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Alma mater

Digital Library of the Caribbean
Permanent Link: http://ufdc.ufl.edu/UF00098943/00077
 Material Information
Title: Alma mater
Physical Description: v. : ill. ; 57 cm.
Language: Spanish
Publisher: J.C. Fernandez
Place of Publication: Habana i.e. Havana, Cuba
Publication Date: 07-2013
 Subjects
Genre: newspaper   ( sobekcm )
newspaper   ( marcgt )
Spatial Coverage: Cuba -- Habana
Cuba -- Havana
 Notes
General Note: Description based on: Año 6, no. 1 (30 de sept. de 1933).
General Note: "la voz de los universitarios."
 Record Information
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: oclc - 20802575
lccn - sn 89048340
issn - 0864-0572
Classification: lcc - Newspaper 660
System ID: UF00098943:00086

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Title: Alma mater
Physical Description: v. : ill. ; 57 cm.
Language: Spanish
Publisher: J.C. Fernandez
Place of Publication: Habana i.e. Havana, Cuba
Publication Date: 07-2013
 Subjects
Genre: newspaper   ( sobekcm )
newspaper   ( marcgt )
Spatial Coverage: Cuba -- Habana
Cuba -- Havana
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General Note: Description based on: Año 6, no. 1 (30 de sept. de 1933).
General Note: "la voz de los universitarios."
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Full Text

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Edicin especial www.alfTlamater.cu preCio: 1.50 mn doming

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nuestro credo El Director El Director El Director Aquellos ojos estaban marchitos. Era demasiada la afrenta, el dolor creciente. Haban visto la mano asesina sobre la sonrisa del nio, el ltigo del capataz en las espaldas del amigo, la arremetida violenta contra el desamparado, despus de que el terror y la desidia subieron de un zarpazo al trono. Pero un hlito de luz se desplegaba en las entraas, iba creciendo desde las simientes. La torpeza llamaba al pensamiento, mientras tanto, en el pequeo cuarto los pasos y el murmullo avistaban el instante preciso, la hora sealada. Y los ojos, ahora ms despiertos, encontraban luz, la espeviviente, un despuntar de sueos. Ya no soportaran bota y porrazo, mano dura ni asesinatos en serie. Ahora encontraban el camino; secreto que estaba guardado en un guio mientras auscultaban el paso por Todos unan sus fuerzas en un haz-torbellino silencioso que presagiaba la fecha. arroparlo de vida, ya no de sangre. Si por un momento, tal Pero all estaban nuevamente los ojos, para estremecer, para decirnos que la muerte llegaba de verdad, que tanta luz no poda ser tolerada. Apenas mostraban sentido de amargura. porta que ahora se ensaaran sobre ellos, que pretendieran arrancarlos. Otros veran a travs de sus retinas. La Patria nueva se les asomaba en un horizonte cercano, libre de frussiguieron insomnes, para encauzarnos, enaltecernos, alertarnos... Y en la mirada tierna de cada nio estn los ojos; ya no marchitos ni con la tristeza como carga sobre los prpados.

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El Director El Director El Director Aquellos ojos estaban marchitos. Era demasiada la afrenta, el dolor creciente. Haban visto la mano asesina sobre la sonrisa del nio, el ltigo del capataz en las espaldas del amigo, la arremetida violenta contra el desamparado, despus de que el terror y la desidia subieron de un zarpazo al trono. Pero un hlito de luz se desplegaba en las entraas, iba creciendo desde las simientes. La torpeza llamaba al pensamiento, mientras tanto, en el pequeo cuarto los pasos y el murmullo avistaban el instante preciso, la hora sealada. Y los ojos, ahora ms despiertos, encontraban luz, la espeviviente, un despuntar de sueos. Ya no soportaran bota y porrazo, mano dura ni asesinatos en serie. Ahora encontraban el camino; secreto que estaba guardado en un guio mientras auscultaban el paso por Todos unan sus fuerzas en un haz-torbellino silencioso que presagiaba la fecha. arroparlo de vida, ya no de sangre. Si por un momento, tal Pero all estaban nuevamente los ojos, para estremecer, para decirnos que la muerte llegaba de verdad, que tanta luz no poda ser tolerada. Apenas mostraban sentido de amargura. porta que ahora se ensaaran sobre ellos, que pretendieran arrancarlos. Otros veran a travs de sus retinas. La Patria nueva se les asomaba en un horizonte cercano, libre de frussiguieron insomnes, para encauzarnos, enaltecernos, alertarnos... Y en la mirada tierna de cada nio estn los ojos; ya no marchitos ni con la tristeza como carga sobre los prpados.

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Director Yoerky Snchez Cullar Jefa de redaccin Miriam Anczar Alpzar Redactores Jorge Sariol Perea Dainerys Mesa Padrn Iras Fdez-Rubio Carbonell Neida Lis Falcn Costa Director artstico Alejandro Fernndez Pea Leonel Lpez Remuan Fotgrafo Elio Mirand Editora Web Marta L. Cruz Snchez Web master Maricela Facenda Prez Secretaria de redaccin Mairelys Gonzlez Reyes Transportacin Enrique Garca Hernndez Prado 553 esq. a Tte. Rey, La Habana Vieja, La Habana, Cuba. CP 10200. Telf.: 862 9875 / 866 5491 862 5031-39 ext. 122 Fax: 862 4330 e-mail: almamater@editoraabril.co.cu http://www.almamater.cu ISSN 0864-0572 julio agosto 2013 Portada Remun Casa Editora Abril. La Habana Vieja, La Habana, Cuba. CP 10200. e-mail: editora@editoraabril.co.cu http://www.editoraabril.cu Imprenta: Federico Engels p.22

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Director Yoerky Snchez Cullar Jefa de redaccin Miriam Anczar Alpzar Redactores Jorge Sariol Perea Dainerys Mesa Padrn Iras Fdez-Rubio Carbonell Neida Lis Falcn Costa Director artstico Alejandro Fernndez Pea Leonel Lpez Remuan Fotgrafo Elio Mirand Editora Web Marta L. Cruz Snchez Web master Maricela Facenda Prez Secretaria de redaccin Mairelys Gonzlez Reyes Transportacin Enrique Garca Hernndez Prado 553 esq. a Tte. Rey, La Habana Vieja, La Habana, Cuba. CP 10200. Telf.: 862 9875 / 866 5491 862 5031-39 ext. 122 Fax: 862 4330 e-mail: almamater@editoraabril.co.cu http://www.almamater.cu ISSN 0864-0572 julio agosto 2013 Portada Remun Casa Editora Abril. La Habana Vieja, La Habana, Cuba. CP 10200. e-mail: editora@editoraabril.co.cu http://www.editoraabril.cu Imprenta: Federico Engels Ral y mi amor en el tiempo... p.8 Por Daily Snchez LemusA los hroes de la resistencia p.10 Por Fina Garca Marruz Las lecciones del girasol p.12Por Celia Hart SantamaraUn cuartel para la memoria p.14 Por Neida Lis Falcn Costa El 26 de Julio: Imagen y posibilidad p.18Por Jos Lezama LimaSantiago, el Moncada y el imaginario de un escolar sencillo p20 Por Jorge Sariol El cuartelazo p.22Por Yisell Rodrguez MilnReencuentro p.24 Por Adriel Bosch Cascaret Una deuda pagada p.26 Por Yaima Puig Meneses Reclamo del Centenario p.28 Por Ral Gmez Garca Yo estuve en el cuartel Moncada p.4Annimo publicado en Alma Mater (1953)Artculos publicados por Alma Mater p.6 ASALTO p.16

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la voz de los universitarios Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524olo el destino sabe; yo mismo no puedo explicrmelo a veces, pero ha sido as, y a pesar de la enorme depresin espiritual en que me encuentro, la que me mantiene en cama desde entonces, quiero decir claramente los momentos que vivimos. Es lo menos que puedo hacer por los que quedaron all, con menos suerte que yo. Las cosas que aqu digo las vi con mis propios ojos, las otras me las contaron otros compaeros, algunos de ellos muertos ms tarde. ramos cerca de 150 hombres. Algunos sabamos a lo que bamos, otros, no; pero eso s, todos estbamos conscientes de que se iba a escribir una pgina en la historia de Cuba Revolucionaria con el riesgo de nuestras propias vidas. Haba cerca de 40 escopetas de una sola ametralladora con un magrueso calibre, pistolas y revlveres que cada cual haba conseguido por alguna parte, muchos comprndolos con el dinero de su sueldo. Aunque era poco el parque a todos nos pareno derramar sangre sino como ltimo recurso. Llegamos temprano por distintas direcciones. Tuvimos muy poca suerte, el grueso de los hombres iba en las mquinas y las dos primeras chocaron a la entrada. Nos tiraron YO ESTUVE EN EL CU AR TEL MONCADA! En octubre de 1953 apareci publicado en Alma Mater el testimonio de uno de los participantes en las acciones del 26 de Julio. Casi sesenta aos despus an se desconoce el autor

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primero y se generaliz el tiroteo que puso a los dems en guardia. El factor sorpresa qued eliminado a los pocos minutos. A pesar de la inferioridad nos parapetamos en distintos puntos y combatimos ms de 5 horas. Cuando caa uno de nosotros el arma no llegaba al suelo: la tomaba otro y continuaba peleando. Estuvimos cerca del polvorn, pero varias ametralladoras de trpode nos mantenan a raya. En la batalla solo cayeron 10 o 12 de los nuestros. Era intil ms derramamiento de sangre: hubo orden de retirada. Qu cuantas bajas tuvimos en general? En combate, pocas; asesinados vilmente, cerca de 90. Contar a prrafos los distintos incidentes. En la barbera del cuartel quedaron siete sin parque. Se rindieron con la frente en alto, pero cayeron con el crneo destrozado por las balas de las ametralladoras del TENIENTE RICO, jefe del bur de prensa del cuartel. Esto sucedi a una orden de RIO CHAVIANO que se encontraba a su lado. En el Hospital Saturnino Lora quedaron tambin acorralados 20 compaeros ms. Fueron capturados totalmente indefensos, sin parque. Se cebaron vesnicamente con ellos. Les arrancaron las uas, les cortaron les sacaron sus ojos con sus propias manos. Otros fueron rematados a culatazos y a balazos en la nuca y en la frente. Vejaron los cadveres, los escupan, los pateaban, aquello no era un grupo de cadveres sino una masa deforme y sanguinolenta de cosas que haban sido hombres. Comenz la cacera en la ciudad y en el monte. En los alrededores capturaron a muchos, los torturaron y los mataron: sacaron de sus casas a elementos que nada tenan que ver con nuestro movimiento pero que se haban distinguido por su lucha contra el rgimen; muchos de estos fueron asesinados tambin. As fue muerto el nio Cal por el CAPITN LAVASTIDA. En la Gran Piedra fueron capturados 27 hombres despus de un breve combate, fueron ametrallados y echados en una cuneta. En ninguno de los encuentros quedaba heridos del grupo de los revolucionarios, todos eran asesinados. Los que llegaron al hospital eran envenenados por el doctor PORRO, mdico militar. En medio de espantosas curaciones moran en la mesa de curaciones. Tambin les inyectaban aire en las venas. A muchos, les arrancaron las transfusiones de sangre y los mataron a culatazos limpios en la propia sala de curaciones. Aquello era una orga de sangre. En el Siboney quedaron cinco compaeros; hoy solo vive uno. Muchos eran arrastrados vivos a la cola de un caballo. Por ninguna parte aparecan heridos sino solo muertos y ms muertos, todos irreconocibles: estaban despedazados. Existe una foto del compaero Jos Luis Tassende, herido levemente en un pie. Hoy se cuenta entre los muertos. Una madre recibi una nota de su hijo a las pocas horas del combate. Mam, estoy preso, no te preocupes. Muri en combate, dijeron en el Juicio. Los compaeros Andrs Valds, Ral Aguiar y uno de apellido Del Valle, fueron capturados en el central Marcan, torturados en el cuartel de Alto Cedro, asesinados y echados en el foso de una colonia de caas. Sabemos el nombre de quien los entreg. Delante del gobernador mataron a ocho revolucionarios que se le haban entregado. DIAZ TAMAYO, Ro Chaviano y Prez Chaumont, carne de hiena y no de hombres, dirigan la orga. Fidel Castro y los dems se encuentran presos, salvaron la vida milagrosamente, pero fueron torturados y golpeados salvajemente. Ya presos, a cada minuto pretendieron asesinarlos. En la crcel de Boniato tuvieron los presos que hacer una huelga de hambre para lograr curar a un compaero que tena podrido un ojo de un culatazo que le haban asestado. Fue intil porque perdi el ojo. Yo he quedado vivo y no puedo alegrarme, porque mi alma ha muerto para siempre. Ms nunca podr borrar de mis ojos aquel espectculo horrible de tantos compaeros asesinados y ultrajados. Dios los guarde en la gloria y nos d fuerzas a nosotros para saber imponer la verdad y la justicia por lo que all pas. Mi nombre no puedo revelarlo.

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la voz de los universitarios (1 y 2). Cinco aos despus public una foto de Fidel y la guerrilla como homenaje a los cados el 26 de Julio (3). 1Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524

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la voz de los universitarios o buscaba libros de historia en el estante viejo de la casa. Solo quera ver si se guardaba alguno de poemas, porque ya en sptimo grado comenzaban los primeros sobresaltos del amor. Eran habituales en el aula las rimas de Bcquer o de Buesa, y busca-que-tebusca hall un ejemplar de Whitman y otro de Ral Gmez Garca. Lo cierto es que el segundo me llam la atencin, pues era una edicin por los 20 aos del Moncada y aquel joven haba sido uno de esos mrtires. Siempre me ha gustado la historia, saba de l, de su poema Ya estamos en combate que recit en ms de una ocasin en la primaria. Pero la entrevista introductoria a su madre, Virginia Garca, cambi mi vida. Aquella mujer siempre vestida de blanco, con sus cejas negras a pesar del tiempo, era una aparicin en cada sentencia escrita sobre la vida de su hijo, y fue ah que conoc ms detalles de un muchacho cubano, hermoso, que tuvo la posibilidad de escoger su muerte privilegio de pocos, al decir de su madre. Un martiano profundsimo, un enamorado incansable as fue apareciendo Ral en cada uno de sus escritos y poemas recopilados en un libro. Rpidamente decid sera mi cmplice en la secundaria con el afn de impresionar al ms pinto de la paloma. Nadie tendra referencias de aquellos espectaculares poemas de amor, pero para mi sorpresa, mi xito tuvo un vuelo bajito A pocos gustaron los versos libres Todos queran escuchar las rimas becquerianas y buesianas Ral no utilizaba as las rimas por momentos aparecan y luego se escondan, pero yo senta tanta fuerza parca sobre el papel. No me dej vencer y aunque no hubiese tenido mucho xito en mi secundaria, Ral sigui conmigo y aquella entrevista de Virginia la aprend casi de memoria. Fue as que comenz una extraa relacin que me hizo comprometerme con l para cualquier trabajo de largo aliento que tuviese que hacer en mi vida. Por Daily Snchez Lemus Royma La idea de Ral se me haca obsesin, relea los escritos, los poemas, aprend el valor de esos versos. y poco a poco me fui adentrando en l con las pistas que dejaba en cada uno de sus pensamientos. As me llamaron siempre la atencin en sus fotografas, las cejas gruesas y negras como las de su madre, la mirada en un ms all que solo saba l, la sonrisa inconclusa As me fui enamorando de aquel joven hasta que en la Universidad, cuando alguien habl de tema de tesis, lo que quizs para algunos resultaba incomprensible, para m estaba clarsimo: ese era el momento que estaba esperando desde haca aos. Aquel amor fantasma me acompa y una buena amiga me dio el rastro de otra persona que tambin cambi mi vida: Csar. Lo recordaba de cuando nos imparti unas clases sobre el reportaje, en el Instituto Internacional de Periodismo, pero nunca me pas por la mente que aquel Csar sera un sobrino nieto dignsimo de Ral y que sera mi gua espiritual en todo el camino por las huellas del ms pequeo de los Gmez Garca. Gracias a l pude leer manuscritos de aquellos poemas que desde la secundaria formaban parte de mis lecturas habituales y de mi vida. Estoy aqu, frente a ti, contigo Me involucr de forma tal con Ral que hasta Gines fuimos en busca de su obra periodstica; a pesar de la incredulidad de algunos en mi Facultad, Csar me aseguraba que podra ser la arista a tratar de mi trabajo de Diploma. pude entrar a una logia vedada incluso para nosotras, pude admirar cada sitio, cada escaln, cada objeto de las liturgias, revis sus archivos hasta dar con su inscripcin, y todo ello se uni a los guiones de programas radiales de el Museo municipal de los escritos suyos en el Instituto de Segunda Enseanza, El Estudiantil y Diario del Interior, y tambin en Antorcha Pero lo ms hermoso fue conocer a Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524

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su amigo Erasmo. el viejo Moreira que llor delante de m al recordarlo a pesar de haber pasado ms de 50 aos; aquel amigo que fue el primero en leer muchos de aquellos poemas juveniles de Ral. Y luego apareci Miriam Rodrguez, mi otra tutora, que para colmo de linduras fue alumna suya cuando l funga como maestro auxiliar en el colegio Baldor. As fui recorriendo su camino, celosa incluso del pelo rubio de Liliam, el amor de su vida y con rabia por Edita, la novia que tena al partir al Moncada, y que luego no supo esperarle. porque los hombres como l se esperan siempre vuelven As llegu a la capital, a Son los Mismos y El Acusador, a su fuerza por publicar dos peridicos a la vez que luego la prctica le demostr que era imposible para el movimiento que gestaba la juventud del Centenario con pocos recursos, mucho esfuerzo y amor. Visit la casa de Leyva, aquel historiador empedernido de los hechos del Moncada, y que me mostr por primera vez una foto de Ral muerto estaba all, tirado, lleno de sangre.. increble no poder verle los ojos o la sonrisa. Repet mil veces la imagen del documental La senda de la felicidad. Convers con su sobrino Jorge Gmez y lo espectacular de un grupo que canta la esencia del to Ral Moncada. Tambin disfrut la charla con Csar el viejo, que recordaba al to jaranero que jugaba con l Y todo ello siempre con Csar el joven?, el periodista heredero de la pluma de Gmez Garca No imagino otro camino en mi vida que no fuese ese. Lo viv y lo luch como quien lucha un amor, y aunque mi pelo negro me restaba posibilidades para aspirar al amor de Ral, yo insist Nunca podra olvidar ese momento de tesis. Aoro aquellos tiempos a solas con l en cada pgina, en cada archivo me siento feliz de haberlo conocido, de haber ido tras aquellos escritos juveniles que forjaron una personalidad y que lo hicieron involucrarse luego en uno de los hechos ms hermosos de la historia de Cuba. Haber conocido a su familia, y sentir que me quisieron como parte de ella, me hizo feliz Pero una de las cosas que me dio ms felicidad, el da de la discusin de mi tesis, fue cuando Csar me dijo que haba ganado el amor de aquel joven que persegu durante aos: Pero lo que no saba, lo que no poda imaginar Daily, era que todo el tiempo hubo una mirada escrutadora de sus pasos, aquella que, desde un lugar desconocido, comenzaba a trasmitirle seales, indiscutibles seales de amor. () Pero es l, es el propio Ral Gmez Garca quien, con una sonrisa y un guio, desde su pequea mquina de escribir, pareciera decirle: expresa... est an latindome dulcemente en el tic-tac del corazn. Veo que sientes con tristeza mi riesgo y admiras con dulzura mi entrega () An... mi apagado corazn puede vibrar de amor Esa declaracin de amor de Ral para m, que Csar me hizo saber, fue el mayor premio. De aquellos tiempos me quedan secuelas como la amistad entraable con el tutor-amigo-hermano-to, el comunicarnos cada 26 de Julio para felicitarnos por ser el da ms alegre de la historia; las llamadas a Erasmo para conversar a cada rato, como si con l estuviese cumpliendo una misin de Ral de cuidar al viejo amigo Y tambin me fortaleci, as desmedidamente, como solo sabe hacer lo espontneo y verdadero, el amor multiplicado por Mart y por mi pas, por el Moncada y todos sus jvenes que viven con Fidel, por la historia y por el periodismo, por toda la lucha que es vivir y por la irreversible tozudez de ser una seguidora de aquellas cejas que Liliam am hasta su muerte, que Edita no supo esperar, y que yo, a pesar de la distancia en el tiempo, me empe en rescatar y an amo y cuido con celo. como la misin social de ms mrito que pueden tener los hombres es otra pasin compartida.... Llega entonces un aniversario 60 del da en que como dijera Guillermo Cabrera dio luz de aurora, porque fue a escribir sus mejores versos a los muros del Moncada Ral y yo somos ms que dos nombres, dos cosas, dos personas. vivimos enamorados de las mismas esencias, de la misma patria, del mismo pueblo, de las mismas ideas. Por eso estamos juntos siempre y somos parte uno del otro. y por eso le escribo cartas de amor y s que las lee porque me acompaa y es uno de esos espectros queridos que nos impulsan a seguir. AJEF: Asociacin de Jvenes Esperanza de la Fraternidad, que funcionaba como una agrupacin juvenil de la masonera.

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Por Fina Garca Marruz : Hanna Chomenko la voz de los universitarios (En el llano, en las ciudades: a todos los que fueron mrtires.) Dios mo, t no les dars a los que padecieron atrozmente por la justicia, a los enterrados vivos, a los que les sacaron los ojos o les arrancaron los testculos, a los amenazados en lo ms vulnerable, la mujer o los hijos, t no les dars la gloria efmera de un nombre que se repite vagamente en las conmemoraciones patrias, un da que sirve para que vayan a las playas o el estudiante se rena con su novia, t no pondrs su retrato a la puerta del taller o le pondrs su nombre a alguna escuela, t no les dars esos premios hermosos, un estandarte glorioso que mueve a las muchedumbres a los nuevos herosmos necesarios, pues esto, con ser tanto, todava es tan poco y todava sera quedar en deuda con ellos, pues la justicia de amor ha de ser otra, la que desea la esposa para el esposo, el amigo para el amigo, el hermano para la hermana, la madre para el hijo, y nada menor que esto, del amor mil veces defraudado, lo que espera vagamente en el rostro de toda adolescente, la hora del encendido amor, la hora que volvern sanos a sus hogares, A LOS HROES DE LA RESISTENCIAAlma Mater / julio agosto 2013 / No. 524

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FINA GARCA MARRUZ (La Habana, 28 de abril de 1923). Poeta e investigadora literaria cubana, que ha recibido numerosas distinciones entre las que destacan los premios Nacional de Literatura (1990), Iberoamericano de Poesa Pablo Neruda (2007) y el Reina Sofa de Poesa Iberoamericana (2011). la voz de los universitarios Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524ser el consuelo profundo, el que sorprende revelando hasta qu punto no habamos sido antes consolados, la hora que llene el vaco del satisfecho y el vaco del insatisfecho, la hora de la dicha porque en el momento de la agona ni todas esas frases del ejemplo que no muere y de que el hroe no ha muerto, porque el hroe se muere y se muere siempre solo porque tuvo que haber un instante de absoluta soledad, agona del cuerpo y agona del espritu, un instante al cual nada tenan que ofrecer la historia ni los partidos, instante sacro del por qu me has abandonado, pero ese instante, Dios mo, t no lo olvidars, el Amor no puede olvidar al amor, el Amado a la amada, t uno a uno guardaste sus pasos, no esconders su rostro, t lo hars reclinar junto a tu pecho el da del regreso, a la muerte de los hroes t no la conmemorars con un da de duelo sino con la eternidad de la alegra, no les dars la bienaventuranza que ofreciste a los puros y es que ellos veran a Dios en su pureza, que ellos poseeran la tierra, ni la de los que lloran de los que dijiste que ellos seran consolados, sino la ms alta bienaventuranza, la ltima, los que padecieron por la justicia porque de ellos es el reino de los cielos.

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Alma Mater / febrero 2013 / No. 519 la voz de los universitarios la voz de los universitarios oy es el cumpleaos de mi madre. Coincide con el ltimo da del ao. Para ella no era tan importante el da en que naci, sino el da en que quiso nacer. Es como si el cario tuviera ms derecho a la verdad que los propios acontecimientos. Extrao, por cierto, esa sencilla mxima de mi madre Entonces permtanme una historia: No haba criatura nacida del suelo de la tierra que le causara a Hayde ms placer que el girasol. En casa haba girasoles en todas sus formas. Pinturas, fotos, girasoles vivos y muertos Van Gogh y su sublime estridencia Cuando le preguntaba a Hayde por qu era el girasol su como es no renuncia a ser inteligente, fcil de plantar y til: De ella se saca buen aceite, el girasol se siembra en en busca del Sol formando los lindos rejuegos con el tallo y adems le gusta convivir con sus compaeras Es en Es cierto: cuando he querido recordar a mi madre me ha bastado mirar una botella de aceite vegetal de girasol. la rosa del Principito. Se puede uno ir a hacer el bien (la revolucin) sin cuidado de abandonar algo Pues el girasol para contonearse y ser til no precisa ms que un buche Las lecciones del girasolPor Celia Hart Santamara de agua y un rayito de Sol. Es fcil tenerla en casa y fcil seguirla por el universo. Entonces mi madre y yo camos en cuenta de que el Desde nia me hizo sentir Yey que la felicidad se haya en el secreto de ser til. Tal cual el girasol. Mart dijo alguna vez que crea en la utilidad de la virtud. Mas a Hayde le gustaba la contrapartida: la virtud de la utilidad. Siempre que se es til se es virtuoso, y siempre que se es virtuoso se es feliz. As de sencillo. Estas son las lecciones del girasol que me ense Yey ternura. Todas sus lecciones eran as. No hubo lpiz ni papel para que me enseara algo. No se necesitan: cuando se escribe en y desde el corazn, tan slo es imprescindible una pluma de ngeles. Yo sin merecerlo, tena a mi disposicin un ngel completito para m sola. Las manos de Hayde eran tan blancas que en realidad comenzaban a ser azules; sus ojos tan enormes y claros, que al mirarlos se asomaba uno a la ventana del mundo. S, y el mundo es demasiado hermoso para que sigamos traicionndolo como lo estamos haciendo Es tan entraable como los girasoles: Lo bueno que vale del mundo es barato, til, hermoso y comprometido. Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524

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A veces pienso, sin embargo que no siempre tuvo mi madre posibilidad alguna de pensar en los girasoles. Mi madre estuvo triste, muy triste, que no quiere decir infeliz, se le cansaron las esperanzas lo comprendo ahora. He visitado la celda donde estuvo presa despus del Moncada y todava no acepto de manera consciente que con una jarra de agua, que me peinaba el cabello, que haca de Casa de las Amricas la sede del entusiasmo, esa que me hizo adorar la msica de Silvio cuando sus canciones se escuchaban slo de su voz adolescente esa misma mujer estuvo presa junto a Melba en una oscura celdita y perdi a su hermano y perdi a su novio y lo nico que le quedaba era una Patria herida y palpitante y un hombre que sera quien la salvara. No s si alguien le llev girasoles a aquella crcel. Por suerte, pudo disear mi revolucin. La revolucin cubana fue de alguna manera la revolucin de los girasoles, que no la de los claveles. Girasoles con fusiles en sus hojas. Todos juntos, apretados y moviendo dudosos las cabecitas a la izquierda, a la derecha, de vez en cuando Pero sin dudas con sus verdes fusiles dispuestos a defender todos los sueos de una sola vez As, despacito Hayde fue de alguna manera la mujer ms feliz de Amrica, porque supo conquistar el amor de los girasoles. En Casa de las Amricas aprendimos a vivir da a da sin temor al enemigo. Ella deca que Casa estaba demasiado cerca del mar precisamente porque por el mar vendran los asesinos, y entonces Casa sera la primera fortaleza para defender la revolucin de los girasoles. Lo curioso es que en aquella mstica dcada de los sesenta eran los intelectuales y artistas del Continente quienes se enfrentaran de primeros con los enemigos, esos que nos amenazaban con el terror nuclear Tontos! La reaccin nuclear no vencera jams a la pluma de Benedetti y el Gabo, ni al pincel de Matta y Lam y muchsimo menos a la voz de Roque Dalton, ni a la guitarra de Silvio y Vctor Jara. El Universo es demasiado sencillo: la molcula de agua, tan simple y ordinaria es una de las ms estables. A los girasoles no los reduce usted tan fcil. Sus cuellos verdes se resisten siempre, a no ser que quiera usted utilizarlos en provecho tal cual como mi madre. Ella muri con el nico objeto de seguir viva, como para convertirse en aceite de girasol. Hayde est junto a mis otros tres recurrentes fantasmas. El Che (uno de ellos), le deca en una carta, provocador como siempre: Veo que te has convertido en una literata me gustases en un da de ao nuevo, con todos los fusibles disparados y tirando caonazos a la redonda. Esa imagen, y la de la Sierra (hasta las peleas de aquellos das me son gratas en el recuerdo) son las que llevar de ti para uso propio. S! El Che se llev a Bolivia parte de los girasoles de mi madre. l fue el girasol mayor. El Che Guevara saba donde se encontraba el sentido ltimo de la felicidad. Mi madre, decididamente, est convertida en una estrella mente en una ola azul del mar. Hayde anda conversando con el Che y con Mart y mi otro fantasma Ella se convirti en la ms bella girasola del Universo. Y est junto a ellos tres cruzando los dedos para que el pueblo boliviano nos remonte desde sus ancestros indgenas hasta el socialismo. Por cierto que el Che quiso por all desbocar la revolucin en el Continente. Ser una coincidencia, pero Bolivia adems de sus tradiciones originarias tiene tradicin de lucha obrera y fue adems la tumba del Che suena demasiado lindo para ser verdad. Y no Bolivia, en Europa, la de Carlos Marx est desempolvndose el rostro en Pars con sus autos quemados. Y estuvieron juntos mis cuatros fantasmas en Estados Unidos con los obreros del transporte de New York que suean (sin que lo sepan) en cambiar ese pas, y empezaron por atentar contra aquellas fatuas Navidades. Tienen tambin el derecho de hacer revolucin. A veces no se lo concedemos. Hayde, el Che, Mart y mi otro travieso fantasma, que no me animo a decirles, me estn haciendo caminar por este interminable sendero de la felicidad que es la revolucin. Y as amigos mos en este cumpleaos de mi madre les invito a esta multitudinaria rebelin de girasoles. Entonces, al menos, no vean nunca un girasol sin pensar en Hayde Santamara y nunca miren uno sin voltear la cabeza al Sol. Con un girasol nos salvamos, y con una sonrisa. As liviano como la brisa del mar de Hayde y mis fantasmas nos encontraremos alguna vez siendo feliz como los girasoles. Hasta la victoria y feliz ao.Texto publicado en el sitio web el 2 de enero de 2006. La autora falleci dos aos ms tarde en un accidente de trnsito.

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la voz de los universitarios la voz de los universitarios Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524Muchos decan que estaba loco, que me haba cogido la Revolucin para m solo, rememora Alejandro Ferrs Pellicer desde su propio cuartel en la calle Marqus Gonzlez No. 209, del capitalino barrio de Cayo Hueso. All se encuentra el Sitial Moncada, un espacio que evoca los hechos del 26 de julio de 1953. Alma Mater convers con su creador, quien mantiene el mismo espritu que lo impuls a convertirse junto a sus hermanos Antonio y Armelio, en uno de los protagonistas del asalto a la entonces segunda fortaleza militar de Cuba.Por qu se decide a iniciar este proyecto? Desde el principio de la Revolucin mis hermanos y yo quisimos hacer algo que nos permitiera seguir participando de manera activa en el proceso y tambin contribuir a proteger la memoria histrica. En el ao 1976, solicito autorizacin para ocupar este espacio que haba quedado abandonado tras una demolicin. Con la ayuda de unos 15 nios, un vecino y el albail logramos limpiar el lugar, yo creo que sacamos de aqu como cuatro camiones de escombros. La tarea no fue fcil, incluso algunos nos criticaban, porque no comprendan su sentido. Por eso, cuando inauguramos el sitial le di un diploma a cada uno de aquellos nios y les dije: hoy esto tendern mejor el valor de lo que ayudaron a crear. El 11 de julio de 1983, ya casi al cumplirse 30 aos de las acciones en Santiago y Bayamo inauguramos el sitial con un acto muy bonito. Puedo contar con orgullo que ese da se como Omara Portuondo y Jess Orta Ruiz, el Indio Nabor. Tambin participaron compaeros asaltantes del Moncada y otros combatientes, pioneros, jvenes fue algo de verdad emocionante. A partir de entonces, a Marqus Gonzlez No. 209 llegan continuamente los visitantes cubanos y extranjela fachada del Moncada? Mi hermano Antonio y yo estuvimos analizando cmo hacer un Moncada en Cayo Hueso, porque este es un lugar con una historia muy rica: aqu estuvieron las Canteras de San Lzaro, donde nuestro Apstol cumpli su condena como preso poltico y ah est la Fragua Martiana para recordarlo. Este un barrio, al que vinieron a vivir y a combatir contra la injusticia muchos de aquellos tabaqueros que en Tampa y Cayo Hueso apoyaron a Mart en la preparacin de la guerra del 95. En estas calles se luch fuertemente contra los diferentes gobiernos corruptos y las tiranas de Machado y Batista. Aqu estaba la casa de Melba que era un punto de reunin y organizacin fundamental para los futuros asaltantes, aqu fue elegido Fidel como delegado del Partido Ortodoxo y desde aqu parti junto a otros jvenes para las acciones del 26 de Julio de 1953. En la calle Lucena No. 304, donde mis hermanos y yo conocimos a Fidel, se asumi luego la distribucin de La Historia me Absolver. De este barrio han surgido tambin importantes personalidades de la cultura y el deporte, es un lugar con una historia que debe preservarse, sobre todo, para las nuevas generaciones. Al principio pensamos llamarlo Continuidad Histrica, pero alguien me sugiri Sitial Moncada y nos gust. Luego vino lo dems: esa reproduccin de la fachada del cuartel, los murales con las fotos de los hroes y mrtires, los libros sobre nuestras gestas revolucionarias, los bustos de Mart, Maceo, Mella y todo lo que logramos reunir en estos 30 aos. Por Neida Lis Falcn Costa Fotos: Elio Mirand Mella es un ejemplo de revolucionario para los jvenes cubanos Un cuartel para la memoria

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Este sitial yo lo he organizado sin orientacin alguna, con ideas propias, pero tengo la satisfaccin de que, segn especialistas que lo han visitado, supera por su contenido a algunos museos y salas de historia. Adems de las fotos de todos los moncadistas, las de los expedicionarios del Granma y los combatientes de la sierra y el llano, en este lugar se exponen las de Flix Varela y Carlos Manuel de Cspedes, las de Guiteras y Jos Antonio Echeverra, las de Mariana, Vilma, Melba y Hayde o las de nuestros Cinco Hroes, por solo mencionar algunas, todas colocadas con el mismo respeto. Tambin hay banderas, documentos y objetos vinculados a nuestra actividad en el clandestinaje y el exilio, una pintura mural de la Granjita Siboney, a la que yo llamo Granja Tisol para honrar a ese querido compaero y su importante labor all durante los preparativos de las acciones del 26, y hasta una rplica del reloj que marc la hora cero, como llam Fidel al momento de la partida para Oriente. Varios de mis compaeros conservan en lbumes o estuches las fotos de los recorridos que hacemos cada ao como parte de las conmemoraciones por el 26 de Julio. Respeto eso, pero las fotos que yo reno estn expuestas aqu como prueba de que no hemos sido olvidados y de que continuamos luchando. Si se daan no importa, ya las repondr. Muchas de las personas que nos visitan lo hacen de manera espontnea pero en la medida que se va conociendo el lugar, cada vez son ms las solicitudes que recibo para realizar aqu diversas actividades. De hecho, a solo minutos de nuestra llegada, un comcumplir el Servicio As mismo, y no es la primera vez que organizamos ac tividades como estas. Pero tambin recibimos con mucha frecuencia a pioneros, estudiantes y trabajadores de la comunidad, de otras partes de La Habana, del resto del pas y hasta delegaciones extranjeras. La mirada del nonagenario Alejandro Ferrs se pierde. Parece que su pensamiento viaja hacia un punto de la memoria que no puede hacer palabra. La pausa revela que nuestras preguntas dejaron su mente suspendida en el tiempo... Abel? Lo recuerdo callado, sereno Mire, all en lo alto del mural del Moncada est su foto. l era nuestro contacto con Fidel. Tambin recuerdo a Ral Gmez Garca cuando declam su poema Ya estamos en combate. Todo eso est guardado en mi memoria. Recuerdo al detalle la primera vez que convers con Fidel, cuando mis hermanos y yo lo conocimos a travs de ngel Pl que era el jefe de nuestra clula de la calle Lucena. A m me convenci al hablar sobre su programa que coincida en lo fundamental con el de porque estuve a su lado en la Pero la verdad, cuando pienso en aquellos das veo un todo porque a nosotros no nos interesaba la gloria personal ni nuestras individualidades, lo importante era lograr una Cuba como la que tenemos hoy, con libertad y sin dictadura. como eplogo de nuestro encuentro. El Sitial Moncada conserva objetos y documentos histricos que Ferrs muestra atento a los visitantes.

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la voz de los universitarios la voz de los universitarios Alma Mater / julio 2013 / No. 524 la voz de los universitarios la voz de los universitarios ASALTO ABR A N P ASO, QUE A QU VIENE E L GENER AL 1953. 26 de julio: Ao del Centenario del Apstol. Domingo de carnavales en Santiago de Cuba. La fecha cambi el rumbo de la patria, cuando un grupo de jvenes (119) asalt la segunda fortaleza militar del pas. El ataque al cuartel Moncada fue un grito de rebelda, una prueba incuestionable de que haba nuevos Trejo, Mella y Guiteras dispuestos a marchar por un ideal y honrar la sangre que en Cuba se derram. En su alegato de defensa, documento conocido como La historia me absolver, Fidel Castro, expres: No es con sangre como pueden pagarse las vidas de los jvenes que mueren por el bien de un pueblo; la felicidad de ese pueblo es el nico precio digno que puede pagarse por ellas. En horas de la madrugada la caravana de autos atraves la ciudad, en medio de los carnavales. Se dividi en tres grupos; el Palacio de Justicia, el Hospital Saturnino Lora y el Cuartel Moncada fueron sus destinos. Buick 1953, utilizado por Fidel Contaba con un rea de 60 mil m2 en la zona ms elevada de la ciudad, y era sede del regimiento No. 1 Maceo. Segn datos de julio de 1953 el total de sus fuerzas alcanzaba los 809 hombres.Segunda Fortaleza Militar Bajas en combate Asesinatos posteriores a la accinRevolucionarios Muertos 5 8 29 61 19 8 Heridos Muertos Ejrcito Civiles Fuente: La historia me absolver, edicin anotada 2005, Ocina de Publicaciones del Consejo de Estado Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524

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Los hombres al mando de Abel Santamara, segundo jefe del Movimiento, combatieron durante tres horas. Al no poder retirarse, cambiaron sus uniformes por ropa de hospital para burlar al enemigo. Producto de una delacin fueron apresados y la mayora asesinados. Uniformes El factor sorpresa era la clave del xito de la operacin. Por ello los asaltantes usaban los uniformes del ejrcito. Contaba con un rea de 60 mil m 2 en la zona ms elevada de la ciudad, y era sede del regimiento No. 1 Maceo. Segn datos de julio de 1953 el total de sus fuerzas alcanzaba los 809 hombres. Por este punto, ubicado en el anco derecho del permetro, se realiz el ataque. Prueba de ello son los impactos de bala en la fachada, suprimidos por el rgimen de Batista. Despus del triunfo de la Revolucin, para ser el a la memoria histrica, se reconstruyeron los agujeros provocados por el asalto. Hoy son elementos caractersticos de la actual Ciudad Escolar.Hospital Civil Saturnino Lora Segunda Fortaleza Militar Posta No. 3 17 la voz de los universitarios Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524

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la voz de los universitarios a imagen es la causa secreta de la historia. El hombre es siempre un prodigio, de ah que la imagen lo penetre y lo impulse. La hiptesis de la imagen es la posibilidad. Llevamos un tesoro en un vaso de barro, dicen los Evangelios, y ese tesoro es captado por la imagen, su fuerza operante es la posibilidad. Pero la imagen tiene que estar al lado de la muerte, sufriendo la abertura del arco en su mayor enigma y fascinacin, es decir, en la plenitud de la encarnacin, para que la posibilidad adquiera un sentido y se precipite en lo temporal histrico. Ese tesoro que lleva escondido un ser prodigioso como el hombre, puede ser tan solo penetrado y esclarecido por la imagen. La imagen apegada a la muerte, al renunciamiento, al sufrimiento, para que descienda y tripule la posibilidad. La historia en ese rumor de la posibilidad actuando en lo temporal, penetrando en esa vigilancia audicional del hombre. Estar despierto en lo histrico, es testar en acecho para que ese zumbido de la posibilidad, no nos encuentre paseando intocados por las moradas subterrneas, por lo intrahistrico caprichoso y errante. En el maravilloso captulo de la Odisea, donde Ulises desciende a las profundidades para contemplar a su madre muerta, ve como la sombra de su madre lo esquiva, a oye la voz ms querida que le dice: hijo, no permanezcas ms en este sombro valle, asciende pronto hacia la luz. La fuerza del acarreo y del encuentro le viene a decir la conseja eterna, asciende hacia lo temporal, ocupa el espacio donde la luz bate a sus enemigos y desaloja a la medusa en EL 26 DE JULIO: IMAGEN Y POSIBILIDADdad, la imagen y el laberinto, una disposicin para llevar la imposibilidad a la asimilacin histrica, para traer la imagen como un potencial frente a la irascibilidad del fuego, y un acierto de la posibilidad, mientras la imagen errante como una lucirnaga, se apoya en una sustantividad potica, en ese campo magntico germinativo, para engendrar esa imagen que lo temporal necesita para formar esas inmensas masas corales, donde una poesa sin poeta penetra en el misterio de lo unnime. Es el cntico de la imagen, cuando logra verle la cara al develamiento de lo histrico porque ya anteriormente lo germinativo en el hombre, se nutri de una imagen desmesurada que rebasaba al hombre y le comunicaba los prodigios de la sobrenaturaleza. Se deca que el cubano era un ser desabus, que estaba desilusionado, que era un ensimismado pesimista, que haba perdido el sentido profundo de sus smbolos. Como una piedra de frustracin, el cubano contemplaba a Mart muerto, expuesto a la entrada de Santiago de Cuba, o a Calixto Garca obligado a quedarse contemplando las montaas, sin poder entrar en la ciudad. Pero el 26 de Julio rompi los hechizos infernales, trajo una alegra, pues hizo ascender como un poliedro en la luz, el tiempo de la fogatas en la medianoche impenetrable. Deca Jos Mart: tengo miedo de morirme sin haber sufrido bastante. Sufri lo indecible en vida, pero despus escala del dolor, deca Rubn Daro cuando lo recordaba. Ya era hora de que descansara en la pureza de sus smbolos, siendo un dios fecundante, un preador de la imagen de lo cubano. Lleg por la imagen a crear una realidad, Por Jos Lezama Lima Yaimel Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524

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en nuestra fundamentacin est esa imagen como sustentculo del contrapunto de nuestro pueblo. Esa fue la interpretacin de las huestes bisoas lanzadas al asalto de la fortaleza maldita. La posibilidad extendindose como una plvora de platino, fue interpretada y expresada. No fue un fracaso, fue una prueba decisiva de la posibilidad y de la imagen de nuestro contrapunto histrico, al lado de la muerte, prueba mayor, como tena que ser. Son las trgicas experiencias de lo histrico creador. La mar, color de cobre, dice el trgico griego, contempla impasible la muerte del hombre de guerra. Pero la tierra, que devuelve lo que devora, convierte al hroe muerto en legin alegre que trepa por lo estelar, para apoderarse del nuevo reto del fuego. La posibilidad actuando sobre la imagen, al apoderarse de la lejana, de lo perdido, de la isla en el desembocar de los ros, crea el hoc age, el hazlo, el apodrate. Es necesario que el cubano penetre en la universalidad de sus smbolos. Saber que la pia, con sus escudetes de oro quemado y el ondular de su corona de algas, es lo barroco, lo espaol de ultramar, como la palma, en el centro de la poesa de ma manera que el smbolo del 26 de Julio, entraa una resistencia o un bastin opuesto a la jabalina de oro de la fracaso. El fracaso es, en realidad, otra prueba, la del laberinto, intentada por el centauro o por el toro inmediato. La prueba del laberinto tiene dos etapas, expresada con singular podero por el ex libris de uno de los grandes prosistas del idioma. En la primera vieta, el centauro se cruza los labios con el ndice, apuntando silencio y el laberinto permanece dispuesto y temerario. Exorna la lmina una sentencia latina, in spe, en espera. En la otra vieta, el centauro grita y las curvas del laberinto estn abolidas, otra sentencia latina, dunque ad huc, ese hasta aqu, descifra y regala una para muchsimos cubanos tentados por la posibilidad, la imagen y el laberinto, una disposicin para llevar la imposibilidad a la asimilacin histrica, para traer la imagen como un potencial frente a la irascibilidad del fuego, y un La Habana, noviembre-diciembre, 1968.

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la voz de los universitarios Jorge Sariol Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524 parque a donde iba a exponer, como parte de un crculo de inters de fsica de 5to grado, un experimento con electrodos, cido y un bombillo incandescente. El premio recibido en aquel festival del conocimiento, entre otros agasajos, prevea un recorrido histrico por la ciudad, que a peticin de los premiados comenz, precisamente, por el Moncada. plic lo que ya sabamos por los libros: en 1953 el cuartel tena unos mil hombres sobre las armas la mayora miembros del regimiento Antonio Maceo, comandado por el feroz coronel Chaviano Se escogi para el ataque el 26 de julio por ser domingo de carnaval La idea era tomar la posta principal, irrumpir en el cuartel, reducir la tropa y llamar a los santiagueros a la lucha El ataque fue un fracaso militar y muchos combatientes fueron hechos prisioneros o asesinados vilmente pero result un golpe poltico contra la dictadura batistiana. De toda la historia sobre el 26, un detalle estaba sembrado en nosotros sos propios los asaltantes haban adquirido las armas: uno vendi su alguien ms, su sueldo de varios meses; hubo quien aport lo ms hondo a primera vez que visit el cuartel Moncada habra cumplido ya los doce. y durante unos siete meses viv en Santiago de Cuba, a solo unas cuatro cuadras del enclave militar. La provincia arda en insurreccin; pero con dos aos y medio de edad, la vida es demasiado grande para entender el drama de una ciudad en la que an resonaba la orden dada poco despus del 26 de julio: Hay que perseguir y sacar de debajo de la tierra si es preciso, a cuantos comunistas hay en la provincia de Oriente; si estn muy complicados en trajines revolucionarios, apretarlos primero para que hablen y luego matarlos sin contemplaciones. gamente la Plaza de Marte, la clnica Los ngeles, la cafetera Casalta en la esquina de Mart y Cuartelillo, o los jardines de la esquina nordeste del entonces hospital Saturnino Lora, de donde conservo la nica foto personal de aquella etapa. Y sobre todo, Santiago, el lugar donde conoc el mar. El Moncada solo representaba algo que en su conversacin, en Cuando volv a Santiago, en 1967, la ciudad me resultaba totalmente desconocida y La Plaza de Marte un El autor a los 3 aos de edad en los alrededores del Hospital Civil Saturnino Lora.Santiago, el Moncada y el imaginario de un escolar sencillo

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que tena: un poema de ardiente amor patrio; pero todos entregaban lo ms preciado: la vida. Alrededor de 165, entre fusiles calibre 22 y escopetas de caza, fue el bagaje militar empleado contra la segunda fortaleza militar del pas. Entonces Rigoberto pregunt por qu se vean grandes huellas de disparos en la fachada si los atacantes llevaban escopetas y fusilitos marca U. Fueron los mismos soldados, dijo la gua; ametrallaron el exterior contiguo a la posta, para hacer ver que los asaltantes llevaban grueso calibre. Alberto quiso saber hasta dnde haban llegado los pregunt por qu entre los asaltantes solo haba un santiaguero. Nadie pudo responder. A mis doce aos, dos fotografas publicadas por Bohemia me haban impresionado sobremanera: Mart, muerto, en un rstico atad, expuesto para escarnio pblico, en Palma Soriano, mi pueblo natal. Y la imagen tremenda de Jos Luis Tassende, en algn rincn del Moncada horas despus del asalto, vivo an y consciente de lo que le esperaba. Ni miedo ni abatimiento haba en el joven que desde la eternidad an mira a la cmara. Aos despus, recordando aquellas fotografas, entend mejor la historia del viejo que pescaba en un bote y la idea de que un hombre puede ser destruido pero no vencido. En mi imaginario de entonces, el Moncada y el 26 de Julio eran Mart, Fidel, la historia de Abel y Boris Luis martirizados por la soldadesca y sobre todo, el retrato de Tassende; entonces pregunt el lugar donde haba sido tomada la foto. Nadie pudo responder. Por razones de tiempo, a la salita donde se realiz el juicio solo pudimos asomarnos, curiosos. Pedimos ir a la Escuela Normal para Maestros, donde haba estudiado Frank Pas No hay tiempo. Pedimos ir a No hay tiempo, no hay tiempo, decan los organizadores. Aos despus se anunciaba la apertura del Museo de Historia 26 de Julio, con la idea de exponer con todo rigor histrico objetos y documentos relacionados con el ataque al cuartel Moncada, con la poca y la pica. Al Moncada lo frecuento, al menos por la entrada de la antigua Posta 3, cada vez que voy por Santiago. A la playa de Marverde, donde por primera vez vi el mar, no he vuelto en 30 aos. CRNICAS POR ASAL T O CRNICAS

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la voz de los universitarios la voz de los universitarios uatro aos anduve merodeando por sus alrededores. Nunca entr. No se va a mover de ah, me tardanza, y casi lo que se me esfuma es el quinquenio universitario sin visitar la fortaleza ms famosa en la Historia, con mayscula, de la Generacin del Centenario. Los cont. Fueron 48 meses, 192 semanas, 1 344 das, o sea, 32 mil 256 horas en las que hice de todo menos aquello que todos hacen apenas pisan Santiago de Cuba sin sacudirse el polvo del camino o preguntar como Mart cuando visit la estatua de Bolvar donde se come o se duerme: ir al Cuartel Moncada. Comet un pequeo crimen. Imperdonable para m misma. Tanto me distraa el ir y venir de una a otra sede de la Universidad de Oriente que me distanciaba del palpitar de la ciudad. Tampoco ayudaban los viajes a Guantnamo, en busca de un oxgeno diferente al que se respira entre trovadictos y en festivales de cine, romeras, conciertos Siempre un algo ineludible me distanciaba de visitarlo an cuando estuviera muy cerquita de l, como cuando reo en la corresponsala de Radio Rebelde, desde donde se ven jugar los pioneros de la hoy Ciudad Escolar 26 de Julio. Dos meses antes de graduarme, en abril del 2011, como parte de la delegacin nacional participante en la II edicin de ONUCARIBE, el Modelo de las Naciones de la el recorrido. Quera matar dos pjaros de un tiro: satisfacer mi curiosidad personal sobre la segunda fortaleza militar ms importante del pas en la dcada del 50 y complacer a los estudiantes de la UCLV, la UH, y la Universidad de Matanzas, que no perdan tiempo en llamarnos a la UO para saber si iramos o no al corazn de las acciones revolucionarias del 26 de julio de 1953. Nos recibieron las paredes agujereadas del Moncada. Un muchacha joven, con dotes de cuentista, narr los antecedentes, preparativos y pormenores de la accin. Caminamos por las salas del museo, que no es muy grande, observando viejos brazaletes del M-26-7, armas, fotos de los asaltantes, fragmentos de La Historia me absolver, EL CU AR TELAZO Yisell Rodrguez Miln y todo eso acompaados por un inslito fondo musical: el alboroto de unos nios atareados con todas sus fuerzas en disfrutar del horario de merienda. Se habl, entre las paredes que acogieron a unos mil casquitos durante el histrico enfrentamiento, de cuando los espaoles dispusieron la construccin de la instalacin en 1859 y del Mayor General del Ejrcito Libertador Guillermo Moncada que en 1893 all fue encarcelado. A l debe su nombre. Se intercambi sobre el estricto secreto con que, en 1953, Fidel Castro y Abel Santamara organizaron el ataque, de cmo y dnde se reclutaron asaltantes, de la Granjita Siboney y las armas guardadas en un pozo, y de los muchos que sacaron dinero de bolsillos vacos para apoyar la operacin. El da 26 de julio, Domingo de carnaval, no solo se atac el Moncada nos dijo la gua, con esa mana de todos guas de hablar como si nadie supiera nada, an cuando conocen que si hay una ancdota en Cuba que se aprende bien esa es la del ataque a los cuarteles Moncada, en la Ciudad Hroe, y Carlos Manuel de Cspedes, en Bayamo. Tambin en Santiago de Cuba se asaltaron el Hospital principal. Pero la accin fracas. Fall el factor sorpresa. La gua recit, del alegato de autodefensa de Fidel: El cuartel Moncada se convirti en un taller de tortura y muerte, y unos hombres indignos convirtieron el uniforme militar en delantales de carniceros. La mayora de los revolucionarios fueron asesinados por el rgimen tras el asalto. Todava recuerdo esas palabras. Nunca ms volv. A duras penas, tras la graduacin, he pasado por Santiago de Cuba, esa ciudad donde en cada esquina te topas con cuentos de la clandestinidad, o de Frank Pas, o del levantamiento del 30 de noviembre de 1956. do, repetir visitas fsicas con la dimensin de aquella largamente pospuesta pero para eso est la memoria, que no la del Moncada no las borra con la facilidad de un clic. Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524

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CRNICAS POR ASAL T O CRNICASDos amigos, Marcos y Xavi, frente a la fachada del Cuartel.

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la voz de los universitarios l mnibus ascenda una de las tantas lomas que salen al paso entre las calles santiagueras. All a un costado, tras llegar a la cspide, casi frente a nosotros se extenda un largo muro amarrillo con terminaciones rojas e mismo color. La algaraba cargada de emocin del grupo de nios y nias a bordo, no tard en aparecer. Despes de doblar a la derecha por una avenida, y recorrer todo el fondo de las murallas hasta una esquina, desde un lado de la va, se ergua el monumento en homenaje a Abel Santamara, que tal como nos dijo la maestra Ada, fue uno de aquella maana de la Santa Ana. En esa interseccin nuevamente doblamos, pero a la izquierda. De un lado continuaban los muros y construcciones frente con grandes letras anunciaba la sede de un Palacio de Justicia. Despus seguan pequeas, viejas y agradables casas de madera, hechas con el mismo prototipo. Una nueva esquina, y nos detuvimos. La seo Ada, que iba a cargo de la veintena de pioneros que ese da recorramos los lugares histricos de la Ciudad Hroe, nos convid a bajarnos del viejo mnibus Girn. Cruzamos la calle, para pararnos justo en la entrada que daba paso a una gigantesca explanada que se abra como plaza al frente de las amarrillenDespes de recibir una sonrisa de los custodios como bienvenida, nos adentramos en aquel complejo. Rafael y Popi, como ya habamos ensayado das antes de la visita, dieron la voz de alarma para comenzar a cantar cierto himno de lucha muy ligado al lugar donde nos encontrbamos. Yama, emocionada, apenas cantaba y miraba con impresin todos increble estar all. En el centro de la explanada, varios nios y nias vestidos deportivamente ejercitaban su cuerpo al comps de las voces de sus profesoras que se vieron bruscamente interrumpidas Otro grupo de pioneros, uniformados y con paoletas azules, nos contemplaban desde una de las dos escaleras que pareca un viejo cuartel, era ahora una escuela. Por Adriel Bosch Cascaret Jorge Sariol ReencuentroMonumento en homenaje a Abel Santamara.Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524

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Caminamos unos pasos y tambin comenzamos a subir, pero por una va de acceso ms cercana. La fachada estaba plagada de huecos alrededor de la puerta y los ventanales. Una bandera cubana, cuya asta se desprenda de la misma pared, ondeaba movida por una ligera brisa. Pasamos la puerta, y parte importante de la historia de nuestro pas sali a nuestro encuentro. Una instruida seora nos serva de gua y con mucha paciencia iba contestando inquietud y salvando las curiosidades de aquella pequea turba de preguntones. Cada una de las siete salas del museo, nos mostraba algo nuevo, objetos y armamentos pertenecientes a alguno de los combatientes que participaron en las acciones desarrolladas all el domingo 26 de julio de 1953, lo ocurrido en detalle aquel trascendental da, el ensaamiento con los jvenes asaltantes, el juicio, el encierro, el exilio, el Granma, la Sierra, No recuerdo el tiempo que estuvimos dando vueltas una y otra vez por cada una de las exposiciones. Solo la premura de continuar la visita a la ciudad nos sac del crculo de reencuentro con la historia. La recepcionista, an ms sonriente que el custodio de la la muestra fsica de nuestra estancia y salimos. Bajamos dejando atrs la bandera ondeante, los huecos de las balas en la pared, y la agradable gua que desde la puerta nos invitaba a volver. Ya el sol haba subido y los practicantes de la educacin fsica haban desaparecido. El custodio, ahora un poco ms serio por las molestias del calor, nos despeda parado junto a la antigua Posta 3. All rumbo a los plantas de la Avenida Garzn, a mediacin de cuadra, nos esperaba el mnibus. Cruzamos la calle en retirada. Fue entonces cuando me detuve para echar una ltima mirada, como si el viejo cuartel fuera a desaparecer tras nuestra visita. All segua, con su amarrillo intenso, sabiendse atesorador de parte importante de nuestras luchas libertarias, y cobijando como cada da, a cientos de nios que estudian en su Ciudad Escolar. El nmero 26, erguido, bien grande y en rojo sobre la csllante, y mi primera visita al Moncada me supo a reencuentro. CRNICAS POR ASALTO CRNICAS Vista de la fachada del cuartel Moncada por la Posta 3. Fachada del Palacio de Justicia. Muro que delimita la Ciudad Escolar 26 de Julio.

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26 la voz de los universitarios Una deuda pagadaPor Yaima Puig MenesesAlma Mater / julio agosto 2013 / No. 524quella no era la maana de la Santa Ana, ni era julio, ni haba conga, ni charangas. Aquella maana mi primera maana en el Cuartel Moncada era marzo, Da Internacional de la Mujer, y un gozo diferente rondaba, al acecho, tras sus muros, en cada pequeo espacio habitado hoy por tanta historia. cinco aos en Santiago de Cuba y, por increble que parezca, jams visit el Cuartel Moncada. Imperdonable, lo s, pero entonces siempre pensaba que tendra tiempo, que las clases eran insustituibles, que el sol picaba demasiado, que no poda perder el horario de la comida en la beca, que no alcanzara agua cuando llegara la pipa salvadora que despus tendra tiempo, mucho tiempo. Ahora, pensndolo bien, no me lo perdonar nunca, pero entonces no pensaba en eso, entonces miraba sus muros imponentes y amarillos desde la acera y me alejaba con pasos apurados. Maana, ser maana, me deca para consolarme. Pero el maana se me hizo demasiado extenso. En el 2007 me gradu como periodista en la Universidad de Oriente y dej esa deuda insatisfecha. pagar ese compromiso con la historia. Era marzo de 2013 cuando traspas, por primera vez, los muros del Cuartel Moncada. Sacudida estaba an con la muerte de Chvez, atragantadas todava, con demasiado dolor carcomindome las entraas. Pens en Fidel, en Ral, y llor en silencio, con un llanto extrao, sin lgrimas. En el Cuartel Moncada de 1953 solo acechaba la muerte, en este de ahora, por suerte, se refugia la vida. Cientos de nios han tatuado ya su sonrisa en la historia nueva del Cuartel Moncada, desde 1960 Ciudad Escolar 26 de Julio. Cientos de nios aprenden aqu sus primeros trazos, sus primeros clculos, corren, juegan, se enamoran y suean con ser grandes, algn da. Repaso en rfagas cortas la historia. No pude evitar esta isla-hacedora-de-imposibles. Directivos de educacin me explicaban entonces sobre la recuperacin del sector; casi seis meses han transcurrido ya desde el paso arrasador por tierra santiaguera del huracn Sandy. Realmente ha sido una tarea titnica, pienso. As, de cierta Otra vez renace la vida. Constructores, maestros, padres y alumnos conviven en perfecta armona desde hace un tiempo. Las aulas cambian su estructura, el bullicio de los ms pequeos inunda el rea deportiva, alguien dibuja un cartel con palmas y montaas, otros pintan las paEnmudezco de pronto, como intentando aferrarme a tantas imgenes. Es la nueva historia que se funde con la de hace aos; es la nueva historia que nos ha tocado defender con uas y dientes; es la nueva historia que tampoco dejar morir al Apstol, aunque este no sea el ao de su Centenario. Tengo entrevistas por hacer, un reportaje que idear, fotografas que sugerir. Son tantos detalles. Pero no quiero perderme ninguno. Desde los pasillos de la Ciudad Escolar 26 de Julio uno puede llegar a tejer las ms insospechadas historias, imaginar incluso aquel amanecer de julio en el da de la Santa Ana. Pronto sern 60 aos de aquella histrica hazaa y en estos das se aproxima mucha gente. Por la Posta Tres se accede al Museo conformado por ocho salas. Una de ellas est dedicada completamente a preservar los detalles de la accin liderada por Fidel Castro y protagonizada por la Generacin del Centenario. Visibles permanecen, en el exterior de la posta, las huellas de muchos disparos. Contemplarlos de cerca dej en m una extraa mezcla de nostalgias y alegras. Sesenta aos es mucho, mucho tiempo. Sesenta aos pueden ser, incluso, una vida. Suerte la nuestra de que en 60 aos nos continuaran naciendo hombres capaces de soar an con despertares de luz y puentes y empujes y esperanzas. Suerte la ma, de poder hoy estar escribiendo estas lneas.

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CRNICAS POR ASAL T O CRNICAS

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la voz de los universitarios Maestro, bajo tu frente enorme, En la profundidad perenne de tus sueos Se vislumbra el recuerdo de tus luchas de hombre; Y en la angustia callada de este pueblo que es tuyo Hay mil gemidos juntos clamndote en silencio, Porque es solo tu alma quien nos puede salvar. Tu ndice sereno seala las azules esperanzas Y reclama en silencio la muerte frente al sol. Y en las luces opacas de este siglo resplandece tu verbo Solo t con tu luz podras salvada del caos infernal, Solo t que en tus manos tuviste siempre rosas Y vertiste en tus versos tu angustia y tu ternura, Uniendo entre pasiones azarosas El honor, la paz y la bravura. Hincados de rodillas ante tu tumba til, Hasta la cima eterna donde brilla la llama de tu nombre Que el verbo centellante de tus labios Que fue duro y potente... que fue justo y audaz, En imgenes altas se alce hasta las cumbres elevadas, Y acabe para siempre con la casta nefasta del tirano, Trayendo nuevos das a la ruta gloriosa de la patria. Mil manos juveniles se alzan con las picas aguerridas. Las ansias de la patria adolorida las reclama sin tregua, Maestro... Que tu voz sea un grito que detengan la lucha fratricida... Que se oiga tu voz omnipotente clamar en los espacios siderales... y que caiga el tirano sanguinario vencido por la lucha libertaria. 28 de enero de 1953Reclamo del Centenario Al ms digno de todos los cubanosPor Ral Gmez Garca Hanna Chomenko Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524

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En sus crnicas del peridico Patria Los poetas de la guerra, Jose Mart escribi: Muchas dcimas se cantaron en nuestros campos, y es de lamentarse que no se recuerden las ms campesinas, porque el guajiro de Cuba tiene en su carcter cierta melancola y asiento que conviene al verso. La dcima en Cuba en el siglo XIX contribuy a la consolidacin de de nuestra identidad; su presencia es parte de nuestro patrimonio cultural. En todas partes Soy, proyecto martiano del Instituto Superior de Diseo y el Grupo Guijarro (Salvaguarda de Tradiciones) del Consejo Nacional de Casas de Cultura, celebran con la muestra Soy el Amor, soy el verso el natalicio 160 del Maestro. Diseadores y poetas, ambos desde su profesin insisten en que es posible un puente apostando por la poesa para el bienestar y el disfrute de todos los hombres y mujeres, nios y nias. Profesora Mara Eugenia Azcuy Rodrguez Alfredo Aguilera Carlos Mesa Alejandro EscobarSOY EL AMOR, SOY EL VERSOEXPOSICIN POR EL 160 ANIVERSARIO DEL NATALICIO DE JOS MART Si la humildad de mi cuna no es negociable por oro y no quiero ms tesoro que la plata de la luna. Si no anhelo ms fortuna oliendo a cruces y guerra, djenme frente a una sierra a la sombra de un boho compartiendo el cofre mo con los pobres de la tierra.JUAN ANTONIO DAZ Caen dos torres, el terror se derrumba, explota, crece,y qu distinta parece la nueva ciudad de York! Rescatistas del temor buscaron cuerpos y asombros y yo bajo los escombros de la tierra estremecida de mil ngeles sin vida alas nacer vi en los hombros. YOSLAY GARCAHijo de mi corazn como herencia no te dejo ms capital que un consejo que es brjula de razn. Se justo en toda ocasin, lleva el honor como abrigo. Que nadie encuentre contigo la mancha de un hombre ruin. Si eliges bien el cojn, no hay cojn como un amigo.ARAMS PADILLA

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la voz de los universitarios Camila Berazan Amaya Garca Llueve. En el portal. Perdido de m, falto al ser, me hundo... qu cristal hay entre el mundo y el yo, que niega el sentido? busco el que pude haber sido: sombras, ausencias, espumas. Y cuando de entre las brumas vuelvo, sin fe, acurrucado cloquea a mis pies, mojado un abanico de plumas.LEANDRO CAMARGO vivo viudo de colores la soledad es mi aliento. Pero si acaso el intento de irte en las penas te estanca, monta de un sueo en el anca ven por donde no tropieces que esperando a que regreses cultivo una rosa blanca. HCTOR GUTIRREZ Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524

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Jorge Alberto Garca Patricia Garca P atricia Garca Abre su pupila roja el sol, se despierta el da, el paisaje es meloda canta el aire en cada hoja. Y mientras un nio arroja semillas en su remanso humedeciendo el descanso de su silvestre alameda con voz que se va y se queda murmura el arroyo manso. JOS ENRIQUE PAZSoy penumbra de un boho en crepsculo distante, soy la voz del sueo errante de un antepasado mo. Soy un insomnio en el ro de los guateques inmerso soy un trazo en el diverso cuadro de la multitud soy las noches del lad, soy el amor, soy el verso.OSIEL LLANES

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la voz de los universitarios Karla Polo Mait Fundora Jos Pedro Camejo Lo cur porque tena un ala casi deshecha plumada de lejana. Desde entonces cada da entra volando a mi sala, y despus que me regala su presencia por un rato para agradecerme el trato me tiende, trinando, el ala. IRN CABALLERO que tras la fuga de un beso sinti en las venas el peso de un desencuentro de amor. Fueron espera y dolor, el tiempo que nos amamos, y buscando en los reclamos del ro, toda la suerte, en el umbral de la muerte eran de lirios los ramos. HCTOR LUIS ALONSOApstol, tu historia late cuando une escudo y bandera un himno que la primera estrofa llama al combate. Tu patritico quilate no observ un crimen con calma, y la pluma que a tu alma le di una oracin distinta tom fuerza y sac tinta de donde crece la palma. OSBEL SUREZ Ningn mrtir muere en vano, ni ninguna idea se pierde en el ondular ni en el revolverse de los vientos. La alejan o la acercan, pero siempre queda la memoria de haberla visto pasar. JOS MARTAlma Mater / julio agosto 2013 / No. 524

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Edicin especial www.alfTlamater.cu preCio: 1.50 mn doming

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nuestro credo El Director El Director El Director Aquellos ojos estaban marchitos. Era demasiada la afrenta, el dolor creciente. Haban visto la mano asesina sobre la sonrisa del nio, el ltigo del capataz en las espaldas del amigo, la arremetida violenta contra el desamparado, despus de que el terror y la desidia subieron de un zarpazo al trono. Pero un hlito de luz se desplegaba en las entraas, iba creciendo desde las simientes. La torpeza llamaba al pensamiento, mientras tanto, en el pequeo cuarto los pasos y el murmullo avistaban el instante preciso, la hora sealada. Y los ojos, ahora ms despiertos, encontraban luz, la espeviviente, un despuntar de sueos. Ya no soportaran bota y porrazo, mano dura ni asesinatos en serie. Ahora encontraban el camino; secreto que estaba guardado en un guio mientras auscultaban el paso por Todos unan sus fuerzas en un haz-torbellino silencioso que presagiaba la fecha. arroparlo de vida, ya no de sangre. Si por un momento, tal Pero all estaban nuevamente los ojos, para estremecer, para decirnos que la muerte llegaba de verdad, que tanta luz no poda ser tolerada. Apenas mostraban sentido de amargura. porta que ahora se ensaaran sobre ellos, que pretendieran arrancarlos. Otros veran a travs de sus retinas. La Patria nueva se les asomaba en un horizonte cercano, libre de frussiguieron insomnes, para encauzarnos, enaltecernos, alertarnos... Y en la mirada tierna de cada nio estn los ojos; ya no marchitos ni con la tristeza como carga sobre los prpados.

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El Director El Director El Director Aquellos ojos estaban marchitos. Era demasiada la afrenta, el dolor creciente. Haban visto la mano asesina sobre la sonrisa del nio, el ltigo del capataz en las espaldas del amigo, la arremetida violenta contra el desamparado, despus de que el terror y la desidia subieron de un zarpazo al trono. Pero un hlito de luz se desplegaba en las entraas, iba creciendo desde las simientes. La torpeza llamaba al pensamiento, mientras tanto, en el pequeo cuarto los pasos y el murmullo avistaban el instante preciso, la hora sealada. Y los ojos, ahora ms despiertos, encontraban luz, la espeviviente, un despuntar de sueos. Ya no soportaran bota y porrazo, mano dura ni asesinatos en serie. Ahora encontraban el camino; secreto que estaba guardado en un guio mientras auscultaban el paso por Todos unan sus fuerzas en un haz-torbellino silencioso que presagiaba la fecha. arroparlo de vida, ya no de sangre. Si por un momento, tal Pero all estaban nuevamente los ojos, para estremecer, para decirnos que la muerte llegaba de verdad, que tanta luz no poda ser tolerada. Apenas mostraban sentido de amargura. porta que ahora se ensaaran sobre ellos, que pretendieran arrancarlos. Otros veran a travs de sus retinas. La Patria nueva se les asomaba en un horizonte cercano, libre de frussiguieron insomnes, para encauzarnos, enaltecernos, alertarnos... Y en la mirada tierna de cada nio estn los ojos; ya no marchitos ni con la tristeza como carga sobre los prpados.

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Director Yoerky Snchez Cullar Jefa de redaccin Miriam Anczar Alpzar Redactores Jorge Sariol Perea Dainerys Mesa Padrn Iras Fdez-Rubio Carbonell Neida Lis Falcn Costa Director artstico Alejandro Fernndez Pea Leonel Lpez Remuan Fotgrafo Elio Mirand Editora Web Marta L. Cruz Snchez Web master Maricela Facenda Prez Secretaria de redaccin Mairelys Gonzlez Reyes Transportacin Enrique Garca Hernndez Prado 553 esq. a Tte. Rey, La Habana Vieja, La Habana, Cuba. CP 10200. Telf.: 862 9875 / 866 5491 862 5031-39 ext. 122 Fax: 862 4330 e-mail: almamater@editoraabril.co.cu http://www.almamater.cu ISSN 0864-0572 julio agosto 2013 Portada Remun Casa Editora Abril. La Habana Vieja, La Habana, Cuba. CP 10200. e-mail: editora@editoraabril.co.cu http://www.editoraabril.cu Imprenta: Federico Engels p.22

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Director Yoerky Snchez Cullar Jefa de redaccin Miriam Anczar Alpzar Redactores Jorge Sariol Perea Dainerys Mesa Padrn Iras Fdez-Rubio Carbonell Neida Lis Falcn Costa Director artstico Alejandro Fernndez Pea Leonel Lpez Remuan Fotgrafo Elio Mirand Editora Web Marta L. Cruz Snchez Web master Maricela Facenda Prez Secretaria de redaccin Mairelys Gonzlez Reyes Transportacin Enrique Garca Hernndez Prado 553 esq. a Tte. Rey, La Habana Vieja, La Habana, Cuba. CP 10200. Telf.: 862 9875 / 866 5491 862 5031-39 ext. 122 Fax: 862 4330 e-mail: almamater@editoraabril.co.cu http://www.almamater.cu ISSN 0864-0572 julio agosto 2013 Portada Remun Casa Editora Abril. La Habana Vieja, La Habana, Cuba. CP 10200. e-mail: editora@editoraabril.co.cu http://www.editoraabril.cu Imprenta: Federico Engels Ral y mi amor en el tiempo... p.8 Por Daily Snchez LemusA los hroes de la resistencia p.10 Por Fina Garca Marruz Las lecciones del girasol p.12Por Celia Hart SantamaraUn cuartel para la memoria p.14 Por Neida Lis Falcn Costa El 26 de Julio: Imagen y posibilidad p.18Por Jos Lezama LimaSantiago, el Moncada y el imaginario de un escolar sencillo p20 Por Jorge Sariol El cuartelazo p.22Por Yisell Rodrguez MilnReencuentro p.24 Por Adriel Bosch Cascaret Una deuda pagada p.26 Por Yaima Puig Meneses Reclamo del Centenario p.28 Por Ral Gmez Garca Yo estuve en el cuartel Moncada p.4Annimo publicado en Alma Mater (1953)Artculos publicados por Alma Mater p.6 ASALTO p.16

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la voz de los universitarios Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524olo el destino sabe; yo mismo no puedo explicrmelo a veces, pero ha sido as, y a pesar de la enorme depresin espiritual en que me encuentro, la que me mantiene en cama desde entonces, quiero decir claramente los momentos que vivimos. Es lo menos que puedo hacer por los que quedaron all, con menos suerte que yo. Las cosas que aqu digo las vi con mis propios ojos, las otras me las contaron otros compaeros, algunos de ellos muertos ms tarde. ramos cerca de 150 hombres. Algunos sabamos a lo que bamos, otros, no; pero eso s, todos estbamos conscientes de que se iba a escribir una pgina en la historia de Cuba Revolucionaria con el riesgo de nuestras propias vidas. Haba cerca de 40 escopetas de una sola ametralladora con un magrueso calibre, pistolas y revlveres que cada cual haba conseguido por alguna parte, muchos comprndolos con el dinero de su sueldo. Aunque era poco el parque a todos nos pareno derramar sangre sino como ltimo recurso. Llegamos temprano por distintas direcciones. Tuvimos muy poca suerte, el grueso de los hombres iba en las mquinas y las dos primeras chocaron a la entrada. Nos tiraron YO ESTUVE EN EL CUARTEL MONCADA! En octubre de 1953 apareci publicado en Alma Mater el testimonio de uno de los participantes en las acciones del 26 de Julio. Casi sesenta aos despus an se desconoce el autor

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primero y se generaliz el tiroteo que puso a los dems en guardia. El factor sorpresa qued eliminado a los pocos minutos. A pesar de la inferioridad nos parapetamos en distintos puntos y combatimos ms de 5 horas. Cuando caa uno de nosotros el arma no llegaba al suelo: la tomaba otro y continuaba peleando. Estuvimos cerca del polvorn, pero varias ametralladoras de trpode nos mantenan a raya. En la batalla solo cayeron 10 o 12 de los nuestros. Era intil ms derramamiento de sangre: hubo orden de retirada. Qu cuantas bajas tuvimos en general? En combate, pocas; asesinados vilmente, cerca de 90. Contar a prrafos los distintos incidentes. En la barbera del cuartel quedaron siete sin parque. Se rindieron con la frente en alto, pero cayeron con el crneo destrozado por las balas de las ametralladoras del TENIENTE RICO, jefe del bur de prensa del cuartel. Esto sucedi a una orden de RIO CHAVIANO que se encontraba a su lado. En el Hospital Saturnino Lora quedaron tambin acorralados 20 compaeros ms. Fueron capturados totalmente indefensos, sin parque. Se cebaron vesnicamente con ellos. Les arrancaron las uas, les cortaron les sacaron sus ojos con sus propias manos. Otros fueron rematados a culatazos y a balazos en la nuca y en la frente. Vejaron los cadveres, los escupan, los pateaban, aquello no era un grupo de cadveres sino una masa deforme y sanguinolenta de cosas que haban sido hombres. Comenz la cacera en la ciudad y en el monte. En los alrededores capturaron a muchos, los torturaron y los mataron: sacaron de sus casas a elementos que nada tenan que ver con nuestro movimiento pero que se haban distinguido por su lucha contra el rgimen; muchos de estos fueron asesinados tambin. As fue muerto el nio Cal por el CAPITN LAVASTIDA. En la Gran Piedra fueron capturados 27 hombres despus de un breve combate, fueron ametrallados y echados en una cuneta. En ninguno de los encuentros quedaba heridos del grupo de los revolucionarios, todos eran asesinados. Los que llegaron al hospital eran envenenados por el doctor PORRO, mdico militar. En medio de espantosas curaciones moran en la mesa de curaciones. Tambin les inyectaban aire en las venas. A muchos, les arrancaron las transfusiones de sangre y los mataron a culatazos limpios en la propia sala de curaciones. Aquello era una orga de sangre. En el Siboney quedaron cinco compaeros; hoy solo vive uno. Muchos eran arrastrados vivos a la cola de un caballo. Por ninguna parte aparecan heridos sino solo muertos y ms muertos, todos irreconocibles: estaban despedazados. Existe una foto del compaero Jos Luis Tassende, herido levemente en un pie. Hoy se cuenta entre los muertos. Una madre recibi una nota de su hijo a las pocas horas del combate. Mam, estoy preso, no te preocupes. Muri en combate, dijeron en el Juicio. Los compaeros Andrs Valds, Ral Aguiar y uno de apellido Del Valle, fueron capturados en el central Marcan, torturados en el cuartel de Alto Cedro, asesinados y echados en el foso de una colonia de caas. Sabemos el nombre de quien los entreg. Delante del gobernador mataron a ocho revolucionarios que se le haban entregado. DIAZ TAMAYO, Ro Chaviano y Prez Chaumont, carne de hiena y no de hombres, dirigan la orga. Fidel Castro y los dems se encuentran presos, salvaron la vida milagrosamente, pero fueron torturados y golpeados salvajemente. Ya presos, a cada minuto pretendieron asesinarlos. En la crcel de Boniato tuvieron los presos que hacer una huelga de hambre para lograr curar a un compaero que tena podrido un ojo de un culatazo que le haban asestado. Fue intil porque perdi el ojo. Yo he quedado vivo y no puedo alegrarme, porque mi alma ha muerto para siempre. Ms nunca podr borrar de mis ojos aquel espectculo horrible de tantos compaeros asesinados y ultrajados. Dios los guarde en la gloria y nos d fuerzas a nosotros para saber imponer la verdad y la justicia por lo que all pas. Mi nombre no puedo revelarlo.

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la voz de los universitarios (1 y 2). Cinco aos despus public una foto de Fidel y la guerrilla como homenaje a los cados el 26 de Julio (3). 1Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524

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la voz de los universitarios o buscaba libros de historia en el estante viejo de la casa. Solo quera ver si se guardaba alguno de poemas, porque ya en sptimo grado comenzaban los primeros sobresaltos del amor. Eran habituales en el aula las rimas de Bcquer o de Buesa, y busca-que-tebusca hall un ejemplar de Whitman y otro de Ral Gmez Garca. Lo cierto es que el segundo me llam la atencin, pues era una edicin por los 20 aos del Moncada y aquel joven haba sido uno de esos mrtires. Siempre me ha gustado la historia, saba de l, de su poema Ya estamos en combate que recit en ms de una ocasin en la primaria. Pero la entrevista introductoria a su madre, Virginia Garca, cambi mi vida. Aquella mujer siempre vestida de blanco, con sus cejas negras a pesar del tiempo, era una aparicin en cada sentencia escrita sobre la vida de su hijo, y fue ah que conoc ms detalles de un muchacho cubano, hermoso, que tuvo la posibilidad de escoger su muerte privilegio de pocos, al decir de su madre. Un martiano profundsimo, un enamorado incansable as fue apareciendo Ral en cada uno de sus escritos y poemas recopilados en un libro. Rpidamente decid sera mi cmplice en la secundaria con el afn de impresionar al ms pinto de la paloma. Nadie tendra referencias de aquellos espectaculares poemas de amor, pero para mi sorpresa, mi xito tuvo un vuelo bajito A pocos gustaron los versos libres Todos queran escuchar las rimas becquerianas y buesianas Ral no utilizaba as las rimas por momentos aparecan y luego se escondan, pero yo senta tanta fuerza parca sobre el papel. No me dej vencer y aunque no hubiese tenido mucho xito en mi secundaria, Ral sigui conmigo y aquella entrevista de Virginia la aprend casi de memoria. Fue as que comenz una extraa relacin que me hizo comprometerme con l para cualquier trabajo de largo aliento que tuviese que hacer en mi vida. Por Daily Snchez Lemus Royma La idea de Ral se me haca obsesin, relea los escritos, los poemas, aprend el valor de esos versos. y poco a poco me fui adentrando en l con las pistas que dejaba en cada uno de sus pensamientos. As me llamaron siempre la atencin en sus fotografas, las cejas gruesas y negras como las de su madre, la mirada en un ms all que solo saba l, la sonrisa inconclusa As me fui enamorando de aquel joven hasta que en la Universidad, cuando alguien habl de tema de tesis, lo que quizs para algunos resultaba incomprensible, para m estaba clarsimo: ese era el momento que estaba esperando desde haca aos. Aquel amor fantasma me acompa y una buena amiga me dio el rastro de otra persona que tambin cambi mi vida: Csar. Lo recordaba de cuando nos imparti unas clases sobre el reportaje, en el Instituto Internacional de Periodismo, pero nunca me pas por la mente que aquel Csar sera un sobrino nieto dignsimo de Ral y que sera mi gua espiritual en todo el camino por las huellas del ms pequeo de los Gmez Garca. Gracias a l pude leer manuscritos de aquellos poemas que desde la secundaria formaban parte de mis lecturas habituales y de mi vida. Estoy aqu, frente a ti, contigo Me involucr de forma tal con Ral que hasta Gines fuimos en busca de su obra periodstica; a pesar de la incredulidad de algunos en mi Facultad, Csar me aseguraba que podra ser la arista a tratar de mi trabajo de Diploma. pude entrar a una logia vedada incluso para nosotras, pude admirar cada sitio, cada escaln, cada objeto de las liturgias, revis sus archivos hasta dar con su inscripcin, y todo ello se uni a los guiones de programas radiales de el Museo municipal de los escritos suyos en el Instituto de Segunda Enseanza, El Estudiantil y Diario del Interior, y tambin en Antorcha Pero lo ms hermoso fue conocer a Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524

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su amigo Erasmo. el viejo Moreira que llor delante de m al recordarlo a pesar de haber pasado ms de 50 aos; aquel amigo que fue el primero en leer muchos de aquellos poemas juveniles de Ral. Y luego apareci Miriam Rodrguez, mi otra tutora, que para colmo de linduras fue alumna suya cuando l funga como maestro auxiliar en el colegio Baldor. As fui recorriendo su camino, celosa incluso del pelo rubio de Liliam, el amor de su vida y con rabia por Edita, la novia que tena al partir al Moncada, y que luego no supo esperarle. porque los hombres como l se esperan siempre vuelven As llegu a la capital, a Son los Mismos y El Acusador, a su fuerza por publicar dos peridicos a la vez que luego la prctica le demostr que era imposible para el movimiento que gestaba la juventud del Centenario con pocos recursos, mucho esfuerzo y amor. Visit la casa de Leyva, aquel historiador empedernido de los hechos del Moncada, y que me mostr por primera vez una foto de Ral muerto estaba all, tirado, lleno de sangre.. increble no poder verle los ojos o la sonrisa. Repet mil veces la imagen del documental La senda de la felicidad. Convers con su sobrino Jorge Gmez y lo espectacular de un grupo que canta la esencia del to Ral Moncada. Tambin disfrut la charla con Csar el viejo, que recordaba al to jaranero que jugaba con l Y todo ello siempre con Csar el joven?, el periodista heredero de la pluma de Gmez Garca No imagino otro camino en mi vida que no fuese ese. Lo viv y lo luch como quien lucha un amor, y aunque mi pelo negro me restaba posibilidades para aspirar al amor de Ral, yo insist Nunca podra olvidar ese momento de tesis. Aoro aquellos tiempos a solas con l en cada pgina, en cada archivo me siento feliz de haberlo conocido, de haber ido tras aquellos escritos juveniles que forjaron una personalidad y que lo hicieron involucrarse luego en uno de los hechos ms hermosos de la historia de Cuba. Haber conocido a su familia, y sentir que me quisieron como parte de ella, me hizo feliz Pero una de las cosas que me dio ms felicidad, el da de la discusin de mi tesis, fue cuando Csar me dijo que haba ganado el amor de aquel joven que persegu durante aos: Pero lo que no saba, lo que no poda imaginar Daily, era que todo el tiempo hubo una mirada escrutadora de sus pasos, aquella que, desde un lugar desconocido, comenzaba a trasmitirle seales, indiscutibles seales de amor. () Pero es l, es el propio Ral Gmez Garca quien, con una sonrisa y un guio, desde su pequea mquina de escribir, pareciera decirle: expresa... est an latindome dulcemente en el tic-tac del corazn. Veo que sientes con tristeza mi riesgo y admiras con dulzura mi entrega () An... mi apagado corazn puede vibrar de amor Esa declaracin de amor de Ral para m, que Csar me hizo saber, fue el mayor premio. De aquellos tiempos me quedan secuelas como la amistad entraable con el tutor-amigo-hermano-to, el comunicarnos cada 26 de Julio para felicitarnos por ser el da ms alegre de la historia; las llamadas a Erasmo para conversar a cada rato, como si con l estuviese cumpliendo una misin de Ral de cuidar al viejo amigo Y tambin me fortaleci, as desmedidamente, como solo sabe hacer lo espontneo y verdadero, el amor multiplicado por Mart y por mi pas, por el Moncada y todos sus jvenes que viven con Fidel, por la historia y por el periodismo, por toda la lucha que es vivir y por la irreversible tozudez de ser una seguidora de aquellas cejas que Liliam am hasta su muerte, que Edita no supo esperar, y que yo, a pesar de la distancia en el tiempo, me empe en rescatar y an amo y cuido con celo. como la misin social de ms mrito que pueden tener los hombres es otra pasin compartida.... Llega entonces un aniversario 60 del da en que como dijera Guillermo Cabrera dio luz de aurora, porque fue a escribir sus mejores versos a los muros del Moncada Ral y yo somos ms que dos nombres, dos cosas, dos personas. vivimos enamorados de las mismas esencias, de la misma patria, del mismo pueblo, de las mismas ideas. Por eso estamos juntos siempre y somos parte uno del otro. y por eso le escribo cartas de amor y s que las lee porque me acompaa y es uno de esos espectros queridos que nos impulsan a seguir. AJEF: Asociacin de Jvenes Esperanza de la Fraternidad, que funcionaba como una agrupacin juvenil de la masonera.

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Por Fina Garca Marruz : Hanna Chomenko la voz de los universitarios (En el llano, en las ciudades: a todos los que fueron mrtires.) Dios mo, t no les dars a los que padecieron atrozmente por la justicia, a los enterrados vivos, a los que les sacaron los ojos o les arrancaron los testculos, a los amenazados en lo ms vulnerable, la mujer o los hijos, t no les dars la gloria efmera de un nombre que se repite vagamente en las conmemoraciones patrias, un da que sirve para que vayan a las playas o el estudiante se rena con su novia, t no pondrs su retrato a la puerta del taller o le pondrs su nombre a alguna escuela, t no les dars esos premios hermosos, un estandarte glorioso que mueve a las muchedumbres a los nuevos herosmos necesarios, pues esto, con ser tanto, todava es tan poco y todava sera quedar en deuda con ellos, pues la justicia de amor ha de ser otra, la que desea la esposa para el esposo, el amigo para el amigo, el hermano para la hermana, la madre para el hijo, y nada menor que esto, del amor mil veces defraudado, lo que espera vagamente en el rostro de toda adolescente, la hora del encendido amor, la hora que volvern sanos a sus hogares, A LOS HROES DE LA RESISTENCIAAlma Mater / julio agosto 2013 / No. 524

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FINA GARC A MARRUZ (La Habana, 28 de abril de 1923). Poeta e investigadora literaria cubana, que ha recibido numerosas distinciones entre las que destacan los premios Nacional de Literatura (1990), Iberoamericano de Poesa Pablo Neruda (2007) y el Reina Sofa de Poesa Iberoamericana (2011). la voz de los universitarios Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524ser el consuelo profundo, el que sorprende revelando hasta qu punto no habamos sido antes consolados, la hora que llene el vaco del satisfecho y el vaco del insatisfecho, la hora de la dicha porque en el momento de la agona ni todas esas frases del ejemplo que no muere y de que el hroe no ha muerto, porque el hroe se muere y se muere siempre solo porque tuvo que haber un instante de absoluta soledad, agona del cuerpo y agona del espritu, un instante al cual nada tenan que ofrecer la historia ni los partidos, instante sacro del por qu me has abandonado, pero ese instante, Dios mo, t no lo olvidars, el Amor no puede olvidar al amor, el Amado a la amada, t uno a uno guardaste sus pasos, no esconders su rostro, t lo hars reclinar junto a tu pecho el da del regreso, a la muerte de los hroes t no la conmemorars con un da de duelo sino con la eternidad de la alegra, no les dars la bienaventuranza que ofreciste a los puros y es que ellos veran a Dios en su pureza, que ellos poseeran la tierra, ni la de los que lloran de los que dijiste que ellos seran consolados, sino la ms alta bienaventuranza, la ltima, los que padecieron por la justicia porque de ellos es el reino de los cielos.

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Alma Mater / febrero 2013 / No. 519 la voz de los universitarios la voz de los universitarios oy es el cumpleaos de mi madre. Coincide con el ltimo da del ao. Para ella no era tan importante el da en que naci, sino el da en que quiso nacer. Es como si el cario tuviera ms derecho a la verdad que los propios acontecimientos. Extrao, por cierto, esa sencilla mxima de mi madre Entonces permtanme una historia: No haba criatura nacida del suelo de la tierra que le causara a Hayde ms placer que el girasol. En casa haba girasoles en todas sus formas. Pinturas, fotos, girasoles vivos y muertos Van Gogh y su sublime estridencia Cuando le preguntaba a Hayde por qu era el girasol su como es no renuncia a ser inteligente, fcil de plantar y til: De ella se saca buen aceite, el girasol se siembra en en busca del Sol formando los lindos rejuegos con el tallo y adems le gusta convivir con sus compaeras Es en Es cierto: cuando he querido recordar a mi madre me ha bastado mirar una botella de aceite vegetal de girasol. la rosa del Principito. Se puede uno ir a hacer el bien (la revolucin) sin cuidado de abandonar algo Pues el girasol para contonearse y ser til no precisa ms que un buche Las lecciones del girasolPor Celia Hart Santamara de agua y un rayito de Sol. Es fcil tenerla en casa y fcil seguirla por el universo. Entonces mi madre y yo camos en cuenta de que el Desde nia me hizo sentir Yey que la felicidad se haya en el secreto de ser til. Tal cual el girasol. Mart dijo alguna vez que crea en la utilidad de la virtud. Mas a Hayde le gustaba la contrapartida: la virtud de la utilidad. Siempre que se es til se es virtuoso, y siempre que se es virtuoso se es feliz. As de sencillo. Estas son las lecciones del girasol que me ense Yey ternura. Todas sus lecciones eran as. No hubo lpiz ni papel para que me enseara algo. No se necesitan: cuando se escribe en y desde el corazn, tan slo es imprescindible una pluma de ngeles. Yo sin merecerlo, tena a mi disposicin un ngel completito para m sola. Las manos de Hayde eran tan blancas que en realidad comenzaban a ser azules; sus ojos tan enormes y claros, que al mirarlos se asomaba uno a la ventana del mundo. S, y el mundo es demasiado hermoso para que sigamos traicionndolo como lo estamos haciendo Es tan entraable como los girasoles: Lo bueno que vale del mundo es barato, til, hermoso y comprometido. Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524

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A veces pienso, sin embargo que no siempre tuvo mi madre posibilidad alguna de pensar en los girasoles. Mi madre estuvo triste, muy triste, que no quiere decir infeliz, se le cansaron las esperanzas lo comprendo ahora. He visitado la celda donde estuvo presa despus del Moncada y todava no acepto de manera consciente que con una jarra de agua, que me peinaba el cabello, que haca de Casa de las Amricas la sede del entusiasmo, esa que me hizo adorar la msica de Silvio cuando sus canciones se escuchaban slo de su voz adolescente esa misma mujer estuvo presa junto a Melba en una oscura celdita y perdi a su hermano y perdi a su novio y lo nico que le quedaba era una Patria herida y palpitante y un hombre que sera quien la salvara. No s si alguien le llev girasoles a aquella crcel. Por suerte, pudo disear mi revolucin. La revolucin cubana fue de alguna manera la revolucin de los girasoles, que no la de los claveles. Girasoles con fusiles en sus hojas. Todos juntos, apretados y moviendo dudosos las cabecitas a la izquierda, a la derecha, de vez en cuando Pero sin dudas con sus verdes fusiles dispuestos a defender todos los sueos de una sola vez As, despacito Hayde fue de alguna manera la mujer ms feliz de Amrica, porque supo conquistar el amor de los girasoles. En Casa de las Amricas aprendimos a vivir da a da sin temor al enemigo. Ella deca que Casa estaba demasiado cerca del mar precisamente porque por el mar vendran los asesinos, y entonces Casa sera la primera fortaleza para defender la revolucin de los girasoles. Lo curioso es que en aquella mstica dcada de los sesenta eran los intelectuales y artistas del Continente quienes se enfrentaran de primeros con los enemigos, esos que nos amenazaban con el terror nuclear Tontos! La reaccin nuclear no vencera jams a la pluma de Benedetti y el Gabo, ni al pincel de Matta y Lam y muchsimo menos a la voz de Roque Dalton, ni a la guitarra de Silvio y Vctor Jara. El Universo es demasiado sencillo: la molcula de agua, tan simple y ordinaria es una de las ms estables. A los girasoles no los reduce usted tan fcil. Sus cuellos verdes se resisten siempre, a no ser que quiera usted utilizarlos en provecho tal cual como mi madre. Ella muri con el nico objeto de seguir viva, como para convertirse en aceite de girasol. Hayde est junto a mis otros tres recurrentes fantasmas. El Che (uno de ellos), le deca en una carta, provocador como siempre: Veo que te has convertido en una literata me gustases en un da de ao nuevo, con todos los fusibles disparados y tirando caonazos a la redonda. Esa imagen, y la de la Sierra (hasta las peleas de aquellos das me son gratas en el recuerdo) son las que llevar de ti para uso propio. S! El Che se llev a Bolivia parte de los girasoles de mi madre. l fue el girasol mayor. El Che Guevara saba donde se encontraba el sentido ltimo de la felicidad. Mi madre, decididamente, est convertida en una estrella mente en una ola azul del mar. Hayde anda conversando con el Che y con Mart y mi otro fantasma Ella se convirti en la ms bella girasola del Universo. Y est junto a ellos tres cruzando los dedos para que el pueblo boliviano nos remonte desde sus ancestros indgenas hasta el socialismo. Por cierto que el Che quiso por all desbocar la revolucin en el Continente. Ser una coincidencia, pero Bolivia adems de sus tradiciones originarias tiene tradicin de lucha obrera y fue adems la tumba del Che suena demasiado lindo para ser verdad. Y no Bolivia, en Europa, la de Carlos Marx est desempolvndose el rostro en Pars con sus autos quemados. Y estuvieron juntos mis cuatros fantasmas en Estados Unidos con los obreros del transporte de New York que suean (sin que lo sepan) en cambiar ese pas, y empezaron por atentar contra aquellas fatuas Navidades. Tienen tambin el derecho de hacer revolucin. A veces no se lo concedemos. Hayde, el Che, Mart y mi otro travieso fantasma, que no me animo a decirles, me estn haciendo caminar por este interminable sendero de la felicidad que es la revolucin. Y as amigos mos en este cumpleaos de mi madre les invito a esta multitudinaria rebelin de girasoles. Entonces, al menos, no vean nunca un girasol sin pensar en Hayde Santamara y nunca miren uno sin voltear la cabeza al Sol. Con un girasol nos salvamos, y con una sonrisa. As liviano como la brisa del mar de Hayde y mis fantasmas nos encontraremos alguna vez siendo feliz como los girasoles. Hasta la victoria y feliz ao.Texto publicado en el sitio web el 2 de enero de 2006. La autora falleci dos aos ms tarde en un accidente de trnsito.

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la voz de los universitarios la voz de los universitarios Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524Muchos decan que estaba loco, que me haba cogido la Revolucin para m solo, rememora Alejandro Ferrs Pellicer desde su propio cuartel en la calle Marqus Gonzlez No. 209, del capitalino barrio de Cayo Hueso. All se encuentra el Sitial Moncada, un espacio que evoca los hechos del 26 de julio de 1953. Alma Mater convers con su creador, quien mantiene el mismo espritu que lo impuls a convertirse junto a sus hermanos Antonio y Armelio, en uno de los protagonistas del asalto a la entonces segunda fortaleza militar de Cuba.Por qu se decide a iniciar este proyecto? Desde el principio de la Revolucin mis hermanos y yo quisimos hacer algo que nos permitiera seguir participando de manera activa en el proceso y tambin contribuir a proteger la memoria histrica. En el ao 1976, solicito autorizacin para ocupar este espacio que haba quedado abandonado tras una demolicin. Con la ayuda de unos 15 nios, un vecino y el albail logramos limpiar el lugar, yo creo que sacamos de aqu como cuatro camiones de escombros. La tarea no fue fcil, incluso algunos nos criticaban, porque no comprendan su sentido. Por eso, cuando inauguramos el sitial le di un diploma a cada uno de aquellos nios y les dije: hoy esto tendern mejor el valor de lo que ayudaron a crear. El 11 de julio de 1983, ya casi al cumplirse 30 aos de las acciones en Santiago y Bayamo inauguramos el sitial con un acto muy bonito. Puedo contar con orgullo que ese da se como Omara Portuondo y Jess Orta Ruiz, el Indio Nabor. Tambin participaron compaeros asaltantes del Moncada y otros combatientes, pioneros, jvenes fue algo de verdad emocionante. A partir de entonces, a Marqus Gonzlez No. 209 llegan continuamente los visitantes cubanos y extranjela fachada del Moncada? Mi hermano Antonio y yo estuvimos analizando cmo hacer un Moncada en Cayo Hueso, porque este es un lugar con una historia muy rica: aqu estuvieron las Canteras de San Lzaro, donde nuestro Apstol cumpli su condena como preso poltico y ah est la Fragua Martiana para recordarlo. Este un barrio, al que vinieron a vivir y a combatir contra la injusticia muchos de aquellos tabaqueros que en Tampa y Cayo Hueso apoyaron a Mart en la preparacin de la guerra del 95. En estas calles se luch fuertemente contra los diferentes gobiernos corruptos y las tiranas de Machado y Batista. Aqu estaba la casa de Melba que era un punto de reunin y organizacin fundamental para los futuros asaltantes, aqu fue elegido Fidel como delegado del Partido Ortodoxo y desde aqu parti junto a otros jvenes para las acciones del 26 de Julio de 1953. En la calle Lucena No. 304, donde mis hermanos y yo conocimos a Fidel, se asumi luego la distribucin de La Historia me Absolver. De este barrio han surgido tambin importantes personalidades de la cultura y el deporte, es un lugar con una historia que debe preservarse, sobre todo, para las nuevas generaciones. Al principio pensamos llamarlo Continuidad Histrica, pero alguien me sugiri Sitial Moncada y nos gust. Luego vino lo dems: esa reproduccin de la fachada del cuartel, los murales con las fotos de los hroes y mrtires, los libros sobre nuestras gestas revolucionarias, los bustos de Mart, Maceo, Mella y todo lo que logramos reunir en estos 30 aos. Por Neida Lis Falcn Costa Fotos: Elio Mirand Mella es un ejemplo de revolucionario para los jvenes cubanos Un cuartel para la memoria

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Este sitial yo lo he organizado sin orientacin alguna, con ideas propias, pero tengo la satisfaccin de que, segn especialistas que lo han visitado, supera por su contenido a algunos museos y salas de historia. Adems de las fotos de todos los moncadistas, las de los expedicionarios del Granma y los combatientes de la sierra y el llano, en este lugar se exponen las de Flix Varela y Carlos Manuel de Cspedes, las de Guiteras y Jos Antonio Echeverra, las de Mariana, Vilma, Melba y Hayde o las de nuestros Cinco Hroes, por solo mencionar algunas, todas colocadas con el mismo respeto. Tambin hay banderas, documentos y objetos vinculados a nuestra actividad en el clandestinaje y el exilio, una pintura mural de la Granjita Siboney, a la que yo llamo Granja Tisol para honrar a ese querido compaero y su importante labor all durante los preparativos de las acciones del 26, y hasta una rplica del reloj que marc la hora cero, como llam Fidel al momento de la partida para Oriente. Varios de mis compaeros conservan en lbumes o estuches las fotos de los recorridos que hacemos cada ao como parte de las conmemoraciones por el 26 de Julio. Respeto eso, pero las fotos que yo reno estn expuestas aqu como prueba de que no hemos sido olvidados y de que continuamos luchando. Si se daan no importa, ya las repondr. Muchas de las personas que nos visitan lo hacen de manera espontnea pero en la medida que se va conociendo el lugar, cada vez son ms las solicitudes que recibo para realizar aqu diversas actividades. De hecho, a solo minutos de nuestra llegada, un comcumplir el Servicio As mismo, y no es la primera vez que organizamos ac tividades como estas. Pero tambin recibimos con mucha frecuencia a pioneros, estudiantes y trabajadores de la comunidad, de otras partes de La Habana, del resto del pas y hasta delegaciones extranjeras. La mirada del nonagenario Alejandro Ferrs se pierde. Parece que su pensamiento viaja hacia un punto de la memoria que no puede hacer palabra. La pausa revela que nuestras preguntas dejaron su mente suspendida en el tiempo... Abel? Lo recuerdo callado, sereno Mire, all en lo alto del mural del Moncada est su foto. l era nuestro contacto con Fidel. Tambin recuerdo a Ral Gmez Garca cuando declam su poema Ya estamos en combate. Todo eso est guardado en mi memoria. Recuerdo al detalle la primera vez que convers con Fidel, cuando mis hermanos y yo lo conocimos a travs de ngel Pl que era el jefe de nuestra clula de la calle Lucena. A m me convenci al hablar sobre su programa que coincida en lo fundamental con el de porque estuve a su lado en la Pero la verdad, cuando pienso en aquellos das veo un todo porque a nosotros no nos interesaba la gloria personal ni nuestras individualidades, lo importante era lograr una Cuba como la que tenemos hoy, con libertad y sin dictadura. como eplogo de nuestro encuentro. El Sitial Moncada conserva objetos y documentos histricos que Ferrs muestra atento a los visitantes.

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la voz de los universitarios la voz de los universitarios Alma Mater / julio 2013 / No. 524 la voz de los universitarios la voz de los universitarios ASALTO ABR AN P ASO, QUE A QU VIENE EL GENERAL 1953. 26 de julio: Ao del Centenario del Apstol. Domingo de carnavales en Santiago de Cuba. La fecha cambi el rumbo de la patria, cuando un grupo de jvenes (119) asalt la segunda fortaleza militar del pas. El ataque al cuartel Moncada fue un grito de rebelda, una prueba incuestionable de que haba nuevos Trejo, Mella y Guiteras dispuestos a marchar por un ideal y honrar la sangre que en Cuba se derram. En su alegato de defensa, documento conocido como La historia me absolver, Fidel Castro, expres: No es con sangre como pueden pagarse las vidas de los jvenes que mueren por el bien de un pueblo; la felicidad de ese pueblo es el nico precio digno que puede pagarse por ellas. En horas de la madrugada la caravana de autos atraves la ciudad, en medio de los carnavales. Se dividi en tres grupos; el Palacio de Justicia, el Hospital Saturnino Lora y el Cuartel Moncada fueron sus destinos. Buick 1953, utilizado por Fidel Contaba con un rea de 60 mil m2 en la zona ms elevada de la ciudad, y era sede del regimiento No. 1 Maceo. Segn datos de julio de 1953 el total de sus fuerzas alcanzaba los 809 hombres.Segunda Fortaleza Militar Bajas en combate Asesinatos posteriores a la accinRevolucionarios Muertos 5 8 29 61 19 8 Heridos Muertos EjrcitoCiviles Fuente: La historia me absolver, edicin anotada 2005, Ocina de Publicaciones del Consejo de Estado Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524

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Los hombres al mando de Abel Santamara, segundo jefe del Movimiento, combatieron durante tres horas. Al no poder retirarse, cambiaron sus uniformes por ropa de hospital para burlar al enemigo. Producto de una delacin fueron apresados y la mayora asesinados. Uniformes El factor sorpresa era la clave del xito de la operacin. Por ello los asaltantes usaban los uniformes del ejrcito. Contaba con un rea de 60 mil m 2 en la zona ms elevada de la ciudad, y era sede del regimiento No. 1 Maceo. Segn datos de julio de 1953 el total de sus fuerzas alcanzaba los 809 hombres. Por este punto, ubicado en el anco derecho del permetro, se realiz el ataque. Prueba de ello son los impactos de bala en la fachada, suprimidos por el rgimen de Batista. Despus del triunfo de la Revolucin, para ser el a la memoria histrica, se reconstruyeron los agujeros provocados por el asalto. Hoy son elementos caractersticos de la actual Ciudad Escolar.Hospital Civil Saturnino Lora Segunda Fortaleza Militar Posta No. 3 17 la voz de los universitarios Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524

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la voz de los universitarios a imagen es la causa secreta de la historia. El hombre es siempre un prodigio, de ah que la imagen lo penetre y lo impulse. La hiptesis de la imagen es la posibilidad. Llevamos un tesoro en un vaso de barro, dicen los Evangelios, y ese tesoro es captado por la imagen, su fuerza operante es la posibilidad. Pero la imagen tiene que estar al lado de la muerte, sufriendo la abertura del arco en su mayor enigma y fascinacin, es decir, en la plenitud de la encarnacin, para que la posibilidad adquiera un sentido y se precipite en lo temporal histrico. Ese tesoro que lleva escondido un ser prodigioso como el hombre, puede ser tan solo penetrado y esclarecido por la imagen. La imagen apegada a la muerte, al renunciamiento, al sufrimiento, para que descienda y tripule la posibilidad. La historia en ese rumor de la posibilidad actuando en lo temporal, penetrando en esa vigilancia audicional del hombre. Estar despierto en lo histrico, es testar en acecho para que ese zumbido de la posibilidad, no nos encuentre paseando intocados por las moradas subterrneas, por lo intrahistrico caprichoso y errante. En el maravilloso captulo de la Odisea, donde Ulises desciende a las profundidades para contemplar a su madre muerta, ve como la sombra de su madre lo esquiva, a oye la voz ms querida que le dice: hijo, no permanezcas ms en este sombro valle, asciende pronto hacia la luz. La fuerza del acarreo y del encuentro le viene a decir la conseja eterna, asciende hacia lo temporal, ocupa el espacio donde la luz bate a sus enemigos y desaloja a la medusa en EL 26 DE JULIO: IMAGEN Y POSIBILIDADdad, la imagen y el laberinto, una disposicin para llevar la imposibilidad a la asimilacin histrica, para traer la imagen como un potencial frente a la irascibilidad del fuego, y un acierto de la posibilidad, mientras la imagen errante como una lucirnaga, se apoya en una sustantividad potica, en ese campo magntico germinativo, para engendrar esa imagen que lo temporal necesita para formar esas inmensas masas corales, donde una poesa sin poeta penetra en el misterio de lo unnime. Es el cntico de la imagen, cuando logra verle la cara al develamiento de lo histrico porque ya anteriormente lo germinativo en el hombre, se nutri de una imagen desmesurada que rebasaba al hombre y le comunicaba los prodigios de la sobrenaturaleza. Se deca que el cubano era un ser desabus, que estaba desilusionado, que era un ensimismado pesimista, que haba perdido el sentido profundo de sus smbolos. Como una piedra de frustracin, el cubano contemplaba a Mart muerto, expuesto a la entrada de Santiago de Cuba, o a Calixto Garca obligado a quedarse contemplando las montaas, sin poder entrar en la ciudad. Pero el 26 de Julio rompi los hechizos infernales, trajo una alegra, pues hizo ascender como un poliedro en la luz, el tiempo de la fogatas en la medianoche impenetrable. Deca Jos Mart: tengo miedo de morirme sin haber sufrido bastante. Sufri lo indecible en vida, pero despus escala del dolor, deca Rubn Daro cuando lo recordaba. Ya era hora de que descansara en la pureza de sus smbolos, siendo un dios fecundante, un preador de la imagen de lo cubano. Lleg por la imagen a crear una realidad, Por Jos Lezama Lima Yaimel Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524

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en nuestra fundamentacin est esa imagen como sustentculo del contrapunto de nuestro pueblo. Esa fue la interpretacin de las huestes bisoas lanzadas al asalto de la fortaleza maldita. La posibilidad extendindose como una plvora de platino, fue interpretada y expresada. No fue un fracaso, fue una prueba decisiva de la posibilidad y de la imagen de nuestro contrapunto histrico, al lado de la muerte, prueba mayor, como tena que ser. Son las trgicas experiencias de lo histrico creador. La mar, color de cobre, dice el trgico griego, contempla impasible la muerte del hombre de guerra. Pero la tierra, que devuelve lo que devora, convierte al hroe muerto en legin alegre que trepa por lo estelar, para apoderarse del nuevo reto del fuego. La posibilidad actuando sobre la imagen, al apoderarse de la lejana, de lo perdido, de la isla en el desembocar de los ros, crea el hoc age, el hazlo, el apodrate. Es necesario que el cubano penetre en la universalidad de sus smbolos. Saber que la pia, con sus escudetes de oro quemado y el ondular de su corona de algas, es lo barroco, lo espaol de ultramar, como la palma, en el centro de la poesa de ma manera que el smbolo del 26 de Julio, entraa una resistencia o un bastin opuesto a la jabalina de oro de la fracaso. El fracaso es, en realidad, otra prueba, la del laberinto, intentada por el centauro o por el toro inmediato. La prueba del laberinto tiene dos etapas, expresada con singular podero por el ex libris de uno de los grandes prosistas del idioma. En la primera vieta, el centauro se cruza los labios con el ndice, apuntando silencio y el laberinto permanece dispuesto y temerario. Exorna la lmina una sentencia latina, in spe, en espera. En la otra vieta, el centauro grita y las curvas del laberinto estn abolidas, otra sentencia latina, dunque ad huc, ese hasta aqu, descifra y regala una para muchsimos cubanos tentados por la posibilidad, la imagen y el laberinto, una disposicin para llevar la imposibilidad a la asimilacin histrica, para traer la imagen como un potencial frente a la irascibilidad del fuego, y un La Habana, noviembre-diciembre, 1968.

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la voz de los universitarios Jorge Sariol Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524 parque a donde iba a exponer, como parte de un crculo de inters de fsica de 5to grado, un experimento con electrodos, cido y un bombillo incandescente. El premio recibido en aquel festival del conocimiento, entre otros agasajos, prevea un recorrido histrico por la ciudad, que a peticin de los premiados comenz, precisamente, por el Moncada. plic lo que ya sabamos por los libros: en 1953 el cuartel tena unos mil hombres sobre las armas la mayora miembros del regimiento Antonio Maceo, comandado por el feroz coronel Chaviano Se escogi para el ataque el 26 de julio por ser domingo de carnaval La idea era tomar la posta principal, irrumpir en el cuartel, reducir la tropa y llamar a los santiagueros a la lucha El ataque fue un fracaso militar y muchos combatientes fueron hechos prisioneros o asesinados vilmente pero result un golpe poltico contra la dictadura batistiana. De toda la historia sobre el 26, un detalle estaba sembrado en nosotros sos propios los asaltantes haban adquirido las armas: uno vendi su alguien ms, su sueldo de varios meses; hubo quien aport lo ms hondo a primera vez que visit el cuartel Moncada habra cumplido ya los doce. y durante unos siete meses viv en Santiago de Cuba, a solo unas cuatro cuadras del enclave militar. La provincia arda en insurreccin; pero con dos aos y medio de edad, la vida es demasiado grande para entender el drama de una ciudad en la que an resonaba la orden dada poco despus del 26 de julio: Hay que perseguir y sacar de debajo de la tierra si es preciso, a cuantos comunistas hay en la provincia de Oriente; si estn muy complicados en trajines revolucionarios, apretarlos primero para que hablen y luego matarlos sin contemplaciones. gamente la Plaza de Marte, la clnica Los ngeles, la cafetera Casalta en la esquina de Mart y Cuartelillo, o los jardines de la esquina nordeste del entonces hospital Saturnino Lora, de donde conservo la nica foto personal de aquella etapa. Y sobre todo, Santiago, el lugar donde conoc el mar. El Moncada solo representaba algo que en su conversacin, en Cuando volv a Santiago, en 1967, la ciudad me resultaba totalmente desconocida y La Plaza de Marte un El autor a los 3 aos de edad en los alrededores del Hospital Civil Saturnino Lora.Santiago, el Moncada y el imaginario de un escolar sencillo

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que tena: un poema de ardiente amor patrio; pero todos entregaban lo ms preciado: la vida. Alrededor de 165, entre fusiles calibre 22 y escopetas de caza, fue el bagaje militar empleado contra la segunda fortaleza militar del pas. Entonces Rigoberto pregunt por qu se vean grandes huellas de disparos en la fachada si los atacantes llevaban escopetas y fusilitos marca U. Fueron los mismos soldados, dijo la gua; ametrallaron el exterior contiguo a la posta, para hacer ver que los asaltantes llevaban grueso calibre. Alberto quiso saber hasta dnde haban llegado los pregunt por qu entre los asaltantes solo haba un santiaguero. Nadie pudo responder. A mis doce aos, dos fotografas publicadas por Bohemia me haban impresionado sobremanera: Mart, muerto, en un rstico atad, expuesto para escarnio pblico, en Palma Soriano, mi pueblo natal. Y la imagen tremenda de Jos Luis Tassende, en algn rincn del Moncada horas despus del asalto, vivo an y consciente de lo que le esperaba. Ni miedo ni abatimiento haba en el joven que desde la eternidad an mira a la cmara. Aos despus, recordando aquellas fotografas, entend mejor la historia del viejo que pescaba en un bote y la idea de que un hombre puede ser destruido pero no vencido. En mi imaginario de entonces, el Moncada y el 26 de Julio eran Mart, Fidel, la historia de Abel y Boris Luis martirizados por la soldadesca y sobre todo, el retrato de Tassende; entonces pregunt el lugar donde haba sido tomada la foto. Nadie pudo responder. Por razones de tiempo, a la salita donde se realiz el juicio solo pudimos asomarnos, curiosos. Pedimos ir a la Escuela Normal para Maestros, donde haba estudiado Frank Pas No hay tiempo. Pedimos ir a No hay tiempo, no hay tiempo, decan los organizadores. Aos despus se anunciaba la apertura del Museo de Historia 26 de Julio, con la idea de exponer con todo rigor histrico objetos y documentos relacionados con el ataque al cuartel Moncada, con la poca y la pica. Al Moncada lo frecuento, al menos por la entrada de la antigua Posta 3, cada vez que voy por Santiago. A la playa de Marverde, donde por primera vez vi el mar, no he vuelto en 30 aos. CRNICAS POR ASALTO CRNICAS

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la voz de los universitarios la voz de los universitarios uatro aos anduve merodeando por sus alrededores. Nunca entr. No se va a mover de ah, me tardanza, y casi lo que se me esfuma es el quinquenio universitario sin visitar la fortaleza ms famosa en la Historia, con mayscula, de la Generacin del Centenario. Los cont. Fueron 48 meses, 192 semanas, 1 344 das, o sea, 32 mil 256 horas en las que hice de todo menos aquello que todos hacen apenas pisan Santiago de Cuba sin sacudirse el polvo del camino o preguntar como Mart cuando visit la estatua de Bolvar donde se come o se duerme: ir al Cuartel Moncada. Comet un pequeo crimen. Imperdonable para m misma. Tanto me distraa el ir y venir de una a otra sede de la Universidad de Oriente que me distanciaba del palpitar de la ciudad. Tampoco ayudaban los viajes a Guantnamo, en busca de un oxgeno diferente al que se respira entre trovadictos y en festivales de cine, romeras, conciertos Siempre un algo ineludible me distanciaba de visitarlo an cuando estuviera muy cerquita de l, como cuando reo en la corresponsala de Radio Rebelde, desde donde se ven jugar los pioneros de la hoy Ciudad Escolar 26 de Julio. Dos meses antes de graduarme, en abril del 2011, como parte de la delegacin nacional participante en la II edicin de ONUCARIBE, el Modelo de las Naciones de la el recorrido. Quera matar dos pjaros de un tiro: satisfacer mi curiosidad personal sobre la segunda fortaleza militar ms importante del pas en la dcada del 50 y complacer a los estudiantes de la UCLV, la UH, y la Universidad de Matanzas, que no perdan tiempo en llamarnos a la UO para saber si iramos o no al corazn de las acciones revolucionarias del 26 de julio de 1953. Nos recibieron las paredes agujereadas del Moncada. Un muchacha joven, con dotes de cuentista, narr los antecedentes, preparativos y pormenores de la accin. Caminamos por las salas del museo, que no es muy grande, observando viejos brazaletes del M-26-7, armas, fotos de los asaltantes, fragmentos de La Historia me absolver, E L CU ARTELAZO Yisell Rodrguez Miln y todo eso acompaados por un inslito fondo musical: el alboroto de unos nios atareados con todas sus fuerzas en disfrutar del horario de merienda. Se habl, entre las paredes que acogieron a unos mil casquitos durante el histrico enfrentamiento, de cuando los espaoles dispusieron la construccin de la instalacin en 1859 y del Mayor General del Ejrcito Libertador Guillermo Moncada que en 1893 all fue encarcelado. A l debe su nombre. Se intercambi sobre el estricto secreto con que, en 1953, Fidel Castro y Abel Santamara organizaron el ataque, de cmo y dnde se reclutaron asaltantes, de la Granjita Siboney y las armas guardadas en un pozo, y de los muchos que sacaron dinero de bolsillos vacos para apoyar la operacin. El da 26 de julio, Domingo de carnaval, no solo se atac el Moncada nos dijo la gua, con esa mana de todos guas de hablar como si nadie supiera nada, an cuando conocen que si hay una ancdota en Cuba que se aprende bien esa es la del ataque a los cuarteles Moncada, en la Ciudad Hroe, y Carlos Manuel de Cspedes, en Bayamo. Tambin en Santiago de Cuba se asaltaron el Hospital principal. Pero la accin fracas. Fall el factor sorpresa. La gua recit, del alegato de autodefensa de Fidel: El cuartel Moncada se convirti en un taller de tortura y muerte, y unos hombres indignos convirtieron el uniforme militar en delantales de carniceros. La mayora de los revolucionarios fueron asesinados por el rgimen tras el asalto. Todava recuerdo esas palabras. Nunca ms volv. A duras penas, tras la graduacin, he pasado por Santiago de Cuba, esa ciudad donde en cada esquina te topas con cuentos de la clandestinidad, o de Frank Pas, o del levantamiento del 30 de noviembre de 1956. do, repetir visitas fsicas con la dimensin de aquella largamente pospuesta pero para eso est la memoria, que no la del Moncada no las borra con la facilidad de un clic. Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524

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CRNICAS POR ASALTO CRNICASDos amigos, Marcos y Xavi, frente a la fachada del Cuartel.

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la voz de los universitarios l mnibus ascenda una de las tantas lomas que salen al paso entre las calles santiagueras. All a un costado, tras llegar a la cspide, casi frente a nosotros se extenda un largo muro amarrillo con terminaciones rojas e mismo color. La algaraba cargada de emocin del grupo de nios y nias a bordo, no tard en aparecer. Despes de doblar a la derecha por una avenida, y recorrer todo el fondo de las murallas hasta una esquina, desde un lado de la va, se ergua el monumento en homenaje a Abel Santamara, que tal como nos dijo la maestra Ada, fue uno de aquella maana de la Santa Ana. En esa interseccin nuevamente doblamos, pero a la izquierda. De un lado continuaban los muros y construcciones frente con grandes letras anunciaba la sede de un Palacio de Justicia. Despus seguan pequeas, viejas y agradables casas de madera, hechas con el mismo prototipo. Una nueva esquina, y nos detuvimos. La seo Ada, que iba a cargo de la veintena de pioneros que ese da recorramos los lugares histricos de la Ciudad Hroe, nos convid a bajarnos del viejo mnibus Girn. Cruzamos la calle, para pararnos justo en la entrada que daba paso a una gigantesca explanada que se abra como plaza al frente de las amarrillenDespes de recibir una sonrisa de los custodios como bienvenida, nos adentramos en aquel complejo. Rafael y Popi, como ya habamos ensayado das antes de la visita, dieron la voz de alarma para comenzar a cantar cierto himno de lucha muy ligado al lugar donde nos encontrbamos. Yama, emocionada, apenas cantaba y miraba con impresin todos increble estar all. En el centro de la explanada, varios nios y nias vestidos deportivamente ejercitaban su cuerpo al comps de las voces de sus profesoras que se vieron bruscamente interrumpidas Otro grupo de pioneros, uniformados y con paoletas azules, nos contemplaban desde una de las dos escaleras que pareca un viejo cuartel, era ahora una escuela. Por Adriel Bosch Cascaret Jorge Sariol ReencuentroMonumento en homenaje a Abel Santamara.Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524

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Caminamos unos pasos y tambin comenzamos a subir, pero por una va de acceso ms cercana. La fachada estaba plagada de huecos alrededor de la puerta y los ventanales. Una bandera cubana, cuya asta se desprenda de la misma pared, ondeaba movida por una ligera brisa. Pasamos la puerta, y parte importante de la historia de nuestro pas sali a nuestro encuentro. Una instruida seora nos serva de gua y con mucha paciencia iba contestando inquietud y salvando las curiosidades de aquella pequea turba de preguntones. Cada una de las siete salas del museo, nos mostraba algo nuevo, objetos y armamentos pertenecientes a alguno de los combatientes que participaron en las acciones desarrolladas all el domingo 26 de julio de 1953, lo ocurrido en detalle aquel trascendental da, el ensaamiento con los jvenes asaltantes, el juicio, el encierro, el exilio, el Granma, la Sierra, No recuerdo el tiempo que estuvimos dando vueltas una y otra vez por cada una de las exposiciones. Solo la premura de continuar la visita a la ciudad nos sac del crculo de reencuentro con la historia. La recepcionista, an ms sonriente que el custodio de la la muestra fsica de nuestra estancia y salimos. Bajamos dejando atrs la bandera ondeante, los huecos de las balas en la pared, y la agradable gua que desde la puerta nos invitaba a volver. Ya el sol haba subido y los practicantes de la educacin fsica haban desaparecido. El custodio, ahora un poco ms serio por las molestias del calor, nos despeda parado junto a la antigua Posta 3. All rumbo a los plantas de la Avenida Garzn, a mediacin de cuadra, nos esperaba el mnibus. Cruzamos la calle en retirada. Fue entonces cuando me detuve para echar una ltima mirada, como si el viejo cuartel fuera a desaparecer tras nuestra visita. All segua, con su amarrillo intenso, sabiendse atesorador de parte importante de nuestras luchas libertarias, y cobijando como cada da, a cientos de nios que estudian en su Ciudad Escolar. El nmero 26, erguido, bien grande y en rojo sobre la csllante, y mi primera visita al Moncada me supo a reencuentro. CRNICAS POR ASALTO CRNICAS Vista de la fachada del cuartel Moncada por la Posta 3. Fachada del Palacio de Justicia. Muro que delimita la Ciudad Escolar 26 de Julio.

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26 la voz de los universitarios Una deuda pagadaPor Yaima Puig MenesesAlma Mater / julio agosto 2013 / No. 524quella no era la maana de la Santa Ana, ni era julio, ni haba conga, ni charangas. Aquella maana mi primera maana en el Cuartel Moncada era marzo, Da Internacional de la Mujer, y un gozo diferente rondaba, al acecho, tras sus muros, en cada pequeo espacio habitado hoy por tanta historia. cinco aos en Santiago de Cuba y, por increble que parezca, jams visit el Cuartel Moncada. Imperdonable, lo s, pero entonces siempre pensaba que tendra tiempo, que las clases eran insustituibles, que el sol picaba demasiado, que no poda perder el horario de la comida en la beca, que no alcanzara agua cuando llegara la pipa salvadora que despus tendra tiempo, mucho tiempo. Ahora, pensndolo bien, no me lo perdonar nunca, pero entonces no pensaba en eso, entonces miraba sus muros imponentes y amarillos desde la acera y me alejaba con pasos apurados. Maana, ser maana, me deca para consolarme. Pero el maana se me hizo demasiado extenso. En el 2007 me gradu como periodista en la Universidad de Oriente y dej esa deuda insatisfecha. pagar ese compromiso con la historia. Era marzo de 2013 cuando traspas, por primera vez, los muros del Cuartel Moncada. Sacudida estaba an con la muerte de Chvez, atragantadas todava, con demasiado dolor carcomindome las entraas. Pens en Fidel, en Ral, y llor en silencio, con un llanto extrao, sin lgrimas. En el Cuartel Moncada de 1953 solo acechaba la muerte, en este de ahora, por suerte, se refugia la vida. Cientos de nios han tatuado ya su sonrisa en la historia nueva del Cuartel Moncada, desde 1960 Ciudad Escolar 26 de Julio. Cientos de nios aprenden aqu sus primeros trazos, sus primeros clculos, corren, juegan, se enamoran y suean con ser grandes, algn da. Repaso en rfagas cortas la historia. No pude evitar esta isla-hacedora-de-imposibles. Directivos de educacin me explicaban entonces sobre la recuperacin del sector; casi seis meses han transcurrido ya desde el paso arrasador por tierra santiaguera del huracn Sandy. Realmente ha sido una tarea titnica, pienso. As, de cierta Otra vez renace la vida. Constructores, maestros, padres y alumnos conviven en perfecta armona desde hace un tiempo. Las aulas cambian su estructura, el bullicio de los ms pequeos inunda el rea deportiva, alguien dibuja un cartel con palmas y montaas, otros pintan las paEnmudezco de pronto, como intentando aferrarme a tantas imgenes. Es la nueva historia que se funde con la de hace aos; es la nueva historia que nos ha tocado defender con uas y dientes; es la nueva historia que tampoco dejar morir al Apstol, aunque este no sea el ao de su Centenario. Tengo entrevistas por hacer, un reportaje que idear, fotografas que sugerir. Son tantos detalles. Pero no quiero perderme ninguno. Desde los pasillos de la Ciudad Escolar 26 de Julio uno puede llegar a tejer las ms insospechadas historias, imaginar incluso aquel amanecer de julio en el da de la Santa Ana. Pronto sern 60 aos de aquella histrica hazaa y en estos das se aproxima mucha gente. Por la Posta Tres se accede al Museo conformado por ocho salas. Una de ellas est dedicada completamente a preservar los detalles de la accin liderada por Fidel Castro y protagonizada por la Generacin del Centenario. Visibles permanecen, en el exterior de la posta, las huellas de muchos disparos. Contemplarlos de cerca dej en m una extraa mezcla de nostalgias y alegras. Sesenta aos es mucho, mucho tiempo. Sesenta aos pueden ser, incluso, una vida. Suerte la nuestra de que en 60 aos nos continuaran naciendo hombres capaces de soar an con despertares de luz y puentes y empujes y esperanzas. Suerte la ma, de poder hoy estar escribiendo estas lneas.

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la voz de los universitarios Maestro, bajo tu frente enorme, En la profundidad perenne de tus sueos Se vislumbra el recuerdo de tus luchas de hombre; Y en la angustia callada de este pueblo que es tuyo Hay mil gemidos juntos clamndote en silencio, Porque es solo tu alma quien nos puede salvar. Tu ndice sereno seala las azules esperanzas Y reclama en silencio la muerte frente al sol. Y en las luces opacas de este siglo resplandece tu verbo Solo t con tu luz podras salvada del caos infernal, Solo t que en tus manos tuviste siempre rosas Y vertiste en tus versos tu angustia y tu ternura, Uniendo entre pasiones azarosas El honor, la paz y la bravura. Hincados de rodillas ante tu tumba til, Hasta la cima eterna donde brilla la llama de tu nombre Que el verbo centellante de tus labios Que fue duro y potente... que fue justo y audaz, En imgenes altas se alce hasta las cumbres elevadas, Y acabe para siempre con la casta nefasta del tirano, Trayendo nuevos das a la ruta gloriosa de la patria. Mil manos juveniles se alzan con las picas aguerridas. Las ansias de la patria adolorida las reclama sin tregua, Maestro... Que tu voz sea un grito que detengan la lucha fratricida... Que se oiga tu voz omnipotente clamar en los espacios siderales... y que caiga el tirano sanguinario vencido por la lucha libertaria. 28 de enero de 1953Reclamo del Centenario Al ms digno de todos los cubanosPor Ral Gmez Garca Hanna Chomenko Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524

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En sus crnicas del peridico Patria Los poetas de la guerra, Jose Mart escribi: Muchas dcimas se cantaron en nuestros campos, y es de lamentarse que no se recuerden las ms campesinas, porque el guajiro de Cuba tiene en su carcter cierta melancola y asiento que conviene al verso. La dcima en Cuba en el siglo XIX contribuy a la consolidacin de de nuestra identidad; su presencia es parte de nuestro patrimonio cultural. En todas partes Soy, proyecto martiano del Instituto Superior de Diseo y el Grupo Guijarro (Salvaguarda de Tradiciones) del Consejo Nacional de Casas de Cultura, celebran con la muestra Soy el Amor, soy el verso el natalicio 160 del Maestro. Diseadores y poetas, ambos desde su profesin insisten en que es posible un puente apostando por la poesa para el bienestar y el disfrute de todos los hombres y mujeres, nios y nias. Profesora Mara Eugenia Azcuy Rodrguez Alfredo Aguilera Carlos Mesa Alejandro EscobarSOY EL AMOR, SOY EL VERSOEXPOSICIN POR EL 160 ANIVERSARIO DEL NATALICIO DE JOS MART Si la humildad de mi cuna no es negociable por oro y no quiero ms tesoro que la plata de la luna. Si no anhelo ms fortuna oliendo a cruces y guerra, djenme frente a una sierra a la sombra de un boho compartiendo el cofre mo con los pobres de la tierra.JUAN ANTONIO DAZ Caen dos torres, el terror se derrumba, explota, crece,y qu distinta parece la nueva ciudad de York! Rescatistas del temor buscaron cuerpos y asombros y yo bajo los escombros de la tierra estremecida de mil ngeles sin vida alas nacer vi en los hombros. YOSLAY GARCAHijo de mi corazn como herencia no te dejo ms capital que un consejo que es brjula de razn. Se justo en toda ocasin, lleva el honor como abrigo. Que nadie encuentre contigo la mancha de un hombre ruin. Si eliges bien el cojn, no hay cojn como un amigo.ARAMS PADILLA

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la voz de los universitarios Camila Berazan Amaya Garca Llueve. En el portal. Perdido de m, falto al ser, me hundo... qu cristal hay entre el mundo y el yo, que niega el sentido? busco el que pude haber sido: sombras, ausencias, espumas. Y cuando de entre las brumas vuelvo, sin fe, acurrucado cloquea a mis pies, mojado un abanico de plumas.LEANDRO CAMARGO vivo viudo de colores la soledad es mi aliento. Pero si acaso el intento de irte en las penas te estanca, monta de un sueo en el anca ven por donde no tropieces que esperando a que regreses cultivo una rosa blanca. HCTOR GUTIRREZ Alma Mater / julio agosto 2013 / No. 524

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Jorge Alberto Garca Patricia Garca P atricia Garca Abre su pupila roja el sol, se despierta el da, el paisaje es meloda canta el aire en cada hoja. Y mientras un nio arroja semillas en su remanso humedeciendo el descanso de su silvestre alameda con voz que se va y se queda murmura el arroyo manso. JOS ENRIQUE PAZSoy penumbra de un boho en crepsculo distante, soy la voz del sueo errante de un antepasado mo. Soy un insomnio en el ro de los guateques inmerso soy un trazo en el diverso cuadro de la multitud soy las noches del lad, soy el amor, soy el verso.OSIEL LLANES

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la voz de los universitarios Karla Polo Mait Fundora Jos Pedro Camejo Lo cur porque tena un ala casi deshecha plumada de lejana. Desde entonces cada da entra volando a mi sala, y despus que me regala su presencia por un rato para agradecerme el trato me tiende, trinando, el ala. IRN CABALLERO que tras la fuga de un beso sinti en las venas el peso de un desencuentro de amor. Fueron espera y dolor, el tiempo que nos amamos, y buscando en los reclamos del ro, toda la suerte, en el umbral de la muerte eran de lirios los ramos. HCTOR LUIS ALONSOApstol, tu historia late cuando une escudo y bandera un himno que la primera estrofa llama al combate. Tu patritico quilate no observ un crimen con calma, y la pluma que a tu alma le di una oracin distinta tom fuerza y sac tinta de donde crece la palma. OSBEL SUREZ Ningn mrtir muere en vano, ni ninguna idea se pierde en el ondular ni en el revolverse de los vientos. La alejan o la acercan, pero siempre queda la memoria de haberla visto pasar. JOS MARTAlma Mater / julio agosto 2013 / No. 524

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