Citation
Cuba contemporánea

Material Information

Title:
Cuba contemporánea revista mensual
Place of Publication:
Habana
Publisher:
Publisher not identified
Publication Date:
Frequency:
Monthly
Language:
Spanish
Edition:
v.7
Physical Description:
44 v. : ; 24 cm.

Subjects

Subjects / Keywords:
Periodicals -- Cuba ( lcsh )
Cuba ( fast )
Genre:
Periodicals. ( fast )
Revistas ( qlsp )

Notes

Dates or Sequential Designation:
Tomo 1, núm. 1 (enero 1913)-
Dates or Sequential Designation:
Ceased with t. 44 for July/Aug., 1927.

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Holding Location:
UF Latin American Collections
Rights Management:
Permission granted to University of Florida to digitize and display this item for non-profit research and educational purposes. Any reuse of this item in excess of fair use or other copyright exemptions requires permission of the copyright holder.
Resource Identifier:
01565556 ( OCLC )
ocm01565556
Classification:
AP63 .C7 ( lcc )

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UNIVERSITY OF FLORIDA LIBRARIES













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CUBA CONTEMPORANEA






















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REVISTA MENSUAL


DIRECTOR:
CARLOS DE VELASCO


AVO II


TOMO VII (ENERO A ABRIL, 1915)


























REDACTORES: Julio Villoldo. Mario Guiral Moreno. Jos6 S. de Sola. Max Henrlquez Urefia. Ricardo Sarabasa.












Tuba ontempor dea


ANO III

Tomo VII. Habana, enero de 1915. Ndrm. I.






LA OPINION PUBLICA

Y SUS MANIFESTACIONES


ENERALMENTE se considera, y con exactitud puede decirse que estk por todos aceptado, que la opini6n piiblica se exterioriza de un modo preciso, en los paises bien constituidos, por medio del Poder Legislativo y de la Prensa. Rsta recoge las manifestaciones de toda indole, formuladas privadamente en el hogar, en los cireulos sociales, en la oficinas, en los talleres, en los teatros, en los paseos, en los corrillos y tertulias, y les da forma, las analiza y encauza. El Poder Legislativo, cuando sus actos se basan en tales manifestaciones analizadas y encauzadas por la Prensa, concreta y expresa la voluntad national en f6rmulas que responden a los latidos de la opini6n pdiblica, a las necesidades o aspiraciones del pais. No de otro modo define la opini6n piiblica el notable tratadista Dr. Vicente Santamaria de Paredes, en la pfgina 393 de su Curso de Derecho Politico (9.a ed., Madrid, 1913), vali6ndose de palabras del eminente Bluntschli: Es principalmente la opini6n de las clases medias, juzgando con independenia... No engendra ]a vida creadora, pero la recibe, se apodera de ella y Ia esparce por doquier; mfis bien critica y comprueba que gobierna... Nace en ]a sociedad, del comercio de los hombres, y con motivo de observaciones dispersas y de conversaciones habidas en los mfs variados eireulos... Sus formas son mfiltiples, y en todas partes se produce y se revels,










CbUBA dONT9MPORANEA

en la familia, en los salones, en el teatro, en los cafis, en las reuniones pfiblicas, y sobre todo en las COmaras y en ]a prensa, que son como sus oficiales int6rpretes.
Pero, I responden siempre y en todas partes la Prensa y el Poder Legislativo a las solicitaciones de la opini6n pfiblica; son exactamente sus int6rpretes en todo momento? No, indudablemente. Hay casos--excepeionales, desde luego-en que ni la Prensa ni las C~maras reflejan los verdaderos sentimientos po-. pulares; hay ocasiones en que ambas entidades no interpretan debidamente los deseos o las aspiraciones nacionales; es decir, no recoge y analiza la Prensa los latidos de la opini6n pfiblica y no concreta el Poder Legislativo la voluntad nacional en f6rmulas que ]a expresen con toda exactitud. Y cuando esto sucede, fuerza es reconocer que motivos poderosos han influido sobre la una para que no ejerza plenamente la fitil funci6n a ella encomendada, y que intereses ajenos a los nacionales han pesado sobre el otro hasta el punto de convertirse ambos en factores contribuyentes a la realizaei6n de fines individuales o partidaristas, que, sean cuales fueren, los desposeen momentkneamente del carcter de fieles interpretadores de la opini6n pfiblica o la voluntad nacional.
Sin embargo, la opini6n pfibliea, que es la forma en que se revela el espiritu pfiblico, encuentra siempre medios de manifestarse de un modo u otro, aun cuando la prensa enmudezea: jamfis, en pueblos donde 61 existe vigorosamente, deja de exteriorizarse aqu6lla tan pronto como encuentra coyuntura favorable, actuando por los medios que estfn a su aleance-libros, folletos, hojas sueltas, manifestaciones populares, exposiciones colectivas, representaciones pfiblicas--, encaminados a lograr la obtenei6n de sus aspiraciones o a detener la aprobaci6n de medidas que no respondan a ellas. Cuando a tales medios se reeurre, es porque la Prensa no ha lienado su funci6n debidamente, o la ha lenado a medias; es decir, cuando enmudece, cuando refleja un interns ajeno al nacional o cuando es hostil a 6ste, en el primer caso; y en el segundo, cuando acoge con tibieza el anhelo popular, o cuando s6Lo una pequena parte de ella recoge el sentir pfiblico y no bastan los pocos vehiculos de publicidad para hacer ilegar hasta las altas esferas el eco de la verdadera










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corriente de opini6n inspirada en los mds elevados intereses del Estado.
El jefe de 6ste, rey en las monarquias y presidente en las repfiblicas, tiene el deber de oir pacientemente las solicitaciones de todos cuando se trata de ciertos actos del Poder Legislativo, y el de atender las de aquella parte que a su juicio represente mejor, en determinado momento, la voluntad nacional; sin que nadie pueda sentirse ofendido por la resoluci6n que en definitiva adopte, ya que toda la responsabilidad es fiicamente de 61, en quien reside la facultad de aprobar o no los proyectos de ley sometidos a su sanci6n. Pasta, segfin dice el propio tratadista Santamaria de Paredes en la pfgina 336 de su citada obra,
es el acto en que el Jefe del Estado autoriza la publicacifn de la ley para que adquiera fuerza obligatoria... Como ha dicho muy bien el Sr. Reus Bahamonde, "Ila sancifn no tiene por objeto aumentar el prestigio de la ley, " sino imprimir careter de unidad a aquello que ha de obligar a todos; "mediante ella, el Jefe del Estado, com o representante de la unidad su"prema, hace suya la ley para que, deseendiendo con semejante apropia"ei6n de lo alto, obligue por igual a todos aquellos (6rganos) cuya cate"goria no es inferior a la del Poder legislativo, y que por lo tanto hasta "iel momento en que la sanci6n llega, se encuentran libres de cumplir y "aun de conocer la decisi6n de la Cmara". Y en efecto, la sanci6n no s6io garantiza al ciudadano de que la ley se ha heeho constitucionalmente, sino que es tambi6n garantia de la independencia de los podekes ptblicos; pues de lo contrario, el ejecutivo y el judicial quedarlan obligados finicamente por la dcclaxaci6n de otro poder igual en autoridad al suyo, y que tal vez se extralimitase en el ejereicio de sus funciones.

Cuando esto sucede; cuando el Jefe del Estado entienda que el Poder Legislativo se ha extralimitado en el ejereicio de sus funciones, cuando entienda que viola la Constituci6n e invade la esfera de alguno de los otros dos poderes-Ejecutivo y Judicial-, o cuando entienda que aun sin concurrir ninguna de estas circunstancias, otras muy poderosas le obligan a no sancionar una ley, es decir, a no hacerla suya, ya porque estime que no se ajusta a los verdaderos deseos de la opini6n pfiblica, ya por razones de orden moral, social o legal, entonces hace uso del derecho de veto, finica forma en que 61 puede oponerse a determinadas medidas aprobadas por el Congreso. Acerca del veto, dice el mencionado tratadista en la pfgina anteriormente citada:












CttBA CONTEMPORANEA


Considerada la sanei6n en su aspecto negativo, recibe el nombre de veto, que definimos como 'Ila facultad que tiene el Jefe del Estado de oponerse eu ciertos casos a Ia publicaci6n de las leyes"; y segin que la oposici6n es definitiva o temporal, asi el veto se denomina absointo o Sspensivo. Conceder al monarca o al presidente de repfiblica Ia facultad de suspender indefinidamente ]a publicaci6n de las leyes, equivale a otorgarle Ia funci6n legislativa, permitiendo que sobreponga su voluntad a Ia de la Naei6n en Ia declaraci6n del Derecho; por esto es inadmisible el veto absoluto. Pero el veto suspensivo es necesario, porque puede darse el caso de que los Parlamentos se aparten de Ia opini6n pfbliea, o den la ley sin preocuparse de Las dificultades para su aplicaci6n prictiea, o se separen del espiritu de Ia Constituci6n o infrinjan las preseripciones que mantienen" Ia axmonia de los poderes pfiblicos. Y cuando esto suceda, el Jefe de Estado obrar& raionalmente suspendiendo In publicaci6n de Ia ley... De esta suerte, el Jefe de Estado, lejos de oponerse a Ia voluntad nacional, serA su mfis firme garantia contra el abuso, Ia negligencia o la impremeditaci6n de una Cfmara. He aqui por qu6 Ia generalidad de los tratadistas defienden boy, si bien bajo diversas formas, el veto suspensivo, incluso aquellos que niegan Ia sanci6n al Jefe de Estado, lo cual es una contradicci6n palmaria porque necesariamente ha de presumirse unn sanci6n tfcita euando el rey o el presidente de repfiblica no lagan uso de esta prerrogativa.

En Cuba, al Presidente de la Repfiblica le otorga la Constituci6n el derecho de veto suspensivo, puesto que el ponerlo a una ley elevada a su sanei6n, no significa que ella no podri regir nunea-que es el veto absoluto--, sino que no desea 61 aprobar lo hecho por el Congreso y deja a 6ste la responsabilidad de la medida, si ambas Chmaras acuerdan, por el voto de las dos terceras partes del niimero total de los miembros de cada una de ellas, ratifiear el proyeeto de ley o la resoluei6n objeto del veto presidencial, que no puede ser discutido, pues el cuerpo colegislador que los hubiere propuesto se limitari a consignar integras en acta las objeciones del Presidente. En cambio, estfi en el deber de discutir nuevamente el proyeeto de ley o la resoluci6n objetados. Y esto queda comprobado con s61o transcribir los dos pirrafos primeros del articulo 62 de la Constituci6n nuestra, que dicen asi:

Todo proyeeto de ley que hayn obtenido Ia aprobaci6n de ambos CuerPOS Colegisladores, y toda resoluci6n de los mismos que haya de ser ejecutada por el Presidente de Ia Reptblica, deber*n presentarse a 6ste para su sanei6n. Si los aprueba, los autorizari desde luego, devolvi~ndolosj en










LA OPINI6N P6BLICA Y SUs MANiPESTACIONES


otro caso, con las objeciones que hiciere al Cuerpo Colegislador que los hubiere propuesto; el cual consignar(L las referidas objeciones integramente en acta, discutiendo de nuevo el proyecto o resoluci6n.
Si despu6s de esta discusi6n, dos terceras partes del nfimero total de los miembros del Cuerpo Colegislador, votasen en favor del proyecto o resoluci6n, se pasari, con las objeciones del Presidente, al otro Cuerpo que tambi~n lo discutirf, y si por igual mayoria lo aprueba, seri ley. En todos estos casos las votaciones serfn nominales.
De modo, pues, que si el Congreso discute nuevamente el proyeeto de ley o la resoluci6n motivo de las objeciones presidenciales, y ratifica su decisi6n por el n-imero de votos necesarios, entonces regirin por su propio ministerio el proyecto o la resoluci6n, despu~s de haber sido promulgados "dentro de los diez dias siguientes al de su sanei6n, proceda 6sta del Presidente o del Congreso", segdin expresa el articulo 63 de nuestra Carta Fundamental.
En euanto a la sanci6n ticita por parte del Presidente, es aquella que consiste en no firmar y en no objetar, sino en dejar transcurrir los diez dias dentro de los euales debe hacer una de las dos cosas. Esta sanci6n, a tenor del pfrrafo tercero del citado artieulo 62, es la siguiente:
Si dentro de los diez dias hibiles siguientes a la remisi6n del proyecto o resoluci6n al Presidente, 6ste no lo devolviere, se tendr. por sancionado y serA ley.
Si todo esto es asi; si hacer objeciones a determinadas medidas legislativas no es un agravio para nadie, sino el ejercicio pleno de una facultad expresamente atribuida al Presidente de la Repfiblica en nuestra Constituei6n-es decir, un derecho que 6l no puede abandonar sin faltar a ella, y que ha de ejercitar libremente cada vez que lo eonsidere necesario en cumplimiento de sus altos deberes--; si, lejos de oponerse con el veto el Presidente a la voluntad nacional, resulta que constitucionalmente, con arreglo a los dos primeros pfrrafos transcriptos del articulo 62, esth el Congreso en la obligaci6n de diseutir nuevamente el proyeeto o la resoluci6n objeto de aqu6l, con lo cual tienen ambas Cmaras oportunidad de ratificar su punto de vista mediante el voto de las dos terceras partes de sus componentes, 6 c6mo hay en Cuba legisladores que con desconoci-










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miento real o fingido de estas materias (en las cuales confieso no tener la necesaria competencia), y hasta con infitiles violencias de lenguaje, han dicho recientemente que determinado veto presidencial es un atentado a la soberania popular, que "quita derecho y facultad al Congreso", ilegando hasta a expresar que lo discutirian si tuviesen que seguir los impulsos de su carficter y los demAs colegas atendiesen sus indicaciones, aun sin el qu6rum legal en la C6hmara baja y a pesar de que el veto no debe ser objeto de discusi6n, sino solamente el proyeeto de ley origen de 61?
, C6mo es que algunos diarios, que se han distinguido siempre por su serenidad y tacto al tratar estos importantes asuntos cuyo proceso y soluci6n interesan y conmueven profundamente al pals, le han dieho a 6ste que el Presidente no debia (easi que no podia) vetar cierta ley sometida no hace mucho a su sanci6n, porque al -hacerlo se pondria frente al Poder Legislativo, crearia un conflicto entre dos de los poderes del Estado y desatenderia la voluntad nacional, expresada en aquella ley segfin el parecer de sus defensores?
Si se tiene en cuenta la g6nesis del proyeeto de ley de referencia, que primeramente fu6 votado con rapidez vertiginosa en la Chmara de Representantes y por el cual se otorgaba una amnistia en la que, para comprender a determinada persona, resultaban incluidos delincuentes de todas clases en quienes concurriese la eircunstancia de ser veteranos de la independencia
-lo .cual era ya establecer un inconstitucional e irritante privilegio en favor de determinado grupo de culpables--; si se advierte que las amnistias no deben concederse jama's, y por lo general no se conceden nunca, sino por delitos politicos, electorales o de imprenta, no por delitos comunes; si no se ha olvidado que algfin que otro peri6dico combati6 deeididamente aquel proyeeto, entre ellos CUBA CONTEMPORNEA en su n-6mero de noviembre de 1914, donde no s6lo hicimos nuestro un articulo publicado por El Dia en su edici6n del 7 de octubre, reforzfindolo con algunas consideraciones, sino donde tambi6n apareci6 un trabajo del Dr. Ricardo Sarabasa respecto al sentimiento de la responsabilidad, en cuya introduci6n se condena franca y razonadamente el abuso de indultos y amnistias; si se recuer-











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da que el veto ha sido puesto a ese propio proyeeto, modifieado por el Senado al quitarle por medio de una enmienda el carhcter general que en cierto modo teni a y convirti6ndolo en uno completamente nuevo en cuanto a la forma, pero exactamente igual en cuanto al fondo--pues el fin perseguido era el mismo de lavar de toda marcha a una determinada persona-, y que la enmienda fu6 aprobada en un santiam6n en ambas C~maras, sin que la opini6n pfiblica tuviese tiempo de ejercitar acci6n alguna; si se nota que las amnistias son medidas de carketer general y no especiales en favor de un solo individuo, aunque no se le nombre, pues entonces no son mfs que indultos disfrazados, y que la facultad de indultar reside finicamente en el Presidente de la Repftblica, segOin lo expresa el inciso 15 del articulo 68 de nuestra Constituci6n, L c6mo se afirma que la opini6n pfiblica estk de acuerdo con la medida en discusi6n, cuando una parte respetable de ella se ha manifestado decididamente en contra, no por impiedad, sino por las circunstancias que concurrieron en el hecho delictuoso cuya huella se quiere borrar, y por la calidad, ]a representaci6n y las altas investiduras de cuantos en 61 desgraciadamente tomaron parte, y por la gravedad de la medida en sus aspectos legal, social y moral?
Se afirma eso, porque la opini6n pfiblica no tuvo tiempo de exteriorizarse en los primeros momentos de estupor, y, al reaccionar y comprender la gravedad de lo hecho, vi6 que casi todos los diarios callaban o lo acogian unos con beneplficito y otros adoptando una actitud ambigua, que lo mismo podia interpretarse en pro que en contra, mientras algunos, los menos, la combatian o se hacian eco de los varios pareceres de personas a quienes los redactores visitaban con el prop6sito de obtener algunas declaraciones relacionadas con el asunto, al paso que nada o poco exponian ellos por cuenta propia.
Se hizo labor informativa, pero no se gui6 a la opini6n. Y entonces 6sta, sin norte y vacilante, al busear la manera de manifestarse inequivocamente, no encontr6 mfs rpido procedimiento que el de dirigirse al Jefe del Estado, en cuyas manos estaba ya la soluei6n del punto; y lo hizo por medio de manifestaciones o representaciones colectivas, por medio de telegramas, cartas y escritos de todo g6nero, que fueron aumentando












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a medida que pasaban los dias y el espiritu pfiblico se daba cuenta de la necesidad de no asentir con su sileneio a la aprobaci6n de un proyeeto de ley que en todos los tonos se aseguraba que no seria vetado. En cuanto se hizo p-iblica la primera protesta contra el proyecto, se vi6 que quienes tal afirmaban no tenian muy s6lidos fandamentos para semejante aseveraci6n, pues acudieron en seguida a contrarrestar el efecto de las manifestaciones contrarias a sus deseos. Se apel6 entonces al recurso de desvirtuar las protestas, pretendi6ndose que quienes las formulaban lo hacian impulsados por m6viles distintos a los expuestos con toda claridad y muy altas miras, y comenzaron algunos diarios a declarar que la opini6n pfiblica no se oponia a la gracia de indulto. Pero no era esto lo que perseguian los amigos y partidarios de la persona en cuyo favor se vot6 la ley, porque el indulto y la amnistia se diferencian profundamente. Wase, a este respecto, lo que dice el Diccionario Enciclopgdico Hispanoamericano, (Barcelona, 1887, t. II, p. 81):

Importa no confundir la amnistia con el induato... El indulto asegura la impunidad, pero no rescata la honra; la amnistia declara honrado al que exime de pena, considerdndole mks bien como imprudente, como desgraciado, como vencido, que como culpable.
El Conde de Peyronnet, Ministro que fu6 de Carlos X, seial6 estas diferencias del modo siguiente: "Amnistia es abolici6n, olvido. Perd6n "es indulgencia, piedad. Cuando Trasibulo arroj6 a los treinta tiranos, "sestableci6 una Ley, a la que los atenienses dieron el titulo de amnistia, "que quiere decir olvido. En ella se mandaba que a nadie se inquietase "por sus anteriores acciones, y de aqui nos ha venido el acto y aun el "nombre. La amnistla no repone, sino que borra. El perd6n no borra nada, "sino que abandona y repone. La amnistia vuelve haeia lo pasado y des"truye hasta la primera huella del mal. El perd6n no mira sino a lo futu"'ro, y couserva en lo pasado todo lo que le ha producido. El perd6n supone "erimen; la amnistia no supone nada, a no ser la acusaci6n. En una "amnistla se recibe mks y hay menos que agradecer; en un perd6n hay "mis que agradecer y se recibe menos. El perd6n se concede al que ha "sido positivamente culpable; la amnistia a los que an podido serlo. "Aceptado el perd6n, no queda duda de que ha babido crimen; concedida "la amnistia, no admite duda la inocencia. La amnistia nada hace perder "al inocente; el perd6n se lo hace perder todo, hasta el derecho de hablar "de la inocencia. El que ha delinquido, debe humillarse: puede pedir "perd6u y recibirle; el que no ha delinquido, delinquiria humill~ndose; "no debe pedir ni recibir perd6n. El perd6n no rehabilita; antes, po el











LA OPINI6N P-6BLICA Y BUS MANIFESTACIONES 13

"contrario, aflade a la sentencia del Juez la confesi6n, al menos implicita, "del sentenciado que lo acepta.
"La amnistia, no s6lo purifica la aeci6n, sino que la destruye; no "para en esto; destruye hasta la memoria y aun la misma sombra de la ' ' acci6n.
"Por eso debe concederse el perd6n en los delitos comunes y amnistia "en los delitos politicos. En los delitos comunes nunca tiene interns el "Estado en que se borre su memoria; en los politicos suele suceder lo "contrario, porque si el Estado no olvida, tampoco olvidan los particula" res, y si se mantiene enemigo, tambi6n los particulares se mantienen ene"migos. El perd6n es m~s judicial que politico; la amnistia es mfs poli"tica que judicial. El perd6n es un favor aislado que conviene mis a los "actos individuales; Ia anmistla es una absoluci6n general que conviene ''mfis a los hechos eolectivos."

El Presidente de la Rephblica, discreto y ecufinime, oy6 pacientemente a todos, y a ninguno expres6 cufl seria su resoluci6n definitiva; recomendando, en cambio, que siempre eumpliera cada ciudadano con su deber en todo momento. Jamfs oy6 nadie de sus labios otras palabras que 6stas: Yo dej6 que el Poder Judicial aplicase libre y rectamente las leyes, conforme a su juicio; prometi, y lo he cumplido, dejar que el Poder Legislativo procediese con entera libertad, sin estorbarle en lo que creyera conveniente realizar; yo sabr6 cumplir con mi deber.
Por lo que a nosotros respecta, el Jefe del Estado no dej6 fallidas nuestras esperanzas, pues en la p~gina 313 del tomo VI de CUBA CONTEMPORINEA, niftmero de noviembre de 1914, aparecen estas palabras:

... y si ni aun el Senado quisiera velar por los altos intereses morales de ella (de la sociedad cubana), confiemos en que el Presidente de la Repfblica, que ha sabido demostrar muy plausible celo por los intereses materiales, sabri ser fiel defensor de aquellos mks elevados y de mks trascendencia, oponiendo su veto a ese proyecto de ley...

Y asi ha sucedido: el Presidente de la RepAblica ha interpretado, con energia serena y saludable, los sentimientos de la opini6n sana y sensata del pais cubano, en su mensaje de 18 de diciembre de 1914, publicado en los peri6dicos del 19, vetando esa ley de "'amnistia unipersonal". En 61, a mfs de consignarse como fundamentos del veto algumas de las razones expuestas respetuosamente en peticiones particulares que han sido publica-










CUBA CONTEMPORiNEA


das, se aducen otros motivos de orden constitucional, de procedimiento y de consecuencia con anterior conducta en un caso semejante: otra amnistia votada por nuestro Congreso y vetada por el actual Presidente en su mensaje de 17 de diciembre de 1913, aceptado por ambas Chmaras sin discusi6n alguna.
Esta revista cubana da su parabi~n al primer magistrado de la Repfiblica por su resoluci6n en este asunto, en la cual, al propio tiempo que se ve su empefio de cumplir y hacer cumplir los preceptos constitucionales y su decidido prop6sito de velar por el prestigio de los tribunales de la naci6n, se ve tambi6n su Animo dispuesto a la clemencia, que "tiene su forma propia y adecuada en saz6n oportuna, sin desdoro ni mengua de la justicia", estimando que "los respetos a ella debidos han de anteponerse a toda otra consideraci6n".
CUBA CONTEMPORINEA dedica a este asunto su atenci6n, porque estima que desde el primer momento, y como sintoma de una grave descomposici6n social, tuvo 61 grande importancia. La peregrina teoria de que por haber sido puestos en libertad muchos delincuentes, ha de seguirse por este peligrosisimo plano inclinado que nos Ileva en derechura a la subversi6n de los mfs altos principios morales en que debe descansar toda sociedad s6lidamente constituida, es una teoria perturbadora y disolvente. Era preciso hacer un alto, y la ocasi6n se present6 con este caso en el cual las circunstancias del hecho delictuoso realizado agravan la situaci6n de los condenados como participes de 61; y si a esto se agrega que la tal amnistia s6lo beneficiaba a uno de ellos, precisamente al de mayor responsabilidad moral en la comisi6n del delito, y que la forma en que se otorgaba era la menos adecuada para dejar a salvo la majestad de la ley, no ha de extraniarse que ansiosamente aguardara el pals la resoluci6n presidencial en un caso en que jugaban tantos intereses y tan grandes como tenaces influencias. Esto parece sefialar nuevas orientaciones en nuestra vida pfiblica, nuevos derroteros a la marcha general de la naci6n, necesitada de hombres integros que la conduzcan firme y serenamente por los senderos de la rectitud y del deber.
Pero nada lograremos con tener a estos hombres, si no hay otros que los alienten y secunden; si no encuentran colabora-












LA OPINI6N PbBLICA Y SUS MANIFESTACIONES 15

dores en su obra, que es la de todos; si no sienten el apoyo necesario de la opini6n pihblica., que debe estar siempre alerta, siempre dispuesta a actuar r~pida y certeramente, oponi~ndose a lo perjudicial y aplaudiendo lo beneficioso, proceda de donde proceda. En nuestro pals, sobre todo, donde raro es el dia que no recibimos los ciudadanos alguna sorpresa las mfs veces desagradable y por lo com-hn producto de cierta irreflexi6n coleetiva, la opini6n pfblica tiene que revestir todas las formas posibles: ha de ser, como Proteo, incesante y variada. Ya lo he dicho en otra ocasi6n: entre nosotros se hacen muchas cosas indebidas, porque gran nfimero de nuestros compatriotas ha perdido la fe en la eficacia del esfuerzo individual o en com-hn, y no actfian como todos los ciudadanos estAn obligados a hacerlo. Las lamentaciones son injitiles cuando no hay el prop6sito de corregir los yerros o cuando no hay voluntad de reformarse. El remedio estk en nosotros mismos. A este respecto, no resisto al deseo de transcribir los siguientes phrrafos de Santamaria de Paredes (piggs. 406 y 407):

El individuo, que es come la c6lula de todo organismo social, debe ser tamnbi6n el primer elemento para su reconstituci6n, cuando se halle este organismo perturbado per una enfermedad eualquiera. Nada tan frecuente en nuestros tiempos como que el individuo se lamente de los males sociales, y nada haga per si mismo para corregirlos, creyendo que su solo esfuerzo nada vale ante la inercia de otros muchos, sin tener en cuenta que pensando y obrando todos come 61 nada se consigue, en tanto que si cada uno procurase realizar la parte que le corresponde, resultarla el mal corregido espontAneamente. "Todo ciudadano, decla Cicer6n, debe Ilevar "fijo en la frente lo que piensa de la cosa pfiblica", y si todos los que se quejan de los males de la 6poca asi lo hiciesen, tomando parts activa en las funciones sociales, no se hallaria la politica en manos de las facciones y de los politicos de oficio (politiciers, come dicen los norteamericanos), quo so aprovechan de la inercia del mayor nmero para convertir el interns colectivo en provecho propio.
La sociedad debe prevenir y corregir las enfermedades politico-sociales, enalteciendo a los ciudadanos ilustrados y virtuosos, y castigando a los que no lo sean. Cuando las clases altas no consideran lo mismo a unos que a otros, tendiendo un velo sobre la inmoralidad pasada, si el 6xito o la fortuna dispensan sus favores a un determinado individuo; cuando las clases medias, sin perder la fe en los ideals, no vayan en busca de los hombres politicos que mejores empleos les proporcionen, sin tener en cuenta las doctrinas quo 6stos profesen; y cuando las clases populares, sin










CUBA CONTEMPORANEA


dejarse prender en las redes de un falsa democracia, no encumbren a los charlatanes que ms les halagan y m~s imposibles lee prometen: en una palabra, cuando Ia colectividad tenga verdadera conciencia de sus actos y se inspire en los mfs puros principios de moralidad y patriotismo, entonces se habrA extirpado la principal causa de muehos de los vicios politicos que deploramos.
Y al ocuparse esta revista en materia que tanto ha apasionado los Animos, es porque entiende que asi contribuye a Ilenar una parte de la elevada funci6n encomendada a la Prensa; porque aspira a reflejar en sus pfiginas la opini6n libre y verdadera de los ciudadanos que estudian y analizan cuanto puede afectar a la vida nacional en sus distintas manifestaciones; porque es, en el brillante nficleo de publicaciones de Cuba, un 6rgano absolutamente independiepte, ajeno por completo a toda idea de lucro y a todo interns de empresa, de partido, de clase, de grupo o de individuo; porque representa el esfuerzo de una juventud entusiasta por todo euanto eleve al cubano a los ojos de los cubanos mismos y de los extranjeros, de una juventud que s6lo aspira a ser fitil a la patria en la medida de sus capacidades; porque representa, en fin, el optimismo de los que tenemos fe en los destinos de Cuba, m~s amada cuanto mks sacudida por los embates de las pasiones y las acometidas de los que s6lo tienen para ella la palabra amor en los labios, sin que lo ileven en el coraz6n; mks digna de toda clase de sacrificios cuanto m~s asediada est6 por las ambiciones insaciables de quienes la quieren finicamente para medrar a su costa, olvidando que merece, mfs que ninguna otra tierra en el mundo, ver en ella cumplido por los siglos de los siglos el suefio glorioso de sus libertadores y de sus m~rtires.

CARLOS DE VELASCO.
21-XII, 1914.

























EN TORNO A UN MEMORABLE


MENSAJE DE CLEVELAND ()



EL MENSAJE


OS patriotas cubanos esperaban, con natural impaciencia, el mensaje del presidente Cleveland al Congreso de los Estados Unidos; porque se prometian que el primer magistrado de esta gran Repfibliea fijaria su atenei6n en el problema traseendental que la guerra ha planteado en Cuba, y le dedicaria algunas frases, que envolvieran, si no una declaraci6n de nuevos prineipios, la aplieaei6n al menos a nuestro caso de aquellos sobre los cuales se ha levantado esta poderosa naci6n.
Los patriotas cubanos pensaban que el presidente de los Estados Unidos entenderia que las comunidades humanas, cuando tienen individualidad propia, no representan s6lo intereses


() En el nilmero de noviembre, 1914, de CUiA. CO8TFMroniNmA, tomo VI, pAg. 232, y bajo el tftulo de Un infor de Estrada Palma, publicamos el importante documento que en enero de 1897 dirig6i el entonces Delegado Revolucionarlo de Cuba en los Estados Unidos al Secretarlo de Relaciones Exteriores de ]a Repilblica en armas, referente a una parte de los trabajos realizedos en pro de nuestra independencia por ]a Delegacidn Cubana cerca del Ejecutivo y el Congreso norteamericanos, y tambi~n relacionado qon el mensaje que en 7 do diciembre de 1896 dirigi6 al Congreso de ]a Uni6n el Presidente Cleveland. En ese mensaje, los cubanos esperaban que aparecieran declaraciones favorables a ]a Independencia de la Isla; pero no fud ast. Con tal motivo promovi6se una fuerte agitacifn entre nuestros cornpatriotas emigrados, qua consideraron perdida tcda esperanza; y el Delegado sefilor Estrada Palma, quien conflaba en el 6xito de los trabajos qua Ilevaba a cabo. se esforz6 par evitar que aquella agitacifn tomase cearacteres que pudieran bacer peligrar sus gestiones. El seflor Enrique Josd Varona. boy Vicepresidente de ]a R eydblicay ala sazn director de Patria. drgano del Partido Revolucionarlo Cubano en Nueva York, escribi5 entonces para dicho perl6dico un articulo que no fud publicado, por babdrselo padido asi el saelor Estrada Palma; y adems iedact6 un maniflesto dirigido al pueblo











CUBA CONTEXOPLEA


materiales, sino que tienen tambi6n su espiritu, encarnado en sus instituciones, que tiende a extenderse, a comunicarse, para gozar asi de vida mfs amplia y dar mayores frutos.
Los patriotas cubanos creian que el espiritu de la libre Am6rica significa el reconocimiento explicito del derecho inconeuso de todo pueblo, de toda reuni6n de hombres dentro de limites geogrfficos determinados, a dirigirse y gobernarse libremente, de conformidad con sus necesidades materiales y sus aspiraciones espirituales, sin sujeci6n a ning-in poder extraflo, sean euales fueren los titulos hist6ricos o politicos que 6ste pueda alegar.
Los patriotas cubanos abrigaban la convicei6n de que el esfuerzo heroico de un pueblo vecino, situado a las puertas de los Estados Unidos, en el coraz6n mismo de la America libre, para derrocar un gobierno que lo oprime, lo esquilma y lo corrompe, un gobierno que ese pueblo no se ha dado 61 mismo, un gobierno puesto exclusivamente en manos de gente extrafia, y el centro de cuyo poder esth en una distante naci6n europea, inereceria la atenci6n siquiera del jefe de un gobierno republicano, fundado en la libre aceptaci6n del pueblo.
Los patriotas cubanos se han engafiado. Mr. Cleveland s6lo sabe que la Isla de Cuba esth gravemente perturbada; y que esa perturbaci6n, ademfs de desconcertar las relaciones mercantiles de la Uni6n con la colonia vecina, incita a cierto n-imero de ciudadanos americanos a violar las leyes de neutralidad vigentes en este pals.


norteamericano, que debi6 ser firmado por los miembros de la Sociedad Cubana de Estudies Juridicos, y al cual tampoco se did publicidad, segiln nos informa su autor.
Ambos escritos, el articulo y el nanifiesto, nos ban sido facilitados eanablemente pot el ilustre Dr. Verona, y son estos quo publicamos hoy agrupAndolos bajo un titulo C'flfln, aunque respetando el puesto por 6l a eada uno de ellos. El primero, El Men eie, reflelp 1a sorpresa dolorosa que en los cubanos produjo aquel documento tan esperado y ]a dectst6n de continuar Ia lucha einancipadora chasta triunfar o perecer entre los escon-brcs Oe su patria ; el segundo, La opini6n de los cubanos V' el mensaje de Mr. Clevelard, no s6lo revela Iddinticos sentimientos, sino estudia ]as poderosas causes isupeditivas (I acetilr otra solucisn que no fuese ]a independene'a de Cuba y aduce razones que todavia son, alginms, aplicables a nuestro aetnal estado y a las dificultades con que tropezomos en nuestra eombatida y lenta obra de constituirnos en nacidn libre, pr6spera y culta, fundada sobre la base firme de una verdadera democracia en donde eada cual tenga noeifn exacta de sus derechos y de sus deberes, cumplieudo 4stos sin vaeilaciones ni eobardiasy ejereitando aqudllos plenamente, sin violeneias de acein ni de lenguaje.











EN TORNO A UN MEMORABLE MENSAJE DE CLEVELAND 19

Mr. Cleveland no se siente contagiado por la simpatia sentimental de esos ciudadanos, y les advierte que su deber es atenerse al texto estricto de las leyes que prohiben prestar auxilio al pueblo oprimido, aunque no prohiben prestarlo al poder opresor.
Mr. Cleveland desea naturalmente y aun ardientemente, earnestly, que cese cuanto antes la devastaci6n en la Isla y que se restablezca el orden en su territorio perturbado. Es claro que, como Mr. Cleveland no parece sospechar que en Cuba se debate por las armas un problema politico de magna importancia, ni sabe otra cosa sino que hay una perturbaci6n en Cuba, su deseo de que se restablezca el Orden significa, o parece significar al menos, el deseo de que la vida de la Isla se encauce por el mismo camino anterior al 24 de febrero, lo que no quiere decir otra cosa que el triunfo de Espafia.
Debemos pensar que Mr. Cleveland ignora lo que significaria para los cubanos y para Cuba la realizaci6n de ese deseo. Para los primeros no significaria otra cosa sino la reducei6n absoluta a la impotencia y a la insignificancia en su propio pats,
-la sujeci6n a un regimen de castas bajo unaley perpetua de sospechosos. Para la Isla significaria la continuaci6n del pillaje sistemhtico y la ruina y la miseria definitivas.
Si Mr. Cleveland se preocupa tanto de las relaciones mercantiles entre Cuba y los Estados Unidos, bueno seria que pensara cufn mal cliente es un pais arruinado. Y Cuba espafiola no ser nunca Cuba prospera.
Pero como los cubanos saben todo lo que parece ignorar o no ver el presidente de los Estados Unidos, esthn resueltos a hacer, y harAn cuanto est6 en sus manos y les permita su esfuerzo, para que no se restablezca el orden en la Isla por medio de la victoria de Espafia. No quieren para su pats la paz de Varsovia. No quieren ver poblados de sus hijos y hermanos los presidios do Espafia. No quieren ver a sus compatriotas mks conspicuos o mks integros vagar proscritos por el mundo, sin patria ni hogar. No quieren un nuevo periodo de agitaciones politicas est6riles y de conspiraciones, que culminen en nuevos levantamientos, Estfin decididos a concluir de una vez. Solos con la justicia de su causa, o acompafiados de la buena voluntad











20 CUBA CONTEXPORkEA

de los que sienten simpatias por la nobleza de sus prop6sitos admiraci6n por sus sacrificios sin tamafio, solos o acompafiad, continuarfn la lucha hasta triunfar o perecer entre los esco: bros de su patria.



LA OPINI6N DE LOS CUBANOS Y EL MENSAJE DE MR. CLEVELAND

Los patriotas cubanos se han levantado en armas contra gobierno desp6tico de Espafa, para establecer la absoluta in( pendencia politica de la Isla de Cuba. Ni un momento ban d conocido la magnitud y los riesgos de la empresa. No se les oc taban las calamidades que atraian sobre su patria. Ni eran c gos, para olvidar las complicaciones internacionales que habi de surgir del estado de guerra en un pais relacionado mertilmente con poderosas naciones extranjeras. Pero los males q sobre ellos pesaban habian llegado a ser tan intolerables, injusticias que los agobiaban tan depresivas para su dignidi y de tal suerte comprometian unos y otros el porvenir pueblo cubano, que creyeron preferible arrostrar todos los 1 ligros de una lucha tremenda y desigual, a ver consumada ruina material por las expoliaciones del gobierno espadol, su ruina moral por el regimen degradante y corruptor a cu sombra las mantenia inflexiblemente.
Harto sablan los patriotas que iban a comprometer sus vid a dafiar la prosperidad inmediata de su pals, y a perturbar equilibrio econ6mico del mereado universal. Pero una larga dolorosa experiencia les habla ensefiado que el r6gimen espaf resultaba al cabo m&s ruinoso para la Isla que las guerras TE asoladoras; pues a consecuencia suya la historia econ6mica Cuba se compendia en una prolongada crisis de terribles ac, sos peri6dicos. Conflaban ademfs en que lo legitimo de sus vios, la alteza de sus principios y la pureza de sus intencio justificarian a los ojos de Los extraflos su valerosa resolu
En esta parte no han visto defraudadas jor completo esperanzas. Las simpatias de esta gran Repdblica, asilo










EN TORNO A UN MEMORABLE MENSAJE DE CLEVELAND 21

ral de cuantos penan por la libertad y espejo de cuantos aspiran a la dignidad civica, ban estado desde los primeros momentos con nosotros. Los pueblos de Hispano-Am6rica, unidos al nuestro por estrecho parentesco y vinculos hist6ricos, se han conmovido con nuestras desgracias y han aplaudido el heroico esfuerzo de nuestro pueblo.
Mas al cabo de dos aflos de incesante batallar, en que no hemos escatimado ni nuestra sangre ni nuestra hacienda, para resistir al empuje del ej6rcito mfs formidable que ha cruzado el oc6ano, y en que hemos desalojado al gobierno espafol de las cuatro quintas partes de nuestro territorio; cuando tenemos a nuestro lado la inmensa mayoria de la poblaci6n de la Isla y con nosotros, en coraz6n y espiritu, al resto de los cubanos que permanecen en las ciudades dominadas por el ej~rcito espafol, nos parecia que teniamos derecho a esperar el auxilio moral y diplomfitico de los gobiernos libres de este Nuevo Mundo, en euyo seno esth enclavada nuestra patria.
Era natural, por tanto, que esperfsemos con avidez las palabras del Presidente de la naci6n americana, al reanudar sus sesiones el Congreso federal, porque ellas habian de probarnos si ]a justicia de nuestra causa, los heroicos sacrificios y los indecibles sufrimientos de nuestro pueblo eran debidamente apreciados por aqu6l, a quien toca en primer t6rmino representar el espritu de esta gran naci6n republicana en sus relaciones con los pueblos extranjeros.
No podemos dudar que el Presidente ha estudiado con madurez Ia situaci6n de Cuba, ni que ha puesto en juego para ello los medios de informaci6n que le brindan los agentes consulares de los E. U. en la Isla. Tampoco nos es licito sospechar de la rectitud de sus miras, ni de la nobleza de sus sentimientos; y nos hemos dado cuenta, con respeto y gratitud, de que pone a disposici6n de las dos partes betigerantes los amistosos oficios de los E. U., para apresurar el fin de la contienda.
Por lo mismo hemos deplorado y deploramos vivamente que la inica sugesti6n explicita que hace el Mensaje, para buscar el camino de un avenimiento entre Cuba y Espafia, sea de todo punto impracticable. En momentos tan criticos, cuanto pueda torcer la opini6n pfiblica acarrea graves daflos. Esthn en la










6WUB CONt~hPORIN-VA


balanza la vida o la muerte de un pueblo. Nuestro deber y nues tro interns nos exigen de consuno que declaremos paladinamen te nuestro sentimiento, para que ni el pueblo americano, ni sn magistrados, den calor a un designio que no responde de nin gin modo a las necesidades de Cuba, ni al decidido prop6sit( de sus habitantes.
Cree el Presidente que si Espafia ofreciese a Cuba la auto nomia verdadera, se podria esperar razonablemente que se Ile gara, sobre esa base, a la paz. Las mks graves razones hacei absolutamente inaceptable ese expediente. Los cubanos han ape lado al tremendo recurso de la guerra, para salir de una situa ci6n intolerable y poner remedio definitivo a los males de si patria. La autonomia, que es de todos modos la soberania d Espafia, no se lo pone. Hay razones de orden eeon6mico, d orden politico y de orden moral que lo demuestran.
Al entregarnos el gobierno metropolitico la administraci& de la Isla, nos la traspasaria en condiciones que harian impc sible el trabajo productivo, el desarrollo de la riqueza y la vid ordenada. La gesti6n financiera de Espafia en Cuba ha sido tai desatinada, tan imprevisora y tan indiferente del porvenir, qu al recogerla de sus manos no nos quedaria otra alternativa qu la bancarrota inmediata o la paralizaci6n del desarrollo norma de la riqueza p-iblica, cegada en su fuente por una tributaci6 que consumiera todas las utilidades. Espafia, que no ha reconc cido james personalidad a su colonia, para administrar sus asur tos privdtivos, ni para regirse en ningfin sentido, se la ha reec nocido siempre en el orden financiero para expoliarla a su ai bitrio. Cuba no ha tenido magistrados propios, ni asamblea propias, pero ha tenido un tesoro propio. Propio porque se al mentaba con las rentas de la Isla, pero del cual Espafa dispon! a su antojo. Espafia ha tratado y contratado en nombre de Cubf sin autorizaci6n, ni representaei6n de los cubanos, contrayend empr~stitos enormes con la responsabilidad exelusiva del tesor colonial. Al estallar la guerra, se encontraba Cuba con una dei da de $ 190.000,000 por la que pagaba anualmente, en interew y amortizaci6n, $ 12.884,549-55. Inmediatamente dispuso el g bierno espafiol de una emisi6n especial de bonos cubanos, q] tenia en cartera, para atender a la conversi6n de obligacion(










EN TORNO A UN MEMORABLE MENSAJE DE CLEVELAND 23

anteriores; y grav6 el tesoro de Cuba con la enorme suma de $ 122.500,000 al 5 % de inter6s, que representan $ 6.125,000 anuales. Espafa ha consumido ya estos cuantiosos recursos nuestros en hacernos la guerra, para mantener su yugo. Acaba de realizar un empr~stito interior de $ 80.000,000 al 5 %, declarando que Cuba los pagarb, despud6s de la pacificaci6n. Son 4.000,000 mis que amenazan el presupuesto cubano. De esta suerte, suponiendo que los gastos de la guerra se hayan limitado a lo que declaran las cifras oficiales, el primer presupuesto normal de Cuba espafiola habria de reconocer una carga de $ 23.009,549-55 anuales, s6lo para los intereses y una pequefia parte de amortizaci6n de una deuda abrumadora, domiciliada toda en el extranjero. Para apreciar de una ojeada la signifieaci6n de este hecho decisivo, baste recordar que el Circulo de Hacendados caleul6 en 1887 las utilidades liquidas de la Isla en $ 39.600,000. Suponiendo que Cuba tuviese la misma renta el dia despu6s de la paz-lo que es totalmente absurdo-- entra en lo humanamente posible que Cuba mantenga su producci6n, salga del curso forzoso, pague sus gastos de administraci6n y gobierno, fomente la cultura y capitalice con $ 16.000'000 ?
Si fuera necesario reforzar ese argumento, t6ngase presente que la enorme tributaci6n impuesta por Espafia y el acarreo constante de -caudales fuera de la Isla, han impedido que se capitalice en Cuba y han encarecido extraordinariamente el capital que ha afluido del extranjero. Mfs de 50.000,000 de pesos reconoce el Mensaje que tienen invertidos en nuestro pals los ciudadanos de esta repfdblica. Casi todas las lineas firreas de la Isla pertenecen a capitalistas inglesEs y se explotan con capital ingl6s. Los crecidos intereses de esas grandes sumas salen de Cuba. El pals se desangraria si a esa extracci6n normal de caudales se afadiera la producida por los intereses de su deuda monstruosa.
Por otra parte no es de presumir que Espafia renunciara francamente al monopolio mercantil de que hoy disfruta, pues el atraso de sus industrias y la distancia no le permiten de otra suerte mantenerse con ventaja en nuestro mereado. Pero el monopolio en favor de Espafa se traduce en encarecimiento de la vida para el jornalero cubano, obligado a consumir articulos










24 CUBA CoNTMAEPORINVA

espafioles de mala calidad y a pagarlos caros, y en el manteni. miento de los fraudes que enriquecen al mercader, pero des moralizan al pueblo.
En el orden politico no son menores los obstfculos con quE tropieza la pretensa soluci6n auton6mica. Espafia es el revers de un estado democritico. Tres clases gobiernan y explotan e pueblo espafiol. Los militares, los bur6cratas con el nombre d( politicos, y el clero. Cada una de ellas tiene su parte en lo despojos de Cuba, y estin resueltas a no perderla de ningfu modo. El ej6rcito colonial es exclusivamente de espafioles, 3 ofrece el campo mfis pingiie a la codicia y a la ambici6n de loi militares de la Metr6poli. Jamfs consentirian 6stos en que Es pafia retirase su ej6rcito de Cuba. Y g podrian tenerse por librei los cubanos, ni serlo en realidad, con un ej6rcito extranjero d ocupaei6n dominando la Isla y una escuadra extranjera duefif de sus mares? Los politicos espafioles derivan gran parte de st poder y provecho del patronazgo que ejercen sobre los destino! pfiblicos en la Isla. Tampoco se desposeerfn de 61, mientras seax sefiores de Espafia. Podrfn los cubanos mejorar ni moralizai su administraci6n mientras los empleos de mfs responsabilidac est6n en manos de advenedizos, que s6lo yen en Cuba una etap de su carrera y el camino rfpido para la fortuna,? El elero di la Isla es espaiol, y rivaliza con los empleados civiles en habi lidad y despreocupaci6n para sacar la sustancia del pueblo. Todi su influencia se ejerceri en contra de las naturales libertades de cubano, y serh el primero en estorbar o falsear todo intento d, gobierno propio.
Pero si hay estas radicales dificultades por parte de Espafia no las hay menores por parte de Cuba. El cubano quiere din girse a si mismo, y ser responsable de su destino pr6spero adverse. No quiere ver su suerte ligada a la de una naci6n eu ropea atrasada y refractaria a las ideas modernas de derechc Si despu6s de la guerra de los diez afios pudo avenirse a pro clanmar la autonoinia colonial como su aspiraci6n politic; fu porque confiaba en que aquella dura lecei6n no habria sid, est6ril para Espafia, y porque la situaei6n econ6mica de Cub le hacia entrever la posibilidad de restaflar en breve plazo la heridas de la guerra, y crefa posible entregarse, a la sombra d










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la paz, a reformar su condici6n social y politica. La conducta posterior de Espafia desvaneei6 todas las esperanzas del pueblo cubano, por un sistema de mistificaei6n que era un agravio constante a nuestra dignidad y nuestros derechos, y por un regimen fiscal que no podia producir sino la ruina, a cuyo borde nos encontrhbamos cuando resolvimos lanzarnos a la guerra.
Por eso los mismos que durante aflos propagaron. y defendieron el r6gimen auton6mico, como soluci6n inmediata del problema cubano, han sido de los primeros en responder al llamamiento de sus conciudadanos que dieron el grito de independencia. Los antiguos autonomistas, casi en su totalidad, estfn hoy en el campo de la lucha, en la emigraci6n o en los presidios espaffoles. Los nombres de muchos de los que firman esta exposici6n bastan para comprobarlo.
Con ser tan poderosas estas razones, hay todavia otras de carfcter superior que se oponen al plan indicado por el Presidente. No hay verdadera uni6n politica, donde no existe el vinculo estrecho de sentimientos comunes. Y a este respecto, el divorcio entre la conciencia cubana y la conciencia espafiola es radical e irremediable. La historia de la dominaci6n de Espaiia en Cuba, en todo lo que va de siglo, es una serie continuada de crimenes, perpetrados con la sanci6n hip6erita de la ley. Desde 1810 ha estado constantemente erigido el eadalso en Cuba para los ilamados crimenes politicos. El nfimero de patriotas cubanos ahoreados, agarrotados o fusilados por los espaffoles, pone espanto. Los muertos a mansalva, sin sombra de proceso, son incontables. Cada vez que los eubanos, en nuestra desesperaci6n, hemos apelado a las armas para derrocar su gobierno tirinieo, los ej6reitos espafioles ban caido sobre Cuba, como hordas de tfrtaros, lievindolo todo a sangre y fuego. Y la polieia espafiola ha impuesto el reinado del terror en las ciudades, arrastrando a las mazmorras, por meras sospeehas, a los mbs respetables ciudadanos. Los cubanos no han tenido elecci6n sino entre el destierro, el presidio o la muerte. Los bandos de sus generales, desde Valmaseda hasta Weyler, han probado que se consideraban en pais enemigo, al cual han aplicado la ley de hierro de la guerra en las edades mhs bdrbaras. En 1869, Valmaseda arras6 la regi6n oriental de Cuba; y en 1896 Weyler esth haiendo el










26 CUBA CONTEMPORkNEA

desierto a su paso en la regi6n occidental. Para ahogai! en sangre el anhelo de libertad del cubano, Espafia no ha repugnado ningein procedimiento, ha pagado delatores, ha fomentado la traici6n, y no ha retrocedido james ante el crimen. Ahora mismo contempla el mundo con espanto el cadAver de un h6roe cubano, a quien jams pudieron veneer los ej6rcitos espafloles en campo abierto, y a quien ha abatido en la sombra el brazo venal de un asesino sobornado. No hay puente que pueda salvar este abismo de sangre. Espafia ha enlutado nuestros hogares, ha devastado nuestra tierra, nos ha dispersado por el mundo, sin patria ni amparo, y ha encendido en nuestros corazones la llama de un horror inextinguible. A la sombra de la bandera espafiola no podrf vivir con serenidad de conciencia el cubano. En la colonia espafola no puede haber patria para el cubano.
El gran pueblo de los Estados Unidos no puede olvidar que los padres de esta libre y pr6spera naci6n sentaron, como su inconmovible fundamento politico, que los gobiernos se han establecido para asegurar a los ciudadanos "la vida, la libertad y la consecuci6n de la dicha"; y como su consecuencia, que "dondequiera que una forma de gobierno se convierte en instrumento para la destrucei6n de esos fines, el pueblo tiene el derecho de cambiarla o abolirla y crear un nuevo gobierno, basfndolo en los principios y organizfndolo en la forma que mejor convenga a la realizaci6n de su bienestar y felieidad". El pueblo cubano no tiene seguras bajo el poder de Espafia ni la hacienda, ni la vida, ni la libertad, no dispone del producto de su trabajo, ni puede por tanto desarrollar libremente sus elementos de cultura material y moral. Vase, pues, si estfi justificado al apelar a las armas para abolir ese gobierno y crear otro que le asegure sus derechos; y si no obra cuerdamente al rechazar una transacci6n que de todos modos habia de mantener el predominio politico de Espafa.
El gobierno de esta poderosa federaci6n tiene tambi6n reglas de conducta que de antiguo lo guian. S6anos permitido recordarle que, con respeeto a las colonias americanas de los Estados de Europa, ya desde 1869 Charles Sunmer les mareaba un derrotero, cuando decia: "El tiempo de las colonias europeas ha pasado, al menos en este hemisferio, donde fueron por primer










EIT M ORRO A ug MEM6RABLE, MEISAJE Dt CLEVELAND 27

vez proelamados los derechos del hombre y donde por primera vez se organiz6 el gobierno propio."
Colonos hasta ayer de Espafia, colonos agraviados, tiranizados y en justa y abierta rebeli6n, no podemos creer que los buenos oficios de la gran Repfiblica, que di6 el ejemplo en el mundo y conserva la tradiei6n del gobierno propio, se ejerzan para mantenernos en una sujeci6n que aborrecemos; y_ perseveramos en esperar que se ejereerAn para asegurarnos nuestro combatido derecho a la libertad y la independencia.

ENrIQUE JosA VARONA.




















EL DESCUBRIMIENTO DE AMERICA Y LA IGIENE


tContar cuindo, d6nde y quidn hizo uni
cosa bien se acierta; empero decir c6moe dificultoso.s
FANOcWCo 14PZz DR oQARo .

0 mismo los poetas espafloles e hispanoamericanof
que los historiadores de todo g6nero y condici6n, har
enrostrado a Espafia, con acentos de indignaci6n
con el recuento frio de los hechos y la aglomeraci6r de cifras, la crueldad gastada para destruir una raza en todo e' continente americano. Es verdad que la historia de Am6rice sefiala el hecho de la despoblaci6n y que ninguna de las nacio nes comprometidas en la empresa de la conquista y colonizaci6r de las tierras descubiertas estf. exenta de cargos de crueldad Espafioles, portugueses, bitavos, ingleses, aun los alemanes qu estuvieron al servicio de Espafia, contribuyeron con sus cruel dades a la destrucci6n de los aborigenes. Sin embargo, la cruel dad tuvo poco que hacer en esta obra de exterminio, si bien n( debe eximirse a los conquistadores de los primeros dias, y a loj presidentes y virreyes en una 6poca posterior, del cargo de se vicia ejercida sobre los naturales, fria y meditadamente. Se pen saba en esos tiempos que la crueldad era un elemento necesari( de gobierno, y desde ese punto de vista los hechos ejecutados po: los agentes de las iiaciones europeas quedaban privados de matiz sentimental. Hacerles el cargo de crueldad a un A1inge o a un Ampudia, era como censurarle al tigre sus depredacione










EL DESCUBRIMIENTO DE AM RICA Y LA HIGIENE 29

cadenciosamente en nuestros oidos en pos de aquel ap6strofe con que se deleitaron las repfiblicas nuevas de un agitado continente:
Virgen del mundo, America inocente!
Tfl, que a fuer de mAs casta y mAs hermosa,
Debiste ser del hado,
Ya contra ti tan inclemente y fiero,
Delicia dulce y el amor primero,
Oyeme:
Todavia le estamos escuchando. Sin embargo, cada dia disminuye el poder que la vibrante silva ejerei6 sobre los espiritus.
La despoblaci6n de Am6rica es un hecho a que los naturalistas de la especie humana le han prestado poca atenei6n. Esti visible que la crueldad de los agentes espafoles o de otras procedencias no pudo ser la causa. La poblaci6n de Espalia en el siglo xvi podia ser de unos tres o cuatro millones. Es preciso tener en cuenta que los datos estadisticos de aquella 6poca no merecen cr~dito sino dentro de las mis escrupulosas reservas. Pero si tenemos en cuenta la poblaci6n actual de Espafia y lo que se sabe de otras naciones europeas en aquella 6poca, el c6mputo anterior no parece exagerado. La poblaci6n de Am6rica no se puede calcular tampoco sino dentro de limites muy elisticos. Algunos cronistas de la 6poca estiman en veinte millones la poblaci6n total de Am6rica en tiempo del descubrimiento. La cifra es baja, sin duda, si aceptamos que en algunos puntos del territorio la poblaci6n era muy densa. En la Sabana de Bogot, seg76m elculos muy atendibles, habia seiscientas mil almas al tiempo de la conquista. Tomando este dato por base y teniendo en cuenta la organizaci6n social de los Incas, que extendfan su dominio desde Chile casi hasta Pasto, no es descabellado decir que es baja la cifra aventurada por Jos6 Acosta. Cualquiera que haya sido esa cifra, la poblaci6n era suficiente para absorber en una o dos generaciones el contingente blanco que mandaba la peninsula ib6rica a varios miles de leguas de distancia. Supongamos al Jap6n empefiado en el siglo xx en conquistar a la China. Con todos los medios de destrucei6n que hoy les ofrece la ciencia a las naciones agresivas, puede asegurarse que el Jap6n, duefio de China, vendria a ser absorbido por la poblaci6n










30 CUBA CONTEMPORINEA

del Celeste Imperio al cabo de dos o tres generaciones. La cultura japonesa volveria a ser china seguramente. Los ideales del Nipon se desvanecerian, a pesar de su aparente inmovilidad, en el mar sereno de las tradiciones clsicas chinas, en cuya sabiduria bebi6 el japon6s su primera y verdadera cultura. A una cosa semejante estaba condenada Espalia 'en su conquista de ultramar, y algo de eso significan las guerras de independencia. En Am6rica se form6 una Espafia cuyos ideales y aspiraciones eran distintos de los que le serialaban rumbo a la raza en este lado del mar. La separaci6n fu. mfs tardia y menos substancial, porque la raza americana fu6 destruida en su mayor parte desde que se puso en contacto con los europeos.
Este fen6meno ha sido explicado de diversas maneras. La crueldad es la m6s generalmente acogida, por lo que se refiere a las boras trigicas del descubrimiento y la conquista. En los tiempos de la Colonia se dijo que el trabajo forzado a que sometian al indio en las minas, deterioraba su salud y limitaba su existencia a muy pocos afios. Otros escritores, tratando de descender a las profundidades del alma indigena, quisieron sefialar en la raza, no sin fundamento, una tristeza at6nica, una melancolia perdurable y colectiva, que parecia comprometer los manantiales mismos de la vida y que seguramente se acreci6 con el especticulo de la conquista. La ilegada de hombres nuevos, la lucha con elementos misteriosos, el odio a sus soberanos, predisponian a la indolencia moral. Ademis de esto, los aborigenes habian llegado a un punto elevado de refinamiento en materia de placeres. La iconografia peruana nos ensefia con un desearo inocente, en las publicaeiones del Profesor Krause, que la lujuria entre los Incas habia descubierto todas las sabias inversiones y conversiones del sentido gen~sico en euyo ejercicio y propagaei6n tienen fama universal y moderna Paris, Viena, Berlin, NApoles. A mAs de esto, existia el divorcio en una forma franca y sin complicaciones. "Lo mfs ordinario falta por las mujerek que repudian a los naridos", dice el Padre Figueroa, "si la6 maltratan o las desagradan por dejarlos o casarse con otros. Algunas veces truecan mujeres en sus fiestas o cuando les parece, En otros las quitan por fuerza a los maridos y aun se matan poi ellas o las hurtan y se easan con ellas. Y hay mujeres que har










EL DESCUBRIMIENTO DE AMARICA Y LA HIGIENE


mudado de esta suerte muchos maridos, estando todos vivos. Y tambi6n varones que han tenido del mesmo modo muchas mujeres". Si no fuera por el sabor afiejo de la frase, por la ausencia de ret6rica, y por lo descosido del pensamiento, podria uno imaginarse que estaba leyendo una cr6nica social de Chicago o el pormenor de un juicio de divorcio en Londres. Cuanto a la sabiduria en materia de vicios, ya habla dicho el mismo autor en su famoso informe sobre los Maynas: "Vencida esta dificultad quedan otras... como son... muchedumbre de mujeres en a1gunos... supersticiones y otros vicios, principalmente de la lujuria". Por lo que hace a su manera de apreciar las cosas desde el punto de vista de la utilidad y la belleza, hablan ilegado los indios a coincidir con los mks refinados entre los estetas de fines del siglo xix. En estas opiniones no se mezcla para nada el humor ni la imaginaci6n. No me pertenecen desde luego, y para ello cito con la debida humildad estas frases del profesor Ratzel en su grave. tratado de etnografia: "Se descubre un vicio fundamental de esta civilizaci6n (la de los indios americanos) en el hecho de que le daban mks valor a lo bello que a lo fitil; hacian mucho uso del oro y la plata y ninguno del hierro" (1), en lo cual coincidian menudamente con Th~ophile Gautier, con Ffaubert y con el cenfculo de los estetas ngleses. El trabajo en las minas es otro de los azotes a que atribuyen historiadores de nota la despoblaci6n de America en seguida de la conquista. En su bella obra sobre la independencia de las colonias hispanoamoricanas, Julio Mancini fija en su manera vibrante y fgil una eseena de aquel terrible drama cuyo desenlace fu6 la destrucci6n de aLgunas razas americanas: "Le syst~me du tributo ou la mita en contraignant les indiens au surm~nage d'un travail incessant dans les mines, les 6pid6mies qui en r6sultrent, les tortures, la deportation aux Antilles, ou ces malheureux 6taient vendus comme esclaves, avaient fini par provoquer une effroyable depopulation". Mancini toca aqui la causa principal, que es, en mi concepto, la epidemia. Pero las epidemias no provenlan, como lo sefiala el lamentado historiador, del trabajo en las minas, sino de una causa mks remota y


(1) F. Ratze], )'olkerkunde.










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mds complicada. Provenian del contacto de dos razas que tenlan de la vida concepto distinto.
Antes de pasar adelante, conviene, para eliminar los factores de destrucei6n sefialados por Mancini y por historiadores no menos perspicaces que 61, hacer una comparaci6n entre la Am6rica Ibera y el Africa contemporfineas. La parte del continente americano que fu6 descubierta y colonizada por espaoles y portugueses, tiene mis o menos una extensi6n superficial igual a la de Africa. La poblaci6n de Africa lega ya a los doscientos millones, a pesar de la obra de exterminio ejecutada por los explotadores, en tanto que la Am6rica hispanolusitana, con clima mfis favorable, apenas aleanza a setenta y dos millones. La difereneia se acent-ia como tomemos en cuenta la parte del territorio africano absolutamente refractaria a todo g~nero de cultivo, y por consiguiente a la propagaci6n de la espeeie humana. En Africa lo mismo que en America, hubo y hay aih, pa,ra vergiienza de la cultura judeo-cristiana, negros a quienes se trae por fuerza a trabajar en las minas; existi6 y existe la tortura; los negros eran hasta hace poco deportados en calidad de eselavos y en cantidades sufieientes para reemplazar en Amrica a los indios que iban desapareciendo en su contacto con los blancos. No fu6, pues, ninguna de estas causas la que produjo la despoblaci6n en Am6rica, puesto que el africano se reproducia copiosamente, y continfia reproduci6ndose, bajo un regimen semejante.
En la obra del Padre Figueroa, citada en otra parte, dice aquel buen coraz6n: "Pu6dense contar los dafios que padecen por una de las mis poderosas y graves dificultades que tiene el Santo Evangelio en estas partes. Porque se ha experimental que cuando se les entra por sus casas la iuz del cielo la siguen l&Q tinieblas y horrores de pestes y mortandades lastimosas. Estaq se ocasionan principalmente, como he tocado en varias partes, a las primeras vistas de espafioles cuyo vaho parece les inftnde pestes... Destag vistas y enfermedades se ha seguido el consumo de la mayor parte que es m~s de la mitad y no s6 si di ga los dos tercios de la gente que se ha hallado en las naeiones que se han pacificado." Parece que los indios de Wjico se dieron cuenta, .antes que el Padre Figueroa, de la existencia del vaci










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mefitico, porque tomaban, para acerearse a los espafioles, precauciones de las que mfs tarde ha recomendado la higiene. Bernal Diaz del Castillo, uno de los testigos mfs competentes entre los cronistas espafioles, por su ingenuidad y sus sorprendentes cualidades de observador, tiene estas frases en su Conquista de Nueva Espaa: "y aquellos papas (los sacerdotes mejicanos) nos trajeron zahumerios, como a manera de resina, que entre ellos Haman copal y con braseros de barro ilenos de lumbre nos comenzaron a zahumar". En nuestros dias el cronista hubiera dicho fumigar, como se desprende de lo que en adelante vera el lector.
I De d6nde provenia este vaho letal a que se debi6, en mi concepto, no s6lo la exterminaci6n de la raza sino tambi6n la facilidad de la conquista? (2). Provenia a todas lues de que los americanos del siglo xvi eran un pueblo sano, pulcro y d6bil, en tanto que las ciudades europeas de la misma 6poca eran un conglomerado infecto en que la higiene no era conocida y en que la suciedad y los parfisitos dominaban sefiorialmente. No exagero ni un Apice. Un pensador escandinavo de nuestros dias, Troels Lund, ha escrito una obra, apoyada en documentos de una evidencia irresistible, para acer el balance de los valores morales entre el siglo xvi y la 6poca actual. Las concusiones a queliega son poco lisonjeras para el g6nero humano. No nos diferenciamos de las gentes de aquella 6poca sino en que prestamos ahora mis cuidado al aseo de la persona y a la higiene pfiblica. En lo moral somos tan oultos o tan salvajes como lo eran nuestros antepasados. Somos acaso un poco mfs disimulados o hip6critas, y ]as depredaciones y las torturas se ejereitan cubri~ndolas con otros nombres. Georg Brand~s hablando de Lund y de su obra, dice: "En toda Europa vivia el hombre (en el siglo xvi) rodeado de olores infectos y poseido del demonio de los parisitos. Algunas personas se lavaban, si acaso, una vez por semana, y badarse, nadie se baiaba. Todavia en el siglo xvii, baj6

(2) Cuanto a Ia facllidad de la cor quists. el argumento es obvio. Los indios eran en extremo supersticiosos. El Padre Figueroa. de cuya Rdaemdn me valgo, dice: No hay enfermedad ni dolor o hinchazfn que no digan es hechizo de alguno.v De modo cue las infecelones ocurridas al ponerse en Contacto con los peniusulares, los indios ]as tomaban Dorresultado de un hechizo, con que so aumentaba el terror que lea inspiraron siempre aquellos hiombres.










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Luis XIV a la tumba sin que a '1 ni a sus lacayos y camareros les hubiera ocurrido que al Monarca pudiera convenirle uin bafio general" (3). Es muy posible que esas enfermedades horribles de que murieron Felipe II y el papa Alejandro VI (4), hubieran tenido su origen en la negligencia absoluta de todo principio higi6nico en que se solia vivir en aquellos tiempos. Tal era la pulcritud de los monarcas. No es dificil imaginar la que gastaban los soldados, los aventureros, los conquistadores. Esos hroes de la codicia y del amor a lo desconocido, cruzaban los mares en barcos mal atendidos, sin mujeres a bordo que cuidasen de la limpieza de las ropas. Llegaban a tierra firme y vestian todas sus armas. Debajo de la pesada coraza estaban las ropas, que acaso no se mudaban en todo el tiempo de las marchas antes de encontrar al enemigo en la altiplanicie de M jico, en el reino de los Chibchas, en la capital del Imperio Inca. La vida estaba demasiado llena de sobresaltos para que a esas gentes, procedentes de tierras donde el desaseo era regla en las cortes, pudiera ocurrirles que era preciso mudarse de ropas. Los soldados no eaian enfermos bajo aquel regimen de incuria personal, porque en generaciones de abandono el hombre europeo ha~ba acabado por inmunizarse, en una serie de generaciones, contra el ataque de multitud de g~rmenes que engendra el desaseo. Pero los pobres indios que eran gente sana y pulcra, segfin consta de nimerosos testimonios, caian fulminados por el vaho del conquistador, si hemos de aceptar la penosa expresi6n del Padre Figueroa. Dos tercios de la raza se fueron en esta contaminaci6n que dej6, por otra parte, infestado el continente. Los espafoles vol. vian de America con las leyendas mfs pavorosas sobre la insalubridad de los climas. Lo cual era cierto desde el dia en que los europeos habian puesto alli la planta. La limpieza era entre los naturales de America una condici6n de existencia y uno de los placeres de la vida, de que solian privarse para hacer penitencia o para captarse con oraciones la buena voluntad de nil hado inclemente. Dice Restrepo Tirado en su libro sobre los aborfgenes de Colombia: "Se recogia (el indio penitente) en el


(3) G.Brand~s. Gestaltenund Gedanke,..
(4) P. Villar. Macchavidei e i 8uo, tempi.










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encierro mis absoito, no si6ndole permitido ni baharse ni cambiar de manta". "Lavan las criaturas", expone en su obra el cronista L6pez de Gomara, "con agua fria porque se les endurezca el cuero; y aun ellas (las madres) se bafian tambi~n en agua fria reci6n paridas y no les hace mal". Todavia en la descendencia espafiola de America que se ha librado del contacto con el. mundo moderno, prevalecen algunas de estas preocupaciones contra la hermana agua. En lugares remotos las sefioras se meten a la cama en cuanto nace la criatura y rehusan sistemfticamente ponerse en contacto con el agua o con el aire puro durante cuarenta dias con sus noches, en tanto que la india, la compaiera estoica del soldado en las marchas forzadas que suelen imponerles las guerras civiles, sobrecogida de los dolores, se acerea a un torrente, recibe la bendici6n del nuevo fruto, lo lava en el agua de Dios, se lava ella y continfia la ruta en seguimiento de su hombre. Indudablemente los espafioles le daban a la pulcritud de los indios cierto mrito de costumbre estramb6tica, porque vuelven sobre el aseo de esas gentes con mucha frecuencia. De los indios del Dari6n dice L6pez de Gomara que "acostumbran a lavarse dos o tres veces al dia, especial ellas, que van por agua, ca de otra manera hederian a sobaquina, segfm ellas confiesan". El Padre Gumilla en su famosa descripci6n del Orinoco, hablando de los Otomacos, pone el mismo concepto en estos claros t6rminos: "Cosa muy desusada de las dems naciones (del Orinoco) que se echan a dormir al anochecer y madrugan con la primera luz del dia a lavarse al rio o arroyo, sin que haya en esto falta akquna". El Reverendo trata de disculpar la costumbre higi~nica de los indios. Es digna de memoria su misericordia, porque para ejercitarla tenia que veneer sin duda grandes repugnancias. Hablando de los mismos Otomacos, que dormian de dia y dedicaban otras horas al aseo de la persona, exclama impacientado el Padre Gumilla: "No se puede ilevar en paciencia su escrupulosa pulidez y aseo".
La importancia que los cronistas del descubrimiento y la conquista suelen darles a las costumbres higi6nicas de los indios, tiene su origen en un hecho de observaci6n diaria. Visitando un pais extraflo, la atenci6n del viajero se detiene con preferencia en los usos y formas que se diferencian sensiblemente de los










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que a diario observa en su propio pais. Antes de legar a las profundidades del alma japonesa, el viajero occidental se dilata en la descripci6n del saludo japon6s, en observaciones humoristicas sobre la costumbre de dejar el calzado en la puerta de la casa o sobre la frecuencia de los bafios y la altisima temperatura del agua en que suelen tomarlos. Los buenos padres que refirieron las primeras hazafias de la conquista americana, o los militares que se complacieron en hacer mfs tarde el recuento de sus hazaflas, hallaban un poco extraflas y acaso demasiado intimas las relaciones del indio con el agua, porque acaso el conquistador habia vivido con ella en neutralidad armada o en absoluta indiferencia. En generaciones donde la higiene se babia convertido en una segunda naturaleza, verti6 la Europa, con un movimiento inconsciente, el tren de las basuras que se habian acumulado en dos siglos. El europeo vacunado, inmunizado ya en su tierra, sobrevivi6 a las pestes en cuyo hervor desaparecieron las razas americanas. Era menester decir esto para salvar a los europeos del cargo de crueldad que les estfn haciendo de siglo en siglo historiadores prevenidos y poetas grandilocuentes.
Seria muy injusto sacar de aqui la consecuencia extrema de que la vida en Europa habia tenido siempre estos caracteres de repugnante suciedad. Hubo siglos mks pulcros que el xvi, antes y despu6s de esa 6poca; la mala ventura de las tribus americanas quiso que Col6n hubiera descubierto aquellas tierras en el momento en que el viejo mundo se estaba convirtiendo en una pocilga. El Africa, que fu6 descubierta y colonizada m~s tarde, no padeci6 las consecuencias del vaho tremendo, porque la higiene de Europa se habia modificado en provecho de la salubridad. Se necesita una poca de ruda franqueza para reconocer que el cristianismo tuvo en esta enemistad con el agua una vasta influencia. Jesfis no predic6 nunca el evangelio de la incuria personal. Hizo de la pulcritud un rito cuando dobl6 las rodillas para lavarles los pies a sus discipulos. Sin embargo, en esto, como en otras muchas cosas, la doctrina original se fu6 desvirtuando entre los pueblos a cuyos oldos liegaba desde otras comarcas. Como Cristo decia que su doctrina era de.pobreza y mansedumbre, y como hacia llamamiento especial a los desheredados, a los humildes, a los pobres de espiritu y de hacienda, a










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las mujerzuelas y los timidos, una inversi6n natural de las ideas lleg6 a hacer creer que aparentando la pobreza o ejerei6ndola real y efectivamente se ilegaba con mfis presteza al camino de la perfecci6n. Ha sido una desagradable coincidencia que la pobreza en sus formas extremas ostente las apariencias de la suciedad. El cristiano, segfin Nietzsche, era por antonomasia el hombre mal hallado con la limpieza. A mI.s de esto, el contacto con el agua tibia y elhstica asumia los preliminares de la caricia librica. Por eso los primeros cristianos le tenian horror al bafio. Los anacoretas, no todos, desde luego, huian de las solicitaciones de la came que solia producirles el balo. Esa preocupaei6n se afirmaba en la mente del pueblo o desaparecia segfin las 6pocas. Pasado el renacimiento, cuando los albores .de la reforma echaron un velo de aseetismo sobre las desnudeces y los primores de la vida, volvi6 el mundo a mirar con ojos de sospecha las caricias del agua. Los protestantes, en el norte, quisieron ser aseetas como los primeros cristianos, por odio al mundo latino; y los espafloles, queriendo hacer sombria la doctrina de Cristo, en competencia con Lutero, dieron tambi6n en acer del agua un ente sospechoso. Fu6 en este tiempo tenebroso cuando la Europa verti6 sobre las Indias Occidentales el pozo infecto de su poblaci6n.
B. SAx CANo.

El sefior Baldomero Sanin Cano es uno de los m~s perspicaces y elegantes escritores de Colombia. Residie ahora en Londres, desde donde ba tenidola bondad de enviarnos este original y curioso artlculo. Colabora mensualmente en ]a revista Hfstawia, de Ia capital brittnica; y en la Reista de America, por desgracia hoy en suspenso, en otras vallosas Dublicaciones y eni pr6logos y notas a vrios libros-entre dstos las Poeso del gran Jos6 Asuncidn Silva-, presenta indudables pruebas de su talento y cultura. Periddicamente nos honrarl con sus trabajos, como corresponsal de CUBA CONTEMrPORANZA en la gran metrSpoli inglesa.



















LOS MUERTOS


NOVELA



UE capricho o causa ignorada lo que impuls6 a dofia
Emilia Gil a legar todo su capital para la fundaci6n y el sostenimiento de un hospital para leprosos?
Como carecia de parientes, nadie tuvo inter6s en averiguarlo. Al mes de abrirse el testamento, mientras varias cuadrillas de albafiiles transformaban un viejo caser6n solitario a medio camino del campo de maniobras, tres m6dicos se disputaban ya su direcei6n; y antes de cumplirse el afio, el hospital hubiera podido funcionar a no faltarle un pequeffo detalle: los enfermos.
No es que dejase de haber leprosos en aquella ciudad tropical; pero el vilipendio que siempre fu aparejado a esa triste dolencia, la riqueza, la despreocupaci6n del pals y el aspecto de enterrados en vida que desde la Edad Media tuvieron los lazarinos confinados en asilos, los ahuyentaban. Fu6 preciso, para encontrarlos, la batida incansable del albacea, del director y de los practicantes, temerosos de ver desvanecerse sus canonjias. Enfermos de primer grado nunca los hubo, y las salas perfectamente pertrechadas para el tratamiento progresivo de la lepra fueron envejeciendo y empafi6.ndose sin que los espejos de sus estucos reflejaran la cara de ningfin enfermo. Tres ancianos mendigos ya carcomidos por el mal, un mozalbete medio idiota que merodeaba por los muelles y un campesino arrebatado, con engaffo, de su misero huerto, fueron los










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primeros en ingresar. Despu~s, muy poco a poco, legaron nuevos parias, que creyendo en la posibilidad de sanar -se sometian al principio de buen grado, y al ver transcurrir est6riles los dias, se rebelaban, forzando al personal a vigilarlos como si fueran presos. Algunas tardes, cuando, por azar estando en el jardin, sentian el paso de un carro por el camino, para dar una vblvula a su ira se ponian a gritar: " Eh... eh, el que pasal... iNos tienen aqui secuestrados; digalo en la ciudad! " Y el carretonero, un poco temeroso, miraba a todas partes hasta tropezar con el alto muro pintado de gris, igual que el muro de un cementerio, tras del cual se alzaban las voces.
Por previsi6n verdaderamente femenina de la fundadora, debia atenderse a los enfermos "con todos los adelantos de la Ciencia" y eualquier descuido comprobado bastaba para destituir al director y a todo el personal responsable, incluso al Albacea, si el Ayuntamiento estimaba por mayoria de votos que habia transgredido la voluntad de la testadora. Desde el dia en que el obispo de la ciudad roci6 con agua bendita las paredes, se entabl6 un duelo entre los concejales deseosos de acaparar aquella pingiie administraci6n y el Albacea y sus empleados, que se defendian con las armas de la "profilaxia", las "f6rmulas nuevas" y el "tratamiento racional". Del extranjero llegaba cada dos o tres meses un alud de libros que, despu6s de amontonarse en arrinconados anaqueles, eran catalogados y abiertos en un solo dia, cuando cualquier confidencia hacia temer una visita de inspecei6n. Pot eso en el rgimen interior del hospital observ.base una disciplina nunca relajada, que hacia m~s dura la existencia de los leprosos. Sus habitaciones-una galeria dormitorio, otra galeria de reuni6n, un sal6n comedor y tres cuartos mis-estaban aisladas de las del servicio. La monja jams entraba sino cubierta de un capuch6n protector, y desde el primer dia le pusieron el nombre de "El coco"; el medico, un joven de mirada dulce' y distraida, siempre encapuchado tambi~n, se dedicaba ocultamente a la vivisecei6n; y como de tiempo en tiempo oianse los gritos de los animales sobre que experimentaba, los leprosos, despu6s de haberle bautizado con el nombre de "El buzo", lo confirmaron con el de "El verdugo". Una delaci6n, hay quien supone que lanzada desde las










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altas ventanas de la galeria y trasmitida por algdn viandante, promovi6 eseindalo en la prensa y el medico fu6 sustituido; pero el nuevo doctor, como los otros que le sucedieron, se siguieron ilamando asi. Al cabo de algunos afos, desaparecidos ya los primeros enfermos, nadie hubiera podido fijar el origen de aquellos motes; y se decia "El coco" y "El verdugo", sin mofa y sin safia, naturalmente, como si fueran nombres propios.
Nunca supieron las ocho o diez familias que se sostenian holgadamente en la ciudad a expensas del hospital de lfzaros, las vicisitudes que tuvo la instituci6n hasta consolidarse, ni la mansa tristeza sobre que se sustentaba su bienestar. En 6pocas irregularmente repetidas era preciso al albacea emprender la eaza de enfermos; una vez hubo en el asilo una rebeli6n, sin consecuencias segfin la nota oficial publicada, aunque un semanario, de esos que aun defendiendo la verdad se hacen antipiticos por el tono procaz, afirm6 que el m6dico y dos practicantes habian tenido que defenderse de los leprosos con las armas, dispuestos a pasar sobre ellos para salir de aquella cfreel. Desde entonces la vigilancia fu6 mks severa y un tupido alambrado cubri6 las ventanas. El jardin, antes limitado por las tapias exteriores, se redujo; y el portero, un hombre barbudo que temia tanto el contagio de los leprosos que casi los odiaba, tuvo la buena idea de no dejar salir a ninguno a las nuevas tapias del jardin, reservindose entre ellas y las antiguas una zona ancha imposible de franquear, que vigilaba con implacable eelo.
Al cabo s6lo quedaron en el hospital los enfermos incurables; pfistulas vivientes que paseaban sus pobres almas prisioneras en la came misteriosa e irreparablemente lacerada, por la larga galeria de reuni6n en cuyo testero de honor el retrato de la fundadora, asomada a un marco de nogal, contemplaba con sonrisa equivoca la obra de su capricho o de su ignorada raz6n. Cuando de tarde en tarde habia ejereicios en el eampo de maniobras, las caras purulentas se achataban contra los cristales para ver pasar a los soldados. En el r~pido desfile, los leprosos percibian detalles cuyos comentarios prolongaban dias y dias, satisfechos de poder juzgar hechos vivos; y cuando el desfile, igual que una goma incapaz de estirarse ya por exceso de uso, no permitia mis comentarios, volvian melanc6licamente a nutrir sus imaginacio-










OS MUERT0


nes y sus necesidades criticas de los heehos que publicaban los peri6dicos; hechos tan distantes, tan dificiles de imaginar con sus contornos y su pasi6n, que se les antojaban fantasmas de hechos, lo mismo que eran sus vidas fantasmas de vidas.
Con los aflos el retoque hecho al edificio se marchit6 y las paredes de la fachada se desconcharon, como si tambi6n la casa se hubiera contagiado de la terrible enfermedad. De regreso del jardin, los ojos, cansados de reflejar siempre los mismos horizontes, miraban desde la galeria alta el campo, que adquiria bajo la sedosidad violeta del crepfisculo ese aire desmayado que sigue a los grandes excesos; toda la exuberancia lujuriosa del dia, trocibase en fatiga a esa hora. El sol, antes de ahogarse en el mar, suscitaba relfmpagos en las cfipulas lejanas de la poblaci6n; un silencio donde naufragaban los ruidos pequefios, se tendia sobre el campo; en la brisa se mezclaban el yodo y el salitre del mar con olores desconocidos y con la fragancia de jardines que los pobres ojos de los prisioneros no podian ver; y al caer la noche, el haz luminoso del faro, trazando una inmensa circunferencia, pasaba a intervalos regulares por el cielo: dardo glorioso y fugitivo que los leprosos hubieran querido detener una noche, hacerlo entrar por Las ventanas del dormitorio y alumbrarlo con su luz lunar en el instante en que "El coco", apagando las Lmparas de gas, gritaba con desabrida voz:
"1A dormir, a dormir!... Mafiana seri otro dia, si Dios quiere."




Pero Dios queria que el dia siguiente fuera lo mismo. Nada podia venir de fuera a modificar sus vidas, ni siquiera una desgracia; y los manantiales interiores estaban ya exhaustos. Por las mafianas, en cuanto concluia la limpieza y el m6dico pasaba la visita, "El coco", que era entonces una monja joven, de carcter jovial, dejaba caer sobre la mesa un peri6dico; y todas las veces, invariablemente, ocurria lo mismo: Remigio, dando con su manaza arrugada en el hombro de don Manuel, le decia:
-Vamos, don Manuel, a saber del mundo.










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Menos los dos viejos, que, indiferentes, se quedaban sentados en el poyo de cualquier ventana, los demos seguian a don Manuel y a Remigio, y agrupando las sillas de hierro charolado en torno de la mesa, cada eual expresaba por d6nde debia comenzar la lectura:
-A ver el articulo de fondo, decia Quico.
-Primero los ecos de sociedad, pedia Samuel.
-Los tribunales, los tribunales; hay que aprender de leyes, aconsejaba Juan.
Y Antoffito, pasindose por la frente la mano casi carcomida, decia siempre el Oltimo, con timidez:
-Lo mejor seria el folletin... si quieren ustedes.
Don Manuel se calaba las gafas de armadura antigua, euidando de no lastimarse las lagas de las orejas, y respondia a todos:
-De cualquier manera hemos de leer hasta los anuncios..
Luego, con voz que se hacia un poco asmftica en los pfirrafos largos, comenzaba por una secci6n distinta a la primera leida el dia anterior; y asi, iba atendiendo las preferencias de todos, alternativamente.
El estigma igualitario de la lepra y la comunidad de vida sedentaria, habian concluido por darles ciertas semejanzas fisicas. Todos eran gruesos, de andar torpe; y bajo el pelo, cortado al rape, s6lo el erkneo puntiagudo de Quico se diferenciaba de los otros. Hubiera sido preciso fijarse mucho para distinguir los ojos pardos y maliciosos de Juan, los melanc6licos de don Manuel, los azules y hondos de Antoiito, que sugerian la idea de un cruzamiento de razas... Las ilagas, las oscuras postillas, la came deformada, tendian a borrar las facciones, y, excepto los dos viejos, los demis aparentaban una edad indeterminada imposible de diferenciar. Antoffito, con sus dos piernas cereenadas por la lepra y el cuerpo preso en un caj6n que cuatro ruedas ayudaban a ir de un lado a otro, se parecia sin embargo a Remigio, herdfileo, todo hecho una llaga, semejante a un titan' castigado por Dios; el cuello demasiado aneho en la base y las manos finas de Samuel, contrastaban con las manos tuberculosas, en forma de garra, de Quico; don Manuel tenia el busto un










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poco encorvado y los labios tumefactos y belfos; las comisuras de la boca de Juan hundianse dolorosamente, yendo a busear las escr6fulas del cuello; las eanas amarillentas de uno de los viejos contrastaban tambi6n con el crineo intonso del otro, y, a pesar de esto, las diferencias se anulaban por la multitud de semejanzas dolorosas; un vello blanquecino los cubria a todos; a primera vista hubiera sido dificil distinguirlos. La monja nueva, al entrar por primera vez en las galerias y sentir el hedor mezelado con olores desinfectantes, tuvo dentro de su capucha antis6ptica y dentro de sus tocas, en el coraz6n, una impresi6n de angustia hermana de la que producen paisajes dilatados y mon6tonos. Al salir y pensar en el cuadro de dolor que dejaba detr~s, no pudo recordar singularidades, ni siquiera el caj6n con ruedas de Antoffito: pareciale que una plaga de (ilceras, de gangrenas, de gusanos, de irremediable podredumbre, habia caido al acaso sobre los ocho hombres. Y comprendi6 de sfibito la tristeza de aquellos seres que viniendo de caminos diversos habian concluido por parecerse, moldeados por un mismo dolor.
Y sin embargo, ni aun alli la fuerza niveladora de la desdicha, ante quien hasta la forma material parecia haber cedido, lograba extirpar las diferencias espirituales: j Por qu6 Uamaban don Manuel al lector, en vez de tutearlo como hacian los demis entre si? Por qu6 no siendo en el hospital mis que "otro leproso", conservaba vestigios de una distinci6n cuya causa y magnitud ignoraban los mismos que se la conferian? Don Manuel no era orgulloso, jams trat6 de acentuar aquel respeto; pero, a diferencia de los demos que se habian contado innumerables veces sus historias, 61 callaba la suya, y jams, ni aun en las horas de confianza o exaltaci6n, aludia a hechos anteriores a su entrada en el hospital, como si su vida hubiera comenzado en las tapias que lo separaban del mundo, o como si, mejor ain, hubiera su verdadera vida terminado alli. Uno de los dos viejos, el mfs antiguo en la casa, habia contado en secreto la liegada de don Manuel: asi como todos habian sido lievados por engaflo o por fuerza, sabiendo con anticipaci6n los reclusos que iban a tener un nuevo compafiero, la Uegada de don Manuel sorprendi6 a todos, incluso a "El coco", al practicante y a "El verdugo". Ingres6 una mafana, iba bien vestido; y durante algfin










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tiempo el cartero llev6 cartas para 61. Como era la finica vez que se habian recibido eartas en la casa, el viejo se acordaba detalladamente: las cartas ilegaban los sfibados al mediodia y venian en sobres azules... Pero un sibado la earta no lleg6 y don Manuel, paseindose intranquilo por la galeria, aceehaba todos los dias al cartero que pasaba de largo hacia el campamento. Transcurrieron dos semanas y la excitaci6n de dos Manuel era tan grande que tenia frecuentes arrebatos de locura; insultaba al cartero desde las ventanas, persigui6ndolo con sus denuestos de una en otra hasta verlo desaparecer, y por las noches rasgaban el sileneio del dormitorio sus airadas voces amenazando de muerte a quienes le robaban sus cartas. Las fiebres le postraron largo tiempo; sufri6 delirios que eran como insuficientes ventanas abiertas sobre un pasado cruel, y al volver de la enfermeria tenia ya en la mirada y en los ademanes aquella indiferencia, aquella renunciaci6n, aquella serenidad que le daba sobre todos los otros un aire superior.
Porque los otros no habian renunciado: la ilusi6n aleteaba rebelde dentro de las miseras carnes carcomidas. Habia algo tristemente c6mico en la sordidez del viejo de las canas amarillas, que guardaba celosamente cosida a su jerg6n una moneda de oro, que acaso no circulaba ya... Remigio, con su cerebro abolido tal vez por las ilagas del erfneo, habia ilegado a pensar con el vientre, finica parte libre de lagas en su cuerpo, y tenia de continuo hambre... Samuel no hubiera cambiado por nada su espejo y el j-ibilo tumultuoso que le animaba cuando las pfistulas de su cara, cual voleanes momentfineamente apagados, dejaban de supurar permiti~ndole creer que se encontraba guapo; era tambi6n pueril y triste. Samuel era el finico que conservaba viva la sensualidad en el aislamiento y bajo el regimen austero de la casa; conocia de nombre a todas las damas y actrices citadas por los cronistas de salones, y en las noches de primavera, en suefios, las damas mfs virtuosas y las actrices mAs exigentes aeudian a darle una limosna de amor al pobre leproso... Quico, el gran Quico, tan sano espiritualmente a pesar de su lepra, tenia el romanticismo de la patria: execraba o adoraba a los politicos al trav6s de las interesadas mentiras de los peri6dicos) y cada vez que algftn abogado, saltando en el trampo-










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UIn de la elocuencia, iba del bufete al Congreso, Quieo lo acogia como a un "Mfesias" de la cosa pfiblica y aseguraba que "aquel si que iba a meter al pals en vereda"... Juan era el ineonforme, el discolo, el que queria organizar una rebeli6n como la de antafio y escribir de continuo quejas y denuncias; su espiritu malicioso permitiale sospechar los puntos vulnerables de la instituei6n, y con instinto de curial iba tramando suposieiones, guardando argumentos acopiados dispersamente de un peri6dico en otro, para aplicarlos al caso concreto del hospital; su venganza consistia en repetir al Verdugo una frase de Moli6re, despectiva para los m6dicos y aprendida nadie sabia d6nde, y en decir blasfemias delante de la monja... El dulce Antofiito hablaba tan poco, que hubiera sido dificil juzgarlo por sus palabras: era meticuloso, servicial, tierno; y pasaba largos ratos solo, mirando el cielo o el mar distantes; la realidad habilase mostrado tan dura con 61, que preferia interesarse por los seres de quimera; los otros se burlaban porque, habi6ndose formado un mundo con los personajes de los folletines leldos en tantos aflios de reclusi6n, Antoflito citaba sus palabras y hechos con eindida seriedad, igual que si fueran de seres vivos. El otro viejo no era nada ya: came que se confortaba al sol y rezumaba los humores malignos; cuerpo que apenas gozaba del reposo del suefio, presintiendo el suefo interminable que pronto iba a regalarle la Muerte.
Desde had a muchos afios vivian juntos y se sobrellevaban, se querian; si refifan algunas veces, era m~s bien por distraerse. La tarde en que la nueva hermana entr6 en el hospital, ocurri6 una disputa. Sor Eduvigis debia ser joven; no es que sus ojos relampagueantes tras la capucha, ni que su voz algo ceceante, ni la presteza de sus movimientos, pemmitieran asegurarlo; y a pesar de eso, por ese efluvio simphtico que se exhala de la juventud, al salir, despu6s que el doctor la present6 a los leprosos, la juventud de la monja fu6 lo finico en que se pusieron de acuerdo.
Don Manuel opinaba que la causa de la irritabilidad de las otras monjas anteriores, era la vejez, pues no se avenian a soportar sobre sus propios achaques los de sus enfermos; Juan afirm6 rotundo que la nueva hermana serla remolona y picajosa










CUBA CONTEMPORINEA


como la que acababa de irse, y Samuel sali6 a contradecirle afefindole el murmurar de ella sin haberla casi oido hablar.
-Tfi tampoco la conoces y ya la defiendes, agreg6 Quico; eso de que nos cuidarh como a hermanos, lo dicen todas: es un manifiesto electoral. Hay que ver luego lo que da de si en el poder.
Sin querer, Antofiito encon6 la disputa diciendo:
-De todos modos Samuel tiene raz6n: mks vale suponerla buena.
-La primera vez que entre aqul, va a oir mis. opiniones sobre toda la corte celestial, repuso ya rabioso Juan.
-Tn todo lo arreglas con palabrotas, concluy6 Samuel.
Las manos de garra de Quico se crisparon un poco; Samuel habia enrojecido y en torno a sus pfistulas casi secas aparecieron de pronto amplificaciones moradas; Juan, apercibido en actitud felina, clavaba en Quico y en Samuel sus miradas oblicuas y p6.rfidas; don Manuel quiso calmar los Animos, y usando de su autoridad aconsej6:
-Lo mejor es dejarse de camorras y esperar. Si nos formamos en un solo dia opini6n, y rifien ustedes y hacen luego las paces, habremos agotado lo fnico que el nuevo "Coco" puede darnos: un motivo para varias conversaciones. Con atribuirle buen o mal genio no vamos a mejorarla ni a empeorarla.
Poco antes de la hora de comer volvi6 a entrar la monja, y con mucho donaire comenz6 a interrogar a todos y a interesarse por cada uno, preguntfndoles sus nombres, sus pueblos, la 6poca en que babian descubierto su enfermedad... Debian de haberle ya advertido que habia un anticristo en la casa, porque al preguntar a don Manuel y ver el silencio safiudo con que pagaba su interns, le dijo:
-Ya s6, ya s6... Nunca es tarde para acercarse a Dios y yo estoy dispuesta a servirle de puente. I Que usted no quiere nada con santos, curas y monjas? Pues yo si con usted. Verh c6mo me tiene que dejar por imposible y resultamos buenos amigos.
La equivocaci6n hizo reir a todos. Samuel no pudo contenerse mrs y aclar6 sefialando a Juan:
-No es don Manuel quien se come los santos crudos, es 6ste.
Hubo un silencio que parecia hecho a la medida para que










LOS MUERTOS


Juan colocara su ofrecida blasfemia, pero Juan se abstuvo y baj6 los ojos. La monja, dfndose cuenta del circulo de simpatia que se agrandaba en torno de ella, sigui6:
-Y para que vean que yo tambi~n necesito de ustedes, quiero empezar pidi~ndoles un favor; s6 que a todas las hermanas les laman "el coco", y yo, a la verdad... No es por presunci6n ni vanidad, que el Senor me libre, pero una servidora no desearia ser para sus hermanos enfermos lo que un espantajo para los nifios.
Aquello era tan inesperado, que hubo un silencio de estupor; despu~s de consultar a todos con la mirada, don Manuel pregunt6 en voz baja, molesto por oir castafietear los dientes de Juan:
-Usted nos dirfi cufl es su gracia, hermana.
-El sefior director lo ha dicho: Sor Eduvigis.
Samuel y Antofiito repitieron: "Sor Eduvigis", "Sor Eduvigis". Quico lo dijo luego, y el nombre fu6 de boca en boca hasta ir a embotarse en el rinc6n donde rezongaban los dos viejos.
-6Verdad que es usted joven, sor?, dijo Samuel ruborizindose.
-Asi asi...
-No llega usted a los treinta, eso se ye.
-Que Dios le conserve la vista... Si soy joven, mfs afios tendr6 para servir a Dios... Ea, a comer. Maiana voy a traerles libros para que se distraiga el que quiera.
Por la noche, en el dormitorio, se comentaron de cama en cama las amabilidades de la nueva sor, y se decidi6 solemnemente no llamarla "El coco". Exaltfndose con la esperanza de recibir un poco de afecto y de cuidado espiritual, la adoraban ya y le atribuian las cua]idades que cada cual estimaba mejores:
-Ahora vamos a comer bien, decia Remigio.
-Ha dicho que va a traernos libros: serfn novelas.
-i Tan joven y ya metida entre nosotros! Sabe Dios qu6 desengafios... jverdad?
-1 Tiene una voz que me recuerda a!... Era don Manuel quien habia hablado, y todos se detuvieron esperando en vano










48 CUBA CONTEMPORkNEA

que la evocaci6n se completara; despu6s, Samuel no pudo de decir:
-Y debe de ser bonita; tiene que serlo.
Juan, que los oia furioso en silencio, se puso a ronear que lo creyeran dormido.

III

Por desgracia la biblioteca de Sor Eduvigis se agot6 pr, y el tedio, expulsado durante unos dias, volvi6. Por otra p aquellas lecturas no eran agradables a los leprosos. & En qu a disminuir sus penas el saber que la hermana de Mois6 la primera castigada por Jehovfi con el azote de le lepra? Naaman, Epul6n, Lfizaro, pasaban por sus imaginaione abrir las fuentes de la ternura y del consuelo, como dolore masiado lejanos, casi fabulosos. La idea de que la dolencia los abrasaba era un castigo, produciales un sentimiento de testa; hubieran preferido la lepra interior, de que hablai Escrituras; y no teniendo faltas horrendas que reproch consideraban injusto que otros pasearan gozosos la earnf mficula. Unas veces sor Eduvigis les contaba e6mo en la I Media, al aislar a los leprosos en chozas situadas lejos d poblados, echaban sobre el teeho de sus nuevas vivienda poco de tierra del cementerio: simbolo cruel de que acababE morir; describiales las ceremonias que precedian al aislami el triste son de la campanilla que anunciala a los que v( a arrebatarlo a los suyos, la capucha negra con que cubrl faz del lazarino, hasta el desesperado y at6nito mirar del liz, obstinado tal vez en fijar en su retina la imagen de I ciedad que lo repudiaba; y al fin, en contraste con la m( implacable de las autoridades civiles, les recitaba las cant doras palabras de la iglesia: "Sic mortuus mundos, vivas rum Deo". Otras veces les lela, antes de la hora de recof el martirologio de los consagrados a aliviar el mal: San I ciseo de Borja, San Pedro Claver, Santa Isabel de Hur Santa Catalina de Sena... Y a pesar de esta solicitud, l turas de la hermana no eran simpticas: ni siquiera Ant acendraba la miel espiritual de sacrifieio de aquellas vidas










LOS MUERTOS


sagradas a sus hermanos de podredumbre. El Duque de Gandia, desolado ante el f~retro donde los gusanos mostrkbanle Su amor convertido en earrofia, le interesaba mis que San Francisco; y las mansas heroicidades del padre Damifn o del reverendo Beyzin, le impresionaban menos que las leyendas de San Julian el hospitalario, que la earidad sublime del Cid quitfndose el guantelete para estrechar la mano de un leproso. En su entusiasmo caritativo, la monja no lograba explicarse el desvio con que sus lecturas eran eseuchadas; donde ella gustaba poesia, abnegaci6n, veian ellos finicamente un trasunto de sus lacerias; todo cuanto tratara de la lepra, estaba demasiado dentro de ellos; y preferian a las lecturas misticas la del peri6dico: eco de la vida sana y mfiltiple de que estaban para siempre expulsados.
Mas, habia tua Cosa que les hacia desear las lecturas de Sor Eduvigis: su presencia. La primera vez que, para leer, se quit6 la capucha, advirti6ndoles que no lo dijeran al m6dico i al practicante, una emoci6n de curiosidad, de oscura gratitud, paraliz6 a todos. El mismo Samuel tuvo que reconocer que Sor Eduvigis no era bonita; y sin embargo .... El 6valo de la Cara, espiritualizado por la toca, hubirales parecido lacio, casi sin vida, a no ser por la luz con que lo iluminaban los puros ojos infantiles: ojos sin sexo, castos como el agua, que copiaban una de esas almas a quienes hay que querer con el alma, sin intervenei6n de ningfn sentido. Hasta los dos viejos apartados del grupo, cesaron de rumiar sus ineonformidades y volvieron hacia ella sus rostros. i Haela tantos aflos que no veian una cara de persona sana cerca de ellos!
Al dia siguiente don Manuel le pidi6 en nombre de todos que no volviera a quitarse la capucha... "Ellos lo agradecian, lo agradecian con toda el alma, pero ... Habia m6dicos que aseguraban que no era contagioso, pero... Serian an mks desgraciados si por un exceso de bondad, por no ceffirse a las instrucciones de "El verdugo" y del practicante, se enfermaba del mismo Mal que ellos". Al oirlo, un esealofrio agit6 las tocas de Sor Eduvigis, mas la voluntad y el coraz6n se sobrepusieron al instinto y bajo los ojos infantiles entreabri6se la boca, sonriendo.
-Ojalh pudiera haber en esta casa menos ciencia y mfs religi6n; aqui la caridad toma demasiadas precauciones; no es mur-










CUBA. CONTEMPORLEA


murar, que Dios me libre... Si quieren que seamos buenos ami gos, d6jenme con mi capucha quitada y no hablen de eso.
Fueron dos meses dulces; hasta el mismo Juan lo reconocia Nunca hubo en la casa aquel sosiego; las cosas se hacian ei apariencia como siempre: la misma limpieza, la misma alimenta ci6n, el mismo m~todo inexorable; pero el espiritualismo qu( Sor Eduvigis sabia infundir a las labores mfs prosaicas, hacian las leves, dignas. Ann cuando el destino, tal vez para no acos tumbrar mal a los leprosos, quiso en compensaci6n de este bien estar que sus dolencias se agravaran, ellos estaban contentos contentos. Ya Remigio no hallaba mal todas las comidas ni pa seaba como fiera enjaulada cuando granos purulentos le naciat debajo de la lengua, impidi6ndole hablar y comer; la oreja de recha de Quico habia comenzado a desprenderse y una de la:
-6lceras de Samuel, al cicatrizar, habiale formado un desnive profundo en la cara. El hedor era mfs repugnante en la galeria Antofito no decialo a nadie, pero la piel de sus man se tornaba rugosa, como si los miembros se calcinaran o s4 desmoronaran dentro de ella: ly era el mismo ardor que habi; sentido un afio antes de que la lepra hubiera empezado a robfir selos pedazo a pedazo en aquellos pies con los que hubiera an helado correr tantos caminos! Los dos viejos desapareciai bajo los vendajes; las postemas del del crfneo rapado segrega ban con el calor gotas de pus, y en cuanto Sor Eduvigis lo des cuidaba un momento para atender a otro cualquiera, las gota se juntaban, calan en un hilo viscoso a lo largo del cuello, y ha bia siempre una mosca tenaz cosquilleindolo, mortificindolc Por eso, aunque les disgustaba oirla leer, no se atrevian a insi nuarle el gusto con que eseucharian otras lecturas, y se resarciai vi6ndola, arrullindose con las cadencias de su voz, tratando d olvidar el sentidp. Al ilegar el viernes santo, no sintieron cor otros afos el inmenso vacio que dejaba en el dia la falta de peri6dico; y las horas en que se paseaban sin saber qu6 hace gustando, a costa de sentirse afn mfs desventurados, el rompe un dia la monotonia de sus costumbres, Sor Eduvigis sup, hacerlas livianas con su charla; Juan no exigi6 came segfin s costumbre, ni Remigio se permiti6 sobre la coufida de vigili las euchufletas que incomodaban a las otras monjas. Para cad,











LOS MUERTOS


uno tenia Sor Eduvigis un cuidado especial, una palabra evocadora que iba a despertar ideas dulces y freseas dormidas en el alma. Samuel aseguraba: "Es la mujer mks buena del mundo", y Juan: "Asta si que es una santa y no los mamarrachos que ponen en los altares"; Antoflito decia que era como si hubieran puesto una fuente en la galeria, y esta idea tan abstracta encerraba algo del pensamiento de todos. Por las mafianas, en vez de aferrarse al sueffo como antes, se despertaban antes de que ella entrara a liamarlos, para no dejarla de ver ni un momento.
Pero de sfibito aquel par~ntesis de dulzura volvi6 a cerrarse. Qu6 habia ocurrido? 6 Por qu6 al ardor caritativo de los primeros dias, al deseo de estar siempre con ellos, sucedia un acelerado entrar y salir? j Qu6 le habian hecho para que rehuyera hablarles y no se quedara ya a mortificarlos gratamente con aquellas lecturas que ahora echaban tanto de menos? Un sombrio marasmo tendi6se sobre la galeria. Al verla Uegar s6lo en los momentos precisos, recordaban las plAticas inflamadas de celo; y sus lagas, al sentir el alivio de los cuidados materiales, hacianles notar-la falta de aquel anhelo fervoroso-bilsamo del alma-con que trataba de sustituir la mansedumbre y la resignaci6n por una alegria sana, pura, pristina luz del espiritu libre de las preocupaciones de la came. En vano se mostraban sumisos, facilitindole sus labores: cada vez, sus entradas eran mks r~pidas y, al travs de la capucha que ahora cubria siempre la cabeza, ninguno podia adivinar la angustia de la monja, nostflgica tambi~n de la comunidad antihigi~nica y caritativa de antes. i Ella, que habia sofiado con captar para Dios el alma de Antoflito, en apartarlo de los folletines y aprovechar las ascuas de su imaginaci6n para quemar en ellas el sagrado incienso de la fe! Todas las tardes, a la hora en que acostumbraba a leerles vidas de santos y pasajes de la Biblia, las miradas convergian bacia ]a puerta por donde Sor Eduvigis podia venir; no se decian nada con los labios, pero los ojos repetian de uno en otro la misma interrogaci6n: IVendrh hoy? Cuando la luz comenzaba a menguar, Rbmigio se alzaba de su asiento y a grandes pasos recorria la sala, refunfufando que cada vez era mks tarde la comida; los otros aun permanecian un rato sin











CUBA CONTEMPORNEA


hablar, ensimismados, hoscos. Los viejos rezongaban en su rmc6n y Antobaito pedia a Quico que subiera su carrito al quicio de una de las ventanas, desde donde, empinfindose, vela a lo lejos, hacia el lado del mar, los m~stiles de los navios fondeados en el puerto, y hacia el otro lado el camino de humo que un tren iba trazando sobre el verdor ya sombrio del campo: y aquel camino y aquellos mfstiles le sugerian ideas de aventuras, y sus pobres mufiones se agitaban sobre la tabla del carrito, como queriendo estirarse, hacerse piernas otra vez, llevarlo por el mundo...
lUna tarde, al fin, en esa hora del crepfisculo en que las almas parecen mks agudas, los leprosos exteriorizaron su dolor. Don Manuel manifest6 de pronto su temor de que alguno hubiera dicho algo desagradable a Sor Eduvigis, y como todos estaban pensando en lo mismo, la conversaci6n no pareci6 iniciarse sino continuar. Ya dos o tres veees Juan habia sentido sobre si el mirar aeusador de Quico; ahora, incitado por la idea de don Manuel, Remigio lo acusaba concretamente:
-Eso ya me lo veia venir yo.
-Le habr~s soltado alguna palabrota de las tuyas.
-La culpa tenia que caer sobre mi, claro... Demasiado saben todos que ni siquiera hablo cuando entra, para no dar pretexto... Mks valia no echar culpas a nadie y pensar que ella no estk leprosa como nosotros, que es joven, que el entusiasmo de los primeros dias no podia durar; eso es.
-Quizis tenga raz6n, dijo don Manuel.
Y Quico, con su voz cavernosa:
-Eso es como un politico que entra prometiendo, prometiendo, y luego hace igual que los otros.
Los Animos parecian haberse apaciguado y el silencio sobrevino otra vez; cada uno prolongaba en 61 sus opiniones, atribuyendo el desvio de Sor Eduvigis a alguna indiscreci6n o chisme de otro. Pero, 6 de qui6n? S61o Samuel se imputaba, con conmovedora vanidad, las miradas amorosas, las palabras vulgares, pero henchidas de elogio sensual a la hermana... I Las habria notado y era esa la causa del desvio ? No se daba 61 mismo cuenta de que la lepra ponfa sobre su exuberancia de lascivo un pudor que embotaba las intenciones y alejaba en quienes le oian











LOS MUERTO8


toda sospecha. Samuel, constrefido a un espiritualismo carnal, tenia necesidad de estar enamorado: primero lo estuvo de una mujer que todas las tardes pasaba por el camino con una cesta; la distancia le borraba las facciones, y sin embargo 61 las contemplaba, las perfeecionaba; y cuando un dia la mujer, sabe Dios por qu6, dej6 de pasar, Samuel sufri6 y tuvo en su mente reproches contra la quim6rica ingratitud. Esa herida cicatriz6 en su alma mis pronto que las lagas de su rostro, y nuevas fioraciones dieron aroma de pasi6n a su ser: se enamor6 de una dama aristocrftica cuya belleza y distinci6n alababan mucho los peri6dicos; la seguia, al trav6s de las er6nicas de salones, a bailes, a fiestas; y con esa injusticia de los hombres, que ha merecido el nombre grifico de ley del embudo, le era infiel cuando sus veleidades sensuales lo impelian con otras damas tan desconocidas como ella, tan incorp6reas para 61 como ella... Tal vez esas damas sintieron alguna noche, en el hondo silencio, el fantasma de una caricia vagar por su came, y creyeron soflar sin saber por qu6, sin saber con qui6n, sin saber que era la fuerza de un deseo lejano quien las acariciaba... Ahora una nueva llama, mis palpable, amenazaba asolar el huerto de las pasiones de quimera: por ley fatal Samuel se enamor6 de Sor Eduvigis, y como 61 sentiase abrasado, le era inconcebible que la que tal incendio producia pudiera pasar junto a 61 friamente, sin advertirlo. Por eso en el silencio pensativo de todos, s6lo el pensamiento de Samuel era temeroso, acusador y un poco halagador tambi6n. I Habria notado Sor Eduvigis ?... Desde lo alto de su atalaya Antoflito contest6 a la muda interrogaci6n de todos:
-No, no es por nada de eso... Yo tengo !a seguridad de que hay algo oculto en que nadie ha pensado.
Todos se levantaron y fueron hacia la ventana casi col6ricos, exigiendo que Antoffito aclarara el misterio que parecia esbozar:
-!Es que tli sabes algo?
-No, no.
-8Si; t-i sabes algo, no lo niegues.
-i Hay que decirlo !
-Es un presentimiento, lo juro.
Una excitaci6n de locura turbaba a todos. Remigio, haciendo uii esfuerzo que hizo asomar a las cicatrices de su cara una san-










54 OMBA CORTEgPORNVA

gre morada, casi negra, cogi6 con las dos manos el carrito del inv~lido y lo alz6 amenazadoramente:
-i Di lo que sabes o te estrello!
Antoflito elamaba entre protestas de ignorancia. De pronto, cambiando su expresi6n de terror por otra exasperada, exclam6:
-i Tirame de una vez, fuerte, contra el quicio! 1 Ojalf que ...
Uno de los viejos murmur6:
-D6jalo, h qu6 ha de saber el pobre ?
El otro viejo ni siquiera se habia movido: inm6vil bajo sus costras ennegrecidas, no ola ya las voces del mundo. El grupo se deshizo; una r~faga que vino del mar, devolvi6 la calma perdida. Remigio, despu6s de colocar dulcemente el carrito en tierra, puso su manaza en el hombro de Antofiito y le dijo con su voz adusta, enternecida:
-Delante de todos te pido perd6n, Antofito... Tfi sabes lo bruto que soy.
Antofiito tuvo que dominarse para no Ilorar: sentiase orguiloso, feliz... iaquello era casi una aventura! En la conciencia de todos habia ya surgido la certeza de que el invilido no sabia nada, y Quico, para concluir con el malestar de la eseena, propuso:
-Hay que saber lo que tiene la monja, y lo mejor es preguntkrselo.
Como siempre, fu6 don Manuel el comisionado para hablar en nombre de todos. Cada vez que entraba la hermana, un silencio expectante surgia y veian inclinarse a don Manuel, remover sus labios tumefactos... pero la monja volvia a marcharse sin que las palabras hubieran sido dichas, y ninguno osaba reprochar la sentimental cortedad.
Una mafiana, a la hora de la cura, como Sor Eduvigis se quitara con impremeditaci6n uno de los guantes de goma, para hacer mejor un vendaje, el practicante le advirti6:
-Recuerde usted que el doctor no quiere mimos ni tonterias; esto no es un asilo, sino un hospital, y hay que hacer las curas como manda la ciencia.
-Bien, bien... cualquiera tiene una ligereza, cristiano.
-Dar6 parte al director; es mi deber.










LOS MUERTOS


Fu6 Quico quien oy6 este escarceo y lo cont6 en seguida a los demis. Por la noche, al entrar la hermana, don Manuel le habl6 al fin:
-Nosotros quisiramos disculparnos con usted, Sor Eduvigis, por haber pensado que estaba cansada de ser buena con nosotros; y hemos sabido que no es usted, sino... '
Los otros no pudieron ya contenerse y empez6 el rosario de lamentaciones y amenazas:
-Es el practicante y "El verdugo" que no quieren que se nos trate bien.
-Nosotros fuimos los primeros en decirle que no se quitara la capucha.
-Un dia voy a coger yo por el cuello al practicante y...
-Calle, por Dios.
-Ya decia yo que usted no podia ser igual que las otras.
-Tienen miedo de que nos insubordinemos y haya aqui un plante como ya hubo una vez.
-Si usted quisiera Ilevar una denuncia que yo escribiera a los peri6dicos...
Tras de la capucha los ojos at6nitos de la monja veian las caras hostiles de los leprosos, y no sabia qu6 decirles. Poco a poco se iba retirando hacia la puerta. De pronto, como si hubiera hallado la puerta por donde escapar a la indignaci6n afectuosa de su rebaflo, dijo:
-Por charlatanes no saben afin una cosa importante... D~jese usted de protestas, hermano Juan... hSe calla? Pues oigan y algrense: Mafiana tendrin a un nuevo compafiero que el Sefior les envia. Un nifio: tiene siete afios y se llama Ram6n.

IV

Ram6n lleg6 por la mafiana; era enteco, apenas si representaba seis afios; entr6 de la mano de Sor Eduvigis, que lo present6 a todos. En el primer momento la acogida fu6 silenciosa: temian exacerbar la extrafieza y el dolor del nifio, y casi no se atrevian a acercarse a 61. Ram6n los miraba con recelo, sorprendido de que su calvario concluyera all. En las pantorrillas sarmentosas veianse ya las huellas del mal, y en la barbilla un










CUBA CONXTEMPORINEA


grano le supuraba constantemente. Tenia la cabeza desproporcionada, grandisima: al inclinarla parecia que el cuello, harto fino, iba a quebrarse, y esto hubiera sido grotesco a no ser tan triste. Poco a poco empezaron a hablarle; 61 respondia despaeio, muy serio, fij~ndose mucho en las palabras, temeroso de decir algo inoportuno. Durante todo el dia oprimi6 contra el pecho, con aire obstinado, un carrito de hoja de lata que le regal6 Sor Eduvigis; pero por la tarde, cuando el sol dej6 de alumbrar la galeria y las sombras, naciendo en los rincones, empezaron a echar hacia fuera la claridad azulosa del crepisculo, el nifio solt6 el juguete y rompi6 a lorar; fu6 est6ril que aquellos hombres olvidados de su propia desdicha se arrodillaran para consolar mejor el desaliento del nifio... Remigio le prometi6 que 61 pediria herramientas y le haria un carro mfs grande; fueron infitiles todos los cuidados, todas las reflexiones. El viejo de las canas amarillas fu6 a su colch6n y trajo con misterio la moneda de oro, dici6ndole que al dia siguiente iban a gastarla integra en juguetes. Ram6n iloraba sin consuelo, con la oscura conciencia de que por muchos juguetes que le dieran no podrian resarcirlo de los dos juguetes vivificadores que acababan de arrancarle para siempre: el sol y la distancia; y ellos rebuscaban en sus almas las mejores palabras de ternura, palabras casi maternales; don Manuel le ilamaba Ramoncito; el viejo, "mi nieto", y Remigio y Quico, "rapaz". Cuando despu6s de la cena el sueflo lo venci6, rodearon sigilosos su cama. El nifio respiraba blandamente; a ratos se percibia en su respiraci6n un olor nauseabundo; sobre los phrpados los caminitos de las venas corrian abultados. Juan inici6 los comentarios en voz baja:
-1 Mks le valia no despertar nunca!
-i Sabe Dios de d6nde vendrA y lo que tendril ya sufrido I
-Desde hoy ya tenemos por qui6n mirar.
-Y desde hoy nada de ilamarle Antoffito a 6ste; aqui no hay mfs Ramoncito que el nifio.
-Si, si...
Al otro dia el viejo entreg6 a Sor Eduvigis la moneda de oro, y la galeria se pobl6 de animales de carton, de carros, de autom6viles, de barquitos. Samuel y el invklido eran sus pre-










LOS Mul5R1OS


feridos. A medida que adquiria conflanza, contaba su vida: venia de una ciudad del interior, en donde estuvo en un asilo; cuando le preguntaban cuintos aflos, abria mucho los ojos y quedaba indeciso, esforzAndose por precisar sus recuerdos; mas sus recuerdos se amortiguaban hasta eonfundirse con imaginaciones irreales, y las figuras de los padres que lo habian expulsado negfndole el nombre, y la tibieza familiar, adquirian formas tan flotantes, tan inciertas, que no osaba hablar de ellos. Un dia, en el asilo, le salieron unos granitos en la barba, y como no se le cerraban a pesar de las curas, lo pusieron en observaci6n; varios medicos fueron a verlo y discutian ante su cama; despu~s, sin dejarlo despedir de sus compaieros, lo llevaron a la estaci6n y alli lo entregaron al practicante... Todo esto lo fueron sabiendo poco a poco, desentrafindolo de los relatos inconexos. En los primeros dias el entusiasmo por servir a Ram6n era tal, que se originaban disputas; el viejo creia haber comprado con su oro la predilecei6n del nifo, y al ver que 6ste preferia a todos los juguetes arrastrar a Antoflito en su carro, se incomodaba; Antofiito era, por virtud de la fantasia infantil, tan pronto caballo como autom6vil o tren, y las ventanas eran estaciones'ante las cuales Antoflito lanzaba repentinos silbidos que asustaban al nifio y hacian reir a todos. Quico y Remigio se ponian a andar a gatas para que Ram6n cabalgara sobre ellos; pero la novedad s6lo lo atraia un rato: despu~s volvia a sus juegos predilectos. S6lo a Samuel le mostraba antipatia, porque 6ste le preguntaba a solas por su madre, hostigando su: memoria, obligAndole casi a recordarla: y sin poder explicarme por qu6, aquello hacia sufrir a Ram6n... Ni una vez entraba Sor Eduvigis que no los hallara jugando: don Manuel era el encargado de contar cuentos, Remigio lo paseaba sobre los hombros, Quico lo ilevaba a horcajadas sobre las espaldas, saltando y piafando como un caballo, Juan le proponia acertijos... Y sor Eduvigis bendecia la liegada del nifio que apartaba de ella la atenci6n. A veces Ramon preguntaba cosas dificiles de contestar, curioso del por qu6 de todo, acorralando de pregunta en pregunta a don Manuel, que era quien mejor le respondia, hasta obligarlo a un: "Eso si que no s6 decirtelo, hijo". Una tarde, durante la cena, pregunt6:










58 CUBA CONTEMPORINBA

I Aqui en esta tierra nwaea es domingo.'
-Si, pasado mafiana, dijo Juan.
Entonees se puso a palmotear de alegria, gritando:
- Qu6 bien, qu6 bien... Van a sacarnos de paseo como allfi!
La inocencia y el sarcasmo de aquella alegria cayeron sobre el alma de todos. i Salir de paseo! No, nunca mfs veria otras paredes, respiraria otro aire ni veria otro horizonte; era peor que el preso, que se engafia con la esperanza de que los dias que faltan para eumplir su condena serfn mfs cortos que los que pasaron. j C6mo decirle esto a Ram6n? Habria que fingir un nuevo calendario donde el domingo se fuese alejando, alejando indefinidamente, hasta el dia en que cara al cielo, bajo las tablas del atafid, saliese a pasear el cuerpo rigido, mientras el alma cansada de haberlo soportado tantos afios fuera delante poshndose en las flores, recibiendo el beso de las brisas, queriendo prolongar sus alas para abrazar al mismo tiempo todas las cosas.... "Nunca mfs, nunca mfs"; estas dos palabras adquirian en la conciencia de los leprosos su infinito sentido negativo.... "i Nunca mis!" Y no se atrevian a mirar a Ram6n, asustados de que pudiera leer en sus ojos. Ni siquiera Remigio comi6 con apetito aquella noche.
Con el paso de los dias el carifao a Ram6n fu6 serenfindose y los antiguos hibitos volvieron. La monja, algo olvidada, ocup6 otra vez el primer plano de la atenci6n. Nada podia resarcirlos de los cuidados, de la intimidad, del afecto perdidos. En el fondo, sentlan respecto al niflo un dejo de decepci6n: no es que lo quisieran menos, casi al contrario: es que tambi6n Ramoncito lleg6 a adquirir la patina sepuleral, a perder el atractivo misterioso de cuanto venia de fuera, del mundo. Ram6n era su mismo dolor en carne infantil, y no podia sustraerse al magnetismo de los que cada dia aport&banles un renuevo de lo imposible. La hermana, "El verdugo", el practicante mismo, el portero a quien veian de tarde en tarde pasar medroso por el jardin, eran puentes que unian las riberas de la muerte con las de la vida; en sus voces notaban los leprosos algo fragante, sus ojos tenian para ellos la luminosa limpidez que les daba el reflejar otras perspectivas, y en sus ropas, cuando entraban en la galeria o en el dormitorio, venla adherido un polvo impalpa-










LOS MUERTOS


ble de ventura que estimulaba los sentidos y sugeria visiones de las seducciones del mundo.
Otra vez volvi6 a ser la lectura del peri6dico el eje espiritual del dia. Ram6n escuchaba leer callado, esforzkndose en comprender, en interesarse. Finalizaba entonces la primavera y el campo salpieado de puntos amarillos ondulaba a la menor rffaga; a lo lejos un molino de viento giraba loco; hacia el campo de maniobras veianse en los dias muy dikfanos flamear banderas. Ram6n tard6 algunas semanas en conocer aquellos accidentes del paisaje y en agotar el placer de contemplarlos. Sabia de memoria que a las doce la franja de sol que entraba por la tercer ventana, legaba hasta un nudo de la puerta del dormitorio; ningfin reloj mejor que su tedio para medir la hora de las comidas, la de las curas, las catorce horas interminables e iguales que pasaba cada dia despierto; lleg6 a apreciar con exactitud la relaci6n de tiempo entre cosas intermitentes, y cuando, manchado el cielo muy c6ncavo y muy azul, vela pasar una nube negra, poniase igual que los otros leprosos a desear la lluvia, esa luvia del tr6pico, que empieza con gruesas gotas tibias, cae despu~s en torrente corto tiempo y deja la atm6sfera transparente, pura. Los huesos de Quico y la nariz de Samuel eran los mejores bar6metros: dos o tres dias antes de cada aguacero, Quico se quejaba, y en cuanto la tierra esponjhbase con las primeras gotas, Samuel aspiraba con delectaci6n, casi con lujuria, el olor hfimedo.... Todo esto iba observ~ndolo Ram6n y forjndose distracciones, pero al cabo tuvo que aguzar el entendimiento para suplir con incidentes espirituales los que la vida dinkmica no le podia dar.
La tarde en que don Manuel, sin poder resistir mks en pie los latidos de una nueva llcera abierta en el cuello, pidi6 que lo ilevaran a la enfermeria, fu6 de gran emoci6n; parecia mentira el vacio que un solo cuerpo dejaba entre ellos; antes de comer se pusieron a comentar el suceso. 1 Iria don Manuel a morirse? No; Quico aseguraba en voz baja, para no ser oido por el viejo de la cabeza carcomida, que las costras de don Manuel no se habian afim puesto negias, y que por lo tanto... A la mafiana siguiente Sor Eduvigis les dijo que el enfermo seguia mejor, y todos se levantaron presurosos, contentos, porque un incidente se










CUBA CONTEMPORL-A


avecinaba. L Qui6n leeria el peri6dico? La silla de don Manuel estaba, como todos los dias, junto a la mesa y el peri6dico eneima; hubo un instante de indecisi6n y Quico lo rompi6, audaz:
-Leer6 yo. Voy a empezar por el articulo de fondo.
Pero su voz era demasiado pastosa, y unas veees por graduar mal la respiraci6n, otras por tergiversar las comas o tartamudear las palabras, los demos no lo entendian bien. Al mismo lo comprendi6 en seguida y, tendiendo a Antofiito el peri6dieo, dijo modestamente:
-Lee tii; uno se eree que sabe leer y luego no sabe... Aqui no nos olvidamos de hablar, por milagro de Dios... Anda, te voy a poner encima de la mesa para que est6s como en una tribuna del Congreso.
Con sus manos enormes coloe6 sobre la mesa al invilido; Antoflito tuvo la cortesia de ofrecer el peri6dico a Juan, pero Juan rebus6; y emocionado, empez6 a leer muy despacio, muy bien, demasiado bien, poniendo toda su alma en juntar las silabas.
En la enfermeria pudo don Manuel darse cuenta de la hostilidad con que el practicante y "El verdugo" trataban a Sor Eduvigis. Muchas veces, crey6ndolo dormido, el practicante reprochaba a la monja el haber pedido en el boletin religioso de la di6cesis libros para los leprosos; segfin 61, aquello era "gana de atraer la atenci6n sobre el hospital, gana de dar importancia a los servicios que en otros paises mks civilizados prestaban sin tanta prosopopeya enfermeras laicas". La monja le contestaba bondadosamente, pagando a lo mis con reticencias de ir6nica suavidad los insultos. Mis de una vez sinti6 don Manuel ganas de levantarse y golpear a aquel hombre. El m6dico, mis discreto, haeiase tambi6n solidario de la desaprobacifn de su subalterno, pero james decia nada y trataba a la monja con una cortesia estricta; hablaba con el practicante del "morbus fenicius" o del bacilo de Hansen, y, para molestar a la monja, aludia desdeflosamente a la medicina casera o a la caridad mal entendida de los hospitales administrados por religiosas. Cuando la hermana se quedaba a solas con don Manuel, trataba de quitarle importancia a aquella guerra. Si hubiera sido Quico, si hubieran sido Remigio o Juan, Sor Eduvigis no hubiera mostrado des-











LOS MUERTOS


fallecimiento, pero don Manuel, cada vez que ella le decia: "El dia que yo vaya a ver a la seflora del albacea, que dicen que es tan caritativa, todo se arreglark", admitia en silencio sus palabras de falso optimismo y la miraba a lo hondo de los ojos, con tal melancolia, con tal comprensi6n, que ]a monja sentla descubiertas las decepciones de su alma: y hubiese querido contarle su prop6sito de irse a otro hospital "menos adelantado" en donde poder ejeroer, como la beata Angela de Foligno, su misi6n de hermana de los lazarinos. La tarde en que entr6 vestida con su hibito de calle y le dijo que iba a Ilevar unos encargos a la ciudad, 61 comprendi6 en seguida. Nunca la impaciencia alarg6 tanto las horas: don Manuel pensaba en los dos viejos, en Quico, en Anto-iito, en Juan, en Remigio, en el infeliz Ram6n: i Qu6 ajenos estarian de que en casa del albacea iba a desvanecerse o a consolidarse aquella tarde el poco de felicidad que aun podia otorgarles el mundo! La monja tardaba, tardaba... 6 Tocarla el acento f6rvido de Sor Eduvigis el coraz6n de aquella sefiora, filantr6pica profesional que devolvia en cierto modo al hospital parte de lo que sacaba su marido, enviando hecha hilas la lujosa ropa blanea de desecho? Durante alg7in tiempo don Manuel tuvo esperanza: si, Sor Eduvigis sabria lograr que le permitieran leer por las tardes a los enfermos, quitarse la capucha, tratarlos menos rigidamente. De pronto, como si el rayo de sol que iba a besar el crucifijo clavado en la pared, se ilevara al irse sus ilusiones, tuvo la certeza de que la hermana iba a fracasar. Al oirla, no tuvo necesidad de mirar el desaliento en sus ojos para comprender; la hermana nada dijo; 61 se torturaba buscando una manera de preguntarle al concluir la guardia del practicante y relevarlo ella; 61 musit6 sin alzar la vista, con voz tr6mula por la ansiedad:
-Qu6, & se nos, va usted por fin, hermana?
-Si; no hay mfs remedio; es mejor.
Fu6 a decir algo mfs, pero la voz se le estrangul6 y se hizo Un sollozo; en vano la voluntad queria avasallar al dolor: nuevos sollozos se escapaban, largos, saturados de consuelo. Ineorporado en la cama, don Manuel le decia tumultuosamente frases alentadoras y con lucidez dolorosa se daba cuenta del contrasentido de que 61 pudiera consolar a nadie. Al cabo, la monja










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susurr6 la confidencia; hablaba muy despacio, dirfase que reel pitulaba la escena para si misma en vez de nar'arla para otro
-Me han dieho easi claramente que me vaya, que lo que y quiero hacer aqui es perjudicial para ustedes mismos, por apai tarlos del regimen a que ya estkn acostumbrados... 1 Qu6 s yo! En cuanto llegu6, la sefiora hizo una sefia a la eriada y ei seguida acudi6 el albacea; que Dios me perdone, pero no ha, quien me quite de la cabeza que me esperaban. De nada m sirvi6 decirle que estaba dispuesta a firmar no salir nunca d( hospital y quedarme para siempre entre ustedes, como otra er ferma. Me echan casi, ya ve usted... Pero lo han de hacer elra mente. Desde hoy vuelvo a hacer la vida de antes, y que se quE jen, como me han dado a entender con indirectas... Yo 'tan bifn escribir6 a la superiora y al Sr. Obispo.
Con decisi6n se quit6 la capucha y los guantes. Su energi de mujer joven se rebelaba. El practicante entr6 a husmear, su sorpresa al ver contravenidas de tal modo sus 6rdenes fu tan grande, que hasta le imDidi6 protestar. Don Manuel pere. bi6 su mirada de despecho, y al verlo salir dijo a Sor Eduvigis
-Pocos dias le quedan de estar con nosotros... LograrA que el mismo Obispo le aconseje que se vaya; ya veri usted.
-El sefior Obispo es un var6n justo y no se dejara engaiia -i Pobre Sor Eduvigis... Cuando usted se vaya yo quier pedirle un favor... Si se va a la leproseria de Mozambique como me dijo una vez, tendrf que embarcar en Puerto-Grand, I no es eso?... Yo soy de Puerto-Grande y le agradeceria, si n le sirve de molestia, que usted, al pasar...
-Lo que usted quiera, hermano... h Tiene usted familia I
-Si y no.... VerA usted. Mi vida es algo lamentable. Teng una familia que me ha negado, una familia para la cual trabaj toda mi vida, y que al presenthrseme mi enfermedad, que fu a los cuarenta y dos afios, me aconsej6 viajar, un largo viaje uno de esos viajes de que hay muchas probabilidades de no v ver. .... Lo que he hecho, easi. Mis hijas declan que yo eon mi granos repugnantes y mi fama de leproso, les ahuyentaba bc partidos... Tal vez tenian raz6n... Era una vida vergonzos, peor que estar aqui: la gente me hula en la calle, mis hijas m odiaban; si, Sor Eduvigis; usted es demasiado buena para coil










LOS MUERTOS


prenderlo; me odiaban, y hasta para librarse de que pudieran creerlas amenazadas de mi mal, acogieron o propalaron, no lo s6, calumnias contra su pobre madre, que est6 en gloria. Al principio pens6 en desheredarlas, en resistir... Luego comprendi que era in-itil, y segui el consejo. Como me iba para un viaje tan largo, liquid mi hacienda y les entregu6 a cada una lo suyo para ahorrarme testamentos y papelotes. Pens6 en suicidarme y... ya ve usted que no lo he hecho. Lei algo acerca de este hospital, y tom6 en un solo dia la resoluci6n de suicidarme de otra manera; tanto valor hacia falta para uno como para otro suicidio, pero para 6ste lo' tuve..., Al principio me fu6 duro, figfirese... S61o un amigo de la infancia supo, bajo juramento de silencio, mi paradero; ese amigo era viejo y debe de haber muerto ya, porque ha dejado de escribirme... A no ser que me haya olvidado. En fin, ya ve usted qu6 historia mks negra; no lore... Lo que yo quiero es que usted, al pasar por PuertoGrande, se entere de si mis hijas se han casado, de si son felices, y me escriba una carta dici6ndomelo.
Aquella tarde Sor Eduvigis entr6 en la galeria y, sentfindose junto a la mesa como en los dias primeros de su legada, abri6 su Biblia por una de las marcas hechas con estampas religiosas y comenz6 a leerles en alta voz. Al verle de nuevo la cara, al sentirla otra vez atenta sobre ellos, la esperanza renaci6 en las almas marchitas. No sabian que aquello era la luz intensa y corta que da una lkmpara antes de extinguirse! Hasta el viejo de la cabeza carcomida hizo un enorme esfuerzo para mirarla; todos la escuchaban atentos, sin perder una frase. Ram6n, a las primeras palabras, inclin6 sobre los brazos la cabeza y se qued6 dormido, como si la voz de la monja cantara tardiamente para 61 las canciones de cuna que no habia escuchado de pequeflo. La voz de Sor Eduvigis resonaba en la galeria, tr6mula, emocionada:
"Para purificar la casa del leproso segfn rito, tomari dos "avecillas y palo de cedro y grana e hisopo;
, "Y degollari una de las avecillas en una vasija de barro "sobre aguas vivas;
"Y tomark el palo de cedro y el hisopo y la grana y el ave"cilla viva, y mojar todo en la sangre del pAjaro sacrificado y en "las aguas vivas y rociari la casa hasta siete veces;










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"Y purifieark la casa con la sangre de la avecilla y con la "aguas vivas y con la avecilla viva y el palo de cedro y el hiso "po y la grana;
"Y luego, para que la casa sea declarada limpia, soltarfi e "avecilla viva fuera de la ciudad, sobre la extensi6n de lo "campos.'
Aquel pkjaro que escapfndose de la casa iba a ser libre des pu6s de estar tan cerca de la podredumbre y de la muerte, des pertaba en Antoflito ansias remotas: I Ser pijaro, ser humo, se: viento: todo lo que circula, lo que se aleja; ser perfume, se sonido, ser rio... No, rio no, que el rio se arrastraba por b misera tierra lo mismo que 61!




Al estupor del primer momento, sucedi6 una reacci6n d, c6lera. I Qu6 intriga, qu6 infamia habia obligado a Sor -Edu vigis a dejar el hospital sin decirles aiquiera adi6st Durant, tres dias la aguardaron en vano, engafifndose con la' esperan za de que estuviera ausente por algo fortuito y pasajero. Cad vez que entraba el practicante, una pregunta cristalizaba en i idea de todos, pero la callaban por tes6n; era una consigna tAci ta; inquiet6 tanto aquel silencio al practicante, que hubier terminado por hablarles de la monja sin aguardar la pregunta para concluir de una vez; pero una mafiana Samuel no pudi contenerse mfis:
- Estb enferma la hermana?
-No, estA con licencia.
-A Por mucho tiempo?
-No lo s6... Quizfs no vuelva... digo yo.
Las dos palabras las affadi6 para dulcificar el efecto. Quic, alz6se de su sitio y, con una violencia que hizo retroceder a practicante, cogi6 a Samuel del brazo para apartarlo:
-No preguntes mis, memo... Los Judas no dicen la ver dad nunca.
-Hay que apretarles el gafiote para que la suelten, grit Remigio... iCon licencia I No somos tontos, y por eso ningul










LOS MUERTOS

queria preguntar nada, I sabe? Ni usted. ni "El verdugo" van a confesar que la han obligado a dejarnos.
-Les estorbaba que estuvi~ramos un poco contentos.
El practicante habia ido retrocediendo hasta la puerta, hundida la diestra en el bolsillo de la blusa, sin dejar de dar la cara a los leprosos. Cuando se consider6 a salvo, esper6 un instante por ver si una nueva pregunta le permitia dejar la atm6sfera menos cargada de electricidad. Ninguna voz volvi6 a elevarse, y sali6; pero desde un observatorio secreto hecho en la juntura de la puerta, pudo ver que el silencio se prolongaba y que los semblantes torvos, ensimismados, denotaban desesperaci6n. Hasta dos dias mis tarde, al regresar don Manuel de la enfermeria, no supieron los leprosos la verdad. La monja, antes de irse, dej6 bajo la almohada del enfermo un papelito escrito todo con letras mayfisculas, impersonales, que decia asi: "Tenia usted raz6n: recibo orden de marcharme en seguida, sin decir nada; pero no tengo valor para no despedirme siquiera de usted, que le diri a todos adi6s. Sean buenos y acu~rdense de mi. Cumplir6 su encargo en Puerto-Grande. Rompa 6sta en seguida". La esquela, que tenia por firma una cruz, pas6 de mano en mano; Samuel la bes6, y al devolv6rsela a don Manuel, 6ste, haciendo un esfgerzo que equivalia a decir: "No hay mks remedio", la rasg6 en pedacitos, partiendo afin en otros mgs menudos los que contenlan una palabra completa o vestigios de palabras fgciles de reconstituir. Luego'fueron hacia una ventana, y lentamente, uno a uno, don Manuel fu6 dfndolos a la brisa; no los tiraba, los ponia en la palma de la mano y la tenia asi, extendida, hasta que una r~faga se los quitaba; unos desaparecian, otros iban a posarse sobre la campifia, igual que palomas miniiseulas fatigadas del vuelo. Todos estaban graves, como si asistieran a uJ entierro; cuando el filtimo papel se fu6 y vieron alejarse, desvanecerse, el postrer reeuerdo tangible de la hermana, una explosi6n de furia reson6. De haber estado alli el practicante, habria de seguro surgido la tragedia.
l Hay que desnucar a ese maldito !-decia Quico mordidndose el labio inferior.
-Con una sola: mano lo cogia yo asi, asi-segula Remigio apretando el pufio hasta hacer crujir los huesos.










CUBA CONTEMPOINFA


-Tenia que ser un obispo el que diera esa orden cochii terminaba Juan.
Todos iban dando una vilvula a su furia; el misno Antofiiel mismo don Manuel tan ponderado. En la penumbra de tarde parecan alargarse los brazos con ademanes vengadoi que subrayaban las frases de indignaci6n; las interjeccior entrechocaban, se oian sordas blasfemias; hasta los viejos had movimientos bruscos, agresivos.
-No somos hombres si esto se queda asi.
-Hay que hacer una que sea sonada.
-Lo que pasa aqui clama a Dios.
Los fuertes--Quico, Remigio, Juan-hablaron de apro char la hora de ir al patio para caer sobre el portero barbu matar al practicante y a "El verdugo" si bajaban a ayudar y huir; los d6biles-don Manuel, Samuel, Antofiito, el viejo las canas lividas-eran mfs razonables.
- Y qu6 sacariamos con escaparnos?-preguntaba don X nuel. No tendriamos d6nde ir; todo el mundo nos rechaza y r volverian a coger en seguida.
-Si siquiera pudi6ramos pasar una noche escondidos por ciudad, insinuaba Samuel.
Pero las objeciones y las contradicciones se multiplicaban.
-Aunque matframos a 6stos, no tardariamos en tener ol portero, otro verdugo y otro practicante. Es nuestro sino.
-Claro, es infitil.
-Como saben que la gente tiene iedo a contagiarse con f1 otros, hacen lo que hacen.
-Hay que vengarse, hay que demostrar que somos hombr -Yo soy capaz, cuando entre el verdugo, de irme sot 61, de arrancarle la capucha y abrazarlo y besarlo y morde: para que se contagie y sepa lo que es ser desgraciado.
-No, la hermana no aprobaria eso, Quico.
-No hay nada que hacer, nada, nada.
-Siempre hay que hacer... i Si todos fu6rais como n otros tres, ya se verfa I
-Nos matarian impunemente... Dicen que en el otro ph te mataron a uno.










LOS XUERTOS


--hY qu6? Mejor que nos mataran..... lSiquiera asi estarlamos inuertos del todo!
-Ademfs, no les conviene matarnos... Si nos matan a todos, adi6s hospital y adi6s explotaci6n... Yo s6 de leyes, no creeis.
Ram6n los escuehaba discutir, serio, sin mezelarse, pero temblando un poco. La excitaci6n dur6 varios dias, y en ellos, como si presintieran la tormenta, el practicante, "El verdugo" y un enfermero que entr6 a sustituir a la monja. extremaron la amabilidad... y las precauciones. En esos dias de tensi6n nerviosa, la menor contradicei6n los exacerbaba; complacianse en levarse la contraria, en zaherirse con pullas sarchsticas, y en seguida las voces se agriaban y los brazos, replegfndose elisticos, esbozaban el ademin de acometer. Mfis de una vez fu6 precisa la autoridad de don Manuel para evitar reyertas... Despu6s la presi6n de los inimos fu6 debilitfndose y una invencible laxitud se adueU6 de la voluntad de todos; el fatalismo de su sumisi6n les parecia un axioma; y ante la impotencia de todo esfuerzo, de toda protesta, volvieron a abandonarse a la corriente, mks tristes, lo mismo que cadfveres en los cuales un cruel artifieio imitaba las funciones del vivir. El recuerdo de Sor Eduvigis era m oasis en la esterilidad del dia; no se hablaba de ella, esquivaban cualquier palabra que pudiera comprometerlos a abordar el tema de su ira; pero cuando, en silencio, los rostros perdian la adustez y pasaba sobre sus carrofias como un resplandor de belleza, era que estaban pensando en la monja. Samuel envejeci en una semana; se ocultaba para ilorar, y al principio esto irritaba a Quico. Ni siquiera la lectura del peri6dico lograba romper el marasmo; oiase al lector con la misma glacial indiferencia con que pudieran oirse cosas de un modo inexorablemente perdido; y aquel tedio era no s6lo de la voluntad, sino de los mfisculos: horas y horas transcurrian en las mismas Posturas, con los ojos entornados y el pensamiento ausente o nulo. Ya Antofiito no pedia que lo subieran a los quicios de las ventanas, ya Samuel no desgastaba-i desolado Narciso I -su espejo; hasta PI est6mago de Remigio parecia disminuir sus exigencias, y los juguetes de Ram6n aguardaban inm6viles junto a las paredes la mano que ya casi no tenla vida que comunicar-











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les. No se oia una risa ni una chanza. El niho, con sus dos man colgantes entre las piernas y la cabezota inclinada, amenazan, troncharle el cuello, habiase tambi6n contagiado de aquel sop que era cual otra lepra del espiritu.
Una maflana, al reunirse para la lectura, se not6 la falta Samuel.
-Ve ti a ilamarlo, Ram6n.
-Debe de estar en el dormitorio.
Dile que lo esperamos para empezar; anda.
El nifio volvi6 con una respuesta que hubiera sido en ot ocasi6n un suceso.
-Dice que no vuelve a oir mfs el peri6dico, que no le imp( ta nada de lo que pase, quo se queda allk con los viejos.
Precisamente aquel dia publicaba el peri6dico una nueva q iba a transformar el hospital. El rey de un pais vecino venia visitar la ciudad, y entre los festejos que habian de ofrec6rse figuraba una gran revista en el campo de maniobras. Toda capital iria a esa revista; se construirian tribunas, se engalar ria el camino, y el desfile de autom6viles y coches, luego desfile de la tropa, daria al regio hu~sped una impresi6n lujo, manera amable de suavizar la fundamental impresi6n poder.
La noticia cay6 en sus almas desfallecidas como en un es' mago exhausto un vino demasiado alcoh6lico. Tenian nece dad de algo con que embriagarse para olvidar, y aquello les c la ocasi6n. Samuel volvi6 a revivir; por las mafianas era aeel da la hora del peri6dico y se saltaba todo para empezar por] noticias de los preparativos, que eran leidas muchas veces hi ta aprenderlas casi de memoria. Contfbanse los dias que fall ban, las horas y los minutos; y fueron unos dias febriles en q las almas, voluntariamente saturadas del acontecimiento, reel zaban cualquier otra idea. lThan a ver las fiestas, a ver pasar toda la ciudad hacia el campo de maniobras, a verla regresa Oirian las mfisicas, verian los uniformes, desplegariase ante s ojos una earavana de alegria y de fausto! De tiempo en tiem la voz del demonio interior susurraba: "IY despu6s?" Pe esa voz inoportuna era desoida, aplastada con ol entusiasmo; a fuerza de agrandar el heoho, ilegaron a- suponer que cubrii










LOS MUERTOB


todo el porvenir y que aquella revista seria una cosa interminable que mareaba el t6rmino de sus affieciones, de su hastio... Todos parecian tan nifios como Ram6n; a cada detalle nuevo de las fiestas, palmoteaban. Quico, cerrando los ojos, veia ya el desfile: el aire se ilenaba de atronadores hurras, a lo lejos tronaba el cafl6n, y en coehes, hierfticos, volvi6ndose hacia el hospital para que 61 los viera, pasaban los politicos cuyos hechos habia comentado tantos afios. Para Samuel el inter6s de la fiesta se limitaba a un solo coche: iria muy despacio, recamado de rosas, y en el centro, siendo la flor suprema del ramo, su dama iria sola, incomparablemente bella y algo entristecida porque 61 la hubiese olvidado durante algfin tiempo; para los demns no tenia un concreto aliciente; era algo abstracto--promesas de risas, de colores, de abstracci6n de ellos mismos y de sus miserias-que les impedia razonar. Como si los dias no bastasen a contener sus entusiasmos, sofiaban por la noche con el desfile; aunque a veces una sombra furtiva, de castos ojos como el agua y 6valo marchito aprisionado por la toca, pasaba por sus suefios.
El practicante y "El verdugo", contentos de ver desvanecerse el conflicto, fomentaban la animaci6n. Todas las tardes daba el enfermero nuevos pormenores. Ya a lo largo del camino empezaban a alzarse tribunas, y desde las ventanas seguian los leprosos la obra de los trabajadores, ayudhndoles con la voluntad; ya el camino no era una sierpe polvorienta retorci6ndose en la planicie; ahora lo regaban, piquetes de soldados pasaban a veces, y de trecho en trecho, a ambos bordes, se erguian mIstiles con escudos y gallardetes. Por las noches las huellas de las rejas aparecian mareadas en todas las frentes; hubieran querido poder comer en las ventanas, no dormir, y a la hora de las curas siempre habia alguno que dijera:
-D6se usted hoy prisa, doctor... Ahora tenemos teatro y duele estar aqui.
Era siempre la misma frase, pero hacia siempre el mismo efecto: reia "El verdugo", reia el praeticante y la visita se aceleraba algo. Una mafiana, faltaban ya muy pocas para el dia feliz, el doctor propuso:
-Como supongo que ustedes querrin tambi6n adornar nues-










dUBA -dONTI PORiN=

tra casa para cuando pase el rey, he mandado a comprar pap les de colores. g Hay qui6n sepa hacer eadeneta?
-i Yo !
-iYo I
-- Yo tambihn I
-Todos sabemos; y ademfs haremos flores y guirnaldas.
Lleg6 el papel y se pusieron a la obra. La cadeneta formal en un rinc6n una pila leve y crujiente; las manos no se det nian ni un segundo. En aquellas fiores vulgares de la industri molificaba la cohnena un jfibilo inmenso. Quico hizo un molh multicolor que debia girar vertiginosamente al menor vient Remigio, Juan y don Manuel iban tejiendo estre~litas que A toffito enlazaba; cada cual tuvo su ocupaci6n, y los letreros, I guirnaldas, los farolitos, estuvieron dispuestos tres dias ante Remigio, siempre impaciente, queria que se quitaran ya 1 alambradas de las ventanas para colocarlos, pero los otros temii una Iluvia que destruyera todo; el mdico les di6 la raz6n. H bia que tener paciencia, faltaban cinco dias nada mis.
Una mafana el peri6dico trajo, precisamente en la resei de los preparativos, un vano hecho exprofeso. El practican dijo que era una cosa referente at doctor, que venia en la plain opuesta, y que el doctor habia querido cortar; pero al dia guiente ocurri6 lo mismo. 6 Qu6 noticia era aquela que eo cidia exactamente con la columna de festejos, privindoles leer un pedazo? La fe era tanta, que ni en el espiritu receloso Juan penetr6 la inquietud... Esa misma noche sintieron des( la cama ruido de martillos, como si se trabajara muy cerea; d bian ser muchos trabajadores, porque se oia gran ruido; hubi ran querido levantarse, acudir, pero las puertas estaban cerr das. El trabajo dur6 toda la noche y no pudieron easi dormi Muy temp~rano estaban vestidos, y en cuanto el practicante abr se lanzaron a las ventanas de la galeria... Frente al hospitE ocultando el camino, elev~base una nueva tribuna mis alta qi las otras; a uno y otro lado se prolongaban tapias de made para que el hospital quedara bien oculto. Entonces todos Co prendieron y se miraron con espanto, con desesperaci6n. D pintores retocaban afin el trabajo nocturno: trabajaban; Rein gio, haci6ndose un portavoz con las manos, les grit6:










'LOS MUERTOS


-i Eh!... Oigan, si... 6 Qui~n ha mandado levantar eso?
Los otros se volvieron con sorpresa, y uno de ellos, imitando el ademin de Remigio, contest6:
-No habia tiempo de retocar la fachada del hospital, que buena falta le hace... Ademis, dicen los papeles que no estaba bien que el rey lo viera.
El practicante entr6 y quiso dar explicaciones que no fueron oidas: "El albacea habia protestado ante el Ayuntamiento, el Ayuntamiento era el culpable, por no decirlo a tiempo; ellos lo sentian tanto como el que mns; gracias a que el Ayuntamiento consentia que estuviera el hospital tan cerea de la poblaci6n". Habia en estas disculpas mucho de torpeza y mucho de sarcasmo. Turbado por la rabia, Remigio fu6 al rinc6n y pisote6 las eadenetas, las guirnaldas, todo. Quico y Juan lo estimulaban con voces prefiadas de odio:
-i Mis fuerte, mfs !
-i Si siquiera fueran cabezas!
Durante todo el dia no se hablaron nada; no era en palabras, sino en hechos, en lo que necesitaba resolverse aquella decepei6n. En el comedor advirtieron que los cuchillos habian desaparecido y que ]a came venia ya cortada. El enfermero y el practicante les dijeron, como para advertirles de que cualquier tentativa era infitil, que un nuevo cocinero habia entrado y que, mientras se habituaba, el antiguo quedfibase tambi6n. Por la tarde Juan llam6 aparte a Remigio, a Samuel, a don Manuel y a Quico; Antoflito quiso acerearse, pero Juan lo repeli6:
-No, tfi vete con el niflo.
-Yo tambi6n soy un hombre; no crehls que porque estoy asi...
-Bien. Nadie cree nada... & Estfs tii conforme con lo que nosotros decidamos.?

-1 Con todo, con todo lo que sea?
-Con todo.
-Bueno, distrae a Ram6n y no digas nada a los viejos; vete.
El eonsejo empez6 en seguida; escogieron un rinc6n opuesto a las habitaciones-interiores, para evitar ser espiados. Hablaban muy bajito; s6lo de tiempo en tiempo una mano se alzaba sobre











f2 ICUBA CdR'TE=PORAINA

el grupo con enloquecida energia, y dominando el murmu cauto las voces de Quico y Remigio tenian rotundas brusque( des. El plan de Juan no sorprendi6 a ninguno; dij6rase que fronteras del carfcter se borraban y que una sola locura, n contagiosa que la lepra, iba a completar en los espiritus la igu dad que ya la podredumbre habia iniciado en la came. 961o oian fragmentos de la conversaci6n.
-Que sea mafiana mismo; que les chafemos la alegria y q la cosa sea tan grande que se sepa en el mundo entero.
-Por mi, ahora mismo; yo soy capaz de romper una reja un cabezazo y de tirarme abajo para concluir antes.
-No, hemos de ser todos de una vez.
-No es tan fMcil, Juan... Yo tuve un dia el rev6lver coni la sien, y aqui estoy... Pesa mucho un gatillo; no es tan fieil. No es que no quiera; quiero tanto como el que mis, pero b que tener un valor que...
-Usted no tendrfi que hacer nada.
-Es una vergiienza que lo hagamos ahora y no cuando i quitaron a Sor Eduvigis.
-1 Qu6 dices t-i a eso, Samuel?
-Yo si, lo que queriis... 1 Para lo poco que nos falta pz morir del todol
-Bien, nada de palabras, yo me encargo; ya tengo mi ph -Yo s6lo pido una cosa... Que no haya sangre; no es I nada, es por la fealdad... Ademis, 6 tenemos nosotros deree para disponer de las vidas de los viejos y de la de Ram6n?
-Eso si; no habiamos pensado.
-Si nos andamos con derechos, no haremos nada. & Tiene mundo derecho a hacer lo que hace con nosotros ?... El nifio sabe, y si supiera, estaria con nosotros ; si lo dejamos vivo, puE que nos maldiga alguna vez. En cuanto a los viejos, si se lescl algo es echarlo todo por tierra: tienen un apego a la vida, idio absurdo.
-No hay nada mis que hablar.
--Al nifio, bien; que se le deje fuera si ten6is eser-dpul; no lo tengo. Pero a los grandes... Si no es una cosa general hay venganza y no les mataremos la fiesta.
-Por nosotros...










LOSI mvrm


-Yo tengo pensada muy bien la manera; ver6is.
-No, no nos la digas... Es mejor.
Caia ya la tarde y la legada del enfermero disolvi6 el grupo. En vano Antofito durante la cena trat6 de escrutar con la suya las otras miradas; las cabezas se inclinaban sobre los platos; s6lo un tintineo nervioso de cubiertos y copas rompia el silencio raramente. Cuando iban a entrar en el dormitorio, Juan los reuni6 de nuevo para decirles:
-Ya no puede ser hoy: no he podido quitarle al practicante lo que queria, pero seri mafiana sin falta.
Al observar el gesto mal reprimido de contento en los otros, felicit6se de su estratagema. Si, era mejor que no supieran nada, que se acostasen ceonfiados. Vi6 salir al enfermero y al practicante; todos se acostaron y esper6, esper6 muchas horas... Lentamente las respiraciones fueron haci~ndose regulares; cuando tuvo la certeza de que todos dormian, se levant6. Iba desnudo y su cuerpo espantoso, erguido en la sombra, era horrible; iba con precauciones, a largos pasos felinos. Al legar a la cama de Ram6n, tendi6 los brazos por debajo del nifo, para levantarlo sin que se despertara, mas el cuerpo se rebull6 y entonces Juan qued6se en espera, irresoluto; otra vez lo v01vi6 a intentar, pero el cuerpecito volvi6 a removerse... Entonces se enogi6 de hombros, desanduvo el camino y, ya en su cama, tom6 de debajo de la aLmohada una lave con la que cerr6 por dentro la tdnica puerta del dormitorio; luego volvi6 a tomar la lave. Habia tardado tanto en cerrar la puerta para que no chirriara, que una hora transcurri6. Todo estaba tranquilo; una ventana, al crujir, sugiri6le la idea de examinarlas. Eran buenas, parecian hechas a prop6sito: ni una linea de luz se filtraba entre el triple cierre de maderas, cristales y persianas... Ya estaba todo dispuesto... I Tendria valor? Si; sin desmayo, recapitulando en aquel instante supremo todas las angustias de su vida, para desear mejor la muerte, abri6 las cuatro limparas de gas y volvi6 a acostarse.
.... . ... .. ... . .... ... ... .. .. ... .. ...
Por la majiana el practicante y el enfermero tuvieron que derribar la puerta. Una masa de sombra y de gas les sali6 al Paso. E1 horror los aturdi6 imposibilitfndolos para ilamar; entraron automiticamente, y s6Lo entonces se dieron cuenta de la










CUBA CONTEMPORiNZA


catfstrofe. Antes de que pudieran abrir ninguna ventana, tr( pezaron con dos cuerpos tendidos en tierra, dos que habian pr( tendido huir hacia la vida. Las camas estaban revueltas; los dc viejos pendian, sorprendidos por la muerte al querer levantai se; sobre la cabeza de uno pululaban ya gusanos. Habla expresi( nes abominables, miembros crispados, ojos casi fuera de las 6rb tas; s6lo Antofiito tenia el semblante placid0. Cuando el air se hubo ilevado el gas y el hedor, y pudo el sol entrar a ver I tragedia, el enfermero y el practicante fueron hasta la cama d( nifio que pareeia alentar afn, y en un momento de heroicida instintiva, sin recordar su lepra, se pusieron a reanimarlo.. Tal vez por tener el organismo mis fuerte, tal vez por cruel d( signio del destino para que la estirpe de Job no coneluyera all no habia sucumbido como los otros. Se oian cornetas, un trop de jfibilo y gloriosas campanas distantes. I Si supieran! I Si 6 piera "El Verdugo", que estaba en la tribuna con su novia pr( senciando el desfile I De abajo Ilegaron las voces de los cocinerc y la del portero barbudo:
-i Vamos, vamos I... i Ya vienenI
Las luces de la vida se fueron encendiendo poco a poco e: el rostro del nifio; asido angustiosamente a los brazos del enfei mero, hizo un esfuerzo y balbuee6:
-Yo no quiero morirme... 1 Yo quiero ver al rey... al rey
A. HERNkiDEZ CAT.
1914.




















EL COSACO DE LA LEYENIJA Y EL COSACO DE LA HISTORIA


zIfHurra, cosacos dd desi-o! thu~ra! La Eur pa os brinda es l~ndido botin.'
ESPRONCEDA.


ARA la generalidad de las personas, aun las mks
ilustradas, el nombre de "Cosaco" es sin6nimo de
bandido.
En Am6rica, como en Europa, el simple anuncio de que los cosacos han ocupado una ciudad enemiga produce estremecimientos de horror y hace brotar de todos los labios frases de conmiseraci6n y de piedad: se lamenta la triste suerte de los desgraciados moradores, a quienes se considera en tan inminente peligro como si les amenazase la mks terrible de las epidemias, y se da por sentado que, al abandonar el lugar los feroces jinetes, s6lo lgrimas y ruinas marcarfn las huellas de BA paso.
6 Son tan crueles los cosacos como generalmente se supone? El invencible terror que inspiran, & estf. justificado A I Hay en la estructura moral de estos sencillos guerreros algo que les haga 118s temibles que los demis soldados de todos los ej6reitos del mundo?
Estoy convencido de lo contrario.
El cosaco, monstruoso en la leyenda, nada tiene de horrible Ili de repulsivo en la Historia. Algunas veces, muchas, si se quiere, ha sido implacable, sanguinario, diab6lico; pero, � es que no










76 CUBA CONTEMPORkNEA

lo han sido tambi6n, y lo son y lo serfn, los otros soldados, aun los de las naciones mks cultas y civilizadas de la tierra?
La mala fama del cosaco proviene, indudablemente, de que, a diferencia de los otros discipulos de Marte, sus funciones, muy importantes en la guerra, no lo son menos durante la paz.
Salvo en casos excepcionales, la finica misi6n de los ej6rcitos consiste en batirse en los campos de batalla y generalmente contra los soldados de otros pueblos: los cosacos, en cambio, no s6lo tienen que pelear con los de fuera, sino que, tan pronto como se restablece la normalidad, estfn obligados a vigilar a los de casa y ilamarlos al orden cuando las cireunstancias lo exigen. Su esfera de acei6n, en una palabra, abarca tanto la parte civil como la militar; son, para que se comprendamejor, soldados y policias, algo parecido a los guardias civiles espafoles, a los guardias republicanos franceses y a los rurales cubanos.
Ahora bien: ni el gobierno, ni las instituciones, ni los habitantes de Rusia, se parecen a los de Espafia, Francia y Cuba: en el inmenso imperio del Zar no es posible emplear los procedimientos suaves que en los demos paises se emplean; y el cosaco, instrumento d6cil y casi inconsciente de una autocracia secular que no se anda (ni puede andarse) con pafios calientes, carga con todo el peso de una responsabilidad que no es suya, puesto que 61 se limita a obedecer, sin discutirlas jams, las 6rdenes de los que mandan.
Siempre que por cualquier motivo ocurren disturbios populares en Rusia, los cosacos son los encargados de restablecer la calma. g De qu6 medio se valen para conseguirlo? Lo sabe todo el mundo: del terrible knut, ese litigo salvaje que tanto temor inspira al populacho moscovita; y cuando el knut resulta ineficaz e insuficiente, cuando el paisanaje alborotado ilega al linde peligroso de la revoluci6n, entonces los cosacos cargan en debida forma y abren sangrientos boquetes en las filas de los sediciosos.
En estos casos, ya enardecidos y resueltos, los cosacos, ihorror de horrores!, matan, hieren, arrollan y pisotean sin misericordia... se hacen tan salvajes, casi, como los soldados espafioles que disparan sus cafiones en las calles de Barcelona y-torturan a los prisioneros en los calabozos de Monjuich; tan repulsivos, si cabe, como los guardias nacionales de Nueva York. que










EL COSACO DE LA LEYENDA Y -EL COSACO DE LA HISTORIA 77

ametrallan, en las avenidas de Brooklyn, a los huelguistas ferroviarios; tan viles, si tal es posible, como los hfisares de la muerte prusianos, que degijellan a los infelices habitantes de Zabern; tan infames, hasta cierto punto, como los Guardias Propios del rey de Inglaterra, que la emprenden a tiros con los patriotas irlandeses, y tan malvados y cobardes, si se miran bien las cosas, como los dragones franceses, que acuchillan sin piedad, en la Plaza de la Opera, a los estudiantes de Paris.
Creo que con lo dicho basta para probar que los cosacos, en tiempos de paz, no son mejores ni peores que los demos soldados. Son en la guerra tan perversos como se supone? No me parece dificil demostrar lo contrario.
Aunque la figura militar del cosaco era ya conocida en Europa desde la 6poca de Pedro el Grande, que fu6-digimoslo de paso-el primer monarca ruso que logr6 hacer de ese indomable guerrero del desierto "algo de provecho", su presencia no se hizo sentir hasta las campafas napole6nicas. En Austerlitz, en Eylau, en Friedland, en Pulstuck, en Borodino, en todas las grandes batallas de aquel sangriento periodo, la caballeria cosaca se port bizarramente; y generales de esa arma tan famosos como Murat, Nansouty, Saint Sulpice, Pajol, Kellerman, Travers, Grouchy, L'Heritier, Saint Hilaire, Molitor, Milhaud y otros, no vacilaban en decir que, con una organizaci6n mejor y jefes mfs entendidos, esos prodigiosos jinetes hubieran sido invencibles.
A prop6sito de esto, y antes de pasar adelante, me parece oportuno hacer constar que las dos finicas deficiencias de que, en opini6n de los grandes generales de la famosa caballeria naPole6nica, adolecian los cosacos de aquel tiempo, han desaparecido. Hoy los cosacos, aunque por la estampa y el pelaje de sus cabalgaduras, por la poca uniformidad de su anaer6nica induraentaria y por otros detalles de poca monta, causan en el primer momento una impresi6n desagradable, desde el punto de vista militar estfn admirablemente organizados de acuerdo con los mD6todos universalmente aceptados en la ciencia de la guerra mioderna, y por lo que a sus jefes se refiere, nada tienen que envidiar a los dd ningfn ej~rcito del mundo.
Durante las campafias del Primer Imperio, los cosacos, unas










78 CUBA CONTEMPORk4NA

veces vencedores, otras vencidos, recorrieron la Europa Centi en todas direeciones; atravesaron la Prusia, la Baviera, la B jonia, el Hanover, el Palatinado, el Wurtenburgo; ilegaron a I orillas del Danubio; pasaron el Rhin; galoparon por las capifias belgas; penetraron en Francia por el Luxemburgo, p la Lorena, por Alsacia; hicieron crujir bajo los eascos de s caballos los puentes suixos de Basilea, y, por (iltimo, al ca derribado el coloso de la guerra, entraron triunfantes en Par
Pues bien: recorramos las pfginas, palpitantes de inters, las memorias de aquella 6poca de luchas giganteseas; leamos p cent~sima vez los hom~ricos "Boletines" del Grande Ejgrcit rebusquemos en las colecciones de El Monitor y otros peri6dic( saquemos de los polvorientos estantes de las bibliotecas pfibli( y privadas los manuseritos in~ditos y olvidados, y no enconti remos un solo documento, ni una sola nota, ni la mfis ligera asi6n que nos haga suponer que los cosacos, en los territorios r donde pasaban, se conducian peor, ni eran mfs crueles, ni nr salvajes, ni mis repulsivos que los soldados de los otros ej6rcil beligerantes.
Por el contrario; si hemos de atenernos a lo que refiere IV dame de Souvri (una respetable anciana de Alkireht, en Alsac que ha tenido que refugiarse en Basilea, porque los eultos ultraeivilizados alemanes incendiaron su casa), cuando, en 18 los ej~rcitos aliados invadieron a Francia, pasando por tern rio aIsaciano, los que menos dafo causaron fueron los rusos, entre 6stos los que mejor comportamiento observaron fuen precisamente, los cosacos.
Recuerdo que siendo nifia, dice la seffora de Souvrf, ml abuela contaba que, al entrar las tropas de la coalici6n en Alsacia, los solda que menos molestaron a los habitantes paciflcos de la localidad fueron cosacos, quienes, invariablemente, se mostraban d6eiles, correctos y fi les de contentar: bastaba que les diesen manteca, grasa de vaca 0 8 para que untaran su pan, y ya se les tenla satisfechos. Cuando les hal ban del terror que inspiraban en todas partes, refan a carcajadas, y mayor placer consistia en retozar con los nifios, a quienes se complac en montar en sus caballos, con gran alegria de los eicos. La nota i hermosa del careter de esos hijos de lap estepa es el profundo resr que tienen a las mujeres: mi abuela, al referirse a esto, solfa exciam I 1Qu6 diferencia entre ellos y los kaiserlichsI: mientras los cosacos


ak










EL COSACO DE LA LETENDA Y EL COSACO DE LA HISTORIA 79

rreteaban inocentemente con nuestros muchachos, los soldados austriacos y alemanes perseguian y atropellaban bestialmente a nuestras doncellasi "...
E1 relato de la buena sefiora Souvri esti corroborado por multitud de hechos, no s6lo pasados sino recientes.
Se sabe, por ejemplo, que en la campafia que actualmente se libra, los cosacos, en sus correrias por la Prusia Oriental, Posen, Galitzia y Hungria, no han cometido otros actos de violencia que los que, por desgracia, son inevitables en todas las guerras. Esto no ha sido 6bice, sin embargo, para que al simple anuncio de que los cosacos avanzan, toda la poblaci6n pacifica de la comarea amenazada huya despavorida, presa del mismo invencible terror que sentian los campesinos alsacianos de 1814, aun despu~s de haberse convencido por experiencia propia de que la ferocidad cosaca, como tantas otras cosas, tenia muy poco de real y mucho de imaginaria.
Para no citar mfs que un easo, referir6 el siguiente curiosisimo incidente que relatan los Ailtimos peri6dicos de Viena liegados a Nueva York:
Hace un mes, pr6ximamente, llegaron a Budapest, hambrientos, descalzos y muertos de miedo, unos dos mil quinientos desgraciados, hombres, mujeres y nifios, que procedian de la poblaci6n hfingara de Sziget. Estos infelices hulan de los cosacos, a quienes habian visto con sus propios ojos, galopando como demonios enfurecidos por las calles de su eiudad, esgrimiendo sus terribles lanzas, dando feroces gritos y disparando sus rifles a derecha e izquierda. Las autoridades de Budapest proporcionaron alimentos y albergue a los fugitivos, y ya se disponfan a sentirse horrorizadas a la vista del parte oficial que sin duda les darla cuenta de la destrucei6n total de Sziget por los salvajes jinetes moscovitas, cuando supieron, por conducto del alcalde de la ciudad, que 16s cosacos, que aun permaneeian en ella, no habian causado el menor dafio. Segfn explic6 este digno funcionario, al sab~rse en Sziget que los temibles "demonios rusos" se aproximaban, todos los habitantes de la localidad pro-. curaron huir por el ferrocarril; pero el -lltimo tren, que sali6 a .media noche, no pudo recoger a todos, y cerca de tres mil tuvieron que permanecer en la poblaci6n. A las siete de la mariana siguiente se present6, frente a Sziget la primera sotnia de co-










80 CUBA CONTEMPOP NEA

sacos, e inmediatamente las autoridades del pueblo y los sa, dotes salieron a su encuentro y pidieron gracia para la ciui y sus habitantes. El oficial que mandaba a los cosacos prom que nadie seria molestado, y a una orden suya, a la que resr dieron exclamaciones formidables de alegria, la tropa toda, un mismo impulso, se precipit6 a escape por las calles de Szi gritando, alborotando y haciendo disparos al aire en sefial triunfo, pero sin causar el mfs leve perjuicio.
Los habitantes, sin embargo, aterrados ante el inusitado pecticulo que presenciaban, huyeron despavoridos por la ca tera y no se detuvieron hasta liegar a Budapest.
Si se hubiera tratado de otros soldados, tal vez hubiesen I cedido con mhs calma; pero, I quin no se alarma a la vista una sotnia entera de cosacos del Don o de Astrakan, lanz a escape y profiriendo gritos ?
I Es tan poderoso el influjo que ejerce la leyenda sobr( imaginaci6n popular !...
Recuerdo que durante nuestra guerra de independencia ser conducido el periodista espafiol Luis Morote al campam( de Barrancones, donde tenia establecido su Cuartel el Gen lisimo Mfiximo G6mez, qued6 sorprendido de encontrar all,' plena manigua", como 61 decia, hombres cultos y hasta flUs en todos los ramos del saber humano; y con ese jovial desen de madrilefio contento de haber nacido, nos dijo sin rodeos tantas y tales cosas habia oido sobre los mambises, que hasta momento habia creido de buena fe que, salvo contadisimas cepciones, el Ej6rcito Libertador no era sino una gran mw dumbre de facinerosos.
Lo que le ocurria al malogrado Morote con los soldados la independencia de Cuba, le ocurre a la generalidad do personas con los cosacos: desde que nacemos oimos decir son feroces, implacables, sanguinarios, incapaces de sentir pulsos generosos ni de ejecutar, una acci6n noble; y no solamf creemos que es asi, sino que ni siquiera nos tomamos el ttal de averiguar si no es posible que nos hayamos equivocado.
Juzgado desde el punto de vista t~enico, el cosaco es u dado ideal: valiente hasta la temeridad, activo, sobrio, iDJ sible a La fatiga y obediente a la mfis rigurosa discipLina; c,










EL COSACO DE LA LEYENDA Y EL COSACO DE LA


jinete no tiene rival en el mundo, y por lo que a lealtad y patriotismo se refiere. , han oido ustedes alguna vez el nombre de un cosaco traidor?
Estk muy generalizada la creencia de que las fuerzas cosaeas constituyen una especie de milicia irregular, ,en el sentido mis lato de la palabra, sin unidad de acci6n, ni disciplina, ni conocimientos te6ricos ni pricticos de ningfin g~nero. Nada mks lejos de la verdad. El cosaco, precisamente, es el militar mejor "entrenado" que existe, entre otras razones, porque desde que eumple los diez y ocho afios hasta que muere (aunque muera de vejez) es soldado y esti obligado a prestar servicio activo. Para 41 no hay licenciamiento por enfermedad permanente, ni retiro absoluto, ni limite de edad: a los diez y ocho afios, a mfs tardar (a veces muebo antes), empufia la lanza, se cuelga el rifle a la espalda, se cifie el sable, y ya no los suelta hasta que exhala el filtimo suspiro.
Aunque los cosacos, hoy, se han diseminado por casi todo el inmenso territorio del imperio ruso, sus nficleos principales permanecen, como antaflo, en las orillas del Don, en las vertientes de los montes Urales y en la extensa comarca de Astrakan. AM gozan tranquilos y felices de uma existencia plhcida, lejos del inaguantable vaiv~n de la civilizaci6n moderna, que, en su loco affn de mejorarlo todo, no consigue sino destruir lo mismo que crea. Hacen hoy los cosacos el mismo g6nero de vida que hacian sus tatarabuelos, hablan el mismo idioma que ellos hablaban, cantan las mismas canciones y conservan las mismas tradiciones; y si no fuera porque las exigencias del siglo les obligan a aceptar ciertos progresos, como la mfiquina de coser, el tel6grafo, el ferrocarril, el reloj, etc., estarian en el mismo estado de atraso (tal vez de felicidad) en que se hallaban sus antepasados que pelearon en Poltava bajo la espada victoriosa de Pedro el Grande.
El gobierno imperial, mediante ciertas condiciones, les facilita todo cuanto necesitan para atender al cultivo de sus tierras, las cuales tambi~n les han sido cedidas por la Corona, y se ocupa, con paternal solicitud, en todo aquello que con la instrucei6n Pfiblica, el culto y la administraei6n de justicia se relaciona.
En pago de estas gracias, el cosaco esth obligado a servir al










82 CUBA CONTEMPORINEA

Zar; y no hay quien le sirva mejor, ni m6.s lealmente, nic( mayor eficacia.
Al cump lir los diez y ocho abos, como ya dije, efectiia ingreso en el ej6rcito: el Estado le facilita las armas (una la za, un rifle y un sable), las municiones y la casaca de uniform pero no el caballo. Waste es propiedad del soldado y constitu: su mAs preciado tesoro.
Una vez en el ejrcito, el cosaco ingresa en un regimien preparatorio, en el que permanece durante dos afos, aprendie do, bajo la direcci6n de buenos maestros, la instruccin milit y perfeccionhndose en todos los secretos de la guerra modern Terminado este aprendizaje, pasa a formar en las filas de sotnia a que ha sido destinado, y en la que permanece cuat afios; al cabo de este tiempo pasa a una sotnia de reserva, est cionada en la comarca de donde procede, y en la cual pres servicio activo un dia cada semana (en tiempos normales, p supuesto) : los seis dias que tiene a su disposici6n puede ei plearlos como mejor le plazca; dos afios despu~s ingresa en ot sotnia, perteneciente a la segunda reserva, donde sirve actiV mente dos dias de cada mes, y un afio despu~s puede regresar su casa, que ya no tendrh que abandonar sino en caso de gu rra. Al declararse 6sta, todos los cosacos, por avanzada que s su edad, esthn obligados a incorporarse a la filtima sotnia I reserva a que pertenecieron.
Ffcilmente se comprenderh que estos soldados, que lo sc puede decirse, desde que tienen uso de raz6n, tienen forzo, mente que ser admirables.
Como jinetes-esto nadie lo ignora-son los mejores mundo: nacen a caballo y mueren a caballo. Y cuando esto su( de, cuando reciben la herida que les priva de la vida en med de una carga, en el fragor de la batalla, sus cuerpos inanimad que no pueden caer de la silla por la forma peculiar de & continfian cabalgando como si el jinete y el caballo formasen 1 solo ser: iverdaderos centauros que arrancan frases de admil ci6n aun a sus mismos enemigos!
Acerca de la bravura del cosaco, el mejor elogio que de puede hacerse se encierra en esta frase de Murat, dirigida general Nansouty, al iniciar 6ste una carga al frente de s










EL COSACO DE LA LEYENDA Y EL COSACO DE LA HISTORIA 83

irresistibles coraceros: "Adelante, general; pero hndese con cuidado, porque entre esa masa de caballeria enemiga me parece distinguir muchos cosacos".
Esto lo decia, en 1809, el hombre de quien Napole6n en sus Memorias, despu~s de calificarlo de ingrato y traidor, dice: "Y es lfstima que su carieter y su vanidad le perdiesen, porque era un admirable general, mi brazo derecho, el mejor oficial de caballeria del mundo".
Veamos ahora lo que dice, en 1914, un valiente oficial austriaco que, herido en Galitzia, se halla actualmente en Interlaken, Suiza, restableci~ndose para volver al campo de batalla. Porque bueno es que se sepa que casi todos los hoteles suizos estin Ilenos de oficiales austriacos, alemanes, ingleses y franceses, que observan, como es 16gico suponer, un convencional inc6gnito que les permite pasar su convalescencia en territorio neutral y rodeados de todas las comodidades apetecibles.
El oficial a que me refiero, en reciente conversaci6n con un periodista norteamericano, dijo lo siguiente acerca de los cosacos:
Son los jinetes mks temibles del mundo; atacan con el furor de un huraein deshecho y no se detienen hasta que ban conseguido el objeto que persiguen o hasta que ban caldo todos en la carga. Se repite con bastante frecuencia que la acometividad de los cosacos es mfis teatral que otra cosa, y esto es falso: es cierto que a menudo se lanzan sobre las flias eneMigas con la intenci6n aparente de romperlas, y que llegados a cincuenta o cien metros de su objetivo se detienen y vuelven grupas; pero siempre que ejecutan esta maniobra es porque no han tenido realmente Ia intenci6n de cargar; cuando la tienen, yo 10 aseguro a usted, senior, que son temibles. Sus caballos son pequefios y de pobre aspecto, pero no los hay en ningfin ejireito que valgan tanto en la pelea. Los cosacos, para no ofreCer blanco al enemigo, se embadurnan el rostro de verde y pintan a sus caballos del mismo color, de lo que resulta que al lanzarse contra las lineas contrarias, los que tienen que esperarlos a pie firme se ereen acometidos por una ola gigantesca. Y 1cuando leganl; laquello es horrible! Sus lanzas, a las que con rApidos movimientos del pie izquierdo comunican velocidad tremenda, abren verdaderos surcos; sus sables deseriben terribles erculos, y sus caballos, tan feroces como ellos, muerden y patean rabiosamente. Yo he tenido oportunidad de ver a los cosacos en aeci6n muelas veces, y s a qu6 atenerme acerea de ellos. Cuando se lanzan a Ia carga dando gritos terribles y agitando los brazos y las piernas, no son muy de temer, no tienen intenei6n de llevar las cosas lejos; pero cuando atacan













84 CUBA CONTEMPORINEA

eantando himnos religiosos, cuando al toque de los clarines respoi el salmo: "Sefior, liberta a tus pobres cautivos eristianos", cuan al estandarte de la sotnia aparece un ilcon, lque Dios nos favorezc RAFAEL Col

Nueva York, noviembre de 1914.

El seflor Coute es uno de los mds vallosos periodistas cubanos. Inquieto efi sagaz e inteligente. su galena pluma escribe sobre lcs mss variados asuntcs en pales diarlot de Cuba y en algunos grandes peri6dicos norteamerieanos. Dc York, donde reside ahora, nos envia este mny interesante artlculo el celebrad, Impresiones AmerIcancs, en las que revela excelentes cualidades de observador y


















UN LIBRO SOBRE LOS PARTIDOS

POLITICOS NORTEAMERICANOS




KNDUDABLEMENTE el tema que domina la atenci6n
universal, es, hoy por hoy, la guerra europea. El profundo anfilisis, la critica mfis o menos apasionada o err6nea, de las causas y los origenes del sangriento drama, la descripci6n de sus trfigicos incidentes y pavorosas peripecias, es hoy el tema dominante y principal de todas las grandes revistas del mundo.
Pero, si no tanta atenei6n como la guerra europea, algfin interns ha de merecer el notabilisimo libro que es objeto de estas line".
Me refiero al titulado Party government in the United States of America, por William Milligan Sloane, "Seth Low", profesor de historia de la Universidad de Columbia (Nueva York). Forman su contenido una serie de conferencias pronunciadas en alemin por Sloane, en las universidades de Berlin y Munieh, en el afio acad6mico de 1912 a 1913, y publicadas por los libreros Harper & Brothers, en noviembre filtimo, con el epigrafe indicado.
No dispongo del reposo necesario y de la preparaci6n requerida, para tratar prolijamente de la obra de Sloane. Pero como tampoeo quiero hacer una ligera resefia de un ]ibro tan intereSante conio itil y oportuno voy tan s6lo a fijar la atenei6n sobre aqu~l, y a marear algunos puntos, o trazar algunas indieaciones, que me sirvan de base para otro articulo mis extenso y maduro, en otro nfimero de esta revista.










cIUSA OXTEMPORiNVA


Valgan, pues, estas lineas como una rpida semblanz somero anuncio de una de las mks notables producciones pi cadas filtimamente en los Estados Unidos.
*

No puede pasar inadvertido un libro del profesor Sloane, Pertenece el autor de Party government in the United St of America, a la escasa grey de los verdaderos historiadores.
Sus investigaciones ("researches") de historia general, I ran justamente entre los mejores monumentos de la literal hist6rica norteamericana, y las relativas a lo que 61 llama ' cial tendencies" y "social significances" sobresalen entre mks profundas de la sociologia hist6rica de nuestro tiempo. trabajos de Historia y Sociologia lo acreditan como insigne toriador y soci6logo, y su fama en los Estados Unidos corn con la de Giddings, el soci6logo eminente, y James Hai Robinson, William Shepherd, y William Dunning, ilustres toriadores.
Nacido en Ohio, gradu6se Sloane de "Bachelor of Arts" "Columbia College" (Nueva York) en 1868. Desde esa f hasta 1872, desempe56 con gran brillantez la ctedra de " tructor in Classics" en "Newel School", Pittsburg, Filade
En 1872, fu6 nombrado Bancroft, el famoso historiador, nistro de los Estados Unidos en Alemania. Y a Alemania tambi~n Sloane, como secretario particular de Bancroft. Sel ese aflo una 6poca importantisima et la vida de Sloane. En J respir6 Sloane, a plenos pulmones, el segundo ambiente ritual de su vida, y- se entreg6 concretamente a la influence los pensadores alemanes, con un intimo y profundo cambi sus caracteristicas y orientaciones, en su modalidad o tenl cia intelectual.
Eu Berlin oy6 las luminosas explicaciones de dos grai historiadores, Mommsen y Droysen (1).

(1) J. G. Droysen es un notabilfsimo historigrafo. Su dedieaci6n preferente metodologia de Ia historla.
Si no tan brillante Como Ia fliosoffa de ]a historla, es Ia metodologla de iamisma! un estudlo tan itil e Importante Como aqulla. Si a prlmera Fe reflere a la explicacid soflca dela Historia dela Huinauidad, al nexo causal de los sucesos y al origen de19l hlist6rlcos (R. Flint, Historicca Philosophy in France, BEegiqae and Swutzerland; LondonI













UN LIBRO SOBRE LOS PARTIDOS POLfTICOS NORTEAmERICANOS 87


Ficil es advertir la profunda impresi6n que produjeron en
Sloane las sabias explicaciones de Droysen.
El gran histori6grafo inspir6 a Sloane, por la vocaci6n por
los estudios hist6ricos, el amor por la critica y la interpretaei6n metodol6gica. La elocuente ensefianza, el genio comunicativo de Droysen, fu6 el brillante ejemplo, la poderosa sugesti6n a
que debi6 Sloane su entusiasmo y su afici6n por la critica y la metodologia hist6ricas. Entonces naci6 en el ilustre norteamericano el historiador futuro, el admirable analista que tanta gloria habia de proporcionar a la erudici6n norteamericana.
En 1883, fu6 nombrado profesor de Historia en el "College
of New Jersey" (Princeton), hasta 1896, en que fu6 designado

burg, 1883), )a metodologia histdrica estudia el mtodo, los procedimientos raeiomales V necesarioe para el cumplidoeselarecimiento de ta verdad hietdrica. Las condiciones y los procedimientos, los caracteres y limites del conoimiento histdrlco: tal es su contenido. 1Qu4 son los documentos hist6ricos? Cu~l Ia importancia de los documentos en relaci6n con ]a obra hist6rica? ZCdmo considerar los hechos hist6ricos y edmo agruparlos y clasifearlos? He ahl el objetivo fundamental de ]a metodologia histdrIca que, como se ye, se ocupa en Ia historia prtctica, en las operaciones complicadas de eritica e interpretaci6n de anilisis y sintesis, que hacen Ia historia. Sin el auxilio do una metodologia, exacta y escrupulosa, no es posible Ilegar a Ia verdad objetiva que debe proponerse el historisdor, segdn Max Nordau. (El sentido de la Historia: Trad. de Nicols Salmer6n. 1911, pig. 18.)
Para lievar a] conocimiento real y positivo de las fuerzas o tendencias, de los motivos, ideales o aspiraciones, do lo que llama Max Nordau vel sentido de Ia Historias, tan distintog de las lucubraciones fantisticas y Caprichosas de ia historiografla al uso, tan duramonte combatidas por Max Nordau y Carlyle (Past and Present); par& desentrafiar Ia realidad de los hechos, es de todo punto necesario el auxilio de una metodologia verdaderamente sabla y profunda.
Tel es el tema de una obra capital de los ilustres historiadores francases (C. H. V. Langlois, y C. H. Seignobos. profesores do ]a Sorbona), Introduction a=x Etudes Historiques (Paris, 4a ed.). En ella resumen admirablemente los notables autores franceses ia metodologia do las ciencias hist6ricas, la heuristia (Recherche des Documents), las operaciones analiticas y las condiciones generales del conocimiento hist6rico, las criticas extarnas (critics de restitucidn, de sprovenienzao, Ia critica de las fuentes, y la de erudicl6n), Ia critics interna 'o sea de interpretacl6n de los hechos histdricos) y las operaclonas sintdticas (elasiflcacidn de los hechos, razonamiento constructivo, y deduccin de fdrmulas generaleH).
Pues bien, ]a mrtodologia histdrica es Ia gran cspecialidad de Droysen. El insigne histori6grafo alemAn escribid en 1888 une obra magistral, reconocida generalmente como Ia ms orofunda escrita sobre Ia materia (hay una traducei6n francesa con el titulo de Pt-rci8 de La Sciece de L'Histotre; Paris, 1888). Otro gran historiador alem~n, Ert Bernhelm, escribi6 posteriormente una obra definitiva sobre ia materla, clue Langlois y Seignobos reconocen como la mejor obra publicada sobre metodologia hist6rica. Pero, aunque inferior al libro de Bernhelm, considdrase al de Droysen como una respetadisima autoridad, Dues ni Frimam, ni Tardif, ni Chevalier, ni Dounou, han escrito nada que sea tan Profundo y original como el libro de Droysen. Haste Ia aaricidn de dste, todo lo QUe se e0nocla por metodologla hist6rica, o ullistorik', como se dice en Inglaterra y Alemania, 'era superficial a InsI pido, ilegible y ridiculo, (Langlols y Seignobos; ob. cit., Pig. X). La de Droysen fud Ia primera obra verdaderamente serla y profunda publicada sobre Is materia (Langlois y Seignobos; ob. cit., pig. W1.










88 0TJB 'oI eo 6M&CORTEMPORINFA

profesor de Historia en "Columbia University", donde , ca actualmente las ctedras de "European History from to 1848", y "Contemporary European History from 18. the present days", y "European Politics and The War of I (en el curso dedicado a la guerra de los Estados Unidos). E esto eseribe, ha escuchado con gran placer las explicacion Sloane, y se gloria de haber sido discipulo del profesor r americano.
De mfs esth decir que es Sloane un historiador de tip mdn, y que es un insigne maestro de metodologia hist6rica publicaciones peri6dicas, sus grandes libros de historia y grafia, muestran la admirable sagacidad, la penetraci6n litica, la maravillosa erudici6n del ilustre discipulo y ai de Droysen, el gran metodologista.
De 1885 a 1888, fu6 Sloane editor de la New Princetoi view y despu6s ha escrito varios libros de biografia y critic t6rica, entre los que sobresalen, por su profundidad filo y poderosa originalidad, los titulados The French war an, Revolution y Napoleon Bonaparte.
En el nfimero del New York Times de septiembre de public6 Sloane un trabajo notabilisimo sobre la neutralidad teamericana respecto de la guerra europea. En ese ar habl6 Sloane sobre las causas del conflicto europeo, que i dera, con raz6n, "un desastre universal de incomparable I ficaci6n, con tremendas posibilidades de futura amenaza C la civilizaci6n", y clam6 ardientemente por la neutralid su pals. Tambi~n habl6 Sloane sobre el militarismo, la cui eslava, los eslavos de Alemania, y sobre la actitud d( Edward Grey, con la elevaci6n y la profundidad con que ha expresado nadie en los Estados Unidos en relaci6n c guerra europea. En su articulo abog6 Sloane por la seren parcialidad de sus compatriotas y expuso brillantemente el to de vista alemfn, contra el apasionamiento de los antig nistas que olvidan que "Inglaterra ha atacado desdefiosal la neutralidad de Persia y que no menos despreciativamen violado el Jap6n la neutralidad y la integridad de Cl (Sloane).










tIN LIBRO SOBRE LOS PARTIDOS POLTICOS N0RTEA


Dice Sloane en su Party Gorvernrnent, que las divisiones politicas se sefialaron casi en los origenes de la historia norteamericana, a partir de la segunda administraci6n de Washington. Motivfronlas, al principio, meras diferencias personales; pero muy pronto denotaron un verdadero antagonismo, una divergencia fundamental de principios y soluciones. Vers6 la distinci6n sobre la interpretaci6n de la Constituci6n, sosteniendo los unos, los Hamiltonianos o Federalistas, la interpretaci6n amplia literal ("Broad Construction") y los otros, los Jeffersionanos o Republicanos democriticos, la interpretaci6n estricta, literal.
El ilustre Hamilton, el primer hombre de Estado norteamerieano, fu6 el verdadero fundador de la nacionalidad norteamericana. Con admirable sabiduria quiso y logr6 fundar un gobierno federal robusto y poderoso, dotado del prestigio y fuerza necesarios para crear y asegurar la paz interior, el cr& dito y respetabilidad de la nueva repfiblica, pues no puede florecer ni prosperar un pais anfrquico, incapaz de defenderse a si mismo. Era menester crear una situaci6n constitutional que permitiera el pleno y efieaz desarrollo de esas fuerzas econ6micas e industriales que pronto habian de producir la maravillosa prosperidad por todos admirada, lo que no podia conseguirse sin robustecer el gobierno federal y dotarlo de una positiva eficacia y un verdadero poder, mediante la interpretaci6n amplia, liberal, eldstica, de la Constituci6n. Habia que crearlo todo: ejreito, justicia, hacienda; era menester asegurar el er6dito national y dotar al gobierno federal de un ingreso regular y permanente. En ese critico y dificilisimo periodo de la historia politica de los Estados Unidos (denominado por los autores norteamericanos "the period of weakness") fu6 el federalismo, o sea, la integridad de una patria eomfin, fuerte y vigorosa, una necesidad capital, superior a las ideas mis o menos quim~rieas 0 demag6gicas de los te6ricos franceses del 89, sostenidas en los Estados Unidos por Jefferson, pero s6lo en el terreno de las puras abstracciones ideales, no como principio prictico de gobierno, en lo que, para su gloria y la salvaci6n de su pals, olvid6 sus radicalismos -para inspirarse y dirigirse por el ejemplo y la ensefianza de Hamilton. Jefferson sabia que las ideas










90 CUBA CONTEMPORLNEA

politicas, mfis atentas a la efectiva independencia y a la feel da libertad dentro del progreso y la riqueza, que a los idea mos radicales de la filosofia enciclopedista, eran las inicas paces de asegurar y robustecer la personalidad politica de joven repiblica. Por eso fu6 en el gobierno Jefferson tan fe ralista como Hamilton, y, como vamos a ver, fu6 Jefferson la presidencia de la repfiblica partidario de la interpreted amplia ("Loose Construction", que dice Sloane) de la Co tituci6n, y excedi6 en federalismo al mismo Hamilton.
Pero, de todos modos, es lo cierto que los partidarios Hamilton abogaban por la interpretaci6n amplia de la Con tuci6n, que permitiera la libre actividad del poder pruden o discrecional del Estado, contra los antifederalistas o dei erfticos republicanos, capitaneados por Jefferson, que dar ban por la soberania del ciudadano y querian imponer la int pretaci6n estricta de la Constituci6n, para restringir cuaj pudieran la intromisi6n del poder federal en la politica inter de los Estados. Invoc6 Hamilton la libre interpretaci6n de Constituci6n federal, para aconsejar, en su carcter de secrE rio de Hacienda de la administraci6n Whashingtoniana, "1 Allien and sedition acts", verdaderas leyes de defensa nacioi con la en6rgica oposici6n de Jefferson y Madison, que en clebres "Resolutions" de Virginia y Kentucky, en 1898, p testaron ardorosamente contra la doctrina de los federalist casi recomendando la sublevaci6n de los Estados contra la toridad central, con tan honda impresi6n en la conciencia pu] ca, que a ellas corresponde la responsabilidad de los sueso intransigencias que culminaron al cabo en la terrible contiet civil de 1860.
Ya hemos sefialado la inconsistencia bienhechora de Jeff son, que rectific6 sus ideas cuando asumi6 la Presidencia de Repfiblica, decretando el "Embargo Act" (prohibiendo la si da al exterior de los barcos americanos) para contestar a medidas amenazadoras de Francia e Inglaterra y verificando compra de Louisiana, invocando superiores razones de con niencia politica, y la libre y amplisima interpretaci6n de poderes constitucionales, contra sus ideas anteriores de int pretaci6n estricta y de poderes limitados.










UN LiBRO SOBRE LOS PARTIDOS POLiTICOS NORTEAMERICANOS 91

"The Embargo Act" "excedi6, en punto a interpretaci6n discrecional de la Constituci6n, a cuanto hicieron los propios federalistas", dice el notable historiador norteamericano William Doub (A History of the United States; 1905, pag. 407).
Por mediaci6n de Hamilton, pas6 el Congreso norteamericano en 1791 la ley creando el primer Banco de los Estados Unidos. En esa ocasi6n expuso Hamilton su doctrina de los poderes implicitos, para justificar la existencia del Banco oficial, no dispuesto expresamente por la Constituci6n.
La clebre sentencia del Tribunal Supremo de Washington (MacCulloch v. State of Maryland) resolvi6 la legitimidad del Banco y autoriz6 definitivamente la teoria de los poderes implicitos, propugnada brillantemente por el "Chief Justice" del propio tribunal, John Marshal, en repetidas sentencias del mismo. El punto de vista actual sostenido en los Estados Unidos, en ]a materia referida, lo expone sucintamente Pomery en su "Constitutional Law" de la manera siguiente: "Si una medida particular tiene tal relaci6n con los poderes enumerados concedidos al Congreso o al Gobierno, que puede estimarse que promueve la eficiencia de tales poderes, puede decirse que dicha medida corresponde a la competencia del Congreso, que es el inico que debe juzgar de la aludida relaci6n o de la extensi6n o el grado de esa eficiencia".
El actual gobierno democr~tico ha dictado, como se sabe, un "Currency Act" creando seis Bancos federales, y reconoce la teoria de los improvements o mejoramientos de transportes, que, como despu6s veremos, fueron siempre estigmatizados por los aerrimos partidarios de la interpretaci6n estricta. El propio Woodrow Wilson ha declarado que: "la interpretaci6n liberal de la Constituci6n es necesaria y popular, en cuanto no sea falsa y caprichosa".
"La interpretaci6n que ha extendido la Constituci6n, hasta omprender poderes no sofiados al principio" (Bryce, American Commonwealth, vol. 1, pig. 390), "es un recurso peligroso. Pero debe recordarse que aun las Constituciones que lamamos rigidas, tienen que escoger entre la flexibilidad o las reformas. Los americanos han renovado su Constituci6n para no tener que destruirla".










CUBA CONTEMPOREA


Y es que, como dice Sloane, "los americanos adaptan s teorias a sus deseos y necesidades, y nunca sacrifican 6stos a I deberes de la consistencia". El profesor Sloane describe e) gran interns y exactitud las circunstancias en virtud de I cuales ha podido realizarse "the actual working of the CoT titution", mediante "a steadly broadening interpretation con la que se han podido realizar "the persisting and controi purposes of the nation" (las altas necesidades y fitiles exige cias de la naci6n), haciendo que las mismas "got themselves c complished", segfn la feliz expresi6n de Carlyle (2).


El profesor Sloane sefiala elocuentemente el hecho de que Party System norteamerieano no se origin6 en la democra mediante la misma, por la sencilla raz6n de que al principio, por mfs de una generaci6n despus de la constituci6n de la i pfiblica norteamericana, no fu6 6sta democrftica, en el ree sentido de esta palabra. Fu6 la sociedad norteamericana, en s origenes, una aristocracia modificada, basada en la familia, riqueza y las condiciones intelectuales, "una aristocracia flt tuante abierta por abajo y con algfin reconocimiento de I derechos hereditarios, pero prActicamente exclusivista, c cierto definido y efectivo sentimiento de clase".
"La revoluci6n se dirigi6, la Constituci6n se hizo, el gobi no se rigi6 durante una generaci6n, por esta clase. Casi tod los rasgos caracteristicos de la Constituci6n no tuvieron ot fin que prevenir el crecimiento de la democracia, como, p ejemplo, la elecci6n indirecta del Ejecutivo y del Senado."
Asi es, en efecto.
El periodo de la historia norteamericana denominado "I tional Growth and European interference" (3), la introE

(2) Ya volver4 en c1 pr6ximo articulo sobre el particular.
(3) IA Historia de los Estados UnIdos, desde 1789 a 1861, puede dividirse en tres V des periodos:
Primero, do 1789 a 180-R.
Seglndo, de 1828 hasta Ia guerra civil.
Tercero, Reconstruccl6n, desarrollo y expansidn.
Muchos factores y muy diversas condiclones actuarnn podorosamente en Ia hist, politicala do los Estados Unidos. pera Mocil es observer los; caracteres doninantes Y dedis quo deteisninaron las Opocas peculiares; do su desonvolvimlento. En el primero, la DL5










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si6n europea en los asuntos norteamericanos, ejerei6 profunda influencia en el desenvolvimiento hist6rico de los Estados Unidos. Las .leyes del Congreso no tuvieron entonces otro objeto que prevenir esa intromisi6n ("meddling") que produjo al cabo la segunda guerra de los Estados Unidos con Inglaterra, llamada por los norteamericanos la segunda guerra de independencia, porque ella asegur6 el respeto y la consideraci6n internacional de la nueva repfiblica.
Ficil es advertir el ritpido desarrollo de las ideas demoerfticas a partir de la elecci6n de Jefferson en 1800, quien desech6 las etiquetas y ceremonias de los federalistas y procur6 democratizar el gobierno del pais. En tiempo de Washington, existia un sufragio muy restringido y limitado; puede calcularse que de cada cuarenta personas una sola tenia el dereeho al voto. En cambio, en 1828 de cada cuarenta personas diez podian votar, y desde ese aho el derecho de sufragio se fu extendiendo cada vez mis, hasta terminar en el sufragio universal.
De los seis primeros presidentes, Washington, Jefferson Madison y Monroe pertenecieron a la aristocracia de Virginia, y John Adams y John Quincy Adams a la de Boston.
En 1828 se acentu6 el avance de la ideas demoerfticas con la elecci6n de Jackson, procedente del "Common People", priInitivo colono de Tennessee, y tipo de "the rough frontier life of the Western states" (Doub., ob. cit., pfg. 445).
Fu6 el primer Presidente norteamericano verdaderamente perteneciente al pueblo y de verdadera significaci6n popular.
La presidencia de Jackson es denominada en los Estados Unidos "the Jacksonian democracy" (Macdonald, From Jefferson to Lincoln) y di6 nacimiento al famoso Spoils System, o sea, el entronizamiento del favoritismo partidario, los compadrazgos y sinecuras.

da 'european interference, explica cl dosarrollo hstdrico y politico delosEstades Unidos. En la segunda prevalece la cnetidn de la esclavitud; es el problezna capital que divide a ls partidos y apasiona los dntmos, hasta producer Ia guerra de Secesidn.
En amnbos Periodos progresd rplidamente Ia neci6n en riqueza., territorio y poblacidn. Per eso los historiadores nortearnerieanos Ilanian a la primera 6poca 'national growths y a la segunda ,Slavery question and Westward expansion*. La tercera 6poca se setlala esDeCialmeute Per ]a reconstrucelon naeional y el desarrollo y renovacin de su grab prosDeridad. (3racmaute,'s History of the United States, Vol. 5; Schouler Hitor of the U. S.;History oftle U. S., by John Fiske; History ofthe U. S., by William Doub.; etc.)










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En 1824 habia obtenido Jackson un gran triunfo persona pero no consigui6 los votos necesarios para el cargo de Presidente de la Repiblica. La Camara de Representantes eligi6 a John Quincy Adams, divorciandose del general sentido de la nadin que aclamaba en la triunfante personalidad de Jackson el advenimiento definitivo de las ideas democrhticas. En 1832 obtuvo Jackson una arrolladora victoria y consolid6 el 6xito de las nuevas ideas.
Contra la democracia Jacksoniana fundaron Henry Clay y Daniel Webster el Partido Nacional Republicano, y mAs tarde el "Whig". Los partidarios de Jackson formaron el Partido Democrftico, que, dividido cuando la cuesti6n esclavista, renaci6 compacto y vigoroso despu~s de la guerra civil para atraer a su seno, como demostraremos despu6s, elementos verdaderamente conservadores y genuinamente liberales, de sentido tradicional.
Ya expondr6 en mi pr6ximo articulo la situaci6n actual de los dos grandes partidos norteamericanos, el Democritico y el Republicano, frente a los problemas actuales de la politica nacional, y resumir6 la opini6n de Sloane sobre las soluciones ofrecidas por los publicistas y oradores de ambos partidos, en lo relativo a los dos problemas fundamentales que los dividen hoy por hoy: la cuesti6n iscal (proteccionismo o libre cambio) y los problemas de la politica exterior (imperialismo y expansi6n).
Dos cuestiones interesantisimas son tambi6n objeto de las opiniones y los juicios del profesor Sloane: el desarrolo de los medios de comunicaci6n y transporte en relaei6n con la difusi6n y propaganda de las ideas demoerfticas, y el influjo social e intelectual del Oeste, y las teorias referentes a la demoeracia directa ("Recall initiative and referendum") y las caracteristicas actuales del gobierno norteamericano, que pierde los rasgos primitivos y esenciales del gobierno representativo para transformarse rfpidamente en un verdadero gobierno delegado. Dedicar6 la debida atenci6n a esos importantes particulares, a la vez que examinar6 someramente las profundas consideraioneg que sirven de base al profesor Sloane para sostener la alta supe rioridad de los partidos politicos norteamericanos, que "no sC parecen a los de los otros paises en sus rasgos esenciales" Y qUe










UN LIBRO SOBRE LOS PARTIDOS POLITICOS NORTEAMERICANOS 95

se distinguen honrosamente por su vigorosa acei6n politica y administrativa, siempre dentro de la normalidad constitucional y de los procedimientos pacificos y conservadores. Contrastando con los de Francia y los de algunos periodos de la historia de Inglaterra, sefiilanse los partidos politicos norteamericanos, segfin Sloane, por su activa y provechosa participaci6n en la vida institucional, y administrativa de la naci6n, de acuerdo con los severos dictados del patriotismo y el desinter~s nacional.
Es 6sta, como veremos, la parte de su libro en que mejor demuestra Sloane sus admirables cualidades de historiador sagaz y concienzudo y pensador profundo y penetrante.
Josg ENRIQuE MONTORO.
Diciembre, 1914.




















EL CASO DE BORDAS VALDES



I

N mi imaginaci6n revive de nuevo la escena
peculiar colorido. En el sal6n amplio, aust severa ornamentaei6n, bajo la deslumbrante cl de las bombillas el6etricas, solos, Bordas Va yo departiamos sosegadamente sobre cosas interesantes d tra asendereada actualidad politica... Afuera, a intervw oia como el abejeo de un cuerpo de guardia cercano y el y perenne murmullo del Ozama... Frente a mi, arrellan mullido sill6n, puleramente trajeado de blanco, afable, si sin pizea de afectaci6n, se destacaba la figura simpftica 1 joven militar que, habiendo vivido largo tiempo en la atn envenenada de la lueha cruenta, supo ser siempre, como e de Osikn, generoso y humano. A la primera insinuaci6n lo que se propalaba respecto de su probable candidatur presidencia definitiva de la Repfibliea, se irgui6 altivame gesto de noble reprobaci6n... Eso no; eso era imposible. queria, 61 no debla ser uno de tantos. Y su mirada lumil clavaba en mi al deeirme estas cosas. Su voz, reposada y tenia pronunciados dejos de honda sinceridad. Conozeo bi decia, toda la gravedad de las inflexibles realidades de 1: Comprende bien que en este supremo instante 61 no es, no ser sino un personaje de transiei6n, un gobernante precis pasajero encargado de abonar el terreno para unas ele libres. Yo aplaudia. Por ahi habia que principiar. De brionario e irregular hay preeisamente que partir para a]




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CUBA CONTEMPORANEA

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hba inntrntpordnra. REVISTA MENSUAL DIRECTOR: CARLOS DE VELASCO ANO III TOMO VII (ENERO A ABRIL, 1915) DIRECCION: LEALTAD, 94, ALTOS HABANA CU BA

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REDACTORES: Julio Villoido. Mario Guiral Moreno. Jose S. de Sola. Max Henriquez Urena. Ricardo Sarabasa.

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&uba Qutrmpnrdura ANO III Tomo VII. Habana, enero de 1915. Ndm. I. LA OPINION PUBLICA Y SUS MANIFESTACIONES ENERALMENTE se considera, y con exactitud puede decirse que estt por todos aceptado, que la opi( nion publica se exterioriza de un modo preciso, en los paises Bien constituidos, por medio del Poder Legislativo y de la Prensa. Esta recoge las manifestaciones de toda indole, formuladas privadamente en el hogar, en los circulos sociales, en la oficinas, en los talleres, en los teatros, en los paseos, en los borrillos y tertulias, y les da forma, las analiza y encauza. El Poder Legislativo, cuando sus actos se basan en tales manifestaciones analizadas y encauzadas por la Prensa, concrete y expresa la voluntad nacional en formulas que responden a los latidos de la opinion publica, a las necesidades o aspiraciones del pals. No de otro modo define la opinion publica el notable tratadista Dr. Vicente Santamaria de Paredes, en la pagina 393 de su Curso de Derecho Politico (9.a ed., Madrid, 1913), vali6ndose de palabras del eminente Bluntschli: Es principalmeute la opinion de las clases medias, juzgando con independencia... No engendra ]a vida creadora, pero la recibe, se apodera de ella y la esparce por doquier; mss bien critica y comprueba que gobierna... Nace en ]a sociedad, del comercio de los hombres, y con motivo de observaciones dispersal y de conversaciones habidas en los mss variados circulos... Sus formas son mutiples, y en todas partes se produce y se revela,

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CUBA CONTEMPORANEA en la familia, en los salones, en el teatro, en los cafes, en las reuniones pnblicas, y sobre todo en las Cmaras y en la prensa, que son como sus oficiales interpretes. Pero, A responded siempre y en todas partes la Prensa y el Poder Legislativo a las solicitaciones de la opinion pnblica; son exactamente sus int6rpretes en todo momento? No, indudablemente. Hay casos-excepcionales, desde luego-en que ni la Prensa ni las Camaras reflejan los verdaderos sentimientos populares; hay ocasiones en que ambas entidades no interpretan debidamente los deseos o las aspiraciones nacionales; es decir, no recoge y analiza la Prensa los latidos de la opinion pnblica y no concrete el Poder Legislativo la voluntad nacional en formulas que la expresen con toda exactitud. Y cuando esto sucede, fuerza es reconocer que motivos poderosos han influido sobre la una para que no ejerza plenamente la until funcion a ella encomendada, y que intereses ajenos a los nacionales han pesado sobre el otro hasta el punto de convertirse ambos en factores contribuyentes a la realizaci6n de fines individuales o partidaristas, que, sean cuales fueren, los desposeen momentaneamente del cardcter de fieles interpretadores de la opinion publica o la voluntad national. Sin embargo, la opinion pnblica, que es la forma en que se revela el espiritu pnblico, encuentra siempre medios de manifestarse de un modo u otro, aun cuando la prensa enmudezca: jams, en pueblos donde 61 existe vigorosamente, deja de exteriorizarse aqu6lla tan pronto como encuentra coyuntura favorable, actuando por los medios que estin a su alcance-libros, folletos, hojas sueltas, manifestaciones populares, exposiciones colectivas, representaciones publicas-, encaminados a lograr la obtenci6n de sus aspiraciones o a detener la aprobaci6n de medidas que no respondan a ellas. Cuando a tales medios se recurre, es porque la Prensa no ha Ilenado su funci6n debidamente, o la ha llenado a media; es decir, cuando enmudece, cuando refleja un interns ajeno al nacional o cuando es hostil a 6ste, en el primer caso; y en el segundo, cuando acoge con tibieza el anhelo popular, o cuando s6lo una pequefia parte de ella recoge el sentir pnblico y no bastan los pocos vehiculos de publicidad para hacer legar hasta las altas esferas el eco de la verdadera

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LA OPInIUN PPBLICA Y SUS MANIFESTACIONES corriente de opinion inspirada en los mats elevados intereses del Estado. El jefe de 6ste, rey en las monarquias y presidente en las republicans, tiene el deber de oir pacientemente las solicitaciones de todos cuando se trata de ciertos actos del Poder Legislativo, y el de atender las de aquella parte que a su juicio represente mejor, en determinado momento, la voluntad nacional; sin que nadie pueda sentirse ofendido por la resoluci6n que en definitiva adopte, ya que toda la responsabilidad es inicamente de 61, en quien reside la facultad de aprobar o no los proyectos de ley sometidos a su sancion. Vista, segnn dice el propio tratadista Santamarfa de Paredes en la pagina 336 de su citada obra, es el acto en que el Jefe del Estado autoriza la publicaci6n de la ley para que adquiera fuerza obligatoria... Como ha dicho muy bien el Sr. Reus Bahamonde, ''la sancion no tiene por objeto aumentar el prestigious de la ley, ''sino imprimir caracter de unidad a aquello que ha de obligar a todos; ''mediante ella, el Jefe del Estado, como representante de la unidad su''prema, hace suya la ley para que, descendiendo con semejante apropia''ci6n de to alto, oblige por igual a todos aquellos (6rganos) cuya cate"goria no es inferior a ]a del Poder legislative, y que por lo tanto hasta ''el momento en que la sancion llega, se encuentran libres de cumplir y ''aun de conocer la decision de la Camara''. Y en efecto, la sanci6n no s6lo garantiza al ciudadano de que la ley se ha hecho constitucionalmente, sino que es tambien garantia de la independencia de los poderes pnblicos; pues de lo contrario, el ejecutivo y el judicial quedarian obligados nnicamente por la declaraci6n de otro poder igual en autoridad al suyo, y que tal vez se extralimitase en el ejercicio de sus funciones. Cuando esto sucede; cuando el Jefe del Estado entienda que el Poder Legislativo se ha extralimitado en el ejercicio de sus funciones, cuando entienda que viola la Constituci6n e invade la esfera de alguno de los otros dos poderes-Ejecutivo y Judicial-, o cuando entienda que aun sin concurrir ninguna de estas circunstancias, otras muy poderosas le obligan a no sancionar una ley, es decir, a no hacerla suya, ya porque estime que no se ajusta a los verdaderos deseos de la opinion pnblica, ya por razones de orden moral, social o legal, entonces hace uso del derecho de veto, nnica forma en que 61 puede oponerse a determinadas medidas aprobadas por el Congreso. Acerca del veto, dice el mencionado tratadista en la pagina anteriormente citada: 7

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CUBA CONTEMPO1ANEA Considerada la sancion en su aspecto negative, recibe el nombre de veto, que definimos como "la facultad que tiene el Jefe del Estado de oponerse en ciertos casos a Ia publicaci6n de las eyess'; y segfn que la oposici6n es definitiva o temporal, asi el veto se denomina absoluto o suspensivo. Conceder al monarca o al president de repiblica la facultad de suspender indefinidamente la publicaci6n de las eyes, equivale a otorgarle la funci6n legislative, permitiendo que sobreponga su voluntad a la de la Naci6n en la declaraci6n del Derecho; por esto es inadmisible el veto absoluto. Pero el veto suspensivo es necesario, porque puede darse el caso de que los Parlamentos se aparten de Ia opinion pnblica, o den la ley sin preocuparse de las dificultades para su aplicaci6n prfctica, o se separen del espiritu de la Constituci6n o infrinjan las prescripciones que mantienen la armonia de los poderes pnblicos. Y cuando esto suceda, el Jefe de Estado obrari racionalmente suspendiendo la publicaci6n de la ley... De esta suerte, el Jefe de Estado, lejos de oponerse a la voluntad national, sera su mas firm garantia contra el abuso, la negligencia o la impremeditaci6n de una Camara. He aqui por qu6 la generalidad de los tratadistas defienden hoy, si bien bajo diversas formas, el veto suspensivo, incluso aquellos que niegan la sanci6n al Jefe de Estado, Jo cual es una contradiccion palmaria porque necesariamente ha de presumirse una sanei6n tAcita cuando el rey o el president de repnblica no hagan uso de esta prerrogativa. En Cuba, al Presidente de la Repnblica le otorga la Constitucion el derecho de veto suspensivo, puesto que el ponerlo a una ley elevada a su saneion, no significa que ella no podra regir nunca-que es el veto absoluto-, sino que no desea 61 aprobar lo hecho por el Congreso y deja a 6ste la responsabilidad de la medida, si ambas CAmaras acuerdan, por el voto de las dos terceras partes del nnmero total de los miembros de cada una de ellas, ratificar el proyecto de ley o la resoluci6n objeto del veto presidential, que no puede ser discutido, pues el cuerpo colegislador que los hubiere propuesto se limitary a consignar integras en acta las objeciones del Presidente. En cambio, esta en el deber de discutir nuevamente el proyecto de ley o la resoluci6n objetados. Y esto queda comprobado con s6lo transcribir los dos parrafos primeros del articulo 62 de la Constituci6n nuestra, que dicen asi : Todo proyecto de ley que haya obtenido la aprobaci6n de ambos Cuerpos Colegisladores, y toda resoluci6n de los mismos que haya de ser ejecutada por el Presidento de la Rep6blica, deberfn presentarse a este para su sanei6n. Si los aprueba, los autorizar desde luego, devolviendolos, en 8

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LA OPINION PUBLICA Y SUS MANIFESTACIONES otro caso, con las objeciones que hiciere al Cuerpo Colegislador que los hubiere propuesto; el cual consignara las referidas objeciones integramente en acta, discutiendo de nuevo el proyecto o resolucion. Si despu6s de esta discusi6n, dos terceras partes del nnmero total de los miembros del Cuerpo Colegislador, votasen en favor del proyecto o resoluci6n, se pasar, con las objeciones del Presidente, al otro Cuerpo que tambien Io discutir, y si por igual mayoria 1o aprueba, sera ley. En todos estos casos las votaciones serfin nominales. De modo, pues, que si el Congreso dispute nuevamente el proyecto de ley o la resolucion motivo de las objeciones presidenciales, y ratifica su decision por el numero de votos necesarios, entonces regiran por su propio ministerio el proyecto o la resolucion, despues de haber sido promulgados "dentro de los diez dias siguientes al de su sancion, proceda 6sta del Presidente o del Congreso'", segtn expresa el articulo 63 de nuestra Carta Fundamental. En cuanto a la sanction tAcita por parte del Presidente, es aquella que consiste en no firmar y en no objetar, sino en dejar transcurrir los diez dias dentro de los cuales debe hacer una de las dos cosas. Esta sanci6n, a tenor del parrafo tercero del citado articulo 62, es la siguiente: Si dentro de los diez dias hfbiles siguientes a la remisi6n del proyecto o resoluci6n al Presidente, 6ste no lo devolviere, se tendrk por sancionado y sera ley. Si todo esto es asi; si hacer objeciones a determinadas medidas legislativas no es un agravio para nadie, sino el ejercicio pleno de una facultad expresamente atribuida al Presidente de la Republica en nuestra Constituci6n-es decir, un derecho que 4i no puede abandonar sin faltar a ella, y que ha de ejercitar libremente cada vez que Jo considere necesario en cumplimiento de sus altos deberes-; si, lejos de oponerse con el veto el Presidente a la voluntad national, resulta que constitucionalmente, con arreglo a los dos primeros parrafos transcriptos del articulo 62, est6 el Congreso en la obligaci6n de discutir nuevamente el proyecto o la resoluci6n objeto de aqu6l, con lo cual tienen ambas Camaras oportunidad de ratificar su punto de vista mediante el voto de las dos terceras partes de sus componentes, l c6mo hay en Cuba legisladores que con desconoci9

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CUBA -CONTEMPORKNEA miento real o fingido de estas materias (en las cuales confieso no tener la necesaria competencia), y hasta con inntiles violencias de lenguaje, han dicho recientemente que determinado veto presidencial es un atentado a la soberania popular, que "quita derecho y facultad al Congreso", llegando hasta a expresar que lo discutirian si tuviesen que seguir los impulsos de su caracter y los demas colegas atendiesen sus indicaciones, aun sin el quorum legal en la Cfmara baja y a pesar de que el veto no debe ser objeto de discusi6n, sino solamente el proyecto de ley origen de 61? L C6mo es que algunos diarios, que se han distinguido siempre por su serenidad y tacto al tratar estos importantes asuntos cuyo proceso y solucion interesan y conmueven profundamente al pais, le han dicho a 6ste que el Presidente no debia (casi que no podia) vetar cierta ley sometida no hace mucho a su sanci6n, porque al hacerlo se pondria frente al Poder Legislativo, crearia un conflicto entre dos de los poderes del Estado y desatenderia la voluntad nacional, expresada en aquella ley segn el parecer de sus defensores? Si se tiene en cuenta la genesis del proyecto de ley de referencia, que primeramente fu6 votado con rapidez vertiginosa en la Camara de Representantes y por el cual se otorgaba una amnistia en la que, para comprender a determinada persona, resultaban incluidos delincuentes de todas clases en quienes concurriese la circunstancia de ser veteranos de la independencia -lo cual era ya establecer un inconstitucional e irritante privilegio en favor de determinado grupo de culpables-; si se advierte que las amnistias no deben concederse jams, y por lo general no se conceden nunca, sino por delitos politicos, electorales o de imprenta, no por delitos comunes; si no se ha olvidado que algnn que otro periodico combati6 decididamente aquel proyecto, entre ellos CUBA CONTEMPORANEA en su nnmero de noviembre de 1914, donde no solo hicimos nuestro un artioulo publicado por El Dia en su edici6n del 7 de octubre, reforzandolo con algunas consideraciones, sino donde tambi6n apareci6 un trabajo del Dr. Ricardo Sarabasa respecto al sentimiento de la responsabilidad, en cuya introduccion se condena franca y razonadamente el abuso de indultos y amnistias; si se recuer10

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LA OPINION PCBLICA Y SUS MANIPESTACIONES da que el veto ha sido puesto a ese propio proyecto, modificado por el Senado al quitarle por medio de una enmienda el character general que en cierto modo tenia y convirtiendolo en uno completamente nuevo en cuanto a la forma, pero exactamente igual en cuanto al fondo-pues el fin perseguido era el mismo de lavar de toda marcha a una determinada persona-, y que la enmienda fu6 aprobada en un santiam6n en ambas Cfmaras, sin que la opinion publica tuviese tiempo de ejercitar accion alguna; si se nota que las amnistias son medidas de caracter general y no especiales en favor de un solo individuo, aunque no se le hombre, pues entonces no son mas que indultos disfrazados, y que la facultad de indultar reside nnicamente en el Presidente de la Repnblica, segnn To expresa el inciso 15 del articulo 68 de nuestra Constituci6n, z c6mo se afirma que la opinion publica estf de acuerdo con la medida en discusi6n, cuando una parte respetable de ella se ha manifestado decididamente en contra, no por impiedad, sino por las circunstancias que concurrieron en el hecho delictuoso cuya huella se quiere borrar, y por la calidad, ]a representaci6n y las altas investiduras de cuantos en 61 desgraciadamente tomaron part, y por la gravedad de la medida en sus aspectos legal, social y moral? Se afirma eso, porque la opinion pnblica no tuvo tiempo de exteriorizarse en los primeros moments de estupor, y, al reaccionar y comprender la gravedad de To hecho, vi6 que casi todos los diarios callaban o To acogian unos con beneplacito y otros adoptando una actitud ambigua, que To mismo podia interpretarse en pro que en contra, mientras algunos, los menos, la combatian o se hacian eco de los varios pareceres de personas a quienes los redactores visitaban con el proposito de obtener algunas declaraciones relacionadas con el asunto, al paso que nada o poco exponian ellos por cuenta propia. Se hizo labor informativa, pero no se gui6 a la opinion. Y entonces 6sta, sin norte y vacilante, al buscar la manera de manifestarse inequivocamente, no encontr6 mas rapido procedimiento que el de dirigirse al Jefe del Estado, en cuyas manos estaba ya la solucion del punto; y To hizo por medio de manifestaciones o representaciones colectivas, por medio de telegramas, cartas y escritos de todo g6nero, que fueron aumentando 11

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CUBA CONTEMPORANEA a medida que pasaban los dias y el espiritu pnblico se daba cuenta de la necesidad de no asentir con su sileneio a la aprobaci6n de un proyecto de ley que en todos los tonos se aseguraba que no seria vetado. En cuanto se hizo publica la primera protesta contra el proyecto, se vi6 que quienes tal afirmaban no tenian muy solidos fundamentos para semejante aseveracicn, pues acudieron en seguida a contrarrestar el efecto de las manifestaciones contrarias a sus deseos. Se apel6 entonces al recurso de desvirtuar las protestas, pretenditndose que quienes las formulaban lo hacian impulsados por m6viles distintos a los expuestos con toda claridad y muy altas miras, y comenzaron algunos diarios a declarar que la opinion pnblica no se oponia a la gracia de indulto. Pero no era esto lo que persegufan los amigos y partidarios de la persona en cuyo favor se vot6 la ley, porque el indulto y la amnistia se diferencian profundamente. V6ase, a este respect, 1o que dice el Diccionario Enciclopedico Hispanoamericano, (Barcelona, 1887, t. II, p. 81): Importa no confundir Ia amnistia con el indulto... El indulto asegura la impunidad, pero no rescata la honra; ]a amnistia declara honrado al que exime de pena, considerfndole mas bien como imprudente, como desgraciado, como vencido, que como culpable. El Conde de Peyronnet, Ministro que fu6 de Carlos X, seiial6 estas diferencias del modo siguiente: ''Amnistia es abolicion, olvido. Perddn ''es indulgencia, piedad. Cuando Trasibulo arroj6 a los treinta tiranos, ''estableci6 una Ley, a la que los atenienses dieron el titulo de amnistia, ''que quiere decir olvido. En ella se mandaba que a nadie se inquietase ''por sus anteriores acciones, y de aqui nos ha venido el actor y aun el ''nombre. La amnistia no repone, sino que borra. El perd6n no borra nada, "sino que abandona y repone. La amnistia vuelve hacia Io pasado y des''truye hasta la primer huella del mal. El perdon no mira sino a lo futu''ro, y conserva en lo pasado todo lo que le ha producido. El perd6n supone '"crimen; la amnistia no supone nada, a no ser la acusacion. En una ''amnistia se recibe mis y hay menos que agradecer; en un perd6n hay "'mas que agradecer y se recibe menos. El perd6n se concede al que ha "sido positivamente culpable; la amnistia a los que han podido serlo. "'Aceptado el perd6n, no queda duda de que ha habido crimen; concedida "la amnistia, no admite duda la inocencia. La amnistia nada hace perder "al inocente; el perdon se lo hace perder todo, hasta el derecho de hablar "de la inocencia. El que ha delinquido, debe humillarse: puede pedir "perd6n y recibirle; el que no ha delinquido, delinquiria humillandose; ''no debe pedir ni recibir perdon. El perdon no rehabilita; antes, por el 12

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LA OPINION PPBLICA Y SUS MANIFESTACIONES 'contrario, afiade a la sentencia del Juez la confesion, al menos implicita, ''del sentenciado que lo acepta. "La amnistia, no s6lo purifica la accion, sino que la destruye; no ''para en esto; destruye hasta la memoria y aun la misma sombra de la ''acci6n. ''Por eso debe concederse el perd6n en los delitos comunes y amnistia "en los delitos politicos. En los delitos comunes nunca tiene interns el ''Estado en que se borre sa memoria; en los politicos suele suceder lo "contrario, porque si el Estado no olvida, tampoco olvidan los particula"res, y si se mantiene enemigo, tambien los particulares se mantienen ene"migos. El perd6n es mas judicial que politico; la amnistia es mats poll"tica que judicial. El perd6n es un favor aislado que conviene mas a los actorss individuales; la amnistia es una absoluci6n general que conviene "mas a los hechos colectivos." El Presidente de la Repnblica, disereto y ecunime, oy6 pacientemente a todos, y a ninguno express cual seria su resoluc6n definitiva; recomendando, en eambio, que siempre cumpliera cada ciudadano con su deber en todo momento. Jamas oy6 nadie de sus labios otras palabras que 6stas: Yo dej6 que el Poder Judicial aplicase libre y rectamente las eyes, conforme a su juicio; prometi, y To he cumplido, dejar que el Poder Legislativo procediese con entera libertad, sin estorbarle en lo que creyera conveniente realizar; yo sabr6 cumplir con mi deber. Por io que a nosotros respecta, el Jefe del Estado no dej6 fallidas nuestras esperanzas, pues en la pfgina 313 del tomo VI de CUBA CONTEMPORANEA, numero de noviembre de 1914, aparecen estas palabras: ... y si ni aun el Senado quisiera velar por los altos intereses morales de ella (de la sociedad cubana), confiemos en que el Presidente de la Repnblica, que ha sabido demostrar muy plausible celo por los intereses materiales, sabrf ser fiel defensor de aquellos mas elevados y de mas trascendencia, oponiendo su veto a ese proyecto de ley... Y asi ha sucedido: el Presidente de la Repnblica ha interpretado, con energia serena y saludable, los sentimientos de la opini6n sana y sensata del pals cubano, en su mensaje de 18 de diciembre de 1914, publicado en los pericdicos del 19, vetando esa ley de "amnistia unipersonal". En 61, a mhs de consignarse como fundamentos del veto algunas de las razones expuestas respetuosamente en peticiones particulares que han sido publica13

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CUBA CONTEMPORANEA das, se aducen otros motivos de orden constitucional, de procedimiento y de consecuencia con anterior conducta en un caso semejante: otra amnistia votada por nuestro Congreso y vetada por el actual Presidente en su mensaje de 17 de diciembre de 1913, aceptado por ambas Camaras sin discusi6n alguna. Esta revista cubana da su parabi6n al primer magistrado de la Republica por su resoluci6n en este asunto, en la cual, al propio tiempo que se ve su empefo de cumplir y hacer cumplir los preceptos constitucionales y su decidido prop6sito de velar por el prestigio de los tribunals de la naci6n, se ve tambi6n su fnimo dispuesto a la clemencia, que "tiene su forma propia y adecuada en saz6n oportuna, sin desdoro ni mengua de la justicia'', estimando que "los respetos a ella debidos han de anteponerse a toda otra consideraci6n". CUBA CONTEMPORANEA dedica a este asunto su atenci6n, porque estima que desde el primer momento, y como sintoma de una grave descomposicion social, tuvo 61 grande importancia. La peregrina teoria de que por haber sido puestos en libertad muchos delincuentes, ha de seguirse por este peligrosisimo plano inclinado que nos leva en derechura a la subversion de los mis altos principios morales en que debe descansar toda sociedad solidamente constituida, es una teoria perturbadora y disolvente. Era preciso bacer un alto, y la ocasi6n se present con este caso en el cual las circunstancias del hecho delictuoso realizado agravan la situaci6n de los condenados como participes de 61; y si a esto se agrega que la tal amnistia s6lo beneficiaba a uno de ellos, precisamente al de mayor responsabilidad moral en la comisi6n del delito, y que la forma en que se otorgaba era la menos adecuada para dejar a salvo la majestad de la ley, no ha de extraharse que ansiosamente aguardara el pals la resolucion presidencial en un caso en que jugaban tantos intereses y tan grandes como tenaces influencias. Esto parece senalar nuevas orientaciones en nuestra vida pnblica, nuevos derroteros a la marcha general de la naci6n, necesitada de hombres integros que la conduzean firm y serenamente por los senderos de la rectitud y del deber. Pero nada lograremos con tener a estos hombres, si no hay otros que los alienten y secunden; si no encuentran colabora14

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LA OPINION P6BLICA Y SUS MANIFESTACIONES dores en su obra, que es la de todos; si no sienten el apoyo necesario de la opinion publica, que debe estar siempre alerta, siempre dispuesta a actuar rapida y certeramente, oponiendose a lo perjudicial y aplaudiendo lo beneficioso, proceda de donde proceda. En nuestro pals, sobre todo, donde raro es el dia que no recibimos los ciudadanos alguna sorpresa las mats veces desagradable y por lo comnn producto de cierta irreflexion colectiva, la opinion publica tiene que revestir todas las formas posibles: ha de ser, como Proteo, incesante y variada. Ya lo he dicho en otra ocasi6n: entre nosotros se hacen muchas cosas indebidas, porque gran numero de nuestros compatriotas ha perdido la fe en la eficacia del esfuerzo individual o en comnn, y no actnan como todos los ciudadanos estin obligados a hacerlo. Las lamentaciones son intitiles cuando no hay el prop6sito de corregir los yerros o cuando no hay voluntad de reformarse. El remedio esta en nosotros mismos. A este respect, no resisto al deseo de transcribir los siguientes parrafos de Santamaria de Paredes (pigs. 406 y 407): El indi-viduo, que es como la c6ula de todo organismo social, debe ser tambien el primer elemento para su reconstituci6n, cuando se halle este organismo perturbado por una enfermedad cualquiera. Nada tan frecuente en nuestros tiempos coma que el individuo se lamente de los males sociales, y nada haga par si mismo para corregirlos, creyendo que su solo esfuerzo nada vale ante ]a inertia de otros muchos, sin tener en cuenta que pensando y obrando todos como el nada se consigue, en tanto que si cada uno procurase realizar la parte que le corresponde, resultaria el mal corregido espontfneamente. "Todo ciudadano, decia Cicer6n, debe Ilevar "'fijo en la frente lo que piensa de la cosa pdblica'', y si todos los que se quejan de los males de la 6poca asi lo hiciesen, tomando parte activa en las funciones sociales, no se hallaria la political en manos de las facciones y de los politicos de oficio (politiciens, como dicen los norteamericanos), que se aprovechan de la inertia del mayor nnero para convertir el interest colectivo en provecho propio. La sociedad debe prevenir y corregir las enfermedades politico-sociales, enalteciendo a los ciudadanos ilustrados y virtuosos, y castigando a los que no lo sean. Cuando las clases altas no consideran lo mismo a unos que a otros, tendiendo un velo sobre la inmoralidad pasada, si el 6xito o la fortuna dispensan sus favores a un determinado individuo; cuando las elases media, sin perder la fe en los ideales, no vayan en busca de los hombres politicos que mejores empleos les proporcionen, sin tener en cuenta las doctrinas que 6stos profesen; y cuando las clases populares, sin ]a

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CUBA CONTEMPORANEA dejarse prender en las redes de un falsa democracia, no encumbren a los charlatanes quo mas lea halagan y mas imposibles les prometen: en una palabra, cuando la colectividad tenga verdadera conciencia de sus actos y se inspire en los mks puros principios de moralidad y patriotismo, entonces se habra extirpado la principal causa de muchos de los vicios politicos que deploramos. Y al ocuparse esta revista en materia que tanto ha apasionado los Animos, es porque entiende que asi contribuye a llenar una parte de la elevada funci6n encomendada a la Prensa; porque aspira a reflejar en sus ptginas la opinion libre y verdadera de los ciudadanos que estudian y analizan cuanto puede afectar a la vida nacional en sus distintas manifestaciones; porque es, en el brillante nnicleo de publicaciones de Cuba, un 6rgano absolutamente independiente, ajeno por completo a toda idea de lucro y a todo interns de empresa, de partido, de clase, de grupo o de individuo; porque representa el esfuerzo de una juventud entusiasta por todo cuanto eleve al cubano a los ojos de los cubanos mismos y de los extranjeros, de una juventud que s6o aspira a ser until a la patria en la medida de sus capacidades; porque representa, en fin, el optimismo de los que tenemos fe en los destinos de Cuba, mas amada cuanto mas sacudida por los embates de las pasiones y las acometidas de los que s6lo tienen para ella la palabra amor en los labios, sin que lo eleven en el coraz6n; mas digna de toda clase de sacrificios cuanto mas asediada est6 por las ambiciones insaciables de quienes la quieren (nicamente para medrar a su costa, olvidando que merece, mas que ninguna otra tierra en el mundo, ver en ella cumplido por los siglos de los siglos el suefio glorioso de sus libertadores y de sus martires. CARLOS DE VELASCO. 21-XII, 1914. 16

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4E EN TORNO A UN MEMORABLE MENSAJE DE CLEVELAND (*) EL MENSAJE OS patriotas cubanos esperaban, con natural impaciencia, el mensaje del presidente Cleveland al Congreso de los Estados Unidos; porque se prometian -_ que el primer magistrado de esta gran Repnblica fijaria su atenci6n en el problema trascendental que la guerra ha planteado en Cuba, y le dedicaria algunas frases, que envolvieran, si no una declaraci6n de nuevos principios, la aplicacion al menos a nuestro caso de aquellos sobre los cuales se ha levantado esta poderosa nation. Los patriotas cubanos pensaban que el presidente de los Estados Unidos entenderia que las comunidades humanas, cuando tienen individualidad propia, no representan s6lo intereses (*) En el nimero de noviembre, 1914, de CUBA COSTEMPORANTrA, tomo VI, pig. 232, y bajo el titulo de Un infor'ne de Estrada Palma, publicamos el importante documento quo on enero d 1897 dirigi6 el entonces Delegado Revolucionario de Cuba en los Estados Unidos al Secretario de Relaciones Exteriores de In Republica en arms, referento a una part de los trabajos realizados en pro de nuestra independencia por ]a Delegaci6n Cubana cerca del Ejecutivo y el Congreso norteamericanos, y tambien relacionado con el mensaje que en 7 do diciembre do 1896 dirigi6 al Congreso do la Uni6n el Presidente Cleveland. En ese mensaje, los cubanos esperaban quo aparecieran declaraciones favorables a ]a independencia de la Isla; pore no fu6 asi. Con tal motivo promovidse una fuerte agitacidn entre nuestros compatriotas emigrados, que consideraron perdida teda esperanza; y el Delegado senor Estrada Palma, quien conflaba en el 6xito de los trabajos quo ilevaba a cabo, se esforz6 por evitar quo aquolla agitacidn tomase caracteres quo pudieran hater peligrar sus gestiones. El senor Enrique Jose Varona, hov Vicepresidento de la Repriblica y a la saz6n director de Patria, 6rgano del Partido Revolucionario Cubano en Nueva York, escrihi6 entonces para dicho peri6dico un articulo que no fu6 publicado, por hab6rselo pedido asi el seller Estrada Palma; y ademis redact6 un manifesto dirigido al pueblo

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CUBA CONTEMPORANEA materiales, sino que tienen tambien su espiritu, encarnado en sus instituciones, que tiende a extenderse, a comunicarse, para gozar asi de vida mas amplia y dar mayores frutos. Los patriotas cubanos crelan que el espiritu de la libre Am6rica significa el reconocimiento explicito del derecho inconcuso de todo pueblo, de toda reunion de hombres dentro de limites geogr.ficos determinados, a dirigirse y gobernarse libremente, de conformidad con sus necesidades materiales y sus aspiraciones espirituales, sin sujecion a ningun poder extraio, sean cuales fueren los titulos hist6ricos o politicos que 6ste pueda alegar. Los patriotas cubanos abrigaban la convicci6n de que el esfuerzo heroico de un pueblo vecino, situado a las puertas de los Estados Unidos, en el coraz6n mismo de la America libre, para derrocar un gobierno que lo oprime, lo esquilma y lo corrompe, un gobierno que ese pueblo no se ha dado 61 mismo, un gobierno puesto exclusivamente en manos de gente extrana, y el centro de cuyo poder est en una distante naci6n europea, mereceria la atenci6n siquiera del jefe de un gobierno republicano, fundado en la libre aceptacion del pueblo. Los patriotas cubanos se han engafiado. Mr. Cleveland s6lo sabe que la Isla de Cuba esta gravemente perturbada; y que esa perturbaci6n, ademas de desconcertar las relaciones mercantiles de la Union con la colonia vecina, incita a cierto nnmero de ciudadanos americanos a violar las leyes de neutralidad vigentes en este pais. norteamericano, que debi6 ser firmado por los miembros de la Sociedad Cubana de Estudios Juridicos, y al mnal tampoco se di6 publicidad, sogan nos informa su autor. Ambos escritos, el articulo y el manifesto, nos han sido facilitados amablemente por el ilustre Dr. varona, y son estos quo publicamos hoy agrunndolos bajo un titulo cerrin, aunque respetando el puesto por 6l a cada ino do ellos. El r'rimero, El Menesnc, rrfieja la sorpresa dolorosa que en los cubanos produjo aquel documento tan esperado y la decision de continuar lia lucha eiancipadora barta triunfar o perecer entre Ins escon-irs ce si patriam; el segundo, La onini6a de los cubanos v el men saie de Mr. Cleveland, no.s6lo revela identicos sentimientos, sino estudia ias poderosas causas impeditivas de acerl r otra soficibn que no fuse In. independencla de Cuba y aduce razones qo todavila son, alguias, aplicables a nuestro actnal estado y a las dificultades con que tropezamos en nuestra combatida y lenta obra de constituirnos en nacion libre, pr6spera y culta, fundada sobre la base firm de una verdadera democracia on donde cada ual tenga nocidn exacta de sus derechos y de sus deberes, cumpliondo &stos sin vacilaciones ni cobardiasy ejercitando aquellos plenamente, sin violencias de acci6n ni de lenguaje. is

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EN TORNO A UN MEMORABLE MENSAJE DE CLEVELAND Mr. Cleveland no se siente contagiado por la simpatia sentimental de esos ciudadanos, y les advierte que su deber es atenerse al texto estricto de las leyes que prohiben prestar auxilio al pueblo oprimido, aunque no prohiben prestarlo al poder opresor. Mr. Cleveland desea naturalmente y aun ardientemente, earnestly, que cese cuanto antes la devastacion en la Isla y que se restablezca el orden en su territorio perturbado. Es claro que, como Mr. Cleveland no parece sospechar que en Cuba se debate por las arnas un problema politico de magna importancia, ni sabe otra cosa sino que hay una perturbaci6n en Cuba, su deseo de que se restablezca el orden significa, o parece significar al menos, el deseo de que la vida de Ia Isla se encauce por el mismo camino anterior al 24 de febrero, lo que no quiere decir otra cosa que el triunfo de Espana. Debemos pensar que Mr. Cleveland ignora lo que significaria para los cubanos y para Cuba la realizacion de ese deseo. Para los primeros no significaria otra cosa sino la reducci6n absoluta a la impotencia y a la insignificancia en su propio pals, la sujeci6n a un regimen de castas bajo una ley perpetua de sospechosos. Para la Isla significaria la continuaci6n del pillaje sistematico y la ruina y la miseria definitivas. Si Mr. Cleveland se preocupa tanto de las relaciones mercantiles entre Cuba y los Estados Unidos, bueno seria que pensara cuan mal cliente es un pais arruinado. Y Cuba espanola no sera nunca Cuba pr6spera. Pero como los cubanos saben todo lo que parece ignorar o no ver el presidente de los Estados Unidos, estin resueltos a hacer, y haran cuanto est6 en sus manos y les permita su esfuerzo, para que no se restablezca el orden en la Isla por medio de la victoria de Espana. No quieren para su pais la paz de Varsovia. No quieren ver poblados de sus hijos y hermanos los presidios de Espana. No quieren ver a sus compatriotas mas conspicuos o mas integros vagar proscritos por el mundo, sin patria ni hogar. No quieren un nuevo periodo de agitaciones politicas esteriles y de conspiraciones, que culminen en nuevos levantamientos, Estan decididos a concluir de una vez. Solos con la justicia de su causa, o acompafados de la buena voluntad 19

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CUBA CONTEMPORANEA de los que sienten simpatias por la nobleza de sus prop6sitos y admiraci6n por sus sacrificios sin tamano, solos o acompaados, continuaran la lucha hasta triunfar o perecer entre los escombros de su patria. LA OPINION DE LOS CUBANOS Y EL MENSAJE DE MR. CLEVELAND Los patriotas cubanos se han levantado en armas contra el gobierno desp6tico de Espana, para establecer la absoluta independencia politica de la Isla de Cuba. Ni un momento han desconocido la magnitud y los riesgos de la empresa. No se les ocultaban las calamidades que atralan sobre su patria. Ni eran ciegos, para olvidar las complicaciones internacionales que habian de surgir del estado de guerra en un pals relacionado mereantilmente con poderosas naciones extranjeras. Pero los males que sobre ellos pesaban habian llegado a ser tan intolerables, las injusticias que los agobiaban tan depresivas para su dignidad, y de tal suerte comprometian unos y otros el porvenir del pueblo cubano, que creyeron preferible arrostrar todos los peligros de una lucha tremenda y desigual, a ver consumada su ruina material por las expoliaciones del gobierno espanol, y su ruina moral por el regimen degradante y corruptor a cuya sombra las mantenia inflexiblemente. ilarto sabian los patriotas que iban a comprometer sus vidas, a danar la prosperidad inmediata de su pals, y a perturbar el equilibrio econ6mico del mercado universal. Pero una larga y dolorosa experiencia les habia ensenado que el regimen espafiol resultaba al cabo mas ruinoso para la Isla que las guerras mas asoladoras; pues a consecuencia suya la historia econ6mica de Cuba se compendia en una prolongada crisis de terribles accesos periodicos. Confiaban ademas en que lo legitimo de sus agravios, la alteza de sus principios y la pureza de sus intenciones, justificarian a los ojos de los extrafos su valerosa resolucifn. En esta parte no ha visto defraudadas por completo sus esperanzas. Las simpatias de esta gran Repnblica, asilo natu20

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EN TORNO A UN MEMORABLE MENSAJE DE CLEVELAND ral de cuantos penan por la libertad y espejo de cuantos aspiran a la dignidad civic, han estado desde los primeros momentos con nosotros. Los pueblos de Hispano-Am6rica, unidos al nuestro por estrecho parentesco y vinculos historicos, se han conmovido con nuestras desgracias y han aplaudido el heroico esfuerzo de nuestro pueblo. Mas al cabo de dos afios de incesante batallar, en que no hemos escatimado ni nuestra sangre ni nuestra hacienda, para resistir al empuje del ej6rcito mss formidable que ha cruzado el oedano, y en que hemos desalojado al gobierno espafiol de las cuatro quintas partes de nuestro territorio; cuando tenemos a nuestro lado la inmensa mayoria de la poblaci6n de la Isla y con nosotros, en coraz6n y espiritu, al resto de los cubanos que permanecen en las ciudades dominadas por el ej6rcito espaiol, nos parecia que teniamos derecho a esperar el auxilio moral y diplomatico de los gobiernos libres de este Nuevo Mundo, en cuyo seno esta enclavada nuestra patria. Era natural, por tanto, que esperasemos con avidez las palabras del Presidente de la naci6n americana, al reanudar sus sesiones el Congreso federal, porque ellas habian de probarnos si ]a justicia de nuestra causa, los heroicos sacrificios y los indecibles sufrimientos de nuestro pueblo eran debidamente apreciados por aquel, a quien toca en primer termino representar el espiritu de esta gran naci6n republicana en sus relaciones con los pueblos extranjeros. No podemos dudar que el Presidente ha estudiado con madurez ]a situaci6n de Cuba, ni que ha puesto en juego para ello los medios de informaci6n que le brindan los agentes consulares de los E. U. en la Isla. Tampoco nos es lieito sospechar de la rectitud de sus miras, ni de la nobleza de sus sentimientos; y nos hemos dado cuenta, con respeto y gratitud, de que pone a disposici6n de las dos partes beligerantes los amistosos oficios de los E. U., para apresurar el fin de la contienda. Por lo mismo hemos deplorado y deploramos vivamente que la (nica sugesti6n explicita que hace el Mensaje, para buscar el camino de un avenimiento entre Cuba y Espana, sea de todo punto impracticable. En momentos tan criticos, cuanto pueda torcer la opinion piblica acarrea graves dafios. Estan en la 21

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2 UBA CONTEMPORANEA balanza la vida o la muerte de un pueblo. Nuestro deber y nuestro interns nos exigen de consuno que declaremos paladinamente nuestro sentimiento, para que ni el pueblo americano, ni sus magistrados, den calor a un designio que no responde de ningun modo a las necesidades de Cuba, ni al decidido prop6sito de sus habitantes. Cree el Presidente que si Espana ofreciese a Cuba la autonomia verdadera, se podria esperar razonablemente que se llegara, sobre esa base, a la paz. Las ma's graves razones hacen absolutamente inaceptable ese expediente. Los cubanos han apelado al tremendo recurso de la guerra, para salir de una situaci6n intolerable y poner remedio definitivo a los males de su patria. La autonomia, que es de todos modos la soberania de Espana, no se lo pone. Hay razones de orden econ6mico, de orden politico y de orden moral que lo demuestran. Al entregarnos el gobierno metropolitico la administracion de la Isla, nos la traspasaria en condiciones que harian imposible el trabajo productivo, el desarrollo de la riqueza y la vida ordenada. La gestion financiera de Espana en Cuba ha sido tan desatinada, tan imprevisora y tan indiferente del porvenir, que al recogerla de sus manos no nos quedaria otra alternativa que la bancarrota inmediata o la paralizacion del desarrollo normal de la riqueza pnblica, cegada en su fuente por una tributaci6n que consumiera todas las utilidades. Espana, que no ha reconocido jams personalidad a su colonia, para administrar sus asuntos privativos, ni para regirse en ningnn sentido, se la ha reconocido siempre en el orden financiero para expoliarla a su arbitrio. Cuba no ha tenido magistrados propios, ni asambleas propias, pero ha tenido un tesoro propio. Propio porque se alimentaba con las rentas de la Isla, pero del cual Espana disponia a su antojo. Espana ha tratado y contratado en nombre de Cuba, sin autorizaci6n, ni representaci6n de los cubanos, contrayendo emprestitos enormes con la responsabilidad exclusiva del tesoro colonial. Al estallar la guerra, se encontraba Cuba con una deuda de $ 190.000,000 por la que pagaba anualmente, en intereses y amortizaci6n, $ 12.884,549-55. Inmediatamente dispuso el gobierno espanol de una emision especial de bonos cubanos, que tenia en cartera, para atender a la conversion de obligaciones 22

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EN TORNO A UN MEMORABLE MENSAJE DE CLEVELAND anteriores; y grav6 el tesoro de Cuba con la enorme suma de $ 122.500,000 al 5 % de interns, que representan $ 6.125,000 anuales. Espana ha consumido ya estos cuantiosos recursos nuestros en hacernos la guerra, para mantener su yugo. Acaba de realizar un emprestito interior de $ 80.000,000 al 5 %, declarando que Cuba los pagara despn6s de la pacificaci6n. Son 4.000,000 mis que amenazan el presupuesto cubano. De esta suerte, suponiendo que los gastos de la guerra se hayan limitado a lo que declaran las cifras oficiales, el primer presupuesto normal de Cuba espafola habria de reconocer una carga de $ 23.009,549-55 anuales, s6lo para los intereses y una pequefia part de amortizaci6n de una deuda abrumadora, domiciliada toda en el extranjero. Para apreciar de una ojeada la significaci6n de este hecho decisivo, baste recordar que el Cfrculo de Hacendados calcul6 en 1887 las utilidades liquidas de la Isla en $ 39.600,000. Suponiendo que Cuba tuviese la misma renta el dfa despu6s de la paz-lo que es totalmente absurdo-g entra en lo humanamente possible que Cuba mantenga su producci6n, salga del curso forzoso, pague sus gastos de administraci6n y gobierno, fomente la cultura y capitalice con $16.000,000 ? Si fuera necesario reforzar ese argument, t6ngase presente que la enorme tributaci6n impuesta por Espafia y el acarreo constant de caudales fuera de la Isla, han impedido que se capitalice en Cuba y han encarecido extraordinariamente el capital que ha afluido del extranjero. Mas de 50.000,000 de pesos reconoce el Mensaje que tienen invertidos en nuestro pals los ciudadanos de esta repnblica. Casi todas las lineas ferreas de la Isla pertenecen a capitalistas inglescs y se explotan con capital ingles. Los crecidos intereses de esas grandes sumas salen de Cuba. El pals se desangraria si a esa extracci6n normal de caudales se anadiera la producida por los interests de su deuda monstruosa. Por otra part no es de presumir que Espalia renunciara francamente al monopolio mercantil de que hoy disfruta, pues el atraso de sus industrias y la distancia no le permiten de otra suerte mantenerse con ventaja en nuestro mercado. Pero el monopolio en favor de Espana se traduce en encarecimiento de la vida para el jornalero cubano, obligado a consumir articulos 23

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CUBA CONTEMPORANEA espanoles de mala calidad y a pagarlos caros, y en el mantenimiento de los fraudes que enriquecen al mercader, pero desmoralizan al pueblo. En el orden politico no son menores los obstaculos con que tropieza la pretensa soluei6n auton6mica. Espana es el reverso de un estado democratico. Tres clases gobiernan y explotan el pueblo espanol. Los militares, los bur6cratas con el nombre de politicos, y el clero. Cada una de ellas tiene su parte en los despojos de Cuba, y estfn resueltas a no perderla de ningfn modo. El ej6rcito colonial es exclusivamente de espanoles, y ofrece el campo mas pingiie a la codicia y a la ambici6n de los militares de la Metr6poli. Jams consentirian 6stos en que Espana retirase su ej6rcito de Cuba. Y b podrian tenerse por libres los cubanos, ni serlo en realidad, con un ej6rcito extranjero de ocupacion dominando la Isla y una escuadra extranjera duena de sus mares? Los politicos espafoles derivan gran parte de su poder y provecho del patronazgo que ejercen sobre los destinos pnblicos en la Isla. Tampoco se desposeeran de 61, mientras sean senores de Espana. b Podrn los cubanos mejorar ni moralizar su administraci6n mientras los empleos de mas responsabilidad esten en manos de advenedizos, que s6o ven en Cuba una etapa de su carrera y el camino rfpido para la fortuna? El clero de la Isla es espanol, y rivaliza con los empleados civiles en habilidad y despreocupaci6n para sacar la sustancia del pueblo. Toda su influencia se ejercer en contra de las naturales libertades del cubano, y sera el primero en estorbar o falsear todo intento de gobierno propio. Pero si hay estas radicales dificultades por parte de Espana, no las hay menores por parte de Cuba. El cubano quiere dirigirse a si mismo, y ser responsible de su destino pr6spero o adverso. No quiere ver su suerte ligada a la de una naci6n europea atrasada y refractaria a las ideas modernas de derecho. Si despues de la guerra de los diez anos pudo avenirse a proclamar la autonomia colonial como su aspiracion political, fu6 porque confiaba en que aquella dura leeci6n no habria sido esteril para Espaa, y porque la situaci6n econ6mica de Cuba le hacia entrever la posibilidad de restafar en breve plazo las heridas de la guerra, y creia posible entregarse, a la sombra de 24

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EN TORNO A UN MEMORABLE MENSAJE DE CLEVELAND la paz, a reformar su condici6n social y political. La conducta posterior de Espafia desvaneci6 todas las esperanzas del pueblo cubano, por un sistema de mistificaci6n que era un agravio constante a nuestra dignidad y nuestros derechos, y por un regimen fiscal que no podia producir sino la ruina, a cuyo borde nos encontrabamos cuando resolvimos lanzarnos a la guerra. Por eso los mismos que durante afios propagaron y defendieron el regimen auton6mico, como solucion inmediata del problema cubano, han sido de los primeros en responder al llamamiento de sus conciudadanos que dieron el grito de independencia. Los antiguos autonomistas, casi en su totalidad, estan hoy en el campo de la lucha, en la emigraci6n o en los presidios espafioles. Los nombres de muchos de los que firman esta exposici6n bastan para comprobarlo. Con ser tan poderosas estas razones, hay todavia otras de caracter superior que se oponen al plan indicado por el Presidente. No hay verdadera uni6n politica, donde no existe el vinculo estrecho de sentimientos comunes. Y a este respecto, el divorcio entre la conciencia cubana y la conciencia espanola es radical e irremediable. La historia de la dominaci6n de Espana en Cuba, en todo lo que va de siglo, es una serie continuada de crimenes, perpetrados con la sanci6n hip6erita de la ley. Desde 1810 ha estado constantemente erigido el cadalso en Cuba para los llamados crimenes politicos. El nnmero de patriotas cubanos ahorcados, agarrotados o fusilados por los espanoles, pone espanto. Los muertos a mansalva, sin sombra de proceso, son incontables. Cada vez que los cubanos, en nuestra desesperaci6n, hemos apelado a las armas para derrocar su gobierno tirnico, los ejercitos espafioles han caido sobre Cuba, como hordes de tirtaros, llevandolo todo a sangre y fuego. Y la policia espanola ha impuesto el reinado del terror en las ciudades, arrastrando a las mazmorras, por meras sospechas, a los mas respetables ciudadanos. Los cubanos no han tenido eleccion sino entre el destierro, el presidio o la muerte. Los bandos de sus generales, desde Valmaseda hasta Weyler, han probado que se consideraban en pals enemigo, al cual han aplicado la ley de hierro de la guerra en las edades mas bfrbaras. En 1869, Valmaseda arras6 la region oriental de Cuba; y en 1896 Weyler esta haciendo el 5

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CUBA CONTEMPORINEA desierto a su paso en la region occidental. Para ahogar en sangre el anhelo de libertad del cubano, Espana no ha repugnado ningnn procedimiento, ha pagado delatores, ha fomentado la traici6n, y no ha retrocedido jams ante el crimen. Ahora mismo contempla el mundo con espanto el cadaver de un heroe cubano, a quien jams pudieron veneer los ej6rcitos espaioles en campo abierto, y a quien ha abatido en la sombra el brazo venal de un asesino sobornado. No hay puente que pueda salvar este abismo de sangre. Espana ha enlutado nuestros hogares, ha devastado nuestra tierra, nos ha dispersado por el mundo, sin patria ni amparo, y ha encendido en nuestros corazones la llama de un horror inextinguible. A la sombra de la bandera espafiola no podr vivir con serenidad de conciencia el cubano. En la colonia espafiola no puede haber patria para el cubano. El gran pueblo de los Estados Unidos no puede olvidar que los padres de esta libre y prospera naci6n sentaron, como su inconmovible fundamento politico, que los gobiernos se han establecido para asegurar a los ciudadanos "la vida, la libertad y la consecuci6n de la dicha"; y como su consecuencia, que "dondequiera que una forma de gobierno se convierte en instrumento para la destruccion de esos fines, el pueblo tiene el derecho de cambiarla o abolirla y crear un nuevo gobierno, basandolo en los principios y organizndolo en la formal que mejor convenga a la realizaci6n de su bienestar y felicidad". El pueblo cubano no tiene seguras bajo el poder de Espana ni la hacienda, ni la vida, ni la libertad, no dispone del producto de su trabajo, ni puede por tanto desarrollar libremente sus elementos de cultura material y moral. V6ase, pues, si est justifieado al apelar a las armas para abolir ese gobierno y crear otro que le asegure sus derechos; y si no obra cuerdamente al rechazar una transaccion que de todos modos habia de mantener el predominio politico de Espana. El gobierno de esta poderosa federaci6n tiene tambien reglas de conducta que de antiguo lo guian. Seanos permitido recordarle que, con respecto a las colonias americanas de los Estados de Europa, ya desde 1869 Charles Sunmer les marcaba un derrotero, cuando decia: "El tiempo de las colonias europeas ha pasado, al menos en este hemisferio, donde fueron por primera '6

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EN TORNO A UN MEMORABLE MENSAJE DE CLEVELAND 27 vez proclamados los derechos del hombre y donde por primera vez se organize el gobierno propio." Colonos hasta ayer de Espana, colonos agraviados, tiranizados y en justa y abierta rebeli6n, no podemos creer que los buenos oficios de la gran Republica, que dio el ejemplo en el mundo y conserva la tradici6n del gobierno propio, se ejerzan para mantenernos en una sujecion que aborrecemos; y perseveramos en esperar que se ejerceran para asegurarnos nuestro combatido derecho a la libertad y la independencia. ENRIQUE JOSe VARONA.

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EL DESCUBRIMENTO DE AMERICA Y LA FIGIENE Contar cuAndo, d6nde y quidn hizo una cosa bien se acierta; empero decir c6mo es dificultoso.v FRANcIsco L6PEZ DE GOMARA. 0 mismo los poetas espanoles e hispanoamericanos que los historiadores de todo g6nero y condici6n, han enrostrado a Espana, con acentos de indignaci6n o _ con el recuento frio de los hechos y la aglomeraci6n de cifras, la crueldad gastada para destruir una raza en todo el continente americano. Es verdad que la historia de America senala el hecho de la despoblaci6n y que ninguna de las naciones comprometidas en la empresa de la conquista y colonizaci6n de las tierras descubiertas esta exenta de cargos de crueldad. Espanoles, portugueses, bttavos, ingleses, aun los alemanes que estuvieron al servicio de Espana, contribuyeron con sus crueldades a la destrucci6n de los aborigenes. Sin embargo, la crueldad tuvo poco que hacer en esta obra de exterminio, si bien no debe eximirse a los conquistadores de los primeros dias, y a los presidentes y virreyes en una 4poca posterior, del cargo de sevicia ejercida sobre los naturales, fria y meditadamente. Se pensaba en esos tiempos que la crueldad era un elemento necesario de gobierno, y desde ese punto de vista los hechos ejecutados por los agentes de las naciones europeas quedaban privados del matiz sentimental. Hacerles el cargo de crueldad a un Alfinger o a un Ampudia, era como censurarle al tigre sus depredaciones sobre el ganado. Quintana, en la fervida expresi6n de su humanitarismo, lleg6 a decir que los crimenes de que se acusaba a la madre patria eran del tiempo y no de Espana. La frase sonaba

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EL DESCUBRIMIENTO DE AMARICA Y LA HIGIENE cadenciosamente en nuestros oldos en pos de aquel ap6strofe con que se deleitaron las repnblicas nuevas de un agitado continente: Virgen del mundo, Am6rica inocente! T6, que a fuer de mis casta y mis hermosa, Debiste ser del hado, Ya contra ti tan inclemente y fiero, Delicia dulce y el amor primero, Oyeme: Todavia le estamos escuchando. Sin embargo, cada dia disminuye el poder que la vibrante silva ejerci6 sobre los espiritus. La despoblaci6n de America es un hecho a que los naturalistas de la especie humana le han prestado poca atenci6n. Esta visible que la crueldad de los agentes espanoles o de otras procedencias no pudo ser la causa. La poblaci6n de Espana en el siglo xvI podia ser de unos tres o cuatro millones. Es preciso toner en cuenta que los datos estadisticos de aquella epoca no merecen cr6dito sino dentro de las mAs escrupulosas reservas. Pero si tenemos en cuenta la poblaci6n actual de Espafa y lo que se sabe de otras naciones europeas en aquella epoca, el c6mputo anterior no parece exagerado. La poblaci6n de Am6rica no se puede calcular tampoco sino dentro de limites muy elasticos. Algunos cronistas de la 6poca estiman en veinte millones la poblaci6n total de America en tiempo del descubrimiento. La cifra es baja, sin duda, si aceptamos que en algunos puntos del territorio la poblacion era muy densa. En la Sabana de Bogota, segnn elculos muy atendibles, habia seiscientas mil alnas al tiempo de la conquista. Tomando este dato por base y teniendo en cuenta la organizaci6n social de los Incas, que extendian su domino desde Chile casi hasta Pasto, no es descabellado decir que es baja la cifra aventurada por Jos6 Acosta. Cualquiera que haya sido esa cifra, la poblaci6n era suficiente para absorber en una o dos generaciones el contingente blanco que mandaba la peninsula ib6rica a varios miles de leguas de distancia. Supongamos al Jap6n empenado en el siglo xx en conquistar a la China. Con todos los medios de destrncci6n que hoy les ofrece la ciencia a las naciones agresivas, puede asegurarse que el Jap6n, duefo de China, vendria a ser absorbido por la poblaci6n 29

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CUBA CONTEMPORANEA del Celeste Imperio al cabo de dos o tres generaciones. La cultura japonesa volveria a ser china seguramente. Los ideales del Nip6n se desvanecerian, a pesar de su aparente inmovilidad, en el mar sereno de las tradiciones clfsicas chinas, en cuya sabiduria bebi6 el japon6s su primera y verdadera cultura. A una cosa semejante estaba condenada Espana -en su conquista de ultramar, y algo de eso significan las guerras de independencia. En Am6rica se form una Espana cuyos ideales y aspiraciones eran distintos de los que le senalaban rumbo a la raza en este lado del mar. La separacion fu6 mas tardia y menos substancial, porque la raza americana fu6 destruida en su mayor parte desde que se puso en contact con los europeos. Este fen6meno ha sido explicado de diversas maneras. La crueldad es la mas generalmente acogida, por lo que se refiere a las Boras tragicas del descubrimiento y la conquista. En los tiempos de la Colonia se dijo que el trabajo forzado a que sometian al indio en las minas, deterioraba su salud y limitaba su existencia a muy pocos anos. Otros escritores, tratando de descender a las profundidades del alma indigena, quisieron senalar en la raza, no sin fundamento, una tristeza at6nica, una melancolia perdurable y colectiva, que parecla comprometer los manantiales mismos de la vida y que seguramente se acreci6 con el espectaculo de la conquista. La llegada de hombres nuevos, la lucha con elementos misteriosos, el odlio a sus soberanos, predisponian a la indolencia moral. Ademas de esto, los aborigenes habian llegado a un punto elevado de refinamiento en materia de placeres. La iconografia peruana nos ensena con un desearo inocente, en las publicaciones del Profesor Krause, que la lujuria entre los Incas habia descubierto todas las sabias inversiones y conversiones del sentido genesico en cuyo ejereicio y propagaci6n tienen fama universal y moderna Paris, Viena, Berlin, Nipoles. A mas de esto, existia el divorcio en una forma franca y sin complicaciones. "Lo ma's ordinario falta por las mujeres que repudian a los maridos", dice el Padre Figueroa, "si las maltratan o las desagradan por dejarlos o casarse con otros. Algunas veces truecan mujeres en sus fiestas o cuando les parece. En otros las quitan por fuerza a los maridos y aun se matan por ellas o las hurtan y se casan con ellas. Y hay mujeres que han 30

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EL DESCUBRIMIENTO DE AMERICA Y LA HIGIENE mudado de esta suerte muchos maridos, estando todos vivos. Y tambi6n varones que han tenido del mesmo modo muchas mujeres". Si no fuera por el sabor aiiejo de la frase, por la ausencia de retorica, y por lo descosido del pensamiento, podria uno imaginarse que estaba leyendo una eronica social de Chicago o el pormenor de un juicio de divoreio en Londres. Cuanto a la sabiduria en materia de vicios, ya habja dicho el mismo autor en su famoso informe sobre los Maynas: "Vencida esta dificultad quedan otras... como son... muchedumbre de mujeres en algunos... supersticiones y otros vicios, principalmente de la lujuria". Por To que hace a su manera de apreciar las cosas desde el punto de vista de la utilidad y la belleza, habian llegado los indios a coincidir con los mas refinados entre los estetas de fines del siglo xTX. En estas opiniones no se mezela para nada el humor ni la imaginaci6n. No me pertenecen desde luego, y para ello cito con la debida humildad estas frases del profesor Ratzel en su grave tratado de etnografia: "Se descubre un vicio fundamental de esta civilizaci6n (la de los indios americanos) en el hecho de quo le daban ma's valor a lo bello que a To until; hacian mucho uso del oro y la plata y ninguno del hierro" (1), en To cual coincidian menudamente con Theophile Gautier, con Flaubert y con el cenfculo de los estetas ingleses. El trabajo en las minas es otro de los azotes a que atribuyen historiadores de nota la despoblaci6n de Am6rica en seguida de la conquista. En su bella obra sobre la independencia de las colonias hispanoamericanas, Julio Mancini fija en su manera vibrante y Agil una escena de aquel terrible drama cuyo desenlace fu6 la destruccion de algunas razas americanas: "Le systeme du tributo ou la mita en contraignant les indiens au surmenage d'un travail incessant dans les mines, les 6pid6mies qui on r6sulterent, les tortures, la deportation aux Antilles, ou ces malheureux 6taient vendus comme esclaves, avaient fini par provoquer une effroyable depopulation". Mancini toca aqui la causa principal, que es, en mi concepto, la epidemia. Pero las epidemias no provenian, como lo senala el lamentado historiador, del trabajo en las minas, sino de una causa mas remota y (1) F. Ratzel, VoIkerkinde. 31

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CUBA CONTEMPOR1NEA mas complicada. Provenian del contacto de dos razas que tenian de la vida concept distinto. Antes de pasar adelante, conviene, para eliminar los factores de destrucci6n selialados por Mancini y por historiadores no menos perspicaces que el, hacer una comparaci6n entre la Am6rica Ibera y el Africa contemporaneas. La parte del continente americano que fu6 descubierta y colonizada por espaioles y portugueses, tiene mas o menos una extension superficial igual a la de Africa. La poblacion de Africa llega ya a los doscientos millones, a pesar de la obra de exterminio ejecutada por los explotadores, en tanto que la Am6rica hispanolusitana, con china mals favorable, apenas alcanza a setenta y dos millones. La diferencia se acentna como tomemos en cuenta la parte del territorio africano absolutamente refractaria a todo g6nero de cultivo, y por consiguiente a la propagaci6n de la especie humana. En Africa lo mismo que en Am6rica, hubo y hay an, para vergiienza de la cultura judeo-cristiana, negros a quienes se trade por fuerza a trabajar en las minas; existi6 y existe la tortura; los negros eran hasta bace poco deportados en calidad de esclavos y en cantidades suficientes para reemplazar en Am6rica a los indios que iban desapareciendo en su contacto con los blancos. No fu6, pues, ninguna de estas causas la que produjo la despoblaci6n en America, puesto que el africano se reproducia copiosamente, y continue reproduciendose, bajo un regimen semejante. En la obra del Padre Figueroa, citada en otra parte, dice aquel buen coraz6n: "Puedense contar los dafios que padecen por una de las ma's poderosas y graves dificultades que tiene el Santo Evangelio en estas partes. Porque se ha experimentado que cuando se les entra por sus casas la huz del cielo la siguen las tinieblas y horrores de pestes y mortandades lastimosas. Estas se ocasionan principalmente, como he tocado en varias partes, a las primeras vistas de espafioles cuyo vaho parece les infunde pestes... Destas vistas y enfermedades se ha seguido el consumo de la mayor parte que es mals de la mitad y no s6 si diga los dos tercios de la gente que se ha hallado en las naciones que se han pacificado." Parece que los indios de Mejico se dieron cuenta,. antes que el Padre Figueroa, de la existencia del vaho 32

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EL DESCUBRIMIENTO DE AMERICA Y LA HIGIENE mefitico, porque tomaban, para acercarse a los espanoles, precauciones de las que mAs tarde ha recomendado la higiene. Bernal Diaz del Castillo, uno de los testigos mks competentes entre los cronistas espanoles, por su ingenuidad y sus sorprendentes cualidades de observador, tiene estas frases en su Conquista de Nueva Espaila: "y aquellos papas (los sacerdotes mejicanos) nos trajeron zahumerios, como a manera de resina, que entre ellos laman copal y con braseros de barro llenos de lumbre nos comenzaron a zahumar". En nuestros dias el cronista hubiera dicho fumigar, como se desprende de lo que en adelante ver el lector. I De d6nde provenia este vaho letal a que se debi6, en mi concepto, no s6lo la exterminaci6n de la raza sino tambi6n la facilidad de la conquista? (2). Provenia a todas luees de que los americanos del siglo xvI eran un pueblo sano, pulcro y d6bil, en tanto que las ciudades europeas de la misma epoca eran un conglomerado infecto en que la higiene no era conocida y en que la suciedad y los parsitos dominaban seforialmente. No exagero ni un Apice. Un pensador escandinavo de nuestros dias, Troels Lund, ha escrito una obra, apoyada en documentos de una evidencia irresistible, para hacer el balance de los valores morales entre el siglo xvI y la 6poca actual. Las conclusiones a que llega son poco lisonjeras para el g6nero humano. No nos diferenciamos de las gentes de aquella 6poca sino en que prestamos ahora mas cuidado al aseo de la persona y a la bigiene pnblica. En lo moral somos tan cultos o tan salvajes como lo eran nuestros antepasados. Somos acaso un poco mas disimulados o hip6critas, y las depredaciones y las torturas se ejercitan cubriendolas con otros nombres. Georg Brandes hablando de Lund y de su obra, dice: "En toda Europa vivia el hombre (en el siglo xvi) rodeado de olores infectos y poseido del demonio de los parasitos. Algunas personas se lavaban, si acaso, una vez por semana, y bafarse, nadie se bafaba. Todavia en el siglo xvIII, baj6 (2) Cuanto R In facilidad de la corquista, el argumento es obvio. Los Indies eran en extremo supersticiosos. El Padre Figueroa, de cuya Relacln me valgo, dice: 'No hay onfermedad ni dolor o hinchaz6n que no digan es hechizo de alguno.n De modo que las infecciones ocurridas al ponerse en contacto con los peninsulares, log indios ]as tomaban Por resultado do un hechizo, con que se aumentaba el terror que les inspiraron siempre aqueilos hombres. 33

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CUBA CONTEMPORANEA Luis XIV a la tumba sin que a 61 ni a sus lacayos y camareros les hubiera ocurrido que al Monarca pudiera convenirle un bafio general" (3). Es muy posible que esas enfermedades horribles de que murieron Felipe II y el papa Alejandro VI (4), hubieran tenido su origen en la negligencia absoluta de todo principio higi6nico en que se solfia vivir en aquellos tiempos. Tal era la pulcritud de los monarcas. No es dificil imaginar la que gastaban los soldados, los aventureros, los conquistadores. Esos heroes de la codicia y del amor a 1o desconocido, cruzaban los mares en barcos mal atendidos, sin mujeres a bordo que cuidasen de la limpieza de las ropas. Llegaban a tierra firme y vestian todas sus armas. Debajo de la pesada coraza estaban las ropas, que acaso no se mudaban en todo el tiempo de las marchas antes de encontrar al enemigo en la altiplanicie de M6jico, en el reino de los Chibchas, en la capital del Imperio Inca. La vida estaba demasiado lena de sobresaltos para que a esas gentes, procedentes de tierras donde el desaseo era regla en las cortes, pudiera ocurrirles que era preciso mudarse de ropas. Los soldados no caian enfermos bajo aquel regimen de incuria personal, porque en generaciones de abandono el hombre europeo habia acabado por inmunizarse, en una serie de generaciones, contra el ataque de multitud de g6rmenes que engendra el desaseo. Pero los pobres indios que eran gente sana y pulera, segn consta de nmerosos testimonios, caian fulminados por el vaho del conquistador, si hemos de aceptar la penosa expresion del Padre Figueroa. Dos tercios de la raza se fueron en esta contaminaci6n que dej6, por otra parte, infestado el continente. Los espaijoles volvian de Am6rica con las leyendas mias pavorosas sobre la insalubridad de los climas. Lo cual era cierto desde el dia en que los europeos habIan puesto alli la planta. La limpieza era entre los naturales de Am6rica una condici6n de existencia y uno de los placeres de la vida, de que solian privarse para hacer penitencia o para captarse con oraciones la buena voluntad de un hado inclemente. Dice Restrepo Tirado en su libro sobre los aborigenes de Colombia: "Se recogia (el indio penitente) en el (3) G. Brands. Gestalten end Gedanken. (4) P. Villari. Afacchiavieli e i suoi tempi. 34

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EL DESCUBRIMIENTO DE AMERICA Y LA HIGIENE encierro mas absoluto, no siendole permitido ni bafiarse ni cambiar de manta". "Lavan las criaturas", expone en su obra el cronista L6pez de Gomara, "con agua fria porque se les endurezca el cuero; y aun ellas (las madres) se baiian tambi6n en agua fria recien paridas y no les hace mal". Todavia en la descendencia espanola de Am6rica que se ha librado del contacto con el mundo moderno, prevalecen algunas de estas preocupaciones contra la hermana agua. En lugares remotos las senoras se meten a la cama en cuanto nace la criatura y rehusan sistemnticamente ponerse en contacto con el agua o con el aire puro durante cuarenta dias con sus noches, en tanto que la india, la compafiera estoica del soldado en las marchas forzadas que suelen imponerles las guerras civiles, sobrecogida de los dolores, se acerca a un torrente, recibe la bendici6n del nuevo fruto, lo lava en el agua de Dios, se lava ella y continua la ruta en seguimiento de su hombre. Indudablemente los espaiioles le daban a la pulcritud de los indios cierto merito de costumbre estramb6tica, porque vuelven sobre el aseo de esas gentes con mucha frecuencia. De los indios del Darien dice L6pez de Gomara que "acostumbran a lavarse dos o tres veces al dia, especial ellas, que van por agua, ca de otra manera hederian a sobaquina, segfnn ellas confiesan". El Padre Gumilla en su famosa descripci6n del Orinoco, hablando de los Otomacos, pone el mismo concept en estos claros terminos : "Cosa muy desusada de las demas naciones (del Orinoco) que se echan a dormir al anochecer y madrugan con la primera luz del dia a lavarse al rio o arroyo, sin que haya en esto falta alguna". El Reverendo trata de disculpar la costumbre higi6nica de los indios. Es digna de memoria su misericordia, porque para ejercitarla tenia que veneer sin duda grandes repugnancias. Hablando de los mismos Otomacos, que dormian de dia y dedicaban otras horas al aseo de la persona, exclama impacientado el Padre Gumilla: "No se puede llevar en paciencia su escrupulosa pulidez y aseo". La importancia que los cronistas del descubrimiento y la conquista suelen darles a las costumbres higienicas de los indios, tiene su origen en un hecho de observaci6n diaria. Visitando un pals extranio, la atenci6n del viajero se detiene con preferencia en los usos y formas que se diferencian sensiblemente de los 35

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CUBA CONTEMPORANEA que a diario observa en su propio pals. Antes de llegar a las profundidades del alma japonesa, el viajero occidental se dilata en la descripci6n del saludo japon6s, en observaciones humoristicas sobre la costumbre de dejar el calzado en la puerta de la casa o sobre la frecuencia de los banos y la altisima temperatura del agua en que suelen tomarlos. Los buenos padres que refirieron las primeras bazanas de la conquista americana, o los militares que se complacieron en hacer mats tarde el recuento de sus hazafas, hallaban un poco extrafias y acaso demasiado intimas las relaciones del indio con el agua, porque acaso el conquistador habia vivido con ella en neutralidad armada o en absoluta indiferencia. En generaciones donde la bigieno se habia convertido en una segunda naturaleza, vertigo la Europa, con un movimiento inconsciente, el tren de las basuras que se habian acumulado en dos siglos. El europeo vacunado, inmunizado ya en su tierra, sobrevivi6 a las pestes en cuyo hervor desaparecieron las razas americanas. Era menester decir esto para salvar a los europeos del cargo de crueldad que les estAn haciendo de siglo en siglo historiadores prevenidos y poetas grandilocuentes. Seria muy injusto sacar de aqui la consecuencia extrema de que la vida en Europa habia tenido siempre estos caracteres de repugnante suciedad. Hubo siglos mas pulcros que el xvi, antes y despu6s de esa 6poca; la mala ventura de las tribus americanas quiso que Col6n hubiera descubierto aquellas tierras en el momento en que el viejo mundo se estaba convirtiendo en una pocilga. El Africa, que fu6 descubierta y colonizada mas tarde, no padeci6 las consecuencias del vaho tremendo, porque la higiene de Europa se habia modificado en provecho de la salubridad. Se necesita una poca de ruda franqueza para reconocer que el cristianismo tuvo en esta enemistad con el agua una vasta influencia. Jesus no predict nunca el evangelio de la incuria personal. Hizo de la pulcritud un rito cuando dobl6 las rodillas para lavarles los pies a sus discipulos. Sin embargo, en esto, como en otras muchas cosas, la doctrina original se fue desvirtuando entre los pueblos a cuyos oldos llegaba desde otras comarcas. Como Cristo decia que su doctrina era depobreza y mansedumbre, y como hacia llamamiento especial a los desheredados, a los humildes, a los pobres de espiritu y de hacienda, a 36

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EL DESCUBRIMIENTO DE AMERICA Y LA HIGIENE las mujerzuelas y los timidos, una inversion natural de las ideas lleg6 a hacer creer que aparentando la pobreza o ejerciendola real y efectivamente se llegaba con mas presteza al camino de la perfecci6n. Ha sido una desagradable coincidencia que la pobreza en sus formas extremas ostente las apariencias de la suciedad. El cristiano, segun Nietzsche, era por antonomasia el hombre mal hallado con la limpieza. A mas de esto, el contact con el agua tibia y elastica asumia los preliminares de la caricia lnbrica. Por eso los primeros cristianos le tenian horror al baino. Los anacoretas, no todos, desde luego, huian de las solicitaciones de la care que solia producirles el bano. Esa preocupacion se afirmaba en la mente del pueblo o desaparecia segun las 6pocas. Pasado el renacimiento, cuando los albores de la reforma echaron un velo de ascetismo sobre las desnudeces y los primores de la vida, volvi6 el mundo a mirar con ojos de sospecha las caricias del agua. Los protestantes, en el norte, quisieron ser ascetas como los primeros cristianos, por odio al mundo latino; y los espanoles, queriendo hacer sombria la doctrina de Cristo, en competencia con Lutero, dieron tambi6n en hacer del agua un ente sospechoso. Fu6 en este tiempo tenebroso cuando la Europa verti6 sobre las Indias Occidentales el pozo infecto de su poblaci6n. B. SAIN CANo. El senor Baldomero Sanin Cano es uno de los mas perspicaces y elegantes escritores de Colombia. Reside ahora en Londres, desde donde ha tenido la bondad de enviarnos este original y curioso articulo. Colabora mensualmente en la revista Hispania, de In capital britinica; y en ia Renista de Amtrien, por desgrneia hoy en suspenso, en otras valiosas publicaciones y en pr6logos y notas a varios libros-entre 6stos las Poeefns del gran Jose Asunei6n Silva-, presenta indudables pruebas de su talento y cultura. Periddicamente nos honrarA con sus trabajos, como corresponsal de CUBA CONTEMPORANEA en la grand metr6poli inglesa. 37

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LOS MUERTOS NOV ELA UE capricho o causa ignorada lo que impulse a dofia Emilia Gil a legar todo su capital para la fundaci6n y el sostenimiento de un hospital para leprosos? Como carecia de parientes, nadie tuvo interns en averiguarlo. Al mes de abrirse el testamento, mientras varias cuadrillas de albafliles transformaban un viejo caser6n solitario a medio camino del campo de maniobras, tres m6dicos se disputaban ya su direcci6n; y antes de cumplirse el aflo, el hospital hubiera podido funcionar a no faltarle un pequeflo detalle: los enfermos. No es que dejase de haber leprosos en aquella ciudad tropical; pero el vilipendio que siempre fu6 aparejado a esa triste dolencia, la riqueza, la despreocupacion del pals y el aspecto de enterrados en vida que desde la Edad Media tuvieron los lazarinos confinados en asilos, los ahuyentaban. Fue preciso, para encontrarlos, la batida incansable del albacea, del director y de los practicantes, temerosos de ver desvanecerse sus canonjias. Enfermos de primer grado nunca los hubo, y las salas perfectamente pertrechadas para el tratamiento progresivo de la lepra fueron envejeciendo y empaiandose sin que los espejos de sus estucos reflejaran la cara de ningnn enfermo. Tres ancianos mendigos ya carcomidos por el mal, un mozalbete medio idiota que merodeaba por los muelles y un campesino arrebatado, con engafio, de su misero huerto, fueron los

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LOS MUERTOS primeros en ingresar. Despues, muy poco a poco, legaron nuevos parias, que creyendo en la posibilidad de sanar se sometian al principio de buen grado, y al ver transcurrir esteriles los dias, se rebelaban, forzando al personal a vigilarlos como si fueran presos. Algunas tardes, cuando, por azar estando en el jardin, sentian el paso de un carro por el camino, para dar una valvula a su ira se ponian a gritar: "1 Eh... eh, el que pasa!... i Nos tienen aqui secuestrados; digalo en la ciudad! Y el carretonero, un poco temeroso, miraba a todas partes hasta tropezar con el alto muro pintado de gris, igual que el muro de un cementerio, tras del cual se alzaban las voces. Por previsi6n verdaderamente femenina de la fundadora, debia atenderse a los enfermos "con todos los adelantos de la Ciencia" y cualquier descuido comprobado bastaba para destituir al director y a todo el personal responsable, incluso al Albacea, si el Ayuntamiento estimaba por mayoria de votos que habia transgredido la voluntad de la testadora. Desde el dia en que el obispo de la ciudad roci6 con agua bendita las paredes, se entabl6 un duelo entre los concejales deseosos de acaparar aquella pingide administraci6n y el Albacea y sus empleados, que se defendian con las armas de la "profilaxia", las "f6rmulas nuevas" y el "tratamiento racional". Del extranjero llegaba cada dos o tres meses un alud de libros que, despues de amontonarse en arrinconados anaqueles, eran catalogados y abiertos en un solo dia, cuando cualquier confidencia hacia temer una visita de inspecci6n. Por eso en el regimen interior del hospital observAbase una disciplina nunca relajada, que hacia mas dura la existencia de los leprosos. Sus habitaciones-una galeria dormitorio, otra galeria de reunion, un sal6n comedor y tres cuartos mis-estaban aisladas de las del servicio. La monja jams entraba sino cubierta de un capuch6n protector, y desde el primer dia le pusieron el nombre de "El coco"; el m6dico, un joven de mirada dulce y distraida, siempre encapuchado tambi6n, se dedicaba ocultamente a la viviseccion; y como de tiempo en tiempo ojanse los gritos de los animales sobre que experimentaba, los leprosos, despu6s de haberle bautizado con el nombre de "El buzo", Lo confirmaron con el de "El verdugo". Una delacion, hay quien supone que lanzada desde las 39

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CUBA CONTEMPORANEA altas ventanas de la galeria y trasmitida por algnn viandante, promovi6 escandalo en la prensa y el m6dico fu6 sustituido; pero el nuevo doctor, como los otros que le sucedieron, se siguieron llamando asi. Al cabo de algunos afios, desaparecidos ya los primeros enfermos, nadie hubiera podido fijar el origen de aquellos motes; y se decia "El coco'' y "El verdugo", sin mofa y sin safia, naturahnente, como si fueran nombres propios. Nunca supieron las ocho o diez familias que se sostenian holgadamente en la ciudad a expensas del hospital de lazaros, las vicisitudes que tuvo la institucion hasta consolidarse, ni la mansa tristeza sobre que se sustentaba su bienestar. En epocas irregularmente repetidas era preciso al albacea emprender la caza de enfermos; una vez hubo en el asilo una rebeli6n, sin consecuencias segnn la nota oficial publicada, aunque un semanario, de esos que aun defendiendo la verdad se hacen antipaticos por el tono procaz, afirmo que el m6dico y dos practicantes habian tenido que defenderse de los leprosos con las armas, dispuestos a pasar sobre ellos para salir de aquella carcel. Desde entonces la vigilancia fu6 mas severa y un tupido alambrado cubri6 las ventanas. El jardin, antes limitado por las tapias exteriores, se redujo; y el portero, un hombre barbudo que temia tanto el contagio de los leprosos que casi los odiaba, tuvo la buena idea de no dejar salir a ninguno a las nuevas tapias del jardin, reservandose entre ellas y las antiguas una zona ancha imposible de franquear, que vigilaba con implacable celo. Al cabo s6lo quedaron en el hospital los enfermos incurables; pustulas vivientes que paseaban sus pobres almas prisioneras en la care misteriosa e irreparablemente lacerada, por la larga galeria de reunion en cuyo testero de honor el retrato de la fundadora, asomada a un marco de nogal, contemplaba con sonrisa equivoca la obra de su capricho o de su ignorada raz6n. Cuando de tarde en tarde habia ejercicios en el campo de maniobras, las caras purulentas se achataban contra los cristales para ver pasar a los soldados. En el rapido desfile, los leprosos percibian detalles cuyos comentarios prolongaban dias y dias, satisfechos de poder juzgar hechos vivos; y cuando el desfile, igual que una goma incapaz de estirarse ya por exceso de uso, no permitia mas comentarios, volvian melancolicamente a nutrir sus imaginacio40

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IOS MUIERTOS nes y sus necesidades eriticas de los hechos que publicaban los periddicos; hechos tan distantes, tan dificiles de imaginar con sus contornos y su pasi6n, que se les antojaban fantasmas de hechos, lo mismo que eran sus vidas fantasmas de vidas. Con los aios el retoque hecho al edificio se marchit6 y las paredes de la fachada se desconcharon, como si tambien la casa se hubiera contagiado de la terrible enfermedad. De regreso del jardin, los ojos, cansados de reflejar siempre los mismos horizontes, miraban desde la galeria alta el campo, que adquiria bajo la sedosidad violeta del crepnsculo ese aire desmayado que sigue a los grandes excesos; toda la exuberancia lujuriosa del dia, trocabase en fatiga a esa hora. El sol, antes de ahogarse en el mar, suscitaba rel6mpagos en las c npulas lejanas de la poblacion; un silencio donde naufragaban los ruidos pequelos, se tendia sobre el campo; en la brisa se mezelaban el yodo y el salitre del mar con olores desconocidos y con la fragancia de jardines que los pobres ojos de los prisioneros no podian ver; y al caer la noche, el haz luminoso del faro, trazando una inmensa circunferencia, pasaba a intervalos regulares por el cielo: dardo glorioso y fugitivo que los leprosos hubieran querido detener una noche, hacerlo entrar por las ventanas del dormitorio y alumbrarlo con su luz lunar en el instante en que "El coco", apagando las lamparas de gas, gritaba con desabrida voz: "; A dormir, a dormir .. Mafiana sera otro dia, si Dios quiere." II Pero Dios queria que el dia siguiente fuera lo mismo. Nada podia venir de fuera a modificar sus vidas, ni siquiera una desgracia; y los manantiales interiores estaban ya exhaustos. Por las mafianas, en cuanto conclula la limpieza y el medico pasaba la visita, "El coco", que era entonces una monja joven, de caracter jovial, dejaba caer sobre la mesa un periodico; y todas las veces, invariablemente, ocurria lo mismo: Remigio, dando con su manaza arrugada en el hombro de don Manuel, le decia: -Vamos, don Manuel, a saber del mundo. 41

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CUBA CONTEMPORANEA Menos los dos viejos, que, indiferentes, se quedaban sentados en el poyo de cualquier ventana, los demas segulan a don Manuel y a Remigio, y agrupando las sillas de hierro charolado en torno de la mesa, cada cual expresaba por d6nde debia comenzar la lectura: -A ver el articulo de fondo, decia Quico. -Primero los ecos de sociedad, pedia Samuel. -Los tribunales, los tribunales; hay que aprender de leyes, aconsejaba Juan. Y Antoiito, pasandose por la frente la mano casi carcomida, decia siempre el ultimo, con timidez: -Lo mejor seria el folletin. ..si quieren ustedes. Don Manuel se calaba las gafas de armadura antigua, cuidando de no lastimarse las llagas de las orejas, y respondia a todos: -De cualquier manera hemos de leer hasta los anuncios... Luego, con voz que se hacia un po0o asmfttica en los parrafos largos, comenzaba por una secci6n distinta a la primera leida el dia anterior; y asi, iba atendiendo las preferencias de todos, alternativamente. El estigma igualitario de la lepra y la comunidad de vida sedentaria, habian concluido por darles ciertas semejanzas fisicas. Todos eran gruesos, de andar torpe; y bajo el pelo, cortado al rape, s6lo el craneo puntiagudo de Quico se diferenciaba de los otros. Hubiera sido preciso fijarse mucho para distinguir los ojos pardos y maliciosos de Juan, los melancolicos de don Manuel, los azules y condos de Antoiito, que sugerian la idea de un cruzamiento de razas... Las llagas, las oscuras postillas, la care deformada, tendian a borrar las facciones, y, excepto los dos viejos, los demas aparentaban una edad indeterminada imposible de diferenciar. Antofiito, con sus dos piernas cercenadas por la lepra y el cuerpo preso en un caj6n que cuatro ruedas ayudaban a ir de un lado a otro, se pareeia sin embargo a Remigio, hercnleo, todo hecho una llaga, semejante a un titan castigado por Dios; el cuello demasiado ancho en la base y las manos finas de Samuel, contrastaban con las manos tuberculosas, en forma de garra, de Quico; don Manuel tenia el busto un 42

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LOS MUERTOS poco encorvado y los labios tumefactos y belfos; las comisuras de la boca de Juan hundianse dolorosamente, yendo a buscar las escr6fulas del cuello; las canas amarillentas de uno de los viejos contrastaban tambi6n con el craneo intonso del otro, y, a pesar de esto, las diferencias se anulaban por la multitud de semejanzas dolorosas; un vello blanquecino los cubria a todos; a primera vista hubiera sido dificil distinguirlos. La monja nueva, al entrar por primera vez en las galerias y sentir el hedor mezclado con olores desinfectantes, tuvo dentro de su capucha antis6ptica y dentro de sus tocas, en el coraz6n, una impresi6n de angustia hermana de la que produced paisajes dilatados y mon6tonos. Al salir y pensar en el cuadro de dolor que dejaba detras, no pudo recordar singularidades, ni siquiera el caj6n con ruedas de Antonito: pareciale que una plaga de ilceras, de gangrenas, de gusanos, de irremediable podredumbre, habia caido al acaso sobre los ocho hombres. Y comprendi6 de snbito la tristeza de aquellos seres que viniendo de caminos diversos habian concluido por parecerse, moldeados por un mismo dolor. Y sin embargo, ni aun alli la fuerza niveladora de la desdicha, ante quien hasta la forma material parecia haber cedido, lograba extirpar las diferencias espirituales: A Por que llamaban don Manuel al lector, en vez de tutearlo como hacian los demas entre si? IPor qu6 no siendo en el hospital mas que "otro leproso'", conservaba vestigios de una distincion cuya causa y magnitud ignoraban los mismos que se la conferian? Don Manuel no era orgulloso, jams trat de acentuar aquel respeto; pero, a diferencia de los demas que se habian contado innumerables veces sus historias, 6l callaba la suya, y jams, ni aun en las horas de confianza o exaltaci6n, aludia a hechos anteriores a su entrada en el hospital, como si su vida hubiera comenzado en las tapias que lo separaban del mundo, o como si, mejor ain, hubiera su verdadera vida terminado alli. Uno de los dos viejos, el mas antiguo en la casa, habia contado en secreto la llegada de don Manuel: asi como todos habian sido llevados por engafio o por fuerza, sabiendo con anticipaci6n los reclusos que iban a tener un nuevo compafiero, la llegada de don Manuel sorprendi6 a todos, incluso a "El coco", al practicante y a "El verdugo". Ingres6 una mahana, iba bien vestido; y durante algun 48

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CUBA CONTEMPORANEA tiempo el cartero llev6 cartas para dl. Como era la Onica vez que se habian recibido cartas en la casa, el viejo se acordaba detalladamente: las cartas llegaban los sabados al mediodia y venian en sobres azules... Pero un sabado la carta no llego y don Manuel, paseandose intranquilo por la galeria, acechaba todos los dias al cartero que pasaba de largo hacia el campamento. Transcurrieron dos semanas y la excitacion de dos Manuel era tan grande que tenia frecuentes arrebatos de locura; insultaba al cartero desde las ventanas, persigui6ndolo con sus denuestos de una en otra hasta verlo desaparecer, y por las noches rasgaban el silencio del dormitorio sus airadas voces amenazando de muerte a quienes le robaban sus cartas. Las fiebres le postraron largo tiempo; sufrio delirios que eran como insuficientes ventanas abiertas sobre un pasado cruel, y al volver de la enfermeria tenia ya en la mirada y en los ademanes aquella indiferencia, aquella renunciaci6n, aquella serenidad que le daba sobre todos los otros un aire superior. Porque los otros no habian renunciado: la ilusi6n aleteaba rebelde dentro de las miseras carnes carcomidas. Habia algo tristemente c6mico en la sordidez del viejo de las canas amarillas, que guardaba celosamente cosida a su jerg6n una moneda de oro, que acaso no circulaba ya... lemigio, con su cerebro abolido tal vez por las llagas del crAneo, habia llegado a pensar con el vientre, nnica parte libre de llagas en su cuerpo, y tenia de continuo hambre... Samuel no hubiera cambiado por nada su espejo y el jnbilo tumultuoso que le animaba cuando las pustulas de su cara, cual volcanes momentaneamente apagados, dejaban de supurar permiti6ndole creer que se encontraba guapo; era tambien pueril y triste. Samuel era el nnico que conservaba viva la sensualidad en el aislamiento y bajo el regimen austero de la casa; conocia de nombre a todas las damas y actrices citadas por los cronistas de salones, y en las noches de primavera, en suefios, las damas mas virtuosas y las actrices mas exigentes acudian a darle una limosna de amor al pobre leproso... Quico, el gran Quico, tan sano espiritualmente a pesar de su lepra, tenia el romanticismo de la patria: execraba o adoraba a los politicos al trav6s de las interesadas mentiras de los periodicos, y cada vez que algnn abogado, saltando en el trampO11

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LOS MUERTOS 1'n de la elocuencia, iba del bufete al Congreso, Quico lo acogia como a un "MesIas" de la cosa pnblica y aseguraba que "aquel si que iba a meter al pais en vereda"... Juan era el inconforme, el dIscolo, el que queria organizar una rebeli6n como la de antanio y escribir de continue quejas y denuncias; su espiritu malicioso permitiale sospechar los puntos vulnerables de la instituci6n, y con instinto de curial iba tramando suposiciones, guardando argumentos acopiados dispersamente de un periodico en otro, para aplicarlos al caso concreto del hospital; su venganza consistia en repetir al Terdugo una frase de Moliere, despectiva para los m6dicos y aprendida nadie sabia d6nde, y en decir blasfemias delante de la monja... El dulce Antonito hablaba tan poco, que hubiera sido dificil juzgarlo por sus palabras: era meticuloso, servicial, tierno; y pasaba largos ratos solo, mirando el cielo o el mar distantes; la realidad habiase mostrado tan dura con 61, que preferia interesarse por los seres de nuimera; los otros se burlaban porque, habiendose formado un mundo con los personages de los folletines leidos en tantos afros de reclusi6n, Antonito citaba sus palabras y hechos con cfndida seriedad, igual que si fueran de seres vivos. El otro viejo no era nada ya: care que se confortaba al sol y rezumaba los humores maligns; cuerpo que apenas gozaba del reposo del suemo, presintiendo el sueno interminable que pronto iba a regalarle la Muerte. Desde hacia muchos afnos vivian juntos y se sobrellevaban, se queran; si renian algunas veces, era mas bien por distraerse. La tarde en que la nueva hermana entr6 en el hospital, ocurri6 una disputa. Sor Eduvigis debia ser oven; no es que sus ojos relampagueantes tras la capueha, ni que su voz algo ceceante, ni la presteza de sus movimientos, permitieran asegurarlo; y a pesar de eso, por ese efluvio simpatico que se exbala de la juventud, al salir, despu6s que el doctor la present a los leprosos, la juventud de la monja fu lo Unico en que se pusieron de acuerdo. Don Manuel opinaba que la causa de la irritabilidad de las otras monjas anteriores, era la vejez, pues no se avenian a soportar sobre sus propios achaques los de sus enfermos; Juan afirm6 rotundo que la nueva hermana seria remolona y picajosa 45

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CUBA CONTEMPORANEA como la que acababa de irse, y Samuel sali6 a contradecirle afeandole el murmurar de ella sin haberla casi oldo hablar. -Tn tampoco la conoces y ya la defiendes, agreg6 Quico; eso de que nos cuidari como a hermanos, lo dicen todas: es un manifesto electoral. Hay que ver luego lo que da de si en el poder. Sin querer, Antoflito encon6 la disputa diciendo: -De todos modos Samuel tiene raz6n: mas vale suponerla buena. -La primera vez que entre aqui, va a oir misopiniones sobre toda la corte celestial, repuso ya rabioso Juan. -Th todo 1o arreglas con palabrotas, concluy6 Samuel. Las manos de garra de Quico se crisparon un poco; Samuel habia enrojecido y en torno a sus pn'stulas casi secas aparecieron de pronto amplificaciones moradas; Juan, apercibido en aetitud felina, clavaba en Quico y en Samuel sus miradas oblicuas y p6rfidas; don Manuel quiso calmar los Animos, y usando de su autoridad aconsej6: -Lo mejor es dejarse de camorras y esperar. Si nos formamos en un solo dia opinion, y riven ustedes y hacen luego las paces, habremos agotado lo nnico que el nuevo "Coco" puede darnos: un motivo para varias conversaciones. Con atribuirle buen o mal genio no vamos a mejorarla ni a empeorarla. Poco antes de la hora de comer volvi6 a entrar la monja, y con mucho donaire comenz6 a interrogar a todos y a interesarse por cada uno, preguntAndoles sus nombres, sus pueblos, la 6poca en que babian descubierto su enfermedad... Debian de haberle ya advertido que habia un antieristo en la casa, porque al preguntar a don Manuel y ver el silencio safiudo con que pagaba su interns, le dijo: -Ya s6, ya s6. ..Nunca es tarde para acercarse a Dios y yo estoy dispuesta a servirle de puente. i Que usted no quiere nada con santos, curas y monjas? Pues yo si con usted. Vera c6mo me tiene que dejar por impossible y resultamos buenos amigos. La equivocaci6n hizo reir a todos. Samuel no pudo contenerse mas y aclar6 senalando a Juan: -No es don Manuel quien se come los santos crudos, es 6ste. Hubo un silencio que parecia hecho a la medida para que 46

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LOS MUERTOS Juan colocara su ofrecida blasfemia, pero Juan se abstuvo y baj6 los ojos. La monja, dandose cuenta del circulo de simpatia que se agrandaba en torno de ella, sigui6: -Y para que vean que yo tambien necesito de ustedes, quiero empezar pidiendoles un favor; s6 que a todas las hermanas les laman "el coco", y yo, a la verdad... No es por prresunci6n ni vanidad, que el Senor me libre, pero una servidora no desearia ser para sus hermanos enfermos lo que un espantajo para los ninos. Aquello era tan inesperado, que hubo un silencio de estupor; despues de consultar a todos con la mirada, don Manuel pregunt6 en voz baja, molesto por oir eastanetear los dientes de Juan: -Usted nos dira cuil es su gracia, hermana. -El senor director To ha dicho: Sor Eduvigis. Samuel y Antonito repitieron: "Sor Eduvigis", "Sor Eduvigis". Quico lo dijo luego, y el nombre fu6 de boca en boca hasta ir a embotarse en el rinc6n donde rezongaban los dos viejos. -z Verdad que es usted joven, sor?, dijo Samuel ruborizindose. -Asi asi... -No lega usted a los treinta, eso se ve. -Que Dios le conserve la vista... Si soy joven, mas afnos tendr6 para servir a Dios... Ea, a comer. Mainana voy a traerles libros para que se distraiga el que quiera. Por la noche, en el dormitorio, se comentaron de cama en cama las amabilidades de la nueva sor, y se decidi6 solemnemente no llamarla "El coco". Exaltandose con la esperanza de recibir un poco de afecto y de cuidado espiritual, la adoraban ya y le atribufan las cualidades que cada cual estimaba melores: -Ahora vamos a comer bien, decia Remigio. -Ha dicho que va a traernos libros: serin novelas. -Tan joven y ya metida entree nosotros! Sabe Dios qu6 desenganos... overdad? -i Tiene una voz que me recuerda a!. ..Era don Manuel quien habia hablado, y todos se detuvieron esperando en vano 47

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CUBA CONTEMPORANEA que la evocaci6n se completara; despuks, Samuel no pudo dejar de decir: -Y debe de ser bonita; tiene que serlo. Juan, que los oia furioso en silencio, se puso a roncar para que lo creyeran dormido. III Por desgracia la biblioteca de Sor Eduvigis se agot6 pronto, y el tedio, expulsado durante unos dias, volvi6. Por otra parte, aquellas lecturas no eran agradables a los leprosos. j En que iba a disminuir sus penas el saber que la hermana de Mois6s fu6 la primera castigada por Jehova con el azote de le lepra? Job, Naaman, Epul6n, LAzaro, pasaban por sus imaginaciones sin abrir las fuentes de la ternura y del consuelo, como dolores demasiado lejanos, casi fabulosos. La idea de que la dolencia que los abrasaba era. un castigo, produciales un sentimiento de protesta; hubieran preferido la lepra interior, de que hablan las Escrituras; y no teniendo faltas horrendas que reprocharse, consideraban injusto que otros pasearan gozosos la care sin macula. Unas veces sor Eduvigis les contaba c6mo en la Edad Media, al aislar a los leprosos en chozas situadas lejos de los poblados, echaban sobre el techo de sus nuevas viviendas un poco de tierra del cementerio: simbolo cruel de que acababan de morir; describiales las ceremonias que precedian al aislamiento, el triste son de la campanilla que anunciaba a los que venian a arrebatarlo a los suyos, la capucha negra con que cubrian la faz del lazarino, hasta el desesperado y at6nito mirar del infe]iz, obstinado tal vez en fijar en su retina la images de la sociedad que to repudiaba; y al fin, en contraste con la medida implacable de las autoridades civiles, les recitaba las conmovedoras palabras de la iglesia: "Sic mortuus mundos, vivas interuin Deo'". Otras veces les leia, antes de la hora de recogerse, el martirologio de los consagrados a aliviar el mal: San Francisco de Borja, San Pedro Claver, Santa Isabel de Hungria, Santa Catalina de Sena... Y a pesar de esta solicitud, las leeturas de la hermana no eran simpaticas: ni siquiera Antofiito acendraba la micl espiritual de sacrifieio de aquellas vidas con48

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LOS MUERTOS sagradas a sus hermanos de podredumbre. El Duque de Gandia, desolado ante el f6retro donde los gusanos mostribanle su amor convertido en carrofia, le interesaba mas que San Francisco; y las mansas heroicidades del padre Damian o del reverendo Beyzin, le impresionaban menos que las leyendas de San Julian el hospitalario, que la caridad sublime del Cid quitandose el guantelete para estrechar la mano de un leproso. En su entusiasmo caritativo, la monja no lograba explicarse el desvio con que sus lecturas eran escuchadas; donde ella gustaba poesia, abnegaci6n, veian ellos nnicamente un trasunto de sus lacerias; todo cuanto tratara de la lepra, estaba demasiado dentro de ellos; y preferian a las lecturas misticas la del periodico: eco de la vida sana y multiple de que estaban para siempre expulsados. Mas, habia una cosa que les hacia desear las lecturas de Sor Eduvigis: su presencia. La primera vez que, para leer, se quitP la capucha, advirti6ndoles que no lo dijeran al m6dico ni al practicante, una emoci6n de curiosidad, de oscura gratitud, paraliz6 a todos. El mismo Samuel tuvo que reconocer que Sor Eduvigis no era bonita; y sin embargo... El 6valo de la cara, espiritualizado por la toca, hubi6rales parecido lacio, casi sin vida, a no ser por la luz con que lo iluminaban los puros ojos infantiles: ojos sin sexo, castos como el agua, que copiaban una de esas almas a quienes hay que querer con el alma, sin intervenci6n de ningnn sentido. Hasta los dos viejos apartados del grupo, cesaron de rumiar sus inconformidades y volvieron hacia ella sus rostros. ; Hacia tantos anos que no veian una cara de persona sana cerca de ellos Al dia siguiente don Manuel le pidi6 en nombre de todos que no volviera a quitarse la capucha... "Ellos lo agradecian, lo agradecian con toda el alma, pero... Habia m6dicos que aseguraban que no era contagioso, pero... Serian ann mas desgraciados si por un exceso de bondad, por no cenirse a las instrucciones de "El verdugo" y del practicante, se enfermaba del mismo mal que ellos". Al oirlo, un escalofrio agit6 las tocas de Sor Eduvigis, mas la voluntad y el coraz6n se sobrepusieron al instinto y bajo los ojos infantiles entreabriose la boca, sonriendo. -Ojala pudiera haber en esta casa menos ciencia y mias religi6n; aqui la caridad toma demasiadas precauciones; no es mur49

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CUBA CONTEMPORANEA murar, que Dios me libre... Si quieren que seamos buenos amigos, d6jenme con mi capucha quitada y no hablen de eso. Fueron dos meses dulces; hasta el mismo Juan to reconocia. Nunca bubo en la casa aquel sosiego; las cosas se hacian en apariencia como siempre: la misma limpieza, la misma alimentaci6n, el mismo m6todo inexorable; pero el espiritualismo que Sor Eduvigis sabja infundir a las laborers mas prosaicas, hacianlas leves, dignas. Aun cuando el destino, tal vez para no acostumbrar mal a los leprosos, quiso en compensaci6n de este bienestar que sus dolencias se agravaran, ellos estaban contentos, contentos. Ya Remigio no hallaba mal todas las comidas ni paseaba como fiera enjaulada cuando granos purulentos le nacian debajo de la lengua, impidiendole hablar y comer; la oreja derecha de Quico habia comenzado a desprenderse y una de las ulceras de Samuel, al cicatrizar, habiale formado un desnivel profundo en la cara. El hedor era mfs repugnante en la galeria. Antonito no decialo a nadie, pero la piel de sus manos se tornaba rugosa, como si los miembros se ealcinaran o se desmoronaran dentro de ella: ly era el mismo ardor que habia sentido un afio antes de que la lepra hubiera empezado a robarselos pedazo a pedazo en aquellos pies con los que hubiera anhelado correr tantos casinos! Los dos viejos desaparecian bajo los vendajes; las postemas del del craneo rapado segregaban con el calor gotas de pus, y en cuanto Sor Eduvigis lo descuidaba un momento para atender a otro cualquiera, las gotas se juntaban, cafan en un hilo viscoso a Jo largo del cuello, y habia siempre una mosca tenaz cosquilleandolo, mortificandolo. Por eso, aunque les disgustaba oirla leer, no se atrevian a insinuarle el gusto con que escucharian otras lecturas, y se resarcian vi6ndola, arrullandose con las cadencias de su voz, tratando de olvidar el sentido. Al Ilegar el viernes santo, no sintieron como otros afios el inmenso vaclo que dejaba en el dia la falta del periodico; y las horas en que se paseaban sin saber qu6 bacer gustando, a costa de sentirse ann mas desventurados, el romper un dia la monotonia de sus costumbres, Sor Eduvigis supo hacerlas livianas con su charla; Juan no exigi6 care segun su costumbre, ni Remigio se permiti6 sobre la comida de vigilia las cuchufiletas que incomodaban a las otras monjas. Para cada 50

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LOS MUERTOS uno tenia Sor Eduvigis un cuidado especial, una palabra evocadora quo iba a despertar ideas dulces y frescas dormidas en el alma. Samuel aseguraba: "Es la mujer mas buena del mundo", y Juan: "Psta si que es una santa y no los mamarrachos que ponen en los altares"; Antoiiito decia que era como si hubieran puesto una fuente en la galeria, y esta idea tan abstracta encerraba algo del pensamiento de todos. Por las mafanas, en vez de aferrarse al suemo como antes, se despertaban antes de que ella entrara a llamarlos, para no dejarla de ver ni un momento. Pero de sibito aquel par6ntesis de dulzura volvi6 a cerrarse. S Qu6. habia ocurrido ? a Por qu6 al ardor caritativo de los primeros dias, al deseo de estar siempre con ellos, sucedia un acelerado entrar y salir? sQu6 le habian hecho para que rehuyera hablarles y no se quedara ya a mortificarlos gratamente con aquellas lecturas que ahora echaban tanto de menos? Un sombrio marasmo tendiose sobre la galeria. Al verla llegar solo en los momentos precisos, recordaban las platicas inflamadas de celo; y sus llagas, al sentir el alivio de los cuidados materiales, hacianles notar la falta de aquel anhelo fervoroso-balsamo del alma-con que trataba de sustituir la mansedumbre y la resignaci6n por una alegria sana, pura, pristina luz del espiritu libre de las preocupaciones de la care. En vano se mostraban sumisos, facilitandole sus labores: cada vez sus entradas eran mas rapidas y, al traves de la capucha que ahora eubria siempre la cabeza, ninguno podia adivinar la angustia de la monja, nostalgica tambian de la comunidad antihigienica y caritativa de antes. ; Ella, que habia sonado con captar para Dios el alma de Antonito, en apartarlo de los folletines y aprovechar las ascuas do sn imaginaci6n para quemar en ellas el sagrado incienso de la fe! Todas las tardes, a la hora en que acostumbraba a leerles vidas de santos y pasajes de la Biblia, las miradas convergian bacia la puerta por donde Sor Eduvigis podia venir; no se decian nada con los labios, pero los ojos repetian de uno en otro la misma interrogaci6n: b Vendra hoy? Cuando la luz comenzaba a menguar, Remigio se alzaba de su asiento y a grandes pasos recorria la sala, refunfuilando que cada vez era mas tarde la comida; los otros aun permanecian un rato sin 51

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CUBA CONTEMPORANEA hablar, ensimismados, hoscos. Los viejos rezongaban en su rincon y Antoiiito pedia a Quico que subiera su carrito al quicio de una de las ventanas, desde donde, empinAndose, vela a Lo lejos, hacia el lado del mar, los mastiles de los navios fondeados en el puerto, y hacia el otro lado el camino de humo que un tren iba trazando sobre el verdor ya sombrio del campo: y aquel camino y aquellos mastiles le sugerian ideas de aventuras, y sus pobres mufiones se agitaban sobre la tabla del carrito, como queriendo estirarse, hacerse piernas otra vez, llevarlo por el mundo... Una tarde, al fin, en esa hora del crepnsculo en que las almas parecen mas agudas, los leprosos exteriorizaron su dolor. Don Manuel manifesto de pronto su temor de que alguno hubiera dicho algo desagradable a Sor Eduvigis, y como todos estaban pensando en lo mismo, la conversaci6n no pareci6 iniciarse sino continuar. Ya dos o tres veces Juan habia sentido sobre si el mirar acusador de Quico; ahora, incitado por la idea de don Manuel, Remigio lo acusaba concretamente: -Eso ya me lo vela venir yo. -Le liabras soltado alguna palabrota de las tuyas. -La culpa tenia que caer sobre mi, claro... Demasiado saben todos que ni siquiera hablo cuando entra, para no dar pretexto... Mas valia no echar culpas a nadie y pensar que ella no est leprosa como nosotros, que es joven, que el entusiasmo de los primeros dias no podia durar; eso es. -Quizas tenga raz6n, dijo don Manuel. Y Quico, con su voz cavernosa: -Eso es como un politico que entra prometiendo, prometiendo, y luego hace igual que los otros. Los animos parecian haberse apaciguado y el silencio sobrevino otra vez; cada uno prolongaba en 61 sus opiniones, atri.buvendo el desvio de Sor Eduvigis a alguna indiscreci6n o chisme de otro. Pero, o de qui6n? S6lo Samuel se imputaba, con conmovedora vanidad, las miradas amorosas, las palabras vulgares, pero benchidas de elogio sensual a la hermana... tLas habria notado y era esa la causa del desvfo? No se daba 6l mismo cuenta de que la lepra ponia sobre su exuberancia de lascivo un pudor que embotaba las intenciones y alejaba en quienes le ofan 52

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LOS MUERTOS toda sospecha. Samuel, constrefido a un espiritualismo carnal, tenia necesidad de estar enamorado: primero lo estuvo de una mujer que todas las tardes pasaba por el camino con una cesta; la distancia le borraba las facciones, y sin embargo 61 las contemplaba, las perfeccionaba; y cuando un dia la mujer, sabe Dios por que, dej6 de pasar, Samuel sufri6 y tuvo en su mente reproches contra la quim6rica ingratitud. Esa herida cicatriz6 en su alma mas pronto que las llagas de su rostro, y nuevas floraciones dieron aroma de pasi6n a su ser: se enamor6 de una dama aristocratica cuya belleza y distincion alababan mucho los periodicos; la seguia, al trav6s de las cr6nicas de salones, a bailes, a fiestas; y con esa injusticia de los hombres, que ha merecido el nombre grafico de ley del embudo, le era infiel cuando sus veleidades sensuales lo impelian con otras damas tan desconocidas como ella, tan incorp6reas para 61 como ella... Tal vez esas damas sintieron alguna noche, en el hondo silencio, el fantasma de una caricia vagar por su care, y creyeron sonar sin saber por qu6, sin saber con qui6n, sin saber que era la fuerza de un deseo lejano quien las acariciaba... Ahora una nueva llama, mas palpable, amenazaba asolar el huerto de las pasiones de quimera: por ley fatal Samuel se enamor6 de Sor Eduvigis, y como 61 sentiase abrasado, le era inconcebible que la que tal incendio producia pudiera pasar junto a 61 friamente, sin advertirlo. Por eso en el silencio pensativo de todos, s6lo el pensamiento de Samuel era temeroso, acusador y un poco halagador tambien. I Habria notado Sor Eduvigis?... Desde lo alto de su atalaya Antoito contest a la muda interrogaci6n de todos: -No, no es por nada de eso..,. Yo tengo la seguridad de que hay algo oculto en que nadie ha pensado. Todos se levantaron y fueron hacia la ventana casi col6ricos, exigiendo que Antofito aclarara el misterio que parecia esbozar: --j Es que t sabes algo? -No, no. -Si; t sabes algo, no lo niegues. -Hay que decirlo -Es un presentimiento, lo juro. Una excitaci6n de locura turbaba a todos. Remigio, haciendo un esfuerzo que hizo asomar a las cicatrices de su cara una san53

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54 CUBA CONTEMPORANEA gre morada, casi negra, cogi6 con las dos manos el carrito del invlido y lo alz6 amenazadoramente: -i Di lo que sabes o te estrello Antonito clamaba entre protestas de ignorancia. De pronto, cambiando su expresion de terror por otra exasperada, exclam6: -i Tirame de una vez, fuerte, contra el quicio! Ojala que .. Uno de los viejos murmur6: -Dejalo, o que ha de saber el pobre? El otro viejo ni siquiera se habia movido: inmovil bajo sus costras ennegrecidas, no ofa ya las voces del mundo. El grupo se deshizo; una rifaga que vino del mar, devolvi6 la calma perdida. Remigio, despu6s de colocar dulcemente el carrito en tierra, puso su manaza en el hombro de Antonito y le dijo con su voz adusta, enternecida: -Delante de todos te pido perd6n, Antonito... Tn sabes lo bruto que soy. Antonito tuvo que dominarse para no llorar: sentiase orgulloso, feliz... i aquello era casi una aventura! En la conciencia de todos habia ya surgido la certeza de que el invalido no sabia nada, y Quico, para concluir con el malestar de la escena, propuso : -Hay que saber lo que tiene la monja, y lo inejor es preguntarselo. Como siempre, fu6 don Manuel el comisionado para hablar en nombre de todos. Cada vez que entraba la hermana, un silencio expectante surgia y vefan inclinarse a don Manuel, remover sus labios tumefactos... pero la monja volvia a marcharse sin que las palabras hubieran sido dichas, y ninguno osaba reprochar la sentimental cortedad. Una manana, a la hora de la cura, como Sor Eduvigis se quitara con impreineditaci6n uno de los guantes de goma, para hacer mejor un vendaje, el practicante le advirti6: -Recuerde usted que el doctor no quiere mimos ni tonterias; esto no es un asilo, sino un hospital, y hay que hacer las curas como manda la ciencia. -Bien, bien... cualquiera tiene una ligereza, cristiano. -Dar6 parte al director ; es mi deber.

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LOS MUERTOS Fu6 Quico quien oy6 este escarceo y lo cont6 en seguida a los demas. Por la noche, al entrar la hermana, don Manuel le habl6 al fin: -Nosotros quisieramos disculparnos con usted, Sor Eduvigis, por haber pensado que estaba cansada de ser buena con nosotros; y hemos sabido que no es usted, sino... Los otros no pudieron ya contenerse y empez6 el rosario de lamentaciones y amenazas: -Es el practicante y "El verdugo" que no quieren que se nos trate bien. -Nosotros fuimos los primeros en decirle que no se quitara la capucha. -Un dia voy a coger yo por el cuello al practicante y... -Calle, por Dios. -Ya decia yo que usted no podia ser igual que las otras. -Tienen miedo de que nos insubordinemos y haya aqui un plante como ya hubo una vez. -Si usted quisiera llevar una denuncia que yo escribiera a los periddicos... Tras de la capucha los ojos at6nitos de la monja veian las caras hostiles de los leprosos, y no sabia qu6 decirles. Poco a poco se iba retirando hacia la puerta. De pronto, como si hubiera hallado la puerta por donde escapar a la indignaci6n afectuosa de su rebano, dijo: -Por charlatanes no saben an una cosa importante... D6jese usted de protestas, hermano Juan... I Se calla? Pues oigan y alegrense: Maiana tendran a un nuevo companero que el Sefnor les envia. Un nino: tiene siete anos y se llama Ram6n. IV Ram6n lleg6 por la maiiana; era enteco, apenas si representaba seis anos; entro de la mano de Sor Eduvigis, que lo present6 a todos. En el primer momento la acogida fu6 silenciosa: temian exacerbar la extraneza y el dolor del nino, y casi no se atrevian a acercarse a 61. Ram6n los miraba con recelo, sorprendido de que su calvario concluyera alli. En las pantorrillas sarmentosas vefanse ya las huellas del mal, y en la barbilla un 55

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CUBA CONTEMPORINEA grano le supuraba constantemente. Tenia la cabeza desproporcionada, grandisima: al inclinarla parecia que el cuello, harto fino, iba a quebrarse, y esto hubiera sido grotesco a no ser tan triste. Poco a poco empezaron a hablarle; 61 respondia despacio, muy serio, fijandose mucho en las palabras, temeroso de decir algo inoportuno. Durante todo el dia oprimi6 contra el pecho, con aire obstinado, un carrito de hoja de lata que le regalo Sor Eduvigis; pero por la tarde, cuando el sol dej6 de alumbrar la galeria y las sombras, naciendo en los rincones, empezaron a echar hacia fuera la claridad azulosa del crepfsculo, el nio solt6 el juguete y rompio a llorar; fu6 est6ril que aquellos hombres olvidados de su propia desdicha se arrodillaran para consolar mejor el desaliento del nino... Remigio le prometi6 que 61 pediria herramientas y le baria un carro mas grande ; fueron inutiles todos los cuidados, todas las reflexiones. El viejo de las canas amarillas fu6 a su colch6n y trajo con misterio la moneda de oro, dici6ndole que al dia siguiente iban a gastarla integra en juguetes. Ram6n lloraba sin consuelo, con la oscura conciencia de qie por muchos juguetes que le dieran no podrian resarcirlo de los dos juguetes vivificadores que acababan de arrancarle para siempre: el sol y la distancia; y ellos rebuscaban en sus almas las mejores palabras de ternura, palabras casi maternales; don Manuel le llamaba Ramoncito; el viejo, "mi nieto", y Remigio y Quico, "rapaz". Cuando despu6s de la cena el sueno lo venci6, rodearon sigilosos su cama. El nifio respiraba blandamente ; a ratos se percibia en su respiracion un olor nauseabundo; sobre los parpados los caminitos de las venas corrian abultados. Juan inicio los comentarios en voz baja: -Mas le valia no despertar nunca! -[ Sabe Dios de d6nde vendrs y lo que tendrs ya sufrido! -Desde hoy ya tenemos por qui6n mirar. -Y desde hoy nada de llamarle Antofnito a 6ste; aqui no hay mars Ramoncito que el niio. -Si, si... Al otro dia el viejo entreg6 a Sor Eduvigis la moneda de oro, y la galeria se pobl6 de animales de carton, de carros, de autom6viles, de barquitos. Samuel y el invalido eran sus pre66

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LOS MUERTOS feridos. A medida que adquiria confianza, contaba su vida: venia de una ciudad del interior, en donde estuvo en un asilo; cuando le preguntaban cuantos anos, abria mucho los ojos y quedaba indeciso, esforzAndose por precisar sus recuerdos; mas sus recuerdos se amortiguaban hasta confundirse con imaginaciones irreales, y las figuras de los padres que lo habian expulsado negandole el nombre, y la tibieza familiar, adquirian formas tan flotantes, tan inciertas, que no osaba hablar de ellos. Un dia, en el asilo, le salieron unos granitos en la barba, y como no se le cerraban a pesar de las curas, lo pusieron en observaci6n; varios m6dicos fueron a verlo y discutian ante su cama; despu6s, sin dejarlo despedir de sus compaferos, lo llevaron a la estacion y alli lo entregaron al practicante... Todo esto lo fueron sabiendo poco a poco, desentraiandolo de los relatos inconexos. En los primeros dias el entusiasmo por servir a Ram6n era tal, que se originaban disputas; el viejo creia haber comprado con su oro ]a predilecci6n del niio, y al ver que 6ste preferia a todos los juguetes arrastrar a Antoiito en su carro, se imeomodaba; Antonito era, por virtud de la fantasia infantil, tan pronto caballo como automovil o trend, y las ventanas eran estaciones ante las cuales Antonito lanzaba repentinos silbidos que asustaban al nino y hacian reir a todos. Quico y Remigio se ponian a andar a gatas para que Ram6n cabalgara sobre ellos; pero la novedad s6lo lo atrafa un rato: despu6s volvia a sus juegos predilectos. S6lo a Samuel le mostraba antipatfa, porque 6ste le preguntaba a solas por su madre, hostigando su memoria, obligandole casi a recordarla: y sin poder explicarse por que, aquello hacia sufrir a Ram6n... Ni una vez entraba Sor Eduvigis que no los hallara jugando: don Manuel era el encargado de contar cuentos, Remigio lo paseaba sobre los hombros, Quico lo llevaba a horcajadas sobre las espaldas, saltando y piafando como un caballo, Juan le proponia acertijos... Y sor Eduvigis bendecia la llegada del nino que apartaba de ella la atenci6n. A veces Ram6n preguntaba cosas dificiles de contestar, curioso del por qu6 de todo, acorralando de pregunta en pregunta a don Manuel, que era quien mejor le respondia, hasta obligarlo a un: "Eso si que no s6 decirtelo, hijo''. Una tarde, durante la cena, pregunt6: 57

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CUBA CONTEMPORANEA & Aqui en esta tierra nunca es domingo? -SI, pasado maiiana, dijo Juan. Entonces se puso a palmotear de alegria, gritando: -i Qu6 bien, qu6 bien... Van a sacarnos de paseo como alli! La inocencia y el sarcasmo de aquella alegria cayeron sobre el alma de todos. 1 Salir de paseo! No, nunca mas vera otras paredes, respiraria otro aire ni vera otro horizonte; era peor quo el preso, que se engaia con la esperanza de que los dias que faltan para cumplir su condena serin mis cortos que los que pasaron. A C6mo decirle esto a Ram6n? Habria que fingir un nuevo calendario donde el domingo se fuese alejando, alejando indefinidamente, hasta el dia en que cara al cielo, bajo las tablas del atand, saliese a pasear el cuerpo rigido, mientras el alma cansada de haberlo soportado tantos afios fuera delante posfndose en las flores, recibiendo el beso de las brisas, queriendo prolongar sus alas para abrazar al mismo tiempo todas las cosas... "Nunca mas, nunca mis"; estas dos palabras adquirian en la conciencia de los leprosos su infinito sentido negativo... "1 Nunca mas !'" Y no se atrevian a mirar a Ram6n, asustados de que pudiera leer en sus ojos. Ni siquiera Remigio comi6 con apetito aquella noche. Con el paso de los dias el casino a Ramon fu6 serenndose y los antiguos habitos volvieron. La monja, algo olvidada, ocup6 otra vez el primer piano de la atenci6n. Nada podia resarcirlos de los cuidados, de la intimidad, del afecto perdidos. En el fondo, sentian respecto al niflo un dejo de decepci6n: no es que lo quisieran menos, casi al contrario: es que tambi6n Ramoncito lleg6 a adquirir la patina sepulcral, a perder el atractivo misterioso de cuanto venia de fuera, del mundo. Ram6n era su mismo dolor en care infantile, y no podia sustraerse al magnetismo de los que cada dia aportibanles un renuevo de lo imposible. La hermana, "El verdugo", el practicante mismo, el portero a quien vejan de tarde en tarde pasar medroso por el jardin, eran puentes que unian las riberas de la muerte con las de la vida; en sus voces notaban los leprosos algo fragante, sus ojos tenian para ellos la luminosa limpidez que les daba el reflejar otras perspectivas, y en sus ropas, cuando entraban en la galeria o en el dormitorio, venia adherido un polvo impalpa58

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LOS MUERTOS ble de ventura que estimulaba los sentidos y sugeria visiones de las seducciones del mundo. Otra vez volvi6 a ser la lectura del periodico el eje espiritual del dia. Ram6n escuchaba leer callado, esforzfndose en comprender, en interesarse. Finalizaba entonces la primavera y el campo salpicado de puntos amarillos ondulaba a la menor r'faga; a lo lejos un molino de viento giraba loco; hacia el campo de maniobras vetanse en los dias muy diifanos flamear banderas. Ram6n tard6 algunas semanas en conocer aquellos accidentes del paisaje y en agotar el placer de contemplarlos. Sabia de memoria que a las doce la franja de sol que entraba por la tercer ventana, llegaba hasta un nudo de la puerta del dormitorio; ningin reloj mejor que su tedio para medir la hora de las comidas, la de las curas, las catorce horas interminables e iguales que pasaba cada dia despierto; lleg6 a apreciar con exactitud la relaei6n de tiempo centre cosas intermitentes, y cuando, manchado el cielo muy c6ncavo y muy azul, veia pasar una nube negra, ponIase igual que los otros leprosos a desear la lluvia, esa lluvia del tr6pico, que empieza con gruesas gotas tibias, cae despu6s en torrent corto tiempo y deja la atm6sfera transparente, pura. Los huesos de Quico y la nariz de Samuel eran los mejores barbmetros: dos o tres dias antes de cada aguacero, Quico se quejaba, y en cuanto la tierra esponjabase con las primeras gotas, Samuel aspiraba con delectacion, casi con lujuria, el olor hnmedo... Todo esto iba observandolo Ram6n y forjandose distracciones, pero al cabo tuvo que aguzar el entendimiento para suplir con incidents espirituales los que la vida dinamica no le podia dar. La tarde en que don Manuel, sin poder resistir mas en pie los latidos de una nueva filcera abierta en el cuello, pidi6 que lo llevaran a la enfermeria, fu6 de gran emoei6n; parecia mentira el vacio que un solo cuerpo dejaba entre ellos; antes de coiner se pusieron a comentar el suceso. v Iria don Manuel a morirse ? No; Quico aseguraba en voz baja, para no ser oido por el viejo de la cabeza carcomida, que las costras de don Manuel no se habian ann puesto negras, y que por lo tanto... A la maiana siguiente Sor Eduvigis les dijo que el enfermo segufa mejor, y todos se levantaron presurosos, contentos, porque un incident se 59

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60 CUBA CONTEMPORANEA avecinaba. L Qui6n leeria el periodico? La silla de don Manuel estaba, como todos los dias, junto a la mesa y el periodico encima; hubo un instante de indecision y Quico 1o rompi6, audaz: -Leer6 yo. Voy a empezar por el articulo de fondo. Pero su voz era demasiado pastosa, y unas veces por graduar mal la respiraci6n, otras por tergiversar las comas o tartamudear las palabras, los demos no lo entendian bien. A1 mismo lo comprendi6 en seguida y, tendiendo a Antonito el peri6dico, dijo modestamente: -Lee to; uno se cree que sabe leer y luego no sabe... Aqui no nos olvidamos de hablar, por milagro de Dios... Anda, te voy a poner encima de la mesa para que est6s como en una tribuna del Congreso. Con sus manos enormes coloco sobre la mesa al invalido; Antonito tuvo la cortesia de ofrecer el periodico a Juan, pero Juan rehus6; y emocionado, empez6 a leer muy despaeio, muy bien, demasiado bien, poniendo toda su alma en juntar las silabas. En la enfermeria pudo don Manuel darse cuenta de la hostilidad con que el practicante y "El verdugo" trataban a Sor Eduvigis. Muchas veces, crey6ndolo dormido, el practicante reprochaba a la monja el haber pedido en el boletin religioso de la dioeesis libros para los leprosos; segnn 61, aquello era "gana de atraer la atenci6n sobre el hospital, gana de dar importancia a los servicios que en otros pauses mas civilizados prestaban sin tanta prosopopeya enfermeras laicas". La monja le contestaba bondadosamente, pagando a lo mias con reticencias de ir6nica suavidad los insultos. Mas de una vez sinti6 don Manuel ganas de levantarse y golpear a aquel hombre. El m6dico, mas discreto, haciase tambi6n solidario de la desaprobaci6n de su subalterno, pero jams decia nada y trataba a la monja con una cortesia estricta; hablaba con el practicante del "morbus fenicius" o del bacilo de Hansen, y, para molestar a la monja, aludia desdefosamente a la medicine casera o a la caridad mal entendida de los hospitales administrados por religiosas. Cuando la hermana se quedaba a solas con don Manuel, trataba de quitarle importancia a aquella guerra. Si hubiera sido Quico, si hubieran sido Remigio o Juan, Sor Eduvigis no hubiera mostrado des-

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LOS MUERTOS fallecimiento, pero don Manuel, cada vez que ella le decia: "El dia que yo vaya a ver a la senora del albacea, que dicen que es tan caritativa, todo se arreglarA", admitia en silencio sus palabras de falso optimismo y la miraba a lo hondo de los ojos, con tal melancolia, con tal comprensi6n, que la monja sentia descubiertas las decepciones de su alma: y hlubiese querido contarle su prop6sito de irse a otro hospital "menos adelantado" en donde poder ejercer, como la beata Angela de Foligno, su mision de hermana de los lazarinos. La tarde en que entr6 vestida con su iabito de calle y le dijo que iba a llevar unos encargos a la ciudad, 61 comprendi6 en seguida. Nunca la impaciencia alarg6 tanto las horas: don Manuel pensaba en los dos viejos, en Quico, en Antofito, en Juan, en Remigio, en el infeliz Ram6n: 1 Qu6 ajenos estarian de que en casa del albacea iba a desvanecerse o a consolidarse aquella tarde el poco de felicidad que aun podia otorgarles el mundo! La monja tardaba, tardaba... h Tocaria el acento f6rvido de Sor Eduvigis el coraz6n de aquella senora, filantropica profesional que devolvia en cierto modo al hospital parte de lo que sacaba su marido, enviando hecha hilas la lujosa ropa blanca de desecho? Durante algnn tiempo don Manuel tuvo esperanza: si, Sor Eduvigis sabria lograr que le permitieran leer por las tardes a los enfermos, quitarse la capucha, tratarlos menos rigidamente. De pronto, como si el rayo de sol que iba a besar el crucifijo clavado en la pared, se llevara al irse sus ilusiones, tuvo la certeza de que la hermana iba a fracasar. Al oirla, no tuvo necesidad de mirar el desaliento en sus ojos para comprender; la hermana nada dijo; 61 se torturaba buscando una manera de preguntarle al concluir la guardia del practicante y relevarlo ella; 61 musit6 sin alzar la vista, con voz tr6mula por la ansiedad: -Qu6, Ise nos va usted por fin, hermana? -Si; no hay mas remedio; es mejor. Fue a decir algo mafs, pero la voz se le estrangul6 y se hizo tn sollozo; en vano la voluntad queria avasallar al dolor: nuevos sollozos se escapaban. largos, saturados de consuelo. Incorporado en la cama, don Manuel le decia tumultuosamente frases alentadoras y con Iucidez dolorosa se daba cuenta del contrasentido de que 61 pudiera consolar a nadie. Al cabo, la monja 61

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CUBA CONTEMPORANEA susurr6 la confidencia; hablaba muy despacio, diriase que recapitulaba la escena para sI misma en vez de narrarla para otro: -Me han dicho casi claramente que me vaya, que lo que yo quiero hacer aqui es perjudicial para ustedes mismos, por apartarlos del regimen a que ya estan acostumbrados... i Qu6 se yo En cuanto llegu6, la sefiora hizo una sena a la criada y en seguida acudi6 el albacea; que Dios me perdone, pero no hay quien me quite de la cabeza que me esperaban. De nada me sirvi6 decirle que estaba dispuesta a firmar no salir nunca del hospital y quedarme para siempre entre ustedes, como otra entferma. Me echan casi, ya ve usted... Pero lo han de hacer claramente. Desde hoy vuelvo a hacer la vida de antes, y que se quejen, como me han dado a entender con indirectas... Yo tambi6n escribir6 a la superiora y al Sr. Obispo. Con decision se quit6 la capucha y los guantes. Su energia de mujer joven se rebelaba. El practicante entr6 a husmear, y su sorpresa al ver contravenidas de tal modo sus 6rdenes fue tan grande, que basta le impidi6 protestar. Don Manuel percibio su mirada de despecho, y al verlo salir dijo a Sor Eduvigis: -Pocos dias le quedan de estar con nosotros... Lograran que el misno Obispo le aconseje que se vaya; ya vera usted. -El sefor Obispo es un varon justo y no se dejara engafiar. -i Pobre Sor Eduvigis!... Cuando usted se vaya yo quiero pedirle un favor... Si se va a la leproseria de Mozambique, como me dijo una vez, tendra que embarcar en Puerto-Grande, A no es eso?.. Yo soy de Puerto-Grande y le agradeceria, si no le sirve de molestia, que usted, al pasar... -Lo que usted quiera, hermano... i Tiene usted familia? -Si v no... Vera usted. Mi vida es algo lamentable. Tengo una familia que me ha negado, una familia para la cual trabaj6 toda mi vida, y que al presentirseme mi enfermedad, que fue a los cuarenta y dos afos, me aconsej6 viajar, un largo viaje; uno de esos viajes de que hay muchas probabilidades de no volver... Lo que he hecho, casi. Mis hijas decian que yo con mis granos repugnantes y mi fama de leproso, les ahuyentaba los partidos... Tal vez tenian raz6n... Era una vida vergonzosa, peor que estar aquf: la gente me hula en la calle, mis hijas me odiaban; si, Sor Eduvigis; usted es demasiado buena para com6 L

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LOS MUERTOS prenderlo; me odiaban, y hasta para librarse de que pudieran creerlas amenazadas de mi mal, acogieron o propalaron, no lo s6, calumnias contra su pobre madre, que est6 en gloria. Al principio pens6 en desheredarlas, en resistir... Luego comprendi que era inntil, y segui el consejo. Como me iba para un viaje tan largo, liquid mi hacienda y les entregu6 a cada una lo suyo para ahorrarme testamentos y papelotes. Pense en suicidarme y... ya ve usted que no lo he hecho. Lei algo acerca de este hospital, y tome en un solo dia la resoluci6n de suicidarme de otra manera; tanto valor haeia falta para uno como para otro suicidio, pero para 6ste lo tuve... Al principio me fu6 duro, figirese... S6lo un amigo de la infancia supo, bajo juramento de silencio, mi paradero; ese amigo era viejo y debe de haber muerto ya, porque ha dejado de escribirme... A no ser que me haya olvidado. En fin, ya ve usted qu6 historia mas negra; no lore... Lo que yo quiero es que usted, al pasar por PuertoGrande, se entere de si mis hijas se han casado, de si son felices, y me escriba una carta diciendomelo. Aquella tarde Sor Eduvigis entr6 en la galeria y, sentandose junto a la mesa como en los dias primeros de su llegada, abri6 su Biblia por una de las marcas hechas con estampas religiosas y comenz6 a leerles en alta voz. Al verle de nuevo la cara, al sentirla otra vez atenta sobre ellos, la esperanza renaci6 en las almas marchitas. i No sabian que aquello era la luz intensa y corta que da una lampara antes de extinguirse! Hasta el viejo de la cabeza carcomida hizo un enorme esfuerzo para mirarla; todos la escuchahan atentos, sin perder una frase. Ramon, a las primeras palabras, incline sobre los brazos la cabeza y se qued6 dormido, como si la voz de la monja cantara tardiamente para 6g las canciones de cuna que no habia escuchado de pequeio. La voz de Sor Eduvigis resonaba en la galeria, tremula, emocionada: "Para purificar la casa del leproso segn rito, tomara dos "avecillas y palo de cedro y grana e hisopo; "Y degollara una de las avecillas en una vasija de barro "sobre aguas vivas; "Y tomara el palo de cedro y el hisopo y la grana y el ave"cilla viva, y mojar6 todo en la sangre del pajaro sacrificado y en "las aguas vivas y rociara la casa hasta siete veces; 63

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CUBA CONTEMPORANEA "Y purificara la casa con la sangre de la avecilla y con las "aguas vivas y con la avecilla viva y el palo de cedro y el hiso"po y la grana; "Y luego, para que la casa sea declarada limpia, soltara el "avecilla viva fuera de la ciudad, sobre la extension de los "campos.'" Aquel pajaro que escapandose de la casa iba a ser libre despues de estar tan cerca de la podredumbre y de la muerte, despertaba en Antoiito ansias remotas: 1 Ser pajaro, ser humo, ser viento: todo lo que circula, lo que se aleja; ser perfume, ser sonido, ser rio... No, rio no, que el rio se arrastraba por la misera tierra lo mismo que 61! V Al estupor del primer momento, sucedi6 una reaccion de c6lera. Qu6 intriga, qu6 infamia habia obligado a Sor Eduvigis a dejar el hospital sin decirles iquiera adi6s' Durante tres dias la aguardaron en vano, enganandose con la esperanza de que estuviera ausente por algo fortuito y pasajero. Cada vez que entraba el practicante, una pregunta cristalizaba en la idea de todos, pero la callaban por tes6n; era una consigna tacita; inquiet6 tanto aquel silencio al practicante, que hubiera terminado por bablarles de la monja sin aguardar la pregunta, para concluir de una vez; pero una manana Samuel no pudo contenerse ma's: -z Esta enferma la hermana? --No, esta con licencia. -Por mucho tiempo? -No lo s ... Quizs no vuelva... digo yo. Las dos palabras las afadio para dulcificar el efecto. Quico alz6se de su sitio y, con una violencia que hizo retroceder al practicante, cogi6 a Samuel del brazo para apartarlo: -No preguntes mis, memo... Los Judas no dicen la verdad nunca. -Hay que apretarles el garrote para que la suelten, grit6 Remigio... i Con licencia! No somos tontos, y por eso ninguno 64

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LOS MUERTOS queria preguntar nada, Lsabe? Ni usted ni "El verdugo" van a confesar que la han obligado a dejarnos. -Les estorbaba que estuvieramos un poco contentos. El practicante habia ido retrocediendo hasta la puerta, hundida la diestra en el bolsillo de la blusa, sin dejar de dar la cara a los leprosos. Cuando se consider a salvo, espero un instante por ver si una nueva pregunta le permitia dejar la atm6sfera menos cargada de electricidad. Ninguna voz volvi6 a elevarse, y sali6; pero desde un observatorio secreto hecho en la juntura de la puerta, pudo ver que el silencio se prolongaba y que los semblantes torvos, ensimismados, denotaban desesperaci6n. Hasta dos dias mas tarde, al regresar don Manuel de la enfermeria, no supieron los leprosos la verdad. La monja, antes de irse, dej6 bajo la almohada del enfermo un papelito escrito todo con letras nayusculas, impersonales, que decia asi: "Tenia usted raz6n: recibo orden de marcharme en seguida, sin decir nada; pero no tengo valor para no despedirme siquiera de usted, que le dirh a todos adi6s. Sean buenos y acu6rdense de mi. Cumplir6 su encargo en Puerto-Grande. Rompa 6sta en seguida". La esquela, que tenia por firma una cruz, pas6 de mano en mano; Samuel la bes6, y al devolversela a don Manuel, este, haciendo un esfuerzo que equivalfa a decir: "No hay mafs remedio", la rasg6 en pedacitos, partiendo ain en otros mas menudos los que contenian una palabra completa o vestigios de palabras faciles de reconstituir. Luego fueron hacia una ventana, y lentamente, uno a uno, don Manuel fu6 dandolos a la brisa; no los tiraba, los ponfa en la palma de la mano y la tenta asi, extendida, hasta que una rfaga se los quitaba; unos desaparecian, otros iban a posarse sobre la campina, igual que palomas minisculas fatigadas del vuelo. Todos estaban graves, como si asistieran a un entierro; cuando el ultimo papel se fu6 y vieron alejarse, desvanecerse, el postrer recuerdo tangible de la lermana, una explosion de furia reson6. De haber estado alli el practicante, habria de seguro surgido la tragedia. --; Hay que desnucar a ese maldito !-deeia Quico mordi6ndose el labio inferior. -Con una solamano lo cogia yo asi, asi-seguia Remigio apretando el puflo hasta hacer crujir los huesos. 65

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CUBA CONTEMPORINEA -Tenia que ser un obispo el que diera esa orden cochina, terminaba Juan. Todos iban dando una valvula a su furia; el mismo Antonito, el mismo don Manuel tan ponderado. En la penumbra de la tarde parecfan alargarse los brazos con ademanes vengadores que subrayaban las frases de indignation; las interjecciones entrechocaban, se ofan sordas blasfemias; hasta los viejos hacian movimientos bruscos, agresivos. -No somos hombres si esto se queda asi. -Hay que hacer una que sea sonada. -Lo que pasa aqui clama a Dios. Los fuertes-Quico, Remigio, Juan-hablaron de aprovechar la bora de ir al patio para caer sobre el portero barbudo, matar al practicante y a "El verdugo" si bajaban a ayudarlo, y huir; los d6biles-don Manuel, Samuel, Antonito, el viejo de las canas lividas-eran mas razonables. -6,Y qu6 sacariamos con escaparnos?--preguntaba don Manuel. No tendriamos d6nde ir; todo el mundo nos rechaza y nos volverian a coger en seguida. -Si siquiera pudieramos pasar una noche escondidos por la ciudad, insinuaba Samuel. Pero las objeciones y las contradicciones se multiplicaban. -Aunque matiramos a 6stos, no tardariamos en tener otro portero, otro verdugo y otro practicante. Es nuestro sino. -Claro, es inntil. -Como saben que la gente tiene miedo a contagiarse con nosotros, hacen lo que hacen. -Hay que vengarse, hay que demostrar que somos hombres. -Yo soy capaz, cuando entre el verdugo, de irme sobre 61, de arrancarle la capucha y abrazarlo y besarlo y morderlo para que se contagie y sepa lo que es ser desgraciado. -No, la hermana no aprobaria eso, Quico. -No hay nada que hacer, nada, nada. -Siempre hay que hacer... 1Si todos fu6rais como nosotros tres, ya se veria! -.Nos matarian impunemente... Dicen que en el otro plante mataron a uno. 66

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LOS MUERTOS -6 Y qu6? Mejor que nos mataran... i Siquiera asi estariamos muertos del todo! -Ademas, no les conviene matarnos... Si nos matan a todos, adios hospital y adi6s explotaci6n... Yo s6 de leyes, no creiis. Ram6n los escuchaba discutir, serio, sin mezelarse, pero temblando un poco. La excitaci6n dur6 varios dias, y en ellos, como si presintieran la tormenta, el practicante, "El verdugo' y un enfermero que entr6 a sustituir a la monja. extremaron la amabilidad... y las precauciones. En esos dias de tension nerviosa, la menor contradicci6n los exacerbaba; complacianse en llevarse la contraria, en zaherirse con pullas sarcisticas, y en seguida las voces se agriaban y los brazos, replegandose elsticos, esbozaban el ademan de acometer. Mas de una vez fu6 precisa la autoridad de don Manuel para evitar reyertas... Despu6s la presi6n de los animos fue debilit6ndose y una invencible laxitud se aduefi6 de la voluntad de todos; el fatalismo de su sumisi6n les parecia un axioma; y ante la impotencia de todo esfuerzo, de toda protesta, volvieron a abandonarse a la corriente, mas tristes, lo mismo que cad6veres en los cuales un cruel artificio imitaba las funciones del vivir. El recuerdo de Sor Eduvigis era un oasis en la esterilidad del dia; no se hablaba de ella, esquivaban cualquier palabra que pudiera comprometerlos a abordar el tema de su ira; pero cuando, en silencio, los rostros perdian la adustez y pasaba sobre sus carrofias como un resplandor de belleza, era que estaban pensando en la monja. Samuel envejeci6 en una semana; se ocultaba para llorar, y al principio esto irritaba a Quico. Ni siquiera la lectura del periodico lograba romper el marasmo; olase al lector con la misma glacial indiferencia con que pudieran oirse cosas de un modo inexorablemente perdido; y aquel tedio era no s6lo de la voluntad, sino de los mnsculos: horas y horas transcurrian en las mismas posturas, con los ojos entornados y el pensamiento ausente o nulo. Ya Antofiito no pedia que lo subieran a los quicios de las ventanas, ya Samuel no desgastaba-; desolado Narciso !-su espejo; hasta el est6mago de Remigio parecia disminuir sus exigencias, y los juguetes de Ram6n aguardaban inm6viles junto a las paredes la mano que ya casi no tenia vida que comunicar67

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CUBA CONTEMPORANEA les. No se ola una risa ni una chanza. El nino, con sus dos manos colgantes entre las piernas y la cabezota inclinada, amenazando troncharle el cuello, habiase tambien contagiado de aquel sopor que era cual otra lepra del espiritu. Una manana, al reunirse para la lectura, se not6 la falta de Samuel. -Ve to a llamarlo, Ram6n. -Debe de estar en el dormitorio. Dile que lo esperamos para empezar; anda. El nino volvi6 con una respuesta que hubiera sido en otra ocasi6n un suceso. -Dice que no vuelve a oir mas el periodico, que no le importa nada de lo que pase, que se queda ally con los viejos. Precisamente aquel dia publicaba el periodico una nueva que iba a transformar el hospital. El rey de un pals vecino venia a visitar la ciudad, y entre los festejos que habian de ofrecersele, figuraba una gran revista en el campo de maniobras. Toda la capital iria a esa revista; se construirian tribunas, se engalanarna el camino, y el desfile de autom6viles y coaches, luego del desfile de la tropa, darna al regio huesped una impresi6n de lujo, manera amable de suavizar la fundamental impresi6n de poder. La noticia cay6 en sus almas desfallecidas como en un est6mago exhausto un vino demasiado alcoholico. Tenian necesidad de algo con que embriagarse para olvidar, y aquello les di6 la ocasi6n. Samuel volvi6 a revivir; por las mafianas era acechada la hora del peri6dico y se saltaba todo para empezar por las noticias de los preparativos, que eran leidas muchas veces hasta aprenderlas casi de memoria. Cont6banse los dias que faltaban, las horas y los minutos; y fueron unos dias febriles en que las almas, voluntariamente saturadas del acontecimiento, rechazaban cualquier otra idea. i Than a ver las fiestas, a ver pasar a toda la ciudad hacia el campo de maniobras, a verla regresar! ; Oirian las mnrsicas, verian los uniformes, desplegariase ante sus ojos una caravana de alegria y de fausto! De tiempo en tiempo la voz del demonio interior susurraba: "iY despu6s3'" Pero esa voz inoportuna era desoida, aplastada con el entusiasmo; Y a fuerza de agrandar el hecho, llegaron a suponer que cubriria 68

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LOS MUERTOS todo el porvenir y que aquella revista seria una cosa interminable que marcaba el t6rmino de sus afliceiones, de su hastio... Todos parecian tan niiios como Ram6n; a cada detalle nuevo de las fiestas, palmoteaban. Quico, cerrando los ojos, vela ya el desfile: el aire se llenaba de atronadores hurras, a lo lejos tronaba el cafi6n, y en coches, hieraticos, volviendose hacia el hospital para que 61 los viera, pasaban los politicos cuyos hechos habta comentado tantos anos. Para Samuel el interns de la fiesta se limitaba a un solo coche: iria muy despacio, recamado de rosas, y en el centro, siendo la flor suprema del ramo, su dama iria sola, incomparablemente beila y algo entristecida porque 61 la hubiese olvidado durante algin tiempo; para los demas no tenia un concreto aliciente; era algo abstracto-promesas de risas, de colores, de abstracci6n de ellos mismos y de sus miserias-que les impedfa razonar. Como si los dias no bastasen a contener sus entusiasmos, sonaban por la noche con el desfile; aunque a veces una sombra furtiva, de castos ojos como el agua y 6valo marchito aprisionado por la toca, pasaba por sus suefios. El practicante y "El verdugo", contentos de ver desvaneeerse el conflicto, fomentaban la animaci6n. Todas las tardes daba el enfermero nuevos pormenores. Ya a lo largo del camino empezaban a alzarse tribunas, y desde las .ventanas segulan los leprosos la obra de los trabajadores, ayudandoles con la voluntad; ya el camino no era una sierpe polvorienta retorciendose en la planicie; ahora lo regaban, piquetes de soldados pasaban a veces, y de trecho en treeho, a ambos bordes, se ergufan mnstiles con escudos y gallardetes. Por las noches las huellas de las rejas aparecian marcadas en todas las frentes; hubieran querido poder comer en las ventanas, no dormir, y a la hora de las curas siempre habia alguno que dijera: -D6se usted hoy prisa, doctor... Ahora tenemos teatro y duele estar aqui. Era siempre la misma frase, pero hacia siempre el mismo efecto: reja "El verdugo", rela el practicante y la visit se aceleraba algo. Una manana, faltaban ya muy pocas para el dia feliz, el doctor propuso: -Como supongo que ustedes querran tambien adornar nues69

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CUBA dONTEMPORANEA tra casa para cuando pase el rey, he mandado a comprar papeles de colores. & Hay quien sepa hacer cadeneta? -i Yo! -i Yo tambian! -Todos sabemos; y ademas baremos flores y guirnaldas. Lleg6 el papel y se pusieron a la obra. La cadeneta formaba en un rinc6n una pila leve y crujiente; las manos no se detentan ni un segundo. En aquellas flores vulgares de la industria, molificaba la colmena un jnbilo inmenso. Quico hizo un molino multicolor que debia girar vertiginosamente al menor viento; Remigio, Juan y don Manuel iban tejiendo estrellitas que Antonito enlazaba; cada cual tuvo su ocupacion, y los letreros, las guirnaldas, los farolitos, estuvieron dispuestos tres dias antes. Remigio, siempre impaciente, queria que se quitaran ya las alambradas de las ventanas para colocarlos, pero los otros temian una lluvia que destruyera todo; el m6dico les di6 la raz6n. Habia que tener paciencia, faltaban cinco dias nada mas. Una mariana el periodico trajo, precisamente en la resena de los preparativos, un vano hecho exprofeso. El practicante dijo que era una cosa referente at doctor, que venia en la plan opuesta, y que el doctor habia querido cortar; pero al dia siguiente ocurrio lo mismo. j Qu6 noticia era aquella que coincidia exactamente con la columna de festejos, privandoles de leer un pedazo? La fe era tanta, que ni en el espiritu receloso de Juan penetr6 la inquietud... Esa misma noche sintieron desde ]a cama ruido de martillos, como si se trabajara muy cerca; debian ser muchos trabajadores, porque se oa gran ruido; hubieran querido levantarse, acudir, pero las puertas estaban cerradas. El trabajo dur6 toda la noche y no pudieron easi dormir. Muy temprano estaban vestidos, y en cuanto el practicante abrio se lanzaron a las ventanas de la galeria... Frente al hospital, ocultando el camino, elevabase una nueva tribuna mats alta que las otras; a uno y otro lado se prolongaban tapias de madera para que el hospital quedara bien oculto. Entonces todos comprendieron. y se miraron con espanto, con desesperacion. Los pintores retocaban ann el trabajo nocturno: trabajaban; Remigio, haci6ndose un portavoz con las manos, les grit6:

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LOS MUERTOS -; Eh!... Oigan, si... & Qui6n ha mandado levantar eso ? Los otros se volvieron con sorpresa, y uno de ellos, imitando el ademhn de Remigio, contest: -No habia tiempo de retocar la fachada del hospital, que buena falta le hace... Ademas, dicen los papeles que no estaba bien que el rey lo viera. El practicante entr6 y quiso dar explicaciones que no fueron oldas: "El albacea habia protestado ante el Ayuntamiento, el Ayuntamiento era el culpable, por no decirlo a tiempo; ellos lo sentian tanto como el que mas; gracias a que el Ayuntamiento consentia que estuviera el hospital tan cerca de la poblacion". Habia en estas disculpas mucho de torpeza y mucho de sarcasmo. Turbado por la rabia, Remigio fu6 al rinc6n y pisote6 las cadenetas, las guirnaldas, todo. Quico y Juan lo estimulaban con voces prenadas de odio: -i Mas fuerte, mis! -Si siquiera fueran cabezas! Durante todo el dia no se hablaron nada; no era en palabras, sino en hechos, en lo que necesitaba resolverse aquella decepci6n. En el comedor advirtieron que los cuchillos habian desaparecido y que la care venia ya cortada. El enfermero y el practicante les dijeron, como para advertirles de que cualquier tentativa era initil, que un nuevo cocinero habia entrado y que, mientras se habituaba, el antiguo quedftbase tambien. Por la tarde Juan llam6 aparte a Remigio, a Samuel, a don Manuel y a Quico; Antohito quiso acercarse, pero Juan io repeli6: -No, ti vete con el nifto. -Yo tambien soy un hombre; no creais que porque estoy asi... --Bien. Nadie cree nada.... g Estas to conforme con io que nosotros decidamos? -Si. -Con todo, con todo io que sea? -Con todo. -Bueno, distrae a Ram6n y no digas nada a los viejos; vete. El consejo empez6 en seguida; escogieron un rinc6n opuesto a las habitaciones-interiores, para evitar ser espiados. Hablaban muy bajito; solo de tiempo en tiempo una mano se alzaba sobre 71

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72 CUBA CONTEMPORANEA el grupo con enloquecida energia, y dominando el murmullo cauto las voces de Quico y Remigio tenian rotundas brusquedades. El plan de Juan no sorprendi6 a ninguno; dijerase que las fronteras del caracter se borraban y que una sola locura, mas contagiosa que la lepra, iba a completar en los espiritus la igualdad que ya la podredumbre habia iniciado en la care. Solo se olan fragmentos de la conversaci6n. -Que sea manana mismo; que les chafemos la alegria y que la cosa sea tan grande que se sepa en el mundo entero. -Por mi, ahora mismo; yo soy capaz de romper una reja de un cabezazo y de tirarme abajo para concluir antes. -No, hemos de ser todos de una vez. -No es tan f6cil, Juan... Yo tuve un dia el revolver contra la sien, y aqui estoy... Pesa mucho un gatillo; no es tan facil... No es que no quiera; quiero tanto como el que mas, pero hay que tener un valor que... -Usted no tendra que hacer nada. -Es una vergiienza que lo hagamos ahora y no cuando nos quitaron a Sor Eduvigis. -Qu6 dices to a eso, Samuel? -Yo sI, To que queris... 1 Para lo poco que nos falta para morir del todo -Bien, nada de palabras, yo me encargo; ya tengo mi plan. -Yo s6lo pido una cosa... Que no haya sangre; no es por nada, es por la fealdad.... Ademas, 6 tenemos nosotros derecho para disponer de las vidas de los viejos y de la de Ram6n? -Eso si; no habiamos pensado. -Si nos andamos con derechos, no haremos nada. i Tiene el mundo derecho a hacer To que hace con nosotros?... El nino no sabe, y si supiera, estaria con nosotros; si lo dejamos vivo, puede que nos maldiga alguna vez. En cuanto a los viejos, si se les dice algo es echarlo todo por tierra: tienen un apego a la vida, idiot, absurdo. -No hay nada mas que hablar. -Al nino, bien; que se le deje fuera si tennis esernpulo; yo no To tengo. Pero a los grandes... Si no es una cosa general, no hay venganza y no les mataremos la fiesta. -Por nosotros...

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LOS MUERTOS -Yo tengo pensada muy bien la manera; vereis. -No, no nos la digas... Es mejor. Cafa ya la tarde y la llegada del enfermero disolvi6 el grupo. En vano Antonito durante la cena trato de escrutar con la suya las otras miradas; las cabezas se inclinaban sobre los platos; s6lo un tintineo nervioso de cubiertos y copas rompia el silencio raramente. Cuando iban a entrar en el dormitorio, Juan los reuni6 de nuevo para decirles: -Ya no puede ser hoy : no he podido quitarle al practicante lo que queria, pero sera mafiana sin falta. Al observar el gesto mal reprimido de contento en los otros, felicit6se de su estratagema. Si, era mejor que no supieran nada, que se acostasen confiados. Vio salir al enfermero y al practicante; todos se acostaron y espero, esper6 muchas horas... Lentamente las respiraciones fueron haci6ndose regulares; cuando tuvo la certeza de que todos dormian, se levant. Iba desnudo y su cuerpo espantoso, erguido en la sombra, era horrible; iba con precauciones, a largos pasos felinos. Al llegar a la cama de am6n, tendi6 los brazos por debajo del niflo, para levantarlo sin que se despertara, mas el cuerpo se rebull6 y entonces Juan qued6se en espera, irresoluto; otra vez lo volvi6 a intentar, pero el cuerpecito volvi6 a removerse... Entonces se encogi6 de hombros, desanduvo el camino y, ya en su cama, tom6 de debajo de la almohada una llave con la que cerr6 por dentro la nnica puerta del dormitorio; luego volvio a tomar la Have. Habia tardado tanto en cerrar la puerta para que no chirriara, que una hora transcurri6. Todo estaba tranquilo; una ventana, al crujir, sugiriole la idea de examinarlas. Eran buenas, parecian hechas a prop6sito: ni una linea de luz se filtraba entre el triple cierre de maderas, cristales y persianas... Ya estaba todo dispuesto... i Tendria valor? Si; sin desmayo, recapitulando en aquel instante supremo todas las angustias de su vida, para desear mejor la muerte, abri6 las cuatro lamparas de gas y volvi6 a acostarse. ..... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ....... ... ... Por la mafiana el practicante y el enfermero tuvieron que derribar la puerta. Una masa de sombra y de gas les sali6 al Paso. El horror los aturdi6 imposibilitandolos para llamar; entraron automaticamente, y s6lo entonces se dieron cuenta de la 73

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CUBA CONTEMPORANEA catastrofe. Antes de que pudieran abrir ninguna ventana, tropezaron con dos cuerpos tendidos en tierra, dos que habian pretendido huir hacia la vida. Las camas estaban revueltas; los dos viejos pendian, sorprendidos por la muerte al querer levantarse; sobre la cabeza de uno pululaban ya gusanos. Habia expresiones abominables, miembros crispados, ojos casi fuera de las 6rbitas; s6lo Antoiito tenia el semblante placido. Cuando el aire se hubo levado el gas y el hedor, y pudo el sol entrar a ver la tragedia, el enfermero y el practicante fueron hasta la cama del nifo que parecia alentar amn, y en un momento de heroicidad instintiva, sin recordar su lepra, se pusieron a reanimarlo... Tal vez por tener el organismo mars fuerte, tal vez por cruel designio del destino para que la estirpe de Job no concluyera alli, no habia sucumbido como los otros. Se olan cornetas, un tropel de jnbilo y gloriosas campanas distantes. Si supieran! iSi supiera "El Verdugo", que estaba en la tribuna con su novia presenciando el desfile De abajo llegaron las voces de los cocineros y la del portero barbudo: -i Vamos, vamos !. .. i Ya vienen Las luces de la vida se fueron encendiendo poco a poco en el rostro del nifio; asido angustiosamente a los brazos del enfermero, hizo un esfuerzo y balbuce6: -Yo no quiero morirme... i Yo quiero ver al rey... al rey! A. HERNANDEZ CATA. 1914. 74

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EL COSACO DE LA LEYENDA Y EL COSACO DE LA HISTORIA 'iHurra, cosacos del desierto! ihurra! la Europa os brinda esplendido botin.' ESPRONCEDA. ARA la generalidad de las personas, aun las mals ilustradas, el nombre de "Cosaco" es sin6nimo de bandido. En Am6rica, como en Europa, el simple anuncio de que los cosacos han ocupado una ciudad enemiga produce estremecimientos de horror y hace brotar de todos los labios frases de conmiseraci6n y de piedad: se lamenta la triste suerte de los desgraciados moradores, a quienes se considera en tan inminente peligro como si les amenazase la mas terrible de las epidemias, y se da por sentado que, al abandonar el lugar los feroces jinetes, s6lo lagrimas y ruinas marcarn las huellas de su paso. 6Son tan crueles los cosacos como generalmente se supone? El invencible terror que inspiran, j est6 justificado ? & Hay en la estructura moral de estos sencillos guerreros algo que les haga mas temibles que los demas soldados de todos los ejercitos del mundo? Estoy convencido de lo contrario. El cosaco, monstruoso en la leyenda, nada tiene de horrible Ii de repulsivo en la Historia. Algunas veces, muchas, si se quiere, ha sido implacable, sanguinarlo, diab6lico; pero, I es que no

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CUBA CONTEMPORANEA lo han sido tambien, y lo son y lo seran, los otros soldados, aun los de las naciones mars cultas y civilizadas de la tierra? La mala fama del cosaco proviene, indudablemente, de que, a diferencia de los otros discipulos de Marte, sus funciones, muy importantes en la guerra, no 1o son menos durante la paz. Salvo en casos excepcionales, la nnica mision de los ejercitos consiste en batirse en los campos de batalla y generalmente contra los soldados de otros pueblos: los cosacos, en cambio, no s6lo tienen que pelear con los de fuera, sino que, tan pronto como se restablece la normalidad, estfn obligados a vigilar a los de casa y llamarlos al orden cuando las circunstancias lo exigen. Su esfera de accion, en una palabra, abarca tanto la parte civil como la militar; son, para que se comprendamejor, soldados y policias, algo parecido a los guardias civiles espanoles, a los guardias republicanos franceses y a los rurales cubanos. Ahora bien: ni el gobierno, ni las instituciones, ni los habitantes de Rusia, se parecen a los de Espana, Francia y Cuba: en el inmenso imperio del Zar no es posible emplear los procedimientos suaves que en los demas paises se emplean ; y el cosaco, instrumento d6cil y casi inconsciente de una autocracia secular que no se anda (ni puede andarse) con panos calientes, carga con todo el peso de una responsabilidad que no es suya, puesto que 61 se limita a obedecer, sin discutirlas jams, las 6rdenes de los que mandan. Siempre que por cualquier motivo ocurren disturbios populares en Rusia, los cosacos son los encargados de restablecer la calma. IDe un medio se valen para conseguirlo? Lo sabe todo el mundo: del terrible knut, ese lftigo salvaje que tanto temor inspira al populacho moscovita; y cuando el knut resulta ineficaz e insuficiente, cuando el paisanaje alborotado llega al linde peligroso de la revoluci6n, entonces los cosacos cargan en debida forma y abren sangrientos boquetes en las filas de los sediciosos. En estos casos, ya enardecidos y resueltos, los cosacos, ;horror de horrores!, matan, hieren, arrollan y pisotean sin misericordia... se hacen tan salvajes, casi, como los soldados espanoles que disparan sus canones en las calles de Barcelona y torturan a los prisioneros en los calabozos de Monjuich; tan repulsivos, si cabe, como los guardias nacionales de Nueva York, que 70

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EL COSACO DE LA LEYENDA Y EL COSACO DE LA HISTORIA ametrallan, en las avenidas de Brooklyn, a los huelguistas ferroviarios; tan viles, si tal es posible, como los hdsares de la muerte prusianos, que degiellan a los infelices habitantes de Zabern; tan infames, pasta cierto punto, como los Guardias Propios del rey de Inglaterra, que la emprenden a tiros con los patriotas irlandeses, y tan malvados y cobardes, si se riiran bien las cosas, como los dragones franceses, que acuchillan sin piedad, en la Plaza de la Opera, a los estudiantes de Paris. Creo que con lo dicho basta para probar que los cosacos, en tiempos de paz, no son mejores ni peores que los demas soldados. ; Son en la guerra tan perversos como se supone? No me parece dificil demostrar To eontrario. Aunque la figura militar del cosaco era ya conocida en Europa desde la 6poca de Pedro el Grande, que fu6-digmoslo de paso-el primer monarca ruso que logr6 hacer de ese indomable guerrero del desierto "algo de provecho", su presencia no se hizo sentir hasta las campanas napole6nicas. En Austerlitz, en Eylau, en Friedland, en Pulstuck, en Borodino, en todas las grande batallas de aquel sangriento periodo, Ta caballeria cosaca se port6 bizarramente; y generaTes de esa arma tan famosos como Murat, Nansouty, Saint Sulpice, Pajol, Kellerman, Travers, Grouchy, L'Heritier, Saint Hilaire, Molitor, Milhaud y otros, no vacilaban en decir que, con una organizaci6n mejor y jefes mas entendidos, esos prodigiosos jinetes hubieran sido invencibles. A prop6sito de esto, y antes de pasar adelante, me parece oportuno hacer constar que las dos tnnicas deficiencias de que, en opinion de los grandes generates de la famosa caballeria napole6nica, adolecian los cosacos de aquel tiempo, han desaparecido. Hoy los cosacos, aunque por la estampa y el pelaje de sus cabalgaduras, por la poca uniformidad de su anacr6nica indumentaria y por otros detalles de poca monta, causan en el primer momento una impresion desagradable, desde el punto de vista militar estan admirablemente organizados de acuerdo con los metodos universalmente aceptados en la ciencia de la guerra moderna, y por To que a sus jefes se refiere, nada tienen que envidiar a los dd ningin ejercito del mundo. Durante las campanas del Primer Imperio, los cosacos, unas 40 77

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CUBA CONTEMPORANEA veces vencedores, otras vencidos, recorrieron la Europa Central en todas direcciones; atravesaron la Prusia, la Baviera, la Sajonia, el Hanover, el Palatinado, el Wurtenburgo; llegaron a las orillas del Danubio; pasaron el Rhin; galoparon por las campifias belgas; penetraron en Francia por el Luxemburgo, por la Lorena, por Alsacia; hicieron crujir bajo los cascos de sus caballos los puentes suizos de Basilea, y, por dltimo, al caer derribado el coloso de la guerra, entraron triunfantes en Paris. Pues bien: recorramos las paginas, palpitantes de interns, de las memorias de aquella 6poca de luchas gigantescas; leamos por cent6sima vez los hom6ricos "Boletines" del Grande Ejereito; rebusquemos en las colecciones de El Monitor y otros peri6dicos; saquemos de los polvorientos estantes de las bibliotecas pnblicas y privadas los manuscritos in6ditos y olvidados, y no encontraremos un solo documento, ni una sola nota, ni la mats ligera alusi6n que nos haga suponer que los cosacos, en los territorios por donde pasaban, se conducian peor, ni eran mas crueles, ni mias salvajes, ni mas repulsivos que los soldados de los otros ej6rcitos beligerantes. Por el contrario; si hemos de atenernos a Lo que refiere Madame de Souvri (una respetable anciana de Alkircht, en Alsacia, que ha tenido que refugiarse en Basilea, porque los cultos y ultracivilizados alemanes incendiaron su casa), cuando, en 1814, los ej6rcitos aliados invadieron a Francia, pasando por territorio alsaciano, los que menos daflo causaron fueron los rusos, y entre estos los que mejor comportamiento observaron fueron, precisamente, los cosacos. Recuerdo que siendo nifla, dice la senora de Souvri, mi abuela me contaba que, al entrar Ias tropas de la coalici6n en Alsacia, los soldados que menos molestaron a los babitantes pacificos de la localidad fueron los cosacos, quienes, invariablemente, se mostraban d6ciles, correctos y fAeiles de contentar: bastaba que les diesen manteca, grasa de vaca o sebo para que untaran su pan, y ya se les tenia satisfechos. Cuando les bablaban del terror que inspiraban en todas partes, relan a carcajadas, y s mayor placer consistia en retozar con los niflos, a quienes se complaeian en montar en sus caballos, con gran alegria de los chicos. La nota mas hermosa del earfcter de esos hijos de las estepas es el profundo respeto que tienen a las mujeres: mi abuela, al referirse a esto, sol a exclamar: jQu6 diferencia entre ellos y los kaiserlichsI: mientras los cosacos coab 78

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EL COSACO DE LA LEYENDA Y EL COSACO DE LA HISTORY rreteaban inocentemente con nuestros muchachos, los soldados austriacos y alemanes perseguian y atropellaban bestialmente a nuestras doncellas!'"... El relato de la buena sefiora Souvri estf corroborado por multitud de hechos, no s6lo pasados sino recientes. Se sabe, por ejemplo, que en la campafia que actualmente se libra, los cosacos, en sus correrias por la Prusia Oriental, Posen, Galitzia y Hungria, no han cometido otros actos de violencia que los que, por desgracia, son inevitables en todas las guerras. Esto no ha sido 6bice, sin embargo, para que al simple anuncio de que los cosacos avanzan, toda la poblaci6n pacifica de la comarca amenazada huya despavorida, presa del mismo invencible terror que sentian los campesinos alsacianos de 1814, aun despuss de haberse convencido por experiencia propia de que la ferocidad cosaca, como tantas otras cosas, tenia muy poco de real y mucho de imaginaria. Para no citar mas que un caso, referir6 el siguiente curiosisimo incidente que relatan los nltimos peri6dicos de Viena llegados a Nueva York: Hace un mes, pr6ximamente, llegaron a Budapest, hambrientos, descalzos y muertos de miedo, unos dos mil quinientos desgraciados, hombres, mujeres y ninos, que procedian de la poblaci6n hiingara de Sziget. Estos infelices hufan de los cosacos, a quienes habian visto con sus propios ojos, galopando como demonios enfurecidos por las calles de su ciudad, esgrimiendo sus terribles lanzas, dando feroces gritos y disparando sus rifles a derecha e izquierda. Las autoridades de Budapest proporcionaron alimentos y albergue a los fugitivos, y ya se disponian a sentirse horrorizadas a la vista del parte oficial que sin duda les daria cuenta de la destrucci6n total de Sziget por los salvajes jinetes moscovitas, cuando supieron, por conducto del alcalde de la cindad, que los cosacos, que aun permanecian en ella, no habian causado el menor dano. Segnn explic6 este digno funcionario, al saberse en Sziget que los teinibles "demonios rusos" se aproximaban, todos los habitantes de la localidad pro-. curaron huir por el ferrocarril; pero el ultimo trend, que salio a media noche, no pudo recoger a todos, y cerca de tres mil tuvieron que permanecer en la poblacion. A las site de la mafiana siguiente se present. frente a Sziget la primera sotnia de co79

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CUBA CONTEMPORANEA sacos, e inmediatamente las autoridades del pueblo y los sacerdotes salieron a su encuentro y pidieron gracia para la ciudad y sus habitantes. El oficial que mandaba a los cosacos prometi6 que nadie seria molestado, y a una orden suya, a la que respondieron exclamaciones formidables de alegria, la tropa toda, con un mismo impulso, se precipit6 a escape por las calles de Sziget, gritando, alborotando y haciendo disparos al aire en seal de triunfo, pero sin causar el mis leve perjuicio. Los habitantes, sin embargo, aterrados ante el inusitado espectaculo que presenciaban, huyeron despavoridos por la carretera y no se detuvieron hasta llegar a Budapest. Si se hubiera tratado de otros soldados, tal vez hubiesen procedido con mas calma; pero, a quien no se alarma a la vista de una sotnia entera de cosacos del Don o de Astrakan, lanzada a escape y profiriendo gritos ? i Es tan poderoso el influjo que ejerce la leyenda sobre la imaginaci6n popular !. .. Recuerdo quo durante nuestra guerra de independencia, al ser conducido el periodista espanol Luis Morote al campamento de Barrancones, done tenia establecido su Cuartel el Generalisimo Miximo G6mez, qued6 sorprendido de encontrar alli, "en plena manigua", como 61 decia, hombres cultos ,y hasta ilustres en todos los ramos del saber humano; y con ese jovial desenado de madrileio contento de haber nacido, nos dijo sin rodeos que tantas y tales cosas habia oido sobre los mambises, que hasta ese momento habia creldo de buena fe que, salvo contadisimas excepciones, el Ejercito Libertador no era sino una gran muchedumbre de facinerosos. Lo que le ocurria al malogrado Morote con los soldados de la independencia de Cuba, le ocurre a la generalidad de las personas con los cosacos: desde que nacemos olmos decir que son feroces, implacables, sanguinarios, incapaces d'e sentir impulsos generosos ni de ejecutar una acci6n noble; y no solamente creemos que es asi, sino que ni siquiera nos tomamos el trabajo de averiguar si no es posible que nos hayamos equivocado. Juzgado desde el punto de vista tecnico, el cosaco es un soldado ideal: valiente hasta la temeridad, activo, sobrio, insensible a la fatiga y obedient a la mas rigurosa discipline; como 8SO

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8I EL COSACO DE LA LEYENDA Y EL COSACO DE LA HISTORIA jinete no tiene rival en el mundo, y por lo que a lealtad y patriotismo se refiere... g han oido ustedes alguna vez el nombre de un cosaco traidor? EstIa muy generalizada la creencia de que las fuerzas cosacas constituyen una especie de milicia irregular, -en el sentido mas lato de la palabra, sin unidad de accion, ni disciplina, ni conocimientos teoricos ni prActicos de ningnn genero. Nada mas lejos de la verdad. El cosaco, precisamente, es el militar mejor "entrenado" que existe, entre otras razones, porque desde que cumple los diez y ocho anos hasta que muere (aunque muera de vejez) es soldado y esta obligado a prestar servicio activo. Para 61 no hay licenciamiento por enfermedad permanente, ni retiro absoluto, ni limite de edad: a los diez y ocho anos, a mas tardar (a veces mucho antes), empuna la lanza, se cuelga el rifle a la espalda, se cifle el sable, y ya no los suelta hasta que exhala el iltimo suspiro. Aunque los cosacos, hoy, se han diseminado por casi todo el inmenso territorio del imperio ruso, sus nncleos principales permanecen, como antano, en las orillas del Don, en las vertientes de los montes Urales y en la extensa comarca de Astrakan. Alli gozan tranquilos y felices de una existencia placida, lejos del inaguantable vaiven de la civilizaci6n moderna, que, en su loco afan de mejorarlo todo, no consigue sino destruir lo mismo que crea. lIacen hoy los cosacos el mismo g6nero de vida que hacian sus tatarabuelos, hablan el mismo idioma que ellos hablaban, cantan las mismas canciones y conservan las mismas tradiciones; y si no fuera porque las exigencias del siglo les obligan a aceptar ciertos progresos, como la miAquina de coser, el tel6grafo, el ferrocarril, el reloj, etc., estarian en el mismo estado de atraso (tal vez de felicidad) en que se hallaban sus antepasados que pelearon en Poltava bajo la espada victoriosa de Pedro el Grande. El gobierno imperial, mediante ciertas condiciones, les facilita todo cuanto necesitan para atender al cultivo de sus tierras, las cuales tambi6n les han sido cedidas por la Corona, y se ocupa, con paternal solicitud, en todo aquello que con la instruccion pfiblica, el culto y la administraci6n de justicia se relaciona. En pago de estas gracias, el cosaco estA obligado a servir al

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CUBA CONTEMPORiNEA Zar; y no hay quien le sirva mejor, ni mas lealmente, ni con mayor eficacia. Al cumplir los diez y ocho afios, como ya dije, efectna su ingreso en el ej6rcito: el Estado le facilita las armas (una lanza, un rifle y un sable), las municiones y la casaca de uniforme; pero no el caballo. este es propiedad del soldado y constituye su mas preciado tesoro. Una vez en el ej6rcito, el cosaco ingresa en un regimiento preparatorio, en el que permanece durante dos anos, aprendiendo, bajo la direcci6n de buenos maestros, la instruccion militar y perfeccionandose en todos los secretos de la guerra moderna. Terminado este aprendizaje, pasa a formar en las filas de la sotnia a que ha sido destinado, y en la que permanece cuatro anos; al Cabo de este tiempo pasa a una sotnia de reserva, estacionada en la comarca de donde procede, y en la cual presta servicio activo un dia cada semana (en tiempos normales, por supuesto) : los seis dias que tiene a su disposici6n puede emplearlos como mejor le plaza; dos anos despu6s ingresa en otra sotnia, perteneciente a la segunda reserva, donde sirve activamente dos dias de cada moes, y un ano despues puede regresar a su casa, quo ya no tendra que abandonar sino en caso de guerra. Al declararse 6sta, todos los cosacos, por avanzada que sea su edad, estan obligados a incorporarse a la nltima sotnia de reserva a que pertenecieron. Ffcilmente se comprendera que estos soldados, que lo son, puede decirse, desde que tienen uso de raz6n, tienen forzosamente que ser admirables. Como jinetes-esto nadie lo ignora-son los mejores del mimdo: nacen a caballo y mueren a caballo. Y cuando esto sucede, cuando reciben la herida quo les priva de la vida en medio de una carga, en el fragor de la batalla, sus cuerpos inanimados, que no pueden caer de la silla por la forma peculiar de 6sta, continnan cabalgando como si el jinete y el caballo formasen un solo ser: iverdaderos centauros que arrancan frases de admiraci6n aun a sus mismos enemigos Acerca de la bravura del cosaco, el mejor elogio que de 61 puede hacerse se encierra en esta frase de Murat, dirigida al general Nansouty, al iniciar 6ste una carga al frente de sus 82

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EL COSACO DE LA LEYENDA Y EL COSACO DE LA HISTORIA irresistibles coraceros: "Adelante, general; pero Andese con cuidado, porque entre esa masa de caballeria enemiga me parece distinguir muchos cosacos'". Esto lo decia, en 1809, el hombre de quien Napole6n en sus Memories, despu6s de calificarlo de ingrato y traidor, dice: "Y es lMstima que su carficter y su vanidad le perdiesen, porque era un admirable general, mi brazo derecho, el mejor oficial de caballeria del mundo''. Veamos ahora lo que dice, en 1914, un valiente oficial austriaco que, herido en Galitzia, se halla actualmente en Interlaken, Suiza, restableciendose para volver al campo de batalla. Porque bueno es que se sepa que casi todos los hoteles suizos estan llenos de oficiales austriacos, alemanes, ingleses y franceses, que observan, como es logico suponer, un convencional inc6gnito que les permite pasar su convalescencia en territorio neutral y rodeados de todas las comodidades apetecibles. El oficial a que me refiero, en reciente conversaci6n con un periodista norteamericano, dijo lo siguiente acerca de los cosacos: Son los jinetes mhs temibles del mundo; atacan con el furor de un huraefn desheebo y no se detienen hasta que han conseguido el objeto que persiguen o hasta que han caido todos en la carga. Se repite con bastante frecuencia que la acometividad de los cosacos es mas teatral que otra Cosa, y esto es falso: es cierto que a menudo se lanzan sobre las filas enemigas con la intenci6n aparente de romperlas, y que llegados a cincuenta o eien metros de su objetivo se detienen y vuelven grupas; pero siempre que ejecutan esta maniobra es porque no ban tenido realmente la intenci6n de cargar; cuando la tienen, yo le aseguro a usted, senor, que son temibles. Sus caballos son pequenos y de pobre aspecto, pero no los hay en ningan ej6rcito que valgan tanto en la pelea. Los cosacos, para no ofrecer blanco al enemigo, se embadurnan el rostro de verde y pintan a sus caballos del mismo color, de Io que resulta que al lanzarse contra las lineas contrarian, los que tienen que esperarlos a pie firm se creen acometidos par una ola gigantesca. Y icuando llegan!; !aquello es horrible! Sus lanzas, a las que con rapidos movimientos del pie izquierdo comunican velocidad tremenda, abren verdaderos surcos; sus sables describen terribles circulos, y sus caballos, tan feroces como ellos, muerden y patean rabiosamente. Yo he tenido oportunidad de ver a los cosacos en acci6n muchas veces, y s6 a qu6 atenerme acerca de ellos. Cuando se lanzan a la carga dando gritos terribles y agitando los brazos y las piernas, no son muy de temer, no tienen intenci6n de llevar las cosas lejos; pero cuando atacan 83

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84 CUBA CONTEMPORINEA cantando himnos religiosos, cuando al toque de los clarines responden con el salno: ''Seor, liberta a tus pobres eautivos cristianos'', cuando junto al estandarte de la sotnia aparece un ilcon, !que Dios nos favorezea! RAFAEL CONTE. Nueva York, noviembre de 1914. El sefior Conte es uno de los mfrs valiosos periodistas cubanos. Inquieto e infatigable, sagaz e inteligente, su galana pluma escribe sobre Its mAs variados asuntos en losprincipales diario3 de Cuba y en algunos grades periddicos norteamericanos. Desde Nueva York, donde reside ahora, nos envia este muy interesante articulo el celebrado autor de Impresiones Americanas, en las que revela excelentes cualidades de observador y critico.

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UN LIBRO SOBRE LOS PARTIDOS POLITICOS NORTEAMERICANOS I 7 NDUDABLEMENTE el tema que domina la atenei6n universal, es, hoy por hoy, la guerra europea. El profundo analisis, la eritica mas o menos apasionada o err6nea, de las causas y los origenes del sangriento drama, la descripci6n de sus tragicos incidentes y pavorosas peripecias, es hoy el tema dominante y principal de todas las grandes revistas del mundo. Pero, si no tanta atenci6n como la guerra europea, algOn interns ha de merecer el notabilisimo libro que es objeto de estas lineas. Me refiero al titulado Party government in the United States of America, por William Milligan Sloane, "Seth Low", profesor de historia de la Universidad de Columbia (Nueva York). Forman su contenido una serie de conferencias pronunciadas en aleman por Sloane, en las universidades de Berlin y Munich, en el ano academico de 1912 a 1913, y publicadas por los libreros Harper & Brothers, en noviembre ultimo, con el epigrafe indicado. No dispongo del reposo necesario y de la preparation requerida, para tratar prolijamente de la obra de Sloane. Pero como tampoco quiero hacer una ligera reseda de un iibro tan interesante como until y oportuno, voy tan s6lo a fijar la atenci6n sobre aqu6l, y a marcar algunos puntos, o trazar algunas indicaciones, que me sirvan de base para otro articulo mas extenso y maduro, en otro nfmero de esta revista.

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CUBA CONTEMPORANEA Valgan, pues, estas lineas como una r6pida semblanza o somero anuncio de una de las mas notables produeciones publicadas nltimamente en los Estados Unidos. No puede pasar inadvertido un libro del profesor Sloane. Pertenece el autor de Party government in the United States of America, a la escasa grey de los verdaderos historiadores. Sus investigaciones ("researches") de historia general, figuran justamente entre los mejores monumentos de la literatura hist6rica norteamericana, y las relativas a lo que 6l llama "racial tendencies" y "social significances" sobresalen entre las mas profundas de la sociologia hist6rica de nuestro tiempo. Sus trabajos de Historia y Sociologia lo acreditan como insigne historiador y soci6logo, y su fama en los Estados Unidos compite con la de Giddings, el soci6logo eminente, y James Harvey Robinson, William Shepherd, y William Dunning, ilustres historiadores. Nacido en Ohio, gradu6se Sloane de "Bachelor of Arts", en "Columbia College" (Nueva York) en 1868. Desde esa fecha hasta 1872, desempen6 con gran brillantez la catedra de "Instructor in Classics" en "Newel School", Pittsburg, Filadelfia. En 1872, fu6 nombrado Bancroft, el famoso historiador, Ministro de los Estados Unidos en Alemania. Y a Alemania fue tambi6n Sloane, como secretario particular de Bancroft. Sefiala ese aflo una 6poca importantisima en la vida de Sloane. En 1872 respir6 Sloane, a plenos pulmones, el segundo ambiente espiritual de su vida, y se entreg6 concretamente a la influencia de los pensadores alemanes, con un intimo y profundo cambio en sus caracteristicas y orientaciones, en su modalidad o tendencia intelectual. En Berlin oy6 las luminosas explicaciones de dos grandes historiadores, Mommsen y Droysen (1). (1) J. G. Droysen es un notabilisimo historidgrafo. Su dedicacidn preferente es 16 metodologia de la historia. Si no tan brillante como la filosofia de Ia historia, es la metodologta de la misma cienca un estudio tan itil e important como aquella. Si in primera se refiere ala explicacidn fflosdfica de la Historia dela Humanidad, al nexo causal de los sucesos y al origen de los hechos hist6ricos (R. Flint, Historical Philosophy in France, Belgique and Switzerland; London-Edin. 86

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UN LIBRO SOBRE LOS PARTIDOS POLITICOS NORTEAMERICANOS S7 Facil es advertir la profunda impresi6n que produjeron en Sloane las sabias explicaciones de Droysen. El gran bistoriografo inspire a Sloane, por la vocaci6n por los estudios historicos, el amor por la critica y la interpretaci6n metodol6gica. La elocuente ensefianza, el genio comunicativo de Droysen, fu6 el brillante ejemplo, la poderosa sugestidn a que debi6 Sloane su entusiasmo y su afici6n por la critica y la metodologia hist6ricas. Entonces naci6 en el ilustre norteamericano el historiador futuro, el admirable analista que tanta gloria habia de proporcionar a la erudici6n norteamericana. En 1883, fu6 nombrado profesor de Historia en el "College of New Jersey" (Princeton), hasta 1896, en que fue designado burg,1883), la metodologia hist6riea estudia el metodo, Ins procedimientos racionalcs y necesarios Para el cumplido esclarecimiento de la verdad hist6rica. Las condiciones y los procedimientos, los caracteres y linites del conocimiento hist6rico: tal es su contenido. lQu4 son los documentos hist6ricos? CuAl la importancia de los documents en relacibn con la obra hist6rica? W6mo considerar los hechos histdricos y c6mo agruparlos y clasificarlos? He ahi el objetivo fundamental de ]a metodologia hist6rica que, como se ve, se ocupa en la historia prActica, en has operaciones complicadas de critica e interpretacidn de antlisis y sintesis, que hacen In historia. Sin el auxilio de una metodologia, exacta y escrupulosa, no es posible llegar a ]a verdad objetiva que debe proponerse el historiador, segdn Max Nordau. (El sentido de la Historia: Trad. de NicolAs Salmer6n, 1911, pAg.18.) Parallevar al conocimiento real y positivo de las fuerzas o tendencies, de los motives, ideales o aspiraciones, de io que llama Max Nordau 'el sentido de la Historian, tan distintos de las lucubraciones fantdsticas y caprichosas de Ia historiografia al uso, tan duramente combatidas por Max Nordau y Carlyle (Past and Present); para desentrafiar la realidad de las hechos, es de todo punto necesario el auxilio de una metodologia verdaderamente sabia y profunda. Tal es el terra de una obra capital de los ilustres historiadores franceses (C. H. V. Langlois, y C. H. Seignobos, profesores de la Sorbona), Introduction aux Etudes Historiques (Paris, 4a ed.). En ella resumen admirablemente los notables autores franceses In metodologia de las ciencias hist6ricas, In heuristia (Recherche des Documents), as operaciones analiticas y las condiciones generales del conocimiento hist6rico, las criticas externas (critica de restituci6n, de Kprovenienza", In critical de las fuentes, y Ia de erudici6n), la critica interna (o sea de interpretaci6n de los hechos hist6ricos) y las operaciones sintdticas (elasificaci6n de los hechos, razonamiento constructive, y deduccidn de f6rmulas generales). Pues bien, Ia metodologia histdrica es la grand especialidad de Droysen. El insigne historidgrafo aleman escribid en 1888 una obra magistral, reconocida generalmente como la mts profunda escrita sobre la material (hay una traducci6n francesa con el titulo de Prtcis de la Science de l'Histoire; Paris, 1888) .Otro gran historiador aleman, Erst Bernhelm, escribi6 posteriormente una obra definitive sobre Ia material, que Langlois y 8eignobos reconocen como la mejor obra publicada sobre metodologia hist6rica. Pero, aunque inferior al libro de Bernheim, considerase al de Droysen como una respetadisima autoridad, Pues ni Frimam, ni Tardif, ni Chevalier, ni Dounou, han escrito nada que sea tan profundo y original como el libro de Droysen. Hasta la aparici6n de este, todo Io que se conocia Par metodologia histdrica, o 'Historik', como se dice en Inglaterra y Alemania, 'era superficial e insipido, ilegible y ridiculo' (Langlois y Seignobos; ob. cit., pgg. x). La de Droysen fu6 Ia primer ob'ra verdaderamente serial y profunda publicada sobre la materia (Langlois y Seignobos; ob. cit., peg. 11).

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CUBA CONTEMPORANEA profesor de Historia en "Columbia University", donde explica actualmente las catedras de "European History from 1815 to 1848", y "Contemporary European History from 1848 to the present days", y "European Politics and The War of 1812" (en el curso dedicado a la guerra de los Estados Unidos). El que esto escribe, ha escuchado con gran placer las explicaciones de Sloane, y se gloria de haber sido discipulo del profesor norteamericano. De mas est decir que es Sloane un historiador de tipo alemdn, y que es un insigne maestro de metodologia hist6rica. Sus publicaciones periodicas, sus grandes libros de historia y geografia, muestran la admirable sagacidad, la penetraci6n analitica, la maravillosa erudicion del ilustre discipulo y adepto de Droysen, el gran metodologista. De 1885 a 1888, fu6 Sloane editor de la New Princeton Review y despu6s ha escrito varios libros de biografia y critica hist6rica, entre los que sobresalen, por su profundidad filos6fica y poderosa originalidad, los titulados The French war and the Revolution y Napoleon Bonaparte. En el nnmero del New York Times de septiembre de 1914, public Sloane un trabajo notabilIsimo sobre la neutralidad norteamericana respect de la guerra europea. En ese artieulo habl6 Sloane sobre las causas del conflicto europeo, que considera, con raz6n, "un desastre universal de incomparable significaci6n, con tremendas posibilidades de futura amenaza contra la civilizaci6n", y clam6 ardientemente por la neutralidad de su pais. Tambi6n habl6 Sloane sobre el militarismo, la cuesti6n eslava, los eslavos de Alemania, y sobre la actitud de Sir Edward Grey, con la elevaci6n y la profundidad con que no se ha expresado nadie en los Estados Unidos en relaci6n con la guerra europea. En su articulo abog6 Sloane por la serena imparcialidad de sus compatriotas y expuso brillantemente el punto de vista alemifn, contra el apasionamiento de los antigermanistas que olvidan que "Inglaterra ha atacado desdefiosamente la neutralidad de Persia y que no menos despreciativamente ha violado el Jap6n la neutralidad y la integridad de China" (Sloane). 8

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UN LIBRO SOBRE LOS PARTIDOS POLITICOS NORTEAMERICANOS 89 Dice Sloane en su Party Gorvernment, que las divisions politicas se sefialaron casi en los origentes de la historia norteamericana, a partir de la segunda administraci6n de Washington. Motivaronlas, al principio, meras diferencias personales; pero muy pronto denotaron un verdadero antagonismo, una divergencia fundamental de principios y soluciones. Vers6 la distincion sobre la interpretaci6n de la Constituci6n, sosteniendo los unos, los Hamiltonianos o Federalistas, la interpretaci6n amplia literal ("Broad Construction") y los otros, los Jeffersionanos o Republicanos democraticos, la interpretaci6n estricta, literal. El ilustre Hamilton, el primer hombre de Estado norteamericano, fue el verdadero fundador de la nacionalidad norteamericana. Con admirable sabiduria quiso y logr6 fundar un gobierno federal robusto y poderoso, dotado del prestigio y fuerza necesarios para crear y asegurar la paz interior, el cr6dito y respetabilidad de la nueva repnblica, pues no puede florecer ni prosperar un pais anarquico, incapaz de defenderse a si mismo. Era menester crear una situacion constitucional que permitiera el pleno y eficaz desarrollo de esas fuerzas econ6micas e industriales que pronto habjan de producir la maravillosa prosperidad por todos admirada, lo que no podia conseguirse sin robustecer el gobierno federal y dotarlo de una positiva eficacia y un verdadero poder, mediante la interpretaci6n amplia, liberal, eldstica, de la Constituci6n. Habia que crearlo todo: ejercito, justicia, hacienda; era menester asegurar el cr6dito nacional y dotar al gobierno federal de un ingreso regular y permanente. En ese critico y dificilisimo period de la historia politica de los Estados Unidos (denominado por los autores norteamericanos "the period of weakness") fu6 el federalismo, o sea, la integridad de una patria comnn, fuerte y vigorosa, una necesidad capital, superior a las ideas mais o menos quim6ricas o demag6gicas de los teoricos franceses del 89, sostenidas en los Estados Unidos por Jefferson, pero s6lo en el terreno de las puras abstracciones ideales, no como principio practico de gobierno, en lo que, para su gloria y la salvaci6n de su pais, olvid6 sus radicalismos para inspirarse y dirigirse por el ejemplo y la enseiianza de Hamilton. Jefferson sabia que las ideas

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CUBA CONTEMPORANEA politicas, mas atentas a la efectiva independencia y a la fecunda libertad dentro del progreso y la riqueza, que a los idealismos radicales de la filosofia enciclopedista, eran las nnicas capaces de asegurar y robustecer la personalidad politica de la joven republica. Por eso fue en el gobierno Jefferson tan federclista como Hamilton, y, como vamos a ver, fue Jefferson en la presidencia de la republica partidario de la interpretaci6n amplia ("Loose Construction", que dice Sloane) de la Constituci6n, y excedi6 en federalismo al mismo Hamilton. Pero, de todos modos, es lo cierto que los partidarios de Hamilton abogaban por la interpretaci6n amplia de la Constitucibn, que permitiera la libre actividad del poder prudential o discrecional del Estado, contra los antifederalistas o democriticos republicanos, capitaneados por Jefferson, que clamaban por la soberania del ciudadano y querian imponer la interpretacion estricta de la Constitucibn, para restringir cuanto pudieran la intromisi6n del poder federal en la politica interior de los Estados. Invoc6 Hamilton la libre interpretaci6n de la Constituci6n federal, para aconsejar, en su caracter de secretario de Hacienda de la administration Whashingtoniana, "the Allien and sedition acts", verdaderas leyes de defensa national, con la en6rgica oposici6n de Jefferson y Madison, que en las c6lebres "Resolutions" de Virginia y Kentucky, en 1898, protestaron ardorosamente contra la doctrina de los federalistas, casi recomendando la sublevaci6n de los Estados contra la autoridad central, con tan honda impresion en la conciencia piblica, que a ellas corresponde la responsabilidad de los sucesos e intransigencias que culminaron al cabo en la terrible contienda civil de 1860. Ya hemos sefialado la inconsistencia bienhechora de Jefferson, que rectifico sus ideas cuando asumi6 la Presidencia de la Republica, decretando el "Embargo Act" (prohibiendo la salida al exterior de los barcos americanos) para contester a las medidas amenazadoras de Francia e Inglaterra y verificando la compra de Louisiana, invocando superiores razones de conveniencia politica, y la libre y amplisima interpretacion de los poderes constitucionales, contra sus ideas anteriores de interpretaci6n estricta y de poderes limitados. 0

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UN LIBRO SOBRE LOS PARTIDOS POLITICOS NORTEAMERICANOS 91 "The Embargo Act" "excedi6, en punto a interpretacion discrecional de la Constituci6n, a cuanto hicieron los propios federalistas", dice el notable historiador norteamericano William Doub (A History of the United States; 1905, pag. 407). Por mediaci6n de Hamilton, pas6 el Congreso norteamericano en 1791 la ley creando el primer Banco de los Estados Unidos. En esa ocasion expuso Hamilton su doctrina de los poderes implicitos, para justificar la existencia del Banco oficial, no dispuesto expresamente por la Constituci6n. La c6lebre sentencia del Tribunal Supremo de Washington (MacCulloch v. State of Maryland) resolvi6 la legitimidad del Banco y autoriz6 definitivamente la teoria de los poderes implicitos, propugnada brillantemente por el "Chief Justice" del propio tribunal, John Marshal, en repetidas sentencias del mismo. El punto de vista actual sostenido en los Estados Unidos, en la materia referida, lo expone sucintamente Pomery en su "Constitutional Law" de la manera siguiente: "Si una medida particular tiene tal relaci6n con los poderes enumerados concedidos al Congreso o al Gobierno, que puede estimarse que promueve la eficiencia de tales poderes, puede decirse que dicha medida corresponde a la competencia del Congreso, que es el unico que debe juzgar de la aludida relaci6n o de la extension o el grado de esa eficiencia". El actual gobierno democratic ha dictado, como se sabe, un "Currency Act" creando seis Bancos federales, y reconoce la teoria de los improvements o mejoramientos de transportes, que, como despu6s veremos, fueron siempre estigmatizados por los acerrimos partidarios de la interpretaci6n estricta. El propio Woodrow Wilson ha declarado que: "la interpretaci6n liberal de la Constituci6n es necesaria y popular, en cuanto no sea falsa y caprichosa". "La interpretaci6n que ha extendido la Constitucion, hasta comprender poderes no sofiados al principio" (Bryce, American Commonwealth, vol. 1., pag. 390), "es un recurso peligroso. Pero debe recordarse que aun las Constituciones que llamamos rigidas, tienen que escoger entre la flexibilidad o las reformas. Los americanos han renovado su Constituci6n para no tener que destruirla".

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CUBA CONTEMPORANEA Y es que, como dice Sloane, "los americanos adaptan sus teorIas a sus deseos y necesidades, y nunca sacrifican 6stos a los deberes de la consistencia". El profesor Sloane describe con gran interns y exactitud las circunstancias en virtud de las cuales ha podido realizarse "the actual working of the Constitution", mediante "a steadly broadening interpretation", con la que se han podido realizar "the persisting and controling purposes of the nation" (las altas necesidades y tiles exigencias de la naci6n), haciendo que las mismas "got themselves accomplised", segfin la felizexpresi6n de Carlyle (2). El profesor Sloane senala elocuentemente el hecho de que el Party System norteamericano no se origin en la democracia mediante la misma, por la sencilla raz6n de que al principio, y por mas de una generaci6n despues de la constituci6n de la repnblica norteamericana, no fu6 6sta democratic, en el recto sentido de esta palabra. Fu6 la sociedad norteamericana, en sus origenes, una aristocracia modificada, basada en la familia, la riqueza y las condiciones intelectuales, "una aristocracia fluetuante abierta por abajo y con algdn reconocimiento de los derechos hereditarios, pero practicamente exclusivista, con cierto definido y efectivo sentimiento de clase". "La revoluci6n se dirigi6, la Constituci6n se hizo, el gobierno se rigi6 durante una generaci6n, por esta clase. Casi todos los rasgos caracteristicos de la Constituci6n no tuvieron otro fin que prevenir el crecimiento de la democracia, como, por ejemplo, la elecci6n indirecta del Ejecutivo y del Senado." Asi es, en efecto. El periodo de la historia norteamericana denominado "National Growth and European interference" (3), la intromi(2) Ya volver6 en ol pr6ximo articulo sobro el particular. (3) Li Historia de los Estados Unidos, desde 1789 a 1861, puede dividirse en tres grandes periodos: Primero, de 1789 a 1928. segindo, de 1828 hasta In gurra civil. Tercero, Reconstrucciun, desarrollo y expansion. Muchos factores y mny d iversas condiciones actnaron poderosamenteen In historic politica do losEstados Unidos, pero fAcil es observer los caracteres dominantes y decisivos quo determinaron Ins 6pocas peculiares de su desenvolvimiento. En el primero, Iallaa92

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UN LIBRO SOBRE LOS PARTIDOS POLITICOS NORTEAMERICANOS 93 si6n europea en los asuntos norteamericanos, ejerei6 profunda influencia en el desenvolvimiento hist6rico de los Estados Unidos. Las -leyes del Congreso no tuvieron entonces otro objeto que prevenir esa intromisi6n ("meddling") que produjo al cabo la segunda guerra de los Estados Unidos con Inglaterra, llamada por los norteamericanos la segunda guerra de independencia, porque ella aseguro el respeto y la consideracion internacional de la nueva repnblica. Facil es advertir el rapido desarrollo de las ideas democraticas a partir de la eleccion de Jefferson en 1800, quien desech6 las etiquetas y ceremonias de los federalistas y procure democratizar el gobierno del pais. En tiempo de Washington, existia un sufragio muy restringido y limitado; puede calcularse que de cada cuarenta personas una sola tenia el derecho al voto. En cambio, en 1828 de cada cuarenta personas diez podian votar, y desde ese ailo el derecho de sufragio se fu6 extendiendo cada vez m's, hasta terminar en el sufragio universal. De los seis primeros presidentes, Washington, Jefferson Madison y Monroe pertenecieron a la aristocracia de Virginia, y John Adams y John Quincy Adams a la de Boston. En 1828 se acentu6 el avance de la ideas democraticas con la elecci6n de Jackson, procedente del "Common People", primitivo colono de Tennessee, y tipo de "the rough frontier life of the Western states'' (Doub., ob. cit., pag. 445). Fu6 el primer Presidente norteamericano verdaderamente perteneciente al pueblo y de verdadera significaci6n popular. La presidencia de Jackson es denominada en los Estados Unidos "the Jacksonian democracy" (Macdonald, From Jefferson. to Lincoln) y di6 nacimiento al famoso Spoils System, o sea, el entronizamiento del favoritismo partidario, los compadrazgos y sinecuras. da european interference explica el desarrollo hst6rico y politico delos Estados Unidos. En Ia segunda prevalence in, cuestifn de In esclavitud ; es el problerna capital que divide a Ios partidos y apasiona los fAnimos, hasta producer Ia guerra de Secesi6n. En ambos periodos progres6 rApidamente Ia nnci6n en riqueza, territorio y poblaci6n. Por eso los historiasores norteamericanos llnmafl a la primer 6pocna national growth* y a la segimda slavery question and Westward expansion*. La tercera 6poca se sefiala esPeclatnette Por Ia reconstruccibn national y el desarrollo y renovacibn de su grand prosperidad. (3facmaster's histoy of the United States, Vol. 5; SchonlerHisfoty of the U. S.;History of the U. S., by John Fiske; Histor' of the U. S., by William Doub.; etc.)

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CUBA CONTEMPORANEA En 1824 habia obtenido Jackson un gran triunfo personal, pero no consiguid los votos necesarios para el cargo de Presidente de la Republica. La Camara de Representantes eligi6 a John Quincy Adams, divorciandose del general sentido de la naci6n que aclamaba en la triunfante personalidad de Jackson el advenimiento definitivo de las ideas democraticas. En 1832 obtuvo Jackson una arrolladora victoria y consolid6 el 6xito de las nuevas ideas. Contra la democracia Jacksoniana fundaron Henry Clay y Daniel Webster el Partido Nacional Republicano, y mas tarde el "Whig". Los partidarios de Jackson formaron el Partido Democratieo, que, dividido cuando la cuestion esclavista, renaci6 compacto y vigoroso despu6s de la guerra civil para atraer a su seno, como demostraremos despu6s, elementos verdaderamente conservadores y genuinamente liberales, de sentido tradicional. Ya expondr6 en mi pr6ximo articulo la situaci6n actual de los dos grandes partidos norteamericanos, el Democratico y el Republicano, frente a los problemas actuales de la politica nacional, y resumir6 la opinion de Sloane sobre las soluciones ofrecidas por los publicistas y oradores de ambos partidos, en lo relativo a los dos problems fundamentales que los dividen hoy por hoy: la cuesti6n fiscal (proteccionismo o libre cambio) y los problemas de la political exterior (imperialismo y expansion). Dos cuestiones interesantisimas son tambi6n objeto de las opiniones y los juicios del profesor Sloane: el desarrollo de los medios de comunicacion y transporte en relaci6n con la difusi6n y propaganda de las ideas democriticas, y el influjo social e intelectual del Oeste, y las teorias referentes a la democracia directa ("Recall initiative and referendum") y las caracteristicas actuales del gobierno norteamericano, que pierde los rasgos primitivos y esenciales del gobierno representativo para transformarse rhpidamente en un verdadero gobierno delegado. Dedicar6 la debida atenci6n a esos importantes particulares, a la vez que examinar6 someramente las profundas consideraciones que sirven de base al profesor Sloane para sostener la alta superioridad de los partidos politicos norteamericanos, que "no se parecen a los de los otros pauses en sus rasgos esenciales" y que 9#

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UN LIBRO SOBRE LOS PARTIDOS POLITICOS NORTEAMERICANOS 95 se distinguen honrosamente por su vigorosa accidn politica y administrativa, siempre dentro de la normalidad constitutional y de los procedimientos pacificos y conservadores. Contrastando con los de Francia y los de algunos periodos de la historia de Inglaterra, senilanse los partidos politicos norteamericanos, segun Sloane, por su activa y provechosa participaci6n en la vida institutional, y administrative de la naci6n, de acuerdo con los severos dictados del patriotismo y el desinter6s national. Es esta, como veremos, la pate de su libro en que mejor demuestra Sloane sus admirables cualidades de historiador sagaz y concienzudo y pensador profundo y penetrante. JOse ENRIQUE MONTORO. Diciembre, 1914.

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EL CASO DE BORDAS VALDES I N mi imaginaci6n revive de nuevo la escena con su peculiar colorido. En el salon amplio, austero, de severa ornamentaci6n, bajo la deslumbrante claridad de las bombillas electricas, solos, Bordas Vald6s y yo departiamos sosegadamente sobre cosas interesantes de nuestra asendereada actualidad politica... Afuera, a intervalos, se ola como el abejeo de un cuerpo de guardia cercano y el suave y perenne murmullo del Ozama... Frente a mi, arrellanado en mullido sillon, puleramente trajeado de blanco, afable, sencillo, sin pizca de afectaci6n, se destacaba la figura simp6tica de este joven militar que, habiendo vivido largo tiempo en la atm6sfera envenenada de la lucha cruenta, supo ser siempre, como el h6roe de Osian, generoso y humano. A la primera insinuacion mia de lo que se propalaba respecto de su probable candidatura a la presidencia definitive de la Republica, se irgui6 altivamente con gesto de noble reprobaci6n... Eso no; eso era imposible. El no queria, 61 no debia ser uno de tantos. Y su mirada luminosa se clavaba en ml al decirme estas cosas. Su voz, reposada y serena, tenia pronunciados dejos de honda sinceridad. Conozco bien, me decia, toda la gravedad de las inflexibles realidades de la hora. Comprende bien que en este supremo instante el no es, no puede ser sino un personaje de transici6n, un gobernante precisamente pasajero encargado de abonar el terreno para unas eleeciones libres. Yo aplaudia. Por ahM habia que principiar. De lo embrionario e irregular hay precisamente que partir para alecanzar

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EL CASO DE BORDAS VALDES finalidades mas o menos luminosas de perfectibilidad siempre relativa. Toda evoluci6n se determina precisamente en ese sentido. Cuando las cosas estfn peor es cuando est6n mas cerca de mejorar, exclamaba yo repitiendo un pensamiento de Letamendi. No hay, pues, que sumergirse en la onda negra del pesimismo. No hay que desesperar. Eso es propio de impotentes... Yo me sentia a mis anchas hablando el lenguaje austero de la verdad a aquel joven guerrero que hasta aquel momento habia pesto a un lado su espada victoriosa para seguir las fulguraciones de ideales de prolifico civisno. En el curso de nuestra conversacion express levantados y patri6ticos prop6sitos. A juzgar por lo que me dijo, no queria ser de los del mont6n, aspiraba a representar algo, esto es, a dejar huella luminosa de su paso por las alturas... Las alturas dan vertigos, pero yo puedo afirmarle que no los he sentido. Insinuaciones y lisonjas se deslizan por mis oidos sin encontrar eco en mi alma. Comprende bien, segn afirma, las graves responsabilidades de la tormentosa hora presente... HabNan ya sonado las diez en el viejo reloj de la hist6rica Catedral. Al despedirme de 61 afectuosamente, experiment la sensaci6n de que durante un tiempo habia estado en contacto con un alma select. Y al salir a la calle, sent bajo el palio suavemente luminoso de la noche estrellada, que en mi pecho se abria una como flor encendida de esperanza... En aquellos dias, julio de 1913, eran muy escasos, bien puede afirmarse, los espiritus esc6pticos que dudaban de la buena fe del presidente Bordas en lo que se decia de sus prop6sitos de presentarse, mejor dicho, de imponerse como candidato en las pr6ximas elecciones presidenciales. Sin vacilaciones habia ya 61 expresado su criterio acerca de punto de tan alta importancia. Para cuantos, despu6s del doloroso fracaso de Monseflor Nouel, estudiaban con ahinco la situaci6n, desapasionadamente, sin espiritu estrecho de banderias, era claro por completo que Bordas Valdas, como encargado interino del Poder Ejecutivo, vinculaba s6lo la delicada misi6n de mantener la paz y la armonia entre los grupos a fin de llevar a cabo en condiciones propicias la reforma constitucional ansiadamente perseguida y realizar unas elecciones presideneiales en que privase la ma's amplia libertad possible. Ese era tambian el criterio del mismo Bordas 97

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CUBA CONTEMPORANEA Vald6s. Asi lo expresaba rotundamente en conversaciones privadas y en cartas que se publicaron en esos mismos dias... Al regresar a mi residencia de La Vega, en Macoris del Este, en el hotel Inglaterra, encontr6me con el general Horacio Vasquez que se dirigfa a la capital y con quien depart detenidamente. Este distinguido hombre publico iba mal impresionado creyendo en los prop6sitos de reelecci6n que segun algunos abrigaba Bordas Valdes. Yo procure desvanecer tales dudas y creo que lleve la convicci6n a su espiritu. Le asegure que creia a Bordas Vald6s leal y sincero, incapaz de andarse con vulgares engaiiifas y gastados recursos de trastienda political. Aun resonaban en mis oldos las frases de encendido entusiasmo con que me habia expresado su resoluci6n firmisima de rechazar toda idea de "postulaci6n" definitive de su candidatura. ; El presidente definitivo! Ni pensarlo. Sus palabras no dejaban lugar a dudas. Tendria el orgullo, decia, de descenirse sin pesar, el dia senalado, en pleno Congreso, la banda presidencial para revestir con ella al elegido de los pueblos. OjalA pudieran celebrarse las elecciones antes del plazo fijado, agregaba. Todo esto lo oia el general Vasquez con visible complacencia. Recto, leal, senei]lo, sincero, este hombre pnblico no parece estructurado para moverse en el ambiente de mezquindades y vilezas en que de continue se desenvuelve nuestro vitando personalismo politico. Bajo su nombre se ban cometido hechos altamente reprobables, pero 61 es personalmente incapaz de hacer a nadie el menor daiio. Tiene coraz6n de palomo para todos los dolores y todas las desesperaciones. Su excesiva impresionabilidad le hace daflo en ocasiones. Su cultura es mediocre. Su caracter, por lo general, vacilante e indeciso, por mss que en ciertos momentos haya dado notaciones de viril energia. Pero, en la hora actual, resilta, a mi juicio, la figura de mss alta probidad de la politica dominicana... Por mi creencia en la lealtad de Bordas Valdes, muchos me tildaron de cdndido. En nuestra actuaci6n politica, cada vez mss pesimista y corrompida, se confunden lastimosamente todas las reputaciones. No se tiene ya fe en nada ni en nadie. Porque Fulano cometi6 tal desliz, todos harn seguramente lo mismo. Se barajan desconsideradamente las reputaciones mas altas y honorables con las desacreditadas de tipos 98

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EL CASO DE BORDAS VALDAS maleantes dignos de pasar el resto de sus dias en un presidio. Raros, como diamantes de a libra, son los que inspirados en un sereno espiritu de amor a la verdad, buscan desapasionadamente la realidad de los hechos. Y esa realidad nos dice, con deslumbrante elocuencia, que todavia existen en el pals hombres de carncter, hombres de irreprochable lealtad, muy capaces de llenar a conciencia sus deberes pnblicos, irgui6ndose, como simbolos de seguro amor patrio, en medio de las crisis y exaltaclones de nuestras terribles contiendas fratricidal. Yo crel firmemente en el proceder leal y correcto del general Bordas Vald6s. Toda su vida publica daba caracteres de verdad a mi creencia. Conmigo se equivocaron muchisimos. II Desdiebadamente, en mala hora, vino, cuando menos se esperaba, ]a revoluci6n de septiembre. He pensado siempre que gran namero de nuestras revoluciones tiene su origen, su periodo de incubaci6n en lo alto. En el poder, funci6n conservadora por excelencia, mantenedor natural de la paz publica, reside entre nosotros, por raro contraste, la causa principal de nuestras luchas armadas. Con ausencia de verdaderas finalidades gubernativas, con diarias violencias, coacciones, atropellos, favoritismos odiosos y otras cosas de id6ntico jaez, llegan casi siempre los directores de la cosa pnblica, constantemente desorientados, a crear una atm6sfera de desconfianza, de reprobaci6n, terreno abonado para que en 61 puedan germinar fAcilmente ideas levantiscas de ambiciosos vulgares de largo machete. Todo eso lo revela con irrebatible elocuencia nuestra tormentosa actuaci6n hist6rica. En realidad hemos carecido siempre de gobernantes id6neos, de relativa capacidad, de cierta previsi6n, dotados, sobre todo, del conocimiento mas o menos exacto de hombres y de cosas y del sentido seguro y pleno de las realidades de la hora presented. Asi lo patentiza el movimiento revolucionario de septiembre. El arrendamiento del Ferrocarril de Puerto Plata, por circunstancias de cierta indole, era cosa propia de la atenci6n de un gobierno definitivo y no de una interinidad cuyos dias estaban ya contados. Desde el primer momento nadie vi6 un 99

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CUBA CONTEMPORKNEA prop6sito de bien pnblico en tal proyeeto, sino algo enderezado a engender rivalidades de personalismo cibaeo. Hechos posteriores han probado de manera decisiva que el tal arrendamiento, en lugar de favorecer a aquella utilisima obra ferroviaria, iba a serle perjudicial en su organizaci6n administrative y en sus resultados prcticos. El prop6sito de arrendamiento levant6 tamana alharaca, y hubiera sido obra de rudimentaria prudencia y de buen sentido aplazarlo para mejores tiempos. No se hizo asi. En las altas regiones se hizo cuesti6n de amor propio sostener la resoluci6n de arrendamiento votada festinadamente por el Congreso Nacional. El Ejecutivo la promulg6 sin ninguna dilaci6n. En las cimas donde se elaboran los destinos de los pueblos, debe campear el juicio sereno, imparcial, de estricto valor juridico, frente a las continues exigencias de facciones influventes. Aquello fu6 como un guante que se arrojaba. Herido en To que erela su derecho y juzgindose amenazado en la sombra, el horacismo puerto-plateno To recogi6 altivamente. Fu6 un error, un grave error. Fu6 un error, porque ese asunto, baladi en su esencia, no justificaba en ningin sentido un nuevo copioso derramamiento de sangre ; y fue un gran error desde un punto de vista exclusivamente partidarista, porque el horacismo no estaba preparado para la lucha. Bien pronto se constat6 que carecia de los necesarios elementos de guerra. El horacismo, vencido o poco menos, celebr6, antes de terminar la hlcha. un pacto o convenio en que se aseguraba la libertad de la pr6xima campana eleccionaria bajo la garantia del gobierno norteamericano o cosa parecida. HacIa pocos dias que habia aparecido en escena el ya celebre James 0. Sullivan... Sin baber presentado sus credenciales. desde Montecristy, el nuevo representante norteamericano comenz6 a fungir como arbitro supremo de la politica dominicana. Revel6, desde e primer instante, un completo desconocimiento de practices Y procedimientos diplomaticos. Halagos y amenazas brotaron alternativa y copiosamente de sus labios. Asi se expresaba en una comunicaci6n dirigida a los jefes del movimiento revolucionario: "Yo no cumpliria todo mi deber si dejara de advertirles a ustedes las medidas que serAn tomadas en caso de que una siniestra y obstinada actitud fuera asumida por aquellos que 100

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EL CASO DE BORDAS VALDtS ahora estan tratando de derrocar la autoridad establecida. Por otro lado, si los jefes de la actual revolution aceptan la actitud asumida por el gobierno de los Estados Unidos y dirigen toda su energia hacia los metodos constitucionales, pueden contar con la ayuda y apoyo de ese gobierno para secundarles en el esfuerzo de traer el pals a una situaci6n en que la voluntad del pueblo pueda ser registrada por una honrada votaci6n tomada en una eleccion propiamente regulada"... En otra comunicaci6n, abundando en el mismo sentido, dice asi: "Mientras, el gobierno de los Estados Unidos no alterar. su firme prop6sito de poner fin a la presente revolucion y prevenir, otras nuevas; el esti igualmente decidido a que una Libre y honesta elecci6n hecha pr6ximamente remover toda causa o excusa para revolucionar"... La paz vino indudablemente mas por la falta de 6xito de los revolucionarios y por su carencia de elementos de guerra, que por las amenazas y abusivas ingerencias de Mr. Sullivan. El hecho es que entre las partes contendientes y bajo la garantia mas o menos explicita del ministro norteamericano, celebr6se un convenio en que se garantizaba el libre ejercicio del sufragio para las pr6ximas elecciones, tal como era el vehemente deseo de la inmensa mayoria del pueblo dominicano... III Despu6s de ese triunfo conseguido con el concurso de los elementos jimenistas del Cibao, encabezados por el prestigioso general Desiderio Arias, timidamente al principio, empieza a ganar con apresuramiento terreno en las altas esferas oficiales el prop6sito de retener el poder por el mayor tiempo posible. Me atrevo a decir que, en los primeros instantes, Bordas Vald6s no escuch6 con agrado tales lisonjeras insinuaciones. Desde hacia tiempo-tuve ocasi6n de constatarlo en mi viaje a la capital-sus mas intimos allegados, los mas interesados, se movian activamente dando calor al proposito reeleccionista, sin que de parte de 6l encontrasen acceso franco y ostensible. Ante sus promesas formales de no reelecci6n, de presidir unas elecciones euteramente libres, de.entregar la banda presidencial al elegido de las mayorias, su conciencia, al principio, rechaz6 indignada, 101

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10WBA CONTEMPORkNEA me complazco en pensarlo, tan torpes e interesados consejos. Pero al fin, tales insinuaciones, que en el fondo le halagaban naturalmente, repetidas diariamente, a toda hora, con cualquier motivo, a veces en forma de halago a su amor propio, a su vanidad personal, fueron inclinando su espiritu a la desdichada resoluci6n de quedarse con el mando supremo, de no abandonar la poltrona presidential donde empieza a encontrarse a sus anchas Aunque a intervalos no falta quien le hable el lenguaje de la verdad serena y austera, el murmullo de adulation que resuena continuamente a su paso, la voluptuosidad del poder supremo que va a escaparsele de las manos, los informes falsos, pero dorados con un miraje de verdad que continuamente zumban en sus oidos; las almas genuflexas que lo sahuman con el incienso de manifestaciones serviles, concluyen por hacerle creer que el es el hombre necesario, el capaz de salvar la republican, el providential; y ya desde ese momento echa a un lado titubeos y escrupulos y entra de lleno por el tortuoso camino de las ilegalidades y de las violencias... Podria escribirse un libro, bien nutrido de datos curiosos de nuestra actuaci6n politica, intitulado COmo se forma un tirano. En 61 se vera c6mo poco a poco, lentamente, por obra de un concurso de ciertas cinrcunstancias-tal el caso de Bordas Valdes-un hombre como 61, pundonoroso, leal, sincero, va transformandose, sufriendo un visible desgaste de tales relevantes cualidades, hasta venirse a convertir en lo que 61 no queria ser, como me lo dijo mas de Una vez solemnemente: en uno de tantos. Tales casos de transformaci6n individual son frecuentes en estas levantiscas e incoherentes democracias hispanoamericanas. El personalismo politico lo explica facilmente. Sus verdaderas condiciones intrinsecas, con una buena dosis de audacia, con cierto oportunismo, despreciando escripulos, arriba a la presidencia cualquier quidam que nadie, conoci6ndolo bien, hubiera juzgado ni por un instante capaz de ensefiorearse de tales alturas y de dirigir, desde ellas, los destinos de un pueblo. El fen6meno es curioso. Cuando mas necesitados estamos de estadistas de verdad, sagaces y previsores, con el sentido mis o menos acentuado de las efectivas realidades del momento, surgen a gravel, products del medio y de las circunstancias, los 102

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EL CASO DE BORDAS VALDA 1 ignaros, los mediocres, los perfectamente incapaces de atisbar la complejidad de relaciones y de procedimientos que supone la administraci6n de un Estado. De ahli principalmente, de esa falta de competencia, los resultados desastrosos que palpamos a cada paso. No es posible la direcei6n firme y fructuosa de un Estado, tal como Lo determine la ciencia moderna, sin el conocimiento previo de sus variados medios de actuaci6n y de las finalidades que lo integran. Ni puede ni debe considerarse la libertad y el orden como t6rminos antiteticos, sino como formas que se integran en una sintesis luminosa y satisfactoria. Claro esta que la democracia en si, en sus mals caracteristicos medios y procedimientos, en sus fines esenciales de organizaci6n jurdica y de civilizaci6n coherente y progresiva, supone colectividades de cierta cultura, ya algo adiestradas para el cumplimiento de tales deberes y el ejercicio de tales derechos... Ya en esa via tortuosa y sombria, empezaron a presentarse los signos precursores de la catastrofe que se avecinaba. Abyssus abyssum invocat. Si una idea fija es condici6n caracteristica de la locura, puede asegurarse que desde ese momento el prop6sito reeleccionario absorbi6 todas las iniciativas y gestiones gubernativas, convirti6ndose en algo parecido a una forma curiosa de demencia oficial. Cartas intimas de personas muy allegadas a Bordas Vald6s, conozco algunas, expresaban la irrevocable determinaci6n de este mandatario de conservar el poder indefinidamente y la seguridad de arrollar, apoyado en la fuerza armada, cualquier manifestaci6n de la opinion pnblica encaminada a cerrarle el paso. Otra vez iba a ser el gobierno la causa determinant de una nueva guerra civil. Apenas cerradas, por causa de 61, iban a abrirse de nuevo las puertas del templo de Jano. Bien pronto-contrario a la formal garantia del famoso Mr. Sullivan-las elecciones municipales y las de diputados a la Asamblea Constituyente, pusieron de manifesto, en varios puntos del pals, que el Gobierno no se paraba en esernpulos para realizar Lo que juzgaba que podia contribuir a su decision de alzarse con el santo y la limosna por los siglos de los siglos. Algunas de esas elecciones fueron obra de coerciones vergonzosas, se amasaron con sangre, dejaron en el espiritu pnblico una huella profunda de amarguras y desalientos. La catastrofe del 703

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0UISA CONirEPORANNtA 2 de diciembre, en que perecieron tantas personas en una manifestaci6n celebrada en la misma capital de la Repnblica, hubiera podido evitarse con un poco mas de serenidad y de tacto en los encargados de la cosa publica. Tanto los de abajo como los de arriba queremos solucionarlo todo con medios y recursos de extremada violencia. Pero si en los de abajo pueden y deben tolerarse ciertos movimientos de excitacion, de ardiente exaltaci6n, naturales, aqui como en todas partes, en momentos de agitaci6n popular, los encargados por la ley de encauzar por rumbos legales tales extravios de la opinion sobreexcitada, necesitan desplegar en tales casos la serenidad, la mesura, la correcci6n, la imparcialidad que cumple a quienes tienen a su cargo la mision principalisima de armonizar cumplidamente la libertad con el orden, evitando con exquisito cuidado torpes y vergonzosos derramainientos de sangre.... Aquel gobierno, presa ya del vertigo, corria desbocado por la pendiente de sus desaciertos. Pasaban cosas inereibles. En plena paz, produciendo mats que nunca la recaudaci6n aduanera, no se pagaba a los empleados. Y no ya un mes, sino otro, otro... g Por qu6? La voz pnblica, unanime, aseguraba que esos dineros se empleaban en comprar elementos de guerra, en sostener una nueva militia de reserva que no figuraba en la ley de presupuesto, en ganarse ciertas voluntades, en dadivas a los que alardeaban de incondicional adhesion al bordismo. Los ramos todos de la Administraci6n publica, privados durante meses de la retribuci6n legal, funcionaban imperfectamente y en ciertas partes no funcionaban del todo. Arriba, en las alturas, en el poder, no se hacia caso de los clamores de los empleados hambrientos. En Santiago de los Caballeros, los numerosos presos criminales, privados de la raci6n que legalmente les correspondia, se morian materialmente de hambre. Se habl6 de ponerlos en libertad antes que tal cosa sucediera. Al fin la caridad de distinguidas damas se movi6 eficazmente en demanda de auxilios para aquellos desdichados. Ya no se gobernaba puede decirse en el recto sentido de la palabra. El gobierno se habia convertido en una especie de gigantesco comit6 electoral en que todo se subordinaba al invariable prop6sito de la continuaci6n indefinida en el poder del malaventurado general Bordas Valdes. Y io4

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ZL CASO DE BORDAS VALDES ese prop6sito asumia proporciones de demencia cuando se constataba que ese mandatario tenia contra si al horacismo, al jimenismo y al velazquismo, las tres agrupaciones politicas existentes en el pals, contando s6lo con los elementos de la fuerza ptblica que tenia en sus manos y con la adhesion de casi todos los empleados que luchaban con vivo interns por la conservaci6n de sus respectivos destinos... IV Y vino la entrevista de Puerto Plata. Sean cuales fueren los errores politicos en que haya podido incurrir el general Desiderio Arias, no es posible negar que su actitud en estos deplorales sucesos fu6 la de un politico prestigioso que sabe subordinar sus intereses personales, sus particulares ambiciones, a exigencias y orientaciones de la opinion pnblica. Uni6ndose a Bordas, colaborando en la obra liberticida de este, a que se le instaba con ahinco, lo tenia todo, lo aseguraba todo: Vicepresidencia, Delegacion, influencia mayor que ningnn otro elemento politico en el nuevo gobierno. Lo despreci6 todo. Crey6 fundadamente que el pals, en sus representaciones mas conspicuas y en sus mas densos nncleos de opinion, se oponia resueltamente a La continuaci6n de Bordas Vald6s en el poder, y a este criterio, el mas acertado y patri6tico, ajust6 todos sus actos. Y me complazco en decirlo con mi habitual sinceridad, porque el general Arias tiene para mi el merito singular de haberse erguido siempre con noble gesto ante la ingerencia norteamericana en nuestros asuntos interiores. Ha sabido poner prontamente en su lugar a los engreidos funcionarios yanquis a quienes la debilidad, por no decir otra cosa, de algunos de nuestros gobiernitos iltimos, ha dado alas para meterse donde no les importa... La entrevista de Puerto Plata, no obstante ciertos eufemismos del convencionalismo politico, puso de manifiesto la discordancia existente entre los prop6sitos de Bordas Vald6s y lo que a ese respecto pensaban muchos politicos de importancia en el Cibao. En vista de eso, parecia natural que el presidente interinO se resignase a desistir de su empefio reeleccionista, a fin de evitar los nuevos copiosos derramamientos de sangre que inevita105

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CUBA CONTEMPORANEA blemente traeria su funesta obcecaci6n. Sucedi6 todo lo contrario. Desde su regreso a la capital, columbr6se claramente que no se desviaria ya ni en un Apice del funesto derrotero emprendido. Sus dulicos querian su continuaci6n en el poder a todo trance. Y 61 mismo, ya seducido por las voluptuosidades del mando supremo, lo deseaba tambi6n ardientemente. Y se fue a Roma por todo, salga Lo que saliere, asi se perdiese en la nueva aventura political la misma autonomia nacional... Como se acercaba el 14 de abril, fecha en que terminaba el ano decretado por el Congreso para la presidencia interina de Bordas Vald6s, empezaron a sostener algunos de sus partidarios que los t6rminos del decreto en que se consagraba su eleccion le permitian dilatar su interinidad hasta que se efectuase el nombramiente de presidente definitivo. Y se sostenia tal cosa a pesar de las actas del Congreso, en que aparecia sin ambages la intenci6n clara y manifiesta de que el period de la interinidad no pasara de un ano. Del Congreso Nacional, recta o torcida, despu6s de la muerte de Ram6n Caceres, emanaba toda actuacion de caracter mas o menos legal respecto de nombramientos presidenciales de orden interino. Y Bordas Vald6s, instrumento de ese Alto Cuerpo, salido de 61 para llenar una misi6n de confianza, transitoria, era el que menos podia y debia alardear de no estar obligado a dar exact cumplimiento a Lo que era y significaba su interinidad de un ano. 1 Triste espectaculo el del ex senador Bordas Valdes enfrentndose al Congreso Nacional que habia depositado en 61 toda su confianza! Muchos de sus partidarios inspirados en un orden de ideas, a, mas bien, en un orden de intereses de evidente caracter personalista, decantaban en todos los tonos la conveniencia y la necesidad de que continuase con la pesada carga de la presidencia hasta que pudieran celebrase las elecciones definitivas, es decir, hasta que Bordas Valdes tomase todas las medidas necesarias para, con el incondicional concurso de los gobernadores provinciales, asegurarse, cueste Lo que costare, su elecci6n como presidente definitivo. Pero no todos los gobernadores estaban de acuerdoJ Algunos de ellos, durante las pasadas elecciones de Ayuntamientos y de miembros de la Asamblea Constituyente, incurrieron en numerosas violencias y atropellos. Debieron por eso ser inmediatamen106

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EL CASO DE BORDAS VALD 1 te destituidos. Pero Bordas Valdes, pensando ganarse esas autoridades para sus prop6sitos de afianzamiento definitivo en el powder, puso oidos de mercader a las vibrantes protestas que se produjeron en tal sentido, peor que eso, arrop6 con el manto de su autoridad presidencial a los caciquillos autores de tales atentados. Pocos dias antes del 14 de abril, fecha de la cesaci6n definitiva de su interinidad, sin guardar mals contemplaciones ni pararse mas en barras, orden6 la destituci6n violenta de los gobernadores que se negaban a secundar sus planes de imponer su candidatura por todos los medios a ello conducentes... iDe' nuevo, de nuevo la ominosa guerra civil! Otra vez la sangre iba a correr a torrentes. Y esa guerra provocada, como en tantas ocasiones anteriores, por los mismos encargados de mantener el orden, de encarrilar el pals por vias luminosas y salvadoras de organizaci6n juridica! La ambici6n desatentada de un hombre apoyado en una minoria, iba a poner nuevamente el pals al borde de la ruina... En La Vega prodnjose un echo de relevante civismo, digno de ser mencionado por su rareza en estos tiempos de empedernidos personalismos. Fu6 una nota de simpdtica resonancia. El grupo notable de horacistas, que hacia dos meses habia sido injustamente perseguido por la primera autoridad de la provincia, olvidando sus fundados agravios personales, no vacil6 en ayudar a esa misma autoridad cuando comprendi6 claramente que se la iba a despojar violentamente del mando, no por sus incorrectos hechos anteriores, sino porque se erguia como poderoso obstaculo para los planes de imposici6n que alimentaba Bordas Valdes. Ante el interns general, ante el supremo interns nacional, depuso rencores, ol.vid6 violencias, sacrifice personales injusticias, comprendiendo que nnicamente en esa via, procediendo de esa manera, es que se contribuye a que llegue a ser una consoladora realidad la organizaci6n jurndica del pals. Las autoridades antirreeleccionistas fueron destituidas despues de veneer una porfiada y sangrienta resistencia. En las calles de Santiago y de La Vega corri6 copiosamente la sangre. Consummdtum est. A los gobernadores destituidos sucedieron otros incondicionalmente adictos a la causa bordista. Muchos observadores superficiales, de esos que s6lo se fijan en la corteza mas o menos endeble de los hechos, ofuscados por el 167

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CUBA CONTEMPORANEA facil triunfo obtenido, consideraron desde luego, y asi lo proclamaron a los cuatro vientos, que la opinion estaba por completo domefiada y que ya el bordismo podia entonar el himno de la victoria defnitiva. Se equivocaban... Para consolidar su triunfo sali6 Bordas Vald6s de la capital al frente de tropas aguerridas y provistas en abundancia de toda clase de elementos de guerra. Querfa ocupar militarmente la provincia de Montecristy, centro de influencia y de action del general Desiderio Arias, antes de que este, como era de esperar, protestase a mano armada contra el personalismo dictatorial que se imponia. Hacienda orgullosa exhibici6n de los elementos militares con que contaba, pas6 por las ciudades del Cibao, siendo en todas acogido con glacial indiferencia. Confiaba demasiado en los recursos de fuerza de que disponia. Huerfano casi por completo de opinion, pretendia colmar ese vacio con un aparato guerrero que llevase el desaliento a esa misma opinion desarmada o poco menos. En todas partes encontr6 hosquedad, indiferencia, mal disimulada aversion. Sus Aulicos, y a veces 61 mismo, telegrafiaban a la capital dando cuenta de espl6ndidos recibimientos. Se segufa en plena comedia... Ya esti en Santiago. Desde las murallas de la fortaleza de San Luis abarca con la mirada las lejanias del horizonte pensando en las dilatadas llanuras y las empinadas serranias de las comarcas noroestanas donde en pasados aiios lidi6 con innegable bizarria y adquiri6 merecidas ejecutorias de militar diestro y humano. Va a llevar la guerra a esas comarcas, la Meca del jimenismo, como dice 61 mismo, alimentando la esperanza de barrer, son sus palabras, los obst6culos que se presented a su paso. Ya en La Vega habia dado a la publicidad un documento tristemente celebre: la proclama en que declara que aferrado a su criterio, palabras textuales, desconoce el legitimo derecho del Congreso de darle un sucesor y continuari en el ejercicio del poder hasta que se nombre un presidente definitivo, es decir, 61 mismo. Esa torpe declaraci6n lo situ6 en plena dictadura... De pronto varia de plan de operaciones. Abandona su proyecto de invadir la Linea Noroeste. a Qu6 pasa?... En el ambiente, estremeci6ndolo e iluminandolo, resuena viril, conmoviendo las almas, la altiva protesta de Puerto Plata. A la declaracion en 108

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EL CASO DE BORDAS VALDfS que desconoce al Congreso y manifiesta su decision de continuar acaparando ilegalmente el poder, la noble ciudad contesta arrojando el guante al engreido expresidente. Ya no lo es en derecho. Ya ha pasado el 14 de abril, fecha en que terminaba su interinidad. Bordas Vald6s recoge el guante y mueve todas sus fuerzas con la fire resolucion de someter a su yugo a la ciudad culta y gloriosa. V Por casi todo el territorio nacional, pavorosa y tragica, ruge la guerra civil. Por todas partes se esgrime impiamente el arma fratricida. Luchan hermanos contra hermanos. En vano el flamante dictador asesta su artilleria formidable, pretendiendo, en largo y forzoso asedio, obligar a rendirse a los heroicos defensores de Puerto Plata.. Sus ataques son sucesivamente rechazados. En vano se pretende inspirar el terror fusilando a mansalva a la gene pacifica que circula descuidada por calles y por plazas. Bajo la fusileria de las trincheras bordistas caen nilios, ancianos, mujeres. Por violar lo acostumbrado en casos de bombardeo, el crucero norteamericano Machias dispara sus canones sobre el campamento del ex presidente. iQu vergiienza para el pais! IGranadas extranj eras cayendo en territorio nacional! La segunda edicibn del hecho infame de Pajarito. Un grupo escogido de jvenes intelectuales, en armas contra el bordismo, no vacila, coloeIndose en un punto de vista netamente nacional, en fulminar vibrante protesta contra tan insolito y lamentable suceso. Los ma's caracterizados defensores de Puerto Plata bacen lo mismo. En todas partes, por mis que en todas partes sea la inmensa mayoria opuesta a Bordas, resuena con eco simpatico esa Indignada protesta... Siempre, siempre, por encima de nuestras diferencias partidaristas, de nuestros rencores, de nuestros menguados personalismos, debemos colocar, simbolo supremo de solidaridad nacional, la ensena gloriosa de la patria! Ah i la horrible, la pavorosa guerra civil! ;Que honda tristeza se experimenta, bajo el cielo radiante, en las tardes luminosas de apacible encanto primaveral, constreijido a recluirse 109

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CUBA CONTEMPORANEA uno en lo mas rec6ndito del hogar, al oir las detonaciones repetidas de la fusileria, el desapacible sonido de las balas que rasgan el aire, las lamentaciones de los heridos, que se escuchan a lo lejos en los intervalos en que se hace el silencio en medio del horror de la lucha fratricida Qu6 dolor al saber la trigica desaparici6n de un amigo en las sombras de la pavorosa contienda, al conocer que los edificios de cultura social, de ornato publico, que uno contribuy6 a levantar con ingentes sacrificios, se convierten en cuarteles, en casas de prostituci6n, en antros infectos, sufriendo el estrago de las balas que hacen blanco en sus paredes! No es verdad que es causa de profundo desaliento contemplar c6mo tan fAcilmente se destruye por obra de unos cuantos ambiciosos lo que cost tantos esfuerzos y sacrificios llevar a cabo ? No hay escuelas, no hay periodicos. Los criminales mas empedernidos ostentan triunfalmente su impunidad por calles y plazas, constituyendo una permanente amenaza para los jueces que los condenaron y para la sociedad que los mira con espanto sirviendo de sost6n a lo que los turiferarios de la dietadura continian llamando enfaticamente orden publico! 1 Puerto Plata Convertida en baluarte del derecho escarnecido, la noble ciudad sigue defendi6ndose bravamente. ; Tan bella, tan gentil, tan pintoresca, con sus casas blancas de sencilla elegancia, con la policromia de sus rientes pensiles, con su mar azul, con la montafia enhiesta en cuyas faldas reposa en un ambiente de serena y desbordante alegria! Ahora Into, desolaci6n en sus calles, en sus casas. Tiemblo por su suerte. No puedo olvidar que en ella transcurrieron los dorados dias de mi adolescencia y mi primera juventud... El 30 de julio, Bordas Vald6s, rechazado tantas veces, intenta el ltimo esfuerzo. Fracasa nuevamente con grand mortandad en sus cansados batallones. Empieza a comprender la inutilidad de sus esfuerzos. Los legalistas ho asaltan en sus mismos formidables atrincheramientos. Pierde, pierde terreno... En ese momento se produce la inediaiddn del gobierno norteamericano. Constrefiido a renunciar, toma seguidamente el camino doloroso del destierro. Y al irse deja tras si, obra de su iniciativa segan el gobierno norteamencano, una nueva mutilaci6n de la soberania national: el nombramiento, solicitado por 61, de un experto financiero norteame110

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EL CASO DE BORDAS VALDS 111 ricano, empleado innecesario y que cuesta al pals ocho mil pesos anuales.. VI Examinado serenamente desde punto de vista ma's o menos bien escogido de critica hist6rica, el caso de Bordas Valdes, uno de los mas curiosos y deplorables de nuestra actuaci6n politica incoherente, levantisca y desordenada, se presta a un etmulo de reflexiones acerbas en las cuales descuella una con character prominente por mals de un concept. Ese caso lamentable, ocurrido en mala hora, viene a aumentar en grandes proporciones el fondo de dolorosos pesimismos y de disolventes escepticismos que constituye actualmente lo mas saliente y tipico de la psicologia political del pueblo dominicano. Otro mandatario que desfila ante nuestros ojos, llevandose nuevos jirones de fe y de esperanza. Por todas partes se escuChan voices que repiten: lo mismo que los demas. En vano espiritus bien intencionados repiten con insistencia, como es la pura verdad, que aun tenemos hombres de positiva talla moral muy capaces de ascender a la primera magistratura, y, cumplido su encargo, descender del poder, majestuosamente, sin esbozar el mas leve gesto de pesar y de contrariedad, honrandose a si propios y al pueblo que deposit en ellos el preciado tesoro de su confianza. Al oir estas cosas, la inmensa mayoria se sonrie con desdenosa incredulidad... En semanas pasadas, en una reunion de gente seria y circnispecta, se barajaban nombres mas o menos ilustres dignos de la estimaci6n pnblica, y entre ellos, combatiendo el general pesimrismo, liee yo resaltar con insistencia el nombre de un amigo mio, quien desempefia altisimo cargo a satisfaction general y cuyos sesenta anos de austera virtud republicana y de consagracion acendrada y consciente a magnos apoptolados social, parecian sefialarlo, en esta hora sombria, como uno de los pocos capaces de devolver la fe perdida al pueblo dominicano tan lfiserablemente engafiado por torpes mandatarios, cuando, como 'fesperada respuesta, salieron de labios de todos los circunstantes estas dolorosas pal'abras: se queda, se queda tambi6n... Parece que en el pecho de cada un dominicano se destaca con

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112 CUBA CONTEMPORiNEA caracter fulgurante la frase de suprema desesperanza del egregio poeta florentino. Hay que hacer un alto definitivo en ese sombrio camino. Los pueblos viven, tienen que vivir de ideales. No es posible reclinar para siempre la cabeza atormentada en el sombrio regazo de los pesimismos acerbos. Los pueblos verdaderamente dignos de alto renombre son los que del seno de sus propias debilidades, de sus dudas, de sus infortunios, reaecionando hibil, tenaz y met6dicamente contra tales cosas, logran alzarse a resplandecientes alturas de adelanto y de justicia. F. GARCIA GODOY.

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NOTAS EDITORIALES NUESTRO SEGUNDO ANO Y LA PRENSA NACIONAL Y EXTRANJERA CUBA CONTEMPORANEA, con el numero de diciembre ultimo, cumpli6 dos anos de vida. Veinticuatro nnmeros publicados puntualmente el dia primero de cada mes, desde enero de 1913, dan fe de la existencia de esta revista que ahora entra, con el presente de enero de 1915, en el tercer aio, durante el cual esperamBs vernos rodeados del mismo favor pnblico que la ha acompaiiado en los dos transcurridos. Entramos en el nuevo aio con iguales entusiasmos que el primer dia, y perseveraremos en nuestro afan de sostener a CUBA CONTEMPORANEA en el puesto de honor que ocupa entre la brillante serie de publicaciones periodicas de nuestro pals. En ella hemos puesto, a mals del celo indispensable en esta clase de empenos, el carino con que la concebimos, ya convertido en amor al ver c6mo sin tropiezos se ha desarrollado esta revista en medio de tanto ideal roto y a pesar de los fatidicos agoreros que nos recordaban fracasos de otras nobles tentativas... Para legitima satisfacci6n nuestra-nnica recompensa de nuestros desvelos-, un escogido nneleo de subscriptores nos ha ayudado con sus cuotas anuales, y un selecto grupo de generosos colaboradores ha dado a las pfginas de esta publieaci6n el admirable fruto de sus inteligencias, sin el cual no tuvieran ellas el atractivo que acaso nosotros solos no hubi6ramos podido darles; contribuyendo asi todos, unos y otros, a mantenerla en el alto nivel que deseamos y le reconocen muy estima-

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CUBA CONTEMPORANEA bles publicaciones de Cuba y del extranjero al hacer mencibn de ella, con bondad que agradecemos extraordinariamente, cada vez que aparece un nnmero de CUBA CONTEMPORANEA. Nunca pagaremos la deuda de gratitud que nos liga a cuantos nos alientan, ya de palabra o por escrito, ya con sus contribuciones o su colaboraci6n, en esta obra por nosotros considerada until para la patria y honrosa para quienes la llevan a cabo; asi como tampoco nos cansaremos de repetir nuestras mas rendidas gracias a cuantos colegas nacionales y extranjeros nos ban hecho el honor de citar y comentar, o de reproducir en parte o en totalidad, no pocos de los trabajos aqui publicados durante el aho de 1914, entre otros a La Discusion, Heraldo de Cuba, La Lucha, La Prensa, Cuba, El Comercio, El Mundo, El Dia, Diario de la Marina, La Noche, El Figaro, La Reforma Social, BaseBall Magazine. El Resumen (Guantanamo), El Comercio (Cienfuegos), El Diario (Cienfuegos), El Cubano Libre (Santiago de Cuba) ; The American Review of Reviews (Nueva York), Revista Argentina de Ciencias Politicas (Buenos Aires), Nuestro Tiempo (Madrid), Revista de Libros (Madrid), La Vie des Lettres (Paris), Bulletin de la Bibliotheque Aminricaine (Paris), Revue des ftudes Napoleoniennes (Paris), Revista de las Antillas (Puerto Rico), La Lectura (Madrid) y El Liberal (Bogota). Los trabajos comentados o reproducidos por las citadas publicaciones, son de la senora Dulce Maria Borrero de Lujan y de los senores Luciano Acevedo, Jose de Astorga, Emilio Bacardi Moreau, Luis Bertran, Diego Carbonell, Antonio Castro Leal, F. Garcia Godoy, Mario Guiral Moreno, Max Henriquez Urefia, Pedro Henriquez Ureia, Henry Leyret, Luis Marino Perez, Jos6 Antonio Ramos, Ricardo Sarabasa, Jos6 Sixto de Sola, Enrique Jos6 Varona, Carlos de Velasco y Julio Villoldo. En prueba de nuestro reconocimiento, bien quisieramos insertar todo lo que se ha escrito en esos .y otros peri6dicos con motivo de trabajos publicados en CUBA CONTEMPoRANEA, o acerca de los autores de 6stos; pero llenariamos muchas paginas y no se tendria una idea tan exacta del juicio que merece la revista, como se tendra con la transcripci6n de varios de los numerosos articulos y notas que en el curso del ano 1914 se han eseito respecto a ella. Helos aqui; mas debemos advertir que de ellos 114

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NOTAS EDITORIALES hemos suprimido en algunos casos los sumarios y cuanto no se refiere a la publicaci6n en si, siempre que ha sido posible sin quitar ilaci6n a esos articulos y notas: GLOSARIO.-CUBA CONTEMPORANEA.-Tenemos ya una gran revista con la dirigida par el senor Carlos de Velasco. Necesitados de que el espiritu cubano bablase, vimos todos como una esperanza la aparici6n de CUBA CONTEMPORANEA, quo anunciaba erigirse en portador del pensamiento national. Asi ha sido: este peri6dico, que ha tratado en sus columnas casi todos los aspectos de los problemas cubanos, es el representante genuino en la prensa-y no el nnico porque hay algunos entre los diarios: El Cubano Libre y La Independencia, de Santiago de Cuba; Heraldo de Cuba, de la Habana, y unos pocos mas-de nuestra alma y de nuestras aspiraciones como pueblo amante de la libertad. Practica esta revista el librepensamiento absoluto, no el intransigent de unos pocos que ban llegado a ser fanaticos en su radicalismo; acepta, para su publicidad, cuantos criterion exponen sus colaboradores y no discute las teorias de unos y de otros. Es tribuna, en quo hoy sube un orador y dice su palabra, y maiiana otro orador le refuta. Es la tolerante e indulgente revista que hacia falta en esta tierra de prensa exclusivista que sostiene, contra todas las razones, su criteria cerrado, hecho, inamovible, en cualquier asunto, y que considera un ataque a sus ideales el menor inicio de controversial. Los lectures de El Comercio ban leido, en reproducciones hechas en esta redaccion, varios articulos de la citada revista. No es necesario, pues, elogiar su labor patri6tica y cultural, que en nuestro ambient es como un llamamiento al espiritu de los indiferentes y los desleales, y un heraldo de cubanismo y de amor. ENRIQUE GAY CALB6. (El Comercio, Cienfuegos 6 enero 1914.) CUBA CONTEMPORANEA.-EL NUMERO DE ENERO.-El dia primero de este mes se reparti6, con la puntualidad a que nos tiene acostumbrada, la entrega correspondiente a enero en curso, de la importantisima revista CUBA CONTEMPORANEA, que dirige en esta capital nuestro querido compafiero el seflor Carlos de Velasco. Tan interesante es este namero como todos los anteriores de la cult Publicaci6n, que ya ha entrado en su segndo ano de vida y promete laborar sin descanso por el prestigious intellectual de nuestro pueblo. Juzgue par si mismo el lector, con vista del sumario del cuaderno de enero: 1. Nuestro primer aniversario, por la Direcci6n. II. Nuestra indisciPlipa, Por Enrique Jose Varona. III. Cartas Amatorias de la Avellaneda, con una introducci6n por Carlos de Velasco. IV. Nuestra poblacihn rural y la Liga Agraria, per Rogelio' de Armas. V. Notas Editoriales. (CUBA CON"1MPORANEA y la prensa national y extranjera.) 115

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CUBA CONTEMPORNEA El articulo del doctor Varona lo reprodujimos en nuestras columnas apenas lleg6 a nuestro poder la entrega de CUBA CONTEMPORLNEA. Nuestros lectores lo conocen, pues. El trabajo del senor Armas es de gran actualidad y de suma importancia, por lo que recomendamos su lectura a los hacendados, a los sefores de Ia Liga Agraria y a cuantos les interese la Agricultura. Las Cartas Amatorias de la Avellaneda son Ia reproducci6n literal del folleto La Avellaneda, autobiografia y cartas de la ilustre poetisa, hasta ahora ineditas, publicado en Huelva, en 1907, por don Lorenzo Cruz de Fuentes, folleto que no se puso a la yenta y del que s6lo se tiraron 300 ejemplares. Con la reproducci6n de esas cartas que la Avellaneda dirigi6 a don Ignacio de Cepeda y Alcalde, el hombre de sus amores, presta CUBA CONTEMPORLNEA un importante servicio a la literatura national, pues el folleto de Iuelva, es hoy extremadamente raro, alcanzando un valor fabuloso los ejemplares quo alguna que otra vez aparecen en el mercado. Esta obra va precedida de una amena y oportuna introduccion, en la que se dan curiosas noticias, debida a la galana pluna de nuestro compaero el sefor Carlos de Velasco. Recomendamos a nuestros abonados la lectura de CUBA CoNTEMPORLNEA, y muy especialmente las "Cartas Amatorias de la Avellaneda"y las "Notas Editoriales'' en las que se reproduce el juicio unfnimemente laudatorio que acerca de esta revista cubana ha emitido Ia prensa de todo el mundo. (La Discusin, Habana, 16 enero 1914.) CUBA CONTEMPORANEA.-Hemos tenido el gusto de leer en la muy acreditada Revista un razonado articulo del doctor Enrique Joss Varona, que ha sido muy comentado por ]a forma viril en que present determinados cuadros y sucesos recientes del pals cubano. El citado articulo del senor Varona Ileva por titulo, Nuestra indisciplina y en 61 bace destacar graves errores de nuestro medio social, quo pudieran Ilevarnos, de persistir, a la mayor anarquia. Algunos colegas ban censurado el escrito del doctor Varona, colocados en determinados puntos de vista, pero en su esencia y por sa ensenanza a las colectividades, es un escrito de gran espiritu civico y que bace honor a su autor. Aprovechamos la ocasi6n de tratar del ilustre hombre pnblico senot Varona, para felicitar una vez m6s a CUBA CONTEMPORLNEA, publicaci6U juiciosa o ilustrada y genuinamente cubana. (El Sufragista Cubano, Habana 20 enero 1914.) PUBLICACIONES.-CUBA CONTEMPORANEA.-Ha ]legado a nuestras manos, tan puntualmente coma siempre, el nnmero de la cada dia mns notable revista CUBA CONTEMPORXNEA, que dirige el cultisimo y docto escritor senor Carlos de Velasco, correspondiente al actual mes de febrero. 116

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NOTAS EDITORIALES Trae el siguiente sumario, cuya buena calidad estA garantizada por las prestigiosas firmas que suscriben los diversos trabajos que en el mismo aparecen citados: Aspectos censurables del caracter cubano, Mario Guiral Moreno; La seqarduria corporativa. (Proyeeto de reforma constitutional.) Jos6 Antonio Ramos; Las closes populares y la extension universitaria, Dr. Juan M. Dihigo; La apoteosis del "Caudillo''. Parrafos de Bunge, Julio Villoldo; Cartas amatorias de la Avellaneda (Continuaci6n), que son interesantisimas; Bibliografia, Max Henriquez Urefia, y Revista de Revistas (Enrique JosA Varona; estudio publicado en La Revista de Amsrica), por C. de V. Agradecemos altamente el envio de CUBA CONTEMPORANEA y reiteramos al valioso colega sensual los mias cordiales votos de felicitaci6n. (Diario de la Marina, Habana, edici6n matinal del 11 de febrero, 1914.) LA INFORMACION SOCIAL.-ACOTACIONES.-A los impenitentes descreidos, a los que nunca pudieron confiar en que nuestra vida intelectual tomase las proporciones y el derrotero que demandan de consuno las necesidades sociales y el sentido politico que padece el pais, a los fracasados agoreros de todos los tiempos-la remora eterna-les recomendamos con la refocilada satisfacci6n de quien goza en anticipo el triunfo de su idea, la lectura de ese admirable manojo de frutos sazonados que brinda en sus columnas-sost6n de las buenas letras-la revista excelentisima de Carlos de Velasco, CUBA CONTEMPORANEA. Inf6rmala siempre un alto espiritu de provision patri6tica; la tendencia nacionalista rige en los estudios de humanidades que public, y es quien salvaguarda, en la hora present, la produccion seria y valiosa que en otros tiempos era dedicaci6n preferente de los cubanos que aun son nuestra gloria-lo inmortal ha de considerarse como lo que vive-y que tan insignes pros4litos han hecho en esa juventud que levanta ardorosamente a CUBA CONTEMPORANEA. .... ... ... ... ... ....... ....... ........... ....... ....... ... LUCILO DE LA PENA. (La Prensa, Habana, 20 febrero 1914.) Llega hasta nosotros la revista CUBA CONTEMPORANEA, que edita en la Habana Carlos de Velasco. No es esta revista de las que hacen sonar sus rotativos para llamar la atenei6n, pero en realidad su factura es inmejorable. Cuando recibimos el numero 2 de este afio, nos pareci6 algo may superior a lo que imaginobamos. Moderna en su estructura material y tipogrAfica y rica en material ameno y valioso; 6sa es CUBA CONTEMPORANEA. Estos nnmeros publican las cartas amatorias de la Avellanada, por muchos conceptos interesantes y leidas. (Camagiiey Masdnico, Camagiley, febrero 1914.) 117

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CUBA CONTEMPORANtA IDEAS Y LIBROS.-CUBA CONTEMPORANEA, tomo 4.* num. 1.Esta importante revista celebra su primer aniversario. En un brillante articulo, la direccion promete esforzarse para que la revista CUBA CoNTEMPoRNNEA sea cada dia mas digna de su nombre, que pudiera ser un simbolo, y en procurar satisfacer todas las exigencias de la gran vida moderna, en contacto con todas las corrientes del mejoramiento universal. En el nnmero 1. Enrique Jos4 Varona, en el articulo Nuestra Indisciplina, manifiesta honda preocupaci6n para con el funesto declive hacia la indisciplina social a que parece arrastrada el alma del pueblo cubano. La autoridad public y hasta la privada fueron durante muchos y muchos afnos instrumento permanent de opresi6n: de ahi se explica c6mo la tendencia natural de los que se sentian libres de su peso era creer que la libertad civil y la libertad politica significan ausencia complete de sujeci6n y limited. El espiritu de despotismo ha conducido al espiritu de anarquia... Entiende el author que el patriotismo exige no disimular los riesgos que amenazan al cuerpo social, y con tal objeto sefiala algunos casos reiterados de indisciplina social que, desiguales en su importancia y ramificaciones, convergen en el mismo profundo sentimiento: la atribuci6n, al individuo o grupo, de un privilegio, que es s6lo otra formal mfs sutil de anarquia. (Revista Argentina de Ciencias Politicas, Buenos Aires, febrero 1914.) CUBA CONTEMPORANEA.-Esta hermosa revista mensual, genuinamente cubana y con un sello especial de seriedad y buena presentaci6n, ha llegado a nuestras manos (numero de marzo). Su Director es Carlos de Velasco, y cuenta con un cuerpo de redacci6n escogido, por lo que sus materiales no pueden ser mas selectos. Es un peri6dico que no debe faltar en ninguna mesa de lectura, ni en ningnn hogar que se interese por la cultura, la historia y los triunfos literarios cubanos. (El Sufragio, Sancti Spiritus, 3 marzo 1914.) CUBA CONTEMPORANEA.-La excelente revista que en feliz hora naci6, en la Habana, al calor del entusiasmo intellectual y patri6tico de un selecto grupo de j6venes escritores y bajo la competente direcei6n del pulero y laborioso literato Sr. Carlos de Velasco, prosigue su marcha triunfal en el campo de la prensa, y cada vez mas se hace acreedora a la protecci6n material y al aplauso del pnblico. El nnmero del actual mes de marzo, que acaba de llegar a nuestras manos, encierra el siguiente escogido text: I. Races del mal. Educaci6n familiar. Julio Villoldo. II. El Dr. Francisco Antomarchi: sus dias en Cuba. Emilio Bacardi Moreau. III. Lord Beaconsfield. (Traducci6n de Enrique Hernandez Miyares.) Eta de Queiroz. IV. La aclimatacidn del cubano. Luis Marino Perez. V. La Compania de 118

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NOTAS EDITORIALES Jesis. Francisco G. del Valle. VI. Cartas amatorias de la Avellaneda. (Conclusion.) VII. Con motivo de las fiestas de Belet. Enrique Jos6 Varona. VIII. Bibliografia. Max Henriquez Ureofa. IX. Notas editoriales (Centevario del natalicio de la Avellaneda.-La enseianza religiosa y la escuela publica.-El teatro cubano.-La Sociedad Cubana de Ingenieros.-La Academia Espaiola y el senor Pichardo.-EL Gran Premio de la Academia National de Artes y Letras.-Caracteres del Teatro Franes Contempordneo)... Quedamos, como siempre, altamente reconocidos al distinguido colega, por su puntual visita. (El Cubano Libre, Santiago de Cuba, 5 marzo 1914.) LA VIDA LITERARIA.-CUBA CONTEMPORANEA.-El poderoso movimiento literario que se observa actualmente en America, encuentra en cada una de las repnblicas que integran este continent, numerosos sustentadores. Program de una juventud que ve en esto, no solo una admirable orientaci6n artistiea, sino la base de una futura renovaci6n political, fomenta agrupaciones, que fundan ceniculos en los cuales se discute y se habla acerca de la verdadera posiei6n intellectual de la Am6rica en el mundo. En la Argentina, en Chile, en Mexico, se fundan revistas que son los 6rganos de ese movimiento. No es s6lo el libro el recurso final de estos innovadores o sustentadores. La revista, variable, multiforme, acoge a las firmas nuevas, estableciendo asi una relaci6n entree todos los que laboran guiados por un mismo ideal: mantener-crear a veces-una literature nacional, junto al influjo de las literaturas extranjeras que moldean, eon frecuencia, la forma de esa literature national. Caracterizada 4sta por su espiritu, lleva en si una aspiraci6n: la de mantener tambi6n el espiritu national; a menudo hasta de algo mis: de crearlo. Y llenos de fe en el esfuerzo, vemos surgir, hace pocos aios, en Buenos Aires, a Nosotros, la revista en donde colaboran, al igual que en Renacimiento, los mis prestigiosos escritores argentinos. Como en aquella notable Revista moderna de M6xico, se estudian y analizan las nuevas tendencias que dividen la opinion en Europa y tambien los diversos aspectos de la literature y el arte nacional. Mfs tarde un ilustre escritor peruano residents en Paris-Francisco Garcia Calderon-funda y dirige La Revista de America, 6rgano de toda la Arnica, y que mantiene, desde su comienzo, una laudable confraternidad entre estos paises, exaltando el espiritu, profundamente americano, que anima a su producci6n literaria en estos nltimos tiempos. Despu6s un grupo de escritores laboriosos fund en la Habana CUBA CONTEMPOPANEA. Eligen para director a una de las jovenes figuras de nuestra literature; a Carlos de Velasco. El cuerpo de redactores lo forman Max Henriquez Urena, Sola, Guiral, Ricardo Sarabasa y Julio Villoldo. Han realizado un proyecto de Jesus Castellanos. El malogrado autor de Cabeza de familia, queria publicar una revista de esa clase que se lla119

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CUBA CONTEMPORANEA maria Revista Libre. En enero de 1911 cambifbamos impresiones Jesus Castellanos y yo, acerca del plan que 61 tenia pars la organizaci6n de su revista. Queria, como su nombre lo indicaba, fundar una revista libre, abierta a todas las orientaciones y que fuese tribuna para todo noble esfuerzo y toda hermosa idea. En febrero, me explico que ya tenia distribuida la seeci6n de revistas. -Yo har6 las italianas-me dijo-, Max harA las inglesas; tnl las francesas... pero necesito alguien que sepa alemfn. Quiero que la revista... jA qu6 seguir enumerando detalles que a mi, como a todos los compaferos, nos reeordarn con dolor el entusiasmo del amigo desaparecido? Baste con decir que dos meses despues de esa conversaci6n-en Mayo-muri6 Castellanos. La Revista Libre parecia uno de tantos proyectos del inolvidable compafero, que han quedado sin realizar. Pero surge CUBA CONTEMPORANEA. No ha muerto aquel proyecto que tantos beneficios iba a reporter a las letras cubanas. Carlos de Velasco, al frente de la nueva revista, era una s6lida garantia. Su talento y su firm voluntad, hacen pensar en que CUBA CONTEMPORANEA sera el 6rgano de nuestra literature. Se public el primer nunmero. Pasa un ano, durante el cual todos los meses aparece is revista reflejando nuestro movimiento intellectual. La esperanza se torna hermosa realidad. Y asi hoy CUBA CONTEMPORANEA es, en Cuba, lo que La Lectura en Espana, La Revue o el Mercure en Francia, y la Nuova Antologia en Italia, por no citar mss nombres que harian fatigosa una precisa enumeracion. Carlos de Velasco, secundado por la iniciativa y el talento de sus companeros redactores, ha dado a ]a revista una marcada orientaci6n nacionalista. Sin decirlo, la revista, 6rgano de una intelectualidad vigorosa, condena el alarde subversivo que revuelve a estas democracias. Impone el m6todo de la raz6n, a ia violencia. Alienta a los escritores nuevos. Quiere, en suma, dignificar nuestra patria, exaltando la personalidad del intelectual. Sin tratar de "intelectualizar'' toda aspiraci6n, vigoriza el nfcleo de nuestros escritores, alentando a cuantos estiman la erudici6n y el estudio como s6lidas bases para lograr la depuraci6n de los valores politicos invertidos, como pass en todas Ins democracias, en los primeros periodos de su constituci6n national. A toda idea noble, se adhiere. En los reeientes festejos conmemorativos del centenario del nacimiento de la AveIlaneda, toma part important. En el fondo, su programa no es mks que una renovaci6n intelectual. Pero es tan until y tan profunda esta renovaci6n, que trasciende a la vida de nuestra patria y le abre nuevas rutas al pensamiento cubano, por el cual se precipitarn llenas de fe, las enegias de todo un pueblo que anhela directors y sigue-la historia nos lo dicea los nobles sembradores de ideal. BERNARDO G. BARROS. (Heraldo de Cuba, Habana, 29 marzo 1914.) CUBA CONTEMPOTIANEA.-Es ardua empress, levantar en media del 120

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NOTAS EDITORIALES desasosiego de unos y la ira de otros, un heraldo de luz. Consagrarse a una labor mtns ideal que material en tiempos en que el vellocino de oro es la estrella de los mas, es obra de dignidad, de amor y patriotismo. Sostener aqui una publicaci6n eminentemente literaria, sin flechazos enconados ni reclamos ridiculos, no es muy facil tarea. Pasamos desgraciadamente por esos periods que atraviesan todos los pueblos, por esos momentos en que la politica todo lo consume y en que pasa inadvertido el que vive consagrado a una labor absoluta de pensamiento, si no se decide a levantar la voz en el seno de las asambleas partidarias, entre puflos crispados y gritos blasfemantes. Son pocos los que se dan cuenta de Io que represents un esfuerzo en pro de la cultura. Los mals screen que el que funda una revista puede rodar coche y autom6vil con el lucro de sus afanes, ignorando que es ms que un campo propicio a cosechar dinero, un desgaste de energias y una p6rdida monetaria. Otros piensan que los que se esfuerzan por imponer las letras son unos ilusos, unos soiiadores, y los que tal dicen viven desdefifndolo todo sin contribuir en nada a los esfuerzos que hacen los que cabalgan en el corcel de Don Quijote, mientras ellos montan en la mula de Sancho. Por Io general los que son incapaces de acometer una empresa, critican al que parece llevarla a f61iz 6xito, y lo tachan, y Io muerden. La envidia y la intriga viven minando los eimientos de la sociedad. jY en d6nde estin los que se levantan contra el predominio vulgar de esas masas acbfalas tan necesitadas del bisturi que las corte? En d6nde ester la energia que ha de poner freno a tanta audacia? Pues en la labor intelectual, en los que luchan sin descanso, en los que sirven para algo mas until que para gurrupids de la politica y alzacolas de los poderosos, en los que se ocupan-mientras afuera rugen las pasiones-en hacer obra de honor. Y en Cuba estftn despertando por todas partes voceros de la opini6n y soles de la esperanza. Y es 6sa la labor que viene realizando la interesante y amena publicaci6n CUBA CONTEMPORANEA. Es esa labor acreedora a los mayores elogios la que lleva a feliz arribo el entusiasta joven de alma fuerte y limpio coraz6n, Carlos de Velasco. El leva su revista hacia la cima del ideal, y no va descreido como otros sino poseido de vigorosos ensueflos y nobles iniciativas: echando a un lado estorbos y cubriendo hendiduras. Publicaciones de esa indole son las que ponen en alto el nombre de la patria Y no las que aqui circulan pOr las manos de inconscientes lectores salpicadas de adjetivos obscenos y degradantes. Poner el talent al servicio de la inmoralidad no cabe mAs que en el cerebro hueco de los muchos pseudointelectuales que padecemos. CUBA CONTEMPORANEA ha venido a romper los molded y tradiciones antiguos; es como una bandera que ondea en los aires simbolizando la idea. Ella ha triunfado porque lleva-como su mejor defensa-las armas de la inteligencia; Gnicas invencibles. A semejanza de la Revista de Amsrica que se publics en Paris bajo la direcci6n de talentosos literatos, es CUBA CONTEMPORANEA como un ejemplo vivo y palpable de que hay aqui quienes se interesen, mas que en lucrar con la patria, en honrarla y enaltecerla. SI, raro es en verdad encontrar en estos tiempos de positivismos sin 11

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CUBA CONTEMPORANEA nombre y de ambiciones desmedidas, hombres que aspiren a cosas mas encumbradas que las de vivir sirviendo de escalones a tantos Catones de opereta que despu6s que escalan el solio de sus anhelos, les vuelven las espaldas a los que mas les ayudaron a subir y van hacia la sombra envuelta en oro que constituye sus quimeras. Cuando un pueblo tiene todavia quienes sean capaces de un fin noble y educativo, quienes no se dejan llevar solamente de bastardas granjerias sino que se alimentan de principios mas sanos, que unen al materialismo natural y humano, necesarios ensueos, y que sirven para algo mas que para vivir doblegados al pie de los caciques del moment; ese pueblo anan tiene noci6n de sus deberes y derechos y vias de saneamiento, afn puede entrar por las sagradas puertas de la libertad y del derecho al capitolio del progreso. Y en Cuba-ya lo estan demostrando los mantenedores de esa bella revista-afin alumbran las conciencias; aan manan luz los corazones... MIGUEL ANGEL CARBONELL. (Universal, Habana, 5 abril 1914.) CUBA CONTEMPORANEA.-Acaso no exista en el mundo una revista de mayores vuelos que la importantisima que se publica en la Habana bajo el titulo de CUBA CONTEMPORANEA, y encomendada a la meritoria direeci6n del senor Carlos de Velasco. Es politica; es cientifica; es literaria; es sobre todo progresista, y rompiendo los moldes tradicionales de publicaciones de su indole, condensa en un libro que componen todos los que sean capaces de colaborar honradamente por el bien politico, moral e intelectual de Cuba, y todos los que quieran, empleando toda la pureza necesaria de lenguaje, rendir culto al arte y a ]a ciencia. Y asi result en los numeros publicados hasta la fecha, segundo ano de su fundaci6n, que los trabajos, todos firmados, que han visto la luz en CUBA CONTEMPORANEA, hacen honor a aquella culta Republica y son un triunfo sefialado para el insigne periodista Carlos de Velasco que ha sabido colocar al lado de los grates matices del estilo, cuidado que suele ser el mayor ornamento de las revistas enciclopedicas, las efervescencias idealistas que dan interns y amenidad a los periodicos diarios. (Colorado, Asunci6n, Paraguay, 6 abril 1914.) BIBLIOGRAFIA.-DE CUBA.-Habana. Los numeros 2 y 3, tomo 4.V de la revista mensual CUBA CONTEMPORANEA. Es hasta ahora que tenemos oportunidad de conocer esta important publicaci6n. Los numerous a que nos referimos contienen mss de sesenta y cuatro pAginas, y segdn vemos por la nota de condiciones, cada ano resultan tres tomos de trescientas pAginas pr6ximamente. Los studios y demias articulos publicados en los nimeros dos y tres son de suma trascendencia social. En la parte literaria esta Revista es re122

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NOTAS EDITORIALES flejo fiel de un exquisite buen gusto. De merito indudable es la colecei6n de cartas amatorias de la Avellaneda. (El Foro, San Jose de Costa Rica, abril 1914.) REVISTAS.-Con el cumplimiento, que tanto estimamos y agradecemos, seguimos recibiendo... CUBA CONTEMPORANEA, una de las grandes revistas de America: con frecuencia se registran en sus pAginas, estudios de Enrique Jose Varona y Max Henriquez Ureia. Su material de lectura predominante da a conocer que el pueblo cubano ha entrado en un periodo de seriedad con la correccion de sus defector sociales. IsAAc J. BARRERA. (Letras, Quito, Ecuador, abril 1914.) CUBA CONTEMPORANEA.-Acusamos recibo de la notable y amena revista mensual CUBA CONTEMPORANEA que dirige nuestro estimado amigo el senor Carlos de Velasco. El n6mero que tenemos a ]a vista, y que corresponded al presented mes, trae un interesante sumario, figurando las firmas entre otros, de Ricardo del Monte, Diego Carbonell, doctor Gustavo A. Tomeu, que firma un notable articulo sobre Problema de Derecho Transitorio; R. Sarabasa, etc., etc. No dudamos que el 4xito de dicha revista irk en aumento, y damos las gracias al senor Velasco, por su atento envio, felicitndole, al mismo tiempo, por sus esfuerzos en pro de la cultura literaria. (La Lucha, Habana, 2 mayo 1914.) DE ACTUALTDAD.-LA PATRIA DE MARTL--Esta entre las naciones mis dignas de atenci6n, Suiza y Belgica, por la admirable cordura sobre que se asientan sus instituciones y costumbres eminentemente morales. Cuba no es menos digna del entusiasmo con que la contemplamos; porque acaba de sentar su partida de nacimiento y, sin embargo, por el caracter ind6mito de sus hijos, ella va saliendo vencedora en todos los 6rdenes de sus adelantos. En lo intelectual eso estf patente: sus publicaciones lo indican y la senalan con asombro. Pai en cuya pequefla ciudad capital se editan ciento setenta peri6dicos (aunque se comprende que no todos son como el donairoso mensual que dirige don Carlos de Velasco) tiene, sin duda alguna, potencia vital creciente. CUBA CONTEMPoRANEA, es una hermosa revista cuyo ideal es la gloria de In patria heroic de Jos6 Marti; su director es un intelectual de muy altos vuelos, que vive por y para Cuba; que se desvive por el prestigious de la "Perla de las Antillas'': estA eserita en lenguaje franco y atrayente por su correcci6n amena o instructiva. i En Cuba independiente, libre y democratica se producen esos frutos! 123

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CUBA CONTEMPORANEA El nltimo numero de la expresada Revista trae El pesimismo cuban, articulo lleno de substancia patri6tica, en el cual palpita el mas valioso sentimiento nacionalista, que ennoblece a los pueblos y las inmortaliza. Ese articulo exhibe a su autor como un soci6logo distinguido: defensor de la gran causa: la ''nacionalidad 0 independencia! '' que tanto combati6 Cnovas del Castillo, quien labr6 asi la caida de Espana. Todo ese articulo es una valiosisima ensenanza; pero uno de los nltimos pirrafos-el que habla de las dos ''moralidades norteamericanas'', debiera grabarse en planchas de oro en cada escuela o colegio... Nadie puede dudarlo: Cuba progress en todos sentidos: su actividad econ6mica es asombrosa: en estos nltimos catorce anos ha dado el mas raro ejemplo de desarrollo: se ha aumentado en un mill6n mas su nnmero de almas; lo quo revela bien claro la inmigraci6n atraida por los grande elementos de la Isla y por la plena confianza en su porvenir. Nos sentimos cada vez mis altivos por el empuje cubano, porque no. desdice del temple de la raza, que, si debil alguna vez por el numero, nunca menos vigorosa por sus altos ideales y por su dignidad. Ese temple, esa grandeza, se exhiben en el magistral articulo mencionado. Si Cuba no tuviera otros hechos, la revista CUBA CONTEMPORINEA bastaria para elevar a Cuba como naci6n altamente cult: esa revista no es inferior a la Revista de Cuba, que redactaron notables pensadores y quo hemos leido con todo entusiasmo. iLoor a las defensores de la Patria Cubana! F. CONTRERAS B. (La Republica, Guatemala, 25 mayo 1914.) CUBA CONTEMPORANEA.-Esta tarde hemos recibido una copia del nfmero de junior, de la importante revista mensual CUBA CoNTEMPORk NEA, que viene, eomo siempre, repleta de buen material de gran interest. Trae este numero de CUBA CoNTEMPORANEA, un extenso trabajo de nuestro culto y estimado amigo el Dr. Jose Sixto de Sola, El Deporte como factor patri6tico y socioldgico. Las grandes figuras deportivas de Cuba. Recomendamos ese brillante trabajo a todos los que se interesen por el desarrollo del sport, pues esta bien escrito, y contiene abundantes datos que debemos conocer todos. El trabajo es extenso, aun no hemos tenido tiempo de leerlo en su totalidad, pero los pocos pfrrafos que hemos leido han sido suficientes para interesarnos vivamente en ese trabajo de Jose Sixto de Sola, por el que queremos felicitarlo sinceramente. La Prensa, vista la importancia de ese hermoso trabajo del Dr. Sola, lo reproducirt en esta plana de Sports, comenzando manana la primera parte. Lo recomendamos a nuestros lectores. (La Prensa, Habana, 2 junio 1914.) 124

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NOTAS EDITORIALES INTERCAMBIO INTELECTUAL AMERICANO.-Respondiendo a la invitaci6n que en un articulo titulado Nuestro canje sudamericano, dirigimos meses atrfis a todos los escritores de America, a fin de que colaboraran en las pftginas de Nosotros-artieulo e invitacion que han merecido ser transcriptos y comentados por varias publicaciones del continente-, el sefor Carlos de Velasco, director de ]a seria y excelente revista mensual CUBA CONTEMPORANEA, que honra verdaderamente, junto con algunas similares, la cultura de la Antilla mayor, nos ha escrito una conceptuosa carta de Ia que entresacamos los principals pArrafos, por creerlos de interns general: "Tambien CUBA CONTEMPoRNEA-nos dice-quiere ser una revista "americana, y sus paginas estan, desde luego, a la disposici6n de ustedes "y de todos los companeros argentinos: en ella hemos publicado ya artie"los de Manuel Ugarte, Garcia Calder6n (peruano), F. Contreras (ebi"leno), R. Blanco-Fombona (venezolano), Diego Carbonell (venezolano), "Gabriel Porras Troconis (eolombiano), Am6rico Lugo, Pedro y Max ien"riquez Urena (dominicanos), y tenemos originales del gran Rod6 y de "Luis Alberto de Herrera (uruguayos), y de otros muchos escritores de "nuestra America. Yo agradeceria, pues, ya que nos guia el mismo alto "sentimiento de fraternidad americana, el mismo deseo de dar a conocer "en todo el continente a los hombres que valen en nuestras veinte repi"blicas, que diesen ustedes a conocer entree los escritores argentinos nues"tro deseo de difundir aqui su valer, ya por medio del envio de algunos "trabajos, ya por medio del envio de buenos libros, que, siendo dos los "ejemplares, serian amplia e imparcialmente juzgados en nuestra secci6n "bibliografica. Ack es raro el libro argentino que lMega, y queremos que "leguen y de los buenos, para hablar de ellos.'' Nada tenemos que agregar a tan generosas palabras. 861o hemos de recomendar una vez mas a nuestros amigos tan important revista que les abre los brazos, una de las mejores, en su carfcter semejante al de NosOros, que aparecen en Am6rica. (Nosotros, Buenos Aires, junio 1914.) CUBA CONTEMPORANEA.-Cada dia cosecha nuevos y merecidos aplausos esta revista que dirige nuestro talentoso companero y culto literato, Carlos de Velasco. Al nimero del mes pasado que fu6 verdaderamente notable, ha seguido este en donde todos los trabajos tienen un gran interAs. CUBA CONTEMPORANEA es una revista que hace honor a las letras cubanas. Es sin disputa la mejor de cuantas se publican en castellano. (... ... ......... ...... ... ... ..................... (iteraldo de Cuba, Habana, 3 julio 1914.) 125

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CUBA CONTEMPORANEA CUBA CONTEMPORANEA.-Uno de los esfuerzos intelectuales mis grandes realizados en Cuba, desde que aqui albore6 la civilizaci6n, es el de la fundaci6n y el pr6spero sostenimiento de la revista CUBA CONTEMPOR-NEA, de la Habana, cada uno de cuyos nimeros es como una prueba mis del ansia noble y ardiente de cultura y progreso que anima a nuestros verdaderos elementos intelectuales, empefados en la obra de conformar el espiritu cubano al contacto fecundo de las ideas modernas de reflexi6n, moralidad y laboriosidad creadora. Representante principal del gallardo y loable esfuerzo que significa CUBA CONTEMPORANEA es su dignisimo director, el Sr. Carlos de Velasco, escritor s6lido y cultisimo, de gran fervor intelectual y patri6tico, que ha merecido recientemente el honor de ser elegido miembro de nuestra Academia Nacional de la Historia, por lo cual le felicitamos con efusi6n cordial. Acaba de llegar a nuestras manos el namero de CUBA CONTEMPORNEA correspondiente al actual mes de julio, y como el mejor elogio que pudiera mos hacer de 61, nos limitamos a reproducir su excelente sumario. I. La obra de la Revolucion Cubana.-Carlos de Velasco. IL El derecho cubano.-Mariano Aramburo. III. La fisonomia del Arzobispo Merio. -Manuel Cestero. IV. La caricatura en Cuba.-. Ayer y hoy.-Bernardo G. Barros. V. Un escrito cslebre en el foro habanero.-Adolfo Marquez Sterling. IV. Calibdn Rex. (Drama politico cubano).-Jos6 Antonio Ramos.VII. Notas editoriales. (El Centenario de Milanes.-Los estudios de Geografia.-Nuevos edificios de Centros cubanos.-La cultura en Cuba.La mejor revista mensual de Cuba.-Honrosisima distinci6n). (El Cubano Libre, Santiago de Cuba, 7 julio 1914.) DESDE LA HABANA.-Entre el nnmero de revistas que se publican en la Habana, CUBA CONTEMPORANEA es una de las que leo con mis gusto y provecho. Y cuenta que en la Habana se publican algunas que nada tienen que envidiar a las mejores del extranjero. &Para que citar nombresi CUBA CONTEMPORANEA es una revista muy cult y muy amena que recuerda, por la Indole de los trabajos que publica, la inolvidable y meritoria Revista de Cuba que fund6 y dirigi6 hasta su muerte el malogrado Jos6 Antonio Cortina, y continu6 luego el sabio Enrique Jos6 Varona. Dirige CUBA CONTEMPORENEA un joven de positivo mdrito, Carlos de Velasco, y centre sus colaboradores figuran nombres tan prestigiosos como los de Manuel Sanguily, Antonio Sinebez de Bustamante, Mariano Aramburo, Julio Villoldo, Alfonso Hernandez Cata, Rafael Montoro, Francisco Garcia Calder6n, Manuel Ugarte, Diego Carbonell, Jose Antonio Ramos, Luis Rodriguez Embil, Americo Lugo, Rufino Blanco Fombona y otros quo no recuerdo abora. La aparici6n de CUBA CONTEMPORANEA-acogida con aplauso y regocijo por los intelectuales cubanos-ha sido un 4xito ruidoso, exceptional, extraordinario. En sus pfginas-abiertas a ''todas las orientaciones del espiritu moderno' '-caben las opiniones mis contrapuestas, sin otra limita136

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NOTAS EDITORIALES ei6n que el respeto a las personas y a las ideas. gPuede pedirse criterio mks amplio, mks generoso, mfs modernoI FRANCISCO CAEELLAS. (Mercurio, Nueva Orleans, julio 1914.) REVUE INTERNATIONALE DES LETTRES ET DES ARTS.-Nous insdrerons prochainement un 6tude sur la litterature Cubaine, dont les revues son: CUBA CONTEMPORANEA; El Figaro, Letras, Cuba y Amdrica, Revista Bimestre Cubana, Revista de la Facultad de Letras y Ciencias, etc. Signalons, d6jA la plus remarquable d'entre elles, CUBA CONTEMPORANEA, que dirige avec tant de competence eclairee M. Carlos de Velasco. Dans le volume de mai, Ricardo del Monte publie une note historique sur les poses cubains... (La Vie des Lettres, Paris, julio 1914.) REVISTA DE LIBROS.-CUBA CONTEMPORANEA, Revista mensual. Habana 1914.-Con regularidad exquisita recibo este selecto magazine mensual que alli, en la populosa urbe habanense, dirige el culto joven santaclareiio Carlos de Velasco. Es CUBA CONTEMPORANEA sin disputa alguna, la mejor revista cubana, y, como lo reconocen eminentes escritores de ambos mundos, una de las mejores que hoy ven la luz en idioma castellano. Con efecto, plumas doctas, competentes, bien documentadas, son las que enaltecen esas serenas pfginas, limpias de galianglicismos y plenas de conocimientos s6lidos y multiformes... Es esta una nueva revista en que se hace sincera labor patri6tica: so esfuerza por dar a conocer, dentro y fuera de esta Perla antillana, nuestra labor cultural-ciencias, artes, economia politica y social, pedagogia... y todo aquello que d6 la sensaci6n de nuestro progreso, de nuestra vitalidad gubernativa, de nuestra energia intelectual y de nuestra fuerza econ6mica. Labor hermosa que nos da relieve, buen nombre, y que merece palmas y ovaciones... .............. ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... CUBA CoNTEMPORANEA es la casa de todo joven de talento y cultura. Desde esta valiosa tribuna se atacan y resuelven todos los problemas que afectan hondamente nuestra personAlidad national: desde la iniciaci6n libertadora hasta la labor gubernativa. Impera ahi un amplio espiritu de tolerancia y de alto criticismo... PEDRO ALEJANDRO L6PEZ. (Castalia, Manzanillo, 9 agosto 1914.) BIBLIOGRAFIA.-CUBA CONTNMPORANEA.-Cada entrega de esa Revista mensual, tan habilmente dirigida por el ilustrado escritor D. Carlos de Velasco, es un libro ameno, instructivo e interesante en sumo grado. La de julio ultimo contiene, entree otras cosas, un alegato que nos llam6 127

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CUBA CONTEMPORANEA la atenci6n y que estA bien titulado asi: Un escrito celebre en el foro habanero, por el experto jurista D. Adolfo Marquez Sterling, que debieran leer nuestros abogados criminalistas. Tambien es notable el drama politico Calibdn Rex, de Jos6 Antonio Ramos que, con otros trabajos importantes, figura en el mismo tomo. (Sur-Amsrica, Bogota, 19 agosto 1914.) BIBLIOGRAFIA.-CUBA CONTEMPORANEA.-Est en nuestra mesa de labores el 6ltimo nnmero de la brillantisima revista del culto publicista cubano Sr. Carlos de Velasco. Viene el namero de septiembre en curso, uno del sexto tomo, lleno do exquisito material, como es costumbre en publicaci6n de tanta valia. La labor de alto cubanismo que informa el programa de CUBA CONTEMPORANEA merece los plkcemes de todos los que hemos venido a la vida en esta antilla. Sin desatender cuanto significa del movimiento de las ideas en el mundo, sino que por el contrario, atendiendo a tan importante part en una revista de su indole, presta importantisima atenci6n a los asuntos puramente cubanos. Tiempo hacia que estAbamos huerfanos do un elemento "cubano" en nuestra prensa seria, de la altura de CUBA CONTEMPORLNEA. He aqui el sumario: Raices del mal.-Los dos remedios, por Julio Villoldo. Estudios sobre el Renacimiento en Espania.-El maestro Herndn Pdrez de Oliva, por Pedro Honriquez Ureiia. Las ideas political de Bolivar, por Gabriel Porras Troconis. Domingo del Monte como poeta y literato, por Emilio Blanchet. Los nuevos escritores chilenos: Francisco Contreras, por Armando Donoso. La conflagration europea, por Luis Bertran. Bibliografia. Notas editoriales. (El Resumen, Guantanamo, 9 septiembre 1914.) AQUI PARA INTER NOS!...-Confieso que no conoci hasta hoy Ia revista CUBA CONTEMPOR&NEA que un escritor de arrestos y de buena fe edita aqui, en nuestras narices, en la misma Habana, sin que el preg6n de ]a justicia le seflale al aprecio de los buenos ni el parche de la boa se rompa en su floor. Carlos de Velasco, que es quien tal hace, no brinda al quo leyere mfsica de chirimias y titiritainas. Su labor de literature amena y do patriotismo puro es agua clara, manantial sereno. CUBA CONTEMPORANEA aborda en sus paginas cuantos problems importan al bien criollo, al bienestar latino, con una sensatez y una amplitud de criteria inesperado y easi incomprensible en nuestro medio de envalentonamiento chocarrero y de barateria moral. Carlos de Velasco ha impreso s5 fisonomia en su peri6dico, que, como 61, es de aspect severo, horro de pa128

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NOTAS EDITORIALES labras, pr6digo de ideas y modesto, hasta el desapercibimiento, en la vida de vanidades que en su redor se derrama y consume. Laboran con Carlos de Velasco en CUBA CONTEMPORANEA cuatro, seis j6venes, que piensan con el vigor de otros hombres de otras 6pocas y dicen como maestros consumados lo que pensaron como humanistas discretos. Sus nombres no dicen nada a los que consumimos quince aflos en este batallar Aspero y esteril; y no nos dicen nada porque la vida tiene exigencias de dedicaci6n a lo vano, a Io vario, a lo pasajero; y el periodista que lucha al dia esta mfts cerca de la gramalla populachera que de la espuma intelectual. Tomad un CUBA CONTEMPORANEA, hojead sus paginas, adentraos en su ambiente sano, parad el espiritu en lo que va por dentro, en su ideismo, y ved, despu6s, los nombres que lo sustentan: Velasco, Sola, Guiral Moreno, Urena, Sarabasa, Enrique Montoro... Nada; no nos dicen nada estos nombres a los que Ilevamos quince aos abatiendo nuestra vida por ensalzar las vidas de otros; pero, a ]a postre, en el rumiar de lo leido, hemos de convenir que aquellos nombres se han alzado sobre sus animos y ban pasado sus espiritus por sobre todas las flaquezas del periodismo y por sobre todas las harapiencias de la literatura. Nosotros nos hemos heeho a murmurar, y vegetamos; ellos, se han hecho a saber y enseflan. Su obra es de cultura, y de cultura patri6tica: agua clara; manantial sereno! ATANASIO RIVER. (El Dia, Habana, octubre 1914.) REVISTA DE REVISTAS.-CUBA CONTEMPORANEA.-Tenemos recibido el iltimo nnmero de CUBA CONTEMPORANEA correspondiente al mes de la fecha. Su inteligente director, don Carlos de Velasco, se empeifa con verdadero entusiasmo en mantener en alto el prestigio merecido que en Poco tiempo ha logrado conquistarle a su excelente revista, aplaudida y celebrada ya por las plumas representatives de Espafla y Am6rica latina. Sin que incurramos en exageraciones inspiradas en el afecto y la estimaci6n que nos merece el senor de Velasco, podemos afirmar sinceramente que CUBA CONTEMPORANEA, por su seriedad o ilustraci6n es una de las publicaciones escritas en castellano que no solamente honran a Cuba sino tambi6n a toda nuestra Am6rica. Este nnmero de octubre trae los trabajos siguientes: Diego Vicente Tejera, por Max Henriquez Urena, dominicano; Las causas de la guerra, por Jos6 Enrique Montoro; La poesia moderna y su orientacion, por Nicolas Beauduin; La doctrina Monroe y la Amdrica Latina, por F. Garcia Calder6n; La guerra francoprusiana de 1870 y el conflicto actual, por Jos Agustin Martinez; Canaan, por Juan Guerra Nnez; Los nuevos escritores chilenos, por Armando Donoso y Bibliografia, por Carlos de Velasco. Todos estos trabajos deleitan e instruyen. Diego Vicente Tejera, por 129

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CUBA CONTEMPORANEA Max Henriquez Urefia, fue el tema de una conferencia dada por el mismo el 15 de marzo de 1914 en la sociedad de conferencias de la Habana, para inaugurar la serie dedicada a "Figuras intelectuales de Cuba." De ese interesante trabajo extractamos el parrafo que sigue y que nos parece oportuno aplicar a la labor plausible que viene realizando en Cuba don Carlos de Velasco al frente de la direcci6n de su buena revista mensual: ''Toda obra de intelectualismo es obra de patriotismo. Todo aquel que realiza una s6lida labor de pensamiento, colabora, de manera direct o indirecta, a la conformaci6n del espiritu national; no import cusl sea sn manera de entender y concebir la nacionalidad misma.'' Palabras estas de oro puro que afirman un concepto quo no admite objeci6n alguna. Todos los cubanos residents en los diferentes Estados de la Uni6n deben suscribirse a CUBA CONTEMPORANEA, sobre la cual se suministran en esta redacci6n todos los datos que se deseen. (Las Novedades, Nueva York, 15 octubre 1914.) PUBLICACIONES RECIBIDAS.-CUBA CONTEMPORANEA.-Cada numero de esta notable revista es una nueva contribuci6n que sus sostenedores pagan a la causa de la cultura cubana. La edici6n de noviembre, qua tenemos a la vista, es espl6ndida: el primer articulo, firmado par el competente Dr. Ricardo Sarabasa, versa sobre El sentimiento de la responsabilidad, el segundo es Un informe de Estrada Palma, enviado en 1897 por Este desde Nueva York al Secretario de Estado de Cuba; el tercero trata de Dos romances tradicionales, suscrito por el joven escritor mexicano Antonio Castro Leal; el cuarto lo forman unas notas acerca de El podedo naval alemdn, par Luis Bertran; el quinto es una magnifica disertacibf sobre La miasica en el verso, de la cual hablara en breve un redactor de El Diario, par Jose Manuel Poveda; el sexto es una censura fuerte de Su majestad imperial y real apostdlica, par Diego Carbonell; el s6ptimo es una documentada conferencia referente a Gertrudis G6mez de Avellaneda, pronunciada en la Sociedad de Conferencias por el Dr. Jos Maria Chac6k y Calvo; el octavo es una resefia bibliogrAfica en la que el director Sr. Carlos de Velasco menciona y comenta los libros Estudios de arte y de vila, de Blanca Z. de Baralt; Arreglando al mundo, de ''Billiken''; Articulos y discursos, de Wifredo FernAndez; Anforas, de Max Ienriquez Urefia, y El romance en Cuba, de Carolina Poncet y de Cardenas; y finalmente, el altimo articulo, tambien del director, esti dedicado a muy sustanciosas Notas editoriales. Segin ese pequefo extracto de la edici6n de noviembre, se puede com prender que es CUBA CONTEMPORSNEA tal vez el peri6dico que mfis digas' mente lleva el nombre de nuestra Patria a todos los centros culturales extranjeros, par Io que es deber de todos los cubanos bacer par que se sostenga tan important revista. (El Diario, Cienfuegos, 2 noviembre 1914.) 130

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NOTAS EDITORIALES CUBA CONTEMPORANEA.-Con loable puntualidad, con esa puntualidad que hemos dado en llamar inglesa sin duda porque los ingleses acuden siempre a la buena hora-la de cobrar-llega a nuestras manos la meritisima revista CUBA CONTEMPORANEA. Revista como para un pais grande y dotado de extensa cultura: corre a traves de sus pftginas no la actualidad mediocre y frivola que toma de ]a vida lo mss aparatoso y sonoro, sino ]a actualidad de alto nivel en cuya exposici6n o investigaci6n los publicistas de sauo criterio, sin pretensiones docentes, nos aleccionan para el conocimiento de los problems que ma's hondamente se relacionan con la historia y el progreso de los pueblos. Predomina en CUBA CONTEMPORXNEA una tendencia ecl6ctica que, sin descuidar lo inherent a la vida cubana, recoge las notas de mayor relieve en tierras de Europa y de Am6rica. Y podemos afirmar rotundamente que esa tendencia varia, amena y sabia, no aparece superada por ninguna revista de las que se publican en las naciones mks reputadas por su cultura. La seleccion de materials en CUBA CONTEMPORLNEA esta' hecha con suma habilidad: junto a estudios de Derecho como El sentimiento de la responsabilidad, que suscribe el sefior R. Sarabasa, se lee un documento importantisimo para la historia de Cuba, Un informe de Estrada Palma; al lado de un curiosisimo trabajo literario, Dos romances tradicionales, de Antonio Castro Leal, se destaca un articulo digno de estudio y meditaci6n por su inapreciable oportunidad, El poderio naval alemdn, que firma Luis BertrAn; y paralelo a una monografia gallarda y sugestiva, La mfsica en el verso, de Jos6 Manuel Poveda, cosa originalisima, corre un estudio muy valioso, mitad hist6rico, mitad etnogrAfico, Su Majestad Imperial y Real Apostdlica (Francisco Jos6 de Habsbourg-Lorena). Y, por nltimo, una disertaci6n muy bien documentada y elocuente acerca de Gertrudis Gdmez de Avellaneda, es decir, un anilisis partial de su misticismo, conferencia leida en la Sociedad de Conferencias de esta capital, por el escritor sefor J086 Maria Chae6n y Calvo. En este nnmero de CUBA CONTEMPORXNEA-COmO los nimeros anteriores-son de notar, por su exceptional importancia, dos secciones en que campean la erudici6n, el acierto, el criterio amplio y el fervoroso amor a Cuba del director de la revista, sefor Carlos de Velasco, y muy especialmente la recia sinceridad de su pluma que no elude el examen de los sucesos acaeeidos en Ia Isla y para los cuales hay aplausos si aplausos merecen, acres censuras cuando la censura es de ju'sticia. En Bibliografia, una de las seeciones, se comentan los libros recibidos, y en el comentario hay siempre un absoluto conocimiento de Ia materia y un juicio sereno y desapasionado, muy alejado de la vehemencia tropical, para los autores y sus doctrinas: Estuadios de Arte y de Vida, de Blanche Z. de Baralt; Arreglando el mundo, de Billiken; Articulos y discursos, de Wifredo Fernandez, y Anforas, poesias de Max Henriquez Ureia. Se, sierra el tomo con Notas editoriales, otra secci6n en que se discurre con criterio impartial y sincero acerca de La indisciplina, los estudiantes, la amnistia y la Cdmara Baja. El Ateneo de Santiago de Cuba y Agricultores belgas. 131

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CUBA CONTEMPORANnA Sea la m&s entusiasta enhorabuena para el distinguido publicista seflor Carlos de Velasco, que a su talento de periodista liga un espiritu de sacrificios que le impulsa a sostener la publicaci6n de CUBA CONTEMPORLNEA, revista de singulares maritos que difundir la idea de una Cuba culta y progresiva en el mss noble sentido de la palabra. (El Dia, Habana, 5 noviembre 1914.) BIBLIOGRAFIA.-CUBA CONTEMPORANEA, Director, Carlos de Velasco. Octubre de 1914. Nnmero 2, tomo IV. Habana.-Entre los canjes que nos Regan cumplidamente del Exterior, siempre buseamos con particular interes y leemos con especialisima atenci6n esa hermosa revista, que sin duda es una de las que figuran a la cabeza del periodismo latinoamericano. En sus pkginas se hallan escritos valiosisimos que merecen conservarse cuidadosamente, y colaboran alli las mejores plumas espafiolas como la del notable americanista Francisco Garcia Calder6n, quien suscribe en el nnmero a que nos referimos un magistral articulo titulado La Dostrina Monroe y la America Latina, articulo digno de conocerse por todo el que ame la historia de nuestras nacionalidades y se preocupe por su porvenir. Ojalk fuera muy conocida entree nosotros CUBA CONTEMPORANEA, 3y0s materiales tipograficos, por otra parte, rivalizan con los mejores empleados en las mrs celebres revistas. (Sur-America, BogotA, 11 noviembre 1914.) CUBA CONTEMPORANEA.-' 'Totta pulchra" llega a esta redacci6n la revista que dirige el Sr. Carlos de Velasco..., CUBA CONTEMPORANEA, exponente de la mis alta intelectualidad cubana y selecto resumen de cuantos trabajos de cultura circulan en el extranjero. El nunmero de CUBA CONTEMPOR&NEA correspondiente al mes actual dedica sus primicias, bajo la prestigiosa firma de Jose Sixto de Sola, a un cubano preclaro, Jose Antonio Saco, talento privilegiado, de inmaculada vida, de ardiente y previsor patriotismo, y de cuya labor gloriosa se hicieron eco las plumas mss insignes del mundo literario. El primoroso articulo Jose Antonio Saco, su estatua y los cubanos, lleva en sus pkginas el espiritu, ]a historia y la significaci6n del eximio publicista, y estudia la deuda de gratitud que con Saco tiene contraida todo el pals cubano, es decir, Ia generaci6n que luch6 a su lado, la que actualmente recoge el fruto de su abnegaci6n y las sucesivas que tambi6n ho saborearn. En el trabajo a quo aludimos se examina con erudici6n amplia y concienzuda Io que Cuba ha hecho para que la gloria de Saco sea perdurable, los libros a 61 dedicados, la edici6n de sus obras y la gestaci6n del monumento que Cuba, por deber de amor, ha de levantarle. CUBA CONTEMPORANEA, mediante ]a hidalga pluma de su colaborador Jose de Sixto de Sola, patrocina la imperiosa realizaci6n de un magno homenaje a Jos6 Antonio Saco, que ha de abarcar tries grandes manifestacio-

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ROTAS EDITORIALES nes. Primera: erecci6n de una estatua a Saco, en la capital de la Repnblica; segunda: publicar una edici6n completa de sus obras; y tercera: fiestas solemnes que se celebraran con motivo de la inauguraci6n del monumento. Responsabilidades, causas y probables efectos de la guerra europea, es una conferencia leida por el Sr. Jacinto Lopez en el Centro Ariel, en San Jos6 de Costa Rica, estudio de conjunto trazado con m6todo y que pudiera constituir un documento hist6rico. Y Arte Humoristico.-La exposicidn de Rafael Blanco, es un trabajo de mucho m6rito dedicado a analizar la obra del genial caricaturista cubano cuyo lfpiz tiene arte, intenci6n, vis c6mica y, sobre todo, alma. Lo suscribe el culto publicista Bernardo G. Barros. Un estudio de actualidad Alemania y la guerra europea, lleva la firma valiosisima del joven Jos6 Enrique Montoro, y equivale a una excursi6n por el campo enmaraj ado y obscuro de la political international que ha derivado hacia la actual espantosa conflagraci6n. Alfonso Reyes desarrolla en breves paginas la psicologia comparada de Montaigne y la mujer. (Valores inactuales), con peregrinos sutileza y acierto. Y termina este tomo de CUBA CONTEMPORANEA un trabajo extenso, La ofensiva alemana y la resistencia de los aliados, en el que Oscar Garcia Montes analiza tenicamente el problema de Ia guerra europea, y aclara, con notable competencia y fijeza, muchos puntos nebulosos en cuanto a los ej6reitos combatientes. (El Dia, Habana, 21 diciembre 1914.) LA ESTATUA Y LAS OBRAS DE SACO Ampliamente desarrollado por nuestro redactor Dr. Jos6 Sixto de Sola el pensamiento de erigir al insigne compatriota Jose Antonio Saco una estatua en la Habana vasee en el nnro de diciembre, 1914, de CUBA CONTEMPORANEA, su articulo titulado Jose Antonio Saco, su estatua y los cubanos) y anunciado por 6l que el dia de la inauguraci6n circulars, costeada por CUBA CONTEMPORANEA, una edici6n complete de las obras del inmortal autor de la Historia de la Esclavitud, s6lo necesitamos ahora el concurso de todos, y especialmente el de nuestros colegas de la Habana y del resto de la Republica, para mover con vigor las voluntades y procurar que dentro de dos anlos, contados desde este mes de enero de 1915, est6 reunida por subscripci6n piblica la suma de $ 20,000 en que ha sido presupuesta la estatua. La tarea es ardua y los momentos dificiles: lo sabemos; pero el empefo es patri6tico y hacedero, y su realizacion se deber a todos. CUBA CONTEMPORANEA tiene fe en que en toda la naci6n se 133

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CUBA CONTEMPORANEA habra de apreciar la justicia del homenaje al gran cubano cuya vida entera fue un continuo desvelo por el bienestar de Cuba, y en que nadie dejara de contribuir con su 6bolo, por pequelo que 61 sea, a la realizaci6n del hermoso proyecto. Para Presidente de la Comision Central de la Habana, hemos designado al Dr. Evelio Rodriguez Lendin, profesor de la Universidad Nacional y Presidente de la Academia de la Historia; para Secretario, al senor Mario Guiral Moreno, ingeniero civil y redactor de CUBA CONTEMPORANEA, y para Tesorero, al Dr. Carlos de Zaldo y Beurmann, ex Secretario de Estado y banquero de esta capital. Cuantos lo deseen, a ellos pueden enviar su contribuci6n, respectivamente a la calle Linea esquina a 14 (Vedado) ; calle de San Miguel nnmero 180, altos, y calle de Cuba numeros 76 y 78. El Banco Habana, de los senores Zaldo y Compaifia, ha sido designado como depositario de los fondos; y hasta ahora han contribuido, espont6neamente, las personas que siguen : General Mario G. Menocal, Presidente de laRepnblica. .............. Dr. Jose Sixto de Sola. ......... Sr. Carlos de Velasco. .......... Mario Guiral Moreno. ........ Dr. Julio Villoldo. ........... Ricardo Sarabasa. .......... Max Henriquez Urena......... Leopoldo F. de Sola. ........ Sra. Isabel Bobadilla viuda de Sola. ... Sr. Francisco de Sola. .......... Dr. Jos6 L. Pessino. ........... Ldo. Guillermo Chaple S. ......... Sr. Rene Berndes. .... .......... Dr. Jose Manuel Molina.... ..... Francisco G. del Valle........ .. Sr. Eusebio S. Azpiazu. ......... Un Cubano. ............... Oro americano Oro esaol $ 50.00 $ 50.00 10.60 10.60 10.60 10.60 10.60 ,, 25.00 10.30 10.00 10.00 .15.00 15.90 ,, 5.30 ,, 5.30 ,,10.00 11.00 $ 71.00 $ 199.80 134

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NOTAS EDITORIALES La Comisi6n Central designar oportunamente subcomisiones en cada una de las capitales de provincia, y en breve comenzara la colecta pnblica. Como decimos antes, las personas que hasta ahora han contribuido lo han echo espontaneamente, entre ellas el senor Presidente de la Republica y su Secretario Particular el senor Eusebio S. Azpiazu, quien por si, y en nombre y por encargo del General Menocal, ha escrito al Dr. Jos6 Sixto de Sola una muy expresiva carta congratulandole, asi como a CUBA CONTEMPORANEA, que agradece vivamente tan elevado testimonio de aprecio. EL VETO Y LA AMNISTIA Aunque en nuestro articulo titulado La opinion pilblica y seas manifestaciones, que ve la Luz en este mismo nimero, dedicamos la atenci6n que merece al debatido asunto del veto a la ley de amnistia votada el 9 de diciembre ultimo por el Congreso, queremos, como una prueba ma's de que en ningnn momento dejamos de ocuparnos en todo cuanto pueda afectar a la vida nacional en sus multiples manifestaciones, insertar aqui la exposicion que redactamos y elevamos al senor Presidente de la Republica, en uni6n de otras personas, pidi6ndole respetuosamente que no sancionara esa ley votada en beneficio exclusivo de un determinado individuo. Nos parece altamente perjudicial la medida, y por ello celebramos que los motivos fundamentales de nuestro escrito coincidieran con algunos de los alegados por el senor Presidente de la Republica en su mensaje vetandola. Cuando se discutia en la Camara de Representantes la ley del divorcio, pendiente boy de la aprobacion del Senado, presentamos a aquel Cuerpo Colegislador, porque ]a estimamos necesaria y conveniente, una exposici6n pidiendole que la aprobara, y ]a reprodujimos aqui despues: era y es un asunto que consideramos de interns nacional, por la importancia del problema de fondo; y como estimamos en igual grado importante-aunque en sentido muy diverso-la citada ley de amnistia, es por lo que procedimos en la misma forma respecto a ella y recogemos ahora en nuestras paginas la exposici6n elevada al Jefe del Estado, primera recibida por 61 y que dice asi : 135

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CUBA CONTEMPORINEA Honorable Sefior Presidents de la Republica. Honorable sefnor: Recisn aprobada por nuestro Congreso, con el voto en contra de algunos pocos legisladores, una ley de amnistia cuyo texto claramente da a entender que s6lo favorecern a determinada persona que sufre condena, en uni6n de otra, por el delito de homicidio en ]a persona del general Armando de J. Riva, ex Jefe de Policia de la ciudad de la Habana, los que subscribimos llegamos basta usted para solicitar, con todo respeto, que vete Ia ley de referencia por los motivos siguientes: Primero: Porque las amnistias no deben concederse jams-y por Io general no se conceden nunca-para borrar la huella de delitos comunes, sino de delitos politicos. Segundo: Porque el homicidio del general Riva ocasion6 conmoci6n profunda en esta conturbada sociedad, que confia en que velarin por su seguridad y decoro los llamados a ello; seguridad que aparece disminuida cuando quedan .incumplidos los fallos judiciales. Tercero: Porque se trata de una ley de amnistia unipersonal, circunstancia agravante de la de ser concedida por delito com6n y que produjo gran escnndalo piblico. Cuarto: Porque habiendo sido condenadas dos personas como reos del delito de homicidio en la del ex Jefe de Policia de la Habana, no es equitativo quo para una de ellas se abran las puertas de la prisi6n y para la otra queden cerradas. Quinto: Porque con medidas como la que nos fuerza a hacer esta exposicion, se quebranta la fe en la eficacia de los fallos judiciales; se hace vacilar el espiritu de los jueces en la recta aplicaci6n de las eyes penales; se menoscaba nuestro concepto en el exterior; se alienta el sentimiento de la irresponsabilidad, en sumo grado peligroso para las institucionos sociales, y se disminuye la esperanza en la regeneracion moral de nuestro pueblo. Afirmamos, con la serenidad que hemos querido reflejar en todos los conceptos de esta exposici6n, que al hacerla no nos guia otro sentimiento que el muy sano de fortalecer con nuestra opinion las patri6ticas intenciones y los elevados prop6sitos que reconocemos en quien hoy rige los destinos de nuestra patria, en el bien de ]a cual creemos sinceramente inspirarnos al formular estas manifestaciones. De usted con ]a mayor consideraci6n, Jose Sixto de Sola.-Miguel Riva y Urreehaga.-Dr. Antonio Riva.-Dr. J. Alfredo Vila.-Miguel Riva y Hernandez.-Julio Villoldo.-P. Franca.Enrique Jos6 Varona.-F. Betancourt.-Carlos de Velasco.-Mario Guiral.R. Sarabasa.-Arturo Manas y Urquiola.-Pablo Martinez.-Arturo G. Duplessis.-Antonio L6pez.-Pedro Villoldo -Juan E. Mufloz.-Antonio AlemAn Ruiz.-Alberto Maruri.-Aurelio D. Maruri.-Casimiro Rigol.Restituto Alvarez.-R. Maruri.-Carlos Alzugaray.-Adolfo Nuflo.-M. L. Nuno.-Guillermo Chaple y S.-Jos6 Manuel Molina.-Leopoldo F. de Sola. -Antonio de la Carrera.-L. Jos6 A. Pessino. Habana, 11 diciembre, 1914. IMPRENTA DE AURELIO MIRANDA. TENIENTE-REY. 27. HABANA 136

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Tuba Qnntvmpnrdra ANO III Tomo VII. Habana, febrero de 1915. Nim. 2. LA INTROMISION DE LOS EXTRANJEROS EN NUESTROS ASUNTOS DOMESTICOS NO de los problemas de mayor importancia, y aun podria decirse de mayor gravedad, entre los muchos que existen y reclaman rapida y eficaz soluci6n en nuestro conturbado pals, sin duda alguna es el provocado por la frecuente, casi constante intromisi6n de elementos extranjeros en los asuntos dom6sticos del pueblo cubano, en cuya political y administration se inmiscuyen de continuo, sin raz6n ni derecho alguno, factores ajenos a aquella parte de la poblacion formada por los cubanos, nativos o naturalizados, sobre la cual pesa, exclusivamente, la responsabilidad de los problemas que afectan a su existencia national y al normal desenvolvimiento de sus instituciones republicanas. Mfiltiples, y de muy distinta indole, suelen ser las formas bajo las cuales se produce esa intromisi6n perturbadora y nociva, la cual, quebrantando unas veces la cordialidad y harmonia existentes entre el pueblo cubano y los elementos extranjeros que aqui resident; amparando en otras ocasiones irritantes monopolios disfrutados por empresas o ompafiias encargadas de prestar ciertos servicios pnblicos, o realizando, por ultimo, a nombre de un poder extrano, prevalido de su fuerza incontrastable, una intervenci6n oficial, de caraeter amistoso en la forma y en el

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CUBA CONTEMPORANEA fondo imperativo, en asuntos cuya soluci6n es privativa de los altos Poderes nacionales, produce en la generalidad de los casos un efecto desastroso en nuestro pueblo, cuyos sentimientos de hospitalidad y nobleza suelen poner a prueba, con frecuencia, la osadia ilimitada de unos, la desmedida altivez de otros y la irritant actitud de algunos. Es un hecho cierto, positivo, que despu6s de la fecha en quo Cuba logr6 su independencia do Espana, y lo que es mas incomprensible anm, despues de h aber constituido su gobierno republieano, ciertos diarios espanoles han seguido interviniendo en la political nacional, ora censurando con acritud la labor legislativa de nuestras Camaras, ora combatiendo sanudamente algunas de sus resoluciones, ora lanzando punzantes dardos contra determinados actos del Jefe del Estado o de sus colaboradores mals ilustres, ora, en fin, pretendiendo senalar a nuestra political derroteros y orientaciones, de igual modo quo lo hicieran en la 6poca en que Cuba, siendo todavia colonia, tenia que soportar, paciente y resignada, la intromisi6n preponderante de los elementos hispanos en la resolucion de todos sus problems. Sin querer darse cuenta de la condici6n de extranjeros en que, de acuerdo con lo consignado en el Titulo III de la Constituci6n de la Repnblica, quedaron colocados desde el 20 de mayo de 1902 todos los residentes en Cuba que no tenian la ciudadania cubana, adquirida por cualquiera de las circunstancias o los medios que la misma Constitucion establece; olvidandose de que, por grande que sea la libertad de que disfrute la prensa-y en nuestro pals esa libertad es absoluta, ilimitada-, no es licito equiparar a los diarios extranjeros con los nacionales, en cuanto a la fiscalizaci6n de los actos que realizan los poderes publicos de una naci6n independiente y soberana; zahiriendo, a veces, los sentimientos inns nobles, dignos de consideraci6n y respeto profundos, de un pueblo generoso on demasia, que ha llegado a aparentar el olvido de hechos harto dolorosos y recientes para que sobre ellos pueda tenderse un velo distinto del que, bajo la formal de perd6n, suele extender la piedad de los vencedores sobre los actos reprobables de los vencidos; ejercitando, en fin, derechos que la Constituci6n s6lo reconoce a los nacionales, ciertos diarios extranjeros, que unas veces dicen representar los intereses de la numerosa colo138

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LA INTROMISI6N DE LOS EXTRANJEROS EN NUESTROS ASUNTOS 139 nia espafiola residente en Cuba y ser sus voceros autorizados en la prensa, y que en otras ocasiones reclaman para sus diarios la condici6n de cubanos, erigisndose en directores de la opinion pnblica, muchas veces por ellos desorientada o combatida en asuntos de gran interns nacional, actnan de una manera direct en los destinos de nuestro pals, demasiado preocupado con los problemas interiores que constantemente ponen en grave crisis a sus instituciones, para que pueda consentir, sin temor ni recelo, que elementos extrafios, ligados por sentimientos y vinculos indestructibles a un pasado colonial cuyas huellas aspira a borrar la Republica que sofiaron Marti y otres ap6stoles de nuestra redenci6n politica, actnen e influyan en los destinos de esta tierra que para gozar de libertad e independencia fue regada de uno a otro extremo por la sangre generosa de sus hijos. Forzoso es reconocer, sin embargo, con dolor y con tristeza, que en esa labor demoledora de los prestigios legitimos de que deben estar en todo tiempo revestidos los altos poderes de la nacion, muchas veces discutidos y amenguados, no pequefia part de culpa reeae sobre ciertos periodistas cubanos que obedeciendo a m6viles distintos, quizes, pero de absoluto acuerdo en cuanto a conclusiones por ellos deducidas partiendo de falsas premisas, realizan una labor nefasta, envenenadora de la conciencia nacional, a la cual procuran inculcar en todo momento, con perseverancia digna de mas nobles empefos, la idea de nuestra incapacidad manifiesta para el gobierno propio, de nuestra intima dependencia politica con relaci6n a la gran Repnblica vecina, y de la ineficacia de toda clase de esfuerzos tendientes a la consolidaci6n de un regimen politico que a ellos se les antoja endeble y facilmente quebradizo; conducta tanto mas censurable cuanto que tales manifestaciones de un enervante pesimismo, tan infundadas como depresivas para nuestra nacionalidad y nuestro Gobierno, son acogidas con fruici6n por esos mismos diarios extranjeros que ninguna oportunidad desaprovechan para lanzar al rostro de los cubanos sinceramente amantes de su tierra y de sus glorias, los cargos y censuras ma's o menos justificados que la fragilidad humana les proporciona, dejando entrever, en la mal disimulada satisfacci6n que con ello tienen, el rescoldo de aflejos agravios, sin perjuicio de entonar

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CUBA CONTEMPORANEA al dia siguiente un himno entusiastico a la uni6n cordial y sincera de cuantos aqui residimos... De poco o de nada ha servido para evitar que tales rozamientos se produzean con frecuencia entre cubanos y espafioles, cuya prensa es asaz irrespetuosa del sentimiento national de nuestro pueblo, la conduct levantada, nobilisima, observada desde el dia siguiente a aquel en quo cesaron las hostilidades entre las fuerzas combatientes de la Metr6poli y de la rebelde Colonia, por los mas ilustres caudillos de la Revolucion redentora y mAs tarde por todos los cubanos a quienes los votos de sus conciudadanos han elevado a la primera magistratura de la naci6n, dando muestras de generosidad y patriotismo al proclamar una y mil veces la necesidad o conveniencia de perdonar los hondos agravios recibidos durante la 6poca colonial, y especialmente durante la nltima guerra de independencia, cruel y asoladora cual muy pocas se registrar en la historia, sacrificando asi, en aras de la tranquilidad y del sosiego de que tanto ha menester nuestra Repnblica, los muy naturales sentimientos de hostilidad, animadversi6n y venganza que aquellos recientes agravios hubieran producido a la hora del triunfo en un pueblo menos generoso y menos noble que el cubano, euyos libertadores, al iniciar la nltima epopeya revolucionaria, no vacilaron en proclamar "la Republica cordial, con todos y para todos'', de que nos habla el memorable Manifiesto de Montecristy. Ni aun el recibimiento, extraordinariamente cordial y exageradamente carinoso, dispensado por el pueblo cubano a la Nautilus, primer buque de la armada espanola arribado a nuestras playas despu6s del cese de la soberania de la naci6n descubridora-reibimiento no correspondido en igual forma al visitar recientemente el buque-escuela cubano Patria los puertos de la Peninsula Ib6rica, puesto que hubo notas discordantes, reveladoras de un gran rencor inextinguido, que no se produjeron en Cuba cuando aquella otra visita-; ni siquiera esa conduct nobilisima de nuestro pueblo, tuvo la virtud de hacer acallar las voices destempladas de los que constantemente recriminan a los poderes pnblicos de la naci6n cubana por no haber resuelto aun, o haberlos solucionado en formal contraria a sus deseos, algunos de los problemas que la vieja Metr6poli no supo o no quiso re140

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LA INTROMISI6N DE LOS EXTRANJEROS EN NUESTROS ASUNTOS 141 solver en los. cuatrocientos seis aios de su dominaci6n en America, atenta solamente a la explotaci6n de sus colonial, tanto mas esquilmadas cuanto mayores eran sus fuentes de producci6n y de riqueza. Una prueba inconcusa de Lo violenta e intolerable que ha llegado a ser en ciertos casos la conduct observada por algunos elementos extranjeros respecto de los problemas cubanos, es el hecho de haberse visto obligados todos los gobiernos republicanos constituidos en nuestro pals desde 1902 hasta la fecha, a hacer uso de un derecho que no esta consignado de un modo expreso en nuestra Carta Fundamental, como Lo esta en las Constituciones de otros pauses latinoamericanos, pero que es inherente a la soberania de todo Estado libre y soberano: el de expulsar del territorio nacional a aquellos extranjeros cuyo comportamiento considere nocivo o pernicioso para la tranquilidad y el sosiego interiores de la colectividad. Salvo en varios recientes casos, en los que el gobierno cubano ha ejercitado este derecho para expulsar a algunos extranjeros condenados como reos de delitos comunes, o propagandistas activos de doctrinal anarquicas, en todos los demas casos de. expulsion ha sido causa determinante de tan several medida de defensa nacional el hecho de haberse mezelado elementos extranjeros en asuntos de nuestra politica interior, lanzando desde la tribuna pnblica, o por medio de la prensa, toda case de denuestos, acusaciones injuriosas o amenazas, para aquellos a quienes nuestro pueblo habia encumbrando elevandolos con sus votos hasta las mas altas dignidades en el gobierno supremo de la naci6n. j Y qu6 revela todo esto, a no ser un estado grave de perturbaci6n y confusion en la vida internal de nuestra Repnblica, donde los campos no han sido todavia deslindados, viendose obligado de continuo nuestro pueblo a soportar ciertas extralimitaciones que no tendrian lugar si cada cual se cifiera a desempefiar el papel que en el desenvolvimiento de la vida nacional le corresponde ? Respecto de este particular, un deber de justicia nos obliga a confesar aqui, ratificando lo que anteriormente dijimos, que no toda la responsabilidad inherente a esa situaei6n confusa y ambigua, en que el extranjero se considera con iguales derechos

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CUBA COfTEMPORANEA y ventajas superiores a los que disfruta el cubano en su tierra redimida, recae exclusivamente sobre aqual, ya que es forzoso reconocer la culpa que al nltimo tambi6n le cabe por su conducta reprochable e insensato proceder en ciertas cuestiones que afectan privativainente al interns nacional. En un articulo titulado En nuestro patio, que public en 23 de agosto de 1911 el diario La Discusion, de esta ciudad, trabajo periodistico que tuvo gran resonancia y llego a alcanzar cierta celebridad en la 6poca de su publicaci6n por la valentia con que en 61 se trataron algunos aspectos interesantes del problema cubano en relaci6n con la actitud observada por los elementos extranjeros que entre nosotros resident, se seial6 de un modo concreto esa parte de la responsabilidad que sobre los cubanos pesa, reconociendo noblemente que En el bregar de las luchas civicas, ya dentro de la realidad republican, nuestros partidos politicos no han hecho gala de previsores ni escrupulosos en cuanto a solicitar el concurso activo del extranjero, especialmente del espafiol, en todas sus formas: el auxlio material del comerciante y la cooperaci6n moral de los instruments de opinion. Por razones de origen, por esas peculiaridades relacionadas con el advenimiento del Estado ubano, a que nos hemos referido, nos aconsejaba el instinto de conservaci6n recogernos en nuestra vida interna-pequeia, mas al cabo nuestra-y al calor de un exclusivismo patri6tico dirimir "entre cubanos'' los problemas politicos de la naci6n... Estimular, solicitar la colaboraci6n declarada de los extranjeros en la marcha de los asuntos piblicos, ofrecia mas peligros que ventajas, y lo prudente y avisado hubiera sido por parte de las agrupaciones cubanas rechazar esa convivencia que a la larga s6lo podria acarrearnos dalos colectivos. LQuien se encuentra en condiciones de fijar los limites razonables y sanos a esa accibn de los extranjeros en la political nacional? Pensemos que cuando la contienda se desarrolla entre cubanos, por muy crudas y hondas que parezcan las diferencias, siempre habr, un terreno comun donde podran coincidir y detenerse ante una consideraci6n de orden superior: la estabilidad de la independencia y Ia Repfblica. &Le importa eso mucho, por ventura, al "politico cubano" nacido en Cangas de Onis o en el Estado de Nebraska y hasta sdbdito extranjero de afladidurat jHay raz6n para exigirle que sacrifique o deponga sus pasiones o sus interoses privados cuando esta enfrascado en una campana political violenta, en gracia de ideals que humanamente no ha de compartir... Y, fundandose en las consideraciones contenidas en los pat 142

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LA INTROMISION DE LOS EXTRANJEROS EN NUESTROS ASUNTOS 143 rrafos transcriptos, consignaba el referido diario habanero que Es indispensable fomentar en Cuba algo que no puede continuar como hasta ahora, preterido y menoscabado, pues corremos el riesgo los cubanos de pagar muy caras las consecuencias, a costa de la personalidad y la independencia patrias. Es preciso alentar en nuestro pueblo ''la conciencia de la nacionalidad'', y en las numerosisimas colonias extranjeras aqui residentes el respeto a ese principio fundamental, sin el cual no existe organizaci6n social estable... ... Para nuestros conciudadanos se abren en la vida pnblica todos los horizontes, basta para alcanzar la primera magistratura de la nacion; se disponen todos los derechos civicos y se mantiene la plenitud de las garantias individuals, no pudiendo ser juzgados sino con arreglo a las eyes y por tribunal competente. Para los cubanos queda expedita la intervenci6n activa en las jornadas de los partidos, la critica acerba de los actos del Gobierno, las campanas electorales; todo dentro de los solos limites de la legalidad... Teniendo a la vista la anterior sint6tica relaci6n de aquellos deberes que son privativos de los cubanos, no es dificil sefialar con igual precision los que, por estar excluidos de ella, corresponden a los extranjeros que en nuestra patria resident. Estos, a mrs del disfrute de todas las garantias individuales y del libre ejercicio de todos los derechos civiles que las leyes vigentes reconocen a cuantos habitan en Cuba, tienen uno de los derechos politicos que en otros paises s6lo suele concederse a sus ciudadanos: el de poder ser elegidos para desempenar el cargo de Concejal de cualquiera de los Ayuntamientos de la Republica, error grave y de funestas consecuencias en que incurri6 la Comision Consultiva redactora de la vigente Ley Organica de los Municipios, promulgada en 19 de mayo de 1908; pues si bien es cierto que tal concesi6n es, desde un punto de vista puramente doctrinal, aceptable y hasta plausible en paises ya constituidos, euya poblaci6n nativa alcance una gran densidad en relaci6n con la formada por los extranjeros, y en donde 6stos tengan una noci6n exacta de sus derechos y deberes, no lo es en Cuba, donde, por lo visto, parece suceder todo lo contrario. Por otra parte, la citada Comisi6n Consultiva, al redactar el articulo 45 de la Ley Orgfnica de los Municipios, por el cual se permite ser Concejal al extranjero que leve "cinco anos de residencia en la Republica y de estos, el nltimo, en el T6rmino Municipal" respectivo, y sea ademas profesional, industrial o

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CUBA CONTEMPORANEA propietario,' parti6 del principio, no realizado hasta ahora en Cuba, de que la Administracion Municipal habia de estar completamente desligada de las malsanas influencias de la politica y desde luego concretada a la recta administraci6n de los intereses del procomnn. Mas como tal aspiraci6n no ha sido, ni sera nunca, una realidad, mientras el regimen municipal en nuestra patria no sea total y radicalmente transformado, sustray6ndolo de la esfera de accion de los partidos politicos, es obvio que no puede llegarse a desempenar el cargo de Concejal en ninguno de nuestros Ayuntamientos sin haber tomado antes parte activa en la contienda electoral de nuestros partidos, o haber prestado a 6stos importantes servicios. Esta triste realidad nos lleva a aceptar, como consecuencias inmediatas de las premisas anteriores, o que tal derecho es para los extranjeros puramente nominal y en la practica ilusorio, o que, a fin de poder ejercitarlo, se hallan tacitamente autorizados para intervenir de un modo activo en las luchas de la political nacional. He aqui la raz6n por la que no hemos vacilado en calificar de error dicha permisi6n, conceptufndola imprudente y peligrosa, pues si bien es cierto que ella no ha tenido hasta el presente ninguna aplicaci6n, que sepamos-seguramente por los motivos antes expuestos-, ha servido, en cambio, para que elementos extranjeros mal avenidos con la actual situaci6n politica de Cuba, o por lo menos no identificados con los sentimientos y aspiraciones de nuestro pueblo, se mezelen en la politica interior de la Repnblica, creyendo, o aparentando creer, que las leyes vigentes los autorizan y amparan para proceder de esa manera. Buena prueba de la l6gica con que han sido formulados los razonamientos anteriores, nos la ofrece un articulo que con el r6tulo de Los extranjeros perniciosos public el Diario de la Marina, de esta ciudad, en su edicion matinal correspondiente al dia 19 de febrero del pasado aijo, en el cual trabajo, comentando ciertas declaraciones hechas por el actual Secretario de Gobernaci6n con motivo de la expulsion de varios espafoles, conceptuados extranjeros perniciosos, y despu6s de consignar que a los extranjeros que trabajan y producen y tienen aqui familia e intereses, "les result muy dificil no mezclarse" en las campanas politicas del pals, por la sencilla raz6n de que "en el 144

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LA INTROMISI6N DE LOS EXTRANJEROS EN NUESTROS ASUNTOS 145 fondo de todo problema politico hay un problema econ6mico'", se anade que Asi lo entiende la ley electoral; en cuanto que el municipio es un "negocio'', segun la expresi6n de Bryce, se concede el derecho de intervenir a todos los interesados en que el "negocio'' no resulte mal. Los extranjeros son elegibles para concejales: pueden, deben, les conviene conocer ]a direcci6n en que se eneauzan los intereses de la ciudad en quo residen, y aun contribuir a imprimirles direcci6n, porque afectan a sus propios intereses y porque el ser extranjeros no les elude de contribuir al sostenimiento de las cargas publicas. Y si los extranjeros son elegibles para concejales, necesitan conocer y a veces intervenir en las campalas political del pais. No es posible admitir, ni por un momento, que el anterior criterio pueda nunca imperar en un pueblo que ha luchado titnicamente durante mals de medio siglo por llegar a regir sus propios destinos, sin ingerencias extranas; porque si tal cosa sucediera, si los cubanos, por debilidad o por un estado de demencia colectivo, llegaran a convenir en que los extranjeros residentes en el pals tienen igual derecho que ellos para tomar parte en las incruentas luchas de la politica, siendo en 6stas un nuevo factor de perturbaci6n y discordia; si llegara un dia aciago en que nacionales y extranjeros, o, en t6rminos mas concretos y precisos, en que cubanos y espafioles volvieran a estar frente a frente en las campanas electorales que entre nosotros se libran para la periodica renovaci6n de los poderes pnblicos, habria que convenir, confesandolo con dolor, amargura y tristeza indecibles, en que todos los heroismos y sacrificios realizados por tres generaciones de cubanos y toda la sangre derramada y todas las lfgrimas vertidas, habian sido completamente infructuosos, y en que tanto Marti como todos los demas martires de nuestra independencia, fueron unos pobres ilusos que inmolaron initilmente sus preciosas vidas en aras de la libertad de un pueblo que no habia sabido apreciarla o que no la merecia... Otro de los obsthculos con que de continuo tropieza el desenvolvimiento normal y progresivo de nuestra Republica, lo constituyen las empresas, companies o sociedades anonimas extran-

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CUBA CONTEMPORLNEA jeras, especialmente las norteamericanas, que, organizadas bajo nombres mas o menos ex6ticos con arreglo a las leyes del pals de donde proceden los capitales suscriptos y en donde residen sus Directivas, suelen ofrecer una tenaz resistencia, no s6lo al cumplimiento de las leyes, ordenanzas y disposiciones de toda indole vigentes en Cuba, sino tambian, y es esto lo mas grave, al de las obligaciones por ellas contraidas y concretamente expresadas en los contratos que celebran con el Estado, las Provincias o los Municipios cubanos, para la realizacion de obras piblicas o la prestaci6n de determinados servicios. Amparadas tales companies en la proteccion, real o supuesta, que han de prestarles en toda ocasi6n los gobiernos de sus paises respectivos, para que sus intereses salgan siempre beneficiados-sobreponi6ndose a cuantos pueda alegar, basados nnicamente en el derecho y la justicia, un pueblo d6bil como el nuestro-, y contando de antemano con la timidez, rayana en los limits de la pusilanimidad, con que por regla general proceden las entidades, las autoridades y los funcionarios cubanos cuando se trata de exigirles a las empresas o companies extranjeras el cumplimiento de la ley o de las obligaciones por ellas solemnemente contraidas, han llegado a crear una situaci6n tal a nuestro Gobierno esas empresas o companies, que toda tolerancia en el sentido indicado, para lo sucesivo, entrafia un grave peligro y envuelve, en cierto modo, una amenaza para el prestigio, la dignidad y el decoro del pals cubano. Demasiado reciente esta, para que pueda ser olvidado, lo acontecido con el contrato celebrado por nuestro Gobierno con una compafiia norteamericana, para realizar el alcantarillado y la pavimentaci6n de esta capital: El inmenso poder de la gran Repnblica norteamericana puesto al servicio de la compafifa concesionaria de las obras, para obligar a nuestro Gobierno a aceptar, sin objeci6n alguna, cuantas modificaciones crey6 aqu6lla conveniente introducir en el contrato primitivo, a fin de que sus intereses no tuvieran ningun posible quebranto y de que resultara mayor el lucro obtenido, sin que a cambio de tales modificaciones-que llevaban aparejados un perjuicio y una menor garantia para la eficiencia de dichas obras-se relevara al gobierno cubano del cumplimiento, por su parte, de ninguna de las obli1 46

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LA INTROMISI6N DE LOS EXTRANJEROS EN NUESTROS ASUNTOS 147 gaciones por 61 contraidas; la actitud inflexible, tenaz, que en este asunto asumi6 el gobierno de la Casa Blanca, presidido, en la 6poca a que nos referimos, por Mr. William H. Taft, politico norteamericano cuyo nombre debe quedar-porque es asi de justicia-imperecederamente unido al recuerdo de la mayor parte de los males y desgracias que han agobiado al pueblo de Cuba durante los nltimos ocho aiios, pesto que casi todos ellos tienen por comun origen la desdichada y funesta actuaci6n del citado politician norteamericano en los asuntos cubanos, desde que en 19 de septiembre de 1906 arrib6 a nuestras playas actuando de mediador en la contienda armada que entonces-inconscientes, imprevisores u obeecados-sosteniamos los cubanos, sin pensar en que con ella peligraba nuestra independencia y se conmovian los cimientos de nuestra Republica; todo este reciente pasado, pr'digo en ensefianzas que no deben ser desaprovechadas para lo presente y lo futuro, es prueba irrefutable de cuanto anteriormente dijimos en lo tocante a la necesidad de contrarrestar, por todos los medios que est6n a nuestro alcance, la deprimente y siempre peligrosa intromision de los extranjeros en los asuntos dom6sticos del pais cubano, cualquiera que sea la forma en que ella se manifieste, pues si intolerable es ya la opresi6n moral que en cierto modo nos produce la hostil actitud de algunos elementos hispanos, no lo es menos la que en el orden material nos cream el afAn, demostrado por los extranjeros procedentes de otros pauses, de disfrutar aqui, sin que ningnn obstaculo se oponga a sus deseos, de toda clase de monopolios y privilegios, creyendo acaso que Cuba es hoy, como lo fu6 antalo, tierra conquistada, pals de explotaci6n o simple factoria... Las consideraciones que quedan expuestas, nos llevan por recto camino a analizar y estudiar en sus varios aspectos, aunque con la brevedad que un trabajo de esta Indole lo permite, la disparidad existente entre el,derecho que Cuba ha reconocido a la gran Republica angloamericana-tal como aqu6l se halla consignado en nuestro Apendice Constitucional-a fin de que el Gobierno de dicha Republica pueda intervenir en los asuntos

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CUBA CONTEMPORANEA cubanos, en ciertos casos y para determinados fines que alli claramente se expresan, y la interpretaci6n que tal derecho ha tenido en la practice; examinando de paso, aunque muy ligeramente, la distinta actuaci6n de los tres gobiernos eubanos constituidos despu6s de fundada la Repnblica, en relacion con la actitud asumida por los Estados Unidos norteamericanos en los diversos casos en que dicha Repnblica ha intervenido o pretendido intervenir en asuntos interiores de gran interns para nuestra nacionalidad. El Apendice de nuestra Constituci6n, que en casi toda la Am6rica Latina se conoce con el nombre de Enmienda Platt, pero cuyo texto generalmente se desconoce y cuyo verdadero alcance casi siempre se interpreta torcidamente, por lo que creemos oportuna su transcripci6n, dice textualmente lo que sigue: Articulo 1. El Gobierno de Cuba nunca celebrara con ningtn Poder o Poderes extranjeros ningnn tratado u otro pacto que menoscabe o tienda a menoseabar la independencia de Cuba, ni en manera alguna autorice o permita a ningun Poder o Poderes extranjeros obtener por colonizacion, o para prop6sitos navales o militares, o de otra manera, asiento en o jurisdicci6n sobre ninguna porci6n de la Isla. Articulo 2.0 Dicho Gobierno no asumira o contraera ninguna deuda pnblica para el pago de cuyos intereses y amortizaci6n definitiva, despu6s de cubiertos los gastos corrientes del Gobierno, resulten inadecuados los ingresos ordinarios. Articulo 3.0 El Gobierno de Cuba consiente que los Estados Unidos puedan ejercer el derecho de intervenir para la preservation de la independencia de Cuba y el sostenimiento de un Gobierno adecuado a la protecci6n de la vida, ]a propiedad y ]a libertad individual, y al cumplimiento de las obligaciones con respect a Cuba, impuestas a los Estados Unidos por el Tratado de Paris y que deben ahora ser asumidas y cumplidas por el Gobierno de Cuba. Articulo 4.0 Todos los actors realizados por los Estados Unidos en Cuba durante su ocupaci6n military, serin ratificados y tenidos por vAlidos, y todos los derechos legalmenute adquiridos a virtud de aqu6llos serdn mantenidos y protegidos. Articulo 5." El Gobierno de Cuba ejecutarA, y hasta donde fuere necesario ampliart, los planes ya proyectados a otros que mutuamente se convengan para el saneamiento de las poblaciones de ]a Isla, con el fin de evitar la recurrencia de enfermedades epid6micas o infeeciosas, protegiendo asi al pueblo y al comercio de Cuba, Ia mismo que al comercio y al pueblo de los puertos del Sur de los Estados Unidos. 148

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LA lNTROMISI6N DE LOS EXTRANJEROS EN NUESTROS ASUNTOS 149 Articulo 6.0 La Isla de Pinos queda omitida de los limites de Cuba propuestos por la Constituci6n, dejaindose para un futuro tratado la fijaci6n de su pertenencia. Articulo 7.*0 Para poner en condiciones a los Estados Unidos de mantener la independencia de Cuba y proteger al pueblo de la misma, asi corno para su propia defensa, el Gobierno de Cuba venders o arrendar a los Estados Unidos las tierras necesarias para carboneras o estaciones navales en ciertos puntos determinados quo se convendrian con el Presidente de los Estados Unidos. Articulo 8.0 El Gobierno de Cuba insertarA las anteriores disposiciones en un Tratado permanente con los Estados Unidos. Como puede verse, aparte de las obligaciones contraidas por Cuba en virtud de lo consignado en los articulos 1.0, 2.0 y 5.o del preinserto Ap6ndice Constitucional, s6lo en uno de sus articulos (el 3.0) se hace referencia al derecho de intervention que los Estados Unidos de la Am6rica del Norte pueden ejercitar en Cuba, y en el precisamente se mencionan los asuntos respect de los cuales puede realizarse dicha intervenci6n y los fines con que esta puede llevarse a cabo. Fuera de los casos alli claramente senalados y de los que t6citamente se incluyen en la obligacion contraida por los Estados Unidos norteamericanos de asegurar y mantener la independencia de Cuba, la gran Repnblica vecina no tiene ningnn derecho reconocido para inmiscuirse en los asuntos cubanos, de orden interior o exterior, pues para desenvolverlos en la forma mis conveniente a sus intereses, nuestra Republica goza de absoluta independencia y tiene respecto de ellos plena soberania. Esto no obstante, la circunstancia de baber sido integramente copiadas las cliusulas del Ap6ndice Constitucional en el Tratado Permanente celebrado entre Cuba y la gran Republica vecina, sin una reglamentaci6ri suplementaria que, desenvolviendo el precepto contenido en su articulo 3.0, puntualizara el sentido y alcance del derecho de intervenci6n quo en 6l se reconoce a los Estados Unidos de Norteam6rica, determinara la forma en que dicha intervenei6n habia de efectuarse y fijara los casos concretos en que ella -habia de producirse, ha sido causa de que la nation angloamericana se haya inmiscuido en asuntos interiores de nuestra patria, y de que, al sobrevenir precisamente el caso previsto por el citado articulo 3.0, con mo-

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CUBA CONTEMrORANEA tivo de la revoluci6n de agosto del aflo 1906, la intervenci6n norteamericana se realizara en forma totalmente contraria a la que era de esperarse, dados la letra y el espiritu del mencionado precepto legal. Las primeras ocasiones en que el Gobierno de Washington trat6 de inmiscuirse en asuntos interiores de nuestra Republica, fu6 en la epoca en que guiaba la nave del Estado cubano el integerrimo patriota Tomas Estrada Palma, al concertarse el tratado de comercio con Inglaterra y al discutirse en nuestras CAmaras la llamada "Ley del arroz", por la cual podian recibir algnn perjuicio intereses norteamericanos. El Gobierno de Washington trat6 en ambos casos de que el Presidente de Cuba actuara en el sentido que mas convenia a dichos intereses, cohibiendo la liberrima voluntad del Gobierno cubano para concertar toda clase de tratados con cualesquiera otros paises y para resolver, sin limitaci6n alguna, todos sus asuntos de orden interior o exterior que no afecten o quebranten las obligaciones contrafdas por nuestra Republica con las demfs naciones; pero Estrada Palma, con la conciencia plena de sus deberes como Jefe del Estado cubano y celoso guardian de sus derechos de soberania, con el texto del Apendice Constitucional a la vista, entre euyas distintas estipulaciones no habia una sola por la cual pudiera estimarse mermado el derecho del pueblo cubano para legislar sobre todos sus asuntos en la forma que creyera mis conveniente a sus intereses, permanecio firm e inquebrantable ante los premiosos requerimientos de la Cancilleria norteamericana (1). La nnica vez que la gran Republica vecina ha ejercitado el derecho de intervencion que le otorga el tantas veces citado articulo 3.1 del Ap6ndice Constitucional, o sea con motivo de la grave perturbaci6n del orden que produjo en nuestro pals la revuelta iniciada en 19 de agosto de 1906, la actitud por ella (1) Personas que entonces estaban muy cerca del Presidente Estrada Palma y que, por raz6n de los cargos qe en aquella honrada Administraci6n desempefiaban, motives tenian para conocer todos sus soeretos, han credo encontrar, no sin gran fundamento, una intima relaci6n entre in netitud digna asumda por el primer Presidente de Cuba en ambos asuntos y lI que poco tiempo despn6s asumiera el Gobierno de Washington, al intervenir en nuestra patria. con motive de In revuelta de 1906, cuya inmediata consecuen cia fud la caida del austere, del incorruptible Estrada Palma. 150

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LA INTROMISION DE LOS EXTRANJEROS EN NUESTROS ASUNTOS 151 asumida y el comportamiento observado por el funcionario que fu6 escogido para que, como Gobernador Provisional de la Repnblica, restableciera la normalidad politica y administrativa del pals cubano, no pudieron ser, en realidad, mas desastrosos ni mals contrarios al espiritu que informa el texto del referido Ap6ndice Constitucional; a tal extremo, que si aun despu6s de aquella 6poca ha conservado la nacion norteamericana el derecho que el citado precepto legal le otorga, ha perdido en cambio casi toda la fuerza moral de que hasta entonces estaba revestida, ya que su conducta en Cuba de 1906 a 1909 no puede seguirse como norma ni tomarse como ejemplo. El despilfarro en grande escala de los fondos del Tesoro Pnblieo; la prodigalidad en la concesi6n de injustificados indultos, por los que se eximia de cumplir las penas que los Tribunales de Justicia habianles senalado a reos de delitos comunes, muchos de ellos reincidentes, cuyos actos habian sido innlmeros atentados contra la vida y la propiedad de los ciudadanos no delincuentes; la corrupei6n y el desbarajuste administrativos; el escandaloso "affaire" de la compra del acueducto del Vedado; la promotion de peligrosos problemas sociales, en los que el Gobierno observe una conducta parcial, inclinando el peso de la balanza del lado contrario al capital, sin otra finalidad que ]a de gauarse simpatias entree las clases que representaban el trabajo, a las cuales se las indujo al sostenimiento de prolongadas huelgas que han sido, en gran parte, las causas iniciales del estado lastimoso en que hoy se hallan esas clases proletarias, y otros muchos hechos de analoga Indole, cuya enumeraei6n haria demasiado prolijo este studio, que puede anotarse en su haber el Gobierno Provisional aqui instaurado por la gran Repnblica vecina, no eran ciertamente los que cuadraban a la misi6n pacificadora y educativa quo aquella nacion se impuso para guiar en sus primeros pasos a un pueblo d6bil que nacia a la vida del derecho y de la libertad. Durante el gobierno que presidio el general Jose Miguel G6mez, es cosa bien sabida que'fueron varias las "notas'' procedentes de la Casa Blanca que vinieron a Cuba como advertencias de una naci6n amiga, interesada al parecer en el 6xito de una Administracion cuyos procedimientos parecian realmente

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CUBA CONTEMPORANEA calcados en los que practice el predecesor Gobierno Provisional norteamericano, sin otra diferencia que la de haber levado a sus nltinos limites aquel sistema de gobierno basado en la complacencia y en la tolerancia para todos los desafueros y todas las ilegalidades. En el lapso transcurrido desde la fecha en que el general Mario G. Menocal tom6 en sus limpias manos las riendas del gobierno cubano, s6lo en una ocasi6n ha venido de Washington la advertencia amistosa de aquel Gobierno, preocupado ante la situaci6n que pudiera crear en nuestro pais la concesi6n de cierta amnistia por la cual iban a ser excarcelados numerosos delincuentes. El deseo de beneficiar, otorgindole una gracia mas amplia que el indulto, al exgobernador Provincial de la Habana, sentenciado por nuestro Tribunal Supremo de Justicia como coautor del homicidio consumado en la persona del general Armando de J. Riva, jefe de la Policia Nacional, indujo a varios de sus fields amigos y correligionarios pertenecientes a la Camara de Representantes a votar una amnistia en la cual iban a resultar tambi6n comprendidos otros muchos reos quo, al ser devueltos al seno de la sociedad de donde fueron justamente sustraidos, habian de significar para ella un peligro y una amenaza. Y he aqui lo mas triste y doloroso de todo este largo proceso quo tanta repercusion ha tenido en la conciencia pnblica ; lo quo una vez mas hace pensar en que al pueblo cubano, o por lo menos a miembros representatives del mismo, alcanza la responsabilidad de ciertas ingerencias extrafas en asuntos privativos de nuestra Republica. Para sefialar esa responsabilidad en este caso concreto, nos atenemos a las declaraciones que los mismos autores y defensores de la amnistia hicieron en la sesi6n secreta celebrada por la Camara de Representantes el dia 18 de diciembre del aiio ultimo, y de las cuales se hizo eco, sin ser en lo absoluto desmentida, toda la prensa de esta capital. Contrariados los Representantes correligionarios del exgobernador provincial de la Habana ante el obsticulo que para el logro de sus deseos significaba la nota del Gobierno norteamericano y, cegados u obeocados seguramente, sin detenerse a pensar en la significaci6n y trascendencia enorme del paso que 152

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LA INTROMISI6N DE LOS EXTRANJEROS EN NUESTROS ASUNTOS 153 daban, fueron varios de esos Representantes-a quienes al pueblo cubano confi6 la defensa de sus derechos y de su soberania y el deer de velar por el prestigio de la naci6n cubana-a arrancar de los labios del Ministro Plenipotenciario del Gobierno de Washington en Cuba la declaraci6n, para ellos de importancia e interns supremos, de que su nacion en nada se oponfa a que fuera amnistiado el ex gobernador de esta Provincia, sino a que con 61 fueran excarcelados otros muchos delincuentes cuya libertad podia ser un peligro para la seguridad de las vidas y de la propiedad en nuestra patria. Mas no se detuvieron en esto las gestiones realizadas por los Representantes amigos del politico encarcelado, sino que, no satisfechos con las declaraciones que como prenda y garantia de una libertad que ya ellos daban por segura, hicieron traducir al inglks todas las actuaciones del proceso a virtud del. cual fu6 condenado el exgobernador provincial de la Habana y enviaron a Washington la version inglesa de los documents y pruebas procesales, junto con la de la sentencia dictada por el mas alto Tribunal de Justicia de la naci6n, para que sobre unos y otra dieran su opinion los Abogados Consultores del Departamento de Estado del Gobierno de Washington, ante cuyas plantas fueron asi colocados los Poderes Legislativo y Judicial de nuestra patria. Estos hechos, cuya relaci6n abate el espiritu mejor templado,. hubieran sido por si solos motivos suficientes para que el Presidente .de la Repnblica, colocado en un punto de vista exclusivamente patri6tico, vetara, como lo hizo, la amnistia unipersonal votada por nuestro Congreso-de acuerdo con las indicaciones hechas y los deseos expresados por el Ministro norteamericano-, para demostrar a nuestro pueblo que por encima de la voluntad o de la aquiescencia del poder extrafio -cuya ingerencia en este asunto fu6 solicitada y admitida, aun estaba, y habia que contar con ella, la voluntad nacional, nunca como en este caso mejor encarnada en el Poder Ejecutivo de la Republica. Las consideraciones antes expuestas nos llevan a aceptar como consecuencia inevitable la convicci6n de que es necesario,

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CUBA CONTEMPORANEA de que es urgente llevar a cabo una campana reivindicatoria de los derechos de libertad e independencia conquistador por nuestro pueblo a costa de inenarrables heroismos y de cruentos sacrificios, y de que es preciso luchar, sin descanso y sin desfallecimientos, por conseguir que cese de una vez y para siempre la vejaminosa intromisi6n de los extranjeros en nuestros asuntos dom6sticos, hasta ahora tolerada por un exceso de nobleza no comprendido ni agradecido. Para llegar a obtener este resultado es indispensable realizar una labor nacionalista continua, perseverante e intensa; contrarrestar la campana desalentadora de maleante escepticismo con que algunos pretenden llevar al animo de nuestro pueblo la desesperanza de obtener todo mejoramiento colectivo; impedir que la prensa extranjera lastime el sentimiento nacional, atacando con dureza, a veces con insidia, los altos Poderes de nuestra Repnblica y a los gobernantes a quienes el voto popular confi6 la direcci6n de nuestros destinos; obligar a todos los extranjeros que aqui resident a que guarden el respeto debido a nuestras glorias nacionales; no tolerarles que, invocando un insincero amor por este pals, donde viven y levantan las grandes fortunas que nunca hubieran podido adquirir en su patria nativa, depriman todo lo que es cubano por la sola circunstancia de serlo; no consentirles que se mezclen en nuestra political interior, aun cuando su actitud sea favorable al interns partidarista y contraria a la del adversario; tener como ideal-no por inasequible en el momento, menos realizable en una fecha mas o menos lejana-, la nacionalizaei6n o municipalizaci6n, segnn los casos, de todos los servicios publicos, actualmente prestados en su gran mayoria por empresas extranjeras; hacer que cada dia sea mas eficaz y efectiva la labor, que ya hoy se viene realizando, tendiente a que la industria y el comercio pasen de manos extranjeras a manos cubanas, reconquistando asi la potencia econ6mica de la naci6n; expulsar del territorio nacional, sin debilidades femeniles ni vacilaciones cobardes, a cuantos extranjeros resulten perniciosos para la tranquilidad y el sosiego de nuestra patria; cumplir escrupulosamente todos los deberes y obligaciones contraidos por la Republica a virtud de las estipulaciones consignadas en el Apendice Constitucional, a fin de evitar que ocurra una nueva 154

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LA INTROMISI6N DE LOS EXTRANJEROS EN NUESTROS ASUNTOS 155 intervencibn extranjera, harto depresiva para un pueblo que no ha escatimado ningun sacrificio por llegar a regir sus propios destinos; no acudir nunca al extranjero en solicitud de protecci6n, ayuda o auxilio para sacar avante prop6sitos o aspiraciones personales, sacrificando siempre unos y otras, por legitimos que ellos sean, en aras de los mas altos intereses de la patria; rechazar con energia toda intromisi6n injustificada que no se fundamente en el derecho reconocido por Cuba a la gran Republica norteamericana para preservar su independeneia y coadyuvar al sostenimiento de un gobierno estable, capaz de cumplir sus deberes internacionales; hacer que cada uno de los elementos integrantes del pueblo de Cuba se mueva dentro de su propia 6rbita, sin extralimitaciones que entibien la cordialidad existente entre los hijos de esta tierra, noble y hospitalaria, y los espafioles que, aceptando con resignaci6n los inapelables fallos de la historia, esten dispuestos a no entorpecer la obra lenta y dificil de afianzar la nacionalidad constituida en la que fu6 en un tiempo "el ms rico flor6n de la Corona de Espafia" y es hoy la patria libre de sus mujeres y de sus hijos; no permitir, finalmente, que la conducta altiva y soberbia asumida en nuestro pais por muchos de los nacidos en la patria de Washington y Lincoln, haga que se trueque en animadversi6n y antipatia el sentimiento de imperecedera gratitud que Cuba debe guardar siempre hacia la naci6n norteamericana, cuyos soldados combatieron junto con nuestras huestes libertadoras por la independencia de Cuba en los campos gloriosos del Caney. Mas si, por observar esta linea de conducta y cumplir fielmente este programa, llegara un momento triste y tormentoso para Cuba y para el Continerte Americano, en que el edificio de nuestra Repnblica, levantado a costa de tantos esfuerzos y tantos sacrificios, viniera al suelo, desplomandose bajo el peso irresistible de influencias extrafias; si por defender nuestros conculcados derechos de pueblo redimido desapareciera nuestra personalidad politica, perdiendo con ella todas las bienandanzas del present y sus mars preciadas conquistas, entonces podriamos exclamar, parodiando las frases eseritas con caracteres indelebles por el inmortal defensor de las Term6pilas:

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156 CUBA CONTEMPORLNEA ";Viajero, ve a toda la Am6rica Latina y dile que aqui yace un pueblo de su misma raza, amante de su libertad y celoso mantenedor de su independencia, que ha sucumbido defendiendo sus derechos hollados y su ultrajada dignidad, por estimar, de acuerdo con las palabras del gran patriota Tomas Estrada Palma, dichas en los momentos de su caida como primer Presidente de Cuba republicana, que para los pueblos, como para los individuos, es preferible morir con dignidad a vivir con ignominia! MAnO GUIRAL MORENO.

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LA ABSTENCION PRESIDENCIAL EL ARTICULO 62 DE LA CONSTITUCION N los dias en que estaba pendiente de la sanci6n o del veto del Presidente de la Repnblica el ultimo proyecto de ley de amnistia votado por el Congreso, hubo caracterizados politicos e importantes peri6dicos que supusieron que aqu6l ni lo sancionaria ni lo vetaria, sino que dejaria transcurrir, sin adoptar una u otra resoluci6n, el t6rmino por cuyo lapso, en defecto de una y otra, adquiriria fuerza de ley el proyecto; lo cual les parecia cosa natural y corriente, sobre cuya procedencia no se ofrecia duda alguna; y la creian procedente fundandose en el precepto constitucional (parrafo tereero del articulo 62) segin el cual, cuando el Presidente de la Republica, al serle presentado para su sanci6n un proyecto de ley o resoluci6n votados por el Congreso, no lo sancionase y dejase pasar diez dias sin devolverlo con objeciones a la Camara que lo hubiere propuesto, se tendra por sancionado y sera ley. De ahi deducian los que anunciaban y aprobaban la supuesta absteneidn del Presidente de la Republica, que es 6sta una facultad suya, puesto que la Constituci6n la prev6 y de sus efectos trata: y recomendaban al Presidente que se abstuviese, porque, presumiendo que no vetaria la proyectada amnistia para no contrariar al grupo politico que la persigue, crelan conveniente para 61 y para su partido que evitase tambi6n disgustar, con la sanci6n, a los elementos sociales ajenos a los intereses y competencias de los partidos, que eran opuestos a la amnistia, y entendian que con la abstenci6n del Presidente recaeria nnicamente en el Congreso la responsabilidad de la medida. Con-

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CUBA CONTEMPORANEA ceptos que suponen, de una parte, que el Presidente de la Repnblica podria licitamente, y sin mengua de su autoridad moral y de la dignidad de su cargo, atender en su ejercicio a consideraciones personales o de partido distintas del interns naeional, y de otra parte, que le eximiria de responsabilidad la abstenci6n. Es verdad que el Presidente de la Republica, al serle presentado un proyecto de ley o resoluci6n votado por el Congreso, puede, de echo, dejar de sancionarlo y de vetarlo: y la Constituci6n prev6 el caso, y dispone lo que procedera cuando ocurra. El proyecto no sancionado, que en los diez dias siguientes al de su presentaci6n no hubiese sido tampoco vetado, adquirirA fuerza de ley, teniendose por sancionado. Pero si el Presidente de la Repnblica, cuando no sancione un proyecto de ley o resolucion, puede, de hecho, abstenerse tambien de vetarlo, j le sera licita la abstenci6n, en el orden del Derecho, con arreglo a la Constituci6n? h La autoriza la letra de 6sta? jLa consiente su espiritu? Es la abstenci6n una facultad del Presidente de la Republica? O bien, al abstenerse, A dejar de cumplir un deber, en vez de ejercer una facultad? No conozco ningin trabajo en que se haya estudiado este interesante problema politico en relaci6n con nuestra Constituci6n, con la de los Estados Unidos-de la cual en este punto es copia la nuestra-, o con alguna otra, o en la esfera general de la doctrina. Conozco, si, autores que hablan en t6rminos generales de la posibilidad de la abstenci6n del Presidente de la Republica en el caso a que me refiero: pero hablan de ella incidentalmente, sin ahondar, sin estudiar el asunto a la luz de los textos constitucionales y de las doctrinas political. Ni de otro modo se trata en una monografia que tengo a la vista (1), en la cual, por su especialidad, habria tenido lugar adecuado y parecia necesario el estudio del asunto; pero que se limit a consignar, en cuanto a los Estados Unidos y refiriendose vagamente a la (1) Le teto du Prdsident de la Rtrublique et la'sanction royale. Par Raoul Bompard, 1906, Paris. 158

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LA ABSTENCI6N PRESIDENCIAL ley y a la costumbre, la posibilidad de que deje a la vez el Presidente de sancionar y de vetar proyectos de ley, de suerte que por el solo transcurso del t6rmino leguen a adquirir fuerza legal. No s6 si en otra obra especial (2), que no conozco, citada en la monografia de Bompard, se estudiara el problema directamente y a fondo; pero en las palabras copiadas en la cita, no se ve si al hablar de la posibilidad de la abstenci6n presidencial se refiere el autor a la mera posibilidad de hecho, o la considera como una facultad constitucional del Presidente de la Union. Y en cuanto a la obra de Bompard, es de notarse que la abstenci6n que sefiala como posible es la que se refiere a eyes que al Presidente no parezean "merecer aprobacion ni reprobacidn formal", no a las que considere "malas o sospechosas de favorecer intereses particulares"; lo cual implica en el pensamiento del publicista frances la condenacion de la abstenci6n presidencial en casos que no sean aquellos en que la escasa importancia de la ley proyectada haga indiferente a la causa pnblica lo que en ella se contuviere. De donde result que no es, en realidad, favorable a la doctrine de la abstenci6n la opinion de Bompard. En cambio, tengo entendido que en los Estados Unidos, y me parece recordar que en Cuba, ha ocurrido alguna vez el caso de abstenerse el Presidente de sancionar y de vetar algnn proyecto de ley: y no cabe desconocer que bien puede suceder que se incline el Animo a creer licita la abstencion, cuando se recuerde que la Constituci6n dispone que en tal caso, al cabo de cierto t6rmino, se tendr por sancionado el proyecto y adquirir4 fuerza de ley, y mientras no se ponga cuidadosa atenci6n en la redaccion del texto constitucional y no se relacione 6ste con el conjunto de la Constituci6n y con principios de capital importancia political. Disiento, empero, de esa opinion. Al dedicar al problema detenido studio, he entendido que esa opinion, que consider licita la abstenci6n del Presidente de la Republica ante proyectos de ley o resoluciones presentados a su sanci6n, es contraria al articulo 62 de la Constituci6n y al espiritu de esta, considerada en conjunto, y que los motivos, de que antes hice merito, por los (2) The Veto Power, By Campbell Maso, 1905, Boston. 159 x

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CUBA CONTEMPORANEA cuales recomendaron algunos la abstenci6n presidential en cuanto al ultimo proyecto de amnistia votado por el Congreso, envuelven err6neos conceptos que conviene rectificar y desvanecer. 1 Donoso concepto del Gobierno el que recomendase a un gobernante una abstenci6n para esquivar una responsabilidad, aunque s6lo fuese moral! La responsabilidad, ya legal, ya poltica, ya moral, es esencial en todo Gobierno. Hasta en las autocracias pesa sobre los autocratas grave responsabilidad moral. Cuantos toman a su cargo cosa ajena, sea la que fuere; cuantos asumen o aceptan gestion de asuntos que no sean exclusivamente suyos, han de ser ipso facto responsables hacia otros. La responsabilidad es caracteristica de la vida en cuanto exista relacion de unos para con otros: todo Gobierno implica un mandato o una negotiorum gestio: y eludir en el servicio ajeno acciones o responsabilidades, es cometer defraudacion. No sin raz6n en las Repnblicas hermanas de Am6rica se llama Mandatarios a sus Presidentes. Por otra parte, B por ventura seria menor la responsabilidad del Presidente de la Repnblica por la abstenci6n que por la sanci6n de un proyecto de ley? Por uno u otro medio, por su omisi6n o por su accion, o no seria 61 quien diese fuerza de ley a la medida que no vetase ? De su omisi6n en un caso, como de su acci6n cn otro, derivaria la vigencia de la ley: a 61, y s6lo a 61, seria imputable en uno y otro caso la causa nltima que la determinase. La sanci6n tfcita por el transcurso del tiempo, siendo obra de su voluntad, de la voluntad de no impedir que fuese ley el proyecto a que se refiriese, Ile haria menos responsable que una sanci6n expresa? Supongamos que un Congreso, en cuyas CAmaras tuviese mayoria un partido radical, aprobase, por los votos de los radicales o por los votos de 6stos y de otros Representantes y Senadores, un proyecto de ley que modificase profundamente el orden social existente, que destruyese o quebrantase o alterase esencialmente alguna instituci6n social fundamental; y que, desempefiada por un conservador la Presidencia de la Republica, 160

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LA ABSTENCI6N PRESIDENTIAL no sancionase el proyecto, pero tampoco lo vetase, y por su abstencion obtuviese fuerza de ley, y se implantase la radical reforma, y se efectuase, con beneficio o con daflo, una gran revoluci6n social. & No seria responsable de ella, a la par que sus autores; no seria coautor de ella el Presidente de la Republica que, sin haberla defendido y alentado, no hubiese impedido su advenimiento ? 1 Que err6neo concepto del Gobierno revelaron tambien, si no soy yo quien yerra, los que, dando por supuesto que el Presidente de la Republica no habria de vetar el ultimo proyecto de ley de amnistia, para no suscitar la enemiga del grupo politico a quien interesaba; y ante el desagrado que produjo en otros, le recomendaban como ventajoso para 61 y para su partido que, en vez de sancionar expresamente la discutida medida, apelase a la abstencion El caracter partidista-perdneseme la palabra-que suele tener la Presidencia en las Repnblicas de nuestros dias; la afiliaci6n de los candidatos a los partidos que se disputan el poder; la elecci6n hecha por los partidos de modo mas o menos directo; la necesidad de allegar fuerzas donde se encuentren para obtener el triunfo electoral; los compromisos que generalmente han de aceptar los candidatos; las exigencias que tienen los conmilitones y auxiliares del candidato electo; todo ello quebranta la moral pfiblica y perturba las ideas y fomenta las ambiciones y rebaja los caracteres, hasta tal punto que en los partidos politicos raramente se condena, y a menudo se aprueba y se aplaude, cosa tan funesta y escandalosa como la perversion y el envilecimiento del Poder, puesto al servicio de consideraciones personales o de partido, con olvido y ofensa de la justicia y del bien piblico. No puede haber, no hay cosa mas perjudicial al buen gobierno de los Estados: germen de injusticia, de corrupci6n, de desContento, de desorden moral, y a la larga, de decadencia y ruina del regimen politico y a veces del mismo Estado. Donde se ejerce habitualmente el Poder con tan bajas inspiraciones y tan execrables fines, se hacen imposibles la justicia, la buena adminis-

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CUBA CONTEMPORANEA traci6n, la paz moral; y surgen al fin las dictaduras, que son una de las mss graves enfermedades sociales de la America Espanola. Carga, y no beneficio, ha de ser el Gobierno. A 61 no se ha de ir para la propia satisfaccion, sino a trabajar, a padecer, a aguantar: no al deleite y al provecho, sino al esfuerzo, al dolor y al sacrificio. El ejercicio de las altas funciones politicas debiera ser un sacerdocio, al cual s6lo se dedicasen los que se sintiesen bastante fuertes para consagrarse al bien comnn. No debiera ser modo de vivir, sino ocasi6n de trabajar, de depurar el coraz6n, de fortalecer el car6cter, de ennoblecerse en el cumplimiento del deber y en el amor del pr6jimo... Pero lleguemos ya al articulo 62 de la Constituci6n, en cuyo tercer parrafo se funda la opinion que en la abstenci6n a que se refiere ve una facultad constitucional del Presidente de la Repnblica. A aquel parrafo tercero preceden otros dos que dicen lo siguiente: Todo proyecto de ley que haya obtenido la aprobaei6n de ambos Cuerpos Colegisladores, y toda resoluci6n de los mismos que haya de ser ejecutada por el Presidente de la Republica, debern presentarse a Este para su sanei6n. Si los aprueba, los autorizar. desde luego, devolvi6ndolos, en otro caso, con las objeciones que hiciere, al Cuerpo Colegislador que los hubiese propuesto; el cual consignara las referidas objeciones integramente en acta, discutiendo de nuevo el proyecto o resoluei6n. Si despues de esta discusi6n, dos terceras partes del nnmero total de los miembros del Cuerpo Colegislador, votasen en favor del proyecto o resoluci6n, se pasar&, con las objeciones del Presidente, al otro Cuerpo, que tambi6n lo discutird, y si por igual mayoria lo aprueba, sera ley. En todos estos casos las votaciones serAn nominales. Resulta de estos dos parrafos, como regla general, que la potestad legislative no corresponde en Cuba, de modo absoluto y exclusivo, al Congreso. Cuando 6ste ha aprobado un proyecto de ley o resolucion, todavia no hay ley, no hay resolucion, no hay norma que obligue y deba ser obedecida y cumplida. Aunque el articulo 44 de la Constituci6n declara que el poder legislativo se ejerce por los dos Cuerpos electivos que conjuntamente 162

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LA ABSTENCI6N PRESIDENTIAL reciben el nombre de Congreso, 10 cierto es que, como regla general, se ejerce conjuntamente por el Congreso y por el Presidente de la Republica. Pero resulta igualmente de los textos constitucionales que si es esta la regla general, no es absoluta. Aunque el Presidente de la Repnblica, en discordancia con el Congreso, niegue su sanci6n a un proyecto que 6ste hubiere aprobado, puede llegar a ser ley; pero no por acuerdo de la simple mayoria, sino por acuerdo de las dos terceras partes del nnmero total de los miembros de una y otra Camara. De suerte que, en realidad, precisando y puntualizando, s6lo tienen la facultad de hacer leyes, ya la mayoria absoluta de ambas Camaras del Congreso junto con el Presidente de la Republica, ya las dos terceras partes del numero total de los miembros de una y otra Camara. La simple mayoria de 6stas en ningnn caso puede hacer leyes por si sola, por su sola voluntad y decision. Pero la excepcional mayoria de los dos tercios no tiene, con arreglo a los parrafos del articulo 62, la facultad de hacer leyes por si sola, en cualesquiera circunstancias y condiciones. La tiene despu6s, y solamente despu6s, de que el Presidente de la Republica hubiese devuelto, con las objeciones que hiciere, el proyecto anteriormente aprobado por ambas Cmaras, y de que 6stas hubiesen nuevamente deliberado sobre el mismo aprobandolo nuevamente: la tiene solamente cuando las Camaras deliberen de nuevo y resuelvan por segunda vez, con previa audiencia del Presidente de la Republica, con previo conocimiento de la opinion de 6ste. Las Cmaras no son soberanas que puedan decidir a su talante: su poder les esta conferido, como presuntas representantes de la Naci6n, para que lo ejerzan racionalmente y no a capricho, dentro de los limites trazados por la Constitucion y no a discreci6n, y para el bien comfn y no para otros fines: de tal modo esta limitada y condicionada la potestad del Congreso. De ahi que cuando el Jefe del Estado, el Presidente de la Repnblica, no apruebe un acuerdo del Congreso-por creerlo contrario a la Constituci6n o al bien pnblico-, deba el Congreso, segnn los citados parrafos del articulo 62, conocer y en nueva deliberaci6n apreciar los motivos en que se funde la opinion presidencial, porque sin conocer163

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CUBA CONTEMPORANEA los y apreciarlos no tendria la resolucion del Congreso el carActer de un acto consciente de raz6n. Pero sigue a los dos parrafos copiados, en el articulo 62 de la Constituci6n, otro parrafo que dice lo siguiente: Si dentro de los diez dias h~biles siguientes a la remisi6n del proyeeto o resoluci6n al Presidente, este no to devolviere, se tendr por sancionado y sera ley. Y de este precepto han deducido algunos la facultad de abstenci6n del Presidente de la Republica. Para tal deducci6n seria preciso que resultase elaramente que en este parrafo hubo el prop6sito de introducir una excepci6n a los preceptos del primero; y en verdad no se advierte tal prop6sito. Ese primer parrafo es claro y terminante: sus preceptos son absolutos: su lenguaje es imperativo, como el de la Constituci6n de los Estados Unidos y el de otras Constituciones que contienen iguales preceptos. Ante cualesquiera proyectos presentados al Presidente de la Republica, fruto del pensamiento y de la voluntad del Congreso, el pensamiento del Presidente puede ser igual o distinto, su voluntad puede aprobar o no aprobar los acuerdos del Congreso. "Si los aprueba", dice la Constitucion, "los autorizard desde luego". La formula es imperativa: si aprueba, autorizara; y por consiguiente, no puede dejar de autorizar. "En otro caso", es decir, si no aprueba los proyectos, los devolvera: "devolvitidolos, en otro caso'"-dice la Constituci6n-, "con las objeciones que hiciere": y por consiguiente, en tal caso, en el de no aprobar, no puede dejar de devolverlos, y al devolverlos no puede dejar de exponer las objeciones que estimare pertinentes. No hay lugar para otro proceder. Aprueba o no aprueba el Presidente. Si aprueba, autorizard desde luego: si no aprueba, devolvera y habra de devolver con objeciones. A estas dos reglas imperativas no introduce excepci6n alguna el tercer parrafo del articulo 62. No dice que en tal o cual caso pueda el Presidente no autorizar, aunque apruebe, o no devolver o devolver sin objeciones, en otro caso. Otra cosa hizo y otro fue el objeto del parrafo tercero. Pre.v6 el caso de que el Presidente de la Republica, a pesar de los 164

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LA ABSTENCI6N PRESIDENCIAL imperativos preceptos anteriores que le imponen el deber de autorizar o de devolver con objeciones, se desentienda de ellos, e infringiendolos, no autorice ni devuelva. En tal caso, dispone el tercer parrafo, se tendrs por sancionado el proyecto y sera ley. La Constituci6n debi6 prever, por improbable que sea, el caso de que el Presidente de la Republica dejare alguna vez de cumplir el deber de autorizar un proyecto o de devolverlo con objeciones: debi6 preverlo, porque las eyes han de prever todos los casos que puedan ocurrir en las materias sobre que versen, y adoptar todas las medidas que conduzean a hacer eficaces sus preceptos y a evitar que sean burlados y queden incumplidos. A este fin obedecieron el tercer parrafo del articulo 62 y las disposiciones concordantes de la Constituci6n de los Estados Unidos y de las de otras Repnblicas: a impedir que el Presidente de la Republica dejase de cumplir el deber que se le impuso de sancionar, si aprobare, o, en otro caso, de devolver con objeciones. Es una disposition que ampara los actos legitimos del Congreso contra la ilegitima pasividad de un Presidente de la Repfblica. Pero la abstenci6n, que con esa disposici6n se quiso precisamente evitar, no fu6 una facultad concedida al Presidente de la Republica. En la interpretaci6n de las eyes hay que atenerse al sentido literal de las palabras cuando es claro y no puede ofrecer racionalmente lugar a duda. Menguado espiritu de leguleyo, indigno de estadistas, seria el que buscase la duda donde no la hay, para acomodar la ley a las propias conveniencias e intenciones. Si la Constituci6n estatuye claramente que cuando el Presidente de la Repnblica no apruebe un proyecto to autorizard desde luego y en otro caso to devolvers con objeciones, A a que duda racional pueden dar lugar estas palabras? I C6mo suponer que le faculte la Constituci6n, cuando no apruebe, para no autorizar ni devolver? En tal caso, ademis-para atender a otro aspecto del problema-, a pesar de que no quiso la Constituci6n que fuese ley un proyecto no aprobado por el Presidente de la Republica, sino cuando Lo discutiese de nuevo el Congreso y lo aprobase la exextraordinaria mayoria de dos tercios, resultaria, sin embargo,. 165

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CUBA CONTEMP1ORkNEA de prevalecer la opinion que impugno, que adquiriria fuerza de ley sin nueva discusi6n y por la mayoria que en la primera 1o hubiese votado, aunque no llegase a aquel nnmero de votos. SNo seria esto burlar la Constituci6n? Hay, ademas, en el segundo parrafo del articulo 62 un precepto en que conviene detener un momento la atenci6n. No quiso la Constituci6n que en los casos-que por lo general habran de ser de importancia-en que el Presidente de la Repnblica, disintiendo de la opinion del Congreso, no apruebe un acuerdo de 6ste, amparase a los miembros del mismo, al deliberar y resolver nuevamente, la irresponsabilidad con que suelen actuar. Para mayor garantia de acierto, cuando, devuelto por el Presidente de la Republica un proyecto que no aprobare, hubiere el Congreso de deliberar y resolver nuevamente sobre el mismo, quiso la Constituci6n avivar en los legisladores el sentimiento de la responsabilidad: y dispuso que en tal caso serian nominales las votaciones a fin de que, sobre el punto en discordia, se conociese la opinion de cada uno de los miembros de ambas Camaras y cada uno cargase con la responsabilidad moral de su voto, sin poder escudarse con el an6nimo de la muchedumbre. L Cabra entender la Constituci6n de tal modo que permita al Presidente escudarse con el silencio? Quiso la Constituci6n que se supiese, en el caso de que se trata, la opinion de cada uno de los legisladores: L serar recta interpretaci6n la que sostenga que cuando el Presidente esta en desacuerdo con el Congreso, estara facultado por esa misma Constitucion para no exponer sus objeciones, para encerrarse en cauteloso silencio, para ocultar su pensamiento, para eludir la accion, siendo el, no uno de tantos, no un miembro de la muchedumbre, no uno entre cien legisladores elegidos para la obra colectiva de dar eyes, sino el individuo, la Single Person, elegida para presidir a la vida nacional, el Jefe del Estado? s ** Aunque no fuesen claros, como son, los preceptos del articulo 62 de la Constituci6n y necesitasen interpretaci6n, no seria menos segura y evidente la opinion que condena la absten166

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LA ABSTENCION PRESIDENCIAL ci6n presidencial, porque fijarian su recta significaci6n, tanto los principios politicos que en -aquellos preceptos hubiesen encontrado cabida, como el espiritu, el sentido general de la Constituci6n, considerada en el conjunto de sus reglas e instituciones. Aunque he de renunciar al estudio de estos puntos, que seria muy interesante, pero demasiado extenso, para dar a mis lectores alguna idea-que por si sola sera harto sugestiva-del vasto campo que desisto de explorar, me atrever6, sin embargo, a algunas breves indicaciones. Recordar6, ante todo, que segan expuse en otra ocasi6n, el regimen politico que estatuy6 la Constituci6n no es de pura y radical democracia, como imaginan muchos, sino un Gobierno de los Ilamados mixtos o templados, en el cual, al principio democrrtico, revelado en el sufragio universal, se unen para moderarlo un principio aristoertico y un principio monarquico-empleando ambas locuciones en su mfs propio sentido-, revelado aqu61 en el caracter que, si las eyes electorales no hubiesen mistificado el precepto constitutional, habria de dar a nuestro Senado ]a composici6n de las seis Juntas-formadas por Consejeros provinciales, capacidades y mayors contribuyentes -que ban de elegirlo,-sin hablar de otras circunstancias que omito por brevedad,-y revelado el principio mondrquico o unipersonal en la potestad presidencial, revestida de extensa competencia y vigoroso poder, y singularmente del veto, bastante para impedir que sea la simple mayoria quien del gobierno decida siempre por si sola, cual es propio de todo r6gimen de pura y absoluta democracia. Y por encima de las voluntades de Ia mayoria, por encima de la Asamblea que tiene representaci6n popular, aun apoyada por el Senado y el Jefe del Estado, pone la Constituci6n principios fundamentales y derechos inviolables a que no alcanzan las ]eyes y que contra las mismas eyes ampara otro Poder; to cual responde a una noci6n del Estado y de ]a democracia radicalmente distinta de la revolucionaria, y cuya fuente no estk en Paris, sino en Filadelfia. Y dicho esto, agregar6 nnicamente, en Lo que atalie al Congreso, que a una inspiraci6n francamente conservadora obedecieron en la Constituci6n varias disposiciones, cual la que se propuso asegurar la representaci6n de las minorias en la Camara de Representantes, la quo despoj.6 a 6sta de la primacia en la discusi6n de los presupuestos, que suelen reconocerle las Constituciones, ya republicanas, ya monarquicas, y ]a que prohibit al Congreso aumentar las dotaciones que para los servicios pro167

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CUBA CONTEMPORKNEA pios del presupuesto fijo propusiese el proyecto del Gobierno: y en cuanto a 6ste, me limitar6 a recordar que no es en la Constituci6n un mero agente del Congreso, ni un Poder cuyas funciones se ciiian a la mera ejecucion de las leyes, sino un verdadero Gobierno, en el mas amplio sentido de esta palabra, dotado de importantes facultades de direcci6n, de representaci6n y de extensa y eficaz acci6n polftica, y especialmente (inciso primero del artieulo 68) de la de proveer a "cuanto incumba al gobierno y administracidn del Estado". Todo ello haria ma's patente, si fuere necesario, cuan opuesta seria al espiritu de la Constituci6n la abstenci6n del Presidente de la Republica ante los acuerdos del Congreso, cuando disintiere de 6ste y no los aprobase. Pero, ya que no puedo permitirme un amplio examen del regimen politico estatuido por la Constituci6n, bastard, para confirmar la recta inteligencia del articulo 62, considerar lo que es el veto, su caracter, su efecto y su fin. El veto es una facultad de impedir, segfin la expresi6n de Montesquieu. Es, en frente del poder de los Congresos, una barrera y un contrapeso a la vez. Es una instituci6n eminentemente conservadora, una instituci6n de defensa del orden social y politico existente, dirigida a atajar, en las actuaciones de los Congresos, toda violaci6n de la Constitucion, toda intrusion en las esferas de otros Poderes, toda innovaci6n peligrosa o prematura, toda claudicaci6n en servicio de particulares intereses. En el curso normal de la vida de los Estados, el orden social y politico no puede perdurar sino mediante la observancia de los principios fundamentales en que descansen la sociedad y el Estado, el respeto de todos los derechos, el celoso y desinteresado servicio del procomnn, el equilibrio entre los varios elementos politicos y sociales y la conciliaci6n de sus distintos intereses: y para lograr estos fines se han establecido en los regimenes mixtos reglas e instituciones que hagan imposible a todos los poderes un opresor absolutismo y permitan a todos los elementos sociales influir en la accion politica. 168

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LA ABSTENCI6N PRESIDENTIAL Frente a las monarquias absolutas alzaronse en otros siglos, para limitar el Poder Real, instituciones representativas en las cuales actuaban, en esferas mas o menos amplias, los varios elementos sociales: la nobleza, el clero, el estado liano. En frente del Poder Real ejercian la facultad de impedir; le oponian barreras y contrapesos, Parlamentos, Cortes, Estados Generales... Era el Poder Real el que tenia mayor fuerza y tendia a mayor expansion y domino: era el principio monarquico el preponderante y el que importaba contener. En un estado social y politico en que sea el elemento democrftico el mas vigoroso y el que mas tienda a absorbentes y dominadoras expansiones, a contenerlo habr de dirigirse la politica para evitar otra opresi6n no menos dura que la del absolutismo monarquico. Cuando se constituyeron en Naci6n independiente las colonias de la Am6rica del Norte-de cuya Constituci6n, como se ha dicho repetidamente, tom6 la nuestra el veto presidencial-, pusieron junto al poder del Congreso, para impedir sus excesos, el poder del Presidente, armado de los medios necesarios: y con el veto quisieron la Constituci6n de los Estados Unidos y las que la imitaron, evitar que en todo caso fuesen leyes, por el solo hecho de haberlos votado la mayoria del Congreso, los proyectos que ella aprobase, y que 6sta pudiese en todo caso imponer sus ideas y sus voluntades. A la irresponsabilidad de las Asambleas quisieron oponer la acci6n responsable de un Gobierno. b Se habria apelado a esa responsabilidad para que el Gobierno pudiese esquivar el lance, cuando se presentase, absteni6ndose a la vez de la sanci6n y del veto? Cuando se di6 a los Gobiernos en el veto una facultad de impedir, L fu6 para que renunciasen a impedir lo que no aprobasen? La que tal cosa entienda, L sera recta interpretacion de la Constituci6n ? En las Monarquias tienen los Reyes la facultad de sancionar las leyes. No tienen la de vetarlas, cual los Presidentes en casi todas las Reptiblicas, porque siendo absoluta e incondicionada la prerrogativa real de la sanci6n, no deja lugar al veto. Basta 169

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CUBA CONTEMPORNEA con que el Rey no d6 su sanci6n para que no haya ley: para que no pueda haberla de ningan modo y en ningin caso futuro. La sanci6n fu6 consecuencia de la soberania hist6rica de los reyes, que empezaron siendo los que dictaban leyes por si solos y fueron despues uno de los elementos esenciales y constitutivos del poder legislativo, a la par con los Parlamentos. Explicase, pues, que el monarca, cuando no quiera dar fuerza de ley al voto del Parlamento, nada deba hacer: que ni deba realizar un acto de negacion, ni alegar razones que justifiquen la pasividad y abstenci6n en que se encierre, al dejar de realizar el acto positivo de sanci6n. Pero otra cosa sucede en las Repnblicas de nuestros dias. La sanci6n reservada a los Presidentes no tiene igual character que la de los Reyes, ni la falta de sanci6n surte igual efecto. Por esto, y aunque casi todas las Constituciones republicanas-ual las de Cuba, los Estados Unidos, la Argentina, el Brasil, Chile, el Peru, el Ecuador, Colombia, Costa Rica, Panama, Honduras, Nicaragua, el Salvador-atribuyan expresamente al Presidente la sanci6n de las leyes, dando el mismo nombre que tiene en las monarquias la prerrogativa real a la facultad presidential de aprobar los proyectos de las C'maras, y reconoci6ndole, por consiguiente, la de no aprobarlos, pudo, no obstante, decir con raz6n el ex Presidente de la Repnblica Francesa Casimir Perier, que la sanci6n-la sanci6n propiamente dicha, aquella por cuya falta dejan de ser leyes, de modo absoluto, las resoluciones de las Camaras Legislativas-sigue siendo un atributo del Poder Real y en todos los tiempos y en todos los paises se ha considerado como incompatible con el regimen republicano. Y es que en este regimen, cuando no es de pura democracia, sino mixto, se condiciona el ejercicio de la potestad de las CUmaras; pero en caso de desacuerdo entre 6stas y el Gobierno respecto de proyectos de ley aprobados por aqu6llas, no se atribuye al Gobierno, como al Poder Real en las Monarquias, la definitiva decision, la nltima palabra. Reservase 6sta a las Camaras; ora, como en Francia, por la simple mayoria absoluta, ora, como en Constituciones mas conservadoras, por la extraordinaria mayoria de los dos tercios. Lo cual no altera en nuestra Constituci6n su caracter conservador, ni implica que en de170

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LA ABSTENCI6N PRESIDENCIAL finitiva sea el principio democratic el que prevelezca; puesto que una de nuestras Camaras, el Senado, lejos de tener en la Constituci6n character democratic, tiene el que le atribuye la circunstancia de ser elegida, no por el Cuerpo electoral general que componen todos los electores, sino por Juntas electorales especiales, compuestas, por partes iguales, por Consejeros provimciales, capacidades y mayores contribuyentes. No son, pues, el caracter y el efecto del veto en las Republicas los mismos que tiene en la Monarquias la falta de sanci6n real: y de esta diferencia deriva la necesidad de fundar el veto, declarada en todas las Constituciones. Como el veto no excluye, cual la falta de la sancion real, nueva deliberaci6n y nuevo acuerdo de las Camaras, no puede ser silencioso. Como no impide de modo absoluto que llegue a ser ley la decision sobre la cual recaiga, sino que a 61 pueden seguir nueva deliberaci6n y decision, ha de ser necesario que al nuevo acto de reflexi6n y de voluntad de las Camaras preceda el conocimiento de las razones por las cuales el Presidente de la Republica hubiese estimado inconstitucional, inconveniente o inoportuna la anterior decision de aquellas. Las Monarquias descansan en el concepto de la soberania real, mas o menos y en tales o cuales condiciones limitada: y por esto no obligan las Constituciones a los Monarcas, cuando nieguen sanci6n a los proyectos votados por las Camaras, a explicar los motivos de su negativa. En las Republicas, ni el Gobierno ni las Asambleas son soberanos. Ejercen funciones que se les han conferido para el bien piblico; pero no las ejercen por derecho propio y en propio interns, sino por virtud de mandato y para el comnn. benefieio. Las Asambleas politicas y los Gobiernos en la Repnblicas, tienen la potestad de actuar libremente, como entiendan, en cuanto sea de su competencia; pero deben actuar con sujeci6n a la opinion nacional, y no con independencia de ella y mucho menos en contra de ella. Y al surgir un desacuerdo entre las Asambleas y el Gobierno en cuanto a medidas votadas por aqu6llas y que 6ste no apruebe, y siendo tal el regimen politico establecido que en tal caso pueden las Asambleas, en determinadas condiciones, hacer prevalecer su opinion y su voluntad, no se concebiria que el Gobierno dis171

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CUBA CONTEMPORANEA cordante no tratase de ilustrar a las Asambleas y a la opinion pnblica. Un Monarca, para impedir que sea ley la medida del Parlamento que no apruebe, no necesita hacer cosa alguna: le basta dejar de sancionar. Al presidente de una Republica, en tal caso, no le basta abstenerse, ha de hacer: puesto que las Camaras pueden nuevamente acordar la medida que 61 no aprobare y darle carfcter de ley, para evitar que asi sea, en lo que dependa de 61, necesita convencer a las Camaras de la inconstitucionalidad, de la inconveniencia o de la inoportunidad de la medida. La mera abstenci6n, el silencio, no serian adecuados al fin a que obedece el establecimiento del veto en las Constituciones: y el Presidente de una Republica, al abstenerse de hacer lo conducente a impedir, en cuanto este a su alcance, que sea ley la medida que no apruebe, dejaria de ser Gobierno, abdicaria en manos de otro Poder, anularia y degradaria el suyo propio, faltaria a su deber de velar y trabajar y pugnar por el bien pnblico, cual 61 lo entienda. & No se advierte claramente la diferencia entre la abstenci6n de un 1Monarca al no sancionar, y la de un Presidente al no vetar cuando entienda que no debe sancionar? La alegaci6n de los motivos por los cuales el Presidente de la Repnblica no apruebe una medida vetada por las Camaras, es el nnico medio constitutional que tiene para influir sobre ellas con el fin de impedir que persevered en la adopci6n de la misma: influencia que puede ejercerse y llegar a ser sentida en las Camaras, al conocerse en ellas y en el pals las objeciones del Presidente, tanto por acci6n directa, es decir, por las impresiones y los juicios que inspired a los miembros de aqu6llas las objeciones del Presidente, como por accion indirecta, es decir, por las impresiones y los juicios que inspiren a la opinion publica y por la influencia de 6sta sobre los legisladores. Y permitaseme, de paso, lamentar el olvido en que se tiene entre nosotros este modo de que influyan los Gobiernos sobre las Camaras, mediante la opinion publica. Reciente el regimen republicano, y falto nuestro pueblo de experiencias y de hibitos que solo podran darle el tiempo, la difusi6n de la cultura y la practice de la vida political, no es extrafio que la opinion pnblica tenga en Cuba escasa iniciativa y raramente actne, y que 172

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LA ABSTENCI6N PRESIDENCIAL cuenten poco con ella los Gobiernos y apenas traten de provocar sus manifestaciones, como medio, el mas legitimo, de influir sobre las Camaras. Las consideraciones que preceden, relativas al carfcter, fin y efecto del veto presidencial, pondran t6rmino a mi trabajo. & No completan la demostraci6n de que seria contraria al espiritu de la Constituci6n que establece el veto, la opinion favorable a la abstenci6n en el caso que ha sido objeto de estudio, y no muestran tambi6n cuan peligrosa podria ser? Asi lo entiendo: y tal es, en mi concepto, la gravedad de ese peligro, que temo que si prevaleciese aquella opinion; si el pals y los Gobiernos acogiesen los conceptos que estan en el fondo de ella y que al principio de este articulo examine; si para nuestra desgracia nos gobernasen algnn dias quienes en trances dificiles apelasen interesada y cobardamente a una comoda pasividad, y cruzandose de brazos dejasen hacer y no cuidasen de impedir; si abdicasen en ese punto nuestros Gobiernos, que desde la instauraci6n de la Repnblica han abdicado ya otras importantes facultades, cuyo ejercicio dificultan falsas ideas que gozan de gran favor: si se abriese un nuevo camino a la flaqueza por la cual ya falta a nuestro regimen politico, a causa del desuso del veto, un importante elemento de equilibrio social y un ntil instrumento de defensa social y politica, temo, digo, que aumentaria y se agravaria el desconcierto moral y politico en que vivimos. Tan peligrosa considero la opinion que combato, que, para evitar que algnn dia apelasen a la abstenci6n, en casos graves y con dafo del Estado, futuros gobernantes, no me parece bastante la responsabilidad moral en que incurririan. En mi concepto, si algnn dia se llegase-y bien puede dudarse de que se haga lo que hace afios debiose inexcusablemente hacer-a dictar una ley sobre responsabilidad penal del Presidente de la Republica y de los Secretarios del Despacho, complementaria del articulo 47 de la Constituci6n, habria de penarse la abstenci6n ante un proyecto de ley o resoluci6n del Congreso como uno de los delitos de infracci6n de los preceptos constitucionales a que se refiere 173

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1'4 dUBA CONTEMPORANEA aquel articulo. El abandon de las funciones propias por uno de los Poderes del Estado, no es menos culpable en el orden moral, ni menos pernicioso en el politico-y habria de ser, por consiguiente, igualmente punible en el legal-, que la usurpaci6n de las facultades de otro Poder. ELISEO GIBERGA. 16 de enero de 1915. Altamente reconocidos quedamos al Dr. Eliseo Giberga por Ia distincidn que nos ba hecho enviAndonos este muy notable articulo sobre derecho constitucional cubano, Ileno de sana doctrina y de consideraciones de gran peso, y confirmatorio, ademas, de ciertos conceptos emitidos en nuestro reciente articulo titulado La opinion Pfiblica y sis manifeetaciones. Su vasta erudici6n jurid ica, su profundo con ocimiento del derecho politico y su dedicaci6n al studio e interpretaci6n de nuestra Carta Fundamental, dan a este importante trabajo del Dr. Giberga un alto valor, sobre todo en estos mementos en que el pals espera la aprobacidn on el Senado de otro proyecto de ley que ha tenido la virtud de provocar tambidn un fuerte movimiento de In opinion publica en pro y en contra, el del divorcio, aprobado ya por gran mayoria en la CAmara de Representantes, y sobre el cual ha de emitir su parecer el Presidente de ]a Republica, sancionAndolo o vetgndolo, segifn Ia tesis mantenida en este estudio donde se afirma-y a nuestro juicio se prueba-no ser licita la abstenci6n presidential. El Dr. Giberga, ex Diputado a las Cortes Espaiaolas por el Partido Autonomista, ex Delegado a Ia Convenci6n Constituyente de Cuba y Representante qua fud de nuestro pals en el Centenario de las Cortes de Cadiz, es una de nuestras primeras figuras intellectuals: orador brillante, fogoso y elocuente, escritor serene, sobrio y castizo, en sus numerosos discursos y estudios ha dado excelentes pruebas de tan envidiables cualidades, slempre inspirandose en el deseo de servir a Cuba segin ha creodo lealmente que debia 61 hacerlo.

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ALMA GESTA LA OFRENDA A los fuertes patriotas que se rindieron en la jornada, cuyos nltimos suenos corto de un golpe la dura espada; a los bravos rebeldes que, como locos, en la man-igua resucitaron hechos de una epopeya de gloria antigua; a todo el que el destierro mantuvo lejos de la contienda, y, desde luengas tierras, de ensuefos hizo su rica ofrenda. A las bravas mujeres que les tejieron escarapelas a los bravos mambises; y a los pequenos que a las abuelas preguntaban sedientos las epopeyas de los patriotas; y a todos los que vieron sus ambiciones por Cuba rotas; para todos, hermanos que acariciaron el mismo sueno, y sufrieron unidos las amarguras del mismo empeno. Para los pobres nilios que les robaron a sus aldeas para que en esta tierra lo ungieran todo con luz de teas, y que murieron tristes entre las fiebres de las sabanas, recordando impacientes a sus hermosas novias lejanas. Para todos aquellos que se encontraron en la contienda, brazos, cerebros, almas... ; Para vosotros hago mi ofrenda I LA ESCENA Es intonsa; es rebelde; es heroic; es bravia. En sus fieras entranas jams penetra el dia, perdido entre el celaje de.sus bravas malezas. Cantan los roncos pins sus trgicas grandezas. La Luna tiene miedo de adivinar su arcano, y atisba, entre las copas de sus seibas. En vano

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OUBA CONTEMPORANEA la sacuden los vientos, como a una melena de un poeta gigante: i Ella al Viento encadena! Todo fuerte gemido de desesperaci6n se pierde entre su altivo pecho. Su coraz6n, gigante relicario, se abri6, cuando, hace anos, unos hombres, cansados de promesas y enganos, buscaron un refugio en su seno. Tal era como un cubil de lobos abierto a la pradera. Viendo sus hijos sobre su propia tierra esclavos, hizo de sus entranas guarida de sus bravos. Su arado, fue el machete; su fruto, fu6 el centauro. Al que le di6 victorias, le di6 tambien el lauro, y puso en cada tumba, senalandole al alma el camino del cielo, una pr6diga palma... Sobre su tierra ardiente, una marcha triunfal resonaron los cascos de los caballos: Tal, al conjuro del H6roe, una barbara orquesta haria vibrar himnos de gloria en la floresta. Al ver que tras sus hijos iban los espanoles, hizo borrar sus huellas interponiendo soles, hechos con sus boscajes ardientes, en la senda. Es una escena barbara, de tragica leyenda, popia para el incendio de una epopeya antigua. Es intonsa y rebelde. Se llama: ila Manigua! LOS CENTAUROS Es un tropel salvaje. Tal una inundaci6n de centauros por sobre la sabana. No son centauros de leyenda, semidioses bravios. Gritan. Huelen a fuego; a sudores; a brios; corren, llenos de celo, tras una esquiva yegua, la Libertad, y siempre la persiguen sin tregua. Duendes de una leyenda de trtgicos espantos, el Sol los nimba de oro, como si fuesen santos, y sobre cada bestia se ve brillar entonce fuerte torso de marmol, de azabache o de bronce. Todos son como hermanos, tras identico empenfo: 1%6

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ALMA GESTA Morir sin paz ni patria, pero tambi6n sin duenlo. Toda la selva virgen los mira como suyos: Hasta las rectas palmas de indomables orgullos, en fila de combate, los saludan. Los pins, mezelando sus murmullos con los alegres trinos de los sinsontes, cantan como un himno de gloria en su honor, y pregonan al Viento su victoria. Son como perros jibaros en t6trica jauria, que hacen del dia noche, y de la noche, dia. Nada se les opone: En su carrera ardiente, un tronco, sobre un rio, hizo como de puente, y pasaron, encima del coloso caido. 1 La voz de los clarines era como un rugido!... Al vibrar en el seno de la manigua, una seiba, que cuatro siglos viera brillar la luna, crey6 que nuevamente Diego Velazquez iba persiguiendo a los indios con su fiereza altiva. Lejos, en la sabana, pensando en infernales fuegos, se estremecieron tantos cahaverales, que al temblar, el murmullo, debajo el Sol de oro, se uni6 con los redobles del galopar sonoro, y fu6 como si un rezo, desde la tierra al cielo, subiese, en una snplica de amor y desconsuelo. El tropel de centauros galopaba. A lo lejos el Sol daba a las cosas sus sangrientos reflejos. Aquel era el momento de la ofrenda. En el raso de los cielos, ponia sus gemas el ocaso.. El Sol se desangraba. iY veria el espafiol surgir, de cada monte cubano, un nuevo Sol! EL HEROE Iba siempre delante, cerca de la bandera: Tal debajo de un Arbol vigila una pantera. Fuerte, como es un roble, ,vibrante como un arco, fu6 esculpido en los molded que fabric Plutarco. Sobre el caballo altivo, lo bafiaba de plata la Luna, y parecia entre su cabalgata, 177

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CUBA CONTEMPORANEA un cacique, en el medio de su tribu. Los reyes acaso no tuvieron aquel gesto. Las leyes a su lado, talmente se humillaban. Sus manos eran para firmar ordenes de tiranos, y sin embargo, siempre logr6 firmar clemencias: i Hendi6 los corazones, pero no las conciencias! Fu6 el primero en el alba; ultimo en el ocaso, y su brid6n, Babieca con alas de Pegaso, y supo hacer de cada errante peregrino, un hoplita de Esparta que guardase un camino. Lo adoraban sus huestes por ser altivo y puro: Detras de 61, el camino del triunfo fu6 seguro. Por el magico impulso de unas fuerzas ignotas, era mas grande siempre despu6s de las derrotas. Era fuerte; era bravo; era alma y coraz6n; llevaba la Victoria colgando de su arz6n. Iba sobre el caballo como un principe, erecto, y siempre su camino lo fu6 el camino recto. Su genio tuvo arranques, mas que literature; el brazo, era de acero, y la conciencia, pura. Las hordas enemigas lo temian. A larga distancia, los clarines anunciando su carga, sembraban el espanto... Era la desbandada: 1 No habia, para el golpe del machete, una espada! Con el torso de bronce ungido por el sol, era como un atleta de leyenda. Su estol iba tras de sus pasos calladamente. Nunca hizo quedar su senda por desalientos trunca. Semejaba un altivo monarca este jinete: De lejos, el Sol era chispa de su machete. Era la Fe; era el Alma; el Brazo; el Coraz6n. Tal fu6 cuando Maceo se lanz6 a la Invasi6n! EL MILAGRO Al extendi6 su mano, y el milagro se hizo: Brot6 un sol en la noche, como por un hechizo. La manigua cercana enrojeci6. Sangrienta, 178

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179 ALMA GESTA ella purificaba su seno de la afrenta de la vieja conquista, y a los dominadores los deslumbraba ahora con aureos resplandores. Antes que ser vencida en la fatal contienda, quiso incendiarse eomo una barbara ofrenda en el altar augusto de la Patria. Era un fuego que pedia por Cuba, en un tragico ruego. Al chisporrotear de los bosques ardientes y los cafiaverales, lloraban los valientes: Era la propia tierra que se quemaba. Era el alma de la Patria que se ofrendaba entera en el fuego sagrado... ; Piras de matorrales santifican las tierras !. .. Como cafiaverales gigantescos, tenidos por el oro del Sol, las llamas del incendio sobre el valiente estol reflejaban. El fuego, con su temblor fugaz, ponia como un gesto de angustia en cada faz. Tal, el claro milagro de algnn Dios ofendido: i En cada monte habia como un Sol encendido Lejos, sobre la casa del ingenio, las llamas arrojaban su sangre. En el monte, las ramas de los Arboles, eran como brazos de fuego. Todo se lamentaba en un inntil ruego. Eran piras ardientes todos los matorrales, se habia hecho ceniza de los cafiaverales. Ingenio, monte y siembra sangraban resplandores: & Do heriria la planta de los conquistadores? Para no dar guaridas al Le6n Espafiol, i Cuba de sus riquezas hizo formarse un Sol! LA ORACION Sefior: Esta es la tribu que para hacerte un ruego de sus puros hogares hizo formarse el fuego. Senor: Sufri6 la guerra; permitele Tn ahora que en su cielo se abra la rosa de la aurora. Permitele, Senor, que en su manigua ardiente, una sola ciudad maravillosamente

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180 CUBA CONTEMPORANEA surja, y levante hogares para los peregrinos que anduvieron antaflo por los buenos caminos, y para los hermanos que las fatalidades llevaron por la senda de las perversidades. Haz, Senor, que todos sobre la misma mesa coman el mismo pan... ;La Libertad, es 6sa! Permitele, Senor, que en vigoroso arranque, se libre de las garras del fguila del Yankee ; permitele que al c6lido amparo de su Sol labren el mismo campo Cubano y Espaiol!.. Tn, que cuando la luz en el cielo encendiste que nos banara a todos los hombres le dijiste, Senor: Pas6 ya el tiempo de la desolaci6n: i Conc6denos el suemo de esta pobre Oraci6n ... FELIPE PICHARDO MOYA. Este joven escritor cubano, que en prosa y en verso colabor6 algunas veces en Mundial Magazine, de Paris, y tambidn en varias publicaciones de Cuba, se revela en esta composici6n como poeta de robusto y patri6tico estro. Los son oros versos de esta vibrante poesi recuerdan, por la belleza de ciortas imAgenes y'a rudeza y el brio de otras, par el tono general del poema y su disposici6n, aquella de Leopoldo Lugones intitulada Gesta fanMz, popularizada entre nosotros por Jos4 Manuel Carbonell en una brillante conferencia que pronunci6 en 1912 sobre el gran poeta argentino.-Agradecemos al Sr. Pichardo Moya el presented de sus hermosos versos.

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UN INFORMED DE QUESADA A ESTRADA PALMA(*) Legaci6n de la Republica de Cuba Washington, D. C., Febrero 10 1897. Sr. Don Tomas Estrada Palma. Delegado Plenipotenciario de la Repnblica de Cuba en el Extranjero. New York. Sr. Delegado: Cumple a mi deber enviarle un informe acerca de la situacion en que se encuentran nuestros asuntos en esta capital y las gestiones hechas por esta Legaci6n desde la apertura del Congreso, el 7 de Diciembre de 1896. Siguiendo sus instrucciones, llegu6 a 6sta en Noviembre ; dias despues se reuni6 conmigo el Sr. Ricardo Diaz Albertini, Secretario de la Legaci6n. La elecci6n presidential que result en favor del candidato republicano Mr. William Mc. Kinley, no ha producido en el pals el inmediato y saludable efecto que se esperaba y aun no hay confianza en la reacci6n posible de (*) Vdanse las notas quo pusimos a los documents histdricos publicados en CUBA CONTEMPORLNEA, ndmeros de noviembre, 1914, y de enero, 1915 (tomos VI y VII, pigs. 232 y 17, respectivamente). Con ellas y ellns estA relacionado este interesante informe que la dolorosa actualidad de la inesperada muerte del Sr. Quesada nos Nace publicar hoy, sin quo sepamos quo lo haya sido nunca. Pertenece el documento a nuestro archivo particular, y precede del de ]a Delegaci6n Revolucionaria en Nueva York, algunos de los cuales Ilegaron en copia a ]as manos del Director de esta Revista, en la formal dicha en IN primera de las notas citadas.

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CUBA CONTEMPORANEA los negocios. De ahi que nuestra causa encuentra su primer obstaculo, porque, dada la incertidumbre en todo, la poca estabilidad en los valores y el temor universal entre los capitalistas -que a la postre son los que gobiernan-, no se atreve nadie a cargar con la responsabilidad de nuevas perturbaciones econ6micas .Mis adelante vera, Sr. Delegado, justificada esta opinion. Contra otra dificultad, no menos grave, han luchado nuestros asuntos, To mismo que casi todos los que hoy se agitan en el pals, a saber: las diferencias intestinas en los partidos politicos y el creciente divorcio entre el Poder Ejecutivo y las Camaras. El Presidente Cleveland y su Gabinete, solos, sin partidarios casi, con sus correligionarios de ayer, sus acerrimos enemigos de hoy, gobierna con independencia, a veces con autoritarismo, desdenando la opinion pnblica, cuidando de los grandes intereses bursitiles de New York y de la Nueva Inglaterra, y ensoberbecido-como su Serio. de Estado Mr. Olney-con la soluci6n del conflicto Anglo-Venezolano y el propuesto tratado de arbitraje, pretendi6 arreglar la cuestion cubana, a su modo, sin perturbar los valores con una amenaza de guerra por parte de Espana, satisfaciendo a 6sta, dejandole ileso su orgullo y soberana su autoridad, y obteniendo para Cuba amplias libertades que la sirviesen de escuela preparatoria a la absoluta independencia. Alentado, con suma habilidad, por el Ministro de Espana Sr. Dupuy de Lome, quien le comunicaba el vivo deseo de su Gobierno de conciliar las quejas que fuesen justas de los cubanos y de complacer a los Estados Unidos en cuanto esto no pusiese en peligro las instituciones monarquicas en la Peninsula, que caerian al saberse modificaban su programa por influencias norteamericanas, el Presidente no se apercibi6 de lo que a diario indicabamos: que Espana lo que queria era ganar tiempo y convertir indirectamente al Ejecutivo en aliado, ya pasivo, de su dominaci6n en la Isla. No ya pasivo, sino muy activo, debi6ramos decir, porque a la vez que Espana cedia, aparentemente, Cuba, por medio del Sr. Delegado, insistia en afirmar que ningun arreglo era posible sino sobre la base de independencia, y para probar con obras sus palabras, enviaba a la Republica cargamentos de 18'1

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UN INFORMED DE QUESADA A ESTRADA PALMA 183 armas y de otros materiales de guerra. De esta actitud nuestra -nica compatible con la alta representaci6n con que se nos ha investido-se valia el Ministro Espanol para pedir que las leyes de Neutralidad se cumpliesen rigurosamente, porque de esta manera-privada la revoluci6n de su principal sost6n-el arreglo sefialado por Mr. Cleveland seria pronto un hecho y coronaria su Gobierno con otro triunfo diplomatico. Aniadase a esto el miedo a reclamaciones ulteriores, ya anunciadas en el documento que debe conocer el Sr. Delegado, de Mr. Calder6n Carlisle, Consejero de la Legaci6n espanola, y no extranara la conducta hostil seguida con nuestros embarques aunque 6stos se ajustasen a la ley. Demorar el arribo de esos auxilios, si no evitarlo del todo, es el primer objetivo de nuestros adversarios aqui, y esta Legaci6n deplora que nada ha podido obtener a este respecto con el Gobierno presente; ya por las razones consignadas, ya porque el astuto enemigo ha gastado mucho, con acierto y abundancia, en algunas oficinas pnblicas. Al Sr. Delegado he comunicado, con la reserva debida, detalles sobre esta materia. Abrigo la creencia de que despues del 4 de Marzo cambiarA favorablemente para nosotros la situacion penosa e irremediable. El mismo dia de reunirse el Congreso, esta Legaci6n, de conformidad con el modo de pensar del Sr. Delegado, public su programa para la sesi6n que iba a comenzar y previendo los dos puntos a que pudiera referirse el Presidente en su Mensaje, la autonomia y la carencia de gobierno de la Republica de Cuba, esta Legaci6n acentu6 que pretendia el reconocimiento de la independencia y que tres cuartas partes de la Isla estaban bajo el dominio del Gobierno Civil de la Repnblica de Cuba. Este documento traducido, lo acompano marcado con el nnm. 1. En mis cartas al Sr. Delegado, antes del Mensaje, le repetia que era necesario que el Gobierno nos remitiese sus leyes, decretos, &, a fin de que probasemos su existencia real y efectiva y no meramente "sobre el papel" como dice el Presidente Cleveland. Tambien, y con debida anticipacion, comuniqu6 a Ud. la especie de que el General en Jefe habia sustituido su autoridad a la civil, lo cual hubimos de negar oportunamente. El Presidente Cleveland se ocup6 de Cuba largamente en su Mensaje. Sus apreciaciones, lo mismo que las del Scrio. Olney,

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CUBA CONTEMPORANEA no deben haber agradado a Espana. En cuanto a nosotros fu6 negativo-como su tenor general-porque no ofrecia una solucion terminante. Nuestros informes se comprobaron: los dos puntos a que pudi6ramos objetar: la autonomia como "medio de componer el conflicto" y la falta de Gobierno Civil. El Sr. Delegado, celoso como siempre en el desempelo de su cometido, hizo atinadas observaciones sobre dichos puntos, y dentro de la norma de su critica juiciosa, esta Legaci6n public el documento anexo, n.0 4, titulado "La Autonomia y Cuba", examinando bajo sus diferentes fases lo impracticable de semejante proyecto. Permitame el Sr. Delegado que le agradezca su carinosa felicitaci6n. En el poder legislativo era donde anicamente podiamos trabajar con esperanzas de triunfo, aunque fuera despu6s de una ruda campana que preparamos con un trabajo continue y discreto, ora en la prensa, ora en la tribuna, ora en las legislaturas de los estados, ora en las sociedades y corporaciones. Nuestra labor no fu6 est6ril. Visitamos a nuestros amigos de ambos partidos y despu6s de computar el nimero de votos a nuestro favor, quedamos convencidos de que cualquiera que fuese la resolucidn recomendada por el Comit6 de Relaciones Exteriores, seria aprobada si llegase a votaci6n en ambas camaras. Nuestros esfuerzos se encaminaron a que algnn senador tomara la iniciativa, limithndonos nosotros a promoverla, sin dictar el contenido de las proposiciones; conociamos y aprobabamos, despues de consultar al Sr. Delegado, la del Senador Cameron, con la que estaban conformes los mejores servidores de Cuba. El 9 de Diciembre se presentaron las siguientes resoluciones: SENADOR CAMERON.-Se resuelve por el Senado y la Camara de Representantes que la independencia de Cuba sea. reconocida por los Estados Unidos de Am6rica. Se resuelve tambi6n que los Estados Unidos emplearn sus buenos oficios cerca del gobierno de Espana para poner t6rmino a la guerra entre Espana y Cuba. SENADOR MLLS.-Las dos camaras resuelven prescribir al Presidente de los Estados Unidos que tome posesi6n de la Isla de Cuba y se mantenga en ella hasta que sus habitantes puedan constituir un gobierno y tengan organizada y armada tal fuer181

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UN INFORME DE QUESADA A ESTRADA PALMA 185 za que puedan protegerse contra la invasion. Se resuelve que el Presidente de los Estados Unidos tome posesi6n de la Isla de Cuba con las fuerzas militares y navales de los Estados Unidos y conserve su posesi6n hasta que el pueblo de Cuba haya podido organizar un gobierno que derive sus poderes de la voluntad de sus gobernados y que haya armado y equipado tales fuerzas militares y navales que sean suficientes para protegerla contra la invasion extranjera. SENADOR CALL.-Se resuelve por la Camara y el Senado de los Estados Unidos reconocer la Republica de Cuba como un Gobierno libre e independiente y que se conceda al pueblo de Cuba todos los derechos de un Gobierno soberano e independiente en los puertos y en la jurisdicci6n de los Estados Unidos. SENADOR CuLLoM.-El dia 10 propuso lo siguiente: Se resuelve por el Senado y la C6mara de Representantes de los Estados Unidos, en Congreso reunido: la extinci6n del derecho de Espana a las islas que estan en el erucero del Golfo de Mdxico y la terminaci6n del control de Espalia sobre ellas, es necesario para el bienestar de esas islas y para el pueblo de los Estados Unidos.-Su bello discurso va anexo, marcado n.0 4 %. Llamado por los autores de las diferentes proposiciones para explorar nuestra opinion, trabajamos con tacto a fin de coneentrar las simpatias en una sola medida. Asi se obtuvo, apoyando todos la resoluci6n Cameron. El teatro de la lucha se traslad6 al Comite de Relaciones Exteriores. Sabido es que casi nunca se derrota en este pals Lo recomendado por las comisiones de los Cuerpos Legislativos. Obtener la victoria en su seno era ganarla despu6s. El Comite de Relaciones discuti6 en varias sesiones la proposici6n Cameron. El 17 fue invitado Mr. Olney para suministrar datos, no habiendo podido llamar al C6nsul General Lee, que vino a 6sta y abog6 por la intervenci6n, por haber regresado a la Isla. A pesar de cuanto hiciera Mr. Olney por evitar el informe favorable, el Comite, sin un solo voto en contra, adopt como suya la resoluci6n Cameron.'La victoria parecia segura; a esta Legaci6n no le quedaba mas que hacer que calcular la mayoria con que triunfariamos y robustecer a sus amigos con datos para los discursos en nuestro favor. Estabamos en manos de

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CUBA CONTEMPORANEA los mas notables hombres de Estado. Los valores bajaron considerablemente en las bolsas de Londres y New York. Pero el 19, el Secretario de Estado, Mr. Olney, en contra de todo precedente, dando opinion a los periodicos sobre un proyeeto de Ley aun no sometido a las Camaras, declare que eualquiera resolucion (joint or concurrent) que reconociese la beligerancia o la independencia de un pals, adoptada que fuese por ambas Cmaras y afirmada sobre el veto por dos terceras partes de dichos cuerpos, no tenia fuerza de ley alguna porque este reconocimiento era exclusiva prerrogativa del Ejecutivo. En una palabra, levant un punto discutible de derecho constitutional norteamericano, que no habia tiempo para resolver, y que llevado a su extremo hubiera traido el (el impeachment) juicio por desacato del Presidente de los Estados LTnidos. La cuesti6n de Cuba se perdia en cosas mas supremas: la batalla eterna de los dos poderes, el Ejecutivo y el Legislativo. El 21 de Diciembre el Comite inform al Senado de la resolucion, acompaiiandola una lucida justificaci6n del Senador Cameron, documento que se ha juzgado de extraordinario mIrito, y otro adicional de los Senadores Morgan y Mills (n. 5). El Congreso cerrm sus sesiones, dos dias despu6s, hasta el 5 de Enero. La Legaci6n, sabedora de nuestra fuerza en el Senado, confiaba que para el 15 de Febrero la resolution hubiese sido aceptada. Nuestros enemigos anunciaron una larga campafia de obstruccionismo, encabezados por el Senador Hale que public un contra documento apoyando a Mr. Olney (n. 5 1). Los que sostenian la posici6n legal de 6ste, aunque amigos de Cuba, se convertian en obstaculos para la marcha de la resoluci6n. Otros Senadores como los Srs. Chilton y Hill presentaban acuerdos para reconocer la beligerancia. Ademis, por las reglas del Senado nunca se puede limitar el debate: con votos de sobra, no podiamos hacer nada. Asi las cosas present el Senador Mills, el 11 de Enero, un acuerdo que disponia de $ 10,000 para una embajada a la Repnblica de Cuba, tratando asi de buscar un reconocimiento indirecto. Pronunci6 un elocuente discurso que acompalo, n.* 6. El 25 y 26 del pasado mes de Enero, el Senador Turpie hizo una brillante defensa de Cuba (n. 7). 186

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UN INFORMED DE QUESADA A ESTRADA PALMA El Tesorero del P. Revolucionario, senor Benjamin Guerra, nos honr6 con su visita en esos dias y nos acompan6 a varias entrevistas oficiales. En Lo que queda ya de sesi6n no creemos poder aleanzar nada. La composici6n del Senado, la rivalidad de los partidos y el pr6ximo cambio de Gobierno impiden toda aeci6n. El Canal de Nicaragua, el tratado con Inglaterra sobre arbitraje, la ley sobre emigraei6n y un sinnnmero de eyes y proyectos no adelantan un paso. No es que haya disminuido la simpatia, ni que hayamos nosotros cejado en nuestro empeno, es que las condiciones son tan especiales que no se legisla ni siquiera para el pals; todo se deja para despues del 5 de Marzo. Desde ahora comenzamos nuestros preparativos y plan. El senor Delegado conoce de ellos. La discrecion manda callarlos. Antes de terminar esta nota debo anadir que hemos promovido otros asuntos incidentales como los del "Competitor', Charles Govin, Reclamaciones, Muerte del General Maceo, &, y con motivo de ello hanse pronunciado palabras que hemos de agradecer, por los Senadores Morgan y Call; que en la Camara se han presentado varias resoluciones a favor nuestro, que esta Legaci6n ha enviado centenares de pesos a la Tesoreria, recogidos gracias a su iniciativa que inici6 la suscripci6n del "Chicago Journal" que asciende a unos mil pesos, y que por ultimo indic6 al Senador Chandler la resoluci6n presentada por 6ste, que pide no se persiga por los tribunales a los que ayuden en los Estados Unidos a Cuba en su lucha. De otras gestiones, he avisado debidamente a esa Delegaci6n. S6o me resta, senor Delegado, comunicarle que en la labor constante de esta Legacion, el Sr. Ricardo Diaz ha desempenado con actividad y acierto su cometido. Reitero a Ud. el testimonio de mi mas alta y distinguida consideraci6n. GONZALO DE QUESADA, Encargado de Negocios. En este in forme relata el senior Quesada una parte de sus importantes, patr6ticos y hAbiles trabajos, cuando la ultima guerra emancipadora nuestra, entre los principales hombres de gobierno angboamericanos, para obfener do ellos Ia declaraci6n, quo al fin 187

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188 CUBA CONTEMPORLNEA arranc6 al Congreso de ]a Uni6n, de que el pueblo de Cuba es y de derecho debe ser libre e independiente'. La Repiblica le confi6 su mAs alta representaci6n en el extranjero, siendo principalmente Ministro Plenipotenciarlo de Cuba en Washington y en Berlin, donde Ie ha sorprendido la muerte, a mAs de Delegado en distintos Congrescs internacionales. Patriota, escritor, orador y diplomAtico, su mas bella obra, ]a que Ie hace doblemente merecedor de la eterna gratitud de los cubanos, es el monumento imperecedero quo sus manos levantaban amorosamente a nuestro Marti: la coleccidn y publicacidn, a sus expensas, de ]a disperse y valiosa obra literaria del glorioso cubano a quien ha de rendir ]a patria culto constante y ferviente, y a quien todos los hijos de Cuba debieran tomar como el mAs alto ejemplo de amor y desinteres por ella. Ademds de esta nota, en que no podemos decir sino muy pequefia parts de cuanto quisiramos sobre el sefor Quesada, vase Ia editorial que le dedicamos en homenaje p6stumo y merecido.

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DE EUROPA EN LLAMAS PALABRAS DE UN NEUTRAL .N este continente sacudido por el odio y empapado en sangre, se combate sin tregua... Se combate en B6lgica y en Francia, y en la Polonia rusa y en el Caucaso. Y tambien en otros continentes se combate, y las aguas del Pacifico se han enrojecido, y en China ha sido tomada por britanicos y japoneses la plaza alemana de Kiao Chao. En ningnn punto del inmenso teatro de la guerra, excepto en el ultimo nombrado, ha habido hasta ahora, por lo demas, un triunfo absolutamente decisivo. La guerra continue, devorando vidas y oro, sembrando el dolor y la muerte, y no se le ve fin... No puede menos algo en nosotros, que preguntarse dia tras dia: 1 por que esta guerra? Lo que pregunta, acaso sea nuestro propio amor a la humanidad de que formamos parte, y nuestra confianza burlada, ya que no muerta, en su progreso. g Por qu6 esta guerra enorme? Es decir: g existen motivos tan enormes como ella, que sean suficientes a explicarla y a hacer aceptar la casi impensable enormidad "del sacrificio? Ciertamente que debe haberlos. Una de las caracteristicas de esta lucha es que durante y al traves de ella, en tanto caen a millares las victimas en los campos de batalla, una viva polemica, salpicada a veces del barro del insulto, vibra en la prensa y comienza a vibrar hasta en el libro. Dijerase que cada uno trata de arrojar sobre los otros la culpa del desate de fuerzas Y pasiones cuyos frutos presenciamos los neutrales, con pesar asombrado. Esto parece indicar, en el fondo, una inquietud o

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CUBA C0ITEMPORANEA una vaga aprensi6n. De quien sea la culpa, no podemos probablemente decidirlo con entera libertad de animo los contemporaneos, ni acaso haya de ser decidido aisladamente de manera definitiva, dadas la magnitud y la complejidad de los factores, y la multitud de pasiones e intereses contradictorios que contribuyen a enturbiar, en la mayor parte de los casos, la claridad de nuestros juicios. s Limit6monos, pues, a tratar de recordar brevemente, con la objetividad mas absoluta que nos sea possible, los hechos culminantes, historicos ya, que precedieron al estallar del incendio no visto en que se consumen la fuerza, la vida y la riqueza de un gran continente. Ya en 1902 estuvo a punto de hacer crisis el conflicto latente entre Austria y Servia. lubo por entonces mias de un panico en las bolsas europeas, y dias en que se crey6 en la inminencia de un conflicto armado. Austria moviliz6 con grande gastos. La actitud de Rusia era amenazadora... No lleg6 a surgir la crisis, pero qued6, por decirlo asi, en el fondo de las conciencias, palpitante y viva... Tratabase en aquella ocasi6n, sobre todo, de razones comerciales: Servia, hasta la primera guerra balkanica, estuvo bajo la estricta dependencia commercial de Austria. A ella tenia por fuerza que acudir para la exportaci6n de sus productos, si no queria verse obligada a enviarlos por el M\Iar Negro, haciendo con ello un rodeo enorme y costosisimo. La emancipaci6n comercial de Servia, realizada como consecuencia de las guerras balkinicas, senal6 una era de tirantez, abierta o latente, en las relaciones entre ambos pauses. Pero esta tirantez se ha ido agravando por causas ajenas al inter6s comercial, causas sociales principalmente, mas conocidas en general por los extranjeros y que tratar6 de resumir aqui. Para ello precisa recordar que los servios consideran las dos grandes provincias anexadas a Austria en 1908, como parte natural de Servia misma. La mayoria de los bosnios y herzegovinos, en efecto, pertenece, al igual que los servios, a la raza servocroata que, dividida, tiende a la unidad, con fuerza centuplicada despues de los triunfos y engrandecimientos obtenidos por los It NO0

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DE EUROPA EN LLAMAS servios del Reino en las guerras balkanicas y el consiguiente y natural sentimiento de orgullo y renovada fuerza que aquellos comunicaran a la raza toda. Segnn Lubor Niederle, citado por Ludovic Nordeau, la raza servo-croata cuenta con 8.600,000 individuos, o sean: 2.300,000 en el reino de Servia; 2.101,000 en Croacia y Eslavonia; 711,000 en Dalmacia e Istria; 700,000 en Hungria; 1.650,000 en Bosnia-Herzegovina; 350,000 en Montenegro; 300,000 en la Antigua Servia y Macedonia, y 400,000 diseminados en diversas comarcas. Entre servios y croatas existe comunidad de idiomas, costumbres, temperamento y atavismo. Les separa unicamente la religion: los servios de los dos reinos son cismatico-griegos; los del Imperio en gran parte cat6licos o mahometanos. En paises orientales, es sabida la influencia que ejercen ann en la practice las diferencias de denominaciones religiosas. Pero claro est que por encima de todas las diferencias accesorias permanece irreducible la identidad fundamental de la raza, y la aspiraci6n, alimentada por los triunfos recientes ya sealados, hacia la reunion de todos los individuos que la integran. Contra esta uni6n es Austria-Hungria el factor mas formidable. De ahM una hostilidad creciente de parte de los servios independientes-los de Servia y Montenegro-contra el Imperio Austriaco, y una propaganda mis o menos encubierta, pero segtn parece activa, en las provincial por este Imperio anexadas. La agitaci6n lleg6 a su colmo con el asesinato del Archiduque heredero Francisco Fernando y su esposa la Duquesa de Hohenberg, ocurrido en Sarajevo, capital de Bosnia, el 28 de junio del corriente ano. A la luz de los hechos anteriormente sefalados, el tragico atentado resulta claramente como un acto desesperado, y criminal sin duda, de parte de algunos fanticos. El nnico fruto directo del atentado, por otra parte, no fu6 otro, segnn era de preverse, que la exasperaci6n de la desconflanza y el odio ya existentes. Sigui6 a aquel hecho una agitaci6n que fu6 por dias creciendo.. Aunciabase, con visos de certidumbre, la presentaci6n por el Gobierno imperial de una Nota al Gobierno servio; pero casi nadie, ni en este pals ni en el resto de Europa, conocia sin duda los terminos de la nota misma. 191

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CUBA CONTEMPORANEA Fue 6sta por fin entregada, el 23 de julio, por el Ministro de Austria-Hungria en la corte servia, Sr. Bar6n de Giels, y al propio tiempo publicada en la prensa de Viena. Se exigia en ella al Gobierno de Belgrado, entre otras cosas: una satisfacci6n inmediata, piblica, firmada por el propio Rey Pedro y cuyo tenor era dictado en la Nota misma; la disoluci6n en toda Servia de todas las sociedades hostiles a Austria; medidas contra la prensa servia; la aceptacion de funcionarios austriacos dentro de las fronteras del Reino para propositos de investigation de los c6mplices del atentado de Sarajevo, etc., etc. Y se daba al Gobierno servio, como plazo improrrogable para aceptar sin condiciones los t6rminos exigidos, 48 horas. El dia 25 el Gobierno servio entregaba, en respuesta a la Nota conminatoria, otra, que el Gobierno imperial estim6 "insuficiente'", por lo que el mismo dia y pocos minutos despu6s salla de Belgrado el ministro austro-hngaro con el personal todo de la Legaci6n. El 26 le fueron entregados al representante de Servia en la corte de Viena sus pasaportes, y el propio dia fu6 dada la orden imperial correspondiente para la movilizaci6n parcial del ejercito. Entretanto llegaban noticias mas o menos veladas, pero cada vez mas claras y decisivas, de haber ordenado Rusia una movilizaci6n parcial de sus fuerzas armadas. La noticia, por fin confirmada, produjo una profunda impresi6n y el sentimiento claro de que la situaci6n se agravaba de modo extraordinario.-Y el 31 de julio el Emperador ordenaba a su vez la movilizaci6n general del Ejercito y la Armada austro-hnngaros. Casi simultaneamente era proclamado en Alemania el "estado de peligro amenazador de guerra" (Zustand der drohenden Kriegsgefahr), que precede a la movilizaci6n. Entre San Petersburgo y Berlin, entretanto, habiase iniciado y proseguia un cambio de impresiones pacifico, con el apoyo decidido de Inglaterra, y tendiente a evitar una agravaci6n del conflicto y a localizar, si era posible aun conseguirlo, la guerra ya declarada entre esta Monarquia y Servia. Una comunicaci6n semioficial alemana, publicada en la Gaceta General del Norte de Alemania, puede decirse que di6 al traste con las postreras esperanzas que aun se conservaban de circunscribir el conflicto austro-servio y evitar asi, o al menos 192

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PE EUROPA EN LLAMAS retardar, el peligro, que ya se cernia sobre este Continente todo, de una de las mas enormes y terribles tragedias que haya vivido el mundo. La comunicaci6n aludida, cuyo contenido cay6 como una bomba en la atm6sfera ya cargada de Europa, expresaba en resumen que, a peticidn del propio Zar, habia comenzado el Emperador de Alemania negociaciones con vistas a un arreglo, haciendo sentir en Viena su poderosisima influencia; que entretanto Rusia afirmaba ser inciertas las noticias referentes a la movilizaci6n, ni aun parcial, de sus fuerzas guerreras, y que de modo indubitable habiase sabido que no tan s6lo era cierta tal movilizaci6n partial sino tambi6n la general de las fuerzas rusas; y que, a tiempo de afirmar sus deseos de paz y proseguir las negociaciones, estaba Rusia amontonando cuerpos de ejercito en las fronteras alemana y austriaca. Esta nota, que, segnn antes digo, fu6 el golpe de muerte dado a la postrera esperanza de evitar la catastrofe, iba a llevar a su limite extremo la tremenda crisis de angustia y ansiedad por que atravesaba ya Europa. El 31 de julio, en efecto, anunciabase por Alemania lo siguiente, en un comunicado oficial aparecido en la Gaceta del Norte de Alemania de aquel mismo dia: El Gobierno de S. M. el Emperador ha hecho saber hoy en San Petersburgo hallarse en perspectiva la movilizaci6n alemana en caso de que Rusia, dentro de doce horas, no detenga los preparativos de guerra y d4 una clara explicaci6n de ellos. Al propio tiempo se dirige al Gobierno frances una pregunta (Anfrage) relativa a su actitud en el caso de una guerra entre Alemania y Rusia. Rusia no contest. El dia primero de agosto, a las 7 y media de la noche, el Embajador alem6n en San Petersburgo, Conde Pourtales, en nombre de su Gobierno hacia entrega al Ministro de Relaciones Exteriores de Rusia de la declaraci6n de guerra de Alemania, y en Berlin casi simult6neamente se entregaban sus pasaportes al Embajador de Rusia, Swerbejef. El dia anterior, 31 de julio, ordenabase tambien en Francia la movilizaci6n de las fuerzas de mar y tierra. El gobierno aleman ordeno a su Embajador en Paris solicitar sus pasaportes. A los pocos dias era violada por Alemania la neutralidad bel193

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CUBA CONTEMPORANEA ga y la de Luxemburgo, y el Embajador ingl6s en Berlin realizaba el mismo paso que realizara dias antes en Paris el de Alemania. La suerte estaba echada definitivamente, y era un hecho cumplido la conflagraci6n general. Gerardo Hauptmann sostiene, en elocuente articulo, que Alemania y su Emperador quisieron siempre la paz y que "nuestro ejercito (el aleman) debia servir nnicamente para la defensa"... Exactamente lo mismo sostiene, puede decirse, y de suponer es que con no menor sinceridad, cada uno de los contendientes. .. Lo mas trigico quizas es que, desde su pinto de vista, y en mayor o menor grado, cada una de las parts en este grande y sangriento debate tiene razon. Desde su respectivo punto de vista puede sostener Austria-Hungria que vi6 o crey6 ver su existencia amenazada por Servia, apoyada por Rusia, abierta o encubiertamente; pueden sostener Rusia y Servia que no hicieron nunca otra cosa que tratar de realizar la segunda la unidad natural de los servios, y la primera que s6lo apoy6 a un pequefio pueblo de su raza; puede igualmente sostener Alemania que defiende su existencia en peligro, y su posici6n de gran potencia; e Inglaterra, que ampar6 el derecho de un pueblo neutral y su propia seguridad futura. B6lgica no necesita defenderse, ni Francia, tan evidente es la actitud defensiva de ambas frente a un enemigo formidable. Toda causa nacional tiene defensa, y razones en su apoyo, si se la aisla previamente de todo otro interns y se la consider desligada por completo del interest human y general. Pero, si se examina de manera objetiva el asunto, y es aste un hecho de capital y tragica importancia, se halla que todo interns national estd com'znmente, o siempre cuando se trata de guerras de conquista, de competencia a odio, con el interns general de la especie humana. Se dice tambi6n: es 6sta una lucha entre el germanismo y el eslavismo en Europa. Pero Inglaterra, Francia, Italia-naciones ni eslavas ni teutonas-estAn demasiado fuertes y vivas ati 194

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DE EUROPA EN LLAMAS para que pueda tomarse muy en serio tal tesis. Se afirma: tratase de una lucha entre la civilizaci6n y la barbaric. No. Francia e Inglaterra luchan al lado de Rusia. Y Rusia no puede representar la civilizaci6n frente a Alemania. (Por lo demas, la noci6n de lo que sean la civilizaci6n y la barbaric, si alguna vez la poseimos clara, la hemos perdido o nos hallamos a punto de perderla; seria hablar de esto, pues, jugar con palabras.) Por Oltimo, se grita: precisa aniquilar el militarismo alemfn, aniquilar a Alemania, amenaza del mundo. Pero quien conoce a Alemania sabe que es tarea casi sobrehumana aniquilarla. La nnica esperanza de conseguirlo consistia en mantenerla fraccionada. Una vez unida, como lo est6 hace 44 anos, podrse, con grande esfuerzo, quebrantarla, pero resurgira en otros 20 o 30 anos de trabajo y paz, tan fuerte como antes, y sera precisa una nueva guerra-tarea criminal e inntil de Sisifo-para volverla a que-. brantar por otras cuantas d6ecadas... En ultimo anilisis, pues, puede resumirse el motivo fundamental de este choque inaudito, con relativa y brutal exactitud, en esta breve formula: cada naci6n lucha por su existencia, y el problema fundamental tambi6n habr de consistir, para las generaciones venideras, en averiguar si fue necesario, para defender su existencia cada uno, la catastrofe sin ejemplo que estamos presenciando, o si fu6 posible evitar esta catastrofe y entenderse las naciones rivales o amenazadas y concertar sus intereses. Cada hombre normal, como tal hombre, cada hombre que posee una pluma de escritor y el poder de emplearla, pueden y aun deben, ante el tribunal de la conciencia propia, planteada asi la cuesti6n, tratar de dar con la solucion de ella. Durante el transcurso de d6eadas ha estado Europa armandose, con daio de sus intereses morales y materiales, para este gran conflicto. Cada uno cree o simula creer que tiene de su parte toda la raz6n. Cada uno, despu6s de la victoria o la derrota, tratara de seguir probando su derecho. Esta guerra traerA la ruina, en mayor o menor grado, de todos los directamente en ella interesados, y aun de muchos que no lo estan directamente (1). Ningin avan(1) Recordemos aqul tan s6lo como ejemplo y dolorosa prueba que alos cubanos nos afecta, Ia crisis por que atraviesa nuestra segunda industria national. 196

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CUBA CONTEMPORANEA ce fundamental, estable, definitivo en el progreso verdadero y el bienestar humano es seguro que traiga como resultado consigo. La fuerza engendra la fuerza, y la opresi6n el deseo de libertad, y la humillaci6n el anhelo de venganza. Alemania y AustriaHungria no pueden suprimir de un todo a Francia, Rusia e Inglaterra; y si las vencen y humillan, no pensaran las vencidas y humilladas sino en desquitarse en cuanto puedan. Rusia, Inglaterra y Francia, a su vez, no pueden destruir a Alemania; y Alemania vencida podra resarcirse mas tarde. Y surge de nuevo la pregunta, cuya contestaci6n ha de esforzarse en dar la humana conciencia para Lo por venir. t Era necesario, o al menos ha de ser en absoluto efieaz, esta guerra, o pudo ser evitada? Ai posteri 'ardua sentenza... Una cosa, no obstante, parece clara y evidente: o fu6 evitable la guerra, o hay un mal, o un error, terrible, en el fondo de todo. j Cual es este mal, o este error, profuhdo y de resultados tan funestos para la Humanidad entera? Veamos. Hemos visto ya que, en ultimo anflisis, la causa verdadera, suprema, legitima, que puede invocar cada naci6n para tratar de justificarse es: la defensa de la existencia propia. Inglaterra, por ejemplo, segun se afirma, si6ntese amenazada por el solo hecho del poder y el comercio crecientes de Alemania. Toda nacion que crece es, segun esto, y por el solo echo de existir y crecer, una amenaza para otra u otras, o todas, y en consecuencia una enemiga natural de ellas. Por otra parte, es ley natural de todo organismo, individual o national, desarrollarse y crecer. Si el desarrollo, pues, de una naci6n ha de traer siempre como consecuencia el temor de las otras o su hostilidad, o el odio solapado o la abierta lucha, entonces se sigue de ello 16gcamente que siempre ha de haber odio y guerras entre las naciones, pues que habr siempre naciones .mas fuertes que otras, cuya fuerza obligue a sus rivales a opon6rseles por la fuerza misma. En tal caso, el verdadero progreso humano se ha de ver detenido periodicamente por eatastrofes como la que estamos presen196

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DE EUROPA EN LLAMAS ciando, y la civilizaci6n es s6lo una palabra y la paz un simple armistieio. Pero si es posible llegar entre los hombres a una colaboraci6n duradera y cordial para el desarrollo y explotaci6n de las riquezas naturales, patrimonio de todos ellos; si cabe en lo humano unir los esfuerzos, en interns de todos y cada uno, en la grande obra de conquista, de bienestar, de elevaci6n y engrandecimiento que tiene a su cargo, y sabe por instinto que tiene a su cargo el hombre, entonces la guerra en si misma es mil veces criminal y mil veces absurda. Y si no fuese en modo alguno posible tal colaboraci6n, si la existencia misma de una nation fuese lo que la hiciera ser una enemiga de las otras y vivir, o armada para atacarlas en caso de ser mis fuerte, o armada para defenderse en caso de ser mas debil que ellas, o amenazada o amenazante, entonces hemos de admitir que, o es el estado natural del hombre el de la guerra contra el hombre, o si no es 6ste, como no creemos que lo sea, su estado natural, no serian naturales tampoco sus odios nacionales, y el grande error fundamental de la vida de relation del hombre, error de que derivan tantos otros y que le hace consiederar como cosas sagradas la destrucci6n, la ruina y el dolor de los hombres de naciones hostiles a la propia, el error-raiz, fuente de la guerra y de todos sus males infinitos, estaria en el concepto mismo, barbaro, primitivo y atavico, que aun tiene la mayoria de nosotros de la nacionalidad y de la patria. LUIS RODRIGUEZ-E MBIL. Viena, diciembre, 1914. 797

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WALT WHITMAN ( ALT Whitman ha cantado en uno de sus mejores poemas: "Camarada, esto no es un libro; quien 6ste toca, toca a un hombre". He aqui al lirico, al fuerte acunador de odas democraticas, altivas como robles y duras como espinos, definido en un concepto transparent como tuna gota. Sus versos son su vida. Porque este grand yanki, de barba florida y ojos transparentemente azules, antes que un poeta, fu6 un patriarca, ln ap6stol, un santo laico del calendario republicano; un hombre, en fin. Su obra no es la de un sentimental, ni la de un psic6logo, ni la de un lirico divinamente artista. Walt Whitman encarna la personalidad de un evangelista moderno: es el cantor de la conciencia democrAtica; el poeta del Todo y de la individualidad; el vate sangre y el vate espiritu. En su obra caben todas las escuelas y todas las aspiraciones de su raza. Su vida fue una eterna exaltaci6n de energia y de perfecci6n moral. Como una blanca gaviota, su espiritu revolaba sobre el mar, anunciando al barco de su patria horas de calm y de serenidad. Vivi6 siempre inquieto y torturado por aspiraciones gigantes como las montaias abruptas del lejano Far West. Biblico y apostolico, son6 siempre en que un dia la humanidad habra de encontrar la primitiva perfecci6n de que habla el Evangelio. Su coraz6n transparente dej6 ver siempre el fondo. Su juventud fue como un Arbol que, viviendo frente al cielo, leno de nidos y de aves, apret6 siempre sus raises con(') Este estudio, inedito, forma parte de un volumen que su autor tiene en prensa en la casa editorial Ollendorif, de Paris, titulado Elogios.

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WALT WHITMAN tra el seno ub6rrimo de la tierra. Y mientras los vientos hacian vibrar sus ramas como cuerdas de un arpa gigantesca, en el seno del alma mater las races acariciaban el sueno de la fecundaci6n. Nacido Walt Whitman en el seno de una familia admirable (su padre fu6 un obrero y su madre una brava mujer holandesa, cnkera de religion), hered6 esa fortaleza espiritual que s6lo se acu5a en las asperezas de la vida y conduce hacia altisimos apostolados. Pocos anos estuvo en la escuela; y ya encauzada la orientaci6n intelectual de su primera juventud, busca en los oficios mals variados su subsistencia: primero sienta plaza de tendero; luego de tipografo, un tip6grafo curioso, inquieto, que se devora los originates, Avido de conocimientos nuevos; despu6s de maestro de escuela y mas tarde, por fin, de escritor y de obrero como su padre. Asi, a lo largo del curso de su vida se cumple ese ideal de austeridad que pedia Emerson para los hombres fuertes, originales, enemigos de la rutina y capaces de cargar a dentelladas contra la vida. Walt Whitman fu6 de 6stos: vivio mucho y muy intensamente antes de componer los versiculos de su biblia civica. Cerca del pueblo siempre y en medio de la naturaleza, silencioso y humilde, su adolescencia y su pubertad tienen algo de la larva que en la noche de su caverna evoluciona pausadamente para abrir un dia sus alas de mariposa. Su edad de madurez, tranquila y serena, recuerda la apacible dulzura de un remanso. Jainas in guijarro cay6 sobre el espejo de esa linfa dormida. Con raz6n sobrada ha dicho de esta poca de la vida del poeta el catalan Montolit, que "su Crecimiento era interno''; de introspecci6n y de conciencia. La religion cuakera habia fortalecido en 61 su espiritu reflexivO y habia modelado definitivaniente los contornos del enorme poeta que dormia en su cerebro y en su corazon. Su austeridad espiritual era hermana y heredera de la de aquellos pastores holandeses que construfan sus habitaciones a las orillas del Missouri, plantaban sus huertos y ordenaban sus vacas en las libres praderas del suelo americano. Como ellos Walt Wihtman tenia el culto de la naturaleza, cerca de la cual vivi6 siempre como un hijo que busca el seno materno a cada instante. Fu6 ella su consejera, y su confidente. Cuando lefa a Homero o a Shakespeare, 199

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CUBA CONTEMPORANEA la Biblia o la Divina Comedia, buscaba los rincones ocultos de los bosques, las orillas de los lagos, el silencio fecundo de Long Island. "La Iliada-escribe-la lei por primera vez a fondo en un hueco abrigado por rocas y arena, con el mar a cada lado". He aqui una hermosa confesi6n de poeta, digna de uno de aquellos rapsodas que en la antigua Grecia buscaban la soledad sonora de las montafias para comulgar con Pan en el secreto de la divina armonia. Y no es que este culto se traduzca en un misticismo enfermizo o en frecuentes crisis romanticas; por la inversa, en Walt Whitman la soledad y la naturaleza no hacen mts que fortificar la conciencia del artista; en el aislamiento propicio se encuentra a si mismo, se comprende y se exalta; vislumbra en 61 el Cosmos y su Cosmos, el yo y la colectividad. Entonces escribe esos que 61 llamara sus bdrbaros aullidos, el Canto de mi mismo, lieno de elevaci6n santa, de auto-contemplaci6n spiritual; meditaciones talladas sobre bloques seculares por in rudo forjador de ideas. Oigamos esa voz de hierro que arranca del seno ub'6rrimo de la tierra: "Mi alma esta limpia y pura como est limpio y puro todo 1o que no es mi alma. Creo en ti, alma mia, y el otro hombre que hay en mi no debe humillarse ante ti. Y tn no debes humillarte ante el otro.-Cidrrate profundamente en torno mio, desnuda noche, ci6rrate profundamente, noche magndtica y benefica. !Noche de los vientos del sur, noche de los grandes astros! Noche silenciosa que me llamas, desnuda noche estival.-Tn i oh mar! Me abandono igualmente a ti, pues adivino lo que me quieres decir... Es preciso que corramos juntos; me desnudo; llevame en tu seno hasta que pierda de vista la tierra.-A veces creo que podria vivir entre los animales, de tal modo se me imaginan placidos y serenos. Horas enteras me absorbo contemplandolos". Siempre viviendo en medio de la naturaleza libre y fecunda, el poeta la contempla y la siente con honda comprensi6n. Asi sus poemas a la tierra, al mar y a los animales, traducen una emoci6n temblorosa. Jamas un himno a la vida fue mas vigoroso y puro que aquella su Elegia granitica al Espacio y al Tiempo, deidades en cuyo vientre se mide la vida. Frente al sol el lirico camina con su vision. Los Arboles se contemplan. La 200

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WkrALT WHITMAN arena incendia el horizonte. Helo aqui en medio de la vegetaci6n exuberante: las hojas largas del maiz y las flores azules del lino le acarician. Mats all esti la montana, enmaranada y bravia, donde traza sus torpes revuelos el mureidlago en las noches de julio, donde el escarabajo sagrado aparece tardiamente entre las tinieblas, donde el arroyo sale de entre las rafees de un Arbol viejo y corre hacia el valle. El poeta camina y camina y camina. Costeando Long Island se acerca a Manhattan. El Niagara aparece ante 61. Su catarata le cubre como un velo transparente. El campo le atrae. Al caer la noche regresa al hogar y, ya en el echo, su fantasia se exalta. Pero la realidad al fin le vuelve a la tierra. Entonces piensa en la Muerte, sin inquietud: "Si no consigues acabar conmigo del primer golpe, no cejes en tu empeno; si no me encuentras en una parte bniscame en otra, que en alguna de ellas te aguardo'". Tal es su serenidad. Walt Whitman vivi6 entre el pueblo, comprendi6 la vida civil de la ciudad y comparti6 duras horas de trabajo. Los suenos de fortuna fu6ronle siempre extranos: vivia con la tranquilidad de un obrero y con la mansedumbre de un ap6stol, nacido para predicar la buena nueva de la Union y la Concordia. "Se familiariz6-recuerda Bucke--con todos los g6neros de ocupaei6n, mas no leyendo las relaciones comerciales y las estadisticas, sino observando a los trabajadores en sus obras (a menudo eran 6stos sus amigos intimos) y pasando las horas cerca de ellos. Visit las fundiciones, los almacenes, los laminadores, los mataderos, las lanerias y las hilanderias, los astilleros y arsenales maritimos, los muelles, los talleres de carruajes y ebanisteria, asisti6 a los pick-nicks (donde solo se comen moluscos cocidos bajo las piedras), a las carreras, a las subastas, a las bodas, a las jiras en bote, a los banos, a lob bautizos y a toda suerte de fiestas". La curiosidad y sus deseos de sentir la vida en todas sus manifestaciones y en todas sus esferas, le llevaron a menudo hacia el arroyo, a las pobres cabanas de los labriegos y a los barrios mis6rrimos de los obreros. Todo To que el observador recogia en el mundo objetivo, el poeta interior lo hacia suyo. Entretanto, aeufiaba sus versos en el silencio fecundo de su tranquilidad, realizando un verdadero apostolado de arte. En medio de la ruda civilizaci6n yanki, Walt Whitman se destaca 201

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CUBA CONTEMPORANEA como un nuevo Cristo, perdonador de injurias y exaltador de nuevos credos de amor y de belleza. El poeta busca en la Humanidad de sus sueios una superacion humana; tiene la intuici6n del hombre simb6lico de Emerson y del Ubermensch de Nietzsche: "Tn, Hombre-Ideal--dice-tn, libre, seguro, alegre, hermoso y amante, de espiritu vasto y cuerpo fuerte, se mi Dios". Esa superaci6n de humanidad y de ideal moral se realiza en 61, dimana de su espiritu inconfundible, fuerte, raro, nnico. Sus cantos y su vida la justifican y la mantienen enhiesta como un obelisco de piedra en medio de una pampa desierta. Las ideas del poeta son como baluartes o avanzadas, en medio del campo poco propicio de Yankilandia. "Derram6-canta-en vastas olas el egotismo y 1o celebrar6 como la base de todas las cosas; soy el poeta de la personalidad; probar6 que el macho y la hembra son iguales, y que no hay mats imperfecci6n en el presente que no la haya tambien en el porvenir". Tal es su Civismo y tal su concepto de la moral. Su vida es fecunda en 6l y llega a los demas como un ejemplo sabio y altisimo. Bondadoso y desinteresado, se sacrifice gustoso y su bondad bendice el dolor ajeno como una blanca mano. Durante los crudos meses de la guerra civil de 1862, Walt Whitman cuida heridos, vela a los moribundos, alienta a los dabiles, hasta que una fiebre traidora est al punto de dar al traste con su vida. Sin embargo, no es esto 6bice para que apenas restablecido vuelva a sus tareas apost6licas con la unci6n y el convencimiento de antes. Su vida transcurre libre y tranquila en plena contemplaci6n de la naturaleza. Un dia su amigo, Conway, va a visitarle y, a pesar del calor exorbitante, le encuentra tendido de espaldas en medio del campo, el rostro vuelto hacia el sol. Sus costumbres son sencillas, casi pastorales: se pensara en uno de aquellos eremitas cristianos que renunciaban en la Tebaida a todas locuras de la vida. En sus horas de meditaci6n y de trabajo, se ocupa en vaciar el torrente de sus inquietudes rebeldes en versos tremantes de emocion y de sinceridad. Su individualismo se exalta, y cuando publica la primera recopilaci6n de Leaves of grass, sus compatriotas se espantan ante la obra de aquel hombre aislado Y fuerte como una columna de granito. Las audacias de sus poemas solo las habrian comprendido los criticos de entonces en 202

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WALT WHITMAN Emerson. Pocos son los que le entienden y, en cambio, muchos los que le atacan. Mas, como el pastor sordo de la fabula, 61 no escucha los ruidos y s6lo ve las estrellas. Mi se podria repetir a menudo, para si mismo, las palabras de Ana Smith: "Obrad con fe y tendr6is la fe". Su fe fu6 su escudo y fu6 su espada. Il, que exaltaba la disciplina de la voluntad y pulia su conciencia como un diamante, quiso ser siempre como un hombre entero, fuerte en su individualismo y dctil en el seno de la colectividad, sin que 6sta, por cierto, atentara contra los fueros de aqu6l. "Yo cojo al hombre quo se hunde-dice en uno de sus cantosy lo levanto con voluntad irresistible... [ Oh, desesperado, aquf esta mi cuello !. .. 1Ya Dios no to hundirA! Cu6lgate de mi con todo tn peso. Yo to dilato con tremendo aliento y te hago flotar; ya leno con una fuerza armada toda la estancia de la casa. iAmantes mios, reios de las tumbas!" Los anos que Walt Whitman vivi6 de hospital en hospital o de campamento en campamento, durante la Guerra de Secesi6n, fueron tal vez sus dias mas inquietos y torturados. La imaginaci6n del poeta se aviva: una alegria b6lica le exalta; un odio apocaliptico arma su lirismo cual la punta de una lanza, y nuevo profeta de una nueva gesta, su ira santa se desborda como un rio tormentoso por entre las peas de una torrentera. Entonces compone aquellos Redobles de Tambor (Drum Taps) que, en que en crujidos de un parche, hacen pensar en aullidos de huracanes centre dos cadenas de montanas colosales: "Aio de 1861-canta--ano armado, ano de lucha, nada de rimas gentiles, ni amorosos sentimentalismos leguen a ti, afio terrible... T te me apareces como un hombre fuerte, de pie y enbiesto, vestido con el bbito azul, avanzando con el fusil sobre la espalda". S6lo una guerra fratricida explica la dureza 6pica de estos versos troquelados como cascos. Asi comprendi6 el poeta aquella lucha de ese ano terrible que encontr6 en 61 a un nuevo Victor Hugo. Sinti6 mruy de cerca el espanto de la carniceria y entonces pudo adivinar en aquellos hombres verdaderos lobos disfrazados de canes. A veces la interjecci6n de sus cantos va mas alla de todos los lirismos y de las exaltaciones todas. Los atambores redoblan como truenos desencadenados, y su tronar repercute en los versos del poeta, f6rreos y luminosos. Exclama: "; Batid, batid, 203

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CUBA CONTEMPORINEA tambores! ; Sonad, trompetas, sonad! Mas fuerte que el ajetreo del trafico en la ciudad y que el chirrido de las ruedas sobre el pavimento... Batid, tambores, batid ; Sonad, trompetas, sonad! No os detengais, no acepteis protestas ni excusas; no repardis en los temores, en las plegarias, ni en las lfgrimas; no os cuideis del anciano que implora al joven; apagad la voz del niflo, las quejas de la madre; forzad los recintos donde aguardan los muertos la carroza que ha de llevarlos; mientras tron6is recio tambores, mientras reson6is alto, trompetas!'... El diapas6n lirico ha alcanzado su vibraci6n mas alta y mas sublime. No es ya s6lo una queja sino un alarido de rabia, ir6. nico, hecho espanto, anatema y belleza extraordinarios. La guerra es larga y el poeta la canta, la observa y la maldice con la voz tonante de un nuevo Ezequiel. Todo el espanto que se ha grabado en sus ojos claros, cual en dos espejos inm6viles, sus labios lo devuelven pulido en versos rudos pero vigorosos. "Baja tus miradas, hermosa lbra, y alumnbra esta escena; vierte duleemente los baces luminosos de tu nimbo hasta esta parte, sobre los rostros fantasmales, violaceos y congestionados; sobre los muertos que yacen de espaldas, cuyas armas han sido arrojadas lejos de sus cuerpos. Vierte tu. nimbo apacible, luna casta". Este cuadro es hermoso y triste. S6lo quien le ha visto, quien se ha penetrado de su horror dantesco, era capaz de evocarlo en tan sobrias y concisas pinceladas. Walt Whitman, que durante toda la guerra sirvi6 en las ambulancias curando a los heridos y auxiliando a los moribundos, vivi6 muy cerca la amargura de los dolores callados que se van con un postrer gesto de desesperacion o con un nltimo recuerdo. Hombre piadoso, de alma blanca, ante 61 pasa el sufrimiento abriendo honda huella en su coraz6n. Oigamos c6mo evoca la angustia de una pobre madre a quien una bala traicionera le ha arrebatado el idolatrado hijo de sus entranas; oigamos este fragmento final del poema, escrito con l6grimas dolorosamente amargas: "Pronto hela aqui extenuada, vestida de negro; durante el dia no prueba los alimentos, durante la noche se sobresalta y a menudo se despierta; se despierta en medio de la noche y ilora; desea, con un deseo doloroso, poder escaparse furtivamente, silenciosamente de la vida, para seguir, para buscar, para acompanar a su que204

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WALT WHITMAN rido hijo muerto !'" El poeta tenia una madre anciana y buena que cuidaba en 61 todas sus esperanzas. Cuando estall6 la guerra, sufri6 ella hasta lo indecible presintiendo acaso un desgraciado fin para aquel por quien vivi6 largas horas de desvelo. Terminada ya la guerra, en 1865, y cuando preparaba la primera edici6n de sus Redobles de Tambor, muere el Presidente Lincoln. Entonces Whitman escribe su c6lebre Conmemoracidn, que cierra como un broche de oro el poema complete. Tal vez jams en la poesia americana, y raras veces en la europea, el estro de un poeta ha producido un mas bello, fuerte y 6pico estremecimiento lirico. Hecho de energia, de angustia y de emoci6n. Los versos son como moldes de oro en los que el poeta hubiese vaciado palpitaciones de su coraz6n. "i Oh Capitfn! [Mi CapitAn!-grita la voz de su lirismo-Alzate para escuchar la voz de las campanas. [Levantaos! Es por vos por quien el clarin resuena; para vos esos ramos y esas coronas cubiertas de cintas; es por vos por quien la multitud cubre las riberas; es hacia ti a quien sus voces claman; por vos es por quien se agita y hacia vos sus rostros se vuelven. ; Aqui, Capitan 1 Padre querido! Que mi brazo se apoye sobre vuestro hombro. Me parece un suefno pensar que sobre el puente yaces muerto y helado "... Walt Whitman, amante de la democracia, unionista y patriota, vaci6 todo el raudal de sus sentimientos civicos ante la caida de este roble aislado y magnifico. Pocos meses mas tarde, cuando Walt Whitman se preparaba a publicar el primer volumen complete de sus poesias Hojas de Hierba, le ocurri6 al poeta un incidente digno de consignarse en la historia. Era empleado del Ministerio del Interior cuando se hizo cargo de esa cartera James Harlan, ex pastor y te6logo fracasado, hombre oscuro, fanatico e intransigente y cuyo nombre s6lo se recuerda hoy dia gracias a esta an6cdota que le liga a la vida de Walt Whitman, como una plumulilla de cardo a un enjambre de rosas. Un enemigo del poeta denunci6 sus versos al Ministro, verses que no tenian otro pecado que el muy divino de la perfection est6tica. Ley6los. Harlan y su incomprensi6n cerrada espant6se ante aquella altura a cuya cima no alcanzabap sus alas. Orden6 sigilosamente la destitucibn de Walt Whitman. Pocos dias despu6s sus amigos le consiguieron un destino que 205

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CUBA CONTEMPORANEA mejoraba su situaci6n. Quede en este recuerdo el nombre del buen O'Connor, su defensor y su paladin; mano blanca y corazon abierto que, en cien ocasiones, fu6 para el poeta baculo y voz generosa de aliento. En 1873 Walt Whitman sufre el primer ataque de paralisis que, tan pronto, habia de abatir su salud. Comienza entonces en 61 una decadencia fisica dolorosa que pronto habia de precipitar mas ann la muerte de su cara madre adorada. Abatido, deshecho tristemente, el poeta es ya casi un invalido. Las crisis se suceden. Su sistema nervioso se alter espantosamente. Trascurre un tiempo. Y, luego, aquel que antes corriera como un gamo a lo largo de las riberas; aquel que otrora desafiaba el sol con la cabeza desnuda y el pecho descubierto; aquel que erraba a trav6s de los vivacs socorriendo a los heridos, es ahora un pobre mont6n de care enferma, de care palpitante, de care triste. Tiemblan sus manos blancas ante las carillas. El claro brillo de sus profundos ojos azules se empaia, y de aquel mirar antes firme y sereno s6lo quedan ogaflo un rayo que se desvia y unas pupilas hnmedas de santa resignaci6n. Una silla con ruedas le arrastra en busea de un rayo de sol y de un poco de verdura en los dias transparentes. iPobre poeta! A Qu6 deidad iracunda se ha encargado de vengar en 61 algnn pecado de los de su especie? Sin embargo, el abatimiento que le ha traido toda aquella ruina, no le ha vencido del todo. A un amigo le escribe en 1882: "Hoy justamente cumplo sesenta y cuatro anos. La paralisis que me atac6 por vez primera, casi diez anos ha, y persisti6 con diversas vicisitudes, parece detenida y probablemente continuar6 asi. Me canso facilmente, me hallo bastante impedido en. mis movimientos, no puedo pasear largo tiempo; pero mi espiritu se mantiene siempre bastante alto". Su cuerpo suele a veces. recobrar algo de su antigua energia. Abandon su casa y su silla para dar cortos paseos. Pero la enfermedad, tal una hidra obstinada y cruel, le acecha siempre. En este instant de su vida 61 podria repetirse para si mismo su Plegaria de Coldn: "Mis manos y mis miembros pierden su seguridad; mi cerebro angustiado se extravia". S6lo le restan ya d6biles energies. Muy de tarde en tarde escribe algnn pequeno poema. Como un peregrino, sigue su camino descargando a ratos el peso de su propio corazon. Sus 206

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WALT WHITMAN amigos, que asisten desconsolados a esta muerte lenta del poeta, le obsequian un pequefio carrito tirado por un caballo. Las calies de Camden le ven muy de maiana, diariamente, errar como un pobre nifio enfermo, tembloroso y angustiado. A veces, los ninos se acercan al poeta y le cubren de flores. ti sonrie y su blanca mano, eucaristica como un ala de paloma, les bendice. Un dia, despu6s de mucho caminar, su cabalgadura fatigada se detiene. Y como el camino invitaba al descanso y la sombra bienhechora de un arbol prometia horas de apacible frescura, el poeta y el jamelgo se duermen a la vera de la via, Mas tarde, muy tarde ya, un grupo de campesinos sorprende a Walt Whitman y, en corro alegre y piadoso, le conducen hasta Camden. Asi le quieren, asi le cuidan, asi le veneran. El frio de un dia de mayo precipita en su pobre organismo nuevos ataques. Tras horribles sufrimientos logra recobrar un poco sus fuerzas perdidas. Cuatro meses antes de su muerte, y con una serenidad ejemplar, escribe en una nota-prefacio a la colecci6n de sus pequefios poemas Adios a mi fantasia: "1Heme aqui durante estos afos 1890 y 1891 (de una quincena a otra me siento debilitarme mals) semejante a una pobre concha descascarada o a un caracol marino abandonado (mis piernas no existen, estoy imposibilitado de moverme), arrojados muy lejos sobre las arenas de la ribera, inertes'". Ante las vastas inmensidades, el mar, el dolor y la muerte, suele el espiritu tener destellos supremos: es como el guila que, moribunda, aun intent batir sus alas para morir en el espacio infinito. Tal sucedi6 en este grande, noble y buen viejo. Su canto postrero, los poemas de Adios a mi fantasia fueron tal vez los mas sentidos que salieron de su pluma. En el umbral mismo de la muerte, el gran Urico ensay6 una vez ultima sus alas. Sus ojos avidos sondeaban mas alla de la tumba la eterna prdlongaci6n de la vida: "Tras un adi6s se disimula en gran parte-escribe-el saludo a otro comienzo: para ml, el Desenvolvimiento, la Continuidad, la Transformaci6n, son significados capitales de la Naturaleza y de la Humanidad, y el sine qua non de todos los hechos, sin excepcion". Mas tarde ann, muy cerca ya de la muerte, cuando sus facultades de lirico parecian haberse afinado hasta la transparencia, cant6 por ultima vez: "Es la ocasion postrera de mi207

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CUBA CONTEMPORANEA rar hacia atras; en mi el tic-tac del reloj se hace mars lento y debil; la desaparici6n se aproxima, la noche llega y pronto el sordo latir del coraz6n se detendr6''. A mediados de diciembre de 1891 una bronco-pneumonia acab6 por deshacer las pocas fuerzas que conservaba su organismo debilitado. Tres meses transcurren atn, en cuya duraci6n se prolonga el suplicio dantesco de la tremenda agoniA del poeta: horribles sacudimientos baten su cuerpo anciano, como una racha furiosa agota al arbustillo aislado; estremecimientos nerviosos destrozan sus nervios gastados, y horribles dolores ponen en sus ojos transparentemente azules y en sus labios palidos una retorcida mueca de angustia. Sin embargo, el estoicismo de Walt Whitman se mantiene enhiesto y viril y jams una queja sorpresiva descompone la serenidad de su dolor, hasta que el 26 de marzo de 1893, junto con la postrera luz de un crepnsculo tranquilo, se aduerme para siempre el espiritu del gran lirico como un ave enferma. Asi murio este viejo, fiero y grande, de infantiles ojos azules, alma dura y espiritu sonador. ARMANDO DONOSo. Santiago de Chile. n85

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LA FE DE LOS ANCIANOS Y LA CIENCIA DE LOS JOVENES (*) UY a menudo, sobre todo para aquellos espiritus que miranpor una sola ventana mental y observan solamente el horizonte monocromatico de sus ideas, entre la Religi6n y la Ciencia se excluye toda pa, rentela; donde la una se encuentra, la otra no cabria, como si el sentimiento no fuese una cualidad propia de los misticos de ambas partes; como si las hip6tesis, las doctrinal y las escasas verdades de que disponemos, no pertenecieran tanto a los Santos Padres como a los sabios investigadores de la Medicina, pongo por caso. Y como cemento que constituyese aquella parentela entre la Ciencia y la Religi6n, abunda en el alma de los Papas y de los Pasteur, en la imaginacion de los escogidos y en el cerebro de las muchedumbres, la Duda sonriente y magnifica, noble y juiciosa: en el cerebro, sea de cristiano o de beduino, de ateo o de sabio, el sentimiento religioso en unos o la hip6tesis cientifica en otros, sera una lucha de preocupaciones constantes y pesarosas. Se llega hasta a dudar de la propia Duda, yacabamos al fin por calificarnos honesta y sinceramente en el pLano zoologico del Universo. Pero gente existe-y mas entre los religiosos que entre los cientificos-que rehusa el espantoso ejercicio del alma piadosa; teme que la Creencia sea vencida por la Duda, y la personalidad es una permanente fugitiva de la propia ingenuidad. La mayor evolucion en este sentido, parece que esta en el advenimiento de una duda superior merced a la cual se constituy6 nuestra duda mas en6rgica... Se asegura que esta practice suaviza nuestra to() Del libro inddito, Ensayos defilosofia barata.

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CUBA CONTEMPORANEA lerancia para con los hombres y nos permite dormir serenamente, siempre que no lleguemos a dudar de que en realidad dormimos, Pero la meditation de ese estado de graves y sinceros sufrimientos en algunos ateos y en muchos religiosos, se resuelve, segun muchos pensadores, en mon6logos arcanos. El ateo diria: "Acaso sea un error esta impertinencia que me inclina a dudarlo todo; si un concepto se arraiga en mi cerebro, ya deja mi yo de tener la libertad de preguntarse si aan es i6gico dudar aquello que durante muchos afios hemos negado sin hurgar nuevamente el motivo de nuestra sospecha." Y en el silencio casi de 6xtasis, la misma personalidad sobresaltara el sentimineto catolico del mistico cristiano con esta indiscrecion: "Acaso no haya tanta verdad como se supone, en las cosas y en los seres invisibles, indemostrables y supuestos; acaso el candor que nos trasmiti6 la madre y la fuerza con que se impresionan en nuestra conciencia los buenos recuerdos de la infancia, han creado en nosotros una especial psicologia de esperanza." Pero el amor, que es inexhausta fuente de energias, dara valor al cientifico, en cuyo mon6logo discurrir el espiritu enardecido de los sabios en esta formal: Qui6n serial capaz de no creerlo?; en tal caso, se impondria la necesidad de negar la historia que conocemos o creemos por el testimonio honorable de nuestros abuelos. El ejemplo de las religiones, como de verdad hist6rica, es anflogo al de la historia de ayer, s6lo que los abuelos que narraron la verdad religiosa, ya no son en realidad sino muy remotos abuelos de los nuestros." Y en el creyente hara su milagro el amor de la esperanza, a objeto de que su espiritu responda a la maldita duda que todo lo embarga: "; Sera posible, exclamar, que exista alguien que niegue la belleza de la obra creada por mi Dios!. .." Y en realidad cabe la pregunta un tanto indiscreta: gDudarhn los cientificos; creerfn los catolicos todo lo que afirman; estaran 6stos convencidos de todo lo que creen y aqu6llos de todo lo que ensefian como profesi6n de fe?... En verdad que la Duda es tal vez la mtas hermosa de las cualidades del cientffico y la mas prudente de las virtudes del creyente. Dudar, es colocarse en los discretos limites seiialados por la Verdad y propuestos por el raciocinio; dudar es colocarse en el justo medio de nues210

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LA FE DE LOS ANCIANOS Y LA CIENCIA DE LOS J6vENES tra condici6n de conquistadors, que, por las cualidades cerebrales que varian segnn la edad, la educaci6n y el grado de intelectualidad, nos abrazamos con vehemencia a una idea para dejar de pensar y couquistar entre aquellos limits discretos. Por eso no sera raro observar que el ardor fisiol6gico de una vida alimentada con sangre nueva, haga que los cientificos j6venes -viejos en la fe-sean pesimistas para con la vieja religion, en cambio de un plausible optimismo para con las obscuridades y resplandores de la Ciencia. Y los viejos cientificos-nuevos j6venes de la fe perdida-se volveran optimistas de la antigua religion e incurables pesimistas de los misterios y conquistas de la Ciencia. La evoluci6n inversa no se ha observado, precisamente porque el hombre penetra primero en los senderos de la fe que en los de la verdad experimental. Acaso, si el excelente optimista y vigoroso sentimental de Nazaret hubiera vivido setenta o mas ailos en la actividad de su propaganda dignisima, habria cambiado las bellezas de su doctrina por las atractivas y singulares ciencias de sus contemporaneos: en 61 se efectu6 el proceso inverso: fue cientifico y fu6 sabio; conoci6 profundamente la psicologia sociol6gica de su pueblo, y despu6s de ser el mas sabio y el mas cientifico, lleg6 a convencerse de que el poema de su muerte y la propaganda de una creencia que sus padres arraigaron en su espiritu luminoso, echarian mas races en la inmortalidad de sn obra que toda la ciencia de que disponfa a los veintitantos afios: estaba convencido de que tendria mas eficacia su osadia sentimental que toda la ciencia filosofica de su 6poca. Solo que la mayor aspiraci6n de Jestns fu6 hacer la amistad entree los hombres y su padre el Dios de los cielos: desterrar el ateismo de la haz de la tierra. Sin embargo, a pesar de las contradicciones que embargan el alma de dlos hombres, los ateos no existen, pies todo aquel que niega algo, una o varias razones le asisten para ello; raz6n que lleva en si una o mas causas de creencias en aquel que lucha por no admitirlas. De anfloga manera los creyentes catolicos: seria exceso de ingenuidad suponerles en complete asimilacion de. toda la enselanza religiosa; ellos no niegan, pero el raciocinio les martiriza con la duda que siempre amarga los mon6logos misticos. Cuando un cientifico se agrega de nuevo a la religion de sus 211

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CUBA CONTEMPORkNEA mayores, generalmente ingresa anciano ya; o cuando su alma, enferma con los nltimos padecimientos corporales, deja de ser la personalidad espiritual para sufrir el envenamiento de un organismo que va a morir. Tal vez, temeroso de esa impersonalidad psiquica, es por lo que F6lix Le Dantec asegura que a la hora de la muerte no titubearia en escoger el ateismo-entre 6ste y la fe-, lo cual no le impediria aceptar la visit de un sacerdote, si esto causare placer a sus parientes, aunque el procedimiento seria innoble si no es ciertamente un engano para tranquilizar a la familia. Quiza el horror a lo que tiene la Muerte de desconocido inicie el arrepentimiento de los incr6dulos; pero poca cosa sabemos de esto. En cambio, tal vez se pueda explicar la conversion de los viejos sabios, de un modo tan natural y cientifico, que con 61 quede anulado, desde luego, el triunfo que se pretende atribuir a la Religion, cuando un viejo descreido hace acto de fervorosa presencia en los lugares santos despues de haberlo negado todo. Y es que con los anos se adquiere la pereza sensorial: el oldo hacese indolente a la percepci6n de las vibraciones sonoras, el ojo a las ondas de luz, la membrana de Schneider no distingue bien las sustancias olientes y la mucosa lingual aprecia indistintamente la variedad de los sabores; la piel se esclerosa y trasmite con dificultad la impresi6n cutanea... Asi se inicia la vejez: en virtud de un proceso de autointoxicaci6n, las c6lulas sanguineas se envenenan y se hacen cruelest en el organismo; son impulsadas a penetrar en las celdillas del enc6falo, donde anos antes se conservara la fe cientifica, para destruir, junto con la sustancia que vigoriza el nervio, la materia que era base para que otras c6lulas nerviosas profesaran un credo de sabiduria. Aquella intoxicaci6n hace que enfermen las arterias; la nutrici6n se realiza imperfectamente; los venenos no se desasimilan y las neuronas retienen su propios desechos. De modo semejante podrianse explicar las modificaciones de la memoria y de todos los actos intelectivos observados en los ancianos. En 6stos, la arterioeselerosis invade de somnolencias a las facultades, que al fin desaparecen casi, expulsadas por los venenos de la sangre senil... Nada extrao habra en creer que la intoxicaci6n de los venenos cerebrales pervierte las convicciones 212

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LA FE DE LOS ANCIANOS Y LA CIENCIA DE LOS J6vENES y hace renacer las antiguas creencias como afecci6n oculta que apareciera merced a causas excitantes. Podriase tambi6n suponer que las creencias renacidas no son tan s6lo producto de una afecci6n cerebro-arterial, sino que a 6sta se une la necesidad en que se encuentra el hombre-ror la misma condici6n de sus dudas-de provocar en su propio espiritu el desprestigio de sus creencias religiosas o de sus convicciones cientificas. La Ciencia como si envejeciese para los viejos que la aprendieron; como si les pesara en las regiones del pensamiento, pues 6ste en ocasiones cambia una actividad intelectual aspera por otra mas dulce, acaso mas incipiente, pero nueva y excitante. Y muy bien cabe el misticismo en el puesto de la Ciencia antiguamente adquirida; desde luego que tanta fuerza encefalica se necesita en la soluci6n de un problema cientifico, como en el trabajo cerebral desplegado por el nervio hist6rico de los bienaventurados extaticos del cristianismo. El caso de Ia virgen de Avila, la mas fecunda neur6tica entre las esposas de Jesnis, da idea cabal de la actividad mental que necesita el mistico para iniciarse siquiera en la contemplaci6n de su Dios. En estos estados de 6xtasis, divididos en cuatro periodos por Santa Teresa, es necesario para ilegar al arrobamiento, segnn Letournea, que, a merced de una larga oracion mental, el cerebro excitado sufra una fuerte congesti6n... 1Los grande creyentes, los misticos mas elevados y las grandes figuras de la cristiandad, de una manera general, serian sujetos que gracias a la plegaria constante sufrirfan de una constante congestion encefalica !... La virtud mental de la creencia no vendria a ser sino un fen6meno fisioI6gico de orden arterial. En los j6venes, ademas de la escasa comprensi6n l6gica, el ambiente paterno y la constithcion generalmente nerviosa de quien es creyente incondicional, el sexo juega notable papel, porque en el sexo germina la histeria o la silenciosa y abstruse mentalidad de los jovenes viciosos. No hablo, desde luego, de la juventud que cree entre los limites discretos de la Religi6n ; aunque, a la verdad, nosotros no' sabemos hasta d6nde se es discreto en Ciencia o en Creencia... DIEGO CARBONELL. Paris. 213

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NOTAS EDITORIALES EL DISCURSO DEL DOCTOR VARONA El discurso de recepci6n del Dr. Enrique Jose Varona como Individuo de Ntmero de la Academia Nacional de Artes y Letras en su Seccion de Literatura, leido en la sesi6n solemne celebrada por dicha Corporacion el once del pasado mes de enero, ha tenido la virtud de ser extensamente comentado por los principles periodicos de Cuba y publicado integro por los diarios de la Habana en sus ediciones del dia siguiente al en que fu6 leido por su autor. Distribuido profusarnente en un folleto costeado por la Academia-como es costumbre en actors de esta indole-, contentivo, ademns, del discurso-contestaci6n del Acad6mico senor Aniceto Valdivia, designado para dar la bienvenida al recipiendario, es ya suficientemente conocido en todo el pals; y tales circunstancias: gran publicidad, gran difusi6n y gran comento, nos excusan de reproducir aqui ambas bellas piezas oratorias. Pero, en cambio, trataremos de resumir en el corto espacio de esta nota las opiniones de algunos diarios, seialando primero a la consideracion de nuestros lectores la tendencia distinta que cada uno de aqu6llos vi6 o quiso ver en las palabras del Dr. Varona, para despues decir lo que pensamos de ellas. La Discusidn, aun viendo cierto escepticismo en el discurso, lo consider optimista y se mostr6 de acuerdo en muchos puntos; Heraldo de Cuba lo encontr6 valiente y en6rgico, declarandose conforme con el; La Lucha lo salud6 con jnbilo y aplaudi6 el pArrafo referente a las riquezas mal adquiridas por cuantos

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NOTAS EDITORIALES improvisaron en el poder fortunas, con la exhibici6n de las cuales insultan a esta sociedad que aun guarda consideraciones a quienes asi defraudaron la honra que el pals les hizo; El Dia lo ensalz6, haciendo hincapi6 tambien en el pfrrafo mencionado; El Mundo afirmn que, de seguirse en nuestra patria los metodos contrarios a los combatidos por Varona, fracasaria la Repnblica, aun cuando los estima buenos y morales; Cuba Jo censur6 en ciertos aspectos; El Comercio Jo juzg6 francamente pesimista, aunque alabando sus bellezas de forma; y el Diario de la Marina, si bien To hall admirable en cuanto a casticismo y elegancia, sefialandolo como modelo de forma; en cuanto al fondo To tild6 de politico y pesimista, considerando de "dudosa oportunidad sus comparaciones con 6pocas pasadas" y afiadiendo su Director, al recoger en la seccion Actualidades las frases de Varona relativas a la emancipaci6n del espiritu de la mujer, que 6sta se encuentra bien hallada en Cuba con el catolicismo y que s6lo la Cruz es el faro alteroso al cual todos los humanos debemos dirigir nuestros ojos para ver la luz de la verdad... Como se habri notado, casi todos los periodicos convinieron en que el discurso es de tono pesimista en lo referente a los males de Cuba; y tambi6n algunos de ellos dieron a entender que no debi6 el discursante manifestar su opinion tan diafanamente sobre las dolencias de la patria, dados su caracter de Vicepresidente de la Repnblica, la naturaleza del acto y la forma que por 10 comnn tienen esta case de oraciones. Son pareceres que tienen, acaso, tanto valor como el del autor del discurso, quien quizas entendi6 que precisamente tales circunstancias le obligaban a decir cuanto dijo; pero, segn se colegirf de Jo que llevamos escrito, cada comentador Lo juzg6 desde su punto de vista, loando o censurando aquello que a su interns convenia, si bien todos apreciaron en su justo valor la fluidez y la belleza del estilo, caracteristicas de la prosa tersa y elegant, several y harmoniosa del Dr. Enrique Jos6 Varona. No vamos nosotros a discutir si 61 hizo bien o mal, en la parto de su discurso que trata de Cuba, en mostrar al pals las lacras dolorosas que hemos de curar: entendemos que de cuando en cuando es bueno que algnn autorizado cubano levante su voz y ponga al descubierto las llagas que nos roen y entorpecen, con ?15

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CUBA CONTEMPORANEA el noble prop6sito de ver si se logra que el horror de contemplarlas nos haga pensar en su remedio. Ya lo dijo Marti: el sol cura. Lo que no podemos consentir es que nos las muestren quienes no sangren tambi6n al descubrirlas; quienes, en vez de sufrirlas con nosotros, se gozan en ponerlas al sol para nuestra vergiienza y para su secreto e innoble refocilamiento. Varona puede hacerlo, porque su coraz6n de cubano sufre al ver c6mo resurgen vicios que por siempre crey6 extirpados al cesar el r6gimen productor de las enfermedades que padecemos: "La turbia corriente viene de 1o profundo ya revuelta con toda suerte de impuras escorias'"-dijo 61; y agregaba: "la vibraci6n profunda y dolorosa de nuestras dolencias nacionales de la hora actual habla en el fondo de nosotros y nos roba la tranquilidad". Quien asi se expresa; quien dice: "no esta todo perdido mientras brilla a lo lejos la luz de un ideal", 8es un pesimista? No; es un dolorido, un acongojado, que inmediatamente da paso a la esperanza cuando anade: "Vamos, aunque no queramos, aunque no nos demos cuenta de ello, describiendo una espiral inmensa. Nos cercan a veces las tinieblas, a veces el erepnseulo; pero an alentamos, si la esperanza de lo mejor nos llama y nos conjura ". Ademas, quien escribi6 ese discurso es un fil6sofo; y en filosofia cada palabra tiene un valor fijo y no expresa mas que lo que su sentido recto indica. Debemos pensar, pues, que cada vocablo del discurso del Dr. Varona ha sido aquilatado y empleado en su justo valor. Cuando 61 dice: "Un sentimiento, ahora de congoja, es el que me domina, al fijar los ojos en los amenazadores sintomas de la descomposici6n politica de Cuba"; y agrega: "No creo que nadie pueda pensar que voy a prevalerme de este acto, tan serio para mi, tan importante por las personas a quienes en primer termino me dirijo, para enzarzarme en las espinas de los reproches cotidianos de los partidos. Miro a ma's, y anhelo llegar mas hondo. Miro a la patria, y me pregunto con zozobra si la estamos fortaleciendo, o si estamos empenados, aun sin saberlo, en derruirla; si nos damos cuenta de que aun no ha terminado la sana labor previa de constituirla", I cabe interpretar sus severos juicios como enderezados a un fin estrecho? No le conocen quienes tal crean. i Cuanta amargura no 216

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NOTAS EDITORIALES reflejan sus palabras, y cuanto no habrA 61 procurado estampar s newnos hirientes, porque le dolian a 61 tambien en To mas noble de su ser Nosotros, que sobre varios puntos de su discurso hemos hablado con el Dr. Varona distintas veces antes de que pensara en escribirlo, ; cuanta tristeza no hemos visto en su rostro y comprendido en su voz al tratar de los problemas de Cuba! Y sin embargo, su rostro se transfiguraba y su voz tenia otras inflexiones al abrir el pecho a la esperanza, al referirse a una parte de la nueva generaci6n en quien 61 confia y que no debe defraudarlo en sus aspiraciones de viejo patriota y civico luchador por la felicidad de Cuba. Mas, aun cuando aceptasemos el pesimismo atribuido al discurso en Io ataiiedero a nuestra patria, todavia queda en 61 un p6rrafo, el ultimo, que es un bello y breve himno a la esperanza, un himno que echa por tierra todo el tejido de tinieblas. Dice: "Aqui, sobre mi mesa de trabajo, tengo una famosa escultura: la Victoria de Samotracia. Ha perdido un fragmento. No importa. Todo su cuerpo nervioso y musculoso avanza, se precipita con impetu irresistible ; la tnnica se le adhiere a los niembros resistentes y un viento de tempestad la agita y parece trazarle una estela; sus alas aquilinas estan totalmente desplegadas. Vuela L a d6nde? I Qui6n To sabe? De todos modos, a conquistar To futuro que le tiende los brazos". He ahi la mals admirable sintesis de la propia obra tan discutida y comentada en diaries y tertulias literarias y politicas. Para terminar esta ya extensa nota, y a fin de robustecer nuestro criterio con el alcance fijado a su discurso por el propio autor, copiaremos de una carta de 61, publicada en algunos diarios de la Habana el 23 de enero, los siguientes parrafos con que contesta al Dr. Carlos T. Tfujillo, de Santa Isabel de las Lojas, quien, dicho sea de pasada, public en El Comercio del dia 25 (edici6n de la tarde) un corto y substancioso articulo titulado El imperio de la retina, a proposito del discurso del Dr. Varona. Recomendamos su lectura. Dicen asi los parrafos de la ca'rta dirigida al Dr. Trujillo: Me parece que usted tiene y no tiene raz6n. Los remedies para los males que una vez m~s sefialo, los remedies tales como se me alcanzan, los he indicado muchas veces. Casi no he hecho otra cosa en toda mi larga 217

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CUBA CONTEMPORANEA tarea de escritor. Pero s6 que andamos ahora muy de prisa, y que milares de voces se pierden en el tumulto que forma la vida actual. Si hoy se me ha puesto mss atenci6n es porque soy el Vicepresidente de la Rep6blica, y se ha querido o aparentado ver un acto politico en lo que no es sino un acto social. No he querido afear hechos politicos de esta o la otra situaci6n, que son transitorios, sino hechos socials, que son duraderos. Por eso mismo resulta harto dificil, como usted desea, todo un plan curativo. Era capital en Cuba que el gobierno estuviera en manos de sus hijos, que son los inmediatamente interesados en sus bienes y sus males. Esta fu6 la obra de la revoluci6n separatista. La organization politica posterior es cosa important, pero secundaria. Lo fundamental, la obra de hoy y de manana, estriba en las transformaciones socials. Como era natural, Io pasado, cuyas races llegan hasta Io mis hondo, ha reaccionado y ha ganado no poco terreno. Aqui hay que combatir. El catolicismo, organizacion tiranica por excelencia, tiranica en el sentido mis tecnico de la palabra, ha extendido de nuevo sus poderosas reds, y domina. Ya usted ye la batalla que esta dando contra el divorcio. Ciertas diversiones populates de influencia social extraordinaria, como las peleas de gallos, han revivido y adquieren cada vez mats lozania. La organizacion de la hacienda pnblica, se asfixia dentro de los moldes colonials. Leyes basicas para el ciudadano, en su vida personal y colectiva, como las penales, revelan el mas lamentable atraso. Todo esto, y mucho mias, constituyen los tremendos obstAculos con que hay que luchar. No basta un hombre, aunque fuera un titan, se necesitan muchos, muchos; y excitarlos y convocarlos, eso es lo que he procurado ahora, como antes y como siempre. Todavia en esos p6rrafos hay amargura, hay dolor; pero tambi6n hay brios y esperanza. Aunque en toda su larga y fecunda vida de escritor no ha hecho Varona otra cosa, como bien dice, que indicar remedios para los males que una vez mas ha senalado en su discurso, su voz casi se ha perdido entre el tumulto de tantas ambiciones como constituyen la vida actual; si ahora se le ha puesto mas atenci6n, es por ser Vicepresidente de la Republica y porque se ha querido o aparentado ver un acto politico en lo que no es sino un acto social. Finalicemos ahora dedicando unas lineas al hermoso discurso de contestaci6n a Varona, leido por el Acfdemico senor Aniceto Valdivia. Es una pieza literaria cuidadosamente hecha para evitar el uso del relativo que, el cual no emplea ni una sola vez; escrita como el senor Valdivia sabe hacerlo, con erudici6n, belleza y galanura, dentro de los canones de esta clase de trabajos, Y premiada con tan calurosos aplausos como la del Dr. Varona. A 2111

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NOTAS EDITORIALES 219 uno y a otro Acad6mico van los placemes de CUBA CONTEMPORANEA por sus respectivos discursos, y especialmente al ilustre Dr. Enrique Jos6 Varona por su ingreso en la Academia Nacional de Artes y Letras. EL HOMENAJE A SACO Seguimos recibiendo contribuciones esponttneas para nuestro proyeeto de erigir al gran cubano Jos6 Antonio Saco una estatua en la Habana; pero la falta de espacio nos veda este mes el publicar la segunda lista de donantes. En el pr6ximo numero la publicaremos. Hoy nos limitamos a transcribir la comunicaci6n que dirigimos a la Academia de la Historia de Cuba respecto al asunto, y a dar rendidas gracias a cuantos colegas de esta capital y del resto de la nacibn han tenido la amabilidad de transcribir nuestra nota editorial del nnmero de enero de CUBA CONTEMPORANEA, titulada La estatua y las obras de Saco, pues asi contribuyen a llevar a buen t6rmino este homenaje que se debera al esfuerzo de todos. He aqui la comlinicacicn enviada a la Academia de la Historia: Habana, 1.0 de enero, 1915. Sr. President de la Academia de la Historia de Cuba. La Habana. Senor: Por la pluma del Dr. Josh Sixto de Sola, redactor de CUBA CONTEMPORkNEA, esta revista ha tomado la iniciativa de erigir en la Habana una estatua al ilustre cubano Josh Antonio Saco, autor de la Historia de la Esclavitud y de numerosos trabajos que 'demuestran el gran amor que siempre sinti6 por Cuba, honrandose con ellos al escribirlos y honrando a la patria que lo cuenta entre sus hijos mAs preclaros. La patria le debe ese homenaje que nos proponemos rendirle por medio de una subscripci6n pnblica ya comenzada y a la cabeza de la cual figura el primer magistrado de nuestro pass, homenaje que sera Coronado con una ediei6n complete de las obras de tan insigne compatriota, costeada por CUBA CONTEMPORANEA. Al dirigirme a usted, la hago en nombre de los redactores de la revista, y en el mio propio, para rogarle que se sirva ser int6rprete ante los seniores miembros de la Academia, de nuestros deseos de que tan docta Corporaci6n adopte algnn acuerdo, tendiente a robustecer el prop6sito que nos anima, ya t

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CUBA CONTEMPORLNEA que se trata no s6lo de una de las primeras figures intelectuales cubanas, sino de tin bistoriador de gran valia entre los mas notables. Seguro de que la Academia babrA de acoger con simpatia esta petiei6n, presento a usted y a los senores miembros de ella el testimonio de mi mas alta consideraci6n. CARLoS DE VELASCO, Director. LA SOCIEDAD DE CONFERENCIAS Sabemos que la Sociedad de Conferencias, instituci6n de cultura fundada por nuestros queridos compaileros Jesus Castellanos y Max Henriquez Urerla, y continuada por 6ste, el Dr. Evelio Rodriguez Lendian y el Dr. Jos6 Maria Chac6n, se propone inaugurar en breve la segunda serie de conferencias dedicada a figuras intelectuales de Cuba. Y nuestros informed nos permiten adelantar que tornarin parte en ellas los sefores Dr. Juan Miguel Dihigo, quien disertar sobre el excelente literato y no menos buen patriota Rafael Maria Merchan, a quien parece no tenerse entre nosotros en el aprecio debido a sus altos m6ritos; el Dr. Pablo Desvernine, que hablar sobre la interesante figura de Jos6 Manuel Mestre; e1 Dr. Jos6 Maria Chac6n y Calvo, quien estudiar a Jos6 Maria Heredia; el Dr. Jos6 Enrique Montoro, que todavia no ha dado a conocer su tema; y probablemente los sefores Manuel Sanguily, Rafael Montoro, Evelio Rodriguez Lendian, Max Henriquez Urena y Enrique Jos6 Varona, quienes definitivamente no han contestado ann. CUBA CONTEMPORANEA celebrar que esta nueva serie de conferencias se lleve a cabo tomando parte en ella todos los senores mencionados, a quienes, como de costumbre, brinda sus paginas para insertar en ellas sus trabajos, al propio tiempo que anota con regocijo la fe de vida de la Sociedad de Conferencias. EL "GRUPO DE ACCION DE ARTE" Nuestro distinguido amigo y estimado colaborador el senor Jose Manuel Poveda, nos escribe la earta que a continuaci6n publicamos casi totalmente por estimar que ella da, mejor que cuan220

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NOTAS EDITORIALES to pudieramos nosotros escribir, idea de los prop6sitos y fines de los fundadores del Grupo de Acci6n de Arte: Sr. Carlos de Velasco, Director de CUBA CONTEMPORSNEA. Mi distinguido amigo: En la edici6n de Heraldo de Cuba, correspondiente al 7 del que cursa, di las primeras noticias acerca de Ia constituci6n del ''Grupo de Acei6n de Arte''. Hoy, que puedo dar noticias nienos vagas, se las trasmito a usted, y usted las trasladart al vasto pnblico que lee CUBA CONTEMPORXNEA. El "Grupo de Acci6n de Arte'' existe ya plenamente; y como fe de existencia distribuir& a fines de este mes el programa de su actuacibn artistica. Esta nueva sociedad de escritores carece de precedents en la historia literaria de Cuba. Para lograr el acercamiento de los j6venes creadores novisimos, ha sido necesario que venci6ramos grandes obstAculos: su celo de independencia, su miedo a las asambleas, su anhelo febril de personalidad. Todos se sienten bien, solos y distantes; se satisfacen con saber que tienen hermanos en la distancia. Pero una vez trazada la linea divisoria entree las faenas de orden secundario, que, en bien de la patria, debe realizar el "Grupo'', y las faenas superiors que, por el arte, corresponden a cada individuo, libremente; una vez desechada toda suerte de directivas o jerarquias gremiales; una vez descartados los reglamentos, los debates y las mayorias,-todas las manos se han tendido, se han estrechado, y ya responden todas por cada una. Dispersos de un extremo a otro del territorio nacional, desconocidos muchos, mal apreciados todos, mediocremente acogidos los mas aptos, nada de esto importa en cuanto a la obra de belleza, de arte puro; mas no asi en cuanto a la tarea de preparaci6n, iniciaci6n, orientaci6n colectiva. Nuestros precursores no dejaron rastro; hemos de ser nuestras propias avanzadas. Y hasta hoy, la juventud novadora, la mas fecunda, laboriosa, perseverante, incansable durante aflos, ha dado al arte cuanto debia; pero la Patria no ha participado de esa riqueza porque sus forjadores no han tenido ]o que va a darles el ''Grupo de Acci6n de Arte'': elementos de publicidad; consagraci6n; medios de hacerse oir, respetar, estimar, y, por fitimo, comprender... ..... ... ... ... ... ... ....... ... ....... ... ....... ... ... ... Ordene a su amigo de usted, Jost MANUEL POVEDA. Enero, 1915. Por nuestra parte, brindamos nuestro concurso, si se estima necesario, a la naciente agrupacion. Todo esfuerzo desinteresado por nuestras artes y letras, encontrar siempre en CUBA CONTEMPORANEA un heraldo dispuesto no s6lo a propagar, sino a secundar. Y, de paso, permitannos los constituyentes del Grupo de Acci6n de Arte llamar su atenci6n hacia el programa de 221

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CUBA CONTEMPORANEA esta revista, amplio y sin exclusivismos, liberrimo y cumplido siempre al pie de la letra, en el cual invitamos a cuantos quieran, con las condiciones necesarias para ello, exponer sus ideas acerca de toda manifestaci6n artistica cubana. Todo el que, acogi6ndose a nuestra fraternal invitaci6n, ha llegado hasta nosotros y ha probado tener, a nuestro juicio, aquellas dotes mas indispensables para expresar su pensamiento, no ha encontrado obstaculo alguno, sino la mas cordial acogida y el mats franco y decidido apoyo. Asi lo daremos a los nuevos paladines, en cuanto su obra tenga de s6lida y bien dirigida, aunque sea revolucionaria o innovadora: basta que haya un alto proposito y que 6ste sea expuesto con entereza, talento y conciencia. GONZALO DE QUESADA El dia 10 de enero ultimo fuimos dolorosamente sorprendidos por la noticia, publicada y lamentada en todos los peri6dicos de esta capital, de la muerte repentina del senor Gonzalo de Quesada y Ar6stegui, ocurrida en Berlin el dia 9, capital en donde desempefiaba el alto cargo de Enviado Extraordinario y Ministry Plenipotenciario de Cuba en Alemania. Al conocer la triste nueva, nuestro primer pensamiento fu6 6ste: & quin continuara salvando la obra literaria de Marti? El senor Quesada, con devoci6n admirable, se habIa impuesto la nobilisima tarea de compilar y publicar a sus expensas las obras del Maestro; y llevaba editados ya trece volumenes y tenia en preparaci6n el XIV cuando le sorprendi6 la muerte, sin haber completado su tarea: faltan ann algunos volumenes. Pero no quedar trunca la hermosa labor por 61 emprendida: la Academia de Artes y Letras acord6 recientemente continuar por su cuenta la publicaci6n de las obras de Marti, siempre que no haya disposici6n testamentaria del senor Quesada confiando el encargo a alguna persona o entidad. Este acuerdo es digno de la Academia y por 61 merece los mas ardientes placemes, que CUBA CoNTEMPORANEA le tributa, y de los cuales toca una parte principal a nuestro distinguido amigo el sefor Jos6 Manuel Carbonell, 222

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NOTAS EDITORIALS Acad6mico Presidente de la Secci6n de Literatura, a cuya propuesta fu6 adoptado unanimemente. Era el senor Quesada uno de los cubanos, de los pocos cubanos a quienes el lodo del insulto de sus conterraneos no lieg6 a manchar: su reputacion de patriota era respetada. Titulos tenia para ello; mas tambi6n los tienen otros a quienes, sin embargo, los sectarios de la politica discuten altos merecimientos de toda una vida de cubanismo ferviente. ;Por que? Algunos lo explican diciendo: porque el senor Quesada se mantuvo alejado de esta hoguera de pasiones y bajos intereses denominada entre nosotros politica; porque el sefior Quesada vivi6 siempre en el extranjero despu6s de constituida la Republica, sirviandola con devocion. Es verosimil y hasta quizes cierta la explicaci6n; pero es muy dolorosa. El respeto debido a los hombres puros, a los patriotas, a los cultos, a los de primera fila, debemos guardarlo en todo tiempo y residan donde residan. Podremos discutir sus ideas, y hasta sus procedimientos en la vida piblica; pero respet6moslos siempre como lo nnico de valor positivo que la patria tiene para granjearse la consideraci6n de los demas pueblos civilizados; no rebajemos sus meritos porque no pensemos como ellos, y, sobre todo, no esperemos a que mueran para rendirles el homenaje de nuestra admiraci6n, pues si en realidad la merecen, en vida debemos demostrfrsela constantemente. Por todo ello no consideramos justas, ya que encierran una condenaci6n de otros cubanos no menos dignos de respeto y estima, las palabras del diario La Noche en su editorial dedicado a deplorar la muerte del senior Quesada. Ajustado y merecido en todo Lo demas, peca de inexacto al decir que con la desaparici6n de la gallarda figura llorada hoy por Cuba, desapareci6 tambien e illtimo baluarte de la dignidad y el decoro cubanos. No; todavia quedan, por fortuna y para honor de la patria, hombres que encarnan esos sentimientos y tienen, por Lo menos, tan buenos titulos como el senor Quesada al dictado de patriotas puros; hombres que son orgullo de nuestra tierra y blas6n de cuantos amamos, por sobre todo otro titulo, el de cubano. & A qu6 citar nombres ? En tropel acudirfn a la mente de cada lector. Mas, si no los hubiese entre los ya consagrados por su larga 223

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CUBA CO$iTEMPORiNtA y probada vida, v qu6 pueblo de la tierra es tan desgraciado que siquiera no aliente la esperanza de que entre los nuevos han de surgir los hombres necesarios para mantener el legado de sus mayores" Gonzalo de Quesada, nacido en la Habana el 15 de diciemlire de 1868, el aflo mismo en que comenz6 la primera gran guerra por nuestra independencia, hizo sus estudios en los Estados Unidos de Norteam6rica; y entre los distintos cargos importantes que ocup6 desde muy joven, figuran el de Secretario de la Delegacion Argentina en el Congreso Panamericano celebrado en Washington en 1890; Secretario privado del ilustre repnblico argentino D. Roque SAenz Pena, luego Presidente de su naci6n; C6nsul de la Argentina en Filadelfia, cargo que renunci6 para ocupar el puesto de Secretario del Partido Revolucionario Cubano fundado por Marti en 1892 y en el cual permaneci6 hasta la terminaci6n de la guerra en 1898, desempenando por unos meses en 1895 las funciones de Delegado del Partido en Nueva York, hasta que elegido D. Tomas Estrada Palma para ese cargo, le nombr6 Encargado de Negocios ante el Gobierno de Washington, donde se capt6 las simpatias de. los principales hombres de gobierno de aquella epoca, logrando, merced a sus extensas relaciones, a su habilidad e intenso patriotismo, no s6lo sefialadas ventajas para los cubanos, sino el reconocimiento de que "el pueblo de Cuba es y de derecho debe ser libre e independiente", c6lebre declaracion contenida en la Joint Resolution que sirvi6 de base para cuanto sobrevino despu6s, culminando en la instauraci6n de la Republica cubana. Terminada la guerra, vino a Cuba: aqui fu6 nombrado Delegado a la Asamblea de Santa Cruz del Sur y tambi6n a la Convenci6n Constituyente, en cuyas labores tom6 parte activa. La Republica le confi6 su representaci6n en Washington, donde se condujo brillantisimamente, y luego en Berlin, donde ha fallecido y donde se le han hecho suntuosos funerales con la concurrencia de todos los Ministros a la saz6n residents en la capital alemana, y de un enviado especial del Kaiser, que en nombre de 6ste y de su esposa deposit sobre el feretro una corona. Fu6 Delegado a los Congresos Panamericanos de Rio de Janeiro (1906) y Buenos Aires (1910), asi como a la Segunda Conferencia In24

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ROTAS EDITORIALS ternacional de la Paz, reunida en El Haya en 1907. Los Estados Unidos de Norteam6rica le confirieron el raro honor de nombrarle arbitro en las diferencias que tenian con Venezuela. Poseia el senor Quesada varios idiomas, y distintos Gobiernos le habian conferido condecoraciones honrosisimas; fu6 orador y escritor de singulares meritos, citfndose entre sus obras las tituladas Mi primera ofrenda, Cuentos de la guerra (traducciones del frances), Ignacio Mora y La patria alemana, publicada esta filtima en Leipzig en 1913, y que es su libro de mas empeno. Por 61 reeibi6 grandes pruebas de estimaci6n del Emperador de Alemania. Pero su obra principal, la que hard entre nosotros imperecedera su memoria, es la de que antes se ha hecho mencion: la de haber compilado y editado la mayor parte del tesoro literario esparcido por Marti en dondequiera que sus nobles luchas le permitian un instante libre para dejar corner su brillantisima pluma. CUBA CONTEMPORANEA toma parte en el duelo que aflige a Cuba con esta p6rdida premature de uno de sus hijos ma's eselarecidos, y en estas lineas rinde postrer homenaje a la memoria del escritor, del diplomatico y del cubano que tanto am6 a la patria y por cuya independencia luch6 como bueno desde el dificil y honroso puesto confiado a su pericia, a su lealtad y a su patriotismo, en aquellos dias inciertos y dolorosos de abnegaciones y sacrificios sin cuento. GARCIA GODOY, HENRIQUEZ CARVAJAL Y BORDAS VALDES Con motivo del notable articulo hist6rico publicado en el nnmero de enero de CUBA CONTEMPORANEA por nuestro estimado colaborador el literato dominicano senor Federico Garcia Godoy, bajo el titulo de El caso de Bordas Valdes, nuestro respetado amigo el seflor Federico Henriquez y Carvajal, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de Santo Domingo, nos envia para su publicaci6n exclusive en esta revista la siguiente beIla carta dirigida al senior Garcia Godoy, la cual insertamos respetando la ortografia de la eminente persona que la firma, usada 226

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CUBA CONTEMPORANEA por 61 siguiendo en lo general las reglas de la de D. Andres Belb, y conservandole el titulo con que nos remite dicha carta: GAJES DEL CASO A Fed. Garcia Godoi. Acabo de leer hace una hora, mi estimado amigo, en las nitidas, abundantes i bien nutridas pdginas de la edicion de enero -la 'ltima publicada--de la excelente revista habanera CUBA CONTEMPORANEA, los seis pdrrafos que integran el interesante estudio, hecho a ciencia i a conciencia, con el cual ha puesto Ud. a plena luz i en su verdadero punto de vista, no menos lamentable que odioso, el reciente Ultimo caso-;ojald fuese el itimo!de vejaminosas anornalias, de subversiones del orden moral i de violaciones del orden juridico, que ha dejado en pos de si desolaci6n i ruina i que tan hondas huellas de escepticismo i de pesimismo parece haber dejado impresas en la razdn i en la conciencia de la mayoria de los dominicanos pensadores o conscientes. Ese estudio suyo, no obstante el laconismo de sus conceptos i apreciaciones, o su cardeter sintetico, abarca los sucesivos cambios que hubo en el rdpido proceso invertido, o retroceso, con el cual se form el caso Bordas Valdes; i podria ser incorporado, como uno de sus capitulos de mds efectivo alcance politico i de no escaso valor educativo, a la historia critical de los gobiernos al uso en esta i en otras repiblicas de instable o deficiente o insuficiente concordancia de regimenes. Lo he leido, estimado amigo, no ya solamente con la cordial complacencia que en mi produce cuanto procede del disquisidor entendiniiento o de la emocidn estetica a que nos tiene acostumbrados el autor de Rufinito, sino tambien con el civico interns que su lectura despierta en quienes ponen i llevan encima del corazon, como gajes de 6se i otros casos andlogos, no pocas iras de la dignidad herida i desilusiones del burlado patriotismo. Pero... /cudn lejos estaba yo de hallarme con que el pdrrafo postrero de su sereno estudio, el VI, tan optimist cuanto generoso, habria de interesarme ademds en un sentido particular, concreto, por la transparente alusidn a quien, en todo tiempo, sin distingos ni reservas mentales egoistas, ha creido servir 228

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NOTAS EDITORIALES mejor al pais desde la tribuna de la prensa i la cdatedra del magisterio, apostolando i educando por amor i por deber, que desde las esferas en donde la voluntad perversa, o pervertida, suele sobreponerse a la raz6n i anular la conciencia en cada una de las funciones politicas que en ocasiones truecan en desgobierno, por auto-sujestion o por las influencias de la hora i del medio, el Gobierno de facto o el juridicamente constituido. Copio en seguida, para retenerla en su integridad de fondo i forma, la porci6n pertinente del pdrrafo alusivo. Asi es: "En semanas pasadas, en una reunion de gente seria y circunspecta, se barajaban nombres mds o menos ilustres dignos de la estimacijn p'blica, y entre ellos, combatiendo el general pesimismo, hice yo resaltar con insistencia el nombre de un amigo mio, quien desempea altisimo cargo a satisfaction general y cuyos sesenta afros de austera virtud republican y de consagraci6n acendrada y consciente a magnos apostolados sociales, parecian seffalarlo, en esta hora sombria, como uno de los pocos capaces de devolver la fe perdida al pueblo dominicano tan miserablemente engaitado por torpes mandataries, cuando, como inesperada respuesta, salieron de los labios de todos los circunstantes estas dolorosas palabras: "Se queda, se queda tambien"... Parece que en el pecho de cada un dominicano se destaca con cardcter fulgurante la frase de suprema desesperanza del egregio poeta florentino". Doime cuenta, mi estimado amigo, de que la fe mentida destruya a la fe sincera, o la debilite, en el alma de los creyentes no del todo convencidos. Explicome que la experiencia, adquirida a costa de atios i desengaiios, se torne recelosa o previsora i aun que genere a veces la duda i a veces la incredulidad en los espiritus castigados por la mentira o el dolo. Comprendo que aquel grupo de gente seria i circunspecta-pero adscrita a determinado credo politico, o interesada en favor de uno cualquiera de los partidos militantes-extremase su escepticismo hasta incluir en el n'imero de los hipdcritas i perjures, de los falaces cotinuistas, de los golosos del poder i del medro estable, a quien por varias veces en seis a siete lustros ha declinado el honor efiMero de compartir las funciones del Ejecutivo i no ha mucho opt6 por quedarse donde estaba, fuera de las encontradas corrien227

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CUBA CONTEMPORANEA tes que arrastran confundidos al honor con el provecho o al deber con el egoismo. No deja de ser arbitrario i hasta injusto, sin embargo, eso de medir con un mismo rasero a personas i cosas que no tienen iqual altura ni son iguales. Ni tampoco merecia el aludido--i juro que no to merece-el falso o errado concepto que ahi, nada menos que en la Vega de los Dones, to puso en el mont6n de los politicos de oficio o de los logreros de la political militante. La sincera i didfana actuacion de su vida, pitblica i privada, siquier modesta, da testimonio eficiente de que otras mui distintas son las tendencias i las aspiraciones de sit espiritu. Por eso, quizds, era otra la actitud que, en aquella hora sombria, en aquellas semanas de ansiosa expectativa, asumieron en varios centros del pals i fuera de 6l no pocos individuos significados, sin distincidn de credo ni de colors, respect de la candidatura de concordia del mismo sujeto, tenida por viable. Seame licito elegir i copiar, a guisa de comprobacidn evident de to antedicho, sendos pdrrafos epistolares relativos a aquel proposito libremente concertado entre ciertos representantes de la protesta legalista. Uno de ellos, jimenista, del ncleo director del partido, escribia en julio de 1914 al presunto candidato to que sigue: "Indudablemente habrd de ser para contribuir a formal una situation political seria, presidida por un hombre intelectual i moralmente apto, saturado del espiritu de civilizaci6n i de los ideales en que deben descansar nuestras reformas sociales i politicas. Ninguno mejor que Ud. para realizar esa obra magna de regeneracion. AQue hombre en el pals, mejor que Ud. puede i deber merecer el titulo de verdadero patriota? gquien ha pensado, vivido i obrado mejor que Ud? Ud. ha sido siempre el candidato, para la nueva interinatura, del jefe del partido i los jimenistas importantes del Cibao to prefieren a Ud. a cualquier otro. El jefe del horacismo, quien estd animado del mayor buen deseo para su pals, to aceptaria a Ud. de ben grado. Se, porque to he visto en una carta del jefe del legalismo en el sur, que l to ha indicado a Ud. como la personalidad mds capacitada para presidir una interinaria". "No sabemos a ddnde ird a parar nuestra pobre nacionalidad, si no se le pone pulito final a tantos errores i a tanta falta de patriotismo. Por eso 228

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NOTAS EDITORIALES pienso que es preciso i urjente que hombres de ideales robustos, de elevada inteligencia i de conciencia recta, como Ud., sean los que dirijan la cosa piblica". Otro, horacista, de los prohombres del partido i ligado por especiales vinculos al jefe del mismo, escribiale en agosto, desde el exterior, estos elocuentes pdrrafos: "Me he permitido sugerir la idea de que lo oligieran, a Ud., Presidente Provisional de la Republica. Puse un cablegrama a Puerto Plata para que to propusieran. Espero quo esto sera de sit agrado. Siempre to he sentido on el mismo tono respect a libertades political, i ese es mi credo. Ademds, he creido explotable su amor a la gloria, sit hoiorabilidad i el puesto que ocupa, iinico baluarte del regimen juridico en los actuales momentos. Crco que si Ud. fuera electo no dejaria de satisfacer las justas aspiraciones dcl momento de libertad i reorganizacion sobre la base de gobierno civil e imperio de las leyes". Para el solicitado no era motivo de halago, i menos de engreimiento, la designaci6n que de Ci so hacia por unos i otros i por vo escasa porcion de la juventud en los centros principals de las principles provincias; pues consideraba ese mandato, como sigue considerdndolo, una enorme carga de deberes i responsabilidades. De ai el que no hiciese, por su parte, ninguin esfuerzo, absolutamente ninguno, en el sentido de acojer como gratas las insinuaciones i como seductores los ofrecimientos que se le hicieron de viva voz o por escrito. Ningn compromise, absolutamente ninguno, contrajo con quienes lo solicitaron, primero, i con quienes luego to postularon en las restringidas i arbitraHas condiciones del insdlito plan que lleva el nombre del dern6crata Presidente de la Uni6n Americana. Ahl! l sabia, a mayor abudamiento, quo, aunque persona acepta desde cualesquiera otros puntos de vista socials, o morales, las caracteristicas que lo distinguen resultaban incompatibles con el criterio de manga ancha que se nutre de convoniencias de la hora e interests particulares. Para los demds, acaso, no para 6l, pudo ser cosa inesperada, i hasta injustificable, sn postergacidn o eliminaci6n sistematica en el momeno critico de la transition de uno a otro periodo: del gobierno de fuerza al gobierno de facto. Eso es de layer, estimado amigo, i ya casi ha caido en olvi229

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CUBA CONTEMPORANEA do. Mds vale asi. Tales episodios, fugaces i efimeros, apenas dejan levisima estela a su paso por la memoria de las gentes en el escenario de la convulsa vida dominicana. Empero no seria justo que, por haber fracasado el empeio de cuantos fiaban a los antecedents do aquel ciudadano, "a sus sesenta altos de austera virtud republicana i de consagracion acendrada i consciente a magnos apostolados sociales"-seg'n el concepto de Ud. en aquella reunion de notables-su voto i la consiguiente delegaci6n de poder para un cabal ejercicio de la funci6n ejecutiva del Estado, con card cter provisional i a termino fijo,-se tuviese o mantuviese, como articulo de fe, la creencia, o el temor, o la sospecha, de que el aludido amigo de Ud. a quien Ud. conoce i abona con justicia i honra merecidas, tambian se hubiese quedado. Ese-lo afirmo i juro con la mano puesta sobre el coraz6n i mientras por mi espiritu pasa la sombra luminosisima del mds alto ejemplo de civismo nacional-jamds, jamds, jamds, habria sobrepasado los limites de su mandato ni en el tiempo ni en las facultades que le hubiesen sido atribuidas dentro de las prescripciones del derecho, de las eyes i del patriotismo. Tampoco esa rational con ducta constituye un privilegio. Ai' quedan, como datos recientes de personal decoro i de edifcacion civica, la renuncia del ilustrisimo Doctor Adolfo A. Nouel i la trasmision legal del poder, o del mandato ejecutivo, que acaba de hacer el ilustre Doctor Ramon Baez de la Presidencia de la Repiblica. FED. HENRIQUEZ I CARVAJAL. Santo Domingo, enero de 1915. 230

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NOTICIAS Anales de la Academia de la Historia. La Academia de la Historia de Cuba entrar& en breve en un period de actividad, no s6lo con la celebraci6n de varias sesiones pnblicas, entre ellas ]a solemne inaugural de sus labores en este aflo, sino comenzando a editar sus Anales bimestral o trimestralmente. Esta nueva publicaci6n esta llamada a prestar muy notables servicios a la historia de nuestra patria. Un volumen de Sanguily. Adelantamos la noticia de que el ilustre literato cubano D. Manuel Sanguily prepara la publicaci6n de un volumen donde revelara quin es el verdadero autor de la Plegaria a Dios, atribuida al gran poeta cubano Pldcido. Las investigaciones realizadas por el senor Sanguily, su competencia y su conocida opinion negando la paternidad de esa poesia al desdichado bardo, permiten asegurar que este estudio sera en sumo grado interesante. Nuevas obras de Jos6 A. Ramos. Nuestro querido amigo y corresponsal en Lisboa, senor Jose Antonio Ramos, escritor de vigoroso talento, prepara en la capital lusitana, donde ocupa el cargo de Vicec6nsul de Cuba, un volumen que contender dos nuevas obras dramfticas suyas, terminadas ya y de asunto cubano: la tragedia El Traidor y el drama en tres actors titulado El hombre fuerte. La primer, antes de Ia aparici6n del volumen, la daremos a conocer en CUBA CONTEMPORANEA. La Antologia de Poetas Hispanoamericanos. El celebrado escritor y poeta chileno D. Francisco Contreras, uno de los corresponsales de CUBA CONTEMPORANEA en Paris, nos anuncia que la Antologia a ol encargada por la casa editorial de Eugene Figuiere, aunque demorada por causa de la guerra europea, continna en preparation y

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CUBA CONTEMPORSNEA serf mAs completa de Io que en un principio se proyect6. Ruega nuevamente a los poetas cubanos que le envien sus producciones a la siguiente direecion: 23, rue Le Verrier.-Paris. Las Memorias de O'Leary. A la Academia de la Historia de Colombia comunic6 no bace mucho el distinguido escritor senor Pinz6n Useategui, desde la capital de Venezuela, que en los alrededores del parque Carabobo, en Caracas, fueron halladas unas cajas conteniendo este tesoro bibliografico e hist6rico: 32 pliegos de a 16 planas, que hacen un total de 512 pkginas, del tomo III, Apdndice a las Memorias del General O'Leary, el cual consta de las siguientes partes: Advertencia; Misi6n a Colombia; Convencion de Ocana; Conspiraci6n del 25 de septiembre (narraci6n de un testigo ocular), y Misi6n cerca del Gobierno del Pern y al sur de Colombia. La advertencia esta firmada por Sim6n B. O'Leary, hijo del celebre historiador y EdecAn de Bolivar. Edici6n castellana de ''The World's Work". Es tal la importancia que van reconociendo los Estados Unidos norteamericanos a la America Latina, que con frecuencia se notan sefiales inequivocas de ello. La conocida revista angloamericana titulada The World's Work, tiene el proyecto de publicar una edicion castellana; y se propane con ella contribuir a estrechar las relaciones comerciales, political y de toda clase, entre todos los pueblos de America. IMPRENTA DE AURELIO MIRANDA, TENIENTE-REY. 2T. HABANA. 230

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(Jha &nntcnipurdnva ANO Ill Tomo VII. Habana, marzo de 1915. Ndm. 3. REGIONALISMO Y NACIONALISMO AY en Cuba razones que abonen la existencia de un marcado sentimiento regionalista entre las distintas provincias que integran el territorio national? A juicio nuestro, no tan s6lo no existen, sino que pocos pauses del mundo gozan de condiciones mAs excepcionales que Cuba para constituir una vigorosa y bien cimentada nacionalidad. Si atendemos a la definici6n dada por Juan W. Burgess, al decir que "una poblaci6n dotada de unidad 6tnica, que habita un territorio dotado de unidad geogrffica, es una Nacion" (1), Cuba se ajusta perfectamente a los requisitos que sefiala este notable tratadista norteamericano. Atendiendo al primer elemento, esto es, a la unidad geogr6flca, Cuba tiene fronteras naturales perfectamente definidas: su territorio est separado del resto del Continente americano por grandes masas de agua: Cuba, que es la mAs populosa de las Antillas, estf situada directamente al Sur de la Florida. La Habana se hall un poco hacia el oeste del Sur de Cayo Hueso, y a una distancia de Este en linea recta como de cien miHas, estando separada de dicho cayo poT los canales de la Florida. Al este de Cuba estA situado Haiti, que es la segunda de las Antillas... Por el (1) Ciencia pofittea y Derecho constitutional comparado. par Juan W. Burgess, p. U,

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CUBA CONTEMPORANEA oeste Cuba estk separada por el estrecho de Yucatan, que tiene 130 millas de ancho, de la peninsula de Yucatan, perteneciente a M6xico (2). Si por unidad 6tnica se entiende ... una poblaei6n que posea una lengua y una literatura, una tradici6n y una historia comunes, y comunes costumbres y conciencia de lo licito y lo ilicito (3), es evidente que Cuba llena tambi6n, cumplidamente, este ultimo requisite. Nuestra isla, como es bien sabido, fue descubierta por Crist6bal Col6n el 28 de octubre de 1492. Pasando por alto los demas viajes del insigne marino genov6s, nos encontramos con que en 1511, Diego Col6n, Gobernador de Santo Domingo, envio al Capitan Diego Velazquez con una fuerza de 300 hombres para que subyugara y colonizara a Cuba. Es 6ste, pues, el primer eslab6n hist6rico de la cadena de hechos que constituyen la historia de la conquista y colonizaci6n de la Isla. Estos hechos se desarrollaron lenta, paulatinamente: Baraeoa, Trinidad, Santiago de Cuba, Sancti-Spiritus, Remedios, Bayamo, Puerto Principe y San Crist6bal de la Habana, fueron el fruto de Ia primera labor de los conquistadores. Cuando Diego Velazquez arrib6 a las playas cubanas, el territorio de la Isla estaba poblado por un considerable nnmero de indios. A poco se entabl6 el duelo cruel y fatal entre los duros conquistadores y la raza de los siboneyes, blanda, pacifica y poco resistente. No vamos a entrar a estudiar las causas que originaron la desaparici6n, la casi total extincion del primer elemento etnico que poblaba el territorio de esta Isla llamada Perla de las A%tillas. Ya fuera la desesperaci6n que le produjo la sujeci6n al domino de Espana; ya las vejaciones, los malos tratos y trabajos rudos o excesivos; ya el "vaho de los conquistadores", engendrador de asoladoras epidemias, lo cierto fue que la poblaci6n indigena desapareci6, de tal suerte que apenas quedan (2) TnformeR xnhre el eenxo de Cuba, 1899, p. 17-18, (3) Burgess, op. cit., p.12, 234

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REGIONALISMO Y NACIONALISMO algunos elementos dispersos en la region oriental de Cuba. Extinguido el elemento indigena, aut6ctono, los espafioles se ven obligados a introducir un factor que, en parte, va a perjudicar la unidad 6tnica a que inconscientemente habian llegado. Desaparecidos, muertos los indios, recurren al mismo expediente que ya habian puesto en practice en Santo Domingo: la introducci6n de los negros. De 1523 a 1524, muerto ya VelAzquez, el Rey de Espafia autoriz6 la introduccion en esta Isla de trescientos negros. Este fu6 el comienzo en Cuba de la funesta "trata"; de esa horrible instituci6n que ha degradado la colonizacion europea, no tan s6lo la de los espafioles, sino tambien la de los ingleses en sus colonias de Norteamerica. Espafia, empefiada en la conquista de una buena parte, de casi la totalidad de la America Central y del Sur; sosteniendo en Europa las famosas guerras de los reinados de Carlos V y de los Felipes; teniendo que resistir y combatir la concurrencia de ingleses, franceses y portugueses, lleva a cabo de manera lenta la colonizacion de Cuba. Guanabacoa y el Cobre se fundaron en 1555 y 1558, respectivamente. Despu6s transcurren casi cien afios sin que se edifique una poblaci6n de importancia. Durante el siglo xvii fueron fundadas Santa Clara y Matauzas. En el transcurso del siglo xvii se levantaron nueve poblaciones mas. A fines de esta centuria la poblaci6n total de Cuba se calculaba ya en 275,000 habitantes. Fu6 en el siglo xX cuando empez6 a alborear para Cuba una era mas pr6spera y proaresiva. La conquista de la Habanapor los ingleses habia sido para el pals de resultados altamente beneficiosos. Afos despues, las inmigraciones provenientes de la Florida, Louisiana, Santo Domingo y Haiti, y de los restos del naufragio colonial espafiol en la Am6rica Central y del Sur, ejercieron en Cuba poderosisima influencia. El peligro negro, que durante el periodo que media entre 1792 y 1817 fu6 una pavorosa realidad, que adquiri6 su importancia maxima en 1841, epoca en que la proporci6n de habitantes de color lleg6 a la cifra de un 58.5 %, ha desaparecido total235

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CUBA CONTEMPORANEA mente. Segun puede verse en el censo que se llev6 a efecto en 1907, la poblacion blanca-incluyendo los naturales del pals y los extranjeros-ascendia en dicho aio a 1.428,176 habitantes, representando el 69.7 %, ) lo que es lo mismo, mas de las dos terceras partes de la poblaci6n total. En los ocho afios transcurridos desde entonces, hay datos que permiten presumir que esta proporci6n ha aumentado considerablemente. Ya hemos visto que esta Isla, larga y estrecha, llamada Cuba, limitada por los canales ya citados y baiiada en su costa Sur por el mar Caribe, tiene fronteras naturales que la separan de otros pueblos. l Existen, a su vez, obstieulos o valladares dignos de tenerse en cuenta entre las distintas provincial en que se halla dividada ? Ofrecen los pobladores de sus diversas regiones caracteres 6tnicos, psicol6gicos o hist6ricos diferenciales? A nuestro juicio, no existen ni los unos ni los otros. Obedeciendo nnicamente a razones administrativas, la Isla fu6 dividida por Real C6dula de 3 de octubre de 1607, en dos jurisdicciones; la una llamada de la Habana, que se extendia hasta 30 leguas al Este de esta plaza, y la otra de Santiago de Cuba, que comprendia el territorio restante. El mando militar qued6 en manos del Canita.n General residente en la Habana. En 1772, el Marqu6s de Casa-Torre dividi6 la Isla en tres departamentos que comprendian diez y ocho jurisdicciones. En 1850, el Conde de Alcoy alter esta division, suprimiendo el Departamento Central. En 1878 fu6 dividida la Isla en seis provincias, de las que cuatro pertenecian al antiguo Departamento Occidental y dos al Oriental. Las seis provincias se denominaron: Pinar del Rio, Habana, Matanzas, Santa Clara, Puerto Principe y Santiago de Cuba. Al hacerse cargo los norteamericanos del gobierno de Cuba en 1899, 6sta era la division politico-administrativa que regia (4). (4) Vase Cuba v su evoluci6n colonial, por Francisco Figuerns, cap. III, p. 75-78. 236

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REGIONALISMO Y NACIONALISMO Recordados estos antecedentes, debemos ocuparnos de lo que lamaremos "cuesti6n de limites entre las seis provincial". Entre 6stas no existen grandes rios, ni altas montafias, ni bosques espesos e impenetrables; ni grandes extensiones friday y desiertas que las separen entre si, cambiando por completo las condiciones fisicas de su suelo y el carter de sus habitantes. Cuba, atendiendo a la altura y extension de sus montanas, dista mucho de poder ser considerada como un pals montafioso. La Isla en conjunto es relativamente llana, puesto que en la parte occidental solo tiene la lamada sierra de los Organos; y en la region oriental, la rins montafiosa de todas, donde se levanta la sierra Maestra, sus alturas mss notables son el Pico de Turquino, con una elevaci6n de 8,320 pies; la Gran Piedra, con 5,200 pies, y el Yunque y el Ojo del Toro con 3,500 pies cada uno. Ninguna de estas dos sierras, ni las demas grandes lomas y montanas existentes en otras regiones del territorio cubano, constituyen limites ni barreras sensibles entre las seis provincias en que aparece dividida la Isla; division que seguramente obedeci6 mss a razones administrativas o militares que a las de orden. puramente geografico. El Cauto, el rio mss extenso de la Isla, tampoco constituye limite o division entre las provincias que actualmente integran el territorio nacional. Este gran rio, como se sabe, nace al Norte de la sierra Maestra, por el Cobre, tuerce luego hacia el Oeste, y va a desembocar en la costa sur, en la bahia de Buena Esperanza, cerca de Manzanillo, teniendo su nacimiento y su desembocadura dentro del territorio de la provincia Oriental. Atendiendo, pues, nnicamente al factor geografico interior, vemos que en la Republica de Cuba no hay razones que abonen la existencia del regionalismo, como sucede en muchos otros pueblos de Europa y aun de la propia America. 0 **0 Si atendemos al factor etnol6gico, nos encontramos con que ocurre exactamente lo mismo. Extinguida por completo la raza indigena, quedaron los conquistadores duefios y senores absolutos del territorio cubano; si 237

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CUBA CONTEMPORANEA bien cometieron el gravisimo error, a que antes nos referimos, de importar el elemento negro. Espaiioles y negros vinieron a ser, pues, los fnicos pobladores de la Isla; elementos que al mezclarse habian de producir identicos resultados en todo el territorio. Los andaluces y canarios primero; mas luego los castellanos, asturianos, catalanes y gallegos, se cruzan con la raza negra y dan por resultado el tipo mestizo o mulato; los elementos blancos de los propios conquistadores engendran al "criollo" que, con el tiempo, viene a ser el elemento predominant en la Isla. Mas tarde estos hijos del pals se convierten en conspiradores; despues en revolucionarios y, por nltimo, en emancipadores de la colonia oprimida y pe'imamente administrada. En todo este proceso no hay razones que justifiquen la formaci6n de un espiritu regionalista. Si en el territorio de Cuba se hubieran establecido en lugares determinados diversas colonias de castellanos, catalanes, vascos o andaluces, podria haber un factor hist6rico; una reproducci6n en miniatura de la historia politica de Espafia, cuyos frutos se palpan aun hoy en aquella naci6n, a pesar del genio y de la clarividencia politica de que dieron pruebas los Reyes Catolicos al tratar de modificarla. Pero los espafioles en Cuba no siguieron ese genero de colonizaci6n, de politica. Se establecieron, por el contrario, en todo el territorio indistintamente, sin formar grupos regionales; y Jo que es mAs aun: mientras que en Espafia se decian gallegos, aragoneses o vascos, en Cuba s6lo eran espailoles. Nunca trataron de inculcar a su prole el amor a su region de origen, sino el amor a Espafia, a la Madre Patria. Cuando a mediados del siglo xix el separatismo comenz6 a cobrar fuerzas, la poblacion de la Isla se dividi6 en espafioles y cubanos. Los centros regionals que en la actualidad radican en Cuba, han obtenido su mayor auge precisamente despues del 20 de mayo de 1902, es decir, una vez obtenida la independencia de Cuba, cuando ya habia desaparecido la lucha entre "criollos" y peninsulares. 238

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REGIONATJSMO Y NACIONALISMO El "localismo" en Cuba no obedece, pues, a razones geogrAfieas, 6tnicas o hist6ricas, sino mas bien a la carencia de medios de comunicaci6n que siempre existi6 durante la epoca colonial. Los habitantes de los distintos pueblos y ciudades que permanecian aislados del resto de la poblaci6n de la Isla, se iban apegando al "terruio", al medio ambiente circundante. Una demostraci6n de lo que acabamos de decir es que en lugares como la Habana, Matanzas y Pinar del Rio, enlazados desde hace larga fecha por el ferrocarril, el espiritu regionalista es menos intenso que en las Villas, Camagney y Oriente, cuyos medios de comunicaci6n con el resto de la Isla eran hasta hace poco escasos y dificultosos. Creemos firmemente que el ferrocarril central, y las demas vias f6rreas que se estan construyendo, haran un gran beneficio en el sentido de ir acercando mas y mas a los habitantes de las seis provincias. Cuba en la actualidad ha aumentado de manera asombrosa sus medios de comunicaci6n: en la epoca colonial tenia 1,792 kilometros de via ferrea;en la actualidad tiene 3,806. En aquella epoca tan s6lo contaba con 261'062 kilometros de carreteras; hoy tiene 1,798'380. El trfico maritimo adquiere cada dia mayor desarrollo. El autor de este trabajo no ha tenido ocasion de visitar todas las capitales de provincia del territorio nacional; pero en su trato con gran nnmero de personas de las distintas localidades de la Isla, ha podido observar que, fuera de ciertos vocablos de uso provincial o local, empleados en algunos lugares, y de cierto dejo 0 "canto" especial que en su conversaci6n suele notarse, los eubanos todos tienen los mismos defectos y virtudes, iguales tendencias y normal de conduct. Esta observaci6n puede comprobarse al analizar los elementos integrantes del Congreso de la Repnblica. Los senadores y representantes de las seis provincial se distinguen, en su inmensa mayoria, por la imprevision, por la tendencia general al despilfarro. Ningdn grupo regional se distingue del otro por su mesura, por su previsi6n, por el deseo de legislar de acuerdo con las necesidades de los tiempos en que vivimos: sus inicia239

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CUBA CONTEMPORINEA tivas son de orden individual o local; casi nunca de interns colectivo. Es mas; creemos que los'brotes de "regionalismo" que de vez en cuando se observan en el seno de nuestras C6maras, obedecen mas a necesidades "electorales", al deseo de tal o cual legislador de salir reelecto, que a una tendencia franca y sinceramente localista o provincial. El lamado "cunerisme"-que en estos nltimos tiempos se ha venido practicando mucho en politica-, se nos antoja un buen antidoto contra la marcada tendencia de algunos furibundos regionalistas. Como no llegan a nuestras manos todos los periodicos que se publican en el interior de la Republica, no podemos estar al tanto de las tendencias nacionalista o regionalista de esos voceros de la opinion; mas si podemos asegurar que no todos los directores de los 6rganos de la prensa en provincias son hijos de este suelo, y que en algunas localidades son ciertos elementos "naturalizados" o extranjeros los que fomentan en provecho suyo la perniciosa planta del regionalismo, de ese regionalismo que entre nosotros no tiene raz6n de ser por los motivos ya apuntados. El amor al rinc6n en que se ha nacido tiene un profundo arraigo en el coraz6n humano ; los lugares en donde hemos visto transcurrir nuestra infancia, en donde hemos tenido nuestros primeros amores, dejan siempre hondas huellas en el espiritu. Pero este sentimiento en nada se opone al amor que debe inspirarnos la patria, a ese sentimiento nacionalista que es la salvaci6n de los pueblos, sobre todo, cuando 6stos son d6biles y pequenos. No debe olvidarse que una de las causas del fracaso de la Revoluci6n de 1868, fu6 el mezquino sentimiento de rivalidad que surgi6 entre algunos de los principales jefes de las fuerzas revolucionarias, que no supieron ahogar a tiempo ese funesto brote de incomprensible regionalismo frente al enemigo comnn: el espaiol. En la guerra de 1895 se supo evitar ese fatal escollo; y los llamados orientales, camagneyanos y villarenos, combatieron lienos de fe, valor y tenacidad al lado de los matanceros, habaneros y pinarenos. 240

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REGIONALISMO Y NACIONALISMO Los restos de Jose Marti, del Ap6stol, reposando en el cementerio de Santiago de Cuba; los mortales despojos de Antonio Maceo, del Titan de Bronce, sepultado en el Cacahual, son los lazos de union entre regions que no deben tener otra divisa que el amor a Cuba, que el afianzamiento de la nacionalidad. Roland G. Usher, notable profesor de Historia de la Universidad de Washington, seiiala los siguientes requisitos como indispensables a toda nacionalidad: el primero y principal, la unidad territorial, es decir, las fronteras naturales a que ya nos hemos referido, creyendo haber demostrado que Cuba las posee de manera perfectamente definidas. El segundo es la unidad racial, que Cuba tambien tiene, a pesar del elemento negro que en ella convive, y que tiende a desaparecer debido a la inmigraci6n blanca y a la fusion de las dos razas. Es el tercero la unidad religiosa, en el sentido de una amplia tolerancia y de un gran respeto mutuo. En Cuba existe esa unidad, a pesar de que a veces suelen intentar romperla ciertos actos de intolerancia e intransigencia realizados por una pequeia minoria de nuestro nncleo social. El cuarto factor, es el patriotismo. Este sentimiento se va intensificando cada vez ma.s entre nosotros, a pesar de las pr6dicas disolventes de ciertos pesimistas incorregibles. El quinto y dltimo requisito lo constituye la unidad administrativa, es decir satisfacci6n por parte de la mayoria con el r6gimen de gobierno existente. En Cuba, la casi totalidad de su poblaci6n est plenamente satisfecha con la forma republican de gobierno; si bien se lamenta de ciertos procedimientos puestos en practica y de la politica de despilfarro que se viene practicando desde 1906. 0'* Demostrada la existencia de nuestra unidad geografica y 6tnica; sentado que en nuestro pais no hay precedentes regionalistas, puesto que 6stos no fueron puestos en prctica por los 241

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CUBA CONTEMPORANEA espaiioles, s6o nos queda por abogar acerca de Lo necesitados que estamos de fortalecer entre nosotros el sentimiento de la nacionalidad. Todos los cubanos, blancos y negros, hablamos el mismo idioma: la bella y sonora lengua castellana; poseemos una literatura propia, que a medida que transcurre el tiempo se va enriqueciendo cada vez mas, y que ha de producir opimos frutos a la sombra de la libertad de que hoy gozamos y a impulso de las corrientes de progreso y civilizaci6n que nos llegan de todas partes, dadas nuestra envidiable situaci6n geografica y nuestra proximidad a los Estados Unidos de Norteam6rica; tenemos una brillante historia, que nos har figurar entre los pueblos que han luchado heroica y abnegadamente por su independencia; y en cuanto al criterio respecto de lo licito o ilicito, Lo tenemos muy claro y definido, si bien a veces algunos de los componentes de esta sociedad aparentan desconocerlo. En nuestra naciente nacionalidad se han manifestado hace poco algunos sintomas de antagonismo racial que han sido pronta y eficazmente ahogados; antagonismo que es, a nuestro juicio, producto de causas artificiales y sin fuerza y arraigo para rear nuevos disturbios. El Dr. Enrique Jos6 Varona, en el memorable brindis pronunciado con motivo del banquete con que lo obsequi6 la juventud universitaria en la noche del 12 de febrero ultimo, exhortaba a los jovenes cubanos a que cada cual plantara su Arbol. l Qu6 mejor cultivo-decimos a nuestra vez-que difundir por toda la Repnblica la idea de patria, de nacionalidad? No de una nacionalidad absorbente y dominadora a la usanza germana, sino el sentimiento del amor a la patria por lo que ella representa; no para imponernos a los pueblos vecinos, sino para que estos nos respeten y nos estimen. Ignoramos cual sera la soluci6n que para la naci6n belga tendra el actual conflicto europeo; pero, cualquiera que sea el resultado de la contienda, ese pueblo patriotico, abnegado y digno, que ha sabido ganarse, como la Grecia de otros tiempos, el respeto, la admiraci6n y el aplauso universales, podri servir de ejemplo a las presented y futuras generaciones. En B6lgica existen razones de origen y de lenguaje que, has242

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REGIONALISMO Y NACIONALISMO ta cierto punto, mantenian dividida a su poblaci6n; en lo adelante, el dolor comnn la mantendra unida para siempre. 0 En Cuba no pueden ni deben existir divisiones de ninguna especie: negros y blancos regarou los Campos de la libertad con su sangre generosa; habaneros y orientales subieron juntos las gradas del patibulo; pinarenos y camagiieyanos unieron sus brazos cuando la Invasi6n; matanceros y villarenos iluminaron la Isla con el incendio de sus canaverales. La industria azucarera, que hasta hace pocos anos era patrimonio casi exclusivo de algunas provincias, se esta difundiendo por toda la Isla. En la actualidad, ya todas las provincias siembran caia y hacen azncar. Los "ingenios" no aparecen ya unicamente en las provincias centrales: Oriente y Camagiey tambien los tienen, y Pinar del Rio se apresta tambien a -levantar centrales en su territorio. El tabaco ya no se cosecha s6lo en la Vueltabajo; en las Villas aumenta su cultivo de dia en dia. Los frutos menores no se cosechan tan s6lo en algunas porciones de la provincia de la Habana; Camagiey tambien los produce merced al estimulo despertado por varias colonias de norteamericanos. La Isla entera se convierte en un fecundo campo de trabajo: los hijos de Cuba empiezan a desdenar las "carreras liberales" y se dedican a fomentar colonias de cana; el comercio ya no es feudo vedado a las iniciativas de los jovenes cubanos, que ya luchan con ventaja contra losnaturales de Espana que hasta hace poco lo acaparaban todo. Las instituciones bancarias inglesas, alemanas, norteamericanas, y aun las espanolas, acogen gustosamente a los j6venes cubanos que en ellas solicitan su ingreso, iniciandolos en los conocimientos de la ciencia econ6mica. Y si los gobiernos le pusieran coto al exceso de burocracia; si las tierras del Estado se repartieran equitativamente y se estimulara la vida agricola del pals, ste sufriria una radical transformaci6n. 243

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244 CUBA CONTEMPORINEA Libres de los peligros de Austria-Hungria; sin las tradiciones regionalistas de Italia, Alemania y Espana, debemos agruparnos en torno de nuestra bandera y repetir de continuo: "Cuba es tan solo la patria nuestra'". JULIO VILLOLDO.

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EL METODO EN LA ECONOMIA POLITICA ENSAYO SOBRE REFORMAS NECESARIAS EN LA OBRA DE LOS ECONOMISTAS DVERTENCIA.-No estoy preparado para hacer un examen critico de la obra de los economistas. Al publicar este articulo, apelo a la benevolencia de mis maestros y de los que hayan podido analizar en detalle la producci6n literaria de los que se han dedicado al estudio de los problemas econ6micos, para que vean en este articulo no la presuntuosa exposici6n de quien cree revelar nuevas ideas y corregir errores ajenos, sino el modesto deseo de buscar orientaciones ciertas y bondadosos guias para acometer el studio de 1o que a mi juicio constituye la rama fundamental del saber human. Emplear6, no obstante, t6rmjnos que si para mi son nuevos, no dudo que no sean originales; y si me inclino a publicar este trabajo, quizas prematuramente, es porque en la diaria conversaci6n, en la tribuna y en la prensa, oigo emplear vocablos que expresan conceptos a mi juicio mal apreciados por la generalidad de las personas. Por otra parte, satisfago el deseo de los entusiastas redactores de CUBA CONTEMPORANEA, que brindan bondadosa acogida a mis ideas; y si el espiritu de esta Revista es el de ofrecer a la juventud cubana un lugar donde manifestar sus ensayos literarios o cientificos, el lector tendra en cuen-

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CUBA CONTEMPORINEA ta ese espiritu para juzgar con benevolencia las deficiencias de este mero bosquejo. Los Economistas y la Economia Politica.-Los escritores que han expuesto sus ideas acerca de Lo que se ha venido considerando generalmente como materia propia de la ciencia denominada Economia Politica o Ciencia Econ6mica, pueden dividirse en varios grupos. Unos examinan bajo el nombre propio de la ciencia lo que a su juicio constituye la totalidad de su contenido; otros presentan sus ideas con respecto a problemas especiales y concretos, que caen dentro del campo propio de dicha ciencia; otros, en fin, escriben sobre material que guardan perfecta analogia con las que constituyen el objeto de la Economia Politica, pero no emplean para nada este nombre. Los autores del primer grupo son los que han contribuido a la formaci6n de ]a Ciencia Econ6mica como conjunto de doctrinal. Los autores de los otros dos grupos han reunido materiales y construido partes integrantes de dicha ciencia; pero aguardan la obra de los que estan llamados a reunir todas las partes del gran edificio de la Economia Politica que han de clasificarse con los del primer grupo. Este grupo de autores que se laman "economistas" y que construyen lo que ellos denominan "economia politica" o "ciencia econ6mica", es responsable del injusto desd6n con que se mira esa ciencia por quienes estan acostumbrados a esperar de la obra cientifica una guia practica para la soluci6n de los diarios problemas que se presentan en el ejercicio de nuestras actividades. Y son responsables de esa general indiferencia y de ese recelo con que se mira a la que se consider ciencia propia de eruditos y especialistas, porque en su obra individual y Colectiva no han aplicado las reglas del arte de la investigaci6n cientifica que tan hermosos resultados ban dado en otros campos del saber humano, ni han tenido en cuenta las leyes que ellos mismos procuraban descubrir, olvidando, sin duda, que su misma obra era una parte de los fen6menos propios de la ciencia que iban a formular. El arte de la investigation cientifica o metodo cientifico y la Economia Politica.-El proceso de formaci6n de otras ciencias estaba a la vista de los que pretendian fundar la Economia Po246

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EL MPTODO EN LA ECONOMIA POLfTICA litica. Antes de hacer el analisis de las cosas y los fen6menos que constituyan el objeto propio de una ciencia, debe definirse su naturaleza y reunirse los materiales que han de ser objeto de estudio. Ademas, es preciso conocer el proceso completo de la investigation para no traspasar sus limites ni prescindir de legar hasta sus extremos todos. Yo no creo que los economistas definieron bien la naturaleza propia de las cosas y los fen6menos que reclamaban explicaci6n cientifica y que ellos limitaron a ]a producci6n de las riquezas materiales. Ni me ha resultado tampoco comprensible la divisi6n del contenido de la ciencia con arreglo a los que aparentemente se presentan como fen6menos distintos-a saber, la produccion, la distribuci6n y el consumo de las riquezas. Y mucho menos el nombre de la ciencia-Economia Politica-, derivado no ya de la naturaleza propia de los fen6menos que estudia o se propone estudiar, sino de la finalidad que con la ciencia se persigue en obediencia de un principio o ley natural de conduct. Por otra parte, par6ceme que se formulan con alguna precipitacion conclusiones deducidas de un anflisis que no se reproduce y cuyo objeto suele elegirse arbitrariamente, sin mostrarsenos la comprobaci6n del principio deducido de un caso concreto con los que se hayan inferido de otros analogos. Y todo esto, aparentemente, apreciando hechos y circunstancias del momento, y no mediante un detenido y concienzudo anilisis de los fen6menos en todos los pueblos y al trav6s de todos los tiempos. Estado actual de la ciencia: progreso aparente; reconstruccidn necesaria.-Los progress que se han hecho en la Economia Politica son mas aparentes que reales, porque carecemos de un criterio sencillo para apreciar con uniformidad los fen6menos propios de nuestra ciencia. Esta se halla en pleno period de ensayo. A mi juicio las sucesivas discusiones deberian versar sobre el m6todo. No solamente tace falta un metodo mas 16gico, mafs cientifico, para el estudio de nuestra ciencia, sino tambien para la reorganizaci6n de los trabajos monograficos y aislados que hoy forman un inmenso volumen inconexo. Ademas, hay ciertas ciencias que sirven de fundamento a la Economia Politica y cuyo estado actual es igualmente embrionario. Por 24'

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CUBA CONTEMPORINEA ultimo, la Historia tiene escritas muchas, numerosisimas paginas de Economia Politica, que es preciso ordenar nuevamente desde nuestro punto de vista especial. En mi opinion, las nuevas orientaciones de la Economia Politica seran un camino para el mas rApido avance de ciertas ciencias, como la Metodologia, la Jurisprudencia, la Historia, la Sociologia y otras que se escapan ahora a mi penetraci6n. Mis ideas acerca del mrtodo en la Economia Politica, y sobre la verdadera extension y el nombre adecuado de estos estudios. -Ya he expresado mi inconformidad con el nombre de Economia Politica, y aiadir6 que tampoco me satisface el de Ciencia Econ6mica. Si la materia propia de toda ciencia ha de ser un orden de cosas o fen6menos, limitado en el espacio o en el tiempo, yo considero que la necesidad cientifica que los Economistas han debido satisfacer es la de estudiar los fen6menos de la producci6n de las obras humanas, como distintos de los de las de la creaci6n natural. Concebida asi la materia propia de nuestro estudio, comprendera todas las manifestaciones de la actividad voluntaria del hombre, y las relaciones que necesariamente se establecen entre todos los hombres, en el espacio y en el tiempo, con motivo del ejerciclo de sus multiples actividades. La producci6n resulta asi una relaci6n-simple desde el punto de vista individual, compleja desde el punto de vista social-entre el hombre y las fuentes de riquezas, establecida por esfuerzo voluntario, para provocar la formaci6n de las riquezas y satisfacer con 6stos las necesidades de la vida. Este fen6meno-la producci6n-se manifiesta de varias maneras que dependen de la naturaleza propia del sujeto y de la del objeto de la relaci6n productiva. De aqui que debamos analizar, en cada manifestaci6n productive, los elementos de la relacion, sus funciones, y las relaciones que se establecen, como queda dicho, entre los hombres, con motivo del ejereicio de sus actividades productivas. Para que puedan verse las consecuencias que se derivan de la aplicaci6n de este m6todo en el estudio de los fen6menos econ6micos, haremos un somero examen de los elementos de la relaci6n productiva, y del conjunto de los fen6menos de la pro248

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EL MATODO EN LA ECONOMIC POLITICA ducci6n, asi desde el punto de vista individual como desde el social. El sujeto.-El hombre y los grupos humanos, o, en otros terminos, el individuo y las colectividades, son objeto de varias ciencias, cuyas ensenanzas nos permiten el mas acabado conocimiento de 6ste, el principal elemento de la relaci6n de producci6n. La constituci6n y composici6n de uno y otras son indispensables para conocer sus fines y, por tanto, sus necesidades. No es preciso que hagamos aqui la enumeraci6n de estas ni de aqu6llos; pero bueno es advertir que el estudio comparativo de la persona colectiva con el hombre (persona individual), es de provechosas ensenanzas por lo que se relaciona con la organizaci6n de esos que pudi6ramos llamar seres de la creaeion artificial. El objeto.-El hombre actia sobre las fuentes de riquezas; y esta distincion es esencial si se quiere formar un concepto adecuado de la riqueza. Aludimos a la creaci6n de las obras del arte humano. La producci6n que el hombre realiza por esfuerzo voluntario, se dirige a la provocation de los frutos naturales, a la transformaci6n de 6stos y de los elementos mismos de la naturaleza, al usa y disfrute de las fuentes naturales y a la formaci6n de las ideas (ciencias y artes bellas) y su representaci6n exterior. Es indispensable estudiar y conocer bien las fuentes de riquezas, individual o localmente y social o mundialmente consideradas, asi como su durabilidad al trav6s del tiempo. Igualmente es menester conocer la diversidad de riquezas. El nexo-trabajo.-El trabajo debe ser por si objeto de una ciencia. La MVetodologia nos presenta el proceso de formaci6n de las ideas; esto es, el m6todo de investigation cientifica. Pero esa ciencia o ese arte, al igual qjue los estudios especiales para el aprendizaje del arte de producir otros objetos-ya sea para encarnar ideas literarias, pict6ricas, musicales o de otros 6rdenes--no consider el trabajo en abstracto, como fen6meno que present tres fases sucesivas: la organizaci6n, concepci6n o formaci6n del plan; la direcci6n u 6bservancia de este; y la ejecuci6n o aplicaci6n del mismo, en la formaci6n de cualquier objeto de la creaci6n artistica del hombre. Esta consideraci6n abstracta del trabajo es de importantisimas consecuencias para 249

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CUBA CONTEMPORANEA la apreciaci6n del fen6meno de la producci6n; y la falta de una ciencia que podria denominarse "Laborologia", es causa de que la Economia Politica-que mejor podria denominarse "Ciencia de la Producci6n", no haya podido alcanzar su debido desarrollo. En efecto, no solamente es preciso distinguir las diversas clases de trabajo-el trabajo mental, que comprende las tres dichas fases; el manual del hombre; el fisico de los demas animales; el mecanico, o sea de los instrumentos y maquinas; y el de los elementos naturales-, sino que esta clasificaci6n sirve de base, como luego veremos, para una mejor apreciaci6n de la producci6n y para la debida organization de la labor cientifica del economista. El fin de la produccion.-Estudiados los elementos de la relaci6n, para apreciar 6sta en su conjunto es menester comenzar por indagar la finalidad de la producci6n. No es otra que el consumo; y este concepto nos lleva, de una parte, al conocimiento de las formas como se realiza el aprovechamiento de las riquezas-uso, usufructo, apropiaci6n transformativa o extintiva-y de otra parte a la manera como el hombre utiliza las riquezas: consumiendolas o cambiandolas. Todos los fen6menos del cambio y los conceptos que del mismo se derivan, son propios del "consumo". La produccion considerada en conjunto.-Los elementos de la relaci6n nos sirven de punto de vista para la consideration general de la producci6n. Por raz6n del sujeto, deberemos considerar a los productores como formando grupos distintos--productores individuales, colectividades privadas productivas, Colectividades politicas productivas, locales, nacionales, internacionales. Por raz6n del objeto, deberemos considerar a los productores como formando tambi6n grupos distintos, caracterizandose cada grupo por la naturaleza del objeto de la produeci6n. Y por raz6n del nexo, que nos da a manera de un objeto especial de producci6n, consideraremos nuevamente a los productores como formando grupos que dependen de la clase de trabajo que cada cual realiza-organizadores, directores, ejecutantes (prestamistas de las fuentes de riquezas, prestamistas de las maquinas y animales, etc.). Ahora bien; si toda produccion entrafia un trabajo y todo trabajo requiere pasar por laS 250

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EL MATODO EN LA ECONOMA POLfTICA tres indicadas fases, es indispensable considerar la organizaci6n, la direcei6n y la ejecuci6n del trabajo en cada grupo productivo y en el conjunto de los esfuerzos productivos de cada localidad o grupo social y en el conjunto de los esfuerzos productivos de la humanidad. Consecuencias de este metodo.-En primer lugar, permitir establecer verdaderos coeficientes de productividad subjetivos y objetivos, cuantitativos y cualitativos, asi como los coeficientes de consumo, que habrfn de servir para establecer otros coeficientes relativos: los de distribuci6n y retribuci6n. Mirando la production como fenomeno mundial, su consideration en el espacio y en el tiempo nos llevara a la exaltaci6n del interns individual y a la harmonia de los intereses individuals en la Humanidad, prescindi6ndose de las nacionalidades como organizaciones cuyos fines puedan ser contraries a los intereses de los indiv'duos en toda la extension de la Tierra, y exaltndose las limitaciones territoriales de las colectividades politicas en relaci6n unicamente con la mejor administration de los intereses comunes de cada colectividad, que nunca pueden estimarse contraries a los de las demAs que integran la Humanidad. En otros t6rminos, llegaremos a la mas perfecta harmonia que lograrse puede de las tendencias individualistas-capitalistas-y socialistas, y a la uni6n de las nacionalidades por los vinculos de sus comunes intereses, desechando las diferencias 6tnicas y morales que nos separan. La ciencia de la Producci6n marcara nuevos derroteros a la Jurisprudencia y a la Moral. El Derecho, la Religion y la Educaci6n, encontraran hermosos horizontes que abriran paso al aseguramiento de la Paz Universal, mediante una organization m6s l6gica y econ6mica de la Justicia International, a semejanza de la organization national de la Justicia del Estado. Actuales exigencias del nuevo metodo.-Si a las deficiencias apuntadas he de senalar remedio, ste podr encontrarse, a mi juicio, en las siguientes bases de direcci6n de los estudios que hoy se dicen "econ6micos". 1. Extender el objeto propio de los mismos a todos los 6rdenes de la actividad humana, en cuanto 6sta se dirige, por esfuerzo voluntario, a la producci6n, con el fin de satisfacer 261

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CUBA CONTEMPORLNEA las necesidades del hombre, considerado este individual y socialmente, es decir, en si y como parte de una colectividad que es a su vez parte de la Humanidad. 2. Llevar el anilisis al estudio directo de todas las manifestaciones de dicha actividad, en todos los lugares del Universo y continuarlo al trav6s del tiempo, a la vez que se tenga en cuenta cuanto la Historia nos muestre de dichas manifestaciones en tiempos pasados. 3. Ejecutar la labor cientifica bajo una organization adecuada, una direcci6n competente y procurando alcanzar en la ejecuci6n el mayor grado posible de perfecci6n. 4. Reunir los resultados de las investigaciones parciales para realizar su estudio comparativo y poder hacer un resumen fundado en una investigation concienzuda de la materia. 5. Aplicar, en ]a realizaci6n de esta obra cientifica, las leyes que con la misma se procura conocer, aunque esto pareza una imposibilidad o un anacronismo. 6. Crear un Centro Mundial o Instituto Internacional para la ordenaci6n sistematica de los trabajos colectivos de quienes se dediquen a esta ciencia. Finalidad prdctica e inmediata de estos estudios.-Los tropiezos y fracasos de los productores se deben a la falta de conocimiento de las condiciones en que se realiza cada orden de producci6n no ya s6lo en la Humanidad, sino en cualquiera localidad, por pequeia que sea. Los Gobiernos-y el nuestro no es ajeno a estas tendencias, consignadas en la Ley Orgfanica del Poder Ejecutivo (arts. 253 al 258) y en la vigente Ley de Presupuestos (Gaceta extr. del 1.0 julio de 1914, p. 290-296)--cuya composici6n no permite siempre eneontrar elementos adecuados para las empresas productivas y cuya conducta no se ve siempre estimulada por la constituci6n political de los Estados, pueden en cambio prestar y prestan un valiosisimo servicio a los pueblos presentandoles-en sus informes estadisticoslas condiciones de los mercados de producci6n y consumo, las de las fuentes de riquezas y las de los elementos de trabajo. He aqui la fundamental importancia del estudio cientifico y completo de los fen6menos de la Producci6n y c6mo la Economia 252

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EL MATODO EN LA ECONOMIA POLiTICA 251 Politica, sin que lo hayamos advertido, se ha ido abriendo paso poco a poco al traves de todas las caps sociales. Hagamos votos por que en un porvenir no lejano pueda vislumbrarse un esfuerzo practico de reorganizaci6n de estos estudios, para que esten al alcance de todos y sean por todos voluntariamente seguidos. ROGELIO DE ARMAS. Habana, 17 enero 1915.

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EL TRAIDOR TRAGEDIA ORIGINAL DE JOS ANTONIO RAMOS A LOS VETERANS DE LAS GUERRAS DE INDEPENDENCIA NTRE los pueblos sometidos durante siglos al espectaculo de la esclavitud, del libertinaje, los inicuos privilegios de cuna y el dilema de todos los gobiernos tiranicos: o favores sin limites en daiio de tercero, o dolores sin cuento en honor de favoritos, va creandose indefectiblemente un anarquismo inconsciente que luego informa para siempre aquellos espiritus ni tan fuertes para la absoluta liberaci6n, ni tan relajados para el absoluto envilecimiento. Y ese anarquismo odia y calumnia a la Naturaleza, negandole que de hombres, no infelices, sino buenos, que d6 pastores al rebaflo humano, dotfndolos con una vision desinteresada del porvenir y una mas amplia comprensi6n de las cosas; ese anarquismo odia el deber, confundiandolo con la servidumbre, y suena con los favores del favorito, los placeres del amo y el poder del tirano, cuando las voces de Libertad y Democracia le ofrecen la esperanza de romper sus cadenas. Empero, no es la Repnblica, para ese anarquismo, sino una desilusion, un profundo desengano, que el editorial o el discurso del primer politicastro sin credencial, puede convertir facilmente en airada protesta, no por sincera menos absurda. Y de vosotros-os hablo con lealtad y desinter6s-no sois pocos los que fuisteis a la Revoluci6n redentora empujados por ese anarquismo inconsciente. Y tambi6n-pero no podiais haber ido solos, porque los cuerpos sociales, como el cuerpo humano, tienen visceras nobles

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EL TRAIDOR y visceras nefandas-fuisteis los que am6.bais a nuestros grandes pensadores de la Revoluci6n, nuestros "hombres-pastores", y consentisteis sus ideales, sus austeros conceptos de la libertad y la democracia, y su serena fe en el porvenir de la patria. A todos, por los beneficios materiales que disfruto en la patria redimida-aunque insignificantes, para mi preciosos-, mi agradecimiento infinito y mi leal adhesion. Y para vosotros, los nltimos, esta ofrenda humildisima, con toda la devoci6n y el reconocimiento de mi alma, por este tesoro que me disteis, esta riqueza, esta dicha inmensa, con el derecho de decir como lo digo: '' Soy eubano!" DRAMATIS PERSON EL CAPITAN MAMBi. SOLDADO MAMBI PRIMERO. SOLDADO MAMBI SEGUNDO. EL TENIENTE ESPANOL. SOLDADO ESPANOL PRIMERO. SOLDADO ESPANOL SEGUNDO. EL TRAIDOR. Campos de Cuba, durante la ltima guerra de independencia. ESCENA Un conuco abandonado. A la derecha, el bohio. En el colgadizo, antes del cuerpo de la casa, algunos aperos de labranza, un arado, una guataca, un pedazo de machete, etc., cubiertos de herrumbre. Contra un hore6n, patas arriba, un taburete de cuero, roto. Colgando de un clavo, un sombrero echo jirones y un pingo de ropa. La yerba ha crecido a su antojo y cubre completamente la tierra. En segundo t4rmino, restos de una cerca de madera. Al fondo, el campo. Noche de luna, tempestuosa y livida; nubarrones rojizos y negros dan, al horizonte, la ilusi6n medrosa de un formidable incendio lejano. El viento zumba trayendo broncos silbidos extrafios de la manigua, y las rAfagas, violentas, sacuden despiadadamente el bohio abandonado arraneindole erepitaciones y crujidos secos, como el entrechocar de huesos de un esqueleto... 255

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CUBA CONTEMPOR1NEA ESCENA I Dos soldados mambises. SOLDADO 1.0 (Al otro, quo atisba con disimulo hacia el interior de la casa.) AQu6 hace? SOLDADO 2.4-Ahora no veo. Ha ido hacia el fondo con algo en la mano, como unos trapos... Me pareci6 que los besaba... SOLDADO 1.o-Ven... d6jalo. Que no se d6 cuenta de que lo estamos observando. SOLDADO 2.0-Desde que se ape6 del caballo, ahi enfrente, principi6 a hablar solo... L Ti. lo oiste? SOLDADO 1.0-Si. (Un relfmpago.) SOLDADO 2.--1 Mala noche SOLDADO 1.-Mala.. SOLDADo 2.o-Me parece que vamos a tener agua otra vez, antes de volver al campamento. SOLDADO 1.*-Mira para all.... El cielo tiene color de sangre... SOLDADO 2.P-Parece fuego... SOLDADO 1. -Parece el resplandor de un canaveral ardiendo. SOLDADo 2.o-Un canaveral tan grande como toda Cuba... Es todo el cielo.... Mira. SoLDADO .--Ya no se ve d6nde esti la luna. Las nubes la han tapado completamente. Ya esta noche... SOLDADo 2.o-Esta noche no vuelve a salir. SoLDADo 1. -El aire esta hdmedo. El viento golpea en los oidos, como si quisiera decir algo en secreto... SOLDADO 2. -El Capitn, con su silencio y su tristeza, me ha puesto malo el cuerpo. Yo no s6 qu6 es lo que siento esta noche... SOLDADo 1. -Quisiera que manana hiciese un dia muy claro, con mucho sol. Estos dias me hacen dano. Me parece que esta noche dura ya demasiado... (Un silencio.) 256

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EL TRAIDOR SoLDADO 2.2-Oigo pasos... Es 61. SOLDADO 1.0-Es 61.-Ha salido por el fondo y se pasea agitando los brazos... ;No! No mires para alla de ese modo. Que no se d6 cuenta de que lo observamos... SoLDADO 2.0-; Qu6 hombre ma's extralo este hombre SOLDADO L.c-i Es un valiente! SOLDADO 2. -Es una fiera. SOLDADO 1. -El general lo distingue como a nadie... SOLDADO 2.,Y 61, como si con 61 no fuera SOLDADO 1.-Lo domina esa extrana preocupaci6n suya... SOLDADO 2. -Para mi fu6 una sorpresa 1o de esta noche. Por la tarde me dijo: "Voy a un sitio, cerca de aqui, 8quieres acompafiarme?'" SoLDADO 1.-Igual me dijo a mi. SOLDADO 2.--Yo le dije que estaba a sus 6rdenes... y hasta ahora, que me dijo casi con dureza:... "Ahora es, ven si quieres''. SOLDADO 1.-A mi me dijo que no pediria ningnn permiso. Es la primera vez que lo veo faltando a una consigna. SOLDADO 2.2-Desde que entramos a operar por esta zona, aument6 su tristeza... Y hace dos o tres dias que est rematado. .. SOLDADO 1.o-Lo domina esa extrana preocupacion suya... SOLDADO 2.-Y el hijo... g opera tambi6n por aqui? SOLDADO 1.-Yo creo que 61 no piensa en otra Cosa.. SOLDADO 2.o-Verdaderamente, debe ser horrible... SOLDADO 1.*-Mi padre... es capitan de voluntarios... (Un silencio.) SOLDADO 2. -Esa nube mals clara, debe traer agua... SOLDADO 1. -A mi me consta que el general le pregunt6 si queria quedarse con el coronel Hernandez... Y 61 contest que no: "Yo quiero volver a ver mi tierra, general". Asi le dijo... SOLDADO 2.o-A mi, de chiquito, me hicieron un cuento tambi6n de un padre y un hijo que se encontraron en la guerra... SOLDADO 1.-Un dia lo vi llorando... M57

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CUBA CONTEMPORANEA SOLDADO 2. -A quien ? SOLDADO 1.--Al capitan. Fu6 despu6s del fuego con la guerrilla de Placetas, el iltimo... SOLDADo 2.0-Este revolver lo cogi yo en ese fuego. El Remington lo tengo que me da miedo tirar con 61. SOLDADO 1.o-Estaba, como siempre, separado de todo el mundo. Se habia desmontado y limpiaba el machete, tinto de sangre... Cuando estabamos en la emboscada, por poco nos deseubre con su empeflo de tirar primero que nadie... Y en el asalto, pele6 como una pantera. Yo estaba a unos pasos de 61, y en un moment le of esos rugidos, esos gritos sordos suyos cuando tiene seguro el golpe y tira un tajo con toda su alma... SOLDADo 2.2-Race asi ... (Imita.) i Hum! l Hum! SOLDADO 1.0-Pues fu6 entonces, mientras limpiaba el machete con una yagua. Estaba como a esa distancia, y yo To miraba por encima del caballo... Las 1agrimas le salian, le rodaban por la cara y le cafan, como yo no he visto llorar a nadie... (Pausa.) Desde entonces nos pas6 una cosa muy extrafia: 61 me trata con mas rudeza que nunca, pero no me huye; le gusta mas que antes estar a mi lado. Y yo... yo le he cogido carifio, respeto... no se c6mo decirtelo, pero si te dijera que miedo, no diria mas que la verdad. Es como un miedo que no da vergtienza... SOLDADo 2. -El y yo somos amigos desde Oriente. Pero nunca he tenido asi conversaciones largas... SOLDADO 1.--Y sin embargo, siempre estA hablando solo. SOLDADo 2.2-Yo tengo un do que siempre esta hablando solo... SOLDADO 1.2-Mi abuelo tambi6n hablaba solo... Pero era muy viejo. SOLDADo 2.0Tu abuelo era espafol? SOLDADO 1. -Si, vino a Cuba muy joven. Cuando yo era chiquito siempre me hacia cuentos de combates y de ajusticiados; creo que estuvo en la guerra carlista, ally en Espana. Una negra vieja, criada de casa, me dijo un dia que habia sido muy malo con los esclavos... SOLDADO 2.2-Tambi6n a mi me han echo cuentos de esos... 258

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EL TRAIDOR SoLDADO 1.*-Dicen que les mandaba sacar los ojos y despu6s los hacia caminar sobre carbones encendidos. Algunas veces se divertia...-dicen,-soltando detras de los negritos unos perros muy fieros que tenia... SOLDADO 2.o-En las fuerzas del general Rabi conoci yo a un negro que habia sido esclavo. Un dia me cont6 que despues que le dieron componte hasta dejarlo como muerto, le echaron un acido muy fuerte encima, para despertarlo... SOLDADO 1.0-En la guerra de los diez afios, dicen que mi abuelo fu6 tambien muy malo con los cubanos. Yo ofa de chiquito contar en casa unas cosas terribles. Ya... ni me acuerdo... SOLDADO 2. -Ya la estar pagando... SoLDADo 1.*Tu crees en el infierno ? SOLDADO 2.-Es que cuando se ven cosas asi... SOLDADO 1O-Le entra a uno un desconsuelo muy grande, de pensar que no se castiguen... tienes raz6n. SOLDADO 2.o-El capitfn si que es religioso... Ino le has visto la medalla que tiene en el pecho? SOLDADO 1.1-Ivientras se esta feliz y contento nadie piensa en eso... 1 Pero 61 tiene esa idea fija .. SOLDADO 2.0-Yo lo he visto besando la medalla... SOLDADO 1..-... que es como la idea de la muerte SOLDADO 2.--Y tambi6n lo he visto contemplando la bandera horas y horas. Cualquiera diria que hablaba con ella! SOLDADO .O-i La defiende como un leon El dia que lo hirieron en la mano, le dijo al general... "General, a mi pa quithrmela hay que matarme del t6... y si no tengo a mi lado ningnn traidor, tampoco se pierde''... SOLDADO 2.-Para 61 todo se 'vuelve "traidores"... g No to has fijado?... SOLDADO 1. -Como que es "su'" palabra SOLDADO 2.0-Es raro que able sin hablar de "traidores". SOLDADO 1. -Lo domina esa extrafia preocupacion suya... (El CAPITXN aparece en la puerta del bohfo.) SOLDADO 2.0-i Ahi estfl! SOLDADO 1. -Parece un fantasma... 259

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CUBA CONTEMPORANFA SOLDADO 2.0-Vmonos de aqui... & Le decimos algol SoLDADO 1.-Yo no le hablo.. SOLDADO 2.--Ni yo. SOLDADO 1.o-Entonces, vamonos con disimulo... por aqui... (Vane.) ESCENA II El CAPITIN MAMBI, solo. CAPrTXN. (Contemplando el monton olvidado de aperos.)-!El arado !... Ya... I pa cuando ? Pd sembrar muertos, si acaso; y los muertos... los muertos no dan ud. Ya no dan ni dolores! (Pausa corta.) Se acab6! Se acab6 el pensar y pensar en el conuco, y en el bojio y en ella... Ahora sf que esta bien muerta, ahora que no est& aqui, si que me parece que lo s6: bien sabido de una vez. Pero total: como endenante... sin sentir y sin sentir. IDeben haberme salido callos en el alma (Pausa.) i Luisa!... Asir me parece que la recuerdo mejor, asin, como si fuera ahora a salir por esa puerta... "Luisa... mira pa allk: vamos a tener agua to el dia'... (La voz se le entrecorta.) !Luisa!... (Breve pausa.) Y ahora, pa no verla ma's nunca! A ella no la ver6 mas nunca, y era lo mas bueno que Dios cri6 en la tierra! En cambio, al maldesio 6se puede que lo vuelva a ver! iAh! Al que me lo hubiera dicho, nada mas que jugando, ya se la habria arrancao: ahora es toitica la verdd, y aqui estoy pa sufrir y rabiar como un perro, royendo y royendo el mismo hueso toda la vida! (Golpedandose la frente.) Aqui lo tengo metido y de aqui no me sale; aqui est 61, arrodillado, apuntando con su mauser pa sus hermanos! !... Arrancame esto, Dios mio, aunque me tengas que arrancar los sesos... i mejor que mejor, dispu6 de to! Para haber dado al mundo a ese maldito renegado, mejor valia no haber vivido. (Sombrio.) Total, dos Juan Garcia menos en el mundo, y la tierra mars limpia. (Pausa.) Qu6 vergtenza mas grande, Dios, qu6 verguenza pa un hombre! Tu... 1Juan Garcia! 280

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EL TRAIDOR Juan Garcia como yo, que he dado mi tierra y mi pan y mi sangre por llamarme cubano, na mas que pa llamarme cubano y no tender que bajar la cabeza como un asesino; que lo he dado to y daria ma's entuavia pa llamarme cubano, asi, a gritos: "1 Soy cubano!" y no tener que temblar delant'e ningnn canalla; tn Juan Garcia como tu agiielo, macheteado en ese monte, disputes de ver a sus hijas perdias por esos patones!!... iNo! Tn eres un renegao, to te llamas "traidor", "traidor" nal ins, que los traidores no pueden tender apellido porque no pueden ser hijos de padre y madre como los hombres honrados, traidor md mas! (Exaltado.) !Que ninguna bala to mate, es mi maldici6n, que ningan machete cubano se ensucie en tu sangre cobarde, que no mueras nunca antes que puedas criar siquiera un poco de verguenza, y que sea de eso, de verguenza, de lo que mueras, maldecido de to el mundo Yo no tengo mas culpa que haberte engendrado, y de vergienza, denque to fuiste, me estan remordiendo las entrafias como si tuviera dentro la muerto y no acabara de salir ... i Maldito seas, traidor (Un vivo reldmpago y el estruendo del rayo.) Jesus (Dirigiendose al cielo.) 1 No 1 No es mi hijo i No es mi sangre 1Yo lo queria con toda mi alma, y to debes saberlo si estas ahi para castigar infamias! 1Yo no he querido nada en el mundo, nada en el mundo como a 61 lo he querido !.. (Sus altimas palabras se pierden en un sollozo incoercible.) ESCENA III El CAPITAN.-SOLDADO 1.0 SOLDADO 1.0 (Entrando stbittmente.)Capitan! CAPITAN. (Tolvisndose airado.)-i Mal rayo to parta! SOLDADO 1."-Capitin! OAPITAN.Que pasa? SOLDADO 1.--Por detras del palmar que da a ese camino, se ven venir unos bultos que no pueden ser de los nuestros. .. (Un silencio.) Capitan, no es que yo quiera decirle nada... 261

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CUBA CONTEMPORANEA pero a nosotros nos parece una imprudencia esperarlos ast... (Un silencio.) Capitan, d6 Ud. sus 6rdenes, y si hay que morir asf, cazados como quien dice, diganos por 1o menos si podemos defendernos!... CAPITAN. (Como replegandose, para saltar encima do 6 y aniquilarlo.)Qu6 es lo que quieres decirme con eso?... SOLDADO 1.0 (Retrocediendo.)-i Capitan! Que no es 1o que Ud. se figura! Antes dudaria de mi mismo, de cualquiera, hasta del propio general, y no lo creeria a Ud. nunca un traidor! CAPITAN. (Duliflcado.)-j !Vmonos entonces!... !Ya aqui no tengo nada que hacer! SOLDADO 1.2 (Sereno, sin miedo.)-Oiga Ud., capitin... AM estan!... LA VOZ DEL SOLDADO 2.0 (Desde fuera.)-! Alto, qui6n va! (Se oye un rumor confuso lejano, y seguidamente un tiro.) SOLDADO L.*-i La guerrilla (Una descarga cerrada, a lo lejos.-El CAPITIN se lleva a la frente las manos, y vacila.) CAPITAN.-j Los caballos y a ellos i Mucho tiro y mucha voz!... (Al sentirse herido.) Ah, canallas SoLDADO 1. -I Capitan LA VOZ DEL SOLDADO 2.0-! Viva Cuba libre CAPITAN.-[ Yamos SOLDADO 1.-Capitan (Vanse.-Se oyen otros tiros y otra descarga.-Despues algunos tiros sueltos y el galopar de algn caballo por la tierra fofa.-Despu6s, silencio...) ESCENA IV Aparece el CAPITAN MAMBI, arrastrfindose por tierra, la ropa y el rostro ensangrentados.-Ha sacado la bandera del jolongo y titubea, como tratando de esconderla en algfn sitio. CAPITAN.-] No, no... la cogen lo mismo! i Enterrarla, eso es! !Enterrarla aqui mismo!... (Agarra con ademan familiar 262

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EL TRAITOR la guataca, entre los aperos, y p6nese a cavar la tierra con un esfuerzo desesperado.) i Mira c6mo mis pobres aperos van entuavia a servirme ! Qu6 dolor, Dios mio Esto es la muerte... pero no importa. 1No importa que yo muera si no he de ser el ultimo! No importa que yo muera si Cuba ha de ser libre Y ahora date prisa, Juan, que esto se acaba... (Excava y echa la bandera en el hoyo.) Mi cuerpo que lo hagan picadillo como al de mi padre. Lo que es la bandera ya no la ensueiaran sus manos. El corazon me lo di6, que yo habia de perderla esta noche !... Ahora ya puedo morir un poco mas tranquilo... (Se tiende en tierra, sin fuerzas.) iLuisa !... ;Mira como soy mas feliz que in, mujer! Tn te fuiste a morir de hambre en un sardinel, como un perro; te sacaron de aqui y te llevaron a la ciudad pa que alli te murieras de hambre! Yo, por lo menos, morir6 aqui solo... (La voz le tiembla.) muy solo, pero en mi bojio, en mi conuco, besando mi tierra de Cuba libre !. .. ESCENA V D3cHo, que queda agazapado, invisible, y el TENIENTE ESPANOL, con dos de sus soldados. TENIENTE. (Entrando con mucha precaucion, revolver en mano.)-L Qui6n vive ?.. SOLDADO ESPANOL 1.-No bay nadie, mi teniente... No eran mas que esos dos. TENIENTE.-Cuando menos, vendrian a presentarse. Asi estan mejor: dos mambises menos Pero no hay que confiarse, muchachos. Vosotros os qued6is aqui, ese bohio puede servir para protegernos la salida hacia el pueblo, llamando para aqui la atencion. Asi que oigais tiros, tirad vosotros. Y cuidado con los traidores, que ya sab6is que en la fuerza tenemos cubanos, y de estos hijos de mono y aura no puede uno fiarse... Quedar con Dios !... Los DOS SOLDADOS.-A sus 6rdenes, mi teniente (Vase el TENIENTE.) 263

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CUBA CONTEMPORANEA SoLDADO 1. -Me parece que el teniente no las tiene todas consigo... SOLDADo 2.0-No le falta raz6n. Es raro que estos hombres se, hayan atrevido a venir hasta aqui solos y sin ningnn motivo. SOLDADO 1.0 (Tropezando con el cuerpo del Capitdn.)-; 06rcholis I Qu6 es esto ? ; Hola SOLDADo 2. -g Qu6 pasa? SoLDADo 1.* (Arrodillado junto al Capitdan.) -Aqui hay un hombre! SOIDADo 2.2-tEsta muerto? SOLDADO 1.o-Parece.... (Palpdndolo.) Esto es sangre... CAPITAN. (Incorpordndose con un gran csfuerzo.)-Acaben de matarme... es aqui donde quiero morir... SOLDADO 1. -i Hola Pues si el teniente L6pez te descubre, no tienes que pedirselo dos veces... SOLDADo 2.-L D6nde esta tu gente? (Silencio.) SOLDADO 1.No respondes? CAPITAN.-Matenme, o d6jenme morir tranquilo... Esta es mi tierra, mi conuco, mi casa, Quiero morir aquf. SOLDADO 2. -Todo eso es un embuste. Ni esta es tu casa ni ti estas solo aqui... si no nos dices la verded te damos machete. CAPITAN. (Energico).-; Mentiras las dira tu madre, pat6n! Esta casa es mia y esta tierra es mia... Sali de aqui hace dos ailos y esta noche he venido solo y juio a verla otra vez. (Haciendo ademan de esgrimir sit revolver.) Asi medio muerto, no considero a ningnn hombre pa decirme que miento.. (El SOLDADO 1.0 se le echa encima y lo desarma.) SOLDADO 2.0 (Blandiendo su machete.)-i Apartate y d6jame despanzurrarlo de una vez, al mambi este !... SOLDADO 1.0 (Amparando al Capitdan.) iNo! SOLDADo 2.YQuita! SOLDADO 1.o-Eso es una cobardia... Asi no se mata a un hombre. 264'

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EL TRAIDOR SOLDADo 2.0 (Envainando.)-i Bahi!... (Un silencio.) CAPITAN.-Oye... (Al Soldado 1.0) Si, a ti... (Mostrdndole sit man o.) Esta mano es la primera vez que la doy asin para un enemigo. A mi no me importa morir cinco minutos endenante o dispu... No puedo decirte mas para que me entiendas... SOLDADO 1. (Estrechdandole la mano.)-No tienes nada que que agradecer; este no es capaz de hacer eso. Somos soldados espanoles, no asesinos. Si alguno de los nuestros olvid6 esto, peor para el... CAPITRAN. (Animado por una idea.)-Oyeme!... Quiero pedirte un favor que no me puedes negar SOLDADO 1 .-Habla. CAPITAN.-i Te lo pido por tu padre o tu madre, o los hijos que has dejado all& en tu tierra! iTn no eres traidor porque peleas al lado de los tuyos! SOLDADO L.-i Habla! (Un silencio.) Di que quieres... CAPITAN.-i Quiero ser enterrado aqui mismo, en esta tierra mia!.... SOLDADO 1.o-Pero eso.. CAPITAN.-NO puedo mas... iNo puedo hablar ahora! SOLDADO 1.-Eso que me pides no puede hacerlo un soldado. SOLDADo 2.0 (Interesado.)-A ver... gDonde estas herido? CAPITAN. (Al Soldado 1.*, mostrindole la azada.)-Mira... i Haz un hoyo ahl mismo!... SOLDADo 2.0-i Te llevaremos al pueblo y alli te curas, hombre! CAPITAN. (Reuniendo todas sus fuerzas.)-i iNo!! Quiero morir aqui en mi bojio, quiero que me entierren aqui mismo... i Se lo pide un cristiano Esto es un deseo sagrado. ; Quiero que me entierren aqui mismo! Ya no puedo mas... SOLDADo 2."-C6mo te llamas? OAPITAN.-No lo digo, no soy nadie. Quiero morir y desaparecer sin que nadie sepa que aqui estoy enterrado.. SOLDADO 1.0LPor qu6 ? SOLDADO 2.0-Explicate, pardiez! Si no hablas mas elaro te llevamos para el pueblo... 265

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CUBA CONTEMPORANEA SOLDADO 1. -Dinos tu nombre nada mas. Para saberlo, al menos... CAPITAN. (Como consigo.)-Es que yo no quiero que AL sepa nunca d6nde estoy enterrado SOLDADO 2.0-Si era esta tu casa, hemos de saberlo... SOLDADO 1.1-Espera, espera... (Al Capitdn.) jQuien es 6se? t Quien no quieres que sepa... eso? 1 Habla! CP1Tri{.-; Soy el padre de un traidor! (Un silencio.) Eso soy. Nada mas. SOLDADO 1.0-v Qu6 traidor es 6se ? CAPITN.-NO le reconozeo otro nombre. Yo lo engendre... !Maldito sea! No me preguntes mais.. SOLDADo 2. -t Qui6n es? C6mo se llama? CAPITAi.--ii El Traidor!! !No tiene otro nombre! SOLDADo 2. -Es terco el hombre. CAPITAN.-No puedo mats. Acaben de matarme, macheteenme. ; P6guenme un tiro Esto otro me duele mas que todas las muertes (Cae exAnime.) SOIDADO 2.0-j Qu6 hacemos? SOLDADO 1." (Cavando ya, resueltamente.)-; Obedecerle! SOLDADo 2.0-t Y si no muere ? SoLDAno 1.0.-Mira c6mo esta ya... SOLDADo 2.o-Despues de todo, cuando lo esta... SOLDADO 1.0-Lo que se promete a un moribundo, se cumple. SOLDADO 2.o-Yo no prometi nada. SOLDADO 1.o-Porque no eres un hombre de coraz6n. Yo, por lo mismo que soy espaflol lo hago... SOLDADO 2.o-Tambi6n podemos comprometernos... SOLDADO 1.0-Mira... la tarea no puede ser mas facil. La tierra es blanda y antes que venga el Teniente ya lo tenemos todo listo... SOLDADO 2.0 (Ayudando.)-En las cunetas del camino estin cuatro hombres ms... Y pueden quedar rastros.. SOLDAno 1. -! Pues con todo y eso Este hombre ha sido IM valiente y un hombre de honor. Y yo peleo contra esta gente, pero no la odio... Al cabo lo que quieren es libertad... iLo que hicimos nosotros con los franceses! 266

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EL TRAIDOR SOLDADo 2.0-; Que te oiga el Teniente! SOLDADO 1.o-Ese es espanol como pudiera ser ruso... Lo que es 61 es un asesino. ..Eso SOLDADo 2.0 (Yendo hacia el Capitdn.)-Aguarda... me parece... SOLDADO 1c-i Ni siquiera es del Ej6rcito! Ese allI no seria nadie... y es el que mas odio le tiene a esta tierra que todo se lo ha dado! SOLDADo 2.? (Junto al Capitin.) -Ya esta muerto. SOLDADO 1.0 (Quitdndose el sombrero, respetuosamente.)--Dios lo tenga en su santo reino. SOLDADo 2.? (Quitdndose tambien su sombrero.)-Esta acribillado a balazos... SoLDADo 1.0 (Por la fosa.) -t Estar. bien esto asi? SOLDADO 2.o (Levantando el cuerpo del Capit4n.)-Agarra por ahi... Con que no lo vean las auras esas, todo va bien. Para hacer una verdadera fosa nos estarfamos cavando mas de una bora... SOLDADO 1. -Dej6mosle el machete. El revolver lo tir6 yo por ahi... SOLDADo 2.0-Hala! No hay tiempo que perder... SoLDADo 1.o-La cabeza va a onedarle casi deseubierta... SOLDADo 2.o-Se bace un monticulo: se tapa. Por aqui no es probable que se hagan pesquisas en varios dia.... SOLDADO 1.?-Dijo que esta noche habia venido huido... SOLDADo 2.o-La partida no debe andar lejos. SOLDADO 1.-Ya debe saberlo el comandante. Mainana o pasado tendremos fuego serio con ella. SOLDADo 2.o-Oye... unas pisadas... b No oyes pisadas de hombre? SOLDADO 1.o-Si: d6monos prisa... 1 Esto va a quedar muy mal! SOLDADo 2.o-Como salga la luna o nos coja aquf el dia... 1 nos caimos! SOLDADO 1.0-No es probable... Mira la tormenta c6mo se nos echa encima... SOLDADo 2.o-Esa nube negra parece que viene bajando a tierra... 267

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CUBA CONTEMPORANEA SoLDAno 1.0-Ya est.... Dame el fusil. SOLDADo 2.o-Ahora vamos a dar una vuelta... De todas maneras... iya est6 hecho! SOLDADO 1.Y no debe pesarnos El pobre hombre descansa ya en su terruno, como fu6 su ultimo deseo. (Como evocando, lWgubremente.) i Qui6n sabe, de nosotros, el que pueda alcanzar igual ventura! (El otro se encoge de hombros, y quedan silenciosos.) ESCENA VI El TRATDoR aparece por el fondo y se queda en suspenso al advertir la presencia de los soldados. SOLDADO 2.0 (Notando al extraio y sorprendido, mientras maquinalmente prepara su arma.)-i Un hombre! lAlto, quien vive? SOLDADO 1.0 (Imitando a su companero, maquinalmente.)Alto all6! (Un silencio.-E SOLDADo 2.0 toma punteria.) EL EXTRAkO. (Con voz apagada.)-j Guerrilla Camajuani! SoLDADO 2. -i Pues contester, punales, que para eso se tiene la lengua! (Otro silencio.) SOLDADO 1." (A su compaiero.)-Oye... 6ste es cubano. SOLDADO 2.0-No s6 qu6 se le habra perdido por aqui. Acuerdate lo que nos dijo el Teniente... SOLDADO 1.0 (Al Extralo.)-1 Oye, tn! Qu6 vienes a hacer por aqui? (Otro silencio.) SOLDADO 2.-Pero... L es que eres sordo, o tonto? Responde que vienes a hacer por aqui?... EL EXTRAMo.-Nada... Ver esto. SOLDADO 2.-Y... L qu6 tiene esto que ver? (?Ids alto.) Te pregunto que que tiene esto que ver mAs que to puesto? EL EXTRAt.-Nada, 268

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EL TRAIDOB SoLDADO 1.o-Entonces... ya estfts diciendo a 1o que vienes. EL ExTRA O. (Avanzando, hosco.)-: Quienes son ustedes pa mandarme ? SOLDADO 2."-Que nos ha dado el color de algo feo, y como se te vea cualquier movimiento mal hecho me parece que te vas a quedar con las ganas... EL EXTRAN3O. (Como consigo.)--i Siempre el acecho y la desconfianza detras de mi! SOLDADO 1.-6 Con qui6n hablas? EL TRAIDOR.-i Con nadie !(Hosco.) Tengo mis razones pa venir aqui, y por eso he venido... SOLDADO 1. -Y yo tengo las mias para decirte que te puede costar caro... SOLDADO 2. -Por mi no necesitaba mas para darte cuatro tiros... (Advirtiendo un movimiento de desprecio en El Extrako.) i Andar Si no dices ahora mismo a qu6 has venido, te meto una bala en la cabeza .. (EL EXTRARo hace ademan de repeler la agresi6n.-El SOLDADo 1.0 se le echa encima y lo desarma, luchando.-Aeude el SOLDADo 2.0) EL EXTRANO.-; Su6ltenme! iYo no he venido a nada! SOLDADO 1.o-Date preso. Lo explicaras a los jefes... SOLDADO 2."-Las armas... 1A ver! 6 Conque tenias tus razones?... ;Bueno! ;No te muevas! EL EXTRANO.-i SI, mis razones l Este conuco es mio i Ese bojio es el mio i He tirado pa el y me ha paresio tired pa mi madre ... i Por eso he venido, y no tengo a nadie que dar cuenta!... Su6ltenme! (Los soldados lo sueltan y retroceden, mirdndolo fijamente, espantadamente.) j Que me miran ustedes ? 6 Qu6 tengo yo en la cara pa que me miren asin? SOLDADO 1.-! AM... vi... viste t ? EL ExTRAXO.Si! 6 Qu6 fu6? SOLDADO 1.0 (Retrocediendo.) Nada.... (Asi, sin dejar de mirarlo, vanse ambos soldados poco a poco, espantados y sileniosos...) 269

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CUBA CONTEMPORANEA ESCENA VII El EXTRARo, solo. EL EXTRANO.-jY por que es esto? 6 Que tengo yo en la cara1... I Por que me han mirao asin?... (Se palpa, se ve las manos, poseido de terror.) b Por que me han metido miedo esos hombres al mirarme! (Detras de 6l se yergue poco a poco el Capitdn.) .Por qu6 han juio de mi? (Puera de si, gritando.) Oigan b Por que huyen 1 Oigan ! (El Capitan se yergue, como un espectro. Brilla un reldmpago deslumbrador... El Traidor ya tiene ante si la aparicidn.) ;No! iNo es verdad 1 No hay fantasma 1 No es verdad (Otro relampago.-El TRAIDOR lanza un grito estridente y aterrador, al tiempo que el CAPITIN le da una bofetada en pleno rostro.) CAPiTAN.-i [ Traidor ! (El TRAIDOR desplzmase, muerto.-Se oye el estallido del rayo.-El viento zumba con un vagido horrisono.-El CAPiT-N cae tambi6n, y arrastra consigo el cuerpo del TRAIDOR.) TELON NOTA El autor no theme ser mal interpretado por los espaioles cultos. Pero sabe que en Cuba existen ciertos individuos que chalanean con el candido patriotismo de la colonial espaiola en la Repiblica, gente trabajadora casi toda que cree lo que "dice el diario" a pie juntillas, y no se arruina comprando libros. Y el autor no quiere que este ensayo sea explotado por aquellos para sus miserables fines. Los personajes de EL TRAIDOR hablan como en la 6poca en que viven; y los inviolables fueros del arte, tanto como nuestro indiscutible derecho a crear una literature espiritualmente 270

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EL TRAIDOR 271 nacional, justifican el lenguaje que el autor pone en sus labios. La obra no va enderezada contra nadie. Y el que quiera mds explicaciones, que se entere bien de to que es arte y de to que es teatro. J. A. R.

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MI VIAJE A ESPANA (186?) RAN las cuatro de la tarde del 30 de octubre de 1,867. Yo me hallaba a bordo del Vapor Correo "Ynfanta Ysabel" en compaiiia de mi hermana P., pr6ximos a emprender nuestro viaje a Espana, llamados por nuestra hermana A. El Vapor lev6 al fin el ancla y principiamos a dejar el puerto de la Habana. En la fuente de Neptuno se hallaban todos nuestros hermanos diriji6ndonos su filtimo adios. Unos momentos despues, perdi de vista las costas, viendo solo entre la oscuridad de ia noche la luz de la farola del Morro que como un punto brillante se divisaba a lo 16jos. Es indudable que por muchos que sean los motivos que existan para contristar el animo del que se separa de su pais y de sus mas earas afecciones, otra influencia sin embargo, distrae al que se halla a bordo de un buque de vapor, donde tantas circunstancias diversas concurren a fijar la atencion y f entretener el animo. Como todo lo que nos rodea alli es nuevo, necesariamente el espiritu observador se siente estimulado, y como en una navegacion mil variadas escenas tienen lugar en rapida sucesion, no hay tiempo bastante para abarcar todo lo que a nuestro alrededor pasa, y salta uno de una idea a otra, sin fijarse entonces en nada. Mas tarde la reflexion ayudada de la memoria, reproduce en

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MI VIAJE A ESPANA nuestra mente aquellos cuadros que snbitos pasaron A nuestros ojos, siendonos entonces facil darnos cuenta de cuanto vimos y observamos. La primera impresion del viajero es desde luego, la del desusado ruido que se hace a bordo. Aquel ir y venir; aquellas voces entremezeladas; por un lado la mfquina con su sordo rumor; por otro el h6lice con su golpear mon6tono 6 incesante y luego el mar rujiendo y chocando contra los costados del buque, todo eso embarga y preocupa el espiritu, impidiendole en los primeros dias de viaje atormentarse mucho con los recuerdos de lo que atras ha dejado. Despues de esto viene la cuestion de ordenanza, la 6rden del dia: el mareo. Para el que se halla libre de este padecimiento, como me sucedia a ml, lega al fin a fastidiarle no oir hablar sino de mareo. Verdad es que sirve tambien de pretesto a los pasajeros para trabar conversation 6 intrincar amistad. Los hombres al divisar a una seiora le hacen siempre esta pregunta: -LEstA V. mareada? Y como las mujeres en general lo que quieren es hablar, de ahi toman pie para referir al preguntante cuanto sienten y cuanto les pasa desde que se hallan a bordo. Como se consider toda una dicha no marearse, llama siempre la atencion el pasajero que se mantiene firm y asiste puntualmente a la mesa con animo dispuesto y rostro despejado. Tal me aconteci6 a ml, sin haber contado con ello, pues me embarqu6 en la intima conviction de que habIa de marearme mucho, tratandose de un viaje de travesia como el que por primera vez efectuaba. Asi es que a la mariana siguiente de nuestra salida al dar las seis, ya estaba yo sobre cubierta y apoyado en la popa, viendo la salida del sol, que como se sabe parece surjir del fondo del mar. Me sentia orgulloso y muy satisfecho hallandome tan fuerte y pudiendo entregarme a mis anchas a la contemplation del magnifico espectaculo que tenia ante mis ojos. 273

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CUBA CONTEMPORINEA La mafiana era espl6ndida, el mar estaba sereno y el viaje prometia ser feliz, a juzgar por tan buenos auspicios. Yo fijaba la vista complacido en el profundo y prolongado surco de espuma que el buque iba dejando tras si y que bajo mis pies levantaban las palas del helice. Luego subieron otros pasajeros que tampoco estaban mareados, y alli fu6 el principiar a hablarse y el hacer conocimiento. TenIamos viento de proa, y esto me contrariaba mucho, porque mi mayor deseo era por entonces el ver desplegadas las velas, cosa que despues me fu6 indiferente cuando el viento nos favoreci6 y pudieron izarse todas las que tenia el buque. Mi otro deseo era el que encontrasemos barcos y nos aproximasemos a ellos, y esto si se me logr6 aquella misma mafiana, pues avistamos dos, a uno de los cuales nos acercamos lo bastante para saludarnos respectivamente con los pabellones. Fu6 la nnica vez que ocurri6 esto en todo el viaje. En el resto de la navegacion no vimos mas que velas en el horizonte, con gran descontento mio, pues mi capricho era ver bien pr6ximos otros buques. Se figura uno que ir embarcado debera producirle cada dia nuevos motivos de entretenimiento y pasatiempo. Sin embargo apenas transcurren dos 6 tres dias, el tedio y el aburrimiento se apoderan del Animo. La idea de que forzosamente ha de permanecer uno alli encerrado, basta para disgustarnos del lugar en que nos halamos. Un buque en alta mar es una prision rodeada de un inmenso foso que est uno cierto de no poder salvar. Luego cansa y fatiga la perenne vista de ese mar que parece infinito y que por todas partes nos rodea siempre con el mismo aspecto. Eso si, para sufrir molestias 6 incomodidades de toda especie, no hay sino embarcarse. Tiene uno alli A la fuerza que modificar sus habitos, que interrumpir sus costumbres y sujetarse a un regimen de vida contra su gusto y sus inclinaciones. No estf uno mareado y sin embargo mol6stanlo A menudo 27"4

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MI VIAJE A ESPANA 275 una mescolanza tal de malos olores que no se comprende como se soportan sin marearse en seguida. Hay en estos vapores un punto sobre todo donde esta pestilencia es mas notable: es la despensa 6 cantina, siempre desaseada. Al aproximarse a ella dA uno siempre un rechazo y huye de aquellas exhalaciones sumamente desagradables. La comida de a bordo por buena que sea, siempre deja algo que desear. Esto aparte de la dificultad que hay la mayor part de los dias para poder comer; a causa de los fuertes balances del buque, siendo esta una de las cosas que mas molestan a bordo. A pesar de que se colocan en la mesa unos listones de madera formando cuadros en los que se. ponen los platos y los vasos no basta a sujetarlos tanto que no rueden unos y otros con estrepito a cada balance. La mesa se le vine a uno entonces encima con todo lo que contiene y los platos se derraman, los vasos se vuelcan y esta uno en perpetua alarma. Otra de las grandes mortificaciones de a bordo, es el no poder fumar libremente, ni aun en la camara de comer. Los pasajeros del "Ynfanta" nos veiamos precisados a fumar en un estrecho pasadizo situado entre la mencionada camara de comer y las puertas de la cantina y las dos que conducian abajo a los camarotes. Era por lo tanto el paso de todo el mundo y de consiguiente muy molesto. Como tampoco esta permitido el uso de fosforos; hay que valerse de yesqueros y para mi es poco menos que impossible el sacar con ellos candela. Por lo que hace al particular del camarote se pasa regularmente cuando lo ocupa uno solo. Yo tuve esa suerte, pudiendo asi disponer de las dos literal. Las tales literas, si bien no son c6modas por estrechas, no obstante se habitna uno pronto, salvo aquellos demasiado majaderos que se pasan todo el viaje renegando de la litera y hablando vaciedades. Lo que con mas dificultad se soporta es el balance del buque que a cada momento lo espone A 'uno a caer y a dar un costalazo. Yo jams me cai ni me di golpe alguno, no asi otros que resbalaron varias veces y se golpearon de to lindo.

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276 CUBA CONTEMPORANEA La clase de pasajeros era por 10 general poco 6 nada ilustrada: militares, individuos del comercio que iban de retirada y gente por el estilo. A exception de tres 6 cuatro personas, no habia en el Vapor mas nadie con quien poder tratar gustoso. Pero a bordo es de necesidad rozarse con todos y simular agrado, so pena de lamar la atencion de un modo desfavorable. Asi es que soporta uno tantas sandeces, oye tantas vaciedades y tiene que sobrellevar a tantos necios, que indudablemente nada hay como navegar para aprender a ser tolerante. El bello sexo estaba representado por siete senoras 6 mas bien por ocho, incluyendo a mi hermana. Solo una me era verdaderamente simpatica, no obstante su mucha sencillez y pocos alcances. He aqui una prueba de ello: Hubieron de decirle antes de embarcarse que el mejor remedio contra el mareo era oler tierra, significando el llegar a puerto, y catate aqui que aquella alma de Dios tomando al pi6 de la letra el consejo, se provey6 para si y sus hijos de unos saquitos llenos de tierra como preservativo contra el mareo; y es fama que durante la navegacion y cuando se sentia mareada olia ella la tierra y la hacia oler a sus ninos. Este rasgo hace toda su apologia. Trafa consigo dos hijos de poca edad, de los cuales formaba el encanto de los pasajeros la nifa que se lamaba Carmen y tenia solo unos cinco anos; pero con tal inteligencia y tales alcances que indudablemente desmentia su procedencia, pues si su madre calzaba los puntos que dejo indicado, su padre era un buen hombre desprovisto de toda capacidad y bastante simple. Carmen por Lo tanto sorprendia doblemente inspirando por lo mismo mayor interns a todos y a mi particularmente que siento tan vivas simpatias por los ninos en general. De las otras seiioras, habia tres que me repugnaban bastante. La una por fea, gorda, tonta, mal criada y ridicula, pues vieja y todo como era presumia de enamorada de su marido, un teniente de ejercito, el mayor gaznapiro que he conocido, y el cual observaba para con ella a vista de todos, una conduct no m6nos reprensible 6 inconveniente como era el hacerla mi-

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MI VIAJE A ESPANA mos y caricias las ma's sfndias sin esernpulo de los testigos que las presenciaban. Las otras dos eran madre 6 hija, nacidas en la peninsula, tontas, exajeradas, de malas maneras y porte poco simpatico. Iban recomendadas a un individuo quien debia acompafiarlas hasta Madrid, y la hija a buena cuenta dejabase obsequiar por el acompafante, no sin que su proceder causase algun escandalo a los pasajeros cuando la veian sola con el susodicho en secretos coloquios por las noches a la puerta de un camarote. Entre las restantes se hallaban dos naturales de Cuba, casadas ambas con oficiales del ej6rcito. La primera que estaba siempre sonriendo, sin ton ni son, no podia ser mas insipida 6 insustancial. La segunda, nina de unos diez y seis anos, adolecia de mala crianza, de falta de educacion, de poquisimo tacto. Su marido, un necio de 6. folio, que l6jos de dirijirla y ensenarla, no tenia reparo en que delante de los hombres se acostase ella boca-arriba y se echase en cualquier parte, a pretesto de que estaba mareada. Tampoco ponia impedimento en que su joven mujer anduviese 6 cada instante pendiente del brazo de uno de los oficiales companero suyo, y el cual parece trataba de ayudarle en la faena de cargar la cruz que laman del matrimonio, como se comprob6 una noche en que el marido y la mujer dentro del camarote, dieron ambos un escandalo aprop6sito de cierto papel que el primero sorprendiera a la segunda. Otra senora habia aun a la verdad bastante amable y de trato simpatico; pero era de Vizcaya y 6 lo mejor soltaba una de las suyas, como cuando le ocurria construir aquellas concordancias tan c6lebres, llamadas vizcainas. Su marido y paisano, era un hombre especial. Gran hablador y de caracter acomodaticio, estaba constantemente refiriendo algo acerca de marineria, pues habia sido muchos anos, capitan de buque mercante y presumia de muy inteligente, como en efecto creo que lo era. Su figura pecaba de mala, y mi hermana P. decia aludiendo a su corta 6 irregular talla que parecia "un hombre de rodillas".' Como buen vizcaino, solfia decir refiriendose f la 6poca en que habia efectuado su matrimonio, en vez del ano en que nos casamos, el ano qve nos casemos, 277

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CUBA CONTEMPORLNEA con lo cual parecia dar a entender que estaba aun por casar. Tal era el Capitan Arana, que asi se llamaba, siendo por lo demas persona excelente en cuanto a que siempre estaba de acuerdo con todo el mundo, sistema como se sabe el mejor para conquistar simpatias, puesto que equivale a practicar el conocido principio que formula no s6 quien de: todo el muudo tiene razon. Otro personaje digno de mencion, es el Capellan de f bordo. Era ni mas ni menos un truhan, un verdadero pillastre, a pesar de sus rezos y de sus solapadas maneras, Charlatan, aficionado al juego y al sexo femenino como cada cual, esforzfbase sin embargo por aparentar en casos dados virtudes y dotes sacerdotales de que carecia. El que si parecla poseerlas en grado eminente, era un padre jesuita pasajero a bordo; pero como es sabido que esta Compaiiia tiene en su seno hombres de un talento extraordinario para atraer y seducir, nada estrano fuera que aquel padre obedeciese mas que a sus instintos f los principios que los rijen. El resultado es que todos le admiraban y sentian hacia 61 respeto y veneracion. La navegacion, que como he dicho intes, principiara bajo muy buenos auspicios, no continue asi por cierto. rnes el 5 de noviembre por la tarde comenz6 el mal tiempo a hacernos sentir sus efectos. El viento recio dej6 oir sus desagradables silvidos, la mar creci6 y el buque principi6 a balancearse con violencia. Pas6 la noche sin novedad particular, pero al dia siguiente el viento aument6 sus impetus y la mar sus oleadas y su rumor espantable. A la madrugada me despert6 un gran golpe de mar que habia entrado en el buque, produciendo un fuerte ruido la caida del agua que se deslizaba por todas partes. Recuerdo que sin embargo volvi f dormirme descuidado, hasta las siete 6 las ocho en que sali del eamarote. Subi entonces f la toldilla y nunca olvidar6 el aspecto imponente que presentaba en aquellas circunstancias nuestra embarcacion. Tuve que sentarme en un banco para resistir la violencia del viento y sosteni6ndome alli como pude, presenci6 por breves momentos la escena poco agradable que tenfa efecto. ?78

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MI VIAJE A ESPANA La mar se arremolinaba en montafias de agua y espuma, dando tremendas embestidas al vapor que se inclinaba ya a un lado ya a otro, de tal suerte, que los estreinos de las vergas casi tocaban el agua. El Capitan del "Ynfanta" corria de aqui para allI, dando a gritos sus 6rdenes; el Contramaestre hacia resonar el pito y tambien daba voces a la tripulacion, ordenando la maniobra y todo era confusion y ruido. Siendome imposible permanecer alli, tuve de precision que bajar por ponerme f cubierto del fuerte viento que me azotaba el rostro y de los golpes de mar que impensadamente banaban el puente, inundandolo todo. Uno de estos al penetrar en el barco derrib6 f un marinero, que creyendo sin duda que lo habia sacado al mar, alz6 la voz clamando por su madre, juzgndose ya perdido. De este incidente me enter por uno de los camareros del vapor que entr6 en la cfmara refiri6ndolo con grandes carcajadas. Todo aquel dia fu6 de ansiedad terrible para los pasajeros; angustia que no ces6 hasta caer la noche en que el viento amain6 y los balances del buque fueron menos bruscos. Ilubo luego algunos dias buenos aunque muy frios y el once se renov6 todo lo que habiamos esperimentado ya, pues nuevamente tuvimos mal tiempo que dur6 hasta el dote. La noche que precedi6 f este dia la pas6 en claro, a casa de serme imposible y muy molesto permanecer en la litera, pues eran tales los balances que me arrojaban fuera de ella, teniendo que ir arriba para bajar a poco y volver f subir luego. El diez muri6 f bordo un soldado licenciado que iba tisico y al que arrojaron al mar por la noche sin que lo presenciaran los pasajeros. Con este motivo uno de los oficiales de ej6rcito promovi6 una suscricion entre los otros militares para celebrar misas por el difunto, una de las cuales se dijo a bordo acompafiada de toques de corneta y ereo que dos mas en el Lazareto. Otra suscricion se efectu6 a bordo nada menos que para pagar el pasaje f un individuo que el dia del embarque se introdujera en el buque subrepticiamente, y que habi6ndose mareado mucho hasta temerse por su vida 6 causa de negarse f tomar toda clase de alimento, di6 margen f que se averiguara 279

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CUBA CONTEMPOR1NEA que era lo que laman un polizon, 6 sea el que se mete en un barco con animo deliberado de no pagar su pasaje por carecer de recursos. Este incident di6 pfbulo por varios dias a los comentarios y las conversaciones de los pasajeros, y luego fu6 motivo de gran curiosidad el conocer al polizon, el verle y examinarle, pues es de notar que se puso bueno y sali6 de su camaranchon no bien se enter de lo que por 61 se habia echo y de que ya no iria preso al desembarcar en Cadiz como eran las intenciones del Capitan, cuando tuvo noticia del descubrimiento que en el se habia hecho. El tal intruso debia ser sin duda un tunante por lo que en su semblante revelaba, y a pesar del hip6crita continente con que uno de los dias se apareci6 en la camara de comer a dar las gracias a los pasajeros por la suscricion, no sin que uno de los empleados del buque que alli se hallaba le atajase al comenzar su torpe arenga y le despidiese con cajas destempladas. Pero ello es que a los pasajeros nos cost nuestro dinero la tunantada del mozo aquel. Una de las primeras necesidades a bordo es la de buscarse distracciones para pasar las noches. En el "Ynfanta" los pasajeros se entretenian la prima noche jugando al domin6, a la insipida loteria, a las damas y los oficiales del buque con dos de los pasajeros al mus, juego que me parecio muy plebeyo y antipatico. Tampoco faltaba el indispensable ajedrez que To jugaban los menos. Yo ageno a toda clase de juego, me aburria, viendo jugar A los otros, vista que siempre me ha fastidiado y solo rara vez jugue a la loteria y luego al domin6 que me propuse aprender y que no estando practice, jugaba malamente. Como cosa rara debo consignar que no me sentia nunca dispuesto a la lectura, no obstante haber sido siempre esta mi gran aficion, mi recreo favorite, mi mayor halago. Alli no me era possible leer, mi espiritu se negaba 6 fijar la atencion en el libro, y aunque una 6 dos veces 1o intent lo abandon al punto sin conseguir mi objeto. Solo en los dias de la cuarentena lei un libro por completo como esplico mas adelante. A las diez todos se iban a acostar, no yo que regularmente 280

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MI VIAJE A ESPANA permanecia solo arriba una hora mas, apoyado en el marco de una puerta para soportar el balance; y alli me estaba cavilando y fijos los ojos en las estrellas y en el mar cuando la luna reflejaba sus rayos sobre las olas. i Cuantas horas pas6 de esa manera durante la navegacion, sondeando mi alma siempre atormentada, angustiado con mil recuerdos punzadores y sofiando aun con la esperanza .. Alguna que otra noche subia sobre cubierta, solitaria a esa hora y donde unicamente se hallaban los dos timoneles que hacian la guardia iluminados por la l6mpara de la bitacora, unas veces silenciosos, otras hablando en voz baja quien sabe que. Otra luz heria mis ojos al mismo tiempo, la que se hallaba colocada en lo alto del palo trinquete o sea en el tope con objeto de que fuese visto desde larga distancia en el mar nuestro buque por los que pudiesen encontrarle al paso. Ya que hablo del mar, no quiero pasar por alto que muy adelantado el viaje, llamaron mi atencion unos pajaros que en todas direcciones cruzaban el Oceano y que volaban muy bajo, rozando con sus alas el agua. Pregunt6 al Capitan Arana qu6 pijaros eran aquellos que se veian a tanta distancia de tierra, y me dijo que su nombre era tripa de la mar, lo que no me satisfizo por creerlo una vulgaridad. Tambien tuve ocasion de notar esos grandes peces que en bandadas se aproximan a los barcos, llamados delfines y que vi solo en los primeros dias de navegacion y en el ultimo. Asimismo debo mencionar que a los tres dias de nuestra salida vimos a lo l6jos a la izquierda del buque, las costas de la Florida, que yo salud6 interiormente con triste emocion, por ser aquella la tierra donde nacieron mis padres, idos ya de este mundo. Fu6 la nltima tierra que vimos hasta llegar a Vigo. Como cosa notable concerniente al buque son dignos de -citarse los camareros, por lo regular unos pillos declarados que adulan al pasajero con la esperanza de la propina al finalizar el viaje, pero que no por eso le sirven bien. Con las mujeres estan en grande, como suele decirse, pues ellas los provocan Y los hacen hablar para reirse y hallar diversion; asi reinaba gran confianza entre los tales y nuestras pasajeras. 281

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CUBA CONTEMPORANEA Por las noches hay siempre uno de guardia por Lo que ofrecerse pueda, guardia que por lo regular hacen durmiendo echados en algun pasadizo. Lo que mas me desagradaba era la necesidad que tenia de suplicar al camarero me encendiese la luz del camarote para acostarme, puesto que a las once todas las apagan no quedando mas que dos en los estremos de los corredores. Por lo que hace a, la camarera destinada al cuidado de las sefioras, era una gaditana lamada Catalina, mujer muy corrida y despierta, sobremanera ocurrente y de mucha chispa. A mi me hacia reir cada vez que queria; pero no por eso dejaba yo de conocer sus tretas y mafias encaminadas tambien como las de los camareros a obtener la correspondiente gratificacion. A las mujeres las tenia a todas contentas, llevandoles respectivamente cuentos y chismes, y como estas por lo general gustan tanto de estos enredos, ella las complacia a su sabor y menudeaba los cuentos. Otra de las impresiones de que conservo vivo el recuerdo es el especticulo de los marineros subidos en lo alto de las vergas en medio de la tempestad, sugetos solo en las cuerdas con los pies y trabajando alli en la maniobra. Para un hombre de naturaleza nerviosa como la mia, semejante vista es angustiosa y produce en el animo una impresion de pena indefinible. Considerar que al menor descuido puede cualquiera de aquellos hombres desprenderse de tan vacilante apoyo y descender desde tanta altura, ya cayendo al mar 6 deshaciendose contra el buque, se siente uno sobrecojido de espanto y de sobresalto profundos. Tambien eran objeto de mi atencion los timoneles de los cuales hay siempre dos colocados 6 derecha e izquierda de la rueda del timon haciendola girar ya a un lado ya a otro segun la desviacion que el buque hace del rumbo y al cual es preciso hacerle volver, para lo que no han de perder de vista la brOjula colocada en la bitacora ante dicha rueda. Cuando hay mal tiempo los timoneles se hallan muy espuestos a que un golpe de mar los arrebate fuera del buque por lo que en casos estremos se les ata con cuerdas para su seguridad. Los Vapores correos llevan todos un piano; pero daba la 282

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MI VIAJE A ESPANA casualidad que entre los pasajeros del "Ynfanta" solo una de las senoras sabia tocarlo; mas como decia que siempre estaba mareada, solo una vez se sent a 61 y toc6 cualquier cosa de mala manera. El piano por lo tanto permaneci6 mudo durante toda la navegacion. No siendo este un trabajo literario y si un simple relato destinado a perpetuar para mi propio uso estos recuerdos, es indiferente que salte de un particular 6. otro, que ora le abandone para volver a tomarle luego 6 intercale en mi relation ya este 6 el otro punto segun vayan presentandose en mi imaginacion. En este supuesto, torno nuevamente a ocuparme de los pasajeros, de algunos de los cuales prescindiera antes para no hacer tan mon6tona ]a description, insistiendo largo espacio sobre un mism.o punto. Habia entre los indicados un senor alto y como de cincuenta aiios, empleado cesante que despues de permanecer un ano en la isla de Cuba volvia a Espana. Era este sugeto un tanto raro y estravagante, algo gloton y muy desvergonzado. Una de sus manias parece que estribaba en tomar mucha leche, por lo que mientras dur6 la cuarentena estuvo siempre a vueltas con ella, rinendo a menudo a los camareros porque no se la traian todo 1o buena que era de esperarse estando en Galicia, y lo cual no obstaba para que apurase sendos vasos despues de cada comida, haciendo gestos y visajes de una afectada satisfaction que me chocaban mucho. Presumfa de chistoso y estaba constantemente refiriendo historietas y an6edotas picantes, de las cuales una caus6 sumo efecto entre los pasajeros al oirsela referir, pero que por su indole no se presta a la exacta reproduction en este relato. Puedo consignar solo que alidia a un sitio de Cadiz en que SegM la an6edota, viendose el Gobernador casi sin guarnicion exhausto de recursos, tuvo la ocurrencia de ordenar que las mujeres subiesen a la muralla donde se colocaron de modo que el enemigo juzg6 que la plaza habia recibido refuerzos y que estos debian ser suizos por la razon que la an6cdota refiere. El dia que entrAbamos en Cadiz volvi6 a contarla, y uno de los empleados del buque, de gran volumen por cierto, que no 0 283

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CUBA CONTEMPORANEA la habia oido anteriormente, solt6 el trapo a reir, durndole la hilaridad largo espacio de tiempo. Otro de los pasajeros notables era para mi un capitan de ej6rcito, llamado Rubio, de caracter sumamente simpatico y chistoso sin esfuerzo, que no tenia mas que abrir la boca para que ya estuviese yo riendome. Mucho me distraje con 6l en la travesia y su recuerdo siempre me sera grato. Ya al fin de la navegacion intrinqu6 amistad con Apolonio Morales, viajero forzado por el Gobierno; hombre de merito, instruido y de capacidad bastante, el que una vez que me hubo tratado me manifesto mucha deferencia y aprecio, cosa que me ha sucedido durante mi vida con otros muchos hombres. Tuvimos largas conversaciones particularmente por las noches, cuando despues de retirarse todos, permaneciamos ambos arriba. Durante el mal tiempo que rein6 en la noche del once estuvimos reunidos los dos, y a eso de las doce introdujimonos en la cantina donde en compaiiia de dos de los camareros hicimos una cena de lo que estos nos proporcionaron. El buque mientras tanto se balanceaba con furia, la mar dejaba oir sus bramidos y el viento continuaba soplando; pero nosotros afianzandonos bien cada cual en su'sitio, refamos con la charla de los camareros sin hacer alto en el mal tiempo que ibamos corriendo. Morales fu6 uno de los que se qued6 en tierra durante la cuarentena, y por lo tanto nuestro trato se resinti6 algo de esa interrupcion de diez dias en que estuvimos separados. En cambio en este espacio de tiempo me relacion6 con UN jdven francs, al cual no Labia tenido ocasion de hablar en el viaje, lo que fu4 muy en perjuicio mio, pues cuando le huhe conocido le hall muy agradable, por su caracter fino y delicado, su instruccion y sus gustos muy en consonancia con los que me son propios. Hablamos por lo tanto de literature y de Alfredo Musset, de quien como yo era aficionadisimo. Me facility un tomo de novelas de este autor, que yo no habia leido y con el cual paseo agradables horas en el tiempo de la cuarentena. Estaba enfermo mi nuevo amigo de una afeccion al pecho, y padeela ademas moralmente, a causa de contrariedades y 284

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MI VIAJE A ESPANA vicisitudes tenidas en su vida, segun me refiri6. Tenia solo veinte y nueve aios y medio y una de sus preocupaciones era el presentimiento de que moriria al cumplir los treinta. Supersticioso at fin como frances, no obstante me contristaba esto por verle tan delicado y con todos los sintomas de la tisis, motivo suficiente para temer que pudiese realizarse su pron6stico. Aprop6sito de temor, no quiero pasar por alto el excesivo que se apoderaba de tres de los pasajeros, siempre que habia mal tiempo; que sin duda por esta similitud de Animo asustadizo, estaban siempre juntos, formando un triunvirato medroso y asaz ridiculo. Uno de ellos el T. C. P. presenciando la maniobra que hacia la tripulacion en lo alto de las vergas el primer dia de borrasca, lanzaba mil imprecaciones porque las velas no quedaban aferradas en cinco minutos como le habian dicho, viendo por el contrario que los marineros tardaban largo tiempo en esta operacion. Por supuesto servia de mofa a los pasajeros miedo tan poco disimulado y era objeto a menudo de la satira de los que le escuchaban. Otro de estos tres individuos era un Sr. A. personaje entonado, a pesar de su poca talla, que la daba de important y que por 1o tanto no se dignaba tratar a los demas pasajeros. Este me chocaba mucho por parecerme un necio de la peor especie. El tercero era el ya para ml c6lebre Mac... de quien tenia noticias. Charlatan, fatuo, tonto rematado y sumamente embustero. Su fuerte era cuando hacia buen tiempo, referir chascarrilos, contar an6ecdotas y mentir hasta por los codos, como se suele decir. Me carg6 desde el principio del viaje por oirle, hablando con una de las pasajeras, espresarse acerca de la isla de Cuba, de ese modo que lo hace la mayoria de los peninsulares que van alla. Estos tres personajes nos abandonaron en Vigo terminada la cuarentena; el primero contra su voluntad y obedeciendo 6rdenes superiores, fu6 conducido por un ayudante que vino por 61 6 bordo, a un castillo situado en una eminencia, que al contemplarle yo desde el buque, temblaba, pensando en el intenso frio que se esperimentaria en aquella altura y en un in285

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CUBA CONTEMPORANEA vierno tan riguroso como el que entonces principiaba y el que con tanta intensidad se ha sentido en toda Espania. Esto me hizo compadecer con doble motivo al mencionado sugeto. Los otros dos no queriendo aventurarse nuevamente a los peligros del mar, desde Vigo se dirijieron a Madrid, prefiriendo hacer este largo viaje por tierra a embarcarse otra vez hasta Cadiz, como hizo el resto de los pasajeros. Pues que ahora me viene a la mente otro recuerdo que se refiere a la navegacion, no he de callarle, transcribiendole 6 renglon seguido. A la puerta de la camara de comer se colocaba diariamente una tablilla con las observaciones del dia anterior, acerca del rumbo seguido por el buque, las millas andadas y la longitud y latitud ft que estabamos. Todos los pasajeros aguardabamos siempre con ansia dicha tablilla como si algo adelantaramos con eso; y por 10 regular siempre daba ocasion a pol6micas y disputas entre varies tontos, dispuestos constantemente a la charla insulsa y a esa n6cia y frivola palabreria tan propia de la gente vulgar y sin cultura. Yo siempre que podia evadirme de esa turba, 1o hacia gustoso y sentandome en un banco sobre cubierta, pasaba alli largo tiempo, fija la vista en el mar, siguiendo sus ondulaciones, 6 bien atisbando el momento en que una bandada de voladores se alzaba sobre las olas y recorriendo cierto trecho, se sumerjia de nuevo. Contaronme a este prop6sito, que ciertos peces siguen debajo del agua la misma direcci6n que llevan los voladores y con tal destreza, que al entrar estos de nuevo en su elemento, caen irremediablemente en la boca de aquellos, con lo cual debe congeturarse que solo una vez volaran esos pececillos. Har6 mencion ahora de un gato, que me place incluir en la dotacion del buque, por cuanto segun me dijo uno de los oficiales de este, llevaba ya siete viajes de la Habana a Cadiz y viceversa. Aunque nunca he sido afecto a estos animals, vela siempre al del vapor con particular gusto, sin duda por lo que decia el padre jesuita, que embarcado le era grato todo lo que le recordaba la tierra, afiadiendome con ingenuidad que hasta el gato le complacia verlo. Estaba por lo regular dentro de alguno de los botes, debajo de cuya cubierta de lona se gua186

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kI VIAJE A ESPAA 2 reeia y echaba largos sueios. Cuando no, atravesaba corriendo la toldilla 6 bien en poder de alguno de los oficiales del. vapor que le tenian gran carino, se estaba tranquilo, recibiendo sus halagos. Dos palabras sobre estos oficiales. El capitan era excelente marino, muy activo, muy vigilante y cuidadoso de sus deberes; pero algo brusco en sus modales, careeia de dotes recomendables en el trato social. Poco 6 nada ilustrado, de formas asperas y falto de inteligencia, no inspiraba grandes simpatias. No asi el primer piloto que a sus dotes de marino reunia las del amable y digno caballero. Con 61 habl6 varias veces y su trato me dej6 muy satisfecho. El segundo que como suele decirse, no habia inventado la p6lvora, no por eso repugnaba, y su conversacion aunque nada de particular ofrecia no dejaba de agradarme. El tercero me era mas simpatico; verdad es que su persona predisponfa mas en su favor y sus maneras eran mas aceptables. El m6dico creo que entendia tanto de la ciencia de curar como yo. Ronoso, terco, disputador, parecia no obstante un buen hombre. El sobrecargo era uno de estos hombres de quienes se dice que estan muy metidos en sus calzones: se distingufa por estar siempre costipado y por tener un caracter algo desabrido, a pesar de que procuraba disimularlo, haciendose 6 veces molesta su excesiva melosidad y cortesia. Nos acompafiaba tambien en la travesia un padre cura que 1o habia sido algunos anos en Matanzas. Su esterior, que por cierto no revelaba nada del sacerdote, era muy simpatico. Su semblante sereno y apacible retrataba perfectamente la bondad, la moderacion, el agrado. Y 'sin embargo, repito que no tenfa nada de cura, nada de todo eso que es inseparable del hombre que viste habitos. Debo decir algo de un pasajero sumamente raro y estrafalario que me chasque6 al principio; pues al verle pasear solo por la cubierta siempre s6rio y .silencioso, crei que fuera alguna cosa que valiese la pena, por lo que no tuve embarazo en prestarle atencion un dia que se sent a mi lado y emprendi6 con287

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CUBA CONTEMPORANEA migo conversacion. Supe entonces que era de Puerto Rico y con este motivo, sabiendo que como yo era americano, me dispuse a acojerle bien en lo adelante y a cultivar su amistad. iPero cuan fallidas salieron mis esperanzas! Aquel individuo no tard6 en ponerse en evidencia, en manifestar su sandez y tonteria. Hubo de enamorarse de una de las pasajeras, la que estaba en relaciones con el individuo de que hablo antes, el de los coloquios nocturnos a la puerta del camarote, y mi hombre sin cuidarse de esta circunstancia, ni pararse en pelillos, hallAndola una noche sobre cubierta con su madre y su amante, pretendio a viva fuerza sentarse junto a la muchacha, dando con esto lugar a que interviniera el galan y lo echase de alli con eajas destempladas. Esto se hizo pnblico, se coment6 y el tonto aquel qued6 desacreditado. En 1o sucesivo no ces6 de observarlo y me convenci de que no era otra cosa que uno de tantos mentecatos que pululan por todas partes. Estaba continuamente agitando los parpados, mania que basta para hacer a un hombre cargante, antipAtico. Se estaba callado largas horas como si meditase algo grave y trascendental; pero a lo mejor del tiempo abria la boca y soltaba una sandez, un desprop6sito. Pocos hombres he visto tan faltos de sinderisis, de sentido comun. Por una de esas raras casualidades, de esos caprichos del azar, este mozo tan estralo, tan desagradable, era compaiero de camarote del padre cura de que hago mencion antes, uno de los pasajeros mas afables y corrientes entre los varios que iban en el vapor. Tambien era particular que dicho eamarote estuviese precisamente al lado del mio, para que asi ni aun durante las altas horas de la noche cesase de tener presente al estramb6tico aquel, cosa que era dificil, pues el diablo del hombre aliadia 6. todos sus defectos, el de roncar estupida y estrepitosamente. Este tambien fu6 otro de los que se separ6 de nosotros en Vigo, por cuyas calles me lo encontr6 el dia que desembarcamos en dicho puerto, sin duda para que hasta el ultimo momento llevase de 61 un recuerdo. Como no es posible abarear detalladamente todos los particulares de una navegacion en un simple extracto como el pre288

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MI VIAJE A ESPANA sente, prescindir6 de todo cuanto mas ocurrir pudiera, para referir nuestra llegada 6 Vigo que se efectu6 el 15 de noviembre por la maiana. La noche antes la pas6 toda ella arriba, empefiado en descubrir la farola del puerto que decian se divisaba, pero que yo no logr6 ver a causa de la mucha niebla que habia. Al mismo tiempo estaba lloviendo y hacia mucho frio, lo que no me arredraba para permanecer a la espectativa. No s6 qu6 empeno tenia yo en ser testigo de la primera aparicion a mi arribo de la luz en Espana. Cuando comenz6 a aclarar, principiaron a verse las costas de las islas Cias, una especie de promontorios que se hallan a la entrada de Vigo, lo que atrajo a todos los pasajeros que se reunieron en la camara de comer, 6 casa de no ser posible salir fuera por estar lloviendo. A eso de las ocho de la mafiana fonde6 el vapor frente 6 Vigo, cuya poblacion contemplabamos todos con avidez y gozo, tras tantos dias de no ver a nuestro alrededor sino el inmenso circulo del Oc6ano, cuyo centro ocupaba siempre nuestro barco, y sobre nuestras cabezas la boveda infinita del firmamento. De todos los techos de las casas se levantaba una columna de humo que atrafa mis miradas y despertaba en mi espiritu multitud de pensamientos; efecto que siempre ha producido en mi ese humo azulado que se exhala de nuestra morada terrestre y parece, elevandose al cielo, como la manifestacion evidente de que aun en nuestros actos mas materiales, nuestras aspiraciones no pueden tener otro limite, otra tendencia, que lo infinito, que el cielo.. Vino la Sanidad, y despues de desembarcada la correspondencia, pusimonos de nuevo en marcha para el Lazareto denominado de "San Simon", distante unas seis leguas de Vigo y adonde llegamos a eso de las once. Reinaba un fuerte viento y la mar estaba muy ajitada, por lo que aquel dia no pudimos desembarcar para ir al Lazareto a fumigarnos; bien que aun sin esto, dicho Lazareto se hallaba todavia ocupado con los pasajeros del Vapor "Canarias" que terminaba aquel dia su cuarentena, debiendo salir al siguiente. Como este habia empleado en el viaje veinte y un dias, era 289

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CUBA CONTEMPORANtA esta la causa de haberle encontrado nosotros en Vigo a nuestra llegada. El 16 por la mariana se efectu6 nuestro desembarque y tuvo lugar la ridicula fumigacion de todos los pasajeros y aun de la dotacion del buque. Nos bicieron entrar a los hombres en una espaciosa y desmantelada pieza y 6 las mujeres en otra parecida, donde un individuo provisto de una palangana, quem6 en ella una materia 6 pasta nauseabunda que producia mucho humo, el cual esparcia tambien sobre los equipajes. Esta operacion se efectuaba en un estremo del Lazareto que laman el Sucio, y una vez fumigados estuvimos en libertad de pasar al Limpio donde se hallaban las habitaciones destinadas a los pasajeros que quisiesen ocuparlas. Entonces hubo diferencia de pareceres entre unos y otros sobre quedarse en tierra 6 volver al buque. La mayoria opt6 por instalarse alli, a pesar de los inconveniences que el lugar ofrecia y el resto nos volvimos al Vapor, donde si bien nos cobraban dos duros diarios por cabeza, estabamos exentos a lo menos de las mil molestias que los de tierra esperimentaron durante la cuarentena, no siendo la menor el excesivo frio que alli sintieron. Esta separacion produjo cierto enfriamiento en las relaciones de los pasajeros quedados en el Lazareto y los de a bordo, y las mujeres siempre mas estremosas, lo tomaron tan a pecho, que al volver al vapor terminada la cuarentena para continuar el viaje a Cadiz, se separaron completamente unas de otras y todo era entre ellas hablillas y cuchicheos. Nada mas triste y desamparado que el tal Lazareto de "San Simon"; nada mas molesto que la permanencia en el. Situado en un islote al estremo de una gran ensenada que circundan altas montafias, la vista se fatiga pronto de aquel espectaculo desanimador y mon6tono. Por las noches cuando reinaba el silencio a bordo y yo me hallaba solo contemplando las pocas luces de la costa, la mas negra melancolia me asaltaba en medio de aquel aislamiento y aquel silencio que solo interrumpian el ladrido lejano de los perros 6 el son de una campana distant que daba alguna hora. Por el dia rejistraba con un anteojo todos los alrededores 290

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MI VIAJE A ESPANA visibles, fijAndome en el disperso caserfo situado al pie de aqueRas montaiias elevadisimas, entre el cual alcanzAbase a ver algun convento de monjas u otro edificio semejante. A menudo heria mis oidos el ehirrido de un carro que iba atravesando el camino y que desde l6jos sonaba como un eco lamentable, si bien de cerca deberia ser lo mas aspero y desapacible. Me dijeron que era uso entre esos carreteros el dejar que el carro produjera ese ehirrido, pues a su son marchan mas gustosos los animales que tiran de el. Durante la cuarentena fuimos los del Vapor dos veces a tierra a pasear por el Lazareto, que por cierto pocos eran los atractivos que presentaba. Con decir que a falta de otra cosa mejor nos conducian a visitar a unas lavanderas y planchadoras que desempefiaban a nuestra presencia su oficio, se comprendera si abundaban alli las distracciones. Unos masicos sin embargo tocaban alli a menudo, los cuales fueron dos veces al Vapor a regalarnos los oidos a los que alli estabamos. Una de las novedades desde el primer dia de nuestra llegada a Vigo fu6 en la mesa el plato de las tan afamadas sardinas gallegas de que tanto me habian hablado durante la navegacion. Como sucede raras veces correspondi6 la fama de que gozan a lo que a mi me agradaron. Nada en efecto mas apetitoso y grato que las tales sardinas de que teniamos abundant provision diaria en las comidas. Tambien figuraba en estas la merluza renombrada, que por primera vez probaba yo, y luego las castafias asadas a las cuales daba yo buenos avances. Una de las cosas que mas lamaron mi atencion al llegar a Vigo fu6 ver el crecido nnmero de gaviotas que constantemente estaban revoloteando en la bahia, espectaculo que me entretenia con frecuencia, siguiendo con la vista sus vuelos caprichosos, oyendo sus agudos chillidos y observando sus maniobras al introducirse en el agua para pescar algo. Esto lo efectuan sumergiendose y dejando solo las alas estendidas con las que se sostienen sobre el liquido. He visto despues que segun parece, abundan las gaviotas en todos los puertos de Espana, pues en los varios que he recorri do siempre las he encontrado. 291

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CU3A CONTEMPORANEA Despues de diez dias de permanencia en el Lazareto, el 25 de noviembre lo abandonamos, dirijiendose el Vapor de nuevo a Vigo para obtener alli la libre salida. Los pasajeros todos bajamos a tierra y recorrimos la poblacion. Una turba de pobres mendigos harapientos y lisiados nos asalt6, inpidiendonos andar y a los cuales dimos cada cual lo que quiso. Al pasar por una plaza atrajo mis miradas una j6ven puesta al balcon que me pareci6 bonita, y que con un vestido sumamente corto, dejaba ver unas soberbias pantorrillas: fueron las primeras que vi en Espala. Este es el nnico recuerdo agradable que conservo de Vigo, que como se v6 no es gran cosa. Poco despues encontramos una procesion con un acompanamiento de gentes tan mal pergeladas que no podia ser mas ridiculo. No pude m6nos de pensar que estaba en Galicia: todo alli tiene un aspecto tal de miseria y desidia que desagrada y repugna. En dos 6 tres tiendas que entr6, hice la misma observacion. En una de ellas hall un periodico "El Faro de Vigo", sin duda el nnico que alli existira, y el cual me cedi6 el dueno del establecimiento, despues de cortarle las planas de la novela. Lo conservo como una curiosidad literaria y por ser el primer periodico de Espana que vino a mis manos en la Peninsula. Nos volvimos luego al vapor, el cual a eso de las tres de la tarde zarp6 al fin con direccion a Cadiz. Durante toda aquella tarde estuvimos viendo primero la costa de Galicia y luego la de Portugal, donde se divisaban diferentes pueblos, fijando yo mi atencion en uno que se halla en la linea divisoria de Espana y Portugal y que segun me dijeron se llama la Guardia. Todo el dia siguiente 26 continuamos viendo la misma costa y al pasar frente a Lisboa el Vapor telegrafi6 por medio de banderas con un fuerte cercano a la costa, sin que me enterase yo del verdadero objeto de aquellas senales. El 27 a las ocho de la manana nos hallimos a la vista de Cadiz, adonde entramos a eso de las once. Nuestro viaje maritimo estaba terminado y habia llegado el momento de la dispersion. Todos los pasajeros reunidos sobre cubierta, se despedian mutuamente, haciendose mil vanos ofre292

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MI VLAJE A ESPANA cimientos, como si debiesen volverse a ver. Reinaba la mayor confusion a bordo con el desembarque de los equipajes y con la aglomeracion de gente que se revolvia de un lado para otro. La bahia de Cadiz suele estar alborotada con el Levante que bace peligrosa su travesia en botes; pero nosotros tuvimos la suerte de hallarla tranquila y el desembarque se efectu6 sin dificultad. Pero los vapores correos dan fondo muy l6jos del muelle, y asi es que tardamos mas de media hora en llegar a este, metidos en una lancha liena de baules y fardos. Al fin saltamos en tierra y poco despues me hallaba en el hotel "Europa", rodeado de algunas personas estraiias y desconocidas para mi, que con mi hermana A. habian acudido a recibirnos, y con las cuales tenia que conversar muy a pesar mio, que hubiera querido estar solo y sin violencia alguna. Al siguiente dia 28 una de esas personas, queri6ndonos obsequiar nos propuso ir a visitar el Arsenal de la Carraca y con este objeto entramos en un bote despues de almorzar, con direccion A tal punto. Siempre me acordar6 de ese viaje por la bahia de Cadiz en que sufri mil molestias y me hall tan mal, que nada eran las vicisitudes y el malestar consiguiente al que acababa de hacer a traves del Atlfntico por espacio de quince dias. Recuerdo que por efecto de la prolongada inmovilidad en el bote me dolian los pies extraordinariamente; que el sol me castigaba el rostro sin poder cambiar de sitio, porque los mejores los ocupaban las Sras; que el viaje se hacia eterno y que yo renegaba de la malhadada ocurrencia del buen Sr. en querernos llevar al arsenal maldito. En fin no pudiendo todos soportar mas aquella situation, despues de vogar mas de una hora por la bahia, resolvimos no pasar adelante y dimos la vuelta, en la cual tardamos otra hora, llegando al oscurecer al muelle. Tampoco me seria facil dar al olvido el par de horas que en seguida pas6 en cierto hotel a que se dirijieron mis companeros, donde se hallaban reunidas las varias personas que nos habian recibido, toda gente poco simpftica para mi, mujeres feas y hombres tontos, 6 los cuales tenia que dirijir la palabra y consentir que me la dirijieran. i Qu6 suplicio fu6 aquel para ml! Asi es que conservo de Cadiz recuerdos muy poco gratos. Lo 293

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294 CUBA CONTEMPORANEA nnico que hall propicio alli fu6 el suefno, de que disfrute la primera noche rendido como estaba y fatigado del balance continuo de la litera. Como para mi dormir de noehe es cosa poeo menos que imposible, no es estrano que anote el recuerdo de esa noche en Cadiz. El 29 a las cuatro de la madrugada ya estabamos en pie, dispuestos a emprender el segundo viaje, no m6nos penoso quo el primero, pues teniamos que atravesar casi media Espana en ferrocarril. Treinta y dos horas viajamos asi desde Cadiz hasta Valencia. Fuimos primero de Cadiz a Sevilla, de Sevilla a C6rdoba, de C6rdoba al Alcazar de San Juan, adonde llegamos a la una de la madrugada y en donde cambiamos de tren, pues el en que veniamos seguia hasta Madrid y nosotros ibamos a Valencia. Hacia un frio terrible, al que tuvimos que exponernos, abandonando el abrigo del coche templado algo por los caloriferos, para pasar al del otro trend. Rendidos de fatiga despues de tantas horas de viaje, faltos de suemo y helados por aquel excesivo frio, continuamos nuestro itinerario hasta Valencia, adonde hicimos alto a eso de medio dia del 30. Escuso citar las innumerables estaciones que hicimos y en las cuales cambiamos dos 6 tres veces de coehe. El dia 1. de diciembre amanecimos en Valencia, por cierto que hizo un dia lloviznoso, lo que nos impidi6 por la familia, ver algo de la poblacion. El 2 salimos de Valencia a las cinco de la manana y despues de pasar por multitud de estaciones, llegamos a las once y media a la llamada Ventallas, cuyo trayecto hasta Tortosa recorrimos en diligencia con la molestia consiguiente, a mas de un fuerte viento que reinaba y que nos azoto por todo el camino. A la entrada en Tortosa llam6 mi atencion el Ebro, magnifico rio navegable que tiene un puente de barcas y que gustoso me habria detenido a contemplar despacio. De esta poblacion no tengo mas que decir sino que me parecieron sus calles, al menos por las que pasamos con la diligencia, en bastante oral estado: uno de los caballos tropez6 y cay6 y a duras penas se le pudo levantar. Tambien recuerdo que

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MI VIAJE A ESPANA vi en la ventana de un piso alto dos j6venes que debian ser aceptables a lo que me pareci6, las cuales algo comian, lo que me provoc6 a llamarles la atencion con algunas senas a que correspondieron ellas brindndome lo que estaban comiendo. Cuan agenas estaran esas dos jovenes de Tortosa que a estas horas me ocupo yo de ellas y que conservo su recuerdo sin haberlas visto mas que rapidam.te desde la diligencia. Alli tomamos de nuevo el ferrocarril primero hasta Tarragona y luego hasta Villafranca, donde otra vez hubo que valerse de la diligencia que nos trasport6 a este Villanueva y Geltrf donde escribo, y al cual llegamos a las diez de la noche. De este largo viaje en ferrocarril, restame solo una vaga reminiscencia, pues aunque he pasado por tantas poblaciones de Espana, no hacia mas que llegar y salir inmediatamente, sin que pueda en realidad decir que he estado. De noche atraves6 la Mancha, que tantas veces me habia hecho ya recorrer con la imaginacion Cervantes, y es de notar que precisam.te al llegar a las doce al celebre Argamasilla, el lugar de la Mancha de cuyo nombre no queria acordarse el inmortal ingenio, yo ni siquiera tuve el gusto de que resonara a mi oido, pronunciado por el individuo que en todas las estaciones repite dos 6 tres veces el de aquella 6 que ha llegado el tren, pues me habia rendido el sueiio a causa de la fatiga de tan prolongado viaje. Es para irritar a cualquiera. En cambio, me hallaba despierto alia a las tires de la madrugada al pasar en Despejiaperros por un puente provisional de madera, donde el tren iba sumamente despacio, pues alli habia el gran peligro de que se hundiera aquel y fuera este con todos sus pasajeros al abismo. Si goc6 mucho durante todo el trayecto por Valencia, cuya campina es preciosa aun en .invierno. La vista de aquellos bosques de naranjos me encantaba. i Cuantos lugares deliciosos alcance a ver, de esos que le inspiran a uno involuntariamente el deseo de albergarse en ellos, de detenerse alli y no pasar adelante. Me agrad6 mucho tambieu todo el camino desde Valencia a Tarragona, pues se va siempre 6 orillas del Mediterrneo y la vista del mar me seduce 6 mi de una manera extraordinaria. 295

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CUBA CONTEMPORANEA Al salir de Valencia divis6 en el horizonte una costa que debia ser de las Yslas Baleares. Esta concluido ya el relato de mi viaje desde la Habana hasta Villanueva, en donde me hallo desde ]a noche del dos de diciembre de 1,867 y en el cual llevo de permanencia, hoy dos de abril de 1868, cuatro meses justos. Pasara ahora a consignar mis impresiones acerca de este pueblo, poco 6 nada favorables por cierto, y algunos de mis recuerdos del tiempo que bace permanezco en 61. Llegu6 a tiempo preciso para disfrutar de uno de los inviernos mas rigurosos de estos nltimos tiempos, como que segun los periodicos, hay que remontarse veinte y cinco aflos atras para recordar otro semejante. Sin saber el invierno que se preparaba, me habian insinuado algunos en la Habana, que el frio me haria daflo y que debia temer venir a Europa a la entrada de esa estacion. Si bien es verdad que tan intenso frio me hizo padecer algo, por otra parte, l6jos de perjudicar a mi salud, me ha robustecido y transformdome en otro de lo que era en la Habana. Agoviado alli por el trabajo intelectual, por la constante faena del escritor pnblico, exprimiendo mi casi agotado cerebro, y luego siempre violento y spre. disgustado con la vida de la oficina, tan opuesta a mis inclinaciones, tan antipatica 6 mis instintos, amen de otras contrariedades y otros sinsabores, todo eso me tenia all] exfnime, abatido, fatigado hasta 1o sumo. El descanso absoluto aqui, el abandono complete de todas aquellas inquietudes, no obstante que mi Animo se preocupaba spre. por algo, el nuevo regimen de vida, y sin duda la imfluencia de ese mismo frio, contribuy6 todo en conjunto a regenerar mi depauperada naturaleza. Pero si fisicamente mi transformation ha sido efectiva, el espiritu recay6 a poco en su fatal dolencia. Verdad es que no podia menos de suceder asi, rodeado de circunstancias tan poCo favorables como las que concurren en el pueblo en que resido. Pero volvamos 6 las primeras impresiones que tuve al legar a Espana en pleno invierno. Desde luego hiri6 mi vista desagradablemente el aspecto de los campos de estos alrededores, secos, desolados, sin pizca de 296

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MI VIAJE A ESPANA vegetation. La tierra estaba endurecida, los Arboles todos sin hojas y por donde quiera no se vefa sino hielo. Afortunadamente el sol brillaba casi todos los dias, y yo al levantarme por las mananas tiritando, mi primer cuidado era spre. mirar por los cristales si no estaba nublado y si podia contar aquel dia con el consuelo de ese grato calor, el cual por primera vez en tanto estimaba. Asi es que a las cuatro y media de la tarde, hora en que el sol se pone aqui en invierno, de nuevo me molestaba el frio, viendome precisado las mas de las veces ft acercarme 6 la chimenea y alli permanecia largo tiempo, entretenido en remover los tizones y en hacerles levantar llama. Nosotros los hijos de aquella tierra ardiente y abrasadora, no podemos comprender lo que significa el fuego, 1o que vale; es preciso venir adonde solo a favor suyo en invierno, no se desespera uno y se reanima los entumecidos miembros. Y si esto es en la templada Espafia -que no deberi ser en el norte de Europa, donde se mueren literalmente de frio las personas, donde la sangre se hiela y donde el invierno es horrible? El invierno en Villanueva y Geltru es tristisimo: apenas oscurece todo el mundo se encierra en su casa y la poblacion parece desierta: ni siquiera se v6 la luz 6 traves de los cristales, pues no se deja nada abierto. Esta es una de las rarezas de estas gentes: no permitir que desde la calle se divise la iluminacion de la casa, y las criadas tienen buen cuidado no bien encienden el gas, de cerrar hermeticamente todos los postigos con la misma escrupulosidad que si se tratara de ponerse a cubierto de un mal grave y trascendental. El sello distintivo de estos habitantes es el retraimiento, la insociabilidad: no hay quien los aparte de sus arraigados habitos. Las senoras se visitan unas a otras, pero con mucha etiqueta y ceremonia. La hora de efectuarlas es entre doce y una de la tarde, de cuyo plazo no se estralimitan, porque a la una se come en todas las casas y permanecer mas tiempo causaria un general trastorno. Comer aqui es una cosa 6 que se consagra gran importancia. Se trata, por ejemplo, de un paseo de corta duration; pues lo 297

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CUBA CONTEMPORANEA primero a que se atiende es a llevar consigo algo que comer. No hay diversion posible, no hay recreo, si no se come: manyar aqui es todo, lo demas es accesorio, insignificante. Por eso una de mis primeras observaciones fu6 a poco de estar aqui en la Pascua de diciembre, ver a las mujeres del pueblo como se paraban en la calle a contemplar los pavos asados que las criadas conducian a las casas. Parecian querer devorarlos con los ojos. 1 Oh sin duda no hay felicidad comparable para esta gente como la de comer!... No tiene Villanueva mas que un solo paseo: la Rambla, una especie de alameda de regular estension con casas a un lado y otro y que solo se v6 concurrida y animada los domingos, despues de la misa de doce, a cuya bora acuden las senoras que salen de la iglesia a pasearse alli hasta la una, en que con toda prontitud desfilan todas para sus casas a comer; y ya no se las ve mas hasta el domingo siguiente en que vuelven a hacer lo mismo. La mnsica del batallon de M6rida que actualmente guarnece este punto, suele amenizar el paseo tocando en la Rambla los domingos. De esta manera se solemniza aqui este dia: en el resto de la semana, como no acierte a haber funciones en el teatro, no sabe uno qu6 hacerse. La mayoria despues de cenar a las ocho se acuesta a dormir, modo el mas facil de solventar la dificultad; y aunque la noche sea bella, aunque la luna brille en el cielo y todo convide a salir a esparcir el Animo, aqui no se entiende de nada de eso, y anda V. por las called sin encontrar alma viviente, tal como sucede en otras partes A altas horas de la noche. Solo una vez al ano da esta poblacion seiales de vida, y es en el Carnaval en que el alboroto es tanto y tanta la bulla y la algazara dia y noche, que molesta y fastidia al forastero poco 6 nada dispuesto como yo a participar de tan desusada alegria. Dura esta festividad una semana y en este tempo no se ven por las calles mas que comparsas, cabalgatas, reuniones de toda especie con masicas que resuenan por todas partes constantemente. Bailes bay casi todas las noches en todos los casinos, siendo los mas notables los del Circulo villanoves, adonde concurre lo mas granado de la poblacion y donde se v6 bailar lo mismo al j6ven que al viejo, al nbio, al soltero, al casado, y por 298

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MI VIAJE A ESPARA ultimo hasta i a los cojos! Es un verdadero furor el que hay entonces por bailar. Creo que yo fuf el nnico que no bail en el Carnaval y estoy por decir que desde entonces debo de estar en el peor concepto del mundo para toda esta gente tan bailarina. Entre las comparsas que vi recorrer la poblacion, la mas notable y vistosa es la de las senoras el segundo dia de Carnaval y que la componen las prineipales jovenes de Villanueva solteras y casadas; todas con vestidos de seda de bellos colores, con mantas por el estilo y careta de raso negro. Cada una leva un companero, cuyo traje es pantalon de paflo negro, camisa colorada y gorra del mismo color, con solo media careta. Vi bailar esta comparsa en la Rambla desde mi balcon y la visualidad que ofrecia era bellisima. Para mi fu6 uno de los atractivos mejores que hall al Carnaval de aqui. La poblacion de Villanueva puede decirse que se triplica en esos dias, pues por donde quiera que se v6 la concurrencia es extraordinarily, como que acuden a pasar aqui el Carnaval muchas personas de los pueblos inmediatos y hasta algunas de Barcelona. Se ha convenido en que el Carnaval de Villanueva es cosa notable y este es el motivo de la afluencia de gentes. Una de las principles diversiones consiste en arrojarse unos a otros en las calles y plazas almendras, pero no como quiera brutalmente y sin consideraci6n, atendido a que las tales almendras mas son peladillas 6 guijarros que otra cosa. Prueba de 1o arriesgado de ese entretenimiento semisalvaje, es que vi una de las nocbes en el baile del Circulo a varias personas llevando impresas en la cara las senales de mas de un almendrazo; pero como se considera eso bromas de Carnaval, nadie hace alto ni se preocupa lo mas minimo. Lo particular es que toda esa gente que asi pierde el seso y se entrega con frenesi a esa clase de diversiones, muestra luego tanto 6 mas entusiasmo por las festividades de la iglesia en la cuaresma y en la Semana Santa. Desde luego como ya se supone hay aqui mucho fanatismo. Las procesiones del Jueves y Viernes Santo son notabilisimas por sus exageraciones, por sus extravagancias, por su alarde de una mal entendida religiosidad. Una de estas torpes 299

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CUBA CONTEMPORANEA muestras de atraso, consiste en llevar en las procesiones de esos dias que se verifican de noche, un enorme y pesado Cristo en la Cruz, el cual sostiene un hombre con ambas manos introducido el estremo de la cruz en una bolsa que le pende del cuello, teniendo que mantener el pesado madero en un diffcil equilibrio. Parece que a consecuencia de tan. bArbaro esfuerzo, mas de un individuo se ha resentido del pecho y hasta creo que ha muerto alguno. En la del Viernes Santo se hacen notar unos encapuchados que van arrastrando tras si largas y gruesas cadenas, amen de ir descalzos, cosa que edifica al pueblo y sobre todo a las viejas ignorantes. Por este estilo otra multitud de barbaridades que seria prolijo enumerar. Ynterrumpo aqui estas impresiones referentes a Villanueva para anotar mi reciente escursion a Montserrat, la cual bien merece un recuerdo, pues sin duda algana nada me ha interesado tanto desde que estoy en Espana como dicho paseo. El 1.0 de junio del corriente ano de 68 salimos a las tres de la tarde de Villanueva para Villafranca en la molestisima diligencia, 6 hicimos este viaje que dura dos horas y media, con mucho calor y con excesivo polvo por todo el camino. Tomamos alli el ferrocarril que nos condujo a Barcelona de cuyo punto me reservo hablar mas adelante. Nos detuvimos alli todo el dia dos y el tres a las ocho de la mafiana tomamos el tren del ferrocarril de Zaragoza que nos condujo a Monistrol donde aguarda la diligencia que lo leva a uno hasta Montserrat. Hasta ahora es el viaje en diligencia que mas me ha agradado no obstante que es muy lento por cuanto se va siempre ascendiendo la montafia. Pero el camino es bello sembradas ambas orillas de Arboles frutales particularmente de cerezos que hacen muy bonito efecto. A eso de las dos de la tarde llegamos al Monasterio. Lo primero que hay que hacer apenas se apea uno de la diligencia es correr al despacho de aposentos donde se encuentra un padre esclusivamente encargado de distribuir las habitaciones a los viajeros y como estas no se dan sino por el 6rden en que se pre300

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II VIAJE A ESPANA sentan los que van llegando, es de necesidad darse prisa para conseguir las mejores. Una nos dieron que no valia gran cosa, pero a renglon seguido se nos facility otra perfectamente'situada y con una vista preciosa. I, Que puedo yo decir de aquel lugar delicioso que esprese siquiera medianamente lo que es en realidad? A mi me sedujo desde el primer momento, senti descender a mi Animo su ben6fica influencia y mi espiritu se serene y me hall tranquilo y dichoso mientras permaneci en medio de aquellas montafias, de aquella vejetacion frondosa y aquellas flores perfumadas. El Monasterio es grandioso, de aspecto solemne y hay en 61 innumerables riquezas, joyas de gran valor, regaladas por los devotos a la Virgen. Varias veces estuve con mi familia en el camarin donde se halla esta imagen. Conduce a 61 una escalera de marmol en cuyo primer descanso se encuentra un angel de tamafio natural con un dedo en la boca y en la mano izquierda semejando un pergamino se lee un r6tulo con letras doradas que dice: "Sube y calla." Al estremo de la escalera y ya 6 la puerta del camarin se halla otro angel que con el indice senala la entrada y tiene en la misma disposition que el anterior este r6tulo: "Entra: esta de gracia"; Lo cual en mi concepto no espresa bien claramente el sentido de la frase, pues yo mismo confieso que en el primer momento no me lice cargo del verdadero significado, que desde luego da a entender al visitante que penetre en aquel recinto pues la Virgen de Montserrat se halla dispuesta a concederle las gracias que le pida. Se educan en el Monasterio cierto nnmero de nifios y jovenes, entre cuyos escolares se ha formado una excelente orquesta asi como un coro de muy buenas voces; y una y otro se hacen admirar de los viajeros en los oficios y festividades de la iglesia, i los cuales di gusto alli asistir porque aquella mnsica y aquellas voces encantan y endulzan el alma bafiandola de inesplicable bienestar. Yo me sentia otro alli cuando al oscurecer me hallaba bajo las bovedas de aquel templo, esperimentando los efectos de 301

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CUBA CONTEMPORANEA esa musica y esos cantos que tenian algo de grande y de sublime. Terminar6 esta breve reseda trasladando aqui lo que escribi en mi libro de Memorias durante mi permanencia en Montserrat, asi como el recuerdo que dej6 consignado en el Album que el Monasterio 6 mejor dicho el padre aposentador facilita a los viajeros que lo solicitan. Entre las poesias nltimamente escritas en el Album en catalan y castellano por los poetas que terminados los Juegos Florales de Barcelona visitaron a Montserrat, hall los siguientes que copi6 por parecerme oportunos y dignos de mencion: EN MONTSERRAT Aqui de Dios la mirada al mortal empequenece; estoy en pi6... y me parece que esta el alma arrodillada. Mas nunca del mundo en pos tan grande como hoy me vi... y soy grande porque aqui estoy mas cerca de Dios. PEDRO ANTONIO TORRES. 8 de mayo de 1,868. Por mi parte escribi lo siguiente: "Aunque Catalufa no sobresaliese centre todas las demas provincias de Espana por su ilustracion y el espiritu industrial de sus hijos, siempre tendria la gloria de poder mostrar a los viajeros del mundo todo, su historica y prodigiosa Montaia de Montserrat. "Veo que se hace m6rito en este Album de muchas curas materiales debidas a la intercesion de la Virgen que se venera en el Santuario; pero yo no dudo que tambien otros enfermos del espiritu, almas atormentadas y corazones llenos de hiel, habran recobrado aqui la paz y visto desaparecer su hasto 6 su desesperacion, solo ante el espectfculo de esta magestuosa y sublime naturaleza. "i Qu6 poesia tan pura y tan solemn la que poseen todos estos contornos! iQu6 grandiosidad en cuanto la vista abarca! 302

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Mt VIAJE A ESPAkA Qu6 misteriosas sensaciones la que esperimenta el alma en medio de este imponente asilo "Yo que solo he pasado breves dias en tan encantador lugar, conservar6 perpetuamente la memoria de mi visita a la Monta, fia de Montserrat, porque durante mi permanencia en ella me he sentido regenerado, me parece que he vivido otra vida, que he sido otro, de Lo que era antes de llegar a esta prodigiosa altura. En Montserrat d 4 de junior de 1,868. Un dia mas pasado en Montserrat y otra prueba de que aqui es donde debiera yo permanecer mucho, muchisimo tiempo. i Cuan aligerado se siente mi corazon, cuan tranquila mi alma, que agena de tormentor mi imaginacion He trepado hoy por las montafias, he visto lontananzas preciosas, me he sentido engrandecer ante espectaculo tan sorprendente. Pero esta noche i qu6 impresiones tan nuevas y desconocidas ha esperimentado mi espiritu! Despues de haber paseado mas de una hora por una alameda que hay frente al Monasterio, contemplando los elevados peiascos bafiados por la luna, he entrado en la habitacion, he abierto la ventana y alli he permanecido algun tiempo, henchido de emociones el corazon, llena de entusiasmo la mente ante tan arrobadora escena. Al frente se elevan gigantescos penascos; 6 la izquierda corre una hilera de montafias medio veladas por una ligera niebla; en el fondo el rio deja oir su sordo rumor; sopla suave la brisa; la luna se alza radiante por encima de los elevados promontorios, y como si aun no fuese suficiente tanta belleza, tanta poesia, tanta sublimidad, el ruisefior oculto entre las pefias modula su incesante y dulce canto que acaba de transportar mi alma y de bafiarla de grata y consoladora dulzura. La agitacion de mi espiritu esta en suspenso; la lucha de mis pasiones se ha sosegado,, y tal parece verdaderamente al sondear ahora mi alma, que nunca la desesperacion y la duda la han atormentado con sus horrores. 303

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CUBA CONTEMPORANEA L Por qu6 no ha de serme dable detenerme aqul largo tiempo para que a favor de tan grata influencia mi animo se serenase por completo y mi corazon dejase de sufrir y de desgarrarse, como de nuevo le acontecera al abandonar estos sitios santos y grandiosos que obran tales prodigios, como el de proporcionar la felicidad y el sosiego at que como escribe estas lineas no nacid para disfrutarlos? i Ah jams se borraran de mi memoria los breves dias que he pasado a tu abrigo, grandiosa y sublime Montaa de Montserrat, tn que al menos aunque momentaneamente has apaciguado la tempestad que siempre ha rugido en mi alma, y que al perderte de vista nuevamente bramara impetuosa! En Montserrat d las once y media de la noche del 6 de junio de 1,868. Esta mafiana a las seis en compania de mi hermana P. nos dirijimos ambos montados en borricos a San Gerdnimo, punto el mas elevado de estas montanas de los que son accesibles. Qu6 magnificencia la que presenta a la vista esa altura! Colocado sobre el punto mas prominente, en una especie de meseta, contempl6 desde alli una estension inmensa, multitud de poblaciones, los Pirineos y otras altas montanas cuya cima estaba cubierta de nieve. A algunos pasos de distancia de alli, hay un eco notable, por cuanto repite varias veces cada palabra que se pronuncie en voz bastante alta. Yo grit6 alli con toda la fuerza de mis pulmones, pronunciando diversos nombres. El eco los repetia, tres veves, siendo de notar que la segunda repeticion es siempre la mas clara y perceptible. Este fen6meno tan natural, tan sencillo, yo no lo habia podido apreciar tan bien como hoy en que por primera vez he observado el efecto de un eco como el de estas elevadas montanas, causfndome una impresion profunda. Esa voz que escuchaba detras de aquellas pefias, entre aquelbos abismos, sonaba f mis oidos de una manera tal, con tan triste acento que me hacia sentir algo estrano y desconocido. Antes de descender de la elevacion aquella me despedi de esos lugares diciendoles Adios. El eco por tres veces reprodujo 304

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MI VIAJE A ESPANA mi acento y of distintamente a la segunda vez otro adios que parecia responder al mio. ;Oh qu6 recuerdo, que impresiones me llevo de estos sitios magnificos y admirables! Creo que nunca podr6 dar al olvido cuanto aqui he admirado, cuanto aqui he sentido, cuanto aqui he gozado!... En Montserral d las once de la noche del 7 de jan Jo de 1,868. El dia 8 a las nueve de la mafiana salimos de Montserrat para Monistrol donde tomando el ferrocarril volvimos 6 Barcelona, cuyo movimiento, cuyo ruido, contrastando entonces para mi tanto con la calma y el sosiego de las montafias que acababa de abandonar, me fu6 sumamente desagradable. El 9 retornamos a, Villanueva cuyas particularidades continuare anotando, luego que haya consignado aquf algunas brees observaciones concernientes a mis visitas a Barcelona. Mi habitual pereza me ha impedido volver 6 escribir en este diario desde el mes de junio y hoy 9 de octubre de 68 anoto estas breves lines, pr6ximo a abandonar a Villanueva con direecion a la Habana, dejfndome por lo tanto en el tintero todo lo que hubiera podido consignar acerca de mi estancia en este pueblo, del que me acordar6 toda la vida. F. DE P. GELABERT. Celebrado escritor de costumbres, el sefior Francisco de Paula Gelabert redact6 estas impresiones de su viaje a Espaia, indditas hasta hoy, sin pensar en quo algfln dia verian la luz ptiblica. A sus familiares agradecemos la atenci6n de habernos facilitado oi original, y las publicamos respetando la ortografia del autor, quien colabor6 en diversos peri6dicos-entre otros El Moro Muza, de Martinez Villergas-y dej6 buenas pruebas de su estilo chispeante en numerosos articulos, algunos coleccionados en run volume ya raro: Cuadros de costumbres cubans, publicado en la Habana en 1875. 305

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LOS ESTADOS UNIDOS Y SU POLITICA EN NICARAGUA OINCIDIENDO con la derrota de las fuerzas de Carranza por las hordas de Villa y Zapata, aparece el reciente discurso pronunciado por el presidente W. Wilson en Indianapolis, en el cual anuncia el estadista norteamericano su prop6sito firme de no intervenir para nada en los asuntos de M6jico. Hace pocos meses ann, sin embargo, que el Dr. Wilson, en nombre de la moral, la justicia y la raz6n, se erigia en juez de los acontecimientos desarrollados en la vecina replica del Sur, pronunciaba fallo inexorable en contra de uno de los politicos de aquel pals y asumia el derecho de poner en ejecuci6n su fallo aunque para ello fuera necesario ir a la guerra; la declaraci6n hecha en Indianapolis parece, pues, indicar un cambio radical en la politica angloamericana con respect a M6jico. Ahora bien, si aceptamos como sinceras las recientes manifestaciones del Presidente de los Estados Unidos, no cabe otra cosa que suponer que al hacerlas quiso Mr. Wilson rectificar sus opiniones anteriores, admitiendo el ilustre hombre pnblico que la actitud por 61 asumida hasta hoy era err6nea y equivocado el criterio que mantuvo durante el periodo de la administracion huertista; pero tal admisi6n nos obligaria irremisiblemente a concluir que el presidente Wilson, por mantener una opinion personal tan pobre que 61 mismo rectifica a los pocos meses, lanz6 a su pals a los peligros de una

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LOS ESTADOS UNIDOS Y SU POLITICA EN NICARAGUA guerra, caus6 la muerte de centenares de hombres e intervino en los asuntos interiores de una naei6n extranjera para quitar el poder a un partido y dArselo a otro. Suponer una inestabilidad tan grande de opiniones y una impremeditacion y ligereza tales en un estadista y fil6sofo de la talla de Mr. Wilson, seria absurdo; luego es evidente que, aunque asi parezca indicarlo el discurso de Indianapolis, no hay tal cambio en la politica de los Estados Unidos. Pero si es cierto que no hay inconsistencia en la politica yankee, es no menos cierto que los Estados Unidos intervinieron no hace mucho en M6jico, en tanto que ahora se proponen-y asi 1o anuncian-no intervenir; luego es parte de la politica norteamericana intervenor unas veces y otras no. Y como tal politica no puede ser la consecuencia de criterio moral de ninguna especie, no podemos l6gicamente deducir de todo lo anterior sino que la cuesti6n de intervencion o no intervenci6n en M6jico no ha obedecido nunca a principios doctrinales, sino a intereses materiales particulares de los Estados Unidos. & Cuales son estos intereses ? En el presente articulo nos proponemos discutir la cuesti6n de Nicaragua, la cual se parece tanto a la de Mejico, que al hacerlo-y dejando a nuestros lectores trazar el paralelo que inevitablemente hemos trazado nosotros-nos proponemos contestar la pregunta que dejamos abierta al comenzar este parrafo. a* Con la subida de Villa y Zapata al poder, un iris de paz relativa irradia en el cielo mejicano, del mismo modo que tras la caida de Zelaya, Madriz y Estrada, en Nicaragua reino de nuevo la calma, pues To ocurrido en M6jico es una reproducci6n exacta de To que pas6 en la pequefia y turbulenta naci6n de Centro-Am6rica. Hay en Nicaragua dos partidos, el liberal y el conservador. Estos dos partidos tuvieron su origen en dos tendencias opuestas bien definidas: el uno era defensor de los privilegios del clero, del sufragio restringido y de la division de clases; el otro defendia la separaci6n de la Iglesia y el Estado, el sufragio universal y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley; 307

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CUBA CONTEMPORANEA pero a medida que el espiritu democratic modern fu6 progresando, estas diferencias desaparecieron gradualmente, y hoy no parece haber entre ambos partidos diferencia doctrinal alguna. Jos6 Santos Zelaya, candidato del partido liberal, ocup6 la presidencia en 1893 y, en un principio, ejerci6 el poder con justicia y acatamiento fiel a las leyes de su pals; cuando se sinti6 fuerte, sin embargo, su regimen empez6 a hacerse mas y mis arbitrario, hasta terminar, como sucede frecuentemente, en dictador militar de tipo muy parecido al de Porfirio Diaz en Mejico. Es triste reconocerlo tal vez, pero la experiencia nos ensefa que la mayoria de las naciones latinoamericanas, por la gran diversidad de elementos 6tnicos que encierran, por la proporci6n enorme de analfabetos que tienen y por otras varias razones que nosotros no queremos discutir aqui, no estan suficientemente preparadas para un gobierno republicano propio, y la paz interna y la prosperidad material del pals s6lo se aseguran bajo la mano fuerte de un dictador poderoso. Nosotros estamos firmemente convencidos de que los imperios de Bolivar en la Gran Colombia y de Maximiliano en M6jico, de haber triunfado, hubiesen sido, siquiera temporalmente, una bendici6n inestimable para esos paises hoy divididos y fraccionados por violentas y frecuentes discordias civiles. Financieramente, por la 6poca de que estamos tratando, Nicaragua estaba pricticamente en manos de Inglaterra; numerosas concesiones, hechas a corporaciones inglesas, habian entregado a 6stas casi la cuarta parte del territorio nacional, y ademas los empr6stitos del Estado habian sido todos contratados por firmas inglesas o francesas. Ademfs de ciertas medidas desp6ticas que se vi6 obligado a emplear para retener el poder, Zelaya fu6 acusado de corrupcion en el manejo de los fondos pnblicos y en 1909 estall6 en la costa del Caribe una revolucion cuyo grito de guerra fu6: "Abajo las concesiones!" Esta parte de Nicaragua era la nnica en que comerciantes y capitalistas norteamericanos habian logrado establecerse, y en su mayoria apoyaron vigorosamente al partido revolucionario, hasta cierto punto, sin duda, por simpatias contrarias al presidente nicaragiiense, pero principalmente con 308

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LOS ESTADOS UNIDOS Y SU POLITICAL EN NICARAGUA 309 la esperanza de ver asumido el gobierno de la republica por hombres que les debieran el triunfo y se apresuraran, en pago, a anular las concesiones hechas a las firmas europeas, dandoles a ellos asi una oportunidad de establecerse s6lidamente en el pals y explotar en provecho propio los inmensos recursos naturales de que goza. Para comprender ahora la marcha de los sucesos, es necesario decir siquiera dos palabras sobre las condiciones geograficas de Nicaragua. Con mayor superficie que Cuba, Nicaragua tiene una poblaci6n de tan s6lo 600,000 habitantes; se halla situada entre Costa Rica y Honduras y presenta dos costas, la de Mosquitos y la del Pacifico. La costa de Mosquitos es arida y casi desierta, pues la inica poblaci6n de alguna importancia con que cuenta es Bluefields, cuyo total no llega a 2,000 habitantes, la cual tiene una numerosa colonia norteamericana; la costa del Pacifico, por el contrario, es rica en productos agricolas y minerales, tiene un buen sistema de ferrocarriles y cerca de ella estan las poblaciones principles de la republica: Le6n, Managua, Granada, Cartagena y otras varias. Era gobernador de Bluefields en este periodo el general Juan J. Estrada, el cual se puso al frente de la revoluci6n. tsta, sin embargo, carecla de importancia, y Zelaya la hubiese aplastado facilmente de no haber ocurrido un hecho que le granje6 definitivamente la enemistad de los Estados Unidos: Canon y Groce, dos ciudadanos angloamericanos que militaban en las filas rebeldes, fueron capturados cuando trataban de volar un transporte del gobierno en el rio San Juan, juzgados en consejo de guerra y fusilados. Los Estados Unidos inmediatamente retiraron su reconocimiento a Zelaya y se prepararon a intervenir militarmente en el pals. Viendo el peligro inminente en que se encontraba su patria de ser invadida por el extranjero, y convencido de que no habia otro medio de impedir la intervenci6n, Jos6 Santos Zelaya abandon el pals en el crucero "Guerrero", que generosamente le ofreciera el gobierno mejicano, depositando el poder en manos del Dr. Madriz, a quien correspondia constitucionalmente .por ser el vicepresidente, y el cual fue confirmado despu6s por el Congreso. Madriz ocupo, pues, la silla presidencial de acuerdo con las

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CUBA CONTEMPORANEA leyes de su naci6n y con el beneplcito del Congreso; pertenecia al partido liberal, que es el mas numeroso en Nicaragua y, hallhndose en posesi6n de la rica costa del Pacifico, dominaba la capital, la principal ciudad (Le6n), cuatro quintas partes del territorio de la Republica y nueve d6eimas de la poblaci6n. La revoluci6n, sin hombres, sin dinero, con s6lo un pedazo de costa Arida y pobre, no hubiera podido resistir un momento mas. Pero los Estados Unidos, alegando que Madriz representaba la corrompida administration de Zelaya, se negaron a reconocerle, y, aunque declarando que permanecerian neutrales, ayudaron cuanto pudieron bajo cuerda a la revoluci6n: Estrada recibi6 de ellos armas, dinero y garantias de apoyo. Era la politica del Departamento de Estado norteamericano colocar en el poder al partido revolucionario, con objeto de que 6ste favoreciera los proyectos financieros de dicho Departamento, los cuales debian terminar colocando a Nicaragua virtualmente bajo el protectorado yankee. A principios de 1910 el gobierno nicaragiense habia equipado dos buques, el "Venus" y el "San Jacinto"; era este n11timo un canonero malo y viejo, en tanto que el "Venus" era simplemente un vapor mercante al que se le habian montado algunos caiones ; pero como la revoluci6n no posefa barco alguno, ellos bastaron para dar a las fuerzas de Madriz domino incontrastable de las costas del Caribe. Tras tun breve bombardeo, cay6 en poder del gobierno San Juan del Norte, el nnico puerto de Nicaragua en el Este, aparte de Bluefields. A fines de mayo los revolucionarios, que apenas sumaban unos mil doscientos hombres, fueron derrotados en el Bluff por el general Lara y los rebeldes se vieron obligados a refugiarse en Bluefields. Sitiado su ejreito en el puerto mencionado por fuerzas cuatro veces superiores numericamente y sin poder recibir auxilios por ninguna parte, pues el "San Jacinto" y el "Venus" continuaban dominando el mar, la revoluci6n iba a ser inevitablemente aniquilada. Un amigo nuestro, que en aquella 6poca estaba de agregado en la Legacion del Brasil en Managua, refiere que Estrada, atemorizado, acudi6 al consul norteamericano informandole de la necesidad en que se vefa de rendirse y rogAndole que le facilitara medios de escapar del pais, a lo 37.0

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LOS ESTADOS UNIDOS Y SU POLITICAL EN NICARAGUA que respondi6 el c6nsul aconsejindole que luchara hasta el ultimo momento, que 61 le ayudaria. Sea o no cierta esta entrevista, el echo es que el gobierno norteamericano orden6 el desembarco de una compafla de infanteria de marina y varias ametralladoras, haci6ndose cargo de prestar guardia en el pueblo y dejando a la totalidad de las fuerzas de Estrada en condiciones de marchar a las trincheras. Al mismo tiempo el Departamento de Estado norteamericano notific6 al de Nicaragua que no podia tolerar que los cafioneros del gobierno-que habian entrado en el puerto-bombardearan las posiciones de los rebeldes, pues ello era exponer la poblacion a sufrir daios y habia en ella numerosas propiedades norteamericanas; tampoco se permitiria, segn esta nota, que los cafioneros bloquearan el puerto, pues ello resultaria perjudicial a los intereses del comercio angloamericano: y para demostrar mas claramente lo que esto significaba, dos dias mas tarde un vapor mercante, escoltado por el crucero "Salem", pas6 por entre los dos cafioneros nicaragilenses entregando en poder de Estrada un cargamento de artilleria y municiones. Convencido de la inutilidad de una lucha en tales condiciones, el Dr. Madriz orden6 a Lara que levantara el sitio, hizo que sus dos cafioneros se desarmaran en Puerto Lim6n, siendo alli entregado a las autoridades de Costa Rica, y abandon el pals dejando el poder en manos de Adolfo Diaz, un simpatizador de la revolucion e intimo del embajador angloamericano. Juan Estrada fu6 entonces a Managua y asumi6 el poder sin formalidades legales de ninguna clase; poco despues unas elecciones de opereta le confirmaron en la presidencia y los Estados Unidos lo reconocieron como Presidente Constitucional de Nicaragua. Inmediatamente despu6s Estrada hizo un empr6stito de $ 15.000,000 en Wall St., y con parte de este dinero se pag6 la deuda publica de Nicaragua ($ 6.000,000) que estaba en manos de los Rothschild de Londres; pero como para pagar a los ingleses esos seis millones, la naci6n habia contraido con la Casa de Speyer and Co. una deuda de quince, fu6 necesario ceder a los Estados Unidos el derecho de administrar las aduanas del pais para garantizar el pago del nuevo empr6stito: a esta combinaci6n llam6 el gobierno norteamericano "rehabilita311

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CUBA CONTEMPORANEA ci6n de las aduanas de Nicaragua gracias a nuestra generosa intervencion". La "dollar diplomacy" de Knox quedaba triunfante y Nicaragua rompia definitivamente sus lazos con Europa para colocarse bajo la tutela yankee. Pronto, sin embargo, las rivalidades entre los jefes entronizados por los Estados Unidos, dieron al traste con el nuevo gobierno; Chamorro, un general que habia cooperado con Estrada en Bluefields, y Adolfo Diaz, empezaron a conspirar. Estrada habia ido ya muy lejos en cuanto a satisfacer las demandas de los Estados Unidos se refiere, pero este gobierno exigia un paso mis, que Estrada se neg6 a dar; en consecuencia, los Estados Unidos le retiraron su apoyo, y Estrada, que no tenia otro, huy6 del pals dejando el poder en manos de Adolfo Diaz. Se celebraron nuevas elecciones, y el Congreso recien electo pas6 una ley que es copia exacta de la Enmienda Platt y con la cual fu6 adicionada la constituci6n nicaraguense. Esto ultimo produjo una explosion formidable de los odios que el pueblo de Nicaragua sentia por los yankees y por Adolfo Diaz, a quien consideraba como un agente de los Estados Unidos. Chamorro (liberal) y Mena (conservador) se unieron en una sublevaci6n que ocupo a Le6n, sin combatir, y avanz6 arrolladora sobre Managua; pero los Estados Unidos desembarcaron una expedici6n, la artilleria angloamericana ocupo las calles de la capital, y se hizo saber a la revoluci6n que los Estados Unidos, "que juzgaban las revueltas civiles como un gran mal", estaban dispuestos a mantener en el poder a Adolfo Diaz. Tal es, relatada en frases escuetas y sin grades comentarios que serian superfluos, la historia de la ingerencia angloamericana en Nicaragua, bajo la administraci6n republicana de Taft y de Knox; bajo Bryan y Wilson, los dem6cratas han realizado en M6jico, en gran escala, una reproduccion de la misma farsa. No hay, pues, que esperar cambio alguno en la politica de los Estados Unidos, con respecto a la Am6rica Latina, pues como dijo hace pocos dias el Dr. G. G. Wilson-profesor de Derecho Internacional en la universidad de Harvard-: "Por fortuna se han creado en esa Secretaria (la de Estado) dos departamentos cuyo personal no cambia, el de Asuntos Latinoamericanos y el de Asuntos Orientales; Washington se ha dado cuen312

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LOS ESTADOS UNIDOS Y SU POLITICAL EN NICARAGUA 313 ta de que nuestra politica en Sur Am6rica y Asia es de caracter national y no puede estar sujeta a las frecuentes variaciones gubernamentales propias de nuestro sistema republicano". J. C. Z. Cambridge, enero 18 de 1915. Estas iniciales, que son las del nombre y apellido de un inteligente joven cubano estudiante en la Universidad de Harvard, ocultan a un novel escritor que ha firmado ya algunos trabajos con el anagrama de Aromaz Nauj, y cuyo nombre no estamos autorizados para revelar aqul. Este articulo es de interest para America y revela que su autor posee muy apreciables dotes de observador atento y analista severo.

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NOTAS EDITORIALES LA ESTATUA DE SACO Como en el nnmero de febrero prometimos, damos en este una parte de la nueva lista de contribuyentes espontaneos al proyecto de levantar en la Habana una estatua al insigne pensador cubano Jos6 Antonio Saco, hijo de la inmortal Bayamo y escritor quiz el mas vigoroso y notable de cuantos ha producido Cuba, que ha tenido y tiene cultivadores eminentes de las letras; y al propio tiempo que damos publicidad a los nombres de estos nuevos y generosos contribuyentes, anunciamos que la Comisi6n Central de la Habana ha dejado constituida en la ciudad de Santiago de Cuba la Subccmision de la Provincia de Oriente, recayendo los nombramientos de Presidente, Secretario y Tesorero, en personas tan distinguidas como los sefiores Emiho Bacardi Moreau, Dr. Max Henriquez Urefia y Ldo. Luis Rovira Ramirez, respectivamente, quienes designarfn a las que con el caracter de Vocales han de secundarlos en la noble labor de allegar fondos para llevar a cabo el proyecto dentro del plazo prefijado de dos alios. El Director de CUBA CONTEMPORANEA, en Su reciente viaje a la capital oriental, notific6 a los citados senores sus respectivas designaciones, quienes las agradecieron y aceptaron. Fuera de la gesti6n que tan caracterizadas personas habran de realizar, placenos hacer pnblico nuestro profundo agradecimiento al senior Eusebio S. Aspiazu, Secretario Particular del senior Presidente de la Repnblica, quien con gran entusiasmo inici6 espontaneamente entre algunos amigos suyos, en especial

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NOTAS EDITORIALS 315 de la ciudad de Santiago de Cuba, una colecta que arroja la suma de $ 228.00 oro americano, segn comunic6 al Dr. Jose Sixto de Sola en carta recibida por este el dia 25 de febrero. Dicha suma esta ya en nuestro poder, y la lista de donantes nos proponemos publicarla en breve. A lo recaudado por el Sr. Azpiazu. .. hemos de agregar estas cantidades tambi6n espontaneamente entregadas por las personas que siguen: Sra. Aurelia Castillo de Gonzalez .... Sr. Domingo Figarola-Caneda ...... Dr. Federico C6rdova. ......... Y afiadiendo a estas cantidades las recibidas anteriormente, segnn lista publicada en el nnmero de enero nltimo de CUBA CONTEMPORANEA, que ascendian a. .. tenemos un total, hasta el 25 de febrero 1915, de. ......... O. A. $ 228.00 O. E. $ 4.24 ,, 5.30 5.00 71.00 y ,, 199.80 ....$ 304.00 $ 209.34 Si a reunir estas sumas hemos llegado en muy poco tiempo y sin haber iniciado todavia la colecta pnblica y general en toda la nacion, ;no debemos pensar que en el plazo de dos anos estarfn reunidos los $ 20,000 para erigir en la Habana al ilustre Jos6 Antonio Saco la estatua que 61 merece y que nuestros compatriotas verfn con orgullo alzarse en uno de los principales sitios de esta capital? Confiamos en que asi habra de ser, y rogamos nuevamente a toda la prensa de Cuba que nos ayude en esta tarea moviendo la opinion publica y divulgando los nombres de los contribuyentes. La Comisi6n Central de la Habana se reunira en breve para nombrar sus Vocales y las cuatro subcomisiones de las provincias de Pinar del Rio, Matanzas, Santa Clara y Camagney, asi Como para declarar oficialmente abierta la subscripci6n naeional, cuyo producto, hasta tanto se invierta en el pago de la estatua, quedara depositado en el Banco de la Habana, de los sefiores Zaldo y Compania.

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CUBA CONTEMPORANEA Quienes deseen contribuir, pueden dirigirse al Presidente, Dr. Evelio Rodriguez Lendian (Linea esq. a 14, Vedado); al Tesorero, Dr. Carlos de Zaldo y Beurmann (Cuba, 76 y 78), o al Secretario, Sr. Mario Guiral Moreno (San Miguel, 180, altos), en la Habana. EL ATENEO DE SANTIAGO Y EL DIRECTOR DE ((CUBA CONTEMPORANEAa No ya por lo que tiene de personal y de grato para el Director de CUBA CONTEMPORANEA, sino por cuanto representa como estimulo-a mals del debido testimonio de reconocimiento a las personas que le colmaron de generosas atenciones en su reciente y rapido paso por la capital de Oriente-, hemos de recoger aqui los ecos de la brillante recepci6n ofrecida en su honor por el Ateneo de Santiago de Cuba la noche del 19 de febrero filtimo en los salones de la Sociedad Beethoven, que dirige el ilustre maestro D. Rafael P. Salcedo. Ante una numerosa y selecta representaci6n de la culta sociedad santiaguense, que llenaba la planta alta del edificio ocupado por la citada instituci6n artistica, y con la asistencia del Comandante del buque-escuela cubano Patria, Sr. Rodolfo Villegas, de los oficiales de este barco de la Marina Nacional y de un escogido grupo de Guardias-marinas, se cumpli6 en todas sus partes el siguiente programa: 1.0 Palabras de apertura, por el Presidente del Ateneo, Ldo. Eduardo Gonzalez Manet. 2.0 Poesia por el Sr. Joaquin Aristigueta. 3.0 Poesia por el Sr. Luis Vazquez de Cuberos. 4.0 "Escenas pintorescas", de J. Massenet; ejecutada, a cuatro manos, por la Srta. Maria J. Boudet y el Sr. Rafael P. Salcedo. 5.0 Poesia por el Sr. Enrique Cazade. 6.0 "La chevauch6e des Walkyries", de Wagner-L. Brassin; ejecutada al piano por la Srta. Angelina Veloso Serrano. 7.0 Poesia por el Sr. Pascual Guerrero. 316

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NOTAS EDITORIALES 8.0 Brindis de clausura, por el Director del Ateneo, Dr. Max. Henriquez Urefia. El Ldo. Gonzalez Manet, con palabra flnida y elegante, hizo un ben6volo y caluroso elogio de la persona y la labor del Director de CUBA CONTEMPORANEA, quien desde las pfginas de esta Revista reitera al sobresaliente y prestigioso letrado la expresion de su mas profundo reconocimiento; el senor Joaquin Aristigueta recite su delicada poesia Las araias de nieve; Luis Vazquez de Cuberos ley6 sus lindos versos Primavera; la gallarda seforita Boudet y el Sr. Salcedo ejecutaron magistralmente al piano la preciosa composici6n de Massenet ; Enrique Cazade ley6 su bella poesia titulada Tus manos; la gentil senorita Veloso toc6 admirablemente "La chevauch6e des Walkyries"; Pascual Guerrero hizo oir sus inspiradas poesias Voces del silencio y Cancidn preterita, y, antes de tomar la palabra el Dr. Henriquez Ureia, los senores Arturo J. Manduley y Aristigueta dieron mas esplendor a la fiesta leyendo el primero sus faciles versos titulados Tengo fe en el maiana, y el segundo un hermoso poema, Las tres virgenes, original del popular cantor D. "Lolo" Garcia, quien tuvo la amabilidad de dedicarlo especialmente al Director de CUBA CONTEMPORANEA. Todos estos nnmeros fueron calurosamente aplaudidos por los concurrentes; y al levantar su copa de champagne el Dr. Henriquez Urefia, para pronunciar el brindis de clausura, los aplausos resonaron de nuevo. Su vibrante discurso, como el vibrante del Dr. Gonzalez Manet, fu6 un elogio en extremo honroso y benevolo para el Director de CUBA CONTEMPORANEA y la labor que estf realizando un no escaso grupo de la juventud cubana, sefialando, al finalizar, la neeesidad de que tomen participaci6n activa y directa en los asuntos pnblico los elementos llamados intelectuales, a quienes corresponde en todos los palses bien constituidos la direcci6n de la opinion national. Al Dr. Henriquez Urefia y a cuantos valiosos elementos tomaron parte principalisima en esa fiesta cuyo recuerdo sera imborrable para aquel en euyo honor se efeetu6, asi como a todas las distinguidisimas personas que la honraron eon su presencia, el Director de CUBA CONTEMPORANEA renueva en estas 317

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CUBA CONTEMPORANEA lineas la expresi6n de su sincera y honda gratitud, revelada ostensiblemente en la emoci6n que le embargaba al pronunciar algunas palabras de salutacion y gracias ante aquel selecto auditorio, despu6s que el Dr. Henriquez Urefia termin6 su brindis y previo anuncic del Ldo. Gonzalez Manet. Al levantarse de su asiento quien dirige esta Revista, la concurrencia, puesta de pie, le salud6 con 'un carifioso aplauso; y luego, al comenzar, dijo que lamentaba no poseer la palabra de alguno de nuestros grandes oradores: de un Sanguily, de un Zambrana, de un Montoro, de un Cortina, para expresar con elocuencia sus sentimientos; aliadi6 que aceptaba aquel homenaje para 61 en segundo termino, y en primero para sus compafieros de redaceion y los generosos colaboradores que han hecho posible la vida de esta Revista; dig las mats rendidas gracias por 61, significando con sinceridad, sin falsa modestia que hubiera sido torpe desautorizaci6n del acto y ofensa para sus organizadores, que no era del todo inmerecido porque con absoluto desinter6s estabamos ofrendando a la patria lo mas noble, puro y grande que un ciudadano puede y debe darle, lo mas libre de su ser: el pensamiento, ya que cuando se luchaba por la independencia de Cuba no pudimos contribuir con nuestro esfuerzo material y con nuestra sangre al surgimiento de la Repnblica; intent exponer su inefable emoci6n por aquel acto celebrado en la capital de la region donde parecer latir con mas fuerza el sentimiento patio, como lo demuestran los monumentos y estatuas que por doquier se levantan para recordar a los vivos la senda del deber y del patriotismo y las virtudes y los sacrificios de quienes hicieron posible la nacionalidad cubana; y al terminar mostrando su conformidad con el final de la oraci6n del Dr. Henriquez Urefia, afiadiendo que acaso pudiera expresar por escrito todo cuanto le embargaba el corazon y no podia decir con palabras, brind6 tambien el Director de CUBA CoNTEMPORANEA-recordando una c6lebre frase de Jose Antonio Saco-por que Cuba fuese siempre Cuba, es decir, siempre cubana. Al extinguirse los aplausos con que fueron amablemente acogidas aquellas palabras dichas por quien por primera vez se dirigia a un auditorio suyo-y docto auditorio congregado en su honor-, se inicio el desfile entre placemes reciprocos. 318

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NOTAS EDITORIALES El acto fu6 presidido por el eminente repnblico D. Emilio Bacardi, quien tenia a su derecha al Director de CUBA CONTEMPORANEA y al Jefe, los oficiales y Guardias-marinas del Patria, y a su izquierda al Presidente del Ateneo, Ldo. Eduardo Gonzalez Manet; al Alcalde Municipal de Santiago de Cuba, Sr. Prisciliano Espinosa; al Tesorero General de la Republica, Coronel Fernando Figueredo Socarras; al Director, al Secretario y al Tesorero del Ateneo, senores Dr. Max Henriquez Urefia, Pascual Guerrero y Carlos E. Forment; al Jefe de la Secci6n de Orden Pnblico de la Secretaria de Gobernaci6n, Sr. Carlos M. Quintana; a los poetas Cazade y Aristigueta y a otras distinguidas personas. A todas las que concurrieron, y en especial a cuantas tomaron parte en esa espontanea recepci6n, una vez mas reitera el Director de CUBA CONTEMPORANEA su intensisima gratitud por las gratas e inolvidables emociones que experiment en la hermosa fiesta organizada por el Ateneo de Santiago de Cuba, al que renueva sus fervientes deseos de una larga y pr6spera vida, para honra de Oriente y gloria de la cultura national. ANTONIO MIGUEL ALCOVER Una mas que cae, luchando a brazo partido con la vida y en plena juventud. Alcover era un espiritu inquieto, un trabajador infatigable: s6lo la cruel enfermedad que primero le priv6 de la vista y despuas le llev6 al sepulero, pudo impedirle trabajar. Su laboriosidad tal vez no produjo sazonados frutos; pero los produjo, y otros podrfn aprovechar y depurar los datos contenidos en sus obras de caracter hist6rico. Dej6 publicadas, entre otras, una Historia de la Villa de Sagua la Grande y su jurisdiccid? (Sagua la Grande, 1905; 606 p. en 4.0), su obra de mayor empeflo; El periodismo en Sagua; Bayamo: su torna, posesidn e ineendio; Los libros de production latinoamericana, y varios folletos sobre Sagua y Caibarien. Ademas, en el Boletin del Archivo Nacional, que durante algnn tiempo tuvo a su cargo como Director que fu6 de ese establecimiento, dej6 tambien hueHas de su amor al trabajo, mereciendo especial menci6n un curio319

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CUBA CONTEMPORINEA so y extenso estudio suyo titulado Benefactores de Cuba, el cual ocupa 73 paginas, en 4.2 mayor, del nnmero de julio-octubre de 1912, aflo XI, del citado Boletin. Tenia en preparaci6n una valiosa obra, de la cual nos mostr6 algunas partes en 1910, que pensaba titular Monumentos de Cuba. Muri6 Alcover el dia 15 de febrero; su cadaver fu6 trasladado a su amada ciudad de Sagua la Grande, donde le fueron rendidos p6stumos honores. No le faltaron 6stos en vida, pues pertenecio a la Academia Nacional de Historia de Venezuela, a la Real Sociedad Geografica de Madrid, a la Sociedad Mexicana de Geografia y Estadistica y a la Real Academia Hispanoamericana de Ciencias y Artes, de Cadiz. Era lo que pudi6ramos llamar un devorador de libros; y en su biblioteca tenia numerosas obras americanas importantes. La vida de Alcover fu6 un bregar constante; ocup6 en Espafia modestas plazas de nuestra carrera consular (Barcelona y la Coruna), y desempefi6 el cargo de Secretario Particular del que fue Secretario de Agricultura y amigo sincero suyo: D. Francisco de P. Machado. Al atacarle la enfermedad que le cort6 la existencia, desempefaba el puesto de Administrador de la Sucursal del Banco Espafiol de la Isla de Cuba en Santo Domingo, provincia de Santa Clara. Fu6 periodista; colabor6 en nuestras principales publicaciones, y murio pobre.. CUBA CONTEMPORANEA lamenta la desaparicion de este compafiero distinguido y amigo estimado, ofreciendo su concurso para aliviar la angustiosa situaci6n econ6mica en que han quedado la esposa y los hijos del infortunado colega a quien se debe la glorificaci6n, en vida y en su pueblo natal de Sagua, de aquella eminencia medica cubano-francesa que se llamo Joaquin Albarrdn, ilustre cirujano que hizo pronunciar con respeto su nombre y el de Cuba entre los mas sobresalientes hombres de ciencia del mundo. IMPRENTA DE AURELIO MIRANDA, TENIENTE REY, 27, HABANA. 320

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Quba (tzitvznpnrdnra ARO Ill Tomo VII. Habana, abril de 1915. Ndm. 4. LA ENSERANZA DE LA LITERATURA CUBANA NA corriente vigorosa se ha iniciado, y no de ayer, con miras a hacer crear, en los mss altos centros docentes con que cuenta la Republica, ctedras de ensenanza de la literatura cubana. El 6nimo se sorprende, en verdad, al ver cuan escasa y timida es la orientacibn nacionalista de la ensenanza en Cuba. Esta orientaci6n no sale del marco de las escuelas pnblicas de primera ensenanza, en las cuales se dan cursos elementales de Historia de Cuba, tomando por guia el compendio de Vidal Morales y Morales; de Geografia de Cuba, siguiendo el texto de Aguayo y Latorre ; y de Instrucci6n Civica, segun las lecciones de Montoro. Fuera de ello, encontramos algunos libros de lectura como El lector cubano y otros, en cuya redaccion trabaj6 el doctor Esteban Borrero Echeverria, y en los cuales se advierte el prop6sito de darle un car6cter cubano a la ensenanza. Pero, si bien esto es asi por lo que respect a la primer ensefanza, no ocurre lo mismo en los Institutos de segunda ensenanza ni en la Universidad Nacional. En los programas de estos centros de cultura superior no se encuentra ninguna -a;,

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322 CUBA CONTEMPORINEA asignatura que tenga por principal objeto robustecer el espiritu nacional. La asignatura de Ensefianza Civica no basta para ese objeto, aunque, en parte, con profesores que se den cuenta de su verdadera misi6n-y no faltan los que la desempefien a conciencia-, puede contribuir a 61 de manera eficaz. Si bien se mira, desde cualquier catedra, por ajena que parezca a tales fines, se puede contribuir a un resultado semejante. Pero es del profesor de quien depende el conseguirlo, y por ello se habrh dado un gran paso en el sentido de la unidad y consolidaci6n de la conciencia cubana el dia en que todos los maestros cubanos, cada cual dentro de su esfera de accion, coincidan en ese mismo prop6sito fundamental y difundan al trav6s de sus lecciones la profesi6n de fe de cubanismo que ha echo siempre doblemente apreciable, a mis ojos, la labor que desde sus c6tedras universitarias han venido realizando hombres como Enrique Jos6 Varona, Carlos de la Torre y Huerta y Evelio Rodriguez Lendian. Mas, aunque todos los profesores entendieran de igual suerte su apostolado, esto no es ni podria ser bastante. El conocimiento de la historia de un pueblo, en sus dos aspectos principales, el intelectual y el politico, ha de ser siempre el elemento mas robusto en que pueda afirmarse la conciencia nacional en su ascenci6n hacia el porvenir. Sin embargo, sorpresa y dolor causa el decirlo: en Cuba, oficialmente, los bachilleres, que son el producto de los Institutos de segunda ensefianza, no saben Historia de Cuba ni Historia de la Literatura Cubana, asi como no conocen ni la una ni la otra los doctores en Filosofia y Letras y los doctores en Pedagogia que ban obtenido sus titulos en la Universidad Nacional. Podr ser que las conozean porque su amor a la nacionalidad los lleve a estudiarlas por impulse propio, mas no porque en dichos centros se las enseien. Y aun cuando fuese admisible pensar que la mayoria las estudiase por impulso propio, es ffcil comprender que no siempre produce el estudio hecho de tal suerte tan tiles frutos como cuando se ha seguido un plan adecuado, dentro de una buena sisteinatizaci6n oficial de esa clase de estudios. La necesidad de llegar, y de llegar pronto, a esta sistematizaci6n, ha creado ya un movimiento de opinion bastante fuerte

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LA ENSE*ANZA DE LA LITERATURE CUBANA en las clases intelectuales. El doctor Jos6 Maria Collantes, representante por la provincia de Pinar del Rio, present hace mfts de un ano en la Camara de Representantes un proyecto de ley que determinaba la creaci6n de cftedras de Historia de Cuba en los Institutos de segunda enseianza. El proyecto duerme ahora en las comisiones que han de estudiarlo, pero la iniciativa estf tomada y algin dia fructificara. De entonces a la fecha se han escrito no pocos articulos, en distintos peri6dicos y revistas, abogando por la ensefianza de la Historia de Cuba y de la Literatura Cubana. Sefialo entre ellos, principalmente, los trabajos publicados en el diario Heraldo de Cuba, durante los meses de abril y mayo de 1914, por el doctor Mariano Aramburo y Machado y por el doctor Salvador Salazar, sobre reformas que convendria introducir en la escuela de Filosofia y Letras de la Universidad: en ellos se mencionan, como innovaciones necesarias, ambas asignaturas. () Por ultimo, el doctor Guillermo Dominguez Roldan, profesor de Literatura Espafiola y de Literaturas Modernas Extranjeras en la Universidad, ha pronunciado una conferencia en dicho centro docente, el dia seis de febrero del ano en curso, sobre la Literatura Cubana y la necesidad de su ensenanza. Si to que faltaba era que desde la tribuna de la propia Universidad Nacional se hiciese pnblica declaraci6n de que esa necesidad existe, tal declaraci6n ha sido hecha ya de la manera mas categorica y solemne. Razones de todo orden-dice el doctor Dominguez RoldAn-nos obligan al cultivo y a la ensenanza de nuestra literatura en todos los centros de Ia Repnblica, compartiendo con ]a Historia Patria y la Gramatica de nuestra lengua las bases de la ensenanza national. No debemos demorarnos mias. (1) En la conferencia que pronunci4 sobre Diego Vicente Tejera, a instancias de ia Sociedad de Conferencias de Santiago de Cuba, el 28 de noviembre de 1918, me refer! a Is necesidad de que se crearan las cAtedras de Historia de Cuba y de Historia de Ia Literatura Cubana en Is Universidad y en los Institutos de segunda ensefianza. Al pronunciar nuevamente dicha conferencia, amplifndola. en Ia Sociedad de Conferencias de Ia Habana, el 15 de marzo de 1914, volvI a tratar, incidentalmente, Ia misma cuesti6n. V6ase el nfm. 2 del tomo IV de CuuA CONTEMPORANEA (octubre de 1914). 323

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CUBA CONTEMPORANEA II Asi, la necesidad de la ensenianza de la historic de las letras cubanas ha sido reconocida y proclamada por no pocas voces autorizadas. La primera raz6n que se invoca en apoyo de esa enseianza, es, segnn ya apunt6 mas arriba, la de contribuir con ello al afianzamiento y a la consolidaci6n de la conciencia cubana. Es obvio que los pueblos, para conocerse mejor a si mismos y para comprender cabalmente su propia actuaci6n a lo largo de la historia, han de volver los ojos a su pasado literario. La literatura recoge y conserva, muchas veces mejor que la historia politica, las tendencias del alma colectiva y los rasgos caracteristicos del espiritu nacional: por eso sirve para explicarlos y analizarlos. Por otra parte, multiples evoluciones de la vida politica de los pueblos arrancan de su literatura. El verbo centelleante de los oradores; el pincel de los novelistas, que se enrojece a veces con fulgores de tragedia para describir las desgracias nacionales; la voz persuasiva de los pensadores y de los fil6sofos o el canto redentor de los poetas, han sido el impulso inicial de muchas convulsiones sociales. No hay que olvidar, empero, que los escritores y poetas, en la mayor parte de los casos, no hacen otra cosa que percibir los latidos recbnditos del alma de las muchedumbres y hacerlos brotar a flor de luz. 1 Cu'intas veces-dice Jos6 Enrique Rod6-la contribuci6n con que el pensamiento individual parece aportar nuevos elementos al acervo combn, no es sino una restituci6n de ideas lenta y calladamente absorbidas! Asi, quien juzgara por apariencias materials habria de creer que es la corriente de los rios la que surte de agua a la mar, puesto que en ella se vierten, mientras que es de la mar de done viene el agua que toman en sus fuentes los rios. Es por eso por lo que la literatura puede reflejar tan fielmente los estados del alma nacional. En Cuba, especialmente, no hay ninguna corriente de ideas que no haya tenido su manifestaci6n adecuada en la historia literaria. Desde comienzos del 324

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LA ENSENANZA DE LA LITERATURA CUBANA siglo xix se inicia en Cuba una relida y constant lucha en pro de la libertad de pensamiento. Esa lucha asume formas tan variadas, que a veces el animo pudiera confundirlas con las de cualquier otra tendencia; pero es lo cierto que manifestaciones de ella encontramos tanto en la entereza y decision del Padre Varela, como en la austeridad y sencillez que distinguen a don Jos6 de la Luz y Caballero. Igual sentimiento palpita en los escritos de Jos6 Antonio Saco, los cuales, a la vez, reflejan y analizan, de manera pasmosa, todos los problemas trascendentales que afectan a Cuba y que no han encontrado soluci6n todavia. Podemos salirnos del marco de los educadores, pensadores y polemistas, puesto que es natural, por la indole misma de su obra, que influyan sobre la colectividad: siempre encontraremos en la literatura los germenes de las grandes corrientes de ideas que han conmovido al pueblo cubano y que han regulado el curso de su historia. No es preciso hurgar demasiado para encontrar expuesto en la novela el problema capital de Cuba durante los dos primeros tercios del siglo x~x: la abolici6n de la esclavitud. En la mfs afamada de las novelas cubanas, Cecilia Valdes, de Cirilo Villaverde, se estudia ese problema, de igual suerte que en otras novelas como Francisco, de Anselmo Suarez y Romero. Los primeros brotes del sentimiento nacionalista tuvieron tambi6n su origen en la literatura: las c6lebres tertulias de Domingo del Monte, el intento de fundar, en 1833, una Academia Cubana de Literatura, y otros esfuerzos anflogos, representan claramente la tendencia de dotar a Cuba de una personalidad propia en el orden intelectual. A igual tendencia responde el ansia de criollismo que palpita en los romances del propio Domingo del Monte y halla en la misma epoca sustentadores mas o menos felices, como Velez Herrera, Poveda y Napoles Fajardo; ese mismo afan se encuentra tambi6n en la serie nutrida y valiosa de escritores de costumbres, que, como Jos6 Maria de Cardenas, Jose Ram6n Betancourt, Anselmo Suarez y Romero, Francisco de Paula Gelabert, Luis Victoriano Betancourt, y tantos mas, reflejaron en sus articulos, sus cuentos y sus novelas, la vida y la manera de ser del pueblo cubano. 825

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CUBA CONTEMPORLNWA Esta ansia de que el pueblo cubano tenga un caracter propio y diferencial en el orden de la inteligencia, ya que lo tenia en el de la vida y las costumbres, va tomando cuerpo en el orden del tiempo y contribuye poco a poco a sugerir la idea de que los pueblos que alcanzan una personalidad propia en la esfera intelectual, pueden y merecen alcanzarla en la esfera politica. Es asi como esas tendencias, que a primera vista pudieran parecer secundarias, van enlazindose y confundi6ndose con otra de mayor trascendencia, a la cual robustecen: la manifestaci6n literaria del ideal de la independencia. En la poesia, esa manifestacibn arranca de Jos6 Maria Heredia, creador de la simb6lica "estrella de Cuba"; despu6s, asumiendo tonalidades diversas al trav6s de una larga cadena de poetas, se vuelve arrullo y sollozo en Jos6 Joaquin Palma, imprecaci6n rotunda en Jos6 Agustin Quintero, grito de cautiverio en Juan Clemente Zenea, y se concentra al cabo, con la doble sugesti6n del verbo y de la acci6n unificados, en Jose Marti, el ap6stol de la Revoluci6n triunfante. En el ultimo cuarto del siglo xix la literatura cubana refleja diAfanamente ese ideal. No hablemos de la tribuna pnblica, vasto teatro del gran debate de la autonomia y la independencia, en el cual tomb parte la mas brillante legion de oradores de que puede envanecerse pais alguno en America: Cortina, Figueroa, Montoro, Zambrana, Sanguily, Giberga... En la critica literaria encontramos, a cada paso, revelaciones, pujantes unas veces, ocultas y veladas otras, de los ideales politicos de esa generaci6n. En un momento dado, la pluma de Manuel Sanguily, por medio de las Hojas Literarias, sirvi6 para difundir mejor el ideal separatista que sus propios discursos politicos. Y a que manifiesto revolucionario pudiera ser mas elocuente para rechazar el poderfo de una nacibn extrafia, que la conferencia de Enrique Jose Varona sobre El poeta an6nimo de Polonia? Enrique Pineyro, Rafael Maria Merchan, Manuel de la Cruz, en piginas de critica literaria e histbrica, difundieron tambi6n el sentimiento de la nacionalidad. Seria imposible recordar en un breve articulo, como es el presente, la contribucibn, a veces oculta y remota, que a este empeno llevaron muchos otros escritores: forzosamente se escaparian nombres al correr de la pluma, ya 326

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LA ENSENANZA DE LA LITERATURE CUBANA que seria preciso un libro para hacer un resumen completo del curso que sigui6 en la literature cubana esa tendencia. Francisco Sell6n con su Iiatuey y Diego Vicente Tejera con su Muerte de Plucido, formularon una protesta contra el coloniaje que engendr6 tales errores. Milanes fulmina en Los dormidos un anatema a la pasividad cobarde de los que aceptan el yugo a que estan sujetos, y mas tarde ese mismo anatema, en una composicion que ostenta igual titulo, es repetido, de manera vigorosa y ardiente, por Mendive. Luaces, describiendo las bellezas de Cuba y proclamando a 6sta su mars grande amor, Ino influye, a su vez, de una manera menos visible, pero de todas suertes elocuente, en la formaci6n del espiritu cubano ? Aun en la Avellaneda, a la cual se ha querido a veces presentar como ajena gloria, L no encontramos los ecos de un tierno amor a la ticrra natal, que llama ella, aisladamente, "mi patria"? 1Y ese amor, expresado de tal manera, no es una contribucion, en la que seguramente la misma autora no pens6 siquiera, al afianzamiento de los ideales que propagaron aquellos otros poetas y que otra mujer, tambien poeta de inspirado estro, Mercedes Matamoros, habia de reflejar a su vez con mal disimulada vehemencia ? 8 Que mejor cooperacion que la que representan sus acuciosas recopilaciones de datos, hechos y fechas, demostraciones elocuentes de la capacidad cubana, podian aportar al mismo objeto Antonio Bachiller y Morales y Francisco Calcagno? Y Aurelio Mitjans, g no prest6, en igual sentido, un concurso eminente con su studio inacabado sobre el movimiento cientifico y literario de Cuba? No es preciso insistir, por lo tanto, en afirmar que en la literatura cubana se encuentran diseminados los componentes del alma nacional. S6lo estudiando la historia literaria de Cuba se podra comprender bien la peculiar manera de ser del pueblo cubano, apreeiandola al trav6s de sus distintas evoluciones. S6oo asi podra llegarse a la perfecta y definitiva formaci6n de la conciencia cubana. 327

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CUBA CONTEMPORANEA III Las literaturas de los pueblos hispanoamericanos no son sino una parte o un complemento de la literatura espafiola. Cierto es. Las literaturas, ante todo, se clasifican por el idioma a que pertenecen. No cabria admitir, empero, semejante circunstancia como un argumento en contra de la creaci6n de catedras especiales de literatura cubana. Aunque las literaturas se elasifiquen, principalmente, en atenci6n al idioma, hay que tener en cuenta los caracteres distintivos de cada pueblo, por fuerza revelados en la literatura. Los paises de Am6rica, todos o casi todos, ban sabido grabar en su literatura el sello de su personalidad propia. Es preciso, ademis, estudiar y analizar detenidamente la influencia positiva que los paises hispanoamericanos han ejercido sobre las letras espanolas en general, hasta el punto de haber provocado transformaciones y evoluciones decisivas. Es preciso estudiarla, para poder sefialar, en cada caso, la repercusi6n de la obra national, y, por ende, del espiritu national. Aun desde la 6poca colonial y desde los primeros balbuceos de su independencia, han podido aportar estos pueblos elementos nuevos a las letras espanolas. No debe olvidarse la peculiar significaci6n del insigne comediografo Juan Ruiz de Alarc6n, que muestra en su obra, a veces disfrazados, tantos caracteres tipicos del espiritu mexicano. (2) No debe olvidarse, tampoco, la importancia que en el teatro espafiol del siglo x1x tiene Ventura de la Vega, cuya tierra natal fu6 Argentina. Ni hay que dejar de lado la merecida resonancia que en la literatura espaflola, en general, han alcanzado Sor Juana In6s de la Cruz, Olmedo, Bello, Heredia y la Avellaneda, cubanos estos dos nltimos. Ademhs, el idioma castellano ha cobrado mayor ductilidad y galanura bajo la influencia de los escritores hispanoamericanos, que han sabido explotar la rica vena de vocablos indebidamente anquilosados por el olvido en que yacian, y que han sabido, tam(2) Pedro Henriquez Urefia ha desarrollado este interesante aspecto de Ruiz de Alarc6n en una conferencia pronunciada en Mexico el seis de diciembre de 1918 y publicada despues en un folleto de diez y ocho phgina8. 328

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LA ENSENANZA DE LA LITERATURE CUBANA bien, buscar y crear neologismos correctamente adaptados y construidos conforme a las eyes propias del idioma. Con s6lo citar, en el reciente ayer, a Montalvo, y en el presente a Rod6 y a Diaz Rodriguez, basta para justificar esta afirmaci6n. l Quien ha estudiado, por otra parte, mejor que los hispanoamericanos el idioma mismo que de esa suerte han enriquecido? Venezolano era Bello; colombiano era Cuervo: nadie ha igualado a 6ste en la formidable empresa que representa el Diccionario de construction y regimen de la Lengua Castellana, que no ha podido ann publicarse completo por lo costosa que resultaria ]a edici6n. Si a m6trica vamos, nadie ha hecho en Espana estudios tan sagaces como los del propio Bello, los del chileno Eduardo de la Barra y los muy recientes del boliviano Ricardo Jaimes Freyre. Por ultimo, la influencia hispanoamericana ha sido decisiva y radical sobre las letras espafiolas en la cruzada literaria que se ha llamado modernismo. Ya esto empieza a pertenecer al pasado, y, sin embargo, muchos no han entendido todavia esa cruzada ni la palabra que le sirve de ap6strofe. El modernismo ofrece aspectos muy complejos e interesantes, pero puede afirmarse, con Leopoldo Lugones, que la revolution modernista representa "la conquista de la independencia intelectual". El modernismo ha impulsado a las letras de Espana y de Am6rica a un reflorecimiento glorioso. En Espana, la influencia de los hispanoamericanos es la que ha venido a determinar, algo tardiamente por cierto, ese reflorecimiento. Hay que tener en cuenta que de los cuatro fundadores del modernismo en America, dos eran cubanos: Jose Marti y Julian del Casal. La critica, unanimemente, asi los designa, junto con Ruben Dario y Manuel Gutierrez NMjera. Mats que en Cuba, en los demas passes de Am6rica, se conceptna en grado eminente a Marti y a Casal. Marti era un escritor de m6rito extraordinario: pocos pueden igualarsele en Am6rica, dentro de su 6poca. Casal es el mas refinado temperamento de poeta que Cuba haya tenido jams. 329

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CUBA CONTEMPORANEA IV 261o algunos puntos de vista he senalado en relaci6n con la influencia renovadora que los paises hispanoamericanos, y en particular Cuba, han tenido sobre las letras espanolas; pero con ellos bastaria para justificar la ensenanza especial de la historia de la literatura cubana, relacionfndola, claro est, con el desenvolvimiento paralelo de las literaturas hispanoamericanas, pues de otra suerte no se concibe esa ensenanza. El doctor Aramburo, en uno de los trabajos a que antes hice referencia, proponia, ademas, la creaci6n de una catedra de literatura hispanoamericana en la Universidad. Esto seria lo mas conveniente; pero ya que por otras muchas razones, como las que expuse, se debe crear de todas suertes la eftedra de Literatura Cubana, puede irse supliendo, en la forma que indico, esa otra necesidad, hasta que llegue el dia en que pueda existir en la Universidad la catedra de Literatura Hispanoamericana. Por otra parte, en los Institutos de segunda ensenanza deben crearse tambien cftedras de Literatura Cubana, y es necesario que esta ensenanza abarque todos esos aspectos que estfn en intima relaci6n con las demas literaturas del continente, pues, el estudio completo de la Literatura Hispanoamericana quedara limitado a la Universidad, por ser materia de especializaci6n. No es, pues, obice para la ensenanza de la literatura Cubana el que esta literature este adscripta a la espanola, como las de los demas paises hispanos del continente. Lo esencial es que el caudal literario de Cuba ofrezca caracteres propios y encierre por si solo riqueza bastante para justificarlo asi. Afirmar lo contrario seria equivalente a declarar que en Noruega no debe ensenarse literatura noruega porque el idioma a que esta pertenece es el dan6s, no obstante estar de relieve en esa literatura los caracteres inconfundibles del pueblo noruego; equivaldria a hacer id6ntica declaraci6n respecto de la mayor parte de la literatura belga del siglo xix, porque est escrita en francs; equivaldria a despojar a Austria de su literatura, porque est escrita en aleman, y al Brasil de la suya, porque esth eserita en portugues. 330

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LA ENSENANZA DE LA LITERATURE CUBANA No: en Noruega, en B6lgica, en Austria, en el Brasil, se estudian las manifestaciones literarias nacionales, aunque esos pauses no tengan idioma propio. No es el idioma lo nnico que puede distinguir unos pauses de otros. La historia literaria de cada pueblo se estudia para encontrar en ella lo que hay de propio y distintivo en ese pueblo. i Menguado el pals que en toda su historia literaria no tenga otra cosa propia que el idioma Y La sistematizaci6n oficial del estudio de la historia literaria de Cuba, ofreceria un incalculable beneficio al prestigio de la naci6n independiente. Las catedras de Literatura Cubana no representarian solamente a los ojos del extranjero un reconocimiento oficial del brillante desenvolvimiento que ha tenido la mentalidad cubana-y con ello se haria una palpable demostraei6n de capacidad para el gobierno propio-, sino que ademfs estimularia a los criticos y poligrafos de otros pauses a conocer mejor la literature cubana y failitaria la divulgacion de los nombres mis ilustres que han podido engrandecerla. Al mismo tiempo, el estudio constante de esa historia literaria contribuiria de mantra eficiente a acentuar cada vez mas el car6cter nacional de la literatura cubana. La literatura cubana tenderia a unificarse, insensiblemente, a hacerse mas homog6nea, mas uniforme, mats tipica, y, en suma, mis cubana. El Gobierno que logre establecer la ensefianza de la Literatura Cubana, merecera, por todo ello, la gratitud y el aplauso de la justicia p6stera. Mx HENRIQUEZ URENA. Santiago de Cuba, 8 marzo, 1915. 331

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TRIPTICO HEROICO FIGURA DE LEYENDA Mientras vuelca el recuerdo sus 6nforas divinas y desgrana, en sileneio, sus perlas el dolor, una vision de gloria fulgura en mis retinas, poniendo en mis angustias un claro resplandor. Resurrecci6n romantica del brillo del pasado que en el presente l6brego prende un rayo auroral, derramando, piadosa, su bilsamo sagrado del coraz6n ag6nico en la herida mortal. A su magico influjo recobra su energia mi espiritu abatido, y extrana exaltaci6n reanima de mi acento la d6bil armonia banando mis palabras de religiosa unci6n. Asi, purificadas de aquella ingente hoguera por el tr6mulo, ardiente, tragico luminar, del gran var6n ilustre la dulce sombra austera y su gloriosa vida puedan rememorar Serena, erguida, altiva, con la altivez del roble que siente sus races al recio coraz6n de la tierra, prendidas fuertemente, su noble figura legendaria surge a mi evocaci6n. (*) Poesfa leida por su autora en Is hermosa velada con quo Ia Junta Patri&tics Nacional conmemor6, Is noche del 2 de marzo de 1915 en el teatro Payret, el primer aniversario de Ia muerte del ilustre patricio Salvador Cisneros Betacourt. Estos vibrantes y viriles versos, por primers vez altora impresos, tormarlin part de un volumen de poesfas quo Is sefiors Borrero de LujAn publicarA en breve.

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TRPTICO HEROICO Todo el fulgor celeste concentraba en sus francas pupilas el destello de su profundidad, y del cabello fino las suaves hebras blancas circufan su frente de augusta majestad! La sangre de las rosas, en su tez, diluido habia los sagrados matices del rubor... aquel matiz purpureo, casi desvanecido, que a los rostros viriles daba vida y calor. Era su voz serena, reposada, y senilla su expresion: era sobrio su gesto paternal, mas, cuando su consejo regaba su semilla fecunda, en las conciencias, brotaba un manantial de esperanza, y crefamos en el suefro imposible, divino, inasequible de nuestra redenci6n ... i Oh, dulce voz extinta, persuasiva, infalible, repite aquel milagro, disipa mi aflicci6n! En el glorioso suelo del Camaguey, nacido de aquella ilustre estirpe que nunca os6 manchar el lustre de sus timbres preelaros, encendido mantuvo el fuego sacro sobre el sangriento altar. Y el patriotismo ardiente que en el decenio heroico fu6 lazo y acicate, fuerza, brida y cont6n, el nltimo reducto tuvo en su pecho estoico al honor de una raza dando el suyo sost6n Era noble, y un dia sus energicas manos desgarraron sus titulos con viril altivez. Quiso vivir la oscura vida de sus hermanos eselavos, y en sus copas beber la misma hez Cuando sus alas fnlgidas, tersas y virginales, sobre la patria en ruinas abri6 la Libertad como interrogaciones radiosas y fatales y, conmovida, el 6nima sonde6 la inmensidad, 61, con los ojos llenos de la vision sangrienta de la epopeya tr~gica y el pasado furor, de los campos talados por la guerra cruenta callada y lentamente midi6 el sagrado horror. Y en el estrepitoso clamor de la victoria con que un pueblo, fren6tico, lanz6se al porvenir, 333

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CUBA CONEMPORLNEA una vision tristisima pas6 por su memoria nublando de sus ojos el vivido zafir. De la manigua hirsuta en los bosques espesos, de las sabanas Aridas en la inmensa extension, 61 vio, de sus hermanos muertos, blanquear los huesos como en siniestra noche fria constelacion. Y mientras todos, ebrios de gozo, en el bullicio jubiloso, lograban el pasado olvidar, su antigua vida austera de pena y sacrificio 61, silenciosamente, volvi6 a recomenzar!... Entre el tumulto ignaro que a la feliz fortuna sonrela en ruidosas orgias, sin temor, pasaba inadvertido, como la blanca luna tras la nube sombria que le roba el fulgor. Dem6crata y austero, tuvo su democracia todo el noble prestigio de una santa virtud; no en la licencia torpe corrompi6 su eficacia para aplacar el vertigo de ciega multitud. Jams burl6, cobarde, de la propia conciencia la excitaci6n suprema. De altiva dignidad, de fe perseverante, de estoica resistencia, 1nunca mas alto ejemplo tuvo la humanidad No de la patria exhausta profane los despojos libando en los festines de su sangre el licor, el fausto palaciego no deslumbr6 sus ojos, ni encalleci6 sus manos el oro corruptor En esta enloquecida sociedad desquiciada vivio, tal como un lirio vive en un eenagal... tranquila la conciencia y el alma inmaculada, puesto al pecho un escudo de nevado cristal. Que era como un escudo transparente y sedefo su barba venerable de argentado fulgor. i Decid g Cual de vosotros no se sinti6 pequenlo al contemplar sus canas, tr6mulo de rubor ? Y vosotros-i cu6n pocos !los que en su misma senda perseverais, ansiosos de un destello de luz, decid si aquella extrafia figura de leyenda no proyecta en la tierra la sombra de una Cruz! 334

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TRfPTICO HEROICO II EVOCACION Del brumoso cielo de la tarde, baja una como niebla de melancolia que envuelve las cosas, impregna el ambiente, y deja en las almas una paz sombria de desesperanza mortal !... Se diria que el pdlido velo de inmensa mortaja desdobla en los aires, silenciosamente, una mano tragica, misteriosa y fria... La ciudad sonimbula bullet febrilmente. Por las anchas vias tragina, afanosa, muda la curiosa multitud. Afluyen a las avenidas centrales, oleadas humanas que avanzan, fluyen y refluyen como un mar. A veces, liegan, anhelantes, grupos jadeantes de gente piadosa y humilde venida de pueblos distances a ver el desfile de la comitiva funeral; con ellos, las encopetadas damas de vestidos de sedas crujientes se mezelan y estrujan con una expresiva y estrecha armonia fraternal. Ardientes circulos violados, bajo las pestanas abren como cflices de flores extranas sus tristes y oscuros p6talos dolientes! En los edificios vecinos, la piedra de los altos muros cubierta parece por una compacta tunica ondulante de viviente, m6vil, palpitante hiedra... Tal la muchedumbre se desborda y crece; y en los ventanales, sobre los balcones y hasta en las techumbres, aguarda, expectante, atentos los ojos y los corazones... De stibito, suenan lejanos acordes... 335

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CUBA CONTEMPORL-EA sordos se insindan redobles marciales... Instintivamente se aprieta en los hordes de la via el nicleo de la muchedumbre curiosa. Las b6licas notas iniciales del Himno, resuenan mas vividas... Arde la sangre en las venas, y en la mansedumbre del calmado ambiente, rompe la armonia familiar y ardiente, llenando la tarde de un sonoro tremolo de melancolia! La caballeria, que viene delante abriendo la marcha del cortejo, llega desunida; anuncia su paso un vibrante y hueco repique de cr6talos... riega de efimeras chispas de fuego las duras pulidas baldosas en donde resbalan los ferrados eascos impacientes. Tienen los dorados potros de crines lustrosas, sudoroso el pecho y el belfo espumante. Los jinetes, &giles, acortan las bridas, se revuelven, cejan y se alinean; halan con rigor el freno, clavanse en el suelo los potros briosos, y esperan.. Ya vienen las corporaciones; y los estandartes que por todas partes lueen distendidas sus sedas flexibles y multicolores, al ondear, simulan el vistoso vuelo de blancas palomas cubiertas de flores. Comienza el desfile silenciosamente... Taciturna, triste, y en grupos, despacio va la abigarrada multitud doliente. Una nota aguda, clara, persistente vibra de repente y horada el espacio. Se acercan las tropas! La diana guerrera rememora el drama de la lucha fiera... Un grupo magnifico, todo reluciente, 3006

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TRfPTICO HEROICO las precede: un brillo de ricos metales se desprende, fulgido, de las armaduras, y desenvainadas, finas y tajantes, de los sables corvos van las hojas duras en los recios pufios que ajustan los guantes. Bajo los sillines gimen las correas, estrechan el vientre las cabalgaduras, tiemblan sus ijares de elAstico raso; y luciendo al pecho gloriosas preseas entre un laberinto de cordonaduras, sobre los corceles van los Generales gallardos y altivos en sus aposturas firmes y hieriticas, bellos y marciales Y de los petrales, bajo los arneses, al encabritarse las bestias fogosas trazando imprevistas y rapidas eses, del bruiiido cobre de los alamares arranean los nltimos reflejos solares un chisporroteo de piedras preciosas. Mudos y magnificos van los Generales.. Vienen las columnas pesadas, calmosas... Las interminables filas de soldados con los uniformes amarillos, tienen el oscuro aspecto de selvas terrosas que, por un extrano sortilegio, ambulan... Vistas a lo lejos, cuando unidas vienen, parecen fangosos mares desbordados. Un rumor confuso, regular, creciente, -como el que en las playas hace la resacalos va acompanando con cadencia opaca. Llegan los soldados, lenta, lentamente... Como dedos rigidos que con gesto fiero sefialan, col6ricos, al cielo impasible, sobre la imponente muralla movible sacan los fusiles las bocas de acero! Pasan los soldados, pasan lentamente... A un ritmo uniforme sus pasos regular, y con un profundo jadear sonoro, 337

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CUBA CONTEMPORANEA las filas compactas avanzan y ondulan como una gigante serpiente de oro. Pasan los soldados... Ancha, despejada, recibe la via los vagos reflejos postreros del dia... ;Venir desde lejos parece el silencio como una cascada! Se tienden los cuellos; juntos, anhelantes, los pechos palpitan; los ojos velados se abren angustiados, fijos, expectantes... l palidez ins6lita cubre los semblantes Se inclinan los rostros aterciopelados de carmin y seda; los rostros rugosos de las campesinas, curtidos y francos, y bajo los pobres mantones astrosos, bajo los airosos tocados de plumas, un temblor nevado de pafluelos blancos suspende una cfndida guirnalda de espuma! Cubren el poniente sangrientos celajes. Recorre las almas un escalofrio de angustia, vacio queda el coraz6n... Despacio, con Aspero chirrido de herrajes, pesado, sombrio va el fanebre armon... Va el arm6n despacio... Y cual si supiera que cruza el patriota la senda postrera, con desoladora tristeza infinita, sobre el negro feretro solloza y palpita igual que una madre, su hermosa bandera Ya se aleja el s6quito; y en la lejania la estrella gloriosa luce todavia como un lirio. Mengua... i ya apenas se advierte como un punto tr6mulo que alumbra la muerte !.. Sobre la enlutada caja funeraria aun alcanzo a verte, dulce estrella mia, igual que una 1agrima fria y solitari4 338

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TRIPTICO HEROICO III SUPREMA IMPRECACION Un velo de tinieblas me envuelve el pensamiento; y al reanudar mi canto, mortal angustia siento, dolor deseonocido me oprime el corazon, y no se si estos versos empapados de llanto son un lamento triste o un rugido de espanto, un himno, una plegaria o una condenacion Dejad, dejad que estalle la indignaci6n sujeta, que vibre en los espacios, tal como una saeta, esta mi enardecida canci6n sentimental; mi pensamiento sangra mientras acusa y hiere, que en femeniles labios la imprecaei6n adquiere la suprema violencia del amor maternal. ; Dejadme hablar Es fuerza que toque vuestros pechos, que desate los nudos miserables y estrechos que a disimulo p6rfido vuestra conciencia uni6. S6lo en el sufrimiento los pueblos se redimen, y lo que es dolo, es dolo, y crimen lo que es crimen, !no importa que la lengua lo certifique o no Si no es este el instante supremo, v que esperamos ?... Si en santa rebeldia magnifica estallamos j a que callar, cobardes, en vil pasividad ? Si todo se desune, si el rencor nos separa, todavia dos cosas se miran cara a cara sin miedo y sin ambages: la Muerte y la Verdad! v Qu6 importa que bafiando de sangre la palestra con ind6mita furia la esclavitud siniestra rindi6ramos ? 1 Su virus nos pudre el coraz6n I Qu6 importa que rompi6ramos la antigua tirania? La conveniencia, el miedo, la indiferencia friar el medro, las violencias, esclavitudes son Y los hijos de un pueblo glorioso y admirable que aclaman sus verdugos con calma imperturbable, o estAn envilecidos, o dementes estfln! 339

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CUBA CONTEMPORANEA Que importa que los pr6eeres, aquellos grandes hombres ?.. mas, ; a qu6 con los labios decir sus claros nombres? i Clavados como espinas en nuestras almas van Por ellos os conjure, turbada y suplicante, el alma iluminada por un fulgor radiante de snbita esperanza, de eallada ansiedad! Pensad que estan sujetos bajo la tierra fria, bajo la misma tierra que con su sangre un dia regaron, generosos! 1 Hermanos!, recordad... Pensad en la diab6lica tortura, en el suplicio de aquellos que olvidados, despu6s del sacrificio se sienten ultrajados en el sepulcro vil. La voluntad despierta y abierta la mirada, paralizado el brazo, fria, petrificada la mano vengadora, roto el puiio viril! Oyen, y estan dormidos! La Infamia los provoca; quieren hablar, y el fango les obstruye la boca, el litigo en sus manos es inmunda raiz, y una vena de lTgrimas, venenosas y heladas, se escapa de sus orbitas horribles y apagadas e inunda las entranas de la patria infeliz! Si es cierto que en la muerte perdura la conciencia, 1 qu6 sombria amargura, 'qu6 macabra demencia la de sus penseamientos errantes ha de ser, sentir como en el seno de la patria aherrojados la patria se envilece sin que ellos, espantados, puedan sus ligaduras fatidicas romper! No de mi fantasia loca y calenturienta surge la sombra fria que impenetrable y lenta va cubriendo la patria, silenciosa y tenaz... i Cese ya el inconsciente vertigo fratricida! i Pura los cubra, y pr6vida, la tierra redimida iTienen derecho, al menos, a descansar en paz! DULCE MARIA BORRERO DE LuJAN. Febrero de 1915. 340

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DOS DISCURSOS RECIENTES DE FERRERO Y DE LAVISSE (TRADUCCI6N E INTRODUCCI6N DEL DR. JOse A. GONZALEz LANUZA) g ACE muy poco, en 12 del pasado febrero, tuvo lugar en Paris, en la Sorbona, un acto de importancia, que no debe pasar inadvertido para nosotros. Reuni6ronse alli representantes distintos de los pueblos generalmente llamados "latinos'", e hicieron uso de la palabra diversos oradores, cada uno de ellos en nombre del pueblo a que pertenecia, para protestar su adhesion a Francia y a la comin estirpe. Abri6 la sesi6n el actual presidente de la Camara de Diputados de Francia, M. Paul Deschanel, y la cerr6 el muy conocido historiador M. Ernest Lavisse. Ambos hablaron en nombre de su patria; el primero, para saludar a los otros oradores; el segundo, para agradecerles las palabras que habian pronunciado. Habl6 en nombre de Grecia (pals no latino, pero euna de la civilizacion que latiniz6 despu6s el imperio de Roma) el senor Andreades, profesor de la Universidad de Atenas; en nombre de Portugal, el Sr. Carvalho; en nombre de Rumania, el Sr. Istrati, presidente de la Academia Rumana, exMinistro y miembro del Parlamento rumano; en' nombre de Espana, el notable novelista Sr. Blasco Ibanez; en nombre de Belgica, M. Roland de Mares. Con perd6n de todos estos senores, comprendido M. Deschanel, dirS que sus discursos contienen, esencialmente, lugares comunes y frases hechas. Los que por ellos se interesen pueden hallarlos en el nnmero de Le-Temps, de Paris, de 15 de febrero de 1915. Pero los pronunciados por el historiador italiano Guillermo Ferrero, en nombre de Italia, y por el viejo maestro

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CUBA CONTEMPOBLNEA M. Lavisse, me parecen tan originales, tan condos, tan notables, que quiero rendirles el mss completo de los homenajes literarios: el trabajo de la traducci6n. Deploro tan s6lo que el resultado no corresponda al esfuerzo; que mi pluma les quite aquel polvo dorado y sutil que abrillanta toda obra literaria en la lengua en que fue originalmente producida y que casi siempre acaba por aventar el manejo rudo del traductor. Prometo, al menos, procurar la fidelidad sin galicismos, es decir, ser lo menos .dittore que me sea posible al genio de la lengua francesa y al de la propia mia. Dicen asi: DISCURSO DEL SENOR FERRERO: LA LATINIDAD En el momento en que, quebrantados por una crisis formidable, los espiritus procuran concertarse y purificarse; en este momento en que el porvenir se abre ante todos los pueblos como un abismo oscuro y temible, es bueno volver de tiempo en tiempo nuestras miradas hacia el pasado. Por ello he aceptado con alegria la amable invitaci6n para que hablase en esta reunion convocada en Paris para festejar la fraternidad intelectual de los pueblos latinos. Ha llegado el momento de acordarnos de que estamos todos unidos-franceses, espafioles, portugueses, rumanos, italianos-por la lengua, por la cultura y las costumbres, a la brillante civilizaci6n que, nacida en Grecia, ha venido a latinizarse en Italia, y de Italia, poco a poco, antes de llegar a ser y despu6s de haber llegado a ser cristiana, ha conquistado una parte de Europa, que domiina y que dominar an por bastantes siglos. Ha llegado el momento de reivindicar las glorias, algo desconocidas en los nltimos tiempos, de esta civilizacion que es la madre de nosotros todos; ha llegado el momento, sobre todo, si en el estudio del pasado queremos ir a buscar fuerzas para nuestros deberes presents, de recordar que lo que ha caracterizado la latinidad en sus momentos mss gloriosos, es su heroico esfuerzo por llegar, en todos los terrenos, a la grandeza, y su viva repugnancia por to colosal. 342

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DOS DISCURSOS RECIENTES Sent6monos bajo las columnas de un templo egipcio, pase6monos en medio de los vestigios de las grandes construcciones persas, babilonias o asirias. 1 Cuan pequeios, ligeros e insignificantes en sus dimensions son el Parten6n, el Templo de la Concordia, de Girgenti, las otras obras maestras de la arquitectura griega, si se las compara con las construcciones colosales, con las columnas gigantescas, con los bloques enormes en que se complacia el orgullo oriental! Tomemos la Iliada y la Odisea: son libros muy pequenos al lado de las epopeyas del Oriente, poemas interminables tales como el Ramayana o el Libro de los Reyes. Cada Evangelio es una colecci6n de los discursos de Jesus: comparad un Evangelio con los discursos de Budha. Algunas paginas han bastado, a gorillas del Mediterraneo, para exponer una doctrina que iba a renovar el mundo, en tanto que han sido necesarios, en el Extremo Oriente, para fundar una nueva religi6n, volnmenes aterradores por sus dimensions. Oriente es la masa, la pesadez, la enormidad, la repetici6n, la prolijidad; Grecia es la proporcion, la harmonia, la ligereza, la claridad, la concision. El uno ha aspirado a ser colosal; la otra se ha esforzado en ser grande. Entre lo colosal y lo grande, hay, en efecto, una diferencia que es, a la vez, intelectual y moral. Lo grande es un esfuerzo por llegar a un ideal de perfecci6n creado por el espiritu humano, la ambici6n de veneer una dificultad esencialmente espiritual, cuya ley es completamente interior. Lo colosal es un esfuerzo para triunfar de la materia y de las dificultades que ella opone a nuestras voliciones o a nuestros caprichos, es decir, de obstfculos exteriores. Si pudiera emplear el lenguaje de uno de vuestros grandes fil6sofos, diria que lo grande es la calidad pura, y que lo colosal es la calidad fuertemente mezelada con la cantidad. No solamente para rear, sino aun para comprender y apreciar las grandes cosas, en no importa qu6 terreno, se necesita una fuerte discipline intelectual y mucha modestia, porque es necesario aceptar un ideal de perfecci6n como una ley. Lo colosal, al contrario, es una de las mil formas del orgullo humano, y es facilmente comprendido y admirado aun por los espiritus groseros, desprovistos de educaci6n. Asi, no hay que asombrarse si aun Grecia y Roma, despu6s 343

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CUBA CONTEMPORANEA de haber hecho cosas verdaderamente grandes en las 6pocas mas brillantes de su historia, han caido en la mania de lo colosal. Id a Girgenti; ver6is a poca distancia del Templo de la Concordia, tan pequeno y tan grande al mismo tiempo, cuya incomparable belleza puede ser definida como calidad pura, los vestigios de un templo colosal, restos de columnas que aun hoy dia arrancan gritos de estupor a bfrbaros que acuden de todos los rincones del mundo. Este fen6meno es ann mas evidente en Roma. Compared los vestigios del mausoleo de Augusto con el mausoleo de Adriano, el pante6n de Agrippa con las termas de Caracalla, estas con las termas de Diocleciano, y ver6is que las proporciones de los edificios crecen, llegan a ser gigantescas, a medida quo los siglos pasan. Pero los edificios nos refieren, aun esta vez, en caracteres de ladrillo y de piedra, la historia de las ideas y de los sentimientos. Durante mucho tiempo Roma habia sido una potencia modesta. Desconfiaba de la fortuna; temia la riqueza y el lujo; resistia frecuentemente a las circunstancias que la empujaban a engrandecer su imperio. Queria fundar un gran imperio y no un imperio colosal, como aquellos de que estaban tan orgullosos los conquistadores del Oriente. Gobernada por una elite que tenia bastante autoridad para dirigir, no solamente la political, sino aun el gusto del publico, Roma supo, durante este period, comprender y a veces imitar, en la literatura y en el arte, las epocas en que Grecia habia llegado a ser grande. La riqueza, el 6xito, la seguridad, cambiaron poco a poco el alma romana; la elite que habia dirigido por siglos el gusto publico, desapareci6; las civilizaciones orientales se apoderaron del espiritu de las masas, entregadas a si mismas; un orgullo insensato, una sed desenfrenada de placeres y de excitaciones, invadieron todo el imperio; y con este orgullo y esta sed, el delirio de lo colosal. ; Cuantos ejemplos anilogos se podrian encontrar en la historia de todos los pauses latinos, de Espana, de Italia, de Francia! Venecia, por ejemplo: no hay ma's que recorrer el Gran Canal para ver qu6 pequenlos eran los palacios construidos por las generaciones que han creado la grandeza de la Republica, en comparaci6n con palacios mas recientes, construidos por las generaciones que han celebrado los alegres funerales de Venecia! 344

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DOS DISCURSOS RECIENTES Despuas de Grecia, la vida ha sido una lucha perpetua entre el principio de lo grande y el principio de lo colosal. Mas visible en las artes decorativas, en que adquiere un valor simb6lico, esta lucha se encuentra por todas partes: en la literature, en la guerra, en la political, en el eomercio y en la industria. Por dondequiera y siempre, ha habido y habr hombres, pueblos, 6pocas, que han querido y que querran hacer cosas grandes, y otros que han querido y que querran hacerlas colosales. Volvamos nuestras miradas a nuestro alrededor: 1 no es 6ste, pues, cl sentido de la crisis inmensa en medio de la cual el mundo se debate? Cuando las generaciones presentes hayan desaparecido, cuando las pasiones que dominan nuestra apoca se hayan extinguido y los historiadores estudien sobre documentos muertos la historia de la guerra europea, como los ge6logos, tras una erupei6n, suben, armados de picos, sobre la lava enfriada, tendran trabajo en comprender. Diran: "Habia en el centro de Europa un pueblo numeroso, poderoso, temido, envidiado, admirado. Su poblaci6n aumentaba cada ano en proporciones fantasticas. Su ejercito era considerado como el mas fuerte del mundo; su flota de guerra habia subido, en pocos aflos, al segundo rango; su industria y su comercio eran objeto de la envidia universal, tan rapidos eran sus progresos; su ciencia gozaba, sobre todo en ciertos medios, de un prestigio que parecia a algunos espiritus independientes algo exagerado. Aun los pueblos herederos de una vieja civilizaci6n, poco a poco, de buen o de mal grado, se amoldaban a considerar a este pueblo como uno de los modelos futuros de la humanidad. -Si habia en Europa, al comienzo del siglo veinte, un pueblo que podia gozar sin inquietud de la paz, era 6ste, porque ningin otro pueblo de Europa osaba ataearle. Y sin embargo, a medida que su riqueza, su poderio y la admiraci6n de los otros pueblos aumentaban, este pueblo se volvia inquieto, descontento, lleno. de sospechas: vela enemigos por todas partes; se crela a cada instante ofendido; se quejaba de 1O ser, ni admirado segnn sus meritos, ni temido en la medida 45

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CUBA CONTEMPORINEA de su fuerza. Y un dia, al fin, en plena riqueza y prosperidad, en lo mas alto de la gloria y del poderio, a prop6sito de una cuesti6n que le afectaba muy indirectamente y que, aun siendo grave, admitia muchas soluciones razonables, ese pueblo enigmatico, en una semana, ha lanzado un reto al mundo, provocando a una guerra mortal a tres grandes imperios y dos pequenas naciones!" Es asi, por lo dems, como se plantea hoy, para muchos espiritus angustiados, el perturbador enigma de esta guerra monstruosa. Este enigma, sin embargo, deberia ser menos oscuro para nosotros, hijos de Grecia y de Roma. Nosotros podemos comprender mejor a este pueblo y su inexplicable desafio. Este pueblo es, en Europa, aquel al que la pasi6n de lo colosal ha embriagado mas: la pasi6n de 1o colosal-no hay que olvidarlo nunea-, que no es sino una forma-a veces un poco grosera-del orgullo. Porque la causa nltima de esta espantosa catistrofe esta ahi: en el orgullo de un pueblo; y este orgullo es un verdadero fruto de nuestro siglo. En Paris, en esta capital del mundo, a la cual nada escapa de cuanto toca a los problemas supremos de la vida, ha hecho profunda y rapida impresion el terrible contraste al cual en estos nltimos meses se nos hace asistir. En presencia de esta formidable explosion de violencia que esta asolando a Europa, voces autorizadas han planteado la cuesti6n de saber si, llegando a ser mas rico, mas sabio, mas poderoso, el hombre no llegaria a ser asimismo mas malo. No es dudoso, sin embargo, que nuestra 6poca ha llevado a cabo una obra de educaci6n moral inmensa. Habiendo entablado hace dos siglos una gran lucha contra la Naturaleza, para apoderarse de sus tesoros y dominar sus fuerzas, nuestra civilizacion ha combatido con 6xito todos los vicios y ensenado todas las virtudes que podian o daiar o servir en esta lucha. Ella ha combatido, sobre todo, entre los vicios, la pereza; ella ha ensenado a los hombres, entre las virtudes, sobre todo, la precision, la puntualidad, el celo en el cumplimiento de sus deberes, el espiritu de solidaridad entre todos los grupos sociales, pequenos o grandes, que deben obrar de acuerdo. La cohesion, de la que hoy dan pruebas todas las naciones beligerantes, muestra cuanto este espiritu de solidaridad ha llegado a ser fuerte entre las 346

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DOS DISCURSOS RECIENTES masas. Ninguna 6poca habia visto an un fen6meno de esta grandeza. Nuestra epoca, pues, ha trabajado tambi6n en pro del progreso moral. e C6mo es, entonces, que ella se ha visto presa, de repente, de esta locura de destrucci6n y de violencia? Es que, completamente ocupada en producir trabajadores disciplinados, nuestra 6poca ha olvidado que otras pasiones, entregadas a si mismas, pueden alterar el sentido moral de las masas: el orgullo, sobre todo, del que la mania de lo colosal es una de las formas mats monstruosas. Al comienzo, cuando ella inici6 timidamente su lucha contra ia Naturaleza, nuestra civilizaci6n habia echo con modestia grandes cosas. Pero poco a poco, con la riqueza, el 6xito, el poderio, ha llegado a ser orgullosa: ha querido hacer cosas colosales-y para eso disponia, en verdad, de los necesarios medios! Los imperios de la antigliedad se sentian lenos de satisfaccion cuando lograban edificar en ladrillo o en piedra, algunos monumentos de proporciones inusitadas. 'Pero jqu6 son sus ciudades, sus ejercitos, sus flotas, sus construcciones, en comparaci6n con las ciudades, los ej6rcitos, las flotas, las construcliones de hoy dia? i Que eran su industria y su comercio en comparaci6n con la industria y el comercio de nuestra epoca? Asi, en cincuenta anos, la embriaguez de lo colosal se ha apoderado, mss o menos, de todos los pueblos de Europa y de America, y, desgraciadamente, uno entre esos pueblos ha estado verdaderamente poseido por ella. La Naturaleza parece haberle dotado de una energia violenta, que le lleva ficilmente a los excesos. Aun cuando haya producido en el ultimo siglo muchos fil6logos y arque6logos, jams ha sentido profundamente la influencia de la verdadera latinidad. El sentido de la mesura, el espiritu de limitaci6n y la precision, que son las cualidades esenciales de la latinidad, siempre le-han repugnado: hay en 61 un fondo de misticismo que parece invencible y que le lleva a buscar lo infunito en lo que es vago, confuso e indefinido. Habia obtenido victorias brillantes en dos guerras felices; y se ha encontrado en posesion de un suelo rico en hierro y en carbon: ventaja inestimable en un siglo en que el, hierro no es ya el humilde servidor del hombre, sino el senior del mundo. En resumen, ha coneluido por creerse el pueblo elegido, la levadura de la tierra, el 347

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CUBA CONTEMPORANEA modelo del mundo, y por emplear corrientemente la palabra "colosal" para expresar los grados supremos de la perfection. Pero no ha tardado en llegar a ser, 61 tambi6n, incontestable, inquieto, suspicaz, celoso, como todos los orgullosos que sueiian eon cosas colosales. 1 C6mo, en efecto, podrian un pueblo o una epoca que han escogido como finalidad sobrepujar siempre, en todas sus empresas, las proporciones ya logradas, sentirse nunca felices y contentos? No se es feliz sino cuando se marcha hacia un fin definido y se tiene la alegria de ver que uno se le aproxima. Una 6poca y un pueblo que quieren hacer cosas siempre mas colosales, estan condenados a marchar siempre mas alla del limite logrado, es decir, a marchar en lo ilimitado hasta el dia en que ocurra que se comete una locura irreparable. Es por esta raz6n que todas las civilizaciones que han querido ser colosales, despues de haber vivido en una inquietud perpetua, se han desplomado en catastrofes snbitas y extranas. Es por esta raz6n, tambi6n, que podemos preguntarnos si el Destino no quiere hacernos asistir, an una vez mats, a una de esas tragedias. Si tal fuese verdaderamente el oscuro destino de la Historia, i cuan luminoso y profundo vendria a ser el sentido del sangriento sacrificio que el Destino, despu6s de tantos otros, ha exigido aun de Francia: el sentido del que demandar tal vez mafana a otros pueblos de la familia! No lo olvidemos jams: es solo por las pruebas que muestran su vitalidad, que los pueblos pueden mantener vivos los principios de civilizaci6n creados o poseidos por ellos. Si, nuestros antepasados habian hecho muchas cosas grandes. Habian construido el Parten6n, el Panteon, Venecia y Versalles; habian creado el Imperio, la Iglesia, el derecho, la filosofia y el arte decorativo del siglo diez y ocho; habian echo la Revoluci6n. g Qu6 nos valia todo eso, de hoy en adelante ? El sentido de la grandeza, que es la esencia de la latinidad, estaba ahogado por dondequiera por el manto asiatico de lo colosal; la cantidad triunfaba de la calidad; el progreso, es decir, el m6rito de los pueblos, no se media ya sino por las cifras crecientes de las estadisticas. Francia ha sido, de todos los paises del mundo, el que mals ha resistido a esta corriente; pero mucha gente, por eso, se ponia de acuerdo para declarar que ella envejeeia. Porque su comercio y su poblaci6n 348

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DOS DISCURSOS RECIENTES no aumentaban tan r6pidamente como la poblaci6n y el comercio de Alemania, ella tenia que desaparecer L Pensais que una filosofia, una doctrina, razonamientos, habrian podido hacer retroceder esta formidable corriente de opiniones, de sentimientos y de intereses (porque muchos intereses poderosos se mezelaban a la corriente) que arrastraba a todos los pueblos y todas las clases hacia las repulsivas enormidades de una civilizaci6n puramente cuantitativa? No; era necesario uno de esos grandes acontecimientos hist6ricos, nnicos que tienen fuerza para cambiar las ideas de las masas; una de esas pruebas en que el valor respectivo de los principios quo animan a dos sociedades se revela snbitamente. La prueba, esta vez, es tan terrible, que ningnn hombre de coraz6n osaria decir que ella debia llegar... Pero, pues que el Destino lo ha querido... Y bien, tratemos de elevar nuestros espiritus por encima de las ruinas y de los duelos, a la altura de los grandes acontecimientos que se verifican a nuestra vista en el mundo; de sacar de esta elevaci6n el valor, la firmeza, la resignaci6n que son necesarios. En la primera semana de la guerra, un estremecimiento de angustia ha pasado por todos los paises en quo viven los hijos de Roma. Seria inntil ocultarlo: muchos han dudado. Parecia a muchas gentes que nada podria detener y rechazar esa masa colosal de hombres y de hierro que, derribando todos los obstaculos, marchaba hacia este pals, donde parecia extinguirse una civilizaci6n demasiado vieja y demasiado delicada. Y todo el mundo, en el momento de la suprema inquietud, ha vuelto sus miradas hacia el norte lejano, buscando all una esperanza... Y he aqui que de repente, en el instante en que easi todo el mundo comenzaba a desesperar, esta masa colosal vino a romperse contra una especie de obstaculo invisible, surgido como por milagro; y alli se detuvo, recul6. Probablemente en esos dias hemos vivido uno de los grandes moments de la Historia, porque ese es el primer momento en que nuestra generaci6n, asombrada, se ha preguntado si, por azar, la masa y ei nnmero no serian todo en el universo! Y desde ese momento un trabajo oscuro ha comenzado en los espiritus... Seria tomerario querer ya predecir lo que ese oscuro trabajo producira. La gran prueba, por lo demas, no ha concluido todavia. Pero, como ya no es dudoso que el 349

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CUBA CONTEMPORANEA mundo en que viviremos el resto de nuestros dias sera muy diferente de aquel en que hemos vivido, ya es permitido esperar que Francia, una vez mas ann, habra roto, por su valor y su energia, una fatalidad hist6rica que parecia irresistible. Es menester que una sangre tan pura y tan preciosa, cuya efusi6n es, desde hace seis meses, el cruel suplicio y la angustia incesante de nuestras almas, no sea vertida sin que de ello la humanidad entera derive algnn provecho. Es menester que esta guerra sea el desquite de la verdadera grandeza intelectual y moral sobre el orgullo de lo colosal, que habia endurecido y cegado los espiritus; es precise que ella vuelva a dar al mundo el sentido de lo que, en todos los terrenos, no es grande sino por la pequenez de las proporciones y por la modestia de una grandeza exelusivamente interior; es preciso que ella prepare de nuevo generaciones capaces de acer grandes cosas, con sencillez y sin orgullo, y un mundo que, en el sentido de la verdadera grandeza, vuelva a encontrar su equilibrio moral. Seria, sin duda, temerario afirmar que esta guerra sera la nltima. Pero si ha de haber ann grandes guerras, es el deber comnn de nosotros todos, hacia nosotros mismos, hacia la humanidad y hacia este ideal que se llama la latinidad, hacer todo lo que podamos para que el mundo no asista mas a una guerra colosal como la presente. Es por eso que un grave caso de conciencia se plantea en el mundo para nosotros todos, hijos de Grecia y de Roma, ligados a Francia por el lazo sagrado de la lengua y de la cultura. No hemos podido nunca asistir sin un horror secreto y una repugnancia invencible, a los ruidosos triunfos de 10 colosal en el mundo. Ni los intereses ni las fascinaciones pasajeros de 6pocas frivolas, han ahogado jams en nosotros el instinto que nos Ileva a buscar por todas partes la verdadera grandeza. En esta lucha terrible, por lo dems, de la sangre, de los sacrificios, una larga tenacidad sera todavia necesaria. Debemos, pues, preguntarnos si podemos dejar a Francia hasta el final sola en la tarea terrible y gloriosa de la que el genio de nuestra raza debe salir rejuvenecido. 350

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DOS DISCURSOS RECIENTES DISCURSO DE M. LAVISSE Recibid las ma's sinceras gracias, senores que aportis de Europa y de Am6rica el homenaje de vuestra fraternal simpatia a Francia en este momento glorioso de su historia. Combatimos para defender nuestra vida. No importa que Alemania nos haya tratado de pueblo degenerado: ella sabia bien que en tanto que este pueblo estuviera de pie, cerraria el camino a las empresas del orgullo germnico. Ella nos ha hecho saber, por la pluma de escritores autorizados, que a la primera ocasi6n nos pondria fuera del estado de molestarla. Alemania nos habia prometido una guerra atroz; Alemania ha mantenido su palabra con una completa lealtad. Cuando, ademas, nos ha predicho una derrota cierta y pronta, entonces nos ha enganado. Senores, nosotros no combatimos solo por Francia. Sab6is qu6 porvenir Alemania proponia, a vosotros como a nosotros. Comenzaba por decirnos (i cuantas veces he leido estas palabras!) que nosotros somos pueblos fatigados, y la familia latina una familia agotada. Nos lo ha dicho a veces sin perversidad, aun con cortesia. Nos ha consolado de nuestra desgraciada suerte: "l Qu6 quer6is? Hab6is tenido vuestro tiempo; el nuestro ha llegado. 1 A cada cual su vez Solo que nuestra vez durara hasta el final de los tiempos. Somos el pueblo definitivo. Toda la historia antes de nuestro advenimiento, no era mis que un preambulo, una espera. Dios ha querido prolongar esta espera hasta hoy; ha sido paciente nuestro bueno y viejo Dios, porque es eterno; pero su paciencia toca el limite. No le mortifiqueis inntilmente. Meditad estas palabras que nuestro emperador pronunci6, hace pronto diez anos, en el momento de partir para ir a&hacer en Tanger uno de esos gestos que 61 destina a la Historia: "El buen Dios no se habria tomado jams tanto "trabajo por nuestra patria alemana, si no nos reservara un gran "destino. Somos la sal de la tierra... Dios nos ha echo para "eivilizar el mundo." Por lo demfs, senores, los alemanes nos aseguran un porvenir muy confortable. Nos dicen ann, con esa gruesa candidez, tan 351

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CUBA CONTEMPORLNEA parecida a la gruesa estupidez que llega a confundirse con ella: "Dejad hacer, pues; vamos a civilizarlos a ustedes, o, mas bien, a culturarlos (porque ponen entre estos dos t6rminos una diferencia que tratare de comprender el dia en que tenga tiempo). Dejad pacer... Puesto que esthis fatigados, pensaremos por vosotros. Tennis ciertamente aptitudes, a veces an notables; pero no sab6is emplearlas; no tennis la manera; os la daremos. Dejad pacer, ya ver6is, ya veris... Tal vez los primeros momentos seran penosos; pero uno se habitna a todo; y vosotros os habituareis, nuestros buenos amigos. Gracias a nuestra discipline, vosotros los latinos, y tambi6n los anglosajones y tambien los eslavos, y los otros an, en una palabra, toda la humanidad, incoherente hoy, vivira en buen orden. Los diferentes cesaran con las diferencias; concluir6is por pareceros los unos a los otros, porque, a fuerza de contemplarnos y de admirarnos, os parecereis todos a nosotros, a Alemania. Y entonces la discrecion reinar en el mundo, porque uno de nuestros mas sabios intelectuales ha descubierto y demostrado que el alem6n es el prototipo del horno sapiens." Nosotros, senores, queremos conservar nuestras fisonomias. No pretendemos que nuestra familia sea superior a las demas; no desdenamos a ninguno de los genios que honran a la humanidad; pero no tenemos nada que envidiar a nadie. Desde los tiempos de Homero, de S6focles, de Plat6n, de Arist6teles, de Fidias, nuestro noble linaje de poetas, de artistas y de pensadores, desciende el curso de los siglos y, a pesar de la diferencia de momentos y de medios, aspira siempre a mais luz, a mas belleza, a mis justicia. Todos, por otra parte, somos pueblos libres que queremos gobernarnos nosotros mismos. Obedecemos a la ley hecha para nosotros, por nosotros. Ninguna autoridad de origen mistico y brumoso pesa sobre nuestras voluntades. Pensamos que toda nacion, por el solo hecho de haberse tomado el trabajo de ser una naci6n, tiene dereeho a vivir. Poco importa que sea grande o pequefla; el valor de un alma no se mide por la longitud, la latitud y el espesor de un cuerpo. Creemos que las relaciones entre las naciones deben estar, como las de los individuos en cada nacion, regidas por el derecho: el genio latino es legislador. Creemos que la diversidad de las naciones, querida por 35?

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DOS DISCURSOS RECIENTES la Naturaleza, realizada por la Historia, es una condici6n eseneial de la vida del genero humano. Senores, proclamemos mas alto que nunca este nuestro Credo, y tengamos conciencia cada vez mejor de nuestro genio comun. No nos conocemos bastante los unos a los otros; deberiamos estrechar las relaciones de toda especie que han comenzado a establecerse entre nosotros. Deberiamos reunirnos de tiempo en tiempo, como hoy, para decirnos que nos queremos bien. Una vez ma's, gracias por haber venido a hablarnos como habeis hablado. i Vivan siempre vuestras patrias libres Y pues que, para vuestro gran pesar, para defender el comun patrimonio, s6lo dos naciones de la familia estan en peligro en el presente; pues que sus hijos han muerto a millares y que, a millares, antes de la victoria, otros ann van a morir, llevemos nuestros pensamientos del lugar en que discurrimos al lugar en que se obra. Saludemos a las tumbas cerradas y a las tumbas entreabiertas : i Viva B6lgica i Viva Francia 353

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ESTADISTICA SANITARIA DE CUBA ESTUDIO DE SU POBLACION UANDO en el afio 1905 tuve el honor de desempefiar la ponencia del tema Estadistica Sanitaria de Cuba, ante el Primer Congreso M6dico Nacional, me ocupe en presentar a la consideraci6n de los senores congresistas alli reunidos una breve incursion por el campo de nuestra historia estadistica; en dar a conocer los movimientos intrinseco (vegetativo) y extrinseco (migratorio) de nuestra poblacion, por provincias, durante el quinquenio 1900-1904, y en seflalar la marcha seguida por algunas enfermedades infecciosas y evitables; y a ese efecto acompan6 los cuadros numericos y graficas demostrativas de mis afirmaciones; pero, por causas que no son del caso citar, dichos documentos no aparecieron en el volumen impreso de las Actas y Trabajos de dicho Congreso, por lo que en diversas publicaciones subsan6 despuies aquella omisi6n, ampliando los datos segtn transcurrian los anos, y trate de diversas materias con la estadistica relacionadas, tanto en el seno de nuestra Academia de Ciencias, cuanto en las reuniones de la American Public Health Association y en la prensa profesional. En este Congreso me ha cabido igualmente el honor de la ponencia del tema de la secci6n de Estadistica; y como esta ciencia se ocupa en los hechos naturales, sociales y politicos, voy a ocupar vuestra atenci6n exponiandoos algunos de los segundos, ya que de los primeros me he ocupado detenidamente antes de ahora; no tratando de los terceros por ser impropios

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ESTADISTICA SANTARIA DE CUBA de este lugar, pero dejando sembrada la semilla para que quien quiera, pueda o deba, se encargue de hacerla germinar. A fin de poder con una mirada abrazar el vasto panorama que a nuestra vista se presenta, y al mismo tiempo apreciar los detalles que forman la harmonia del conjunto, conviene que nos coloquemos en una altura desde la cual los aceidentes secundarios no intercepted la clara vision necesaria para juzgar los hechos con la justicia que demanda la verdad de la historia. En este trabajo me ocupar6 del estudio de la poblaci6n considerada en sus movimientos a trav6s del tiempo, y a este efecto estudiar6 los Censos de Cuba desde 1768 hasta el presente, anotando antes las cifras que he podido reunir, consignadas por los autores, del periodo de la conquista y colonizaci6n. Tratar6 luego de la natalidad, la mortalidad, la mortinatalidad, la nupcialidad y las migraciones. 0 s PoBLACI6N.-La poblaci6n es el alma del pals. Es su fuerza, su potencia, su riqueza, su gloria, si ella es gobernada bien y con fortuna. Sin el cumplimiento de esta rara y dificil condicion, a medida que aquella crece se convierte cada vez mals en un desastre. Objeto de todos los intereses sociales, la poblaci6n es la base de todas las operaciones de la estadistica y el t6rmino que sirve de medida a sus resultados. Decia Bacon que el bienestar de un Estado consiste esencialmente en ]a poblaci6n y en el cuidado del hombre. El incremento de aqu6lla es uno de los signos mas ciertos del bienestar de la comunidad. Para que podis conocer c6mo la poblacion de Cuba ha prosperado, casi constantemente, nada me ha parecido mas oportuno que presentards un cuadro sint6tico de sus habitantes, distribuidos por sexos, razas y eondici6n civil, en cada uno de los aflos en que de manera oficial se han registrado o ealculado sus habitantes (cuadro num. 1) ; y otro en el que, considerando solamente los Censos aceptados como indiscutibles, se dan las proporciones relativas de los sexos y razas (cuadro num. 2). Pero, antes de exponer las cifras representativas de esos diversos factores, conviene echar una rapida ojeada sobre 355

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CUBA CONTEMPORANEA lo que se ha escrito acerca de la poblaci6n indigena y los sucesivos incrementos aportados por los conquistadores. Las sombras mas profundas rodean los primeros tiempos de la colonizaci6n espafola, y aunque se ha computado de 200,000 a 300,000, y aun mas, el nnmero de aborigenes, no hay dato absoluto que lo confirme. La primera poblacion extranjera consisti6 de 300 hombres que acompaflaron a Diego Velazquez, cuando en 1511 vino de la isla Espanola (Santo Domingo) a conquistar a Cuba. Por noticias aisladas do las encomiendas hechas por Velazquez, se puede deducir que se contaron hasta 15,000 indios encomendados en esa primera 6poca. Las condiciones de mando del mencionado capitAn atrajeron a nuestra Isla pobladores de las de Santo Domingo y Jamaica, y del Dari6n en tierra firme, los que, por otra parte, no podrian ser muy numerosos cuanto que en 1515 apenas si llegaban a 10,000 los peninsulares que hubieron arribado a las nuevas tierras americanas. No obstante, en 1517 Francisco Fernandez de C6rdova llev6 mas de 200 hombres a la expedici6n de Yucatan; dos aios despues, Juan de Grijalva reconoce la costa mejicana con 300 hombres y en 1519 Hernan Cort6s llev6 a la conquista del imperio de Moctezuma 607 hombres, segfrn Pezuela (1), 708 segun Prescot (2) ; y un alo mals tarde, Velazquez envi6 una expedici6n de 1,000 combatientes, sin contar las tripulaciones, para reducir a Cort6s. En una carta dirigida al Rey por el Ldo. Vadillo en 1522, decia ser la poblaci6n de 5,000 indigenas en toda la Isla y hasta 500 negros africanos, contando en ese numero 120 reci6n venidos pocos meses antes, sin fijar el nnmero de los espanoles; pero se puede conjeturar que a la muerte de Velazquez, ocurrida en 1524, se hallaban repartidos en las distintas villas que habia fundado en Cuba unos 2,000 castellanos. Los hechos guerreros de las conquistas de otros territorios, y las depredaciones piraticas a que fu6 sometido el nuestro, dieron lugar a una despoblacion tan considerable, que, segun notas existentes en la Colecci6n Munoz, en 1.0 de julio de 1555 no (1) Pezuela. Die. peo. est. hit. de hi Isia de Cuba, Madrid, 1866, t. IV, p. 237-255. (2) Prescot. Historia de la conquista de 3Ltjico, Madrid, 1847, t. I, p. 228-229. 356

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ESTADISTICA SANITARIA DE CUBA quedaban en la Habana mas que 38 vecinos cabezas de familia con domicilio establecido y 13 forasteros y transeuntes. El historiador Vald6s refiere (3) que en 1656 recibi6 la poblacion de Cuba un refuerzo de mas de 8,000 almas, como consecuencia de la toma de Jamaica por los ingleses, y que por esa fecha se computaba el namero de habitantes de la Isla en unos 30,000. En los viajes de Francisco Coreal a las Indias Occidentales, publicados en Paris en 1697, calculaba este autor en mas de 50,000 almas la poblaci6n de toda la Isla y en mas de 25,000 la de su capital, La Habana. En 1730 se computaba la poblacion cubana en mas de 100,000 habitantes, sin incluir en ellos las tropas, marineria ni los transeuntes, la cual poblaci6n se aument6 considerablemente con la emigraci6n espanola de la Florida, cedida a Inglaterra a cambio de la devoluci6n de la Habana, tomada por los ingleses en 1762. El primer censo que dicen los historiadores haber sido levantado en Cuba, fu6 el formado de orden del marquis de la Torre el ano 1774 (4); pero en 1768 se consignan las cifras representativas de los sexos y razas de los habitantes de la Gran Antilla, distribuidos segnn su condici6n social. Estas cifras aparecen en un trabajo hecho por el Sr. Antonio L6pez Prieto, publicado en el Boletin Oficial de Hacienda y de Estadistica de la Isla de Cuba (Habana, enero 1882, ano II, p. 40, nnms. 1 y 2) y que abraza veintis6is enumeraciones, hasta la del ano 1879. Dicho cuadro, que reproducimos, esta fechado en la Habana el 27 de diciembre de 1880 y ha sido transcripto en sus totales, inicamente, en los Censos de Cuba de 1899 y 1907, citando -sus autores como principales fuentes de informaci6n a Behn y Wagner y a Delitsch. 6 Qui6n mand6 levantar ese censo de 1768? 6omo se hizo y d6nde se pdiblie6? Son preguntas a que todavia no puedo responder, puesto que 6sa fue la 6poca del gobierno de D. Antonio M.a Bucarely y durante ella no se alude a se(3) Vald6s. Historia de in Isla de tuba y en especial de la Habana, Habana, 1813, vol. I (Onico publicado), p. 76-77. (4) Saco. Coleccidn de papeles cientificos, hist6ricos, politicos y de otros ramos 8opre hI Isla de Cuba, ya publicados, ya indditos. ParIs, 1858, t. I, p. 385-386. S 357

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CUBA CONTEMPORARY mejante obra; pero las cifras ahi estan y algfn dia se conocera su autor, puesto que, como dicen las Escrituras: Nihil sub sole novum (5). Expuesto lo que antecede, entremos en el estudio de las cifras contenidas en dicho trabajos del Sr. L6pez Prieto, al cual he adicionado las que se consignan en los Censos de 1887, 1899 y 1907 y las facilitadas por la Direcci6n General del Censo de poblaci6n para este aflo de 1914. (V6ase cuadro nnm. 1.) Para comprender mas ffcilmente lo que signifiean esas cifras, y a fin de no fatigar vuestra atenci6n con los numerosos calculos que ha sido necesario realizar, he trazado la grafica marcada con el numero 1, donde se aprecia con rapidez el incremento, en general ascendente, que ha seguido la poblacion de nuestro pais durante el periodo de ciento cuarenta anos comprendido entre los de 1774 y 1914; y recalco la frase en general ascendentc, porque, buscando el promedio del crecimiento anual entre cada censo, se encuentran, como lo revela la grafica nnmero 2, descensos en ese mismo crecimiento en los periodos de los afios 1817-1827, 1841-1861 y 1861-1877, sin contar la gran p6rdida sufrida entre los anos 1887-1899, acusada ligeramente en la grafica numero 1. Ahora bien, si relacionamos esos distintos periodos con los acontecimientos hist6ricos que en ellos han ocurrido, tendremos, para explicarlos, que en el de 1817-1827 hubo la gran epidemia de fiebre amarilla consecutiva a la considerable inmigraci6n en nuestras playas de los fugitivos europeos de las conmociones politicas del viejo continente, y de los habitantes del nuevo que hulan de los trastornos consecutivos a la independencia de casi todas las naciones sujetas antes al domino de los conquistadores. El pequeflo decrecimiento de los anos 1841-1861, d6bese, sin duda, a la cesacion de la trata de negros africanos, impuesta por Inglaterra. Por nltimo, las dos grandes lineas descendentes que sefialan los periodos 1861-1877 y 1887-1899 revelan con su muda elocuencia los resultados de la guerra de los diez anos y de la dltima de independencia. Si trazframos una linea iinaginaria que una los dos puntos extremos 1774 y 1914, veremos c6mo esos facto(5) Ec&esiastda, Cap. I, vers. 10. 358

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ESTADfSTICA SANITARIA DE CUBA res han influido para desviar de la normal el crecimiento de nuestra poblaci6n. NATALIDAD.-No voy aqui a tratar de los multiples e importantes problemas que entrafia este estudio, porque seria imposible encerrarlos en los estrechos limites de este trabajo. Me concretar6 a daros a conocer, agrupandolas, las cifras que hacen relaci6n al asunto, y que estfn dispersas en varias publicaciones, facilitando asi la labor futura. Una simple mirada al cuadro numero 3 (nacimientos inscriptos) y, sobre todo, a su grafica representativa, numero 3, hace comprender en seguida la anormalidad que reina en la inscripci6n de los nacimientos. En efecto, este fen6meno, como todos los naturales, obedece a reglas fijas; y cuando, sin causa que las justifique, se advierten las profundas oscilaciones que sefialan las ordenadas de esta grafica, hay que buscar el porque de las mismas. Dichas oscilaciones obedecen a la falta de inseripci6n de los nacimientos, en los t6rminos que seffala la Ley; y entonces, ya por decretos del Ejecutivo, ya por leyes especiales, se concede un plazo mas o menos largo para verificar aqu6las, observindose tras cada plazo concedido una insolita elevaci6n en el numero de los nacimientos registrados. L Qu6 causas determinan la promulgaci6n de esos decretos y de esas eyes amplificadoras? La respuesta es triste, pero hay que darla con toda la crudeza de la verdad. D6bense esas medidas al desconocimiento que tiene nuestro pueblo del cumplimiento de sus deberes y, Lo que es mas grave aun, a que no sabe ejercitar sus derechos exigiendo, como debe exigir de los funcionarios a quienes est6 encomendada la inscripci6n de los actos del Registro Civil-los ma's importantes, puesto que son los que determinan la personalidad, acompanando al ciudadano desde la cuna lasta el sepulcro-, el exacto cumplimiento de su misi6n, sin necesidad de la dadiva arrancada en forma mas o menos velada por aquellos que, por las condiciones del medio en que giran, debieran conocer mejor que nadie a donde conduce la transgresion de las eyes. En el cuadro numero 4 present la clasificaci6n de los naci359

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CUBA CONTEMPORANEA dos cada ano, por sexos y razas, segun su condicion social de legitimidad o ilegitimidad; habiendo hecho lo propio respecto de los nacidos muertos, a fin de poder apreciar en el total de ambos cuadros reunidos las cifras representativas de los embarazos, o, lo que es Lo mismo, de la fecundidad; pero esto de una manera s6o aproximada, puesto que el nnmero de abortos provocados con un fin criminal es desconocido, segnn hicimos constar en nuestra Academia de Ciencias al discutir en la sesi6n del 28 de marzo de 1913 la comunicaci6n que sobre ese tema present el Dr. Tomas V. Coronado (6). El Sr. Rafael J. Fosalba, Ministro Plenipotenciario del Uruguay en Cuba, autoridad indiscutible en materias estadisticas, present a nuestra Academia de Ciencias, en 16 de abril de 1909, un interesante trabajo sobre El problema de la poblacior en Cuba (7) y en marzo de 1914 otro sobre La mortinatalidad y la mortalidad infantil en la Repiblica de Cuba (8), que mereci6 ser laureado con el "Premio de la Academia". En dichos trabajos se encuentran consignados, con gran alteza de miras y con profundas observaciones, los problemas que afectan a nuestra decreciente natalidad, como lo demuestra el siguiente cuadro de coeficientes: 1842-1846. ......34.00 1861. ......35.00 1890-1893. ......31.97 1894-1898. ......17.21 Rpoca de la guerra. 1899. ......22.93 1900-1907. ......29.70 1908-1910. ......32.26 1911-1913. ......27.41 Como se ve por las cifras anteriores, el coeficiente de natalidad del 6ltimo trienio es muy inferior al de los periodos de paz del siglo pasado y a los del actual; si tomamos nada mas que el del ano 1913, veremos que desciende todavia mas, hasta (6) Anale de la Academia de Ciencias Mddieas, Fisicas y Naturales de la Habana, t. XLIX, p. 848-851. (7) Anales de la Academia etc., t. XLV, p. 693-751. (8) Sanidad y Beneficencia. Boletin Oficial de la secretarla, Habana, 1914, t. XI, p. 659-785; t. XII, p. 60-146 y 853-470. 360

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ESTADISTICA SANITARIA DE CUBA alcanzar 25.27; y si computamos los 66,511 nacimientos inscriptos en el aflo del nltimo Censo (1907), que representan el 32.46 por cada mil habitantes, con los 62,093 registrados en el ano 1913, que representan a su vez el 25.27, notaremos, con dolor, que nuestra natalidad ha decrecido, desde la feeha del mencionado Censo, el 7.19 por cada mil, lo que hace manifestar a Fosalba que: "la disminuci6n progresiva de la natalidad cubana constituye un problema tan grave como el de la mortinatalidad y la mortalidad infantil"; afadiendo en seguida, y demostrandolo con las cifras correspondientes, que "Desde el punto de vista de la natalidad, esta Republica ocupa el nltimo lugar entre los pauses latinos que publican estadisticas en nuestro continente". MORTALIDAD.-La vida humana se compone de dos epocas y de un periodo que las separa por un intervalo de tiempo mas o menos largo. Las 6pocas son el nacimiento y la muerte. El periodo es la duraci6n de nuestra existencia. Hemos estudiado la primera epoca en la natalidad; acompanadme ahora a estudiar la nltima en la mortalidad. Asi como la disminuci6n de aqu6l1a en nuestro pueblo es motivo de triste refiexiones, la disminuci6n de 6sta en el mismo, hasta hace poco tiempo, ha sido motivo de justificado regocijo; pero, a partir del ano 1913, se ha iniciado un aumento al que no es por cierto ajeno el ineremento de las enfermedades evitables. En la lecci6n inaugural del curso de 1914 a 1915, pronunciada por mi respetable maestro el insigne higienista Dr. Luis M. Cowley en su cftedra de Higiene de nuestra Universidad de ia Habana, el afirm6 categoricamente que puede en la actualidad "medirse el grado de civilizaci6n de un pueblo por el numero de victimas que causan la viruela, la fiebre tifoidea, la difteria, el paludismo, la fiebre amarilla, la infecci6n purulenta, la puerperalidad", etc., etc. (9). De acuerdo con esa doctrina, nuestro pals puede vanagloriarse de figurar, desde el punto de vista sanitario, entre los (9) Revieta de Medicina y Cirugia de ta Habana, 10 noviembre 1914, t. XIX, p. 566. 361

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CUBA CONTEMPORANEA primers en la escala de la civilizaei6n, puesto que las victorias obtenidas erradicando las viruelas desde julio de 1900, la fiebre amarilla desde septiembre de 1901 hasta julio de 1905 y desde diciembre de 1908 hasta el presente, y las alcanzadas disminuyendo las cifras mortuorias del tatanos, del paludismo, de la tuberculosis y de casi todas las infecciones microbianas, hablan muy alto en su favor. Si se examina el cuadro nnlmero 5 y, sobre todo, la grfica nnmero 4, en que aparecen consignadas las cifras representativas de la mortalidad a partir del ano 1890, 6echase de ver en seguida los funestos efectos producidos por la guerra en los tres anos de 1895 a 1898; y no por lo sangriento de las batallas libradas, sino por los terribles estragos de las enfermedades, la miseria y el hambre, consecutivas a la medida de exterminio decretada con la reconcentracidn. Con la paz viene el notable descenso de la mortalidad, que de manera progresiva continna durante cuatro anos; pero con el aumento de poblaci6n, consiguiente a la prosperidad del pals en aquel inolvidable periodo de bienestar y grandeza de nuestro pueblo, comienza lentamente a crecer la mortalidad; y la epidemia de gripe del ano 1906, unida a los sucesos politicos de esa fecha y a la gran mortandad producida por la enteritis y su compaiera la meningitis en el siguiente de 1907, que elev6 el nnmero de sus victimas a la enorme cifra de 8,842, casi la cuarta parte del total de defunciones en ese solo ano, produce la mats alta cima de la curva, a partir de la terminaci6n de la soberania varias veces secular. La gripe, con sus secuelas, vuelve a elevar el coeficiente mortuorio en el ano 1910, para caer despues hasta el mas bajo (12.89), alcanzado nunca en el ano 1912. Desde entonces vuelve a elevarse, debido en gran parte a la mortandad infantil y a las an6malas condiciones que se han sucedido y que evidencia la afirmaci6n hecha por Moreau de Jonn6s (10) hace ma's de medio siglo, cuando consign6 lo siguiente: "La mortalidad es manifiestamente atenuada en tanto que la prosperidad publica se prolonga por la accidn de un buen gobierno; pero crece desde que las faltas o los errores politicos, o solamente administrativos y (10) tldmenta de Statistique, Paris, 1856, p. 802. 02

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ESTADISTICA SANITARIA DE CUBA econ6micos, vienen a alterar el curso favorable de las transacciones sociales." MORTINATALDAD.-Ligada intimamente con la natalidad y la mortalidad estk la mortinatalidad; pero como la legislaci6n de los diferentes pauses varfa en la manera de apreciar la personalidad civil, pareceme oportuno comenzar por definir lo que en Cuba se entiende por tal y cuAles son las eyes que la determinan (11). En el C6digo Civil vigente, libro I, titulo II, articulos 29 y 30, se dice: "Art. 29. El nacimiento determina la personalidad; pero el concebido se tiene por nacido para todos los efectos que le sean favorables, siempre que nazca en las coudiciones que expresa el articulo siguiente.-Art. 30. Para los efectos civiles, s6o se reputar nacido el feto que tuviese figura humana y viviere veinticuatro horas enteramente desprendido del seno materno". La ley de Matrimonio Civil, de 17 de junio de 1870, publicada en Cuba por Real Decreto de 2 de marzo de 1883, reproduce en su articulo 60 el 30 del Codigo Civil citado; y la Ley Provisional del Registro Civil, de la primera fecha citada, hecha extensive a Cuba y Puerto Rico por R. D. de 8 de enero de 1884, en su articulo 35 dice: "Si se presentase en el Registro civil el cadaver de un recian nacido manifest&ndose que la muerte ocurri6 sin que pueda reputarse nacido con arreglo a Lo prescrito en el articulo 60 de la Ley de Matrimonio Civil, se hark constar por declaraci6n del facultativo en un solo asiento del libro especial que al efecto se llevarf, si la defunci6n fu6 anterior o posterior al nacimiento, y por declaraci6n de los interesados el dia y la hora en que 6ste y el fallecimiento hayan tenido lugar". La prActica habia demostrado el incumplimiento de lo dispuesto en el articulo transcripto, en cuanto a la forma, no asi en el fondo, puesto que los profesionales sustitufan con un certificado facultativo la declaraci6n ordenada. Para uniformar (11) Vease: La viabilidad legal y la flsioldgica, por el Dr. Antonio de Gordon y de Acosta, sesi6n de la Academia de Ciencias etc.-del 8 de agosto 1897-publicado en la Revista del Foro, Habana, 1897. 363

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CUBA CONTEMPORANEA 6stos y hacer utilizables sus datos, someti al Sr. Jefe de Sanidad de la Isla de Cuba, en 2 de diciembre de 1907, un informe sobre mejoras en el servicio de la Estadistica, y entre ellas los modelos usados hoy en toda la Republica para la inscripci6n de las defunciones fetales; los cuales estfn en vigor desde el 1.0 de enero de 1908 y fueron aprobados por el primer Secretario de Sanidad y Beneficencia que tuvimos al crearse ese organismo del Estado (12). De lo antes expuesto se deduce que, entre nosotros, los seres comprendidos en esta categoria no figuran ni entre los nacidos ni entre los muertos, constituyendo un grupo demografico especial. Asi lo estudiaremos, solamente a partir del aflo 1900, por no haber podido encontrar las cifras reveladoras de sus oscilaciones antes de esa fecha. En el cuadro nftmero 4 ya present el numero de nacidos muertos. clasificados por sexos, razas y condici6n civil, en cada auio del periodo estudiado; pero si prescindimos de aquellas cifras absolutas y nos ocupamos de sus proporciones relativas con la poblaci6n y con los nacimientos registrados, podremos formar este otro cuadro mss instruetivo ann: Total de nacidos muertos 987 1,203 1,175 1,134 1,865 2,221 2,441 2,448 2,768 3,096 3,243 3,532 3,445 3,913 Por cada mil habitantes 0.57 0.71 0.67 0.63 1.00 1.45 1.23 1.19 1.29 1.40 1.46 1.54 1.43 1.64 Por cada mil nacimientos 22.95 27.60 24.95 19.60 31.95 33.70 43.62 36.80 42.34 44.12 42.28 62.18 44.60 63.02 (12) v6ase Sanidad y Beneficencia, Habana, octubre 1909, t. II, p. 472.479. Estadistica demogrdfrco sanitaria-Importantes reformag, por el Dr. Jorge Le-'oy y CassA, Jefe de Estadistica de la Direccibn de Sanidad, AROS 1900 1901 1902 1903 1904 1905 1906 1907 1908 1909 1910 1911 1912 1913 364

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ESTADISTICA SANITARIA DE CUBA Nadie en Cuba ha estudiado, hasta ahora, el problema de la mortinatalidad mfs profundamente que Fosalba; estoy tan de acuerdo con su manera de ver la cuesti6n, que no dudo en hacer mias sus apreciaciones. A medida que en nuestra patria ha disminuido la natalidad, a pesar de las nutridas corrientes migratorias de individuos en edad de reproducci6n, ha ido aumentando la mortinatalidad ^on caracteres verdaderamente asombrosos y alarmantes, pues, sin soluci6n de continuidad, es ahora mats del duplo de hace diez anos y tres veces mayor que cuando ces6 la guerra de independencia, en cuya fecha todos los factores eran los mas desfavorables. Es un principio demografico generalmente admitido, que la mortinatalidad aumenta en raz6n inversa de la mortalidad infantil, es decir, cuanto mas baja sea 6sta mas alta sera aquella, y reciprocamente. Pues bien; hasta en esto ha de ser Cuba el pais de las contradicciones. En efecto, el aiio 1913, que ha sido uno de los de mas baja natalidad (25.97), ha sido tambien uno de los de mas alta mortalidad infantil (152.38) y el de mayor coeficiente de mortinatalidad (63.02) alcanzado en la historia de las cifras reveladoras de este fen6meno en nuestro pueblo. Son tan interesantes e instructivas las investigaciones de Folsaba respecto de este problema, que no puedo dejar de transcribir sus palabras. Dice asi : El primer factor que se advierte en la formaci6n de la mortinatalidad cubana es la nupcialidad: las uniones ilegitimas produce el 50 por ciento mfs de nacidos muertos que los matrimonios. En segundo lugar entra el factor racial: casi las dos terceras parts de la mortinatalidad relativa ocurre entree individuos de color. En tercer t6rmino tenemos el factor sexual: mfs de las dos terceras partes de los inmaturos pertenecen al sexo masculino. Para poder apreciar las causas mis o menos directas que concurren a la formaci6n de estos factors, calcularemos los siguientes porcentajes sobre los datos que nos ofrece el censo oficial de 1907: 1.-El 9.4 % y el 7.9 %, respectivamente de las hembras y varones que formaban el conjunto de la poblacibn, vivian en ilegales uniones consensuales: el 8.6 % de la iloblaci6n general ocupaba ese lugar intermedio de los que conservando su solteria viven maritalmente. 2.o--La tercera parte de las uniones matrimoniales de toda clase era ilegitima. 36"0

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CUBA CONTEMPORANEA 3.0-Ei 4.8 % de Ia poblaci6n blanca y el 17.7 % de la de color pertenecian a ese grupo nupcial ilegitimo. 4.-Por cada cien casados legalmente entree blancos babia 19 unidos fuera de la ley y por cada eien casados legahnente entree las razas de color 181 vivian en concubinato. 5.e-La poblaci6n ilegitima de todas las edades alcanzaba al 12.6 % de la totalidad eonsada. 6.* Aunque el 62.7 % de la poblaci6n blanea y el 61.2 % de la de color carectan de profesi6n luerativa, se advertia que entre la poblaci6n blanca babia las profesiones y los negocios mis lucrativos: el comercio, las industrial, el transporte, las arts, las profesiones liberals, etc. 7.0-En mayores de diez afios (en 1907), entree los que actualmente se cuentan los casados y los unidos maritalmente, el 41.4 % de los blancos nativos, el 25.6 % de los blancos extranjeros y el 55 % de los de color, eran analfabetos. Si examinamos el lugar internacional que le corresponde a Cuba en los coeficientes de mortinatalidad, halleremos lo siguiente: que en 1900-03 era 23.77; superior a los de Bulgaria, Portugal, Rumania, Hungria y Servia. En 1904-07 era 36.52; superior a estos pauses, mas Espana, Suecia, Austria, Dinamarca, Alemania, Argentina, Suiza y Uruguay. En 1908-13 era de 51.31; superior a las naciones antes citadas, mas Belgica y Francia. Y si tomamos el coeficiente del afio 1913 solamente, 62.69, veremos que todavia es mas alto que el de Italia y solo es superado por el del Jap6n (89.45), el ma's elevado de la escala de los paises que tienen estadisticas de esta materia. Otro fen6meno muy interesante se observa en la mortinatalidad cubana, y es que es mayor en los pequenos nucleos de poblaci6n urbana y en la rural que en los grandes centros de poblacion, a la inversa de lo que ocurre en las dems naciones de elevada mortinatalidad; asemejandose la de las ciudades de la Habana y Santiago de Cuba a la de Paris y siendo mayor que la de trece ciudades francesas de mas poblacion. Octipase asimismo Fosalba de los factores fisiol6gicos, patol6gicos, sociales y econ6micos que concurren a la formaci6n de nuestra elevada mortinatalidad, y cita entre las primeras: las degeneraciones hereditarias y adquiridas; entre las segundas: las enfermedades infecciosas y la acci6n de las toxinas bacilares, asi como la de algunas substancias quimicas, como el plomo, sobre la marcha de la gestaci6n; entre las niltimas se ocupa de 366

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ESTADfSTICA SANITARIA DE CUBA la carestia de la vida, con sus consecuencias inevitables de mala nutrici6n por falta de alimentos, lo que estudia con profusion de detalles demostrativos. La importancia y gravedad que entrafian los problemas que acabo de presentaros, exigen que se les dedique mss seria atenci6n que la que hasta el presente se le ha prestado por los Ilamados a remediarlos. NUPCIALIDAD.-El matrituonio es el primer factor de la reproducci6n de la especie y, por tanto, uno de los fundamentales del crecimiento de la poblacion. Es a su vez uno de los indicios de la prosperidad de un pais, puesto que se ve disminuir su numero en las 6pocas calamitosas de guerras, carestia de la vida, crisis industriales, relajaci6n de costumbres, etc., y aumentar vigorosamente tan pronto como cesan esas conmociones sociales. No es posible que estudiemos aqui los diferentes problemas relacionados con la nupcialidad, o, mejor dicho, con la matrimonialidad, porque ello demandaria un tiempo del que no puedo disponer; pero tampoco puedo dejar de consignar algunos detalles importantes, para que os form6is concept cabal del asunto en nuestro pals. Ante todo os presentar6 las cifras que he podido reunir de los grupos en que se ha dividido la poblaci6n, segun su estado civil, en los Censos que los expresan, para lo cual he formado el cuadro que sigue: Nifios ConcubiARos Poblacidn 15 aflas 'solteros Casados Viudos natos ta) 1841 1.007,624 326,439 575,573 80,062 25.550 ....... .......... 1861 1.396,470 294,458 826,222 229,821 45,969 .......... .......... 1899 1.572,797 577,036 531,673 246,351 85,167 131,732 838 (b) 1907 2.048,980 748,193 620,288 423,537 79,458 176,509 1,098 (c) (a) En el Censo de 1899 esta categoria se denomina: "Personas que viven juntas como marido y mujer por consentimiento mutuo"; y en el de 1907 se lea llama: "Los casados por virtud de contratos consensuales". (b) Esta cifra (888) represents la de personas cuya condici6n civil es desconocida. (c) Esta cifra (1,098) represent los divorciados que se incluyeron en el Censo en la column de los solteros y desconocidos de la Tabla XIV "Estado Con. yugal" P. 412 de dicho Censo de 1907. 367

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CUBA CONTEMPORLNEA Reduciendo estas cifras absolutas a las relativas por cada mil habitantes, resulta este otro cuadro: 1841 ............ 323.97 571.22 79.45 25.36 .......... .......... 1861 ........... 210.86 591.65 164.57 32.92 .......... .......... 1899 ............ 366.88 338.04 156.63 54.15 83.76 .......... 1907 ............ 365.10 302.73 206.71 38.78 86.14 .......... De su estudio se deduce que la proporci6n de nifos disminuy6 considerablemente del Censo de 1841 al de 1861, sobrepasando las cifras del primero en 1899 y disminuyendo en el ultimo levantado en 1907. Y que la proporci6n de solteros aument6 en el de 1861 respecto del Censo de 1841, por efecto de la inversa de los ninos, para decrecer en los dos posteriores. En cuanto a las proporciones respectivas de los casados y de los viudos, se observa un crecimiento constante, interrumpido ninicamente en el Censo de 1899, en que disminuy6 el nimero de los casados y aument6 el de los viudos; pero si se tiene en cuenta la fecha en que fu6 levantado ese Censo. a raiz de la terminaci6n de la guerra de independencia, se explicar facilmente el fen6meno. A partir del censo levantado en 1899, figura una nueva clasificacion en el estado civil, denominada en aquel documento con el epigrafe: "Personas que viven juntas como marido y mujer por consentimiento mutuo" y llamadas en el Censo de 1907 de una manera mas euf6nica: "Los casados por virtud de contratos consensuales". El concubinato ha existido siempre, sobre todo en los tiempos de la esclavitud; pero no habia sido elevado al rango que ahora ocupa en los censos, hasta el aiio 1899, en el que se manifiesta que: "Es la primera vez que tales datos se han tabulado y por lo mismo no es possible hacer comparaciones con los censos anteriores de la Isla" (13). En el censo de 1907 se reproduced, ampliAndolos y fijando mas claramente los conceptos de tales uniones dadas a conocer en el precedente de 1899, en esta forma: En la lista de este Censo se anunciaron muchos casos en los cuales un hombre y una mujer, aproximadamente de la misma edad, vivian en la (18) Informe sobre el censo de Cuba, 1899. Washington, 1900, Imprenta del Gobierno. Edicion costellana. J. P. Sanger, Inspector General, p. 139. 368

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ESTADISTICA SANITARIA DE CUBA misma casa, aunque sus apellidos eran diferentes, y cuyas relaciones mutuas no eran reconocidas por el publico. En la mayor parte de los casos la familia comprendia uno o mss nifios que Ilevaban el apellido de la madre. Todas las familiar de esta clase se inscribieron en las listas con las iniciales ''C. M.' que significan casados por un contrato consensual, es decir, personas que cobabitaban como esposo y esposa sin que su uni6n fuese formal y legalmente sancionada, y los nifios se inscribieron como t6enicamente ilegitimos. Cualquiera que conozca bien la vida cubana sabe que entre eiertas clases y en ciertas regiones, semejantes matrimonios o uniones con frecuencia son tan permanentes y les prodigan tantas atenciones y les dan tan buena crianza a los nifios, como si esas uniones o relaciones hubieran sido sancionadas por la ley (14). De ese documento oficial son las siguientes cifras: en 1899 el numero de concubinatos era de 8.4 %; en 1907 era de 8.6 % del total de la poblaci6n; y comparandolos, en esta fecha, con el nnmero de los matrimonios legales, resultaban en la proporci6n de uno de aquellos por 2.4 de 6stos; eabi6ndole a la provincia de Matanzas el triste privilegio de contar el mayor numero de esas uniones (12.6) con respecto a la poblaci6n. En el aiio 1907, de los 176.509 habitantes unidos por contratos consensuales en la Republica de Cuba, 85,131 eran varones y 91,378 eran hembras, o sea en la proporei6n de 48.2 % y 51.8 % respectivamente. Entre los blancos el numero de los contratos consensuales ascendia a 68,298, o sea el 4.8 % de la poblaci6n blanca; entre el elemento de color ascendia a 108,211, que representa el 17.4 % de la poblaci6n de color. Por consiguiente, entre este elemento la proporci6n de los concubinatos era de tres a cuatro veces mayor que entre los blancos; y si comparamos los unidos por contratos consensuales, con los casados, aparece que s6lo habia 19 habitantes de esa condici6n por cada 100 casados legalmente entre los blancos, al paso que entre el elemento de color habia 181 unidos ilegitimamente, por cada 100 casados conforme a la ley. Sentados estos tristes precedentes, pasemos a estudiar las cifras que arrojan los cuadros que he formado de las personas casadas; advirtiendo que en ellos no he podido remontar mis investigaciones mss allf del ano 1900, porque las cifras con(14) Cengo de la Repnbica de Cuba, bafo la Administracidn Provisional de lot Eafado. Unidoe, 1907. Oflcino (sic) del Censo de los Estados Unidos, Washington: 1908. Victor H. Olmsted, Director, p. 258. 369

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CUBA CONTEMPORKNEA signadas en el Censo de 1899 no contienen la totalidad de los matrimonios efectuados, faltando todas las de la provincia de Pinar del Rio, y de la provincia de la Habana s6lo se citan las de su capital; raz6n por la que he prescindido de anotar, como hice antes, las de los afios de 1890 a 1899. (V6ase cuadro numero 6.) La inspecci6n del cuadro que sigue y, sobre todo, de su grfica representativa, revela un decrecimiento de 7.25 por cada mil habitantes en 1900, hasta 5.62 en 1913. Matrimonios 11,843 12,849 12,022 12,468 13,417 15,220 12,493 13,963 12,158 12,552 13,446 12,623 13,725 13,437 mil habitantes 7.25 7.59 6.86 6.88 7.17 7.89 6.28 6.81 5.68 5.67 6.05 5.49 5.73 5.62 Si analizamos mas profundamente el problema, descomponiendo los matrimonios segnn el sexo y la raza de las personas que los contrajeron, tendremos este otro cuadro: Proporcionalidad por sexos y razas por cada mil matrimonios AROS 1900 1901 1902 1903 1904 1905 Varones bembras Varones Hembras blancos blancas de color de color 849.78 843.26 832.72 834.14 800.48 796.45 843.62 837.96 825.15 826.11 794.37 790.01 150.22 156.74 167.28 165.86 199.52 203.55 156.38 162.04 174.85 173.89 205.63 209.99 ARO S 1900 1901 1902 1903 1904 1905 1906 1907 1908 1909 1910 1911 1912 1913 370

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ESTADISTICA SANITARIA DE CUBA Varones Hembras Varones Hembras AROS blancos blancas de color de color 1906 801.89 795.41 198.11 204.59 1907 821.60 815.87 178.40 184.13 1908 819.54 814.53 180.46 185.47 1909 818.51 812.14 181.49 187.86 1910 819.80 814.59 180.20 185.41 1911 819.54 812.41 180.46 187.59 1912 822.81 815.37 177.19 184.63 1913 832.25 826.23 167.75 173.77 Del estudio de las anteriores cifras se desprende que el promedio de varones blancos es de 822.34 por cada mil matrimonios; el de hembras blancas es de 815.98; el de los varones de color es de 177.66 y el de las hembras de color es de 184.02, lo qne muestra bien a las claras que las negras, no encontrando suficiente nnmero de negros eon quienes casarse, van a unirse a los blancos, cuyo nnmero supera al de las blancas; tendiendo este cruramiento a hacer desaparecer cada vez mas la pureza de las razas respectivas. Muchos otros factores debieran ser estudiados en este capitulo, entre ellos: la edad de las personas casaderas en sus relaciones reeiprocas de sexos; razas y condici6n civil; las variaciones de la nupcialidad con respecto a las 6pocas y a las estaciones; las relaciones entre los matrimonios y sus productos, comprendiendo en este epigrafe no s6lo la natalidad y la mortinatalidad, legitima e ilegitima, sino la fecundaci6n en todas sus fases, ya aleancen los fetos la plenitud de su vida intrauterina, ya sea 6sta interrumpida por accidentes patol6gicos o por manos criminales, provocando el crecido nnmero de abortos de qne todos tenemos noticias, pero cuyas cifras nos es imnpnsible precisar. De la fecundidad nos hemos ocupado el Dr. Julio F. Arteaga y yo en la Academia de Ciencias (15) y mas recientemente (15) -Tln F. Artenza, Contribuet6n al estudio de la funci6n menstrual en las eubonns residents en la cindad de in Cabana. 29 diciembre 1909. Anales de la Academia de Ciencias Medicas, Fisicas y Naturales de la Habana, t. XLVI, p. 344.358. Jorge Le-Roy y Cassd. Apuntes snbre las funciones sexuales en ta mujer cabana, 29 diciembre 1909. Anales, etc., t. XLVI, p. 358-369. 3'71

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CUBA CONTEMPORANEA Fosalba en su magnifico trabajo nltimamente premiado por esta Corporaci6n (16); pero de una manera incomplete, porque este particular y los que antes he anotado, por circunstancias administrativas que no son del caso citar, no pueden ser estudiados todavia por career de los datos estadisticos necesarios. MIORACIN.-En demografia se distingue con el nombre de inmigrantes a las personas que vienen a establecerse en un pals, y con el de emigrantes a las que salen del mismo. La condici6n insular del nuestro reduce los limites de los movimientos migratorios a dos categorias nada mis: los internos, de una region a otra de la Republica, y los externos, de la Republica a los demas paises. La medici6n del nltimo movimiento es entre nosotros facilisima, puesto que conociendo los pasajeros que entran y salen por cada uno de los puertos de Cuba, se tiene el conocimiento exacto del remanente que deja siempre el mayor nnmero de los que entran sobre el de los que salen. En cambio, las migraciones interiores de unos a otros lugares de la Isla nos son desconocidos, pues si bien por las vias ferrocarrileras pudiera conocerse el movimiento, no hay modo de comprobar los que utilizan los otros medios de locomoci6n; y como, a pesar de nuestras ]eyes, los municipios no llevan debidamente sus registros de poblaci6n, no puede conocerse, en un momento dado, la flotante de cada lugar. No voy a reproducir aqui las cifras que presented en otro trabajo (17), ni tampoco a entrar en el estudio minucioso de las publicadas por ]a Secretaria de Hacienda, donde se encuentran los detalles de los elementos migratorios. Mi prop6sito es llamar (16) Rslael J. Fosalba. La mortinatalidad y la mortalidad infantile en la Reptiblica ee Cuba. Estudio bio-social laureadb por la Academia de Ciencias Mtdicas, Fisicas y Naturales de ]a Habana. Revista Sanidad y Beneficencia, Habana, 1914, c. XI, p. 659-735; t. XII, p. 60-146, 353-470. (17) La Sanidad en Cuba-Sus progresos. Revista Sanidad y Beneficencia, Boletfn Oficial de Ia Secretaria, Habana, 1913, t. X, p. 21S-239: y CUBA CONTEMPORSNA, nfim. de septiembre de 1913, t. III, p. 43-63, que u6 donde primeramente vi6 Is luz pablica ese trabajo, aunque apareciM despu6s un ndmero de fecba anterior en la primer revists citada; Io coal se explica per Ia circunstancia de no estar al dfa Sanidad y Beneficencia. 372

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ESTADfSTICA SANITARIA DE CUBA seriamente la atenci6n hacia los graves y trascendentales problemas que entrafia para nuestra estabilidad nacional el estudio de ]a inmigracion familiar, como medio poderoso de poblar nuestro desierto territorio y como medida econ6mica de alta trascendencia. Hace anos fueron demostradas por Finlay (18) y por Melero (19) las condiciones de salubridad de nuestro suelo; recientemente Guiteras insisti6 acerca de la aclimatacion de la raza blanca en los tr6picos (20) ; Gonzalo de Quesada dedic6 varios articulos a estudiar la emigraci6n europea (21) y otros pensadores se han ocupado igualmente en el asunto. Los dem6grafos facilitamos los datos; a los estadistas y a los soci6logos toca utilizarlos para el bien del pals. Bien hubiera querido ahondar en cada uno de los problemas que acabo de someter a vuestra ensideracion, escudrinar sus causas productoras, medir los efectos determinados por las mismas; pero la extension que ya tiene este trabajo me lo ha impedido. Tambi6n hubiera deseado presentaros un cuadro mss halagijeno que el que tennis a la vista; pero, educado en la escuela de la verdad, acostumbrado desde muy joven a rendirle ferviente culto, y, sobre todo, convencido de que solamente conociendo los males que padece una comunidad pueden remediarse a tiempo, me he decidido a mostraros en toda su desnudez los fen6menos sociales que revelan las cifras representativas de los mismos, aunque s6lo sea en este problema particular de la poblaci6n; pero 61 es de tanta importancia, que sin su conocimiento se hace imposible abordar el estudio de los otros fenomenos derivados de la vida colectiva. Cuando se medita sobre cada uno de estos punts; cuando, evocando el recuerdo de nuestros grandes hombres, de aquellos (18) Apologia del Clima de Cuba. Gaceta MEdica de la Habana, diciembre 1878. Consideraciones favorable al cima de la Isla de Cuba. Anales de la Real Academia de Ciencias Mddicaa, Fisicas y Naturales de la Habana, 1878, t. XV, p. 261.273. (19) Resefta estadistica acerca de la mortalidad en la Isla de Cuba. Anale, etc., t. XV, p. 287-295. (20) Estudios demogrdficos-4climataci6n de la rasa blanca En Los tr6picos. Anales, etc, t. L. p. 98-118. Y en ingl4s, en The American Society of Tropical Medicine, New Orleans, 1913, vol. VIII, p. 108-117. (21) Revista de la Facultad de Letras V Ciencias, Habana. 373

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374 CUBA CONTEMPORNEA que solo se preocuparon, durante su transito por esta vida, del engrandecimiento de su patria y del bienestar de sus conciudadanos; cuando surgen de sus olvidadas tumbas los resplandores de las doctrinas que predicaron con el ejemplo, nos sentimos fortalecidos con sus ensefianzas y consideramos que es un deber que nos impone el civismo ser absolutamente veridicos, porque, como decia en uno de sus aforismos el inolvidable don Jose de la Luz y Caballero, Solo la verdad nos pondrs la toga viril. DR. JORGE LE-Roy Y CASSA.

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PRINCIPALES CENSOS DE CUBA NUMERO TOTAL DE HABITANTEs 204155 171620 273939 635604 704487 1007624 1396470 1521684 1631687 1572797 2048980 BLANCOS MasculinOs 61490 55576 72299 149725 168653 227144 468107 602104 607187 577807 771611 PROPORCIONES 301.192 323 831 263.923 235 563 239 398 225.125 335.192 395 682 372.122 367.375 376.582 Femeninos 1768 1774 1792 1817 1827 1841 18611877 1889 1899 1907 TOTAL DE BLANCO 109415 96440 133553 276689 311051 418291 793484 1032435 1102889 1067254 1428176 DE C Masculinlos 54240 44923 74319 207159 235252 366953 332468 248416 275413 237398 303271 47925 40864 61254 126964 142398 191147 325377 430331 495702 489447 656565 RELATIVAS 234.748 238.107 223.604 199.753 202.130 189 700 232.989 282.799 303.797 311.195 320.435 535.940 561 939 487 528 435 316 441. 528 415.126 568.182 678.481 675.918 678.570 697.018 265.680 261.758 271 297 325 924 333.933 354.252 238.077 163.250 168.790 150.940 148.010 198 378 176.302 241.174 238.758 224.537 230 621 193 707 158.267 155.290 170.489 154.971 OLOR I Femninos TOTAL DE COLOR ARWS POR CADA MIL HABITANTES 1768 1774 1792 1817 1827 1841 1861 1877 1889 1899 1907 94740 75180 140386 358915 393436 589333 602986 489249 528798 505543 620804 Wr 02 H La fw 464.059 438.060 512.471 564.683 558.471 584.873 431 793 321.518 324.080 321.429 302.981 w. cn 40500 30257 66067 151756 1F8184 232380 270518 240833 253385 268145 317533 NOJM. 2.

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CUBA CONTEMPORANEA CUADRO SIINOPTICO DE LOS PRINCI BLA NCoS Varones jHembras 61490 55576 58420 72299 130000 150000 149725 131420 175000 168653 178423 227144 230985 245695 262350 279420 286079 301328 328065 343953 468107 491512 423604 472612 576272 529642 607187 577807 771611 47925 40864 38190 61254 104000 124000 126964 108410 150000 142398 153929 191147 194784 211438 217140 213459 212673 258833 261712 288844 325377 341645 373992 383565 386903 396095 495702 489447 656565 Aflos DE CILOR 1.IBRES Total de blanco 109415 96440 96610 133553 234000 274000 276689 239830 325000 311051 332352 418 291 425769 457133 479490 492879 498752 560161 589777 632797 793484 833157 797596 856177 963175 925737 1102889 1067254 1428176 Varones 9240 16152 15985 26989 32000 60000 70044 62000 63000 51:)62 59450 75703 72651 79623 84108 86320 96210 8836484421 91942 113746 121708 116402 141117 128853 141800 275413 237398 303271 NOTA.-Las cifras relative as a Ins anos de 1768 a 1379 partenecen al trabajo publicado por el Sr. Antonio L6pcz Prieto en el Boletin Oficial de Ihacienda y de Estadistica de la Isla de Cuba,-Habnna, enero 15-8o,1882. Aio Ii, pag. 40. Las del ailo 18n7 estAn tonadas del Censo de Poblaci6n de Esp aft, segtn el empadronamiento hecho en 31 de diciembre de 1887 por la Direecift General del Instituto GeogrAfico y Estadistico, Madrid, 1891.-Imp. de la Direcci6n. H embras 13500 14695 13232 28941 28000 48600 49177 35000 37000 54532 53675 77135 76575 84787 87625 82996 89234 89460 90853 97906 118687 126995 122525 122303 143625 146027 253385 268145 317533 1768 1774 1787 1792 1804 1810 1817 1819 1825 1827 1830 1841 1846 1849 1850 1852 1855 1857 1859 1860 1862, 1867 1869 1874 1877 1879 1887 1899 1907 (1914) Total 22740 30847 29217 55930 60000 108600 119221 97000 100000 106494 113125 152838 149226 164410 171733 169316 185444 177821 175274 189848 232433 248703 238927 263420 272478 287827 528798 505543 620804 376

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ESTADISTICA SANITARIA DE CUBA PALES CENSOS DE LA ISLA DE CUBA NtM. 1. 1W. COLOR ESCLAVOS Total Total general de de Aos Varones Henbras Total color habitantes 45000 27000 72000 94740 204155 1768 28771 15562 44333 71180 171620 1774 32800 17540 50340 79557 176167 1787 47330 37126 84456 140386 273939 1792 75000 63000 138000 198000 432000 1804 130000 87400 217400 326000 600000 1810 137115 102579 239694 358915 635604 1817 135000 81203 216203 313203 553033 1819 170000 120000 290000 390000 715000 1825 183290 103652 286942 393436 704487 1827 208120 102098 310218 423343 755695 1830 281250 155245 436495 589333 1007624 1841 201011 122748 323759 472985 898754 1846 199177 124720 323897 488307 945440 1849 200000 122519 322519 494252 973742 1850 197425 124122 321847 491163 984042 1852 222400 137589 359989 545133 1044185 1855 222355 149755 372110 549934 1110095 1857 220999 143254 364253 539527 1129304 1859 224076 152708 376784 566632 1199429 1860 218722 155831 370553 602986 1396470 1862 203412 141203 344615 593318 1426475 1867 217300 145988 363288 602215 1399811 1869 209432 117343 326775 590195 1446372 1874 112192 86902 199094 471572 1434747 1877 89517 81570 171087 458914 1384651 1879 ...... ...... ...... 528798 1631687 1887 ...... ...... ...... 505543 1572797 1899 ...... ...... 620804 2048980 1907 (2469971) (1914) Las del aio 1899, del Informe sobre el Censo de Cuba, 1899, por J. P. Sanger, Inspector General.-Washington 1900.-Imprenta del Gobierno, pags. 204-205. Las del ano 1907, del Censo de la Repfblica de Cuba bajo la Administraci6n Provisiona de los Eslados Unidos. 1909, por V. H. Olmsted.-Washington.-fcina del Censo de los Estados Unidos, pags, 314-315. 377

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CUBA CONTEMPORANEA CUADRO GENERAL CONDICION DE LOS NACIMIENTOS Y NACIDOS MUERTOS RE CIVIL. LEGITIMOS............. ILEGITIMOS.........., TOTAL DE NACIMIENTOS INSCRIPTOS ... ..... LEGITIMOS............. ILEGITIMOS .......... TOTAL DE NACIDOS MUERTOS INSCRIPTOS.. Blancos De color. Blancos De color. Blancos De color. Varones. { Hembras Varones. Hembras Total...... { Varones. 1 Hembras I Varones. Hembras Total.... { Varones. SHembras Varones. Hembras Gran Total...... Blancos De color. Blancos De color. Blancos De color. Varones. Hembras Hembras Total..... { Varones. l Hembras { Varones 1Hembras Total.... {Varones. { Varones. Gran Total...... Blancos .{ Vares. De color. Varores. 1900 12319 11313 1314 1284 26230 3963 3879 4466 4465 16773 16282 15192 5780 5749 43003 229 175 35 28 467 111 74 155 130 470 340 249 190 158 937 16622 15441 5970 5907 TOTAL GENERAL de todas clases................ 1901 12766 11987 1344 1336 27433 4101 4025 4020 4007 16153 16867 16012 5364 5343 43586 328 176 64 49 617 139 94 185 168 586 467 270 249 217 1203 17334 16282 5613 5560 1902 14440 13408 1602 1582 31032 3865 3975 4099 4120 16059 18305 17383 5701 5702 47091 1903 17359 16244 2101 1936 37640 4935 4796 5291 5202 20224 22294 21040 7392 7138 57864 301 212 78 48 639 100 89 174 132 495 401 301 252 180 1134 22695 21341 7644 7318 289 192 59 63 603 112 88 217 155 572 401 280 276 218 1175 18706 17663 5977 5920 48266 378 43940 44789

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ESTADISTICA SANITARIA DE CUBA NfTM. 4. GISTRADOS EN CUBA, CLASIFICADOS SEGUN LOS SEXOS, RAZAS Y 1904 1905 1906 1907 1908 1909 1910 1911 191.2 1913 18305 20732 18930 21476 21623 22969 24926 19860 25442 22156 16941 19516 17325 20533 20475 22003 23803 18776 24696 20793 2354 2781 2454 2964 3030 3182 3574 2657 3620 2851 2196 2599 2255 2716 2834 3100 3455 2542 3480 2678 39796 45628 40964 47689 47962 51254 55758 43835 57238 48478 4616 5013 3673 4644 4180 4447 5056 3157 4831 3521 4386 4881 3539 4446 4144 4407 4998 3144 4777 3286 4697 5121 3812 4756 4473 4913 5386 3266 5069 3417 4868 5263 3975 4976 4608 5146 5508 3396 5322 3391 18567 20278 14999 18822 17405 18913 20948 12963 19999 13615 22921 25745 22603 26120 25803 27416 29982 23017 30273 25677 21327 24397 20864 24979 24619 26410 28801 21920 29473 24079 7051 7902 6266 7720 7503 8095 8960 5923 8689 6268 7061 7862 6230 7692 7442 8246 8963 5938 8802 6069 58363 65906 55963 66511 65367 70167 76706 56798 77237 62093 526 656 776 789 816 985 999 1071 1111 1273 325 423 486 508 586 643 689 753 756 895 82 123 124 151 168 148 183 225 214 269 60 86 94 82 112 121 141 167 149 201 993 1288 1480 1530 1682 1897 2012 2216 2230 2629 190 220 217 212 199 233 276 262 263 271 125 132 159 129 176 173 188 205 188 171 310 321 308 337 378 426 432 465 420 460 247 260 277 240 333 367 335 384 344 382 872 933 961 918 1086 1199 1231 1316 1215 1284 716 876 993 1001 1015 1218 1275 1333 1374 1544 450 555 645 637 762 816 877 958 944 1066 392 444 432 488 546 574 615 690 634 720 307 346 371 322 445 488 476 551 493 582 1865 2221 2441 2448 2768 3096 3243 3532 3445 3913 23637 26621 23596 27121 26818 28634 31257 24350 31647 27221 21777 24952 21509 25616 25381 27226 29678 22878 30417 25145 7443 8346 6698 8208 8049 8669 9575 6613 9323 6988 7371 8208 6601 8014 7887 8734 9439 6489 9295 6652 60228 68127 58404 68959 68135 73263 79949 60330 80682 66006 379

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REGISTRADOS EN CUBA PINAR DEL RIO 2657 2437 2662 2224 2341 2141 2106 1686 1214 1464 4662 4858 4440 5162 5426 5172 4772 5709 4793 5148 4785 3422 5905 4171 IIABANA ( 4488 4317 4441 4335 4205 4171 4113 3788 2470 L 4181 12565 12098 13132 15259 15062 16813 13728 16853 15922 16618 18134 13368 19777 13682 MATANZAS 7360 6658 7247 7039 (b) 67x1 5859 4237 2302 1276 5337 5687 6098 7589 7725 8051 7392 8168 7618 8582 8949 7154 9587 9661 SANTA CLARA 11692 11641 11917 11682 10824 9202 7043 50-16 2583 7728 9823 10953 13740 13370 16136 14465 16755 18316 19952 21064 16332 20309 16688 CAMAGUEY ORIENTE 2143 4019 1993 4776 2064 4334 2160 3894 2418 3481 1893 2144 1159 1269 838 811 542 974 2021 2829 3687 9024 2622 8498 2311 10157 2665 13449 3163 13677 4005 15729 3279 12327 3838 15188 4085 14633 4296 15571 6207 17563 4397 12075 5395 16264 5285 14606 Las cifras correspondientes a este periodo pertenecen flnicamente a la capital do In provincia (ciudad do In Hahana). Esta cifra estU tomada del trabajo del Sr. Carlos M. Trelles, El Censo de Cuba de 1899, publicado en Cuba v Amr&ica, Habana, 1901, ain V, pAg,420: por no consignarla el censo referido. En estas sunas faltan los nacimientos de la provincia do In Habana, excepto los de su capital. En este total faltan las cifras de las provincias de Matanzas y Santa Clara, y de Ia Habana s6lo existen Ias do la capital. W lg 1890 1891 1892 1893 1894 1895 1896 1897 1898 1899 1900 1901 1902 1901 1904 1905 1906 1907 1908 1909 1910 1911 1912 1913 TOTAL DE LA ISLA (32359 31522 32665 31334 (c) 30000 25410 19927 14421 9059 (d) 10495 43003 43586 47091 57864 58363 65906 55963 66511 65367 70167 76706 56798 77237 62093 (a) (b) (c) (d) A 0 0 NOMV. 3. NACIMIENVTOS

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DEFUNCIONES REGISTRADAS EN CUBA PINAR DEL RIo 1890 1891 1892 1893 1894 1895 1896 1897 1898 1899 1900 1901 1902 1903 1904 1905 1906 1907 1908 1909 1910 1911 1912 1913 HABANA 1874 1737 1814 1771 1857 2878 8638 15454 14186 4193 2895 2850 2557 2280 2557 2701 2800 3253 2980 2713 3255 3209 2653 3001 Al8 SANTA CLARA (a) 7432 7105 7185 6831 6730 7410 11728 181.23 21235 8153 9970 9710 9035 8620 9029 9513 10030 11358 9745 96M6 10859 10362 9841 10743 CAMAGU EY MATANZAS 6818 6202 7181 7017 (b) 6775 7008 10194 25347 18088 4409 3890 3757 '4449 3637 4057 4221 5155 3704 3620 4476 4118 3994 4334 ORIENTE 7975 7934 8117 8422 8427 9709 14749 46477 40835 6487 6188 527L 5092 5429 5705 6670 8044 6472 6557 8114 7445 7151 8000 1265 1168 1181 1133 1135 2363 2531 3365 2875 1907 1072 1198 1149 1051 1045 1238 1332 1509 1294 1413 1661 1676 1567 1638 Las cifras de los aflos 1890 a 1899 corresponden a los muertos de ]a ciudad de la Habana anicamente, segdn expresa el Informe sobre el Censo de Cuba. 1899, Washington 1900, pgg. 735. Eta cifra esta tomada del trabajo del Sr Trollos, yia citado on el cuadro do los zacimientos. VWanse las mismas notas del cuadro anterior. 3309 376(0 3324 3169 3324 6523 9894 9971 12053 3604 3946 3918 3743 3490 3501 4131 4968 4681 4166 4843 5479 5255 5673 5568 TOTA 1. DH L.A ISILA 28673 27906 28802 28343 28248 35891 58034 118737 109272 (c) 17807 28779 27754 25512 23982 25198 27345 30021 34000 28361 28832 3:3814 32065 30879 33284 0 bA by (a) (b) (c) Cw I-' NUMl. 5.

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MATRIMONIOS REGISTRADOS EN CUBA PINAR DRL RIO (a) 1408 1282 1385 1.496 1591 1569 1225 1626 1478 1360 1297 1334 1470 1513 HABANA (b) 953 996 1030 1032 866 901 953 821 861 1183 3512 3594 3265 3314 3092 3264 2916 4293 3212 3201 3566 3372 3714 3703 MATA NZAS 1107 1204 1244 1157 (c) 969 791 310 251 307 1329 1812 1500 1671 1502 1742 1189 1225 1726 1397 1548 1359 1663 1505 SANTA CLA RA 2346 2403 2618 2445 18811 1445 882 689 580 3014 3405 2750 2992 3269 4216 3234 3227 3000 3250 3219 2917 3344 3139 CAMAOUEY 468 388 401 404 365 343 196 151 228 309 473 532 644 551 751 706 652 736 616 641 652 570 427 631 ORIENTE 642 614 623 563 565 368 212 126 142 471 2107 2224 2478 2444 3212 3723 3277 2856 2576 2703 3164 3071 3101 2946 TOTAl1. DE LA 1SLA 5516 5605 5913 5601 (d) 4645 3848 2553 2038 2118 (e) 1963 11843 12849 12022 12468 13417 15220 12493 13963 12158 12552 13446 12623 13725 18437 Faltan los datos de la provincia de Pinar del Rio en los atos de 1890 a 1899 y los de Matanzas y Santa Clara en 1899. Las cifras consignadas on los afl is 1890 a 1899 correspondent duicamento a In capital (ciudad de In Habana). Estas cifras estgn tomadas del trabajo del Sr. Carlos 3l. TrAlles, El Censo de Cuba de 1899, publicado en Cuba v Ambrica, Habana, 1901, afo V. pAg. 420. En estos totales no se incluyen los matrimanios de In provincia de Pinar del Rio. y de Ia Habana s6lo estAn anotados los de an capital. En este total sblo se incluyen los matrimnonlos do las provincias da Camagflcy y Orients y los do In ciudad de In Hlabana. Aba 1890 1891 1892 1893 1894 1895 1896 1897 1898 1899 1900 1901 1902 1903 1904 1905 1906 1907 1908 1909 1910 1911 1912 1918 0 0 i (a) (c) (d) (e) NfM. 6.

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EL EQUILIBRIO EUROPEO Y EL PRINCIPIO DE LAS NACIONALIDADES S frecuente oir decir con motivo de la guerra actual, que ella es la mejor prueba de que el Derecho Internacional es una fantasia, una utopia, un sueno... Los que afirman tal cosa olvidan que la guerra constituye, por desgracia, uno de los capitulos mas importantes del Derecho Internacional, que su regulaci6n ha sido objeto de abundante estudio y de Conferencias Internacionales; y precisamente una de las obras clasicas en la materia, el famoso tratado de Grocio, lleva por titulo De jure belli ac pacis. Pero si eso no fuera suficiente, las cuestiones que a diario se suscitan sobre el contrabando de guerra, el derecho de visita, los deberes y derechos de los neutrales, etc., reclamando la aplicaci6n de los principios consagrados por el Derecho Internacional, demuestran que no se trata de algo fantistico ni arbitrario, sino real y tangible, que conviene conocer y que los gobiernos no pueden ignorar. Los dos principios de que voy a ocuparme en este trabajo, se han invocado con frecuencia para fundamentar el Derecho Internacional; han servido de disfraz a la mayor parte de las guerras modernas y se han disputado la supremacia en el campo de la diplomacia y de la politica durante el siglo pasado y el actual. El primero, o sea el principio del equilibrio politico, se estudia en los tratados de Derecho Internacional, en relaci6n con los derechos fundamentales de los Estados y sus relaciones mutuas, para considerar si el derecho de seguridad de un Estado le autoriza para oponerse al engrandecimiento de otro. Esa ne-

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CUBA CONTEMPORINEA cesidad de atender a la propia seguridad, ha creado un sistema de balanza de fuerzas llamado politica de equilibrio, que caracteriz6 la politica europea a partir del Tratado de Westfalia. Ese sistema de compensacion de fuerzas no parece haber sido extraflo a los griegos. En una reciente conferencia pronunciada en la Universidad de Yale por el Sr. W. H. Taft, comparaba la situaci6n de Atenas y Esparta, en relacibn con las Ligas que cada una dirigia, con la posici6n actual de Alemania y Austria frente a la Triple Entente. La aspiraci6n al domino universal que caracteriz6 la historia romana y la atomizaci6n de fuerzas del periodo medioeval, hacian imposible la idea de todo equilibrio. S6lo cuando los grandes estados europeos hubieron consolidado, por la destrueei6n progresiva del feudalismo, la soberania del Rey, fu6 que la cuesti6n del equilibrio hubo de suscitarse. Una de las caracteristicas de la edad modern es precisamente el advenimiento o constituci6n de los grandes Estados y la centralizaci6n del poder en manos del Rey. Las ambiciones y rivalidades entre los mismos, condujeron a la political del equilibrio y al sistema de las compensaciones. Durante los dos primeros siglos de la edad moderna, se practice lo que pudi6ramos llamar una politica inconsciente de equilibrio europeo. La Liga de Cambrai, la Liga Santa, las guerras de Francia contra la casa de Austria, desde Francisco I hasta Enrique IV, el desastre de la Invencible Armada, etc., no tenian otro objeto que establecer el equilibrio, evitando la preponderancia de un poder sobre los otros. Fue Richelieu quien puso la primer piedra de la politica modern del equilibrio europeo, inaugurando el periodo que me permito calificar de consciente, al proponerse como una de las grandes finalidades de su vida political el abatimiento de la casa de Austria. Vencida 6sta en la famosa guerra de los Treinta Anos, se vi6 obligada a firmar la paz de Westfalia, con la cual se inicia propiamente el sistema del Equilibrio Europeo. Fenel6n se convirti6 en el paladin de esa teoria, afirmando que "la tendencia a mantener una especie de igualdad y contrapeso entre las naciones vecinas, es la que asegura la paz general". Su diseipulo, el famoso Rey Sol, fue uno de los mAs decididos adversarios de esa tesis, encarnando durante su reina384

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EL EQUILIBRIO EUROPEO ETC. do el principio negativo del mismo, o sea la aspiraci6n a la dominaci6n universal, y empefiando las numerosas guerras que azotaron su reinado, en sus esfuerzos por realizar esa vana quimera. La paz de Utrecht fu6 el triste desenlace de sus ambiciosos proyectos y el restablecimiento del equilibrio que habia amenazado destruir. A partir de este tratado, los hombres de estado y los diplom6ticos europeos emplean constantemente las palabras balanza y equilibrio. En el reparto de Polonia se invoc6 el principio del equilibrio europeo para atribuir a Rusia, Prusia y Austria sus correspondientes jirones del territorio polaco. De esta manera se introdujo la prfctica de las compensaciones, como consecuencia del equilibrio, procurandose el acrecentamiento proporcional de fuerzas entre las grande potencias, a cuyo amparo se cometieron los mas inicuos despojos. La Revoluci6n Francesa y el Imperio Napole6nico amenazaron dar al traste con el equilibrio europeo y la balanza de poder. Fue entonces cuando surgi6 el principio de las nacionalidades, disputando al anterior la preeminencia en el campo de la politica europea durante el siglo pasado. La teoria de las nacionalidades era la l6giea consecuencia de los grandes principios proclamados por la Revoluci6n Francesa y, ante todo, del de la soberania nacional que declaraba que "el principio de la soberania reside esencialmente en la nacion'". Era evidente que Europa, en 1789, no se encontraba organizada conforme a la voluntad nacional de los diversos pueblos que la componian. Cuando los ejereitos de la Revoluci6n pasaron de la defensa del territorio nacional a la invasion del territorio enemigo, ocupando comareas y provincias que no tenian la intenci6n de agregar a Francia, se dieron cuenta de la necesidad de extender sus ideales a las mismas, de hacer una propaganda eficaz y fructifera de los principios que habian proclamado; y a este efecto crearon y organizaron replicas aliadas, como la Helv6tica, la Cisalpina, la Romana, Partenopea, etc. Esos ensayos de propaganda democrftica fueron destruidos por Napole6n, quien, en su aspiraci6n al domino universal, deshizo y rehizo el mapa de Europa a su antojo. Volvi6 a aparecer entonces el principio del equilibrio politico, como reaccion contra sus proyectos. El Congreso de Viena declare, al reunir385

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-CUBA CONTEMPORENEA se, que su misi6n era restablecer el equilibrio europeo; y como esta obra significaba reacci6n y hostilidad hacia los principios consagrados por la Revoluci6n, el principio de las nacionalidades fue olvidado, haciendose la distribuci6n de territorios entre las potencias aliadas, sin tener para nada en cuenta la voluntad de sus habitantes ni sus aspiraciones nacionales. Pero ya el germen se habia sembrado y pronto debia fructificar. Las aspiraciones de libertad y las tendencias nacionalistas estallaron con singular vigor y energia, provocando numerosas guerras y sublevaciones. El principio de las nacionalidades habia ganado todos los circulos intelectuales, hasta el punto que en Francia, durante el reinado de Carlos X, es decir, en pleno periodo reaccionario, la presi6n popular fue tan intensa, que el gobierno se vi6 obligado a satisfacerla, cooperando a la independencia de Grecia. La primera mitad del siglo pasado se caracteriz6 precisamente por las agitaciones nacionalistas, entre las cuales pueden citarse la revoluci6n de las provincias belgas, que culmin6 en la creaci6n del pequefio reino, garantizado por un tratado de neutralidad perpetua, y las sublevaciones ocurridas en Italia, Austria y Polonia. Con el advenimiento de Napole6n III al trono de Francia, el principio de las nacionalidades entr6 en la diplomacia oficial. Fu6 la politica de las nacionalidades la que provoc6 la guerra de Italia, la que indujo a Francia a exigir en 1856 la uni6n de la Valaquia y la Moldavia; y en respeto a ese principio, fue sometida la anexi6n de Niza y Saboya a un plebiscito para consultar la opinion de sus habitantes, dandole asi una apariencia de reivindicaci6n nacionalista, cuando en realidad se trataba llana y simplemente de la aplicaci6n del viejo principio de las compensaciones. Asi como el principio del equilibrio europeo, que pretendia garantizar la paz equiparando las fuerzas de las grandes potencias, sirvi6 muchas veces de pretexto para llevar a Cabo los mals inicuos despojos, el principio de las nacionalidades sirvio tambien de mascara para emprender guerras de conquista. Alemania, como Italia, acogi6 con entusiasmo la po