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 La frase de hoy: Robert A....
 Articulo: ¿Cine Fantástico en los...
 Cuento clásico: Rey Krull. Exilio...
 Cuento made in Cuba: Desierto,...
 Articulo: Teología de los dioses...
 ¿Cómo contactarnos?


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Disparo en Red
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 Material Information
Title: Disparo en Red
Physical Description: Serial
Language: Spanish
Publisher: Disparo en Red
Place of Publication: Havana, Cuba
Creation Date: February 27, 2006
 Subjects
Genre: serial   ( sobekcm )
 Record Information
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
System ID: UF00103496:00017

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    Table of Contents
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    La frase de hoy: Robert A. Heinlein
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    Articulo: ¿Cine Fantástico en los años ’30?, Dario Lavia
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    Cuento clásico: Rey Krull. Exilio de Atlantis, Robert E. Howard
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    Cuento made in Cuba: Desierto, Juan Pablo Noroña
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    Articulo: Teología de los dioses lovecraftianos
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    ¿Cómo contactarnos?
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HOY: 27 de FEBRERO del 2006


-r
1' .
, k -


DISPARO EN RED: Boletn electrnico de ciencia-ficcin y fantasa.
De frecuencia quincenal y totalmente gratis.

















Editores:
darthmota
Jartower
Colaboradores:
Taller de Creacin ESPIRAL de ciencia ficcin y fantasa.
Proyecto de Arte Fantstico Onrica.

Anabel Enrquez Pieiro

Juan Pablo Noroa Miguel Bonera Miranda

Jorge Enrique Lage Coghan

Vctor Hugo Prez Gallo Ral Aguiar


Portada: ATST

























0. CONTENIDOS:



1. La frase de hoy: Robert A. Heinlein.

2. Artculo: Cine Fantstico en los aos '30?, Dario Lavia.

3. Cuento clsico: Rey Krull. Exilio de Atlantis, Robert E. Howard.

4. Cuento made in Cuba: Desierto, Juan Pablo Noroa.

5. Artculo: Teologa de los dioses lovecraftianos.

6. Cmo contactarnos?















1. LA FRASE DE HOY:


El lenguaje no tiene importancia; era con toda certeza una lengua terrestre. Nadie ha
traducido jams "Verdes colinas" al suave idioma venusiano; jams un marciano lo ha
croado ni susurrado en los ridos corredores. Es nuestro. Nosotros, los habitantes de la
Tierra, lo hemos exportado todo, desde las pelculas de Hollywood a las substancias
radiactivas sintticas, pero esto pertenece exclusivamente a la Tierra, y a sus hijos e hijas
doquiera que se encuentren.

Robert A. Heinlein.

Al INDICE


2. ARTICULO: Cine Fantstico en los aos '30?
por Dario Lavia


A pesar de que usualmente recordamos como clsicos de la ciencia ficcin a las pelculas
de los aos '50 tales como LA GUERRA DE LOS MUNDOS (War of the Worlds, 1955-
Byron Haskin) o bien LA MAQUINA DEL TIEMPO (The Time Machine, 1960), hay un
cine de ciencia ficcin poco divulgado a
lo la1,io de los aos '30 que es important
seialar como un pequeo hervidero de
ideas y creatividad (obviamente much
1men1os generoso que la poca de oro a

part r de los '50). Como distincin hay
Sique reconocer que el gnero de ciencia
ficconii propiamente dicho comenz a
partir de 1950 con DESTINATION: THE
OON (1950 George Pal). A qu nos
referimos con "propiamente dicho"? Cuando se inici el movimiento de la ciencia ficcin
en el campo de la literature, usualmente el nudo y principal tema de cada obra era element
fantstico. Como ejemplo tenemos a H.G. Wells, cuyos relatos cortos son un modelo de













obra de ciencia ficcin en su trmino ms puro, es decir, un relato de ficcin que hace
hincapi en elements cientficos. Tal fue lo que ocurri a partir de los '50, con pelculas
como las anteriormente nombradas en las que se enfatizaba el element cientfico por sobre
todo lo dems. Como ejemplo basta recorder la escena de LA HUMANIDAD EN
PELIGRO (Them, 1954-Gordon Douglas) en la que el cientfico de turno (Edmund Gwenn)
explica a los militares de turno los peligros de una raza de hormigas mutantes que invaden
Los Angeles por medio de un documental entomolgico.
Como principles diferencias entire ambas pocas del gnero, tenemos que sealar la
ambigedad que hubo en los '30, ambigedad que hacia que usualmente el element
fantstico brindaba soporte o marco a una historic de otro gnero (a diferencia de las
pelculas de los '50, que como sealamos antes, se forjaban a partir del element fantstico,
siendo este el centro de la pelcula). Para comprender mejor esta aseveracin, demos ahora
un vistazo a las pelculas de ciencia ficcin o de otros gneros que tuvieron elements
fantsticos en el cine de los aos '30.
Ciencia Ficcin Wellsiana:
De las adaptaciones que hubo de la obra de H.G. Wells las
ms importantes fueron LA ISLA DE LAS ALMAS
PERDIDAS (Island of Lost Souls, 1932-Earle C. Kenton)
en la quie Charles Laughton interpretaba al demente Doctor
N Ioreau. E L HOMBRE INVISIBLE (The Invisible Man,
1>33-Ja mes Whale) en la que Claude Rains encarnaba el
traniiilairente rol de Jack Griffin; THE MAN WHO COULD
WORK MIRACLES (1937-Lothar Mendes) fue la version
britnica de un notable cuento de H.G. acerca de un hombre
que de un da para el otro tuvo la facultad de realizar
milagros, con Roland Young y Ralph Richardson; y LO
QUE VENDR (Things to Come, 1936-William Cameron
Menzies) un extrao filme de ciencia ficcin tambin
britnico que mostraba los intentos de lo que quedaba de la humanidad por reconstruir la
civilizacin que fue borrada de la faz de la Tierra por una terrible guerra (que la pelcula
anunciaba para el ao 1940).













Ciencia Ficcin y el Terror:
En muchas pelculas de terror tenemos elements de ciencia ficcin, uno de los ms ntidos
ejemplos es LA AMENAZA INVISIBLE (The Invisible Ray, 1936-Lambert Hillyer), en
cuya escena inicial Boris Karloff mostraba hechos del espacio sideral a travs de una
funcin en su planetario para invitados como Bela Lugosi y otros. Ms tarde en THE MAN
WHO LIVED AGAIN (1936-Robert Stevenson) Boris Karloff interpret a un cientfico
loco que perfeccionaba un mtodo para transpasar su mente a la de los animals. En LA
ISLA DE LOS RESUCITADOS (The Man with Nine Lives, 1940-Nick Grinde) Boris
interpretaba nuevamente a un sabio demente que buscaba afanosamente una cura para el
cancer a travs del congelamiento y descongelamiento de series humans. Por ltimo en
DR. CCLOPE (Dr. Cyclops, 1940-Ernest B. Schoedsack) Albert Dekker se aislaba en la
selva amaznica para realizar experiments de reduccin de series humans. La tcnica de
efectos especiales conseguidas en esta pelcula marc un hito en la evolucin del gnero y
an hoy en da es entretenida.
Ciencia Ficcin y los Seriales:
El serial fue un amplio movimiento que abarc casi toda la
primera mitad del siglo XX (los ltimos se filmaron en 1954).
Mientras el cine abarc todo tipos de gneros, el serial se centr en
solo tres (aventuras, western y policial). Pero dentro de estos los
elements de ciencia ficcin tuvieron amplia cabida. Veamos
algunos ejemplos: FLASH GORDON ROCKETSHIP (1936-
Frederick Stephani) fue el primer serial basado en los inmortales
personajes de Alex Raymond. Presentaba a Larry "Buster" Crabbe
como Flash Gordon (Crabbe fue un actor clsico en el gnero de
los seriales y tuvo una larga trayectoria hasta el final del gnero en
1954, su ltimo papel fue en THE ALIEN DEAD (1980-Fred Olen Ray) una nauseabunda
copia de carbnico de LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVIENTES). El serial de 15
episodios mostraba unas naves espaciales con chorritos de fuego que salan por las toberas
de escape de gases que hoy en da son clsicas. Continue a travs de FLASH GORDON
EN MARTE (Flash Gordon's Trip to Mars, 1938-Ford Beebe y Robert Hill) en la que el
tirnico Ming atacaba la Tierra con un plan para drenar el oxgeno de la atmsfera. FLASH













GORDON CONQUERS THE UNIVERSE (1940-Ford Beebe y Ray Taylor) fue el ltimo
serial acerca del mismo personaje. Esta vez en el planet Mongo, Flash y sus compaeros
tenan que luchar contra la Plaga de la Muerte Prpura. Otros personajes cuyas aventuras
tuvieron elements de ciencia ficcin fueron Chand y Buck Rogers. Chand fue una
especie de brujo blanco que tuvo continuidad en una pelcula y en un serial. En su primera
apac rion i., en CHANDU THE MAGICIAN (1932-William Cameron
IN lenzies) el papel del mago fue interpretado por Edmund Lowe y el del
i a11 no Roxor por Bela Lugosi. En cambio en el serial LOS
IN S TE RIOS DE CHAND (Return of Chandu, 1934-Ray Taylor)
--1 Bela fu e quien interpret a Chand. En esta presentacin de 12
episodios los malvados lemurianos haban secuestrado a una joven y el mago es quien tiene
que rescatarla. El otro personaje, Buck Rogers, tuvo concepcin en el comic, y era un ser
human del siglo XX que quedaba atrapado en animacin suspendida a lo largo de varias
centuries hasta que en el siglo XXV era revivido por los cientficos del future y viva
distintas aventuras en una civilizacin dominada por el malvado Killer Kane, descriptas en
el serial de 12 episodios filmado en 1938 y protagonizado por Larry "Buster" Crabbe.
La Ciencia Ficcin y el


En 1'35 el serial THE
PH AN TOM EMPIRE
i I1 'i35-Otto Brower y B.
Reel es Eason) marc el

debut como estrella de
(Gene .utry, el famoso
Scos boi cantante, pero
rtam bien el primer hbrido
entire el western y la
.. cenc1ia ficcin. A lo largo
I. "i (l de 12 episodios Gene y
sus camaradas descubren a 20.000 pies bajo su rancho, la civilizacin perdida de Murania.
Al ao siguiente en THE GHOST PATROL (1936-Sam Newfield) el Coronel Tim McCoy













deba batallar contra un cientfico loco que utilizaba un extrao rayo para derribar aviones
en vuelo.
La Ciencia Ficcin en Francia:
Un cine realmente privilegiado por su calidad artstica y no tanto por su difusin, fue el
francs de pre-guerra. Los franceses tuvieron una concepcin muy particular de la ciencia
ficcin y para muestra estn filmes como: EL FIN DEL MUNDO (La Fin du Monde, 1930-
Abel Gance) en el que un cataclismo apocalptico se cerna sobre la humanidad y LE
MONDE TEMBLERA (1939-Richard Pottier) en donde un cientfico inventa una mquina
que es capaz de predecir la fecha en la que las personas van a morir.
La Ciencia Ficcin en Alemania:
El cine alemn tampoco se qued atrs en la material y en 1933 el insigne Fritz Lang dirigi
la que fue su ltima pelcula alemana de la dcada, EL TESTAMENTO DEL DR.
MABUSE (Das Testament der Dr. Mabuse) en la que Rudolf Klein-Rogge como el
diablico Mabuse, contina su dominio malvado sobre el mundo del hampa desde el
manicomio en el que est encerrado; F.P. 1 ANTWORTET NICHT (1933-Karl Hartl) fue
otro logro en el campo fantstico con Peter Lorre y Hans Albers (actor que en 1943
protagonizase la pica LAS AVENTURAS DEL BARON DE MUNCHHAUSEN). En F.P.
1, una pelcula que tuvo una version en alemn y otra en ingls, se planted la construccin
de una gigantesca isla en el medio del Atlntico que funcionaba como aerdromo (F.P. era
abreviatura de "Floating Plataform") y que era amenazada por una conspiracin; GOLD
(1934-Karl Hartl) tambin tena en su plantel interpretativo a Hans Albers y narra la odisea
de dos cientficos que inventan un ingenio atmico que es capaz de transformar el plomo en
oro (una especie de "piedra filosofal"). El filme tiene el curioso mrito de haber sido
exhibido luego de la II Guerra Mundial como prueba de que los nazis pudieron haber
fabricado un reactor atmico.
La Ciencia Ficcin en Gran Bretaa:
Aparte de las dos pelculas que revistamos en el
prrafo dedicado a H.G. Wells, los studios ingleses
produjeron otros interesantes filmes: THE SECRET
OF THE LOCH (1934-Milton Rosmer) es una rareza
en la que un cientfico clama haber visto en persona a I













monstruo de Loch Ness, pero nadie le cree; TRANSATLANTIC TUNNEL (1935-Maurice
Elvey) fue otro interesante filme que cont con un gran reparto: George Arliss como el
Primer Ministro ingls, Walter Houston (el padre de John) como el Presidente de los
EE.UU., Richard Dix y C. Aubrey Smith entire otros. Narraba el intent de construir un
tnel bajo el ocano Atlntico que proyectaba la unin de los Estados Unidos y Gran
Bretaa; THE LIVING DEAD (1936-Thomas Bentley) fue un misterio policaco con
toques fantsticos que mostraba a un cientfico que se dedicaba a recolectar los seguros de
vida de las personas mediante su muerte y posterior resurreccin; ONCE IN A NEW
MOON (1936-Anthony Kimmins) fue una mezcla de ciencia ficcin y crtica social (y en
gran parte precursora de la series COSMOS 1999), con una colisin entire un meteorito y la
Luna que provocaba que una aldea inglesa fuera arrojada al espacio.
Otros Filmes de Ciencia Ficcin Norteamericanos:
An quedan algunos filmes que no han sido clasificados en los anteriores grupos. DELUGE
(1933-Felix Feist) es uno de ellos, el cual podra ser clasificado como un precursor del cine
catstrofe mucho antes de SAN FRANCISCO, la pelcula sobre el terremoto con Clark
Gable) ya que un eclipse solar se ve acompaado por una gigantesca ola (tsunami diran los
japoneses) que barre con Nueva York y solo deja con vida a una persona. HORIZONTE
PERDIDO (Lost Horizon, 1937-Frank Capra) es quizs el mejor de todos los filmes
reseados tanto por su calidad cinematogrfica como por la reflexin a la que promueve.
Protagonizado por Ronald Colman y basado en el libro de James Hilton, narraba la
experiencia de un grupo de pasajeros que se vean obligados a un aterrizaje de emergencia
en una oculta zona del Himalaya, el Valle de Shangri-L, en donde el tiempo pareca no
pasar. EL DESPERTAR DEL MUNDO (One Millon B.C., 1940-Hal Roach) es tambin
adems de una rareza (filmada por el director de Laurel y Hardy) el primer filme de
prehistoria sonoro. Y como cavernarios estn el hercleo Victor Mature en su filme debut y
Lon Chaney Jr.
Conclusion:
Si durante los '30 se produjeron filmes de ciencia ficcin que no han sido reconocidos como
tales fue porque los elements caractersticos del gnero siempre estuvieron inmersos
dentro de otros gneros o bien fueron experiencias aisladas que no tuvieron continuidad.
Descubrir hoy en da estas pelculas es una experiencia fascinante y quizs verlas en el













moment de su estreno hubiera sido comparable a ver hoy en da la ltima de Disney o de
Spielberg





AL INDICE















3. CUENTO: Rey Krull.


Robert E. Howard.

Este se trata del primer cuento de la saga del Rey Krull. Una de las primeras obras
de Fantasa Heroica y antecesora de Conan el Brbaro.

1 EXILIO DE ATLANTIS



Se pona el sol. Un ltimo esplendor carmes llenaba el paisaje y se posaba, como una
corona de sangre, sobre los picos moteados de nieve de las montaas. Los tres hombres que
contemplaban el agonizar del da respiraron profundamente la fragancia de la brisa que
surga desde los distantes bosques, y luego volvieron su atencin hacia una tarea much
ms material. Uno de ellos se hallaba asando un venado sobre una pequea hoguera; toc
con un dedo la carne humeante y se lo llev a la boca, probndolo con el gesto propio de un
connoisseur.

-Ya est preparado, Kull, Khor-nah; podemos comer.

Quien as haba hablado era joven, apenas poco ms que un muchacho, alto de estatura,
de cintura delgada y hombros anchos, que se mova con la gracia natural de un leopardo. En
cuanto a sus compaeros, uno, el hombre de mayor edad, mostraba una constitucin
poderosa y maciza, peludo y con un rostro de expresin agresiva. El otro era el contrapunto
del joven que haba hablado, except por el hecho de que era ms alto, con un pecho ms
ancho y unos hombros algo ms amplios. Daba la impresin, incluso en mayor media que
el primer joven, de poseer una gran velocidad dinmica oculta en sus msculos largos y
suaves.

-Bien -dijo ste-, ya empiezo a tener hambre.

-Y cundo no la tienes, Kull? -brome el primer joven.

-Cuando lucho -contest Kull con expresin seria.

El mayor de los hombres dirigi una rpida mirada a su amigo, tratando de imaginar qu
estara pensando en lo ms recndito de su mente. Nunca estaba totalmente seguro de lo
que pensaba su amigo.

-Lo que sientes entonces es sed, pero de sangre -dijo el mayor de los hombres-. Am-ra,
terminal ya con tus bromas y crtanos algo de carne.

Empez a caer la noche y algunas estrellas iniciaron su parpadeo. El viento del
anochecer se file extendiendo sobre el paisaje montaoso, envuelto en el crepsculo. A lo
lejos. un tigre rugi de repente. Khor-nah efectu un movimiento instintivo hacia la lanza
de punta de pedernal que haba dejado en el suelo, a su lado. Kull volvi la cabeza, y una
extraa luz parpade en sus fros ojos grises.













-Los hermanos rayados salen de caza esta noche -dijo.


-Adoran a la luna naciente -indic Am-ra sealando hacia el este, donde se pona de
manifiesto un resplandor rojizo.

-Por qu? -pregunt Kull -. La luna pone al descubierto tanto a sus vctimas como a sus
enemigos.

-Una vez, hace muchos cientos de aos -dijo Khor-nah- un rey tigre, perseguido por los
cazadores, invoc a la mujer de la luna, y ella le arroj una parra por la que l subi hacia la
seguridad, y habit durante muchos aos en la luna. Desde entonces, los hermanos rayados
adoran a la luna.

-Eso no me lo creo -dijo Kull con brusquedad-. Por qu iban a adorar a la luna slo por
el hecho de que sta ayudara a uno de los de su raza hace ya tanto tiempo? Ms de un tigre
ha subido por el Acantilado de la Muerte y ha escapado as de sus perseguidores, a pesar de
lo cual no adoran ese acantilado. Cmo iban a saber lo que ocurri hace tantos aos?

Khor-nah frunci el ceo.

-Poco te favorece mofarte de tus mayores, o burlarte de las leyendas de tu pueblo de
adopcin, Kull. Esa historic debe de ser cierta porque ha sido transmitida de una generacin
a otra durante ms tiempo del que pueda recordarse. Y lo que siempre fue, siempre ser.

-Pues yo no me lo creo -reiter Kull-. Estas montaas siempre han existido y, sin
embargo, algn da se desmoronarn y desaparecern. Llegar el da en que el mar inundar
todas estas montaas...

-Ya basta de blasfemias! -exclam Khor-nah con una pasin que era casi expresin de
clera-. Kull, somos buenos amigos y tengo paciencia contigo porque eres joven. Pero hay
algo que debes aprender: a respetar la tradicin. Te burlas de las costumbres y usos de tu
pueblo, precisamente t. a quien ese pueblo rescat de la selva y te ofreci un hogar y una
tribu.

-No era ms que un mono sin pelo deambulando por los bosques -admiti Kull
francamente, sin la menor vergenza-. No saba hablar la lengua de los hombres, y mis
nicos amigos eran los tigres y los lobos. No s quin era mi pueblo, ni de qu sangre
proceda...

-Eso no importa -le interrumpi Khor-nah-. Tienes todo el aspect de pertenecer a esa
tribu fuera de la ley que viva en el valle del Tigre, y que pereci en la Gran Inundacin.
Pero eso importa poco. Has demostrado ser un guerrero valiente y un cazador poderoso...

-Dnde encontraras a un joven que se le igualara en el lanzamiento de la lanza o en la
lucha cuerpo a cuerpo? -pregunt Am-ra con los ojos encendidos.

-Muy cierto -asinti Khor-nah-. Es un honor para la tribu de la montaa del mar, pero
precisamente por eso debera controlar su lengua y aprender a reverenciar las cosas
sagradas del pasado y del present.













-Yo no me burlo -dijo Kull sin malicia-, pero s que muchas de las cosas que dicen los
sacerdotes son mentiras, pues yo mismo he ido con los tigres y conozco a las bestias
salvajes mejor que a los sacerdotes. Los animals no son ni buenos ni malos, pero los
hombres, con la lujuria y la avidez que les son propias...

-Ms blasfemias! -le interrumpi Khor-nah enojado-. El hombre es la creacin ms
magnfica de Valka!

Am-ra intervino entonces para cambiar de tema.

-Esta maana he odo el sonido de los tambores en la costa. Hay guerra en el mar.
Valusia lucha contra los pirates lemures.

-Slo les deseo mala suerte a ambos -gru Khor-nah.

-Valusia! -exclam Kull con los ojos nuevamente encendidos-. La tierra de los
encantamientos! Algn da ver la gran Ciudad de las Maravillas.

-Maldito sea el da en que lo hagas -le espet Khor-nah con dureza-. Te vers cargado de
cadenas, y sobre ti se cernir el espectro de la tortura y de la muerte. Ningn hombre de
nuestra raza ve jams la Ciudad de las Maravillas, a no ser que sea como esclavo.

-Que la mala suerte caiga sobre ella -murmur Am-ra.

-Que sea una suerte negra y un destino rojo! -exclam Khor-nah esgrimiendo el puo
hacia el este-. Que por cada gota de sangre atlante derramada, por cada esclavo que se
afana en sus malditas galeras, caiga una plaga negra sobre Valusia ylos Siete Imperios!

Am-ra, entusiasmado, se puso en pie de un salto y repiti parte de la maldicin, mientras
Kull, tranquilamente, se cortaba un nuevo trozo de carne.

-He luchado contra los valusos -dijo-, y debo admitir que se dispusieron valerosamente
en orden de batalla, aunque no fueron difciles de matar. Tampoco parecan tan malvados.

-Porque slo luchaste contra los dbiles guardias de la costa norte -gru Khor-nah-, o
contra las tripulaciones de los barcos mercantes varados en la costa. Espera a que tengas
que enfrentarte con la carga de los escuadrones negros de las legiones de Valusia, o contra
el Gran Ejrcito, como he hecho yo. Eso s que es bueno! Haba sangre hasta para beber!
Junto con Gandaro, el de la lanza, recorr las costas valusas cuando todava era ms joven
que t, Kull. Ah, aquellos si que fueron buenos tiempos. Llevamos la antorcha y la espada
hasta lo ms profundo del imperio. ramos quinientos hombres, procedentes de todas las
tribus ribereas de Atlantis. Y slo regresamos cuatro! El grueso de los escuadrones
negros nos diezm en las afueras del pueblo de los Halcones, que antes habamos
incendiado y saqueado. All bebieron las espadas y las lanzas saciaron su sed de sangre.
Descuartizamos y fuimos descuartizados, pero una vez que termin el fragor de la batalla
slo cuatro de nosotros pudimos escapar del campo, y los cuatro estbamos llenos de
heridas.

-Ascalante me dice que las murallas de la Ciudad de Cristal tienen diez veces la altura de
un hombre -dijo Kull que no deseaba abandonar el tema-. Que el fulgor del oro y de la plata













sera suficiente para deslumbrarle a uno, y que las mujeres que abarrotan las calls o se
asoman a las ventanas van vestidas con extraas tnicas suaves que crujen y brillan al
moverse.

-Quin mejor podra saberlo que Ascalante -dijo Khor-nah con una mueca-. Fue esclavo
entire ellos durante tanto tiempo que basta olvid su buen nombre atlante, y tuvo que
conformarse a partir de entonces con el nombre valuso que le pusieron.

-Sin embargo, logr escapar -coment Am-ra.

-Cierto, pero por cada esclavo que consigue escapar de las cadenas de los Siete Imperios
hay por lo menos siete que se pudren en las mazmorras y mueren cada da, pues ningn
atlante estuvo destinado nunca a soportar la esclavitud.

-Hemos sido enemigos de los Siete Imperios desde el alborear de los tiempos -musit
Am-ra.

-Y seguiremos sindolo hasta que el mundo se derrumbe -dijo Khor-nah con una salvaje
satisfaccin- Pues Atlantis, gracias a Valka, es enemiga de todos los hombres.

Am-ra se incorpor, tom su lanza y se prepare para hacerse cargo de la guardia. Los
otros dos se tumbaron sobre la hierba, dispuestos a dormir. Con qu soara Khor-nah?
Quizs con una batalla, o con el retumbar de los bfalos, o con una mujer de las cavernas.
En cuanto a Kull...

A travs de la neblina de su sueo reson dbil y lejana la dorada meloda de las
trompetas. Nubes de radiante esplendor flotaban sobre l; entonces, una magnfica vision se
abri ante su sueo. Una gran multitud de gente se extenda en la distancia, y hasta ellos
llegaba un rugido tormentoso expresado en una lengua extraa. Se perciba un ligero matiz
de acero al entrechocar, y grandes ejrcitos negros se extendan a la derecha y a la
izquierda; la neblina se disip, y un rostro surgi ntidamente, destacndose; un rostro por
encima del cual flotaba una corona regia. Era un rostro como de halcn, de expresin
desapasionada, inmvil, con los ojos del gris del mar fro. Entonces, la multitud volvi a
rugir: iViva el rey! Viva el rey! Viva Kull,el rey!.

Kull se despert con un sobresalto. El resplandor de la luna iluminaba las distantes
montaas, el viento soplaba por entire la alta hierba. Khor-nah dorma a su lado, y Am-ra
estaba de pie, como una desnuda estatua de bronce que contrastara con la luz de las
estrellas. Kull recorri con la mirada su escasa vestimenta: una piel de leopardo enrollada
sobre sus caderas de pantera. Un brbaro desnudo. Los ojos de Kull refulgieron. Kull, el
rey! Volvi a quedarse dormido.

Se levantaron por la maana y emprendieron el camino hacia las cavernas de la tribu. El
sol todava no se haba elevado much cuando distinguieron el ancho ro azul y las
cavernas de la tribu aparecieron ante su vista.


-Mirad! -exclam Am-ra-. Estn quemando a alguien!













Delante de las cavernas se haba instalado un pesado palo, al que haban atado a una
mujer joven. Las gentes que lo rodeaban, con miradas endurecidas. no mostraban el menor
signo de piedad.

-Sareeta -dijo Khor-nah con el rostro impertrrito-. Esa lasciva se cas con un pirata
lemur.

-Ah! -exclam una anciana de ojos ptreos-. Mi propia hija! Ha trado la vergenza a
Atlantis! Ya ha dejado de ser mi hija! Su hombre muri y ella fue arrastrada a la costa
cuando el barco fue asaltado por las embarcaciones de Atlantis.

Kull mir a la joven con expresin compasiva. No lo entenda; por qu razn aquellas
gentes, que eran de su propia sangre y clase, se enojaban tanto con ella por el simple hecho
de haber elegido a un enemigo de su raza? En ninguna de las miradas centradas sobre ella
logr distinguir el menor rastro de simpata. Slo en los extraos ojos azules de Am-ra
haba tristeza y compasin.

No hay forma de saber lo que reflejaba el propio rostro inmvil de Kull. Pero la mirada
de la mujer se fij en l. No haba temor en sus ojos; slo una profunda y vibrant llamada.
La mirada de Kull se pos sobre los haces de lea apilados a sus pies. El sacerdote, que
ahora canturreaba una maldicin, no tardara en inclinarse para prenderles fuego con la
antorcha que sostena en la mano izquierda.

Kull se dio cuenta de que la mujer se hallaba sujeta al palo mediante una pesada cadena
de madera, un objeto muy peculiar que mostraba la tpica manufacture atlante. No poda
cortar aquella cadena, aunque lograra llegar hasta ella, abrindose paso entire la multitud.
Los ojos de la mujer no dejaban de mirarle, implorantes.

Observ de nuevo la lea y se llev la mano a la daga de larga punta de pedernal que le
colgaba del cinto. La mujer, al ver su gesto, asinti con un movimiento de cabeza y una
expresin de alivio se extendi sobre sus ojos.

Kull actu tan repentina e inesperadamente como una cobra. Extrajo la daga del cinto y
la arroj con fuerza. Se clav un poco por debajo del corazn de la mujer, matndola
instantneamente. Y mientras la multitud permaneca boquiabierta, Kull gir sobre sus
talones y se alej corriendo, subiendo various metros por la escarpadura que caa casi a pico,
gil como un felino.

La gente continue quieta y en silencio durante un moment ms. Luego, un hombre
extrajo arco y flechas y mir hacia la escarpadura por la que Kull segua subiendo, a punto
de llegar ya a lo ms alto. El arquero apunt, entrecerrando los ojos, y en ese preciso
instant Am-ra, como por accident, tropez contra l, desplazndole, y la flecha parti
hacia un lado. Luego, Kull ya haba desaparecido en lo alto del risco.

Oy los gritos que le siguieron. Los miembros de su propia tribu, encendidos por el afn
de sangre, parecan vidos por atraparle y asesinarle, por haber violado lo que para l no era
sino un extrao y sangriento cdigo moral.














Pero en la tribu de la montaa del mar no haba ningn atlante capaz de ganar a Kull
corriendo.
Al INDICE













4. CUENTO MADE IN CUBA: DESIERTO.

Juan Pablo Noroa.



Rojo ardido, seco y solar, hasta el infinito. Ininterrumpido, o quizs terminado en el

dudoso borrn azul y verde que poda ser, all en el possible horizonte, la lnea de las

Utchbaladis. Rojo muerto, omnipresente y quieto, contrastado pero no negado por las

plants amarillentas, duras, espinosas y de hojas amarronadas. Rojo pedregoso y

resquebrajado, de un tono que nada ms en el mundo tena, ni siquiera algo teido por la

mano del hombre.

Un color maldito, digno del Gran Desierto.

Tsuwa lo consideraba ominoso en grado sumo. Tena la sensacin de que anunciaba su

prxima muerte.

No era que lo asustaran la dureza del Desierto, la sed, el calor, la desorientacin en la

planicie montona y perverse. Esas dificultades eran bienvenidas, aceptadas como la suerte

en la caza o los cambios del clima. Existan por una razn, probar al hombre y hacerlo

mejor, ms digno.

Tampoco se encontraba a merced de la gran desolacin ni much menos. En su carreta

haba todo lo necesario: agua, comida, equipo, medicines inclusive. Adems no estaba solo.

Tendidos cuan largos eran, seis guerreros de su pueblo dorman pesadamente entire los

fardos. Y su carreta era slo una de la larga caravana de treinta puestas en una hilera

perpendicular al curso vespertino del sol. Sin embargo, Tsuwa senta una pesada amenaza

manifiesta de algn extrao modo en el rojo del desierto, y a pesar de todo lo que traa

consigo, gente y suministros, tema.

Para ahuyentar de su mente al desierto y su color ominoso, Tsuwa volvi la vista al interior













de la carreta. Los fardos, los diversos objetos y los oficiales que compartan el vehculo con

l ofrecan una vision much ms agradable y tranquilizadora. Especialmente sus

camaradas de armas. Tsuwa consider cun necesaria era para un hombre la existencia de

sus semejantes. Incluso si tuviera alguna especie de transport mgico, un odre al que no se

le acabara el agua y una escudilla que en cuanto se vaciara se volviera a llenar de comida,

incluso as le sera imprescindible la compaa de su gente. De hecho, prefera un hombro

amigo a todas las comodidades posibles.

Y ms que uno, tena seis compaeros al alcance de la mano. Qduga, casi un hermano;

Dcheban, a quien confiaba sus flechas; el joven Sudta, que lo miraba como a un padre;

Tawaji y Deza, chasatis pero de confianza; y finalmente el viejo Kshaqui, de quien aos

atrs haba recibido su primer arco de guerra. Tsuwa los recorri con la vista, recordando

cmo y cuando haba conocido a cada uno y las aventuras que haban vivido juntos.

Cuando su mirada lleg a Kshaqui, el viejo comenz a removerse y a carraspear. Incluso

mientras dorma era impossible sorprenderlo, pens Tsuwa. Al cabo de unos segundos, el

veteran guerrero entreabri los ojos, tan enrojecidos por el sueo y la edad que parecan

cuchilladas en la correosa piel.

-Qu pasa, muchachito? -mascull Kshaqui a la vez que se estiraba como un perro

viejo-. Por dnde viene el enemigo?

-Por ninguna parte -respondi Tsuwa. -No viene.

-Entonces por qu no ests durmiendo? Te dedicas a mirarlo a uno.

-Siento haberte molestado.

-Bien sabes que cuando alguien me mira, me pica la herida. Recuerda, la herida que me

hicieron cuando joven por la espalda, la primera...

-Y ltima vez que te has dejado sorprender -complet Tsuwa.













Kshaqui lo mir con enfado -Veo que recuerdas eso. Lstima que no recuerdes que a los

mayores no se les interrumpe -gru mientras pona las manos tras la cabeza y doblaba

las rodillas para acomodar las piernas.

Tsuwa hurt el rostro para que no se viera su sonrisa. -Perdona mis modales -dijo-. Es

que no consigo dormir bien, y pierdo mis cabales.

-Yo tampoco me siento bien en tierras de estas gentes, estos utchabaladis -rezong

Kshaqui-. No pelean como uno. Ah, a m denme una batalla como la del puente de Juvla.

Te la he contado alguna vez?

-Cientos -murmur Tsuwa.

-Pues fue una gran batalla. Yo era un joven petchnegui, no me haba ganado el arco an.

Yo y cien como yo, armados slo con daga y lanza, tuvimos que romper la lnea de los

infants ansarios en la cabecera del puente, para hacerles espacio a los jinetes. Moramos

como hormigas, muchos cayeron al agua. Mientras, las flechas de sus arqueros y los

nuestros pasaban sobre nosotros... el zumbido de las cuerdas se oa por sobre los golpes de

metal contra metal. Y los ansarios parecan clavados al puente, sabes cmo son de difciles

cuando no tienen que moverse. Pero al final cedieron. En esa batalla, los diez petchnegues

que hicimos el cuento no slo ganamos arcos sino tambin caballos. El mo fue uno

enorme, pareca un xam sin cuernos. Lento, pero me carg a m y a todas mis cosas por

aos, sin cansarse. Ahora, claro, est muerto...

Tras la ltima frase Kshaqui pareci perderse en algn recuerdo sin conclusion, lo cual

Tsuwa aprovech para arrastrarse hasta el borde de la baranda y salirse de la carreta. No

quera estar cerca cuando el viejo guerrero recuperase el hilo de su enredada memorial;

adems, an disfrutaba hacerle travesuras como dejarlo con la palabra en la boca o

marcharse subrepticiamente en un lapso de su atencin. Para bajarse debi pasar sobre el













lomo del viejo y cachazudo xam que estaba arrimado a la carreta, bajo la sombra de un ala

de la cubierta alzada mediante prtigas. La bestia mostr toda la paciencia del mundo y le

permiti usarla de escalera. Tsuwa percibi la tibia y vibrant frescura del pelaje del animal

y su agrio olor. Eso termin de despejar su mente. Parado junto al xam, se dedic entonces

a observer el suave arco que formaba la caravana, mientras rascaba distradamente el

amplio testuz del cuadrpedo.

Todas las carretas estaban dispuestas como la suya, proporcionando sombra a los xam y

tambin a algunos de los guerreros que ya no tenan sueo y andaban fuera de los vehculos

en ocupaciones lerdas y sin much sentido.










El nermik daba pequeos saltitos, erguido en el lugar y con las patas traseras estiradas al

mximo. Adems, tena la cola recogida contra la espalda de manera tal que sobresala

sobre su cabeza. Con todo, sumaba codo y medio de altura. La bestezuela abra y cerraba la

boca, mostrando alternativamente los agudos colmillos y el hocico fruncido. Tambin

extenda de forma amenazante las largas garras de sus patas delanteras. Su postura feroz y

los despliegues de agresividad deban ser muy intimidantes para cualquier criatura cuya

talla no pasara de la rodilla de un hombre. Los jvenes guerreros, por supuesto, la

encontraban muy divertida.















El chasati camin a pasos largos y nerviosos hasta un poco ms all de donde haba estado

el nermik, recogi las flechas y retorn con ellas. Al llegar a donde estaba Tsuwa las

present con las puntas en direccin al official tadjqu.

-Qu significa esto? -exclam Tsuwa-. Dmelas como corresponde!

El chasati dio vuelta a las flechas con un giro hbil pero trmulo de la mano. Tsuwa las

tom bruscamente, sin dejar de vigilar mientras tanto la expresin reconcentrada y tensa del

joven. Slo cuando tuvo bien sujetas las flechas apart su mirada de los ojos del chasati y

se puso a observer con detenimiento las puntas. -Ves? -seal airadamente. -Por

golpear contra las piedras, el metal ha perdido filo y ajuste al astil. Una flecha de punta

mellada y suelta no es una flecha, es un palillo. Deberas saber eso. Cul es tu nombre?

-Uma Azane -contest el joven chasati, remarcando cada slaba.

-Azane, entonces. Sabes, Azane, que sucedera si llevases estas flechas, as como estn, a

una batalla?

Azane sacudi la cabeza con hostile lentitud.

-Pues que cuando la dispares sobre un enemigo bien armado -dijo Tsuwa-, esta flecha no lo

matar ni lo debilitar. Y despus, cuando algn pobre petchnegui, o quizs un tuktuna, est

frente a ese enemigo, lo hallar fuerte y sano, listo para matarlo. Y perderemos la batalla, y

la caballera enemiga te perseguir y te matar como a un pichn.

-Quizs no -dijo el chasati-. Quizs mi flecha no falle. Quizs nuestros guerreros vencern

de todas formas.

-Y quizs eres un tonto, Uma Azane -opin Tsuwa-. Nuestros arcos son la nica arma que

nos da ventaja. Cuerpo a cuerpo, t y yo no tenemos muchas oportunidades contra un

ansario forrado en buen hierro, o un nathez y sus malditas hachas largas, o, los dioses lo













impidan, un setur de esos que te lleva dos cabezas de altura. Ah, pero si antes los hemos

llenado de miedo y flechas, si estn sangrantes y doloridos, se vuelven much ms dbiles,

y es slo entonces que nosotros vencemos. Yo te digo, Azane, que quien no cuida su arco o

sus flechas nos pone en peligro a todos. A ver, dame tu carcaj.

El joven chasati se descolg el carcaj de la espalda y lo entreg a Tsuwa. Era de cuero

repujado y fieltro, viejo, pero bien conservado y muy hermoso. Tsuwa lo tom con respeto.

-Me quedar con l -anunci.

-Cmo? -grit Azane-. Es mi... es mo, de mi padre. O sea, era de mi padre.

-De tu padre? Y por qu lo tienes t?

-Mi padre muri en Gaisha -murmur Azane alargando el brazo derecho en direccin a su

carcaj. Tsuwa puso distancia y llev el carcaj a su espalda.

-Dnde dices que muri?

-En Gaisha -respondi el chasati con voz entrecortada mientras sus ojos perseguan

frenticos la aljaba.

Tsuwa frunci el ceo dubitativamente. En Gaisha los errors de un estpido jefe tadjqu

haban llevado a la muerte a un gran nmero de veterans chasatis, lo cual haba causado

much resentimiento. El joven Azane ya deba odiar bastante a los tadjques; quitarle un

recuerdo de su padre muerto, aunque fuese temporalmente, podra ser demasiado para l.

Pero haba una discipline que considerar y no se poda dejar career a los chasatis que se

tendra alguna consideracin especial con su orgullo o sus obsesiones. Tsuwa decidi ser

firme y a la vez mostrar tacto. -Pues de seguro tu padre saba cuidar su equipo -le dijo al

joven guerrero-. En consideracin a su memorial, permitir que te ganes el carcaj de vuelta,

si cuando regresemos de este viaje no has cometido otra falta.

Azane trag en seco y mir al official a la cara, sin retirar la mano extendida hacia el carcaj.













-Qu tengo que hacer? -pregunt. Intentaba infructuosamente mantener un tono fro y

seguro en la voz.

-Nada -respondi Tsuwa-. Nada en particular. Simplemente, no ms faltas. Entendido? Y

desencuerda tu arco ahora mismo, que no haces sino agotarlo.

Azane asinti con un slo movimiento de cabeza.

Tsuwa volvi la vista hacia los otros guerreros, que seguan sentados bajo la sombra de la

carreta y los xams.-Alguien sabe donde est Hasamnik? -pregunt.

Uno de los soldados le indic con una mano la gran laja de piedra alzada al final de la

caravana, del lado este. Tsuwa se dio la vuelta y ech a andar, dejando detrs de s un

silencio terminante y satisfactorio. Se detuvo por un segundo, considerando si recorder a

los dems soldados que nadie deba cederle sus flechas, bajo pena de compartir el castigo;

pero eso era discipline elemental. Incluso, el superior de Azane no le dara saetas si le

faltaba el carcaj.



Tsuwa se acerc a Hasamnik y se sent ante l. Los chamanes siempre le haban fascinado.

Sus prcticas y poderes los distinguan como extraos y misteriosos, aunque en todo lo

dems fueran como cualquier hombre normal con esposas peleonas, malas digestiones o

humor inconstante. Tener uno en trance delante de s, a entera disposicin de su curiosidad,

era una oportunidad indeclinable; tan slo deba actuar con much cuidado para no

despertarlo, si es que tal cosa fuera possible.

Lo primero en llamar su atencin fueron las ristras de cuentas y huesecillos que colgaban

quietas del pectoral de Hasamnik. Tsuwa las observ, fascinado por su inmovilidad,

durante un tiempo que pudo medir con su propia respiracin: dos veces cien inhalaciones y

exhalaciones. Mientras, el pecho del chamn no haba mostrado la menor seal de













actividad. Al cabo Tsuwa desenvain su daga, y acercndose al chamn le coloc la

bruida hoja just bajo las fosas nasales. Ningn aliento empa el acero. Decidido a llevar

su experiment al extremo, movi la punta del arma sobre un prpado del inconsciente, e

incluso se atrevi a pinchar ligeramente la piel que circundaba la rbita del ojo derecho. No

hubo reaccin alguna. Realmente, los chamanes eran especiales.

Tsuwa se descubri pensando que en esa situacin Hasamnik estaba por complete a su

merced. En ese estado, aun cuando estuviera ejerciendo su incomprensible y tremebundo

poder, se encontraba inerme ante cualquier guerrero. Tsuwa consider una circunstancia

muy apropiada para el equilibrio del mundo que los chamanes tuviesen moments de

absolute vulnerabilidad.





-Qu te preocupa, Tsuwa?

-Necesitamos la proteccin de los espritus ancestrales. Hay presencias malignas

atacndonos: parte del agua se est empezando a corromper, y alguna comida tambin.

-Y los hombres? Las bestias?

-Tambin. La piel se les agrieta, se les abre en llagas y lceras, incluso en lugares donde

no sufren roces ni maltrato. Sucede tanto a viejos como a jvenes, sin distincin. Algunos

no logran dormir ni siquiera con drogas.

-Estamos a merced del Desierto, entonces. Los espritus ancestrales no desean

acompaarnos aqu; la resistencia de los espritus del lugar es muy molesta.

-Tan pronto nos abandonan?

-Ten en cuenta que no estamos bordeando el Desierto, ni lo estamos atravesando por una

parte estrecha -respondi Hasamnik-. Nos estamos metiendo en su mismo centro, ms













adentro cada da. Aqu rigen espritus muy antiguos; dbiles, pero persistentes.

Necesitaramos a un ancestro reciente, que an tuviera algo de fuerza vital.





-Pero hay algo ms -afirm Hasamnik-. S, hay algo ms que te preocupa, y debes

decrmelo.






-No se te dijo que slo puede matarte una flecha que ya haya matado ese da? Eso de por

s es difcil. Quien te mate deber tomar una flecha clavada en otro hombre, y eso slo

puede significar que se le habrn acabado las suyas. En cuntas batallas has estado en que

a los arqueros se les acaben las flechas antes del final? Pocas, por supuesto. Ciertamente,

slo en una gran batalla debes temer.

Tsuwa chasque la lengua. -Cierto, pero an as...

-Adems, est la bendicin que te dio Kshuraz -lo interrumpi Hasamnik.

-Cmo sabes que...?

Hasamnik sonri. -Poco hay que un chamn pueda ocultar a otro.





-Tan receloso ests que llevas dos carcajs? -pregunt de repente Hasamnik.

Tsuwa no entendi la pregunta de inicio, pero record el carcaj de Azane, pendiente de su

montura. -Ah, esto -respondi-; no es mo. Pertenece a un chasati.

-Se nota por la labor del cuero: el motivo es un xam sometido, y muy bonito, dicho sea de

paso. Y por qu lo tienes t?













-Es un castigo temporal. El dueo es un jovenzuelo que no slo encord el arco sin

autorizacin sino que adems ech a perder flechas nuevas disparando contra un nermik.

-Contra un nermik?

Tsuwa relat el incident con la mayor imparcialidad possible.

-Qu conduct tan extraa, la de ese nermik -se intrig Hasamnik.

-Seguramente estbamos sobre sus tneles.

Hasamnik mene la cabeza con escepticismo. -Se hubiera escondido; jamas saldra al

exterior -afirm. -Recuerdas bien cmo era ese nermik, cmo actuaba?

-Ah, qu ms da -protest Tsuwa-. Si te preocupa, ni una vez le dio.

-Cuentan los utchaides Hasamnik comenz a hablar en un tono grave y preocupado-,

que el padre ancestral de todos los utchai se perdi atravesando el desierto y no encontraba

agua ni comida, hasta que se le apareci un nermik que le propuso un trato. Le salvara la

vida y le mostrara un lugar donde vivir, a cambio de que le permitiera copular con todas

sus hijas. El padre de los utchaides acept, y el nermik cumpli su promesa: lo gui hasta

las montaas de Utchbalaid. Pero todas las hijas quedaron preadas, y de los hombres que

de ellas nacieron provienen todos los hechiceros utchai, quienes son capaces de asumir la

forma de su ancestro cuando lo necesitan.

-Temes entonces que ese nermik fuese un hechicero utchai disimulado? -inquiri

Tsuwa.

-Bueno, peores cosas he visto -contest el chamn-. Cualquiera sabe, con los

utchaides.


El guerrero indic un punto del horizonte en el que se marcaba un bulto de siluetas













indistinguibles en detalle. Eran jinetes, pero en la esmirriada longitud de los cuerpos y

patas de sus bestias se reconoca que no montaban caballos sino bises.

-Es un grupo de utchaides -dijo Tsuwa, y tom de su carcaj una flecha que agit en alto

con la punta hacia arriba. Al instant todos los oficiales en la caravana repitieron el gesto,

tras lo cual los soldados se unieron en parejas para afanarse en encordar sus recios arcos.

En segundos todos estuvieron listos.

-Djame verlos -. Hasamnik dirigi el rostro hacia las siluetas en el horizonte a la vez

que se cubra los ojos con ambas manos. -Son pocos, entire veinte y veinticinco -dijo-.

Todos cabalgan bises, ninguno va a caballo, llevan arcos, jabalinas y sables, menos tres, los

ms viejos, que no parecen llevar armas.

-Parecen agresivos?

Hasamnik neg con la cabeza -No, ninguno ha desenvainado.

-Cmo llevan los arcos? -insisti Tsuwa.

-Encordados, pero eso no importa -contest el chamn-. Sus arcos son diferentes a los

nuestros.

-Quizs debiramos atacarlos. No podran escapar montando bises.

-Tenemos slo cinco caballos -adujo Hasanmik-. Planeas combatirlos a lomo de

xam? Adems, no vale la pena.

Tsuwa cambi de postura. -No me gusta que nos estn vigilando.

-Ha sido mala suerte para todos. De seguro les disgusta tanto como a nosotros que nos

hayamos cruzado cerca de la Mano de Piedra.

-Crees que vienen de ah?

-Es obvio -el chamn se encogi de hombros-. De los tres ms viejos de entire ellos,

uno es un hechicero.













-Puedes ver algo ms, algo que te diga qu estaban haciendo?

-Nada -respondi el anciano y retir las manos de sobre sus ojos-. Maldicin -gru

mientras parpadeaba rpidamente-, no estoy acostumbrado a tanto sol.






-Que esta noche los caballos estn ensillados, los arcos encordados y las corazas sobre los

guerreros.






Tsuwa sinti entonces a su lado un olor rancio, casi fecal. Se gir hacia Kshaqui, y vio a

ste frotndose la cara con una sustancia grasienta que sacaba con una mano de un

recipient en su regazo. -Qu haces? -pregunt con asco.

-Me unto sebo con medicines, o no es que no lo hueles -le respondi Kshaqui-. Es por

la sequedad y el polvo, sabes. Mi vieja piel se raja como una bota que fuera de mi abuelo.

-Maldicin, preferira hacerme pedazos a oler as.

-A mi edad uno se preocupa ms por los achaques propios que por lo que los dems

huelan. Las mujeres ya no me hacen caso de todas formas, y a los hombres los hago

tragarse las quejas. T qu, te quieres quejar?

Tsuwa mene la cabeza. -Ver la forma de morir joven, en batalla -dijo mientras escupa

con ira hacia fuera-, para no convertirme en un viejo hediondo. Pero desde cundo usas

eso?

-Lo compr antes de salir, pero se me haba olvidado que lo tena.

-Tienes al menos seguridad de que funcione? Porque si adems de apestoso vas a salir

estafado, te juro por lo...













De pronto Kshaqui levant la mano abierta pidiendo silencio. Su rostro entero se frunci de

tension y escucha. Tsuwa no le pregunt nada; de inmediato gir la vista hacia la noche.

Tras hallar slo sombras inescrutables se volvi de nuevo hacia el viejo, esperando alguna

seal. Kshaqui, mientras tanto, haba cortado con su cuchillo un retazo de su bufanda y lo

ensebaba en el cazo. Despus, bajo la mirada atenta de Tsuwa tom una flecha, prestamente

enroll la tela en su punta y con ms rapidez an la mont en el arco; entonces prendi la

saeta en la llama de la hoguera e hizo un disparo bajo pero poderoso hacia la oscuridad.

La flecha sise durante un segundo antes de terminar hundindose como una pequea

catarata de chispas dentro de un matorral espinoso. Su luz alcanz a sealar algo que se

mova cuatro codos a la derecha de los arbustos, algo de color sospechoso y tamao

absurdo en la noche del desierto. Kshaqui infl el pecho, y sin soltar el arco rugi:

Alarma! Por el oeste!

Y desde el oeste comenzaron a silbar flechas en busca de Kshaqui, los xams o cualquier

cosa, mientras todo el campamento se sacuda entire gritos de alerta. Tsuwa se arrodill en

tanto sacaba el arco con una mano y una flecha con la otra, y busc volmenes furtivos que

pudieran ser blancos; pero una repentina patada de Kshaqui en su costado lo hizo caer de

narices en el suelo. Al instant se recuper de la sorpresa y trmulo de ira levant la vista

hacia el veteran para maldecirlo con lo peor. Se qued con la boca abierta, no obstante, al

ver que Kshaqui, sin soltar el arco y extendiendo su capa con los brazos bien abiertos, se

haba dejado caer de espaldas en la hoguera y pataleaba y manoteaba como un loco sobre

esta.

Tsuwa volvi los ojos al desierto, y descubri las razones de Kshaqui. Sin la luz del fuego

para orientarlas, las flechas volando en su direccin comenzaron a escasear, y sus propios

ojos comenzaron a ver ms contrastes en la noche. -Con algo de suerte los descubriremos













antes de que nos rodeen -susurr para s mismo antes de comenzar a arrastrarse a la

penumbra bajo la carreta.





Tsuwa dio la vuelta a la cola de la caravana y lanz su caballo por un sendero de polvo

entire dos hileras de pedruscos. El animal, pequeo, pero fuerte y vivaz, galopaba afanoso

con el cuello recto hacia delante y la cabeza ladeada. Era una montura sabia y bien

entrenada; obedeca los talones del jinete tan fielmente como una pluma sigue al viento y

dejaba las manos libres para el arco. Mientras cabalgaba, Tsuwa aguz la vista lo ms que

pudo hacia la direccin de donde venan las flechas. Como volvi a descubrir sombras ms

negras de lo debido en la noche rojiza, gui hacia ellas al caballo con una leve presin de

los muslos, a la vez que sacaba una flecha y la colocaba en el arco. Cuando le pareci hallar

blanco en un contorno cuyo movimiento se destacaba contra el suelo, se par sobre los

estribos, tens el arco levantndolo sobre su cabeza y dispar. Vio con satisfaccin que la

sombra sospechosa quedaba inmvil.

Sin detener al caballo ni dejar de escrutar el desierto, Tsuwa sac otra flecha y la mont en

el arco; enseguida volvi a hallar donde ponerla, y otras dos adems, pero tras la ltima

sinti el silbido de otros proyectiles volando en su direccin. De inmediato se peg al lomo

del animal y dej caer la flecha que tena en una mano mientras con un movimiento fluido

y complete de la otra devolva el arco a la funda. Entonces escuch lejanamente el sonido

sordo de un impact en el plaqun del pecho del caballo; eso lo decidi a larger a la

montura al galope, aunque an hubo dos flechazos ms antes de que los atacantes

comenzaran a dispersarse. En segundos Tsuwa estuvo tan cerca que las sombras informes

se volvieron inconfundibles siluetas y el sable encontr su mano.













El caballo estaba tan bien entrenado que sin indicacin alguna persigui a la figure ms

prxima, a la cual Tsuwa lanz un tajo rpido reforzado por el galope. El enemigo cay sin

hacer ruido, y Tsuwa se dirigi al siguiente, que zigzagueaba locamente mientras blanda

algn tipo de arma de asta; fue derribado y pisoteado por el animal. Un tercero muri con

tiempo de dar un grito de agona mientras el acero le abra el torso, el cuarto logr salvarse

tras un arbusto espeso y el polvo de la noche. Slo el quinto tuvo oportunidad y presencia

de nimo para enfrentarlo.

Tsuwa vio al enemigo esperndolo inmvil a menos de diez zancadas de su montura, y por

instinto se volvi a hundir tras el cuello del caballo. Su sospecha se vio dolorosamente

confirmada por un fulminante ardor en el costado derecho, donde la ltima costilla llegaba

ms abajo. Al moment se encontr sin respiracin y paralizado, lo cual bast para que

pasara junto a su contrincante sin propinar golpe.

Recuper tanto el control como el aliento a alguna distancia del enemigo, y haciendo caso

omiso del dolor forz al caballo a detenerse y girar. Al galopar de vuelta contra el

adversario un flechazo rebot en su ancho cinto de places metlicas, e instantes antes de

bajar el sable percibi un sonoro impact de metal contra su casco; pero el contrario rod

por el suelo como un despojo.

Enseguida Tsuwa detuvo al caballo y se llev la mano izquierda a la herida. El astil

sobresala casi por entero y estaba suelto. Moverlo le caus dolor, pero resultaba tolerable;

tampoco brotaba sangre en exceso. Por tanto, la flecha no estaba hundida en el msculo ni

much menos en las vsceras. Al parecer la armadura de escamas de cuero endurecido no

solo haba debilitado el golpe, sino que lo haba desviado hacia afuera. Una coraza bien

hecha, un disparo pobremente apuntado; y con un poco de suerte, la herida no sera sino

ms que un desgarrn.













Tsuwa envain el sable, sostuvo el astil con la mano derecha y lo parti con la izquierda.

Despus de soltar el trozo de flecha, ahuec el arns y la camisa que llevaba debajo

mientras se contorsionaba para separar su piel de la coraza. Como prevea, la parte

delantera de la flecha cay al suelo por el bajo de la ropa. Fue entonces, cuando el fugaz

brillo de la punta se hundi en el polvo y la oscuridad, que Tsuwa tuvo la sensacin de que

la escaramuza haba sido algo ftil, una distraccin de algo ms important que ocurra en

otra parte. Su instinto no dudaba al respect. Mir alrededor. Cerca de l no haba ruidos ni

movimientos, slo la noche; lejos hacia el este, donde la caravana ocultaba las estrellas

prximas al horizonte, se escuchaban gritos de muerte y guerra. Maldiciendo su irreflexin,

Tsuwa se lanz al galope hacia donde realmente deba estar.








De pronto, just cuando iba a descargar el sablazo, Tsuwa sinti un golpe quemante y

ensordecedor en el centro del pecho, seguido al instant por una apretazn en todo el

cuerpo. Inmediatamente despus su plexo, sus piernas y todas sus articulaciones se

ablandaron, mientras que la zona alrededor de su esternn se pona rgida y vibrtil. Sin

embargo, esas sensaciones duraron poco, pues enseguida Tsuwa no percibi otra cosa que

un dolor lacerante y maldito desplomndose sobre su corazn. Ni siquiera not cmo caa

de hinojos, mal apoyado en el sable y la mano izquierda; much menos fue consciente de

cmo el prisionero se perda en la noche rojiza.

Desesperado, baj la mirada hacia el vrtice de sufrimiento que retorca su pecho. La

ltima mitad de una flecha brotaba de l cual una espina de un insecto muerto. Con una

absurda atencin por el detalle, recorri con la vista el astil y descubri much sangre en el













extremo y en lo que quedaba de las plumas. stas parecan maltratadas, como si las

hubieran aplastado o estirado antes del disparo, y estaban empapadas en sangre. Entonces

todo se vaci de pensamiento y percepciones, except la cruz de dolor, y Tsuwa se hundi

en un abandon total. Saba una sola cosa: estaba muriendo.

Mas, un calor suave y calmo comenz a crecer a partir de un punto just bajo su cuello. Era

a la vez una especie de alegra, de fuerza, de promesa. Le urga, como si tuviera voluntad

propia, a librarse de la flecha, nica cosa que lo apartaba de la vida.

Tsuwa solt el sable, llev su mano derecha al astil de la flecha y comenz a tirar. No tena

ni idea de dnde sacaba las energas, pero poda y deba. Pero no as, no lo estaba haciendo

bien; sinti cmo la extraa fuerza lo disuada de tirar de la flecha y lo convenca de

empujarla hacia dentro. Despus, distant como en un sueo, percibi el deslizamiento del

metal y la madera contra la carne y el hueso, hasta que de su espalda surgi la punta,

seguida por el tercio delantero del stil. Cuidadosamente, se llev la mano a la espalda y

comenz a tirar hacia afuera, ahora con pleno convencimiento y apoyo. Cuando la flecha

sali por complete, fue como si los dioses le hubiesen perdonado todas sus faltas de una

vez.

Triunfante, Tsuwa puso el cuerpo recto y puso la vista al frente. An estaba de rodillas,

pero le pareca que en poco tiempo podra erguirse otra vez.






Los negros espritus del desierto volaban sobre el campo de batalla, cayendo una y otra vez

sobre tadjques y chasatis. Tsuwa vea cmo cada ronda de los espritus, cada ataque,

debilitaba el valor de los guerreros y los llevaba un paso ms al borde de la

desmoralizacin, del pnico.


















Los espritus de los muertos del desierto eran antiguos y estaban esculidos y gastados. No

eran oponentes para la furia de Tsuwa, que los persegua como un ltigo al cual nada se

escapaba.






Kshaqui estaba sentado, con la cabeza y el torso de Tsuwa tendidos sobre su regazo. Pero

no miraba el cadver, ni lo tocaban sus manos; observaba el horizonte con ojos vacos,

echado hacia atrs, los brazos apoyados en el suelo a sus espaldas. Hasamnik se aproxim

hasta dos pasos de distancia de ambos. -Debes dejarme tender su cuerpo -pidi.

Kshaqui volvi el marchito rostro hacia el chamn. -Somos un par de viejos, t y yo -

dijo-. Un par de viejos malolientes, como l deca. Y estamos vivos.

-Nadie muere para siempre. Especialmente si muere en batalla.

-Pues Tsuwa ya no tendr ms batallas. Y estoy seguro que l hubiera querido estar en

muchas ms despus de sta.

Hasamnik dio los dos pasos que faltaban hasta el cuerpo de Tsuwa y se arrodill

trabajosamente. -An tiene la flecha en la mano -descubri.

-Tuvo la presencia de nimo necesaria para sacrsela -dijo Kshaqui-. Valiente hasta la

muerte.

-Es una flecha utchai. Mira -seal Hasamnik-; es corta, de cabeza ancha, y las plumas

no son de avezul.

Kshaqui mir al chamn con un repunte de ira en los prpados semicerrados. -Qu

quieres decir, que es una flecha utchai? Por supuesto que es una flecha utchai!













Hasamnik mene la cabeza. -No entiendes. Tsuwa slo poda morir por una flecha usada,

una flecha que ya hubiese matado. As fue predicho.

-Entonces? Alguien sac la flecha de un muerto, la puso en su arco y mat a Tsuwa.

Qu hay con eso?

-Cuntas flechas se dispararon en esta batalla? -pregunt Hasamnik-. Qu digo

batalla! En esta escaramuza!

Kshaqui se encogi de hombros. -No s; pocas. A m me quedaron en el carcaj.

-Es muy improbable que alguien hubiese disparado tantas flechas como para necesitar una

clavada en un cuerpo muerto -razon Hasamnik-. Adems, las flechas utchais deberan

estar clavadas en cuerpos tadjques. En algn moment los utchais llegaron tan cerca

como para tocar a nuestros muertos o heridos?

-No lo creo -opin Kshaqui-. Slo en la carreta del prisionero, y all no haban

muertos.

El chamn hundi la barbilla en el pecho, absorto. Kshaqui lo mir sin atreverse a

interrumpir sus pensamiento.

Al cabo de unos minutes, Hasamnik levant la vista. -Ve con los dems, Kshaqui -

dijo-. Corta buenos espinos, de tronco grueso, que mantengan bien el fuego. Aunque

tengamos que dejar este maldito lugar pelado en una jornada de camino a la redonda,

reuniremos suficiente para la pira que merece Tsuwa.

Kshaqui coloc suavemente el torso del joven guerrero en el suelo, se ech a un lado y se

puso en pie. Antes de marcharse dio una ltima mirada al cadver, en silencio. Su expresin

no deca nada; si algo senta, estaba enterrado bajo aos de dolor y arrugas.

Cuando el veteran se perdi de vista, el chamn extendi una mano sobre el rostro de

Tsuwa y murmur un cntico lento y repetitive durante unos minutes. Al terminar, se













inclin sobre el cuerpo para tomar la flecha por un extremo y tir de ella. El astil y la punta

salieron dificultosamente de la semicerrada mano de Tsuwa.








-T eres Uma Azane -afirm Hasamnik.

El chasati asinti.

-T no tenas flechas -continu el chamn-. Tsuwa te quit el carcaj.

Azane tuvo un ligero temblor de manos, mas sigui en silencio.

-En la escaramuza de anoche, t eras el nico sin flechas. Por eso tomaste una flecha del

cuerpo de un herido. Esta flecha-. Hasamnik levant la saeta utchai que haba matado a

Tsuwa.






Hasamnik levant ante s las manos con los dedos entrelazados de una forma indescriptible.

Al instant Azane tuvo un vahdo, se puso una mano sobre la boca del estmago y comenz

a tambalearse.

-Ato tu espritu a tu carne -dijo el chamn con voz profunda y resonante-. Tu espritu

quedar prisionero de tu cuerpo cuando mueras, y junto a l se corromper y desaparecer.

Azane cay de rodillas ante Hasamnik y comenz a vomitar entire espasmos y temblores. El

chamn sigui impertrrito su letana-: Tu espritu no volar sobre las llanuras, no

retornar a las hogueras, no entrar al sitio reservado, no recibir leche en los das sagrados,

no asistir a los jvenes pastores, no ayudar a los cazadores, no cuidar de los guerreros,

no aconsejar a los ancianos. Tu espritu se secar en el polvo, se hundir en la tierra, se













pondr negro, ser comido por las bestias, ser padre de los gusanos que parir tu cuerpo.


-Tsuwa muri sobre las huellas del prisionero y con el sable empuado -dijo el

chamn-; no me cabe duda que lo hubiera atrapado si t no lo hubieras asesinado a l

antes.



Juan Pablo Noroa Lamas (1973): Graduado de Letras en la Universidad de la

Habana ha sido incluido en la antologa Reino Eterno, Letras cubanas 1999.

La mayor parte de su obra se encuentra indita.


Al INDICE















5. ARTICULO: TEOGONIA DE LOS DIOSES LOVECRAFTIANOS


Pese a que Lovecraft fue el profeta de la nueva religion l nunca intent sistematizar
los mitos, poniendo orden aqu y all como lo hiciera Hesodo con los mitos griegos. Solo
dej clara la base sobre la cual se inventaran las ms horrorosas histories. Esta idea central
era que antes de que apareciera el hombre la Tierra haba tenido otros amos. A esta idea
aluden determinados libros "aborrecibles", ciertos grabados "abominables" y algunas
esculturas "sacrlegas". Tambin menciona various lugares que resultan sagrados y cita la
existencia de cultos y de rituales "blasfemos" que prefiere no detallar.
El verdadero sistematizador de los mitos fue sobre todo August Derleth. El fue el
creador de lo benignos Dioses arquetpicos y del sello sagrado de estos: una piedra en
forma de estrella de cinco puntas que es el talismn ms eficaz contra los Primordiales.
Pero Derleth intent sistematizarlos mediante sus propios relatos mientras que Lin Carter,
erudito, telogo, y bibligrafo de la relacin Lovecraftiana resume los mitos de la manera
siguiente:


"Estudiando las divinidades y los demonios que aparecen en los mitos de Chul se
induce que la tsis de Lovecraft, la fuente misma de los mitos, es que, en pocas geolgicas
remotsimas nuestro mundo fue habitado y gobernado por grupos de dioses diablicos y de
divinidades benvolas much antes de que apareciese el hombre en la Tierra, sta era
compartida por los primigenios y la Gran Raza de Yith, quienes cayeron en discordia y se
alzaron contra sus propios creadores, es decir, contra los misteriosos Dioses Arquetpicos,
primeros pobladores de los espacios estelares. La Gran Raza, constituida por series
espirituales e inmateriales que parasitaban cuerpos ajenos, abandon las zonas terrqueas
por ella dominadas y huy a travs del tiempo hasta el siglo CC, en el que se apoderaron de
los cuerpos de una raza de escarabajos que suceder al hombre, en esa poca remota, como
forma de vida dominant en el planet. Los Primigenios, sin rival ya, quisieron dominar el
mundo y en combat con los Dioses Arquetpicos que moraban en Betelgeuse, les robaron













ciertos talismanes y sellos y determinadas tablillas de piedra cubiertas de jeroglficos, que
ocultaron en un planet prximo a la estrella Celaeno."
"Los Dioses Arquetpicos castigaron esta inoportuna e impropia rebelin. Aunque
los Primigenios, bajo la orden de Azathoth, combatieron largamente, por ltimo fueron
vencidos y expulsados o apresados. Hastur el Inefable fue exiliado al lago de Hali, cerca
de Carcosa, en las Hadas prximas a Aldebarn; el Gran Cthulhu fue mantenido en un
letargo mgico, similar a la muerte, en la csmica ciudad sumergida de R'lyeh, situada no
lejos de Ponap, en el Pacfico; Ithaqua, El Que Camina En el Viento fue desterrado a los
helados desiertos rticos, de los que un sello poderoso le impide escapar. Yog-Sothoth fue
expulsado de nuestro continue espacio-tiempo y fue lanzado al Caos junto con Azathoth, a
quien, adems por haber sido el cabecilla de la rebelin, los Dioses Arquetpicos privaron
de inteligencia y de voluntad. Tsathoggua fue aherrojado en una caverna situada bajo el
Monte Voormithadreth en Hyperbrea, junto con algunos dioses menores como Abhoth y
Atlach-Nacha. Cthugha fue exiliado en la estrella Fomalhaut. Ghatanothoa, el Dios-
Demonio, fue sellado en las criptas que se extienden bajo una arcaica fortaleza construida
por los crustceos de Yuggoth en la cima del Monte Yadith-Gho, que domina la primitive
ciudad de Mu. Muchos dioses menores fueron obligados a refugiarse en el negro castillo de
nice que corona la ciudad de Kadath, situada en el Desierto de Hielo, en la zona en que el
mundo de los sueos penetra en nuestra Tierra. De los Primignios Mayores, solo
Nyarlathotep parece haber evitado tanto prisin como exilio."
"Pero, antes de ser derrotados en la primera de las guerras, los Primignios Mayores
haban engendrado una multitud de sicarios infernales que desde entonces se esforzaran por
liberarlos de nuevo; sin embargo, ni siquiera los Profundos de R'lyeh, series martimos y
anfibios, pueden levantar ni tocar el Signo Arquetpico, poderoso Sello de estos Dioses, que
mantiene a Cthulhu dormido en la muerte. Y, aunque en la pgina 751 de la edicin
complete del Necronomicon figure el famoso Noveno Verso que, debidamente entonado,
devolver la libertad a Yog-Sothoth y dar origen a su retorno anunciado por los profetas,
ninguno de sus adoradores humans o inhumanos ha conseguido hasta la fecha liberarlo. En
ocasiones alguien ha conseguido levantar el Sello Arquetpico, pero siempre ha sido vuelto
a colocar en su sitio, bien por intervencin direct de los propios Dioses, bien de sus
muchos servidores humans. Sin embargo, Alhazred ha profetizado que, por fin, los













Primigenios sern liberados y regresarn. Debemos suponer, pues, que, en algn future
incierto, volvern a disputar una vez ms el Universo a los Dioses Arquetpicos."
Derleth, sin embargo refiere que entire los mismos Primigenios hay rencillas. Por
ejemplo, Hastur es enemigo irreconcilable de Cthulhu y a veces acta como salvador de
los perseguidos por este. Esto est en relacin con la procedencia original de los
Primigenios, algunos de los cuales son espritus de los elements y mantienen entire s las
oposiciones que entire estos existen. As, Cthulhu simboliza en cierto modo el agua;
Cthugha, el fuego; Ithaqua y Hastur, el aire; Shub-Niggurath, la tierra.
Tampoco hay much orden en lo que se refiere a los dioses, diosecillos y semidioses
de la mitologa lovecraftiana. Incluso no est totalmente claro si los Primigenios y los
Primordiales son los mismos o distintos. Por su parte, Lovecraft no especifica ni quienes ni
que sn, pero Derleth, en su afan sistematizador, seala que los Primordiales son
"manifestaciones de los Primigenios el plano terreno". Sea como fuere, Lvy divide el
panten lovecraftiano en tres grandes categoras: los monstruos de las Altas Tierras del
Sueo, los monstruos del mundo vigil y los Primordiales. Corresponden a la primera
categora los ngeles descarnados de la Noche -gomosos, cornudos, sin cara, con alas de
murcilago-, los vampiros en su double variedad -vampiros a secas, que son como perros, y
Vampiros de Pies Rojos-, los Dholes -que mueren al ser expuestos a la luz-, los enormes
Gugs de boca vertical, los Shantaks -enormes, alados, de cuerpo escamoso y cabeza de
caballo- y las entidades lunares con cuerpo de sapo, amorfas, gelatinosas y con tentaculos.
Entre los monstruos del mundo vigil, Lvy seala los hbridos diversos, los Profundos, los
Mi-Go, los Shoggoths, etc.
Lin Carter, por su parte, clasifica los dioses lovecraftianos en dos categoras: los
Primordiales ("tambin llamados Primigenios, Malignos, Los-Que-Llegan y Arcaicos") y
los Dioses de la Tierra. A la primera categora pertenecen los antiguos dominadores de
nuestro planet, aunque Carter no hace grandes distinciones entire los Mayores -Cthulhu,
Yog-Sothoth, Shub-Niggurath, Azathoth, Nyarlathothep, Lloigor, Hastur, Ubbo-Sathla,
etc.- y los Menores -Dagon, Hydra, Nug, Gnoph-Keh, Yig, etc.- En su segunda categora
incluye a algunos diosecillos citados por Lovecraft y tambin un poco por no saber donde
ponerlos si no, al propio Nodens. Para mayor confusion Carter seala la posibilidad de que
algunos de los Primordiales no sean sino avatares o emanaciones de otros. Byagoona, dios













menor, por ejemplo, se caracteriza por no poseer rostro, lo que hace pensar que acaso no
sea sino una transposicin de Nyarlathothep, el Gran Dios Sin Cara.
La mitologa lovecraftiana no solamente es rica en dioses y lugares sagrados en los
cuales ocurrieron hechos trascendentales sino que tambin posee multitud de libros
proscritos y profanos que no deberan ser ledos los cuales, segn Carter, "contribuyen a
apoyar numerosos detalles de los Mitos a los que dan un aire de autenticidad y de
erudicin". Pero tampoco en tales libros se sistematizan los Mitos. Al parecer, en ellos se
alude veladamente, bajo parbolas y smbolos y a menudo en forma fragmentaria, a oscuros
arcanos que solo los adeptos saben interpreter.
Algunos de dichos libros tienen existencia real, como el The saurus Chemicus de
Bacon, la Turba Philosophorum, The Witch-Cult in Western Europe de Murray, De
Masticatione Mortuorum in tumulis de Raufft, el Libro de Dzyan, la Ars Magna et Ultima
de Lulio, el Libro de Thoth, el Zohar, la Cryptomensis Patefacta de Falconer o la
Polygraphia de Trithemius. Estos libros se citan sobre todo por sus nombres rimbombantes
y misteriosos, pero, naturalmente, tienen en realidad muy poco o nada que ver con los
Mitos. De los dems, sin embargo, la mayora es puramente inventada y tratan directamente
de los Mitos entire otros temas esotricos. Entre ellos, los principles son el Libro de Eibon,
el El texto R 'lyeh, los Fragmentos de Celaeno, los Cultes des Goules del conde d'Erlette,
De Vermis Mysteriis de Ludvig Prinn, las Arcillas de Eltdown, el People of the Monolith de
Justin Geoffrey, los Manuscritos Pnakticos, los Siete libros Crpticos de Hsan, los
Unaussprechlichen Kulten de Von Junzt y, sobre todo, el Necronomicon de Abdul
Alhazred. Libro este que fue descrito con tal lujo de detalles que much gente lleg a career
que exista de verdad aunque... quien sabe. Tal vez algn da todos sepamos la verdad.


Information extrada de: Los mitos de Cthulhu de Alianza Editorial coleccin El libro de
bolsillo, 1978 Madrid. (En concrete del studio preliminary de Rafael Llopis.
Information extrada por: Vctor Garca. Tambin llamado "El Emisario de la Muerte"
Antoniov.gwcia@telefonica. es
Information extrada para: La pgina del Necronomicon y todos aquellos que quieran
saber ms sobre estos temas que se remontan ms all de la noche de los tiempos.
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