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HIDE
 Cover
 Table of Contents
 La frase de hoy: Neal Stephens...
 Artículo: Robert Ervin Howard y...
 Cuento clásico: Duelo en Sirte,...
 Cuento made in Cuba: El capitán,...
 Apócrifos: Necrobias: Prólogo,...
 Las cosas que vendrán (… y que...
 ¿Cómo contactarnos?


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Disparo en Red
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 Material Information
Title: Disparo en Red
Physical Description: Serial
Language: Spanish
Publisher: Disparo en Red
Place of Publication: Havana, Cuba
Creation Date: March 2007
 Subjects
Genre: serial   ( sobekcm )
 Record Information
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
System ID: UF00103496:00030

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Table of Contents
    Cover
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    Table of Contents
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    La frase de hoy: Neal Stephenson
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    Artículo: Robert Ervin Howard y Conan: El hombre y el mito, Yoss
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    Cuento clásico: Duelo en Sirte, Poul Anderson
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    Cuento made in Cuba: El capitán, el piloto y la sirena, Juan Pablo Noroña
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    Apócrifos: Necrobias: Prólogo, Stanislaw Lem
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    Las cosas que vendrán (… y que pasan)
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    ¿Cómo contactarnos?
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HOY: 15 de MARZO del 2007


DISPARO EN RED: Boletn electrnico de ciencia-ficcin y fantasa.
De frecuencia mensual y totalmente gratis.
Para descargar disparos anteriores:
http://www.esquinal3.co.nr
http://www. cubaunderground.com
El sitio web del Fantstico Cubano


http://www.cubaliteraria.cu/guaican/index.html































Editores:



= Darthmota.




Jartower.


Colaboradores:
Taller de Creacin ESPIRAL de ciencia ficcin y fantasa.
espiral@centro-onelio. cult. cu espiralgrupo@vahoo. es


Anabel Enrquez Pieiro
Juan Pablo Noroa
Vctor Hugo Prez Gallo


Portada: Future Folk.
Universo: Elf Quest.


Istvn Bent
Coghan


Yoss
Ral Aguiar


















DISPARO EN RED



disparoenred@centro-onelio.cult.cu




0. CONTENIDOS:

1. La frase de hoy: Neal Stephenson.
2. Artculo: Robert Ervin Howard y Conan: El hombre y el mito, Yoss.
3. Cuento clsico: Duelo en Sirte, Poul Anderson.
4. Cuento made in Cuba: El capitn, el piloto y la sirena, Juan Pablo Noroa.

5. Apcrifos: Necrobias: Prlogo, Stanislaw Lem.

6. Las cosas que vendrn (...y que pasan).
7. Cmo contactarnos?















1. LA FRASE DE HOY:


-Fui incapaz de arrancar la prueba de manos de la nia -dijo Chang.
-Le he visto matar hombres adults con las manos -le record el juez Fang (...)
-La edad no ha tenido misericordia.
Neal Stephenson
La era del diamante:
Manual ilustrado para jovencitas.


Al INDICE















2. ARTICULO: ROBERT ERVIN HOWARD Y CONAN: EL HOMBRE Y EL
MITO
Por Yoss
Debes saber, i oh prncipe! que luego de que los ocanos inundaran Atlantis y
las resplandecientes ciudades, y antes del surgimiento de los hijos de Aryas, hubo
una edad no soada en la que, como las estrellas en el manto azul del cielo,
brillantes reinos ocuparon la Tierra: Nemedia; Ophir; Brythunia; Hyperborea;
Zamora, con sus mujeres de cabellos negros y sus torres de terrorfico misterio;
Zingara, con sus altivos caballeros; Koth, que colindaba con las infinitas tierras de
pastos de Shem; Estigia, con sus milenarias tumbas guardadas por sombras;
Hyrkania, cuyos fieros jinetes usaban acero, seda y oro. Pero el ms orgulloso era
Aquilonia, que reinaba supremo sobre el dormido occidente.
Y all lleg Conan, el cimerio, cabello negro, adustos ojos, espada en mano, ladrn,
asaltante, asesino, de grandes tristezas y grandes alegras, dispuesto a pisotear con
sus pies calzados con sandalias los enjoyados tronos de la Tierra.
Las Crnicas Nemedias versionn del autor)


Con estas palabras sobre un mapa de la Tierra tal y como debi ser en la Era
Hyboria' de Conan comienza an hoy cada nmero de La espada salvaje de Conan
el brbaro de Comics Forum, Editorial Planeta-De Agostini (con historietas
tomadas de The Savage Sword of Conan de la Marvel Group), uno de los comics
que por ms tiempo se ha mantenido en venta en el mundo. Si a sus albms doubles
(SuperConan) le sumamos la publicacin peridica de otras historietas sobre el
Brbaro de Bronce como Conan Rey, Conan el conquistador y Conan el bucanero,
una desangelada pero larga series de dibujos animados y dos pelculas y media
interpretadas por el forzudo Arnold Schrwarzenegger2, ms un casi innumerable


1 Dibujado por Tony Edwards y Eliot R. Brown inspirados a su vez en un mapa del propio Robert E. Howard.
2 La primera y sin duda la mejor: Conan The Barbarian, dirigida por John Milius con guin de Oliver Stone,
un potente aunque algo fascista exergo de Nietzche (Lo que no te destruye te fortalece), excelente msica
original de Basil Poledouris y la actuacin del imponente James Earl Jones como el hechicero malfico
Thulsa Doom (originalmente un mago con cabeza de calavera que enfrenta no Conana sino otro brbaro
howardiano que tambin llega a ser rey, Kull de Valusia... pero se pueden perdonar ciertas versions no?) y














surtido de merchandising de inspiracin "brbara" y la influencia que el mundo

Hyborio ha influido sobre la esttica musical y sobre todo visual de grupos de rock

como Manowar, Virgen Steel, Armoired Saint, Crom y Rhapsody, es fcil llevarse

una idea de la avasalladora popularidad de la que goza el personaje creado por

Robert E. Howard.

Por si alguien no nos conoce o no se ha dado cuenta, somos fans confesos de

Conan y de Howard. Desde que a los 11 aos cay en nuestras manos un comic-

book ilustrado por el magistral Barry Windsor-Smith, las histories del cimerio no

han dejado de acompaarnos y fascinarnos.

Pero an as, este no ser uno de los muchos e hipermeticulosos artculos de fan-

coleccionista, de los que confrontan fechas, personajes, dibujantes y escenarios de

los relatos o historietas de sus dolos, tratando de descubrir hasta el ms mnimo

gazapo. Ni tampoco, aunque este ao se conmemora el centenario de su natalicio,

una ms de las tantas y magnficas biografias escritas sobre el escritor texano.

Este es apenas un esbozo para una investigacin sobre el hombre como creador de

mitos. Pero de todas maneras habr que decir algo sobre quin fue Robert E.

Howard, antes de pasar a ver cmo y por qu en su relativamente corta vida dej

una huella tan notable en el imaginario del hombre del siglo XX.

EL HOMBRE: UN ESBOZO BIOGRAFICO

Robert Ervin Howard naci un 22 de enero de 1906 en Peaster, Texas, y estudi el

bachillerato y algunos cursos universitarios en Brownwood, pero vivi la mayor




un infantil Jorge Sanz como Conan nio; la segunda, Conan The Destroyer, (1984) del algo menos inspirado
Richard Fleischer, repiti lamsica de Poledouris y a un Arnold todava ms melenudo y sobre todo ms
macizo que en la primera, sumando a una andrgina extravagant Grace Jones interpretando a uno de los
tantos compaeros del cimerio que originalmente era masculino, al imponente jugador de baloncesto Wilt
Chamberlain como uno de los malos y ala joven y atractiva Olivia Dbo como la princess encaprichada en
perder su virginidad entire los musculitos del austraco, fue much menos cuidada y podra haberse llamado
"Juanito el de la espada grande" o algo as. Y la dos y media fue la lamentable El guerrero rojo (Red Sonja),
(1985) (por qu "el guerrero" si se trataba de una dama?) con la bella, muy espigada y tetuda danesa y ex
chica Stallone Brigitte Nielsen interpretando a la invencible espadachina pelirroja, y un Conan que nunca
revela su verdadero nombre, pero que cualquiera que conozca de la difcil relacin entire los dos personajes
habra reconocido hasta si no fuese de nuevo el inefable Arnold Negro-Negro (esta vez sin siquiera ensear
sus notables pectorales) el que lo interpretara. Ahora se habla de una nueva version, con efectos
especializados digitalizados y el carismtico luchador de !i~ ,! u The Rock (que ya fue muy convincente
como brbaro forzudo en El Rey Escorpin) interpretando al enorme cimerio. Pero ya se sabe, corren tantos
rumors en Hollywood...














parte de su vida en Crossplains, pequea localidad de la zona central de Texas,

bastante cercana a Abilene.

Desde su infancia fue un vido lector. Coinciden sus bigrafos3 en que de pequeo

su inteligencia precoz lo convirti en un inadaptado, objeto de los clsicos abusos

que suelen padecer por parte de compaeros ms robustos y zafios tantos nios
brillantes pero fsicamente dbiles. Abusos que lo marcaron: al crecer y como

compensacin se convirti en un fantico de los deportes y de la gimnasia y lleg a

ser un consumado boxeador y jinete. Fue el fin de las provocaciones: al alcanzar la

madurez meda ms de un metro ochenta de estatura, era musculoso4, pesaba unos

noventa kilos y en opinion de uno de sus sparrings habituales en el cuadriltero

"habra sido un ms que pasable peso complete ". Tambin practice la lucha libre y

grecorromana. Era introvertido, poco conventional, caprichoso e irritable, propenso
5
a sentimientos extremos, a atracciones intensas y aversiones violentas5.
Pero este "hombre de hierro" en una ocasin tambin escribira: "...una de las

principles razones por las que nunca llegar a ser nada es que soy demasiado

condenadamente sensible". Bajo su apariencia de tipo duro lata un corazn

vulnerable. Amaba a la naturaleza y a los animals: en varias oportunidades fue de

caza con sus amigos, pero sin llegar a matar nunca ninguna pieza. Esta sensibilidad

llegaba hasta el extremo de que cuando en 1929 el viejo perro de la casa, Patches

(Parches) enferm de modo incurable, su joven amo se traslad a Brownwood y

solo regres en 1930, cuando el animal ya haba muerto.







SNuestra fuente principal fue Albert Wildmarth... o sea Alberto Silvn Gutirrez, y L. Sprague de Camp. Ah,
y claro, la pgina web official de REH. Muy bien hecha, los invitamos a visitarla.
4 O al menos lo que entonces se entenda como tal. Basta con mirar las fotos para darse cuenta de que distaba
bastante de parecer un culturista de hoy. Claro, todava Charles Atlas estaba en sus primeros pasos y Joe
Weider no haba creado su famoso mtodo de musculacin armnica. Probablemente REH habra protestado
contra lo artificialmente hipertrofiada de la musculatura de Amold, el ms famoso intrprete de Conan. A fin
de cuentas, ni siquiera los gladiadores romanos entrenaban cientficamente con pesas. Un brbaro nunca
habra sido elegido Mster Olimpia: fuerza s, pero demasiada grasa para ser visualmente hermoso. Pero de
todos modos no cabe duda de que personajes como Conan y Kull, descritos como excepcionalmente altos y
corpulentos tenan much del propio REH, o de su autoimagen.
5 El subrayado es nuestro, claro se nota la similitud con la introduccin de Las Crnicas Nemedias? Sera
interesante saber quin copi a quin. El bigrafo al escritor, o viceversa?














Segn algunos de sus conciudadanos (no parece haber tenido verdaderos amigos

fuera de Lovecraft6 y Clark Ashton Smith, por otro lado geogrficamente muy

lejanos, ya que vivan en la Costa Este), padeca de delirio de persecucin, y en su

caprichosa paranoia lleg a solicitarle a su sastre que, contraviniendo la moda de

entonces, le acortara los bajos del pantaln "para evitar enredarse si alguien lo

atacaba" y por si fuera poco, debajo acostumbraba a usar zapatillas altas de luchador

"para protegerse los tobillos de cualquier llave o zancadilla". Hay hasta quien dice

que sola usar pistola, pero no hay pruebas que respalden tal afirmacin7.

Padeci de sonambulismo desde 1927, y sus convencionalsimos vecinos los Hutler

solan quejarse cuando, sobre todo en verano, con las ventanas abiertas, permaneca

tecleando enrgicamente en su mquina de escribir hasta altas horas de la noche, y

otras veces cantando bajo el porche.

Su primer relato apareci8 ya en 1925 en las pginas de la revista Weird Tales,

donde tambin publicaron H. P. Lovecraft y otros autores del llamado "crculo

lovecraftiano" como Clark Ashton Smith, Robert Bloch y August Derleth. Luego

vendera decenas de histories a esa y otras publicaciones peridicas, pues no solo

escribi 21 relatos completos sobre el brbaro cimerio9, dejando incompletos


6En sus cartas se la pasaban discutiendo de fantasia, concepciones del mundo y las semifascistas teoras
raciales sobre las que ambos eran tan dados a especular. El citadino Lovecraft era decidido partidario de los
pueblos sedentarios y civilizados, REH de los nmadas y brbaros, por supuesto. Lovecraft le recriminaba el
conceder ms importancia a la fuerza bruta que al pensamiento, y l le ripostaba reprochndole haber
idealizado el hipcrita y pacato Siglo XVIII. Mientras que el hombre de Providence era autoritario y
dogmtico en sus epstolas, REH se mostraba liberal, a veces hasta algo anrquico. Lovecraft era un anglfilo
acrrimo, y su corresponsal texano decididamente celtfilo. Si en algo coincidan era la primaca de la raza
aria Pero valga la aclaracin de que debe entenderse este trmino solo en el sentido original en que utilizado
por prehistoriadores como Gordon Childe, de ideologa totalmente contraria a la de otros que ms tarde se
apropiaron del vocablo, como los nazis.
7 Habra sido ms bien extrao, en alguien que no tena corazn para disparar contra animals indefensos y
que en numerosas obras lleg al extremo de deplorar el arco y la ballesta como "armas poco viriles" porque
mataban a distancia.
8 Spear and Fang. Dato para satisfacer a los especialistas puntillosos.
9Tras el ttulo de cada relato aparece el del volume en que fueron recopilados, as como el nmero de la
revista (mayormente Weird Tales, pero no solo) en que fueron originalmente publicados
- El fnix sobre la espada CONAN EL USURPADOR (Weird Tales, diciembre 1932)
- La ciudadela escarlata CONAN EL USURPADOR (Weird Tales, enero 1933)
- La torre del elefante CONAN (Weird Tales, marzo 1933)
- El coloso negro CONAN EL PIRATA (Weird Tales, junio 1933)
- La sombra deslizante CONAN EL AVENTURERO (Weird Tales, septiembre 1933)
- El estanque del negro CONAN EL AVENTURERO (Weird Tales, octubre 1933)
- Villanos en la casa CONAN (Weird Tales, enero 1934)
- Sombras a la luz de la luna CONAN EL PIRATA (Weird Tales, abril 1934)















algunos que fueron luego terminados en su mayora por L. Sprague de Camp1', sino

una larga series de histories sobre otros caracteres ms o menos de fantasa heroica,

como Kull de Valusia", Bran Mak Morn12 y Turlogh O'Brien, y sobre personajes


- La reina de la costa negra CONAN EL CIMMERIO (Weird Tales, mayo 1934)
- El diablo de hierro CONAN EL VAGABUNDO (Weird Tales, agosto 1934)
- El pueblo del crculo negro CONAN EL AVENTURERO (Weird Tales, septiembre 1934)
- Nacer una bruja CONAN EL PIRATA (Weird Tales, diciembre 1934)
- Las joyas de Gwablur CONAN EL GUERRERO (Weird Tales, marzo 1935)
- Ms all del ro negro CONAN EL GUERRERO (Weird Tales, mayo y junio 1935)
- Sombras en Zambula CONAN EL VAGABUNDO (Weird Tales, noviembre 1935)
- Conan el conquistador CONAN EL CONQUISTADOR (Weird Tales, diciembre 1935 a Abril 1936)
- Clavos rojos CONAN EL GUERRERO (Weird Tales, julio a septiembre 1936)
- El dios del cuenco CONAN (Space Science Fiction, septiembre 1952)
- La hija del gigante helado CONAN EL CIMMERIO (The Fantasy Fan marzo 1934)
- El valle de las mujeres perdidas CONAN EL CIMMERIO (The Magazine of Horror, primavera 1967)
- El tesoro de Tranicos CONAN EL USURPADOR (Fantasy Magazine, marzo 1953)

o1 Es obvio que Sprague de Camp se tom bastantes libertades con las notas de REH. Y la diferencia entire sus
relatos "completados" y los originales se nota. A continuacin del ttulo de la historic y sus autores damos
algunos datos que podran resultar interesantes para los fans ms empedernidos.
- El aposento de los muertos CONAN (R. E. Howard y L. S. de Camp) El manuscrito hallado constaba solo
de 850 palabras.
- La mano de Nergal CONAN (R. E. Howard y L. Carter) Fragmento de Howard de tres pginas.
- El Dios manchado de sangre CONAN EL CIMMERIO (R. E. Howard y L. S. de Camp) L. S. de Camp
adapt el relato de REH de su series de aventuras en el actual Afganistn, titulado The Curse ofthe Crimsom
God (La maldicin del dios rojo), introduciendo algn element fantstico.
- Un hocico en la oscuridad CONAN EL CIMMERIO (R. E. Howard, L. Carter y L. S. de Camp) Fragmento
inacabado de REH
- Halcones sobre Shem CONAN EL PIRATA (R. E. Howard y L. S. de Camp) Se trata de una adaptacin
del relato de Howard Hawks over Egypt que trata del califa loco del siglo XI Hakin.
- El camino del las guilas CONAN EL PIRATA (R. E. Howard y L. S. de Camp) Es una historic de
Howard adaptada por L. S. de Camp.
- Lobos ms all de la frontera CONAN EL USURPADOR (R. E. Howard y L. S. de Camp) Es un relato
completado por L. S. de Camp.
- La daga llameante CONAN EL VAGABUNDO (R. E. Howard y L. S. de Camp) En 1934 Howard escribi
una aventura oriental que tiene como protagonista a Francis Xavier Gordon titulada Three Bladed Doom que
constaba de 42.000 palabras. Como le pareci demasiado larga la redujo al ao siguiente a 24.500. La
adaptacin de de Camp que contiene elements fantsticos es de 31.000.
- Los tambores de Tombalko CONAN EL AVENTURERO (R. E. Howard y L. S. de Camp) Relato de
Howard que es completado por L. S. de Camp, quien de paso corrige bastantes nombres tnicos de las tribus
negras.
1 O mejor sera decir de Atlantis. Es un claro precursor de Conan: un brbaro que llega a sentarse en el trono
de la nacin ms civilizada de su tiempo, aqu Valusia en vez de Aquilonia. Kull tena como ttem al tigre,
(durante sus andanzas como pirata en la Cosa negra, Conan fue apodado amra "el len de las olas") prefera
usar el hacha de double hoja (uno de sus mejores relatos se titula Con este hacha reino) y desconfiaba de
brujos y hechiceros lo mismo que el cimerio. Pero, sortilegios mediante, en una ocasin estos dos campeones
de pocas diferentes llegan a e encontrarse y reconocerse como almas gemelas.
Hay una pelcula relativamente reciente sobre este personaje, Kull el conquistador, de bajo presupuesto pero
con una interpretacin bastante convincente del alto y forzudo Kevin Sorbo, que se hizo famoso por su
personificacin de Hcules en la series televisiva fantstica homnima.
12 Un caudillo picto descendiente de Brule el de la Lanza, legendario compaero de Kull. Es interesante que
en el moment de escribir esta historic casi no se saba nada sobre los pictos, as que Howard simplemente
invent la mayor parte de los detalles sobre este primitive pueblo celtobritano. Las sagas pico-mticas de














ms cercanos en el tiempo como Red Sonja13 o Solomon Kane14, as como una

novela de "fantasa interplanetaria", Almuric15, cuentos de terror y misterio,

aventuras orientales, oestes o sobre boxeo (al que era personalmente muy

aficionado) llegando incluso a probar suerte con un relato ertico.

Puede decirse que era el prototipo del escritor professional, que al vivir de su pluma

est dispuesto a escribir sobre todo lo que le paguen... y disfrutarlo de paso. Y se
dira que al menos por un tiempo no le fue nada mal. En medio del crack financiero

tras el 29 lleg a ganar ms dinero por sus relatos que ningn otro habitante de

Crossplain, sin exceptuar al banquero local... lo que no significa que fuese much.

Con los ingresos de la venta de sus histories se mantena a s mismo y a su anciana

madre, ya que aunque su padre, tambin de avanzada edad, era mdico rural, la

depresin econmica haba afectado de tal modo a la region que muchos de sus

pacientes granjeros le pagaban con pollos y viandas.
Cuando la madre enferm de la vescula biliar las cosas fueron de mal en peor para

los Howard. Los gastos mdicos y de hospitalizacin endeudaron hasta el cuello a

REH sin que su progenitora diera muestras de mejorar. A principios de junio Weird

Tales deba a uno de sus ms apreciados colaboradores una verdadera fortune, cerca

de 800 dlares entire cuentos ya publicados y por publicar: obligados por la falta de

fondos, haban adoptado la poltica de fraccionar y demorar sus pagos. Sabedor de

que la revista no atravesaba por un moment boyante (como todo el pas, por otra

parte) Howard ya ni siquiera aspiraba a poder cobrar todo aquel dinero, pero en una
carta a Fansworth Wright, entonces editor de Weird Tales, reconoci abiertamente


Howard, aunque situadas en pocas diferentes, tendan a enlazarse. El mejor ejemplo es El valle del gusano,
ciclo de relatos sobre la memorial racial centrados en una bestia ancestral horrible y asquerosa que diferentes
generaciones de guerreros deben enfrentar.
13 Aunque muy familiar para los lectores de las historietas de Conan, la bella y habilsima esgrimidora de los
cabellos de fuego y el exiguo bikini de cota de malla que solo podr entregarse al hombre que la venza en
combat just, aparece originalmente en un relato histrico de REH, ambientado en el cerco de los turcos a
Viena. Su contraparte masculina en dicho texto es un robusto, talludo y bebedor caballero teutn en el que
pueden reconocerse muchos rasgos del cimerio, aunque sea rubio y no de negros cabellos.
14 Una verdadera rareza en la obra de REH: un adusto espadachn de la Inglaterra puritana que lucha contra
forajidos, hombres-lobos, vampiros y brujos africanos sin probar alcohol ni permitirse mujer, con la pura saa
de un paladn. De lectura recomendada..
15 El forzudo y pasional Esa Caim, acorralado por la polica, acerta la oferta del clsico cientfico genial y
loco para ser transportado a otro planet, el extrao y primitive Almuric. Al cabo de unos aos regresa, contra
todo pronstico, para contar sus muchas aventuras al sabio. Novela de clara inspiracin burroughsniana
(Almuric en vez de Barsoom, Esa Cair en vez de John Carter) pero con muchos pasajes interesantes.













que con aquel nfimo goteo de medios cheques le resultaba impossible no ya pagar
sus deudas, sino simplemente vivir. Era un grito desesperado de auxilio que no
obtuvo respuesta.
Su albacea literario y continuador, L. Sprague de Camp, ha dicho que Howard se
suicide "abatido por la muerte de su anciana madre, a quien amaba de modo
exagerado16" pero parece ser que ms se trat de una decision cuidadosa y
largamente meditada. Como habran hecho sus personajes, a los que tanto importaba
el honor, un desesperado REH decidi abandonar el scenario sin dejar cabos
sueltos, y con cierto estilo grandilocuente.
El 8 de junio de 1936 Hester Howard Sank entr en coma, y dos das ms tarde su
hijo compraba terreno para tres tumbas en el cementerio Brownwood. Ya haba
dejado instrucciones a su agent, Otis Klane, sobre qu hacer con sus cuentos en
caso de fallecimiento, luego envi todos los textos que tena a Weird Tales con
claras instrucciones. Despojado de la pistola que acostumbraba tener en casa por su
prudent padre, pidi prestado a un amigo un revolver Colt 38 de accin double,
automtico. Unos das antes haba conversado con un amigo paterno, tambin
mdico, el Dr. Dill, sobre la casi segura mortalidad de un disparo en la cabeza. En la
maana del 11 de junio visit por ltima vez a su madre, y contra su costumbre,
inquiri sobre sus posibilidades de recuperacin. Cuando una enfermera le
respondi negativamente, la nica barrera entire Robert Ervin Howard y su decision
de morir se desvaneci.
Regres a su casa, escribi cuatro lneas de un poema redactado en su infancia7 y
luego sali y dentro de su coche, un Chevy de 1935, se coloc la pistola en la sien y
dispar. Pero sus planes estuvieron a punto de fracasar: probablemente debido a su
notable vigor fsico, no muri hasta ocho horas despus. Su madre lo sigui al cabo
de otras 31 horas, y estn enterrados juntos.


16 Afirmacin de la que muchos psicoanalistas de fin de semana han querido deducir un complejo de Edipo y
hasta una possible homosexualidad que la empedernida soltera de REH corroborara, pero en nuestra opinion
ya eso es hilar demasiado fino y dejarse llevar por el vicio de pensar lo peor de los dems. Por favor: la
mayora de las veces una espada es una espada, y no un smbolo flico.
17 All fled, all done / So lift me on the pyre / The feast is over / And the lamps expire. Nuestra traduccin
sera: Todo vol, todo termin / As que alzadme a la pira / La fiesta ha acabado / Y las lmparas expiran.
Una cuarteta que no habra desentonado en los funerales de Patroclo, si se pudiera traducir al griego, claro.













Y con esto basta18. La vida del escritor solo nos interest en tanto que material para
analizar la extraa pero innegablemente poderosa vitalidad que manifiestan sus
creaciones.
EL MITO: LAS RAZONES DE UNA PRESENCIA.

De entire todos los personajes ms o menos picos brotados de la pluma de REH,
nos centraremos en la figure de Conan de Cimeria, no solo por ser uno de sus tipos
ms logrados, sino sobre todo por tratarse de su carcter ms popular.
La primera impresin que se tiene de Conan es que se trata del clsico energmeno,

todo msculos y nada de cerebro, acostumbrado a resolverlo todo con la violencia.
En efecto, al ser interrogado el mismo REH sobre el por qu de su evidence

complacencia con personajes ms bien rudos y poco dados a la reflexin, respondi:
Son series elementales. Cuando los metes en un lo, nadie espera que te devanes los
sesos inventando modos sutiles y maneras ingeniosas para hacerles salir del
atolladero. Son demasiado estpidos para hacer otra cosa que cortar, golpear o
arrastrarse hasta quedar libres
Es decir, una fuerza de la naturaleza, elemental e incontenible. Razonando
por simple induccin, podra llegarse a la conclusion de que Conan, con su fe en su
espada y sus bceps y su instintiva desconfianza de la hechicera19, expresaba de
modo ms o menos metafrico el sentir de un Howard que, como buena parte del
pueblo norteamericano, estaba cansado de demagogia y palabras vacas y haba
perdido y la fe en sus lderes polticos que parecan incapaces de sacar al pas de la
peor crisis econmica y social de su historic hasta el moment. La culpa era de un
puado de bribones y aprovechados a los que haba que correr a patadas porque era
el nico lenguaje que realmente respetaban, y quin mejor que un Conan para eso?

Visto as, se dira que el cimerio es un claro antecedente de Hulk20, todo
msculos e ira... pero result que, a despecho de lo que pensara su creador (ya se



18 Repetimos que el que quiera convertirse en expert en Howard mejor consulate en Interet alguna de sus
muchas y excelentes biografas.
19 Y extindase el concept de brujera ms o menos a todo saber sofisticado.
20 Enorme y musculoso, pero verde y de origen radiactivo. Y Conan no tena double personalidad. En lo
adelante haremos ms de una comparacin con otros superhroes Marcel o DC. Despus de todo, fue en los
duros aos 30 cuando surgieron arquetipos como Superman, Batman y el Capitn Amrica, con el claro
propsito de dar esperanzas a un pueblo bastante decepcionado de la realidad.













sabe que ni siquiera los autores son dueos absolutos de su personajes) muchas
veces el brbaro de bronce hace gala de notables ingenio y capacidad de reflexin.
Y no solo se trata de la elemental astucia del guerrero que, enfrentndose a un
oponente fsicamente ms poderoso, trata de aprovechar esa fuerza para destruirlo.
Ni de la sofisticada habilidad como esgrimista o luchador de la que hace gala casi
constantemente venciendo a enemigos que lo superan en nmero o armamento21...
sobre todo sin utilizar ningn complejo o secret arte marcial como los que
practicaban, por ejemplo, los misteriosos guerreros de piel amarilla de Khitai.
La cosa va much ms all. Luchando con los casi divinos brujos del Crculo
Negro, Conan es capaz de descubrir que su punto dbil no est en sus cuerpos, sino
en el altar en forma de serpientes entrelazadas que contiene sus almas. Jugando la
partida decisive por el trono de Aquilonia con el tenebroso mago Thulandra Thuu,
es capaz de burlar sus negros sortilegios alindose con el pueblo de stiros de los
bosques, que soplando sus flautas ultrasnicas infunden el famoso "terror pnico"
en las filas enemigas, del que las huestes del general Conan se libran taponndose
los odos!22 Y luego, al ocupar el trono aquilonio, no solo gobierna con la ruda
justicia que cabra esperarse, sino que es capaz de sortear decenas de intrigas y
conspiraciones palaciegas, llegar a viejo sin ser derrocado y hasta legar
tranquilamente la realeza a su hijo Conn antes de marcharse al nuevo mundo, ya con
unos respetables 60 aos "a buscar nuevas aventuras en sitios donde me respeten
como hombre y no como rey".
Los ejemplos sobran. El tericamente lerdo e inflexible guerrero no desdea
disfrazarse oscureciendo su piel nrdica para poder pasar inadvertido entire los
negroides habitantes de Koth. Ni en hacer alianzas con demonios tan implacables
como el inmortal Imhotep, el Devastador de Mundos, cuando ambos descubren que
tienen al mismo astuto hechicero como enemigo. Y sobre todo, cuando es
completamente superado, como durante la invasion bucanera a las pirticas islas
Barachas, su primitive cdigo del honor no le impide huir para salvar la piel, segn



21 Su enfrentamiento con un arquero, armado l solo de espada y daga, en el camino a la Ciudad de los
Magos, es uno de los episodios que mejor ilustra su dominio de la tcnica de combat.
22 Y cualquier semejanza con el proceder de Ulises en la Odisea no es pura coincidencia, sospechamos.













el sabio precepto de que quien escapa hoy vive para luchar maana, y de que la
mejor tica es la que mantiene ms tiempo vivo al que la practice.
Algunos han querido ver en este casi sabio proceder del que deba ser el bruto por
antonomasia la mano de de Camp23, pero analizando lo ocurrido con otros
personajes de Howard llegamos a la conclusion de que REH nunca trat de hacer
pasar a su hijo literario por estpido. Como Kull o Solomon Kane, Conan no
desprecia la inteligencia y el conocimiento... solo desconfa de ellos, porque pueden
servir lo mismo para el bien que para el mal. Las espadas y las hachas tambin,
claro, pero esas al menos nadie las maneja y por tanto entiende mejor que l. Y si
falla el razonamiento o no funciona la astucia, nada mejor que tener a mano una
espada bien afilada, un brazo fuerte para empuarla... y un buen par de piernas para
correr, si hiciera falta.
Que conste que no proponemos a Conan como una especie de Hombre del
Renacimiento, expert en todas las artes de la guerra, la diplomacia y el gobierno.
Pero concedmosle que si fue capaz de abandonar su helada y native Cimeria en
busca de mejores oportunidades, debi tener una ambicin y una inteligencia un
poco mayores que las que tradicionalmente se espera que posean la clase de ser
estpido y elemental que REH crey haber creado. Los tontos no se lanzan a correr
aventuras, son arrastrados por ellas24... y ni siquiera saben moverse luego en la
corriente de los acontecimientos.
Lo que nos lleva directamente al meollo de la popularidad del cimerio. La clave no
est en sus msculos ni en su falta de razonamiento, ni en su fe en la espada como
ultima ratio regu, ni siquiera en los exticos escenarios en los que se desarrollan
sus peripecias, repletas de ciudades perdidas, monstruos hbridos, razas olvidadas y
magia oscura, sino ms bien en un rasgo consustancial al sueo americano: su
condicin de self-made -man, de hombre que labra su propio destino desdeando
todas las adversidades, que se siente nacido para grandes empresas y llega a


23 Puede que tengan algo de razn... como mismo parte de la popularidad de canana podra deberse a los
esfuerzos sistematizadotes que de Camp invirti ordenando las ms o menos caticas narraciones originales
de REH en una nica lnea temporal coherente.
24 Recuerdan lo que le ocurri al casersimo Bilbo Baggins, convertido de tranquilo vecino en saqueador por
obra y gracia del humor de Gandalf? Y eso que el hobbit a la larga demostr estar hecho de una pasta much
ms recia de la que todos, incluso l mismo, haban credo.













desdear compartir el trono que le ofrece una princess por amor con las orgullosas
palabras de "Yo tendr mi propio reino 25. Es el paradigma del "otros pueden por
qu no puede usted?" de Andrew Dale Carnegie y el Reader's Digest, solo que

envuelto en pieles, no en traje de seda, y con espada en vez de carter de hombre de
negocios. De brbaro inculto sin antecesores nobles ni ricos a guerrero temido por
todos sus adversaries y finalmente a rey. El perfect arribista social, el trepador
arquetpico.
Conan el triunfador, el que nunca se rinde. Poda imaginarse mejor smbolo de
esperanza para los norteamericanos en plena crisis? Cierto que no viva en el
complicado mundo modern de tecnologa y ciencia, pero las intrigas a las que se
enfrentaba nada tenan que envidiarle a las actuales. Y, a diferencia de Superman,

no dispona de poderes sobrehumanos y casi infinitos, sino solo de su instinto
brbaro y sus msculos, grandes y resistentes, s, pero nada que un buen
norteamericano no pudiera lograr con un poco de aficin por el deporte26
La curiosa actitud del brbaro hacia la religion es tambin ejemplar: rezar a los
dioses est bien si hay tiempo, pero ha ayudado alguna vez un dios a un human
que no estuviera dispuesto a ayudarse a s mismo? Ni hablar. Crom, el dios herrero
cimerio dueo del secret del acero, se re de los hombres debajo de su montaa, y

no tiene much sentido implorar su favor y menos con su clemencia27. Un poco por
el estilo de los buenos WASP norteamericanos: blasfemar es feo, mejor no hacerlo
(por si caso) pero aydate y Dios te ayudar28.
Alguien que poda dirigir un ejrcito o un reino o viajar con algn que otro
compaero, pero que en ltima instancia saba que solo poda fiarse 100% de sus
propias fuerzas: la concrecin del espritu de frontera de la Expansin al Oeste que
hizo grandes a los Estados Unidos. Conan roba y mata, es cierto, pero esta ms o

25 Se trata del bocadillo final de la por otro lado lamentable pelicula Conan the Destroyer.
26 Volviendo al mundo de los superhroes, los referentes ms cercanos seran el Batman de Bob Kane y el
superarquero defensor de la ley, Flecha Verde (aunque este nunca dej de ser un segundn de Linterna Verde
y se extingui soando la popularidad del Caballero Oscuro). Grandes gracias a su preparacin fisica y
dominio de la tcnica, no a disponer de superfuerza o supervelocidad ni lanzar rayos misteriosos.
27 Sirva como ejemplo el parlamento ms largo de Arnold Schwarznegger en Conan the Barbarian: (cito de
memorial) Crom, sabes que no soy bueno en esto de rezar. Pero, por favor, recuerda que somos pocos y ellos
muchos. As que aydanos... o si no vete al diablo!
28 Los espaoles en tiempo de la Reconquista tenian una cuarteta perfect para estos casos: Vinieron los
sarracenos y nos molieron a palos /que Dios ayuda a los malos /cuando son ms que los buenos.Sin













menos justificado: lo hace luchando contra una ley para la que no contaron con l y
que a veces no le deja ms espacio que el crime. Y otras veces solo ejerce el muy
norteamericano y sacrosanto derecho de cada hombre a defenders o tomarse la

justicia por su mano29
En pocas palabras: no es el blando, domesticado y sofisticado habitante de una
cultural urbana, sino de un brbaro: el cowboy, el cazador-trampero, el motorist o el
camionero solitarios que tanto peso tuvieron y an tienen en el inconsciente
colectivo de los EE. UU. El triunfo de la difusa periferia que loa y favorece la
individualidad sobre el centro despersonalizador y enemigo de los caracteres no
estandarizados.
Otro element contribuy en no poca media a la popularidad del personaje de
REH: Conan no es solo el superhombre, sino tambin el supermacho de apetito
sexual insaciable, con un amor en cada recodo de su vagabundo andar, la verga
errabunda y prepotente que no se arredra ni ante verdaderas vboras espadachines
acostumbradas a deshacerse acero en mano de cualquier pretendiente molesto, como
Red Sonja o Valeria de la Hermandad Roja, aunque pueda respetar como colegas a
las mercenaries de la Hermandad de la Espada. Un individuo sin lazos afectivos
demasiado duraderos, aunque no inmune al amor30, solo que siempre dispuesto a
empezar de nuevo cuando la compaera muere o lo abandon. Un hombre, en fin,
que los desocupados norteamericanos de los aos 30, a los que la prdida del rol de
abastecedor fundamental del hogar por culpa de la ola de desempleo haca sentirse
como eunucos ante sus exigentes esposas, y tambin a menudo obligados a viajar en
busca de trabajo, podan tomar orgullosamente como modelo.
Enorme y fsicamente poderoso, astuto y solitario, vagabundo de tica elstica pero
bsicamente honorable, amigo de sus amigos, mujeriego y bebedor, iracundo a
veces y otras pronto a la franca carcajada qu hombre no quisiera ser como l?
Lejos estaban an los tiempos del Womens Liberation y de la mojigatera del



comentarios.
29 Si la ultrareaccionaria e hiperorteamericana NRA (Asociacin Nacional del Rifle, recuerden el documental
Bowling in Columbine) no h elegido a Conan como uno de sus santos patrons es solo porque el cimerio nuca
dispar un buen Winchester...
30 Recuerden su perodo con Belit, la fiera reina pirata de la Costa Negra.













politically correct31. Los hombres, cuando eran hombres, eran hombres, y si no, no

eran hombres. Pese a las tortuosas interpretaciones seudofreudianas de muchos

estudiosos de la Era Hyboria, el homosexualismo, sobre todo el masculino, parece
estar prcticamente ausente del ultraviril universe del brbaro32. Los hombres
dbiles huyen, negocian o atacan por la espalda: no tratan de sobrevivir pasando por
mujeres de otros hombres.
Y con el pasar de los aos, el encanto casi primitive de Conan y sus aventuras, lejos
de disminuir, parece haber aumentado. No importa que, habituados ya a escritores
fantsticos que son verdaderos estilistas, a estas alturas el lenguaje de REH parezca
burdo o primitive, sus dilogos esquemticos, sus en un tiempo fascinantemente

exticos paisajes poca cosa en comparacin con los escenarios aliengenas que
ofrecen la ciencia ficcin y la fantasa modernas, la geografa de su apenas esbozado
Mundo Hyborio un refrito de varias copias de uso de universos fantsticos y de
lugares de este mnimamente disfrazados.
Hasta lo que podra resultar su peor handicap en contra, sus personajes demasiado
arquetpicos, se vuelve su principal carta de triunfo. Porque estamos seguros de que

es justamente por eso, por ser la concrecin de los sueos, la personificacin de los
anhelos de tantos hombres, que Conan, el primordial brbaro cimerio, sigue
pisoteando con sus sandalias los enjoyados cenculos de la sofisticada literature

seria para sentarse imbatible en el trono de la duradera popularidad.


YOSS (Jos Miguel Snchez Gmez): La Habana, Cuba (1969). Licenciado en Ciencias

Biolgicas por la Universidad de La Habana en 1991. Comenz a escribir a los quince

aos, con su incorporacin a los Talleres Literarios. Entre otros a obtenido el Premio de


31 Es difcil imaginar algo menos politically correct que un brbaro eructando y bostezando en la mesa
mientas palme prepotente el trasero de una camarera ligera de ropas que le sirve ms vino y ms carne. Pero
tambin difcil imaginar algo ms "natural" para el imaginario machista.
32 Aunque la historic est llena de ejemplos de homosexuals "ultraviriles": Alejandro Magno y sus hetairoi
de la caballera, los 400 de la Legin Tebana, los jinetes mongoles, los pirates del Caribe y tanto grupo de
hombres solos y en peligro constant de muerte que no alcanzaban a satisfacer su sana necesidad de sexo
violando prisioneras o con prostitutes alquiladas. A menudo se contrapone la Era Hyboria de REH a la Tierra
media de JRR Tolkien, planteando la primera como ms realista y llena de fango, sangre y traicin contra la
idealizacin caballeresca de la segunda, pero result curioso que el element homoertico mencionado est
completamente ausente en ambas fantasas. Un universe fantstico realmente realista, (si es que tl cosa no es













cuento de ciencia ficcin de la revista cubana Juventud Tcnica, 1988, el Premio David

de ciencia ficcin 1988 con el libro de cuentos Timshel (publicado por Editorial UNION,

1989), el Premio Plaza de ciencia ficcin, 1990, el Premio Luis Rogelio Nogueras de

ciencia-ficcin 1998, con Los pecios y los nafragos, (publicado por Ediciones

Extramuros, 2000), el Premio Calendario de la AHS en ciencia ficcin 2004 por el libro de

cuentos Precio just (publicado por la Editorial Abril, 2006). Es miembro de la UNEAC

desde 1994.

Correo electrnico (E-mail):: voss00@hotmail.com

Nota: Los editors de Disparo en Red ofrecemos 5 millones de disculpas por haber puesto

reseas bibliogrficas de Yoss que no se correspondan con la realidad. Esta es la resea

correct, aunque muy resumida.




AL INDICE


un contrasentido total) debera incluir tambin a las minoras sexuales no?















3. CUENTO CLASICO: Duelo en Sirte
Poul Anderson


La noche entregaba su mensaje, nacido a muchas millas de aquella soledad, llevado por el
viento, repetido por los lquenes y los rboles enanos, transmitido de unas a otras por las
pequeas criaturas que se escondan bajo las peas, en cuevas, o a la sombra de las mviles
dunas. Sin palabras, pero despertando un oscuro impulso de miedo que repercuta en el
cerebro de Kreega, corra la advertencia:
-Estn cazando otra vez.
Kreega se estremeci ante una sbita rfaga de viento. La noche profunda lo rodeaba por
todos lados, desde la frrea amargura de las colinas a las resplandecientes y mviles
constelaciones, a aos-luz sobre su cabeza, y advirti que sintonizaba sus temblorosas
percepciones con la maleza, con el viento y con las pequeas plants ocultas a sus pies, al
dejar que la noche le hablara.
Estaba solo. No haba ningn otro marciano en cien millas a la redonda; nicamente los
animalitos y matorrales estremecidos por el agudo y triste soplo del viento.
El grito sin voz de la muerte corra por el matorral de plant en plant, encontrando un eco
en los aterrados pulsos de los animals y en las rocas que lo reproducan por reflexin.
Kreega se cobij bajo un alto risco. Sus ojos, como lunas amarillas, relumbraban en la
oscuridad, plenos de terror y de fro aborrecimiento. El exterminio se iba realizando
implacablemente en un crculo de diez millas a la redonda, dentro del cual se hallaba, y
pronto el cazador vendra tras l. Mir el indiferente relucir de las estrellas y se estremeci.


Todo comenz pocos das antes, en la oficina del comerciante Wisby.
-Vengo a Marte para llevarme un buhito -explic Riordan.
Wisby observ al otro hombre por encima de sus lentes, calibrndolo.
Aun en rincones olvidados por Dios, como en aquel Puerto Armstrong, se escuch hablar
de Riordan, heredero de una empresa de navegacin area que l extendi por todo el
sistema; tambin era famoso como cazador de piezas mayores. Desde los dragones de fuego













de Mercurio hasta los helados reptiles de Plutn, lo caz todo. Excepto, claro est, un
marciano; cuya caza estaba prohibida por entonces.
-Ya sabe que es illegal. Son veinte aos de condena si lo atrapan -advirti Wisby.
-Bah! El comisionado para Marte est ahora en Ares, a la mitad del ecuador del planet.
Si vamos decididos a nuestro objetivo, quin va a enterarse? -Riordan termin de un
sorbo su bebida-. De lo que estoy bien convencido es que, dentro de otro ao, habrn
estrechado tanto la vigilancia que ser impossible conseguir algo. Esta es la ltima
oportunidad que dispone alguien para adjudicarse un buhito, y por eso estoy aqu.
Wisby, indeciso, mir por la ventana. Un terrcola, en traje de vuelo y casco transparent,
bajaba la calle, y una pareja de marcianos se recostaba contra la pared. Por lo dems, nada
en absolute. La vida en Marte no era muy grata a los humans.
-No habr cado usted en esa martofilia que hace estragos en la Tierra? -pregunt
Riordan, despreciativo.
-iOh, no! -repuso Wisby-. Pero los tiempos han cambiado. No se puede evitar.
-Antes fueron esclavos -gru Riordan.
-S, los tiempos cambian -repiti suavemente Wisby-. Cuando los primeros hombres
llegaron a Marte, hace cien aos, la Tierra conclua de padecer las Guerras Hemisfricas,
las peores que el hombre conoci. Ellas hundieron e hicieron odiosas las viejas ideologas
de Libertad e Igualdad. Las personas se volvieron recelosas y rudas. Tenan que existir, que
sobrevivir. No fueron capaces de comprender a los marcianos ni pensar en ellos sino como
en animals inteligentes. Eran unos esclavos tan tiles! Podan alimentarse con poca
comida, calor y oxgeno, y hasta eran capaces de aguantar quince minutes sin respirar. Y la
de los marcianos se convirti en una hermosa caza, la de unos series inteligentes que podan
escapar en muchas ocasiones, y an arreglrselas para matar al cazador.
-Ya lo s -contest Riordan-. Por eso quiero cazar uno. Si la pieza no tiene defense, la
caza no es divertida.
-Pero ahora es distinto -prosigui Wisby-. La Tierra ha permanecido en paz un largo
tiempo. Una de las primeras reforms fue la de terminar con la esclavitud marciana.
Riordan lanz un juramento.
-No tengo tiempo de filosofar con usted. Si puede conseguir que cace a un marciano, se lo
agradecer.













-En cunto?
Hubo entire ellos un breve regateo antes de fijar una cifra. Riordan estaba provisto de fusiles
y de una lancha cohete, pero Wisby deba suministrar el material radiactivo, un halcn y
un perro. El precio final result elevado.
-Y ahora, dnde consigo mi marciano? -inquiri Riordan, y sealando con un gesto a
los dos que haba en la calle, aadi.
-Atrape a uno de esos y sultelo en el desierto!
Ahora le toc a Wisby mostrarse despreciativo.
-A uno de esos? Bah! Vagabundos de ciudad! Un terrcola le dara a usted ms guerra.
Los marcianos no parecan impresionantes. De algo ms de un metro de estatura, sus
piernas eran flacas y sus pies estaban provistos de garras y sus brazos terminaban en cuatro
huesudos y giles dedos. Tenan el pecho amplio y robusto, pero la cintura era
ridculamente estrecha. Eran vivparos, de sangre caliente, y amamantaban a sus hijos; pero
estaban cubiertos de plumaje gris. Las cabezas redondas estaban armadas de curvados
picos, tenan enormes ojos ambarinos y las orejas rematadas por penachos de plumas, que
justificaba su apodo de buhitos. Vestan slo cinturones con bolsillos y llevaban agudos
puales. Ni siquiera los liberals de la Tierra estaban dispuestos a permitir a los indgenas
el uso de armas modernas. Haba demasiados agravios acumulados.
-Lo que usted necesita -dijo Wisby- es un marciano de la vieja poca, y yo s dnde
hay uno.
Extendi un mapa sobre el escritorio, y dijo:
-Mire usted aqu, en las colinas de Hraef, a unas cien millas. Estos marcianos tienen una
larga vida, quizs de dos siglos, y este sujeto, Kreega, ha merodeado por ah desde que
llegaron los primeros terrcolas. Dirigi muchos ataques marcianos en los primeros
tiempos, pero desde la paz y amnista general, vive solitario all arriba, en una de las torres
derruidas. Se trata de un viejo guerrero. Viene por aqu de cuando en cuando y trae pieles y
minerales para cambiar; por eso s algo sobre l -y los ojos de Wisby relampaguearon con
rencor-. Nos hara usted un favor disparando sobre ese maldito arrogante. Ronda por aqu
como si este sitio le perteneciera. Le sacar jugo a su dinero cazndolo.
La fuerte cabeza de Riordan asinti, con satisfaccin.













El cazador tena un halcn y un perro. Aquello era malo para la presa. El perro poda seguir
su rastro por el olor y el pjaro, localizarlo desde lo alto.
Kreega se sent en una cueva mirando, entire las arenas, matojos requemados por el sol y
rocas socavadas por el viento, y a varias millas de all, los destellos metlicos del cohete
posado en el suelo. El cazador era una manchita en el enorme paisaje estril, un insecto
solitario que se mova bajo el rojo anaranjado del cielo. Un dbil y plido sol se verta sobre
las rocas pardas, ocres o rojizas, sobre los bajos y polvorientos matorrales espinosos, los
retorcidos arbustos y la arena que se mova dbilmente entire ellos.
Solitario o no, el cazador tena un arma, llevaba animals, y hasta un aparato de radio en la
nave-cohete con el que llamar a sus compaeros. Y la muerte trazaba en torno a ellos dos
un crculo encantado, que Kreega no podra franquear sin atraer sobre s una muerte an
peor que la que el rifle podra darle.
Pero, haba una muerte an peor que aquella: ser fusilado por un monstruo y que luego
ste se llevase su piel disecada como trofeo? El viejo orgullo frreo de su raza se irgui en
Kreega, duro, amargo e irreductible. l no le peda much a la vida en aquellos das;
soledad en su torre para reflexionar sobre la larga evolucin de los marcianos y crear esas
pequeas, pero exquisitas obras de arte que amaba, la compaa de los series de su raza en la
Estacin de la Asamblea, grave y antigua ceremonia que le procuraba un spero goce, y la
posibilidad de engendrar y dejar tras de s, hijos; una visit occasional a los establecimientos
de los terrcolas para obtener las mercancas de metal y vino (nicas cosas valiosas que
haban trado a Marte); un vago anhelo de llevar a los suyos a un lugar donde pudiesen vivir
como iguales ante todo el Universo. Nada ms.
Barbot una maldicin contra los humans y reemprendi su trabajo. Estaba tallando una
punta de lanza. El matorral cruji, seca y alarmantemente; pequeos animalillos ocultos
chillaron con terror, y el desierto entero le previno que el monstruo se diriga hacia su
cueva. Pero ya no poda escapar.


Riordan esparci el istopo del metal pesado en un crculo de veinte kilmetros de dimetro
alrededor de la torre.
El istopo radiactivo que empleaba tena una vida media de unos cuatro das, lo que
significaba que no sera seguro acercarse a aquellos lugares al menos en unas tres semanas;













dos, como mnimo. Haba, pues, tiempo para acosar al marciano en un espacio tan
reducido. No exista siquiera el riesgo que ste intentase cruzarlo. Los marcianos haban
aprendido lo que significaba la radiactividad, desde los primeros das de su lucha con los
terrcolas.
Riordan puso en march un aparato de alarma en su nave-cohete que, si no volva dentro de
dos semanas a desconectarlo, emitira seales, y stas, odas por Wisby, le traeran auxilio.
Comprob el resto de su equipo. Tena un traje de vuelo adaptado a las condiciones de vida
marciana; un compresor que dara al aire del planet la necesaria presin para que l
pudiera respirarlo y, asimismo, absorbera en anhdrido carbnico de su respiracin.
Tambin llevaba un rifle del 45, construido para disparar en Marte. Y, desde luego, brjula,
binoculars y catre de campaa.
Para un caso extremo, carg tambin un pequeo tanque de suspensina, gas que, mediante
el giro de una vlvula, poda mezclarse al aire que respirara, ya que tena la propiedad de
paralizar las terminaciones nerviosas locales y retrasar el metabolismo hasta el punto que
un hombre pudiese vivir durante semanas con una bocanada de aire. Pero Riordan no
esperaba tener que emplearlo. Sera desagradable yacer tendido y con plena conciencia,
esperando que funcionara la seal automtica para llamar a Wisby.
Silb a sus animals. Eran bestias indgenas, de antao domesticadas por los marcianos y
luego por el hombre. El perro era como un lobo; flaco, pero de enorme pecho emplumado.
El halcn, en la tenue atmsfera marciana, necesitaba una envergadura de dos metros para
poder elevar su pequeo cuerpo.
Riordan no haba mirado de cerca la torre. Era un edificio derruido que an se ergua en la
cumbre de una colina rojiza. Antiguamente -un ayer acaso diez mil aos atrs-, los
marcianos haban alcanzado una civilizacin que cre ciudades, agriculture y una cierta
tecnologa de tipo neoltico. Pero, segn sus propias tradiciones, lograron una simbiosis con
la vida salvaje del planet y abandonaron, por intiles, los mecanismos.
El perro ladr, y su ladrido pareci caer del fro y tranquilo aire, rebotar contra las rocas y
quebrar y morir, a su pesar, bajo el hondo silencio. De pronto, salt; haba descubierto
huellas.
El mismo Riordan dio otro gran salto que la escasa gravedad le facilitaba, mientras
brillaban sus ojos verdes como el hielo herido por el sol. La caza haba comenzado.













La respiracin en los pulmones de Kreega se hizo rpida, dura y dolorosa. Sinti debilitarse
y pesar sus piernas, y el latido del corazn pareci sacudir todo su cuerpo.
Pese a ello, corri an, mientras el horroroso clamor y el ruido de pasos se aproximaban.
Saltando, retorcindose, rebotando de uno a otro despeadero, deslizndose por profundos
precipicios y espesos grupos de rboles, Kreega huy. El perro iba tras l y el halcn
aleteaba sobre su cabeza. El desierto luchaba a su favor; las plants, con su extraa y ciega
vida que ningn terrestre podra entender nunca, estaban de su parte. Las espinosas ramas
se apartaban cuando l se arriesgaba entire ellas, y luego volvan a su primitive posicin
para araar los costados del perro y frenarle en su brutal carrera.
El terrestre ya llevaba cubiertos un par de kilmetros, pero no daba an seales de
cansancio. Kreega continuaba corriendo, pues quera alcanzar el borde rocoso antes que el
cazador le apuntara a travs de la mira de su rifle. Corri subiendo la larga cuesta. El
halcn revoloteaba en torno suyo, chocando con l, tratando de hundirle el pico y las garras
en la cabeza, mientras su perseguido le golpeaba con la lanza.
El marciano lleg, con esfuerzo, al borde de la roca aguda y vio el fondo del desfiladero,
hundindose en las oscuras profundidades. Ms all, el sol poniente brillaba ante sus ojos.
Slo se detuvo un instant; luego salt sobre el borde rocoso.
Kreega baj por el otro lado de la roca, temiendo que se derrumbara a su peso. El halcn
vol sobre l, muy cerca, agredindole y chillando para llamar la atencin de su amo.
Se desliz, de cara al precipicio, hasta la mancha gris-verdosa de un viedo, y sus nervios
vibraron ante la atraccin de la antigua simbiosis.
El halcn se precipit de nuevo sobre l, que qued inmvil, rgido, como muerto, hasta
que el ave se pos sobre su hombro, con un graznido de triunfo, lista para sacarle los ojos.
Entonces las parras se agitaron. No eran fuertes pero sus espinosos zarcillos se hundieron
en el pjaro, que no pudo liberarse. Kreega se dirigi con apuro por el desfiladero, mientras
las parras retenan al halcn.
Riordan asom amenazador, destacndose vivamente contra el oscuro cielo, e hizo dos
disparos cuyas balas pasaron silbando, muy cerca, rozando las profundidades que
albergaban al marciano. La noche se aproximaba como una cortina. En medio de la
oscuridad, Kreega oy rer a su perseguidor, y las rocas se estremecieron ante aquella risa.













Despus de un rato, Riordan acamp. Se acost mirando la esplndida noche estrellada.
Marte era oscuro durante la noche; sus dos satlites, Fobos, una simple mancha mvil, y
Deimos, slo una estrella, le alumbraban bien poco. Era oscuro, fro y vaco. El perro se
haba enterrado en la arena, cerca de all.
Las matas, los rboles y los piquiL'eF, \ animals charlaron, murmuraron y chismorrearon,
con palabras que l no poda or, sobre el marciano que se calentara trabajosamente.
Pero Riordan no poda comprender aquel lenguaje, que no era propiamente lenguaje.
Sooliento, Riordan record pasados lances de caza. La caza mayor de la Tierra: leones,
tigres, elefantes, bfalos y carneros salvajes en las altas cimas de las Rocosas baadas por
el sol.
Las hmedas selvas de Venus y el rugido, semejante a una tos, del monstruo miripodo de
los pantanos, aplastando los rboles al pasar hacia el sitio donde l le esperaba emboscado.
Primitivos redobles de tambores en una clida y hmeda noche, cantos de batidores que
bailan en torno al fuego, algarabas en las infernales llanuras de Mercurio, con un sol
agobiante cayendo sobre los mezquinos trajes de aisladores, la grandeza y desolacin de los
pantanos de gas lquido en Neptuno y la pujante y ciega vida que gritaba en ellos hasta el
atontamiento.
Pero aquella era la ms solitaria, extraa y, quizs, peligrosa caza de todas y, por lo mismo,
la mejor.
Despert a la primera luz de un alba gris, tom un parco desayuno y silb al perro para que
le siguiera.
El perro se puso en march y tard una hora en encontrar el rastro. Entonces lanz un
ladrido, sonoro y profundo, y siguieron caminando, ms lentamente ahora, pues el camino
era difcil y pedregoso. Todo estaba tranquilo, con una tranquilidad profunda, tensa y, en
cierto modo, expectante.
El perro quebr aquella paz con un ansioso ladrido y sali corriendo. Riordan se lanz tras
l, tropezando en la tupida maleza, jadeante, gruendo y maldiciendo de excitacin.
De sbito, la maleza se abri a sus pies. Con un aullido de terror, el perro resbal por la
inclinada pared del pozo que se vea al descubierto. Riordan se lanz tras el animal, con
rapidez de felino, y se ech de bruces, mientras una de sus manos alcanzaba a asir la cola













del perro. El golpe casi le hizo caer tambin a l en el agujero. Enganch el brazo a una
mata que, a su vez, se le clav en el casco, y tir del perro hacia arriba.
An estremecido observ la trampa. Estaba bien hecha; unos seis metros de profundidad,
con paredes tan rectas y estrechas como lo permita lo arenoso del suelo y astutamente
cubierta de rastrojos. Hincadas en el fondo brillaban tres amenazadoras puntas de lanza
talladas en pedernal.
Ense los dientes con una mueca de lobo, y mir en torno suyo. El buhito deba haber
pasado la noche entera haciendo eso, luego no poda estar muy lejos. Adems, deba estar
muy cansado.
Como en respuesta a sus pensamientos, una piedra se desprendi de la pared rocosa ms
cercana. Riordan se ech a un lado y la vio chocar en el sitio que l ocupaba antes.
-Adelante! -aull, lanzndose hacia la roca.
Durante un moment una forma gris se destac sobre el borde rocoso y le arroj una lanza;
Riordan le dispar, y la vision se desvaneci.
La lanza roz el spero tejido de sus ropas y l salt a una estrecha cornisa al borde del
precipicio.
Al marciano no se le vea por parte alguna, pero un dbil rastro de sangre se internaba en la
abrupta comarca.
Siguieron ese rastro durante dos o tres kilmetros y luego lo perdieron. Riordan
inspeccion el panorama de rboles y ramas que ocultaban el horizonte por doquier. Un
sudor, que no poda enjugar, baaba su cara y su cuerpo. Senta una intolerable quemazn,
y sus pulmones se irritaban al respirar aquel aire enrarecido. Pero, con todo, rea con
verdadero deleite. Vaya cacera!
Kreega yaca a la sombra de una elevada pea y se estremeca por su debilidad. Ms all, la
luz del Sol danzaba en lo que, para l, era un cegador e intolerable deslumbramiento,
ardiente, cruel y devorador, duro y brillante como el metal de los conquistadores. Ahora
tena hambre, la sed era un tormento salvaje en su boca y garganta, y an le seguan.
Ya no estaban lejos. Todo el da le acosaron a travs de la atormentada extension de piedra
y arena, y ahora slo poda esperar el combat. Sinti la extenuacin como una carga frrea
sobre s.













La herida del costado le quemaba. No era profunda, pero le haba producido sangre y dolor.
Por un instant, el guerrero Kreega desapareci para convertirse en un solitario y asustado
chiquillo que sollozaba en el desierto: Por qu no pueden dejarme solo? Un arbusto
bajo, de color verde sucio, cruji. Un correarenas pi en una de las hendiduras. Los
seguidores se acercaban.
Rpidamente, Kreega se subi a la cima de la roca y se aplast contra ella, de bruces. Le
haban seguido la pista y ahora tendra, por fuerza, que acercarse a su torre.
Desde all poda verla. Una baja y amarillenta ruina, combatida por los vientos durante
milenios. En su huida slo haba tenido tiempo de tomar un arco, unas pocas flechas y un
hacha. Mseras armas! Las flechas no podan traspasar las ropas del terrcola, cuando
manejaba el arma un dbil marciano, y, aunque el hacha hubiera sido de acero, era siempre
algo pequea y poco contundente. Pero era todo lo que tena, eso y sus pocos aliados del
desierto, que pugnaban por conservar su soledad.
Kreega adapt una flecha a la cuerda y se tendi en silencio bajo la plida luz del Sol, a la
espera.
Lleg primero el perro, ladrando y aullando. Kreega tendi el arco cuanto pudo. El animal
estaba ms all de la roca; el terrcola, casi debajo de ella. Dispar el arco.
Estremecindose salvajemente, Kreega vio la flecha atravesar al perro, vio a ste saltar en
el aire y luego rodar y rodar, aullando y mordiendo el stil con furia.
Como una centella gris, el marciano salt de la roca y se arroj sobre el terrcola. Golpe al
hombre y ambos cayeron juntos.
Fieramente manej el marciano el hacha, que parti el casco de su enemigo. Sin sitio para
revolverse, Riordan rugi y respondi con un puetazo. Kreega rod hacia atrs. Riordan le
dispar, Kreega se levant y huy. El otro, rodilla en tierra, apunt con cuidado a la sombra
gris que trepaba por la colina ms prxima.
Una pequea serpiente de arena mordi la pierna del cazador y luego se enroll en su
mueca, lo que bast para desviar el tiro.
El marciano vio la breve agona de la serpiente al ser rechazada por el hombre, que la
aplast con el pie. Algo ms tarde oy una explosion. El hombre haba volado la torre.













Kreega haba perdido el hacha y el arco. Estaba completamente inerme; y el cazador no
cejara en su intent. Aun sin sus animals le seguira, ms despacio pero tan
incansablemente como antes.
Kreega descans un moment sobre el saliente de una roca. Sus sollozos sacudan el
delgado cuerpo y el viento del crepsculo vespertino sonaba a su comps.
El suave rumor de los pasos de un correarenas despert los ecos de las rocas bajas, batidas
por el vientos, y la maleza comenz a hablar murmurando, por doquier, con su antiguo y
mudo lenguaje.
El desierto, el planet entero, su arena y su viento, bajo las altas y fras estrellas, la tierra,
toda soledad y silencio y destino (un destino que no era el del hombre), le hablaron. La
enorme unidad de la vida marciana, sublevada contra el cruel medio ambiente, se
estremeci en su sangre.
No luchas solo -murmuraba el desierto-; luchas por todo Marte y nosotros estamos a tu
lado.
Algo se movi en la oscuridad; una pequea forma clida, corriendo sobre su mano; una
cosita plumosa, arratonada, que moraba escondida bajo la arena y pasaba su breve vida,
fugitive, content con su forma de vivir. Pero era parte de aquel mundo, y Marte no conoce
la piedad.
An haba ternura en el corazn de Kreega que, suavemente y en su lenguaje articulado,
pregunt:
-Hars esto por nosotros? Lo hars, pequeo hermano?
Riordan estaba demasiado rendido para dormir bien. Haba permanecido despierto much
rato, pensando. As pues -se acord-, tambin el perro estaba muerto. El incident le
indujo a considerar la inmensidad del desierto. Oa murmullos; el matorral gema en la
oscuridad, el viento soplaba con salvaje y fnebre sonido sobre las rocas dbilmente
iluminadas por las estrellas; era como si todo aquello tuviera voz, como si el mundo entero
le murmurase amenazas en la noche. Vagamente se preguntaba si el hombre dominara
alguna vez en Marte, si la raza humana no haba corrido esta vez tras de algo ms grande
que ella misma.













De pronto, algo se estremeci, despertndole de un inquieto sueo, y vio una cosa pequea
que se le acercaba. Busc el rifle, junto a su saco, y luego lanz una carcajada. Era un ratn
de arena.
Al apuntar el alba se levant. Con ojos adiestrados busc la pista del marciano, pero slo
hall arena y matorrales por doquier.
El medioda le encontr en un terreno ms alto, de informes colinas con delgadas agujas
rocosas que se destacaban contra el cielo. Prosegua avanzando confiado en su propia
capacidad para descubrir la presa. La huella apareca ya, clara y fresca.
Se puso en tension, convencido que el marciano no poda estar lejos. Asi el rifle y
continue caminando ms despacio.
Ascendi a una alta cordillera y contempl el oscuro y fantstico paisaje. Cerca del
horizonte vio una raya oscura. Era el lmite de su barrera radiactiva, que el marciano no
podra traspasar.
Conect el amplificador e hizo resonar su voz en la tranquilidad del ambiente:
-Sal, buhito. Voy a atraparte. Podras salir ahora y as terminaramos antes.
Los ecos la esparcieron por el espacio entire las desnudas peas, temblorosas y estremecidas
bajo la broncnea bveda del cielo:
-Sal de ah, sal de ah, sal.
Le pareci distinguir al marciano surgiendo como un fantasma gris entire las amontonadas
piedras. Qued all, inmvil, a menos de seis metros. Por un instant, la sorpresa fue
excesiva; Kreega esperaba, apenas visible, como si fuera un espejismo.
Luego el cazador lanz un grito y levant el rifle. Continue all el marciano, como una
estatua esculpida en piedra gris; y Riordan, con un poco de desencanto, pens que, despus
de todo, el marciano haba decidido entregarse a la muerte inevitable.
-Hasta nunca! -murmur, y oprimi el gatillo.
Como el ratn de arena se haba introducido en el can, el fusil estall.
Riordan sinti el estallido y vio el can abierto, como un pltano podrido. No result
herido pero, mientras se repona de la sorpresa, Kreega salt sobre l.
El marciano meda poco ms de un metro, era flaco y estaba desarmado, pero se lanz
sobre el terrcola como un pequeo vendaval. Sus piernas se arrollaron a la cintura del
hombre y sus manos se aferraron a la garganta.













Riordan cay al sentir la acometida. Rugi como un tigre y enganch sus manos en la
estrecha garganta del marciano. Kreega le atac intilmente con su pico. Rodaron ambos en
una nube de polvo. Los matorrales murmuraban excitados.
Riordan trat de romperle el cuello, pero Kreega lo evit revolvindose hacia atrs.
Con un estremecimiento de terror, Riordan oy el silbido del aire que se le escapaba cuando
el pico y las garras de Kreega abrieron el tubo de oxgeno. Riordan maldijo, y de nuevo
trat de agarrar la garganta del marciano. Lo consigui y as se mantuvo a pesar de todos
los esfuerzos de Kreega para romper aquel lazo.
Riordan sonri cansadamente, sin dejar su presa. Al cabo de unos cinco minutes, Kreega ya
no se mova. Sigui apretando otros cinco minutes, para asegurarse bien. Luego lo solt y
se palp la espalda, tratando de alcanzar el aparato.
El aire que encerraba en su traje era impuro y caliente. No consegua conectar el tubo con la
bomba.
Mir la ligera y silenciosa forma del marciano. Un dbil aliento rizaba las plumas grises.
Qu luchador haba sido! Sera el orgullo de su coleccin de trofeos cuando volviese a la
Tierra. Desenroll su saco y lo extendi cuidadosamente. De ningn modo podra regresar
hasta el cohete con el aire que le quedaba; no haba ms remedio que emplear la
suspensina, pero tena que hacerlo cuando estuviera dentro del saco si no quera que las
heladas noches le cuajaran la sangre.
Se arrastr hasta l, asegurando cuidadosamente las vlvulas de cierre y abriendo la del
depsito de suspensina. Se iba a aburrir horriblemente, tumbado all hasta que Wisby
captara la seal dentro de unos diez das y viniese a buscarle; pero sobrevivira. Sera otra
experiencia que recorder. En aquel aire seco, la piel del marciano se conservara
perfectamente.
Sinti como la parlisis se apoderaba de l, cmo se atenuaban los latidos del corazn y la
actividad de los pulmones. Sus sentidos y su mente estaban vivos, y se daba cuenta que la
relajacin complete tambin tiene sus aspects desagradables. Pero haba vencido. Haba
matado con sus propias manos a la presa ms salvaje.
En aquel moment, Kreega se incorpor y se palp cuidadosamente. Le pareci que tena
una costilla rota. Haba permanecido asfixiado durante diez largos minutes; pero un
marciano puede pasar hasta quince sin respirar.













Abri el saco y le quit las llaves a Riordan; despus se dirigi lentamente hacia el cohete.
Uno o dos das de experiments le ensearon a manejarlo. Volvera con sus congneres,
cerca de Sirte. Ahora tena una mquina terrestre y armas terrestres que copiar...
Pero primero haba que tender a otra cosa. Volvi y arrastr al terrcola hasta una cueva,
escondindole fuera de toda posibilidad que le encontrase alguna cuadrilla de salvamento.
Durante un rato, mir a los ojos de Riordan, sobrecogidos de horror. Luego habl
lentamente, en ingls defectuoso:
-Por los que has matado y por ser extranjero en un mundo que no te necesita, y en espera
del da en que Marte sea libre, te abandon.
Antes de irse trajo various depsitos de oxgeno y los enchuf al aparato del hombre. Con
aquello bastaba para que, en aquella hibernacin provocada por la suspensina, se
mantuviera vivo durante mil aos.



Poul William Anderson: Escritor de ciencia ficcin estadounidense nacido en Bristol,
Pensilvania el 25 de noviembre de 1926 y fallecido el 31 de julio de 2001 (debido a una
rara y letal forma de cancer de prstata). En algunas de sus histories utiliz el pseudnimo
de "A.A. Craig", "Michael Karageorge" y "Winston P. Sanders".

De padres escandinavos emigrados a EE.UU., curs studios universitarios en fsica en la
Universidad de Minnesota, gradundose en 1948. Para entonces ya haba publicado various
relatos en la revista Astounding (haba empezado a escribir relatos de ciencia ficcin en
1937 cuando cae convaleciente de una enfermedad), Los beneficios obtenidos de todos
estos trabajos le llevaron a tomar la decision de dedicar "un ao sabtico" consagrado a
escribir. El ao sabtico se prolong hasta el ltimo moment de su existencia.

Entre sus primeras novelas se encuentra La onda cerebral. Sus libros posteriores pueden
agruparse en sagas, como la series de la "Liga Polesotcnica" protagonizada por Nicholas
van Rijn, la seriese Flandry" de Dominic_Flandry, o los viajes a travs del tiempo de "La
patrulla del tiempo" que comienzan en el relato "Guardianes del tiempo". Otras obras que
no tienen nada que ver con las series anteriores, como ocurre con Tau Cero. Como autor
prolfico que fue, toc muchos de los temas habituales de la ciencia ficcin, desde los viajes
en el tiempo a las invasiones extraterrestres, y desde las naves generacionales al
posthumanismo.

Form parte del crculo de escritores de John W. Campbell que configuraron la llamada
edad dorada. Relatos suyos como "El ltimo viaje", "No habr tregua para los Reyes",
"Carne compartida", "La reina del Aire y la Oscuridad", "El canto del chivo", "La luna del
cazador"' y "El juego de Saturno" han obtenido various premios Hugo y Nbula en su
categora.
Al INDICE













4. CUENTO MADE IN CUBA: EL CAPITN, EL PILOTO Y LA SIRENA

por Juan Pablo Noroa.



Emergimos a masa real con todos nuestros tomos en el peso just, y al moment me

acerqu al monitor de posicin.

-Oye, Conto! -grit molesto-. Estamos a medio camino. Tienes alguna idea?

l se inclin sobre su mesa y sigui sacando cuentas sobre una hoja de papel inteligente. Lo

mismo estaba haciendo just antes de convertirnos en una burbuja de prcticamente nada;

al saltar nunca tomaba ms precaucin que sentarse quieto.

-Chequea la entrada de energa -dijo sin levantar la vista.

El indicador de energa absorbida por el Cultivo bajo el casco creca a ojos vistas. En algn

lugar cercano algo estaba disparando partculas a chorros.

-Debemos estar cerca de un sol, por como entra energa -coment-. Habremos tenido

un gatillazo?

-Se me olvid decirte -Conto garabate nmeros en el plstico-. En esta ruta es

costumbre parar junto al Ferente y chupar de l.

-Estamos cerca del Ferente? -me alter. Tras un ao de sociedad ya no me extraaba

que Conto dijera las cosas despus; pero que anduviramos cerca del Ferente era un hecho

extraordinario y deba habrmelo anunciado.

-Es muy larga; si no repostamos energa a medio camino podemos aparecer con deuda de

masa.

Lo cual es tan peligroso que ni siquiera est cubierto por el seguro. Mir el indicador de

energa, e incluso con el rpido incremento se vea muy bajo para ser la mitad del viaje.

-No habas comprado suero nuevo para el Cultivo? -pregunt-. Apenas guard














energa.

-Est muy viejo, de todas maneras, y lo sabes.

-Y era bueno el suero?

-Lo prob.

Conto proclamaba que ningn analizador era tan bueno como su estmago. Si el suero

estaba adulterado o corrupt en alguna manera, le daba clicos. Los vendedores tienen

trucos para engaar a los aparatos, deca l, pero no a su panza.

-Estar bien el pasaje?

Conto suspir, harto de interrupciones. -Han gritado?

Call. A veces Conto tena razn sobre mi obsesin por los detalles, resultado de casi cinco

aos como burcrata.

No pude conservar el silencio por much tiempo.

-Sabes, hay software de contabilidad en la computadora de la nave.

Por suerte Conto haba terminado y no se tom mis palabras a pecho. -Desconfo de la

"Estrelladora" para eso -dijo dando la ltima mirada a su clculo-. Podra falsear datos

para parecer rentable y que no la vendamos.

Buf. -Caramba, Conto. Es una computadora.

-En una nave muy vieja.

No tena sentido discutir supersticiones con un tipo que cruzaba la galaxia de lado a lado

cuando yo estudiaba en mi pella de fango natal. Adems no me interesaba eso, sino otra

cosa.

-Conto...

-Acaba de poner el huevo, Staro -mi socio puso ambas manos sobre la mesa-. En

cualquier lugar de la cabina.













Me aclar la voz. -La Sirena no vive en el Ferente?

Conto me mir a los ojos. -Por esto no te dije que lo cruzbamos -gru-. Al menos

hasta ahora me haba ahorrado tu pejiguera.

Sin contestarle, di vuelta a la silla para confrontar el monitor de recepcin. -La podremos

captar mejor, amigo. Dicen que jams repite una cancin.

-Bueno, en algn moment se le acabar el repertorio -mi socio se encogi de

hombros-. Lleva veinte aos T en eso.

-Dicen que tiene toda la msica de la historic.

-Espero que no, porque si no nunca terminar.

Conto era de los hipcritas que deca no escuchar a la Sirena. Pero l la oa en secret,

como tantos, donde nadie lo viera llorar o emocionarse. Cuando lo atrapaba silbando alguna

de sus canciones, me gritaba que ella no tena exclusive sobre ninguna msica.

-Vamos, vamos -mascull mientras observaba cmo el buscador peinaba bandas de

transmisin-. Aparece, diosa.

-Tienes hasta que el Cultivo se cargue. Despus de eso estamos saltando.

-Podemos hacer esta ruta ms veces?

-De hecho, debemos -suspir Conto-. Nos propusieron la Seviria-Capisbis fija por

medio ao T, porque tenemos la capacidad just para cubrir sus proyecciones de transport.

Por favor, no hagas ese bailecito.

Me frot las manos. Gracias a la esperanza adquirida no me entristec cuando lleg la hora

de continuar sin que hubiera hallado la seal. Daba gritos mentales de jbilo mientras la

maquinaria nos converta en pura fuerza de color y el universe local, asqueado de nuestra

extraeza, intentaba empujarnos fuera de s por la va de menor resistencia. Por supuesto,

slo conseguira depositarnos en las cercanas del sistema Capisbis, donde, para su alivio,













tornaramos a ser material metaestable.


La "Estrelladora" lleg a m como cancelacin de una deuda que en realidad era un soborno

solapado. Me contrari much recibir una nave en lugar de efectivo, pues el pago en

especie no result discreto ni expedito. Adems estaba muy vieja y gastada; me costara

salir de ella. Cuando me dieron la documentacin el envoltorio tena una cinta de regalo,

como si me dijeran: "Encantados de hacer negocios contigo, bobo". Pero qu poda hacer?

De un lado tena una nota de dbito por supuestas refacciones a la compaa duea de la

"Estrelladora", y del otro esa ruina espacial como compensacin. Las refacciones eran

fantasma, as como la firma, de hecho tapadera de una real, muy poderosa, a la cual yo

haba favorecido mediante mi cargo burocrtico. Por supuesto, el valor real de la nave no

alcanzaba a cubrir la deuda, pero no se puede llevar ante los tribunales a una corporacin

para exigirle coimas decentes... se vera algo inapropiado.

Como esperaba, nadie quiso comprrmela. Mucha gente me envi mensajes de burla

cuando la puse a subasta. Bueno, tuve ofertas casi tentadoras de una firma que hace

studios de devaluacin, fatiga structural y riesgo por rotura. Pero no daban much; me

insinuaron que la "Estrelladora" estaba fuera de rango para pruebas y slo la queran para

un anlisis de lmite.

Entonces algo maligno penetr en mi cerebro, sac chispas de una neurona autodestructiva

y me dio ideas de entrar al negocio del transport informal... eso que llaman boteo. Debe

haber sido por una obsesin con mi tortuosa juventud, cuando haca uso frecuente del

servicio, y en mi mente los boteros eran chupasangres inescrupulosos que se enriquecan

tan rpido como para retirarse en meses, pues raramente volva a ver a alguno, incluso en













las mismas rutas; ahora s que en realidad quebraban o moran. Con hacerme botero

imagine convertirme en un tiburn human, un desalmado explotador de la miseria ajena.

Deb seguir como burcrata si quera eso.

As que vend mi cargo, junt mis ahorros y llam a Conto. l y yo nos conocemos de mi

poca como viajero en botes; de hecho me haba salvado la vida en una de esas ocasiones.

Iba yo en una litera colocada bajo un conduct de circulacin y escucho al capitn de aquel

atad volante, histrico, amenazando con asfixiarnos a todos los pasajeros porque el

sistema de supervivencia estaba defectuoso y no daba abasto. Justo despus de orinarme,

escucho una voz calmada -la de Conto- ofrecindose a hacer una reparacin peligrosa y

difcil. Cuando ms tarde lo invit a darse un trago en el bar del espaciopuerto, y ya en la

barra le dije que haba odo la conversacin entire l y su jefe, y estaba listo para abrazarnos

a llorar juntos de alivio, Conto se lanz a darme una explicacin tcnica de cmo arregl el

reciclaje. l es as, especial. Le es difcil comunicarse, pues para l las nicas interacciones

vlidas son las que dan resultados concretos o transmiten informacin necesaria e

interesante. Asociarse conmigo le provee una nave casi para l solo y hablarme permit un

menor manejo de dicha nave; gracias a eso hace un esfuerzo por actuar como una persona

normal cuando est conmigo. Quizs hasta le caigo bien.

Pero Conto es magnfico con las naves. Por fortune para m estaba sin empleo cuando lo

llam, pues su ltimo bote haba naufragado en trnsito, con l y cien dentro, por supuesto.

No fue su culpa; la nave era una ruina que slo su pericia tcnica y la avaricia de la duea

mantenan volando. Conto se las ingeni para mantenerlos vivos a todos, emitir un mensaje

de auxilio y encerrarse en la cabina con el capitn antes de que el pasaje los linchara.

Aunque los rescataron a tiempo, la nave estaba perdida para siempre. Bueno, no del todo; al

moment de or mi propuesta de asociacin, Conto me pidi dinero para sacar del derrelicto













cuanto se pudiera llevar. La duea se haba desentendido de aquello, as que le di luz verde.

Mi amigo rent un ridculo carguerito de enlace y carg de vuelta mobiliario, panels y

aparatos, en bodega o amarrado al vehculo. Usamos todo para reconvertir la "Estrelladora"

en el astillero de un conocido suyo que puso a punto mi chatarra por un precio de amigo.

Creo que Conto slo estaba esperando una inyeccin de capital para florecer como

empresario. Tiene talent, calificacin, experiencia, conexiones... todo menos suerte, la

cual dicen me sobra a m.

Pronto se volvi una rentable rutina. Tocar puerto, untar al sindicato local, reunir pasaje y

contrabando de ocasin, persignarse, saltar al destino, llegar en una pieza, darse el trago de

la suerte, repetir. Por cada diez saltos, una revision en el taller elegido por Conto en una

rotacin que tena sentido para su instinto de regateo. El negocio iba como la seda; en cien

saltos -medio ao T- rellen mi cuenta de ahorros y otro tanto Conto, sin incidents dignos

de mencin.

Los dems boteros nos miraban brindar en los bares y se rean de nuestro optimism,

insinundonos que la suerte inicial era espacio dejado por el resort de la desgracia

enrollndose lentamente para un da soltarse y hacernos picadillo entire sus espiras. La

metfora es cita textual del capitn anterior de Conto, pero todos decan ms o menos lo

mismo. Por supuesto que les hacamos la higa. Qu no bamos a creernos, con tanto dinero

entrando sin problema alguno? Se poda career en la astucia de Conto, en la buena alineacin

de las estrellas para los saltos, en los ltimos aos de la "Estrelladora" y sobre todo en mi

buena fortune. Pensar otra cosa no hara sino deprimirnos y malear el buen moment, que

con esperanza nos saba mejor.

No es que nos creyramos indestructibles ni furamos ingenuos respect a los riesgos.

Estbamos conscientes de lo aventurado de tirarse en viajes largos con un cacharro como el













nuestro, a punto del colapso y anuncindolo todos los das a pesar de los parches.

Conocamos los peligrosos events del espacio profundo, como cmulos extraos, nubes

de gas caliente o chorros de partculas pesadas, ante los cuales eran lo mismo la

"Estrelladora" y el ms modern crucero de guerra, y sabamos que llevar gente sin

documents fiables era una ruleta rusa, pues podan ser pirates, enfermos, locos o

disidentes. Todo eso poda ocurrir, aunque no ocurriera. Quizs era la causa de nuestra

alegra al brindar en los bares, y de la envidia ajena; que nos librbamos de lo que poda

pasar, lo que deba pasar. Era un alivio. Mas ni el optimism antes de un viaje ni su buen

fin nos libraban de la preocupacin. La suerte no basta; la supervivencia y xito se deben

tanto o ms al cuidado constant, a la alerta, a andar con cuatro ojos y las manos en todas

parties a la vez. Todo eso con el conocimiento de que poda ser completamente intil en las

circunstancias del negocio. Era un peso en nuestras nucas el espacio afuera, el pasaje

adentro, la nave a punto de abrirse para mezclar las amenazas, y nosotros en medio en

tension constant contra todo eso. Para ayudarnos a resistir estaba la Sirena.

La escuchbamos casi exclusivamente los tripulantes espaciales, pues tenamos acceso a las

antenas abiertas de las naves, aunque algunos oan grabaciones. Su msica llenaba el

espacio con ubicuidad alentadora. Casi donde quiera se poda sintonizar su banda y

escuchar canciones increblemente hermosas en su magnfica voz suave, clida y familiar.

Cantaba en various idiomas, tanto arcaicos como modernos, pero siempre se poda entender

que era sobre nosotros y lo poco bueno en nuestra dura vida. Por ella creamos en un

universe human, capaz de armona y no necesariamente siempre al acecho para acabarnos.

En medio de constantes voces de alarma, escucharla nos suavizaba, nos permita seguir

cuerdos. Nadie saba dnde se originaban las emisiones, aunque se hablaba del Ferente, y

exista disenso sobre cundo haban empezado; no haba informacin, slo montones de













rumors y leyendas. Que si era una antiqusima seal de Vieja Tierra, un truco del gobierno

para apaciguar a los espaciales, cantos de una entidad supernatural o mensajes de otra raza

inteligente. Para gente como yo y Conto -aunque l negara su parte-, la Sirena era la

diosa de los viajes inciertos.





Pagu la cuota al representante del sindicato -un tipo agradable, los matones estn para

otras cosas-, y fui a reunirme con mi socio en el bar del espaciopuerto Capisbis. Es

lamentable admitir que si no lo conociera preferira abordar al mafioso en vez de a Conto.

-Es un da especial, Conto -me sent a su lado tomando la bebida, que l haba pedido

doble-. Sabes por qu?

Conto se acod en la barra. -Ests obseso con ese asunto de la Sirena -suspir.

Me re. -No, no es por eso -protest con aspavientos-. Hoy es tu cumpleaos, y adems

se cumplen seis meses T de nuestra sociedad.

l me mir extraado. -Tengo cumpleaos? No recuerdo.

-Bueno, la fecha la decide yo. Hace cuatro aos me salvaste la vida en aquel bote. Pero

debes tener una fecha real en el document de identidad, de cualquier manera; no es que

esa me imported, tampoco.

Conto se sonri.

-Entonces, qu quieres por tu cumpleaos?

Mi amigo se concentr, y al cabo del minuto el rostro se le ilumin con una expresin de

misterio. Por suerte no pareci notar mi cara de susto cuando me tom por el codo y

prcticamente me arrastr hasta la vidriera de una tienda cercana, en el mismo pasillo del

bar. All me seal el estereograma de una antiqusima lanzadera maquillada para la venta.













Le pregunt si no quera algo menos caro o ms til como regalo, y l me dijo que viera el

nmero de registro.

-Es contempornea con mi abuela -le respond-. Qu, vale como antigedad? -Y

estaba, por cierto, bromeando.

Conto asinti. Era el vehculo en el cual el fundador de una colonia llamada Cieloverde

haba naufragado en el planet de ese nombre, descubrindolo de paso; algo as como una

nave histrica. Esa colonia acababa de alcanzar la independencia y su flamante dictador

vitalicio estaba comprando legitimidad y patriotism donde lo vendieran, a cualquier

precio. Como parte de su campaa, el gobernante haba estado buscando discretamente

objetos vinculados a la heroica historic de su mundo natal, entire ellas el vehculo del Padre

de la Patria. Los rumors llegaron a Conto mediante sus contacts en los talleres, en los

cuales el de Cieloverde pensaba hallar algo. No le haba costado much memorizar el

registro y caractersticas bsicas de dicha lanzadera por si acaso. Y ahora, caminando

tiendas a la caza de oportunidades, haba reconocido al smbolo Patritico y Fundacional.

-Quieres que invierta contigo en esto? -le pregunt.

Me recit las cuentas. No le alcanzaba el dinero para comprarla por s solo, y me ofreca

invertir a la mitad. Tambin necesitaba mi carguero para llevarla y se vera feo no darme

participacin; adems, yo era su amuleto de la buena suerte. Aadi que si no le cobraba el

transport, el favor sera mi regalo. Lo abrac y le dije que jams dejara a nadie describirlo

como una persona comn y corriente.

Entramos a ver al dueo, e hice el papel de minero que se acaba de ganar la lotera y trae un

primo conocedor -ese sera Conto- para ayudarlo a comprar un vehculo con el cual llevar

shongi hasta la rbita, directamente a manos de los contrabandistas. Salimos de all en

media hora con los documents en la mano, haciendo remilgos de haber pagado much; la













tacaera no tuvimos que fingirla, pero s nos cost ocultar el jbilo por el buen negocio.

Enseguida fuimos a los almacenes de vaco e hicimos que llevaran la lanzadera hasta la

"Estrelladora", para probar que funcionaba, dijimos. Justo cuando desatracaba llam el

tender para preguntar cmo iba el asunto, y al parecer se asombr al enterarse por el

almacenista que ramos boteros. Quizs en ese moment sospech que de algn modo

habamos salido ganando nosotros y no l; ya era tarde. De inmediato abordamos nuestra

nave y nos remos a mandbula batiente sentados en la cabina mientras el piloto parqueador

pona nuestra inversin a salvo. Cupo ampliamente en el reducido glibo de la

"Estrelladora"; el fundador de Cieloverde era en verdad un hroe del espacio por andar

descubriendo planets en aquella cajita.

-Esperamos por pasaje? -le pregunt a Conto mientras revisaba que la computadora de

salto reconociera la nueva masa.

-Por supuesto. No hay por qu perder el viaje; Seviria est camino a Cieloverde y todas

esas colonies nuevas.

Me di la vuelta en mi silla. -Por el Ferente?

Conto asinti. -Mejor que esperemos pasaje aqu -ech una mirada al grfico de

vacantes enviado por el sindicato-. No ser much; la gente odia Capisbis.

Nos aburrimos por un buen rato mirando panormicas del espaciopuerto, bastante vulgar. O

sea, me aburr yo, porque Conto se dedic a grabar correos para sus contacts. Tena maa

no slo para regatear y buscar gangas, sino tambin para tantear mercados sin

comprometerse. Mir por encima de su hombro mientras l examinaba la lista de

intermediarios. Por supuesto; no es bueno hacer negocios directamente con dictadores

nuevos, salvajes aun. Me pregunt, una vez ms, qu sera de m sin Conto... y de l sin mi

suerte.













Cuando termin de redactar los mensajes extend el brazo y lo toqu en el codo. -Oye,

Conto -me preocup-. No es peligroso el Ferente? No es como un gigantesco cable?

Mi socio mene la cabeza. -Ms bien un generador -se dio vuelta hacia m, y se le vea

el gusto por explicar-. Es una superpartcula lineal que ondea como una cuerda por efecto

de las variaciones de gravedad en toda la galaxia, y eso genera energa en ambos puntos de

amarre.

-Pero es peligroso?

Conto se encogi de hombros. -Depende de que mantengas distancia -me dijo

sonriendo-. En material real, muy cerca las radiaciones podran frerte. Tampoco es bueno

cruzarlo durante un salto; quizs nos absorba y terminemos rebotando de un extremo a otro

hasta el fin de los tiempos, o quizs nos esparzamos a lo largo de todo el Ferente... -se

qued mirando la nada, ensimismado en las posibilidades.

Carraspe. -Bueno, cun ancho es? Es grande el chance de cruzar?

Conto se recobr. -De hecho es dimensional, pero como vibra en supertiempo, en

nuestro espacio es un cilindro con el dimetro de un sistema Sol. Por suerte se estrecha en

las puntas, que si no...

Me ech atrs en mi asiento. -Cmo har la Sirena para vivir en el Ferente? -mir con

espritu soador hacia arriba-. No debe ser humana. Dicen que se escucha la misma

cancin simultneamente en lugares muy distantes... eso no es normal.

-No puede vivir en el Ferente -se molest Conto-. Es una creencia estpida. Sus

seales, vengan de donde vengan, parasitan el Ferente y se transmiten a todo lo largo, eso

es todo.

-Cmo es?

-Bueno, en el centro est el Ferente propiamente dicho -Conto utiliz sus manos para













explicarse mejor-, y vibra con tanta fuerza que slo permit el espacio-tiempo necesario

para sostenerlo; el resto lo empuja fuera de s de manera tal que a su alrededor crea una

capa de vaco de substrato de unos kilmetros de ancho; despus el espacio se vuelve a

condensar. Pues cuando el Ferente oscila much, de repente est con todas sus capas donde

no estaba antes, y entonces atrapa seales EM como las de la Sirena, que terminan viajando

por el lmite de condensacin, un espacio rarificado donde la luz va ms rpida, y adems el

Ferente les da energa extra. Vuelven a salir con otra oscilacin del Ferente, dando

impresin de simultaneidad.

-Sabes qu, amigo? -me balance en la silla, con la vista aun en el techo-. Me lo has

puesto mejor.

-En qu sentido?

-Ahora la Sirena es ms possible.






Nos llenamos de pasaje rpido. Era la usual caterva de perdedores y princess cadas que

rondan la galaxia en busca de trabajo u hogar definitive. Por tradicin o ley tena que

recibir a cada uno en la esclusa, ver su rostro y escuchar su nombre de sus propios labios.

Como siempre, los enrgicos sonaban falsos o inmaduros y los que parecan ms

experimentados tenan un aura de desaliento persistent; Capisbis deba ser un callejn sin

salida. Record mi poca de itinerante, cuando me sentaba como vagabundo en una esquina

de un astropuerto a contar cunto dinero me quedaba y tomar la decision ineludible:

comprar pasaje a otro lugar o seguir probando suerte donde mismo. La mayora de mis

actuales pasajeros pareca haber pasado por esa esquina. Me pregunt cun cados estaran,

a qu estaran dispuestos. Cuntos diran "s" a una propuesta de motn, o a ser reclutados













por m como pirates. Quines venderan a cules, o a s mismos. Cundo alcanzaran el

punto ms bajo o si alguno estaba de vuelta. En mi mente les haca esas preguntas a cada

uno, y me responda a m mismo juzgando por sus rostros, porque ni en broma seran

sinceros con el botero chupasangre que les cobraba un buen trozo de sus ahorros por una

litera en un pasillo atestado y el mismo bao para cuarenta. Algunos incluso me odiaran de

verdad, como yo haba odiado a aquel capitn del cual me salv Conto, no slo por envidia

de la nave sino por mi poder sobre ellos, o por mi libertad, o por mi estpida cara y que no

acabo de sacarlos de este desgraciado astropuerto. Todo eso transmitido, oculto y evidence

a la vez, en el acto impersonal de recibir su dinero, marcarles la mueca con un ticket y

dejarlos pasar a la sala de abordaje.

El mismo Conto consider a este pasaje como un grupo especial. -Qu pandilla de pernos

sueltos -coment cuando me sent a su lado en la cabina tras haber acomodado a los

recin llegados-. Me hicieron pensar en revisar el armero para comprobar que todo

funciona bien y lleva carga.

-No exageres.

-No te descuides.

-Con ese carguero de ah -seal el monitor de vista externa-, no te descuides t.

-Ya lo recuerdo -Conto hizo una mueca de desagrado-. Ese tipo no puede tener el

software adecuado para sacar esa cosa a volar.

-Pues parece que est al salir y hacernos un rayn como la otra vez que casi llega al

Cultivo. Qu hacemos al respect?

-Cruzar los dedos -dijo echando una ojeada a la lista de despachos-. Tiene prioridad

sobre nosotros.

-Podemos salir en una patada -dije sonriendo malvolamente-. Si algo bueno tiene la













"Estrelladora" es el sistema de atraque. Apuesto que podremos estar en trnsito antes de

que esa taza de caf empiece a dar tumbos por todo el muelle.

Conto frunci las cejas. -No nos han dado telemetra.

-No borraste la de llegada?

-Estamos del otro lado de Capisbis.

-No es precisamente una nova como para ir molestando la salida. Vamos, Conto; otra

prueba ms de que eres el mejor timn de la galaxia. Es slo salir a trnsito.

-Ests inquieto. No me gusta cuando te pones inquieto.

-Mira, mira! -exclam sealando al carguero-. Estn apenas probando los motors de

posicin y ya casi se llevan un pedazo de muelle. Esto va a ser una carnicera.

-Deja el teatro, Staro -Conto dio vuelta a la silla y empez a cargar protocolos de

despegue al sistema central-. Enseguida vamos al Ferente a or a tu Sirena. Slo espero

que no nos cueste una multa o algo peor.

Pretextamos problems de transmisin para no responder cuando el control de salidas nos

inund de improperios por romper la cola; pero cuando inventamos que la interferencia se

deba a un escape radioactive (aunque no tenamos nada ms pesado que tungsteno a

bordo), nos mand a volar de ah como los ineptos que ramos. Posteriormente nos anunci

que los mentirosos no tenan cabida en su astropuerto. Para entonces ya estbamos

abandonando la elptica por encima de ellos.

-Djame hacerlo yo -ped abriendo la interfase por mi terminal-. Le pondr el codo -

y en efecto, dobl el brazo y apoy el codo sobre el teclado para confirmar la orden de

salida.

-Chiquillo -Conto mene la cabeza sin dejar de mirar la pantalla-. No podas hacer

nada de esto en tu oficina.













Las doce horas de trnsito se fueron en bromas, comida y ocasionales cabezadas. El aviso

de que habamos alcanzado inercia de salto nos sorprendi espiando pasajeros por las

cmaras y burlndonos de ellos.

-Seores pasajeros -dije al micrfono-, vamos a dar el salto. Por favor, mantnganse lo

ms quietos possible y eviten posiciones inestables as como realizar funciones fisiolgicas

-e hice las mmicas adecuadas en beneficio de una ligera sonrisa de Conto.

-Salta, "Estrelladora" -dijo l, y me lleg la vieja sensacin de torpor y embotamiento,

seguida al instant por la leve euforia indicadora de que mis tejidos reasuman su qumica

como si no hubieran cruzado el espacio convertidos en energa sin ms propiedad que el

color cuntico.

-Ah est -Conto seal la pantalla externa.

No haba visto el Ferente en la parada anterior. Era una estrecha franja azul oscuro marcada

contra el fondo de estrellas hasta donde alcanzaba la vista, como si alguien hubiera pasado

un borrador por un mapa estelar impreso en un textil. Era enorme, a juzgar por cmo

cortaba a la mitad la imagen de cmulos y nebulosas.

-Oh, mierda.

Me di vuelta hacia Conto. -Qu pas?

-El Cultivo est muy viejo -explic Conto-. Cada vez consume ms energa en

mantenerse vivo y entrega menos. Ahora simplemente colaps en una sola descarga y no

tenemos apenas energa.

-Cargar lo suficiente para el resto del salto?

-Quiz no. Si llegamos vivos habr que comprar Cultivo nuevo.

-Qu fue eso? -seal la pantalla de vista externa, que no haba dejado de mirar-. Se

movi de lugar... est un dedo ms abajo.













-Te haba contado -respondi Conto sin molestarse en mirar-. Pero eso es bueno. Debe

haber un incremento en las radiaciones.

-Es ahora cuando liberal las seales de la Sirena?

-S, claro... eso tambin.

Di vuelta a la silla para confrontar la computadora de comunicaciones y orden una

bsqueda de seales humans en la banda usual de la Sirena. Aparecieron enseguida. Mir

a Conto poniendo una expresin efectista y pas la entrada al altavoz.

La Sirena cantaba un aire lento y melanclico en arcaico incomprensible para m. Ped

ayuda a la computadora y esta me inform que se trataba de japons. La curiosidad por

entender la letra pudo ms que la tentacin de la pura belleza de su voz en un lenguaje

extico, con otros timbres y armonas, y solicit la traduccin. Trataba de una mujer

vendida como esclava o prostitute para pagar las deudas del esposo y a la cual se le forzaba

a despedirse para siempre de su pequeo hijo. Incluso mediando transcripcin era

maravillosa... yo realmente quera con toda mi alma ir y pisar la cara del tipo y llevarle el

nio a la Sirena. Me di la vuelta hacia Conto, con lgrimas pugnando por brotar y ninguna

vergenza por ellas, pero l estaba de espaldas a m, concentrado en el controlador de

atraque.

De repente se dio vuelta y me mir con extraeza. -Es impossible -dijo levantndose y

viniendo hacia m-. No podra entrar as.

-Qu ocurre? -me ech a un lado para hacerle espacio a Conto, quien prcticamente se

tir sobre la interfase de comunicaciones.

-No te quise decir -coment mientras rozaba teclas frenticamente-, pero es impossible

que recibamos la seal liberada del Ferente.

-Cmo es eso?













-El Ferente se desvi ms o menos hacia nuestro lado y el nuevo desgarramiento espacio

temporal debe apantallar toda propagacin EM hacia aqu.

-Entonces no viene del Ferente. Pero la fuente debe ser muy cercana... entra divinamente.

-Tan cerca que puedo triangular -anunci Conto-. Cada segundo que nos movemos

mejora la lectura. El foco es esttico, parece.

-Vamos hacia ella o nos alejamos?

-Vamos. La inercia del trnsito nos lleva.

Me qued observando la letra de la cancin desarrollndose a la par de la msica.

-Es el destino -murmur-. Quien nos lleva.

Conto se volvi a su asiento y se acomod reflexivamente.

-Es nuestro primer viaje cerca del Ferente -insist-, y acabamos, por casualidad, en el

tramo de la Sirena. Es el destino. No crees?

-Si tuviera energa -respondi Conto-, ahora mismo dara la vuelta en redondo. -

Tena la vista baja y juntaba las manos ante s, cruzando los dedos.

Me call mi opinion porque me interesaba much ms hacer silencio para seguir

escuchando el canto de la Sirena, adems de interpreter las lectures que marcaban nuestro

acercamiento a ella. En dos horas debamos estar en visual. Por desgracia, la recepcin se

perdi a los dos minutes.

-Qu pas? -abr la interfase de las antenas y recorr bandas como un desesperado-.

Conto, aydame con esto! -Me senta como un enfermo terminal a quien acaban de

retirarle los analgsicos.

Mi socio se encogi de hombros. -No podemos hacer nada. Una de dos -dijo sin siquiera

mirar las pantallas-; o nos alcanz el frente de ondas, o ella hizo receso para soltar una

buena carga en el sanitario.













El propio estremecimiento de ira me paraliz por unos segundos y me impidi golpear a

Conto. Un segundo despus, ms calmado, imagine que la agresin en la burla a la Sirena

era contra s mismo, e intentaba con eso convencerse de que en verdad se opona a buscarla.

Por si acaso decide hacer silencio, para evitarnos a ambos una respuesta demasiado

sardnica. Sabiamente, l tampoco dijo nada; ni cuando el radar capt una nave cercana a

pesar del arrasador frente de ondas, ni cuando en efecto estuvimos en visual y la

computadora nos proyect media imagen en holocubo.

-Caramba -Conto se acerc al holocubo, interesado-; aos que no vea una de esas.

-Una de cules?

-Una sembradora. Antes se viajaba por otra tecnologa muy ineficiente y para arreglar eso

mandaban stas a mapear la ruta y a sembrar o mantener singularidades; era la nica

manera de tener vuelos comerciales. Se llegaron a hacer con motor de fuerza de color y sta

pudiera ser de esas. Claro, enseguida dejaron de usarse, como las dems.

-Es grande -dije-; abulta el tercio de un puerto.

-Mayormente motor y acumuladores, y por supuesto, la cosa para sembrar singularidades,

que creo se puede usar de antena.

Met la mano en el estereograma y rode la sembradora. -Crees que ella est ah? -dije

haciendo un puo apretado. La imagen, por supuesto, se escurri entire mis dedos.

-Bueno, la telemetra no miente. Los chillidos vienen de ah mismo. Y ahora que tu

curiosidad est satisfecha, vmonos, por favor.

-Quizs est a la deriva, atrapada en esa antigualla. Esperando la rescaten para hacerse

famosa y multimillonaria con su voz.

-No me parece. No hay respuesta a nuestro protocolo, as que, o quiere que la dejemos

sola, o es una grabacin la voz.














-Puede ser que haya enloquecido de soledad ah adentro y por eso canta y canta y slo

canta. Vamos a ver.

Conto mene la cabeza. -Vmonos, Staro. Tenemos pasaje y un negocio. Nadie nos ha

llamado.

-S que nos ha llamado -disput-. No le dicen Sirena por gusto. Ella nos llama a todos,

y quizs haya un premio esperando. Si me voy y pierdo esta oportunidad me volver loco

cada vez que vuelva a escucharla y piense en que la tuve cerca y no la toqu con mis

manos.

-No la escuches ms -Conto se encogi de hombros-. Puedo bloquear sus bandas.

-Eso es impossible. Nadie puede dejar a la Sirena.

-Ests hablando tonteras -mi socio me apunt con el dedo ndice-. El espacio no es

lugar para tonteras. Haces lo que hace falta y slo eso, sino terminas muerto y no hay

muerte bonita aqu. Asfixiado, congelado, muerto de hambre o sed, quemado por la

radiacin... escoge.

Encar a mi amigo. -Es slo una mujer que canta.

-Eso mismo! -explot Conto-. Djala cantar... slo djala cantar.

Me acerqu y puse una mano en su hombro. -Podemos ser los primeros en llegar a ella.

Los nicos, si quiere seguir apartada. Los nicos que haremos la historic entera. Ella

cantar en persona para nosotros y despus le diremos a todos los dems si es rubia o

morena.

Conto se apart hasta una esquina de la cabina, de espaldas a m. -Pensaba que eras

diferente, Staro -dijo sin mirarme-. Ms sensato. Porqu crees que me un a ti? Eras

nuevo, no sabas nada de viajar, pero parecas sensato, no como otros capitanes que he

tenido, medio locos de escuchar histories tremebundas. Y ahora quieres llevar demasiado













lejos esa obsesin con la Sirena, que es muy comn, lo reconozco.

-Pero qu pasa? -me asombr-. Demasiado lejos qu? Simplemente estoy curioso.

Quiero ver a la Sirena cara a cara, qu hay con eso? Qu podra pasar?

-No tengo idea -Conto se removi nervioso-. No me gusta la idea de tenerla frente a

frente.

Me sent en la silla y observ a mi transformado socio. Era sorprendente verlo abrirse; sus

emociones sobre la Sirena deban ser muy intensas si no poda mantenerlas para s. -

Pensaba que no la considerabas gran cosa -dije con la vista fija en su temblorosa mano

derecha, que tena a la espalda.

-No tanto as. Es que no me gusta escucharla; el poder que tiene me asusta, y lo fra que

es. Canta perfectamente canciones de cualquier clase como si pudiera cambiar de

emociones igual que de peinado, y con cualquiera hace un guiapo de ti y de m. Como si

fuera un juego, una prueba de fuerza consigo misma y todos nosotros. Y me hace llorar,

primero de gusto y luego de miedo. Simplemente no estoy al control cuando ella canta,

Staro.

-Vaya, Conto -dije bajando la mirada-; me imagine que querras detenerme, pero por

las razones erradas. Eres t quien me asusta. Ni siquiera estoy seguro que quieras

detenerme.

Conto hundi la cabeza entire los hombros. -Entonces terminemos con esto. Quizs no sea

ms que un program y una base de datos -se dirigi hacia la salida y se detuvo un

segundo en el umbral de la puerta abierta-. Despus de todo es demasiado perfect. Pero

vas t -y se fue sin mirar atrs.

La puerta eclips silenciosamente la imagen de Conto marchndose por el pasillo.















Para llegar a la cmara de abordaje deb pasar por los pasillos llenos de pasajeros que me

miraban inquisitivamente, con obvias ganas de preguntarme la razn de nuestra parada. Por

suerte todos haban dado suficientes viajes en botes como para saber que a veces uno se

detena a mitad de camino por motivos diversos que no les ataan. El dinero del billete

slo les daba derecho a un rincn, algo de aire y agua, y a llegar en algn moment de la

semana a su destino; si queran mejores garantas, trato o preguntas, deban ahorrar para

hacer el viaje en una nave de lnea regular.

La cmara de abordaje daba directamente al mdulo de transferencia. Jugaba a que la

sembradora no fuera ms vieja que el estndar de esclusas para conexiones en el espacio; si

no, tendra que arriesgar la lanzadera del fundador de Cieloverde y rezar porque la

sembradora tuviera un hangar funcionando o al menos un puerto universal de atraque. El

viaje hasta all era automtico, pero la maniobra de enganche era en parte responsabilidad

ma. Cuando encontr la estructura apropiada, del tamao correct y la disposicin debida,

respir aliviado.

Atracar y pasar del mdulo a su sala de abordaje fue coser y cantar.

Escuch su canto en cuanto la esclusa dej entrar aire de la nave sembradora. Ella tena que

saber que yo estaba llegando; quizs era su forma de guiarme. O de atraerme con seguridad,

segn como se quisiera ver. Porque en director su voz era maravillosamente mejor que por

radio, y si para escucharla de la segunda forma haba deseado acercarme al Ferente, por la

primera lo hubiera atravesado a pie.

El pasillo estaba oscuro as que prend mi linterna. No segu su luz, sin embargo. Ni

siquiera miraba ante m, slo segua la meloda; me guiaban mis odos, no la vista. Todas

las puertas en el camino estaban abiertas, para no estorbar su voz, supongo, y llegu a la













entrada de la sala de mando sin dar una sola vuelta de ms. Simplemente pas adentro.

Ella estaba reclinada en la silla de mando, y cuando digo reclinada quiero decir

lnguidamente, con el brazo a un lado y alzando el busto como las mujeres ya no hacen. La

cabecera estaba plegada, permitiendo a su cabello negro y lacio colgar libre sin ocultar los

hombros. Poda ver sus hombros porque llevaba un vestido largo sin mangas; no pude ver

ms nada porque ella baj la vista y gir la cabeza para mirarme. Por supuesto, todo el

tiempo segua cantando en japons, aunque no s si la misma pieza sobre la madre vendida

por deudas. Fue un shock cuando se detuvo.

-Quin es usted? -me pregunt.

Aprovech que hubiera dejado de cantar y la observ. Tena ojos azules, pestaas negras y

cejas gruesas. Rostro ms redondo que ovalado, lleno, sin ngulos y regular, except por su

fina barbilla y el morro leve que hacan sus labios. La piel era resplandecientemente blanca.

A otra mujer con el mismo fsico la hubiera llamado "gordita interesante", pero esas

palabras se me trababan y quera hacerme dao a m mismo por pensar tal cosa de ella.

Ella suspir impaciente. -A quin tengo el honor? -e hizo un arco con el brazo para

remarcar la pregunta.

-Vengo de la "Estrelladora" -respond-. No recibi el protocolo?

-No era la respuesta que esperaba. Tiene ms que decir acerca de usted aparte del hecho

de provenir de un carguero? O algo ms significativo?

-Staro. Me llamo Staro.

-Ah. Supongo.

Carraspe.

-Entonces... qu cantaba usted ahora mismo? -lo de "significativo" estaba grabado a

fuego en mis mejillas-. En japons. Cmo se llama?













-Es un canto de kowakare -dijo tomando aire. Ante mi desconcierto, continue: -No

puede ser Sakura todo el tiempo.

Tampoco saba de qu estaba hablando, y como la primera forma de no hacer ms el tonto

es mostrarse audaz, me arm de valor. -Es usted la Sirena?

Me mir con fijeza, divertida e intrigada a la vez. -Entonces es cierto -asinti-. Me

llaman as. Qu locura -se sonri deliciosamente-. Soy slo una mujer que canta para

pasar el tiempo. Supongo que quieren ponerle encanto al asunto.

Di un paso hacia ella, pero me detuve cuando levant una mano. Continue hablando con la

palma dirigida hacia m.

-Puedo hacer algo ms por usted? -pregunt-. Si no, es mejor que se vaya. O quizs

quiera quedarse un rato para hacer ms creble cualquier historic que quiera hacer a su

tripulacin. No me preocupan las licencias poticas siempre y cuando no me ponga como

una fcil y me quite algunas libras. De acuerdo?

Anonadado, di un paso atrs moviendo la mano que sostena la linterna. Como aun estaba

encendida, el haz cruz los ojos de la Sirena. Ella retir el rostro y chist con desagrado.

Quise esbozar una excusa, pero su mirada no me dej.

-Hombre del espacio -canturre ella-, aprtate de m. Hombre del espacio, papi,

djame estar. No vengas tocando mi puerta, no quiero ver ms tu sombra. Tu linterna puede

cegar, apunta a los ojos de otra.

Me march corriendo. Slo se escuchaban mis suelas adhesivas resonando en el silencio de

los pasillos.


-Cmo fue? -pregunt Conto mientras yo me tiraba en el asiento de mando.













-La perra se burl de m.

Mi amigo se acerc. -Burlarse? -pregunt con asombro.

Yo me mord un labio y mir al piso sin decir nada.

-Pens que la ibas a traer arrastrada por el cabello o al menos tomada del brazo.

Agit la cabeza con malhumor. -No se pudo hacer nada -murmur entire dientes-. Ella

est al control.

-Vaya. Quieres que la traiga? -dijo Conto con sorna.

-A ti tambin te hara un guiapo, y a los dos juntos.

Conto me puso una mano en el hombro. -Entonces nos podemos ir -suplic ms que

afirm-. Por favor?

-Se burl de m, Conto -di un golpe en el brazo de la silla-. Quin se cree que es?

Est ah sola sin armas ni nada, voy a ofrecerle proteccin, y ella me manda a paseo.

Mi socio fue hasta su silla y pidi datos a la nave. -Tenemos dieciocho horas para que se

cargue el Cultivo -dijo conciliador-. Quizs puedas convencerla por radio... de lo que

sea que quieras convencerla.

-Vete al diablo.

Me qued rumiando mi frustracin por una buena media hora mientras Conto trazaba y

rehaca cursos con tal de no prestarme atencin.

-Deben ser muchos hombres -afirm de repente-. Algunos podrn resistrsele. Y

mujeres, claro -me di un puetazo en la mano abierta-. No puede manipular un grupo

heterogneo.

Conto ignor mis palabras, pero se interest cuando me vio acercarme al micrfono de

hablar a los pasajeros.

-Su atencin, por favor -dije con la voz ms calmada que pude articular-. Renanse en













la cmara de abordaje para una comunicacin important del capitn.

Mi socio se par y vino hasta m. -Qu rayos vas a hacer?

Sin hacerle caso alguno sal de la cabina y fui por los pasillos colmados de literas y

armarios hasta la cmara de abordaje, donde haba tan poca gravedad que prefer activar las

suelas. Conto iba detrs dando excusas a los pasajeros que yo simplemente apartaba.

Cuando me detuve Conto me interpel con inquietud.

-Qu vas a hacer, Staro? Qu locura?

Yo cont los pasajeros que se agolpaban en la cmara, nico lugar en la nave donde

cuarenta y dos personas podan verse las caras.

-Veo que estn todos -conclu-. Muy bien. La razn por la cual los llam es que en la

antigualla que est colgando all afuera hay una mujer, una artist de gran talent que,

como artist de gran talent, es un poco extravagant. No s si ustedes saben que estamos

en las cercanas del Ferente, una zona peligrosa donde no se debe andar si no es por

necesidad, y ciertamente no permanecer.

Pase la mirada por los rostros de mis pasajeros y constat que les interesaba poco o nada

cuanto les deca. La vida de trabajador itinerante te hace insensible a los problems ajenos.

-Como es muy important rescatar a esta persona y ni yo ni mi socio podemos solos, me

veo obligado a ofrecerles un trato -continu-. A aquellos que vayan a esa nave y traigan

a dicha mujer a como d lugar, les reintegrar el pasaje.

Entonces s pude ver animacin en los rostros de los pasajeros. El dinero del billete podra

alcanzarles para sobrevivir un mes en Seviria mientras conseguan trabajo definitive o

reunan suficiente para regresar a Capisbis con la cola entire las piernas. Sin embargo,

ninguno dio el paso al frente, aunque various se vean enganchados.

-Adems... adems -dije con efectismo-, anotar los nombres. Si despus alguno













quiere regresar a Capisbis en esta nave, tiene pasaje gratis.

Conto se par delante de m.

-Qu carajo significa esto, Staro? -me increp-. Qu es eso de regular pasajes? Un

tercio de ese dinero es mo y no tienes derecho...

-Un tercio de nada -lo interrump-. La nave es ma, llevo a quien quiera, como quiera.

Est claro.

-Pero tenamos un acuerdo... un tercio...

-Qu tercio? Hay algo escrito, legal? Segn recuerdo eres mi empleado y te pago como

entienda. Un salario base si me da la gana. La nave es ma, Conto; recuerdas?

Conto se puso crdeno. -Ests loco -y se march de la cmara.

-Bueno -volv a recorrer a los pasajeros con la vista, y ciertamente haba decisions

tomadas-. Alguien?

Diez hombres y ocho mujeres alzaron las manos.

-Perfecto. Vayan al mdulo de transferencia y digan sus nombres ante la cmara de

vigilancia. Asegrense de ponerse bien frente a ella. Ah esperarn mi seal. Alguna duda?

-pregunt ya saliendo de la sala-. Me comunicar con ustedes cuando estn en el

mdulo.

Me dirig a la cabina de mando, donde encontr a Conto andando de un lado para otro.

Cuando me vio frente al monitor central par y se puso a mis espaldas.

-Qu haces?

-Reviso qu probabilidades tenemos de usar un software OR con esa chatarra -

respond-. Para dominar sus esclusas y que nuestros pasajeros puedan entrar con el

mdulo de trasferencia.

-Eso es para rescates, no para un abordaje pirata.













-Tcnicamente no hay diferencia.

-S la hay; la ms mnima resistencia del sistema husped...

-Ah! -lo interrump-. Ves que no hay resistencia? -seal la pantalla-. La sorpresa

es la madre del triunfo.

Conto mascull algunas maldiciones mientras yo diriga desde nuestra segura cabina el

abordaje exitoso de la nave sembradora.

Todo fue de maravillas y tom menos de veinte minutes.

Impaciente, esper la vuelta del mdulo en la sala de abordaje. El corazn quera salrseme

del pecho mientras vea abrirse la esclusa del amarre, y casi lo logra cuando descubr a la

Sirena entire los pasajeros que haban ido por ella. Conto estaba dos pasos detrs de m,

sospechosamente impvido.

Los pasajeros empujaron suavemente a la Sirena para poder pasar todos por la estrecha

entrada. Ella no hizo resistencia, sino que se les escap y avanz resuelta hasta donde yo

estaba.

-Qu significa este atropello? -la Sirena se cruz de brazos-. No puedo career que

otras mujeres participen de esto!

Las ocho pasajeras se miraron entire s pero ninguna mostr voluntad de actuar a favor de

una desconocida. Adems era un poco tarde para el arrepentimiento y estaran en minora

numrica si de repente se volva un asunto de hombres contra mujeres.

Junt las manos tras la espalda y me par firme ante la Sirena. -No podemos dejarla

abandonada en esa nave.

Ella puso los ojos como platos. -Qu usted dice?

-Su nave es muy antigua -dije-. No es adecuada para el espacio profundo, menos an

para la cercana del Ferente.













-Y a usted qu le importa?

-Su vida corre peligro.

-Qu le importa, repito? Mi vida es ma. Haga favor de dejarme volver!

-No sera correct -me balance en la punta de los pies-. Sobre todo tratndose de

usted.

-De m? -se asombr-. Qu hay conmigo?

-No puedo dejarla en peligro si puedo rescatarla. Los dems espaciales me lincharan si se

enteran que dej a la Sirena en un trasto a la deriva junto al Ferente.

Ella se encogi de hombros airadamente. -Diga que yo no quise. Que estoy loca, que me

gusta el peligro; y no hay ninguno, dicho sea de paso.

-Precisamente -dije con una sonrisa condescendiente-. Su insistencia en permanecer en

esa nave a pesar de mi ofrecimiento de rescate indica que puede estar trastornada. Es mi

deber llevarla aunque sea a ver un especialista.

La Sirena camin hacia m. Su respiracin era agitada y sus labios temblaban de furia

carmes, hermoseados al igual que las mejillas. -Me vas a dejar volver, secuestrador de

porquera, o te arrepentirs -dijo clavndome el dedo en el pecho. En la gravedad mnima

de la sala de abordaje sus cabellos se demoraban en caer sobre los hombros cada vez que

stos suban y bajaban, y al dispersarse parecan como un velo de gasa negra ondulando

suavemente.

-Lo siento much si al moment mi decision la perturba -me excus, sonriendo aun-.

Ya atender a razones. Por lo pronto trataremos de darle la mejor acogida. Conto, prepare

nuestro camarote para la seora.

Conto estaba suficientemente cerca tras de m como para poder susurrar la confirmacin de

la orden si no tena nimos de hacerlo en voz alta. Interpret su silencio como duda; decide













considerarlo insubordinacin slo si le tomaba ms de un minuto.

-Est bien -escuch finalmente a mis espaldas-. Venga, por favor. Ya veremos cmo

arreglar esto. Por favor.

La Sirena apart sus ojos de los mos y mir detrs de m. Su expresin cambi, como si

hubiera ganado confianza y seguridad. -Ya veremos -acept-. Si hay vida hay

esperanza.

Algo se agit dentro de m, algo como un miedo nonato, mientras la Sirena iba

pacficamente tras Conto. Esper el tiempo suficiente y me fui a la cabina, donde me

acomod a dormitar en la silla de mando, tras asegurarme por las cmaras que la huspeda

quedaba bien segura en la habitacin cerrada. El sueo podra ser feliz.






Despert entumecido. La silla de mando era cmoda, anatmicamente moldeable y todo

eso, pero no era una cama, ni siquiera en gravedad reducida.

Lo primero que vi al abrir los ojos fue a Conto ante el monitor de navegacin. Pareca estar

absorto en trazar rutas. En realidad estaba ignorndome, como descubr cuando hundi la

cabeza entire los hombros al escuchar mis bostezos y estiramientos. Me par

desganadamente y me puse a sus espaldas, sin que l mostrara el menor signo de interesarse

por mi existencia. Al parecer aun no estaba listo para reconciliarse conmigo y aceptar mi

posicin.

Me dirig a la puerta tras comunicarme con l mediante un gruido mezcla de fastidio,

preocupacin y reproche. Era mi forma de hacerle entender que necesitaba su apoyo con

otra persona much ms difcil de tratar y que l debera acompaarme a ver cmo ella se

haba instalado; tendra much ms autoridad si l me secundaba. No obstante, Conto no













me sigui ni dio seales de responder mi pedido de compaa. Para no ir solo tom del

armario junto a la salida una pistola de polvo con arns y todo.

Camin hasta el camarote, me demor alistndome y toqu a la puerta. Al no escuchar

respuesta, esper unos segundos para entrar. Ella se par de la cama y me mir con furia.

-Debo ponerme en atencin? -dijo en tono agresivo-. En alguna otra postura de su

agrado? Alguna que seale su poder sobre m? No le excita ms un poco de resistencia?

-y se puso en guardia de boxeo por unos segundos.

Llev la mano mecnicamente a la funda, y al seguirla con la vista ella descubri mi

pistola.

-Para qu es eso? -pregunt burlona.

-Para tu proteccin -carraspe-. Hay muchos hombres a bordo y una mujer misteriosa

solivianta los nimos.

-Caramba, nunca lo imagine -enarc las cejas y frunci los labios-. Entonces por qu

no me llevas de vuelta a mi nave y ya?

-El Ferente es an ms peligroso.

-Ja! No hables del Ferente, que lo conozco mejor que t. Estaba ah cuando se hizo.

Tomaron un grumo de material extraa y lo estiraron hasta que fue una sola partcula de

billones de quarks alineados en cadeneta: rojo, verde, azul y de nuevo rojo, verde y azul de

un cabo al otro.

-Suena bastante antinatural.

-Antinaturales somos t, yo y la nave complete. Vamos a cruzar el Ferente a ver quin

tiene ms conviccin de su naturalidad.

-Por eso mismo es peligroso. Puede querer convencerte del error en que vives.

-No ocurrir. Su tiempo contiene al nuestro y para nosotros hace slo lo que hizo y har













por siempre; no da sorpresas locas. Es ms confiable que los hombres.

-Creo que no ests siendo racional -mene la cabeza-. Tu actitud es temeraria, como

mnimo.

La Sirena se acerc confrontndome. -En otras palabras me vas a tomar a tu cargo -me

midi de arriba abajo con los ojos-, con la justificacin que sea. Eso te gusta, no?

Me ajust el cinto por donde penda la pistolera y le sostuve la mirada sin responder.

-Vamos a ver si ests a la altura -me dijo con la boca torcida en una sonrisa

despreciativa e indicando el arma con un gesto-. Es lo mejor que puedes llevarte a la

mano?

-Es una pistola de polvo -expliqu-. Cuando est en la cpsula el polvo es neutro, pero

cuando se dispersa con el disparo o el impact las partculas se cargan y liberan un buen

shock.

-Djame verla de cerca -pidi ella-. Vamos, que slo funciona en tu mano. Un

inconvenient, no?

Le tend el arma con reluctancia. De algn modo me era impossible negarme.

Ella le dio vueltas en la mano y la examine. -Aj, ya saba -opin con suficiencia-. No

es gran cosa en verdad. Bajo calibre, pocas cpsulas, imagine que baja cadencia.

Le quit el arma, airado, y al enfundarla me sent extraamente distendido. -Funciona a la

perfeccin -dije con voz impositiva.

-No bastara para detenerme. La nica razn por la que no te he dado una paliza es que

como has dicho son muchos en esta nave, e igual no podra darle rdenes al sistema.

-Tienes much confianza en ti misma -y ahora s llev una mano a la funda, a

consciencia y con cierto regodeo.

-No me crees? Yo sola ser una agent encubierta hasta que tuve que usar uno de esos













borradores de memorial. Lo recuerdo porque soy la nica persona que logr recuperar parte

de su pasado, y por eso me dieron un montn de dinero para que me perdiera. Y una de las

cosas que jams olvid es cmo golpear gente.

Me encog de hombros. -De cualquier manera, no tienes motivo para volverte violent -

le dije mientras acariciaba suavemente la culata de la pistola-. Todo es por tu bien y algn

da me lo agradecers. Millones de series humans te escucharn cantar. Tienes idea de

cunto dinero y fama te esperan en la civilizacin?

-Quieres parte de esa fama y fortune? -dijo dejndose caer en la litera, tan suavemente

cmo slo se puede hacer en una fraccin de gravedad terrestre-. No quieres

agradecimiento ahora mismo en especie? O el hecho de haberme raptado y controlarme es

suficientemente satisfactorio?

La mir con aire de reproche.

-Ah, si es por altruismo -continu ella-. Para que no se pierda mi bonita voz. Soy el

ruiseor del emperador o algo as. Bueno, pues no soy nada sin mi base de datos.

-No la trajiste?

-Me llevaban a la fuerza! No tuve chance de empacar. Pero podra descargarla desde esta

nave.

-Cmo?

-Con el mismo program OR con que abriste mi esclusa, pirata. Vamos a tu puente de

mando.

Vacil. Eso implicaba ponerla cerca de las terminales del sistema de la nave.

-Y hago un concerto -insisti ella-. No te gustara?

Sabore la idea de ser de los primeros en escuchar en vivo a la Sirena.

-Est bien -le mostr la puerta-. Ve t delante.













Ella se levant con aire cansino y camin contonendose delante de m de una forma como

si fuera a medias forzada, a medias por su voluntad. De vez en cuando se volteaba para

pedirme indicaciones, y al hacerlo su mirada quera ser la de quien atrae a un incauto a su

perdicin.

Pero cuando la puse ante una terminal la not insegura por primera vez.

-Es perfectamente compatible con tu sistema -le dije al odo-. Quieres ayuda de todas

maneras?

Ella ri. -No debieras ofrecer ayuda a una mujer as tan de cerca -murmur con la voz

enronquecida-. Una no es de hierro.

Yo me retir, rojo de vergenza. -Me maravilla que tu antigualla an funcione -dije para

cambiar tema-. Cundo fue la ltima vez que repusiste el suero del Cultivo, o el mismo

Cultivo? Debe estar al borde del colapso.

-No usa ese Cultivo barato de ustedes -tecle tan rpido que no pude ver sus dedos-.

Usa Cepa, que es eterna. Adems tu nave no es del ao pasado precisamente. Si no qu

haces chupando del Ferente?

Intent ver qu sala en el monitor de interfase, pero just en ese moment ella comenz a

cantar.

-El viento agita las ramas como soplo de tinieblas -enton con premura suave-; la luna,

galen fantasma, surca mares de nube...

Me fij nicamente en el movimiento de sus labios, en que acompaaba la letra con la

expresin del rostro, en cmo entrecerraba los ojos en las parties ms intensas. Era una

balada triste en la cual ambos amantes moran al final, y verla a ella cantar era lo mismo

que orla. No atend otra cosa. Cuando termin simultneamente la cancin y la interfase,

no pude conjeturar cunto tiempo exacto haba demorado, ni tena recuerdos precisos de sus













acciones en el sistema.

-Ya est -dijo apartndose del teclado-. Deb dejar la programacin original de hace

quince aos; por haberla actualizado es que pudiste usar el OR en mi contra.

-Quince aos? -me asombr- Hace tanto que tienes esa nave?

Ella puso cara de ofendida. -Me vas a preguntar la edad? Aunque no te interest -

sacudi un dedo ante mi nariz-, te voy a decir un secret: el tiempo transcurre de otra

manera cuando ests siempre cerca del Ferente.

-Ya lo saba -dije ufano-. Tuvimos que adelantar el reloj de a bordo unos cuantos

minutes la ltima vez.

-Muy bien, genio. Te diste cuenta por ti mismo a la primera; si fueras tan sensato para

otras cosas. Pero es much pedir. Ahora puedes llevarme al calabozo o al harn, como

quieras.

-Deseara que no hicieras ms alusiones de esas. No creo haber dado motivos para

insinuaciones as.

-Por Dios, qu tipo -sacudi la cabeza con furia-. En primer lugar no me important tus

sentimientos, y en segundo, o digo esas cosas o reviento y te hago much dao. Elige.

Baj los ojos sin saber si entristecerme o airarme.

-Ah, tengo hambre -dijo dndome la espalda-. Dame pan y agua para poder cantar.

Hablando de eso, debes conseguir bastante bebida y comida ligera.

-Estamos provistos, por si hay que entretener a algn consignatario important -

record-. Cunto te cabe? -dije divertido.

-No es para m, grosero, sino para la fiesta.

La mir tratando de expresar an ms pasmo del que senta.

-Para cuarenta personas no puedes hacer un concerto -dijo ella-. Es una petulancia.













Con cuarenta personas, haces una buena fiesta con msica, y de repente empiezas a cantar.

Obviamente no sabes divertirte. A propsito, tienes de esos replicadores de sonido?

-Uju... tengo.

-Son mejores que cualquier audio energizado. Y por lo que ms quieras, para avisar a tus

pasajeros no digas nada como "estn autorizados a divertirse" o "la festividad comenzar

en unos minutes". Slo lleva las cosas: comida, bebida, una terminal sonora y los

replicadores. La gente entender sin palabras.

Sent la necesidad de negarme, obstaculizar, trabar el mecanismo, pero slo alcanc a

proferir un pattico reparo acerca de la dificultad de poner a punto todo cuanto ella quera

en cantidades.

-Bueno, quizs ni eso puedas hacer -ella se encogi de hombros-. Tu segundo, seguro

s puede encontrarlo todo.

Levant la mano con la ligereza de quien va a aplastar una mosca, pero mi voluntad se

debilit tan rpidamente que no hubiera podido ni matar a un hipottico insecto.

La Sirena ni pestae. -Si esa mano me toca -dijo confrontndome sin miedo alguno-,

ser lo ltimo que hagas con ella sin sentir much dolor.





Tal como predijo la Sirena, Conto lo dispuso todo con gran facilidad, y lo peor, gusto. Se le

vea en cada movimiento el placer de servir y casi pude sorprender un brillo desconocido en

sus ojos. Ella lo tuvo como un recadero, poniendo las cajas y los replicadores por toda la

cmara de abordaje. Yo me vi reducido a ser un mudo espectador parado en la puerta, sin

ms funcin que contener a los curiosos pasajeros. La maestra de ceremonies estaba junto a

m, no s si para tener una mejor perspective o para restregarme en la cara las rdenes que













daba a mi subordinado, indicndole con la misma mano en la cual llevaba el mando del

sistema de sonido; pareca que lo manejara por control remoto.

-Pareces muy alegre -dije de repente-. No estabas amargada por estar aqu?

La Sirena me ech una mirada fiera y fue hasta Conto. -The last hiing i need is you -

voce sin cuidar la meloda en lo ms mnimo-, pushing me over, making my day worst -

insisti mientras pretenda ayudar con la ltima caja de bebida-, what are you, a curse?

-Yo entiendo arcaico! -ment al borde de la ira. Me senta como un chiquillo

constantemente regaado, culpable sin saber por qu. Era una situacin decididamente

infantil, tanto por mi causa como de la suya. Estaba a un tris de mandarlo todo al diablo de

manera radical: ordenando a la "Estrelladora" que cortara la energa a la cmara de

abordaje.

Entonces Conto se irgui secndose la frente con el dorso de la mano. -Vamos, Staro, por

favor -me pidi en el mismo tono sereno con que cinco aos atrs le haba odo explicar a

un capitn histrico cmo pretenda salvar de la asfixia a los pasajeros-. Tengamos una

fiesta en paz. Quin sabe si todo mejore despus?

La Sirena tambin me mir, por suerte sin decir palabra y con una expresin neutra en el

rostro.

No dije nada; simplemente golpe el botn de abrir la puerta y me ech a un lado. Los

pasajeros entraron en tropel, abalanzndose sobre los paquetes de comida y las cpsulas de

bebida. Justo entonces la Sirena alz la mano del mando por sobre la multitud, y la modest

bocina de avisos situada en el techo comenz a emitir msica suave de la que ponen en los

transportes areos planetarios, convirtiendo as la cmara de abordaje en un saln de fiestas.

Los replicadores distribuidos por todas parties recibieron la msica, filtraron el ruido

ambiente y las conversaciones, y devolvieron el sonido uniformemente por toda la sala.













Los pasajeros comenzaron a desplegarse por la cmara segn se apoderaban de mis

existencias de bebida y comida ligera. Algunos a quienes la dispersin llev junto a m me

dieron las gracias; otros desconsiderados simplemente me movieron a codazos o pisotones,

indoloros por la baja gravedad pero no menos molestos. Fui apartndome, buscando

espacio, consciente de la ignominia de verme empujado en mi propia nave, hasta que mi

espalda choc con la de alguien, y al darme vuelta me vi frente a la Sirena.

-Tu amigo parece un galn triste -dijo ella.

Mir dos veces para cerciorarme de que sealaba a Conto, cuya sonrisa desvada no haca

sino remarcar su abandon en medio de los pasajeros, los cuales actuaban como si fueran

conocidos de siempre.

-l es... -carraspe con circunstancia-, un tipo a su manera.

Ella lo examine con inters. -Es lindo. Amable, no un caballero andante en brillante

armadura -me mir significativamente-, de los que te sacan de tu torre por el pelo, a

rastras, aunque grites y patalees.

Antes de que pudiera protestar, ella se reuni con el pasaje y trab conversacin con tres

perfectas desconocidas. De ah en adelante las cosas comenzaron a desarrollarse como

nunca he visto. Los pasajeros se relajaron, hablaron, hicieron y deshicieron grupos,

chacharearon o callaron para disfrutar la msica; en pocas palabras, una fiesta con todas las

de la ley. Algunos beban con moderacin y nadie olvidaba llevarse algo a la boca de vez

en cuando. Con tal ambiente, de pronto ya no eran perdedores ni cados sino personas

tomadas de las manos y reluciendo de felicidad. Y ella estaba en el centro. La observ tejer

una telaraa de encanto y bienestar por toda la cmara de abordaje, parte con su propia

interaccin, parte con la msica de fondo, que controlaba con un mando remoto

proporcionado por su nuevo amiguito, mi segundo. Al cabo de los quince minutes, ella se













apart, dej de conectar, y se relaj en una esquina, meditando. Pens que era el moment

de recomenzar con ella, pens en acercrmele, pero de repente se termin una pieza

musical, y al comenzar la siguiente ella la acompa cantando.

En la cmara se acallaron todos los sonidos, hacindole espacio a su voz y la msica.

Reviv todas las emociones que me haban llevado a traerla a mi nave mientras ella cantaba

la endecha de quien no poda conformarse con ser el pasado de otra persona, cuya ilusin

de vida fuera un da lejano ya. Mi garganta se cerr como un puo, supongo que para

cerrarle el paso a mi corazn desbocado. Con esa pieza yo, como todas las dems estatuas

de sal en la cmara, acababa de mirar atrs, a un amor ya pasado que no se deba recorder.

Ese era el poder de la Sirena, contar nuestra vida con sus palabras cual si conociera toda

nuestra negra desesperacin.

Los aplausos no esperaron el final de los acordes, y ella hizo reverencias doblemente

graciosas por el vuelo de sus cabellos en la baja gravedad. Por entire las palmas de mis

manos pude observer tambin que las lgrimas ms evidentes pertenecan a los que haban

incursionado en la sembradora; pero a juzgar por cmo se nublaba mi vision, yo los dejaba

atrs.

- Esa fue un tanto tristona, lo reconozco -dijo la Sirena-. Pero fueron tan amables de

aplaudir, a m que nunca antes me haban aplaudido. Por eso voy a ofrecerles una cancin

de agradecimiento, por darme el mejor da de mi vida a pesar de las circunstancias. Es un

poco ms feliz...

En efecto lo era. Y la siguiente, y la otra; tres pegadas, sin interrumpirse. Tres canciones

hermosas, llevadas a la perfeccin por su voz de ngel -o scubo, segn correspondiera-.

Ya la cuarta, una sobre marines pendencieros, totalmente delirante, fue precedida de una

breve explicacin sobre qu era un zoot suit, y todos nos remos de las modas de la vieja













Tierra. Al terminar esa no pudo continuar, pues se vio rodeada por todas las mujeres y su

admiracin; entire todos los hombres no reunamos el valor para que se acercara uno solo.

Me percat entonces del aura de poder que emanaba de ella y me sent fuera de lugar,

redundante. Yo no era ms la figure de autoridad, sino la Sirena. Descans la mano en la

pistola, pensando en cun fcil le sera a ella lanzar a los pasajeros a un motn, y lo peor,

cun tibia podra ser la reaccin de Conto a juzgar por las miradas de adoracin que le

diriga mientras las viajeras la rodeaban como una guardia personal.

-Lo que dara por tener tu garganta! -exclam una admiradora.

-La mitad de tus recuerdos? -pregunt misteriosa la Sirena.

Las mujeres murmuraron sofocando risillas nerviosas.

-En serio -dijo la Sirena-. No est en la garganta. Al menos no nac con una voz

especial; fue un accident.

-Ah, vamos! -descrey la que dara cualquier cosa.

-Una vez, hace tiempo, tom una droga que deba borrar la memorial; pero funcion de

forma extraa en m. Me quit slo parte de mis recuerdos y me dio la capacidad de cantar;

me dijeron que modific el centro del habla y por eso mi voz cambi, poco a poco. Me

dijeron tambin que esa reaccin es nica, as que no les recomiendo probar.

-Entonces eres unafreak -dije en voz alta desde mi esquina-. Una especie de mutante.

Todos se dieron vuelta y me miraron como si yo fuera una cosa escurrida del techo.

-Es cierto -dijo la aludida-. Soy una mutante del espacio profundo; acaso no son

monstruos las Sirenas? Pero no esperes que muestre la cola, capitn.

Alguien fuera de mi vista se ri, y del extremo opuesto le hicieron eco. Intent determinar

quin haba sido para atajar la burla, pero esta salt de uno a otro como un contagio,

siempre un paso por delante de mi bsqueda, hasta que ante mis ojos slo vi risa en













cuarenta variantes, a cul ms obscena en su despliegue de dientes, lenguas, paladares,

comisuras y agujeros de nariz.

-Ya basta -advirti la Sirena-. El capitn podra pensar que nos estamos burlando de l

y eso sera fatal en caso de que tuviera problems de autoestima. Podra, no s, molestarse

much y hacer despresurizar la cmara.

Aunque la risa se resisti a morir durante unos segundos ms, al fin fue sustituida por caras

graves. Sospecho que no se debi al pedido de ella sino a la extraa mueca con la cual

pretend fingir una sonrisa; yo mismo la senta como una mscara tirante sobre mi rostro y

difcilmente podra darme aspect apacible.

-No tengo intencin de ver nada escamoso, gracias -brome-. Preferira que siguieras

cantando.

Mirndome a los ojos la Sirena descubri debilidad, mi frgil equilibrio entire histeria y

contemporizacin, y me vir la cara como si quisiera sealar que despreciaba mis

preferencias y que si cantaba de nuevo era por su voluntad, no por la ma. -Ya descans,

amigos -agit el mando en alto-. Denme aire para cantar.

Obedientes, los pasajeros se apartaron lo ms que pudieron, con lo cual una vez ms fui

empujado, pisoteado e ignorado.

-Tengo much msica traditional del rea norte del Atlntico de Vieja Tierra -explic la

Sirena, de pie sola en el centro de la cmara-, la ms disponible en el moment que reun

mi base de datos. La mejor parte consiste en canciones de mujeres contando el sufrimiento

de mujeres. Mayormente ocasionados por hombres, por supuesto, aunque hay algunas de

mujeres, incluso hermanas, dndose problems entire s... a causa de un hombre. Y de todas

esas canciones de mujeres sufriendo calamidades por causa de hombres, una de mis

favorites es una que tiene final feliz. La traduje al mixto modern, as... -y tras tomar aire,













comenz a cantar:


Viva una doncella a la orilla del mar

Muy sola una joven doncella

Sin nada que la pueda confortar

Da paseos a la orilla del mar

La joven a orillas del mar



La vio el capitn de un velero audaz

Que el viento sople alto y bajo!

"Morir, morir!", exclam el capitn

"Sin la joven a orillas del mar

La doncella a la orilla del mar"



Tengo barras de oro y piezas de plata

Joyas, loza y terciopelo

Lo dar, lo dar a mi tripulacin

Si la traen de la orilla del mar

La doncella a la orilla del mar



Tras much persuasion la trajeron a bordo

Que el viento sople alto y bajo!

La llevaron debajo del puente con l

Se acab el pesar y el dolor













Dice adis al pesar y al dolor


La llevaron a bordo, debajo del puente

Que el viento sople alto y bajo!

Es tan dulce, tan bella, fragante y sensual

Y cantando los hizo dormir al final

Y cantando los puso a dormir



Le rob todo el oro y toda la plata

Las joyas y todo el ropero

Con su espada en un bote se fue a navegar

Y rem con la espada en el mar

Con la espada a la orilla del mar



Mis hombres son tontos, o enloquecieron,

Son presa de gran desespero

Te dejaron marchar de mi velero audaz

Y remar con mi espada en el mar

Con mi espada a la orilla del mar



Tus hombres son tontos y no enloquecieron

Son presa de gran desespero

Porque los eugi como a ti tambin

Porque soy la doncella en el mar













Otra vez a la orilla del mar


Viva una doncella a la orilla del mar

Muy sola una joven doncella

Sin nada que la pueda confortar

Da paseos a la orilla del mar

La joven a orillas del mar



Cant la letra una vez y luego hizo a los presents repetirla, a mujeres las parties de la

raptada, a hombres las del capitn, como si les hiciera asumir los papeles. A la tercera se

acerc a m, esperando que yo cantara la parte en que el capitn promete riquezas a quien le

llevara la doncella. Yo permanec mudo. No estaba dispuesto a seguir ese extrao juego. Mi

silencio se extendi, pues el sistema automtico detuvo la msica al no escuchar ninguna

voz en armona.

-Vaya, pues -dijo la Sirena en tono de reproche-. El capitn de esta nave es un poco

plomo. No importa! Su segundo es fiestero, aunque parezca tmido -y se aproxim a

Conto.

En vez de compartir mi silencio, aquel a quien yo llamaba amigo comenz a cantar.

Enrojecido hasta la raz del cabello y enredando ms de lo que pronunciaba, pero cant.

Los pasajeros aplaudieron con jbilo, redoblado al escuchar la msica volver segn Conto

entraba en meloda. Y cuando termin esa cancin -al fin-, ella orden al sistema pasar a la

siguiente msica y retom la palabra con otra letra peor: una en arcaico hispnico que no

era sino una lista de insultos a un hombre que se vea ah -donde yo estaba parado, por

supuesto-. Me hart de que me llamaran falso, malo y rencoroso; fui hasta la mquina













reproductora y la apagu.

-Es que de pronto slo tienes canciones de brujas rabiosas de hace siglos? -le pregunt

irritado mientras mis ojos seguan a Conto, quien se situ junto a ella en silencio-. Creo

que no.

-Ah, qu quieres que diga. Soy la chica anacronismo -respondi ella dndole vueltas al

mando-. Adems canto lo que las circunstancias me inspiran. Pero para mostrarte que

puedo ver la situacin desde ms de un punto de vista, ahora viene otra en hispnico... una

sobre un hombre que ama a una mujer que pasa bajo su ventana cada da, cuando suenan las

campanas de la iglesia, y suea con ella, contentndose con saber que tambin pasar

maana. Como en su caso t hubieras bajado a la calle a importunarla, a lo mejor la cancin

tiene un efecto educativo.

-Vete al diablo -dije con odio, e hice un ademn que abarcaba a todos los presentes-.

Quedan con ella; si hubiera sabido que era tal clase de vbora, no hubiera disfrutado tanto

orla cantar.

-Te vas porque yo quiero que te vayas -armoniz la Sirena poniendo expresin

socarrona-; a la hora que yo quiera te detengo...

Cun bien poda expresar los tonos ms diversos, pens mientras hua por el pasillo

solitario con el sonsonete prendido a mis orejas. Burla, desprecio, imperiosidad, tal como

antes amor, esperanza, ternura. Era verdad lo que me adverta Conto: ella hara un guiapo

de cualquiera. El mismo era la prueba viviente y servil. Yo no sala mejor parado,

pretendiendo que todo iba bien mientras ella me mostraba al mundo como un tonto. Qu

juego perverso hacernos soar con ella, qu maldad hacernos sentir de esta manera con sus

canciones. Llegu a la cabina evitando a duras penas que aquella mujer me hiciera llorar

dos veces en un da. Lo primero que hice al entrar fue oprimir con ambas manos el respaldo













de un asiento, y cuando mis nudillos blancos de dolor no bastaron para disipar la ira, se me

nubl la vista, perd presa y resbal golpendome la frente con la cabecera, lo cual hizo el

milagro de despejar mi mente. No deba permitirle lograr esto de m, ni tampoco complacer

su capricho de volver a su ruinosa nave. Deba volver al plan inicial... aunque no recordara

exactamente cmo era. Y como obviamente el primer paso era mantenerla vigilada, activ

el circuit de vigilancia. Sin sonido, para evitar el efecto de su voz.

La fiesta se estaba animando. Al parecer haba puesto una pieza bailable o al menos

movida, por la forma en que todos daban palmadas y se mecan en ritmo guiados por ella.

Sobrepas la tentacin de escuchar e hice un paneo para cerciorarme de visualizar toda la

sala. Ningn rincn deba escapar a mi control. Si supieran todos, incluidos ella y Conto,

cun ridculos lucan agitando los brazos y moviendo los pies de aqu para all, o si pudiera

hacerlos verse desde mi punto de vista, como montn de marionetas silentes. Quizs

poniendo la grabacin de su espectculo en la pantalla del compartimento a la vez que

cortaba la energa de su reproductora? Tambin podra cerrar la puerta y despresurizar poco

a poco. Qu notaran primero, la falta de aire o el debilitamiento del sonido? Cmo

cantars al vaco, Sirena? Formul en la interfase el complicado protocolo para la

extraccin del aire y mov la imagen de uno a otro, imaginando sus convulsiones o muecas

mientras acariciaba el botn rojo. En ese placer, que me dur unas cuantas piezas, comenc

a notar que las caras raleaban y se haca un vaco que no era el de mis planes: cada vez

haba menos personas en la cmara. Enfoqu la puerta, y capt a una pareja marchndose.

Por supuesto. Bebida, diversion, baile, canciones de amor, y una nave que aunque pequea

estaba llena de recovecos. Alguna gente estaba teniendo suerte por los rincones de mi

"Estrelladora", y el mero pensamiento me llen de asco. Habra manchas de fluidos

corporales por todas parties, y en las zonas de pesantez nfima -que algn ingenioso













preferira-, gotitas microscpicas de aquello y sudor flotando en la atmsfera sin llegar a

los filtros. No soy ningn pazguato pero me disgusta la falta de higiene, sobre todo si no es

en mi beneficio. Una idea aun peor, no obstante, fue la causante de mi mayor alarma:

acababa de notar la ausencia tanto de Conto como de la Sirena. "El muy cabrn", pens

mientras degustaba bilis, "hipcrita y mosca muerta". Por fortune el soporte vital de la nave

tena identificados los parmetros mos y de Conto para tenernos localizables en todo

moment. Estaba en el gimnasio con alguien ms; una mujer, deca en su inocencia de

mquina el sistema vital.

Mientras peda una vista del gimnasio pens amargamente que al menos no habra un

aerosol resultante de esfuerzos sexuales: el gimnasio tena tanta gravedad como cualquier

otro sitio. Orden enfocar hacia arriba para no tropezarme de golpe con los hechos, y baj

lentamente la visual. En cierto sentido, lo que vi fue peor que lo imaginado. Ellos bailaban.

Al verlos bailando realmente lento en el gimnasio tuve la sbita corazonada de que mi

suerte se haba agotado para siempre. Ambos estaban descalzos y deban haber pateado

lejos sus zapatos, que no estaban a la vista. La nocin de sus pies desnudos rozndose

mientras casi flotaban me hizo sentir una tristeza insondable. Baj la vista. Segu

escuchando, no obstante, y al hacerlo las imgenes inundaban mi mente. No entenda la

letra, porque adems de estar en lengua arcaica, ella prcticamente la murmuraba al odo de

l; slo capt las palabras "chocolate", amorr" y "helado". Era indudablemente tierna. Y la

meloda era redonda, de retorno y vueltas como las que ellos daban, haciendo espirales con

los pies a milmetros sobre el suelo. Un vals, el baile de las parejas, si algo saba yo de esas

cosas.

Sal de la cabina y fui corriendo como loco hacia el gimnasio. Quedaba por debajo de la

cabina. Al ir por el pozo de acceso me tir con fuerza, agarrndome a los tubos de descenso













para impulsarme hacia abajo, ganando rabia con el dolor en los pies al aterrizar en cada

etapa. Tambin me haca dao en las manos, y me lo mereca, por tonto, por confiado, por

iluso, por bien intencionado y magnnimo. Estaba posedo por una buena just ira cuando

empuj a un lado la puerta del gimnasio, que no se abri lo suficientemente rpido como

para acompaar mi estado de nimo.

La gravedad, pobre incluso en un local favorecido por la topologa gravitatoria de la nave,

les permita volar en sus evoluciones, y eso estaban haciendo cuando los vi. Daban vueltas

abrazados en el aire, y era casi cmico verlos esforzarse por mantener la vista sobre m

mientras los giros les daban una perspective de carrusel. Fue Conto quien hizo el esfuerzo

por frenar en cuanto sus pies tocaron el suelo de nuevo; ella incluso trat de seguir la

inercia. Fue tambin l quien se separ, y el primero en confrontarme apenas el mareo se lo

permiti.

-Supongo que esta es la parte sorpresa de la fiesta -gru mientras entraba-. Tan

sorpresa que es a espaldas del capitn, eh, Conto?

Mi segundo al mando no dijo nada; slo se retorci las manos.

La Sirena, por su parte, vino hacia m en direccin a la puerta -Creo que mejor me voy -

dijo al cruzarse conmigo-. Ustedes estn a punto de tener una de esas conversaciones

masculinas y no quisiera estropearla.

-Si queras que me arrepintiera de traerte -le dije sin importarme que slo me

respondiera el contoneo de su espalda-, lo lograste, desgraciada. Me arrepiento de

haberte escuchado alguna vez! Llevas bien puesto el nombre!

Conto no tena la frente alta. Cmo hubiera podido?

-Por eso no hiciste resistencia a que la trajera -le espet a Conto-. T tambin la

queras.













-No te entiendo -me respondi l.

Estaba habituado a sus evasivas; pero no a que me las dijera sin mirarme a la cara.

-Oh, lo sabes muy bien, seor bailarn de vals.

Conto enrojeci. -No saba bailar, y ella se ofreci a ensearme.

-Se supona que ni querras estar cerca de ella. Que le tenas miedo. Yo no vi ningn

miedo y s much cercana.

-Para, por favor. Fue idea de ella.

Me re estentreamente, como un mal comediante de sus propios chistes. -Te oblig? -

me acerqu hasta escupirle el rostro-. Te amenaz con dejar de cantarte al odo?

-Tena que poner la msica de algn modo -Conto se encogi de hombros e hizo el

intent de pasar por mi lado; yo me puse en su camino.

-Pues yo la traje! -grit dndome un golpe el pecho-. Y la nave con todo adentro es

ma. Por tanto, ella es ma!

-No seas estpido, ninguna mujer es de nadie -Conto adelant las manos para hacerme a

un lado, y yo reaccion empujndolo y dando unos pasos atrs, como buscando espacio

para pelear.

-Qu dijiste? -lo ret-. Qu sabes t de mujeres? Y quin eres t para decirme

estpido? Cuando te recog eras un desempleado, un bicho raro.

-Todo eso y ms -Conto apret los puos-; pero sin m no hubieras ido a ninguna

parte... fango.

La palabra con que los hombres del espacio se burlaban de los planetarios nunca haba

sonado tan ofensiva como en labios de Conto.

-Me parece que hay una sola manera de arreglar esto -dije-. Ven donde hay ms

comodidad.













-Muy bien -dijo Conto, siguindome a la misma rea donde l y ella haban bailado.

Nos atacamos sin mediar aviso. Ambos queramos ventaja y no limpieza, quizs por

adivinar que sera una pelea bastante pareja. Yo, criado en un planet, era ms slido, pero

Conto saba cmo mover el cuerpo en gravedad reducida y parado en botas adhesivas.

Aunque l golpeaba ms seguido y recobraba ms rpido la vertical, mis puetazos, cuando

daban, triplicaban los suyos. No obstante, al cabo del rato mis esfuerzos por enderezarme

tras cada fallo empezaron a cansarme y el agotamiento me hizo an ms torpe y lento. En

cambio, Conto poda erguirse con gracia despus de mis impacts, balancendose atrs y

adelante con los pies pegados al piso como un juguete de equilibrio. Mi orgullo qued

salvado por el hecho de que no me noqueara l, sino la esquina de un extensor con la cual

choqu por no detener mi giro a tiempo, tras un derechazo bien colocado en la barbilla de

mi socio. Debo haber lucido como un pelele, ondeando inconsciente.



Me alert la sensacin de alguien registrando mis bolsillos. Al abrir los ojos, era la Sirena.

Su rostro estaba ms cerca que nunca. Sent su aliento tibio, su aroma, y si no lo so, sus

cabellos rozando mi frente por un segundo. Fueron unos instantes, porque cuando not mi

mirada dio un paso atrs y me apunt al pecho con la pistola de polvo.

-No... -susurr.

Ella dispar.

El impact fue como siempre lo imagine, parecido a los puados de arena que de nio me

arrojaban en las playas de mi planet. El shock electrosttico, jams podr describirlo

apropiadamente.

Mientras me sacuda como pez vi cmo ella examinaba su botn. Tena en la mano mi

tarjeta general, que daba algunas atribuciones menores en la nave, como abrir compuertas,













acceso a las antenas, a monitors de vigilancia y cosas as. No pareca comprender bien

cmo operarla, pero no sera nada del otro mundo que aprendiera sobre la march. Me

alarm sobremanera, tanto cuanto poda hacerlo entire un retortijn y el subsiguiente

ramalazo de dolor, y dese que Conto no estuviera noqueado aun y pudiera hacer algo, o

quisiera. Entonces, cuando mi cuerpo se relaj y slo qued sufriendo debilidad extrema, la

vi voltear el rostro a la derecha, alzando de nuevo la pistola, y disparar. Perd las

esperanzas.

La Sirena se march framente, sin siquiera una mirada de despedida. Su trabajo estaba

hecho, pens mientras intentaba luchar contra la propensin de mis miembros a seguir

arquendose en direcciones imposibles. Conto y yo estbamos tirados en el aire, chocando

entire nosotros y con la maquinaria de ejercicios como contrabando mal estibado, despus

de habernos peleado, ofendido, odiado y traicionado. Ya haba hecho un trapo de piso con

nosotros, ahora poda hacerle dao a la "Estrelladora"; ese pensamiento me hizo buscar mis

ltimas reserves de energa. No fueron suficientes.

Conto s logr ponerse en pie, no s si porque ella le haba apuntado a un rea del cuerpo

menos limitante o porque el temor por la nave era una motivacin much ms fuerte en l.

De todas maneras, al caminar pareca un mueco maltratado por una nia malvada, y usaba

ms las manos que los pies para equilibrarse o avanzar. Difcilmente podra hacer algo,

sobre todo porque la Sirena le llevaba algunos minutes de ventaja, suficientes para

parapetarse en la cabina o marcharse a su nave sembradora.

Que habra sido, me lo estuve preguntando por un rato ms; el esfuerzo infructuoso haba

retrasado mi recuperacin. Cuando finalmente pude repetir la pantomima de Conto -y rec

porque ella no me estuviera viendo en cmara-, opt por la cabina. Tuve la desgracia de

tropezarme por el camino con una escena entire dos que haban decidido usar las literas, en













vista de la vaciedad de los pasillos. Me ignoraron, y yo segu como caracol desconchado

hasta la cabina.

Conto estaba sentado ante el monitor de vision externa. Se vea la enorme nave sembradora

de la Sirena, y junto a ella un nfimo puntito.

-Pronto... -jade a sus espaldas-. Control el mdulo y trela de vuelta.

-No es el mdulo de transferencia -dijo Conto.

-Cmo que no es el mdulo? -y me acerqu a mirar mientras la comprensin erizaba

mis cabellos. El cuerpo de Conto me haba cubierto una esquina de la pantalla donde se

vea un agrandamiento del punto. Era la lanzadera del fundador de Cieloverde.

-Cmo supo? -dije incrdulo.

-Le propuse irnos a vivir a un lugar solitario con un dinero que ganara -explic Conto

mesndose los cabellos-. Tuve que contarle cmo esperaba ganar ese dinero.

El puntito se fundi con la sembradora. Minutos ms tarde, las lectures expuestas en la

pantalla nos avisaron que la otra nave estaba calentando motors. Haba un buen nmero de

cosas que podamos hacer para impedirle entrar en trnsito, como acercarnos y activar

nuestro motor cerca de ella, o disparar una mina de frenado por isocroma just ante su

proa. Aun podamos dominarla, sobre todo si Conto, en vista de los hechos, escapaba a su

hechizo y me apoyaba.

-Djala ir -dijo mi amigo como si me hubiera escuchado pensar-. Nunca debimos

haberla molestado.

Vencido, observ junto a Conto cmo la nave sembradora se alejaba de nosotros a lo largo

del Ferente. Triste irona final, en ese moment tuve la dolorosa necesidad de escuchar una

cancin que pusiera palabras a mis emociones. Y para eso, nadie mejor que la Sirena.

Conto sentira lo mismo.













Ella poda abandonarnos, pero nosotros a ella no.


Juan Pablo Noroa Lamas (1973): Graduado de Letras en la Universidad de la

Habana. ha sido incluido en la antologa Reino Eterno, Letras cubanas 1999. es

colaborador del fanzine de Literatura fantstica MiNatura y la revista digital Axxn.

Recientemente fue antologador de Secretos del Futuro, Sed de Belleza 2006.

La mayor parte de su obra se encuentra indita.


Al INDICE














5. APCRIFOS: NECROBIAS: PRLOGO*


Por Stanislaw Lem.



CEZARY STRZYBISZ
NECROBIAS
139 reproducciones
Prlogo de
Stanislaw Estel
Editorial ZODIAK
Prlogo

No hace muchos aos, los pintores y escultores se aferraron a la muerte como a una tabla de
salvacin. Provistos de atlas anatmicos e histricos, empezaron a destripar a los desnudos
y revolver en las panzas, sacando a sus telas la maltrecha fealdad de nuestras vergonzosas
interioridades, recubiertas normalmente, y con cunto acierto, por la piel. No obstante, los
conciertos que la podredumbre revestida de todos los colors del arco iris, empez a dar en
las salas de exposiciones, no fueron una revelacin. La cosa hubiera sido obscena si alguno
de los espectadores se hubiese sentido afectado, u horrenda si alguien hubiese temblado;
pero qu le vamos a hacer?: ni siquiera nuestras tas se indignaron. Midas converta en oro
todo lo que tocaba, y la plstica actual, bajo la maldicin de un- signo contrario, liquid con
un toque de pincel toda la seriedad de lascosas. Como quien se ahoga, quiere asirse a lo que
pueda, y se hunde junto con lo asido... ante la desengaada pasividad de los espectadores.

Quiere apoderarse de todo. Incluso de la muerte? Por qu no nos escandaliza su
antimajestad? No nos hubiera debido hacer reflexionar (por lo menos) el horror de esas
lminas embadurnadas de rojo sangre, cual ampliadas ilustraciones de un manual de
medicine forense?

Pero ni siquiera ese poder tenan..., porque eran demasiado forzadas. La misma idea era ya
infantil: asustar a los adultos... Eso no poda tener seriedad! En vez de un memento mori,
recibimos unos cadveres cuidadosamente descompuestos; el secret de las tumbas,
expuesto a la luz del da con demasiada insistencia, tema el aspect de una cloaca viscosa.
La muerte as mostrada no nos dice nada, porque es demasiado ostentosa. Unos pobres
pintores a quienes no bastaba ya la naturaleza, emprendieron la escalada del Gran Guiol, y
el tiro les sali por la culata.

Pero, despus de un descrdito semejante, despus del chasco recibido de la muerte, qu
hizo Strzybisz?, cmo logr rehabilitarla? Qu son, en realidad, sus "necrobias"? En todo
caso, no son pintura. Strzybisz no pinta, y al parecer nunca tuvo un pincel en la mano.
Tampoco son grabados, porque l no dibuja ni graba en ninguna material, no esculpe.













Strzybisz es fotgrafo. Hay que decir que es un fotgrafo singular, puesto que, en lugar de
la luz, usa los rayos de Roentgen.

Este anatomista atraviesa el cuerpo de lado a lado con su ojo prolongado por los hocicos de
los aparatos radiogrficos. As y todo, no cabe duda de que unas pelculas en blanco y
negro, vistas en todos los consultorios mdicos, nos dejaran indiferentes. Por eso, l
vivific sus desnudos. Por eso sus esqueletos andan con paso tan elstico y decidido en sus
gabardinas-mortaja, con espectros de carteras en la mano; bastante malicioso y
extravagant, hay que reconocerlo, pero nada ms. Sin embargo, esas instantneas eran
solamente unas pruebas, unos experiments, no haba aprendido todava. El revuelo surgi
slo cuando Strzybisz se atrevi a una cosa horrenda (aunque ya no deba haber cosas
horrendas): pasar por rayos X, y as nos lo mostr nuestro sexo.

Ese ciclo de trabajos de Strzybisz se abre con sus "Pornogramas", muy humorsticos, pero
de un humor bastante cruel. Strzybisz enfoc las lentes de sus objetivos sobre la sexualidad
ms desenfrenada descarada e insolente: la del grupo human. Los crticos dijeron que
quera burlarse de la pornomana, que le haba dado una leccin capital llevndola hasta el
mismo hueso, que su intencin haba tenido xito, puesto que aquellos huesos, imbricados
unos en otros, dispuestos en unos rompecabezas geomtricos y que parecen, a primera
vista, mezclados inocentemente, se transforman ante los ojos del espectador, repentina y
singularmente, en un modern Totentanz, en una cpula de esqueletos saltarines. Se
coment que Strzybisz buscaba ultrajar y ridiculizar el sexo y que haba conseguido su
propsito.

Es cierto eso? Por supuesto, pero... podemos ver en las "necrobias" algo ms todava.
Una caricature? S, pero no slo esto, porque hay en los "Pornogramas". una cierta
seriedad implcita. En primer lugar, Strzybisz "dice la verdad" y slo la verdad, verdad que
hoy da, si no sufre una deformacin artstica-, pasa por una simpleza; en realidad
Strzybisz no es ms que un testigo, una mirada penetrante pero no transformadora. No hay
modo de defendernos de ese testimonio ni rechazarlo a ttulo de ficcin de truco, de
pequeo juego premeditado, porque l tiene razn. Una caricature? Una malignidad? Si
esos esqueletos son casi estticos en su dibujo abstract! Strzybisz actu sabiamente al
descubrir los huesos, al despojarlos de su cobertura de carne, los liber, buscando
honradamente su propio sentido, que ya no se refiere a nosotros. Al buscar su propia
geometra, los hizo soberanos.

Aquellos esqueletos viven-si as puede decirse- a su manera. El les otorg la libertad
evaporando

sus cuerpos, o sea a travs de la muerte, aunque precisamente los cuerpos desempean un
papel important, a pesar de no ser inmediatamente perceptible, en las necrobias.

No podemos entrar aqu en los detalles de la tcnica radiolgica; sin embargo, es
imprescindible una breve explicacin. Si Strzybisz se hubiera servido de rayos X cortos, en
sus fotos apareceran solamente los huesos, en forma de unos trazos claramente dibujados y
segmentados por las hendiduras; ms oscuras, de las articulaciones. En tal caso, se
obtendra una abstraccin osteolgica demasiado ceida. Mas l nunca procede as: en sus
fotografas aparecen, penetrados por los rayos largos, los cuerpos humans levemente













insinuados, esfumados como cmulos de luz lctea, lo cual aporta el efecto adecuado. La
apariencia y la realidad confunden ah sus fronteras. Strzybisz acierta a mostrar, y lo hace
como sin proponrselo, como por casualidad, el medieval Totentanz holbeiniano que
permanece dentro de nosotros intacto, idntico, no afectado por el tumulto de nuestra
civilizacin relumbrante: la comunin de la muerte con la vida. Encontramos en su obra el
mismo desenfado saltarn, el vigor jovial y la frivolidad apasionada que Holbein haba dado
a sus esqueletos. SlO que nuestro artist contemporneo les confiere una gama de
significados ms amplia, ya que aplica la ms nueva de las tcnicas a la funcin ms
antigua de los organismos. Strzybisz nos propone la imagen verdadera de la muerte en
medio de la vida, y la mecnica (puesta de manifiesto hasta la recndita trama de los
huesos) de la multiplicacin del gnero human, a la que asisten los plidos espectros de
los cuerpos.

De acuerdo -dicen algunos- admitamos que sea esa la filosofa que se desprende de la
obra; pero

acaso el artist no ha "rizado el rizo" haciendo popular a los cadveres? No se ha acogido
al tema de moda para conseguir efectos sensacionalistas? No sera eso un procedimiento
vulgar? Y si los "Pornogramas". fueran, sencillamente, el truco de un listo? Hubo incluso
quien no vacil en tacharle

de timador. Prefiero no disparar contra esa clase de juicios los caones de una retrica de
calibre pesado. En vez de esto, les propongo que miren con detenimiento el pornograma 22,
titulado "Triolistas".

Es una escena de una indecencia muy especial. Si la comparamos con una foto normal de
las mismas personas, es decir, con un product de la pornografa commercial, veremos al
instant cun inocente result esta ltima al lado de un roentgenograma.

Y es que la pornografa no es directamente lasciva: excita tan slo mientras en el
espectador perdura todava la lucha de la libido con el ngel de la cultural. Cuando a este
ngel se lo llevan los demonios, cuando a causa de la tolerancia general se manifiesta la
debilidad de la prohibicin sexual y su total ineficacia, cuando los tabes se van al cubo de
basura, con que rapidez muestra entonces la pornografa su carcter inocente o, en el caso
de que tratamos, vano. Y digo vano porque promete un paraso de la carne, anuncia lo que
en realidad no cumple. Es un fruto prohibido: la fuerza de su tentacin es igual a la fuerza
de la prohibicin.

As pues, cuando nuestra vista, una vez acostumbrada, se vuelve ms fria y slo capta a
unas personas en cueros, muy forzadas, muy aplicadas a obededecer las rdenes del
fotgrafo, qu pobre result el espectculo!. En el que lo mira no provoca sonrojo, sino un
sentimiento de la solidaridad humana zaherida, ya que esa gente en cueros se manosea con
tanto ahnco, que nos hacen pensar en

unos nios obstinados en hacer una cosa horrible ,monstruosa, para que a los adults se les
pongan los pelos de punta; pero en realidad no lo consiguen, simplemente no dan para
tanto, y su inventive, exasperada ya tan slo por la furia que les despista su impotencia, no
se dirige hacia el Pecado y la Cada, sino hacia una tonta y lamentable hartadura. De modo
que en los esforzados trabajos de aquellos grandes mamferos desnudos se esconde un













infantilismo obtuso; no hay en ello ni infierno ni paraso, sino una esfera tibia: el
aburrimiento, las amarguras de una labor mal pagada...

En Strzybisz, en cambio, el sexo es rapaz, terrorfico y ridculo como en los viejos cuadros
de flamencos e italianos esas cadas de los condenados en el abismo. Aboliendo el Ms All
nos es possible sentirnos distanciados de los pecadores que se precipitan hacia el Juicio
Supremo dando volteretas; pero qu clase de defense tenemos contra un roentngrama?
Son trgicamente cmicos esos esqueletos, a los que el cuerpo impide juntarse. Que no
son ms que osamentas? No, no es as: precisamente vemos en ellos unos series unidos en
un abrazo encarnizado y torpe. La cosa seria simplemente lamentable si no fuese tan
cruelmente cmica. De dnde procede la comicidad? De nosotros mismos, ya que
reconocemos la verdad. La razn de esas unions desaparece junto con la corporeidad; los
abrazos son estriles y abstractos, aunque terriblemente concretos, faltos de esperanza
como llamas heladas y blancas.

Hay ah, adems, una especie de santidad (o bien una burla de ella, o una alusin), no
aadida artificialmente ni trucada y bien visible: un halo rodea cada cabeza. Es el pelo,
convertido en una plida aureola redonda, brillante como en las imgenes sagradas. Por otra
parte, s muy bien lo difcil que es la tarea de desembrollar y designer los impulsos que
componen el conjunto de impresiones del espectador. Para unos, la obra de Strzybisz es,
literalmente, Holbein redivivus; en efecto, es muy singular ese retorno, por la va de la
radiacin electromagntica, al mundo de los esqueletos: es como si volviramos al medievo
oculto dentro de nosotros. A otros les chocan los cuerpos convertidos en fantasmas
impotentes, obligados a asistir a los difciles ejercicios del sexo invisible. Hay tambin
quien compare a los esqueletos con instruments sacados de sus estuches para la
celebracin de una iniciacin misteriosa, y habla de la "matemtica", de la "geometra. de
aquella sexualidad.

Todo esto es muy possible, pero la tristeza que inspira el arte de Strzybisz no procede de la
especulacin. La Simblica, alimentada por los siglos y durante siglos transmitida, ha
continuado vegetando en nosotros aunque hayamos renegado de ella y, como vemos, no ha
sido destruida. La hemos transformado en sealizaciones (calaveras en los postes de alta
tension y en los frascos de veneno en las farmacias), y en material escolar para ciencias
naturales (esqueletos articulados con alambre fino de las aulas). La hemos condenado a
xodo, la expulsamos de la vida, pero no nos liberamos de ella por entero. As pues, nuestra
mente, incapaz de distinguir lo que constitute en el esqueleto su ms proba materialidad,
igual a la esencia de un tronco de rbol o de una viga incapaz de ver lo que expresa en l el
silencio del destino, o sea el smbolo, cae en una perplejidad peculiar de la cual huye
buscando la salvacin en la risa. Sabemos, sin embargo, que es una alegra un tanto
forzada, que nos refugiamos en ella para no entregarnos demasiado a Strzybisz.

La ertica, interpretada como la vanidad sin esperanza de toda intencin, y el sexo como
ejercicios de geometra del espacio, son los dos extremos de los "Pornogramas". Por lo
dems, no estoy de acuerdo con quienes afirman que el arte de Strzybisz empieza y terminal
con los "Pornogramas". Si tuviera que decir cul de sus desnudos me parece ms notable,
sealara sin vacilar La Embarazada (pg. 128), una future madre con su criatura encerrada
en el seno. Esos dos esqueletos, uno dentro del otro, constituyen una imagen bastante cruel
y muy ceida a la verdad. El vientre voluminoso de la madre, enmarcado por las dos alas













blancas de la pelvis (la radiografa muestra el destino del sexo ms rotundamente que el
desnudo conventional), cobija a un esqueletito much ms frgil y transparent, porque
ms tierno, vuelto cabeza abajo y protegido por esas alas, ya entreabiertas para el parto.
Qu mal described la escena estas palabras, y en qu imagen de dignidad y pureza se
funden los claroscuros del roentgenograma! Una mujer encinta en la plenitud de su vida (y
de su muerte) y un feto todava no nacido que empieza a morir ya desde su concepcin.
Hay en ese cuadro un reto tranquilo, una afirmacin determinada.

Qu pasar dentro de un ao? Las Necrobias caern en el olvido, se impondrn nuevas
tcnicas y modas (pobre Strzybisz, cuntos imitadores tiene ya ahora, desde que ha
alcanzado el xito!). No es

cierto esto? S, no cabe duda, pero no se puede evitar. Sea como fuere, y aunque esta
velocidad de los cambios nos ahogue y nos condene a continues renuncias y separaciones,
en el moment actual, Strzybisz nos ha hecho un don generoso. El artist no se precipit al
fondo de la material, no intent

penetrar en los tejidos de los musgos y de los licopodios, no se inmiscuy en el exotismo de
escudriar las perfecciones intiles de la naturaleza, en esas investigaciones que la ciencia
habia inoculado al arte, sino que nos gui hacia los confines de nuestros cuerpos tal como
son, sin exageraciones ni cambios, nuestros cuerpos reales. Actuando as, cre puentes
entire la actualidad y lo future y devolvi la vida a la seriedad, olvidada ya por el arte. Y no
es culpa suya el que esa resurreccin slo pueda durar unos moments.


*Nota de Letras Perdidas: La obra "Necrobias", no existe,
por lo que la editorial, el prlogo y los autores consignados son ficticios.


Stanislaw Lem (1921-2006): Naci en 1921 en Lvov, ciudad de Ucrania que hasta 1939
perteneci a Polonia. Hijo nico. Comenz sus studios de medicine en 1939, que quedaron
interrumpidos durante la ocupacin nazi. Durante la guerra fue miembro de la resistencia.
Su familiar, catlica pero de ascendencia juda, se salvar del Holocausto en parte por
suerte. Con el inicio de la gran guerra empieza a trabajar de soldador y mecnico, desde
donde realizaba algunas acciones de sabotaje. Sobre esto, l mismo argumentaba que su
cualidad de soldador era ms bien psima, por lo cual no le supona realmente ningn
esfuerzo el sabotaje. Adems colabora con trfico de armas y municiones para la resistencia
polaca. Durante 1942 se salva su familiar de las cmaras de gas de Belzec, gracias a
documentacin falsa y por huir just a tiempo del ghetto de la ciudad. Dos aos despus, el
ejrcito de la URSS toma la ciudad y Stanislaw es "repatriado" en 1946 a Cracovia
retomando sus studios de medicine en la especialidad de Psicologa. Ese mismo ao
public su primera obra, Hombre de Marte en una revista juvenile.













En 1948 abandon la carrera de Medicina por sus discrepancies ideolgicas, adems de
tambin evitar la orden para los mdicos de la incorporacin a filas, como mdico military.
A pesar de ser socialist, disenta de las ideas de Trofim Lysenko, favorecidas por el dogma
official, acerca de la herederabilidad de los rasgos adquiridos. Slo recibi un certificado de
finalizacin de studios.
En 1951 public su primera novela; LOS ASTRONAUTAS, principalmente utpica, lo que
contribuy a que pasase la censura sin muchos problems. Sobre esta poca la Ciberntica,
una de las pasiones de Lem es prohibida en todo el bloque socialist por ser considerada
una mala influencia del capitalism.
En 1957 public DIARIOS DE LAS ESTRELLAS. En 1959 se public EDN. Es sta la
primera novela, en retrospective, con la que Lem estaba complacido (o al menos "no estaba
avergonzado").
En 1961 public SOLARIS. Que Andrei Tarkovsky convirti en pelcula, siendo
galardonada con el Premio Especial de Jurado en el Festival de Cannes de 1972.
En 1964 public EL INVENCIBLE, en 1965 CIBERIADA: FBULAS PARA UNA ERA
CIBERNETICA, en 1968 LA VOZ DE SU AMO, RELATOS DEL PILOTO PRIX, en
1971 dos ttulos ven la luz: UN VACO PERFECT y CONGRESS DE FUTUROLOGA.
En 1973 describe UN VALOR IMAGINARIO, una coleccin de prlogos de libros no
escritos, mezcla entire experiment y stira.
En 1976 se public LA INVESTIGACIN, y LA FIEBRE DEL HENO, en 1979
MEMORIES ENCONTRADAS EN UNA BANERA, y en 1986 public UN MINUTO
HUMANO, revision de tres libros que no existen. Tambin public FIASCO, novela seria
en la que retorna al problema del contact con inteligencias extraterrestres. Quizs la ms
madura de todas sus novelas.
Lem fue miembro honorario de la SFWA (escritores norteamericanos de ciencia ficcin y
fantasa) en 1973, pero fue expulsado en 1976 tras describir que la ciencia-ficcin
estadounidense era de baja calidad literaria y estaba ms interesada en aventuras que en
desarrollar nuevas ideas o formas literarias.
En 1977 fue reconocido como ciudadano honorario de Cracovia.
Con el colapso del comunismo en 1989, abandon en cierto modo la ciencia ficcin y se
dedica a escribir informes de anlisis para algunos gobiernos y organizaciones sobre el













future ms cercano. Sus ltimos aos fue miembro fundador de la Sociedad Polaca de
Astronutica. Desde 1973 hasta sus ltimos aos ense literature polaca en la Universidad
de Cracovia.
Falleci el 27 de marzo de 2006 en Cracovia a los 84 aos de edad, despus de una larga
enfermedad coronaria.
AL INDICE














6. LAS COSAS QUE VENDRAN (...y que pasan)


El Grupo de Creacin Artstica ESPIRAL del Gnero Fantstico
y el Centro de formacin literaria Onelio Jorge Cardoso
convocan al

IV ENCUENTRO TERICO DEL GNERO FANTSTICO
ANSIBLE 200oo7

Conmemorando el centenario del natalicio de Robert Heinlein
y los 30 aos de la desaparicin fsica de Oscar Hurtado

Por cuarto ao consecutive el ANSIBLE, un encuentro abierto y de
participacin gratuita, convoca a crticos, escritores, investigadores,
artists, promotores y aficionados cubanos a las ms amplias
manifestaciones del arte y la literature del gnero fantstico para
intercambiar opinions y conocimientos sobre el estado del arte del gnero
en Cuba y el mundo, los das 25 y 26 de Mayo, de 10:00AM a 5:00PM, en
la sede habitual del Centro Onelio.




Los temas centrales de este VI Encuentro girarn en torno a:
+: Espacios alternatives de difusin del arte y la literature
fantstica. (clubes, e-zines, fanzines)
+: La literature fantstica femenina en Cuba
+: Literature fantstica para nios y adolescents
+: Espacios editoriales y espacios narrativos del fantstico
en Cuba
+: Las tendencies nacionales en la literature del gnero.




Las formas de participacin sern las ya habituales:
+: Encuentro terico: conferencias, panels y carteles
+: IV Concurso de Creacin Literaria ARENA 2007
+: Muestra Cinematogrfica del gnero Fantstico.
+: Lanzamiento de libros y publicaciones afines.
.: Homenajes a creadores.


Los interesados en participar en el Evento terico con ponencias, posters o panels deben
contactar al COMIT ORGANIZADOR antes del 30 de abril de 2007 a travs del telfono:
206-5366/67 ext 107
E-mails: espiralk¢ro-onelio.cult.cu y espiralqrupo(&yahoo.es


















E El Grupo de Creacin Artstica ESPIRAL del Gnero
2 0 0 7 Fantstico y el Centro de formacin literaria Onelio
Jorge Cardoso convocan al
CONCURSO DE CREACIN LITERARIA IV Concurso de Creacin Literaria del Gnero
DEL GNERO FANTSTICO Fantstico ARENA 2007.

1. Podrn concursar todos l@s escritor@s interesad@s, sin lmite de edad, residents en
Cuba y que no posean libros publicados dentro del gnero.
2. Se convoca en la modalidad de Cuento corto de hasta 5 cuartillas a 1,5 espacios en
format carta (81/2 x 11 pulg.), tipografa Time New Roman o Arial, puntaje 12. Las obras se
entregarn en original y dos copias.
3. Las obras, escritas en castellano, reflejarn temticas del gnero fantstico (ciencia
ficcin, fantasa, cuento fantstico, terror fantstico y absurdo) y no deben haber sido publicadas
con anterioridad (impresa o digitalmente). Podrn concursar hasta tres obras por autor.
4. Las obras debern entregarse en sobre cerrado identificado con el nombre del concurso
y el seudnimo del autor e ir acompaadas, en sobre aparte con igual identificacin, de los datos
generals del autor: nombre y apellidos, edad, direccin particular, telfono, e-mail (si posee).
5. Las obras se entregarn o enviarn por correo postal a la direccin : Concurso ARENA
2007 -Centro de formacin literaria Onelio Jorge Cardoso
Ave. 5ta. No 2002 esq. a 20, Miramar, Playa, Ciudad Habana, CP 11300
6. Se otorgar un Premio nico consistent en 500,00 pesos MN y diploma, as como libros
y otras sorpresas relacionadas con el gnero; y dos Menciones de igual categora. El jurado
estar integrado por reconocidos investigadores y escritores del gnero.
7. El veredicto del jurado ser inapelable y se dar a conocer en la sesin de clausura del
IV Encuentro Terico del Gnero Fantstico ANSIBLE 2007.
8. Las obras participants no se devolvern.
9. No se aceptar la participacin por correo electrnico.
10. La participacin en el concurso supone la total aceptacin de sus bases.
11. El plazo de admisin vence el 15 de mayo del 2007. El matasellos de correo dar fe de
la fecha de envo.


Centro de formacin literaria Onelio Jorge Cardoso
Ave. 5ta. No 2002 esq. a 20, Miramar, Playa, Ciudad de La Habana

Telfonos: 206-5366/67


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7. COMO CONTACTARNOS?


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aceptamos cualquier colaboracin seria y desinteresada. Traten de ponerla en el
cuerpo del mensaje.


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con la palabra "BOLETIN" en el asunto.


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con la frase en el asunto "Numeros anteriores" y el nmero del correo atrasado que
deseas entire parntesis a continuacin. Si los quieres todos escribir a continuacin "todos".


Eiemplos: Con el asunto "Numeros anteriores (2)(5)(20)" obtendras los nmeros 2,
5 y 20 del Disparo en Red. Con el asunto "Numeros anteriores todos" obtendras todos los
nmeros del Disparo en Red existentes.


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