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 Table of Contents
 La frase de hoy: Larry y Andy...
 Articulo: El ghetto de la ciencia...
 Cuento clásico: Sombras chinescas,...
 Cuento made in Cuba: La Semilla,...
 Curiosidades
 ¿Como contactarnos?


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Disparo en Red
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 Material Information
Title: Disparo en Red
Physical Description: Serial
Language: Spanish
Creator: Mota, Erick J. ( darthmota ) ( Editor )
Publisher: Disparo en Red
Place of Publication: Havana, Cuba
Creation Date: November 1, 2004
 Subjects
Subjects / Keywords: science fiction
Genre: serial   ( sobekcm )
 Notes
Content Advice: Disparo en Red began as a science fiction and fantasy e-zine freely distributed by email from 2004 to 2008. Its focus was the publication of theoretical articles on the genre, short stories, and short novels from classical Anglo-Saxon science fiction (not published in Cuba), and it offered space for the writings of young Cuban authors. By 2005, following the publishing crisis in the 1990s, there was no room for new authors to publish books. Neither were there many competitions that would include publishing works in print. In addtion, each genre magazine project was rejected with the justificaiton of the publishing crisis. The idea arose to use email as a tool in our favor. In the fifty issues of Disparo en Red, current international views about the genre with theoretical articles from Cubans appeared. Previously unpublished texts were published that subsequently became contest winners and were published in print. Cuban fans could also read classics from Robert Heinlein, William Gibson or Phillip K. Dick. Most important, however, was learning not to depend on one newsletter to read about the genre. Novels in digital format began to be distributed in an unofficial manner and as a result the followers of this genre had a more complete culture of science fiction. Given that in Cuba much science fiction coming from socialist countries is published but little science fiction from the west, it also served to improve and update concepts about the genre. Most importantly, it served as a precursor to other newsletters, digital magazines, blogs and websites from the island. In publishing the fiftieth issue the authors believe they have in a small way propelled Cuban science fiction forward. Therefore at that time we decided to bring the project to a close and to move forward to new ideas. - -Eric Mota, Disparo en Red editor
Content Advice: Disparo en Red fue un proyecto de e-zine de ciencia ficción y fantasía que se distribuyó de manera gratuita por correo eléctrónico desde el 2004 hasta el 2008. Estaba orientado a publicar artículos teóricos actuales sobre el tema, cuentos y noveletas de la ciencia ficción clásica anglosajona (no publicada en nuestro país) y ofrecer un espacio para la obra de jóvenes escritores cubanos. Por entonces, tras la crisis editorial de los años 90, no había espacios para que los nuevos escritores publicaran libros. Tampoco había muchos concursos que incluyeran la publicación de la obra en papel. Además, cada proyecto de una revista de género era rechazado con la justificación de la crisis editorial. Entonces surgió la idea de usar el correo electrónico como herramienta a nuestro favor. En los 50 números de Disparo en Red se intercalaron opiniones internacionales actualizadas sobre el género con artículos teóricos de cubanos. Se publicaron textos inéditos que después resultaron ganadores en concursos y fueron publicados en papel. Y el fandon cubano pudo leer a clásicos como Robert Heinlein, William Gibson o Phillip K. Dick. Pero lo más importante fue que se aprendió a no depender de un boletín para leer sobre el género. Las novelas en formato digital han comenzado a distribuirse de manera no oficial y los seguidores del género ya tienen una cultura de ciencia ficción más completa. Puesto que en Cuba se publicó mucha ciencia ficción procedente de los países socialistas pero poca ciencia ficción occidental. También sirvió para mejorar y actualizar conceptos del género. Y lo más importante. Sirvió de precedente a otros boletines, revistas digitales, blogs y páginas web del género en la isla. Al publicarse el número 50 los autores consideramos que habíamos impulsado un poco más la ciencia ficción cubana. Así que decidimos cerrar el proyecto para dar paso a nuevas ideas. -- Erick J. Mota (darthmota)
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Holding Location: University of South Florida
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Table of Contents
    Cover
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    Table of Contents
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    La frase de hoy: Larry y Andy Waschosky
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    Articulo: El ghetto de la ciencia ficción, José Miguel Sánchez
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    Cuento clásico: Sombras chinescas, Teodore Sturgeon
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    Cuento made in Cuba: La Semilla, Michel Ensinosa
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    Curiosidades
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    ¿Como contactarnos?
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DISPARO EN RED #2 NOV/2004

FANZINE ELECTRNICO
DE CIENCIA FICCION
Y FANTASIA









DISPARO EN RED: Boletn electrnico de ciencia-ficcin y fantasia.
De frecuencia quincenal y totalmente gratis.


Editores:
darthmota
Jartower


Colaboradores:
Taller de Creacin ESPIRAL de ciencia ficcin y fantasa.
Jorge Enrique Lage.














0. CONTENIDOS:




1.La frase de hoy: Larry y Andy Waschosky.

2.Articulo: El ghetto de la ciencia ficcin, Jos Miguel Snchez.

3.Cuento clsico: Sombras chinescas, Teodore Sturgeon.

4.Cuento made in Cuba: La Semilla, Michel Ensinosa.

5.Curiosidades.

6.Cmo contactarnos?
















1. LA FRASE DE HOY:



Si te matan en la Matriz, mueres aqui?

El cuerpo no puede vivir sin la mente.

Larry y Andy Waschosky

La Matriz I












2.ARTICULO: ENTIRE FEED-BACK Y SLIP-STREAM:

EL GHETTO DE LA CIENCIA FICCION

Por Yoss


A diferencia de otro subgnero de origen igualmente popular pero ya ms o

menos legitimado, como es el policiaco, ni el horror, ni la fantasa, ni, sobre

todo, la ciencia ficcin son todava aceptados como autntica literature por

muchos crticos y estudiosos puristas. A despecho de que en los programs de

studios de prestigiosas universidades se incluyan ya novelas de Heinlein,

Bradbury, Bester y otros grandes de la CF, no obstante revistas enteras (como la

clebre Science Fiction Studies, canadiense) se dediquen al anlisis de textos

de tal carcter, muchos que se atribuyen el titulo de "especialistas" an le

reprochan al gnero su "pecado original" de literature de consumo, escapista,

irreal, apta solo para adolescents, enarbolando ante todo la bandera de su

"escasa calidad estilstica".


Es as que, frente a obras de indiscutible fuerza tanto imaginative como

escritural, tales como 1984, de George Orwell; Un mundo feliz, de Aldous Huxley;

y Limbo, de Bernard Wolfe (por solo citar algunas de las ms conocidas de una

lista que podra hacerse, sino interminable, al menos incmodamente extensa)

dichos crticos suelen optar por el expediente de reclamarlas vidamente para el

main stream o literature seria, negndoles de paso toda posibilidad de

pertenencia al gnero con la simple y esquemtica excusa de ser "demasiado

buenas para ser CF".


Esta actitud despectiva es reciprocada de modo apenas menos altanero por

los ms acrrimos fans de la CF, muchos de los cuales defienden a capa y espada

la superioridad conceptual de la narrative que les gusta, parapetados tras la

"certeza" de que es el double de difcil escribir una buena obra de ciencia

ficcin que una de realismo, porque la primera no solo debe cumplir con los

preceptos de desarrollo argumental, estilo atractivo y construccin de

personajes de la segunda, sino que adems se enfrenta al desafio extra de

ubicarlos en un mundo diverso (o al menos no exactamente igual) del que

cotidianamente comparten autores y escritores, la pleonsmicamente llamada

"realidad real" cuyas leyes y peculiaridades todos conocen... o ms o menos.


Esta double dificultad resultar discutible, pero lo indudable es que uno

de los factors que vuelve singularmente atractiva la CF no solo para la

proverbial curiosidad de los adolescents, sino para la de toda clase de

lectores, es su enorme capacidad de fabular sobre mundos o tiempos diversos del

aqu y ahora, o sea, lo popularmente conocido como sense of wonder, una

caracterstica que en el actual main stream ha quedado casi exclusivamente










relegada a ese particularsimo subgnero que son los libros de viajes, de los

que incluso, globalizacin, National Geographic y Discovery Channel mediante,

amenaza con desaparecer.


Y si bien los crticos ms recalcitrantes ripostan todava con el

argument de que tal sentido de la maravilla, tal derroche de imaginacin

result ms bien un factor secundario, casi extraliterario, dado que toda

literature no puede sino ocuparse de los conflicts y modos de pensar de los

hombres del tiempo en que se describe (despus de todo quin puede saber con

certeza ahora qu problems preocuparn a los habitantes de Titn en el siglo

XXIV?) y que el uso (y a veces abuso) por parte de la CF de todo su arsenal de

mundos exticos y tiempos hipotticos no es sino la misma clase de elipsis a la

que el sarcstico moralista Jonathan Swift recurri a las imaginarias Liliput y

Brondinnag en sus Viajes de Gulliver: un espejo deformante en el que reflejar la

contradictoria sociedad de su tiempo, los fans contraatacan a su vez con el

incuestionable argument de que no puede valorarse ninguna clase de

manifestacin artstica sin conocerla al menos con cierta profundidad... Pecado de

leso mtodo en el que, lamentablemente, incurren buena parte de los ms

acrrimos crticos de la ciencia ficcin. Pecado de ignorant subestimacin ms

grave an porque, si existe un gnero literario donde el feed back se legitime

como procedimiento, ese es la CF.


No es este el moment ni el lugar para recapitular tpicos como son el

papel jugado por editors como Hugo Gernsback y John W. Campbell, y por revistas

pulp hoy legendarias, como Weird Tales, Astounding y Galaxy, en la consolidacin

de la CF como literature de masas, ms all de las novelas de Verne y Wells que

definieron su infancia. Baste con recorder la singular condicin de consumidor-

participante de cualquier aficionado a la ciencia ficcin en esta poca

temprana, el carcter de cofrada cerrada, de "nosotros-sabemos-algo-que-el

resto-del-mundo-ignora" que ciment entonces el fandom, cuando el peso de la

opinion de los lectores, expresado a travs de las secciones de correspondencia

de dichas publicaciones mensuales, muchas veces modulaba, si no modificaba

directamente, el criterio de sus editors.


Desde entonces, para un autor, escribir CF con xito signific, entire

otras cosas, complacer a su exigente y archiconocedor pblico. Lleg a decirse

que la CF la escriban ex-lectores para futuros autores, lo que si bien es una

exageracin, a la vez explica much sobre cmo surgi el curioso fenmeno del

feed back, cuyas consecuencias en ocasiones han ido ms all del mbito

literario, llegando al extremo de introducir en nuestro lxico cotidiano y hasta

en la terminologa cientfica expresiones que aparecieron por primera vez en las

pginas de las pocoo series y escapistas" revistas de CF.










En que consiste este process? Bsicamente, en la apropiacin por parte de

un autor de trminos, concepts o escenarios creados o esgrimidos por otro autor

(o incluso por l mismo... la autoglosa tambin se vale) en obras anteriores.


Es asi que trminos cientficos antes conocidos apenas por un puado de

especialistas, tales como los rayos lser, la telepata, las supernovas o las

mutaciones hoy han pasado a former parte del lxico activo de millones de

personas sin profundos conocimientos de parapsicologa, astrofsica o biologa.

Fenmeno que a veces cae ms bien dentro de la competencia de la divulgacin

cientfica. Pero si bien esta deba no poco a la CF, y viceversa, tal estrecha

relacin constituira tema para otra disquisicin...


Del mismo modo, estructuras an hoy hipotticas, como los taquiones, los

huecos negros y los agujeros de gusano han pasado hoy a former parte del

repertorio conceptual de la mayor parte de los autores del gnero. Lo mismo que

los imperios galcticos, los viajes en el tiempo, las razas decadentes, los

extraterrestres agresivos (La guerra de los mundos, de H. G. Wells) o

bienhechores (buena parte de la mejor CF sovitica) las inteligencias en

envolturas extraas (astros racionales, como en Estrella flagelada, de Frank

Herbert, o Hacedor de estrellas de Olaf Stapledon; animals de inteligencia

humana, como el ovejero Sirio, tambin de Stapledon) No parece haber copyright

intellectual en la cofrada de la CF: fenmenos o artefactos como el

hiperespacio, el ansible (comunicador radial hiperlumnico, no relativista) el

robot con Inteligencia Artificial, humanoide o no recorderr el Yo, robot

asimoviano y sus tres leyes), el cristal lento (inspirada prefiguracin de la

holografa introducida por Bob Shaw en su novela Otros das, otros ojos) la

necrognesis (mtodo de reproduccin aliengena sugerido por Brian Aldiss en su

monumental triloga Heliconia) el ciberespacio (made in William Gibson en

Neuromante) y otros muchos gags o concepts ms o menos concretos creados por un

autor, son alegre y despreocupadamente tomados "prestados" por otro e incluidos

en sus obras, sin pestaear ni pedir permiso; antes bien el "plagiado" se siente

agradecido de que su "aporte" haya "prendido" en el gusto de otros fans-

escritores tan entusiastas como l mismo, aadiendo una bala ms al ya bien

provisto cargador del incansable "fusil de imaginaciones" del gnero.


Tal "incesto creative" o "promiscuidad intellectual" llega a su punto

mximo con los llamados universos compartidos. Si tal fenmeno no era del todo

desconocido en la literature norteamericana (recordemos Winnesburg, Ohio de

Sherwood Anderson o el mtico condado de Yoktonopawha de toda la obra de William

Faulkner) ni mundial (la Zenda europea de la homnima saga de capa y espada de

Anthony Hope) es en la ciencia ficcin donde alcanza su mxima expresin: cuando

el scenario de una historic o grupo de histories creadas por un autor se vuelve

popular, sucede casi con naturalidad que otros decide utilizarlo tambin para











ambientar all sus propias tramas, si bien siempre respetando en mayor o menor

media los lineamientos generals establecidos en un principio por el "padre"

del universe. As ha sucedido con El mundo del Rio de Philip Joseph Farmer, el

Darkover de Marion Zimmer Bradley, o el Espacio Humano-Kzintsi de Larry Niven,

entire otros.


Ni que decir tiene que los imperativos de Su Majestad el mercado tampoco

son ajenos a esta singular tendencia; la han aprovechado y hasta estimulado,

desgraciadamente muy a menudo en detrimento del estilo y la imaginacin. Como si

no bastara con los universos compartidos, en los ltimos tiempos se registran

mltiples casos de autores reescribiendo como novelas famosos cuentos de otros

autores, como el consagrado Robert Silverberg "versionando" los Anochecer y El

hombre del bicentenario del todava ms consagrado Asimov; o Paul Preuss, que a

partir de various cuentos aislados del celebrrimo Arthur C. Clarke forj su no

muy afortunada (ms bien trada por los pelos) series Venus Prime. Y el sistema

funciona en ambos sentidos de la flecha del tiempo, como dira Stephen

Hawkwings: tambin han aparecido precuelas de sagas de tanta aceptacin como la

Dune de Frank Herbert... cuyo hijo, de pluma muy inferior a la de su progenitor,

por cierto, ya la ha "enriquecido" con dos volmenes olvidables; La casa Atreide

y La casa Harkonnen. Y, no faltara ms, est tambin la plaga de novelizaciones

de los xitos del celuloide (aunque algunos, como Abismo, gracias a la hbil

pluma de Orson Scott Card, lograran incluso mejorar la historic original de

James Cameron, mediante el aadido de un breve pero eficacsimo prlogo) y el

hecho de que los ms populares juegos de roll, como Shadow Runner, o de tablero

temtico, como el Battle Tech, as como xitos fandom-televisivos como Star

Trek, hayan generado tambin sus correspondientes series novelsticas o

historietsticas recorderr Stars Wars) cuya calidad, por desgracia, suele

oscilar de lo regular a lo deprimente.


El escritor Theodore Sturgeon pasar a la posteridad no solo por sus

excelentes cuentos y novelas, sino por la Ley que lleva su apellido (o el de su

seudnimo, porque el autor de Venus plus X naci como Edward Hamilton Waldo) y

que podra enunciarse ms o menos as: Puede que el 90% de la ciencia ficcin

que se produce sea mierda. Pero el 90% de TODO lo que se produce tambin es

mierda. No result entonces extrao que ante la confluencia de esta

circunstancia con tan laberntico sistema de referencias y autorreferencias

cruzadas el critico, sobre todo aquel al que a prior no lo atrae la ciencia

ficcin (de lo que no pocas veces es culpable su propio y deficiente bagaje

cientfico tcnico, que les impide un acercamiento objetivo a los universos que

el gnero describe), opte por la ley del menor esfuerzo, e imitando a la zorra

de la fbula, gire altanero la cabeza para decir: "las uvas estn verdes" en

lugar de "no puedo alcanzarlas". O sea "la ciencia ficcin no tiene el menor

inters literario" en lugar de "como no soy capaz de comprenderla, no puedo










distinguir la buena de la mala".


Pero, an hay ms: lo que result inexcusable y aumenta an ms (si cabe)

la condicin de "segregados" de sus escritores y fans, lo que da todava ms

carcter de ghetto a la ciencia ficcin es el hecho de que algunos de los que

con ms energa piden que sea considerado el gnero a la misma altura del main

stream reaccionen iracundos ante obras que pretenden aprovechar el gran mercado

del que goza la CF, pero vulnerando de algn modo los "sagrados cdigos del

gnero".

Novelas tan originales e inquietantes como La larga march o El fugitive (ambas

brotadas de la incontenible pluma de Stephen King, quien las firm como Richard

Bachman aconsejado por sus editors, que teman que saturara el mercado si

publicaba ms de tres libros al ao); Nueva Lisboa de Jos Antonio Milin; o

Igur Nebl de Miquel de Palol; best-sellers de tanto xito como Clones de

Michael Marshall Smith, que utilizan la ciencia ficcin como estilo literario y

de pensamiento son demonizadas por estos puristas, porque (...) con la escusa de

un estilo ms pulido, estn escritas como si no hubieran existido Bradbury y

Gibson, como si nadie nunca hubiese ledo a Heinlein ni a Sheckley (...) pierden

tiempo y energa acuando nuevos trminos para concepts que ya tenan nombre

desde hace much tiempo en el gnero, como si pretendieran descubrir la rueda a

estas alturas del progress human (...)


Lo que distingue a tales novelas del resto del gnero, fundamentalmente,

es que estn escritas como si sus autores nunca hubieran ledo CF (lo que

result cuando menos improbable) Astuta operacin de marketing? Como si

pretenderlas pertenecientes a tal gnero pudiera limitar de entrada su acceso

por lectores ms tradicionales? Quin sabe. Pero lo peor es que tal "irreverente

burla" al sacrosanto y cmodo concept de la retroalimentacin autofgica que

desde hace casi 80 aos viene rigiendo en la CF la subscribe tambin el llamado

slip stream, cross-over o novela-frontera. Historias que en sus pginas renen y

mezclan ms o menos hbilmente los cdigos de la CF, la fantasa, el terror, el

policaco y hasta el oeste Ejemplos? La saga de La torre oscura y El Talismn,

ambas del polgrafo Stephen King; la monumental y archigtica La estacin de la

calle Perdido del joven talent ingls China Miville; y la abrumadora pero

nunca aburrida triloga de Marte (Rojo, Verde y Azul) de Kim Stanley Robinson,

que para algunos simplemente es (...)demasiado realista y detallada para ser CF(...)

aunque haya ganado Hugos y Nbulas como pocas.


Lo curioso y triste es que ni tal fenmeno de "ruptura de limites" es

nuevo ni nueva es la iracunda reaccin de los puristas. Ya en los aos 60, la

tremenda ampliacin de los horizontes conceptuales del gnero, la inyeccin de

sangre fresca que se englob bajo el rtulo de New Wave se debi a la irrupcin

en la CF de una plyade de jvenes autores, que si bien inicialmente se










acercaron al gnero tan solo atrados por las posibilidades econmicas del nico

sector del mercado editorial cuyas revistas an pagaban relativamente bien a sus

colaboradores, a la larga ampliaron sus horizontes con un autntico alud de

inquietudes nuevas (parapsicologa, psicodelia, drogas cognitivas, espacio

interior) y de experimentacin estilstica que enriquecieron notablemente el

cansado caudal de montonas historiess del espacio" al que se reduca la mayor

parte de la CF publicada an entonces (dejando aparte a verdaderos y

personalisimos monstruos de imaginacin y estilo como eran Heinlein, Bradbury,

Bester, Aldiss... y no muchos ms, por desgracia).


La historic siempre se repite: en aquellos alegres aos 60, voces hoy por

todos aceptadas, como Kurt Vonnegut Jr, Michael Moorcock. Joanna Russ, Harlan

Ellison o Philip K. Dick hacan erizarse a los fans de "la buena y vieja CF",

capitaneados por el buen Doctor Asimov... si bien no fue l el acuador de una

clebre frase que parafraseaba nada menos que a Goebbels : "cuando oigo hablar

de New Wave, saco mi coleccin de Astounding". Pero Qui non proficit, deficit.

Todo gnero que no se autorenueva se anquilosa y se autocondena a la extincin,

o al menos a la prdida del favor de las nuevas generaciones de lectores.


Sea cierto o no, y aunque algunos traten de legitimar al gnero

enumerando largas listas de pronsticos sociales y tecnolgicos confirmados, la

ciencia ficcin no conoce ni puede prever el futuro... pero, de algn modo, todos

los que la escribimos tenemos como artculo de fe que s es capaz de

modificarlo.


Hoy por hoy, a principios de ese siglo XXI que tan lejano les deba

parecer a Verne, Wells, Gernsback y Campbell, ese tercer milenio al que solo por

poco no llegaron Asimov y Heinlein pero que el nonagenario Arthur C. Clarke s

ha alcanzado a ver, nuevos horizontes y nuevos desafos se abren ante la CF. El

principal de todos, una cuestin limites y tolerancia: Mantener el traditional,

hermtico espritu de ghetto (no nos quieren solo porque somos muy buenos, somos

muy buenos solo porque no nos quieren y si nos llegan a querer todo se acab...) y

constituirse en celosos guardianes de la "pureza de los ideales del gnero"... o

aceptar que la ciencia ficcin, ms que un gnero, ms que una bandera de grupo,

constitute un estilo, un enfoque libre, una manera de mirar y comprender mejor

el present en el imaginative espejo del future y las realidades alternatives?


Nunca se sabe. Pero, como autor que ha cultivado y cultiva tanto la

ciencia ficcin como el main stream, quisiera, a modo de esperanzador colofn de

tolerancia y cross-over, citar a Eduardo Heras Len, autor cubano que poco o

nada tiene que ver con el gnero, diciendo: Ustedes tienen la palabra. Porque,

al menos personalmente, tengo la esperanza de que tanto los futuros autores como

su no siempre agradecida, pero imprescindible contrapartida, los crticos de










maana, opten por la segunda opcin.

7 de abril de 2003


Jos Miguel Snchez (Yoss): La Habana, Cuba (1969). Licenciado en Ciencias

Biolgicas por la Universidad de La Habana en 1991. Comenz a escribir a los

quince aos, con su incorporacin a Talleres Literarios. Ha obtenido, entire

otros, los siguientes premios: Premio de cuento de ciencia-ficcin de la revista

cubana Juventud Tcnica, 1988; Premio David de ciencia ficcin, 1988, con el

libro de cuentos Timshel (publicado por Editorial UNION, 1989); Premio Plaza de

ciencia ficcin, 1990; Premio de cuento Ernest Hemingway, 1993; Premio Luis

Rogelio Nogueras de ciencia-ficcin 1998, con Los pecios y los nafragos,

(publicado por Ediciones Extramuros, 2000); Premio de novela corta de ciencia

ficin de la Universidad de Madrid, Getafe, 2002, con XXXXX...L. Antologador del

volume de ciencia-ficcin y fantasia Reino eterno (donde tambin figure su

cuento Palindromagia) Letras Cubanas 1999. Posee una extensa obra publicada,

algunos de sus ttulos de ciencia ficcin son: "Se alquila un planet" (novela

de ciencia-ficcin) Editorial Equipo Sirius (Espaa) 2002; "Kaishaku" (cuento de

ciencia ficcin) en la antologa Utopiales 2002, Editorial Atalanta, Francia;

"Al final de la senda" (novela de ciencia ficcin) Editorial Letras Cubanas,

coleccin La novela, 2003. Es miembro de la UNEAC desde 1994.












3.CUENTO: Sombras chinescas.


Autor: Teodore Sturgeon.


Haba pasado much, much tiempo, desde la hora de acostarse y Bobby estaba

dormido, soando con un pas donde haba mariposas negras y un perro con hocico

adormilado que tena los dientes de goma que no podan hacer dao. Era un lugar

oscuro y acogedor, cuyos limites eran borrosos y suaves y que se podan mover y

ensancharse por donde quisiera si Bobby lo quisiera.


Pero, de pronto, apareci un rayo brillante de luz y se lo trag todo. Todo

menos la suave sombra de la blanca pared de al lado de la puerta: all, siempre

viva alguien.


Era que Mami Given entraba en el cuarto y, tras ella, estaba el rastro brillante

del pasillo iluminado. Hizo girar el conmutador, aquel tan alto que Bobby no

poda alcanzar, y la lmpara de la habitacin se encendi cruel. Mami Given, que

haba parecido como de cartn y compuesta de plans triangulares y oscuros, con

bordes iluminados por la luz del pasillo, pareca entonces la Mami Given de

todos los das.


Su cabellera era ancha y su barbilla estrecha; sus espaldas eran anchas y su

cintura estrecha; sus caderas eran anchas y su falda estrecha. Debajo de todo

ello estaban las recias piernas como bastones de seda. Sus brazos colgaban al

extremo de sus anchos hombros y se mantenan tiesos y sin codo mientras andaba.

Nunca mova sus brazos al andar. Nunca los mova ni por pienso, a menos que

necesitara hacer algo con ellos.


-Ests despierto?


Su voz era dura, ancha, igual y tambin segura.


-Estaba dormido -dijo Bobby.


-No me repliques. Levntate.


Bobby se sent y se frot los ojos:


- Papi est?


-Tu padre no est en casa. Ha salido. No volver en todo el da y puede que en

dos. As que no hace falta que des alaridos llamndole.












-No iba a dar alaridos para llamarle, Mami Given.


-Est bien, entonces. Levntate.


Bobby se levant, sorprendido. Su pelele de franela le cubra desde las espaldas

hasta la plant de los pies bien ,abrigados. Se dio cuenta de que estaba

despeinado.


-Ve a buscar tus juguetes, Bobby.


-Qu juguetes, Mami Given?


La voz vibraba como la ropa hmeda tendida en un da de vendaval.


- Todos tus juguetes!


Se fue al cajn de sus cosas y empez a levantar la tapadera. Se par, dio la

vuelta y se qued mirndola. Las manos de Mami Given colgaban a sus lados, tan

tiesas e inexpresivas como sus ojos horizontales bajo la sombra de sus cejas. l

se inclin en la caja: salieron Gulliver y Pinocho y otros tesoros. Sali la

estrellita giratoria y mohosa del viejo fongrafo, el huevo de azcar rajado con

la nia atisbando en l, el caleidoscopio de cartn y el juego de magia con sus

siete anillos plateados que hacan un truco que l no sabia hacer; pero que

papato manejaba tan ricamente. Lo cogi todo y lo dej en el suelo.


-Aqu! -dijo Mami Given, moviendo uno de sus rgidos brazos en lnea recta y

sealando a sus pies con el ndice prolongado en una raya tiesa. l recogi sus

juguetes y se los fue llevando, uno a uno, hasta que estuvieron todos all.


-Ordnalos bien -murmuraba ella.


Ella se inclin en el centro, ancha y negra como la puerta de un garaje, y

baraj los tesoros con los juguetes, de modo que la pila esparcida se convirti

en un montn cuadrado.


-Trete el resto -dijo.


l mir dentro del cajn y sac la pizarra enmarcada en madera, y la revuelta

caja de lpices, su libro de cuentas y una vieja candela: esto era todo en

cuanto al cajn de los juguetes. En el armario haba unos diminutos guantes de

boxeo, una raqueta de tenis con las cuerdas rotas y un viejo ukelele sin cuerda

alguna. Se lo llev todo y ella lo fue colocando junto con lo dems.












-Tambin esas cosas -dijo. Y, por fin, se dobl su codo para sealar a su

alrededor.


De la coqueta salieron las dos ardillas y el mono que papi haba tallado; el

pedacito cuadrado de vidrio que haba encontrado en Henry Street; la campana de

una maquinaria de relojera, que sonaba como el reloj de la iglesia, y el reloj

roto que Jerry haba dejado en el porche la semana pasada.


Bobby llev todo aquello a Mami Given.


- Es que va usted a mudarme de habitacin?


-No. No se trata de eso.


Mami Given cogi el curioso montn de juguetes y lo levant con sus brazos. La

campanilla se cay y reson en el suelo, rebot y empez a correr trazando un

circulo inclinado.


-Recgela -dijo Mami Given.


Bobby la alcanz y se la entreg. Ella se agach hasta que l pudo ponerla

encima de la pila, bien sujeta entire la raqueta y la caja de lpices. Mami Given

no dijo ni gracias; pero sali por la puerta, dejando a Bobby plantado,

contemplndola. Oy sus pesados pies arrastrndose por el vestbulo y el topetn

de su rodilla al empujar la puerta del cuarto de los invitados. Hubo otro ruido

caracterstico al soltar el montn de juguetes sobre la cama, la nica, que

tena una tela azul polvorienta cubriendo el colchn. Luego volvi.


- Por qu no ests en cama? Dio una palmada. Sus manos sonaban secas, como

bastones que se rompieran. Asustado, se meti en el lecho y se subi el embozo

hasta la barbilla. Antes haba siempre alguien que, cuando l hacia eso, tena

una palmadita cariosa y una palabrita tierna; pero esto no ocurra desde haca

much tiempo. Permaneci con los ojos abiertos a la luz, mirando a Mami Given.


- Has sido malo dijo Has roto una ventana del cobertizo y has dejado

rastros de barro en la cocina. Has sido chilln y desaliado. Por esto te

quedars en tu cuarto, sin juguetes, hasta que te d permiso para salir. Me

comprendes?


-S -dijo. Y aadi rpido, porque se acord a tiempo-: S, seora.


Sin prevenirle, apag la luz, y l se qued sorprendido por la oscuridad, ciego.











Pero, de nuevo, apareci en la habitacin aquella estra de luz en el rincn

sombro, en el ngulo de la pared, cerca de la puerta. All, siempre haba algo

movindose.


Luego ella sali, dando un portazo para cerrar, dejan do la oscuridad y

llevndose la luz, y no qued ms que una lnea polvorienta, como una alfombra

amarilla debajo de la puerta. Bobby separ la vista de all, y en un momen to,

nada ms que en un moment, se encontr mezclado con sus imgenes de sombras:

all permanecan el chucho de colmillos de goma y las jugosas y negras

mariposas.


A veces las mariposas permanecan all, pero general mente se marchaban en

cuanto l se mova. O quiz se transformaban en algo distinto. Sea lo que fuere,

a l le gustaba aquel lugar donde vivan y le hubiera agradado estar all en el

pas de las sombras. Un moment antes de dormirse las vio moverse en la lisa

pared, cerca de la puerta. Les sonri y se qued dormido.


Se despert muy temprano. Tanto, que todava no se perciba el aroma del caf

que suba desde abajo. En una esquina de la pared, blanca, estaba esperndole

una rudimentaria muestra de un sol amarillo, formando un cuadro ladeado. Salt

de la cama y se fue hacia l. Ba sus manos en la luz y se agach en el suelo,

apoyndose en sus delgados brazos.


-Ahora -dijo.


Cruz los pulgares y, suavemente, agit las manos. En la pared apareci una

negra mariposa moviendo las alas. Bobby exclam:


-Buenos das, mariposilla.


La hizo saltar como si contestara. La haca girar y la dejaba quieta en el fondo

del rayo de luz, levantando ahora una, ahora otra, sus dos alitas hasta que se

juntaban. De pronto, separaba una mano, arremangaba la manga de un pelele y,

paf!, apareca un pato con su largo cuello.


-Grazna! -le deca Bobby imperative.


Y el pato, cortsmente, abra el pico y estiraba la cabeza para graznar. Bobby

le abarquillaba el pico hasta que lo converta en un guila. No sabia qu clase

de chillido lanzaban las guilas, de modo que le dijo:


Agula, guila; agula, guila. -Esto sonaba bien y le hacia rer.











Estaba riendo cuando, de pronto, se abri violentamente la puerta y apareci

Mami Given, embuchada en su bata blanca de bao y en sus zapatillas.


-Con qu ests jugando?


Bobby levant sus manos vacias.


- Estaba...


Mami avanz dos pasos:


- Levntate -dijo.


Tena los labios lvidos. Bobby se levant preguntndose por qu estara

enojada.


-Te he odo rer dijo con una especie de murmullo sibilante. Le mir de arriba

abajo y examine el suelo a su alrededor. Repiti-: Con qu estabas jugando?


Y Bobby dijo:


-Con un guila.


-Con qu? Dime la verdad.


Bobby hizo revolotear sus manos vacias de manera imprecisa, evitando mirarla:

tena una cara tan enfadada... Ella avanz, lo pill y con su pesada mano le

apret la mueca. Le levant tanto el brazo que l se qued de puntillas,

mientras ella le cacheaba con la otra mano, a diestra y siniestra.


-Me escondes algo. Qu es? Dnde est? Dnde has metido aquello con lo que

estabas jugando?


- Nada. De veras, de veras que no tengo nada balbuca Bobby mientras ella le

zarandeaba y palpaba.


Porque Mami no pegaba. Nunca pegaba: haca otras cosas.


-Estas castigado -dijo en un murmullo desagradable-. Imbcil, ms que imbcil.

Ni siquiera te das cuenta de que ests castigado.


Le dej caer con un empujn y se dirigi a la puerta.










-Que no vuelva a oir tus risitas. Has sido malo y no te he dejado en este cuarto

para que te diviertas; aqu te quedas, y piensa en lo malo que has sido

rompiendo ventanas, manchando con el barro y mintiendo.


Sali y cerr la puerta con tanta precision que pareci un portazo silencioso.

Bobby mir hacia la puerta y pens un moment en aquella ventana rota. Lo haba

sentido de veras: la cosa ocurri porque la pelota de golf rebot demasiado

fuerte. Papi le haba advertido que tena que andarse con cuidado y l le haba

contemplado compungido mientras colocaba un cristal nuevo. Luego papito le haba

dado un poco de masilla para que jugara con ella y le haba dicho que no

volviera a ocurrir, y l jur que no volvera a hacerlo. Entonces, Mami Given se

haba callado, la muy tuna. Slo le haba mirado muchas veces con sus ojos y con

su boca fra y dura, y l saba que estaba esperando. Estara esperando hasta

que papato se hubiese marchado.


Pero Bobby volvi a su rayo de luz, y olvid todo lo referente a Mami Given.


En cuanto hubo hecho otra mariposa, y una cabeza de perro y un lagarto sobre la

pared, el rayo de luz se hizo tan delgado que no caba en l otra cosa que

pequeos deditos de sombra que bajaban y suban, como hacen las hormiguitas por

los tallos de las plants. Pronto desapareci del todo el rayo de luz y entonces

l se sent en el borde de la cama y esper la vaga presencia de algo que viva

en la pared ms lejana. Era cierta cosa distinta a las dems. No era nada ni

bueno ni malo. Viva all, lo que la diferenciaba de las otras cosas, como las

mariposas, el perro, los patos y las guilas; era que viva all sin que

necesitara de sus manos para que viviese. La cosa se estaba quieta. Algn da l

tambin sabra hacer algo, una mariposa, un perro o un caballo, que se quedara

all quieto cuando l quitara las manos. Entretanto, lo nico que permaneca, lo

nico que viva en el pas de las sombras, era esta cosa que fluctuaba all,

donde las dos paredes se juntaban en el techo.


-Voy a ir ah y jugar contigo -le dijo Bobby-. Ya vers.


En el patio haba un cajn con tres ruedas y un rbol nudoso en el que era fcil

encaramarse. Jerry vino y llam durante largo tiempo. Pero Mami Given le

despidi.


-Ha sido malo -dijo. Y Jerry se fue.


Malo, malo, malo... Era curioso cmo las cosas se haban vuelto malas desde que

papato se cas con Mami Given. Mami Given no quera a Bobby. Bueno! Tampoco

Bobby la quera, a Mami Given. Papato deca a veces a las personas mayores que

Bobby estaba much mejor con alguien que le cuidara. Bobby recordaba los tiempos











en que lo deca con un brazo alrededor de los hombros de Mami Given, y una voz

alegre. Recordaba, despus, cuando pap lo deca andando de una parte a otra de

la habitacin, con una voz triste que pareca significar, lo siento. Y ahora,

desde haca much tiempo, papato ya no lo deca nunca.


Bobby, sentado en el borde de la cama, canturreaba pensando en estas cosas, y

tambin canturreaba sin pensar en nada absolutamente. Descubri una mariquita

que trepaba por la coqueta y le cerr con astucia el camino, interceptndoselo

con el ndice y el pulgar, de modo que, ella misma, se meti en su mano. A

veces, si se las toma entire los dedos, revientan. Se fue al antepecho de la

ventana y busc hasta encontrar el pequeo agujero de la persiana que poda

haber empleado la mariquita para entrar. La dej que se paseara por la persiana

y la dirigi hacia el agujero. Vol, feliz, hacia el exterior.


La habitacin estaba inundada por una luz clida y apagada que reflejaba el

techo negro y reluciente del cobertizo. De modo que no poda hacer ninguna

figure en el pas de las sombras y estuvo hacindolas en su cabeza hasta que se

sinti sooliento. Entonces se ech en la cama y canturre hasta que se qued

dormido. Y todo el rato, aquella cosa rara del ngulo de la pared fluctu, se

movi y estuvo viva.


Al anochecer volvi Mami Given. Bobby pudo orla subir las escaleras, de modo

que cuando abri la puerta del cuarto oscuro, ya estaba sentado en la cama

frotndose los ojos.


El techo brill.


-Qu ests haciendo?


-Creo que dorma. Es ya de noche?


-Pronto. Tienes hambre?


-Mmmm...


- Qu manera de responder es sta? -rega.


-s, seora; tengo hambre, Mami Given -dijo rpidamente.


Llevaba un plato tapado.


- Esto ya est mejor. Vamos a ver. Empuj el plato hacia l. Bobby lo tom y

quit el plato que servia de tapadera, ponindolo debajo. Gachas. Lo mir y











luego la mir a ella.


-Bueno?


-Gracias, Mami Given. -Empez a comer sirvindose de la cuchara que encontr

entire aquel amasijo gris castao. No tena azcar.


- Supongo que esperas a que vaya a buscarte el azcar -dijo ella al cabo de un

rato.


-No... -dijo sinceramente, y se pregunt por qu su cara se habra puesto tan

triste.


-Qu has estado haciendo durante todo el da?


-Nada. Primero jugu y luego me qued dormido.


-Pequeo zngano -le chill de repente-. Qu pasa contigo? Eres demasiado

estpido para tener miedo? Eres tan tonto que ni me pides que te deje bajar las

escaleras? Es que no sabes ni llorar? Por qu no lloras?


l la contemplaba con los ojos muy abiertos.


-Si se lo hubiese pedido, tampoco me hubiese usted dejado bajar... -dijo-. Por

eso no se lo he pedido. Llen su cuchara de comida-. Y no tengo ganas de

llorar, Mami Given; no me duele nada.


-Eres malo, ests castigado y debera dolerte -dijo indignada. Apag la luz con

un golpe de su mano fuerte y dura y sali dando un portazo.


Bobby volvi a permanecer a oscuras y dese poder ir al pas de las sombras tal

como haba soado. Se ira all a jugar con las mariposas y los perros y las

jirafas de felpa con dientes enroscados, y all se quedara l, sin que Mami

Given pudiese entrar jams. Slo que papato tampoco podra venir y tampoco

Jerry, y esto le daba much pena. Salt silencioso de la cama y mir un moment

a la pared cerca de la puerta. Seguro que casi poda ver la cosa fluctuante que

viva all, pese a la oscuridad. Cuando haba luz, fluctuaba una sombra oscura,

ms oscura que la luz. Por la noche, fluctuaba una sombra ms luminosa que la

oscuridad. Siempre estaba all y Bobby saba que estaba viva. Lo saba tan

cierto como que me llamo Bobby y que Mami Given no me quiere.


Quedamente, con much cuidado, fue de puntillas hasta el otro lado de la

habitacin, donde haba una lamparilla de velador. La baj y la puso










cuidadosamente en el suelo. La desenchuf y pasando el cable por debajo de la

alfombra que haba junto a la mesa, lo extendi tirante a travs del piso, hasta

el enchufe de la pared, donde la conect de nuevo. As poda mover la lmpara,

dentro del cuarto, casi hasta el centro.


La lmpara tena una pantalla redonda que quedaba abierta en su parte superior.

Inclinndola sobre un costado, la sombra diriga su extremo abierto hacia la

pared blanca del lado de la puerta. Bobby, con la seguridad de su larga

prctica, se dirigi en la oscuridad hacia su armario y extrajo de su percha la

bata de franela de bao, que era de color rojo oscuro. La pleg y la arregl de

modo que tapara el extremo inferior de la pantalla y encendi la lmpara. En el

pas de las sombras apareci un brillante disco de luz cruzado tan slo por las

cuatro aristas que sujetaban la pantalla. Haba un punto oscuro en el centro,

donde se encontraban. Bobby lo examine concienzudamente. Entonces, acurrucndose

entire la lmpara y la pared, sac la mano.


-Un pato, gu, gu musit.


-Un guila. guila, agula; agula, guila -dijo apagadamente.


-Un lagarto. Bap, bap.


Hizo el lagarto que abra y cerraba su largo hocico.


Apart las manos y estudi la redonda y enrejada claridad en la pared. La sombra

borrosa del centro y sus lineas radiales le parecan un bicho de esos de agua,

que llaman tejedores y que pueden andar sobre la superficie de los arroyos.

Pronto le parecieron aburridos. Estaban all, sin hacer nada. Se meti el pulgar

en la boca y lo chup hasta que se le ocurri una idea. Entonces se fue al

lecho, debajo del cual encontr sus zapatillas. Puso una en el suelo ante la

lmpara y apoy la otra con la punta levantada en ella. Mir hacia la pared

gravemente durante un rato y luego se ech en el suelo, boca abajo. Mirando

cuidadosamente la sombra, puso sus codos juntos sobre la alfombra, junt los

brazos y uni la sombra de sus manos con la sombra de las zapatillas.


El resultado le encant. Se pareca a una araa y a un gorila. Era algo nuevo

que nunca nadie haba visto. Torci los dedos y los mantuvo as. Ahora la cabeza

de la cosa estaba llena de bultos y tena unos ojos triangulares luminosos y una

mandbula que oscilaba bostezando. Tena largos brazos que se extendan y un

delicado conjunto de tentculos.


A la ms pequea indicacin, se mova jugueteando con la cabezota y le haca

guios. Al mirarlo se dio cuenta de que, de pronto, la cosa fluctuante que viva











en el ngulo superior de la pared se haba escurrido y bajado hacia la bestia

que l haba creado, acercndose ms y ms hasta que, diablos!, lleg a

fundirse, sin meter ruido, con la misma bestia. Fue algo tan rpido y total como

la fusion de dos gotas de lluvia en el cristal de una ventana.


Bobby mova los brazos, encantado:


-Para, para! suplicaba -. Detente ah. i Te acariciar! Te dar cosas buenas

para comer! Por favor, para, por favor!


La cosa le miraba. Crey que iba a detenerse, pero no se atreva a mover las

manos todava.


Se oy el ruido al abrirse la puerta y el golpe seco del conmutador elctrico:

la habitacin qued inundada por una explosion de luz.


-Qu ests haciendo?


Bobby se qued helado, con los codos sobre la alfombra ante s, los antebrazos

unidos y las manos retorcindose extraamente. Apoy la barbilla sobre el hombro

y as pudo mirarla, mientras ella permaneca de pie all, tiesa y amenazadora.


-Estaba, estaba solamente...


Se agach hacia l. Lo agarr, levantndolo del suelo, y lo tir sobre la cama.

De una patada esparci las zapatillas. Levant la lmpara tirando del cordn de

la pared mientras deca con voz sibilante:


-Tenas prohibidos los juguetes. Esto quera decir que no podas inventarte

ninguno. Y por haber hecho esto, te quedars aqu... Qu ests mirando?


Bobby extendi las manos y las puso juntas, mantenindolas estticamente unidas.

Sus ojos centelleaban y sus pequeos y blancos dientes se asomaron para poder

ver de qu se estaba sonriendo Bobby.


- Se ha parado! Lo ha hecho! Se ha parado! -dijo Bobby.


-No s de lo que me hablas y no voy a quedarme para averiguarlo -dijo Mami

Given-. Creo que ests loco. -Se fue y cerr la luz.


La habitacin qued a oscuras, a excepcin de la pared blanca, cerca de la

puerta.











Mami Given dio un alarido.


Bobby se tap los ojos.


Mami Given volvi a gritar, ahora roncamente. Era un sonido como el ladrido de

un perro, pero ms y ms prolongado.


Hubo un largo silencio. Bobby, a travs de sus dedos, mir hacia la pared, que

resplandeca opaca. Baj sus manos, se sent muy tieso, levant las rodillas

hasta el pecho y pas los brazos a su alrededor.


-Vaya! -dijo.


Se oyeron unos pasos que suban las escaleras.


-Given! Given!


-Hola, papato!


Papato entr, encendiendo la luz.


-Dnde est Mami Given? Bob, hijo mo, qu ha ocurrido? He odo un...


Bobby seal la pared.


-Est all dentro -dijo.


Papato no le comprendi, de modo que se volvi y corri hacia la puerta

gritando:


-Given! Given!


Bobby segua sentado, contemplando la sombra diluida de la pared, absolutamente

visible, pese al destello de luz de la lmpara del techo. La sombra segua

movindose y movindose. Era un tringulo con el vrtice hacia abajo,

introducido tambin en un tringulo con el vrtice hacia abajo, que estaba

montado sobre un tercero y, por dentro, estaban los dos fuertes bastones de sus

piernas. Tena los brazos levantados, con los puos de sombra prietos e iba

golpeando la pared silenciosamente.


-Ya nunca ms ir al pas de las sombras -dijo Bobby, encantado-. Ella est

all.










Y cumpli lo que dijo.


Teodore Sturgeon (1918-1985): Naci en Staten Island, New York, el 26 de febrero

de 1918. Su primera historic de Ciencia Ficcin apareci en 1939 en la revista

Astounding. En 1947 gana el primer premio de la revista inglesa Argosy con su

relato "Las manos de Bianca", gan tambin los premios Hugo y Nebula,

correspondientes al ao 1971, con el cuento "Escultura lenta". Entre su extensa

bibliografa resaltan las novelas como "Los cristales soadores", "Ms que

human" (1953) que fue premio international de fantasa de ese ao, "Venus Plus

X" (1960) y "Cuerpodivino", y Volmenes de cuentos ya clsicos como "Caviar",

"Regreso", "Sin brujera" (1948), "La fuente del unicornio" (1953) y "Camino a

casa" (1955). Muri el 8 de mayo de 1985. Los dos pilares bsicos de la obra de

Sturgeon y su contribucin ms importantes a la Ciencia Ficcin fueron la

limpieza del estilo y su insistencia de que el amor es la nica salvacin de la

humanidad.

Actualmente est considerado uno de los grandes narradores norteamericanos del

siglo 20.














4. CUENTO MADE IN CUBA: LA SEMILLA

Por: Yaly, Alto Cronista




Una mariposa navega por el aire, como al azar. Pero se trata de

una mariposa de alas verdinegras y esto slo puede significar una cosa;

que no es casual su vuelo, que sabe perfectamente su ruta, porque es

una mariposa de Magia, y las mariposas de Magia slo saben seguir fielmente

la invisible trama que el Poder de todos los Poderes -Esh de todos los Esh-

ha escrito sobre la faz de Sotreun desde remotas eras olvidadas, y

seguir escribiendo.

La trama es enredada, compleja, e impossible de ser percibida

por todo human o ser cualquiera que desee seguirla. Y seguirla es la nica

forma de adquirir ese poder adorado; la Magia. Slo las mariposas

verdinegras, cuyas alas recuerdan en su enmaraado dibujo la trama invisible,

pueden seguir a travs del mundo los hilos de poder. Esta mariposa lo hace. Y

es por eso que ella persigue a la mariposa.

Aunque, no exactamente.

Ella; Uho, es una humana. Su cuerpo ya ostenta varias cicatrices,

premios a su empecinada persecusin a travs de tantos aos, la carrera de

locura que la ha hecho cruzar barrancos, bosques, ros, desiertos,

ciudades, aldeas... Barrancos por los que se ha despeado, bosques cuyos

rboles le han cortado el paso, ros cuyas aguas le han llenado los

pulmones, ciudades y aldeas cuyas gentes la han cazado como a un animal, slo

por verla seguir una mariposa. Las gentes de Sotreun, en su mayor

grueso, repudian la Magia y sus manifestaciones. Y muy en especial a sus

portadores.

Pero ella no se ha rendido. Demasiado ajena como para sentir el dolor o

el odio, demasiado concentrada en la obsesin de no perder de vista su

mariposa, porque sabe que si la pierde ser el fin, no el fin de los

poderes, de las fuerzas que siente ya dentro de si y ha ido acumulando

da tras da, sino del incremento de estas fuerzas. Si la pierde, le

ser impossible recuperarla, y no podr entonces llegar a la cumbre que

ha elegido para su camino; el rango de supremo poder que gozan los Grandes

Potentados.

Por eso es que, desde hace un tiempo, ya no persigue exactamente a

su mariposa.

Un fino y fuerte hilo se extiende desde una de las patitas de la

mariposa hasta su propio ndice diestro. No le importa que esto implique un

cambio radical en la cualidad del poder que est adquiriendo. No le importa

devenir Hechicera, luego de haber sufrido las consecuencias de la ingenua y











absurda perseverancia de los Magos y las Magas que se empean en jugar

limpia y honorablemente al juego de "sigue la mariposa". Ahora puede

evitar los caminos ms peligrosos o difciles, puede obligar a su mariposa a

cambiar de ruta, sacndola del hilo de poder que sigue y obligndola a encontrar

otro. Es muy simple. Qu ms da recibir un poder adulterado, product de los

cambios de ruta, si este poder se integra en afluentes generosos a su

organismo.

Es un poder que ya siente desde hace much. Que ya utiliza ampliamente.

Del que casi hace galas de derroche, porque sabe que no importa cuan agotada o

perezosa se sienta, la mariposa siempre esperar por ella, atada como est a su

mano.

Adems, tiene otras razones para proceder as. Mejor dicho; una razn:

est esperando una nueva vida.

Cada noche, antes de dormir, se pasa las manos por el vientre

donde an no se nota cambio alguno, y sonre al pensar en el maravilloso

future que podr ofrecerle a su retoo, siendo como ser ella la mas grande

Potentada jams vista sobre la faz del mundo. Se deleita semiadormecida en

el infinito juego de adivinar si ser nio o nia, si se parecer a ella o

al padre, quien muri combatiendo como soldado raso en una guerra ya

lejana, y a quien no confi su condicin de Hechicera, ocultando la mariposa

verdinegra en un lugar seguro mientras yacan sobre el magro heno en la

penumbra de un establo. Y as, noche tras noche, luego de esbozar un par de

sortilegios de proteccin, se duerme envuelta en recuerdos borrosos y promesas

futuras que le traen sueos a veces intranquilos, a veces llenos de seguridad

y content.


Y da tras da despierta lentamente, se libra del pesado lastre de

los temores o las alegras onricas, le regala a su mariposa various pies en

hilo de libertad, y retorna a su misin insoslayable.




Hoy no ha sido un da distinto. El aire es templado y la fina y

molesta llovizna que la obligase ayer a utilizar un sortilegio encubridor

ha desaparecido. Unas pocas nubes grises se muestran en el cielo, sin amenazar.

El suelo que pisa es firme, bajo por la corta y verdeazul hierba que suele

crecer en las colinas de los paisajes profundos de la Tierra Estrecha.

El sendero est bordeado por densos arbustos que la obligan a estar alerta,

lanzando constantemente hechizos de percepcin contra posibles merodeadores o

asaltantes ocultos.

No, no ha sido un da distinto, al menos hasta ahora. Porque

ahora siente de repente el hilo colgando flccido de su ndice, y descubre

llena de estupor a su mariposa revoloteando libre, cruzando los muros de

arbustos y perdindose de vista.











Con un alarido maldice los arbustos y sus agudas espinas que han cortado

el hilo, y que ahora le desgarran las ropas y las carnes al intentar

atravesarlos para recuperar su preciado tesoro. Desesperada, lanza un

sortilegio de fuego que reduce a cenizas todas las plants que se interponen

en su camino. La ola de calor la envuelve a ella tambin, pero eso no la

inmuta. Ahora puede correr. Y corre. Corre.

Corre enloquecida para merger instantes despus de un mar de humo y

cenizas, sin aliento, los cabellos quemados, la suciedad pegada a sus

sanguinolentos araazos, los aterrorizados ojos buscando, buscando en el rido

paisaje. Ella busca, mira...

Pero nada ve.

La mariposa ha desaparecido.


Con un gemido, despierta y se descubre no ante una pradera desierta bajo

el cielo gris, sino en el lecho cubierto de ramas y hierbas de una casucha, el

hinchado vientre asomando por entire las ropas. A su lado estn las telas

ms limpias que pudo encontrar, y el recipient lleno de agua hirviente,

cubierto con un trozo grande de lona.

En el suelo yacen los cadveres de quienes fueran en vida los mseros

dueos de ste destartalado y misero cobertizo; una nia y sus padres, vestidos

con ropas harapientas.

Ella; Uho, se pasa la mano por la sudorosa frente para ahuyentar los

malos recuerdos del sueo, de la pesadilla. "Eso ya pas", se dice; "eso qued

atrs."

Lanza una mirada de desprecio y repugnancia hacia los cuerpos

muertos. Slo puede sentir indiferencia. Era necesario. No queran dejarla

entrar. Y ella precisaba de un lugar para protegerse de la tempestad que se

avecinaba y que ahora azota la llanura. Para proteger a su hijo, cuya

llegada al mundo es inminente. Por eso hizo lo que deba hacer. Fue como

aplastar insects con la palma de la mano; desagradable, pero fcil.

La humedad traspasa las endebles paredes, que han tenido que ser

reforzadas con un hechizo para no ser deshechas por el vendaval. El

fuego crepita con clida inocencia en un rincn. Ella susurra:

-No importa, pequeo mo... -se acaricia el vientre, percibiendo

los impacientes movimientos bajo la estirada piel-. No te imported nacer en

esta msera y sucia casucha de labriegos. T, y lo sabes bien, ests

destinado a habitar el lujo, y a esgrimir en tus dignas manos poderes

prohibidos an a los ms grandes Potentados de Sotreun, t ests destinado

a... Ahhh!

El dolor ha sido terrible, pero slo una falsa alarma. La prxima vez

ser, lo sabe, la definitive. As que alista su organismo todo para la

complicada operacin que se acerca y, mientras lo hace, no puede evitar que

los recuerdos vuelvan...












Agotada, se dej caer sobre una piedra. Eran ya casi diez jornadas de

bsqueda sin pausas para dormir o comer, cosas que no dejan de ser

imprescindibles ni para un Hechicero, cualquiera que sea su poder. Haba

perdido las esperanzas. Por ms que se esforzaba, no lograba restablecer el

mgico nexo que nace entire una mariposa y su seguidor luego de una larga

convivencia. La haba perdido.

A cualquier otro no le hubiera parecido tan terrible, puesto que con los

poderes acumulados que posea ya estaba lista para hacer grandes cosas.

Cualquier otro ya hubiese estado harto de seguir una mariposa.

Pero no ella. Ella no era cualquiera. Ella quera no hacer grandes

cosas, sino cosas casi imposibles. Lo hubiera logrado. Sabia que lo hubiera

logrado.

Y ahora nunca lo lograra. No sin su mariposa. No quera pensar en

hallar otra y reiniciar el largo camino, lo cual significara la prdida

de todo el Esh adquirido y empezar de nuevo desde la nada. No, no tena

voluntad para eso. Ni tiempo. Alcanzar el poder que deseaba era el viaje de

toda una vida. Y una gran parte de su vida haba quedado atrs. Era

ya imposible..., impossible. Quiso llorar, pero no pudo. Ya no sabia cmo

hacerlo. Se oprimi la cabeza entire las manos...

-Buscas esto?

Ella levant la mirada, sorprendida.

Nunca olvidara aquella vision. El estaba all; rojos pantalones

serpiente, blanca camisa de anchas mangas, cinto enjoyado, cabellos de

oro plido, aguilea y altiva nariz, penetrantes ojos. Penetrantes ojos. Y en

su diestra, aprisonada entire el pulgar y el ndice, la mariposa perdida. Su

mariposa.

Se incorpor llena de estupor y rabia, pero al instant percibi en

su pecho y en su mente el golpe delicado de la advertencia: "Calma.

Conversemos, mujer. No vale la pena luchar."

Extendi con cautela su percepcin y hall poder en l. Un poder gemelo

en grandeza y aroma al suyo propio.

"Lo ves?", sonri l; "Nada bueno sera pelear. Moriramos ambos. Y

tambin tu mariposa."

-Entonces? -inquiri ella, ignorando el tono mental de su rival, quien

accedi sonriente y tambin abri sus labios:

-Te propongo un trato.

-Qu trato?

El Hechicero seal con un gesto el suelo, al lado de ella. Sobre una

piedra ancha y plana descansaban un arco y una flecha.

-Ponle a esa flecha el nombre que te dar dijo l, y disprala al

horizonte. Entonces te devolver tu mariposa.

-Eres Hechicero como yo -dijo recelosa ella-. Y tu poder similar al











mio. Por qu no puedes nombrarla y dispararla t mismo?

-Poder tengo, s. Pero es como si no lo tuviese. Aqul quien debe

recibir en sus entraas esta flecha est protegido por un sortilegio que no

puedo enfrentar, a expenses de morir yo mismo. Pero no est protegido de ti.

No te conoce. T tienes poder para hacerlo. Puedes hacerlo y lo hars.

-Por qu habra de hacerlo?

-Por esto adelant l la diestra y la mariposa alete con desespero-.

Bastara una ligera presin de mis dedos y... S que luego me mataras, y yo te

matara ti. Vale la pena? No lo creo. Y t tampoco. Todo el poder que an

puedes obtener. Todo el poder que obtendrs...


Ella dudaba. El avanz unos pasos. Un calor de invisible fuego se

desprenda de sus pantalones y el cielo era cautivo en sus pupilas.

-Adems, es tambin por tu provecho -indic l el arco y la flecha-.

Ambos hemos recorrido much, Uho. Ambos hemos sacado de nuestro camino a

innumerables rivals u obstculos. Hemos matado, porque sabemos que tenemos el

derecho de hacerlo. Porque tenemos y merecemos el Poder. Pero al que debe ser

vctima de esta flecha no podremos sacarlo del camino, ni t ni yo. Es

demasiado poderoso, y lo ser an ms. No podremos alcanzarlo. No podremos

detenerlo. A menos que lo hagamos juntos. Esta flecha, mi flecha, puede morder

su carne, pero slo si es disparada por alguien que no sea yo. El est

defendido contra mi nombre. Pero no contra el tuyo, Uho. No te conoce. No te

espera. Hasta hace poco yo era su nico rival. No te espera, Uho. Te he

descubierto antes que l. Y, si eres sabia, hars lo que te diga. Lo sacaremos

del camino. Y despus slo seremos t y yo. Es just.

-Es justo... murmur ella, an con duda en la mirada. Pero volvi a

mirar la mariposa en la mano del Hechicero y todos los sueos de poder y future

mordieron su corazn. Con mano decidida tom el arco y la flecha y los

examine. El arco era comn y corriente. La flecha aguzada con esmero, recta

y slida, y sus plumas eran doradas, escamas de un reptil de oro.

-Entonces, aceptas dijo el Hechicero.

-Mi mariposa...

-Te la dar tan pronto la flecha alcance su blanco. No tardar

much. Dejar tu mariposa aqu y desaparecer. Tendrs que confiar en m.

-Tendr que confiar en ti, pues- y arm con presteza el arco-. Dime

el nombre de tu blanco.

-De nuestro blanco corrigi l con una sonrisa fra-. El nombre es

"Aquel A Quien Yo No Podr Matar."

Ella lo mir:

-No est mal. Pero est incomplete. Necesito tu nombre.

-Por supuesto l se sent calmado en una piedra-. Por supuesto que

lo necesitas. KabdalooshDhoolgesh; se es mi nombre. Y ahora,

UhooshDhoolgesh, haz tu hechizo.










Ella cerr los ojos. Todo su cuerpo se sumi en la preparacin

del ms potente sortilegio que jams haba soado, y lo transmiti a la flecha

a travs de sus dedos. Sinti el arco temblar, el poder latiendo en la madera,

la muerte cantar en la punta aguzada de la flecha.

Y dispar.

Ambos observaron la flecha perderse en las bajas y grises nubes que

ocultaban el cielo.

Aguardaron en silencio. Ella mirndolo a l. El mirando el vacio. La

tarde transcurri. Cuando el Sol Negro hundi sus labios en la distancia, l

pareci despertar de un trance y dijo con voz glacialmente alegre:

-Hecho est, Uho; ahora slo seremos t y yo.

Y desapareci. Su sonrisa pareci persistir en el aire por unos

instantes. Y la mariposa qued all.

La mujer se abalanz hacia su tesoro. Pronto la tuvo en sus manos, de

nuevo atada con un fino e irrompible hilo. Entonces lleg el dolor.

El dolor de un cuerpo agonizante, de poder que se escapaba, un Gran

Poder. La flecha clavada en la carne, y la carne reconociendo los

nombres, los dos nombres que haban lanzado la flecha. Pero la venganza slo

fue dirigida contra ella; el instrument ejecutor, atravesando mareas de

tiempo y espacio inconmesurables, en forma de maldicin y hechizo de

enfermedad. La Enfermedad. Y eso fue todo. La muerte inund las lejanas e

ignotas carnes mordidas por la flecha. Y la Enfermedad inund las carnes de

la mujer.

El terror la invadi. Era la Enfermedad. El nico mal que poda

consumer el alma y el cuerpo de un Hechicero o Mago, sin importar cuan

poderoso fuese. Se estremeci al pensar en lo que esto significaba. En primer

lugar; la gran fuerza que posea el Potentado abatido, y en segundo; que

estaba irremisiblemente condenada a muerte.

Fueron largas jornadas de abatido vagar, entire colinas y arboledas

desiertas, de dolor increble, de sueos asesinados, de esperanzas vacas. Lo

haba perdido todo. De qu le servira ahora su mariposa, cuando el fin

de sus das se acercaba inexorable, y nada en este mundo podra alejarlo o

tan siquiera detenerlo? En mil ocasiones estuvo a punto de aplastar la intil

mariposa entire sus manos, pero no pudo. Algo en su interior se lo impeda. Los

deseos de venganza. Venganza contra aquel Hechicero, aquel malnacido que la

haba conducido a la muerte, asegurando para s mismo el Poder y el Futuro,

sacando de un slo golpe maestro a sus dos nicos rivals del camino. Al

que fuese ms poderoso que ambos y a ella misma. Maldito Hechicero. Maldito.

Y comprendi desconsolada que tampoco podra llevar a cabo su venganza,

porque el Hechicero estara ahora lejos, protegido de ella con slo saber

su nombre. Esperando a que muriese, esperando... Para ser el nico. Y

ella nunca llegara a ser ms poderosa que l, porque sus das estaban

contados. Nafraga en la desesperacin, se entreg al llanto que haba











retornado a sus ojos, a los sentimientos que regresaban de sus sepulturas

para atormentarla, a las pesadillas de oscuridad que la hacan desear de una

vez y por todas la llegada de la penumbra definitiva...

Hasta que un da despert con una luz en los ojos.

Haba soado con su hijo.

En el sueo, su hijo tena poder; El Poder. Ella no exista ya, pero no

era eso lo important. Su hijo era, en sus fantasas, el Unico. El Grande. El

Futuro le perteneca. Y ella viva en su hijo, como todo rbol vive en sus

semillas.

Ahora tena una meta. Su hijo era su meta. Y el Poder para su hijo. Y

la venganza gracias a se Poder. Se irgui y entreg su mariposa a las tramas

de la Magia en el aire.




La dolorosa contraccin la sac de los recuerdos. Supo que era el

moment. Prepar las telas con manos convulsas y bebi de un tazn un poco

de agua. Sudaba profusamente. Afuera, la tempestad recrudeca su furia.

Sonri. La Enfermedad no haba tocado a su hijo, dentro de su vientre.

Lo haba evitado con un hbil y ansioso despliegue de magia dentro de s.

El nio estara a salvo. Y el Poder tambin.

Otra contraccin. Otra.

Era el moment. Abri las piernas tanto como pudo.

Entre gemidos, rea: "Te he vencido, Hechicero, te he vencido!"

Se concentr. Se concentr como nunca antes. Sinti la Magia fluir desde

todas las parties de su cuerpo para vertirse en la frgil carne que palpitaba

bajo su carne propia. Sinti aquel cuerpecito latir dentro del suyo con la

fuerza del Poder. "Te he vencido, Hechicero." Con el rabillo del ojo mir a un

lado, a la mariposa encerrada en un frasco de cristal. La que fuese su

mariposa. La que sera de su hijo. "El nacer con todo mi poder, con todo mi

conocimiento..." El vientre le arda, como si estuviera a punto de dar a

luz a un nio de fuego. "Ser grande, ms grande que cualquier otro, porque

dispondr de dos vidas; la ma y la suya propia, para beber el Esh. El ir

a por ti, Hechicero, y te destruir, y reir sobre tus despojos, y yo

reir tras l..." Sinti que algo se desgarraba en su bajo vientre y

grit. Grit desafiando con su triunfo la violencia de los truenos y la lluvia

y el viento...


Y siente que el ser engendrado por su vientre y su poder se abre paso

lentamente hacia su libertad. Rompiendo sus entraas, regalndole el

sufrimiento ms dulce jams soado... Y nada de ello le impide habitar el

delirio de la victoria.

"He vencido! Te he vencido, maldito! T no sers el Unico! No

importa a cuntos hayas sacado de tu camino, ni a cuntos sacars! Todo










lo que conseguirs ser limpiar de molestos desperdicios el camino de mi

hijo; tu future rival, tu vencedor y tu asesino! El que ser el Unico! No

podrs sacarlo de tu camino, Hechicero; l te sacar del suyo! El ser Aquel A

Quien T No Podrs Matar...!"

Y es el dolor de todos los dolores. Un grito inhumano nace en su bajo

vientre. Ella mira, y con espanto ve, emergiendo de su carne ensangrentada,

una cabeza y unos hombros y un pecho diminutos. Un cabeza cuyos grandes

ojos y boca se distienden en un alarido ya mudo. Un pecho de frgil carne del

que asoma el asta de una flecha de plumas doradas, escamas de un reptil de

oro. Y ve la boca del moribundo infante habitar las palabras de la maldicin

y el hechizo de La Enfermedad contra su incognito asesino, y la maldicin y

el hechizo se pierden en una marea de tiempo y espacio remotos. Y la cabeza del

nio cae, inerte, sobre el vientre convulso de la mujer, quien no alcanza a

escuchar las palabras que llegan con el viento, vestidas de glacial sonrisa:

-Hecho est Uho. Ahora slo ser yo.


Michel Ensinosa Fu: La Habana, 1974. Licenciado en Lengua y Literatura Inglesa.

Miembro de la Asosiacion Hermanos Saiz (AHS) y la Unin de Escritores y Artistas

de Cuba (UNEAC). Entre los lauros alcanzados por l se destacan: Premio Waldo

Medina de la UNEAC 1999, Premio Jos Antonio Echevarra 2001, Premio Cauce 2001,

Premio Hemingway 2002, Premio Eclipse 2002, Ira Mencin del Concurso Luis

Rogelio Nogueras 2002 y la Mencin Especial Calendario 2003 de la AHS. Ha

publicado dos libros de relatos: "Sol Negro" (fantasa pica) de ediciones

Extramuros 2001 y "Nios de Nen" (cyberpunk) por la editorial Letras Cubanas

2001. Cuentos suyos han sido incluidos en las antologas "Polvo en el viento",

ICMF, Argentina 1999; "Horizontes Probables", Lectorum, Mexico 1999; "Reino

Eterno", Letras Cubanas 1999 y "Cosmos Latinos", Wesleyan University Press,

EStados Unidos 2003. Actualmente trabaja como editor en Eds. Extramuros y del

sitio web dedicado al Fantstico "Guaicn Literario". Arbitro creador de juegos

de Rol, fan al Heavy Metal, el manga y el anime.












5. CURIOSIDADES


Pronunciacin del nombre Cthulhu


Henry Armitage


A decir verdad el asunto no es demasiado sencillo. El mismo H. P. Lovecraft en

una de sus cartas (todava no publicadas en castellano) explica que "el nombre

represent un torpe intent human para reproducir la fontica de una palabra

absolutamente no-humana ... Las silabas estn formadas por un rgano fisiolgico

completamente diferente al nuestro, por lo tanto nunca podra pronunciarse

perfectamente por una garganta humana". As que,




Primera solucin: Impronunciable




En una carta a Duane W. Rimel, Lovecraft afina un poco ms y dice: "El sonido

real (que ningn rgano human puede imitarlo ni ningunas lletras humans pueden

representarlo) podra ser algo como Khlul-hloo [fontica inglesa, as la double

oo es u larga el parntesis es mo]; la primera slaba se pronuncia muy pesada

y guturalmente. La u es como la u de "full" [como en castellano]. La primera

slaba se pronuncia klul, pero hay que aadir el sonido gutural de la h. La

segunda slaba es todava ms oscura y gutural". As que,


Segunda Solucin: Kjlul-ju

[Fontica castellana]




Dos aos despus de la carta anterior, Lovecraft vuelve a opinar: "La mejor

aproximacin que uno puede hacer es gruir, ladrar o toser las slabas

imperfectamente formadas de Cluh-Lhu con la punta de la lengua pegada

fuertemente al cielo de la boca".

As que,


Tercera Solucin: Cluj-Lju.




En el relato El Lazo de Medusade Lovecraft en colaboracin con Zealia Bishop (El

museo de los horrores, Editorial Edaf) una mujer africana invoca a Clooloo. Y en

Muerte alada de Lovecraft y Hazel Heald los africanos se refieren en susurros a

Clulu. As que,












Cuarta Solucin: Clu-lu.


Robert Barlow, amigo intimo de Lovecraft, deca que "Lovecraft pronunciaba

Cthulhu como Koot-u-lew". As que,


Quinta Solucin : Kut-u-lu.

[Transcribiendo la escritura inglesa a la fontica del castellano].




En el relato "El Tmulo" de Lovecraft y Zealia Bishop aparece el dios con cabeza

de pulpo llamado: Tulu. As que,


Sexta Solucin: Tulu.




Otro amigo de Lovecraft, W. Paul Cook, propone la pronunciacin: Thulu, con las

vocals largas. As que,


Sptima Solucin, Tuuluu.




Donald Wandrei, tambin amigo intimo de Lovecraft, hace referencia a un da que,

hablando del relato La llamada de Cthulhu Lovecraft le corrigi: "No se

pronuncia K-Thool-Hoo [algo as como K-Zul-Ju], sino K-Ltl-Ltl [aqu soy

incapaz de buscar un equivalent castellano, pues la es un sonido que aparece

en vocales francesas y/o alemanas]". As que,


Soluciones Octava y Novena: K-Zul-Ju y K-Ltl-Ltl.


Otros opinan que el nombre de Cthulhu solamente se puede pronunciar con una

especie de silbido y el mismo Lovecraft dijo en alguna ocasin que ese nombre

era una especie de silbido de una mquina de vapor. As que,


Dcima Solucin: Un silbido siguiendo la lnea de la palabra.




La opinion ms generalizada es que cada uno puede pronunciarlo como le venga

bien. Yo mismo, Henry Armitage, el bibliotecario de la Universidad de

Miskatonic, unas veces digo: Tulu y otras veces digo Tulju. As que... t mismo.










[El contenido documental de este articulo sobre la pronunciacin de Cthulhu

procede en parte de Mythos Names and How to Say Them(Los nombres de los Mitos y

cmo pronunciarlos) de Robert M. Price, en Lovecraft Studies 15, 1987.


Henry Armitage: Es el seudnimo de uno de los fundadores de la Nueva Logia del

Tentculo, una agrupacin dedicada a la difusin de la obra de Lovecraft y de

los Mitos de Cthulhu, que cuenta con un sitio en Internet

(http://orbita.starmedia.com/~lalogia/).














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