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HIDE
 Cover
 Table of Contents
 La frase de hoy: Oscar Hurtado
 Editorial: El ultimo disparo,...
 Artículo: Cómo morirnos de miedo...
 Artículo II: ¿Meta-Ciencia-Ficción?...
 Cuento clásico: El Wendigo, Algernon...
 Cuento made in Cuba: Tan solo en...
 Cuento made in Cuba II: Eddedos,...
 ¿Cómo contactarnos?


DLOC USF



Disparo en Red
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Title: Disparo en Red
Physical Description: Unknown
Publisher: Disparo en Red ( Havana, Cuba )
Creation Date: October 2008
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    Cover
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    Table of Contents
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    La frase de hoy: Oscar Hurtado
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    Editorial: El ultimo disparo, Darthmota
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    Artículo: Cómo morirnos de miedo leyendo ciencia ficción, Javiher Gutierrez Forte
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    Artículo II: ¿Meta-Ciencia-Ficción? Un análisis de la crítica cubana del género, Yoss
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    Cuento clásico: El Wendigo, Algernon Blackwood
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    Cuento made in Cuba: Tan solo en esta esquina…, Evelyn Pérez
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    Cuento made in Cuba II: Eddedos, Leonardo Gala
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    ¿Cómo contactarnos?
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HOY: 1 de OCTUBRE del 2008


DISPARO EN RED:


Boletin


electr6nico


ciencia-ficci6n y fantasia.

De frecuencia mensual y

Para descargar disparos


totalmente gratis.

anteriores:


http://www.esquinal3.co.nr
http://www.cubaunderqround.com


de
























Editores:



- Darthmota.


Jartower.


Colaboradores:
Taller de Creaci6n ESPIRAL de
ciencia ficci6n y fantasia.
espiral@centro-onelio.cult.cu,
espiralgrupo@yahoo.es


1. La frase de hoy: Oscar
Hurtado.

2. Editorial: El ultimo disparo,
Darthmota.

3. Articulo: C6mo morirnos de
miedo leyendo ciencia ficci6n,
Javiher Gutierrez Forte.

4. Articulo II: ,Meta-Ciencia-
Ficci6n? Un analisis de la
critical cubana del genero,
Yoss.

5. Cuento Clasico: El Wendigo,


Portada: Roger Sanches Fior.


Algernon Blackwood.


6. Cuento made in Cuba: Tan
solo en esta esquina..., Evelyn
Perez.

7. Cuento made in Cuba II: Ed-
dedos, Leonardo Gala.


8. ,C6mo contactarnos?











1. LA FRASE DE HOY:


Blanco cementerio de guerreros matados en noche de dos lunas
por vampiros hinchados como arafias. Se alegran despues del banquet y cantan:


La ciudad muerta de Korad.

Oscar Hurtado.




AL INDICE


El sitio web del Fantastico Cubano









http://www.cubaliteraria.cu/guaican/index.html










2.EDITORIAL:

EL ULTIMO DISPARO.


Si dificil es empezar algo mas dificil es ponerle fin.

Disparo en Red como proyecto de boletin digital de Ciencia

Ficci6n y Fantasia surgi6 sobre todo por una necesidad. Una

necesidad que tenian los lectores, los escritores que

comenzaban y el fandon en general: Leer ciencia ficci6n. Pues

simplemente, no se publicaba nada ni de escritores cubanos ni

extranjeros. Los pocos clasicos que alguien se habia leido

eran guardados como los miticos tesoros de los dragones y muy

pocos elegidos podian leerse a Robert Heinleim, Frank Herbert

o Ursula K. Le Guin. El buen lector, el lector fiel al genero

o el joven de a pie que queria comenzar a escribir debia

contentarse con la vieja ciencia ficci6n sovietica y con lo

publicado en Cuba desde la decada del 60 al 80. Y que habia

para escoger... Muchos platillos voladores al puro estilo de

los 50 y muchos futures optimistas siempre buenos donde todo

el mundo es mejor y mas capaz.

Y lleg6 la Era digital que casi parecia uno de los

futures sonados de en los 80, y nosotros seguiamos con ganas

de leer y escribir (o al menos intentarlo en buena lid) buena

Ciencia Ficci6n. Y aparecieron un mont6n de libros que se

podian bajar de internet, y habia muchos megas (hasta gigas)

de informaci6n te6rica y libros de los clasicos del generous

(los mismos que atesoraban los dragones) y al final todos los

intentos fallidos en la decada del 90 por hacer una revista

tenian el mismo problema: No hay papel, no hay editoriales

que aceptaran el genero como serio ect. Y de pronto estaba yo

con correo electr6nico, un punado de gigas con lo mejor de la

narrative de ciencia ficci6n (Hablo de los Gibson, los

Frederick Brown y los K. Dick) y ademas un monton de










conocidos que escribian cosas interesantes y estaban

esperando por la paciencia de las editoriales cubanas.

Entonces, .por que no hacer un boletin digital? No necesita

papel, tampoco necesitaba de una editorial. Y las ventajas

eran muchas. Los libros que los eruditos mentaban y los

dragones cuidaban podian ser leidos por todo el que tuviera

una computadora.

Asi las cosas, nos propusimos llevar la Ciencia Ficci6n

a todo el que quisiera leerla, darle promoci6n a los que

empezaban a escribir, que la gente comparara a los clasicos

con lo que se hacia aqui mismo y que se creara un estado de

opinion respect al genero. Que los lectores supieran

discriminar lo bueno de lo malo con solo verlo. Y para eso

habia que leer much, no solo narrative sino critical.

Y surgi6 un boletin que inicialmente era en modo texto,

con un articulo serio sobre el tema, un cuento clasico y otro

hecho en Cuba. Asi surgi6 Disparo en Red. Ahora, cuatro anos

despues, luego de 50 disparos y mas de 200 suscriptores (mas

los que lo bajan del sitio web y los que se los copian a los

socios que no tienen correo) creo, sinceramente, que los

objetivos se cumplieron. No solo hay un estado de opinion mas

maduro respect al genero y los escritores han mejorado la

calidad y muchos han logrado publicar en papel; sino que,

ademas, existen ya muchas revistas digitales sobre el genero.

Dentro del universe digital la Ciencia Ficci6n cubana ha dado

pasos de gigante y en muy poco tiempo.

Ante este fen6meno no puedo hacer otra cosa que sentirme

satisfecho y enviar el ultimo Disparo en Red. Que no

significa que abandon la promoci6n del genero. Solamente

consider que las metas del proyecto se cumplieron. Aun hay

much que hacer dentro del genero. Somos muy j6venes dentro

de un genero joven de por si en el universe de la narrative.










Pero eso requerira de otro proyecto diferente y con metas mas

ambiciosas.

Asi pues este ultimo disparo no es un adi6s, sino mas

bien, un "Hasta la vista baby" al puro estilo del Terminador.






Darthmota


AL INDICE











3. ART I CULO: COMO MORIRNOS DE MIEDO LEYENDO CIENCIA FICCION


por Javiher Gutierrez Forte.


La vocaci6n social de la CF., su afan de entender la realidad, o al menos describirla
mediante la argucia de la mirada al future, pero, fundamentalmente, entenderla, es uno de
los mas viejos objetivos de los escritores de este genero.
Desde los inicios, con las obras de Julio Verne, obras cargadas del espiritu burgues del
progress en las espaldas de la confrontaci6n tecnologia-naturaleza, o las de Edgar Alan
Poe, poco conocidas. Se trata de mirar bajo la falda de la sociedad, o al menos, de como
esta se refleja en el desarrollo cientifico y en su aplicaci6n en la tecnologia.
Recuerdo una novela norteamericana de fines del siglo XIX, debo tener el libro por ahi,
donde se recrea un viaje en el tiempo a una sociedad future o un libro de un autor gallego
"La Batalla de Caproniquea" donde se utopiza la guerra Hispano-cubano-norteamericana.
Todos estos inicios comparten el afan de echar un vistazo a su tiempo, a sus problems
mediante el prisma de un tiempo future. Tal vez por permitirle desarrollar sin ataduras
algunas ideas causadas por los fen6menos compartidos por los autores.
Pero no es hasta entrado el siglo XX, con las profundas transformaciones sociales que sufre
el mundo convulso de la globalizaci6n burguesa, que la CF. cobra fuerza y con ella su
vision sobre su epoca. Recordemos Aelita, o 220 dias en una nave sideral, novelas donde se
apostaba por la necesidad, no solo de la revoluci6n bolchevique mundial, sino tambien, de
una revoluci6n interplanetaria, cuyos portadores son los revolucionarios rusos.
Otro moment a sefialar es el de los afios 40, y posteriores, marcados por la crisis de la
Guerra Fria. Uno de sus exponentes seria el norte americano Ray Bradbury, que, en
extraordinarias histories bosqueja la sociedad, fundamentalmente urbana, de los EU.
O Frederick Pool, o un visitante casual: Arnold Huxley; o 1894. En todos ellos el autor se
lanza por la puerta del futuro... y haciendo un lazo se lanza hacia la voragine de su tiempo
sefialando, iluminando, asustando con una realidad espantada y espantosa, mas terrible,
pues se nos present como inevitable y solo nos queda esperar que se ponga peor, hagamos
lo que hagamos. Y morirnos de miedo...









Lo de morirse de miedo no tiene que ser implicito a la obra de CF., podemos tener toda una
escandalosa crisis de risa y luego sentir que el miedo nos invade, un terror profundo, que a
veces pasa tan hondo que nos deja sin entender que es ese escalofrio que sentimos. Nos
aturde el que, de repente, lo cotidiano se nos present con amenazas latentes, como fieras
agazapadas a las que solo el tiempo impide saltar.
Recuerdo con nostalgia la CF. donde se vaticinaba un future luminoso, ahi, al doblar de la
esquina, un future donde, de haberlos, los problems solos serian los del heroico
enfrentamiento de la humanidad con lo desconocido o de rezagos de la sociedad capitalist
que se negaban a desaparecer. Y el resultado fue que el future luminoso call en la crisis
energetica con un apag6n bestial. La sociedad capitalist se neg6 a desaparecer y lo de los
rezagos..., algunos quedan de la sociedad socialist. (,Que sera del Obrero y la Coljosiana?)
Esa literature lanzada al future, construyendo un espejo en otro tiempo para ser usado por
nosotros. Parece que las utopias doradas, felices, de una humanidad pr6spera se han
retirado y en su lugar solo queda el miedo conformista.
Lo de la literature como un espejo es discutible, pero me gusta, si bien su superficie no es
nada lisa y lo reflejado en ella, muchas veces no hay dios que lo descubra y la mayoria de
las veces lo que tenemos es un reflejo de un reflejo de otro reflejo, lo cual hace la situaci6n
mas compleja. Pero en otras la alegoria es muy clara, aunque el autor lo niegue, y mire para
otra parte. Y eso pasa con much de la CF. national que he podido leer, bien poca, por
cierto. Leer CF. cubana en Cuba es ...CF. Y utilizar la red es fantasia terrorifica. Pues bien,
a lo que iba, de la producci6n national que he podido leer, casi todo asusta, pero lo que mas
me aterroriza son los cuentos del Yoss, sus novelas.
Empecemos por el final, temporal, que no se asuste nadie, Al Final De La Senda. Al menos
es lo ultimo que lleg6 a mis manos, gracias a una amiga. Yoss parece haber llegado a algun
final o haber llevado a algun tipo de conclusion a su universe. Un universe en constant
guerra, cimentado en la violencia. Seres que recorren una via de violencia total. Las
civilizaciones (en este caso civilizaci6n es una reunion de barbaros con un minimo de
orden: primero te destripo yo, y luego tu me achicharras; yo no he conocido otra definici6n
mas ajustada a la que disfrutamos) sin violencia no sobreviven. En fin, una senda en la que
al final solo nos espera un guerrero total, un hacedor de destinos. El duefio de nuestras
vidas (al menos potencialmente; realmente no quisiera tenerlo cerca y cuando hablo de









cerca me refiero a various afios luz (para estar a tono)) Al leer, al reptar por la senda me
preguntaba: ,puedo yo comerme esto? Ni que me dejaran la oportunidad de elegir, solo
puedo tragar e indigestarme. No me refiero a la novela que esta buenisima, si no a la
realidad que... bueno ya ustedes saben, para que menear la cuesti6n. Al llegar a la ultima
pigina, luego de lamentar que se acabara, pense: para esta mierda tanto trabajo (me refiero
a la propuesta futurista, al mundo que nos vaticina, que hay muchos mal pensados) ,Vali6
la pena que Pepe nos eligiera para la evoluci6n? Aunque no tuvo muchas opciones el pobre,
y no tuvo ni tiempo de arrepentirse de lo hecho antes de que lo tostaran. Para descubrir al
matador perfect evolucionamos, para llegar a ser tan eficientes como depredadores, y
como estos, mantener el equilibrio, aun sin prop6sito definido. jPobre arbol Pepe! Es,
quizis, en este cuento, donde podriamos ubicar el origen del universe Yossiano (suena
horrible eso de Yossiano pero si a alguien se le ocurre algo mejor... que no sea que deje de
hablar, que en otros sitios se dicen cosas peores y las escucha mis gente) En un inmenso
error de un arbol y para colmo llamado Pepe, ,tendra algo que ver con los tantos Pepes
hist6ricos que tenemos? Y en ese mismo instant ya, lleg6 el miedo. Un miedo discreto,
existencial, nada de tiritar y pucheros,...podriamos definirlo como un miedo intellectual de
izquierda. Si ese es el future, me refiero al Final de la Senda, es que el present tiene que
estar peor y hay algo que yo no he visto.
Un mundo en guerra perpetua para poder existir en equilibrio, mas o menos como la
sociedad de la novela 1984. Un universe asi solo puede surgir, repito de un arbol decrepito
y con poder... un arbol.
Pero el temor (eso de los sin6nimos para no repetirse es algo dificil) creado por la CF.
traida de la mano de Jose Miguel Sanchez ( que sorpresa cuando me entered) posee diversos
ropajes. El miedo a la contaminaci6n de nuestro planet, como se vislumbra en una de sus
primeras obras publicadas Ella Vendrd de Nuevo. Un planet lleno de monstruosos
basureros que han generado su biosfera. 0 en Kaishaku en que casi se nos condena a
desaparecer por portarnos mal con la naturaleza, incluyendonos a los series humans en ella.
Y en esta narraci6n aflora otro temor, el pinico ante lo diferente, lo extrafio, lo
desconocido. El miedo al contact catastr6fico. Nada de encuentros felices al estilo de
Spilberg o al de Arthur, no, que va. Los marcianos nos ven tan jodidos que sacan la unica
conclusion possible: nos estamos suicidando. Y decide ayudarnos. Deberiamos pensar en









algo asi como poner un anuncio que aclare que "aunque lo parezca no somos suicides" para
evitar los mal entendidos,... no vaya a ser... Pero el maximo de contaminaci6n lo
encontramos en Los Pecios y los Ndufragos. Donde por contaminar contaminamos hasta el
espacio-tiempo, y lajodedera electromagnetic que se cre6 es "de apaga y vamos".
Si con esto no se asustan, tienen otro t6pico. El fin de las fuentes de petr6oleo. En El Primer
Viaje de la Argonauta estamos ante un mundo sin petr6oleo, pero que de alguna manera ha
logrado equilibrase ante la miseria energetica y ha producido series humans que son
capaces de preferir la escasez a destruir un planet nuevo (eso si es CF.) Tenemos un
planet en un future no muy lejano donde algunas cosas han cambiado, otras no tanto.
Unas guerras devastadoras han terminado de joder el planet (y luego no quiero que nos
suicide) La estupidez de muchos humans (al menos de los que toman las decisions) han
destruido los ultimos recursos petroliferos del planet y hasta de Titan. Y de paso
destrozaron y mataron a millones de personas para mantener la tradici6n. Cuando termine
de leerlo me dije: jPero esto no es CF. son editoriales de la prensa algo exageradasi
Podemos volver entonces a lo de la violencia y la guerra, y..., tenemos un cuento, El Arma
con un exergo descriptive que finaliza: , la guerra es un rasgo social, y no necesariamente
de inteligencia (..) Una historic donde se lleva a extremes posibles el rasgo violent de las
civilizaciones, donde el arma se crea del alma. Somos asesinos potenciales. ,Siguen sin
asustarse? Si estin con much miedo podemos hablar de El Caso Lince donde ademis de
vaticinarnos una guerra eterna por alguna u otra raz6n (la guerra no tiene nada que ver con
la raz6n,.. pobre Kant) Se rie de las tonterias de los ejercitos y sus simbolos y rituales
cargados de machismo y de poca sabiduria.
Pero donde Yoss mis desarrolla su capacidad de asustar, casi de hablar de los que seria
mej or no mencionar para tranquilidad de algunos... arboles, es cuando se detiene a describir
problems netamente sociales, mis bien antropol6gicos. Estos son los casos de
Trabajadora Social, Las Chimeneas, El Equipo Campe6n y El Performans de la Muerte.
El primer cuento fue la segunda obra, que del autor de marras, cay6 en mis manos. Y fue la
que me dio la idea de escribir esto que les leo. Que no se arrepienta de haberla escrito, que
esta perorata pasa rapido. Trabajadora Social pone de manifiesto lo que Yoss ha dicho
sobre la CF., que este genero es solo un camino, un metodo para hablar de cosas. jY de que
cosas trata esta historian Lo de future le queda un poco impuesto, y eso es lo que mis temor









me caus6. Ese es un future realmente viable, pues el present no es muy diferente. Describe
las relaciones humans de manera arto realista, las nuestras, las de nuestras calls, los
suefios de la gente de la ciudad. Es una de las obras donde lo cubano esta mas present. El
future creado por una sociedad se parece a ella necesariamente, y, esta obra nos grita desde
un future simb6olico que nuestro tiempo es de horror.
En ElEquipo Campe6n no deja en pie nada, solo el egoismo mas descarado y realista. Nos
obliga a cuestionarnos concepts que se nos han inculcado de forma automatica, a
preguntarnos si realmente creemos en todas esas cosas que repetimos y nos repiten. Y
asusta un mundo donde el egoismo sea lo que prime (entonces si estan asustados, porque
sin egoismo, no conozco casi ningun lugar donde vivir)
De Las Chimeneas, una alegoria mas clara no se ha escrito. La political se nos present
como algo loco. Un pais dirigido a puro capricho de un "lider carismatico" y sus
guatacones capaces de sacrificar a todos sus habitantes por una idea, pero ademas, lograr
que lo hagan contents. Yo realmente tuve que parar de leer, pues mi miedo de intellectual
de izquierda habia crecido much.
Del Performans de la Muerte no puedo hablar, es demasiado eso de descuartizarnos y
vendernos como ganado por muy artistic que se nos present. Es demasiado, si, demasiado
real. El hecho de ser simple ganado que se nos arrea para un matadero elegido previamente,
un ganado que vive un suefio ajeno, cuya existencia es la fantasia de un solo hombre result
terrible, aunque se nos ame.
En fin, si, despiertense, que ya estoy terminando. Para morirse de miedo leyendo CF. basta
con leer alguno de los relatos del Yoss y que le preocupe, eso si, el destino de la
humanidad, y el de este pedacito de planet que es nuestra isla. Si une estas dos cosas no le
queda mas remedio que tener un temblor, discreto y de izquierda, pero temblor al fin por el
destino que nos estan y estamos preparando. Pues por omisi6n tambien se peca.
Y como final, lo cierro con palabras de mi victim, en una entrevista donde define el papel
social del autor de CF., y habla del pesimismo de la Ciencia Ficci6n:
"Un future negro, terrible. Muchas veces se acusa a la CF. de ser pesimista y yo al menos,
consider que los escritores tenemos la posibilidad de, con este pesimismo, advertir; como
diciendo: "ilas cosas pueden ponerse malas! Asi que vamos a ver como las arreglamos, para
que no lleguen a esto, que les estoy contando"










Pero no creo que al final la CF. sea tan pesimista ni cause tanto miedo, al menos no mas

que la realidad. Asi que si quieren morirse de miedo solo tienen que dejar de leer CF. y

mirar a su mundo, abrir la ventana y la mente y luego de tener su ataque de panico, siempre

intellectual y de izquierda, preguntarse "que carajo puedo hacer yo para que nuestro mundo

sirva para algo, mas que como fuente de relatos de terror de algun arque6logo verde y con

antenitas."


AL INDICE


Licenciado en Historia en 1997 en la Universidad de La
Habana. Profesor de Historia en el IPVCE V.I. Lenin, hasta
el 2004. Desde el 2003 colaborador de la "Casa de Altos
Estudios Don Fernando Ortiz" para publicaciones y
realizaci6n de guiones televisivos para dos cursos de
Historia de Cuba. Actualmente professor instructor de La
Universidad de La Habana. A publicado various trabajos sobre
asuntos hist6ricos.









4.ARTICULO II: ,META-CIENCIA-FICCION?

UN ANALYSIS DE LA CRITICAL CUBANA DEL GENERO
Por Yoss
Bastaria consultar el catalogo de publicaciones del Instituto del Libro en el 2006'
para advertir que, aunque siempre bien recibida por el public lector cubano, la ciencia
ficci6n, escrita por autores extranjeros o por creadores del patio, no es una de las
prioridades editoriales actuales del pais.
El costo y las complicaciones internacionales con los derechos de autor han limitado
la representaci6n foranea del genero a peri6dicas reediciones del Verne mas CF, que
tambien la mas joven generaci6n de lectores tiene asi oportunidad de disfrutar, y algunos
titulos igual de clasicos2 de su casi contemporineo Wells.
En los ultimos afios se public un pufiado de obras de distintos autores nacionales
consagrados o noveles: Holocausto 2084 (novela, F. Mond); Al final de la senda y Precio
just (novela y cuentos, del autor de este trabajo) ii)<,, de ne6n (cuentos, Michel Encinosa
Fu) y Ojos de fuego verde (cuentos, Jorge Enrique Lage) por ejemplo. Amen de varias
antologias de cuentos tematicos, como Onda de Choque y Secretos del Futuro (ambas del
2006)
La revista Juventud THcnica continue incluyendo con cierta regularidad en sus
paginas narraciones de CF. Su concurso para cuentos cortos de este genero sigue vigente y
en los ultimos 3 afios se le han sumado los Premios Calendario y Guaicdn para narraciones
del mismo tema. El Concurso Infantil La Edad de Oro tambien premia ya por separado esta
modalidad.
Aunque virtuales, ya existen incluso revistas cubanas de CF, siguiendo el ejemplo
del clasico argentino Axx6n, en lo que, por cierto, siguen apareciendo regularmente firmas
del patio. Dos miembros del Grupo de Creaci6n Fantastica Espiral habanero adscritos al
Centro de Creaci6n Literaria Onelio Jorge Cardoso, Javier Torres y Erick J. Mota, van ya
por casi 30 entregas de su boletin Disparo en red, que incluye cuentos cubanos y
extranjeros, articulos, novedades, etc. Raul Aguiar, tambien vinculado con dicha



1 Ya no tan escueto como hace unos afios, por cierto.
2 Los primeros hombres en la luna, La isla del doctor Moreau, La mdquina del tiempo, increiblemente
in6ditos en Cuba hasta hace muy poco. Asi ,quidn se mantiene al dia de lo que se describe en CF?









instituci6n, ha puesto en circulaci6n various de sus e-zines Q-bik, de perfil similar aunque
con fuentes diversas.
El joven director de cine Bilko Cuervo comenz6 ya a filmar La noche de Cain, que
debera ser el primer largometraje cubano de CF, con gui6n de quien esto describe. Bruno
Henriquez gana cada verano nuevos fans para el genero con su muy popular program
televisivo de cine especializado Cienciayficci6n.
Y los events y reuniones tampoco faltan. Aunque coincidir con el Festival de Cine
le reste bastante asistencia, Bruno convoca cada diciembre al traditional Cubaficci6n. El
Grupo Espiral ya ha celebrado 3 de sus Ansibles, con nutrida presencia de creadores,
ponentes, editors y simples fans o interesados.
Tambien ha habido algunos premios en concursos internacionales: Vladimir
Hernandez, cubano 100% aunque viva en Barcelona desde el 2000, obtuvo su segunda
menci6n en el concurso UPC de novela corta, con Semi6tica para Lobos, en 2005. La
primera, en el 2003, por Siuei, de Interfaz, fue ex aequo con Polvo rojo, del autor de estas
lines, tambien ganador del Premio Domingo Santos 2005 con su relato Morfeo Verdugo.
0 sea, que al fin puede decirse que, aunque los escritores nacionales del genero
nunca fueron mas de cuatro gatos locos, algo esta pasando con la CF cubana. Y en el
exterior, algunos critics e investigadores especializados se percatan de esto: el espahol
radicado en Baltimore Juan Carlos Toledano y los norteamericanos Andrea Bell y Daniel.
F. Koons se han referido o han escrito articulos sobre el ciberpunk y la CF humoristica
cubanas, aparecidos tanto como pr6logos a recopilaciones latinoamericanas del genero
como en publicaciones tan prestigiosas como Science Fiction Studies. Los editors del
popularisimo fanzine LOCUS, que mas bien es revista y muy buena, tambien dedicaron una
monografia a Cuba.
Y sin embargo, en el ya de por si raquitico panorama de la critical national los
trabajos dedicados a la CF se cuentan con los dedos... y aun sobran para rascarse.
El lastimoso estado de la critical de CF cubana3 se debe probablemente a la
conjunci6n de tres terrible handicaps:
El primero es epidemico en la critical literaria cubana. Descontando a fen6menos de
dedicaci6n exclusive como Zaida Capote, porque los mismisimos Victor Fowler y Frank

3 Probablemente, al leer esto, mis de un critic de esos que se precian de estar al corriente de todo se rasque la
cabeza preguntdndose si existe algo asi, y d6nde esta.









Padr6n han publicado libros de ficci6n y Rufo Caballero cualquier dia se aparece con uno,
result que escasean los critics puros. La mayoria de los trabajos de analisis de obras de
ficci6n publicadas los escriben... otros autores de ficcion.
Es casi impossible ser juez cuando se es parte4. Es asi que raras veces un autor de
ficci6n osa evaluar negativamente el fruto de los esfuerzos de otro. Si son amigos y la obra
no le gusta, pues... esos trapos sucios se lavan en privado, en charlas entire socios ,no? que
los amigos estan para ayudarse.
Nunca en las publicaciones. Por deslealtades como esa el gremio de autores podria
condenarle al ostracismo. Si no son amigos, ni hablar de arriesgarse tampoco: �,Y si el autor
puesto en picota se ofende y mas adelante le paga con la misma moneda denostando de su
pr6ximo y maravilloso libro? Mejor hablar siempre bien... o callarse.
Considerando la muy cubana tendencia a considerar cada critical a su obra como un
ataque personal5 y que la amistad que existe entire muchos narradores cubanos6, cuando se
trata de autores de CF, tan pocos que casi todos se conocen personalmente, llega al extreme
de lo que podriamos llamar solidaridad gremial... ,Alguien puede esperar afin que abunden
las critics objetivas en la CF national?
,Hacer trizas el cuento publicado con mil trabajos por un "hermano de causa"
aunque sea horrendo? jPero c6mo! ,Con lo pocos que somos y ademas nos debilitamos mas
atacindonos entire nosotros?
,Ensalzarlo en su just valor si es original, fresco y de lectura amena? jMenos! �,Y
si los demas del "circulo de elegidos" se pusieran celosos?
Claro que critical no es destruir, ni atacar. Y de buenas intenciones estan
empedrados los caminos del inferno de la mala narrative, sea o no de CF.
Hacerse el de la vista gorda ante el bodrio de alguien o incluso derrochar elogios
sobre sus barrabasadas, solo porque pertenece (o mas o menos) al genero por el que se esta
dispuesto a dar la vida, puede dar la impresi6n de que las filas de los autores de CF son
monoliticas, y hasta aqui no hay nada que suene mal.



Pero al menos se puede intentar... miren si no este mismo articulo.
Una caracteristica que fultimamente ha generado varias pol6micas interesantes, que por desgracia terminan
siendo mis chisme y chanchullo que debate de criterios.
6 ,Qud tal el t6rmino "incesto literario" para describir esa costumbre de prestarse mutuamente o leer en
tertulias textos in6ditos?









Lo malo llega cada vez que algun lector, guiandose por tal panegirico, choque con
la obra de marras y, asqueado, lo6gicamente extienda la pobre opinion que su autor le
merece, a la del otro critico-autor que con las mejores intenciones lo ensalz6. Si aquel dice
que esta bazofia es buena, ni pensar en leerse sus propias obras. Seran un asco.
El segundo problema se deriva del primero: la critical, mal que les pese a muchos7,
tiene un aparato 16gico, estetico y terminol6gico propio que es imprescindible, si no
dominar, al menos conocer por arribita, para que cualquier analisis trascienda al
hipersubjetivo "es bueno o malo porque me gusta o no me gusta". Por suerte para la
narrative en general, no pocos autores de ficci6n cubanos del mainstream son graduados de
Artes y Letras y tienen al menos referencias de este aparato especifico.
Pero en el mundillo de la CF lo que abundan son titulos cientificos o tecnicos, no
diplomas de Upsal6n. Asi que el "me gusta-no me gusta" es aqui muchas veces bastante
mas perceptible, ocasionalmente sazonado, es cierto, con anacr6nicas invocaciones al
magister dixit "es bueno porque se parece a Orson Scott Card, que me gusta; es malo
porque me recuerda a Asimov que escribia mal, o a Bradbury, que es un retr6grado
antitecnol6gico por muy bien que escribiera" que en la concrete no demuestran nada,
aunque hagan las delicias de los fans de la CF con espiritu de ghetto, que se sienten
superiores porque conocen todas las secretisimas referencias.
Y precisamente la tercera tara de nacimiento con la que debe luchar la critical cubana
de CF es la falta de referencias de muchos critics.
Es innegable la condici6n de literature fuertemente retroalimentada del genero. Los
autores actuales son grandes porque estan de pie sobre las ideas-hombros de otros autores
anteriores. Hoy por hoy nadie puede pretender escribir CF que valga la pena sin haber leido
antes much igual de buena. Porque no tiene sentido reinventar concepts como
hiperespacio, agujeros de gusano, deuda temporal, etc, cuando ya otros escritores los han
usado hasta la saciedad, convirtiendolos en bagaje cultural e idiomatico comun de todos los
fans del genero. Leer lo que ya se ha escrito tambien evita reutilizar el mismo enfoque a la
hora de abordar temas que ya han conocido miles de tratamientos, como el de los mutantes,
el viaje en el tiempo, las naves generacionales, las superconspiraciones de series que se
ocultan entire nosotros y tantos por el estilo.

7 Entre ellos, al autor de estas lines, que no soporta la metatranca. Pero ,qu6 se le va a hacer? A veces es
hasta iutil...









Lamentablemente, con la CF suele ocurrir lo mismo que con Bola de Nieve: o se
adora o se odia, sin muchos terminos medios. Durante largos ahos, los serious y academicos
cerebritos critics de la isla se negaron terca y simplemente a considerar al genero como
"autentica literature". Ni siquiera la tomaban en serio en los concursos, cuando les tocaba
ser jurados. Por muy bien que estuviera, era siempre CF... o sea, novelitas del espacio,
escapismo sin relaci6n con la realidad... y si en defense de su texto el desesperado y
estigmatizado autor citaba alguna obra indiscutiblemente bien escrita o cuyo argument o
tema estremecia, como 1984 o Un mundofeliz, entonces decian con mesurada profundidad
que "eso no era verdadera CF, sino que su autor solo utilizaba el recurso formal de la CF
para examiner la realidad" ic6mo si no hicieran lo mismo los ya much mas respetados
escritores policiacos y de cualquier otro genero! ,Que es todo el arte sino un continue
examen de la realidad?
Pero luego se supo que critics tan reconocidos como Darko Suvin, Kingsley Amis
o David Langford si se tomaban en serio la CF y hasta horror y espanto! no solo
confesaban disfrutarla sino que a veces hasta escribian algun texto de esta clase.
Al fin, a algunos critics del patio les pareci6 que, si otros lo habian hecho sin ser
lapidados, ellos tambien podian... sin contar conque publicar resefias o comentarios mas o
menos despectivos a priori sobre un tipo de narrative que nadie de la academia se toma
despues de todo muy en serio parecia una forma bastante fdicil de ganar unos pesos... algo
de lo que en Cuba suelen siempre estar escasos autores y critics.
Solo que, si para escribir CF hay que haber leido CF antes, lo mismo ocurre a la
hora de escribir critics sobre CF. Y para mas INRI, la maldita, casi insoslayable dicotomia
contemporanea entire cultural humanistica y cultural tecnocientifica8 es culpable de que
pocos critics con formaci6n estetica tengan conocimientos suficientes como para juzgar
con propiedad la parte "ciencia" del binomio CF. Los textos del genero, lo mismo que la
narrative realista, deben ser verosimiles, convencer... no resultar increibles o ridiculous
desde el primer parrafo.
Pero ,que le queda al pobre graduado de Filologia que no es capaz de darse cuenta
de lo absurdo que result que una nave se detenga en seco en el espacio al desconectar sus


8 Mas o menos bien descrita en un interesante trabajo de Juan Pablo Norofia Geeks contra bohemios publicado
tanto en el boletin cubano Disparo en red como en la revista virtual argentina Axx6n.









motors, a despecho de todas las leyes de Newton9? Pues concentrarse en detalles
estilisticos como "el manejo de la narraci6n en primera persona" o filos6fico metafisicos
como "la optimista vision del future" o "el analisis de los conflicts entire individuo y
sociedad". 0 sea, disolverse en generalidades.
Un texto de CF, al conjugar su condici6n de narrative como cualquier otra, ya sea
realista o policiaca, con su caracteristica unica de metafora futurista (o de universos
alternatives) para analizar el present, puede siempre clasificarse en tres grupos:
Primero: histories con buenas ideas, pero pobremente escritas. Defensores, los fans
a ultranza del genero, para quienes lo important no es tanto el estilo como la peripecia y el
vuelo de la imaginaci6n. Y los critics academicos las haran encantados aficos por su mala
prosa, acusandolas de best-sellers estupidizadores de las masas.
Segundo: Argumentos adocenados, de novelita del espacio, pero escritos con un
estilo impresionante. El caso exactamente inverso. Los fans odiaran sus pretensiones, la
academia, que ignora que se enfrenta al enesimo "mis de lo mismo" las adorara.
Tercero y mas raro, pero que justifica leerse los dos anteriores: Originales, bien
concebidas y bien escritas. Los fans las compraran con la boca hecha agua y los criticos...
bueno, ojala que alcancen a darse cuenta de que tambien son literature.
Para terminar, analicemos muy brevemente algunos casos concretos de la nunca
muy nutrida critical de CF cubana de los ultimos tiempos:
-Los d14i],,, colaterales y el precio just de la CF10, por Erick J. Mota. Analiza el
libro de cuentos Precio Justo, Premio Calendario 2004, y la antologia Onda de Choque, de
la editorial Extramuros. Escrito sin tecnicismos critics y con amena fluidez por uno del
gremio national de la CF, el trabajo es un panegirico pero sin exageraciones. Preciojusto
esta bien escrito, pero nada tan original hay en hablar de primeros contacts ,no? y la ironia
tambien es algo habitual en ese escritor, ya se sabe. Lo nuevo, lo mejor, esta en la
antologia, y mas aun, en las nuevas voces que ya vienen llegando. Erick es joven y aunque
graduado del Curso de Formaci6n Literaria del Centro Onelio, el gusto personal es su guia
primera y se nota. Al menos trata de ser objetivo y justificarlo. Ademas, tiene cultural de
CF: se menciona a los ap6stoles ciberpunk Bruce Sterling y William Gibson como punto de

9 Ejemplo real tornado de la p6sima novela cubana de los 80 Expedici6n Uni6n Tierra, de Richard Clenton
Leonard... que tuvo muchos panegiricos, quizis porque presentaba una Tierra del future comunista y con
capital en Moscfi. Eran otros tiempos, claro
l"Revista El cuentero, del Centro Onelio Jorge Cardoso.









comparaci6n. Y en cuanto al mainstream tampoco esta tan mal: otros referentes son
Borges, Maquiavelo y Gandhi.
-Pagando elprecio1, de Leopoldo Luis. Otra critical sobre el Premio Calendario del
autor de este articulo. Otro panegirico, pero este desde la academia. El analisis del
argument y el estilo son los criterios fundamentals para evaluar. Conoce la obra del
escritor, y hasta articulos generals sobre la CF cubana, como el de Fabricio Gonzalez
Neyra, que cita. Domina el vocabulario critic aplicado al genero: emplea terminos como
sense of wonder, suspension de la incredulidad, inevitable inexactitudes tecnol6gicas. Etc.
Pero el feed-back de CF brilla por su ausencia. Ojala, si le gust6, sea atreva con otros textos
del genero... leyendo esta critical, por demas amenisima y escrita con garra, cualquier fan
deduciria sin problems que, a pesar de todo, la CF no es el fuerte de su autor.
-Sobre "Secretos del future "12, de Jennifer Exp6sito. Otra graduada del curso
formativo del Centro Onelio, que confiesa ingenua y desfachatadamente no tener gran
cultural de CF, no haber leido much ni tomarsela demasiado en serio. Su evaluaci6n de una
recopilaci6n por demas dispareja se centra mas bien en lo valioso de que autores noveles
puedan publicar cuentos poco convencionales, en alabar lo variado de las tematicas del
volume y cositas asi. Ni hablar del estilo. Ni rozar el problema de los arguments. Podria
decirse que es la clasica critical de CF sin la que la CF preferiria pasarse, pero eso tal vez
seria ser demasiado severo. Es solo una presentaci6n ,no? y ya se sabe que es traditional
que las presentaciones no digan mucho... o nada.
-C6mo morirnos de miedo leyendo CF'3, por Javiher Gutierrez. La clasica ponencia
del fan enterado: su autor no es ni un graduado de Letras ni un escritor avezado, sino solo
alguien a quien le interest el tema... y se nota a la primera lectura. Su entusiasmo y
claridad de ideas son notables, pero su dominio del lenguaje y las figures ret6ricas es
empirico y rudimentario. En buen cubano: interesante, pero escrito con los pies. Lastima,
porque su analisis de algunas novelas y cuentos de jotra vez el autor de este ensayo! desde
el prisma del terror social o ecol6gico no solo es originalisimo y revela un amplio
conocimiento tanto de la obra de este narrador (incluso de la no publicada mais que fuera
"Revista virtual Esquife.
12Leida en la presentaci6n de dicha antologia durante el event te6rico Ansible 2006, mayo de este afio.
,Publicada ya en El cuentero? El titulo pudiera no ser exactamente este. El autor de este articulo evalua de
memorial.
13 Otro trabajo presentado en el Ansible 2006 cuyo autor lo hizo luego llegar amablemente via e-mail al que
describe estis lines.









del pais y en revistas virtuales) como de otros referentes del genero, indicadores ambos de
un serio trabajo de busqueda bibliografica. No es una apologia ni una catilinaria, no endiosa
al escritor analizado ni lo demoniza o ridiculiza. Es ir6nico, osado, la CF cubana lo
necesitaria... pero a no ser que los minimos de calidad de redacci6n para admitir trabajos
en las revistas cubanas se relajen much, o que encuentre un alma caritativa que le haga un
trabajo de correcci6n y edici6n tan minucioso que seria casi reescritura, resultara muy
dificil que se publique.
Por razones de espacio y de relative lejania cronol6gica hemos dejado fuera de este
necesariamente incomplete analisis various trabajos. Por ejemplo: la exhaustive presentaci6n
deRoberto Francisco Manzano al volume Precio Justo durante el lanzamiento de los
Premios Calendario en la XV Feria del Libro de La Habana; dos de Fabricio Gonzalez
Neyra: su indagaci6n sobre la existencia o no de una CF cubana, y su ambivalente critical a
la novela Los pecios y los nauifragos de quien esto subscribe; una culterana pero certera
double resefia de Victor Fowler al mismo libro y a Xii),", de Ne6n de Michel Encinosa Fu;
numerosas referencias en entrevistas a Jorge Enrique Lage sobre su libro Premio
Calendario 2003, Ojos de fuego verde, sobre el que coincide la mayoria en la calidad del
texto y en su no pertenencia ni tirandolo por los pelos a la CF; un interesante trabajo sobre
los universos de la CF cubana, presentado tambien en el Ansible 2006 y aun inedito, de la
fan, critical y autora del genero Anabel Enriquez, que este afio ganara los premios Juventud
tecnica y Calendario de CF. Alguno se quedara fuera, sin duda, pero no muchos... que
tampoco se ha escrito tanto sobre la poca CF cubana publicada en los ultimos afios.
,Conclusiones? Es obvio. La CF national esta renaciendo, y es poca pero buena.
Para que fuese mas y mejor requeriria no solo mas difusi6n, sino mas cobertura de la
critica... y sobre todo una critical mas informada, menos prejuiciada a favor o en contra, y
de mas cuidadosa elaboraci6n lo6gico-estetica.
Las opciones son dos: Primero, que los autores y fans de CF que hacen resefias
sobre los libros de sus colegas y/o idolos para que no pasen sin pena ni gloria por las
librerias aprendan no solo a escribir un poco mejor, sino tambien a arreglarselas con todo el
aparato te6rico de la critical. Preferiblemente sin llegar a los extremes casi ininteligibles de
Rufo Caballero, por favor: critical dificil de entender sobre un genero a menudo dificil de
entender es lo que menos se necesita.










Segundo, que los critics con formaci6n estetica y ret6rica olviden sus prejuicios

contra lo "popular y entretenido" y se dediquen a conocer un poco mejor el genero cuyos

textos pretenden analizar antes de ensalzar o hundir una obra en concrete. No basta con

recorder un par de novelas de Asimov y cinco o seis cuentos de Bradbury leidos en un

arrebato de entusiasmo hace treinta afios para sentirse un expert.

Y tambien ayudaria, claro, el que las publicaciones literarias y peri6dicas seriess"

estuvieran mejor dispuestas a albergar en sus paginas critical sobre la CF de lo que lo han

estado a acoger la propia CF a lo largo de los ultimos afios.




La Habana, Cuba (1969). Licenciado en Ciencias Biol6gicas
por la Universidad de La Habana en 1991. Comenz6 a escribir
a los quince aios, con su incorporaci6n a los Talleres
Literarios. Entre otros a obtenido el Premio de cuento de
ciencia ficci6n de la revista cubana Juventud T6cnica,
1988, el Premio David de ciencia ficci6n 1988 con el libro
de cuentos Timshel (publicado por Editorial UNION, 1989), el
Premio Plaza de ciencia ficci6n, 1990, el Premio Luis
Rogelio Nogueras de ciencia-ficci6n 1998, con Los pecios y
los naufragos, (publicado por Ediciones Extramuros, 2000),
el Premio Calendario de la AHS en ciencia ficci6n 2004 por
el libro de cuentos Precio just (publicado por la Editorial
Abril, 2006). Es miembro de la UNEAC desde 1994.


AL INDICE











5. CUENTO CLASICO: El Wendigo.


Por Algernon Blackwood.


I
Aquel afio se organizaron numerosas partidas de caza, pero apenas si se lleg6 a
descubrir rastro alguno; los alces parecian excepcionalmente timidos aquella temporada y
los chasqueados Nemrods regresaron al seno de sus respectivas families formulando las
mejores excusas que se les ocurrieron. El doctor Cathcart, como otros muchos, regres6 sin
un solo trofeo. Pero trajo, en cambio, el recuerdo de una experiencia que, segun confiesa,
vale por todos los alces cazados en su vida. Y es que Cathcart, de Aberdeen, aparte de los
alces, estaba interesado en otras cosas; entire ellas, en las extravagancias de la mente
humana. Sin embargo, esta singular historic no figure en su libro La Alucinaci6n colectiva
por la sencilla raz6n de que (asi lo confess una vez a un colega suyo) vivi6 los hechos
demasiado de cerca para poder opinar con entera objetividad...
Ademas de el y de su guia Hank Davis, iban el joven Simpson, su sobrino, que era
estudiante de teologia y visitaba por primera vez los apartados bosques del Canada, y el
guia de este, Defago. Joseph Defago era un franco-canadiense que habia huido de su
originaria provincia de Quebec afios antes, y habia conseguido trabajo en Rat Portage,
cuando el Canadian Pacific Railway estaba en construcci6n. Era un hombre que, ademas de
sus incomparables conocimientos sobre bosques y monte bajo, sabia cantar viejas canciones
de viajeros y narrar emocionantes histories de caza. Por otra parte, era profundamente
sensible al encanto singular que posee la naturaleza salvaje y solitaria de ciertos parajes, y
sentia por esa soledad una especie de pasi6n romantic que rayaba en lo obsesivo. La vida
de los bosques le fascinaba. De ahi, sin duda, la certera perspicacia con que era capaz de
desentrafiar sus misterios.
Fue Hank quien lo escogi6 para esta expedici6n. Hank lo conocia ya, y tenia plena
confianza en el. Y el le correspondia del mismo modo, �como buen comparee>. Tenia un
vocabulario salpicado de juramentos pintorescos, aunque totalmente carentes de
significado, y la conversaci6n entire los dos fornidos cazadores a menudo subia de tono.
Hank trataba de paliar esta riada de exabruptos por respeto a su viejo �patr6n de caza>>, el
doctor Cathcart -a quien llamaba <>, segun costumbre del pais-, y tambien porque sabia









que el joven Simpson era ya o medio cura>>. Con todo, Defago tenia un defecto y solo uno,
a juicio suyo, y era que, como franco-canadiense, daba muestras de lo que Hank definia
como ; esto significaba, al parecer, que a veces se comportaba como
genuine tipo latino y tenia arrebatos de sordo mal humor en los que nadie en el mundo era
capaz de sacarle una palabra. Hay que decir que Defago era imaginative y melanc6olico, y
por lo general, las estancias demasiado largas en la > parecian originarle esos
access, ya que le bastaban unos pocos dias en despoblado para curarse por complete.
Estos eran, pues, los cuatro expedicionarios que se encontraban en el campamento
durante la ultima semana del mes de octubre de aquel >, en la region
de selvatica espesura que se extiende, abandonada y solitaria, al norte de Rat Portage.
Tambien estaba Punk, un cocinero indio que siempre habia acompafiado al doctor Cathcart
y a Hank en sus cacerias de afios anteriores. Su trabajo consistia unicamente en permanecer
en el campamento, pescar y preparar las tajadas de care de venado y el cafe. Iba vestido
con las ropas usadas que le daban sus amos y, aparte su cabello negro y espeso y su tez
oscura, con aquella indumentaria de ciudad se parecia tanto a un piel roja como un blanco
disfrazado de negro a un africano autentico. A pesar de eso, Punk poseia ain los instintos
de su raza moribunda: su silencio reservado y su gran resistencia. Y tambien sus
supersticiones.
El grupo, sentado alrededor del fuego, se sentia desanimado aquella noche porque
habia pasado una semana sin descubrir un solo rastro de alce. Defago habia cantado su
canci6n y habia comenzado uno de sus relatos. Pero Hank, de mal humor, le recordaba tan
a menudo que dlo estas contando mal, no fue asi>>, que el se hundi6 finalmente en
un hosco silencio del que nada probablemente podria sacarle ya. El doctor Cathcart y su
sobrino estaban cansados, despues del dia agotador. Punk estuvo fregando los platos y
rezongando para sus adentros bajo el sombrajo de ramas, donde mas tarde acab6 por
dormirse. Nadie se molestaba en reavivar el fuego que lentamente se consumia. Alli arriba,
las estrellas brillaban en un cielo completamente internal; y hacia tan poco viento, que
comenzaban ya, solapadamente, a helarse las orillas del lago que se extendia a sus espaldas.
El silencio de la inmensidad del bosque se desplegaba en torno para envolverlos.
De pronto, lo quebr6 inesperadamente la voz nasal de Hank:









-Deberiamos intentarlo por otra zona, Doc -exclam6 con energia mirando a su
patr6n-. Por aqui ya se ve que no tenemos maldita la suerte.
-Vale -dijo Cathcart, que era hombre de pocas palabras-. Buena idea.
-Claro que es buena -continu6 Hank con confianza-. Que tal si, para variar,
diesemos una batida hacia el oeste, por el camino de Garden Lake? Aun no hemos
explorado esa zona solitaria.
-De acuerdo.
-Y tu, Defago, te llevas al sefiorito Simpson en la canoa, cruzas el remanso, pasas el
Lago de las Cincuenta Islas, y haces un buen ojeo por la orilla sur. El afio pasado estaba
aquello lleno de alces, y por lo que llevamos visto hasta ahora, puede que tambien lo este
ahora, nada mais que para fastidiamos.
Defago, con los ojos clavados en el fuego, no dijo nada. Probablemente estaba
ofendido aun por la interrupci6n de su relato.
-Por esa parte no se ha visto ningun alce este afio, jme apuesto mi ultimo d6lar!
-afiadi6 Hank con enfasis. Miraba a su patron con astucia-. Mejor seria recoger la tienda y
alejarnos un par de noches -concluy6, como si el asunto estuviera definitivamente decidido.
A Hank se le reconocia una gran competencia para organizer cacerias, y era el
encargado de esta expedici6n.
Para todo el mundo estaba claro que Defago no aprobaba el plan, pero su silencio
parecia dar a entender algo mais que una simple desaprobaci6n. Por su sensitive rostro
atezado cruz6 una curiosa expresi6n, como un fugaz resplandor de llamas, que no pas6
desapercibido para los tres hombres que estaban alli.
-Me parece que tiene miedo por alguna raz6n -comentaria Simpson mas tarde, una
vez solos su tio y el en la tienda que compartian. El doctor Cathcart no replica
inmediatamente, aunque pareci6 interesarse y tomar nota mentalmente de la observaci6n.
La expresi6n de Defago le habia causado una pasajera inquietud, sin motivo aparente a la
sazon.
Pero Hank, como era natural, fue el primero en observarla; y lo extrafio fue que, en
lugar de irritarse o ponerse furioso por la falta de interest del otro, comenzara
inmediatamente a gastarle bromas.









-Me parece a mi que no hay ninguna raz6n especial para que vayamos alli este afio
-dijo, con cierta ironia en el tono-; jal menos, no la raz6n que quieres dar a entender! El afio
pasado fue el incendio lo que contuvo a la gente. Este afio me parece que... que la gente ya
no quiere ir. jEso es todo! -su actitud trataba de ser alentadora.
Joseph Defago alz6 los ojos un moment, y luego los baj6 otra vez. Una rifaga de
viento se desliz6 por el bosque avivando los rescoldos y levantando llamas pasajeras. El
doctor Cathcart observe nuevamente el semblante del guia, y tampoco esta vez le agrad6 su
expresi6n. Le traicionaba su mirada. Por un instant, vio en aquellos ojos el destello de un
hombre verdaderamente asustado. Esto le inquiet6 mis de lo que le habria gustado admitir.
-,Hay indios peligrosos en esa direcci6n? -pregunt6 con una sonrisa conciliadora,
en tanto que Simpson, demasiado sofioliento para percatarse de estas sutilezas, se marchaba
a la cama con un prodigioso bostezo- ,o... o pasa algo? -afiadi6, cuando su sobrino ya no
podia oirle.
Hank le mir6 con menos franqueza que de costumbre.
-Esti asustado -exclam6, fingiendo buen humor-. esti asustado por algun cuento de
hadas que le han contado. Eso es todo, ,eh, viejo? -y le dio amistosamente en el pie que
tenia mas cercano al fuego.
Defago alz6 los ojos con rapidez, como si le hubieran interrumpido algun suefio, de
un suefio que, sin embargo, no le habia abstraido de todo lo que pasaba a su alrededor.
-,Asustado...? iNi hablar! -contest6 con desafiadora animaci6n-. No hay nada en el
bosque que pueda asustar a Joseph Defago, jque no se te olvide! -y la natural energia con
que habl6, hizo impossible saber si contaria toda la verdad, o s6lo una parte.
Hank se volvi6 hacia el doctor. Iba a afiadir algo, cuando se detuvo bruscamente y
mir6 en torno. Justo detris de ellos, en la oscuridad, habia sonado un ruido que les hizo
estremecer a los tres. Era el viejo Punk, que habia abandonado su yacija mientras hablaban
y ahora estaba de pie, un poco mis alli del circulo de luz, escuchando lo que decian.
-Ahora no, Doc -susurr6 Hank haciendo un guifio- ; mis adelante, cuando no haya
moros en la costa.
Y poniendose en pie de un salto, le dio al indio una manotada en la espalda y
exclam6 sonoramente:









-jAcercate al fuego y calienta un poco esa sucia piel colorada que tienes! -lo arrastr6
hacia el fuego y ech6 mas lefia-. Ha sido muy buena la comida que nos has preparado antes
-continu6 cordialmente, como si quisiera encauzar los pensamientos del hombre por otros
derroteros- y no seria de cristianos dejarte ahi, de pie, enfriandote el pellejo, mientras
nosotros estamos aqui bien calentitos.
Punk avanz6, y se calent6 los pies, sonriendo ante la verbosidad del otro, que
comprendia s6lo a medias, pero no dijo nada. El doctor Cathcart, viendo que era impossible
proseguir la conversacion, sigui6 el ej emplo de su sobrino y se meti6 en la tienda, dej ando a
los tres hombres que siguieran fumando alrededor de las renovadas llamas del fuego.
No es facil desnudarse en una tienda pequefia sin despertar al compafiero, y
Cathcart, hombre duro y de sangre ardorosa a pesar de sus cincuenta afios, hizo al raso lo
que Hank habria descrito como �una temeridad>. Mientras se desnudaba observe que Punk
habia regresado a su yacija, y que Hank y Defago seguian charlando junto al fuego. Era la
tipica escena conventional del Oeste: el fuego de campamento iluminaba sus rostros con
luces y sombras. Defago, con el sombrero echado y los mocasines, parecia representar el
papel de malvado; Hank, con el rostro despejado y sin sombrero, encogiendose de hombros
con indiferencia, podia ser el heroe just y desengafiado; y el viejo Punk, escuchando
oculto en la oscuridad, proporcionaba la atm6sfera de misterio. El doctor sonri6 al darse
cuenta de los detalles. Pero al mismo tiempo sinti6 en su interior como si algo muy hondo
-no sabia que- le oprimiera un poco, como si un soplo casi imperceptible de advertencia
hubiera rozado la superficie de su alma, desapareciendo antes de poderlo captar.
Probablemente se debia a la �expresi6n asustada>> que habia observado en los ojos de
Defago. >... porque de no ser a esto, no sabia a que atribuir esta sombra de
emoci6n fugitive que escapaba a su fina capacidad de analisis. Le dio la impresi6n de que
acaso hubiera problems con Defago. No le parecia un guia tan seguro como Hank, por
ejemplo... aunque no sabia exactamente por que.
Antes de zambullirse en la tienda donde Simpson dormia ya ruidosamente, observe
un poco mas a los dos hombres. Hank juraba como un africano loco en una sala de fiestas;
pero sus juramentos eran de >. Los pintorescos denuestos brotaban libremente,
ahora que dormia la causa de sus anteriores represiones. Luego pas6 el brazo carifiosamente
por encima del hombro de su camarada y se marcharon juntos hacia las sombras donde









tenian la tienda. Punk sigui6 su ejemplo tambien, un moment despues, y desapareci6 entire
sus malolientes mantas, en el otro extremo del claro.
El doctor Cathcart se retire a su vez. La fatiga y el suefio luchaban en su mente
contra una oscura curiosidad por averiguar que habia al otro lado de las Cincuenta Islas,
que tanto parecia atemorizar a Defago... Se preguntaba tambien por que la presencia de
Punk impidi6 a Hank terminar lo que habia empezado a decir. Despues, el suefio le venci6.
Mafiana lo sabria. Se lo contaria Hank mientras caminaran en pos de los alces huidizos.
Un profundo silencio descendi6 sobre el pequefio campamento, tan atrevidamente
instalado ante las mismas fauces de la selva. El lago brillaba como una lamina de cristal
negro bajo las estrellas. Picaba el aire frio. En las brisas nocturnas que surgian silenciosas
de las profundidades del bosque, con mensajes de lejanas cordilleras y de lagos que
comenzaban a helar, flotaban ya unos perfumes frios y desmayados que anunciaban la
llegada del invierno. El hombre blanco, con su olfato embotado, jams habria podido
adivinarlos; la fragancia del fuego de lefia le habria ocultado, en un centenar de millas a la
redonda, la viveza de ese olor a musgo, a corteza de arbol y a marisma seca. Incluso Hank y
Defago, ligados intimamente al espiritu de los bosques, habrian olfateado en vano...
Pero una hora mas tarde, cuando todos estuvieron dormidos como troncos, el viejo
Punk sali6 a gatas de entire sus mantas y se escurri6 como una sombra hasta la orilla del
lago, en silencio, como unicamente un indio sabe moverse. Despues levant la cabeza y
mir6 a su alrededor. La espesa negrura hacia casi impossible toda visibilidad; pero, como los
animals, poseia el otros sentidos que la oscuridad no era capaz de anular. Escuch6, y luego
olfate6 el aire. Se qued6 quieto, inm6vil como un arbusto. Al cabo de unos cinco minutes,
estir6 de nuevo la cabeza y olfate6 el aire una y otra vez. Un prodigioso hormigueo de
nervios le corri6 por el cuerpo al oler el aire penetrante. Luego, se sumergi6 en la negrura
como s6lo hacen los animals y los hombres salvajes, y regres6 finalmente, deslizandose
bajo el ramaje, hasta su lecho.
Poco despues de dormirse, el cambio de viento que habia presentido agitaba
blandamente el reflejo de las estrellas en el lago. Procedia de las lejanas montafias de la
region situada al otro lado del Lago de las Cincuenta Islas, venia en la direcci6n que habia
observado el, pasaba por encima del campamento dormido y cruzaba, como un murmullo
apagado y suspirante, apenas perceptible, por entire las copas de los arboles inmensos. Con









el, por los desiertos senderos de la noche, aunque demasiado tenue aun para los agudos
sentidos del indio, cruz6 un olor ligerisimo, muy particular y extrafiamente inquietante; un
olor de algo raro... absolutamente desconocido.
El franco-canadiense y el hombre de sangre india se agitaron intranquilos en su
suefio, aunque ninguno de los dos se despert6. Luego, el espectro de aquel olor innominado
se alej6 para perderse entire las regions remotas del bosque deshabitado.
II
Por la mafiana, antes de que saliera el sol, el campamento estaba ya en plena
actividad. Habia caido una ligera capa de nieve durante la noche, y el aire era frio y
penetrante. Punk habia cumplido con sus deberes matinales, ya que el olor del cafe y del
tocino frito llegaba hasta las tiendas. Todo el mundo estaba de buen humor.
-jEl viento ha cambiado! -grit6 Hank a Simpson y a su guia, que se hallaba a bordo
de la pequefia canoa-. jHay que cruzar el lago en linea recta! jEstupendos rastros nos va a
dejar la nieve! Si hay algun alce olisqueando por alli, tal como viene el viento, no os va a
ver hasta teneros encima. jBuena suerte, Monsieur Defago! -afiadi6 alegremente, dandole
por una vez la pronunciaci6n francesa al nombre- iBonne chance!
Defago le dese6 lo mismo, de buen humor al parecer, sin acordarse para nada de su
silencioso enfado de la noche anterior. Antes de las ocho, el viejo Punk se encontraba solo
ya en el campamento. Cathcart y Hank, muy lejos de alli, seguian un rastro que se dirigia
hacia occidente, en tanto que la canoa que llevaba a Defago y a Simpson, con una tienda de
seda y provisions para dos dias, era s6lo un punto confuso balanceandose en la lejania,
rumbo al este.
La crudeza internal del aire se atemperaba con el sol que coronaba las lomas
cubiertas del bosque y resplandecia con voluptuoso calor sobre los arboles y el lago. Los
somormujos volaban rasantes a traves del centelleo del rocio que el viento espolvoreaba;
algunos sacudian sus mojadas cabezas al sol, y luego las sumergian de nuevo con
vivacidad. Y hasta donde alcanzaba la vista, se elevaban las masas interminables y
apretadas de los arbustos desolados que cubrian toda aquella region, jams hollada por el
hombre, que se extendia como un poderoso e ininterrumpido tapiz vegetal hasta las costas
heladas de la Bahia de Hudson.









Simpson, que contemplaba todo esto por primera vez a la par que remaba
vigorosamente, se sentia embelesado por la austera belleza. Su coraz6n se embriagaba con
el sentimiento de libertad de los grandes espacios, y sus pulmones con el aire frio y
perfumado. Detras de el, sentado a popa, Defago gobernaba con soltura aquella
embarcaci6n de corteza de abedul y contestaba alegremente a todas las preguntas de su
compafiero. Los dos se sentian contents y gozosos. En tales ocasiones, los hombres
pierden las superficiales diferencias que el mundo establece; se convierten en series
humans que trabajan juntos por un fin comun. Simpson, el patron, y Defago, el servidor,
entire aquellas fuerzas primitivas, eran simplemente eso: dos hombres, el <> y el
<>. La superior destreza asumia naturalmente el mando, y el > habia pasado
sin preambulos a una situaci6n de cuasi-subordinado. No se le ocurrio, ni much menos,
poner objeci6n alguna cuando Defago suprimi6 el seniorr>> y se dirigi6 a el con un Simpson>>, o bien >, como se dio el caso invariablemente hasta que llegaron a la
lejana orilla, despues de remar de fire durante doce millas con viento de proa. El
solamente se reia, le gustaba; despues, dej6 de notarlo por complete.
Este > era, pues, un joven de buen natural y mejor caracter,
aunque sin mundo, como era de comprender. Y en este viaje -la primera vez que salia de su
pequefia Escocia natal-, la gigantesca proporci6n de las cosas le producia cierto
aturdimiento. Ahora comprendia que una cosa era oir hablar de los bosques primordiales, y
otra muy distinta verlos. Y vivir en ellos y tratar de familiarizarse con su vida salvaje era,
ademas, una iniciaci6n que ningun hombre inteligente podia sufrir sin verse obligado a
alterar una escala de valores considerada hasta entonces como inmutable y sagrada.
Simpson sinti6 las primeras manifestaciones de esta emoci6n cuando cogio en sus
manos el nuevo rifle 303 y contempl6 sus perfectos y relucientes cafiones. Los tres dias de
viaje hasta el campamento general, a traves del lago, y por tierra, despues, habian
constituido una nueva fase de este process. Y ahora que estaba tan lejos, mas alli incluso
de la orla de espesura donde habian acampado, en el coraz6n de unas regions deshabitadas
tan extensas como Europa, la verdadera realidad de su situaci6n le producia un efecto de
placer y pavor que su imaginaci6n sabia apreciar perfectamente. Eran Defago y el, contra
una muchedumbre... o, al menos, i contra un Titan!









La fria magnificencia de estos bosques solitarios y remotos le abrumaba y le hacian
sentir su propia pequefiez. De la infinidad de copas azulencas que se balanceaban en el
horizonte, se desprendia y revelaba por si misma esa severidad que emana de las
vegetaciones enmarafiadas y que s6lo puede calificarse como despiadada y terrible.
Comprendia la muda advertencia. Se daba cuenta de su total desamparo. S61o Defago,
como simbolo de una civilizaci6n distant en la que era el hombre el que dominaba, se
levantaba entire el y una muerte implacable por hambre y agotamiento.
Por esta raz6n, le resultaba emocionante ver a Defago dirigir la canoa a la orilla,
guardar las palas cuidadosamente en su interior y hacer marcas, luego, en las ramas de los
abetos situados a uno y otro lado de un rastro casi invisible, al tiempo que le explicaba con
entera despreocupaci6n:
-Oiga, Simpson; si me llegara a pasar algo, encontrara la canoa siguiendo
exactamente estas sefiales. Despues cruza el lago todo recto hacia el sol, hasta dar con el
campamento. ,Ha comprendido?
Era la cosa mas natural del mundo, y lo dijo sin un solo cambio de voz. No obstante,
con ese lenguaje, que reflejaba perfectamente la situaci6n y el desamparo de ambos, acert6
a expresar las emociones del joven en aquel moment. Se encontraba, con Defago, en un
mundo primitive: eso era todo. La canoa -otro simbolo del poder del hombre- debia dej arse
atras. Aquellas muescas amarillentas cortadas a golpes de hacha sobre los arboles, eran las
unicas sefiales de su escondite.
Entre tanto, con los bartulos y el rifle al hombro, los dos hombres comenzaron a
seguir un rastro casi imperceptible por entire rocas, troncos caidos y charcas medio heladas,
sorteando los numerosos lagos que festoneaban el bosque, y bordeando sus orillas cubiertas
de niebla desflecada. Hacia las cinco, se encontraron de improviso con que estaban en el
limited del bosque. Ante ellos se abria una vasta extension de agua, moteada de
innumerables islas cubiertas de pinos.
-El Lago de las Cincuenta Islas -anunci6 Defago con voz cansada-, jy el sol esta
metiendo en el su vieja cabeza pelada! -afiadi6 poeticamente, sin darse cuenta.
Inmediatamente, comenzaron a plantar la tienda. En cinco minutes escasos, gracias
a aquellas manos que nunca hacian un movimiento de mas ni de menos, qued6 armada la
tienda, fueron preparados los techos con ramas de balsamo y se encendi6 un buen fuego









para guisar con el minimo de humo. Mientras el joven escoces limpiaba el pescado que
cogieron al currican durante la travesia, Defago dijo que > dar una vuelta �nada
mas> por los alrededores, en busca de sefiales de alce.
-Pudiera tropezarme con algun tronco donde hubiesen estado restregando los
cuernos -dijo mientras se iba-, o acaso hayan mordisqueado las hojas de algun arce.
Su pequefia figure se fundi6 como una sombra en el crepusculo. Simpson se qued6
observando, con admiraci6n, cuan facilmente lo absorbia la floresta. S6lo unos pasos, y ya
habia desaparecido.
No obstante, habia poca maleza por los alrededores. Los arboles se elevaban algo
mas alla, muy espaciados, y en los claros crecian el abedul y el arce, delgados y esbeltos,
junto a los troncos inmensos de los abetos. De no haber sido por algunos troncos
derribados, de monstruosas proporciones, y por los fragments de roca gris que se hincaban
en el lomo de la tierra, el paraje podia haber sido el rinc6n de un viejo parque. Casi se podia
ver en el la mano del hombre. Un poco mas a la derecha, no obstante, comenzaba aquella
extensa comarca que llamaban el Brkle, completamente arrasada por el incendio del afio
anterior. La zona entera estuvo ardiendo con furia durante semanas y semanas. Ahora se
alzaban, descarnados y feos, unos tocones ennegrecidos en forma de cerillas gigantescas.
Reinaba una desolaci6n indescriptible. El olor a carbon y a ceniza empapada de lluvia aun
persistia debilmente en el aire.
El crepusculo se iba haciendo mas denso cada vez. Las marismas se cubrian de
sombras. El crepitar de la lefia en el fuego y el romper de las olas a lo largo de la costa
rocosa del lago eran los unicos ruidos audibles. El viento se habia calmado al ponerse el
sol, y nada se agitaba en aquel vasto mundo de ramas. En cualquier moment, los dioses de
los bosques podian esbozar sus tremendous y poderosos perfiles entire los arboles. Delante, a
traves de los p6rticos sostenidos por los enormes troncos erguidos, se extendia el scenario
del Lago de Fifty Islands, de las Cincuenta Islas, que era como una media luna de
veinticinco kil6metros, mas o menos, de punta a punta, y de unos nueve de anchura, desde
donde estaban ellos acampados. Un cielo rosa y azafran, mas claro que cualquiera de los
que habia visto Simpson en su vida, derramaba aun sus raudales de fuego sobre las olas, y
las islas -seguramente mas cerca de las cien que de las cincuenta- flotaban como magicas
embarcaciones de una escuadra encantada. Cubiertas de pinos, con las crestas apuntando al









cielo, casi parecian moverse en la borrosa luz del anochecer... a punto de recoger el ancla y
navegar por las rutas de los cielos, y no por las del lago arcaico y solitario.
Y los encendidos jirones de nubes, como pendones ostentosos, eran la serial de que
zarpaban rumbo a las estrellas...
El espectaculo era de una belleza arrobadora. Simpson ahumaba el pescado, y se
habia quemado los dedos al intentar probarlo; al mismo tiempo, cuidaba de la sarten y a
fuego. Pero, por debajo de sus pensamientos, percibia otro aspect de la naturaleza salvaje:
la indiferencia hacia la vida humana, el espiritu despiadado de la desolaci6n, que no tiene
en cuenta al hombre. El sentimiento de su complete soledad, ahora que incluso Defago se
habia ido, se le hizo mas palpable al mirar en torno suyo y aguzar el oido en espera de
adivinar las pisadas de su compafiero que regresaba.
Esta sensaci6n tenia algo de placentera; y de alarmante, tambien. E
irremediablemente, se le ocurri6 una idea que le hizo temblar: <�Que podria... que podria
hacer yo si... si sucediera algo y no regresara?>>...
Disfrutaron de una cena bien merecida, comieron pescado a placer, y tomaron un te
fuerte, capaz de matar a un hombre que no hubiera hecho treinta millas a �marcha forzada>>.
Y al terminar, estuvieron un rato fumando, charlando y riendo junto al fuego. Despues,
estiraron las piernas cansadas y discutieron el program del dia siguiente. Defago se
encontraba de un humor excelente, aunque decepcionado por no haber encontrado ningun
rastro todavia. Pero estaba oscureciendo y no habia podido alejarse demasiado. El Brtle era
mal sitio tambien. Las ropas y las manos le olian a carbon.
Simpson, al mirarle, volvi6 a sentir con renovada intensidad que la situaci6n seguia
siendo la misma: los dos juntos en la soledad agreste.
-Defago -dijo-, estos bosques son... c6mo decirlo, un poco demasiado grandes para
sentirse uno a gusto... tranquilo, quiero decir... tno?
Con estas palabras tan s6lo daba expresi6n a su sentir del moment. Apenas si
estaba preparado para la seriedad, para la solemnidad, incluso, con que el guia acogi6 sus
palabras.
-Esta usted en lo cierto, jefe -exclam6, clavandole en el rostro sus ojos
escrutadores-, Es la pura verdad. No tienen limite... ninguna clase de limited.
Luego afiadi6, bajando la voz como si hablara consigo mismo:









-Son muchos los que han descubierto eso, y han sucumbido.
Pero la gravedad que habia en su actitud no agrad6 en absolute a Simpson. Sus
palabras y su expresi6n resultaban demasiado sugerentes en un scenario y un crepusculo
como aquellos. Lament6 haber tocado ese tema. De pronto le vino a la memorial lo que
habia contado su tio sobre una fiebre extrafia que afectaba a los hombres en la soledad de la
selva. Se sentian irresistiblemente atraidos por las regions despobladas, y caminaban,
fascinados, hacia su muerte. Y se le ocurri6 que su compafiero tenia ciertos sintomas afines
a ese extrafio tipo de afecci6n. Desvi6 la conversaci6n hacia otros derroteros. Habl6 de
Hank y del doctor, asi como de la natural rivalidad entire los dos grupos por ser los primeros
en avistar un alce.
-Si ellos fuesen en direcci6n oeste -observ6 Defago con desgana-, ahora estarian a
cien kil6metros de nosotros; y en mitad de camino, quedaria el viejo Punk, hinchandose de
pescado y cafe.
Se rieron de imaginarselo. Pero al mencionar de pasada, por segunda vez, aquellos
cien kil6metros, Simpson se percat6 de las inmensas proporciones del territorio donde
estaban cazando. Cien kil6metros eran solamente un paseo; y doscientos, tal vez poco mis.
A su memorial acudian continuamente relatos sobre cazadores que se habian extraviado. La
pasi6n y el misterio de unos hombres perdidos y errabundos, seducidos por la belleza de las
grandes selvas, cruzaban por su mente de una forma demasiado vivida para resultar
completamente placentera. Se preguntaba si seria el talante de su compafiero lo que
provocaba con tanta persistencia estas ideas inquietantes.
-Cantemos una canci6n, Defago, si no esta usted demasiado cansado- rog6-. una de
esas viejas canciones de viajeros que cantaba la otra noche.
Le alarg6 le petaca al guia. Despues, se puso a llenar su pipa mientras el canadiense,
de buena gana, elevaba su templada voz por el lago en uno de aquellos cantos dolorosos,
ante los cuales los madereros y los tramperos detenian sus tareas. Tenia un acento
suplicante, algo que evocaba el ambiente de los viejos tiempos de los colonizadores,
cuando los indios y la rigurosa naturaleza estaban aliados, cuando las luchas eran
frecuentes, y el Viejo Mundo estaba mas lejano que hoy. Su voz sonora se extendi6
placentera por el agua; pero el bosque que habia a sus espaldas parecia tragarsela, de forma
que no producia ecos ni resonancias.









Cuando estaba a mitad de la tercera estrofa, Simpson not6 algo raro, algo que
removi6 en su pensamiento un torrente de reminiscencias lejanas. Se habia producido un
cambio en la voz de Defago. Antes incluso de saber lo que era, se sinti6 intranquilo, y al
levantar los ojos, vio que, aunque seguia cantando, miraba nervioso a su alrededor como si
oyera o viera algo. Su voz se debilit6, se hizo inaudible, y luego call del todo. En ese
mismo instant, con un movimiento asombrosamente alerta, dio un salto y se puso de pie...
olfateando el aire. Como un perro > un rastro con el olfato, asi sorbi6 el el aire por
las ventanas nasales, en cortas y profundas aspiraciones, volviendose rapidamente en todos
los sentidos, hasta que �apunt6> la nariz a la orilla del lago, hacia el este, y se qued6
parado. Fue algo inquietante, y al mismo tiempo singularmente dramatico. El coraz6n de
Simpson latia con angustia viendole actuar.
-jHombre, por Dios! jEl salto que me ha hecho dar! -exclam6, levantandose y
poniendose a su lado para escudrifiar aquel oceano de oscuridad-. 6Que es? 6Acaso tiene
miedo?...
Antes de terminar la pregunta se dio cuenta de que era ociosa. Cualquier persona
con un par de ojos en la cara habria visto al canadiense ponerse palido de terror. Ni siquiera
el color moreno de su piel y el resplandor de las llamas lo pudieron ocultar.
El estudiante temblaba, le flaqueaban las rodillas.
-,Que es? -repiti6 alarmado- ,Siente el olor de algun alce? ,O... o pasa algo?
-acab6, bajando la voz instintivamente.
La selva se estrechaba en torno a ellos como una muralla circular. Los troncos de
los arboles mas cercanos brillaban como bronce a la luz de la hoguera. Mas alli, las
tinieblas. Y en la lejania, un silencio de muerte. Justo detras de ellos, una rafaga de viento
levant una solitaria hoja de arbol y luego la dej6 caer sin mover las demas. Parecia como
si se hubieran combinado un mill6n de causes invisibles para producer este efecto tan
simple. Junto a ellos habia palpitado otra vida... y habia desaparecido.
Defago se volvi6 bruscamente. El color livido de su rostro se habia convertido en un
gris repugnante.
-Yo no he dicho que he oido... o he olido nada -dijo despacioso y enfatico, con voz
singularmente alterada-. S6lo queria echar una mirada alrededor... por asi decir. Se
precipita usted preguntando; por eso se equivoca.









Y afiadi6, de pronto, en un claro esfuerzo por dar a su voz un tono natural:
-6Tiene cerillas, j efe?
Y procedi6 a encender la pipa que habia llenado a medias, antes de empezar a
cantar.
Sin mas hablar, se sentaron otra vez junto al fuego. Defago cambi6 de sitio, de
forma que ahora estaba de cara a la direcci6n del viento. La maniobra era elocuente por si
misma: Defago habia cambiado de posici6n con el fin de oir y oler todo lo que hubiera que
oir y oler. Y, puesto que se habia colocado de espaldas a los arboles, era evidence que no
provenia del bosque lo que habia alarmado repentinamente su fina sensibilidad.
-Se me han quitado las ganas de cantar -.explic6 espontaneamente-. Esa clase de
canciones me traen recuerdos penosos. No debia haber empezado. Me hace pensar, ,sabe?
Se notaba que el hombre luchaba todavia con alguna emoci6n que le agitaba
profundamente. Queria justificarse ante los ojos del otro. Pero el pretexto, que por otra
parte tenia algo de verdad, era falso; y el sabia perfectamente que Simpson no se habia
quedado convencido. Nada podria explicar el terror livido que habia reflejado su semblante
mientras estuvo olfateando el aire, y nada -ni el fuego, ni ninguna charla sobre cualquier
tema corriente- podria devolverles la naturalidad anterior. La sombra de desconocido horror
que cruz6, fugaz, por el semblante del guia, se habia comunicado de manera indefinible a
su compafiero. Los visible esfuerzos del guia por disimular la verdad no hicieron sino
empeorar las cosas. Ademas, para mayor intranquilidad del joven, se sentia incapaz de
hacer preguntas y en complete ignorancia de lo que pasaba. Los indios, los animals
salvajes, el incendio... todas estas cosas no tenian nada que ver, lo sabia. Su imaginaci6n se
debatia febrilmente, pero en vano...
Sin embargo, no se sabe c6mo, cuando ya llevaba largo rato fumando y charlando
ante el fuego reavivado, la sombra que tan repentinamente invadiera el pacifico
campamento comenz6 a disiparse, quiza por los esfuerzos de Defago o por haber retornado
a su actitud normal y sosegada; puede tambien que el mismo Simpson hubiera exagerado la
realidad, o tal vez la densa atm6sfera de la naturaleza salvaje habia conseguido purificarles.
Fuera cual fuese la causa, la sensaci6n de horror inmediato pareci6 desvanecerse tan
misteriosamente como habia venido, ya que nada ocurri6. Simpson comenz6 a pensar que
se habia dejado llevar por un terror irrational propio de un chiquillo. En parte, lo atribuy6 a









la exaltaci6n que este scenario inmenso y salvaje comunicaba a su sangre; en parte, al
encanto de la soledad, y en parte, tambien, al tremendo cansancio. En cuanto a la palidez
del rostro del guia, era, naturalmente, muchisimo mas dificil de explicar, aunque podia
deberse, en cierto modo, a un efecto del resplandor del fuego, o a su propia imaginacion...
Consider que era mejor ponerlo en duda. Simpson era escoces.
Cuando desaparece una emoci6n fuera de lo comun, la raz6n encuentra siempre una
docena de arguments para explicarla a posteriori. Encendi6 una ultima pipa, y trat6 de
reir. Seria un buen relato para cuando estuviese en Escocia, de regreso. No se daba cuenta
de que aquella risa era serial de que el terror acechaba aun en lo mas rec6ndito de su alma;
de que, en realidad, era uno de los sintomas mas caracteristicos con que un hombre
seriamente alarmado trata de persuadirse de que no lo esta.
En cambio, Defago oy6 aquella risa y lo mir6 con sorpresa. Los dos hombres
permanecieron un rato, el uno junto al otro, dandole con el pie a los rescoldos, antes de
marcharse a dormir. Eran las diez, hora bastante avanzada para que los cazadores esten
despiertos aun.
-6En que piensa usted? -pregunt6 Defago en tono corriente, aunque con gravedad.
-En este moment estaba pensando en... en los bosques de juguete que tenemos alli
-balbuce6 Simpson, sobresaltado por la pregunta, pero expresando lo que realmente
dominaba su pensamiento- y los comparaba con todo esto -afiadi6, haciendo un gesto
amplio con la mano para indicar la vasta espesura.
Hubo una pausa. Ninguno de los dos parecia querer decir nada.
-De todos modos, yo que usted no me reiria -exclam6 Defago, mirando las sombras
por encima del hombro de Simpson-. Hay lugares ahi dentro que nadie ha visto jamas...
Nadie sabe lo que se oculta ahi.
El tono del guia sugeria algo inmenso y terrible.
-6Tan grande es?
Defago asinti6. La expresi6n de su rostro era sombria. Tambien el se sentia
intranquilo. El joven comprendi6 que en un territorio de aquellas dimensions muy bien
podia haber profundidades de bosque j amas conocidas ni holladas en toda la historic de la
tierra. El pensamiento no era precisamente tranquilizador. En voz alta, y tratando de
manifestar alegria, dijo que ya era hora de irse a dormir. Pero el guia remoloneaba,









trasteaba en el fuego, ordenaba las piedras innecesariamente, y seguia haciendo una porcion
de cosas que, en realidad, no hacian falta alguna. Evidentemente, habia algo que tenia ganas
de decir, aunque le resultaba muy dificil >.
-Oiga, Simpson -exclam6 de pronto, cuando las ultimas chispas se perdieron, por
fin, en el aire-, ,no nota usted... no nota nada en el olor... nada de particular, quiero decir?
Simpson se dio cuenta de que la pregunta, normal y corriente en apariencia,
encerraba una sombra de amenaza. Sinti6 un escalofrio.
-Nada, aparte el olor a lefia quemada -contest6 con firmeza, dandole con el pie a los
rescoldos. Incluso el ruido de su propio pie le asust6.
-Y en toda la tarde, ,no ha notado ninguin... ningun olor? -insisti6 el guia, mirandole
por encima del resplandor-. ,Nada extraordinario y distinto de cualquier otro olor que haya
olido antes?
-No; desde luego que no -replic6 agresivamente, casi con mal humor.
El rostro de Defago se aclar6.
-jEso esta bien! -exclam6 con evidence alivio-. Me gusta oir eso.
-,Y usted? -pregunt6 Simpson con viveza, y en el mismo instant, se arrepinti6 de
haberlo hecho.
El canadiense se le acerc6 en la oscuridad. Sacudi6 la cabeza.
-Creo que no -dijo, sin demasiada convicci6n-. Debe de haber sido la canci6n esa.
Suelen cantarla en los campamentos de madereros y en sitios abandonados de la mano de
Dios, como este, cuando estan asustados porque oyen al Wendigo andar por ahi cerca.
-,Y que es el Wendigo, si se puede saber? -pregunt6 Simpson, contrariado por la
imposibilidad de reprimir otro escalofrio. Sabia que se encontraba muy cerca del terror de
aquel hombre, y de su causa. No obstante, una imperiosa curiosidad venci6 su buen sentido
y su temor.
Defago se volvi6 rapidamente y le mir6 como si estuviera a punto de gritar. Sus ojos
refulgian, tenia la boca completamente abierta. No obstante, lo unico que dijo -o mas bien
que susurr6, porque su voz son6 muy baja-, fue:
-No es nada... nada. Algo que dicen esos tipos piojosos cuando se han soplado una
botella de mis... Una especie de animal que vive por alli -sacudi6 la cabeza hacia el norte-,
veloz como un relampago, y no muy agradable de ver, segun se cree... iEso es todo!









-Una superstici6n de los bosques -comenz6 Simpson, mientras se dirigia a la tienda
apresuradamente con el fin de sacudirse la mano del guia, que se le aferraba al brazo-
jVamos, vamos de prisa, por Dios, y traigame esa lampara! jDeberiamos estar durmiendo
ya, si tenemos que levantarnos mafiana al amanecer! ...
El guia iba pisandole los talones.
-Ya voy, ya voy -dijo.
Despues de una pequefia dilaci6n, apareci6 con la lampara y la colg6 en una clavo
del palo plantado delante de la tienda. Las sombras de un centenar de arboles se movieron
inquietas y rapidas al cambiar la luz de posici6n. Tropez6 con la cuerda al entrar, y la
tienda entera tembl6 como agitada por una subita rafaga de viento.
Los dos hombres se echaron, sin desvestirse, en sus techos de ramas de balsamo. En
el interior se estaba caliente y c6modo. Afuera, en cambio, un mundo formado por
multiples arboles se espesaba a su alrededor, fundiendo sus sombras milenarias y ahogando
la pequefia tienda que se alzaba como una concha blanca y diminuta frente al oceano
tremendo de la selva.
Entre las dos figures solitarias de su interior se condensaba tambien, otra sombra
que no era de la noche. Era la Sombra que proyectaba el extrafio Temor, aun no conjurado
del todo, que se habia introducido en el espiritu de Defago a mitad de su canci6n. Y
Simpson, que vigilaba la oscuridad a traves de la pequefia abertura de la tienda, dispuesto
ya a sumergirse en el fragante abismo del suefio, sinti6 aquella quietud profunda y unica del
bosque primitive, en la que nada se movia... y en la cual la noche adquiria una corporeidad
y un espesor que se filtraba en el espiritu y lo invadia de tinieblas... Despues, el suefio se
apoder6 de el.
III
Asi le pareci6 a el al menos. Sin embargo, lo cierto era que el pulso del agua, junto a
la tienda, seguia marcando sin cesar el paso del tiempo, cuando se dio cuenta de que estaba
con los ojos abiertos y de que otro sonido acababa de irrumpir, con solapado disimulo, en el
ritmico murmullo de las olas.
Y much antes de comprender de que se trataba, se agitaron en su interior vagos
sentimientos de dolor y de alarma. Escuch6 atento, aunque en vano al principio, porque los









latidos de su pulso golpeaban como sonoros tambores en sus sienes. ,De d6nde provenia?
,Del lago, del bosque?...
Luego, de repente, con el coraz6n en un pufio, se dio cuenta de que sonaba muy
cerca de el, dentro de la tienda; y cuando se volvi6 para oir mejor, lo localize de manera
inequivoca a medio metro de donde el estaba. Era un sonido quejumbroso: Defago, en su
lecho de ramas, sollozaba en la oscuridad como si fuera a partirsele el coraz6n y se
taponaba la boca con la manta para sofocar el llanto.
Su primer sentimiento, antes de pararse a pensar, fue una punzante y dolorosa
ternura. Aquel sonido intimo, human, oido en medio de aquella desolaci6n, le movia a
piedad. Era tan incongruente, tan enternecedoramente incongruente... jy tan inutil! ,De que
servian las lagrimas en aquella inmensidad cruel y salvaje? Imagine a una criatura llorando
en medio del Atlantico... Despues, naturalmente, al recobrar mayor conciencia y recorder lo
que habia sucedido antes de acostarse, sinti6 que el terror comenzaba a dominarle y que se
le helaba la sangre.
-Defago -susurr6 con nerviosismo, haciendo esfuerzos por hablar bajo-, 6que
sucede? ,Se siente usted mal?
No obtuvo respuesta, pero cesaron inmediatamente los sollozos. Alarg6 la mano y
lo toc6. Su cuerpo no se movia.
-,Esta despierto? -se le habia ocurrido que podia estar llorando en suefios-. ,Tiene
usted frio?
Habia observado que tenia los pies destapados y que le salian hacia afuera de la
tienda. Extendi6 el doblez de su manta y se los tap6. El guia se habia escurrido de su lecho,
y parecia haber arrastrado las ramas con el. Le daba apuro tirar de su cuerpo hacia adentro,
otra vez, por miedo a despertarle.
Hizo una o dos preguntas mas en voz baja, pero, aunque esper6 various minutes, no
obtuvo contestaci6n alguna ni apreci6 ningun movimiento. Despues, oy6 su respiraci6n
regular y sosegada. Le puso la mano en el pecho y lo sinti6 subir y baj ar pausadamente.
-Digame si le ocurre algo -murmur6- o si puedo hacer alguna cosa por usted.
Despierteme inmediatamente si llegara a sentirse... mal.
No sabia que decir. Se dej6 caer, sin dejar de pensar ni de preguntarse que
significaria todo aquello. Defago habia estado llorando entire suefios, por supuesto. Algo le









afligia. Fuera como fuese, jams en la vida se le olvidarian aquellos sollozos lastimeros, ni
la sensaci6n de que toda la impresionante soledad de los bosques los escuchaba.
Estuvo meditando durante much tiempo sobre los ultimos sucesos, entire los cuales,
era este, en verdad, el mas misterioso; y aunque su raz6n encontraba arguments
satisfactorios con que desechar cualquier eventualidad desagradable, le qued6, no obstante,
una sensaci6n muy arraigada...extrafia a mas no poder.
IV
Pero el suefio, a la larga, siempre acaba por imponerse a cualquier emoci6n. Pronto
se desvanecieron sus pensamientos. Se encontraba arropado, c6modo, y demasiado
fatigado. La noche era agradable y reparadora, y en ella se diluia toda sombra de recuerdo y
alarma. Media hora mas tarde, habia perdido conciencia de todo cuanto le rodeaba.
Y sin embargo, esta vez fue el suefio su gran enemigo, al embotarle la sensaci6n de
inminencia y anular el estado de alarma de sus nervios.
Asi como en algunas de esas pesadillas que se presentan con terrible apariencia de
realidad, basta a veces la inconsistencia de un simple detalle para poner de manifiesto la
incoherencia y falsedad del todo, del mismo modo los acontecimientos que ahora se
desarrollan, aun sucediendo en realidad, sugerian la existencia de un detalle que podia ser la
clave de la explicaci6n y que habia sido pasado por alto en la confusion del moment. Todo
aquello s6lo debia ser cierto en parte; y lo demas, pura fantasia. En las profundidades de
una mente dormida, algo permanece despierto, preparado para emitir el juicio: no es completamente real; cuando despiertes lo comprenderas.>
Y asi, en cierto modo, le sucedia a Simpson. Los acontecimientos no eran
totalmente inexplicables o increibles por si mismos, aunque formaban, para el hombre que
los veia y oia, una sucesi6n de hechos horribles, pero independientes, porque el detalle
minimo que podia haber esclarecido el enigma permanecia oculto o desfigurado.
Por lo que Simpson puede recorder, fue un movimiento violent, como de algo que
se arrastraba en el interior de la tienda, lo que le despert6 y le hizo darse cuenta de que su
compafiero estaba sentado, muy tieso, junto a el. Estaba temblando. Debian de haber
pasado varias horas, porque el palido resplandor del alba recortaba su silueta contra la tela
de la tienda. Esta vez no lloraba; temblaba como una hoja, y su temblor lo sentia el a traves









de la manta. Defago se habia arrebujado contra el, en busca de protecci6n, huyendo de algo
que aparentemente se escondia junto a la entrada de la tienda.
Por esta raz6n, Simpson le pregunt6 en voz alta -con el aturdimiento del despertar,
no recuerda exactamente que-, y el guia no contest. Una atm6sfera de autentica pesadilla
le envolvia, le embarazaba hasta impedirle moverse. Durante unos instantes, como es
natural, no supo d6nde se encontraba, si en uno de los anteriores campamentos o en su
cama de Aberdeen. Estaba confuso y aturdido.
Despues -casi inmediatamente-, en el profundo silencio del amanecer, oy6 un ruido
de lo mas extrafio. Fue repentino, sin previo aviso, inesperado e indeciblemente espantoso.
Simpson afirma que se trataba de una voz, acaso humana, ronca, aunque lastimera. Una voz
suave y retumbante a la vez, que parecia provenir de las alturas y que, al mismo tiempo,
sonaba muy cerca de la tienda. Era un bramido pavoroso y profundo que, sin embargo,
poseia cierta calidad dulce y seductora. Distingui6 en el como tres notas, como tres gritos
separados que recordaban vagamente, apenas reconocibles, las silabas que componian el
nombre del guia: <>
El estudiante admite que es incapaz de describir cabalmente este sonido, ya que
jams habia oido nada semejante en su vida y en el se combinaban cualidades
contradictorias. El lo describe como �una especie de voz lastimera y ululante como el
viento, que sugeria la presencia de un ser solitario e ind6mito, tosco y a la vez
increiblemente poderoso>...
Y aun antes de que cesara la voz y se hundiera de nuevo en los inmensos abismos
del silencio, el guia se puso en pie de un salto y grit6 una respuesta ininteligible. Al
incorporarse, choc6 violentamente contra el palo de la tienda; sacudi6 toda la armaz6n al
extender los brazos freneticamente para abrirse camino, y pate6 con furia para
desembarazarse de las mantas. Durante un segundo, o quiza dos, permaneci6 rigido ante la
puerta; su oscuro perfil se recort6 contra la palidez del alba. Luego, con desenfrenada
rapidez, y antes de que su compafiero pudiera mover un dedo para detenerle, se arroj6 por
la entrada de la tienda... y se march. Y al marcharse -con tan asombrosa rapidez, que pudo
oirse c6mo su voz se perdia a lo lejos- gritaba con un acento de angustia y terror, pero que
al mismo tiempo parecia expresar un tremendo extasis de gozo...









-jAh! jMis pies de fuego! jMis ardientes pies de fuego! jAh! jQue altura, que
carrera abrasadora!
Pronto la distancia acall6 sus gritos, y el silencio del amanecer descendi6 de nuevo
sobre la floresta.
Sucedi6 todo con tal rapidez que, a no ser por el lecho vacio que tenia junto a el,
Simpson casi hubiera podido career que acababa de sufrir una pesadilla. Pero a su lado sentia
aun la calida presi6n del cuerpo desaparecido. Las mantas estaban todavia en un mont6n, en
el suelo. La misma tienda temblaba aun por la vehemencia de su salida impetuosa. Las
extrafias palabras, propias de un cerebro repentinamente trastornado, resonaban en sus
oidos como si las oyera todavia a lo lejos... No eran unicamente los sentidos de la vista y el
oido los que denunciaban cosas extrafias a la raz6n, ya que mientras el guia gritaba y corria,
pudo captar el un olor extrafio y acre que habia invadido el interior de la tienda. Y parece
que fue en ese precise moment, despabilado por el olor atosigante, cuando recobr6 el
animo, se puso en pie de un salto y sali6 de la tienda.
La luz grisacea del amanecer se derramaba indecisa y fria por entire los arboles,
permitiendo que se distinguieran las cosas, Simpson se qued6 de pie, de espaldas a la tienda
empapada de rocio. Aun quedaba alguna brasa entire las cenizas de la hoguera. Contempl6
el lago palido bajo la capa de bruma, las islas que emergian misteriosamente como
envueltas en algod6n, y los rodales de nieve, al otro lado, en los espacios despejados del
bosque de arbustos. Todo estaba frio, silencioso, inm6vil, esperando la salida del sol. Pero
en ninguna parte habia serial del guia desaparecido. Sin duda corria aun, freneticamente,
por los bosques helados. Ni siquiera se oian sus pasos, ni los ecos evanescentes de su voz.
Se habia ido... definitivamente.
No habia nada; nada, except el recuerdo de su presencia reciente, que persistia
vivamente en el campamento, y ese penetrante olor que lo invadia todo.
Y aun el olor estaba desapareciendo con rapidez. A pesar de la enorme turbaci6n
que experimentaba, Simpson se esforz6 por descubrir su naturaleza. Pero averiguar la
calidad de un olor fugaz, que no se ha reconocido inconscientemente al instant, es una
operaci6n muy ardua; y fracas. Antes de que pudiera captarlo del todo, o reconocerlo,
habia desaparecido. Incluso ahora le cuesta hacer una descripcion aproximada, ya que era
distinto de todo otro olor. Era acre, no muy diferente del que exhalan los leones, aunque









mas suave, y no completamente desagradable. Tenia algo de dulzarr6n que le recordaba el
aroma de las hojas otofiales de un jardin, la fragancia de la tierra, y los mil perfumes que se
elevan de una selva inmensa. Sin embargo, la expresi6n es la que, a mi
juicio, resume mejor todo esto.
Finalmente, el olor se desvaneci6 por complete y Simpson se dio cuenta de que se
encontraba de pie, junto a las cenizas del fuego, en un estado de asombro y estupido terror
que le incapacitaba para hacer frente a la menor eventualidad. Si una rata almizclera
hubiese asomado entonces su hocico puntiagudo por encima de una roca, o hubiese visto
escabullirse una ardilla, lo mis probable es que se hubiera desmayado sin mis. Su instinto
acababa de percibir el hilito de un gran Horror Exterior... y todavia no habia tenido tiempo
de rehacerse y adoptar una actitud fire y alerta.
Sin embargo, nada sucedi6. Un soplo de aire suave acarici6 la floresta que
despertaba, y unas pocas hojas de arce se desprendieron temblorosas y cayeron a tierra. El
cielo se hizo repentinamente mis claro. Simpson sinti6 el aire frio en sus mejillas y en su
cabeza descubierta. Tembl6, aterido, y con gran esfuerzo se hizo cargo de que estaba solo
entire los arbustos... y de que lo mis prudent era ponerse en march, en busca de su
compafiero desaparecido, con el fin de socorrerle.
Y asi lo hizo, en efecto, pero sin resultado. Con aquella marafia de arboles en torno
suyo, el lago cortindole el camino por detris, y el horror de aquellos gritos salvajes
latiendo aun en su sangre, hizo lo que cualquier otro inexperto habria hecho en semejante
situaci6n: correr, correr sin sentido alguno, como un niho enloquecido, y gritar
continuamente el nombre de su guia: jDefago! jDefago! jDefago! -vociferaba, y los arboles
le devolvian el nombre, en un eco apagado, tantas veces cuantas lo gritaba el:
-iDefago! jDefago! jDefago!
Sigui6 el rastro impreso en la nieve hasta donde los arboles, demasiado espesos,
habian impedido que la nieve llegara al suelo. Grit6 hasta quedarse ronco, y hasta que el
sonido de su propia voz comenz6 a asustarle en aquel paraje desierto y silencioso. Su
confusion aumentaba con la violencia de sus esfuerzos. La angustia se le hizo
dolorosamente aguda. Por ultimo, fracasados sus intentos, dio la vuelta y se dirigi6 al
campamento, completamente agotado. Fue un milagro que encontrara el camino. El caso es









que, despues de seguir un sinfin de direcciones falsas, encontr6 la blanca tienda de campafia
entire los arboles, y se sinti6 a salvo.
El cansancio, entonces, administr6 su propio remedio. Encendi6 fuego y se prepare
el desayuno. El cafe caliente y el tocino le devolvieron un poco de sentido comun y de
juicio, y comprendi6 que se habia portado como un chiquillo. Debia medir los esfuerzos
para hacer frente a la situaci6n de una manera mas sensata. Una vez recobrado el animo,
debia hacer en primer lugar una exploraci6n lo mas complete possible y, si no daba
resultado, debia buscar el camino de regreso cuanto antes y traer ayuda.
Y eso fue lo que hizo. Cogi6 provisions, cerillas, el rifle y un hacha pequefia para
marcar los arboles, y se puso en camino. Eran las ocho cuando sali6, y el sol brillaba por
encima de los arboles en un cielo despejado. Plant una estaca junto al fuego y dej6 una
nota, para el caso de que Defago volviera mientras el estaba ausente.
Esta vez, de acuerdo con un plan cuidadoso, tom6 una nueva direcci6n. Cubriendo
un area mas amplia, podria tropezarse con sefiales del rastro del guia. Y en efecto, antes de
haber recorrido medio kil6metro, encontr6 las huellas de un animal grande y, al lado, las
huellas, menores y mas ligeras, de unos pies indudablemente humans: los de Defago. El
alivio que experiment inmediatamente fue natural, aunque breve. Al primer golpe de vista
vio que esas huellas explicaban clara y simplemente lo sucedido: las sefiales mas grandes
pertenecian, sin duda alguna, a un alce que, con el viento en contra, se habia acercado
equivocadamente al campamento, lanzando un grito de alarma en el moment en que
comprendi6 su error. Defago, que tenia el instinto de la caza desarrollado hasta un grado de
incredible perfecci6n, habia notado su presencia horas antes, por el olor del viento. Su
excitaci6n y su desaparici6n se debian, naturalmente, a... este...
Entonces, la explicaci6n impossible a la cual queria aferrarse, se le revelo6
implacablemente falsa. Ningun guia, y much menos de la categoria de Defago, habria
reaccionado de forma tan insensata, echando a correr incluso sin rifle... Todo el episodio
exigia una explicaci6n much mas compleja. Record los detalles de todo lo que habia
sucedido: el grito de terror, las enigmaticas palabras, el semblante asustado, el extrafio olor
que habia notado, aquellos sollozos contenidos en la oscuridad, y -tambien esto le vino
oscuramente a la memoria- la initial aversion del guia a estos parajes.









Ademas, ahora que las examinaba de cerca, jaquellas huellas no eran de alce, ni
much menos! Hank le habia explicado el perfil que deja la pezufia de un alce macho, de
una hembra o de una cria. Se las habia dibujado claramente sobre una tira de abedul. Estas
eran totalmente distintas. Eran grandes, redondas, amplias, no tenian la forma puntiaguda
de la pezufia afilada. Por un moment, se pregunt6 si serian de oso. No se le ocurrio pensar
en ningun otro animal, porque el reno no bajaba tan al sur en esa epoca del afio y, aun
cuando fuese asi, sus huellas dibujarian la forma de una pezufia.
Eran siniestros aquellos trazos dejados en la nieve por una misteriosa criatura que
habia atraido a un ser human lejos de su refugio. Y, al querer relacionarlos, en su
imaginaci6n, con aquel susurro obsesionante que interrumpi6 la paz del amanecer, le
invadi6 un vertigo momentaneo, una angustia inconcebible. Sinti6 una sombra de amenaza
por todo su alrededor. Y al examiner con mas detalle una de las huellas, not6 una debil
vaharada de aquel olor dulzarr6n y penetrante, que le hizo dar un respingo y le produjo
nauseas.
Entonces su memorial le jug6 otra mala pasada. Record, de pronto, aquellos pies
destapados que se salian de la tienda, y c6mo el cuerpo del guia parecia haber sido
arrastrado hacia la entrada. Record tambien c6mo Defago habia retrocedido, aterrado, ante
algo que habia percibido junto a la tienda, cuando el se despert6. Los detalles acudian a su
mente con violencia, asediandola de forma obsesiva; parecian agolparse en aquellos
espacios profundos de la selva silenciosa que le rodeaba, donde el, en medio de los arboles,
permanecia de pie, a la escucha, esperando, tratando de actuar del modo mas aconsejable.
El bosque le cercaba.
Con la firmeza de una supreme resoluci6n, Simpson inici6 la march, siguiendo las
huellas lo mejor que podia, y tratando de reprimir las emociones desagradables que trataban
de debilitar su voluntad. Marc6 una infinidad de arboles a media que caminaba, con el
temor siempre de no poder encontrar el camino de regreso, gritando de cuando en cuando el
nombre del guia. El seco golpear del hacha sobre lo troncos macizos, y el acento extrafio de
su propia voz se convirtieron finalmente en unos sonidos que a el mismo le daba miedo
producer. Incluso le daba miedo oirlos. Atraian la atenci6n y delataban su situaci6n exacta,
y si se diera realmente el caso de que le estuvieran siguiendo, lo mismo que seguia el a
otro...









Con un esfuerzo supremo, rechaz6 tal idea en el mismo instant en que se le ocurri6.
Comprendia que era el principio de un aturdimiento diab6olico que podia conducirle
vertiginosamente a su propia perdici6n.
Aunque la nieve no formaba una alfombra continue, sino solo ligeras capas en los
espacios mis despejados, no le fue dificil seguir el rastro durante various kil6metros.
Caminaba en linea recta, en la media en que se lo permitian los arboles. Las pisadas
impresas en la nieve comenzaron pronto a distanciarse, hasta que, finalmente, su separaci6n
fue tal que parecia absolutamente impossible que ningun animal diera zancadas tan enormes.
Eran como saltos enormes. Midi6 una de aquellas zancadas y, aunque sabia que la
�distancia>> de seis metros no debia de ser muy exacta, se qued6 perplejo; no comprendia
c6mo no encontraba en la nieve ninguna pisada intermedia entire las huellas extremes. Pero
lo que mis confundido le tenia, lo que le hacia mirar con recelo, era que las zancadas de
Defago crecian tambien en longitud, poco a poco, hasta cubrir exactamente las mismas
distancias. Parecia como si la enorme bestia lo hubiera arrastrado con ella en esos saltos
asombrosos. Simpson, que tenia las piernas much mis largas, comprob6 que no podia
cubrir la mitad del trecho, ni aun tomando impulso.
Y la vision de aquellas huellas que corrian unas junto a otras, mudo testimonio de
una carrera espantosa en la que el terror o la locura habian provocado unas consecuencias
imposibles, le impresion6 profundamente y le conmovi6 en lo mis hondo de su alma. Era
lo mas espantoso que habian visto sus ojos. Comenz6 a seguirlas maquinalmente, casi
enajenado, mirando de soslayo, furtivamente, por si algun ser, con zancadas gigantescas, le
seguia los pasos a el tambien... Y sucedi6 que, al poco tiempo, no supo ya lo que
significaban aquellas pisadas en la nieve, acompafiadas por las huellas del pequefio franco-
canadiense, su guia, su camarada, el hombre que habia compartido su tienda unas horas
antes, charlando, riendo, incluso cantando con el.
V
S6lo un valiente escoces, basado en el sentido comuin y amparado por la lo6gica,
podia conservar el sentido de la realidad como lo conserve este joven, mal que bien, para
salir de aquella aventura. De no haber sido asi, los descubrimientos que hizo mientras
avanzaba valerosamente le habrian hecho retroceder hasta el refugio relativamente seguro
de su tienda, en vez de apretar el rifle en sus manos y encomendarse a Dios con el









pensamiento. Lo primero que observe fue que los dos rastros hablan sufrido una
transformaci6n; y esta transformacion, por lo que se referia a las huellas del hombre, era
ciertamente aterradora.
Al principio, lo not6 en las huellas mas grandes, y se qued6 un buen rato sin poder
career lo que veian sus ojos. 6Eran las hojas caidas que producian extrafios efectos de
sombra, o tal vez la nieve, seca y espolvoreada como harina de arroz por los bordes, era
responsible del efecto aquel? ,O se trataba efectivamente de que las huellas hablan
adquirido un ligero matiz coloreado? Lo innegable era que las pisadas del animal tenian un
tinte rojizo y misterioso, que mas parecia debido a un efecto de luz que a una sustancia que
impregnara la nieve. Y a media que avanzaba se hacia mas intense aquel matiz encendido
que venta a afiadir un toque nuevo y horrible a la situation.
Pero cuando, completamente perplejo, se fij6 en las huellas del hombre por ver si
presentaban la misma coloraci6n, observe que, entretanto, estas hablan experimentado un
cambio infinitamente peor. Durante el ultimo centenar de metros mas o menos, habian
comenzado a parecerse a las huellas del animal. El cambio era imperceptible, pero
inequivoco. No se podia apreciar d6nde comenzaba. El resultado, de todos modos, estaba
fuera de duda: mas pequefias, mas recortadas, modeladas con mayor nitidez, las huellas del
hombre constituian ahora, sin embargo, un duplicado casi exacto de las otras. Asi, pues, los
pies que las habian grabado se habian transformado tambien. Al darse cuenta de lo que esto
significaba, sinti6 una sensaci6n de repugnancia y terror.
Por primera vez, Simpson dud6. Despues, avergonzado de su indecision, corri6 unos
cuantos pasos mis; un poco mas alla, se detuvo en seco. Alli mismo terminaban todas las
sefiales. Los dos rastros acababan de repente. Busc6 inutilmente en un radio de cien metros
o mis, pero no encontr6 el menor indicio de huellas. No habia nada.
Precisamente alli los arboles se espesaban bastante. Se trataba de enormes cedros y
abetos. No habia monte bajo. Permaneci6 un rato mirando alrededor, completamente
turbado, sin saber que pensar. Luego se puso a buscar con empefiada insistencia, pero
siempre llegaba al mismo resultado: nada. jLos pies que se habian marcado en la superficie
de la nieve hasta alli, parecian ahora haber dejado de tocar el suelo!









En ese instant de angustia y confusion, sinti6 c6mo el terror se le enroscaba en el
coraz6n, dejandole totalmente paralizado. Todo el tiempo habia estado temiendo que
sucediera... y sucedio.
Alli arriba, muy lejos, debilitada por la altura y la distancia, singularmente
quejumbrosa y apagada, oy6 la plafiidera voz de Defago, su guia.
Cay6 sobre el un cielo internal y tranquilo, y despert6 en el un terror jamas
rebasado. El rifle le resbalo6 de las manos. Durante un segundo, permaneci6 inm6vil donde
estaba, escuchando con todo su ser. Despues se retire tambaleante hasta el arbol mas
cercano y se apoy6 en el, deshecho e incapaz de razonar. En aquel moment aquella le
parecia la experiencia mas aniquiladora del mundo. Se le habia quedado el coraz6n vacio
de todo sentimiento, tal como si se le hubiera secado.
-jAh! jQue altura abrasadora! jAh, mis pies de fuego! jMis pies candentes! -oy6
que imploraba la angustiada voz del guia, con un acento de suplica indescriptible. Despues,
el silencio volvi6 a reinar entire los arboles.
Y Simpson, una vez recobrada la conciencia de si, se dio cuenta de que estaba
corriendo de un lado para otro, gritando, tropezando con las raices y las piedras, buscando
desenfrenadamente al que llamaba. Rasg6se el velo de recuerdos y emociones con que la
experiencia vela habitualmente los acontecimientos; y medio enloquecido, forj6 visions
que llenaron de terror sus ojos, su coraz6n y su alma. Porque, con aquella voz lejana, le
habia llamado el panico de la Selva, el Poder de la Ind6mita Lejania, el Hechizo de la
Desolaci6n que aniquila... En aquel moment, se le revelaron todos los suplicios de un ser
irremisiblemente perdido que sufria la fatiga y el placer del alma que ha llegado a la
Soledad final. Por las oscuras nieblas de sus pensamientos, como una llama, pas6 fugaz la
vision de Defago, eternamente perseguido, acosado por toda la inmensidad celeste de
aquellos bosques antiquisimos.
Le pareci6 que transcurria una eternidad y, en el caos de sus desorganizadas
sensaciones, no consigui6 encontrar nada a que aferrarse por un moment y pensar...
El grito no se repiti6; sus propias llamadas no tuvieron respuesta. Las fuerzas
inescrutables de la Naturaleza Salvaje habian llamado a su victim con voz inapelable y la
habian atenazado.









Sin embargo, aun continue buscando y llamando durante unas cuatro horas, por lo
menos, puesto que ya era casi de noche cuando decidi6, por fin, abandonar tan inutil
persecuci6n y regresar al campamento, a orillas del Lago de las Cincuenta Islas. De todos
modos, se marchaba de mala gana. Aquella voz implorante resonaba aun en sus oidos. Le
cost trabajo encontrar el rifle y la pista de regreso. La necesidad de concentrarse en la
tarea de seguir los arboles mal marcados, y un hambre voraz que le roia las tripas, le
ayudaron a apartar de su mente lo ocurrido. De no haber sido asi, el mismo admite que su
extravio le habria acarreado peores consecuencias. Gradualmente, las dificultades concretas
del moment le devolvieron a su ser, y no tard6 en recuperar el equilibrio de sus nervios.
No obstante, durante toda la march, a traves de las sombras crecientes, se sinti6
miserablemente perseguido. Oia innumerables ruidos de pasos que le seguian, voces que
reian y hablaban por lo bajo; y veia figures agazapadas tras los arboles y las rocas,
haciendose sefias unas a otras como para atacarle a un tiempo, en el instant en que pasara.
El rumor del viento le hizo dar un respingo y detenerse a escuchar. Camin6 furtivamente,
tratando de ocultar su presencia, haciendo el menor ruido possible. Las sombras de los
arboles, que hasta entonces le protegian o le cubrian, se volvian ahora amenazadoras,
inquietantes; y la confusion de su mente asustada le hacia sentir una multitud de
posibilidades, tanto mas siniestras cuanto mas oscuras. El presentimiento de un destino fatal
acechaba detras de cada uno de los acontecimientos que acababan de suceder.
Fue realmente admirable el modo como sali6 airoso al final. Acaso hombres de
madura experiencia hubieran fracasado en esta prueba. Consigui6 dominarse bastante bien
y pens6 en todo, como demuestra su plan de acci6n. Puesto que no tenia suefio en absolute,
y caminaba siguiendo un rastro invisible en la total oscuridad, se sent a pasar la noche,
rifle en mano, delante de una hoguera que ni por un moment dej6 de alimentar. El rigor de
aquella vigilancia dej6 marcado su espiritu para siempre; pero la llev6 a cabo con exito, y a
las primeras claridades del dia emprendi6 el viaje de regreso, en busca de ayuda. Como la
vez anterior, dej 6 una nota escrita en la que explicaba su ausencia e indicaba tambien d6nde
dejaba un dep6sito de abundantes provisions y cerillas... jaunque no esperaba que lo
encontrasen manos humans!
Seria por si misma una historic digna de contarse la manera como Simpson encontr6
el camino, solo, a traves del lago y del bosque. Oirsela a el es conocer la apasionada









soledad de espiritu que puede sentir un hombre cuando la Naturaleza Salvaje lo tiene en el
hueco de su mano ilimitada... y se rie de el. Es, tambien, admirar su voluntad
inquebrantable.
No reclama para si ningun merito. Confiesa que seguia maquinalmente, y sin
pensar, el rastro casi invisible. Y esto, indudablemente, es verdad. Confiaba en la guia
inconsciente de la raz6n, que es el instinto. Tal vez le ayudara tambien cierto sentido de
orientaci6n, tan desarrollado en los animals y en el hombre primitive. El caso es que, a
traves de toda aquella enmarafiada region, consigui6 llegar al sitio donde Defago, casi tres
dias antes, habia escondido la canoa con estas palabras:
-Cruzar el lago todo recto, hacia el sol, hasta dar con el campamento.
No habia sol de ninguna clase, pero se ayud6 con la brujula como Dios le dio a
entender, y cubri6 los ultimos veinte kil6metros de su viaje a bordo de la fragil piragua, con
una inmensa sensaci6n de alivio al dejar atras, por fin, el bosque interminable. Por fortune,
el agua estaba tranquila. Enfilo6 proa al centro del lago, en vez de costear, Y tuvo la suerte,
ademas, de que los otros estuvieran ya de regreso. La luz de la hoguera le proporcion6 un
punto de referencia, sin el cual habria perdido toda la noche para encontrar el campamento.
De todos modos, era cerca de media noche cuando su canoa roz6 la arena de la
ensenada. Hank, Punk y su tio, despertados por sus gritos, echaron a correr. Y viendole
cansado y deshecho, le ayudaron a abrirse camino por las rocas hasta el fuego casi apagado.
VI
La repentina irrupci6n de su prosaico tio en este mundo de pesadilla en que vivia
desde hacia dos dias y dos noches, tuvo el efecto inmediato de dar al asunto un cariz
enteramente nuevo. Bast6 con oir su cordial > y sentirse
agarrado por aquella mano seca y vigorosa, para que su manera de enfocar los hechos
sufriera un giro radical. Estall6 en su interior como una violent reaccion purificadora y
comprendi6 que su comportamiento no habia sido normal. Incluso se sinti6 algo
avergonzado de si mismo. La original terquedad de su raza le dominaba por complete.
Y esto ultimo explica, indudablemente, por que le result tan dificil contar su
extrafia aventura ante el grupo reunido junto al fuego. Dijo lo necesario, no obstante, para
que se tomase la inmediata decision de ir a rescatar al guia. Pero antes, Simpson debia
comer y, sobre todo, dormir para estar en condiciones de llevarles hasta alli. El doctor









Cathcart, que se daba mas cuenta del estado del muchacho que lo que este se creia, le
inyect6 una dosis muy ligera de morfina que le permiti6 dormir como un tronco durante
seis horas.
De la descripci6n que mas adelante redact6 con todo detalle este estudiante de
teologia, se desprende que en lo que cont6 al principio habia omitido diversos detalles de
suma importancia. Confiesa que, ante la presencia s6olida y real de su tio, cara a cara, no
tuvo el valor de mencionarlos. De este modo, los components de la expedici6n
entendieron, al parecer, que Defago habia sufrido un ataque de locura agudo e inexplicable
durante la noche, en el cual se crey6 <> por alguien o por algo, y que se habia
internado por la espesura sin provisions ni rifle, exponiendose a una muerte horrible por
frio y hambre si ellos no llegaban a tiempo. Por lo demais, �a tiempo>> queria decir
<>.
En el curso del dia siguiente -salieron a las siete, dejando a Punk en el campamento
con el encargo de que tuviera comida y lumbre siempre preparadas-, Simpson cont6
bastantes cosas mas sin sospechar que, en realidad, era su tio quien se las estaba
sonsacando. Para cuando llegaron al lugar donde comenzaba el rastro, junto al escondrijo
de la canoa, Simpson habia contado ya que Defago habl6 de �algo que el llamaba
Wendigo>> que habia llorado durante el suefio, y que el mismo habia creido notar un olor
raro en el campamento, y que habia experimentado ciertos sintomas de excitaci6n mental.
Asimismo, admiti6 haber experimentado el efecto turbador de �aquel olor extraordinario,
acre y penetrante como el de los leones>. Y cuando se encontraban a menos de una hora del
Lago de las Cincuenta Islas, dej6 caer otro detalle, que mas adelante calific6 de estupida
confesi6n debida a su estado de histerismo. Dijo que habia oido al guia desaparecido
�pidiendo ayuda>>. Omiti6 las extrafias palabras que este habia proferido, sencillamente por
no repetir aquel absurdo lenguaje. Ademais, al describir c6mo las pisadas del hombre, en la
nieve, se iban convirtiendo gradualmente en una replica en miniature de las huellas
profundas del animal, se call intencionadamente que tanto las zancadas del uno como las
del otro eran de dimensions completamente increibles. Le pareci6 oportuno llegar a un
termino medio entire su orgullo personal y la absolute sinceridad, y decidir en cada caso lo
que debia y lo que no debia contar. Si menciono, pues, el tinte encendido de la nieve, por









ejemplo, y no se atrevi6 a contar, en cambio, que tanto el cuerpo como el lecho del guia
habian sido arrastrados hacia afuera de la tienda...
El resultado fue que el doctor Cathcart, que se consideraba a si mismo como un
habil psic6logo, le explic6 con claridad y exactitud que su mente, influida por la soledad, el
aturdimiento y el terror, habian sucumbido frente a una tension excesiva, provocando esas
alucinaciones. No por elogiar su conduct dej6 de sefialar, d6nde, cuando y c6mo se habia
extraviado su mente. El resultado fue que su sobrino, habilmente halagado, se crey6, por
una parte, mas perspicaz de lo que era en realidad, y mas tonto por otra, al ver c6mo
quitaban importancia a sus declaraciones. Como tantos otros materialistas, su tio habia
sabido utilizar con sagacidad el argument de la insuficiencia de datos para enmascarar el
hecho de que los datos aducidos le resultaban a el totalmente inadmisibles.
-El hechizo de estas inmensas soledades -decia- es muy nocivo para la mente; es
decir, siempre que esta posea una elevada capacidad de imaginaci6n. Y lo ha sido para ti
exactamente igual que lo fue para mi cuando tenia tu edad. El animal que merodeaba por
vuestro pequefio campamento era indudablemente un alce, ya que el bramido de un alce
puede tener a veces una calidad muy peculiar. El color que creiste ver en las huellas fue,
evidentemente, una ilusi6n 6ptica provocada por tu estado de excitaci6n. Las dimensions
de las huellas, ya tendremos ocasi6n de comprobarlas cuando lleguemos. En cuanto a las
voces que te pareci6 oir, naturalmente, fueron alucinaciones muy corrientes que se suelen
producer por la misma excitaci6n mental... excitaci6n que result perfectamente excusable y
que ha sido, si me lo permits, maravillosamente dominada por ti en esas circunstancias. En
cuanto a lo demas, tengo que decir que has obrado con gran valor, porque el terror de
sentirse uno perdido en esta espesura no es ninguna bagatela; de haber estado yo en tu
lugar, creo que no me habria portado ni con la mitad de juicio y decision que tu. Lo unico
que encuentro particularmente dificil de explicar es... es ese... ese condenado olor.
-Me puso enfermo, te lo aseguro -declar6 su sobrino-; estuve a punto de marearme.
La imperturbable serenidad de su tio, debida tan s6lo a su habilidad psicol6gica, le
impulsaba a adoptar una actitud ligeramente retadora. jEra tan facil explicar con terminos
eruditos unos hechos de los que uno no habia sido testigo presencial!
-Era un olor salvaje y terrible. Asi es unicamente como podria describirlo
-concluy6, sosteniendo la mirada reposada y fria de su tio.









-Lo que me maravilla -coment6 este-, es que, en semej antes circunstancias, no hayas
experimentado nada peor.
Simpson comprendi6 que estas palabras quedaban a mitad de camino entire la
verdad y la interpretaci6n que de ella hacia su tio.
Y asi, por ultimo, llegaron al pequefio campamento y encontraron la tienda plantada
auin. Tanto la tienda como los restos del fuego y el papel clavado en la estaca, estaban
intactos. El escondrijo, en cambio, improvisado de mala manera por manos inexpertas,
habia sido descubierto y saqueado por las ratas almizcleras, los visones y las ardillas. Los
f6sforos estaban esparcidos por el agujero; en cuanto a las provisions, habian desaparecido
hasta la ultima miga.
-Bueno, sefiores, aqui no hay nadie -exclam6 sonoramente Hank, segun era
costumbre suya-; itan cierto como el sol que nos alumbra! Pero saber d6nde se ha metido,
que el diablo me lleve si lo se.
La presencia del estudiante de teologia no fue entonces obstaculo para su lengua,
aunque por respeto al lector se hayan de moderar las expresiones que utilize.
Propongo -afiadi6- que empecemos ahora mismo a buscarle y que registremos hasta
el infierno, si es necesario.
El destino de Defago, probablemente fatal, abrumaba a los tres expedicionarios y les
llenaba de una espantosa aprensi6n, sobre todo despues de haber visto los vestigios de su
estancia alli. La tienda, sobre todo, con el lecho de ramas de balsamo aplastado afin por el
peso de su cuerpo, parecia sugerirles vivamente su presencia. Simpson, como si notara
vagamente que sus palabras podian ponerse en tela de juicio, intent explicar algunos
detalles. Ahora estaba much mas tranquilo, aunque fatigado por el esfuerzo de tantas
caminatas. El metodo de su tio para explicar -para �desechar>> mas bien- sus terrorificos
recuerdos, contribuy6 tambien a tranquilizarle.
-Y esa es la direcci6n que tom6 al echar a correr -dijo Simpson a sus dos
compafieros, apuntando por donde habia desaparecido el guia aquella madrugada de
claridades grises-. Por alla, en linea recta. Corria como un ciervo, por entire los abedules y
los cedros...
Hank y el doctor Cathcart se miraron.









-Y segui el rastro unas dos millas en la misma direcci6n -prosigui6, con algo de su
antiguo terror en la voz-; despues, a eso de unas dos millas o asi, las huellas se detienen...
ise terminan!
-Que fue donde usted oy6 que le llamaba y not6 el mal olor y todo lo demas
-exclam6 Hank con una volubilidad que traicionaba su profundo pesar.
-Y donde tu excitaci6n te domino hasta el extreme de provocar toda clase de
ilusiones -afiadi6 el doctor Cathcart en voz baja, aunque no tanto que su sobrino no lo
oyera.
La tarde no habia hecho mas que empezar. Habian caminado de prisa, y todavia les
quedaban mas de dos horas de luz. El doctor Cathcart y Hank comenzaron inmediatamente
la busqueda. Simpson estaba demasiado cansado para acompafiarles. Le dijeron que ellos
seguirian las marcas de los arboles y, en cuanto les fuera possible, las pisadas tambien. Entre
tanto, lo mejor que podia hacer el era cuidar del fuego y descansar.
Al cabo de unas tres horas de exploraci6n, ya oscurecido, los dos hombres
regresaron al campamento sin novedad. La nieve reciente habia borrado todas las huellas, y
aunque habian seguido los arboles marcados hasta donde Simpson emprendi6 el camino de
regreso, no descubrieron el menor indicio de ser humano... ni de animal alguno. No habia
huellas de ninguna clase: la nieve estaba impoluta.
Era dificil decidir que convenia hacer, aunque la realidad era que no se podia hacer
nada mas. Podian quedarse y continuar buscando durante semanas y semanas sin
demasiadas probabilidades de exito. La nieve de la noche anterior habia destruido su unica
esperanza. Se sentaron alrededor del fuego para cenar. Formaban un grupo sombrio y
desalentado. Los hechos, efectivamente, eran bastante tristes, ya que Defago tenia esposa
en Rat Portage y lo que el ganaba era el unico medio de subsistencia para el matrimonio.
Ahora que se sabia la verdad en toda su descarnada crudeza, parecia inutil tratar de
seguir disimulandola. A partir de ese moment, hablaron con franqueza de lo que habia
sucedido y de las posibilidades existentes. No era la primera vez, incluso para el doctor
Cathcart, que un hombre sucumbia a la seducci6n singular de las Soledades y perdia el
juicio. Defago, por otra parte, estaba bastante predispuesto a una eventualidad de ese tipo,
ya que a su natural melancolia se sumaban sus frecuentes borracheras que a menudo le
duraban varias semanas. Algo debi6 de ocurrir en la excursion -no se sabia que-, que bast6









para desencadenar su crisis. Eso era todo. Y habia huido. Habia huido a la salvaje espesura
de los arboles y los lagos, para morir de hambre y de cansancio. Las posibilidades de que
no consiguiera volver a encontrar el campamento eran abrumadoras. El delirio que le
dominaba aumentaria sin duda, y era completamente seguro que habia atentado contra si
mismo, apresurando de esta forma su destino implacable. Podia incluso que a estas horas
hubiera sobrevenido ya el desenlace final. Por iniciativa de Hank, su viejo camarada,
esperarian algo mais y dedicarian todo el dia siguiente, desde el amanecer hasta que
oscureciese a una busqueda sistematica. Se repartirian el terreno a explorer. Discutieron el
proyecto con todos los pormenores. Harian lo humanamente possible por encontrarlo.
Y a continuaci6n se pusieron a hablar de la curiosa forma en que el panico de la
Selva habia atacado al infortunado guia. A Hank, a pesar de estar familiarizado con esta
clase de relatos, no le agrad6 el giro que habia tomado la conversaci6n. Intervino poco,
pero ese poco fue revelador. Admiti6 que se contaba, por aquella region, la historic de unos
indios que �habian visto al Wendigo>> merodeando por las costas del Lago de las Cincuenta
Islas en el otofio del afio anterior, y que este era el verdadero motivo de la aversion de
Defago a cazar por alli. Hank, indudablemente, estaba convencido de que, en cierto modo,
habia contribuido a la muerte de su compafiero, ya que era el quien le habia persuadido para
que fuese alli.
-Cuando un indio se vuelve loco -explic6, como hablando consigo mismo-, se dice
que ha visto al Wendigo. jY el pobre Defago era supersticioso hasta los tuetanos!...
Y entonces Simpson, sintiendo un ambiente mas propicio, cont6 todos los hechos de
su asombrado relato. Esta vez no omiti6 ningun detalle; refiri6 sus propias sensaciones y el
miedo sobrecogedor que habia pasado. Unicamente se call el extrafio lenguaje que habia
empleado el guia.
-Pero, sin duda, Defago te habia contado ya todos esos pormenores acerca de la
leyenda del Wendigo -insisti6 el doctor-. Quiero decir que el habria hablado ya sobre todo
esto, y de esta suerte imbuy6 en tu mente la idea que tu propia excitaci6n desarroll6 mias
adelante.
Entonces Simpson repiti6 nuevamente los hechos. Declare que Defago se habia
limitado a mencionar el nombre de la bestia. El, Simpson, no sabia nada de aquella leyenda









y, que el recordara, no habia leido jams nada que se refiriese a ella. Incluso le resultaba
extrafio el nombre aquel.
Naturalmente, estaba diciendo la verdad, y el doctor Cathcart se vio obligado a
admitir, de mala gana, el caracter singular de todo el caso. Sin embargo, no lo manifesto
tanto con palabras como con su actitud: a partir de entonces mantuvo la espalda protegida
contra un arbol corpulento, reavivaba el fuego cuando le parecia que empezaba a apagarse,
era siempre el primero en captar el menor ruido que sonara en la oscuridad circundante
-acaso un pez que saltaba en el lago, el crujir de alguna rama, la caida occasional de un poco
de nieve desde las ramas altas donde el calor del fuego comenzaba a derretirla- e incluso se
alter un tanto la calidad de su voz, que se hizo algo menos segura y mas baja. El miedo,
por decirlo lisa y llanamente, se cernia sobre el pequefio campamento y, a pesar de que los
tres preferian hablar de otras cosas, parecia que lo unico de que podian discutir era de eso:
del motivo de su miedo. En vano intentaron variar de conversaci6n; no encontraban nada
que decir. Hank era el mas honrado del grupo: no decia nada. Con todo, tampoco dio la
espalda a la oscuridad ni una sola vez. Permaneci6 de cara a la espesura y, cuando
necesitaron mas lefia, no dio un paso mas alli de, los necesarios para obtenerla.
VII
Una muralla de silencio los envolvia, toda vez que la nieve, aunque no abundante, si
era lo suficiente para apagar cualquier clase de ruido. Ademas, todo estaba rigido por la
helada. No se oia mas que sus voces y el suave crepitar de las llamas. Tan s6lo, de cuando
en cuando, sonaba algo muy quedo, como el aleteo de una mariposa. Ninguno parecia tener
ganas de irse a dormir. Las horas se deslizaban en busca de la medianoche.
-Es bastante curiosa la leyenda esa -observ6 el doctor, despues de una pausa
excepcionalmente larga y con la intenci6n de interrumpirla, mas que por ganas de hablar-.
El Wendigo es simplemente la personificaci6n de la Llamada de la Selva, que algunos
individuos escuchan para precipitarse hacia su propia destrucci6n.
-Eso es -dijo Hank-. Y cuando lo oyes, no hay posibilidad de que te equivoques. Te
llama por tu propio nombre.
Sigui6 otra pausa. Despues, el doctor Cathcart volvi6 tan subitamente al tema
prohibido, que pill6 a los otros dos desprevenidos.









-La alegoria es significativa -dijo, tratando de escrutar la oscuridad que le rodeaba-,
porque la Voz, segun dicen, recuerda los ruidos menudos del bosque: el viento, un salto de
agua, los gritos de los animals, y cosas asi. Y una vez que la victim oye eso... jse acab6!
Dicen que sus puntos mas vulnerable son los pies y los ojos; los pies, por el placer de
caminar, y los ojos, porque gozan de la belleza. El infeliz vagabundo viaja a una velocidad
tan espantosa, que los ojos le sangran y le arden los pies.
El doctor Cathcart, mientras hablaba, seguia mirando inquieto hacia las tinieblas. Su
voz se convirti6 en un susurro.
-Se dice tambien -afiadi6- que el Wendigo quema los pies de sus victims, debido a
la fricci6n que provoca su tremenda velocidad, hasta que se destruyen esos pies; y que los
nuevos que entonces se les forman son exactamente como los de l.
Simpson escuchaba mudo de espanto. Pero lo que mas fascinado le tenia era la
palidez del semblante de Hank. De buena gana se habria tapado los oidos y habria cerrado
los ojos, si hubiera tenido valor.
-No siempre anda por el suelo -coment6 Hank arrastrando las palabras-, pues sube
tan alto, que la victim piensa que son las estrellas las que le han pegado fuego. Otras veces
da unos saltos enormes y corre por encima de las copas de los arboles, arrastrando a su
victim con el, para dejarla caer como hace el albatros con las suyas, que las mata asi, antes
de devorarlas. Pero de todas las cosas que hay en el bosque, lo unico que come es...
imusgo! -y se ri6 con una risa nerviosa.
-Si, el Wendigo come musgo -afiadi6, mirando con excitaci6n el rostro de sus
compafieros-. Es un comedor de musgo -repiti6, con una sarta de juramentos de lo mas
extrafio que uno puede imaginar.
Pero Simpson comprendia ahora el verdadero prop6sito de su conversaci6n. Lo que
aquellos dos hombres fuertes y temian, cada uno a su manera, era ante
todo el silencio. Hablaban para ganar tiempo. Hablaban, tambien, para combatir la
oscuridad, para evitar el panico que les invadia, para no admitir que se hallaban en un
terreno hostile, decididos, ante todo, a no permitir que sus pensamientos mas profundos
llegaran a dominarles. Pero Simpson, que ya habia sido iniciado en esa espantosa vigilia de
terror, se encontraba mas avanzado, a este respect, que sus dos compafieros. El habia
alcanzado ya un estadio en el que se sentia inmune. En cambio, los otros dos, el medico









burl6n y analitico y el honrado y tozudo hombre de los bosques, temblaban en lo mas
intimo.
De esta forma pas6 una hora tras otra, y de esta forma el pequefio grupo permaneci6
sentado, determinado a resistir espiritualmente, ante las fauces de la espesura salvaje,
hablando ociosamente y en voz baja de la terrible y obsesionante leyenda. Considerandolo
bien, era una lucha desigual, porque el espiritu indomable de los bosques tenia la double
ventaja de haber atacado primero y de contar ya con un rehen. El destino del compafiero se
cernia sobre ellos y les causaba una creciente opresi6n, que a lo ultimo se les haria
insoportable.
Fue Hank, despues de una pausa larga y enervante, el que liber6 de modo totalmente
inesperado toda esa emoci6n contenida. De pronto, se puso en pie de un salto y lanz6 a las
tinieblas el aullido mis terrible que se pueda imaginar. Seguramente no podia dominarse
por mis tiempo. Para darle mayor sonoridad, se dio palmadas en la boca, provocando de
este modo numerosas y breves intermitencias.
-Eso para Defago -dijo, mirando a sus compafieros con una sonrisa extrafia y
retadora-, porque estoy convencido (aqui se omiten various exabruptos) de que mi compare
no esti demasiado lejos de nosotros en este precise moment.
Habia tal vehemencia y tal seguridad en su afirmacion, que Simpson dio un salto
tambien y se puso en pie. Al doctor se le fue la pipa de la boca. El rostro de Hank estaba
livido y el de Cathcart daba muestras de un subito desfallecimiento, casi de una perdida de
todas las facultades. Luego brillo6 una furia momentinea en sus ojos, se puso de pie con una
calma que era fruto de su habitual autodominio y se encar6 con el excitado guia. Porque
esto era inadmisible, estupido, peligroso, y habia que cortarlo de raiz.
Puede uno imaginarse lo que pasaria a continuacion, aunque no puede saberse con
certeza, porque en aquel moment de silencio profundo que sigui6 al alarido de Hank, y
como contestindolo, algo cruz6 la oscuridad del cielo por encima de ellos a una velocidad
prodigiosa, algo necesariamente muy grande, porque produjo un gran ramalazo de viento,
y, al mismo tiempo, descendi6 a traves de los arboles un debil grito human que, en un tono
de angustia indescriptible, clamaba:
-jAh! jQue altura abrasadora! jAh! iMis pies de fuego! jMis candentes pies de
fuego!









Blanco como el papel, Hank mir6 estupidamente en torno suyo, como un nifio. El
doctor Cathcart profiri6 una especie de exclamaci6n incomprensible y ech6 a correr, en un
movimiento instintivo de terror ciego, en busca de la protecci6n de la tienda, y a los pocos
pasos se par6 en seco. Simpson fue el unico de los tres que conserve la presencia de animo.
Su horror era demasiado hondo para manifestarse en reacciones inmediatas. Ya habia oido
aquel grito anteriormente.
Volviendose hacia sus impresionados compafieros, dijo, casi con toda naturalidad:
-Ese es exactamente el grito que oi... jy las mismas palabras que dijo!
Luego, alzando su rostro hacia el cielo, grit6 muy alto:
-jDefago! jDefago! jBaja aqui, con nosotros! iBaja!...
Y antes de que ninguno tuviera tiempo de tomar una decision cualquiera, se oy6 un
ruido de algo que caia entire los arboles, rompiendo las ramas, y aterrizaba con un tremendo
golpe sobre la tierra helada. El impact fue verdaderamente terrible y atronador.
-jEs el, que el buen Dios nos asista! -se oy6 exclamar a Hank, en un grito sofocado,
a la vez que maquinalmente echaba mano al cuchillo.
-iY viene! jY viene! -afiadi6, soltando unas irracionales carcajadas de terror, al oir
sobre la nieve helada el ruido de unos pasos que se acercaban a la luz.
Y, mientras avanzaban aquellas pisadas, los tres hombres permanecieron de pie,
inm6viles, junto a la hoguera. El doctor Cathcart se habia quedado como muerto; ni
siquiera parpadeaba. Hank sufria espantosamente y, aunque no se movia tampoco, daba la
impresi6n de que estaba a punto de abalanzarse no se sabe hacia d6nde. En cuanto a
Simpson, parecia petrificado. Estaban at6nitos, asustados como nifios. El cuadro era
espantoso. Y entire tanto, aunque todavia invisible, los pasos se acercaban, haciendo crujir
la nieve. Parecia que no iban a llegar jams. Eran unos pasos lentos, pesados, interminables
como una pesadilla.
VIII
Por ultimo, una figure brot6 de las tinieblas. Avanz6 hacia la zona de dudoso
resplandor, donde la luz del fuego se mezclaba con las sombras, a unos diez pasos de la
hoguera. Luego, se detuvo y les mir6 fijamente. Sigui6 adelante con movimientos
espasm6dicos, como una marioneta, y recibi6 la luz de lleno. Entonces se dieron cuenta los
presents de que se trataba de un hombre. Y al parecer aquel hombre era... Defago.









Algo asi como la mascara del horror cubri6 en aquel moment el semblante de los
tres hombres; y sus tres pares de ojos brillaron a traves de ella, como si sus miradas
cruzaran las fronteras de la vision normal y percibiesen lo Desconocido.
Defago avanz6. Sus pasos eran vacilantes, inseguros. Primero se aproxim6 al grupo,
despues se volvi6 bruscamente y clav6 los ojos en el rostro de Simpson. El sonido de su
voz brot6 de sus labios:
-Aqui estoy, jefe. Alguien me ha llamado -era una voz seca, debil, jadeante-. Estoy
de viaje. He atravesado el fuego del Infierno... No ha estado mal...
Y se ri6, avanzando la cabeza hacia el rostro del otro. Pero aquella risa puso en
march el mecanismo del grupo de figures de cera mortalmente palidas que formaban los
otros tres. Hank salt inmediatamente sobre el, lanzando una sarta de juramentos tan
rebuscados y sonoros que a Simpson ni siquiera le sonaron a ingles sino mas bien a algun
lenguaje indio o cosa asi. Lo unico que comprendia era que el hecho de que Hank se
hubiese interpuesto entire los dos, le resultaba grato... extraordinariamente grato. El doctor
Cathcart, aunque mas reposadamente, avanz6 tras el a trompicones.
Simpson no recuerda bien lo que pas6 en aquellos pocos segundos, porque los ojos
de aquel rostro apergaminado y maldito que le escudrifiaba de cerca, le aturdieron
totalmente. Se qued6 alelado, ni abri6 la boca siquiera, No poseia la disciplinada voluntad
de los otros dos, que les permitia actuar desafiando toda tension emotional. Los vio
moverse como si se encontrara detras de un cristal, como si la escena fuese una pura
fantasia evanescente. Sin embargo, en medio del torrente de frases sin sentido de Hank,
recuerda haber oido el tono autoritario de su tio -duro y forzado-- que decia algo sobre
alimento, calor, mantas, whisky, y demas... Y durante la escena que sigui6, no dej6 de
percibir las vaharadas de aquel olor penetrante, ins6olito, maligno pero embriagador a la vez.
Sin embargo, fue el -con menos experiencia y habilidad que los otros dos- quien
profiri6 la frase que vino a aliviar la horrible situation, expresando asi la duda y el
pensamiento que encogia el coraz6n de los tres.
-,Eres... eres TU, Defago? -pregunt6, quebrando un horror de silencio con su voz.
E inmediatamente, Cathcart irrumpi6 con una sonora respuesta, antes que el otro
hubiera tenido tiempo de mover los labios:









-jClaro que si! jClaro que si! Lo que ocurre... ,no lo ves?... es que esta exhaust de
hambre y de cansancio. ,No es eso suficiente para cambiar a un hombre hasta el punto de
hacerlo irreconocible?
Lo decia mas para convencerse a si mismo que a los demas. El enfasis de su tono lo
dejaba bien claro. Y mientras hablaba y se movia, se llevaba continuamente el pafiuelo a la
nariz. Aquel olor habia penetrado en todo el campamento.
Porque el que se arrebujo6 en las mantas junto al fuego, bebiendo whisky
caliente y comiendo con las manos, apenas si se parecia mas al guia que ellos habian
conocido que un hombre de sesenta afios a un retrato de su propia juventud. No es possible
describir honradamente aquella caricature fantasmal, aquella parodia de la imagen de
Defago. Conservaba algun vestigio espantoso y remoto de su aspect anterior. Simpson
afirma que el rostro era mas animal que human, que los rasgos se le habian contraido en
proporciones dislocadas. La piel, flaccida y colgante, como si hubiera sido sometido a
presiones y tensions fisicas, le recordaba vagamente una de esas vejigas con una cara
pintada que cambia de expresi6n a media que la van inflando y que, al desinflarse, emiten
un sonido quejumbroso y debil como un sollozo. Tanto la voz como la cara de Defago
tenian una abominable semejanza con esas vejigas. Pero Cathcart, much despues, al tratar
de describir lo indescriptible, afirma que aquel podia ser el aspect de un rostro y de un
cuerpo que, habiendose hallado en una capa de aire rarificada, estuviera a punto de
disgregarse hasta... hasta perder toda consistencia.
Hank, aunque totalmente confundido y agitado por una emoci6n sin limits que no
podia reprimir ni comprender, fue quien, sin mas dilaciones, puso fin a la cuesti6n. Se
apart unos pasos de la hoguera, de forma que el resplandor no le deslumbrara demasiado
y, haciendose sombra con las dos manos en los ojos, exclam6 con voz potente, mezcla de
furia y excitaci6n:
-iTfi no eres Defago! jNi hablar! jA mi me importa un condenado pimiento lo que
tu... pero aqui no vengas diciendo que eres mi compare de hace veinte afios! -los ojos le
fulguraban como si quisiera destruir aquella figure acurrucada con su mirada furibunda-. Y
si es verdad, que me caiga un rayo de punta y me made al inferno de cabeza. jDios nos
asista! -afiadi6, sacudido por un violent escalofrio de repugnancia y horror.









Fue impossible hacerlo callar. Alli estuvo gritando como un poseso, y tan terrible era
verle como oir lo que decia... porque era verdad. No hizo mas que repetir lo mismo
cincuenta veces, y cada vez, en una lengua mas enrevesada que la anterior. El bosque se
llenaba de sus ecos. Lleg6 un moment en que parecia como si quisiera arrojarse sobre �el
intruso>, pues su mano subia constantemente hacia su cintur6n, en busca de su largo
cuchillo de monte.
Pero al final no hizo nada y la tempestad estuvo a punto de terminar en lagrimas.
Subitamente, la voz de Hank se quebr6. Se dej6 caer en el suelo y Cathcart se las arreglo6
para convencerle de que se marchara a la tienda y se echase a descansar. El resto de la
escena, claro esta, lo presenci6 desde dentro. Su palida cara de terror atisbaba por la
abertura de la tienda.
Luego el doctor Cathcart, seguido de cerca por su sobrino, que tan bien habia
conservado su presencia de animo, adopt un aire de determinaci6n y se puso en pie, frente
a la figure arrebujada junto al fuego. La mir6 de frente y habl6, Al principio, le sali6 una
voz firme:
-Defago, diganos que ha sucedido... no hace falta que entire en detalles, s6lo
deseamos saber c6mo podemos ayudarle -pregunt6 con acento autoritario, casi como una
orden.
Pero inmediatamente despues vari6 de tono, porque el rostro de aquella figure se
volvi6 hacia el con una expresi6n tan lastimera, tan terrible y tan poco humana, que el
medico retrocedi6 como si tuviera delante un ser espiritualmente impuro. Simpson, que
miraba desde atras, dice que le daba la impresi6n de que el rostro de Defago era una
mascara a punto de caerse y de que debajo se iba a revelar, en toda su desnudez, su
verdadero rostro, negro y diab6olico.
-iVamos, hombre, vamos! -gritaba Cathcart, a quien el terror le atenazaba la
garganta-. No podemos estarnos aqui toda la noche... -era el grito del instinto sobre la
razon.
Y entonces , con una sonrisa inexpresiva, contest; y su voz era debil,
inconsistent y extrafia, como a punto de convertirse en un sonido enteramente distinto:
-He visto al gran Wendigo -susurr6, olfateando el aire en torno suyo, exactamente
igual que una bestia-. He estado con el, tambien...









Alli terminaron el pobre diablo su discurso y el doctor Cathcart su interrogatorio,
porque en ese moment se oy6 un grito desgarrador de Hank, cuyos ojos se veian brillar
desde fuera de la tienda:
- SUS pies! jOh, Dios, sus pies! jMirad C6mo le han cambiado los pies!
Defago, que se habia removido en su sitio, se habia colocado de tal forma que por
primera vez aparecieron sus piernas a la luz y sus pies quedaron al descubierto. Sin
embargo, Simpson no tuvo tiempo de ver lo que Hank sefialaba. En el mismo instant, con
un salto de tigre asustado, Cathcart se arroj6 sobre el y le tap6 las piernas con mantas con
tal rapidez que el joven estudiante apenas si lleg6 a vislumbrar algo oscuro y singularmente
abultado alli donde deberian verse sus pies enfundados en un par de mocasines.
Despues, antes que al doctor le diera tiempo de nada mis, antes de que a Simpson se
le ocurriera ninguna pregunta, y much menos pudiera formularla, Defago se puso en pie,
se irgui6 frente a ellos, bamboleindose con dificultad, y con una expresi6n sombria y
maliciosa en su rostro deforme. Resultaba literalmente monstruoso.
-Ahora, vosotros lo habeis visto tambien -jade6-. jHabeis visto mis ardientes pies de
fuego! Y ahora... bueno, a no ser que poddis salvarme y evitar... poco falta para...
Su voz lastimera fue interrumpida por un ruido, como por el rugir de un vendaval
que viniese cruzando el lago. Los arboles sacudieron sus ramas enmarafiadas. Las llamas
del fuego se agitaron, azotadas por una rifaga violent, y algo pas6 sobre el campamento
con furia ensordecedora. Defago arranc6 de si todas las mantas, dio media vuelta hacia el
bosque y con aquel torpe movimiento con que habia venido... se march. Pero lo hizo a una
velocidad tan pasmosa que, cuando quisieron darse cuenta, la oscuridad ya se lo habia
tragado. Y pocos segundos despues, por encima de los arboles azotados y del rugido del
viento repentino, los tres hombres oyeron, con el coraz6n encogido, un grito que parecia
provenir de una altura inmensa.
-jAh! jQue altura abrasadora! jAh! iMis pies de fuego! jMis candentes pies de
fuego!...
Luego, la voz se apag6 en el espacio incalculable y silencioso.
El doctor Cathcart -que habia dominado de pronto sus nervios, y se habia aduefiado
tambien de la situaci6n- agarr6 a Hank violentamente del brazo en el moment que iba a
lanzarse hacia la espesura.









-iQuiero que conste! -gritaba el guia-, jque conste, digo, que ese no es el! jDe
ninguna manera! jEse es algun... demonio que le ha usurpado el sitio!
De una u otra forma -el doctor Cathcart admite que nunca ha sabido claramente
c6mo lo consigui6--, se las arreglo6 para retenerle en la tienda y apaciguarlo. El doctor, por
lo visto, habia conseguido reaccionar, y era capaz nuevamente de dominar sus propias
energies. En efecto, manej6 a Hank admirablemente. Sin embargo, su sobrino, que hasta
ese moment se habia portado maravillosamente, fue quien vino a causarle mas
preocupaci6n, pues la tension acumulada se le desbord6 en un acceso de llanto histerico
que hizo necesario aislarle en un lecho de ramas y mantas, lo mas lejos possible de Hank.
Alli permaneci6, debatiendose bajo las mantas, gritando cosas incoherentes,
mientras pasaban las horas de aquella noche de pesadilla. Sus palabras formaban una
jerigonza en la que velocidad, altura y fuego se mezclaban extrafiamente con las ensefianzas
recibidas en sus classes de teologia.
-iVeo unas gentes con la cara destrozada y ardiendo, que caminan de manera
alucinante y se acercan al campamento!
Y lloraba durante un minuto. Luego se incorporaba, se ponia de cara al bosque,
escuchaba atento, y susurraba:
-iQue terrible son, en la espesura salvaje... los pies de... de los que...
Y su tio le interrumpia, distraia sus pensamientos, y le reconfortaba.
Por fortune, su histerismo fue transitorio. El suefio le cur6, igual que a Hank.
Hasta que apuntaron las primeras claridades del amanecer, poco despues de las
cinco de la madrugada, el doctor Cathcart estuvo despierto. Su cara tenia el color de la
pared y un extrafio rubor bajo sus ojos. Durante todas aquellas horas de silencio, su
voluntad habia estado luchando con el espantoso terror de su alma, y de esta lucha
provenian las huellas de su rostro...
Al amanecer, encendi6 fuego, prepare el desayuno y despert6 a los otros. A eso de
las siete, se pusieron en camino de regreso al otro campamento. Eran tres hombres
perplejos y afligidos; pero, cada uno a su modo, habian conseguido mitigar la inquietud
interior recobrando mas o menos el sosiego.
IX









Hablaron poco, y unicamente de cosas corrientes y sensatas, porque tenian la cabeza
cargada de pensamientos dolorosos que pedian una explicaci6n, aunque ninguno se decidia
a tocar el tema. Hank, el mas acostumbrado a la vida de la naturaleza, fue el primero en
encontrarse a si mismo, ya que era tambien el de menos complicaciones interiores. En el
caso del doctor Cathcart, las fuerzas de su > luchaban contra la experiencia de
un hecho bastante singular. Hoy por hoy sigue sin estar completamente seguro de
determinadas cosas. Sea como fuere, a el le cost much mas �encontrarse a si mismo>>.
Simpson, el estudiante de teologia, fue el que sac6 conclusions mas ordenadas,
aunque no de la indole mas cientifica. Alla, en el coraz6n de la inextricable espesura,
habian presenciado algo cruda y esencialmente primitive. Habian presenciado algo
aterrador que habia logrado sobrevivir a la evoluci6n de la humanidad, pero que aun se
mostraba como una forma de vida monstruosa e inmadura. Para el, era como si se hubieran
asomado a edades prehist6ricas en que las supersticiones, rudimentarias y toscas, oprimian
aun los corazones de los hombres, en que las fuerzas de la naturaleza eran indomables y no
se habian dispersado los Poderes que atormentaban el universe. A ellos se refiri6 cuando,
afios mas tarde, habl6 en un sermon de �las Potencias formidable y salvajes que acechan
en las almas de los hombres, Potencias que tal vez no sean perversas en si mismas, aunque
si instintivamente hostiles a la humanidad tal como ahora la concebimos>>.
Nunca discuti6 a fondo todo aquello con su tio, porque lo impedia la barrera que se
alzaba entire sus respectivas formas de pensar. Unicamente una vez, al cabo de various afios,
rozaron este tema; o mas exactamente, aludieron a un detalle relacionado con el:
-,Puedes decirme, al menos, como... c6mo eran? -pregunt6 Simpson.
La contestaci6n, aunque llena de tacto, no fue alentadora:
-Es much mejor que no intentes descubrirlo.
-Bueno, iy aquel olor?... -insisti6 el sobrino--. ,Que opinas de el?
El doctor Cathcart le mir6 y alz6 las cejas,
-Los olores -contest6- no son tan faciles de comunicar por telepatia como los
sonidos o las visions. Sobre eso puedo decir tanto como tu, o acaso menos.
Cuando se trataba de explicar algo, el doctor Cathcart solia ser bastante locuaz. Esta
vez, sin embargo, no lo fue.









Al caer el dia, cansados, muertos de frio y de hambre, llegaron los tres al termino de
la penosa expedici6n: el campamento, que, a primera vista, parecia desierto. Fuego, no
habia; ni tampoco sali6 Punk a recibirles. Tenian demasiado agotada la capacidad de
emocionarse, para sorprenderse o disgustarse. Pero el grito espontaneo de Hank, que brot6
de sus labios al acercarse a la hoguera apagada, fue una especie de llamada de advertencia,
un aviso de que aquella extrafia aventura no habia concluido aun. Y tanto Cathcart como su
sobrino confesaron despues que, cuando le vieron arrodillarse, preso de incontenible
excitaci6n, y abrazar algo que yacia ante las cenizas apagadas, tuvieron el presentimiento
de que ese <> era Defago, el verdadero Defago, que habia regresado.
Y asi era, en efecto.
Agotado hasta el ultimo extremo, el franco-canadiense -es decir, lo que quedaba de
el-, hurgaba entire las cenizas tratando de encender un fuego. Su cuerpo estaba alli,
agachado, y sus dedos floj os apenas eran capaces de prender unas ramitas con ayuda de una
cerilla. Ya no habia una inteligencia que dirigiera esta sencilla operaci6n. La mente habia
huido al mas alli y, con ella, tambien la memorial. No s6lo el recuerdo de los
acontecimientos recientes, sino todo vestigio de su vida anterior.
Esta vez era un hombre de verdad, aunque horriblemente contrahecho. En su rostro
no habia expresi6n de ninguna clase: ni temor, ni reconocimiento, ni nada. No dio muestras
de conocer a quien le habia abrazado, a quien le alimentaba y le hablaba con palabras de
alivio y de consuelo. Perdido y quebrantado mas alli de donde la ayuda humana puede
alcanzar, el hombre hacia mansamente lo que se le mandaba. Ese <> que antes
constituyera su �yo individual>> habia desaparecido para siempre.
En cierto modo, lo mas terrible que habian visto en su vida era aquella sonrisa
idiota, aquel meters pufiados de musgo en la boca, mientras decia que s6lo musgo>>, y los v6mitos continues que le producian los mas sencillos alimentos. Pero acaso
peor aun fuera la voz infantil y quejumbrosa con que les cont6 que le dolian los pies
�ardientes como el fuego>, lo que era natural. Al examinarselos el doctor Cathcart, vio que
los tenia espantosamente helados. Y debajo de los ojos tenian debiles muestras de haber
sangrado recientemente.
Los detalles referentes a c6mo habia sobrevivido a aquel suplicio prolongado, d6nde
habia estado o c6mo habia recorrido la considerable distancia que separaba los dos









campamentos, teniendo en cuenta que hubo de dar a pie el enorme rodeo del lago, puesto
que no disponia de canoa, continuan siendo un misterio. Habia perdido completamente la
memorial. Y antes de finalizar el invierno, en cuyos comienzos habia ocurrido esta tragedia,
Defago, perdidos el juicio, la memorial y el alma, desapareci6 tambien. S6lo vivi6 unas
pocas semanas.
Lo que Punk fue capaz de aportar mas tarde a la historic no arrojo ninguna luz
nueva. Estaba limpiando pescado a la orilla del lago, a eso de las cinco de la tarde -esto es,
una hora antes de que regresara el grupo expedicionario-, cuando vio a la caricature del
guia que se dirigia tambaleante hacia el campamento. Dice que le precedia una debil
vaharada de olor muy singular.
En ese mismo instant, el viejo Punk abandon el campamento. Hizo el largo viaje
de regreso con la rapidez con que s6lo puede hacerlo un piel roj a. El terror de toda su raza
se habia apoderado de el. Sabia lo que significaba todo aquello: Defago �habia visto el
Wendigo>>.


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Blackwood naci6 en Shooter's Hill, Inglaterra. A lo largo de
su vida, desempei6 oficios muy variados en Norteam6rica:
granjero en Canada, encargado de un hotel, minero en Alaska,
reporter en Nueva York. De vuelta a Inglaterra, comenz6 a
escribir relatos de terror, con gran 6xito.









6. CUENTO MADE IN CUBA: Tan solo en esta esquina...


por Evelyn Perez.



Ahi esta el local. Y adentro el aparato. Al final del pasillo. A la derecha. En la
puerta de los cristales oscuros que te impide ver hacia dentro por much que acerques los
ojos. Ni aunque te pongas espejuelos ultra penetrantes y ultra maximizadores. Nada te
servira. Ya lo probe varias veces. He gastado en eso hasta el ultimo centavo que me
quedaba.
Alphamour.
Asi le dicen. Y asi se describe, creo. Y trata de no olvidarlo porque, la verdad, el
nombrecito se las trae. Al principio yo no podia siquiera pronunciarlo. Siquiera recordarlo.
Dicen que los alucin6genos quimicos te frien el cerebro. Y a mi los alucin6genos quimicos
me gustan mas que cualquier otra cosa sobre la faz de la Tierra. Y no estoy exagerando.
Bueno, en realidad deberia decir que me gustaban. Asi, en pasado. Ya no. Ahora mi
adicci6n es definitivamente otra. Muy otra. Aunque ya ni eso.
Y bueno, no te vayas a imaginar que Alphamour es una maquina de esas que estan a
patadas en el mercado. De las que si les echas la cantidad correct de monedas, abre la
bocaza y te da una sombrilla, o un mufieco de peluche que baila una canci6n de moda, o un
refresco frio de color espeluznante, o quien sabe que otra tonteria que es just la que menos
necesitas en ese moment.
No. Alphamour es una miquina diferente. De hecho podria jurar que jams en tu
vida has visto una igual. No hay informaci6n sobre ella en la red. Nadie la menciona por la
calle. En ninguna cadena de television le hacen publicidad. Podria parecer que la he
inventado. Pero te juro que no. Yo la he visto. He estado con ella. Ha hecho cosas para mi.
Hay que pagar por sus servicios, claro esta. Aunque las tarifas son mas bien bajas
teniendo en cuenta que los precious estan cada vez mas por las nubes. A fin de cuentas estas
pagando por tu felicidad. Y la felicidad no tiene precio. Eso es, al menos, lo que dice todo
el mundo. Yo no estoy de acuerdo. Ni en contra. Pienso que el precio depend de las
circunstancias. Y, en mi caso, las circunstancias eran 6ptimas para caer en las redes de
Alphamour. Y si las tuyas son las mias, creo que tambien eres un client potential. Me









parece que tal y como estan las cosas, cualquiera podria serlo. Y no estoy exagerando. Ya
veras que pronto van a salir noticias que divulguen las bondades de usar el tareco. Vivir por
ver.
Y es que result muy facil. Veras que si. Primero pagas por entrar al local. Luego
buscas la puerta que te dije. Al final del pasillo. A la derecha. En la puerta de los cristales
oscuros que te impide ver hacia dentro por much que acerques los ojos. Entonces pasas la
tarjeta de usuario que te dieron cuando entraste y escuchas un clic magnetico y ya puedes
abrir. Es toda tuya. Alphamour siempre esta despierta cuando te acercas. Siempre alerta.
Siempre dispuesta a recibirte como una novia fiel y abnegada.
Ahi esta su consola de luz tenue. Y sus letras de tipografia calida. Y sus ronroneos
carifiosos cuando la tocas con tus manos. Despacio, casi se diria que con ternura, te va
pidiendo los datos que le permiten reconocerte: edad, nombre, color de pelo, de ojos, de
piel, grado de escolaridad, estado civil, cantidad y peculiaridades de tus marcas visible,
cuando fue la ultima vez que tuviste sexo... me parece que las preguntas son infinitas. Yo,
al menos, nunca he logrado responderlas todas. El caso es que cuando ya no deseas seguir
con la conversaci6n, aprietas la tecla que dice ACEPTAR y acaricias su costado como se
acaricia la grupa de un animal. Entonces Alphamour te regala un mensaje. Tibio.
Reconfortante. Exclusivo. El que siempre quisiste escuchar y nadie te dijo. El que
anhelabas sin saberlo desde hace tanto tiempo. El que nunca te atreviste a imaginar que
merecias. Asi. Como si nada. Con la mayor naturalidad del mundo. Sin homenajes ni
efectismos. Y te repito, no estoy exagerando.
No se que te parecera a ti, pero a mi me luce genial.
Y eso no es lo unico. Ademas, Alphamour te regala una imagen tridimensional de la
persona que te envia el mensaje. Un rostro sonriente de hombre o de mujer, segun el caso.
Un cuerpo hermoso y perfect al que puedes hacer girar en cualquier direcci6n hasta
cansarte. Y sus movimientos te estan dedicados. Y hasta su desnudez...
Claro que tfi, como yo, puede que no te conformes s6lo con eso.
Cuando compartes con Alphamour tres o cuatro veces, terminas queriendo mis.
Siempre.
Y sus fabricantes no estan dispuestos a defraudarte.
En lo absolute.









Por un ridiculo plus monetario, puedes colocarte unos sensors de temperature,
estructura y movimiento. Lo mismo que en los antiguos aparatos de electrocardiogramas
que aun pueden verse en los museos de medicine. Luego de ajustar a conciencia las
ventosas de silicon en los lugares indicados, Alphamour hara possible el milagro del
contact fisico virtual. Aunque quiza este no es el termino adecuado. No se a ti, pero a mi
la palabra virtual me suena a frio, a videojuego, a simulacro. Esto es mas que eso. Y
cuando digo mds que eso quiero decir much mds. Te estoy hablando de olores, sabores,
humedades, calor, suavidad... de sentirte amado de veras y amar a tu vez por unos
instantes. Quien pide mis. Yo, al menos, no pido mis.
Mensajes de amor para ti... el cuerpo mas maravilloso al que puedas aspirar... nada
de inc6modas salidas al cine, nada de hacer el ridiculo comprando flores frente a una
vendedora que te sonrie con mirada de entendida, nada de asquerosos intercambios
hormonales, nada de compafiias a las que luego quieres evaporar de tu cama. En fin, nada
de complicaciones. Si eres como yo, Alphamour es cuanto necesitas.
Y luego... la maravilla de la variedad. Con s6lo alterar un poco las variables, tu
acompafiante puede ser hombre, mujer, joven, viejo, alto, bajito, delgado, rollizo, rubio,
triguefio... cualquier combination es possible. Y cualquiera sera satisfactoria para el
moment.
La satisfacci6n esta garantizada.
Puedo asegurartelo.
Al menos asi solia ser. No se ahora. La verdad no se. Quiza he abusado de sus
bondades. No la culpo.
El caso es que de un tiempo a esta parte han comenzado a suceder algunas cosas
raras.
Primero fueron las coincidencias. Los mensajes que se repetian con distintas
palabras. Mas escuetos. Mais extensos. Mas enrevesados. Pero siempre el mismo.
Despues fue la misma mujer repitiendose cada vez. Independientemente del caso.
Con distintos ojos, boca o corte de pelo pero la misma al fin y al cabo. Incluso, un dia en
que estaba desvariando por los quimicos, la vi aparecer disfrazada de chico. Con un
peinado del ejercito y un ridiculo taparrabos marroqui.
Nunca consigui6 confundirme. Siquiera cuando sus mensajes se tornaron soeces y









carentes de sentido. Siquiera cuando lo sofisticado de sus maquillajes corporales lleg6 hasta
el paroxismo. Siquiera cuando para intuir la textura de su piel por medio de los sensors,
tuve que raspar varias capas de pintura especial para body paintings.
Era ella.
Siempre ella.
Sin duda alguna.
Intent averiguar un poco mis sobre el aparato. Ahi fue donde descubri que se
llamaba Alphamour y que todo el mundo, al pronunciarlo, se estremecia un poco y se le
dulcificaba la voz y se le humedecian los ojos. Hable con various clients habituales y me
entered de cierta base de datos encriptada en red donde miles de personas se anotaban cada
dia y agregaban a una infinita lista, sus nombres, gustos, imigenes tridimensionales,
preferencias sexuales, edades y otra incredible variedad de referencias privadas y publicas.
Tambien estaban los mensajes.
Por supuesto.
Mensajes enviados por los usuarios de la lista. De cualquier sitio hasta ninguna
parte. Hasta un espacio virtual inaprensible. Figurado. Mensajes intimos. Secretos.
Olvidados. Como aquellos que los niufragos encerraban dentro de una botella y luego
lanzaban al mar con la esperanza de ser escuchados algun dia.
Pense en conectarme yo mismo con el sitio y poner mi propio mensaje. Quien sabe
si por azar algun dia terminaba regresando nuevamente hasta mi. Decepcionindome para
siempre y arrancindome de cuajo esa especie de obsesion que empezaba a sentir y hacia
que mis manos temblaran en la oficina. 0 mientras hacia en casa el aseo de la semana. 0
cuando posponia una cita important con algun viejo amigo, para salir corriendo al
encuentro de Alphamour.
Un dia, en la calle, la vi. Me bast6 mirarla s6lo un par de segundos y supe que era
ella. Pese a que vestida lucia mis alta, algo mis delgada, mas nerviosa. Fumaba uno de esos
cigarrillos inacabables que dicen las publicidades te hacen ver mas sexy e irresistible.
Y no se que hubieras hecho tu.
Y no se si fue por el cigarrillo.
No me pude resistir y camine tras ella cerca de un kil6metro mientras la veia
detenerse en las vidrieras de ropa exclusive. Pagar un boleto de teatro para una funci6n de









marionetas electrical. Beberse un trago, desconocido para mi, acodada en un mostrador del
barrio tailandes. No queria hablarle. Te lo juro. Pero, cuando en la esquina del Banco
Medular la serial de transito nos oblige a quedarnos en la acera, no pude evitar la tentaci6n
y dije hola.
Apenas me mir6.
O si.
Aunque no fue una mirada propiamente dicha. Sus ojos pasaron a traves de mi sin
percatarse en realidad de mi presencia. Invisible. Asi me senti. Y tambien estfipido. Inutil.
Y sobre todo solo. Tan solo como jams me habia sentido en la vida.
Supe entonces que habia de seguirla. A partir de ese instant minimo ya no me
bastaria su presencia en la consola. Ni todos los sensors del mundo me resultarian
suficientes para reemplazar la ausencia de su piel. La tesitura de su voz. La suavidad de sus
manos. El sonido hueco de su est6mago vacio.
Si Dios existe, sabe que intent olvidarla. Me atiborre de quimicos. Bebi hasta
perder la noci6n del tiempo y de las cosas. Fui noche tras noche hasta el local. Hasta
Alphamour. Y cambie los patrons. Entre datos disparatados. Err6neos. Fortuitos. Sin
embargo el mensaje para mi no cambiaba. Ni cambiaba la expression azorada de sus ojos. Ni
sus unas pequenas y siempre sin pintar.
Llegue a pensar que la maquina se habia descompuesto. Por eso me dedique a espiar
a los demas clients. Los asaltaba a la salida y les hacia preguntas interminables sobre las
palabras que Alphamour susurraba para ellos. Nadie parecia notar diferencia alguna.
Coincidian en el perfect funcionamiento de los mecanismos. Salian con sus caras
satisfechas. Justo como yo antes de que las coincidencias comenzaran a sucederse.
Al parecer la cosa era s6lo conmigo. De algun modo la maquina, o ella, o las dos,
habia logrado identificarme y colocarme un rostro. Un modo de reaccionar. A saber que
peculiaridad mia provocaba la precision de respuestas.
Deje de trabajar.
Hacia largas estancias frente a su casa para verla entrar o salir. Jurandome a mi
mismo dirigirle la palabra. Presentarme. Pedirle que me dejara acompafiarla a cualquier
sitio. Tu tienes que haberlo sentido tambien. Aunque seas un valiente de los que salen en
las peliculas de los multicines. Tienes que haberlo sentido porque cualquiera flaquea y se









arrepiente, en el ultimo moment, de hacer cualquier cosa que ha decidido con semanas de
antelaci6n.
Y yo ni siquiera soy valiente. Ni tu tampoco. Lo se.
Asi que bajaba la vista cuando la veia venir y luego me quedaba quieto en el mismo
sitio, como una estatua, hasta que ella regresaba de nuevo con las bolsas de la compra o con
las manos vacias y los zapatos manchados de hollin.
Hasta un dia.
Ya el efecto de los quimicos se me estaba pasando. Me sentia por complete lucido,
aunque desamparado y confuso como un perrito de alcantarilla. Antes habia estado
euf6rico. Recuerdo la lluvia y yo mojandome y yo riendome y yo saltando en los charcos
hasta quedar sin aliento sentado en el bordillo de la acera. Tambien puedo recorder que ella
lleg6 y me escurri tras de si por la puerta entreabierta del edificio. A duras penas logre
alcanzarla. Luego la arrincone contra la pared del vestibulo. Luego incruste mi cuerpo
contra el suyo para que ni el aire me separara de su piel. Luego dejaron de importarme sus
miradas de siplica. Sus pataleteos histericos. El modo en que su cuerpo se escurri6 por la
pared cual si hubiera sido una mufieca de trapo.
Yo no pensaba en nada.
S6lo queria besarla. Y besarla. Y besarla.
Me daban igual los posibles virus de disefio que estuviera incubando en su interior.
Las inc6modas salidas al cine. Lo ridiculo de las flores que deberia comprarle frente a una
vendedora que te sonrie con mirada de entendida. Yo s6lo queria tenerla en mi cama sin
que se evaporara nunca. En mi cama susurrando el mismo mensaje con distintas palabras.
Distinto tono. Distinto aliento.
Aliento.
No me juzgues mal por esto que te voy a decir. La verdad es que no pude escuchar
su aliento.
Siquiera el ultimo.
Lo exhalo6 entire mis brazos. Dentro de mi abrazo. Con mi boca en la suya.
Y la verdad es que no me siento feliz con eso. Y no estoy exagerando. Tienes que
creerme.


No tengo much mas que decir.










Queria advertirte que se llama Alphamour. Sus mensajes son siempre para ti.

Todos.

Y yo me siento solo. Tan solo en esta esquina mientras la gente sale y entra del

Banco Medular...




Guionista de television del program infantil Sopa de

palabras.

Premio Pinos Nuevos en la categoria de Literatura infantil,

2004. Premio Farraluque de Literatura erotica en el ado 2005

con el cuento Hot Line.

Premio La Gaveta convocado por la revista del mismo nombre

en Pinar del Rio, 2007. Obra en concurso "Cristales".

Premio UNEAC de Cuento Luis Felipe Rodriguez, 2007.

Colecci6n de cuentos "Supuestas Vidas".

Premio Calendario de narrative, 2007. Colecci6n de cuentos

"Esas dulces violencias de cada dia".

Ha publicado el libro para nihos "Historias de mi barrio".

Editorial Gente Nueva. 2005.


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7.CUENTO MADE IN CUBA II: Ed Dedos


Por Leonardo Gala.


Este cuento result primer lugar en el concurso Salom6n otorgado durante el encuentro
sobre Fantasia y Ciencia Ficci6n, Behique 2008 el pasado 31 de mayo del 2008.


Ed Dedos no quiere morir...
Envia, desde el cintur6n de asteroides, vibrantes mensajes de su historic compactada.
Recuentos del milagro que ha sido su existencia, diarias selecciones de su anciana
experiencia extraplanetaria. Eso hace Ed Dedos. Escribe. No usa transcriptor de voz, de ahi
su sobrenombre. Redacta con sus propias manos sus textos, c6digos ASCII expandidos a
digisolar estandar, oraciones propias de decision y sapiencia. Reports de su presencia, de
su mensaje todavia entire los vivos.
Escribe al vacio para trascender su voz...
No quiere morir, no. Su nave, la nave que capitaneaba, colision6 con un siderolito
improbable. Su nave, firme en sus manos rumbo a un future distinto al de Vieja Tierra, se
accident cruzando el cintur6n de asteroides. Se agujere6 su casco por el impact; y le
incumpli6 al resto de sus tripulantes las promesas que un dia hiciera Ed: hacerse de un
vehiculo interplanetario de ensuefio, terraformarlo en paraiso nuevo, ver crecer a sus
nonatos como dioses del futuro...
Ed prometi6, prometi6 poder torcer el tiempo, y empezar de cero.
Un dia ocurri6 el accident, ese imprevisto accident; y su nave se despresuriz6 de
gente, de suehos, de ideas. De destino.
Ed Dedos, sin embargo, sobrevivio.
Nadie sabe c6mo, pero sobrevivio. Y se las arreglo para racionarse el oxigeno, y
arreglar alguna plant purificadora de C02. Puente6 los circuitos del Sill6n de Mando.
Sell6 con firme laser las aberturas en los flancos de su pecio. Evit6 nuevas colisiones.
Aprovech6 lo que pudo de los m6dulos de carga, dispersos por el espacio. Reiniciando,
negoci6 con el sistema operative de a bordo, le exili6 uno a uno los programs que no le









fueron confiables. Lo someti6. Perdi6 el control sobre la totalidad de los restos de su nave,
pero se hizo con el control. Con los restos de una nave sin control.
Con s6lo dos celdas de energia de reserve, pidi6 auxilio. En texto, claro. Sin cifrado de
emergencia. Auxilio. Expuso su situaci6n desesperada en barrocas frases precisas, radi6 sus
mensajes sin saber si alguna vez llegarian a alguna parte. Esper6 respuesta, confiando en lo
mej or del ser human, cualquier ser human.
Y la respuesta le lleg6.
Pero no trajo tranquilidad para Ed Dedos.
Al principio, fue la sospecha. Ciertos zumbidos actualizados (correctos, sonreia a
distancia-tiempo el fabricante) en esos robots de la sala de maquinas, mientras hacian sus
tareas. Luego, la certeza. Habia otras voluntades ademas de la suya, descargando
programs en sus aut6matas. Regresandole a la computadora de a bordo algoritmos que el
habria proscrito sin dudar. Otras ideas analizaban el descalabro en que vivia. Tomaban
decisions. Buscaban, sin consultarle, soluci6n a los problems de su nave. Al ayudarle,
anulaban sus primeras decisions.
Al ayudarle, le ignoraban al timon...
Su nave, comprendi6. El precio a pagar por esas ayudas planetarias que le alcanzaban
incluso aqui, en el cintur6n de asteroides. Su nave, varada en la desgracia, propiciaba todo
esto. Humanas tele-incursiones en sus dominios, intrusiones perifericas a su centro, nexos
espontaneos en busca de un retorno. Por y para su nave eran esos soplos de aire fresco,
llegando asincronos desde tantos sitios: Vieja Luna... Viejo Marte... Vieja Venus... Vieja
Tierra... Todo por ella; no por el.
Asi que apag6 nuevamente de golpe todos los sistemas.
Su nave era de el para decidir, dijo a quien quiso oirle al restablecer nuevamente las
comunicaciones. Su nave y el eran ya la misma cosa; aclar6. Su paraiso de ensuefio se
Seud6nimo: Whrl wnd.
avistaba a la deriva, dia a dia lo habitaba, a quien no lo viviera todavia se lo describiria en
sus mensajes. Por estar al mando de su suefio empezaria de nuevo, cuantas veces hiciera
falta. De capitan, nunca contempl6 en sus planes el regreso a Vieja Tierra. Mejor se hacian
a la idea.
De naufrago no iba a cambiar, no...









Nadie le pregunta nunca si hubo otros sobrevivientes del desastre. Para que, si quisiera
hablar de eso ya lo habria hecho en sus mensajes. Fue hace tanto, el accident. Hoy vive,

describe todo el tiempo entire robots, que a veces ya ni zumban. Su nave, aquellos
ilusionados primeros tripulantes de seguro ya murieron.
Ed Dedos no.
Ed Dedos no quiere morir... No quiere morir...

No...



Ciudad de La Habana 1972, graduado de Ingenieria Informatica
en 1996. Sus cuentos giran, principalmente, sobre la
tematica ciberpunk. Pertenece al Grupo de Creaci6n Espiral.


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