Citation
Como vio Jacobo de la Pezuela la toma de La Habana por los ingleses

Material Information

Title:
Como vio Jacobo de la Pezuela la toma de La Habana por los ingleses cuatro capitulos de su Historia de la isla de Cuba y un fragmento de su Diccionario geográfico, estadístico, histórico de la isla de Cuba
Series Title:
Colección del bicentenario de 1762 ;
Creator:
Pezuela, Jacobo de la, 1811-1882
Roig de Leuchsenring, Emilio, 1889-1964
Pezuela, Jacobo de la, 1811-1882
Place of Publication:
La Habana
Publisher:
Oficina del Historiador de la Ciudad de la Habana
Publication Date:
Language:
Spanish
Physical Description:
1 online resource (232 pages) : illustrations. ;

Subjects

Subjects / Keywords:
1762-1763 ( fast )
Siege, 1762 -- Havana (Cuba) ( lcsh )
History -- Sources -- Cuba -- British occupation, 1762-1763 ( lcsh )
Historia -- Fuentes -- Cuba -- Ocupación inglesa 1762-1763 ( qlsp )
Cuba ( fast )
Cuba -- Havana ( fast )
Sitio, 1762 -- La Habana (Cuba) ( qlsp )
British Occupation of Cuba (1762-1763) ( fast )
Ocupación británica de Cuba (1762-1763)
Genre:
History ( fast )
Historia ( qlsp )
Fuentes ( qlsp )

Notes

Bibliography:
Includes bibliographical references. / Incluye referencias bibliograficas.
Statement of Responsibility:
nota preliminar por Emilio Roig de Leuchsenring.

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Holding Location:
UF Latin American Collections
Rights Management:
Copyright, Cuba. Permission granted to University of Florida to digitize and display this item for non-profit research and educational purposes. Any reuse of this item in excess of fair use or other copyright exemptions requires permission of the copyright holder.
Resource Identifier:
651752650 ( OCLC )
036286758 ( ALEPH )
Classification:
F1799.H3 P4 ( lcc )

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..CUATRO
de suHIS TORIA DE LA ISLA DE CUBA
y
UN FRAGMENTS
de su
DICCIONARIO OxEOGRAFICO,,.ESTADISTICO,
HISTORIC DE- LA ISLA DE CUBA







COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762
COMO V10 JAC OBC) DE LA PEZUELA
f
LA TOMA DE LA HABANA
POR LOS INGLESES,
CUATRO CARITULOS de su
HISTORIC DE: LA ISLA DE CUBA
Y
UN FRAGMENTS
de su
-DICCIONARIO, GEOGRAFICO ESTADISTICO,,
HIS TORICO DE LA ISLA. DE CUBA
Nota preliminary por
EMILIO ROIG DE LEUCHSENRING Historiador de la Ciudad de La Habana
Gobierino Revolucionariw
Consejo, Provincial de Cu'ltura de La Habana
d"k T-1 7 d-1 YX T A lr-' T71 'Ir T1r*Tf-1r""1-%T-%T A YNr-%T-% lir A A" V'T Y -F-% A V-%







NOTA PRELIMINARY
En nuestro empeno de divulgar entre el pu'blico actual, con motive del bicentenario de la toma de La Habana por los ingleses, las different versions antiguas, y por lo tanto mucho menos conocidas, de c6mo se desarrollaron aquellos excepcionales acontecimientos, a fin de que los lectures puedan, con su cotejo y la comparacio'n con studios ma's moderns, formarse la idea mas complete possible de aquella realidad violent y dolorosa, mas a la vez prenada de trascendentales consecuencias, que hubo de sufrir nuestra cajoital, ddmos.en el presented volumen la ma's genuinament6espanola de todas aquellas.
En effect: Antonio J. Valdes, elprimero en refgrir los hechos fuera de los contemporaneous a v.9ces actors en ellos- es cubano, hijo de La Haband; y aunque ignoremos cuales fueran sus rec6nditos sentiments respect de la Metropoli, necesariamente da, la nota native, y con mucha viveza, en la porcio'n que en su historic general de Cuba les consagra. Pedro J.' Guiteras,, que describe especialmente una Historia de la conquista de La Habana po'r los ingleses, es ya -a pesar de sus alusiones, a veces hasta pathetic al 44patriotismo" de- los habaneros sitiados un su'bdito relelde que, despues de conspirer contra la dominacio'n espanola, premiere el destierro a suffer pacificamente el yugo colonial; y en sus correeciones a datos y juices del mismo Pezuela, cuyo relate contiene el presented libro, se revela. ya un senior muy contrario al del historiador peninsular. Antonio Bachiller y Morales, con toda su apacibilidad de character y de estilo, es otro Guiteras, si no de profiles tan




JACOBO DE LA PEZUELA
ciado, a position, honors y riquezas en aras del patriotism, y ha ardido la Guerra de los Diez Anos, y el ha perdido en ella a un hijo: su cubania, pues, es cosa muy viva y doliente. .
12nn..Jacobo de la Pezuela, en cambio, es hijo de la Peninsula Y vasallo fidellSimo de los reyes borbonicos, aunque su
criterlo.. -to ra r (Tr
buen. _9 DO
ticos, militares o administrations del sentantes. en Cadiz en 181Ly e e le ido 1 a
e a r r e r a, d e- I a s _arm,- J 1 i I i -Cu ca. Pi tdn general Gerontmo Valdes Uivio en nuestra S1,
todo el resto de su vida en La Habana en. 1882. Ademas de military fue literate e hisLo iaVar,_AabLendo sidoq! nado mlembro de la Academia de la Historia de Espana. Pero estas 9,t,_*m--uomffgro caW exclus"tvamenti a
nuestrd-Mnlrr- a a es su as ae investigation,
y el afio 1868 edito' en Madrid su. Historic de la Isla e u a, tada ad --Ias-,-g.cdlaz-basLa-xntonces.
q _e _:4,partf de su acendrad"
simo sent1mien'to espafiol y de los concepts que le inspiraba su profession, teni 0 a tambien, por to visto, temperament ordenancista, que se revela en su desden por los milicianos y los combatientes voluntaries de aquella occasion de 1762, si bien no deja de reconocer la valentw' y hasta el hero'smo que en muchos casos mostraron y que, mucho hacen resaltar los historiadores hijos de Cuba -, ni oculta. los merits de cubanos como Luis de Aguiar y Pepe Antonio, aunque, acaso, por mal entendido patriotism y esptritu de clase, no esclarezca el maltrato de que este U'ltimo fue. victim a manos de un colonel espafiol, military de carrera. Et cambio, es el que se ensania con mayor encarnizamiento con los do-s hijos muy conocidos de La Habana, Recio y Penalver, que ma's notoriamente colaboraron con el conquistador singles.
Para dar en esta coleccio'n la vision de los hechos de 17621763 por el espan'ol Pezuela, hemos preferido, entre las tres ..obras donde trata el tema, la segunda -,la primer es su En-




COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 9
en este volume los tres capitulos, XVI, XVII y XVIII del tomo segundo del libro, el I del tomo tercero, y uno, de los Ape'ndices, el V, del'. segundo tomo, todos los cuales estan consagrados al sitio y toma de la ciudad, a la domino' ing ion lesa en. ella
a la restitucto"n de La Habana a Espafia. En ellos pitede apreciarse la extensa documentation procedente de fuentes espan-olas, especialmente de archives de la Peninsula que utilize SU auto r, a quien es justo reconocerle extraordinarias cuall-dades de laboriosidad y acuclosidad. Aunque no podamos asentir a todos ms juiclos, es innegable que, por ejemplo, su Dlccionario Geografico, Estadistico e Histo'rico de la Isla de Cuba, en nutridisiraos vo u nzene-,s, es, por la riqueza de datos de 11-f oda clase que contiene, obra de valor inappreciable para el conoctiniento de nuestim historic colonial. Precisamente de ella hem.os tomado, para completer este uolumen, el Diario M-11itar de las operations ejecutadas en- la ciudad y campo de La Habana, por disposition de su gobern'ador D. Juan de Prado y de los dema's spi ores de Jun'ta de Guerra dol tomo TT1 (le su Dicclonario.
Digamos, para termin-ar', que en esta Coleccio'n del P13icentenario de 1762 no esta au .elnte, tampoco, /a versfm do los hechos desde el punto de Vista contrario, es decir, del invasor y conquistador singles, pues en las principles de las obras que component se hallan incluidas coplas del. doewnentos, officials o privados, de marines y militaries britanicos Y extensp,'s citas d4e ob-as hist6ricas anglosajonas.
Emmo RoIG DE LEUCHSENRING Historiador de la Ciudad de 14a Habana







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PITULO DECIMOSEXTO
DEL TOMO Il
Fundadas presunciones de un rompimiento, con la Gran Bretana.-Gobierno del mariscal de campo D. Juan de Prado Portocarre'ro. Encargos que trajo. Estanca absolute, de la v2nta y cultivo del tabaco. Reparos de las fortificaciones. Emprende el ingeniero D. Francisco Ricaud la de la, Cabana; muere y s-9 abandon la obra Ref uerzos navales y terrestres en Cuba. Primera invasion del v6mito negro en La Habana. Caracter y estragos de esta enfermedad. Perjudicial tratado conocido con el nombre de
A
Pacto de Familia entre Espan~a y Francia. Declaracion de guerra de, Espan-a a Ingl'aterra. Organizacio'n de una Junta de Guerra en La Habana. In'til patriotism de D. Martin de Arana. Pr2parativos de Inglaterra en las Anti11as. Fuerzas destinadas a atacar a la capital de Cuba. Temeridad del almirante singles Sir Jorge Pocock. Se apodera de dos buques espanoles en el canal viejo de Bahama. Aparicio'n del armaments ingle's delante de La Habana. Anecdota'con Arana. Atropo..lladas disposiciones de Prado y de la Junta del Guerra. Desembarca una division inglesa en Cojimar y Bacuranao. Encuentro de D.
Carlos Caro y su caballeria con los ingleses. Ocupan a Guanabacoa y luego a la Caban~a. Incendio de los caserlos exteriors de La Habana. Salida al campo de gran, parte del vecindario. Desembarca otra division inglesa en La Chorrera. Don Juan Ignacio de Madariaga es nombrado




16 JACOBO DE LA PEZUELA
escuadra inglesa. Se apodera en el Mariel de la fragata Verfganza y del bergantin Marte. Hazan~as del'guerrillero
Pepe Antonio.
Con la mudanza del monarch insensiblemente mudo luego de political el gabinete espan-ol. Si la idea dominate de Fernando VI hab'a sido, la paz, la de su sucesor, ma's sometido, a los effects de raza y de familiar y a una antigua antipatia(" a la Gran Bretan-a, tenia que producer la guerra. Por inminente la tenia ya Carlos III, cuando al saber la muerte del virreyde, Mejico y su internal sustitucio'npor Cagigal, se apresuro' a reemplazar a este U'ltimo con D. Juan de Prado Portocarrero(2 a quien a su despedida le aviso' con reserve,
que la' conduct de aquella potencia podna obligairle, a un rompimiento; y asl e'Stuviese con tal precaucio'n como que podria, cuando menos se lo pensa-Lia, ser invadida y atacada
la plaza de La Habana.
Prado, despu's de recibir su nombramiento en 13 de mayo de 1760, desperdicio" tin tempo precloso en entregar sus dependencias de subinspector de la infanteria de Arag'n, Valencia y Murcia, y en solicitor y obtener su ascenso a mariscal de campo. No se embargo en Cadiz en la fragata San Cristobal., de la Real Compail'a, hasta el 24 de noviembre. Dilato' ma's su viaje y'la Ilegada a su destiny principal, tocando en Santiago de Cuba el 6 de enero, detenie*ndose veinte y un dias en este puerto con su antiguo compan-ero, de guardian espanolas Madariaga, y desembarcando en el de Batabano" el 5 de febrero; cuan do se hizo cargo de la capitania gene ral, era ya el 7, siendo, tantos, tan urgentes y tan arduous los encargos que traia, Como, escasos, lentos y aun, ideals los medics que hallo' para- cumphrlos.
. Nada menos eran que reorganizar todas las troops de la
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COLECCION DEL BICENTENARiO DE 1762 17
el ramo de tabacos, y conferirselos por cuenta de la Hacienda a una factoria general de nueva planta".
Empezo" Prado por la menos urgent sus, areas, convocando una diputacio"n de los labradores vegueros de la jurisdiction de la Capital y de Matanzas. En la junta que celebro con ella el 27 de febrero, se fijaron de comun acuerdo las cantidades, las classes y los precious respectivos, del tabaco que habia de recibir y pagar la factoria. Ya en 5 del siguiente marzo envio" testimoniado-- aviso de ese. acuerdo al ministry de Hacienda, marques de Squilace; y cuando eSperaba su confirmation, se lo desaprobo en 20 de julio aquel arbitrista inexorable, fundandose en que habia contratado solamente la compra de las cuatro mejores classes de aquella hoja, y que, abandonandose asi al expendio particular las classes inferiors, podrian los traficante '.s ocultar entre el tabaco malo el bueno y perjudicar los. derechos del estanco. Este, con tan exigente resoluc16n, se hacia tan absolute, que, cumpliendose esa nueva providence con rigor, ya no podria nadicv cultivar tabaco que no se destinase al Fisco, que se reseivaba exclusivarnente a si mismo el derecho de venderlo. Bien a despecho de los traficantes, se dio punctual cumplimiento a este mandate, tanto en el territorial occidentaL. como en el del centre y de levant, bajo pautas minuciosas, que form' el contador D. Manuel Garcia Barreras, a quien se cometio la factoria hasta que le sucedio" luego en su manejo D. Nicola's Jose' Rapun. Los comisionados de Barreras en Santiago de Cuba, Mayarl', Holguin, Bayamo, Trinidad, Sancti- Spiritus, Puerto -Principe y San Juan de los Remedios, a ejemplo de los de la Capital y de Matanzas, contra taron y aseguraron cuantas siembras de medio pie arriba habia en los campos. Desde el siguiente aflo 14) tod.a esa rica. produccio'n de la Isla se aglomero' en las factories y quedo absolutamente excluida del mercado particular.
Entre tanto, aunque de importance tan superior entonces a la de la factoria, progress' Prado mucho menos en las empresas de las obras, bien por career de maestranza sufficient
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JACOBO DE LA PEZUELA
colonel D. Francisco Y D. Baltazar Ricaud de Tirgale. Tenian de "ubalternos a otros dos officials que ni habian sAlido del pals, ni estaban a la altura de los adelantos hechos en el arte; y no contaban con ma's peones disponibles que unos trescientos entre negros, esclavos del Rey y presidiarios. Como en otros casos anteriores, por mas que hubiese agriado entonces. a, los hacendados una dis-nosicio'n tan arbitraria como la que acabamos de citar sobre el tabaco, el inter's comun habriales animado a contribuir a las obras con brazos y materials de las fincas. Pero ni empleo' Prado la maha que sus antecesores para atraerlos a que le ayudaran, hi al principle se fijaron tampoco sus proyectos en la obra preference, que era la fortificaclo'n de la Cabaha; desanimandole tambie'n para emprendeila la. exten0 IF
sion del plan de Cagigal a que tenia que sujetarse, la poquedad de sus recursos y la obstinada dureza del terreno, mezclado con pefia viva casi todo, que quince, ahos, de un trabajo asiduo y' mw gular en el sosiego de la paz podrian haber. vencido, desde que demostro' G**emes la importance de aquel pesto. Apresuro'se sin embargo el Capitan General a reclamar de Cagigal a Veracruz aux'hos de forzados, y a comisionar a D. Juan Miralles"51, comerciante de La Habana y muy conexionado con las colonias extranjeras, para compare esclavos en Jamaica con condos del Erario. Pero Veracruz, diezmada entonces por una epidemia desconocida y formidable, limit' su socorro aunos setenta presidiarios; y Miralles no encontrando esclavos de venta en las Antillas, paso a contratarlos en Londres y en Holanda, tan infructuosamente como en esta narracio'n veremos. La intellgencia de los ingenieros Ricaud. y los bra.zos de su mezquina maestranza tuvieron que aplicars.e, pues, a objets secundarios: a former un cartel para doscientos dragons que debian venir de Espana, sobre muros y solares cedidos por el conde de CasaBayona, a incompletos repairs del recinto, a reforzar la arti-Ileria en los castillos de Matanzas y Jagua, en los torreones de Bacuranao y la Chorrera, en las bater'as de la caleta. de San Lazaro y de la rada de Batabano'.




COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 19
mitio a Madrid el proyee-to del celebre Pacto de, Familla. Aceptado ese m.onstruoso acuerdo, en el cual se posponian los, intereses de una nacio'n a los de una estirpe real, cuando la Inglaterra victorious arrebataba a su rival sus dominion de, America uno a uno, -la Espafla, que se habia preservado. con Fernando V1 de combatir por la defense ajena, y que tanto progress' con tres lustrous de paz, iba ahora a sacrificar su sangre y sus tesoros para llenar las miras o remedial los contratiempos de un pueblo extranjero. Conjure sin embargo, el gobierno espafiol la tempestad hasta el regreso de D. Blas Barreda. a Cadiz con tos caudales de Veracruz y Cartagena.
Por no disminuir las fuerzas navales de, Cuba, estando la guerra ya anunclada, este general se los 11evo" tcdos a Cadiz en un solo navio, el Diligente, y dej6 en La Habana al experimentado D. Juan Antonio de la Colina"') con e.1 niando interino de la escuadra anclada en aquel puerto, y compuesta de seis navios de guerra, los llamados Neptuno, Rebw, Europa, Africa, Ame'rica e. Infante, todos de a setenta y sesenta; de las fragatas Flora, Ventura, Tetts, y el paquebot Marte, de a veinte y cuatro, veinte y dos y diez y ocho. A estos buques se incorporaron luego la fragata Venganza y la urca Fenix. Pero sabedor el gobierno espan-ol de los inmensos preparal''ivos del ingle's, desde abril despacho" de aquel. puerto peninsular para La Habana, una segunda escuadra a protege a las Antillas, mandada por D. Gutierre de Hevia, marques del Real Trasporte, el mismo a quien Carlos III premio' con ese titulo por traerle de Napoles a Barcelona, cuando vino a tomar posesi'n de su segundo trono. Llego' Hevia a su destiny en 29 de junio de 1761, despue's de dejar en el puerto de Santiago tres compa-0,
nias enfermas e incompletas de los regimientos de Espana y Arago'n. Esta segunda escuadra, que se incorporo' alli a la primera, se componia de los navies Tigre, Soberano, Vencedor, ConquLetador y Asia, sin contar el Tridente, que luego llego' tambie'n de Cadiz. Reforzaron a la guarnicio'n los buques de Hevia con setecientos veinte y cuatro hombres, del segundo bataH"n de Esioan-a: cuatrocientos veinte v cinco del segundo, de




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obras de fortificacio'n, que en lugar de server de auxilio para acelerarl-as, afligieron a la ciudad con una plaga inextinguible. Inficionados. con la peste alli reinante en'tonces, difundierQnla con rapidez por la poblaci'n, la escuadra y los cuarteles. No sabia la medicine que terape'utica aplicar a un mal que se propagaba por el aire y el contact; que inauguraba su funesta march con postracio"n, dolores de cabeza y de cintura, y ]a Prosegula con fiebre aguda, para terminarla con delir'os y Vomitos de sangre corrompida y negra. Por lo comu"n duraba cinco dias; y si la Facultad no la atajaba en el primer penodo o en el segundo, en el tercero la -muerte del enfermo era infa-51 lible. La India Oriental, cuna funesta de las epidemias mds destructoras de la species humana, habia hecho a America desde 1713 tan cruel presented, trai'do de Siam a la Isla de Granada por un buque merchant. Trasmitio'se. despue's a ot..gq A'ntillaq extranjeras un azote llamado en general "fiebre amarilla", que, aunque prefiriendo para su instalacion y desarrollo los p'witos bajos, pantanosos y litorales de la zona t6rrida, dilat' hasta el verano de 1761 su aparicio'n en una isla tan viC1cinal, y ademas tan enlazada con las otras por sus contrabandos. En 1740 la capital de Jamaica esAaba ya infestada, cuando el eje rcito exmdicionario de Sir 'Wentwortn se reunion a Vernon nara atacar a Cartagena de Indias; y tanto co-rno el valor de la guarnicion le ayudo' a Eslaba la peste nue consumia a los invasores, para rechazarlos y quedar triunfante. Huyeron de aquellos muross los ingleses, si; pero favorecida ror su ardiente ci.1o y su torografia, se avecindo' en aquel recinto desde entonces Ica fiebre amar-Ma, para per-petuar alli la venganza de sus, imrortadores. Desde- Cartagena se comunic' en los. anos sucesivos a los runtos mas poblados de la coqta tropical, y hista Veracruz, desde donde: la trajo ahora a La Habana un mezquino refuerzo-de galeotes.
Entre mariners y soldados perecieron ma's de mil y ocbocientos hombres en aquel verano; y fue tangraro el natural del pals atacado por la enfermedad como, el europeo que sobrevivio' a su acometida. Como en compensation de la humildad de su




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-1 n"
los enfermos los hospitals de San Juan de Dios y de BeI161L. ni Otro que establecieron para Ios de marina, junto a la factoria, Hevia y el ordenador Montalvo, acabo de acreditar el obispo Morell su humanidad y desprendimiento, habilitando a sus expensas las casas necesarias para recibirlos. Felizmente aflojo por octubre, compa's que el ardor de ICL temperature, una epideml cida en la isla, como en etras part,-- -s desde entonces, Con el estigmdlt-ico nombre de "vo"mito negro".
La pron.titud con que salio' de C.'Adiz 1Tevia no habia permit'do que tambien sne embarcaran en sus buques dos escuadrones del regimiento de dragons de E'dimburgo, destinados a montarse en la Isla y aumentar su corta fuerza de caballeria, formando un escaso regimiento, amaI0,1-2"n .1dos con las antiguaS compamas de la misma. arma.
El marques del Real Trasporte entire() a Piado, con otros
0
papeles instructors del Gobierno, una authorization para variar el antiguo plan que habia remit,ido a la Corte Cagigal para fortificar a, la Cabana, segun sus observations y recursos se lo aconsejaran. Animado con esta facultad, aumento' su corta maestranza ,con algunos negros adquiridos y otros alquilados a los propietarlos, logrando el ingeniero director D. Francisco Ricaud dar grincipio a la traza y clmlentos de aquella obra, mientras se ded-icaba su hermano a. otros trabaJos accessories en ]a plaza. Debie'ronse, sin embargoo, consagrar a aquel objeto preference todos':los esfuerzos y todos los brazos. D. Francisco,, bajo un cielo de fuego, desmonto y limpio' en pocas semanas la meseta en que remata aquella altura; redujo a un regular poligono el anterior proyecto; y a principios de octubre tenia ya, trazados los cimientos de los frentes del. este y sur, cuando Un a(fudo ataque. de la enfermedad reinante, en pocos dias le arrebato" a las esperanzas que su eficacia y sus luces inspiraban. Pero cuando ya la temperature 'rermitio" activarlos, paralizaronse en mal hora unos trabajos tan urgentes, ya por los quebrantos de salud que el D. Baltasar quedo' sufriendo, como por la resistencia a la zapa y a la pica de aquel indo'cil suelo,




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Pan's el 15 de agosto su deplorable Pacto de Familia; y cuando ya se esperaba que Ilegaran de un dia a otro a Cadiz, Barreda y los caudales, en decreto del 16 de enero de 1762 declare" el monarch espanol el nuevo, rompimiento con la Gran Eretahla'. El 26 del siguiente mes recibio" Prado esta important, nueva; y cumpliendo con una prevention determined anterionnente para el caso, convoco' y constituyo' en aquella misma nochf,,-, una Junta de Guerra, que, presidida por el Capitan General, debia formarse .con los generals de mar y tierra que se ha-, Ilaran en la plaza, el ordenador de marina, los coroneles de los cuerpos y ios comandantes de los navies anclados en ell, puerto.
I Desde un principio concurrieron a ella el niarque's del Real Trasporte, el ordenador honoraria de marina don Lorenzo Montalvo, el colonel del Fijo de La Habana don Alejandro Arroyo, sucesor del enfermizo brigadier Alonso en ese cargo, el m'ge*tanes de los nav'os, actuando
niero D. Baltasar Ricaud y los cap.L 1 '
como secretary D Jos(' Garcia Gago, a quien por io atezado de su rostro y ser capital del reg-4niento de Airica, le apellidaba el vulgo "el Africano""). Poco despues condujo su men.guada estrella a ocLipar en e'Sa juiita asientos preferences a dos personages de Importancia: 'un virrey salient, del Peru y un gobernador que ven-,,a de ser relevado en Cartagena. Eran e stos el decrepit y achac(.-,,so teniente creneral D. Jose' Manso de Velasco") primer conde de Superunda, y el mariscal de campo D. Uego Tabares tarr ,,,Joco escaso en ai).os, -,_-tunque de mayor
robustez y fortaleza.
D.esde'las primeras conferences acordaron quo suspendiera sus construcciones Ja maestranza del arsenal y s .-., incorporate. a las funrzas de la plaza, y que se reformaran y reemplazaran las militias, formandose ptadrones de cantos individuals hubiese en estado de tomar las a-Ymas. Mientras Prado Dedia a la Corte con urgencia mil hombres de fuerza veteran para reponer las bajas del anterior an-o, y cuatro mil quintales de p01vora, tanto en el recinto como en los, castillos se ramon Y
il MISO v Rivaud. disnon'end(' de
re-uso el cure aic do, Ins hnte I




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Con los condos que de Veracruz hab'a traido por noviembre el capital de navio D. Juan Antonio de la Colina, se pagaron sus atrasos a todas las classes, a las troops, a la escuadra, a los destacamentos y a las guarniciones de Santiago y la Florida, y adema's a D. Lorenzo de Madariaga le envio' Prado caen mil pesos para las urgencias de su distance territorio.
Habianse hecho en La Ha4-ma i yuales o inuy parecidos preparativos ds::, defense. en los casos de guerra. precedents, y aun mayors para la de 1.739 a 1740. Ah.f_-),Ya el vecin6loario, la guar-A
nicion y los raarinos suponian al pue-Ato muy aser-rurado con )a presencia, de la escuadra. No pirr_.I.Mia. nadie q1U4 r,A Intent.aran, los armainentos enemic-,os Io auie en (--,us epocas -,no osaron con medics poderosos, Iii Hosier, ni Vernon, ni Knowles. En'todas las guerras anteriores hubo, pues, en aquella, caPital mas temores de invasion rue entonces, por mas qu. se la anunciasen con repeticic'n a Prado y a I-levia. el goberm'-Aor (le, la paxte francesa de Santo Domingo, el, jefe de la e ',Icuadra de la misma nacio'n, anciad-a en caquellas agwqs, M. de Blenac, y au"n el mismo gobernador de Santia, 0', Madariaga.
El 21 de mayo por la tarde, aleyando tener que conlunicar al Gobernador tin aviso de important -u-lgencia, un hornbre cubierto de sudor y fango penkro has;ta ica antesala de Prado, que habitaba. en el eastillo de la Fuerza. No eran horas de audiencia, y te despidio' con el secretary Garcia Gago,
que, al oirle Iriombraxse D. Martin d..---,, Arana, traficante de Santiago con Jamaica, sin'ni-n-io entonc ,_:- s de contrabnndista, desestirno" el valor de sus noticlas. ESforzaronse con Prado, para que le oyese aquella misma noche, el sesudo auditor de guerra. D. Martin de Ulloa'10) y el capital de navio D. Julan de la Colina, que, conociendo a Arana. le responding de su veracidad. Ni ojeo Prado siquiera. sus papeles y las Gxacetas de Jamaica, suponiendo aquc-I gobernado. incompatibles la lealtad y el patriotismo con los haoitos del. contraband. Arana, que se haHaba en Kingston dos semanas antes, observando alli acopios de viveres y municiones para grades fuerzas, oyendo que iban




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de San Antonio. Vino desde alli cabalgando noche y clia en potros, sin montura, con Iluvia y sol, sin descanso y aun sin aliniento, para prestar a su pais, con la oportunidad de su aviso, un gran servicio para que se lo inutilizase la incredulidad del mas obligado a agradecerselo.
La declaracio'n de guerra ballo, a la Gran Bretana esta vez Mas preparada que en los anteriores rompimientos. Hacia cinco anos que sostenia una lucha feliz contra !a Francia. Despue's que con la conquista del Canada' co mpleto casi la de la parte septentrional del nuevo continente, su marina, sin rival en las Antillas, se apoderaba en .1761 sucesivamente de la Dominica, la Martinica, de Granada y sus islotes adyacentes, de Tabago, Santa Lucia, la Guadalupe y San Vicente. Al principiar el siguiente an-o no conservaban otra colonial los franceses en el Arcb1pieflago que su parte de Santo Domingo, en cuyo's puertos se acogia una escuadra muy de*bil para hacer rostro a la inglesa, a la sazo'n mandada por Sir James Douglas-.
Asi que se la declare Carlos 111, dete-Imino" el gobierno ingle's inaugural la guerra contra Espan~a con un golpe que la conmoviese lo bastante para solicitor la paz, y nada menos era que la conquista de la Ilave principal de sus Indias, de La Habana. Fueron sus providencias tan activas, que ya en 5 de marzo cinglaban de Spithead para Jamaica sesenta y cuatro buques. de guerra con el almirante Sir Jorge Pocock"'), y mas de diez mil hombres que mandaba Lord Albemarle (12) amigo y favorite del duque de Cumberland, si bien menos general que cortesano. Expidio' al mismo tempo el Almirantazgo prontas 0rdenes para que Sir Douglas se incorporate a Pocock en Jamaica; y que sir Jeffery Amherst, gobernador general de la America del Norte, reuniese en Nueva York y Charleston los refuerzos de municiones y de gente que Albemarle necesitase. El 26 de abril se verifico' en la Martinica tal reunion de fuerzas navales y terrestres de la Gran Bretan-a, que ni antes, ni rara vez despue's, ni en calidad ni en number se vieron ni han
a ver en America mayors.




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gatas, de 'a cuarenta, dos de a treinta y dos, cinco de a veinte. y ocho,'unA de a veinte y cuatro, cuatro de a veinte; y ademas otros. buques menores entre beTgantines, trincaduras y brulotes. Sumaban todos estos buques dos mil doscientos noventa y dos pieZ.as de artilleria de bronco, con un repuesto inmenso.
Adema's de la artilleria, con parqu I e de campaida y tren de s *to, de un cuerpo de ngenieros con considerable acopio de tiendas, herramientas y pertrecho::3 contabanse en la expedicio'n hasta veinte regimientos, repar-tidos en cinco brigades, todos veterans y probados en, cinco aifios de gul-,--irra y de victorias en AlemaniA, en el Canada' y en las Antillas. A la insuficiencia
ilitar de Aibemafle suplia ventaiosamente su segundo el tell I I 1j
niente general Sir Jorge Elhot'", que tanto se flustro despues defendiendo a Gibyaltar en otra guerra; y rayaban entre los cabos principles de tan imponente exredicl.10n, lo-",, brig adheres Lord Rollo y Francis Grant, conequ"stadores de la Martin' otras islas, 3 sobre todo Sir Guille'rmo Howe, M111tar esclarecido y el U'nico caudillo -Ingle's que luego supiese recover laurels e.-Li la lid entre la Gran Bretafia y sus colonies.
Sin contar los refuerzos que A;be'ynarle esp,-1,raba de Jamaica y Charleston, ni sesenta individuals del ramo de sanidad military, Ilegaban a doce mil cuarenta y un hombres los de desembarco que, reunido-S a ocho mil doscientos veinte y seis que contaban las tripulaciones y tropa de la escijadra, y a dos mil peones negros para los trabajos, formaban un total de veinte y dos mil trescientos veinte y siete.
Toda esta armada sali', dle la Martinica el 6 de mayo navegando con lentitud pero reunida. Era ya el 17, cuando despues de acorralar a la escuadra francesa de M. dn. Blenac en el Guarico, marco el cabo, de San Nicolas, y pudo avistarse desde Baracoa.
Surcando ya, esas aguas, tom' Pocock una resolution que habria sido su ruina, si 11eg8kndo a tikempo a La Habana y al Guarico noticias de su rumbo, se hubieran concertado Hevia y Blenac para obrar con valentia. Guiandose por carts espa-




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Canal Viejo de Bahama. Si durante las siete cinglar],uras que tardo en Fasarlas Pocock avanzando siempre con Ia Sonda Y con sefiales, le hubieran embestido a Ia vez por wanguardia y retaguardia, a Ia entrada y salida del canal, los diez naNilos espanoles de Hevia y los siete francesesde Blenac, mds:; que practicable, verosimil era que marines como D. Lu' 's de Veiavsco,, el marqu."-s Gonzalez y D. Juan Postigo, official antigi-7,o del Glorioso; que maniobreros como Colina, Blenac, y afta e-4 misrllo Hevia, desagravAaran alli conesplendida hecatornbe Ia memorial '17. do
de Ia gran armada de Felipe II, y se vengaran loll) agrawio ; Ia usurpacio'n de Jamaica y de otros golpes. Pero au-n no se hablian fijaedo los generals de las armas ahadas en Ia ventajla de combiner sus operations antes de empreenderlas, y .,enia que cumplirse lo que estaba escrito.
El gobernador de [Santiago de] Cuba, Madariaga"," no supo
10 1 p unidad
to. direcc;"n de 1,a escuA.a1-_11-a in(yleqa hasta Tasada ia w)ort( para 1, _, 'A. 1 1
T 7--A-,Via y Ble) ia(-, fo-r7vados a observer d'st*ntas instruccionQsl cuando Pocock en-iprendio' su movii-niento, ni se, 11 ill-G. Tanto como Ia
habian puefto .(Dr.) cor,,espont.I-encia uno con oi., inaction de los al"iados favorc!ci al in-'-' I's --in tienipo bonancible en el canal. El 2 al desembocar ya su vanguardia, avisto" por e I N 0, -a t espafiol, .,s que a cargar ,it'rtadera a Sa(yua e scoltadas ror Ia fragata Tetis, de a trelinta v dos can-ones, Y Ia urce Fe"nix, de a diez y ocho. Alcanz,91ronlas, despue's de una eaza de seis horas, las fragatas inglesas Echo y Alarm, de veinte y ocho y treinta y dos, trabandosr.-,, por Ia. tarde una refriega que termino" con Ia rendici(5n de los dos buques espanoles, con diez muertos y catorce hericlos, aunque solamente Ia Alarm period' diez y siete hombres; percance este que arrebato" a Ia defense de La Habana unos trescientos. El 5 se reconcentro con su inmenso convoy toda Ia escuadra, por el horizonte de Matanzas; y los primers resplandores del dia G ensenaron en los limits del suyo a los habitanties de aquella capital, los cincuenta. y tres buques de guerra y los doscientos transported de aquella formidable armada.




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tras cundia el desasosiego por un pueblo desacostumbrado por eatorce an-os de paz a estas alarms, tomaban-Prado y Hevia por cavilaciones las juiciosas conjeturas de Colina; y a las doce se retiraban a la plaza, persuadidos de no ser aquel airmamentG Inas que la flotilla que regresaba todos los anos de Jamaica a Europa. Supusieron ambos que, si era en esta. ocasic"M mas numerous, explicaba esa circunstancia la necesidad de Ilevar los buques merchants reunidos y escoltados porla escuadra en una epoca de guerra. Al volver de aquel castillo y al. altar en tierra, vio Prado a D. Martin de Alrana hablando con Ullw), y otras personas: %Que' es esto, senor Arana?" le pregunto" el got, ey: tador, "IQue ha de ser, seflor!" le respondio' el. interrogado "lo que yo vine a anunciar a V. S. quince dias ha7ce atro-nellando toclos los peligros, co--no buen vasallo del Rey
Uen esraftl"'. No t-rd' en esengafliar a Prado Ia ma's evid e n tca do, esta respuesta, Apenas hab'a ent-1-ado en
_j 1_1 --, e el misyno Mom oue viraban la Fuerz-ga, cuando 'Ie avisa'l' ')n desi, ell--" lor"
todtas las embarcaclones navegando en dil del
puerto.
Multitud. de vecinos y farnilias atropellaron erNitonces S".111.
al campo, mlentras, se agrul)aban o tros en los umbrales de la Fuerza a, pedir armas, y corrian los capitulares a ofrecer a Prado para la defense su sangre y sus caudales. Mando este vober!iador con toda diligence reforzar los cast Hos y puestos de !a entrada.. AFcerJi6 en nombre del Rey a coronelps- a los regidores y capitanes de militias D. Luis de Aguiar y D. Laureano Chaco*n, aspirantes a ese cargo en ocasio'*n tan ardua como honrosa.
Hacia ocho dias que, despue's de dejar en Santiago de Cuba unos cincuenfia a ]as 0'rdenes de Madariaga, habia Ilegado por t-.*.erra -a GuanahacoSA con clento cincuenta jinetes desmontados el colonel de dragons de Edimburgo D. Carlos Caro, active y entendido escuadronista, a quien cometio' al instance aquel general el complicado encargo de recover los caballos y monturas que cedieron los municipals y pudientes para habilitar, aquella




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ambas armas que se le presentaran en Guanabacoa; y marcher luego a cubrir,.,el literal entre Cojimar y Bacuranao., Aguiar y Basave que le acompahaban, cumplieron su mission con gran presteza, allegando en aquella misma tarde considerable propel de baisanaje y milicianos y trasladandose al anochecer a las plays indicadas.
No anduvo Hevia menos diligence en poner todas sus naves en franquia, a excepcio'n del Conquistador, que se estaba carenando. A] commandant de este navio, D. Pedro Castejo'n, le confio'. Prado el manejo de las fuerzas que quedaban de rete'n, despue's de haber destacado a ]a Chorrera al colonel del Fljo", Arroyo"", con las compahias de granaderos de su regimiento y de los dos batallones de Arago'n y Espafia y doscientos soldados de marina que mandaba el captain de fragata D. Ignacio Poncell" segundo de Castejen en el Conquistaor. Como al pa,,. ,o qiie ei armaments ingle's se dirigia a la costa, se extendia su larcra Hnea de E. a 0., eran de recelar s*multaneos desembarcos por ambos flancos de la plaza, y era tambien por Io tanto imperiosa la madida de cubrir aquel surgidero, tan expuesto corao Ijos de Cojimar y Bacuranao., encomendados a D. Carlos Caro.
Muy adelantada estaba ya la tarde cuando avanzo' Pocock a dos tiros del ,,\4orro; y como una fuerte brisa. levatara resaca por la playa, de actierdo con Albemarle, determine' suspend der basta el siguiente dia la opelacion del desembarco. Pusieron todos sus buques a la capa, y esa demostracio'n infundio a muchos la esperanza de que no Ilegarian a ejecutarlo.
Sin que nada se hubiese prevenido para la subAstencia de su gente paso Caro la noche en la playa de Cojimar, levantando parapets en el surgidero, mientras el ingeniero Calderiny sus trabajadores habilitaban en aquel torreo'n las defenses necesarlas. Supe'rfluas precauciones. En las primers horas del, dia 7 saltaron las troops inglesas en las lanchas, mientras la artilleria de- las corbetas Mercury y Bonetta reducia simultaneamente a escombros los torreones de Cojimar y Bacuranao,




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logro' asi verificar sin resistencia el desembarco, saltando en tierra por Cojimar la primera brigade expedicionaria, una numerosa column de granaderos y otra aun mayor de infanteria ligera que acaudillaba Elliot, mientras el mismo Albemarle desembarcaba por Bacuranao con la mayor parte de sus fuerzas. Entretanto, viendo a Pocock correrse hacia el 0. con la mayor parte de la escuadra, dispuso Prado que marchase Castejon a reforzar a Arroyo en la Chorrera con la mayor parte de la infanteria que en la tarde anterior habl'a quedado en el recinto.
Observando Caro que a las tres se ponian en movimiento los desembarcados hacia Guanabacoa, ordenados en dos columnas de camino parallels, obligaronle a retirarse la inferioridad de number, condition y estado de su gente, labriegos sin ensenanza military, armados los que mejor con malas escopetas y desde la taMe anterior sin alimento.
. Al amanecer del 8, antes que las columns de Albemarle, dirigidas por su jefe de estado mayor Carleton, se incorporasen a las de Elliot, destaco' aquel jefe a la Cabana a Su mal arreada y desfallecida infanteria; y, mantenie'ndose en reserve con cincuenta drago'nes, los U'nicos de su regimiento habi'litados entonces de caballos, ordeno" que D. Luis BaSave acometiese a la vanguardia ing lesa con doscientos lanceros.de militias y cincuenta veteranos de las antiguas compahias. Quiso ensay-ar con esa prueba, el jactancioso ardor de los jinetas milicianos, o justificar aull mas, su forzosa refirada. Pero se estrellaron entonces en la disciplina y en la fuerza el enthusiasm y el valor. Mienfras los dragons de Edimburgo'tiraban desde un platanar sobre las rojas masas invasoras, los colecticios escuadrones de Basave, sin que su superioridad les arredrara, al grito de "IViva la Virgen!", cerraron sobre el enemigo. Pero recibidos con vigor, huyero fi en desorden. Veinte y nueve hombres perdieron en ese momentaneo. choque, entre ellos a D. N. Castillo, uno de sus mejores officials, ofendiendo solo al ingle's alauna rara herida. Un su'-I bito aguacero, y- el career los desembarcados de caballeria, preservaron de su persecucio'n y de un, degUello a los campesinos fuLlitivos.




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tar a los dragons, y con las sills y f renos que tenian, improviLsaron sin demora un escuadro'n, que Albemarle dio' a gobernar al captain Huttie,
Caro, despue's de sitar para observarlos, una avanzada. en el Luyano', y de establecer en Jesu's del Monte a su restate fuerza, mandando que se reconcentraran alli los milicianos, corrie a participar a Prado y a la Junta de Guerra lo que vabian ya por los pro^*fugos.
La Junta, desde el dia anterior, habia sido convocada por, el Capital General, cuando manifesto' sij. intencio'n de desembarcar el enemigo. Formalronla por orC, en de graduaciGn Y antigiiedad: Superunda, Tabares, Hevia, el Teniente Rey, el colonel D. Dionisio Soler, y los capitanes de navio D. Juan de la. Colina, D. Francisco Garganta, D. Juan del Postigo, D. Francisco Medina, D. Juan Ignacio d Madariaga, D. Francisco Bermudez, D. Jose' de San Vicente('20) y el marque's Gondlez, ejerciendo el empleo de secretary Garcia Gago.
Military disciplinista y de valor, ma's sin inspiracicn, fu' desde su principio Prado en aquellas conferencias un do'cil instrumento de Hevia, cuyo ascendiente domin,-") tambie'n al presidente Superunda y a Tabares. Aunque despejados ambos, y de experience consumada, se consideraban miembros tan incidentales de la Junta, como su desdichado arribo al puerto; y asi esquivaron estos generals la iniciativa en toda providence, por Mas que siempre se la sometimes con estudiada. deferencia los dema's vocals y au"n el man-ero montafte's Colina. Postigo, que fue segundo del bailio Lacerda en las heroics y postreras jornadas del navio Glorioso, incapaz de ceiar en el peligro, lo era tambien para oponerse a las ideas de su superior, el jefe de escuadra; y tan sumisos como 61 eran sus companerosexcepto el argumentador Colina. y el marque's Gonzalez, navarro independiente y de altos pensamientos, aunque de poca afluencia en el discurso. El Teniente Rey sometio' su parecer al del capita'n general, y los coroneles de los cuerpos tenian que em.plearse en las operations; luego menester fue' que en la junta dominasp. la influpnrin r1p] mqrnnP',q dP1 Rpnl Trqqnnr.p- ven-




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las providencias de la Junta, se resintieron desde luego, de los apuros de la plaza donde funcionaba, y de la desproporcio'n de los medics de defense con los de una. agresio'n tan ponderosa.
La fiebre amarilla. del aflo anterior, que se habia reproducido en i-nayo con fiereza, al presentarse el armamenho ingle's tenia. ya dC:.1vorada la mita'd de las fuerzas de la guarnicion y de la es)cuadra, que au"n incluyendo. a los enfermos de los hospitals, no ascendian sino a dos mil setecientos ochenta y un hombres' 21) Este guarismo desanimador se cmn poniia. (I-e cuatrocientos ochenta y uno del batallo'n de Espafla, y doScientos sesenta y cinco del de Aragon, gente bisofia, rnas lu.cida y dura, toda de aragoneses y alcarreh.os; ochocientos cincuenta y seis del de la Habana, cuerpo fijo compuesto de .12.aturalles de CanariaS, menos inclinados al serviclo rnihtar que a industries; ciento y' cincuenta dragons &-3- Edimburpro que. acababan de desembarcar y de ponerse por primer vez uniforme- 6ento y cuatro artiileros de la plaza y cimetiten'ta do. marina,
que eran excelentes.
Al saberse el 7 donde desembarcaba &'i. (i-qCM- I Yr)l Q(' juzgo con tino que seria la Cabafla, el. preference objeto de su ataque, uella altura.
fl-61 la primer medieti de la Jimta enviar a aq,
los increnieros Ricaud y D.. J'Uan Cotilla, con toda la mae-stranza, ael arsenal y de la plaza a former y artiihar v,_'Irlos reductos, COM1.0 Si se pudiese improviser en un dia solo Ile- que se tuvo olvidaOI-o tantos a-os. En pocv-_s homs fabrictll la ma.rinena en el. arsenal una gran balsa para tras.-Iadar de urva parte a otra de, la bahl'a troops, trabajadores y eaftone;S' y, cual pronto sobresaliente para las urgencias, se traslad' Castej')nI:I--" ia CabanNa con la misma fuerza que habla Ilevad.o a la Chorrera, a donde vino a reemplazarle Agular con quinientos milicianos. Agota'ronse en treinta horas las fuerzas de aquelloss officials, y un miller de obreros, antes de trazar otro reducto fionterizo al Morro en aquel suelo tan terco y resistente al hierro. lVana faena! Al anochecer del 8, Carleton, con dos mil hombres destacados de Guanabacoa, se dirigio' a examiner la posicio'n; Y,
_:_ ___ I- __ Z A.,A fNII.2r4 vvi"en




32 JACORO DE LA PEZUELA
tejon le abandonase con su fuerza veteran, dejando alli tan SO"lo a trescientos milicianos para claver la artilleria, tan penosamente subida a aquella altura el dia anterior, y para evacuarla tambie'n, cuando los atacase con number superior el enemigo.
Al mismo tempo que con el precipitado abandon de la mas important position quedaba la plaza descubierta, adoptaba la Junta un singular arbitrio para conservarla. Recelando, que intentara Pocock forzar la entrada de la bahl'a, mando barrenar y sumergir en ella a los navies Neptuno y Asia, y al Europa luego. Tal consejo inspire' a Hevia y aun al sensa to Colina la memorial del e*xito con que veinte anos antes le siguieron Eslava y Lezo defendiendo a Cartagem, sin examiner ni la diferencia de configuracio"n de entrambos puertos, ni la'desigualdad de circunstancias y de casos de uno y otro asedio. Se subordino' con esa providence una escuadra excellent y numerous a corner igual suerte que la plaza; se sacrifice la cuarta parte de sug buques al temor de uDa oreracio'n impracticable con los naturales tropiezos de la entrada y los fuegos de los dos castillos; y se malograba de una vez toda oportunidad para que combatiese acoderada al Morro o que tomara el largo. Ya no pod'a salvarse sino con La Habana, y con la insensate evacuacio'n de la Cabana, la salvation de La Habana era dudosa.
Origin' tan desatentadas providencias un com'n deseo de reconcentrar en el recinto y los castillos todas las fuerzas veteranas. En effect se reforzaron con unos seiscientos mariners, desaparejan dose los buques a exception del Aquilon, del Ame'rica, mandado por Colina, de la fragata Perla, de la Companla, y de otros dos o, tres apostados en los punts conveniences, de la bahla para protege lais'avenidas y approaches de la -plaza. El balerio, la po'lvora y las mejores pizzas de los navies se trasladaron con prontitud a los castillos y a varies bater'as, to mismo que los pertrechos y. los viveres.
Por Batabano', por Jagua, por Cabo Corrientes y por lo interior de la Isla, se apresu'raron Prado y la Junta a avisar la situacio'n de La Habana al virrey de Mejico, a los gobernadores
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y destac Asen a socorrer a la capital a cuanto-s pudieran prestar ese servicio. Curioso es recorder que cuando firmaba Prado el pliego en solicited de auxilios de los franceses del Guarico, le presentaron otro en que, tambien se los pedia a e'l su gobernador Bory, muy persuadido de que descargaria sobre e'l la tempestad que descargo' en La Habana.
Mientras los jefes militaries, el cabildo y los notables exci taban al levantamiento en masa contra los ingleses, tambien enardecia con sus discursos a la gente el obispo Morell, a quien sorprendio' la invasion po'r Bejucal y Santiago de las Vegas. De su orden predicaron al moment los parrocos ardorosas platicas contra los herejes, afanandose en robustecer con la intolerancia religosa al patriotism. No pasaba de sesenta mil almas la poblacio"n de la Capital y sus, partidos, ni de siete mil toda la parte masculine capaz'de empunar armas; pero fu'eron de entre ellos muy contados los que no se presentaron a pedirlas por evidentes y fundadas causes. A todos los, que no eran milicianos, fuesen blanco, mulattos o negros, un deber que no exceptuaba a nadie los convirtio' de ret-ente en voluntaries. Los hacendados comarcanos, unos por forzosa imitation, los ma's por celo, imitaron el generous ejemplo del ordenador Montalvo, que abandon la recoleccio'n de dos ingenious para emplear todos los brazos de sus negros en las op eraciones exteriors o en las faenas de los fuertes y el recinto.
La defense de sus f renters a tierra se dividio' en cuatro secciones, encargadas a Garganta y Castejo'n, al colonel Arroyo y al teniente colonel D. Jose' Pane's Moreno; Jl A
ponie'ndose tambien cada bacteria en particular al cuidado de different officials de tierra y de marina, con los artiIleros y gente necesaria. Y semejantes, disposiciones se tomaron asimismo para la custodial y defense de la parte interior del puerto, desde la puerta de la Punta hasta la de la Tenaza; en la intelligence de que, por falta de tropa reglada para cubrir la mayor parte de la muralla estaban las cortinas y los baluartes guarnecidos de negros, mula
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Obligado a permanence dentro de la plaza, no podia Prado dirigii las operations en el campo, ni tender tampoco a lo dema's de la Isla. Por acuerdo de la Junta nombro' comandante general al capital de navio D. Juan Ignacio de Madariaga, hermano del goberndaor de [Santiago de] Cuba y jefe aventajado, revistie'ndole de sus atribuciones y poderes, para mandar troops y militias, administrator justicia, gobernar el pais, y organizer la defense en la camping, operando bajo sus auspicios Caro con la caballeria veteran y voluntaria, Aguiar y Chacon con los milicianos y gente de color de a pie'. Madariaga Hamo' a las armas, ofreciendo el enorme hab.er de un peso diario, no solo a los voluntaries del palis, sino hasta a los desertores de tropa y aun a los presidiarios huidos que se presentaran a tomarlas. Para que no se escaseara de recursos los primers. dias, destiny' Prado a sus 0'rdenes, con noventa v ocho mil pesos y el titulo de tesorero de campo, q- don Juan Tomas de Jauregui, que recibio' despues mayors sumas (24)
jos y cansados los castellanos del Morro y de la Punta, las posiciones mas amenazadas en aquel asedio, desde luego los reemplaz' Prado, tambien por acuerdo de la Junta, al prie-,
k.0 _'ta alma cuya
mero con D. Luis Vicente de Velasco, ind"m-i intrepidez crecia con el peligro; y el segundo con el de igual clase D. Manuel Bricen-o, acreditado tambie'n por su intrepidez y experience en lances be'licos.
Coincidieron con estas dis'posiciones otras tan dolorosas como necesarias. Mando'se salir de la ciudad, antes que los movimientos del enemigo lo e-storbaran, a cantos pudiesen aumentar su consurno sin contribuir a su- defense; y se despejaron los approaches. del recinto incendiando los mezquinos casenos de afuera, que se llamaban ya barrios o arrabales de Guadalupe, la Salud y Jesu's Marla.
Al amanecer del 10 todas las monjas en tapadas calesas, las comunidades religious, y una sobresaltada grey de anclanos,
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nin-os y muieres en carruajes, en caballerias, en carrots y aun a pie, salieron de la capital con la escolta de una compan-i'a de




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clon general se repair' que, cuando la Real Compan-ia y los particulars extraian su numerario y sus mas portaffiles valores, de una plaza ya asediada, el Gobernador y la Junta considerasen mas seguros dentro de la Fuerza los caudales que hab'11 trai'do, Colina con destiny a Espafia, las cajas resales y los fondos de la Tactoria. De los del Erario entonces no, salieron otros del recinto que quinientos mil pesos puestos luego a disposicio,n de Madariaga y a cargo del tesorero de campo Jauregul, el que hab'a elegido Prado para pagar los suministros, y estipendios a los milicianos.
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Entre tanto, Arroyo, Aguiar 1 Y Chacon, ensordeciendosl-. por con tan violent deber a imprecaciones y protests,
incendiaron en la misma man-ana del 10 todo el caserio de lo s suburbios que estorbaba a los fffegos de la plaza. Era de maderajes, techados de guano casi todos, y en menos de doz, horas se convirtieron los ILamados arraba"ies en pavesas. Con la misma prontitud se volvieron barrizales y laguna los campos circun-dantes de la muralla, rotas las diversas acequias de !a zanja por los milicianos. Esta media, sin privar de aguas potables a unx plaza, surfida por aljibes-, imped'a a los enemigos abrir trinchel-las contra sus cortinas, mal resguarcladas de fosos y Gin camino cubierto ni estacadas.
No fueron los defects del recinto. la prueba U-'nica del abandono con que en el largo y paciffico gobierno de, Cagigal se habl'a desatendido a las obras de defense. Por haber cesado entonces, las consignaciones a tan esencial objeto senaladas,
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ank.es, no se encontraron en estado de server ni la mitad de los tres mil y quinientos fusiles de los almacenes_ para distribuirselos a las militias. Apenas se pudieron completer dos mil armas de fuego entre los pocos U'tiles de la sala de armas, algunas. carabinas que pronto' Hevia de la escuadra, y las escopetas de caza de particulars. Por eso, todas las fuerzas, las solas. fuerzas armadas y capaces de oponerse a las huestes de Albemarie, se redujeron a dos millares de peninsulares veterans, de los batallones de Espafia, de Aragon, y de marina, a otro de




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porcionados a los del ataque, entre muchas probabilidades contrarias, solo de dos se podia esperar que triunfase la defense, del rigor de la estacio'n y de la impericia del caudillo ingle's.
Permanecia Albemarle con el grueso de sus fropas en Guanabacoa, sin suponer que careciera de fuerzas veterans una posicio"n tan important como la Cabafla. Cuarenta horas despues, de evacuada por Castejo'n, fue' cuando dispuso que se dirigiese su jefe de estado mayor, con dos mil hombres, a ocuparla. Ante ese number y cumpliendo con sus instrucciones, se replegaron los milicianos sobre el Morro en la tarde del 11, hacienda fuego a gran distancia; y despue's de tan irreflexiblemente abandonada al enemigo la precious altura, para los errors que en la defense se cometieran despue's, ya no quedaba enmienda.
No contando Pocock con que lograse el ataque de la Cabana un exito tan breve, mientras Carleton se dirigia a ocuparla, intent' distraer a los sitiados, destacando simultaneamente a la embocadura de la Chorrera lo-s navies Nottingham, Belleisle y otros, con las fragatas Mercury y Bonetta, que al mediodia reconcentrayon sus descargas sobre el debil torreo'n de aquella playa. Habia reparado sus defeDsas con premura D. Antonio Trevejo, jo'ven habanero de conocimientos, que servia de ingeniero voluntario, y abierto una trinchera para abrigar a la fuerza de militias acaudillada por Agular que cubria aquel surgidero. Como alli no permitian las inflexiones de la costa que fuera batido el torrec'n sino oblicuamente desde el mar, mas de dos horas estuvo contestando a los fuegos de la escuadra con los de su bacteria de seis pizzas de a ocho. Pero quedando luego desmotadas y parte del fortin derruido, Aguiar, con poca y mal armada gente para oponerse al desembarco, se retire' hacia. la plaza por la- costa, dejando a los ingleses duen~os de la sola aguada potable de las cercani'as, y a'n de los approaches occidentales del recinto, para ensenorearse tambien alaunos dias despue's de la loma de Arostegul, coronada hoy por una soberbia ciudadela, y descubierta entonces, por de3gracia.
Mientras tanto, Madariaga y Caro no conseguian ordenar J. a
ni reaimentar a las militias. ni aun suministrando el Deso diario,




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nabacoa D. Jose' Antonio Gomez 12,11 conocido en todo el pal's por Pepe Antonio, y a pesar de sus anos, por su agilidad y su destreza como cazador, tambie'n obrara por su cuenta, con porcion de monteros escogidos; y que formara adema's otra partida el official veteran D. Jose' Bernet, llamado el Jerezano, y tirador cumplid'. Con su popularidad entre los labriegos de un pals en todo tempo libre de sujecio'n military y de sorteos, los pudieron emplear con ma's provecho- que la discipline y la. severidad de Caro, que los miraba con desden, y a quien tampoco miraban con aficio'n ellos.
Fue ocupacion preference de este jefe organizer y mortar en Jesu's del Monte a sus Dragones, sinque le inquietaran los ingleses, concretados entonces a proveerse de agua en la Chorrera o rio Almendares y a acarrear sus repuestos y sus. trees desde Cojimar hasta la Cabana, mientras se acreditaban de infatigables y audaces aquellos guerrilleros, mayormente los dos dtimos.
Ya el 9, Ruiz y Diaz envolvieron un piquete en Corral Falso, en los ejidos de Guanabacoa. Matron a ma's de veinte de los invasores, y habrian exterminado a los. dema's de aquel destacamento, si nd acudieran a librarlos otras avanzadas, aunque
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perecieron tambien en el encuentro aquel official y algunos de s u gente.
Ma's feliz Pepe Antonio, despue's de sacrificar muchos ingleses, se apodero' en los siguientes dias de otro piquete destacado a busear reses. y forraje, y el 13 introduclia en la plaza ochenta y tres prisoners enemigos. A los tiros del Jerezano sucumbl'an cantos marines y officials penetraban rio adentro de la. Chorrera, y en aquel mismo dia el imprudent capitAn Walker quedo' hecho prisionero.
Si la primer operation de Albemarle, el desembarco de las troops por Cojimar, ya hablia sido una falta, era aun mayor la de acarrear su tren de sitio por. el mismo punth, embarazado de espesuras y malezas hasta la Cabana. Duen-o del desembarcadero, la superioridad de sus fuerzas bien le permitia la con-




38 JACOBO DE ]:A PEZUELA
sus bacteria, aunque de transit mas agri o, y suelo todo de monte cerrado y pen-a viva.
Aun menos justifiable desacierto cometio' Albemarle emprendiendo sus operations por la expugnacio'n del Morro, de cuyo ataque se encargo' desde el dia 13 con un cuerpo de troops, su hermano el mariscal de campo Sir Guillermo Keppel. Demuestra una sola ojeada sobre el mapa, que por indispensable que su position se conceptuase para facilitar la entrada de la bahia, el atacarlo por tierra desde la Cabana, position mas ventajosa au'n para apoderarse de la ciudad, era superfluo. No dependia la plaza del castillo, sino el Castillo de la plaza, de donde recib'a viveres, armas, materials, peones y refuerzo's. Con una sola division que emprendiese sin pe'rdida de tempo el ataque de la ciudad desde una localidad que la domino tanto como aquella altura; con otra distribuida entre el Horco'n y la toma de Soto o de Atare's, y una tercera en la de, Aro'stegui y en la Chorrera para interceptor sus communications principles, su destruction o su rendition era dilemma de contados dias; y sin er
tus'lon de sangre se obtenia despues lea, de'aquel aislado fuerte. Podia ser para Albemarle el exito de tan sencilla operation tan fijo, que cada', una de las tres divisions, por s' sola, seria superior en number, calidad y discipline a todas las fuerzas, tanto veterans como colectivas, mal armadas y bison-as con que Prado pudiese entorpece'rsela.
Mientrats Keppel, en el descenso de la altura que mira a aquel castillo, abria sus parallels en una atmo"sfera de fuego y expuesto a sus disparos empleaba el invasor todos sus. medics de traccio'n en acarrear desde Cojimar la Cabana sus, almacenes y su tren de s-Itio. Quien conozca el clima y el lugar, calculard todo el esfuerzo con que los ingleses picando pie-.dya y monte con la zapa y con el hacha, arrastraron a brazo hasta las faldas y mesetas de aquella eminencia casi todas sus enormes pizzas en poco ma's de una semana. Perdieron ma's de
_.trescientos hombres en la faena heridos unos de fulminate




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habn'ales impedido o entorpecido cuando menos tail lenta y trabajosa operation a los ingleses.
Pero no inspire, a Ia Junta de Guerra una sola.idea estrate"gica, ni un martial arranque para dominar ni a communes accidents. No ma's se ocupaba Madariaga. que del abasto de
'aro, despu's de tener ya monta
Ia plaza, y C e da su caballena,
sin decidirse a emplearla. con vigor, excusaba su inaccio'n con Ia. indiscipline, Ia desobediencia y los deso'rdenes de las militias. A juzgar por el tenor de las carts de este jefe a Prado, las que se juntaban, desertaban y se volvian a presenter por las inmediaciones 127) 4 C eran inu"tiles con cualquier species de armas, en cualquier pesto y de todos modos".
Luego que con el voluntario encierro e inutilizacio'n de los nav os espanoles se descargo Pocock de un gran cuidado, establecio' con una parte de su escuadra dos cruceros, uno entre La Habana y el cabo de San Antonio, en acecho de los socorros y refuerzos que pudieran venir de Veracruz; y otro en Ia ,costa meridional que interceptara los que podian Ilegar de Cuba de las Antillas y de Tierra-firme. Habna infaliblemente caido en su poder Ia flota de aquel puerto, a no haber retrocedido, hallada muy a tempo por un aviso oue desde el primer dia de Ia invasion despacho' Prado por Batabano'. Por ambas aguas se ensefloreo Ia- marina inglesa desde luego de toda Ia costa occidental de Ia Isla. El 11, el mismo dia en que desembarcaba Howe (2S I en Ia Chorrera, y que Albemarle ocupaba a Ia Cabana, tres balandras atacaron a Ia bacteria de faginas que def.hdia el surgidero de Batabano' con seis canoes a cargo del teniente D. Carlos DIcNaux y algunos artilleros. Recibieron tiros acertados, y luego se alejaron, pero apoderdndose de una goleta que venia con frutos.
El captain de fragata D. Diego de Argote, que del Continente se dirigia a La Habana sin Ia ine-nor noticia d.,,:.4 asedio, perseguido por dos navios de guerr-, el D_ lance y el HamptonCourt, y hasta nueve bergantines y fragatas, tuvo- que refugiarse en el Mariel el dia 28 con Ia fragata Venganza y el
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1paquebot Marte Sirvio de roco Ia prontitud con que echo'




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siderando su capture inevitable, dio' barren a sus embarcaciones y apresurose a echar su gente en tierra. con la. po'lvoray las armas, despue's de perder treinta y un hombres inclusos algunos. que se ahogaron. Luego impidio' a fuerza de diligencia, el. enemigo que los dos buqueS se anegaran, logrando reforzar con ellos'a su escuadra; pero no que fuese tambie'n a reforzar Argote a los defensores de La Habana con doscientos soldados y mariners bien armados.
Otro crucero permanecio" todo ese tempo en frente de la plaza lanzando projectiles con poco exito, interim de ambos campamentos de la izquierda y derecha de la bahia se dirigian varies columns a recover reses y caballos por Santa Mana del Rosario y campos aledanos, el Cano, el. Guajay y Marianao. Frusto' la prevision de Madariaga estos intents, obligando a los estancieros a internal en el pal's sus ganados y sus frutos. Los destacamentos enemigos no sacaron otros de sus correnas, que lidiar por su. frente, blanco y retaguardia con las partidas de Aguiar y Chaco'n, de Bernet y Pepe Antonio; saquear la parroquial de aquella aldea, que alzaron y adornaron sus patrons los condos de Casa-Bayona, y a-nadir algunas bajas ma's a las. arrebatadas por el vo'mito, la desercio'n J. itp
y la fatiga. Cuando el nun ero menor de combatientes perm. ia que la agilidad y el valor suplieron a la taktica, [no] bacia la fortune maps que alternar entre unos y otros triunfaba muchas veces la desordenada. prontitud de las guerrillas de la posada
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solidez de los ingleses. Pepe Antonio se distinguio entre los demas, cogiendoles o matandoles mas de trescientos hombres en solo el mes de junio. Significaba cada disparo de su escoPeta un enemigo menos.
Las hostilidades, aunque vivas, se entablaron desde luego con un character de humanidad y cortesia honroso para los jefes de ambas fuerzas, tratando a los heridos y prisoners como si pertenecieran a sus propias filas. Albemarle Ilev" los, miramientos hasta poner a disposici'n. de Prado(301, para que
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suerte de una plaza para Ia cual nada habia obtenido su efieacia.
Afandbase entretanto Madariaga en abastecerla y reforzarla A A
con las armas y los peones de militias que parecitan mas propios para defenderla, interim procuraba Caro mantener sus comunicaciones expedites. Llevaba aque'l menuda cuenta de los caudales que distribulian en los gastos exteriors, su secretary Elos'a y los tesoreros Jauregul y Vertiz Verea. Vigilaba Ia lealtad de los pueblos y Ia conduct de los milicianos. En su correspondence con el Capitan General compitieron los elogios sobre Ia. primer con sus censures sobre Ia segunda. Llevaban catorce an-os de desorganizacio'n y de abandon las antiguas militias, todos los transcurridos desde Ia paz con Aquisgran en 1748; y no podia ser obra de contados dias el convertir su propel en fuerzas ordenadas y U'tiles. Los milicianos tan precipitadamente convocados el 6 de junio y los que Ilegaran luego a reforzarlos, sin respect a los toques ni a-las voces, solianse dispersal para compete en las fincas mil desordenes, so pretext de remedial necesidades; y volvian luego a reunirse y compete los mismos desafueros. En cuanto a Ia lealtad political, ni en Ia misma Metro'poli Ia hubo mayor en igualdad de casos. Quiza' a seis no lleg,- ron los traidores entre los, sesenta mil individuals comarcanos. Por secret aviso de uno de ellos falto'le poco al enemigo para sorprender al guerriIlero, Pepe Antonio en una estancia. De los muy raros que cometieran tan odioso crime, y el U'nico quiza' que lo expiase, fue Mateo Reyes, vecino acomodado de Guanabacoa, que al entrar en su pueblo. el invasor, se le ofre.cio' a servile de agent y a comunicarle avisos que ma's de una vez fueron U'tiles; y desempeno tan vil mission con un valor muy digno de otra causa. Pero sorprendie'ronle las avanzadas de Ia plaza, y M,,Idariaga, despue's de darle sumariamente por" convict, mand'le colgar'31) de un arbol en Jesu's del Monte, ya fat'dico lugar de esa clase de suplicio.
Muy en balde se afanaba Caro desde mediados de junio ,a-n rlnv- nlarrna an!nr;Pnv;n m;l;-fnr n1 frnnpl r1p rnmnia.sinn.q v




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con orden ni suletarse a discipline. Como los presentados con cabalgaduras pasaron de seiscientos, intent' aquel' jefe organizarlos en un regimiento con el nombre de Lanceros de Santiago de Cuba, torque Prado no consintio' que le pusiera el suyo..
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Pero por su number no mas merecia esa denomination aquella abigarrada turba- de isleft-os y mulattos, sobre aparejos de carga y con rocines, de toda martial aplicacio'n indignos, sin ma's traje que un camison y unos calzones, ni otras, armas que chuzos y machetes. Adema's, si aparecian entre eRos a1gunos hasta temerarios, pecaban en general los otros por lo opuesto, y todos sin distinction eran inobedientes. No mejoraron de orden por distribuirseles a un centenary, entresacado en los, de mejor traza, casacas amarillas con vivos rojos, lanzas y morriones; ni torque confiase Caro su manejo, con el titulo de colonel, a un antiguo military del pais, D. Diego de Bringas que les dio' buenos ejemplos awdiendo siempre al peligro y a su pesto. Muy al contrario, otro veteran, capital de militias montadas, D. Francisco Gutierrez, a ouien ascendio' Prado a teniente colonel de tan indo'cil cuerpo, deseparcio' a los pocos dias con parte de la gente, y le reemplazo' D. Dlego Ruiz, otro del mismo nombre que el que en los primers dias murio peleando. El cargo de sargento mayor de los Ilamados. lancers se cometio, a propuesta de- Caro, a un caballero de Santiago de Cuba, l1amado D. Esieban Palacios, sorprendido por la invasion en la Capital, y que, como Bringas, lo desempen-o con honra y con constancia 1321 Los capitanes de aquella fuerza fueron D_ Vicente- del Castillo, siempre destinado con su compaffi'a a las 0'rdenes de Chac6n; D. Juan de la Luz, apostado con la suya en el paso del no Luyano'; D. Jose' Miranda, D. Juan Dominguez, D. Bernardo Diaz Y D. Pablo P6rez Mancha. Las dema's compafi'as las mandaban personalmente los- tres jefes.




OAPITULO DECIMOSEPTIMO
DEL TOMO 11
El eastillo del Morro.- Hostilidades contra el. Vigifancia
de su commandant. Primera salida de las f uerzas de la plaza contra el campamento enemigo de la Cabana. Es rechazada. Simultaneo ataque por mar y tierra contra el Mo'rro. Intrepidez de D. Luiz de Velasco. Por ambas parties son rechazados los ingleses. Diario del ingentero singles Mackellar. Inaccion del virrey de Meyco y de. otras autoridades de America. Conducta del gobernador de Santiago D. Lorenzo de Madariaga y de los tenientes gode Puetro Principe y Remedios. Ref u, Przos de
militias enviados a La Habana. Campamen to de los ingleses en la loma de Ar6stegui y su. opertacloVWS, Valor
de, D. Luis de Aguiar. -- Muerte de P.,
-)pe Antonio. Se4_ '
gunda salida de las fuerzas de la plaza contra el campamento singles de la Cabafia y su mal exito. Minas preparadas contra el Morro. Ventajas obtenidas or alaunos buques de guerra franceses contra otros in,,qrl'_,:)ses- -- Esta"tan los in'loses
11an las minas contra el Morro. Lo asat,
por sorpresa. Valor de una- parte de su guarnici"n y fuga de la otra. -- Heroismo de Velasco y muerte del marques Gonzalez. -Noble conduct dl -? Sir Guillermo Keppel al apoderarse del Morro. Muerte de V-4asco. Escaramuzas exteriors. D9bilidad de la plaza. Reducto de la Loma de Soto. Niegase Prado a capitular. Tremendo canonao del 11 d-9 agosto de 1762 contra la plaza. Admit




44 JACOBO DE LA PEZUELA
Era la toma del Morro el-objeto principal de los esfuerzos y fatigas de los sitiadores de La Habana. Alzado ese castillo a fines del siglo XVI por Antonelli para rechazar ataques de otro genero que el de Sir Keppel, abrazaba en un recinto, de ochocientas cincuenta varas de circunferencia toda la superficie de un pen- on salient de veinte y dos pies de alto sobre el nivel del agua, remote de la bahl'a por la gorilla fronteriza a la ciudad, que antes de fortificarse ya teni'a aquel nombre. Elevadas sus cortinas a la misma altura que el- pen- asco sobre el mar, formaban un poligono de frentes irregulars y- adaptados a la. configuracio'n solar, menos el del sur, defendido por buen foso, con puerta principal de rastrillo y rebellion al centre, y flanqueado en sus extremes por dos baluartes o caballeros triangulares, el Ilamado, de Mar o de Tejeda al. E., y el de Austria al 0. Tanto en estos puestos mirando a la Caba fia, como en las demas bater'as altas y bajas de la marina, contaba la fortaleza sesenta y cuatro cafi ones de bronco y algunos de hierro 'tiles: es decir, men0s que algunos de los navies del enemigo. Defendiala -una guarnicio'n de trescientos. veterans, cincuenta soldados de marina y cincuenta artilleros, con doscientos trabajadores negros. y mulattos. Esta fuerza se relevaba deAres en tres dias, no por la, puerta principal, en el centre del frente a la Cabana,. y que mando' tapiar Velasc6, sino por dos pescantes, que sobre los lienzos del frente a la ciudad se establecieron.
.Si no dirigidas sl"empre con acierto, jamas se emprendieron. hostilidades con mas prevision y precauciones que las del sitio de La Habana para asegurar su resultado. Tres transported trajo Pocock, cargados todos de pacas. de algodo'n y de faginas hechas. Solo as' pudieron las columns' y zapadores de Keppel, a pesar del vivo fuego de los baluartes. meridionales del castillo, establecer desde- el 13 hasta el 28 una bacteria de can-ones de veinte y cuatro sobre el de Austria, batiendo por la 'espalda a la. Pastor, otra de ocho del mismo calibre sobre el de Tejeda y sus cortinas intermedias con aque'l, y ademas una nueva ba-




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ques espanoles-- Pero Je frusto' Hevia ese designio, hacie'ndolos mudar. de fondeadero, y situando al Aquilo'n, al Infante y al Tigre de mantra que incomodaran con sus fuegos a- los trabajadores enemigos.
No esperaron Keppel ni Pocock a que las. batenas estuvieran terminadas, aque'l Para contester con vigor a las del Morro, y e'ste Para arrojar en esos dias mas de dos mil bombs sobre la plaza, aunque con poco estrago, detenidas sus bombards a distancia por la artilleria de la Punta, del baluarte de San Telmo y a'n del mismo Morro. Este castillo, solo de las Paralelas de la Cabafia, recibio' otras tantas que le causaron multitud de bajas y la destruccio"n de sus almacenes el 23, sin que bastaran sus disparos alternados. de fusileria, metralla y bala rasa, ni los de la Fuerza, ni los, de la bacteria de San Telmo y de la fragata Perla, para impedir que adelantaran sus trabajos los zapadores y negros de Keppel, bien resguardados de unos y otros fuegos por un enorme parapet triangular de pacas y sacos de arena.
Cansado Velasco de reparar de noche el daho que suffia de dia, reclamo" con insistence afan que se dispusiera en la plaza una salida para destruir los trabajos de Keppel. SOlo a favor de una sorpresa general y concertada era semejante objeto practicable contra fuerzas tan superiors y bien establecidas. Cedio' la Junta a las exigencies de aquel jefe, disponiendo que salieran seiscientos cuarenta hombres a destruir cuatro bacteria defendidas por ma's de cuatro mil. Se dividieron los dest;,nados a la salida en tres destacamentos, todos a las 0'rdenes del coronel del Fijo de La Habana, D. Alejandro de Arroyo, nue se reserve la direccion inmediata del primer. El segundo fue" conducido por el teniente colonel D. Ignacio Moreno, y el tercero por el capital de granaderos de Espafia D. Nicola's Amer. Como si, udiera ser la operacie'n obra instantanea y no debiese
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estorbarla un enemigo tan aventajado en position y number, discurrio" la Junta que mientras las dos prim-eras columns sorprendieran a las guardian inglesas de las batenas a_ las dos de




4 JACOBO -DE LA TEZUELA
de Arroyo y de Moreno, que, a las doce desembarcaron en el punto Ilamado el Cabrestante, atracadero intermedio de la Pastor y el castillo. Alli se mantuvieron a la escucha, hasta que a las dos de la mahana y simultaneamente con Amer atacaron a los primers puestos de los sitiadores, poniendo sobre
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las armas, como era natural, a los dema's. Aunque preludio el COMDate apresando trece negros trabajadores del Morro a una avanzada de doce hombres, y ahuyentando Arroyo a- las'primeras guardian, la consecuencia de su temeridad fue' una derrota. Gravemente herido Moreno, que ataco" por la extreme derecha de los sitiadores, su column se disperse' al moment por el monte, y tuvieron que imitar su ejemplo. las del jefe, principal y Amer, que se apresuraron a ampararse bajo los baWa-rtes. de Austria y Tejeda-, cuyos fuegos ev;Itaron su enter destruccio'n. Adema's de Moreno, tuvieron I os agresores, a tres capitanes estropeados, uno prisionero, treinta y ocho muertos,
- d las dem's classes y sesenta y cinco heridos. Pero no fu' este el U'nico revue's de los sitiados en aquella noche. Prado y Hevia habian crei on
'do protege a Arroyo y distraer Ja atenci' del enemigo dirigiendo otro ataque simultaneo sobre la bacteria que desde la falda meridional de la Caban-a hostilizabaal puerto. A pesar de la resoluci.o'n con que subieron a aquella hora,,su pendiente cuatrocientos veterans de Arago'n y de otros cuerpos, y del denuedo con que -a -come tieron a las primers avanzadas a la bayonet, recibio una grave herida su commandant el teniente de navio D. Francisco del Corral. Su compan-ero,, D. Juan de Lombardo'n, rechazado por fuerzas superiors, antes que acudieran otras a envolverle retrocedio' con orden sobre el embarcadero, perdiendo entre muertos y heridos treinta y siete hombres. En los various choques de aquella infeliz noche, la artiIleria del Morro, que socorrio' con oportunidad a Amer y a Arroyo, occasion' a los ingleses mayor pe'rdida que los-primeros golpes recibidos por sorpresa.
No sin'lanzar sobre la pla I za en ese dia un miller de bombs, emple" Keppel todo el 30 e n dar remote a sus trincheras, muY




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Castle Cambridge, Malborough y Dragon, con doscientas
ochenta y ocho pizzas de grueso calibre entre los cuatro, es decir, con doscientas veinte y cuatro ma's que las sesenta y cuatro del castillo. Velasco, encomendando entonces la defense de los baluartes meridionales al sargento mayor D. Bartolome' Montes, se traslado' a resister el ataque de los navies desde el Ila mado Santiago, que miraba a la entrada de la bahla con diez y ocho pizzas, y una bacteria baja con doce. El Stirling, desentendie'ndose de las senales del commandant de aquella division naval, M. Hervey, se-- reiiro' sin combatir; pero, como a las ocho, rompieron los demas horrendo can-oneo contestado por los e'spaRoles con constancia, y aunque con menos bocas de fuego, con mas tino. Asemeja'base, el Morro en las seis horas que duro esta lucha a un volcano arrojando destruccio'n, rayos y muerte de- su
'ter. Aunque muriera su valeroso capit"n Goostrey de los primeros tiros, el Cambridge, de a ochenta, conducido por su sucesor Lindsay, pago' cara la audacia de acercarse a- vemup varas de la bacteria y baluarte de Santiago. En moments se vi' sin tim6n ni arboladura, inundadas de agua sus, bodegas y de sangre sus cubiertas.. Ya se iba a pioue, -cuando se arresuro a socorrerle el Malborough, remolcandole lejos del peligro, y entro' a sustituirle el Dragon, esforzandose como e'l en asaltar por mar Ia. fortaleza. Le costo' su temeridad tantos destrozos como al Cambridge, aunoue meno's perdida de gente y cons.guiendo desmontarle a Velasco muchas, pizzas. Si no tan pronto, por Ia firmeza. de las trincheras que tenian al frente y Ia debilidad de los. parapets de sus plataformas, tambien los dos baluartes de Austria y de Tejeda impusieron silencio aquella tarde a -las bacteria de Keppel, mayormente cuando, rechazados los navios,
Velasco a- reanimar sus fuegos.- Revel' alos. ingleses el doble y sangriento combat de este dia que dirigia Ia defense
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del Morro un genio heroic y oblige' a su jefe de ingenieros
Patrick Macke-flar a confesar en su diario, "que de.-)de el princi io de aquella guerra jama's habia encontrado su. valor ma's




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el capital de artilleria D. Jose" Crell de la Hoz; pero no lo lograron los espanoles sin el sacrifice de ciento treinta muertos y heridos de lo ma's granado de su corta hueste. Aunques'lo en el Cambridge sufrieron sus enemigos mayor p'rdida, diendo en todo's los punts de trescientos de una y otra clase, esta baja, en la superioridad de las fuerzas sitiadoras, era *mperceptible.
Relevada la guarnicio'n del Morro aquella noche, la fatiga de tantas horas de combat no le impidio' a Velasco pasarla toda enter remontando en curenas de repuestos las pizzas desmontadas durante la refriega; en reemplazar los parapets destruidos de las plata.L-Iormas con troops de madera adaptados -a sus dimensions, que Montalvo le rornitia del arsenal; en fin, en reparar todos los estragos de la fortaleza. Keppel dispuso el 2 que se trazaran nuevos reductos, redoblo' con vigor su cafloneo, hizo caller desmonto y aun destrozo' a la bater'a intermedia de los dos baluartes; pero sin impedir que los proyectiles y ollas de fuego de Velasco prendieran en todos los combustibleS de la segunda y tercera parallel, ya'muy dispuestos a inflamarse por catorce dias de sequoia; y que se convirtiera en cenl'zas en menos de dos horas la labor de un millar-de hombres en mas de tres semanas.
Funesto. gol-ne, "dice Mackellar en su diario de este sitio", y mas sensible cuando las penalidades han Ilecrado a'hacerse insuperables. Las enfermedades traidas de la Martinica, y visiblemente aumentadas por la inralubridad del clima y lo penoso del servicio, han reducido al eje'rcito a la mitad de su number y redoblado por- consiguiente la fatiga de los pocos que conservan fuerzas -para cumplir indispensable deberes. Cinco mil soldados y tres mil marineros estan postrados por diversos males, al paso quela falta de buenos alimentos desespera a los enfermos y retarda su curacic"n, siendo, de cantos males sufren, la escapes de agua el que ma's agrava sus padecimientos. El tener que ir a buscarla a tanta distancia y en tn.n mezquina cantidad agota las fuerzas del soldado. Disminu-




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Excitados, sin embargo, por la voz y el ejemplo de sus jefes, restableciron sus bacteria con incredible celeridad los sitiadores. Desde el 4 redoblaron con tal vigor los fuegos, que por la tarde solian quedar apagados casi siempre los de los frentes, y baluartes meridionales del castillo, derruidos sus parapets y garitas, y heridos o muertos de ochenta a ciento de sus defensores. Tenia Prado que reforzarlos diariamente con gente Y materials, para que pudiera reponerse de noche lo que el can-o'n ingle's destruia de dia.
El 15, Velasco, casi sin poder movers, con una fuerte contusion que el 14 recibio' en la espalda, el capital de fragata D. Ignacio de Orbe y el sargento mayor D. Bartolome' Montes, rendidos de fatiga, sin haberse desnudado en ma's de un mes, tuvieron que retirarse a la ciudad a tomar alg'n descanso. Provislonalmente fueron relevados pcrr D. Francisco de Medina, capital del navio Infante D. Diego de Argote, y el capital de Espana D. Manuel de Cordoba. Pero Montes, que era despues de Velasco el alma principal de la defense volvio' a los tres, dias a desplegar toda su intrepidez y vigilancia en aquel pesto de. honor y de peligro.
Entre tanto,,6en do'nde estaban los socorros con tanta urgencia reclamados por Prado y por la Junta a todas parties, desde las primers horas del asedio? Que hacian el virrey de Mejico, marque's de Croix, el gobernador france's del Guarico, el commandant de la escuadra francesa, Blenac, los gobe'adores de Santo Domingo y Cartagena, el :comandante de las fuerzas navales de este puerto D. Luis de Cordoba y el gobernador do Cuba Madariaga Todos recibieron nuevas officials del desembarco de Albemarle en differences di'as de junio; todos, menos el U'Itimo, contestaron con promesas vagas o con evasivas; y cada cual se limit a resguardar su propio territorio de un peligro que uniendo sus esfuerzos. pudieran disipar en el ajeno, prolongando con tanta gloria el Morro su defense, y aniquilada por el vo*mito, las armas y las fiebres la mitad de las hueste' invasoras.
El egoismo fue el u nico origin de su inaccio"n, el afan de




OU JAGOEO DE LA PEZUELA
Exceptuando la de Madariaga, su conducLa durante el sitio de La Habana fue una prueba de su falta de instructions y d%.O la im.previsio'n del minister de Indias en no comunicarselas. Esa omisio'n del anc.*&ano y rutinario Arriaga, que m.anejaba entonces aquel deprartamento, no podia producer ma's quo, desastres.
Por su dependencia del gobierno de La Habana y amena zarle el peligro mas de cerca, contrast' la conduct de Madariaga, gobernador de Santiago, con la de los otros. desprendie'ndose por socorrer a la capital de Ia mayor parte de su fuerza veteran, de su armaments y de sus municiones. Trescientos cincuenta hombres de Aragon, de La Habana y de Marina, con dos mil seiscientos fusiles, alguna po'lvora y pertrechos Ilegaron a Jagua en el nav'o Arrogante el 22 de ulio. Temeroso dc crucero de la costa meridional, habia dispuesto Prado que desde alli continuaran a la Capital por tierra. Perdieron muchos dias en reunir acemilas atravnsai campinas y senders anegados por las Iluvias; y'su tardia ll.egada a las in mediaciones de la plaza, mas que para contribuir a su defense, habria servido para agravar aun mas las pe'rdidas, si no contramarchara luego oportuname nte para Jagua aquel destacamento.
La menor distancia y el celo de. los, tenientes-gobernadores de Puerto Principe y San Juan de los Remedios, D. Juan de Landa y D. Antonio de la Torre, permitieron que se presentasen desde 'el. 8 de julio siete compan-iias de militias, de Villa-Clara y Sanctf- Spiritus, con regqlares armas y algunos caballos. Mandabanlas sus capitanes D. Juan Benito Lujan, D. Jose' Guijarro, don Jose' Quesada, D. Esteban Varona, D. Gregorio Velasco, D., D-*ego de Velasco, y D. Pascual Guerra, antiguos, milicianos que por acudir a la defense de la Capital lo abandonaron todo;. Aunque sin Ilegar a setecientos -hombres, con esta gente mixta de tres razas, aclimatada, agil y sobria, formo el lugarteniente Madariaga un cuerpo de ochocientos. completed con milicianos escogidos para el servicio del recinto; torque a sus defensores con alarmante- celeridad iban arrebatandolos las bombs, las enfermedades y la tenaz defense que sostenia, el Morro.




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sangre y municiones, apostando la gente detra's de las cortinas. y baluartes, no permitiendo que los artilleros disparasen sino bien cubiertos y despue's de reparar los parapets. Asi, ciertamente no pasaron de doscientos cincuenta las bajas de aquella
T
Oruarnicion en los nueve dias que Medina defendio" aquel fuerte; C)
pero Keppel, menos embarazado por sus fuegos, reforzo" Sus parallels con dos bacteria ma's de buses y can-ones, y el ingeniero Mackellar adelanto con menos riesgo los trabajos de dos minas. Sus cavidades, abiertas desde- el pie de una canter le.mida por el mar a barlovento de la fortaleza, se encaminaban a labrar hornillos en los cimientos mismos del angulo del baluarte de Tejeda. Nunca descubrie-..-n los sitiados otra que emprendio' Mackellar desde los reductos de la i.quierda de su linea y en direcciG"n del angulo salient del baluarte de Austria, siendo'apenas su objeto practicable con la dureza de aquel suelo, todo de pefia viva desde la estacada al foso.
Si' por el mar y la Cabana tan vivamente se estre%--Ihaba al Morro, concurria tambie'n a ofenderle mas de lejos el cuerpO 0"
desembarcado en la Chorrera. Doesde la eminencia de Ar 0tegui, con un campamento* atrincherado sobre su meseta, y otro tambien fortificado en San Antonio Chiquito por su falda, reforzado diariamente, menos castipdo por la sed y por los soles entre las arboledas de aquO lugar, y a veces solazado en la vecina cuinta de Ju'stiz, desde alli su c-xnandant'e Howe destaco partidas y a'n columns a los lugarejos del literal de sotavento. Impidie'ndole la inundacio'n causada por las roturas de la zanja estudiar lo-s aprocbes de la plaza, reconocio' la procedencia de la corriente en el Husillo y la causa del derrame en las inmediaciones del recinto. A fines de junio logro' desaguaiias, rerresando por -ma's arriba las acequias; y a primer's del siguiente extendio' su campamento a la caleta de San Laizaro, sin que se lo estorbara su mezquino torre6n abandoned. Desde tan avanzada posicio'n se propuso Howe dos objets tan importantes como mantenerse apoyado por la escuadra, y hostilizar ae cerca a los baluartes del Angel y la Punta, y al castillo- de este nombre. Establecio' alli en effect una bacteria de gruesas




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barazarla, avivando, los disparos; y asi consiguio' tainbien este mercer objeto el 15, el 16 y el 17. Madariaga, con su indo"cil propel de milicianos, distra'dos en sus miras preferences de abas tecer y ref orzar a la guarnicio'n con viveres gente, a ninguna de las operations de Howe opuso estorbo, aunque con frecuencia escaramuzeasen con sus destacamentos, y au'n los. rechazaran, Caro, Chaco'n y algunos guerrilleros.
Inspirado por su intrepidez, Aguiar formo' el proyecto de destruir el nuevo padrastro de San Lazaro; y cediendo Prado a sus instancias, le permitio' intentarlo con una compafila de miqueletes, recie'n creada con pulperos y paisanos catalanes, y capitaneada por el teniente de Espana D. Fernando Herrera, y con otra de negros escocridos por su agilidad y su vigor. Dos horas antes que el 18 amaneciera, esta partida, entre las sombras de la noche, se deslizo' con el mayor silencio desde la puerta de la Punta hasta San Lazaro, y realize' su fin con tanta suerte, que sorprendio' a los centinelas de la gran guardian apostada en el reducto, degollo' a ma's de veinte hombres, hizo prisionerosa su commandant y a dieciz-e-*Ls mas,- y poniendo en huida a los re ; states, tuvo tempo para claver dieciseis pizzas de a treinta y seis, y cuatro buses, y' de incendiary o desbaratar la bacteria. Cuando audio' el airado Howe a castigarlos, estaban ya los expedicionarios de Aguiar distances de su balance.
No pudo caber parte en este lance heroic a Pepe Antonio, que sucumbio' poco, despue's, el 26 de julio, en Jesus del Monte, en el cartel general de Madariaga, a males agravados por su afanosa vida en el asedio.
Viendo la Junta que Howe restablecia sus fuegos en San Lazaro el 19; que Keppel acercaba mas y mas los suyos sobre el Morro con poca oposicio'n de su casi desmoronadas bacteria; y que 10's desertores y los movimientos del enemigo presagiaban su cercano asalto, todavia tuvo esperanza de impedirlo, volviendo, a emplear el mismo medio tan perjudicialmente ensayado un mes antes por Arroyo. Aun presumia que algunos centenares de hombres. destruyesen lo que defending algunov miles de excelentes goldados con viailancia v con -denuedo. Pero no




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de sen-alarse en la sorpresa de San Lazaro, unos ochocientos hombres, desembarcaron en la madrugada. del 22 al pie de la Pastor, treparon silenciosamente por la cuesta, degollardn sin ruido a algunos centinelas, y acometieron con ma's valor que orden a los destacamentos avanzados. El teniente colonel Stewart, que mandaba uno, dio' con su vigorous resistencia tempo para que-acudiese Carleton con los dema's. Minutes no mas lucharon el enthusiasm y el valor contra el number y- latactica, hasta que Carleton, aunque gravemente harido, ordeno' que dos batallones en masa cerraran sobre sus contraries a la bayonet. Intentando detenerlos la compan-i'a de miqueletes, casi toda se abri" honroso supulcro entre sus filas. Pero con todo su. heroismo, no era de los ma's proplos est e ejemplo para que le mitaran campesinos que ol'an por primer vez de cerca el silbido hoinicida de las balas. Sus companies se dispersaron como el humo, y desaparecieron por distintos, rumbos con una agilidad que evito' que las -exterminaran. A pesar de la. viveza con que. para protegerlos jugaron desde el amanecer sobre la llnQa mglesa las bacteria de la Punta, de San Telmo, de la Fuerza y de los buques apostados, quedaron de los de Lujan sobre el campo mas de ciento, otros tantos. se precipitaron y ahogaron en la bahia, unos cuarenta fueron recogidos por los eneTnigos mal heridos, y los dema's se fueron sucesivamente presentando, salvados en balsas que hizo apostar Hevia, y otros, en fin, dando la %ruelta al puerto. La pe'rdida de los. ingleses fue tan grave, que por mutuo acuerdo de Prado y Albemarle se suspendieron las hostilidades todo el dia para sepultar a los cadavers.
Se sostenia firme a'n el Morro, activamente aprovechada aquella corta tregua por Medina para restablecer parapets y remontar pizzas, cuando, mejorado de su golpe, torno' Velasco el 24 a defenderlo, trayendo al marque's Gonzdles de segundo. La guarnicion celebro' el regreso de su heroic jefe con estuslasta clamored, y la viveza con que de repented empezaron a disparar las bacteria se lo nuncio' tambie'n al campo ingle's. Velasco y el ingeniero Cotilla que le acompanaba. reconocieron




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interiormente aquel baluarte con la fortaleza. La suponian capaz de resister aun un mes mas; velan que los refuerzos que esperaban los sitiadores, no Regaban,' que los iba aniquilando el clima, que se adelantaba, el equinocio; y contando con su auxilio formidable,, discurrian que no tardarian en reembarcarse o en sucumbir privados de la escuadra. Ioruales conjeturas que a Velasco lisonjeaban'a Prado, y a la'' Junta, sin exceptuar ni al incr"C"'dulo Coli*na, a quien-inspirat on los desaciertos de Albemarle un rayo de e'sper'anza, Por mas que vieran a la Cabana coronarse de, reductos r los fre' t s' de la plaza, a la fragata Perla echada a pique el .25, y los estragos sufridos por la Punta, el baluarte del Angel y au'n'por el mismo castillo de la Fuer-. a, de donde tuvieron, la Junta y aquel, gobernador que trasladar sus sessions, y viviendas a--San*,Isidrol. 31 1. No solo de afiuella emineneia recibia- dan-os I-a plaza, sino--de las bater'as de Howe en San Lazaro,.y de las trincadu'ras armadas de obuses-o bombardas que sin cesar cruzaban frente al Puerto.
En 10's dias 25, 26, 27 y 28, -Velasco dirigio' sus disparos con tal tino sobre los groups de'trabajadores avanzados, que el 29 ya aflojaron mucho los del los ingleses, mas esperanzados en los progress de sus minas que en la fir- meza de sus parallels. Ma's de doscientas baias les sacrificaron en tan breve espacio los frescos, las granadas' de mano y el acierto de los tiradores oue distribuvo' aque'l jefe por.las, bacteria meridionales del castillo.
Sucedio' sin embargo lo'' contrario de lo oue se imagrinaban los "sitiados. Se reanimaron las esperanzas de los sitiadores al ver desembarcar en la Chorrera, al aclarar el 29, Jos refuerzos que.,al mando del brigadier Burton aportaron de Nueva York
A
tres btiques de guerra y un number considerable de transported. Sin la inaccio'n inexplicable de las fuerzas navales de Blenae, el triu'nfo de Albemarle fuera dudoso, sin embargo. El convoy de Burton, q ue habia salido de aquel puerto el 9 de junio, despue's de'luchar muchas semanas contra un fuerte S.E., fue reconocida s6bie Cayo Confites el 24 por el capital Fabre, gundo de Blenac,, que con su navio y dos fragatas cruzaba por




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dose muy debil para oponerse a toda la escolta del convoy, se dirigio' a Ilevar al Guarico, con 1-0 fortune de' este -encuentro, un testimony de la gloria que aquel jefe con su vacilacio'n se hab'a perdido. Pocock, al saber este accident, destaco' algunos buques y transported a poner a flote a los varados, empleando un mes enter en tan lenta operation, y en traer losf tres mil y quinientos hombres restates de la division de Burton.
Entretanto, Mackellar, con su perseverance y multitude de peones, termino' los trabajos de la mina al anochecer del 29, labrando un vasto hornillo dentro de. la pefia misma que servia de asiento al angulo del baluarte amenazado. Por el movimiento de los trabajadores y las embarcaciones que se arrimaron casi a tiro de sus bacteria por la man-ana, sospecho' Velasco que se preparase el enemigo a asaltar simultaneamente por tierra y por mar la fortaleza. Los scrupulous de su conciencia military un moment superaron a las inspiraciones de su brio, y consult' a la Junta sin demora sobre
cual de los tres partidos deberia tomar: si resister o no el advance si es'perar a que estuviesen perfeccionadas las
brechas para capitular, o evacuar con tempo al Morro.,
D.P.spues de reconocidas las cortaduras y las bacteria por loss comandantes de ingenieros I y artilleria Ricaud y Crell, decidio' la Junta que se preparase a resister el asalto y a prolonger una defense en cuya duration se(Yuia cifrando el triunfo de la plaz,-,-i y el descalabro de los. sitiadores.
No cab'a determination ma's adecuada a los derseos del que habia de ejecutarla. Pero ya pasaba de la una de la tarde del dia 30, y nada an-anciaba en el campo ingle's ma's que repose y sueno. Bajo la influence de los fuegos que desde el cenit y en lo ma's ardoroso de la estacio'n lanzaba ej sol del tropics, sometian al parecer la spya los que para aniquilarse inventor' la species humana. Alguna granada, algu'*n disparo que lanzaban sobre las obras avanzadas de Keppel los adarves, arenas era contestado por sus bacteria. Exceptuando los destacados en las




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a tiro, cuando se oyo' de repented una explosion extran-a, y se
tambi' ruido confunsintio en un temblor sordo. No podia ese
dirse con el de las descargas; y Velasco, recostado a la sazon con el marque's Gonzalez en la sala de armas, envio' al moment a averiguar su causa. Todo descuido, aun el que ma's leve parezca, puede en la guerra acarrear funestas consecuencias. 'EI official que recibio' este encargo, D. Manuel de CO"rdoba, o, torque le impidiese su temor o su pereza alargarse a cumplirlo hasta el baluarte, o torque realmente nada oyera o descubriera, volvio' a los dos minutes a decirle que no habia novedad en el castillo, y Velasco permanecio' tranquil con Gonzalez.
Pero el quietismo del campamento ingle's era el del tigre que se esconde para inspirar a su presa mas confianza. Ya listas y cebadas las dos minas por Mackellar., Albemarle, con tando con su effect, hab'a dispuesto que, sin toque ni Ilamada, se aDrontaran a trepar por las brechas que causaran, dos compan1as de granaderos del regimiento Real, tropa soberbia y gigantesca, cinco escogidas en los otros cuerpos, y otras cuatro de zapadores, todas conducidas por el intrepid colonel Stewart. Llevaba una hora de esperar formada detra's de los blindajes y reductos esta fuerza, cuando Mackellar dio' fuego a las minas, estallando ambas a un tempo. La que iba dirigida sobre el foso y contraescarpa hacia el baluarte de Austria, no hizo efecto; y tampoco correspondio' a sus esperanzas la que amenazaba al de Tejeda. So'lo produjo en e'l una rotura de tres pies de ancho y poco ma's de diameter, desde el z'calo hasta la crest de la cara -que empezaban a lamer las aguas. Dos centinelas volaron para sepultarse con los escombros de sus garitas en las olas, sin que lo advirtiera. el sofioliento piquete que cubria la cortadura entre el minado baluarte y el paso a lo interior, y sin descubrirse tampoco desde alli la ruina toda exterior causada por la mina. Tanto Mackellar como el jefe de artilleria Leith, que sucesivamente emplearon muchos minutes en reconocerla, convinieron en que la-brecha, aunque dificil, no era impracticable. Pero el U'*Itimo, que observe' el baluarte ma's de




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pocos minutes, en sus puestos el caT)itan de Aragon D. Antonio Zubiria y D. Marcos Fort, su alfe'rez; los tenientes de navio D. Andre's Fonegra y don Hermenegildo Hurtado de Mendoza; los officials subalterns de marina D. Juan Pont O^*n y D. Francisco Esquerra, y los del Fijo D. Martin de la Torre y don Juan de Roca Champe, complaci'ndose la historic en recorder sus nombres al referir aquel desastre. D.2. los postreros sacrificados, pero el mas lustre, fue el marque's Gonzalez, que antes de quedar sin vida dej6 algunos enemigos sin la suya. Ya habia espirado", y aun seguia su cadaver empunando el honrado acero con la diestra y el asta del pendo"n national con la sin-.,,estra. Gravemente heridos D, Bartolome' Montes, el tinniente de navio don Juan de Lombardo'n, y ya fuera de combat ciento cuarenta y seis de todas classes, fue' cuando la guarnicie'n reducida a menos de la mitad de su nu'mero, y acaudillada por A caritan de granaderos de Aragon D. Lorenzo Milla, *zo'* bandera blanca.
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Keppel, despues de avenirse a sus, proposiciones en terminus honrosos, se precipito' a la sala donde curaban a Velasco. Antes que se le indicaran le reconocio' entre los dema's por la expression noble y guerrera de su rostro; le abrazo' y le dejo' libre de pasar a curarse en la ciudad, o por los mejores cirujanos de sus troops.
D-.-A tan lastimosa. suerte remat', a los cuarenta y cuatro dl'*q s d, e trinchera abie-rta, y cuando mas puiante, se le creia, una. de las defenses ma's gloriosa que recuerden los fastos del pasado sigllo. Habia costado ma's de mil vidas a los espan-oles, y mas de tres mil a los sitiadores &.11, castillo, en cuyos lienzos, y recinto se estrellaron en aquel period ma's de veinte mil bombas, balas rasas y granadas.Causo' en La Habana la -pe'rdida del Morro una sensation inexplicable; pero no reanim-' la helada sangre de los principales miembros de la Junta, ni les inspire' rosoluciones propias de un noble y fogoso patriotism, las unicas ca-paces de dorninar a lasurgencias del aprieto. Guiados por esos, imT)ulsos, y abiertas a'n las comunicac;ones del recinto, se pudieron fiiar sus




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jefes, ordeno que un piquete poco numerous se encaramase por la brecha a comprobar si el calculo de Leith era o no exact. En effect, lograron subir en hombros-unos de otros hasta la, platafon-na con trabajo, pero sin ser vistas, y por consiguiente sin oposicio"n de los sitiados, el teniente Carlos Forbes y unos veinte granaderos ma's del Real, animandoles adema's de su valor las recompenses que les ofrecieron. Stewart se precipito' detra's de Forbes con las troops destinadas al asalto, y solo el panic que sobrecogi' a la guardian de la cortad.ura al ver la crest del bastion cubierta de repented de gigantes, les permitio a los agresores asaltarla sin tirar un tiro y sin perder un hombre. Sobrecogidos de espanto y de sorpresa, y hasta sin dar la voz de alarm, los pocos marines que la componian corrieron t descolgarse por los pescantes a la bah'a arrastrando en su huida vergonzosa a los apostados en la cortadura d.1 baluarte de Austria. Losque pudieron embarcarse en las lanchas y balsas atracadas Ilegaron a la plaza sin honra, aunque con vida, y los dema's perdieron ambas en las olas, prefiriendo a sacrificarse por su patria ser vil pasto del carnicero pez que las habitat.
Luego que los ingleses se apoderaron del bal'arte y de la cortadura, lo demas dei asalto fu.". un relampago, E.1 capital de husileros de Arago'n. D. Fernando de Parraga, que fue' el prLmero que Jos descubrio', se precipito denodadamente, con aoce hombres, a defender' la rampa por donde habian de subir paroa penetrar en la plaza y cuarteles del castillo. No fue' del todo inu'til el sacrifice heroic de sus. vidas, tras de inmolar tambien a algunos enemigos. Al ruido de sus tiros se lanzo' Velasco con atronadora voz y espada en mano a detener el Ilujo de los asaltantes con dos compan-i'as de Aragon y una del Fijo, ayudandole Montes y Gonzalez. Volo' a detenerlos ocupando las avenidas rimera
de la plaza de armas, pero a la
035carga inglesa le penetro' el pecho una bala entre los dos pulmones. Cuando postrado por la herida y el dolor lo trasladaban al cuerpo de guardian, la sola recomendacio'n que le (tictaron su despecho y la pusilanimidad de algunos de los, suyos, tarn t4mip n nirimin vnhqrr1P IP vnnfinrnn In rlpfpnqn r1PI nqhplln',n




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sin respiro al enemigo con todas las del campo y las fuerzas veterans que au'* n restaban y que iban a aumentarse con socorros que de lo interior y de afuera se esperaban. Pero si alguna indicacio'n de estos partidos salio' de la vulgar esfera, aventurada por Postigo o por Colina, por Montalvo o por Garganta, ahogaronla. sin discussion el desde'n o la sonrisa de los generals.
Minutes no mas habian mediado entre divisar desde la plaza la serial de socorro en el castillo y tremolar la bandera enemiga sobre sus almenas; y se redujeron las providencias de la Junta a ordenar que Caro, con la caballeria veteran. y de milic-ias, se. situara a tiro de la puerta de Tierra para protege los approaches del recinto, y que el castillo de la Punta, donde por enfermedad de D. Manuel Briceho, gobernaba el capital de fragata D. Fernando de Lortia, dirigiese sus fuegos sobre el Morro. Este jefe y los comandantes de las. bacteria de la Fuerza y de San Telmo obedecieron con tal empeflo y tino,,- que a las seis de la tarde no era mas que un monto'n de escombros el castillo que se habia perdido. Hubieron, sin embargo, de suspender.a esa hora sus descargas, torque en el atracadero de la Pastora enarbolo' una lancha senal de parliament. Venian en ella Velasco y Montes cuidadosamente tra'dos a morir o salvarse entre los SUYOS.
No presentaban sus heridas sintomas de muerte. Montes, despue's de largo padecer, logro curarse. El balazo de Velasco no comprometia el pulmo"n ni a las'entran-as principles; pero, su fiebre era tan ardiente como 'Su desconsuleo y su delirio; se consider' la extraccio"n de la bala indispensable; hubo que sondear y profundizar demasiado para extrae'rsela, y sobrevino a la operation un tetano que a la siguiente tarde priv*' de uno de sus mas torsos adorns, a'la Armada. Expire" a las cuatro de.1 dia 31, rodeado de sus amigos y en los brazos de su joven sobrino, el alfe'rez de navio D. Santiago Munoz de Velasco, ar quien hab'a costado un mes antes una herida el peligroso honor de combatir junto a su tio. Sin aparatos con Ia' situation de la plaza incompatibles, fue enterr4do el 11.1 de agosto en el con-




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Aunque una granada de la Punta convirtiera en pavesas tin reducto de sacos y de pacas que Keppel adere/zaba junto al Morro, y alua les faltara mucho para terminarse. a. las baterias que levantaban su hermano y Mackellar en los frentes de la Caban-a hacia la plaza, alzada esa, eminencia a ciento veinte y dos pies de la supeIficie de las olas, y separada. arenas por ciento cincuenta varas de la plaza, en.fillaban los projectiles alslados, pero repetidos, del ingle's las cables de La Habana, Ilenandolas de espanto y ruinas. Aquel castillo y los lienzos septentrionales del recinto, que segu'a cubriendo con constancia y oelo D. Pedro Caste 'n
jo tenian adema's que padecer los fuegos Incesantes de las bater.19*as, YR reforzadas, de San, Lazaro y los de las bom, bardas de la escuadra. Con el- solo estruendo de la aetilleria st.1 res r_,,Luebrajaba por aquella parte la obra ins'lita y precipitada que noventa aflos antes emprendio Ledesma.
If
El enemigo, como desde un balcony, examinaba hasta el mas feve movimiento de la plaza. Vio' con frecuencia a Prado recorriendo los punts, mas expuestos, colmo para rescatar su irresolucion y sus errors con una cuahdad que no suplia en su pesto a las que le faltaban, o para que una gloriosamuerte le librase de la cruel responsabilidad que le esperaba. Inmolaron a1guna vez a los que le seguian las granadas que reventaban a sus pies sin ad-vertir los dema's ni alteracio'n en su fisonomia. No le talto rn.as que decision, iniciativa, para salvar el honor de las Armas y los interests puestos a su cargo, Para evacuar a ]a cludad con ellos, para seguir guerreando en la camp ifia, y aun f'rocar acaso por el character de Sitiador el de sitiado.
Por moments se iba entenebreciendo el horizonte. Al paso. que las fragatas Echo y Thunder, escoltando a un nuevo convoy de Nueva York, desembarcaban en la Chorrera otro refuerzo de rnas de dos mil hombres, el brigadier Burton con una cofumna de otros tantos y dos pizzas, de a lomo se encaminaba a Jesu's del Monte y las lomas de Luz el dia 19 de agosto. Caro, suponiendole el designio de interceptor las communications de la plaza', reforzo su rete'n establecido en una casa aspillerada y




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ranzados la orden que expidio' la Junta el 2 para que entraran a defender la plaza las partidas de D. Fernando Herrera y del valiente Aguiar, las que con ma teso'n se consagraban a mantener sus avenidas libres., En acemilas, o como pudieron, todos se apresuraron a sacar de la ciudad sus equipajes y porcio'n de effects que aun no habian salvado. Solo Superu.nda puso' ma's de ciento sesenta mil pesos a recaudo; y no por asegurar sus interests, como Tabares y otros miembros de la Junta, no propuso nadie forma para que se salvaran tambie'n los nacionales. Sobrepujaronlos a todos en la indiferencia por lo ajeno los direetores y gerentes de la Compan-i'a, tan previsora para asegurar Io que era suyo, como negligentes y tibios en extraer las',existencias de sus almacenes y salvar lo perteneciente a los accionistas Ausentes en Espana.
Luego de terminada una bacteria de doce morteros en el Morro, Albemarle encargo' a Elliot las operations de la derecha de la bahia, y se traslado en la manana del 5 al campamento de San Lazaro para extender por alli sus paralelas.
Caro, que habia ocupado las lomas de Luz cuando las evacue" Burton, intent" el 5 arrojar a sus avanzadas de a1gunos caseA
nos. El jerezano Bernet, con unos trescientos tiradores de miHcias, consiguio'- desaloiarlos con algi-ina T,-%e*rdida, aprovechando tambie'n a1gunas cuchilladas Jos -pocos dragons que el cansancio, los en-flermedades y la deserci'n dejaron a anuel-liefe. Pero Burton reconcentro" sus fuerzas, asomo' una nueva column inglesa a protegerle, y, tuvo Caro que contramarchar a su anteln'or posici'n la misma tarde. Se probo con este encuentro que empezaban el miliciano y el labriego a ser soldados, pero se acredito' tambien aue ya no podrian contrarrestar la discinlina y el valor de los sitindos al number excesivo de los sitiadores.
No le restaban a Prado fuerzas suficientes Para cubrir todas las caras del recinto. Viendo que por un lado extenrl'a Albemarle su 11nea atrincherada por San Lazaro, y que Elliot. reconcentrando sus troves en su altura, terminaba todas-las bateA
nas de la Cabana, introduio el 6 en ]a plaza las fruerrillas de
Bernet con seiseientoq ffisilerns- nliprInniln nvI,* qnlnq fiiprn tip




'2 JACOBO DE LA PEZUELA
Junta, a ocupar la loma de Soto, la llamada hoy de Atare's por su castillo. Se esforzo' este marine en coronarla. con un cuadrilongo atrincherado con canoes en dos dias de facna sin respiio durante la cual ni a'n al sustento de sus trabajadores, se atendid, y se le rindieron de inanicion muchos., Algunas pizzas las coloco' alli' con sus propios.brazos aquel montafle's gigantesco y vigorous. Con estas pfevenciones y remontar otros, canones de la.'.Punta, en San Telmo,'el Boquete y la Fuerza en las gorillas de la*bahia, se lisonjeaba a'n la mayor'a de la Junta con la idea de que pudiese contester la plaza con superioridad a los fuegos de la Caban- a y prolonger una defense a cuyo triunfo iban tambie'n a -concurrir el equinoccio y los socorros que se habi 0 an pecticto a tantas parties. Engan-aba a los vocals la aparente inaccio'n de las principles bacteria' del enemigo en Sus dos campos, como enganan esos dias serenos. que sullen preceder a los huracanes y torments.
El 1.0 de agosto habiendo dado ya la U'ltima mano a sus trincheras, tocaron las avanzadas de San Lazaro a parliament, y presentose a Prado. un ayudante de Albemarle, exhortandole en nc,-f--nbre de este general a library a la ciudad, con" un convenio honroso, de los horropes de un asalto y de un saqueo, 44porque tal vez no podria impedir a la tropa que sacrificara al filo de la espada a cantos hallara con las armas en la mano Las diez eran cuando se recibio y empezo a discutir en la Junta este mensaje; y ya las dos sonaban cuando contesto" el Gobernador a Albemarle con el mismo mensajero,
que sus obligaciones, heredadas y juradas de emplear en la defense de la plaza los esfuerzos que le dictaban el honor y la fidelidad a su soberano, no le Permitian condeseender con sus proposiciones., y que a-un contaba con
medics para prolongarla y esperar un feliz exito.
Esforzada respuesta, si hubiera podido sostenerla; pero que, desmentida pronto por los hechos, solo fue' ridicule, suspirando ya los sitiados por el descanso ma's que por la gloria.
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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 63
sion especialmente, diez bacteria con cuarenta y cinco pizzas de a veinte y cuatro y treinta y dos, y otras cuatro de treinta y dos buses y morteros, repartidos por su falda, todo lo reduCian a escombros a su frente. Desde el castillo de la Punta,
A
se esforzo su animoso commandant Lortia hasla los U'Itimos limites de lo hacedero en contestarlos, pero vanamente. A lasdiez no se vel'a ya en aquel castillo ni un can- on, ni un artillery en bacteria, ni un parapet que no fuese una ruina. Tuvieron los rests de su guarnicio'n que abandonarlo. Igual aspect presentaban una hora despue's, los baluartes septentrionales del .recinto, deshechos o cuarteados, donde perecieron algunos de sus defensores junto a Castejo'n, ciego, de furia con la imposibilidad de corresponded al enemigo con igual-ofensa. Cuando vio' desbaratadas las bacteria del Boquete y de San Te.1mo que tenia a su cargo y tendidos alli a muchos de sus artilleros, tambien el capital Crell, a pesar de su firmeza, se amparo, con los dema's detras de los vecinos edificios. No quedo, viviente en pie por la gorilla de la bahlia. Enfilaban las balas rasas todas las calls de E. a 0. El homicide volea'n de la Cabafia vomitaba sin respiro sobre la ciudad metralla, carcass, granadas, bct.1bas, ollas de fuego y hasta otros artificios de destruction, ontonces poco conocidos. Ya no se respiraba sino salitre y p'O;lvo en el recinto. Con el crujir de las techumbres, los po-cos que quedaron custudiandolas, vagaban despavoridos y como sombras por sus casas. Cenizas se iba a volver La Habana enter, a no ceder luego la Junta al elocuente argument de su Tuina. Mando" enarbolar a las dos, bandera blanca; -envio' a convenir las bases de una capitulacio'n con Albemarle al sargento mayor D. Antonio Ramirez EAe'noz; y se apresuro' entonces el sitiador a surrender sus fuegos 'con una humanidad que ennoblecia a su triunfo. 0
Como si no fuera mucho library algo donde tanto se hizo por perderlo todo, sostu'vo Hevia la extran-a pretension de que
I
se Ae ]permitiera tr'asladarse a Espana con la escuadra, con el resto de la guarnicio'n y con los condos y propiedades del Erario. Pidio' a'n mas: aue se declarase el Duerto neutron hasta la Daz.




64 JACOBO DE LA PEZUELA
pocos buques del comercio anclados en la bah'a. Se asocio a sus pretensions Prado, creyendo tambien forjarse con ellas un escudo que los cubriera a entrambos de futures cargos. La tenacidad con que las sostuvieron dilato" la rendicio'n ma's de treinta horas, amenazando romper los tratos entablados y aun la complete destruccio'n de la ciudad, que no podia, ser otra la consecuencia de otro ataque semejante al del dia 11. Pero les costaba a Albemarle y Pocock muy cara la victoria para satisfacerse con la simple ocupacio'n de una bah'a obstruida y de un pueblo arruinado. Se ensordecieron a proposiciones tan inadmisibles, y tanto por generosidad con los vencidos, como por dar descanso a sus huestes, se avinieron ya en las U'Itimas horas del dia 12 a conceder una capitulacio'n de veinte y tres articulos, (-uyo resume fue' el que sigue 135)
Que la guarnicio'n veteran. de infanteria, caballena y artiUena, saliera el 20 por la puerta de Tierra con todos los honors militaries, arma al hombre, tambor batiente, bandera desplegada y dos can-ones, pudiendo conservar los generals, jefes, officials y soldados todos sus e,",Uipajes y effects de su propiedad parficular; y qpe los milicianos y voluntaries entregasen su armamento a los comisarios ingleses;
Que la religion cat'lica. quedaria mantenid.a sin la menor restriccio'n ni impediment, y conservadas todas las corporaciones religious en el pleno goce de sus derechos, rentals y atribuciones, con la reserve de que hab'a de ejercer el gobernador ingle's el vicereal patronato, en lugar del espan-ol, sometiendo el obispo a su aprobacio"n los nombramientos de parrocos y dema's empleados eclesiasticos;
Que la escuadra, la artilleria, los almacenes, los caudales, los tabacos y to-dos los effects pu'*blicos serial entregados por inventario a los comisionados nombrados por los generals inglestos para recibirlos; 11
Que todas las troops de mar y tierra comprendidas en la capitulacio'n serial transportadas a Espafia a expenses del gok;prnn ;norIAaQ- xy gain n. cri torlnrl x7 n1in ;PrnrnviIn




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. 0
conviniera con sus families, criados, equipajes y caudales particulares;
Que serial respetadas las propiedades de todos los habitantes del pal's, y mantenidos en sus derechos y privileges los que los- tuvieren, perm.iti'ndose salir de la Isla por su cuenta al que quisiese, enajenando, o no sus bienes;
Que todos los empleados civiles que lo desearan serial trasladados a Espana bajo las mismas conditions que los militaries, a excepcio'n de; los que tuviesen cuentas que render, cuya ausencia se dilatar'a hasta que dejaran cubiertos sus respectivos compromises;
Que a nadie se persiguiria por su conduct pasada, y que se canjearian los prisoners de ambas parties;
Que los jefes, oficialeS e individuals de tropa y de marina que por sus heridas y dolencias no pudieran embarcarse, permanecerian en sus casas y en los hospitals bajo, la protection de los ingleses, pero a expenses de un comisario espanol.
De esta mantra se rindio La Habana a los dos meses y seis dias de ser sitiada, y despue's de sacrificados cerca de dos mil de sus defensores, sin incluir los esclavos, y los presidiarios arrebatados por la fatiga o por las balas, y no restandola ma's que unos novecientos veterans, que, segun expression de Hevia en su defense ( 3 6 "solo por la respiracion se diferenciaban de los muertos". El honor military se hab'a salvado, pero todos los, interests de la nacio'n se habian perdido.
Tan dificil es fijar con enter exactitud las perdidas de gente como las fuerzas que los sitiados beligeraron desde el principio del sitio hasta la rendicic'n de la plaza. Por exagerar la gloria de su triunfo, las exageraron los ingleses con una indiscrecio'n tan desusada en ellos como impropia de la concise exactitude con que sullen distinguirse sus relaciones militaries. Pero no vacilara' el juicioso critics entre las caprichosas C-Onjeturas de un vencedor que para enaltecer el merit de su victoria abulta los medics que se, le opusieron, y las pruebas que luego present' el vencido para justificar en un procedimiento, hasta la nimier1nd rn;nvir,;non o nrua Ina rnoiircna r1o In Anfoncn




66 JACOBO DE LA PEZUELA
lQue' mucho que divagaran al expresarla sus contra rios, cuando Prado y Hevia, incluyendo sus respectivos diaries de operations al dar cuenta al minister de todos los pormenores del asedio, tampoco con'cordaron completamente en el guarismo de la perdida! El primer la fijo* en mil ochocientos diez, hombres, comprendiendo en este nu"mero las bajas sufridas por la tropa y la marina, las militias, los voluntaries y los negros sacrificados, asi peleando, como en las faenas y en los hospitales, asl' en las operations de Ia plaza y de su radio, como en el apresamiento de 'a fragata Tefts y 'a urca Fe'nix, en. la perdida de la fragata Venganza. y el bergantlin Marte. El segundo la redujo a mil muertos y unos mil quinientos heridos, de los cuales s'lo desde el 13 hasta el, 27 de agosto murieron ciento siete en los hospitals. NosotroS, con deducciones de sus mismos diaries, fijamos el number de los muertos en mil doscientos noventa y siete, inc'uyendo a tres jefes y dieciseis officials de todas classes y armas. El de los heridos, aunque en los choques militaries subi-6 a mil novecientos seseenta y nueve, deducida la tercera parte que murio', quedo en mil y trescientos trece. A las militias aunque ma's numerosas que la tropa veterana y gente de la escuadra, no jes cupo ni una decimal parte de la pe'rdida.
Recapi*tulemos ahora cuddles fueron las fuerzas de'ensoras que principalmente la sufrieron; y detallaremos despues las de los agresores.
Sin deducir unos trescientos Individuos postrados en los hospitals, las fuerzas. veterans presents en el radio del ataque, al principiar las operations, no pasaron de dos mil sete'cientos. ochenta y un hombres. Agregaronseles despues hasta mil entre condestables, mariners y aun grumetes que se sacaron de la escuadra., Como mil negros y esclavos se reunieron, comprendiendo unos doscientos, propiedad del fisco y destinndos desde antes a las obras, siendo, los dema's procedentes de los ingenious y fincas inmediatas a la Capital, enviados para contribuir a la. comun defense por sus duen-os. Doscientos tripulantes U'tiles se




COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 67
11ex-i"a que permanecieron armados y disponibles un dia con otro para las operations, exteriors. El socbrro enviado por Madariaga de Saniago de Cuba no Ilego' a presentarse. Reuniendo, pues, todos, los, numerous expuestos, segregando un miller de enfermos y de heridos, que constantemente hubo postrados y no podian ser combatientes, y ma's de setecientos, esclavos aplicados a faenas y' no a lances, nos resultaran unos cinco mil hombres escasos. Este guarismo se aproxima tanto ma's a la verdad, cuanto que el de los fusiles que, entre U" tiles e in'tiles de los veterans de las tres, armas y de las militias, se entregaron .0 01
al vencedor, no paso de cuatro mil y los, mil hombres ma's que escasamente combatieron estaban armados con tercerolas, Ianzas, chuzos, y au"n solo con machetes. Fueron, pues, estos cinco mil hombres, escasos, los que, sacrificandose hasta perecer cerca de la mitad en sesenta y siete dias de asedio, hicieron rostro a un enemigo que los, abrumo'* con las siguLentes, fuerzas: quince mil hombres de eje'rcito veteran y excellent, an-adiendo a los, doce mil cuarenta y uno que se presentaron el 6 de junio, los, tres mil que recibio' con los refuerzos, de Nueva York y de Jamaica: cuatro mil peones negros y mas de quince mil tripulantes, de una escuadra que contaba mil ochocientos cuarenta y dos caflones, adema's de otros, doscientos que se desembarcaron; es decir, tres, veces mayor number de pizzas que el de la plaza y de la escuadra uni'das. El mero cotejo de los, numerous nos prueba, que por torremente que la dirigieran, la defense de La Habana fue' gloriosa para los, que a ella concurrieron.
Heinous reunido y consultado detenidamente cuantas
noticias de buen origin podrian esclarecer los hechos, del sitio y toma, de La Habana, desde el 6 de junio hasta el 13 de agosto de 1762; y el indices. explicado de las principales es el quo sigue:
"Proceso formado de orden del Rey nuestro seflor por
la Junta de generals que S. M. se ha dignado nombrar a este fin, sobre ta conduct que tuvieron en la defense,
- - x_ 7 -7* -7 _. 1- -7:;,: __ -7 I 7 - __ -7 __ T T 7 L - -




68 JACOBO DE LA PEZUELA
escuadra; el teniente-coronel conde, de-Superunda, el mariscal de campo D. Diego Tabares, el coroner D. Dionisio Sol--r, teniente, rey de la plaza; el capital de navio D.
Juan Antonio de la Colina, el colonel d.-Iregimionto Fijo de ella D. Alejandro de Arroyo, el colonel D. Baltasar Ricaud de Tirgales, el ingeniero en jefe, el colonel de Dragones de Edimbourgh D. Carlos Caro, commandant de las troops del campo; el teniente-coronel D. Antonio Ramirez de Est--noz, sargento mayoim de, la plaza; el capital de artiIleria D. Jose' Crell de la Ho';-z, y e,, capital de infanteria D. Jose' Garcia Gag'o, secretary del gobernador y de la referida Junta de La Habana. Impreso en Madrid en virtue de real orden en la imprenta de Juan de San Martin.
Ahos -de 1773 y 1774".
Este Proceso, cuyo titulo se debio' expresar en plural,
es una reuniGn de los doce process que separadamente se formaron solo a los generals y jefes expresados; torque Montalvo, Castejo'n, Garganta, Medina, San Vicente y otros, que por su graduation concurrieron a a1gunas conferencias de la Junta, no votaron ningun acuerdo que les comprometiese, o no asistieron a la mayor parte de sus
sessions por tender a puestos de peligro.
Ca'da process costa de un detallado interrogatorio, de
los documents presentado-s en apoyo de sus declaraciones por los acusados, de las acusaciones fiscales y de las defensas. Las principles se hallan copiadas en la Coleecio'n del Autor, menos la de, Prado, torque se public' en las Memorlas de l'a Sociedad Patrio'tica de La Habana,, ocupando las pags. 408-443 del t. VI, correspondent a 1838; las 5-33, 81-87 224-227, 291-309, 352-363 432 433 del
t. V112 y 60-68 105-124 del t. VIII.
La defense del Real Trasporte fue' aun ma's larga; y de
poca menor extension la de-Tabares, que la complico' con una detallada censure descriptive de todas las fortificaciones de la plaza.
Plenamente aclarados los hechos. del sitio con declaraciones de testigos, con documents a favor y en contra de los acusados, para e-'I)cribir la verdad era superfluo investigarla en otra parte. Fuera del voluminous process, todos los dema's texts consultados, d6spue's de hecha la debida eliminacion'de los errors que continent los, ingleses, solo siren para ponerla ma's en evidencia.
4,-)l J,- /,% ft 0




COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 69
de la orig. que existe en el Arch. general de Simancas. Legajos. Siglo XVIII. 1762.
Cartas de D. Juan de Prado a D. Lorenzo Montalvo en 25 de junio, 27 de junio, 13 de julio y 4 de agosto de 1762. -Cop. de los orig. que existfian en 1853 en poder del Sr. D. Ram6n de Montalvo.
Carta original- y confidencial de D. Juan Antonio de la Colina a D. Lorenzo Montalvo. Eate documento no tiene fecha, ni ma's que media firma. EstA cop. en la Colec. del A. del orig. que se hallaba en poder del Sr. Montalvo.
Carta de D. Pedro de Castej6n a D. Lorenzo de Montalvo en 20,de junio de 1762.- Id., id., id.
Carta de D. Juan Ignacio de Madariaga al ministry de Marina Arriaga, ddndole cuenta de las operaciones en que se hall empleado durant el sitio de La Habana. Este docum.,, fechado en Cadiz en 26 de octubre de 1762 se halla cop. en la Colec. del A. del orig. que existe en el Arch. de Simancas. Legs. Marina. Siglo XVIII. 1762.
Carta de D. Lorenzo Montalvo al ministro Arriaga en 18 de octubre de 1762. Cop. en la Colec. del A. de la orig. del Arch. de Simancas. Marina. Siglo XVIII.
-1762.
Apuntes para la Historia de la Isla de Cuba. Bajo ;
este epigrafe publican los tomos III y IV de las Memorias de la Sociedad Patridtica de La Habana, correspondientes a 1837, tres extractos con algunas copias de los documen tos oficiales de los ingleses relatives al sitio y toma de La Habana. El tomo III ocupa con esta materia desde la pag. 364 hasta la 376; y en tre la 440 y la 460 inserta un Diario del sitio de La Habana, extractado del oficio original remitido al gobierno britdnico por el primer jefe comandante de ingenieros Patricio Mackellar.
Acompaian a este Diario los siguientes datos oficiales:
Estado de la guarnicin del Morro el 30 de julio de 1762.
Estado de los espafioles muertos, heridos, prisioneros y ahogados en el asalto del Morro.
Estado de las fuerzas al mando del teniente-coronel Ste ward en el asato del Morro. .
Relaci6n de los of iciales, sargentos, tambores, soldados y families correspondientes a Ia guarncin de La Habana que pasaron a bordo de los buques de $S. M. britdnica.
El tomno IV de aquellas Memorias, entre las pigs. 4 y< 20, reproduce el texto cle Ia anitulacidn dle la nlaza, ya




4w
70 JACOBO DE LA PEZUE LA
impress en varies publicaciones; el parte oficia'! de su en-, trega com-unicado pur Lord Albemarle al conde de Egremont en de "agosto de 1762., y el de Sir Jorge Pocock
al secretary del Almirantazg-o en 19 del mismo mes, a-a diendo una relacion de la distribution y movim-entos de las fterzas naval es inglesas desj)iuks de la toma do, Ia. plaza,
segui'da de las dos siguientes noticias:
Relucioji de los individuals inu,--).rtos y heridos, fallecidos
por herlidas y por enfermt?dades, y estrawados desde que se desembarco -ei ejecito ingle's en Ia isla de Cuba hasta
el 13 de agas to d-2 1762'*'
RFStribucton del botin de La Habana al (>Jereito d( ,
S. M. Britamea.
RO'T-, ert Beatson. Naval and .111.1dary Memo-irs 0' the,
Great Birl-tain from'1727 to 1783. London. 1 3'04.
nti(,- - Gener(,t isto-ry of the Late War. -- Lon~
doh. 1772.
Tumbull. -In Me Wi:-St: Cutoa.
NVilliam Coxe. -.-- L'Espagne sous les Io;s de 2111aistwi
de Bour0o?,'.
Ferrer del Rio. 1--fistoria. del reirmao de Carlio"S .111,
c', F e r n an N U' AT e m o r a s d (-, 1 7- e *
Clatrlos ILT. (O'Ora in,;'Aita, de Ia cual e-N--kste_ti diferenti1-!s copia ;, bai.-i-aric-luse un:, ,i en Po '-Ar de-i S-Y-. D. Anfon-9. Ferrer
del R'-'o, de la Espariola y s-1.1i biblX11147CCar'30).
Historta general 'de Emai a, por D. Mode',sto de 14afuente.
ATo ticir,s privaclaS casulo por D. Antoni,-,) (IC'.
Armona.
Carta que en 12 d) d"c'embire de 1763 escribi' ui-ri P,
Jesuita de Lu Habumu el Pfefecto Jewbqi, Bonilla, de Se.III( C.1 11 ii-cuns-1-anclada. de Ia, -tofna etc.. Met, d ndole cum-ca e'
Morlas ale Ia, Patrio'tlca de Lat Habarzal, t
paorrs, 298 y 323.
Relation del sitio y toma de la piaza por WS single; o,',
r I I a a_')
publicada or las m smzas.Mteinor"as t. V1, p'g's. 3 -2 y 375,




OAPITULO DECIMOOCTAVO
DEL TOMO 11
Entrega de La Habana a los ingleses. In'tiles esf uerzos de
los generals espafioles pa- ra mejorar la capitulacio'n. Do%#molicion del castillo de Matanzas. -Salida de los capitulados para Espafia y de la mayor'-parte de las fuerzas invasoras para diferentes destines. Acusaciones contra Prado
y H,_Xia. Fidelidad del ayun tamiento de La Habana.
Deslealtad del alferez real D. Gonzalo Recio de Oquendo y del regidor D. Sebastian de Pefialuer. -Son nombrados sucesivamente tenientes gobernadores de los su'bditos espanloles.-Niegan todos los pueblos de la Isla la obediencia a las autoridades inglesas. Honrosas co missions de D. Loren..!,,o Montaluo y D. Nicolas I?apu'*n. Caudales y effects quP entregan. Masa de botin que reunen los ingleses y su desproporcionada distribuci'n. Polemica entre el conde
de Albem:7rle y el obtspo Morell. Firmeza del prelado.
Su expulsion para la Florida. Injustas exacciones contra el clero y los propietarios. Embargo y enaj ?naci'n de los condos y bienes de ausentes. Perjuicios inferidos a la Real
Compania de Comercio. -- El general Giiemes en Madrid.
,Disposiciones del gobernador de Santiago de Cuba. Marina national anclada en ese puerto. Pequen-a reunion de fuerzas en el We Jagua. Nu"cleo de resis.tencia en el castillo de los Angeles. El Auditor Ulloa. Contratiempos y perdidas de la marina inglesa. Debilidad de los invasores en La Habana. Odio del pueblo contra ellos. Proyectos de




72 JACOBO DE LA PEZUELA
nos Aires. Infringen la paz los ingleses en las Antillas.
Excess de Peftluer. Regreso del obispo Morell a La Habana. Primeros buques espan~ol.gs que fondean en este puerto. Correspondencia entre Madariaga y Keppel. Comunicacio'n de D. Lorenzo Montaluo sobre la destruction
del arsenal.
En la man- ana del 14 entraron en la plaza los ingleses, con mas orden del que se esperaba de quienes habian sufrido tanto para conquistarla. Los contenian su discipline y la promesa de un reparto igual por classes de los despojos conquistadors, en lugar de un botin a mano airada. Sir Guillermo Keppel con un batallo'n se posesiono de la puerta y castillo de la Punta que, aunque muy maltratado, no present brecha. Franquearonle aquellos puestos D. Pedro Castejo'n y D. Fernando de Lortia, mientras el Teniente de Rey D. Dionisio Soler y el sargento mayor Ramirez Estenoz relevaban con ingleses los dema's cuerpos de guardian. Como M'11 infants y a1gunas compan-'as de artilleria permanecieron acampando en la Cabana y sus reductos, sin cuya ocupacio'n no se consideraban seguros los invasores en La Habana; quedando ya muy reducido su number y debiendo la escuadra dirigirse pronto a otro destiny. Los rests de la guarnicio"n capitulada marcharon a las 0'rdenes de D. Alejandro Arroyo a acantonarse en la Chorrera y Puentes Grandes, mientras se disponia su embarque para Espafia. Lo que quedaba de la fuerza de marina que para la defense se habia sacado de la esc"uadra regreso- a sus buques en aquella misma manana, mientras se recogian las armas a los milicianos, despachados para sus domicilios, aunque muchos. del campo no se presentaron.
El almirante Pocock y Albemarle, que entraron por la tarde en la ciudad, alojaronse con Hevia en el edificio de las dependencias de marina, el mejor entonces de la poblacio'n, aunque con injuries muy recientes de los can-ones de su nuevo huesped. Alli todos los recursos de reDetidas conferences v de alaunos




COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 73
bl"an adquirido para. su nacio'n, para sus troops. y u escuadra.
Ordeno' algunos dias. despue's Albemarle la ocupacio'n de Matanzas y de su castillo de San Severino. Pero en las postrL merias de su autoridad dejo' dispuesto Prado que su comandante el capital D. Felipe Garcia Solis, despue's de inutilizar su artilleria, demoliera aquella fortificacio'n haciendola volar, y se retirase a Villa-Clara con el destacamento que la guarnecia en cuanto tuviese anuncios de ser atacado. Cumplio con esta disposicio'n Solls el 26, encaminandose en aquella direction con unos cuarenta hombres del Fijo y artillerps y algunos. funcionarios de la poblacio'n adema's groups de milicianos y voluntarios que, sin saber la perdida de la Capital, se dirigian aun desde lo interior de la Isla a socorrerla.
Un destacamento de dos6ientos ingleses que en dos fragatas audio' el 27 a posesionarse de Matanzas, se encontro a aquel fuerte demolido y abandoned el pueblo por sus principles moradores. Las lanchas armadas y algunas embarcaciones inglesoas cue recorrieron en esos dias la costa intermedia entre La Habana y aquel puerto fueron rechazadas a balazos de ]a embocadura del rio de Jaruco y del surgidero de Jibacoa y)or campesinos y milicianos de estos sitios que, sin entrar en la Capital despues de su capitulacio'n, se fugaron con sus armas: -esercio'n honrosa y bajo ningun aspect censurable.
A pesar de lo quese procure' abreviar la salida de los capitulados para Cadiz, hasta el 30 de agosto no pudieron emprenderla las veinte y ocho embarcaciones inrylesas. destinadas por el Almirante para transportarlos con bandera parlamentaria. Eran cuatro gene rales, iete jefes del elie'rcito, ounce de marina, diez y siete capitanes,, sesenta oficialcr subalterns y ochocientos cuarenta y cinco individuals de tropa y de la escuadra, alin incluyendo en ese number a muchos heridos y convalecientes, oue, al anunciarseles la posibilidad de regresar a Espana,- saltaron de sus lechos. El dia 30 salieran Su-rerunda y Tabares solos en una fragata con sus families, criados y equipajes. Prado y las troops de tierra en nueve embarcaciones, y con




74, A G,')BO DE LA PEZUELA
a Jamaica y sus cruceros, ordinaries, y reclamada por Lord An-11-i.erst I.a. restitucio'n de la brigade auxiliary de Burton, fue' la atencic'n primer de Albemarle apresurar el reparto del botin entre unos y otros, la entrega de Jos caudales pertenecientes al Erario espafiol, y la realization de los valores de los ramos de marina, hacienda y guerra ma's susceptible de- cambiarse brevemente por dinero,
Nombrados por aquel general como comisionados para reelbirios el teiniente coronel Cleveland, el comisario de guerra Kennyon y M. Durand, agiotista de Jamaica, tuvieron que cumplir con lo capitulado y entregarles) los de sus cargos respectivos elcomisario de marina Montalvo y el de la misma, clase Rapun, *que corrie con Ias existencias de la plaza.
Para abreviar su, realization, enajenaron los ingleses, por con.tratos alzado.s con algunos especuladores de Jamaica y agents de casas de' tondres, todo lo que la e-cuadra no pod'a embarear; torque, peninsula ayes y _haban eros que se deshonraran comprando los desrojos de su propia"atria, no los encontraron.
Hechos los ajustes, y r I ealizados aceleradamente y con probada gananc'*a de slus tomadores', la suma total de los effects vendidos y el metdlico, sin contar el valor de los navio', de la artillena y de las municiones U'tiles de guerra, cuya propiedad era la sola com.pensacic"n del gobierno incyle's por sus enormes gastos en la expedicio'n,--Ilego' a setecientas treinta y seis mil diez y nueve libras esterlinasy tres chelines; o sean tres millions cuatrocientos noventa y seis mil setenta. y ocho y medio pesos espanoics. Antes e ir a responder de pe'rdidas tan graves, anticipa'ronles% sus vencedores a Prado y Hevia parte de su pena, presenciando la distribution de lo que no supieron conservar. Cupo en aquel gran despojo participio a veinte y ocho mil-cuatrocientos cuarenta y dos ingleses, a los que concurrieron desde el principio basta el fin a las operations del asedio por'tierra y mar, militares y mayinos,11egados antes y venidos luego.
Albemarle y Pocock recibieron cada uno ciento veinte y dos mil seiscientas noventa v siete libras esterlinas., diez chelines v




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gadieres mil novecientas cuarenta y siete; a los coroneles y capitanes- de navio, mil seiscientas, y a las dema's classes de jefes y officials de tierra y de la escuadra, quotas proporcionalmente disminuidas de grado en grado, reduciendose las de los marin.eros y soldados, las de los que mas habi'an sufrido, a cuatro li-, bras, un chelin, ocho p'eniques y medio para cada uno de los ultimos, a tres libras, catorce chelines y nueve peniques las de cada cual de los primers. lQue' distribution! No hubo de inspirar en La Habana la codicia de los dos caudillos gran idea del espiritu de justicia de su nacio'n, ni del desintere's con que pudiesen gobernarla luego.
D..',.stribuido asi' el primer despojo, como la realizacion de lw dema's hab'a de ser mas lenta, determirio" Albemarle perma-necer en la ciudad--hasta ultimar su liquidacio'n, dominando, su afan de oro a sus anhelos de retornar triunfante a Iondres.
Daspues de desembarazarse de lo,--) capitulados, no era necesano, para la conservaci'n de la plaza, la permanencia de los numerosas Puerzas navales y terrestres que arenas habian bastado rara conquistarla.
La brigade de Burton, cuyo regreso a Boston y Nueva York c.%.Ig--,,a vivail;.-Lente Lord Amherst, salio en various transportes paTa aquellos puertos a fines de arfosto.
D.o.spuk',c_-,, de encargarse del mando superior de toda la marina inglesa destinada a America el vicealmiranto Augusto Keppel, salio' para K.--ingston con una parte de las troops y once buques de guerra entre -mayores y menores el dia 13 de octubre.
El ah-nirante Pocock c-nglo para Inglaterra cinco d'as des pues con los nav.!.os Namz.,.fr,' Culloden, Temple, D2uonshir*e,
I
Malborough, Infan-le, Sai',?. Grwaro, la fragata Tetis y cincuenta trans.ortes entre los cuales figuraban siete buques merchants espafioles apresados en distintos punts a la Real Compaffila. de Comercio de La Habana y otros duen-os. Termino su navegacion infelizmente. Como a doscientas leguas de las costas de Irlanda, y despue's de las calms que la dilataron, un temporal del E. dismrso' las naves. El Temple v doce trans-oortes




76 JACOBO DE LA PEZUELA
Ia mayor parte de las dema's embarcaciones, cuya gente carecia de los abrigos propios de aquellas latitudes y au-n de viveres, torque nada habia previsto Pocock ni para las even-tualidades naturals, de tan complicada expedicio'n, luego naufragaron en el canal de la Mancha, donde ma's de mil hombres perecieron. El Malborough, separado del convoy a las pocas eingladuras, despues de arrojar los can-ones y aun las anclas, se anegaba el 29 de noviembre, cuando no lejos de las Azores, salvo*' a sus tripulantes la fragata inglesa Antelope, falleciendo dos dias despu's el mariscal de campo Lafaussille de enfermedad. Pocock, con el Namur, que hab'a perdido tambie'n doscientos hombres en la trevesia, no pudo arribar a Spithead hasta el 13 de enero de 1763.
D.n.spue's de la salida de Keppel y Pocock, las fuerzas inglesas de La Habana quedaron reducidas (311 ) a siete navies y menos de cinco mil hombres de todas armas, y de e'stos la mitad postrados por sus males. El ordenador D. Lorenzo Monialvo, que permanecio' en la plaza de orden de Hevia para hacer la entrecra de los buques('191 y effects, que, con arreglo a la capitulacio'n, pertenecian al vencedor, aviso reservadamente al ministro de Marina Arriaga que, si en tan buena oportunidad se presentaran ocho o diez buques espanoles con dos o tres mil hombres de desembarco, la recuperacio"n de La Habana seriLa Ara de contadas horas.
Despues de una larga y penosa travesia, hasta el 22 de octubre no Ilegaron a' Cadiz Prado y Hevia, permitiendo ese retard que les precediesen en la Corte acusaciones, verdaderas unas, falsas otras, y tremendas todas. Hasta un prelado1401 entre sus muchas virtues. no exento de passions, hasta las primeras damas 141 ) de una poblacio'n, donde tan indulgences y benignas fueron siumpre, achacaron, creyendo cumplir con un deber patriotic, a la incapacidad de dos solos individuals unacatAstrofe originalmente ocasionada por la imprecision del Gobierno, por la superioridad de, la invasion, y por la in-Perioridad r1p Inq morlinq do (Ipfpnqq- Miirlinq qpn-nrqq r1p T..q T4,qhqnn- nnr




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desdenes de Prado por las ideas y ofrecimientos de los naturals.
El obispo Morell de Santa Cruz expuso amargamente, que para 'a capitu'acion no habia contado aquel gobernador con e 1, sin recorder que estaba ausente cuando tuvo que aceptarla bajo la presio'n de un vivo cafloneo y por evitar la destruccio'n del Pueblo.
Fue' aun ma's sorprendente que al Ayuntamiento 42 1, CUyOS miembros en la ma-ana del 11 reclamaron de Prado que aceptara la ley del vencedor, como U'nica salvacio'n en tan cruel trance, se quejase tambie'n al Rey, en 26 de octubre, de que aquel gobernador y la Junta de Guerra hubiesen entregado la ciudad al enemigo sin consult ni acuerdo de su municipio. Como si hubiera dado el cafi'M ingle's lugar para consults. y estuviera tampoco reunido entonces aquel cuerpo Para consultarlo. Cuatro de sus miembros, por sus achaques y sus aflos, habian tenido que refugiarse en sus haciendas: ef alcalde D. Pedro Santa Cruz, el alfe'rez real D. Gonzalo Recio, de Oquendo, los regidores D. Sebastian de Pefialver y D. Jose Cipriano de la Luz. El a1guacil mayor y alcalde D. Pedro Calvo, los regidores D. Jose' Fe'lix- de Arrate, el autor de La Dave de Indias, aunque ya anciano y doliente, su sobrino D. Fe'lix de Acosta, permanecieron dentro del recinto, mientras duro' el sitio, fatigosamente dedicados a la distribution de viveres, y al surtido y cuidado de los hospitals. El regidor conde de Casa Bayona habia ejercido el cargo de teninte colonel de las compafil'as, de militias cue la guarnecieron. Su hermano don Laureano Chacon y D. Luis de Aguiar, como vimos, pasaron con las an-nas en la mano en campana todo el tempo. El alcalde de la Santa Hermandad, D. Jacinto Barreto, e-stuvo desempen-ando con nombramiento de Prado el cargo de preboste y perseguidor de malhechores fuera de la plaza. Luego, diseminados asi sus individuos, nunca habia rodido durante el asedio aquella corporacio'n const,.tuirse Para deliberar; y estando dispersada, ocioso fuera tampoco consultarla cuando el brazo military tenia que dominarlo y resolverlo todo. <1
Habia cometido Prado desaciertos grades como jefe supe-




JACOBO DE LA PEZUELA
algunos.comerciantes, con la esperanza de justificar despueS tan negro cargole espiaron hasta en su misma posada los menores pasos. Interpr'etaron maliciosamente hasta sus, actos ma's vulgares y privados.
Do mas hidalga suerte ostento' despues el cuerpo municipal de La Habana su amor a. la Metr"poli. Cita'do, el 8 de sep tiembre a cabildo extraordinary, y entrando en la casa consistorial entre las filas de una company a de granaderos, y entre las centinelas colocadas en las' puertas y hasta en la sala de sessions, 'no le sobrecogieron estos aparatos. Por gran reserve que sobre'el objeto',de la convocacio'n hasta alli hubiese guardado el general singles que, detra's de ellos, entro' resplandeciente con sus insignias y ven eras, lo, adivinaron los municipals, cuyo patriotism, no, decay' ante aquellos, preludios de violencia. Albemarle abrio la discussion con un discurso que explico' el
mterprete D. Miguel- Brito, declarando al ayuntamiento, que
conquistada la ciudad por las armas del rey Jorge III, este era ya el verdadero soberano a quien debian jurar obediencia y vasallaje. A esta exigencia, un destello de altivez national briU' en los rostros de los regidores (441 y una intrepid voz se ,917,0' al instance a'..,interpre'tar sus, sentiments:
M-Ilordl exclamo' el alcalde D. Pedro Santa Cruz somos espanoles y no podemos ser ingleses: disposed de nuestros bienes, sacrificed nuestras vidas antes que exigirnos juramento de vassallaje a un pr ncip,,--_-- para nosotro.S e-.%-_tranjero. Vasallos por nuestro nacimiento y nuestra obligaciGn jurada del senior D. Carlos III, Rey de Espafia, e'se es nuestro legiti- o monprca, y no podriamos s;-.-n ser perjuros jurar a otro. Los articulos, de la cq.pitu1ac.V.n de esta ciudad no os, autorizan legalmente mas que a reclam,_-ir de nOQotros una obediencia pasiva, y 'sa, ahora os la prometemos de nuevo y sabremo-s observarla.
Por decidido que fuera el- Conde a la session a conseguir su objeto, hallaron tan nobles sentiments secret eco en el pecho del magnate ingle's, que alli representaba a tan gran pueblo. Deio" libres de iurar o no iurar q los M- unicinales! v Ins nala-




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gloriosa de su historic. Hasta dos regidores que se desentendian ya con su conduct de tan patrio'tica protest, se adhirieron al voto de los otros, si no con los deseos, a lo menos, con las firms.
440'
Estos eran el alfe'rez real D.-Gonzalo Recio de Oquendo
propietario del rico mayorazgo de su nombre, y aquel D. Sebastian de Pefialver Anoru 10(46) que de tanto patriotism, blasono treinta y cinco anos'antes en el Ayuntamiento al encomiar la conduct del gobernador Martinez de la Vega y sus preparativos contra los ingleses. Despue's de tomada la ciudad, en su estrecho engender se imagine" el primer que, como en Jamaica, se babia de perpetual en Cuba la bandera inglesa; y por ganoxsC., con sus nuevos metropolitan, un prestigious que nunca consicruio' con los antiguos, ni aun con su riqtieza no sintio" pSer pulo en mudar de nacionalidad.
Aunque iiiiis perspicaz, habl'a incurrido Penalver (47 en el M.j.smo error sobre la perpetuidad del dominion inorle's en la Isla, como si la political, los fines y los tempos fueron ahora iguales a los de la epoca en que se apoder 0' el famous Cromwell de Jamaica. Anciano inquieto y dominate, Pen- alver fue el que primer se esmero' deSde el mismo dia 14 de agosto en prodigal a Albemarle y a sus hermanos Augusto y Guillermo Keppel los a.c.Aamientos ma's oficiosos y services. Adema's de miras COMO ha-s de Oquendo, le guiaban ara ryfendigar su protection vivos deseos de satisfacer encores personals y rem ediar atrade su casa, ocasionados por sus desaciertos. D-Mostro a .A. oem, r1e las ventajas aue podia sacar de su experience de hombres y cosas en La Habana, Y vio su fin cumplido recibiendo en 31 de agosto un nombramiento de teniente gobernador de los espanoles, que ponia en sus manos la administraclon de ju'sticia y el gobierno civil de la ciudad.
En cuanto a justicia ordinaria no hubo arenas otra que la de los alcaldes en los primers dias siguientes a la entrada de los vencedores a cuya ley no quiso someterse el honrado audi(481
tor de guerra Ulloa fugandose al castillo qe Jagua, y tambien Aal daonorllr




80 JACOBO DE LA PEZUELA
No le duro entonces, sin embargo, a Pen- alver su anhelada commission maS que ocho dias. Habil.'-'ndole ordenado Albemarle que oficiara a todos los pueblos de la Isla intimandoles que se sometieran al poder dominador de la capital, por concern la inutilidad de un encargo tan odioso, o torque su hijo D. Gabriel, y a'n Gamarra, le disuadieran de''cumplirlo, se lo
fir aquel general, con la tenencia de gobierno, el d'a. 8 de septiernbre a su rival en deslealtade- D. Gonzalo Recio, aunque sm excluir a D. Sebastian de su privanza.
D- spachdronse las circulars a los pueblos; ma's no solo los distances del territorio comprendido en la capitulacio'n, sino hasta los inmediatos. a la capital, las contestaron con desprecio"". fugandose los municipals de Santa Maria del Rosario y Bejucal.
Por lo arduous y comprometidos eran harto honrosos para renunciarlos los encargos que despue's de la rendition habian aceptado noblemente el ordenador de marina D. Lorenzo Montalvo y el comisario de guerra y factor de tabacos D. Nicola's Jos' Rapun. Permanecieron en La-Hqbana para cuidar de un mil-lar & militares, marines y milicianos heridos y enfermos, postrados entonces. en lo ; hospitals, y para entregar, como se dijo, las existencias metallics, la escuadra, la artilleria, el armam, erto y los almacenes, de municion.es y effects pertenecientes a la naci'n, deber bien doloroso Que les imnedia el articulo cuarto de ]a capitulacio'n. Solo entrepraron ambos lo oue absoIrit-mente no Dudieron preserver del noder de los dom-inadores. Rq,pun traslado' al del comisionado Cleveland seiscientos siete mil y cincuenta pesos en metallic; y Montalvo 511) novec.entos veinte y nueve mil trescientos treinta' y cuatro, pertenecientes a los ram- os de marinas, juntamente con los bunus y laq existencirPs de lo-. almacenes de tierra y del arsenal bajo los. invenrios- ma's prolijos.
Pero ni con la parte de leo'n que se habia a-proDiado. en el botin hnb ,a. cuedado sqtisfechq. !a co+cia de, Albemarle-, excitandosela los interesados, en satisfacer tambie'n la suya. En esa debiliflad del general inqle's hallo arbitrio Penalver Dara recon-




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Pedro Estrada, hombre de viso y de caudal, que sin aspirar
'blicos, se procure'
cargos pu o acomodar con el dominador para
hbrarse de los vejamenes que afligirian a un pueblo conquistado. Aunque fuera Estrada amigo y consultor de --Oquendo, le inicio' Penalver tanto a e'l como al brigadier Sir Francis Grant en el proyecto de una exaccio'n extraordinary sobre el estado c.,Lvil y el eclesia'stico, que con la sarca'stica calificacio'n de "donativo voluntario" duplicate a Albemarle la enorme suma que se habia reservado en el reparto. Una promesa de pronta reposicio'n en aquel ca rgo, que luego se le cumplio' en p'rimero I- del siguiente enero, fue' la primer recompense de su pensamiento. Los meldios de allanar los obstaculos que se opusieran a su realizacio'n pronto se discurrieron. La presencia, del obispo, Morell era ell mayor de todos.
Garantizada al estado eclesia'st-ico en tres, articulos de la capitulaci'n la plenitude de sus, goces y derechos, Morell, tranquilo por su clero, se limitaba a censurar las novedades, que introduce el conquistador. Pero, o torque se -arrepintiera de aouellas concessions, o le aconsejasen que no las respetara, o por consider a los eclesia'sticos mas ricos, que a los de otras classes, decidio' imponerles Albemarle mayors cargas. Las hostilidade's contra el Clero empe,7,aron presentandose al Obispo el teniente colonel y comisario Cleveland con una orden para que he mandate entregar las campanas de todas las iglesias y conventos, como gaje usual de los artilleros en las plazas tomadas en c.i.mpafla., aplicando maliciosamente este character a jina ciuocupada dez-5pues de una cap-*tulacio'n ritual y escrita. Descendio" el Obis no entonces de censor a suplicante para poderles rescatar por diez mil pesos, abonados el mismo dia a prorate T-or las com-unidades y parroquias; torque nunca existia en su casa mas moneda que la indispensable para los mas modestos gastos, absorbiendole casi todos sus ingress los pores, los hospitales y las fabrics de las. iglesias.
Pero no habian de limitarse a aquella cantidad las exigen-




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de Ia dioceses. Le exigio' tambie'n que destinara un temple para el, culto y prakticas religious de sus troops.
Sometiendo- s'' indignation a su impotencia, se esforzo' el Prelado, en conjurar Ia tem'pestad con carts, arguments, citas de sagrados textos, para el protestante Albemarle sin fuerza alguna. Termino. este general su polemical epistolary con el Oibsro intimandole obediencia absolute a sus mandates; y como si descubriera el firme, Morell en el t6rmino de su oposicio"n Ia. palma del martirio, no s lo ;Je nego' al singles las lists y noticias de las rentals, sino el temple que solicito pq-ra su culto. Habria :rrefer*do el uItimo, suPlicio a consentir Ia proffinacic'n de nin(runa casa de Dios, y a reveler "a los herejes" los haberes de los eelesidsticos para que se los arrebatasen despues con exacciones calculadas. I Su pres-encia en La Habana, corno queda dicho, era el obstaculo'ma's serio para realizer el rheditado derrame sobre el Clero* se conto con que su nei ativa facilitarl'a pronto pretext para castigairsela con ur-a orden de destierro, y le significo" Albemarle que se trasladase inmediatamente a Ia Florida, ha cie'n dole prevenir embarcacicn. Pero desestimo" Morell Ia orden, respondiendo verbalmente que en lo spiritual no reconocia mas superior que al Santo Padre, ni otro en lo temporal que al rey de Espafia. Afladi' i mbar y
11 0, sin e _,o, "que
estab'a su miserable cuerpo a Ia dis ' --n de los herejes"porque a los ingleses no les designaba jama's de otra mantra, Penso' Albiflomarle ahorcarle, en sus primers impetus; pero Sir Keppel y Penalver le suavizaron, disuadie'ndole de un atentado que,'para siempre enajenar'a al dominion ingle's Ia voluntad del pueblo. El dia 13 de noviembre, como a las seis de'la manana, un pi 0 quete de granaderos cerco' Ia casa del Obispo, y con una parte de Ia tropa se introdujo el official ingle's que lo mandaba en el aposento mismo del prelado,-desde el cual, segun testimonio de un jesulta que presencio" el hecho,
le baiaron('") cargado en su silla hasta Ia puerta, sin de-




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y fueron de acuerdo a suplicar a S. E. de tan several determinacion; pero se mantuvo inexorable, Y so!o Ile permiti.0' 1.1evar algo de su equipaje y dos do sus farnfliares.
El vicario'D. Santiago Jose de Echeverria, quo por la ausencia del Obispo se encargo' del gobierno diocesan, se resign' a las 6rdenes, de Albemarle, aunque bajo protest reservada, entregando, las lists y los estado's exigidos a Morell.--_ Sobre esos, documents calcularon y formaron los, authors del proyepto, con el nombre de "voluntaria", una exaccion forzosa & cien mi gose Pe alver de re
pesos sobre el Clero. "Encar A al'zarla con
una vlolencia", eser'ibio" luego Morell on carta. al minister, "indigna de un caballero espanol y cristiano, que no perdono' a individuo, desde el primer cura hasta el. U'Itimo monaguillo". A iresar de sus esfuerzos. no pas6 de setenta m*1 pesos la suma recogida; pero el comisionado Ilevo' la villania hasta reservarse Para si mismo una-tercera parte, no entregando al general ingleS 152) sino las dos restates.
Otra derrama (53) mayor, y I no menos, arbitraria, aunque' ma's Ileva'dera, por ser ma's los que habian d rtarla fu' la que Se impuso al -estado civil con vio'encias y desigualdades irritantes en la distribuci'n. Un testimony no menos, autorizado que.el de Morell nos acredita queRnhalver, tomando la representaci'n de los notables de La Habana si*n su anuencia, y aun sin consultarlos, hab'a ofrecido a Albemarle tin segundo donativo Ma's -,considerable que el del Clero; que despue's de resuelta la exacci'n, los convoco' a su casa en Junta Para acordar con ellos'su guarismo; y que Oquendo, su rival On complacencias con el dominador, solicit' y logr' del general ingle's la humi11antn preference de realizer los, doscientos, mil pesos en que se fijo", sin escrupulizar en las forms, ni en Jos medios..
Si* por la letra de la capitulacio'n se sujetaron los ingleses a respetar los biene8 de los residents en La Habana, sin esJuerzo le persuadieron a Albemarle que rodian exceptuarse de esa concesi"n los condos, effects y creditors de los interesados, ausentes en Esioafia. Halaao' al Conde la nerspectiva del arbi-




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en. un termino breve. Asi' resultaron ser dos las exacciones, pecuniarias del estado civil; e'sta, que debia ser mucho m--,'IS valiosa, y el Ilamado donationo voluntario". Aunque aparentando siempre ceder a la violencia para cumplircon esas comisiones, Penalver convoco varies veces a los principles interesados a su domicilio; y despue's de multiplicadas discussions y protests, se fijaron los dias en que se hablian de realizer las. dos derramas. De cuatrocientos mil pesos que les exigieron al principio, lograron. los- contribuyentes reducirlos a doscientos treinta mil, pero abonandole adema's veinte y siete mil para e'l, torque Iograra esa rebaja.
Como si se opusiera lo capitulado a que c'orriesen una misma suerte los interests particulars de una asociacio'n commercial, sin distinction de ausentes y presents, se puso desde luego en pracfica, con respect a la Compania de Comercio, la ejecuci'n del proyecto de despojar a los primers. Esta nueva exaccion, ma's inicua aun que las otras, occasion' luego la ruina de aquella sociedad en el apogee desu opulencia. An tes de entrar en. la plaza el enemigo, los directors y los accionistas presents en La Habana tuvieron la prevision de trasladar a Managua, donde se hallaba entonces Madariaga con a1guna fuerza, trescientos veinte y dos mil pesos que tenian en caja. Llevaronc;e tambie'n de los aim-acenes los valones y effects mas portatiles. Pero todos los dema's, incluyendo azukares, tabacos, Palos de., tinte. dos fragatas ancladas en la bahia y un, valioso acopio de ferreteria, se entregaron luego a Penalver y a otros comisionados de Albemarle, que realizaron por ellos, aun vendiendolos a los mismos especuladores ingheses de Jamaica por un valor minimo alzado, muy cerea de un million de pesos. De tan fuerte suma, una tercera parte se distribuyo' entre sus cobradores, y se aplica--ron las dema's al cuarto,,y quinto dividend de la masa general del botin aue dejamos indicada. No discurrie'ndose pretext para despojar de su propiedad a los accionistas comprendidos en la caritulaci'n, independientemente del numerario que tenian salvado, se les abono su parte en ropas y tejidos, pero con la
fnr7n.q.q onnrliriAn r1p mip vnmn1oI-nrnn Pin rl;-norn 1no- rlpmnoz un'-




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media extreme. Peftalver, como accionista, dl,--A loS fundadores, se hallaba tan impuesto de sus balances y detalles que so'lo se podia e,,udir su intervention comprando su silencio (54
S 'n fijarse en las violencias que trabajaron a -los de La Habana, un grito undnime de desesperaci'n salio' de los mercados de Cadiz y Sevilla, al saberse en esas plazas que, asociaaos los. penins.ulares a la Compafilia para compartir 'Con los idas, se hab'
accionistas ultramarines sus ganancias y sus perd ian
asegurado e'stos las primers, reservando'Les a ellos solamente las segundas. Representaban los de Espaha cerea de las dos terceras part-es del capital.social; las existencias que alli tenian en su -roder distaban mucho de alcanzar al valor de sus acciohes; s -spendieron sus pagos varies casas de ambas plazas; se
- *taron a1gunas de la riqueza en la miseria; y achacando toda su desgracia--a la desidia y al egoismo de lQs directors de L-a- Habana, suscitaronles en el Consejo de Indias uno de los mas lar os e in'tiles litigious que garden los archives. De los 1)eor Ii-brados en aquel despojo fue* el octoorena.rio conde de ReviJaff-*"ef-'o, G-demes Horcasitlas, el ma's active fundador de la
que aun vivia en la corte, ya elevado a la U-'Itima
I
...gnidad mili nos no le impi-car y en otros altos puestos. Los
dieron sonr el apoyo ma's active de los accionistas espafioles y obl-*Rgar ma's adelante a render cuentas a los de La Habana. R e f i e'n d o s e luego el obispo Moreli a que los manejos de Pehaiver y Oquendo hicieron ma's odiosos los despojos de los ausentes, y au"n de los rresentes, ordenados por Albemarle, se e,,tI-ITresaba en estos te'rminos.
Aseguro'se por los mismos ingleses que el Conde estaba b*en-al cabo de estos provechos, pero que los sufria, a truenue de que se le facilitasen los suyos por un agent
habil de la'misma nacio'n de-. donde habia de salir (55) 0
De otra commission tan repugnant como la que acabamos de indicar se apodero tambie'n Penalver a media con Oquendo: la de averiguar el Paradero de los esclavos, bueves, madevias v




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resultaran'' sus, gestiones, infructuosas, el comisionado extendio" sus desafueros ha'sta apoderarse, despieciando las protests de los dos, de algu* n ganado y varlos, acopios do madera de construccio'n que tenian en su poder. los contratistas del arsenal. AU'* n tendremos que hablar ma's adelante de los 'n slices Penalver y Oq*uen'do.
Invirtiendo algun tan'to, el'orden cronologico, retrocedamos a indicar-ahora cual era el estado 'rnilitar de Santiago y de su terr*torio' al despl6marse el poder" ingle's sobre La Habana, y las disposiciones de su-g'bernador durante la defense y desde la re*ndl*ci*"n de.1a.capital.
Meses- despue's de reforzarse a mediados dpl. 1761) con hado tan contrario, k es'uadra del. La---Habana, record' el minister la importance, que en, la. anterior guerra hab'an dado a aquel territordo 'los ingleses,' y destaco" desde el Ferrol a estacionarse en el puertode Santiago una division naval a cargo del capital de navio D. Juan Benito Erazun, que alli fallecio' en V de junio de 1762, reernplazandole el de la -misma clase D. Jose' de Agul-rre. Se componi 0 a esa division, que habia dejado refuer,,,os en Santo Dom*ngo y otros punts, de los navies de guerra Monarea, Galicia, Arrogante, bergantin TaWaro y jabeque Galgo.' El Monarea habia varado al entrar en la bahia, maltratandose do forma I" I
. que no pudo untili7arse ni al sobrevenir las hostiMades ni mientras duraron.- Llegaron esos buques con abundancia de armaments, municiones y pertrecho- que aprovechl) Madariap. con presteza para abastecer sus fortalezas y completer su artiHeria.
Pero, por desgracia, en junio de 1762, no Ilegaba a ouinientos hombres,..toda la fuerza vete-pana rerartida en la jurisdiction, habiendo arrebatado mas de trescientos las enfermedades en -alaunos meses, CU'ando La Habana fue embestida, solo contaba Madariaga en Sa'ntiago. (511 ) doscientos noventa y un hoffibras, inclusos los officials. y compuestos de ochenta y cinco del Fijo, veinte y cuntro de artilleria, seis draffones montados y ciento setenta y seis r1el soqundo batallo"n de Aratyo'n. Al exiarirle Prado refuerzos




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nola y Puerto Rico, de M. de Bory, gobernador de la parte francesa de Santo Domingo, y de M. de Blenac, commandant de las fuerzas navales. Antes de recibir los pocos que le enviaron, se apresuro a destacar, con el navio Arrogante, a la bahia de Jagua, para que desde alli por tierra continuaran a La Habana a cargo del captain don Vicente de Jhtiz, doscientos cuarenta y ocho, hombres casi todos veterans, menos los artilleros, ya harto insuficientes para el servicio de las fortificaciones de' Santiago. A ese corto destacamento agrego' Aguirre unos cien individuals ma's de tropa de marina, tres mil fusiles con sus bayonets y considerable porcio'n de p O*'Ivora y de balas. Despuec tambie'n salieron de Santiago sucesivamente para la misma bahia y con igual destiny el bergantin de gu'erra TaWaro, el jabeque Galgo y el navio Galicia, con tres companlas de infanteria de marina, doscientos cuarenta y nueve hombres de Aragon, algurios dragons y nuevosrepuestos, habie'ndose recogido todos los destacamentos ve-fEeranos distribuidos en aquel extenso territorio. Luego, esos auxilios fueron mas rerjudiciales que U'tiles, torque con su ausencia quedo' on descubierto el segundo, punto military de la Isla, y no alcanzaron a imnedir el desastre del primer.
Sin, embargo, designada la bah'a de Jagua por Prado como, punto de arribo para los refuer-Zos pe.didos q Santiago, Santo Domingo y Puerto Rico, natural fue que, no llegando a tempo a su destiny, y antes de recibir 0'rdenes, para retroceder al de su procedencia, se hiciesen alli firms. D.1spues que eapitulo' la Capital, se reforzaron las fortificaciones del castillo- de aquel puerto con trincheras y reducto-7) exteriors; y a su abrigo se formo'* entonces acquella primer base de resistencia en que aroyar mas adelante la que se organizara en el pal's contra los invasores. Ese proyecto sustentabanlo con c.q4or ef commandant del navio Arrogqante, D. Aleio Gutierrez de Rnbalcaba, el de la fuerza. expedic-*onaria, Ju'stiz, y el animoso D. Martin de Ulloa. correspondie'ndose para realizarlo con Montalvo, Ra nun y el enthusiast Aguiar, que, con otros files habane-.os., combinaba en la Canital una reaction muy semeiante a un delirio generous. Reunieronse
v7, XT-,Olln vr




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cadas, y con unos quinientos hombres de refuerzos franceses y espaholes que recibio' de Santo Domingo, con unos dos mil milicianos ma's que pudo armar, se puso a cubierto contra todo event.
Como primer representative entonces del poder national en el pal's, dirigio' repetidas circulars a los pueblos para que ninguno, ni a'la loscomprendidos en la capitulacio'n de la Capital, reconocieran' el domillio ingies, ni obedeciesen sus mandates, so pena de incurrir en el delito de traicion y mercer los U'ltimos, castigos. En todas parties fusion esas 6rdenes cumplidas con una espontaneidad tal que ni fueron necesarias.
Pero al odio de los habitantes y a !as precauciones de Madariaga. se unieron otras causes para retraer al ingie's de hostilidades. Ya vimos que se habia restituido la brigade de Burton a Nueva York en donde la crudeza del invierno se ensaho con tal rigor en soldados ya enfermo.s y abatidos, que llegaron muy pocos a la primavera; que Pocock habia vuelto a Inglaterra con
parte de la escuadra, y que tambi'n el contra -almirante Ke-,.)-rel so hab'a dirig-ldo a Jamaica con casi todas las dema's fuerzas navales. Al general conquistador y a su hermano y sucesor- Keppel, arenas les quedaron tres mil hombreS disponible. para conservar la posesio'n de la Capital de la Isla.
D2spue's de la toma de .1a plaza siguieron diezma-ndo a los ingleses sus excess, el vo'mito y las fiebres. Se eircunscrib'a la extension de su conquista en la Isla al territorio solo que pisaban, al escaso radio de su capital y al de algunos barracones junto a San Severino de Matanzas. El odio popular se pronunciaba contra ellos en todas occasions; y para evitar los frecuentes asesinatos y reyertas, prohibit' Keppel bajo, several pnnas 159 ) a las classes de tropa la entrada en los expendios de licor y pulperias, y a los duen-os deesos establecimientos. andlogos a los que se Haman tavernas en Espana, q ue vendiesen bebidas ni licores a a sus mariners y soldados. Ocurrieron tambie'n no pocos envenenamientos. Los "guajiros", vendedores de leche., solian empozonarla con el acre jugo de la plant. que se conoce vulgarmente orm in] nnmlirp r1p "n;nAn" Pn In T.Pln u Tin(zfn Pn In infnmin r1p]




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limarse los grills y escaparse. El otro, l1amado Jose" Notario, expio' en la horca su delito.
Siendo, las sen-aless del espiritu de la poblacio'n tan evidentes como la disminucio'n continua de las filas de la guarniclo'n inglesa, nacieron naturalmente pensamientos de reaccio'n en las cabezas mas determinadas; y aspiraba Aguiar a ser para su pueblo natal un nuevo Pro'cida que, con otras visperas, librase de extranjeros a La Habana, como a Palerri'lo aquel patricio insigne. Se concerto con el brigadier D. Pedro Alonso. a quien SUS males im-pidieron trasladarse a Cadiz, con D. Agustin En la de Cardenas y a1guias. otras casas seguras se escondieron armas. Pero temerosos los conspiradores de excitar sospechas, las txasladaron despues a lugares menos parents. No
-,,c -,o --le -onde ixispir'"selas a Albemarle que, cuanclc) mrnos A_ ir es jar a-,
se Io recelaban, hizo sorprender y registrar una noche a las dos de la madrugada el domicilio de D. Agustin, confiando esa comision a su mismo secretary, el colonel Hale"I'll. Afortunadamente hacia tres dias que habian trasladado a otro lugar las antnas; y so., 61o hall' Hale condescendencia y serenidad en aquel patricio, que desde entonces se supo insinuar con aquel jefe y aun atraerle sin esfuerzo a ser su huesped. Le bastaron rocos dias para granjearse su confianza y averiguar por su conduct cuanto convenia para que la-marcha y el fin de la conspiracio'n no fracasaran. La debilidad del invasor, el patri6tico sentido de la poblacio'n, y la aparicion de otro jefe de un valor como el de Aguiar, pero de mas pericia, presagiaba su cercano triunfo. Eya e'ste el brigadier marque's de Casa Cagigal que, al dirigirse de Veracruz a relevar en Santiago a Madariaga, habia sido apren r-I r% r% 1"I 1 11% r1l fl% "Illf% lei T r% TI cN




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ticia inesperada, apagando de repented el enthusiasm de los conjurados, tranquiliw instantaneamentelo's animos de todos. SUpo3e que en 22 de noviembre se habian firmado los preliminaries de un tratado de Paz, con el'cual y si*n reconquistar con las armas su naturalidad-. pod'a La Habana'seguir siendo espan-ola. No tardaron.enser ratificados en Versalles el 10 de febrero, y entonces rescato Ja E:span~a, a Itan fiel pueblo.
'InglatnYra sus in" tiles y ru'
-celio en compensaci6n a la u MOSOIS;
res*dios de Florida y los territories al E. y al 0. del Mississippi,, pero recibiendo'de la.Frahcia, I comouna inde- nizacio"n de esta sup uesta pe'rdida, todo el dee la Luisianaj que mas al sur fecunda aquel gran rio, y en cuya embocadura se alzaba Nueva Orleans'. su, cabecera.
Conoeidbs los preliminares-' de paz, y despues de' recover o asegurar su en.ormeparte. en los-despoj P os de La Habana, 10's objetos-de'la p"ermanencia' de Albemarle quedaban ya cumpli'dos. S,--,. enibarco Para Incrlaterra en el navio Rippon en 22 de enero de 1763,, dejando el- mando de Ia-s troops que re-Aaban en la Plaza a su -he'rmano I sir Guillermo Keppel, promovido poco despues a teniente general. Fun. el reareso a Londres del general en jqfe tan fel,*z Como el de Pocock habia sido desgraciado. Su triunfo elevaba en In(ylatoerra su revt)utacio"n m-Iflitar a una alturatan, superior a la realidad de sus dotes estrate'gicos, como 10 era su Provecho personal al recogrido por su nacio'n en la conquista.' Sirn sus violencias con el obispo fflocec;ano, sin avarfcias v atronellos para realizer las exacciones, dicto' provechosas providence'ss.
Al cum-plir con' el fin indeclinable en todo grobernador intyle's de Proteger los interests de sus nacion-Ales, aiuel general indem.ni70 a.La Habana de toios sus oue')rantos. Desde el mismo dia 14 0e, agosto sustituv 0* al probibicionismo esnanol una ilimitsda -libertar mercantile, con derechos moderadog Para todo buoU9 'con bondera 'de la Gran Bretan-A y procedente de sus poseqiones; y asi recibio',el puerto todo ge'nero de manufactures y art'etilos extran*eros, cle. uso y conqiimo. K,:)nrel, sin irnitar




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'lo hab' gado
desarrollar su agriculture. En La Habana so,. ian car products del Pai's hasta entonces unos. cinco o seis buques al ano. Ahora, en menos tempo, le visitaron, entre. unas y otras, cerca de mil embarcaciones. Si un gran number vinieron a recoger despojos militaries, todas important pan-os, lienZos, seJas, vi 7 veres, articulos de industrial y ma's de tres millares de e3cIavos africanos; pocos menos en algunos meses que los cue !a CompanMa privilegiada habia intyoducido en veinte y tantos anos.
Examinemos ahora con rap dez' ie
I Ios acontecim* ntos'y las
causes que motivaron la paz que acababa de celebrarse en VerConociendo 'el gabinete espan-ol, al declarar la guerral, lo despreven*do de 'muchas de sus posesiones ultramarines
-procuro equilibrar los reverses que prevela invadiendo instantaneamente a Portugal, aliado de' Inglaterra,. y donde nada
-tampoco estaba 'preparado para"el rompimiento. El marque's dn. Srrria jenetro con mas de veinte mil hombres por las 'Provincias de Tras-os-mon't-es y Entre -Duero -y- Mino apoderandoso, en menos de'dos meses de las plazas de, Miranda, deBras anza, de Chaves, de Valencia de Alcdntara y Moncorbo. Ot-orto iba
-.Ya a ser embestida, cuando por intrigas pa-lac*egas tuvo Sarria que-entregar el Mando al teniente general conde de Aranda. Desembarcaba en Lisboa al mismo tiemro un cuerpo de diez m 'I inorleses a protege a, Portugal, enearga"ndose tambien del mando de h)s tronas portupruesas un ba'bil estrat'pr*co, el conde de la LiT)-Pe Buckbourg. No obstante, prosiguio' Aranda los progresog de su antecesor, sitiando y toman(In a Almnida. CastelRodri!ffo y Casfel-Branco; y rechaz' en todas parties. a los T)ortufru&-es y a sus auxiliare.q. obligqndo a La UT)ne -a refirarse. Pero desinue's de Pasar el Taio asaltando a Villa-Velha, la vicfilancia de su adversario, la difficult de racionarse, el ardor de la estncio'n y la animosidad del paisanaje le obligaron a evacuar la Extremadura portuguesa y a suspender una campan-a mas ffloriosa aue U'til.




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India Oriental, al saber la declaraci'n de guerra, el contraalmirante ingle's Corn-Ish rounio" en Madras una flotilla de nueve bergantines, dos fragatas y un navio para acometer a la isla da Luzo'n, casi indefensa. Cerca de su po pulosa capital, Manila, desembarco' a fines de setiembre, con mas oposicion que pe'rdida, un cuerpo de dos mil trescientos hombres acaudillados. por el brigadier Draper, siendo su presencia la primer noticia que recibw.se aquella ciudad del rompimiento. Dc.fendianla solamente un de-bil recinto y un castillo con un miller de indigents. Draper logro' rechazar una salida vigorous de la- guarnicion y abrir trinchera y pronta brecha en uno de los 1henzoS1 mas descubiertos de la plaza. Dy.---sechadas sus intirfl'aciones, la casalto' el ingle's con el mayor denuedo, entregandola durante a1gunas horas al ssaqueo y..a las iras del soldado. TZ1 Arzobispo, que gobernaba 'In- erim1monte, y el oi 'or D. Sim'n de Anda, so refugiaron en el cw- Qtilflo, despue's de pelear con un ardor menos propio de su estado y profession que de su patriotism. Pero vi.e'ndose sin municiones y sin viveres, celebraron con el codicioso Draper un convention por el cual se rescato' a aquella ciudad y al astillero de Cavite por dos millions de pesos y una libran-?.a de igual suma, que luego se apresuro' la tesoreria metropolitan a protestar. Previendo Cornish el ning'n valor de un giro tan forzoso, se anticipo' a realizarlo con ventaia, destacando a su navio y a una de sus fragatas ma's veleras a interceptor P.1 gale-5n que de Acapulco solia venir anualmente a Filipinas. El requltado excedio a su pensamiento. Los capitane's Parker y Kincy arresaron en effect a la gran nao de Acapulco, la Santisima Trinidad, cuyo valor y carga se apreciaron en cerca de
-tres m, il-lones de pesos.
I
Afecto' aun mas al Erario es-nalhol la capture de la fralgata Hermione, que cayo' en poder de otro crucero, al conducir de Lima a Cadiz mayor suma aun que la Sgntisbna TrInidad en dire7o y m- ercancias. Hubo que sugpender los suministros al eje'rcito vencedor en Portugal; y Carlos TH se apresuro' a firmer la paz, sin saber que el genio y la -pericia de D. Pedro Cevallos,
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Conduciendo al Brasil sus, armas victoriosas. Salvo' -a Portugal la estrella de su aliada.
El brigadier Cagigal fue' el que, al saber la novedad de la paz, se esforzo ma's, en serenar a los conquistadores, despues, de ser quien los, animo mas en -el empeflo. Al renunciarlo, cuando la supieron, acab' de aquietar a Aguiar, Chaco"n y Aro'stegui la nueva de, su ascenso a coroneles efectivos del eje'rcito. Madanaga y su teniente goberrfador en Bayamo D. Jose Antonio Quiroaa se apresuraron entonces a licenciar los mificianos. y ca restituir al Guarico los trescientos granaderos frantceses que habian recibido de refuerzo. El auditor Ulloa y el gobernador del castillo de los Angeles de Jagua suspnndieron sus prevenciones militaries; los socorros enviados de Cuba, de Puerto Pnncipe y de otros lugares, a ayudar a los conspiradores de La Habana, y cuyas avanzadas venian ya por la Macagua y por Guam-Litas, retrocedieron a situarse con el capital Solis en Villa Clara.
Alegando que aun no estaban publicadas, los, ingleses. y sus autoridades no observaron las paces tan fielmente. Como afin las ignorasen ya entrada febrero, los cruceros del contra-almirante Keppel apresaron en el archipie'lago a la balandra dO guerra San Carlos, al berga'ntipn Emprendedor, de Santiago de, 0-iba, y a dos fragatas de la Guaira, sorprendidas cerca de la Mona con diez mil fanegas de cacao. Estos dos buques, contando con la suspension de hostilidades, lejos de mudar de rumbo al divisarlos, se habin acercado sin el menor recelo a los navies ingleses.
Sorpresa muy inesperada. fue para Pehalver, Oquendo y sus, adeptos la de saber que, por el articulo 19 de los preliminaries AV
firma-dos en Versalles, iba La Habana a restituirse a su metropoli, en higar de seguir igual suerte que Jamaica. El segundo, que so'lo habia. excedido al primer en la dureza para realizer los cobras de Jos eclesia'sticos, acomodo' desde entonces su corlducta al sentido que exigia aquella noticia; pero el insatiable Pen-alver no hizo mas que dar different rumbo a sus manejos.
Arunlnrn' onn Wcknnrd In ;-n+rnr1vt-n;An r1n ",Oo An m;1 on+r3n;a-n+nc




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que no procediese de las posesiones' inglesas. Como si asi pudiera. Penalve'r recoriciliarse con los comerciantes y propietarioscuya voluntad se habia. enajenado para siempre, afanose com apariencias de trabajar por el bien general, aunque en realidad para provecho 'propio, por intr oducir en el puerto articulos de Verac-uz sin pago de derecho-s. -S'lo consiguio' con ese intent agravar su criminalidad a los ojos del Gobierno. El natural deseo, de. reparar sus pe'rdidas pasadas y la suposicio'n. de que trasearnese indefinido inte'ryalo entr%,---A. aqu%,nllo- preliminaries y la restitucio'n del puerto a. su metropolis movieron a various especuladores a. aconsejar a Penalver que escribiese a dos de las princIpales casas de comercio de Veracruz, pidiendo remesas de products meji*canos para vend'.rselas en La Habana a los ingleses y cAmbiarlas 'product
por os extranjeros. Si 'a restitu6on
de la ciudad a Esp'an-a se'retardaba, como lo suponian, dos o tres anos, los I beneficios que podrian reporter con ese tralfico forzosamente hab'an de ser',.inmen3os. No vaci-lo" Peflallver(11) ante esa perspective. Despacho -Ares expediciones de go'ne,ro., inorleses a aquel 'puerto; puso'sle en correspondence con la qsa Ramada de Saenz Rico, una. d e las pkincipales de Vemcruz, y se apresuro a tomar otras disposiciones para organizer un extenso contrabanclo'con Campeche y otros puorto- de la Ame'rica Central, llevando'o todo en buqfies-espanoles. El mismo Keppel, aunque conociendo el verdadero fin' de esas maniobras, tenia que protegerlas, por su mismal, obli'acio'n de favorecer al comercio de sus nacio'nales.
Fue su pasajero mando indulgence, impartial y comedido. Rabiendo desaparecido las causes poco honrosas que dictaron a su hermano.-el.estran-amiento del Obispo a la Florida, no opuso, Ke "pel oposicion a su regreso en cuanto lo solicitaron el proviso A clero, los principles notables de la ciudad y aun los mismos'Penalver y Oquendo. Durante su destierro estuvo siendo el venerable Morell el consolad6h de los. hambrientos, desnudos y desamparados vecinos de San Agust'n, privados de todo traffic y recurso durante la campan~a. Aplico' aquel prelqrln n qnenrrprlnq hqqt.,q A illflmn Ahnln rIP ln q vorfnq siimns




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Incluyendo sus courts guarniciones, no existing en la Florida mas que unas tres mil almas del to.do linaie y condition, que al saber por el mismo' buque que fue a buscar al 00ispo, que iban a defender de otra potencia con arreglo al tratado de Versalles, proirumpieron en un gemido' unanixne. Todos. quenan abandoner aquella este'ril playa cdn aque'l prola'do, que despue's' de recover en su embarcacion a ,os pocos eclesia'sticos IU'go (62
espanoles que alli habia, "para que e no sirvieran de
irrisiOn a los herejes", fleto' otras'dos embarcaciones para lle-,
-varse. tambie'n un centenary de los, veci*nos mas, mennstnro'3-os,
-en, cuy oranchlo y vestuario acabo' de consumer cantos rocursos le,, restaban. Asi salio' de San Agustin el 11 de abril. Pero la contrariedad de los vientos y oiros accidents le forzaron a ..'emplear veinteljornadas en una. trave, ua que puede hacerse en
".6 1 G 3 1 "a la
tre" Ya era el 2 de mayo. cuando. se vi' sado
testa de su reban'o", en medio' de aclamaciones y repiques de la poblaciGn., .ero con anirno' muy preparado
si no para I*d*-ir, otra vez a hn! ,zo p-vfido -m,
am -.c n, desrotiqulz y ferocidad en eq, a. u di -a 19
"Albemarle), a Jo mei para. ent".---ar en o-ro cainipo de. batalla si no Igual, infenor a la primer.
La imliferencia y la moderacIGn de S;r Kepp-c11 le libraron, sin embargo, do los sinsabores que esperaba- Quedo"le tempo para referir al Rey hasta los accident's ma's pequenos de la dominacion inglesa en. la. Isla, v prestarla un servicio todavia mas 10til, introduciendo las colmenas de Florida quese propagaron por las campin-as de la grande Antilla con una rapidez inesperada.
Al recibir las primers noticias de la I' primer diligencia del marque'A de Cruillas, xirrey de Mejico, fue* disponer que salieran de Veracruz los, situados Para las Antillas espan-o'las, habie'ndose de orden de Keppel. publicado en La Habana en 4 de marzo la terlinacio'n de las hostilidades. D-lspacho i nmediatamente sus remesas con las fragatas de guerra Palas, Aguila, n rcrVin-I v"n"rIn"Ae% n -" C",
'Ro7n"rf xy rlr'%o vivnaa A' A 7 *C"" 1-




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a sus destines, auxiliandolas Montalvo como pudo. Con avisos ya recibidos por este vigilante funcionario de que la restitucio'n de la plaza se realizar'a ma's brevemente de lo que los interea'n de estar autorizado para
sados en su retard suponi'an., y U recibirla el mismo Madariaga, gobernador de Santiago, como no permitio" Keppel que los buques de Veracruz prolongasen Su permanencia en el puerto de La Habana ma's que los di 0 as indispensable para repararse, salio' Spinola el 26 de mayo a esperar a aquel jefe, estacionandose en Matanzas y Bocas de Jaruco. Eran los caudales que Ilevaba a aquel gobernador un auxilio indispensable para que se cubriesen los. primers, gastos de la toma de posesio'n de la ciudad.
Madariaga, desde 28 de abril, habia comunicado a Keppel y a Montalvo la commission que habl'a recibido del gobierno espanol para esa toma de posesio'n en nombre de su soberano. Un mes hab'a tardado el inorle's para contestarle (65 en 28 del siguiente, nue con todos sus deseos de apresurar la avacuacion, aun no estaba au torizado para entregarle la Capital por ninguna orden del suyo; y esa respuesta le hizo demorar a aquel jefe hasta el 16 de junio su salida de Santiago. Hizose al mar en ese dia, calculando que cuando Ilegase a la Capital se habria ya reeiNdo orden del gobierno singles para evacuarla. No podia prefer que otro general espan-ol, de ma's representation y con mas medics, se le anticipate en La Habana- a cumT)Iir en su lugar la halagiiena mission de recobrarla. Un dia antes habia despachado Madariaga un bergantin con tl,-es officials y un destAcamento veteran para posesionarse de Matanms, a cuya enentrerra no habia opuesto Keppel nin una oposicion.
No se termino en La Habana la ocupacion de sus conquistadores sin destruir, con notorio quebranto de las paces, el ar1 Ilevarse. La
senal y todo el material de guerra que no pod'an narracio'n-de tales atropellos, semejantes a los que en iguales casos ha cometido esa nacic'n en tantas parties, se la cederemos al' mismo Montalvo, al verdadero fundador de aquel fecundo taller de naves espanolas. Expreso'se asi en oficio de 3'de ju-




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CUATRO CAPITULOS de su HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA y UN FRAGMENTO de su DICCIONARIO GEO GRAFICO, ESTADISTICO, HISTORICO DE LA ISLA DE CUBA

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 4 COMO VIO JACOBO DE LA PEZUELA LA TOMA DE LA HABANA POR LOS INGLESES CUATRO CAPirTULOS de su HISTORIA DE LA ISLA DE CUN3A y UN FRAGMEN TO de su DICCIONARIO GEOGURAFICO, ESTADISTICO, HISTORICO DE LA ISLA DE CUBA Nota preliminar por EMILIO ROIG DE LEUCHSENRING Historiador de la Ciudad de La Habana Gobierno Revolucionario Corisejo Provincial de Cultura de La Habana OFICINA DEL HISTORIADOR DE LA CIUDAD DE LA HABANA 1 9 6 2 ARO DE LA PLANIFICACION

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NOTA PRELIMINAR En nuestro empefo de divulgar entre el pi'blico actual, con motivo del bicentenario de la toma de La Habana por los ingleses, las diferentes versiones antiguas, y por lo tanto mucho menos conocidas, de c6mo se desarrollaron aquellos excepcionales acontecimientos, a fin de que los lectores puedan, con su cotejo y la comparaci6n con estudios mds modernos, formarse la idea mds comp leta posible de aquella realidad violenta y dolorosa, mas a la vez prefiada de trascendentales consecuencias, que hubo de sufrir nuestra capital, ddmos en el presente volumen la ma's genuinamente espahola de todas aquellas. En efecto: Antonio J. Valdes, el primer en refgrir los hechos fuera de los contempordneos y a veces actores en ellos -, es cubano, hijo de La Habana; y aunque ignoremos cu'les fueran sus rec6nditos sentimientos respecto de la Metr6poli, necesariamente da la nota nativa, y con mucha viveza, en la porci6n que en su historia general de Cuba les consagra. Pedro J. Guiteras, que escribe especialmente una Historia de la conquista de La Habana por los ingleses, es ya -a pesar de sus alusiones, a veces hasta pateticas, al "patriotismo" de los habaneros sitiados un sucbdito re~elde que, despues de conspirar contra la dominaci6n espahola, prefiere el destierro a sufrir pacificamente el yugo colonial; y en sus correcciones a datos y juicios del mismo Pezuela, cuvo relato contiene el presente libro, se revela ya un sentir muy contrario al del historiador peninsular. Antonio Bachiller y Morales, con toda su apacibilidad de carccter y de estilo, es otro Guiteras, si no de perfiles tan acusados de rebeldia, si de muy hecho y muy hondo sentir cubano; porque cuando escribe la extensa monografia que dedica a este mismo asunto de los sucesos de 1762, ya ha vivid tambien muy largos ahos de voluntario destierro, ha renun

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JACOBO DE LA PEZUELA ciado a posici6n, honores y riquezas en aras del patriotismo, y ha ardido la Guerra de los Diez Ailos, y el ha perdido en ella a un hijo: su cubania, pues, es cosa muy viva y doliente. ~D. Jacobo de la Pezuela, en cambio es hijo de la Peninsula y vasallo fidelisimo de los reyes borb6nicos, aunque su buen criterio lo oblige en ciertus asos a cnsurar errors poiiicos militares o adninistrativos del TrQ1I y de sus representa ne'. Nacido en Cadiz en 1811 y b endfL etegido la carrera de las armas, If go a Cubaen 1842rommyudante del capitdn general Ger6nimo Valdhs vivio en nuestra isla cas todo el resto de su vida, y murdien La Habana en 1882. Ademas de milktar fue literato e his toriador, habiendo sido designado nmiembro de la Academia de la Historia de Espaia. Pero estas ultimas actividades las consagr -casi exclusivamente a nzuetra patria a como-ctrer iabYre uyas Je inestigacion, y el aflo 1868 edit6 en Madrid su istor d lade la Ia de Cuba, en trc tros, crn ho 2a m44 extensa y La rmejor documentada d as ecrtas hasta entonces. Apart de su acendradisin? tzmiento espafiol y de los conceptos que le inspiraba Su jm 6.ston, tenta tambien, por lo visto, temperamento ordenonkta, e revela en su desden por los milicianos y los comb atientes voluntario, de aquella ocasion de 1762, si bien no deja de reconocer la valentic y hasta el heroismo que en muchos casos mostraron y que mucho hacen resaltar los historiadores hijos de Cuba -, ni oculta los meritos de cubanos como Luis de Aguiar y Pepe Antonio, aunque, acaso por mal entendido patriotismo y espiritu de case, no esclarezca el maltrato de que este uiltimo fue victima a manos de un coroner espafiol, militar de carrera. Ert cambio, es el que se ensafia con mayor encarnizamiento con los dos hijos muy conocidos de La Habana, Recio y Pefialver, que mcis notoriamente colaboraron con el conquistador ingles. Para dar en esta colecci6n la vision de los hechos de 17621763 por el espafiol Pezuela, hemos preferido, entre las tres obras donde trata el tema, la segunda la primera es su Ensayo Hist6rico de la Isla de Cuba y la tercera el Diccionario que mds adelante citaremos -, es decir, su ya citada Historia de la Isla de Cuba, por ser aquella donde el asunto en cuestion se explica mds amplia y detalladamente. Reproducimos, pues,

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 9 en este volumen, los tres capitulos, XVI, XVII y XVIII del tomo segundo del libro, el I del tomo tercero, y uno de los Apendices, el V, del segundo tomo, todos los cuales estdn consagrados al sitio y torna de la ciudad, a la dominaci6n inglesa en elka y a la restituci6n de La Habana a Espana. En ellos puede apreciarse /a extensa documentaci6n procedente de fuentes espaholas, especialmente de archivos de la Peninsula que utilize sU autor, a quien es justo reconocerle extraordinarias cua.idades de laboriosidcd y acuciosidad. Aunque no podamos asentir a todos sus juicios, es innegable que, por ejemplo, su D. Xcionario Geogr fico, Estadistiuo e Hist6rico de la Isla de Cuba, en nutridisirmos vo menes, es, por la riqueza de datos de loda clase que contiene, obra de valor inapreciable para el conocimiento de nueszra historia colonial. Precisamente de ella hemos tomado, patra completer este volumen, e)l Dario MIlitar de las ope raciones ejecutadas en la ciudad y campi de La Habana, por disposicion de su gobernador D. Juan e Prado y de los deais sentores de la Junta de Guerra, tomo .I (12 s Diccionario. Digamos, para terMinar, que en cSta Colecci6n de] Bicentenario de 1762 no estci aus)nte, tarpoco, la version dlos hechos desde el punto de vista contrary, es decir, del invasor y conquistador ingles, pes e77, las principles de las obras que componen se hallan incluidas copias de documnentos, oficiales o privados, de marinos y militares britcdni o v extenss citas de obras hist6ricas anglosajonas. EMILIO ROIG DE LEUCHSENRING Historiador de la Ciudad de La Habana

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'P 0 [k S------'k-w Dr. D. Ped ro Morell de Santa Cruz de Loral Obispo de Cuba.

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CAPITULO DECIMOSEXTO DEL TOMO II Fundadas presunciones de un rompimiento con la Gran Bretana. Gobierno del mariscal de campo D. Juan de Prado Portocarrero. Encargos que trajo. Estanco absoluto de la venta y cultivo del tabaco. Reparos de las fortificaciones. Emprende el ingeniero D. Francisco Ricaud la de la Cabafia; muere y s2 abandona la obra-Refuerzos navales y terrestres en Cuba. Primera invasion del v6mito negro en La Habana. -Carcicter y estragos de esta enfermedad.Perjudicial tratado conocido con el nombre de Pacto de Familia entre Espafia y Francia. Declaraci6n de guerra de Espana a Ingla terra. Organizaci6n de una Junta de Guerra en La Habana. Iniitil patriotismo de D. Martin de Arana. Pre parativos de Inglaterra en las Antihlas. Fuerzas destinadas a atacar a la capital de Cuba. Temeridad del almirante inglhs Sir Jorge Pocock. Se apodera de dos buques espanoles en el canal viejo de Bahama. Aparici6n del armamento ingles delante de La Habana. Anecdota con Arana. Atropelladas disposiciones de Prado y de la Junta de, Guerra. Desembarca una divisi6n inglesa en Cojimar y Bacuranao. Encuentra de D. Carlos Caro y su caballeria con los ingleses. Ocupan a Guanabacoa y luego a la Cabafia. Incendio de los caserios exteriores de La Habana. Salida al campo de gran parte del vecindario. Desembarca otra division inglesa en La Chorrera. Don Juan Ignacio de Madariaga es nombrado comadante general de la Isla. Guerrilleros. Desconciertos del general en jefe ingles conde de Albemarle. Se establece en la Cabana. Paralelas contra el castillo del Morro mandado por D. Luis de Velasco. Operaciones de la

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16 JACOBO DE LA PEZUELA escuadra inglesa. Se apodera en el Mariel de la fragata Venganza y del bergantin Marte. Hazafas del guerrillero Pepe Antonio. Con Ia mudanza del monarca, insensiblemente mudo luego de politica el gabinete espaiol. Si Ia idea dominante de Fernando VI habia sido la paz, la de su sucesor, mi's sometido a los efectos de raza y de familia y a una antigua antipatiam a la Gran Bretafia, tenia que producir Ia guerra. Por inminente La tenia ya Carlos III, cuando al saber la muerte del virrey de M6jico y su interina sustituci6n por Cagigal, se apresur6 a reemplazar a este ultimo con D. Juan de Prado Portocarrero a quien a su despedida le avis6 con reserva que La conduct a de aquella potencia podria obligaI a tn ro-mpimiento; y asi e stuviese con tal precauci6n como que podri', cuando rmenos se lo pensa-a, ser invadida y atacada I plaza dIe La Habana. Prado, despues de recibir su nombramiento en 13 de mayo de 1760, de sperdici6 un tiempo precioso en entregar sus dependencias de subinspector de la infanteria de Arag6n, Valencia y Murcia, y en solicitar y obtener su ascenso a mariscal de campo. No se embarc6 en Cidiz en la fragata San Cristdbal, de Ia Real (ompania, hasta el 24 de noviembre. Dilat6 mas su viaje y Ia Ilegada a su destino principal, tocando en Santiago de Cuba el 6 de enero, detenidndose veinte y un dias en este puerto con su antiguo compafiero de guardias espaholas Madariaga, y desembarcando en el de Bataban6 el 5 de febrero, cuando se hizo cargo de Ia capitania general, era ya el 7, siendo tantos, tan urgentes y tan arduos los encargos que traia, como escasos, lentos y aun ideales los medios que hall para cumplirlos. Nada menos eran que reorganizar todas las tropas de la Isla; montar y habilitar toda la artilleria; reparar todas las obras del recinto; emprender y ejecutar las que Cagigal dej6 propuestas para la Cabafna. Dabia ademds examinar e informar sobre el estado de la Real Compania, abrumada de denuncias por sus mismos accionistas; despojarla de sus atribuciones en

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COLECCION DEL BICENTENAEIO DE 1762 17 el ramo de tabacos, y conferirselos por cuenta de Ia Hacienda a una factoria general de nueva planta (. Empez6 Prado por la menos urgente sus tareas, convocando una diputaci6n de los labradores vegueros de Ia jurisdiccio. de la Capital y de Matanzas. En Ia junta que celebr6 con ella el 27 de febrero, se fijaron de comun acu-erdo las cantidades, las class y los precious re pectivos del tabaco que habia de recibir y pagar Ia factoria. Ya en 5 del siguiente rnarzo envi6 testimoniado aviso de ese acuerdo a! ministio de Hacienda, marques de Squilace; y cuando eSperaba su confirmaci6n, se lo desaprob6 en 20 de julio aquel arbitrista inexorable, fundaindose en que habia contratado solamente la compra de las cuatro mejores clases de aquella hoja, y que, a-n onAndos asi al expendio particular las cs in.eriores, podrian os Pa ficantes ocultar entree el tabaco malo el bueno y perjudicar los derechos del estanco. Este, con tan Sxi11nte iesoIuCidf, hacia tan absolute, que, cumpli(dridose sa nueva provincial con rigor, ya no podria nadik cultivar tabaco que P!e destinase al Fisco, que s ryvba exclusivamente a si nismo el derecho de~ vendero. Bien a despecho de los traficantes, ,e di6 puntual cumplimiento a este mandato, tanto en el tcrritOrio occidental, como en el del centro y de levante, bjo pautas minuciosas que form el cont dor D. Manuel Garcia Barrras, a quien se cometio Ia factoria hasta que le sucedia ruego en su rnanejo D. Nicolas Jos' Rapun. Los comisionados de Barreras en Santiago d Cuba, Mayari, Holguin, Bayamo, Trinidad, Sane i-Spiritus, Put'to-P 'icipe y San Juan de los Remedios, a ejemplo de los de Ia Capital y de Matanzas, contrataron y aseguraron cuantas siembras de medio pie arriba habia en los campos. Desde el siguiente ano14 today esa rica producci6n de Ia Isla se agloimero en las factorias y qued6 absolutamente excluida del rnercado particular. Entre tanto, aunque de importancia tan superior entonces a la de la factoria, progress Prado mucho menos en las empresas de las obras, bien por carecer de maestranza suficiente e id6nea, o por no Ilegar de Espana y Veracruz los caudales, las herramientas y los brazos en la epoca ofrecida. Habian venido con 61, destinados a la plaza, dos hermanos franceses que pasaban por excelentes ingenieros, el coronel y el teniente

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t8 JACOBO DE LA PEZUELA coronel D. Francisco y D. Baltazar Ricaud de Tirgale. Tenian de subalternos a otros dos oficiales que ni habian salido del pais, ni estaban a la aitura de los adelantos hechos en el arte; y no contaban con mas phones disponibles que unos trescientos entree negros, esclavos del Rey y presidiarios. Como en otros casos anteriores, por mrns que hubiese agriado entonces a los hacendados una disposiciln tan arbitraria como la que acabamos de citar sobre el tabaco, el interest comnn habriales animado a contribuir a las obras con brazos y materiales de las fincas. Pero ni emple6 Prado la mafia que sus antecesores para atraerlos a que le ayudaran, ni al principio se fijaron tampoco sus proyectos en la obra preferente, quo era la fortificaci6n de la Cabana; desanimaindole tambien para emprenderla la extensi6n del plan de Cagigal a que tenia quo sujetarse, la poquedad de sus recursos y la obstinada dureza del terreno, mezclado con pena viva casi todo, que quince anos do un trabajo asiduo y regular en el sosiego de la paz podrian haber vencido, desde que demostro GUemes la imr.portancia de aquel puesto. Apresurdse sin embargo el Capitan General a reclamar de Cagigal a Veracruz auxilios de forzados, y a comisionar a D. Juan Miralles ", comerciante de La Habana V muy conexionado con las colonias extranjeras, para comprar esclavos en Janaica con fondos del Erario, Pero Veracruz, diezmada entonces po una epidemia desconocida y formidable, lii'6 su socorro a unos setenta presidiar os; y Miralles, no encontrando esclavos de venta en las tilas, pas6 a contratarlos en Londres y en Holanda, tan infructuosamonte como en esta narraci6n veremos. La inteligencia de los ingenieros Ricaud y los brazos de su mezquina maestranza tuvieron que aplicarse, pues, a objetos secundarios: a formar un cuartel para doscientos dragones que debian venir de Espana, sobre muros y solares cedidos por el conde de CasaBayona, a incompletos reparos del recinto, a reforzar la artilleria en los castillos de Matanzas y Jagua, en los torreones de Bacuranao y la Chorrera, en las baterias de la caleta de San Lizaro y de la rada de Bataban6. El ministro Choiseul, que manejaba a la saz6n los asuntos exteriores de la Francia, explot6 con tal destreza las simpatias de Carlos III por la linea primogenita de Borb6n, que a fines de abril, contando con su anuencia y para su sancion, le re

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 19 nitio a Madrid el proyecto del c 6 lebre Pacta de Familia. Aceptado ese monstruoso acuerdo, en el cual se posponian los intereses de una naci6n a los de una estirpe real, cuando la Inglaterra victoriosa arrebataba a su rival sus dominios de America uno a uno, la Espafia, que se habia preservado con Fernando VI de combatir por la defensa ajena, y que tanto progress con tres lustros de paz, iba ahora a sacrilicar su sangre y sus tesoros para Ilenar las miras o remediar los contratiempos de un pueblo extranjero. Conjure sin embargo, el gobierno espaiol la tempestad hasta el regreso de D. Blas Barrda a Cadiz con tos caudales de Veracruz y Cartagena. Por no disminuir las fuerzas navales de Cuba, estando la rr ya anunciada, este general seo liev6 toos a Cmdiz en un solo navio, el Diligente, y dejc6 en La Habana al experimentado D. Juan Antonio de la Colina* con el m ando interino de la escuadra anclada en aquel puerto, y compuesta de seis navios de guerra, los lamados Neptuno, Reina, Europa, Afrira, Am'rica e Infante, todos de a setenta y sesenta; de las fragatas Flora, Ventura, Tetis, y el paquebot Marte, de a veinte y cuatre, veinte y dos y diez y ocho. A estos buques se incorporaron luego la fragata Venganza y la urca Fdnix. Pero sabedor el gobierno espahfol de los inmensos preparcativos del inglks, desde abril despach6 de aquel puerto peninsular para La Habana, una segunda escuadra a proteger a las Antillas, mandada por D. Gutierre de Hevia, marques del Real Trasporte, el misma quien Carlos III premid con ese titulo por traerle de Napoles a Barcelona, cuando vino a tomar posesion de su segundo trono. Lleg6 Hevia a su destino en 29 de junior de 1761, despues de dejar en el puerto de Santiago tres compar.as enfermas incompletas de los regimientos de Espafia y Aragdn. Esta seunda escuadra, que se incorpor6 alli a la primera, se componia de los navios Tigre, Soberano, Vencedor, Conqui~sador y Asia, sin contar el Tridente, que luego lleg6 tambien de Cadiz. Reforzaron a la guarnicion los buques de Hevia con setecientos veinte y cuatro hombres del segundo batall6n de Espafia; cuatrocientos veinte y cinco del segundo de Arag6n, y una escasa companlia de artilleria. Poco despu&s, y en menguada hora, Ilegaron de distinta procedencia algunos presidiarios, enviados de Veracruz para las

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20 JACOBO DE LA PEZUELA obras de fortificaciO TI, que en lugar de servir de auxilio par acelerarlas, afligieron a la ciudad con una plaga inextinguible. Inficionados con la peste alli reinante eritonces, difundieronla con rapidez por la poblaci6n, la escuadra y los cuarteles. No sabia la medicine que terap.utica aplicar a un mal que se propagaba por el aire y el contacto; que inauguraba su funesta marcha con postracion, dolores de cabeza y de cintura, y ]a proseguia con fiebre aguda, para terminarla con delirios y vomitos de sangre corrompida y negra. Por lo comun duraba cinco dias; y si la Facultad no la atajaba en el primer peniodo o en el segundo, en el tercero la muerte del enfermo era infalible. La India Oriental, cuna funesta de las epidemias mAs destructoras de la especie humana, habia hecho a Am6rica desde 1713 tan cruel pr.eent, tra ido de Siam a la Isla de Granada por un buqu merchant Trasmiti6se desnues a otrao Antfllas extranjeras un azote llamado en general "fiebre amarilla", que, aunque prefiriendo para su instalacion y desarrollo is ptntos bajos, pantanosos y litorales de la zona t6rida, d ; hasta el verano de 1761 su apaiclon en una isla tan vecina, y adens tan enlazada con Las otras por sis contrabandos. En 1740 la capital de Jamica estcaha ya infestada, cuando el i ex'oedicionario de Sir WKntworth se reuni( a Vernor -ra tacar a Cartgena de Indias; y tanto como el valor de la gu anioidn le ayud a ba 1 a peste cue consumia a los nsrl para rechazarlos y ud triunfante. Huyeron de aquellos mdros los ingleses, si; pero favorecida por su ardiente cielo y su to ografia, se avecind6 en aqiel recinto desde entonces la fiebre amarillia, para peretuar ali la venganza de sus importadores. Desde Carta oem i'6 en los anos sucesivos a o puntos ms poblados de la co t tropical, y h sta Veracru7, de donde la trajo ahora a La Habana un mezquino refuerzo de galeoteq. Entre marineros y soldados perecieron mas de mil y ochocientos hombres en aquel verano; y fue tan raro el natural del pais atacado por la enfermedad como el europeo que sobrevivio a su acometida. Como en compensaci6n de la humildad de su estado y de su clase, su misma naturaleza tosca y dura preservaba de sus iras a los negros y gentes de color; y tambien consiguieron eludirlas algunos peninsulares a quienes pernitia su posici6n una vida met6dica y tranquila. No bastando para

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 21 'Los enferinos los hospitals de Sar Juan de DIos y de Bel n, ni otro que establecieron para los de marina, junto a la factoria. Hevi y ordenador Montalvo, acab6 de acreditar el obispo Morel. su humanidad y desprendimiento, habilitando a sus expes s casas necesarias para recibirlos. Felizmente afloj6 pbe, al compass que el ardor de 1temperature, una epidemia conoida. en la isla, como en ottras Part-s desde entones co eesig-lma>co noribre de "v1mit negro La prontit con que salI1 de Ckd, Ievla -o hab: permitido que tambien embarcaran en sus buques dos escuadr s regimiento de dragons de Edimburgo, destinados a montarse 'n la Isla aumentar s cort ra d Cballeria formarn o i au n escasogmerto ,, maiafOs cnias antiguas compa i de la misma arma. El ur'es del Real Trsiport, enotrg a( Plldo, con otros peLs tntrOres de 1Go bierno, ina utoriacion para variar el ntiguo plan que habia remiido a a Crte Cagiga para fortificar a ]a Cabana, segun sus observac0)nes y recursos se lo acosejaran. Animado con esta facultad, aumento su corta maestranza ,con algunos negros adquiridos y otros alquilados a lo popietarios, logrando el ingeniero director D. Francisco iar principia a la tra y ntse quela obra Mintras se dedicaba su hermano a otros trabajos accesorios en &a plaza. Debieronse, sin embargo, consagrar a aquel objeto preferente todos los esfuerzos y todos los brazos. D. Francisco bajo tn ielo de fuego, desmonto y limpio en pocas semranas la meseta en que remata aquella altura; redujo a un regular poligonn el anterior proyecto; y a principios de octubre tenia ya rad os inientos d los frentes del este y sur, cuando n gd aP aque de la enfermedad reinante, en pocos dias le ar t s esperanzas que su eficacia y sus luces inspiraban. Pero cuando ya la temperatura vermitio activailos, paraliznronse en mal hora unos trabajos tan u-gentes, ya por los quebrn fos d( salud que el D. Baltasar qued6 sufriendo, como, por la rs Istencia a la zapa y a la pica de aquel ind6cil suelo, y -J empeno imprevisor de Prado en no suspender faenas menos necesarias en obsequio de la que interesaba mis de todas. Entre tanto el marquis de Grimaldi, en nombre de Carlos III, y el duque de Choiseul en el de Luis XV, firmaban en

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22 4ACOBO DE LA PEZUELA Paris el 15 de agosLto su deplorable Pacto de Familia; y cuando ya se esperaba que Ilegaran de un dia a otro a Cadiz, Barreda y los caudales, en decreto del 16 de enero de 1762 declare el monarca espaflol el nuevo rompimiento con la Gran
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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 23 Con los fondos que de Veracruz habia traido por noviembre el capitin de navio D. Juan Antonio de Ia Colina, se pagaron sus atrasos a todas las cases, a las tropas, a Ia escuadra, a los destacamentos y a las guarniciones de Santiago y la Florida, y ademds a D. Lorenzo de Mad.riaga le envio Prado cien mil pesos para las urgencias de su distant txrritorio, Habianse hecho en La Haona le Is o muy parecIos preparativos de defna en los s ds g a pr cedns, y atn mayors para Ia de 1739 a 174'. Ahor vecinvrio, la guarnicion y los marinos suponian al puerto muy as d con ]a presencia de Ia eI1aa N p ua die que intj>7enra los armamentos m lo queW en-'1 sus epocas .o osro "On medios podeosos, 10 Hier, ni Verno, ni Knowles. todas las guerras anteriores hu)o, pues, en aquella capital is temores de invasin e elntonces, p-r ins que se la anunciasen con repeticirn a Prado a H' ;,ia e gobernador a prt francesa de Santo Dmn Al(: !,,te de a de 1a md isma r nacion, anc'ada en aqiella guas M C 11 e, [mismo gol rnador de Santio, M t r ia ga. El 21 d mayo pIor la ardV, al; d I t enxe 1uian al Gobernador in aviso de i )mota i rge nci., un h(o1mb: c cubierto de sudor l(:,o' rnte'iadePrado, que habitaba er el ctillo f a Fueza. NO eran horas dc audiencia, y le despidiO con asp-re-a ei s
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24 JACOBO DE LA PEZUELA de Sa Antonio. Vino desde a11 cabalgando noche y dia en potro, sin montura, con lluvia y sol, sin descanso y aun sin alim nto, para prestar a su pais, con la oportunidad de su aviso, un gqa servicio para que se lo inutilizase la incredulidad del ms gdo a agradec6rselo. La declaracidn de gierra ha116 a 'a Gran Bretana esta vez mis preparada que en los aters rompime ntos. Hacia cinco an o e sostenia una ucha fi contra F rancia. Despues que na conquista d Cna complete asi la de la parte ptntrtiona1 del nuevo contim nt, su marina, sin rival en las AntiLs ( apOderaba en 1761c scesivanente de la Dominica, a Mrina de Granada y sus islts 4yacntes, de Tabago, Santa Lucia, la Guadaup y n Viene Al principiar 1, igint no no conservaban otra colonia los franceses en el Arhi pflago que s;u parte do Santo Domn go, en cuyos puertos se acogia una escuadra muy debil para ,acer rostro a la inglesa, a la son mandada por Sir Ja DUg Asi q se la declare Carlos III, (et(rmino el gobierno ingl inaugurar la guerra contra Espacon un golpe que la conlovi co bastante para solicitar la pz y nada menos era qu, la conquista de la lhave principal de sus Indias, de La Habana. Fueron sus providencias tan a tivrs, que ya en 5 de mazo cinglaban de Spithead para Jamaica sesenta y cuatro buques de guerra con el almirantLe Sir Jorge Pocock"", y mas Jiez mil hombres que mandaWa Lord Albemarle amigo v fa orto del duque de Cumberland, si bien menos general que crt sano. Expidi6 al mismo tiempo el Almirantazgo prontas 6rden para que Sir Douglas se incorporase a Pocock en Jan a ; y que sir Jeffery Amherst, gobernador general de la Amerio del Norte, reuniese en Nueva York y Charleston los refaerzos de municones y de gente que Albemarle necesitase. El 26 de abril se verifico en la Martinica tal reunion de fuerzas navakIs y terrestres de la Gran Bretana, que ni antes, ni rara vez despu s, ni en calidad ni en numero se vieron ni han vuelto a ver en America mayores. Componianse las maritimas de veinte y seis navios de Iinea uno de a noventa, otro de a ochenta, cinco de a setenta y cuatro ,dos de a sesenta y seis, cinco de a sesenta y cuatro, cinco de a sesenta y cuatro de a cincuenta; tres fra

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COLECCION DEL HICENTENARIO DE 1762 25 gatas de a cuarenta, dos de a treinta y dos, cinco de a veinte y ocho, una de a veinte y cuatro, cuatro do a veinte; y ademis otros buques menores entre bergantines, trincaduras y brulotes. Sumaban todos estos buques dos mil doscientos noventa y dos piezas de artilleria de bronce, con un repuesto inmenso. Ademds de la artilleria, con parque do campania y tren de sitio, de un cuerpo de ingenieos con considerable acopio de tiendas, herramientas y pertrechos contdbane -n la expedici6n hasta veinte regimientos, reparidos on cinco briadas, todos veteranos y probados en cinco alos de guerra y de victorias en Alemania, en el Canada y en his Antillas. A l a insuficiencia military de Albemarle suplia ventaJosamente sM s
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26 ACOBO DE LA PEZUELA Canal Viejo de Bahama. Si (urante las sicte cingladuras que tardo en pasar az, Pocock, avanzando siempre con Ia sonI y con sehales, le hubieran embestido a la vez nor guardia retaguardia, a !a entrada y salida del canal, los diez navio espanoles dc Hevia y los siete franceses de Blenac, mi t qu practicable, verosimil era que marinos com-o D. Luir de s el marqus G1OnzIalez y D. Juan Postigo, official anti.g dit Glorioso; q a ireros como Colina BIaI, e m Hevia, dcsagrviarn 'li con esplendida hecatornbe la emoria de la gran armada de Felipe II, y se vengaran los a gaio; d; la usurpacin de Jmaica y de otros golpes. Pero aun 'o.se habian fijado 1 1 er de las arms aliadas en la n de combinai u cion antes do emprenderhas, y 'uen' V1 cumrplirse Co qestba esr-i-to. El gobernador de [Santgo de] Cuba, M dariaga no supo la direcn La s ta s a ort iad pr s r yiy foa obsvar distintas itruccones, u'nd Pocock rmr{e m mnto, ni se habian ;oe so on' cr nn. Tat 0orno la inatccidn (,e los -I',,o -aoida ng~ n tbem .bnancible. en el canal. E1 2, al sm A su g a avit6 p r el N. Oate m ecoe saolasqeia acra a dera a Seu,7o Ladas p-or 1fragata Tetis, de a treinta y dos an)es y trcn enix, d a diez y ocho. Alcanzucrnlas, despus e ca de seis hras, agatc in'as Echo Alarm, de ocho y t'inta y dos, trabfndOse por 1arde qa i que termin' con a refndici(n d Ios d os buques esp aol con diez muertos y cator e heridos, unqu solamente L A;rm period diez y site hombres; perfane es que arrebat' a la defense de La Habana unos trescientus. 5 se reconcentr6 con su inmenso convoy toda la escuadra por el horizonte de Ny los primers resplandores del dia ensenaron en los iites del suyo a los habitantes de a quella capital, los cincuenta y tres buques de guerra y los doscientos transportes (le lqea formidable armada. Sin perder tiempo, ordeno Prado al avistarla que se pusier la guarnici6n sobre las armas, y se convocaran las milicias, trasladindose [61] observar los movimientos del enemigo desde el Morro, con Hevia, Tabares, Colina, Velasco y otros jefes. Mien

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 27 tras cundia el desasosiego por un pueblo desacostumbrado por catorce anos de paz a estas alarmas, tomaban Prado y Hevia por cavilaciones las juiciosas conjeturas de Colina; y a las doce se retiraban a la plaza, persuadidos de no ser aquel armaments mas que la flotilla que regresaba todos los anos de Jamaica a Europa. Supusieron ambos que, si era en esta ocasicn mas numerosa, explicaba esa circunstancia la necesidad de lievar los buques mercantes reunidos y escoltados por la escuadra en una epoca de guerra. Al volver de aquel castillo y al altar en tierra, v1d Prado a D. Martin de A ana hablando con Ullo y otras personas: ",Qu6 es esto, Senor Arana?" le pregurto el ob aor. ";Que ha de ser, sector!" le respondi6 el interrogado "to que yo vine a anunciar a V. S. quince dias h1ce, atropellando od los pi ros, com.o buen vasalto del Rey y bees)a Vl". t7 I" No t n descn'aar a Prado la mas evidente confima in d esta respuesta. Apenas hAbia entrado en 1 Fuerza, cuando e avisarin dsd el nisme MXorro ue vrUa tOds as enb'.arcaciones ;lmigas -avg dIin el puerto. Multitud ce veino's y m atropellaron enlhItonices s> salida al campo, m a sag Yr otros en lo: ra de la Fuerza a pedir arnas, y corrian los canitulares ofirecer a Prado para la defense su sangre y sus caudales. Mando este voberniador con tod dligencia reforzair los castillos y 1 puestos de 4: entradia.A en nomrb &I rie del P y a coroner' a los regidores y capitane. do mila D. Luis d Aguiar y D. Laureano Chlc6n, sint a es ag en ocasi6n tan ardua como honrosa. Hacia ocho dias que, despus dc .ejar en Santia o 0e CKb. unos cincuenta 1as 6rdenes de Madariaga, babla Ilegado pot terr a GUa n(baO.l cn ciento cinciuenta jinetes desmontados el colonel de dragones de Edimibrgo D. Carlos Caro, activo y entendido escuadronista, a quien cometic ). instant aquel general el comlicado encargo de recoger los caballos y monturas que cedieron los municipales y pudientes para habilitar. aquella fuerza, amalgamrindola con los restos de las antiguas companies de caballos que mandaba el capitain graduado de teoiente coronel D. Luis Basave. Sobre la base de aquella corta fuerza, recibid tambi6n 6rdenes Caro para ir agrupando las milicias do

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28 JACOBO DE LA PEZUELA ambas arms que se le presentaran en Guanabpcoa; y marchar iL go a cubrir el litoral entre Cojirnar y Bacuranao. Aguiar y sa que le acompafiaban, cumplieron su misi6n con gran presteza, allegando on aquella misrma tarde considerable tropel depasanaj milcianos y arasid ndose a nochecer a las plyqs indicadas. N anuvo Fevia mnos dig e en poner todas sus naves ranquia, a exceptin del Conqistador, que se estaba careando. A! comandant( e este navio, D. Pedro Castej on, le confi Prado -manejo de las fuerzas que quedaban de reten, dspuds e ber destacado a la Chorrera al colonel del Fijo, rroy cn ks cmrp ias de ga naderos de su regimiento y de los ds tln de Arag6n y Espafna y doscientos sold dc marin q n da i capitdn de fragata D. Ignacio 1.", segundo d& Cstej( n en (1 Conquistador. Como al aso q(u ie armamento ingessc irigia a la cosa, extendia i lahrnga fined E. a c., eran de recelar s-irn neos desema sprm s fVancos de la plaza, y era tambi'n por lo a imp s redida de cuibrir aquel surgidero, tan ex("s cm 1L de C imar y Bacuranao, encomendados a D. Calos Caro. Muy adelan ada sa ya la tarde cuando avanz6 Pococi a dos tiros dl Morrlo; y como una fuerte brisa levatara resaca por Pla, de a (0 con Albemarle, determine suspender asia (1 sgUentc dia a operacion dn desembarco. Pusieron us buu aa capa, y esa demostraci6n infundio a muchos la esperanza de que no Ilegarian a ejecutarlo. Sin que nad1 shubiese prevenido para la subsistencia de u on ( pfo Caro la noche en la playa de Cojimar, levantando par apetos n el surgidero, mientras el ingeniero Calderin y sus trabajadlors habilitabian en aquel torreon las defensas necesarias. Superfluas precauciones. En las primeras horas del dia 7 saltaron las tropas inglesas en las lanchas, mientras la artilleria de las corbetas Mercury y Bonetta reducia simultdneamente a escombros los torreones de Cojimar y Bacuranao, y el navio Dragon y otras embarcaciones batian con metralla y bala rasa los manglares y malezas de la costa, teniendo que cubrir Caro a los suyos con los accidentes del terreno. A las dos, el comodoro Augusto Keppel"9, hermano de Albemarle,

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 9 logr6 asi verificar sin resistencia el desembarco, saltando en tierra por Cojimar la primera brigada expedicionaria, una numerosa columna de granaderos y otra ad'n mayor de infanteria ligera que acaudillaba Elliot, mientras el mismo Albemarle desembarcaba por Bacuranao con la mayor parte de sus fuerzas. Entretanto, viendo a Pocock correrse hacia el 0. con la mayor parte de la escuadra, dispuso Prado que marchase Castejon a reforzar a Arroyo en la Chorrera con la mayor parte de la infanteria que en la tarde anterior habia quedado en el recinto. Observando Caro que a las tres se ponian en movimiento los desembarcados hacia Guanabacoa, ordenados en dos columnas de camino paralelas, obligdronle a retirarse la inferioridad de nunmero, condici6n y estado de su gente, labriegos sin ensefianza militar, armados los que mejor con malas escopetas y desde la tarde anterior sin alimento. Al amanecer del 8, antes que las olumnas do Albemarle, dirigidas por su jefe de estado mayor Carleton, se incorporasen a las de Elliot, destac6 aquel jefe a l Caban i a ;u mal arreada y desfallecida infanteria; y, manteni6ndose en rcserva or cincuenta dragons, los tnicos de su regimiento ha )h'itados ento ces de caballos, orden6 que D. Luis Basave acometis 1 agr dia inglesa con doscientos lancers de milicias y cincuenta veteranos de las anti.us companies. Quiso ensayr con esa pr wba el jactancioso ardor de los jin.tA.s milicianos, o justificar aumas su forzosa ietirada. Pero se estrellaron entonc s en la disciplina y en la fuerza el entusiasmo y el valor. Mientras los dragones de Edimburgo tiraban desde un platanar sobre las rojas masas invasoras, los colecticios escuadrones de Basave, sin que su superioridad les arredrara, al grito de ";Viva la Virgen!", cerraron sobre el. enemigo. Pero recibidos con vigor, huyeron en desorden. Veinte y nueve hombres perdieron en ese mormentineo choque, centre ellos a D. N. Castillo, uno de sus mejores oficiales, ofendiendo s6lo al inges alguna rara herida. Un sdbito aguacero, y el carecer los desembarcados de caballeria, preservaron de su persecucidn y do un degilello a los campesinos fugitivos. Mientras Caro, con su corto escuadrdn, se retiraba al trote hacia Jesus del Monte, entraban los ingleses sin tropiezo en aquella villa, [Guanabacoa] abandonada por sus moradores; sorprendian parte de la caballada alli reunida para acabar de mon

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30 JACOBO DE LA PEZUELA tar a los dragones, y con las sillas y frenos que tenian, irnprovisaron sin demora un escuadrdn, que Albemarle di6 a gobernar al capitin Huttie. Caro, despues de situar para observarlos, una avanzada en el Luyan6, y de establecer en Jesus del Monte a su restante fuerza, mandando que se reconcentraran aili los milicianos, corrio a participar a Prado y a ha Junta de Guerra lo que ,abian ya por los pr6fugos. La Junta, desde el dia anterior, habia sio convocada por el Capitan General, cuando manifesto S intenci6n de desembarcar el enemigo. Formaronla por orden de graduac&n y antigijedad: Superunda, Tabares, Hevia, el Teniente Rey, el colonel D. Dionisio Soler, y los capitanes de navio D. Juan de la Colina, D. Francisco Garganta, D. Juan del Posltigo, D. Francisco Medina, D. Juan Ignacio de Madariaga, D. Francisco Bermndez, D. Jos6 de San Vicente y el marqu6s Gonzdlez, ejerciendo el empleo de secretario Garcia Gago. Militar disciplinista y de valor, mns sin inspiraci6n, fue desde su principio Prado en aquellas conferencias un d6cil instrumento de Hevia, cuyo ascendiente domin,5 tambie'n al presidente Superunda y a Tabares. Aunque despejados ambos, y da experiencia consumada, se consideraban miembros tan incidentales de la Junta, como su desdichado arribo al puerto; y asi esquivaron estos generales la iniciativa en toda providencia, por mas que siempre se la sometiesen con estudiada deferencia los demas vocales y ann el mafero montan(s Colina. Postigo, que fu6 segundo del bailio Lacerda en las heroicas y postreras jornadas del navio Glorioso, incapaz de cejar en el peligro, lo era tambien para oponerse a las ideas de su superior, el jefe de escuadra; y tan sumisos como 61 eran sus cornpafieros, excepto el argumentador Colina y el marques Gonzalez, navarro independiente y de altos pensamientos, aunque do poca afluencia en el discurso. El Teniente Rey someti6 su parecer al del capitan general, y los coroneles de los cuerpos tenian que emplearse en las operaciones; luego menester fu' que en la junta dominase la influencia del marques del Real Trasporte, venciendo la moderada oposici6n de Colina y de Gonzalez, y no permitidndole otros cargos al intendente Montalvo concurrir con frecuencia a las sesiones. Atropelladas y contradictorias

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 31 las providencias de la Junta, se resintieron desde luego de los apuros de la plaza donde funcionaba, y de la desproporci6n de los medios de defensa con los de una agresidn tan poderosa. La fiebre amarilla del afo anterior, que se habla reproducido en mayo con fiereza, al presentarso el armiamier ingl6s tenia ya devorada la mitad de las fuerzas de la guarnkci6n y de la escuadra, que aun incluyendo a los enfermos de -os hospitales, no ascendian sino a dos mil setecientos ochema y un hombres Este guarismo desanimador se componki de cuatrocientos ochenta y uno del batallon de Espa a, y do-cientos sesenta y cinco del de Aragon, gene bisof -a ns luida y dura, today de aragoneses y alcariefios; c1ochrienfos cincuenta y seis del de la Habana, cuerpo fijo compuesto de de Canaria-, menos inclinados al servicio mia e a industrias; cient y cincuenta dragones de Edimbjrgo que aabnde desembarcar y de poners por primera vez uniformne; ciento yatro artilleros de la plaza y i4ento y n rt n arina, que eran excelentes. Al saberse el 7 donde deser iwreaba e x juzgO com tino que seria la Cabana 0, preferente bjet de su ataque, y 1.6'fa primer medid de la Juinta enviar a aqcIlla altura a sgenicros Ricaud y D. Juan C otilla, cof to(_d a i maestranza de arsenal y de la plaza u former y ari'or i eductos, como si se pudiese improvisar en un dirt s0 C que Se tuvo Ovida. tafltoS anos. En Noc.s horas faI c. Va marinerIa en el nal una gran balsa para trsada e U parte a otra de ta bahia tropas, trabajadores y canones; y, cual pronto sobresaliente para las urgencias-, se trasad Caten aa Cabana eon la misma fuerza que habia levado a I'a Chorr ra, a donde vino a reemplazarle Aguiar con quinientos milicianos. Agotaronse en treinta horas las fuerzas de aquellos officials, y un millar de obreros, antes de trazar otro reducto hronterizo al Morro en aquel suelo tan terco y resistente al hierro. ;Vana faena! Al anochecer del 8, Carleton, con dos mil hombres destacados de Guanabacoa, se dirigi6 a examinar Ia posicion; y, sin reconocerse con la oscuridad, tiraronse sus defensores unos a otros, dispersindose despavoridas las milicias. Irreflexivemente se consider entonces por la Junta indefendible un puesto que era la Have natural de todos los demas; y orden6 que Cas

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32 JACOBO DE LA PEZUELA tej6n le abandonase con su fuerza veterana, dejando alli tan 6lo a trescientos milicianos para clavar la artilleria, tan penosamente subida a aquella altura el dia anterior, y para evacuarla tambien, cuando los atacase con ndmero superior el enemigo. Al mismo tiemupo que con el precipitado abandono de la mas important posicidn quedaba la plaza descubierta, adoptaba la Junta un singular arbitrio para conservarla. Recelando que intentara Pocock forzar la entrada de la bahia, mand6 barrenar y sumergir en e& a a los navios Neptuno y Asia, y al Europa luego. Tal conse.jo inspir6 a Hevia y aun al sensato Colina la memoria del exito con que veinte afnos antes le siguieron Eslava y Le:,o defendiendo a Cartagena, sin examinar ni la diferencia de configuracion de entrambos puertos, ni ]a desigualdad de circunstancias y de casos de uno y otro asedio. Se subordin6 con esa providencia una eScuadra excelente y numerosa a correr igual suerte qu a plaza; se sacrifice la cuarta parte de sus buques al temor de una operaci n imp racticable con los naturales tropiezos dc I entrada y los fuegos de los dos castillos; y se malograba de u na vez toda oportunidad para que combatiese acoderada al Morro o que tomara el largo. Ya no podia salvarse sino con La Habana, y con la insensata evacuacion de la Cabafla, la salvacion de La Habana era dudosa. Origin tan desatentadas providencias un comiin deseo de reconcentrar en el recinto y los castillos todas las fuerzas voteranas. En efecto so reforzaron con unos seiscientos mariners, desaparej andose los buques a excepci6n del Aquildn, del America, mandado por Colina, de la fragata Perla, de la Compafia, y de otros dos o tres apostados en los puntos convenientes de la bahia para proteger las avenidas y aproches de la plaza. El balerio, la polvora y las mejores piezas de los navios se trasladaron con prontitud a los castillos y a varias baterias, lo mismo que los pertrechos y los viveres. Por Batabano, por Jagua, por Cabo Corrientes y por lo interior de la Isla, se apresuraron Prado y la Junta a avisar la situaci6n de La Habana al virrey de M6jico, a los gobernadores de Yucatan, Panama, de Cartagena y al presidente de Santo Domingo. Se expidieron las 6rdenes mas apremiantes a Madariaga, a las justicias y tenientes a guerra de los pueblos, para que pusieran con urgencia sobre las armas a todas las milicias

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 33 y destacasen a socorrer a la capital a cuantos pudieran prestar ese servicio. Curioso es recordar que cuando firmaba Prado el pliego en solicitud de auxilios de los franceses del Guarico, le presentaron otro en que tambien se los pedia a 6l su gobernador Bory, muy persuadido de que descargaria sobre 61 la tempestad que descarg6 en La Habana. Mientras los jefes militares, el cabildo y los notables excitaban al levantamiento en masa contra los ingleses, tambi6n enardecia con sus discursos a la gente el obispo Morell, a quien sorprendi6 la invasion por Bejucal y Santiago de las Vegas. De su orden predicaron al momento los pairrocos ardorosas plaiticas contra los herejes, afanindose en robustecer con la intolerancia religosa al patriotismo. No pasaba de sesenta mil almas la poblaci6n de la Capital y sus partidos, ni de siete mil toda la parte masculina capaz de empunar armas; pero fueron de entre ellos muy contados los que no se presentaron a pedirlas por evidentes y fundadas causas. A todos los que no eran milicianos, fuesen blancos, mulatos o negros, un deber que no exceptuaba a nadie los convirti6 de rercente en voluntarios. Los hacendados comarcanos, unos por forzosa imitaci6n, los mas por celo, imitaron el generoso ejemplo del ordenador Montalvo, que abandon la recolecci6n de dos ingenios para emplear todos los brazos de sus negros en las operaciones exteriores o en las faenas de los fuertes y el recinto. La defensa de sus frentes a tierra se dividi6 en cuatro secciones, encargadas a Garganta y Castejdn, al coronel Arroyo y al teniente coronel D. Jose Panes Moreno; poniendose tambien cada bateria en particular al cuidado de diferentes oficiales de tierra y de marina, con los artilleros y gente necesaria. Y semejantes disposiciones se tomaron asimismo para la custodia y defense de la parte interior del puerto, desde la puerta de la Punta hasta la de la Tenaza; en la inteligencia de que, por falta de tropa reglada para cubrir la mayor parte de la muralla estaban las cortinas y los baluartes guarnecidos de negros, mulatos y otras especies de gent -, a quienes la necesidad sola pudo clegir para unos destinos de tan recomendable consideracion

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34 JACOBO DE LA PEZUELA Obligado a permanecer dentro de la plaza, no podia Prado dirigir las operaciones en el campo, ni atender tampoco a lo demi's de la Isla. Por acuerdo de la Junta nombr6 comandante general al capitain de navio D. Juan Ignacio de Madariaga, hermano del goberndaor de [Santiago del Cuba y jefe aventajado, revistidndole de sus atribuciones y poderes para mandar tropas y milicias, administrar justicia, gobernar el pais, y organizar la defensa en la campina, operando bajo sus auspicios Caro con la caballeria veterana y voluntaria, Aguiar y Chac6n con los milicianos y gente de color de a pie. Madariaga 1am6 a las armas, ofreciendo el enorme haber de un peso diario, no solo a los voluntarios del pais, sino hasta a los desertores de tropa y aun a los presidiarios huidos que se presentaran a tomarlas. Para que no se escaseara de recursos los primeros dias, destiny Prado a sus 6rdenes, con noventa y ocho mil peos y el titulo de tesorero de campo, (on Juan Tomas de Jauiegui, que recibio des:pus mayores sas Viejos y cansados los castedlanos del Morro y de la Punta, las posiciones mas amenazadas en aquel asedio, desde luego los r emlaz6 Prado, temi~n po acuerdo de la Junta, al primnero con D. Luis Vicente de Velasco, ind'mita alma cuya intrepidez crecia con el peligro; y el segundo con el de igual clase D. Manuel Briceno, acreditado tambien por su intrepidez y experiencia en lances belicos. Coincidieron con estas disposiciones otras tan dolorosas como necesarias. Mand6se salir de la ciudad, antes que los movimientos del enemigo lo etorbaran, a cuantos pudiesen aumentar su consumo sin contribuir a su defense; y se despejaron los aproches del recinto incendiando los mezquinos caserios de afuera, que se llamaban ya barrios o arrabales de Guadalupe, la Salud y Jesus Maria. Al amanecer del 10 todas las monjas en tapadas calesas, las comunidades religiosas, y una sobresaltada grey de ancianos, ninos y mujeres en carruajes, en caballerias, en carros y aun a pie, salieron de la capital con la escolta de una compania de milicias, dirigiendose hacia Santiago, Bejucal y Managua, aldea que comenzaba a formarse ya en tierras de los Calvos. Un sol abrasador, la sed y el hambre fueron los solos contratiempos de aquella multitud indefensa. En medio de la conmo

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 35 ci6n general se repar6 que, cuando la Real Compafia y los particulares extraian su numerario y sus mds portatiles valores de una plaza ya asediada, el Gobernador y la Junta considerasen mis seguros dentro de la Fuerza los caudales que habja traido Colina con destino a Espana, las cajas reales y los fondos de la factoria. De los del Erario entonces no salieron otros del recinto que quinientos mil pesos puestos luego a disposici6n de Madariaga y a cargo del tesorero de campo Jaiuregui, el que habia elegido Prado para pagar los suministros y estipendios a los milicianos. Entre tanto, Arroyo, Aguiar2 y Chac6n, ensordeciendose por cumplir con tan violento dober a imprecaciones y protestas, incendiaron en la misma manana del 10 todo el caserio de los suburbios que estorbaba a los ftTegos de la plaza. Era de maderajes, techados de guano casi todos, y en menos de dos horas se convirtieron los ilamados arrabales en pavesas. Con la misma prontitud se volvieron barrizales y lagunas los campos circundantes de la nuralla, rotas las diversas acequias de la zanja por los milicianos. Esta medida, sin privar de aguas potables 1a plaza, sUrtida -or a.jibes, impedia a los enemigos abrir Prich eras contra sus cotinas mal resguardadas de fosos y in .amin o cubierto ni estacadas. No fueron los defectos del recinto la prulea unica del abandono con que en el largo y pacifico gobierno de Cagigal se habia desatendido a las obras de defensa. Por haber cesado entonces ]as consignaciones a tan esencial objeto sefialadas antes, no se encontraron en estado de servir ni la mitad de los tres mil y quinientos fusiles de los almacenes para distribuirselos a las milicias. Apenas se pudieron completar dos mil armas de fuego entree los pocos iitiles de la sala de armas, algunas carabinas que apront6 Hevia de la escuadra, y las escopetas de caza de particulares. Por eso, todas las fuerzas, las solas fuerzas armadas y capaces de oponerse a las huestes de Albemarle, se redujeron a dos millares de peninsulares veteranos de los batallones de Espana, de Arag6n, y de marina, a otro de islefnos del Fijo y de artilleros, a dos de milicianos y paisanos, unos con voluntad, otros sin valor ni robustez, todos sin disciplina ni ensefnanza. Los que carecian de armas de fuego no se podian tomar por combatientes; y con medios tan despro

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36 JACOBO DE LA PEZUELA porcionados a los del ataque, entre muchas probabilidades contrarias, solo de dos se podia esperar que triunfase la defensa: del rigor de la estacion y de la impericia del caudillo ingles. Permanecia Albemarle con el grueso de sus tropas en Guanabacoa, sin suponer que careciera de fuerzas veteranas una posicidn tan importante como la Cabana. Cuarenta horas despues de evacuada por Castej6n, fu6 cuando dispuso que se dirigiese su jefe de estado mayor, con dos mil hombres, a ocuparla. Ante ese ndimero y cumpliendo con sus instrucciones, se replegaron los milicianos sobre el Morro en la tarde del 11, haciendo fuego a gran distancia; y despu6s de tan irreflexiblemente abandonada al enemigo la preciosa altura, para los errores que en la defensa se cometieran despues, ya no quedaba enmienda. No contando Pocock con que lograse el ataque de la Cabaiia un xito tan breve, mientras Carleton se dirigia a ocuparla, intent distraer a los sitiados destacando simultineamente a la embocadura de la Chorrera los navios Nottinghan, Belleisle y otros, con las fragatas Mercury y Bonetta, que al mediodia reconcentraron sus descargas sobre el d6bil torre6n de aquella playa. Habia reparado sus defensas con premura D. Antonio Trevejo, jdven habanero de conocimientos, que serviado ing niero voluntario, y abierto una trinchera para abrigar a la fuertza de milicias, acaudillada por Aguiar que cubria aquo] surgidero. Como alli no permitian las inflexiones de la costa que fuera batido el torre6n sino oblicuamente desde el mar, mas de dos horas estuvo contestando a los fuegos de la escuadra con los de su bateria de seis piezas de a ocho. Pero quedando luego desmotadas y part del fortin derruido, Aguiar, con poca y mal armada gente para oponerse al desembarco, se retir6 hacia la plaza por la costa, dejando a los ingleses duenos de la sola aguada potable de las cercanias, y ai'n de los aproches occidentales del recinto, para enseforearse tambidn algyunos dias despu6s de la loma de Arostegui, coronada hoy por una soberbia ciudadela, y descubierta entonces, por desgracia. Mientras tanto, Madariaga y Caro no conseguian ordenar ni regimentar a las milicias, ni ai'n suministrando el peso diario a cada voluntario. Se resign el primero a consentir que los capitanes D. Diego Ruiz y D. Bernardo Diaz operasen aisladamente con sus companlias; que el alcalde provincial de Gua

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 37 nabacoa D. Jose Antonio G6mez conocido en todo el pais por Pepe Antonio, y a pesar de sus anfos, por su agilidad y su destreza como cazador, tambi n obrara por su cuenta, con porcidn de monteros escogidos; y que formara adema's otra partida el oficial veterano D. Jos6 Bernet, liamado el Jerezano, y tirador cumplido. Con su popularidad entre los labriegos de un pais en todo tiempo libre de sujecidn militar y de sorteos, los pudieron emplear con mas provecho que la disciplina y la severidad de Caro, que los miraba con desden, y a quien tampoco miraban con afici6n ellos. Fue ocupaci6n preferente de este jefe organizar y montar en Jesdis del Monte a sus Dragones, sin que le inquietaran los ingleses, concretados entonces a proveerse de agua en la Chorrera o rio Almendares y a acarrear sus repuestos y sus trenes desde Cojimar hasta la Cabana, mientras se acreditaban de infatigables y audaces aquellos guerrilleros, mayormente los dos nltimos. Ya el 9, Ruiz y Diaz envolvieron un piquete en Corral Falso, en los ejidos de Guanabacoa. Mataron a mas de veinte de los invasores, y habrian exterminado a los demis de aquel destacamento, si no acudieran a librarlos otras avanzadas, aunque perecieron tambien en el encuentro aquel oficial y algunos de su gente. Mas feliz Pepe Antonio, despues de sacrificar muchos ingleses, se apoder6 en los siguientes dias de otro piquete destacado a buscar reses y forraje, y el 13 introducia en la plaza ochenta y tres prisioneros enemigos. A los tiros del Jerezano sucumbian cuantos marinos y oficiales penetraban rio adentro de la Chorrera, y en aquel mismo dia el imprudente capital Walker qued6 hecho prisionero. Si la primera operaci6n de Albemarle, el desembarco de las tropas por Cojimar, ya habila sido una falta, era an mayor la de acarrear su tren de sitio por el mismo punto, embarazado de espesuras y malezas hasta la Cabafia. Duefno del desembarcadero, la superioridad de sus fuerzas bien le permitia la conduccion de sus piezas y furgones hasta aquella altura por mds abierto y despejado rumbo y no escaso de senderos como el de Bacuranao. Pero la menor distancia le hizo preferir el de Cojimar., mas cercano de la posici6n donde discurri6 establecer

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38 JACOBO DE LA PEZUELA sus baterias, aunque de tr6insito mis agrio, y suelo todo de monte cerrado y pefia viva. An menos justificable desacierto cometi6 Albemarle emprendiendo sus operaciones por la expugnaci6n del Morro, de cuyo ataque se encarg6 desde el dia 13 con un cuerpo de tropas, su hermano el mariscal de campo Sir Guillermo Keppel. Demuestra una sola ojeada sobre el mapa, que por indispensable que su posicidn se conceptuase para facilitar la entrada de la bahia, el atacarlo por tierra desde la Cabafna, posici6n ma.s ventajosa ad'n para apoderarse de la ciudad, era superfluo. No dependia la plaza del castillo, sino el castillo de la plaza, de donde recibia viveres, armas, materials, phones y refuerzos. Con una sola division que emprendiese sin perdida de tiempo el ataque de la ciudad desde una localidad que la domina tanto como aquella altura; con otra distribuida entre el Horc6n y la loma de Soto o de Atare's, y una tercera en la de Arostegui y en la Chorrera para interceptar su.s comunicaciones principales, su destrucci6n o su rendicion era dilema de contados dias; y sin efusi6n de sangre se obtenia dspu la de aquel aislado fuerte. Podia ser para Albemarle el 6xito de tan sencilla operacion tan fijo, que cada una de has tires divisions, por si sola,,seria superior en nm()ro, caIidad y discipline a toeds .as fuerzas, tanto veterans como colectivas, r armadas y hisas con que Prado pudIese entorpecersela. Mientras Keppel, en el descenso de la altura que mira a aquel castillo, abria sus paralelas en una atmnosfera de fuego y expuesto a sus disparos, empleaba el invasor todos sus medics de traccion en acarrear desde Cojimar a la Cabana sus almacenes v su tren de sitio. Quien conozca el clima y el lugar, calculard todo el esfuerzo con que los ingleses picando piedra y monte con la zapa y con el hacha, arrastraron a brazo hasta las faldas y mesetas de aquella eminencia casi todas sus enormes piezas en poco mas de una semana. Perdieron mis de trescientos hombres en la faena, heridos unos de fulminante apoplejia, otros postrados do cansancio, de irritaci6n o por la fiebre, y arrebatados muchos por el v6mito que empezaba a cebarse en sus lozanas filas. Con guerrillas de tiradores buenos y agiles, un gobernador de mas expedient militar que Prado,

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 39 habriales impedido o entorpecido cuando menos tan lenta y trabajosa operaci6n a los ingleses. Pero no inspire a la Junta de Guerra una sola idea estrategica, ni un marcial arranque para dominar ni a comunes accidentes. No mas se ocupaba Madariaga que del abasto de la plaza, y Caro, despues de tener ya montada su caballeria, sin decidirse a emplearla con vigor, excusaba su inaccion con la indisciplina, la desobediencia y los des6rdenes de las milicias. A juzgar por el tenor de las cartas de este jefe a Prado, las que se juntaban, desertaban y se volvian a presentar por las inmediaciones ( 7 1, "eran indtiles con cualquier especie de armas, en cualquier puesto y de todos modos". Luego que con el voluntario encierro e inutilizaci6n de los navios espanoles se descarg6 Pocock de un gran cuidado, estableci6 con una parte de su escuadra dos cruceros, uno entree La Habana y el cabo de San Antonio, en acecho de los socorros y refuerzos que pudieran venir de Veracruz; y otro en la costa meridional que interceptara los que podian ilegar de Cuba de las Antillas y de Tierra-firme. Habria infaliblemente caido en su poder la flota de aquel puerto, a no haber retrocedido, hallada muy a tiemro por un aviso cue desde el primer dia de la invasion despach6 Prado por Batabano. Por ambas aguas se ensefore6 L marina inglesa desde luego de toda la costa occidental de la Isla. El 11, el mismo dia en que desembarcaba Howe en la Chorrera, y que Albemarle ocupaba la Cabana, tres balandras atacaron a la bateria de faginas que defehdia el surgidero de Batabano con seis cafones a cargo del teniente D. Carlos Devaux y algunos artilleros. Recibieron tiros acertados, y lugo se alejaron, pero apoderandose de una goleta que venia con frutos. El capitan de fragata D. Diego de Argote, que del Continente se dirigia a La Habana sin la menor noticia d _4asedio, perseguido por dos navios de guerra el D -fiance y el HamptonCourt, y hasta nueve bergantines y fragatas, tuvo que refugiarse en el Mariel el dia 28 con la fragata Venganza y el paquebot Martel"'. Sirvi6 de poco la prontitud con que echd a pique a la entrada de aquel puerto una urca y una goleta del comercio en 6l ancladas, ni el valor con que pele6 por espacio de hora y cuarto para impedir que la forzaran. Con

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40 JACOBO DE LA PEZUELA siderando su captura inevitable, di6 barreno a sus embarcaciones y apresur6se a echar su gente en tierra con la p6lvoray las armas, despu6s de perder treinta y un hombres, inclusos algunos que se ahogaron. Luego impidi6 a fuerza de diligencia el enemigo que los dos buques se anegaran, logrando reforzar con ellos a su escuadra; pero no que fuese tambien a reforzar Argote a los defensores de La Habana con doscientos soldados y marineros bien armados. Otro crucero permaneci6 todo ese tiempo en frente de la plaza lanzando proyectiles con poco 6xito, interin de ambos campamentos de la izquierda y derecha de la bahia se dirigian varias columnas a recoger reses y caballos por Santa Maria del Rosario y campos aledafios, el Cano, el Guajay y Marianao. Frust6 la prevision de Madariaga estos intentos, obligando a los estancieros a internar en el pais sus ganados y sus frutos. Los destacamentos enemigos no sacaron otros de sus correrias, que lidiar por su frente, flanco y retaguardia con las partidas de Aguiar y Chac6n, de Bernet y Pepe Antonio; saquear la parroquial de aquella aldea, que alzaron y adornaron sus patronos los condes de Casa-Bayona, y afiadir algunas bajas mas a las arrebatadas por el v6mito, la deserci6n y la fatiga. Cuando el ndmero menor de combatientes permitia que la agilidad y el valor suplieron a la tActica, [no] hacia la fortuna mis que alternar entre unos y otros. triunfaba muchas veces la desordenada prontitud de las guerrillas de la pesada solidez de los ingleses. Pepe Antonio se distingui6 entre los demais, cogiendoles o matindoles mis de trescientos hombres en s60lo el mes de junio. Significaba cada disparo de su escopeta un enemigo menos. Las hostilidades, aunque vivas, se entablaron desde luego con un caracter de humanidad y cortesia honroso para los jefes de ambas fuerzas, tratando a los heridos y prisioneros como si pertenecieran a sus propias filas. Albemarle llev6 los miramientos hasta poner a disposici6n de Prado(, para que el le castigase, a un capitain de milicianos que habia intentado matar al que le habia cogido; hasta permitir que D. Juan Miralles, a quien antes de terminar su comisi6n habia sorprendido el rompimiento en Inglaterra, desembarcara a correr la

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 41 suerte de una plaza para la cual nada habia obtenido su eficacia. Afandbase entretanto Madariaga en abastecerla y reforzarla con las armas y los peones de milicias que parecian mas propios para defenderla, interin procuraba Caro mantener sus comunicaciones expeditas. Llevaba aqu6l menuda cuenta de los caudales que distribulian en los gastos exteriors, su secretario Elosda y los tesoreros Jaiuregui y Vertiz Verea. Vigilaba la lealtad de los pueblos y la conducta de los milicianos. En su correspondencia yon el Capitain General compitieron los elogios sobre la primera con sus censuras sobre la segunda. Llevaban catorce afios de desorganizaci6n y de abandono las antiguas milicias, todos los transcurridos desde la paz con Aquisgran en 1748; y no podia ser obra de contados dias el convertir su tropel en fuerzas ordenadas y tiles. Los milicianos tan precipitadamente convocados el 6 de junio y los que liegaran luego a reforzarlos, sin respeto a los toques ni a las voces, solianse dispersar para cometer en las fincas mil des6rdenes, so pretexto de remediar necesidades; y volvian luego a reunirse y cometer los mismos desafueros. En cuanto a la lealtad politica, ni en la misma Metr6poli la hubo mayor en igualdad de casos. Quiza' a seis no llegaron los traidores entre los sesenta mil individuos comarcanos. Por secreto aviso de uno de ellos falt6le poco al enemigo para sorprender al guerrilero Pepe Antonio en una estancia. De los muy raros que cometieran tan odioso crimen, y el d'nico quizai que lo expiase, fue Mateo Reyes, vecino acomodado de Guanabacoa, que al entrar en su pueblo el invasor, se le ofreci6 a servirle de agente y a comunicarle avisos que mis de una vez fueron dltiles; y desempefnd tan vil misi6n con un valor muy digno de otra causa. Pero sorprendi6ronle las avanzadas de la plaza, y Mdariaga, despues de darle sumariamente por convicto, mand6ie colgar" de un arbol en Jesu's del Monte, ya fatidico lugar de e.a clase de suplicio. Muy en balde se afanaba Caro desde mediados de junio en dar alguna apariencia militar al tropel de campesinos y guajiros que a la comdln defensa acudia de todas parts a excitaci6n de las autoridades, del obispo y de los parrocos. Los hgbitos de soltura y sus inclinaciones no les permitian pelear

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42 JACOBO DE LA PEZUELA con orden ni sujetarse a disciplina. Como los presentados con cabalgaduras pasaron de seiscientos, intent aquel jefe organizarlos en un regimiento con el nombre de Lanceros de Santiago de Cuba, porque Prado no consinti6 que le pusiera el suyo. Pero por su nu'mero no mis merecia esa denominaci6n aquella abigarrada turba. de islefios y mulatos, sobre aparejos de carga y con rocines de toda marcial aplicaci6n indignos, sin mas traje que un camis6n y unos calzones, ni otras armas que chuzos y machetes. Ademais, si aparecian centre ellos aigunos hasta temerarios, pecaban en general los otros por lo opuesto, y todos sin distinci6n eran inobedientes. No mejoraron de orden por distribuirseles a un centenar, entresacado en los de mejor traza, casacas amarillas con vivos rojos, lanzas y morriones; ni porque confiase Caro su manejo, con el titulo de coronel, a un antiguo militar del pais, D. Diego de Bringas ,que les di6 buenos ejemplos acudiendo siempre al peligro y a su puesto. Muy al contrario, otro vcterano, capitan de milicias montadas, D. Francisco Gutierrez, 'a quien ascendioI Prado a teniente coronel de tan inddcil cuerpo, desAparcid los pocos dias con parte de la gente, y le reemplaz6 D. D'eg.o Ruiz, otro del mismo nombre que el que en los primeros dias murid peleando. El cargo de sargento mayor de los Ilamados lanceros se cometis, a propuesta de Caro, a un caballero de Santiago de Cuba, llamado D. Esteban Palacios, sorprendido por la invasion en 1a Capital, y que, cono Bringas, lo desempen6 con honra y con constancia I.(), Lo capitanes de aquella fuerza fueron D. Vicnt del Castillo, siempre destinado con su compania a las 6rdenes de Chac6n; D. Juan de la Luz, apostado con la suya on (1 paso del rio Luyan6; D. Jose Miranda, D. Juan Dominguez, D. Bernardo Diaz y D. Pablo Perez Mancha. Las demis coMpafnias las mandaban personalmente los tres jefes.

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CAPITULO DECIMOSEPTIMO DEL TOMO H El castillo del Morro.Hostilidades contra eI. -Vigilancia do su comandante. Primera salida de las fuerzas de Ia plaza contra el campamento enemigo de Ia Cabana. Es rechazada.Simultdneo ataque por mar y tierra contra el Morro. Intrepidez de D. Luiz de Velasco. Por ambas partes son rechazados los ingleses. Diario, del ingeniero ingles Mackellar. Inaccion del virrey de Mejico y de otras autoridades de America. Conducta del gobernador de Santiago D. Lorenzo de Madariaga y de los tenientes gobernadores de Puetro Principe y Remedios. Ref uerzos de milicias enviados a La Habana. Canpamento de los ingleses en la loma de Arostegui y sus operaciones. -Valor de D. Luis de Aguiar. Muerte de PfNpe Antonio. -Segunda salida de las fuerzas de [a plaza contra el campamento ingles de La Caybana y su mad exito.Minas preparadas contra el Morro.Ventajas obtenidas por algunos buques de guerra franceses contra otros ingL ses.EstaIlan las minar contra el Morro. Lo asattan los inglbses por sorpresa. Valor de una part( de su guarnici6n y fuga de [a otra.Heroisno de Velasco y muerte del marqu;s Gonzdlez.Noble conducta d Sir Guillermo Keppel al apoderarse del Morro. Muerte de V lasco. E scaramnzas exteriores. -Debilidad de Ia plaza. -Reducto de 1r Loma de Soto. Niegase Prado a capitular. Tremendo canoneo dl 11 d? agosto de 1762 contra Ia plaza. Admite Prado capitulacion. Condiciones que conce-de Albemarle. Perdidas de los espafoles durante el sitio.Inmensa desproporci6n de sus fuerzas con las de los ingleses.

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44 JACOBO DE LA PEZUELA Era la toma del Morro el objeto principal de los esfuerzos y fatigas de los sitiadores de La Habana. Alzado ese castillo a fines del siglo XVI por Antonelli para rechazar ataques de otro g6nero que el de Sir Keppel, abrazaba en un recinto de ochocientas cincuenta varas de circunferencia toda la superficie de un pefndn saliente de veinte y dos pies de alto sobre el nivel del agua, remate de la bahia por la orilla fronteriza a la ciudad, que antes de fortificarse ya tenia aquel nombre. Elevadas sus cortinas a la misma altura que el pefiasco sobre el mar, formaban un poligono de frentes irregulars y. adaptados a la configuraci6n solar, menos el del sur, defendido por buen foso con puerta principal de rastrillo y rebellin al centro, y flanqueado en sus extremos por dos baluartes o caballeros triangulares, el llamado de Mar o de Tejeda al E., y el de Austria al 0. Tanto en estos puestos mirando a la Cabafia, como en las demris baterias altas y bajas de la marina, contaba la fortaleza sesenta y cuatro cafnones de bronco y algunos de hierro Tles: es decir, menos que algunos de los navios del enomigo. Defendiala -una guarnici6n de trescientos veteranos, cincuenta soldados de marina y cincuenta artilleros, con doscientos trabajadores negros y mulatos. Esta fuerza se relevaba de tres en tres dias, no por la puerta principal, en el centro del frente a la Cabafia, y que mand6 tapiar Velascd, sino por dos pescantes que sobre los lienzos del frente a la ciudad se establecieron. Si no dirigidas siempre con acierto, jams se emprendieron hostilidades con ma's provision y precauciones que las del sitio de La Habana para asegurar su resultado. Tres transportes trajo Pocock, cargados todos de pacas de algod6n y de faginas hechas. S61o asi pudieron las columnas y zapadores de Keppel, a pesar del vivo fuego de los baluartes meridionales del castillo, establecer desde el 13 hasta el 28 una bateria de cafiones de veinte y cuatro sobre el de Austria, batiendo por la espalda a la Pastora, otra de ocho del mismo calibre sobre el de Tejeda y sus cortinas intermedias con aqu6l, y ademais una nueva bateria de dos obuses de a catorce pulgadas colocada detr6.s de la primera. Otra alz6 Albemarle tambien por esos dias en la falda meridional de la Cabafna, y en sitio resguardado por los accidentes del terreno, para tirar sin ser danada, sobre los bu

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 45 ques espanoles; pero le frustd Hevia ese designio, haciendolos mudar de fondeadero, y situando al Aquilon, al Infante y al Tigre de manera que incomodaran con sus fuegos a los trabajadores enemigos. No esperaron Keppel ni Pocock a que las baterias estuvieran terminadas, aqu6l para contestar con vigor a las del Morro, y este para arrojar en esos dias mis de dos mil bombas sobre la plaza, aunque con poco estrago, detenidas sus bombardas a distancia por la artilleria de la Punta, del baluarte de San Telmo y anin del mismo Morro. Este castillo, s6lo de las paralelas de la Cabafna, recibi6 otras tantas que le causaron multitud de bajas y la destrucci6n de sus almacenes el 23, sin que bastaran sus disparos alternados de fusileria, metralla y bala rasa, ni los de la Fuerza, ni los de la bateria de San Telmo y de la fragata Perla, para impedir que adelantaran sus trabajos los zapadores y negros de Keppel, bien resguardados de unos y otros fuegos por un enorme parapeto triangular de pacas y sacos de arena. Cansado Velasco de reparar de noche el dano que sufria de dia, reclamd con insistente afin que se dispusiera en la plaza una salida para destruir los trabajos de Keppel. S6'!o a favor de una sorpresa general y concertada era semejante objeto practicable contra fuerzas tan superiores y bien establecidas. Cedi6 la Junta a las exigencias de a uel jefe, disponiendo que salieran seiscientos cuarenta hombres a destruir cuatro baterias defendidas por ma's de cuatro mil. Se dividieron los desti~nados a la salida en trees detacamentos, todos a las 6rdenes del coronel del Fijo de La Habana, D. Alejandro de Arroyo, nue se reserve la direcci6n inmediata del primero. El segundo fue conducido por el teniente coronel D. Ignacio Moreno, y el tercero por el capitin de granaderos de Espafia D. Nicolis Amer. Como si pudiera ser la operaci6n obra instantinea y no debiese estorbarla un enemigo tan aventajado en posici6n y nn'mero, discurri6 la Junta que mientras las dos primeras columnas sorprendieran a las guardias inglesas de las baterias a. las dos de la noche del 29 al 30, la tercera saliese del castillo a desbaratarlas con la compania de Amer, cincuenta soldados mis del mismo regimiento y algunos peones bien surtidos de picos y herramientas. Tambien lievaban sus trabajadores las columnas

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JACOBO DE LA PEZUELA de Arroyo y de Moreno, que. a las doce desembarcaron en el punto ilamado el Cabrestante, atracadero intermedio de la Pastora y el castillo. Alli se mantuvieron a la escucha, hasta que a las dos de la manana y simultaineamente con Amer atacaron a los primeros puestos de los sitiadores, poniendo sobre Las armas, como era natural, a los demais. Aunque preludi6 el combate apresando trece negros trabajadores del Morro a una avanzada de doce hombres, y ahuyentando Arroyo alas primeras guardias, la consecuencia de su temeridad fu6 una derrota. Gravemente herido Moreno, que atac6 por la extrema derecha de los sitiadores, su columna se disperse al momento por el monte, y tuvieron que imitar su ejemplo las del jefe principal y Amer, que se apresuraron a ampararse bajo los baluartes de Austria y Tejeda, cuyos fuegos evitaron su entera destrucc1n. Ademns de Moreno, tuvieron los agresores a tres c)pitanes estropeados, uno prisionero, treinta y ocho muertos de las demais class y sesenta y cinco heridos. Pero no fue este el tinico reves de los sitiados en aquella noche. Prado y Hevia habian creido proteger a Arroyo y distraer la atencidn del. enemigo dirigiendo otro ataque simultineo sobre la bateria que desde la falda meridional de la Cabana hostilizaba al puerto. A pesar de la resolucidn con que subieron a aquella hora su pendiente cuatrocientos veteranos de Aragdn y de otros cuerpos, y del denuedo con que acometieron a las primeras avanzadas a la bayoneta, recibi6 una grave herida su comandante el teniente de navio D. Francisco del Corral. Su compaftero, D. Juan de Lombard6n, rechazado por fuerzas superiors, antes que acudieran otras a envolverle retrocedid con orden sobre el embarcadero, perdiendo entre muertos y heridos treinta y siete hombres. En los varies choques de aquella infeliz noche, la artiIleria del Morro, que socorrid con oportunidad a Amer y a Arroyo, ocasion6 a los ingleses mayor p6rdida que los primeros golpes recibidos por sorpresa. No sin lanzar sobre la plaza en ese dia un pillar de bombas, empleo Keppel todo el 30 en dar remate a sus trincheras, muy confiado en que no resistiria la fortaleza al doble ataque por mar y tierra con que Pocock tenia ya concertado. En efecto, cuando rompieron los disparos sus baterias con el crepisculo del 1de julio, colocaironse a tiro del Morro los navies Stirling

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 47 Castle, Cambridge, Malborough y Dragon, con doscientas ochenta y ocho piezas de grueso calibre entre los cuatro, es decir, con doscientas veinte y cuatro ma's que las sesenta y cuatro del castillo. Velasco, encomendando entonces la defensa de los baluartes meridionales al sargento mayor D. Bartolome Montes, se traslad6 a resistir el ataque de los navios desde el llamado Santiago, que miraba a la entrada de la bahia con diez y ocho piezas, y una bateria baja con doce. El Stirling, desentendi6ndose de las sefiales del comandante de aquella division naval, M. Hervey, se retire sin combatir; pero, como a las ocho, rompieron los demais horrendo cafioneo, contestado por los espaRoles con constancia, y aunque con menos bocas de fuego, con mas tino. Asemejaibase el Morro en las seis horas que dur6 esta lucha a un volcnn arrojando destrucci6n, rayos y muerte de su crater. Aunque muriera su valeroso capitin Goostrey de los primeros tiros, el Cambridge, de a ochenta, conducido por su sucesor Lindsay, pag6 cara la audacia de acercarse a veite varas de la bateria y baluarte de Santiago. En momentos se vi6 sin tim6n ni arboladura, inundadas de agua sus bodegas y de sangre sus Cmbiertas. Ya se iba a pinue, cuando se aryesur( a socorrerle el Malborough, remolcAindole lejos del peligro, y entr6 a sustituirle el Dragon, esforzaindoscomo A1 en asaltar por mar la fortaleza. Le cost su temeridad tanto; destrozos corno al Cambridge, aunoue menos perdida de gente y con ruiendo desmontarle a Velasco muchas piezas. Si no tan pronto, por la firmeza de las trincheras que tenian al frente y la debilidad de los parapetos de sus plataformas, tambien los dos baluartes de Austria y de Tejeda impusieron silencio aquella tarde a las baterias de Keppel, mayormente cuando, rechazados los navies, volvi6 Velasco a reanimar sus fuegos. Revel6 a los ingleses el double y sangriento combate de este dia que dirigia la defensa del Morro un genio heroico ,; y oblige a su jefe de ingenieros Patrick Mackelar a confesar en su diario, "que desde el principio de aquella guerra jamais habia encontrado su valor mas digno enemigo que D. Luis de Velasco, cuya conducta inspiraba veneraci6n a sus mismos adversarios". Contribuyeron con Pacierto de sus tiros al triunfo de este dia las baterias del castillo de la Punta y de San Telmo, gobernadas por Bricefno y

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48 JACOBO DE LA PEZUELA el capitain de artilleria D. Jose Crell de la Hoz; pero no lo lograron los espafioles sin el sacrificio de ciento treinta muertos y heridos de lo ma's granado de su corta hueste. Aunque s6lo en el Cambridge sufrieron sus enemigos mayor p6rdida, excediendo en todos los puntos de trescientos de una y otra clase, esta baja, en la superioridad de las fuerzas sitiadoras, era imperceptible. Relevada la guarnicion del Morro aquella noche, la fatiga de tantas horas de combate no le impidio a Velasco pasarla toda entera remontando en curenfas de repuestos las piezas desmontadas durante la refriega; en reemplazar los parapetos destruidos de las plataformas con trozos de madera adaptados a sus dimensiones, que Montalvo le romitia del arsenal; en fin, en reparar todos los estragos de la fortaleza. Keppel dispuso el 2 que se trazaran nuevos reductos, redobl6 con vigor su can-oneo, hizo callar, desmont6 y ad'n destroz6 a la bateria intermedia de los dos baluartes; pero sin impedir que los proyectiles y ollas de fuego de Velasco prendieran en todos los combustibles de la segunda y tercera paralcla, ya muy dispuestos a inflamarse por catorce dias de sequia, y que se convirtiera en cenizas en menos de dos horas la labor de un millar de hombres en mis de tres semanas. Funesto golne, "dice Mackellar en su diario de este sitio" y mCIs sensible cuando las penalidades han llerado a hacerse insuperables. Las enfermedades traidas de la Martinica, y visiblemente aumentadas por la insalubridad del clima y lo penoso del servicio, han reducido al ejercito a la mitad de su nd'mero y redoblado por consiguiente la fatiga de los pocos que conservan fuerzas para cumplir indispensables deberes. Cinco mil soldados y tires mil marineros estin postrados por diversos males, al paso que la falta de buenos alimentos desespera a los enfermos y retarda su curaci6n, siendo, de cuantos males sufren, la escazes de agua el que mas agrava sus padecimientos. El tener que ir a buscarla a tanta distancia y en t-,in mezquina cantidad agota las fuerzas del soldado. Disminuyense nuestras esperanzasde exito a medida que se adelanta la estaci6n de los huracanes en estas latitudes, porque si estallaran con su violencia acostumbrada, se expondria la escuadra a un desastre inevitable, y tendruI el ejrcito que renunciar al sitio sin su auxilio.

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 49 Excitados, sin embargo, por la voz y el ejemplo de sus jefes, restableciron sus baterias con increible celeridad los sitiadores. Desde el 4 redoblaron con tal vigor los fuegos, que por la tarde solian quedar apagados casi siempre los de los frentes y baluartes meridionales del castillo, derruidos sus parapetos y garitas, y heridos o muertos de ochenta a ciento de sus defensores. Tenia Prado que reforzarlos diariamente con gente y materiales, para que pudiera reponerse de noche lo que el cani6n ingl6s destruia de dia. El 15, Velasco, casi sin poder moverse, con una fuerte contusi6n que el 14 recibi6 en la espalda, el capitin de fragata D. Ignacio de Orbe y el sargento mayor D. Bartolom6 Montes, rendidos de fatiga, sin haberse desnudado en mis de un mes, tuvieron que retirarse a la ciudad a tomar algO'n descanso. Provisionalmente fueron relevados por D. Francisco de Medina, capitain del navio Infante, D. Diego de Argote, y el capitin de Espana D. Manuel de C6rdoba. Pero Montes, que era despues de Velasco el alma principal de la defensa volvi6 a los tres dias a desplegar toda su intrepidez y vigilancia en aquel puesto de honor y de peligro. Entre tanto, ,en d6nde estaban los socorros con tanta urgencia reclamados por Prado y por 1a Junta a todas partesdesde las primeras horas del asedio? ,Qu6 hacian el virrey de Mojico, marquis de Croix, el gobernador frances del Guarico, el comandante de la escuadra francesa Blenac, los gobernadores de Santo Domingo y Cartagena, el comandante de las fuerzas navales de este puerto D. Luis de C6rdoba y el gobernador d Cuba Madariaga? Todos recibieron nuevas oficiales del desembarco de Albemarle en diferentes dias de junio; todos, menos el dlltimo, contestaron con promesas vagas o con evasivas; y cada cual se limit a resguardar su propio territorio de un peligro que uniendo sus esfuerzos pudieran disipar en el ajeno, prolongando con tanta gloria el Morro su defense, y aniquilada por el v6mito, las armas y las fiebres la mitad de las huestes invasoras. El egoismo fu6 el dinico origin de su inaccion, el afan de cubrir su propia responsabilidad en autoridades que, por independientes que fuesen unas de otras, dependian todas de una sola, y debieron sujetarse al cumplimiento de un deber comdln.

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50 JACOBO DE LA PEZUELA Exceptuando la de Madariaga, su conducta durante el sitio de La Habana fu6 una prueba de su falta de instrucciones y de la imprevisi6n del ministerio de Indias en no comunicarselas. Esa omision del anc;ano y rutinario Arriaga, que mnanejaba entonces aquel departamento, no podia producer mas que desastres. Por su dependencia del gobierno de La Habana y amenazarle el peligro mas de cerca, contrast la conducta de Madariaga, gobernador de Santiago, con la de los otros, desprendiendose por socorrer a la capital de la mayor parte de su fuerza veteran, de su armamento y do sus municiones. Trescientos cincuenta hombres de Arag6n, de La Habana y de Marina, con dos mil seiscientos fusiles, alguna polvora y pertrechos Ilegaron a Jagua en el navio Arrogante el 22 de julio. Temeroso del crucero de la costa meridional, habia dispuesto Prado que desde alli continuaran a la Capital por tierra. Perdieron nuchos dias en reunir acn'milas, atravesar campifnas y senderos anegados por las iluvias; y su tardia Ilegada a ]as inmediaciones de la plaza, mas que para contribuir a su defensa, habria servido para agravar aun mas las perdidas, si no contramarchara luego oportunamente para Jagua aquel destacamento. La menor distancia y el celo de los tenientes-gobernadores de Puerto Principe y San Juan de los Remedios, D. Juan de Landa y D. Antonio de la Torre, permitieron que se presentasen desde ei. 8 de julio siete compafias de milicias de Villa-Clara y Sancti-Spiritus, con regulares armas y algunos caballos. Mandabanlas sus capitanes D. Juan Benito Lujain, D. Jose Guijarro, don Jose' Quesada, D. Esteban Varona, D. Gregorio Velasco, D. Teggo de Velasco y D. Pascual Guerra, antiguos milicianos que por acudir a la defensa de la Capital lo abandonaron todo. Aunque sin Ilegar a setecientos hombres, con esta gente mixta de tres razas, aclimatada, igil y sobria, form el lugarteniente Madariaga un cuerpo de ochocientos, completado con milicianos escogidos para el servicio del recinto; porque a sus defensores con alarmante celeridad iban arrebatindolos las bombas, las enfermedades y la tenaz defensa que sostenia el Morro. Propus6se Medina continuarla con diferente sistema que Velasco. Habia sido el de este jefe contestar al enemigo con el mayor ndmero posible de canones. Fu6 el del otro ahorrar

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 51 sangre y municiones, apostando la gente detra's de las cortinas y baluartes, no permitiendo que los artilleros disparasen sino bien cubiertos y despu6s de reparar los parapetos. Asi, ciertamente no pasaron de doscientos cincuenta las bajas de aquella guarnici6n en los nueve dias que Medina defendi6 aquel fuerte; pero Keppel, menos embarazado por sus fuegos, reforz6 sus paralelas con dos baterias md's de obuses y cafiones, y el ingeniero Mackellar adelant6 con menos riesgo los trabajos de dos minas. Sus cavidades, abiertas desde el pie de una cantera larmida por el mar a barlovento de la fortaleza, se encaminaban a labrar hornillos en los cimientos mismos del angulo del baluarte de Tejeda. Nunca descubrier:;n los sitiados otra que emprendi6 Mackellar desde los reductos de la izquierda de su linea y en direccikn del angulo saliente del baluarte de Austria, siendo apenas su objeto practicable con la dureza de aquel suelo, todo de pefia viva desde la estacada al foso. Si por el mar y la Cabafia tan vivamente se estrechaba a] Morro, concurria tambien a ofenderle mas de lejos el cuerpo desembarcado en la Chorrera. Dcesde la eminencia de Ardstegui, con un campamento atrincherado sobre su meseta, y otro tambidn fortificado en San Antonio Chiquito por su falda, reforzado diariamente, menos casti ido por la sed y por los soles entire las arboledas de aquel lugar, y a vuces solazado en la vecina cuinta de Jilstiz, desde alli su cnandante Howe destaco partidas y anin columnas a los lugarejos del litoral de sotavento. Impidiendole la inundaci6n causada por las roturas de la zanja estudiar los aproches de la plaza, reconoci6 la procedencia de la corriente en el Husillo y la causa del derrame en las inmediaciones del recinto. A fines de junio logr6 desagmadas, rerresando por ma's arriba las acequias; y a primeros del siguiente extendi6 su campamento a la caleta de San Lazaro, sin que se lo estorbara su mezquino torre6n abandonado. Desde tan avanzada posicidn se propuso Howe dos objetos tan importantes como mantenerse apoyado por la escuadra, y hostilizar de cerca a los baluartes del Angel y la Punta, y al castillo de este nombre. Estableci6 alli en efecto una bateria de gruesas piezas para dirigir sus fuegos a la plaza. D.scubriendo desde esa posici6n toda la entrada de la bahia y la comunicaci6n constante con el Morro, calcul6 que alcanzaria su cafi6n a em

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52 JACOBO DE LA PEZUELA barazarla, avivando los disparos; y asi consigui6 tambien este tercer objeto el 15, el 16 y el 17. Madariaga, con su ind'cil tropel de milicianos, distraidos en sus miras preferentes de abastecer y reforzar a la guarnici6n con viveres y gente, a ninguna de las operaciones de Howe opuso estorbo, aunque con frecuencia escaramuzeasen con sus destacamentos, y an los rechazaran, Caro, Chac6n y algunos guerrilleros. Inspirado por su intrepidez, Aguiar form el proyecto de destruir el nuevo padrastro de San Li'zaro; y cediendo Prado a sus instancias, le permiti6 intentarlo con una compania de miqueletes, recien creada con pulperos y paisanos catalanes, y capitaneada por el teniente de Espafia D. Fernando Herrera, y con otra de negros escogidos por su agilidad y su vigor. Dos horas antes que el 18 amaneciera, esta partida, entre las sombras de la noche, se deslizo con el mayor silencio desde la puerta de la Punta hasta San Lazaro, y realize su fin con tanta suerte, que sorprendi6 a los centinelas de la gran guardia apostada en el reducto, degoll6 a mis de veinte hombres, hizo prisioneros a su comandante y a dieciseis mis, y poniendo en huida a los restantes, tuvo tiempo para clavar dieciseis piezas de a treinta y seis, y cuatro obuses, y de incendiar o desbaratar la bateria. Cuando acudio el airado Howe a castigarlos, estaban ya los expedicionarios de Aguiar distantes de su alcance. No pudo caber parte en este lance heroico a Pepe Antonio, que sucumbio poco despu6s, el 26 de julio, en Jesus del Monte, en el cuartel general de Madariaga, a males agravados por su afanosa vida en el asedio. Viendo la Junta que Howe restablecia sus fuegos en San Lizaro el 19; que Keppel acercaba mis y mis los suyos sobre el Morro con poca oposici6n de su casi desmoronadas baterias; y que los desertores y los movimientos del enemigo presagiaban su cercano asalto, todavia tuvo esperanza de impedirlo, volviendo a emplear el mismo medio tan perjudicialmente ensayado un mes antes por Arroyo. Adn presumia que algunos centenares de hombres destruyesen lo que defendian algunos miles de excelentes soldados con vigilancia y con denuedo. Pero no fue nhora la tropa veterana la sacrificada. Las compafnias de milicias de Tierra-Adentro, mandadas por don Juan Benito Luj6in, la de miqueletes catalanes y la de negros que acababa

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 53 de senalarse en la sorpresa de San L6izaro, unos ochocientos hombres, desembarcaron en la madrugada del 22 al pie de la Pastora, treparon silenciosamente por la cuesta, degollaron sin ruido a algunos centinelas, y acometieron con mis valor que orden a los destacamentos avanzados. El teniente coronel Stewart, que mandaba uno, di6 con su vigorosa resistencia tiempo para que acudiese Carleton con los dema's. Minutos no md's lucharon el entusiasmo y el valor contra el ni'mero y la tactica, hasta que Carleton, aunque gravemente harido, orden6 que dos batallones en masa cerraran sobre sus contrarios a la bayoneta. Intentando detenerlos la compania de miqueletes, casi toda se abrio honroso supulcro entre sus filas. Pero con todo su heroismo, no era de los ma's propios este ejemplo para que le imitaran campesinos que oian por primera vez de cerca el silbido hornicida de las balas. Sus companies se dispersaron como e humo, y desaparecieron por distintos rumbos con una agilidad que evit6 que las exterminaran. A pesar de la viveza con que para protegerlos jugaron desde el amanecer sobre la linea inglesa las baterias de la Punta, de San Telmo, de la Fuerza y de los buques apostados, quedaron de los de Lujin sobre el campo mis de ciento, otros tantos se precipitaron y ahogaron en la bahia, unos cuarenta fueron recogidos por los enemigos mal heridos, y los demds se fueron sucesivamente presentando, salvados en balsas que hizo apostar Hevia, y otros, en fin, dando !a vuelta al puerto. La p6rdida de los ingleses fu6 tan grave, que por mutuo acuerdo de Prado y Albemarle se suspendieron hqs hostilidades todo el dia para sepultar a los caddiveres. Se sostenia firme ad'n el Morro, activamente aprovechada aquella corta tregua por Medina para restablecer parapetos y remontar piezas, cuando, mejorado de su golpe, torn Velasco el 24 a defenderlo, trayendo al marques Gonziles de segundo. La guarnici6n celebr6 el regreso de su heroico jefe con estusiasta clamoreo, y la viveza con que de repente empezaron a disparar las baterias se lo anunci6 tambi6n al campo ingles. Velasco y el ingeniero Cotilla que le acompaftaba reconocieron la mina abierta por Keppel; juzgaron la roca que servia de base al baluarte de Tejeda imperforable; y se tranquilizaron, trazando y abriendo a todo evento para inutilizarla si acaso penetraba, una cortadura entre las rampas y cortinas que unian

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54 JACOBO DE LA PEZUELA interiormente aquel baluarte con la fortaleza. La suponian capaz de resistir adin un mes mis; veian que los refuerzos que esperaban los sitiadores no Ilegaban, que los iba aniquilando el clima, que se adelantaba el equinocio; y contando con su auxilio formidable, discurrian que no tardarian en reembarcarse o en sucumbir privados de la escuadra. Iguales conjeturas que a Velasco lisonjeaban a Prado y a la Junta, sin exceptuar ni al incr6dulo Colina, a quien inspiraron los desaciertos de Albemarle un rayo de esperanza, por mas que vieran a la Cabana coronarse de reductos por los frentes de la plaza, a la fragata Perla echada a pique el 25, y los estiagos sufridos por la Punta, el baluarte del Angel y ain por el mismo castillo de la Fuerza, de donde tuvieron la Junta y aquel gobernador que trasladar sus sesiones y viviendas a San Isidro ". No s6lo de anuella eminencia recibia danos la plaza, sino de las baterias de Howe en San LAzaro, y de ]as trincaduras armadas de obuses o bombardas que sin cesar cruzaban frente al puerto. En los dias 25, 26, 27 y 28, Velasco dirigi6 sus disparos con tal tino sobre los grupos de trabajadores avanzados, que el 29 ya aflojaron mucho los de los ingleses, ma's esperanzados en los progresos de sus minas quo en la firmeza de sus paralelas. Mis de doscientas bajas les sacrificaron en tan breve espacio los frascos, las granadas de mano y el acierto de los tiradores oue distribuy aqu6l jefe por las baterias meridionales del castillo. Sucedi6 sin embargo lo contrario de lo oue se im inaban los sitiados. Se reanimaron las esperanzas de los sitiadores al ver desembarcar en la Chorrera, al aclarar el 29, los refuerzos que al mando del brigadier Burton aportaron de Nueva York tres buques de guerra y un ndimero considerable de transuortes. Sin la inaccion inexplicable de las fuerzas navales de Blenac, el triunfo de Albemarle fuera dudoso, sin embargo. El convoy de Burton, que habia salido de aquel puerto el 9 de junio, despu6s de luchar muchas semanas contra un fuerte S.E., fue reconocida sObre Cayo Confites el 24 por el capitan Fabre, gundo de Blenac, que con su navio y dos fragatas cruzaba por las avenidas del canal de Bahama. Di6 caza el francs a la fragata Chesterfield y a seis transportes que varon en los Cayos, y a pesar de su viva resistencia les arrebato mas de cuatrocientos prisioneros y un rico repuesto. Pero reconocion

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 55 dose muy debil para oponerse a toda la escolta del convoy, se dirigi6 a Ilevar al Guarico, con lo fortuna de este encuentro, un testimonio de la gloria que aquel jefe con su vacilacion se habia perdido. Pocock, al saber este accidente, destac6 algunos buques y transportes a poner a flote a los varados, empleando un mes entero en tan lenta operacion, y en traer lose tres mil y quinientos hombres restantes de la division de Burton. Entretanto, Mackellar, con su perseverancia y multitud de peones, termin6 los trabajos de la mina al anochecer del 29, labrando un vasto hornillo dentro de la pefia misma que servia de asiento al aingulo del baluarte amenazado. Por el movimiento de los trabajadores y las embarcaciones que se arrimaron casi a tiro de sus baterias por la mafiana, sospech6 Velasco que se preparase el enemigo a asaltar simultineamente por tierra y por mar la fortaleza. Los escrdpulos de su conciencia militar un momento superaron a las inspiraciones de su brio, y consult a la Junta sin demora sobre cu'I de los tres partidos deberia tomar: si resistir o no el advance, si esperar a que estuviesen perfeccionadas las brechas para capitular, o evacuar con tiempo al Morro. Despus de reconocidas las cortaduras y las baterias por los comandantes de ingenieros y artilleria Ricaud y Crell, decidi6 la Junta que se preparase a resistir el asalto y a prolongar una defensa en cuya duraci6n seguia cifrando el triunfo de Ia plaza y el descalabro de los sitiadores. No cabia determinaci6n ma's adecuada a los deceos del que habia de ejecutarla. Pero ya pasaba de la una de la tarde del dia 30, y nada anunciaba en el campo ingles mis que reposo y suefno. Bajo la influencia de los fuegos que desde el cenit y en lo ma's ardoroso de la estaci6n lanzaba el sol del tr6pico, sometian al parecer la suya los que para aniquilarse invent la especie humana. Alguna granada, alg'n disparo que lanzaban sobre las obras avanzadas de Keppel los adarves, apenas era contestado por sus baterias. Exceptuando los destacados en las del castillo, la guarnici6n, despues de tomar su rancho, sesteaba con el arma al lado. Velasco tambien se habia retirado a comer y descansar unos instantes, dejando en la bateria septentrional a Montes, ocupado en observar a una fragata que se acercaba

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56 JACOBO DE LA PEZUELA a tiro, cuando se oy6 de repented una explosion extrafna, y se sinti6 tambi6n un temblor sordo. No podia ese ruido confundirse con el de las descargas; y Velasco, recostado a la saz6n con el marques Gonzilez en la sala de armas, envio al momento a averiguar su causa. Todo descuido, aun el que mas leve parezca, puede en la guerra acarrear funestas consecuencias. El oficial que recibi6 este encargo, D. Manuel de Cordoba, o porque le impidiese su temor o su pereza alargarse a cumplirlo hasta el baluarte, o porque realmente nada oyera o descubriera, volvi6 a los dos minutos a decirle que no habia novedad en el castillo, y Velasco permanecio tranquilo con Gonzalez. Pero el quietismo del campariento ingi's era el del tigre que se esconde para inspirar a su presa mas confianza. Ya listas y cebadas las dos minas por Mackellar, Albiemarle, contando con su efecto, habia dispuesto que, Sir toque ri ilamada, se aurontaran a trepar por las brechas que causaran, dos compaias de granaderos del regimiento Real, tropa soberbia y gigantesca, cinco escogidas en los otros cuerpos, y otras cuatro de zapadores, todas conducidas por el intr6pido coronel Stewart. Llevaba una hora de esperar formada detras de los blindajes y reductos esta fuerza, cuando Mackellar dic fuego a las minas, estallando ambas a un tiempo. La que iba dirigida sobre el foso y contraescarpa hacia el baluarte de Austria, no hizo efecto; y tampoco corresponding a sus esperanzas la que amenazaba al de Tejeda. S6lo produjo en 6I una rotura de tres pies de ancho y poco mas de diametro, desde el z6calo hasta la cresta de la cara que empezaban a lamer las aguas. Dos centinelas volaron para sepultarse con los escombros de sus garitas en las olas, sin que lo advirtiera el sofioliento piquete que cubria la cortadura entre el minado baluarte y el paso a lo interior, y sin descubrirse tampoco desde alli la ruina toda exterior causada por la mina. Tanto Mackellar como el jefe de artilleria Leith, que sucesivamente emplearon muchos minutos en reconocerla, convinieron en que la brecha, aunque dificil, no era impracticable. Pero el diltimo, que observe el baluarte mas de cerca, supuso que lo habrian los espafioles evacuado, porque no oy6 ruido, ni vi6 bultos, ni sinti6 movimiento por la plataforma. Albemarle, para quien ya el prolongar ei sitio o levantarlo eran sin6nimos, despu6s de breve consulta con los dema6s

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58 JACOBO DE LA PEZUELA pocos minutos, en sus puestos el canitin de Arag6n D. Antonio Zubiria y D. Marcos Fort, su alf6rez; los tenientes de navio D. Andres Fonegra y don Hermenegildo Hurtado de Mendoza; los oficialos subalternos de marina D. Juan Pont6n y D. Francisco Esquerra, y los del Fijo D. Martin de la Torre y don Juan de Roca Champe, complaci'ndose la historia en recordar sus nombres al referir aquel desastre. Dlos postreros sacrificados, pero el mas ilustre, fu6 el marques Gonzalez, que antes de quedar sin vida dej6 algunos enemigos sin la suya. Ya habia espirado, y ad'n seguia su cadaver empufiando el honrado acero con la diestra y el asta del pend6n nacional con la siniestra. Gravemente heridos D Bartolom6 Montes, el teniente de navio don Juan de Lombard6n, y ya fuera de combat ciento cuarenta y seis de todas clases, fu6 cuando la guarnici6n reducida a menos de la mitad de su ndimero, y acaudillada por Ai caritin de granaderos de Arag6n D. Lorenzo Milla, iz6 bandera blanca. Keppel, despues de avenirse a sus proposiciones en terminos honrosos, se precipit6 a la sala donde curaban a Velasco. Antes que se le indicaran le reconoci6 entre los dema's por la expresi6n nob!e y guerrera de su rostro; le abraz6 y le dejo libre de pasar a curarse en la ciudad, o por los mejores cirujanos de sus tropas. D tan lastimosa suerte remato, a los cuarenta y cuatro digs de trinchera abiertA, y cuando mas nuiante se le creia, una de las defensas mas gloriosas que recuerden los fastos del pasado sig!o. Habia costado mas de mil vidas a los espaioles, y mas de tres mil a los sitiadores d castillo, en cuyos lienzos y recinto se estrellaron en anuel periodo ma's de veinte mil bombas, balas rasas y granadas. Caus6 en La Habana la p rdida del Morro una sensaci6n inexplicable; pero no reanim6 la helada sangre de los principales miembros de la Junta, ni les inspire resoluciones propias de un noble y fogoso patriotismo, las iinicas caoaces de dominar a las urgencias del aprieto. Guiados por esos imnulsos, y abiertas aiin las comunicac'ones del recinto, se pudieron fiiar sus deberes sobre cuatro incuestionab'es puntos: salvar todos los fondos del Erario; destruir con el fuego o el barreno todas las emhnrcac ones de !a escuadra; recomendar la deensa y canitulaci6n de la ciudad a las solas milicias de su casco; hostilizar

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 57 jefes, orden6 que un piquete poco numeroso se encaramase por la brecha a comprobar si el calculo de Leith era o no exacto. En efecto, lograron subir en hombros unos de otros hasta la plataforma con trabajo, pero sin ser vistos, y por consiguiente sin oposici6n de los sitiados, el teniente Carlos Forbes y unos veinte granaderos mas del Real, animindoles ademis de su valor las recompensas que les ofrecieron. Stewart se precipit6 detr"s de Forbes con las tropas destinadas al asalto, y s6lo el pinico que sobrecogi6 a la guardia de la cortadura al ver ]a cr esta del basti6n cubierta de repente de gigantes, Yes permiti6 a las agresores asaltarla sin tirar un tiro y sin perder un hombre. Sobrecogidos de espanto y de sorpresa, y hvsta sin dar la voz de alarma, los pocos marinos que la componian corrieron a descolgarse por los pescantes a la bahia arrastrando en su huida vergonzosa a los apostados en la cortadura del baluarte de Austria. Los que pudieron embarcarse en las lanchas y balsas atracadas 1legaron a la plaza sin honra, aunque con vida, y los derias perdieron ambas en las olas, prefiriendo a sacrificarse por su patria ser vil pasto del carnicero pez que las habita. Luego que los ingleses se apoderaron del baluarte y de la cortadura, lo demas dei asalto fu' un relampago. El capital de fusileros de Arag6n., D. Fernando de Pairraga, que fu6 el primero 4ue los descubrio,, se precipit6 denodadamente, con doce hombres, a defender la ranpa por donde habian de subir para penetrar en la plaza y cuarteles del castillo. No fu6 del todo inditil el sacrificio heroico de sus vidas, tras de inmolar tanbien a algunos enenigos. Al ruido de sus tiros se lanz6 Velasco con atronadora voz y espada en mano a detener el Aujo do los asaltantes con dos companiias de Arag6n y una del Fijo, ayuddndole Montes y Gonzalez. Vol6 a detenerlos ocupando las avenidas de la plaza de armas, pero a la primera dkcarga inglesa le penetr6 el pecho una bala entre los dos pulmones. Cuando postrado por la herida y el dolor lo trasladaban -, cuerpo de guardia, la sola recomendaci6n que le dictaron su despecho y la pusilanimidad de algunos de los suyos, era, "que a ningiin cobarde le confiaran la defensa del pabell6n nacional", que adin seguia ondeando. El mismo marques Gonziles fu6 el que, al escucharle, corri6 a empuliarlo para verter luego por 6l todo su sangre. Noblemente perecieron de alli, a

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 59 sin respiro al enemigo con todas las del campo y las fuerzas veteranas que adn restaban y que iban a aumentarse con socorros que de lo interior y de afuera se esperaban. Pero si alguna indicaci6n de estos partidos sali6 de la vulgar esfera, aventurada por Postigo o por Colina, por Montalvo o por Garganta, ahogironla sin discusi6n el desden o la sonrisa de los generales. Minutos no mas habian mediado entre divisar desde la plaza la sefial de socorro en el castillo y tremolar la bandera enemiga sobre sus almenas; y se redujeron las providencias de la Junta a ordenar que Caro, con la caballeria veterana y de milicias, se situara a tiro de la puerta de Tierra para proteger los aproches del recinto, y que el castillo de la Punta, donde por enfermedad de D. Manuel Briceflo, gobernaba el capitdn de fragata D. Fernando de Lortia, dirigiese sus fuegos sobre el Morro. Este jefe y los comandantes de las baterias de la Fuerza y de San Telmo obedecieron con tal empefno y tino, que a las seis de la tarde no era mis que un mont6n de escombros (A castillo que se habia perdido. Hubieron, sin embargo, de suspender.a esa hora sus descargas, porque en el atracadero de la Pastora enarbol6 una lancha seal de parlamento. Venian en ella Velasco y Montes cuidadosamente traidos a morir o salvarse entre los suyos. No presentaban sus heridas sintomas de muerte. Montes, despu6s de largo padecer, logr6 curarse. El balazo de Velasco no comprometia el pulm6n ni a las etrafias principales; pero su fiebre era tan ardiente como su desconsuleo y su delirio; se consider la extracci6n de la bala indispensable; hubo que sondear y profundizar demasiado para extra6rsela, y sobrevino a la operaci6n un tetano que a la siguiente tarde priv6 de uno de sus mas torsos adornos a la Armada. Expire a las cuatro ddl dia 31, rodeado de sus amigos y en los brazos de su joven sobrino, el alf6rez de navio D. Santiago Mufnoz de Velasco, a quien habia costado un mes antes una herida el peligroso honor de combatir junto a su tio. Sin aparatos con la situacion de la plaza incompatibles, fu6 enterrado el 10 de agosto en el convento de San Francisco; pero al hundirlo en su postrer morada resonaron a un tiempo dos descargas de dos huestes contrarias, fraternizando en un mismo sentimiento: el de respeto a un heroe que tomaba su vuelo hacia el Empireo.

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0 'ACOBO 1E LA PEZUELA Aunque una granada de Ia Punta convirtiera en pavesas un reducto de sacos y de pacas que Keppel aderezaba junto al Morro, y adn les faltara mucho para terminarse las bateias que levantaban su hermano y Mackellar en los frentes de La Cabana hacia 1a plaza, alzada esa eminencia a ciento veinte y dos pies de a superficie de las olas, y separada apenas por ci;,to cincuenta varas de Ia plaza, enfilaban los proyectiles aislados, pero repetidos, del ingles las calls de La Habana, lien ndola de espanto y ruinas. Aquel castillo y los lienzos septenfrionales del recinto, que seguia cubriendo con constancia y celo D. Pedro Castejon, tenian ademas que padecer los fuegos incesantes de las baterias, ya reforzadas, de San Lazaro y los de las bombardas de Ia escuadra. Con el solo estruendo de la arilleria se. resquebrajaba por aquclla parte la obra ins6lita y precipitada que noventa anos antes emprendio Ledesma. El enemigo, como desde un balc6n, examinaba hasta el mas ove movimiento de Ia plaza. Vi6 con frecuencia a Prado recor' ilndo los punfi as expuestos, cono para rescatar su irresol,16n y sus errores con una cualidad que no suplia en su puesto a las que le faltaban, o para que una gloriosa muerte le librase de Ia cruel responsabilidad que le esperaba. Inmolaron alguna vez a los que le seguian las granadas que reventaban a sus pies sin advertir los demas ni alteraci6n en su fisonomia. No le .alto r
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COLECCION DEL BICENTENARTO DE 1762 63 ranzados Ia orden que expidi6 la Junta el 2 para que entraran a defender la plaza las partidas de D. Fernando Herrera y del valiente Aguiar, las que con mas tes6n se consagraban a mantener sus avenidas libres. En acemilas, o como pudieron, todos se apresuraron a sacar de la ciudad sus equipajes y porci6n de efectos que anin no habian salvado. S6lo Superunda pus6 mrs de ciento sesenta mil pesos a recaudo; y no por asegurar sus intereses, como Tabares y otros miembros de la Junta, no propuso nadie forma para que se salvaran tambi6n los nacionales. Sobrepujaironlos a todos en la indiferencia por lo ajeno los direetores y gerentes de la Compafiia, tan previsora para asegurar lo que era suyo, como negligentes y tibios en extraer las existencias de sus almacenes y salvar lo perteneciente a l accionistas ausentes en Espafia. Luego de terminada una bateria de doce morteros en e Morro, Albemarle encarg6 a Elliot las operaciones de Ia derecha de la bahia, y se traslad6 en la manana del 5 al campamento de San Lazaro para extender por alli sus parakelas. Caro, que habia ocupado las lomas de Luz cuando las evacu(. Burton, intent el 5 arrojar a sus avanzadas de algunos caserios. El jerezano Bernet, con unos trescientos tiradores de milicias. consigui6 desaloiarlos con alguna perdida, aprovechando tambien algunas cuchilladaq los ocos dragones que el cansancio. !,s enfermedades y la desercidn dejaron aauel i.fe. Pero Burton reconcentr6 sus fuerzas, asom6 una nueva colunna inglesa a protegerle, y tuvo Caro que contramarchar a su anterior posici6n la misma tarde. Se prob6 con este encuentro que empezaban el miliciano y el labriego a ser soldados, pero se acredit6 tambien cue ya no podrian contrarrestar la discinlina y el valor de los sitiados al nimero excesivo de los sitiadores. No le restaban a Prado fuerzas suficientes para cubrir todas las caras del recinto. Viendo que por un lado extenrlia Albemarle su linea atrincherada por San Lazaro, y nue Elliot, reconcentrando sus trovas en su altura, terminaba todas las baterias de la Cabafia, introduio el 6 en ]a plaza las guerrillas de Bernet con seiscientos fusileros, quedando asi solos fuera de ella Mndariaga y Caro con algunos jinetes y paisanos cansados y abatidos. Para proteger al arsenal y conservar las comunicaciones abiertas por aquella parte, pas6 Colina, de orden de Ia

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62 JACOBO DE LA PEZUELA Junta, a ocupar la loma de Soto, la liamada hoy de Atares por su castillo. Se esforz6 este marino en coronarla con un cuadrilongo atrincherado con cafiones en dos dias de facna sin respiro, durante la cual ni adin al susterito de sus trabajadores se atendid, y se le rindieron de inanicidn muchos. Algunas piezas las coloc6 alli con sus propios brazos aquel montafi6s gigantesco y vigoroso. Con estas prevenciones y remontar otros caflones de la Punta, en San Telmo, el Boquete y la Fuerza en las orillas de la bahia, se lisonjeaba adn la mayoria de la Junta con la idea de que pudiese contestar la plaza con superioridad a los fuegos de la Cabana y prolongar una defensa a cuyo triunfo iban tambien a concurrir el equinoccio y los socorros que se habian pedido a tantas parts. Engafiaba a los vocales la aparente inacci'n de las principales baterias del enemigo en sus dos campos, como engafian esos dias serenos que suelen preceder a los huracanes y tormentas. El 10 de agosto habiendo dado ya la diltima mano a sus tincheras, tocaron las avanzadas de San Laizaro a parlamento, y presentose a Prado un ayudante de Albemarle, exhortandole en ncrnbre de este general a librar a la ciudad, con un convenio honroso, de los horrors de un asalto y de un saqueo, "porque tal vez no podria impedir a la tropa que sacrificara al filo de la espada a cuantos hallara con las armas en la mano". Las diez eran cuando se recibi6 y empezo a discutir en la Junta este mensaje; y ya las dos sonaban cuando contest6 el Gobernador a Albemarle con el mismo mensajero, cue sus obligaciones, heredadas y juradas de emplear en ]a defense de la plaza los esfuerzos que le dictaban el honor y la fidelidad a su soberano, no le permitian condescender con sus proposiciones: y que a'nn contaba con medios para prolongarla y esperar un feliz 6xito. Esforzada respuesta, si hubiera podido sostenerla; pero que, desmentida pronto por los hechos, s6lo fu6 ridicula, suspirando ya los sitiados por el descanso mas que por la gloria. Las avanzadas de uno y otro campo entretuvieron la tarde con un ind'til tiroteo; y la noche se pas6 tranquila. Pero con el crepd'sculo del 11 rompieron de una vez todos sus fuegos San Li'zaro, la Pastora y la Cabafia. Desde esta diltima posi

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 63 sion especialmente, diez baterias con cuarenta y cinco piezas de a veinte y cuatro y treinta y dos, y otras cuatro de treinta y dos obuses y morteros, repartidos por su falda, todo lo reducian a escombros a su frente. Desde el castillo de la Punta, se esforz6 su animoso comandante Lortia hasta los d'timos Ilimites de lo hacedero en contestarlos, pero vanamente. A las diez no se veia ya en aquel castillo ni un cani6n, ni un artillero en bateria, ni un parapeto que no fuese una ruina. Tuvieron los restos de su guarnici6n que abandonarlo. Igual aspecto presentaban una hora despues, los baluartes septentrionales del recinto, deshechos o cuarteados, done perecieron algunos de sus defensores junto a Castej6n, ciego de furia con la imposibilidad de corresponder al enemigo con igual. ofensa. Cuando vi6 desbaratadas las baterias del Boquete y de San Tclmo que tenia a su cargo y tendidos alli a muchos de sus artilleros, tambien el capitain Crell, a pesar de su firmeza, se ampar6 con los demds detras de los vecinos edificios. No qued6 viviente en pie por la orilla de la bahia. Enfilaban las balas rasas todas las calles de E. a 0. El homicida volcan de la Cabana vomitaba sin respiro sobre la ciudad metralla, carcasas, granadas, bcribas, ollas de fuego y hasta otros artificios de destruccidn, ontonces poco conocidos. Ya no se respiraba sino salitre y polvo en el recinto. Con el crujir de las techumbres, los pocos que quedaron custudinndolas, vagaban despavoridos y como sombras por sus casas. Cenizas se iba a volver La Habana entera, a no ceder luego la Junta al elocuente argumento de su ruina. Mand6 enarbolar a las dos, bandera blanca; envi6 a convenir las bases de una capitulaci6n con Albemarle al sargento mayor D. Antonio Ramirez Estenoz; y se apresur6 entonces el sitiador a suspender sus fuegos con una humanidad que ennoblecia a su triunfo. Como si no fuera mucho librar algo donde tanto se hizo por perderlo todo, sostuvo Hevia la extrafia pretension de que se le permitiera trasladarse a Espana con la escuadra, con el resto de la guarnici6n y con los fondos y propiedades del Erario. Pidi6 adn mis; que se declarase el puerto neutro hasta la paz, lo mismo que sus aguas desde el cabo de Catoche, en la costa de Campeche, hasta los arrecifes del canal y el grado 33 de latitud septentrional; que salieran libres con sus carganentos los

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64 JACOBO DE LA PEZUELA pocos buques del comercio anclados en la bahia. Se asoci6 a sus pretensiones Prado, creyendo tambi6n forjarse con ellas un escudo que los cubriera a entrambos de futuros cargos. La tenacidad con que las sostuvieron dilat6 la rendici6n mis de treinta horas, amenazando romper los tratos entablados y adln la completa destruccidn de la ciudad, que no podia ser otra la consecuencia de otro ataque semejante al del dia 11. Pero les costaba a Albemarle y Pocock muy cara la victoria para satisfacerse con la simple ocupaci6n de una bahia obstruida y de un pueblo arruinado. Se ensordecieron a proposiciones tan inadmisibles, y tanto por generosidad con los vencidos, como por dar descanso a sus huestes, se avinieron ya en las ditimas horas del dia 12 a conceder una capitulaci6n de veinte y tres articulos, cuyo resumen fue el que sigue1: Que la guarnici6n veterana de infanteria, caballeria y artitieria, saliera el 20 por la puerta de Tierra con todos los honores militares, arma al hombro, tambor batiente, bandera desplegada y dos cafnones, pudiendo conservar los generales, jefes, oficiales y soldados todos sus e. uipajes y efectos de su propiedad particular; y que los milicianos y voluntarios entregasen su armamento a los comisarios ingleses; Que la religion cat6lica quedaria mantenida sin la menor restricci6n ni impedimento, y conservadas todas las corporaciones religiosas en el pleno goce de sus derechos, rentas y atribuciones, con la reserva de que habia de ejercer el gobernador ingl&s el vicereal patronato, en lugar del espafiol, sometiendo el obispo a su aprobaci6n los nombramientos de parrocos y dema's empleados eclesi6.sticos; Que la escuadra, la artilleria, los almacenes, los caudales, los tabacos y todos los efectos pdiblicos serian entregados por inventario a los comisionados nombrados por los generales ingleses para recibirlos; Que todas las tropas de mar y tierra comprendidas en la capitulaci6n serian transportadas a Espafia a expensas del gobierno inglks; y en copsideraci6n a su edad y alta jerarquia militar quedaron autorizados el conde de Superunda, D. Diego Tabares, el marquis del Real Trasporte y D. Juan de Prado, para escoger los buques ma's c6modos, y embarcarse cuando les

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 65 conviniera con sus familias, criados, equipajes y caudales particulares; Que serian respetadas las propiedades de todos los habitantes del pais, y mantenidos en sus derechos y privilegios los que los tuvieren, permitiendose salir de la Isla por su cuenta al que quisiese, enajenando o no sus bienes; Que todos los empleados civiles que lo desearan serian trasladados a Espaia bajo las mismas condiciones que los militares, a excepcion de los que tuviesen cuentas que rendir, cuya ausencia se dilataria hasta que dejaran cubiertos sus respectivos co~mpromisos; Que a nadie se persiguiria por su conducta pasada, y que se canjearian los prisioneros de ambas partes; Que los jefes, oficiales e individuos de tropa y de marina que por sus heridas y dolencias no pudieran embarcarse, permanecerian en sus casas y en los hospitales bajo la proteccion de los ingleses, pero a expensas de un comisayio espaiol. De esta manera se rindi6 La Habana a los dos meses y seis dias de ser sitiada, y despuss de sacrificados cerca de dos mil de sus defensores, sin incluir los esclavos y los presidiarios arrebatados por la fatiga o por las balas, y no restaindola mis que unos novecientos veteranos, que, segd'n expresi6n de Hevia en su defensa"", "s6 lo por la respiraci6n se diferenciaban de los muertos". El honor militar se habia salvado, pero todos los intereses de la nacidn se habian perdido. Tan dificil es fijar con entera exactitud las p6rdidas de gente como las fuerzas que los sitiados beligeraron desde el principio del sitio hasta la rendici6n de la plaza. Por exagerar la gloria de su triunfo, las exageraron los ingleses con una indiscrecion tan desusada en ellos como impropia de la concisa exactitud con que suelen distinguirse sus relaciones militares. Pero no vacilar6i el juicioso critico entre las caprichosas conjeturas de un vencedor que para enaltecer el merito de su victoria abulta los medios que se le opusieron, y las pruebas que luego present el vencido para justificar en un procedimiento, hasta la nimiedad minuciosa e inexorable, que los recursos de la defensa habian sido harto desproporcionados a la superioridad de los que tuvo el ataque a su servicio.

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JACOBO DE LA PEZUELA ;Que mucho que divagaran al expresarla sus contrarios, cuando Prado y Hevia, incluyendo sus respectivos diarios de operaciones al dar cuenta al ministerio de todos los pormenores del asedio, tampoco concordaron completamente en el guarismo de la p6rdida! El primero la fijo en mil ochocientos diez hornbres, comprendiendo en este rm ero las bajas sufridas por Ia tropa y Ia marina, las militias, los voluntarios y los negros sacrificados, asi peleando, como en las faenas y en los hospitales, asi en las operaciones de la plaza y de su radio, como en el apresamiento de la fragata Tetis y Ia urca Fdnix, en la perdida de Ia fragata Venganza y el bergantin Marte. El segundo Ia redujo a mil muertos y unos mL quinientos heridos, de los cuales s6lo desde el 13 hasta el 27 de agosto murieron ciento siete en los hospitales. Nosotros, con deducciones de su misms diarios, fijamos el n'mero de Ios muertos en mil doscientos noventa y siete, inCluyendo a tres jefes y dieciseis oficiales de todas cases y armas. El de los heridos, aunque en Ios choques militares subif) a mil novecientos nta y nueve, deducida Ia tercera parte que imurio, qued6 en mil y trescientos trece. A las milicias aunque rnAs numerosas que la tropa veterana y gente de la escuadra, no les cupo ni una d6cima parte de la pe'rdida. R capitulemos ahora ccalesi 0eron las fuerzas defensoras que principalmente Ia sufrieron; y detallarernos despues las de los agresores. Sin deducir unos trescientos individuos postrados en los hospitales, las fuerzas veterans presentes en el radio del ataque, al principiar las operaciones, no pasaron de dos mil setecientos ochenta y un hombres. Agregaironseles despues hasta mil entre condestables, marineros y adn grumetes que se sacaron de la escuadra. Como mil negros y esclavos se reunieron, comprendiendo unos doscientos, propiedad del fisco y destinados desde antes a las obras, siendo los demais procedentes de los ingenios y fincas inmediatas a la Capital, enviados para contribuir a la comdn defensa por sus duefnos. Doscientos tripulantes tiles se salvaron al perderse en el Mariel las tripulaciones de la fragata Venganza y el paquebot Marte. Setecientos milicianos acudieron de Puerto-Principe, Villa-Clara, Santi Spiritus y San Juan de los Remedios. No Ilegaron a mil los de infanteria y caba

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 67 I1ena que permanecieron armados y disponibles un dia con otro para las operaciones exteriores. El socorro enviado por Madariaga de Saniago de Cuba no lleg6 a presentarse. Reuniendo, pues, todos los ni'meros expuestos, segregando un millar de enfermos y de heridos que constantemente hubo postrados y no podian ser combatientes, y mis de setecientos esclavos aplicados a faenas y no a lances, nos resultarin unos cinco mil hombres escasos. Este guarismo se aproxima tanto mis a la verdad, cuanto que el de los fusiles que, entre ditiles e indltiles de los veteranos de las tres armas y de las milicias, se entregaron al vencedor, no pas6 de cuatro mil, y los mil hombres mis que escasamente combatieron estaban armados con tercerolas, lanzas, chuzos y ad'n s6lo con machetes. Fueron, pues, estos cinco mil hombres escasos los que, sacrificandose hasta perecer cerca de la mitad en sesenta y siete dias de asedio, hicieron rostro a un enemigo que los abrum6 con las siguientes fuerzas: quince mil hombres de ejercito veterano y excelente, afiadiendo a los doce mil cuarenta y uno que se presentaron el 6 de junio, los tres mil que recibi6 con los refuerzos de Nueva York y de Jamaica: euatro mil peones negros y mis de quince mil tripulantes de una escuadra que contaba mil ochocientos cuarenta y dos cafnones, Ademas de otros doscientos que se desembarcaron; es decir, tres veces mayor ndmero de piezas que el de la plaza y de la escuadra unidas. El mero cotejo de los nd'meros nos prueba, que por torpemente que la dirigieran, la defensa de La Habana fu6 gloriosa para los que a ella concurrieron. Henoq eunido v con sultado detenidamente cuantas noticias de buen origen podrian esclarecer los hechos del sitio y toma de La Habana, desde el 6 de junio hasta el 13 de agosto de 1762; y el indice explicado de las principales es el que sigue: "Proceso formado de orden del Rey nuestro sefior por Ia Junta de generales que S. M. se ha dignado nombrar a este fin, sobre ta conducta qu tuvieron en Ia defensa, capitulacion, perdida y rendicion de Ia plaza de La Habana y escuadra que se hallaba en su puerto, el mariscal de campo D. Juan Prado, goberniAdor de Ia ref erida plaza; el jefe de escuadra de Real Trasporte, comandante de dicha

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88 JACOBO DE LA PEZUELA escuadra; el teniente-coronel conde de Superunda, el mariscal de campo D. Diego Tabares, el coroner D. Dionisio Sol:r, teniente rey de la plaza; el capitdn de navio D. Juan Antonio de la Colina, el coroner dcl regimiento Fijo de ella D. Alejandro de Arroyo, el coroner D. Baltasar Ricaud de Tirgales, el ingeniero en jefe, el coronel de Dragones de Edimbourgh D. Carlos Caro, comandante de las tropas del campo; el teniente-coronel D. Antonio Ramirez de Est noz, sargento mayo 4 de la plaza; el capitdn de artileria D. Jose Crell de la Hoz, y el capitdn de infanteria D. Jose Garcia Gago, secretario del gobernador y de la referida Junta de La Habana. Impreso en Madrid en virtud de real orden en la imprenta de Juan de San Martin. Afios de 1773 y 1774". Este Proceso, cuyo titulo se debi6 expresar en plural, es una reunion de los doce procesos que separadamente se formaron s6lo a los generales y jefes expresados; porque Montalvo, Castej6n, Garganta, Medina, San Vicente y otros, que por su graduacion concurrieron a algunas conferencias de la Junta, no votaron ningn'n acuerdo que les comprometiese, o no asistieron a la mayor part de sus sesiones por atender a puestos de peligro. Cada proceso consta de un detallado interrogatorio, de los documentos presentados en apoyo de sus declaraciones por los acusados, de las acusaciones fiscales y de las defensas. Las principles se hallan copiadas en la Colecci6n del Autor, nienos la de Prado, porque se public en las Mcmorias de la Sociedad Patri6tica de La Habana, ocupando las pigs. 408-443 del t. VI, correspondiente a 1838; las 5-33, 81-87, 224-227, 291-309, 352-363, 432, 433 del t. VII, y 60-68, 105-124 del t. VIII. La defensa del Real Trasporte fu6 a'nn mas larga; y de poca menor extension la de Tabares, que la complic6 con una detallada censura descriptiva de todas las fortificaciones de la plaza. Plenamente aclarados los hechos del sitio con declaraciones de testigos, con documentos a favor y en contra de los acusados, para escribir la verdad era superfluo investigarla en otra parte. Fuera del voluminoso proceso, todos los demas textos consultados, despues de hecha la debida eliminaci6n' de los errores que contienen los ingleses, s6lo sirven para ponerla mds en evidencia. Carta del marques de Real Trasporte dirigida en 8 de junio de 1762 al ministro de Marina Arriaga, dindole cuenta de las providencias que tom6 al prescntarse el armamento inglds sobre La Habana. Cop. en la Colec. del A.

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 69 de la orig. que existe en el Arch. general de Simancas. Legajos. Siglo XVIII. 1762. Cartas de D. Juan de Prado a D. Lorenzo Montalvo en 25 de junio, 27 de junio, 13 de julio y 4 de agosto de 1762.Cop. de los orig. que existian en 1853 en poder del Sr. D. Ram6n de Montalvo. Carta original y confidencial de D. Juan Antonio de la Colina a D. Lorenzo Montalvo. -Lste documento no tiene fecha, ni mas que media firma. Esta cop. en la Colec. del A. del orig. que se hallaba en poder del Sr. Montalvo. Carta de D. Pedro de Castejon a D. Lorenzo de Montalvo en 20'de junio de 1762. Id., id., id. Carta de D. Juan Ignacio de Madariaga al ministro de Marina Arriaga, dcindole cuenta de las operaciones en que se hall empleado durant3 el sitio de La Habana.Este docum., fechado en Cadiz en 26 de octubre de 1762, se halla cop. en la Colec. del A. del orig. que existe en el Arch. de Simancas. -Legs. Marina. Siglo XVIII. 1762. Carta de D. Lorenzo Montalvo al ministro Arriaga en 18 de octubre de 1762. Cop. en la Colec. del A. de la orig. del Arch. de Simancas. Marina. Siglo XVIII. 1762. Apuntes para la Historia de la Isla de Cuba. Bajo este epigrafe publican los tomos III y IV de las Memorias de la Sociedad Patri6tica de La Habana, correspondientes a 1837, tres extractos con algunas copias de los documentos oficiales de los ingleses relativos al sitio y toma de La Habana. El tomo III ocupa con esta materia desde la pig. 364 hasta la 376; y entre la 440 y la 460 inserta un Diario del sitio de La Habana, extractado del oficio original remitido al gobierno britdnico por el primer jefe comandante de ingenieros Patricio Mackellar. Acompafian a este Diario los siguientes datos oficiales: Estado de la guarnici6n del Morro el 30 de julio de 1762. Estado de los espafioles muertos, heridos, prisioneros y ahogados en el asalto del Morro. Estado de las fuerzas al mando del teniente-coronel Steward en el asalto del Morro. Relaci6n de los oficiales, sargentos, tambores, soldados y families correspondientes a la guarnici6n, de La Habana que pasaron a bordo de los buques de S. M. britdnica. El tomo IV de aquellas Memorias, entre las pigs. 4 y 20, reproduce el texto de la capitulaci6n de la plaza, ya

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70 JACOIO DE LA PEZUELA impreso en varies publicaciones; el parte official de su en trega comunicado por Lord Albemarle a' conde de Egre month en 21 de agosto de 1762, y el de Sir Jorge Pocock al secretario del Almirantazco en 19 del mismo mes, ana diendo una relacion de la distribuclon Y mov ImentOS : d las fuerzas navales ing as epu's de la tona de a plaz. seguida de las dos siguientes noticias: Relacian d los itdiuiduos mu-rtos v heridos, fallecidos por heidas y por enfermdades, y estraviados desde qu se dese rnbarc6 el ej(cito inglPs en la isla de Cuba hasta el 13 de agosto d1762. DZ'stribucio'n del botIIn de La H abana (it e--rctto &e S. m. Bjri/Kta a. Rohkxt Buatson-Natal and Miltary femo[s ol t Great BrI-in from 1727 to 1783. London. -1 8,L Entick. -Generl History of the Lae Wr. Lon, don. 1772. Turnbu ) il -in ih: W-st: Cuba. Wilfliami C'x. L'Epane so us 'es -os de la u i' o Fere dl ioisora elreinwado. d.1e Carlos II TuL I iH>7 :do ti, Conde de Fernsn-NG~ez., Meroriosdlriaod Crs IIi. (r I ta, de Ia cualI copiais, ba indoe u~a en podir de 2r. D. Antni Ferr H t r dr E-1 oD, pOr s de) tj( ,' D~. 0 o',A 14t1' n ; Armon. C".Ar t a q u n 12 di enred 1763 escribi6 un' P. Jesuita d(: La Habana er -'1rvcto i B>Onilla, de SevdIa, 0d 0l cuenrTa circn aciada 'e [a,-z ,et. e Mrias ,P --0' -. c-Ia ,aritia1e La7 Habanz, 4; VTIT Re d tl( y ca d Ia pi na por ss tgt; publicada por las m"m Oenorias V, V g pigs 352 y I75.

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CAPITULO DECIMOOCTAVO DEL TOM O II Entrega de La Habana a los ingleses. -Intitiles esfuerzos de los generales espanoles para mejorar la capitulaci6n. Demolici6n del castillo de Matanzas.Salida de los capitulados para Espafia y de la mayor parte de las fuerzas invasoras para djferentes destinos. Acusaciones contra Prado y H: eia. Fidelidad del ayuntamiento de La Habana. Deslealtad del alferez real D. Gonzalo Recio de Oquendo y del regidor D. Sebastidn de Pefialver. -Son nombrados sucesivamente tenientes gobernadores de los s!lbditos espanoles. Niegan todos los pueblos de la Isla la obediencia a Las autoridades inglesas. Honrosas comisiones de D. Lorenzo Mon Tvo y D. Nicolads Rapuin. Caudales y efectos que entregan. Masa de botin que reunen los ingleses y su desproporcionada distribuci6n. Polemica entr 1e conde de Albenarle y el obispo Morell.Firmeza del prelado. Su expulsion para la Florida. Injustas exacciones contra el clero v los propietarios. Embargo y enaj naci 'n de los condos y bienes de ausentes. Perjuicios inferidos a la Real Compafia de Comercio. -El general Gdemes en Madrid. Disposiciones del gobernador de Santiago de Cuba. Marina nacional anclada en ese puerto. Pequefia reunion de fuerzas en el de Jagua. Niicleo de resistencia en el castillo de los Angeles. El Auditor Ulloa. Contratiempos y perdidas de la marina inglesa. Debilidad de los invasores en La Habana. -Odio del pueblo contra ellos. Proyectos de D. Luis de Aguiar y otros habaneros. Disipanlos las noticias de paz. Salida de Albemarle para Inglaterra y gobierno de Sir Keppel. Libertad comercial en La Habana. Acontecimientos de la guerra en Portugal, Filipinas y Bue

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72 JACOBO DE LA PEZUELA nos Aires. Infringen la paz los ingleses en las Antillas. Excesos de Pefialver. Regreso del obispo Morell a La Habana. Primeros buques espaiol2s que fondean en este puerto. Correspondencia entre Madariaga y Keppel. Comunicacion de D. Lorenzo Montalvo sobre la destrucciorn del arsenal. En la mafiana del 14 entraron en la plaza los ingleses, con mas orden del que se esperaba de quienes habian sufrido tanto para conquistarla. Los contenian su disciplina y la promesa de un reparto igual por clases de los despojos conquistados, en lugar de un botin a mano airada. Sir Guillermo Keppel con un batalldn se posesiond de la puerta y castillo de la Punta que, aunque muy maltratado, no present brecha. Franqued'ronle aquellos puestos D. Pedro Castej6n y D. Fernando de Lortia, mientras el Teniente de Rey D. Dionisio Soler y el sargento mayor Ramirez Estenoz relevaban con ingleses los demias cuerpos de guardia. Como m1l infantes y algunas companiias de artilleria permanecieron acampando en la Cabafia y sus reductos, sin cuya ocupaci6n no se consideraban seguros los invasores en La Habana; quedando ya muy reducido su ndnmero y debiendo la escuadra dirigirse pronto a otro destino. Los restos de la guarnici6n capitulada marcharon a las 6rdenes de D. Alejandro Arroyo a acantonarse en la Chorrera y Puentes Grandes, mientras se disponia su embarque para Espana. Lo que quedaba de la fuerza de marina que para la defensa se habia sacado de la escuadra regres6 a sus buques en aquella misma mafiana, mientras se recogian las armas a los milicianos despachados para sus domicilios, aunque muchos del campo no se presentaron. El almirante Pocock y Albemarle, que entraron por la tarde en la ciudad, alojaronse con Hevia en el edificio de las dependencias de marina, el mejor entonces de la poblaci6n, aunque con injurias muy recientes de los cafnones de su nuevo hu6sped. Alli todos los recursos de repetidas conferencias y de algunos convites se apuraron por los generales espanoles para arrancar de la espansi6n del trato y de la mesa mayores ventajas que las concedidas por la capitulaci6n. Pero los dos caudillos ingleses se mantuvieron inflexibles. Nada cedieron de lo que ha

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 73 bian adquirido para su nacion, para sus tropas y su escuadra. Orden6 algunos dias despu6s Albemarle la ocupaci6n de Matanzas y de su castillo de San Severino. Pero en las postrimerias de su autoridad dej6 dispuesto Prado que su comandante el capitin D. Felipe Garcia Solis, despu6s de inutilizar su artilleria, demoliera aquella fortificaci6n haciendola volar, y se retirase a Villa-Clara con el destacamento que la guarnecia en cuanto tuviese anuncios de ser atacado. Cumplio con esta disposici6n Solis el 26, encamindindose en aquella direccion con unos cuarenta hombres del Fijo y artilleros y algunos funcionarios de la poblaci6n ademais grupos de milicianos y voluntarios que, sin saber la p6rdida de la Capital, se dirigian ad'n desde lo interior de la Isla a socorrerla. Un destacamento de doscientos ingleses que en dos fragatas acudi6 el 27 a posesionarse de Matanzas, se encontr6 a aquel fuerte demolido y abandonado el pueblo por sus principales moradores. Las lanchas armadas y algunas embarcaciones inglesos cue recorrieron en esos dias la costa intermedia entre La Habana y aquel puerto fueron rechazadas a balazos de ]a embocadura del rio de Jaruco y del surgidero de Jibacoa por campesinos y milicianos de estos sitios que, sin entrar en la Capital despu6s de su capitulaci6n, se fugaron con sus armas: desercion honrosa y bajo ningi'n aspecto censurabe. A pesar de lo que se procure abreviar la salida de los capitulados para Cddiz, hasta el 30 de agosto no pudieron emprenderla las veinte y ocho embarcaciones inglesas destinadas por el Almirante para transportarlos con bandera parlamentaria. Erin cuatro generales, site jefes del eiercito, quince de marina, diez y site capitanes, sesenta oficialcjv subalternos y ochocientos cuarenta y cinco individuos de tropa y de la escuadra, ann incluyendo en ese nrimero a muchos heridos y convalecientes, oue, al anuncidrseles la posibilidad de regresar a Espafia, saltaron de sus lechos. El dia 30 saiieren Sunerunda y Tabares solos en una fragata con sus familias, criados y equipajes. Prado y las tropas de tierra en nueve embarcaciones, y con dieciocho Hevia1 3 7 ), las planas mayores y el resto de los marinos que habia sobrevivido al desastre de la escuadra. Obligado Pocock a regresar a Inglaterra con gran parte de la suya, debiendo Augusto Keppel con otros buques trasladarse

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74 .JACOBO DE LA PEZUELA a Jamaica y sus cruceros ordinarios, y reciamada por Lord Amherst ]a restituci6n de la brigada auxiliar de Burton, fue la atencidn primera de Albemarle apresurar el reparto del botin entre unos y otros, la entrega de los caudales pertenecientes al Erario espafol, y la realizacion de los valores de los ramos de marina, hacienda y guerra mas susceptible de cambiarse brevemente por dinero. Nombrados por aquel general como comisionados para recibirlos el teniente coroner Cleveland, el comisario de guerra Kennyon y M. Durand, agiotista de Jamaica, tuvieron que cumplir con Io capitulado y entregarles los do sus cargos respectivos el comisario de marina Montalvo y el de la misma cia Rapun, que corria con las existencias de la plaza. Para abreviar su realizaci6n, enajenaron los ingleses, por contratos alzados con algunos especuladores de Jamaica y agentes de casas du Londres, todo lo que la cscuadra no podia mbarcar porque, pn uinsu sy habancros que se deshonraran co--,rando los desrojo de su propia patria, no los encontraron. Hechoc los aju ste, y realizados aceleradamente y con probada ganancia de sus tomadores, la suma total de los efec'os. vendidos y el metailico, sin contar el valor de los navios, de Ia artilleria y d imuniciones tiles de guerra, cuya propiedad era la so1 comns _acic'n del gobierno inw 1 s por sus enormes gastos en la expedicion, lleg6 a setecientas treinta y snis mil diez y nueve libras esteriinasy tres chelines; o sean tres millones cuatrocientos noventa y seis mil setenta y ocho y medio pesos espanolcs Ane e ir a res wonder de p6rdidas tan graves, anticiparonles sus vencedores a Prado y Hevia parte de su pena, presenciando Ua distribucion de lo que no supieron conservar. Cupo en aquel gran despo jo participio a veinte y ocho mil cuatrocientos cuarenta y dos ing lses, a los que concurrieron desde el principio hasta el fin a las operaciones del asedio por tierra y mar, militares y marinos, Ilegados antes y venidos luego. Albemarle y Pocock recibieron cada uno ciento veinte y dos miR seiscientas noventa y site libras esterlinas, diez chelines y seis peniques. Elliot, aunque teniente general lo mismo que el primero, percibi6 veinte y cuatro mil quinientas treinta y nueve solamente. Tocaron a cada cual de los mayores generales, o mariscales de campo, seis mil ochocientas diez y seis; a los bri

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 75 gadieres mil novecientas cuarenta y siete; a los coroneles y capitanes de navio, mil seiscientas, y a las demis clases de jefes y oficiales de tierra y de la escuadra, cuotas proporcionalmente disminuidas de grado en grado, reducidndose las de los marineros y soldados, las de los que mis habian sufrido, a cuatro libras, un chelin, ocho peniques y medio para cada uno de los 6~ltimos, a tres libras, catorce chelines y nueve peniques las de cada cual de los primeros. ;Qu6 distribuci6n! No hubo de inspirar en La Habana la codicia de los dos caudillos gran idea del espiritu de justicia de su nacion, ni del desinteres con que pudiesen gobernarla luego. D'stribuido asi el primer despojo, como la realizacidn de los demas habia de ser ma's lenta, determine Albemarle pernanecer en la ciudad hasta ultimar su liquidacion, dominando sT afin de oro a sus anhelos de retornar triunfante a Londres. Daspuss de deoembarazarse de lo, capitulados, no era necesario, para la conservacion de la plaza, la permanencia de los numerosas fuerzas navales y terrestres que apenas haban bastado -ara conquistarla. La brigade de Burton, cuyo regreso a Boston y Nueva York xga viament Lord ArnhsL, salo 6n var (s tan portes paa aqul os puertos a fines de agosto. Despu~s de encargarse de mando superior de toda Ia marina ingesa destinada A Anrica el viCalmiante Augusto Keptel, saliK para Kins ton con una part de las topas y once buques de gu'Ia centre mayores y menores el dia 13 de octubre. El ahnIirante Pocock cingl para Inglaterra cinco dis despu6s con los navios Namur, Culloden, Temple, D.?vonshire, Malborough, Infante, San G
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76 JACOBO DE LA PEZUELA La mayor parte de las demis embarcaciones, cuya gente carecia de los abrigos propios de aquellas latitudes y adin de viveres, porque nada habia previsto Pocock ni para las eventualidades naturales de tan complicada expedici6n, luego naufragaron en el canal de la Mancha, donde mas de mil hombres perecieron. El Malborough, separado del convoy a las pocas cingladuras, despues de arrojar los cafiones y adn las anclas, se anegaba el 29 de noviembre, cuando no lejos de las Azores, salv6 a sus tripulantes la fragata inglesa Antelope, falleciendo dos dias despues el mariscal de campo Lafaussille de enfermedad. Pocock, con el Namur, que habia perdido tambien doscientos hombres en la trevesia, no pudo arribar a Spithead hasta el 13 de enero de 1763. Daspues de la salida de Keppel y Pocock, las fuerzas inglesas de La Habana quedaron reducidas(38) a siete navios y menos de cinco mil hombres de todas armas, y de estos la mitad postrados por sus males. El ordenador D. Lorenzo Montalvo, que permaneci6 en la plaza de orden de Hevia para hacer la entrega de los buques"" y efectos, que, con arreglo a la capitulaci6n, pertenecian al vencedor, avis6 reservadamente al ministro de Marina Arriaga que, si en tan buena oportunidad se presentaran ocho o diez buques espafioles con dos o tres mil hombres de desembarco, la recuperaci6n de La Habana seria obrq de contadas horas. Despu&s de una larga y penosa travesia, hasta el 22 de octubre no Ilegaron a CAdiz Prado y Hevia, permitiendo ese retardo que les precediesen en la Corte acusaciones, verdaderas unas, falsas otras, y tremendas todas. Hasta un prelado4 0 ", entre sus muchas virtudes no exento de pasiones, hasta las primeras danas"1 de una poblacion, donde tan indulgentes y benignas fueron sicmpre, achacaron, creyendo cumplir con un deber patri6tico, a la incapacidad de dos solos individuos una catAstrofe originalmente ocasionada por la imprevisi6n del Gobierno, por la superioridad de la invasion, y por la inferioridad de los medios de defense. Muchas sefnoras de La Habana, por influencia de la marqueza Jdstiz de Santa Ana, a cuyo esposo, el contador de este apellido, habia premiado el Rey con aouel titulo, representaron a la reina madre dofia Isabel de Farnesio, que la p6rdida de su ciudad natal era debida a los

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE I762 77 desdenes de Prado por las ideas y ofrecimientos de los naturales. El obispo Morell de Santa Cruz expuso amargamente, que para 1a capitulaci6n no habia contado aquel gobernador con el, sin recordar que estaba ausente cuando tuvo que aceptarla bajo la presi6n de un vivo cafnoneo y por evitar la destriicci6n del pueblo. Fue adn mas sorprendente que al Ayuntamiento (42), cuyos miembros en la maiana del 11 reclamaron de Prado que aceptara la ley del vencedor, como dinica salvaci6n en tan cruel trance, se quejase tambien al Rey, en 26 de octubre, de que aquel gobernador y la Junta de Guerra hubiesen entregado la ciudad al enemigo sin consulta ni acuerdo de su municipio. Como si hubiera dado el caf6n ingl6s lugar para consultas y estuviera tampoco reunido entonces aquel cuerpo para consultarlo. Cuatro de sus miembros, por sus achaques y sus afnos, habian tenido que refugiarse en sus haciendas: el alcalde D. Pedro Santa Cruz, el alferez real D. Gonzalo Recio de Oquendo, los regidores D. Sebastian de Pefialver y D. Jos6 Cipriano de la Luz. El alguacil mayor y alcalde D. Pedro Calvo, los regidores D. Jos6 F6lix de Arrate, el autor de La Lave de Indias, aunque ya anciano y doliente, su sobrino D. F6lix de Acosta, permanecieron dentro del recinto, mientras dur6 el sitio, fatigosamente dedicados a la distribuci6n de viveres, y al surtido y cuidado de los hospitales. El regidor conde de Casa Bayona habia ejercido el cargo de teninte coronel de las compafnias de milicias cue la guarnecieron. Su hermano don Laureano Chac~n y D. Luis de Aguiar, como vimos, pasaron con las armas en la mano en campana todo el tiempo. El alcalde de la Santa Hermandad, D. Jacinto Barreto, estuvo desempefiando con nombramiento de Prado el cargo de preboste y perseguidor de malhechores fuera de la plaza. Luego, diseminados asi sus individuos, nunca habia podido durante el asedio aquella corporaci6n constituirse para deliberar; y estando dispersada, ocioso fuera tampoco consultarla cuando el brazo militar tenia que dominarlo y resolverlo todo. Habia cometido Prado desaciertos grandes como jefe superior de la defensa y de las armas; pero los tiros que luego sufri6 todavia fueron mayores. Acusaronle de haberse reservado para si gruesas sumas del Erario; y a su arribo a Cadiz( 4 3

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JACOBO DE LA PEZUELA algunos comerciantes, con la esperanza de justificar despues tan negro cargo, le espiaron hasta en su misma posada los menores pasos. Interpretaron maliciosamente hasta sus actos ma's vulgares y privados. Da md's hidalga suerte ostent6 despue's el cuerpo municipal de La Habana su amor a la Metr6poli. Citado el 8 de septiembre a cabildo extraordinario, y entrando en la casa consistorial entre las filas de una companfia de granaderos y entre las centinelas colocadas en las puertas y hasta en la sala de sesiones, no le sobrecogieron estos aparatos. Por gran reserva que sobre el objeto de la convocaci6n hasta alli hubiese guardado el general ingles que, detra's de ellos, entr6 resplandeciente con sus insignias y veneras, lo adivinaron los municipales, cuyo patriotismo no decay ante aquellos preludios de violencia. Albemarle abri6 la discu si6n con un discurso que explico el interpreted D. Miguel Brito, declarando al ayuntamiento que conquistada la ciudad por las armas del rey Jorge III, 6ste era ya el verdadero soberano a quien debian jurar obediencia y vasallaje. A esta exigencia, un destello de altivez nacional brilb6 en Los rostros de los regidores 144 y una intrepida voz se alz6 al instant a interpretar sus sentimientos: Milord, -exclam6 el alcalde D. Pedro Snta Cruz somos espafioles y no podemos sePr ingleses: disp ed de nuestros, bienes, sacrificed nuestras vidas antes que exigirnos juramento de vasallaje a un princip: p ra nosotros extranjero. Vasallos por nuestro nacimiento y nuestra obligacivn jurada del senor D. Carlo, II, Pey de Espana, 6se es nuestro legitimo morc y no podi mos sin sr perjuros jurar a otro. Loarticulos de la c:pitulacin de esta ciudad no os autori:an legalmente mns que a reclamcar de nosotros una obediencia pasiva, y 'sa, ahora os la prometemos de nuevo y sabremos observarla. Por decidido que fuera el Conde a la sesi6n a conseguir su objeto, hallaron tan nobles sentimientos secreto eco en el pecho del magnate ingles, que alli representaba a tan gran pueblo. Dej6 libres de jurar o no jurar a los municipals; y las palabras de Santa Cruz luego se escribieron en el acta de aquella sesi6n celebre. La pigina, mugrienta ya, que las recuerda en los libros del ayuntamiento de La Habana, brilla como la mas

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 79 gloriosa de su historia. Hasta dos regidores que se desentendian ya con su conducta de tan patri6tica protesta, se adhirieron al voto de los otros, si no con los deseos, a lo menos con las firmas. Estos eran el alferez real D. Gonzalo Recio de Oquendo< 4 5 propietario del rico mayorazgo de su nombre, y aquel D. Sebastiin de Pefialver Angulo (", que de tanto patriotismo blasono treinta y cinco anos antes en el Ayuntamiento al encomiar .a conducta del gobernador Mirtinez de la Vega y sus preparativos contra los ingleses. Despues de tomada la ciudad, en su estrecho entender se imagine el primero que, como en Jamaica, Shabla de perpetuar en Cuba la bandera inglesa; y por gacon sus nuevos metropolitanos un prestigio que nunca consigui6 con los antiguos, ni aun con su rigez. no sinti6 'Cripulo en mudar de nacionalidad. Aunque ms perspicaz, habbia incurrido Pealver"' en el mismo error sobre la perpetuidad del domino ingl s en la Isla, como si la politica, los fines y los tiempos fueron ahora iguales a los de la epoca en que se apoder6 el famoso Cromwell de Jamaica. Anciano inquieto y dominante, Pefiatver fu6 el que rimero se esmer6 de-de el mismo dia 14 de agosto en prodigar a Albemarle y a sus hermanos Augusto y Guillermo Keppel los a rntamientos ma's oficiosos y services. Adem7s de miras r-mo Las de Oquendo, le guiaban para mendigar su protecci6n vivos deseos de satisfacer R.encores personales y rem ediar atraae si casa, ocasionados por sus desaciertos. Damostr6 a 4" -evti e las ventajas (ue podia sacar de su experiencia de hombres y cosas en La Habana, y vi6 su fin cumplido recibiendo en 31 de agosto un nombramiento de tEniCnte gobera dor de los espanoles, que ponia en sus rn Ia Idmnnistra66)n de justicia y el gobierno civil de la ciudad. En cuanto a justicia ordinaria no hubo apenas otra que ka de los alcaldes en los primeros dias siguientes a la entrada de los vencedores a cuya ley no quiso someterse el honrado auditor de guerra Ulloa( 8 ) fugaindose al castillo de Jagua, y tambien el asesor del gobierno politico D. Francisco L6pez d6 Gamarra, no pudiendo por sus achaques regresar a Espanfa con los capitulados, renunci6 a su cargo para no ejercerlo bajo el yugo de los extranjeros.

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80 JACOBO DE LA PEZUELA No le duro entonce sin embargo, a Penalver su anhelada comisi6n mas que ocho dias. Habifndole ordenado Albemarle que oficiara a todos los pueblos de la Isla intimandoles que se sometieran al poder dominador do la capital, por conocer la inutilidad de un encargo tan odioso, o porque su hijo D. Gabriel, y ad-n Gamarra, le disuadieran de cumplirlo, se lo nfir* aquel general, con la tenencia de gobierno, el dia 8 de septiernbre a su rival en deslealtades D. Gonzalo Recio, aunque sin excluir a D. Sebastian de su privanza. D 3spachaironse las circulares a los pueblos: mas no solo los distantes del territorio comprendido en la capitulacion, sino hasta los inmediatos a la capital, las contestaron con desprecio"" fugindose los municipales de Santa Maria del Rosario y Bejucal. Por lo arduos y comprometidos eran harto honrosos para renunciarlos los encargos que despues do la rendicidn habian acep-tado noblemente el ordenador de marina D. Lorenzo Montalvo y el comisario de guerra y factor de tabacos D, Nicolas Jos" Rapun. Permanecieron en La Habana para cuidar de un millar de militares, marinos y milicianos heridos y enfermos, postrados entonces en los hospitales, y para entregar, como se dijo, las existencias metalicas, la escuadra, la artilleria, el armamerto y los almacenes de municiones y efectos pertenecientes a la nacien, deber bien doloroso que les imnedia el articulo cv 'rto de ]a capitulaci6n. Solo entregaron ambos lo vue absolrt-mente no nudieron preservar del noder de los dominadores. RWpun traslad6 al del comisionado Cleveland seiscientos siete mil y cincuenta pesos en metalico; y Montalvo50) novecientos veinte y nueve mil trescientos treinta y cuatro, pertenecientes a los ramos de marinas, juntamente con los bunus y las existenc&s de loalmacenes de tierra y del arsenal bajo los invenrios mvIs prolijos. Pero ni con la parte de le6n que se habia apropiado. en el botin hfh'a ouedado s2tisfecha la co~-l;c; de Albemarle, excitindosela los interesados en satisfacer tambien la suya. En esa debilidad del general in4l6s hall arbitrio Pefialver para reconquistar la tenencia de gobierno ejercida por su comnetidor Re7io de 0,uendo. De entre los naturales v peninsulares, los solos que privaran en la intimidad del Conde eran ellos dos y un D.

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 81 Pedro Estrada, hombre de viso y de caudal, que sin aspirar a cargos pdblicos, se procure acomodar con el dominador para librarse de los vejamenes que afligirian a un pueblo conquistado. Aunque fuera Estrada amigo y consultor de Oquendo, le inicid Pefialver tanto a 6l como al brigadier Sir Francis Grant en el proyecto de una exaccion extraordinaria sobre el estado civil y el eclesiastico, que con la sarci'stica calificaci6n de "donativo voluntario" duplicase a Albemarle la enorme suma que se habia reservado en el reparto. Una promesa de pronta reposici6n en aquel cargo, que luego se le cumpli6 en primero del siguiente enero, fu6 la primera recompensa de su pensamiento. Los medios de allanar los obstaculos que se opusieran a su realizaci6n pronto se discurrieron. La presencia del obispo Morell era -l mayor de todos. Garantizada al estado eclesiastico en tres articulos de la capitulaciorn la plenitud de sus goces y derechos, Morell, tranquilo por su clero, s' limitaba a censurar las novedades que introducia el conquistador. Pero, o porque se arrepintiera de aeuellas concesiones, o le aconsejasen que no las respetara, o por considerar a los eclesidsticos ma's ricos que a los de otras clases, decidi6 imponerles Albemarle mayores cargas. Las hostilidades contra el Clero empe ,aron presentindose al Obispo el teniente coronel y cornisario Cleveland con una orden para que e mandase entregar las campanas de todas las iglesias y conventos, como gaje usual de los artilleros en las plazas tomadas en compafia, aplicando maliciosamente este caricter a una ciud:Jld ocupada despu6s de una capitulaci6n ritual y escrita. Descendi6 el Obispo entonces de censor a suplicante para poderles rescatar por diez mil pesos, abonados el mismo dia a prorata por las comunidades y parroquias; porque nunca existia en su casa mds moneda que la indispensable para los mas modestos gastos, absorbiendole casi todos sus ingresos los pobres, los hospitales y las fLbricas de las iglesias. Pero no habian de limitarse a aquella cantidad las exigencias contra el Clero. Resuelta ya la indicada exaccion extraordinaria contra el estado civil y el eclesid"tico, orden6 Albem'vrle a Morell que le remitiese brevemente listas y noticias de todos los cl6rigos y de sus beneficios, rentas, censos y demd's ingresos

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2IJAC9BO DE LA PEZUELA de la didesis. Le exigi6 tambi n que destinara un templo para el culto y practices religiosas de sus tropas. Sornetiendo su indignaci6n a su impotencia, se esforz6 el Prelado en conjurar la tempestad con cartas, argumentos, citas de sagrados textos, para el protestante Alb.-marle sin fuerza alguna. Termin6 este general su polemica epistolar con el Oibspo intmandole obediencia ab oluta a sus mandatos; y como si descubriYra el fire Morell en el tfrmino de su on osici6n la palma del martirio, no sod.o le nego al in ,s las listas y noticias de las rentas, sino el templo que solicito rma su culto. Habria rreferido el 6timo suplicio a consentir la profanaci6n de ninguna (ns de Dios, y a revelar "a los herejes" los haberes de los eclesidticos para que se los arrebatasen despu6s con exacciones calculadas. Su presencia en La Habana, como queda dicho, era el obstaculo mas serio para realizar el meditado derrame sobre el Clero; se conto con que su neativa facilitaria pronto pretexto para casti rsela con una orden de destierro, y le sinific Albemarle que se trasladase inmediatamente a la Florida, hacicndole prevenir embarcacicn. Pero desestim6 Morell la orden, respondiendo verbalrnente que en lo spiritual no reconocia mi's superior que al Santo Padre, ni otro en lo temporal que a rey de Espafna. Ah-adi6, sin embarfo, "que estaba su miserable cuerpo a la disposici6n de los herejes"; torque a los ingleses no les designaba jamais de otra manera. Pens6o Albemarle ahorcarle, en sus primeros inpetus; pero Sir Keppel y Penalver le suavizaron, disuadiendole de un atentado que para siempre enajenaria al dominio ingl's 1a voluntad del pueblo. El dia 13 de noviembre, como a las seis de la manana, un piquete de granaderos cerc6 la casa del Obispo, y con una parte de la tropa se introdujo el oficial ingl6s que lo mandaba en el aposento mismo del prelado,desde el cual, segun testimonio de un jesuita que presenci6 el hecho, le bajaron cargado en su silla hasta la puerta, sin dejarlo acabar de desayunarse, ni tomar mas quo su anillo y un crucifijo. De alli lo condujeron a bordo de una fragata, que sali6 por la tarde para la Florida. Con la consternaci6n de la ciudad al divulgarse tan infausta noticia, el cabildo y todos los prelados se juntaron inmediatamente,

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COLECCION DEL BICENTENARIG DE 1762 83 y fueron de ncuerdo a slplicar a S. E. de tan scvera determinacion; pero se mantuvo inexorable, y s6ko le permiid llevar algo de su equipJe y dos de sus faiillares. El vicario D. Santiago Jose de Echeverria, que por la ausencia del Obispo se encarg6 del gobierno diocesano, se resign a las ordenes de Albemarle, aunque bajo protesta reservada, entregando las listas y los estados exigidos a Morell. Sobre esos documentos calcularon y formaron los autores del proyecto, con (.1 nmbre de "voluntaria", una exaccion forzosa de cien mil pesos sobre el Clero. "Encarg6se Penalver de realizarla con una violencia", escribi6 luego Morell en carta al ministerio, "indigna de un caballero espanol y cristiano, que no perdon6 i individuo, desde el primer cura hasta el Itimno monaguillo". A pesar de sus esfuerzos no paso de setenta rmil pesos la suma recogida; pero el comisionado llev6 la villan a hasta reservarse para si mismo una tercera parte, no entregando al general ingles" sino las dos restantes. Otra derrama "" mayor, y no menos arbitmri, aunque mas flevadeia, por ser mas los que habian de soportarla, fu6 la que se impuso al estado civil con violencias y desigualdades irritantes en la distribuci6n. Un testimonio no menos autorizado que el de Morell nos acredita que Pfialver, tomando La representaei6n de los notables de La Habana sin su anuencia, y an sin consultarlos, habia ofrecido a Albemarle un segundo donativo mas considerable que el del Clero; que despuis de resuelta la exacci'n, los convoc6 a su casa en junta para acordar con ellos su guarismo; y que Oquendo, su rival en complacencias con el dominador, solicit y loo'r6 del general ingl6s la humiflantn preferencia de realizar los doscientos mil pesos en que se fijo, sin escrupulizar en las formas, ni en los medios. Si por la letra de la capitulacion se sujetaron los inwleses a respetar los bienes de los residents en La Habana, sin esfuerzo le persuadieron a Albemarle que podian exceptuarse de esa concesi6n los fondos, efectos y creditos de los interesados ausentes en Espafia. Halag6 al Conde la perspective del arbitrio, y autoriz6 a Pefialver para que averiguase los valores que les perteneciesen, publicando al mismo tiempo un bando en que se prescribia a sus tenedores que los declarasen y los entregaran

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84 JACOBO DE LA PEZUELA en un termino breve. Asi resultaron ser dos las exacciones pecuniarias del estado civil; 6sta, que debia ser mucho mis valiosa, y el ilamado "donativo voluntario". Aunque aparentando siempre ceder a la violencia para cumplir con esas comisiones, Penalver convoc6 varias veces a los principales interesados a su domicilio; y despues de multiplicadas discusiones y protestas, se fijaron los dias en que se habian de realizar las dos derramas. De cuatrocientos mil pesos que les exigieron al principio, lograron los contribuyentes reducirlos a doscientos treinta mil, pero abonindole ademis veinte y siete mil para 6l, porque lograra esa rebaja. Como si se opusiera lo capitulado a que corriesen una misma suerte los intereses particulares de una asociaci6n commercial, sin distinci6n de ausentes y presentes, se puso desde luego en practica, con respecto a la Compafija de Comercio, la ejecuci6n del proyecto de despojar a los primeros. Esta nueva exaccin, mas inicua aun que las otras, ocasion6 luego la ruina de aquella sociedad en el apogeo de su opulencia. Antes de entrar en la plaza el enemigo, los directores y los accionistas presentes en La Habana tuvieron la previsi6n de trasladar a Managua, donde se hallaba entonces Madariaga con alguna fuerza, trescientos veinte y dos mil pesos que tenian en caja. Llevaron e tambien de los almicenes los valores y efectos mis portaitiles. Pero todos los demis, incluyendo azkares, tabacos, palos de tinte, dos fragatas ancladas en la bahia y un valioso acopio de ferreteria, se entregaron luego a Pefialver y a otros comisionados de Albemarle, que realizaron por ellos, ad'n vendidndolos a los mismos especuladores ingleses de Jamaica por un valor minimo alzado, muy cerca de un mill6n de pesos. De tan fuerte suma, una tercera parte se distribuy6 entre sus cobradores, y se aplicaron las demas at cuarto y quinto dividendo de la masa general del botin que dejamos indicada. No discurri6ndose pretexto para desnojar de su propiedad a los accionistas comprendidos en la caritulacion, independientemente del numerario que tenian salvado, se les abon6 su parte en ropas y tejidos, pero con la forzosa condici6n de que completaran en dinero los demas valores computados a las considerables existencias que conservaban los almacenes de esos generos. Para salvar el que representaban sus acciones respectivas, tuvieron que resignarse a esa

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 85 medida extrema. Pefialver, como accionista, de los fundadores, se hallaba tan impuesto de sus balances y detalles que s6lo se podia e udir su intervencidn comprando su silencio'. S n fijarse en las violencias que trabajaron a los de La Habana, un grito unanime de desesperaci6n sali6 de los mercados de Cadiz y Sevilla, al saberse en esas plazas que, asociados los peninsulares a la Compania para compartir con los accionistas ultramarinos sus ganancias y sus perdidas, se habian asegurado estos las primeras, reservandoles a ellos solamente las segundas. Representaban los de Espaia cerca de las dos terceras paf;es del capital social; las existencias que alli tenian en su roder istaban mucho de alcanzar al valor de sus acciohes; ,-sjendieron sus pagos varias casas de ambas plazas; se precipItaron algunas de la riqueza en la miseria; y achacando toda su desgracia a la desidia y al egoismo de IQs directores de La Habana, suscitdronles en el Consejo de Indias uno de los m'Ps Irgos e inntiles litigios que guarden los archivos. De los libados en aquel despojo fue el octogenario conde de Revi GAo, Gemes Horcasitas, el mas activo fundador de la Ci~a, que aun vivia en la corte, ya elevado a la 6Itima 1gd miitar y en otros altos puestos. Los anlos no le impidiern sr el apoyo mis activo de los accionistas espanoles y arms adelante a rendir cuentas a los de La Habana. Ref cilaose luego el obispo Morell a que los manejos de Pe-alver y Oquendo hicieron mis odiosos los despojos de los ausen.es, y aun de los rresentes, ordenados por Albemarle, se erresaba en estos terminos: Asegurose por los mismos ingleses que el Conde estaba wen al cabo de estos provechos, pero que los sufria, a true,ue de que se le facilitasen 1os suyos por un agente ha1 il de la misma nacion de done habia de salirl ". De otra comisi6n tan repugnante como la que acabamos de indiuar se apoder6 tambien Pefnalver a medias con Oquendo: la de averiguar el paradero de los esclavos, bueyes, maderas y otros efectos de las fortificaciones y del arsenal que no se descubrieron por la ciudad despu2s de la capitulaci6n, habindolos Montalvo" )' y Rapun ( con exquisita diligencia puesto en salvo en varios ingenios y parajes apartados. Pero para que no

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86 JACOBO DE LA PEZUELA resultaran sus gestiones infructuosas, el comisionado extendio sus desafueros hasta apoderarse, despreciando las protestas de los dos, de alg'nn ganado y various acopios de madera de construcci6n que tenian en su poder los contratistas del arsenal A'nn tendremos que hablar mas adelante de los infelices Pefialver y Ouendo. Invirtiendo algi n tanto el orden cronoldgi co, ret oedamo a indicar ahora cudi era el estado military de Santiao y de su terr*torio al desplomarse el poder ingles sobre La Tabana, y las disposiciones de su gobernador durante la deiensa y s pucs -e la iendici6n de la capital. Meses despues de reforzarse a mediados de '1761, co hado tan contrario, la escuadra de La Habana, record el ministerio la importancia que en la anterior guerra habian dado a aquel territorio los ingleses, y des tac6 desde el Ferrol a estacionarse en el puerto de Santiago una division naval a cargo del capital de navio D. Juan Benito Erazun, que alli falleci6 en V de junio de 1762, reemplazaindole el de la misma clause D. Jose de Aguirre. Se componia esa division, que habia dejado refuerzos en Santo Dom*ngo y otros puntoc, de los navios de guerra Monarca, Galicia, Arrogante, bergantin Tdrtaro y jabeque Galgo. El Manarca habia varado al entrar en la bahia, maltratandose de forma que no pudo untilizarse ni al sobrevenir las hostilidades, ni mientras duraron. Llegaron esos buques con abundancia de armamento, municiones y pertrechoque aprovech5 Madariaga con presteza para abastecer sus fortalezas y completar su artiileria. Pero, por desgracia, en junio de 1762, no llegaba a ouinientos hombres toda la fuerza veterana rerartida en la jurisdicci6n, habiendo arrebatado mis de trescientos las enfermedades en altunos meses. Cuando La Habana fu6 embestida, s6lo contaba Madariaga en Santiago'"" doscientos noventa y un hombres, inclusos los oficiales, v compuestos de ochenta y cinco del Fijo, veinte y custro de artilleria, seis dragones montados y ciento setenta y seis r'el seoundo batall6n de Arag6n. A] exigirle Prado refuerzos con la urgencia que lo critico de su estado nrescribia. amuel gobernador. aunque doliente siempre en arluel clima insalubre, cumplio con afdmn su doble obligaci6n de sdbdito y amigo. Puso sore las armas a todas las milicias; reclam6 prontos socorros de la Espa

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 87 fiola y Puerto Rico, de M. de Bory, gobernador de la parte francesa de Santo Domingo, y de M. de Blenac, comandante de las fuerzas navales. Antes de recibir los pocos que le enviaron, se apresur6 a destacar, con el navio Arrogante, a la bahia de Jagua, para que desde alli por tierra continuaran a La Habana a cargo del capitin don Vicente de Jn'stiz, doscientos cuarenta y ocho hombres casi todos veteranos, menos los artilleos, ya harto insuficientes para el servicio de las fortificaciones de Santiago. A ese corto destacamento agreg6 Aguirre unos cien individuos mas de tropa de marina, trees mil fusiles con sus bayonetas y considerable porci6n de p6lvora y de balas. Despu's tambien salieron de Santiago sucesivamente para la misma hahia y con igual d stino el bergantin de guerra Tartaro, el jabeque Galgo y el navio Galicia, con tres compafijas de infanteria de marina, doscientos cuarenta y nueve hombres de Arag6n, algurios dragons y nuevos repuestos, h1biendose recogido todos los destacamentos veteranos distribuidos en aquel extenso territorio. Luego, esos auxilios fueron mis perjudiciales que tiles, porque con su ausencia qued6 en descubierto el segundo punto militar de la Isla, y no alcanzaron a imnedir el desastre del primero. Sin embargo, designada ]a bahia de Jagua vor Prado como punto de arribo para los refuerzos pedidos q Santiago, Santo Domingo y Puerto Rico, natural fu6 que, no igegando a tiempo a su destino, y antes de recibir 6rdenes para retroceder al de su procedencia, se hiciesen alli firms. Dospus que canitulo la Capital, se reforzaron las fortificaciones del castillo de aquel puerto con trincheras y reducto7 exteriores; y a su abrigo se form entonces aquella primera base de resistencia en oue aroyar mas adelante la que se organizara en el pais contra los invasores. Ese proyecto sustentbanlo con calor el comandante del navio Arrogante, D. Aleo Gutierrez de Rvibalcaba, el de la fuerza expedic'onaria, Jtistiz, y el animoso D. Martin de Ulloa, correspondidndose para realizarlo con Montalvo, Ramun y el entusiasta Aguiar, que, con otros fields habane-os, combinaba en la Canital una reaccion muy semeiante a un delirio generoso. Reunieronse entre aquel punto y Villa-Clara como mil y ouinientos combatientes, en gran part milicianos. Pero recelando Madariaga que intentara el enemigo completar la conouista de la Isla con la de Santiago, hizo regresar a 6sta algunas de las fuerzas desta

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88 JACOBO DE LA PEZUELA cadas, y con unos quinientos hombres de refuerzos franceses y espanoles que recibi6 de Santo Domingo, con unos dos mil milicianos mis que pudo armar, se puso a cubierto contra todo evento. Como primer representante entonces del poder nacional en el pais, dirigi6 repetidas circulares a los pueblos para que ninguno, ni amn los comprendidos en la capitulaci6n de la Capital, reconocleran el domino ingiss, ni obedeciesen sus mandatos, so pena de incurrir en el delito de traici6n y merecer los diltimos castigos. En todas partes fueron esas 6rdenes cumiplidas con una espontaneidad tal que ni fue on necesarias. Pero al odio de los habitantes y a !as precauciones de Madariaga se unieron otras causes para retraer a ingkes de hostilidades. Ya vimos que se habia restituido la brigada de Burton a Nueva York en donde la crudeza del invierno se ensafid con tal rigor en soldados ya enfermos y abatides, que fligaron muy pocos a la primavera; que Pocock habla vuCeto a Inglaterra con la m ayor part de la escuadra, y que tambi6n eA contra-almirante Ke14el so Jrbia dirigido a Jamaica con casi todas las demis fuerzas navales. Al general conquistador y a su hermano y sucesor Keppel, arenas les quedaron trees mil hombres disponibles para conservar la posesi6n de la Capital de ha Isla. D spues de la toma de Ia plaza siguieron diezmando a los ingleses sus excesos, el vomito y las fiebres. Se circunscribia la extension de su conquista en la Isla al territorio solo que pisaban, al escaso radio de su capital y al de algunos barmacones junto a San Severino de Matanzas. El odio popular se pronunciaba contra ellos en todas ocasiones; y para evitar los frecuentes asesinatos y reyertas, prohibit Keppel bajo several penas"" a las cases de tropa la entrada en los expendios de licor y pulperias, y a los duenos de esos establecimientos analogos a los que se Ilaman tabernas en Espana, que vendiesen bebidas ni licores a a sus marineros y soldados. Ocurrieron tambien no pocos envenenamientos. Los "guajiros", vendedores de leche, solian empozonarla con el acre jugo de la planta que se conoce vulgarmente con el nombre de "pifidn" en la Isla y hasta en la infamia del medio rebosaba, aunque para deshonrarlo, el sentimiento de amor a Espafia y de aversion a los dominadores de la plaza. Prob6seles ese delito a dos islefnos de Canarias. Uno de ellos logr6

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 89 limarse los grillos y escaparse. El otro, ilamado Jose Notario, expi6 en la horca su delito. Siendo las sefiales del espiritu de la poblaci6n tan evidentes como la disminuci6n continua de las filas de Ia guarnicion inglesa, nacieron naturalmente pensamientos de reaccidn en las cabezas mas determinadas; y aspiraba Aguiar a ser para su pueblo natal un nuevo Pr6cida que, con otras visperas, librase de extranjeros a La Habana, como a Palermo aquel patricio insigne. Se concerto con el brigadier D. Pedro Alonso, a quien ;us males impidieron trasladarse a Cadiz, con D. Agustin de Cirdenas Velez de Guevara, D. Tomas de JL urgu. D. Dv:Afno-o Veitia, D. Jose Vertiz Verea, D. Manuel Garcia Barreras, D. Laureano Chacdn y otros leales residentes, para sorprender y degohjar en una noche dada a las guardias y a'nn a Ia demas tropa ines en sus alojamientos. Un comisionado suyo, despues de corunicar el proyecto en Jagua a Ulloa y solic.tar prontos auxilios. En 1a de Cardenas y algunas otras casas seguras se escondieron arrmas. Pero temerosos los conspiradores de excitar soshas, las 1rasladaron despues a lugares menos aparentes. No lo eo -jaron de inspirArelas a Albemarit que, cuian nos I recelaban, hizo sorprender y registrar una noche a las dos de 1a madrugada el domicilio de D. Agustin, confiando esa comision a su mismo secretario, el coronel Hale ". Afortunadamente hacia tires dias que habian trasladado a otro lugar las annas; y s61o haHl6 Hale condescendencia y scicnidad en aquel patriclo, que desde entonces so supo insinuar con aquel jefe y adn atraerle sin esfuerzo a ser su huesped. Le bastaron pocos dias para granjearse su confianza y averiguar por su conducto cuanto convenia para que Ia marcha y el fin de la Conspiracion no fracasaran. La debilidad del invasor, el patri6tico sentido de la poblacion, y !a aparici6n de otro jefe de un valor como el de Aguiar, pero de mas pericia, presagiaba su cercano triunfo. Era 6ste el brigadier marqu Is de Casa Cagigal que, al dirigirse de Veracruz a relevar en Santiago a Madariaga, habia sido apresa 1 o con el buque que le traja y aport6 en La Habana como pr'sionero aunque se le di6 toda la plaza por arresto. Rapun, Montalvo y los comerciantes Veitia y Vertiz con lban ya con los recursos necesarios para estipendiar la reacci6n, cuando una no

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90 JACO3O DE LA PEZUELA ticia inesperada, apagando de repente el entusiasmo de los conjurados, tranquilizd instantaneamente los inimos de todos. SUpo-e que en 22 de noviembre se habian firmado los preliminares de un tratado de paz, con el cuial y sin reconquistar con las armas su naturAlidad podia La Habana seguir siendo Cp aola. No tardaron en ser ratificados en Versalles el 10 de febreroy entones resat6 la Espana a tan iel pueblo. CeTdo6en compen'sac on a a Ing; aerra sus inutiles y r-mosos presidios de Florida y los territorios L,1E. y al 0. del Aisi ipp pero recibiendo de la Francia, como una indemnizacion de esta supuesta perdida todo el de. la Luisiana, que mas al sur fecinda aquel gran rio, y en cuya embocadura se alzaba Nueva Oreans. su cabecera. Conocidos kos Preliminares de la paL, y depues de recoger o asegurar su enorm. part en los despojos de La Habana, los objetos de la permanencia de Albemarle nuedaban ya cumplidos. S2e ebarc6 para Inolaterra en el navio Rippon en 22 de enero de 1763, dejando el mano de las tropas que re-taban en la plaza a sii herm no sir Guillermo Keppel, promovido poco desples a teniente general. Fuel el ereso a Londres del general en jefe tan feliz como el de Pocock habia sido desgracindo. Su triunfo elevaba en Inlaterra su reputac 6n militar a una altura tan .superior a la realidad de sus dotes estrateios, como lo ea su provecho personal al recogido por su naci6n en la conouista. Sin snus violencias con el obispo diocevano, sin avaricias v atronellos para realizar las exacciones, dict6 provechosas providencias. Al cumplir con el fin indeclinable en todo gobernador in les de proteoer los intereges de sus nacionqles, a-uel general indemniz6 a La Habana de todos sus nueierantos. Desde el mismo d'a 14 c(e agosto sustitnv6 al prohibicionismo elsanol una ilimit cda libertar mercantil, con derechos moderados para todo buoug con brindera de la Gran Bretafia y procedente de sus pose ones; y asi recibi6 el puerto todo genero de manufacturas y artlctlos extranieros (le uso y conwnmo. K'rnel sin imritar a su hprmano en sus violencias, le imit6 en la extension nue sigui6 dando a una franouicia oue, en los solos diez meses oue dur6 el dominio de la Gran Bretafna, introdujo por su capital en toda ]a Isla los elementos que mis contribuyeron despu6s a

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 91 desarrollar su agricultura. En La Habana s6lo habian cargado productos del pais hasta entonces unos cinco o seis buques al ano. Ahora, en menos tiempo, le visitaron, entree unas y otras, cerca de mil embarcaciones. Si un gran nn'mero vinieron a recoger despojos militares, todas importaban panos, lienzos, sedas, viveres, articulos de industria y mas de tres millares de escIavos africanos; rocos menos on algunos mess .ue los que !a Compania privilegiada habia introducido en veint. y tantos afnos. Examinenos ahora con rapidez los acontecimientos y las causas que motivaron la paz que acababa de celebrarse on Versal'es. Conociendo el gabinete espafol, al declarar Ia guerra lo desprevenido de muchas de sus posesiones ultramarinaS, procure equilibrar los reveses que prevelia invadiendo instantdneamente a Portugal, aliado de Inglaterra, y done nada tampoco estaba preparado para el rompimiento. El maroues de SL-rria penetr6 con mas de veinte mil hombres por las provincias de Tras-os-montes y Entre-Duero-y-Minio, apoderandose en menos de dos meses de las plazas de Miranda, do Brw-ranza, de Chaves, de Valencia do Alcantara y Moncorbo. Oorto iba ya a ser embestida, cuando por intrigas palaciegas tuvo Sqrria que entregar el mando al teniente general conde de Ararda. Desembarcaba en Lisboa al mismo tiemro un cuerpo de diez mil ingleses a proteger a. Portugal, encarg andose tambi n del mando de kLs tronas portuguesas un habil estrat6gico, el conde de Ia Linpe Buckbourg. No obstante, prosigui6 Aranda los progre!,os de su antecesor, sitiando v toman(In a Alrnida C stelRodrio y Castel-Branco; y rechaz6 en todas partes a log portbvue -es y a sus auxiliary,, obligindo a La Linre a retirarse, Pero deso us de pasar el Tajo asaltando a Villa-Velha, la viilancia de su adversario, la dificultad de racionarse, el ardor de la est'aci*n y la animosidad del paisanaie le obligaron a evacuar la Extremadura portuguesa y a suspender una campafia mas frioriosa aue 6~til. Aema's del de La Habana, sufri6 Espafia en aouella guerra con la Gran Bretafia otro desastre ain mis inesnerado. No habia ya por anuel tiempo mares ni regiones donde Ia marina enemiga no ostentase su dominio y su preponderancia. En la

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92 JACOBO DE LA PEZUELA india Oriental, al saber la declaracio'n de guerra, el contraalmirante ingl6s Cornish reunid en Madras una 1lotilla de nueve bergantines, dos fragatas y un navio para ac(meter a Ia isla da Luz6n, casi indefensa. Cerca de su populosa capital, Manila, desembarcd a fines de setiembre, con ma's opos ici6n que p6rdida, un cuerpo de dos mil trescientos hombres acaudillados por el briagdier DAraper, siendo su presencia la primer noticia que recibiese aquella ciudad de! rompimiento. Defend-anla solamente in debil recinto y n ailo con un millar de indigenas. Draper logr6 rechazar una salIda vigorosa de la guarnicion y abrir trinchera y pronta brecha en uno de los hlenzos mas descubiertos de Ia plaza. Dosechadas sus intiiacion s, la asalto el ingles con el mayor denuedo, entregaindola durante agunas horas al saqueo y a las iras del soldado. Ei Arzobispo, que gobernaba inmterinamate, y el oidor D. Simin de Anda, se refugiaron en el c stilo, despu s de pelear con un ardor menos propio de su stado y prfesion que d-e su patiotismo. Pero vi'ndose sin mu nicones y sin viveres, celebraron con el codicioso Draper un convenio por el cual se rescatd a aquella ciudad y al astillero de Cavite por dos millones de pesos y una libranla de igual nira, que luego se apresuro Ia tesoreria metropolitana a protestar. Previendo Cornish el ningin valor de un giro tan forzoso, se anticipo a realizarlo con vent ia, destacando a su navio y a una de sus fragatas mas veleras a interceptar el galein que de Acapulco solia venir anualmente a Filipinas. El re IltAdo excedio a su pensamiento. Los capitanes Parker y Ki'n aresaron en efecto a Ia gran nao de Acapulco, Ia Santisina Trinidad, cuyo valor y carga se apreciaron en cerca de fres mnil ones de pesos. Afect6 aun mas al Erario esa.ol la capture de Ia fragata Hernione, oue cay6 en poder de otro crucero, al conducir de Lima a Cadiz mayor suma aun que la Saintisima Trinidad en direlo y 'mrcsc a. Hubo que su pender los suministros al ejercito vencedor en Portugal; y Carlos 1I se apresur6 a firmar la paz, sin saber que el genio y Ia vericia de D, Pedro Cevallos, su virey en Buenos Aires, le habia reconouistado la colonia del Sacramento, arrebatando veinte y seis buques a los angloportugueses, estimados en cuatro millones de libras esterlinas, y que se disponia a compensar todos los quebrantos nacionales,

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COLECCION DEL BICENTENArIO DE 1762 93 conduciendo al Brasil sus armas victoriosas. Salv6 a Portugal la estrella de su aliada. El brigadier Cagigal fu6 el que, al saber la novedad de la paz, se esforz6 ma's en serenar a los conquistadores, despues de ser quien los anim6 ma's en el empeno. Al renunciarlo, cuando la supieron, acabo de aquietar a Aguiar, Chac6n y Ar6stegui la nueva de su ascenso a coroneles efectivos del ejsrcito. Madariaga y su teniente gobernador en Bayamo D. Jos6 Antonio Quiroga se apresuraron entonces a licenciar los milicianos y a restituir al Guarico los trescientos granaderos franceses que habian recibido de refuerzo. El auditor Ulloa y el gobernador del castillo de los Angeles de Jagua suspendieron sus prevenciones militares; los socorros enviados de Cuba, de Puerto Principe y de otros lugares, a ayudar a los conspiradores de La Habana, y cuyas avanzadas venian ya por la Macagua y por Guamutas, retrocedieron a situarse con el capitin Solis en Villa Clara. Alegando que anln no estaban publicadas, los ingleses y sus autoridades no observaron las paces tan fielmente. Como adln las ignorasen ya entrada febrero, los cruceros del contra-almirante Keppel apresaron en el archipidlago a la balandra de guerra San Carlos, al bergantin Emprendedor, de Santiago de Cuba, y a dos fragatas de la Guaira, sorprendidas cerca de la Mona con diez mil fanegas de cacao. Estos dos buques, contando con la suspension de hostilidades, lejos de mudar de rumbo al divisarlos, se habin acercado sin el menor recelo a los navios ingleses. Sorpresa muy inesperada fu6 para Pefialver, Oquendo y sus adeptos la de saber que, por el articulo 19 de los preliminares firmados en Versalles, iba La Habana a restituirse a su metr6poli, en lugar de seguir igual suerte que Jamaica. El segundo, que s6lo habia excedido al primero en la dureza para realizar los cobros de los eclesiisticos, acomod6 desde entonces su coriducta al sentido que exigia aquella noticia; pero el insaciable Pefialver no hizo mas que dar diferente rumbo a sus manejos. Acalor6 con Keppel la introducci6n de mis de mil setocientos nefros varones que compraron los hacendados a precios superiores a los de otras 6pocas, al mismo tiempo que prohibia aquel general la entrada en el puerto a todo cargamento de africanos

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94 JAC)BO DE LA PEZUELA que no procediese de las posesiones inglesas. Como si asi pudiera Penalver reconciliarse con los comerciantes y propietarios cuya voluntad se habia enajenado para siempre, afan6se con apariencias de trabajar por el bien general, aunque en realidad para provecho propio, por introducir en el puerto articulos de Verac-uz sin pago de derechos. S6lo consigui con ese intento agravar su criminalidad a los ojos del Gobierno. El natural deseo de reparar sus p6rdidas pasadas y la suposici6n de que tra c 'Urre indefinido intfrvalo entre aqulo preliminares y la restitucion del puerto a su metr6poli movieron a various especuladores a aconsejar a Penalver que escribiese a dos de las princ.pales c~asas de comercio de Veracruz, pidiendo remesas de products mejicanos para vend&rselas en La Habana a los ingleses y cambiarlas por product. extranjeros. Si la restituci6n de la ciudad a Espana se retardaba, coio lo suponian, dos o tres anos, los beneficios que podrian reportar con ese trafico forzosamente habian de s inmenns-s. No v cil6 Peialver ") ante esa perspective. Dep ch tres cxped'iciones de gnroI ingleses a aquel puerto; pus6se en correspondencia con Ja c;sa ilamada de Saenz Rico, una de las principals de VerVruz, y se apresur6 a tomar otras disposiciones para organizar un extenso contraband o con Campc he y otros pu rtode la America Central, Ilevando'o todo en buques espafloles. El mismo Keppel, aunque conociendo el verdadero fin de esas maniobras, tenia que protegerlas, por su misma obligacion de favorecer al comercio de sus nacionales. Fue su pasajero mando indulgente, imparcial y comedido. Habiendo desaparecido las causas poco honrosas que dictaron a su hermano el estrafiamiento del Obispo a la Florida, no opuso Keppel oposici6n a su regreso en cuanto lo solicitaron el provisor, el clero, los principales notables de la ciudad y a'nn los mismos Pefialver y Oquendo. Durante su destierro estuvo siendo el venerable Morell el consolador de los hambrientos, desnudos y desamparados vecinos de San Agustin, privados de todo trdfico y recurso durante la campana. Aplic6 aquel prelado a socorrerlos hasta el dlltimo 6bolo de las cortas sumas que se esforzaba su provisor en remitirle, como para absolverse asi a sus ojos del pecado de sumisi6n a los, dominadores y a las exigencias de Albemarle.

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 95 Incluyendo sus cortas guarniciones, no existian en la Florida m'as que unas tres mil almas de todo linaje y condici6n, que al saber por el mismo buque que fu6 a buscar al Obispo, que iban a depender de otra potencia con arreglo al tratado de Versalles, prorrumpieron en un gemido unanime. Todos querian abandonar aquella esteril playa con aquel prelado, que despues de recoger en su embarcaci6n a los pocos eclesiasticos espafio l e s que alli habia, "para que luego"1 no sirvieran de irrisi6n a los herejes", fleto otras dos embareaciones para lievarse tambien un centenar de los vecinos mas menesterosos, en cuyo rancho y vestuario acab6 de consumIr cuantos recursos le restaban. Asi sali6 de San Agustin el 11 de abril. Pero la contrariedad de los vientos y otros accklentes le forzaron a emplear veinte jornadas en una travesia que puede hacerse en trez. Ya era el 2 de mayo cuando se vi6 rgresado 1 "a la testa de su reoafio", en medio de aclamaciones y repiques de Ia poblaci(n., pero con inimo muy preparado si no para lidiar o
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96 JACOBODE LA PEZUELA a sus destinos, auxiliandolas Montalvo como pudo. Con avisos ya recibidos por este vigilante funcionario de que la restituci6n de la plaza se realizaria ma's brevemente de lo que los interesados en su retardo suponian, y an de estar autorizado para recibirla el mismo Madariaga, gobernador de Santiago, como no permiti6 Keppel que los buques de Veracruz prolongasen su permanencia en el puerto de La Habana mas que los dias indispensables para repararse, sali6 Spinola el 26 de mayo a esperar a aquel jefe, estacionandose en Matanzas y Bocas de Jaruco. Eran los caudales que llevaba a aquel gobernador un auxilio indispensable para que se cubriesen los primeros gastos de la toma de posesi6n de la ciudad. Madariaga, desde 28 de abril, habia comunicado a Keppel y a Montalvo la comisi6n que habia recibido del gobierno espaniol para esa toma de posesi6n en nombre de su soberano. Un mes habia tardado el ingles para contestarle (6, en 28 del sipuiente, que con todos sus deseos de apresurar la avacuaci6n, adn no estaba autorizado para entregarle la Capital por ninguna orden del suyo; y esa respuesta le hizo demorar a aquel jefe hasta el 16 de junio su salida de Santiago. Hizose al mat en ese dia, calculando que cuando ilegase a la Capital se habrna ya recibdo orden del gobierno ingl's para evacuarla. No podia prever que otro general espafiol, de mas representacion y con mas medios, se le anticipase en La Habana a cumplir en su luoar la halagiefia misi6n de recobrarla. Un dia antes habia despachado Madariaga un bergantin con tres oficiales y un destacamento veterano para posesionarse de Matanzas, a cuya enentre-ta no habia opuesto Keppel ninguna oposici6n. No se termino en La Habana la ocupacion de sus conquistadores sin destruir, con notorio quebranto de las paces, el arsenal y todo el material de guerra que no podian Ilevarse. La narraci6n de tales atropellos, semejantes a los que en iguales casos ha cometido esa naci6n en tantas partes, se la cederemos al mismo Montalvo, al verdadero fundador de aquel fecundo taller de naves espanolas. Expres6se asi en oficio de 3 de junio" al ministro de Marina Arriaga. En carta de 14 de abril di cuenta a V. E. de lo que estaba practicando para compra de aigunos pertrechos; do la resistencia a cederme los navios que estaban en grada:

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 97 de las operaciones de los ingleses sobre lo pertenecinte a Marina; de sus intenciones, bien explicadas, de destruir nuestra arnada y cuanto pueda conducir a la construccion de nuestros navios. Ya dije a V. E. alli lo que habia ejecutado con el de sesenta camones, y con las giadas que estaban en el astilero, y mi idea sobre el de ochenta, a quien preparaban dar fuego, todo despuss de haberse publicado la cesacicn de hostilidades. Siguieron sus designios, y desapuntalaron el citado de ochenta; cay6 sobre ]a banda de estribor fuera de la grada, la serraron por varias padres y tienen preparadas a su inmediaci6n canoas de alquitrain con panlmas secas para incendiarla. El de setenta, que en abril citado estaba desbaratado en la mayor parte, ya lo esta en el t odo, reducido a pedazos; que unos han embarcado, y otros han aplicado a lefia para las tropas. Han 'quemado tambien el pont6n viejo que tenia la plaza, el que se habia construido para Veracruz y se haIlaba en tierra; los dos ganguiles pertenecientes a este pont6n, y todas las cucharas nuevas y viejas de ellos, quitandoles el fierro que han embarcado. Dicen los ingleses que todo lo referido es suyo mediante la capitulaci6n. Pero estas operaciones y el empeflo con que las han ilevado, su resistencia a no ceder por dinero, y lo mismo que entre si, y an'n con algunos espafioles, hablan y moralizan sobre estos particulares, confirman (A dictamen en que est6in todos ellos de ser conveniente a su estado y ambicidn que carezcamos de navios. Ya impuse a V. E. que habian desbaratado las gradas sobre que se hacia la construccion, y tenrendo aqu6llas porci6n de madera, han embarcado toda la Ptil con la que se halliaba en el astillero, y vendido lo que consideraron intil. Lo mismo han practicado con toda la madera de los parapetos del Morro, del castillo de la Punta, de la puerta de la Punta, de la Fuerza y de los baluartes y baterias del recinto de la plaza por tierra y mar; y todo lo que se habia colocado en kaS golas de aqu ilos con precauci6n de resguardar la grente que los guarnecia para que no fuese destrozada por L espalda con los fuegos de las baterias, que formaron los enemigos en la Cabafia. Lo propio han ejecutado con el crecidisimo nnmhero de acanas con que se formaron blindajes durante el sitio para preservarse de las bombas.

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JA DBO E LA PEZILA Acaban de destrozar las ruedas y demias tiles de la sierra de agua que se hallaba en el astillero; y esto desplis de abai.se srvido dL ellas con much utilidad. Ayer han deshocho la rieda con que se movia la Machina; y con hachas h.r roto las puertas de los ahiacenes del wstilero. Como estos hechos ham sido posteriores a la cesaciod de host1iidades y al conociniento de los tratados que Se celiion entr ios ~monarcas que )eligeraban, me han pre iirregulares; tanxo i s que, debi6ndoce reotituir cl7 plaza, .egdn express convenio en el estado que tenian sus foitificac;ones cua.do se rindi6, no pucie acomodarse a lo estipulad&, ni a la armonia que encargan los soberanos, el propasarse a destruir las posesiones ni las maquinas rert-necientes a ellas, que es lo que ime ha sido mis repar able, como tambisn que lo correspondiente a las fortificaciones, cuales son las expresadas maderas, sus canones de bronce, algunos de hierro y demc utensilios se hayn quitado de sus piestos y ap rovecado de ellos, apacnt*ndo eon trozos da palmas y tierA wlue han puesto en Junos baluartes, en lugar de toz.as de cedro, que los dejan co~mo las hallaron; sobre quC no he forrnado recurso, torque se me tratt como desautorizado para ello; negandose a oir lo que propongo y considera0dome como a un hombre a quien de presta dose le ha peritido vivir aqui, que es en los trminos que se ex-lica este general. Con orportunidad instruir6 al gobernador que venga a recibir esta plaza para que haga sus protestas y prornueva cuanto permit la situaci6n de estas cosas. Algunos de los ingleses de graduaci"'n explican que su intento es dejar este puerto en estado de que el Rey no pueda construir mas navios en seis afios; y no s6lo se comprueba por lo expuesto, ma's tambien porque a este fin no ha quedado pieza de rnadera de las que existian en el Mariel, Cabanas, Bahia Honda, Matanzas y Siguagua. Todas las han aserrado y embarcado, manteni6ndose d'nicamente en ser las que se hallaban en los montes y en los caminos de todos estos parajes y las que existian en las dos Jaguas y Rio de la Palma; bien que habiendo solicitado la venta de ellas. No s6 si la verificara.n con aquellos vasallos, de poco respeto, que no lo han tenido para presentarse a comprar otras cosas del Rey. Tambikn expresan ingleses, y no de poco caricter, que este modo de proceder, por lo que pertenece a nuestra marina, es para mis afianzar la paz, porque no teni6ndola nosotros, se conservaria aqu6lla; y a este fin, aunque el

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(OLECCION DEL iC RI O f 99 comisario ingles D. Julian Kennion promovia la venta de algunos pertrechos, hierro, etc., hasta el caso de haber expresado dia por papeletas fijadas en las esquinas, lo que me participd por oficio solicitando que los compras.e para S. M., a Jo que estuve resuelto, con esperanza de lograrlos por eI costo que pod'an tener al Rey en sus domInios, no tuvo efecto esto ni la almoneda, porque se recibi6 orden del genera de marina Keppel, para que nada de esos. efe tos se nos vendiesen, expresindose por notorio que era esta providencia el intento anunciado de imposibilitarnos de tener navios. Sobre esto se habla por ellos con batstante hibirtad; y como los hechos compr-ueban la idea, informo de todos ellos a V. E., con la mira de que, enterado el Pey sirva a los fines qe fuesen de su real agrado.

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APENDICE QUINTO(*) DEL TOMO 11 Las relaciones inglesas exageraron las fuerzas de los defensores mds de lo permitido a la tendencia natural en todos los beligerantes a ensalzar el merito de su victoria. Beatson, en sus Memoirs of the Late War, fij6 las fuerzas de caballeria en nueve escuadrones con ochocientos diez ginetes, incluyendo en ese nrnero cuatro de un regimiento de dragones de Arag6n que '61o existi6 en la cabeza de aquel historiador. La infanteria la elev6 a trece mil seiscientos diez hombres, incluyendo entre ellos dos batallones del regirniento de Espan-a y otros dos del de Arag6n, cuando de estos dos cuerpos no vinieron de la Peninsula mis que los segundos batallones de cada uno, que no pasaban de seiscientos hombres, de los cuales cerca de la mitad habian perecido en la epidemia del anterior afio. Tambien calcul6 Beatson en nueve mil el nd'mero de la marineria y tropa de la escuadra, aunque no habia mas que nueve navios armados en el puerto, aunque la dotacion completa de cada uno no pasara de cuatrocientos hombres de todas clases, y aun cuando de esos hubie-en perecido del v6mito cerca de la mitad en el verano de 1761, sin poder ser reemplazados despu6s; y este hecho es tan exacto y probado en las declaraciones del Proceso, cuanto que la disminuci6n de brazos en la escuadra fue el motivo principal que la oblige a quedar encerrada en el puerto. Termina aquel cronista su enumeracion de las fuerzas sitiadas' exagerando hasta catorce mil hombres el numero de las Este es el 6nico entre los diversos ap6ndices incluidos en la Hisforia de la Isla de Cuba por Pezuela que se refiere a hechos relacionados con la toma de La Habana por los ingleses y por eso lo reprod'ucimos en ste volumen.

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102 JACOBO DE LA PEZUELA milicias de ambas; y asi logra corponer un total do veinte y siete mil seiscientos diez casi igual al de las fuerzas invasoras, Los guarismos fantaseados por Beatson, se refutan por su misma absurdidad. El de las fuerzas veteranas se demostro en los estados oficiales anteriores al ataque de la plaza, que sc agregaron al proceso formado para averiguar las causes de su perdida. No hubo absolutamente ningunas mas para la defensa que las mencionadas en el texto. En cuanto a elevar a catorce mil hombres las milicias indigenas, bastan las mas leves nociones de estadistica para deducir Si, en un territorio que apenas contaba entonces sesenta mil habitantes de todas class, podria resultar la cuarta parte de varones ao dOs para armarse. Las fuerzas que realmente concurrieron a ]a defense do U4 Hahana. fueron las siguienes: Del regimiento fijo de La Habana, incluyendo fes y oficiales . .856 Del segundo batallkn de Espafia, que hab'a Ilegado en el afo anterior con una tercera part mas. 481 Del segundo batall6n de Aragon, aniquilado por el v rn to . .65 Restos do dos compahias de artilleria 104 Tres compaiias de dragones de Edimburgo . ,0 Marineria y fuerza movilizada de los buques 750 De a tripulacion de 'a fragata Venganza 207 Milicias y paisanae armado a pie y montado, incluyendo en ese numero a las companias que legaron del centro de la Isla, y a la de voluntarios catalanes . . 2000 No debe comprenderse en el numero de los combatientes a los que no tuvieron armas, y se emplearon solamente en reparar y trabajar en las obras del Morro y de las demas fortificaciones. Estos fueron como seiscientos negros, esclavos en su mayor parte, con unos doscientos cincuenta trabajadores deo arsenal y de la maestranza de los buques. En cuanto a las fuerzas de los ingleses, las revelaron ellos mismos con una prueba tan fehaciente como los documents justificativos de las que tuvieron los sitiados. V6ase en la pa

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COLECCION DEL BICENTENAR1O DI 1762 101 gina 20, t(nmo IV do las Memorias d2 la Sociedad Patri6tica de La Habana, correspondiente a 1837, la distribuci6n del botin de que se apoderaron, y en la cual tuvieron parte todos los del ejercito y la escuadra que concurrieron a las operaciones del sitio de'de su principio hasta su fin, reservindose.para sus interesados o herederos las cuotas devengadas por los fallecidos. No hay forma possible de refutaci6n contra la verdad demostrada en ese documento. Veinte y ocho mil cuatrocientos cuarenta y dos perciblieron sus cuotas en aquel reparto: y ese fu6 el nimero de los sitiadores. Las exageraciones de Beatson y de otros textos ingleses que han repetido sus nneros -porque tal es siempre ]a cons( cuencia de errores comQtidos por escritores de alg 'n credito le ilamaron tanto la atencion a D. Andres Muriel, juicioso traductor y adicionador de la obra tiulada La Espanw bajo los reyes de la Casa de Borb6n, por William Coxe, que consulto h materia con su amigo el teniente general D, Gonzalo de O-Farrill, que s-hallaba enigrado en Paris al publicarse esa traduccidn. 0-Fa rill, corSultando su razon y su mkmoria, le inforn6 que, en cuanto a tropas veteranas, no hubo durante el sitio mas que dos mil honbres: y oue las milicias, todavia ial organizadas entoneq. no podivn flegar ni a la nitad del rl fUe las supuso BeAson. Vease la nota contenida en Ia pagina 489 del IV tomo Grlicidn de Bure y de 1327 en Paris), de L'Espagne sous les Rois de la Maison de BoUrbon, traduite en francais avec des notes el des additions, por D. Andres Muriel. Todo el cuidado que pusieron los ingleses en exagerar las fuerzas de los espafioles y sus p'rdidas de gente durante el sitio, lo tuvieron tambi6n en disminuir las suyas. Hablando de estas en su diario el ingeniero Patricio Mackellar, aunoue mis veraz que Beatson, reduce el total de bajas del ej6rcito sitiador a mil setecientos noventa hombres, desnue's de haber firmado en la narte de acuel documento referente al 3 de julio, oue se hallaban postrados por sus enfermedades como ocho mil hombres; y eso en una epoca y una situacion mis propias para que aumentara en lugar de disminuir el nd'mero de los enfermos ;Risum tenea tis! Refiriendose Mackellar al asalto del Morro, fiia en setecientos siete el namero de los defensores mue-rtos, heridos, prisio

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104 JACOBO DE LA PEZUELA neros y ahogados, cuando consta, con irrefutables testimonios en el proceso, que nunca hubo en aquel castillo ma's de quinientos hombres, adin incluyendo entre ellos a los trabajadores y a los negros empleados en las faenas. El Diario de las operaciones de la plaza, etc., redactado por la Junta, con noticias oficiales de todos los dias, fija exactamente la p6rdida de los sitiados con los niimeros siguientes: Jefes y oficiales de tropa, marina y milicias, muertos 22 H er-dos, idem id. id. . . . . 23 Individuos de tropa, marina y milicias, rmuertos 35 Individuos de idem, id., id., heridos. 1470 1873 Los prisioneros pasaron de quinientos, que recobraron su fibertad despues de la capitulaci6n. Los navios y buques que se perdieron, segdun las noticias oficiales del proceso y del ordenador D. Lorenzo Montalvo, copiadas en nuestra colecci6n y detenidamente consultadas, fueron los siguientes: Navio Reina, de a sitcnta. Infante, de a setenta. Nepltluno, de a sesenta y oCho. Aquild6, de a sesenta y ocho. Tigre, de a setenta. S-n Gero, de a sesenta. San Antonio, de a sesenta. San Carlos, de a ocWenta, e. 11raI sin termi narse. Sint~ago, de a s.--enta, idern, id. America, de a cincuenta y ocho. Conquistador, de a c&ncuenta y ocho. TI7 Europa, de a cincuenta y ocho. Asia, de a sesenta y dos. Soberano, de sesenta y ocho. Fragata Venganza, de veinte y cuatro. Urqueta San Antonio. Fragata Ventura, de a veinte y ocho. Bergantin Cazador, de a diez y ocho. Jabeque San Francisco de Asis. Paquebot Marte, de a diez y seis. Goleta San Isidro. Id. Regla. Id. Luz.

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 105 Balandra de La Florida, de la Compafia. Fragata Constanza, de idem. Asuncion, de idem. Otra fragata particular. Fragata Perla, de la Compafnia. Dos ganguiles de la limpia del puerto. Una lancha. Cua'tro botes. Siete balsas.

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CAPITULO PRIMERO DEL TOMO III Paz de Versalles.Es comisionado el Conde de Ricla para tormar posesi6n de La Habana. Fuerzas con que sale de Espania. Su llegada a la plaza. Evacuanla los ingleses. Se encarga Ricla de la Capitania general. Plan general de fortificaciones en La HabanaEmprendense con ar-dor las obras. Castillos de a Cabana, del Aorro, de Atares y de. Principe. Restauracion del Arsenal. D. Alejandro O'Peilly reorganiza las tropas veterans y las milicias de la Isl. Resultado de la causa formada )nf drid por la rendicion de La Habana .Recompensas a las familias del Marque's Gonzdlez y de D. Luis de Velasco y a los habaneros que se distinguieron por Sus servicio. v rldelidad. Causas formadas en La Habana y term inadas en Espafia contra Pefialvuir y Oquendo. El Conde de Ricla. Sus reformas aprobadas menos la de Ia creaci6n de una Audiencia. Primeras franquicias comerciales. Creaci6n de la Intendencia de la Isla y de su primer Administraci6n General de Rentas. D. Miguel Altarriba, primer intendente. D. Joss Antonio de Armona, primer administrador. Crea en La Habana la Administraci6n de Correos maritimas entre Espafia y la America Central. ExT licaciones insditas de este funcionario sobre ese ramo. Orgvnizaci6n de la primera Intendencia. Otras disposiciones de Ricla. Creaci6n de las capitanias peddneas. La primera prensa periddica en La Habana. Breve mando del mariscal de campo don Diego Manrique y su muerte. Sucedele interinamente D. Pascual Jimsnez de Cisnros. Por el articulo 19 del tratado de Versalles, se obligaron:i Inglaterra a restituir a Espafia la plaza de la Habana con su

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108 JACOBO DE LA PEZUELA territorio y en el mismo estado en que se hallaba cuando el ejercito ingl6s la conquist6; y Espaia a conceder un plazo de diez y ocho meses contados desde el canje de ratificaciones de aquel pacto para que los sd'bditos britainicos que se hubiesen e-tabkecido en la capital de la Isla pudieran libremente enajenar sus propiedades y asegurar sus intereses. Luego que el Ivinistro espafnol y el Embajador de aquella potencia en Madrid, Lord Rochefort, convinieron en el tiempo y forma de ejecutar lo estipulado, despach6 el Gobierno ingls las 6rdenes correspondientes a Sir Keppel, y confiri6 Carlos III la comisi6n de restaurar aquella plaza y ieorganizar la administraci6n de toda la isla al teniente general D. Armbrosio Funes Villalpando, conde de Ricla grande de Espafia de primera case y pariente del de Aranda. Los encargos e instrucciones que lev6 este general, conocido por su actividad y desembarazo, equivalian a una reparaci6n breve y completa de los desaciertos, y desidias de dos siglos. Para ayudarle a cumplirlos, se nombraron por elecci6n suya a los ingc ieros y jefes mis aventajados, y se cred para (A mejor gobierno military de la Isla el -inpleo de General Segundo Cabo y Sub-Inspector de sus tropas y militias con seis mil pesos de sueldo que, a propuesta del mnismo Ricia, se confiri6 entonces al mariscal de campo D. Alejandro O'Rleilly< 8 1, irland's, que servia en Espaia desde su primera juventud y que acababa de ilustrarse un la reciente campafia de Portugal. Traia O'Reilly ademas de ese cargo el de auxiliar al Capitan General en el impulso y vigilancia de las obras de fortificacin, que vinieron con ellos a dirigir el brigadier de Ingeniros D. Slvostre Abarca") y el coronel de esa arma D. Agustin Crame Para reemplazar al teniente rey Soler, encausado entonces en Madrid, se nombro al brigadier D. Pascual Jim6nez de Cisnerosa ", takctico escogido para coopoear con O'Relly en la reorganizaci6n de las milicias y fuerzas veteranas. Un coronel frances al servicio de Espafia, D. Antonio Raffelin, fu6 destinado al mando de la caballeria y organizarla en dos escuadrones de la misma planta que los peninsulares.

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 109 Asi que el regimiento de C6rdoba, de mas de dos mil hombres, algunos cuadros de jefes y oficiales y un material considerab7le se embarcaron en cuatro navios de guerra y cuatro transportes mandados por D. Jos6 de Sapiain, Ricla, con su comitiva, se hizo a la vela a bordo del Hdctor; y despufs de sesenta y cinco dias de navegaci6n, lleg6 a la Habana en la tarde del 30 de junio, hospeda'ndose en la quinta de San Juan, propia de los Betlemitas, para dar lugar a Sir Keppel a ordenar la evacuacidn y entrega de la plaza. Termin6 esta doble operacidn el 6 de julio, en cuya madrugyada se posesion6 de todos los puestos militares con un batall6n de C6rdoba el tenienterey Cisneros, que habia desembarcado aquella noche con las demas tropas por el Luyan6. Dos horas despu6s entraron por la puerta de Tierra en coche abierto el Conde de Ricla y O'Reilly, entre la explosion de aclamaciones con que un pueblo, tan desafecto a los extranjeros como amantes de la nacion que lo habia creado, se desahogd entonces de una tirania de nueve meses. Algunos rencores personales 2 turbaron, no obstante, aquelas alegrias con denuestos a los pocos amigos del ingles. Creyendo luego justificar Oquendo y Pefialver sus Concusiones y violencias con la necesidad de obedecer a los dominadores para evitar mayores males, no se resolvieron a emigrar con ellos. Tuvo Cisneros que amparailos para que no pereciesen arrastrados. Llenas todas las formalidades de .a entrega por Koppel, se embarc6 este general en la manana del 7 con sus tropas reducidas a poco ma's de trees mil hombres, incluso los enfermos que podian navegar, permaneciendo los otros en los hospitales. Los capitanes de navio Maitland y Sir Stairs D3uglas salieron el 9 con tres navios y otros dos buques a posesionarse de San Agustin de la Florida y Panzacola, 1levandose al iegimiento real americano, mandado por el coronel Prevost. Sir Keppel zarp6 del puerto at dia siguiente dirigi6ndose a Inglaterra con la mayor parte de la escuadra de su hermano. Gozoso el obispo Morell con la restauracion, despu's de celebrarla con un Te Dum en San Francisco, circuld en solemne procesi6n con el Santisimo por las calls aun obstruidas

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110 JACOBO DE LA PEZUELA con los escombros del pasado asedio. Dos dias enteros con sus noches regocijaron a la Habana comparsas de danzantes, grupos victoreando a Espana y repartiendo bebidas y vveres a la m chedumbre. Pero serenada la expansion de Jos primeros regocijos, era deber sagrado el tributar un homenaie a la memoia die los que tan gloriosam nte perecieron c iendo e Morro; y en la misma iglesia de San Francisco se celebraron suntouasas honras por sus almas el dia 30 de julio, -primer aniversario de su p6rdida, disponiendo Ricla que juntamente con 61 las presidiera D. Bartolomes Montes ya ascendido a coronel y doliente aun de las heridas que re ib16 en aquel lugar de prueba. La mejor artilleria de la plaza se la habia Revado Sir Pockoc cuando torn a Inglaterra con casi todos los fusiles de los milicianos; Sir Keppel apenas pudo restituir unos doscientos al entregar los canons de bronce de San Severino de Matanzas y agunos otros que reclam6 Ricla. Peor suerte que el armamento tuvieron 1os archives que antes de la iendici6n se custodiaban .n la Fuerza. Do alli, sin tAterior vntaja de la historic, l curiocidad inglesa extrajo y arrebaLd todos los expedientes y papeles de importancia, y A articuo del tratado que obligaba a sa restituei64, sin u pa Keppel no tuvo efecto entero. No correspondian los medios de Ricla a las obligaciones que venia a cumplir en la plaza rescatada. Pero habia dispuesto con anticipaci6n el Ministerio que le auxiliara el virey de M'I co con los piquetes de presidiarios escalonados desde su capital a Veracruz, y con los fondos que reclamara para la Habana, el jefe de escuadra don Luis de C6rdoba, que, reuniendo los de Cartagena a los buques de guerra estacionados en Santiago, habia pasado ya a buscar los caudales a aquel puerto. No esperaron Ricla y Abarca a que legaran para empezar las obras, desmontando perfectamente toda la orilla derecha de la bahia con las negradas.que proporcionaron Montalvo, Casa-Bayona, Veitia, los Marqueses de San Felipe, de Vilalta, Jdistiz de Santana y otros hacendados. Antes de embarcarse en Cadiz habia manifestado Ricla al Ingeniero Director un proyecto para fortificar a la Cabafia,

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COLECCION DEL BICENTENARI v1 DE 1762 111 aprobado por el Rey y concebido por el general francs Mr. de la Valliere, de los facultativos de mas fAma en aquel tiempo. Pero despu6s de reconocerlo y estudiarlo Abarca, aunque declarandolo excelente, lo hall tan extenso, cost incompatible con las instrucciones que traia, que se a-presuro a manifestar al Conde que, si no venia con facultades para alterarlo, seria inutil en la Habana su presencia. Ricla le contest que eran amplios sus poderes para modificar aquel proycto; y en us frecuentes conferencias con aquel ingcniero y su segundo Cxrme, durante su larga navegaci n, se acord'6 suspnder la adopci6n do todo plan hasta poderlo acordar y fijar sobre el tierrno. En efecto, aunque Ilegado a su destino en lo recio e' Ie"tio, desde el alba del dia 7 de julio del siguiente de la 'reer cion, los tres empezaron a ontar fa caballo con O'Reilly, destinando muchas madrugadas al reconocimento de la plkza y de sus avenidas, y al estdio de todas las posiciones mit ires de su bahia. Si el proyecto de V1Ki et Le habia parecido exagerado a Abarca en Cadiz, luego le pareci6 en la labana impracticable con los recursos que se habian fijado. e' s que con sus advertencias rectificamron los anitiguos planos :lgunos dibujantes sobre in nuevo diseno general, se resolvi6 emprender las obras bajo las siguientes bases generales. Dar desde luego principio a la de la Cabafia. reduciendola a cento ochenta toesas de poligono exterior, adelantando las *aUS de sus rnedios baluartes hasta a quini: atas varas de las cortaduras y barrancos donde termina [a meseta de aquella posicic n por el E. y colocaindola a menos de seiscientas de otra altura que la dominaba por el S., y cuya nivelaci6n se reserv6 para despues con otras obras que la coronasen. Tenia el nuevo castillo de la Cabafia que constar de un bastion enlazado por dos vastos cortinajes de una elevaci6n y un espesor enormes, con dos medios baluartes apoyados sobre el violento declive que por el S. desciende al puerto. Habian de comunicarse por caminos cubiertos los salientes de la fortaleza y codearles enteramente de anchos y profundos fosos labrados en la roca viva del terreno; y dentro de su recinto habian de alzarse edificios acasamatados para cuarteles y almacenes de pdlvora a prueba de bomba, con algibes y todos los accesorios necesarios.

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112 JACOBO DE LA PEZUELA Simultineamente con la obra principal de la Cabafia, se emprendi6 la reedificaci6n del Morro ensanchando y profundizando mas sus fosos, dando mayor elevaci6n a sus plataformas y baluartes, mas altura y espesor a su parapetaje, dotando al nuevo fuerte de buen camino cubierto que le sirviese de comunicacion con la Pastora y la Cabafia, y alzando tambi6n en su recinto las correspondientes fabricas para cuarteles y almacenes. La bateria de la Pastora empezd tambien a reconstruirse ensanchando el cuartel de su destacamento. Reforzar de canteria el recinto y baluartes de la plaza, revestirlos de nuevos parapetos, dar a sus fosos doble anchura que antes y reparar sus caminos cubiertos. A la loma liamada de Soto que por la orilla de la plaza domina el fondo de la bahia, habia de coronarla Crame con un alto y espeso cortinaje cuadrilongo flanqueado de baluartes .en los Angulos, y cuyo recinto, rodeado de un profundo foso y provisto de un cuartel y un almac6n suficientemente capaces y solidos, rematase con una media luna exterior que se destacara al frente de su entrada. A la altura de Ar6stegui, tan importante cuanto que domina a los accesos de la costa al mismo tiempo que a la eambocadura y aguada del Almendares 6 Chorrera, se dyecidi6 igualmente coronarla con otra ciudadela, tambi6n flanqueada de baluartes con sus fosos y camino cubierto, sus algibes, su polvorin, sus casamatas y dotarla de extension perimdtrica muy superior a la proyectada para la de Soto. La fortificaci6n de este punto se a8m6 despues castillo de Atar6s en obsequio del teniente general Conde de este nombre y hermano primog 6 nito de Ricla; y a la que se alz6 mas tarde sobre la altura de Ar6stegui, se di6 el nombre que aun conserva de castillo del Principe. Aunque con modificaciones a que did margen despues I inconformidad de pareceres entre Abarca y Craie en muchos puntos, este fue en resd'men el plan a que se sujetaron ]as fortificaciones de La Habana mientras esos dos ingenieros, sus creadores, estuvieron dirigiendolas. Por su grandiosidad, por el ndmero de brazos a ellas aplicados, por los anos que duro su fabrica y por las sumas que absorbieron las de La Habana,

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COLECCION DEL BICENTENARIO iDE 1762 113 6lo han podido compararse con las de Gibraltar, Amberes y las primeras plazas europeas; y dieron a la capital de la isla el primer puesto entre todas las dema's de Am'rica. Con el castillo de San Carlos de la Cabaia alz6 Abarca un perenne monumento a la memorial del gloriosa reinado de Carlos III. Por la solidez de sus defensas, como por Ja elevacion y libertad absoluta de sus fuegos, para los medios de ataque de aquel tiempo, fue inexpugnable la nueva fortaleza, arbitra soberana por su imponenrte torografia de !a ciudad y casi todo el puerto. Pero no por la excelencia de la obra principal se libraron de censuras m's 6 mnoF facultativas y acertadas las demas secciones del proyecto que eyjcutaron aquellos ingenieros. Atinado estuvo Abarca en la colocaci ln del fuerte de Atares sobre la loma de Soto para proteger el fondo de la bahia y los access meridionales del r into, eni azandose sus fuegos con los de la muralla y aun los de la Cabafia. Pero su distancia de cerca de cuatro mil toesas privaba de tan preciosa condici6n a Ia otra segunda fortaleza destacada, que con arreglo al plan gnera habfa de establecerse sobre la "atura do Arostegui, posici6n maestra y dominant del 0. de la plaza y Ie la aguada principal de sus contornos. Presenthbase el provecto incomplet insuficiente, mientram no se comunicase por la costa con el castillo de 'a Punta la nueva fortificaci6n de Arkxstegui, que se Lem1 ,is: ,> del Principe, con un camino cubierto protegido pmr baterias intermedias d o do cars en los pos mds mar ra establecerlas. Ese vacio, el udor de nadores (5 iingenros hubieron de repararlo en pr-te con el tiempo, guarneciendo el largo espacio c 1 uc +l para a] Principe y la Punti con las baterias de Santa Clara, San Na ario y San Lia aro. Pero despues de un siglo trranscurriwo aun sigue en descubierfo el mayor de los dos vaciu del plan que sus ins1ru2 cones econ6micas obligaroa a adoptar a Abarca y que flenaba el de Valliere Consistia en que, distando el castillo de Atares m6s de cuatro mil toesas del de Ardstegui 6 del Principe, dudosamente se alcanzarian sus tiros respectivos. Aunque se alcanzaran, .iempre los embarazarian los accidentes del terreno intermedio;

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114 JACOBO DE TA PEZUELA y un enemigo audaz y poderoso podria avanzar por ese interJa' expugnaria a-I recinto y entrarVa en la plaza. Semejanto de no se ocultaba al inisro Abarca; mas excus balo con Ln razonarnento, aunque no infalible, fundadisimo: el de que, ni aun posesionado de a plaza un numerous ejercito, despues de contr-rrestar con sus paralelas a los fuertes exteriors del O., podria prmanecer en la ciudad Iominada por las baterias de Ia C na mi ntr duIasen L subsist<. d en(ias des fortaeza, y pereceria en la ciIdad o laT dra Pero st conjetura 'enia que someterse a la mayOr ( o nor pC das fuerOlcon que desembare el enerigyo, y a la m-yor m menor De todo W100o Ts~c. SO~ 'Onsguiria unat I b de los castillos d es y Ptanrips sin el establecniint w o tros dos et inermedl resguardados por Una Canaliai< bi entnia d rio AYn., dares 6 de i Chorrra0, Que, arnno erc d d Ar g s eaamdnscca, junto a 3a fald,(A, mism da C, Avr~ el la aea nrn d;.aba que hyscoeonse C(ism Comle S0 as( pCrLI L n e" 0e) c p) etarse (is 1r y et)s le -I"i y Abarca, y civertir a la capital d(-C en una plz inexpugnable. Bastbn sin embargo s ohras ernercdas por ,I u'timo, para qie a Su conclusion qCa ed n scl dolo ontra tPda eXpedIC( I Que la(s dos primer potenciaw mariItims te pudiesen destinar a at 4mturoa auni exagerando todos s.us recurso. La administracion del numeroso personal que dede agosto t d33 reunion de muchass para aquel's gig~atescas abricas, tuvo Ricla que encargarsela al Comisario Ordenador D. Nicolas fose Rapun, que acumulb ra it-go at gobierno de la Factoria y at de las revistas y distribu Iones pecuniarias de los militares. DO los estados mensuales que formaba este activo funcionario de la gente destinada a aquellas obras, hemos deducido que en el bienio de 1764 y 65, un mes con otro, estuvieron mas de cuatro mil peones empleados, una tercera Yarte en la Cabafna, unos setecientos en el Morro, y los demas en Atar6s, en la Punta y el recinto, incluyendo Jos dedicados i servicio de los almacenes y a la fabricaci6n de cales y ladri

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CLCCON DEL BICEINTENARiO iDE 1762 11 se ue ) n principios de 1766 quedaron terminadas en Ajunto, unq no cn las accesorias, la Cabafa y !a An.rucin eMorro y la Pastoa, empez6 aquella fuerza S m:i rse. en mas de una cWarta parte, no pudiendo sosteCCs DI los quiientos mil pesos arnuaes que desde ]a res,u.-acion se consignaron para fortifi(aciones. Lsbrigadias de -aaadores se componian de forzados de Veracruz, Campeche Cartae.n, de vagos y nalhechores recogidos en ha IsLa, de v d se e an voluntaria(-ente .n trabajos, de escavos del Rey y algutOs otros dpatcarsque d~evengab an journal pa.,a sus duhs Com o volvian -. i enitorpeerlos Llrabajos asj mismas ) raba Cm i tq:ule antes de la gu y ei consio dc 1a capital O crecido con el gran nmero le operario d as obra m la por sus valedores en la corte, Iizo sVya, para )faleera y continl s la s s idad e un arbitrio hasta entonces sin ejemrp o y que encendid las iras de los prosA de contratr introducciones de hainas, adr, .o y o tm r m ateriales con var-.ie:s Gaa dek3 exCI, an entreJ elols con d de f raca s O'sisco SIvador neoiante en Nu04e vfa-York. La forz--osa Jentitud1cl del virey (11c Mjico en r-unir y; re(,Mitil conM l'a 1s,1cuAd ra de Cordova los haudajes y brzos que las nuvsfor-t-ificacio,-nes exigian, no perati qe se ,,-mnprendiese dese iego con el affin y la viveza que Ricla y IOS igneo anheaban Par insirales mas confianza se apresuir6 e od ai ,einteg-rar a los hacendados catorce mil doscientos diez pesos en que estimaron los ciento cincuent'a y seis,esclavos que eD rem',nio de sU' bizarria emanci-p6 Pradto en nom(bre dei PRey durante el sitio, y les entreg6' ademals sesenta y siete a .1('s que prefirieron negros a dinero. Asi, y con su garantia, les anim6 a presentar a jornal para las obras una parte de las dotaciones do, sus fincas. Al mismo tiempo emnpleo' otro medio todavia ma's d,-ieaz para que no se entorpecieran: el de comprar a plazos gran nurnero de negros al contratista D. Cornelio Coppinger, uno de los sd'bditos ingleses a quienes se permitio' residir en la ciudad. Dos vecinos muy ricos, el marque's de Villalta y D. Domningo Veitia, anticiparon con mo'dico inter's al Conde las

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116 JACOBO DE LA PEZUELA sumas que necesit6 para comprarlos. De esta suerte adquiri6' antes de recibir los auxilios que esperaba, mis de la mitad de los tres mil novecientos cincuenta y nueve boz es erpleados para las fortificaciones y maestranza de artilerPa (2 ( e4rso de su comision extraordinaria. Con cerca de dos mil esclavos, con otros tantos que k, hacendados aportaron devengando salarios y con un r Alar d jornaleros libres, se limpio la ciudad en breves S"s desmontaron sus aproches y todas las posiciones de ]a bahia, st acopiaron los inmensos materiales, se improvii en la Cabafn una especie de pueblo de barracas para los trabajadores; y luego que lleg6 de Veracruz la escuadrya, pudo solemnizarse eP 4 de noviembre el santo patronimico del Soberano, poni Thdose .a primer piedra del soberbio castillo que habia d ona aquella altura. Mientras el lauro mayor se reservaa -a Abrca, Ricla cometi6 al segundo ingeniero Crame la reconstrucciDn del Morro bajo la misma planta con que hoy se nos present; y O'Reilly consagr6 sus breves ocios de las tardes a di-eigir LA restauracion y ensanche de las murallas, sus terraplenes y sus fosos, y a completar por la bahia los frentes del into. Cor mas de mil galeotes qpe antes de concluir el afno Ilegaron de Veracruz y Cartagena, y las remesas pecunarias dl virey t adelantaron con sorprendente iapidez las fortificaciones. 'Para afRanzar la ptsesiTi de una ciudad y un puerto de au grand valia, no le doli6 al gobierno espano) renunciar duianfe n chos anos a una crecida parte de sus rentas, y desatend erm obsequio de la seguridad de 1a Habana grande objets nacionales. Todos ganaron con has oms: los que las dirigieron, en honor y fama; los contratistas de viveres y materiales, en fortuna; los comerciantes con el aumento de consumo, la ciudad en poblaci6n y riqueza; y defendida ya de toda hostilidad en adelante, desde entonces fu6 la de mis importancia military en America. Ya vimos como la mano destructora de Keppel habia dejado yermo el arsenal, antes y despues fecunda cuna de tantos barcos c6lebres. Ni vestigio de muelle, ni de gradas, ni do instrumentos, ni de arboladuras descubrieron Montalvo y Sapiain al emprender su regeneracidn con los caudales que para

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 117 ese y otros objetos trajo C6rdoba. Montalvo, elevado ya a Intendente de Marina en recompensa de sus servicios y luego a titulo de Castilla con el de conde de Macariges, convoc6 a todos los matriculados, circulo 6rdenes a los dep6sitos y cortes de maderas que se salvaron de la rapacidad del enemigo con su lejania, reuni6 nuevas boyadas y carreterias, y recompuso una maestranza con casi todo el antiguo personal. Dos ahos bastaron para formar otro arsenal amuraliado y contiguo a 1a ciudad, reconstruir sus maquinarias, edificios y almacenes, y surtirlos de todo el material que su movimiento requeria. A Sapiain, despues de dejarlo preparado Odo con MO-ntalvo, le relevo otro capitin de niavio, don Manuel de Flores, en el mando de aquella dependencia del puerto de La Habana. Pero se cumpli6 el pron6stico de los ingleses al destruir los primers talleres de aquel arsenal: "Por esfuerzos que se hagan para restaurarle, en seis anios no volverdi a producir ningn'n 1 navio". Para abreviar el despacho de sus comisione's emprendieron Ricla y O'Reilly, simultdineamente, con las nuevas obras, a reorganizacil.n de lo militar, lo administrativo, lo personal y fO material en toda la Isla; y si en todo no fu6 cabal su acierto, nada dej6 que desear su diligencia, imitandoles en actividad por la part de Levante el marques de Casa Cagijal, que se habia trasladado a Santiago relevando alli a Madariaga el 18 de septiembre de 1763. D-spues de licenciar cumplidos, con los destacamentos liegados de San Agustin de la Florida y Panzacola, solo le quedaron a O'Reilly disponibles unos doscientos hombres para reorganizar el regimiento Fijo de la Halana. Con aquel corto nmero, el de novecientos soldados que sacd diel de C6rdoba y mil doscientos reclutas enviados de Canarias y de Espafia, to reorganize aquel Inspector en breve tiempo en tres bataHones de a ochocientas plazas, fuerza superior a la que figuraba en los cuatro que habia contado anteriormente. La dotaci6n personal de artilleria para la Isla se elev6 a trescientos hombres con sus respectivos oficiales. Cerca de doscientas piezas de bronco remitidas de Mejico y de Espafia se montaron en el castillo de la Punta y el recinto, recibi6ndose despues todas las necesarias para guarnecer las baterias

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JAOP DE I, P LA z"LA d M Morir y 'la Cdan levantando. Los navios dSpi y lugo los de Crdoba t rr material para reponer en brxve tiempo en el parque y amacenes de artilleria Mucho nis del qu e apropiaron fos ing)(ses quebrantando el tratado de
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COLECCION DEL BICENTENARTI ;762 119 Casa Bayona, D. Francisco Chacon y Torr( fu. su primer teniente coroner. A Matanzas se dot6 de un cuerpo mixto llamado Regimiento de Dragones y compuesto de un escuadron de cabalieria y otro de infanteria, el primer con ciento cincuenta plazas, y el segundo de cuatrocientas incuenta: con tan heterogenea creaci6n habian unas rmis.mas manos de manejar dos armas tan distintas. Las trevs compan'as del escadron mlontado se compusieron de jinetes de los partidos de Guamacaro, Guam-nutas y Macuriges; y las tres del desmontado con peones de Matanzas, Naranjal de San Agustin y Ymuri. Se destin& para tan extraho regimiento un escaso cuadro veterano de un ayudante, seis tenientes, seis sargentos y seis cabos primers con dos tambores. Al de Matanzas siguio en antigiiedad el regimiento de Voluntarios de Caballeria de La Habana, que cont6 tres escuadrones montados desde su principio con seiscientos cincuenta jinetes entre todos. Cada uno de los partidos de Quemado, Guatao, Guajay, San Miguel, Guanabacoa, Luyano, Santiago, Guasabacoa, la Presa del Husillo, Santa Maria del Rosario, Rio Hondo y Jesus del Monte suministraron una compania; constando el cuadro vTterano del regimiento de un sargento mayor, un ayudante, trece tenientes, un capellin, un cirujano, trece sargentos, veinte y seis cabos primeros y cuatro trompetas. Su primer coronel fue D. Martin de Ar6stegui ,, capitan de los antiguos veteranos de a caballo que, despues de distinguirse en ]a Tenencia de gobierno de Trinidad antes, al atacar los ingleses a La Habana se present a combatir en los postreros lances del asedio. La antigua militia de color se refundi6 en tin batall6n que se denomino de Pardos libres de La Habana, con una fuerza de ochocientos hombres al mando de tin sub-inspector, un ayudante mayor y cuatro ayudantes veteianos. O'Reilly"", aunque sufriendo una erupcion cutinea y con frecuentes fiebres, asi que se mitigo el ardor de la estacion solo necesit6 algunas semanas para inspeccionar en Puerto Principe y Santiago de Cuba los nuevos cuerpos de milicias determinados con anterioridad para aquellos territorios. Eran tres de

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120 JACOBO DE LA PEZUELA infanteria, el de Cuba y Bayamo, el de Puerto Principe y el de Cuatro Villas, habiendosele dado este nombre al que se form con gente de Trinidad, de Villa Clara, Sancti Spiritus y San Juan de los Remedios. Se componia de un batall6n de organizaci6n exactamente igual a la de los batallones milicianos de La Habana. El mando del de Cuba y Bayamo fu6 conferido desde luego a D. Esteban Palacios, a quien honrosamente mencionamos al hablar de las mlicias de caballeria que se reunieron cerca de la capital durante el sitio. El total de los nuevos cuerpos de milicias se elevo nada menos que a ochocientos doce jinetes, casi todos los que podian entonces mantener caballo en las demarcaciones de la capital y de Matanzas, y a cinco mil trescientos peones. Por su reglamento organic, aprobado luego con la misma precipitaci6n que se habia escrito, se declare a todos los indLviduos de estos cuerpos cn caso ae guerra y de tornar las armas el rnismo prest v haberes que las tropas veteranas sgnin su grado y case; concedidndoseles tambien fuero militar y exenci6n de alojamiento y otras cargas. Proponiendose el Inspector perpetuar el entusiasmo por la carrera de las armas que pasajeramente habian inspirado sus disposic ones en un pueblo todo comercial y agricola, cre6 tambien una "Noble Compafia de Cadetes de La Habana", cuyo reglamento y plan se le aprobaron u!,ego en 24 de octubre de 1764. El mismo O'Reilly se declare su capitin; y en ella se filiaron los hijos de 16s titulos y de las familias mnis acaudalad as, entie otros D. Gonzalo O'Farrill y D. Francisco Montalvo, hijo del intendente D. Lorenzo, que legaron ambos a tenientes generales. Pero fu6 esta creacidn de poca vida, porque sobre el rigor de los haibitos militares impuestos a sus hijos, prevaleci6 despus el ciego y no siempre bien entendido cariflo de sus madres. Acudieron los milicianos con gran calor en un principio a las asambleas dispuestas por O'Reilly para ejercitarlos en el manejo de armas y en los movimientos desde el toque de diana hasta sentirse el sol. Pero mas propio aquel clima para la quietud que para las maniobras militares, no tardaron en cansarse muchos. Se impusieron arrestos y castigos sin lograrse

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 121 siempre que al amanecer saltara la juventud habanera de sus lechos para someterse a movimientos mecainicos, ingratos y forzosos, y para que abandonaran su laoor los campesinos por una ocupacidn mucho menos provechusa. Pero la inflexibilidad y la perseverancia del Inspector vencieron este obsticulo: voluntarios 6 forzados, los milicianos maniobraron muy en breve con tanto desembarazo y precision como los veteranos. En varios simulacros compitieron con los batallones de C6rdoba y del Fijo, con su aspecto marcial, desembayazo y gaIlardia. Crecidas sumas se emplearon en surtirles de uniformes, armas y monturas, y en estos, como en todos los otros ramos militares, nada se perdon6 para asegurar la posesi6n de una ciudad cuya importancia acababa de demnostrarse cor su perdida y con los sacrificios que habia exigido su recobro. Tan honda sensaci6n hizo en la corte y toda Espafia su desastre en el ano anterior y tan funestas PareCi eon alli sus consecuencias, que el Gobierno, como si ignorase que procedian en lo esencial de su propia negligencia, manldo que s .vriguasen sus causas y se juzgara a los jefes responsables con las formalidades mas minuciosas y solemnes. Se cxIliero 67rdenes para que asi desembarcaran se dirigiesen a Madrid los generales conde de Superunda, D. DIego Tabares, D Juan K Prado y don Gutierre de Hevia, el brigadier D. Dionw io Soler, el e-pian do navio D. Juan de la Colina y los demns, corm.-ndantes e los navios perdidos, los coroneles do, Fijo, dle ingentieros y de caballeria, Arroyo, Ricaud y Caro, el comandante de artilHeria Crell de la Hoz y el secretario de la junta que funcion6 durante el sitio, Garcia Gago. A Prado se le puso preso en el cuartel de Guardias de Corps, y los demnas quedaron arrestados en sus casas a disposicidn de la junta de Generales convoeada para entender en el proceso. Presidida por el capitin general conde de Aranda, se componia de los t enientes generales marques de Ceballos, conde de Vega Florida, duque de Granada y marques de Sipli; del mariscal de campo D. Diego Manrique y del jefe de escuadra D. Jorge Juan, insigne sabio. Por la importancia de los juices se calculari la que se di6 a la causa, cometiendose el ingrato cargo de redactar la acusa

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122 JACOBO DE LA PEZUELA ci6n al capitan de Guardias Espanolas D. Manuel Graiwincke de notoria competencia en procedimientos militares. Impone contemplar en los archivos el cumulo de piezas( de aquel procedimiento. Despues de formar instructivas separadas, no pudo leer Craiwinckel su primer alegato acusatoriv hasta n1timo de marzo. Por otras ocupaciones perentorias de los generales de la junta y en especial del Presidente, por Vas protestas, has excepciones y las pricb un ano y nas transcurrieron aun sin que se presentaran las defensas principales. Hasta 30 de abril y 20 de mayo del siguiente ano de 1764. no se leyeron las del marqis del, Real Transporte y Prado. Aduciendo ejemplos de la historic y aun contenpo raneos para justificar el error de haber cerrado el puerto, no le basto al primero la destreza de sus argumentos para disminuir la responsabilidad que le abrumaba sobre la evacuaci6n de a Cabafna y la entrega de la escuadra y sus caudales. Aunque inferior en erudici6n y travesura la defensa d Prado, desenvolvi6 cuantas razones podian justificar al acusado. Demostrd que el Gobierno, tan pronto y tan prodigo en instrucciones y advertencias, estuvo con el tan avaro como lento en facilitarle los medios de cumplirlas. Present con nmmeros irrefutable un elocuente paralelo de la grandeza de los elementos de ataque con la mezquindad de los de la defensa que, a pesar de tanta desproporcion, se prolong mas de dos meses Pero respondi6 con palidos sofismas ai cargo indestructible de haber desaprovechado la ocasion de prolongar la resistencia de la Isla, evacuando la plaza, salvando los restos de la guarnici6n y los caudales. Por si en algnn nvoluntario yerro habva incurrido, concluy6 como implorando la indulgencia debida a un general "con treinta y cuatro anos de serivicio y casi con tinuos en campafna y gravemente heriao" en Oran y en Cam posanto. La pieza mas curiosa de aquel procedimiento fue la defe sa de D. Juan de la Colina. Despu6s de excusar con mas sutilezas aun que Real Transporte su dictimen para Ichar a pique tres navios a la entrada de la bahia inutilizando asi el resto de la escuadra y asegurando solo su perdici6n, -rob6 el astuto montafn6s sin miramiento a nadie, que dependieron loi

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demas desastres de no haber prevalecido su opinion sobre otros puntos. En efecto, las actas originales de la Junta confirmaban que salieron de Colina las mejores advertencias y que, sin contradecirlas, no se hob'an sguido. El conde de Aranda, de quien tambien pudieron someterse a juicio muchos desaciertos de su campana en Portugal, osten6 una severidad inexorable con los generals y jefes acusados por la rendici6 n de La Habana, apoysndole La mayoria de los locales. Ni una muerte herdica7 libro de sus censuras a Velasco. En 4 de marzo de 1765 aprobo el Rey la sentencia del Consejo, resultando condenados Prado y Hievia a privaci6n de sus empleos y destierro a cuarenta leguas de Ia corte por diez afnos, y al resarcimiento de dafios y perjuicios al erario y al comercio: Superunda y Tabares, a diez anos de suspension y a igual destierro e igual resarcimiento que los dos primeros; y el coronel de ingenieros, D. Baltasar Ricaud, a dos afios tambien de suspensi6n y otros dos de destierro de Madrid y sitios reales. Motejado el coronel Carol" de inactivo y haber desperdiciado durante el sitio frecuentes ocasiones de ofender al invasor, justific6 su inacci6n con pruebas crueles de Ia inutilidad de las milicias que tuvo entonces a su cargo. Despechado pidi6 y obtuvo su retiro para Valencia, pasando luego al servicio de Rusia donde muchos anos despues muri6 de General y con gran cr6dito. Superunda muri6 poco despues con sus sueldos y honored restituidos; y a Tabares por sus influencias y constancia luego se le devolvieron y aun obtuvo destinos correspondientes a su grado; Hevia se fue a vivir a Asturias entregando sus bienes al erario; pero despu6s los clamores de su suegro el capitain general de la Armada marques de la Victoria consiguieron de Ia clemencia de Carlos III, que le rehabilitaran en su empleo y honores. Prado se despoj6 hasta de su dIftima moneda para justificar la inversion de los doscitntos y tantos mil pesos que manejd y distribuy6 durante ei xitio. Vivi6 aun algunos aflos con una pension que le seialo aquel Monarca generoso, residiendo en Vitigudino cerca de Salamanca y en haciendas de su hermano el marques de Villel.

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)24 r JACOBO DE LA PEZUELA El brigadier Soler, teniente rey, coronel del Fijo Arroyo, que muchos afios despues ascendiv a Teniente G-neral, el comandante de artilleria Crell de La Hoz, no salieron sino reprendidos por irreg uiaridades y omisionts. La inferioridad de su grado y posici6n favoreci6 al astut1o Gago (el Africano), que despuss de inspirar al gobernador sus rmayores desaciertos, se esmero en acreditar que no habia sido mas qule un redactor de las resoluciones de Ia Junta sin voto en ela y aetido todos sus vocales. A Colina se le declare acreedor a Ia real gracia para sus ascensos; y en efecto, por su antiguiedad y sus servicios como capitan de navio, tard6 poco en ascender a Jefe de Icuadra No existia a-in en Ia Armada el intermedio empleo de briga(ier que en esa escala se introdujo luego. LI mismo scenso ot-uvivrona tamb li X t iempo dlespuds D. Pedro Castejon, D. Jos6 de San Vicente, D. Ignacio Ponce de Le < y otros jefes de marina que traobajarn en el sitio y terminaron su vida y carrera sie io tcenes hcrales y el primiiero ministro de Marina. La Academia de bellas arts de Mdrd estimul con uin premio extraordinario a los artistas que mejor pferpetuaron con bronce y lienzos la memoria del asalto del Morio y de Ia muerte de Velasco y de Gonzlez. A un hermaqo dc este, qie era capitan de Guardias espanolas, le declare el Rey titulo de Navarra cn ia denominaci6n de conde del Asalto y una pensidn anual de nueve mil reales. A D. Inligo de Velasco, hermano del. heroico don Luis, muerto sin hijos, se le concedi6 el titulo de Castilla de marques del Morro y una pension de mil duros anuales pagadera por las cajas de La Habana y transmisible a sus colaterales y herederos. Mando adeimis Carlos III, que se honrara siempre un navio de guerra de Ia armada lievando el nombre de Velasco, y que para mandarlo fuera preferido a los dema's oficiales de su clase el que de su sangre y apellido obtuviera en la marina Ia graduacion correspondiente. Tambi6n a propuesta de Ricla honr6 el Rey Ia memoria(8I del valiente regidor y alcalde provincial de Guanabacoa, D.

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 12i Jose Antonio G6mez, perpetuando sus oficios en su hijo D. Narciso y en sus descendientes. D. Lorenzo Montalivo, D. Pedro Calvo de la Puerta, don Domingo Beitia, D. Agustin de Cardenas Velez de Guevara, el contador Jiistiz y D. Martin Loynaz vieron recompensada su lealtad y sus servicios con los titulos de codes de Macuriges y de Buenavista los dos primeros; los dems con los de mnaroueses del Real Socorro, de Cairdenas de Mon .t Hermoso, Jiistiz de Santana y de Prado Ameno, Montalvo, que lue.gr consigui6 tambien el de conde de Casa Montalvo pa a. mog6nito de su segundo matrimonio, vincu 1 6' su mayorazlo en una vast hacienda que a treinta leguas de La Habana habia adriuirido sin gran costo. Solo los censos que recauda en aquellas tierras el conde actual, producen ahora mas de sesenta mil pesos de renta. Pero al mirsmo tempo que on !as recomponis, tuvo Riela que trabajar en los castigos. HabiLa encontrado a un centenar do especuladores extranjeros establecidos en Li Habana durante el domino ingl6s, que se les permitia y muy deseosos de seguir sus traficos bajo un sistema de prohibici6n que no los permitia. Como su expulsidn'era uno de sus encargos mIs estrechos, Ricla procedi6 desde luego a la de muchos que no justificaron naturalidad y caracter de sdibditos ingleses, entree ellos un M. Deslandes que figure en la 6poca de Keppel entre los principales agiotistas. Pero a los que realmente eran ingleses les dej6 prolongar su permanencia hasta meses 6espu&s del termino concedido en el tratado para que realizaran sus propiedades e intereses. A pear de los disgustos y denuncias que le acarred una to eran ci ue se calffic6 do interesada, Ia prohibicidn del trafico extranjero reproducida repentinamente al ser devuelto (A puerto de Espafia, ocasion6 duros quebrantos a los comercianites de Jamaica, forzandolos a malvender en otros mercados muchos cargamentos destinados a La Habana. En la larga causa que se sigui6 a Prado, hubo studio manifiesto en desentenderse de los fondos que estuvo manejando Se la juzg6 por sus errores militares, pero como particular se respet6 su cr6dito. El ministro de Indias, Arriaga, se limits' a recomendar a Ricla que instruyese un expedient extrajudicial

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JAC01(l) DE LA PEZUJELA y resrvad P avigr s si D yparadero. Por caut,"os que andutviese-e,7 Conr de en esse unto, D. Nicol,1Js Rapun, U7o de 11c mayores confvdentes de an1teceQOr,1 se adelant( u pas. DSmo cmprobe las antidade recibidsqu, sr denuncia Cxageradas de los de C&diz yd los cAadores de La Habaa, no paCs' (0de doscientos ail pesos s qu a' iM. sust rajo Pado. Como otra-:aria's Juya d1D'si la haba sacado, lurante e, &, dl areas rea>es raur atenviones momentineas, in que su invr 1s1, por babe sd irregular, fuera ylegl;m Sabend el rl si tid (eno e ,su agetes cvad I C7V IO -. I. iur 1 ,z n(~ el(,~IV t x bcd 'c hcatta io z as el Man-'zao nill1, habia desc ii (0 s deNjeevlds Puel fndo palas rgCs d i ag i y d1 capt la Jit dtnribu d entre Rapun y arios jefes ritneda f~ f711 1 1 ea 'a par slvalocom popida patiu r ivertt!i r. qxpate en J. 0sis ia d S heeidos y rmt (I 'm a Es pvr rengrasa r rinrio.ans Rqapu r q, 0. pnd co au e er, le tI d e v 10to s ci r ti a ya v tres mi setecientos pes,,os, queK le habia confiado; y ocudgr nti (d mo at 1 c apoi yV omoclvepoantiz P -1cr~ ( aemI r o I Utaa spadas qcs odi1s en nfos g ysan gheca. sho fui iao eia n Ia mlbie n (apisnt Aun e ap o emtas e C s do ts Iusp vz Cne, ariud despd que .1a1remi e a Prado dunciargarients de az ar eon fragatas Perla y e upus con malicia y sin indagaci n que no pertsenios esos valores a L-s del dep'sito, y se pvecipitM a enviar a la corte informed tan esfvoralesal dpostarornoo el depositante. Peron ld e oes pr e rlos las cuentas ajustadas que did e 1 uno ls deinentegros cabales que hizo el otrincip some a est unitulo que a todos los dem us de su process. Le uovaian al Conde desde su ilegadaep enptacones, deauncias, pasquines y escritos ano'nimos (S contra Pefalver y contra Oquendo, porque, para sus ofendidos, su desagravio debia ser lo primero. Hubo myis justicia que caridad con aqueflos delincuentes. Prefiri6' Ricla en un principio someterlos a un procedimniento reservado despue's de asegurar sus personal won guardias y vigilantes en sus mismas casas y de pones sui#

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COLECCONE BiCEN.N ARIO W'E 17 127 Wenes en secuestro. Pero no bastabia -> xpedient. 2 e pra satira la acusacion de un pueblo enter contra tan de naturatizados omp 4 atricios; y la misma benrniidad e la prisi6n avivo -4 encO en los acusadores. Para ujtiars los descargos de los acusados era, que si sirvieron de instrumentos a fa codicia de Albemarle, fue para impe U val se d otros que hubieran aniquilado al vecindario. Tiuvo Ricla que ceder aI torte d C 1os' querellantes; y acumulando sus propias .0er.a(iguaciones los recursos presentaos., r d.n ee s(,tiembre de 1763 que, bajo sus auspicious y pUar jUzgarles, forms uina comflisi compuesta de D. Salvo Mas y Llop, audio, que con 61 vino d Espana, del dl r Ma ,iz v dei fsCal de hacierdta D. FranciscO d Gm a a qdeen Penalver recus tuego y qie por esto se c Edh('Ise, bando pora qvue cuanluos tuviern qlue exponteragvlos s araran, y prv ediOf los cm(( iisionatdos si dcans{ hasta sustanciar Jos cargo resultantes. P '7ro (1 d de octubre hbo qu suspe7)der su corfesion a que onr gravemente; y porque ates de recibiW a Yiaver 1a suy, s J -ineept6 1n plie errad qu pre d1, su h-j MUev (lrum medic( 7g( le~ assi D todos los deitos deP v el que aparecI enncs menos s fue el e hbrdephd a racruz a princis d (biro, sabiendo ya la suspen sln de ',s hostilidades, rsagm to de nanufactur$s extranjeras en tres buques Migleses, proponiendo a la casa de7 Saenz Rico cohechar a aquel gYobernador estableery regularizar con L Habana traficos probibidos. No solo Saenz Rico le devolvid algunos ptesentes y se desentendio do las proposiciones, sino que le envio a] narquc de Casa-Cagigal los comprobants, de la tenitativa, y a I jf. se los comunic6 despu~s a Rila. El pliego interceptado al medico contenia dos documentos: una contraorden que debia fi ar para Saenz Rico y con la fecha atrasada conveniente, atribuyendo el contenido de la del 6 de febrero a exigencias de Sir Keppel, y se la enviaba para que la acusaci6n de su recibo por parte de Saenz Rico le sirviese luego de justificante; y un aviso para que manifestase en

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128 JACOBO DE LA PEZUELA su declaraci6n que habia dirigido esa contraorden por Campeche, y que habiendo vuelto a arribar por averia la embarcaci6n que la ilevaba, no habia podido certificar la fecha de su recibo por escribanos en tiempo hibil. No estaba mal discurrida la coartada si a Penalver no le hubiesen sorprendido el pliego. Pa'sose innediatamente en prision a D. Gabriel, su hijo mayor, a D, Jos6 Rivera que habia escrito el aviso de su pufio, a otro c6mpliCe que extendi6 la supuesta carta de. contraorden, y a los dos escribanos que la certificaron antes de estar firmada y falsamente. Por haber solicitado y aceptado el gabinete de la poblaciod bajo el domino ingles, no se le dirigi6 a Pefalver cargo ninguno. Todas las inculpaciones se fijaron sobre sus maneios y conducta en aquel puesto. Ademas de los excess indicados en el capitulo anterior, evidencid' el process: que se habia concertado con los comisarios ingleses para monopolizar el considerable articulo de las harinas del abasto nblico; que se hizo gratificar por las embarcaciones espafolas que entraron A saHeron del puerto despu6s del armisticio; que habia obligado a los hacendados y expendedores de carne a costear los gastus de mesa de los generales ingleses; que voluntaniament2 y por servile afin de congraciarse con elles, habia conferido coisione: apremiantes para descubrir y recoger negros, bueyes, retas y maderas pertenecientes a S. M., Ilegando su violerf2 4 Y su injusticia hasta arrebatar a algunos asentistas particul As 'Muchos efectos de esta clase, aun constaindole que no e n r e S propiedad privada. Luego que se recuper6 Oquendo, Se procedi6 a su confoImtn. Aunque su culpabilidad apareciese desde luego mnenos grve que lade Pefialver le habia excedido en sus %iioencF1epa, la exaccicn del donativo forzoso y lla ado voluntario. Tra" los despojados con mayor dureza, al pa u qe sc i o ,2s perjudicarles menos, observ6 m s Suavidad con ello La irndinacion pdiblica estAl.6 por eso cntra el uno -,n tfto grado como contra el otro. Pero se gua arin a su cla:se todas las consideraciones; todos los tkrminos de p b y de defense que pidieron se les concedieron. Corridos muchos meses, tpu

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 129 rando en vano todos sus recursos para atenuar testimonios que los abrumaban, Ricla les remiti6 presos a Cadiz con su dictamen y los autos a bordo del navio de guerra Firme, que sali6 de La Habana a fin de octubre de 1764. D. Jose Rivera, antiguo deiincuente ya expulsado de La Habana en los dias del gobierno de Tin6o, fu6 al presidio de Ceuta por diez afnos, y con ellos como comprometidos en incidentes de la causa, se remiti6 tambien a D. Gonzalo y D. Julian Recio de Oquendo, hijo y sobrino del alf6rez real, perdonandose a D. Gabriel de Pefialver y al medico la culpa en que incurrieron para atenuar la de un padre y un amigo. Vanamente nos hemos esforzado para descubrir en los archivos la causa original de Pefialver y Oquendo, 6 noticias de la suerte que despu6s tuvieron. Por pura tradici6n, no mis, de ancianos fidedignos y contemporaneos de los hijos de aquellos acusados, supimos que Oquendo falleci6 dos 6 tres afios despu6s en Sevilla desterrado; que a Pefialver, a quien no faltaron padrinos en la corte, aunque se le sentenci6 a muerte, se le permut6 esta pena por la de confinamiento a Ceuta, donde muri6 poco despues que Oiuendo, hacia 1770. Con los bienes embargados a los dos se indemniz6 luego al clero y a los particulares de la parte que en el donativo forz-oso se habian apropiado aquellos encausados; y aun les qued6 a sus herederos lo bastante para seguir viviendo independientes. D. Gabriel de Pefialver, andando el tiempo, hizo olvidar con su conducta las culpas de su padre, le sucedi6 en el cargo de regidor y aun obtuvo el titulo de Conde de Santa Maria de Loreto. Pero despues de la muerte de Oquendo adquiri6 para si y sus descendientes el capitin de milicias D. Ciriaco Arango su cargo de alferez real del Ayuntamiento de La Habana. A pesar de las frecuentes indisrosiciones 1" que los dos sufrieron, se esforzaron Ricla y O'Reilly para dejar planteados en diez meses todas sus reformas y proyectos, y regresar a Espafia por la primavera de 1764. Pero el ministerio exigi6 luego que tambien plantearan ellos mismos las reformas administrativas, militaries y civiles que propusieron desde los pocos meses de ejercer sus cargos; y para recompensar con sus servicios anteriores el sacrificio de su permanencia, a Ricla so le

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130 JACOBO DE LA PEZUELA confiri6 la gran cruz de San Genaro, de cuya investidura seguia disponiendo Carlos III que la fund cuando era Rey de Ndpoles; y sobre los diez y ocho mil pesos y ocho mil de gratificaci6n anuales con que habia venido a desempenfar su comision extraordinaria, se le consign un nuevo abono de diez mil y otros dos mil mas para alquileres de la casa que se complacio en cederle D. Martin de Ar stegui, hall'ndose el castillo de la Fuerza inhabitable. A O'reilly se le premi6 con una encomienda productivA V prometiendole su pronto ascenso. Usando de sus facultadev extraordinarias, introdujo el Conde mudanzas importantes en los impuestos y exacciones que aun regian con los anejos aranceles de Riano, pero siempre con autorizaci6n real o con consulta y previo acuerdo del fiscal de rental, de los contadores y oficiales reales. En unA instrucci6n publicada el 26 de marzo de 1764, se estableci6 un derecho de dos pesos sobre cada barril de a seis en pipa del aguardiente que se destilaba en los ingenios; do un real sobre el barril de miel y de una bebida de gran consumo entonces en la plebe conel nombre de zambumbia. Centralize con general aplauso todas las rentas de la Isla para aplicarlas a sus atenciones. Pero desde el 25 de setiembre restableci6 el impuesto de alcabalas, cargando un cuatro por ciento al valor de las ventas de inmuebles, esclavos y ganados; impuesto creado desde 1758 para atender a la construcci6n de las vias publicas, sin que entonces tuviese aplicaci6n. Por dlItimo, plante6 una contribuci6n directa, la primera acaso de su clase y no bien recibida, fijando un tres por ciento sobre los productos liquidos de los alquileres de las casas, censos y rentas fijas de particulares. Las gacetas y revistas de Londres y Jamaica en aquel tiempo nos confirman y detallan, que en los once meses del dominio ingles en La Habana, sin contar los del armamento ni de la escuadra, habian entrado hasta setecientos veinte y siete buques mercantes en un puerto que para su trifico y consumo nunca habia recibido antes ma's que catorce 6 quince anuales; y que esos cargamentos se cambiaron por productos indigenas 6 por numerario, obtenidndose asii-en el retorno unos valores que ni se sospechaba que existiesen en una isla cuya expor

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 131 taci6n principal habia sido clandestina. -Por lo tanto, si la pasajera perdida de aquella plaza infiri6 grandes perjuicios al erario, la lecci6n dada con aquel ejemplo de libertad comercial a los prohibicionistas fu6 tan solemne como irrefutable. Despues de su restauraci6n sucumbi6 la funesta Compaflia privilegiada a sus propias excisiones y litigios; y con muy cortas mejoras volvieron las necesidades pn'blicas a sujetarse a los registros fijos que seguian repartiendo sus insuficientes cargamentos en otros varios puertos. Muy persuadido con las pruebas resultantes de aquel elocuente paralelo, pero muy prudente para adelantarse a alteraciones comerciales que habian perjudicado siempre a sus autores, Ricla demostr6 con numeros mas que con teorias al ministerio, que la isla con sus espontaineas extracciones de dinero en aquella 6poca se habia facilitado los medios de multiplicarlo; que urgia ya que su regimen administrativo se variase, y que para cubrir sus atenciones generales debian reconcentrarse todos sus productos con la suma de un mill6n y doscientos mil pesos anuales, que desde mediados de 1763 empezaron a remitirse de Veracruz para La Habana. Pwopuso tambien el Conde,que se aumentaran las comunicaciones entre la isla, su metr6poli y los demas puertos de la Am6rica Central, desapareciendo el lento y ya pernicioso sistema de flotas anuales concebido como dltil en tiempos muy diversos. Rapun, Montalvo, Jnistiz y el tesorero D. Diego Pefialver explicaron en concienzudas memorias el estado de las dependencias administrativas que estaban manejando y muchas de las reformas que necesitaban; todo se ley6 y se consult6 por el gobierno; algo aprob6; pero en lo dema's, segnn sus prdcticas, aplaz6 la resoluci6n indefinidamente. Pareci6 en Madrid menos acertado el proyecto de una audiencia con cuya creaci6n se propuso dotar Ricla a la Isla instalandola en su misma capital con un regente, y componiendola de los mismos jueces que alli gozaban sueldo, y eran el auditor teniente gobernador, el asesor, el fiscal de hacienda, el asesor y el fiscal de marina, agraciandose tambien con esa toga a D. Gabriel de Santa Cruz, el mis distinguido a la saz6n de los abogados habaneros. Si el objeto era 6itil, la manera de proponerlo fu6 desacertada. Se gradu6 alli de incompatibilidad

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132 JACOBO DE LA PEZUELA reconocida que unos mismos jueces pudieran aprobarse luego como superiores las providencias que dictasen antes en primera instancia; y no se volvid en muchos anos a tratar del pensamiento. A excepci6n de este d'ltimo fueron favorablemente recibidos los proyectos del Conde, puesto que algunos se los habian indicado los ministros mismos antes de que saliera de Madrid. Se esmeraba entonces el gobierno en modificar el regimen administrativo y comercial de las provincias de Ultramar, aunque obrando a tientas todavia; pero se encaminaban ya sus pasos al acierto con una ley reglamentaria y arancelaria de 21 de agosto de 1764. Aunque harto incomplete, fu6 aquella disposici6n primera que afloj6 las absurdas ligaduras que oprimian al reciproco comercio de los espafioles de ambos hemisferios. Los de Cuba pudieron desde entonces traficar directamente con los de Barcelona, Alicantes, Cartagena, Milaga, La Corufia, Gij6n y Santander en los registros y correos que se establecieron entonces sin que se alterasen sus antiguas relaciones con Sevilla y Cadiz. Otro ben6fico decreto eximi6 luego a las embarcacioness consignadas a Cuba del pesado derecho de palmeo que habia oprimido al comercio durante medio siglo. Con todas sus naturales dependencias y al tenor de las que habia creado Orry en la metr6poli, se decret6 para la isla .la instituci6n de una intendencia, que desde su misma cuna empez6 a ser de las ma's importantes del Estado. D cretrse tambien para La Habana la creaci6n de una administraci6n general de todas las rentas de la isla anexionindose a ese cargo, aunque con complete separaci6n de atenciones tan distintas, otra administraci6n, la de correos terrestres y maritimos. Mand6se inmediatamente ctue pasaran a fundar y desempefiar esas nuevas dependencias D. Miguel de Altarriba que se habia distinguido como comisario ordenador en el ejercito de Portugal, y el administrador nombrado para aquellos ramos D .Jos6 de Armona. Dejemos ahora que este funcionario de credito y despejo nos refiera 61 mismo sus primeros pasos en sus curiosas memories in'ditas (85, trazindonos tambien algunos rasgos del aspecto y estado del pais en aquel tiempo.

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COLECCIXN DEL BICENTENARIO DE 1762 133 Arribamos a Santiago de Cuba el 20 de enero de 1765 a las seis de la mafiana. Era gobernador de aquella plaza D. Fernando Cagigal, marquis de Casa Cagigal, hombre de humor, soldado de profesion, alegre, activo y generoso. Yo le pas6 un aviso de nuestro arribo sin saltar en tierra; le di buenas noticias frescas de Espafa, insInu6indole nuestros deseos de servirle y de pasar a la plaza. No dej6 cosa por hacer en obsequio de todos. Al instante nos envi6 si falda adornada con un oficial de la guarnici6rn para que nos acompafiase y acelerase el viaje, porque siendo dias del cumpleanos del Rey N. S., tenia preparado un gran banquete y queria tender el honor (me decia en su carta), de que unos hudspedes tan honrados le acompaniasen con la oficialidad de la guarnici6n y algunJs damas n obsequiar al soberano. Todo se hizo con much satisfacci6n de todos, deshacicndose el Marques en atenciones. Por !a tarde nos paseamos; y por la noche se ejecut6 en la pDlaza de atrMas, en donde se habia dispuesto un teatro bien iluminado, la comedia titulada el Maestro de Alejaridro: los actores fueron algunos rilitares y muieres. Se concluy6 con un baile bien Servido, sin detenernos un momenI; a obscrvaciones sobre la variedad de objetos que se presentaban a nuestra vista, nuevos para nosotros algunos de ellos. Todo se convirti6 en diversion y alegria. Era uno el arrnonioso y raro concierto de cinco 6 seis harpas que desterradIas de Castilla redio silo antes, se habian refugiado en Santiago de Cuba. Por centre cortinas se dejaban ver las que las tocaban y l acompafnamiento de vlolines, bajos y guitarras con musicos de la guarnicion, do la catdIral y oficiales aficionados. Despues de todo, el gobernadox nos di6 en su casa una gran cena a que asistieron las damas, los de mayo. graduaci6n militar y do la nobleza d l pais con aigunos can-4gos, azules, verdes y morados". Pasando despu6s Armona a la conclusion de su viaje y a tos primeros cuidados de su arribo a la capital, afiade: Me entregu6 todo a cimentar los cuidados que el Rey habia puesto a mi cargo, asi para el establec imiento de las nuevas rentas en la isla de Cuba, como el de correos maritimos para toda la America". Si la primera empresa sali6 feliz y el Rey qued6 bien servido, los vasallos no quedaron oprimidos por el peso de

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134 JACOBO DE LA PEZUELA las contribuciones ni por el modo de exigirlas: ]a segunda, que ofreci6 grandes dificultades desde el principio, salio mucho mds feliz y. ventajosa, aplaudida de todos y aun se puede decir que tuvo a su favor los auxilios del cielo; pues en tantas, tan largas y diversas navegaciones a Espana y a los puertos de Amd.rica, sIUS oajeles no experimentaron las comunes desgracias. Corri6 bastan-tes anos Su establecimiento con esta felicidad, y todo el mundo buiscaba la seguridad de sus buques con el buen trato que se daha en ellos para hacer sus viajes. Esta renta de correos maritimos, este importantisimo establecimiento lo ernpece e hice yo en La Habana sin tener in real con que contar ni otro fondo que la misma renta. Unicarmente so hizo por arbitrios, tomiando yo sobr mi las results, una vez que se lograse el servicio del Rey con el del Pblico y dejando bien correspondida la confianza que habia hecho de mi el marque's d Grimaldi su primer secretqrio de Estado. Es verded que en las cartas confidenciales que habi escrito de su mano el conde de Ricla le previno con eficacia que diese sus 6rdenes para que por la tesoreria de I. Habana se me facilitasen todos los caudades que pudiera necesitar para la compra de halandras bermudefias; cons truir on La 'Habana algunos paquebotes y bergantines propios para puntear los vientos escasos, y establecer oficinas, comprar viveres y pertrechos; pagar sueldos alas tripulaciones, dar &irenas y pronta. recorridas a 1os paquebotes que llegasen de Ia Corufia; voiverlos a dcspachar sin demora; no detener las dems em icaciones ni kas paps precisas de Las maestranzas. Es verdad que Riela di) 6rdenes para ello y que no habiendo caudal alguno en tesoreria, pues estaba viverido la (Izad pres1ado y palandose los sueldos y priest a guarnicil COm0 SC p)odiaIt) busc6o de algunos particua;r-,e; pero no Spudieron servir, porque ya habian dado 1o que tenian, En estas cirunstancias fu6 cuando yo hice recurso de priA autoid>d el dnico arbitrio que me facilit'aba un ercaro dc confiaiza que e habia hecho e1 ministry de H1aclinda maarqu6s de Squilace. Me puse de acuerdo con n de RiC'a y CmpeCd a b a Imero. Di cuenta a los dos ministers Grimaldi y uiac; por ser asuntos relatives a sus ernpece mi operaci(n, y este recurso I El A d

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COLECCION DEL BICENTENARTO IDE 1762 135 afortunados y s6lidos cimientos que tiene la gran renta de correos maritimos. Squilace me habia dicho en Aranjuez, que pondria a mi cuidado un encargo de intereses atrasados para recobrarlos en La Habana, si se pudiese sin desfalco alguno. Consistia .n cinco 6 seis mil barrihes de harinas francesas eue habia hecho traer a C.diz para socorrer al ej6rcito de Portugal en la guerra del ano anterior. Estas harinaS estaban en los almacenes de la Carraca y de' Trocadero bien a condicionadas. Qued, pues con en que llevindolas a aquella plaza para venderlas de cuenta del Rey, solo se sacase el costo y costas, aunque para conseguirlo corriese yo con su venta, evitando que con los calories del pais se pusieran inservibles comno era de temer. Estas 6rdenes me Blev6 a Cadiz, alli vi un dia las harinas y acord6 con el Presidente ce la Contrataci6n su pronto embarclue. Tres mil quinientos barriles se pusieron en la fragata San Carlos en que yo habia de navegar, y las demd's me las envi6 despues en dos polacras espanolas que flet6 solo para Ilevarlas. Las harinas eran muy buenas; pero cuando league a La Habana me encontr6 con que se habia esyarcido la voz de estar pasadas. Conviene saber que habia en La Habana various almacenes bien provistos con harinas de Veracruz, de Las colonias franc-ssas y de las ing-tesas. Importaba, pues, a los interesados usar de sus artes, dar rnala opinion a las del Rey, preocupar al pueblo contra ellas y mejorar el despacho de kas suyas. Yo hice constar Cl gobierino por las facturas originales, que eran harinas frescas; pues aunue se habian comprado para provecr al ejerc(to de Po'tugal, habian hlegado a Cddi -uando ya estaba hecho el armisticio. Hice amasar ocho bari.es Por cuatro buenos panaIeros; regal pan al conde RieX, al obispo, a los curas y a las co;unidades religiosas Los coroneles y a rnuchas personas para que juz sen de 61. Pareci6 muy bien a todos, y la opinion mercantil vino a tierra de contado. Sobre esta hipoteca enconTr6 din-ro al instance. Hice varios negoc.ios con los panaderos de mris crodito: unos me dieron dinero de pronto, y otos me pagaron bien a plazos; de ndo que en Noco mas de un ano se sac e1 capital c: n catorce mil pesoS de ganancia para el Riy. K:pledtodo el nin.o en fnel Lio de la renta u coriexs, y sl a Unicamli nte :. ebi su cre-'k6n con los

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i235 JACOBO DE LA PEZUELA buques que se compraron, los pertrechos adquiridos y los pagos a la marineria, carenas y oficinas que desde luego se pusieron cn planta. Antes que pudiera Armona establecer y regularizar de un modo tan ventajoso las comunicaciones entre Espaha y sus provincias de Ultramar, habia tambien Altarriba planteado la intendencia el 5 de febrero de 1765, cumpliendo en todos sus detalles lo dispuesto por la cdula de creaci6n de 31 de octubre anterior. Aunque mis dispendiosa, recibi6 la administraci6n del pais una forma ma's ordenada y mas activa; regularizaindose la cuenta y raz6n de todos los ingresos. El cuerpo de la intendencia se organize con los siguientes miembros: un intendente con ocho mil pesos anuales como director y autoridad superior de toda la administraci'n puesta a su cargo; un contador general, el marquis Jd2stiz, doce oficiales, tres escribientes, tres meritorios y un portero; un tesorero general, D. Diego Pefialver, con tres oficiales, un escribiente y un portero; un administrador general, D. Jose Armona, que acumul6 este cargo al de correos con ocho oficiales y un portero. Con separaci6n y con independencia de estas oficinas subsisti6 el tribunal de cuentas, a cuyo examen, reparo 6 aprobacidn tenian que someterse las de toda la isla. Se crearon para el puerto y territorio de Santiago de Cuba una contaduria y una administraci6n unida a una tesoreria con nueve dependientes; para Bayamo, otra contaduria y otra administraci6n con cuatro empleados; y cinco administraciones subalternas mis, con doce funcionarios entre todas ellas en el partido de Arroyo Blanco, en Santa Maria del Rosario, Guanabacoa, Holguin y Baracoa. Aunque dur6 poco eso olvido, fu6 bien reparable que Trinidad, Puerto Principe y los demais lugareg principales siguieran sometidos a la anterior forma. Lo que conviene a unos paises no es siempre aplicable a todos. Era la instituci6n de las intendencias de provincia un adelanto inmenso, sucediendo al caos rentistico en que la dinastia austriaca habia dejado a Espafna. Pero tampoco es cuestionable el desacierto que cometieron Ricla y el gobierno con plantear al tenor que las de la mert6poli la administraci6n de

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 137 un territorio tan distante, tan excepcional y de productos tan diversos como los de Cuba. Aunque como colonizadores fueran muy inferiores al de Espana para amoldar a sus leyes, a sus creencias y a sus usos, los territorios coloniales que adquirian, anduvieron en lo econ6mico mas adelantados los gobiernos de Holanda, Francia 6 Inglaterra, adecuando desde un principio la administraci6n de sus colonias a sus rendimientos, situp ci6n y circunstancias especiales. En casi todas ellas se arrendaban por licitaci6n con garantias casi todos los ramos productores al erario; 6 impulsada asi por el interns particular la riqueza pdblica, se acrecent6 con tal rapidez en muchas de ellas, que al mediar el siglo ya rendian dobles productos, colonias muy inferiores, que la grande Antilla como en anterior lugar qued6 apuntado. Con buenas, pero incompletas prescripciones, public el conde de Ricla un bando de gobierno y policia. Refiriose al aseo piblico, a la persecuci6n de la vagancia y desertores, pero no previno nada sobre el regimen especial de las clases de color, libres 6 esclavas. En ese documento y como ya encargados de los partidos, en que a medida que se poblaba se iba subdividiendo el territorio, se ven ya mencionados con el nombre de Pedaineos los antiguos capitanes a guerra que los gobernaban. D.sde fines del siglo XVI, los gobernadores de La Habana y de Santiago, para vigilar los predios apartados en la costa y por la tierra adentro, dividieron sus distritos en demarcaciones, y en cada una escogieron a un colono con hacienda y vecindad en ella que desempefiaba oficios de justicia en su respectivo territorio. A esas demarcaciones se llam6 partidos, y capitanes a guerra a los que ejercian esas funciones. Aunque ignorantes por lo comd'n y rencillosos, su propiedad respondia de su conducta sin que asegurara su justicia ni su acierto siempre. Crecieron en vez de disminuir los defectos de esa instituci6n, cuando Giemez, Cagigal y luego Ricla fueron reemplazando a aquellos funcionarios 6 con oficiales reformados, 6 con sujetos sin titulo ni arraigo y hasta sin aptitud frecuentemente. Si los antiguos capitanes a guerra con medios de subsistencia propios, se habian con frecuencia excedido en su conducta, claro era que, no teniendolas como ellos los pedineos que les

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138 JACOBO DE LA PEZUELA sucedieron y no gozando tampoco asignaci6n alguna en funciones creadas para perseguir el crimen y extirpar el vicio, habrian forzosamente de buscarla, perdonando al uno y toierando al otro. Funesto fu6 esste error, aunque disimulable de la afanosa mano que trazd en solos dos anos todo el cuadro de la administraci6n politica, econ6mica, civil y militar de un paid's tan vasto. Lo que sorprende con dolor es que, corriendo la segunda mitad de un siglo como el nuestro, subsista aun en pujanza, aunque con tenues. correctivos, tan absurdo engendro como el de los capitanes de partido, El merito de haber sido el primero que introdujo la prensa periodica en el pais, se atribuye erradamente por varios escritores a otro gobernador muy posterior y eselarecido. Enteramente pertenece a Ricla. De orden suya y por mayo de 1764, comenz6o 8 0 en La Habana a ver la luz todos los lunes, en la calle de Mercaderes y en la imprenta de D. Blas de los Olivos, una Gaceta de cuatro ilanas, de veinte y nueve lineas de a cuarenta letras conteniendo a1gunas noticias politicas y comerciales y algunas disposiciones de gobierno. Poco despues se public tambien en la capital otro periddico aun mas parco, que sali6 los mi6rcoles, liamado el Pensador. y cuya redaccion se atribuja a los abogados Santa Cruz y Urrutia. Luego que plantearon todos los ramos a que se referian sus comisiones, se concretaron los esfuerzos de Ricla y O'Rfilly a apresurar su vuelta a Espana. Complacido el ministerio con el rapido y buen 6xito de sus operaciones en la isla, no les escaseo promesas halagiiefnas para decidirles a emprender tambien la reforma del Virreinato mejicano. Pero tuvo que ceder a sus ruegos reiterados, y en 17 de enero de 1765, nombr6 el Rey al mariscal de capo D. Diego Manrique8", antiguo oficial de Guardias Espaiolas, muy acreditado en la djltima campana de Portugal, y por la templanza de sus votos como vocal de 1a Junta de generales convocada para juzgar y sentenciar la causa de la rendicion de la Habana. Tard6 poco Manrique en dirigirse a Cadiz con su joven hija, siendo viudo y sin otra familia. Pero le estaba ord enado ilevarse consigo, para relevar al de C6rdoba, al regiment do

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 139 Lisboa repartido a la saz6n en Malaga y presidios de Africa, y despu6s de esperar mas de dos meses en Caidiz la legada de los transportes necesarios, dilat6se mucho su navegacion en la fragata Astrea, que hasta el 25 de junio no aport6 en la Habana(88). Hasta el 30 no le entreg6 el mando el impaciente Ricla, que para ese tiempo habia supuesto hallarse ya en la corte de regreso, porque quiso apresurar por si mismo los preparativos de su embarque y los del regimiento de C6rdoba. Pero necesitaron reparos y recorridos los transportes averiados, y catorce dias despues, a pesar de su eficacia, no habia aun podido hacerse al mar el Conde, cuando el v6mito arrebat6 a su sucesor. Mas implacable aun que para el d4bil para el fuerte, le atac6 a Manrique esa enfermedad indefinible, cuando con el ardor del sol se hallaba recorriendo la Cabaia y desafiando con su vigor y robustez al clima. Luego que espir6 el 13 de julio, rog6 encerecidamente el municipio a Ricla y a O'Reilly, que volvieran a tomar las riendas del gobierno. Pero en vez de admitirlas se embarcaron despu6s de consignar sus instrucciones al brigadier teniente rey D. Pascual Ximenez de Cisneros, lamado por sus derechos como tal a desempefiai aqueli mando interino en cuanto el dia 8 cay6 Manrique enfermo, y a sustituir tambi6n a O'Reilly en la Sub-inspecci6n. Convertida en vasto falansterio militar, tuvo la capital mas vida en los dos afios que estuvo gobernando Ricla, que en los dos siglos juntos que los precedieron. Quedaban alzada ya con toda su majestuosa mole la Cabafina, reconstruido y agrandado el Morro, recompuesta la Punta ecti ntievos terraplenes y anchos fosos, con sus murallas, completas y reforzadas, el recinto, terminado lo principal de Atarcs y empezado lo del Principe. En las notas anteriores quedaron justificados nuestros asertos con la indicaci6n de los papeles, noticias y documentos oficiales en que se fundan y que los mas estMn copiados 5 extractados en nuestra coleccidn. Hasta e fin del gobikerno de Ricla, la averiguaci)n de los hechos historicos de Cuba fue

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I4) JACOBO DE LA PEZUELA dificil y penosa; porque en la isla no habia mis archivos que los libros de actas de los ayuntamientos y los cuadernos de la antigua escribania de gobierno de su capital; y aun esa escasa documentaci6n, corroida de gusanos, estaba interrumpida en muchas 6pocas, habiendo en gran parte desaparecido despues del sitio y toma de La Habana en 1762. Papeles hubo que cerca de un siglo despues hall y rescat6 el autor en Londres. Pero despues de Ricla vino a gobernar a Cuba en 1766 el Bailio y general D. Antonio Bucarely, que desde sus primeros nasos y con un solo ayudante el capital Peramis, empez6 a organizar la primera secretaria de la capitania general, en donde desde entonces hasta 1822, se despacharon indistintamente todos los asuntos de gobernacion civil lo mismo que los militares. La escribania de gobierno ya no corrie mas que con los judiciales y contenciosos. Lo singular de los principios de aquella secretaria fu6 que su fundador sin ma's conocimiento que los propios de su carrera apenas podia escribir y lo que escribia, apenas se podia interpretar mas que por su secretario y ayudante. La secretaria acabo de organizarse por el metodico marques de la Torre, que trajo de Caracas como secretario suyo a un oficinista de gran expedici6n y despejo, D. Miguel Jos6 de Azanza, tan conocido despuds en esferas superiores, y sobre todo en una gran crisis politica por sus servicios, sus virtudes y siis desgracias. Azanza dej6 completamente ordenada la secretarla en 1776, y nada perdi6 con pasar despues a manos del teniente coronel D. Antonio Remon Zarco del Valle, casado con a hiia dei ingeniero direcor de la Isla D. Luis Huat, y padre del sabio general de su mismo nombre arrebatado hace algunos afnos a las ciencias. Constituida desde la 6poca de Bucarely la secretaria del gobierno general de Cuba con toda la documentaCi6n que le era propia, ya no tuvo el autor necesidad de recurrir a los archivos de la Peninsula para la averiguaci6n de sucesos posteriores. Durante afios enteros, y con la autorizaci6n de los capitanes generales D. Ger6nimo Valdes, D. Leopoldo O'Donnell y D. Federico Roncali, tom6 alli copias de todos los documentos ditiles para su objeto que se hallan en su coleccin.

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DIARIO MILITAR DE LAS OPERACIONES EJECUTADAS EN LA CIUDAD DE LA HABANA, POR DISPOSICION DE SJ GOf'iuvADOR DON JUAN DE PRADO, Y DE LOS DEMAS SEP7ORES DE LA JUNTA DE GUERRA, ESTABLECIDA DE ORDEN DE S. M. DESDE EL DIA 6 DE JUNIOR DE 1762 QUE SE PRESENTO DELANTE DEL PUERTO LA ESCUADRA INGLESA, HASTA EL 12 DE AGOSTO SIGUIENTE, EN QUE SE FIRMARON Y RATIrICARON LOS ARTICULOS DE LA CAPITULACION, CON QUE SE ENTREGO LA EXPRESADA CIUDAD A LAS ARMAS DE S. M. B. Dia 6 de junio Este dia, como a las 8 de la manana, se dejaron ver desde el castilho del Morro de esta ciudad muchas velas, que entonces parecian como a distancia de 4 leguas; y habiendo pasado el gobernador y capitain general don Juan de Prado a! reierido castillo, y observando unidamente con el marquis del Rzea1 Transporte, gefe de escuadra, y comandante general de las de esta America, y de otros oficiales de tierra y de marina, que '6lo se reconocian 6 u 8 navios grandes, y que las demais eran embarcaciones pequenas de distintos portes, que en todo ascendian al ni'*mero de 140, segi'n lo que manifestaba la distancia y la oscuridad con que se mantenia el horizonte, se hizo concepto de que fuese !a flota mercantil, que todos los anos pasa a la vista de este puerto en la presente estaci6n; a cuyo juicio concurria tambien el de que, con el motivo de la guerra, y de la escuadra existente en esta bahia, como de haber regresado a Jamaica algunos de los navios que habian estado en la conquista de la Martinica, se hubiese destinado mayor ndimero de los de linea para el convoy de dicha flota. Y conviniendD

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142 JACOBO DE LA PEZUELA el ni'mero de los que se habian observado con las 6ltimas noticias de Jamaica, de que s6lo existian alli site navios de guerra, hubieron de retirarse el dicho gobernador y comandante de la escuadra a esta ciudad, donde, a precauci6n, estaba sobre las armas la tropa y las milicias. A las doce y media vino la notic i del Morro que k. convoy de velas reconocido habia virado de bordo para el puerto; y siendo esta direcci6n contraria a ta que debia lievar para encaminarse al canal, se entr6 en mayor cuidado; de modo, que resultando por el conocimiento hecho ya ma's de cerca, que el numero de navios de guerra, parecia segd'n el mas seguro c6mputo, de 28 con algunas fragatas, y hasta 145 embarcaciones de transporte, no qued6 duda en que fuese armamento de guerra dirigido contra la ciudad, de que pocos dias antes se habia tenido noticias, por las que divulgaban los corsarios ingleses, que revestidas del viciado defecto de su origen para la desconfianza, del notable atraso experimentado en el recibo de las de Europa y del estado de conquista de Martinica, en que andaban varios los mismos ingleses, se habian estimado hasta entonces destituidas de aquel seguro apoyo que las hiciese acreedoras al ascenso. En vista de lo antecedente, se puso en pronto movimiento toda la tropa, ejecutando lo mismo la escuadra, y los dema's ramos de marina, a impulsos del vivo celo de su comandante general, como tambien las milicias de blancos, pardos y morenos, con las de los lanceros del campo; pasando inmediatamente el coronel de dragones del regimiento de Edimburg don Carlos Caro, a la villa de Guanabacoa, en donde permanecia alojado este cuerpo, que aun no tenia caballos, por el poco tiempo de su liegada, que seria como de ocho a diez dias. Y habi6ndose puesto al frente de 6l, y de las compaflias de aquela villa, y sus inmediaciones, ocurri6 al resguardo de la costa y de las torres de Cojimar y Bacuranao, situadas dos leguas de esta ciudad la dltima, y una la primera, adonde se encamin6 el dicho coronel con un ingeniero destinado a la direcci6n de los trabajos que se considerasen necesarios para oponerse al desembarco por aquella parte.

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 143 Como el armamento enemigo se hubiese ido estendiendo de modo que comprendia dilatado espacio de una y otra costa de barlovento y sotavento; cuya disposici6n, con la de haberse observado la maniobra de echar sus lanchas a] agua, y mantenerlas por las popas, hacia dudar el designio de los ingleses acerca del parage en que premeditaban el desembarco, fu6 preciso ocurrir igualmente a los medios de impedirlo por la parte de sotavento, a donde se dirigieron las companies de granaderos del regimiento Fijo, con las de los batallones de Espana y Aragon, algunos piquetesde dichos cuerpos a la orden del coronel don Alejandro Arroyo, y 200 hombres de tropa de marina a la del capitin de fragata don Ignacio Ponce, a quien se destiny este refuerzo, quedando su primer comandante don Pedro Castejon, con eloresto de la demais, que se habia puesto en tierra a la 6rden del gobernador de la plaza, para acudir con ella a donde llamase la necesidad. Dia 7 de Junio La escuadra enemiga amaneci6 en la misma posicion que va manifestada, y habiendose calificado por los movimientos y senfales que hacia, la proximidad del desembarco, se atendi6 a reforzar los puestos de barlovento y sotavento con piquetes de la guarnici6n, milicias, y el referido resto de la tropa de marina que condujo, mandando el todo el espresado capitin de navio; y a las tres de la tarde un navio y una fragata mpezaron a batir la torre de Cojimar, que en breve espacio quedo con sus parapetos demolidos, y en estado de no poder subsistir en ella la poca guarnicion de que era capaz, ni menos ser sostenida de la tropa que se hallaba en la costa, por el vivo fuego con que batian la campafna las embarcaciones enemigas, situadas a lo largo de ella con increible proximidad a tierra; por cuyo motivo fu6 inescusable el abandono de dicha torre, clavando antes la artilleria, y en su consecuencia, principiaron los ingleses el desembarco por aquella parte, como lo hablan ejecutado por las inmediaciones de Bacuranao, que asimismo batieron por la manana, inutilizando enteramente toda su fortificaci6n; de modo que, asi por esto, como por la grande superioridad de los enemigos, se vieron precisadas nues

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144 JACOBO DE LA PEZUELA tras tropas a retirarse en los puestos que ocupaban, marchando las de infanteria a la altura de la Cabafia, y los dragones a los llanos de Guanabacoa, en donde reunidos, se repararon de la fatiga sufrida en el dia antecedents en las varias marchas, que fu6 forzoso ejecutar a correspondencia de los varios movimientos del enemigo; agregaIndose la incomodidad de la incesante iluvia que se esperiment6, y la falta de alimento, que no di6 lugar a proveer lo precipitado de su destino. Este dia se tuvo junta de guerra, a que concurrieron el teniente general conde de Superunda; el mariscal de campo don Diego Tabares; el comandante de la escuadra marques del Real Transporte; el teniente de rey de la plaza don Dionisio Soler, y los capitanes de navio (on Juan Antonio de la Colina, don Francisco Garganta, don Juan Garcia del Postigo, don Francisco de Medina, don Juan lgnacio de Madariaga, don Francisco Bermudez, don Jos6 de San Vicente y el marquee Gonzaplez; en la cual se acord6, que mediante a que las intenciones del enemigo, segn'n en donde acababa de hacer el desembarco, se dirigian a apoderarse de la Cabafia, sitio tan dominante a la ciudad, y al castillo del Morro, se procurase impedirle este intento, tomando luego puesto en dicho sitio, y fortificindolo con artilleria de a doce; a cuya ejecuci6n paso inmediatamente el ingeniero don Juan Cotilla, con los gastadores de S. M., y se erigi6 un reducto hacia la parte del Morro, en que se montaron tres cafiones y otro con dos hacia la de Guanabacoa, dirigido este trabajo por el ingeniero en gefe don Baltasar Ricaud, con una linea de comunicaci6n para el resguardo de la tropa (que no se pudo perfeccionar), y la prevenci'n de que, en el caso de ser atacada con fuerzas superiores, se hubiese de inutilizar dicha artilleria, ya fuese clavandola, 6 despefiandola al mar, habi6ndose facilitado su conducci6n por medio de las tripulaciones de marina, que con el mayor ardimiento se emplearon en esta obra a la' direcci6n del teniente de navio don Miximo Du Bouchet por disposici6n de su comandante general; habiendo trabajado con el mismo esfuerzo en habilitar y poner corrientes las dos baterias de la Pastora, y plataforma del Morro.

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 145 Igualmente, de acuerdo de la misma junta, se resolvi6 escnbir al gobernador de Guarico, y president de Santo Domirnio, avisandoles de lo acaecido, y ernpeftndoles al socorro de La plaza, con las conslid eraciones de su important conseraCKi~n, y que los pliegos se dirigiesen por dupliCado a Cuba, para cue desde alli-, por Baracoa, se enaminasen ganando los instances de tiempo. Tambien se despacharonr cartas c.iculares a todos los lugares de isla, hasta 0 puerto del Princ2pe, haciendo I1amamiento g-i ede las nricias, para que ilcuisen al 0or,o de la zlco. 1 mayr nmr d g se ud e ra Coo el casL.o del 0or, po r, SU vetajfl ( s4tuaci6n, es ,le fa 7aza, y e lstu may0r2 s ,-sOS Me CJecurarse c lus arli1A, 0 e Suy1
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146 JACOBO DE LA PEZUELA migos un pequefo bosque, se dejaron ver en la campana, formados en tres columnas con direcci6n a Guanabacoa, en cuyo campo se hallaba el coronel don Carlos Caro con 50 dragones de la Habana, 6 igual ndimero de Edimburg, acabados de montar provisionalmente en caballos, que a instancia del gobernador facilitaron algunos regidores y vecinos distinguidos de la ciudad, cubriendo su derecha con un platanar, para que los enemigos no reconociesen su fuerza, y dudosos de ella, detuviesen Ia columna que ya se hallaba sobre el camino d, Cojimar a esperar las otras dos, que bajaban por Bacuranao, dando tiemro con este alto a que ilegasen de Guanabacoa algunas militias de a pie y de a caballo, mandadas Ias primeras por el coronel de ellas don Lui3 de Ari-iar, y las sruind pI o el capitin de dragones don Luis Basabe, las cuales acabaron de incorporarse al mismo tiempo que ya se ponian en march pir r ehl villa 1as tres columnas ngls, haciendo fuego con artilleria de campaiia. A este tiempo se hallaba toda nuestra caballeria sobre ia derecha de Ia primera columna que marchaba por el camino de Cojimar, abrigada de la espesura; y aunque la superioridad de su fuerza, el 6rden con que se sostenian todas tres, y as dificultades del terreno no permitian atacarla, lo intento no obstante don Carlos Caro, conociendo en su caballeria deseos de ejecutarlo, a cuyo fin dispuso batir el flanco d(1 los enemigos por piquetes, para que, empleados sus fuegos en elos, pudiese Ia demais tropa romper la columna; pero, no habiendo podido conseguirse esta idea por el desorden y confusion con que ataca ]a caballeria del campo, haciendo inditil el empeno, y ponicndose en la necesidad de retroceder a la primer descarga del enemigo, hubo de elegir dicho coronel el partido de retirarse a 'Jesd's del Monte, para mantener desde alli Ia posesion de la campafna, y las avenidas de la plaza, dejando una gran guardia de 60 caballos en el paso del rio Luyan6, a vista de los enemigos. La noche de este dia empezaron a hacer fuego de artilleria y fusil nuestras tropas, situadas en la Cabafia, a una partida de enemigos, que parece se destiny a sorprenderlas por el reducto de la parte de Guanabacoa, siguiendo con los fuegos

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COLECCION DEL BIC ENTENARO D 1762 147 los navios Aquilon y Conquistador hacia la parte por donde debian ejecutar su marcha los ingleses; y en esta ocasion hubo hasta 20 heridos de los nuestros, a que contribuy6 la oscuridad y el ningdln concimiento de las milicias; las cuales faltas de toda discipline y absolutamente desacostumbradas al uso del fusil (ad'n para los ejercicios de la diversion) se contentan con el del machete, de que generalmente se sirven porque les es d1til en el corte de lefia y otros destinos propios de la labranza; resultando de aqui la opinion qUe tienen do diestras en el manejo de esta arma, que nada ha conducido, segin ahora se ha esperimentado, para hacer con ella frentb al enemigo; porque, temerosas del fuego, y nada constantes en sufrirlo, retroceden a las primeras descargas. En este mismo dia se tuvo junta de guerra, en la que se tomo la resolucicn de cerrar el puerto con los dos navios, el Neptuno y Asia, y los demas que fuesen necesarios; temiendo justamente que una poderosa escuadra, intentase forzarlo o introducir algunos 14rulotes de fuego con que incendiar los navios y apoderarse de la ciudad por la part de la marina, en la cual toda la fuerza se halla colocada hacia la boca del puerto, y con efecto, se calaron a pique en sus inmdiaciones, atravesando la distancia desde la Punta al Morro, con una cadena de madras y clavos. A las diez de la nocbh se trath en una nueva junta la dificultad de mantener el dominion do la Cabafia, respecto de la retirada que era forzoso hacerse en caso que el enemigo la atacase con fuerzas superiores, por 1o fragoso de su falda, y el justo recelo de que, introduciendose alguna confus6n en las milicias, so precipitasen unos, y se ahogasen otros, sin que bastasen a remediarlo la actividad y desvelo del comandante y demais oficiales, ni la precaucion que se habia tomado de formar una planchada para comunicaci6n de una parte a otra de la bahia, y menos la de mantenerse inmediatas las lanchas para recibir la gente que bajase, y habiendose reflexionado otros graves inconvenientes, que desde luego se percibian, de que si los enemigos lograban improvisamente apoderarse de la bateria, podrian dirigirla contra la ciudad, y hallar anticipado el trabajo que de otra suerte hablia de costarles el trans

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148 JACOBO DE LA PEZUELA Porte de la artilleria a aquella altura y el de que pudiesen introducirse por la misma pfanchada rmezclados con los nuestros en su fuga; cargando ademis, la consideraci6n en que, cuando por la notoria importancia de aquel puesto, a que con empefo aspiraban los enemigos, se quisiese mantener por nuestra parte, era indispensable guarnecerlo con competent trera rc Iada, debilitando el nervio principal de la plaza, que unicamente consisted -n ci re rn nto Fijo do ella (de cuyo total dEb n rebajavm los destcamntos de la Florida y Cuba y otros diferentes de la costa), en 8 companies del batall6n do Espaia, y en 5 del d, Arag(n, unos y otros cuerpos cuasi dinminuidos en su mitad, a causa de la epidemic que pade,m cel. aC o antldente Laaose en g situaci'n la e a, con ne-esidad de conse rvar na y oftra par las sJe n so0r-.an, y rs tS a. 1tau e de la / r banda df "A enemigo a inva, m lo rca s maiobva d s en la espusoenla, juta, st pe CdArl p Iles -o 1o o 'ndoIa, -,,II e, Us de nlvd aa ariJr fa eiis reipitr Il C1I)Ar, e r-tiras con4 >a >vro a re2aa 2ean O himre d miiias en~ l )L'Ki aspIn Sup>iorniente atacados. Se ~ O ma1-_v ei 7jrio nr en 1: nmdacoe de ruoa.oa sm abe en onino ecnie in y lo msonstodrgns y caballeria enC."d"Jan del Monte contnunndse enla pl.az~a los ftraao p0a,1r1fc T)2 1 Tierr y d 1uat del rn, esalons paraeto yI eslnaa d ad, miqu contribuye e la mayor, Parte l marineria de -a es,!cuiadra, y la maetrnza de real consiruci, n Alrim imoqeu ni rmero de negros eDtclA-avos, venidos dt ls itgetnios con eo fin de emplear los mas hAbiles en el ejereicio de las aas, y a los bozales en otros destinos mas adaptables a su

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COLECCION DEL BQIENTENA 10 DE 7L 149 comprension, alentandolos con la gracia de la libertad, si la merecieren sus esfuerzos. Por un desertor frances, que se pas6 a la plaza, se supo que el ejercito ingl6s se componia de 4,000 hombres, venidos de Inglaterra con el lord Albemarle; 6,000 que se habian agregado de Jos que sirvieron en la espedicion de la Martinica; 4,000 de tropa de marina, distribuida en los navios y fragatas de guerra pryesando que el ndimero de aquellos era de 28 a 30, y que asimismo traian como hasta 4,000 negros para el servicio de los trabajos. Para acabar de cerrar la boca del puerto, se desin el navio la Europa, que se cal6 a pique; y el Aquilon bati6 el campo de los enemigos cerca de Guanabacoa, estrechando el comandante de la escuadra sus 6rdenes, para reforzar con gente de marina los baluartes de la plaza, y para que estuviesen los navios prontos a echarse a pique, si acaso la urgencia to pidiese. Dia 10 de junio Este dia amaneci6 la escuadra inglesa, parte a barlovento del puerto, y la restante a sotavento, mantenidndose fondeada, a escepci6n de 3 fragatas y un bergantin que lo ejtcutaran en la punta de los Miraguanos, y el ej6rcito enemigo conserve; la misma posicidn, guardando igualmente la suya nuestros dragons y caballeria. La division de sotavento emp' z6 a batir la torre de Ia Chorrera, situada a una legua de la ciudad, a cuya defena se habia destinado desde el primer dia al ingeniero voluntario don Antonio Trebejo, con competente n'nmero de trabaiadores para atrincherar aquella playa y cubrir la tropa del coroner don Luis de Aguiar, con algunos morenos rmIlicianos, y el batall6n de milicias de Guadalupe a las 6rdenes de su comandante don Tona's Lopez de Aguirre. Como habia justo motivo de recelar que el intento de los enernigos fuese el de sorprender ha plaza por la parte de tierra, asi por lo absolutamente indefensa de sus murallas, como por los movimientos del ejercito, que encaminaba sus partidas hacia el rio Luyan6; se dieron varias disposiciones para embara

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150 JACOBO DE LA PEZUELA zarlo, siendo Ia primera incendiar todos los edificios estrafia 6 irregularmente construidos al tiro de pistola de 1a plaza, arrasar en el terreno inmedito los arboles y plantios de consistencia, hasta dejarlo despojado, y romper las canferias que conducen el agua a Ia ciudad, para inundar toda La campifla y parte de las canteras desde el pi6 del recinto hasta una distancia que hiciera, impracticable el acceso a el, por no tener foso, camino cubierto, estacada ni otra obra eSterior que Ia embarazara; todo lo que se ejecuto con prontitud. Situandose del mismo modo por parte de la marina en el estro del Puente Nuevo (paso preciso para la ciudad, Ia fragata Ia Constanza, con Ia balandra de Ia Florida, y o a particular, a que se seguian 2 fragatas, para auxiliarlas con gene y municiones; luego Ia Asunci6n, de Ia Real Compahia; dispuesta a batir con un costado al astillero, y con el Ofro la lanura ,dI Horc6n; continundo desTups el navio San Geniro y el Ame rica con igual destino sobre today lacampinia hasta Ia Puerta de Tierra. Los capitanes de milicias don Diego Ruiz y don Bernardo Dfiaz atacaron en Corrai Falso de Guanabacoa, una partida de ingleses, que estaban alojados en una casa, natando a los unos y haciendo retirar a los otros, hasta que socorridos por una de sus gudias avan aas, lograron rechazar a los nuestros con Ia perdida de dicbo capitan Ruiz. Las noticias varias que rarecen ms verosimiles son, las de ser 44,000, con hombres de tropa reglada, y 2,000 trabajadores negra lo s de que so compone Ia fuerza del enemigo. A los tenientes de navio don Maximo Du Bouchet y don Jos6 de C6rdoba, se les encarg( Ia conduccion de los cahones y curefias de mar que estaban en el arsenal, para guarnecer el recinto de la parte de tierra de. Ia plaza; del que se hicieron cuatro divisiones que se pusieron a cargo de los capitanes de navio don Pedro Castejon y don Francisco Garganta, el coronel don Alejandro Arroyo y el teniente coronel don Jos6 Panes Moreno; poniendose tambien cada bateria en particular al cuidado de diferentes oficiales de tierra, y de marina, con los artilleros y gente necesaria. Y semejantes disposiciones se tomaron asimismo para la custodia y defensa de La parte interior del puerto desde la puerta de Ia Punta hasta Ia Te

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 151 naza, en Ia inteligencia de que por falta de tropa reglada para cubrir la mayor parte de Ia muralla, estaban las cortinas y baluartes guarnecidos de negros, mulatos y otras especies de gentes semejantes, a quienes la necesidad solo pudo elegir para unos destinos de tan recomendable consideracion. En la de que estrechindose el bloqueo de Ia plaza quedaba impedida Ia comunicaci6n de' toda Ia isla, y sin el pronto espendiente de los asuntos que ocurriesen en ella, tanto mis preciso, cuanto que a los de administraci6n de ju sticia y de gobierno debian agregarse los de guerra, con Ia aplicaci6n de medios propios para impedir los progresos de los enemigos y desconcertar sus ideas: se tuvo por conveniente elegir una persona de competente cardicter, esperiencia militar, celo y eficacia, en quien recayese el comando general de Ia isla para todo cuanto ocurriere en ella fiera de la ciudad, y a conse-ueicia de esto, de acuerdo con el arqus del Real Transporte y er oficiales generales, recay& la eecc in en el capitin de nav'lo don Ju T 1 An Ignacio Madariaga, a quien se le despach6 titulo de comandante general de la miF ma isla, y gobernador subdelegado de ella, acompainiisndole con Ia instruccin correspondiente, y destindindole asesor y escribano para Ia mejor direccion en los negocios, y para los concernienteI a Hlevar a vigor Sc s Idel pais, y proveer a Ia subsistencia de ]as tropas, se le proporcionaron igualmente caudales, con un tesorero para Ia debida formalidad en su distribuci(n. En las milicias y gentes del pals se distribuyeron los fusiles que habia, con porcion de lanzas y chuzos, y todo el armamento que pudo suministrar Ia marina. Dia 11 de junto La escuadra inglesa continua en La misma situaci6n, y destac5 a fondear eOL Punta Brava algunos navios, una fragata y tres bombardas, las que desde las dos de ]a tarde comenzaron a bombear la ciudad con poco efecto. La tropa de milicias que habia quedado-en la. Cabafia, fue atacada superiormente por los enemigos, y se retire a la ciudad. Las lanchas de La escuadra, que en los dias antecedentes intentaron sondar La ensenada de La Chorrera, fueron retiradas

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152 JAC O) DE LA PEZUELA por las milicias apostadas a!!; pero habiendose acercado 3 fragatas y batido ha pe.uena torre que sufrio el fuego y correspondi6 con el suyo hasta quedar reducida a un monton de ruinas, se determine a abandonarl su comandante y guarnici6n con alguna perdida. Tres ba .d i inogh. a t acaron este rnismo dia el suroidero de Batabano, en la costa del Sr, a 12 !e-uas de la cudad; pero fueron rechazadas por el fu'o fe un hateria de in aun no perfectamente acabada, de que estaba encaricado Ai teniente don Carlos Dv:aux. Y habiendo permanecido fondeadas fuera de tiro, se retiraron el siguiente dia, despues de haber avresado una pequena goleta del trJfico de la costa. El navio El Conouistador, oie se habla acordado arostar entre la puerta y castillo de la Punta, no pudo colocarse nor falta de agua sificiente, y en su lugar se situ6 la fragata la Perla, de la Real Compafnia. Las bater as del Yecinto se continuan con la mayor viveza, esreeialmente las de la puerta de !a Punta, en cuvos imnortantes trabajos se esmera el canitan de navio don Pedro Ca&eion, cncargado de aquel puesto. Dia 12 de, junio Por h) pa1te de sotavento se mantiene fondeada la escuadra desde Ptnta Brava a Li Chor-rea, y has bombards se han retirado algo mass, obligadas del fuego del Morro y de la plaza. Las partidas de observaci'n en la costa de sotavento se retiraron a la plaza depu's del abandono de Ia Chorrera, con Ia noticia de haber desembarcad los enerigos hasta 2,000 hombres en aquel puesto. Fi castillo del Morro hizo incesante fuego con Ia artilleri. de la cortina y baluarte de tierra a los enemigos que prince piaron sus trabajos contra aquel frente. Dia 13 de junior La tropa enemiga, acampada cerca de la villa de Guanabacoa, recogio sus tiendas, y dividida en cuatro pelotones, narcho hasta el cerro del Indio.

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COLECCION DEL BICENTENA111 E 7T 153 Los alcaldes de Santa Maria del Rosario remitieron 8 prisioneros hechos por las partidas volantes de su jurisdiccidn, ejecutando lo mismo el provincial de Guanabacoa con 75 que aprehendieron las de su mando en varios reencuentros en que hubo de nuestra parte 2 muertos y 6 heridos. Para cegar los pozos que habia al pie de la Cabana en los almacenes de marina, se destinaron diferentes lanchas armadas, que al mismo tiempo estrajeron los pertrechos que alll habia; cuya operacicn se sostuvo por una plancha con 2 piezas de a 18 sin oposici6n de los enemigos. Una de nuestras partidas sorprendio en el rio de la Chorrera a unla lancha que estaba haciendo agua, malando al capitan de un patache, y tomando 5 marineros que shallaban en tierra. Y en el rio de Cojimar fueiron igualmente aprisionados un teniente de navio, in guardia marina, dos sargentos y un soldado que habian venido con el mismo destino. Al anochecer de este dia se sinti6 en el castillo del Morro talar el bosque por la parte de la izquierda de la Cabana a distancia de tiro de fusil, con cuya novedad se Icieron hacia aquella parte ripetidas descargas de fusileria, alternando el cafi6n y metralla. Dia 14 de junio El enemigo bati6 las tiendas que tenia e'n tres camm, formados centre Guanabacoa y el rio Luyano, y una pequefia columna como de 100 hombres se observe dirigir su marcha hacia la Cabafia. En la punta de Miraguanes so embarco en 16 lanchas algunas troas que condujeron las kismas a bordo do diferentas transported, dos de los cuales pasaron a sotavento. El castillo del Morro continuo su fue-o con mis viveza contra los trabajos del enemigo, y por haberse notado que este se atrincheraba, a precaucidn del ataque que pudiese premeditar, se dispuso un parapeto para cubrir nuestra, gene, con zacos de tierra; y desde este instante fueron muchas mas activas las providenciaq que se dieron por la plaza y por la marina para reforzar dicho castillo, contribuyendo a todo su comandante don Luis Vicente ded Velasco con imponderable eficacia

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154 JACOBO DE LA PEZUELA y celo, que esforzaban a su imitacion los demi's oficiales, soldados y tripulaciones. Continua el bombeo contra los baluartes de la Punta y el Angel, dirigido todo a los almacenes de p6lvora que hay en ellos, de lo que parece tienen noticia los enemigos, segun sus puntorias; habiendo habido en este y en los dias antwcedentes, algunos heridos. Sibese que traen buenos guias los enemigos, y se observan las mas noches sefiales en la ciudad corre-Pondidas de sus campos, segun avisan. Los en.gos, que de noche pas n sgente a bordo de las ernbarcaciones, desembarcaron en lh Chorrera hacia el nmrero de 300, y diriI6ndose a la nc de &m Antonio, e e-tab'ecieron en efla, haciendo retirar deSpues de mucho fuego que le hicieron, al comandante del Horco'n, que mantenia q' pestot, con un muerto y 4 heridos. Recelandose que el enemigo con el intento de fortficarse en la Cabana iondria alli morteros para arrojar granadas y bnbas inceidiarias a nuestros navios, dispuso el comandante ie la escuadra que todos desaparejasen dejando los palos cof solo los amantes y estais; y habindose reconocido que trabajaba en hacer faginas sobre dicha montana empezaron los navios Tigre e Infante a disparar con tanta viveza y acierto sobre su trabajo, que en breve impidieron su continuaci6n; y el mismo buen efecto hizo con sus fuegos el Aqcuilon, emelazando d transito a las partidas que se dirigian a la propia altura. Dia 15 de Junro A sotavento del puerto amanecieron 6 navios de guerra dados fondo frente a la Chorrera, y tambien 4 fragatas, 2 a la vela y las otras 2 fondeadas, con diferentes ernbaraciones de transporte, permaneciendo una bombarda dad a fondo on Punta Brava, y siguiendo otra su rumbo a sotavento, el que tambien lievaron 4 embarcaciones y un navio de linea de los de la division de barlovento. El campo enemigo permaneci6 en las nimediaciones de Guanabacoa, teniendo sus vanzadas en el cerro del Indio, y una columna como hasta de 200 hombres se dirigi6 a la Ca

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 155 bafia, en cuyo parage no se not6 otra novedad que la de continuar el trabajo de faginas cerca del Morro, cuyo castillo no c
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156 JACOBO DE LA P7UFLA la parte de la Chorrera desde la estancia de Justiz a la do Ar6stegui como 250 hombres, los cual&fueron repetidamente incomodados por nuestras partidas iueltas, habiendo de una y otra parte algunos heridos. Por diferentes deoertores se supo tener los enemigos adelantados sus trabajos para fornar en la Cabana batsrias do artilleria y morteros contra el Morro, con cuyo aviso se redoblaron las atenciones en dicho castillo, y no hubo cosa que se omitfese para reforzarla y ponerle en el mayor resguardo. Se destin6 por el comandante de la escuadra al teniente de navio don Francisco del Corral al mando de la fragata la Perla. Continuan los trabajos de la plaza con la mayor viveza, auxiliados de los pertrechos y gente de los navios, situandose los marchantes, planchas y goletas en los parages mas propios 6 incomodar a los enemigos, en sus marches, contramarchas y movimientos por las cercanias de la playa. Dia 17 de jurio Las tropas de tierra permanecieron en sus propias situaciones, conservando nuestros dragons y lancoros la de Jesus del Monte, con aigunas partidas avanzadas distribuidas en las estancias inmediatas al campo de los enemigos, haci'ndoles continuos acometimientos, que los obligaban a star en el mis trabajoso movimiento y cuidado. Y habiendose conocido que intentaban fortificarse en la estancia de San Antonio y casa de Belen, se destacaron algunos de dichos dragons y lanceros a dificultarles las operaciones. La antecedente noche dirigi6 el enemigo un numero de 1,200 a 1,500 hombres desde su campo de Guanabacoa a la ciudad de Santa Maria del Rosario, en la que entraron de madrugada, cometiendo algunos des6rdenes y robos en las casas de los vecinos, y en Ia iglesia, donde despojaron de su vestuario la imagen de Nuestra Sefiora del mismo titulo; y aunque aigunos paisanos armados con las partidas de milicias mas inmediatas acudieron a oponerse al enemigo, el mayor nnmero de este, y el orden y precauciones con que se restituy6 a su campo, no dieron lugar a quo de nuestra parte se le pudiese hacer mis

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COLECCION DEL BICENTENARLO DE 1762 157 p juicio que el de a gunos heridos en la contramnarcha, segiin despus se upo por los desertores. En el castillo del Morro se obsev que q el onemigo formaba una bateria contra 6l a tiro de fusil por el angu'o del caballero de sierra sobre una cantera antigua, habiendose visto algunos negros conducir sacos de tasco 6 lana para lo3 ataques, a consc. encia de Io cual propuso don Luis de Volaseo una salida, ea que uni.'ndose a la tropa del castillo algJUa mi de la plaza, depU's de itido el mornt. a bala rasa y eralla, se probase a inutilizar el trabajo e xos xernigos. Y conmultado este sunto en junta se resolvi6 no poderse practicar dicha salida, porque habendo d hacerse con, troya regd y silndo tan ss desu cuquir ordd. que sobrevinios Ir d ns a tao a a prince n d2 la deaaz,; pues au n cuando se g in'tento, Solo e (cOnsg 11 aguna coZta mora, a que s aI a el que n e enmio Lo a ampada, si as cias muy p1a~o a)artr de na nuesra; qudad por osto ro rmalosv de dic0t .j gAsen lasue miran e a ;y edesdse.fXrzQ ; y Is de j 1 ,C,( municion11()S 1erreo y Vvrs adn Lsd Velac 'T"~I~i ) I -i ti2Kos m T'i no e a i de CA ca alo o s11rl s n m gos e (-' d U. ylo a. u! o p de nAonio ao osible en -s awminv trarsitoEn da bbo n p runo rencento etreun de nuesSo d on bste prd Io cc nuestra paLe 2 rmuoirtos v 7 heridos. SaUDS C. 10s prisicetos qu e setmr n en dicho reue, s u pa gAt eesmdi' 4 a Cfn ,00 1 Jdados de marina, con 100 n 0gros a s c enes del )n,,nel Howo, y que se habian destacado 3 navios line Svia frgats a hacer el corso.

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158 JACOBO DE LA PEZUELA Tambien se supo por un desertor, que el enemigo formaba una bateria de 2 obuses al S. de la cruz de la Cabafla, para batir al Aquilon y demais navios, sin que de ellos pudiesen ser vistos ni incomodados. Dia 18 de junio No se noted novedad en la posicion de la escuadra inglesa, ni en la de las tropas situadas en ]a narte de Guanahrloa e inmediaciones de la Chorrera, estendiendose desde la estancia del Padre Ruiz hasta la de San Nicolas, y sus centinelas hasta la loma de Arostegui. El teniente don Fernando de Herrera tuo un pequeno reencuentro con una gran guardia de los inqleses en Las casas del doctor Serrano; y aunque se. vi6 precisado a retirarse, cediendo a la superioridad.de la fuerza, fu6 despues de estlar herido con otros 7 de sus tropas y un muerto. La tarde de este dia Ileo un bot(e con banI.ra de paz, trayendo las cartas del conde de Albemarle, y dl alnirante Pocock, cuyos contenidos se reducian: la del primero a manifestar la extraneza cue le habia causado el que a la lle ada de sus tropas a la villa de Guanabacoa y demais pueblos y casas, las hubiesen abandonado sus habitadores, no obstante el cuidado puesto para embarazar su retirada, proporendo que si querian restituirse, con especialidad los eclesiasticos, haria poner salvaguardias, y remitiendo asimismo un prisionero espafbiol nombrado Francisco Diaz, que se titulaba tenien de milicias, para que se le castigase cometentemente por ha ber ntentado matar al que lo habia aprisionado y puesto consiguientemente bajo su protecci'n; y dirigiendose el contest del alnirante a la queja de haber sido tratados bairbaramenle por los espaholes algunos marineros que habian sido heclADs prH oneros: pidiendo se le permitiese a don Juan de Miralles, que lo era de los ingleses, venir a la ciudad bajo su palabra de honor; y solicitando noticias de dos oficiales que se habian echado menos en su escuadra. A que se le satisfizo manifestando no constar el mal tratamiento que se suponia, ni tener la menor noticia de 61; y que por el contrario, todos los prisioneros que por nuestra parte se hacian, eran tratados con igual asistencia

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 159 a la que esperimentaban los mismos soldados y marineros espafioles: condescendiendo a su instancia sobre la venida en tierra de don Juan de Miralles, y comunicdndole las noticias que se tenian de los oficiales por quienes preguntaba. Y al conde de Albemarle se le respondi6, que la retirada de los vecinos se consideraba dimanada del principio de su amor 6 innata fidelidad para con S. M. C., y de los temores de la licencia military que no habia sido suficiente a contender su several disciplina en la profanaci n de los templos y ultrage de las imagenes; conchwyendo con In imposibilidad de adherir el gobernador al partido que se le proponia, cuando debia ser el primero a promover en sus subditos el dictamen invariable de mantenerse siempre fieles a su rey y seflor natural, y de conspirar uniformemente al desempeno de las atenciones que deben ser el principal objeto de .L conducta. Y por lo toc-nte al castigo del espafiol Francisco Di. z, presentaindose la dificultad de juzgarlo sin las formalidades precisas para su convencimiento en el delito que se le imputaba, se le devolvi6 para que, segun el que referia hab.er tenido del hecho insinuado, si se considerase autorizado por el derecho dc las gentes para la imposicion de las penas eue debiese sufrir, tomasen la resolucion que estimase por mis conforme, de que no podia quedar responsable el gobernador. Con cuya re-puesta se retire el bote cue siempre estuvo a vista de la entrada del puerto. La madrugada de este dia hubo algnn fiuec de fusileria en el Morro, al qte dieron principio los enemigos con tres tiros, y lo euedaron Alternando reciprocamrente hasta el amanecer, jugando el castillo de rato en rato el caflon a metralla. Esta noche se despach6 una goleta con plie os a! obernador del Guarico, y generales franceses, que alli existen, en solicitud de prontos socorros, y se provey6 al castillo de la Punta de ma's artilleria y algunas piezas de 24., concurriendo a las faenas de su conduccion y montura las tripulaciones d la escuadra, con todo el esmero que siempre lo han ejecutado desde el principio del sitio. El alcalde provincial de Guanabacoa estrech6 con la gente de su cargo a una partida de ingleses, con quien estuvo disputando un puesto en las inmediaciones de dicha villa mis de

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160 JACOBO DE LA PEZUELA media hora despuss de la cual 1ogr6 rechazar a los enemigos, con nuerte de algunos y la toma de 11 prisioneros. Y en otro iencuentro que tuvo un piquete de milicias apostado en el Horc n, se 1.ci"eron 4 prisioneros, y mataron 2; habiendo habido de nuesr parte en estas dos acciones un rmueito y 5 heridos. Se mantienen a la vela 4 navies enmigos entre Ilos uno d rsuents, b r o pre la vista de la boca del puto, as g sq cruz deaCorra, CoJJriar, ya cnrro A An l eg r s aa tald CrO Aonio n eo e 3 400, tendidas c7s n s ada$ fsde la encia de Pde Puiz aa "As, y "oma c A g y nuaron ha > Au airincUeraie >en Lora ma inolino dj Pa >mi, c(n1erVnni o en. sus 1 pustOS ios estab )eCid0s cerca ds nov14da algua, y 1min r ajAr e' 2-f -1r s en i a ArsEn ca Car g >h na b al N.O. s, 1cm 0s tros, qu usnarCOOc; y asimimosladiri h-bs incorfv uJ i a sigo thcia "L N., i g irandose Cosiernd snmeteimoraneel haerd anntar s sn bat Sde a 24 cl II g A U) yeco p pso rmedL'> ent en preiay se pas al gobeSir C sal ce Q, Is7dr Ln 81 b tm u cenr ir 3 pdza e 4'gual caliber en la i ng .,n &e r que est detrAs de ]a Vds awy Stinesi.

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COLECCION DEL BICENTENARIO DE 1762 161 El castillo del Morro hizo hoy un fuego muy vivo hacia el parage en que el enemigo prosigue el trabajo de sus baterias; y como a cosa de la una, lo dirigi6 tambien contra los navios que se les aproximaban. Las baterias de la Puerta de la Punta, San Telmo y San Ignacio, con la fragata la Perla, de la Compafila, hicieron igualmente fuego continuo sobre el mismo trabajo, aunque siempre con dificultad, y no el mejor e.ecto por la mala calidad de ]a p6lvora, y con mas consideracion de la que requerian las presentes circunstancias, pues la advertencia de no estar los almacenes bien provistos de dicho genero obligaba a la precaucion de prevenir se tirase solamente lo muy preciso, y con todo 4l tiento necesario. Los enemigos situados en la parte de la Chorrera cortaron el agua de la zanja que viene a la ciudad, con la que se habia inundado la campana de mar a mar por cerca de la estancia de San Nicolas; pero como dentro de los muros hay muchedumbre de algibes todos suficientemente proveidos con las lluvias que han pasado, solo les aprovech6 esta maniobra para impedir la dicha inundaci6n, que servia de bastante reparo contra cualquier proyecto de atacar violentamente la plaza, fundados en la confianza de sus numerosas fuerzas, y en la cortedad de defensores arreglados que tiene la plaza, ademais de sus notorias flaquezas en la fortificaci6n, cuya noticia no podia ocultarse a los enemigos. Se repiti6 correo al gobernador de Cuba en solicitud de socorro de armas, municiones y viveres, con nuevo encargo para la pronta direccion de pliegos destinados con igual fin a la isla de Santo Domingo, en que se incluyen otros dando cuenta a S. M. del estado de la plaza. Dia 20 de junio No se not6 otra novedad en la escuadra y tropas de tierra enemiga, que la de haber continuado estas perfeccionando los dos reductos a que habian dado principio en las inmediaciones del cerro de San Antonio para poner a cubierto su campo. Los castillos del Morro y Punta, con las baterias de este nombre, San Telno y'San Ignacio, y la fragata la Perla hicie

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162 JAGOBO DE LA PEZUELA ron fuego sobre los trabajos del enemigo. Y por un marinero que se pas6 de la escuadra, se supo haberse destacado al corso un navio y dos fragatas. Este dia se dispuso la salida de otra goleta a Ilevar los duplicados de los pliegos dirigidos al presidente de Santo Domingo y al gobernador de el Guarico. Dia 21 de junio Como a Las dos de la madrugada, con noticia que dieron las centinelas avanzadas y escuchas que estaban fuera de la muralla de que los enemigos venian marchando hacia ella, se toco a iebato, poni6ndose toda la gente sobre las armas y encendidndose luces en los baluartes; en cuya conformidad se stuvo hasta el dia, que hecha la descubierta v reconocicn ose no haber novedad en las inmediaciones de la plaza, se mand6 recoger !a gente a las casas de alojamiento destinadas frente de la muralla, en donde son irremediables las incomodidades y de3ampe-o que padece por la cortedad de estas y estar muchas de ellas destechadas de la paja o guano que las cubria a precaucion de los incendics de las bombas y balas rojas; pues aunque pudiera dispensarsele alguna comodidad y abrigo pira C1 descanso en otras casas mas a prop6sito no ha podido ejecutarse por no tenerlla mas dispersa y apartada de las murallas a uya v ista era menes3ter estuvieso siempre lopoc ) rato3 que no s taba sobre ella, respecto de que la cortedad de su n mero rv prestaba proporcidn para el relevo; y la poca confianza en las milicics, mulatos y negros que cubrian much parte de la misma muralla hacia mayor 1i fatiga de la trepa que por estas razonies enfe rma cada dia en t'rminos que causan el mayor cuidado. A cosa de las ocho se volvio a tocar a rebato por la observaci(n que se hizo de marchar el enemigo para el Horecn, y recclarse fuese con designio de aconeter a la ciudad; pero, luego que se reconoci6 que solo se dirigia a !a lona de Luz, volvieron nuestra tropas a ocupar sus alojamientos, quedando inicamente la tercera parte sobre la muralla; y Los drago'nes y caballeria que ocupaban dicha lona, se apartuaron algi'n tanto de ella, hasta que por la tarde la desampararon los ingleses,

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COLECCION DEL BICENT ENARPO DE 1762 163 restituy'ndose a su campo de San Antonio, de donde habian salido en ndimero de 800 a 1000 hombres. Tambi n de Guanabacoa pasaron otros tantos el rio Luyan, encanian dose a ocupar las alturas vecinas a ia espresada de Luz, para dominar por la espalda a ]a de JesUs del Ivionte en que se habian situado nuestros dragones y caballeria, con eo Objeto a conservar libre la comunicaci6n de la plaza; lo cual visto por el coronel don Carlos Caro, pas6 con toda su gente a la loma del Mazo, dejando entire ea y la e Lim -u3s grandcs guardias, y formada en batalia su caballeria delante del enemigo quien se atroperd en diferentes ccasas; y aunque noche se retir6 a sus campamentos, nuestra ca-balVlia se rmantuvo on la loma del Mazo, con el receio de qu en I m Icha> casas que cuibrian las emninencias ocupadas pios c Cnigos no quedase eiboscado y fortificado a'gdin ndmero grande de dllos. En la Cabafia continuaron con ardimiento sus trabajo: paia lecer bateria contra el Morro, no obstante el contnuo Ifuego que hacia el castillo air rasdndoelos ; y c s ruyendoseos con de muchos. Ccn la noticia que trajo un desertor franil s, de que os inCeonducian ciertas ma'quinas para incendiar 1os 3Avios, e dieron por el mafqu '4s del Real Trnsporte las provid>encia que parf:cieron mas a proposito a precaver