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 La frase de hoy: Bruce Stirling...
 Artículo: Temblar es un placer,...
 Cuento clásico: Armagedon, Fredric...
 Cuento made in Cuba: Lo que J....
 ¿Cómo contactarnos?


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Disparo en Red
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 Material Information
Title: Disparo en Red
Physical Description: Serial
Language: Spanish
Publisher: Disparo en Red
Place of Publication: Havana, Cuba
Creation Date: February 2007
 Subjects
Genre: serial   ( sobekcm )
 Record Information
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
System ID: UF00103496:00029

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Table of Contents
    Cover
        Page 1
        Page 2
    Table of Contents
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    La frase de hoy: Bruce Stirling y Wiliam Gibson
        Page 4
    Artículo: Temblar es un placer, Juan Pablo Noroña
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        Page 12
    Cuento clásico: Armagedon, Fredric Brown
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        Page 18
    Cuento made in Cuba: Lo que J. vio desde la cruz, Victor Hugo Pérez Gallo
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    ¿Cómo contactarnos?
        Page 25
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HOY: 21 de FEBRERO del 2007


DISPARO EN TRED)

ti ^' 1 '


NO.30


r.., .


DISPARO EN RED: Boletn electrnico de ciencia-ficcin y fantasa.
De frecuencia mensual y totalmente gratis.
Para descargar disparos anteriores:
http://www.esquinal3.co.nr
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El sitio web del Fantstico Cubano


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Editores:


SDarthmota.




SJartower.


Colaboradores:
Taller de Creacin ESPIRAL de ciencia ficcin y fantasa.
espiral@(centro-onelio. cult. cu espiralgrupo(v@ahoo. es


Anabel Enrquez Pieiro
Juan Pablo Noroa
Vctor Hugo Prez Gallo


Istvn Bent
Coghan


Yoss
Ral Aguiar


Portada: Infantera del imperio galctico.
Universo: Star Wars.



























0. CONTENIDOS:



1. La frase de hoy: Bruce Stirling y Wiliam Gibson

2. Artculo: Temblar es un placer, Juan Pablo Noroa.

3. Cuento clsico: Armagedon, Fredric Brown.

4. Cuento made in Cuba: Lo que J. vio desde la cruz, Victor Hugo Prez Gallo.

5. Cmo contactarnos?















1. LA FRASE DE HOY:

"No es una historic que les cuente a muchos. Las Mquinas del Gobierno tienen una larga
memorial "

El Ingenio Diferencial
Bruce Stirling y Wiliam Gibson




Al INDICE















ARTICULO: TEMBLAR ES UN PLACER
Por Juan Pablo Noroa Lamas




Hiena #1: /morbosa/ -Dmelo otra vez.
Hiena #2: /socarrona/ -Mufasa...
Hiena #1: -iUuuuuyyy!-/se estremece/
-Dmelo otra vez, por favor.


Cmo se define al gnero del terror? Terror u horror, como tambin se le dice.
Qu hace a un relato de terror? Qu tienen derecho a esperar un editor que pide un relato
de terror y un lector que lo compra? A efectos prcticos, se impone usar, al menos en
privado, cierta regulacin sencilla, para poner un orden, quizs no verdadero pero al menos
convenient.
Quizs lo que buscamos tenga que ver, por supuesto, con la emocin o reaccin
conocida precisamente como terror.
El terror real en s no es nada placentero; pregntele a los sobrevivientes de un
bombardeo o a los pacientes de la sala de quemados. No obstante, es obvio que en
condiciones controladas temblar es un placer. No quisiera ni podra entrar en detalles
neurofisiolgicos, pero es as. No vemos a nadie salir corriendo de las salas de cine donde
ponen "Van Helsing", pegando gritos de espanto y con olor a paales sucios, ni tampoco
vemos a nadie apartando de s "Crnicas del Vampiro" o "Spawn", mientras hace el signo
de la cruz y musita: "que se lo lea un tigre". Todo lo contrario; las personas entran a la
siguiente tanda o corren adelante y atrs la cinta o las pginas para repetir o adelantar con
fruicin las parties ms sabrosas. Parecen disfrutarlo. Debe ser porque el pretendido terror
real o fsico en el terror es instrumental, un desencadenante ficticio y atenuado de morbo o
catarsis, y de esta forma s pudiera estar present en la experiencia de la recepcin de un
relato. Sin embargo, en trminos de clasificacin literaria -o de otro gnero de creacin-,
tampoco basta. Esto se entiende de una forma muy sencilla en el hecho de que hay relatos
reconocidamente adjudicados al terror que dejan por absolute fros a muchsimos lectores;













si del efecto en esos lectores dependiera, no seran del gnero. En mi opinion, "relatos que
asustan a alguna gente tan poquito que en realidad es agradable", es deficiente; una buena
definicin de algo debe contener slo elements internos de ese algo.
Apartndonos de ese callejn sin salida, debemos decir que para ser justos, en
realidad un autor de terror no crea para todo el mundo; ningn autor lo hace. Tampoco
espera provocar relajacin de esfnteres uretrales y/o rectales, apertura orbicular mxima,
horripilacin y proyeccin estentrea de la voz; ningn autor de ningn gnero espera en
realidad provocar reacciones fisiolgicas extremes en los consumidores. El autor de terror
crea, como todos los dems autores, para un lector implcito.
El lector implcito es el lector imaginario e ideal que el autor tiene en mente cuando
describe, aun de forma inconsciente si no tiene una idea definida ni se ha planteado un
pblico en particular. Est present en todo relato, y se define dentro de ste a partir del
conjunto de lagunas, vacos e indeterminaciones que las diferentes tcnicas empleadas en la
elaboracin van dejando, as como por aquellas otras determinaciones de la lectura possible
que van implcitas en la irona, la metfora, la parodia, la elipsis, etc. O sea, el lector
implcito es una entidad virtual al menos tan despierta y culta como el autor consider
necesario para que sepa lo que l no ha puesto dentro del texto pero es necesario para
entenderlo. Por ejemplo, el lector implcito entiende los chistes del autor, las referencias
veladas y las citas no explcitas. Tambin, y muy important para este asunto del terror,
tiene unos criterios -virtuales como l mismo- que le hacen interpreter los elements del
texto como mismo lo deseara el autor, o sea, criterios especficos sobre el bien, el mal, lo
terrible, lo agradable, lo bello, lo feo, etc. De ms est decir, el autor es libre de imaginar un
lector implcito del nivel intellectual o moral que desee: si no, no existiran la ficcin pulp,
los bestesellers y la pornografa extrema.
El lector implcito es una entidad irreal, virtual, que slo existe dentro del relato; no
confundir bajo ninguna circunstancia con el lector real, la persona de carne y hueso, del
cual es, si acaso, una simplificacin basta, vlida incluso slo para el moment de la lectura
o visualizacin del relato. Por supuesto, hay una relacin muy estrecha: el lector implcito
facility la conexin del lector real con el relato en la media en que pueda haber una
identificacin entire ambos. No es una conexin de uno con uno: todo lector real posee la
capacidad de conectarse con el lector implcito que exista en cada uno de various relatos, y













viceversa, todo lector implcito posee la capacidad de conectar con su relato a montones de
lectores reales; pero no necesariamente a todos.
La experiencia de una ficcin es atenuada y controlada con respect a una
experiencia real, y eso es lo que permit que el terror ficticio se vuelva morbo o catarsis al
ser ledo o visualizado por el lector real; una dosificacin que provoca una reaccin
benfica, positive, igual que una vacuna o la tolerancia adquirida a los venenos. Y si para
recibir esa dosificacin placentera de terror el lector real ha conectado con el lector
implcito del relato, es que el lector implcito es susceptible de ser aterrorizado, y no
precisamente de forma atenuada, pues lo que atena es la recepcin del relato y el pobre
lector implcito es siempre anterior a la recepcin. Aventuremos entonces que lo que define
realmente al terror como gnero literario es la configuracin del lector implcito a travs
del terror fsico como element preeminente. O sea, un relato de terror es aquel en que su
autor tuvo en mente, ms que ninguna otra cosa, el terror fsico de su lector implcito. Para
ulteriores conclusions, es muy important la precision de que el terror fsico puro el autor
lo espera en el lector implcito, no en los reales; en estos ltimos slo se espera el placer del
terror, y eso slo si ocurre una conexin con el lector implcito del relato.
A ese terror fsico del lector implcito lo podemos llamar terror literario. Una
caracterstica que pudiramos ir adelantando del lector implcito del terror es que sera ms
emotional que racional, pues su caracterizacin preeminente es a travs de la
susceptibilidad a una emocin, no a un conocimiento o un criterio.
En este punto, recordemos que aunque existe una identidad entire lector real e
implcito, el segundo podra ser slo una simplificacin del primero. Por tanto, por regla de
tres pudiramos juzgar que el terror literario es una simplificacin de un terror real de
todos los lectores reales que puedan conectarse con el lector implcito del terror. Con uno
de los dos podramos extrapolar al otro. Empecemos por el real.
El terror real que buscamos debe ser el mximo possible, para que incluso despus de
ser simplificado a terror literario conserve la mxima efectividad. Debe tener tambin el
mnimo de racionalidad possible, o sea, debe ser animal e instintivo. En mi opinion, la
muerte es el mximo terror y el ms animal e instintivo. Debe seguir siendo lo menos
racional possible, o sea, reduzcamos caractersticas fundamentals de la razn como son las
nociones de causalidad y la temporalidad. El terror debe ser al mismo acto de morir, y a la













muerte sbita, inesperada y muy probable, por un agent imprevisible, siempre activo y
proclive por naturaleza. No puedo pensar en una muerte ms sbita, inesperada y probable
para el pensamiento animal del ser human, ni por un agent ms imprevisible, activo y
proclive, que la muerte a manos de un depredador. Y a decir verdad, tampoco ms
dolorosa.
En las condiciones actuales, con el hombre como pico de la cadena trfica o
pirmide alimentaria -de hecho, estamos fuera de ella desde la revolucin neoltica-, no
funcionan los predadores ordinarios, aquellos que nos hicieron a nuestros ancestros erguirse
para advertirlos desde lejos y nos dieron as las manos libres, el trabajo y la inteligencia. Se
necesitan predadores extraordinarios.
Esto es, por supuesto, questionable, pero funciona como hiptesis de trabajo.

Qu podra proponerse como correlato del terror a la muerte por depredacin, que
a la vez sea mnimo comn denominador de todos los relatos del gnero? Qu podramos
aventurar como terror literario? No habiendo ledo o visto realmente much terror, uno se
ve constreido a basarse en una impresin algo externa. Esto es: en todos los relatos de
terror existir al menos un personaje dotado, si no necesariamente de inteligencia o
conciencia, s necesariamente de una voluntad o patrons de conduct y capacidades de
accin que le hagan atentar contra la integridad de los series humans. De estos personajes o
entidades activas pudiramos decir que depredan al ser human en cualquiera de sus
valores como tal: su cuerpo biolgico, su espritu o alma, e incluso su condicin humana.
Se puede decir que el lector implcito del gnero que nos ocupa tiene, por sobre otras
caractersticas, terror literario a ser depredado por dichas entidades o personajes.
La existencia de esa entidad o personaje no est jams fundamentada
cientficamente y hay poco o nada de cuestionamiento o reflexin posibles sobre su
naturaleza y la del miedo o terror que general. Puede ser sobrenatural o natural, pero para
que haya terror, jams ser muy explicada, creble o comprensible, pues la capacidad de
entender a la entidad o de reflexionar sobre ella tomara preeminencia sobre la capacidad de
ser aterrorizado por ella. Es lgico, pues result muy difcil sentir terror, verdadero terror,
por algo que entendemos o peor an, cuestionamos; el process racional prepondera sobre la
reaccin emotional o fisiolgica. Es muy important recorder que para clasificar al relato
consideramos como marcador ms relevant el terror literario preeminente en el lector













implcito. Si dentro del lector implcito hay algo ms destacado que ese terror literario, el
relato ya no pertenece al gnero del terror.
Si buscamos entidades de ese tipo en relatos conocidos que comnmente se
consideran de terror o cercanos a ste, se encuentran grandes tipos: el monstruo, el animal
salvaje en estado alterado, el psicpata y la institucin.
Monstruo sera todo ser natural o no cuyas caractersticas no estn registradas en la
biologa conocida. Aqu entran series sobrenaturales, personas con poderes sobrenaturales,
algunas criaturas artificiales y algunos aliengenas. Vampiros y licntropos quieren tus
tejidos, fantasmas y demonios quieren tu alma o tus energas vitales. Los aliengenas
pueden perseguir tu carne o tu espacio vital, como en "El color que cay del cielo" de H.P
Lovecraft y "La cosa", de John Carpenter. En ambos casos lo aliengena no est explicado
ni racionalizado sino meramente presentado en sus acciones. Es lo opuesto, por ejemplo, de
"Alien el octavo pasajero", de Ridley Scott, o "La guerra de los mundos", de H.G. Welles,
casos en que la biologa de los series est abordada cientficamente, y que pertenecen a la
ciencia-ficcin.
En el "Drcula" de Bram Stoker, caso muy particular, no hay en realidad terror de
ser desangrado por un vampiro, sino el temor de que un extranjero extico te robe las
mujeres. El "Drcula" de Stoker es un relato psicolgico basado en personajes del terror
como smbolos, en tanto los cuentos de vampiros de Le Fanu y Polidori son realmente de
terror, pero en general el victorianismo es demasiado retorcido como para que las obras del
perodo se puedan ver en un slo sentido. Aunque cualquier uso de figures tpicas del terror
en relatos erticos de provocacin light, bourgeois, como hace hoy da Ann Rice, me
parece slo un rastro de victorianismo, o sea, otro tipo de morbo.
El animal salvaje alterado puede ser un escualo, una ballena orca, un gorila, un
cocodrilo suelto en las alcantarillas, invertebrados abisales, un perro rabioso o un enjambre
de abejas africanas. La alteracin puede ser gigantismo, comportamiento inslito o mera
presencia en un entorno que no es compatible con el animal. No es slo que estos animals
sean anmalos para la biologa, es que su planteamiento efectista supera la verosimilitud y
acta la suspension de la incredulidad; o sea, mandamos la racionalizacin de lo terrorfico
a paseo.
El psicpata tena una existencia tranquila dentro del gnero, hasta que el desarrollo













de la sicologa forense provey la posibilidad de racionalizarlo. Barba Azul y Jack el
Destripador pasaron al terreno del policiaco o el suspense, en cuanto el perfil psicolgico
del ente terrorfico, como conocimiento en s y element de la investigacin policial, tom
preeminencia sobre el terror. No obstante, mediante la creacin del super psicpata
incapturable e impredecible, volvi al redil. Personajes como el enigmtico e imbatible
asesino de "The Hitcher", de Robert Harmon, o Hannibal el impvido canbal de "El
silencio de los corderos", de Thomas Harris, que juega al gato y al ratn con los psiclogos
forenses, superan la racionalizacin con el terror literario. Antes los psicpatas tomaban
fuerza en condiciones sociales: el machismo medieval, la marginalidad decimonnica
londinense o parisina, y ahora poseen capacidades fsicas o intelectuales que bordan lo
sobrehumano. Los psicpatas no son privativos del terror y el suspense: "El caso del Dr.
Jekyll y Mr. Hyde", es un relato psicolgico y filosfico, y "La lista de Schindler", con un
personaje como Amon Goeth, es un drama histrico.
Por supuesto, nada fuerza a los psicpatas al individualism: pueden former grupos,
como en "Ataque al Precinto 13", de John Carpenter, o sociedades enteras como en "El
cuerno de caza", de Saban.
La institucin como entidad terrorfica present un nico ejemplo que conozcamos,
y est en la obra de Kafka. "El process" contiene terror, pues el Tribunal no es explicado,
estudiado ni racionalizado, sino simplemente impuesto en las pginas, presentado. Es ms,
toda la novela es un process que destruye los intentos de K por racionalizar su relacin con
el Tribunal, hasta que sucumbe a la sumisin, y nunca jams se explica la naturaleza del
Tribunal y porqu y cmo genera terror. Es similar lo que ocurre en "El Castillo". Es con
reluctancia que introducimos esta division, pues en realidad Kafka no es terror, pero quizs
algn otro autor ha utilizado el mismo procedimiento del checo inmortal, y todo sea por la
posibilidad. Un ejemplo sujeto a discusin sera "Cube", de Andr Bijelic y Vincenzo
Natali.
Recogiendo todos los hilos, se puede decir en pocas palabras que relato de terror es
aquel en que hay un personaje que depreda series humans de forma tal que causa terror en
un lector implcito cuya principal caracterstica es ser ms proclive a la emocionalidad que
a la racionalizacin.
No tildamos de sub humans a quienes gustan del terror: la emocionalidad es una













caracterstica tan humana como el racionalismo, y todos los series humans son complejos,
multilaterales y mutables. El racionalismo y la emocionalidad, y mil cosas ms, fluctan
dentro de una persona por edades, formacin, coyunturas, hasta la hora del da. Cualquier
Premio Nobel de Fsica tiene moments de morbo o catarsis, digo yo.
El caso de las fobias a objetos o circunstancias, y algunas obsesiones, es aparte. En
primer lugar, las fobias y obsesiones son personales, individuals, no son miedos primitivos
de la especie. Son deformaciones de la psiquis, no imperativos atvicos de sta. Puede
crearse un relato con un lector implcito cuyo terror literario sea el correlato de la fobia
especfica de un grupo de lectores reales. No obstante, esto no es terror, pues en unos pocos
casos habra un exceso de identidad entire lector implcito y real, lo cual impedira la
transformacin del terror literario en placer del terror, y en la mayora de los casos no
habra identidad alguna. Stephen King hace una operacin interesante, a veces: conecta el
terror de un trauma -una fobia- con el terror antropolgico, hacindolo sobrenatural por
personalizacin, sea mediante sugerencia o afirmacin rotunda. O sea, en el mundo King, el
terror fbico es una manifestacin oblicua, tapada, de entidades sobrenaturales en el mundo
natural. Por ejemplo, en "Cujo", el temor del nio al armario y la forma en que se define el
process por el cual la locura se apodera del cerebro del perro. Lo que sucede es que esa
sobrenaturizacin supone eliminar la racionalidad, dando oportunidad de preeminencia al
terror literario. Algo equivalent hizo Fabio Ferreras en "Vivir a diario" (Axxn 124), para
dar un ejemplo a mano: Ferreras sobrenaturiz una obsesin del protagonista y llev su
cuento a la categora de terror; pero sin sobrenaturizacin, no hubiera habido terror, o
estara en la ambigua y tenebrosa frontera en que est "Morir en tu baera y otras
lamentables casualidades" (Axxn 144), de Flix Palma -otro ejemplo a mano-, que
propone, sugiere la sobrenaturizacin. Por supuesto, esta sobrenaturizacin no es
patrimonio ni aporte de King: se puede rastrear al menos hasta "Sredni Vashtar", de Henry
Munro, y por supuesto hasta "El corazn acusador" y "El Cuervo", de Poe, de quien se dice
que pari tres gneros literarios: terror, ciencia-ficcin y policaco.
Caso de especial atencin son los relatos de terror usados como alegora, y las
parodias de terror. En el primer caso continan siendo terror, pues la operacin de alegora
se hace exteriormente al relato, con ste integrado como cuerpo entero en una metfora de
otro relato. Por ejemplo, "Invasin de los ladrones de cuerpos", de Jack Finney, y "Yo fui













un hombre lobo adolescente, de Gene Fowler, metfora anticomunista la primera y sobre
las pandillas juveniles la segunda. La parodia es, por su parte, un gnero en s, pues a decir
verdad destruye los presupuestos del terror, como hace con cualquier otro gnero.
Hemos dicho que el terror aborrece la racionalizacin, pero en realidad, no al
extremo. Por ejemplo, en "El retorno del dios Pan", de Arthur Machen, y "Poltergeist", de
Tobe Hooper, hay un intent de racionalizacin a medias con el uso de gadgets o artilugios,
o sea, elements cientficos o tecnolgicos; digo a medias porque tales gadgets no son
racionalizados. El ejemplo de "El silencio de los corderos" y "El dragn rojo", de Harris,
funciona por un mecanismo de excepcin al presentar psicpatas que se pueden racionalizar
mediante la sicologa forense, pero slo como contrast a Hannibal, impossible de
racionalizar.




Juan Pablo Noroa Lamas (1973): Graduado de Letras en la Universidad de la

Habana ha sido incluido en la antologa Reino Eterno, Letras cubanas 1999.

La mayor parte de su obra se encuentra indita.
AL INDICE















3. CUENTO CLASICO: ARMAGEDON


por Fredric Brown





Tuvo lugar, entire todos los lugares del mundo, en Cincinnati. No es que tenga nada en
contra de Cincinnati, pero no es precisamente el centro del universe, ni siquiera del estado
de Ohio. Es una bonita y antigua ciudad y, a su manera, no tiene par. Pero incluso su
cmara de comercio admitira que carece de significacin csmica. Debi de ser una simple
coincidencia que Gerber el Grande vaya nombre! se encontrara entonces en Cincinnati.
Naturalmente, si el episodio hubiera llegado a conocerse, Cincinnati se habra convertido en
la ciudad ms famosa del mundo, y el pequeo Herbie sera aclamado como un modern
san Jorge y ms celebrado que un nio bromista. Pero ni uno solo de los espectadores que
llenaban el teatro Bijou recuerda nada acerca de lo ocurrido. Ni siquiera el pequeo Herbie
Westerman, a pesar de tener la pistola de agua que tan important papel jug en el suceso.
No pensaba en la pistola de agua que tena en un bolsillo mientras contemplaba al
prestidigitador que ejecutaba su nmero en el scenario. Era una pistola de agua nueva,
comprada en el camino hacia el teatro cuando engatus a sus padres para que entraran en la
juguetera de la calle Vine; pero, en aquel moment, Herbie estaba much ms interesado
por lo que ocurra en el scenario.
Su expresin revelaba la ms complete aprobacin. Los juegos de manos a base de cartas
no suponan ningn misterio para Herbie. El mismo saba hacerlos. Eso s, deba utilizar
una baraja pequea que iba en la caja de magia y era del tamao adecuado para sus nueve
aos de edad. Y la verdad es que cualquiera que le observase poda ver el paso de la carta
de un lado a otro de la mano. Pero eso no era ms que un detalle.
Sin embargo, saba que pasar siete cartas a la vez requera una gran fuerza digital as como
una habilidad sin lmites, y eso era lo que Gerber el Grande estaba haciendo. Durante el
cambio no se oa ningn chasquido revelador, y Herbie hizo un gesto de aprobacin.
Entonces record el siguiente nmero.
Dio un codazo a su madre y le dijo:













- Mam, pregunta a pap si tiene un pauelo para dejarme.
Por el rabillo del ojo, Herbie vio que su madre volva la cabeza y en menos tiempo del
necesario para decir Presto, Herbie haba abandonado su asiento y corra por el pasillo.
Se senta satisfecho de su hbil maniobra de despite y su rapidez de reflejos.
En aquel preciso moment de la actuacin que Herbie ya haba visto en otras ocasiones,
solo era cuando Gerber el Grande peda que algn nio subiera al scenario. Lo estaba
haciendo en aquel preciso instant.
Herbie Westerman se le adelant. Se puso en movimiento much antes de que el mago
formulara la solicitud. En la actuacin precedent, fue el dcimo en llegar a las escaleras
que unan el pasillo y el scenario. Esta vez haba estado preparado, y poco se haba
arriesgado a que sus padres se lo prohibieran. Quiz su madre le hubiera dejado y quiz no;
le pareci mejor esperar a que mirase hacia otro lado. No se poda confiar en los padres en
cosas como sa. A veces, tenan ideas muy raras.
...tan amable de subir al escenario? Los pies de Herbie se posaron en el primer escaln
antes de que el mago terminara la frase. Oy un decepcionado arrastrar de pies a su
espaldas, y sonri vanidosamente mientras atravesaba el scenario.
Herbie saba, por anteriores representaciones, que el truco de las tres palomas era el que
necesitaba un ayudante escogido entire el pblico. Era el nico truco que no consegua
descubrir. Saba que en aquella caja tena que haber un compartimiento oculto, pero ni
siquiera poda imaginarse dnde. Sin embargo, esta vez sera l quien aguantara la caja. Si a
esa distancia no era capaz de descubrir el truco, lo mejor que poda hacer era dedicarse a
coleccionar sellos.
Sonri abiertamente al mago. No es que l, Herbie, pensara delatarle. El tambin era mago;
por eso comprenda qu entire todos los magos deba existir un gran compaerismo y que
uno jams deba revelar los trucos de otro.
No obstante, se estremeci y la sonrisa se borr de su cara en cuanto observ los ojos del
mago. Gerber el Grande, desde tan cerca, pareca much ms viejo que desde el otro lado
del scenario. Y adems, distinto. Mucho ms alto, por ejemplo.
Sea como fuere, aqu llegaba la caja para el truco de las palomas. El ayudante habitual de
Gerber la traa en una bandeja. Herbie desvi la mirada de los ojos del mago y se sinti













mejor. Incluso record la razn por la que se encontraba en el scenario. El criado cojeaba.
Herbie agach la cabeza para ver la parte inferior de la bandeja por si acaso. No vio nada.
Gerber cogi la caja. El criado se alej cojeando y Herbie lo sigui con la mirada. Era
realmente cojo o se trataba nicamente de un truco ms?
La caja se dobl hasta quedar totalmente plana. Los cuatro lados reposaron sobre el fondo,
la superficie repos sobre uno de los lados. Haba pequeas bisagras de latn.
Herbie dio rpidamente un paso atrs para ver la zona posterior mientras la anterior era
mostrada a los espectadores. S, entonces lo vio. Un compartimiento triangular adosado a
un lado de la tapa, cubierta por un espejo, y unos ngulos destinados a lograr su
invisibilidad. Un truco muy gastado. Herbie se sinti un poco decepcionado.
El prestidigitador dobl la caja y el compartimiento oculto por el espejo qued en su
interior. Se volvi ligeramente.
- Y ahora, jovencito...


Lo que ocurri en el Tibet no fue el nico factor; fue el ltimo eslabn de una cadena.
El clima tibetano haba sido inslito durante esa semana, realmente inslito. Hizo un
relative calor. La nieve sucumbi a las elevadas temperatures en cantidad superior a la que
se haba fundido a lo largo de los ltimos aos. Los riachuelos crecieron, y todos los ros
aumentaron de caudal.
A lo largo de los ros, los molinillos de oraciones giraban a ms velocidad de la que haban
alcanzado jams. Otros, sumergidos, se detuvieron. Los sacerdotes, con el agua hasta las
rodillas, trabajaban frenticamente, acercando los molinillos a la ribera, donde el veloz
torrente no tardara en volver a cubrirlos.
Haba un pequeo molinillo, uno muy antiguo que haba girado sin cesar durante ms
tiempo del que ningn hombre poda recorder. Haca tanto tiempo que se encontraba all
que ningn lama recordaba la inscripcin que ostentaba, ni cul era el propsito de aquella
oracion.
Las turbulentas aguas rozaban su eje cuando el lama Klarath se acerc para trasladarlo a un
lugar ms seguro. Demasiado tarde. Sus pies resbalaron sobre el barro y la palma de su
mano toc el molinillo mientras caa. Liberado de sus amarras, se alej con la corriente,
rodando por el fondo del ro, hacia aguas cada vez ms profundas.













Mientras rod, todo fue bien.
El lama se levant, tiritando a causa de la momentnea inmersin, y se dirigi hacia otro de
los molinillos. Qu importancia poda tener un pequeo molinillo?, pens. No saba que -
ahora que otros eslabones se haban roto slo aquel diminuto objeto se interpona entire la
Tierra y Armagedn.
El molinillo de Wangur Ul sigui rodando y rodando hasta que, a dos kilmetros ro abajo,
choc con un saliente y se detuvo. Ese fue el moment.


Y ahora, jovencito...
Estamos nuevamente en Cincinnati, Herbie Westerman levant la vista, preguntndose por
qu se habra interrumpido el prestidigitador a mitad de la frase. Vio que el rostro de
Gerber el Grande estaba contorsionado por una gran impresin. Sin moverse, sin cambiar,
su rostro empez a cambiar. Sin transformarse, se transform.
Despus, lentamente, el mago se ech a rer. En aquellas suaves carcajadas se reflejaba
todo el mal del mundo. Ninguno de los que las oyeron pudieron dudar de su personalidad.
Ninguno dud. Los espectadores, todos y cada uno de ellos, supieron en aquel horrible
moment quin se encontraba ante ellos, lo supieron incluso los ms escpticos sin
ninguna sombra de duda.
Nadie se movi, nadie habl, nadie contuvo el aliento. Hay otras cosas aparte del miedo.
Slo la incertidumbre causa miedo y, en aquel moment, el teatro Bijou estaba lleno de una
espantosa certidumbre.
La risa se hizo ms fuerte. Alcanz un crescendo, reson en los rincones ms polvorientos
de la galera. Nada ni una mosca del techo se movi.
Satans habl.
- Agradezco la atencin que han prestado a un pobre mago. Hizo una exagerada
reverencia -. La representacin ha concluido.
Sonri.
- Todas las representaciones han concluido.
El teatro pareci oscurecerse, a pesar de que las luces siguieran encendidas. En medio de un
silencio mortal, pareci orse el ruido de unas alas, unas alas correosas, como si invisibles
criaturas se estuvieran reuniendo.













En el scenario reinaba un mortecino resplandor rojo. De la cabeza y cada uno de los
hombros de la alta figure del mago surgi una minscula llama.
Aparecieron otras llamas. Surgieron a lo largo del proscenio, a lo largo del scenario. Una
de ellas surgi de la tapa de la caja doblada que el pequeo Herbie Westerman segua
teniendo en las manos.
Herbie dej caer la caja.
He mencionado que Herbie era cadete de salvamento? Fue una accin puramente refleja.
Un nio de nueve aos no sabe gran cosa acerca de temas como Armagedn, pero Herbie
Westerman debera haber sabido que el agua jams habra podido apagar aquel fuego.
Pero, como ya he dicho, fue una accin puramente refleja. Sac su nueva pistola de agua y
lanz un chorro de lquido sobre la caja destinada a ejecutar el truco de las palomas. Y el
fuego se apag, mientras gotas del chorro de agua mojaban la pernera unas de los
pantalones de Gerber el Grande, que se encontraba de espaldas a l.
Se produjo un ruido sibilante, repentino. Las luces brillaron nuevamente con toda su fuerza,
y todas las dems llamas se apagaron, el ruido de alas se desvaneci, ahogado por otro
ruido, el murmullo de los espectadores
El prestidigitador tena los ojos cerrados. Su voz son extraamente forzada cuando dijo:
- Conservo todo mi poder; ninguno de ustedes recordar lo sucedido.
Despus, muy lentamente, se volvi y recogi la caja del suelo. Se la dio a Herbie
Westerman.
- Debes tener ms cuidado, nio dijo sujtala as.
Dio un ligero golpecito en la tapa con su varita mgica. La puerta se abri. Tres palomas
blancas se escaparon de la caja. El susurro de sus alas no era correoso.


El padre de Herbie Westerman baj las escaleras con semblante pensativo, descolg el
suavizador de la navaja de afeitar de un clavo de la pared de la cocina.
La seora Westerman levant la mirada y dej de remover la sopa que estaba haciendo.
- Pero, Henry dijo -, no irs a castigarle por lanzar un poco de agua por la ventanilla del
coche mientras volvamos a casa, verdad?
Su marido mene la cabeza.













- Claro que no, Marge. Pero no recuerdas que compramos esa pistola de camino al teatro,
y que no nos acercamos para nada a un grifo? Dnde crees que la llen?
No aguard la respuesta.
- Cuando nos detuvimos en la cathedral para hablar con el padre Ryan acerca de su
confirmacin, entonces fue cuando la llen! En la pila bautismal! Poner agua bendita en
la pistola de agua!
Subi pesadamente las escaleras, con el suavizador en la mano.
Rtmicos golpes y gemidos de dolor se escaparon hacia el piso inferior. Herbie, que haba
salvado al mundo estaba recibiendo su recompensa.


Fredric Brown: Naci en Cincinnati (Ohio) el 29 de octubre de 1906. Se gradu en
el Hanover College de Indiana y desempe durante su juventud los ms variados trabajos
desde recadero hasta encargado del tiovivo en un parque de atracciones. Ya casado y con
dos hijos obtuvo un empleo stable como corrector del Milwaukee Journal y comenz a
escribir cuentos de misterio y ciencia ficcin que venda a las revistas a razn de uno o dos
centavos la palabra. Su primera novela, La trampa fabulosa, publicada en 1947, le vali el
codiciado premio Edgar Allan Poe otorgado por la Asociacin de Escritores de Misterio de
Amrica. Este hecho determine que se hiciese escritor professional, publicando sin descanso
novelas y colecciones de cuentos. Tras residir largo tiempo en California, se traslad a
Tucson (Arizona) en busca de un clima ms apropiado para sus deficiencies respiratorias.
All muri en 1972.
Es considerado por muchos, el maestro indiscutido del relato supercorto,
inimitable en su habilidad para crear en una o dos pginas todo un mundo lleno de
sugerencias e implicaciones. Su humor endiablado, su imaginacin portentosa y su dominio
del idioma son los tres factors que sitan a Brown a la altura de un Bierce o un Salinger
como autor de relatos breves y hacen de l una figure singularsima en el campo de la
ciencia ficcin.


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4. CUENTO MADE IN CUBA: LO QUE J. VIO DESDE LA CRUZ.


Por Victor Hugo Prez Gallo.


Pero de pronto bajo la lluvia pens con un poco de melancola que todo hubiera podido
ocurrir de otra forma, tal vez si lo crucificaran en esa pequea elevacin que llaman de la
calavera, en un atardecer ya casi terminado y con los ltimos rayos de sol formando una
corona en su cabeza, entonces todo sera diferente. Ms real. As deberan morir los dioses
y no con las costillas rompiendo la piel, la espalda llena de pus y sangre y las escupidas y
maldiciones de la plebe. Pero El no iba camino al Glgota, suspir con desnimo J., es un
rebelde ms que van a crucificar juntos a los miles. J. vea al Maestro caminando, y ni
siquiera las moscas que oscurecan el cielo lo apartaban de su contemplacin; las moscas en
la manga, el pelo, los ojos de J. que parpadea para apartarlas. La cruz, de brazos iguales,
dos leos de brazos poco desbastados y unidos por un clavo rooso. El ruido unnime de
sandalias claveteadas cortado por voces de mando guturales, los auxiliares germanos,
terrible por sus rostros desfigurados y sus barbas y cabellos de fuego encendido. En alguna
parte(Galilea, crey recorder) le haban dicho que el germano que naciera perfect de
rostro era sacrificado a uno de esos dolos que adoran esos brbaros en las selvas al norte de
su ro, llamado Ryn. J. estaba empapado bajo la capucha que le ocultaba su rostro, acaso
demasiado conocido. Y J. miraba a J. doblarse, caer arrodillado bajo la pesada cruz, todo
hubiera podido ocurrir de otra forma, quizs si fueran legionarios fuera ms aguantable ese
camino de cruz, y no esos infieles que apestan a cerveza barata y ladran una lengua de
impos, murmur con decaimiento.
La multitud estaba en todas parties como las moscas, y un fuerte tufo a sudor y esencias se
elevaba. J. se fue quedando atrs, a veces pisoteando a un grupo de mercaderes sirios que
pregonaban cansados su mercanca en un turbio arameo; empujando al grupo de heteras
griegas que lo envolvan en mirra y aloe, su oscura concupiscencia a travs de esas finas
tnicas de Tiro, Oh Seor no permits que su cuerpo se queme, mejor que se saque un ojo o
se corte una mano, y el joven acercndose a ellas, solicitas, como el buey que va
mansamente al matadero. Oh mi seor cuantos debemos nacer de nuevo y un mago egipcio
profetizando y jurando por Apis y Dagn, seora usted engendrar un varn que ser
grande entire los suyos, un Sansn que ser coronado rey de los judos, el Mesas que todos













esperamos. Alguien escupe a su lado y una vieja chilla, el fin de los tiempos ya est aqu y
luego se queja de que el pan nunca habas estado tan caro y las sicas tan baratas. Oh Cristo,
repiti J. y baj an ms la capucha que lo cubra de la persistent lluvia que le caa encima
como una maldicin divina. Todo hubiera sido diferente y aprieta con rabia el saco con
treinta monedas de plata con la imagen acuada de Tiberio Cesar cuando ve a Pedro. l no
lo saba, no poda saber del Pacto. Despus a Juan y Simn regateando algo con los
mercaderes sirios. J. se apart con rapidez. Oscuramente intuye algo terrible en las miradas
de esos hombres que se han quedado sin su Rab, sin las buenas nuevas, el sueo del Reino
que viene, que ya est aqu, y record la frase de aquella madrugada: T eres el Camino
Es el Maestro, el Gran Maestro de la Legin Blanca de los esenios, le haba dicho el
mendigo de ojos sarnosos a J., l cura a los ciegos, resucita a los muertos y le da alimento a
los vivos. J. se estremeci al recorder esto, se haba alejado con pasos rpidos casi sin
escuchar las ltimas, amenazadoras, palabras del mendigo. Su Maestro, su Padre no poda
ser eso, un gran heresiarca. l eras el Elegido, el Alfa y el Omega, el Principio y el Fin, el
ungido que los liberara para siempre del poder de romanos y fariseos. No les haba dicho
que los tesoros verdaderos estaban en el cielo?. Y le haba confiado a l, a J. de Carioth la
administracin del dinero. J. le haba encomendado a J. que guardara la bolsa comn. J. no
ignoraba que J. haba sido sicario; no ignoraba el desprecio que J. de Carioth senta por los
romanos, que adems J. de Carioth no se esforzaba en ocultar. Pero si al fin y al cabo haba
admitido entire los elegidos a un publicano que se iba de banquet con los gentiles, porqu
no aceptarlo a l, J. de Carioth, que desde su nacimiento haba respetado a Yavhe el padre
de J., y las leyes que le haban sido dadas a Moseh en el Sina, siendo de los primeros en
proclamar el origen divino del Seor. As es J., porque sers la primera piedra sobre la que
construir el Reino que ya viene. En aquel moment J. solo comprendi en parte; supo que
l era el encargado de encender la llama que iluminara el camino del Reino, pero antes de
declarar su origen hiertico deba ocurrir un milagro pblico, no sera mala idea una
resurreccin sugiri J. mirando a J. a los ojos fijamente. Pero para una resurreccin es
preciso morir, objet J. cambiando de vista nervioso por el escrutinio de esos ojos, y
sufrir, aadi. No tienes fe J. de Carioth? Mira destruir este templo y lo construir en tres
das. J. no se convenca, pero cmo?, acaso no era suficiente con la comida a los miles?,
y la resurreccin del borracho de Lzaro? Pero esto, respondi l, no era suficiente. Nadie













que enciende una luz la cubre con una vasija, ni la pone debajo de la cama, sino que la pone
en un candelabro para que los que entren vean la luz. Es necesario que el Hijo del Hombre
sufra. Pero seor, te clavaran en la cruz. Ahora J. recuerda la extraa sonrisa de J. y la
parbola con que le respondi: el seor paseaba acompaado de su esclavo ms fiel por el
descampado cuando una turba de ladrones le hicieron violencia y los despojaron. Ya
terminaba el da cuando ambos fueron press y metidos en una cueva. Luego enviaron al
esclavo por dineros para que su seor fuera salvo. Dios oscureci su entendimiento y no se
percataron de que el seor y el esclavo intercambiaron trajes, pues eran semejantes en la
noche. El esclavo muri ahorcado al amanecer porque el seor no volvi con los treinta
dineros que era el precio pedido por el rescate. Pero los ladrones nunca conocieron su error,
concluy J., no te preocupes, no sufrir ms que t. Y J. de Carioth se prepare para las
instrucciones finales.
El ruido acompasado se alejaba, le escupen, le tiran piedras a El que quiso hacerlos libres
a todos, ensearles el camino y la verdad, primero un publicano regalar un talent que
liberarlo a todos de su moral de esclavos y golpe con el codo al herrero sudoroso que
estaba a su lado y no se cansaba de hurgarse en la nariz y gritarse insultos al que ya iban a
crucificar.
Ya lo levantaban, el ladrn de la derecha un poco ms bajo, los leos desiguales, la
cabeza cada. Estaba desnudo, los germanos haban cambiado su sayal por un poco de
cerveza de los mercaderes sirios. J. apart las moscas con un gesto brusco, moscas, moscas,
Baalzevuv. Y las moscas elevndose en el azul donde se recortaban las siluetas de decenas
de cruces.
Y rpidamente el da palideca, la tormenta an cortaba el horizonte como el da de la
llegada a Yerosalaim, la ciudad de ciudades, en cada pared un salmo, profetas en las
esquinas, el inmenso templo donde se respiraba un aire de santidad y mansedumbre
comparable en su misticismo solo al de los lujosos burdeles donde las prostitutes,
apostadores y ladrones sobrepasan en nmero a las legiones del Cesar. Ahora todo eran
vtores y hosannas y hojas de palma recin cortadas tiradas en el camino.
Hosanna! Hosanna!, Bendito el que viene en el nombre del seor, el Rey de Israel!.
Montado en un asno porque escrito estaba no temas hija de Sin; he aqu tu Rey que viene
montado sobre un burrito.













J. se levant en puntillas y lo pudo ver, le deca algo a uno de los ladrones. Solo entonces
volvi a ver sus ojos, su rostro contrado de dolor, la sangre, la nariz partida y dos ojos que
miraban. J. saba que los miraban a todos pero particularmente a l y no pudo evitar un
estremecimiento al sentirlos fijos en los suyos, lo traspasaban, hundan una espada en su
pecho contrito. J. se dejaba penetrar con un extrao placer.
Pero, cmo, qu le pasaba, J. se sorprendi volviendo al reino de este mundo y pens,
secndose las gotas de agua que le caan de la frente, que esta debilidad inexplicable era
por causa de este maldito calor que haba seguido a la lluvia y que no haba probado bocado
desde la maana. Y nada ms, l no poda hacer nada por el crucificado, todo haba sido
escrito as con antelacin. Se sentira mejor si tuviera ahora un pedazo de pan mojado en
salsa como aquel de la comida de Pascua con los doce y las mismas palabras: De cierto les
digo que uno de ustedes me va a entregar. l ms pequeo le pregunt por el traidor, al que
le doy el pan mojado ese es. J. le dio el pan mojado a J. luego le mir a los ojos, lo que vas
a hacer hazlo ms pronto. Ya el sol se ocultaba y J. terminaba de hablar con el ladrn y
alzaba la frente coronada de espinas. J. tena la capucha cubrindolo y apenas pestaeaba.
No miraba la cruz porque instintivamente senta que unido a sus mareos y debilidad
creciente haban unos ojos que ardan en su calmada, horrible luz, y seguan mirndolo
desde el vrtigo.
Las seales ya estn sucediendo, le dijo J. y sonri. El mundo va a ser salvo de sus
pecados y t, J. de Carioth, eres el camino. J. de Carioth no entendi nada hasta que J. le
dijo: vas a entregarme y pedirs treinta monedas exactamente, luego ve a verme en la
crucifixin. J. se resisti, cmo lo iba a traicionar Maestro?, cmo traicionara a mi
Padre?, abrazado a sus rodillas y sollozando., yo lo amo Maestro. Es necesario para que se
cumpla todo, t y yo somos lo mismo, la misma sangre, el mismo cuerpo, el mismo amor
por los hombres, t no moriras por ellos tambin?. Esa noche fue J. con much gente con
espada y palos, criados del Sanedrn portando linternas y antorchas. J. se acerc a J. para
besarlo. Entonces J. le dijo: J. con un beso entregas al hijo del Hombre? Viendo los que
estaban con l lo que haba de acontecer dijeron seor heriremos a espada. Y uno de ellos
hiri a un siervo del sumo sacerdote, y le cort la oreja derecha. Entonces J. dijo, dejen eso
ya. Y tocando su oreja le san. J. dijo a los principles sacerdotes, a los jefes de la guardia
del templo y a los ancianos que haban venido contra l como contra un ladrn han venido













con espadas y palos? Esta es su hora y la potestad de las tinieblas.
J. senta por moments que se desmayaba, vaya debo comer algo. Sbitamente se percat
de que todo haba ocurrido por una voluntad superior. No haba nada extrao, todo era
cotidiano, las cruces, los germanos, los mercaderes vendiendo cerveza, sayales y sogas. Era
cierto, esa era su sangre, este es mi cuerpo, no morir porque donde dos o tres mencionen
mi nombre all estar yo. Cada recuerdo hunda ms a J. en esa neblina formada por dos
ojos dolorosos que lo miraban hasta que sin transicin, sin asombro, vio desde lo alto a la
multitud gritando y comenz a sentir los terrible dolores que implica la crucifixin. J. se
vio suspendido entire dos ladrones, su cara adolorida como por mil lapidaciones y las
espinas en su cabeza. No quera hacerlo pero no resisti la tentacin de buscarse entire la
gente hasta ver su propia cara casi cubierta por la capucha y comprendi el horror del
mendigo de ojos sarnosos que le haba gritado cuando l se marchaba apresurado, huye
amigo, huye, el tiempo todava no ha llegado. Aquella noche Judas de Carioth le haba
dicho angustiado, pero Seor, morirs. Y un Jess con una sonrisa enigmtica le responda:
El Reino llega Judas, y t eres el Camino. Pero esa angustia no era nada comparada con la
que senta ahora cuando vea al grupo de discpulos que se escondan, ms all de la plebe,
tras la vuelta del camino. El dolor era ms intenso, y solo un segundo antes de gritar Eloi
Eloi laba sabactani y perder el conocimiento pudo ver con tristeza, a Juan y a Pedro que
agitaban, triunfales, una soga entire las manos.









Victor Hugo Prez Gallo: (Nuevitas, 1979) Narrador, Socilogo y ensayista. Premio de
Cuento Escalera de papel, Santiago, 2000. Mencin Premio Cuento Ertico, Camaguey,
2000. Premio NEXUS de cuento fantstico, La Habana, 2003, Premio de Cuento Corto
Minatura, La Habana, 2003. Mencin Premio Celestino de Cuento, Holgun, 2003. Tercer
Premio de Cuento Tristn de Jess Medina, Bayamo, 2006. Beca de Creacin Sigfredo
Alvarez Conesa, La Habana, 2007. Ha sido publicado en la antologa de cuento ertico
Nadie va a mentir (Acna, 2001), en la antologa de cuento fantstico Sendero del Futuro













(Sed de Belleza, 2005) y en diversas publicaciones electrnicas y en revistas literarias
cubanas. Form parte del segundo curso del Taller Nacional de narradores Onelio Jorge
Cardoso. Tiene indita su novela El mar por el fondo. Actualmente cumple su servicio
social en Moa. Forma parte de la Asociacin Hermanos Saiz (AHS).




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