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La politica de los Estados Unidos en el continente americano

Material Information

Title:
La politica de los Estados Unidos en el continente americano
Series Title:
Biblioteca "la Cultura cubana" ;
Alternate title:
La política de los Estados Unidos en el continente americano
Creator:
Cárdenas y Echarte, Raúl de, 1884-1979
Language:
Spanish
Physical Description:
1 online resource (viii, 284 pages). : ;

Subjects

Subjects / Keywords:
Monroe doctrine ( lcsh )
Monroe, Doctrine de ( rvm )
International relations ( fast )
Monroe doctrine ( fast )
Political science ( fast )
Territorial expansion ( fast )
Territorial expansion -- United States ( lcsh )
Foreign relations -- United States -- Latin America ( lcsh )
Foreign relations -- Latin America -- United States ( lcsh )
Politics and government -- Latin America ( lcsh )
Relations extérieures -- États-Unis ( rvm )
Latin America ( fast )
United States ( fast )
Genre:
non-fiction ( marcgt )

Notes

System Details:
Master and use copy. Digital master created according to Benchmark for Faithful Digital Reproductions of Monographs and Serials, Version 1. Digital Library Federation, December 2002.
Statement of Responsibility:
Raúl de Cárdenas.

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Source Institution:
University of Michigan Law Library
Holding Location:
University of Michigan Law Library
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Resource Identifier:
551503914 ( OCLC )
ocn551503914
33162 ( LLMC )
Classification:
E183 .C26 ( lcc )
327.73 .c266 ( ddc )

Full Text


















This volume was donated to LLMC to enrich its on-line offerings and
for purposes of long-term preservation by

University of Michigan Law Library






























LA POLITICAL DE LOS ESTADOS UNIDOS

EN EL

CONTINENTE AMERICANO












































































Imprenta El Siglo XX, de la Sociedad Editorial Cuba Contomporinea.
Teniente Rey 27, La Habana.








BIBLIOTECA "LA CULTURA CUBANA"
VOL. /I/


RAUL DE CARDENAS







LA POLITICA DE LOS ESTADOS UNIDOS



EN EL




CONTINENTE AMERICANO


La Habana.
Socirdad Editorial Cuba Contemfiordnea
O'Reilly, 11.
1921.

































































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A mis amigos, los Doctores Antonio S. de Bustamante y Cosme de la Torricnte; en testimonio de afecto y admiraci6n.




















INDICE




PRIMERA PARTE

LA EXPANSION TERRITORIAL

Pigs.

I. La ocupaci6n de territorios contiguos.
(A) (1783) Area comprendida entre los montes Alleghanies
y el rio M ississippi..................................... I
(B) (1803) Louisiana................................... 9
(C) (1819) Florida..................................... 22
(D) (1845) Tejas....................................... 28
(E) (1848) Alta California y Nuevo M6jico............... 45
(F) (1846) Oregon..................................... 50
(G) (1854) El valle de Mesilla......................... 57

II. La adquisici6n de territorios distantes.
(A) (1867) Alaska...................................... 58
(B) (1898) Haway...................................... 60
(C) (1898) Puerto Rico, las Filipinas y Guam.............. 75
(D) (1899) Tutuila..................................... 80
(E) (1816) Las Antillas danesas......................... 81

11I. Notas criticas acerca del movimiento expansionista......... 83

SEGUNDA PARTE

LA DOCTRINA DE MONROE

Su antecedente: la politica del "aislamiento" c de "las dos
esferas".................................................. 89

II. Sus origenes............................................ 93

III. Relaci6n de los casos en que ha sido aplicada.............. 105
Afirmaciones positivas................t.................. 106
Arfirmaciones negativas.................................. 106








VIII

Pigs.

IV. Notas criticas.
Verdadera significaci6n de la Doctrina de Monroe........... 174
Contribuy6 a darle popularidad y fuerza, la circunstancia de
que defendiera el principio del gobierno propio............ 176
El mantenimiento de la Doctrina de Monroe es siempre de
actualidad para los Estados Unidos... 177
Sobre los casos en que ha sido infringida la Doctrina de
M onroe................................................. 179
Fu6 en un tiempo de cardcter "presidencial" exclusivamente,
pero hoy es tambi6n "congresional"....................... 181
La Doctrina de Monroe y el Derecho Internacional.......... 181 La Doctrina de Monroe en los actuales momentos........... 184


TERCETA PARTE

LA PREPONDERANCIA EN EL CARIBE

I. (A) Cuba.............................................. 187
(B) Panama............................................. 212
(C) Santo Domingo..................................... 231
(D) H aiti.............................. ............... 246
(E) Nicaragua.......................................... 253
(F) Costa Rica.......................................... 260
(G) Guatemala......................................... 262
(H ) M 6jico............................................. 263

II. Notas criticas.
I. La politica intervencionista de los Estados Unidos en el
mar Caribe. Sus precursores. Sus causas. Caracteres
que le son propios................................. 269
II. La ingerencia norteamericana en las Repiblicas de
Cuba, Panamd, Santo Domingo, Haiti y Nicaragua, a tenor de los tratados vigentes y en la prdctica. Censuras
de que ha sido objeto......... ......... ............ 275
III. El factor econ6mico en las relaciones de los Estados
Unidos con las Repiblicas que se encuentran bajo su
esfera de influencia................................ 282
IV. Ingerencia de la Administraci6n del Presidente Wilson
en determinados asuntos, de orden interno, de las Repiblicas de Mfjico, Costa Rico y Guatemala........... 283























PRIMERA PARTE


LA EXPANSION TERRITORIAL


I

LA OCUPACION DE TERRITORIOS CONTIGUOS


(A)


(1783) AREA COMPRENDIDA ENTRE LOS MONTES ALLEGHANIES
Y EL RiO MISSISSIPPI.


A principios del siglo XVIII, el extenso territorio que hoy ocupa la Repdblica norteamericana formaba tres distintas colonias: una espafiola, otra francesa y otra inglesa. Esta dltima ocupaba un area muy reducida en proporci6n a las otras dos. No era ms que una faja de territorio que corria desde el rio Penobscot, en Maine, hasta el cabo Romano en la Carolina del Sur, y desde el Atldntico hasta la cordillera de los Alleghanies. Sin embargo, con el andar de los tiempos, la colonia inglesa primero, los Estados Unidos despuds, uniendo la acci6n social a la political, lograron terminar con las dominaciones europeas y agregaron a su territorio el Area inmensa de sus colonias.








LA POLiTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS


Comenz6 la expansion de los Estados Unidos antes de que los norteamericanos alcanzaran la independencia. Esta manifestaci6n, aparentemente parad6jica, no lo es. Los primeros pasos del proceso expansionista se dieron a principios del siglo XVIII por los colonos virginianos directamente, sin recibir el apoyo moral ni el auxilio material de la corona britdnica; y a fines de este mismo siglo, esos esfuerzos, que ann no habian desmayado, resultaron coetaneos con los que hicieron los colonos por alcanzar la independencia.
El territorio de las trece colonias primitivas tenia tan s6lo 341,752 millas cuadradas, y el que se le asign6 a los Estados Unidos por el Tratado de Paris de 3 de septiembre de 1783, que puso tdrmino a la guerra de independencia, abarcaba ademds otra drea de 488,248 millas, comprendida entre los Alleghanies y el rio Mississippi. Los delegados de las colonias insistieron con raz6n en que ese territorio pertenecia a la nueva Repnblica, porque habia sido adquirido merced al esfuerzo de los colonos.
Vamos a examinar los hechos en que se fundaron los delegados norteamericanos para reclamar un territorio mayor que el que correspondia a las colonias.
Pretendieron siempre los colonos ingleses que los dominios britAnicos se extendian por el oeste hasta el rio Mississippi; y los franceses, por su parte, duefios entonces del Canadd, alegaban que era de ellos el territorio que limitaban los rios Mississippi y Ohio y los grandes lagos, o sdase el que hoy ocupan los estados de Ohio, Indiana, Illinois, Michigan, Wisconsin y parte de Pensylvania, y que hacia el oeste de los Alleghanies, tan s6lo pertenecia a Inglaterra el territorio situado al sur del rio Ohio, es decir, lo que hoy forman los estados de Kentucky, Tennessee y parte de Virginia.
En 1718, Alexander Spottswood, Gobernador de Virginia, cruz6 al frente de una expedici6n la cordillera de los Alleghanies. Iba a explorar; iba como quien va a tomar posesi6n de algo de que se es duefio y se quiere conocer. No lleg6 mdg que hasta el rio Shenandoah, y no produjo la expedici6n ninguna consecuencia, como no fuera la de instituirse una orden que se denomin6 "Tramontana" y con la que Spottswood quiso condecorar a sus acompafiantes en recuerdo de su viaje. Asi y todo, los escritores consideran siempre a Spottswood, como al que di6 el primer paso en el camino de la expansion.
A mediados del mismo siglo, en tiempos de otro Gobernador


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EN EL CONTINENTE AMERICANO


de Virginia, Robert Dinwiddie, se ponen en conflicto los intereses de los colonos ingleses con los de los franceses por la posesi6n del territorio situado al norte del rio Ohio. Mientras la pretension de los virginianos no se tradujo en hechos, el asunto carecia de interns. Tratibase de una inmensidad de territorio, inexplorado, habitado tan s6lo por tribus indias. Pero he aqui que Dinwiddie, siguiendo el sistema de colonizaci6n a que tan aficionados fueron los ingleses, le otorga a una Compaifa que se form6 entre virginianos, y que se denomin6 de "Ohio", el derecho al disfrute de dicho territorio y manda a construir un fuerte en la orilla del rio de ese nombre; y que los franceses, que de esto se enteran, le hacen saber a dicho Gobernador que no les permitirdn a los virginianos explotar ese territorio; y ya tenemos en conflicto, por primera vez, a los norteamericanos por la posesi6n de terrenos contiguos a los suyos.
El Gobernador Dinwiddie quiso conocer cudl era la actitud de los franceses en este asunto; cudles eran sus verdaderas aspiraciones acerca del discutido territorio situado al norte del rio Ohio, y decidi6 enviar un comisionado que se entrevistara con las autoridades francesas y se hiciera cargo de sus pretensiones. Para desempefiar tan dificil encargo se comision6 a un joven perteneciente a una ilustre familia de Virginia, cuyo nombre excelso habria de Ilenar despuds una de las pdginas mds grandes de la historia de la humanidad, y que con esa aventura se inici6 en la vida pniblica de su pais: George Washington.
A fines del aflo 1753, Washington sali6 de Virginia y, dirigi6ndose hacia el Norte, venciendo obstAculos y distancias inconcebibles, lleg6 hasta las inmediaciones del lago Erie, entrevistAndose en el fuerte Le Baeuf con el jefe de las fuerzas francesas, Gardeur de Saint Pierre. Este lo colm6 de atenciones; pero le hizo presente, para que asi lo hiciera saber al Gobernador de Virginia, que si los colonos ingleses no evacuaban la parte norte del rio Ohio, se vera compelido a expulsarlos por la fuerza. Al conocer Dinwiddie esa actitud, reclam6 auxilios de Inglaterra; pero esta naci6n ni siquiera prest6 oidos a la petici6n.
A pesar de esta actitud de la Corona Britdnica, los virginianos decidieron pelear. En 2 de abril del afio 1754, Washington, con el grado de Teniente Coronel y al frente de dos compafias, se dirigi6 al Norte. La suerte le fud adversa: en 4 de julio de ese afio tuvo que rendirse a los franceses en el fuerte "Necesidad".


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LA POLiTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS


Inglaterra hasta entonces no habia dado pruebas de preocuparse de las luchas de sus colonos con los franceses; pero esta vez se preocup6, por el sesgo que Ilevaban estos asuntos, y envi6 a Amdrica al general Braddock al frente de algunos refuerzos. Braddock, con las fuerzas traidas de Inglaterra y con otras americanas, inici6 en el verano del afio 1755 una nueva campafia; pero el 6xito sonri6 otra vez a las armas francesas.
Al afio siguiente comienza la guerra de los siete afnos, y tuvo 6sta por escenario no s6lo a Europa, sino tambidn los campos de Amdrica. El territorio hasta entonces disputado, el situado al norte del rio Ohio, fud el teatro de la lucha. Al principio la suerte fu6 adversa a los ingleses, pero como se enviara desde Inglaterra un contingente de 50,000 hombres, el 6xito se cambi6 para esta naci6n; y desde el afno 1759, con la toma de los fuertes NiAgara y Ticonderoga, qued6 decidido el triunfo de la campana.
Con el tratado de Paris, de 10 de febrero de 1763, di6 tdrmino la guerra de los siete afios; y al quedar resueltos definitivamente los destinos de Francia en Am6rica, con la cesi6n que hizo del Canadi en favor de Inglaterra, qued6 decidida tambidn la suerte de los terrenos del norte del rio Ohio, es decir, el conflicto que desde mediados del siglo arm6 en guerra a los virginianos.
La Gran Bretania, al quedar en posesi6n del territorio que nos ocupa, cometi6 una injusticia. En vez de agregarle a Virginia el referido territorio, ya que por su posesi6n tanto habia combatido esta colonia, lo puso bajo la dependencia del CanadA. Los virginianos no pudieron decir, sin embargo, que habian perdido el tiempo. Su esfuerzo no fud infructuoso: consiguieron adiestrarse en las artes de la guerra, y esa practice habia de resultarles de gran provecho pocos ahos despuds, cuando estall6 la insurrecci6n de las colonias.
Expuesta ya, a grandes rasgos, la acci6n de los colonos ingleses en el territorio situado al norte del rio Ohio, antes de la independencia, ocupdmonos ahora del situado al sur de dicho rio, es decir, del que forma el Area que hoy tienen los Estados de Kentucky y Tennessee.
Los franceses no les negaron nunca a los ingleses su derecho a ese territorio. Disputaron siempre la dominaci6n del territorio del norte del rio Ohio, pero los del Sur los consideraron siempre como de la pertenencia de Inglaterra, y para esta naci6n formaban parte de Virginia.


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EN EL CONTINENTE AMERICANO


La ocupaci6n de ese territorio por Virginia, puede citarse como un ejemplo de que la expansion norteamericana fu6, mds bien que obra de la acci6n politica del gobierno, un producto o un resultado de la actividad individual. En Virginia, el eje de la organizaci6n social estaba constituido, por asi decirlo, por los propietarios rurales; y estimando estos que ya los terrenos de dicha colonia resultaban insuficientes para sus cultivos, se fueron extendiendo poco a poco hacia el Oeste. El cultivo, del tabaco especialmente, requerfa nuevas tierras. La iniciativa individual comenz6, pues, la expansi6n, antes que la actividad polftica. Tuvo tal importancia la actividad privada, que una de las compafias formadas para la explotaci6n de las nuevas tierras, la llamada de "Los propietarios de la Colonia de Transilvania", instituy6 un gobierno propio formado por los colonos; gobierno que fu6 suprimido despues por el de Virginia, pero cuando ya su CAmara babfa tenido tiempo de votar seis leyes.
A medida que los nuevos territories iban ganando en importancia, fu6 arraigando en sus moradores el prop6sito de que los mismos fueran algo mds que una simple posesi6n de Virginia; y cuando esa idea estuvo firme en las conciencias, el pueblo, reunido en convenci6n en 7 de junior de 1778, design6 dos Delegados que se dirigieron a Williamsburg, capital de Virginia, para pedir su incorporaci6n a esta colonia como un nuevo Condado dentro de la misma. Llegaron dichos Delegados cuando la Asamblea de Virginia declaraba su independencia de Inglaterra; pero obtuvieron su objeto: seis meses despues, el tan citado territories formaba un nuevo Condado.
La revoluci6n, por la fuerza de las armas, consagr6 para las colonias el dominion del territorio situado al norte del rio Ohio. El joven virginiano George Rogers Clark, al frente de un ejercito, sostuvo dos admirables campafias durante los afios 1778 y 1779, que culminaron con la rendici6n del coronel Hamilton, jefe de las fuerzas inglesas en Vicennes, quedando toda la regi6n en poder de los revolucionarios.
Expuestos ya los esfuerzos de los colonos norteamericanos por adquirir y dominar la regi6n situada entre los Alleghanies y el rio Mississippi, rdstanos referirnos a la actividad de los comisionados de la paz, en 1783, a fin de asegurarla definitivamente, para la nueva nacionalidad.
Cuando se trat6 de ese asunto en las conferencias de Parfs,


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LA POLiTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS


con tal tes6n defendieron los delegados norteamericanos la aspiraci6n de la nueva Repiblica, de que el rio Mississippi sefialara su lindero occidental, que los ingleses se allanaron, aunque de mal grado, a dicha petici6n. Pero inesperadamente surgi6 un serio obsticulo: el Gobierno de Luis XVI se opuso a que el domino de ese territorio pasara a los Estados Unidos.
Francia y Espafia en aquel entonces marchaban de perfecto acuerdo, y Luis XVI aspiraba a que Inglaterra conservara el dominio del territorio situado al norte del rio Ohio y Espafia el situado al sur de dicho rio. Los Delegados americanos se vefan en un trance apurado. El Congreso de los Estados Unidos, creyendo en la buena fe y en la amistad de Francia, asi como; en la espontaneidad del auxilio que le habia prestado a los revolucionarios, habia encargado a dichos delegados que tomaran por Consejero al rey de Francia. Con efecto, por un acuerdo adoptado por el Congreso en 8 de junio de 1781, se les conferia a los delegados esta instrucci6n:
Deben Uds. tener muy al corriente de cuanto ocurra en las conferencias a los Ministros de nuestro generoso aliado el rey de Francia; no deben dar ningfin paso, ni convenir nada, sin su consentimiento; han de inspirarse en sus consejos y opiniones.
8C6mo se explica tan dificil situaci6n? Qu6 significaba que mientras los ingleses no oponian obstdculos a la aspiraci6n de darle a la nueva Repniblica la extension reclamada por sus delegados, se viniera a colocar frente a esa aspiraci6n el Gobierno de Francia, su gran amigo y aliado? Vamos a explicarlo. En primer lugar, la amistad de Francia hacia los revolucionarios no fu6 nunca tan espontinea como 6stos se la imaginaban. Los ayudaban, no por otra cosa que por el deseo de perjudicar a Inglaterra, entonces su enemiga y rival; y hasta tal punto es esto cierto, que Turgot, uno de los ministros de Luis XVI, en un caso declare que a la larga a Francia no le convenia que en la lucha entre Inglaterra y sus revueltas colonias triunfara aquella, porque entonces retiraria de dstas y traeria al Continente el contingente de tropas que en ellas combatia. El mismo Luis XVI y sus ministros, en mds de una ocasi6n significaron que aun cuando ayudaban a los revolucionarios, no por simpatia, sino porque esta ayuda redundaba en dafio de Inglaterra, no por eso dejaban de experimentar ciertos escrnipulos, pues era un mal ejemplo que un monarca auxiliara ostensiblemene la formaci6n de una Repdblica democrdtica.


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EN EL CONTINENTE AMERICANO


Francia sabia lo que queria al oponerse a las pretensiones de los delegados americanos:

Vi6 con mirada prof6tica, dice el insigne escritor norteamericano Willis Fletcher Johnson, que el acceso de los americanos al rio Mississippi habria de significar en lo futuro el control de dstos sobre dicho rio, y en definitiva su completo predominio sobre el hemisferio occidental.

Tenia ademds otra mira: vislumbraba que cedido a Espafia el territorio situado al sur del rio Ohio, dicho territorio, en fecha pr6xima, liegaria a ser suyo, dado su predominio en los asuntos de esta monarquia con la que marchaba en completa inteligencia.

Ya vefa en lo futuro, dice el referido autor, el Tratado de San Ildefonso.

Para conseguir su prop6sito, la diplomacia francesa ponfa en juego toda su habilidad. Le hacia ver a los delegados ingleses que los americanos tenian que seguir sus consejos; y nada mejor, por otro lado, para excitar la codicia de aqud1los, que halagarlos con la adquisici6n de todo el territorio situado al norte del rio Ohio. Les decia que se hicieran fuertes, y al propio tiempo les hacia ver que en sus manos estaba vencer la resistencia de los norteamericanos.
Los comisionados americanos, John Adams, John Hay y Benjamin Franklin, dAndose cuenta de que al conferirles el Congreso sus instrucciones, 6ste no conocia cudl era la verdadera disposici6n y cules eran los prop6sitos del Gobierno de Francia, no tuvieron inconveniente en desobedecer dichas instrucciones. Franklin tenia sus escrntpulos, pero Hay se los supo desvanecer. Como decia Adams, esa desobediencia los Ilenaba de gloria.
Los ingleses se allanaron a la petici6n de los americanos; y una vez firmado el Tratado, fu6 6ste lievado para su ratificaci6n al Congreso, que sin duda se felicit6 de que los comisionados hubiesen desobedecido sus instrucciones. De esta manera las trece colonias, al obtener su independencia, consagraron la adquisici6n de un territorio aun mayor que su drea. Las colonias, como antes dijimos, contaban con 341,752 millas cuadradas, y el terreno que ademAs se les reconocia contaba 488,248 millas.
El estudio del regimen a que fu6 sometido ese territorio es del mayor interns. Los estados de New York, Connecticut, las dos


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LA POLITICAL DE LOS ESTADOS UNIDOS


Carolinas, Virginia y Georgia, se habfan distribuido el Area de esa regi6n; y primeramente New York, y sucesivamente los otros estados fueron cediendo la que se habian agregado, al Gobierno de la Confederaci6n. Este hecho, la conversi6n de esta regi6n, que dejaba de pertenecer a determinados estados para ser del dominio comnn, tuvo para la confederaci6n, en el orden moral, una importancia trascendental, de la que quizds la naci6n misma no se di6 cuenta, dice Willis Fletcher Johnson.

La idea, dice, de que tan enorme propiedad era del dominio de todos, fu6 un fuerte lazo de uni6n que hizo sentir, quizds mis que ningfin otro, la fuerza y la conveniencia de mantenerse unidos.

Fu6, dice el historiador John Fiske, la primera cuesti6n en que estuvo interesado todo el pueblo despuds que hubo obtenido su independencia.
Establecida la nueva nacionalidad, era necesario proveer de alguna manera al Gobierno de la regi6n situada al norte del rio Ohio, o sea, como antes dijimos, la que hoy ocupan los cinco grandes estados de Ohio, Illinois, Michigan, Indiana y Wisconsin. A tal objeto se promulg6, en 13 de julio de 1787, la famosa "Ordenanza para el gobierno del territorio de los Estados Unidos, situado al noroeste del rio Ohio", y se puede decir que el Congreso, al confeccionarla, se coloc6 a la altura del genio politico de los norteamericanos. Con raz6n se ha considerado esa Ordenanza, junto con la Declaraci6n de Independencia y la Constituci6n, como los grandes monumentos del Derecho Constitucional de los Estados Unidos.
La Ordenanza abrazaba cuatro materias: consignaba disposiciones para el gobierno del territorio; les otorgaba derechos individuales a sus moradores; establecia ciertos requisitos mediante los cuales dicha regi6n se podia convertir en Estado, y niltimamente prohibia en ella la esclavitud.
Con respecto al gobierno, se disponia que 6ste habria de radicar en un Gobernador; un Secretario y tres jueces designados por la Confederaci6n; una Legislatura con amplias facultades, compuesta por una Asamblea General de elecci6n popular, y otra Camara, compuesta de cinco miembros, designada por el Congreso de la Confederaci6n de entre una propuesta de diez personas formada por la Asamblea. Los habitantes del territorio debian contribuir con determinada suma a los gastos de la Confe-


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EN EL CONTINENTE AMERICANO


deraci6n, pero la Legislatura era la encargada de asignar y distribuir los ingresos.
Se reconoci6 a los habitantes el Habeas Corpus, el derecho de propiedad, el de ser juzgados por un jurado y, en fin, todas las garantias que constituyen la esencia de la libertad individual en los anglosajones.
Acerca de la formaci6n de nuevos Estados, se proveia que dstos habrian de ser no menos de tres, ni mas de cinco, y se daban facilidades para dicha formaci6n. Bastaba con que en una regi6n existiera una comunidad compuesta de sesenta mil habitantes; que se diera su constituci6n, y que estableciera su gobierno; eso si, era necesario que 6ste fuese republicano y no estuviera en contradicci6n con los intereses fundamentales de la Confederaci6n.
No es posible pedir mayor sabidurfa, ni mayor consecuencia que la que demostr6 el Congreso de la Confederaci6n para con el principio del gobierno propio al calor del cual habian surgido los Estados Unidos. Por primera vez se di6 ante el mundo el ejemplo de que un Estado, espontineamente, al adquirir por expansi6n un territorio, les ofreciera a los habitantes del mismo el gobierno propio.
Diez y seis afios despuds de promulgada la Ordenanza, Ohio era admitido como Estado, y antes de que transcurriera la primera mitad del siglo pasado, fueron reconocidos los otros cuatro.


(B)


(1803) LoUISIANA.

En 1803, es decir, a los veinte anios de constitufda la Repdblica norteamericana, se vi6 duplicada su extension territorial con la compra, a Francia, de la Louisiana, compuesta de 883,072 millas cuadradas. Basta decir, para darnos cuenta de lo que abarca tan dilatada extension, que dentro de la misma cabrian las superficies de Francia, Alemania, Austria-Hungria y Espania. Las causas de la adquisici6n de ese territorio, y su destino dentro de la Uni6n, va a ser ahora objeto de estas lineas.
Apenas obtenida la independencia, la colonizaci6n de Kentucky y de Tennessee habfa obtenido proporciones inconcebibles; hasta


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LA POLiTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS


el punto de que, antes de que terminara el siglo XVIII, ya esas dos regiones habian sido proclamadas como Estados. La inmigraci6n hacia ellas, que habia tomado gran auge, ya no se conformaba con Ilegar hasta el rio Mississippi, que era su limite occidental, sino que despues de atravesarlo, hubo de extenderse por la otra banda. En pleno territorio espafiol se habian establecido varios millares de colonos americanos dedicados al-cultivo de la tierra, con la ventaja, para ellos, de no estar sometidos a gobierno alguno, pues la soberania espaniola, en gran parte de tan dilatada extension, era mis bien nominal que efectiva. En San Luis, en Nuevo Madrid, en Santa Genoveva, en las principales poblaciones de la Louisiana, habia un gran nnimero de americanos.
Con tales antecedentes, fdcilmente se comprenderd que para el desarrollo de la nueva naci6n, para el crecimiento de su comercio y de su industria, en aquella dpoca en que no habia ferrocarriles, ni buenos caminos, habia de ser de excepcional importancia la facilidad en la navegaci6n del rio Mississippi; y que para los norteamericanos tenia que entrafiar honda gravedad el hecho de que se pusiera inconvenientes a dicha navegaci6n. Eso fud lo que hizo Espafia, torpemente inspirada.
El rio Mississippi, en la ilatima parte de su curso, corria por territorio espafiol: por un lado bafiaba la Louisiana y por otro la Florida Occidental; y Espafia, ya predispuesta, pues siempre vi6 a los anglosajones en Am6rica con gran recelo, por creer que ella debia ser la innica duefia de los destinos del Continente, como se enterara de cierta cldusula secreta del Tratado de Paris, de 1783, entre los Estados Unidos e Inglaterra, que la afectaba, al aflo siguiente puso serios obstdculos a la navegaci6n del rio.
Por la cldusula de dicho Tratado que tanto alarm6 a Espafia, se convenfa, al fijar el limite meridional de los Estados Unidos con la Florida Occidental, que, en el caso de que dsta pasara al dominio de Inglaterra, ese limite se correria hacia el Norte; y mds al Sur, como en unas cien millas, en el caso de que permaneciera en poder de Espafia. Este territorio, de tan problematico destino, Ilamnbase Yazoo.
No hay que decir que al interrumpirse la navegaci6n del rio, los intereses norteamericanos, perjudicados por tal medida, reclamaron protecci6n de manera imperiosa. Thomas Amis, comerciante de la Carolina del Norte, que habfa fletado una embarcaci6n con productos que debian salir al Oceano, vi6 dstos confiscados y


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EN EL CONTINENTE AMERICANO


61 reducido a prisi6n por las autoridades espafiolas; y como este caso se repitiera, toda la naci6n pidi6 qu ese exigiera la libre navegaci6n por el rio.
Los habitantes del Estado de Kentucky, a quienes interesaba tanto como a los que mds la navegaci6n del rio, extremaron la nota de la protesta. Dirigidos por George Rogers Clark se armaron en pie de guerra, amenazando con separarse de la Uni6n si 6sta no podia conseguir que triunfara su petici6n. Todo el Estado se aprest6 a la lucha: o se conseguia la libre navegaci6n del rio, o Kentucky se declaraba separado de la Uni6n. Los gobernantes espanoles de Nueva Orleans, por su parte, avivaban el fuego dicidndole al ofdo a los kentuckianos que, si se declaraban independientes, Espafia les reconocia el derecho a la libre navegaci6n del rio.
George Washington, a la saz6n Presidente de la Repdblica, juzg6 que ese asunto se debia gestionar y resolver de una vez en ]a misma Espafia, y a tal objeto, en 1795, envi6 a Thomas Pinckney, como Ministro a dicha naci6n, con terminantes instrucciones. Pinckney, puesto al habla con el Principe de la Paz, el famoso ministro espafiol, ventil6 las diferencias entre las dos naciones, y los esfuerzos de dichos diplomdticos culminaron en el Tratado de 20 de octubre de 1795.
Dicho tratado constituy6 un verdadero triunfo para la diplomacia norteamericana. Se les reconoci6 a los Estados Unidos el lindero con la Florida, que se habfa fijado en el Tratado de Paris, quedando, por tanto, en poder de la nueva naci6n el territorio de Yazoo, cuya posesi6n era objeto de tantos recelos, y se les reconocia ademAs a los americanos el derecho de depositar sus mercancias en Nueva Orleans, durante tres afios, pasados los cuales se podia escoger ese lugar, u otro, para dicho dep6sito. Con esto qued6 calmada la agitaci6n en Kentucky, y el desasosiego en todos los demds estados bafiados por el rio Mississippi y su afluente el rio Ohio.
No pas6 mucho tiempo sin que el interds del pueblo americano volviera a concentrarse en los asuntos de Louisiana. No habian transcurrido mds que cinco ais de haberse firmado el Tratado de Madrid, antes citado, de 20 de octubre de 1795, cuando se flrm6 el de San Ildefonso, de l de octubre de 1800, por el que Espafia transferia a Francia el dominio de dicha provincia. 8Por qud se hizo esa cesi6n? Espafia tuvo una raz6n: temerosa del


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LA POLiTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS


auge e importancia que dia por dia iba cobrando la Uni6n, pens6 que el rio Mississippi era una frontera muy endeble, y que mejor convenia a sus intereses retirarse a sus posesiones de M6jico y colocar entre ella y los Estados Unidos a una gran potencia europea, que fuera capaz de oponer resistencia a la expansion de la gran Repfiblica. Ademds, Espaia queria adquirir una provincia en la peninsula italiana, y Napole6n estaba en condiciones de cederla a cambio de la Louisiana.
Por otra parte Napole6n, en sus delirios de grandeza y de dominaci6n, se sentia halagado con la idea de poseer en Amdrica un vasto imperio colonial. Ya sofiaba no s6lo con la posesi6n de la Louisiana, sino en fomentar desde ella una insurrecci6n del elemento francs residente en el Canada, la cual, al triunfar, le dara de nuevo a Francia el dominio de tan vasto territorio.
El tratado de San Ildefonso se debia mantener en secreto. Se queria esperar a que las guerras del viejo Continente le dieran una tregua a Napole6n que le permitiera enviar un contingente que ocupara la nueva provincia; y mientras tanto dsta seguirfa gobernada por las autoridades espafiolas. Espafia no consign6 los limites de la Louisiana; transfiri6 su territorio sin expresar linderos; pero de lo que si se preocup6-y esto se consign6 en una clAusula-fud de exigirle a Francia el compromiso de que en ningfin caso la transferirfa a otra naci6n: debia conservar su dominio para siempre; lo que prueba que fud el temor a que la expansion norteamericana tocara sus confines lo que la llev6 a ceder tan valiosa posesi6n.
Hasta la primavera del anio 1802 no se enteraron en los Estados Unidos de la existencia del tratado de San Ildefonso. Honda preocupaci6n produjo ese hecho. No era lo mismo tener por vecina a una naci6n arruinada y decadente, como era Espafia, que a Francia, cuyos alardes de fuerza trafan inquieta a Europa desde hacia tiempo. Ademds, no se sabia qu6 sesgo tomaria ante este cambio la batallona cuesti6n de la navegaci6n del rio Mississippi, y se temia tambidn que la Amrica-dada la importancia de las colonias inglesas y espaholas, y ahora de la -francesa-se convirtiera en un nuevo centro de las eternas rivalidades, cuestiones e intrigas de las cancillerias europeas. En 18 de abril de dicho aflo, el Presidente de la Repniblica, Thomas Jefferson, le escribia sobre este suceso a Robert R. Livingston, Ministro en Paris, y lo lamentaba expresdndose asf:


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La cesi6n que ha hecho Espaiia a Francia, de la Louisiana y de las Floridas, ha causado en los Estados Unidos un verdadero disgusto, pues afecta de manera directa a todas nuestras relaciones polfticas. Hay en el mundo un lugar, que tanto nos interesa poseer, que cualquiera otra naci6n que lo disfrute tiene que ser, naturalmente, nuestra enemiga. Ese lugar es Nueva Orleans. La producci6n de las tres octavas partes de nuestro territorio tiene que pasar por alli antes de ir al mercado, con la particularidad de que esas tres octavas partes de nuestro territorio son tan ricas y fdrtiles, que sostienen a mas de la mitad de nuestra poblaci6n y rinden mas do la mitad del valor de nuestros cultivos. De ahi que, al colocarse Francia en esa puerta, veamos en su actitud un acto de desafio, y dudo que las dos naciones puedan seguir manteniendo buenas relaciones.

A pesar del malestar que produjo la noticia de la cesi6n de la Louisiana, el asunto quizds no habria tenido mas consecuencia que el disgusto y el mal efecto que produjo, de no haber precipitado los sucesos una medida imprudente de Morales, Intendente de Nueva Orleans. En 16 de octubre de 1802, dicho funcionario revoc6 la orden por la cual los comerciantes americanos podian depositar las mercancias que descendieran por el Mississippi, en Nueva Orleans. Segain se ha dicho, Morales procedia por su cuenta; sin que hubiera recibido instrucciones en tal sentido del rey de Espafa, ni del Gobierno de Francia. Sea ello lo que.fuere, es lo cierto que la medida exasper6 los Animos. En los Estados fronterizos con los rios Mississippi y Ohio no se hablaba mds que de ir a la guerra; y la naci6n, que ya tenia el convencimiento de que le era indispensable obtener lo de la libre navegaci6n, ahora se hizo el prop6sito de tomar alguna acci6n que produjera el resultado de dominar y controlar, en forma segura, tan importante via.
El recuerdo de los perjuicios que habia causado en alta mar la marina de guerra francesa al comercio norteamericano, contribufa a aumentar la inquietud; y, sobre todo, sabidndose que la naci6n, mAs temprano o mAs tarde, tendria que librar una batalla para asegurar de manera eficaz la navegaci6n del rio, se queria dejar resuelto este asunto de manera definitiva.
La excitaci6n pdblica culmin6 en una verdadera exaltaci6n cuando se conocieron los motivos que tuvo el Intendente Morales para revocar la disposici6n sobre el dep6sito de las mercancias en Nueva Orleans. En 28 de octubre, William C. Claiborne, Gobernador del territorio de Mississippi, le dirigi6 una comunicaci6n


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LA POLiTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS


a Manuel de Salcedo, Gobernador General de la Louisiana, inquiriendo los motivos por los cuales se habia adoptado semejante resoluci6n, y en 15 del mes siguiente le contest6 explicando esos motivos. Le decia en la contestaci6n que no era 61, sino el Intendente, quien en uso de las facultades que tenia en materia de comercio y navegaci6n-y las que eran ajenas a las suyas-habia dictado la medida, la cual se habia fundado, en primer lugar, en el hecho de haber transcurrido con exceso los tres aiios que se fijaron en el Tratado de 1795, y durante los cuales los americanos podian depositar sus mercancias en Nueva Orleans; y despues, en que a la sombra del derecho de dep6sito de los norteamericanos, se cometian irregularidades y fraudes en alto grado perjudiciales a los intereses del estado espafnol.
Esa correspondencia fud remitida a la Cmara de Representantes-que la habia pedido al Presidente de la Repniblica-en 28 de diciembre, y en los primeros dias del mes de enero del afio siguiente dicho cuerpo legislador adopt6 la siguiente moci6n:

Se declara que esta Cdmara se ha enterado con verdadero asombro de las medidas tomadas por determinadas autoridades espafiolas de Nueva Orleans y que dificultan la navegaci6n del rio Mississippi, la que habia sido garantizada a los Estados Unidos por medio de formales estipulaciones; y que de acuerdo con la politica de prudencia y de humanidad que debe guiar a los pueblos libres, y de la que siempre han sido devotos los Estados Unidos, se confia en que el Ejecutivo sabrd velar por los derechos de la naci6n, que han sido desconocidos, no por Su Majestad Cat6lica, sino mfls bien por determinados funcionarios espafioles; debiendo manifestar el inquebrantable prop6sito de mantener los derechos de navegaci6n y comercio en el rio Mississippi, tal como lo tienen establecido los Tratados vigentes.

El Presidente Jefferson era partidario de solucionar esta cuesti6n por medios pacificos; confiaba en la diplomacia y atribuia el ardor b6lico que dominaba la naci6n a maquinaciones de sus adversarios, los federalistas, para halagar a los habitantes de los estados occidentales, cuyos sufragios se deseaba obtener para las futuras elecciones.
Este cargo era infundado. Los federalistas en este caso no hacian mds que seguir las inspiraciones de la mds grande de sus figuras, el ilustre Alexander Hamilton; pues asi como Jefferson representaba los ideales democrdticos de su pueblo, Hamilton encarnaba la idea de la expansion, del engrandecimiento de la naci6n.


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Las ideas de Hamilton sobre el destino de su pais estaban condensadas en estas palabras de El Federalista: "Tener un verdadero ascendiente en los asuntos americanos". Desde el Congreso de la Confederaci6n habia pedido que se declarase que la navegaci6n del rio Mississippi era un derecho esencial de la naci6n, y siendo miembro del Gabinete del Presidente Washington, habia dicho tambi6n que la libertad de navegar por dicho rio era indispensable para la unidad del pais. Er, 1798 y en 1799, en varias ocasiones, dijo algo mis: manifest6 que los Estados Unidos debian adquirir todo el Continente Septentrional, menos Canadd, pero incluyendo desde luego Louisiana y las Floridas. Su verdadero ideal, lo que ambicionaba, era que su patria se engrandeciera y dominara en el Norte, y que las diversas colonias de la Amdrica meridional se constituyeran en Repdblicas, unidas a los Estados Unidos por los lazos de la amistad y de la gratitud.
Una particularidad ofrece este asunto, y es la de que Hamilton, que tan esencial juzgaba el derecho a la navegaci6n del rio Mississippi, no creia que los Estados Unidos podian hacer valer sus peticiones en el campo del derecho internacional. A su juicio, desde el punto de vista juridico, Espafia podfa disponer las medidas que juzgase oportunas; pero era tan necesario a los Estados Unidos el disfrute de las ventajas de la navegaci6n, que era justo no s6lo imponerlo, sino apoderarse de la Louisiana como medio de garantizar dicho disfrute. Jefferson, por el contrario, creia que habia un derecho natural a la navegaci6n del rio, cualquiera que fuese ]a naci6n que poseyera sus mArgenes; y quizds por esta raz6n, quizAs por la convicci6n que abrigaba de que estaba el derecho de su parte, fud por lo que siempre confi6 en la posibilidad de un arreglo sin llegar a la guerra.
En manos del Presidente, y en las de la mayoria con que contaba en el Congreso, estaba la soluci6n definitiva del problema. Los federalistas presentaron diversas proposiciones, que por considerarlas exageradas y un tanto comprometedoras fueron desechadas, y en definitiva se adopt6 la que fu6 presentada por S. Smith, Representante por Maryland. Nada se decia en dicha proposici6n sobre el asunto de que se trataba. Se juzg6 discreto limitarse a autorizar al Presidente de la Repdblica para gastar hasta la cantidad de dos millones de pesos en las atenciones que se originaran.
A pesar de los terminos de esta proposici6n, el Congreso, pocas semanas despuds, autoriz6 el alistamiento de ochenta mil volun-


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tarios; y el propio Presidente no descuid6 un detalle en los preparativos para la guerra, pues creia indispensable liegar a ella si fracasaban las negociaciones que se proponia iniciar. Jefferson no tenia otro prop6sito que el de obtener garantias, "que aseguraran los derechos e intereses de los Estados Unidos con respecto a la navegaci6n del Mississippi y al territorio bafnado por su ribera oriental". Asi lo hizo constar en su Mensaje al Senado el 11 de enero de 1803. Para lograr esa finalidad, juzg6 que lo mas conveniente era comprar a Francia la parte situada al Este de la margen de dicho rio, y a Espafia la Ilamada Florida Occidental, ya que entre dsta y la Louisiana corria el Mississippi en la iltima parte de su curso. En ese sentido le confiri6 instrucciones a Robert R. Livingston, Ministro en Paris, y a Charles Pinckney, que lo era en Madrid. Ademds se nombr6 a James Monroe Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario, a fin de que actuara de acuerdo con aquellos dos.
No crefan los comisionados que les fuera fdcil conseguir sus prop6sitos, pues aunque la posesi6n de un sitio en la desembocadura del rio Mississippi para depositar las mercancias, y la adquisici6n, ademds, de parte de la Florida Occidental, representaba muy poco para Francia, habia Ilegado a noticias de aqudllos que Napole6n, en su afdn de abatir el poder de Inglaterra, pensaba formar en America un imperio colonial mds vasto e importante que el CanadA.
El asombro de los comisionados, por esos motives, lleg6 al colmo cuando, entrados ya en negociaciones con Napole6n y con los Ministros Talleyrand y Marquds de Marbois, y sin que los primeros hubieran revelado otra cosa que los prop6sitos contenidos en las instrucciones recibidas del Presidente Jefferson, sdbita e inesperadamente el propio Napole6n les propuso la venta de toda la Louisiana en quince millones de pesos. Una ojeada a la posici6n internacional de Francia en aquellos criticos momentos nos explica tan repentina determinaci6n. Vamos a darle la palabra al escritor americano Willis Fletcher Johnson, que la describe en estos tdrminos:

Si la paz de Amiens hubiese durado mds tiempo, Napole6n hubiera podido realizar sus ambiciosos planes; pero al cesar esa paz, Inglaterra y Austria se colocan de nuevo frente a Francia e inician una campafia que s6lo habia de terminar con lo que termin6: con el desastre de Waterloo. La flota inglesa constituia un insuperable obstdculo para


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enviar un ej6rcito a la Louisiana. Al propio tiempo, el reciente desastre de la campafia de Haiti, restaba alientos a una empresa de esa clase. Los agentes secretos aseguraban que la inica manera de resistir Ia invasi6n de los norteamericanos, que ya parecia inminente, como lo demostraba el reciente alistamiento de ochenta mil voluntarios, consistia en enviar a aquellas regiones un fuerte ejercito; sin que pareciera suficiente el de veinticinco mil hombres que se estaba preparando. Ademas, todos los recursos de Francia resultaban escasos para luchar en su propio territorio. Agrdguese a esto que Napole6n necesitaba dinero, y que le convenia granjearse la amistad de los norteamericanos a fin de evitar que algfin dia Ilegaran a- ser aliados de Inglaterra.

Los comisionados norteamericanos no estaban facultados para tanto; no se habia previsto el caso de que se les propusiera la venta de toda la Louisiana. Su misi6n se reducia a asegurar de modo efectivo la navegaci6n del rio, adquiriendo parte del territorio inmediato a sus mdrgenes; y aunque nunca pensaron en que fuera la venta de toda la Louisiana la soluci6n del problema, no titubearon en aceptarla; sin que se pusieran a discurrir en si podian gastar quince millones en lo qua se les autoriz6 para emplear s6lo dos millones.
Todo se hizo rdpidamente. El 12 de abril de 1803 habia liegado Monroe a Paris, y el dia 30 de ese mismo mes, 61 y Livingston por parte del Gobierno de los Estados Unidos, y el Marqu6s de Marbois por parte del de Francia, estipulaban la venta.
Obs6rvese una coincidencia: estos comisionados, como los de la paz en 1803, infringian las instrucciones recibidas del Gobierno; infracci6n que habia de producir el resultado, en esta oportunidad como en aquella, de doblar el area de la Naci6n.
Fu6 de esta manera como los Estados Unidos adquirieron el vasto territorio qua hoy esta distribuido entre los estados de Louisiana, Arkansas, Missouri, Nebraska, Iowa, Dakota del Norte, Dakota del Sur, gran parte de Minnesota, Wyoming, Colorado, Kansas y Oklahoma, y una parte tambi6n de Mississippi, Alabama y Montana.
Apenas suscrito el Tratado, fud remitido al Presidente Jefferson; dirigidndose despues Monroe a Londres, donde debia desempeflar el cargo de Ministro. La impresi6n que produjo el Tratado, apenas fu6 conocido an los circulos oficiales de Washington, sobre todo entre los amigos del Gobierno, fu6 de sorpresa y de jdbilo; pero, pasados los primeros momentos, le asalt6 al President una preocupaci6n: pens6 que la Constituci6n no fa-


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cultaba al Ejecutivo ni al Senado para anexar a la Uni6n parte alguna de territorio extranjero. Jefferson era, segin la denominaci6n entonces en boga, un "construccionista"; y, para 6stos, al Gobierno le estaban vedadas aquellas facultades que no le estuvieran atribuidas expresamente.
Pens6 Jefferson, para salir del trance, en la conveniencia de afnadirle una enmienda a la Constituci6n, por la que se facultase al Presidente y al Senado para celebrar tratados de anexi6n; pero su Gabinete lo disuadi6 de ese prop6sito, entre otras razones por la de que el Tratado debia quedar ratificado dentro de seis meses, y en plazo tan apremiante no era posible pensar en la reforma constitucional. Se decidi6, pues, a darle su curso al asunto, y en 18 de julio convoc6 al Congreso a sesi6n extraordinaria para el dia 17 de octubre. No expres6 el objeto de dicha convocatoria; se limit6 a consignar que habria de tratar de asuntos de gran intends para la naci6n. Llegado el dia de la reunion, dirigi6 dos Mensajes, uno al Senado, sometidndole el Tratado para su ratificaci6n, y otro a los dos cuerpos sugiridndoles la necesidad de promulgar determinadas leyes, una vez obtenida dicha ratificaci6n.
Dos dias despuds de la fecha en que se reuni6 el Congreso, el Senado ratific6 el Tratado por una votaci6n de 24 contra 7; y pasados otros dos dias, el Presidente se dirigi6 de nuevo al Congreso recomenddndole que adoptara la legislaci6n procedente sobre el orden de cosas que creaba la adquisici6n de la Louisiana. Fueron varias las proposiciones presentadas por los legisladores amigos del gobierno: una declarando bien hecha la compra, otra disponiendo medidas para el gobierno del nuevo territorio, otra autorizando una emisi6n de bonos para amortizar la deuda contraida con motivo del pago a Francia del importe de la compra, y otras de indole parecida. A todas esas proposiciones fueron opuestos los federales, dirigidos por Griswold, Representante por Connecticut, e inspirados no en otra cosa que en la political partidarista. iCuriosos vaivenes de la political! Los federales, cuyo jefe Hamilton era el prototipo de los expansionistas, ahora eran opuestos a la adquisici6n de la Louisiana, y el mismo Jefferson resultaba el mds ardiente defensor de los planes que antes habia censurado en aqudl.
Asi y todo, a pesar del marcado sabor politico de la discusi6n, dsta se mantuvo a gran altura; los debates tuvieron una trascen-


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dencia extraordinaria, agitindose por vez primera algunas de las cuestiones que aun en este siglo dividen el parecer de los estadistas y mueven la opinion pdblica.
John Quincy Adams, a la saz6n Senador por Massachusetts, dijo que el Tratado envolvia una verdadera infracci6n de la Constituci6n. Se dijo por otros que no estaban claros los titulos por los cuales Francia habia adquirido la Louisiana; a lo que se contest6 que el hecho de que aquella naci6n la vendiera, y el de que las propias autoridades espafiolas de Nueva Orleans, al recibir las protestas con motivo de los obstdculos sobre la navegaci6n del rio, hubieran contestado que ya no eran ellas, sino el Gobierno de Francia el Ilamado a resolverlas, eran prueba de que Su Majestad Cat6lica habfa transferido su domino; y se apunt6 tambi6n lo significativo que resultaba el hecho de que los federales, antes tan dispuestos a tomar a Nueva Orleans por medio de las armas, ahora pusieran reparos a los papeles del nuevo territorio. Se dijo tambien que el Presidente y el Senado se habian excedido; que la Constituci6n no facultaba aL Gobierno de los Estados Unidos para adquirir nuevos territorios; a Lo que se contest6 que si en la declaraci6n de independencia se habfa estipulado que la Uni6n, como Estado soberano, se colocaba en las condiciones de los otros que tambidn lo eran, era indudable que podia hacer todo Lo que a dstos les estaba permitido, incluso adquirir nuevos territorios; lo que, por Lo demis, podia entenderse como una derivaci6n de la facultad de hacer Tratados y de la de declarar la guerra.
Apelaron tambi6n los impugnadores de la venta al recuerdo del nacimiento de la Uni6n, a que habia surgido a virtud de un pacto o de una convenci6n, para sostener que siendo su origen contractual, no se la podia hacer extensiva a territorios ajeno! a la Confederaci6n; pero se adujo en contra de este argumento el precedente del territorio que no estaba comprendido dentro del Area de las primitivas colonias, a que nos referimos antes, y cuya adquisici6n consagr6 el Tratado de Paris (3 de septiembre de 1783).
No qued6 por ser examinado un solo aspecto del problema. Se denunci6 como una infraccidn constitucional la circunstancia de que el Tratado les otorgara a los barcos franceses y espaholes, en Nueva Orleans, determinadas ventajas de que no disfrutaban en los Estados de la Uni6n. Se habl6 de la mucha distancia que se-


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paraba la Louisiana de la capital de la naci6n; de que el pueblo era de otra raza; de que gran parte de la poblaci6n de los primitivos Estados era posible que abandonara su antigua residencia en busca de nuevas tierras, lo que habria de redundar en perjuicio de aqudllos; de que Espafia era opuesta al Tratado, lo que a la larga traeria serias desavenencias con dicha naci6n; de que la Uni6n iba a tener que distraer todo un ejdrcito en la vigilancia y custodia del nuevo territorio; y se habl6 tambidn, por niltimo, de este aspecto que con seguridad tuvo que ejercer mds impresi6n que ninguno otro en los jeffersonianos, ya que 6stos se consideraban como los voceros de la democracia: 6con qu6 derecho se disponia de la suerte de un pais, sin el consentimiento de sus moradores?
Indudablemente que el principio segnin el cual los poderes de todo gobierno no debian tener otra base que no fuera la del consentimiento de los gobernados, y al que con tanta brillantez se habia referido el propio Jefferson al redactar la declaraci6n de independencia, sufria ahora un parentesis. El dia 30 de noviembre de 1803, en la casa del Cabildo de Nueva Orleans, el Marqu6s de Casa Calvo y don Manuel Salcedo, a nombre del rey de Espaha, transferian la Louisiana, en medio de ceremonias rodeadas de mucho aparato y esplendor, al Gobierno del Primer C6nsul, representado en aquel acto por Pedro Clemente Laussat; y con el mismo ceremonial, el dia 20 del mes siguiente, era transferido el dominio de la Louisiana al Gobierno de los Estados Unidos, representado por W. C. Claiborne, Gobernador de Mississippi; sin que en ninguno de esos dos actos tuvieran los habitantes de la vieja provincia espaflola otro cardcter que el de meros espectadores.
Pero el principio en cuesti6n no tard6 en resplandecer de nuevo y en brillar con toda intensidad. VWase, si no, lo ocurrido con el gobierno de Louisiana en los nueve aflos que transcurrieron desde 1803 hasta 1812, fecha en que parte del territorio fu6 admitida como un Estado de la Uni6n. Nada mas digno de admiraci6n que el estudio de las cuatro fases por que atraves6 el gobierno de la nueva region durante dichos nueve afios. Obsdrvese dicho proceso, y se verA que cada nueva etapa signific6 un paso de, avance hacia el principio del gobierno propio.
Con efecto, al verificarse la cesi6n en 1803, el Congreso dej6 en manos del Presidente cuanto se referia al Gobierno de la Louisiana, y dicho funcionario nombr6 un Gobernador con las


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facultades de que durante la soberania espafiola estuvieron investidos el Gobernador General y el Intendente, y un Comandante Militar, los dos con omnimodas facultades. Este gobierno dur6 pocos meses: ante las protestas de los comerciantes y de las personas mds influyentes de Nueva Orleans, el Congreso de la Uni6n vot6 una ley dividiendo la antigua provincia en dos partes, una al sur, con categorfa de "Territorio", que se denomin6 de Orleans, y otra al Norte, que se llam6 Louisiana y que no habia de ser mds que un "Distrito". El territorio de Louisiana se regirfa por un Gobernador y trece consejeros designados por el Presidente; y como este sistema de gobierno tampoco agradara a los habitantes del territorio de Orleans, ni a los del Distrito de Louisiana, ante las nuevas protestas, en enero de 1805 el Congreso resolvi6 elevar el citado distrito de Louisiana a la categoria de "Territorio" y otorgarle a Orleans una Cdmara de origen popular, con promesa de ser admitido como Estado cuando contara sesenta mil habitantes libres; y como esto ocurri6 en 1812, en este aflo dicho territorio fu6 reconocido como Estado, con el nombre de Louisiana.
Un detalle de la discusi6n, en el Congreso, sobre la admisi6n del nuevo Estado, evidenci6 que los principios democrdticos continuaban animando el espiritu de los hombres que ostentaban los poderes pdblicos. Una parte del Congreso, inspirada en principios conservadores, vefa con desconfianza y recelos la formaci6n de nuevos estados; temia que estos hicieran prevalecer dentro de la confederaci6n ideas y principios que no fueran los que habian caracterizado a la Uni6n de los trece Estados primitivos. El Representante Josiah Quincy estaba entre los disgustados con la admisi6n de Louisiana; y como en el calor de su oposici6n Ilegara a hablar de que la formaci6n de un nuevo Estado facultaba a los antiguos para separarse de la Uni6n, fud Ilamado al orden por el Presidente de la Cdmara, quien dijo que no podia consentir que pnblicamente se hablara del derecho de secesi6n. De este requerimiento apeL6 Quincy ante la Cdmara, y 6sta, por una mayoria de 56 votos contra 53, declare que era licito referirse al derecho de secesi6n, e invocarlo.
De esa manera qued6 reconocido, por la Cimara de Representantes, que por lo menos era licito discutir el derecho de secesi6n.


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LA POLiTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS


(C)


(1819) FLORIDA.

Si la adquisici6n de la Louisiana signific6, por una parte, la doble extension territorial de los Estados Unidos, por otro lado trajo, como consecuencia, nuevos motivos de inquietud para la naci6n. Tenia esta un frente al Atlintico y otro al Golfo de M6jico, y era motivo de preocupaci6n que la continuidad de las costas se viera interrumpida en la Florida, pues aunque por el momento no existia ningdn peligro inminente, 6quidn podia asegurar que no se presentaria en lo futuro? Quidn podia afirmar que Espafia, sometida entonces a tantas calamidades, no se pudiera ver en el trance de tener que ceder esa posici6n, de grado o por fuerza, a otra potencia europea?
Habia, adem.s de esa causa de inquietud respecto a la seguridad exterior de la Uni6n, otro motivo de malestar, atinente a la tranquilidad interior. La Florida-en la que no existia una verdadera colonizaci6n, y en la que Espafia no habfa podido o no habfa querido establecer un Gobierno con recursos suficientes para defender todos los intereses-constituia el refugio de las tribus de indios "seminolas," de instintos salvajes; y estos, en sus continuas incursiones en el territorio de la Uni6n, asolando cuanto a su paso encontraban, hicieron nacer la zozobra en los dnimos. Agrdguese a esto la resistencia pasiva de Espafia a determinar cuAles eran los verdaderos linderos de la Louisiana, particular en que hicieron los Estados Unidos gran hincapi6 porque quedase resuelto, apenas suscrito el Tratado de 30 de abril de 1803, y se explicard que en la vecina Repnblica se comenzara a acariciar la idea de la anexi6n de la Florida.
Ciertas cartas escritas por Jefferson a significados politicos, cuando ainn no habian transcurrido cuatro meses de la fecha en que fu6 suscrito aquel Tratado, nos revelan que el propio Presidente no se ocultaba para decir que ambicionaba dicha adquisici6n. No hay mAs, les decia, que esperar a que Espafia se encuentre en guerra y ofrecerle dinero, con la amenaza de que si no lo acepta recurriremos a la fuerza para ocupar la Florida.


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EN EL CONTINENTE AMERICANO


Los Estados Unidos pudieron, de una acometida, haber conquistado la Florida; y sin embargo no lo hicieron. A pesar de aquellos prop6sitos; a pesar de que era del domino pnblico la idea de que la seguridad y la conveniencia de la naci6n exigfan la posesi6n de la Florida, no recurrieron a la violencia. Confiaron sus prop6sitos a la diplomacia, la cual, como se ha de ver, produjo sus frutos. Hemos de ver, sin embargo, que antes de que Ilegue el momento de que los Estados Unidos compren la Florida por medio de un Tratado, en mAs de una ocasi6n el Gobierno de Washington perturb6 la posesi6n que ostentaba Espafia; por mds que a ello le obligara el desgobierno reinante en la vlorida.
Nada mejor, para conocer el proceso que culmin6 en la compra de la Florida, que recurrir a los documentos oficiales.
En 20 de mayo de 1804, el Presidente, haciendo uso de una ley que recientemente habfa votado el Congreso, declare, por medio de una proclama, que a los efectos del cobro de los derechos de aduana se habia establecido el "Distrito de Mobila", que comprendia el territorio que corrfa desde la ribera occidental del rio de ese nombre, hasta Pascagoula. Contra esa medida estableci6 su protesta el Ministro espafol en Washington, por entender que se trataba de un territorio sometido a la dominaci6n de Espaia; mas aquel Gobierno no tom6 en cuenta dicha protesta.
En el Mensaje anual al Congreso, de 3 de diciembre de 1805, refiri6 el Presidente de la Repniblica que las relaciones con Espafna no eran lo satisfactorias que se deseaba; que esta naci6n se negaba a solucionar sus diferencias con los Estados Unidos, consignando ademAs, entre otras cosas, que constantemente se realizaban incursiones dentro de la frontera americana, que causaban positivos dafios y a las que no eran ajenos los oficiales y soldados espaholes. Tres dias despuds, en un Mensaje especial, el Presidente insiste sobre el mismo asunto, exponiendo que a pesar de los esfuerzos del Ministro residente en Madrid, a fin de solucionar la cuesti6n de los linderos de la Louisiana, asi como otras que estaban pendientes con Espafia-gestiones en las cuales habfa colaborado Monroe, que a ese objeto se dirigi6 expresamente a esta naci6n-, nada se habia obtenido, como no fuera la declaraci6n de que los Estados Unidos s6lo tenian derecho, en el territorio situado en la parte oriental del Mississippi, a una estrecha faja de territorio inmediato a este rio.


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LA POLiTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS


Por el mes de febrero del afno 1806, el Congreso acord6 en secreto votar un credito de dos millones de pesos para la compra de la Florida; y a fin de estudiar el asunto en Madrid, el Presidente nombr6 dos Comisionados que no pudieron adelantar nada.
En el mensaje anual de 2 de diciembre de 1806, aludi6 el Presidente a que una fuerza espafiola habia penetrado en el territorio de la Louisiana y a que era necesario fortificar a Nueva Orleans y la desembocadura del rio a fin de evitar esos hechos; y en el de 27 de octubre de 1807 hizo menci6n de un Decreto que acababa de dictar el rey Carlos IV, remedando el que habia dictado Napole6n en 21 de noviembre de 1806, y por el que les resultaba imposible mantener su comercio a los que fueran neutrales en los conflictos de Europa.
Pronto toman los acontecimientos un nuevo sesgo. En la parte de la Florida Occidental, situada desde el rio Amita hasta la Louisiana, se habia establecido un gran ndmero de ciudadanos norteamericanos; y reunidos estos en 1810, cerca de Baton Rouge, resuelven no reconocer la soberania de Espafia; y aunque en los primeros momentos acordaron establecer un gobierno independiente, despu6s recurrieron a los Estados Unidos pidiendo la anexi6n.
Desde el mes de marzo del afno anterior ocupaba James Madison la presidencia de la Repnblica; y 6ste, en vista de esos sucesos, lanza una proclama en 27 de octubre de 1810 ordendndole al Gobernador del territorio de Nueva Orleans que ocupara, a nombre de los Estados Unidos, todo el territorio situado entre el rio Mississippi y el Perdido. Esta orden estaba razonada. Se decia en ella que era bien sabido que ese territorio siempre habia formado parte de la colonia de la Louisiana, y aunque Espafia lo habia retenido, los Estados Unidos no habian cesado de reclamarlo; que si hasta entonces no se habian decidido a ocuparlo, era porque siempre se pens6 que Espafna, convencida de la justicia de la reclamaci6n, no dejaria que las cosas Ilegaran hasta el punto de que el Gobierno de Washington tuviera que proceder por su propia cuenta, y que el nuevo orden de cosas creado en dicho territorio podia ser, por la proximidad de 6ste a los Estados Unidos, altamente perjudicial a su comercio y a sus intereses, supuesto que a los que quisieran violar las leyes que prohibian la introducci6n de esclavos y las que establecian impuestos de aduanas, habia de resultarles fdcil desenvolver sus actividades desde aquellos lugares. En cumplimiento de dicha proclama, a fines del afno 1810 el


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EN EL CONTINENTE AMERICANO


Gobernador del territorio de Nueva Orleans, William C. C. Claiborne, toma posesi6n no de todo el territorio enclavado entre los rios Mississippi y Perdido, sino de una parte del mismo, o s6ase de la situada entre el primero de dichos rios y el llamado Perla; y al anio siguiente, por orden del Presidente Madison, fu6 fortificada esa regi6n y agregada al territorio del Mississippi. Contra esa ocupaci6n protestaron los Gobiernos de Espafia, Inglaterra y Francia, por medio de sus diplomAticos acreditados en Washington.
Dada la comprometida situaci6n de Espaia frente a las guerras entre Francia e Inglaterra, el Gobierno de los Estados Unidos temia, con sobradas razones, que alguna de estas dos naciones ocupara la Florida. A veces se le atribuian esos prop6sitos a una y a veces a otra, y a ese estado de cosas, inquietante para laI Repdblica americana, supuesto que tenia que ser motivo de preocupaci6n que tal cosa ocurriera, obedeci6 la siguiente Resoluci6n Conjunta, aprobada por el Congreso en 15 de enero de 1811:

Teniendo en cuenta la situaci6n especial por que atraviesan Espafia y sus provincias de Am6rica; y considerando que es del mayor interns para los Estados Unidos, desde el punto de vista de su seguridad, de su tranquilidad y de su comercio, el futuro destino del territorio con que lindan por el Sur.
Se resuelve: que los Estados Unidos, dada la peculiaridad de las actuales circunstancias, no pueden asistir, sino en medio de la mayor inquietud, al hecho de que parte del antes referido territorio pase a manos de otro poder; que se verdn compelidos, si lo requieren las circunstancias, a ocupar temporalmente dicho territorio, por exigirlo asi su seguridad, sin perjuicio de iniciar despues las oportunas negociaciones para tratar de su destino ulterior.

Al mismo tiempo que se votaba esa Resoluci6n Conjunta, se autorizaba al Presidente de la Repniblica para ocupar todo o parte del territorio de la Florida, siempre que existiera el temor de que 10 pudiera ocupar una naci6n extranjera, y para emplear con ese objeto la Marina y el Ejdrcito de los Estados Unidos.
Unos dias despu6s se presenta en el Congreso un bill declarando que los limites del territorio de Orleans Ilegaban hasta el rio Perdido. Se queria, sin duda, darle la sanci6n del Congreso a la acci6n del Poder Ejecutivo; pero dicho bill tropez6 en la CAmara con una fuerte oposici6n. Se dijo, por los adversarios del Gobierno, que esa medida envolvia una violencia, y al fin se acord6 que aquel lindero fuera fijado en Iberville. Adoptado el


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bill en esa forma, fu6 sancionado por el Presidente en 20 de febrero de 1811.
No pas6 mucho tiempo sin que el Gobierno de los Estados Unidos se viera en la necesidad, por causas diversas, de mandar que sus fuerzas penetrasen en la Florida. Los indios seminolas vivian y tenian su refugio en la Florida, pero continuamente penetraban en el Estado de Georgia y asesinaban, saqueaban las propiedades y cometian todo gdnero de depredaciones. El Gobierno de Espafia no disponia de medios para someterlos, ni para evitar tampoco que aquella regi6n fuera un refugio de los piratas y de todos los malhechores que se escapaban de los Estados Unidos. En noviembre de 1812, la legislatura de Georgia resolvi6 que era esencial para la seguridad del Estado ponerle un tdrmino a semejante situaci6n, y a principios del anio siguiente el general Andrew Jackson, al frente de un ejercito, penetra en territorio espafiol y les da una batida a las tribus de los seminolas.
Poco tiempo despuds, a mediados del aflo 1814, el general Jackson penetr6 nuevamente en territorio espanol. Con motivo de la guerra entre los Estados Unidos e Inglaterra, iniciada en 1812, dicho general, nombrado Jefe del Departamento del Sur, estableci6 su cuartel en Mobila; y como llegara a sus noticias que en Pensacola habia desembarcado un contingente ingl6s, que habia tomado dicha poblaci6n como base de sus operaciones, y que se estaba armando a las tribus de indios enemigas de los Estados Unidos para combatir contra 6stos, alli se dirigi6 Jackson, sin esperar 6rdenes de su Gobierno. Con poco esfuerzo desaloj6 a los ingleses, devolvidndoles la poblaci6n, pocos dias despuds, a los espafioles y regresando a Mobila.
Con motivo de la ocupaci6n de la Florida Occidental, Espafia habfa roto sus relaciones con los Estados Unidos desde 1808. En 1815 las reanud6. Nombrado Ministro en Washington don Luis de Onis, 6ste le dirigi6 al Secretario de Estado, a nombre de su Gobierno, una petici6n que abarcaba tres extremos: ante todo, previamente, debfa ser devuelta a Espafia la Florida Occidental, sin lo cual no se continuarian las negociaciones; se debia impedir que en Nueva Orleans se armaran expediciones que fueran a auxiliar a los insurrectos mejicanos y en las que se afirmaba que tomaban parte oficiales y soldados del ejdrcito de los Estados Unidos, y se debia impedir que en los puertos de la Uni6n pe-


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netraran barcos con banderas de las revueltas colonias de la Am6rica del Sur.
James Monroe, Secretario de Estado, contest6 esas peticiones por medio de una comunicaci6n de 15 de enero de 1816, la que despues de hacer relaci6n a todas las cuestiones suscitadas entre las dos naciones desde 1802 y a que los Estados Unidos se habfan esforzado por arreglarlas, mientras que el Gobierno de Madrid no habia querido abordar ninguna soluci6n, se expresaba en estos t6rminos: rechazaba, desde luego, la demanda sobre devoluci6n de la Florida Occidental, como trdmite previo para entrar en las negociaciones; negaba la afirmaci6n relativa a que oficiales y soldados del ejercito de los Estados Unidos estuviesen ayudando a los revolucionarios mejicanos; y con respecto a la solicitud de que no fueran admitidos en los puertos de la Uni6n barcos de las colonias insurreccionadas de la Amdrica espafiola, replicaba que segdn la political de los Estados Unidos, la bandera de una naci6n, fuese cual fuera, no era obstdculo para impedir la entrada de ninguna embarcaci6n.
No es posible referir punto por punto estas negociaciones. Tendriamos que extendernos mAs de lo que queremos. Basta consignar que antes de que llegaran a su tdrmino, hubo que vencer grandes obstdculos; unas veces se Ilevaban en Madrid y otras en Washington, y en mds de una ocasi6n estuvieron a punto de romperse. Al fin culminaron en el Tratado de 22 de febrero de 1819. Por dicho tratado, el rey de Espafia cedia a los Estados Unidos todo el territorio situado al Este del rfo Mississippi, conocido por la Florida Occidental y Oriental y recibia una indemnizaci6n de $5.000.000. Tambi6n se fijaban en dicho tratado los linderos, por el Oeste, de la Louisiana; renunciaban las dos naciones a las reclamaciones pendientes por dafios a sus ciudadanos; se le concedia a los barcos espafioles, durante doce aflos, el derecho de entrar en "Pensacola" y en "San Agustin" en las mismas condiciones que los americanos, estipuldndose, por dltimo, que el nuevo territorio serfa admitido como Estado tan pronto como esto no resultara incompatible con la Constituci6n federal.
A pesar de que el tratado prevenia que habria de ser ratificado dentro de seis meses, pasaron cerca de dos ahos antes de que fuese aprobado por las Cortes espafiolas. En San Agustin y en Pensacola, en 10 y 17 de julio de 1821, respectivamente, tuvieron efecto las ceremonias del cambio de soberania. Fu6 de esa ma-


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nera como los Estados Unidos agregaron a sus adquisiciones territoriales una nueva drea compuesta de 59,268 millas cuadradas.


(D)


(1845) TEJAS.

El tratado de la Florida di a la Louisiana por limite oriental el rio Sabina, con lo cual le reconoci6 a Espaha su dominio sobre el territorio de Tejas, que en lo politico formaba parte de M6jico y que posteriormente, al obtener el pais azteca su independencia, fu6 erigido en un Estado de la confederaci6n. Cronol6gicamente, tiene el turno ahora dicho territorio en el estudio del movimiento expansionista de los Estados Unidos.
Los origenes de la expansion norteamericana hacia Tejas se encuentran en este caso, como en otros, en la iniciativa particular. Comenz6 por la ambici6n de gran parte de la poblaci6n, principalmente la del Sur, de obtener nuevos terrenos para su actividad productora. Cuando ces6 en M6jico la soberania espafiola, estaban establecidos en Tejas unos tres mil norteamericanos y apenas ocurrido ese cambio politico, los "empresarios" de terrenos pusieron sus miras en dicho territorio. El Gobierno mejicano, deseoso de que se poblase, no fu6 remiso en otorgar concesiones de tierras. A la primera, hecha a Mois4s Austin, de Connecticut, para establecer una colonia de trescientas familias, y que fud el fundador de la ciudad que lleva su nombre, siguieron otras muchas otorgadas a ciudadanos de diversos estados de la Uni6n, especialmente los del Sur. Bien pronto casi todo el territorio del Estado tejano fu6 repartido entre norteamericanos; todo el que estaba dvido de correr fortuna decidia ir alli. "Vaya a Tejas", lleg6 a ser la frase en boga, segnn nos refiere Edwin E. Sparks, en su obra La expansion social y territorial del pueblo norteamericano. A consecuencia de esa corriente migratoria, en 1830 lleg6 a haber en dicho Estado mis de 20,000 ciudadanos de la Uni6n.
La comunidad norteamericana, residente en Tejas, apenas formada, comenz6 a acariciar la idea de declararse independiente. Desde 1819, es decir, desde antes de cesar la dominaci6n espa-


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fiola, un grupo numeroso, dirigido por James Long, proclam6 la libertad e independencia del pais; y, efectuado aquel cambio de soberania, reuni6se una convenci6n en 1826, que abog6 por esa misma aspiraci6n. Esas declaraciones, sin embargo, no tuvieron la sanci6n de todos, ni verdadera trascendencia en los destinos de Tejas.
El Gobierno de Washington, desde aquella dpoca, pens6 en la conveniencia de la anexi6n de Tejas. En 1819, el Secretario de Estado, John Quincy Adams, propuso en el Gabinete demandarle al gobierno de Madrid, con toda formalidad, el domino del territorio tejano, por pertenecerle a la Louisiana todo el que corria hasta el rio Bravo; pero, por razones de diversa indole, el Presidente Monroe y los otros Secretarios no hubieron de apoyar semejante determinaci6n. Apenas ocup6 Adams la presidencia, di6le instrucciones a Poinsett, Ministro en M6jico, para comprar a Tejas; pero dicho Ministro, despues de explorar la situaci6n, juzg6 oportuno no dar ese paso; y no bien ces6 Adams y ocup6 el cargo Jackson, su Secretario de Estado, Van Buren, le di6 instrucciones al propio Ministro para que propusiera la compra del territorio tejano, situado entre los rios Sabina y Nueces, en $5.000,000.00. La oferta esta vez fu6 hecha, declinAndola el Gobierno mejicano.
Alarmado el Gobierno de M6jico ante los prop6sitos de adquirir a Tejas, revelados por el de Washington, y pensando sin duda en que dichos prop6sitos tenian su antecedente en el hecho de que aquel Estado tuviera en lo social y en lo econ6mico mds conexiones con los Estados Unidos que con la Repdblica azteca, en 1830 prohibi6 la entrada de nuevos colonos americanos, cancel6 las concesiones de terrenos otorgadas a ciudadanos de los Estados Unidos y estableci6 una tarifa de aduana para los productos procedentes de la Uni6n, que hasta entonces no devengaban derechos de importaci6n. Estas medidas, y la de abolir la esclavitud, adoptada el aflo anterior, causaron gran disgusto entre los norteamericanos residentes en el pais, quienes al tomar la resoluci6n de no dar la libertad a sus esclavos, se colocaron, de hecho, en una situaci6n revolucionaria.
La abolici6n de la esclavitud en M6jico impresion6 grandemente al elemento residente en los estados del Sur de la Repdblica norteamericana, empefiados en mantener aquella odiosa instituci6n. Se daban cuenta los esclavistas de que no les convenia


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quedar colocados, como ahora lo estaban, entre territorios antiesclavistas; y de esa preocupaci6n naci6 despuds en dichos elementos la idea de separar a Tejas de la confederaci6n mejicana.
Mds les interesaba a los esclavistas que Tejas fuera anexado a los Estados Unidos, que no que se convirtiera en una Repnblica independiente. Anexdndola a los Estados Unidos, era fAcil convertirla en uno o en varios Estados, y era para los del Sur de vital interns la entrada de nuevos estados esclavistas, a fin de contar con mayoria en el Congreso. Una ligera resefia sobre el estado de ese asunto en aquella 6poca, nos lo habrA de explicar.
En los estados del Norte no hubo dificultad para hacer desaparecer la esclavitud, pero en los del Sur, dedicados a cultivos extensivos, principalmente el del algod6n, resultaba muy apreciado el trabajo de los negros esclavos. De hecho se habia establecido una especie de equilibrio politico, entre unos y otros estados, a fin de que ninguno de los dos grupos liegara a ejercer un completo predominio.
Cuando se trat6 de formar el Estado de Maine, se opusieron los del Sur, dado que los votos de ese nuevo estado, en el Congreso, daban mayoria a los contrarios de la esclavitud. Debido a eso los esclavistas se opusieron a la admisi6n del nuevo estado, a menos que Missouri, que habia de ser esclavista, no fuese tambidn admitido como otro estado. La cuesti6n conmovi6 a todo el pais, y al fin, a manera de transacci6n, se adopt6 el famoso "compromiso de Missouri", que consisti6 en aceptar el paralelo 360 30' como linea divisoria entre los estados esclavistas y los antiesclavistas. Este "compromiso" se adopt6 en 1820; pero si se recuerda que en 1803 habia sido comprada la Louisiana, y si por otra parte se observa la configuraci6n que tenia 6sta, se verA que era mucho mayor la parte de la misma situada al norte de dicho paralelo, que la colocada al sur de 61. Al norte de esa linea habia una extension de 964,667 millas cuadradas, mientras que la del sur era tan s6lo de 224,667.
Habia, pues, mds campo para formar estados antiesclavistas que esclavistas; de aqui que la anexi6n de Tejas fuera de gran interns para estos ndltimos.
No por esto se ha de entender, ha dicho Roosevelt, que el ninico factor que influy6 para la separaci6n de Tejas de la confederaci6n mejicana, fu6 la gesti6n de los esclavistas. Tanto como este factor influy6 en ese suceso el afdn desmedido por adquirir


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nuevas tierras, que ha caracterizado siempre a los habitantes del Oeste, quienes juzgaron como un estorbo a sus prop6sitos y planes, primero, la ocupaci6n del valle del Mississippi por los franceses, y despuds la de los territories que bafia el rio Grande por los descendientes de los espafioles. Pero hay ann, agrega despuds, un argument much mis trascendente y en presencia del cual cede el interns de todos los demis: la lucha entre las dos razas y la imposibilidad de que los mejicanos, que eran incapaces de gobernarse por si mismos, pudieran gobernar a otro pueblo.
Desde 1833 Mdjico era presa de una revoluci6n. La naci6n toda, incluso Tejas, estaba sumida en el mayor desorden. En 1835 el general Santa Anna, Presidente de la Repnblica, pudo abatir la revoluci6n en todo el pais, menos en Tejas. Los revolucionarios, en aquel entonces, no aspiraban a la independencia. Abogaban solamente porque el Estado tuviera los fueros reconocidos por la Constituci6n federal de 1824 y suprimidos por el gobierno militarista y centralizador de Santa Anna. Asi lo proclam6 la convencidn que en 17 de octubre de 1835 se reuni6 en San Felipe de Austin. Si en aquellos moments el Gobierno de Mdjico hubiera sabido o podido desenvolver una political prudente y justa en los asuntos de Tejas, probablemente las cosas no habrian ilegado donde Ilegaron.
En el mes de marzo del afno 1836 se refne una nueva Convenci6n en New-Washington. De los cincuenta y ocho miembros que la formaron, s6lo habia tres mejicanos; los demds eran anglo-americanos. Esta vez se declar6 la independencia y se adopt6 una Constituci6n, por la que se previno la organizacidn del gobierno. Se formaron tres poderes: el Ejecutivo, que seria ejercido por un Presidente, el Legislativo, que habria de residir en dos Cdmaras, y el Judicial. Se abolieron los privilegios y los titulos de nobleza y se adopt6 la "common law" inglesa como base del derecho privado. Por esta Constituci6n, ademds, se autorizaba la esclavitud y se prohibia la entrada de los negros libres.
El general Santa Anna, poni6ndose al frente de un ejdrcito, fud a combatir a los revolucionarios, quienes recibian recursos, en armas y hombres, de diversas poblaciones de los Estados Unidos. Al principio la suerte fu6 favorable a los mejicanos, pero despuds les volvi6 la espalda; y atrocidades como el fusilamiento de todos los prisioneros hechos en "El Alamo", s6lo sirvieron para aumentar el ardor b6lico de los tejanos.


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En 27 de abril del propio afio libr6se en San Jacinto la batalla decisiva de la guerra. El ejdrcito mejicano fud completamente derrotado, figurando entre los prisioneros, hechos por los tejanos, el propio general Santa Anna. En esa fecha se puede decir que qued6 decidida la suerte de Tejas, perdida ya por siempre para M6jico. El dia 14 de mayo se suscribi6( el tratado de Velasco en el que no s6lo se puso fin a la contienda, sino que se reconoci6 por el Presidente Santa Anna la independencia de Tejas. Esta nltima estipulaci6n, por sugesti6n de Santa Anna, se debia mantener en secreto. Quizds porque no queria que la naci6n tuviera conocimiento de ella, hasta tanto 61 estuviera de regreso en la capital y pudiera tomar medidas que evitaran que al conocerse semejante noticia produjera tan mal efecto que lo derribaran del poder; quizds porque pensaba burlarse del tratado despuds que recobrara su libertad. El Congreso de M6jico se enter6 del tratado; rechaz6 lo hecho por Santa Anna y mand6 continuar la guerra.
Apenas suscrito el tratado de Velasco, Burnett, Presidente de Tejas, se dirigi6 pdblicamente al pueblo de los Estados Unidos pididndole el reconocimiento de la nueva Repdblica. Esta apelaci6n fud acogida por los estados esclavistas, los que a su vez se dirigieron al Congreso excitdndolo a que hiciera dicho reconocimiento. Aparentemente no se trataba mds que de un acto de la soberania nacional: el reconocimiento de un nuevo estado; pero en el fondo, y era esto lo mds importante, tratdbase de una nueva batalla que pretendian librar los esclavistas. El "compromiso de Missouri", dice el escritor Edmund J. Carpenter, fu6 el primer episodio de la gran controversia esclavista; el reconocimiento de Tejas iba a ser el segundo.
En el Senado se inici6 un extenso debate sobre el asunto, en el que se distinguieron, entre otros, Daniel Webster, Walker y Porter. El tono de los discursos revela que por parte de casi todos habia la mejor voluntad hacia la nueva Repnblica, pero que se temia, por no haberla reconocido Mdjico, que al darse ese paso se rompieran las relaciones con esta naci6n. El Comitd de asuntos exteriores del Senado, al que fueron enviadas para su dictamen todas las peticiones relacionadas con el reconocimiento de Tejas, propuso a dicho alto Cuerpo, en 20 de junio de 1836, una resoluci6n que fud aprobada y que era algo asi como un comps de espera, segdn se ve en su parte dispositiva, que rezaba asi:


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Se resuelve declarar que los Estados Unidos reconocerdn la independencia de Tejas tan pronto como se obtengan informes de que en dicho pais se ha establecido un gobierno de carActer civil, capaz de cumplir con los deberes y obligaciones inherentes a las naciones independientes.

En 21 de diciembre de 1836, el Presidente, en un mensaje especial, di6 cuenta al Congreso de la informaci6n que le habia suministrado Henry M. Morfit acerca de la situaci6n de Tejas; aconsejando, al mismo tiempo, que no se hiciera el reconocimiento de la independencia. Despu6s de hacer alusi6n a que los Estados Unidos habfan adoptado por sistema no reconocer la independencia de ninguna colonia, hasta que su separaci6n no fuese un hecho sin disputa, se extendia en estas consideraciones:

Median circunstancias, en las relaciones entre los dos paises, que exigen que en este caso seamos mds cautos que en ning in otro. Tejas ha sido reclamado como parte de nuestro territorio, y aun en nuestros tiempos muchos de nuestros conciudadanos siguen pensando en que debe integrarlo. Gran nnimero de sus habitantes son emigrantes de nuestro pais, hablan nuestra lengua, profesan nuestros principios politicos y religiosos y estin unidos a muchos conciudadanos nuestros por lazos de parentesco y amistad; y, sobre todo, es sabido que el pueblo de ese pais ha establecido un gobierno a semejanza del nuestro, y que despuds de vuestra filtima sesi6n ha resuelto pedirnos, tan pronto reconozcamos la independencia, su admisi6n como un Estado de la Uni6n. Esta iltima circunstancia, por su delicadeza y gravedad, tiene que preocuparnos grandemente. Tejas nos pide que reconozcamos la independencia, y sabemos que ese reconocimiento. es el antecedente de la anexi6n. Debemos, pues, proceder con gran cautela, a fin de que no se piense que si reconocemos los derechos de nuestros vecinos es con miras interesadas.
La prudencia parece dictar, por consiguiente, que seamos cautos y que sostengamos nuestra actual actitud, hasta que Mfjico mismo, o alguna de las grandes potencias, reconozca el nuevo gobierno, o al menos hasta que el transcurso del tiempo o el curso de los acontecimientos hayan demostrado evidentemente la habilidad del pueblo de ese pais para mantener su soberania independiente y conservar el gobierno por 6l establecido.
Si observamos esta conducta, ninguno de los contendientes tendri derecho a quejarse. Si la seguimos, continuaremos observando nuestra tradicional political, esa que nos ha dado respeto e influencia en el exterior y completa confianza en casa.

Poco tiempo despuds, o sea en 18 de enero de 1837, el Presidente Jackson remiti6 al Senado copia de una carta que desde


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su prisi6n en Columbia, Tejas, le habia dirigido en 4 de julio de 1836 el general Santa Anna, y de su contestaci6n de 4 de septiembre.
El general Santa Anna decia en dicha carta que a pesar de su convenio con los tejanos, segdn el cual 61 debia regresar a M6jico, desde donde podia hacer que se respetaran las estipulaciones que habia celebrado, se le mantenia en prisi6n; y que mientras tanto el Gobierno de Mdjico, ignorante de lo que pasaba, habia resuelto continuar la guerra; y le pedia a Jackson que promediara, que les hiciera ver a los tejanos el deber en quo estaban de dejarlo regresar a M6jico, en la seguridad de que si esto se hacia habian de terminar los horrores de la guerra.
Consistian las estipulaciones aludidas, y que no se expresaba cudles eran, en el reconocimiento, que habia hecho Santa Anna en el tratado de Velasco, de la independencia de Tejas, que se debia mantener en secreto hasta tanto que 61 estuviera de regreso en M6jico.
El Presidente Jackson hubo de contestar al general Santa Anna que en cualquier circunstancia le seria muy grato evitar una guerra, pero que su gobierno habia sido notificado por el de Mdjico de que mientras 61 se encontrara prisionero, de sus actos no se podia derivar compromiso alguno para los mejicanos.
Por esta misma dpoca el Presidente Jackson envi6 a la frontera tejana al general Gaines, a fin de evitar las incursiones de los indios. Esto no era mds que un pretexto, dice cf escritor Edmund J. Carpenter, antes citado en su obra El Avance Americano; en realidad esa medida se adopt6 de acuerdo con el general Houston, que habia sucedido a Burnett en la Presidencia de la Repnblica Tejana. El Ministro de Mdjico en Washington, Eduardo Gorostiza, protest6 de tal medida, pidiendo se retiraran de las fronteras las fuerzas del general Gaines; y como fuera rechazada esta petici6n, tanto por este hecho como por el de que pniblicamente se alistaran hombres en Nueva Orleans para engrosar las filas tejanas, dicho Ministro hubo de retirarse.
En los mismos dias en que ocurria en Washington este incidente diplomdtico, se desarrollaba en Mdjico otro de la misma naturaleza entre el Gobierno de dicha Repdblica y Powhatan Ellis, Encargado de Negocios de los Estados Unidos, y el cual, al producir el mismo resultado que aqul-la retirada del representante diplomtico-, hizo que se completara de esa manera la ruptura


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de las relaciones entre los dos paises. Tratdbase de ciertas reclamaciones relativas a perjuicios causados a varies ciudadanos de los Estados Unidos, en sus personas e intereses, de que se hacia responsable al Gobierno de Mdjico, y acerca de los cuales 6ste, por lo visto, no queria tratar.
El Presidente Jackson se refiri6 a este asunto en un Mensaje que dirigi6 al Congreso en 6 de febrero de 1837. Pidi6 por dicho documento que se votara una ley autorizando las represalias y facultdndolo para usar de la marina de guerra, a fin de hacer valer las reclamaciones, por la fuerza, en el caso de que el Gobierno de Mdjico no conviniera en someterlas a un arbitraje.
Cuando estas noticias sobre la ruptura de las reclamaciones diplomdticas con Mdjico llegaron a conocimiento del Congreso, produjeron el efecto de excitar a los esclavistas, partidarios como eran del reconocimiento de la independencia de Tejas. En el mismo mes a que nos acabamos de referir present6se una moci6n en la Csmara de Representantes concediendo un credito con que atender a los gastos de un representante diplomdtico en Tejas. Dicha moci6n fud defendida vigorosamente por Bynum, de Carolina del Norte, y por otros Representantes, y atacada por John Quincy Adams y Samuel Hoar, de Massachusetts, quienes expresaron, entre otras cosas, que la finalidad que se perseguia no era la de reconocer la independencia, sino la de llegar despuds a la anexi6n; que no se podia sostener que M6jico no se pudiera reponer de sus quebrantos y restablecer su autoridad en Tejas, y que la facultad de reconocer los nuevos estados era de la incumbencia del Poder Ejecutivo. Esta fud la f6rmula que en definitiva se adopt6: en 28 de febrero se aprob6 una moci6n facultando al Presidente para hacer el reconocimiento, y el 3 de marzo el. general Jackson envi6 al Senado el nombramiento de Alcee la Branche como Encargado de Negocios en la Repdblica de Tejas. Al dia siguiente Jackson debfa cesar en su elevado cargo; quiso, sin duda, que dicho reconocimiento fuera obra de su gobierno.
Pas6 algiin tiempo, y como el Gobierno de M6jico no pudo restablecer su autoridad en Tejas, a los tres afios de aquella fecha Los Gobiernos de Inglaterra, Francia, B6Lgica y Holanda ya habian reconocido la nueva Repdblica.
No quedaria completa esta relaci6n si no nos refiridramos, antes de seguir adeLante, a la verdadera posici6n del Presidente Jackson ante el conflicto tejano. Si examinamos su actuaci6n se-


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gnn lo que rezan los documentos oficiales, se ve que se redujo a observar la mds estricta neutralidad; pero si tenemos en cuenta otros antecedentes, que trascendieron al dominio pnblico, se echa de ver que su conducta no guardaba relaci6n con sus palabras: que mientras en mensajes y manifiestos proclamaba la neutralidad, indirectamente era un colaborador decidido de los revolucionarios tejanos.
Ningin testimonio mds elocuente que el del propio Jackson. Varios afios despuds de haber abandonado la Presidencia, en una carta dirigida a William B. Lewis le decia: "Despuds de la batalla de "San Jacinto", puse todo mi empefio en que se reconociera la independencia de Tejas, como medio de admitirla despuds en la Uni6n, pero las maquinaciones de Adams me impidieron realizar ese prop6sito."
Los escritores norteamericanos que se ocupan en estos asuntos, convienen en que el envfo del general Gaines a la frontera no tuvo justificaci6n, que las demandas formuladas al Gobierno de Mdjico, por medio del Encargado de Negocios Powhatan Ellis, no fueron mds que un ardid para provocar una guerra; y en que de haberlo podido impedir las autoridades, no se hubiera dado el caso de que en los puertos del Sur se equiparan las expediciones destinadas a auxiliar a la revoluci6n.
Carpenter, en su obra antes citada, al referirse al Mensaje presidencial de 21 de diciembre de 1836, cuyos pirrafos mis esenciales antes transcribimos, y al aludir a la neutralidad que segfin dicho Mensaje debian guardar los Estados Unidos a fin de no provocar el enojo de M6jico, hace este comentario:

Aparentemente, segnn dicho Mensaje, el Gobierno tenia el prop6sito de proceder con verdadera cautela en el asunto de la independencia de Tejas. No se le queria causar ofensa alguna al Gobierno de M6jico, pero en el Norte se pensaba por todo el mundo, especialmente por los antiesclavistas, que las palabras del Presidente no eran sinceras. En primer lugar, una gran parte de la poblaci6n de Tejas estaba formada por emigrantes del Sur de los Estados Unidos, y con este elemento se habia formado casi todo el ej6rcito tejano. En Nueva Orleans se reclutaban hombres pnblicamente para dicho Ejdrcito, sin que las autoridades realizaran el menor esfuerzo para impedirlo; y, sobre todo, se sabia hasta la saciedad que la verdadera causa de la revoluci6n tejana reconocia su origen en el hecho de que el Gobierno mejicano habia decretado la abolici6n de la esclavitud.


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Hechas estas breves indicaciones acerca de la verdadera actuaci6n -de Jackson en los asuntos tejanos, sigamos nuestra relaci6n en el punto en que la dejamos: en el momento en que dicho Presidente reconocfa la independencia de Tejas, la vispera de cesar en su cargo, en el que habia de sustituirlo quien era de esperar que. por haber sido un colaborador de su Gobierno, habria de seguir su misma conducta politica: Martin Van Buren.
Apenas reconocida la independencia de Tejas, su legislatura facult6 al Presidente de la Repdblica para gestionar su admisi6n en la Uni6n; y habiendo recibido instrucciones en tal sentido Menucan Hunt, Ministro Plenipotenciario en Washington, este funcionario deposit6 una nota en la Secretarfa de Estado, en 4 de agosto de 1837, formulando aquella pretension. Transcurri6 todo el mes de agosto sin que por la Secretaria de Estado se hiciera pnblico el asunto, ni se tomara decisi6n alguna. En 4 de septiembre el Presidente convoca al Congreso a una sesi6n especial para tratar de diversos asuntos, y nada dice acerca de dste; pero, ya reunidas las Cdmaras, John Quincy Adams, representante por Massachusetts, en 13 de ese mes interes6 que por el Presidente de la Repiblica se informara acerca de si el Gobierno de Tejas habfa propuesto la anexi6n, y, en caso afirmativo, lo que se hubiere contestado.
Apoy6 Adams su petici6n con un discurso en el que sostuvo que s6lo el pueblo de los Estados Unidos directamente, de una parte, y el de Tejas, de la otra, podian resolver lo de la anexi6n, y que 6sta constitufa un problema tan grave, que una gran parte de la opinion preferia que se disolviera la Uni6n antes de que se consumara ese echo. Por estos mismos dias se reunieron las legislaturas de ocho Estados, declardndose tambidn contrarias a la anexi6n; y en vista, sin duda, de todo esto, antes de que transcurriera el citado mes, el Secretario de Estado, John Forsyth, le contestaba al diplomdtico tejano que ni la proposici6n en cuesti6n, ni ninguna otra por su estilo, seria tomada en consideraci6n mientras no cesara el estado de guerra existente entre Mdjico y Tejas.
Este incidente, al poner sobre el tapete la cuesti6n de Tejas, produjo el efecto de despertar las iniciativas de los esclavistas. Si hubo Estados que se significaron contra la anexi6n, en cambio otros, como los de Tennessee, Alabama, Mississippi y Carolina del Sur, abogaron por dicha soluci6n. John C. Calhoun figuraba como leader de los anexionistas. Desde mayo del aflo anterior,


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es decir, a raiz de la batalla de San Jacinto, habia declarado que los Estados del Sur necesitaban a Tejas indispensablemente, como ninico medio de no ser aniquilados por los del Norte. Ahora se mostraba mds radical aun: hay que escoger, decia, entre la anexi6n o la secesi6n.
Los esclavistas echaron sobre Adams la responsabilidad de que el territorio de Tejas no perteneciera a los Estados Unidos. Dicho territorio, decian, por haber formado parte siempre de la provincia espafiola de la Louisiana, fud adquirido en 1803, cuando Jefferson compr6 dicha provincia; pero habia sido devuelto a Espafia en 1819, en el tratado de la Florida, efectuado bajo la direcci6n de Adams, al fijar a los Estados Unidos como limite por el Oeste el rio Sabina. Suponian que Adams, al proceder de esa manera, se habia inspirado en el prop6sito de impedir, por ese medio, que se formaran nuevos estados esclavistas; e invocaban el testimonio de Erving, Ministro que habia sido en Madrid cuando se negociaba el tratado de la Florida, y que habia declarado que si esas negociaciones se hubieran concluido en aquella Capital, o, por mejor decir, donde se iniciaron, y no hubiesen sido llevadas despuds a Washington, donde fueron concluidas, Espafia hubiera convenido en el dominio de los Estados Unidos sobre Tejas, desde el momento en que 61 hubo conseguido que se reconociera el rio Grande como lindero.
Es por esto por lo que los anexionistas adoptaron como lema la palabra "reanexi6n"; pero lema, dice Roosevelt, que no era mds que el barniz de derecho con que querian cubrir sus pretensiones. Tenemos que reanexarnos, decian, el territorio que es nuestro y de que nos ha privado la maldad de un estadista del Norte. Se olvidaban los acusadores de Adams de que, segtin dijimos antes, siendo 6ste Presidente de la Repniblica habia iniciado gestiones para obtener de Mdjico la cesi6n de Tejas, y que anteriormente, como Secretario de Estado, en la 6poca de la presidencia de Monroe, quiso demandarle a Espafia el reconocimiento del dominio de los Estados Unidos, oponiendose sus compafieros de Gabinete, y el propio Monroe, a que se formulara semejante pretension.
No se arredr6 el insigne ex Presidente ante las imputaciones de sus adversarios. En junio de 1838 present6 en la Cdmara de Representantes la siguiente moci6n:


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Se resuelve que la facultad de anexar a esta Uni6n un estado independiente, no estd delegada por ]a Constituci6n en el Congreso, ni en ningan otro Departamento del Gobierno, sino que es privativa del pueblo; y que cualquier tentativa del Congreso para realizar ]a anexi6n de la Repniblica de Tejas, ya se intente efectuarla por medio de una ley o por rnedio de un Tratado, ha de constituir una usurpaci6n de poder, un acto ilegal y nulo, que el pueblo libre de la Uni6n tendrd el derecho de resistirla y el deber de anularla.

Adams, en defensa de esta moci6n, pronunci6 un discurso que por su resonancia, por el efecto que produjo, se puede decir que hizo 6poca, hasta el punto de que en tres afios, hasta que expire el mandato de Van Buren, no se volvi6 a hablar de la anexi6n. Sus adversarios Ian negado tal cosa, atribuyendo este hecho al prop6sito, que se hizo Van Buren, de no darle oidos a nada que se relacionase con la anexi6n de Tejas, mientras entre dsta y M6jico existiera un estado de guerra.
En 4 de marzo de 1841, ocup6 la Presidencia de la Repdblica William Henry Harrison. Dados sus antecedentes, su amistad personal e identificaci6n politica con Adams, se pens6 que no cambiaria de aspecto la cuesti6n tejana; pero al mes de ocupar el cargo lo arrebat6 ]a muerte, y fu6 sustituido por John Tyler, virginiano y de ideas opuestas a las suyas. Procedfa Tyler, poIfticamente, de elementos que se habian significado como esclavistas genuinos, y se recordaba que siendo Senador habia sostenido que el Congreso carecfa de atribuciones para prohibir la esclavitud en ningan territorio. Todo esto presagiaba que no habia de transcurrir mucho tiempo antes de que se agitara la opinion y se planteara de nuevo la anexi6n de Tejas. La ocasi6n era propicia para que los esclavistas, cuyas aspiraciones hablan estado dormidas, pero no muertas, se pusieran de nuevo en actividad. Hemos de ver que asi ocurri6; que los esclavistas supieron aprovechar la oportunidad que con la muerte de Harrison les deparaba el destino.
Al abrirse el Congreso en diciembre de dicho afto, se di cuenta con las solicitudes de varios estados del Sur, que nuevamente venfan a reclamar de los poderes federales que se realizara la anexi6n. Por estos mismos dias se equipaba en Santa Fe, por cuenta del Gobierno de Tejas, una importante expedici6n, sin que el de los Estados Unidos tomara medidas para evitarlo, a pesar de que los soldados habfan sido reclutados pdblicamente; y en estos


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mismos dias, tambidn, dispuso Tyler que se activase la ejecuci6n de un tratado celebrado desde hacia aiios entre los Estados Unidos y Tejas, fijando el lindero de los dos pauses. Al darle cuenta al Congreso, en su mensaje de 7 de diciembre, de haber concluido dicho Tratado, la comisi6n nombrada por las dos naciones aludia en t6rminos tan lisonjeros a la Repniblica de Tejas, que al leerlo se sospechaba que tales afectos nacian de algnin prop6sito.
En marzo del afio 1842, el Ministro de Tejas en Washington se entrevista con Daniel Webster, Secretario de Estado, y le trata de la anexi6n de su pais. Webster se neg6 a entrar en negociaciones, entre otras razones porque estaba convencido de que si se celebraba el Tratado, el Senado habria de rechazarlo. No parecia W)bster muy decidido por la anexi6n; no era el hombre que podia ayudar a Tyler en el prop6sito de realizarlo, siendo este motivo una de las causas de que abandonara la Secretaria de Estado, lo que ocurri6 en mayo de 1843.
A Webster lo sustituy6 Upshur, de Virginia, muy conocido como esclavista. Apenas ocup6 la Secretaria de Estado, se dedic6 con ahinco a estudiar el problema de la anexi6n de Tejas. Por esta dpoca se present6 un nuevo aspecto en este asunto, que sirvi6 para que los esclavistas redoblaran sus energias. Inglaterra querna mezclarse en los asuntos de la nueva Repnblica, a fin de que dsta suprimiera la esclavitud; y, aprovechando la circunstancia de que la situaci6n financier del Gobierno tejano era deplorable, lo halagaba ofreciendole facilidades para salir de la crisis. Habia, pues, que darse prisa, supuesto que el peligro era grave: la supresi6n de la esclavitud en Tejas podia quebrantar el mantenimiento de esta instituci6n en los estados del Sur. Francia habia unido sus esfuerzos a los de Inglaterra, y los gobiernos de 6stas dos naciones habfan conseguido que entre M6jico y Tejas cesaran las hostilidades, que se firmara un armisticio. Era fdcil, ademds, que se firmara la paz definitiva.
Upshur se apresur6: no convenia que Mdjico y Tejas hicieran la paz; y, decidido a no demorar la anexion por mds tiempo, en 16 de octubre del afio a que nos venimos refiriendo la propuso con today formalidad a Van Zand, representante diplomdtico de Tejas en Washington, sin que le preocuparan, en lo mds minimo, las protestas que formul6 Juan Almonte, Ministro plenipotenciario de Mdjico. Al Ilegar a conocimiento del general Houston, Presidente de Tejas, la proposicifn de la anexi6n, pens6, acertada-


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mente, que si la tomaba en cuenta, que si iniciaba las negociaciones, el gobierno de M6jico seguramente habria de reanudar las hostilidades; y ante este temor pregunt6 al Gobierno de Washington si en caso de una agresi6n por parte de aquella Repdblica, se podria contar con el apoyo de los Estados Unidos, mientras el tratado de anexi6n estuviera pendiente de aprobaci6n. Upshur no se atrevi6 a contestar; pero Murphi, agente diplomatico de los Estados Unidos en Tejas, di6 por su cuenta una contestaci6n afirmativa; asegur6 que en caso de que M6jico pretendiera realizar una invasion, se podia contar, para repelerla, con las fuerzas de los Estados Unidos; y tan en serio se tom6 Houston esta contestacidn, que al serle sometido el armisticio con Mdjico, concluido en esos dias, hubo de rechazarlo.
En esa situaci6n, en 17 de enero de 1844 muere Upshur a bordo de la fragata Princeton, por consecuencia de la explosion de un cafi6n; y John Nelson, Procurador General, que interinamente se hace cargo de la Secretaria de Estado, adopta una actitud inexplicable: le dice a Murphi, por una parte, que se ha excedido al hacer su ofrecimiento, supuesto que el Presidente, sin la autorizaci6n del Congreso, no puede emplear la marina y el ej6rcito contra una naci6n amiga, y por otra, que el Poder Ejecutivo
no tenia inconveniente en concentrar una escuadra en el golfo de Mfjico y un contingente militar en la frontera, en defensa de los habitantes de Tejas y de su territorio.
Rdpidamente se fueron precipitando las cosas. En 29 de marzo ocup6 la Secretaria de Estado John C. Calhoun, quien habfa figurado siempre como uno de los directores de la tendencia esclavista, y que declare, al ocupar su cargo, que no ilevaba al mismo otro fin que el de realizar la anexi6n, y que lo renunciaria una vez obtenida 6sta. Al dia siguiente lleg6 a Washington Henderson, el delegado tejano que debfa negociar el tratado de anexi6n. Calhoun no tuvo inconveniente en ratificar las manifestaciones de Murphi y de Nelson acerca del envfo de fuerzas que defendiesen a Tejas en caso de una agresi6n mientras se ratificaba el tratado; sin que lo preocupase el hecho de que con semejante medida, que en cierto modo equivalia a una declaraci6n de guerra, se invadieran las atribuciones del Congreso. El dia 12 de abril se suscribi6 el Tratado y diez dias despuds fu6 enviado al Senado por medio de un mensaje.


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La causa de que se perdieran diez dias en este trdmite, en un asunto a que se le habia impreso tanta celeridad, obedeci6 a un hecho que los norteamericanos, celosos de su Historia, no hubieran querido que hubiese ocurrido. Demor6 Calhoun de intento el envio del mensaje; quiso que el Senado conociera al propio tiempo, y se impresionara con ella, la respuesta dada por 61 al despacho de Lord Aberdeen, Primer Ministro ingids, en que se exponia que uno de los prop6sitos que lievaba la Gran Bretafia vl mediar con Mdjico en el asunto de Tejas, era el de obtener la abolici6n de la esclavitud en este pais. Decia Calhoun en su contestaci6n, que fu6 dada a Lord Aberdeen en 18 de abril, que en vista de dicha actitud del Gobierno ingi6s, el de Washington se habia apresurado a suscribir el tratado de anexi6n, con objeto do que no se realizaran aquellos prop6sitos, ya que en ello estaban empefiadas la paz y la seguridad de los Estados Unidos.
Esa contestaci6n, ha dicho el profesor Von Holst, era algo asi como una proclama elevando la esclavitud a instituci6n nacional, ya que se exponfa la Uni6n a los riesgos de una guerra s6lo por defenderla. Por su parte el notable escritor Carl Schurz se expresa en estos tdrminos:

Los Estados Unidos, al anexarse a Tejas, corrian los riesgos de una guerra, y lo hacian nada mis que por defender y mantener la esclavitud. Ese fu6 el verdadero m6vil de la conducta del Presidente y del Secretario de Estado; en semejante posici6n colocaron estos sefiores ante el mundo a la gran Repiblica Americana.

Nada de esto, sin embargo, nada acerca de que fuera el mantenimiento de la esclavitud el verdadero m6vil de la anexi6n, se decia en el Mensaje antes citado, dirigido al Senado, acompafiando el tratado de anexi6n. Se hablaba de que el territorio tejano habia sido cedido a los Estados Unidos por el tratado del aflo 1803; de que la poblaci6n de Tejas, por su origen, por sus antecedentes y hAbitos, era homogdnea a la de los Estados Unidos; de que la anexi6n habria de reportar beneficios positivos a los intereses de la Uni6n, y, niltimamente, de que dicha soluci6n s6lo interesaba a Tejas, que era un Estado independiente, y a los Estados Unidos; pero ni una palabra acerca de la conveniencia de favorecer los intereses esclavistas.
A pesar de los esfuerzos del Gobierno y de los esclavistas para que el Senado aprobara el tratado, despuds de varias se-


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manas de deliberaciones, en la sesi6n del dia 8 de junio fu6 rechazado por 35 votos contra 16; lo que se debi6, en parte, al fuerte espiritu antiesclavista que dominaba, y en parte al temor de provocar una guerra con Mdjico.
No se arredr6 Tyler ante la decisi6n del Senado. Interesado en realizar la anexi6n, en cualquier forma, ya no queria reparar en los medios, aun cuando estos no fueran licitos. Dos dias despuds de la resoluci6n de aquel Cuerpo, se dirigi6 por un Mensaje a la Cmara de Representantes sugiridndole a 6sta la conveniencia de que el Congreso acudiera a cualquier otro procedimiento, a fin de realizar la anexi6n. Ese otro procedimiento no podia ser mds que el de una Resoluci6n Conjunta. En realidad, a lo que se aspiraba era a burlar la necesidad de la concurrencia de las dos terceras partes de los miembros que formaban el Senado. Se trataba de un tratado, y estos, segnn la Constituci6n, necesitan para su aprobaci6n el asentimiento de las dos terceras partes de los senadores, y con la joint resolution se evitaba la necesidad de ese qu6rum extraordinario; bastaba la mayoria simple u ordinaria. Desde luego que se infringia la Constituci6n, que se apelaba a un procedimiento inadecuado; pero los esclavistas pensarian, sin duda, que el fin justificaba los medios.
Apenas leido el Mensaje en la Cmara de Representantes, inici6se un intenso debate sobre el mismo, es decir, sobre la legalidad del procedimiento de acudir a una joint resolution. Stephen A. Douglas, de Illinois, y Charles J. Ingersoll, de Pennsylvania, sostenfan la afirmativa, rebatidndoles Robert C. Winthrop, de Massachusetts. A pesar de los esfuerzos de los esclavistas, termin6 la legislatura sin que se acordase nada.
Mientras tanto, fuera del Congreso, se iniciaba un movimiento que fu6 el (iltimo y decisivo esfuerzo de los esclavistas para anexar a Tejas. Hasta este momento se puede decir que partidarios y adversarios de la anexi6n no habian llevado sus aspiraciones a determinado partido politico: unos y otros pertenecian, indistintamente, a una u otra agrupaci6n; pero en la campafla presidencial efectuada el afio de 1844, a que nos venimos refiriendo, se deslindaron los campos entre dem6cratas y "whigs".
La convenci6n nacional de los whigs, reunida en Baltimore en lP de mayo, design6 candidato a la Presidencia al ilustre Henry Clay, quien dias antes habia escrito una carta afirmando que si bien los Estados Unidos habfan adquirido a Tejas por el tratado


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de 1803, la habian perdido despuds por el de 1819; que hacer la anexi6n era provocar una guerra con M6jico y romper el equilibrio entre los estados esclavistas y los antiesclavistas.
Los dem6cratas por su parte, al reunir su convenci6n en 27 del mismo mes, hicieron algo mAs que proclamar a un candidato simpatizador con sus ideas: aprobaron una moci6n recomendando la "reanexi6n" de Tejas y la reocupaci6n de Oregon. El candidato de los dem6cratas, James K. Polk, era poco menos que desconocido, hasta el punto de que se puso en boga la frase: "6Qui6n diablos es Polk?"; pero, en cambio, se adopt6 un estribillo en la campafia, a mantra de lema, mAs interesante y significativo que la figura del candidato presidencial: "Tejas o la desunifn".
Habia gran diferencia entre uno y otro candidato. Clay, dice Roosevelt, estaba sostenido por los mejores elementos del pais; mientras que Polk tenia sus mantenedores entre los esclavistas y entre esa clase de politicos viciosos y corrompidos de las grandes ciudades del Norte y de Nueva Orleans. Las probabilidades de la victoria estaban de parte de Henry Clay; pero este, mal aconsejado, di6 un paso que, segnin se dice, le arrebat6 la victoria. Ocurri6 que en el Sur, donde predominaban los esclavistas, como se viera Clay muy combatido por sus ideas contrarias a la anexi6n de Tejas, expuestas en la carta antes citada, y le pidieran algunos amigos de Alabama que hiciera alguna manifestaci6n que atenuara aquel mal efecto, no tuvo inconveniente en declarar que 61, personalmente, no era contrario a la anexi6n; que, antes al contrario, la vera con gusto siempre que se pudiera realizar sin deshonor, sin guerra y en t6rminos justos y equitativos. Esta contradicci6n entre lo dicho antes y lo que se decfa ahora, sin duda que debilit6 a Clay ante la opini6n, que vi6 en 61, dice Schurz, a un politico de la clase corriente, de los que no tienen otro principio que el de su conveniencia. Semejantes declaraciones, agrega, lo debilitaron donde estaba fuerte y no le dieron mds fuerza donde estaba ddbil.
La elecci6n de Polk significaba que se habria de realizar la anexi6n; pero 6sta se verific6 antes de lo que se esperaba, antes de que aqu6l inaugurase su periodo presidencial. A qud se debi6 esto? A lo siguiente: Tyler habia aspirado a la designaci6n o "postulaci6n"; pero los dem6craas, su partido, lo desairaron; y un tanto despechado, no queriendo que otro se llevara la gloria por 61 tan acariciada de realizar la anexi6n, puso en juego todas


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sus influencias para que 6sta se consumara antes de abandonar su cargo. En 3 de diciembre dirigi6 un Mensaje al Congreso, exponiendo que supuesto que el pais se habia significado por la anexi6n, no se la debia demorar por mds tiempo. Movidronse sus amigos en las CAmaras y recabaron de estas la aprobaci6n de la joint resolution, tan deseada por los esclavistas. En 1 de marzo fu6 aprobada por Tyler, que tres dias despuds habia de cesar en su elevado cargo.
Mientras estas cosas ocurrian en los Estados Unidos, los gobiernos de la Gran Bretafia y de Francia, interesados, como antes vimos, en que entre Mdjico y Tejas cesara el estado de guerra, habian conseguido que la primera de estas dos Reptblicas suscribiera la paz, a condici6n de que la d1ltima se comprometiera a no anexarse nunca a otra naci6n. Se habia redactado el oportuno tratado y 6ste habfa obtenido ya la sanci6n del Gobierno mejicano. Faltaba la de Tejas.
En 16 de junio del a5o 1845 debfa reunirse el Congreso tejano. Podia optar entre la paz ofrecida por Mdjico y la anexi6n a los Estados Unidos. Decidi6se por esto tiltimo; y, habiendo ratificado el pueblo, directamente, esa decision, por medio de un plebiscito celebrado el dia 4 de julio del propio afno, se adopt6 despuds la constituci6n local, por la que se debia regir como nuevo Estado de la Uni6n.
En 29 de diciembre el Congreso de los Estados Unidos acord6 admitir el "Estado de Tejas", en las mismas condiciones que los demis. La Reptblica norteamericana no s6lo aumentaba el nnmero de las comunidades politicas que la formaban, sino que ensanchaba notablemente su extension territorial. El drea que nuevamente se adquiria tenfa una extension de 371,063 millas cuadradas; algo asi como la superficie de la antigua monarquia Austro-Hdngara, Italia y Suiza unidas.


(E)


(1848) ALTA CALIFORNIA Y NUEvo M$jico.

Tan pronto como fud sancionada la joint resolution por la que se aprob6 la anexi6n de Tejas, el Ministro de M6jico en Washington


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pidi6 sus credenciales y se retir6, quedando rotas, de esa manera, las relaciones entre las dos naciones. Este detalle, por lo visto, preocup6 bien poco a los hombres que en aquel entonces dirigian los destinos de los Estados Unidos. Es que la esclavitud, dice Mc. Laughlin, habia hecho en el pais el efecto de un veneno. Parecia natural que despuds de la adquisici6n del territorio tejano, el Gobierno permaneciera tranquilo, preocupado en reanudar sus relaciones con el de Mdjico; pero no fu6 asi; hemos de ver ahora que ambicion6 un plan que suponia un verdadero despojo. Se pretendi6 que el limite entre Tejas y Mdjico no lo constituyera el rio "Nueces", como hasta entonces, sino que se quiso lievar dicho limited mds al Sur, hasta el rio "Grande", en perjuicio desde luego de la Repnblica Mejicana, que contaba como parte de su territories la extension situada entre dichos dos rios. Vamos a referir c6mo desenvolvi6 el Presidente Polk su plan de conquista.
En 30 de julio del afno 1845, el general Taylor recibi6 6rdenes de cruzar el rio "Nueces", al frente de cuatro mil hombres, e invadir el territorio situado entre este rio y el "Grande", aunque sin aproximarse a los destacamentos del ejdrcito mejicano situados en la margen septentrional de este nltimo. Taylor cumpli6 esa orden; pero apenas habia cruzado el rio "Nueces", y encontrdndose acampado en Corpus Christi, fud instruido de que en el caso de que los mejicanos cruzaran el rio "Grande", debia rechazarlos y ocupar la ciudad de Matamoros. Al mismo tiempo que se comunicaban estas 6rdenes al Ejdrcito, se disponia que dos escuadras, una en el Pacififico y otra en el AtlAntico, se aproximaran a las costas de Mdjico.
Estos preparativos bdlicos no eran todavia el comienzo de la campafia de conquista; no tenian mds finalidad que la de impresionar al pueblo y al gobierno mejicanos, para de esa manera crearle un ambiente, propicio a un arreglo, a un representante que se pretendia enviar a la capital de M6jico. Pensaba el gobierno del Presidente Polk que si la diplomacia podia actuar con eficacia, era preferible confiar a ella sus prop6sitos, antes que a las armas. Animado de estos deseos, en septiembre el Secretario de Estado, Buchanan, inquiri6 del Gobierno de M6jico si estaba dispuesto a recibir a un enviado de los Estados Unidos, con plenos poderes para arreglar las cuestiones pendientes entre los dos gobiernos; y como se obtuviera una contestaci6n favorable, se nombr6 para desempefiar ese encargo a John Slidell, quien parti6


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inmediatamente para su destino. No se reducia la misi6n de Slidell a obtener que se fijara el rio "Grande" como limite de las dos naciones; eran mAs extensas ahora las pretensiones de los Estados Unidos. Se debia gestionar la cesi6n de Nuevo Mdjico y de la California, a cambio de recibir el Gobierno de Mdjico una indemnizaci6n de $25.000,000, y a cambio, tambi6n, de que el Gobierno de los Estados Unidos renunciara al cobro de unas indemnizaciones pendientes. Un encargo mgs Ilevaba Slidell: debia realizar ciertas averiguaciones para saber cuAl seria la actuaci6n de las potencias europeas, caso de que se rompiesen las hostilidades.
AL presentarle Slidell sus credenciales al general Herrera, Presidente de M6jico, vi6se que no era un comisionado especial para arreglar las diferencias entre los dos pauses, sino un funcionario de cardcter permanente, un Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario; y como se estaba en la inteligencia de que aqu6l habria de ser su cardcter, y no este, dado que estaban rotas las relaciones entre los dos pauses, el Gobierno se neg6 a recibirlo; y encontrdbase haciendo gestiones el diplomstico norteamericano para ser admitido, cuando un movimiento revolucionario depuso a Herrera y elev6 a la presidencia a Paredes. Neg6se tambi6n el nuevo Presidente a recibir a Slidell, y perdida ya por 6ste toda esperanza de ser admitido, en 21 de marzo de 1846, regres6 a los Estados Unidos.
AL enterarse el Presidente Polk de la ineficacia de la actuaci6n diplomdtica, le di6 drdenes a Taylor de que avanzara; y antes de que hubiera transcurrido el mes antes citado, las fuerzas al mando de este General se habian aproximado a la ciudad de Matamoros, emplazando tan cerca de la plaza sus baterias, que la dominaban perfectamente. AL mismo tiempo la escuadra bloqueaba la boca del rio Grande, a fin de impedir que por esta via recibieran recursos y alimentos los habitantes de dicha ciudad. De hecho los Estados Unidos iniciaban la guerra, y comprendidndolo asi el Presidente Paredes, en 23 de abril public6 un manifesto declarando que frente a la actitud de la vecina Repdblica, M6jico no tenia otro camino que el de responder a la guerra con la guerra, y que ya habia dispuesto que el General en Jefe de la divisi6n de La frontera del Norte hostilizara aL enemigo.
El 24 de abril tiene lugar la primera escaramuza. Una fuerza mejicana se encontr6 con un destacamento de dragones americanos


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y le hizo 16 muertos. Este era el pretexto que el Gobierno de Polk necesitaba para romper las hostilidades de manera oficial. El dia 9 de mayo lleg6 a Washington la noticia de dicho combate, y el dia 11 Iel Presidente se dirigi6 al Congreso para que 6ste, reconociendo la existencia de un estado de guerra, proveyera lo conducente a facilitar al Ejecutivo hombres y recursos. Achacdbase en ese documento la responsabilidad de la guerra al Gobierno de M6jico.

Despu6s de reiteradas amenazas-se decia-Mdjico ha roto nuestra frontera invadiendo el territorio de los Estados Unidos y derramando sangre americana en nuestro suelo; por otra parte, tambi6n ha declarado su gobierno que las hostilidades han comenzado y que las dos naciones se encuentran en guerra. Ante estos hechos, ocurridos a pesar de nuestros esfuerzos por evitarlos, nos exigen el deber y el patriotismo que reivindiquemos con toda energia el honor, los derechos y los intereses de nuestro pais.
No nos extrafian las palabras de Polk. No recordamos que en ningdn caso la naci6n agresora, en una guerra injusta, no haya tratado de eludir la responsabilidad de su conducta.
El propio dia 11 la Cdmara de Representantes declare, sin que hubiera debate, que existia el estado de guerra, y ademds autoriz6 al Presidente para alistar 50,000 hombres y para disponer de un crddito hasta de $10.000,000. S61o catorce representantes votaron en contra del "bill", figurando entre dstos John Quincy Adams. Al dia siguiente fu6 aprobado en el Senado por cuarenta votos contra dos.
No pas6 mucho tiempo antes de que el propio Presidente Polk se encargara de decir, de manera encubierta, pero indudable, que la guerra que se estaba haciendo era de conquista. En 8 de agosto del aho que acabamos de citar, envi6 un Mensaje al Congreso: empezaba diciendo que lo que se ventilaba en la guerra era una cuesti6n de limites entre las dos Repnblicas, y que se le debia autorizar para disponer hasta de $2.000,000 a fin de pagarle a Mdjico, en justa compensaci6n, "cualquier concesi6n que tuviera que hacer"; y terminaba recordando que cuando el Gobierno estuvo en negociaciones para adquirir primero la Louisiana y despuds la Florida, se habia autorizado al Presidente para disponer de determinadas sumas de dinero. 6A qu6 otro cosa que a la compra de territorios mejicanos se podia aludir por el Presidente al hablar de retribuirle a M6jico "las concesiones que hiciera"?


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El Congreso se di6 cuenta de que el Presidente se habia referido a la posibilidad de que se compraran territorios mejicanos. Lo prueba el hecho de que con motivo del "bill" que se present en la Cdmara de Representantes, concediendo el credito pedido, introdujo una enmienda el Representante David Wilmot, de Pensylvania, prohibiendo la esclavitud en "el territories que se adquiriera de Mdjico". El "bill", con la enmienda, fud aprobado en la Cdmara, pero fracas6 en el Senado; y tan necesario lo estimaba el Presidente, que en su Mensaje anual de 8 de diciembre volvi6 a insistir en que se le otorgara el crddito en cuesti6n.
Con motivo de esta petici6n se inici6 un debate en el Senado, que dur6 varios dias, pudiendose apreciar que el Norte y el Sur estaban mds separados que nunca. La famosa enmienda de Wilmot prohibiendo la esclavitud "en los territorios que se adquirieran en Mdjico", fu6 reproducida, combatidndola el senador Colquitt, de Georgia, en un violento discurso. Daniel Webster, por su parte, pidi6 se declarase que los Estados Unidos no hacian la guerra para ensanchar sus linderos a costa de Mdjico, y que s6lo aspiraban a que esta naci6n se prestara a tener un arreglo sobre sus limites. John C. Calhoun present6 otra moci6n pidiendo se declarara que "la aprobacion de cualquier ley que directa o indirectamente privase a los ciudadanos de cualquier estado de la Uni6n del derecho de emigrar con sus propiedades a cualquier territorio de los Estados Unidos, seria considerada como una violaci6n de la Constituci6n". Thomas H. Benton combati6 esta moci6n, y por cierto que al hacerlo no tuvo inconveniente en declarar que el principal responsable ante la historia, de la guerra, era Calhoun. Al fin, despuds de tanta discusi6n, se autoriz6 al Presidente para disponer de un crddito de $3.000,000.
Mientras estas cosas ocurrfan en Washington, la campafia se desenvolvfa en forma bien desdichada para Mdjico. Los diversos ejdrcitos que invadieron el territories mejicano no encontraron la resistencia que era de esperar se les hiciera. Debi6se esto a que ni aun en situaci6n tan angustiosa los partidos supieron darse una tregua en sus eternas rivalidades; el patriotismo no se pudo imponer al espiritu partidarista, y de ahi que la mayor parte de los Estados se mostraran "poco menos que indiferentes" ante el invasor, segtn nos dice el historiador Jer6nimo Becker.
El ej6rcito mandado por Taylor, despuds de derrotar a los mejicanos en Palo Alto y en Resaca de Guerrero, se apoder6 de


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Matamoros y otra fuerza mandada por el general Scott puso sitio a Veracruz, logrando que la plaza capitulara, tras un tremendo bombardeo, en 27 de febrero de 1847. Otros lugares, como Nuevo Mdjico y California, fueron ocupados sin resistencia.
Tantos contratiempos sirvieron de pretext no para que el pais reaccionase, sino para que un nuevo movimiento revolucionario arrojara de la presidencia a Paredes y colocara de nuevo en su lugar a Santa Anna. Este, ponidndose al frente de un ejdrcito, trat6 de cortarle el paso al general Scott, que se dirigia sobre la capital; pero, derrotados los mejicanos en Cerro Gordo, Puebla y Churubusco, en 14 de septiembre, tras un corto armisticio, penetraron los invasores en aqu6lla.
En 22 de noviembre del aho 1847, a que nos venimos refiriendo, los mejicanos pidieron la paz. Las dos naciones nombraron sus comisionados; se iniciaron las negociaciones en Guadalupe Hidalgo, y en 2 de febrero del afno siguiente se firm6 el tratado que lieva el nombre de esta ciudad.
Por este tratado se fij6 como lindero entre los Estados Unidos y Mdjico, el rio Grande, por una parte; por otra, el Gila, afluente del Colorado, y nltimamente la linea divisoria entre las dos Californias. En compensaci6n, Mdjico recibiria $15.000,000. De esta manera se anexaban los Estados Unidos todo el territorio de la Alta California y de Nuevo Mdxico, con una extension superficial de 522,568 millas cuadradas. Dentro de esa drea se formaron despues los estados de California, Nevada y Utah y parte de Wyoming, Colorado, Arizona y Nuevo Mdjico.


(F)


(1846) OREGON.

El tratado de Gante, celebrado a fines del mes de diciembre de 1814, puso fin a la guerra entre la Gran Bretafia y los Estados Unidos, iniciada en 18 de junior de 1812. Pero apenas suscrito ese Tratado, una nueva cuesti6n puso en pugna los intereses de las dos naciones: nos referimos a la discusi6n sobre el mejor derecho a ocupar el territories de Oregon, limitado al Norte por el paralelo 540 40', al Sur por California, al Este por las Montaflas


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Rocallosas y al Oeste por el Oc6ano Pacifico. Antes de que se originara esa discusi6n, hablan visitado dicho territories arriesgados exploradores espanoles, ingleses, rusos y franceses, pero ninguna de las expediciones habia realizado una verdadera ocupaci6n. Espafia, por su cardcter de naci6n descubridora, parecfa estar asistida de mejor derecho a poseer el Oregon, pero en realidad nunca le reconoci6 importancia a esa posesi6n. Con tales antecedentes, cudles podian ser los titulos de los Estados Unidos y de la Gran Bretafia para ejercer semejante dominaci6n? Vamos a examinarlos.
Los titulos de los norteamericanos eran 6stos: 10 El viaje de la "Columbia", embarcaci6n mandada por el capitdn Robert Gray, que con fines comerciales lleg6 en 1792 a las costas de Oregon, navegando y remontando despu6s un caudaloso rio, hasta entonces desconocido, que fu6 bautizado con el nombre de aquella embarcaci6n; tomando ademAs los expedicionarios posesi6n del pafs en nombre de los Estados Unidos. 20 El viaje de Meriwether Lewis y William Clark, enviados en 1803 por el presidente Jefferson-a quien no se ocultaba la necesidad de que la naci6n tuviera un frente al Oc6ano Pacifico-y los que despuds de atravesar la cordillera de las Rocallosas Ilegaron hasta el nacimiento del rio "Columbia", navegando 6ste hasta el Pacifico; suministrando a su regreso preciosos datos y antecedentes sobre el pais. 30 La compra a Francia de la Louisiana; por estar comprendido Oregon en los tdrminos de la cesi6n de dicho territories, no obstante la aparente vaguedad de aqudllos. Y 40 El hecho de que la ciudad de Astoria, fundada y habitada por ciudadanos norteamericanos, y que habfa sido ocupada por los ingleses durante la guerra de 1812, hubiese sido devuelta a los Estados Unidos en cumplimiento de la chdusula del Tratado de Gante, segfin la cual las dos naciones se debian devolver las posesiones que respectivamente se hubiesen arrebatado.
Frente a esos titulos, invocaba la Gran Bretafia los diversos viajes de sus navegantes a Oregon, algunos anteriores al del capitAn Gray; y, especialmente, los aprovechamientos que realizaba en dicha region la "Hudson Bay Company", empresa fundada desde 1670 y a la que el Gobierno Britanico habia otorgado el monopolio en el comercio de las pieles, desde Montreal hasta la isla de Vancouver.
En 1818, las dos naciones concertaron un modus vivendi. Por el tratado de este ado, en que se fij6 el paralelo 49 como limite


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al Este de las montafias Rocallosas, entre los Estados Unidos y el Canadd, se convino al mismo tiempo, con respecto al territorio de Oregon, que durante diez afnos habria de estar abierto a la colonizaci6n de los dos paises, sin que esto alterase las respectivas posiciones de los reclamantes, esto es: los derechos de que creian estar asistidos al pretender el domino de dicha region.
Al afno siguiente de suscrito este Tratado, se concert6 el de la Florida, a que antes nos hemos referido, y de sus tdrminos hicieron derivar los norteamericanos un nuevo titulo a su pretensi6n. Por este Tratado, segnn se recordard, no s6lo fu6 cedida la Florida a los Estados Unidos, sino que quedaron fijados de manera definitiva, segan su articulo tercero, los limites entre la Louisiana y las posesiones espafiolas situadas al Oeste, quedando comprendido, como parte de esta, el territorio que nos ocupa.
Habia otra naci6n, que creia tambidn tener derecho a explotar el territorio de Oregon: Rusia. En junio de 1799 el Emperador Pablo le otorg6 a una Compania formada por rusos el privilegio exclusivo de hacer el comercio en las islas Aleucianas y costas inmediatas, y como esta Compafiia pretendiera, algunos afios despuds, instalar un Establecimiento en la bahia de Bodega, situada al Norte del sitio en que hoy esti emplazada la ciudad de San Francisco, en 22 de julio de 1823 el Secretario de Estado, John Quincy Adams, protest6 por medio de una nota, diciendo que los Estados Unidos no habian de consentir nuevas colonizaciones en la Amdrica y la que se recordard fu6 uno de los antecedentes de la doctrina de Monroe. A consecuencia de esta protesta, en 17 de abril del afio siguiente, se concert6 en San Petersburgo un tratado entre los Estados Unidos y Rusia, por el cual este Imperio renunci6 a todo derecho y soberania sobre los territorios situados al Sur del paralelo 540 50' y a su vez por otro tratado suscrito entre Rusia y la Gran Bretafia, en 28 de febrero de 1825, la primera reiter6 esa renuncia y obtuvo de la segunda que se le reconociera el derecho a una estrecha faja de territorio, a lo largo de la costa, desde el Ocdano Artico hasta el mencionado paralelo.
Quedaban pues en manos de los Estados Unidos y de la Gran Bretafia, los destinos de Oregon. La situaci6n no llevaba trazas de variar, y en 6 de agosto de 1827 las dos naciones suscriben un tratado, prorrogando indefinidamente el concertado en 1818; pudiendo cualquiera de las dos partes darlo por terminado, mediante aviso a la otra con un afio de anticipaci6n. Permanecia pues el


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pais abierto a la colonizaci6n de las dos naciones, sin restricciones de ninguna clase.
En la lucha entre las dos colonizaciones, indudablemente que la norteamericana habria de Ilevar y Ilevaba sobre la inglesa la mejor parte. Los ciudadanos de los Estados Unidos que se dirigian a Oregon, se iban a establecer, a fijar su residencia; con lo cual estA visto que dicha regi6n habria de liegar a ser el asiento de una comunidad de norteamericanos; mientras que por parte de los ingleses no habia mAs actividad que la de la "Hudson Bay Company." Los ingleses iban pues de trinsito, a obtener del pafs los mayores rendimientos y a retirarse despues. Eran "aves de paso", podrfamos decir, recordando la frase de un insigne cubano, dicha en memorable ocasi6n.
Asi y todo, por el ano 1838, la "Hudson Bay Company" daba sedales de una actividad tan absorbente, que el Senador Linn propuso en el Alto Cuerpo de que formaba parte que se pusiese tarmino al tratado y que el Ejdrcito de los Estados Unidos ocupara el pais. Nada acord6 el Senado; mostr6 Ia mayor indiferencia y en ella permaneci6 tambi6n cuando, en enero del ado 1839, di6 lectura Linn a un escrito que suscribian los norteamericanos residentes en Oregon, demandando el reconocimiento y la protecci6n de los Estados Unidos y en el que decian que si estos lograban establecer en dicho pafs un gobierno adecuado a la protecci6n de vidas y haciendas, 6ste no tardaria en asombrar al mundo por sus riquezas, atrayendo un gran nilmero de inmigrantes; pero que mientras esto no se hiciera, no pasaria de ser lo que era, "un refugio para los renegados de la civilizaci6n".
Indudablemente que para el gobierno no constitufa motivo de preocupaci6n la adquisici6n de Oregon. A los esfuerzos realizados ~por Linn en el Senado y a que nos acabamos de referir, siguieron otros en diciembre de 1839 y en enero de 1841, pero en estas ocasiones dicho congresista no fu6 mds afortunado que en las anteriores. Al suscribirse el Tratado llamado de Aushburton, entre la Gran Bretada y los Estados Unidos, por el que se resolvi6 una cuesti6n de linderos entre el estado de Maine y las provincias inglesas adyacentes, asi como otros asuntos de menor cuantia, con poco trabajo se hubiera podido dejar resuelta la cuesti6n de Oregon, pero ni siquiera se intent6 el esfuerzo. Hay que tener en cuenta que en aquel entonces ocupaba la Secretarfa de Estado Daniel Webster y que probablemente los mismos intereses que lo impul-


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saban a favorecer la anexi6n de los territorios situados al Sur de la linea del "compromiso de Missouri", le exigian que se opusiera a la adquisici6n de los que estaban situados al Norte de dicha linea.
El senador Linn volvi6 a las andadas. En diciembre del afio 1842 propuso que la soberanfa de los Estados Unidos se hiciera extensiva al territorio de Oregon. Esta vez fu6 mds afortunado. En 3 de febrero de 1843, despuds de un debate en que intervinieron Benton, Choate y Calhoun, fu6 aprobada dicha resoluci6n. No tuvo esta la misma suerte en el otro Cuerpo colegislador. La Cmara, en 16 del propio mes, acord6 rechazarla, de acuerdo con el informe que emitiera la Comisi6n de Relaciones Exteriores.
Tres semanas despues de haber rechazado la Cdmara el citado proyecto de resoluci6n, Ilegaba a Whshington, procedente de Oregon, el Dr. Marcus Whitman, misionero norteamericano enviado a aquel pais desde el afio 1834 por la iglesia metodista y quien habidndose enterado, cuando se negociaba el Tratado de Aushburton, de que se proyectaba cederlo a la Gran Bretafia, se decidi6 a ir a la capital de la Repdblica con dnimo de convencer a todos de que los Estados Unidos no debian abandonar sus derechos sobre tan rico pais. El viaje del Dr. Whitman revela lo que puede una voluntad endrgica puesta al servicio de una causa. Habia que salver una distancia de cuatro mil millas, cruzando territorios inexplorados, habitados por indios, sin vias de comunicaci6n y cuando comenzaba el invierno. Nada de eso lo detuvo: "s6 que arriesgo la vida-decia al emprender su viaje-pero 6sta vale bien poco al lado de lo que significa salver este pais para los Estados Unidos."
Cuando Whitman lleg6 a Washington, se enter6 de que ya el Tratado se habia firmado, pero que en dste no se resolvia nada acerca de Oregon. Di6se entonces a la tarea de impresionar los dnimos en favor del pais, e indudablemente que consigui6 su prop6sito. Celebr6 entrevistas con el Presidente y con algunos Secretarios y legisladores y a todos les arranc6 la promesa de que Oregon no serfa abandonado por los Estados Unidos en manos de Inglaterra. En el verano del mismo afio, emprendi6 su viaje de retorno, Ilevando un crecido ndmero de families inmigrantes.
Al anio siguiente, al iniciarse la campafia presidencial, los dem6cratas consignaron entre los puntos de su programa de gobierno la ocupaci6n de Oregon, Lo que demuestra que la visita de Whitman habfa producido una reacci6n en la opinion pniblica en


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favor de Ia adquisici6n de dicho territorio. Fu6 en esa misma campafia en la que, segdn se recordard, los dem6cratas ofrecieron al pais la "reanexi6n de Tejas". Con respecto a sus prop6sitos sobre Oregon, se adopt6 esta frase o estribillo, repetida en todos los actos de propaganda: "fifty-four forty or fight"; es decir, o se Ilegaba hasta el paralelo 540 40', lIfmite Norte de Oregon, o de lo contrario habria guerra.
Obtenido el triunfo por el Partido Dem6crata, los miembros pertenecientes al mismo en la Cdmara, queriendo hacer buenas las promesas hechas, en febrero de 1845 aprobaron un bill por el que se disponia que el gobierno ocupase a Oregon. Pero en este bill se proveia, ademds, que en el nuevo territorio se habria de prohibir la esclavitud, y como este extremo no agradase a la mayoria en el Senado, el proyecto "qued6 sobre la mesa", en dicha alta Cimara, indefinidamente. Por su parte el Presidente Polk, candidato triunfante por dicho partido, una vez electo, no di6 muestras de tener interns en que se activase el asunto de Oregon. Limit6se la Secretaria de Estado a continuar con calma las negociaciones iniciadas desde enero de 1844, entre dicho centro y Richard Pakenham, Enviado por el Gobierno de la Gran Bretafla con ese objeto. En estas negociaciones Inglaterra habfa exteriorizado su aspiraci6n, que no era otra que la de liegar hasta la ribera Norte del rio Columbia.
En 16 de abril de 1846 el Congreso, tras dilatadas discusiones, en que se mantuvieron puntos de vista muy diversos, aprob6 una resoluci6n conjunta, en cuyo predmbulo se decia que era necesario resolver de una vez la cuesti6n de Oregon, tanto porque a este pais no le convenia el estado de incertidumbre en que se encontraba, sometido a dos jurisdicciones, lo que era causa de continuos conflictos, cuanto porque semejante situaci6n era un obstdculo para ]a buena inteligencia entre la Gran Bretafia y los Estados Unidos. Su parte dispositiva rezaba asi:

Se resuelve por el Senado y la Cmara de Representantes de los Estados Unidos de Amdrica, reunidos en Congreso, autorizar al Presidente de los Estados Unidos, para que cuando lo juzgue discreto, le haga saber al gobierno de la Gran Bretafia, de acuerdo con lo dispuesto en el articulo 20 del tratado de 6 de agosto de 1827, que esta convenci6n debe quedar sin efecto.

Como se ve, el Congreso echaba sobre los hombros del Pre-


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sidente la responsabilidad del asunto, y comprendiendo Polk que estaba obligado a actuar de manera eficaz, decidi6se a acelerar las negociaciones iniciadas.
Dos meses despuds enviaba al Senado un proyecto de tratado, resultado de las negociaciones con el Enviado de la Gran Bretafla, pero que adn no habia sido suscrito y por el cual se fijaba el paralelo 49 como la linea divisoria entre las dos naciones. Esto rompia los precedentes. Los tratados siempre habian sido enviados al Senado para su ratificaci6n, despues de suscritos, pero nunca habian sido elevados en consulta antes de ser firmados. Esta nueva prdctica obedecia, dice Willis Fletcher Johnson, a que estando Polk comprometido con el pais a que el limite Norte del tan discutido territorio habria de Ilegar hasta el paralelo 540 40' y no hasta el 490, lo que reducia el Area a que crefan tener derecho los Estados Unidos, no queria asumir, por si solo, la responsabilidad de su traici6n. Con efecto, Polk no ya en la campafia political que lo llev6 a la presidencia, sino en su discurso de cuatro de marzo de 1845, al inaugurar 6sta, habia dicho: "nuestro titulo a todo el territorio de Oregon es claro e indiscutible."
Poco esfuerzo cost6, sin embargo, que el Senado mostrase su conformidad con el Tratado. A los dem6cratas, que eran amigos del Presidente, decididos a aprobarlo, sumdronse los whigs.
Realmente la opinion del pais no era undnime en este asunto. Si habia quienes crelan que los Estados Unidos debian ocupar todo el territorio de Oregon, habia tambi6n quienes opinaban que esa ocupaci6n debia llegar solamente hasta el paralelo 490 y hasta habia quienes pensaban que los Estados Unidos debian renunciar a todo derecho en dicho territorio. Si no era, pues, undnime la opini6n del pais y si la fijaci6n del paralelo 49, equivalia a transigir el asunto asigndndole una parte del territorio a los Estados Unidos y otra a la Gran Bretafia, se explica que el Senado, deseoso ya de solucionar este asunto, mostrase su conformidad con el Tratado. Tal acuerdo se adopt6 en 18 de junio, y el 17 del mes siguiente se cangeaban las ratificaciones en Londres.
En el Area del territorio adquirido por los Estados Unidos en esta forma y compuesta de 288.859 millas cuadradas, erigidronse despu6s los Estados de Oregon, Washington e Idaho y parte de los de Montana y Wyoming.


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(G)


(1854) (EL VALLE DE MESILLA).

Poco despuds de suscrito el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, a que antes nos hemos referido, surgieron de nuevo algunas dificultades entre el gobierno de los Estados Unidos y el de M6jico, originadas por cierta incertidumbre acerca de cuil era la verdadera Iinea divisoria entre el Estado de Chihuahua y el territorio de Nuevo M6jico. Tratsbase de determinar a cu l de las dos naciones pertenecfa un Area do 45.535 millas cuadradas dentro de ]a cual estaba situado el Valle de Mesilla, famoso por la feracidad de sus tierras y por su ricas minas do plata.
En 1851, puestos de acuerdo los dos gobiernos, designan una comisi6n formada por miembros do una y otra parte, que trasladAndose al territorio objeto de la disputa, debia estudiar el asunto y emitir dictamen; pero el trabajo de esta comisi6n result6 estdril. En el seno de los mismos comisionados norteamericanos ocurrieron desavenencias, se mantuvieron puntos de vista diversos, y el resultado fu6 que dicha comisi6n di6 por terminados sus trabajos, sin que los mismos hubieran dado resultado.
No se detuvo el gobierno de Washington ante esta dificultad. Apenas ocup6 Pierce la presidencia, el afio de 1853, nombr6 a James Gadsden Ministro en M6jico y le di6 instrucciones para solucionar el asunto de la diferencia de linderos. Apenas se inici6 Gadsden en el desempefio de sus funciones, dedic6se con ahinco a gestionar la soluci6n de la cuesti6n pendiente y al fin culminaron sus esfuerzos en un tratado que suscribi6 con el gobierno mejicano, en trece de diciembre de dicho aio. A tenor de esta convenci6n, el territorio objeto de la disputa pasaba al dominio de los Estados Unidos, recibiendo Mdjico en compensaci6n la cantidad de $20.000.000.00. En 10 de febrero de 1854, el Presidente envi6 dicho tratado al Senado con la recomendaci6n do que fuera aprobado siempre quo se introdujeran en el mismo algunas modificaciones, entree otras, ]a de reducir a $15.000.000.00 el importe de la indemnizaci6n quo se debfa pagar.
En 25 de abril el Senado aprob6 el Tratado, reducidndose el imported de la indemnizaci6n a $10.000.000.00 y aceptada esta


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modificaci6n por el Gobierno de M6jico, qued6 realizada la adquisici6n del nuevo territorio; que despues, por acta del Congreso de 4 de agosto del propio afio, fud incorporado al territorio de Nuevo Mdjico.


II


LA ADQUISICION DE TERRITORIOS DISTANTES


(A)


(1867) ALASKA.

En 15 de julio de 1741 el navegante ruso Capitdn Fschirikow descubri6 las tierres del Alaska, las que desde entonces, por raz6n de dicho descubrimiento, quedaron agregadas a la corona de los Czares. A fines del siglo XVIII radicaban en Alaska unas sesenta compafias rusas dedicadas al comercio de piles, que se refundieron en 1799 en una sola: la "Compaiifa Ruso-Americana", que, political y comercialmente, lleg6 a ser muy poderosa. Era la que ejercia las funciones de gobierno en dicho territorio; incluso nombraba a los jueces; y en su afin de dominaci6n pretendia que las posesiones de Rusia se extendieran hacia el Sur, ocupando, segdn vimos en el capitulo precedente, todo el Oregon y que el Oceano Pacifico, en su parte septentrional, fuera un mar cerrado al comercio de otras naciones.
Asi las cosas, en septiembre del afio 1821 el Czar lanza su famoso ikase declarando que el domino de Rusia se extendia por toda la costa del Pacifico, hacia el norte del paralelo 510, y prohibiendo a los extranjeros que comerciaran en aquella regi6n y fu6, esta disposici6n, la que motiv6 la celebre nota de Adams, de julio de 1823, negdndole a Rusia el derecho de fundar nuevos establecimientos en este continente, y la que constituye el antecedente de una de las dos doclaraciones que encierra la doctrina consignada por el Presidente Monroe en su Mensaje de 2 de diciembre de ese afio.


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Ante la resuelta actitud de los Estados Unidos, el Gobierno de Rusia se apresur6 a suscribir el tratado de 17 de abril de 1824, a que nos referimos en el capitulo precedente. Por este tratado se reconocia la dominaci6n de los Estados Unidos sobre los territorios situados al Sur del paralelo 540 40', asi como el derecho de navegar libremente por aquellos mares.
Con la libertad de navegaci6n, reconocida a los Estados Unidos, ces6 el monopolio que ejercia la "Compafifa Ruso-Americana", cuyos negocios habian venido a menos hacia a5os, desde que sus directores convirtieron a Silka, poblaci6n de la Alaska en que radicaba el centro de las operaciones de aquella, en una pequefla corte que competia en esplendor y derroche con la de San Petersburgo. Al decaer la "Compafifa Ruso-Americana", tuvo que decaer tambidn la importancia de los intereses rusos en dicha regi6n. Nada ocurri6, sin embargo, por el momento. Pero algunos aflos despuds habria de acaecer otro hecho que hizo nacer en el Gobierno de San Petersburgo el prop6sito de abandonar la Alaska. Ese suceso no fu6 otro que el Tratado de 1846, por el cual la Gran Bretafia y los Estados Unidos se dividieron el territorio de Oregon. Pudo convenirle a Rusia mantener aquella posici6n mientras fu6 ]a inica gran potencia que domin6 en el Pacifico, pero desde el momento que la Gran Bretafia, por raz6n de su nueva posesi6n, estaba en condiciones de discutirle ese predominio, convenfale, mAs que ir a mantener esa disputa, reforzarse en sus posiciones del Asia.
A Rusia le convenfa, pues, deshacerse de la Alaska, y no habia mejor comprador que los Estados Unidos; por la posici6n de 6stos y torque de acuerdo con la doctrina de Monroe, no habrian de tolerar que dicho territorio fuese enagenado en favor de otra potencia europea.
En 1854, durante la guerra de Crimea, necesitando dinero el Gobierno de Rusia, le propuso al de los Estados Unidos, por medio de su Ministro acreditado en Washington, la venta de la Alaska; pero la propuesta no encontr6 un ambiente preparado y ni siquiera fud tomada en consideraci6n. Cuatro aflos mds tarde algunas personas influyentes del Gobierno de los Estados Unidos hacen saber a] Ministro ruso que dicho gobierno pagaria hasta $5.000.000 por la Alaska y dste contesta, despuds de consultar con el gobierno imperial, que dicha suma resultaba muy pequefna. Y no se mueve mis el asunto, hasta que en enero de 1866, durante la presidencia


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de Johnson, la legislatura del territorio de Washington acuerda pedir a los poderes nacionales que gestionen la adquisici6n del territorio que nos ocupa, como conveniente y necesario a la naci6n. Esta idea fu6 recogida en las esferas del Gobierno por William Henry Seward, que desempefiaba la Secretaria de Estado, y de cuyas ideas favorables a la expansion territorial de la Naci6n tenemos muchos ejemplos.
Inici6 Seward las gestiones con el bar6n de Stoeckl, y tras pocos esfuerzos redactaron ambos el tratado por el cual los Estados Unidos compraron en precio de $7.200.000.00 el territorio que durante 126 afios habia pertenecido a la corona de los Czares y que ocupa un drea de quinientas setenta y siete mil trescientas noventa millas cuadradas. En 9 de abril de 1867 el Senado aprob6 el Tratado y en 20 de junio fueron canjeadas las ratificaciones en Washington.
Este Tratado encierra una novedad con respecto a los anteriores, es decir, aquellos por los cuales los Estados Unidos realizaron las adquisiciones territoriales de que precedentemente nos hemos ocupado, y es, la de que no le ofrecieron a la parte vendedora que el territorio enagenado en ninguna oportunidad habria de ser admitido en la Uni6n. No se ha previsto la posibilidad de que algnn dia la Constituci6n sea aplicada a Alaska: parece que su destino es el de ser siempre una colonia. Hasta 1844 estuvo gobernada como un Distrito militar, y a partir de este afio se estableci6 un gobierno civil nombrado por el Presidente, pero sin la representaci6n popular concedida siempre por la Uni6n a sus territorios. No tiene, pues, esta regi6n, para los Estados Unidos, otro cardcter que el de una mera dependencia.


(B)


(1898) HAWAY.

En la Polinesia, en pleno Oc6ano Pacifico podriamos decir, encu6ntrase el grupo de islas Sandwich, aisladas de todo sistema continental o insular. Mds pr6ximas a la Amdrica que al Asia, distan sin embargo de San Francisco de California unas 2.100 millas. Ocho de ellas son habitables y tienen un drea de 6.800


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millas cuadradas, de la que corresponde las dos terceras partes a Haway, que es la mds importante de todas y con cuyo nombre generalmente se conoce el grupo. Descubri6las en 1535 el piloto Juan Gaetano, italiano de nacimiento, puesto al servicio del Rey de Espafla, pero ni dicho navegante ni el explorador Cook, que las visit en 1778, tomaron de ellas posesi6n. En 1784 desembarc6 Vancouver, pretendiendo ocuparla para la Corona Britdnica, pero dsta no se di6 por enterada de semejante ocupaci6n y los nativos continuaron, como hasta entonces, sometidos al reyezuelo que los gobernaba.
Al estudiar la forma en que surgieron en las Islas Sandwich los intereses norteamericanos, otra vez nos encontramos con que es la iniciativa individual, la actividad privada, el factor primordial a que se hace forzoso acudir. Con efecto: apenas suscrito con la Gran Bretafia el Tratado de 1783, que puso t6rmino a la guerra de independencia, iniciaron los comerciantes de Boston el trAfico de mercancias con China. En 1784 lleg6 a Cant6n el primer barco; dos aflos despuds legaban cinco, y al siguiente nada menos que quince. Lban los barcos cargados de pieles y regresaban con te, sedas y otros productos chinos. Varias causas, de diversa indole, contribujan a dar importancia a este comercio, y de ellas era la mds importante la de que por estar empefiadas por aquel entonces las naciones de Europa en las guerras que duraron desde fines del siglo XVIII hasta principios del siguiente, no pudieron dedicar sus actividades a las empresas mercantiles.
Los navegantes norteamericanos, desde que se iniciaron los primeros viajes, detenianse en Haway, que les quedaba en la ruta, y donde habfa elementos para reparar las averfas y para aprovisionarse. Afiddase a esto que los nativos, que fueron siempre de superior condici6n a los de las otras islas del Pacifico, acogian hospitalariamente a los viajeros, y se comprenderA fAcilmente que Haway, por estas y otras razones, habia de resultar una "estaci6n" de inmejorables condiciones.
Pero no pas6 mucho tiempo antes de que Haway fuese para los norteamericanos algo mAs que una simple estaci6n para el avituallamiento de los barcos, para secar las pieles que habian de ser vendidas en Oriente, o para resguardarse de las tempestades ell los meses de invierno. Muy pronto lleg6 a ser el centro de una important actividad comercial. Descubridronse en las islas esplendidos bosques de sdndalo, y los norteamericanos se dedicaron


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a extraer dicha madera en grandes cantidades, que vendian a precios muy remuneradores. La pesca de la ballena en el Pacifico lleg6 a constituir tambien un negocio muy lucrativo; y Haway, como lugar de dep6sito, resultaba de excepcional interns. Jdzguese cuil no seria su auge que en una ocasi6n, en 1822, se liegaron a contar en Honolulu hasta veintid6s barcos pescadores de dichos cetaceos.
Pero al mismo tiempo que los intereses comerciales de los norteamericanos en el Archipidlago iban tomando cada vez mayor incremento, los hijos de la poderosa Repniblica dejaban sentir su influencia bajo otros aspectos. A los ciudadanos que iban en busca de negocios, de ganancias, sigui6 un buen golpe de misioneros protestantes, guiados por el deseo de convertir a los nativos al cristianismo, logrando su empefio gracias a las buenas relaciones que se mantuvieron entre indigenas y americanos desde que Ilegaron los primeros de dstos, a fines del siglo XVIII.
Vi6se en todo el influjo de la mano civilizadora de los norteamericanos: en las escuelas que se levantaron, los caminos que se trazaron, la forma de cultivar la tierra y sobre todo en la adopci6n de leyes y de un sistema constitucional de gobierno. No tardaron en establecerse relaciones diplomdticas entre los Estados Unidos y Haway. En 1820 se envi6 un C6nsul al Archipidlago, y en 1828 se celebr6 entre los dos pauses un Tratado de "comercio, amistad y navegaci6n", que aunque no lleg6 a ser ratificado por el Senado de los Estados Unidos, el Gobierno de Haway, le concedi6 una completa eficacia. Al afio siguiente, por fltimo, dicho gobierno recibi6 un Mensaje del Presidente de los Estados Unidos, reconociendo con toda formalidad la independencia de Haway.
No tard6 la codicia de las naciones europeas en fijarse en Haway. En 1836 la Gran Bretafia obtiene casi a viva fuerza, enfilando sobre Honolulu los caiones de sus barcos de guerra, la celebraci6n de un tratado andlogo al que fud estipulado con los Estados Unidos, y en 1839 Francia obtiene otro, recurriendo a iguales medios, y como se susurrara que no habfan de quedar en eso dichas ambiciones, al menos las de Inglaterra, en marzo de 1842, Legare, Secretario de Estado, le dirigi6 una carta a Everet, Ministro de los Estados Unidos ante el gobierno de Londres-y que no fud otra cosa que la aplicaci6n de la doctrina de Monroe a un territorio no americano-significdndole le hiciera


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saber a dicho gobierno que aquella naci6n no habria de consentir que Haway cayera en manos de una potencia europea y que si para evitarlo era necesario acudir a la fuerza, a ella se apelaria.
Didronse cuenta los habitantes de Haway de que ante el peligro de las amenazas europeas y para preservar la independencia, no habia mis camino que el de estrechar las relaciones de las islas con los Estados Unidos, y, convencidos de ello, pusieron sus empefios al logro de ese prop6sito. A fines del propio af5o de 1842, el Gobierno de Haway envi6 al de Washington dos comisionados, Timoteo Haalillo, indigena, y William Richards, sacerdote de origen norteamericano, que debian recabar de este gobierno el compromiso de que gestionase de los europeos un reconocimiento tan formal y eficaz que pusiera a salvo al pais de futuros temores y acechanzas. Dichos comisionados iniciaron sus gestiones en la Secretaria de Estado, y en verdad que su resultado no pudo ser mds satisfactorio. En el mes de diciembre del referido afio de 1842, obtuvieron de Daniel Webster, que desempefiaba aquel Departamento, la siguiente declaraci6n, que colmaba sus deseos:

Los Estados Unidos consideran que el Gobierno que rige las islas Sandwich ha emanado del pueblo, y en tal virtud entiende el Presidente que estd en el interns de todas las naciones que sostienen relaciones comerciales con dichas islas que ese gobierno, lejos de ser amenazado, sea respetado en el exterior. Es sabido que la mayoria de los barcos que visitan las islas pertenecen a los Estados Unidos, lo que indica que esta naci6n ha de estar mis interesada en el destino de las islas que ninguna otra. Por este motivo el Presidente no tiene inconveniente en declarar, interpretando los sentimientos del gobierno, que el de las islas Sandwich debe ser respetado; que ninguna naci6n puede tomar posesi6n de dichas islas para fines de conquista o de colonizaci6n, ni podra tampoco controlar dicho gobierno para recabar ventajas cornerciales ni para ningnn otro prop6sito.

Estos principios fueron ratificados por el Presidente Tyler en su Mensaje al Congreso de 30 de diciembre del tan citado aflo. El pArrafo mds important de dicho mensaje decfa asi:

A pesar de las estrechas relaciones que los Estados Unidos mantienen con dichas islas, no es el prop6sito de nuestro gobierno recabar ninguna ventaja de nuestra posici6n; nos basta con que el gobierno de Haway mantenga, mediante su independencia, su seguridad y prosperidad; y si alguna naci6n pretendiera atentar contra dicha independencia,


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la importancia de aquellas relaciones seria suficiente para justificar que nos colocdramos frente a semejante actitud.
No obstante el tono claro y terminante de estas declaraciones, la Gran Bretafia y Francia pretendieron desconocerlas; pero apenas puesta en evidencia esa disposici6n o esa actitud, el Gobierno de los Estados Unidos supo y pudo exigir que la politica que habia enunciado con respecto a las islas Sandwich fuera respetada. En febrero de 1843 se present6 en la bahia de Honolulu un barco de guerra inglds, envidndole su comandante Lord George Paulet, al Rey, un despacho en que formulaba una serie de reclamaciones por supuestos dafios y ofensas inferidas a sdbditos de Su Majestad Britanica, bajo la amenaza de que si dichas reclamaciones no eran satisfechas dentro de veinticuatro horas, habria de bombardear la poblaci6n. Parecidronle al rey de Haway muy exageradas las reclamaciones, y como por otra parte pens6 que no le convenia entrar en negociaciones con quienes en forma tan violenta se producian, adopt6 el partido de poner el gobierno en manos de los reclamantes. Apenas dada a conocer al Comandante del crucero ingids la actitud del Rey, exigi6le aqu6l la entrega del gobierno, izAndose en los edificios pdblicos la bandera inglesa.
Acto seguido el Rey apel6 al Gobierno de Washington; la Secretaria de Estado protest6, por medio de su ministro en Londres, invocando las declaraciones a que precedentemente nos hemos referido, de las que constaba la actitud de los Estados Unidos con respecto a Haway, y el gobierno britdnico resolvi6 desautorizar la conducta de Lord George Paulet y que se devolviera a los nativos su independencia.
Hubo mds: no s6lo en abril del propio afio reconoci6 la Gran Bretafna con toda formalidad la independencia de las islas, sino que temerosa de que Francia abrigara algin prop6sito con respecto a las mismas, en noviembre, por iniciativa suya, puestos de acuerdo los dos gobiernos, se comprometieron a respetar dicha independencia y a no ocupar las islas en ningdn caso, ni como protectorado ni en ninguna otra forma.
No tard6 el Gobierno de Francia en olvidarse de ese compromiso. En 1849, so pretexto de que el Gobierno de Haway habia violado un tratado de comercio que con el mismo tenia celebrado, comenz6 a realizar determinados actos que constitufan verdaderos atentados contra la soberania de las islas. Unas veces se ocupaba un edificio pfnblico; otras se desembarcaban fuerzas y ya cansado


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el gobierno de Haway, en 1851, previo acuerdo de las dos Cdmaras, apel6 al de los Estados Unidos, poniendo todos sus derechos de Estado soberano bajo la protecci6n de 6stos y confidndoles, al propio tiempo, la soluci6n de las cuestiones pendientes con Francia. No fud necesario Ilegar a esto. Daniel Webster, que desempefiaba de nuevo la Secretaria de Estado, inici6 ciertas gestiones con el gobierno de Luis Napole6n y por consecuencia de las mismas dste retir6 sus demandas e hizo protestas de que habria de respetar la soberanfa de la islas.
Con motivo de estos sucesos hubo de declarar una vez mds el Gobierno de Washington, por boca de John M. Clayton-que durante la ocurrencia de los mismos desempefi6 tambi6n la Secretaria de Estado-que aqu6l no habria de consentir que las islas Sandwich pasaran a manos de una potencia europea; sin que esto quisiera decir que los Estados Unidos tuvieran el prop6sito de controlarlas, pues s6lo aspiraban a que mantuvieran su independencia.
Pocos afios despuds cambiaba radicalmente la actitud del gobierno de los Estados Unidos con respecto a la soberania de Haway. Hasta ahora lo hemos visto decidido a que las islas mantengan su independencia, pero a fines del aflo 1853 William L. Marcy, Secretario de Estado, dirige una carta al Ministro en Parfs reveladora de que el gobierno acariciaba el proyecto de anexarlas a la RepIblica.

Parece cosa indudable, decia, que las islas han de caer definitivamente bajo el control de los Estados Unidos, y a eso de seguro que no se habrdn de oponer la Gran Bretafia ni Francia, siempre que tal cosa ocurra por medios justos.

Obedecia semejante cambio en la actitud del Gobierno de Washington a que con posterioridad a ]a adquisici6n de California se habia iniciado un intenso comercio entre San Francisco y el Asia, y con tat motivo para los Estados Unidos ofrecia mAs interns que nunca la posesi6n de Honolulu, por la necesidad de dar garantias a aquel comercio y por el peligro de que las islas fueran ocupadas por la Gran Bretafia o por Francia.
Contaba Marcy, para realizar su proyecto de anexi6n, con algo mIs que con el estimulo de los intereses americanos vinculados en Haway: contaba con la cooperaci6n del gobierno de las islas. Con efecto, a principios del afio 1854, el Rey de 6stas y el Re-


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presentante de los Estados Unidos concertaron la anexi6n por medio de un tratado. Pero contenia 6ste una clusula que fu6 causa de que el Presidente se dicidiera a abandonarlo, a no presentarlo al Senado, ante la seguridad de que este cuerpo lo habria de rechazar: la relativa a que Haway ingresaria en la Uni6n como un Estado. Por muy grande que fuera el interns de los Estados Unidos en adquirirlo, ese interns no era suficiente para establecer el precedente de que un territorio, que no era continental y que estaba poblado por otra raza, ingresase como un Estado.
Algunos afnos despu6s, al terminar la guerra de secesi6n, decay6 el comercio americano en el Pacifico, y en consecuencia decay6 tambien el interns de Haway para los Estados Unidos. Obedeci6 esto a varias causas. En primer lugar, porque ante el temor a los buques de guerra de los confederados, casi todos los mercantes de bandera americana se habian ausentado de aquellos mares, y despuds, porque la pesca de la ballena habia decaido notablemente, en parte debido a que el nnmero de estos cetAceos habia disminuido y en parte a que su aceite fud sustituido, para muchos usos, por el aceite mineral. Todo esto fu6 causa de que los norteamericanos, que estaban interesados en negocios en Haway, demandaran protecci6n. Particularmente la industria azucarera necesitaba que se le ofrecieran algunas ventajas, y como ninguna resultaba mis adecuada que la que podia reportar el tratado de reciprocidad, el gobierno de Washington, atento a esos clamores, en mayo de 1867 hubo de concertar semejante tratado, a la saz6n en que Johnson ocupada la Presidencia y Seward la Secretaria de Estado. La legislatura de Haway inmediatamente lo ratific6, pero no le cupo la misma suerte en el Senado de los Estados Unidos, que hubo de rechazarlo debido, mis que nada, al espiritu de oposici6n de que estaba animado a cuanto emanara del Presidente Johnson.
No desmayaron los defensores de aquellos intereses. El proyecto de anexi6n parecfa abandonado, pero el deseo de concertar un tratado de reciprocidad que mejorase las condiciones econ6micas de las islas era cada vez mds sentido. Al fin, en 1876, se concert6 dicho tratado y, por consecuencia del mismo, la exportaci6n de aznIcar a San Francisco tom6 un incremento muy grande.
En 1881, el gobierno de la Gran Bretafia pretendi6 celebrar un tratado andlogo con el gobierno de Haway, pero los Estados Unidos se opusieron. El ilustre James G. Blaine, que desempefiaba


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en aquel entonces la Secretaria de Estado, se opuso franca y abiertamente al concierto de ese tratado. A su juicio, el tratamiento que le daba Haway a los Estados Unidos, de ser "la naci6n mds favorecida", no se podia aplicar al mismo tiempo a otro pais. E hizo mds dicho funcionario: aprovech6 la ocasi6n para declarar no solamente que los Estados Unidos, en ningdn caso, permitirfan que dichas islas pasaran al domino de una potencia europea, sino que por no formar parte del "sistema asidtico", en el caso de que obtuvieran la independencia, se asimilarian al "sistema americano", por exigirlo asi las leyes naturales y las necesidades de la political.
En 1887 el gobierno de Haway alquil6 la Bahia Perla, para una estaci6n, a los Estados Unidos. Resultaba dicho lugar un punto estratdgico excelente para una base de operaciones. Comprendi6 el Gobierno de Washington que era necesario dar ese paso, no s6lo porque habia que brindar garantias a los capitales norteamericanos invertidos en las islas, sino para ganar consideraci6n e importancia, para infundir respeto al Gobierno Britdnico, que habria de temer, en caso de una guerra, los perjuicios que a su comercio podfa causarle la armada de los Estados Unidos. Fud por esto, sin duda, por lo que la Gran Bretafia protest6 de la cesi6n; pero semejante protesta no fu6 tomada en consideraci6n.
Pocos aflos despues se iniciaron en las islas los acontecimientos que habian de dar al traste con su independencia.
El aflo 1891, por muerte de la reina Kalakaua, ocup6 el trono su hermana Liliuokalani, la que apenas inici6 su gobierno revel6 estar poseida de instintos reaccionarios y tirdnicos. El sistema liberal de Gobierno la estorbaba y como no queria que se Ic opusiera inconveniente a cuanto se le antojaba, no tard6 en verse en conflicto con las CAmaras. Queria derogar la Constituci6n vigente y promulgar otra en su lugar, dentro de la cual cuadraban mejor sus medidas arbitrarias y en la que no se reconociera mAs autoridad que la suya, y como entendiera que no podia dar este paso sin contar con la voluntad del Congreso, para gandrselo trat6 de corromperlo, repartiendo entre sus miembros los productos de una loteria que estableci6, al estilo de la de Louisiana, y los del monopolio del opio, que tambidn implant6. A principios del afio 1893 di6 la reina el golpe de estado, derogando por medio de un Decreto la Constituci6n vigente y promulgando en su lugar otra redactada a su antojo, en la que de hecho quedaba suprimido el


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gobierno representativo y en la que los blancos quedaban privados de los beneficios de la ciudadania, excepto aquellos que se casasen con las indigenas.
Apenas dado el golpe de estado, el elemento blanco y numerosos ciudadanos nativos de las islas se aprestaron a combatir el nuevo regimen, iniciando en todo el pafs un movimiento de protesta tan vigoroso, que la reina, temerosa de la suerte que le pudiera caber, se rode6 de numerosas fuerzas del ejdrcito. Entre una y otros, entre la reina y los protestantes, decidi6se el pals por estos niltimos, y como aqu6lla se diera cuenta de toda la gravedad de la situaci6n, abandon6 el poder antes de que los sucesos, tomando para ella un sesgo mAs desagradable, hicieran peligrar su vida. En lugar de la autoridad monarquica, hizose cargo del gobierno, con caracter provisional, un Comitd que se denomin6 de salvaci6n pfiblica. La rapidez con que actu6 este Comit6 y la eficacia de las medidas que adopt6, no fueron suficientes para impedir que los elementos refractarios al orden, Avidos siempre de saciar sus malsanos apetitos, hicieran de las suyas, dedicdndose, principalmente, al saqueo de la propiedad privada. Para conjurar el conflicto, el Comit6 ape16 al Ministro de los Estados Unidos, pidiendole que dispusiera el desembarco de la marineria del crucero "Boston" que acababa de arribar a Honolulu. El Ministro atendi6 la solicitud y como desembarcaron varios pelotones, no tard6 en restablecerse la normalidad. A esta medida sigui6 otra de mayor trascendencia: la deposici6n de la reina, por ser incompatible su gobierno con la existencia de las libertades pnblicas. Casi al mismo tiempo el ejercito se someti6 al Gobierno Provisional, acto que vino a consagrar y a afianzar la autoridad de 6ste, y por su parte los representantes de todas las Naciones extranjeras acreditados en Haway no tardaron tambi6n en reconocer la nueva situaci6n.
No sin protesta resign6 la reina su autoridad. Apenas abandon el poder redact6 una proclama en la que hizo constar que de no ser por la cooperaci6n que brind6 el Ministro de los Estados Unidos a los elementos que la combatian, cooperaci6n que se tradujo en el desembarco de las fuerzas del crucero "Boston", probablemente no hubiera perdido su trono. Al propio tiempo design6 la reina una Comisi6n que se habia de dirigir a Washington para protestar contra lo que se habia hecho y a pedir que se la res-


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tableciera en su trono, mediante la protecci6n del Gobierno de los Estados Unidos.
Mientras tanto el Gobierno provisional inclinaba la suerte de las islas del lado de los Estados Unidos. Primero pidi6 al Ministro Stevens que proclamara el protectorado de su naci6n sobre las islas, y dicho funcionario no s6lo lo hizo asi, sino que sustituy6 la bandera de Haway por la de los Estados Unidos. Despuds design6 dicho gobierno una Comisi6n que debia negociar en Washington la celebraci6n de un tratado de anexi6n. Integraban dicha Comisi6n, Lorrin A. Thurston, W. C. Wilder, William R. Castle, Charles L. Carter y Joseph Marsden, todos nacidos en Haway pero de origen norteamericano. El dia tres de febrero del aiio 1893 Ilegaron a Washington los comisionados. Dentro de breves dias debia cesar en su cargo el Presidente Harrison. En aquella fecha, Grover Cleveland, que cuatro afios antes habia abandonado el propio cargo, ya estaba elegido. Se iba a efectuar algo mas que un cambio de personas: iba a ocurrir un cambio de politica: Harrison era republicano y su ilustre sucesor pertenecfa al Partido Dem6crata.
Harrison era partidario de la anexi6n, y a instancias suyas, por haber dispuesto que se activase la negociaci6n del Tratado, dentro de breves dias qued6 6ste suscrito. El dia quince del propio mes en que arribaron a Washington los comisionados, envi6 el Presidente el Tratado al Senado para su ratificaci6n. He aqui los terminos en que defendia las soluci6n anexionista.

Nuestra administraci6n ha hecho algo mds que respetar ]a existencia del Gobierno independiente en las islas Haway: ha favorecido esa independencia; pero es claro que ese respeto s6lo debe mantenerse en tanto que dicho gobierno sea capaz de proteger las vidas y haciendas y en tanto en cuanto no d lugar a la ocupaci6n de las islas por un poder extrafio. Se habfa podido observar, en nuestras amistosas relaciones diplomiticas con Haway y en nuestra cortesfa para con sus gobernantes, que a estos les habiamos brindado siempre nuestro apoyo moral. No hemos sido nosotros los culpables de la caida de la monarquia; la dnica responsable ha sido la reina Liliuokalani por su politica reaccionaria al par que revolucionaria, que ha puesto en peligro los intereses de los Estados Unidos y los de todos los extranjeros en las islas, haciendo imposible la Paz de 6stas, e impidiendo al propio tiempo la posibilidad de que se mantenga una administraci6n civil que sea decente. Era imposible que se mantuviera la monarquia en esas condiciones; el gobierno de la reina resultaba muy debil, aparte de que s6lo la rodeaban personas desacreditadas y sin escrntpulos. La restauraci6n de la reina no es deseable; re-


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sulta imposible, y si tal restauraci6n se obtuviera-que s6lo se podria conseguir merced a la acci6n de los Estados Unidos-la misma seria seguida de desastres incontables, de la desorganizaci6n de todos los negocios. La influencia e intereses de los Estados Unidos en las islas, debemos tratar de que vayan en aumento, no de que disminuyan.
Estamos hoy frente a dos caminos: el protectorado de los Estados Unidos o una anexi6n total y complete. Esta niltima soluci6n es la que se ha adoptado en el tratado, y es, sin duda alguna, la que ha de promover mejor los intereses del pueblo de Haway y la que ha de brindar mejores garantias a los de los Estados Unidos. Estos intereses hoy no estdn seguros: necesitan la garantia de que las islas no serdn ocupadas en el futuro por ninguna otra gran potencia. Nuestros derechos resultan tan indiscutibles, tan clara resulta nuestra posici6n, que ningfin gobierno ha protestado contra la anexi6n. Todos los representantes extranjeros acreditados en Honolulu, han reconocido al gobierno provisional y es undnime la opini6n de que la reina no debe ser restaurada.
Nada pudo hacer el Senado en aquella legislature. Otros asuntos, tan importantes como dste, entretenian su atenci6n y fud asi que en 4 de marzo, al ocupar la presidencia Grover Cleveland, aquel alto cuerpo adn no habia sometido el tratado a discusi6n.
Uno de los primeros actos realizados por Cleveland al inaugurar su gobierno fu6 el de pedir al Senado que le devolviese dicho tratado, "con el prop6sito de reexaminarlo". Esa peticidn fud correspondida. Deseaba el Presidente examinar detalladamente todos los antecedentes relacionados con los sucesos acaecidos en Haway, pues era su prop6sito que las cosas volvieran al estado que tenian cuando fu6 destronada la reina, si se comprobaba el cargo, hecho por dsta, de que su deposici6n habia sido el resultado de las maquinaciones ilegitimas del representante de los Estados Unidos en las islas. Habia, pues, a juicio de Cleveland, que investigar la verdad de lo que habia ocurrido y para emprender ese trabajo design6 a James H. Blount, prominente personalidad, que habfa sido Presidente de la Comisi6n de Relaciones Exteriores de la Cdmara, y quien para llenar su misi6n debia trasladarse a Haway en concepto de representante personal del Presidente. Fud esta la primera vez que se hacia semejante nombramiento. Despu6s, en otras ocasiones ha sido hecho, cuando el Presidente ha tenido necesidad de realizar ciertas gestiones en otro pais. Dicho nombramiento no fu6 sometido al Senado. Blount iba dotado de plenas facultades, en todo lo que se refiriese a las relaciones de los Estados Unidos con las islas.


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En 29 de marzo lleg6 Blount a Honolulu, y a los dos dias ya habia dispuesto que se arriara de los edificios pniblicos la bandera americana; que se izara en su lugar la de Haway y que se embarcaran las tropas de los Estados Unidos que cuidaban del orden. Durante varias semanas estuvo entregado a la tarea de investigar los hechos. Celebr6 infinidad de entrevistas; habiendosele formulado, por cierto, el cargo de que esas entrevistas se celebraban casi exclusivamente con los amigos de la ex reina. Como resultado de estas investigaciones, rindi6 un informe al Presidente, exponidndole que la caida de la reina habia obedecido a determinados actos, carentes de toda justificaci6n, realizados por el Ministro de los Estados Unidos, y el apoyo que las fuerzas de 6stos habian prestado a los insurrectos.
El Presidente, en su Mensaje anual de diciembre de 1893, inform6 al Congreso que aqu6l era el resultado de la investigaci6n de Blount, y expuso ademds que abrigaba el prop6sito de que se restaurase a la reina, restablecidndose el orden de cosas anteriores; reservandose para despues suministrar al Congreso, por medio de un Mensaje especial, todos los antecedentes del asunto, a fin de que lo conociera en todos sus detalles.
Ese Mensaje fu6 el de 19 de diciembre de 1893. Comenzaba Cleveland en dicho documento por hacer la historia, con verdadero lujo de detalles, de cuanto habia ocurrido en Haway, y despuds de discurrir acerca de que la moral internacional debia ser una sola y no una para las naciones fuertes y otra para las d6biles, y de explicar que por lo mismo que el Derecho Internacional carecia de un Tribunal que lo hiciera cumplir y respetar, resultaba mas punible la infracci6n de sus cdnones, terminaba refiriendo que le habia dado instrucciones al Ministro de los Estados Unidos para que, ponidndose de acuerdo con la reina, trabajase para que dsta fuera repuesta en el trono, siempre que de antemano se comprometiera a conceder una amplia amnistia a todos los que habian tomado participaci6n en los sucesos que produjeron su caida.
Desde el mes de octubre de 1893 ocupaba Albert S. Willis el cargo de Ministro en Honolulu, acreditado ante el Gobierno provisional que presidia Stanford B. Dole; pues Stevens habia renunciado desde que pniblicamente fud desautorizada su conducta por el Presidente. Nada mds dificil, dice Fletcher Johnson, que la posici6n de Willis: estaba acreditado ante el gobierno provisional y recibia 6rdenes de laborar por que ese gobierno fuera


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sustituido por otro. Sin pdrdida de tiempo dedic6se el Ministro a la ardua tarea que se le habia encomendado; se trataba de 6rdenes que no podia discutir, aun cuando dstas lo colocaran en una situaci6n reflida con la l6gica. Al principio la reina se neg6 a aceptar la condici6n que le imponia el gobierno de los Estados Unidos para ayudarla. No queria prometer amnistia alguna; antes al contrario, hablaba de que los que habian sido sus contrarios habrian de responder de su conducta con sus vidas y de que expatriaria a todos los blancos, menos los casados con las indigenas; pero ante la actitud sostenida del Ministro, ofreci6 al fin la amnistia. ,
Una vez dado ese paso, se dirigi6 Willis al gobierno provisional pididndole resignara su autoridad en favor de la reina, pero aqui surgi6 el obstdculo insuperable: dicho gobierno, en forma terminante, neg6se a ello. Stanford B. Dole, que lo presidia, armado de toda raz6n, respondi6 al Ministro que el asunto relativo a la restauraci6n de la reina era puramente nacional, ajeno por completo a todo poder extrafio; que s6lo era licita la intervenci6n del gobierno de los Estados Unidos, en el caso de que los dos bandos lo hubieran llamado como drbitro y que si en los sucesos anteriores se habian mezclado oficiales del Ejdrcio norteamericano, este era un problema que interesaba s6lo a dicho gobierno, pero no al que provisionalmente regia en Haway. Comunicada dicha respuesta al Presidente Cleveland, no le quedaba otro medio, para hacer cumplir sus 6rdenes, que el de acudir a la fuerza; pero no pens6 en ello. Prefiri6 dar cuenta del asunto al Congreso, y 6ste por su parte nada hizo.
Mientras tanto, el dia 4 de julio de 1894 se proclama la Repdlblica en Haway, establecidndose un gobierno constitucional bajo la presidencia de Dole. Surgi6 el nuevo r6gimen en las mejores condiciones de viabilidad, las que pocos meses despuds se vieron acrecentadas cuando con motivo de una intentona de revoluci6n por parte de los realistas, sofocada apenas surgi6, la reina, despuds de ser arrestada, hubo de renunciar al trono con toda formalidad.
Poco tiempo despuds de establecida la Repfiblica, ocurri6 un suceso que de hecho constituy6 un reconocimiento por parte de los Estados Unidos, para aqu6lla. El Gobierno de la Gran Bretafia se dirigi6 al de Haway, pididndole autorizaci6n para establecer en una de las islas del grupo una estaci6n para un cable submarino.


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El gobierno fud propicio a conceder el permiso, pero como de acuerdo con un tratado celebrado el afio 1850 entre los Estados Unidos y Haway, no se podia otorgar una concesi6n a un gobierno extranjero sin el consentimiento del de Washington, a este se acudi6 en demanda de dicha autorizaci6n. El Presidente Cleveland trasmiti6 el asunto al Congreso, recomendando favorablemente la concesi6n, pero aqudl la desestim6 por no considerarla compatible con los intereses de la Uni6n.
Nada mds se volvi6 a tratar con respecto a Haway, durante el t6rmino de la presidencia de Cleveland; pero en 1897, apenas lo sustituy6 William Mc-Kinley, renovaron sus esfuerzos los partidarios de la anexi6n, logrando su prop6sito, pues se suscribi6 en 16 de junio un Tratado en el cual el gobierno de las islas hacia cesi6n de 6stas al de los Estados Unidos. Dicho Tratado estaba concebido en los mismos terminos que el redactado en' 1893; s6lo diferfan en que en aquella oportunidad se le otorgaba una pensi6n a la reina, mientras que ahora no. Al conocerse el Tratado en el Senado, se levant6 contra el mismo una viva oposici6n. Los dem6cratas, especialmente los amigos del expresidente Cleveland, eran opuestos al Tratado, mientras que los republicanos lo defendian. Pasaron algunos meses, y como no se viera la posibilidad de obtener las dos terceras partes que se necesitaban para conseguir la ratificaci6n, ante el peligro de la derrota, que fud el mismo que se corri6 cuando la anexi6n de Texas, se ape16 al propio remedio a que entonces se recurri6: el de salvar la dificultad por medio de una "resoluci6n conjunta", ya que dsta, para ser aprobada, s6lo requeria la mayoria ordinaria. A principios del anio 1898 se presentaron en el Senado y en la Cdmara, simultdneamente, sendos proyectos de "resoluci6n conjunta", y de acuerdo con los reglamentos de dichos cuerpos debia quedar detenida la discusi6n del Tratado hasta tanto que no fueran votados dichos proyectos. En 6stos, con toda habilidad, se introdujo una modificaci6n con respecto a algo muy importante que se establecia en el Tratado. Se habia consignado en 6ste que Haway habria de ser en el futuro un Estado de la Uni6n, y como fuera dste, precisamente, el blanco a que se dirigian los tiros de los opositores, se excluy6 tal promesa de los citados proyectos de "resoluciones conjuntas", limitAndose 6stas a consignar, quo los Estados Unidos admitfan a Haway como parte de su territorio.
Por estos mismos dias ocurrian otros sucesos, de tanta impor-


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tancia que hicieron decaer el interns del asunto de Haway: nos referimos a la tirantez de relaciones con Espafia con motivo de la cuesti6n cubana y que culmin6 en la declaraci6n de guerra que hizo el Congreso en 21 de abril. Mas, por singular coincidencia, los sucesos de esta misma guerra pusieron de manifiesto la conveniencia de adquirir a Haway. El ejdrcito que debia pelear en Filipinas no podia emprender su largo viaje sin contar con hacer alguna escala, y ningnin lugar mis a prop6sito que la bahia de Honolulu. El Gobierno de Haway hizo el ofrecimiento, y 6ste fud aceptado y cuando la expedici6n lleg6 a las islas, el pueblo la acogi6 con muestras de entusiasmo. No tard6, pues, en agitarse de nuevo en el Congreso el asunto de la anexi6n de Haway, inicidndose el debate en la CAmara. Se adujeron por los opositores algunos de los argumentos esgrimidos cuando se trat6 de la compra de la Louisiana. Otra vez se dijo que con la anexi6n se infringian los principios politicos contenidos en la declaraci6n de independencia y que no se podia considerar como una posible consecuencia de la facultad de hacer tratados la adquisici6n del territorio extranjero. Tambi6n se dijo que con la adquisici6n de Haway se infringia la doctrina de Monroe, supuesto que si los Estados Unidos no admitfan en su continente la ingerencia de un poder extrafio, tampoco ellos, por su parte, debian adquirir territorio en otro continente, y que el resultado de la anexi6n habria de ser el de convertir a la naci6n en potencia colonial, lo que implicaba un aumento considerable del Ejercito y la Marina de guerra. Casi toda la oposici6n, especialmente la que se hizo en el Senado, estuvo inspirada en los intereses de los azucareros de los Estados Unidos, los que vefan un perjuicio en la competencia que habria de hacerles el azncar de Haway; pero a pesar de ella, en 15 de junio aprob6 la Cdmara el proyecto de anexi6n, y el Senado lo hizo en 6 del mes siguiente.
El dia 12 de agosto del propio afno tuvo efecto en las islas el acto de su ocupaci6n por el Gobierno de los Estados Unidos, y en abril de 1900 aprob6 el Congreso la Ley por la cual se rigen. Esti inspirada dicha ley en las que anteriormente habian sido redactadas para gobernar los territorios contiguos a la Uni6n. La Constituci6n fu6 aplicada a Haway, gozando.sus hijos de la ciudadania de los Estados Unidos y en cuanto al gobierno, constituy6se dste con un gobernador, nombrado por el Presidente, y una CAmara de origen popular, la que tiene el derecho de enviar a


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Washington un delegado ante la Camara de Representantes, con voz, pero sin voto.


(C)


(1898) PUERTO RICo, LAS FILIPINAS Y GUAM.

Apenas iniciada la revoluci6n cubana que estall6 el aino de 1895, pdsose de manifiesto la simpatia del pueblo norteamericano por la causa de los revolucionarios. El Gobierno se habia mantenido impasible ante el conflicto, no obstante las excitaciones que le dirigia una buena parte de la opinion para que actuase, de alguna manera, en favor de los cubanos. Resisti6 cuanto pudo, pero lleg6 un momento en que tuvo que ceder a la opinion. Fud entonces, cuando la Secretaria de Estado le dirigi6 al Gobierno de Madrid la famosa nota de 23 de septiembre de 1897 requiriendolo para que el mes siguiente dejara pacificada la isla. Espafa en 25 de noviembre le concedi6 a Cuba la autonomia; pero ya era tarde: los revolucionarios no quisieron aceptarla y continu6 por parte del pueblo norteamericano el sentimiento de hostilidad hacia la dominaci6n de aquella naci6n en la isla. Despuds, la explosion del acorazado Maine en el puerto de la Habana, en la noche del dia 15 de febrero del asio siguiente, producida, segdn inform6 la comisi6n americana nombrada al efecto, por una mina submarina, precipit6 los acontecimientos y decidi6 la suerte de Cuba. En 18 de abril ambas Cdmaras, aprobaron la siguiente "Resoluci6n Conjunta" que dos dias despuds sancion6 el Presidente:
Considerando que el aborrecible estado de cosas que ha existido en Cuba, durante los tres filtimos aijos, en Isla tan pr6xima a nuestro territorio, ha herido el sentido moral del pueblo de los Estados Unidos, ha sido un desdoro para la civilizaci6n cristiana y ha Ilegado a su periodo critico con la destrucci6n de un barco de guerra norteamericano y con la muerte de 266 de sus oficiales y tripulantes, cuando el buque visitaba amistosamente el puerto de la Habana;
Considerando que tal estado de cosas no puede ser tolerado por mds tiempo, segnin manifesto ya el Presidente de los Estados Unidos, en Mensaje que envi6 el 11 de abril al Congreso, invitando a este a que adopte resoluciones:


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El Senado y la Cdmara de Representantes, reunidos en Congreso acuerdan:
"Primero: Que el pueblo de Cuba es y debe ser libre e independiente.
"Segundo: Que es deber de los Estados Unidos exigir y por la presente su Gobierno exige, que el Gobierno espafiol renuncie inmediatamente a su autoridad y gobierno en Cuba y retire sus fuerzas, terrestres y navales, de las tierras y mares de la Isla.
"Tercero: Que se autoriza al Presidente de los Estados Unidos y se le encarga y ordena que utilice todas las fuerzas militares y navales de los Estados Unidos y lame al servicio activo las milicias de los distintos Estados de la Uni6n, en el ndmero que sea necesario para Ilevar a efecto estos acuerdos.
"Y cuarto: Que los Estados Unidos, por la presente, niegan que tengan ningnin deseo ni intenci6n de ejercer jurisdicci6n, ni soberania, ni de intervenir en el Gobierno de Cuba, si no es para su pacificaci6n y afirman su prop6sito de dejar el dominio y gobierno de la Isla al pueblo de 6sta, una vez realizada dicha pacificaci6n."

El Gobierno de Madrid estim6 que la negaci6n de la soberania de Espafia en Cuba y la amenaza de una intervencifn armada equivalia a una declaraci6n de guerra e inmediatamente retire su representaci6n diplomdtica de los Estados Unidos, quedando rotas las hostilidades.
Realmente, la acci6n de los Estados Unidos se encaminaba a obtener la independencia de Cuba; pero eso no significaba que las operaciones militares habrian de tener por finico escenario a dicha isla. Las necesidades de la guerra exigian que las actividades militares se desenvolvieran en las diversas posesiones espafiolas y asi se hizo, segdn inmediatamente hemos de ver.
Cuatro dias despu6s de votada la Resoluci6n Conjunta, el Comodoro Dewey, al mando de la escuadra americana del Pacifico, estacionada en aguas chinas, se dirigi6 en busca de la espafiola, mandada por el Almirante Montejo y que se encontraba en la bahia de Manila, frente al puerte de Cavite. La noche del dia 30, la escuadra americana, aprovechando la obscuridad, inesperadamente, con gran sorpresa para las autoridades espafiolas, penetr6 en la bahia y al amanecer del dia siguiente, apenas habia aclarado, se inici6 la batalla, quedando hundidos o apresados todos los barcos espafioles, poco despu6s del mediodia.
El Comodoro Dewey no disponia de tropas de desembarco y debido a esto, no pudo atacar a Manila, permaneciendo la es-


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cuadra, en espera de refuerzos. A -los tres meses Ilegaron estos, e iniciado el ataque se rindi6 la ciudad el dia 13 de agosto.
La otra batalla naval de esta guerra tuvo por teatro a Santiago de Cuba. La escuadra espafiola, que estaba anclada en dicha bahia, desde el 19 de mayo, recibi6 6rdenes de salir. El Almirante Cervera sabia que iba al sacrificio, pero obedeci6. Asi sucedi6: en la mafiana del dia 3 de julio la escuadra se hizo a la mar y apenas habia abandonado el puerto, a corta distancia de 6ste, la escuadra americana que lo bloqueaba fu6 destruyendo uno a uno los barcos que la formaban.
Al mismo tiempo, el ejdrcito americano que habia desembarcado y que en 10 de dicho mes habia sostenido los combats del Caney y San Juan,, ponia sitio a la ciudad, la que se rindi6 el dia 16 de ese mes.
A fines de este mismo mes, otro ejercito desembarcaba en Puerto Rico y se hacia duefo de las poblaciones mds importantes sin encontrar resistencia.
Ante situaci6n tan dificil para Espafia, su Gobierno juzg6 oportuno pedir la paz y asi lo hizo, dtndole instrucciones al efecto a Cambon, Embajador de Francia en Washington. Espafia pretendi6, en esas negociaciones, salvar del desastre la posesi6n de sus colonias con excepci6n de Cuba. No era justo, se decia, considerar como una conquista definitive a todas las colonias por el simple hecho de que en una de ellas la suerte de las armas haya sonreido al soldado americano; y con respect a Cuba, temerosa de "los peligros de una independencia prematura" y "en interns de las personas y de los bienes de los espafioles, de los extranjeros y aun de los americanos que alli residen", era preferible cederla a los Estados Unidos.
Varios dias duraron estas negociaciones y al fin el 12 de agosto firm6se el protocolo preliminar. So estipulaba en este documento, que Espafia renunciaria su soberania sobre Cuba; que cederia a los Estados Unidos la isla de Puerto Rico y las demds de las Indias Occidentales, asi como una del grupo de las Ladronas y quo con respecto a las Filipinas, el Tratado de Paz determinaria lo concerniente a su intervenci6n, disposici6n y gobierno y que cada naci6n nombraria cinco comisionados que se reunirian en Paris el dia 1o de octubre, lo mgs tarde, para negociar la paz y que mientras tanto se suspenderian las hostilidades.
En la expresada fecha se reunieron en Paris, en uno de los


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LA POLiTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS


salones del Ministerio de Negocios Extranjeros, los comisionados de la paz. El Rey de Espafia estaba representado por Eugenio Montero Rios, Buenaventura de Abarzuza, Josd de Garnica, Wenceslao Ramirez de Villa-Urrutia y Rafael Cerero y representaban al Presidente de los Estados Unidos, William R. Day, Cushman K. Davis, William P. Frye, George Gray y Witelaw Reid.
El primer asunto de que se trat6 en las conferencias, fud el relativo a Cuba. Pretendieron los comisionados espaholes que se estipulara en el Tratado que los Estados Unidos asumirian la soberania de la isla; pero los americanos negdronse a semejante pretension, como no podian por menos, dado que en la Resoluci6n Conjunta que provoc6 la guerra, habia declarado el Congreso que el pueblo cubano debia ser libre e independiente. Cuando se convencieron los comisionados espafioles de que esa pretension era inaceptable, plantearon otra, la de que la isla se hiciera cargo de la liamada deuda cubana, que sumaba unos $350.000.000. Igualmente se opusieron los comisionados americanos a dicha pretensi6n, por estimar que la referida deuda no habia sido contraida en beneficio de Cuba. Lo que en definitiva se convino con respecto a esta isla, fu6 objeto del articulo 10 del Tratado, cuyo tenor es el siguiente:

Espafia renuncia todo derecho de soberania y propiedad sobre Cuba.
En atenci6n a que dicha isla, cuando sea evacuada por Espafia, va a ser ocupada por los Estados Unidos, los Estados Unidos mientras dure su ocupaci6n, tomarin sobre si y cumplirin las obligaciones que por el hecho de ocuparlas, les impone el Derecho internacional, para la protecci6n de vidas y haciendas.

Pocos inconvenientes pusieron los espafioles a la cesi6n a los Estados Unidos de la isla de Puerto Rico y de las demds islas que posefa Espafia en las Indias Occidentales, asi como a la de Guam, en el Archipidlago de las Marianas o Ladronas. Donde surgieron las dificultades, fu6 al tratar de las Filipinas. El protocolo preliminar no contenia una soluci6n definitiva y el presidente de los Estados Unidos, por su parte, no le habian dado instrucciones concretas a los comisionados. Estos estaban divididos en sus opiniones. Day y Gray entendian que dichas islas debian quedar en poder de Espafia; Davis y Frye eran partidarios de que los Estados Unidos adquirieran una de las islas, la de Luz6n, para destinarla a estaci6n naval y por su parte Reid entendia


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EN EL CONTINENTE AMERICANO


que los Estados Unidos se debian anexar todo el Archipi6lago. Esta niltima fu6 la opini6n que prevaleci6, en definitiva, entre los comisionados. Contribuy6 a que la misma imperase, un informe que le pidieron los comisionados al General Merrit, reci6n liegado a Paris, de las Filipinas. Dijo el General Merrit, que el pueblo fiilipino no estaba en condiciones de establecer un gobierno independiente y eficaz y que la parte mds ilustrada de la poblaci6n era partidaria de que las islas se sometieran a la soberanfa de los Estados Unidos. Realmente, esta soluci6n era la mds adecuada. Dejar el destino de las islas, en aquellos momentos, en manos de los filipinos, era entregar el pafs a la anarquia; y por otro lado, tampoco era justo que quedaran sometidas a Espafna, pues como entonces se dijo por los que defendian la anexi6n, si la guerra se habia hecho para terminar con el desgobierno de una colonia 6por qu6 se habia de permitir que otra colonia quedara sumida en ese mismo desorden?
Los comisionados espafioles resistieron cuanto pudieron a la cesi6n, alegando que la toma y ocupaci6n de Manila no equivalia a la conquista de las islas y que el Embajador Cambon habia sido instruido, cuando negoci6 el protocolo preliminar, a nombre de Espafa, de que dsta se reservaba su soberania sobre las Filipinas. No negaron los americanos que el Embajador Cambon hubiera pretendido hacer esa declaraci6n, pero a su vez adujeron que el Gobierno de Washington, frente a la misma, habia sostenido que la situaci6n de Filipinas habria de ser resuelta en el Tratado de Paz, criterio que en definitiva se habia consignado en el Protocolo y como insistieran en exigir semejante condici6n, los comisionados espafioles al fin accedieron a ella, en la siguiente forma: Espafia cedia las islas a los Estados Unidos y recibia $20.000.000.00, como indemnizaci6n, no como venta.
Tales fueron las estipulaciones del Tratado de Paz, en lo referente a la cesi6n de las islas de Puerto Rico, Guam y las Filipinas. Fud suscrito en 10 de diciembre y ratificado por el Senado de los Estados Unidos en 6 de febrero del afio siguiente.
Puerto Rico y Filipinas se gobiernan hoy, respectivamente, por un Gobernador nombrado por el Presidente de los Estados Unidos y dos cdmaras legislativas; una baja de origen popular y otra alta formada por funcionarios de cierta categoria y por un corto nimero de prominentes ciudadanos designados por el Gobernador. La organizaci6n del gobierno de estas posesiones, se


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LA POLiTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS


asemeja mucho a la de las colonias britinicas. En cambio la isla de Guam, se gobierna, como la de Tutuila, por un oficial de la marina investido de plenas facultades. La escasez y poca cultura de la poblaci6n de esta isla ha sido sin duda el motivo de que el Gobierno de Washington no haya establecido en la misma, cual lo ha hecho en Puerto Rico y las Filipinas, el principio de la representaci6n popular.

(D)


(1899). TUTUILA.

El grupo de islas Samoa o de los Navegantes, se encuentra en la Polinesia, Oceania. Sus tierras ocupan un drea de 2,787 kil6metros. Hasta ya entrado el siglo XIX no fueron bien conocidas estas islas. Fueron los norteamericanos los primeros que sostuvieron relaciones comerciales con ellas. En la segunda mitad de dicho siglo, se estableci6 en el archipidlago, la "Polynesian Land Company" que lleg6 a adquirir gran importancia y a ejercer una verdadera influencia en sus destinos. Los alemanes no tardaron en seguir a los norteamericanos; establecieron a su vez la casa de comercio de Goddeffroy, cuyos negocios tuvieron verdadera importancia. Unos y otros pretendieron siempre mezclarse en los asuntos politicos interiores, a fin de ponerlos al servicio de sus respectivos intereses, hasta tal punto, que la historia de Samoa, en la segunda mitad del siglo pasado, no es mds que la historia de la rivalidad entre dos familias, la de los Malietoa y la de los Tubua, alentadas y mantenidas en sus aspiraciones por americanos y alemanes.
El afno 1875 los Malietoa, apoyados por el C6nsul de los Estados Unidos, Coronel Steinberger, lograron elegir Rey a uno de sus miembros; pero los Tubua, apoyados por los alemanes, promovieron una revoluci6n que les arrebat6 el gobierno y una vez que consiguieron el poder, concertaron, en julio de 1877, un tratado con Alemania por el que le dieron el tratamiento de naci6n mds favorecida. No se conformaron los intereses norteamericanos vinculados en las islas, con el predominio de Alemania; agitdronse y obtuvieron a su vez del gobierno de las mismas, en enero del afio siguiente, la cesi6n a los Estados Unidos de la espl6n-







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dida bahia de Pago-Pago. El gobierno alemdn protest6 de dicha cesi6n y deseoso de aumentar su influencia en Samoa, en enero de 1879 celebr6 un nuevo tratado, que casi equivalia a la cesi6n del archipidlago en su favor y que produjo el resultado de poner el comercio, en su casi totalidad, en manos alemanas.
La lucha entre los dos bandos que se disputaban el poder, no desapareci6: se mantuvo en las mismas condiciones, avivada siempre por los elementos extranjeros, alemanes y norteamericanos, al que se agreg6 uno mAs, deseoso tambidn de ejercer influencia en las islas: el ingls. El afio de 1889, Bismarck convoca a una conferencia en Berlin a la Gran Bretania y a los Estados Unidos a fin de tomar una orientaci6n definitiva y como resultado de esa conferencia, se suscribi6 una convenci6n, cuyas estipulaciones mds importantes fueron dstas: se mantendria la soberania e independencia de las islas, pero las tres naciones controlarfan el poder judicial y las aduanas, sin que ninguna de ellas pudiera tener mayor autoridad y mayores privilegios que las otras; los Estados Unidos conservarian el puerto de PagoPago y a su vez Alemania podria establecer una estaci6n carbonera en Apia.
Durante diez afios se mantuvo esa convenci6n, pero como en 1898 se reprodujeron los disturbios en las islas, Alemania propuso darla por terminada; suprimir su soberanfa y repartirse el territories. Asf se acord6 por el tratado concertado entre la Gran Bretafia, Alemania y los Estados Unidos, en 2 de diciembre de 1899. De acuerdo con esta convenci6n, los Estados Unidos se quedaron con una de las islas, la de Tutuila y Alemania con las de Upoplu y Sawaii y por su parte la Gran Bretafia recibi6 de este Imperio, determinadas compensaciones en Africa.
Los Estados Unidos gobiernan la isla de Tutuila por medio de un oficial de marina, investido de plenos poderes.


(E)


(1916) LAS ANTILLAS DANESAS.

A unas cincuenta millas al Este de Puerto Rico, se encuentra el grupo de islas conocidas con el nombre de antillas danesas.


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Son tres: San Thomas, San Juan y Santa Cruz. La primera de dstas es la mds importante, teniendo su costa sur la ciudad de Carlota Amalia, con un magnifico puerto. Entre las tres ocupan un area de unas 140 millas cuadradas y se calcula la poblaci6n en mds de 30,000 habitantes.
A principios del afno 1865, a la saz6n en que Lincoln ocupaba la Presidencia y Seward la Secretaria de Estado, el Gobierno inici6 negociaciones con el de Dinamarca para la compra de las islas. Por consecuencia de dichas negociaciones, en 24 de octubre de 1867 se celebr6 un Tratado en Copenhague. Segnn sus estipulaciones, Dinamarca cedia a los Estados Unidos, en precio de $7.500.000.00, dos de las islas, la de San Thomas y la de San' Juan, previo un plebiscito de los habitantes de las mismas y bajo la condici6n de que 6stos fueran admitidos, como ciudadanos de la Uni6n, una vez realizada la anexi6n.
El pueblo de las islas, casi undnimemente se decidi6 por la anexi6n; pero esta no se pudo realizar porque el Senado de los Estados Unidos, despues de haber demorado por mucho tiempo la aprobaci6n del Tratado, en definitiva lo rechaz6.
En 24 de enero de 1902, ocupando Roosevelt la presidencia y Hay la Secretaria de Estado, se celebr6 en Washington otro Tratado, por el cual se anexaban las islas a los Estados Unidos, pagando 6stos, en precio de las mismas, la suma de $5.000.000.00. Esta vez el Senado de los Estados Unidos aprob6 el Tratado. Tambien lo aprob6 el "Rigsdag" o cdmara baja en Dinamarca, pero no corri6 la misma suerte en el "Landsthing" o cimara alta; pues este cuerpo, en 21 de octubre de dicho afno, obedeciendo segnn se dijo, a poderosas influencias alemanas que se pusieron en juego, hubo de rechazarlo.
En 1916, ya iniciada la guerra europea, el Gobierno de Washington, por medio del Secretario de Estado Robert E. Lansing, inici6 negociaciones con Constantino Brun, Ministro de Dinamarca en aquella capital, para la compra de las islas. El 6xito coron6 esta vez los esfuerzos de ambas partes. En 4 de agosto del citado afno se celebr6 el Tratado y debidamente aprobado dste, en 17 de enero del siguiente afio, se canjearon en Washington las ratificaciones. Los Estados Unidos pagaron por las islas $25.000.000.
La opinion pniblica en los Estados Unidos consider6 la compra de estas islas como una necesidad, no tanto por su importancia


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EN EL CONTINENTE AMERICANO


como por su posici6n. Se temfa que Alemania en el futuro, en cualquier momento, utilizara su influencia sobre Dinamarca para obtener que se las cediera y era evidente que semejante cesi6n habria de significar un serio peligro y una constante amenaza para la defensa del canal de Panamd. En cambio la posesi6n de las islas por los Estados Unidos, habria de constituir un punto avanzado de defensa del canal; algo asi como lo que representa para la Gran Bretaia, la posesi6n de la isla de Malta: un centinela del canal de Suez.
Pero no era solamente el interns de la defensa del canal lo que aconsejaba la anexi6n de las islas. Es que 6stas en manos de Alemania o de cualquier otra gran potencia militar, significaba algo mds: la amenaza constante de los intereses norteamericanos en el Caribe. Por otra parte, para el comercio tambidn era de positivo valor la adquisici6n de las islas, pues los dos puertos existentes en las mismas hacen de ellas una estaci6n de inapreciable valor, en la ruta de los barcos que se dirigen a la Amdrica Meridional.


III


NOTAS CRITICAS ACERCA DEL MOVIMIENTO

EXPANSIONISTA


Segdn se habrd podido observar, tres aspectos o fases se descubren en el movimiento expansionista de los Estados Unidos: primero, la ocupaci6n del territorio inmediato a las trece colonias primitivas, ocurrida antes de la independencia; despues, las sucesivas anexiones de territorios contiguos, que se fueron convirtiendo en Estados de la Uni6n y en niltimo lugar, la adquisici6n de posesiones no contiguas, gobernadas como colonias.
El primer movimiento expansionista, segan vimos oportunamente, se refiri6 al extenso territorio situado entre la cordillera de los Alleghanies y el rio Mississippi, atravesado de Este a Oeste por el rio Ohio. Dentro de ese movimiento, hay que distinguir el que tuvo por teatro el territorio situado al Norte de este rio, del


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LA POLITICA DE LOS ESTADOS UNIDOS


que tuvo lugar al Sur del mismo. Pretendieron los colonos ingleses, desde principios del siglo XVIII, dominar la regi6n situada al Norte del Ohio, tropezando en su empefio, con igual pretension alimentada por los franceses, que dominaban en el Canada. En aquel entonces no se pensaba, ni remotamente, en la idea de independencia; los norteamericanos luchaban como ingleses nada mAs. Basta leer las pdginas que hemos dedicado a este asunto, para darse cuenta de que aquella lucha no fu6 mAs que un reflejo de las que sostuvieron ingleses y franceses en el siglo XVIII. En aquellas guerras luchaban, unos y otros, por la supremacia y Amdrica no fu6 mds que una parte del escenario de la contienda. No se trataba, en realidad, de principios religiosos, ni de la necesidad de adquirir territorios nuevos, sino tan s6lo de obtener el predominio de una raza sobre otra; y al quedar resuelta la contienda en favor de la Gran Bretafia, por el Tratado de Paris de 10 de febrero de 1763, que puso tdrmino a la guerra de los siete aflos, qued6 el Canadd en poder de esta region.
El esfuerzo mantenido por ocupar y dominar el territorio situado al Sur de Ohio, que en realidad no estaba poseido por ninguna naci6n, tuvo otro carActer. Fu6 un movimiento expansivo de los propietarios virginianos, ansiosos de acaparar y hacer productivos nuevos territorios. Actu6 la actividad privada y despuds que dsta tuvo realizada la mayor parte de su labor, la acci6n gubernamental termin6 la obra. Fu6 en esta oportunidad, en la que por primera vez el esfuerzo individual jug6 su papel, que tan importante fu6 siempre, despuds, en el movimiento expansionista de los Estados Unidos.
La segunda fase de ese movimiento, que se refiri6, segdn antes dijimos, a la ocupaci6n de territorios inmediatos a la Uni6n y que ocurri6 durante la primera mitad del siglo pasado, se desenvolvi6 a impulsos de diversas aspiraciones e intereses. Asi vemos, con efecto, que la adquisici6n de la Louisiana la determine el ofrecimiento de su venta, hecho por Napole6n, inesperadamente, a la comisi6n que se encontraba en Paris gestionando garantfas para la navegaci6n por el Mississippi; que la compra de la Florida, a Espafia, la inspir6 el temor de que esa posesi6n se desprendiera del poder de esta monarquia y cayera en manos de alguna gran potencia, cuya vecindad habia de ser peligrosa para los Estados Unidos; que la anexi6n de Tejas, fu6 el desenlace de un proceso iniciado por la importante colonia americana que residia en dicho


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EN EL CONTINENTE AMERICANO


pals y completado por el elemento esclavista, predominante en aquel entonces en las esferas gubernamentales de Washington y al que interesaba la adquisici6n de los territorios que se pudieran convertir en Estados esclavistas, siendo estos mismos elementos, los que Ilevaron al pals a la guerra que produjo la conquista de Nuevo Mdjico y de la alta California; y que las negociaciones que se sostuvieron con la gran Bretafla, y que determinaron la anexi6n de Oregon, se iniciaron por las instancias y exigencias de los colonos americanos que se habian establecido en dicha regi6n.
Frente a esa diversidad de aspiraciones e intereses, que produjeron la expansion de la Naci6n, los territorios que sucesivamente se fueron ocupando ofrecen una misma caracteristica y es, la de que estaban poblados solamente por indios y teniendo poca importancia el elemento blanco extranjero residente en ellos, podian ser el asiento de comunidades que desde su origen habrfan de estar asimiladas a la Uni6n.
Esa expansion fud obra, en tesis general, de la actividad privada; de los agricultores, principalmente. Fud un movimiento espontdneo, instintivo, guiado por la voluntad de la comunidad antes que por la acci6n politica. Fu6 el proceso de expansion de una comunidad joven, plet6rica de vida, que sentia la necesidad de engrandecerse; y fu6 algo mds: fu6, como dice un escritor, "la lucha de la civilizaci6n contra el caos". Con efecto, cada territorio que se adquiria, era una nueva zona que se abria al progreso y a la actividad productora del hombre.
El pueblo norteamericano, a fuerza de presenciar durante medio siglo la sucesiva adquisici6n de territorios contiguos y no poblados, a no ser por las tribus de indios, se lleg6 a formar un estado de conciencia segfin el cual, resultaba inexplicable la conquista de un territories lejano y mucho menos, si la poblaci6n que lo ocupaba no asentia en ella. De esas ideas participaba el gobierno. El Secretario de Estado Calhoum, en 1844 habia declarado lo siguiente:

La politica que hemos observado al expansionarnos, ha sido la de adquirir siempre territorios no ocupados y fMcilmente asimilables. En una palabra: hemos engrandecido nuestro territorio por crecimiento, y nunca hemos conquistado poblaciones que tengamos que mantener unidas a nosotros por la fuerza.

Pero el Gobierno evidenci6 en forma mis concluyente, por


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LA POLITICA DE LOS ESTADOS UNIDOS


algo mds que por simples declaraciones, que participaba de aquellas ideas. Con efecto, el hecho de que el Senado rechazara en 1867, el tratado de anexi6n de las Antillas danesas y en 1870 el de Santo Domingo y el gesto de Cleveland en 1893, retirando de dicho alto cuerpo el de Haway, 6qu6 otra cosa fueron que afirmaciones de ese estado de conciencia?
En 1867 ocurri6 un hecho que vino a romper la que podriamos llamar tradici6n anti-imperialista de los Estados Unidos. Nos referimos a la compra a Rusia de la Alaska. Se trataba de un pais no contiguo y de un pueblo de otra raza, de cuya voluntad se prescindia al realizar su transferencia al domino de los Estados Unidos. Pero como dicho territorio estaba situado en la regi6n drtica y se le atribufa poco valor, hasta el punto de que fud vendido en $7.200.000 no obstante abarcar un drea de 577.390 millas; habitado ademis por una poblaci6n relativamente escasa y sin aspiraciones politicas; como se trataba de una regi6n situada en el propio Continente Septentrional y como sobre todo, era del mayor interns excluir a Rusia de la America del Norte, tan natural, tan indicada estaba la adquisici6n, que la opinion no repar6 en aquel otro aspecto: el de que se rompia la tradici6n anti-imperialista.
Fud en las postrimerlas del siglo, "en sus niltimos diez y ocho meses", como dice un autor, cuando ocurrieron otros hechos, otras adquisiciones territoriales, que le lievaron al pueblo la evidencia de que se habia roto de una vez su antigua tradici6n. En julio de 1898, se realiza la anexi6n de Haway; en diciembre del mismo afio, tiene lugar la adquisici6n de Puerto Rico, las Filipinas y Guam y en diciembre de 1899 la de Tutuila. Todavia la adquisici6n de Haway tenia su explicaci6n: habia alli intereses americanos muy importantes; la poblaci6n nativa, frente a esos intereses, desempefiaba un papel secundario y vefa la anexi6n con indiferencia, casi con agrado, y era seguro, por otra parte, que de no dar ese paso los Estados Unidos, habria de darlo la Gran Bretafla o Francia. Tambidn tenia su explicaci6n la adquisici6n de las Filipinas y de Puerto Rico, porque si la guerra con Espafia se habia hecho por librar de su mal gobierno a una de sus colonias, 6por qu6 aquellas dos, que padecfan del mismo mal, no iban a cambiar de situaci6n? Y ya desprendidas del Gobierno de Espafia, aqu6 otra cosa podian hacer los Estados Unidos, que retenerlas, a Puerto Rico definitivamente, a Filipinas por el momento?


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EN EL CONTINENTE AMERICANO


Lo que no tenia explicaci6n era la adquisici6n de dos islotes en el Pacifico: el de Guam en el Archipidlago de las Ladronas y el de Tutuila en el de Samoa. Ninguna otra doctrina que no fuera la del imperialismo, podia justificar estas anexiones.
Mucho se discutieron todas estas adquisiciones. Tuvieron sus partidarios y sus contrarios; con esta particularidad: que los amigos de las anexiones no aceptaban el nombre de imperialistas que les daban sus adversarios; negaban que lo fuesen. lVdase'hasta qud punto la tradici6n, la political del aislamiento, la voluntad de no adquirir territorios fuera del Continente, habia actuado en la conciencia pdblica! Pero la exactitud del nombre era cuesti6n de poca monta. Lo positivamente cierto, era que la naci6n abandonaba su aislamiento; que adquiria territorios distantes, habitados por pueblos de otras razas, no asimilables al norteamericano y con cuya voluntad no se contaba al someterlos a la nueva soberanfa; lo esencial era que quedaba rota, como dice el escritor H. H. Powers, la triple tradici6n observada hasta entonces por la naci6n en su movimiento expansionista: la de "la continuidad territorial", la de "la homogeneidad de la raza" y la del ejercicio del poder basado en "el consentimiento de los gobernados". Los mismos que no se querian Ilamar imperialistas, proclamaban con orgullo que el nuevo orden de cosas ofrecia tres vias que constitufan la mejor garantia para el desarrollo del comercio americano en Oriente: Haway estaba en la ruta de Asia, Guam en la de las Filipinas y Tutuila en la de Nueva Zelandia y Australia.


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SEGUNDA PART


LA DOCTRINA DE MONROE





SU ANTECEDENTE: LA POLITICAL DEL "AISLAMIENTO" 0
DE "LAS DOS ESFERAS"


El movimiento revolucionario de las trece colonias inglesas de la Amdrica del Norte, que culmin6 en su independencia, ofrece un sello especial: no fu6 obra de la pasi6n exaltada ni de un mero sentimentalismo; fu6 el producto de una voluntad reflexiva y consciente, inspirada en el mds sincero y juicioso patriotismo. En la generalidad de las revoluciones ocurre cosa bien distinta: las huellas mds marcadas las traza la pasi6n desordenada, o un sentimiento mal inspirado y peor dirigido.
En la revoluci6n de los Estados Unidos, los Washington, los Hamilton, los Madison, los Franklin, el grupo de hombres que de tan sabia manera supo guiar los destinos de aquel gran pueblo, tuvo una intenci6n deliberada: constituir un gobierno adecuado y estable, y acarici6 al propio tiempo el ideal de que su patria Ilegara a ser poderosa y grande.
Pero los "Padres de la Repdblica" se dieron cuenta de que para que la "Unifn" perdurase no bastaba con levantar el edificio de la confederaci6n en condiciones de estabilidad, sino que






LA POLiTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS


era necesario ademds, por su misma conveniencia y seguridad, mantener a la nueva nacionalidad completamente separada, ajena a las luchas y problemas de Europa. Pensando en esa finalidad, trazaron idealmente, en mitad del Ocdano Atldntico, una linea divisoria entre el Nuevo y el Viejo Continente.
Esa idea, ese presentimiento, hizo nacer en la mente de estadistas y patriotas la politica del "aislamiento'" (isolation) o de las "dos esferas" (two spheres), y tuvo dicha politica su mayor arraigo y fuerza en la creencia popular, mds generalizada entonces que ahora, de que los dos continentes, en todos los 6rdenes, eran cosa absoluta y totalmente distinta.
Se puede decir que esa politica fud concebida desde afnos antes de que se reuniera la Convenci6n de Filadelfia.
En noviembre de 1782 conversaban en Paris John Adams y Mr. Oswald, Comisionado para tratar de la paz por el Gobierno Britdnico, y el primero le decla al segundo:

No dude usted que las naciones de Europa se esforzarin en atraernos dentro de su sistema politico, pero nuestro interns estA en mantenernos alejados de todo eso.

En 1788, por la 6poca en que se discutia la actual Constituci6n, Washington le escribia a Sir Edward Newenham y se expresaba asi:

Confio en que los Estados Unidos se sabrdn mantener alejados del intrincado laberinto de las guerras de Europa y de su political, y que antes de poco, y merced a la adopci6n de un buen gobierno, nos haremos respetables ante los ojos del mundo, hasta tal punto, que las naciones que tienen posesiones en este Continente no podrdn por menos que tratarnos con todo gdnero de consideraciones.

En 1793, el Secretario de Estado, Thomas Jefferson, temia que la posesi6n de Louisiana y de la Floricda hiciera a estos territorios teatro de las luchas entre Inglaterra, Francia y Espafia, y le escribe al Ministro en Madrid que no dntre en ningdn pacto o alianza que envuelva a los Estados Uridos en esa discordia.
Al estallar la guerra entre Francia e Inglaterra, Jorge Washington, por su declaraci6n de 5 de junio de 1794, orden6 a sus conciudadanos que observaran la mds absoluta neutralidad.
Dos afios mds tarde, al abandonar el poder, tuvo ocasi6n de exponer los principios de la politica del aislamiento en su fa-


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EN EL CONTINENTE AMERICANO


moso discurso de despedida de 17 de septiembre de 1796, en los t6rminos siguientes:

Seamos sinceros y justos en nuestras relaciones con todas las naclones. La religion y la moralidad nos aconsejan esta linea de conducta, que es inmejorable. Dentro de poco tiempo podremos ofrecerle a la humanidad el ejemplo de un pueblo guiado por sentimientos de justicia y de bondad.
Aconsejo a mis conciudadanos que se prevengan contra las influencias extraflas, que est6n alerta, pues el mayor enemigo de un gobierno republicano es esa influencia extranjera. Nuestra linea de conducta debe ser la de estrechar nuestras relaciones comerciales con las otras naciones, pero apartarnos, al propio tiempo, de toda conexi6n political con ellas.
Europa tiene un conjunto de intereses que son motivo de frecuentes controversias y con los cuales sostenemos muy remotas relaciones. En tales circunstancias seria una imprudencia ligarnos por lazos artificiales a alianzas o combinaciones amigas o enemigas.
La distancia, mis que nada, nos aconseja seguir por otro rumbo.
ePara qu6 perdcr las ventajas de nuestra situaci6n? dPara qu6 abandonar nuestro terreno y nuestra situaci6n? jPara qu6 abandonar nuestros destinos y mezclarnos en las luchas, rivalidades y ambiciones de las naciones de Europa? La prudencia aconseja que no nos alejemos de la politica que consiste en no entrar en ninguna alianza con las naciones extranjeras.

John Adams, sucesor de Washington en la Presidencia de la Repfiblica, persever6 en la misma politica. En mensaje especial de 16 de mayo de 1797, dijo:

Bajo ningdin concepto debemos envolvernos en el sistema politico de Europa. Debemos estar prevenidos para no vernos atraidos al lado de ninguno de los grupos de naciones que forman la balanza de los poderes; asi lo aconseja nuestro interns.

Jefferson, a su vez, sucedi6 a Adams y mantuvo la misma pouItica. En su mensaje de 18 de octubre de 1803, expuso los mismos principios ya enunciados por Washington y por Adams.
Pero la politica del "aislamiento" o de las "dos esferas", no se redujo a mantener a los Estados Unidos completamente apartados de toda ingerencia en los asuntos y problemas del Viejo Continent. A juicio de los estadistas norteamericanos, habfa que prevenirse tambidn contra la posibilidad de que los territorios vecinos cayeran en manos de alguna gran potencia, toda vez que esto, al par que los obligaria a adoptar grandes precauciones mi-


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