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HIDE
 Cover
 Table of Contents
 La frase de hoy: J. K. Rowling
 Artículo: Historia del cuento clásico...
 Cuento clásico: Los inmortales,...
 Cuento made in Cuba: del canto...
 Entrevista: Liliana Bodoc
 Humor: Santa cena en la Estrella...
 ¿Cómo contactarnos?


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Disparo en Red
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 Material Information
Title: Disparo en Red
Physical Description: Serial
Language: Spanish
Publisher: Disparo en Red
Place of Publication: Havana, Cuba
Creation Date: July 2008
 Subjects
Genre: serial   ( sobekcm )
 Record Information
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
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    La frase de hoy: J. K. Rowling
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    Artículo: Historia del cuento clásico de terror, Joan Escudé González
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    Cuento clásico: Los inmortales, Amis Martin
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    Cuento made in Cuba: del canto y la gloria, Michel Encinosa
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    Entrevista: Liliana Bodoc
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    Humor: Santa cena en la Estrella de la Muerte
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    ¿Cómo contactarnos?
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HOY: 1 de JULIO del 2008


ISPHRREnREI


7












DISPARO EN RED: Boletn electrnico de ciencia-

ficcin y fantasa.

De frecuencia mensual y totalmente gratis.

disparoenred@centro-onelio.cult.cu


Para descargar disparos anteriores:



http://www.esquinal3.co.nr
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El sitio web del Fantstico Cubano


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Editores:


O. CONTENIDOS:


Darthmota.


/ Jartower.


Colaboradores:
Taller de Creacin ESPIRAL de
ciencia ficcin y fantasa.
espiral(@centro-onelio. cult. cu,
espiralgrupo(@vahoo.es


Anabel Enrquez Istvn Bent
Juan Pablo Noroa Coghan
Leonardo Gala Ral Aguiar


1. La frase de hoy: J.K. Rowling.

2. Artculo: Historia del cuento
clsico de terror, Joan Escud
Gonzlez.

3. Cuento Clsico: Los
inmortales, Amis Martin.

4. Cuento made in Cuba: del
canto y la gloria, Michel
Encinosa.

5. Entrevista: Liliana Bodoc.


6. Humor: Santa cena en la
Portada: Eric Silva. Estrella de la Muerte.


7. Cmo contactarnos?


DISPARO EN RED


3AOS DISIDARANDO
CIENCIA FICIX`110N
L:--- C -- i r d (:-. t_ 1 1 t_ ,- -1















1. LA FRASE DE HOY:




Por supuesto que est ocurriendo en tu cabeza, Harry

pero por qu demonios tendra que significar eso que no es real?

J.K. Rowling.

Harry Potter y las reliquias de la muerte.


AL INDICE















ARTICULO: Historia del cuento clsico de terror.


Por Joan Escud Gonzlez


Este studio expone el recorrido por la historic del relato breve de terror hasta su poca de
mximo esplendor, es decir, el final del siglo XIX y principios del siglo XX. Generalmente
se ha organizado segn los gneros o influencias predominantes. Pero, en alguna ocasin, la
historic se detiene en un autor especialmente significativo debido a su importancia.


Los orgenes del gnero


Tal y como bien ilustra la conocida frase de H. P. Lovecraft, La emocin ms antigua y
ms intense de la humanidad es el miedo, y el ms antiguo y ms intenso de los miedos es
el miedo a lo desconocido, y como es lgico esperar de un gnero tan estrechamente
relacionado con las emociones primitivas, el cuento de horror es tan viejo como el
pensamiento y el lenguaje humans. Efectivamente, el terror aparece como un ingredient
del folklore ms antiguo de todas las razas, y cristaliza en las narraciones orales y en las
canciones, crnicas y textos sagrados ms arcaicos. En efecto, constituy una caracterstica
destacada de la magia ceremonial prehistrica y se desarroll ampliamente en todas las
cultural antiguas, desde la egipcia hasta la celta, cuyas antiguas leyendas eran un medio para
intentar encontrar una explicacin ante las leyes fsicas de un mundo que les resultaba
hostile y espantoso. Eran el espejo de las pesadillas, histories surgidas del inconsciente, de
los impulsos de destruccin y deseo que se encuentran ocultos en nuestra ms profunda y
escondida consciencia interior. El germen del terror se encuentra no ms all de la misma
naturaleza humana, ese es el motivo de las intensas emociones que lo produce y que l
mismo hace nacer.


Pero a pesar de estos antecedentes, ms o menos remotos, el relato de terror tuvo sus
verdaderas referencias en la literature fantstica que irrumpi con fuerza en el panorama del
romanticismo de finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX, tiempo en que los autores













clsicos del gnero rescataron el cuento de terror de la leyenda y el cuento popular. En
estos relatos modernos, los events sobrenaturales, a diferencia de las leyendas
tradicionales, no ocurren en lugares exticos o ignotos, sino que suceden aqu y ahora, en el
entorno cotidiano. An as, no deja de llamar la atencin el hecho, aparentemente
contradictorio, de que justamente en uno de los perodos histricos ms racionalistas, en
que la ciencia comienza a dar explicacin a algunos de los misterios de la humanidad y el
hombre deja de career en mitos y supersticiones que desde siempre alimentaron su alma de
terror, el fantasma comience a poblar una parte no despreciable de la literature. No es,
naturalmente, una obsesin nueva en el hombre, ni tampoco aparece por vez primera en la
historic de la literature, sin embargo, en pocas ocasiones ha despertado tanto inters como
en el siglo XIX, y nunca se haba erigido, como entonces, en personaje fundamental de un
tipo de literature que, con los aos, ira creando sus propias pautas hasta adquirir la
categora de gnero literario.


Pero ya desde su nacimiento, la literature fantstica no present las mismas caractersticas
en los diferentes pases en que se cultiv. Rafael Llopis, en su Historia natural de los
cuentos de miedo1, distingue entire la tradicin anglosajona y la germnica, denominadas
respectivamente de raz negra y blanca, segn la tendencia se encamine hacia el gusto por
lo macabro y truculento o hacia lo maravilloso y potico.


El desarrollo del gnero en el continent


En este apartado se explica el recorrido histrico de la literature en el continent europeo,
es decir, se describe la llamada tradicin blanca. Esta corriente se instaur mayormente en
Alemania, ms respetuosa con los muertos, y que sigui su tradicin de cuentos poticos y
legendarios de ambiente brumoso y melanclico, basndose en su folklore y su cultural oral,
que permanecan vivos en la mente del pueblo y que los escritores romnticos recuperaron
en la literature. Tambin se hace especial hincapi en el autor ms significativo del perodo
y la corriente, el alemn Hoffmann.


'Historia natural de los cuentos de miedo, Editor Jcar, Madrid, 1974, pgina 45.















La tradicin blanca


Los relatos fantsticos alemanes suelen evocar ambientes maravillosos mezclados con
elements de la vida diaria. Ludwin Tieck (1773-1853) y Adelbert von Chamisso (1781-
1838) fueron dos de los representantes ms caractersticos de esta tendencia. La maravillosa
historic de Peter Schlemihl, novela escrita por Chamisso el 1814, es considerada por
algunos como la mejor novela fantstica jams escrita. En ella conviven elements de
cuentos y leyendas tradicionales junto con otros de la realidad cotidiana, pero el libro se
recuerda sobre todo por la sugerente historic del hombre que perdi su sombra.


Ernst Theodor Amadeus Hoffmann


La figure ms important de cuento fantstico alemn, la que marcara una fuerte
impronta y trascendera las fronteras de su pas, dejando muchos seguidores en la literature
europea de la primera mitad del siglo XIX, fue E. T. A. Hoffmann (1776-1822), cuya obra
ms propiamente fantstica es Las minas de Faln, relato ambientado en la revolucin
industrial que consigue provocar el efecto fantstico y ejemplifica lo que ser el relato
fantstico modern, en el que encontramos indicios de la tecnologa modern, no como
explicacin del fenmeno irracional, sino como parte de un decorado racional.


Italo Calvino, en su antologa2 (2) observ y analiz el particular modo de ver la
realidad de Hoffmann, que l denomin lo fantstico visionario, una de las tendencies
dominantes de este gnero en el siglo XIX. En los primeros decenios de ese siglo,
particularmente, abunda este tipo de relato donde un element visual extrao es motivo
desencadenante del conflict. En todos los casos, nos hallamos ante algo cuya apariencia
ambigua esconde un poder maligno capaz de trastornar totalmente la mente del
protagonista, llegando, en algunos casos, a producirle la muerte. Otra de las grandes
aportaciones de Hoffmann a la literature fantstica es la del recurso del double, que consiste


2 Cuentos fantsticos del siglo XIX, Editor Siruela, Madrid, 1987.













en la presencia de un personaje que, poco a poco, va apropindose de la identidad de otro
personaje o bien en el desdoblamiento fsico de un ser human.


El desarrollo del gnero en las islas britnicas


Gran Bretaa, con su novela gtica, fue la pionera de la novela negra de terror. A lo largo
del siglo XVII, y hasta bien entrado el XVIII, aparece un nmero cada vez mayor de
fugaces leyendas y baladas de carcter tenebroso que, no obstante, se conservan bajo el
aspect de literature aceptada y corts. Se multiplican las coplas de tema horroroso y
espectral, y se observa un gran inters del pueblo por sencillas obras de autores como
Daniel Defoe. Pero las classes superiores de la sociedad fueron perdiendo la fe en lo
sobrenatural, lo que dio paso a una etapa de racionalismo clsico. Luego, empezando con
las traducciones de relatos orientales, y adquiriendo forma definitive hacia mediados de
siglo, acontece el despertar del sentimiento romntico, la era de un goce nuevo de la
naturaleza, as como del esplendor de los tiempos pasados, de los escenarios extraos, las
acciones valerosas y de las maravillas increbles. Finalmente, tras la tmida aparicin de
unas cuantas escenas espectrales en novelas de la poca, el instinto de liberacin dio origen
a una nueva escuela narrative: la escuela gtica de la narracin fantstica y de horror, y
su evolucin en relato corto, la denominada generalmente ghost story, es decir, historic de
fantasmas.


La novela gtica


La tendencia ms destacada del relato fantstico surgida en la Gran Bretaa debe su
nombre a la presencia casi obligada del castillo medieval, verdadero protagonista de este
tipo de literature, y a su compleja arquitectura repleta de pasadizos secrets, puertas falsas y
un sinfn de habitaciones. Esta estructura laberntica se presta a crear ambientes
inquietantes de sombras, ruidos extraos y cadveres a discrecin. De hecho, el castillo se
perfila en todas estas narraciones como ncleo del suspense y del espanto demonaco. El
esquema general incluye, adems, a un noble malvado y tirano que desempeaba el papel
de villano; a la inocente y virtuosa doncella, largamente perseguida, que sufre los mayores













terrores y sirve de punto de vista y centro de las simpatas del lector; al hroe valeroso e
inmaculado, de alta cuna pero vestido a menudo con humilde disfraz; y tambin el
convencionalismo de rimbombantes nombres extranjeros para los personajes, y una series
interminable de elements escenogrficos, tales como luces extraas, trampas hmedas,
lmparas apagadas, manuscritos ocultos y mohosos, goznes chirriantes, tapices que se
estremecen y dems. Todo este aparato aparece una y otra vez con divertida invariabilidad,
a veces con tremendo efecto, a lo largo de la historic de la novela gtica; y no ha
desaparecido hoy, ni much menos, aunque una tcnica ms sutil le confiere una forma
menos ingenua y evidence.


La primera novela gtica donde aparecen todos los elements que constituyen la esencia
del gnero es El castillo de Otranto (1764), de Horace Walpole (1717-1798). La historic
tiene un estilo animado y prosaico cuya vivacidad impide la creacin de una atmsfera
autnticamente espectral en ningn moment. Nos habla de Manfredo, prncipe usurpador y
sin escrpulos, decidido a fundar una dinasta, el cual, tras la muerte sbita y misteriosa de
su nico hijo, intent casarse con la dama destinada al malogrado hijo, Isabel, que huye
ante los designios de Manfredo, y encuentra en las criptas subterrneas del castillo a un
noble y joven protector, Teodoro, con aspect de campesino, aunque tiene un sorprendente
parecido con el antiguo seor que gobernaba el dominio antes de la poca de Manfredo.
Poco despus, el castillo se ve asediado por fenmenos sobrenaturales de diverso carcter:
aqu y all aparecen fragments de una armadura gigantesca, un retrato se sale del cuadro y
camina, un trueno destruye el edificio, y un espectro colosal y armado surge de las ruinas
del castillo. Finalmente se descubre que Teodoro es hijo del anterior seor del castillo y
legtimo heredero de las posesiones.


La historic creada por Walpole, del que vemos un retrato en la ilustracin, se consider
acartonada, y completamente desprovista del horror que caracteriza a la literature
preternatural. Pero era tal la apetencia que la poca senta por estas pinceladas de extraeza,
y por la espectral antigedad reflejada en ellas, que la obra fue acogida con toda seriedad
por los lectores ms sesudos, y puesta en un encumbrado pedestal dentro de la historic
literaria. Lo que hizo por encima de todo lo dems fue crear un tipo de scenario, de













personajes y de incidents enteramente nuevos, los cuales, manejados con habilidad por
manos ms diestras daran lugar a grandes novelas de la escuela gtica.


Una de las autoras ms importantes del gnero fue Anne Radcliffe (1746-1823), cuyas
famosas novelas hicieron del terror y el suspense una moda, e instauraron nuevas pautas en
lo que atae a la atmsfera aterradora y macabra. La autora inglesa escribi alrededor de
seis novelas, de la que destaca Los misterios de Udolpho (1794). Puede considerarse a esta
novela prototipo de la novela gtica del primer perodo. Sin embargo, las obras
consideradas culminantes de este gnero son: El monje y Melmoth el errabundo.


El monje (1795) de Matthew Gregory Lewis (1775-1818), autor educado en Alemania,
saturado de delirantes tradiciones teutonas desconocidas por sus predecesores y del que
podemos ver un retrato, dio al terror formas ms violentas de lo que nadie se habra
atrevido a pensar; y el resultado fue una obra maestra de viva pesadilla cuyo carcter gtico
esta sazonado con cantidades adicionales de elements macabros.


La historic trata de un monje espaol, Ambrosio, a quien hace caer desde su estado de
orgullosa virtud al fondo mismo del mal un demonio que adopta la forma de la joven
Matilde, el cual, cuando finalmente el desdichado espera la muerte a manos de la
Inquisicin, le induce a comprar su huida al Demonio, quien pone como precio su alma,
porque, le dice que tanto el cuerpo como el alma los tiene perdidos. Seguidamente, el
Demonio lo lleva a un paraje solitario, le dice que ha vendido su alma en vano, ya que
estaba a punto de concedrsele el perdn y una posibilidad de salvarse en el moment de su
horrenda transaccin, y consuma la sarcstica traicin reprochndole sus crmenes enormes,
y arrojndole al precipicio, con lo que hunde su alma en la perdicin eterna. La novela
contiene descripciones sobrecogedoras, como los conjuros en la cripta bajo el cementerio
del convento, la quema del convento y el fin ltimo del desdichado abad. Sin embargo, El
monje es una novela que result demasiado larga y difusa, y pierde fuerza a causa de su
ligereza, as como por la exagerada reaccin contra aquellos cnones del decoro que Lewis
despreciaba al principio por considerarlos mojigatos.













Las novelas gticas empezaron a aparecer ahora, tanto en Inglaterra como en Alemania,
en profusin multitudinaria y mediocre, pero la mayora eran simplemente ridculas a la luz
del gusto maduro. La escuela de lo gtico se estaba agotando; sin embargo, antes de su
desaparicin surgi su ltima y ms grande figure en la persona de Charles Robert Maturin
(1782-1824) que concibi finalmente la obra maestra del horror, Melmoth el errabundo
(1820), en la que la novela gtica alcanza unas alturas de pavor spiritual como jams haba
conocido.


Melmoth es la historic de un caballero irlands que, en el siglo XVII, consigue prolongar
la vida por mediacin del Diablo, a cambio de su alma. Si logra persuadir a otro de que le
libere de esta transaccin y asuma su estado, se salvar; pero no consigue llevar a efecto
este intercambio, por muy insistentemente que acosa a aquellos a los que la desesperacin
vuelve imprudentes y frenticos. La estructura del relato es muy torpe y exageradamente
larga, pero en diversos moments de la novela se siente el pulso de una fuerza inexistente
en las obras anteriores de este gnero, una afinidad con la verdad esencial de la naturaleza
humana, una comprensin de las fuentes ms hondas del autntico miedo y una abrasadora
pasin de simpata por parte del escritor. Realmente, el estilo de Maturin, al que vemos en
la ilustracin, merece un elogio especial, pues su forma direct y su vitalidad se elevan por
encima de las pomposas artificiosidades de que pecan sus predecesores.


La novela gtica cumple finalmente con su ciclo, el que comenz como una rebelin ante
la Edad de la Razn y finaliza con la incorporacin de la razn como determinante del
terror.


La ghost story


De la novela gtica, y en plena poca victoriana, derivan los populares relatos de
fantasmas o ghost stories que proporcionaran placenteras y aterradoras veladas a los
lectores hasta el primer cuarto del siglo XX. Brevedad, humorismo y realismo son sus
principles caractersticas. Brevedad, porque era much ms sencillo mantener el suspense
durante unas pocas pginas que pretender prolongarlo en obras extensas; el lector, adems,













quera un poco de emocin condensada. Humorismo, porque era la formula ms idnea
para que el lector ingls aceptara los elements fantsticos e increbles que la historic le
propona; de ese modo, si los personajes mantenan una actitud escptica o irnica ante
acontecimientos extraos, el lector se identificaba con aqullos y, en el desenlace final,
unos y otros no tenan ms remedio que rendirse ante la evidencia. Finalmente, realismo
como reaccin a los ambientes gticos del romanticismo. Ahora los relatos se desarrollan
en un scenario cotidiano donde personajes normales y corrientes viven sus das de forma
rutinaria, recurso utilizado para desarmar al lector cuando el terror aceche, ya que, por el
trasfondo realista, puede identificarse plenamente con la historic y sus protagonistas.
La historic de Willie el vagabundo (1824) y La cmara de los tapices (1829), del
novelist escocs Sir Walter Scott (1771-1832), en la ilustracin, son las primeras obras
maestras de este gnero. Pero, diez aos ms tarde aparecen los relatos de Joseph Sheridan
Le Fanu (1814-1873), que crean un terror misterioso superior al logrado por cualquier otro.
Este autor fue el verdadero impulsor del relato de fantasmas y el primero en recurrir, de
modo efectivo, a teoras filosficas para hacer verosmiles sus relatos. El pblico victoriano
no se contentaba con las argumentaciones pseudofilosficas extradas de creencias
populares con que los romnticos fundamentaban sus obras, sino que exiga mayor rigor y
coherencia lgica para racionalizar lo sobrenatural y poder career, durante unos instantes, en
ello.


Los relatos de fantasmas alcanzan su madurez, sin embargo, con M. R. James (1862-
1936), que se dedic a escribir este tipo de literature para amenizar las veladas navideas de
sus compaeros del aristocrtico colegio de Eton, del que era director, y para distraerse de
sus aburridas tareas profesionales. Sus relatos tienen el ambiente erudito y acogedor de
Cambridge; sus personajes viven rodeados de libros y antigedades y sus preocupaciones
giran en torno al saber y la investigacin. En sus cuentos no falta un fino sentido del humor
que suele practicar con juegos de palabras y equvocos producidos por diferencias de
acento caracterstico de los distintos condados y classes sociales inglesas. La aparicin del
fantasma suele ir precedida de una series de preparativos que van enrareciendo el clima de
placentero bienestar que el protagonista disfrutaba. Premoniciones, avisos y sospechas
asaltan a los personajes, que ve incluso cmo el espacio y cuanto le rodea, descrito con













minuciosidad y realismo al principio, se vuelve activo y malicioso. En muchos cuentos
adems, para dar mayor verosimilitud a sus relatos y complacer as a su descreda y docta
audiencia, James recurra a citas, referencias, libros y documents que servan de apoyo a
las teoras expuestas y, de paso, ofreca una imagen irnica y a veces autoburlesca.


Despus de M. R. James, los relatos de fantasmas inician su decadencia y, al igual que
sucedi con la novela gtica, surge una nueva tendencia de la mano de Arthur Machen y
Algernon Blackwood, quienes ofrecen al pblico terrores acordes con los nuevos tiempos.
Y es que la crisis del racionalismo y las convulsiones polticas y sociales de principios de
siglo, por un lado, y el aumento del nmero de los adelantos cientficos, por otro,
contribuyen a crear un sentimiento de inseguridad y de cambio de los valores tradicionales;
el fantasma, pues, deja de provocar miedo y el cuento fantstico retrocede a pocas
primitivas para buscar los terrores ms antiguos de la humanidad.


Edgar Allan Poe


Captulo aparte merece Edgar Allan Poe, maestro indiscutible del arte de narrar que
representar la perfect sntesis de las tradiciones blanca y negra, lo macabro y lo ferico,
lo fantstico visionario y lo fantstico interior; su obra nos muestra con igual intensidad a la
ensangrentada muchacha que se levanta de la tumba despus de permanecer various das
enterrada de La cada de la casa Usher como la sugestin de un asesino psicpata que
quiere liberar su alma mediante un monlogo cargado de tension en El corazn delator.









Los temas de Poe nacen de forma irremediable de su mundo interior: obsesiones,
alucinaciones, sueos... se transforman en material literaria que el escritor elabora y ordena
creando mundos habitados por extraos personajes, que actan movidos por impulsos
ajenos a la mayora de los humans, a pesar de la tendencia reflexiva y racionalizadora que













les suele caracterizar. Sin embargo, la fascinacin que los cuentos de Poe ejercen se debe,
principalmente, a su capacidad para crear ambientes densos y compactos donde el lector se
sumerge de forma irremediable desde el principio hasta el fin. Y es que Poe tena una gran
habilidad para expresar con palabras justas lo que quera decir, sin aadir nada que pudiera
estorbar el centro de la historic. Este sentido econmico del lenguaje, junto con su
capacidad para la creacin de mundos hermticos donde la intriga se mantiene hasta el
final, hacia el que confluye toda la historic, le han dado la just fama de creador del relato
breve modern.


Antes de Poe, los cultivadores del relato preternatural haban trabajado generalmente sin
comprender la base psicolgica del atractivo del horror, y obstaculizados por una mayor o
menor adecuacin a convencionalismos literarios vacos tales como el final feliz, la virtud
recompensada y, en general, una didctica moral huera, una aceptacin de models y
valores populares y una imposicin a sus propias emociones en el relato, tomando el
partido de los defensores de las ideas artificiosas de la mayora. Poe, por otra parte, perciba
la impersonalidad esencial del artist verdadero, y saba que la funcin de la ficcin
creadora consiste meramente en expresar e interpreter los sucesos y los sentimientos tal
como son, sin tener en cuenta hacia dnde tienden o qu demuestran, si el bien o el mal, lo
atractivo o lo repulsivo, lo estimulante o lo deprimente, haciendo siempre de cronista vivo e
independiente, ms que de maestro, simpatizante o vendedor de opinions. Vio claramente
que, para el artist, todas las fases de la vida y del pensamiento son igualmente elegibles
como tema; y dado que por temperament se senta inclinado a lo extrao y lo melanclico,
decidi hacerse intrprete de esos poderosos sentimientos y sucesos a los que suele
acompaar el dolor ms que el placer, la decadencia ms que el esplendor, el terror ms que
la serenidad, y que son fundamentalmente adversos o indiferentes a los gustos y
sentimientos tradicionales y externos de la humanidad, as como a la salud, la cordura o el
bienestar normal y expansivo de la especie.


Los espectros de Poe adquieren de este modo una malignidad convincente que no posee
ninguno de sus predecesores, e instauran un nuevo modelo de realismo en los anales de la
literature de horror. Su intencin impersonal y artstica estuvo favorecida, adems, por una













actitud cientfica que no es frecuente encontrar antes de l, por lo que Poe estudia la mente
humana ms que los usos de la ficcin gtica, trabaja con unos conocimientos analticos de
las verdaderas fuentes del terror que duplican la fuerza de sus relatos y los libran de todos
los absurdos inherentes al estremecimiento conventional y estereotipado. Consigui la
elevacin de la enfermedad, la perversin y la corrupcin a la categora de motivos
artsticamente expresables. De hecho, puede decirse con justicia que Poe invent el relato
corto en su forma actual.


Herederos de Hoffmann


La literature fantstica no slo prolifer en pases de cultural anglosajona y germnica,
como hemos visto, sino que fue cultivada con gran xito en distintos mbitos geogrficos y,
particularmente, en Francia. El descubrimiento de Hoffmann y de Poe en este pas origin
una series de imitadores que crearon piezas literarias de indudable valor. Entre los autores
mas destacados cabe mencionar a Charles Nodier, introductory de la novela gtica en
Francia, donde tuvo una gran acogida; a Honor de Balzac, que junto a su conocida obra La
comedia humana escribi importantes relatos fantsticos, sobre todo en su primera poca;
y, finalmente, Tophile Gautier (1811-1872), principal seguidor de Hoffmann en Francia y
autor, entire otros muchos relatos, de La muerte enamorada, obra maestra del gnero que
trata sobre el tema del vampirismo.


En la segunda mitad del siglo XIX, ya lejos del romanticismo y en pleno movimiento
naturalista, surge un escritor, Guy de Maupassant (1850-1893), cuya obra fantstica no
pertenece a ninguna escuela y que es ms conocido por sus obras de tinte realista, como
sucede con otros autores del gnero. A partir de 1884, cuando ya era un escritor conocido y
de prestigio dentro del movimiento naturalista, empezaron a manifestarse en l los sntomas
de una enfermedad que, paulatinamente, enajenara su mente y lo arrastrara hasta la locura
y la muerte. Fue tambin a partir de entonces cuando empez a escribir relatos fantsticos
que surgieron, en parte, como una necesidad de expresar el terror que iba apoderndose de
su alma enferma, de ahuyentar las pesadillas que lo acosaban y que l converta, de esta













manera, en material artstica. Cuentos como El Horla, Quin sabe?, La mano o Un loco son
la expresin desesperada de un enfermo que siente, poco a poco, su desintegracin.


El relato materialista de terror del siglo XX


Como ya habamos adelantado, a finales del siglo XIX y principios del XX se produjo un
cambio bastante radical en las temticas en que se basaban los cuentos de horror. En cierto
modo, el fantasma se podra decir que ya no produca terror, el miedo a la muerte haba
sido sustituido por el miedo a las atrocidades que podran ocurrir en vida. Estas nuevas
temticas que estudiaron los ms profundos miedos del ser human fueron ampliamente
tratados por diversos autores, de los que citaremos los ms importantes y representatives.


El gals Arthur Machen (1863-1947) es el primer escritor totalmente desinteresado por
los fantasmas y preocupado, en cambio, por lo que Llopis denomina los "arquetipos", es
decir, los fenmenos naturales de ahora y de siempre, las constantes de la naturaleza y del
hombre vividas desde un nivel primordial de la conciencia que qued acuado para siempre
en pocas remotas, modelado por anhelos y terrores ancestrales3 Los personajes de
Machen dedican todo su saber secret y terrible a la bsqueda de las fuerzas ocultas que
alguna vez gobernaron el mundo y que hoy permanecen olvidadas para la mayora de los
mortales. Sus hroes son series extraos a los ojos de la sociedad y cumplen de forma
irremediable la misin que parece habrseles encomendado: el conocimiento de estas
divinidades antiguas, de estas fuerzas espantosas y secrets para las que no existe ningn
nombre capaz de designarlas y bajo las cuales las almas de los hombres se marchitan,
mueren y ennegrecen, como dice un personaje de El gran dios Pan (1894), obra maestra del
autor, que se centra en un terrible y singular experiment y sus consecuencias, y donde
encontramos una frase que describe de manera formidable el terror que sus narraciones
pueden llegar a provocar. Uno de los personajes hace la siguiente reflexin: Es demasiado
increble, demasiado monstruoso; tales cosas no pueden existir en este mundo pacfico...
Porque, mire usted, si tal cosa fuese possible, nuestra tierra sera una pesadilla.


SHistoria natural de los cuentos de miedo, Editor Jcar, Madrid, 1974, pgina 201.













Al igual que Machen, Algernon Blackwood (1869-1951) pretendi ir un poco ms all
del relato de fantasmas traditional, y, para ello, elige la naturaleza como medio para apelar
a los terrores del alma. Sus obras se desarrollan en solitarios parajes, tanto campestres como
urbanos, pero siempre aislados, que nos sobrecogen por su grandiosidad y misterio. Sus
personajes buscan, con cierta nostalgia, lo que podramos llamar el paraso perdido, el
estado natural y primitive de la conciencia humana cuando se senta plenamente integrada
en la naturaleza y formando parte de ella.


Los cambios producidos por Machen y Blackwood, entire otros escritores, confluyen en la
obra, plenamente enmarcada ya en el siglo XX, de H. P. Lovecraft, mximo exponente del
relato materialista de terror.


Howard Philips Lovecraft


Lovecraft, un hombre enfermizo y misntropo de Nueva Inglaterra, marcara una nueva
revolucin en la literature de terror. Por ese motivo y por su gran relevancia, exige que se le
dedique un apartado de forma ntegra para analizarlo con la profundidad adecuada.
Bsicamente, tal y como mantiene en su studio terico, consideraba que la literature
fantstica tiene como fundamento el miedo a lo desconocido, element que utiliz
abundantemente en su obra y que podemos afirmar como su leit motiv.


Una de las grandes aportaciones de Lovecraft fue el pequeo mundo creado por y para
sus cuentos. El autor cre una mitologa, una geografa y una cultural completamente
propias:


Lovecraft imagine su propia mitologa, que detallaremos ms adelante, con un panten
regido por criaturas ciclpeas sumidas en una muerte-sueo milenaria, esperando volver a
este mundo cuando algn hombre recite las invocaciones arcanas. Estos dioses son series
ms poderosos que el hombre y de una dimension diferente. Criaturas amenazadoras,
enemigos de la raza humana, que pretenden aniquilar a los series humans y dominar el
planet. Los dioses de Lovecraft simbolizan arquetipos poderosos que pueblan el













inconsciente colectivo de la humanidad y yacen reprimidos en una enorme ciudad
sumergida situada en mitad del Pacfico, esperando la oportunidad para avasallar la
conciencia y dominar nuestros actos.


Cre tambin una series de localidades de Nueva Inglaterra en las que localizar sus
cuentos. Son claros ejemplos las ciudades imaginarias de Arkham, Dunwich, Innsmouth y
la Universidad de Miskatonic, centro del studio y del culto a los Primigenios. Estos
lugares donde tiende a ocurrir lo sobrenatural, a pesar de no existir en la realidad, no dejan
de ser realistas pues no presentan ningn aspect fuera de lo normal.


Tambin cre una cultural bibliogrfica verosmil, la cual sustentaba sus mitos y era
citada en varias de sus obras. El famoso Libro de Al Azif o Necronomicn, escrito por el
rabe loco Abdul al Hazred, es el punto de contact entire el mundo arcano y el real.


Destaca El horror de Dunwich como modelo de su obra fantstica, ya que en este relato
encontramos elements propios de este gnero: el contact con la otra dimension, las
criaturas que la habitan y el Necronomicn como la llave entire nuestro mundo y el otro. Por
otra parte, la ciencia y sus limitaciones suelen estar presents en la literature fantstica en el
enfrentamiento con el fenmeno sobrenatural, en la piel de profesores o cientficos que
tratan de resolver las incertidumbres de lo fantstico. Un ejemplo de esto lo tenemos en ese
mismo cuento, en el que un professor de la Universidad de Miskatonic define un monstruo
como "una imposibilidad en un mundo normal".


Teogona de los dioses Lovecraftianos


Lovecraft lleg a crear un verdadero panten de Dioses, comparable casi a las mitologas
tradicionales de las cultures humans o a la creada por Tolkien para su Tierra Media. Pero,
a pesar que Lovecraft fue el creador de la nueva religion, l nunca intent sistematizar los
mitos como lo hiciera Hesodo con los mitos griegos. Solo dej clara la base sobre la cual
se inventaran las ms terrible histories. Esta idea central era que antes de que apareciera el
hombre, la Tierra haba tenido otros amos. El verdadero sistematizador de los mitos fue













sobre todo August Derleth. l fue el creador de lo benignos Dioses arquetpicos y del sello
sagrado de estos: una piedra en forma de estrella de cinco puntas que es el talismn ms
eficaz contra los Primordiales. Pero Derleth intent sistematizarlos mediante sus propios
relatos mientras que Lin Carter4, erudito, telogo, y bibligrafo de la relacin
Lovecraftiana, resume los mitos de la manera siguiente:


Estudiando las divinidades y los demonios que aparecen en los mitos de Cthulu se
induce que la tesis de Lovecraft, la fuente misma de los mitos, es que, en pocas geolgicas
muy remotas nuestro mundo fue habitado y gobernado por grupos de dioses diablicos y de
divinidades benvolas much antes de que apareciese el hombre en la Tierra, sta era
compartida por los primigenios y la Gran Raza de Yith, quienes cayeron en discordia y se
alzaron contra sus propios creadores, es decir, contra los misteriosos Dioses Arquetpicos,
primeros pobladores de los espacios estelares. La Gran Raza, constituida por series
espirituales e inmateriales que parasitaban cuerpos ajenos, abandon las zonas terrqueas
por ella dominadas y huy a travs del tiempo hasta el siglo CC, en el que se apoderaron de
los cuerpos de una raza de escarabajos que suceder al hombre, en esa poca remota, como
forma de vida dominant en el planet. Los Primigenios, sin rival ya, quisieron dominar el
mundo y en combat con los Dioses Arquetpicos que moraban en Betelgeuse, les robaron
ciertos talismanes y sellos y determinadas tablillas de piedra cubiertas de jeroglficos, que
ocultaron en un planet prximo a la estrella Celaeno.


Los Dioses Arquetpicos castigaron esta inoportuna e impropia rebelin. Aunque los
Primigenios, bajo la orden de Azathoth, combatieron largamente, por ltimo fueron
vencidos y expulsados o apresados. Hastur el Inefable fue exiliado al lago de Hali, cerca de
Carcosa, en las Hadas prximas a Aldebarn; el Gran Cthulhu fue mantenido en un letargo
mgico, similar a la muerte, en la csmica ciudad sumergida de R'lyeh, situada no lejos de
Ponap, en el Pacfico; Ithaqua, El Que Camina En el Viento fue desterrado a los helados
desiertos rticos, de los que un sello poderoso le impide escapar. Yog-Sothoth fue
expulsado de nuestro continue espacio-tiempo y fue lanzado al Caos junto con Azathoth, a


SArtculo publicado en The shuttered room, Editor Arkham House, Sauk City (Wisconsin),
1966.













quien, adems por haber sido el cabecilla de la rebelin, los Dioses Arquetpicos privaron
de inteligencia y de voluntad. Tsathoggua fue arrojado a una caverna situada bajo el Monte
Voormithadreth en Hyperbrea, junto con algunos dioses menores como Abhoth y Atlach-
Nacha. Cthugha fue exiliado en la estrella Fomalhaut. Ghatanothoa, el Dios-Demonio, fue
sellado en las criptas que se extienden bajo una arcaica fortaleza construida por los
crustceos de Yuggoth en la cima del Monte Yadith-Gho, que domina la primitive ciudad
de Mu. Muchos dioses menores fueron obligados a refugiarse en el negro castillo de nice
que corona la ciudad de Kadath, situada en el Desierto de Hielo, en la zona en que el
mundo de los sueos penetra en nuestra Tierra. De los Primigenios Mayores, solo
Nyarlathotep parece haber evitado tanto prisin como exilio.


Pero, antes de ser derrotados en la primera de las guerras, los Primigenios Mayores
haban engendrado una multitud de sicarios infernales que desde entonces se esforzaran por
liberarlos de nuevo; sin embargo, ni siquiera los Profundos de R'lyeh, series martimos y
anfibios, pueden levantar ni tocar el Signo Arquetpico, poderoso Sello de estos Dioses, que
mantiene a Cthulhu dormido en la muerte. Y, aunque en la pgina 751 de la edicin
complete del Necronomicn figure el famoso Noveno Verso que, debidamente entonado,
devolver la libertad a Yog-Sothoth y dar origen a su retorno anunciado por los profetas,
ninguno de sus adoradores humans o inhumanos ha conseguido hasta la fecha liberarlo. En
ocasiones alguien ha conseguido levantar el Sello Arquetpico, pero siempre ha sido vuelto
a colocar en su sitio, bien por intervencin direct de los propios Dioses, bien de sus
muchos servidores humans. Sin embargo, Al Hazred ha profetizado que, por fin, los
Primigenios sern liberados y regresarn. Debemos suponer, pues, que, en algn future
incierto, volvern a disputar una vez ms el Universo a los Dioses Arquetpicos.


La bibliografa de Lovecraft. El Necronomicn.


La mitologa lovecraftiana no solamente es rica en dioses y lugares sagrados en los cuales
ocurrieron hechos trascendentales sino que tambin posee multitud de libros proscritos y
profanos que no deberan ser ledos. Al parecer, en ellos se alude veladamente, bajo













parbolas y smbolos y a menudo en forma fragmentaria, a oscuros arcanos que solo los
adeptos saben interpreter.


Algunos de dichos libros tienen existencia real, como el The saurus Chemicus de Bacon,
la Turba Philosophorum, The Witch-Cult in Western Europe de Murray, De Masticatione
Mortuorum in tumulis de Raufft, el Libro de Dzyan, la Ars Magna et Ultima de Llull, el
Libro de Thoth, el Zohar, la Cryptomensis Patefacta de Falconer o la Polygraphia de
Trithemius. Estos libros se citan sobre todo por sus nombres rimbombantes y misteriosos,
pero, naturalmente, tienen en realidad muy poco o nada que ver con los Mitos. De los
dems, sin embargo, la mayora es puramente inventada y tratan directamente de los Mitos
entire otros temas esotricos. Entre ellos, los principles son el Libro de Eibon, El texto
R'lyeh, los Fragmentos de Celaeno, los Cultes des Goules del conde d'Erlette, De Vermis
Mysteriis de Ludvig Prinn, las Arcillas de Eltdown, el People of the Monolith de Justin
Geoffrey, los Manuscritos Pnakticos, los Siete libros Crpticos de Hsan, los
Unaussprechlichen Kulten de Von Junzt y, sobre todo, el Necronomicn de Abdul Al
Hazred. Libro este que fue descrito con tal lujo de detalles que much gente lleg a career en
su existencia real. De hecho, Derleth relata en un divertido artculo cmo, al principio,
algunos lectores engaados empezaron a insertar anuncios, solicitndolo, en las revistas
ms series y respetables. Luego, ya como broma, ya como estafa, el Necronomicn
comenz a aparecer en la seccin de ofertas de la prensa y, por fin, hasta en los catlogos
de los libreros de viejo. Derleth cita el siguiente anuncio, aparecido en 1962 en el
Antiquarian Bookman: Al Hazred, Abdul. Necronomicn, Espaa, 1647. Encuadernado en
piel algo araada descolorida, por lo dems buen estado. Numerossimos grabaditos madera
signos y smbolos msticos. Parece tratado (en latn) de Magia Ceremonial. Ex libris. Sello
en guards indica procede de Biblioteca Universidad Miskatonic. Mejor postor.
Asimismo, el libro ha sido a menudo solicitado en las bibliotecas pblicas y, lo que es ms
gracioso, incluso ha aparecido en los propios ficheros de stas. En 1960 se descubri, en el
archivo de la Biblioteca General de la Universidad de California, una ficha, elaborada sin
duda por un estudiante, que detallaba las caractersticas editoriales del Necronomicn,
situndolo en la seleccin restringida de la seccin de religiones primitivas.
















Bibliografa


Lovecraft, Howard Philips: El horror en la literature, Editorial Alianza. Madrid, 2002.


Varios autores: Los mitos de Cthulhu, Editorial Alianza. Madrid, 1978.


Varios autores: Relatos fantsticos, Editorial Vicens Vives. Barcelona, 1999.





Lecturas recomendadas (adems de la bibliografa anteriormente citada)


Hoffmann, Ernst Theodor Amadeus: Cuentos II, Editorial Alianza. Madrid, 1986.


James, Montague Rhodes: Cuentos de fantasmas, Editorial Siruela. Madrid, 1988.


Lovecraft, Howard Philips: En la cripta, Editorial Alianza. Madrid, 2001.


Lovecraft, Howard Philips: El clrigo malvado y otros relatos, Editorial Alianza. Madrid,
2001.


Poe, Edgar Allan: Cuentos, Editorial Planeta. Barcelona, 1983.


Scott, Walter: La habitacin tapizada y otros relatos, Editorial Valdemar. Madrid, 2002.


Varios autores: Cuentos fantsticos del siglo XIX, Editorial Siruela. Madrid, 1988.


Varios autores: El libro de los vampiros, Editorial Fontamara. Barcelona, 1982.













Varios autores: Los mejores relatos de terror, Editorial Alfaguara. Madrid, 1998.


Barcelona 13 de enero del ao 2003
De esta version: Barcelona 30 de septiembre del ao 2003


Este studio forma parte del "Treball de recerca" titulado Los cuentos clsicos de terror,
studio escrito, expuesto y defendido por Joan Escud, alumno del IES Secretari Coloma de
Barcelona




@2003 Joan Escud Gonzlez para cYbErDaRk.NeT
Prohibida la reproduccin sin permiso expreso del autor
Tomado por darthmota de cYbErDaRk.NeT para Disparo en Red y sin nimo de lucro.


AL INDICE















3. CUENTO CLASICO: Los Inmortales.
Por Amis Martin.


Vaya perspective. Pronto toda la gente se habr ido y me quedar para siempre solo.
Con tanta radiacin solar los series humans que an circulan se encuentran en muy mal
estado, sin contar los problems de inmunidad, el rgimen a base de ratas y cucarachas y
cosas por el estilo. Son los ltimos; pero no pueden durar much (claro que intent
decrselo a ellos). Aqu estn de nuevo; tambaleando, se asoman a mirar el infierno del
atardecer. Todos padecen enfermedades y delirios. Todos se creen que son... Pero dejemos
en paz a los pobres hijos de perra. Ahora me siento libre para desnudar mi secret.
Soy el inmortal.
Hace un tiempo increblemente largo que estoy por aqu. Si el tiempo es dinero, yo
soy el ltimo de los grandes derrochadores. Y, sabis, cuando uno ha estado en circulacin
tanto tiempo como yo, la escala diurna, ese nmero de veinticuatro horas, puede empezar a
demolerte el nimo. Yo intent buscar un esquema ms amplio. Y tuve mis xitos. Una vez
me mantuve despierto siete aos seguidos. Sin siquiera una siesta. Qu mareo, amigo. Por
otro lado, esa vez que estuve enfermo en Mongolia dorm durante toda una dcada. Sin
nada que hacer, de paseo por un oasis del Sahara, me rasqu el ombligo durante dieciocho
meses. En una ocasin -cuando no haba nadie alrededor- me la estuve meneando un
verano entero. Hasta los inalterables cocodrilos me envidiaban los baos en los ros sin
tiempo. Francamente, no haba much ms que hacer. Pero al fin interrump estos
experiments y con mansedumbre me un a la rutina noche-da. Me pareci que necesitaba
dormir. Me pareci que necesitaba hacer las cosas que al parecer necesita hacer la gente.
Cortarme las uas. Comparecer ante el vaso y la baca de afeitar. Ir a la peluquera. Todas
esas distracciones. No me extraa que nunca haya terminado nada.
Nac, o aparec o me materialic o despunt, cerca de la ciudad de Kampala,
Uganda, en Africa. Claro que Kampala todava no exista, y Uganda tampoco. Africa
tampoco, si vamos al caso, porque en aquellos tiempos todas las masas de tierra estaban
unidas. (Tuve que esperar hasta el siglo veinte para verificar muchas de estas cosas.) Pienso
que debo de haber sido un dios falso o algo as; cabe concebir que llegu de un planet que













se regia por un reloj diferente. De todos modos nunca llegu muy lejos. Aunque larga, mi
vida ha sido en todos los sentidos ftil. Tuve que parar el carro durante un buen rato antes
de que aparecieran series humans con los que tratar. El mundo todava se estaba enfriando.
Me pas toda la geologa sentado, esperando que llegara la biologa. Sola canturrear junto
a esos estanques tibios donde empez la vida sembrada desde el espacio. S, all estaba yo,
alentndoos desde la lnea de banda. Pues tena instintos gregarios y me senta
terriblemente solo. Y hambriento.
Entonces se manifestaron las plants, lo cual signific un simptico cambio y
ciertos tipos rudimentarios de animals. Pasado un tiempo comprend y me hice carnvoro.
Me convert en un cazador prodigioso en parte por autodefensa. (No era tanto una cuestin
de supervivencia como que a nadie le gusta que lo huelan, lo desgarren y lo mastiquen, todo
al mismo tiempo.) No haba animal que pudiera soarse que yo no fuera capaz de matar.
Tambin tena mascotas. Era una forma de vida al aire libre muy saludable, aunque no
demasiado estimulante. Yo anhelaba... reciprocidad. Pero si pens que el perodo prmico
era lo peor, fue slo porque an no me haba tocado vivir el trisico. No puedo deciros lo
aburrido que era. Y entonces, antes de que pudiera darme cuenta -esto habr sido alrededor
del 6.000.000 a. de C.- vino la primera Edad de Hielo (no official) y tuvimos que empezar
todos de nuevo, ms o menos desde la lnea de largada. Las Edades de Hielo, admito,
fueron golpes considerable a mi moral. Uno saba cundo se acercaban: sola haber una
especie de espectculo csmico de luces y luego, con demasiada frecuencia, una espantosa
borrasca de impacts retardados; luego polvo, y bellos crepsculos; por fin, la oscuridad.
Ocurran regularmente, cada 70.000 aos justos. Guindose por ellas uno poda poner el
reloj en hora. La primera Edad de Hielo acab con los dinosaurios; eso al menos dice la
teora. Yo s que no fue as. Podran haberse salvado si se hubieran apretado el cinturn y
hubiesen sido sensatos. Los trpicos eran bastante calurosos y sombros, cierto, pero
perfectamente habitables. No, los dinosaurios se lo buscaron: eran una pandilla lamentable.
Son las pelculas de aventuras sobre el mundo perdido las que dicen la verdad sobre su
muerte. Increblemente estpidos, increblemente quisquillosos; e increblemente grandes.
Y siempre buscando camorra. El lugar pareca un patio de peleas. Yo, por supuesto, ya
haba descubierto el fuego, de modo que coma bien. Hamburguesas todas las noches.
La primera hornada de hombres-mono fue una carga enorme en lo que a m













concerna. En cierto modo me agrad verlos, pero en general era un lo. Tanta evolucin
para eso? Hubo una poca de brutalidad antes de que llegaran a algo, e incluso entonces
siguieron siendo ansiosos y paranoicos. Yo, con mi casita, mis trajes de piel, mi cara bien
afeitada y mis barbacoas, sobresala. De vez en cuando me converta en objeto de odio, o de
adoracin. Pero ni siquiera los amistosos me servan de algo. Ugh. Ij. Akk Qu nombre se
le da a semejante conversacin? Y cuando al fin mejoraron, y me hice unos cuantos amigos
y empec a tener relaciones con las mujeres, sobrevino un descubrimiento espantoso. Yo
haba pensado que iban a ser diferentes, pero no. Todos envejecan y moran, como mis
mascotas.
Como estn muriendo ahora. Todos muriendo alrededor de m. Al principio todos
aqu nos alegramos cuando el mundo comenz a entibiarse. Nos alegr que las cosas se
iluminaran. El invierno siempre es duro; pero de algn modo el invierno nuclear es
especialmente sombro. Hasta yo llegu a cansarme de una noche que dur tres aos (y
Nueva Zelanda, me parece a m, est bastante muerta incluso en las mejores pocas). Por un
tiempo la gran fiebre fue tomar el sol. Pero luego la cosa pas de la raya hacia el otro lado.
Empez a ponerse cada vez ms caluroso, o ms bien hubo un cambio en la naturaleza del
calor. No daba la sensacin de ser luz de sol. Ms bien pareca un gas o un lquido: pareca
lluvia, muy fina, muy caliente. Y los edificios, por lo que se notaba, no la rechazaban de la
manera adecuada, ni siquiera aquellos que tenan techo. La gente dej de adorar al sol y se
hizo adoradora de la luna. La vida se volvi nocturna. Ellos estn de lo ms animados,
teniendo en cuenta la situacin, y se compadecen ms de los otros que de s mismos.
Supongo que es una suerte que no puedan predecir lo que se viene. Pobres mortales, me dan
pena. No son capaces de hacer nada en absolute con esa fiera fundida que hay en medio del
cielo. Se enfrentaron con la ira, despus se enfrentaron con el fro; y ahora los estn
nuclearizando de nuevo. Los est renuclearizando, multinuclearizando el lento reactor del
sol.
El Apocalipsis sucedi en el ao 2045 d. de C. Cuando tuve la certeza de que se
acercaba fui directamente al centro de la accin: Tokio. Saldr ahora mismo al paso y dir
que me encontraba de lo ms dispuesto a marcharme. No es que estuviera especialmente
deprimido o algo as. Sin duda no estaba tan deprimido como ahora. De hecho acababa de
merger de una resaca de cinco aos y el future se me apareca luminoso. Pero el planet













estaba en un estado desesperante en aquel entonces y yo no quera participar ms. Quera
irme. Nada se las haba arreglado nunca para matarme, y comprend que la nica
oportunidad radicaba en el impact director de un misil. Yo soy csmico (en tiempo), pero
tambin lo son las armas nucleares (en poder). Si un misil no consigue borrarme del mapa,
me deca, pues bien, nada lo conseguir. Slo tena una seria duda. El despliegue de moda
por entonces consista en detonaciones de tapiz en la escala de los cien kilotones.
Personalmente yo hubiese preferido algo mayor, digamos algo as como un megatn. Haba
perdido el barco. Debera haber aprovechado la oportunidad en los das de las pruebas
atmosfricas. Sola morderme los codos pensando en la hija de puta de sesenta megatones
que los soviticos haban probado en Siberia. Sesenta millones de toneladas de TNT: est
claro que ni siquiera yo me habra salvado... Alquil una habitacin en el ltimo piso del
Century Inn, cerca de la torre de Tokio, bien en el centro de la ciudad. Esta vez quera
colocarme en primera fila. Me pareci que en el hotel estaban contents con el client. Los
negocios no parecan ir viento en popa. Todo el mundo saba que el final comenzara all,
igual que un siglo atrs. Y a esa altura, de cualquier modo, las ciudades estaban muriendo
en todas partes... Por la noche hice estallar mi dinero. Soborn al guardia del piso y me
franque el acceso a la azotea: el sueo final. La ciudad se contorsionaba de pnico. Yo me
contorsionaba de esperanza. Si esto suena egosta, pido excusas Pero a quin? Cuando o
las sirenas gimiendo en el aire me puse de pie de un salto y permanec inmvil, desnudo, en
puntas de pie, con los brazos extendidos. Y luego ocurri, como si le abrieran la cremallera
al universe.
En primer lugar debo haber absorbido una buena cantidad de radiacin inmediata,
que ms tarde me provocara tremendas jaquecas. En seguida pens que Dionisio me estaba
haciendo cosquillas hasta matarme. Al mismo tiempo, me apabullaron la onda
electromagntica y la embestida trmica. Por las partculas radiactivas no tenis que
preocuparos. Hacedme caso, es la menor de las dificultades. Pero el calor es otra cosa. Son
unas temperatures capaces de convertir a un ser human en una sombra en la pared. Hasta
yo me resequ un poco. Aunque ahora pueda bromear (eso s que era calor, madre ma; uf,
vaya bochorno), en el moment confieso que me alarm. Yo no poda respirar y se me
nubl la vista -otro detalle important: no me mor, pero al menos me desmay-. Y por un
buen rato, pues cuando me despert haba desaparecido todo. Me haba pasado durmiendo













todo el estallido, la conflagracin, el tifn mortfero. Fsicamente me senta bien.
Fsicamente me encontraba, como se dice, en forma. Mi resaca haba desaparecido por
complete. Pero en todos los dems aspects senta un desacostumbrado decaimiento. S,
estaba infinitamente deprimido. Todava lo estoy. Oh, finjo alegra, pongo cara de nimo;
pero a menudo pienso que esta depresin no acabar nunca, que me durar hasta el fin de
los tiempos. No se me ocurre nada que tenga buenas posibilidades de levantarme el nimo.
Pronto la gente desaparecer y me quedar solo para siempre.
Son gente de arena, gente de polvo, gente de polvo. Los aprecio, por supuesto, pero
no sirven de gran compaa. Estn profundamente enfermos y profundamente locos. A
media que menguan, que declinan y se marchitan, parecen ir adoptando grandes ideas
sobre s mismos. Entre nosotros, yo tampoco me siento como una lechuga. Tengo buen
aspect, el mismo que sola tener; pero sin duda hubo tiempos en que me sent mejor. Mi
trato con las enfermedades, dicho sea de paso, es como sigue: las contraigo, me hacen dao
y todo eso, y no obstante nunca resultan fatales. Se van, o yo me adapto. Para daros un
ejemplo, hace setenta y tres aos que tengo sida. Sencillamente no me lo puedo sacudir de
encima. Falta una hora para que amanezca y las estrellas todava brillan con su nuevo
afilado esplendor. Los series humans ya vuelven a las casas. Algunos caern en un sueo
tembloroso. Otros se reunirn junto a la artesa contaminada y hablarn todo el da de sus
patraas. Yo me demorar afuera un rato ms, solo, bajo el inmortal calendario del cielo.
La antigedad clsica fue interesante (calculo que acabo de dar un buen salto, pero
no es much lo que os perdis). Fue en la Roma de Calgula donde me di cuenta de que
tena un problema de alcoholism. Empec a pasar ms y ms tiempo en Cercano Oriente,
donde siempre haba animacin. Le tom la media a las reglas maestras de la economa y
florec como comerciante mediterrneo. Para m las largas excursions de ida y vuelta a las
Indias no eran nada del otro mundo. Me fue bien pero no fabulosamente y hacia el siglo
diez haba vuelto a recalar en Europa Central. Juzgndolo ahora, da la impresin de que
comet un error Sabis cul fue mi perodo favorite? S: el Renacimiento. Estuvisteis
realmente bien. Para ser sincero, me sorprendisteis. Yo me haba pasado bostezando
quinientos aos de plagas, religion y talent nulo. La comida era espantosa. Nadie tena
buen aspect. El arte y las artesanas apestaban. Entonces: bum! Y encima todo al mismo
tiempo. Me encontraba en Oslo cuando me enter de lo que estaba ocurriendo. Dej todo y













me sub al primer barco que zarpaba para Italia, aterrorizado de perdrmelo. Ah, era el
paraso. Cuando esos tipos pintaban una pared, un techo o lo que fuera, pintado quedaba.
All vivamos dentro de una obra maestra. Al mismo tiempo, a mi entender, haba algo de
ominoso. Yo adverta que, en todo sentido, erais capaces de cualquier cosa. Y despus del
Renacimiento con qu me encuentro? Con el Racionalismo y la Revolucin Industrial.
Crecimiento, progress, la gran estampida petroqumica. Justo cuando pensaba que no poda
haber siglo ms tonto que el diecinueve, se present el veinte. Os juro, el planet entero
pareca estar representando un certamen de estupidez. Yo ya vea entonces cmo iba a
acabar la historic humana. Cualquiera poda verlo. No haba alternatives.
Mis intentos de suicidio se remontan a la Edad Media. Me lo pasaba tirndome de
las montaas y nmeros as. Piedras al cuello, etctera. Nunca daban resultado. Jess, he
hecho de pararrayos ms veces de las que puedo recorder, y he vivido para contarlo. (Una
vez me dio un meteorito en plena cara; salir arrastrndome de debajo me cost lo mo, y me
sent descompuesto toda la tarde.) Y todo esto sin contar las innumerables guerras en que
luch. A lo largo de milenios la milicia fue mi pasin -ya sabis cmo anda el mundo-,
pero a comienzos del siglo quince empec a cansarme. Yo, que haba luchado con
Alejandro, con los grandes Khanes, de pronto me encontraba en medio de una pesadilla de
vagos asquerosos enfrentndose a otra pandilla de vagos asquerosos. Eso fue en Agincourt.
Para la guerra de Semana Santa ya estaba harto. Pareca que toda la improvisacin -todo el
saber y la capacidad- haba desaparecido. No haba ms que muerte, pura y simple. Y mis
experiencias en el teatro nuclear no han servido para nada para restaurar la aventura
perdida... De veras... lentamente yo iba perdiendo el inters por todo. En general me iba
volviendo ms ermitao y neurtico. Y estaba la bebida. De hecho, cuando promediaba el
siglo veinte mi problema de alcoholism se me escap de las manos. Una vez, tuve una
borrachera que me dur noventa y cinco aos. Desde 1945 hasta 2039 estuve hecho una
cuba. Nmada metropolitan, me ganaba la vida vendiendo mi pasado, vendiendo historic:
baratijas fenicias, rollos hebreos, botines de guerra -algunas de estas cosas bien valan una
bomba-. Me derrumb. Perd todo respeto por m mismo. Era como un pasajero de un
avin averiado que, con la bolsa del duty-free colgndole de la boca, procura encontrar ese
estado en el que nada importa. As pareca estar comportndose el mundo entero. Y ese
estado es impossible de encontrar. Porque no existe. Porque las cosas important. Incluso













aqu.
La vision de Tokio despus del ataque nuclear no era agradable. Un aceitoso pastel
negro con pequeos brocados de fuego. Mi vida haba estado atiborrada de muerte -la
muerte es mi vida-, pero ese surco era nuevo. Haba desaparecido todo. No suceda nada.
La nica luz, la nica actividad, provena de los haces de plasma y los pequeos cohetes
que algn satlite perdido o algn submarine vagabundo seguan disparando. Pero qu
hacen?, me pregunt Para qu bombardean este cementerio? No me preguntis cmo me
las arregl para llegar aqu, a Nueva Zelanda. Es una larga historic. Y fue un largo viaje. En
otros tiempos, desde luego, hubiera podido hacerlo a pie. No tena planes. Me limit a
seguir las huellas de la vida.
Fui en balsa hasta el continent y all tampoco haba nada. Todo estaba muerto.
(Para ser just, buena parte ya haba muerto antes.) De vez en cuando, mientras me diriga a
tientas hacia el sur, vea una mancha de liquen o un hongo deformado, y ms tarde alguna
cucaracha con una sola pata, o una rata ciega, cosas as, y eso me levantaba el nimo por un
rato. Pasaron unos buenos dieciocho meses antes de que me cruzara con series humans
dignos de tal nombre; fue en Thailandia. Era una pequea comunidad pesquera protegida
por un pico de las montaas costeras y por anmalas condiciones de viento (por entonces
no haba otras condiciones de viento ms anmalas). La gente lo pasaba mal, naturalmente,
pero an segua sacando algo del mar, si bien no se lo poda llamar exactamente pescado.
Les supliqu que me dieran una barca y se negaron, lo cual era comprensible. Como no
quera discutir, me qued por all hasta que se murieron. No fue much tiempo. Si no
recuerdo mal, tuve que esperar unos cuatro aos. Luego cargu mis cosas, me hice a la mar
y no me import adnde demonios me llevaban los vientos. Sencillamente me hice a la mar
muerta con la esperanza de encontrar vida.
Y en cierto modo la encontr aqu, entire la gente del polvo. Los ltimos. Ms me
vale aprovecharlos al mximo porque son los ltimos series humans que me quedan.
Lamento que vayan a irse Qu significa necesitar a los dems, necesitar que los dems
sean?
Una vez me encontraba en China con much dinero y un siglo que perder, compr
una elefanta recin nacida y la cuid hasta que se hizo invlida. La llamaba Babalaya. Vivi
ciento treinta aos y tuvimos tiempo de llegar a conocernos muy bien. Esa manera













juguetona que tena de sacudir la cabeza. La silueta graciosa: tanto bulto y nada de culo
(desde atrs pareca un pen cado sobre el mostrador de un pub de Dubln). Babalaya, la
nica mujer que me import de verdad... No, eso no es cierto. No s por qu lo digo. Pero
las relaciones largas siempre me han resultado difciles y he tendido a poner aire de por
medio. Slo me he casado ochocientas o novecientas veces -no soy de los que llevan la
cuenta-, y no creo que el total de mis hijos llegue a las cuatro cifras. Tambin tuve mis
pocas de gay. Estoy seguro, no obstante, que os dais cuenta del problema. Yo estoy
acostumbrado a ver cmo se abren paso hacia el cielo montaas enteras, cmo se forman
deltas. Eso que se dice sobre que el Atlntico o lo que sea se hunde a un ritmo de una
pulgada por siglo; bueno, yo lo noto. Heme all, pues, viviendo con una preciosidad. Un
parpadeo... y se ha vuelto una ruina. Mientras que yo permaneca varado en un medioda
impecable, daba la impresin de que el tiempo garabateaba el rostro de todo el mundo: se
encogan, se ensanchaban, se desflecaban. No es que a m me importase tanto, pero las
mujeres no saban cmo manejarlo. Las volva locas. "Hace veinte aos que estamos
juntos", decan. "Cmo es que yo parezco una mierda y t no?". Adems, no era muy
astuto quedarse much en un solo lugar. Veinte aos ya era alargarlo demasiado. Y yo lo
alargaba, muchas veces, por los nios. Aparte de eso slo tena aventuras sin importancia.
Pensis que los los de una noche son de lo ms insatisfactorios? Pues imaginaos lo que
pienso yo. Para m veinte aos son un lo de una noche. No, ni siquiera. Para m veinte aos
son un polvo de ascensor... Y haba complicaciones desagradables. Por ejemplo, una vez vi
a una nieta ma tosiendo y cojeando por el soukh de Jerusaln. La reconoc porque ella me
reconoci a m; dej escapar un alarido spero, mientras me sealaba con un dedo que por
cierto llevaba un anillo que yo le haba regalado de pequea. Y ahora era pequea de
nuevo. Lamento decir que en los das ms tempranos comet incesto con bastante
regularidad. En ese entonces no haba manera de evitarlo. No slo se trataba de m: todo el
mundo andabaen lo mismo. Un milln de veces he visto partir a los mos, y un milln de
veces ms. Qu dolor he conocido, qu megatones de dolor. A todos los echo de menos;
cmo los echo de menos. Echo de menos a mi Babalaya. Pero comprenderis que cualquier
clase de relacin ha de resultar bastante tempestuosa (es impossible eliminar las tensions)
cuando uno de los dos es mortal y el otro no.
La nica celebridad que llegu a conocer bien fue Ben Jonson, en el Londres de













esos tiempos, cuando regres de Italia. Ben y yo ramos compinches de bebida. Cuando se
emborrachaba era estridente, y a veces tambin sentimental; y por supuesto que todo el
asunto de Shakespeare lo deprima much. Ben sola deshacerse en lgrimas leyendo las
cosas de ese hombre. A Shakespeare lo vi una o dos veces por la calle. Nunca nos
encontramos, aunque s nuestros ojos. Siempre tuve la sensacin de que juntos habramos
llegado lejos. Yo vea el mundo como Shakespeare. Y apuesto a que hubiera podido
proporcionarle material interesante.
Pronto habr desaparecido toda la gente y me quedar para siempre solo. Hasta
Shakespeare habr desaparecido, aunque no del todo, porque sus versos seguirn viviendo
en esta vieja cabeza ma. Me acompaar la memorial. Me acompaarn los sueos. Slo
faltar la gente. Cierto es que ya viv un montn de aos vacos antes de que los series
humans llegaran, de modo que estoy acostumbrado a la soledad. Pero esta vez ser
distinto, sin la esperanza de que al final aparezca alguien.
Ahora no hay ningn clima. Los das son apenas una mscara de fuego, y a m el
cielo nocturno me parece siempre un poco igual. Antes, en el vaco temprano, haba
animals, haba plants, haba divagaciones de la naturaleza. Ahora, bueno, no hay much
sobre lo que divagar. Yo advert lo que le estabais haciendo al lugar Qu sucedi? Era
demasiado bonito, o qu? Jess, no estuvisteis aqu ms de diez minutes. Y mirad lo que
habis hecho.
Reunida alrededor del pozo envenenado, la gente bosteza y masculla. Son los
ltimos. Han intentado tener hijos -yo he intentado tener hijos- pero no funciona. Los
bebs que consiguen nacer no tienen buen aspect, y parece que no pueden desarrollar
ninguna inmunidad. La verdad sea dicha, la inmunidad no abunda. Todo el mundo anda
escaso de ella.
Son los ltimos y estn dementes. Sufren de desengao en masa. De veras, es de lo
ms loco. Estn todos convencidos de que son... de que son eternos, de que son inmortales.
Y no fui yo quien les dio la idea. Yo he mantenido la boca cerrada, como siempre, por
hbito adquirido. He sido discreto. No soy de esos pesados que junto al fuego te cuentan
cmo conocieron a Tutankamon y sedujeron a la reina de Saba o a Mara Antonieta. Se
creen que vivirn siempre. Pobres hijos de perra, si supieran.
Yo tambin suelo engaarme. A veces me entra la extraa idea de que slo soy un













insignificant maestro de escuela neocelands que nunca hizo nada ni fue a ninguna parte y
ahora se est muriendo penosa y ruidosamente de radiacin solar junto con todo el mundo.
Es raro lo palpable que result este pasado falso, y qu human: casi siento que si estiro la
mano podr tocarlo. Hubo una mujer, y un hijo. Una mujer. Un hijo... Pero enseguida
despierto. Enseguida me rehago. Enseguida me enfrento al hecho trgico de que para m no
habr fin, ni siquiera despus de que muera el sol (lo que al menos debera ser bastante
spectacularr. Yo soy el Inmortal.
ltimamente he empezado a quedarme afuera durante el da. Bah, qu demonios. Y
me he fijado que lo mismo hacen los series humans. Aullamos y bailamos y sacudimos la
cabeza. Crujimos de cnceres, chisporroteamos de sinergismos bajo el furioso cielo sin
pjaros. Con timidez espiamos el vasto crculo blanco del sol. Claro est que yo puedo
permitrmelo, pero para los series humans es el suicidio. Esperad, me gustara decirles.
Todava no. Cuidado... os haris dao. Por favor. Por favor, tratad de durar un poco ms.
Pronto habris desaparecido y yo me quedar solo para siempre.
Yo... Yo soy el Inmortal.


Al INDICE


Novelista britnico, nacido en Oxford en 1949. Tuvo un
comienzo brillante con su primer libro, El libro de Rachel
(premio Somerset Maugham en 1973). Ha colaborado en revistas
como Times Literary Supplement, New Statesman y The
Observer. Es considerado como uno de los mejores (y ms
exitosos) escritores de su generacin. Actualmente goza de
una plaza de professor en la Universidad de Manchester
impartiendo classes sobre "escritura creative".













4.CUENTO MADE IN CUBA:

DEL CANTO Y LA GLORIA

Por: Yaly, Alto Cronista








Las luces de la villa palidecen en la niebla a mis espaldas.

Son escasas, pequeas.

Recuerdo las fiestas de cosecha, las canciones en la noche, los coros que replicaban a otros

coros viajando de poblado en poblado, los estandartes de los clanes ondeando sin rdenes

de combat. Recuerdo los bailes en los puentes, en los prados, en las calls. Los colors, los

nios, los juegos.

Pero no es este ya un tiempo de fiestas.

Entr a la villa por el portn abierto y sin celadores, ese portn que antes se cerraba al

llegar la noche, guardado por los mejores hombres. Ya no hay mejores hombres en la villa,

o la nacin. Recorr las calls sin cruzar con nadie mis ojos. Pas junto a la casa de mi

infancia sin mirarla. A nadie pregunt si la cosecha ha sido generosa. S que no lo fue. A

nadie ped un sorbo de agua, a nadie salud por la plaza solo prdiga en penumbras y

recelo. A nadie. Sal por el portn que da al bosque bajo las colinas, tambin abierto y

descuidado. Segu camino por esta vieja vereda de pastores; a juzgar por la maleza que

empieza a cubrirla, hace much que se ha perdido la esperanza de criar un buen rebao.

Y ahora me detengo ante tu verja, la villa ha desaparecido all abajo hundida en la niebla, y

me pregunto para qu, en verdad, habr venido.

Un caminito empedrado me lleva hasta tu puerta. Compruebo si mi espada corta sale sin













obstculos de su vaina aceitada. Deshago a medias el nudo que sostiene la hachuela en mi

into.

Extiendo el puo para llamar. Pero, tal como supona que haras, abres antes.

Tus ojos son brasas hundidas entire arrugas:

-Bienvenida, Aidalai.

-Gracias, Elon. Tendrs vino?

-De eso nunca me faltar. Tampoco una silla.

Me cedes el paso. Casi te rozo al entrar, percibo tu olor a pieles viejas, a telas podridas, a

sudores enfermos.

Estoy segura de que hueles lo mismo en m.

La estancia es pequea. Elijo una silla junto a la ventana. T no te has movido de la puerta,

y respiras con levedad.

-Adems del vino -dices al fin-, querrs comer algo?

-Seguro.

-Solo hago guisos y caldos. Me quedan pocos dientes.

-Tambin a m. El pan de dos das no puedo tragarlo si no es mojado en leche. Eso, si

encuentro pan. Y leche.

-As de bien nos tratan los dioses.

No s si te refieres a la villa, a la nacin, al mundo. O a nosotras. Cojeas hasta un rincn

medio oculto por unas cortinas sucias y oigo el ruido de cazuelas. Coloco la hachuela junto

a mis pies, y dejo la empuadura de la espada corta bajo mi mano.

-No sent defense de Esencia alguna cuando entr por tu verja -digo en voz muy alta.

-No la pongo desde hache much. Ya nadie recuerda que estoy aqu. Nadie vendr a

buscarme -replicas-. Benditos los que olvidan. Los que saben olvidar.













-Yo he venido.

-T no sabes olvidar -sales con un caldero lleno de viandas secas-. Y de todos modos,

ya no soy la de antes. Esa barrera me agotaba mucho... Y qu de ti? Sigues siendo tan

rpida con las armas?

-Yo tampoco soy la misma -reconozco-. Cada vez pesan ms. Pero las llevar hasta

que se me caigan de las manos.

Enciendes el fuego con el gesto de un dedo y pones agua a hervir. Sales y regresas con un

envoltorio de lienzo sucio de tierra. Lo deshaces. Trozos de carne ahumada.

-La guard enterrada. Ahora lo hacemos as -comentas, mientras olisqueas y separas

algunos-. Demasiados merodeadores, y muy desesperados. Son los peores... Lo malo es

que hasta los gusanos estn hambrientos en esta comarca.

Tiras algunos trozos por la ventana y colocas otros en una escudilla.

-No ramos tan finas en las primeras campaas -recuerdo sin alegra-. Ni aun en las de

invierno. Cuando buscbamos restos de animals podridos en la nieve.

Te encoges de hombros. Tras esas campaas, cuando empezamos a ostentar insignias y a

vestir telas mejores, fuiste la primera en olvidarlas. Claro, los magos solan ser mimados

como mascotas delicadas. Yo, en cambio, segu en las lneas de lanceros, hundindome en

sangre hasta los codos, metiendo la cuchara en la misma papilla que los soldados. Hasta

que mis insignias fueron ms grandes, y tambin empec a olvidar.

Miro en derredor:

-Nunca tuviste buen gusto ni sentido para disponer una casa.

-Al menos tengo una casa.

-Y desde cundo eso te enorgullece?

-Desde que tuve con quin compartirla.













Y tiras unas viandas al agua aun sin hervir.

Empiezo a dudar que llegue a hervir, en verdad. De sbito, la noche es tambin fra aqu,

muy fra, entire tus paredes. Trago en seco, y la garganta me duele, porque voy a pronunciar

la pregunta que me trajo aqu:

-Entonces, l todava est contigo?

Revuelves las viandas con un cucharn, pensativa. Luego me encaras, sosteniendo el

cucharn entire nosotras como si fuese la espada que nunca supiste usar:

-Cambiara algo eso? Que no estuviera?

Lo pienso. No much. He tenido muchos soles para pensarlo. Muchos caminos, muchas

batallas, muchas noches de soledad:

-No. No cambiara nada.

Asientes mansamente. Siento una brisa de Esencia revolverse a tu alrededor. Cierro la

mano sobre el puo de la espada. Pero la brisa se aplaca.

-Claro que no cambiara nada -dices, y dejas el cucharn a un lado-. S, est aqu.

Conmigo.

Aparto la mirada. Te oigo alejarte del fuego, ir al otro lado de la cabaa, mover una cortina.

Te oigo llamar:

-Nell. Despierta. Nell! Hay visit.

Luego vienes y te asomas a la ventana, tras mi espalda. No s qu miras all afuera. No s a

dnde quisiera yo mirar. Por el moment, a tu piso sucio de terrones de tierra y briznas de

hierba seca. Por el moment, escucho a alguien moverse en la habitacin tras la cortina. La

cortina susurra. Mi mano suda sobre la espada. Tu Esencia est en calma. Si alzo los ojos.

Si los alzo...

-Aidalai.













Qu voz rota y ahogada es esa que dice mi nombre? No la reconozco.

-Aidalai. Eres t?

Siento lstima en esa voz. Siempre he odiado la lstima. Por eso alzo los ojos.

Nell.

Nell?

Ese viejo menudo y con barba rala. Eres t, Nell? Ese cuello pellejudo, esas manos como

patas de pjaro muerto que se anudan la una a la otra. Nell? Esa boca desdentada, esos

labios... Esos ojos...

Nell.

Te acercas, Nell. Tocas mi hombro con tu mano muerta.

-Ests como un cascajo, Aidalai.

Ya es tarde para salir corriendo. Me has tocado. Me has reconocido. Y yo a ti. Es tarde para

huir, y con estas piernas quebradas, de cualquier forma, no podra correr. Al menos no

como antes, como cuando hu de ti, y de Elon, hace ya... Hace ya cunto?

Cincuenta primaveras? Cincuenta y dos? Cincuenta y cinco?

Que los dioses garden mi memorial y den sepultura a mi razn, Nell, porque estoy loca y

solo quiero olvidar. Ahora, solo quiero olvidar. No haber venido.

Pero ya es tarde.

Y t, Elon. Que te muerdan el corazn, maldita seas. Por qu me haces esto?

T solo miras afuera. Miras algo que yo quisiera mirar tambin. Ni siquiera te has deleitado

con mi horror. Siempre tan discreta, Elon. Siempre tan exquisite. Tan victoriosa. Mi

hombre, mi ejrcito, mi trono. Todo me lo arrebataste. Y yo hu. De mi hombre, que ya no

quera mirarme a los ojos. De mi ejrcito, que me persegua. De mi trono, donde te

sentabas. Hu de tu magia violent, que sembraba trampas en mi sendero, se desplomaba













sobre m en cleras de llamas, tormentas y bestias. No correras el riesgo de que yo volviese

para recuperar lo mo. Sabas mi fuerza, mi voluntad, desde nias, desde que aun nias

empezamos a vivir en campamentos de guerra, a decirnos amigas, a decirnos...

Hu de tu miedo temible. Y del mo.

Y ahora, aqu, los tres, y sigo huyendo. Quiero seguir huyendo.

Y ahora, t, Nell, me miras a los ojos.

Pero ya no son los mismos ojos. Los de mi hombre. Ya no lo son.

-Querrn hablar -dices-. Saldr un rato.

S, Nell, sal all afuera, vete de mis ojos. Siempre fuiste as.

Y con l ya afuera, t, Elon, abandonas al fin la ventana:

-Dirase que nunca va a hervir... Creo que puse demasiada agua. Va a quedar muy flojo.

Te importa?

-Pienso que es la primera vez que comer algo preparado por ti -replico-. Sola ser yo

la de los calderos.

-S. La vida del hogar te era ms atractiva que a m. Y bien grande, el hogar que te

construiste.

-No fue para m...

-Lo s. Lo recuerdo.

En verdad, lo recuerdas? T, la viciosa del olvidar, lo recuerdas?

-Aquel da -suspiras-. Cuando lo viste en el campamento, dijiste; "Quiero ser reina,

solo para que l se siente a mi lado, para que todos los reyes y los nobles y los oficiales y

los soldados y los comunes y los mendigos lo vean all, y lo sepan mo". Y por eso

emprendiste la larga guerra para unir los clanes y te hiciste reina. Y construiste la fortaleza

del trono. Y lo sentaste a tu lado. Mucha sangre tuvo que brillar en los campos para eso.













-Y cuando mi espada no era suficiente, tu poder me ayudaba. Sin ti, nunca habra alzado

el trono.

-Es cierto. Sin m, impossible.

-Y entonces me lo quitaste.

-Solo ocurri. De verdad puedes culparme? Quise lo mismo que t... Cierto que hay

otras naciones, otros tronos... Pero solo haba un Nell. T mataste a tantos camaradas de

armas, a tantos amigos... Y los que yo mat por ti.

-T y yo ramos ms que amigas.

-S, t y yo... Hasta que l lleg.

-Pero no lo maldijiste, ni renegaste de l. Nos lleg a ambas. Mi error fue ganarlo

primero.

-Ahora le dices error. Fuiste corriendo a sus brazos, porque temas que yo fuese ms

rpida.

Desde cundo soy esta vieja que se empea en pelear con otra vieja por un viejo al que tan

solo besar ahora dara asco? Desde cundo chillo as, desde cundo t lo haces. Elon, qu

horrible es todo esto. Qu horrible esta necedad. Y Nell. Horrible. Pero ya eres necia. Ya

eres una vieja necia.

Y tambin yo:

-Ni en tus sueos ms calientes series tan rpida como yo, pedazo de pellejo.

-Ten cuidado, Aidalai. Olvidas con quin ests hablando.

-Y t? Que te muerdan el corazn, Elon. Que te lo dejen seco.

- Seca tendrs t la raja, puta de fogata!

-Raja apestosa, la tuya, bruja ladrona!

No s desde cundo, pero la espada tiembla en mis manos, y se balance como si quisiera













banquet. Tampoco s desde cundo, pero la Esencia insufla tus ropas, hace flotar tus grises

cabellos, y tus dedos parecen dispuestos a recorder conjuros.

-Cuidado, Aidalai -repites-. No olvides que soy Elon. Fui la Reina Bruja de

Thelesurun. Me llamaron el Castigo Negro, porque obligu a la Dominacin Blanca a

pagarme tributos. Forc a mi servicio a los Corsarios de Izanda, y a las tribus del gran

desierto del Zandain. Desenterr las ruinas de Vnkula, la Legendaria. Los Conocedores de

Dhol, que guardian toda la memorial del mundo, me dedicaron una sala complete de su Gran

Biblioteca.

-Y yo fui la llamada Brisa de las Nieves -replico-. Mi espada puede ser aun ms rpida

que tus hechizos. Fui la Primera Reina de Thelesurun. La que uni los clanes y alz el

primer trono thelesurunei. La que venci a los Harei en su propio pas. La nica reina de la

Tierra Estrecha que supo abrir como cscaras los tres muros de Lhur-Kowen-Ij, en toda la

historic sabida del mundo, y plantar sus estandartes en la Puerta del Pastor.

-Espero que recuerdes que somet a una Furia de Altandall.

-Y yo venc con solo una lanza a un Gran Grifo Gris de Vandaler.

-Un Gran Gris seguro ciego y sin alas.

-Y tu Furia, seguro abandonada e indefensa en una playa!

-Cuidado, Aidalai!

-Cuidado, t, Elon! Mucho cuidado!

Y esto ltimo que suelto es un chillido tan fuerte que cierro los ojos. Cuando los abro, veo

que pareces al borde de las lgrimas. Si es que aun guards lgrimas para malgastar. Esto es

ridculo. Qu pensar Nell, all afuera, de estas viejas locas, de estas infelices resentidas y

dbiles. Si lanzo un golpe, lo ms seguro es que me falle una pierna y ruede a tus pies, te

derribe, caigas sobre m... Si sueltas un hechizo, eres capaz de destrozarte a ti misma.













Puesto que el hechizo sera ms peligroso, bajo mi espada y la envaino. Igual me da si

decides matarme. Todo esto es un vulgar desperdicio. Esplndidas reinas hemos resultado

ser. Merecemos cantos de taberna. O ni siquiera eso. Los cantos de taberna deben ser

alegres, mientras que ste...

Al parecer, decides que te place dejarme seguir viviendo esta desgracia. Tu Esencia retorna

al sosiego. Farfullas algo ininteligible, juntas las manos como una sacerdotisa castigada, y

yo vuelvo a sentarme, mientras sigues farfullando.

-Y qu hay de ese vino que decamos? -pregunto al fin, tratando de hacer bien evidence

mi malhumor.

-Ay, qu se hizo de tus criados, mi reina -regaas.

Traes el vino y ocupas la otra silla, ante m.

-Mis criados... -olisqueo el vino-. T te los quedaste. Y para qu? Qu hiciste de mi

reino, vieja bruja? Ya no existe. Se desmoron como... como...

-Como una oveja ebria.

-S. Eso.

-Qu decirte, vieja lancera? Escapaste. Viv con el temor de verte regresar seguida por

miles de escudos y estandartes. Te saba capaz. As que hu del reino, con Nell, vagamos

por ah... Y no regresaste.

-Tem que me esperases con miles de hechizos.

-Ya ves... Qu se hizo de ti?

-Recorr las tierras del Camino del Pastor, bien lejos de Thelesurun. Fui mercenaria,

capitane varias incursiones, conquist muchas villas...

-Arrasaste muchas villas.

-Bien, s. Y supe un da que mi reino, mi reino, careca de unas nalgas en el trono.













Aunque igual daba. Las tuyas nunca fueron de las prominentes. Qu mal gusto el de Nell.

-Una vez dijo que prefera mis perfumes a toda tu peste a sudores de caballos y mantas

piojosas... hablo de cuando aun no eras reina, claro. Pero incluso despus, igual mis

perfumes eran mejores.

-Vieja bruja. Este vino es amargo.

-Ah. Se te ha educado el paladar. Qu prodigio, bendita seas. Pero no volviste a por tu

trono.

-No me interesaba. Ya no. Solo quera...

-Lo s. Por eso me ocult bien. Con Nell, en Izanda. Me ganaba la vida en ferias de

puerto, con pequeos trucos.

-La Reina Bruja revela sus artes secrets! Vean al Castigo Negro transformar un

escarabajo en una mariposa!

-Ms vino?

-No. Est muy amargo. No s cmo puedes.

-Una se habita a todo.

-Supongo que tienes razn. Pero volviste a la villa.

-Aqu nac. No es mal sitio para morir. Y t?

-Me da igual dnde ocurra. Pero el amigo de una amiga de un amigo me dijo que aqu

habra de hallarte. As que...

-Comprendo. Aunque no s...

-Tampoco yo.

-Comprendo.

Miro por la ventana. La niebla ha subido desde el valle y ahora envuelve la cabaa. No veo

el sendero por el que llegu. Creera que es una de tus artimaas, Elon, pero s que no lo













es. S que ya hemos vivido ms all de eso. Al menos, eso quiero career. Me siento tan

cansada.

-T te habras quedado? -pones a un lado tu copa.

-No lo s. Pero veo que todo es un desastre. La nacin ha vuelto a romperse en clanes.

Volvemos a cortarnos las gargantas entire nosotros. Y los de Har, y los dominios de los Mil

Estados, se hacen con los restos.

-Siempre haba sido as.

-Pero nunca tan triste.

-Los dioses sabrn lo que se hacen con nosotros. Yo no merezco esa culpa. Tampoco t.

-Reina Bruja... Imprudente. Qu soberana abandon este caos a sus espaldas? Si

hubieses esperado a dejar a un heredero...

-Un heredero, ij! Ese maldito bastardo -sealas con leve cario hacia la ventana- no

daba hijos. O sera yo. La Esencia seguro me cercen algo por dentro. Suele ocurrir.

-No, no creo. Debe ser l -comento-. Porque tampoco me los dio a m.

-A m me hubiera gustado... J! Qu importa eso ya.

-Sabes, Elon? A veces... Cuando nosotras... Bueno, a veces pensaba que podramos

buscar alguna nia... o algn nio, igual me daba, y...

-Lindas madres habramos sido.

-Esa vida no tena que ser para siempre. En una cabaa como sta...

-No te engaes, Aidalai -tiras otro carbn al fuego-. Yo tambin sola pensar... Y bien,

lo mismo. Pero ya ves...

-Si hubiera sido de otro modo...

-Yo digo que tena que ser as. Los dioses tejen el destino.

-Lo dices para consolarme. T al menos...













-S, es verdad. Lo siento.

-De verdad lo sientes?

-Algo, s. Pero no todo. Y lo siento si lo siento. O no. Ya deja eso, me confundes. A mi

edad, es fcil que me confunda.

-S. Es fcil. Yo misma...

-Ya deja eso! Y esa porquera que no hierve, por la caca de Yaly!

Si ya empiezas a maldecir del mismsimo Cronista, es tiempo de dejarte sola un rato. Eso

tambin lo recuerdo. Por eso salgo afuera.

Y ah ests, Nell, en un banco, la espalda apretada a la pared.

-No tienes fro aqu?

-Fro. Calor -sacudes la cabeza, y me haces temer que tu cuello flaco se rompa-. Es

igual, Aidalai. No te pasa igual?

-Creo que s.

Con much trabajo y dolor, me siento en el piso ante de ti, y de sbito el pecho se me

aprieta. As solamos sentarnos all, antes, t en el trono, yo sobre la alfombra, y t

cantabas.

Podrs cantar an, Nell?

-Recuerdas sta, Aidalai?

Dnde la danza, la sombra del ave,

tu pie descalzo en la hierba ?

Te busco en el camino que acaso no emprendiste

Alzo mi tienda al amparo de un cuento que te olvida

.Suii,, tu prisa de nia buscando el silencio

hija de un rbol distinto













Reverencio tu huella en la piedra que te supo guardar alientos

en la colina al sol

en los montes reales nombrados de esta tierra

y en sus ros todos

Y soy ya un hombre sin recuerdos a tu zaga extraviado.

S, Nell. Recuerdo. Pero no esa voz de hojarasca esparcida por los cascos sin herrar de un

potro perdido. A dnde fue la voz de caverna de hielo abierta al cielo, de nfora bebedora

de vientos, de lluvia nocturna sobre el rostro?

Sin embargo, me fuerzo a sonrer:

-S, Nell. Recuerdo.

Callo el resto. No lo merecemos. Te preguntars t tambin a dnde habr ido tu voz? O

acaso lo sabes. Te la han devorado, Nell, las tantas primaveras. O la has devorado t

mismo, como a tu propia carne.

-La cant en tu tienda, Aidalai -insistes-. La primera noche. Eras official. Mandabas ya

una legin de lanzas.

No quiero recorder, Nell. Ni la legin, ni mis insignias, y much menos esa primera noche.

Por favor.

-Y sta, la recuerdas tambin?

Vengo a callar alfin mis manos

en el lecho de hojas secas

sangre de mi tierra

Vengo a pedir a un dios que no conozco

otro nombre

para que en mis huesos crezca













y pueda el tiempo regalarle un gran olvido

Ya no soy un verso en otras bocas

Hablo por mi mismo y me contemplo

Y me concedo un descanso junto al mar vacio

Fui venablo en las orgas de mi vientre

Y qued rendido a las cortas crines de una potra

cuya tnica vest en noches largas

Tuve soles en la frente

y a la espalda incalculables huestes

cuya march estremeca mifirmeza

Mas retorno ahora a un polvo que recuerdo como el mio

A esta tierra donde tuve alguna vez un llanto y una risa

sepultadas en la suerte de mi estirpe

Tierra buena

Donde se erigen de mi altar las alas

Y amoroso el abrazo de una muerte bien pagada

merecida.

-Nunca le cantabas a la gloria, Nell. Odiabas la gloria. Por eso te quise para m. Porque

eras capaz de burlarte de lo mismo que yo. De toda esa tontera de escribir nuestros

nombres en la historic.

-Y para tenerme, Aidalai, quisiste ser gloriosa.

-Fue ese mi error, Nell?

-Eso crees? No lo s, Aidalai. En verdad, quiero career que nadie supo de un error. Que

solo ocurri, y eso es todo.













-Cun convenient. Para ti. As duermes en paz. As dormiste conmigo. Y despus con

ella.

Hago ademn de ponerme en pie, pero el dolor de mis huesos me detiene.

-Aydame a levantarme -te pido-. Al menos eso.

-Escucha otra cancin.

-No quiero tus canciones, viejo estpido. No entiendes que...?

-Por favor, Aidalai. Hace much que no canto. Y Elon... Bien, ella nunca quiso apreciar

mis canciones. Nunca me las peda.

-Tampoco yo las quiero ahora.

-No te ayudar a levantarte, vieja tonta. Escucha.

Hoy el tiempo abre sus fauces a un camino prohibido

Nuestras voces se han perdido

y han ardido nuestros templos

Sobre el mar

yacen las sombras maldecidas de ciudades

que nacieron y murieron en silencio o tempestad

Un olvido grande cae rotundo sobre nuestras cabalgatas.

En el viento nuestros huesos ya son polvo con el polvo

y las huellas que dejamos profanando milparajes

empezaron a borrarse al pasar la ltima crin

Los aceros se han dormido arrullados por las arpas

Quin recuerda que hace siglos

tantos siglos como estrellas

nuestra sangre fue de hielo













nuestros cuerpos de metal ?

Nuestros gritos

nuestras manos

son la ira punta en blanco

Aunque muertos y olvidados

no podemos olvidar.

Quiero golpearte en esa cara de corteza rajada, verte sangrar por la nariz.

-As que a la otra vieja no le gustan las canciones -comento-. Siempre la elegant, la

delicada... Y sin gusto alguno en las orejas... O el corazn.

-Te equivocas. Ella, simplemente, no quera ser t. No quera que fuese igual que contigo.

Quizs no quiso robarte eso.

-J! Djate de tonteras, Nell.

-Como quieras.

Te observo con descaro, tu calva, tus pantorrillas desastrosas:

-S que te conserve con su magia, durante much tiempo, tal y como eras. Qu, era

much poder el que empleaba en eso? Se agot? O se cans de verse cada vez ms vieja,

y t tan joven, y por eso...?

-Siempre pensabas lo peor de cada quien, Aidalai. An lo haces -escupes a un lado, y el

gesto es tan desagradable que aparto la mirada-. Yo se lo ped. Y no me complaci

enseguida, claro. Pero lo acept. Yo quera gastarme junto a ella. Eso es todo.

-Increble.

-De veras? Si hubiramos sido t y yo, no te habra parecido as. Es solo que no te entra

en el espritu que yo lo prefiriese de ese modo, que la prefer a ella.

-A esa idiota.













Callamos un rato. Dentro de la cabaa alguien calla tambin. Un silencio difcil de soportar.

Creo que merezco una pequea venganza:

-Canta otra, Nell.

-Con gusto.

March una vez colmado de promesas,

y con el cansancio por lecho,

y mujeres ajenas por descanso,

arrebat mis promesas de manos que lloraban.

March a la orden del tambor

hasta que mis pies fueron de barro,

pero he visto la nieve prometida.

Sacrifiqu a dioses que a mi madre aterraban con sus nombres,

y a la luz de las hogueras

olvid el tierno candil,

los susurros bajo el techo de arcilla,

el rumor de ovejas en el siempre verde prado,

y a mi padre,

que de mis ojos brillantes ocultaba en la paja del establo

sus armas apagadas por el tiempo,

temeroso del brillo de mis ojos.

Mis ojos son ahora un prado rido.

He cobrado mis promesas,

un manto cubre mis armas apagadas,

diez estandartes, cien lanzas y mil espadas siguen mi paso.













Pero he visto la nieve

y s que es fra.

-Hermoso, Nell. Creo que la voz te est regresando.

-As, bien. Puedes burlarte. Lo has disfrutado?

-Mucho, Nell.

-Disfrutas con que ella me escuche cantar para ti?

-Nunca sabrs cunto, Nell. Eres feliz aqu? Has sido feliz? Nunca te has preguntado si

conmigo...?

-Esas preguntas dejaron de tener significado hace much, Aidalai.

-Recuerdo que tenas una cancin... La hiciste para m. Solo para m. Hablaba de la

gloria. La has olvidado? Yo... no estoy segura. Deca algo... Algo sobre el glorioso canto

de los aceros desnudos... Era as?

-Creo que la recuerdo.

-Por favor...

Digo adis, padre, a tus ovejas

que no he de guardar ms

Nada reclamo de tu hacienda o labor,

slo que me dejes el cayado

hasta que mis manos sepan el peso de la lanza,

y me regales una bendicin tan breve como las noches de esta tierra

Me voy lejos, padre,

a esos horizontes donde las noches son ms largas

y los hombres son hroes en canciones

No quiero vestir ya la tnica de un tigre florecido













que guard cien ovejas

ni esperar el nacimiento de mi estrella

Yo elijo la estrella que no brilla en este cielo

Yo quiero vestir la lana de mil ovejas de hierro.

-No era sa, Nell. Sabes que no era sa.

-Quin sabe... Puede que la haya olvidado.

-T tambin... Otro maestro del olvido.

-Fuiste una gran guerrera, Aidalai. Una esplndida official, una reina de leyendas. Pero

nunca aprendiste lo esencial.

-Y eso, qu es?

-Olvidarte a ti misma.

Extiendes al fin tu mano. Me aferro a ella. Tiramos. Nuestros huesos se quejan. Tus muecas

son espantosas, Nell. No quiero saber qu piensas de las mas. Al recordarme como era. No

quiero recordarte. Ni bajo el Sol Negro, ni a la luna en las murallas, ni en la vaca sala del

trono, ni en el lecho...

-Sigue al fro, Nell. Quizs ests duro y muerto a la maana.

-Los dioses dispondrn.

Ya no me miras. Ya no me recuerdas. Mejor as.

Dentro, ya sale vapor del caldero.

Y t, Elon, esperas junto a l, y pareces dormir. Pero te conozco mejor:

-se intil tuyo, Elon, ya ni sirve para cantar. Lo has odo?

-S. Ha sido... Me alegro por ti. Quizs viniste solo para eso.

-Ni siquiera recuerda la cancin que escribi para m, y solo para m, puedes creerlo? O

ser que usaste tus artes para que la olvidara? Eh, vieja bruja...













-Espero que tengas sobre m un parecer mejor que ese.

-Creo que ya te he hecho conocer mi parecer. Durante todas estas largas primaveras.

-S. Eso creo tambin yo... Toma -me das los trozos de carne en la escudilla-. Crtalos

en pedazos que se puedan tragar sin masticar much.

-Qu raro placer hallas en todo esto, Elon? Podras tener dientes. Y Nell, tambin.

Podras hacerlo todo con tu Esencia. Un banquet. Sirvientes. Un piso limpio...

-Quizs por eso es que Nell me prefiri al final, Aidalai. No se te ha ocurrido, en todas

estas largas primaveras?

-Ese es un pensamiento extrao, Elon. Propio de ti, no de m. Lo siento.

-Yo tambin lo siento.

Cojo un cuchillo partido y empiezo a picar la carne. Afuera, alguien calla, alguien parece

no estar, fro y solitario, pero satisfecho, contemplando la niebla. No puedo comprenderlo.

Pero tendr que aceptarlo.

-Ya casi -anuncias desde el fuego-. Has terminado con la carne? Pronto serviremos la

mesa, Aidalai.

El agua hierve al fin en el caldero.

-El glorioso canto de los aceros desnudos... -canturreo-. S... Sabes qu, Elon?

Tengo un hambre terrible, de veras. Y por favor, sirve ms de ese vino amargo y horrible

que tienes ah. Le llevar a Nell una copa. La noche est fra.


La Habana, 1974. Licenciado en Lengua y Literatura Inglesa.
Miembro de la Asociacin Hermanos Saiz (AHS) y la Unin de
Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).














Premio Calendario de ciencia ficcin 2006 de la AHS.

Ha publicado: "Sol Negro" de ediciones Extramuros 2001,

"Nios de Nen" Letras Cubanas 2001, "Dioses de nen" Letras

Cubanas 2007, "Veredas" Extramuros, 2007 y "Enemigo sin voz"

Abril 2008.




Cuentos suyos han sido incluidos en las antologas "Polvo en

el viento", ICMF, Argentina 1999; "Horizontes Probables",

Lectorum, Mexico 1999; "Reino Eterno", Letras Cubanas 1999 y

"Secretos del Futuro" Sed de Belleza 2007.

Actualmente trabaja como editor en Eds. Extramuros.


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6. ENTREVISTA: Lo fantstico es mi espacio de compromise y rebelin


La argentina Liliana Bodoc con su triloga La saga de los confines, en la
que destaca la creacin de un universe cuyos objetos, elements y lugares estn
enraizados con la Amrica aborigen. Esta entrevista es un recorrido por un gnero
que cada vez hechiza a ms lectores que buscan territories ms all de los
fundados por Tolkien o Rowling.


Por Raquel Garzn.
Tomado de BABELIA 19-08-2006


"La pica fantstica se propone la construccin de un mundo paralelo en el que se narran
relatos que deben reunir dos elements esenciales: ser colectivos y de magnitude heroica"

La casa de la pica fantstica es un condominio multicolor e inapagable en el que conviven
en tierras sin tiempo y embarcados en enfrentamientos tan largos como la edad del agua,
hroes que luchan por su honor o por su pueblo, mitologas de los ms diversos orgenes,
espadas con poderes sobrenaturales, duendes, aprendices de brujo... "Son relatos colectivos
y heroicos que nos proponen un mundo cerrado y autnomo, en el que el Bien y el Mal se
enfrentan categricamente y en el cual intervene la magia, entendida no como lo que no
existe sino como aquello que todava no podemos explicar", precisa la escritora argentina
Liliana Bodoc (Santa Fe, 1958). Hace seis aos, con la aparicin en Argentina de Los das
del Venado, primer libro de su triloga La saga de los confines, la hasta entonces indita
autora sum a esa familiar literaria de cuo anglosajn -donde campean las creaciones de J.
R. R. Tolkien, Michael Moorcok, Julliet Marillier y Robert Carter, entire otras- las leyendas,
la naturaleza y los colors americanos en un territorio mgico llamado Tierras Frtiles. Una
triloga que en Espaa public Edhasa.

Fenmeno editorial que lleva ms de 120.000 ejemplares vendidos en Amrica Latina y 13
reediciones, Bodoc cruz el Atlntico en 2005. Para entonces contaba con various premios
(menciones especiales de los internacionales Andersen y The White Ravens, entire otros) y
la bendicin, llegada por correo electrnico, de la estadounidense Ursula K. Le Guin, pope













de la literature fantstica, quien al regresar de unas vacaciones por el Caribe, tras leer sus
libros, le escriba: "Vuelvo a casa de dos viajes. Pero el suyo me llev ms lejos". Editada
por Edhasa en Espaa y en process de traduccin al alemn, el francs y el italiano, la saga
(que consta de Los das del Venado, Los das de la Sombra y Los das del Fuego) sigue
sumando lectores, mientras Bodoc espera la publicacin, en Argentina, de su nueva novela
Memories impuras, una historic "fantstica pero no pica, con una alta carga de erotismo",
sobre el tiempo de los virreinatos y las logias americanas.

PREGUNTA. En un mundo tan diverso cultural, geogrfica y socialmente, para qu
inventar otros?

RESPUESTA. La necesidad de imaginar universos alternatives est present en la literature
oral de las cultures ms diversas. La pica fantstica se propone la construccin de un
mundo paralelo en el que se narran relatos que deben reunir dos elements esenciales.
Tienen que ser colectivos -son relatos de pueblos, llenos de gentilicios- y, adems, de
magnitude heroica. No se trata de relatos intimistas, aunque en algunos, sobre todo en los
modernos, el tema psicolgico o privado aparezca. Tienen la intencin de fijar un modelo a
seguir y son, en ese sentido, didcticos. A esto hay que sumarle los tpicos casi necesarios
del gnero que son los viajes, de iniciacin o de transformacin, el hroe y el antihroe y la
aparicin de dos polos siempre en guerra: el Bien y el Mal. Adems, por supuesto, lo
fantstico, cierto enrarecimiento, que suele asociarse a un sistema mgico. Esto no significa
que esos mundos no estn referenciados. Toman algn sector de la realidad y lo subliman
desde lo fantstico para presentar una mirada singular sobre ese microcosmos.

P. No son, pues, sitios desasidos de lo real




R. No, en absolute. Son especulaciones sobre la realidad. Que, adems, muchas veces, por
ejemplo en Ursula K. Le Guin, tienen much de ensayo: la historic funciona casi como un
experiment antropolgico que se vale de la ficcin para investigar y reflexionar, en su
caso, sobre la problemtica de gnero.













P. Cul fue su experiment? Qu quera lograr cuando se decidi a escribir La saga
de los confines?

R. Lo mo es bastante paradigmtico porque se asocia a una caracterstica del gnero pico:
existe el deseo de construir en la ficcin un mundo deseado y deseable, utpico. La saga de
los confines narra el enfrentamiento blico, pero tambin filosfico, social y econmico,
entire dos proyectos de mundo: uno que tiene que ver con la diversidad, la libertad y el
respeto por la naturaleza y otro que potencia la uniformidad, la esclavitud y la relacin
parsita. En ese context se desarrollan amores, traiciones, guerras y toda la temtica
mgica caracterstica del gnero, basada aqu en la concepcin de los mapuches, aztecas y
mayas y en libros como el Popol Vuh. Hay, tambin, series fantsticos como las mujeres pez
o los lulus, criaturas de cola luminosa.

P. Gran parte de esta literature siente cierta fascinacin por lo medieval: castillos,
caballeros, espadas...

Por qu?

R. Si, en muchos relatos del gnero hay un medievalismo subyacente, una especie de
melancola, incluso, que se trasluce al imaginar ropas, alimentos, armas, fortalezas

... Si bien en mi saga no se da, porque el universe de los objetos y elements se enraiza en
la Amrica aborigen, es cierto que los ropajes de lo medieval, los largos viajes, las
Cruzadas... exaltan la imaginacin. Con vision crtica o vocacin melanclica, la Edad
Media es siempre una reserve de climas y temticas para la literature. Parte de esa nostalgia
se explica porque se la asocia con cierta buena lentitud, con una vivencia ms humana y
menos ruidosa del tiempo.

P. Qu autores le abrieron a usted las puertas de la imaginacin?

R. Trazar una historic del gnero nos lleva a picas annimas como la de Gilgamesh, el rey
sumerio de la ciudad de Uruk unos 4.600 aos atrs, o al mismo Homero en Grecia, porque
en ellos estn los embriones de lo pico y lo fantstico. Pero nombrara a autores clave
porque me propusieron universos con reglas propias, novelas-mundo, clsicos infantiles
como Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, de 1726, que es una gran alegora de la













situacin sociopoltica de la poca. O Julio Verne, buena escuela a la hora de soar desde la
literature cosas que despus son posibles. Alicia en el pas de las maravillas, de Lewis
Carroll, me parece tambin un texto fundamental con un apunte lleno de ternura: siempre
he credo que el final era innecesario.

P. ?

R. Es que... es lo olvidable del libro, porque la construccin fantstica de Carroll result tan
verosmil, que intentar revertirla diciendo que las peripecias de Alicia se explican por un
sueo slo se entiende como una obligacin del matemtico que l era, tratando de
permanecer fiel a su poca y su formacin.

P. Y su encuentro con la pica fantstica propiamente dicha?

R. En forma consciente y apasionada llegu al gnero con Tolkien. Yo tena unos 20 aos y
le El Seor de los Anillos. Me encontr habitando un mundo poblado por balrogs o
demonios de apariencia semihumana, grandes araas, guilas, elfos, dragones y dems
monstruos con ecos de las mitologas celta, germana y nrdica. Un universe del que
peligrosamente no me quera ir. Fue casi adictivo para mi, que por impronta familiar venia
leyendo much realismo del boom y el posboom latinoamericano. Segu con El Hobbitt y
finalmente con El Silmarillion, su mejor texto, por la belleza de la prosa.

P. Tolkien y Le Guin son influencias que reconoce. Qu recogi de cada uno de ellos?

R. De Tolkien, la idea de concebir otro mundo y las caractersticas del gnero pico
modernizado; de Le Guin, la presencia fuerte de las mujeres y el trabajo lrico con la
palabra. Libros como Los magos de Terramar, El nombre del mundo es Bosque, La mano
izquierda de la oscuridad fueron puertas muy generosas a la obra de una escritora
fundamental.

P. Casi estoy tentada a preguntarle si todos escribieron sobre lo mismo...

R. (Se re). En cierto sentido, si, pero como deca Tolkien, aunque se comparta el
argument, lo que define una obra es el colorido, la atmsfera, los detalles individuals e
inclasificables del relato. Otro autor imprescindible es Robert E. Howard con su series













Conan de Cimmeria. Lo le much despus que a Tolkien, aunque Howard describe antes,
durante la Gran Depresin de Estados Unidos.

P. Los adolescents parecen los lectores ms agradecidos del gnero, o slo es un
prejuicio?

R. Los jvenes reciben mejor estas histories porque son ms generosos, ms claros y ms
libres a la hora de no exigirle a la literature un plus. La literature vale, para ellos, por s
misma. Yo he escuchado a muchos adults decir: "Leo literature histrica porque adems
aprovecho para aprender sobre tal o cual cosa". Le exigen referencialidad, informacin o
una utilidad que la literature no tiene por qu tener como no tienen por qu aportarlas un
cuadro o una sinfona. Cuesta much que a los escritores de este tipo se nos tome en serio.

P. Por qu?

R. Porque perdura una infravaloracin de la imaginacin que heredamos de prejuicios
decimonnicos. Sigue habiendo la idea de que no es literature seria...

P. Jaime Rest, crtico argentino muerto en 1979, afirmaba que el gnero policiaco, la
ciencia-ficcin y el terror eran diferentes respuestas a la dificultad del siglo XIX para
conciliar el racionalismo cientfico con los elements sobrenaturales u oscuros del
Romanticismo.

R. Coincido y pienso que lo fantstico, tomado en forma amplia, asume la complejidad de
aquello para lo cual no tenemos respuestas racionales. Puede tener, tambin, una fuerza
transformadora increble y plantarnos en un territorio de batalla social comprometida. As,
Kalpa imperial, de Angelica Gorodischer, narra en once relatos, fragments de la historic
del Imperio Ms Vasto que Nunca Existi con un derroche magistral de imaginacin. El
libro habla bsicamente de la dictadura argentina y de la represin, desde un universe de
ficcin muy complejo.

P. Cmo explica el auge que vive este tipo de literature desde hace una dcada al
menos?













R. Creo que hay una necesidad social de comprensin de diferentes aspects de lo real. La
razn pura no agota las respuestas posibles y la literature de fantasa propone una mayor
apertura. Es un auge que el cine amplifica: Harry Potter, El Seor de los Anillos, ahora las
Crnicas de Narnia basadas en los libros de C. S. Lewis...

Seguramente este boom pasar y quedar slo lo que valga la pena, pero resta un largo
camino hasta juzgar a los escritores del gnero por la calidad de los textos que presentan.

P. Qu tipo de relacin existe entire su literature y el realismo mgico?

R. Lo fantstico es una luz con la que me gusta iluminar la razn; por mi historic personal -
mi padre fue siempre racional hasta el autoritarismo- ha sido mi espacio de rebelin. Garca
Mrquez estableci un puente que yo agradezco entire el mundo de la literature
latinoamericana comprometida, combative, preocupada por las injusticias y lo fantstico.
En Cien aos de soledad, Remedios, la bella, puede levitar, pero Macondo no deja de ser
un pueblo latinoamericano con toda su problemtica. Hasta el realismo mgico, conciliar
esos mundos fue impossible para quienes sentan que literature era compromise social y
pelea revolucionaria y que el resto era de tilingos.

P. Le propongo el movimiento inverso: cree que hay temas que slo pueden
abordarse desde la pica fantstica?

R. No me gustara cometer contra el realismo lo que el realismo cometi contra la fantasa.
Que hablen de duendes noms, que hablen de lo que quieran. A la literature no hay que
ponerle cscaras ni cerrojos. La ficcin debe ser pura libertad.


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6 HUMOR: Santa cena en la Estrella de la Muerte.


Para los fan de Star Wars y de Leonardo Da Vinci...


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