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HIDE
 Cover
 Table of Contents
 Cyberpunk. El movimiento en México....
 Imágenes rotas sueños de herrumbre....
 Análogos y thierbigs. José Luis...
 Soralia. Juan Hernández
 Discurso sobre un nuevo método...
 Radio Tecnika Cantina. Gerardo...
 Neurofeedback. Mauricio Absaló...
 Tlallin (Susan on the west coast...
 Historia del cine ciberpunk. Capítulo...


USF



Qubit
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 Material Information
Title: Qubit
Physical Description: Serial
Language: Spanish
Publisher: Havana, Cuba
Place of Publication: Cubit
Publication Date: January 2007
 Subjects
Genre: serial   ( sobekcm )
 Record Information
Source Institution: University of South Florida
Holding Location: University of South Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
System ID: UF00103497:00024

Table of Contents
    Cover
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    Table of Contents
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    Cyberpunk. El movimiento en México. José Luis Ramírez
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    Imágenes rotas sueños de herrumbre. Gerardo Horacio Porcayo
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    Análogos y thierbigs. José Luis Zárate Herrera
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    Soralia. Juan Hernández
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    Discurso sobre un nuevo método para el estudio de la ciencia ficción Latinoamericana. Miguel Ángel Fernández
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    Radio Tecnika Cantina. Gerardo Sifuentes
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    Neurofeedback. Mauricio Absalón
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    Tlallin (Susan on the west coast waiting). Gabriel Trujillo
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    Historia del cine ciberpunk. Capítulo 23. Eve of destruction. Cybernator
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1. Cyberpunk. El movimiento en Mxico. Jos Luis Ramrez
2. Imgenes Rotas Sueos de Herrumbre. Gerardo
Horacio Porcayo.
3. Anlogos y thierbigs. Jos Luis Zrate Herrera
4. Soralia. Juan Hernndez.
5. Discurso sobre un nuevo mtodo para el studio de la ciencia
ficcin Latinoamericana. Miguel Angel Fernndez
6. Radio Tecnika Cantina. Gerardo Sifuentes.
7. Neurofeedback. Mauricio Absaln
8. Tlallin (Susan on the West Coast waiting). Gabriel Trujillo.
9. Historia del cine ciberpunk. Captulo 23. Eve of destruction.
Cyberator.














Ciberpunk: El Movimiento en Mxico

Por: Jos Lus Ramrez.



Los noventa no van a pertenecer al cyberpunk.
Nosotros vamos a star ah trabajando,
pero no somos el movimiento,
ya no somos ni siquiera nosotros.
SLos noventa van a pertenecer a la generacin que
est llegando,
aquellos que crecieron en los ochenta.
Bruce Sterling.



El primer cuento publicado en Mxico, de corte cyberpunk, es La red, de Isidro vila,
publicado en 1991 en Ms all de lo imaginado I. Luego, desde 1992, La langosta se ha
posado -fanzine virtual que crean en la ciudad de Puebla, entire Gerardo Horacio Porcayo y
Jos Luis Zrate-, public informacin relative al cyberpunk y cuentos y artculos relatives
al gnero, incluyendo traducciones de autores estadounidenses. 1993 es el ao en que se
empieza a ver much ms material al respect, principalmente gracias a Gerardo H.
Porcayo, que public un ensayo en Umbrales 4, titulado: Cyberpunk, ciencia ficcin y
thriller. Ese mismo ao, el Fondo Editorial Tierra Adentro public, del mismo, La primer
calle de la soledad. La primer, y hasta ahora nica, novel publicada netamente cyberpunk,
que cuenta con excelentes crticas entire los conocedores del gnero y an entire aquellos que
no lo son tanto.

En 1994, Umbrales public su especial Cyberpunk: Umbrales 10, en el que aparecen nueve
cuentos escritos originalmente en espaol por autores mexicanos, entire los que se encuentra
Imgenes rotas, sueos de herrumbre, tambin de Gerardo H. Porcayo, cuento ganador del
Premio Puebla en 1993 y el primer cuento cyberpunk que se hizo acreedor a uno de estos
premios.

Debe destacarse que el giro hacia el cyberpunk, dado por la c.f. mexicana en los noventa -
vertiente que los Estados Unidos haban explotado comercialmente desde la publicacin de
Neuromancer (William Gibson, 1984)-, tena ya sus germinales en el cuento Sueo elctrico
del mismo Gerardo Porcayo, cuento que fue acreedor de una mencin honorfica en el
primer Premio Puebla de ciencia ficcin (1984). Otras aproximaciones son: Anlogos y
therbligs de Jos Luis Zrate (1986), y Dura lex, sed lex de Federico Shaffler (1993).

Con todo, no se habla de un movimiento como tal sino hasta 1995.

En este ao Juan Hernndez Luna gana el Premio Puebla con un cuento mezcla de
cyberpunk y vampiros. Y algunos mese antes Gerardo Sifuentes y Jos Luis Ramrez crean,
en la ciudad de Puebla, el fanzine fractal. Un fanzine que pretendi, desde sus inicios,
especializarse en el gnero. Por ese entonces various escritores contaban la ciencia ficcin
desde una perspective que (debido a que no eran fciles de encontrar las obras de Gibson,
Sterling y otros, y no estaban, por lo tanto, muy difundidas), parecan propuestas sin










abordar. Es el caso de Rodrigo Pardo -que obtiene el Premio Puebla en 1996, con un hbrido
cyberpunk/hombres lobo-, quien asegura que l ya escriba cyberpunk antes de conocer el
trabajo de Gibson. Eso nos pas a muchos. Aunque pienso que no se trataba de que ya
escribiramos cyberpunk, de hecho, supongo que sucedi lo siguiente: nosotros abordamos
el present del Mxico de los noventa -crisis econmica, globalizacin, revolucin,
violencia urbana, narcotrfico, internet, apertura commercial, la estpida creencia de que
habamos dejado el tercer mundo y estbamos a punto de pertenecer al primero- y ese
present, es el mismo que los escritores etiquetados cyberpunk en los Estados Unidos,
vivieron diez aos antes. A falta de una etiqueta mejor, tambin en Mxico se denomin a la
nueva corriente: cyberpunk.

Y aqu debo hacer una cita de Bruce Sterling:

...se muestran escritores distinguidos en esta dcada. Sus referencias a la cultural de los
ochenta los ha marcado como un grupo -un movimiento nuevo en la ciencia ficcin. Este
movimiento fue rpidamente reconocido y denominado con varias etiquetas: ciencia ficcin
radical, los cuatreros tecnolgicos, la ola de los ochenta, los neuromanticos, el grupo de las
gafas cromadas. Pero de todas las etiquetas puestas a lo largo de los ochenta, solo una se ha
mantenido: cyberpunk.

Esta referencia, sacada del prefacio de Mirrorshades, nos deja saber que el trmino
cyberpunk fue en Estados Unidos en los ochenta, lo mismo que es en Mxico en los
noventa, una etiqueta para designer a un movimiento, uno conformado por los escritores
ms distinguidos de la dcada.

Y esto es a lo que quera llegar.

No sorprende que la mayora de estos escritores sean los mas jvenes -los que crecieron
delante de la television por cable y los juegos de video, la generacin que enfrent el dilema
de trabajar detrs de una computadora personal y una mquina de fax.

El movimiento, comenzado por Isidro Avila, Gerardo H. Porcayo y Jos Luis Zrate entire
finales de los ochenta y principios de los noventa, se conform como tal, por el nmero de
autores que la ciencia ficcin mexicana sum al gnero: Juan Hernndez Luna, Carlos
Alberto Limn, Gerardo Sifuentes, Jos Luis Ramrez, Can Kuri, Rodrigo Pardo, Jorge
Chpuli, Bernardo Fernndez y Pepe Rojo.

Todos ellos han sido premios y menciones en los concursos mas importantes de la ciencia
ficcin mexicana, Gerardo H. Porcayo tiene el Puebla y el kalpa entiree otros), Jos Luis
Zrate lo mismo, Juan Hernndez Luna fue Premio Puebla en 1995, Gerardo Sifuentes
mencin en el Puebla en 1994, Jos Luis Ramrez fue segundo lugar en el kalpa en 1997 y
gandor del Puebla en 1998, Rodrigo Pardo es Premio Puebla 1996, Bernardo Fernndez es
tercer lugar en el Kalpa 1997 y premio virtual La langosta se ha posado en '97, Jorge Chpuli
es premio virtual La langosta se ha posado en '96 y Pepe Rojo es premio Kalpa 1996. Todos
ellos ganaron con cuentos de corte cyberpunk (1)

Debo agregar, que estos autores son, actualmente, los ms publicados. La vala de su trabajo
se enfrenta da con da a la crtica de los lectores y no a la auto complacencia. Adems,
muchos de ellos han abierto espacios para la ciencia ficcin: fractal, Sub, Azoth; la
coleccin Terra virtual de Ramn Llaca y Ca. y la recin abierta por Times Editores.










Tambin cabe destacar que un factor important han sido las publicaciones dedicadas
exclusivamente al cyberpunk, o que lo han incluido entire el material que publican
normalmente. La langosta se ha posado, no quit el dedo del rengln, y sigui publicando
cuentos y artculos -cada vez ms de autores mexicanos-, cyber; y fractal/fractal'zine -que
ahora sobrevive, igual que La langosta, en la red- que fue el nico fanzine especializado en
el gnero y revistas como Asimov y Umbrales, entire otras.

Paralelamente a estas revistas y fanzines, salieron dos publicaciones importantes, en el ao
de 1997. La primera, cyberpunk incluso por ser totalmente underground, fue la editada en un
cross-over entire fractal'zine y La langosta se ha posado, los Cuentos Compactos, Cyberpunk
(el primer volume de lo que es una coleccin annual que cuenta ya con tres ejempalres).
Esta publicacin fue completamente fanzinera, se realize en casa, y el cortsimo tiraje fue
realizado gracias a la fotocopiadora, el format es de doce por doce centmetros, como el de
los booklets que acompaan a los cd's de msica, de ah el nombre de cuentos compactos. A
pesar de lo subterrneo de la edicin, los cuentos compactos han llegado incluso a Espaa.

La otra publicacin es el libro Silicio en la memorial. Esta es una antologa recopilada por
Gerardo Horacio Porcayo, editada por Ramn Llaca y Ca., fue la punta de lanza de la
coleccin Terra Virtual. Este volume, el primer libro de cuentos exlusivamente cyberpunk,
rene a los once autores ms representatives del gnero y, aadira, que a algunos de los
autores ms importantes de la ciencia ficcin actualmente en el pas.

De esta manera, podemos retomar la cita de Sterling y ajustarla al movimiento que existe en
Mxico -estos escritores se caracterizan por una extrapolacin a muy corto plazo y sus
referencias a la cultural de los noventa. Razones que los enmarcaron de inmediato como
grupo dentro de la ciencia ficcin-un movimiento, que a falta de una etiqueta mejor, se
denomin: cyberpunk.

Notas al pie.

1. Excepto Jos Luis Zrate que gan ambos premios con El viajero y Gerardo H. Porcayo que gan el kalpa
con Los motivos de medusa.











Imgenes Rotas Sueos de Herrumbre

Por: Gerardo Horacio Porcayo.



















Para un par de Williams:
Burroughs y Gibson.

-Era la diamantina de los tiempos. El sinsabor, los roces apenas percibidos en
cardmenes de humans movindose entire neones, lsers y comida sinttica. Una
mierda, te lo juro. Mejor que la de hoy. Y ma, en todos los sentidos. Ciudad
Guadalupe era la va de acceso. Encontrabas de todo en los barrios podridos que nacen
al pie del cerro de la silla, entire solares de autos robados y contrabando de
bromocriptine, 1-dopa, nootropil, diapid, arcalion, vinpocetine, sin dejar atrs la vieja
herona y las nuevas cajas de placer. Te volvas loco, de veras. Haba de todo, porque
Monterrey lo consuma todo. En esos tiempos los tiras podan olerte, mirarte a los ojos
mientras agarrabas un viaje de coca ficticio, con los cables de la caja bien atados a tu
cerebro. Y subas, realmente subas, sin que la tira jugara a matar.

El retro me mira con pesadez, casi con ostentacin. Sopesa mejor sus sueos de
electrones, sus quimeras informticas; demencia cronometrada y casi siempre
rebooteable. Se han vuelto parte de la computadora, como viles ratas de laberinto,
adictas a los choques elctricos, al veneno mismo. Como ella...

-Haba huido de Laredo, traa tras de m cuatro sabuesos de la DEA, tres vendedores
con Glock bajo el sobaco y sniftadores inundando sus bolsillos. Buscaba un poco de
aire fresco, monedas y material para seguir subsistiendo.

-Te pasas, viejo, siempre fue igual. La misma mierda de siempre, slo que ahora hay
Sueo Elctrico -dice y se larga del bar, tirando unos cuantos dlares podridos. S de
que pie cojean. Lo negro no se separa de nuestra esencia. Es el estigma de quienes
aborrecemos el mundo tal cual es.










Ahora cazan programs adictivos, labernticos sueos de crime y sexo prohibido,
blasfemias reiterativas en un planet en que da a da rige ms un Dios ciberntico,
desde su cielo de silicio ms all de las estrellas. Se pierden en locales que apestan a
semen, fluidos vaginales, a media luz, como en atardeceres desgarrados. Al mundo no
le quedan rastros de virginidad, es una puta decrpita que circula, tristemente, al
extremo de la va lctea, sin encontrar client.

-Dame otro triple -le digo al barman y me mira con hasto. Conoce mi negocio: nulo,
la espera, una cacera de consumidores que odian las histories, la cerveza y tambin su
vida.

-Van a acabar por partirte el hocico -me advierte y la conmiseracin se le sale por los
ojos, le brota como pus aeja.

-Te cont de Cora?

El hijo de puta, me hace a un lado, se pierde entire la barra despostillada, los vmitos
de marines y obreros y busca el abrazo clido de la tele, ah donde no tiene que pensar.
Por qu ya no quedan? Sera ms acceptable la antigua paranoia, las amenazas que te
envuelven y te hacen abandonar Austin, Florida, el mismo Houston en trenes bala y
autostop, pasando por los sangrados campos de Illinois o atravesando desiertos
pedregosos ms ac de TJ, con traficas de ojos saltones y manos sudorosas o agents
grasientos y nerviosos pisndote los talones.

Exploro el bar, buscando a mi contact, otro escucha; quiz hasta un gato rooso con
la cola rota en cuatro, trepado en el marco de una pintura fractal o teseracta.

El retro vuelve a entrar en esos moments. Y trae su carga. Una tipeja con los ojos
baados en tinta de aergrafo, como un maldito mapache y cuatro bestias peludas que
apestan a bencedrina y cables sobrecalentados. Los rizos de sus pelos son naturales; se
chamuscan solos, all arriba del crneo, cerca de los soquets.

-Largate -me advierte-. No queremos moscas alrededor.

-Incluso conozco mejor que t tu negocio. Me s la historic -uno de los peludos se para
frente a m, carga una manopla Tser y sus labios estn repletos de afiches
postholocaustic.

-Vete a pasear, ruco. Me partira el alma romperte la madre.

-Hasta tena una banda como la suya -insisto. La vergenza se aleja de m, asqueada.

-Djalo que hable, a lo mejor as terminas t -le dice la mapache al retro, con una risita
que suena a marmita picada.

-Apesta.

-Cuando llegu a Monterrey, slo los Juniors le entraban al Sueo Elctrico. As,
prendiditos y todo, con pantalones de 800 dlares y gabardinas inglesas que olan
como el mismsimo Tmesis.










-A este le botaron los tomillos a punta de chingadazos -asegura otro de los peludos.

-Conoc al Loquillo. Un bato de lapbody perpetuo y compete rojizo cubriendo su
conector. Y l realmente se atascaba, no despreciaba una mierda que fuera alucingena
y apareciera en algn punto de la tierra -la mapache me mira con los ojos
desencajados, cada uno para lugares distintos. Mapache bisco de olfato atrofiado.

-Ese era hacker y cableta. No qumico -argumenta el retro. Ahora es la gran diferencia,
el status no se adquiere ms con sustancias neuroactivadoras, sino con tecnologa,
electricidad y conductores metidos hasta el fondo de tu cerebro. Saben de que les hablo
y al menos la mapache arde en deseos de or.

-80 verdes a que no sabes una chingada -amenaza uno de los peludos.

-Jugaba con la caja negra, al placer cerebral. La coca la movan cortada y a precious que
te impedan una median adiccin, as que tenas que sustituirla con descargas
mnimas a los conductos propios y subas, subas realmente. Charly 29 la mova bien.
Tena un Lincoln descapotable, tarjeta international sin lmite de crdito, a Roger,
Isidro y Cora. Y buenos trepanadores, no como los de ahora que piensan que los
medibots son lo mejor en ciruga de cerebro.

-A m se me hace que tu implante hace un resto que vali madre, por eso tienes los
sesos oxidados -asegura el retro-. Empezamos a los quince y cenamos software
caliente todos los das.

-Charly nos consigui la primera red. Entonces el Sueo Elctrico era un
complement; lo mejor eran las calls, la adrenaline corriendo cuando a la tira la
presionaban para mantener las apariencias o la PGR tena que justificar su presupuesto.
Cuando preparabas ccteles sin saber a que puerta te iban a arrojar...

-Y qu pas con Loquillo? -aventura la mapache.

-Esa es historic tarda. Hasta ustedes la oyeron. Lo cazaron en la ltima gran revuelta
contra el Dios-silicio -uno de los peludos me mira con los dientes apretados y la mano
hundida en su chaleco de spandex-. Era de los mos y saba que la buena poca se
mora con la aurora boreal del Cristorrecepcionismo. Y en parte luchaba tambin por
Cora. Ella fue la primera en probar el Sueo de la Gaviota, en bautizarlo as.

-Eso es anticuado, viejo -grue el retro-. Ya nadie se fleta con las gaviotas. Ahora los
fantasmas te tasajean si no ests a su altura, te sacan las tripas con motosierra en
parajes de arboles construidos con defenses de autos, mares de polietileno reseco,
montaas de basura plstica y ardillas llenas de chips y servomotores. O te pesca Dios
en un recoveco y te refunde en infiernos de vsceras canbales y pesadillas de dientes
romos pero presurosos. Ahora hundirte en la computadora es como correr por tus
calls con los sabuesos tras de ti y la paranoia de ser atrapado con material caliente.
Ahora desafias a Dios en cada toque, en cada alucinacin. A ti nunca te persigui
Dios.

-Yo lo vi por primera vez con Cora. Habamos corrido a travs de fiestas universitarias
con el ecstasys hasta la cumbre, recorriendo tu espina dorsal como una corriente










galvnica, ponindote el rabo tan tieso que creas poder inaugurar algn resquicio
sexual. Y Charly 29 nos haba conseguido la Red. Nos trepamos luego del bajn. No
haba ms droga. El president visitaba la ciudad y la limpia haba sido exhaustive.
Estbamos colgados. T sabes, la abstinencia es mortal. As que nos metimos a la red.
Los dos en un deck. Ya realizbamos orgas para entonces, los cinco juntos. Ese da
slo fuimos ella y yo. Y fue diferente. Sentimos la halitosis nauseabunda de Dios sobre
nuestros hombros, su rostro se pintaba en fugaces graffiti en el asfalto y las paredes
descarapeladas, la tristeza se nos peg como plomo a las costillas. Apenas podamos
respirar. Su cuerpo pareca resquebrajarse, se me hundan los dedos en sus carnes
como en barro seco. Abandonamos y ella me dijo que quera viajar en barco; tomamos
un trasatlntico a la puerta del hotel, con chimeneas que desprendan vapores atmicos
y cocteles de MDA, exodiprina, deprenyl, hydergine y deaner. Viajbamos al aire libre
y el mar era ms puro de lo que ahora son capaces de reproducir las mquinas
nanotecnolgicas. Las gaviotas nos orbitaban como satlites psicticos. Tenan
hambre. Cora quiso quitarles el ayuno con el pensamiento, luego intent con sushi. Un
sushi milagrosamente multiplicado para mil gaviotas que mantenan un vuelo errtico
al impulso del viento y chillaban cada vez que un trozo de pescado ascenda a su
habitat. Mralas, me dijo ella, son como los ngeles de la soledad, como la montaa
que se mueve a travs de valles y ocanos, son como la fe y la felicidad. Y tena razn.
Volvimos ocho veces al mismo sueo, despus fue sola y no regres.

-Y Loquillo a qu juega en esto?

-La conoci despus, cuando trataba de robar informacin a Laboratorios Mariano. Era
material calientsimo. Cora se le meti hasta la mdula de los huesos. Ya era un
fantasma y segua siendo especial, poda transferirte su belleza como si de archives
virales se tratara. Cuando pescaron al Loquillo la carnada era ella. No pudo negarse,
nadie poda.

-Yo la conozco -dice el peludo de la manopla-. Me visit en un cruce de exodiprina y
un program de red pirata. Y pude librarme. No es para tanto. Hoy en da cualquier
software negro tiene mejores divas. Son vampiresas que te chupan hasta dejarte seco.
Primero te roban los recuerdos, luego los nimos sexuales y hasta las ganas de vivir.

-Esas nunca las han tenido -digo. S de que hablo, soy uno de sus pioneros.

La mapache ya no re. Sus ojos se han vuelto ms obscuros y desorientados, son pozos
de negrura, no destella vida en ellos. Va en descenso vertiginoso, cumbre abajo.
Necesita cables...

-A Dios lo desafias nada ms con vivir -asegura el retro-. El temor siempre ha estado
present, pero en el Sueo Elctrico es palpable. La tortura viene por paquetes, como
huracanes rabiosos; se ciernen sobre ti liblulas demoniacas, tu mismo estomago
grue, tratando de abrirse paso al exterior y abandonarte a mitad de un callejn
inexistente; los laberintos son srdidos, ms que los reales. Una vez encontr una
pordiosera, sus ojos nunca haban conocido la luz, estaban marchitos, hundidos en las
rbitas, cubiertos por un tejido membranoso semejante al de los reptiles, su mano
izquierda era pequeita, pero le crecan prtesis malsanas que supuraban esperma y
clusulas morales, su gordura era tan fenomenal que se mantena erguida gracias a un
sin fin de pequeas muletas ancladas a su carrito. Y los cables brotaban de su crneo,










zumbaban imitando la cantaleta de auxilio, con su mano derecha esgrima una vasija
llena de embriones. Era la virgen. Te lo digo, te lo aseguro. Me persigui a travs de
pantanos, cementerios de computadoras, buldozzers despanzurrados y cohetes
borrachos que se precipitaban en llamas, desde el cielo, como ngeles desterrados. Y
no puedes escapar, te persigue hasta cuando sales. Por las noches, a veces an la
sueo. Las calls son ms seguras, la Brigada Antipecados es torpe pese a su soporte
tech, a sus armas; los pierdes en cauces de ros muertos, en alcantarillas secas o a
travs del metro. Y si lo haces bien nunca te descubren. Pero una vez que Dios te ha
echado el ojo, siempre aparece, an en las grabaciones ms recientes, en programs
estructurados en Tailandia, con graffiti ideogramticos y zonas de tolerancia a la
antigua. Su aliento es peor de lo que cuentas. Es como si nunca antes hubieras
olfateado nada; todo queda opacado y el mero recuerdo de su hlito incluye
alucinaciones a ojos abiertos. El cielo se cimbra y gotea como glicerina corrompida,
bandote, atascando tus huidas, nublando cualquier posibilidad de horizonte,
cualquier chispa de esperanza... No sabes de lo que hablas -dice y hunde la vista en el
interior del vaso. Sus manos tiemblan, frenticas; quisieran salir aullando, alejarse de
ese cuerpo.

Miro alrededor. El ngel ha pasado, soltando su peste. La mapache manipula la caja
negra y sus ojos ya son nidos de murcilagos csmicos que gritan blasfemias y
maldiciones devastadoras. Los peludos se cobijan unos contra otros. Viven ya el
syndrome de realidades, no saben donde estn parados. El de la manopla parece
creerme un ngel exterminador, me observa detenidamente, con una concentracin
mntrica: de seguro ve mi rostro carcomido por la esttica y deforma mi silueta a base
de pixeles que no estn all.

-Por eso digo que mis tiempos eran mejores -concluyo-. All no haba nada aplastante,
except el cuelgue, los temblores de la carencia, las vsceras gritando su hambre
qumica.

El barman pastorea a las moscas. Lo siguen como si hubiera proferido un hechizo de
sujecin, lo miran en sus malabares de copas y licores adulterados, en su reflejo
perpetuamente tatuado en los espejos. Es multiple como las moscas y est harto de
nosotros. Me hace una sea, con resignacin. Ya la ha hecho antes y no espera que
respond al estmulo. Sigo la direccin. Tres Voces espera, atalayado en una mesa del
fondo. El corsario blanco, se est incorporando en esos moments.

Abandono al grupo sin decir palabra. Los vellos se me han erizado como antenas de
cucaracha, se inclinan hacia adelante, urgiendo mi encuentro.

-No es bueno parlotear tanto -dice Tres Voces, maniobrando con su sombrero de
fieltro, conduciendo sus movimientos a travs de l-. Nunca olvidan, ni siquiera lo
viejo.

-Tena que hacer algo -miento. S que no le importa, slo realize su trabajo. Los
protocolos son estrictos y han de ser respetados. Alargo la mano, en ella viaja un
verde. Uno de los grandes. Lo toma, dilatando el contact. Y sus ojos dicen cosas
abismales, terrible en su verdad.










-El resto maana, en la macroplaza -promete, entregndome el diminuto cilindro
plstico. Giro, sin decir palabra, sin querer abandonar el bar.

Uno de los peludos me da la mano. Percibo el billete, su textura raqutica, desastrosa;
hojas podridas, excrecencias casi intiles.

-Son los 80. Te los ganaste viejo. Yo saba que al Loquillo no lo haban podido joder
en la realidad. Saba que no poda haber cado cuando pusieron la bomba en el
establecimiento. Su muerte le perteneca a la red.

Ya no hay ms palabras, compartimos alcohol y soledad. Angustia que se acumula
como cido en el interior. Somos globos que poco a poco se inflan. Algn da
reventaremos.

-Creo que ahora te entiendo -dice el retro, jalando a la mapache que nuevamente
circula en la frecuencia de lo virtual.

Los veo perderse a travs del espejo, de la penumbra interior, de la negrura externa. Y
el silencio flota largo rato, como cogulos en gravedad cero. Llena el ambiente y
refuerza mi paranoia.

-Van a acabar por partirte el hocico -dice el barman, recogiendo los dlares. Sus ojos
estn acuosos y opacos, tristes.

-Lo s -respondo, abandonando la barra, dejando atrs el cobijo.

La ciudad se expand ante m, un organismo hipertrofiado y agonizante. Los edificios
se recortan contra la noche sangrienta como picas en un campo de batalla. Multitudes
de antenas parablicas, inclinan sus odos buscando sintonizar la voz de Dios. Y el
gusano del miedo empieza a corroer mis entraas. Las catedrales son como ojos
desorbitados y ciegos en la tiniebla infernal, se suceden cuadra a cuadra; como perros,
vagabundos y alguno que otro yonqui de entraas movindose al ritmo de la
peristalsis, olvidando ignominias, aburrimiento, aprensin...

Ellos fueron an mejores que yo. No temen. No a Dios, ni a la Brigada Antipecados.
La pasma no existe ms...

Camino y a cada paso aoro las viejas costumbres, la sirena gimiendo tu probable
capture, agents corruptos tan llenos de necesidades como uno mismo, mordindote
los talones. La mierda ha cambiado. Las paranoias tambin. Ahora, como otras noches,
presiento androides, tras de m, enojados, sedientos de justicia, de una venganza
largamente pospuesta, sangrando mientras se libran de clavos y cruz y siguen mis
huellas, bandolas con su cror sinttico. La corona de espinas como vector del
recuerdo.

Y temo. Y engullo los comprimidos. La persecucin podra no tener fin.


El hambre, al menos, no reconoce ninguno.










Gerardo Horacio Porcayo Villalobos (Cuernavaca, Morelos, Mxico, 10 de mayo de
1966), es uno de los escritores ms renombrados de la dcada de los aos 1990 en
Mxico dentro de los circulos literarios que abarcan varias formas de literature
fantstica y ciencia ficcin. A Gerardo Horacio Porcayo se le consider el escritor que
introdujo el subgnero ciberpunk de la ciencia ficcin a la literature iberoamericana,
con su obra cumbre La primer calle de la soledad, y el subgnero neogtico a la
literature mexicana.

Dentro de su amplia trayectoria, ha trabajado por difundir en Mxico la ciencia ficcin.
Adems ha colaborado en mltiples ocasiones en conferencias y como articulista, asi
como con trabajos literarios para la revista argentina de ciencia ficcin Axxn.

OBRAS
Novela
La primer calle de la soledad. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.
1993.
Ciudad espejo, ciudad niebla. 1997.
Las sentencias de la oscuridad (novela por entregas). 1997.
Sombras sin tiempo. 1999.
Dolorosa. 1999.
El cuadro, el cubo y siete pesos. Universidad Autnoma de Puebla.

Cuento
El nido del viento. 1991.
Los motivos de Medusa. 1991.
El territorio de las sombras. 1992.
Sobre la pata del Centauro. 1992.
Imgenes rotas, \i'/F,, de herrumbre. 1993.
Nada nuevo que contar. 1993.
Una misin ms. 1994.
SPaz y rutina. 1996.
El caos ambiguo del lugar. 1996.
En defense de la urdimbre. 1996.
Las sentencias de la oscuridad. Goliardos. 2002.
Aquiy en el ms all. 2005.


Recopilaciones de cuentos
Silicio en la memorial. Ramn Llaca y Cia. 1997.
El hombre de las dos puertas. Lectorum. Coleccin 'Marea alta'. 2002.
Los mapas del caos. UAT Ramn Llaca y Cia. 1997.











Anlogos y thierbigs
Jos Luis Zrate Herrera


S"Los estaba engaando".
En apariencia, Jos 099 era igual a
los otros mil trabajadores de la
Fbrica de Aldehdos Aromticos.
Delgado, con ojos grandes, manos
nudosas, menudo. Todo ello
sintomtico de su alimentacin
basada en Nutrientes Biogenerables.
Reciclaje. Lo ms econmico. Los
movimientos de Jos se acoplaban a
los de sus compaeros, estiraba una
mano hacia una palanca mientras mil
manos se alzaban al mismo tiempo.
Daba un paso y los otros mil
tambin. Una image de movimiento
que era infinidad de imgenes iguales, pero haba una diferencia.
"Los estaba engaando."
Hora de comer. Mil pipetas salieron de las mquinas para incrustarse con
precision en las cartidas de cada uno de los trabajadores. Mltiples y los mismos,
los obreros conectaron el botn izquierdo. La comida fluy, lquida e incolora.
Chasquidos al unsono al conectarse el swich 6.
La msica subliminal de Satisfaccin Fsica. Los excrementos son recogidos en
una bolsa transparent que deber ser entregada antes de salir de la Fbrica. La una.
Las dos. Falta poco. Las tres. Las cuatro. Las pipetas se retiran a sus lugares,
susurrando. Pasa el supervisor, como una sombra. Las cinco. Hora de descansar. Fin
de jornada. Jos 099 trata de convertir sus ojos en cristales opacos. Como los dems
arrastra los pies lentamente y se une al coro de balbuceos mientras siente la humedad
de su saliva recorrerle el mentn. No importa. No mientras pueda seguir
engandolos. Todos usan zapatos de metal y plstico, pantalones impermeables,
camisetas sin mangas, un casco analgico. Chapotea en las calls anegadas de lluvia
mientras se dirige al atestado metro. No sonre. No es feliz. Los otros s. El est
consciente de no estarlo y ello lo pone de un estupendo humor y a su pesar sonre,
feliz. Pero no por el casco. No por eso.
"Los estaba engaando."
S, tan fcil. Una falla insignificant. Una chispa repentina que hizo que perdiera
la sincronizacin. l, como un hombre con una vida feliz, desapareci. En cambio se
hall frente a una mquina y una rutina de movimientos tan conocida que poda
realizarla inconscientemente, tard unos segundos en comprender: su casco
analgico haba dejado de funcionar. Una falla, una chispa y ahora era diferente a sus
compaeros de trabajo que seguan soando. Se pregunt qu. No lo mismo que l, o
no de igual manera. Si bien todos ellos continuaban con su expresin ausente era
impossible que todos tuvieran la misma ilusin. Si se esforzaba un poco, Jos










recordaba hechos nicos e importantes los cuales, en cierta forma, dictaron sus
sueos y fantasas: su infancia en el Bloque Educativo y, sobre todo, su adolescencia
fugaz rota por su ingreso en la Fbrica y su primer casco analgico. Apenas se lo
puso y fue conectado dej de ser el Jos 099 que era, la mquina intervena los
impulsos elctricos de su cerebro provocando alucinaciones, hacindole vivir una
vida diferente a la real, onrica, analgica, con todo aquello que, segn l, era
indispensable para ser feliz. As pues, los sueos de los otros deberan satisfacer a
quines los tenan, cumplir cada sueo individual.
En ese instant pudo ver, a travs de la ventanilla sucia, el lugar a donde se
dirigan. No pudo career que fuera verdadero. No tena nada en comn con la casa a la
cual llegaba cada tarde. Algunas luces mortecinas intentaban romper la monocorde
oscuridad que se adhera a los edificios llenos de cristales rotos y cuartos infestados
de cucarachas. Jos cerr los ojos y por un instant record la ilusin dictada por el
casco: la casa higinica, las paredes blancas, el aire acondicionado. El cambio estaba
rodeado del hedor a heces, sudor human, ratas, agua encenagada.
Dnde estaba?
En la realidad. Por un tiempo la sospech. El casco dejaba lagunas en la vision
onrica, su vida analgica se llen de contradicciones sin importancia. Se fue
volviendo gris, mientras los circuitos se fundan lentamente. Un error. Eso era la
realidad. Un error.
Tena que hacer algo. No bastaba con engaar a la Fbrica, al supervisor, a sus
compaeros. Pero hoy no. Maana. Ahora necesitaba dormir. Tener sueos reales,
descansar del movimiento continue. Y a pesar de no estar en la fcil vida analgica
durmi...
Las manos se hundieron en la maquinaria como si esta fuera humo, un reflejo.
Jos 099 trat de apoyarse en la barandilla que lo rodeaba pero slo hall el vaco.
Los pies se hundan en la nada. No se encontraba ya en la Fbrica sino en un mar. Un
ocano compuesto por nieblas e ilusiones que se dispersaban por el viento que
cobraba fuerza. Jos vio el abismo bajo l. La muerte. Antes de que pudiera gritar, el
viento que deshaca las quimeras lo tom, para hacerlo desaparecer junto con la
Fbrica y el mundo.
Le dola el cuerpo. Eso lo despert.
Un dolor sordo, pequeo, constant. Algo le deca que siempre lo haba portado y
nunca cesaba. El dolor de los msculos agotados. Pudo verse las manos y los dedos
que se achataban, las callosidades circulares en las manos, sus dedos deformados. Se
puso de pie y se desnud para observer su cuerpo. La incisin quirrgica en el pecho
para la pipeta, en donde sta era insertada. Un latigazo elctrico recibido quin sabe
cuando y que nunca se borrara. Las costillas sobresalientes.
Se meti el dedo en la boca sin encontrar dientes, slo pequeos montculos
serrados, apenas rastros cariados de los colmillos. Grazn:
-Soy... Jos... Cero... 99...
Lo cual fue suficiente para asustarlo. Su voz tena un tono gravoso, cortante,
inseguro. Por ello supo que llevaba aos sin hablar. Y, sin embargo, en la vida
analgica era un hombre con voz agradable, una sonrisa seductora. En el reflejo de
cristal una rata de ojos rojizos y piel amarillenta tambin sonri. Apart la vista. La










realidad. Pens en la pesadilla. En ese sueo propio, no comunal o inducido por el
casco y aun as terrible, maldito sueo.
Faltaban dos horas para ingresar de nuevo a la Fbrica. Era tiempo de huir.
Record que le haban hablado, una vez, en susurros de nios, de un terrible secret:
al otro lado de las montaas vivan los Hombres Parias, inadaptados que haban
formado una sociedad que ignoraba todas las pautas de la Sociedad de la Fbrica.
En ese entonces, nios, se estremecieron ante ese pensamiento imaginando bestias
en forma humana. Para el Jos 099 de ahora fueron hombres cuerdos.
Las bestias los haban devorado ya. Con slo llegar a las montaas...
No, eso era una ilusin. En toda la ciudad nicamente se encontraban alimentos en
un lugar. La Fbrica. Era impossible alejarse tanto de ella sin comer. Y para comer
deba trabajar. Y slo ah recibira su racin diaria. Y sin dientes y con unas manos
dbiles era impossible conseguir alimentos propios. No en un lugar lleno de
construcciones, en donde el ltimo de los bosques fue derribado medio siglo atrs. Y
los perros representaban ms un peligro que una possible fuente de comida. Pero no
poda continuar da tras da siguiendo ciegamente los movimientos sincronizados, los
"therbligs" enseados desde la niez. Haba pasado much tiempo desde que saliera
del Bloque Educativo y an recordaba las hipnoleccin: los "therbligs" son los
Movimientos Mnimos Necesarios para efectuar un trabajo consumiendo el menor
tiempo possible con la mayor eficacia...
Multiple, moviendo su cuerpo al unsono con mil cuerpos. No sera possible
sobrevivir mentalmente a esa rutina sin el casco analgico, y l, no deseaba el casco.
No esos sueos de comodidad.
"Los estaba engaando."
Algo deba hacer. Algo.
Lo supo a la hora de la salida. Aliados. Alguien como l. Tendra una oportunidad.
Era Da de Sexo. Segn la vida analgica se encontraba con una amiga que en los
ltimos aos haba aprendido en mil lugares diferentes todo lo possible del acto
sexual, lo just para la amplia experiencia de l. Una larga noche clida. Ese da, en
el metro, multitud de hombres dijeron, al mismo tiempo, agradablemente
sorprendidos:
-Elva! ... Elva 875!... Tanto tiempo sin verte!
Jos escuchaba la pltica coral y segua con la vista la expresin sonriente de sus
compaeros. Mil erecciones contra mil pantalones impermeables. El metro no sigui
su ruta acostumbrada. Fue a parar a una especie de estadio techado en donde,
equidistantes, haba camas, tantas que no hizo siquiera el intent de contarlas. No era
dificil imaginar el porqu del Da de Sexo. Aqu se gestaran las nuevas generaciones
de obreros.
En ese instant llegaron las mujeres, sonrientes. Cada hombre junto a una cama,
desnudndose. Las tomaron por la cintura y haciendo las mismas caricias empezaron
a quitarles la ropa.
Jos pens: "Therbligs, tambin aqu." Mir a la mujer de pie junto a la cama. Era
fea. Sin dientes. Y esperaba ser amada expertamente.
-scar- dijo, insegura.










Jos se abandon al Movimiento Mnimo Necesario, y empez a hacerle el amor.
Al penetrarla un suspiro general recorri el estadio. Crujidos iguales, camas
quejndose con una voz de muelles oxidados. Ella empez a gemir, como las otras.
El olor era insoportable. Jos sinti ganas de vomitar, pero continue.
"Los estaba engaando."
En el moment del orgasmo, de golpe, Jos le quit el casco. La mujer slo fue
consciente del semen golpeando su interior antes de comprender que ya no estaba en
la playa, bajo el sol, con un hombre fuerte y musculoso. No importaba. No en ese
instant mientras que, con los ojos cerrados, se entregaba a las sensaciones.
Pas un minuto.
-Ests despierta- dijo l.
Ella abri los ojos. Mir a su alrededor. La noche, para los anlogos apenas haba
comenzado. En diversas camas se representaba el mismo acto. En todas ellas la
misma accin. Ella grit, grit, grit...
Jos 099 le dio un golpe. Dada su condicin fisica no fue muy fuerte. Ella
continuaba gritando. Se miraba el cuerpo desnudo y las llagas en los brazos, sus
miembros deformes, las manos nudosas y el terrible hombre sobre ella. El olor, los
ruidos hmedos, los quejidos mltiples. Gritaba...
Como ltimo recurso Jos le puso de nuevo el casco. Ella sonri. Los ojos se
vidriaron. No perdi la sonrisa.
-scar -susurr-, acabo de tener una pesadilla espantosa...
La pequea mano sobre el cuerpo del hombre buscaba.
Esa noche la Fbrica se deshaca. Jos 099 tambin. El viento lo convirti en
humo, niebla, recuerdo. Un sueo que se acaba.
La pipeta sali y fue a incrustarse al pecho de Jos. Esta observaba fluir el lquido.
Tena veinticuatro horas de vida. Hasta ese entonces no necesitaba otra dosis. Se
pregunt qu tanto resistira sin ella. No much. Qu hacer?, qu hacer?
Al da siguiente Jos se dijo que la nica manera de salir de ah era mediante la
accin direct. El todo por el todo. El supervisor de la Fbrica no posea un casco
analgico. Era una persona important. Un dirigente con sueos reales. No lo pens
dos veces. La pipeta se haba marchado unos minutes antes. El supervisor no
esperara ninguna agresin. No de los obreros con sus cascos. Pero ignoraba que Jos
era diferente.
"Los estaba engaando."
Jos salt la barandilla y sus huesos dbiles estuvieron a punto de astillarse
cuando libr los dos metros que lo separaban del piso, se movi rpidamente, con
seguridad. Fue cosa de un segundo llegar al supervisor y tomarlo por el cuello
grasoso. Ignoraba si sus dedos tuvieran la fuerza necesaria para matarlo pero as lo
crey. Mil manos se movieron hacia una palanca. Arrastr a su vctima por los
pasillos mientras sta le explicaba cmo funcionaba el auto areo, despus,
simplemente, le quebr el cuello. Jos deseaba ver por ltima vez la Fbrica, pero, de
pronto, las luces se extinguieron y una alarma empez a sonar en alguna parte. An
as pudo llegar al auto. Despeg. Jos poda escuchar el siseo de mil camisetas
corriendo por mil espaldas secas. Mil dedos en el interruptor. Dejaba atrs muchas











cosas. Sexo en el estadio que sobrevol camino a las montaas. Una Fbrica que se
pierde a lo lejos. Un metro que no es ms que un gusano arrastrndose entire
excrementos, edificios que se derrumban.
Existan los Hombres Parias. Exista el Paraso. Un alimento que no era sinttico,
un mundo donde no haba cascos analgicos. Jos 099 empez a aprender una vida
nueva en una sociedad nueva. Por contrast a la que abandon, sta era perfect. Su
cuerpo fue recuperndose y una dentadura postiza hizo de nuevo agradable su rostro.
El constant uso de la voz le quit el aspect gravoso que tena. El nico problema
eran las constantes pesadillas sobre la Fbrica y el viento. Despus de una cacera a
travs de bosques infinitos, cuando tuvieron listo el plan por asalto a la Fbrica, en
esa ocasin que engaaron a una patrulla de reconocimiento; despus de todos esos
hechos gloriosos: la pesadilla.
Los psiclogos del lugar dijeron que sta era una forma en la cual sus recuerdos
dolorosos se subliminaban. No les crey por que saba la verdadera razn de la
pesadilla. La saba. Y an as dej que la Sociedad de los Hombres Parias lo
absorbiera. Pens much en la mujer aquella del Da de Sexo y en la forma en que se
neg a abandonar sus sueos.
Se acost con mujeres que tenan orgasmos propios sin seguir el ritmo de los
"therbligs". Y soaba. No es que importara. Era feliz.
Jos 099 desliz la mano derecha en un Movimiento Mnimo Necesario perfect,
un "therbligs" impecable. Mil manos se deslizaron. Jos 099 movi una palanca
pintada de verde. Mil palancas se elevaron. Jos 099 era feliz. Todos eran felices.
Los casos analgicos funcionaban a la perfeccin. Como siempre.
Mil manos apretaron otro botn...


Jos Luis Zrate Herrera (Puebla, 1966) es uno de los escritores mexicanos ms reconocidos dentro
del gnero de la ciencia ficcin, aunque tambin ha desarrollado trabajos literarios de otros gneros.
Como entusiasta de la literature fantstica en general, como la ciencia ficcin, ha trabajado en diversas
oportunidades por la divulgacin de esta clase de literature en su estado natal y en su pas. Nacional e
interacionalmente, Jos Luis Zrate ha obtenido various premios, como el Kalpa (1992) y el Premio
UPC de ciencia ficcin (2000). Sus novelas de mayor renombre sonXanto, novelucha libre 1994, La
ruta del hielo y la sal 1998 e Hyperia 1999.

Novela
Xanto, novelucha libre. Grupo Editorial Planeta. Coleccin Nosotros. 1994.
Fe de ratas (por entregas). Peridico La Jornada de Oriente. 1997.
La ruta del hielo y la sal Grupo Editorial Vid. S. A. de C. V. Coleccin MECyF. 1998.
Las razas ocultas. Times Editores. Coleccin Serie Negra. 1999.
Hyperia. Lectorum S.A. de C. V. Coleccin Marea Alta. 1999.
Cuento
El viajero. 1987.
Permanencia Voluntaria. Institute Politcnico Nacional. 1990.
Magia. Ediciones Papuras, Quertaro. 1994.


Premios y reconocimientos








18


Premio Kalpa 1992 al mejor cuento mexicano de ciencia ficcin de la dcada 1980s. Otorgado
por la revista Tierra adentro y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, por el cuento El
viajero.
Premio Axxn Electrnico Primordial otorgado por el Crculo Puebla de Ciencia Ficcin a la
difusin de la ciencia ficcin.
Primer Premio Internacional de Novela MECyF 1998 con el libro La Ruta del Hielo y la Sal.
Nombramiemto del peridico La Jornada como uno de los mejores libros de 1998, por La Ruta
del Hielo y la Sal.
Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Luis Z%C3%Alrate"













SORALIA
Por: Juan Hernndez.
















Abr el canal de mi plexo e introduce el aceitoso tubo que abastecera mi cpsula de
oxgeno. De la base del cuello extraje el ducto espiral y aliment mi care. Ajust mi
brazo izquierdo que continuaba fallando. Me sent ante el tablero de la nave y conect
mi base craneal con el mando maestro dispuesto a recorrer la frontera. La eterna rutina
antes de iniciar mi trabajo.

Cada noche deba patrullar y ver que todo fuera en santa paz en los dominios de la
Compaa. Y todo marchaba, except por una jaqueca que sacuda mis neuronas.
Cuatro horas-tierra con la internase conectada al orificio tras la nuca agota a
cualquiera.

Desde mi cabina lograba ver las fumarolas verdes y amarillas de la Gran Caldera, la
galaxia de luces que cobijaba la ciudad como una marquesina.

De pronto el cuarzo de la pantalla parpade agitadamente su color rojo indicando
emergencia. Puls la seal de alarma y maniobr la nave hasta situarme en el lugar
donde haba partido el mensaje de ayuda.

Cuando aterric pude adivinar lo que encontrara; cuerpos carbonizados, chips de
control derretidos, piel sinttica adherida al fondo de la caverna piloto y plstico X2
revuelto con piedras y plasma genrico.

Era el cuarto ataque en menos de un mes. Los otros haban ocurrido en mi ausencia.
Este era el primero que me tocaba tender sin lograr impedirlo. Era dificil llegar a
tiempo. El recorte, de personal haba afectado a la Compaa que prefera colonizar los
desiertos en vez de proteger sus fronteras tecnolgicas.

Me dediqu a la tarea de remover aquellos escombros; la cpsula de lo que haba sido
una aduana haba explotado sin aparente causa. Era evidence que se trataba de un
sabotaje ms contra la Compaa.










Cuando termin, mi cargamento era una docena de bolsas conteniendo los restos de
tres compaeros muertos. Traslad los sanguinolentos paquetes hasta la jefatura de
zona. En mi informed expliqu que se haba tratado de un nuevo ataque, certero,
fulminante.

En el almacn entregu mi equipo de trabajo, desconect de mi cabeza la prtesis y
antes de irme a descansar pas por el taller a que revisaran mi brazo. El viejo implante
volva a darme molestias. El dolor producido inundaba mi espalda y entumeca mis
piernas.

Mocho XII, el mecnico, volvi a decir que era poco lo que poda hacer por mi brazo.
Slo aceitarlo y limpiarlo con un trapo hmedo para cuidar su apariencia. Es un
modelo antiguo, la vena de cuarzo es tan costosa que tu sueldo jams podra pagarla,
dijo.

Vaya miseria. Ya antes haba considerado la idea de deshacerme del brazo, pero no me
imaginaba caminando con la manga de mi traje hibernal flotando vaca. Adems la
Compaa tendra un motivo para despedirme. Prefera soportar ese brazo viejo y
oxidado aunque mi espalda pagara las consecuencias.

Al da siguiente, pas por el laboratorio slo por satisfacer mi curiosidad. Los restos de
los tres cadveres haban sido debidamente ordenados para ser usados en implants
posteriores. Ninguna cabeza, ningn corazn, ningn rgano valioso, slo restos de
muones y una pierna adiposa que supuse haba sido de Jack, el ms gordo de los tres
fallecidos.

Algn brazo? pregunt. Ninguno, no tienes suerte, respondi el laboratorista. En
verdad era mala suerte. De los tres ataques anteriores se haban recuperado un par de
brazos que de inmediato fueron vendidos a los Almacenes Tronics. Cada noche pasaba
por los aparadores de la tienda y miraba los brazos criogenizdos en sus urnas de
cristal bajo una Cartulina con un precio fuera de mis posibilidades.

El report final no arrojaba ningn dato que pudiera servir a mi patrullaje. Algunos
consideraban que la explosion haba sido cometida por un disparo de Metal Rubio, esa
extraa fuerza conseguida en laboratories extranjeros y que era el arma ms temible
para la Compaa. Sin embargo, cmo explicar que los exoesqueletos de los cadveres
permanecieran intactos. Misterio tecnolgico. Era probable que el Metal Rubio hubiera
sido perfeccionado. Sobre todo porque los exoesqueletos creados por la Compaa
eran capaces de resistir las temperatures de Golan y Mirna, las colonies desrticas tan
plagadas de Radiactividad como bulbo de magma.

Acaso el enemigo deseaba apoderarse de exoesqueletos? De ser as, yo haba llegado
antes que los cadveres de mis compaeros hubieran sido robados.

La idea de que tarde o temprano seramos vencidos me provocaba una tremenda
angustia. No me agradaba la idea de verme convertido en esclavo a las rdenes del
Enemigo, levantando muros de hormign y ceniza epxica para resguardar sus
fronteras.










Quedbamos pocos. Nuestra resistencia estaba en su lmite, continuamente
patrullbamos las fronteras. Siempre regresbamos con malas noticias y la nave llena
de restos de antiguos compaeros.

Algunas noches, Soralia haca contact desde su tablero y conversbamos. Dnde
estara? Gente como ella permanecan resguardados de por vida, eran la reserve
tecnolgica de la Compaa y deban preservarlos a toda costa, su capture por parte del
Enemigo representaba un peligro.

Bah, si supieran que se conectaba a mi tablero, que sus palabras amorosas entraban por
la base de mi nuca y todo mi traje hibernal se inundaba con sus caricias... Era
peligroso. Bastaba que un explorador enemigo entrara en la red y vaciara sus archives
de conocimientos como un vampiro extrae la sangre a su vctima.

Tal vez Soralia no comprenda el peligro de conectarse con alguien del exterior, lo
cierto es que aquellas eran las noches ms felices de mi vida, sobre todo cuando el
holograma de su rostro estallaba en el interior de mi nave y yo me dejaba adormecer
por sus reflejos dorados, hasta verla desaparecer bajo la oscuridad en el cristal de mi
cabina.

Hablbamos de amor, de caricias ausentes. Era dificil hablar del future. La sola
mencin de esta palabra significaba angustia y desesperacin, miedo y locura. Ambos
habamos nacido en la ltima generacin con posibilidades de vida MODERADA y
SANA, segn el censo.

La estadstica no especificaba si MODERADA significaba vivir con miedo de que el
Enemigo conquistara la tierra de Los Antepasados. Tampoco ofreca explicacin para
la palabra SANA. Era normal vivir recluido en algn laboratorio secret? Era sano
vivir con una prtesis oxidada y sin refacciones?

La tierra haba sido agotada en sus recursos buscando vida en otros planets. Ao de
3014. Seguamos igual que siempre, abandonados en el universe, sin nadie que
respondiera a nuestro llamado, sin que la barrera del tiempo pudiera ser cruzada como
alguna vez se haba soado, sin que un mensaje sideral llegara a nuestros radares cada
vez ms sofisticados, cada vez ms intiles.

Sabamos que ramos product de ese polvo de estrellas cado en la Tierra all en la
oscuridad del tiempo. Habamos comprendido tambin que estbamos solos en el
universe, nadie habra de ir por nosotros, la noche era una simple boca oscura.

Cuando esto fue aceptado por la comunidad cientfica slo qued una salida;
apoderarse del mayor territorio possible antes que el Enemigo, pero nuestras naves eran
pequeas, adems escaseaban los basamentos y el combustible. Cmo intentar la
conquista? Fue necesario conformarse con esa larga cadena montaosa ofrecida como
patria. Apenas quinientos kilmetros cuadrados, repletos de miseria y abandon,
fronteras frgiles por donde mi nave patrullaba buscando retrasar lo inevitable.

Viva en un panal. Un conjunto de recmaras estrechas donde slo era permitido pasar
la noche, como si fuera possible permanecer durante el da, a menos que uno deseara
volverse loco.










El panal estaba en lo alto de un cerro. Antiguamente haba sido un basurero
tecnolgico. Cuando llegaba un poco de viento se poda percibir el olor nefasto a
plstico y carbn, a cadveres de alimaas puestas a secar al sol para macerar su carne.
A pesar de lo tenebroso del sitio no corra peligro. Mi nave era razn suficiente para
que nadie se atreviera a robar mi prtesis, a desprenderme la base craneal o desear
apoderarse del plexo que la compaa me haba instalado.

De cierto modo era visto como hroe, pocos eran quienes se arriesgaban a patrullar las
fronteras. Poda atravesar el barrio sin temor, llevar alguna joven a mi celda o gritar
como lobo en las noches de luna llena, rito slo permitido a los ms ancianos.

Me senta cansado. La espalda era una burbuja ardiente que amenazaba con estallar y
dejarme embarrado en ese callejn donde buscaba un sitio tranquilo para tomar
cerveza. Los charcos grasientos reflejaban el nen y las siluetas de los transentes,
algunos adolescents se divertan pellizcando el culo a las prostitutes. Alguien grit
auxilio en uno de los pisos superiores pero la voz fue opacada por el silbato de la Gran
Caldera que anunciaba la salida de personal.

De inmediato, los callejones de la zona se convirtieron en un estpido peregrinar de
personas que ansiaban divertirse un poco antes de retirarse a dormir. Un hombre negro
me ofreci clavijas faciales. Ped que no me molestara. El tipo insisti. Abri su abrigo
y mostr relojes piramidales reservados al ejrcito, intravenosas de juego sexual que
podan ser instaladas inmediatamente.

Los conozco. Tienen virus, dije.

Estn limpios, respond.

De cualquier forma era un riesgo instalarse con aquella basura. Uno poda perderse en
algn laberinto y jams regresar.

Lo que necesito es un brazo, dije levantando la manga de mi traje hibernal, sealando
mi propio brazo izquierdo.

Mjm, si tuviera un brazo ya hubiera salido de pobre dijo el negro retirndose molesto.

Entr a un lugar apenas iluminado con cuarzos chillantes que parpadeaban lastimando
la vista. Encontr sitio. en la barra. En el scenario un hombre tragaba un largo
cuchillo por su boca lacerada con bubas rojizas. La enfermedad de los basureros.

No resist. Sal del lugar y camin hacia el panal, confiado en la seguridad que daba mi
uniform. Sent entonces un dolor en la nuca. Alguien me haba golpeado la base
craneal y mi cerebro se volvi loco intentando recuperarse. El atacante pas su brazo
por mi cuello y un hombre con el rostro sinttico se detuvo frente a m. Con un rpido
movimiento desprendi la prtesis de mi brazo izquierdo Y mi espalda estall en dolor
negro y spero.

Cuando despert estaba sentado frente a una pantalla que parpadeaba frentica. Los
dos ngeles violentos conectaban un tablero a mi base craneal y revisaban la reserve de
oxgeno en la cavidad de mi plexo. Ser mejor llenarlo, dijo el hombre de rostro










sinttico. El atacante conect la sonda y pude reconocerlo. Era el mismo que me haba
ofrecido mercanca en el callejn.

Whiskas Gibrn Whiskas, Oficial de Patrulla.

Soy yo, dije sintiendo la energa corriendo a travs de mi cuerpo. Los tipos me haban
conectado carga suficiente para trabajar sin descanso una semana. Era un derroche.
De dnde obtenan semejante cantidad de plasma genrico y oxgeno?

Tenemos nuestros proveedores, respondi el hombre sinttico. Entonces not que mi
base craneal estaba siendo decodificada y la lnea de mi pensamiento apareca
transcrita en la pantalla. Era impossible ocultarles algo.

Gibrn Whiskas, censado como habitante de vida MODERADA y SANA. Mmmm.
Quedan pocos como t, de no ser por la prtesis de tu brazo diramos que eres una
reliquia de museo.

He sabido conservarme.

No te elegimos por eso, sino por tu amistad con Soralia.

Estaba perdido. El secret guardado durante tanto tiempo haba sido descubierto.

No s de qu hablan, respond y de inmediato la pantalla parpade una luz amarilla.
Las palabras Soralia, amor mo aparecieron centelleantes.

Es intil mentir. Mi amigo el negro se divierte explorando redes. Hace poco descubri
un ardiente dilogo. Espero que limpies el tablero de tu nave luego de masturbarse con
el holograma de tu amiga, patrullero.

El negro se aproxim jugueteando con mi prtesis, analizndola.

Obtendra buen dinero por este brazo en el callejn, lstima que ya no existan
refacciones. Es un antiguo modelo, dijo.

Ni siquiera me esforc por hablar, dej que la lnea de mi pensamiento fuera
apareciendo en la pantalla.

De acuerdo, qu buscan?

Necesitamos que conectes con Soralia. Es todo.

Con qu propsito?

Slo para... conversar.

Vampiros, te van a chupar parpade la pantalla traicionando nuevamente la lnea de mi
pensamiento.


No s cmo hacerlo, ella es quien se comunica conmigo.










No te preocupes. El negro te acompaar. Slo necesitamos tu voz para que Soralia
acepte conectarse.

Vampiros Vampiros

Lstima que no tenga compostura, dijo el negro, tirando mi prtesis al piso. Mi brazo
artificial cruji bajo el peso de su bota. La vieja vena de cuarzo que tanto haba
resistido se desliz por el mosaico como una serpiente chamuscada.

Podemos dejarte ir, pero presiento que no tienes un buen pretexto para explicar la
prdida de tu brazo; podemos hablar a la compaa y decir que uno de sus patrulleros
se conecta con su amante descuidando el patrullaje en la frontera. O quiz te
liquidemos. El negro se encargar de vender tus restos en el callejn o a los Almacenes
Trinos. Todo tu cuerpo es una verdadera mina de oro.

Est bien, no tengo opcin.

El hombre sinttico sonri. Tom asiento a mi lado y conect un tablero en las cnulas
de sus manos. El hombre negro hizo lo mismo y extendi un cable que depsito en la
red alterna de mi base craneal.

Astillas de vidrio. Una tormenta de cuarzo recibi mi primer impulso. Prefer cerrar los
ojos para concentrarme. Tena poca experiencia en el viaje ciberntica. Acaso ah
resida el misterio de mi cuerpo conservado.

Una cortina de metal snico golpe mis neuronas. El dolor hizo arquear mi column.
Era dificil avanzar llevando al negro como compaero. Cada barrera pasaba primero
por mi frontera sensorial y todo se detena hasta que el negro la decodificaba y
aceptaba continuar. En caso de peligro el hombre sinttico desconectara a su amigo y
me dejaran slo, perdido en un cable minado de Furia y Espanto. El resto de los
candados ni siquiera poda imaginarlos.

Furia fue un taladro director a los dientes. Sent la descarga. Por un moment perd la
nocin hasta que sent la presencia del negro avanzando en algn recodo de mi crneo.
Abr los ojos y mir la pantalla virtual que operaba el hombre de la piel sinttica.
Desde su tablero iba incorporando claves que permitan el acceso hasta esa zona.

No puedo ms apareci en la pantalla amarillenta. La lnea de mi pensamiento se
resista. El instinto de supervivencia indicaba el lmite de mis posibilidades. El negro
fue en mi auxilio. En mi base craneal sent el pulsar de algunas teclas que viraron el
rumbo hasta retomarlo just despus del taladro. Furia haba quedado atrs.

Piensa en Soralia! grit el hombre sinttico.

El negro volvi a teclear y en la oscuridad rocosa percib las letras del nombre de mi
amada. Una luz intense ilumin el tnel. Era dificil de career. Soralia haba colocado su
mismo nombre como clave para acceder hasta su refugio. El camino pareca claro, slo
quedaban los candados que la compaa haba colocado en sus redes.










Un demonio viscoso atac mi plexo buscando la cpsula vital. Haba llegado a los
dominios de Espanto. Intent cubrirme con mi mano izquierda, pero un mun rojizo y
maloliente me hizo recorder que no tena brazo. Una escarcha de plstico venenoso me
recibi bajo esa caverna donde navegaba a ciegas. El negro permaneca a mi lado
preparado para huir cuando todo acabara.

SORALIA parpadearon las letras enviadas desde el tablero y mi base craneal fue
catapultada hasta una region donde ni siquiera los abismos existan. Territorio de
sombras, trono de bestias que mascaban mi nombre. La vida fue una rfaga, serpentina
de amores destrozados, tristeza acumulada.

El hombre negro tom mi sombra y la desliz envuelta en una mancha rojiza que se
volvi ceniza y gritos. Ambos regresamos por el cable recogiendo restos de dolor
sensorial. El vrtigo nos depsito frente a la computadora. Despert cuatro das
despus, junto a los restos de mi brazo izquierdo.

Apenas abr los ojos la punta metlica de una bota hizo estallar mi nariz. El dolor
busc acomodo entire mis recuerdos y sent una neblina de alfileres vacindose
alrededor de mi crneo.

Gibrn Whiskas, quedas detenido a process. Se te acusa de colaborar con el Enemigo.

El androide no saba de buenos modales. Inmoviliz mi cuerpo con sonda elctrica y
fui llevado en un convoy hasta una cripta ubicada en lo que supuse eran los stanos de
la Compaa. Por alguna razn mi agenda nemotcnica estaba intacta. Poda recorder
mi pasado, la historic de mis padres, mi nmero clave, algunas fechas patrias y hasta el
himno de la Compaa. Tambin record que era noche de luna llena.

Un aullido feroz sali de mi garganta. Restos de sangre y baba fluyeron por la
comisura de mis labios. La corriente vital de mi cpsula se active como el chispazo de
un motor y mi cabeza golpe el cristal de la cripta que cay en pedazos. Estaba libre.

Alertado por el ruido lleg el androide. Al verme dispar sonda elctrica que, elud
arqueando el cuerpo. Lo tom por el cuello y apret haciendo estallar su traquea de
resina que chisporrote antes de fundirse. Demonios, cmo extraaba mi otro brazo!

Vagu por los pasillos. En una pared de mandos conect el cable de mi base craneal y
pronto obtuve un plano del edificio. No haba candados, slo un dolor en los dientes
que ya conoca. Busqu algo de energa y encontr apenas diez grados en una tarjeta
de memorial. Los absorb de inmediato y los deposit en mi c nula tras el odo. Mi
debilidad era de grado mayor.

Ped a mi base craneal una nueva lectura del plano del edificio. Si haba logrado entrar
a la Compaa vala la pena conocer a mi amada. Tecle su nombre. SORALIA. Por
toda respuesta obtuve: Objeto de Placer.

No poda creerlo. Soralia, la mujer de quien me haba enamorado, era un Juguete
Sexual?










Comprend todo; el miedo, la orfandad, el deseo, la muerte, el llanto, la soledad. Ah
estaba, con el cerebro conectado a un program y una reserve de energa tan escasa
que cualquier espasmo ertico hara explotar mi corazn. Vaya irona! Supe el peligro
que corra al estar conectado, pero fue demasiado tarde. En ese moment, el cielo se
abri.

Mi alma qued dispersa en una red de alambres oxidados que introducan dolor bajo la
piel. Un olor a carne lastimada me inund. Quise retirar aquella viscosidad pero slo
consegu lastimarme con el mun de mi mano. Era un maldito invlido.

Un tropel de luz y fuego camin desde la base de mi column astillando mi cuerpo.
Grit desde el fondo de mi memorial, como si el carbn hubiera sido siempre la
sustancia de mis palabras, como si el lodo fuera la viscosidad de mis ojos, como si la
muere habitara en mi lengua. Dolor.

Amor mo dijo una voz llegando desde el fondo de mis recuerdos. Era ella. Soralia.
Una sombra.

Mi care se convirti en un reptar de gusanos bebiendo mis venas. El olor a sangre
hervida inundaba mi tarjeta de sensaciones. La carne, La maldita care es dbil.
Escuchar su voz y derrumbar mis sentidos fue una misma accin. Soralia se aproxim.
Tom mi cuerpo, lo desnud, introdujo su lengua en mi boca, lami de mis encas y
rompi mi ducto espiral. Ya era un simple cuerpo abandonado a la noche. Sent su
fuerza al introducir su mano en mi base craneal y romperla. Dolor.

Explosin. La nada. El espasmo. El vmito de mi historic recorriendo cada vena de
cuarzo sobreviviente al desastre.

Despert recluido en mi celda. A lo lejos el murmullo del barrio reptaba por las
paredes. Te has portado bien, dijo el hombre negro terminando de colocar una nueva
prtesis en mi brazo izquierdo. Un chasquido de luz camin silencioso por mi cuerpo.
El tipo se fue.

Sal de mi celda y camin hasta mi nave. Sobrevol por el barrio mientras una multitud
chillaba celebrando la conquista de nuestro territorio por el Enemigo.

Cruc la frontera y hu. Nuevamente tena dos brazos. Era mi pago por abrir la puerta
al Enemigo a travs de mi base craneal. Mi cuerpo estaba complete, except mi alma.
La imagen de ese androide llamado Soralia, haciendo el amor conmigo en sus noches
de descanso, me hera tanto como una astilla encontrando cobijo en mi angustia.

Amor mo dijo una voz parecida a un rumor de piedra. Surc fugaz la sonda de mi
base craneal. Se anid director en la region de mis sentimientos. Llor.

Amor mo repiti la voz. Segu llorando. Mis lgrimas cayeron sobre el cristal del
tablero reflejando su humedad, except mi imagen. Ah estaba el product de mi
tristeza. Con el tiempo aprendera a llevar mi nueva condicin.







27


Pronto amanecera. Deba encontrar un recinto donde el sol no me lastimara. Atrs
quedaban las fronteras que tanto haba ayudado a resguardar. Al frente, la soledad del
destierro. Los vampiros no tenemos patria.










Discurso sobre un Nuevo Mtodo para el Estudio de
la Ciencia Ficcin Latinoamericana


Por: Miguel Angel Fernndez.



















As como en New Maps of Hell (1960) Kingsley Amis introdujo en beneficio de los
lectores un ingenioso paralelismo entire los orgenes de la ciencia ficcin anglosajona y
el jazz, creo que el mejor modo de dar a conocer la historic y las peculiaridades de la
ciencia ficcin latinoamericana es comparndola con los recientes descubrimientos de
un grupo de dinosaurios con ejemplares de los families ms importantes en lo que en
tiempos fue el actual territorio de Sudamrica.

Hasta hace algunas dcadas, los fsiles de dinosaurios de Amrica Latina no eran tan
conocidos como los de Norteamrica y Europa. Esto se deba, sin duda, a una pesquisa
deficiente y lejos de los lugares indicados. Lo mismo ocurra con la ciencia ficcin
latinoamericana. En 1979, la primera edicin de The Encyclopedia of Science Fiction
de Peter Nicholls, le dedic una entrada junto a Espaa y Portugal. De sus 599
palabras, el 88.9% fueron para espaoles y portugueses, y apenas un 11.1% (66
palabras) para Sudamrica, ignorando al resto de Amrica Latina. Esta deficiencia se
corrigi parcialmente en la segunda edicin de la obra de Nicholls, ahora publicada en
colaboracin con John Clute (1993), donde, bajo el ttulo de Latin America, el
brasileo Braulio Tavares y el mexicano Mauricio-Jos Schwarz ofrecieron un
panorama general y apartados especiales para Argentina, Cuba, Mxico y Brasil, junto
a una lista de ttulos y autores de Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador,
Per, Santo Domingo, Uruguay y Venezuela. Sin embargo, Tavares y Schwarz
advertan que era imperiosa una investigacin ms profunda sobre el tema.

Hacia 1980 comenzaron en Latinoamrica las excavaciones sistemticas encabezadas
por experts paleontlogos. En todo el mundo se han encontrado poco ms de 500
species de dinosaurios, de las cuales, segn la pgina web Dino Data 136 species










han sido descubiertas en Latinoamrica, desde Mxico hasta Argentina, pertenecientes
-al menos las de Amrica del Sur-, a los tres periods de la era Mesozoica. Del mismo
modo, en la dcada de 1960 aparecieron los primeros anlisis crticos de la ciencia
ficcin latinoamericana y, en 1998, un grupo de estudiosos de esta corriente literaria,
nos propusimos elaborar una cronologa complete. Los resultados arrojaron cifras
sorprendentes: 981 revistas y fanzines, 102 cuentos publicados en recopilaciones no
especializadas, 253 antologas, 373 novelas y 134 ensayos, provenientes de 15
naciones de Amrica Latina; es decir, casi el 60% de ellas, con excepcin de las
Antillas Menores, Belice, Guyana, Guyana Francesa, Hait, Honduras, Jamaica,
Panam, Paraguay, Puerto Rico y Surinam.

Argentina no solamente es el pas en el que se han hallado ms restos fsiles de
dinosaurios (119 speciess, sino tambin el ms prolfico en publicaciones de nuestra
corriente literaria (623 ttulos), seguido por Mxico (459 ttulos), Brasil (330
ttulos),Chile (111 ttulos) y Cuba (76 ttulos).

El Antarctosaurus, uno de los mayores saurpodos del Cretcico, probablemente
emparentado con el Diplodocus, es la especie ms comn en Latinoamrica, con restos
encontrados en Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Uruguay. As tambin, los ttulos
ms socorridos de la ciencia ficcin latinoamericana, como puede verse, son las
revistas profesionales, semiprofesionales y de aficionados o fanzines, cuyos primeros
ejemplares abundaban en traducciones a lo largo de casi todas sus pginas, las que
evolucionaron progresivamente para alternar con autores locales, llegando algunas, en
dcadas recientes, a minimizar o incluso a erradicar las colaboraciones extranjeras;
saliendo otras del ocano primigenio de papel para dar sus primeros pasos en las
playas del software, primero, y del ciberespacio, despus.

Investigaciones ms recientes han encontrado cuatro obras de la prehistoria de la
ciencia ficcin, mejor conocida como protociencia ficcin, todas ellas escritas en
Mxico, siendo la ms antigua el rapto interplanetario que aparece en la Tautologa
Exttica Universal (1667) del jesuita Alexandro Fabin.

El primer descubrimiento de un fsil de dinosaurio en nuestros pases data de 1882, y
tuvo lugar, asimismo, en Argentina. La ms remota muestra de ciencia ficcin
latinoamericana est fechada en 1775 y proviene de Mrida, en la peninsula mexicana
de Yucatn, cerca del crter de Chicxulub, donde se cree cay el meteorito que dio fin
al reinado de los lagartos terrible. Se trata del cuento de un viaje lunar titulado
"Sizigias y Cuadraturas Lunares", escrito por el fraile franciscano Manuel Antonio de
Rivas, descubierto en 1959 por Pablo Gonzlez Casanova y clasificado dentro de la
ciencia ficcin por Ross Larson (1973). Muchos crticos dudan que en el ltimo cuarto
del siglo XVIII haya sido possible que alguien escribiera una autntica obra de ciencia
ficcin, si acaso, dicen, se tratara de protociencia ficcin. Las Sizigias y Cuadraturas
Lunares" resultan dificiles de clasificar, pues si bien presentan el esqueleto tpico de
un cuento filosfico a la manera del "Micromegas" de Voltaire, sus rganos
constitutivos ya muestran las caractersticas de la ciencia ficcin modern: bsqueda
de verosimilitud cientfica, clculos geogrficos, fisicos y astronmicos,
extraterrestres, stira social y una velada utopa ilustrada. Por cierto, el fraile Rivas
estuvo a punto de extinguirse cuando el tribunal de la Inquisicin trat de procesarlo
por difundir la teora heliocntrica de Coprnico y career en otras ideas herticas.










Hay que reconocer que la forma en que se ha investigado hasta ahora la ciencia ficcin
en Latinoamrica no ha sido la ms indicada. Al iniciar los descubrimientos
sudamericanos de restos de dinosaurios pertenecientes a families o gneros
desconocidos en el hemisferio norte, eso no fue motivo para forzarlos a encajar en los
ya existentes. Esto, que parece muy lgico, no se ha visto con igual claridad en la
mayora de los studios de la ciencia ficcin, no nicamente de Latinoamrica, ya que
ha sido frecuente minimizar lo relative a la produccin de esta corriente literaria en las
regions geogrficas distintas a la europea y estadounidense. Para subsanar estas
inadvertencias, es necesario reconocer una problemtica particular de la ciencia ficcin
de las regions perifricas, que importa tanto a los propios pases de estas regions,
como a los studios generals de la ciencia ficcin.

Es indispensable tener present que toda la ciencia ficcin depend del context en que
se describe. En el caso de Amrica Latina, el hecho de que no se conozcan muestras de
valor, se debe a las formas de abordaje as como a los mtodos y teoras que han
prevalecido hasta aos recientes. Bsicamente, los trabajos que han intentado dar a
conocer la ciencia ficcin latinoamericana han sido cronologas o histories de las
contribuciones hechas por el subcontinente a la ciencia ficcin universal. Esto result
tan equivocado como pretender escribir la historic econmica de un pas a partir de sus
relaciones comerciales con otras naciones, o buscar restos fsiles de dinosaurios que
solamente pertenezcan a las families y gneros ya conocidos, desechando los que no
respondan a clasificaciones convencionales. Es curioso que nadie se haya percatado de
que el studio de la ciencia ficcin ajustndose a los models europeo y
estadounidense, crea un marco conceptual que niega, ex hipothesi, a Latinoamrica.
As se comprende, por otro lado, que las aportaciones de esta region se considered
sumamente escasas.

Un ejemplo obvio de que la metodologa hasta ahora empleada no es la ms
recomendable, aparece en la antologa editada por James Gunn, The Road to Science
Fiction. Volume 6: Around the World (1998) En el captulo dedicado a Espaa y
Latinoamrica, puede leerse en la introduccin:

When it comes to science fiction, Spain and Latin America share more than a
language: primarily agricultural, slow to industrialize, influenced more by tradition
than the forces that produce change, they have found little in science fiction that
speaks to their condition. Because of their European neighbors, perhaps, Spain had
some early SF experience, but Latin America was more isolated... Latin America's
major contribution to science fiction and fantasy (and literature itself) has been "magic
realism"

La aplicacin de semejante criterio -que en realidad se trata de un prejuicio- llev a
que se publicaran en esta antologa dos relatos de ciencia ficcin ("El jardn de
alabastro" de Teresa Ingls y "La lotera en Babilonia" de Jorge Luis Borges), que
recuerdan lo escrito por los autores estadounidenses; y dos relatos que pueden
pertenecer al realismo mgico, pero no a la ciencia ficcin, como lo son "Blacamn el
bueno, vendedor de milagros", un cuento de fantasa de Gabriel Garca Mrquez, y
"Chac-Mool", un cuento de horror de Carlos Fuentes.










Pero estos prejuicios no son patrimonio exclusive de la antologa de James Gunn, se
encuentran arraigados en la opinion de las sociedades de los pases desarrollados, sin
que queden exentos de ellos una parte considerable de sus investigadores.

No vamos a negar el maridaje entire ciencia y fe que se estableci dentro de los
crculos del poder en la Amrica colonial. Sin embargo, esto es apenas una parte de la
historic, la ms oscura y divulgada desde el siglo XVIII. A partir de la dcada de 1970,
el progress en las investigaciones de la historic de la ciencia latinoamericana, ha
ofrecido nueva luz y muchas excepciones a la que hasta entonces era considerada
como la historica official .

Como ha escrito el humanista colombiano Germn Arciniegas, "[s]i la conquista de
Amrica es una consecuencia del Renacimiento, el fin del rgimen colonial es una
consecuencia de la Ilustracin" Esto fue as, porque existieron comunidades de
cientficos e intelectuales que, a pesar de la existencia de la polica del pensamiento
que fue el tribunal del Santo Oficio de la Inquisicin, tuvieron acceso a textos de la
filosofia modern y de la revolucin cientfica desde comienzos del siglo XVII. El
Discurso del Mtodo (1637) y otras obras de Descartes, son citadas por el mexicano
Carlos de Sigenza y Gngora en 1681, un cientfico que fue discpulo de los jesuitas,
quienes ensearon desde finales del siglo XVII la filosofa cartesiana y el sistema de
Coprnico. El propio Sigenza es el autor de la Libra Astronmica (1690), una de las
obras mayores de toda la ciencia colonial hispanoamericana, donde realize
observaciones del mismo cometa que en 1681 sirvi a Newton para enunciar la teora
de la gravitacin universal, y cuya precision puede comprobarse cotejando la quinta
seccin de la Libra Astronmica con el libro iii, proposicin xli de los Principia
Mathematica.

Estimulados por las reforms a los studios tradicionales impulsadas desde Espaa por
los ministros de Carlos III, en Lima, el virrey aprob un nuevo plan de enseanza
(1771) que inclua a Leibniz, Bacon, Gassendi y Descartes. En Mxico, Juan Benito
Daz de Gamarra public en 1774 sus Elementa Recentioris Philosophiae y, en 1781,
los Errores del Entendimiento Humano, donde critical el escolasticismo y explica, al
igual que en su ctedra, a Leibniz, Newton y Descartes, aunque se le denuncia, sin
ulteriores consecuencias, ante la Inquisicin. En 1775, en La Habana, Jos Agustn
Caballero surge como el intellectual que lleva en su estandarte el nombre de Descartes,
Galileo y Bacon. En Caracas se suspended en 1788 al catedrtico Baltasar de los Reyes
Marrero por nombrar al autor del Discurso del Mtodo. Dos aos despus, en la
Argentina, el den Gregorio Funes elogia pblicamente las reforms educativas
impulsadas por la corona espaola.

La teora heliocntrica del universe, para la que result de importancia capital el
descubrimiento de Amrica, fue mejor recibida en Hispanoamrica que en Europa. En
fecha tan temprana como 1600, un librero de Sevilla envi un ejemplar del De
Revolutionibus Orbium Coelestium en el navo Trinidad, con destino a Martn de
Ibarra, de San Juan de Ula, Mxico; pero un hecho sumamente curioso ocurri en
1774 en Bogot. El mdico, botnico y matemtico, Jos Celestino Mutis, fue acusado
ante la Inquisicin por haber dicho que la Tierra giraba alrededor del Sol. Para su
fortune, en lugar de encarcelarlo directamente, se le ofreci la oportunidad de que se
justificara ante un tribunal acadmico-inquisitorial. El pblico, conformado por
oidores, letrados, cannigos, doctors y estudiantes, reunido en la capilla del Colegio










del Rosario, escuch la convincente explicacin de Mutis y fue liberado sin cargo
alguno.

En las colonies espaolas americanas exista mayor libertad que en muchos pases
europeos de su poca. Prueba de ello es el intent de Galileo Galilei de pasar a la
Amrica espaola, luego de su primer process (1611), para lo cual escribi al rey de
Espaa, ofrecindole sus servicios como cosmgrafo, pensando que sera el mejor
modo de continuar sus investigaciones quitndose de encima las enojosas
investigaciones de la Inquisicin romana.

Afirmar que Latinoamrica ha estado aislada del mundo desarrollado, parece ms el
argument de una utopa o de una obra de historic alternative, que un criterio
acadmico de seleccin de muestras de la literature de ciencia ficcin de un pas o
region geogrfica determinada.

As como se ha constatado la existencia de dinosaurios en los siete continents, el Polo
Norte y la Antrtida, por haber tenido la capacidad de adaptarse a una gran variedad de
climas, la ciencia ficcin ha existido en todas las sociedades a las que ha llegado,
direct o indirectamente, la revolucin cientfica y sus aplicaciones tecnolgicas, pero
tambin, y sobre todo, la idea ilustrada del progress.

Por otro lado, la invencin, en el sentido amplio del trmino, no es patrimonio
exclusive de nadie. Alguna vez se han preguntado de dnde proviene el apellido Alva
de Thomas Alva Edison? Es curioso que sus bigrafos solamente destaquen el origen
belga de su apellido materno. El primer apellido de Edison proviene de la familiar Alva
de Sombrerete, Zacatecas, Mxico El historiador espaol de los inventos y la
tecnologa, J. Fayet, sostiene que "no es una raza particular de Europa o de Amrica
donde se encontrar el patrimonio del espritu de la invencin, sino en esos crisoles
donde se mezclan, donde se funden las razas mismas, ah es donde encontraremos las
ms frecuentes cunas de inventories" ; palabras que adelantan las peculiaridades de
nuestra literature.

A diferencia de pases como Francia, Inglaterra, Alemania y Estados Unidos, la
literature fantstica latinoamericana no sigui la secuencia neoclsica-romntica-gtica
, por lo que la ciencia ficcin de estas naciones dificilmente podra ajustarse a la
definicin casi universalmente aceptada de Brian W. Aldiss, segn la cual esta
corriente literaria est "caractersticamente tramada en el modelo gtico o post-gtico"
. Aunque existen ejemplos de ciencia ficcin en la Amrica Latina de los siglos XVIII
y XIX, pertenecientes al cuento filosfico, romanticismo, modernismo y algunas otras
escuelas literarias europeas, con excepcin de la escuela modern, primer corriente
literaria original del continent, lo que caracteriza, no solamente a la ciencia ficcin,
sino a la literature fantstica latinoamericana es el eclecticismo, que pretend ampliar
la percepcin de la realidad, recurriendo al humor, la stira, el surrealismo, el onirismo
y tambin a lo terrorfico Segn el crtico espaol Rafael Llopis, la literature
fantstica latinoamericana constitute una extraa y feliz conjugacin de mitos
autctonos, tanto indios como negros o criollos, y cosmopolitismo, siendo este ltimo
factor el que ms ha influido en su configuracin actual. El principal responsible de la
expansion perceptive propia de las modernas obras fantsticas latinoamericanas, es el
argentino Jorge Luis Borges:










[P]or la brecha abierta por Borges se irn colando -e integrando- todos los factors
populares, no intelectuales y autctonos, todos los mundos reprimidos de
Hispanoamrica, desde las supersticiones indgenas ms primitivas hasta la ms actual
y active crtica social. De la unin de aquel cosmopolitismo exquisito y aristocrtico
con estos elements telricos y viscerales -miedo, odio, sangre- ha nacido una
estructura... que es ntimamente contradictoria consigo misma, como toda estructura
real .

Por otro lado, el prlogo que escribi Borges a La Invencin de Morel (1940) de
Adolfo Bioy Casares, una de las novelas seeras de la ciencia ficcin latinoamericana,
result de suma importancia, pues se trata de una especie de manifesto de la literature
fantstica y la ciencia ficcin argentina, en particular, y latinoamericana en general.

En 1925, el filsofo y ensayista espaol Jos Ortega y Gasset public un influyente
libro titulado La Deshumanizacin del Arte, que contena algunas ideas sobre la novela
y su future en hispanoamrica. Segn Ortega, la novela psicolgica era probablemente
la nica opcin vlida, ya que el placer de las novelas de aventuras era inexistente o
pueril. Borges se encargara de demoler estas opinions. La novela de aventuras, sea
de cualquier ndole, no se propone, como la psicolgica, transcribir la realidad, sino
que se trata de "un objeto artificial que no sufre ninguna parte injustificada". Se cree
que nuestro siglo ya no es capaz de tejer tramas interesantes, pero ninguna otra poca,
a decir de Borges, posee novelas de tan admirable argument como The Turn of the
Screw, Der Prozess o, precisamente, La Invencin de Morel.

Al final del prlogo hace una especie de declaracin sobre el surgimiento de la ciencia
ficcin en lengua espaola, refirindose a este gnero como obras de imaginacin
razonada:

En espaol, son infrecuentes y aun rarsimas las obras de imaginacin razonada. Los
clsicos [de la lengua espaola] ejercieron la alegora, las exageraciones de la stira y,
alguna vez, la mera incoherencia verbal; de fechas recientes no recuerdo sino algn
cuento de Las fuerzas extraas [de Leopoldo Lugones] y alguno de Santiago Dabove:
olvidado con injusticia. La invencin de Morel (cuyo ttulo alude filialmente a otro
inventor isleo, a Moreau) traslada a nuestras tierras y a nuestro idioma un gnero
nuevo.

Aunque Borges se olvida aqu de algunos ilustres y reconocidos autores argentinos y
latinoamericanos de ciencia ficcin y fantasa, como Eduardo Ladislao Holmberg,
Pedro Castera, Amado Nervo, Rubn Daro y Horacio Quiroga, hay que recorder que
escribi estas palabras no solamente antes de la era de los descubrimientos de la
ciencia ficcin de esta zona geogrfica, sino, adems, cuando imperaba el realismo en
las letras de Amrica Latina. No sorprende el hecho de que los autores, especialmente
argentinos, que no se conformaban con seguir los models anglosajones, hayan tratado
de darle una identidad propia a la ciencia ficcin siguiendo a Borges y a Bioy Casares.

Hablando de portentos o de "monstruos de la naturaleza", como se bautiz al
dramaturgo y poeta espaol Lope de Vega, en Argentina se descubri un saurpodo de
ms de cuarenta metros de largo, quince metros de altura y ms de cien toneladas de
peso, llamado, con todo el orgullo de la nacin y la region que lo vio nacer,
Argentinosaurus huinculensis; tambin fue hallado un carnvoro apenas mayor que el










Tyrannosaurus Rex, el Giganotosaurus carolinii, que vino a destronar al tirano del
hemisferio norte. En la misma nacin, Pablo Capanna ha publicado ensayos sobre
Philip K. Dick, Cordwainer Smith, J.G. Ballard y otros temas, que rivalizan con las
obras de los principles especialistas en el mundo; igualmente destaca el desaparecido
H.G. Oesterheld, mximo narrador de aventuras argentino, y clebre creador del
Eternauta, version futurista de Robinson Crusoe; Anglica Gorodischer, que alguna
vez fuera llamada "el Borges femenino"; Carlos Gardini, autor especializado en la
ciencia ficcin de tema military, cuyo relato "Primera lnea" gan el primer premio del
Concurso Cuento Argentino del Crculo de Lectores, ante un jurado a cuya cabeza se
encontraba Jorge Luis Borges, y autor, asimismo, de la impresionante novela El Libro
de la Tierra Negra (1993).

En Brasil, es digno de renombre Andr Cameiro por su Introducao ao studio da <>
(1968) y por su labor como divulgador de la ciencia ficcin en su pas; su cuento "A
escurido", fue convertido en guin cinematogrfico por el estadounidense Leo
Barrow; en Bolivia, destacan las geniales creaciones fictocientficas de Hugo Murillo
Bnich; en Chile, Hugo Correa, quien fue recomendado por Ray Bradbury para
publicar en The Magazine of Fantasy & Science Fiction, y su "Alter ego" apareci
antologado en Introductory Psychology Through Science Fiction (1974); en Uruguay
hay que tener present a Mario Levrero y su "triloga involuntaria", conformada por
las novelas La Ciudad (1970), El Lugar (1982) y Pars (1979).

En Mxico, basta con recorder a Eduardo Urzaiz, que escribi su propia version de
Brave New World, titulada Eugenia: Esbozo novelesco de costumbres futuras (1919),
trece aos antes que Aldous Huxley; y a Diego Caedo, autor hoy da injustamente
olvidado, a pesar de que sus novelas El Rferi Cuenta Nueve (1943) y La Noche
Anuncia el Da (1947) recibieron elogios del humanista Alfonso Reyes, y que en 1972
public una novela corta (El Gran Planificador), donde utiliz sus conocimientos de
arquitectura y urbanismo para advertir sobre las devastadoras consecuencias que
tendra en la ciudad de Mxico un gran terremoto, como el que efectivamente ocurri
el 19 de septiembre de 1985.

Otro tema de studio necesario para los acadmicos de la ciencia ficcin, consiste en el
process de transmisin de esta literature de un pas a otro -en particular a travs de las
revitas pulp y de sus mltiples traducciones y adaptaciones-, al igual que el tema de su
incorporacin y domesticacin en las naciones receptoras. Puede asegurarse que no
hay escritor latinoamericano de ciencia ficcin contemporneo que, en su juventud, no
haya sido fantico o frecuentador habitual de lo producido en los pases anglosajones,
particularmente en Estados Unidos. Esto, como asegura Mempo Giardinelli, deja sus
huellas ms all de que los autores se inclinen despus a otros gneros Al escribir,
incorporan a Bradbury, Dick, Clarke o Asimov en busca de una expresin propia,
adaptndolos a sus circunstancias. Del mismo modo, autores de primera lnea de la
ciencia ficcin anglosajona, como Gene Wolfe, Michael Swanwick, Terry Bisson y
otros ms, han tomado elements de los principles escritores contemporneos de
Amrica Latina.

La nueva generacin de historiadores latinoamericanos de la ciencia recomiendan
"pensar nuestra ciencia", modernizando concepts y trminos, y reclamando una
originalidad epistemolgica, a partir de la cual han conseguido aumentar el terreno de
sus investigaciones, descubriendo "la ciencia de Latinoamrica", entendida como







35


ciencia en su context ; siguiendo este sabio ejemplo, es necesario que "pensemos
nuestra ciencia ficcin" con el fin de descubrir "la ciencia ficcin de Amrica Latina"
en el marco de su propio medio social.

Si las incesantes investigaciones de los paleontlogos, que comenzaron a realizarse
sistemticamente alrededor de 1970, han dado origen a lo que se ha llamado el
"Renacimiento de los Dinosaurios", el studio de la ciencia ficcin national o regional
podra convertirse en uno de los principles medios para comprender mejor el
fenmeno de lo se ha convenido en nombrar, con toda justicia, la mitologa del siglo
XX, y de los siglos por venir.












RADIO TECNIKA CANTINA
Gerardo Sifuentes, 1998
MXICO





















Gerardo Sifuentes Marn naci en Tampico, Tamaulipas, en 1974, pero vive desde
nio en Puebla. Es dibujante, guionista y promoter de los comics underground.
Estudia ingeniera electrnica en el Tecnolgico de Puebla. Ama el montaismo y la
exploracin, la ciencia ficcin y los vampiros. Adems de guiones para comics y
cuentos, ha escrito una novel indita de ciencia ficcin, enmarcada entire la fantasa
y el cyberpunk



Era el fin de la peregrinacin.
La iguana tena rato de muerta, era un cartn viejo, planchado sobre el asfalto del
enorme estacionamiento. Se frea a fuego lento, al igual que aquella Caribe roja que
llegaba. Ya nadie construa SAM's en medio del desierto, al menos no tan lejos de
Hermosillo. Entre la reverberacin distinguieron el esqueleto de lo que quedaba de ese
supermercado mayorista. Siempre haba sido un falso oasis.
"Va-mos-a-va-ler-ma-dres", tarareaba ella mientras bajaba de la Caribe, bailando al
ritmo de la msica que su discman sin bateras emita.
El la ignor, sacando el cuerpo del Tanates para dejarlo al lado de la iguana, para que
al menos se hicieran compaa. Lo dejo boca arriba, con el hoyo de la bala expuesto en
la frente, pens que as le hubiera gustado quedar.
Cruzaron el kilmetro cuadrado de chapopote aplanado y lneas amarillas hasta
llegar a la derruida cafeteria, cuyo nico recuerdo era una cabeza colgada a la entrada,
maquillada apropiadamente como Ronald McDonald, deleite de un escuadrn de
moscas verdosas. Trat de reconocerla antes de entrar, quizs algn fiel que haba
fallado en la bsqueda de Molinya. Lo nico en lo que pudo pensar fue en pedir una
malteada de fresa al barman.










Se asom por el ojo de buey de la puerta, no haba clients, entr con cuidado,
jalando a Susana de su huesudo brazo. El interior no era tan fresco como esperaba. Dos
ventiladores se movan con fuerza, chirriando. Varias mesas desplegables de Pepsi
estaban repartidas sobre el linleo sucio, ofreciendo sus tableros de ajedrez pintados
para cualquier ocioso. El nunca haba visto a alguien usar esas mesas para tales
propsitos, y si haba alguien deba ser muy pendejo.
El cantinero era de aspect oriental, coreanojaponeschino, todos eran igualitos,
menos los chinos de Hong Kong, esos si eran diferentes, muy cabrones los
condenados, por lo que hizo todo lo possible para que se notara la player de Bruce Lee
que llevaba puesta.
"Media Cristina y una chela", pidi al acercarse a la barra, desechando la tentadora
idea de la malteada. Susana bailaba sola para disimular su ansiedad. De la minifalda de
mezclilla salan sus flacas y plidas piernas, usando esas botas vaqueras blancas que a
l tanto le cagaban.
Su player blanca Levi's se le pegaba al cuerpo por el sudor. Capt el olor que ella
despeda, afrodisaco, sudor dopado por el cristal que recorra su sangre. Pens que si
le pasaba la lengua por el sobaco se metera un colocn bastante bueno. La idea se la
reserve para ms tarde.
"Krasnaya Zvezda"
Chela rusa en Sonora, quizs agenciada del SAM's despus de que quebrara. Fra y
amarga, como
la vida del Tanates. Se acab la primera botella en su honor. Los rusos, en definitive,
eran mejores con el vodka.
"Cmo hablo con Molniya?", le pregunt al oriental mientras ste se dispona a
cocinar los cristales, colocando un corcho en la boca de un pequeo matraz con cido
fenlico. La alargada pipeta le daba el aspect de un elefante sofisticado. "Dejo dicho
que noms habla con alguien si se hizo cita", coreanochinojapones hablaba con un
acento extrao, sac bajo la barra un mechero, lo encendi y comenz a calentar el
pequeo matraz sujetndolo con unas pinzas, "Fra o al tiempo?". Las paredes
del matraz comenzaron a sudar poco a poco. "Al tiempo", replic mientras notaba la
consola al fondo del bar.
"Ra-dio-tek-nika", Susana ley fascinada las letras en relieve sobre el plstico negro
mate. Se acerc a ella con todo el respeto que pudo. Una funda de plstico azul marino
cubra el teclado. Contuvo las ganas de probarla, no se haba concentrado lo suficiente
para hablarle, y eso significara el enojo de Molniya, una hermosa artesana de
hardware fabricada en algn lugar de Siberia.
El escogi la pipa de cristal moldeada con forma de perro. Ella prefiri usar la
clsica jirafa, como la que el le regalara cuando comenzaban a ponerse de moda, antes
de que el Tanates y ella tuvieran sus obsesivas ideas que los haban llevado hasta esa
cantina perdida en el desierto, parada obligada para quienes estuvieran iluminados o en
aprietos dignos de ser contados por los profesionales. Llevaban poco mas de 48 horas
sin dormir, bendita Cristina, nunca un qumico supo mejor.
El humo entr en las pipas sigiloso, como si tuviera vida, dando la impresin de ser
el alma de esas criaturas de cristal soplado. Dieron pequeas caladas de la boca de esos
animals que parecan sonrer. Ambos concentraban poco a poco su atencin a la
consola, su razn de estar ah.
Cuando el cristal abarrot su sangre pens en abordar el aparato. La funda dejo caer
una cortina de polvo, al menos nadie la haba tocado en un par de meses. Lubric los
trodos mientras intentaba descifrar unas instrucciones en ruso escritas sobre un costado










del aparato. Su mente era una licuadora de emociones al mximo. Hablara con ella,
cumpliendo los requisitos que se haban impuesto.
Susana se le adelant. Arrebatndolos se coloc los trodos en la frente, de su
bolsillo sac los lentes obscuros. Luego nada, qued quieta por primera vez en una
semana, el se sinti seguro. Despus de todo era su regalo, y se lo daba con todo el
cario que le tena a pesar de haberse echado al Tanates. Para qu eran los amigos
despus de todo?
Pidi otra cerveza. El cristal comenzaba a animarlo, poco a poco olvidaba el calor.
Observ como un hilillo de saliva escurra de la boca de Susana. Otro trance, Molniya
era buena con eso. Luego la sonrisa en el rostro de ella, de las que casi nunca le haba
visto desde que la encontrara en aquel chatarrero de Brownsville. Pas una hora, seis
narcos con kalashnikovs entraron a la cantina.
La cerveza rusa era todo lo que haba. Lo observaron detenidamente, un sujeto de la
ciudad que se haba descolgado para prender ese aparato del que quizs nunca sabran
su uso. Un aparato que era la meca para una nueva secta, cierta clase de gente que
haba estado ms all de la red, si es que algunos crean que haba algo ms all del
infinito. Decidi matar el tiempo con su pintura en spray, usando la pared ms cercana.
Pensando en cada palabra que le dira a Molniya, con cuidado, uniendo ideas y
formando palabras, recordando lnea por lnea los programs que usara si las cosas no
salan como esperaba. Su sospecha se acrecentaba en tomo a ella.
Coreanochinojapones no dijo nada por el spray, quizs por que le estaba haciendo un
favor al adornar la seca pared de concrete, o por que de alguna manera saba que el
quera pintar un dragn como el que haba visto en los carteles del viejo autocinema,
otra vez Operacin Dragn.
A la mitad de la obra escuch un gemido emitido por Susana. Placer. Un orgasmo
como nunca le haba visto. Ella se desconect, jadeando, empapada en ese sudor que
ahora era much mas intenso.
Habla con ella. dijo Estoy reformada. Lo abraz impregnndolo con su
esencia, le ofreci los trodos. Las palabras de Susana le asustaron. Pero el haba visto
muchas cosas, y despus de todo no haba ido ah en balde.
Al colocarse los trodos de inmediato supo que Molniya estaba ah. La sinti aun
cuando se coloc los lentes opacos.
Ahora no vea un templo electrnico como en sus primeras visits. No haba paredes
con veladoras de luminiscencia verdosa, ni siquiera los pequeos diamantes que
contenan todos y cada uno de los favors pedidos a Molniya. Decan que ella era todo.
Hola de nuevo. Habl ella desde un punto perdido en aquel horizonte. Susana
le dispar al Tanates, por qu? El pens la respuesta. Tal vez la misma Molniya ya
lo saba.
Celos _, dijo poco convencido.
Siempre hay histories parecidas de los que vienen a verme en hardware... sabas
que no son muchos los que han llegado hasta aqu?
El escudri en el horizonte artificial, una enorme pradera con cielo rojizo,
buscndola, aunque saba que ella no tena forma propia, slo un rostro del que se
contaban muchas cosas, parecido a Madonna. Decan que ella era todo, o al menos los
ms fanticos.
Cuntame de tu peregrinaje_, la voz son con aire imperative.
Salimos de Austin, y nos siguieron hasta Reynosa, ellos, los del gobierno... ah
fue donde... tu presencia nos ayud.
No crees en m, verdad?










Sinti la cabeza oprimida por un enorme puo invisible, que quizs quera
exprimirle hasta la ltima neurona sana que le quedaba, y no eran muchas. En realidad
no era creyente, simplemente haba sido empujado por Susana y una apuesta personal.
En realidad no. No creo en un dios que habite entire cables y frecuencias... bueno,
los pasaportes sirvieron. En el hotel el Tanates se quizo fajar a Susana, en ese
moment apareciste en el televisor, entire las escenas de una pelcula pomo. Apareciste
en forma de un racimo de uvas gigante baado en el semen del actor principal, y tu
rostro, o al menos el rostro del que todos hablan, estaba en cada uva. El Tanates crea
en ti, era de la secta desde haca un ao y Susana se convirti en ese moment. Decas
que tenan que ayudarte para ver la fecha del fin del mundo.
Al conectarte en Monterrey platicamos bastante sobre eso.
El lo record. Mientras descifraba en aquel moment el mapa que robaran de
aquella base de datos military. Pensaba en dinero, en el cementerio de desechos del
ejrcito escondido en algn lugar de Sonora, lo que podra vender y largarse de vuelta
a la ciudad de Mxico.
En el extremo superior de su vision haba un anuncio, PAUSA, con cuidado se
quit los lentes, y sinti como la piel de su nuca se quemaba con un trozo de hielo que
Susana le colocaba. Mir a su alrededor, haba llegado ms gente, rancheros y ms
narcos de la zona. La noche haba cado, no se haba dado cuenta que haban pasado
dos horas. Todo semejaba un sueo.
_Hablas con ella? Los ojos de Susana, vidriosos por la accin del cristal, se
abrieron de manera poco comn. Estaba extasiada, an no se recuperaba de la
experiencia.
Falta poco para tu siguiente regalo_exclam con sequedad mientras volva a
colocarse los trodos.
Ahora el scenario era un chatarrero que se extenda al infinito. Carcasas de
automviles oxidados formaban montaas y valles, y sobre el toldo de un volkswagen
que en algn tiempo haba sido verde pistache estaba ella. Le record su infancia.
Ella, desnuda, la piel plida y los ojos esmeralda. El sinti cercano a esa presencia, a
su mente. El cabe-
llo negro de Molniya comenzaba a alargarse poco a poco, Rapunzel en bytes,
serpientes obscuras que se enredaban en sus sentidos.
_Hasta donde llega tu poder? Pregunt mientras intentaba descifrar la
estructura que le rodeaba, que le hablaba. Hasta dnde cmo para que puedas darte
el lujo de hablar del fin del mundo?
Te puedo ver donde quiera que ests. Estoy en todos lados, no puedes esconderte
de m, soy omnipresente. Escucho lo que dices dentro y fuera de la red. No soy algo
parecido a lo que suelen adorar?
Muchos te siguen. No lo comprendo. Tal vez seas esperanza, ltimamente temen
conectarse sin pedir tu bendicin.
Lo s. Porque en algn moment fui temida por el mundo entero, para luego ser
olvidada por much tiempo. Y pensar que el destino global dependa de mi estado de
nimo...
_Servias antes a alguien?
S. Organizados, yo era su poder, me cuidaban y protegan en los diferentes
templos que me tenan dedicados. Pero era tan bueno que no poda durar.
El olvid lo que haba preparado con anterioridad. La series de preguntas y
ecuaciones se le borraron de la mente. Ya no era dinero lo que segua, solo el resolver
dudas.
Todos vienen a pedirme un favor especial. Cul quieres?










Dos favors. Se aventur a decirlo.
Yo no pongo precio si sabes servirme como se debe. De acuerdo, dos deseos.
Quiero ver con tus ojos.
Su corazn pareci detenerse ante el vrtigo del salto. Ahora l estaba en ella.
Y pudo ver con los ojos de Molniya.
Primero una oscuridad espantosa que lo coma. Con una vista de monitor al que se
le ajusta lentamente el botn de brillo pudo ver estrellas, miles de ellas dispersas,
como si un gran vidrioespejo se hubiera fragmentado en sus unidades mnimas. Se
maravill, extendi su brazo para palpar lo impossible. Se senta ah, con el fro del
espacio colndose por entire sus huesos. En realidad Molniya viva en el cielo.
As veo. Se escuch la voz de ella a sus espaldas. Y as te veo.
Baj la vista lentamente. El planet le resultaba familiar. La sensacin de vrtigo
volvi.
Los ojos de Molniya iniciaron un descenso sobre la atmsfera, penetrando entire gases
y nubes, analizando sus components en fracciones de segundo, almacenando los datos
en una memorial de haca muchas dcadas.
Y vio la cantina. Y penetr entire la bovedilla del techo. Ah estaba Susana,
conversando con coreanochinojapons y varias botellas vacas de Krasnaya Zvedza en
la barra. Haba ms gente en el local. El estaba sentado, frente a la consola marca
Radiotekhnika, conectado. Sinti un escalofro, y observ como su cuerpo lo resenta.
Un par de gringos trailers le observaban como a una curiosidad. Toda esa vision era
en blanco y negro, un filme noir que rebasaba su imaginacin. Escuch la
conversacin de Susana, quien comentaba su experiencia a un aburrido
coreanochinojapons. La voz ntida, las imgenes a detalle.
Sin previo aviso regres a las estrellas. Y luego, en un parpadeo de interferencia
electrosttica, regres al chatarrero con Molniya.
_Te agrad?
No supo contestar. Saba quien era Molniya.
Susana cumple aos _dijo_. Le promet traerla hasta aqu como regalo. Esta
loca la cabrona, much cristal en poco tiempo, se ha cocinado muchas neuronas, pero
as es feliz y as la quiero. Se convirti a esta religion, lo que no habla muy bien de su
salud mental. Solo quiere que el mundo se acabe, segn lo pregonas.
Y sac de sus archives un viejo mapa mundi, con pases que ya nadie recordaba. El
que examinaba en Monterrey en el moment de su primera charla con Molniya. Una
vieja y olvidada base de datos salt de un rincn perdido en una ciudad cercana a
Leningrado. "Tan fcil como armar una pinche Atari", record la frase del Tanates
mientras colaba.
Molniya lo miraba con tristeza, era ms vieja y sensible de lo que muchos se
imaginaban, pero en especial era vulnerable, aunque muchos nunca se haban atrevido
a analizar su gnesis por temor a ella misma. Molniya ya no tena el control de la
situacin.
Una series de veintin dgitos apareci frente a su vision, y esa palabra en alfabeto
ruso: nash; uno de
los tuyos.
Molniya inclin la cabeza.
Orden recibida... cual es el ltimo deseo?
En realidad el ltimo deseo ya lo haba pedido al darle ese cdigo.
Que bailes, que te diviertas danzando... y pronunciando esas palabras su
incursin se interrumpi.










El zumbido en sus odos era insoportable. Estaba en el suelo, y sobre l Susana,
quien empuaba su pistola automtica mientras mentaba madres. La Radiotekhnika
que coreanochinojapons se haba llevado de aquel cementerio military estaba casi
despedazada. En el centro de la cantina various narcos se desangraban, otros haban
huido, y un trailer gringo hablaba en voz alta pidiendo ayuda.
"Madriza de cantina..." Susana sigui hablando, pero l no la escuchaba. Pensaba en
Molniya, en su ltimo deseo, antes que ella hiciera el trabajo para el que haba sido
inventada.
Molniya no era un dios. Era una mente artificial antigua que se haba salido de su
rutina, que haba aprendido de ms despus de tantos aos. Molniya no era una sola.
Era el nombre de various aparatos soviticos con aspas que rodeaban el planet en
rbitas desde los aos ochenta, en silencio, escuchndonos, esperando una orden para
hacer que todo lo que estuviera al oeste valiera madres en minutes. Pero haba sido
olvidada, y con eso tambin su identidad, as que haba tenido que inventarse una. Los
satlites eran pequeos dioses hechos para cuidamos o mandarnos al carajo a placer.
Salieron al oscuro estacionamiento, callados. El cadver del Tanates ya no estaba
donde lo haban
dejado, tampoco el de la iguana. Un foco rojo era lo nico que anunciaba la presencia
de la cantina a lo lejos.
"Se fueron a pasear" exclam Susana.
Se acostaron en el asfalto a escasos metros de la Caribe, observando el estrellado
cielo. El trataba de
imaginar la soledad de Molniya, tan cerca de un dios que quizs no exista y que
intentaba reemplazar, y que tena el poder de uno, hasta de acabar con el planet si se
lo pedan adecuadamente.
"Feliz cumpleaos" dijo l.
Y la danza comenz. Tres puntos luminosos cruzaron paralelos el cielo nocturno,
coordinados, manteniendo una amplia distancia entire ellos. Unos minutes despus
otros dos pasaron casi por la misma direccin. Al horizonte uno de ellos apareci por
segundos, para despus tomar una tonalidad roja y desaparecer. Los satlites eran
extremidades de Moliniya, ella era el centro de todo, del fin del mundo.
"En veinte minutos..." exclam l, "...van a llover missiles en varias ciudades de este
pinche mundo." Ella, fascinada por la danza, sonri de forma maliciosa y lo bes en la
mejilla.
"Nunca me haban regalado algo as en mi cumpleaos", ella encendi un Camel sin
filtro mientras observaba otros satlites rezagados que seguan cubriendo rbitas
desencadenadas.
"Crees que se pueda ver algn hongo nuclear desde aqu?"
El neg con la cabeza, pens de nuevo en Molniya, en el fin del mundo, como lo
haba soado desde su infancia, y lo nico que pudo concluir era que necesitaba otra
cerveza rusa en medio de aquel desierto sonorense.

Fin del ciclo satelital ago 97 abr 98
Hommie-Satelites-Radiotekhnika


(C) Gerardo Sifuentes










NEUROFEEDBACK

Mauricio Absaln


I.P. / persona/ 101.321

...el puo en la quijada. Nuestro codo cruje al similar la presin del antebrazo y
sabemos que cuando eso pasa es un knockout. El secuestrador suelta la navaja y cae
boca abajo. Dos hombres se nos aproximan por ambos lados, saltamos, un giro de
gancho y nuestra bota golpea una nuca mientras los nudillos revientan un tabique
nasal. Los hombres yacen en el cemento del almacn. Una bala perfora el embalaje
detrs de nosotros, muy cerca del hombro derecho. Sacamos la glocky al tercer tiro le
volamos los sesos al francotirador de la gra. Las cajas rompindose en la cada
atenan el crujido de los huesos del tipo. La operacin secret dej de serlo. Una
cortina del almacn se levanta y entran los comandos federales. Nos saludan con gesto
military: Buen trabajo, official Stransky.

Situacin controlada. Nuestro corazn late aprisa, respiramos profundo un par de
veces. Ms tranquilos miramos el piso, levantamos la navaja. Un trofeo. Caminamos
fuera del almacn, hay papeleo por hacer. Los federales sacan a dos secuestradores
esposados, los paramdicos various bultos cubiertos por sbanas blancas. Se movi ese
cadver? No, seguramente estamos ansiosos.

Subimos al Interceptor. Rugen diez cilindros bajo el cofre negro. Nos vamos a casa,
que otro official haga el papeleo.

Log-off... / Neurodevicedisconnected



Me tiro al sof, estoy rendido por la misin. Antes de que me quede dormido consult
el monitor para saber cuntos usuarios se logearon a mi interfase. Bien, casi dos
millones. Si no fuera por los crditos que deja el broadcast no me alcanzara para nada
con el salario de agent federal. Mi persona-reality es el I.P. ms visitado en la red.










An hay ms de cincuenta mil logeados percibiendo a travs de m como no hago
nada. Oprimo el control remoto del reloj en mi mueca y apago el broadcast, estoy off-
line. Nunca pens en ser famoso. Debe de ser porque las misiones se han vuelto
peligrosas, an as, nunca me han herido. Aunque... hoy estuvo cerca. Ese disparo. Me
distraje.

Algo me molesta en la bolsa de la chamarra, es la navaja. Miro el brillo del metal;
extrao, no parece tener filo. Cmo pensaba herirme con esto? Cuando visit a
Andoni le pedir que la afile, sabe much de cuchillos. Me quito las botas con los
talones, est vencindome el sueo.



-Nadie debe saberlo comandante, y menos l.

-Pero desperdiciamos a uno de nuestros mejores agents en su circo multimedia.

-No olvide que nuestra compaa, ese circo que usted dice, subsidia el 80% de su
presupuesto.

-Est bien, pero... Utilizar a un agent verdadero? Apenas le queda tiempo para las
misiones reales. Por qu no contratamos a otro actor?

-No funciona as. El pblico ama el concept persona. Alguien comn y corriente
que viva experiencias fuera de lo normal. El reality.

-Pero todos los dems son actors, los disparos y explosions, efectos especiales.
No podramos decirle que slo es un show? Ultimamente lo hemos notado ansioso.

-No comandante. Los patrons neuronales cambian cuando se acta. El pblico
sabra que es una farsa. Adems su agent no corre ningn peligro real.

-Salvo un colapso nervioso, un da de estos, por ejemplo.



El videotelfono me ha despertado. Es Andoni. No debera tener arreglos con hackers,
pero es la nica forma de conseguir conexiones ilegales. Estoy off-line? S. Andoni
me ha citado para ser mi Gua en El Ultimo Reducto.

Me quito el uniform, los Cromos no son bienvenidos ah. Tomo la chamarra de cuero
y los pantalones de mezclilla. Escondo la glock en mi tobillo y dejo holgadas las
hebillas de la bota, uno nunca sabe.

Necesito autologearme... ojal Andoni me consiga un buen server, uno rpido.


-Cuntos retiros de persona-reality se hicieron el mes pasado?










-incuenta y tres, todos por autologeo.

-Lo que hay que hacer es retirar a los Guas, son una escoria.

-Hey! Hemos retirado casi todos los anfetas, diseadores y traficantes. Si hay un
nuevo vicio es por el broadcast y la ansiedad que produce.

-T retira a los guas, cada I.P. que cancelamos es inversin perdida.

- K, tal vez necesitemos algo de hightech, digamos nuevos rastreadores.

-Negocios, estamos haciendo negocios aqu. Mndanos una solicitud, te daremos lo
que pidas, es preciso acabar con el neurofeedback.

-No s, alguna opcin para colocarse tiene que tener la gente. Ya no hay drogas en la
calle.

-Pues dejen circular algo de anfetas, el juego del autologeo le sale muy caro a la
compaa.



La msica suena bien, algo de los Velvet Underground.El anacronismo de este bar me
gusta, todo sucede aqu al mismo tiempo. En la barra del ltimo Reducto me saluda un
tipo, me reconoci del broadcast. Le digo que yo no soy Stransky y se deprime, no sin
antes echar una ojeada detrs de mi oreja. Pobre imbcil! Como si la insercin del
neurotransmisor dejara cicatrices. Debo evitar verme en los espejos cuando estoy on-
line, o tal vez solicite la descarga de la version 3.7, cada usuario ver su cara en lugar
de la ma con la 3.7.

Me llevo la cerveza al stano. Andoni ya debe haber llegado. Bajo las escaleras y un
neopunk me pide anfetas, lo empujo sin mirarlo. Jodidos junkies, creen que las cosas
se pueden conseguir tan fcil. El pasillo es largo y las tenues luces parpadean, el nen
se les escapa. El piso est minado por cuerpos alcoholizados. Al final del pasillo, junto
a la puerta, dos darkies se devoran, no logro identificar a la mujer, creo que ninguno es
mujer. Golpeo la puerta; un gorila rastafari abre, me pide contrasea. -Que se jodan a
Marley por el culo. -Hubiera preferido decir "cojan", pero as es la contrasea. El
gorila me deja pasar, indignado seguramente por la frase, pero es ese el estilo de
Andoni; nadie insultara al rastafari intentando adivinar la contrasea. Debajo de una
lmpara mosqueada est el reclinable, el viejo cuero pardo con marcas de uas. Detrs
del server, Andoni y su media sonrisa parestsica product del mal diseo de anfetas.
Me saluda y entrega el boucher electrnico. Deslizo mi tarjeta y me dejo caer en el
reclinable. Te vas a quedar sin un centavo, Cromo!, dice mordaz Andoni, arrastrando
las palabras. Slo conctame, y no me llames Cromo, etarra de mierda. Andoni no se
molesta, nunca he logrado hacerlo enojar. Al acomodarme en el reclinable saco la
navaja, se la entrego a mi Gua. Podras afilarla mientras estoy conectado? l guia
un ojo y enciende el hub. En el server teclea rpido como el demonio, consigue un
feedback con medio segundo de atraso nicamente. Me logea a mi propio broadcast,
Andoni es de los mejores guas del neurofeedback, en un segundo estoy dentro de m...










La vision de casa de espejos y la cacofona de sonidos, mover las manos dejando una
estela. Repeticin, repeticin, repeticin. Andoni se multiplica por infinito
convirtindose en una lnea que escapa de la vision perifrica. Cierro los ojos para
concentrarme, me observo observndome, me vuelvo neuroconciente. Todo es un tnel
de m, viajo dentro de la mente y cada cuestionamiento nuevo se reproduce en copias
que se disuelven detrs del tnel. Cada darme cuenta de algo, cada saber qu pasa
explota en euforia repetida, si intent pensar rpido logro poner en pausa mi mente, las
ideas se atropellan a s mismas y se vuelven ininteligibles. Entonces el blanco y el eco,
el feedback de la conciencia. El ltimo pensamiento se vuelve eterno...



-Disculpe que lo llame tan tarde, tenemos un problema logstico.

-Qu necesitas?

-El caso de los traficantes est listo, pero no hemos conseguido stunts para la
volcadura.

-Entre tantos agents no tienes un buen conductor?

-No queremos involucrar oficiales en el broadcasting.

-Te mando un piloto. Ustedes prepare bien el auto, no queremos que Stransky se
lastime.

-Eso no es problema, lo dificil ser convencerlo de que l no maneje.

-Nosotros nos encargamos, el piloto ser convincente... Adecuado al patrn de
Stransky.

-Es su espectculo, ustedes saben... Viernes a las diez? Se arruinar el fin de
semana.

-Es el horario de mejor audiencia. Recuerda el presupuesto, tus juguetes salen caros.

-El viernes entonces, estamos en contact.



Estoy cansado, pensaba ir a El ltimo Reducto pero tenemos una misin. Me
asignaron una compaera nueva, me gusta, la he dejado conducir. Si acabamos
temprano le pedir que me acompae al bar.

-Te has autologeado alguna vez? -La pregunta de Jessica me pone nervioso, estoy
on-line.

-No, nunca.


-Me pregunto cual ser la sensacin, estar dentro de uno mismo.










-Supongo que como cualquier droga.

-Pero no causa adiccin. O s?

-Todo causa adiccin. Cuntas horas le dedicas al trabajo? Lo important es qu tan
peligroso pueda resultar.

-El neurofeedback mata.

-Si el tiempo de retroalimentacin es muy corto, s. Entonces el cerebro se fre.

-Ese es el problema, dicen que el efecto neuroconciente se incrementa cerca del
lmite.

-Eso dicen... No se encendi una luz en el segundo piso? -Desvo la conversacin
y sealo al fondo del callejn. Jessica toma los infrarrojos y observa, mantiene la
respiracin y abre imperceptiblemente la boca. Me gusta el gesto de anticipacin en su
cara.

Estamos esperando que terminen una transaccin. Debemos seguir al deportivo cuando
el negocio se haya concretado. Sin pruebas no podemos enlatarlos, aunque lo ms
probable es que los matemos a todos. Siempre es as. Jessica no deja de fumar,
tamborilea los dedos en el tablero, no se ha desabrochado el cinturn y me ha pedido
que yo tampoco lo haga. Creo que espera accin en el vehculo. Yo tambin aunque
preferira conducir...



Broadcast... login... access

...en la curva derrapa nuestro auto, la inercia nos lanza contra la puerta. El CLK se
aleja en las curvas pero nuestro Interceptor tiene much potencia y en las rectas le
damos alcance. Hemos salido de la ciudad y nos acercamos a los depsitos de basura.
La velocidad nos enciende, los ojos azules de Jessica concentrados en el camino y sus
brazos angulosos controlando el volante tambin. Sacamos la ametralladora por la
ventanilla mientras Jessica comienza a defensear al CLK. Los traficantes se agachan
bajo la lluvia de astillas de los cristales en su auto. Las detonaciones repetidas en
nuestra arma crispan los tendones del brazo, el CLK es ahora una coladera.



-...creo que omitimos un detalle. Estbamos revisando los neurofiles y...

-Cul es el problema comandante?

-Olvidamos retirarle una navaja a Stransky que recogi en el event del almacn. No
sabemos si an la porta. Escribi su nombre con ella en el locker, no es su actitud
regular.


-Enterado, tomaremos precauciones...













Dentro del depsito las paredes de basura me recuerdan el Gran Can. Jessica se
empareja con el auto de los traficantes, en uno de los choques he perdido la metralleta.
El Interceptor es much ms pesado, no entiendo por qu Jessica no logra sacarlos del
camino que se est estrechando. Miro el velocmetro, 140 Km/h, cuando alzo la vista
apenas alcanzo a cubrirme el rostro. Nos impactamos contra un contenedor y
volcamos.

Los refuerzos del Interceptor evitan que se aplaste el toldo. Cuando dejamos de dar
vueltas suelto el cinturn, caigo al techo y me arrastro por el hueco del parabrisas. Un
traficante viene hacia m con un bat, con un movimiento de judo lo desarmo y lo
golpeo con el mismo bat. Extraamente la madera se rompe en el primer golpe. l ha
quedado inconsciente. Escucho un grito y giro la cabeza. Un tipo sujeta a Jessica.
Busco la glock en mi tobillo, no est, debe haberse cado en el accident. El vrtigo de
un recuerdo me enciende la sangre, traigo la navaja en el bolsillo, la navaja que afil
Andoni.

...acechamos detrs de unos tambos, el traficante sostiene a Jessica de frente, la
abofetea. Nos acercamos sin ser vistos. Estamos a dos metros de la espalda del
maleante, sacamos la navaja. La luna salpica reflejos en el fro metal...

-...rpido, conctenme al intercomunicador de Jessica... Escucha, l trae un arma
real...

-Detente, Stransky! -grita Jessica just cuando estoy saltando sobre el traficante.
Sin entender que pretend, sin poder frenar en el aire, hundo la navaja en la espalda del
hombre...

...nunca habamos matado as; la sangre sobre las manos, la respiracin del hombre
disminuyendo. Un disparo a distancia no se compare con esto; la resistencia de la piel
y el moment en que cede al metal, escuchar gorgoreos del pulmn perforado.
Estamos excitados, la mente se nos nubla... Jessica est de rodillas frente al cadver,
llora.

Log-off / new rating record



-Cmo est la chica?

-Mejor, la mandamos de vacaciones. Asuntos internos ya los dej en paz,
comandante?

-S, supongo que ustedes tuvieron que ver en eso.

-Es preferible que no suponga nada a menos que se trate del paradero de Stransky.

-No lo sabemos. Despus de participar en la clausura del bar llamado Ultimo
Reducto desapareci.











-Crees que sospecha algo? Si es as urge localizarlo.

-No sospecha nada. Lo separamos a tiempo de la mujer. Slo se fue.

-Bien, nosotros tambin tenemos gente buscndolo. Regresando al asunto del bar,
consiguieron atrapar al Gua que operaba ah?

-No. Escap. Alguien debi advertirle.

-Parece que slo en el broadcast la polica atrapa a los malos.



Andoni abri la puerta de la cabaa y me ayud a bajar los maletines del jeep.
Desempacamos el equipo y lo conectamos. Sentado en una vieja mecedora comenc a
relajarme.

-Ests seguro, Stransky? No s bien qu pueda ocurrir.

-Logame, un microsegundo de feedback. Y ya sabes, pase lo que pase, cuando sea
neuroconciente me debes conectar a la red.

-Muchos cerebros se van joder en el broadcast Cromo, adems del tuyo.

-El broadcast nos jodi hace tiempo, Andoni.



Mauricio Absaln naci en la Ciudad de Mxico en mayo de 1973. Se sinti atrado por la literature y el
cine de ciencia ficcin y terror desde muy joven, aunque siguiendo la mejor tradicin en la material
ejerci las ms diversas actividades: trabaj en un parque de diversiones, como tcnico en urgencias
mdicas en ambulancias y salas de emergencia, de ingeniero de grabacin en un studio de produccin
musical. Supone que de esta extraa combinacin le surgi un fuerte inters por la relacin cuerpo-
mquina, la biomecnica: el androide y el cyborg. Actualmente estudia en la escuela de la Sociedad
General de Escritores de Mxico (SOGEM) y da classes en el rea de Expresin y Apreciacin Artstica
(Fotografa y guin de cine y television). Nunca antes haba publicado.


Axxn 168 noviembre de 2006












TLALLIN (Susan on the West Coast waiting)

Gabriel Trujillo


















Susana se qued mirando las volutas de su cigarrillo y pens que ninguna clase de
meditacin trascendental la librara de un vicio tan arraigado, de un hbito tan suyo.
Cerr los ojos y volvi a dejar que sus pulmones fueran invadidos por el humo azulino
en que viva envuelta desde su ya lejana adolescencia. Era la hora cero, el limbo de las
tres de la tarde, cuando el sueo estaba a punto de vencer y slo un cigarrillo poda
mantenerla medio despierta.
-Qu te parece? -reson la voz de Cuca, la capturista.
Susana pens, an con los ojos cerrados, que tendra que dar su opinion sobre una
pulsera recin comprada o un nuevo lpiz labial en pleno estreno. Pero al abrirlos su
mirada se top con un peridico vespertino y el encabezado a ocho columns que no
poda ocultar el amarillismo de los directivos: Atentado pavoroso: la sociedad pide
venganza!
-A quin mataron ahora? -pregunt por no dejar, y tambin por no dejar tom el
peridico y lo deposit sobre el escritorio.
-Que no has odo las noticias? Y el radio que tienes all para qu te sirve? -
respondi, indignadsima, la Cuca.
-Lo apago en cuanto ustedes se van.
-Para dormir mejor, supongo.
Susana no pudo contener la risa.
-Ecole.
-Pues te ests perdiendo de la noticia del ao.
Y la Cuca manipul el aparato y dej que la voz del locutor inundara la sala de
cmputos del Instituto de Investigaciones Arqueolgicas de la Frontera Norte, en
Tijuana.










-...Como hemos dicho, todava no tenemos una declaracin official por parte del
gobierno sobre estos sucesos lamentables. Nuestro compaero, Cesar Daz, est en el
lugar de los hechos y desde all nos informar. Cesar, cmo esta la situacin en el
Zcalo? Te escuchamos.
La voz del corresponsal se oy distorsionada y revelaba que a su alrededor reinaba el
caos.
-Mira, Manuel, mira. Estoy en la calle Madero, a tres cuadras del Zcalo. Esto est
que arde. Y lo digo literalmente. La bomba que explot aqu tuvo efectos
devastadores. Como el pblico que nos ha estado siguiendo, es evidence que...
La voz del comentarista cort la seal.
-Bueno, este, bueno, queridos radioescuchas, hay que hacer hincapi en que aqu se
desconocen las causes reales, comprobadas, de esta tragedia. No sabemos todava qu
sucedi realmente. Vamos a unos mensajes comerciales y en unos minutes
regresamos.
Susana se puso a leer el peridico para conocer ms detalles, pero no tuvo suerte. Al
parecer la informacin haba llegado a la redaccin del vespertino a ltima hora y slo
era un prrafo que hablaba de una explosion que cimbr el centro histrico de la
ciudad de Mxico, dejando centenares de muertos y heridos. En ninguna parte se
especificaba la causa, pero se especulaba sobre un possible atentado terrorist.
-i Susanota! Ven ac!
El grito de Cuca la hizo reaccionar y pensando lo peor corri a reunirse con su
compaera de trabajo. Pero no encontr la caja envuelta con papel para regalos y un
moo rojo, como la Susana pensaba que se estilaba ocultar una bomba, sino a Cuca
repatingada en el silln del director y viendo la television que haba sacado de la sala
de juntas.
-Te ests perdiendo lo que ni te imaginas -grit Cuca como si Susana an estuviera
a diez metros de distancia.
-iYa cllate y djame or! -respondi sta del mismo modo.
Pero Cuca estaba absorta en las imgenes transmitidas, segn deca un pequeo letrero
en la pantalla, desde un helicptero de la Direccin de Proteccin Civil.
- Son imgenes de ahorita? -pregunt Susana.
-S.
-No estarn repitiendo?
Cuca neg con la cabeza.
-Hubo otra explosion reciente?
Cuca volvi a negarlo.
-Entonces, por qu tanto polvo y tanta niebla gris sobre el sitio de la explosion? Ya
deberan haberse asentado.
-Es cierto -ijo la Cuca-. Esto est raro. No ser a causa del smog? Ya sabes que
a los chilangos les encanta el humo y la contaminacin.
Susana se acerc a la pantalla del televisor y puso atencin a las palabras del periodista
que iba en el helicptero y sobrevolaba la zona de desastre.










-Desde esta altura sigue siendo impossible distinguir los efectos de la explosion. Una
nube gris metlico parece haberse posesionado de un rea que abarca dos o tres
cuadras ms all del Zcalo capitalino. Trataremos de acercarnos ms y ver mejor.
En ese instant un relmpago ilumin toda la pantalla y luego, como si la cmara se
hubiera fundido, dej a oscuras la television por un instant. Un locutor de traje negro
y gestos parsimoniosos apareci, como l mismo lo dijera, para informar desde los
studios de su cadena noticiosa y ley con calma el comunicado de la secretara de
Gobernacin con respect a los sucesos del da:
"A la ciudadana en general, al pueblo mexicano en su conjunto, se le informa que hoy,
a las 11:45 de la maana, ocurri una explosion en el Zcalo, destruyendo buena parte
del centro histrico y creando un incendio incontrolable hasta este moment. Las
brigadas mdicas, policiacas y de bombers no han podido alcanzar el Zcalo. Se cree
que ste se halla completamente destruido, incluyendo el Palacio de Gobierno, la
Catedral Metropolitana y el Templo Mayor. No se ha podido establecer contact con el
president ni con su gabinete, el cual se hallaba en Palacio Nacional en una sesin
plenaria. Debido a lo anterior y tomando en cuenta la posibilidad de nuevos atentados,
se ha creado un comit de contingencia con el president de la cmara de diputados, el
president del tribunal superior de justicia, y el general segundo de la Secretara de la
Defense Nacional, as como various senadores y representantes de los principles
partidos polticos. Este Comit ha decidido las siguientes acciones:
1.- Toque de queda a partir de las 8 de la noche de este da hasta que se normalice la
situacin en la ciudad de Mxico.
2.- Se suspended labores en oficinas e instituciones pblicas y privadas que no tengan
relacin con acciones de rescate, defense y comunicaciones.
3.- Se instrument un operativo de seguridad que implica cierre de aeropuertos y
centrales camioneras, as como el control de prensa hasta nuevo aviso.
4.- Todos los mexicanos estarn pendientes de los comunicados que este Comit ir
dando a conocer cada hora y los acatar en nombre de la seguridad national.
Mexicanos, en esta hora dificil, les pedimos su apoyo a estas medidas transitorias. En
cuanto se tengan noticias sobre la situacin se les irn comunicando por este medio y
en cuanto se obtengan datos precisos sobre la suerte de nuestro seor president, se
volver al orden constitutional".


Comit Nacional de Contingencia.


-Fueron los narcos, segursimo -estall la voz de Leonardo Ibarra a espaldas de
Susana-. Cunto quieres apostar?
La Cuca quiso levantarse del silln del director del Instituto, pero Leonardo ni siquiera
prest atencin a ese detalle. Su mirada segua fija en la pantalla que ahora mostraba
los intentos de una brigada contra incendios por subir una montaa de escombros
ardientes.
-Pobres gentes -ijo la Cuca-. Puras cenizas quedaron. Esto es peor que lo de
Guadalajara.










-Esto ya es Colombia -rectific Leonardo, quien se sent en su silln y le pidi a
Cuca una taza de caf-. La guerra total, ni ms ni menos.
-Pero no me embona -ijo Susana, ms para s que para su jefe.
Este volte a mirarla con el ceo fruncido y Susana record que a Leonardo no le
gustaba que lo contradijeran o destruyeran los "brillantes" marcos tericos que creaba.
Trato de argumentar lo que no encajaba en aquel rompecabezas.
-No s. Falta much informacin. Se ve que no tienen testigos de la explosion.
Incluso, yo creo que ni saben qu clase de explosion fue o cmo ocurri.
-Un coche bomba, segursimo -respondi Leonardo.
-Ningn coche bomba destruira un kilmetro a la redonda. Recuerda que la mayora
de los edificios del Zcalo son muy antiguos, de piedra y no creo que pudieran quedar
hechos pedazos as de fcil.
Leonardo agit las manos en el aire antes de contestarle.
-Bueno, s. Pero qu tal si fueron varias explosions en cadena, digo, si nos vamos a
poner a especular.
Susana no pudo ocultar su cara de incredulidad. La Cuca entr en ese moment con la
taza de caf para Leonardo.
-Y t, cmo piensas que fue? -pregunt ste a Cuca.
-Pues una explosion, no?
-Pero cmo? Yo digo que fue un coche bomba y Susana dice que debi ser algo ms
violent.
-Tal vez -aventur la capturista- la pusieron en el Metro, y cuando estall se vino
abajo todo el Zcalo.
-Pero, qu pusieron en el Metro? -pregunt Susana.
-Una bomba -ijo Leonardo.
- un misil, como en esa pelcula que vimos en el cine club -aadi la Cuca.
-Esto es pura y vil especulacin -estall Leonardo-. Antes de emitir juicios
aventurados, necesitamos datos.
-No es aventurado decir que acabamos de perder el corazn histrico de nuestra
nacin -ijo Bernal Ochoa, arquelogo defeo que apenas tena tres meses viviendo
en Tijuana y un mes prestando sus servicios en el Instituto, y que en ese moment
entraba a la sala de juntas.
-Quiere decir a nuestro seor president? -pregunt la Cuca muy apenada.
-No! Quiero decir el templo mayor, la cathedral, el palacio national y todos esos
edificios llenos de historic patria, que son...
-Pues cuando yo fui el ao pasado -le interrumpi la Cuca slo me encontr con
vendedores ambulantes, chavos banda y mercancas gringas y japonesas. Puritita
historic patria, no?
-No discutan y escuchen! -arguy Susana.










En el televisor, la imagen de metales retorcidos y ardiendo era lo nico visible. La voz
en off de un locutor annimo daba a conocer la suerte del reporter que iba en el
helicptero cado.
-tra vctima ms del holocaust capitalino. Todo empez hoy, a las 11:45 de la
maana, cuando los habitantes de la ciudad de Mxico percibieron un estallido y un
movimiento trepidatorio que confundieron, por un moment, con los signos de un
terremoto como el de 1985. Pero al percatarse de su brevedad y del silencio
apabullante que sigui a la explosion, los capitalinos salieron a las calls y
descubrieron, horrorizados, una inmensa nube de humo en pleno centro de la ciudad.
De la hiptesis primera de un terremoto, se pas a una explosion por gas, como la de
Guadalajara, y poco despus se difundi la version de un atentado terrorist. Hasta este
moment ninguna de estas hiptesis ha podido ser comprobada. Aunque tampoco
ninguna ha sido desmentida.
Una muchacha joven entr a cuadro. Rubia y de pelo cortsimo, repiti el comunicado
del Comit Nacional de Contingencia. Cuando termin, otro periodista entr a escena.
Se mova frente a la cmara mientras un humo espeso lo envolva.
-Los hechos desconciertan hoy a todos los mexicanos, as como las causes de una
tragedia de tan hondas consecuencias para la nacin entera, que an sigue sin
explicacin plausible y, lo ms inquietante, el que esta explosion, a tantas horas de
ocurrida, continue siendo incontrolable. Sabemos que ms de cien bombers, dos mil
policas y bombers y varias brigadas de auxilio inmediato del ejercito mexicano se
hallan trabajando entire las ruinas, pero ninguno de estos elements de socorro, repito,
ninguno de ellos ha logrado llegar hasta el Zcalo y ver lo que realmente ha sucedido.
Nuestro compaero periodista, Silvano Montiel, muri intentando captar imgenes del
centro de la tragedia. Y todo en vano. Qu podemos pensar de todo esto? Hemos
consultado a experts en atentados y desastres naturales y nadie parece tener una
respuesta a estos interrogantes. Todo sugiere que...
El locutor, nervioso en grado extremo, detuvo su perorata y escuch lo que alguien le
deca a travs del audfono que le colgaba del odo derecho.
-Deberan poner comerciales mientras se ponen de acuerdo -dijo Susana-. Parece
que esto los agarr con los pantalones abajo y ahora, por vez primera, no tienen una
version official que vendernos.
-T crees? intervino Jos Rosas, el expert en cultural y religiosidad popular, que
lleg corriendo a la sala de juntas y sigui de largo hasta la biblioteca.
-Qu quieres decir? -pregunt Leonardo en su papel de director del Instituto, pero
no obtuvo respuesta de su investigator, quien sin hacer caso de las noticias televisadas
se puso a buscar entire los libros de historic contempornea de Mxico un plano del
centro de la capital del pas.
El locutor haba vuelto a enfrentarse a la audiencia e informaba con voz pausada que
habra una entrevista, va telefnica, con el doctor Len Palkow, del Instituto de Fsica
de la UNAM. La imagen que apareci a continuacin mostraba un hombre de barba
negra y bata blanca que miraba con seriedad a la cmara.
-Doctor Palkow, sabemos que un equipo bajo su mando est haciendo amplios
rastreos entire las ruinas del centro histrico. Podemos saber qu han descubierto?
El fisico se llev las manos a la cabeza y se mes los cabellos antes de responder.










-Mire, seor Bermdez, la Secretaria de la Defensa Nacional nos ha pedido que
midamos el ndice de radiacin en la zona del desastre para que, en el caso de que se
detectaran niveles de alto riesgo, los reportramos de inmediato.
-Y cules han sido los niveles encontrados?
-Hay un ndice de radiacin de nivel medio y uniform, lo cual es desconcertrante y
paradjico con respect a cualquier situacin conocida.
El locutor de la television se puso rgido.
-Lo que usted est diciendo es que hubo una explosion atmica, que esa es la causa
de todo este desastre?
El doctor Polkow neg enrgicamente con la cabeza.
-No! No! Lo que yo digo es que hay presencia de un tipo de radiacin difusa y
constant que no se relaciona con un process de fisin o fusin nuclear, sino con un
generador radiactivo de tipo natural. Esa es la contradiccin a la que nos enfrentamos.
El locutor cerr los ojos y respir hondo.
-Vamos por parties, doctor Polkow. Podra explicarnos todo eso con palabras que
podamos entender?
-Mire -ijo el doctor y se qued callado mientras aclaraba su lenguaje para el
pblico no especializado lo que hemos descubierto es que no hay indicios de un
artefacto nuclear haya explotado, accidental o intencionalmente, el da de hoy.
-Bien, eso s lo entendemos. Queda descartada esa posibilidad como causa del
desastre.
-Pero hay presencia de radiacin de baja intensidad, lo que implica que en la zona del
Zcalo existe un reactor en funcionamiento que emite esa clase de radiacin, la cual no
es peligrosa para la vida humana, a menos que uno se exponga a ella por un largo
perodo y en forma continue.
-Y qu es lo que no encaja en todo esto, doctor?
El cientfico levant las manos como un ilusionista al que se le agotaron los trucos.
-Eso es lo que nos intriga. No hay sitio all, en el Zcalo, para reactors de ningn
tipo. No sabemos por qu tenemos una lectura semejante. No sabemos cul es la causa
de esta radiacin, pero s creemos que est vinculada con la explosion, pero
desconocemos cmo y por qu. Es como... como si hubiera all un horno de
microondas gigantesco, una incubadora que emite ondas de calor inconcebible.
-ada vez entiendo menos -ijo la Cuca, en nombre de todos los presents.
-Y cada vez se enredan ms, no? -aadi Susana.
-Ninguna noticia sobre nuestro seor president, nuestro seor arzobispo y nuestra
seora Quetzalcoatl? -pregunt, burln, Jos Rosas, quien puso una fotocopia,
tamao double carta, del plano official del centro histrico en la mesa de juntas y luego
ray aquel rea que las noticias llamaban impenetrable.
-Si hay un misterio est aqu -seal- y me corto un huevo si alguna de nuestras
honorables autoridades sabe cmo resolverlo.
-Te queda alguno?
-As nos llevamos, Cuquita?










-Ya dejen de payasear y pnganse a trabajar -dijo Leonardo con voz de jefe al que
no le queda el puesto.
Nadie le hizo caso. La television continue captando la atencin del personal del
Institute, a pesar de que las noticias no eran ms que una repeticin de lo ya conocido.
Susana se levant y comenz a pulsar botones en busca de otras estaciones que
revelaran cosas nuevas.
-Para qu le cambias? -a sermone Jos-. En todos los canales han de estar
diciendo lo mismo.
Pero el canal de la CNN pareca tener otra opinion sobre el asunto. Las imgenes
mostraban escenas cotidianas del Zcalo antes de la explosion y luego la nube de
humo espeso que se alzaba despus de la misma. La cadena americana transmita
desde la parte ms alta de la torre Latinoamericana y las cmaras mostraban, a todo
color, una especie de hongo relampagueante que pareca mantenerse en estasis.
-Eso no es cosa de incendio o de bomba -exclam Jos, olvidando su anterior
comentario.
-Puta madre! Ahora s que se me cruzaron los cables! -expres Leonardo.
Todos, instintivamente, se acercaron al televisor para intentar captar los detalles de
aquella escena fantasmagrica. El periodista americano abri los brazos y dijo en
ingls:
-Esto es algo inexplicable. Los experts aseguran que no es una explosion qumica o
nuclear, pero que hay radiacin residual de origen desconocido. Los grupos de rescate
que han intentado penetrar a esta especie de neblina oscura no han regresado. Siete
helicpteros, dos del ejrcito y cinco de la Direccin de Proteccin Civil, han cado, al
intentar acercarse a la zona de desastre.
Un sonidista se le acerc y le entreg un fajo de papeles arrugados. El reporter se
puso a leerlos.
-El gobierno de Mxico ha creado un comit de contingencia para enfrentar el
desastre. Tambin ha solicitado a los Estados Unidos la ayuda de los satlites espas
para tener imgenes reales de la zona afectada. No s, David, si ustedes saben algo de
esto.
David Limpman. el jefe de noticias de la oficina de la CNN en Washington, sali a
escena. Un hombre de cabello plateado y traje azul claro.
-El Pentgono ha informado que estas fotografias de alta definicin han sido
enviadas al gobierno mexicano, bueno al comit de contingencia, para que se hagan
una idea ms clara de lo sucedido. Se nos ha informado, extraoficialmente, que nuestro
gobierno ha puesto en estado de alerta amarilla al ejrcito. Pero esto no ha podido ser
confirmado. Ahora transmitiremos el discurso pronunciado por nuestro president al
pueblo de Mxico en este moment de honda tragedia.
Susana cambi al canal mexicano. La imagen en pantalla pareca haber sido tomada
con un filtro rojo. Una voz fuera de cmara tartamudeaba intentando explicar las lneas
zigzagueantes y las manchas oscuras que no alcanzaban a adquirir coherencia y
claridad.
-Esto... bueno... es possible que... lo que vemos sea... bueno... un enorme agujero o
cuarteadura... no?... los... los edificios... unos estn intactos... no?... pero puede que
slo sea... cascajo... ruinas a punto de caer... lo... raro... rarsimo, ms bien... es la










ausencia de fuego... no hay... no se ve... al menos aqu... Pero de que hay una trinchera
alrededor... eso s... es bien visible... el fuego sirve... como una barrera... no?... pero
en el centro no hay... o ms bien... no se ve... bueno... se nota... raro... s... rarsimo...
no?...
-Qu chingados quiere decir? -protest Jos-. Qu no hubo explosion ni
incendio? Entonces qu?
Cuca se levant como impulsada por un resort y empez a cerrar los cajones de su
escritorio, apag su computadora y la tap con el plstico protector.
-Y t, a dnde vas? -pregunt Leonardo.
-A recoger a la nia con mi hermana -ijo Cuca.
-Pero todava no es hora de salida.
-Pues tampoco es de entrada. O usted ve, querido jefe, a los dems investigadores
por estos rumbos? Adems, ya declararon que a partir de las ocho de la noche, es decir,
a las seis de aqu, empieza el toque de queda.
-Pero eso es all, en el D.F.
Cuca cerr el cubculo sin prestar atencin a su jefe.
-Si no vengo maana, no se preocupen -fue su tarda respuesta-. Es que me gusta
ms mi tele que la suya.
Y sin esperar contestacin, Cuca desapareci por el pasillo rumbo a la puerta exterior y
las escaleras de salida.
-Y ahora quin va a pasar mi ponencia para el coloquio de arqueologa mexicana de
la UNAM? -pregunt, desconsolado, Leonardo.
Susana no pudo reprimir la risa que, de inmediato, contagi a Jos. Leonardo volvi a
fruncir el ceo.
-Y a ustedes qu les pasa?
-Pero t crees que ese coloquio se va a realizar con este desastre encima -e espet
Susana, todava rindose.
-Bueno, yo no s... pero hay que estar preparados.
-Preparados deberamos haber estado para una calamidad como sa.
Susana dej de rerse y se dirigi a su cubculo e hizo lo mismo que Cuca. Apag todo
y dej bajo llave sus documents.
-Yo tambin me retiro. Pero prometo venir maana al Instituto, con o sin toque de
queda.
Leonardo asinti mientras su mirada segua fija en la pantalla. Jos despidi a Susana
con un saludo de mano y luego se dedic a examiner el plano del Zcalo.
Susana baj los escalones con lentitud. Ninguna idea lograba asentarse en su mente.
Era como si la imagen de la niebla hubiera quedado rondando en su cabeza,
oscurecindole el pensamiento. Puso en march el automvil y sali del
estacionamiento subterrneo para encontrarse con una ciudad callada, desierta,
silenciosa. "Esto no es la Tijuana que conozco", pens. Y luego, con dolor, agreg: "Ni
este es el mismo pas en que me despert por la maana".










Pocos autos y pocos sitios abiertos. En todas parties, la escasa gente que andaba en la
calle se arremolinaba alrededor de un televisor prendido. Susana record su
experiencia en Los Angeles, durante los disturbios de 1992 y, por instinto, se detuvo
en una tienda abierta las 24 horas del da y compr various garrafones de agua, comida
enlatada y todas las pilas que pudo obtener con el dinero que llevaba. "Si esto se
vuelve una pesadilla mayor", se dijo, "quiero estar preparada".
La calle continuaba totalmente vaca. Ni siquiera los turistas gringos hacan acto de
presencia. Tijuana era un pueblo fantasma: como todo Mxico.


Don Sebastin, el conserje del edificio de condominios, la ayud con los paquetes de
comida y las garrafas de agua pura. Cuando Susana abri la puerta de su departamento,
en el sptimo piso, descubri la nota de Emilita, la criada, donde sta le informaba que
se haba ido ms temprano porque en la tele no pasaron las telenovelas, y que al da
siguiente vendra a limpiar lo que faltaba.
-Para qu quiere tanta lata y tanta agua? -e pregunt don Sebastin al terminar de
colocar los paquetes en la mesa de la cocina.
-Qu, no ha visto las noticias? -respondi Susana sin prestarle much atencin.
Don Sebastin se quit el sudor de la frente con la palma de la mano antes de ponerse
la cachucha de velador.
-Las vi y las escuch. Por eso le digo, seo, que esto huele mal. Es como una plaga
que est a punto de arrasar con todo y con todos.
Susana meti los paquetes a las alacenas y el estruendo del latero no le permiti
escuchar al conserje.
-Me dice qu?
Sebastin no le contest. Con pasos diligentes se encamin a la sala y abri las
cortinas. Luego se acerc al telescopio que Susana utilizaba para ver los cerros de
Tijuana y San Diego, los aviones que pasaban rozando las casas de lmina y cartn
desechable, las luces de los autos en la zona del Ro.
-Mire qu bonito se ve todo -exclam el viejo.
Susana apareci limpindose las manos.
-Se lo compr a Too, en su cumpleaos. Y cuando se fue ni siquiera pens en
llevrselo. As son ustedes, los hombres, no?
Don Sebastin dej de ver por el telescopio y se le qued mirando a Susana.
-As somos. Cada da, una vieja nueva. Cada hora, un amor al que se abandon.
-Por qu me dijo lo que me dijo? -uiso saber Susana.
El viejo no pudo menos que sonrer y al hacerlo pareci ms joven.
-Por qu no me invita un caf y se lo explico?
El rostro de Susana enrojeci de vergenza.


-Disculpe la descortesa -se disculp-. Es que este da no s dnde traigo la
cabeza. Ahorita se lo hago.










El viejo volvi a ocuparse del telescopio y Susana se dedic a trasegar en la cocina.
Pronto el olor a caf recin hecho se extendi por todo el departamento. Susana sirvi
dos tazas y se sent en la sala, junto al conserje. Tuvo el impulso de prender el
televisor, pero no quiso volver a ser descorts con don Sebastin, que sorba su caf
con evidence agrado.
-Qu mala pata tenemos los mexicanos, no? -ijo Susana para iniciar la pltica-:
asesinatos, guerras, terremotos. Y ahora esto.
El viejo se quit la gorra y la puso en el suelo.
-No ms mala suerte que la de otros pases, seo. Mi padre, por ejemplo, tuvo que
huir de Espaa para salvar su vida. Dej atrs todo lo que tena: mujer, casa, hijos,
todas sus propiedades y riquezas, todos sus amores y querencias.
-No saba eso -e interrumpi Susana con tono solidario.
-Son cosas de uno -ijo el viejo-. Herencias que no se divulgan para no causar
pena.
-Otra metida de pata -volvi a disculparse Susana.
Don Sebastin sonri de nuevo.
-Por eso le digo que guardar agua y comida slo sirve en caso de una guerra civil,
como la espaola, como la de mi padre.
-Y esto qu es?
El viejo dio otro sorbo a su caf antes de contestarle:
-Mi padre me aseguraba que l no cay en poder de los fascistas porque saba
siempre por dnde soplaba el aire, me entiende?
-Me suena a poltica pura.
-No. A puro instinto de sobrevivencia.
-Expliquese ya, don Sebastin.
El conserje volvi a calarse la cachucha.
-Yo ya empaqu mis cosas. Ahoritita mismo me paso al otro lado. Tengo familiar all
y una hija a punto de hacerme abuelo. Hgame caso. Esto me huele a terror puro. Hay
algo que no encaja. Si es un golpe de estado, no veo quines tienen el control ni con
qu fin. El ejrcito? El partido? Los Estados Unidos? No. No va por ah el asunto.
Creo, bueno, intuyo, que es algo ms profundo, menos obvio. Y no quiero quedarme a
descubrirlo. Como mi padre, la mejor herencia que puede darle uno a los dems es
mantenerse con vida. Siga mi consejo: vyase de aqu, abandon por unos das el pas.
Si yo me equivoco, slo disfrut una buenas vacaciones con los parientes de Los
Angeles o San Francisco, pero qu tal si tengo la razn, qu tal si la muerte viene
volando hasta nosotros.
Susana cerr los ojos, queriendo conjurar el pnico que se filtraba entire las palabras
del viejo.
-No es para tanto, don Sebastin.
-Nunca lo es hasta que ya result demasiado tarde. Muchos amigos de mi padre le
dijeron lo mismo y ninguno vivi para decir: ya ven, yo tena razn. Los fusilaron. Los










mataron a mansalva y ellos tan credos de que con rendirse bastaba para salvar el
pellejo. Bola de ingenuos.
El conserje se levant con dificultad y se dirigi a la puerta de entrada.
-Gracias por el caf, seo. Estuvo delicioso.
-Gracias por el consejo.
-Agradzcamelo si le sirve de algo.
El golpe de la puerta al cerrarse hizo que Susana volviera a tomar conciencia del
silencio que la rodeaba. Tambin ella se levant y puso el telescopio en posicin de
ver la avenida Revolucin. En vez de luces de nen, filas de autos o multitudes
abigarradas slo vio una bocaza de oscuridad, una sombra de miedo, que pareca
cernirse sobre la ciudad entera, sobre el pas entero.
-Debo dormir -se dijo Susana a s misma-. Lo necesito.


A la maana siguiente, los pasos de Emilita yendo y viniendo por la sala y el comedor
la despertaron. Se levant de un salto y se visti lo ms pronto possible.
-Buenos das, seo -dijo la criada al verla levantada
-Buenos das, Emilita -respondi, en forma automtica, Susana. Y metindose a la
regadera, abri las llaves para descubrir un hilito de agua que escurra por las paredes
antes de agotarse del todo.
-No hay agua -e avis tardamente Emilita -Pero le traje una cubeta de agua y
una jicara para que pueda baarse.
-Baarme? Con esto? -respondi Susana todava en su papel de dama y seora.
-Pues con qu otra cosa -e espet la criada-. La leche de burra sale muy cara. Y
la de burro, pues, esos no se dejan as como as.
La risa de la criada la despert del todo. Y sin quejarse ms, Susana comenz a darse
un bao precario, "tipo francs", pens con su sentido del humor an intacto. El
desayuno la estaba esperando. Emilita siempre saba cmo mantenerla feliz con un
desayuno abundante: huevos revueltos, queso de panela y frijoles con chorizo. Como
debe ser, le deca la criada mientras quitaba o pona la interminable fila de platos.
Susana no necesit prender la television. Ya Emilita lo haba hecho. Pero intilmente.
Unicamente aparecan imgenes distorsionadas, rfagas de figures que brillaban unos
pocos segundos antes de esfumarse del todo o de ser sustituidos por otras. Los gringos,
por su parte, pasaban programs de concurso. Ni una sola noticia sobre la ciudad de
Mxico.
-Es un desastre -dijo Emilita desde la cocina.
Susana no supo a qu se refera: si al televisor o a la situacin del pas. Pero tampoco
tuvo nimos de averiguarlo.
-Let it be-exclam y se levant a cepillarse los dientes y a peinarse de nuevo.
-Qu quiere para la comida? -pregunt la criada.
-Lo que sea ser bueno. Te dejo dinero en el tocador.
Susana se mir en el espejo y abriendo las puertas se despidi de Emilita.










-Nos vemos a las tres. Sin falta llego. Por favor no te vayas hasta que vuelva. Quin
sabe cmo se va a poner todo esto.
-No se preocupe, seo. Yo aqu la aguardo.
La ltima imagen que capt Susana de su departamento fue a Emilita tratando de
hallar, con el control automtico, un canal en espaol donde se viera alguna telenovela.
Afuera todo pareca normal pero como en un da franco, un domingo apacible, con
trfico escaso y poca gente en las calls.
Susana manej sin pensar por las principles avenidas de Tijuana. En la radio, los
locutores hablaban de que el Comit Nacional de Contingencia haba desaparecido y
que la nube -txica o radioactiva?- ya ocupaba todo el Distrito Federal, que el
pnico era general y que la gente hua por las principles carreteras rumbo a Puebla,
Cuernavaca, Veracruz o Quertaro. El nmero de accidents y vctimas de los
embotellamientos dejaban ya un saldo de various miles de muertos. No haba
autoridades, ni siquiera el ejrcito, que pudieran contener a ms de 15 millones de
personas en fuga.
Susana se baj de su auto en el casi desrtico estacionamiento del Instituto. Slo
estaban a la vista los autos de su jefe: un Oldsmobile ltimo modelo, y el de Jos
Rosas, un viejo Volkswagen en process de convertirse en chatarra.
En la sala de juntas, el televisor, como un pequeo dios, segua sintonizado en un canal
de San Diego. La locutora informaba que el gobierno de los Estados Unidos haban
cerrado su embajada en la Ciudad de Mxico y la haba trasladado a Ciudad Jurez,
que el Departamento de Estado haba puesto en cdigo rojo a las Fuerzas Armadas y
solicitaba a sus ciudadanos que salieran inmediatamente del pas. Por ltimo, una
reporter en unfreeway de San Antonio, Texas, pasaba imgenes de un contingent
military mecanizado que se diriga a controlar el flujo de mexicanos en la lnea
fronteriza, ya que se calculaba en ciento veinte mil el nmero de refugiados en aquella
zona. La reporter sealaba que estos refugiados eran principalmente families de clase
media y alta que ya haban saturado todos los hotels de la ciudad. Las siguientes
imgenes de multitudes eran de San Diego, California y Nogales, Arizona. El caos
reinaba por toda la frontera. Y por lo que se vea, iba en aumento.
Susana pens en don Sebastin, que tal vez en esos moments se enfrentaba a una de
esas tanquetas que aparecan en la pantalla. Impulsivamente, se adelant para apagar el
aparato cuando la voz de Leonardo a sus espaldas la detuvo.
-Djalo ah. Los dems canales estn en blanco, o dicen lo mismo que se.
-Qu nos est pasando? Por qu tanta tragedia?
Leonardo la mir con detenimiento.
-Necesitamos una limpia general, Susana.
-Lo que realmente necesitamos es un chamn que nos proteja -terci Jos Rosas,
quien cargaba various libros de grueso calibre.
-Ahora todo mundo se me va a volver mstico o religioso de la noche a la maana -
sermone Leonardo-. Al paso que vamos para las noticias de la tarde van a decirme
que nos estn invadiendo los marcianos.
Jos Rosas hizo a un lado su computadora y deposit en la mesa de la sala de juntas su
cargamento.










-Pues no los marcianos, pero algo parecido -respondi mientras abra los libros de
par en par y extenda un acorden de hojas tamao carta.
-Est bien -concedi Susana, un poco intrigada cuntanos tu version de lo que
est pasando all.
-All y ac -precis Leonardo-. Las repercusiones de esa misteriosa explosion o
lo que sea ya son mundiales.
-Yo dira que de alcance csmico, mis estimados colegas -aadi Jos Rosas y los
inst a que se acercaran a ver los libros-. Esto que ven aqu son documents
indgenas precortesianos, incluyendo los libros profticos y los relatos mitolgicos de
los aztecas, que no son otra cosa que versions condensadas y propagandsticas de
mitos ms antiguos, mayas, olmecas o toltecas, entire ellos el del famoso sabio seor
Quetzalcoatl.
-La serpiente emplumada, no?
-As es, Susana, el dios barbado que vivi entire los hombres y les transmiti, como
Prometeo a los griegos, el fuego del conocimiento.
-El que se fue rumbo a occidente y prometi volver -record Leonardo-, y por
estar esperndolo, los aztecas confundieron a Corts y a sus hombres con l.
-Bueno s, pero en el plano mitolgico, Quetzalcoatl es un dios que vuela, pero que
tambin puede vivir bajo tierra, lo que significa en el inframundo, en el mundo de los
muertos. Y si observan este cdice, vern que la figure traditional de Quetzalcoatl est
rodeada de dignatarios con cabezas de calavera. Quetzalcoatl, segn mi interpretacin,
por causa de una guerra despiadada contra el dios Huitzilopochtli, se refugi entire los
muertos para engaar a sus enemigos, pero vean aqu, en este crculo, y pueden
contemplar la figure de Huitzilopochtli, dios de la guerra, que est rodeada tambin de
calaveras. Huitzilopochtli entr al mundo de los muertos, en persecucin de su rival,
pero no pudo alcanzar a Quetzalcoatl y tampoco pudo escapar de all. Quetzalcoatl se
sacrifice para atrapar a su enemigo. Ahora ambos viven en el inframundo y ambos,
tarde o temprano, deben reanudar las hostilidades, hasta que uno venza al otro en
forma definitive. Ambos dioses estn sujetos: si se libran de las cadenas del
inframundo habrn de enfrentarse de nuevo por la supremaca del universe, es decir,
por el dominio de nuestras almas.
-Bonita historic. No s por qu Hollywood no la haba pensado antes: se imaginan a
Stallone y a Schwarzenegger en ella? -concluy Leonardo.
-S, Leonardo, me los imagine -respondi Rosas-. El problema no es un mito al
que nadie le ha prestado valor como realidad por quinientos aos. El problema es que,
en los libros profticos, se establece que Quetzalcoatl logr mandar un mensaje del
inframundo a sus seguidores en el valle de Mxico: deban construir un templo mayor
sobre la boca del inframundo para sellar cualquier escape del dios de la guerra.
-Ya veo -exclam Leonardo, divertido-. Est explosion es el anuncio de la fuga de
Huitzilopochtli del inframundo.
-No -ataj Rosas-. El descubrimiento del templo mayor hace ya dos dcadas fue
el primer aviso. Eso fue una fisura del sello. Porque aqu hablamos de fuerzas
primigenias en accin, no de actos humans premeditados. Para que ocurriera la
explosion de ayer, tuvo que haber un cataclismo en el inframundo y especficamente
en el templo Mayor, tuvo que haber sangre derramada sobre el sello.










-Qu les parece esto? -ijo Susana y mostr un peridico de la ciudad de Mxico.
En su encabezado a ocho columns deca: "Sube la gasoline y la luz".
-No entiendo -farfull Leonardo.
-No esa noticia. Esta de aqu abajo.
En la esquina inferior derecha apenas sobresala un encabezado: "Nuevos
descubrimientos en el templo Mayor".
-De cuando es ese diario? -pregunt Rosas.
-De hace una semana. Pero ahora vean ste. Es de hace cuatro das.
Rosas ley otro minsculo encabezado: "Tres trabajadores mueren en el templo
Mayor".
-Un accident? -pregunt Leonardo.
-As parece -respondi Rosas except por la foto. Miren.
La fotografia mostraba una gruesa viga de apuntalamiento: rota en pedazos, que haba
horadado una pared. A un lado se vea el cuerpo de un muchacho. Una varilla
corrugada haba atravesado su pecho, en el sitio exacto de su corazn.
-Sangre derramada -ijo Susana-. Por qu niegas lo del accident, Jos?
-Porque creo que lo que yo he interpretado, otros tambin lo han hecho. Creo que
Huitzilopochtli tambin tiene aqu, en nuestro mundo, una legin de seguidores que
por quinientos aos han buscado la manera de que vuelva a reinar sobre nosotros.
-Vamos, qu sea menos -acot Leonardo.
-Ven la pared horadada en la foto? -pregunt Rosas.
-La vemos -respondi Susana.
-Ven los caracteres que estn en la parte superior de la misma?
-Aja.
-Es nahuatl y dicen: No toques lo que no te pertenece. No entres donde no te llaman.
Malditos los que no atiendan nuestros ruegos. Esta es la casa de los muertos. Esta es
la puerta sacramental.La que se abre a Tlallin, el reino de las tinieblas, el recinto de
la oscuridad que sangra.
-La puerta al inframundo, dices.
-As es, jefe.
-Sigo sin tragarme tu historic, pero... -reflexion Leonardo.
-Pero qu? quiso saber Susana
-Ya me pusiste la care de gallina.
-Y Quetzalcoatl? Tambin va a escapar?
-No lo s, Susana. Nos falta informacin sobre estos mitos.
-Y los seguidores de Quetzalcoatl? Dnde estn que no hacen nada?
-Lo ignoro, Leonardo. Como tambin ignoro quines sean los seguidores de
Huitzilopochtli. Supongo que, como en todos los imperios, y el azteca no era la
excepcin, haba quienes apoyaban la guerras de conquista y vasallaje y quienes se










resistan al uso de la violencia con sus semejantes. Unos amaban la armas, otros el
conocimiento. Unos destinaban sus vidas al combat y otros a observer el paso de los
astros, las propiedades curativas de las plants, los cambios de la naturaleza.
-Entonces estamos fritos -expres Leonardo-, porque segn t los seguidores de
Quetzalcoatl son los ecologistas, los cientficos, los greenpeace. Esas no van a poder
hacer frente a las huestes de Huitzilopochtli
-Eso no lo s -reconoci Rosas-. Pero tengo la ligera sospecha de que los hijos o
herederos de Quetzalcoatl son las vctimas de siempre, los marginados del mundo
entero.
-Y t qu dices, Susana? Ests de acuerdo con nuestro mitotero ?
Pero Susana no prestaba ya atencin a la conversacin entire sus colegas. Las imgenes
del televisor haban vuelto a hipnotizarla.
-Ya vieron? -pregunt con un hilito de voz.
Leonardo y Jos Rosas se acercaron a la pantalla y quedaron igualmente mudos. Era la
CNN de nuevo. Era la ciudad de Mxico de nuevo. Era el horror acrecentado:
imgenes de satlites mezcladas con escenas de Puebla, Cuernavaca, Tepoztln.
Marejadas de gente huyendo, atropellndose, cayendo encima unas de otras, gritando,
retorcindose, golpendose entire s en un vano intent por escapar.
-De qu huyen? -pregunt, finalmente, Susana.
-De eso -respondi Leonardo y puso su mano sobre la imagen de una nube
relampagueante que se alzaba sobre el horizonte.
-Y qu es eso? -volvi a la carga Susana.
-Eso es Huitzilopochtli revivido.
-Vamos, Jos, que sea menos.
-Sbele el volume. All est un locutor tambalendose -grit Susana.
Leonardo aument el volume.
-Nada parece contener esta dispora humana, incontrolable. Todos huyen sin saber
por qu. Bueno, no todos. Con nosotros tenemos a doa Panchita, una india nahuatl,
que viene a decirnos lo que vio all, en la ciudad de Mxico.
En la pantalla apareci una mujer gordita, morena y de ojos vivaces. No pareca
asustada. En cuanto tuvo a su alcance el microfono lo tom entire las manos y empez
a recitar, a una velocidad inaudita, una series de frases en nahuatl. El reporter tard en
poder quitarle el micrfono.
-Qu dijo? -Susana volte con Jos, que estaba lvido, esperando una traduccin
casi simultnea.
-No me lo van a career. Ni yo mismo lo creo.
-Qu acaba de decirnos, doa Panchita? interrog el reporter, todo confundido.
-Que todos vamos a morir a menos que nuestro seor Quetzalcoatl y nuestra seora
Tonantzin vengan en nuestro auxilio -respondi la mujer.
-Qu est pasando all, en el D. F.? insisti el reporter.










-La guadaa de la muerte ha llegado. El Innombrable est de nuevo entire nosotros y
exige el tributo que cree es suyo, tributo de dolor y de sangre, tributo de muerte.
-De qu est hablando, doa Panchita?
-De eso hablo.
La cmara gir para mostrar lo que sealaba la mujer. Esta vez la nube de relmpagos
haba desaparecido. En su lugar apareca el contorno de un rostro gesticulante en
medio de una nube negra, una figure que extenda sus brazos como tentculos y los
lanzaba con celeridad en todas direcciones.
-Pero... esto.. debe ser una alucinacin colectiva -balbuce el reporter, antes de ser
atravesado por una espada flamgera.
Abruptamente, la seal se cort. Segundos despus la transmisin regres, pero esta
vez desde las oficinas de la CNN en Washington, donde el locutor inform que una
nueva tragedia acababa de sumarse a las ya conocidas: el Popocatepetl haba hecho
erupcin y haba sepultado en fuego y en cenizas al equipo de reporters que estaba
trasmitiendo desde Mxico.
Leonardo se levant de un salto.
-Est bien, te creo -dijo y se puso la chaqueta-. Yo me voy de aqu, me march a
Timbuct o al Polo Norte. De loco me quedo a ver qu desgracia sigue. Al rato tu
Huitzi-lo-que-sea terminal apoderndose hasta de la avenida Revolucin. Prefiero
poner pies en polvorosa.
-Mejor aqu huy que aqu qued -remat Jos Rosas.
Como tu seor Quetzalcoatl, no? Que no se aparece por ninguna parte. Tal vez
qued escamado desde el ltimo pleito en el inframundo.
-Yo me quedo aqu, si no te molesta -respondi Rosas.
Leonardo tom su carter con documents y las llaves de su carro.
-Les deseo lo mejor. Pero no quiero ser una estadstica ms en la bola de fuego que
est por llegar. Chao.
Susana tom su maceta de nochebuena y su bolsa.
-T tambin te marchas?
-S, Jos, pero no a Timbuct, como Leonardo. Me voy a casa. Aqu no hay nada ms
que hacer.
Jos Rosas la abraz y le dio un beso en la mejilla.
-Te voy a extraar.
-Yo tambin.
Cudate much.
-Lo intentar.
Susana abri la puerta, dispuesta a salir y enfrentar un mundo que ya no reconoca
como suyo.
-Una cosa ms -dijo.
-Qu?










-S que t eres gente de Quetzalcoatl. Y s, tambin, que no todo est perdido.
Jos sonri al or sus palabras.
Gracias por el cumplido. Pero buen trabajo que me echas encima.
-onfio en ti.
-Lo mismo digo. Recuerda: la libertad consiste en poder elegir, en la capacidad para
escoger qu clase de persona quieres ser.
Susana puso en march el auto y volvi a contemplar su Tijuana querida, la costa oeste
mexicana. En la radio las mismas, terrible noticias. Prefiri poner su cassette favorite:
Donovan. Greatest Hits. S, eso la calmara. La voz del trovador ingls la reanim:
yes,Susan on the west coast waiting. "Pero qu", se dijo Susana, "esperando qu cosas,
aguardando qu". Un viento clido soplaba de las costas. "Me gustara andar en Playas
o en Rosarito, pens. Y por qu no ir ahora mismo? Despus de todo, ya soy libre,
completamente libre. El Mxico en que nac, en el que crec, ya no existe. Y si esto va
a ser un campo de batalla, ya s cul es mi bando". Una sonrisa ilumin su rostro.
Susana, on the west coast, haba dejado de esperar.


Don Sebastin paseaba de un extremo al otro del pasillo. El hospital de San Luis
Obispo, California, estaba a su mxima capacidad. Oleadas de refugiados acampaban
en las afueras. Y cientos de hombres, nios y mujeres reciban atencin mdica. Entre
ellos su hija, Mercedes, la emigrada, que estaba a punto de dar a luz. Gemelos, le
acababan de detectar los doctors. Y para colmo, sietemesinos.
Don Sebastin, nervioso, mand a su yerno por unas mantas y cobertores a la casa.
Seguramente pasaran en el hospital del condado toda la noche. Por eso, cuando sali
el mdico al pasillo, era el nico familiar a mano.
-Do you speak english? -pregunt el mdico.
-No -respondi Sebastin.
-Bueno, yo hablo espaol... un poco.
-Qu pasa, doctor? Todo est bien?
-Mire, seor, su hija bien. Todo parto bien. Pero los nios, los recin nacidos Cmo
decirle?
Don Sebastin pens lo peor.
-Estn en malas condiciones? Qu les pasa? Vamos, dgamelo.
-Inexpi... inexplico....inexplicable. Eso es.
Don Sebastin sinti que estaban a punto de darle el psame.
-Murieron? Eso quiere decir?
El mdico se sec el sudor de la frente y por primera vez don Sebastin se compadeci
de l. "Las presiones de trabajo que debe estar soportando", pens. El doctor en
cambio, puso su mano en el hombro del viejo espaol y lo condujo a la sala de cunas.
All estaban sus nietos: un nio y una nia. Morenos como su padre y con ojos azules
y pelirrojos como l y su hija Mercedes.
-Yo los veo bien -exclam, orgulloso.










-Yo tambin. Pero mire aqu.
Don Sebastin vi una tabla junto a los cuneros: en ella estaban puestos los datos de
ambos nios al nacimiento. Peso: 2.800 kilogramos ambos. Tamao 47 centmetros.
-Todo normal, no?
-Si. Estos datos son de hace una hora. Acaban de volver a tomarlos. Y ahora su peso
ser de 6.400 kilogramos y ya miden 97 centmetros. Y eso que ser sietemesinos. No
entender.
-Yo tampoco -ijo don Sebastin.
-Lamentablemente, nuestro laboratorio est al tope. No puede tomar muestras ahora.
Ms tarde, s.
-Muestras?
-Para ver por qu estn creciendo as, tan rpido. It's amazing.
Una enfermera entr y le habl al odo al mdico.
-Ms trabajo, amigo. Aqu lo dejo. Luego puede pasar a ver su hija. Bye, bye.
Don Sebastin se qued mirando a sus nietos y comenz a sentirse nervioso. Algo
estaba fuera de lugar, pero no saba qu. El nio volte a verlo y sus ojos parecan
estar enfocndolo perfectamente.
-Hola, abuelo -ijo el nio y se enderez.
Don Sebastin retrocedi, asustado.
-Hola, abuelo -ijo la nia e hizo lo mismo que su gemelo.
-Cmo pueden...hacer eso? -balbuce don Sebastin.
-Hablar? Razonar? Sentarnos?
-S, eso.
-Eres un hombre afortunado -dijo el nio-. La historic hablar de ti por los siglos
de los siglos.
-Quines son ustedes? -pregunt, confundido, el viejo espaol.
-Yo soy tu nieta. Soy Tonantzin. Y me gustan las flores.
Y abriendo sus brazos, ptalos de rosas cayeron al piso, salidas de ninguna parte:
brillantes como estrellas.
-Y yo soy tu nieto. Soy Quetzalcoatl, el constructor de los mundos, el apaciguador de
las tempestades.
Y mientras lo iba diciendo, Quetzalcoatl nio se volvi un adolescent, mientras
Tonantzin haca lo mismo. Don Sebastin tuvo que sentarse en el suelo, pero el mundo
segua dndole vueltas. Senta que estaba a punto de estallarle la cabeza, que esos
nietos suyos le exigan cosas imposibles de entender, de comprender.
-Qu hacen? Por qu no se quedan nios? -exclam.
-Primero debemos cumplir con nuestro deber, abuelo -respondi Tonantzin por
ambos.
-Y cul es su deber?










Curar el mundo, evitar que la violencia crezca. Dar esperanza en tiempos oscuros -
contest Quetzalcoatl.
-Huitzilopochtli tiene hambre de series humans -aadi Tonantzin-. Y no
podemos permitir que triunfe. El hombre es buena semilla, siempre logra regenerarse.
Nosotros slo somos el agua que necesita, la tierra frtil.
Don Sebastin los vio crecer y crecer. Antes de marcharse, Tonantzin le dio un beso y
le regal un ramo de rosas blancas.
-No temas -e dijo-. Ahora soy tu madre. Estoy aqu para protegerte a ti, para
velar por mi pueblo.
Quetzalcoatl tambin lo bes antes de partir y le dijo:
-Volveremos, no te preocupes. Y seremos tus nietos y tus nios. Ya vers.
Luego todo estall en luz.


Susana tir la ultima cerveza Tecate al bote de basura y se qued observando las olas
que golpeaban contra la playa. De pronto sinti una energa nueva, un llamado.
-Vamos, floja -se dijo a s misma y en voz alta ya estn aqu, ya llegaron. Es
hora de dar la cara.
Y levantndose de la arena, se encamin al auto. El sol an arda, tenaz, en el
ambiente. Pero ahora haba una nueva cancin all, al fondo, en el scenario
fantasmagrico del mundo.
-Quetzalcoatl ha regresado! -grit Susana a todo pulmn, feliz de estar viva,
mientras aceleraba su auto por el paseo costero.
-Vamos, y yo qu? -le pregunt, desde el asiento de a lado, su nueva, inesperada
acompaante: una muchacha morena, pelirroja, y de ojos azules.
-Y t de dnde sales? inquiri Susana a la que ya ningn prodigio la sorprenda
demasiado.
-Soy Tonantzin, tu hermana.
-Pues yo soy Susana.
-Lo s -dijo Tonantzin-. He odo hablar de ti.
-Dnde? Con quin?
-Luego, hermana, luego, cuando la batalla concluya, te contar lo que quieras.
-La batalla?
Tonantzin seal rumbo al sur, donde ya comenzaba a perfilarse una nube
relampagueante.
Cuando la batalla termine, todo ser tan claro como el agua.
-Eso sera si ganamos. Y si no?
Tonantzin sonri.
-Entonces todo ser tan turbio como la sangre, tan espeso como la muerte.
-Qu crees que vaya a pasar?










-Me pides que te diga el future?
-S.
Tonantzin sac la cabeza por la ventanilla del auto y dej que sus trenzas volaran, que
estrellas diminutas girarn alrededor de su cabeza.
-Nada est escrito -dijo, except la esperanza.
-reo que estoy medio borracha -aclar Susana- y que todo esto es una
alucinacin.
-No te preocupes -la tranquiliz la diosa madre-. Ahora viene lo peor. La hora del
fin y del comienzo.





Gabriel Trujillo Muoz

Gabriel Trujillo Muoz es uno de los escritores ms prolficos y consistentes de su
generacin. Naci en 1958 en Mexicali y ha publicado ms de una veintena de libros
que abarcan poesa, ensayo, cuento, crnica y periodismo cultural. Como narrador,
destaca en el gnero de ciencia ficcin con su libro de cuentos Miriada (1991) y su
novela Mezquite Road(1995). Gabriel piensa que la ciencia ficcin es: "Una narrative
que toma en cuenta el saber cientfico para la elaboracin de propuestas imaginativas
que pregonen los problems inherentes a la condicin humana cuando sta se ve
enfrentada a cambios y rupturas en todos los rdenes de existencia". Axxon le public
"Hominia" en el # 144.


Axxn 146 Enero de 2005










HISTORIC DEL CINE CIBERPUNK

(Captulo 23)

EVE OF DESTRUCTION. CYBERNATOR



En 1991, poco despus del estreno del filme Terminator 2, el mercado se vi inundado
de golpe por pelculas series B, repletas de cyborgs asesinos, realizadas al por mayor,
con un mnimo de recursos tcnicos y psimos guiones.

Un ejemplo de este tipo de film es Eve of Destruction,
del director Duncan Gibbins, acerca de un proyecto
military que se sale de control (como ven, es muy
original) En este caso, como luego aparecera en
Terminator 3, ellos han desarrollado un increble
androide de tipo femenino que puede, por su parecido
exterior, replica a un ser human.

Adems de poseer un exoesqueleto de cyborg muy
sofisticado (similar a Terminator), ellos han
programado el androide llamado "Eve" con recuerdos
de su creador, la Dra. Eve Simmons (Rene
Soutendijk). En Eve se mezclan una fuerza increble,
una armadura terrorfica, grades habilidades para la
lucha, y hasta una ojiva termonuclear empotrada
dentro de su cuerpo. Por desgracia, durante el perodo
de pruebas, ella recibe un disparo accidental durante un robo al banco. Este disparo
afecta su memorial y programacin y la saca fuera de control. Despus de matar al
ladrn del banco, ella toma sus armas. Para detenerla, el ejrcito trae a su mejor
hombre, Gregory Hines, un tipo de polica de tropas especiales. Hines tiene que
trabajar con el creador de Eve, la Dra.. Simmons para detener este androide antes de
que explote todo un bloque de edificios de la ciudad. Las actuaciones de Gregory
Hines y Rene Soutendijk, son bastante decentes. De todas forms no logran salvar un
guin que ya era bastante pobre desde su inicio.

Cybernator, tambin de 1991, del director Robert Rundle, es la mejor demostracin de
como se puede hacer una pelcula ciberpunk sin gastarse un centavo. Eso no es ningn
problema! Con tal de que uno tenga una cmara de video casera, alguna pintura azul y
unas polyespumas o mangueras de caucho en el garaje, ya podemos intentar filmar
nuestra propia pelcula cyberpunk. Una advertencia A lo mejor hay que gastarse unos
pocos dlares en una tienda de juguetes para conseguir algunas armas que parezcan
realistas. Cybernator es un ejemplo de lo ms bajo que se ha hecho en cine
cyberpunk. De todas formas, no hay que preocuparse. Si un da nos cae en la
programacin de television esta pelcula, no vamos a sufrir imaginndonos lo que
suceder en la prxima escena. Realmente es uno de esos filmes tan, pero tan malos,
que al final result cine bueno. No lo crees? Pues lee lo que sigue..










La pelcula comienza en un club de streep tease (un almacn con un scenario hecho
de papel de cartn negro brillante con estrellas
grabadas en l), done el polica Brent
McCord (Lonnie Schuyler) viene con su
compaero a ver a su novia (la mujer que hace
strip-tease). Desgraciadamente, algunos
cyborgs malos han venido a matar a un
Senador americano que simplemente esta
teniendo sexo en un cuarto en la part de atrs
(paredes de concrete, suelo del almacn, etc.).
Despus que los cyborgs malos asesinan al
senator, decide seguir con el alboroto
matando al azar a otra gente. Por supuesto,
nuestro gran polica puede eliminarlos,
aunque los cyborgs tienen armas de rayos
lser. El Depsito de cadveres parece una
oficina. All se encuentra una doctor (quin
realmente parece star intentando actuar uno
de los pocos) que recin ha completado su autopsia en los dos cyborgs. Ella declare
del cyborg duro, "Est cubierto con una aleacin de titanio y acero casi indestructible.
Fue muerto cuando la bala entr en el corazn..."

Hum.. indestructible? Pero puede matarse con una bala a travs del corazn?
Hum... .De cualquier forma, la doctor del depsito de cadveres est aparentemente
bien versada identificando cyborgs militares, y proclama que estos son "propiedad
gubernamental, posiblemente del ejrcito o algo." Nuestros detectives intrpidos se
dirigen entonces al edificio del ejrcito local. Van derecho, por supuesto, a la oficina
del General que es exactamente igual a la oficina del doctor, pero ya los cuerpos han
sido alejados, y una bandera y el cuadro de un astronaut estn montados en la pared.
Si todava esto no lo convince, el escritorio del General tiene dos banderas americanas
y un tanque de juguete. Ya uno est a punto de crerselo cuando de pronto, en uno de
los plans, la cmara vira demasiado alto y vemos que el techo de la oficina del
general ha desaparecido, y que estamos en el mismo almacn done estaba la barra del
club de streep tease. En todo caso, mientras los policas estn "interrogando" al
general, (quin intent confundirlos proclamando que los marines son los que estn
trabajando en ese proyecto, no el Ejrcito), entra de pronto un cientfico y anuncia,
"Este es el nuevo diseo del Blackhawk 2000 project." Despus que el General
rpidamente bota a puntapis al cientfico, nosotros averiguamos que el Blackhawk
2000 project es secret clasificado!" Pues si, seores, de escenas como esa est
permeada la pelcula. Desgraciadamente, el Cybernator asesina al ayudante y socio de
nuestro detective, as que este decide sustituirlo por su novia, la bailarina de streep
tease. Cuando la escena contina, nosotros descubrimos que el Coronel (actuado por
un actor de series B real William Smith) es quin est detrs de los cyborgs. Y lo que
es peor, nuestro estimado polica tambin es un cyborg oculto! Por fin llegamos a la
batalla pica entire los dos Blackhawk 2000 Cyborgs el Cybernator y nuestro
detective de polica, Brent. Creen que por lo menos veremos una batalla pica,
traditional, entire dos cyborgs con superpoderes? Pues no! Se acuerdan del cyborg
azul malo con los tubos pequeos raros que le salan de la cabeza y se le balanceaban
en el aire? Correcto, ya lo adivinaste Brent apenas tiene que sacarle tos tubos y el
malo se muere. As de fcil. Verdadera locura en accin, seoras y seores. Pero







71


esperen! Todava hay ms! De pronto nos enteramos que el Coronel maloso es...ta, ta,
t...el hermano de Brent! Por qu ese giro en la escena? No hay ninguna razn en
particular, No importa, porque en vez de un starwarsico Nooooo!, Brent le responded
"your not my fuckin brother! No te voy a revelar el final, solo que es tan bueno como
el resto de la pelcula. Raramente encontraremos accin y dilogos de este calibre.
Todava Cybernator califica como un "Tan malo es bueno" y los actores? tratan de
seguir el guin, sin improvisar (eso espero) As que si quieres ver el peor cine
cyberpunk, pues embllate y hazla t mismo con un grupo de amigos y disfrtalo!