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 Table of Contents
 Sobre la ráfaga: Darthmota
 La frase de hoy: Ursula K....
 Artículo: Del angel filósofo vs....
 Cuento clásico: La condición inhumana,...
 Cuento made in Cuba: Hermano cósmico,...
 ¿Cómo contactarnos?


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Disparo en Red
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 Material Information
Title: Disparo en Red
Physical Description: Serial
Language: Spanish
Publisher: Disparo en Red
Place of Publication: Havana, Cuba
Creation Date: September 2006
 Subjects
Genre: serial   ( sobekcm )
 Record Information
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
System ID: UF00103496:00024

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Table of Contents
    Cover
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    Table of Contents
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    Sobre la ráfaga: Darthmota
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    La frase de hoy: Ursula K. Le Guin
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    Artículo: Del angel filósofo vs. El BEM invasor a los marcianos poetas contra las chinches. Laevolución del extraterrestre en la CF (I): Desde los precursors hasta la edad de oro, Yoss
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    Cuento clásico: La condición inhumana, Clive Barker
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    Cuento made in Cuba: Hermano cósmico, Juan Pablo Noroña
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    ¿Cómo contactarnos?
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HOY: 18 de SEPTIEMBRE del 2006


DISPARO EN RED: Boletn electrnico de ciencia-ficcin y fantasa.
De frecuencia mensual y totalmente gratis.
Para descargar disparos anteriores:
http://www.esl 13.host.sk/revistas.html


El sitio web del Fantstico Cubano


http://www.cubaliteraria.cu/guaican/index.html


































Editores:


- Darthmota.

Jartower.


Colaboradores:
Taller de Creacin ESPIRAL de ciencia ficcin y fantasa.
espiral@centro-onelio. cult. cu espiralgrupo@vahoo. es
Proyecto de Arte Fantstico Onrica. oniricacuba(y,vahoo.es


Anabel Enrquez Pieiro
Juan Pablo Noroa
Jorge Enrique Lage
Vctor Hugo Prez Gallo


Portada: Saitou.
Universo: Ghost in the Shell


Miguel Bonera Miranda
Coghan
Ral Aguiar



























0. CONTENIDOS:
0.5 Sobre la rfaga: Darthmota.

1. La frase de hoy: Ursula K. Le Guin.

2. Artculo: Del ngel filsofo vs. el BEM invasor a los marcianos poetas contra
las chinches. La evolucin del extraterrestre en la CF (I): Desde los precursores
hasta la edad de oro, Yoss

3. Cuento clsico La condicin inhumana, Clive Barker.
4. Cuento made in Cuba: Hermano csmico, Juan Pablo Noroa
5. iCmo contactarnos?













0.5 SOBRE LA RFAGA:


Pese a que lo explicamos en la seccin El carter siempre llama dos veces del
nmero de julio, los editors de Disparo en Red nos sentimos en la obligacin de
explicarles.
Bueno, pues result que nos cogimos las vacaciones para descansar... (no fue tan
difcil decirlo). Pero seguimos trabajando en la edicin del disparo as que para principios
de septiembre tenamos completos tres nmeros (julio, agosto y septiembre). Y nos dijimos,

por qu no? muchas personas tienen problems para revisar el correo durante el verano, en
especial en las universidades y otros centros de studio que cierran durante el verano. As
que decidimos disparar esta vez no un solo disparo sino una rfaga corta de tres.
Espero que lo disfruten porque trabajamos para ustedes.





Darthmota.


Al INDICE















1. LA FRASE DE HOY:


- Cmo poda explicar yo la Edad del Enemigo y sus consecuencias a un pueblo que no
tena nombre para la guerra?
Ursula K. Le Guin.
La mano izquierda de la oscuridad.




Al INDICE















2. ARTICULO:


DEL ANGEL FILOSOFO VS. EL BEM INVASOR A LOS MARCIANOS
POETAS CONTRA LAS CHINCHES.

LA EVOLUCION DEL EXTRATERRESTRE EN LA CF (I):

DESDE LOS PRECURSORES HASTA LA EDAD DE ORO

Por Yoss


Uno de los terrenos ms frtiles para la clase de especulaciones biolgicas y

sociolgicas que prefiere la ciencia ficcin es el de la existencia de vida

extraterrestre y sus peculiaridades.

Es por eso que aunque (al menos hasta ahora) no se conocen species vivientes

fuera de nuestro planet, miles han sido los tipos que han imaginado los autores del
gnero. Si bien en otro trabajo anterior1, y aprovechando nuestra formacin

professional como bilogos, examinamos ms o menos detalladamente a algunas de

las caractersticas que debe tener un ser aliengena para resultar convincente, y

cules no puede en ningn caso poseer para ser tomado en serio, en este caso nos
impulsa ms bien una voluntad sistematizadora, y pretendemos nicamente pasar

revista a algunas de las formas de vida2 xenoides3 racionales ms interesantes

desarrolladas por la CF a lo largo de su ya no tan breve historic, ejemplificando con

ellas la evolucin de paradigma en paradigma que a travs de las pocas ha
experimentado la concepcin de lo que podra ser una entidad de este tipo.
LOS PRECURSORES: DE LA METAFORA DE LOS HOMBRES SUPERIORES

DE OTROS MUNDOS A LOS PRIMEROS INVASORES (E INVADIDOS).



Alien-notion: algunas nociones bsicas de fi.siilgi, y ecologia para aspirantes a escritores de ciencia
ficcin. Consultar pgina web del autor: www.cubonet.org/yoss
2 Y al decir formas de vida, dejamos automticamente fuera a los series cibemticos... incluso si
evolucionaron a partir de entidades biolgicas. Lo sentimos por los fans de la series de los Berserkers de Fred
Saberhagen y de los borgs de Star Trek, pero hay que reducir el campo.
3 Xenoide en el sentido de product de una evolucin no terrestre. Misteriosas civilizaciones ocultas bajo el
mar tampoco clasifican, aunque si estn bien concebidos y sobre todo surgieron en otros mundos, como los
pobladores de la profundidad en el excelente filme Abismo de James Cameron, se pudiera hacer una
excepcin...














Pese a lo questionable del desenfrenado afn legitimador de algunos estudiosos que,
del mismo modo que el suizo Erick von Daniken quiere ver huellas de la presencia

extraterrestre en todas parties, insisted en considerar CF avant-la-lettre a toda

leyenda o historic ms o menos fantstica4, hay que reconocer que, si bien el gnero

fue ms o menos oficialmente inaugurado por Verne y Wells, antes cont con
algunos notables precursores.

Se trataba mayormente de autores cuyas pretensiones no eran hacer pasar por

verosmiles sus elucubraciones, ni much menos, sino, al mejor estilo de Jonathan

Swift y sus Viajes de Gulliver5, satirizar los vicios y defects de una sociedad
hipcrita y afectada empleando el espejo deformante de las costumbres

supuestamente ms lgicas y/o eficientes de seriess de otros mundos" para poner en
ridculo a los de este.

Ejemplo clsico de esto son los habitantes de la Luna con una portezuela en el
estmago para introducirse el alimento sin perder tiempo en paladearlo, o los del

Sol, capaces de separarse de su cabeza y enviarla a investigar, entire otras muchas

absurdas e hilarantes creaciones del ingenio de Cyrano de Bergerac en su Historia
cmica de los imperios de la Luna y el Sol. O los pobladores igualmente

improbables encontrados por el barn Munchasen en su subida a nuestro satlite.

Tambin tenemos al gigante siriano de ocho millas de alto del ambicioso
Micromegas (1752) de Voltaire, a los pequeos selenitas encontrados por el audaz

globonauta de La extraa aventura de un tal Hans Pfall de Edgar Allan Poe y a un
largo etc.
Ninguno pretenda realmente ser verosmil. Ms que de entidades probables se

trataba de smbolos, abstracciones de super o infra humanidad6 en la que los



4 Como por ejemplo, el cubano Oscar Hurtado, que en el extenso y erudito prlogo a su excelente antologia
Cuentos de ciencia ficcin (originalisimo el titulo eh?) se pas a la grande, considerando CF hasta a
narraciones puramente folklricas como los Veinte cuentos del vampiro hindes, que nada tiene que ver. Y
por aquello del magster dixit, como muchos lectores consideraban a Hurtado un tipo serio, confundi
bastante las ideas sobre el gnero de tres generaciones.
5 Un caso de stira poltica que termin siendo inofensiva? y muy apreciada literature infantil. Cosas
veredes, Sancho.
6 No hay que olvidar, aunque no trate de extraterrestres, al cuarto viaje de Gulliver, cuando encuentra una isla
donde los hombres (yahoos) son bestias feroces e irracionales mientras que los caballos (houyhinns) son
criaturas inteligentes y afables. Grandes relatos de la CF sobre el tema de la relatividad cultural, como
Hombres y dragones, de Jack Vance, son deudores confesos de esta historic.













contemporneos de los escritores podan reconocerse ms por oposicin que por
analoga.
Notable excepcin fueron las serpientes de la luna descritas por el astrnomo
Johannes Kepler en su curioso opsculo Somnium, series que se esconden del sol en
profundas cavernas durante el trrido "da" selenita de dos semanas, para salir a
merodear durante la noche que dura otro tanto. Kepler reconoci estar ms
interesado en divulgar las extraas caractersticas de nuestro satlite que en contar
una historic. En efecto, para no afrontar el eterno problema de cmo arribar al lugar
extico, su texto finge ser la transcripcin de un volume ledo durante el sueo,
convirtindose as de paso tambin en precursor de la lamentablemente larga series
de autores de CF que han recurrido al fcil recurso onrico cuando no pueden
explicar cmo arribaron sus protagonistas al scenario de sus incontables aventuras,
el verdadero inters de la historic.
Si bien buena parte de la extensa obra de Julio Verne es indudablemente CF, el
ingenioso francs nunca escribi ni una lnea sobre series extraterrestres. En cambio
Wells convirti a entidades evolucionadas fuera de nuestro planet en el centro de
dos de sus ms famosas novelas.
En Los primeros hombres en la Luna los dos protagonistas llegan al satlite con un
medio de transport que, a diferencia de la gran bala de can7 verneana, nadie
conoca: la cavorita, una sustancia opaca a la gravedad. Pero lo ms interesante no
es el viaje en s, ni siquiera la alternancia en el calendario lunar de "das" trridos y
"noches" heladas, ambos con unas dos semanas de duracin, sino la extraa

sociedad que se encuentran. Compuesta por individuos fsicamente diferenciados
segn su labor, como las castas de obreras y soldados de un hormiguero, a este
horrible modelo de sociedad perfect estilo colmena retornar luego en muchas
ocasiones la CF. Y an ms notable es la prefiguracin de Wells de cmo el Gran
Lunar, el individuo inteligente de la colonia, comprende muy pronto que la simple
noticia de la existencia de series inteligentes iguales entire s y no coloniales como l


7 Vere lleg a desafiar a Wells a que le mostrara un trozo de su maravillosa sustancia. Si hubiera estado
suficientemente fuerte en balstica como para darse cuenta de que ningn ser pluricelular podra sobrevivir a
la aceleracin repentino del disparo de una bala quizs habra sido menos altanero. A fin de cuentas, la CF
debe solo parecer verosmil... no ser estrictamente real.













y su raza puede poner en peligro todo su mundo, por lo que, aunque sin causarles
dao, trata de retener a ambos exploradores, en un ejemplo de xenofobia protectora
muy a lo Sartre de "el infierno son los otros ".
Aunque si los selenitas de Wells no eran explcitamente agresivos, sus marcianos de
La guerra de los mundos s: huyendo de un mundo fro o moribundo, pretendieron
conquistar nuestro floreciente planet, y casi lo consiguieron gracias no solo a su
superior tecnologa, sino al estar unidos frente a los muchos diferentes gobiernos de
la Tierra. Pero un ejrcito de reserve con el que ningn general human contaba, los
microorganisms, frustr su campaa. Con esta novela el reflexivo ingls no solo se
convirti en el primer referente de las invasiones interplanetarias, que luego seran
uno de los recursos bsicos de toda la CF y especialmente de la space-opera, sino
que tambin abord por primera vez la posibilidad de la guerra biolgica.
Otras veces no ramos los invadidos sino los invasores... o al menos los visitantes.
En su popularsima series marciana, el norteamericano Edgar Rice Burroughs emplea
como hroe a John Carter, un temerario capitn de caballera que luchando contra
los indios penetra en una misteriosa caverna donde queda dormido, siendo de algn
modo no muy claro "transportado en cuerpo y alma"8 a Barsoom, un mundo
fantstico y decadente de inmensos mares secos, imperios poderosos de hombres
rojos, guerreros verdes de cuatro brazos que montan "dinosaurios" de ocho patas y
tienen "perros" de diez, y toda una larga y fascinante series de criaturas extraas.
Nacido y crecido en un mundo de superior gravedad como es la Tierra respect a
Marte, John Carter posee msculos much ms potentes que los barsoomianos,
entire los que pronto se destaca como luchador, hasta merecer el ttulo honorfico de
Guerrero de Marte.
Los habitantes del Barsoom de Burroughs constituyen tan abigarrado mosaico de
species humanoides9 que solo encontrar parangn en las del Mongo de historietas
visitado por Flash Gordon, algunos aos despus. An hoy, tras tantos aos

STeleportado?
9 Que no humans, por ms que lo parezcan. No hay que olvidar que Dejah Thoris, la amada princess de
Carter, naci de un huevo y poda vivir mil aos. Quizs por eso result tan sorprendente cuando al final de la
tercera novela del ciclo, El guerrero de Marte, Burroughs menciona el huevo que est incubando la princess
con un hijo suyo y del terrestre. Pero acaso podan cruzarse entire s species tan distintas? El creador de
Tarzn no estaba muy fuerte en biologa, parece, pero su ingenuo planteamiento siempre nos hizo pensar en













ejercitando el sentido de la maravilla leyendo CF ms reciente, no dejan de
sorprender al lector. Hay cultures ms o menos humans de todo tipo, desde tribus
nmadas semisalvajes hasta sofisticadas teocracias con tecnologa de antigravedad y
sociedades dominadas por una especie de juego ritual de ajedrez viviente, pero

tambin monos blancos de cuatro brazos, que son cuasiinteligentes o quizs restos
degenerados de lo que una vez fue una especie racional, y lo ms sorprendente de
todo, al menos en nuestra opinion, una raza de seudoaraas racionales cuyo cuerpo
es casi totalmente cerebro, por lo que cran una especie de "corceles" humans sin
cabezas sobre cuyo cuello se instalan sus amos para poder deambular1.
Burroughs, sin duda alguna, tena una gran fantasa... aunque tal virtud fuese
bastante empaada por una carencia casi total de discipline cientfica y de estilo
literario. Aunque todava hoy muchos lectores fans de la aventura pura y dura son
capaces de obviar el pobre estilo folletinesco del creador de ese super smbolo
racist que es Tarzn de los Monos para disfrutar la incontenible cascada de
peripecias de sus personajes.
LA EDAD DE ORO DEL PULP: IMPERIOS GALACTICOS Y BEMs.

Tras la primera oleada de precursores europeos serious la CF lleg a lo que se

convertira en su gran templo: los EE. UU. Vencedores de una I Guerra Mundial
que nunca toc su territorio national y confiados en el progress, los
norteamericanos queran leer sobre un maana de ciencia y tecnologa triunfantes.
Un avispado nativo de Luxemburgo, HugollGernsback, comprendi esta demand,
y en 1926, con la mtica Amazing, luego Astounding SF Stories cre no solo la
primera revista del gnero sino tambin su misma definicin. Y aunque en su
inicitica narracin futurista Ralph 12C41+12, pronto las pginas de su revista y de

otras se llenaron de textos en los que los extraterrestres eran presencia constant.


curiosas convergencias evolutivas a las que valdra la pena dedicar ms de una reflexin.
10 Una prefiguracin de las criaturas neuroparsitas de Amos de Titeres? Sera interesante sabe si Robert
Heinlein ley a Burruoghs... probablemente s.
11 Por si alguien an no lo sabe o no lo h adivinado, es precisamente en su honor que el ms preciado galardn
de la ciencia ficcin, entregado en cada convencin annual, se denomina Premio Hugo. Por su parte (para
acabar de aclarar las cosas) el Nbula es otro premio casi igual de important, pero otorgado por un jurado de
otros escritores de CF. Se supone que es ms sofisticado... y tambin ms snob, por supuesto.
12 Por si alguien tiene la misma curiosidad que yo tuve cuando le esas siglas, aclaro que en ingls suena One-
to-see-for-one-more, o sea, alguien que mira para otro, o que ve el future. Un visionario, en otras palabras.
Gernsback era casi patolgicamente aficionado a describir nuevos ingenios en sus histories.













Durante aquellos felices e ingenuos aos 20, 30, 40, 50 e incluso hasta bien entrados
los 60, en un elevado porcentaje de las portadas de A \/,iunlding. If Beyond y otros
similares aparecan voluptuosas heronas con la ropa rasgada por sitios
sospechosamente erticos13 perseguidas o capturadas14 por feroces monstruos llenos
de pinzas, colmillos, garras y sobre todo ojos facetados, los bugs eyes monsters
que dieron nombre a esta categora de CF ingenua cuyos otros protagonistas solan
ser un cientfico loco (padre, to o en caso extremo hermano o primo de la herona)
que emprenda un experiment tan osado que resultaba sacrlego y pona en peligro
al mudo entero, aunque siempre apareca y actuaba a tiempo un joven Rick o Dick
de grandes msculos y protuberante mandbula mascachicles, delantero de ftbol
americano y en sus ratos libres chofer o asistente de laboratorio del sabio, menos
cerebral que este pero con much ms sentido comn.
Cierto es que los monstruos de ojos de insecto o BEMs no siempre eran
extraterrestres; a menudo se trataba de engendros o mutaciones creadas por los
inescrupulosos cientficos en sus laboratories y que escapaban a su control, o
incluso de bestias atvicas de edades olvidadas. Pero, aliengenas o teratolgicos, la
dicotoma BEM-cientfico loco simbolizaba los miedos tpicos del norteamericano
medio: el terror a lo ajeno (los rusos, los chinos, monstruos todos) y la desconfianza
con respect a sus propios cientficos, entregados a abstrusas cavilaciones en un
lenguaje tan tcnico e incomprensible que por fuerza no poda general nada de
bueno.
Por suerte, durante estas dcadas de copiosa produccin, junto con las adocenadas
histories de BEMs coexistan textos que planteaban una vision menos extremist del
ser de otro planet. Autores tan relevantes como Heinlein, Simak, Clarke, Sturgeon,
Asimov, Bradbury, Anderson y un largo etc crearon en sus obras numerosas
entidades vivientes de sumo inters.





13 Ver, por ejemplo, toda la obra de Virgil Finlay como portadista e ilustrador. Su estilo hoy puede parecer
anticuado, pero no cabe duda de que era un profundo conocedor de luces, sombras... y anatomas femeninas.
14 Probablemente con intereses ms gastronmicos que reproductivos, dada la lejana entire captor y presa. No
obstante, la ambigedad venda... y el temor ancestral a la violacin de las madres, hermanas, esposas o hijas
por los brbaros extranjeros, tambin.













Solo mencionaremos, y muy de pasada algunas de las ms originales y/o
representatives. No estarn todos los que fueron... pero si fueron todos los que
estn.
Un curioso y casi anacrnico ejemplo de CF de transicin, a caballo entire el estilo
metafrico-filosfico del siglo XIX y la precision de detalles del XX lo constitute la
llamada triloga de Ransom"1, del britnico C. S. Lewis6. Compuesta por las
novelas Fuera del planet silencioso, Perelandra y Esa horrible fortaleza, esta
potica series protagonizada por el professor universitario Ramson logra la difcil
proeza de compaginar los viajes espaciales con la mitologa cristiana: cada planet
del sistema solar tiene un ngel guardian o inteligencia planetaria regente17 que vela
por la armona entire las formas de vida que lo pueblan. Todos sujetos a la autoridad
del ngel central o superior Dios? que mora en el sol, todos conversando unos con
otros a travs del ter interplanetario. Todos menos la Tierra, Malacandra o el
Planeta silencioso, cuyo regente Satans? se rebel y fue por eso segegado, hecho
prisionero en su propio mundo y condenado al silencio.
En la primera novela de la series, y no por su voluntad sino secuestrado por colegas
inescrupulosos, el professor Ramson visit Marte y conoce a varias de las amables
formas de vida que lo habitan: los sorns, gigantes altos y plidos, fortsimos pero
pacficos, el pueblo acutico, formado por series parecidos a nutrias, y otros, y
finalmente se entrevista con el mismsimo regente del planet, que le revela la
historic de la traicin y posterior castigo del ngel de la Tierra.
En la segunda novela, Perelandra, o Venus, Ramson lucha largamente con un
colega "posedo" por el demonio regente de la Tierra, y logra vencerlo. Es una obra
much ms filosfica pero menos interesante que la primera, aunque no tan aburrida
ni metafsica como la culminacin de la series, Esa horrible fortaleza, cuando el
professor sostiene un largusimo duelo de arguments cuasiteolgico con el regente




15 En ingls el trmino significa "rescate" en clara referencia al contenido profundamente religioso y cristiano
de la triloga.
16 Bastante ms conocido por su series de Las Crnicas de Narnia (el primero de cuyos 14 libros ha sido
recientemente llevado al cine), un especie de version para adolescents de la imaginera fantstico-heroica de
la Tierra Media de J. R. R. Tolkien... no por gusto eran colegas en Oxford.
17 Tipo Gaia, diran los adeptos actuales de la New Age.













rebelde, al que finalmente no poda ser menos! logra llevar por el camino del
arrepentimiento que conduce al perdn.
Igualmente a medio camino entire los concepts del siglo XIX y los del XX est la
monumental Hacedor de estrellas, del tambin britnico Olaf Stapledon. Autntico
canto a la creacin, imbuido de un profundo sentido divino, esta es considerada una
de las obras de CF que ms vasto panorama csmico recorre. En efecto, en sus

pginas pasa revista casi sin detenerse a las distintas etapas de la vida y la
inteligencia en el universe: desde las nebulosas racionales para las que la
concentracin de la material en estrellas significa la muerte, hasta las propias
estrellas inteligentes y el breve interludio de los series orgnicos que se desarrollan
en sus planets entiree ellos los humans) ante de que la inexorable entropa vaya
convirtiendo en masivos astros de neutrones a todos los soles, sobre cuya superficie
surge an un nuevo tipo de vida adaptada a la supergravedad18. Al final, cuando la
muerte trmica del universe parece el destino inevitable, un nuevo universe se
prepare a surgir, en eterno ciclo de muerte-renovacin.
Despus de que con su novela La Alondra del Espacio inaugurara el subgnero de la
space-opera, otra de las primeras y ms exitosas series de space-opera fue la de los
Hombres de las Lentes de E. E. "Doc" Smith. Las Lentes eran dispositivos
amplificadores, pero no pticos, sino telepticos, con los cuales individuos dotados
de poderes parapsicolgicos tan extraordinarios como su cdigo tico trataban de
mantener la estabilidad de una galaxia siempre amenazada por conflicts entire razas
pacificas o belicosas diversas y a cual ms extraa, utilizando por primera vez un
concept que luego sera carsimo a la space-opera en particular y a la CF en
general: el de las asociaciones supraespecficas de inteligencias, Ecumenes o
Concilios Galcticos, verdadera profesin de fe en el entendimiento pacfico y la
colaboracin entire las entidades racionales, por diferentes que sean sus anatomas,
fisiologas o cultures.
Entre los muchos y muy imaginativos series del ciclo de Smith, los ms fascinantes
son sin duda los Velantianos. Aunque fsicamente resulten horrendos segn los
cnones humans, con sus largos cuerpos de serpiente con seis brazos y otras tantas

18 La saga Cheela de Robert Forward debe tanto a esta obra de Stapledon como a Misin de gravedad de Hal













piernas, sus ocho ojos y sus alas membranosas plegables, son la especie ticamente
ms avanzada, telepticamente ultrapotente, benvola y racional de toda la galaxia,
los iniciadores originales de la organizacin supraplanetaria de los Hombres de las

Lentes, entendindose por primera vez en la CF Hombre como un ttulo de
inteligencia, no como correspondencia a un patrn anatmico ms o menos
definidamente humanoide.

Los Velantianos lucharon largamente por liberarse de la esclavitud mental impuesta
por otra raza teleptica19, los Delgonianos, una cruel especie cuyo exterminio es el

objetivo primario de la gran guerra galctica en la que incluso los humans se ven
involucrados en su moment.

Adems de en la CF socialist, a la que dedicamos ms adelante todo un tpico,
encontramos este paradigma de la colaboracin interespecies en otras obras en su
moment tan populares como la series del Hospital del Espacio de James White
cuyos delicados cinruss, una especie insectoide ultrapacfica, de movimientos
superprecisos y altamente emptica, por lo que sus miembros actan a menudo
como cirujano interraciales, parecen haber sido concebidos para borrar de la mente
de los lectores la igualdad insecto- monstruo a la que tanto contribuyeron las
portadas de aos anteriores.
En la obra cumbre de Ray Bradbury, Crnicas marcianas, los marcianos son tan
humans que el autor ni siquiera se molesta en ocultarlo. Son melanclicos,
antitecnolgicos, pacficos... la personificacin de las virtudes rurales que el
potico y nostlgico retrgrado20 Bradbury consider en crisis con el auge de la
modern civilizacin norteamericana. No hay imaginacin biolgica aqu: los series
de Bradbury son herederos director de la tradicin filosfico-metafrica de Voltaire.
Aunque John Winston Campbell, Junior es much ms famoso en la historic del
gnero como editor de Astounding durante las dcadas del 30 y el 40 y por tanto


Clement.
19 El tema del imperio teleptico ser luego nuevamente abordado por muchos otros autores del gnero.
Como, por ejemplo, Larry Niven en su inquietante El mundo de los Ptavvs, novela que luego analizaremos
con ms detalle.
20No debe confundirse el desconfiar de los posibles usos de la tecnologa y la ciencia con desconfiar del
progress tecnocientfico mismo. As que, mal que les pese a algunos fans, retrgrado y medio. Y bueno? Eso
nunca perjudic sus ventas, como tampoco el supuesto fascismo de Robert Heinlein ha privado nunca a su
Tropas del espacio de un solo lector.













principal protagonista de la llamada "Edad de Oro de la CF", en su faceta de escritor
nos leg al menos un cuento memorable: El enigma de otro mundo, o La Cosa (Who
goes There?), historic que ha conocido dos excelentes y aterradoras versions
cinematogrficas, gracias a las cuales todo fan conoce a este extrao ser cuya
inteligencia no est localizada en una parte especfica del cuerpo, sino dispersa a
nivel de sus muy elsticas clulas, por lo que puede dividirse cuantas veces quiera,
imitar a la perfeccin a otros organismos humanss incluidos21) y absorber su masa
corporal para incrementar sus propias dimensions. No obstante lo cual no deja de
ser una entidad inteligente: al precipitarse su nave en el polo, las bajas temperatures
la obligan a entrar en anabiosis, pero cuando una expedicin humana recoge sus
restos, inmediatamente emprende la ardua tarea de construir una nueva nave con las
rudimentarias tecnologas terrestres que estn a su alcance en la base polar. Y lo
hace en el mejor etilo de "el fin justifica los medios": caiga quien caiga, mientras no
sea ella misma. Total, si a fin de cuentas esos pobres humans ni siquiera son tan
inteligentes.
Murray Leinster no fue nunca uno de los grandes del gnero, pero s de los
precursores. Su cuento Primer contact se ha vuelto un clsico, no solo por el texto
mismo, sino sobre todo por la irnica relectura que hizo el ruso Ivn Efremov en su
indudablemente muy superior historic El corazn de la serpiente. El texto original d
Leinster, sin embargo, constitute un excelente ejemplo del conflict entire buenas
intenciones de comunicacin y paranoia protectora, as como de progresin
dramtica: ocurre lo casi impossible de tan improbable: coinciden en el espacio
infinito una nave humana y otra de una raza humanoide casi humana en anatoma y
sobre todo en conduct, solo que su vista se extiende solo al infrarrojo del espectro

y que usan ondas de radio y no sonidos para comunicarse. Ninguna quiere mostrar
demasiado a la otra, empezando por el camino a su sistema madre, por temor a ser
atacados. Ningn capitn se atreve a dar vuelta y alejarse por temor a ser seguido o


21Por cierto, para muchos las escenas de pura paranoia entire los miembros de la expedicin, cada uno
sospechando que los dems ya no son del todo humans sino parties de La Cosa, son una clara alegora de la
desconfianza contra los posibles comunistas encubiertos tpica de la poca de la cacera de brujas macarthista.
Por qu no? Aunque Campbell no era un anticomunista especialmente furibundo, algo del inconsciente
colectivo del moment pudo muy bien filtrarse a travs de su pluma.













ver su nave destruida por la espalda. La situacin parece condenada a tablas, hasta
que el Rick de turno encuentra su genial solucin: humans y extraos
intercambiarn naves y as cada uno volver a su civilizacin no solo ilesos y con la
noticia de que en el cosmos los aguardan hermanos de intelecto, sino tambin con
una muestra de la tecnologa y la ciencia de los posibles socios o rivals? en
comercio y expansionismo interestelar.
Junto a estos ejemplos de extraterrestres tan parecidos a los humans aunque lo
bastante distintos como para recorder que no nacieron en la Tierra hay otros cuya
semejanza fsica o capacidad de mimetismo les permit pasar perfectamente por
homo sapiens. Entre estos antecedentes del actual frenes con las abducciones y
visits de OVNIs podemos citar la notable Esta isla la Tierra22, de ? novela en la
que uno de los bandos empeados en una guerra interestelar destaca una series de
agents en nuestro planet, con la misin de reclutar para su conflict a los humans
capaces de superar ciertas pruebas. O el cuento Vinieron del espacio exterior,
much ms conocido por haber inspirado la pelcula Ultimtum a la Tierra23, de la
que todos recordarn al humansimo extraterrestre Klatoo que viene a advertir a
nuestro planet que abandonan la carrera armamentista... aunque con un
indestructible y letal robot como guardaespaldas, por si las moscas.
En una de las dos novelas cumbre24 del prorural y humanista Clifford D. Simak,
Estacin de Trnsito, un human elegido como guardian de un nodo interestelar de
teleportacin ve su lealtad dividida entire la entidad galctica multiracial que lo ha
empleado alargando enormemente su vida por una curiosa paradoja temporal, y
cuya grandeza humanista intuye, y su pertenencia al gnero human. Aparecen
numerosas species extraterrestres, pero la ms interesante es la de la criatura-rata,
el malhechor de la historic, que el protagonista tiende a considerar como
innatamente perverse hasta que comprende que se trata solo de un delincuente entire

22 Se realize un film relativamente interesante... hasta el moment en que se desliza en todos los clichs del
gnero en la poca: la raza moribunda de supermentes de Metaluna, ansiosas de sangre joven, el inevitable
BEM mutante (bastante asqueroso, algo as como un hombre insecto con el cerebro enorme y al aire) sirviente
fidelsimo de los superseres hasta que el terror hace que estos pierdan el control sobre l, la destruccin final
de Metaluna y de todos sus hijos de la que los terrestres, sin embargo, logran escapar
23 Tambin El da que paralizaron la Tierra.
24 Era un escritor muy prolifico. Su otra obra maestra es Ciudad, pero tambin brotaron de su pluma Un anillo
alrededor del Sol, El planet de Shakespeare, Toda la carne es hierba y un largo, largsimo etc de variable













los suyos, por el cual no puede juzgar a toda una especie. Nunca antes y pocas veces
despus25 ha sido tocado con tanta profundidad el dilema entire civilizacin e
individuo y la responsabilidad de uno frente a todos.
En otra novela de Simak, Los hijos de nuestros hijos, los lejanos descendientes de la
humanidad viajan en el tiempo hasta el present, huyendo de la amenaza de una
especie extraterrestre tan inteligente como depredadora a la que siglos y siglos de
vida pacfica los han incapacitado para enfrentar. Estos depredadores enormes,
veloces, capaces de camuflar su apariencia interdimensionalmente y empeados en
cazar a los humans por puro deported constituyen una de las bestias feroces ms
inquietantes jams prefiguradas por la CF.
Hal Clement adquiri merecida fama como autor de la vertiente ms hard de la CF,
pero en su no muy copiosa obra nos dej al menos dos formas de vida
absolutamente fascinantes: los mesklinitas de Misin de Gravedad y los
abyormenitas de Ciclo de Fuego.
Son sin duda los primeros los ms famosos: se trata de una especie de orugas-
ciempis inteligentes, pequeas pero perfectamente adaptadas a las inusuales
condiciones de su mundo: un planet enorme y muy achatado por los polos, pero
que gira tan rpidamente que la gravedad sobre su superficie oscila de 6 7 veces la
terrestre en el ecuador hasta 700 veces26 en las latitudes ms altas. Los mesklinitas
poseen un aspect absolutamente aliengena, tienen 18 pares de patas terminadas en
ventosas, un corazn en cada segment, un par de pinzas delantero con el que
manipula objetos, otro trasero que usan para el anclaje, y una boca en forma de
mandril de taladro de cuatro secciones, con un ojo en cada parte. Aparentemente
evolucionaron a partir de organismos marines (conservan sifones que ahora usan
para comunicarse: sus voces pueden llegar a ser ensordecedoras) y son
tremendamente robustos pese a sus pequeas dimensions, pero tienen autntico




calidad imaginative y literaria.
25 Habr que esperar a Orson Scott Card en su saga de Ender, en plenos 80.
26 El tema del mundo con habitantes que viven en supergravedad ser revisitado por Robert E. Forward en los
80, en su saga Cheela, (Estrellamoto y Huevo de Dragn)y subiendo la parada: estos son microscpicos y
habitan en la superficie de una estrella de neutrones, con gravedades millones de veces ms altas que la
terrestre, que ya provocan efectos relativistas como la dilatacin del tiempo.













pnico a cualquier cada, porque con tan alta gravedad suelen ser fatales, y apenas si
se atreven a mirar hacia arriba.
Pero, con la ayuda tecnolgica de un human que los contrata para que recuperen
una sonda perdida en latitudes a las que el homo sapiens jams podra acercarse sin
ver sus huesos convertidos en compota, un puado de estos series emprende un
periplo que hace palidecer a los de Coln y Magallanes, culminando su aventura
con el inicio de los viajes aerostticos, una hazaa que para las condiciones de su
planet es comparable al primer vuelo espacial human y que es un verdadero canto
al espritu cientfico y a la grandeza de la Humanidad, tengan sus representantes el
aspect que tengan.
En cuanto a Ciclo de fuego, aborda por primera vez el tema de los habitantes del
mundo que gira describiendo una larga elipse en torno a una estrella binaria, con
prolongados perodos de fro y calor alternndose en un grann ao"27. Cuando el
planet Abyormen se aleja de su primaria, dominant sus territories unos series
bastante humanoides y relativamente primitivos, pero que acuden en busca de
consejo a ciertos altares de de llamas dentro de los que sobreviven representantes
escogidos de la otra especie inteligente del ecosistema: los Abyormenitas, especie
de medusas-moluscos con seis cortos tentculos y sin sexo, pero dueos de una
refinada tecnologa y filosofa, que solo pueden vivir libremente cada 65 aos,
cuando el planet se acerca tanto a la compaera de su sol, una ardiente enana azul,
que las temperatures se elevan tan drsticamente que todos los humanoides mueren
y la atmsfera de oxgeno se vuelve rica en cido ntrico y xido nitroso. En un
hermoso ejemplo de convivencia pacfica e interdependencia, ambas razas necesitan
para poder reproducirse que sus esporas permanezcan dentro del cuerpo de
miembros de la otra especie, por lo que estn biolgicamente destinadas a la
colaboracin y ayuda mutua, lo que el grupo de exploradores terrestres que cuenta
la historic solo descubre casi al final de la novela.



27 Otras obras que tratan el fenmeno son Tiempo de fuego, de Poul Anderson y la monumental triloga
Heliconia, de Brian Aldiss. Los protagonistas de la primera novela son los Ishtarian, especie de centauros
leoninos inteligentes sobre los que nos encantara hablar... si solo hubisemos podido leer la obra. Pero an
no existe traduccin al espaol e incluso en ingls es ya una rarity. En cuanto a Heliconia, extraordinaria series
sin duda, adems de los humans describe otra especie inteligente, as que ya volveremos a ella.













A Arthur C. Clarke se le recuerda ms bien por sus obras tempranas de hard CF. O
por obras ms New Wave como la archifamosa 2001: una odisea espacial, la
novelizacin de la incomparable pelcula de Stanley Kubrick sobre su cuento El
centinela; o Cita con Rama. Pero ya en los 50 haba enriquecido el acervo de
extraterrestres del gnero con unas impresionantes criaturas xenoides: los
superseores de El fin de la infancia, una interesante fbula sobre los prejuicios
culturales. Criaturas altamente evolucionadas, dueas de refinadas tecnologas y
muy benvolas, los superseores asumen la tutela de la humanidad, pero sin nunca
mostrarse fsicamente a sus pupilos. La razn solo se conoce al final de la novela:
con sus tres metros de altura, armaduras crneas negrorojizas, larga y fina cola
terminada en punta de flecha e inmensas alas membranosas funcionales, a despecho
de sus manos de siete dedos (incluidos dos pulgares)se saben la viva imagen del
demonio y por eso siempre prefirieron evitar que un prejuicio ancestral human
sobre su aspect echara a perder su larga tarea de instruccin a la raza humana.
Theodore Sturgeon tampoco fue un autor que incluyese a muchos extraterrestres en
sus obras: amaba demasiado al gnero human para permitrselo. No obstante, en su
primera novela, Los cristales soadores, se pasa de original planteando cmo
podramos comunicarnos con una raza (y poco importa si extraterrestre o no) que no
somos capaces de reconocer no ya como dotada de raciocinio, sino ni siquiera como
entidades vivientes. Una inteligencia que no compite con nosotros por ningn
recurso, y para la que nuestra misma existencia result tan intrigante como para
nosotros la suya.
Robert A. Heinlein, por el contrario, s que era casi adicto a las razas aliengenas. En
su copiosa produccin aparecen decenas, si bien aqu nos limitaremos a un somero
examen de tres de las ms llamativas, por simples razones de espacio.
En la patriotera y reconocidamente destinada a hacer ms popular la imagen del
ejrcito entire los adolescents, pero tambin muy bien escrita Tropas delEspacio, la
Infantera Mvil humana, en sus sofisticados trajes de salto que convierten a cada
soldado en un ejrcito de uno, enfrentan a dos razas xenoides de las que Heinlein no
da muchos detalles. Los huesudos, ms o menos humanoides, y ms que enemigos
irreconciliables, unos pobres "confundidos" contra cuyo planet madre se efecta














una incursin "demostrativa" para convencerlos de que enfoquen sus lealtades hacia

la humanidad y no hacia sus rivals, las chinches.

Las chinches, en cambio son la quintaesencia de la alienidad. Insectoides de

inteligencia colonial (de nuevo al paradigma ya abordado por Wells), divididos en

castas de obreros y guerreros tcticamente sacrificables y dirigidos por "cerebros"

que simplemente no entienden que para los humans cada individuo es valioso y no

una pieza prescindible. No hay entendimiento possible con esta especie: es ellos o

nosotros. Chinches y humans se estn expandiendo por el cosmos... pero hasta el

infinito es demasiado pequeo para que dos visions tan opuestas de la vida

coexistan28

Otra clase muy diferente de invasores se described en Amos de Tteres29. Las

chinches al menos atacaban de frente... estos pequeos series, que tan fsicamente

indefensos parecen, parasitan sin embargo los sistemas nerviosos de los humans,

asumiendo el control de sus mentes y cuerpos hasta convertirlos en su propia quinta

column y amenazar con controlar el mundo... hasta que de nuevo la guerra

biolgica, esta vez en forma de encefalitis, detiene a los invasores. No hay que ser

muy perspicaz para establecer un paralelismo bastante obvio entire tal control y el

tan tristemente famoso "lavado de cerebro" que sufrieron algunos soldados

norteamericanos tomados prisioneros en Corea y Viet-Nam, ni entire la amenaza de

los series parasitados, que parecen humans pero ya no lo son, con la de la

infiltracin comunista30




28 Orson Scott Card ha confesado que sus insectores estn directamente inspirados en las chinches
heinlenianas, aunque l procur dejar una alternative, aunque fuera mnima, de entendimiento y cooperacin.
Ender vence a la Reina Colmena, pero comprende luego que ha cometido un genocidio y se arrepiente de su
crime. Los marines espaciales de Heinlein se habran redo en la cara de combatiente tan sentimental e
idiota.
29 En los 80 se hizo una pelcula de bajo presupuesto, pero de guin excelente, con Donald Sutherland y Val
Kilmer en los protagnicos. Hasta el final uno no sabe si los humans podrn o no con la amenaza del
invasor.
30 Tambin de esta poca de paranoia y guerra fra es la cinta Body Snatchers (La invasion de los cuerpos
vivientes) ms de terror que de CF, aunque luego en los tardas 80 tendr un remake ms del gnero
protagonizado por Leonard Nimoy! (Mister Spock de Star Trek, en una de sus escasas apariciones
cinematogrficas no relacionadas con la series de Gene Roddenberry) y... de nuevo Donald Sutherland. Parece
que al entonces caractersticamente delgado actor de Nueva Inglaterra le encantaba todo aquello de ser
controlado o suplantado... o que le preocupaba. Y ya se sabe: ser paranoico no significa que a uno no lo estn
persiguiendo. La KGB realmente tuvo muchos agents infiltrados dentro de los EE. UU.













El tercer clsico de Heinlein que queremos mencionar es otra de sus novclas "para

adolescentss. Pero, lo mismo que Tropas del espacio, la ingeniosa Consigue un
traje espacial viajars! trascendi much ms all de la franja de edades para la

que fue concebida. En sus pginas aparecen various tipos de criaturas, pero la que se
lleva la palma es la Madre, un ser oriundo de Vega y altamente emptico pese a su
aspect de zarigeya hipertrofiada, cuya especie funge como polica intergalctica
para la Va Lctea y las nubes de Magallanes. Los veganos no tienen prpados, sino
membranas nictitantes, son marsupiales, tienen seis dedos mutuamente oponibles en
cada mano y aunque son pequeos y delicados, nada fuertes, pueden soportar un
considerable castigo fsico.
No quisiramos terminar este necesariamente somero e incomplete pase de revista a
los aliengenas de la CF hasta los aos 60, sin citar a tres autores con sendas novelas
que ejemplifican puntos de vista diametralmente opuestos respect al fenmeno del
ser inteligente extraterrestre.

Uno es En la cima del mundo, la nica y un tanto montona novela de la casi
siempre interesante James Tiptree Junior31, aparecen los Tyreean, una especie
inteligente que habitat en las corrientes de la atmsfera de un planet gaseoso y

superjoviano. Especie de aeroplanos vivientes que se mueven impulsados por sus
sifones musculosos como los calamares terrestres sin nunca tomar tierra, tienen
sutiles tentculos manipuladores que pueden plegar para no alterar su aerodinmica,
pero sobre todo una capacidad teleptica tan tremenda que son capaces de
intercambiar mentes con algunos humans, en un optimista ejemplo de
entendimiento interespecies que much se adelant a su poca.
El otro es El viaje del "Beagle" espacial del siempre paradjico (cuando no
simplemente incomprensible) A. E. Van Vogt32. Novela no muy lograda en base a la



31 NO, no es un error de gnero: se trata de un seudnimo masculino adoptado por la antroploga Alice
Hasting Sheldon, que revel su identidad solo en 1977, al ganar sus segundos premios Hugo y Nbula.
32 Sus novelas ms conocidas, el dptico El mundo de los No A y Los jugadores del No A han sido, en nuestra
opinion, muy sobrevaloradas por algunos fans snobs que creen que oscuro es sinnimo de inteligente. Por el
estilo ocurre con otro dptico, Los fabricantes de armas y Las Armerias de Isher. El caustico David Langford
las hace objeto de una trepidante parodia en su Gua del Dragonstopista Galctico, del campo de batalla de
Covenant al lmite de Dune: Odisea dos (divertidsimo, como ya indica el farragoso ttulo) Un poco mejor es
su historic de mutantes Slan, y sobre todo sus cuentos, como El bosque, La aldea o En estado latente,
publicados los dos ltimos en Cuba en sendas antologas del gnero.













tcnica del fix-up33 en base a cuatro "encuentros con series extraos" muy en la
tradicin de Simbad el Marino que tiene una nave no casualmente bautizada como
el buque a bordo del cual Charles Darwin realize su periplo cientfico alrededor del
mundo, el no muy feliz eje conductor es el de la nueva profesin de nexialista,
expert en relacionar campos diversos del conocimiento human en cuya misma
concepcin se atisban rasgos de la diabtica, seudociencia inventada por el tambin
escritor Ron Hubbard y a la que pronto Van Voght se adhiri. Pero al menos dos de
los series con los que se encuentra la nave de exploracin merecen una resea: El
Ixtl y los Riim.
El Ixtl es una entidad cuya ms simple descripcin sera algo as como un gran falo
rojo con cuatro brazos y otras tantas piernas radialmente dispuestas. Cada
extremidad culmina en ocho finos tentculos dedos. El cuerpo es largo y cilndrico;
la cabeza, globular, tiene una gran boca en forma de tajo y dos pequeos ojos
tambin rojos. El ser se desplaza a saltos o con un curioso paso giratorio y se
reproduce mediante huevos que para desarrollarse requieren de un husped al que
parasitar. Pero ms all de su forma fsica, son sus capacidades de control
energtico los que lo hacen peculiar: est siempre envuelto en un campo de fuerza
que emana de cada tomo de su estructura, y que no solo le permit atravesar
obstculos slidos "cambiando de fase" sino vivir en el espacio por perodos de
tiempo casi infinitos, y resistir casi cualquier ataque, except con armas que daen
dicho campo, como explosions atmicas.
Los Ixtl rigieron un vasto imperio interestelar con centro en Glor, su planet natal, y
exigan a sus razas vasallas un constant tributo en individuos a parasitar para que
sus huevos y descendientes se desarrollaran, pero su tirana termin cuando Glor fue
destruido por un masivo ataque nuclear. Solo uno pudo escapar, y permaneci
flotando en el espacio por billones de aos, hasta que la nave espacial Beagle se
cruz en su camino. Este nico sobreviviente, cuyo cuerpo albergaba an seis
huevos viables, intent protagonizar un renacer de su raza parsita, pero pese a sus




33 O sea, various relatos interconectados, un recurso que ha dado al gnero hitos tan interesantes como Ms que
human, de Sturgeon, por solo citar uno.













tremendous poderes fsicos es finalmente destruido por la tecnologa y la inteligencia
humanas34

Otro de los peligrosos encuentros del Beagle espacial tiene lugar con los Riim, una
raza cuyos tremendous poderes telepticos suplen su debilidad fsica: pese a su
aspect aproximadamente humanoide, tienen pico y plumas: se trata de una raza de
aves que han pedido la capacidad de volar, aunque an conservan alas vestigiales.
Viven en un planet de baja gravedad, en ciudades que son un laberinto de grandes
plataformas interconectadas por escalas de gato, una arquitectura tpicamente
"pajaril". Todos estos detalles los conocen los humans por puro contact mental:

su nave nunca llega a posarse en el mundo natal de los Riim, que anan sus
esfuerzos primero para neutralizar la possible amenaza d invasion que suponen a los
humans y luego, una vez comprendidas sus intenciones pacificas, para devolver la
nave al espacio n un claro "de acuerdo, son buenos y no los dilhueil, m... por esta
vez. Pero en lo adelante mejor dejnnos tranquilos"

La tercera y ltima novela es la extraordinaria Un caso de conciencia de James
Blish35. Considerada junto con la triloga de Ramson dc C. S Lewis el mximo

exponente de CF de tema religioso, esta obra narra la aventura de un litiano, reptil
bpedo inteligente habitante del planet Lithia, que cuando an es una larva es
entregado a exploradores terrestres ara que lo lleven a su planet y lo eduquen como
un human.

Los litianos son la expresin viviente de la vieja (y errnea) mxima de la
Embriologa del siglo XIX "La ontogenia recapitula la filogenia". O, en palabras
simples, que su ciclo de vida resume su evolucin. Las hembras llevan los huevos
fertilizados en marsupios, pero al eclosionar, los recin nacidos con aspect de pez
son arrojados al mar. Deben entonces crecer desarrollndose y escapando de sus
enemigos a travs de los estadios sucesivos de anfibio y mamfero seudomarsupial


34Un antecedente del Alien de Ridley Scout? Duro de matar, infinitamente antiguo, huevos parsitos... los
paralelismos existen, est claro. Falta solo saber si el guionista del magnfico filme de horror espacial de los
70 se ley la novela de Van Vogt.
35 Un autor poco prolfico, pero singularment slido: an sin Un caso de conciencia ya tendra garantizado su
sitio en el SFHall ofFame gracias a su fix-up sobre la "siembra" de otros planets con genes humans,
Semillas estelares, especialmente por su historic Tensin superficial, sobre hombres microscpicos y
acuticos luchando con la ayuda de protozoos amigables contra feroces rotferos y las inexorables leyes de la
fsica de los fluidos por regresar a las estrellas.













antes de alcanzar el estado de reptil adulto y consciente, que solo consiguen unos
pocos.
La gravedad de Lithia es ligeramente menor que la terrestre, pese al mayor tamao
del planet, porque este carece casi por complete de metales pesados. No obstante lo
cual sus habitantes han logrado desarrollar una civilizacin altamente tecnolgica,
igualando o superando a los humans en campos como la qumica orgnica, la
ptica, la cermica y la electrosttica.
Pero, sobre todo, los litianos han elaborado un sofisticado cdigo tico aunque
privado de todo trasfondo religioso. Su sociedad altruista y cooperative se basa solo
en la razn y no tienen crmenes, guerras ni conductas antisociales. Son como
podra haber sido la humanidad antes de la cada... y por ellos especialmente
peligrosos: al no tener idea de lo que es el pecado, ignoran tambin todo concept
de arrepentimiento y redencin. Blish utiliza el punto de visa de uno de estos series
puro pero educado en la impura Tierra para obligarnos a que cuestionemos nuestros
propios concepts de bien y mal.


Yoss: Miembro de la Unin de Escritores y Artistas de Cuba. (UNEAC) y de la Asociacin
Hermanos Saz. Fue miembro de los talleres literarios "Oscar Hurtado" y "Julio Verne".
Obtuvo el Premio "David" en 1988 con Timshel, en la modalidad de Ciencia-ficcin. Tiene
publicados los libros: Timshel, 1989; W, 1998; Los siete pecados nacionales, Ed. Bessa,
Italia; la antologa de fantasa Reino eterno, en 1999; la novela Los pecios y los nafragos,
publicada a principios del 2000; y la pequea obra El encanto de fin de siglo, una noveleta
escrita a cuatro manos con el escritor italiano Enilio Manetti, la cual ser publicada en una
coleccin en colaboracin italocubana, titulada el Peso Cubano, y el libro Se alquila un
planet, publicado en Espaa en el 2002.


AL INDICE















3. CUENTO CLASICO: LA CONDICIN INHUMANA


por Clive Barker.

-Has sido t, eh? -inquiri Red, sujetando al vagabundo por el hombro de la esculida
gabardina.
-A qu te refieres? -repuso la cara cubierta de mugre.
Analizaba al cuarteto de jvenes que lo haban arrinconado con ojos de roedor. El tnel en
el que lo haban pescado orinando se encontraba alejado de toda esperanza de ayuda; todos
lo saban, y l tambin.
-No s de qu me ests hablando -asegur.
-Te has estado mostrando a los nios -le dijo Red.
El hombre mene la cabeza; un hilillo de baba se le escurrio por el labio y fue a caer a la
mata apelotonada de barba.
-Yo no he hecho nada -insisti.
Brendan se aproxim al hombre; sus pesados pasos resonaron huecos en el tnel.
-Cmo te llamas? -le pregunt con engaosa amabilidad.
Aunque no posea la actitud imponente de Red y era mas bajo, la cicatriz que marcaba la
mejilla de Brendan desde la sien hasta la mandbula sugera que conoca el sufrimiento,
tanto por haberlo recibido como por haberlo infligido.
-Tu nombre -exigi-. No te lo preguntar otra vez.
-Pope -repuso el viejo-. Seor Pope.
-Seor Pope? -repiti Brendan con una sonrisa-. Bien, nos hemos enterado de que has
estado exhibiendo esa polla rancia a nios inocentes. Qu me dices de eso?
-No -repuso Pope, meneando otra vez la cabeza-. No es cierto. Jams he hecho una cosa as.
Al fruncir el ceo, la mugre que le cubra la cara se cuarte como asfalto enloquecido; era
una segunda piel de tizne, resultado de muchos meses. De no haber sido porque despeda
una fragancia a alcohol, que cubra lo peor de sus hedores corporales, habra sido poco
menos que impossible permanecer a escasos metros de l. Aquel hombre era un desecho
human, una vergenza para su especie.
-Para qu te molestas? -pregunt Karney-. Apesta.













Red ech un vistazo por encima del hombro para acallar la interrupcin. Karney, de
diecisiete aos, era el menor de todos, y de acuerdo con la inefable jerarqua del cuarteto,
no tena derecho a opinar. Al reconocer su error, cerr la boca y dej que Red concentrara
su atencin en el vagabundo. Empuj a Pope contra la pared del tnel. El viejo lanz un
grito al golpearse contra el cemento; su eco qued flotando en el tnel. Por la experiencia
pasada, Karney ya saba cmo se desarrollara la escena a partir de ese moment, por lo que
se alej y se dedic a observer una dorada nube de mosquitos en la boca del tnel. Aunque
disfrutaba de la compaa de Red y de los otros dos -la camaradera, las rateras, las
borracheras-, aquel juego en particular nunca le haba gustado demasiado. No le encontraba
gracia a eso de buscar un borracho perdido como Pope y darle una paliza hasta acabar con
la poca cordura que le quedara en la trastornada cabeza. Aquello haca que Karney se
sintiera sucio, y no quera saber nada.
Red arranc a Pope de la pared y le escupi a la cara una sarta de indecencias, y al no
obtener una respuesta adecuada volvi a lanzarlo contra la pared del tnel por segunda vez,
pero con ms fuerza que la anterior; fue tras l, agarr de las solapas al hombre sin aliento y
lo sacudi hasta hacerlo resonar. Pope lanzo una mirada aterrada hacia las vas. En otra
poca haba pasado por all un tren, que atravesaba Highgate y Finsbury Park. Pero ahora
haban quitado las vas y el atajo se haba convertido en parque pblico, muy popular entire
los corredores maaneros y los enamorados vespertinos. A aquella hora, en mitad de una
calurosa tarde, las vas estaban desiertas en ambas direcciones.
-Ten cuidado, no le rompas las botellas -sugiri Catso.
-Tiene razn, quitmosle la bebida antes de reventarle la cabeza -dijo Brendan.
Al or que iban a robarle el licor, Pope comenzo a luchar, pero sus forcejeos no hicieron
ms que enfurecer a su captor. Red estaba de un humor de perros. Ese da, al igual que la
mayora de aquel veranillo de San Martin, haba sido aburrido y pegajoso. Un da de perros
de una estacin desperdiciada, sin nada que hacer ni dinero para gastar. Haca falta un poco
de entretenimiento, y le haba tocado a Red como len, y a Pope como cristiano,
proporcionarlo.
-Te lastimars si te resistes -le dijo Red al viejo-, slo queremos ver lo que llevas en los
bolsillos.













-No es asunto tuyo -le espet Pope, y por un instant habl como un hombre que en alguna
ocasin estuvo acostumbrado a ser obedecido.
El altercado hizo que Karney se olvidara de los mosquitos y se fijara en la cara demacrada
de Pope. Las depravaciones innombrables le haban consumido toda la dignidad y el vigor,
pero bajo la mugre an conservaba algo que segua brillando. Karney se pregunt qu
habra sido aquel hombre. Un banquero? Un juez, perdido ya para la ley?
Catso intervino en la pelea para registrar las ropas de Pope, mientras Red sujetaba al
prisionero por el cuello, contra la pared del tnel. Pope se deshizo de las atenciones no
deseadas de Catso lo mejor que pudo; sus brazos giraron como molinos de viento y los ojos
se le fueron enfureciendo ms y ms. No luches -lo inst Karney mentalmente-, ser peor
para ti si lo haces. Pero el viejo estaba al borde del
pnico, y lanzaba gruidos de protest que eran ms animals que humans.
-Que alguien le sujete los brazos -orden Catso, agachndose para esquivar el ataque de
Pope.
Brendan agarr a Pope de las muecas y le subi los brazos por encima de la cabeza para
facilitar la bsqueda. Aunque ya no tena esperanzas de soltarse, Pope sigui retorcindose.
Logr darle una fuerte patada a Red en la espinilla izquierda, por lo que recibi un golpe a
cambio. Empez a sangrarle la nariz y a caerle por la boca. Karney saba que de la nariz le
saldra much ms. Haba visto innumerables pelculas de gente destrozada -la brillante
espiral de los intestinos; la grasa amarilla y las luces prpura-; todo ese brillo se encontraba
encerrado en el saco gris del cuerpo de Pope. Karney no supo a ciencia cierta por qu se le
haba ocurrido pensar en eso. Lo pona nervioso, por lo que intent centrar su atencin en
los mosquitos, pero Pope no se lo permiti. Lanz un grito de angustia cuando Catso le
abri de un tirn uno de los muchos chalecos hasta alcanzar las capas inferiores.
-Hijos de puta! -rugi Pope, sin importarle que los insultos le hicieran acreedor inevitable
de ms golpes-. Quitadme de encima vuestras asquerosas manos! Os matare! A todos!
Red puso fin a las amenazas con un puetazo y hubo ms sangre. Pope la escupi en la cara
de su atormentador.
-No me provoques -dijo con voz apenas audible-. Os lo advierto...
-Hueles a perro muerto -le dijo Brendan-. Es eso lo que cres, un perro muerto?













Pope no respondi; sus ojos no se apartaron de Catso, quien se dedic sistemticamente a
vaciarle los bolsillos de la chaqueta y los chalecos y lanzar al suelo polvoriento del tnel
una pattica coleccin de recuerdos.
-Karney, quieres revisar todas estas cosas? -orden Red-. Fjate si encuentras algo de
valor.
Karney mir fijamente las baratijas y los lazos mugrientos, las radas hojas de papel (acaso
sera poeta?) y los corchos de las botellas de vino.
-No es ms que basura -dijo.
-Fjate de todos modos -insisti Red-. En una de sas, entire tanta porquera igual encuentras
dinero. -Karney no se movi-. Fjate, maldita sea!
A regaadientes, Karney se puso en cuclillas y revolvi la pila de basura que Catso segua
depositando en el polvo. A simple vista logr ver que no haba nada de valor, aunque tal
vez algunos de los objetos -las viejas fotografas, las notas indescifrables- podan ofrecer
una pista de lo que haba sido Pope antes de que la bebida y la locura incipiente
ahuyentaran los recuerdos. Aunque senta curiosidad, Karney deseaba respetar la intimidad
de Pope. Era lo nico que le quedaba al hombre.
-Aqu no hay nada -anunci despus de efectuar un rpido examen.
Pero Catso no haba concluido su bsqueda; cuanto ms revolva, sus vidas manos
descubran ms capas de ropa sucia. Pope tena ms bolsilos que un mago maestro.
Karney levant la vista de la pila solitaria de pertenencias y, para su incomodidad, not que
Pope lo miraba. El viejo, cansado y golpeado, ya no protestaba. Tena un aspect
lamentable. Karney abri las manos para indicarle que no se haba quedado con nada.
Como respuesta, Pope inclin levemente la cabeza.
-La encontr! -aull Catso con aire triunfal-. Encontr a la hija de puta!
Y sac una botella de vodka de uno de los bolsillos. Demasiado dbil como para notar que
le haba sido arrebatado el suministro de alcohol, o bien demasiado cansado para
preocuparse, Pope no formula ninguna queja cuando le robaron la bebida.
-Algo ms? -quiso saber Brendan. Haba comenzado a rerse tontamente: una risa de tono
agudo, indicadora de su creciente excitacin-. Tal vez el muy perro tenga ms de donde le
sacamos sta -sugiri, soltndole las manos a Pope y haciendo a un lado a Catso.













Este ltimo no hizo objecin alguna por el tratamiento; haba conseguido su botella y
estaba satisfecho. Rompi el cuello de un golpe, para evitar la contaminacin, y comenz a
beber, acuclillado entire la mugre. Red solt a Pope al ver que Brendan se haba hecho cargo
de l. Estaba claro que el juego le aburra. Por otra parte Brendan apena comenzaha a
tomarle gusto.
Red se dirigi a Karney y, con la punta de la bota, removi la pila formada por las
pertenencias de Pope.
-Pura basura -dijo, sin demasiada conviccin.
-S -asinti Karney, con la esperanza de que la falta de conviccin de Red mareara el final
de la humillacion del viejo.
Pero Red le haba arrojado el hueso a Brendan y no era tan tonto como para arrebatrselo
otra vez. Karney conoca la capacidad de violencia de Brendan y no senta deseo alguno de
verlo otra vez en accin. Suspirando, se puso de pie y volvi la espalda a las actividades de
Brendan. Sin embargo, los ecos del tnel eran demasiado elocuentes: una mezcla de
puetazos y obscenidades susurradas con un hilo de voz.
Por experiencias pasadas, saba que nada detendra a Brendan hasta que su furia se hubiera
apagado. Si alguien era tan tonto como para interrumpirlo, acababa siendo vctima.
Red se pase hasta el extremo ms alejado del tnel, encendi un cigarrillo y observ con
inters casual cmo castigaban al viejo. Karney ech un vistazo a Catso. Despus de
permanecer acuclillado, se sent en medio de la mugre con la botella de vodka entire las
piernas extendidas. Sonrea para s, sordo a la sarta de splicas que provenan de la boca
rota de Pope.
Karney sinti ganas de vomitar. Para no tener que concentrarse en la paliza, ms que por
genuino inters, volvi a observer las porqueras salidas de los bolsillos de Pope, las
revolvi, y recogi una de las fotos para examinarla. Era de un nio, aunque resultaba
impossible adivinar si haba algn parecido familiar, porque la cara de Pope era casi
irreconocible. Haba comenzado a cerrrsele un ojo al hincharse la moradura. Karney lanz
la foto sobre el resto de los recuerdos. Al hacerlo vio un trozo de cuerda anudada que
anteriormente haba pasado por alto. Volvi a mirar a Pope. El ojo hinchado se le haba
cerrado y el otro pareca ciego. Contento de que no vigilara, Karney sac la cuerda de
donde estaba, enrollada como una serpiente en su nido, entire la basura. Los nudos le













fascinaban, siempre le haban fascinado. Aunque jams haba tenido habilidad para los
acertijos acadmicos (para l las matemticas eran un misterio, y los detalles intrincados del
lenguaje, igual), siempre le haban gustado los acertijos ms tangibles. Si le daban un nudo,
un rompecabezas o el horario de trenes, se desconectaba del mundo durante horas.
Conservaba ese inters desde la infancia solitaria, sin padre ni hermanos con quienes
entretenerse, qu mejor compaa que un rompecabezas?
Le dio vueltas y vueltas a la cuerda, examinando los tres nudos hechos a intervalos de dos o
tres centmetros a partir de la mitad de la cuerda. Eran grandes y asimtricos, y no parecan
cumplir ninguna finalidad discernible salvo, tal vez, la de infatuar mentes como la suya.
Cmo si no poda explicarse su extraa construccin, salvo diciendo que quien hiciera los
nudos se las haba visto y deseado para crear un problema prcticamente insoluble? Dej
que sus dedos juguetearan con la superficie de los nudos, buscando instintivamente alguna
amplitud, pero haban sido pergeados con tanta brillantez que ninguna aguja, por fina que
fuese, podra haber pasado entire los lazos unidos. El reto que presentaban era demasiado
atrayente como para pasarlo por alto. Volvi a mirar al anciano. Al parecer, Brendan se
haba cansado de sus esfuerzos, y mientras Karney lo observaba, lanz al anciano contra la
pared del tnel y dej que su cuerpo cayera al suelo. Una vez all, lo dej tirado. De el
eman un inconfundible olor a cloaca.
-S que ha estado bien -sentenci Brendan, como si acabara de salir de una vigurizante
ducha. El ejercicio le haba cubierto las facciones rubicundas con una capa de sudor;
sonrea de oreja a oreja-. Dame un poco de vodka, Catso.
-Se ha terminado -farfull ste volviendo la botella boca abajo-. No haba ms que un trago.
-Eres un mierda y un mentiroso -le dijo Brendan sin dejar de sonrer.
-Y qu? -repuso Catso, y lanz la botella vaca a un lado. Se hizo aicos-. Aydame a
levantarme -le pidi a Brendan.
Este, sin perder su enorme buen humor, ayud a Catso a ponerse en pie. Red ya haba
comenzado a salir del tnel; los dems lo siguieron.
-Oye, Karney... -dijo Catso por encima del hombro-, te vienes?
-Claro.
Se puso de pie, sin despegar los ojos de la figure inerte repantigada sobre el suelo del tnel,
intentando encontrar una pizca de conciencia. No logr ver nada. Ech un vistazo a sus













compaeros: los tres le daban la espalda mientras caminaban por las vas. Rpidamente,
Karney se meti los nudos en el bolsillo. El hurto le llev unos instantes. Una vez que la
cuerda qued oculta a la vista de todos, se sinti invadido por una ola de triunfo que no
guardaba proporcin alguna con la mercanca adquirida. Imaginaba de antemano las horas
de diversion que le proporcionaran los nudos. Horas en las que se olvidara de si mismo, de
su vaco; olvidara el verano estril y el invierno desangelado que le esperaba, olvidara
tambin al anciano que yaca sobre sus propios excrementos, a pocos metros de donde l
mismo se encontraba.
-Karney! -grit Catso.
Karney le dio la espalda a Pope y comenz a alejarse del cuerpo y de la pila de porquera
formada por sus pertenencias. A pocos pasos del final del tnel, el viejo comenz a
murmurar en su delirio. Las palabras eran incomprensibles, pero, por algn truco acstico,
las paredes del tnel amplificaron el sonido. La voz de Pope viaj por el tunel, llenndolo
de murmullos.
Karney no tuvo ocasin de estudiar los nudos con toda tranquilidad sino hasta much ms
tarde, esa misma noche, cuando se encontr sentado en su habitacin a solas, mientras en la
habitacin contigua su madre lloraba en sueos. No le haba dicho a Red ni a los otros que
haba robado la cuerda; el hurto era tan insignificant que se habran burlado de l por
mencionarlo. Adems, los nudos suponan un reto personal, un reto que l enfrentara -y
que seguramente perdera- a solas.
Despus de reflexionar un rato, eligi el nudo que intentarla desatar en primer lugar y se
puso a trabajar. Casi de inmediato, perdi toda nocin del tiempo: el problema lo absorbi
por complete. Las horas de arrobada frustracin pasaron sin que las notara mientras
analizaba la maraa, en busca de alguna pista que le revelara el sistema oculto de los nudos.
No logr encontrar ninguno. Las configuraciones, si es que tenan alguna lgica, lo
superaban. Lo nico que le quedaba era analizar el problema a base de ir eliminando
errors. El amanecer amenazaba con devolver la luz al mundo cuando finalmente dej la
cuerda para dormir un par de horas; en toda una noche de trabajo apenas haba logrado
aflojar una pequea porcin del nudo.
Durante los cuatro das que siguieron el problema se convirti en una idea fija, una
obsesin hermtica a la que volva cada vez que le era possible, cogiendo el nudo con los













dedos cada vez ms entumecidos. El acertijo lo subyugaba como pocas cosas en su vida
adulta; mientras trabajaba en el nudo estaba sordo y ciego al resto del mundo. Por las
noches, sentado en su dormitorio iluminado por una lmpara, o en un parque, durante el
da, llegaba a sentirse arrastrado hacia el retorcido corazn del nudo, con la mente tan
concentrada que poda llegar adonde no alcanzaba la luz. A pesar de su persistencia, el
desenmaraar la cuestin resultaba asunto lento. A diferencia de la mayora de los nudos
que, una vez aflojados en parte, concedan la solucin total, esta estructura haba sido
diseada con tanta precision que al soltar un element no se lograba otra cosa que ajustar
otro. Comenz a vislumbrar que el truco consista en trabajar por todos los extremos del
nudo a igual ritmo: soltando un poco por una parte, dndole la vuelta para aflojar otra en el
mismo grado, y as sucesivamente. Esta rotacin sistemtica, aunque tediosa, gradualmente
fue dando resultados.
Durante esos das no vio a Red, a Brendan ni a Catso: su silencio sugera que echaban de
menos su presencia tanto como l la de ellos. Se sorprendi cuando Catso apareci un
viernes por la tarde a preguntar por l. Traa una propuesta. l y Brendan haban
encontrado una casa a punto para un atraco y queran que Karney hiciera de centinela. En el
pasado, haba desempeado ese papel en dos ocasiones. En ambos casos se haba tratado de
atracos con escalamiento, igual que ste; en el primer caso haban logrado reunir unas
cuantas alhajas vendibles, y en el segundo, various cientos de libras. Sin embargo, esta vez
se trataba de un trabajo a realizar sin la participacin de Red, porque ste estaba cada vez
ms ocupado con Anelisa, y ella, en palabras de Catso, le haba hecho jurar que no se
ensuciara las manos con asuntos de poca monta y que deba ahorrar sus talents para
golpes ms ambiciosos. Karney presinti que Catso -y con toda probabilidad tambien
Brendan- se mora por probar su eficacia criminal sin Red. La casa elegida era un objetivo
fcil, al menos eso sostena Catso, y Karney seria un tonto redomado si dejaba pasar la
oportunidad de hacerse con un botn tan sencillo. Finalmente, cuando Catso concluy con
su perorata, Karney acept el trabajo, no por el dinero, sino simplemente porque al decir
que s podra volver a sus nudos much antes.
Mucho ms tarde, esa noche, y siguiendo la sugerencia de Catso, se encontraron para echar
un vistazo al lugar del golpe. El sitio resultaba, sin duda, presa fcil. Karney haba pasado
con frecuencia por el puente que conduca a Hornsey Lane por encima de Archway Road,













pero jams haba reparado en el empinado sendero, formado en parte por escalones y en
parte por una senda, que bajaba desde un costado del puente hasta el camino de abajo. La
entrada era estrecha y dificil de ver, y su sinuoso recorrido se hallaba iluminado por una
sola farola; su luz era oscurecida por los rboles de los jardines cuyos fondos daban al
sendero mismo. Eran estos jardines, de cercas fcilmente escalables o ya derruidas, los que
ofrecan un acceso perfect a las casas. Un ladrn que utilizara el apartado sendero poda
entrar y salir impunemente, sin ser visto por los viandantes que pasaran por el camino
superior o el inferior. Lo nico que haca falta era contar con un centinela en el sendero
para advertir la presencia de un peatn occasional que pudiera utilizarlo. Esa sera la misin
de Karney.
La siguiente fue una noche ideal para ladrones. Fresca sin llegar a ser fra; el cielo estaba
nublado pero no llova. Se reunieron en Highgate Hill, junto a los portales de la iglesia de
los Hermanos Pasionarios; desde all bajaron hasta Archway Road. Segn Brendan, si se
acercaban al sendero desde arriba llamaran menos la atencin. Los coaches patrulla de la
polica solan pasar ms por Hornsey Lane, en parte porque el puente resultaba irresistible a
los depresivos del barrio. Para el suicide decidido, el lugar ofreca evidentes ventajas: una
de las principles era que si la cada de veinticuatro metros no te mataba, lo haran sin duda
los colosales camiones que se dirigan al sur por Archway Road.
Esa noche Brendan estaba dominado por el entusiasmo, encantado de dirigir a los otros en
lugar de desempear el papel de segundo de Red. Estaba dicharachero y en gran parte su
conversacin giraba en torno a las mujeres. Karney le dej a Catso el orgullo de ir al lado
de Brendan y se mantuvo detrs de ellos, a unos cuantos pasos, sin sacar la mano del
bolsillo de la chaqueta, donde le esperaban los nudos. En las ltimas horas, fatigado por
tantas noches insomnes, la cuerda haba empezado a hacer cosas raras ante sus ojos; en
cierta ocasin haba llegado incluso a moverse en sus manos, como si se estuviera
desatando desde dentro. Incluso en ese moment, mientras se acercaban al sendero, le
parecio sentir que se retorca contra la palma de su mano.
-Joder..., fjate en eso. -Catso seal hacia el sendero completamente a oscuras-. Alguien ha
roto la farola.
-Baja la voz -le orden Brendan, y los condujo hacia el sendero.













No estaba completamente a oscuras: desde Arehway Road llegaban vestigios de
iluminacion. Pero como se filtraba a travs de la densa mata de arbustos, el sendero
quedaba de todos modos sumido en las sombras. A duras penas Karney lograba verse la
mano delante de la cara. Sin duda, la oscuridad disuadira hasta al ms confiado de los
peatones de utilizar el sendero. Cuando haban subido mas de la mitad del trayecto,
Brendan hizo detener al grupo.
-Esta es la casa -anunci.
-Estas seguro? -inquiri Catso.
-He contado los jardines. Es sta.
La cerca que marcaba el final del jardn se encontraba en un estado deplorable; Brendan no
tuvo ms que manipularla brevemente -los ruidos quedaron cubiertos por el rugido de un
camion rezagado que pasaba por el asfalto de ms abajo- para que pudieran entrar sin
problems. Brendan avanz por la maraa de zarzas que crecan exuberantes en el fondo
del jardn; Catso fue tras l blasfemando cada vez que se pinchaba. Brendan lo mand
callar con otra maldicin y luego regres hasta donde estaba Karney.
-Vamos a entrar. Silbaremos dos veces cuando hayamos salido. Te acuerdas de las
seales?
-No es imbcil. Eh, Karney? Lo har bien. Vamos a entrar o no?
Brendan no dijo una palabra ms. Las dos figures navegaron por las zarzas y subieron hasta
alcanzar el jardn propiamente dicho. Cuando llegaron al csped y salieron de las sombras
de los rboles, resultaron visible como dos siluetas grises recortadas contra la casa. Karney
los observ mientras avanzaban hacia la puerta trasera, y oy el ruido que hizo sta cuando
Catso -el de dedos ms giles- forz la cerradura; luego, el duo entr en la casa. Y Karney
se qued solo.
No del todo solo. Todava tena a los compaeros de la cuerda. Mir hacia ambos lados del
sendero; sus ojos se acostumbraron poco a poco a la penumbra color sodio. No vio ningun
peatn. Satisfecho, sac los nudos del bolsillo. Sus manos eran como fantasmas; apenas
lograba ver los nudos. Pero prcticamente sin que los guiara la conciencia, sus dedos
reanudaron la investigacin, y por raro que pareciera, logr captar mejor el problema en
unos segundos de ciega manipulacin que en todas las horas precedentes. Sin poder utilizar
la vista, se gui puramente por el instinto y obr maravillas. De nuevo tuvo la fantstica













sensacin de que el nudo tena vida propia, como si fuera cada vez ms un agent de su
propio desatarse. Animado por la alegra de la victoria, desliz sus dedos por el nudo con
una precision inspirada, encontrando justamente los hilos que deba manipular.
Volvi a echar un vistazo al sendero, para asegurarse de que estuviera vaco, y luego mir
hacia la casa. La puerta estaba abierta, y no haba seales ni de Catso ni de Brendan. Se
concentr otra vez en el problema que tena entire manos; estuvo a punto de echarse a rer al
comprobar la facilidad con que de repente se desataba el nudo.
Sus ojos, iluminados quiz por el entusiasmo creciente, haban comenzado a jugarle una
mala pasada. Unos destellos de color -extraos y de tonos innombrables- se encendieron
ante l; se originaban en el corazn del nudo. La luz le ilumin los dedos a media que
trabajaban, y se volvieron translcidos. Vio las terminaciones nerviosas, brillantes con una
sensibilidad nueva, los huesecillos de los dedos, visible hasta la mdula. Entonces, tan
repentinamente como haban surgido, los colors se apagaron, dejando a sus ojos
embrujados en la oscuridad hasta que volvieron a encenderse.
El corazn comenz a latirle en los odos. Presinti que solo tardara unos segundos en
desatar el nudo. Los hilos entrelazados se iban separando; sus dedos se convirtieron en
juguete de la cuerda, y no al revs. Abri unas lazadas para pasar los otros dos nudos, tir y
tir; lo hizo todo a instancias de la cuerda.
Volvieron los colors, pero esta vez sus dedos eran invisibles y en cambio logr ver una
cosa brillar en las dos ltimas vueltas del nudo. La forma se retorca cual pez en la red y
aumentaba con cada vuelta que l deshaca. Los latidos de la cabeza redoblaron su ritmo. A
su alrededor, la atmsfera se haba vuelto casi pegajosa, como si estuviera hundido en el
barro.
Alguien silb. Saba que la seal tena un significado, pero no logr recorder cul era.
Haba demasiadas distracciones: el aire espeso, la cabeza que le lata, el nudo que se
desataba solo en sus manos indefensas mientras la figure de su centro -sinuosa y brillante-
se hinchaba y se revolva.
Hubo otro silbido. Esta vez su urgencia lo sac del trance. Levant la vista. Brendan ya
estaba atravesando el jardn y Catso le segua a escasa distancia. Karney slo tuvo un
moment para registrar su aparicin antes de que el nudo iniciara la fase final de su
resolucin. La ltima lazada se solt, y la forma que se encontraba en su centro salt a la













cara de Karney, creciendo a un ritmo exponencial. Se apart instintivamente para no perder
la cabeza y la cosa pas disparada junto a l. Asombrado, tropez con la maraa de zarzas y
cay en un lecho de espinas. Arriba, el follaje se agitaba como si soplara un ventarrn.
Le llovieron hojas y ramitas. Mir hacia arriba, a las ramas, e intent divisar la forma, pero
se haba perdido
de vista.
-Por qu no contestaste, idiota? -pregunt Brendan-. Cremos que te habas pirado.
Karney apenas se haba percatado de la presencia agitada de Brendan; sigui buscando en
el dosel de rboles que tena encima de la cabeza. El hedor de barro helado le llen la nariz.
-Ser mejor que te muevas -le sugiri Brendan, trepando a la cerca rota y saltando al
sendero.
Karney se esforz por ponerse en pie, pero las espinas de las zarzas le impidieron ir de prisa
porque se le enganchaban en el pelo y la ropa.
-Mierda! -oy murmurar a Brendan desde el extremo opuesto de la cerca-. La polica est
en el puente!
Catso haba llegado al final del jardn.
-Qu haces ah abajo? -le pregunt a Karney.
-Aydame -dijo ste levantando la mano.
Catso le aferr de la mueca y en ese moment Brendan sise:
-La polica! Moveos!
Catso solt a Karney, se agacho y pas por debajo de la cerca para seguir a Biendan,
Archway Road abajo. Mareado, Karney tard unos segundos en darse cuenta de que la
cuerda con los nudos restantes le haba desaparecido de la mano. No se le haba cado,
estaba seguro de eso. Lo ms probable era que lo hubiese abandonado deliberadamente, y
su nica oportunidad la haba tenido cuando Catso lo aferr de la mueca. Extendi los
brazos para agarrarse de la cerca desmoronada y ponerse de pie. Tena que advertirle a
Catso de lo que haba hecho la cuerda, hubiera o no polica. En aquel paraje merodeaba
algo peor que la ley.
Al bajar el sendero a toda carrera, Catso ni siquiera not que los nudos haban logrado
abrirse paso hasta su mano; estaba demasiado preocupado por huir. Brendan ya haba huido
por Archway Road. Catso ech una mirada por encima del hombro para comprobar si la













polica lo segua. No haba seales de ellos. Incluso aunque comenzaran a perseguirlo
ahora, no lograran cazarlo. Pero quedaba Karney. Catso aminor la march y luego se
detuvo mirando hacia el sendero para comprobar si el muy idiota daba seales de seguirlo,
pero ni siquiera haba logrado saltar la cerca.
-Maldita sea -mascull.
Debera volver sobre sus pasos e ir en su busca?
Mientras titubeaba en el ensombrecido sendero, advirti que lo que haba tomado por un
ventarrn entire los rboles haba desaparecido repentinamente. El silencio lo dej perplejo.
Apart la vista del sendero para observer el dosel de ramas; sus ojos asombrados se posaron
en la forma que se arrastraba hacia l, llevando consigo el hedor del barro y la
descomposicin. Lentamente, como en un sueo, levant las manos para impedir que la
criatura lo tocase, pero lo alcanz con sus miembros hmedos y helados y lo levant.
Karney, que estaba trepando a la cerca, vio a Catso elevarse y desaparecer entire los rboles.
Tambin vio cmo sus piernas pedaleaban en el aire al tiempo que los artculos robados
caan de sus bolsillos y saltaban sobre el sendero hacia Archway Road.
Entonces, Catso aull, y sus piernas colgantes comenzaron a moverse enloquecidas. En lo
alto del sendero, Karney oy gritar a alguien. Un polica que hablaba con otro, supuso.
Acto seguido, oy el sonido de una carrera. Levant la vista hacia Hornsey Lane -los
oficiales an no haban alcanzado lo alto del sendero- y luego volvi a mirar en direction a
Catso, just a tiempo para ver cmo caa su cuerpo del arbol. Se desplom en el suelo,
inmvil, y no tard en ponerse de pie. Catso volvi a mirar hacia el sendero y hacia Karney.
La expression de su rostro, incluso en la oscuridad, era la de un loco. Entonces ech a correr.
Contento de que Catso tuviera una ventaja inicial, Karney salt de nuevo la cerca just
cuando dos policas aparecan en lo alto del sendero y comenzaban a perseguir a Catso.
Todo aquello -el nudo, los ladrones, la persecucion, el grito y dems- ocup unos pocos
segundos, durante los cuales Karney no haba osado respirar siquiera. Ahora yaca sobre
una almohada espinosa de zarzas y boqueaba como un pescado, mientras al otro lado de la
cerca la polica bajaba por el sendero gritndole al sospechoso.
Catso apenas oy sus rdenes. No hua de la polica, sino de la cosa fangosa que lo haba
levantado para mostrarle su cara chancrosa y cortajeada. Al llegar a Archway Road, el
temblor se apoder de sus piernas. Si le fallaban las piernas, tena la certeza de que la cosa













volvera a buscarlo y posara los labios sobre los suyos como antes. Pero esta vez no tendra
fuerzas para gritar; le chupara el aliento hasta quitarle de los pulmones la ultima gota de
aire. Su nica esperanza era interponer distancia entire l y su atormentador. Sin que la
respiracin de la bestia abandonara sus odos, escal la calzada hacia el sur. A medio
camino advirti su error. El horror lo haba vuelto ciego a los dems peligros. Un Volvo
azul -la boca de su chfer una O perfecta- lo dej paralizado. Fascinado, qued atrapado
ante los faros como un animal; instantes despus recibi un golpe sbito que lo arroj al
otro lado de la calzada, bajo las ruedas de un camin con remolque. El segundo chfer no
tuvo ocasin de esquivarlo; el impact abri a Catso y lo lanz bajo las ruedas.
En el jardn, all en lo alto, Karney oy el pnico de los frenos y al Polica, en el fondo del
sendero, exclamar:
-Dios me libre y me guard!
Esper unos segundos y luego espi desde su escondite. El sendero estaba desierto tanto en
lo alto como en la parte baja. Los rboles estaban en calma. Desde el camino de abajo le
lleg el sonido de una sirena y el grito de los oficiales ordenando a los coaches que se
detuvieran. Algo ms cerca, alguien sollozaba. Aguz el odo durante unos instantes,
intentando descifrar el origen del llanto, hasta que se dio cuenta de que era l quien lloraba.
Con lgrimas o sin ellas, el clamor exiga su atencin. Algo terrible haba ocurrido, y tena
que comprobar qu era. Pero tena miedo de pasar por la double hilera de rboles, porque
saba lo que all acechaba; se qued quieto, mirando hacia las ramas, intentando localizar a
la bestia. No haba ruidos ni movimientos; los rboles estaban tan quietos que parecan
muertos. Ahogando sus temores, sali de su escondite y comenz a bajar por el sendero sin
despegar los ojos del follaje para comprobar hasta la menor seal de la presencia de la
bestia. La multitud fue aumentando y oy sus murmullos. Se le ocurri pensar en un muro
de personas; a partir de ese moment tendra que ocultarse. Los hombres que haban visto
milagros deban hacerlo.
Haba llegado al lugar donde Catso se haba elevado hacia los rboles; un montn de hojas
y cosas robadas lo indicaban. Los pies de Karney desearon ser ligeros, recogerlo todo y
alejarse a toda velocidad de aquel lugar, pero un instinto perverso lo obligaba a ir despacio.
Acaso quera tentar a la criatura del nudo para que le mostrara la cara? Mejor enfrentarse a
ella ahora, en toda su asquerosidad, que vivir con el temor a partir de entonces, bordando su













rostro y sus poderes. Pero la bestia se mantuvo oculta. Si todava segua en el rbol, no
movio ni una ua.
Algo se retorci debajo de su pie. Karney baj la vista y all, casi perdida entire las hojas,
estaba la cuerda. Al parecer Catso no haba sido considerado digno de llevarla. Despus de
haber revelado algunos datos de su poder, no hizo esfuerzo alguno por aparentar ser algo
natural. Se retorci en la grava como una serpiente en celo, echando hacia atrs la cabeza
anudada para llamar la atencin de Karney. Quiso pasar por alto sus cabriolas, pero le fue
impossible. Saba que si l no la recoga, con el tiempo lo hara algn otro: una vctima,
como l, de la mana de resolver enigmas. Adnde conducira esa inocencia sino a otra
huida ms terrible que la primera? No, lo mejor era que recogiera la cuerda con los nudos.
Al menos l conoca su potential y en consecuencia se encontraba prevenido. Se agach, y
al hacerlo, la cuerda salt a sus manos, enroscndose en sus dedos con tanta fuerza que casi
le hizo gritar.
-Hija de puta.
La cuerda se enroll en su mano, enlazndosele entire los dedos, extasiada por la
bienvenida. Levant la mano para observer mejor su actuacin. De repente, la inquietud por
los acontecimientos de Archway Road haba desaparecido milagrosamente, se haba
evaporado. Que importaban esas preocupaciones menores? No eran ms que la vida y la
muerte. Sera mejor que huyera ahora que tena ocasin.
Por encima de su cabeza se sacudi una rama. Aparto la vista de los nudos y mir al rbol.
Recuperada la cuerda, aquella trepidacin, al igual que sus temores, se haba evaporado.
-Mustrate -dijo-. No soy como Catso, no tengo miedo. Quiero saber lo que eres.
Desde el camuflaje de hojas, la bestia acechante se inclino hacia Karney y exhal una sola
bocanada de aire helado. Ola como el ro cuando haba marea baja, a vegetacin
putrefacta. Karney se dispona a preguntarle qu era, cuando advirti que la exhalacin era
la respuesta de la bestia. Todo lo que poda decir de su condicin estaba contenido en esa
bocanada de aire amargo y rancio. Para ser una respuesta no careca de elocuencia.
Angustiado por las imgenes que despert, Karney se alej del lugar. Tras sus ojos se
movan unas formas heridas y lentas, envueltas por una oleada de mugre.
A escasa distancia del rbol se rompi el hechizo del aliento y Karney bebi el aire
contaminado del camino como si fuera la brisa clara y limpia de los albores del mundo. Le













dio la espalda a las agonas que presenta, meti la mano envuelta en la cuerda en el
bolsillo, y comenz a subir por el sendero. Detrs de l, los rboles volvieron a quedarse
quietos.
Varias docenas de espectadores se haban reunido en el puente a observer los
procedimientos de ms abajo. Su presencia haba provocado la curiosidad de los
camioneros y conductores que pasaban por Hornsey Lane, algunos de los cuales aparcaron
sus vehculos, se apearon y se sumaron a la multitud. La escena debajo del puente pareca
demasiado remota como para despertar en Karney sentimiento alguno. Permaneci entire la
multitud y mir hacia abajo con bastante desapasionamiento. Reconoci el cadver de
Catso por las ropas; poco ms quedaba del que fuera su companero.
Dentro de unas horas saba que iba a lamentarlo. Pero en ese moment no lograba sentir
nada. Al fin y al cabo, Catso estaba muerto, o no? Su dolor y su confusion haban acabado.
Karney presinti que sera ms convenient que se ahorrara las lgrimas para aquellos
cuyas agonas acababan de comenzar.
Y otra vez los nudos.
Esa noche, en su casa, intent guardarlos, pero despus de los acontecimientos de la
carretera haban adquirido un encanto nuevo. Los nudos sujetaban a unas bestias. Ignoraba
cmo y por qu, y aunque senta curiosidad, no le importaba demasiado. Toda su vida haba
aceptado que el mundo estaba plagado de misterios que una mente de sus limitados
recursos no poda esperar resolver. Era la nica leccin verdadera que haba aprendido en la
escuela: l era ignorante. Ese nuevo imponderable fue uno ms de una larga lista.
Slo se le ocurri una explicacin racional, y era que de alguna manera Pope haba
dispuesto que l le robara la cuerda, en la plena conciencia de que la bestia liberada se
vengara de los atormentadores del anciano; no fue hasta la cremacin de Catso, seis das
despues, cuando Karney obtuvo cierta confirmacin de su teora. Mientras tanto, se guard
sus temores; decidi que cuanto menos hablara de la noche de los hechos, menos dao le
haran. La palabra daba credibilidad a lo fantstico, otorgaba peso a unos fenmenos que si
se dejaban estar, esperaba que se debilitaran lo bastante como para lograr sobrevivir.
Al da siguiente, cuando la polica fue a su casa a someterle a un interrogatorio de rutina
porque era amigo de Catso, declar desconocer las circunstancias que rodearon su muerte.
Brendan haba hecho otro tanto, y como pareca no haber testigos que declarasen lo













contrario, no volvieron a interrogar a Karney. Lo dejaron en paz con sus pensamientos, y
con los nudos.
En cierta occasion vio a Brendan. Haba esperado que le reeriminara; Brendan crea que
Catso hua de la polica cuando se mat y que haba sido la falta de concentracin de
Karney la que haba impedido que les avisara de su presencia. Pero Brendan no formula
acusaciones. Haba aceptado la carga de la culpa con una disposicin que ola a apetito:
hablaba slo de sus fallos, y no de los de Karney. La aparente arbitrariedad de la muerte de
Catso haba despertado en Brendan una ternura no deseada, y Karney se mora por contarle
la historic desde el principio hasta el fin. Pero presinti que no era el moment adecuado.
Dej que Brendan se desahogara y mantuvo la boca cerrada.
Y otra vez los nudos.
A veces se despertaba en mitad de la noche y tocaba la cuerda debajo de la almohada. Su
presencia era reconfortante, pero la ansiedad de la cuerda misma no despertaba en l un
sentimiento similar. Quera tocar los nudos restantes y examiner los acertijos que ofrecan.
Pero saba que al hacerio tentara a la capitulacin; sucumbira a su propia fascinacin y al
hambre de los nudos por la libertad. Cuando surga semejante tentacin, se obligaba a
recorder el sendero y la bestia de los rboles, para despertar los horripilantes pensamientos
que haban acompaado a aquel aliento. Luego, poco a poco, la angustia recordada
cancelaba la curiosidad present y dejaba en paz la cuerda. Sus ojos no la vean, pero su
corazn la senta.
Aunque saba que los nudos eran peligrosos, no se decidi a quemarlos. Mientras poseyera
ese modesto cordel, sera un hombre nico; entregarlo significara volver a su condicin
amorfa. No estaba dispuesto a hacerlo, aunque sospechaba que su relacin diaria e ntima
con la cuerda debilitaba sistemticamente su capacidad para resistirse a su seduccin.
Como no haba visto nada de la cosa del rbol, empez a preguntarse si no se habra
imaginado el encuentro. En realidad, si le daban tiempo, sus poderes para racionalizar la
verdad y convertirla en algo inexistente habran ganado la partida. Pero los acontecimientos
acaecidos despus de la cremacin de Catso pusieron fin a tan convenient opcin.
Karney haba asistido solo a la ceremonia, y a pesar de la presencia de Brendan, Red y
Anelisa, se haba sentido solo. No tena deseos de hablar con ninguno de los asistentes. A
media que pasaba el tiempo, le resultaba cada vez ms difcil reinventar las palabras que













en cierta ocasin poda haber encontrado para describir los acontecimientos. Se alej
rpidamente del crematorio antes de que nadie se acercase a hablarle, con la cabeza gacha
para evitar el viento polvoriento que, a lo largo del da, haba producido una sucesin de
perodos nublados y soleados. Mientras caminaba, sac un paquete de cigarrillos del
bolsillo. La cuerda esperaba all, como de costumbre, y le dio la bienvenida a sus dedos con
su forma congraciadora de costumbre. La desenrosc y sac los cigarrillos, pero haba
much viento, las cerillas se apagaban, y sus manos parecan incapaces de efectuar la
simple tarea de parapetar la llama. Sigui andando hasta encontrar un callejn, y se meti
en l para encender el cigarrillo. All le esperaba Pope.
-Has enviado flores? -inquiri el vago.
La primera intencin de Karney fue dar media vuelta y echar a correr. Pero el camino
soleado se encontraba a unos metros de distancia; no haba peligro. Adems, si hablaba con
el anciano, quiz lograra averiguar algo.
-Nada de flores? -insisti Pope.
-No, nada de flores -repuso Karney Que haces tu aqu?
-Lo mismo que t -replic Pope-, vine a ver como quemaban al muchacho.
Sonri ironicamente; la expresin de aquel rostro mugriento era sumamente repulsiva. Pope
segua delgado y huesudo como haca dos semanas en el tnel, pero ahora mostraba un aire
amenazante. Karney se sinti aliviado de que a sus espaldas, no muy lejos, estuviera todo
soleado.
-Y para verte a ti -aclar Pope.
Karney permanecio callado. Saco una cerilla y encendi el cigarrillo.
-Tienes algo que me pertenece -le dijo Pope. Karney no se mostro culpable-. Quiero que me
devuelvas los nudos, muchacho, antes de que hagas dao en serio.
-No s de qu me estas hablando -repuso Karney.
Su mirada se concentro sin querer en el rostro inescrutable de Pope. El callejn y sus
desechos apilados se sacudieron abruptamente. Una nube deba de haber tapado el sol,
porque Karney lo vio todo ligeramente oscurecido, a excepcin de la figure de Pope.
-Fue una tontera que intentases robarme, muchacho. Reconozco que fui presa fcil; el error
fue mo y no volver a ocurrir. Es que a veces me siento solo. Seguro que me comprendes.
Y cuando me siento solo, me da por beber.













Aunque haban pasado unos segundos desde que Karney encendiera el cigarrillo, ste se
haba quemado hasta el filtro sin que l le hubiera dado una sola chupada. Lo tir,
vagamente consciente de que en aquel pequeo callejn, el tiempo, igual que el espacio, se
apartaban de la realidad.
-No fui yo -mascull, una defense infantil ante todo tipo de acusaciones.
-S fuiste t -repuso Pope con incontestable autoridad-. No perdamos el tiempo con
mentiras. Me has robado y tu compaero pag por ello. No puedes reparar el dao que has
causado. Pero puedes evitar ms daos si me devuelves ahora lo que me pertenece.
Sin darse cuenta, Karney haba metido la mano en el bolsillo. Quera salir de aquella
trampa antes de que se cerrara sobre l; sin duda, la solucin ms sencilla sera darle a Pope
lo que le perteneca por derecho. Sin embargo, sus dedos titubearon. Por qu? Tal vez
porque los ojos de aquel matusaln eran implacables? O porque devolverle los nudos a
Pope le dara un control total sobre el arma que, en efecto, haba matado a Catso? No
obstante, haba algo ms; incluso si estaba en juego su cordura, Karney se senta reacio a
devolver el nico fragmento de misterio que se haba cruzado en su camino. Pope presinti
en l la falta de disposicin y sus lisonjas arreciaron.
-No me tengas miedo -le dijo-. No te har dao a menos que me obligues. Preferira que
acabramos este asunto pacficamente. Ms violencia, incluso otra muerte, llamaran la
atencin.
Karney sc pregunt si aquel viejo tan desharrapado, tan ridiculamente dbil, sera un
asesino. Sin embargo, lo que oa contradeca a lo que vea; la semilla de la autoridad que
Karney haba percibido la vez anterior en la voz de Pope haba florecido por complete.
-Quieres dinero? -pregunt Pope-. Es eso? Si te ofreciera algo por tus molestias se
sentira tu orgullo mas aplacado? -Karney observ incrdulamente el estado ruinoso de
Pope-. Tal vez no parezca un potentado, pero las apariencias suelen engaar. Adems, sa
es la regla, y no la excepcin. Fjate en ti, por ejemplo. No pareces hombre muerto, pero te
lo digo yo, muchacho, ests prcticamente muerto. Te prometo la muerte si continas
desafindome.
La perorata -tan media, tan escrupulosa- sorprendio a Karney viniendo, como vena, de
labios de Pope; estaba claro que su tesis quedaba probada. Haca dos semanas haban
pescado a Pope borracho y vulnerable, pero ahora, sobrio, el hombre hablaba como un













potentado: un rey loco, quiz, mezclado entire el populacho disfrazado de mendigo. Rey?
No, ms bien sacerdote. En la naturaleza de su autoridad (incluso en su nombre) haba algo
que sugera una persona cuyo poder jamas se haba basado solamente en la poltica.
-Te lo repito -dijo Pope-, dame lo que es mo.
Dio un paso hacia Karney. El callejn era un tnel estrecho que se cerna sobre sus cabezas.
Si all arriba haba un cielo, Pope lo haba oscurecido.
-Dame los nudos -insisti.
Su voz era suave y tranquilizadora. La oscuridad era complete. Karney slo lograba ver la
boca del viejo: sus dientes desiguales, su lengua gris.
-Dmelos, ladrn, o sufrirs las consecuencias.
-Karney?
La voz de Red le llego como de otro mundo. Se encontraba a unos pasos de distancia de la
voz, el sol, el viento, pero durante un largo instant Karney lucho por localizarlos.
-Karney?
Sac a rastras la conciencia que haba quedado atrapada entire los dientes de Pope y se
oblig a volver la cara para mirar el camino. Red estaba all, parado en el sol, y Anelisa
estaba a su lado. El pelo rubio de la muchacha brillaba.
-Qu ocurre?
-Djanos en paz -le orden Pope-. l y yo estamos discutiendo un asunto.
-Tienes asuntos con ese tipo? -inquiri Red a Karney.
Antes de que Karney pudiera contestar, Pope le dijo:
-Dselo. Diselo, Karney. Dile que quieres hablar conmigo a solas.
Red lanz una mirada al anciano por encima del hombro de Karney, y le pregunt a ste:
-Quieres decirme qu est ocurriendo?
La lengua de Karney se esforz por encontrar una respuesta, pero no lo logr. La luz del sol
estaba tan lejos...; cada vez que la sombra de una nube surcaba la calle, tema que la luz se
apagara para siempre. Sus labios se movieron en silencio para expresar su temor.
-Te encuentras bien? -le pregunt Red-. Karney... Me oyes?
Karney asinti. La oscuridad que lo tena atrapado comenz a desaparecer.
-S... -repuso.













De repente, Pope se abalanz sobre Karney; sus manos buscaron desesperadamente llegar a
los bolsillos. El impact del ataque lanz a Karney, que segua estupefacto, contra la pared
del callejn. Cay de lado, sobre una pila de cajas. Todo se vino abajo; Pope agarraba a
Karney con tanta fuerza que cay junto con l. La calma precedent -el humor negro, las
amenazas circunspectas- se evapor; Pope volva a ser el vago idiota que escupa desatinos.
Karney sinti que las manos del anciano le rasgaban las ropas y le araaban la piel en busca
de los nudos. Las palabras que le gritaba a la cara ya no le resultaban comprensibles.
Red entr en el callejn e intent agarrar al viejo de la chaqueta, el cabello o la barba, lo
primero que lograra asir, para apartarlo de su vctima. Era ms fcil decirlo que hacerlo; su
reaccin tena toda la furia de un ataque. Pero como Red era ms fuerte, a la larga gan la
partida. Profiriendo tonteras, Pope fue puesto en pie. Red lo sujet como si fuera un perro
rabioso.
-Levntate -le orden a Karney-, y aljate de l.
Karney se incorpor con dificultad entire las maderas de las cajas. En los escasos segundos
de la agresin, Pope haba causado un dao considerable: Karney sangraba en media
docena de sitios. Tena la ropa arrasada; la camisa estaba hecha jirones. Vacilante, se llev
la mano a la cara; los araazos se haban hinchado como cicatrices rituales.
Red empuj a Pope contra la pared. El vagabundo segua apopltico, con los ojos fuera de
las rbitas. Una andanada de invectivas -mezcla de ingls y galimatas- cay sobre la cara
de Red. Sin interrumpir su perorata, Pope intent atacar otra vez a Karney, pero esta vez
Red lo sujet e impidi que sus garras tocaran al muchacho. Red sac a Pope del callejn y
lo arrastr hasta el camino.
-Te sangra el labio -dijo Anelisa, mirando a Karney con disgusto.
Karney sabore la sangre: salada y caliente. Se llev el dorso de la mano a la boca. Al
apartarla, qued teida de rojo.
-Menos mal que te seguimos -dijo la muchacha.
-S -repuso l sin mirarla.
Estaba avergonzado de su comportamiento ante el vagabundo, y saba que la muchacha se
estara riendo de su incapacidad para defenders. La familiar de Anelisa estaba compuesta
por villanos, su padre era un hroe entire los ladrones.
Red regres de la calle. Pope se haba ido.













-A qu vena todo esto? -exigi saber, sacando un peine del bolsillo de la chaqueta y
arreglndose el compete.
-A nada -respondi Karney.
-No me vengas con esas mierdas -rechaz Red-. Dice que le robaste algo. Es cierto?
Karney lanz una mirada a Anelisa. De no haber estado ella all, le habra contado todo a
Red, en ese mismo instant. La muchacha le devolvi la mirada y pareci leerle el
pensamiento. Se encogi de hombros y se apart para no escuchar, pateando las cajas
destrozadas a media que se alejaba.
-Nos la tiene jurada a todos, Red -dijo Karney.
-De qu ests hablando?
Karney baj la vista y se mir la mano ensangrentada. Aunque Anelisa se haba alejado, las
palabras para explicar sus sospechas tardaron en llegar.
-Catso... -comenz a decir.
-Qu pasa con l?
-Hua, Red.
Detras de l, Anelisa lanz un suspiro de irritacin. Aquello tardaba demasiado para su
gusto.
-Red, llegaremos tarde -dijo.
-Espera un moment -le orden Red, cortante, y concentr su atencin en Karney-. Qu
quieres decirme sobre Catso?
-El viejo no es lo que parece. No es un vagabundo.
-No? Y qu es entonces?
La voz de Red haba recuperado su tono sarcstico; sin duda, debido a la presencia de
Anelisa. La muchacha se haba cansado de la discrecin y haba regresado junto a Red.
-Qu es, Karney? -repiti.
Karney nego con la cabeza. Qu sentido tena explicar una parte de lo ocurrido? O
intentaba relatar toda la historic o se callaba la boca. Lo ms fcil era callarse la boca.
-Da igual -dijo con tono montono.
Red le lanz una mirada asombrada y al comprobar que no se produca aclaracin alguna,
dijo:
-Si tienes algo que contarme sobre Catso, me gustara orlo. Ya sabes dnde vivo.













-Est bien.
-Lo digo en serio -insisti Red.
-Gracias.
-Sabes? Catso era un buen amigo. Un poco borrachn, pero todos tenemos nuestras cosas,
no? No tendra que haber muerto, Karney. Fue una putada.
-Red...
-Te llama -dijo Karney.
Anelisa se haba ido hasta la calle.
-Siempre me est llamando. Ya nos veremos. Karney.
-Vale.
Red le dio una palmadita en la mejilla lastimada y sali al sol, tras Anelisa. Karney no hizo
ademn de seguirlos. El ataque de Pope lo haba dejado tembloroso; quera esperar en el
callejn hasta recuperar la compostura. Busc la tranquilidad de los nudos y meti la mano
en el bolsillo de la chaqueta. Estaba vaco. Registr los dems bolsillos. Todos vacos, y sin
embargo estaba seguro de que el viejo no haba llegado a la cuerda. Tal vez se le hubiera
cado durante la lucha. Karney comenz a rastrear el callejn, y al ver que la primera
bsqueda no daba resultado, revis todo una segunda y una tercera vez, aunque ya la daba
por perdida. Pope haba logrado quitrsela despus de todo. A hurtadillas o bien por pura
casualidad, haba recuperado los nudos.
Con asombrosa claridad, Karney se record a s mismo, de pie en el Salto del Suicida,
mirando hacia abajo, hacia Archway Road, el cuerpo despatarrado de Catso, que yaca en el
centro de una maraa de luces y vehculos. Se haba sentido tan alejado de la tragedia...; la
haba visto con la misma implicacin que un pjaro al vuelo. De repente, le disparaban
desde el cielo. Caa al suelo, herido, aguardando sin esperanzas los terrores que le
esperaban. Sabore la sangre que le manaba del labio partido y se pregunt, deseando que
el pensamiento se desvaneciera incluso antes de formarse, si Catso habra muerto
instantneamente, o si l tambin habra saboreado su sangre mientras yaca sobre el
asfalto, mirando a la gente del puente, que todava no se haba enterado de cun cercana
estaba la muerte.
Regres a su casa por las calls ms transitadas que logr encontrar. Aunque de ese modo
su lamentable aspect atraa las miradas de las matronas y los policas, prefiri su













desaprobacin a arriesgarse a transitar por calls vacas, alejadas de las arteries principles.
Una vez en su casa, se lav las heridas y se cambi de ropa, y luego se sent frente al
televisor para permitir que sus miembros dejaran de temblar. Eran las ltimas horas de la
tarde, y hacan programs para nios: un aire de optimism fcil infectaba todos los
canales. Miraba aquellas banalidades con los ojos, pero no con la mente, aprovechando el
sosiego para encontrar las palabras que describieran lo que le haba ocurrido. Lo imperioso
ahora era advertir a Red y a Brendan. Pope se haba hecho con los nudos, y slo sera
cuestin de tiempo antes de que alguna bestia -quiz peor que la cosa de los rboles- fuera
en busca de ellos. Entonces sera demasiado tarde para explicaciones. Saba que los otros
dos se mostraran incrdulos, pero hara lo impossible para convencerlos, aunque tuviera que
quedar en el peor de los ridculos. Tal vez sus lgrimas y su terror los haran reaccionar,
cosa que su empobrecido vocabulario no lograra jams.
A eso de las cinco y cinco, antes de que su madre regresara del trabajo, sali de casa y fue
en busca de Brendan.
Anelisa se sac del bolsillo el trozo de cuerda que haba hallado en el callejn y lo
examine. No estaba segura de por qu se haba molestado en recogerlo; en cierto modo la
cuerda haba encontrado la forma de llegar hasta su mano. Juguete con uno de los nudos,
corriendo el riesgo de estropearse las uas. Tena media docena de cosas mejores para
hacer esa tarde. Red haba ido a comprar bebida y cigarrillos, y ella se haba prometido
tomar un bao perfumado y relajante antes de que l volviera. No tardara tanto en desatar
el nudo, estaba segura. En realidad, pareca ansioso por ser desatado: tena la extraa
sensacion de que se mova. Lo ms intrigante de todo eran los colors que despeda el
nudo: Anelisa logr ver tonalidades violeta y rojizas. Al cabo de unos minutes lleg a
olvidarse por complete del bao; eso poda esperar. Se concentr en cambio en el acertijo
que tena entire las manos. Pocos minutes despus comenz a ver la luz.
Karney le cont la historic a Brendan lo mejor que pudo. En cuanto se lanz a hablar y
comenz desde el principio, descubri que tena su propio impulso y fue eso lo que lo hizo
cambiar al tiempo present con escaso titubeo. Y termin diciendo:
-S que suena increble, pero es la verdad.
Brendan no crey ni una sola palabra, eso qued claro en su mirada ausente. Pero en la cara
llena de cicatrices haba algo ms que incredulidad. Karney no logro descifrar de qu se













trataba hasta que Brendan lo agarr por la camisa. Slo entonces supo el alcance de la furia
de Brendan.
-No te basta con la muerte de Catso y tienes que venir aqu a contarme esas mierdas.
-Es la verdad.
-Y dnde carajo estn los nudos?
-Ya te lo dije, los tiene el viejo. Me los quit esta tarde. Nos va a matar, Bren. Lo s.
Brendan lo solt y le dijo con tono magnnimo:
-Te dir lo que voy a hacer. Voy a olvidar que me has contado todo esto.
-Pero es que no me entiendes...
-He dicho que voy a olvidar que me lo has contado. Vale? Ahora, vete de aqu y llvate tus
histories.
Karney no se movi.
-Me has odo? -grit Brendan.
En sus ojos Karney logr apreciar una plenitud delatora. La rabia era slo el camuflaje -
apenas adecuado- de una pena para la que no tena mecanismos de defense. En su estado de
nimo actual ni el temor ni la discusin lo convenceran de la verdad. Karney se puso de

pie.
-Perdona, ya me voy -le dijo.
Brendan mantuvo la cabeza gacha. No volvi a levantarla, y dej que Karney se alejara.
Slo quedaba Red, l sera el ltimo tribunal de apelacin. Poda repetir la historic ahora
que ya la haba contado. La repeticin le sera fcil. Dej a Brendan a solas con sus
lgrimas, y mentalmente comenz a repasar las palabras.
Anelisa oy entrar a Red por la puerta principal y lo oy gritar varias veces una palabra. La
palabra le resultaba familiar, pero tard various segundos de ferviente actividad mental en
reconocerla como su propio nombre.
-iAnelisa! -volvi a gritar-. Dnde te has metido?
En ninguna parte -pens-. Soy la mujer invisible. No me busques, por favor. Dios mo,
que me deje en paz. Se llev la mano a la boca para parar el castaeteo de sus dientes.
Tena que permanecer absolutamente quieta, y en silencio. Si mova un solo pelo, la oira e
ira en su busca. La nica seguridad resida en hacerse un ovillito y taparse la boca con la
palma de la mano.













Red comenz a subir la escalera. Sin duda, Anelisa estara cantando en el bao. Le
encantaba el agua como pocas cosas. No era inusual que se pasara horas en la baera, con
los pechos rompiendo la superficie como dos islas de ensueo. A cuatro escalones del
rellano, oy un ruido en el pasillo de abajo: una tos o algo parecido. Acaso estara jugando
con l? Se dio media vuelta y baj, movindose con mayor sigilo. Casi al pie de la escalera,
sus ojos se posaron en un trozo de cuerda que yaca sobre uno de los escalones. La levant
y, brevemente, se pregunt qu sera aquel nico nudo antes de volver a or el mismo ruido.
Esta vez no pens que se tratara de Anelisa. Contuvo el aliento, esperando que se repitiera
en el pasillo. Cuando no oy nada, meti la mano en el costado de la bota y sac una navaja
automtica, un arma que llevaba encima desde la tierna edad de once aos. Segn el padre
de Anelisa era un arma de adolescents; pero ahora, al avanzar por el pasillo hacia la sala,
agradeci al santo patrono de los cuchillos el no haber seguido el consejo del viejo
criminal.
La habitacin estaba a oscuras. La noche cay sobre la casa, oscureciendo las ventanas.
Red permaneci en el vano de la puerta durante largo rato, observando ansiosamente el
interior en busca de algn movimiento. Y otra vez el ruido; esta vez no fue uno solo, sino
una series de sonidos. Para su alivio, not que la fuente del mismo no era humana. Con toda
probabilidad se tratara de un perro herido en alguna pelea. Y adems, el ruido no provena
de la habitacin de enfrente, sino de la cocina, ubicada ms al fondo del pasillo. Recobrado
el valor por el simple hecho de pensar que el intruso no era ms que un animal, llev la
mano al interruptor y encendi la luz.
La rpida sucesin de acontecimientos que puso en march al hacerlo se produjo en una
secuencia que no ocup ms de una docena de segundos; sin embargo, vivi cada uno de
ellos con el mximo de detalles. En el primer segundo, al encenderse la luz, vio moverse
una cosa en la cocina; luego, se dirigi hacia ella empuando la navaja. Durante el tercer
segundo apareci el animal, que alertado por su agresin, sali de su escondite. Corri
hacia l: era una imagen borrosa de carne reluciente. Su repentina proximidad le result
sobrecogedora; su tamao, el calor que despeda su cuerpo humeante, la boca enorme que
dejaba escapar un aliento podrido. Red emple el cuarto y el quinto segundos para evitar el
primer ataque, pero al sexto aquella cosa dio con l. Sus brazos desnudos agarraron a Red.
Lanz un navajazo al aire y le abri una herida, pero sta se cerr, al tiempo que la bestia













aferraba a Red con un abrazo mortal. Ms por accident que por verdadera intencin, la
navaja se clav en la carne de aquella cosa y un calor lquido le salpic la cara a Red.
Apenas lo not. Siguieron los ltimos tres segundos, en los que el arma, resbaladiza por la
sangre, se le escap de la mano y qued clavada en la bestia. Desarmado, intent desasirse
de aquel abrazo mortal, pero antes de poder apartarse, la enorme cabeza inconclusa se
acerco a l -las fauces enormes como un tnel- y de un solo golpe se bebi todo el aire de
sus pulmones. Era todo el aliento que Red posea. Su cerebro, privado de oxgeno, produjo
una series de fuegos artificiales para celebrar su inminente partida: petardos, estrellas,
girndulas. La pirotecnia fue brevsima; pronto se hizo la oscuridad.
Arriba, Anelisa escuchaba los caticos sonidos e intentaba reunirlos para encontrarles un
sentido, pero le fue impossible. Fuera lo que fuese lo que hubiera ocurrido, haba acabado en
silencio. Red no fue en su busca. Pero tampoco la bestia. Tal vez, pens, se habran matado.
La simplicidad de la solucin la satisfizo. Esper en su cuarto hasta que el hambre y el
aburrimiento calmaron su ansiedad; entonces baj.
Red yaca donde el segundo engendro de la cuerda lo haba soltado, con los ojos muy
abiertos para observer los fuegos de artificio. La bestia estaba acuclillada en el extremo de
la habitacin, hecha una ruina. Al verla, Anelisa se apart del cuerpo de Red y fue hacia la
puerta. La bestia no intent acercarse a ella, se limit a seguirla con los ojos hundidos, la
respiracin entrecortada y unos pocos movimientos muy entorpecidos.
Ira a buscar a su padre, decidi, y abandon la casa, dejando la puerta principal
entreabierta.
Segua entreabierta cuando, media hora ms tarde, llego Karney. Aunque despus de dejar a
Brendan tena la intencin de ir directamente a casa de Red, le haba faltado valor. Haba
vagado sin rumbo fijo hacia el puente sobre Archway Road. All haba permanecido
durante largo rato, observando el trfico que pasaba debajo y bebiendo de la media botella
de vodka que haba comprado en Holloway Road. Se haba quedado sin dinero, pero con el
estmago vaco, el licor haba sido potente, y le haba aclarado las ideas. Haba llegado a la
conclusion de que moriran todos. Tal vez la culpa la tena l, por robar la cuerda; de todos
modos, lo ms probable era que Pope los castigara por los crmenes perpretados contra su
persona. Ahora, lo ms que podan esperar -que l podia esperar- era una brizna de













comprensin. Eso le bastara, decidi, obnubilado por el alcohol: simplemente morir un
poco menos ignorante de lo que haba nacido. Red lo entendera.
Estaba ahora en el umbral de la puerta y llam al muchacho por su nombre. No recibi
respuesta alguna. El vodka que haba bebido lo torn osado y, gritando otra vez el nombre
de Red, entro en la casa. El pasillo estaba a oscuras, pero haba luz en un cuarto del fondo y
hacia ella fue. La atmsfera de la casa era bochornosa, como el interior de un invernadero.
En la sala hacia todava ms calor, porque all se enfriaba Red, soltando su calor al
ambiente.
Karney baj la vista y se qued mirndolo el tiempo suficiente como para notar que con la
mano izquierda aferraba la cuerda y que en sta slo quedaba un nudo. Tal vez Pope haba
estado all y, por algun motivo, haba dejado la cuerda. Fuera como fuese, su presencia en
la mano de Red ofreca una posibilidad de vivir. Esta vez, jur mientras se acercaba al
cuerpo, destruira la cuerda para siempre. La quemara y esparcira sus cenizas a los cuatro
vientos. Se agach para quitrsela de la mano a Red. La cuerda presinti su proximidad y
salt, manchada de sangre, de la mano del muerto a la de Karney, y se le enroll entire los
dedos, dejando una huella. Asqueado, Karney mir el ltimo nudo. El process que tan
doloroso esfuerzo le costara iniciar haba cobrado ahora su propio impulso. Desatado el
segundo nudo, el tercero comenzaba practicamente a aflojarse solo. Al parecer, segua
necesitando de un agent human -por qu si no haba saltado con tanta prontitud a su
mano?-, pero a pesar de ello, estaba muy cerca de resolver su propio misterio. Era
imperioso que destruyera la cuerda rpidamente antes de que el nudo se desatase.
Entonces not que no estaba solo. Adems del muerto, haba all cerca otra presencia viva.
Apart la vista del nudo retozante cuando alguien le habl. Las palabras no tenan sentido
alguno. Ni siquiera eran palabras, sino ms bien una series de sonidos lastimeros. Karney
record el aliento de la cosa del sendero y la ambigedad de los sentimientos que haba
despertado en l. En aquel moment experiment la misma ambigedad: junto al temor
creciente tuvo la sensacin de que la voz de la bestia hablaba de prdidas, fuera cual fuese
su lengua. Se sinti embargado por la piedad.
-Mustrate -le dUo, sin saber si entendera o no.
Pasaron unos cuantos instantes temblorosos. Entonces sali por la puerta del extremo
opuesto. La luz de la sala era buena, y Karney tena buena vista, pero la anatoma de la













bestia desafi su comprensin. En su silueta deformada y palpitante haba algo simiesco,
como si hubiera nacido prematuramente. Su boca se abri para emitir otro sonido; sus ojos,
sepultados bajo la frente sangrante, eran inescrutables. Comenz a arrastrarse desde su
escondite para atravesar la habitacin y dirigirse hacia l; con cada paso, pona a prueba la
cobarda de Karney. Al llegar al cadver de Red, se detuvo, levant un miembro destrozado
e indic un lugar en el pliegue del cuello. Karney vio el cuchillo; sera el de Red, supuso.
Se pregunt si no estara intentando justificar su muerte.
-Que eres? -le pregunt.
Mene la pesada cabeza. De su boca sali un gemido prolongado. Y de repente, levant el
brazo y seal en direecion a Karney. Al hacerlo, dej que la luz le cayera de lleno en el
rostro, y Karney pudo ver los ojos debajo de las pobladas cejas: eran como gemas gemelas
atrapadas en la bola herida del crneo. Su brillo y su lucidez le revolvieron el estmago. Y
segua sealando en su direccin.
-Que quieres? -le pregunt Karney-. Dime lo que quieres.
Dej caer el miembro pelado e hizo ademn de pasar por encima del cadver en direccin a
Karney, pero no tuvo occasion de revelar sus intenciones. Desde la puerta principal lleg un
grito que la detuvo en seco.
-Hay alguien? -pregunt una voz.
En el rostro de la bestia se dibuj el panico -los ojos demasiado humans se movieron en
sus orbitas-, y se alej, rumbo a la cocina. El visitante, quienquiera que fuese, volvio a
gritar; su voz son ms cercana. Karney mir el cadver y luego vio que tena la mano
ensangrentada. Sopes sus posibilidades, se retir de la habitacin y entro en la cocina. La
bestia haba huido: la puerta trasera estaba abierta de par en par. A sus espaldas, Karney
oy al visitante encomendarse a Dios cuando vio los restos de Red. Titube en las sombras.
Sera correct huir? No sera mejor quedarse all y tratar de encontrar una forma de llegar
a la verdad? El nudo, que segua movindose en su mano, lo decidi: lo prioritario era
destruirlo. En la sala, el visitante marcaba el nmero de la polica; utilizando su monlogo
aterrado como tapadera, Karney cubri los metros que le quedaban hasta alcanzar la puerta
y huy.
-Te ha llamado alguien -le grit su madre desde lo alto de la escalera-; ya me ha despertado
dos veces. Le dije que no...













-Lo siento, mam. Quin era?
-No me lo quiso decir. Le dije que no volviera a llamar. Si telefonea otra vez dile que no
quiero que vuelva a llamar a estas horas de la noche. Que hay gente que tiene que
madrugar.
-S, mam.
Su madre desapareci del rellano, cerr la puerta y se meti en su cama solitaria. Karney se
qued temblando en el vestbulo, con la mano en el bolsillo apretada alrededor del nudo.
Segua movindose, retorcindose en todas direcciones, contra los confines de su palma,
buscando un sitio, por pequeo que fuera, en el que soltarse. Pero no se lo permita. Busc
el vodka que haba comprado horas antes; con una sola mano destap la botella y bebi.
Cuando tomaba un segundo sorbo, son el telfono. Dej la botella y levant el auricular.
-Diga?
Llamaban desde una cabina; son un pip, depositaron unas monedas y una voz dijo:
-Karney?
-S?
-Por el amor de Dios, me matar.
-Quin habla?
-Brendan. -No sonaba como la voz de Brendan, era demasiado chillona, demasiado llorosa-.
Me matar si no vienes.
-Pope? Es Pope?
-Est loco. Tienes que venir al cementerio de coaches, en la cima de la colina. Dale...
Se cort la comunicacion. Karney colgo. En su mano, la cuerda haca acrobacias. Abri la
mano; en la escasa luz que provena del rellano, el nudo restante brill. En su centro, como
en el centro de los otros dos nudos, se produjeron chispazos de color. Cerr de nuevo el
puo, recogi la botella de vodka y volvi a salir.
El cementerio de coaches se haba vanagloriado en cierta poca de la presencia de un
doberman perpetuamente irascible, pero al perro le haba salido un tumor la primavera
anterior y haba atacado salvajemente a su amo. Despus del incident lo sacrificaron y no
volvieron a comprar un sustituto. La pared de hierro corrugado fue, a partir de aquel
moment, muy fcil de trasponer. Karney trep a ella y baj al terreno lleno de grava y
cenizas. En el portn de entrada, una farola iluminaba la coleccin de vehculos particulares













y comerciales amontonados all. La mayora estaban desahuciados: eran camiones abiertos
y camiones cisterna herrumbrados, un autobs que se haba llevado por delante un puente a
toda velocidad, una especie de archivo policial fotogrfico de coaches, alineados o apilados,
vctimas de accidents diversos.
Comenzando por el portn de entrada, Karney efectu una bsqueda sistemtica por el
terreno, intentando andar con cuidado, pero en el extremo noroeste del cementerio no
encontr seal alguna de Pope ni de su prisionero. Con el nudo en la mano, comenz a
avanzar por el recinto; la luz tranquilizadora del portn temNaba a cada paso que daba. Un
poco ms adelante, entire dos de los vehculos, vio unas llamas. Se quedo quieto e intent
interpreter el intrincado juego de sombras y fuego. A sus espaldas oy un movimiento; se
volvi, previendo a cada latido del corazn un grito, un golpe. No hubo nada. Recorri el
cementerio a sus espaldas -la imagen de la llama amarilla le bailaba en la retina-, pero lo
que se haba movido permaneca ahora quieto.
-Brendan? -susurr, mirando hacia el fuego.
En un retazo de sombras, frente a l, se movi una silueta; Brendan sali de la oscuridad
tambalendose y cay de rodillas sobre las cenizas, muy cerca de donde se encontraba
Karney. Incluso en la engaosa luz, Karney logr ver que Brendan haba sido apaleado
salvajemente. Llevaba la camisa llena de manchas demasiado oscuras como para ser otra
cosa que sangre; tena el rostro crispado por el dolor present o el que previsiblemente le
llegara. Cuando Karney avanz hacia l, Brendan se escud como un animal maltratado.
-Soy yo, Karney -le dijo ste.
-Dile que pare -le pidi Brendan, levantando la cabeza machacada.
-Todo saldr bien.
-Por favor, dile que pare.
Brendan se llev las manos al cuello. Un collar de cuerda le rodeaba la garganta, y de l
parta una


tralla que se internaba en la oscuridad, entire dos vehculos. All, sujetando el otro extremo
de la tralla, estaba Pope. Sus ojos brillaban con las sombras, aunque ninguna fuente de luz
se reflejara en ellos como para permitir aquel brillo.













-Ha sido muy sensato por tu parte el haber venido -le dijo Pope-. Lo habria matado.
-Sultalo -le ordeno Karney.
-Primero dame el nudo -dijo Pope, negando con la cabeza.
Sali de su escondite. Karney esperaba que se le hubiese desprendido el disfraz de
vagabundo,


revelando su verdadero rostro -cualquiera que este fuese-, pero no fue as. Vesta las
mismas ropas harapientas de siempre, pero su control de la situacin era incontestable. Dio
un tirn a la cuerda y Brendan se desplom, ahogndose; sus manos aferraron en vano el
nudo que le apretaba la garganta.
-Basta ya -le orden Karney a Pope-. Tengo el nudo, maldito seas. No lo mates.
-Dmelo.
Cuando Karney avanzaba hacia el anciano, algo grit en el laberinto del cementerio.
Karney reconoci


el sonido; Pope tambin. No haba posibilidad de error: era la voz de la bestia desollada que
haba matado
a Red, y estaba muy cerca. La cara sucia de Pope se ti de una nueva urgencia -Date
prisa! -apremi-. O lo mato. Haba extrado un cuchillo de desollar de la chaqueta. Tir de
la trailla y oblig a Brendan a acercarse. La queja de la bestia aument de tono. -El nudo! -
grit Pope-. Dmelo! Avanz hacia Brendan y le puso la hoja del cuchillo en la cabeza
rapada. -No lo hagas -le dijo Karney-, toma el nudo. Antes de que lograra respirar, por el
rabillo del ojo not un movimiento y algo caliente le agarr la
mueca. Pope lanz un grito de rabia, y Karney se volvi para ver a la bestia escarlata a su
lado, mirndolo
con ojos fantasmales. Karney forceje para soltarse, pero la bestia mene su enloquecida
cabeza. -Mtala! Mtala! -aull Pope. La bestia observ a Pope y, por primera vez,
Karney vio en aquellos ojos plidos una mirada
inequvoca: un odio muy puro. Brendan lanz un grito agudo y Karney miro en su
direccin: el cuchillo de desollar se desliz en su mejilla. Pope retir la hoja y dej que el
cadver de Brendan cayera hacia adelante. Antes de que este tocara el suelo, el anciano se













dirigi hacia Karney; cada una de sus zancadas revelaba unas intenciones asesinas.
Atemorizada, la bestia solt a Karney just a tiempo para que ste evitara el primer ataque
de Pope. Hombre y bestia se separaron y echaron a correr. Karney resbal en las cenizas y
por un instant sinti cernirse sobre el la sombra de Pope, pero logro esquivar el segundo
cuchillazo por milmetros.
-No podrs salir -sejacto Pope al verle correr. El viejo se mostraba tan confiado de su
trampa que ni siquiera se molest en perseguirlo-. Ests en mi territorio, muchacho. No hay
modo de salir.
Karney se ocult entire dos vehculos y comenzo a volver sobre sus pasos en direccin al
portn, pero sin saber cmo, haba perdido el sentido de la orientacin. Una hilera de
mastodontes herrumbrados conduca a otra, tan parecida que no lograba distinguirlas.
Ignoraba dnde lo conducira aquella maraa, pero al parecer no haba escapatoria; no
volvera a ver la farola del portion, ni el fuego de Pope, en el extremo del cementerio.
Aquello se haba convertido en un coto de caza, y l en la presa; adondequiera que lo
llevaba el sendero, la voz de Pope lo segua tan de cerca como sus propios latidos.
-Entrgame el nudo, muchacho -le deca-, entrgamelo y no te obligar a comerte tus
propios ojos.
Karney estaba aterrorizado, pero presenta que a Pope le ocurra otro tanto. La cuerda no
era una herramienta asesina, como Karney haba credo siempre. Fuera cual fuese la razn
de su existencia, el viejo no ejerca sobre ella dominio alguno. En ese hecho basaba las
escasas posibilidades de supervivencia. Haba llegado el moment de desatar el ltimo
nudo; lo desatara y esperara las consecuencias. Podran ser peores que morir a manos de
Pope?
Karney encontr un refugio adecuado al lado de un camin incendiado; se puso en cuclillas
y abri el puo. Incluso en la oscuridad logr sentir que el nudo se mova para deshacerse;
lo ayud lo mejor que pudo.
-No lo hagas, muchacho -le sugiri Pope, fingiendo una humanidad impropia en l-; s lo
que ests pensando, y creme, ser tu fin.
Era como si a las manos de Karney les hubieran brotado dedos adicionales: ya no estaban a
la altura de solucionar el problema. Su mente era una galera de retratos de muerte: Catso
tirado en la calzada del camino; Red en la alfombra, Brendan soltndose de las manos de













Pope mientras el cuchillo se deslizaba de su cabeza. Se esforz por apartar de si esas
imgenes, guiando como poda su sitiado intelecto. Pope haba concluido su monlogo. El
nico sonido que se oa en el cementerio de coaches era el murmullo lejano del trfico;
provena de un mundo que Karney dudaba en volver a ver. Manose desmaadamente el
nudo como si fuera un hombre ante una puerta cerrada con un manojo de llaves, probando
una, luego la siguiente, y la siguiente, con la certeza de que la noche se cerna sobre su
cabeza. De prisa, de prisa. se dijo. Pero su anterior destreza lo haba abandonado por
complete.
Entonces oy un siseo que cortaba el aire; Pope haba dado con el, vio su cara triunfante al
lanzar el golpe asesino. Karney se ech a rodar desde la postura en la que se encontraba,
pero la hoja le alcanzo en la parte superior del brazo, abrindole una herida desde el
hombro hasta el codo. El dolor le dio velocidad, y el segundo golpe fue a dar contra la
cabina del camin, sacando chispas en vez de sangre. Antes de que Pope lograra
acuchillarlo otra vez, Karney se alej sangrando copiosamente. El viejo sali en su
persecucin. pero Karney fue ms veloz. Se meti detrs de un autocar y, mientras Pope iba
tras l resollando, se agach y se ocult debajo del vehculo. Pope paso de largo just
cuando Karney sofocaba un sollozo de dolor. La herida que acababan de infligirle le haba
incapacitado la mano izquierda. Apretando el brazo contra el cuerpo para reducir al mnimo
el esfuerzo sobre el musculo destrozado, intent concluir el maldito trabajo que haba
comenzado en el nudo, utilizando los dientes como segunda mano. Ante l aparecieron
destellos de luz blanca: no tardara en desmayarse. Respir profundamente y con
regularidad a travs de las fosas nasales, mientras sus dedos tiraban febrilmente del nudo.
Ya no vea ni lograba sentir el nudo en la mano. Trabajaba a ciegas, como lo haba hecho
en el sendero, y ahora, como entonces, sus instintos empezaron a suplir sus fuerzas. El nudo
comenzo a bailar ante sus labios, ansioso por soltarse. Se encontraba a escasos moments
de la solucin.
Tan concentrado estaba que no vio el brazo que se tenda hacia l hasta que se sinti
arrastrar de su santuario y se quedo mirando hacia arriba los ojos brillantes de Pope.
-Basta de juegos -dijo el viejo, y solt a Karney para arrancarle la cuerda de los dientes.
Karney intent moverse un poco para evitar que Pope lo agarrara, pero el dolor del brazo
era tan agudo que no pudo. Cayo hacia atrs lanzando un grito al tocar el suelo.













-Te sacare los ojos -dijo Pope, y el cuchillo descendi.
Sin embargo, el golpe cegador jams lleg. Una silueta malherida sali de su escondite,
detrs del viejo, y tirone de las dos puntas de su gabardina. Pope recuper el equilibrio en
pocos moments y se dio la vuelta. El cuchillo alcanz a su contrincante, y Karney abri
los ojos nublados de dolor para ver a la bestia desollada retroceder con la mejilla abierta
hasta el hueso. Pope fue tras ella para rematarla, pero Karney no se qued a mirar. Tendi
la mano para sujetarse del camin y se incorpor con el nudo apretado an entire los
dientes. A sus espaldas, Pope maldeca; Karney supo que haba abandonado la matanza
para seguirlo. Saba tambin que lo alcanzara, pero tambalendose sali de entire los dos
vehculos. En qu direccin se encontraba el portn? No tena idea. Sus piernas
pertenecan a un comediante, y no a l; tenan articulaciones de goma, no servan para otra
cosa que para hacerlo caer de nalgas. Avanz dos pasos y las rodillas cedieron. Del suelo se
elev un olor de cenizas empapadas de gasoline.
Desesperado, se llev la mano sana a la boca. Los dedos encontraron una lazada. Tir con
todas sus fuerzas y, milagrosamente, el nudo se deshizo. Escupi la cuerda al sentir que
surga un calor que le tostaba los labios. La cuerda cay al suelo, roto su sello ultimo, y de
su centro se materialize el ltimo de los prisioneros. Apareci sobre las cenizas como un
nio enfermo, con unos vestigios de miembros, la cabeza pelada demasiado grande para el
cuerpecito marchito, cuya carne era tan plida que pareca translcida. Agit los brazos
paralticos en un vano esfuerzo por enderezarse cuando Pope avanz hacia ella, ansioso por
cortarle la indefensa garganta. Evidentemente, aquella incipiente forma de vida no era lo
que Karney haba esperado del tercer nudo; le daba asco.
Entonces habl. Su voz no era el maullido de un cro sino la de un hombre, aunque
provena de la boca de la criatura.
-Ven a m! Deprisa! -grit.
Cuando Pope se inclinaba para asesinar a la criatura, el aire del cementerio de coaches se
llen de un olor a fango y las sombras liberaron un ser espinoso, de vientre bajo, que se
desliz por el suelo, hacia l. Pope retrocedi cuando la criatura -tan inacabada en su estado
de reptil como su hermano simiesco- se cerr sobre el extrao infante. Karney esperaba que
devorase aquel montoncito de carne, pero el nio plido levant los brazos, como dndole
la bienvenida, al tiempo que la bestia del primer nudo se enroscaba sobre l. Al hacerlo, la













segunda bestia mostr su rostro fantasmal, gimiendo de placer. Pos sus manos sobre el
nio y acun el cuerpo deformado en sus brazos espaciosos, completando la atroz familiar
de reptil, mono y nio.
Sin embargo, la unin no se haba completado an. Cuando las criaturas se unieron, sus tres
cuerpos comenzaron a desintegrarse, transformndose en lazos de una sustancia color
pastel; incluso cuando sus anatomas comenzaban a disolverse, los restos iniciaban una
nueva configuracin: cada filamento se iba urdiendo con otros. Estaban atando otro nudo,
al azar pero, aun as, inevitable, much ms complicado que los que Karney haba logrado
tener entire sus manos. De las piezas del antiguo rompecabezas surga otro nuevo, quiz
insoluble, pero, mientras que los otros haban sido inacabados, ste sera complete y
acabado. Qu sera?
Mientras la madeja de nervios y msculos se mova hacia su condicin final, Pope
aprovech la ocasin que se le presentaba. Avanz a toda velocidad, con el rostro
enloquecido al ver la unin, y hundi el cuchillo de desollar en el corazn del nudo. Pero el
ataque no lleg a tiempo. Un miembro con jirones luminosos se desenrosco del cuerpo y
envolvi la mueca de Pope. La gabardina se prendi fuego y las carnes de Pope
comenzaron a arder. Aull y dej caer el arma. El miembro lo solto a su vez, para volver al
ovillo; dej al hombre tambalendose hacia atrs y acunndose el brazo humeante. Al
parecer, Pope estaba perdiendo la cordura; sacuda la cabeza lastimeramente. Por un
instant, sus ojos se encontraron con los de Karney y un relumbre astuto los ilumin. Estir
el brazo, cogi al muchacho por la herida y lo apret con fuerza. Karney grit, pero sin
prestar atencin a su prisionero, Pope lo alej a rastras de la cosa que estaba terminando su
formacin y lo meti en el refugio del laberinto.
-No me har dao -dijo Pope para s-, no si t estas a mi lado. Siempre tuvo debilidad por
los nios. -Empuj a Karney delante de l-. Buscar los papeles..., luego me ire.
Karney no saba si estaba vivo o muerto; no le quedaban fuerzas para deshacerse de Pope.
Se limit a seguir al viejo, arrastrndose la mitad del trayecto, hasta que llegaron a su
destino: un coche sepultado detras de una montaa de vehculos herrumbrados. Le faltaban
las ruedas; a travs del chasis le haba crecido un arbusto que ocupaba el asiento del
conductor. Pope abri la puerta trasera, murmurando satisfecho, y se inclin hacia el
interior, dejando a Karney acurrucado contra la puerta. No tardara en desmayarse; Karney













lo deseaba vehementemente. Pero Pope lo necesitaba an. Retir un librito de su escondite,
debajo del asiento del coche,y susurr:
-Ahora nos vamos. Tenemos asuntos que tratar.
Karney gimi cuando lo empuj.
-Cierra la boca -le dijo Pope abrazndolo-, mi hermano tiene odos.
-Tu hermano? -murmur Karney, intentando encontrar algn sentido a lo que se le
acababa de escapar a Pope.
-Hechizado, hasta que apareciste t -le dijo Pope.
-Bestias -mascull Karney, al asaltarle las imgenes mezcladas de reptiles y simios.
-Humanos -replic Pope-. La evolucin es el nudo de la cuestin, muchacho.
-Humanos...-repiti Karney.
Y cuando la palabra hubo abandonado sus labios, sus ojos doloridos vieron una forma
brillante sobre el coche, a espaldas de su torturador. S, era human. Todava hmedo por
su renacimiento, el cuerpo estaba surcado de las heridas heredadas, pero era triunfalmente
human.
Pope vio el reconocimiento reflejado en los ojos de Karney. Lo agarr, y se dispona a
utilizar su cuerpo herido como escudo cuando intervino su hermano. El hombre
redescubierto tendi las manos desde lo alto del techo y sujet a Pope por el estrecho
cuello. El viejo chill y, retorcindose, se solt, alejndose a toda velocidad por las cenizas.
Pero el otro inici una aullante persecucin, alejndolo de Karney.
Desde una gran distancia, Karney oy la ltima splica de Pope antes de que su hermano lo
venciera; entonces, las palabras se transformaron en grito, un grito que Karney esperaba no
volver a or en su vida. Y despus, el silencio. La criatura no regres, por lo que Karney se
sintio agradecido, a pesar de la curiosidad.
Minutos mas tarde, cuando logr reunir energas suficientes como para salir del cementerio
de coaches la luz volva a brillar en el portn, como un faro para los extraviados-, encontr a
Pope tirado boca abajo en la grava. Aunque hubiera tenido fuerzas, una pequea fortune no
lo habra persuadido de darle la vuelta al cadaver. Le bastaba con ver cmo las manos del
muerto haban cavado la tierra durante el tormento, y cmo las brillantes ristras de
intestinos, antes tan prolijamente enrolladas en el abdomen, asomaban por debajo del
cuerpo. El libro que Pope se haba tomado tanto trabajo en recuperar estaba a su lado.













Karney se agach para recogerlo; la cabeza le daba vueltas. Era una pequea recompensa
por la noche de horrores que babia soportado. En el future prximo se formulara preguntas
que jamas podra contestar, acusaciones contra las que tena muy poca defense. Pero a la
luz de la farola del portn, not que aquellas pginas manchadas le recompensaban much
ms de lo que haba imaginado. Copiados con letra meticulosa, y acompaados de
diagramas complicados, all estaban los teoremas de la olvidada ciencia de Pope: los
dibujos de nudos para asegurar el amor y ganar fama; lazos para dividir almas y unirlas;
para hacer fortunes y nios; para causar la ruina del mundo.
Despus de un breve examen, escal el portn y salt a la calle. A esa hora estaba desierta.
En el lado opuesto, en el edificio piopiedad del ayuntamiento, haba varias luces; eran
habitaciones donde los enfermos esperaban a que amaneciera. En vez de exigir ms a sus
miembros exhaustos, Karney decidi esperar donde se encontraba hasta parar un coche que
lo llevase adonde pudiera contar su historic. Tena much con qu entretenerse. Aunque le
daba vueltas la cabeza y senta el cuerpo entumecido, en su interior vibraba una lucidez
como jams haba experimentado. Lleg a los misterios contenidos en las pginas del libro
prohibido de Pope como a un oasis. Bebiendo profusamente de aquellas pginas, ansiaba
con rara excitacin el peregrinaje que le esperaba.


Clive Barker: Naci en 1952 en la ciudad inglesa de Liverpool, cuna de los Beatles, fue a
las mismas escuelas que John Lennon, y su rostro de querubn tiene un extrao parecido
con el de Paul McCartney. Termin sus studios de filosofa en la universidad de
Liverpool, y fue pintor y dramaturgo antes de empezar a escribir ficcin. Ahora se ha
convertido en guionista de las pelculas inspiradas en algunas de sus obras.

Este cuento fue tomado de la antologa Sangre.
Al INDICE













4. CUENTO MADE IN CUBA: HERMANO CSMICO

Juan Pablo Noroa



Un da no pude resistirlo ms. Me levant de la cama y tom lo que tena ms a mano en la

casa, que result ser una tubera de plomo. Encontrar dnde usarla no sera difcil; tena

grabado a fuego en la cabeza la distribucin de los altares shugs. Comenzara con el del

callejn. Slo necesitaba bajar por la escalera de incendios para tropezarme con el maldito

engendro.

Lo pulveric. Casi rompo mi improvisada arma, pero tuve el placer de ver los cristales y las

parties verdes desmenuzados en el suelo. Afortunadamente eran muy frgiles. No se haban

preocupado por blindarlos o algo as, supongo que no encajara con su propaganda. Poda

usar esa debilidad en mi ventaja. S, su estpido culto a la indefensin trabajara ahora para

m; y haba much tarea por delante. Tanto como limpiar el mundo.

Y no tendra ayuda ninguna. Estaba sola en mi cruzada, que lo era todo menos personal. Me

echaba a la calle para salvar a la humanidad. Un ejrcito de una sola mujer contra el resto

de su especie. Pues todos estaban paralizados de culpa y arrepentimiento, adormecidos de

paz de espritu, y de algn incomprensible modo bobos de felicidad con todo aquello.

Inermes como cachorrillos. Y no importa si en verdad no haba peligro y los shugs eran

inofensivos y bienintencionados hermanos csmicos dedicados a nuestra redencin. Uno

nunca debe estar inerme, ni por la mejor razn del mundo. Es un principio de

supervivencia. Y la supervivencia es incuestionable.

Fui en busca del siguiente altar. Lo haban puesto en la acera opuesta a la delegacin de

Contratos bucket. Tenas de un lado la opcin de trabajar duro para patrons indeseables a

cambio de transferencias tecnolgicas imprescindibles a la humanidad, y del otro, el paraso













gratis al instant. Lo primero no involucraba mi alma. As que levant mi pieza de

plomera, convertida ahora en una espada de purificacin forjada por el mismo Thor. Di el

primer golpe. Se sinti much mejor que con el otro templo, cuya destruccin haba sido un

tanto apresurada, como un estallido. Esta vez percib la miserable resistencia del artefacto.

Capt una pulsacin tenue, dbil, apropiada en algo construido para refugio spiritual de

pusilnimes de mente esculida.

Alguien detuvo el arma cuando haca un arco sobre mi cabeza para el segundo golpe. En

seco, cual si hubiese topado con una pared. Empuj instintivamente antes de pararme a

considerar el hecho y no logr moverla ni un centmetro. Eso me hizo mirar hacia arriba y

percatarme de la enorme y musculosa mano que retena el tubo. Segu con la vista el brazo

grueso y pleno hasta el hombro, el cuello, el rostro... y casi me desmay de la impresin.

Era David "Cosa rabiosa" Yelewitz, el mejor luchador professional del mundo. No pude

impedirme apartar mi mano derecha de la tubera y tocar su mueca. Este nuevo contact, a

pesar de ser ms suave y clido, superaba en reciedumbre al metal. El dueo de aquel

antebrazo podra haberme colocado el cilindro de plomo como collar.

-Qu haces, hermana?

En persona su voz era mejor que en television. Una vibracin resonando just bajo mi

ombligo. La modulacin consegua suavizar los msculos abdominales y alertar los

pectorales, el timbre abrillantaba mis ojos y humedeca mis labios. La voz de un hombre

cien por cien. Tena que ser de los mos. En el cuadriltero era una masa ardiente de furor

homicide. Los cnticos shug no podran con l. No podan ablandarlo. El destino haba

escrito este encuentro para los dos ltimos irreductibles. Tan slo reconocer las

expectativas me abrumaba.

-Y a ti que te importa?













La historic de mi vida con los hombres. No puedo separar excitacin de exaltacin y eso

me causa problems para situar el tono just a cada moment. Pero quera manejar bien a

David. Sera grandioso si lograba sumarlo a la causa. Los dos haramos un gran equipo. Yo

pondra cerebro y l msculo, y qu pedazo de msculo era. Se me aflojaban las piernas

mientras mova la cabeza para poder abarcar bien la anchura de sus hombros. Haba que

decir algo ms amigable.

-0 sea, quise decir, porqu me lo preguntas? -Mi voz brot spera y rasposa. Se me

haba secado la garganta, como por una sbita sed.

-Porque si es lo que parece, te haces dao a ti misma. Nos haces dao a los dos, de

hecho. Si es lo que parece, te pido que no lo hagas.

Los contornos de los cosas se difuminaron y se doblaron sobre s mismos. Para no caer,

tuve que apoyarme en mi tubera, como en un bastn. -T tambin? -fue lo nico que

pude decir.

-Hermana, ests hundida en el dolor equivocado -dijo David-. Yo lo estaba, y era un

ser daino para m mismo y los dems. Pero la paz es possible, fuera del ciclo de herir y

sufrir. Si conviertes el dolor propio que te enloquece en la comprensin del dolor ajeno que

has causado, hallars la salida.

Sus dedos se insinuaron en la zona bajo mi oreja y en mi nuca. Me sent enferma de

repulsin. Un espasmo pulsaba atenazante desde mis rodillas a mis clavculas, clavando los

ligamentos en las articulaciones. Lo super reaccionando con un glorioso ataque de furia.

Tom mi preciosa tubera de plomo y la revole contra su flanco derecho, en uso de toda la

fuerza de mi decepcin.

-No me toques, mierda! rug-. Eres un mierda! Te matar!

l dio dos o tres vacilantes pasos hacia atrs, busc a su espalda un apoyo impossible, y













termin con sus huesos en el suelo, exhalando un sordo quejido. Yo avanc hasta hacer mi

tubera oscilar sobre sus rodillas y le machaqu una rtula a tiro. l se volvi a quejar. Ver

a "Cosa Furiosa" gimiendo como una perrita faldera herida me hizo tan miserable que tuve

que arrodillarme. Comenc a sollozar, temblorosa de ira.

-Pasa algo, amigos?

Voz femenina. No haba escuchado pasos de gente acercndose, pero all estaban. Dos

hombres y dos mujeres.

-Nada que no se pueda reparar -dijo David, tosiendo y jadeando-. La hermana se

arrepiente.

-Te hiri? -La mujer se inclin junto a David y le puso una mano sobre el hombro. Una

mano clida, acariciante, suave. Maternal, protectora; un gesto tal que slo haba visto en

madonnas de cuadros geniales. Esa tipa apenas lo conoca, por Dios. Mientras tanto, los

tipos levantaban a David con una solicitud como de padre.

-No ms de lo que se hiri a s misma con la propia accin respondi David a la

pregunta de la mujer-. Y no ms, debo reconocer, que lo que yo mismo he herido a otros

inocentes.

-Era un puetero espectculo! -grit-. A ellos les pagaban! A ti te pagaban! Vivan

de eso! Y todos se divertan los jueves por la noche! Qu ms hay con eso, hijos de perra?

Qu ms?

-El dolor -replic David-. El dolor que me volva loco. Estaba furioso conmigo mismo

y con todos, inestable, autodestructivo, intratable, insoportable, derrochador, engredo. Y ni

siquiera lo supe hasta que me descubr a m mismo en un altar. Descubr cmo me hera a

m mismo y a los dems. Cun manchado estaba, cun culpable.

-Otra palabra ms de esa monserga y te mato como a un perro!- le advert.













l sonri. Dulcemente, maldicin. Yo lo amenazaba de muerte y l me sonrea dulcemente.

Y adems, habl. No le temo tanto a la muerte. No es tan terrible como vivir en el dolor,

o en el recuerdo del dolor. Me liberaras, si lo hicieras.

Entonces la segunda mujer se interpuso entire el resto y yo. Instintivamente di un paso atrs

y alc la tubera, ante lo cual ella hizo un gesto de encogimiento, cual un perro esperando

una patada. Pero no se movi del lugar ni levant una mano para protegerse. Estaba

dispuesta a recibir el golpe que fuese. Mas primero deseaba decirme algo.

-Amiga -me dijo-. Qu te ocurre? Por qu cometes los mismos errors de antes? No

has cambiado en nada? Los altares no te han hecho una mejor persona?

-Nunca me he acercado a una de esas pilas de mierda. -Mis mandbulas estaban tan

tensas que me costaba trabajo articular. No podra expresarme bien con palabras, de todas

formas. Afirm la tubera en mi mano derecha y con la izquierda apart a la mujer.

No quera ms entrometidos.

Pero ellos se movieron rpido. En un segundo me dieron la vuelta y se situaron entire el

altar shug y yo. Se abrazaron a aquel pilar cilndrico de dos metros de altura como a una

tabla de salvacin. Para m era algo obsceno, repugnante; un gigantesco pene con el cual

los shugs sodomizaran a la especie humana. En cierto modo as era. Los regalos de

tecnologa shug rompan la voluntad, su filosofa blandengue renda las agallas, su moral

inerme cortaba los instintos vitales de lucha. Y en solo once meses la humanidad haba

primero aceptado y despus asimilado todo aquello. Fcil y pronto, como si lo hubieran

estado esperando, necesitando, buscando. Yo entenda que de inicio, apenas hecho el

contact, la gente tomara con agrado a los shugs. Quizs se debiera al efecto causado por

contrast entire el angelical y generoso acercamiento shug de un lado, y el mercantilismo

legalista buket, junto al distanciamiento desdeoso de las razas superiores de la













Confederacin Galctica, por el otro. Pero, en tan poco tiempo, o en una eternidad siquiera,

no conceba possible tanta entrega, tamao abandon de s mismo a ideas extraas, much

ms cuando stas eran tan contrarias a la naturaleza propia.

Levant el plomo a dos manos. Ellos, todos a la vez, me miraron a los ojos. No me

detendran. Entre golpe y golpe les devolva la mirada, para hacrselo entender. Cuando

termin, estaban mezclados con los pedazos de su querido altar. Tuve que apartarme hasta

un hidrante para poder lavarme.

- Te vi, perra. Vi lo que hacas.

Salt como un conejo sorprendido y empu la tubera girando en guardia. Deb haberme

volteado en el lugar dando un golpe de barrido. Lo hubiera desarmado. Demasiado tarde ya.

El dueo de aquella voz tan desagradable estaba dos pasos ms all, y su expresin pareca

ms letal que la pistola.

-Perra. Suelta ese consolador de bruja. O te voy a dar ms plomo. En pldoras, y no

precisamente anticonceptivas.

Evalu la situacin. El tipo no era alto ni robusto, pero no lo necesitaba con una Beretta en

la mano. Uno de esos individuos pequeos y nervudos, especialmente hechos para el

calibre nueve milmetros, con pinta de seor del mal y ojillos de bull terrier. Dej caer la

tubera a mis pies. Son profundo, como una piedra lanzada a un pozo en una pelcula de

terror.

-Patalo -mand el tipo-. Con el taln. Si intentas usar la punta del pie, te lo dejo

romo. Balas huecas, si me entiendes.

Hice lo que l me orden, tal como me lo dijo. Mi vida estaba en peligro y no era hora de

cometer errors.

-Quin eres? -pregunt-. Un polica? -Dije cada palabra despacio, claro y suave,













como cuando se quiere calmar a un animal peligroso.

-Polica? -El tipo me mostr various colmillos. -No, no lo soy. Pero en el pasado he

deseado tener uno de esos garrotes. Creo que voy a conseguirme uno.

-Trabajas para los shugs?

-Ja! Esa es buena, perra, esa es buena. No trabajo para ellos, no. Ellos trabajan para m.

Me hacen mi negocio fcil.

-Y ellos saben que tienen esta relacin de negocios contigo?

-No te hagas la lista conmigo -dijo l con sarcasmo. Ponte de cara a la pared, las

manos a la espalda, juntas. Y separa las piernas.

-No eres polica, pero actas como uno -dije mientras me colocaba en la posicin por l

indicada-. Has tenido que ver con ellos. Cul es tu negocio? Pareces un tipo duro. Quizs

me interest hacer negocios contigo.

-Vas a ser mi client, perra. -Hubo un sonido metlico, un contact helado en mis

muecas, y un clic aterrorizante.

Estaba esposada. Inerme.

El miedo me doli bajo el diafragma.

-Tu client? Qu diablos eres t?

-Soy un cabrn violador professional. No temas, trabajo gratis.

Tuve un momentneo desfallecimiento del cual me sac un brusco tirn aplicado a las

esposas. Los shugs hacan su negocio fcil. No haba policas. Las vctimas no se defendan

a muerte ni hacan denuncias. Todas lo perdonaban. Los shugs hacan su negocio fcil.



He logrado no recorder demasiado los tres das que siguieron a mi encuentro con el

desgraciado aquel. Quiero guardar memorial slo a partir del moment en que me dej













abandonada en una esquina, rota y extenuada por su maltrato y mi resistencia, mas

consciente y sin rendir. Permanec tirada durante aproximadamente veinte minutes.

Cuando me encontraron yo no estaba en condiciones ni de expresarme con claridad. Fueron

cuatro hombres, que me cargaron amorosamente hasta una gran plaza donde, para mi asco y

deseo de morir, me esperaban un templo shug y una gran multitud de adoradores. Dando

crculos alrededor del aparato, lo tocaban y acariciaban. Al hacerlo, parecan transportados

a otras esferas por breves instantes. Trat de valerme e insultarlos de pie, pero no pude

conseguir ningn movimiento y de mi boca slo escap un cuajarn de sangre. Y las

lgrimas no vinieron tampoco a mis ojos.

Justo entonces la multitud se apart para dejar entrar a alguien desde el otro lado de la

plaza. Un ser de tres metros de alto, muy delgado de cuerpo y miembros, con una extraa

cabeza de hipocampo. Del cuello al suelo lo cubra una tnica marrn. Era un aliengena

shug.

El shug se acerc a m, dando pasos cortos y majestuosos. Intent por ltima vez liberarme,

y los brazos que me sostenan fueron suaves y firmes. Inevitable el contact; el

extraterrestre estir la mano y sus cuatro largos dedos rozaron mi frente.

Al instant mi cuerpo empez a experimentar mejora.

En cuanto estuve bien salt, y esa vez nadie hubiera podido impedrmelo.

-A qu rayos me han trado aqu? -pregunt en el tono ms retador possible.

-Hermana -habl el shug-. He odo hablar de ti, y de las cosas que haces. Destruyes lo

que no conoces ni comprendes. Quisiera pedirte que lo conozcas, y quizs, comprendas.

La multitud se alej del altar, dejndome un camino abierto hasta el artefacto.

-No tocar esa cosa inmunda -negu retrocediendo-. Ni por mi madre lo hara.

El shug acerc su rostro al mo doblando su largo cuerpo en ese remedo de descendimiento,













tan imponente desde una perspective inferior y cercana. -A qu le temes -pregunt con

esa voz suave y clida de manipulador-. All slo te encontrars a ti misma. Te temes a ti

misma? Cmo puedes vivir temindote a ti misma?

- Yo no le tengo miedo a nada en el mundo.

Los largos brazos del shug se arquearon girando hasta que las manos tocaron ambos lados

de su cabeza. -Comprendo. Entonces es que no te aceptas como eres. Te niegas a

conocerte a ti misma. Temes a lo que te pueda llevar el conocimiento de ti misma.

-A lo que ms le temo ahora es a tener que soportarte hablando porquera durante una

semana. Djame ir, o te vomitar la cara.

Mi interlocutor se desliz los dedos por la cabeza. -No te entiendo. Si te entendiera,

podra ayudarte. Si te entendieras, podras ayudarte. En realidad, todo es muy simple,

aunque t lo hagas difcil.

-Oh, maldicin, dame ac. -Me haba llevado al lmite de mi paciencia. -No me hables

ms de "ti misma". Te voy a mostrar "ti misma". Puedo limpiarme el trasero con tu

artefacto. Puedo tocarlo cuantas veces quiera y nunca me va a lavar el cerebro. Ves? -Y

me atrev.

Lo hice. Retarme es encontrarme.

Me aferr al altar, le clav mis uas. -Puedo hacer hasta una danza de regazo sobre l -

dije-. Qu diablos, puedo metrmelo complete, y ni as me va a hacer sentir nada.

Cuando me golpe fue como el punto ms bajo del bungy. En menos de una centsima de

segundo sent la misma afluencia de energa. Y lo que fue, Dios mo. Me lo recordaron

todo, desde las miserias ms negras hasta los orgasmos mltiples. Me lo pusieron complete

en la cara, a oler, palpar y saborear, y de algn modo tuve tiempo para todo aquello en la

mitad de la centsima. Por supuesto eso me dej una insondable amargura que me hizo













paladear durante la infinita segunda mitad.

Despus, hubo como un remanso. Debi ser un respiro destinado a darme confianza, porque

entonces comenzaron de verdad. Me mostraron cmo mis cosmticos se convertan en

agona de animals de experimentacin, cmo mi cuenta en un restaurant se transmutaba

en un buitre devorando a un nio africano semivivo de hambre; y las revistas que lea eran

rboles descuartizados, el auto era un anciano muerto en una guerra por petrleo; y mis

ropas deportivas contaminaban los ros y envenenaban a miles de millones de peces, el

aeropuerto del que part para las Bermudas le cost el hogar a ni s cuntas aves; y mi

marihuana y mi coca pagaron el transport de ms coca para pudrir ms nios en mi ciudad,

mis impuestos se fueron en armas y equipo del gobierno para amenazar a quien levantara la

cabeza en cualquier lugar del mundo.

Lo volvieron entonces como un boomerang contra m. Las agresiones sexuales, las fallidas

y la cumplida, el stress citadino, la irritabilidad y la intolerancia de mis congneres; las

humillaciones infligidas por quienes se crean superiores a m, la avaricia y la ambicin

ajenas desangrndome para usarme como escaln; los fumadores y los predadores de la

noche forzndome a encerrarme en mi casa, los irresponsables atentando contra mi vida con

choques, incendios, negligencias mdicas; todos los que tenan algn poder sobre m

ejercindolo slo por el placer de hacerlo, todos en general obligndome a vivir a la

defensive, al acecho, con precauciones agotadoras y limitantes.

Aun ms.

Me pusieron frente a un espejo, y yo era tanto culpable de lo que era vctima como vctima

de lo que era culpable. Yo lo haca todo y lo sufra todo. No terminaron. Tuve que

comprender que era as, exactamente as, para todos los dems que alguna vez haban

tocado un altar shug. Nadie me lo dijo; lo sent. Lo sent durante much, much tiempo.













Tambin sus deseos de escapar, de liberarse, de salir. Y la conclusion final: tenan que

cerrar el ciclo y cortar el vuelo del boomerang. De cualquier manera.

-Lo que has tenido es una comunin de experiencias. -El shug segua inclinado frente a

m. El altar estaba tambin all y la multitud. No haba pasado una eternidad suficiente para

disolverlos. Haban sido, supongo, algunos minutes.

-Una comunin contigo misma, y con todos los dems que han pasado por esa experiencia

-continu el shug-. Te servir para comprenderte a ti misma y a tus hermanos. Te servir

para juzgarte.

Separ lentamente mis manos del altar. Las llev a los costados de mi pantaln y me las

restregu con minuciosidad. Di un paso atrs. -Me sirve a m, claro, pero no a ti.

-Cmo? -inquiri el shug, agitando cmicamente los dedos-. No entiendo.

-Me acabo de dar cuenta de que aun paleando mierda, sigo adelante. Soy una locomotora

de supervivencia.

-Pero qu tiene que ver eso con...?

-Con juzgarme? Nada. No me voy a juzgar.

-Quise decir, no entiendo cmo has extrado esa arrogancia de tu experiencia.

-Yo arrogante? Soy tan humilde como una cucaracha. Las cucarachas no tienen la

pretensin de juzgarse a s mismas.

-Eres un ser enfermo, y me temo que ests fuera de redencin.

-No necesito redencin. Yo estoy orgullosa de m misma.

-Orgullosa de qu, pobre criatura? De tu miseria?

-Soy condenadamente maravillosa slo por existir. Comparado con eso, lo dems no vale

la pena.

-Eres un ser enfermo ms all de toda redencin -insisti el shug.













-Y un demonio, enferma. Tengo la fuerza suficiente para lidiar con todo lo que me

restregaste con el altar y seguir viva sin salir chillando y corriendo. Adems, que hay

mierda en la cloaca, y que sala de m, siempre lo supe. No me dijiste nada nuevo.

-Esa actitud de autocomplacencia estaba llevando a toda tu especie a la destruccin, junto

con el planet. Pero aun estn a tiempo de salvarse, si se detienen y juzgan su proceder.

-Vive y deja morir, hermano csmico. Sal de delante de mi cara. De hecho, he hablado de

ms contigo. Juzga esto. -Y con la ltima frase levant el pie y lo dej caer furiosamente

contra el altar. Tuve que repetirlo tres o cuatro veces antes de lograr algn dao serio, pero

cada vez me sala ms fuerte y ms inspirado el golpe. Despedac ste sin mi preciosa

tubera de plomo, con el double de esfuerzo pero con cuatro veces el placer.

De repente, un ramalazo de luz cegadora me separ del shug, y me sent lanzada hacia atrs

como si hubiera chocado contra m un colchn de agua a cien por hora. Lo nico en que

pude pensar fue que finalmente los shugs se haban decidido a ponerse desagradables

conmigo.

Creo que qued inconsciente por muy poco tiempo, quizs gracias a que aun tena el efecto

del toque del shug.

Cuando recuper la vista y toda la conciencia vi una silueta conocida slo por noticieros.

Una gran rana rastafari con postura y tamao de simio.

Un bucket, de espaldas a m.

-Debo, sin dejar nada por dentro, decirte, Uguzda, que estoy muy decepcionado -

comenz el bucket sin ms prembulo-. Porque eres Uguzda, no? Con ustedes los shugs

sufro confusiones enervantes. Todos se me parecen a un filamento anal de bufu lacustre y

nunca s a cul en particular me estoy dirigiendo.

El filamento anal de bufu lacustre en particular emiti una series de chasquidos y pitidos.













-Comprender las tonteras que me digas en cualquier idioma de la galaxia -lo

interrumpi el bucket-. Pero me conviene que hables en la lengua de este necesitado

auditorio. Por lo tanto, as lo hars, Uguzda-adima-mebidogada.

El shug se qued increblemente quieto. -A que has venido? Al hablar pareca una

estatua parlante. -Es necesaria tu presencia aqu? En qu puedes beneficiary a las pobres

gentes de este planet?

-El sentido comn debera ser la base sobre la cual yo podra construir en tu crneo el

slido convencimiento de que no he recurrido a esta azarosa tecnologa de Deus ex

machine, como aqu dicen, con un objetivo diferente al de proteger nuestra reserve laboral.

Y me molesta sobremanera que individuos en claras circunstancias de sometimiento

intenten arremolinar la situacin manipulando el dilogo. Si persistes, evidenciar mi

nimo.

-Las amenazas no pueden ahuyentar a la verdad -contest Uguzda-. Ella persiste en

mis corazones. Tambin en el de cada una de las vctimas que componen tu reserve laboral.

Con un gil salto el bucket llev su rostro a la misma altura que el del shug y le dio una

bofetada. El shug se dobl hacia la derecha casi en ngulo recto.

Entonces escuch un tremendo clamor. La multitud acuda a salvar a su amado lder

spiritual. Me espant. Simplemente caminaran sobre el bucket y yo para alcanzar a

Uguzda y envolverlo en un abrazo protector.

Pero ni siquiera se acercaron. Apenas entraban a un rea de seis metros de radio alrededor

del bucket, caan achicharrados, y a cualquier distancia menor slo llegaban cenizas.

Venan y venan, y as mismo se amontonaban como carbn en polvo. No paraban de morir,

porque si alguno gritaba o intentaba detenerse ante la zona de muerte, los de atrs lo

empujaban.













-Cuando mil de ellos hayan muerto... -declar el bucket-... se acumular el equivalent

necesario para justificar una represalia contra el instigador. Y no seas mrtir compulsive,

pues carezco del generoso impulso de permitrtelo.

El shug grit, abriendo los brazos: -No ms! No avancen ms, no pueden asistirme! No

hagan que l me reproche con razn vuestras muertes! -Y la multitud se detuvo en seco,

perdiendo todo impulso en un segundo.

Por alguna razn esto molest al bucket hasta el punto de hacerlo volver a proporcionar

evidencia de su nimo. Otra bofetada y las siguientes palabras. -T simplemente te

arrastrars como un animal faldero y pedirs much perdn por haber sido malo. Est

claro?

Empezaba a gustarme la rana rastafari.

-Voy a narrar los acontecimientos de un ao terrestre a esta parte, tal cual los he

presenciado -dijo el bucket despus de volverse hacia la multitud. -Yo, un humilde

empleado de la Compaa de Contratos con la Tierra, y servidor de ustedes, me dirijo una

vez ms a este hermoso y prometedor planet, pues segn los trminos acordados es la

fecha de recoger a los nuevos trabajadores de brazo hbil y mente despierta, y vengo

esperando que la hornada sea tan satisfactoria como en anteriores ocasiones. En mi corazn

traigo a Paduga III y IV, dos mundos nuevos pletricos de recursos y con prospects

apasionantes e inversiones slidas en march. Vislumbro cuantiosos dividends que

acrecentarn la prosperidad general de la galaxia. Pero qu me tropiezo en mi largo

camino de la casa matriz a aqu? -pregunt el bucket volvindose al shug-. A los

habitantes de Sigaufa II convertidos en vegetables vivientes. Los sigaufas, esa especie tan

prometedora por su inteligencia y vitalidad, a la cual estudiamos peridicamente con

discrecin y pensbamos contactar para Contrato dentro de diez o doce generaciones. En













estos moments consume casi todo su tiempo en preguntarse si quieren seguir existiendo o

no. Han paralizado su desarrollo, su tecnologa, la expansion por su sistema solar, sus

investigaciones; no avanzan en absolute, porque no logran decidir si es tico. Slo estas

generalidades llegaron a mi conocimiento, pues como no me estaba permitido arriesgar un

Contacto, me march sin investigar otra cosa sino sus escasas comunicaciones radiofnicas.

-Ahora enfrent a la gente de nuevo. -Me preocup seriamente. Entonces record a los

dolomf, otra especie racional de las cercanas, ms o menos en el mismo status de los

sigaufas, y los visit. Al parecer fueron ms susceptibles: haban cometido suicidio general.

Nadie vivo en Dolomf. Abrumado por graves presentimientos, apresur mi paso sin ms.

Y qu me tropiezo ahora, que me lo explica todo? Escoria shug! -En este punto

comenz a proferir gorgoteos y burbujeos ininteligibles mientras daba saltitos irregulares.

No resultaba nada gracioso, pues lo haca dispersando los restos carbonizados de series

humans.

-Pero creo que tienes al menos esta situacin bajo control. Cre oportuno intervenir

para calmar al bucket. Si bien su fama de pacficos era amplia, tampoco dejaba de ser cierto

que nunca, nunca, se haba visto a un bucket perder la compostura, y en esa actitud del todo

nueva, su comportamiento se haca impredecible. -El truco ese de fuego desde el cielo,

por ejemplo. Wao.

El bucket detuvo sus saltos y expresiones. -El concept del sistema de armamento es por

complete human -me dijo, voltendose para verme de frente. -Slo lo implementamos

tecnolgicamente. Se acerc a m y me estudi de cerca. -T eres el ltimo individuo que

entr en contact con el canalizador. Justo antes de intervenir le los datos que envi a la

nave madre shug. Ya veo, ya. Es curioso que prcticamente la nica resistencia al

adoctrinamiento haya venido de alguien tan poco recomendable squicamente como t.













-Hago mi mejor esfuerzo.

-Y el mejor esfuerzo de tu especie no ha provenido de una perspective racional y

equilibrada, sino todo lo contrario. Es imprescindible un studio profundo de las

implicaciones. De cualquier manera... -y se dirigi a la atnita y expectante gente-...

pronto descubrirn que la tecnologa shug es con much inferior a la nuestra, adems de

incompatible por complete. Mientras mejor se recuperen de esta soberana tontera, mejor

para todos. Esto es especialmente necesario estando el balance de crdito a nuestro favor;

no toleraremos incumplimientos de Contrato. En cuanto a ti, Uguzda... -la voz se le torn

en extremo desagradable-. Sabes que la frase "genocidio preventive" revolotea como una

brisa entire los asientos de los Diputados de la Confederacin Galctica cada vez que el

problema shug es trado a colacin? Por qu crean tantas dificultades, Uguzda, que han

acabado todas las paciencias?

El shug llev los brazos hacia arriba y los onde lenta y suavemente. -Slo anhelamos

extender el conocimiento que a tan duro precio hemos...

-Uguzda, en realidad ustedes slo desean decirle a razas inferiores lo que tienen que hacer

-corrigi el buket-. Yo s, claro que lo s, que ustedes se creen toda la patraa

autodestructiva y automortificante que han elaborado, pero han amenazado la supervivencia

de species enteras, y al menos en un caso con consecuencias fatales. T y los que te

acompaan en esa nave vendrn conmigo a la Dependencia de la Confederacin ms

prxima, y conocern el rigor de un process real. Ahora t y tus compaeros tienen dos

opciones. O vienen conmigo en mi nave, prisioneros, y ser con tanta dignidad como no

merecen, o eligen permanecer en este planet, bajo rebelda. Si eligen la rebelda, el peso de

la justicia caer con lastres sobre tu especie complete.

Uguzda no dijo una palabra, ni se movi un pice. La multitud s comenz a agitarse y













removerse, en medio de resonantes murmullos. Todos buscaban mejor vision, y en cuanto

la conseguan, la comentaban a los otros. Su fe, su ltima y preciosa fe, estaba en juego.

Yo esper en vilo la decision del shug durante seis duros minutes, imaginando las ms

atroces consecuencias para la humanidad en caso de una negative. Castigos, acciones

policiales, quizs una guerra, que inevitablemente nos involucrara.

Uguzda dio un paso, un largo paso, hasta el bucket, y ambos aliengenas desaparecieron

bajo una luz cegadora.

Qued solo el crculo de cenizas humans.

La gente comenz a abandonar la plaza. Busqu la mirada de alguno, para mostrar mi

expresin de triunfo. Sera cruel, pues lucan demasiado destruidos por dentro. Pero era

imprescindible.

Nadie me permiti sus ojos.

Entonces salt y atrap por los hombros a la persona ms prxima, una rubia delgada y alta.

La gir y la enfrent con mi victoria.

-Entiendes lo que acaba de ocurrir? -la interrogu. Ella quiso desasirse, escapar-.

Entiendes lo que acaba de ocurrir? -repet implacablemente.

Y sucedi un milagro. Un puo se form en su derecha, y me golpe. Y otro en su

izquierda, y tambin me golpe. Y una y otra vez, sin parar, con ambas manos cargadas de

furia. Me derrib, me pate en el suelo, se lanz sobre m para machacar mi crneo; podra

incluso haberme matado. Por m estaba bien. Los mejores deseos de vivir slo renacen

mezclados con unos equivalentes de matar.

Cuando empez a llorar, juzgu llegado el moment. La noque, me libr de ella, e invert

la situacin. -Entiendes lo que acaba de ocurrir? -rug, borboteando sangre por segunda

vez en media hora.













Las lgrimas le impidieron responderme.

Mientras tanto, cuantos quedaban cerca nos miraban sin intervenir.

-Repite conmigo -le exig a la rubia-. Repite conmigo. No puedo considerar nada

superior a mi propia existencia de ser racional. No siento ningn temor ni dolor mayor que

dejar, un da, de pensar siendo yo misma. La vida inteligente es uno de los pocos valores

absolutos del universe, y sobre esto aseguro que los concepts del bien y del mal no lo son.

Repite conmigo.

Y los espectadores comenzaron a decir estas palabras, y los prximos a ellos despus, y

aquellos ms atrs tambin, hasta llegar, supongo, a todas parties.

A todos los lugares adonde haban llegado los hermanos csmicos.

FIN



Juan Pablo Noroa(1973): Graduado de Letras en la Universidad de la Habana ha

sido incluido en la antologa Reino Eterno, Letras cubanas 1999. Fue antologador de

Secretos del Futuro, Sed de belleza, 2005. Es un activo colaborador de sitios web del

gnero tales como Axxn y Guaicn.

La mayor parte de su obra se encuentra indita.


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