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 La frase de hoy: William Gibso...
 Artículo: La ciencia ficción, en...
 Cuento clásico: Los negros fosos...
 Cuento made in Cuba: Palabras de...
 Cuento corto made in Cuba: Por...
 ¿Cómo contactarnos?


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Disparo en Red
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 Material Information
Title: Disparo en Red
Physical Description: Serial
Language: Spanish
Publisher: Disparo en Red
Place of Publication: Havana, Cuba
Creation Date: April 2, 2008
 Subjects
Genre: serial   ( sobekcm )
 Record Information
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
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    Cover
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    Table of Contents
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    La frase de hoy: William Gibson
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    Artículo: La ciencia ficción, en la encrucijada del siglo XXI, Julián Díez
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    Cuento clásico: Los negros fosos de la Luna, Robert Heinlein
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    Cuento made in Cuba: Palabras de guerra sin ti, Michel Encinosa Fú
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    Cuento corto made in Cuba: Por Contrato I, Abel Ballester Zuaznábar
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    ¿Cómo contactarnos?
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HOY: 2 de ABRIL del 2008










DISPARO EN RED: Boletn electrnico de ciencia-

ficcin y fantasa.

De frecuencia mensual y totalmente gratis.

disparoenred@centro-onelio.cult.cu


Para descargar disparos


anteriores:


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El sitio web del Fantstico Cubano


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Editores:


O. CONTENIDOS:


SDarthmota.



Jartower.


Colaboradores:
Taller de Creacin ESPIRAL de
ciencia ficcin y fantasa.
espiral@centro-onelio.cult.cu,
espiralgrupo@,yahoo.es


Anabel Enrquez Istvn Bent
Juan Pablo Noroa Coghan
Leonardo Gala Ral Aguiar


Portada: Jimnez.


1. La frase de hoy: William
Gibson.

2. Artculo: La ciencia ficcin,
en la encrucijada del siglo
XXI, Julin Diez.

3. Cuento clsico: Los negros
fosos de la Luna, Robert
Heinlein

4. Cuento made in Cuba:
Palabras de guerra sin ti,
Michel Encinosa F.

5. Cuento Corto Made in Cuba:
Por Contrato I, Abel Ballester
Zuaznbar.


6. Cmo contactarnos?


DISPARO EN READ


3AOS DISPARANDO
(-111.NCIA FIC'1110N
1.- 1 r e n t r 1U i, :7 u 1-1














1. LA FRASE DE HOY:




El color del cielo sobre el puerto tena el color de un televisor sintonizado en un canal

muerto.

(The sky above the port was the color of television, tuned to a dead channel.)


William Gibson

Neuromante.




Al INDICE












ARTICULO: La ciencia ficcin, en la encrucijada del siglo XXI
por Julin Diez
Tomado de http://www.ccyberdark.net


Un repaso a la situacin del gnero de la ciencia ficcin, desde 1990 a la actualidad: las
tendencies internal que triunfan, la presencia creciente de las temticas de la ciencia ficcin
en los estantes tradicionalmente reservados a la literature general y el moment de la
ciencia ficcin en Espaa, que se perfila favorable en algunos sentidos.


Nota: Este artculo fue publicado en el nmero 217 de Revista de Literatura,
correspondiente a Mayo de 2006







El future ya est aqu. La mayor parte de los sueos de la ciencia ficcin traditional se han
incorporado al imaginario colectivo, o han sido descartados como imposibles por la ciencia,
o incluso se han convertido en realidad. El gnero tal y como se le conoci en sus primeros
cincuenta aos de vida ha quedado, en cierta forma, obsoleto. Parte de sus propsitos,
aquellos que tom de la literature utpica anterior a su nacimiento, siguen en pie; pero la cf
ha cedido esos intereses a la literature general, que parece haber recobrado el inters por la
prospective, por el distopismo.


Todo este fenmeno no es bueno ni malo. Desde dentro de la cf se ve en parte como un
problema, en parte como una demostracin ms del rechazo del establishment cultural
hacia el gnero. Algo que no es del todo cierto. Es verdad que se acumulan libros que tocan
temas caractersticos de la cf pero que en su contraportada aseguran que el texto trasciende
la cf, algo que la mayor parte de las veces no es cierto. Pero tambin es verdad que la cf,
debido a algunas caractersticas innatas, se ha convertido en un campo a veces dificil de
seguir.












Quiz se deba al concept de que el gnero de cf es ante todo una literatura de ideas. Si
lo important son las ideas, cada nueva contribucin al gnero debe dar un nuevo giro sobre
las ideas conocidas. Y se ha llegado al punto de que parte de la cf se ha convertido en un
giro sobre otros giros, una narracin tan complicada y metarreferencial que no es fcil de
seguir para un lego. No toda la cf es as, por supuesto; pero uno de sus troncos principles,
quiz el ms relacionado con las tradiciones del gnero, camina por esa lnea.


Un hecho significativo en este curso de los acontecimientos puede ser el aplastante xito de
Hyperion, de Dan Simmons, seguramente la ltima novela que ha conseguido de forma ms
o menos nnime la etiqueta de clsico para la crtica y el pblico. Publicada en 1989,
Hyperion recoge las histories de un grupo de peregrinos que van en busca de una especie de
mesas oscuro, el Alcaudn. Cada relato es un homenaje a un subgnero dentro de la cf, y el
conjunto pesa ms que la suma de sus partes... si se tienen los referentes necesarios para
comprender la ambiciosa labor sumatoria emprendida por Simmons. Hyperion es un libro
slo parcialmente disfrutable por los legos, slidamente metarreferencial, y muy hermoso a
su manera. El autor, siguiendo otra de las desafortunadas tendencies del gnero en estos
moments, diluy el impact de su obra original con una sucesin de continuaciones cada
vez ms difciles de seguir, aunque tambin de calidad.


La cf metarreferencial se hace particularmente fuerte en un campo que siempre ha sido
lateral en el gnero, pero que cobr protagonismo en parte de los aos noventa: el hard, es
decir, la ciencia ficcin dura, con especulaciones cientficas complejas y slidamente
basadas en los conocimientos contemporneos. A mi juicio, Ted Chiang -que slo describe
cuentos cortos-, Stephen Baxter y Kim Stanley Robinson son los autores que han
conseguido, a partir de esos presupuestos limitadores, obras de mayor calado en los ltimos
aos. Otros escritores notables de esa corriente, como Robert L. Forward o Gregory
Benford, llegan a resultar incomprensibles en buena parte de sus pginas para el comn de
los mortales sin una preparacin cientfica universitaria.










De los subgneros tradicionales de la cf, otros dos han mantenido energa en los ltimos
aos. El primero ha sido el space opera, la aventura espacial. El refugio natural de este
subgnero ha sido lo que se conoce como franquicias, es decir, novelas que continan con
fenmenos mediticos narrando aventuras de sus protagonistas que no aparecen en las
series de cine o television. Las de mayores ventas han sido, obviamente, las de Star Wars y
Star Trek, aunque las hay tambin de los juegos de batalla espacial Warhammer 40.000 o
Starcraft. Adems del hecho evidence de que este tipo de novelas no benefician a la cf con
su imagen infantiloide, hay que sealar que el propio negocio en el que estn basadas hace
que jams puedan tener calidad significativa. Por ejemplo, en ellas no pueden desarrollarse
avances narrativos que contradigan despus los posibles desarrollos de los products
audiovisuales, con lo que resultan siempre pobres. En el comienzo de este fenmeno, se
produjo un ejemplo significativo al respect. La primera continuacin de La guerra de las
galaxies, El ojo de la mente, se encarg a un correct escritor, Alan Dean Foster. La novela,
seguramente la mejor de las continuaciones de esta saga, result hoy inencontrable al haber
sido prohibida su difusin por George Lucas. En ella, entire otras cosas, se inicia un
romance entire Luke Skywalker y la princess Leia, que en las pelculas resultan ser a la
postre hermanos.


Tambin dentro del gnero literario el space opera se ha desarrollado de manera important,
con dos escuelas: la estadounidense y la inglesa, de corte ms ambicioso. La gran dama del
space opera norteamericano es Lois McMaster Bujold, una escritora de notable simpleza
literaria pero que ha conseguido atrapar a algunos lectores con la series que sigue las
aventuras de Miles Vorkosigan, un guerrero minusvlido con reiterados guios para la
identificacin del lector y que, por supuesto, siempre sale triunfante.


Tambin pueden incluirse en este territorio buena parte de las novelas de Orson Scott Card,
incluyendo el quiz mayor bestseller de la cf literaria en las ltimas dcadas: El juego de
Ender. Una historic a la que el autor ha vuelto una y otra vez recontndola desde diferentes
puntos de vista en sucesivas novelas. Card, adems de su comercialidad descarada y su
tendencia a las lecciones morales de tercera clase, aprovecha sus obras para publicitar su fe
mormona. Sin duda, pese a su popularidad, Card y Bujold estn bastante por detrs del










vuelo imaginative y la capacidad literaria de Vernor Vinge, un autor de obra poco extensa
pero ciertamente memorable, en particular sus novelas Naufragio en tiempo real y Un fuego
sobre el abismo. Tambin son interesantes las obras de otros autores como C.J. Cherryh o
John C. Wright, cuya triloga La edad de oro es considerada por algunos crticos como
definitiva en este campo.


Sin embargo, donde se concentra el mejor space opera es ahora mismo en Inglaterra, donde
es un fenmeno relativamente nuevo: apenas se produjo esta clase de cf en dcadas
precedentes. El autor que abri fuego en esa lnea, y que se mantiene en cabeza, es el
escocs Iain Banks, un escritor que lleva una doble vida como narrador general y creador
de densas y complejas aventuras espaciales situadas en el universe de la Cultura: un future
lejano en el que la abundancia de materials primas y bienes ha llevado a una sociedad
vagamente comunista, en la que las mquinas tienen personalidades y derechos
equivalentes a los humans. Tambin tienen intencionalidad poltica, aunque una calidad
sustancialmente menor, las obras de Ken McLeod. Otros autores de esta lnea de trabajo
que pueden citarse y resultan ms o menos recomendables son Alastair Reynolds, Peter F.
Hamilton y Paul McAuley.


El otro subgnero con vida y salud es el ciberpunk, la aventura tecnolgica en un future
cercano a la manera, para entendernos, de Blade Runner. Aunque se le ha dado por muerto
en diferentes ocasiones, el ciberpunk sigue vivo entire otras cosas porque los autores que le
dieron forma en los ochenta son an jvenes y siguen produciendo histories a buen ritmo,
como es el caso de los dos padres fundadores del movimiento, William Gibson y Bruce
Sterling. A ellos se ha sumado en la cspide de la popularidad Neal Stephenson,
especialmente gracias a dos novelas como Snow Crash y La era del diamante, aunque en
rigor hayan tenido mayor xito obras posteriores, ms extensas y un tanto fallidas como
Criptonomicn. En los ltimos aos, un nuevo nombre ha causado impact: el del ingls
Richard Morgan, cuyo Carbono alterado fue seguramente el libro ms llamativo publicado
dentro de la cf en Espaa en 2005.










Con la vitalidad de estos movimientos, no ha surgido ms que uno nuevo en la cf en los
aos noventa: el llamado new weird. Determinar si este subgnero es o no cf result
complejo, puesto que en rigor se trata de una formula mestiza. Al hilo de esa sensacin de
que el future ya est aqu y la cf est ligada a una vision del future demasiado
tecnolgica y, por tanto, con fecha de caducidad, el new weird introduce en su imaginera,
con la misma jerarqua que los cientficos, elements procedentes de la fantasia pura -algo
que ya llevaron a cabo en dcadas previas el estadounidense Gene Wolfe y el ingls M.
John Harrison- e incluso exageraciones bizarras procedentes del cmic, adems de detalles
y situaciones puramente surrealistas. La intencin es mostrar un universe future sin la fecha
de caducidad inherente a los avances cientficos, y en el que el impact sensorial prime para
ofrecer mundos de imaginacin totalmente desatada, casi sin reglas.


La estacin de la calle Perdido, del ingls China Miville -otro autor con una ideologa
notoriamente izquierdista-, es la piedra angular de este movimiento, ya anticipado por el
estadounidense Jonathan Lethem y que tiene otros practicantes destacados en Jeff
Vandermeer o Steph Swainston.


Sera injusto terminar este repaso sin mencionar algunos nombres destacados que no
pueden inscribirse en ninguna de estas tendencies. Connie Willis, por ejemplo, es, cuando
se encuentra en forma, la heredera ms destacable de la cf clsica, aunque funcione
much mejor en formatos cortos que en novelas largas -con la excepcin de su novela ms
conocida, El libro del Da del Juicio Final-. El australiano Greg Egan navega a medio
camino entire el hard y el ciberpunk para ofrecer obras muy personales y extraas, aunque
pierda algo el rumbo cuando se adentra en novelas extensas. Y Harry Turtledove ha
liderado una revolucin en el terreno de la ucrona, una rama de la cf tradicionalmente
bastante menor que con su obra ha cobrado pujanza, por el moment con resultados ms
comerciales que literarios.


Este sera un balance en lo que hace al tronco principal tradicional de la ciencia ficcin:
es decir, el gnero consciente de s mismo y escrito originalmente en ingls. Sin embargo,
el lector atento de literature prospective va descubriendo progresivamente que buena parte










de lo mejor de la literature encuadrable en lo que se ha conocido tradicionalmente como cf
no pertenece a esos parmetros tradicionales. Para empezar, lo que desde el gnero se llam
slipstream, es decir, novelas de temtica de cf pero escritas fuera del gnero, ha crecido
exponencialmente en los ltimos aos para constituirse en una rama sustancial, ms viva y
ms cercana al lector medio.


Realizar un studio sobre este tipo de literature fantstica prospective es complejo: est
escrita casi siempre por autores que no tienen continuidad en sus esfuerzos en este terreno,
y que no siguen una lnea de influencias y temticas coherentes, sino que llegan a esos
temas de forma puntual y como respuesta a una preocupacin por determinadas cuestiones
de nuestra sociedad. Se trata casi siempre, en resume, de obras de future cercano, que en
ocasiones resultan ingenuas al no contar con el marco de referencia y los avances en
tcnicas narrativas de la cf, pero que en sus mejores ejemplos ofrecen miradas frescas, ms
cercanas a los ojos del lector medio, a temas que la cf ya ha dejado atrs, condicionada por
su exigencia de novedades a causa de su lastre como literatura de ideas.


Ms que un anlisis al respect slo cabe hacer una enumeracin de obras puntuales que
resultan sobresalientes en este terreno. A mi juicio, sera necesario nombrar Futureland, de
Walter Mosley; El cromosoma Calcuta, de Amitav Gosh; Oryx y Crake, de Margaret
Atwood; Una investigacin filosfica, de Philip Kerr; o Happiness, de Will Ferguson. En
Espaa, donde autores como Gonzalo Torrente Ballester, Pedro Salinas, Vicente Blasco
Ibez o Miguel de Unamuno ya entraron en el terreno de la ficcin cientfica en el
pasado, tambin se ha producido este fenmeno de manera ms reciente, pero las sucesivas
obras de autores como Suso de Toro, Ray Loriga o Luis Racionero slo pueden calificarse
como decepcionantes; algo ms de inters tienen trabajos puntuales de Rafael Reig y, por
supuesto, Eduardo Mendoza. Este ltimo ao, el fenmeno se ha intensificado con la
publicacin, con gran promocin editorial, de obras del gnero de grandes nombres de la
literature international como Michael Cunningham, Kazuo Ishiguro, Philip Roth, Michael
Houllebecq o Jean-Christophe Ruffin, aunque an no puedo ofrecer un juicio sobre ellas.










En cuanto a la expansion de la cf fuera de los territories tradicionales anglosajones, es algo
de lo que los lectores espaoles vamos teniendo una vision parcial a travs de ocasionales
traducciones. El fenmeno, curiosamente, tiene su origen en el xito de los gneros
fantsticos en un pas tan poco influyente sobre la cultural espaola como Polonia. De all es
el para muchos mejor escritor de cf vivo (1), Stanislaw Lem. Y de all es uno de los autores
de fantasia del moment, Andrzej Sapkowski. Su xito editorial ha animado a explorer
escritores del Este europeo, donde siempre ha existido un mayor respeto hacia la cf.
Adems, este fenmeno se ha visto incentivado por la organizacin de un event europeo
de cierto relieve, los Utopiales de Nantes, en los que escritores y editors del continent han
podido compartir intereses en el context de un mercado que, como el francs, lleva ya
bastantes aos traduciendo obras europeas en detrimento de las anglosajonas.


La novela que posiblemente da arranque a este fenmeno es Los tejedores de cabellos, del
alemn Andreas Eschbach. Sin embargo, a su nombre podemos sumar otras de inters
similar: los de los italianos Valerio Evangelisti y Luca Masali, los franceses Jean-Claude
Dunyach y Serge Brussolo, el serbio Zoran Zivkovic, el ruso Sergei Lukianenko, el
portugus Joo Barreiros... A su vez, esta comunicacin de la cf continental ha abierto las
puertas al extranjero a various autores espaoles.


En cuanto a la situacin de la cf en Espaa en la actualidad, puede mirarse con un
optimism moderado. Ni es tan mala como generalmente lo ha sido, ni tan buena como
debera ser a tenor de cmo funcionan las cosas en mercados vecinos como el francs o el
italiano, donde las editoriales importantes cuentan con un sello de cf y la crtica de libros
del gnero aparece de forma regular y sin complejos en todos los suplementos culturales.


Para empezar, la cf espaola cuenta en estos moments con un ramillete de escritores en
activo ms important de lo que tuvo jams: Juan Miguel Aguilera, Javier Negrete, Rafael
Marn o Rodolfo Martnez se encuentran en primera lnea continental, y veterans como
Gabriel Bermdez, Angel Torres Quesada o Domingo Santos siguen aportando a su vez. Y
su trabajo no est aislado: regularmente se van sumando nuevos autores que cubren las
bajas de escritores que, como Csar Mallorqu, Len Arsenal o Elia Barcel, estn










derivando la parte principal de su tarea hacia otros campos. Nombres como los de Vctor
Conde, Santiago Eximeno, Eduardo Vaquerizo, Daniel Mares o Jos Antonio Cotrina
ofrecen un recambio de calidad.


Tradicionalmente, dentro de la cf en Espaa se ha hablado de una series de ciclos de ascenso
y cada; la llamada teora del pndulo (2), que explicara por qu hay periods en los que
se public menos cf. Personalmente, creo que hay elements que dan que pensar que ese
pndulo se detuvo ya, y que aunque habr periods en los que cierre alguna coleccin -
actualmente estamos en uno- por pura seleccin natural del mercado, hay motivos para
pensar que el suelo comercial de la cf es much ms alto que nunca en el pasado.


Para empezar, la masa de lectores es mayor, y adems la comunicacin a travs de internet
hace que las noticias sobre publicaciones, premios etc. se difundan rpidamente,
manteniendo un mercado cohesionado y fiel. Luego estn los avances tecnolgicos, que
hacen possible que colecciones con apenas 2.000 ejemplares de tirada sean econmicamente
viables con una estructura empresarial mnima: buena parte de lo que se public de cf en
Espaa, con las excepciones de los sellos Minotauro (Planeta) y Nova (Ediciones B),
responded a ese modelo, aprovechando adems xitos puntuales que alcanzan los 10.000
ejemplares de venta para hacer crecer su tamao. Y, finalmente, est la propia calidad de
los autores espaoles y su creciente presencia en mercados exteriores, que tarde o temprano
terminar por romper la ltima barrera que parece sufrir la cf en Espaa: la presencia
continuada en los medios de comunicacin, an todava inseguros de ofrecer lo que para la
cultural establecida ms rancia es un subgnero y, por tanto, no merecedor de espacio ms
que como reflejo de una realidad marginal.


La cf se encuentra, por muchas razones, en una encrucijada. Es obvio, dado el inters del
pblico lector general por las obras prospectivas publicadas recientemente, que tiene un
mercado. Tambin est sometido a los peligros que supone un enroque en temticas y una
reduccin progresiva de la comunicacin con el exterior. En suma, est en una
interesante poca de cambio, de la que seguramente salgan buenas noticias.
















(1) Este artculo fue escrito unos meses antes de que Stanislaw Lem muriese a finales de
marzo de 2006, de ah la referencia.




(2) Sobre la denominada teora del pndulo, Julin Diez escribi en el ao 2002 "Por qu el

pndulo dej de oscilar ", artculo publicado en Cyberdark.net


lunes, 20 de noviembre de 2006


Julin Diez es un expert en la literature de ciencia
ficcion espaola. Ha sido coordinator de Las cien mejores
novelas de ciencia ficcin del s.XX ha creado las

antologas Visiones de la Asociacin Espaola de Fantasa y
Ciencia Ficcin y dirigido la revista Gigamesh. Su ltima
aportacin, la Antologa de la ciencia ficcin espaola
(1982-2002)


AL INDICE












2. CUENTO CLASICO: LOS NEGROS FOSOS DE LA LUNA


Por Robert A. Heinlein



El primer domingo despus de nuestra llegada a la Luna fuimos a Rutherford. Pap
y master Latham -mster Latham es el agent del Harriman Trust, a quien pap vino a ver a
la Luna-pap y master Latham, digo, tenan que ir a sus negocios. Consegu que pap me
prometiese que me dejara ir tambin, porque me pareca la nica posibilidad de conocer
alguna vez la superficie de la Luna. Luna City es bonito, desde luego, pero os reto a que
distingis un corredor de Luna City de los subterrneos de Nueva York, salvo que, desde
luego, se siente uno los pies ms ligeros.

Cuando pap entr en nuestras habitaciones del hotel a decirnos que estbamos a
punto de march, yo estaba sentado en el suelo jugando al boliche con mi hermanito menor.
Mam se haba echado y me haba pedido que no dejase al pequeo que metiese ruido.
Haba sentido vrtigo durante todo el viaje desde la Tierra y creo que no se encontraba muy
bien. El mocoso haba estado todo el viaje jugando con las luces, apagndolas y pasando de
penumbra a sol del desierto, y vuelta a empezar. Lo agarr por el cogote y lo sent en
el suelo.

Desde luego, no juego ya al boliche, pero en la Luna es verdaderamente un buen
juego. La bola prcticamente flota y se puede hacer lo que se quiera con ella. Inventamos
una series de nuevas reglas.

-Prepralo todo, querida -dijo pap -... Nos vamos enseguida a Rutherford. Vamos
a preparamos.

-Oh, Dios me asista! -dijo mam -. No creo tener fuerzas para ir. Ve t y Dicke.
Baby Darling y yo nos quedaremos tranquilamente aqu.


Baby Darling es el mequetrefe.










Hubiera podido decir a mi madre que era un mal principio. A poco me salta un ojo
con el palo, y dijo:

-Eh? Cmo? Yo tambin voy! Vmonos!

-Oh, no, Baby Darling! -dijo mi madre -. No des disgustos a mam. Iremos los
dos al cine.

El cro tiene siete aos menos que yo, pero no lo llamis Baby Darling si queris
sacar algo de l. Comenz a berrear.

-Dijiste que podra ir! -chillaba.

-No, Baby Darling, no te he dicho nada de esto. Te he...

-Pap dijo que poda ir!

-Richard, le has dicho al chico que podra ir?

-Pues... no, querida, que yo recuerde, no. Quiz...

-Dijiste que poda ir donde fuese Dickie -cort el chiquillo en seco -. Me lo
prometiste, me lo prometiste, me lo prometiste!... -Algunas veces hay que ceder ante el
muchacho; los tuvo all, chillando sobre quin se lo haba dicho o no, hasta que cedieron.
En todo caso, veinte minutes despus los cuatro nos dirigamos al cohetepuerto, con master
Latham, y tombamos el cohete de ida y vuelta de Rutherford.

El viaje no dura ms que diez minutes y apenas se ve nada; slo una vista de la
Tierra mientras el cohete est cerca de Luna City, y aun all ni esto, porque las instalaciones
atmicas a las que nos dirigamos se encuentran en la superficie posterior de la Luna.
Eramos aproximadamente unos doce turistas, y la mayora de ellos enfermaron de vrtigo
en cuanto emprendimos el vuelo. Mam tambin. Hay gente que no se acostumbra nunca a
los cohetes.

Pero mam se encontr inmediatamente bien en cuando aterrizamos y nos metimos
dentro. Rutherford no es como Luna City; en lugar de tender un tubo hasta la nave, mandan
un vehculo a presin que se adapta a la compuerta de aire del cohete y traslada a la entrada










del subterrneo, situada a poco ms de kilmetro y medio del campo. Aquello me gustaba y
al pequeo tambin. Pap tuvo que irse a tratar de negocios, con master Latham y nos dej a
mam, al pequeo y a m que nos juntsemos con el grupo de turistas para dar una vuelta
por los laboratories.

No estaba mal, pero no era nada para entusiasmarse. Pero lo que pude ver, una
instalacin atmica se parece much a otra; Rutherford poda muy bien haber sido la
instalacin principal de las afueras de Chicago. Quiero decir que todo lo que tiene algo de
particular est fuera de la vista, oculto. Lo nico que se ven son relojes y cuadros de
instruments y gente que los vigila. Un personal de control remoto, como en Oak Ridge. El
gua explica los experiments que se estn realizando y ensean un poco de cine, eso es
todo.

Me gustaba nuestro gua. Se pareca a Tom Jeremy, de Los Patrulleros del Espacio.
Le pregunt si era un hombre del espacio, y me mir de una manera extraa y me dijo que
no, que no era ms que explorador del Servicio Colonial. Despus me pregunt dnde haba
ido a la escuela y si perteneca a los Boy Scout. Me dijo que era maestro de scouts, Tropa
Uno, Rutherford City, Patrulla Moonbat.

Me enter de que no haba ms que un Grupo; no haba muchos scouts en la Luna,
por lo visto.

Pap y mister Latham se reunieron con nosotros en el preciso moment en que
terminbamos nuestra visit, mientras master Perrin o sea, nuestro gua -anunciaba la
excursion exterior.

-La visit acompaada de Rutherford -deca, hablando como si se tratase de una
leccin -incluye una excursion en traje del espacio a la superficie de la Luna sin recargo,
visitando el Cementerio del Diablo y el lugar del Gran Desastre de 1984. La excursion -es
facultativa. No comporta peligro excepcional alguno, ni hemos tenido nunca ningn herido;
pero la comisin exige que firmen ustedes que la realizan bajo su propia responsabilidad,
los que se decidan a tomar parte en ella. El paseo dura cosa de una hora. Los que prefieran
renunciar a ella encontrarn cines y refrescos en la sala de caf.










Pap se frotaba las manos.


-Esto est hecho para m! -exclam -. Mister Latham, celebro haber regresado a
tiempo. No hubiera querido perder esto por nada del mundo.

-Le gustar a usted -asinti mister Latham -, y a usted tambin, mistress Logan.
Estoy tentado de acompaarles tambin.

-Y por qu no lo hace usted? -pregunt pap.

-No, quiero tener los documents preparados para que el Director y usted puedan
firmarlos antes de regresar a Luna City.

-Y por qu se toma usted tanta molestia? -insisti pap -. Si la palabra de un
hombre no cuenta, un papel firmado no tiene ms valor. Puede usted mandrmelo por
correo a Nueva York.

-No, de veras -dijo mister Latham moviendo la cabeza -. He estado en la superficie
docenas de veces. Pero vendr a ayudarles a ustedes a ponerse los trajes del espacio.

-Ah, Dios mo! -suspir mi madre. No pareca que le gustase ir; consideraba
insoportable la idea de verse encerrada en un traje del espacio y, adems, el resplandor
cegador del sol le daba siempre jaqueca.

-No seas tonta, querida -dijo pap -, es la oportunidad de tu vida.

Y mister Latham le explic que los filtros de los cascos impedan que la luz
deslumbrase. Mi madre siempre se queja y despus cede. Tengo la impresin de que las
mujeres no tienen fuerza de voluntad. Como la noche anterior -la noche terrestre quiero
decir, no la del horario de Luna City -se haba comprado un traje lunar de fantasa para
llevarlo durante la cena en el Belvedere de la Tierra del hotel, empez a enfriarse. Le dijo a

pap que estaba demasiado regordeta para vestirse de aquella forma.

La verdad era que el traje dejaba much carne al descubierto.


-Qu tontera, querida! -le dijo pap -. Ests encantadora!










As, pues, al final se lo puso y pas unas horas deliciosas, especialmente cuando un
piloto trat de conquistarla.

Lo mismo ocurri esta vez. Vino con nosotros. Entramos en el vestidor y dirig una
mirada circular, mientras Perrin ayudaba a todo el mundo a vestirse despus de haberles
hecho firmar la declaracin jurada. En el extremo de la sala haba la puerta de la esclusa
que daba a la superficie de la Luna, con un ojo de buey en ella y otro similar en la
compuerta exterior. A travs de ellos poda verse el suelo lunar, con un aspect brillante e
impossible de mirar a pesar de los vidrios ambarinos de ambas aberturas. En la habitacin
haba una double hilera de trajes del espacio, que parecan hombres vacos colgados. Yo
anduve escudrindolo todo hasta que master Perrin se ocup de nuestro grupo.

-Podramos dejar al pequeo al cuidado de la encargada del caf -le estaba diciendo
a mi madre. Tendi una mano y acarici el cabello de mi hermano. El rapaz trat de
mordera y l la retir tan rpidamente como pudo.

-Gracias, mister Perkins -dijo mam -. Creo que es lo mejor, si bien quiz sera
convenient que me quedase yo tambin a cuidar de l.

-Me llamo Perrin, seora -dijo master Perrin sonriendo humildemente -. No ser
necesario. La encargada se Ocupar de l.

Por qu hablar en voz alta la gente mayor delante de los chiquillos, como si stos
no entendiesen nada? Hubieran debido limitarse a meterlo en el caf. Ahora el mocoso
sabia que lo iban a dejar y miraba a su alrededor en actitud beligerante.

-Yo voy tambin dijo -. Me lo habis prometido.

-Escucha, Baby Darling -deca mam tratando de calmarlo -. Mam querida no
te ha dicho... -Pero era predicar en el desierto; el chiquillo iba a arguments ms decisivos.

-Dijiste que poda ir donde fuese Dickie, me lo prometiste cuando me sent mal. Me
lo prometiste, me lo prometiste -, y as una y otra ve; aumentando progresivamente el tono
y volume de la voz.


Mister Perrin pareca embarazado.










-Richard -dijo mam -, tienes que imponerte con tu hijo. Al fin y al cabo fuiste t
quien se lo prometi.

-Yo, querida? -exclam pap, al parecer sorprendido -. De todos modos, no veo
que la cosa sea tan complicada. Supongamos que le prometisemos, en efecto, llevarlo
donde fuese Dickie; pues con que venga con nosotros la cosa est arreglada.

-Temo que no -dijo master Perrin despus de carraspear -. Puedo poner a su hijo
mayor un traje de mujer, es bastante alto para su edad; pero para los pequeos no tenemos.

En una palabra, nos encontramos metidos en un lo en menos que canta un gallo. El
mequetrefe consegua siempre hacer bailar a mam como una peonza. Mam produca el
mismo efecto en mi padre. Este se pone colorado y descarga su clera sobre m. Es como
una especie de reaccin en cadena sin nadie en quien yo pueda descargar mis iras.
Llegamos a una solucin muy sencilla: yo me quedara tambin y cuidara de la monada de
mi hermanito, Baby Darling.

-Pero, pap, me has dicho!... -comenc.

-No importa -cort l en seco -. No quiero ver a mi familiar sostener una querella en
pblico. Ya has odo lo que ha dicho tu madre.

-Oye, pap -dije yo, desesperado, tratando de hablar en voz baja -, si regreso a la
Tierra sin haber probado un traje del espacio ni haber puesto los pies en la superficie de la
Luna, tendr que buscarme otro colegio. No quiero volver a Laurenceville; no quiero ser la
mofa de toda la clase.

-Ya arreglaremos esto cuando lleguemos a casa.

-Pero, pap, me has prometido especialmente...

-Basta ya, muchacho. Terminado el incident.

Mster Latham no se habla movido de nuestro lado pero no dijo esta boca es ma. Al
llegar a este punto, le gui el ojo a pap y, pausadamente, dijo:


-En fin, R. J.... Supongo que su palabra es palabra?










Todos fingimos no haber odo estas palabras, porque no es convenient que pap
sepa que sabemos que no tiene razn; no hace ms que empeorar las cosas.
Apresuradamente, cambi de tema.

-Oye, pap, quiz podramos salir todos. Y aquel traje de all? -dije, sealando un
traje colgado de un perchero detrs de la reja de una puerta. En el perchero haba una
docena' de trajes colgados y el del extremo era tan pequeo que los zapatos apenas llegaban
al pecho del contiguo.

-Eh? -dijo pap, animndose -. Pues claro, exacto! Mister Perrin... un moment!
Crea que no tena usted trajes pequeos, pero all hay uno que creo servir.

Pap accionaba ya el picaporte de la puerta enrejada cuando master Perrin lo detuvo.

-No podemos tocar ese traje, seor.

-Eh? Por qu?

-Todos los trajes que estn detrs de la verja son de propiedad particular, no se
alquilan.

-Cmo? Que tontera! Rutherford es una empresa pblica; quiero este traje para
mi hijo.

-Pues no puede usted utilizarlo.

-Hablar con el director.

-Temo que se ver usted obligado a ello. Este traje fue confeccionado ex profeso
para su hija.

Y eso fue lo que hizo. Mster Latham conect con el Director por el micrfono,
pap habl con l, despus el director habl con mister Perrin y volvi a hablar de nuevo
con pap. El director no tenia inconvenient en prestar el traje, aunque de todos modos no a
pap; pero no dara orden a master Perrin de que sacase a un chiquillo de corta edad a la
superficie.










Mster Perrin se mostraba obstinado y yo no le censuraba. Pero pap le unt las
plumas y al poco rato nos estbamos metiendo todos en nuestros respectivos trajes,
introduciendo la presin necesaria y el suministro de oxgeno indispensable, y conectando
nuestros telfonos visuales porttiles. Mister Perrin estableci la comunicacin por radio,
recordndonos que todos estbamos en el mismo circuit y que, por lo tanto, haramos bien
en dejarle hablar a l y no hacer observaciones ociosas; de lo contrario, ninguno de nosotros
oira nada. Despus nos metimos en la compuerta de aire y nos recomend que
estuvisemos muy juntos, y que no intentsemos ver a qu velocidad podamos correr ni a
qu altura saltar. Mi corazn lata furiosamente en mi pecho.

La puerta exterior de la compuerta se abri y nos encontramos en la superficie de la
Luna. Era tan maravilloso como yo haba soado, pero era tal mi excitacin que de
moment no me di cuenta de ello. El resplandor del sol era la cosa ms brillante que haba
visto en mi vida, y las sombras tan negras, que era absolutamente impossible ver nada en
ellas. Era impossible or otra cosa que las voces de la radio, pero podamos cerrar el
interruptor.

La piedra pmez era tenue y nuestros pies la levantaban como humo, fijndose y
volviendo a caer lentamente como copos de nieve. Nada ms se mova. Era el lugar ms
muerto que sea possible imaginar.

Seguamos como en un sendero, muy juntos para hacernos compaa, salvo dos
veces en que tuve que correr detrs del rapaz, que haba descubierto que poda dar saltos de
seis metros. Quise abofetearlo, pero han probado ustedes alguna vez de abofetear a alguien
que lleve un traje del espacio? Es intil.

Mster Perrin nos dijo que nos detuvisemos y Comenz a hablar.

Se encuentran ustedes ahora en el Cementerio del Diablo. Los picos idnticos que
tienen ustedes delante estn a mil quinientos metros sobre el nivel de la llanura, y no han
sido nunca escalados. Los picos monumentales han sido llamados por los nombres de
personajes imaginarios y mitolgicos debido a la semejanza de esta fantstica escena con
un cementerio de gigantes; Belceb, Thor, Siva, Cain, Set, etc... -Describi un gesto
circular. -Los selengrafos no estn de acuerdo sobre el origen de estas extraas formas.










Unos pretenden ver indicios de la accin del aire y el agua as como de la erupcin
volcnica. Si es as, estos picos deben de existir desde tiempos incalculables, porque hoy,
como pueden ver, la Luna...

Era un discurso como se puede leer cada mes en el Spaceways Magazine, slo que
nosotros lo estbamos viendo, y la cosa cambia much, permtanme que se lo diga.

Aquellas cumbres me recordaban un poco las rocas que dominant la cueva del Jardn
de los Dioses de Colorado Springs, donde estuvimos el verano pasado, slo que estos picos
eran much mayores y en lugar de un cielo azul no hay ms que tinieblas y unas estrellas
duras y brillantes en todo lo alto. Fantasmagrico!

Con nosotros haba venido otro gua con una cmara fotogrfica. Mster Perrin trat
de decir algo, pero el rapaz haba empezado a dar berridos y tuvo que cerrar su radio para
que pudisemos orle. La mantuve cerrada hasta que mister Perrin hubo terminado de
hablar.

Quera que nos alinesemos para sacar una fotografia nuestra en aquellos picos y
con el cielo negro como fondo.

-Adelanten los rostros en el casco a fin de que se vean sus facciones. Todo el
mundo quedar bien. Listos! -grit en el moment en que el otro disparaba la mquina -
Las copias estarn listas a su regreso a diez dlares cada una.

Reflexion. Desde luego, quera una para mi dormitorio del colegio y otra para dar
a... bueno, necesitaba otra. De las propinas de mi cumpleaos me quedaban dieciocho
dlares, podra sacarle el saldo a mam. Encargu, pues, dos de ellas.

Trepamos por una larga cuesta y nos encontramos sbitamente delante de un crter,
el crter del clebre desastre, todo lo que quedaba del primer laboratorio. Se extenda
delante de nosotros en una extension de ms de treinta kilmetros, con el suelo cubierto de
un cristal brillante verde e hinchado en lugar de piedra pmez. All se alzaba un
monument, y le:


AQUI DESCANSAN LOS RESTOS MORTALES













Kurt Shaeffer

Maurice Feinstein

Thomas Dooley

Hazel Hayahawa

G. Washington Slappey

Sam Houston Adams

MURIERON POR LA VERDAD

QUE HACE A LOS HOMBRES UBRES

El 11 de agosto de 1984

Experiment una extraa sensacin y, retrocediendo, fui a escuchar a master Perrin.
Pap y algunos otros le estaban haciendo preguntas.

-No se sabe exactamente -iba diciendo -, no qued nada. Ahora telemetramos
todos los datos a Luna City a media que van apareciendo en los instruments, pero esto
ocurri antes de que se instalase la lnea de relevos pticos.

-Qu hubiera ocurrido -pregunt alguien si esta explosion hubiese tenido lugar en
la Tierra?

-No quiero intentar siquiera decrselo, pero por esto pusieron la lpida aqu, en la
Luna. -Consult su reloj. -Es hora de marcharse, seores.

Ibamos todos a dar la vuelta para dirigirnos al sendero, cuando mam lanz un grito.

-Baby! Dnde est Baby Darling?

Qued impresionado, pero no asustado todava. El mocoso se anda siempre
rondando de una parte a otra, pero nunca se aleja much, porque necesita siempre tener
alguien a quien molestar.










Mi padre, que rodeaba a mi madre con un brazo, hizo una sea en direccin a m
con el otro.

-Dick -grit con voz aguda por el auricular -, qu has hecho de tu hermano?

-Yo? -dije -. No me mires as. La ltima vez que lo vi, mam lo llevaba de la
mano subiendo la colina.

-No vengas con excusas, Dick. Mam se sent para descansar y te lo mand a ti.

-Pues si lo mand, no vino.

Ante mis palabras, mam se ech a llorar, desconsolada. Todo el mundo nos haba
odo, desde luego, pues no haba ms que un circuit de onda. Mister Perrin avanz y cerr
el micrfono de mam, establecindose un sbito silencio.

-Ocpese de su esposa master Logan -orden, aadiendo -: Cundo ha visto usted
a su hijo por ltima vez?

Pap no poda decrselo; cuando trataron de conectar nuevamente el circuit de
mam, lo volvieron a desconectar en el acto. No poda soportarlo y nos ensordeca. Mster
Perrin se dirigi a nosotros.

-Ha visto alguien al chiquillo que vena con el grupo? No contesten si no tienen
algo que decir. Lo ha visto alguien alejarse?

Nadie lo haba visto. Yo supuse que se habra escondido cuando todo el mundo
estaba mirando el crter y le volva la espalda. As se lo dije a master Perrin.

-Parece probable -asinti -. Atencin todo el mundo! Voy en busca del chiquillo.
No se muevan de donde estn. No se alejen de este punto. No estar ausente ms de diez
minutes.


-Por qu no vamos todos? -quiso saber alguien.










-Porque hasta ahora no hay ms que un desaparecido -dijo master Perrin -y no
quiero que haya una docena. -Se march dando grandes saltos que cubran quince metros
cada uno.

Papa comenz a irse tras l, pero cambi de parecer, porque mam sbitamente
cay de rodillas, deslizndose suavemente al suelo. Todo el mundo empez a hablar a la
vez. Un idiota quiso quitarle el casco, pero pap no es ningn imbcil y no lo permiti. Yo
conect mi radio de manera que pude or, pensar y mirar a mi alrededor sin abandonar el

grupo, pero permaneciendo en el borde del crter tratando de ver cuanto pudiese.

Mir hacia el camino que habamos seguido para llegar, pues de nada serva mirar
hacia el crter; si hubiese estado all, lo hubiramos visto como una mosca en un plato.

Fuera del crter la cosa era diferente; detrs de una de las rocas se hubiera podido
ocultar un regimiento; eran masas rocosas como casas, con enormes agujeros en medio,
agujas simas, era un caos. De vez en cuando poda ver a mister Perrin, rondando como un
perro tras un conejo, empleando much tiempo. Prcticamente volaba. Cuando llegaba ante
una gran pea la salvaba de un salto mirando hacia abajo, una vez en el aire, para poder ver
mejor.

Despus se dirigi nuevamente hacia nosotros y yo volv a cerrar la radio. Se
hablaba todava much. Alguien deca:

Tenemos que encontrarlo antes de la puesta de sol. Y alguien contest: No diga
tonteras; el sol no se pondr antes de una semana. Es su provision de aire, le digo. Estos
trajes slo sirven para cuatro horas. Y la primera voz dijo: Oh -y aadi suavemente -
Como un pez fuera del agua...

Entonces fue cuando empec a tener miedo.

-Pobre, pobre criatura! -dijo la voz de una mujer, compasiva y ahogada. -Tenemos
que encontrarlo antes de que se asfixie.

Y la voz de mi padre cort en seco:


-Basta ya de decir estas cosas!










O que alguien sollozaba. Poda ser mama.


Mster Perrin estaba ya casi junto a nosotros e intervino:

-Silencio! Tengo que llamar a la base. -Y seguidamente dijo -: Aqu, Perrin,
llamando a la base... Perrin llamando al control de compuerta de aire!... Perrin llamando al
control de compuerta de aire...!

-Diga, Perrin -dijo una voz de mujer.

l le cont lo que ocurra y aadi:

-Mande a Smythe a que acompae este grupo de regreso; yo me quedo. Necesito a
todos los exploradores disponibles y bsqueme voluntarios entire los ms experimentados.
D rdenes por radio para que salgan enseguida los primeros.

No esper much tiempo, porque llegaron brincando como saltamontes. Deban de
andar a setenta u ochenta kilmetros por hora. Deba de ser un espectculo digno de verse,
si no sintiese aquella congoja en mi estmago.

Pap comenz a discutir acerca del regreso, pero Perrin le hizo callar.

Si no se hubiese usted empeado en salirse con la suya, no nos encontraramos
metidos en este lo. Si hubiese usted seguido la pista de su hijo no se hubiera extraviado.
Tambin yo tengo hijos; no los dejar nunca salir a la superficie de la Luna mientras no
sean lo bastante crecidos para cuidar de si mismos. Usted va a regresar; no puedo asumir la
carga de ocuparme, adems, de todos.

Creo que pap se hubiera peleado con l si en aquel moment mam no se hubiese
desvanecido de nuevo. Regresamos con el grupo.

Las dos horas siguientes fueron horribles. Las pasamos sentados fuera del cuarto de
control, mientras oamos a master Perrin dirigir la busca por el altavoz. Al principio pens
que en cuanto hiciesen funcionar el radio detector encontraran al chiquillo por el zumbido
de su energa, aunque no dijese nada; pero no tuvimos tal suerte; no sacaron nada de l. Y
los buscadores no encontraron nada tampoco.










Lo peor del caso era que ni mam ni pap trataban siquiera de censurarme. Mam
lloraba suavemente y pap trataba de consolarla, cuando levant la vista y me mir con una
curiosa expresin. Yo creo que ni tan slo me vio, pero cre que estaba pensando que si yo
no hubiese insistido en salir tambin, la cosa no hubiera ocurrido.

-No me mires as, pap -dije -. Nadie me dijo que lo vigilase; cre que estaba con
mam.

Pap se limit a mover la cabeza sin contestar. Pareca cansado y desfallecido. Pero
mam, en lugar de achacarme a m lo ocurrido y gritar, ces en sus lloros y consigui
sonrer.

-Ven aqu, Dickie -dijo, rodendome con un brazo -. Nadie te censura; no ha sido
culpa tuya. Recuerda esto, Dickie.

Y as la dej que me besase y me sent con ellos un rato, pero me senta peor que
nunca. Estaba pensando en el chiquillo, que estaba en algn rincn de por all,
consumiendo su oxgeno. Quiz no era culpa ma, pero hubiera podido evitarlo y me daba
cuenta de ello. No hubiera debido confiar en mam para vigilarlo; no sirve para estas cosas.
Es una de aquellas personas que un da perdera la cabeza si no la llevase bien sujeta a los
hombros; era como una especie de adorno. Una madre buena, comprenden, no es prctica.

Tomara la cosa muy mal si el chiquillo no regresaba. Y pap tambin... y yo. El
chiquillo era una verdadera calamidad, pero nos parecera extrao ahora no tenerlo siempre
entire piernas. Estaba pensando en la observacin: como un pez fuera del agua.

Una vez romp casualmente una pecera y todava recuerdo el aspect que ofrecan
los peces. No era bonito. Si el chiquillo tena que morir de aquella manera...

Me call y decide buscar alguna forma de ayudar a encontrarlo.

Al cabo de un moment estuve convencido de que podra encontrarlo si tan slo
queran dejarme ayudar a buscarlo. Pero no querran, desde luego.

El doctor Evans, el director apareci de nuevo -nos haba acogido cuando llegamos
-y pregunt si poda servirnos en algo y cmo se encontraba mistress Logan.










-Ya sabe usted que por nada de este mundo hubiera querido que esto ocurriera
aadi -. Hacemos cuanto est en nuestra mano. Voy a ordenar que lancen algunos
detectores de metal desde Luna City. Podramos encontrar al chiquillo por el metal de su
traje.

Mam le pregunt si no podran utilizarse perros y el director ni tan slo se ri de
ella. Pap propuso helicpteros, despus se corrigi y lo dej en cohetes. El doctor Evans le
hizo ver que era prcticamente impossible examiner de cerca el suelo desde un helicptero.

Yo me lo llev aparte e insist en que me dejase tomar parte en la bsqueda. Estuve
corts, pero no me hizo caso, de manera que insist.

-Qu te hace career que puedes encontrarlo?-me pregunt -. Tenemos en la tarea
los hombres ms experimentados de la Luna. Temo, muchacho, que te perderas o sufriras
dao si quisieras equipararte con ellos. En estas regions, si pierdes un instant los jalones
de vista, puedes considerarte irremisiblemente perdido.

-Pero, disclpeme, doctor -le dije -, conozco a ese granuja... quiero decir a mi
hermanito, mejor que nadie. No me perder; es decir, me perder, pero slo como se ha
perdido l. Puede mandar seguirme por alguien.

El director lo pens.

-Vale la pena de intentarlo -dijo sbitamente -. Ir contigo. Vamos a vestirnos.

Salimos rpidamente, dando zancadas de diez metros, lo mejor que consegua hacer,
incluso agarrndome el doctor Evans por el cinturn para impedirme tropezar. Mster
Perrin nos esperaba. Pareci dudar de mi plan.

-Quiz el viejo ardid de la mula perdida salga bien -reconoci -, pero seguir
manteniendo la busca normal a pesar de todo. Oye, pequeo, coge esta lmpara. La
necesitars en la oscuridad.

Me detuve al borde del crter y trat de imaginar qu hara el chiquillo, si estuviese
aburrido y quiz un poco vejado por la falta de atencin hacia l. Qu hara, entonces?










Comenc a bajar la pendiente, sin dirigirme a ninguna parte, en la forma como lo
hubiera hecho un chiquillo. Entonces me detuve y mire atrs, para ver si pap, mam y
Dickie se haban fijado en m. Me seguan, desde luego; el doctor Evans y master Perrin
estaban detrs de m. Fing no darme cuenta y segu adelante. Estaba ya cerca del primer
amontonamiento de rocas v me agach detrs de la primera que encontr. No era lo
suficientemente alta para ocultarme, pero hubiera ocultado al pequeo. Me pareci que era
lo que debi de hacer; adoraba jugar al escondite, lo converta en el punto de atraccin.

Reflexion. Cuando el pequeo jugaba al escondite, su instinto era siempre
esconderse debajo de algo, una cama, un sof o un automvil, incluso bajo la fregadera.
Mir a mi alrededor. Haba una gran cantidad de buenos sitios; las rocas estaban llenas de
agujeros y cavernas. Comenc a examinarlas. Pareca no haber esperanzas, deba haber
centenares de sitios semejantes por aquellos alrededores.

Mster Perrin se acerc a m mientras sala a gatas del cuarto escondrijo.

-Los hombres han lanzado destellos de luz a todos estos sitios -me dijo -. Me
parece que es intil, pequeo.

-O. K. -dije, pero segu mi trabajo. Saba que poda llegar a rincones a los que no
tena acceso un hombre mayor; slo esperaba que el muy granuja no hubiese encontrado un
sitio al que yo no pudiese llegar.

Prosegu mi trabajo; empezaba a tener fro y calambres y me encontraba
terriblemente cansado. La luz direct del sol es abrasadora en la luna, pero al cabo de un
segundo en la sombra hace fro. Bajo aquellas rocas jams experiment el menor calor. Los
trajes que nos dan a nosotros los turistas estn bastante bien aislados, pero el
extraaislamiento reside en los guantes o zapatos y asiento del pantaln, y me pasaba la
mayora del tiempo de barriga al suelo, serpenteando para meterme en sitios extraos.

Estaba tan entumecido que no poda casi moverme y toda mi parte delantera era
como, hielo. Por otra parte, aquello me daba otro motivo de preocupacin: y el chiquillo,
no estara fro tambin?










Si no me hubiese acordado del aspect de aquellos peces y de que quiz el
muchacho estara ya fro antes de que yo pudiese llegar a l, hubiera abandonado la partida.
Estaba vencido. Por otra parte, asusta much meters en aquellos agujeros, no sabe uno
nunca lo que puede encontrar en ellos.

El doctor Evans me agarr del brazo, sacndome de uno de ellos, y, juntando su
casco al mo, o su voz directamente.

-Ser mejor que lo dejes, muchacho, te ests extenuando y no has cubierto ni un
acre de terreno. Yo lo apart. El sitio siguiente era una pequea depresin de menos de un
palmo de profundidad. Dirig la luz al fondo, pero estaba vaco y no pareca llevar a
ninguna parte. Entonces vi que formaba un recodo. Me ech al suelo y lo inspeccion. El
recodo se extenda ms lejos, bajando. No cre til profundizar ms, porque el pequeo no
hubiera podido serpentear muy lejos en la oscuridad, pero me met un poco ms adelante y
enfoqu la luz.

Vi una bota que sala.

Eso fue todo. A poco destrozo mi casco al salir, pero arrastraba al muchacho tras de
m. Estaba blando como un gato y su expresin era curiosa. Mster Perrin y el doctor Evans
me rodearon al salir, dndome palmadas en la espalda y gritando.

-Est muerto, master Perrin? -pregunt cuando pude recobrar el aliento -. Parece
estar muy mal.

-No -dijo master Perrin, moviendo la cabeza -, veo el pulso latir en su garganta.
Exposicin y shock; pero su traje estaba especialmente construido... volver en s pronto.

Tom el chiquillo en sus brazos y yo emprend el camino tras l.

Diez minutes despus el rapaz estaba envuelto entire mantas, tomando un cacao muy
caliente. Yo tom tambin un poco. Todo el mundo hablaba a la vez y mam lloraba, pero
aquello era normal, y pap se haba largado.

Quiso extender un cheque para master Perrin, pero ste lo rechaz con un gesto.











-No quiero recompensa alguna; es su hijo quien lo ha encontrado. Slo puede usted
hacerme un favor...

-Diga -dijo pap, todo almbar.

-Abandone la Luna. No pertenece usted a ella; no es usted del tipo aventurero.

Pap acept el consejo.

-Se lo he prometido ya a mi mujer -dijo sin pestaear -. No tiene usted que

preocuparse por ello.

Al marcharse segu a mister Perrin y le dije particularmente:

-Mster Perrin, slo quera decirle que volver, si no le importa.

Me estrech las manos con efusin y contest:

-Ya lo saba, muchacho.




Escritor norteamericano de ciencia-ficcin nacido en 1907,
en Butler (Missouri). Estudi en la Universidad de Missouri
y en la academia Naval de Estados Unidos. Ms tarde estudi
Fsica y Matemticas en UCLA. Tras abandonar el ejrcito
debido a una enfermedad y desempear various trabajos
consigui publicar su primer relato La linea de la vida
(1939).
Fue el primer autor que consigui ganarse la vida
exclusivamente escribiendo ciencia-ficcin. Heinlein fue muy
influyente en la forma de escribir de muchos autores, siendo
uno de los artfices de la llamada "Edad de Oro" de la
Ciencia Ficcin. Muchas de las ideas y tecnologas
inventadas por l han sido utilizados por otros autores de
gran calibre.











En 1974 obtuvo el primer premio Gran Maestro Nebula

concedido por la Sociedad Norteamericana de Escritores de

Ciencia Ficcin (SFWA) al trabajo de toda una vida.

Falleci el 8 de Mayo de 1988, el mismo ao que en una

encuesta del fanzine Locus, se le consider el mejor

escritor de ciencia-ficcin de todos los tiempos, por

delante de autores como Isaac Asimov o Arthur C. Clarke.

Robert Anson Heinlein fue uno de los autores que dej mayor

huella en el gnero de la Ciencia Ficcin.



Al INDICE










4. CUENTO MADE IN CUBA: PALABRAS DE LA GUERRA SIN TI

Por: Yaly, Alto Cronista



Para Liris, por las canciones que nos rompen





Ha empezado el asedio. Las columns mercenaries que vimos acampar en la meseta, en la

ribera opuesta del lago, ya estn dispuestas en el valle bajo nuestra fortaleza, y preparan sus

puentes para el cruce del foso. Sdara, mi maestra, opina que deberamos volver a abrir las

claraboyas de los calabozos, cegadas desde el tiempo de sus abuelos, porque estn casi al

nivel del agua, y serviran a los ballesteros para clavar las piernas de los asaltantes. As se

lo dijo al Jefe, pero este no decide an. Las claraboyas son lo suficientemente grandes

como para que por ellas pase un hombre sin armadura, y por eso bien podran causar

nuestra perdicin. El jefe es de los maestros de la defense desde lo alto, ya orden demoler

los pequeos templos donde los viajeros rezan a sus dioses extraos, para aprovechar sus

piedras. Lo cierto es que esta incursin temprana ha tomado por sorpresa a todos, no lo

niegues. All en tus recmaras, seguro escuchas las peleas a gritos del Seor, nuestro digno

Seor Tabia de la Primera Montaa, y sus oficiales. Tus amigos los escribanos deben pasar

ratos muy malos. Afortunado t, que solo debes servirles el vino por las noches en sus

aposentos, cuando ya estn muy cansados como para dedicarte su mal humor. Pero bien, no

tuvimos tiempo para reunir piedras en la meseta, y s apenas para llenar a medias las

despensas a costa de las villas prximas, y limpiar las vas de agua que nos abastecen desde

el lago. Muchos de los nuestros haban pedido permisos este otoo, para ir a las villas de

sus families y ayudar en las cosechas, y el Jefe se los neg. Mereci que le blasfemaran tras










los dientes en las formaciones, y le dedicaran maliciosas, si bien pequeas, hechiceras, de

las que no hizo el menor caso, pero gracias a ello tenemos la guarnicin complete. Sdara

preferira haber contado con ms ballesteros, el Jefe con una tropa a caballo ms numerosa

para hacer incursiones nocturnas en el campamento de los sitiadores, y mi parecer, que no

he mencionado porque mi voz es pequea, es que deberamos traer de las villas ms brujos

curadores, mientras nos quedan desfiladeros libres para el movimiento de pequeos grupos

de personas en la oscuridad.

Ahora anochece, el primer golpe ser en la maana. Las pupilas de Sdara pasamos la tarde

en los desfiladeros, recogiendo hierbas. Me duelen los hombros y la espalda, pues

regresamos muy cargadas. Venenos y antdotos, hierbas para limpiar heridas, para cerrarlas,

para espantar fiebres. Y much raz de nfera, esa que prohiben en las ciudades, pero que

mantienen a un soldado en pie, lanza en mano, durante un arco entero del sol negro sobre

su cabeza, mientras no deje de masticarla. Estamos agotadas, pero no dormiremos.

Tenemos que repasar los libros, no hay tiempo de consultas cuando alguien se desangra

delante de ti, cuando ests rodeada por cien bocas que se aguantan los gritos, y cien pares

de ojos que no se los aguantan, y suplican, y maldicen. T nunca has visto nada parecido.

Yo solo una vez, durante una incursin tras la frontera, y ramos diez pupilas con Sdara,

los heridos no fueron ms de veinte, y la peor herida que hubimos de tratar fue un lanzazo

envenenado en una ingle. Nunca he cercenado miembros aplastados, ni cosido vientres

abiertos tras acomodar las vsceras, ni extrado puntas de flechas de rostros desgarrados.

Nunca, en personas. Y tengo miedo. Miedo de desmayarme, miedo de tartamudear los

sortilegios, miedo de mirar a los ojos de un herido de muerte, y no saber sonrerle.

As, ya lo sabes, comienza todo. El fin, del fin, al fin. Esta carta ma saldr al alba, junto a

tantas otras. No s que le pesar ms al mensajero en su bolso, si los pergaminos que de










sbito salen de las manos de aun los iletrados, o los amuletos que parecen lloverle, para su

proteccin y la de los mensajes que porta. Al menos, s que estas palabras te llegarn

pronto, porque el hombre tambin lleva misivas para el Seor y sus oficiales. Despus, no

s.

Debo dejar de escribir. Me llamarn pronto a la sala de prcticas de Sdara.

Por favor, espera por mis cartas, espera por m.

Y por favor, dime que volveremos a sentarnos junto al mar.



Realis, Pupila de Sdara. Fortaleza del Alto, Fronteras del Poniente, Da 79, Cena 320 de la

Primavera








Leo tus palabras y tiemblo. Por ti, por m, por todos nosotros. Nuestro Seor no enviar

refuerzos a ustedes a la fortaleza del Alto, y esto, si vuestro Jefe no lo ha dicho aun, y creo

que no lo dir, debes mantenerlo en secret. Dud, much dud, si decrtelo a ti en esta

carta pero recuerdas?, t y yo no nos mentimos. Eso lo juramos aquella tarde junto al mar,

recuerdas? Y eso fue solo parte de un juramento aun mayor, recuerdas? Mas vale que el

Jefe y Sdara sepan mantener sus muros, para que as vuelvas a m, y hundas tu cara en mi

pecho.

Tabia, nuestro Seor, partir maana con sus oficiales, y yo ir tambin, porque el copero

principal ha renunciado al servicio y partido a las fronteras del poniente, tiene all a su

familiar. Tabia visitar las fortalezas del ro, porque se rumora sobre una flotilla que viene

bordeando la costa, y son barcos de pobre calado y muchos remos, propicios para venir










corriente arriba. En todo caso, el invierno est al llegar, y el Seor espera que las fortalezas

de frontera, como esa donde sirves y aprendes, resistan hasta las primeras nieves. Sabe que

el enemigo querr continuar su advance, y entonces l tendr sus ejrcitos dispuestos en las

tierras altas. Quiere vencerles y echarlos del pas en pocos golpes, batallas campales como

esas sobre las que se hace leer un da tras otro por sus escribanos, a pesar de que sus

oficiales recomiendan aniquilar al oponente en los desfiladeros, tal y como siempre han

hecho sus mayores.

Sobre estos pormenores t y yo tenemos pareceres, pero no el poder de hacerlos valer.

Somos pequeos, y quienes mandan lo hacen porque los dioses as lo quieren. Imagino que

podramos hablar sobre esto y much ms, sobre el orgullo y la idiotez de los grandes,

tendidos en el lecho de aquella cabaa junto al mar, recuerdas?, con las brasas suaves que

corran sobre la lea, y nuestras bocas que, al correr la una sobre la otra, dejaban a veces

tiempo a las palabras. Pero no hay cabaa, no hay mar, ahora. No hay brasas, ni bocas. Eres

t, muy lejos, y yo sin ti, y todo en derredor es prisa e inquietud, y tambin tengo miedo.

No voy a malgastar palabras en decirte que seas fuerte. Han pasado das desde que empez

el asedio a tu fortaleza, y cuanto temas, ya debes conocerlo bien. Solo espero que hayas

sido fuerte, y lo sigas siendo. Cierra heridas, cose vientres, extrae puntas de flecha, alivia

las fiebres. Para eso ests all. Para eso quisiste estar. Para aprender junto a Sdara. Fue tu

eleccin, es por eso que estamos lejos, sin mar y sin cabaa, y no quiero career que esta

distancia ha sido en balde.

Volveremos a sentarnos junto al mar.

Volveremos a decir nuestros nombres, y que el mar se los lleve, junto a lo que ramos antes

de saberlos.

S fuerte.










Te escribir desde la caravana del Seor. Quiera El Pastor que todas lleguen a ti.


Chel, copero de Tabia, Fortaleza en la Primera Montaa, da 86, cena 320 de la Primavera








Chel.

Chel.

Chel.

Dame fuerzas.

Dondequiera que ests, a la zaga de nuestro Seor, por los caminos de este pas condenado,

dame fuerzas.

Djame repetir tu nombre, como si lo dijera sobre tus labios, como si tuviera aqu tus

labios, como si tuviera aqu tus odos.

Chel.

Chel.

Chel.

Este pas est condenado, Chel. Condenado.

No te dir de estos largos das de sangre. Sangre en los campos, sangre en el aire, sangre en

mis manos. Resistimos, porque la piedra siempre ha sido ms dura que la carne, y hasta

ahora ni una mano enemiga ha logrado asomar por sobre los muros. Pero s las saetas, y las

rocas, y las bolas de hierro que caen sobre nosotros sin un instant de reposo, como si el

enemigo se empease en arrojarnos cuanto existe en el mundo, hasta que la fortaleza se

hinche y reviente como esos peces que capturbamos en la arena del mar cuando










jugbamos de nios. Recuerdas cuando ramos nios, Chel, cuando ya sabamos lo que el

otro pensaba con apenas un pestaeo?

Pero te dir de lo que vimos anoche, parados sobre las almenas de la torre del Jefe, la

principal de la fortaleza.

En la oscuridad, era como un ro de fuego que fluyera por los desfiladeros de las montaas

ms all del lago. Con que marcharan con solo una antorcha para diez hombres, aquellas

legiones bastan para quebrar las rodillas no solo de este pas, sino de todas las tierras del

Camino del Pastor. Y con el resplandor dorado del fuego, mezclado con l, el resplandor

plateado de las armaduras. Y el tronar de los cascos. No eran tropas del montn, Chel. Era

un ro de caballera completamente equipada, pesada, disciplinada. Y marchaban as de

noche, de punta en blanco, con la intencin de advertir, de intimidar. Eso era claro. Para

que quien los viera saliese corriendo a escarbar con las uas un refugio bajo cualquier roca.

Para estremecer los corazones ocultos tras las rocas de todas las fortalezas de las fronteras.

A los pocos instantes de contemplar aquel terrible desfile, el Jefe blasfem, y dijo que no

sera de extraar que las dems fortalezas se rindiesen sin presentar resistencia. Sdara, mi

maestra, asinti, y dijo que una caballera semejante nunca marchara sola, que vendra

acompaada por cuatro veces su nmero en infantera, arqueros y ballesteros, y ms an en

servidores, portadores y acmilas. Y bandidos, hordas de bandidos atrados por los despojos

que un ejrcito deja siempre tras su paso.

Aquella march dur hasta el mismo amanecer. Luego, durante el da, pasaron las columns

de vituallas, la infantera y el resto del ejrcito, pero no podamos prestarles atencin, ni

siquiera para adivinar su nmero, porque cada soldado tena su puesto en los muros, todos

tenamos nuestros puestos, y el asedio empez con saa tremenda aquella maana.

Eso es todo, Chel. No tengo fuerzas para escribir much ms, hace much que oscureci,










los mensajeros estn por salir. Y no quiero guardar esta carta hasta la prxima oportunidad

de enviarla, porque tal vez no la enve, porque tengo miedo de que sientas mi miedo, de que

creas que flaqueo, de career que acaso tengas razn al creerlo, y es insoportable.

El Jefe ha jurado no rendir la fortaleza. Supongo que eso aliviar a nuestro Seor. Pero

dudo que lo salve, dudo que salve a nadie en este pas.

Dame fuerzas, Chel.

Di que volver junto a ti.

Solo dilo, cada noche antes de dormir, cada da al abrir los ojos. Dilo como si rezaras, como

una splica, como una orden.

Dame las fuerzas para complacerte, para obedecerte.

Para vivir, regresar y olvidar.

Para ser tuya.

Chel.

Chel.

Chel.

Dame fuerzas.



Realis, Pupila de Sdara. Fortaleza del Alto, Fronteras del Poniente, Da 99, Cena 320 de la

Primavera.








Realis.

Realis.










Realis.

Lo he rezado cada noche, cada da. Lo he suplicado, lo he ordenado. Pero las noches pasan,

tambin los das, y la esperanza se me deshilacha como un tapiz viejo.

Quiero career que estas lneas llegarn a tu fortaleza, que estars all para recibirlas. O

mejor, en secret, quiero career que ests de regreso, tras abandonar la fortaleza rendida, y

que podramos entonces huir hasta el mar, hasta aquella cabaa nuestra, y esperar a ser

perdonados por los invasores y los dioses. S que una sola fortaleza en las fronteras, ahora,

no es ms que una piedra pequea en el centro de un torrente que fluye por sus lados y

sigue adelante, internndose en el pas. Tambin s que tu Jefe y Sdara no la rendirn,

porque les he conocido a travs de otras bocas, y sus corazones estn muy forjados.

Demasiado, acaso. Y tambin s que a cada jornada que transcurre, el territorio tras la

fortaleza es ms y ms del invasor, y por eso con cada jornada el regreso a casa sera ms y

ms impossible.

Pero qu hago? Estas palabras no te darn esperanza.

Escucha.

El Seor ya no se hace leer sus libros antiguos. Viaja ceudo en su silla de manos, y llama a

todos sus capitanes, y pregunta por los hombres reunidos, por las villas fortificadas, por el

advance del enemigo. Ahora nos movemos sin cesar por el bajo pas, porque el Seor cree

que su presencia ser favorable para reclutar ms lanzas y escudos. Ha consultado con sus

tesoreros y est dispuesto a dar buena paga. Quiere esperar con sus huestes en el bajo pas,

hasta saber cul ser la ruta del invasor, y entonces encararlo. Sabe que un ejrcito tal no

podr demorar su march, porque el avituallamiento empezar a mermar, y el invierno

empieza a soplar sus primeros vientos fros. Sabe que en cuestin de pocos das ya sabr

dnde plantar batalla. Si se arrepiente o no de sus deseos de una gran victoria en las










planicies, no lo s. Tampoco importa. Solo importa que tras una victoria de Tabia, nuestro

Seor, los sitiadores de tu fortaleza tendrn que retirarse, pues el asedio les ser dificil con

la helada y las nieves, y puesto que son mercenarios, tratarn de asegurar la paga adeudada

por sus derrotados amos. Eso es lo que importa, lo nico que importa.

No s si career en esa victoria, pero debo career.

Tambin t.

Realis.

Realis.

Realis.

Lo seguir rezando, suplicando, ordenando, cada da, cada noche.

S fuerte.



Chel, copero de Tabia, El Bajo Pas, da 112, cena 320 de la Primavera.








Perdona si mi letra es algo confusa, pero tengo los dedos muy fros. La nieve est sobre

nosotros. Escribo en los muros, a la luz de la luna, porque el Jefe ha ordenado economizar

la lea y los aceites, y por eso nuestra fortaleza est a oscuras, cada paso de los centinelas

sobre la piedra helada resuena como desde la garganta de un dios, y el Jefe y su consejo

hacen sus planes en una recmara a la luz de solo dos velas, cubiertos con mantas y pieles,

soltando por las bocas ms vapor que palabras.

El mensajero que entreg a nuestro Jefe la noticia de la derrota del ejrcito de nuestro Seor

en las planicies no tena nimos para alzar la cabeza. Tambin estaba herido de flecha en un










brazo, porque se tropez con una patrulla mercenaria en los desfiladeros. Yo le cur, y por

l supe detalles, y cre vislumbrar el tremendo desastre que t seguro viste con tus propios

ojos. Supe del sacrificio intil de nuestra caballera, al caer en los fosos que el enemigo

haba preparado de antemano. Supe de la desbandada de nuestros arqueros, cuando los

magos del enemigo les devolvieron sus flechas. Supe de nuestra infantera pisoteada por

una ola de caballos y hachas largas. El mensajero descansa ahora, y partir maana,

llevando, entire otras, esta carta. Est dbil por la sangre perdida, y por el miedo. S que me

perdonars si le doy aquel amuleto que me regalaste cuando ramos nios, el que era de tu

madre. S que tambin daras hasta los huesos de tu padre para que estas palabras llegasen

a ti. Yo tambin los dara.

El Jefe supo de unos soldados que planeaban su fuga de la fortaleza. Los hizo ejecutar en

los muros. Eran cinco. Yo no conoca a ninguno. Tampoco vi la ejecucin. La helada es

cruel con los heridos, y algunos que podran vivir, pues sus heridas no son tan graves, la

fiebre, en cambio, los consume y se los lleva. Colocamos los cuerpos en un rincn del patio

principal, en un montn, porque necesitaramos aceites para que el fuego prendiese, y la

tierra est demasiado dura, y los soldados demasiado agotados, para que sean enterrados. Y

claro est, con los soldados tan agotados, somos las pupilas de Sdara, junto a various

hombres muy viejos o muy jvenes para ser de utilidad en los muros, quienes nos

encargamos de reunir los cadveres y apilarlos, tras ocupamos de los heridos, y de preparar

las comidas.

Las despensas se mantienen, por fortune. Partimos y raspamos el hielo en las vas de agua.

Tambin aprovechamos los trozos que nos lanzan los sitiadores.

El asedio es menos violent, aunque no cesa. El enemigo ha destinado various

destacamentos a forrajear, a cazar, a romper el hielo del lago para buscar peces. Hace poco










les lleg una caravana de barriles de vino y licor. Tambin recibieron una caravana de pan.

Vimos tambin pasar ms tropas por los desfiladeros tras el lago. Ya no era un desfile

ostentoso, pero igual contamos una gran caballera, seguida por una column de sillas de

manos. Sdara sostiene que se trata de magos, acaso reclutados en los puertos de las Tierras

Estrechas. El Jefe nada comenta sobre eso, pero s que siente alivio al saber que los

mercenarios que nos asedian no cuentan con muchos artesanos de la esencia entire sus filas.

Supimos que las guarniciones de las otras fortalezas han sido hechas cautivas y esclavas.

Dudo que a nosotros, la nica tropa invicta, nos aguarde semejante misericordia. Por eso

solo nos queda sostenernos, y confiar en la sabidura de nuestro Seor y sus oficiales. Ojal

pudieran beber much de esa sabidura en el vino que les sirves. Ese vino que sirves

caliente, especiado, mientras yacen sobre esos cojines que ni an en retirada arrojan al

sendero. Ese vino que deseo beber contigo, sentados sobre un peasco cualquiera,

salpicados por el sacrificio de tantas olas.

No, perdona. Por favor, no me dejes pensar en eso. No me dejes que te haga pensar. Es

injusto.

Nuestros centinelas llaman al cambio de guardia. Tambin esos, los de afuera, piden el

relevo. Y yo debo dormir algo, por eso me despido. Pondr esta carta en la bolsa del

mensajero dormido, junto a las que son para Tabia, nuestro Seor.

Si alguien te pregunta, di que resistimos, que seguimos con vida, que la nica razn por la

que seguimos resistiendo es porque queremos seguir vivos. Para regresar. Maana. El da

despus. Algn da.

Ayer, un da antes, ojal.

Quiero sentir tus labios. Los mos estn tan fros.










Realis, Pupila de Sdara. Fortaleza del Alto, Fronteras del Poniente, Da 131, Cena 320 de

la Primavera.








Cabalgo en la retaguardia de la column. Nadie re, slo chasquea la nieve bajo los cascos

de los caballos, y yo pienso en ti. Son duros das de march, cruzando un pas oscuro y

asustado, y tu cara viaja por delante de m, y tu cuerpo, y tu sombra.

Escribo estas lneas a la montura. Acamparemos cerca de alguna villa o poblado, y tendr

que salir a buscar vinos, licores, cervezas, cualquier jarra que aplaque la rabia de los

oficiales de nuestro Seor. Tabia no bebe. Sus sirvientes apenas logran obligarlo a comer

algunos mendrugos de pan untado en miel. Tabia parece no ver nada, va en su silla de

manos con los ojos y los labios apretados.

Para cuando leas estas palabras, seguro sabrs ya de la derrota. No he querido esperar por tu

siguiente carta para escribir. Me parece triste, que siempre parezcamos aguardar por la

seguridad de que el otro aun vive, para entonces dar una respuesta.

Yo serva el vino para Tabia, mientras l contemplaba la batalla. Mientras nuestras filas se

desmoronaban. Mientras nuestros hombres huan. Yo solo serva el vino. No dej de

hacerlo ni siquiera al final, cuando Tabia orden la retirada. Orden intil.

El mando tratar de reagrupar las tropas a lo largo del ro, en la ribera pas adentro. La

corriente no se ha congelado aun, y quizs tengamos una oportunidad de evitar que el

enemigo llegue a las montaas. La Fortaleza de la Primera Montaa no est preparada para

un asedio, y si cae la capital, ser el fin de la guerra. Todos lo saben. Todos lo temen.

Yo solo temo por ti.










Pienso en cunto durar el coraje de esos soldados que te separan del enemigo. En cunto

habr aun de alimento en vuestras despensas. En las muchas flechas perdidas que vuelan

sobre los muros. No te expongas, por favor. No demasiado.

Yo seguir escribiendo sin esperar por tus cartas. Tanto hay que no digo, y quisiera decir,

pero temo que son palabras que en nada ayudan. Sabes mi corazn, mis anhelos, y sabes

que el uno y los otros saben hablar a travs del sonido de tu nombre, del aire en tu boca, del

calor entire tus dedos. Nada quiero ms que tener tus manos cerradas dentro de las mas, es

como si mi propio corazn se cobijara en mis manos. Quiero darte cobijo, alejarte de all,

tenerte a salvo. Pero ya dije; estas palabras no ayudan. Son solo palabras.

Los dioses nos garden, amor.

Quiera el Pastor que los dioses nos amen lo suficiente como para no negarnos lo que

merecemos. Acaso no lo merecen todos?

Quisiera ser un dios, amor. De veras, quisiera.



Chel, copero de Tabia, El Bajo Pas, da 131, cena 320 de la Primavera.








Es bueno saber que no soy la nica loca sobre estos muros. Somos ms de diez a la luz de

la luna, escribiendo. Tres pupilas de Sdara, various soldados. Algunos esperan, para luego

dictar a los que saben escribir.

Soy de tu mismo parecer, tampoco yo esperar por tus cartas. Todo cuanto tenemos son

estas palabras. Sin embargo, poco aliento podemos esperar de ellas.

Nuestros muertos ya no estn en el patio, apilados en un montn de care helada. Ahora










estn repartidos entire las rocas, sobre los campos bajo la fortaleza. Fue la orden del Jefe.

Despedazados y desnudos, porque se nos orden quitarles las ropas y las armaduras, si las

tenan, para vestir a los muy viejos y a los muy jvenes. Nuestras filas en los muros

menguan da tras da. La fiebre debilita a muchos que no han recibido aun ni un rasguo.

Sdara vio trozos de carne entire los proyectiles del enemigo. Carne enferma, dijo, tras

recoger algunos y examinarlos. Nadie comi de ellos, pero su enfermedad ya est aqu. En

los pasillos. En los cuarteles. En las despensas. Las carnes secas han sido arrojadas. Incluso

el agua es un peligro. Y el Jefe dispuso nuestros muertos como proyectiles, pues suponan

un riesgo de enfermedad que no podamos permitirnos. Pero yo sospecho que tema ms a

las muecas de esos muertos, a lo que esas caras heladas nos decan sin voz a los vivos.

Han sido das de hambre, Chel. Los guerreros ms viejos se lo toman con calma, nos dicen

que el cuerpo se acostumbra, que lo mejor es descansar en cada moment possible.

Los sitiadores han asomado en ocasiones sobre los muros. Sin el obstculo del foso, hace

tiempo congelado, arriman sus escaleras, lanzan sus garfios bajo la proteccin de los

mismos muros, y sabemos que los invade el deseo de que esto se acabe tanto como

nosotros. Pero nuestra eleccin es ms dificil.

Varios soldados se llevaron un cadver a los calabozos. Fue Sdara quien los encontr,

colocando ya al fuego un caldero lleno de hielo, eligiendo con la punta de sus puales los

mejores sitios donde cortar. Se les juzg por el gasto de lea y aceites, fueron castigados

con una guardia larga. El Jefe no quiere perder ms hombres, ni siquiera por la fiebre

causada por unos azotes. Sdara discuti con l durante casi toda la noche, pero l no quiere

escucharla. Hay que mantener la fortaleza, y sin hombres no puede hacerse, eso es de razn

comn. Sdara le dice que entonces los soldados perdern el respeto al mando, pues no

habr castigos que temer, y eso tambin es de razn comn. Sin embargo, yo trato de no










pensar ni en esas ni en otras razones. Pienso que la razn es algo que hace much ya

empez a escasear en las despensas de nuestros espritus.

No dir ms esta noche. Perdona. Si aun tienes esperanzas, si aun quieres esperar mi

regreso, si no decides que es en vano y pones tus ojos en alguien que sea capaz de dormir

sin gritos, que no tenga horrores que olvidar, que no dejar tu lado por aprender cmo se

sanan heridas y fiebres sin saber que todo eso no es ms que un engao absurdo y una

demora intil del gran silencio que llegar al fin, si quieres a alguien con las manos limpias

de una sangre que ningn mar podr lavar, hazme saber de tu destino. Perdona.

Perdona, por favor.

Pero no dir ms.

No esta noche.



Realis, Pupila de Sdara. Fortaleza del Alto, Fronteras del Poniente, Da 147, Cena 320 de

la Primavera.








Recuerdas a aquel viejo pescador del ro que nos acogi una noche? Venamos perdidos en

la barca de tu padre, con la corriente crecida, y aquel viejo nos sac de ella a golpes de

remo, atando nuestra barca a la suya. Dormimos en su cabaa, mientras l remendaba sus

redes sentado en la ribera. Aquella noche fue nuestro primer beso recuerdas?, y t no eras

aun una mujer, ni yo un hombre. Fue la primera vez que dormimos juntos, t con la cara

bajo mi brazo, yo con una mano en tu espalda desnuda. Nuestras ropas se secaban afuera, al

viento de la noche. Te confieso ahora que no dorm, ni por un instant, era impossible, y










saba que tampoco dormas. Yo solo senta tu respiracin bajo mi brazo, y tu espalda bajo

mi mano, y era como si el techo se abriese, y saliramos flotando hacia arriba, cruzando los

techos del cielo y los dioses, y ardisemos sin dolor all en lo ms alto.

He estado en la cabaa del viejo, ayer. La encontr vaca, mugrienta. La tumba est

cubierta por arbustos. Nunca sabremos qu manos amigas o ajenas le dieron sepultura.

Nunca le preguntamos su nombre.

El campamento se extiende por la ribera, en el centro est la tienda del Seor, y desde ella

no se percibe hasta donde llegan las fortificaciones a cada lado. La extension de estas obras

defensivas anima a los oficiales y a los soldados. Tal parece que ni un dios podra, en su

arrebato ms iracundo, cruzar por aqu. No obstante, yo miro no a los lados, sino hacia

atrs, y noto que la profundidad de la lnea puede alcanzarse a pie en un paseo muy breve.

Esta defense es tan extensa como delgada. No s much de artes de guerra, pero pienso que

no resistiramos una simple carga de caballera. La esperanza es el ro. El enemigo tendra

que cruzarlo, y solo entonces dara con nuestras lneas. El golpe, as, sera ms bien dbil.

Quizs result. No s. No soy quien para juzgarlo. Pero temo a los magos que vienen en las

tropas invasoras. Son ms numerosos y fuertes que los nuestros. Y ya he visto la diferencia

que sus poderes pueden significar en una batalla.

Tabia, nuestro Seor, parece haberse recuperado. Su primera orden fue reunir a cien de los

soldados de quienes se saba huyeron entire los primeros en la anterior batalla. La ejecucin

fue cruel, no dir de ella. Su segunda orden fue former filas tres veces al da, y una durante

la noche, para contar y recontar. Los desertores sern cazados, trados de vuelta al

campamento y ejecutados. Ahora, todos vigilan a todos. Es fcil acusar a cualquiera de

intent de desercin. A cualquiera que te deba unas monedas o unas bravatas. Su tercera

orden fue racionar los alimentos. La muerte amenaza a quienes sean sorprendidos rondando










por las tiendas de vituallas. Y a quienes abandonen la guardia. A quienes cambien armas o

licor por comida a los campesinos del lugar. Llegar con retraso a las filas tambin implica

castigos. Tal vez maana me castiguen por respirar demasiado aire. O por mirar a los ojos a

un official. Por orinar ms de dos veces durante el da. Por mi cara triste. Por escribir.

Cmo resistes? Quiero que seas fuerte, para as serlo yo. Me dieron un escudo y una lanza.

En estas lneas, ni aun los sirvientes sern dispensados del combat. Bien es cierto que mi

tarea ser proteger la tienda del Seor, pero esta se alza a pocos pasos de la corriente

misma. No s si podr atravesar a un hombre con esta lanza, no s si sabr evitar que me

atraviesen. La lanza aun tiene los amuletos de su anterior dueo. No deben haberle servido

de much, si ahora su arma est en mis manos, pero acaso haya sido solo herido, o huido a

su casa, a su familiar, a esperar por el fin de todo. En todo caso, los dejar. Quizs me

sirvan, y como quiera, los amuletos en nuestro ejrcito pueden ya solo encontrarse a un

precio que pocos pueden permitirse. Nunca he sido rico. Apenas he posedo unas prendas,

unas monedas.

Y a ti. De todo cuanto ha sido mo, eres cuanto necesito para confiar en que saldr con vida

de esto. As que, por favor, vive t. Que esa brisa que sopla, que viene y va entire nuestros

corazones, siga soplando.

Vive.

Vive, Realis, y mantenme vivo.

No pido ms.

Maana llegan emisarios de las fronteras del poniente. Beso los amuletos de la lanza, y

pido unas palabras tuyas. Solo unas palabras. Bastarn. Tendrn que bastar. Dame esa

fortune.










Chel, copero de Tabia, El Bajo Pas, da 148, cena 320 de la Primavera.


Tengo poco tiempo, el mensajero se va apenas llegar, ha dejado su caballo a dos jornadas

de la fortaleza, porque para llegar aqu debe escurrirse entire las rocas como una bestia, y

me ha confesado que solo cumple su misin porque la paga es altsima. Como no tenemos

nada que ofrecerle, se content con unos sorbos de vino aguado.

Si nuestros soldados se levantan a la primera seal de un ataque, es solo por el deseo de

vivir. No necesitan rdenes, ni amenazas. Creo que pelean mejor que nunca. Allan como

animals al repartir golpes en los muros, los ojos se les desbordan de fiebre, tras los asaltos

juegan a patear cabezas cercenadas, ya sean de atacantes, o de sus propios amigos. Despus

caen en el sitio, en un sopor intranquilo bajo la nieve, y esperan a que se reparta algo de pan

o licor. El Jefe ha puesto los pocos alimentos que nos quedan bajo la custodia de cinco

magos de quienes todos sospechan que se benefician de ello para mantener calmados sus

vientres. Pero nadie protest. Qu importa un mendrugo ms o menos.

Las pupilas de Sdara dormimos juntas, abrazadas para tener menos fro, en un rincn del

cuartel de los capitanes. Anoche una empez a contar sobre lo que los invasores hacan con

las mujeres de las villas, con las ancianas, con las nias, y la alejamos con golpes de

nosotras. Se fue hacia los muros. Esta maana la encontramos muerta y dura entire la nieve,

con las ropas desgarradas. No solo los invasores son de temer. El Jefe pretendi ignorarlo.

Sdara recorre la fortaleza con una cara extraa, pero tampoco dice nada. Nosotras

decidimos andar siempre en grupos, sin separamos nunca. Aquella pupila era de las ms

jvenes. Su cuerpo no haba hecho correr la primera sangre por sus muslos aun. Otros lo










hicieron por ella. Otros, que ahora se sientan all arriba, en los muros, y al defender sus

vidas, tambin defienden las nuestras. El Pastor me perdone por los pensamientos que me

abruman. Que la perdone tambin a ella. Y a ellos. A todos.

El mensajero me mira impaciente, ya ha terminado su vino. No quiero que se vaya sin estas

palabras mas.

Quiero decir tanto, Chel, no tengo tiempo.

Quiero verte, quiero que ests conmigo, quiero besarte, quiero amarte, Chel, quiero

regresar.



Tu Realis, sabes dnde, no s ya qu da.








A lo lejos veo el perfil de las montaas donde ests, y ojal encendierais fuegos de noche,

para saber dnde ests, Realis, mi Realis. Para saber que sigues all.

Las defenses resistieron en la ribera. A un alto precio, pero resistieron. El primer golpe.

Solo el primer golpe. El siguiente ser maana. No tuve que usar la lanza. Gracias al Pastor,

el enemigo que ms se acerc a la tienda del Seor fue detenido por uno de nuestros magos.

Su lanza se clav cerca de m. La hice ma tambin. Es menos pesada. Tambin est llena

de amuletos. Esas dos razones me bastan.

Esta maana Tabia reuni a sus capitanes. Estos trajeron ante su tienda a los soldados que,

a sus ojos, haban vacilado entire las lneas. Ms ejecuciones. Todos, incluidos algunos

oficiales, miran al Seor con ojos enfermos. Tabia hizo que hoy un sirviente probase los

platos antes de llevar un bocado a su boca. Sabe que es odiado. Y que muchos preferiran










entregar sus armas, a cambio de sus vidas y un salario en otras monedas. El invasor

necesitar guerreros del pas para poder gobernarlo. Y oficiales conocedores de la region, y

escribientes, y recaudadores. Es de todos sabido.

La resistencia de maana ser decisive, lo s, pero no s qu decidir. Si aguantamos, los

nimos podran ir de un parecer a otro. Ms nimos para combatir y seguir resistiendo con

la esperanza de la victoria. O ms odio hacia el Seor, y el deseo de acabar con esta

contienda.

Yo soy un simple copero. S cmo servir sin ser notado, adivinar cundo una copa est

vaca, cundo un official necesita ayuda para levantarse. No he herido a nadie. Nadie repara

en m. Por eso solo espero vivir, y reunirme contigo algn da.

Nada me conforta ms que saber que t deseas lo mismo. Estos tiempos terrible no pueden

ser para siempre, Realis, mi Realis. Tendremos otros tiempos, ya lo vers. Tiempos que

sern nuestros. Creme. Por favor.

Cree en estas palabras mas, en este corazn mo.

Debo ir a servir, ya alistan la cena para el Seor y sus oficiales. Solo ruego porque no me

ordenen probar los platos.

Pero yo no escribo nuestros destinos.

Ojal pudiera escribirlos, Realis, ojal pudiera.



Chel, copero de Tabia, El Bajo Pas, da 155, cena 320 de la Primavera.


Desde hace das no llega mensajero alguno. Esta carta viajar en el bolso de un mago que










ha elegido desertar, y a quien he regalado parte de mi provision de hierbas y races y frutos

secos, para sus fiebres y su alimento, a cambio de llevar mis palabras hasta alguna posta de

vigilancia que encuentre en su camino. Me ha jurado cumplir. Le creo un hombre forjado, y

eso debe bastarme.

Quieran los dioses que, donde quiera que ests, como quiera que ests, sepas perdonar.

Desde hace das, los magos que custodian las despensas tambin son los guardias

personales del Jefe. Solo as logra mantener su autoridad. Solo as logra mantener la

fortaleza.

Los sitiadores se han retirado una buena distancia, y enviado parlamentarios. Ofrecen paso

seguro hasta la villa ms cercana, a cambio de todas las armas. Sdara, que habl con ellos,

asegura que son honestos, que estn verdaderamente cansados de tanta sangre, y que daran

cualquier cosa a cambio de pasar las noches bajo techos verdaderos, con comidas tranquilas

y abundantes. S que Sdara tiene razn, porque las artes de magia que conoce la hacen

capaz de tocar los corazones. Pero el Jefe no la escucha.

El Jefe no quiere rendir la fortaleza. No le es igual que a los soldados, eso lo entiendo.

Volver sin honor, ser despojado de sus rangos y ventajas. Sin la proteccin de sus magos,

cualquier moment sera el ltimo de su vida entire estos muros, eso dicen las caras de todos

los guerreros.

Sdara sospecha que el Jefe abandonar la fortaleza en el ltimo instant antes de caer los

muros, con las artes de los magos que le sirven, para as regresar a la Primera Montaa

como hroes que resistieron hasta el final. Su honor quedar manchado, pero no destruido.

Por eso, mi maestra vino a m anoche, y se sent a mi lado, y me dijo que unas pocas

hierbas haran lo que sera impossible a una espada o una lanza. Me pidi que la ayudara,

porque yo era su pupila ms fiel. Porque entire ambas podramos burlar los sentidos de










esencia de los magos, que al ser magos guerreros, solo se inquietan por las amenazas de

hierro fraguado. Una sencilla lmpara de aceite encendida cerca del hombre que reposa, y

una pizca bien media de hierbas machacadas dejadas junto a la llama. La propia Sdara

har eso, pues los magos suelen verla cerca del Jefe, y la creen, si no de su lado, al menos s

obediente. Mi tarea ser otra. Mi tarea ser avisar a las otras pupilas, en el moment

adecuado, para que algunas atraigan a los centinelas, y las dems abriremos el portn. Con

el Jefe agonizando, y los sitiadores entrando, los magos tendrn que aceptar el destino.

S que es traicin, Chel. Pero no es una traicin que me imported. Creo saber ms que eso.

Creo saber, s, lo que de cierto mi corazn quiere. Y t eres la tierra, el mar y el cielo en

ese anhelo. Cuanto crezca sobre esa tierra, cuanto navegue por ese mar, cuanto vuele por

ese cielo, ser asunto de ambos, una vez juntos. S tambin que me ayudars a soportar

estos das crueles transformados en recuerdos. Perdona, Chel, porque ser una asesina,

aunque no sea mi mano la que aseste el golpe. Pero sabe que mato en pos de la vida, y

quiero esa vida contigo, y para siempre.

Ser en pocos das. La mezcla de hierbas tendr que hacerse despacio y en lo oculto, porque

es delicada. El mago que portar estas palabras mas ya me pide prisa, porque reunido las

fuerzas que necesita para burlar la vigilancia de sus iguales, salir a los desfiladeros y

cruzarlos evitando al enemigo, y no quiere perderlas.

As pues, el fin est cercano. Acaso los dioses nos amen, verdaderamente.

Hasta pronto, Chel.

Esprame, o ven en mi busca. Siempre sabremos encontrarnos, impossible career otra cosa.

Insoportable career que no ser as.


Realis, Pupila de Sdara. Fortaleza del Alto, Fronteras del Poniente, Da 158, Cena 320 de










la Primavera.


Amada. Lejana. Ma.

Sin saber de ti, sin mensajeros que corran hacia una fortaleza que todos dan ya por perdida,

confio en que los dioses te hayan protegido.

Victoria ha sido, si victoria puede llamarse a tanta sangre que fluye ro abajo, a tantos

cadveres que empiezan a pudrirse.

El enemigo pide pactos, un gran trozo del pas, a cambio de la paz. El Seor insisted, en su

tienda cerrada, entire sus oficiales, que volvern a atacar tan pronto ideen alguna artimaa,

porque siguen siendo ms fuertes y numerosos, en armas y artes de magia, y los oficiales

piden una tregua para descanso de los hombres, y el Seor amenaza con ejecutarlos, y los

oficiales gritan planes descabellados para contraatacar tras un reposo, y yo les sirvo el vino

que escupen todos mientras gritan, y callo, y pienso si todo esto puede significar algo en tu

suerte.

Estas discusiones duran de la maana a la tarde. Por las noches, algunos oficiales vienen a

m, con ofertas de dinero y ventajas, y me susurran nombres de venenos que poseen, que

son inadvertidos en una copa de vino. El Seor siempre ha confiado en ti, me dicen, nunca

hace probar lo que le sirves. Y yo les pregunto por la Fortaleza del Alto, pero ellos se

encogen de hombros, y me dicen que el Seor quiere continuar la guerra, pero ellos no, y

tan pronto la paz se firme, y otro poder se aduee de la Fortaleza en la Primera Montaa,

todas las peleas cesarn, y si el Alto aun sigue en pie, si aun quedan defensores, estos sern

perdonados con toda seguridad, para evitar ms matanzas y que el odio hacia los nuevos










amos deje de acrecentarse. Todo esto me dicen, y yo pienso en tu suerte. Si el Seor sale

victorioso en un contraataque, significara el fin del asedio que sufres, pero tal fortune

podra tardar das. Incluso, temo que los mercenarios, temerosos por no recibir ms paga de

unos amos derrotados, quieran tomar venganza en la fortaleza, y asesten un golpe con los

corazones llenos de clera, y tales golpes suelen ser irresistible. Si la paz se logra, bastar

que un mensaje llegue a sitiados y sitiadores, y todo terminar.

Todo esto pienso en las noches, cuando los oficiales me dejan, y pienso y pienso hasta el

alba, cuando sirvo a nuestro Seor su primera copa del da.

S que me ayudaras a tomar resolucin, si estuvieras conmigo. Tambin s que si

estuvieras conmigo, eso sera innecesario. Debo tomarla justamente porque no ests, porque

quiero que ests, y cada noche que dejo pasar, entire pensamientos, es una noche ms que te

acerca a tu destino, una noche ms en que tu destino se me va de las manos. No s si los

dioses dedican sus noches a pensamientos tales, pero si es as, feliz soy de no ser un dios,

de no saber el fin de todo. No obstante, s que puedo propiciar ese fin, y lo temo, porque

nadie es capaz de jurar si los mercenarios no asesinarn a una guarnicin rendida, si

quedar guarnicin alguna aun, si t quedars.

S que sigues all, solo porque quiero que sigas all. Y este deseo me har tomar resolucin

en los pocos instantes que demorar en escribir las prximas lneas.

Te quiero viva, te quiero ahora. No puedo esperar. La suerte podr ser cualquiera, est ms

all de mi eleccin. Mi sola eleccin es propiciar esa suerte.

As pues, que sea. Que sea lo antes possible. Esta noche Tabia tendr su ltimo vino servido.

Quizs algunos oficiales leales a l descubran mis actos, y esta sea tambin mi ltima

noche. Qu ms puedo hacer? Quizs tu ltima noche haya transcurrido ya. Si es as, al

menos no habr sangre en este ro que supo de nuestro primer abrazo como la mujer y el










hombre que aun no ramos, ni llegar en su corriente ms sangre a ese mar junto al que

hubiera deseado transcurrir contigo los ltimos moments de cualquier fortune elegida por

los dioses. Tristes los dioses, condenados a estas decisions. Mi ltima plegaria antes de

servir ese vino ser por ellos mismos, tal vez mi piedad hacia ellos los haga amarnos ms, y

nos quieran salvar, si es que no hemos ya cruzado los umbrales del destino que nos niegan

la salvacin.

Guardar esta carta entire mis pocas pertenencias, y las dar a algn conocido que recuerde

tu rostro para que te las entregue si no puedo entregarme yo mismo a ti, si tu camino y el

suyo se cruzan, ojal aun sobre el espinazo cansado de este mundo, y no sobre cualquiera

de los otros. Luego ir a la tienda del Seor. Servir su vino. Y callar, como callar siempre

he sabido, y aceptar cuando haya de cumplirse.

Dentro de un rato o en pocos das sabr si he aguardado en vano, si tendr o no el premio

de tu aliento bajo mi brazo, de mi mano sobre tu espalda, una vez ms, muchas veces ms,

para siempre, o si un official clavar su espada en mi garganta, o si habr de soportar el

castigo de un mar sin ti durante los das que los dioses me concedan, o con los que elijan

castigarme.

Por ti, Realis, mi Realis, esos polvos que verter en la jarra, esa traicin que con la muerte

acaso me devuelva la vida.

El sol negro se esconde ya. Unos soldados cantan junto a mi pequea tienda. Tambin oigo

canciones en la otra ribera. No comprendo lo que dicen, ya no comprendo nada.

Solo que te volver a ver.

Dnde, aun no lo s. Pero s, quiero saber, que pronto.

Ten fe, Realis, mi Realis. El fin est aqu, tambin el principio, sea cual sea.










Chel, sin ti, Realis, El Bajo Pas, da 164, cena 320 de la Primavera.


Un cuero rascado es cuanto tengo para dejar estas lneas. No alcanza para decir much.

Tampoco es necesario.

Mi maestra Sdara est muerta. Los magos la hallaron machacando hierbas que bien saban

que ella no necesitaba preparar. Hurgaron en sus pensamientos. La mataron en el acto. Yo

no estaba con ella. Andaba por los muros, mirando hacia esas lejanas llanuras donde ests,

donde quiero career que aun ests. Donde puedo adivinar el cauce del ro, donde veo fuegos

de campamentos por las noches, sin saber cules nuestros, cules del invasor. Nosotros,

ellos. Ya me es igual. Desde hace much.

Puesto que el Jefe sufre de fiebres, y los magos estn agotados por la constant vigilia, me

han encomendado su cuidado. Perdname, Chel, pero ya no lo soporto. He preparado un

remedio, que no require de tanta delicadeza. Me ha bastado una tarde. Lo arrojar al rostro

del Jefe, y ser rpido. Despus me hincar de rodillas ante los magos y suplicar su

misericordia. Confio en que al ver al Jefe muerto, preferirn dar fin a todo. Si vivo, saldr

corriendo, arrastrndome, como sea, hacia ese ro tan nuestro como el mar y tan lejano, y

no me detendr hasta alcanzarlo, hasta saber si mi esperanza ha merecido homenaje, hasta

saber si ests. Si el capricho de los magos es adverso, este pedazo de cuero estar oculto

entire dos piedras del muro, del lado que da al mar, porque te conozco como me conozco, s

que vendrs a buscarme si aun respiras y mi nombre vive en tu aire, y que subirs aqu

porque el mar te llama la mirada tanto como a la ma, porque querrs preguntarle a ese mar

nuestro dnde estoy, y aqu hallars la respuesta. Entonces sabrs, y confo en que si no










habitas ya la paz de otros parajes ms cercanos a los dioses, tendrs la paz de saber que te

he esperado, y he hecho jirones de mi espritu para que tu injusta espera haya sido ms

breve.

Bien saben los dioses que siempre quise el ms dichoso de los finales, y que con dificil fe

acepto el que sobrevenga. Pero lo aceptar. Ya no hay razn en mi espritu, ya no hay

fuerza, ya no hay fortune. Solo t lo llenas, y no quiero vivir un solo moment ms

temiendo que incluso de mi espritu empieces a marcharte.

Ojal no tengas que leer nunca este pedazo de cuero seco. Ojal pueda lertelo yo misma,

aunque solo sea para que eso signifique que tuvimos un maana.

Con estas palabras, mi corazn, siempre.



Realis, sin ti, Chel, Fortaleza del Alto, Fronteras del Poniente, Da 164, Cena 320 de la

Primavera.







La Habana, 1974. Licenciado en Lengua y Literatura Inglesa.
Miembro de la Asociacin Hermanos Saiz (AHS) y la Unin de
Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).
Premio Calendario de ciencia ficcin 2006 de la AHS.
Ha publicado: "Sol Negro" de ediciones Extramuros 2001,
"Nios de Nen" Letras Cubanas 2001, "Dioses de nen" Letras
Cubanas 2007, "Veredas" Extramuros, 2007 y "Enemigo sin voz"
Abril 2008.











Cuentos suyos han sido incluidos en las antologas "Polvo en

el viento", ICMF, Argentina 1999; "Horizontes Probables",

Lectorum, Mexico 1999; "Reino Eterno", Letras Cubanas 1999 y

"Secretos del Futuro" Sed de Belleza 2007.

Actualmente trabaja como editor en Eds. Extramuros.



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5. CUENTO CORTO MADE IN CUBA: Por contrato I

Por Abel Ballester Zuaznbar.


Cazar unicornios no es una tarea sencilla, esos malditos bichos o bien terminan
aguijonendote el trasero o bien patendote. Como quiera, no son esas criaturitas adorables
que muchos pintan, no, ni lo piensen. Su ternura slo la expresan con algunos y no vale un
comino. Su carne apesta, se corrompe volvindose incomible en cuanto deja de latir su
corazn. Su cuerno, por si quieren saberlo, ni siquiera es de marfil y no he logrado que me
den un real por uno al menos. Los tengo amontonados en mi patio. Su pelo blanco no tiene
magia alguna y en material de atraer todo tipo de bichos molestos es el mejor. De solo
recorder el peluqun que me hice con este me empieza una comezn... Una vez logr
venderle un ojo a una familiar de brujos por muy buena suma, pero me lo regresaron al rato;
molestos y exigindome el dinero, o sera sapo por siempre. Lo haban comparado con los
ojos de una yegua y eran idnticos. Lgico! Pero ni modo, no creyeron mis palabras. Es un
negocio al que no se le puede sacar lasca. El Seor de las Tinieblas me paga bien por
eliminarlos, pero no es lo mismo. Ya casi se acaban y lo nico que puedo hacer es dejarlos
tirados all en el bosque sin poder sacarles un dinerito de ms.





Coln, 1975. Graduado de Ingeniera Qumica. Trabaja en el
rea de Control de la Calidad. Ilustrador y pintor
autodidacta. Ha expuesto sus obras en las galeras de la
Universidad de Matanzas y en la sede de la AHS- Ciudad
Habana. Es miembro del Taller Espiral de Creacin de Ciencia
Ficcin y Fantasa. Cuentos suyos han sido incluidos en la
antologa "Secretos del Futuro" Sed de Belleza 2007


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