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 Table of Contents
 La frase de hoy: Aldous Huxley
 Articulo: Esbozos de una analitica...
 Cuento clásico: El juego de Ender,...
 Cuento made in Cuba: Nada que declarar,...
 Articulo: Como estrellas en el...
 Las cosas que vendrán: Jartowe...
 ¿Cómo contactarnos?


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Disparo en Red
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 Material Information
Title: Disparo en Red
Physical Description: Serial
Language: Spanish
Publisher: Disparo en Red
Place of Publication: Havana, Cuba
Creation Date: April 25, 2005
 Subjects
Genre: serial   ( sobekcm )
 Record Information
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
System ID: UF00103496:00012

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Table of Contents
    Cover
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    Table of Contents
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    La frase de hoy: Aldous Huxley
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    Articulo: Esbozos de una analitica de lo monstruoso, Fabián Giménez Gatto
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    Cuento clásico: El juego de Ender, Orson Scott Card
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    Cuento made in Cuba: Nada que declarar, Anabel Enriquez Piñero
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    Articulo: Como estrellas en el cielo, Cristóbal Pérez-Castejón
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    Las cosas que vendrán: Jartower
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    ¿Cómo contactarnos?
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HOY: de 25 ABRIL del 2005


DISPARO EN RED: Boletn electrnico de ciencia-ficcin y fantasa.
De frecuencia quincenal y totalmente gratis.
Editores:
darthmota
Jartower
Colaboradores:
Taller de Creacin ESPIRAL de ciencia ficcin y fantasa.
Proyecto de Arte Fantstico Onrica.
Anabel Enrquez Pieiro
Juan Pablo Noroa Miguel Bonera Miranda
Jorge Enrique Lage Coghan
Vctor Hugo Prez Gallo Ral Aguiar

























0. CONTENIDOS:



1. La frase de hoy: Aldous Huxley.
2. Artculo: Esbozos de una analtica de lo monstruoso, Fabin Gimnez Gatto.
3. Cuento clsico: El juego de Ender, Orson Scott Card.
4. Cuento made in Cuba: Nada que declarar, Anabel Enrquez Piero.
5. Artculo: Como estrellas en el cielo, Cristbal Prez-Castejn.

6. Las cosas que vendrn: Jartower.

7. Cmo contactarnos?















1. LA FRASE DE HOY:
-Mi joven y querido amigo -dijo Mustaf Mond-, la civilizacin no tiene ninguna
necesidad de nobleza ni de herosmo. Ambas cosas son sntomas de ineficacia poltica. En
una sociedad debidamente organizada como la nuestra, nadie tiene la menor oportunidad de
comportarse noble y heroicamente. Las condiciones deben hacerse del todo inestables antes
de que surja tal oportunidad. Donde hay guerras, donde hay una dualidad de lealtades,
donde hay tentaciones que resistir, objetos de amor por los cuales luchar o que defender,
all, es evidence, la nobleza y el herosmo tienen algn sentido. Pero actualmente no hay
guerras. Se toman todas las precauciones posibles para evitar que cualquiera pueda amar
demasiado a otra persona.


Un mundo Feliz.
Aldous Huxley.
Al INDICE


2. ARTICULO: Esbozos de una analtica de lo monstruoso*


Fabin Gimnez Gatto
Licenciado en filosofa Es coautor (junto con Alejandro Villagrn) de Esttica de la
oscuridad (Trazas, Montevideo, 1995). Vive en Mxico y trabaja en la Universidad del
Claustro de Sor Juana. Es columnist de la revista cultural El Huevo. Contacto electrnico:
fgimenezgatto@vahoo. com. mx




Del Dracula de Stoker al Bram Stoker's Dracula de Coppola


Esbozar una analtica de lo monstruoso, en trminos cinematomticos, no result fcil. Nos
enfrentamos, en la actualidad, con una enorme galera de monstruos que vienen haciendo su
aparicin en el celuloide desde los albores del cine. Desde el Nosferatu de Murnau hasta el
Bram Stoker's Dracula de Coppola, los monstruos neo-gticos han inundado las pantallas.













Podemos, en este sentido, distinguir tres moments en el mito del monstruo, una etapa pre-
literaria, constituida principalmente por tradiciones orales y tratados de demonologa, en
segundo lugar, una etapa literaria, que se consolida en el siglo XIX a partir de la literature
gtica y, finalmente, una etapa post-literaria donde los medios masivos resultan ser una
pieza clave en la constitucin de los mitos en torno a lo monstruoso.


Parafraseando a McLuhan, podramos decir que el medio es el pastiche, el cine produce
ciertas mezclas e hibridaciones que reconfiguran el espacio teratolgico clsico. El filme
Frankenstein Meets the Space Monster nos present al monstruo combatiendo contra
aliengenas, a fin de cuentas, el monstruo de Frankenstein es un cyborg terrcola. En
Furakenshutain tai Baragon, la criatura se enfrenta a dinosaurios, y en Frankenstein meets
the wolfman su rival es la licantropa o, en otro filme -Drcula vs Frankenstein-, el
vampirismo. Estos son algunos ejemplos de los fenmenos de intertextualidad presents en
la constitucin de los mitos post-literarios del monstruo de Mary Shelley. Estos
entrecruzamientos, estas mezclas explosives, son impensables en la etapa literaria, el cine
rompe definitivamente las barreras literarias que antao separaban a un monstruo de otro,
produciendo algo as como una especie de esquizopoiesis teratolgica, una intertextualidad
de lo monstruoso que va a general figures cada vez ms excesivas (Bambi meets Godzilla,
Marv Newland, 1984).


Siguiendo esta hiptesis crono(mito)lgica, me centrar en una series de mutaciones que se
han venido produciendo en la figure del vampiro desde que ste abandon las polvorientas
pginas de la literature gtica y se install cmodamente en la cultural masiva del siglo XX.
En este sentido, la incidencia de personajes antihericos en la cultural de masas
contempornea -Jason, Freddy Krueger, Hannibal Lecter, el vampiro Lestat, etc.- puede
interpretarse como un regreso a la cultural underground del culto al monstruo, feed back al
cmic de terror estadounidense de los cincuenta y las B-movies de los sesenta, resurreccin
de Vampirella, Creepy y sus criaturas de la oscuridad.


Cabe realizar una aclaracin, los mitos masivos no nos reenvan a un arquetipo, a una
supuesta (anti)naturaleza de lo monstruoso, sino que, en cambio, nos remiten a una series de













estereotipos que expresan, de forma bastante explcita, cmo la cultural occidental ha
percibido la alteridad que todo monstruo -que se precie de serlo- simboliza. Analizar estas
mutaciones la figure del vampiro nos ayudar a percibir el lugar que ocupa la alteridad en el
imaginario del fin del siglo XX.


La desmesura y la irregularidad son, como afirma Omar Calabrese, los principios barrocos
que fundan la teratologa como ciencia de los monstruos. El monstruo es, por excelencia, la
desviacin de la norma, aquello que est ms all del orden, de la regularidad y de la Ley.
La ley de Murphy toma cuerpo en los gticos personajes de la teratologa, en "el crujir de
dientes y en el besuquear de los muertos en sus tumbas".


El ethos del monstruo es el de la espectacularidad que se exhibe en la obscenidad de lo
hiperreal, de lo que se muestra (monstrum) en la inmediatez de una presencia sobrenatural
que se mantiene en el enigma (monitum). Su carcter excesivo lo convierte en un desafo
lanzado contra la naturaleza y la racionalidad. Estas figures de la alteridad representan
nuestros miedos ms profundos, aquellos que nos sumergen en el corazn del caos y las
tinieblas. Los monstruos transgreden lo prohibido por excelencia, los tabes de la muerte y
el sexo son un buen instrument para medir la transgresin de lo monstruoso en la poca
del SIDA. A su vez, la ambigedad del monstruo result una pieza clave en la
interpretacin de los fenmenos mitolgicos ligados al terror contemporneo, la
ambigedad sexual del vampiro, ya present en Carmilla de Joseph Sheridan Le Fanu, no
hizo ms que aumentar a lo largo del tiempo, generando toda una gama de filmes donde la
bisexualidad era la tnica romntica por excelencia, quizs The Hunger, de Tony Scott, sea
uno de los ms logrados ejemplos del polimorfismo sexual del vamp post-revolucin
sexual.


Los noventa instauran un renacimiento de lo gtico, ahora, a la luz de un neo-romntico
espritu postmoderno, los monstruos dejan de ser "los malos de la pelcula" para convertirse
en los antihroes del spleen terrorfico. Las relecturas de los clsicos de la literature gtica
alcanzan su clmax en 1994, con el estreno de Bram Stoker's Dracula, dirigida por Francis
Ford Coppola y Mary Shelley's Frankenstein, a cargo de Kenneth Branagh, adems de otra













incursin en el nuevo sturm und drang de la mano de Neil Jordan, a partir de la adaptacin
flmica de la novela de Anne Rice Interview with the Vampire, publicada en 1977.


Las pseudo-adaptaciones de las clsicas novelas de Stoker y Shelley son una constant a lo
largo de la historic del cine de terror, sin embargo, el fenmeno de esta dcada tiene que
ver, sobretodo, con ciertas relecturas que se alejan ms y ms del espritu de la obra
original, recreando a los viejos monstruos de antao como trgicos hroes romnticos,
outsiders malditos que an creen en el amor y, efectivamente, siempre acaban
enamorndose de alguna damisela. Los temibles monstruos de antao se vuelven cada vez
ms humans, paradjicamente, el amor los humaniza al mismo tiempo que los conduce a
la tumba. Humanizacin del monstruo en clave neo-romntica, humana (in)humanidad. La
vision de Coppola convierte al vampiro en un trgico enamorado, la "caza del vampiro" es,
en realidad, una cruel persecucin de dos almas embarcadas en un amor eterno, "love never
dies".


El filme rescata al personaje histrico que dio origen al vampiro de Stoker, luego de ser
sazonado por los relatos populares durante cuatro siglos. En la primera secuencia, nos
topamos con una especie de prlogo -flmico y apcrifo- que nos narra el origen de
Drcula: el empalador Tepes -luego de regresar de la batalla- encuentra a su esposa
Elizabeth sin vida sobre el altar de una iglesia, iracundo se revela contra la voluntad de
Dios, blasfema contra el Creador y se convierte en una criatura maldita. Elizabeth, la
infortunada esposa del conde, nos remite a otro personaje histrico sobre el que se han
tejido muchsimas leyendas, nos referimos a la condesa Elizabeth Bathory, la cual
comparta los gustos hemoglobnicos de Vlad, afecta a los baos de sangre de jvenes
vrgenes, convencida de sus efectos cosmticos y revitalizantes. Lo interesante es que
Mina, smbolo de pureza y virginidad en la novela de Stoker, se transform -en el film de
Coppola- en la reencarnacin de la mismsima Elizabeth Bathory, alma gemela de Dracula
y version femenina del personaje histrico que lo precede.


A pesar de las duras crticas a las que ha sido sometido el filme de Coppola, basadas, en su
mayora, en su falta de fidelidad con respect a la novela de Stoker -no en vano el













screenplay de James V. Hart llevaba originalmente el ttulo Dracula: the Untold Story-,
creo que esta produccin marca un hito realmente important en la mitologa vamprica, las
crticas que han llovido sobre ella resultan exageradamente puristas y pierden de vista lo
much que el filme expresa sobre el sentir de una poca. Veamos los descargos de
Coppola, cuando comenta los objetivos de esta neobarroca interpretacin de la novela
centenaria:
...quera hacer Drcula como un oscuro, apasionado, sueo ertico. Sobre todas las cosas,
es una historic de amor entire Dracula y Mina... almas alcanzndose a travs de un universe
de horror y pathos.


Pues bien, el mrito de Coppola, a mi entender, es el de haber convertido una novela
victoriana ms o menos moralista en una historic de amor romntico-metafsica de fin de
milenio, donde Drcula ya no es solamente el monstruo que sexualiza a las castas damiselas
gracias a su bautismo de sangre y, por tanto, debe ser destruido por hroes decentes, leales

y, por sobretodo, cristianos, sino, un ser desgarrado por la prdida de su amada esposa,
quien reencuentra -reencarnacin mediante- en su viaje a Inglaterra, luego de haberse
pasado siglos en orgas de sangre sin sentido, que no lograban acabar del todo con el
recuerdo de su amada. Ni ms, ni menos, una historic de amor.


El vampiro ha dejado de ser, en la cultural contempornea, el smbolo del mal, para
convertirse en el emblema del outsider, como seala la escritora de histories vamp-
underground Poppy Z. Britte, "el vampiro no es solamente popularmente perenne, l es la
nica criatura sobrenatural que se ha convertido en un modelo de conducta. Segn Britte,
el asesino serial ser el vampiro del nuevo milenio, lo interesante de esta radical afirmacin
es la humanizacin de la figure del vampiro convertido en psychokiller, es decir, aunque
nos result difcil de aceptar, en un mortal de carne y hueso, la discursividad del terror
convertida en nota roja.


La campaa publicitaria del filme The Lost Boys, de Joel Schumacher, rezaba ms o menos
as: "Dormir todo el da. Fiesta toda la noche. Nunca envejecer. Nunca morir. Es divertido
ser un vampiro". Mientras sonaba el tema central de la cinta, "People Are Strange" de The













Doors, una banda de adolescents de look amenazante -entre punk y heavy-, se deleitaba
durante la noche con los placeres del rock and roll, las Harley Davidson, la cerveza y la
sangre humana. Como seala Leonard Wolf, podemos observer, en la actualidad, dos
tendencies con respect al vampiro centenario de Stoker, por un lado, las relecturas
revisionistas de Drcula, que nos presentan una elite de vampiros elegantes, refinados y
seductores (es el caso de Anne Rice y buena parte del cine commercial) y, por el otro, los
vampiros de filmes como The Addiction de Abel Ferrara o Nadja de Michael Almereyda (o
ciertas incursiones literarias como las de Poppy Z. Britte), donde estas criaturas de la noche
adoptan el aspect del antihroe marginado, el yunkie o el psycho. En ambos casos, sin
embargo, es notorio el surgimiento de una nueva mitologa neo-romntica en torno a los
bebedores de sangre, que rescata, como comn denominador de las mltiples visions, su
condicin de outsiders, las mticas figures de la alteridad del fin del siglo XX.


*Publicado originalmente en El Huevo (Revista cultural de Mxico)
Fabin Gimnez Gatto: Se licenci en filosofa en el Instituto de Profesores Artigas en
1995. Obtuvo maestra y doctorado en filosofa por la Universidad Iberoamericana de
Mxico. Es coautor (junto con Alejandro Villagrn) de Esttica de la oscuridad (Trazas,
Montevideo, 1995). Vive en Mxico y trabaja en la Universidad del Claustro de Sor Juana.
Es columnist de la revista cultural El Huevo.
Contacto electrnico: faimenezaatto(avahoo.com.mx


Al INDICE















3. CUENTO: EL JUEGO DE ENDER
Por Orson Scott Card


-Sea cual fuere vuestra gravedad cuando lleguis a la puerta, recorded: la puerta
del enemigo est abajo. Si cruzis vuestra puerta como si fuerais de paseo, sois
un blanco apetecible y merecis que os acierten. Con ms de un paralizador.
Ender Wiggins hizo una pausa y ech un vistazo al grupo. La mayora lo miraba
nerviosamente. Algunos entendan. Otros se mostraban huraos y hostiles.
Era su primer da con este ejrcito de novatos, y Ender haba olvidado lo pequeos
que podan ser los nuevos. El llevaba tres aos en aquello, los novatos slo seis
meses. Ninguno tena ms de nueve aos de edad. Pero eran suyos. A los once, le
faltaba medio ao para ser comandante. Haba tenido su propio pelotn y conoca
algunos trucos, pero haba cuarenta en su nuevo ejrcito. Novatos. Tiradores de
primera, o no estaran all, pero eso no significaba que no pudieran liquidarlos en
su primer combat.
-Recordad -continu-, no pueden veros hasta que crucis esa puerta. Pero en
cuanto salgis, os atacarn. As que atravesad la puerta como querris estar
cuando os disparen. Las piernas abajo, bajando en lnea recta. -Seal a un chico
hurao que pareca tener slo siete aos, el ms pequeo de todos-. Dnde est
abajo, novato?
-Hacia la puerta enemiga. -La respuesta fue rpida. Tambin fue hostile, como si
dijera: Vale, vale, ahora vayamos al grano.
-Tu nombre, hijo?
-Bean.
-Te lo pusieron por el tamao de tu cerebro?
Bean no respondi. Los dems rieron un poco. Ender haba escogido bien. Ese
chico era menor que los dems, deba de estar avanzado porque era sagaz y listo.
Los dems no le tenan gran simpata y se alegraban de que lo humillaran un poco.
Tal como su primer comandante haba humillado a Ender.
-Bien, Bean, eres avispado. Ahora escuchadme: nadie cruzar esa puerta sin gran













riesgo de recibir un disparo. A muchos os transformarn en cemento en alguna
parte. Procurad que sean las piernas. Entendido? Si slo os dan en las piernas,
slo os anulan las piernas, y en gravedad cero eso no constitute un problema, -
Ender se volvi hacia uno de los ms azorados-. Para qu sirven las piernas, eh?
Desconcierto. Confusin. Tartamudeo.
-Olvdalo. Supongo que tendr que preguntrselo a Bean.
-Las piernas sirven para impulsarse desde las paredes an aburrido.
-Gracias, Bean. Habis entendido eso? -Todos lo entendieron, y no les gust que
fuera Bean quien lo explicara-. En efecto. No podis ver con las piernas, no podis
disparar con las piernas, y en general son un estorbo. Si os las paralizan cuando
estn estiradas os transformis en blanco fcil. Imposible ocultarse. Entonces,
cmo van las piernas?
Unos pocos respondieron esta vez, para demostrar que Bean no era el nico que
saba algo.
-Debajo del cuerpo. Plegadas. -Correcto. Un escudo. Vais arrodillados en un
escudo, y el escudo son vuestras piernas. Y los trajes tienen algn secretillo.
Aunque os congelen las piernas, podis patear para impulsaros. An no he visto a
nadie que lo consiga, salvo yo... pero todos aprenderis.
Ender Wiggins conect el paralizador, que despidi un fulgor verdoso. Se elev en
la gravedad cero de la sala de ejercicios, pleg las piernas debajo del cuerpo
como si se arrodillara, y se las congel. El traje se puso rgido en las rodillas y los
tobillos, de modo que no poda moverse.
-Bien, estoy congelado, veis? Flotaba un metro por encima de ellos. Todos !o
miraron intrigados. Se inclin hacia atrs, cogi una agarradera y se aplast contra
la pared.
-Estoy atascado en una pared. Si tuviera piernas, las usara para saltar como una
habichuela, correcto?
Rieron.
-Pero no tengo piernas, y eso es mejor. Entendis? Por esto. -Ender arque la
cintura y se estir violentamente. Atraves la sala en un santiamn. Desde el otro
lado dijo-: Comprendido? No us las manos, de modo que an poda disparar mi













paralizador, y no tena piernas que me hicieran ms vulnerable. Ahora observed de
nuevo.
Repiti la maniobra y cogi una agarradera en la pared ms cercana a ellos.
-Ahora bien, no quiero que hagis eso slo cuando os congelan las piernas. Quiero
que lo hagis cuando an tenis piernas, porque es mejor, y porque nadie se lo
espera. De acuerdo. Ahora todos al aire y arrodillados.
La mayora se elev en cuestin de segundos. Ender congel a los rezagados,
que colgaron en el aire mientras los dems rean.
-Cuando doy una orden, moveos deprisa. Vale? Cuando estemos en la puerta y la
desbloqueen, dar rdenes en dos segundos, en cuanto vea la configuracin. Y
cuando d la orden ser mejor que estis fuera, porque quien salga primero
ganar a menos que sea tonto. Yo no lo soy y espero que vosotros tampoco, o
regresaris a los escuadrones de enseanza. -Vio que algunos tragaban saliva, y
los congelados lo miraron atemorizados-. A ver, los que estis all colgados.
Atentos. Os descongelaris dentro de quince minutes, y veamos si podis alcanzar
a los dems.
Durante media hora Ender los tuvo botando de una pared a otra. Les concedi un
descanso cuando vio que haban comprendido la idea. Quiz fueran un buen grupo.
Mejoraran.
-Ahora que os habis calentado el cuerpo, empezaremos a trabajar.
Ender era el ltimo en salir despus de las prcticas, pues se quedaba para
ayudar a los ms lentos a mejorar su tcnica. Haban tenido buenos profesores,
pero como todos los ejrcitos, eran dispares, y algunos podan convertirse en una
verdadera molestia en una batalla. La primera batalla poda ser dentro de
semanas, o poda ser al da siguiente. Nunca se publicaba un program. El
comandante se despertaba y junto a la linterna encontraba una nota donde figuraba
el moment de la batalla y el nombre del oponente. As que al principio hara
trabajar a sus muchachos hasta que estuvieran en ptima forma. Todos dispuestos
a cualquier cosa en cualquier moment. La estrategia era important, pero no vala
un bledo si los soldados no soportaban la tension.
Al doblar la esquina para dirigirse al ala residential se encontr cara a cara con













Bean, el chico de siete aos con quien se haba ensaado ese da durante la
prctica. Problems. Ender no quera problems.
-Hola, Bean.
-Hola, Ender. Una pausa.
-Para ti soy seor -murmur Ender.
-No estamos de servicio.
-En mi ejrcito, Bean, siempre estamos de servicio.
Ender sigui de largo. Lo sigui la voz chillona de Bean.
-S lo que ests haciendo, Ender, seor, y te prevengo.
Ender se volvi lentamente para mirarlo.
-Me previenes?
-Soy lo mejor que tienes. Pero te convene tratarme como tal.
-O qu? -Ender sonri amenazadoramente. -o ser lo peor que tienes. Una cosa
o la otra. -y qu quieres? Amor y besos? -Ender se estaba enfadando.
Bean no se inmut.
-Quiero un pelotn.
Ender camin hacia l y lo mir a los ojos.
-Dar un pelotn a quienes demuestren su vala. Deben ser buenos soldados,
deben saber acatar las rdenes, deben ser capaces de tener iniciativa en un
moment conflictivo y deben ser respetuosos. As fue como llegu a comandante.
As es como llegars a jefe de pelotn. Entiendes?
Bean sonri.
-Es just. Si de verdad trabajas as, ser jefe de pelotn en poco menos de un
mes.
Ender le cogi la pechera del uniform y lo aplast con fuerza contra la pared.
-Cuando digo que trabajo de tal modo, Bean, es porque trabajo tal como digo.
Bean se limit a sonrer. Ender lo solt y se alej sin mirar atrs. Estaba seguro de
que Bean lo segua con la mirada, sonriendo con desdn. Tal vez fuera buen jefe
de pelotn. Ender lo vigilara.
El capitn Graff, un metro sesenta y un poco rechoncho, se acarici la barriga
retrepndose en la silla. Del otro lado del escritorio estaba sentado el teniente













Anderson, quien sealaba puntuaciones elevadas en un grfico.
-Aqu tiene, capitn. Ender ya les est enseando una tctica que desconcertar a
quien los enfrente. Duplica su velocidad.
Graff asinti.
-y usted conoce la puntuacin de sus exmenes. Tambin sabe pensar.
Graff sonri.
-Es verdad, Anderson, es un buen estudiante. Muy prometedor.
Aguardaron.
Graff suspir.
-Pues qu quiere que haga?
-Ender es el indicado. Tiene que serlo.
-No estar preparado a tiempo, teniente. Tiene once aos, por amor del cielo.

Qu quiere usted, un milagro?
-Quiero que participe en batallas, todos los das
a partir de maana. Quiero que tenga todas las batallas de un ao en un solo mes.
Graff sacudi la cabeza.
-Su ejrcito ira a parar al hospital.
-No, seor. Los est poniendo en forma. y necesitamos a Ender.
-Correccin, teniente: necesitamos a alguien. Usted cree que es Ender.
-De acuerdo, yo creo que es Ender. Cul de los comandantes, si no l?
-No lo s, teniente. -Graff se acarici el vello de la calva-. Son nios, Anderson. No
lo comprende? El ejrcito de Ender tiene nueve aos. Los vamos a enfrentar con los
mayores? Vamos a someterlos a un infierno durante un mes?
El teniente Anderson se inclin sobre el escritorio de Graff
-iLas puntuaciones de los tests de Ender, capitn! -He visto sus malditas
puntuaciones! Le he observado en batalla, he escuchado grabaciones de sus
sesiones de entrenamiento, he observado sus patrons onricos, he odo citas de
sus conversaciones en los corredores y los lavabos. Puede decirse que estoy
hasta la coronilla de Ender Wiggins! y contra todos los arguments, contra sus
innegables cualidades, sopeso una sola cosa. Imagino a Ender dentro de un ao,
si usted se sale con la suya. Lo veo totalmente inutilizado, agotado, fracasado,













porque le habrn exigido ms de lo que nadie poda rendir. Pero eso no cuenta,
verdad, teniente? Porque hay una guerra, y hemos perdido a nuestro hombre ms
brillante, y las mayores batallas nos estn esperando. As que dle a Ender una
batalla por da esta semana. y luego presnteme un informed.
Anderson se levant y se cuadr.
-Gracias, seor.
Casi haba llegado a la puerta cuando Graff lo llam por el nombre. Dio media
vuelta.
-Anderson -dijo el capitn Graff-, ha salido ltimamente?
-No desde mi ltimo permiso, hace seis meses.
-Ya me lo pareca. No porque cambie much las cosas. Pero ha estado en
Beaman Park, aqu en la ciudad? Un hermoso parque. rboles. Hierba. Sin
gravedad cero, sin batallas, sin preocupaciones. Sabe qu ms hay en Beaman
Park?

-Qu, seor? -Nios.
-Nios, claro -dijo Anderson.
-Quiero decir nios de verdad. Chicos que se levantan por la maana cuando los
llaman sus mams, y van a la escuela, y por la tarde van a jugar a Beaman Park.
Son felices, sonren bastante, se ren, se divierten.
-No lo dudo, seor.
-Es todo lo que puede decir, Anderson?
Anderson carraspe.
-Es bueno que los nios se diviertan, seor. S que me diverta cuando era nio.
Pero ahora el mundo necesita soldados. Y ste es el modo de conseguirlos.
Graff asinti y cerr los ojos.
-Oh, claro, usted tiene razn segn las pruebas estadsticas y todas las teoras
importantes, y desde luego son atinadas y el sistema es correct, pero aun as
Ender es ms viejo que yo. No es un nio. Apenas es una persona.
-Si eso es verdad, seor, al menos sabemos que Ender est posibilitando que
otros de su edad jueguen en el parque
-Y Jess muri para salvar a todos los hombres. -Graff se levant y mir a













Anderson con tristeza-. Pero nosotros, Anderson, nosotros somos los que
clavamos los clavos.
Ender Wiggins se tendi en la cama mirando el techo. Nunca dorma ms de cinco
horas por noche, pero las luces se apagaban a las 22.00 y no se encendan hasta
las 06.00. As que miraba el techo y pensaba.
Haca tres semanas y media que tena su ejrcito. El Ejrcito Dragn. El nombre
era impuesto, y no era afortunado. Oh, los grficos decan que nueve aos atrs un
Ejrcito Dragn se las haba arreglado bastante bien. Pero en los seis aos
siguientes haba sido el nombre de ejrcitos inferiores, y al fin, como el nombre
provocaba un temor supersticioso, el Ejrcito Dragn se haba retirado. Hasta
ahora. y ahora, pens Ender con una sonrisa, el Ejrcito Dragn los coger por
sorpresa.
La puerta se abri en silencio. Ender no volvi la cabeza. Alguien entr con sigilo
en la habitacin y se march cerrando la puerta. Cuando los suaves pasos se
alejaron, Ender rod en la litera y vio un papel blanco en el suelo. Lo recogi. -
Ejrcito Dragn contra Ejrcito Conejo, Ender Wiggins y Cam Carby, 07.00.
La primera batalla. Ender se levant y se visti de prisa. Fue a la habitacin de sus
jefes de pelotn y les orden que despertaran a sus muchachos. Cinco minutes
despus estaban reunidos en el pasillo, soolientos y remolones. Ender habl con
voz suave.
-Primera batalla a las 07.00, contra el Ejrcito Conejo. Combat contra ellos en dos
ocasiones, pero tienen un nuevo comandante. No he odo hablar de l. Son un
grupo mayor y conozco algunos de sus trucos. Ahora a despertarse. A la carrera,
calentamiento en sala tres.
Durante una hora y media se ejercitaron, con tres batallas simuladas y calistenia en
el pasillo, sin gravedad cero. Luego permanecieron quince minutes en el aire,
relajndose en la falta de peso. A las 06.50 Ender los despert y entraron deprisa
en el corredor. Ender los condujo pasillo abajo, de nuevo a la carrera, dando algn
que otro salto para tocar un panel de luz del techo. Todos los chicos tocaban el
mismo panel. Ya las 06.58 llegaron a la puerta de la sala de batalla.
Los integrantes de los pelotones C y D cogieron las primeras ocho agarraderas del













techo del corredor. Los pelotones A, B y E se agazaparon en el suelo. Ender
enganch los pies en dos agarraderas del medio del techo, para estar fuera del
paso de todos.
-Dnde est la puerta del enemigo ? -susurr.
-iAbajo! -respondieron riendo.
-Conectad los paralizadores. -Las cajas que empuaban se pusieron verdes.
Aguardaron unos segundos, y luego la pared gris que tenan enfrente desapareci
y la sala de batalla se hizo visible.
Ender la evalu de inmediato. La familiar cuadrcula abierta de la mayora de los
primeros juegos -como las barras donde los nios se colgaban en el parque-, con
siete u ocho casillas desperdigadas en la cuadrcula. Llamaban estrellas a las
casillas. Haba bastantes, y en bastantes posiciones de vanguardia, como para
que valiera la pena ocuparlas. Ender decidi esto en un segundo.
-Ocupad las estrellas cercanas -orden-. Pelotn E, aguardad.
Los cuatro grupos de los rincones se zambulleron por el campo de fuerza de la
puerta y cayeron en la sala de batalla. Antes de que el enemigo apareciera por la
puerta de enfrente, el ejrcito de Ender se haba desplegado desde la puerta hasta
las estrellas ms cercanas. Los soldados enemigos cruzaron la puerta. Por su
postura, Ender comprendi que haban estado en otra gravedad, y no saban lo
suficiente para reorientarse. Pasaron erguidos, sus cuerpos enteros extendidos e
indefensos.
- Matadlos, E! -orden Ender, y sali por la puerta con las rodillas por delante,
disparando con el paralizador entire las piernas. Mientras el grupo de Ender volaba
por la sala, el resto del Ejercito Dragn dispar para protegerlo, de modo que el
grupo E lleg a una posicin de vanguardia con un solo chico totalmente
congelado, aunque todos haban perdido el uso de las piernas, lo cual no les
entorpeca en absolute. Hubo una pausa mientras Ender y su oponente, Carn
Carby, evaluaban sus posiciones. Aparte de las perdidas del Ejrcito Conejo en la
puerta, se haban producido pocas bajas, y ambos ejrcitos gozaban de la casi
totalidad de sus fuerzas. Pero Carn no tena originalidad. Recurra a un despliegue
en cuatro esquinas que se le habra ocurrido a cualquier pequen de cinco aos. Y













Ender saba como derrotarlo.
Orden en voz alta:
-E cubre a A, C abajo, B y D a la pared este.
Protegidos por el pelotn E, B y D se alejaron de sus estrellas. Mientras an
estaban expuestos, A y C abandonaron sus estrellas y flotaron hacia la pared
cercana. Llegaron juntos, y juntos rebotaron en la pared. Aparecieron detrs de las
estrellas enemigas al double de la velocidad normal, y abrieron fuego. La batalla
termin en cuestin de pocos segundos, con el enemigo casi totalmente
congelado, el comandante incluido, y el resto desperdigado en las esquinas. En los
cinco minutes siguientes, en escuadrones de cuatro, el Ejrcito Dragn limpi los
rincones oscuros de la sala de batalla y empuj al enemigo al centro, donde sus
cuerpos, congelados en posturas absurdas, quedaron amontonados. Ender llev a
tres de sus chicos a la puerta enemiga y cumpli la formalidad de revertir el campo
unidireccional tocando simultneamente todas las esquinas con cascos del
Ejrcito Dragn. Luego reuni a su ejrcito en hileras verticales cerca del
amontonamiento de soldados paralizados del Ejrcito Conejo.
Slo tres soldados del Ejrcito Dragn estaban inmovilizados. Su margen de
victoria -38 a 0- era ridculamente alto, y Ender se ech a rer. El Ejrcito Dragn
comparti las carcajadas. An rean cuando el teniente Anderson y el teniente
Morris entraron por la puerta de profesores del extremo sur de la sala de batalla.
El teniente Anderson adopt un semblante adusto, pero Ender le vio guiar el ojo
cuando extendi la mano para manifestarle las rgidas y formales felicitaciones que
se ofrecan al vencedor del juego.
Morris encontr a Cam Carby y lo descongel, y el chico de trece aos se present
ante Ender, quien ri sin malicia y le tendi la mano. Carn la estrech grcilmente e
inclin la cabeza. De lo contrario lo congelaran de nuevo.
El teniente Anderson despidi al Ejrcito Dragn, que se march en silencio por la
puerta enemiga, otra parte del ritual. Una luz parpadeaba en el lado norte de la
puerta cuadrada, indicando dnde estaba la gravedad en ese corredor. Ender, a la
cabeza de sus soldados, cambi de orientacin, atraves el campo de fuerza y
cay de pie en la gravedad. Su ejrcito lo sigui a la carrera hasta la sala de













ejercicios. Cuando llegaron all se formaron en escuadrones, y Ender colg en el
aire, observndolos.
-Una buena primera batalla -dijo, lo cual fue excusa suficiente para una ovacin.
Ender los acall-. El Ejrcito Dragn supo enfrentarse a los Conejos. Pero el
enemigo no siempre ser tan torpe. y si hubiera sido un buen ejrcito, nos habran
triturado. Habramos vencido, pero nos habran triturado. Veamos, los pelotones B
y D. Dejasteis las estrellas con demasiada lentitud. Si el Ejrcito Conejo hubiese
sabido apuntar con un paralizador, os habran congelado antes de que A y C
llegaran a la pared.
Hicieron ejercicios el resto del da. Esa noche Ender fue por primera vez al
comedor de comandantes. Nadie poda ir all hasta haber ganado la primera
batalla, y Ender era el comandante ms joven que lo haba logrado. No se produjo
un gran revuelo cuando entr. Sin embargo, algunos nios le clavaron los ojos
cuando vieron el Dragn que luca en el bolsillo del pecho, y cuando cogi su
bandeja y se sent a una mesa vaca, todo el comedor guardaba silencio. Los
dems comandantes lo observaban. Intimidado, Ender se pregunt cmo lo
saban, y por qu demostraban tanta hostilidad.
Entonces mir encima de la puerta por donde haba entrado. Haba una gran
pizarra en la pared. Mostraba los antecedentes del comandante de cada ejrcito:
las batallas de ese da estaban iluminadas en rojo. Slo cuatro. Los otros tres
vencedores haban ganado a duras penas. Los mejores slo tenan dos hombres
enteros y once efectivos mviles al final del juego. La puntuacin de treinta y ocho
efectivos mviles del Ejrcito Dragn era embarazosamente superior.
Otros nuevos comandantes haban sido acogidos en el comedor de comandantes
con hurras y felicitaciones. Otros nuevos comandantes no haban ganado treinta y
ocho a cero.
Ender busc el Ejrcito Conejo en la pizarra. Se sorprendi al ver que la
puntuacin de Carn Carby hasta la fecha totalizaba ocho victorias y tres derrotas.
Tan bueno era? O slo haba peleado contra ejrcitos inferiores? De un modo u
otro, an haba un cero en las columns de mviles y enteros de Carn, y Ender no
pudo contener una sonrisa. Nadie respondi a esa sonrisa, y Ender supo que le













teman, lo cual significaba que le odiaran, lo cual significaba que quien entrara en
batalla contra el Ejrcito Dragn estara asustado y furioso y sera menos
competent. Ender busc a Carn Carby en el gento y lo encontr a poca distancia.
Mir fijamente a Carby hasta que otro de los chicos code al comandante Conejo y
seal a Ender. Ender sonri de nuevo y agit la mano. Carby se ruboriz y Ender,
satisfecho, se puso a comer su cena.
Al final de esa semana el Ejrcito Dragn haba librado siete batallas en siete das.
La puntuacin era de 7 victorias y O derrotas. Ender nunca tuvo ms de cinco
congelados en cualquiera de los juegos. Los dems comandantes ya no podan
ignorar a Ender. Algunos se sentaban con l y departan sobre estrategias de
juego que haban usado los oponentes de Ender. Grupos ms numerosos
hablaban con los comandantes derrotados, tratando de averiguar qu haba hecho
Ender para vencerlos. En medio de la comida se abri la puerta de profesores y
los grupos callaron mientras el teniente Anderson entraba y echaba un vistazo.
Cuando localiz a Ender, atraves el comedor y le susurr algo al odo. Ender
asinti, termin su vaso de agua y se march con el teniente. Al salir, Anderson
entreg un papel a uno de los muchachos. La algaraba de la conversacin llen el
comedor cuando Anderson y Ender se marcharon.
Ender atraves corredores que jams haba visto. No emitan el fulgor azul de los
pasillos de soldados. La mayora tenan panels de madera y suelos
enmoquetados. Las puertas eran de madera, con places de identificacin, y se
detuvieron ante una que deca Capitn Graff, supervisor. Anderson llam
suavemente.
-Entre -murmur una voz.
Entraron. El capitn Graff estaba sentado detrs de un escritorio, las manos
entrelazadas sobre la barriga. Asinti, y Anderson se sent. Ender tambin se
sent. Graff carraspe y luego habl.
-Siete das desde tu primera batalla, Ender. Ender no respondi.
-Has ganado siete batallas, una cada da. Ender asinti.
-y con puntuaciones inusitadamente altas. Ender parpade.
-Por qu? -pregunt Graff













Ender mir a Anderson y le habl al capitn.
-Dos tcticas nuevas, seor. Las piernas plegadas como un escudo, de modo que
el rayo no inmoviliza. Arquearse para rebotar en las paredes. Estrategia superior,
como nos ense el teniente Anderson. Pensar en lugares, no en espacios. Cinco
pelotones de ocho en vez de cuatro de diez. Contrincantes incompetentes.
Excelentes jefes de pelotn, buenos soldados.
Graff mir a Ender inexpresivo. Esperando qu? se pregunt Ender. El teniente
Anderson intervino.
-Ender, en qu estado se halla tu ejrcito?
Esperaban que pidiera un relevo? Ni soarlo.
-Un poco cansado, en ptimas condiciones, moral elevada, aprendizaje rpido.
Aguardan con impaciencia la prxima batalla.
Anderson mir a Graff. Graff se encogi de hombros y se volvi hacia Ender.
-Hay algo que desees saber?
Ender se apoy las manos en las piernas.
-Cundo nos enfrentamos a un buen ejrcito?.
Graff solt una sonora carcajada y le entreg un papel.
-Ahora -dijo.
Ender ley el papel: Ejrcito Dragn contra Ejrcito Leopardo, Ender Wiggins y
Pol Slattery, 20.00.. Mir al capitn Graff
-Eso es dentro de diez minutes, seor. Graff sonri.
-Pues ser mejor que te des prisa, hijo. Al marcharse, Ender comprendi que Pol
Slattery era el chico a quien le haban entregado una orden cuando l sali del
comedor.
Reuni a su ejrcito cinco minutes despus. Tres jefes de pelotn ya se haban
acostado. Los envi a toda prisa a reunir a sus pelotones, y l mismo recogi los
trajes. Cuando todos los chicos estuvieron reunidos en el pasillo, la mayora an
vistindose, Ender les habl.
-Esta es difcil y no hay tiempo. Llegaremos tarde a la puerta, y el enemigo estar
desplegado fuera de nuestra puerta. Es una emboscada, y jams haba odo que
esto sucediera. As que nos tomaremos nuestro tiempo en la puerta. Pelotones A y













B, cinturones flojos, y entregad los paralizadores a los jefes y segundos de los
dems pelotones.
Desconcertados, sus soldados obedecieron. Ya estaban todos vestidos, y Ender
los condujo al trote hasta la puerta. Cuando llegaron, el campo de fuerza ya estaba
en unidireccional, y algunos de sus soldados jadeaban, Ese da haban tenido una
batalla y ejercicios intensos. Estaban fatigados.
Ender se detuvo en la entrada y mir la posicin de los soldados enemigos.
Algunos estaban agrupados a menos de diez metros de la puerta. No haba
cuadrcula ni estrellas. Un gran espacio vaco. Dnde estaban la mayora de los
enemigos? Tendra que haber una treintena o ms.
-Estn aplastados contra esta pared -dijo Ender-, donde no podemos verlos.
Orden a los pelotones A y B que se arrodillaran con las manos contra las caderas.
Luego los congel.
-Sois escudos -dijo Ender, y orden a los pelotones C y D que se arrodillaran y
engancharan ambos brazos bajo el cinturn de los chicos congelados.. Cada cual
empuaba dos paralizadores. Ender y los miembros del pelotn E cogieron a los
dos, de tres en tres, y los arrojaron por la puerta.
El enemigo abri fuego de inmediato. Pero acertaron ante todo a los que ya
estaban congelados, y en pocos instantes la sala de batalla fue un caos. Todos los
soldados del Ejrcito Leopardo eran blancos fciles, pues estaban aplastados
contra la pared o flotaban sin proteccin en medio de la sala; y los soldados de
Ender, armados con dos paralizadores cada uno, les acertaban sin dificultad. Pol
Slattery reaccion rpidamente y orden a su gente que se alejara de la pared,
pero ya era tarde: slo algunos lograron moverse, y fueron congelados antes de
cobrar una distancia prudencial.
Cuando termin la batalla, el Ejrcito Dragn tena slo doce chicos enteros, la
puntuacin ms baja que haban logrado. Pero Ender estaba satisfecho y durante
el ritual de la rendicin Pol Slattery falt a las formalidades estrechndole la mano y
preguntando:
-Por qu esperaste tanto tiempo para salir de la puerta?
Ender mir de soslayo a Anderson, quien flotaba en las cercanas.













-Me informaron tarde -dijo-. Me tendieron una emboscada.
Slattery sonri y le estrech la mano una vez ms.
-Buen juego.
Ender no sonri a Anderson esta vez. Saba que ahora organizaran los juegos
contra l, aumentando las dificultades. No le complaca.
Eran las 21.50, casi hora de apagar las luces, cuando Ender llam a la puerta de
la habitacin que compartan Bean y otros tres soldados. Uno de los otros
entreabri la puerta, retrocedi, la abri de par en par. Ender titube, pregunt si
poda entrar. Respondieron que s, por supuesto, y se dirigi a la litera superior,
donde Bean haba dejado su libro y se apoyaba en un codo para mirar a Ender.
-Bean, puedes concederme veinte minutes?
-Ya apagan las luces --objet Bean.
-En mi habitacin. Yo te cubrir.
Bean se incorpor y baj de la litera. l y Ender atravesaron sigilosamente el
corredor. Ender entr primero, y luego cerr la puerta de su habitacin.
-Sintate -dijo, y ambos se sentaron en el borde de la cama, mirndose-.
Recuerdas lo que dijiste hace cuatro semanas, Bean? Que queras ser jefe de
pelotn ?
-S.
-He nombrado a cinco jefes desde entonces, verdad? Pero t no figurabas entire
ellos.
Bean lo mir con calma.
-Estuve acertado? -pregunt Ender.
-S, seor -respondi Bean. Ender asinti.
-Cmo te ha ido en estas batallas? Bean lade la cabeza.
-Nunca me han inmovilizado, seor, y he inmovilizado a cuarenta y tres enemigos.
He obedecido las rdenes rpidamente, y estuve al mando de un escuadrn de
limpieza y jams tuve una baja.
-Entonces lo comprenders. -Ender hizo una pausa, decidi recapitular y decir otra
cosa antes-. Sabes que eres precoz, Bean. Vas medio ao adelantado. A m
tambin me sucedi, y me nombraron comandante con seis meses de antelacin.













Ahora me ponen en batalla al cabo de slo tres semanas de entrenarme con mi
ejrcito. Me han dado ocho batallas en siete das. Ya he tenido ms batallas que
algunos chicos a quienes nombraron comandantes hace cuatro meses. He ganado
ms batallas que muchos de los que son comandantes hace un ao. Y ahora lo de
esta noche. T sabes qu ha sucedido esta noche.
Bean asinti.
-Te avisaron tarde.
-No s qu estn haciendo los profesores. Pero mi ejrcito se est cansando, y yo
tambin, y ahora cambian las reglas del juego. Vers, Bean, he consultado los
viejos grficos. Nadie destruy jams tantos enemigos ni conserve tantos soldados
enteros en toda la historic del juego. Soy nico... y estoy recibiendo un tratamiento
nico.
Bean sonri.
-Eres el mejor, Ender.
Ender sacudi la cabeza.
-Quiz. Pero no tengo los efectivos que tengo por casualidad. Mi peor soldado
podra ser jefe de pelotn en otro ejrcito. Tengo lo mejorcito. Han jugado a mi
favor... y ahora juegan en mi contra. Ignoro por qu. Pero s que tengo que estar
preparado. Necesito tu ayuda.
-Por qu la ma?
-Porque aunque hay algunos soldados mejores que t en el Ejrcito Dragn (no
muchos, pero algunos), no hay nadie que piense mejor y con mayor rapidez.
Bean call. Ambos saban que era verdad.
-Necesito estar preparado -continu Ender-, pero no puedo entrenar de nuevo a
todo el ejrcito. As que quitar un hombre a cada pelotn, contigo incluido. Con
otros cuatro, formaris un escuadrn especial a mi mando y aprenders algunas
cosas nuevas. En general estars en los pelotones comunes, como ahora. Pero
cuando te necesite... Entiendes? Bean sonri y asinti.
-De acuerdo, me parece bien. Puedo escogerlos personalmente?
-Uno de cada pelotn except del tuyo, y puedes seleccionar jefes de pelotn.
-Qu quieres que hagamos?













-No s, Bean, pues no s con qu nos sorprendern. Qu haras si nuestros
paralizadores no funcionaran, y los enemigos s? Qu haras si tuviramos que vrnoslas
con dos ejrcitos al mismo tiempo? Hasta puede haber un juego donde ni siquiera imported
la puntuacin. Slo buscar la puerta del enemigo. Es el moment en que la batalla se gana
tcnicamente... cuatro cascos en las esquinas de la puerta. Quiero que ests preparado para
ello en cuanto te lo pida. Comprendes? Ejerctalos dos horas al da durante la gimnasia
normal. Luego, t y yo y tus soldados trabajaremos de noche, despus de la cena.
-Nos cansaremos.
-Presiento que no sabemos lo que es cansarse. -Ender estrech la mano de Bean
con fuerza-. Aunque nos tiendan una trampa, Bean, ganaremos.
Bean se march en silencio y atraves el pasillo con sigilo.
El Ejrcito Dragn no era el nico que haca ejercicios despus de hora. Los
dems comandantes haban comprendido que tenan que ponerse al da. Desde la
madrugada hasta la noche los soldados del Centro de Entrenamiento y Mando,
ninguno de ellos con ms de catorce aos, aprendan a arquearse para rebotar en
las paredes y usar a los dems como escudos vivientes.
Pero mientras otros comandantes dominaban las tcnicas que Ender haba usado
para derrotarlos, Ender y Bean buscaban soluciones a problems que an no se
haban presentado.
Todava haba batallas todos los das, pero por un tiempo fueron normales, con
cuadrculas, estrellas y sbitas zambullidas por la puerta. y despus de las batallas,
Ender, Bean y cuatro soldados ms se separaban del grupo principal para
practicar extraas maniobras. Ataques sin paralizadores, usando los pies para
desarmar o desorientar al enemigo. Uso de cuatro soldados congelados para
revertir el campo de la puerta enemiga en menos de dos segundos y un da Bean
asisti a los ejercicios con una cuerda de trescientos metros.
-Para qu es eso?
-An no lo s Bean enroll distradamente un extremo de la cuerda. Tena apenas
tres milmetros de grosor, pero podra haber izado a diez adults sin romperse.
-Dnde la has conseguido?
-En la cooperative military. Me preguntaron para qu la quera. Dije que para













practicar nudos.
Bean hizo un nudo en un extremo de la cuerda y se la desliz sobre los hombros.
-Vosotros dos, aferraos a esta pared. No soltis la cuerda. Dejad flojos cincuenta
metros.
Obedecieron, y Bean se alej tres metros por la pared. En cuanto ellos estuvieron
dispuestos, rebot en la pared y vol cincuenta metros en lnea recta. La cuerda se
tens. Era tan delgada que resultaba casi invisible, pero era tan fuerte, que oblig
a Bean a virar casi en ngulo recto. Fue tan repentino que traz un arco perfect y
choc contra la pared antes de que los dems entendieran qu haba sucedido.
Bean rebot perfectamente y regres al lugar donde aguardaban Ender y los
dems.
Muchos soldados de los cinco escuadrones convencionales no haban reparado en
la cuerda, y preguntaron cmo se haca. Era impossible cambiar tan repentinamente
de rumbo en gravedad cero. Bean se ech a rer.
-Esperad al prximo juego sin cuadrcula! Ni siquiera sabrn qu les pas.
En efecto, no lo supieron. El siguiente juego fue slo dos horas despus, pero
Bean y otros dos haban adquirido destreza para apuntar y disparar mientras
volaban raudamente en el extremo de la cuerda. Les entregaron el papel, y el
Ejrcito Dragn trot hacia la puerta para batallar con el Ejrcito Grifo. Bean enroll
toda la cuerda.
Cuando abrieron la puerta, slo haba una gran estrella opaca a cinco metros de
distancia, que les impeda ver la puerta enemiga.
Ender no titube.
-Bean, usa quince metros de cuerda y rodea la estrella.
Bean y sus cuatro soldados atravesaron la puerta y al instant Bean se lanz hacia
el flanco de la estrella. La cuerda se tens y Bean vol hacia adelante. A media
que cada borde de la estrella detena la cuerda, el arco se estrechaba y la
velocidad aumentaba, hasta que choc contra la pared a poca distancia de la
puerta, y apenas pudo dominar el rebote para terminar detrs de la estrella. Pero al
instant movi brazos y piernas para anunciar a quienes aguardaban junto a la
puerta que el enemigo no lo haba paralizado.













Ender cruz la puerta y Bean le inform rpidamente cmo estaba desplegado el
Ejrcito Grifo.
-Tienen dos cuadrados de estrellas alrededor de la puerta. Todos sus soldados
estn cubiertos, y no hay modo de acertarle a ninguno hasta que lleguemos a la
pared del fondo. Incluso con escudos tendramos tantas bajas que no podramos
vencer.
-Se mueven? -pregunt Ender. -Tienen que hacerlo?
-Yo lo hara. -Ender cavil un instante-. Esto es difcil. Buscaremos la puerta, Bean.
El Ejrcito Grifo empez a llamarles. -Eh, hay alguien all?
-Despertad, estamos en guerra!
- Queremos participar en la juerga!
An estaban gritando cuando el ejrcito de Ender sali por detrs de la estrella con
un escudo de catorce soldados congelados. William Bee, comandante del Ejrcito
Grifo, aguard con paciencia mientras se acercaba la pantalla protectora. Sus
hombres esperaban en los bordes de las estrellas el moment en que se hiciera
visible lo que haba detrs de las pantallas. A diez metros la pantalla estall de
golpe cuando los soldados que iban detrs la impulsaron hacia el norte. El mpetu
los llev al sur al double de velocidad y en ese instant e] resto del Ejrcito Dragn
sali de detrs de su estrella al otro extremo de la sala disparando rpidamente.
Los chicos de William Bee entraron prontamente en la batalla, pero William Bee
estaba ms interesado en lo que haba quedado atrs al desaparecer el escudo.
Una formacin de cuatro soldados congelados del Ejrcito Dragn se mova
deprisa hacia la puerta del Ejrcito Grifo, unida por otro soldado congelado que
llevaba los pies y las manos enganchados en los cinturones. Un sexto soldado iba
colgado de su cintura y flameaba detrs como la cola de una cometa El Ejrcito
Grifo ganaba la batalla rpidamente, y William Bee se concentr en la formacin
que se aproximaba a la puerta. De pronto, el soldado que flameaba detrs se
movi. No estaba congelado! y aunque William Bee lo paraliz de inmediato, el
dao estaba hecho. La formacin enfil hacia la puerta del Ejrcito Grifo, y sus
cascos tocaron las cuatro esquinas simultneamente Son una alarma, la carga se
invirti y el soldado congelado situado en el centro atraves la puerta llevado por su













impulso Todos los paralizadores dejaron de funcionar y el juego termin
La puerta de profesores se abri y entr el teniente Anderson Al llegar al centro de
la sala de batalla se detuvo con un ademn
-Ender -llam, rompiendo el protocolo Uno de los soldados Dragones congelados
cerca de la pared trat de llamar, pero tena las mandbulas inmovilizadas por el
traje. Anderson fue flotando hasta l y lo descongel.
Ender sonrea.
-Le derrot de nuevo, seor. Anderson no sonrea.
-Pamplinas, Ender. Tu batalla era con William Bee, del Ejrcito Grifo.
Ender enarc las cejas.
-Despus de esta maniobra -dijo Anderson-, se cambiarn las reglas. Es
imprescindible que todos los soldados enemigos estn inmovilizados antes de
revertir la puerta.
-De acuerdo -dijo Ender-. De todos modos slo poda funcionar una vez. -Anderson
asinti, y ya iba a marcharse cuando Ender continu-: No habr una nueva regla
para que los ejrcitos puedan pelear con igualdad de oportunidades?
Anderson dio media vuelta.
-Si t ests en uno de los ejrcitos, Ender, no puede haber igualdad, ests donde
ests.
William Bee cont atentamente y se pregunt cmo demonios haba perdido
cuando ninguno de sus soldados estaba paralizado y Ender slo tena cuatro
efectivos mviles.
Esa noche, cuando Ender entr en el comedor de comandantes, lo saludaron con
aplausos y ovaciones, y su mesa estaba rodeada de comandantes respetuosos,
muchos de ellos dos o tres aos mayores que l. Ender se mostr afable, pero
mientras coma se pregunt qu tramaran los profesores para la siguiente batalla.
No tena por qu preocuparse. Sus dos prximas batallas fueron victorias fciles, y
despus de eso no volvi a visitar la sala de batalla.
Eran las 21.00 y Ender se irrit un poco cuando llamaron a su puerta. Su ejrcito
estaba exhaust, y haba ordenado a todos que se acostaran despus de las
20.30. Los ltimos dos das haban sido batallas normales, y Ender esperaba lo













peor por la maana.
Era Bean. Entr tmidamente y se cuadr.
Ender devolvi el saludo military y rezong:
-Bean, he ordenado que todos se acostaran.
Bean asinti pero no se fue. Ender pens en ordenarle que se marchara, pero por
primera vez en semanas cay en la cuenta de que Bean era slo un chiquillo.
Haba cumplido ocho aos la semana anterior, an era menudo y... No, pens
Ender. No era un chiquillo. Nadie lo era. Bean haba estado en batalla, y haba
actuado y vencido cuando un ejrcito entero dependa de l y aunque era menudo,
Ender ya nunca lo considerara un chiquillo.
Ender se encogi de hombros y Bean entr y se sent en el borde de la cama. Se
mir las manos un rato, hasta que Ender se impacient.
-Bien, qu ocurre?
-Me transfieren. He recibido las rdenes hace unos minutes.
Ender cerr los ojos un instant.
-Saba que se valdran de una nueva treta. Ahora me sacan... Adnde irs?
-Al Ejrcito Conejo.
-Cmo pueden ponerte con un idiota como Carn Carby?
-Carn se ha licenciado. Escuadrones de soporte.
Ender se sorprendi.
-Y quin comanda entonces el Ejrcito Conejo?
Bean extendi las manos con resignacin.
-Yo.
Ender asinti y sonri.
-Claro. A fin de cuentas, tienes slo cuatro aos menos de lo normal.
-No le veo la gracia. No s qu est pasando. Primero todos los cambios en el
juego y ahora esto. Y no soy el nico a quien han transferido, Ender. Ren, Peder,
Brian, Wins, Younger. Todos son comandantes.
Ender se levant con furia y camin hacia la pared.
- Todos mis jefes de pelotn! -vocifer, y se volvi hacia Bean-. Si van a disolver mi
ejrcito, Bean, por qu se molestan en nombrarme comandante?













Bean mene la cabeza.
-No s. Eres el mejor, Ender. Nadie logr nunca lo que t has logrado. Diecinueve
batallas en quince das, y las ganaste todas, sin importar lo que te hicieran.
-Y ahora t y los dems sois comandantes. Conocis todos mis trucos, yo os
entren, y con quin os sustituir? me dejaran con seis novatos?
-Esto apesta, Ender; pero t sabes que si te dieran cinco enanos invlidos y te armaran
con un rollo de papel higinico, venceras.
Ambos rieron, y entonces notaron que la puerta estaba abierta.
Entr el teniente Anderson, seguido por el capitn Graff.
-Ender Wiggins -dijo Graff, entrelazndose las manos sobre el vientre.
-S, seor -respondi Ender.
-rdenes.
Anderson le dio un papel. Ender lo ley deprisa, lo arrug y se qued mirando el
aire. Al cabo de unos moments pregunt:
-Puedo informar a mi ejrcito?
-Ya se enterarn -respondi Graff-. Es mejor no hablarles despus de las rdenes.
Facilita las cosas.
-Para ustedes o para m? -pregunt Ender. No aguard una respuesta. Se volvi
hacia Bean, le estrech la mano, enfil hacia la puerta.
-Espera -dijo Bean-. Adnde vas? Escuela Tctica o de Soporte?
--Escuela de Mando -respondi Ender. Se fue y Anderson cerr la puerta.
Escuela de Mando, pens Bean. Nadie iba a la Escuela de Mando sin haber
pasado tres aos en Tctica. Pero nadie iba a Tctica sin haber pasado cinco
aos en la Escuela de Batalla. Ender slo haba estado tres.
El sistema se estaba dislocando. Sin duda, pens Bean. O algn jerarca estaba
perdiendo el juicio, o algo andaba mal en la guerra, la guerra verdadera para la
cual los entrenaban. Por qu otra razn alteraran el sistema de entrenamiento
permitiendo que alguien (aun tan destacado como Ender) ingresara en la Escuela
de Mando? Por qu otra razn un novato de ocho aos como Bean comandara
un ejrcito?
Bean pas un buen rato hacindose todas esas preguntas, y al fin se acost en la













cama de Ender y comprendi que nunca lo vera de nuevo.
Sinti ganas de llorar. Pero no llor. El entrenamiento preescolar le haba
enseado a tragarse las emociones. Record que su primer maestro, cuando tena
tres aos, se habra enfadado al verle los labios trmulos y los ojos llenos de
lgrimas.
Bean se someti a su rutina de relajamiento hasta que se esfumaron las ganas de
llorar. Luego se durmi. Tena la mano cerca de la boca. La apoyaba con
vacilacin en la almohada, como si Bean no supiera si comerse las uas o
chuparse los dedos. Tena la
frente arrugada. Respiraba deprisa y ligeramente. Era un soldado. Si alguien le
hubiera preguntado qu quieres ser de mayor, no habra entendido la pregunta.
Hay una guerra, decan, y eso justificaba toda la prisa del mundo. Lo decan como
consigna y exhiban una tarjeta en cada despacho de venta de billetes, cada control
aduanero, y cada puesto de guardia. As sorteaban todas las filas.
Ender Wiggins viajo de un lugar a otro con tanta prisa que no tuvo tiempo de
examiner nada. Pero vio rboles por primera vez. Vio hombres que no vestan
uniform. Vio mujeres. Vio extraos animals que no hablaban, pero que seguan
dcilmente a mujeres y nios. Vio maletas y cintas transportadoras y letreros con
palabras que jams haba odo. Habra querido preguntar qu significaban, pero la
determinacin y la autoridad lo rodeaban, encarnados en la persona de cuatro
altos oficiales que nunca se hablaban ni le hablaban.
Ender Wiggins era un extrao en el mundo que le entrenaba para defenders. No
recordaba haber salido nunca de la Escuela de Batalla. Sus primeros recuerdos
eran pueriles juegos de guerra al mando de un professor, comidas con otros nios
vestidos con el uniform gris y verde de las fuerzas armadas de su mundo. No
saba que el gris representaba el cielo y el verde representaba los grandes
bosques de su planet. Todo lo que saba del mundo era por vagas referencias al
"afuera".
Y antes de que pudiera entender ni papa del mundo que vea por primera vez, lo
encerraron nuevamente en el mbito castrense, donde nadie tena que decir Hay
una guerra, porque en el mbito castrense nadie lo olvidaba ni un solo instant de













un solo da. Lo pusieron en una nave espacial y lo enviaron a un gran satlite
artificial que giraba en torno del mundo.
La estacin espacial se llamaba Escuela de Mando. All estaba el ansible.
En su primer da, Ender Wiggins recibi instrucciones sobre el ansible y lo que
significaba para la guerra. Significaba que, aunque las naves estelares de las
batallas del present se haban lanzado cien aos atrs, los comandantes eran
hombres del present, que usaban el ansible para enviar mensajes a los
ordenadores y los pocos hombres de cada nave. El ansible enviaba las palabras
en cuanto se pronunciaban, las rdenes en cuanto se impartan, los planes
mientras se libraban las batallas. La luz era lenta como un peatn.
Durante dos meses Ender Wiggins no lleg a conocer a nadie. Trababa
conversacin con gente annima que le enseaba lo que saba y luego era
sustituida por otros profesores. No tuvo tiempo para echar de menos a sus amigos
de la Escuela de Batalla. Slo tena tiempo para aprender a operar el simulador,
que reproduca situaciones de combat como si l tripulara una nave estelar en el
centro de la batalla; a comandar naves simuladas en batallas simuladas,
manipulando las teclas del simulador e impartiendo rdenes por el ansible; a
reconocer al instant cada nave enemiga y las armas que llevaba por los grficos
que mostraba el simulador; a transferir todo lo que haba aprendido en las batallas
de gravedad cero de la Escuela de Batalla a las batallas entire naves estelares de
la Escuela de Mando.
Si antes se tomaban el juego en serio, aqu lo acuciaban a cada paso, se
enfadaban y enfurruaban cada vez que se olvidaba de algo o cometa un error.
Pero trabaj como de costumbre, y aprendi como de costumbre. Al cabo de un
tiempo dej de cometer errors. Usaba el simulador como si fuera parte de s
mismo. Entonces dejaron de preocuparse y le pusieron un maestro.
Maezr Rackham estaba sentado en el suelo con las piernas cruzadas cuando
Ender despert. No dijo nada mientras Ender se levantaba, se duchaba y se vesta,
y Ender no se molest en hacer preguntas. Haba aprendido que cuando ocurra
algo inusitado, se enteraba antes si esperaba en vez de preguntar.
Maezr an no haba hablado cuando Ender estuvo preparado y se dispuso a salir













de la habitacin. La puerta no se abri. Ender se volvi hacia el hombre sentado en
el suelo. Maezr era un cuarentn, es decir, el hombre ms viejo que Ender hubiera
visto de cerca. Sus patillas blancas y negras formaban una sombra ms oscura
que el pelo cortado a cepillo. Tena la cara floja y surcos y arrugas en tomo a los
ojos. Mir a Ender con indiferencia. Ender volvi hacia la puerta e intent abrirla de
nuevo.
-De acuerdo -dijo, dndose por vencido-. Por qu me han encerrado con llave ?
Maezr sigui mirndolo en silencio. Ender se impacient.
-Llegar tarde. Si no debo presentarme hasta ms tarde, dgalo y seguir
durmiendo. -Ninguna respuesta-. Es un juego de adivinanzas? -Ninguna
respuesta. Ender lleg a la conclusion de que el hombre quera provocarlo, as que
realize un ejercicio de relajacin mientras se apoyaba en la puerta, y pronto
recobr la calma.
Maezr no apartaba los ojos de Ender. El silencio persisti durante las dos horas
siguientes, Maezr observando sin cesar a Ender, Ender tratando de fingir que el
hombre no exista. El chico se puso cada vez ms nervioso y empez a caminar de
un lado a otro de la habitacin.
Una vez, cuando pas junto a Maezr, el hombre estir la mano y le empuj la pierna
izquierda contra la derecha en medio de un paso. Ender cay al suelo cuan largo
era.
Se levant con furia. Maezr estaba sentado con calma, las piernas cruzadas, como
si no se hubiera movido. Ender se dispuso a luchar. Pero la inmovilidad del otro le
impeda atacar, y se pregunt si slo se haba imaginado que el hombre le hubiera
hecho caer.
Sigui caminando una hora ms, tanteando la puerta de cuando en cuando. Al fin
desisti, se quit el uniform y se dirigi a la cama.
Cuando se inclin para retirar la colcha, una mano se le hundi bruscamente entire
los muslos y otra mano le aferr el cabello. En un instant estaba cabeza abajo. La
rodilla del hombre le aplastaba la cara y los hombros contra el piso, mientras su
espalda se arqueaba dolorosamente y los brazos de Maezr le sujetaban las
piernas. Ender no poda usar los brazos ni encorvarse para usar las piernas. En













menos de dos segundos el viejo haba derrotado a Ender Wiggins.
-De acuerdo -jade Ender-. Usted gana. La rodilla de Maezr lo apret
dolorosamente. -Desde cundo debes decirle al enemigo que ha vencido? -
murmur Maezr con voz spera.
Ender guard silencio. -Te sorprend una vez, Ender Wiggins. Por qu no me
destruiste de inmediato? Slo porque te result apacible? Me diste la espalda.
Estpido. No has aprendido nada. Nunca has tenido un maestro.
Ender se enfureci.
-He tenido demasiados maestros. Cmo iba a saber que usted resultara ser
un...? -Ender busc una palabra. Maezr se la sugiri.
-Un enemigo, Ender Wiggins. Soy tu enemigo, el primero que has tenido que ha
sido ms listo que t. No hay ms maestros que el enemigo, Ender Wiggins. Nadie
salvo el enemigo te dir lo que har el enemigo. Nadie salvo el enemigo te
ensear a destruir y conquistar. Soy tu enemigo a partir de ahora. A partir de
ahora soy tu maestro.
Maezr solt las piernas de Ender. Como el viejo an apretaba la cabeza de Ender
contra el piso, el chico no pudo usar los brazos para compensar, y las piernas
chocaron contra la superficie de plstico con un crujido y un dolor lacerante. Maezr
se levant y dej que Ender se incorporase.
El chico recogi las piernas con un gruido de dolor y se qued a gatas un
instant, recobrndose. De golpe tendi el brazo derecho. Maezr se apart
grcilmente y la mano de Ender se cerr en el aire mientras el maestro le lanzaba
un puntapi a la barbilla.
La barbilla de Ender ya no estaba all. Ender estaba tendido de espaldas, girando
en el suelo, y durante el moment en que Maezr perdi el equilibrio por el puntapi,
el pie de Ender se incrust en la otra pierna de Maezr. El viejo cay al suelo hecho
un guiapo.
Lo que pareca un guiapo era una trampa. Ender no encontraba un brazo ni una
pierna que se dejaran aferrar, y mientras tanto le descargaban golpes en la
espalda y los brazos. Ender era ms menudo, no poda franquear las defenses del
viejo. Brinc hacia atrs y se plant cerca de la puerta. El viejo dej de patalear y













se sent, cruz las piernas riendo.
-Esta vez anduvo mejor, muchacho. Pero lento. Tendrs que ser mejor con una flota
de lo que eres con el cuerpo, o nadie estar a salvo bajo tu mando. Leccin
aprendida?
Ender asinti despacio. Maezr sonri.
-Bien. Entonces nunca libraremos semejante batalla otra vez. El resto con el
simulador. Yo programar tus batallas, yo disear la estrategia de tu enemigo y t
aprenders a ser rpido y descubrir qu trucos te depara el enemigo. Recuerda,
muchacho. A partir de ahora el enemigo es ms listo que t. A partir de ahora el
enemigo es ms fuerte que t. A partir de ahora siempre estars a punto de
perder.
Maezr recobr la seriedad.
-Estars a punto de perder, Ender, pero ganars. Aprenders a derrotar al
enemigo. l te ensear cmo hacerlo.
Maezr se levant y camin hacia la puerta. Ender le cedi el paso. Cuando el viejo
toc el picaporte, Ender brinc en el aire y le golpe la espalda con ambos pies. El
impact fue tan fuerte que Ender rebot y aterriz de pie, y Maezr se desplom con
un grito.
Maezr se levant despacio, aferrando el picaporte, el rostro demudado de dolor.
Pareca vencido, pero Ender no se fiaba. Aguard cautamente. Pero a pesar de su
recelo, la celeridad de Maezr lo sorprendi. En un santiamn se encontr en el
suelo, cerca de la pared de enfrente, sangrando por la nariz y la boca,, pues haba
chocado contra la cama. Logr volverse parar ver que Maezr abra la puerta y se
marchaba. El viejo cojeaba y caminaba despacio.
Ender sonri a pesar del dolor,. se tendi de espaldas y ri hasta que la boca se le
inund de sangre y comenz a ahogarse. Se levant y fue penosamente hasta la
cama. Se acost y al cabo de unos minutes entr un enfermero que se encarg de
sus heridas.
Mientras la droga surta efecto y Ender se dorma, record que Maezr haba salido
cojeando y ri de nuevo. An rea cuando su mente qued en blanco y el enfermero
lo cubri con la manta y apag la luz. Durmi hasta que el dolor lo despert por la













maana. So con derrotar a Maezr.
Al da siguiente Ender fue a la sala del simulador con la nariz vendada y el labio
tumefacto. Maezr no
estaba. En cambio, un capitn que ya haba trabajado con l le mostr un aadido
que haba hecho. El capitn seal un tubo con un rizo en un extremo.
-Radio. Primitivo, s, pero se curva sobre la oreja y metemos el otro extremo en la
boca. As.
I-Cuidado -advirti Ender cuando el capitn le pas un extremo del tubo por el labio
hinchado.
-Perdn. Ahora slo hablas.
-Bien. Con quin?
El capitn sonri.
-Pregunta y vers.
Ender se encogi de hombros y se volvi hacia el simulador. Una voz le retumb en
el crneo. Era demasiado resonante para entender, y se arranc la radio de la
oreja.
-Trata de dejarme sordo?
El capitn sacudi la cabeza y movi una perilla en una caja que haba en una
mesa cercana. Ender se coloc la radio.
-Comandante -dijo una voz conocida.
-S -respondi Ender.
-Instrucciones, seor?
La voz era decididamente conocida.
-Bean? -pregunt Ender.
-S, seor.
-Bean, habla Ender.
Silencio, y luego una carcajada. Luego seis o siete voces ms, riendo, y Ender
aguard a que regresara el silencio.
-Quines ms? -pregunt. Varias voces hablaron al unsono, pero Bean las acall.
-Aqu Bean, y tambin Peder, Wins, Younger, Lee y Vlad.
Ender reflexion un instant. Luego pregunt qu diablos suceda. Rieron de













nuevo.
-No pueden dividir el grupo -dijo Bean-. Fuimos comandantes durante dos
semanas, y aqu estamos en la Escuela de Mando, entrenndonos con el
simulador, y de pronto nos dicen que formaramos una flota con un nuevo
comandante. Y se eres t.
Ender sonri.
-Sois buenos?
-En caso contrario, ya nos lo dirs.
Ender ri entire dientes.
-Quiz funcione. Una flota.
Durante los prximos diez das Ender entren a sus jefes de pelotn hasta que
pudieron maniobrar con sus naves con precision de bailarines. Era como estar de
nuevo en la sala de batalla, slo que ahora Ender siempre lo vea todo, y poda
hablar con sus jefes de pelotn y alterar las rdenes en cualquier moment.
Un da, cuando Ender estaba sentado ante el tablero de mando y conectado al
simulador, unas crudas luces verdes parpadearon en el espacio: el enemigo.
La hora de la verdad --dijo Ender-. X, Y, bala, C, D, pantalla de reserve, E, rizo sur,
Bean, ngulo norte.
El enemigo estaba agrupado en una esfera y les superaba en nmero por dos a
uno. La mitad de la fuerza de Ender estaba agrupada en una formacin estrecha,
con forma de bala, y el resto en una pantalla circular chata, except por una
diminuta fuerza al mando de Bean, que se desplazaba fuera del simulador,
buscando la retaguardia enemiga. Ender pronto aprendi la estrategia del
enemigo: cuando la formacin en bala se aproximaba, el enemigo ceda el paso
con el propsito de atraerlo hacia el interior de la esfera y rodearlo. Ender les dio el
placer de caer en la trampa, llevando su bala al centro de la esfera.
El enemigo comenz a contraerse, sin querer acercarse hasta poder atacar con
todas sus armas al mismo tiempo. Entonces Ender comenz a trabajar en serio.
Su pantalla de reserve se aproxim al exterior de la esfera, y el enemigo concentr
sus fuerzas all. Luego la fuerza de Bean apareci en el lado opuesto, y el enemigo
despleg sus naves en ese flanco.













Esto debilit las defenses de casi toda la esfera. La bala de Ender atac, y como
en el punto de ataque superaba abrumadoramente en nmero al enemigo, abri un
agujero en la formacin. El enemigo intent tapar el boquete, pero en la confusion
la fuerza de reserve y la pequea fuerza de Bean atacaron simultneamente
mientras la bala se desplazaba hacia otra parte de la esfera. Al cabo de unos
minutes la formacin qued desbaratada, con la mayora de las naves enemigas
destruidas y los pocos sobrevivientes escapando a toda velocidad.
Ender desconect el simulador. Todas las luces se apagaron.. Maezr estaba al
lado de Ender, las manos en los tobillos, el cuerpo tenso. Ender lo mir.
-Cre que el enemigo sera listo -dijo Ender. Maezr no se inmut.
-Qu has aprendido?
-Que una esfera slo funciona si el enemigo es tonto. Tena las fuerzas tan
desperdigadas que le super en nmero en cada punto donde me trab en
combat.
-.y?
-y no conviene atenerse a un esquema rgido. Se vuelve demasiado previsible.
-Es todo? -pregunt Maezr.
Ender se quit la radio.
-El enemigo pudo haberme derrotado rompiendo antes la formacin en esfera.
Maezr asinti.
-Tenas una ventaja injusta.
Ender lo mir framente.
-Me superaban en nmero por dos a uno. Maezr sacudi la cabeza
-T tienes el ansible. El enemigo no. Incluimos eso en las batallas simuladas. Los
mensajes de ellos viajan a la velocidad de la luz.
Ender mir el simulador.
-Hay espacio suficiente para que eso cambie las cosas?
-No lo sabas? Ninguna de las naves estuvo nunca a menos de treinta mil
kilmetros de las dems.
Ender trat de estimar el tamao de la esfera enemiga. La astronoma le
superaba. Ahora sinti curiosidad.













-Qu clase de armas hay en esas naves? Cmo pueden ser tan veloces ?
Maezr sacudi la cabeza.
-No entenderas los principios cientficos. Tendras que estudiar muchos aos ms
de los que has vivido para dominar siquiera los rudimentos. Slo necesitas saber
que las armas funcionan.
-Por qu tenemos que acercamos tanto para estar al alcance?
-Las naves estn protegidas por campos de fuerza. A cierta distancia las armas
son ms dbiles y no hacen mella. De cerca las armas son ms poderosas que los
campos. Pero los ordenadores se encargan de eso. Disparan continuamente en
cualquier direccin que no afecte a una de nuestras naves. Los ordenadores
escogen los blancos, apuntan; se encargan de todos los detalles. T slo les dices
cundo y los pones en posicin de ganar. Vale?
-No. -Ender torci el tubo de la radio entire los dedos-. Tengo que saber cmo
funcionan las armas.
-Te dije que tardaras...
-No puedo comandar una flota, ni siquiera en el simulador, a menos que lo sepa. -
Ender aguard un instant y aadi-: Slo a grandes rasgos.
Maezr se incorpor y se alej unos pasos. -De acuerdo, Ender. No servir de nada,
pero lo intentar. Tratando de simplificar. -Se hundi las manos en los bolsillos-. Es
as, Ender. Todo est constituido por tomos, partculas tan pequeas que no
puedes verlas a simple vista. Existen pocas classes de tomos, y todas estn
constituidas por partculas an ms pequeas que son muy parecidas. Estos
tomos se pueden desintegrar para que dejen de ser tomos. De este modo el
metal se deshace, y el suelo de plstico, y tu cuerpo. Incluso el aire. Cuando
desintegras los tomos es como si desaparecieran. Slo quedan fragments. y
stos echan a volar y desintegran ms tomos. Las armas de las naves configuran
una zona donde result impossible mantener una aglomeracin de tomos. Todos
se desintegran, y las cosas que hay en esa zona desaparecen.
Ender asinti. -Tena razn, no lo entiendo. Es possible bloquearla?
-No. Pero se ensancha y debilita cuanto ms se aleja de la nave, de modo que al
cabo de un trecho un campo de fuerza la bloquea. Entiendes? y para que sea lo













bastante intense, tiene que estar focalizada, de modo que una nave slo puede
efectuar disparos efectivos en tres o cuatro direcciones al mismo tiempo.
Ender asinti de nuevo, pero no lo entenda del todo.
-Si los fragments de los tomos desintegrados desintegran ms tomos, por
qu no desaparece todo?
-El espacio. Esos miles de kilmetros que hay entire las naves estn vacos. Casi
no hay tomos. Los fragments no chocan contra nada, y cuando al fin lo hacen,
estn tan desperdigados que no pueden causar ningn dao. -Maezr lade la
cabeza con curiosidad-. Necesitas saber algo ms?
-Las armas de las naves... operan contra otras cosas adems de naves?
Maezr se acerc a Ender y dijo con firmeza:
-Slo las usamos contra naves. Nunca contra otra cosa. Si las usramos contra
otra cosa, el enemigo las usara contra nosotros. Entiendes?
Maezr se alej, y estaba a un paso de la puerta cuando Ender lo llam.
-An no s su nombre -dijo Ender dcilmente.
-Maezr Rackham.
-Maezr Rackham -dijo Ender-. Le he derrotado.
Maezr ri.
-Ender, hoy no peleabas contra m. Peleabas contra el ordenador ms estpido de
la Escuela de Mando, usando un program de diez aos de antigedad. No
creers que yo usara una esfera, verdad? -Sacudi la cabeza-. Ender, querido
amigo, cuando luches contra m lo sabrs. Porque perders.
Maezr sali de la sala.
Ender an practicaba diez horas al da con sus jefes de pelotn. Nunca los vea,
slo oa las voces por radio. Libraban batallas cada dos o tres das. El enemigo le
reservaba una sorpresa en cada ocasin, cada vez ms difcil, pero Ender saba
afrontarla. y siempre venca, y despus de cada batalla Maezr le sealaba los
errors para que aprendiera a manejar el final del juego.
Hasta que al fin Maezr se le acerc solemnemente y le estrech la mano.
-Muchacho, sa ha sido una buena batalla. Como ese elogio haba tardado tanto
en llegar, Ender qued ms complacido que nunca. y como el tono era













condescendiente, se irrit.
-A partir de ahora -dijo Maezr-, podemos darte problems difciles.
A partir de entonces la vida de Ender fue un lento ataque de nervios.
Comenz a library dos batallas al da, con problems cada vez ms arduos. Toda la
vida lo haban entrenado nicamente para el juego, pero el juego empezaba a
consumirlo. Despertaba por la maana con nueva estrategias para el simulador y
se dorma de noche obsesionado por los errors de ese da. A veces despertaba
llorando por una razn que no recordaba. A veces despertaba con los nudillos
ensangrentados pues se los haba mordido. Pero todos los da iba impasiblemente
al simulador y entrenaba a sus jefes de pelotn hasta las batallas, y los entrenaba
despus de las batallas, y soportaba y estudiaba las duras crticas de Maezr
Rackham. Advirti que perversamente lo criticaba ms despus de las batallas
ms duras. Advirti que cada vez que empleaban una nueva estrategia el enemigo
pasaba a usarla a los pocos das. y advirti que mientras su flota siempre
conservaba el mismo tamao, el enemigo aumentaba en nmero da a da.
Consult a su maestro.
-Te estamos demostrando cmo ser cuando ests al mando de verdad. La
proporcin entire el enemigo y nosotros.
-Por qu siempre nos superan en nmero?
Maezr inclin la cabeza cana un instant, vacilando en responder. Al fin tendi la
mano y toc el hombro de Ender.
-Te lo dir, aunque la informacin es secret. Vers, el enemigo nos atac primero.
Tena buenas para atacarnos, pero eso es asunto de los polticos y, al margen de
quin fuera la culpa, no podamos dejarle ganar. Cuando el enemigo vino a
nuestros mundos, resistimos ferozmente y perdimos a nuestros mejores jvenes en
las flotas. Pero vencimos, y el se repleg.
Maezr sonri con amargura.
-Pero el enemigo no haba terminado, muchacho. El enemigo no terminara nunca.
Regres en nmero creciente, y cada vez era ms difcil derrotarlo. y perdimos otra
generacin de jvenes, pocos sobrevivieron. As que elaboramos un plan. Nuestros
jefes prepararon el plan. Sabamos que debamos destruir al enemigo de una vez













por todas, eliminar totalmente su capacidad para combatir contra nosotros. Para
ello tenamos que llegar a sus mundos natales..., su mundo natal, para ser precisos,
pues el imperio enemigo est centrado en el mundo capital.
- Y? -pregunt Ender.
-y as preparamos una flota. Tenamos ms naves que ellos. Fabricamos cien
naves por cada nave que haban enviado contra nosotros. y las lanzamos contra
sus veintiocho mundos. Comenzaron a zarpar hace cien aos. y llevaban consigo el
ansible, y muy pocos hombres. Para que algn da un comandante pudiera
sentarse en un planet alejado de la batalla y comandar la flota. Para que el
enemigo no destruyera nuestra mejores mentes.
La pregunta de Ender an no tena respuesta.
-Por qu nos superan en nmero?
Maezr ri.
-Porque nuestras naves tardaron cien aos en llegar all. Han tenido cien aos
para preparar su contraofensiva. Seran idiotas si aguardaran en viejos
remolcadores para defender sus puertos. Tienen nuevas naves, grandes naves,
cientos de naves. Nosotros slo tenemos el ansible, ms la ventaja de que deben
poner a un comandante en cada flota, y cuando pierden, como de hecho ocurre,
pierden a sus mejores mentes en cada oportunidad.
Ender quiso hacer otra pregunta.
-Basta, Ender Wiggins. Ya te he dicho ms de lo que deba.
Ender se levant colricamente, dispuesto a marcharse.
-Tengo derecho a saber. Cree que esto puede seguir para siempre, trasladarme
de una estrella a otra sin decirme qu propsito tiene mi vida? Nos usan como
herramientas Un da mandaremos las naves; un da quiz salvemos las vidas de
todo, pero no soy un ordenador, y tengo que saber,
-Pues hazme una pregunta, muchacho y si puedo la responder
-Si usan nuestras mejores mentes para comandar las flotas, y nunca pierden
ninguna, para qu me necesitan? A quin sustituir, si todos estn all?
Maezr sacudi la cabeza
-No puedo darte la respuesta Ender. Confrmate con saber que te necesitaremos













pronto. Es tarde. Acustate. Tendrs una batalla por la maana.
Ender sali de la sala del simulador. Pero cuando Maezr sali por la misma puerta
instantes ms tarde, el chico lo esperaba en el pasillo
-Bien, muchacho -dijo Maezr con impaciencia-, qu ocurre? No tengo toda la
noche y t necesitas dormir.
Ender no estaba seguro de cul era la pregunta pero Maezr aguard. Al fin Ender
pregunt en voz baja
-Viven?
-Quines?
-Los dems comandantes. Los de ahora y los que me precedieron
Maezr replic
-Viven. Claro que viven Qu pregunta!
Riendo entire dientes el viejo se sali por el pasillo. Ender se qued un rato donde
estaba, pero al fin sinti cansancio y se fue a dormir Viven, pens. Viven, pero no
puede decirme qu les pasa
Esa noche Ender no despert llorando Pero se despert con sangre en las manos.
Transcurrieron meses con batallas todos los das, hasta que al fin Ender adopt la
rutina de la autodestruccin. Dorma cada noche menos, soaba ms, y comenz a
sentir dolores terrible en el estmago. Le pusieron una dieta suave, pero pronto ni
siquiera tuvo apetito para eso.
-Come -deca Maezr, y Ender se llevaba la comida a la boca mecnicamente. Pero
no coma si nadie le insista.
Un da, mientras entrenaba a sus jefes de pelotn, la sala se puso negra y l
despert en el suelo con la cara ensangrentada. Se haba golpeado contra los
controls.
Lo llevaron a la cama y pas tres das muy enfermo. Record haber visto caras en
sus sueos, pero no eran caras reales, y la supo incluso mientras crea verlas. A
veces crea ver a Bean, ya veces al teniente Anderson y al capitn Graff. Pero
cuando despert era slo su enemigo, Maezr Rackham.
-Estoy despierto -le dijo a Maezr.
-Ya veo -respondi Maezr-. Has tardado bastante. Hoy tienes una batalla.













Ender se levant, libr la batalla y venci. Pero ese da no hubo segunda batalla, y
le permitieron acostarse ms temprano. Le temblaban las manos cuando se
desnudaba.
Durante la noche crey sentir manos que la acariciaban, y so con voces que
decan:
-Cunto tiempo podr aguantar as?
-Lo suficiente.
-Tan pronto?
-Dentro de pocos das habr terminado.
-Cmo le ir?
-Bien. Hoy ha estado mejor que nunca.
Ender reconoci que la ltima voz era la de Maezr Rackham. Le fastidi que
Rackham invadiera hasta sus sueos.
Se despert y libr otra batalla y gan. Se fue a acostar. Se despert y gan de
nuevo; y el da siguiente era el ltimo en la Escuela de Mando, aunque l no lo
saba. Se levant y fue al simulador para la batalla. ,
Maezr estaba aguardando. Ender entr despacio en la sala del simulador.
Arrastraba los pies. Pareca cansado y demacrado. Maezr frunci el ceo.
-Ests despierto, muchacho?
Si Ender hubiera estado despejado, le habra inquietado la voz preocupada del
maestro. En cambio se limit a dirigirse a los controls y se sent. Maezr le habl.
-El juego de hoy necesita algunas explicaciones, Ender Wiggins. Por favor, mrame
y presta atencin.
Ender se dio la vuelta y por primera vez advirti que haba gente en el fondo de la
sala. Reconoci a Graff y Anderson de la Escuela de Batalla, y record vagamente
a algunos hombres de la Escuela de Mando, profesores que haba tenido varias
horas. Pero no conoca a la mayora de los presents. :
- Quines son ?
Maezr sacudi la cabeza.
-Observadores. En ocasiones permitimos que haya observadores que presencien
la batalla. Si te molestan, pedir que se marchen.













Ender se encogi de hombros. Maezr inici su explicacin.
-El juego de hoy, muchacho, contiene un nuevo element. Estamos montando una
batalla en torno a un planet. Esto complicar las cosas de dos maneras. El
planet no es grande, en la escala que usamos, pero el ansible no puede detectar
nada al otro lado, as que hay un punto ciego. Adems, va contra las reglas usar
nuestras armas contra el planet mismo. Comprendes?
-Por qu? Las armas no funcionan contra los planets?
-Hay reglas de la guerra -respondi framente Maezr- que se aplican incluso en los
juegos de entrenamiento.
Ender sacudi la cabeza.
-El planet puede atacar?
Maezr qued desconcertado un instant, luego sonri.
-Tendrs que averiguarlo por tu cuenta, muchacho. y una cosa ms. Hoy, Ender, tu
oponente no es el ordenador. Yo soy el enemigo hoy, y no te dejar escapar tan
fcilmente. Hoy es una batalla a muerte. y me valdr de todos los medios para
derrotarte.
Maezr se fue y el aturdido Ender condujo a sus jefes de pelotn en las maniobras.
Todo iba bien, pero various observadores menearon la cabeza y Graff no poda
dejar las manos ni las piernas quietas. Hoy Ender sera lento, y hoy Ender no poda
darse ese lujo.
Son una alarma y Ender despej el tablero del simulador, aguardando a que
apareciera el juego del da. Se senta aturdido, y se pregunt por qu haba
observadores. Era un examen? Decidiran si serva para otra cosa? Para otros
dos aos de extenuante entrenamiento, otros dos aos de luchar para superarse?
Ender tena doce aos. Se senta muy viejo, y mientras esperaba a que apareciera
el juego, dese perder, perder la batalla de forma tan humillante que lo retiraran del
program, lo castigaran como quisieran. No le importaba, as podra dormir.
Entonces apareci la formacin enemiga, y la fatiga de Ender se transform en
desesperacin.
El enemigo le superaba en nmero por mil a uno, haba parpadeos verdes en todo
el simulador, y Ender supo que no podra vencer.













Adems, el enemigo no era estpido. No era una formacin que Ender pudiera
estudiar y atacar. Los vastos enjambres de naves se movan continuamente,
pasando de una formacin a otra, de modo que un espacio vaco se llenaba al
instant con una formidable fuerza enemiga. y aunque la flota de Ender era la ms
numerosa que haba tenido, no poda desplegarla en ninguna parte donde pudiera
superar al enemigo en nmero el tiempo suficiente para lograr nada.
Por otra parte, detrs del enemigo estaba el planet. El planet sobre el cual
Maezr le haba advertido. Qu diferencia estableca un planet, si Ender ni
siquiera poda acercarse? Ender aguard el arrebato de intuicin que le indicara
qu hacer, cmo destruir al enemigo. y mientras esperaba, oy que los
observadores se agitaban en los asientos, preguntndose qu haca Ender, qu
plan seguira. y al fin todos comprendieron que Ender no saba qu hacer, que no
haba nada que hacer, y algunos hombres emitieron sonidos guturales.
Entonces Ender oy la voz de Bean. Bean ri entire dientes.
-Recuerda, la puerta del enemigo est abajo.
Todos los jefes de pelotn rieron y Ender evoc los simples juegos que haba
jugado y ganado en la Escuela de Batalla. All tambin lo haban enfrentado con
situaciones imposibles, y haba vencido. Qu diablos, no dejara que Maezr
Rackham le venciera con el truco barato de superarle en nmero por mil a uno.
En la Escuela de Batalla haba ganado un juego recurriendo a una treta que el
enemigo no esperaba, algo que iba contra las reglas. Haba ganado atacando la
puerta del enemigo.
Y la puerta del enemigo estaba abajo. Ender sonri, y comprendi que si rompa
esa regla quiz lo expulsaran de la escuela, y as ganara con toda seguridad.
Nunca ms tendra que jugar otro juego.
Susurr instrucciones. Cada uno de sus seis comandantes tom una parte de la
flota y se lanz contra el enemigo. Siguieron cursos errticos, cambiando a cada
instant de rumbo. El enemigo interrumpi sus maniobras y comenz a agruparse
alrededor de las seis flotas de Ender.
Ender se quit el micrfono, se reclin en el asiento, mir. Los observadores
murmuraban. Ender no haca nada. Haba renunciado al juego.













Pero un diseo comenz a aflorar a partir de las rpidas confrontaciones con el
enemigo. Los seis grupos de Ender perdan naves constantemente en sus
escaramuzas, pero nunca se detenan para una pelea sostenida, aunque por un
instant podran haber obtenido una pequea victoria tctica. En cambio
continuaban en un curso errtico que poco a poco conduca hacia abajo. Hacia el
planet enemigo.
Y a causa de su curso aparentemente aleatorio, el enemigo no lo comprendi
hasta el mismo moment en que lo comprendieron los observadores. Para
entonces ya era demasiado tarde, tal como haba sido demasiado tarde cuando
William Bee quiso impedir que los soldados de Ender activaran la puerta. Cada
vez ms naves de Ender quedaban destruidas por los impacts, de modo que slo
dos de la seis flotas pudieron llegar al planet, y stas fueron diezmadas.
Pero esos pequeos grupos lograron penetrar, y abrieron fuego sobre el planet.
Ender se inclin hacia delante, ansioso de ver si su corazonada daba resultado.
Tema que en cualquier moment sonara una alarma y se interrumpiera el juego,
pues haba violado la regla. Pero apostaba a la precision del simulador. Si poda
similar un planet, poda similar lo que suceda cuando un planet era atacado.
y as fue. Las armas que destruan pequeas naves no destruyeron el planet
entero al principio. Sin embargo causaron terrible explosions. Adems, en el
planet no haba espacio para disipar la reaccin en cadena. En el planet la
reaccin en cadena encontr cada vez ms combustible para alimentarse.
La superficie del planet se ondul, y de pronto se dispers en una inmensa
explosion que lanz relmpagos de luz por doquier. Devor la flota de Ender. y
luego alcanz las naves enemigas.
Las primeras se vaporizaron. A media que la explosion se propagaba y perda
brillo, fue evidence lo que suceda con cada nave. A media que la luz las
alcanzaba, relampagueaban un instant y desaparecan. Todas eran combustibles
para el fuego del planet.
La explosion tard ms de tres minutes en llegar a los lmites del simulador, pero
para entonces era much ms dbil. Todas las naves haban desaparecido, y si
alguna logr escapar antes de la explosion, quedaban tan pocas que no eran de













cuidado. No haba nada donde haba estado el planet. El simulador estaba vaco.
Ender haba destruido al enemigo sacrificando su flota entera y rompiendo la regla
de no destruir el planet enemigo. No saba si sentirse eufrico ante su victoria o
irritado ante el reproche que pronto sufrira. As que no sinti nada Estaba cansado
Quera acostarse y dormir
Apag el simulador y al fin oy la algaraba que haba detrs
Ya no haba dos filas de discretos observadores militares, sino un caos. Algunos
se palmeaban la espalda, algunos hundan la cabeza entire las manos, otros
lloraban El capitn Graff se separ del grupo y se acerc a Ender. Le corran
lgrimas por la cara, pero sonrea. Extendi los brazos y, para sorpresa de Ender,
lo abraz con fuerza y susurr
-Gracias, gracias, gracias, Ender
Pronto todos los observadores se reunieron alrededor del desconcertado nio,
agradeciendo, animndole, palmendole el hombro y dndole la mano. Ender trat
de entender lo que decan Haba aprobado el examen? Por qu les importaba
tanto?
La multitud cedi el paso a Maezr Rackham, quien se acerc a Ender Wiggins y
tendi la mano.
-Optaste por lo ms difcil, muchacho Pero el cielo sabe que no podas vencer de
otra manera Muchas felicidades Los has derrotado; ahora todo ha terminado
-Le derrot a usted, Maezr Rackham
Maezr lanz una risotada que retumb en la sala
-Ender Wiggins, nunca jugaste conmigo. Nunca jugaste un juego desde que soy tu
maestro Ender no entendi la broma Haba jugado muchsimos juegos, y haba
pagado un alto precio. Empezaba a enfadarse.
Maezr le toc el hombro. Ender se zaf. Maezr se puso serio.
-Ender Wiggins, en los ltimos meses has sido comandante de nuestras flotas. No
hubo juegos. La batallas eran reales. Tu nico enemigo era el enemigo. Ganaste
cada batalla. y hoy combatiste en su mundo natal, y destruiste su mundo, su flota,
los destruiste por complete, y nunca ms volvern a atacarnos. T lo hiciste. T.
Real. No era un juego. Ender estaba demasiado cansado para afrontarlo. Se alej













de Maezr, atraves en silencio la multitud que an le susurraba gracias felicidades,
sali de la sala del simulador, lleg a su dormitorio y cerr la puerta.
Estaba dormido cuando Graff y Maezr lo encontraron. Entraron en silencio y lo
despertaron. Tard en despertar, y cuando los reconoci quiso seguir durmiendo.
-Ender -dijo Graff-, tenemos que hablarte.
Ender se volvi hacia ambos. No dijo nada. Graff sonri.
-Ayer fue un golpe para ti, lo s. Pero debes estar orgulloso de saber que has
ganado la guerra.
Ender asinti.
-Maezr Rackham nunca jug contra ti. Slo analizaba tus batallas para hallar tus
puntos dbiles para ayudarte a mejorar. Dio resultado, verdad?
Ender cerr los ojos con fuerza. Ellos esperaron.
-Por qu no me lo dijeron?
Maezr sonri.
-Hace cien aos, Ender, descubrimos ciertas cosas. Que un comandante se
atemoriza cuando su vida corre peligro, y el temor le entorpece el pensamiento
Cuando un comandante sabe que est matando gente, se vuelve cauto o pierde el
juicio, y nada de eso ayuda. Y cuando es maduro, cuando tiene responsabilidades
y cierta comprensin del mundo, se vuelve excesivamente prudent y no cumple su
tarea. Por eso entrenamos a nios, que no conocan nada except el juego y nunca
saban cundo se volvera real. sa era la teora, y t demostraste que es correct.
Graff toc el hombro de Ender.
-Lanzamos las naves para que llegaran a destino durante estos meses. Sabamos
que quiz slo tuviramos un buen comandante, si tenamos suerte. En la historic
ha sido muy raro que hubiera ms de un genio en una guerra. As que decidirnos
tener un genio. Era una apuesta. y t nos permitiste ganarla.
Ender abri los ojos y los dos comprendieron que estaba furioso.
-En efecto, ustedes ganaron.
Graff y Maezr Rackharn se miraron.
-No lo comprende -susurr Graff
-S lo comprendo -dijo Ender-. Ustedes necesitaban un arma, y la consiguieron: era













yo.
-En efecto -respondi Maezr.
-Pues bien -continu Ender-, cunta gente viva en ese planet que destru?
No le respondieron. Aguardaron en silencio, y al fin Graff dijo:
-Las armas no tienen por qu entender hacia dnde apuntan, Ender. Nosotros
apuntamos, y nosotros somos los responsables. T slo realizaste tu tarea.
Maezr sonri.
-Por supuesto, Ender, cuidaremos de ti. El Gobierno nunca te olvidar. Nos has
servido muy bien.
Ender rod hacia la pared, y aunque trataron de hablarle no les respondi. Al final
se marcharon. Pas largo tiempo tendido en la cama hasta que alguien lo molest.
La puerta se abri nuevamente Ender no se volvi. Una mano lo toc.
-Ender, soy yo, Bean.
Ender se volvi hacia el nio que estaba de pie junto a la cama.
-Sintate -le dijo.
Bean se sent.
-Esa ltima batalla, Ender. No saba cmo nos sacaras de all.
-Pues no lo hice. Hice trampa. Pens que me expulsaran.
-Increble! Ganamos la guerra. La guerra ha terminado; creamos que tendramos
que esperar hasta ser mayores para combatir, y ramos nosotros quienes
pelebamos. Vaya, Ender, somos slo nios. Yo soy un nio, al menos.
Bean ri y Ender sonri. Guardaron silencio un rato, Bean sentado en el borde de
la cama, Ender mirndolo con ojos entornados.
Al fin Bean pregunt:
-Qu haremos ahora que la guerra ha terminado?
Ender cerr los ojos.
-Necesito dormir, Bean.
Bean se levant y se fue. Ender durmi.
Graff y Anderson entraron en el parque. Soplaba la brisa, pero el sol les haca arder
los hombros.
-Abba Technics? En la capital? -pregunt Graff













-No, en el condado Biggock. Division de entrenamiento -respondi Anderson-
.Creen que mi trabajo con nios es buena preparacin. y usted?
Graff sonri y mene la cabeza.
-No tengo planes. Me quedar aqu unos meses ms. Informes, reorganizacin. He
recibido ofertas. Desarrollo de personal para la DCIA, vicepresidente ejecutivo
para U&P, pero me negu. Una editorial quiere que escriba mis memories de la
guerra. No s.
Se sentaron en un banco y miraron las hojas que tiritaban en la brisa. Los nios
rean y gritaban colgados de las barras, pero el viento y la distancia se llevaban sus
palabras.
-Mire -dijo Graff, sealando. Un chiquillo salt de las barras y se acerc corriendo
al banco. Otro nio lo sigui, imit una pistola con las manos e hizo un sonido
explosive con la boca. El nio a quien le disparaba no se detuvo. Dispar de
nuevo.
-Te he dado! Vuelve aqu!
El otro nio sigui corriendo hasta perderse de vista.
-No entiendes que ests muerto? -protest el perseguidor, hundiendo las manos
en los bolsillos y pateando una piedra.
Anderson sonri.
-Nios -dijo.
Ambos se levantaron y salieron del parque.


Orson Scott Card: Nacido en Richland, Washington, el 24 de agosto 1951, Card
creci en California, Arizona y Utah. Vivi en Brasil dos aos como misionero para la
Iglesia Mormona. Es licenciado por la Brigham Young University (1975) y la Univesidad
de Utah (1981). Escritor estadounidense, conocido especialmente por su Ciencia Ficcin.
En 1978 obtuvo el Campbell Award de 1978 para autores nveles. Los pasos iniciales de
Orson Scott Card fueron en el campo del relato y su primera historic de ciencia ficcin
publicada fue El juego de Ender (1977), en la revista Analog, nominada para el Hugo como
mejor novela corta y que acabara convirtindose en el embrin de la
multipremiada novela por la que an hoy es bsicamente conocido. Sus primeros libros













tambin resultaron recopilaciones de cuentos, algunos encadenados entire s en busca de una
cierta unidad: Capitol (1979), Hot sleep (1979) y Unaccompanied sonata (1981).
Posteriormente la mayor parte de su obra breve ha sido recogida en el volume Maps in the
mirror (1990). Influido tal vez por la extraordinaria acogida que se haba dispensado a su
novela corta El juego de Ender, tomo la decision de alargar la historic original. Esta novela
y su continuacin, La voz de los muertos, situada tres mil aos en el future, pero con un
Ender an joven gracias a los efectos de la relatividad, ganaron sendos Hugo y Nebula, los
ms prestigiosos premios del gnero, y pronto se convirtieron en una series, a la que se
aadira Ender, el xenocida (1991).
Entre su extensa obra encontramos: La esperanza del venado (1983), Maestro cantor
(1987), la saga de Alvin Maker (El sptimo hijo (1987), El profeta rojo (1988), Alvin, el
aprendiz (1989) y Alvin, el official (1995)) y la saga del retorno (La memorial de la tierra
(1992), La llamada de la tierra (1993), Las naves de la tierra (1994), Retorno a la tierra
(1995) y Nacidos en la tierra (1995)).


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4. CUENTO MADE IN CUBA: NADA QUE DECLARAR


Por Anabel Enrquez Pieiro

A la memorial de
Leide das Neves Ferreira

Padre entreg toda una vida de ahorros a cambio de este hueco en la cmara de reciclaje de
desechos. Cierto que es mnimo el espacio. Anela, Soulness y yo sentimos calambres en los
brazos, tension en el cuello y la respiracin caliente de uno sobre los otros. Pero, qu ms
pedirle al viejo. En las palmas enguantadas del capataz del espaciopuerto sus manos
depositaron, temblando, los dos megacrditos. Temblaba porque tema que se frustrara el
viaje por algn imprevisto y perdiramos toda posibilidad de un segundo intent; temblaba
por la emocin de cumplir su sueo de vernos partir de aquel infierno y retornar al origen;
temblaba porque la fiebre de las canteras consuma sus nervios perifricos. No pudo
siquiera despedirnos. El da antes de la partida del trasbordador fue llevado junto a su
cuadrilla hacia las recin abiertas minas, unos diez kilmetros al norte de la granja, donde
los sismos haban reventado nuevas vetas de estao. Por suerte ya ninguno de nosotros
volver a "lamerlas". No tendremos que temer a las erupciones que chamuscan la piel, ni a
las fumarolas de azufre que queman los ojos y pudren los pulmones en las granjas mineras
de lo.
Io queda debajo, detrs, como una esfera que encarcela mil hambrientos dragones en
perenne batalla. Este carguero nos aleja para siempre de sus fauces... y del beso de buenas
noches que nunca nos ha dejado de dar Padre. Vamos en el carguero rumbo a la Tierra, a
comprobar que no es tan solo el mito del que hemos odo hablar desde que abrimos los
ojos al cielo escarlata de lo. Como descendientes de colonos convertidos en esclavos, de
esclavos convertidos en "autmatas" menos costosos y ms desprotegidos que los ciborg,
no tenemos otro modo de salir de la pesadilla ardiente si no en los resquicios de los
cargueros que transportan minerales y materials primas desde las colonies exteriores hasta la
Tierra.
La Tierra, nostalgia delirante del bisabuelo, la que abandon por una quimera de
prosperidad. A nosotros slo nos dej por herencia la continue lucha por sobrevivir en un
mundo que se deshace constantemente bajo los pies. Y la misma nostalgia. Anela dibuja,













una y otra vez, una ciudad de torres blancas con banderolas sobre un lago de agua verde, y
llena el cielo con aves como estrellas de nieve. Dice que as le contaba el bisabuelo al
Abuelo, y este a Padre, y Padre a ella, y as era el lugar donde vivan nuestros antepasados,
y al que los tres aoramos volver.
Anela duerme ahora, recostada en mi hombro, y algunas veces habla dormida, repitiendo la
palabra que tanto le fascina, an cuando duerme: nieve... la nieve de la Tierra, que es
blanca como los dientes del capataz de la cuadrilla y fra como cristal de metano. Soulness
me distrae con la insistencia de que Anela est muy caliente, "ms caliente que lava"; y que
tal vez no habla en sueos sino que delira. Es hambre, le respond. Nuestras reserves de
alimentos estn justas para una comida diaria. A m tambin me percuten las tripas. Trato
de distraerlos hablndole de esa cosa que Padre escuch de su abuelo, que parece nieve y
que se come... helados, creo que lo llaman, y que le compraremos a Anela con nuestro
primer salario. En el Anillo de Produccin que circunda la Tierra hay gente llegada de todas
las colonies, incluso de lo. Seguro que nos tendern una mano para arrancar tal como nos
prometi Padre. Pero Soulness parece aburrirse, y empieza con la letana de que siente
mareos, con vmitos a punta de labios. Despus de todo es solo un nio, dos aos menos
cuentan. Me pide que salgamos a un lugar ms ventilado. Cree que si encontramos otros
"peces pegas" nos ayudarn, si tienen, con alguna medicine. Yo le recuerdo que lo ms
probable es que nos quiten lo que llevamos y nos maten, por el simple temor a compartir el
riesgo de ser descubiertos. Pero Soulness canta y canta y las sienes me estn a punto de
reventar.
Salimos de la cmara de reciclaje y tomamos con cuidado el estricto itinerario que nos
indic el capataz ante de colarnos en la nave. Tememos que el carguero est infectado de
cibers vigilando los corredores, y que nos detecten para los del puesto de mando. All los
navegantes, limpios, bien alimentados, disfrutan la experiencia de ver acercarse despacio la
Tierra. Algn da yo ser el comandante de un carguero... mejor, de un crucero civil. Y ser
siempre el primero en verla, arropada con su traje de espuma azul y blanca como si fuera la
novia de los cielos. Pero ahora somos polizones, y ningn pez pega viaja en primera clase.
El carguero lleva hierro, estao y azufre para las obras del Anillo. Como carga programada
entrar sin problems ni chequeos en aduana. Nada que declarar. Nosotros con la carga,
asidos a los contenedores autnomos. Espero que nuestras viejas mscaras resistan el paso













desde la esclusa hasta los almacenes, unos cuarenta metros de vaco.
Soulness vuelve a distraerme. Suda a mares y siento su incmoda respiracin quemando
mis orejas. Anela se mueve inquieta entire mis brazos y gimotea. Sus cuatro aos me pesan,
aunque sean casi puro hueso; su carita morena est salpicada de sudor. Yo siento sin
embargo un fro intenso y un cansancio que me pega los pies al suelo. Soulness, apretando
mi hombro, suplica una tregua, dice que est muy dbil para seguir. Acepto el descanso,
pero me niego a abrir algn blister de alimentos. Soy el mayor y debo velar por los
horarios. Y a propsito de velar, me sorprenden las pocas luces de los corredores, la
ausencia de robots celadores y el no habernos tropezado con ningn "pezpega despus de
caminar casi una hora por este laberinto.
Soulness tiembla, se aprieta el estmago y finalmente vomita. No sabemos nada sobre los
efectos del viaje, pero nos decan que son malestares normales para los novatos. Anela
sigue desmadejada, y ni siquiera intent seguirme cuando canto una de sus canciones
favorites "... Mary tiene una ovejita... blanquita como la nieve..."o era una vaquita? Da
igual. Anela duerme, y se queja. Soulness, plido como vapor de azufre, pero ms aliviado,
quiere probar suerte tras la puerta que cierra este pasillo. Piensa que conduce a las bodegas,
y que tal vez encontremos provisions. Se aventura finalmente con la pequea linterna de
pulsos, mientras yo arropo a Anela con mi chaqueta. Bajo los ojos de mi hermana crecen
ojeras azules. Una mano helada me estruja el corazn y reconozco los dedos fros del
miedo. Me aprieto los dientes.
Un rato despus Soulness ha vuelto, trastabillando, los ojos como un double plenilunio de
Jpiter en el cielo de lo. Sus ocho aos parecen haberse duplicado sobre su cuerpo sucio y
tembloroso. Apenas logro arrancarle las palabras de la boca, rgida por el terror. Estn
muertos, all adentro... los cuatro chicos peces pega que viajaban en el compartimiento de
higiene... Estn descomponindose y sus huesos parecen derretidos, y la piel... Cllate, digo
en un susurro ahogado, asustars a Anela. Pero l sabe que le creo y que nuestra hermana
no nos escucha. Su carita se desdibuja en la oscuridad con expresin ausente.
Dejo a Anela en brazos de mi hermano. Estoy decidido a presentarme ante la tripulacin.
No me importa que me regresen a lo o a otra colonia de extraccin. Solo quiero salvarla.
Salvarnos. Soulness solloza y yo le gruo. Lo atajo por la solapa, hmeda de su propia
bilis, y enredo sin querer mis dedos en sus largos cabellos. El espeso mechn queda en mis













manos como una hebra de sombra. Tengo que ir por ayuda.
Corro por los pasillos sin luces, apenas alumbrados por el reflejo del sint-metal desde
alguna fuente indeterminada que convierte la oscuridad en penumbras. Donde debe estar el
puesto de mando no hay ningn navegante. Solo la consola de un cibernavegador, y todos
los asientos vacos. No hay humans en el carguero, solo nosotros. Ni autmatas, ni
alimentos, ni medicines, porque no hay tripulacin que las necesite.
Regreso por Anela y Soulness. Durante la difcil carrera de retorno sobre mi corazn
restallan los ltigos del miedo. Al cruzar cerca de las puertas que identifico como las
bodegas un signo hecho sobre el sint-metal con pintura roja luminiscente me detiene. No s
leer, ninguno de nosotros sabe, pero reconozco el dibujo que parecen las aspas de un
extractor de hlices antiguo cercado por un tringulo; y tambin el crculo con la tachadura
que prohibe y amenaza; y la calavera negra. Comprendo ahora que no es este un carguero
de metal y subproductos en viaje hacia la Tierra. Vamos junto a los desechos txicos de
todas las colonies hacia otra parte... Venus, con seguridad: el Vertedero Solar. Por mi
mente cruzan los muchos moments en que he visto a estos cargueros atracar en Io y
despegar con tantos "peces pegas desde la Estacin Ecuatorial del satlite... Ni ellos, ni
nosotros, comprobaremos si es tan azul como cuentan el cielo de la Tierra.
Encuentro a mis hermanos todava conscientes. Anela me mira con sus ojos de luna en
eclipse y me tiende los brazos. Ayudo a levantarse a Soulness y apoya contra mi hombro
todo el temblor de su cuerpo. Al puesto de mando, les digo. Soulness murmura algo sobre
encontrar ayuda. All estaremos bien, le respond, ser el mejor lugar para ver la
bienvenida que nos dar la Tierra, vestida con su traje azul y blanco de novia csmica del
Tiempo. Soulness apenas se sonre con sus labios violceos. Anela ha vuelto a dormirse y
tal vez ya no despierte.
En el puesto de mando acomodo a Soulness en un silln. Yo a su lado, con Anela en
brazos, sostengo su mano helada. Pienso que tal vez era este el silln del comandante del
carguero que alguna vez llev vida a la Tierra. Y me creo que yo soy l y que llevo a mis
hermanos, a mi padre y todos los nios de Io hacia esa ciudad de torres blancas sobre un
lago verde... Lucho contra el sueo definitive que me aplasta. Quiero verla aparecer. Quizs
no tenga tiempo para guiarle un ojo... El carguero pasar de largo sobre ella... Sin nada
que declarar.













FIN


AnabelEnrquez Pieiro. (Santa Clara,1973) Licenciada en Psicologa, cursa el Master en
Ciencia de la Comunicacin Trabaja como especialista de Marketing y Publicidad.
Miembro de la Asociacin Hermanos Saz. Miembro fundador del Taller de Creacin
Literaria Espiral de Ciencia Ficcin y Fantasa, hoy Grupo de Creacin ESPIRAL del
gnero Fantstico. Ha cursado el Taller de Narrativa Fantstica Qusar Dragn y el Curso
de Tcnicas Narrativas del Centro Onelio Jorge Cardoso (2004-2005). Es colaboradora de
la Revista Digital de Ciencia Ficcin y Fantasa "El Guaicn Literario". Ha publicado un
ensayo sobre ciencia ficcin en Dimensiones Regionales de la Literatura Contempornea.
Edit. Capiro, Santa Clara, 1992, y tiene un cuento de ciencia ficcin dentro de la antologa
del Taller Espiral Secretos del Futuro, en process editorial.


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5. ARTICULO: Como estrellas en el cielo.
Cristbal Prez-Castejn.


Un element fundamental de la trama de Final Fantasy, una de las pelculas de animacin
mas logradas tcnicamente de los ltimos tiempos, es la idea de Gaia. Esta hiptesis,
aparecida a finales de los aos sesenta, sostiene que la Tierra es en realidad un ser vivo,
cuya conciencia se nutre de la esencia vital de todos los series que alguna vez vivieron sobre
su superficie. De este modo, el alma del planet vendra a ser, en cierto modo, una especie
de entidad colectiva que servira de amalgama a todos esos espritus individuals. Aunque
no desprovista de elements bastante msticos, incluso esotricos, la imagen del planet
vivo tal y como la describe esta pelcula (imagen que tambin recoge Asimov en sus
ltimos libros de la series de Fundacin y que Lem desarrolla magnficamente en Solaris),
puede servirnos para introducir el concept de gestalt: una sinergia donde various
organismos se unen para former un todo mas complejo y evolucionado. Como estrellas en
el cielo enlazadas por la fuerza de la gravedad, los miembros de la gestalt estn enhebrados
por la existencia de una mente comn que potencia y supera la suma de las mentes
individuals de cada uno de sus elements.
La idea de un superorganismo constituido por la cooperacin de muchos organismos ms
sencillos no es precisamente nueva en la naturaleza. La propia raza humana tiene una
notable capacidad de colaboracin entire sus miembros. A pesar de ser profundamente
individualistas, podemos subordinar ese faceta de nuestra personalidad a la consecucin de
un bien comn mas amplio. Y trabajando de este modo es como hemos conseguido llevar a
cabo algunas nuestras obras mas impresionantes: para cualquier extraterrestre que hubiese
asistido a la construccin de las pirmides de Egipto o de la gran muralla china, la
humanidad podra haber sido fcilmente descrita como un ente colectivo donde muchos
cuerpos trabajaban y slo un puado de mentes dirigen y guan hacia su fin a la obra
realizada.
De todos modos, los mejores ejemplos de sinergia los encontramos en el mundo de los
insects, donde hormigas y abejas han evolucionado hacia sociedades sumamente
complejas, estratificadas en castas especializadas y con una direccin centralizada, que son













capaces de resolver complicados problems y realizar complejsimas obras de arquitectura
a pesar de la escasa inteligencia individual de los elements del enjambre.
Hormigueros inteligentes
Este principio ha sido recogido en numerosas ocasiones por la ciencia-ficcin. Por ejemplo,
en la novela de Charles Sheffield La caza de Nimrod aparece una especie extraterrestre
denominada el compuesto remiendo, formado por la integracin de numerosos elements
individuals de escasa inteligencia que, a partir de una cierta masa crtica, se transforman
en un organismo consciente. El compuesto remiendo "no come, ni bebe, ni se aparea. En un
sentido es inmortal pero en otro no tiene existencia permanente. Este concept de masa
crtica aparece tambin es otras obras, especialmente aplicado a inteligencias artificiales.
Dos magnficos ejemplos de esto los encontramos en "Respuesta", de Fredric Brown, un
excelente relato ultracorto sobre la aparicin de una peculiar IA al interconectarse todos los
ordenadores de la galaxia y en "Marque F de Frankestein", de Arthur C. Clarke que relata el
mismo process pero esta vez asociado al incremento de la capacidad de process de la red
de comunicaciones de nuestro planet.
La posibilidad de la evolucin de una especie de insects inteligentes en el universe
tampoco es exactamente ajena al gnero. Por ejemplo, en la conocida novela de Heinlein
Tropas del espacio, el archienemigo de la humanidad son las chinches, una especie de
insects sociales organizados de un modo semejante a las hormigas, con castas de obreras,
constructores, guerreros, etc., pero dotados de inteligencia... y de la feroz capacidad de
expansion de su gnero. En Ciudad, de Clifford D. Simak, en una poca muy remota la
humanidad se ha extinguido y la Tierra ha sido heredada por dos species: los perros, que
han evolucionado hasta convertirse en series inteligentes que recuerdan a la raza humana
como una leyenda, y las hormigas, que tambin han evolucionado para adquirir una
incomprensible forma de inteligencia. Algo semejante sucede en la obra de Orson Scott
Card El juego de Ender. En ella, la humanidad esta a punto de ser derrotada por la raza de
los insectores, unos extraterrestres que han seguido una lnea evolutiva semejante a la de
nuestros insects pero que la han completado adquiriendo inteligencia y un fascinante
mecanismo de telepata mental que les permit transmitir instantneamente sus
pensamientos sin tener en cuenta las limitaciones fsicas de la velocidad de la luz. Esto
permit que el enjambre permanezca cohesionado y activo en distancias no solamente













planetarias, sino incluso interestelares. Los insectores son un buen ejemplo de cmo una
sociedad de insects inteligentes podra llegar a dominar el universe. Prolficos, flexibles,
sus flotas funcionan como una sola unidad ante las acometidas humans, que resultan en
principio incapaces de enfrentarse a ellos debido a la inexistencia de referencias comunes.
Sin embargo, tienen el mismo punto dbil de cualquier colonia de insects: la inteligencia
no se encuentra distribuida entire todos los miembros del enjambre, como en el caso del
compuesto remiendo de Sheffield, sino que se centraliza en la figure de la reina,
exterminada la cual el enjambre desaparece.
Gestalts estelares
No todos los extraterrestres organizados en forma de un organismo colectivo son
necesariamente insects. Por ejemplo, en La guerra interminable, de Joe Haldeman, la
humanidad se ve enfrentada a la raza de los taurinos, una mente colectiva formada por
numerosos cuerpos individuals, con la que se ve abocada a una guerra de miles de aos de
duracin no solamente por los efectos relativistas asociados a los viajes espaciales sino
tambin por los problems de comunicacin derivados del enfrentamiento entire dos razas
de caractersticas tan dispares. A diferencia de los insectores de Card, los taurinos exhiben
una inteligencia distribuida que les hace much menos vulnerable a un ataque decisive.
Mas temibles resultan los aliengenas que el mismo Haldeman nos describe en Puente
mental. En esta novela, la humanidad entra en contact con una mente grupal con
caractersticas telepticas. Dotada de un inmenso nivel tecnolgico, estos extraterrestres
adoptan la forma de las species que encuentra durante su expansion para facilitar el
contact. Y si la raz del enfrentamiento de los taurinos con la humanidad era una simple
cuestin de comunicacin, en este caso las razones del conflict resultan much mas
prosaicas: una vulgar lucha por el espacio vital. Slo que una de las parties en este caso est
dotada de un arma capaz de destruir soles.
Otro ejemplo curioso de series ajenos a nuestro planet organizados en forma de una mente
colectiva nos lo proporciona Heinlein en Amos de tteres, donde se nos relata la invasion de
la Tierra por parte de unos parsitos que se apoderan de los cuerpos humans a los que
controlan conectndose a travs de la nuca a nuestro sistema nervioso. El libro, que
contiene numerosas referencias a la guerra fra, plantea sin embargo un motivo interesante
de reflexin: los invasores, deberan ser considerados como parsitos... o quizs como













simbiontes? Porque es cierto que toman el control de los cuerpos que ocupan. Pero no es
menos cierto que la comunin de mentes que implica la fusin tambin tiene sus ventajas.
La menor de las cuales no es, sin duda, el hecho de que bajo esa simbiosis ningn ser
human volvera a sentirse solo jams.
En cualquier caso, la mente colmena aliengena por excelencia es sin duda la del colectivo
Borg de la series Star Trek. El Borg es una especie mixta, formada por ciborgs biomecnicos
pertenecientes a diferentes species orgnicas. Los cuerpos fsicos que lo integran estn
modificados nanotecnolgicamente para incorporar diferentes components biomecnicos
que incrementan sus potencialidades. Los diferentes elements del colectivo se encuentran
interconectados a su mente grupal de un modo semejante a los insectores, utilizando en este
caso campos subespaciales. Pero lo que hace especialmente implacable al Borg es su
mecanismo de reproduccin. Cuando el Borg se encuentra con una especie, no tiene
necesariamente por qu destruirla. Antes al contrario, el Borg "asimila" a sus miembros
dentro de su colectivo. Un pequeo equipo Borg sobre la superficie de un planet
convertir en Borgs a algunos nativos, que a su vez convertirn a otros en una progresin
geomtrica que no finalizar hasta que todo el planet haya sido implacablemente
asimilado. Adems, el Borg no se limita a apoderarse de los cuerpos: tambin adquiere los
conocimientos y habilidades que esa raza posea. Este mecanismo les permit curiosamente
"anticiparse" a los efectos de determinados sistemas de armamento para hacerse inmunes a
ellos. El Borg se adapta por inspeccin: solamente sufriendo los efectos de las armas en
cuestin es capaz de superarlas. Pero una vez adaptado, no vuelve a sufrir sus efectos
jams.
Todas estas caractersticas hacen del Borg una raza casi invencible. En el ejercito Borg no
existen prisioneros, ni campos de concentracin: el Borg slo tiene enemigos o aliados y
los civiles se engloban rpidamente en la segunda categora por la pura fuerza de los
nmeros. El destino de aqul que se enfrenta al Borg es ser simplemente ser asimilado o
desaparecer.
El dulce placer de la conexin mental
Aunque las ventajas militares y expansivas de una raza organizada como un colectivo son
evidentes, tampoco son las nicas. Por ejemplo, Arthur C. Clarke nos propone un
sorprendente sistema de comunicacin interestelar utilizando la potencia compartida de













todas la mentes de la Tierra en su relato "Amad este Universo". Otra aplicacin mas obvia
es la conexin de varias mentes en paralelo para potenciar sus habilidades individuals
formando una especie de biordenador avanzado. De este modo, en "Servicio temporario",
de Haldeman, aparece una sociedad future en la que los ciudadanos deben prestar un ao de
servicio a la comunidad durante el cual sus cerebros son interconectados, dando lugar a un
superordenador biolgico que se encarga de la gestin de los recursos de la ciudad. Las
personalidades de los ciborg tienen que hacerse un hueco entire el mar de datos mientras
que los diferentes elements de sus cerebros se encargan de controlar el trafico, almacenar
estadsticas y conseguir que todo funcione adecuadamente. Sin embargo, qu sucede
cuando una de las personalidades enloquece y se propaga como un virus a travs de la
interconexin? En La era del diamante, de Neal Stephenson, tambin aparece un peculiar
ordenador basado en la simbiosis hombre-maquina: los tamborileros, una
supercomputadora biolgica formado por la conjuncin de nanomquinas con series
humans y en la que el flujo de datos tiene lugar durante las relaciones sexuales. Y en la
series de Hyperion, de Dan Simmons, el Tecnoncleo, un conjunto de IAs evolucionadas a
partir de las redes de comunicacin y datos y que resident fuera del espacio y el tiempo,
utilizan las mentes de aquellos que viajan a travs de los teleyectores que unen los
diferentes planets como procesadores de clculo distribuido para llevar a cabo sus tareas.
Al desaparecer la red de teleyectores, el Tecnoncleo vuelve a reincidir en esta estrategia
mediante el desarrollo de un simbionte que concede una peculiar forma de inmortalidad al
que lo porta...
La interconexin mental tambin ofrece interesantes posibilidades como medio de
entretenimiento. Por ejemplo, uno de los elements principles de "Blue Champagne", de
John Varley, es el transfer: la grabacin de los sentimientos de una persona para que puedan
ser compartidos por todas aquellas que dispongan del reproductor adecuado. Este tema se
desarrolla tambin en la pelcula Das extraos, en la que aparece todo un submundo
dedicado al comercio illegal de grabaciones que permiten al usuario vivir durante unos
instantes la vida de otras personas... o incluso su muerte. Sin embargo, en ambos casos la
interconexin a este nivel es una experiencia puramente unidireccional que no tiene nada
que ver con la aparicin de una mente grupal. "Piedra", de Edward Bryant, si va mas all
ofreciendo una peculiar aplicacin de esta tcnica en un concerto de rock. En efecto, este













relato parte de un hecho bastante conocido: la "qumica" que destilan muchos cantantes
cuando actan en director. Para cualquiera que haya tenido la suerte de acudir a uno de estos
espectculos, esta claro que en determinadas ocasiones especiales existe algo que va much
mas all de la msica que se interpreta. Ahora bien, qu sucedera si ese algo pudiera ser
aprehendido y modificado mediante una mquina? Bryant propone la utilizacin de un
intensificador de emociones, un sistema informtico de realimentacin neuronal con el que
se focalizan los sentimientos del public y se le devuelven intensificados. El cantante,
como en un concerto real, acta como catalizador de esas emociones, pero esa relacin
catalizada es moderada, manipulada y controlada por medios electrnicos en lugar de ser
dejada al azar.
Pat Cadigan retoma este enfoque desde una perspective diferente en su relato "Rock On",
incluido en la celebre antologa ciberpunk Mirrorshades. Cadigan parte de unos objetivos
algo menos ambiciosos que Bryant, pero igualmente interesantes: en lugar de intentar
moderar a esa bestia incontrolada que es el public, la "pecadora" (un juego de palabras
genial en version original) acta como aglutinante de la banda, actuando como una especie
de sintetizador biolgico y sacando lo mejor de ella. Es el caso de la estrella que es capaz
de hacer que aquellos que toquen con ella funcionen infinitamente mejor como conjunto
que como suma de sus individualidades: la definicin clsica de gestalt. A partir de estos
puntos de partida, ambos relatos ahondan en la relacin de dependencia, casi de
drogadiccin, que puede implicar una relacin de este tipo. Las dos protagonistas estn
completamente controladas por el poder que ostentan sobre el pblico y en cierto modo no
pueden prescindir de l. Y sin embargo, las dos estn siendo arrastradas por una profunda
corriente de autodestruccin, sienten que estn siendo sometidas, absorbidas, que estn
perdiendo su propia individualidad dentro de la mquina con la que trabajan. En suma, el
viejo dilema del ciborg de sacrificar lo que le convierte en human para conseguir ser algo
ms que human.
Los caminos de la fusin
Muchos son los mecanismos que se han propuesto para acceder al estadio de entidad
colectiva que estamos analizando. En algunos casos se utiliza como intermediario una
especie extraterrestre catalizador de la fusin. Por ejemplo, en "Cuatro en uno", de Damon
Knight se nos plantea una curiosa interconexin mental a travs de una especie de ameba













que digiere todo el cuerpo de sus vctimas... a excepcin del sistema nervioso, que pasa a
utilizar en su propio beneficio. En otras ocasiones, el estado de mente colectiva se alcanza
al someter a un grupo a una sbita tension, como si del forjado de una espada se tratase. Por
ejemplo, en La caza de Nimrod se lanza una persecucin despiadada contra unos artefactos
biolgicos, llamados las criaturas de Morgan, que tras haber sido creadas como instrument
de defense escapan del control human y se convierten en una peligrosa amenaza. Los
equipos perseguidores estn formados por un miembro de cada una de las razas inteligentes
que pueblan el sector del espacio conocido en el que tiene lugar la accin: humans, tubos
rilla, ngeles y remiendos (a los que ya nos hemos referido antes). Los problems aparecen
cuando al verse enfrentados a una criatura de Morgan en el selvtico planet de Travancore,
los cuatro miembros de uno de los equipos se funden dando lugar a una entidad colectiva
much ms potente que cada uno de los miembros originales del equipo del que parta e
incluso que el equipo global que formaban.
Otra variante bastante utilizada implica la actuacin de alguna forma de process biolgico.
Especialmente interesante result el empleo de clones. En efecto, es bien conocido que los
gemelos univitelinos muchas veces alcanzan un estadio de interconexin mental poco
habitual. Qu sucedera si en vez de gemelos tuvisemos clones, imgenes idnticas de un
mismo individuo repetidas hasta el infinito? En Hoy escogemos rostros, de Roger Zelazny,
ese mecanismo de clonacin da lugar efectivamente a la aparicin de una mente grupal.
Algo parecido sucede en La guerra interminable, donde la utilizacin de clones para
mejorar al mximo las caractersticas de la raza humana da lugar a la aparicin del Hombre,
una especie formada por individuos idnticos con una mente comn que por fin es capaz de
entenderse con la mente colectiva de los taurinos y detener la guerra.
La utilizacin de mquinas mas o menos sofisticadas para conseguir la gestalt, como el
caso del colectivo Borg que comentbamos mas arriba, tambin es una estrategia bastante
socorrida. Por ejemplo, en el clebre relato "La ultima pregunta", de Asimov, la humanidad
terminal por convertirse en una sola mente colectiva refugiada junto a un superordenador en
el hiperespacio huyendo del incesante advance de la entropa en el universe. En Paz
interminable, de Joe Haldeman, ganadora de los premios Hugo y Nebula, se nos describe
un mundo con energa de fusin barata, en el que la nanotecnologa puede fabricar
cualquier cosa y en el que existe una tecnologa de interconexin mental, una interfase













direct entire el cerebro human y la mquina. Esta tecnologa se utiliza principalmente en
sistemas de telepresencia que se emplean para pilotar a los robots que actan como los
soldados del mundo rico en su lucha contra los pases pobres. Por medio de este sistema,
los soldados comparten sus experiencias y emociones y, aunque no llegan a former una
mente colectiva (cada individuo del pelotn tiene una identidad bien definida), a nivel
military el pelotn se convierte en una entidad compuesta prcticamente invencible. Sin
embargo, en un moment dado, al superar el tiempo de conexin mental una determinada
magnitude, esta interconexin hace avanzar a los miembros del pelotn a un estadio superior
de conciencia, a una gestalt que puede eliminar completamente la violencia contra los de
nuestra misma especie. Desgraciadamente, las implicaciones de ese afortunado hallazgo ya
no resultan tan evidentes. Para empezar, el Homo Superior no es el resultado de la
evolucin de la especie, sino de una manipulacin mecnica. La modificacin no es
gentica y por tanto no es heredable, lo que implica que a partir de ese moment todo ser
human deber someterse a una peligrosa operacin para mantenerse a la par de sus
congneres. Y la operacin no siempre tiene xito, por lo que la humanidad se ve abocada a
un cisma entire conectados y desconectados que puede convertir algo tan noble como
eliminar la guerra en la peor dictadura de la historic.
La senda de la evolucin
La gestalt de Paz interminable es un process reversible, en cuanto que cualquiera que no
sea sometido a la operacin continue siendo un ser human normal y corriente. Pero, qu
sucedera si el destino ltimo de la humanidad fuese convertirse en una mente colectiva,
renunciando a la individualidad de sus miembros en el process? Una de las novelas que
trata de un modo ms interesante este problema es Elfin de la infancia, de Arthur C.
Clarke. En ella, en un da cualquiera, la humanidad descubre de repente que no est sola en
el universe: las gigantescas naves de los superseores se ciernen sobre todas las ciudades de
la Tierra avasallando al genero human con su poder. Los superseores proclaman que su
presencia en la Tierra est destinada a ayudar a la humanidad en todo lo possible. Pero poco
despus de su llegada, los nios del planet comienzan a tener extraos sueos, en los
cuales se ven viajando con destino a una entidad ignota que se sita en la ms remota
frontera del espacio y del tiempo. Elfin de la infancia trata el tema de la mente colectiva
como una evolucin, como una meta alcanzada por una humanidad que salta a un estadio













superior al fundirse con la mente que duerme en el corazn de la galaxia. Y la partida de los
hijos dejando atrs a sus padres y al mundo que les vio nacer est cargada con un profundo
y emocionante simbolismo.
Sin embargo, la obra cumbre sobre el papel de la gestalt en la evolucin del genero human
es sin duda Ms que human, de Theodore Sturgeon. En esta obra el lector asiste al
nacimiento del Homo Gestalt, con sus vacilaciones, sus avances y sus retrocesos, pero cada
vez ms firmemente encauzado en el camino que lleva a la aparicin de una nueva especie.
Con una estructura narrative muy caracterstica, los personajes van trazando una peculiar
danza en cuyos giros se esconde la autentica naturaleza de los hechos que se narran. Ms
que human es una novela de descubrimiento, en la que una prosa dulce y hermosa lleva al
lector cogido de la mano en el periplo de unos personajes que van en busca de su propia
percepcin del nacimiento del Homo Hestalt, nuestro heredero. Un nacimiento, que aun
siendo violent, como todos los nacimientos, lleva implcito la semilla de un mundo mejor.
Epilogo
La idea de integrarse en una mente colectiva de cualquier tipo result profundamente
desagradable a la mayor parte de los humans. Ese process de fusin en algo mayor, aun
cuando lleve aparejado un incremento del poder o la promesa de un mundo nuevo y
maravilloso, tambin implica en cierto modo la renuncia a algo que nos result
indispensable como humans: el concept del yo inviolable. En ese sentido la mente
colectiva result un poco como la muerte, y como tal la rechazamos. No es de extraar que
muchos de los grandes villanos del genero, como el colectivo Borg, o los insectores de
Ender, formen parte de mentes colectivas ms o menos definidas y ms o menos
amenazantes. Sin embargo, nada puede inducirnos a pensar que, quizs maana, quizs en
este mismo moment, la humanidad no est dando los pasos necesarios para avanzar a un
estadio superior de la evolucin que implique alguna forma de gestalt. Un estadio en el que,
quizs, el hombre descubra que no tiene por qu estar solo nunca ms.




Cristbal Prez-Castejn Carpena: Nacido en 1962 en Yecla (Murcia), vive en Madrid
desde hace various lustros. Es Ingeniero Superior de Telecomunicacin y trabaja en una
important multinational alemana del sector.













Sus aficiones principles son viajar, la fotografa, la astronoma y leer, su autor favorite es
Borges. En el campo de la ciencia ficcin, mas que autores prefiere obras: Arthur C. Clarke
cuando describe relatos, casi todo lo de Stanilslaw Lem, Philip K. Dick, Pohl, Benford...

Ha escrito un sinnmero de artculos sobre los ms variados temas de ciencia ficcin. Los
links pueden encontrarse en: http://www.arrakis.es/-cris/articulos.htm






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10. LAS COSAS QUE VENDRN


MUY CERCA YA: ANSIBLE 2005


El Grupo de Creacin
Artstica del Gnero
S. Fantstico ESPIRAL

'E piral convoca al

II Encuentro Terico del
Grupo de Creacin Artstica Gnero Fantstico
del Gnero Fantstico ANSIBLE2005
6, 7 y 8 de mayo


Por segundo ao consecutive el Grupo de Creacin Artstica del Gnero Fantstico
ESPIRAL convoca al Encuentro Terico del Gnero Fantstico ANSIBLE 2005, bajo el
auspicio del Centro de formacin literaria "Onelio Jorge Cardoso", Instituto Cubano del
Libro y la AHS. Ansible 2005 se desarrollar los das 6, 7 y 8 de mayo del present ao, en
el propio Centro "Onelio Jorge Cardoso", sito en Ave 5ta esq. a 20, Miramar, Playa. El
encuentro tiene como propsito la promocin del gnero fantstico y propiciar el
intercambio entire escritores, investigadores y creadores en general que desarrollan su
trabajo dentro del gnero en sus diferentes expresiones artsticas. Es una actividad sin fines
de lucro y cuya participacin, tanto de los artists como de los aficionados es totalmente
gratuita. Los asistentes podrn disfrutar de exposiciones de obras plsticas y
presentaciones de libros, muestras cinematogrficas, y un amplio espacio para el
intercambio entire especialistas, escritores y aficionados del gnero fantstico en sus
mltiples temticas y subgneros. Este ao se convoca tambin la segunda edicin del
Premio ARENA 2005, para cuento sobre tema fantstico en el que podrn participar todas
las personas que no tengan libros publicados dentro del gnero, y el premio de cuento breve
miNatura 2003 para cuentos de una cuartilla de tema fantstico. El resultado de ambos
concursos se dar a conocer el da 8 en la clausura del encuentro.













Para mayor informacin, contactar con los organizadores del encuentro a travs del correo:
espiral(@centro-onelio. cult. cu


CENTRO ONELIO JORGE CARDOSO, del 6 al 8 de mayo, Ansible 2005


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7. COMO CONTACTARNOS?


S tienes algn comentario, sugerencia o colaboracin escrbenos a:
darthmota@centro-onelio. cult. cu
jartower@centro-onelio. cult. cu
jartower74@yahoo.es
aceptamos cualquier colaboracin seria y desinteresada. Traten de ponerla en el
cuerpo del mensaje.


Advertencia: Los mensajes de direcciones desconocidas que contengan adjuntos
sern borrados.


Para suscribirte envanos un correo en blanco a:
disparoenred@centro-onelio. cult. cu
con la palabra "BOLETIN" en el asunto.


Para desincribirte envanos un correo en blanco a:
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