacin extraordinaria, pues fu como "una especie de catecismo patritico, en a Universidad y en los colegios cubanos”, como dijera Raimundo Cabrera (Sacando hilas)* Los ejemplares llegados a Cuba corran rpidamente entre profesores y alumnos, que lean su contenido reiteradas veces, como si aquella fuera la biblia del movimiento* Contena el tomito poesas de Heredia y de Zenea (de quienes ya hemos tratado); y de otros bardos que no basta recordar slo por su poesa patritica, sino por haber sido tambin cultivadores inspirados de otros tenas; tales son: Leopoldo Tur la (1818-1877), hermano de Angel (ya citado), cuyo mejor saldo est precisamente en la poesa patritica, por su entusiasmo, tono y fluidez (Perseverancia, Narciso Lpez, Degradacin etc*), ya que Rfagas del Trpico (1842) no contiene apenas algo que haga recordarlo. Miguel Teurbe Toln ( 18201857), de amplia cultura, que fu quien dibuj ia bandera ideada por el hroe de Crdenas y cultiv gneros diversos adems de la poesa (teatro, no vea, periodismo) y se dedic al profesorado; sus cantos patriticos revean energa en el acento, rencor persistente al dspota, ardor comunicativo (El Pobre desterrado Himno de guerra cubano Mi propsito, En la muerte de Trinidad Roa, etc.); en genera! fu un poeta sentimental, que escribi mucho, contenido en sus libros: Preludios (1841), Luz y sombra y Leyendas cubanas ( 1856), Flores y espinas (1 857). Pedro Angel Castelln (1820-1856), modesto, casi ignorado,

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Poesa patritica. El ciboneyismo 3 69 es cJ ms bien dotado como poeta, y produjo versos que quedarn por su buen gusto, elegancia, correccin y sinceridad: la elega A Cuba los sonetos A los mrtires de Trinidad y Ca maguey y En la muerte de Julio Chassagne* Pedro SantaciUa (1826-1910), el de ms slida cultura y tambin el de tono ms agresivo (A Espaa) ; fue un trabajador infatigable, por el ideal de independencia, en Estados Unidos y en Mjico (en este ltimo pas fue secretario y yerno de Jurez), y en su tomo de versos, El Arpa del proscripto > revela su aliento lrico, su musa culta y su ternura, cuando no era el motivo de la patria el que haca vibrar el cordaje de su lira. Jos Agustn Quintero (1829-1885), tan estimado por Emerson y Longfcllow, cincel la forma y produjo bellas sonoridades no exentas de meduloso fondo; Poesa y bajo la tirana ; ¡Adelante! A Mm Lydia lobhins, El Banquete del destierro etc. A excepcin de Teurbe Toln, todos murieron en el destierro. El propio Zenea puede decirse que muri accidentalmente en La Habana, por haber sido hecho prisionero cuando, saliendo del campamento de Cspedes, volva al exilio. Un tipo de poesa, cuya finalidad es patritica en el fondo, da motivo a otra modalidad en ia lrica romntica: el ciboneyismo. Se inspira en leyendas y tipos aborgenes, elemento con que en nuestra literatura se sustituy lo rabe que matiza la poesa zorrillesca. Se intentaba, a travs de las angustias y persecuciones de que eran vctimas los indgenas, cantar indirectamente el dolor de !a patria. Lo forzado del propsito, la misma singularidad del tema, no eran propicios al buen gusto potico; as esta tendencia perdura ms por su valor histrico que por su valor esttico. Inspirador y fecundo cultivador de ella fu Jos Fornaris (1827-1890), cantor de lo anecdtico, muy frondoso y poco selecto; aunque poseedor de extensa cultura (patentizada en sus actividades profesorales y en sus libros didcticos, as como en muchos de sus propios versos), se inclino ms ai tono popular, acaso impulsado por su patriotismo, que le aconsej mejor este camino, para llegar a todos, como crea necesario. Con J. S. Len orden y public la til antologa Cuba Potica que hicieron acompaar de notas y juicios. En este periodo escribe sus diversas colecciones de versos, aunque las publica todas juntas, bajo el ttulo de Poesas, en 18 88: Cantos patriticos (donde est su bien lograda oda Al General Serrano con motivo de la muerte de Luz y Caballero), Cautos sociales, El libro de los amores El arpa del bogar y Tropicales, donde estn los Cantos del S iboney, que aparecieron en 1855. La poesa de Fornaris es la genuina poesa "tropicalista”; era muy fcil en la rima, y desbordaba un franco sentimiento cordial. Las evocaciones de Hatuey, del cacique de Abaguanes, de Dorcya, de Naraya, etc., le dieron gran popularidad, y ios Cantos del Siboney tuvieron

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370 Historia de la Nacin Cubana cinco ediciones sucesivas* ya que en ellos* como dijo aos despus el propio Fornaris (explicando la razn de esta poesa), se vea "un smbolo, en el que los indios siboneyes representaban a los cubanos oprimidos, y los indios caribes, a los injustos opresores*Â’. A l se debi la letra de la cancin ms famosa de toda la poca revolucionaria: La Ray amesa f a la que pusieron msica Carlos Manuel de Cspedes (que tambin era poeta) y Francisco Castillo Moreno, estrenndose en una serenata, en una noche de marzo de 185 L La influencia de Fornaris fu grande* Siguiendo sus pasos escribi e ya citado Francisco de Paula Orgaz el tomo Las Tropicales (18 59), en que canta costumbres y leyendas de los ciboneyes* El ms importante de todos es Juan Cristbal aples Fajardo ( 1829-1862), ms conocido por su seudnimo El Cucalamb quien poseyendo una vasta cultura humanstica prefiri el sentido popular, como Fornaris, aunque produciendo una poesa ms fresca, ms pura en su intimidad, de ms puro sabor campesino, porque vivi muy compenetrado con la vida rural* Su libro Rumores del Hormigo (1856) es lo ms legtimo y decoroso que tiene a gen nina poesa popular cubana, sentida y expresada por un poeta culto que no quiso robarle su candor. Cant en dcimas las desdichas de Hatuey, del cacique de Maniabn, de Guarira, etc,; y con un ritmo delicioso y una sencillez cautivadora, dijo, como el mejor de nuestros juglares campesinos: Mi guajira La riberea del Hr?mgo i Adis a mis lares etc* El Cucdamb es adems imprescindible para penetrar el corazn de la poesa rural cubana y de la poesa popular en genera!, brotando de ella un bucolsmo encantador, cantado como vivido*

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Captulo II EL TEATRO ROMANTICO, LA POLEMICA FILOSOFICA. LOS PROSISTAS. LA "REVISTA DE LA HABANA”, "EL SIGLO” Y OTRAS PUBLICACIONES N ukca ha tenido el teatro en Cuba la fortuna que ha mostrado en otros gneros literarios. Durante el perodo romntico, la aportacin es pobre, s exceptuamos algunos casos espordicos, como el de la Avellaneda, difcil de superar an en otras literaturas; el de Miln s y Luaces, con algunas obras apreciables, debidas ms a las cualidades de excelentes poetas que hubo en ellos, que a su pericia en las peculiaridades tan exclusivas del arte escnico, lo cual no sucede en !a autora de Baltasar en quien coinciden ambas caractersticas y en alto grado. Accidentalmente tambin, escribieron para el teatro en este perodo algunos de los poetas y prosistas citados, que se consagraron ms y con mejor xito a otros gneros: Ramn de Palma, por ejemplo, produjo La prueba del cruzado que data de 1837; Jos Victoriano Bctancourt y Miguel Teurbe Toln, en 1847 escriben en Matanzas Las apariencias engaan y Una noticia, respectivamente; Ramn Pina: iVo quiero ser conde ( 1838) y Las equivocaciones y Dios los junta y ellos se estorban (ambas en 134S); en este mismo ao, Jos Mara de Crdenas: Un to sordo ; Juan Cristbal aples Fajardo (El Cttcalamh) : Consecuencias de una falta ( 1 8 5 5> ) ; Jos Fornaris: La Hija del pueblo (1865) y Amor y sacrificio (1866); y tambin en este ltimo ao: Emilio Blanchet: El Anillo de Isabel Tndor, y otras posteriormente. Oportunamente sealamos el ao 183 8 como el que marca la insinuacin romntica en Cuba, e hicimos alusin a la representacin de El Conde Alarcos, de Mlans* Ahora debemos agregar la de un dramaturgo vizcano, que vivi algn tiempo en Cuba: Jos Mara Andueza (n. 1809), que estren su tragedia romntica Guillermo, cuya accin se desarrolla en Catalua, en el siglo xn y que en su asunto novelesco denota mrito imaginativo. Aunque se advierte la influencia de los dramas de D unas y de Vctor Hugo, conjuga el conflicto de pasio-

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372 Historia d la Nacin Cubana nes, a la manera de Garca Gutirrez y Hartzenbuseh, Fu autor de otras obras dramticas: Mara de Padilla y Blanca de Navarra. Por l sabemos de las peripecias que sufri la representacin de un drama del dominicano Francisco Javier Fox ( 18 16-1895 ), hermano de Narciso (a quien ya nos hemos referido). Fu en el teatro "Tacn", de La Habana, el ao 1840, y se titula Don Pedro de Castilla, en quien quiso descubrir la suspicacia espaola un ataque a la dignidad real, promovindose fuerte escndalo y ordenndose que no fuera de nuevo llevado a la escena. Segn e testimonio de Andueza (9), hubo hasta quien muri a consecuencia de los golpes recibidos en la gran trifulca que se suscit en el coliseo. Dicho drama de Fox tiene una importancia que es preciso subrayar: fu escrito en 1836; por tanto, anterior a otras manifestaciones de esta ndole en la Amrica. Max Henrquez Urea afirma que fu Fox "quien llev en Cuba el romanticismo a la escena y uno de los primeros que cultivaron e teatro romntico en lengua espaola*Â’; y para respaldar esta afirmacin, hace el cmputo de fechas con respecto a los dramas de Martnez de la Rosa, Duque de Rivas, Garca Gutirrez y Hartzenbuseh, en Espaa (10), La censura por esta poca era muy rigurosa, y a menudo prohiba la representacin de obras de autores cubanos, como la propia Avellaneda, Milans, Nicols de Crdenas, etc. Los temas, en general, eran de carcter histrico; pero no sobre nuestro pasado, sino de la historia espaola o, por lo menos, europea. Raro era hallar una obra como Venganza contra venganza, de Fernando Urzis, referente a la presencia del pirata Morgan en nuestras costas. Eran dramas sentimentaloides en su mayora, cargados de pual y de veneno, muy a tono con el romanticismo truculento de procedimientos extravagantes. Algunos fueron muy fecundos, como Ramn Francisco Valds, autor de El Doncel (1838), Cora (1839), Leonor o El Pirata (1841), Ivanhoe (1842), Doa Sol (1852) y muchos ms; Antonio Solrzano y Correoso, que dej dos volmenes de poesas lricas y fue an ms prolfico que Valds en el teatro: El Conde D Enrique (1847), IX Fernando en el siglo XIV (1848), El Triunfo de la virtud (1857), El sacrificio y la vctima ( 18 58 ), Esposa, virgen y mrtir ( 1859), El Duque de Clermont (1860), etc. Otros, apenas dieron algn que otro drama: Nicols Pimentel: Ins o Las Cruzadas (1839), Juan Miguel de Losada: La sacerdotisa del sol ( 1838), el mejicano Francisco Gavito: Gonzalo de Crdoba (1839), Jos F, Broche: El bandido (1840), Mendoza (1841), El Juglar (1842); y algunos prefirieron la comedia, como Federico Mians (hermano de Jacinto), que escribi varias: Un baile de ponina ( 1 840) La visita del marqus (1861), Mercedes (1867), etc. y Jos de Poo: Casarse con la familia (1864), Tambin el proverbio

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LOS DRAMAS ROMNTICOS* El TEATRO BUFO 373 tuvo sus cultivadores: Isaac Carrillo OTarrill, de buen saldo como lrico y de ejemplar ejecutoria patritica* e Ignacio Miranda, No falt la comedia satrica, contra el propio romanticismo, como La Komaniicoma na (1838), de Andrs Lpez Consuegra; y el drama neoclsico, pues adems del citado Arhtodemo de Luaces (de tan innegables valores literarios), produjo Juan Francisco Manzano (de quien ya hemos hablado en estas reseas histricas de las letras cubanas) Zafira, de escassimo mrito* Alfredo Torroella escribi dramas, comedias y proverbios* Su primera obra teatral fue el drama Amor y pobreza (1864), que al igual que Careta sobre careta (1866) fue estrenado en el teatro Tacn; el drama Laurel y oro se estren en el teatro Albisu en 1867; los bufos representaron, en 1868, sus sainetes El Ensayo de Don Juan Tenorio y Un Minu En el exilio estren otras obras teatrales, segn consignaremos oportunamente. El teatro genuinamente cubano hay que buscarlo en el gnero bufo, en el que se continuaba la tradicin de Covarrubias, y se satirizaban con gracejo y chispa las costumbres cubanas de la poca, en movidos sainetes, que a veces eran harto mordaces* Tambin los saineteros satirizaron las extravagancias romnticas; y el ms inclinado a ello fu el gallego Bartolom Jos Crespo (1811-1871), que us el seudnimo Creto Ganga; hombre de amplia cultura, que curs estudios en el Seminario de San Carlos y en la Universidad de La Habana, colaborando en los mejores peridicos de la capital. Llev a sus sainetes el tipo del negro "bozal 1 ", razn por la cual salpicaba mucho sus dilogos con palabras pertenecientes a dialectos africanos: Un ajiaco (1847), Debajo del tamarindo (1864), En ingeniosos pasos cmicos, hizo festivas instantneas de su tiempo: El chasco (1838), Los apuros de Covarrubias, etc. Otro de los saineteros ms notables de entonces fu Jos Agustn Milln, habanero, tambin muy culto, que hizo correctas traducciones del francs, que insert en su Miscelnea dramtica y crtica (1848)* Escribi una considerable cantidad de sainetes; fu sin duda el ms fecundo de todos, refirindose siempre a motivos de actualidad, por o que, dada su gracia espontnea y aguda, haca las delicias de pblico que lo prefiri siempre* Las costumbres tuvieron un cauterio en sus sainetes: Un velorio en Jess Mara El novio de mi mujer Apuros del carnaval Un concurso de acreedores E mdico lo manda etc*, ponan al desnudo errores y vicios, y al propio tiempo que provocaba incontenible hilaridad, aleccionaba* Francisco Fernndez trat tambin el tema de los negros; pero en vez dei bozah>, como Crespo, escogi el refitolero, creando el tipo del "negro catedrtico**, que hizo tanta fortuna en el gusto

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374 Historia de la Nacin Cubana popular. Hacia 1868 fue el sainetero de moda: Los negros catedrticos (que escribi en varias partes, y la ltima en colaboracin con Pedro Nstor Pequeo) El bautizo El Avaro, etc. E matancero Rafael Otero fue de los que tambin gan justa simpata en el pblico, por su comicidad fina, separndose siempre de lo grotesco: Un novio para la nia El c o burgo, Un bobo del da, etc, A veces abord con buen xito la comedia de mayores proporciones: Quien tiene tienda, que atienda Iniciase en 1838 (ao, como hemos visto, tan significativo en la historia de las letras cubanas) una serie de discusiones pblicas sobre problemas fundamentales de la Filosofa; es lo que en la historia del pensamiento cubano se distingue con el nombre de Polmica Filosfica; y cuyo curso explica el estado de las ideas en Cuba, en torno a las cuestiones esenciales de la metafsica, del mtodo para el estudio de las ciencias del entendimiento, del alcance de la moral y del espritu religioso. Figura central de la Polmica es IX Jos de la Luz y Caballero (Habana, 1800-1 862) f uno de los ms eminentes maestros de la cultura cubaa, educador que forj la generacin del 68 y alto espcimen humano, que hizo objetiva en s mismo su propia sentencia: '"Ensear puede cualquiera; educar, slo el que sea un evangelio vivo”; y lo fu l a travs de una biografia colmada de incidentes que proclaman su integridad de carcter, su amor a la patria, a la verdad, a la justicia y al bien. Discpulo y profesor del Seminario de San Carlos, maestro del colegio San Cristbal y fundador del ms famoso colegio de nuestra historia educativa, El Salvador (1848), cuya influencia en la conciencia cubana fu intensa y decisiva (lo cual se estudia en otra parte de esta obra), desempe tambin la ctedra de Filosofa, que tuvo por sede el convento de San Francisco, de La Habana. La Polmica se extiende durante dos aos y se ventila en peridicos de la Isla, lo Cual entraa un hecho inslito, ya que es significativo y excepcional que cuestiones que caen de lleno en la especulacin filosfica y que es de suponer que no son de dominio de la mayora, del tipo medio de lectores, merezca la atencin de las planas de los diarios, dedicadas ms bien a problemas e informaciones de actualidad; y mucho ms no tratndose de algunos artculos que, en poco tiempo, lograran fijar la posicin y el criterio de sus autores, sino de gran nmero que ocuparan por aos el espacio hurtado a otros temas ms al alcance general; y que ha dado material para varios volmenes, al recogerla y publicarla recientemente (desde 1946) la Biblioteca de Autores Cubanos editada por la Universidad de La Habana, En ella puso de manifiesto Luz y Caballero su pensamiento filosfico, su erudicin en estas

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Luz Caballejo y la Polmica Filosfica 375 cuestiones* su preocupacin por la proyeccin de las ideas en la orientacin pblica cubana* y su visin amplia y lejana* que le llev a afirmaciones, que tal vez pudieran ser consideradas como antecedentes en algunas directrices posteriores, adoptadas por el pensamiento filosfico europeo (II), El Diario de la Habana el Noticioso y Lucero de la Habana y El Plantel en la capital, y La Aurora de Matanzas, la Gaceta de Puerto Prncipe y otros peridicos del interior, fueron tribunas desde las cuales se libr la batalla dialctica. A la vez que Luz, participaron; Domingo del Monte, el Pbro, Francisco Ruiz, Manuel y Zacaras Gonzlez del V alie (T ulio El Eclctico y Otro) Bachiller y Morales, El Lugareo Flix M, Tanco, Manuel Costales y otros que, solamente por esta circunstancia, se salvaron del annimo, como Jos Toms de la Victoria, Domingo Len Mora, Juan Francisco Funes, Vicente A. de Castro, Nicols Pardo Pimentel, Elias Ragnaut y los que firmaron con los seudnimos Kumilio, Dmine y El Adicto quienes han sido identificados respectivamente como el Ledo. Manuel Castellanos Mojarrieta, licenciado Miguel Storch y Manuel Aguirre y Alentado. El Experimen t alista, Ayrelto, El Bayams, Sarmiento, El Trinitario Un Discpulo de Consn Un Ciudadano del Mundo fueron seudnimos tambin empicados por varios participantes. Luz us por su parte los seudnimos FairPlay (Jugar-Limpio) Eilozeles, Un Amante de la Verdad El Amigo de la Juventud, El Centinela, Vlete Ya Luz haba sostenido, desde 1832, una polmica en relacin con sistemas de enseanza aplicadas en e colegio San Cristbal, en la que expres su conviccin de que el estudio de las ciencias naturales es lo que ms contribuye en el alumno a educar la inteligencia en los hbitos de observacin e investigacin. De entonces las revelaciones pblicas de la postura de Luz en favor de mtodo experimental, la cual postura explcala y reafrmala en toda su extensin, en la fase de la Polmica que se ha denominado "Cuestin de Mtodo”, que sostuvo contra R.U-* milio, Dmine y El Adicto; y que parte de la refutacin que hizo el primero, de los fundamentos expuestos por Luz, en el Elenco para los exmenes del colegio San Cristbal Para el pensador habanero, el conocimiento de la Fsica debe preceder al de la Lgica, porque "empezar por la fsica o las ciencias naturales es empezar por el principio: el hombre naturalmente se siente arrebatado a la contemplacin de los objetos externos, por el sinnmero de sensaciones con que ellos asaltan todos los sentidos: as forzosamente ha de ser naturalista antes que idelogo. Primero ha de empezar por lo de fuera que por lo de dentro* "Bueno es consignar cmo Luz deslind las ciencias fsico-naturales de las especulativas o intelectuales (las que denominamos ciencias del espritu o de

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37 6 HrsTOiuA de la Nacin Cubana la cultura) y que sostuvo que aqullas deben preceder a stas, para ir lgicamente de lo conocido a lo desconocido; de lo que constituye la fenomenologa del universo al mundo de la inteligencia humana; imprimindole al estudio de unas y de otras un carcter experimental” (12). Sus contrincantes sostenan la necesidad de anteponer el estudio de las ciencias especulativas a las naturales. Esta polmica se extiende, desde mayo de 183 3, hasta octubre de 1839, con sus intermitencias. Enlzase con la polmica sobre el Mtodo, la que iniciaron en agosto de 1838, Manuel Costales y Jos Zacaras Gonzlez del Valle (182018 51) sobre la Ideologa, interviniendo Luz, y que dur hasta septiembre de dicho ao. Apoy ste a Costales y abord con precisin el problema de origen de las ideas, estimndolas como el resultado del ejercicio de las facultades intelectuales, que se forman en el alma; y convino en que, debiendo conocerse primeramente las ideas que primero se adquieren, para "seguir el desarrollo gradual de las otras ideas (posteriores) para tener un conocimiento completo y exacto de ellas”, el estudio de la ideologa es necesario para el de la literatura, como entenda Costales y negaba Gonzlez del Valle. A fines de 1838 se produjo la polmica que provoc Domingo de Monte con su artculo Moral Religiosa, y que tanto afect a la honda amistad que estos dos proceres de la patria y de la cultura se profesaban. Del Monte aboga por el esplritualismo puro y ataca la postura sensualista que defiende Luz, La intervencin de Tanco en favor de Del Monte agri la discusin. Luz rechaz la calificacin de materialista que se le dio a !a doctrina de la sensacin y de "veneno que corroe a la sociedad en sus primeros fundamentos”; y neg asimismo que la cuestin religiosa fuera una consecuencia de la cuestin metafsica, reafirmndose en el criterio de que la religin no peligra porque se defienda (como lo hace) que la fuente de todo conocimiento radica en la razn y la experiencia. En 1839 se suscit la controversia entre el Pbro, Francisco Ruz (1817-1858), uno de los ms altos valores de la erudicin filosfica del pasado siglo, y Manuel Gonzlez del Valle (1802-1882), profesor de la Universidad y director del Colegio Cubano, y (como su hermano Zacaras) tambin representante muy distinguido de los estudios filosficos. Luz intervino como mero aludido ms bien, aunque inclinndose al criterio de Ruiz (frente al de los hermanos de! Valle) que ya i haba aplicado en el colegio San Cris bal, basndose para aceptar su bondad en que "la ley del deber, lejos de oponerse al principio de la mayor utilidad, encuentra en ste su ms firme apoyo. La una es el precepto, el otro es la teora”. De 1839 a 1840 se desarroll la ms importante de esta serie de polmicas: la que sostuvieron Luz y los Gonzlez del Valle sobre el eclec^

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Las Ideas de Luz. Los V Afojusmos” 377 t icismo, defendido por stos e impugnado por Luz, que se mostraba partidario del pensamiento de Locke, y que al final recogi sus ideas en la obra inconclusa Impugnacin al examen de Consta (1840). Justifica Luz el mtodo inductivo y rechaza el aprioristico; no acepta otro camino que el que propicia la armonizacin de lo racional con lo experimental; por eso es partidario del pensamiento de Loche, porque "cierra las puertas a toda tentativa oncolgica; pero las abre de par en par a todo medio legtimo de investigacin”. Fu un convencido de que no hay incompatibilidad entre lo cientfico y lo met afsico* Medardo Vitier comenta; "NI Dios se salva del relativismo y de la condicin inductiva que atribuye Jos de la Luz al espritu humano. No derivaba el concepto de Dios de la pura razn. Llegaba a l no por intuicin, sino mediante las realidades universales. No exceptuaba a Dios del mtodo inductivo. Sin embargo, estaba tan convencido, como San Pablo, de que "en el vivimos y nos movemos y somos”. "Ms todava; senta a Dios en la tribulacin y llega a decir que la saborea.” {13). Es en esta polmica (complemento luminoso de la sostenida sobre el mtodo) en que se pone de relieve, en su ms largo alcance, el pensamiento filosfico de Luz, que gracias a estas discusiones llega a nosotros en su innegable importancia, ya que el maestro insigne de San Cristbal San Francisco y El Salt ador no dej una obra orgnica que permita conocer ordenadamente sus ideas. Atac el eclecticismo, porque lo consider inclusive de gran peligrosidad poltica, ya que, abundando en sus conclusiones, hay que aceptar las cosas como son y el mundo no puede ser mejor de lo que es, lo que supone un estancamiento para el progreso y una aceptacin tcita, a la vez, de la situacin cubana, que los patriotas como l aspiraban precisamente a superar. Sus Aforismos (publicados en parte por Enrique Pieyro, en la Revista de! Pueblo y en la Revista Habanera > y ltimamente por Sa Universidad de La Habana), que es lo que ms lia trascendido, manifiestan ms bien al pensador que se coloca al margen de lo acadmico, que se incorpora al saber popular, reafirmando en ellos su filiacin hacia lo experimental, hacia lo emprico. Son sentencias de claro fondo y expresin sencilla y clara, que utilizando el zumo de la propia experiencia, van enderezadas a orientar al hombre en sus acciones para con los dems y en su ntima moral. Ei pensamiento de Luz (que mucho nos interesa por lo que significa en la formacin de la conciencia nacional) nos lo ofrece muy lejos del pirronismo sistemtico, y a la vez contrario a todo lo que no sea producto del anlisis racional, incluso lo absoluto. Su positivismo es muy particular, pues, aun con ribetes msticos, fu amante de la prueba y asever, no obstante, que "las ciencias son los T. IV.

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378 Historia de ea Nacin Cubana ros que nos llevan al mar insondable de la divinidad” Se pronuncia en contra de Jos que pretenden excluir ios resortes morales que influyen en el corazn humano y que niegan en l las fuentes del sentimiento y de la poesa, "Positivismo (asegura) no quiere decir ms que rigor en la demostracin, quedndose en la esfera de conjetura lo que no estuviere debidamente patentizado, por plausible que sea a nuestra razn y halageo a nuestras pasiones Y si no, no hay ciencia, sino delirio y hasta error funesto.” La metafsica, o ms bien sus problemas, estn condicionados por el a la investigacin; y la lgica (a la que denomina "teora de teoras”) ha de ser prctica, ms bien que natural, porque no la considera como resultado exclusivo de las facultades mentales, sino de a experiencia, por lo que debe preceder a su conocimiento el de las ciencias naturales* La personalidad de Luz y Caballero (Don Pepe en su proyeccin magisterial) acusa uno de los ms vigorosos talentos y de las ms amplias y slidas culturas de la prosa cubana* En contacto con otros pases (Estados Unidos, Francia, Italia, Inglaterra, Blgica, Holanda, Alemania, Suiza) a los que visit detenidamente, cultiv el trato directo de grandes hombres de su poca, en ramos distintos: Water Scott, Cuvier, Mtchclct, Rosmini, Longfellow, Mezzophanti, Ticknor, Humboldt, etctera; dominaba varias lenguas y estaba familiarizado con el espritu humanstico, con sus instrumentos filolgicos y sus grandes representativos* Adems de sus escritos filosficos y pedaggicos, dio pruebas de sus dotes literarias en varios discursos panegricos y en eruditos y bien meditados estudios sobre la novela, a Condesa de Merln, los valores de Walter Scott, etc*; asi como en magnficas traducciones: el Viaje a Sitia, de Volney, y la Vida de Schillcr publicada en un peridico de Leipzig* Su bibliografa general es extensa; y por dondequiera que pas (Sociedad Patritica, instituciones docentes, etc) dej marcada muy profundamente su huella, con ideas personales y trascendentes, y con actitudes que aleccionan* La otra gran figura de este perodo, en lo patritico y en lo literario, es Jos Antonio Saco (Bayamo, 1797-BarceIona, 1879), uno de los ms claros estadistas de nuestra historia y de los escritores de ms pura prosa. Rebelde, aunque no estridente, admira por su firmeza y por el raciocinio con que supo acompaar cuantas posturas tom frente a las realidades que impugn. Discpulo de Yarda, lo sustituy (cuando ste march a la Metrpoli, elegido Diputado a Cortes) en la ctedra de Filosofa; fund con V arel a, en New York, El Mema j ero Semanal y dirigi en La Habana la Revista. Bimestre Cubana, de la Sociedad Patritica, de la que fu uno de sus miembros ms distinguidos, y en el seno

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Proyecciones de la obra de Saco 3 79 de la cual promovi Saco el resonante incidente de separar la Comisin de Literatura* para fundar la Academia Cubana de Literatura; el cual adopt un matiz poltico, pues los enemigos del proyecto vean en l un pretexto para asociarse los desafectos al rgimen, a lo que es induca la conducta de sus defensores, que eran (adems de Saco) Del Monte, Luz y Caballero, Poey, Escovedo, Nicols de Crdenas, etc*; todos de bien sincera cubana* Sus resultados fueron el destierro de Saco, que haba escrito ios vibrantes pronunciamientos en Justa Defensa de la Academia, y en cuyos conceptos se bas Tacn para confinarlo en c interior de la Isla (en Trinidad), de donde se alej de Cuba (1834), no regresando hasta 1861; pero emigrando de nuevo para no retornar ms, aunque sin dejar de preocuparse incesantemente por los problemas cubanos, desde Londres, Pars o Madrid, ciudades en que estuvo instalado, hasta morir en Barcelona, Muy atinadamente ha destacado Chacn y Calvo tres notas distintivas en la produccin de Saco: e enciclopedismo, la especial iz acin y el criticismo (14). Hijos del espritu enciclopedista son ios Papeles; del de especalizacin. La Historia de la Esclavitud ; y en todos, como tnica dominante, se acenta el sentido crtico, al que se debi el gran polemista que fue* Profundamente analtico, todo lo someti al estudio minucioso que le permita la universalidad de su slida cultura, y sus convicciones, que fueron recias y estables, nacieron a travs de un proceso de razonamiento, al que acompa siempre, como respaldo, la erudicin; y como nacieron, las trasmiti a los dems: con la razn por vehculo principal* El conjunto de su obra acusa un incesante desvelo por los destinos de Cuba, y toda ella puede sealarse como uno de los ms fuertes y fecundos cimientos sobre los cuales se levanta la nacin alidad cubana. Fue Saco, en este aspecto, un verdadero fundador; en sus escritos estn los estratos de la conciencia cvica de nuestro pueblo y se animan elementos bsicos de nuestra cultura* La entereza de su carcter est vaciada en la entereza de sus ideas* Anhel la felicidad de Cuba por un camino evolutivo y no por la revolucin; de ah sus planes reformistas y no separatistas; pero la meta de su ideal era la independencia, tras la debida madurez, no slo de nuestro propio pueblo, sino de las posibilidades* Analtico como era, no quiso lanzar a su pueblo a la aventura, sino conseguir gradualmente las ventajas que en definitiva lo separarn de la Metrpoli* Por eso tambin fue antianexionista, porque estimaba ms difcil, al final, la emancipacin de los Estados Unidos que de Espaa* La pasin lo tach de afecto a Espaa; y l mismo redactaba as su epitafio, contestndole a los anexionistas:

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3 ao Historia de la Nacin Cubana “Aqu yace Jos Antonio S ac* que no fue anexionista porque fue mas cubano que todos los ancxionista$ \ Su pensamiento poltico lo revela como paladn del reformismo, y basa ste en la rectificacin de todas las injusticias sociales; la esclavitud, en primer trmino. El vigor y la trascendencia de ese pensamiento, o expres Saco en una prosa viril, pulcra, de estirpe clsica, cargada de raciocinios y exenta de exaltaciones imaginativas, aunque no de emocin; pero de una emocin serena y reflexiva. De 1837 a 1845, visitando archivos y bibliotecas de algunas importantes ciudades europeas, prepar Saco su monumental Historia de la Esclavitud que comenz a redactar en Pars en 1845; pero que no fue publicada, en definitiva, hasta 1875, ao en que se public el primer tomo en Barcelona, El proceso de publicacin sigui hasta 1879, editndose el ltimo de los cuatro tomos que vieron la luz en vida de Saco, tambin en la citada ciudad; pero el segundo y el tercero, en Pars. Otros dos fueron dados a a estampa por Vidal Morales y Morales, en La Habana (1883-1892); y el ltimo de ellos haba quedado inconcluso. Estudia Saco ia evolucin de esta institucin onerosa, remontndose al Egipto de Menes, aunque opina que el verdadero principio est en el Gnesis, pues estima que responde ai sentimiento innato de los hombres de ejercer poder sobre sus semejantes y procurar que sobre stos caiga todo el peso de los trabajos materiales* Los tres primeros tomos abarcan e! panorama de la esclavitud en el mundo antiguo y en la Europa de los tiempos medios y modernos; los restantes se contraen al Ncyo Mundo. Esta obra de Saco no ha sido superada ni en su erudicin, ni en su amplitud ni en las virtudes de su estilo. En Pars se public, entre 1858 y 18 59, la Coleccin de Papeles cientficos, histricos, polticos y de otros ramos de la Isla de Cuba, en la que figuran trabajos que ya Haban sido publicados, y otros completamente inditos* Consta de tres tomos, y dada la diversidad de materias que abarcan los ensayos que contienen (porque son verdaderos ensayos de ndole poltica, econmica, sociolgica, etc*, en que se manifiestan las dotes superiores del estadista) se aprecia en ellos la universalidad de los valores intelectuales de Saco. En el primero sobresalen: la Memoria sobre caminos en la Isla de Cuba, en que estudia las causas de la descomposicin de las vas comunicativas, y expone el modo de construirlas y de conservarlas despus, para evitar los males sociales y econmicos que acarrea su ausencia; la Memoria sobre la vagancia en la Isla de Cuba (el ms importante de todos, a nuestro juicio), en que seala la gnesis de la desocupacin: la negligencia gubernativa, que da alas al juego, que es germen de los peores vicios; los cafs, como gua-

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Los "Papeles*'. Bachiller y otros historiadores 581 ridas de vagos perniciosos; la existencia de vallas de gallos y de billares, en que se distrae la obligacin durante horas del da; la cantidad considerable de das festivos que hay en el ao; y tambin la falta de buenos caminos, las deficiencias en los sistemas educativos y el corto numero de carreras y de oficios lucrativos. La polmica con Ramn la Sagra (a que hemos aludido en otro perodo de esta historia) sobre las poesas de Heredia, figura en este tomo, brindndole ocasin para demostrar su sensibilidad fina y su enrgica postura en el debate. En el segundo tomo descuella su magnfico alegato en pro de La supresin del trfico de esclavos africanos en la Isla de Cuba > en que se propone no solamente contribuir a la abolicin de la esclavitud, sino probar que la supresin del trfico de negros no poda atrasar ni arruinar a la agricultura cubana; es uno de los ms importantes ensayos brotados de su pluma, y que ms contribuyeron a enquistarlc la estimacin de tantas voluntades poderosas que vivan en la Isla del auge del trfico. En el tercero resalta la ardiente polmica sobre la Academia Cubana de Literatura, a que nos referimos ms arriba. El doctor Vidal Morales y Morales recopil e imprimi, en 1881, varios “papeles” inditos de Saco, con el ttulo de Coleccin Postuma, entre los que se halla su famoso Voto Particular en la Junta de Informacin cuando fue designado para integrarla; y en el que se opone al nombramiento de Diputados a Cortes, despus de los fracasos anteriores, sufridos por las representaciones coloniales. Los Papeles definen su actitud: a la altura de los intereses polticos y econmicos estn los intereses educativos; y slo es libre un pueblo cuando, gozando de personalidad poltica y solvencia moral y econmica 3 est preparado intelectualmente para gobernarse a s mismo y para contribuir al adelanto del saber humano. Florecen en este perodo, adems de los dos grandes prosistas cuya produccin acabamos de presentar, otros de singular relieve, a quienes vamos a referirnos a continuacin. En los estudios histricos ocupa el primer lugar Antonio Bachiller y Morales (1812-1889), a quien se ha dado con razn el sobrenombre de “patriarca de la erudicin cubana 15 ; patriota esclarecido a quien Mart exalt en sus virtudes como amante de la libertad y como investigador. En la arqueologa cubana su nombre ocupa los primeros planos y sus contribuciones son imprescindibles. Cuba primitiva que apareci en 1838, contiene un estudio comparativo entre la etnografa, las tradiciones y el lenguaje de nuestros primitivos habitantes y los de Santo Domingo, Yucatn y Panam, as como atisbos filolgicos con respecto a Centroamrica, Mxico y el Sur del Continente. Sus Apuntes para la Historia de tas Letras y de la Instruccin Publica en la Isla de Cuba (1859-1861) es una contribucin tilsima

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3 82 Historia de da Nacin Cubana e incesantemente consultada (aunque haya sido revisada en algunas afirmaciones) sobre los orgenes de la educacin y de la literatura en la isla; acusa informacin de primera mano y buen sentido en la apreciacin de los datos. Otras monografas, como Historia del Azcar Antropologa en la Isla de Cuba etc., contribuyen al relieve de a personalidad de Bachiller, en relacin con las fuentes de nuestra cultura y de nuestras races econmicas* Pedro Jos Culteras (1814-1890) escribi la mejor Historia de la Isla de Cuba, anterior a a era republicanaVio la luz en Estados Unidos (1865-1866) y se extiende desde los orgenes hasta el gobierno de Tacn. En ella se advierte el atinado uso de la documentacin, el juicio sereno y e buen estilo; y se sigue, en bien llevado itinerario, la evolucin poltica de Cuba, hasta as dcadas en que se forma la conciencia nacional. Antes haba publicado una Historia de la Conquista de la Habana por los ingleses (1856), que es un excelente estudio de interpretacin histrica. Educador, perteneci a una familia de distinguidos consagrados a la enseanza. El ya citado Jos Antonio Echeverra proyect una serie de biografas (V elzquez, Primeros historiadores de Cuba) que comenz a publicar en El Plantel Jos Mara de a Torre (1815-1873) dej una obra que se ha hecho imprescindible en el conocimiento de nuestro pasado: Lo que fuimos y lo que somos o La Habana antigua y moderna. A esta categora de obras a las que irremisiblemente hay que recurrir, pertenecen: la Memoria Histrica de la Villa de Santa Clara ( 1858), de Manuel Dionisio Gonzlez (181 5-1883), y que comprende el recuento de la vida poltica, social y cultural, desde el siglo xvii, en aquella regin. £1 poeta Pedro Santacilia public sus Lecciones sobre Historia de Cuba (18 59), dadas en e Ateneo Democrtico de New York; en ellas despunta ms el propagandista contra la Metrpoli, que toma la propia historia como el mejor alegato. Dos obras histricas ven la luz en el presente perodo que reseamos, que aunque de escritores espaoles, no deben ser silenciadas, por su mrito: la Historia Fsica Poltica y Natural de la Isla de Cuba (Pars, 1844), por Ramn la Sagra (1798-1871), y Ensayo Histrico de la Isla de Cuba 1842), por Jacobo de la Pezuea (181 1-1882), base de una obra ms amplia: Historia de Cuba (1868), que por la seriedad de sus fuentes y por el criterio equilibrado con que fue escrita, es estimada como manantial informativo, ai igual que su Diccionario Histrico, Geogrfico y Estadstico de la Isla de Cuba (1863)* Muy utilizada ha sido asimismo la obra de Jos Mara Andueza, a quien conocemos como dramaturgo, que lleva por ttulo Isla de Cuba pintoresca histrica poltica literaria, mercantil e industrial (1841).

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Estudios filosficos* literarios y jurdicos 3 83 Histori el proceso de la educacin filosfica* Jos Manuel Mcstrc (1832-1886), cuya figura, como la de Echeverra, se halla tan ligada a los destinos de la Junta Revolucionaria de New York. Su libro De la Filosofa en la Habana (1862) analiza los diversos sistemas, desde el Pbro. Caballero hasta su tiempo; est animado por un anlisis ponderado y preciso; e imprimi a estos estudios (desde su ctedra universitaria) un sentido vitalizador en la conciencia juvenil cubana, con el propsito de hacer aptas para los ideales prcticos de la nacin, a las nuevas hornadas. El espritu critico predominaba en la prosa de este perodo tan fecundo en las ideas, como pudimos apreciar en los dos ms claros varones del momento: Saco y Luz y Caballero, Mes t re debe ser incorporado en esa direccin. Igualmente Jos Sivcrio Jorrn {18161897), jurista y acadmico, cuyo curso sobre la Filosofa del Arte (1861) revela una superior cultura esttica y filosfica, y bastara de por s para que su nombre figurara entre tan ilustres pensadores como los que Cuba goz en el lapso brillante en que nace la conciencia nacional, si no fuera autor, adems, de otras monografas notables, como Utilidad e importancia de la Literatura (1865) y las que posteriormente publica alrededor de Coln y del Descubrimiento, que motivaron una polmica muy interesante con Manuel Sanguily. Ramn de Palma fu el historiador y comentarista, en un magistral trabajo insertado en la Revista de la H abana sobre Cantares de Cuba (18 54) ; y Ramn Zambrana, de las Diferentes pocas de la poesa en Cuba en otro estudio de erudita consistencia y depurado gusto, publicado tambin en 1854 y en la misma revista. Antonio Angulo y Hcredia (1837-1873), que colabor en publicaciones de La Habana y de Madrid, di un curso en el Ateneo de esta ltima ciudad, que luego recogi en un tomo voluminoso, sobre Goethe y Schiller (1863). Por esta poca ejerca la crtica en Cuba un violento y agresivo escritor vallisoletano: Juan Martnez Villergas (1817-1894), satrico mordaz, que fund varios peridicos en La Habana, de los que fu el ms clebre FJ Moro Muza ( 18 59). Sus polmicas solieron degenerar en fuertes escndalos, cuando defendi al rgimen metropolitano; y algunas, de ndole gramatical, no slo se separaron de ese tono que en l pareca predominante, sino que fueron muy provechosas. La literatura jurdica y poltica se honra con dos nombres: Jos Calixto Bernal (1804-1886) es uno; a quien se deben brillantsimas tesis de derecho poltico, basadas en conceptos muy avanzados, como su Teora de la Autoridad (1856) y La Democracia o El Individualismo (1859), editados ambos libros en Madrid y contentivos de su criterio favorable al gobierno directo del pueblo, al sufragio universal y ai re1

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384 Historia de la Nacin Cubana conocimiento de! derecho de insurreccin; as como a la constitucin de una federacin internacional, cuyos fines son los mismos que en nuestro siglo han justificado la Sociedad de Naciones, primero, y la Organizacin de Naciones Unidas, hoy. Otros libros y monografas le acreditan como uno de los ms grandes fundadores del pensamiento poltico cubano, habiendo sido, por sus ideas expuestas con valenta y en la propia Espaa, perseguido y encarcelado. Su Tratado Poltico es obra maestra. El otro nombre que dignifica la bibliografa poltica es el de Francisco de Fras y Jaccott, Conde de Pozos Dulces (1809-1877), director del peridico El Siglo {de cuya significacin hablaremos ms adelante), donde expuso, as como en diversas Memorias su pensamiento sobre poltica econmica y agraria, y a cuyas campaas persistentes, cargadas de razones, se debieron algunas ventajas para Cuba, y se debi el establecimiento de la Junta de Informacin. Pozos Dulces demostr ver muy claro el problema de la riqueza cubana, cuyas fuentes fij en el agro, indicando el camino que, de seguirse, conducira a la ms amplia prosperidad econmica del pas. Contrario al separatismo, comparti la postura reformista de Saco como otros publicistas que sumaron sus voluntades a la de estos insistentes luchadores; y entre ellos, Jos Mara Zayas (1824-1887), cuyo folleto Cuba Su porvenir dado a la circulacin en 1868, coincidiendo con el movimiento de opinin y actividades independentistas de ese ao, fue sensacional. Pertenece a esta poca un escritor polifactico, que impresion ms por su brillante oratoria: Tristn de Jess Medina (1833-1886). Fue catlico y despus protestante; la ctedra sagrada le cuenta entre sus ms altas figuras, por su elocuencia subyugante, su vastsima cultura y el tono peculiar y ardido de sus discursos, no obstante la ndole religiosa de sus oraciones. Cultiv tambin a tribuna acadmica, disertando en el Ateneo de Madrid, y pronunciando, en nombre de la Real Academia Espaola, el panegrico de Cervantes en honras anuales por el alma del egregio escritor. Sostuvo ideas liberales, y apoy en Cuba el movimiento reformista. Fu poeta y novelista. Sobre Cuba escribi en francs una cubana: Mercedes Santa Cruz y Montalvo, Condesa de Merln (1798-1852). Su artculo publicado en la Reine des deux Mondes titulado Les esclates a Cuba et dam les Colon es es pugnles (1841), as como los tres volmenes de su libro La H avane (traducido: Viaje a la Habana) editados en 1844, demuestran, como otros libros anteriores: Mes do uzee premi res annes (traducido en 1838: M/s doce primeros aos) S ouvenirs et Mem oir es de m adame Comtesse Merln (que fu traducida en 1853: Memorias y recuerdos de la seora Condesa de Merln) que su pensamiento no se alej de nuestro

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Revista de la Habana" y "El Siglo" 385 suelo a pesar de la fama de su saln parisino, que acogi lo ms distinguido de la intelectualidad, la poltica y la sociedad de su tiempo, en la capital francesa* Las traducciones de sus obras fueron hechas, en su mayora, por Agustn de Palma* Los dos rganos de publicidad ms importantes de este perodo fueron la Rcvha de la Habana y El Siglo; aqul en el orden cultural, y ste en el poltico. La primera fue fundada por Rafael Mara de Mendive en 18 53, y se public quincenalmente hasta 18 57, en dos series. Con el poeta de La gota de roco cooper, en la disposicin de la revista, Jos de Jess Quintillano Garca Valds, En sus pginas se ofrecieron sustanciosas colaboraciones de las plumas ms calificadas de entonces en Cuba y en el extranjero, constituyendo la Revista por sus trabajos y autores de stos, el rgano de cultura ms representativo del perodo, como lo fu la Revista Bimestre de! anterior, y habran de serlo en el siguiente las revistas de Cortina, de Varona y de Sanguily. En la revista de Mendive se dieron a conocer monografas de incuestionable valor, que prestaron sealados servicios a la erudicin y a la crtica, como los Apuntes de Bachiller y Morales; las anteriormente citadas de Palma y de Zambrana; la de este ltimo sobre La Filosofa de Vareta; el Elogio de Escovedo, de Luz y Caballero y su Informe sobre el Instituto Cubano; Antigedades cubanas f de Andrs Poey; los estudios de Mestre sobre el egosmo y sobre el placer y el dolor; el ensayo de Guiteras: Influencia de la mujer en la sociedad cubana; se publicaron: la novela de Pina, Gernimo y el honrado y la de Costales, Florentina; poesas del propio Mendive, Del Monte, L, Tur la, N, Fox, Blanchi, Roldan; artculos de Suerz y Romero, Tanca, Jos Ignacio Rodrguez, J* Q, Garca; los Recuerdos de Viaje } de Jorrn, etc. En la seccin Biblioteca de la Revista aparecieron cuentos, leyendas, etc., de Villaverde, Echeverra, Palma, Garca, etc.; as como antologa de poetas hispanoamericanos. Se dio cabida a muchas traducciones de producciones notables y se hicieron comentarios bibliogrficos de obras recin publicadas en Europa y Amrica; de modo que el lector estaba bien informado del movimiento intelectual del mundo* Por la calidad de todo este material, la Revista fu un admirable complemento de la labor educativa de la conciencia histrica, filolgica y artstica, con que los maestros de la cultura cubana que descollaron en este lapso (y entre los cuales ocupa puesto de honor Mendive) contribuyeron a orientar el espritu de la nacin* El Siglo fu el vocero del movimiento reformista; se inici en 1862 y dur hasta 1 868, aunque su momento ms significativo comienza en 1865, Lo dirigi en un principio Jos Quintn Suzarte (1819-1888),

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38 6 Historia de da Nacin Cubana periodista de infatigables y vigorosas campaas en favor del mejoramiento cubano, y que emigr en su oportunidad para seguir la causa separatista cubana; director que fue de otros peridicos (El Faro Industrial) El Diario de la Habana El Correo de la Tarde, La Aurora del Yumury de Matanzas, etc.) y fundador de muchos, en La Habana y fuera de Cuba, durante su destierro (entre los primeros: La SiemprevL va. El Artista, etc. ) Su zar te libr en El Siglo tesoneras batallas en pro de la igualdad de derechos de los cubanos y en contra de medidas arancelarias contraproducentes para los intereses del pas. Pero dicho peridico alcanz la importancia y trascendencia que tiene en nuestra historia, sealndosele como iniciador de un nuevo estilo en el periodismo cubano cuando asumi la direccin del mismo el Conde de Pozos Dulces (a quien Suzarte secund como vicedirector por un tiempo) al hacerse cargo de la empresa una sociedad annima, integrada por un grupo de distinguidos patriotas: Jos Morales Lemus (que la presidi), Miguel Aldama, Jos Manuel Mestre, etc. Adems de Pozos Dulces y Suzarte, escribieron en El Siglo cubanos ilustres que dieron fe siempre de su preocupacin por los altos destinos de Cuba (Jos de Armas y Cspedes, Ricardo del Monte, Jos Manuel Mestre, Martn Rivera, etc.), quienes tenan que enfrentarse con la intransigencia espaola y sostener constantes polmicas con los que representaban ei integrismo sin disminuciones. En las pginas de El Siglo queda un gran caudal de sana y constructiva doctrina nacionalista, aunque se mantuviera una lnea de propaganda autonomista, ya que el logro de la reforma no seria ms que el primer hito, tras el cual vendra el de la soberana cubana. No hay que olvidar que no pocos de los que figuraron en la empresa y en a redaccin de El Siglo, se incorporaron a ios ideales del 68 : Morales Lemus, Aldama, Mestre, Suzarte, etc. El perodo fue prdigo en publicaciones. Sera prolija su enumeracin. Algunas, sin embargo, no deben pasarse por alto; amn de las de carcter antolgico, como Cuba Potica coleccin aparecida en 185 5 y ordenada por For naris y Jos del Socorro Len. En 1 83 8 aparecen: El Album y El Plantel; ambas muy importantes. La primera inicala Luis Caso e implsala Ramn de Palma, quien tambin dio todo su entusiasmo, en unin de Jos Antonio Echeverra, a la segunda. Gozaron de excelentes colaboraciones estas revistas, y en ellas fueron insertadas muchas obras valiosas del romanticismo cubano. En 1837 fueron antecedentes respectivos de las mismas: Miscelnea de til y agradable recreo y FJ Aguinaldo Habanero En 1838 vieron la luz tambin: La Cartera Cubana (dirigida por Vicente A. de Castro) y La Siempreviva (de Suzarte). Los integristas tuvieron su principal tribuna en La Fren-

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Diarios y revistas. Centros culturales 3 87 sa (1841), Seguidamente van entresacndose ios ttulos de La Guirnalda (1842); El Prisma (1846); El Artista tambin de Suzarte (1849); El Almendares (1852), fundado por Zenea e Ildefonso Estrada; La Guirnalda Cubana y La Guirnalda Literaria (ambas en 18 54); El Seminario Cubano (1855), de Santiago de Cuba; Brisas de Cuba ( 1855), de Nstor Ponce de Len; La Piragua (18 56), de Luaces y Fornaris; La Habana (1859), de Adolfo Mrquez Stcrlng; Album Cubano de lo Bueno y de lo Bello (1860), de a Avellaneda; Revista Habanera (1861), de Zenea; Cuba Literaria (1862), de Fornaris y J. $. Len; El Album G ¡Uero (1862), que public Calcagno en Gines. ¡Cuntos diarios y revistas ms podramos citar (Diario de la Habana, El Moro Maza Faro Industrial de la Habana, Correo de la Tarde El Correo Habanero Diario de Trinidad Diario de Sancti Spritus El Fanal [de Puerto Prncipe], Floresta Cubana El Observador El Pas, La Opinin Liceo de Matanzas Liceo de la Habana etc., etc.) Lleva a cabo la Universidad de la Habana, en este tramo de nuestra cultura, la reforma de sus planes de estudios; se establecen los Institutos de Segunda Enseanza y se funda por Luz y Caballero el colegio FU Salvador; pero la significacin de estos hechos escapa a nuestro propsito. En el plano oficial se registra tambin una fundacin importantsima en el campo de la cultura; la Real Academia de Ciencias Mdicas, Fsicas y Naturales de la Habana, el 19 de mayo de 1861, siendo su primer Presidente el doctor Jos Nicols Gutirrez y Hernndez, y su primer Secretario, el doctor Ramn Zambrana, a quien hemos citado en distintas ocasiones. Tuvo como sede la Sociedad Econmica de Amigos del Pas en cuya Biblioteca celebr sus sesiones la naciente corporacin. Don Felipe Poey, Antonio Daz Albertini, Juan Bruno Zayas, su hermano Francisco, Joaqun Lebredo, Juan M. Snchez de Bus tam ante, Flix Girak, Antonio Mestre, Joaqun Muoz, entre otros, compartieron con Gutirrez y Zambrana las primeras labores de la Academia, cuyos Anales comenzaron a publicarse en 1864 bajo la direccin de Mestre y Muoz, inicindose la insercin de la larga serie de interesantes memorias y estudios que avalan este rgano ele la institucin. Don Felipe Poey organiz un Musco de historia natural, del que fu designado Director. Establecironse en toda la Isla sociedades de cultura y recreo (como sola llamrselas) en las que se trataba de armonizar la misin educativa con el esparcimiento. Fundse en La Habana el Liceo Artstico y Literario, que fu la que goz de ms alto prestigio. La presida, al inaugurarse en 1844, el Conde de Fernandma; y en sus actividades partid-

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388 Historia de la NAcr"N Cubana paron las ms connotadas figuras de la Hter atura, de ia ciencia y del arte; all se explicaron ctedras diversas, de ciencias, derecho, literatura, artes, comercio, etc., que estuvieron a cargo de profesionales distinguidsimos; se representaron peras y obras dramticas, dedicndose los fondos que se obtuvieron a la Casa de Beneficencia* Otras dos sociedades habaneras cobraron mucho auge: El Pilar (1843) y el Liceo de Guanabacoa (1861), que dirigi don Nicols Azcrate, y cuya tradicin cultural fue muy brillante. En 1864 se constituy el Ateneo Cubano* Con el nombre de Liceo se fundaron asociaciones anlogas en varias ciudades de la Isla (Matanzas, Puerto Prncipe, Pinar dei Ro) hacindose por algunos estimables publicaciones, como el Anuario del de Matanzas. En Santiago de Cuba fue la sociedad ms importante de esta ndole la Filarmnica > a la que pertenecieron Santacilia, Rubakava, Bar al t. Garca Copley, el compositor Laureano Fuentes Matons, etc. Eficaz complemento de las funciones culturales de esas sociedades fueron las tertulias que algunos cubanos distinguidos celebraban en sus moradas, como Felipe Poey, Jos Victoriano Betancourt, Azcrate, etc. Las que ms resonancia han tenido, emulando las de Del Monte, celebradas treinta aos atrs, fueron Las de Nicols Azcrate (1828-1894), abogado de renombre, patriota que pag con el destierro sus actividades, y que organiz en su casa de Guanabacoa, en 1861, las Noches literarias recogiendo despus en dos volmenes los trabajos ledos en ellas, En torno suyo reunanse: Ignacio Agramme, Mendive, Luaces, Poey, Enrique Pieyro, Zenea, Surez y Romero, Fornaris, Jorrn, Antonio y Francisco Sellen, Ramn Zambrana y su esposa Luisa Prez, la hermana de sta (Julia), Jos Ignacio Rodrguez, Alfredo Torroella, Jos de Armas y Cspedes, los msicos Ruiz Espadero, Ignacio Cervantes^ Cecilia Arizti, etc.

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Captulo III LA MUSICA* LAS ARTES PLASTICAS. LAS CIENCIAS L as figuras sobresalientes de este perodo, en la msica, son Saumell, Espadero y Fuentes Matons; a las que hay que aadir la del pianista alsaclano Juan Federico Edelmann (I79-1848), quien, establecido en La Habana en la cuarta dcada del siglo pasado se consagr a la enseanza, siendo director de la Sociedad Filarmnica Santa Cecilia, y formando Yrios discpulos, cuyos nombres son de los ms destacados en la historia musical cubana, como el citado Saumell, Desvcrnine Legras y Arizti. Fund una casa impresora de msica, que public obras de autores cubanos* Como Edelmann, se distingui mucho en la docencia musical el profesor gallego, organista de la Catedral de La Habana, Jos Mara T respuentes (1798-1862), quien presidi la Seccin de Msica del Liceo Artstico y Literario de La Habana, y compuso misas y peras* Otros nombres de profesores valiosos {como Agustn Cascantes, los violinistas Joaqun Gavira y Ramn Menndez, etc*) podran citarse; secreto de los magnficos frutos que hubo. El habanero Manuel Saumell (1817-1870), ms que como ejecutante, gan fama como compositor, siendo creador de ritmos, algunos de los cuales evolucionaron al ser tratados por sucesivos compositores (guajira, habanera danzn, criolla clave), A l se debe la caracterstica contradanza con sus dos partes de diecisis compases cada una, y por la cual gan tanta popularidad, siendo el compositor ms solicitado en las fiestas de su tiempo; aunque es bueno hacer notar que si bien provey con sus ritmos estas diversiones, cre tambin un buen nmero de ellas que merecen la jerarqua del programa de concierto, por la exquisita sensibilidad que acusan su meloda y su original y correcta arquitectura, que se anima con un tema folklrico muy inteligentemente ajustado, como Recuerdos tristes, Lamentos de amor, La Luhiana, Los chismes, Soledad, Toma Tomas, etc. La historia de la msica cubana debe mucho a este compositor que alent c anhelo de imprimirle un acento criollo en todas sus manifestaciones; quiso dar forma a una msica esencialmente cubana, y de ah 3 89

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39 O Historia de la Nacin Cubana el sabor nacional que ofrecen sus ritmos, A tal extremo llev su propsito, que estuvo a punto de cuajar en sus manos una pera de ambiente cubano que plane sobre la novela Antonelli de Echeverra (15). Saumell compuso obras de factura universal, como la Melopea que le inspir un poema de Francisco Blanchi; y otras (avemaria, plegaria, etctera) ; pero donde hay que buscar sus verdaderos valores es en sus contradanzas, de las que brota un rico yacimiento en el espritu de los ritmos criollos, que ms tarde han de constituir fo ms tpico de nuestra msica. Los compositores ms o menos afortunados de la msica popular cubana del pasado siglo, bebieron muchos en la fuente de Saumell, a no ser los que cultivaron los ritmos negros, como el cataln Juan Casamitjana (180 5-1332 ), que hizo escuchar en Santiago, por primera vez* las notas de El Cocoyp en las que posteriormente habran de inspirarse otros compositores, Laureano Fuentes Matons (1825-1898) ha sido de los msicos ms fecundos que ha dado nuestro pas. Su cuna fue Santiago de Cuba, y la vena musical le vena de abolengo. El acabado de citar Casamitjana y l hicieron mucho por la educacin y por la difusin musicales en Santiago, A Laureano Fuentes le cabe la glora de ser c primer compositor cubano que crea pera y poema sinfnico' La Hija de Jcft, con libreto de Antonio Arnao, y que, ampliada, fue estrenada despus de su muerte, con el ttulo de Seila; y el poema sinfnico Amrica Sin embargo, aparte del valor histrico que tienen, no aaden fama musical a la que ya e tenan ganadas su msica religiosa y sus oberturas. Sus misas son lo mejor de su produccin. El teatro, ni por su citada pera, ni por algunas zarzuelas que escribi, fu terreno propicio a su talento, que s se revel pleno en su Misa de Difuntos ( 1856), as como en sus Danzas tocadas de fina gracia y de mucha originalidad. La musa popular le era favorable, y hasta co composiciones de menor vuelo, como en la cancin La Candelita, que se cant muchsimo (sobre todo antes del 68), se advierte una lozana juguetona. Fuentes Matons es autor de un recuento sobre Las Artes en Santiago de Cuba con interesantes y tiles datos, Nicols Ruiz Espadero (183 2-1890) fu el mejor organizado y ms representativo de los msicos romnticos que se destacan durante el perodo que estamos resumiendo, Fu un artista hecho en Cuba, y el nico que, sin haber abandonado jams la Isla, logr que sus obras se conocieran y aplaudieran en el extranjero; es verdad que tuvo discpulos brillantes, como Ignacio Cervantes, que llev su msica en sus programas de concierto y edit en Pars muchas de sus composiciones, que un pianista tan famoso como Gottschalk (que fu su ntimo amigo), res-

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Espadero. Gottschalk en Cuba 391 paldndolas con su autoridad, divulg por Espaa y Francia. Vivi desde sus primeros aos consagrado a la msica; a estudiar y componer. La madre, una pianista gaditana que tuvo buenos xitos entre nosotros a comienzos del siglo, fue su maestra. Am la soledad; despus de sus presentaciones como pianista, en los alrededores de 18 50, muerto repentinamente su padre en su presencia (hecho que tuvo extraordinaria resonancia ntima en el joven), se sustrajo cuanto pudo de las relaciones sociales. Verdadero introvertido, fu paulatinamente degenerando su aislamiento en una progresiva y dominante neurosis. En todas las manifestaciones de su intimidad, y en el sentido de su obra, hay presencia romntica; y, para mayores identificaciones, am ensueos y teji ideales hasta su muerte. La fobia que le produca el pblico fu creciendo ms y ms, y hasta huy de sus mejores amigos. Sin otro contacto que el de su piano y la innmera familia de gatos que cuidaba y le atraan, pas sus ltimos das; siendo muy excepcional el acercamiento de algn discpulo predilecto, cuando ms. En su retraimiento cre copiosamente; y casi toda aquella produccin, que fu fruto de la soledad de sus ltimos aos, ha quedado indita; y lo que es peor: extraviada. Aludamos a su amistad con Gottschalk. En efecto, el pianista y compositor norte a m er i cano Lus M ore a u Got tschal k (1829-1809) le g a La Habana en 18 54, estrechando amistad con Espadero y otros msicos cubanos, tanto en sta como en las otras dos ocasiones en que retorn (partiendo en 1862, para no volver) y apasion con su arte interpretativo (como lo haba logrado en los ms exigentes centros artsticos europeos) y ejerciendo mucha influencia con sus composiciones, y sobre todo con sus nuevas ideas. Admir mucho a Espadero, cuyo "talento indgena” elogiaba, y ejecut sus obras, que hizo figurar en sus programas de conciertos ofrecidos, no slo en Cuba, sino en Estados Unidos de Amrica y en Europa. A tal extremo estim los valores de Espadero y se compenetraron ambos artistas, que Gottschalk expres su voluntad de que fuese el msico cubano quien preparase y cuidase la edicin de sus obras, varias de las cuales son danzas inspiradas en temas folklricos nuestros. Entre ellas. Una noche en el Trpico puso de relieve, en 186J las nuevas ideas de Gottschalk, hacindola ejecutar por "una orquesta de 40 pianos, a cargo de Espadero, Des ve mine y los mejores compositores y pianistas del pas, adems de numerosas tumbas o tambores de los arars, tocados por negros esclavos, que l hizo traer de Santiago de Cuba” (16). Espadero atendi, como quera el msico norteamericano, la edicin de diversas obras suyas (para la que escribi un prlogo), quedando algunas inditas, que corrieron la suerte de las propias creaciones de aqul.

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392 Historia de la Nacin Cubana Espadero fue tambin un gran intrpreteDe l dice Serafn Ramrez* que le escuch, que tena "un mecanismo poderoso y un repertorio tan extenso, que bien poda decirse que Espadero conoca cuanto se haba escrito para el piano, ya fuera antiguo, ya moderno, y que todo lo tocaba con exquisita delicadeza o con fuerza suma, a zarpazos, como si aquellas manos prodigiosas fueran las manos del tigre. Lo hemos odo privadamente muchos aos, cuando poda ser y era un pianista independiente, es decir, cuando no era profesor de piano, y la verdad es que a Espadero no le arredraba ninguna dificultad de su instrumento, porque estaba seguro de vencerla. Sus dedos le obedecan dciles, como dciles le obedecan los instrumentos a sus dedos. Su ejecucin era brillante; su pulsacin, exquisita; tena completo dominio de pedal, y el conocimiento ntimo del mecanismo. ” (17). Compuso mucho para piano (Scberzo, Taraniella furiosa Sonata Estudios y transcripciones de peras, Vals satnico, etc.) : msica de cmara, melodas para canto y piano, de las que se hizo ms famosa el Canto del esclavo Trat los motivos vernculos en su Canto del guajiro • Su msica, eminentemente romntica, se distingue por su meloda dulcsima, fina y delicada, advinindose en sus procedimientos un gran apego a las formas establecidas, las que respet y cultiv con singular maestra, aunque sin darle a lo criollo todo el vuelo que sus excepcionales cualidades le hubieran permitido; sin embargo, en cuanto ha quedado (de lo poco que se ha salvado de una cuantiosa prdida, a! parecer irreparable y, por tanto, muy lamentable), Espadero ha dejado marcada la huella de sus extraordinarias facultades, que le reputan como msico de evidente originalidad en sus ideas meldicas, y de gran dominio de la composicin y de la armona. La pera (gnero que se impuso al gusto general desde que en Cuba hubo teatros aptos para su representacin) tuvo algunos cultivadores cubanos en este perodo, como observamos al referirnos a Laureano Fuentes Matotis. Cristbal Martnez Corres (1822-1342), que estuvo dotado, como msico, de cualidades nada corrientes, que vivi desde ios diez aos fuera de Cuba, principalmente en Italia y Francia, obteniendo grandes xitos como pianista, compuso dos peras bufas (amn de una misa y alguna que otra obra de concierto) tituladas El Diablo contrabandista, una, y Don P a panero o Burla del magnetismo, otra, las cuales no hay seguridad de que hayan sido estrenadas; y al morir dej el primer acto de una pera que planeaba en tres, y que deba titular Saffo* En La Habana, en tanto, algunos compositores que vinieron como directores de orquesta de compaas de pera, escribieron aqu y estrenaron. Tal el caso de Luis Arditi (1822-1903). el compositor italiano, autor del clebre vals H hacia que ha servido de pieza de prueba a fa~

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La Opera, Los concertistas 393 tilossimas sopranos "colora tura”. Ardid puso msica al libreto escrito por Rafael Mara de Mendive, titulado Gtdnara; pera en dos actos, estrenada en 1848, y cuyo asunto est inspirado en El Corsario, de Lord Byron* Tal el caso tambin de otro compositor italiano y contrabajo de la orquesta del Teatro Tacn, en la temporada que se efectuaba en el propio ao 1848, y de la que era director Ardid; Luis Bottessini (1822-18 8 9), Compuso su pera en un acto, Coln en Cuba con letra de Ramn de Palma; de asunto sencillsimo, de tema indgena. Es digna de recuerdo esta actuacin de dos msicos extranjeros que produjeron en nuestro suelo, en colaboracin con dos poetas cubanos, y dos poetas de los mritos de Mendive y de Palma. El Liceo Artstico y Literario de La Habana contribua a la difusin de la msica de concierto y de la pera, con excelentes programas, en que intervenan, adems de artistas extranjeros de renombre, como Gottschalk, ejecutantes y cantantes cubanos. Estos, entre quienes se registraron voces de primer orden, llevaron a escena las peras de Bell in i: Los Puritanos, or ma El Pirata y las de Donzett; Luca de Lammermoor y La Favorita, Es digno de hacer notar cmo las partes principales, al igual que los partiquinos y los coros, estaban a cargo de seoritas y caballeros de las capas ms distinguidas de ia sociedad capitalina. Y al igual que peras, interpretaban otros gneros, como el 5 tabat Matar, de Rossini, que requieren solistas y coros de calidad. Los nombres de algunos de aquellos cantantes cubanos son dignos de recordarse, por sus facultades extraordinarias, que Ies hubieran permitido brillar (de no existir ciertos prejuicios muy de la poca) en los principales teatros del mundo: las sopranos Ursula Deville y Concepcin Cirartcgui, el tenor Ramn Gasque, la contralto Ana de Armas y el bajo Ramn Pint, quien, como es sabido, ocupa lugar de honor entre los pro tomar tires de la independencia cubana. Por aquellos aos luci sus prodigiosas dotes Adelina Patti, que actu en conciertos. En toda esa labor divulgadora y educativa participaron, adems del citado Liceo, otras instituciones en toda la Isla: la Sociedad Filarmnica Santa Cecilia, de La Habana, fundada en 1841; la Sociedad Filarmnica de Santiago de Cuba, que desde antes vena actuando; la de San Antonio de los Baos (1848) y la de Cienfuegos (1850). Entre los concertistas cubanos que ms descollaron, hay que sumar al nombre de Espadero, y a los de ios extranjeros Edclmann y Gottschalk, los de los pianistas Femando Arizti (1828-1888) y Pablo Desvernine (1823-1910) y el violinista Jos Domingo Bousquet (18231 875 )* El primero hizo de su hogar un centro de reunin de ios ms valiosos elementos musicales de su tiempo; y all comenz a brillar su

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394 Historia de i,a Nacin Cubana hija Cecilia Arizti, aunque sta, como otros notables virtuosos cubanos como White, Brindis de Salas, Manuel Jimnez, etc*, que empezaban a llamar la atencin, pertenecen ms bien, por lograr entonces la plenitud de su arte, al siguiente perodo de esta historia. Arizti, Desvernne y Bousquet obtuvieron triunfos muy notorios en Europa, donde ganaron justa reputacin como intrpretes de los grandes maestros. Sin llegar a a jerarqua de stos, hubo en Cuba otros concertistas, como Carlos Anckerman, Julin Jimnez, Serafn Ramrez (a quien tanto debe la historia del arte en Cuba, por su libro imprescindible, La Habana Artstica ) Juan Van der Gucht y sus hijos Jos y Francisco, y el espaol Anselmo Lpez, que inclusive, como Edclmann, estableci una casa impresora de msica, etc. Hacia 1866 se fund la Sociedad de Msica Clsica, y en ella participaron algunos de los mejores concertistas de Cuba en aquella poca, ejecutando programas de msica de cmara, que permitieron escuchar en La Habana, por primera vez, gran proporcin de obras de Beethoven, Haydn, Mozart, etc.; adems de algunos compositoras cubanos, como Espadero, que tambin participaba como pianista. El estila neoclsico pareca monopolizar el gusto arquitectnico, principalmente en La Habana y en Matanzas, como en el anterior perodo; y de igual modo, en algunas ciudades, como Trinidad, Cienfuegos y Santiago de Cuba, se sigui construyendo de acuerdo con las caractersticas del siglo xvm. Es ms, a virtud del contacto establecido por cubanos distinguidos que viajaron por Europa, se hicieron edificios influidos por el gusto italiano y por el gusto francs, como lo demuestran, respectivamente, el estilo del Palacio de Aldama y el del Palacio de Balboa, ambos en La Habana. E! estilo neoclsico busc principalmente la utilidad y la duracin, y di en general a la arquitectura un carcter internacional, manifestndose con lneas y espritu anlogos en todas partes, y evitando, por tanto, el acento nacional que otros estilos permitieron, aunque de ellos se mantuviera su sentido fundamental. Por eso, para hallar en Cuba los ms originales exponentes de la poca, hay que volver los ojos a aquellos lugares citados, en que se burl el predominio de la nueva tendencia. El profesor Weiss destaca como signos distintivos del nuevo estilo: "la restriccin en el empleo de la madera, en favor de la cantera y del hierro; el abandono de los tejados por la cubierta de terrado, con su secuela del entablamento y la balaustrada; y la predileccin por la construccin columnar-arquitr abada que, en relacin con la arcada de antao, apareca de ms rancio abolengo clsico. El portal, integrado ya

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LOS ESTILOS ARQUITECT"NICOS 3 95 definitivamente a nuestra arquitectura, se antepone invariablemente a fas fachadas en las nuevas plazas y avenidas de extramuros (Cerro, Jess del Monte, Prado, Carlos III, Galiano, Campo de Marte, etc*) y flanquendolas con largos corredores porticados, modesta evocacin de Palmira y Baaibeck, Por otra parte, en las numerosas casas edificadas o reedificadas sin soportales en la parte antigua de la ciudad, los muros se tratan con rdenes adosados, y las portadas, antes con modena turas retorcidas, aparecen ahora encuadradas por pilastras y entablamentos correctamente proporcionados y detallados” (18)* La nueva Crcel y e Mercado de Tacn, en La Habana ; el Teatro Esteban (despus Santo) en Matanzas; el Ayuntamiento de Crdenas, as como palacios y casas de vivienda, se atuvieron a este estilo. En Trinidad, en cambio, hubo ms an que en Camagey y en Santiago de Cuba, una admirable rebelda que permiti construcciones que an quedan como ejemplares, por su peculiaridad y sabor criollo* Ei viajero ingls Samuel Hazard afirma que ”Ias casas de Trinidad se diferencian de as de la Habana, en que no tienen paredes medianeras que separan el comedor del saln; pero en su lugar hay generalmente unos arcos abiertos, de piedra, que, separando de cierta manera los distintos departamentos, contribuyen a su mayor belleza y comodidad, por permitir la Ubre circulacin del aire, a la vez que ofrecen una ms encantadora perspectiva los sucios de mrmol blanco, las pulidas arcadas y los ricos muebles de as habitaciones* 5 (19)* El arquitecto Luis Bay, estudiando a casa de Juan Mariano Borrell, que toma como modelo, hace las siguientes interesantes descripciones, que darn al lector una idea de lo que fueron aquellas mansiones trinitarias de mediados del siglo xix, y en las que se derroch el buen gusto y el mejor sentido para adaptarlas a nuestro clima: 'Tas habitaciones de esta casa, destinadas a vivienda de la familia, tienen mayor puntal que las restantes* En la sala y habitaciones principales del frente, los capialzados estn tratados con conchas* Los pisos son de mrmol blanco y gris* Los del comedor son tambin de mrmol de color negro y blanco, alternados* Los quicios de la puerta principal y de la sala al prtico comedor, son de madera dura* Los antepechos de las ventanas de las piezas principales son de mrmol, con los ngulos de madera preciosa tambin* Tiene un gran patio central donde an se ve el brocal de la cisterna primitiva, que est rodeado de una bella galera de columnas, formando arcadas Uno de los detalles caractersticos de esta casa es la torre de dos pisos que se eleva en su fachada lateral izquierda, construida seguramente para que la familia pudiera disfrutar del hermoso panorama de mar abierto y suaves lomas La casa tiene dos zaguanes* En su primera y se-

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3 96 Historia de la Nacin Cubana gu nda lineas de fabricacin, la cubierta es de tejas acanaladas. El resto es de azoteaÂ’* (20). Segn se desprende de las referencias hechas a las manifestaciones del arte arquitectnico en Cuba, durante este perodo, no puede negarse que, a pesar de la tendencia neoclsica que en l tiene vigencia, se mantiene en el total de la Isla cierta inclinacin eclctica, ya que no se cierran las posibilidades (convinindolas, por ei contrario, en realidad) a rdenes diversas, incluyndose lo que bien pudiera apreciarse como tonalidad tpica de nuestra arquitectura. La Academia San Alejandro segua rindiendo sus frutos, en la pintura principalmente; de sus aulas salan valiosos jvenes a perfeccionarse al extranjero; y otros, sin recursos para abandonar la Isla, quedaban en ella, aplicando sus conocimientos, y atenidos slo a stos y a sus cualidades naturales* Los pintores franceses Guillermo Colson (discpulo de David ) Jos Leclere y Federico Miahle, ocuparon sucesivamente la direccin de este centro docente, hasta 18 32, en que la ocup Augusto Ferrn, a quien sustituy Hrcules Morelli, tras ejercicios de oposicin, y despus el salvadoreo Francisco Cisne ros, quien tambin la obtuvo por concurso. De Colson ya hemos hablado en el perodo anterior, Jos Leclerc aprovech el inters del General Concha por las bellas artes, y en los dos aos en que le toc dirigir la Academia (1848-1830) estableci las ctedras de Escultura, Pintura y Dibujo lineal. De este pintor francs consrvanse en San Alejandro dos leos; Retrato de Francisco Gonzlez Santos y Primera Misa Federico Miahle era hombre de vasta cultura, doctor en ciencias, y que, adems de la pintura, en la que se distingui como paisajista, era tipgrafo. Ha dejado un lbum, que fue impreso en 1838 bajo el ttulo de La Isla de Cuba Pintoresca conteniendo veinticinco dibujos suyos sobre temas criollos. Ense tambin paisaje, en el Liceo Artstico y Literario de La Habana. Augusto Ferrn fue un excelente escultor espaol, el primero que desempe esta ctedra en San Alejandro. Cre i a ctedra de Antiguo griego, para la que adquiri una valiosa coleccin de estatuas moldeadas, de indispensable y eficaz utilidad en la enseanza de la escultura. De sus cuadros consrvanse el Retrato del Prncipe de An gloria y Jess y la Samaritana Francisco Cisneros fu paisajista, caricaturista y litgrafo. La Academia tena un presupuesto de $ 1,3 3 3 para la adquisicin de modelos y tiles para la enseanza; y $ 3,290 para la nmina del profesorado. Hasta 1863 estuvo a cargo de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas, y desde entonces qued incorporada a la Administracin

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Pintores, escultores y grabadores 3 97 Colonial, Fu a partir de este momento que el plan de estudios comprendi cuatro ctedras: Dibujo elemental, Pintura, Paisaje y Perspectiva, y Escultura* La historia de las bellas artes se explicaba en la ctedra de Pintura, as como la teora, anatoma, historia de traje. La Academia esper mucho del pintor romano Hrcules Morelli, quien se haba hecho admirar por sus cuadros Una Dama que da limosna y Caridad cristiana y tambin querer mucho de la juventud habanera; pero su muerte repentina, vctima de la fiebre amarilla, frustr toda esperanza, Bachiller y Morales, que fu de sus adeptos, tradujo su trabajo sobre la forma en que debe impartirse la enseanza de las bellas artes, y las reformas que deberan introducirse en la Academia* Todo esto motiv grandes polmicas, dado el espritu innovador de Morelli, de quien dijo el investigador cubano: "era artista con un corazn lleno de poesa, y su memoria ser siempre grata, como un recuerdo de esos sueos apacibles que acaricia la imaginacin, en que todo es gloria y virtud* Morelli vivi pocos das entre nosotros la vida de la materia; pero no ha desaparecido para la vida del espritu; y sus amigos le recordarn siempre con respeto y admiracin, llorando su inesperada muerte, por l y por Cuba que o haba adquirido por la ciencia y para la juventud estudiosa, a cuyo progreso se haba consagrado'* (21 ) Imbuido de la tcnica de Rafael, Morelli abogaba por infundir en los estudiantes la enseanza viva de los grandes maestros del Renacimiento, en primer trmino, aunque sin olvidar los que, en siglos posteriores, haban dejado una obra de la que podan extraerse fecundas y eficaces orientaciones* Parece que, en efecto, la malograda reforma de Morelli fu profundamente sentida por los que estaban ms interesados en el mejor xito de la Academia* Otros extranjeros cultivaron las artes plsticas en Cuba, en este lapso, sustituyendo as, en sus comienzos casi, la ausencia de nativos consagrados a la pintura y a la escultura* El grabado recibi muchas influencia de los extranjeros que se situaron en nuestro solar, como el ingls James Gay Sawkins, que era adems acuarelista, dibujante e inclinado a los estudios geolgicos; hombre de ideas liberales que se sum al coro de los anties el avistas, por lo que fu expulsado de Cuba despus de haber vivido la mayor parte de! tiempo en Camagey y en Santiago de Cuba, ciudades en que fu profesor de dibujo* L1 grabado registr por entonces otros dos nombres que se unen a producciones que hoy permiten, como las de Gay y Miahle, conocer aspectos de la naturaleza y de las costumbres de entonces: Eduardo L api ante, a quien se debe el Libro de los Ingenios, publicado en 18 58 e integrado por treinta y ocho grabados; y Leonardo Bar a ano, que tambin, como el anterior, prefi-

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39 S Historia de la Nacin Cubana ri ios paisajes de las provincias orientales de a Isla, sin que por eso dejara de admirar y reproducir algunos otros de otras regiones, como el que hizo del Valle del Yumur. Esa tendencia costumbrista apreciada en los grabadores se extiende a los pintores, como el matancero Ramn Barrera Snchez, que tambin reprodujo aspectos de la vida mejicana, y que mostr condiciones para otras artes, como la msica, la poesa y el teatro, en el que, adems de actor, fue decorador. Florecieron tambin por este tiempo hbiles miniaturistas: el trinitario Po de Brocq, y Federico Martnez* De la Academia de San Alejandro partieron a perfeccionarse a Roma y Pars dos valiosos jvenes: Francisco Larroca y Juan jorge Peol. Este ultimo fu el ms distinguido de ambos, por sus trabajos inspirados en temas de la Biblia, y por sus caricaturas; cultiv adems el retrato* Descendiente de patriotas, no volvi a Cuba, falleciendo en New York; ocasin en que Jos Mart hizo su panegrico, en largo artculo publicado en Patria donde dijo, entre otras cosas, que era '"leal en el dibujo, sabio en los matices, hurao y melanclico en el color, indefinido en las creaciones, y an etreo* (22). De l son retratos que acusan su magnfica tcnica y su limpieza de Color (los de Isabel Fuentes, Jos A. Saco, Domiiigo del Monte), y caricaturas que denotan su ingenio (de Geil y Rente, Luis A* Baralt Peoli, Jos Manuel Mestre, etc*) "Pcoli caricaturaba, deformando nicamente el rostro de ios personajes. Al igual que Landre, colocaba cabezas enormes sobre cuerpos diminutos/* (23), Pero las dos figuras ms descollantes del momento fueron las de Chartrand y Melero, aunque slo se iniciaban por entonces sus relevantes mritos. A ellas hay que aadir la del espaol Landaluce. Esteban Chartrand fu un notable paisajista que sinti y expres a emocin de la naturaleza, sin dejar por eso de preocuparse por Jos valores en s del paisaje; es decir, de sus elementos integrantes, sin descuidar la luz. No quiere decir esto que llegara a despojarse de la proyeccin emocional del paisaje, para valorizar sus factores determinantes; pero en Chartrand haba intuiciones que lo sacan de la tnica puramente romntica. Esto ha de apreciarse especialmente en su produccin posterior a 1868* Para entonces es que tambin se manifiesta a plenitud la labor de Miguel Melero, a quien se debe una nutrida generacin de discpulos. Alumno del Liceo de La Habana, primero, y de la Academia, despus, fu a estudiar, como pensionado de la primera de dichas instituciones, a Roma y a Pars, aprovechando su estancia en Europa para visitar los principales museos del Viejo Mundo. All di clases con Grome, el gran pintor francs, y con los escultores Carpeau y Falguiere. Su labor ms representativa cabe analizarla en la poca siguiente.

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Landaluce, Las Ciencias: Poey 3 99 Vctor Patricio de Landaluce era de Bilbao y arrib a Cuba en a sexta dcada del siglo xix. Fu un formidable costumbrista, y su agudeza tuvo en 3 a caricatura un campo propicio. Puso su humorismo al servicio de los peridicos sati ricos que dirigi en La Habana Juan Martnez Vil ler gas, de tan innegable talento como enemistad a la causa cubana* Sujeto a los fines de esos peridicos, sus dibujos humoristicos han de resultar poco gratos al sentimiento patrio; pero no puede negarse que Landaluce ejerci una influencia evidente en nuestro medio, y que en la misma stira poltica sent escuela, as como en los leos y acuarelas que reproducen costumbres de la poca y que las hace referencia imprescindible para reconstruir los gustos de la vicia cubana en aquellos anos que rodean el inicio de la Guerra Grande, ^Partidario de la stira y enemigo de lo deforme (ha dicho Barros), supo distinguir lo grotesco; pero su grfica estaba tan cerca de la tcnica del dibujo que no es humorstico, que casi puede decirse que su humorismo resida nicamente en !a intencin producida por el contraste entre el dibujo y la leyenda* Landaluce fue el creador del tipo representativo del pueblo cubano, que despus Torriente copi y bautiz con el nombre de Liborio. Las caricaturas de Carlos Manuel de Cspedes y Miguel Al dama son retratos hechos a la pluma. All no hay ni uno solo de los rasgos que hoy caracterizan a la verdadera caricatura* En cambio, el lamentable error de dibujar un cuerpecillo convencional, prevalece.” (24)* Vino Landaluce a Cuba como capitn ayudante del General Lcrsundi; se cas con una cubana y fue coronel de milicias, muriendo en Guanabacoa. La obra Tipos y Costumbres de la Isla de Cuba (1881) tiene el valor de las inapreciables ilustraciones hechas por l. La escenografa cont en estos aos con diestros pinceles, como los del italiano Daniel DalP Agrio (que tambin era arquitecto), Joaquin Albe, Simn Surez de la Cruz, Francisco Aranda y Jos Baturone, que ha sido uno de los mejores nacidos en nuestro suelo* Durante el lapso de 1837 a 1868 produce Felipe Poey (1799-1891) sus mejores obras: aparecen los dos volmenes de sus Memorias sobre la Historia Natural de la Isla de Cuba (185 1-1856) ilustradas con lminas, que fueron saludadas con clido elogio por las primeras autoridades en la materia, dentro y fuera de Cuba, estimndoselas, por uno de los ms destacados naturalistas espaoles, como uno de los libros ms notables escritos en castellano en el siglo xix, A las Memorias siguieron: Revista de los Tipos Cuv cranos y V alee e ntanos (1865), en que rectific, adems de enriquecerlas con citas y estudios de nuevos especmenes cubanos, las clasificaciones hechas por ambos ictilogos europeos;

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400 Historia de la Nacin Cubana y su monumental Ictiologa Cubana en cuatro volmenes de texto, ms diez de Atlas, en folio todos. Esta obra inigualada, que mereci medalla de oro de la Exposicin de Amsterdam (1883) no ha sido publicada; aunque el Gobierno cubano design, desde 1310, una comisin presidida por el sabio discpulo de Poey, Carlos de la Torre, para que, gestionados los manuscritos del Gobierno de Espaa (que los haba adquirido) la editara; lo cual lamentablemente no se ha realizado. El genio de Poey culmina sin duda en esa extraordinaria produccin, en la que labor durante cincuenta aos. No obstante, posteriormente continu trabajando infatigablemente, especialmente sobre peces cubanos, en que ha sido !a autoridad mxima. Estudi Poey en Francia. La jurisprudencia pareca ser la ciencia que absorbiera sus facultades, ya que, primero en La Habana y despus en Pars, curs los estudios de Derecho; pero las ciencias naturales le atraan con superior vocacin, y en la propia capital francesa comenz a familiarizarse con aqullas y a relacionarse con los naturalistas ms prominentes de Pars, como el famoso Cuvier y el notable entomlogo Latreille, con quienes fund all la Sociedad Entomolgica de Francia, publicando por entonces, en francs, su Centuria de Lepidpteros de la Isla de Cuba (1832), A su regreso a la Isla fue profesor de la Universidad, fund un museo de historia natural, concurri a las tertulias de Domingo del Monte y colabor en los principales peridicos. Acorde con los avances de su tiempo, en su pensamiento tc se sienten palpitar los grmenes de las nuevas ideas y presenta numerosos ejemplos de variabilidad de las especies base fundamental del transformismo, doctrina aceptada por Poey” (25). La influencia de Poey se dej sentir; su profunda sabidura haca discpulos y avivaba el amor a las ciencias naturales. En este perodo florecen varios investigadores y estudioso s que dejan vasta bibliografa, como Joaqun F. Lastres, Manuel Zambra na, Diego Lpez Quintana, Manuel Fernndez de Castro (autor de importantsimos trabajos geolgicos y de investigacin paleontolgica), Sebastin Alfredo de Morales (que se distingui mucho en la botnica, habiendo dejado una monografa imprescindible sobre Flora Cubana inserta en 1858 en Aurora de Matanzas), Rafael Arango y Molina y Manuel J. Presas, que fue inclusive el historiador de estos estudios en Cuba. Fu por esta poca que el naturalista alemn Juan Gundlach (1 810-1 89) realiz sus aportes ms valiosos a la zoologa cubana, sobre todo en ornitologa; y por eso su nombre est vinculado a La historia de las ciencias naturales cubanas; como los de otros extranjeros que se manifestaron en aquel momento: e norteamericano Edward D, Cop y el espaol Juan Lembeye.

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Naturalistas* meteorlogos y qumicos 401 Es en este perodo que se publica en Pars (de 1838 a 1857) la amplsima Historia fsica? poltica y natural de la Isla de Cuba f en doce volmenes* dirigida por el naturalista gallego Ramn de La Sagra* a quien ya se ha hecho referencia en otro momento; y en la cual Historia colaboraron con l eminentes especialistas franceses. Las cuestiones biolgicas tuvieron atencin y algunos cultivadores muy destacados* como Antonio Mestre (1834-1887)* que divulg en Cuba las nuevas ideas de Littrc, Comte y Robn* y a quien hay que considerar en estas disciplinas como a uno de sus ms significados pioneros entre nosotros; y como Joaqun Lebredo (1833-1889)* a quien se deben considerables pasos de avance en relacin con la qumica biolgica. Otras fases de la ciencia, en relacin con el universo, contaron con laboriosos consagrados; tales: el hijo de Poey, Andrs Pocy y Aguirre* que se dedic ms a los problemas meteorolgicos y astronmicos* en los que produjo copiosamente, y en los que cambien probaron su idoneidad: Desiderio Herrera y Jos 2. Gonzlez del Valle; y el P. Benito Vies (1837-1893), que iniciaba ya con buen xito su larga carrera de afirmaciones y observaciones, que han sentado doctrina, aunque la mxima proyeccin de su obra pertenece al siguiente perodo. Es en 1854 que publica Esteban Pichardo y Tapia ( 1799-1 879) a quien nos referimos en la resea de! anterior perodo de nuestra cultura* su magistral Geografa de la Isla de Cuba ? en cuatro volmenes. La qumica y las ciencias agrcolas, al igual que la ingeniera, se estudiaban y aplicaban en empeos de beneficio social. As se traducen ejecutorias brillantsimas, como las de Alvaro Reynoso (1829-1888), cuyas diversas monografas le abrieron las puertas de los ms calificados centros cientficos del mundo. Se form en Pars, y varios de sus trabajos fueron escritos en francs. Sus trabajos sobre el azcar hacen poca, prestndole un marcado beneficio a la agricultura cubana, ya que gracias a ellos pudo hacerse intensivo el cultivo de la caa, la cual propicia la produccin azucarera en superficies reducidas. Sus ideas en este sentido han sido aplicadas en todos los pases de importante cultivo caero* como Java. La resonancia de las investigaciones qumicas de Reynoso en la medicina es otro de los motivos que le dan puesto de honor en la historia de la ciencia americana. Sus obras: Ensayo sobre el cultivo de la caa de azcar (1862), Estudios progresivos sobre varias materias cientficas? agrcolas e industriales ( 1858) y la publicada ms tarde sobre La Alimentacin inorgnica del hombre y de los animales? son siempre consultadas.

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402 Historia de la Nacin Cubana Tambin rindi una labor muy til Manuel Vargas Machuca (183418 86), a quien se estima maestro en los problemas de la qumica orgnica, como se aprecia en sus Memorias sobre alcoholes y sobre los radicales orgnicos. Maestro de ste y de Re y nos o fue Jos L, Cas asee a ( 1800-1864) ? que se haba especializado en todo lo concerniente a la caa de azcar, escribiendo tambin Memorias que han sido convenientemente aprovechadas por sus discpulos. Ya en el terreno especfico de la agricultura se verificaron luminosas experiencias y se redactaron sobre ellas muy valiosos papeles, adems de lo mucho que hay que anotar en cuanto a la poltica agrcola al Conde de Pozos Dulces, del cual y de cuya proyeccin nos hemos ocupado en anteriores pginas. Sobre aquella labor especifica merecen ser recordados, por el etijundioso contenido de sus trabajos' Joaqun de Ayestarn y Diago, que introdujo en Cuba el primer aparato de fabricar azcar en el vaco, y escribi sobre la Elaboracin cientfica de la caa y El Cultivo racional de la caa; Miguel Rodrguez Ferrcr, escritor sevillano, autor de un estudio que se hizo imprescindible, sobre El Tabaco habano (18 51), riqusimo en datos histricos, asi como en atinadas observaciones sobre su cultivo, de cuya libertad se declar ferviente partidario, para anular los contraproducentes privilegios del estanco (tambin se debe a l una extensa obra sobre los valores de la naturaleza y de la civilizacin de Cuba) ; Jos Mara Fernndez y Jimnez, que dedic sus esfuerzos al perfeccionamiento de la siembra y cosecha del caf, publicando el resultado de sus experiencias en el Tratado del cultivo del caf perfeccionado (1862); Juan Arteaga y Burrero y Manuel de Monterde, cuyos estudios sobre los aspectos econmico e industrial del ganado han sido muy estimados; Jos Ramn Simoni, mdico y patriota camageyano, que hizo magnficos Apuntes para la apicultura cubana ( 1 865 ); Pedro Auber, botnico francs, de quien son las primeras indicaciones importantes sobre las posibilidades de la sericultura, habiendo publicado una Cartilla sericola (1842); Wenceslao Viila-Urrutia, alala! no, gran autoridad en lo que toca a a industria azucarera, siendo muy considerados y consultados sus Informes a la Real Junta de Fomento, Las ciencias mdicas tienen en este perodo que reseamos su primer lapso de gran consideracin, por e! volumen de su produccin y la cantidad de figuras estimables que brillaron en sus diversas especialidades. Claro est que no vamos a hacer un registro de nombres, porque sera interminable; pero haremos mencin, por lo menos, de aqullos a quienes algo digno de subrayarse se debe en nuestra historia de la medicina. No puede olvidarse, por ejemplo, lo que en relacin con la fiebre amarilla hicieron Jos Andrs de Piedra (que compuso un Mtodo preser-

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Progresos de la Medicina 403 vativo del vomito negro) Rafael Blanco y Gallardo (cuya Memoria publicada en 1844 se basa en las observaciones de 4,000 casos de dicha enfermedad), Jos Fernndez Cruzado, Angel J. Cowley, Jos Tcrrats, Jos Amonio Rema! Muoz y Julio Le Ri ver and (1793-1864); este ltimo, mdico francs que se instal en Cuba a los treinta aos, ejerciendo con grao notoriedad su profesin, y aportando una produccin abundan t i sima en distintas ramas de a Medicina; fue profesor de la Universidad de La Habana, para la que escribi sus Lecciones orales de Fisiologa Mdica (1843), su Manual de Higiene Privada (1846), su Tratado de Patologa General (1848), sn Patologa especial de la Isla de Cuba (1858) y sus Lecciones (1 859) acerca de las enfermedades que haba observado en la CSinica de dicho centro; contndose en su vastsima bibliografa un nutrido Diccionario de reactivos qumicos toxicologa y medicina legal (1848)* Son igualmente dignos de mencin, acerca del clera: la Memoria de Agustn Abren, en colaboracin con Nicols j* Gutirrez (a quien conocimos en el anterior periodo); los Consejos reglas de higiene, preceptos y remedios (1850), de Jos Mara Carbonel; el Tratado (1865) de P* S. Casas; y mltiples opsculos analticos, teraputicos, etc*, de Pedro Vzquez, Carlos Zanone, Jorge Ledo, Federico Prez de Molina, etctera. Asimismo, los estudios sobre fiebre tifoidea de Rafael Corts, Juan Vil ar, etc*; sobre tuberculosis, de Antonio Rruzn y Bernardo Figueroa; sobre enfermedades venreas, de Serapio Arteaga, Pedro Martnez Snchez y Felipe Den; sobre el crug, de Leopoldo Daz de Villegas, Pablo Verdugo, F* Daz Trnente, La frenologa interes a muchos mdicos cubanos, como lo demuestran las monografas de Jos de Loma Osorio, Francisco M. Roiz, Mariano Cub Soler y Sabino de Losada, autor de un Manual (1847) y de unas Lecciones de Frenologa (1849)* En todas las enfermedades, los partidarios de la homeopata expusieron su criterio, a la luz de su filosofa mdica, como Juan J* Hevia, en su Clnica homeoptica de la fiebre amarilla ( 1857); Miguel Bellido de Luna y Santiago Savage, en sus respectivas traducciones de las obras homeopticas de Charch y Quin, sobre el clera; as como Achille Hoffman, Francisco A* de Molas, Francisco de P. Escofet, L. Struch, Alejo Espanet, j, H. Pul te, Adolfo de Varona, Juan Faura* etctera; algunos de ellos extranjeros, pero que ejercieron largo tiempo en Cuba* La ciruga inici apreciables avances: Vicente A. de Castro (18021869) fue el que primeramente hizo en Cuba, en 1842, a ligadura de la ilaca externa, y en 1848 la de la arteria subclavia derecha, siendo a su vez el primero que emple el ter sulfrico en la anestesia. Ambro-

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404 Historia de la Nacin Cubana sio Gonzlez del Valle (1822-1913), primero que public en Cuba un Manual de Flebo-tommnos (1846) y escribi adems otro de Obstetricia (1849); rama en que tambin se distinguieron: Isidro Snchez Rodrguez, Guillermo Michelcna y Federico Glvez. Explic el primer curso de Oftalmologa en nuestra Universidad, en 1862, Federico Hortsman; especialidad sta en que se destacaron mucho: Eduardo Beot, que fue adems el introductor de la hidroterapia en Cuba, y el mdico espaol Jos Gonzlez Morillas, de quien son obras de vuelo, como su Monografa oftalmolgica (1848) y su Historia de nuestros estudios oftalmolgicos (18 5 5)* Por sus operaciones y tratados y estudios publicados, quedan de este perodo los nombres de Manuel M* Carrera, Emiliano Ncz, Manuel Tagle, Pablo Valencia, Miguel Pons, Manuel Gonzlez Echevarra (que conquist fama tambin en el tratamiento de enfermedades nerviosas), Jos Mara Llpiz, Carlos Carrons, Joaqun Laudo. Clnicos eminentes completan este cuadro del ejercicio de la ciencia mdica; tales como Luis M* Covriey, Raimundo de Castro, Felipe Rodrguez, Rafael A. Cowley, el citado Joaqun Lebredo, Antonio Oliva, Domingo Rosains, Henri Dumont, Juan Jimnez Fox, Juan G* Haya, Rafael Argilagos (que muri en la Guerra Grande)* Ya en esta poca se hacan importantsimos anlisis de las aguas medicinales en que nuestra Isla es tan prolfica; descollando los trabajos de Joaqun F* de Allende, cuyos Apuntes para el estudio de las aguas minero-medicinales de la Isla de Cuba (1866) constituyen durante mucho tiempo la ms extensa obra sobre esta materia. En la ingeniera, ocupa el primer lugar de aplicacin de sus principios la construccin de acueductos* Despunta la figura de Francisco de Albear y Lara (1816-1887), habanero, que domin la geologa, la hidrulica, la dinmica y la fsica; dise y construy el canal que surte de agua a La Habana, tomndola del manantial de Vento; obra por la cual fue premiado en la Exposicin de Pars de 1878* La Memoria de la misma fu escrita por l, en 18 56, y su ejecucin se comenz en 1866* La capital cubana le ha erigido una estatua en la plaza que lleva su nombre, como justo homenaje a su benemrita ejecutoria. Otros ingenieros se distinguieron tambin por su competencia en la construccin de acueductos: Juan F. Snchez y Barcena, Manuel Fernndez de Castro, etc* En la rama de ferrocarriles sobresalieron: Rafael R. Carrera y Hercdia (1818-1896), uno de los ms notables, redactor de excelentes Mem orias f en relacin con el establecimiento de esta va de comunicacin, en diversos tramos de la Isla; Jos Fernndez de Castro, Alejo H* Lanier, Joaqun Santos Surcz*

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La Ingeniera 405 Hubo otra gran figura de la ingeniera cubana en este periodo, precisamente en e ramo de ferrocarriles, que fu Francisco J. Cisne ros (1836-1828), cuya labor trascendi al extranjero, uniendo tambin su nombre al progreso de Colombia. Csneros, natural de Santiago de Cuba, hizo los estudios de su carrera en Estados Unidos de Amrica. En nuestra patria tuvo a su cargo trabajos fundamentales en relacin con las provincias del Occidente, escribiendo su resea sobre el Ferrocarril del Oeste (1867). Particip en la Guerra Grande, no slo en la Manigua, sino en gestiones por la Amrica, una de las cuales le llev a Colombia, donde realiz una extraordinaria labor de ingeniera, de tales proporciones y utilidad que aquel pas venera su memoria: a su capacidad y arresto se debi la construccin de una red de ferrocarriles, que constituy la arteria que era imprescindible para la civilizacin, el adelanto y hasta el conocimiento entre s, de las regiones que integran la repblica fundada por Bolvar. Aquella nacin le ha rendido merecidos honores, y el Presidente Mariano Ospina, en su discurso pronunciado con motivo del cincuentenario de la muerte de Csneros, en Bogot, dijo: "Cupo a nuestra patria e altsimo honor de aprovechar las capacidades de este hombre extraordinario, cuya sabidura, valor y constancia aparecen ms grandes todava cuando la perspectiva del tiempo nos entrega su figura, libre de toda sombra, en un triple aspecto de conquistador, de libertador y de maestro Romper el aislamiento de un pueblo encarcelado entre las murallas que encarcelaban su actividad y su comercio; descuajar la selva impenetrable, venciendo la naturaleza primitiva y luchando contra la furia de los elementos, para unir el Magdalena con la montaa, era una verdadera hazaa ciclpea, que requera templadas voluntades y organismos de acero, al servicio de una fe capaz de mudar montes, como en la frase bblica” (26).

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Captulo IV LA ENSEANZA Y a hemos mencionado, en captulo anterior, los infatigables esfuerzos de la Sociedad Econmica en favor de la educacin cubana. Pero la poblacin, que en el censo de 182 7 era de 704,487 habitantes, haba aumentado a 1,007,624 sin que el numero de escuelas aumentase sino de modo exiguo. En 1857 el nmero de nios que reciban instruccin era uno por cada 100 habitantes (1). Por otra parte, os sucesos polticos de 1837, con la expulsin de los diputados cubanos de las Cortes Espaolas, iban creando un resentimiento entre la poblacin nativa de Cuba, y el aumento del nmero de esclavos, y a triste situacin de estos seres infelices, haca que los elementos seeros del pas se preocupasen ms aun del problema educativo, nico modo, segn ellos, de mejorar la situacin cubana* En resumen, bien pudo decir !a Sociedad Econmica por boca de uno de sus ms preciaros miembros que el problema de Cuba era un problema de educacin. Por tai motivo la Corporacin se dispuso a poner en juego todos sus recursos y esfuerzos para mejorar y difundir la enseanza y concibi la idea de formular un plan general de educacin pblica. f En mala hora tuvo la Seccin de Educacin la idea de formular una ley o Plan General de la instruccin pblica en a Colonia, pues esto fue la causa de que el gobierno colonial, en su afn de centralizar y controlas todas las ramas de actividad en la Colonia, determinara hacerse cargo de la instruccin pblica, como uno de los ramos de a Administracin .. (2), Haba la Seccin aprobado un valioso informe, rendido por Domingo del Monte, en el que peda la creacin de mayor nmero de escuelas, as como del establecimiento de Escuelas Normales para la formacin de maestros, proyecto este acariciado desde haca tiempo por Espada, Luz Caballero y por la Sociedad. Pero Espaa entonces, como en 1837 con los diputados a Cortes, reaccion ciega y equivocadamente* Ya, desde que Luz y Caballero elabor el proyecto del Instituto Cubano, exista 406

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Reforma de 1842 407 un mal disimula do recelo hacia la Sociedad Econmica. Por ello no es de extraar que el general Gernimo Vaids, gobernador de la Isla de 1840 a 1842, enviase un informe muy reservado ai Ministro de Ultramar en que abogaba por una centralizacin de la enseanza por el gobierno, considerando que hasta entonces haba existido una usurpacin de las funciones que eran privativas del Gobierno Supremo. De ah que el plan de estudios elaborado en 1842