Title: España en la obra de Ramón del Valle-Inclán
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 Material Information
Title: España en la obra de Ramón del Valle-Inclán
Physical Description: iii, 195, 1 leaves : ; 28 cm.
Language: Spanish
Creator: Lado, María Dolores, 1935-
Publisher: University of Florida
Place of Publication: Gainesville
Gainesville
Publication Date: 1962
Copyright Date: 1962
 Subjects
Subject: Spanish thesis Ph. D   ( lcsh )
Dissertations, Academic -- Spanish -- UF   ( lcsh )
Genre: bibliography   ( marcgt )
non-fiction   ( marcgt )
 Notes
Bibliography: Bibliography: leaves 182-194.
Additional Physical Form: Also available on World Wide Web
General Note: Manuscript copy.
General Note: Thesis - University of Florida.
General Note: Vita.
 Record Information
Bibliographic ID: UF00097968
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: alephbibnum - 000537846
notis - ACW1052
oclc - 01690246

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ESPANA EN LA OBRA DE RAMON

DEL VALLE-INCLAN












By
MARIA DOLORES LADO


A DISSERTATION PRESENTED TO THE GRADUATE COUNCIL OF
THE UNIVERSITY OF FLORIDA
IN PARTIAL FULFILLMENT OF THE REQUIREMENTS FOR THE
DEGREE OF DOCTOR OF PHILOSOPHY











UNIVERSITY OF FLORIDA
June, 1962





















RECONOCIMIENTOS


La autora quiere expresar su profundo agradecimiento al Pro-

fesor D. Pedro Villa Fernndez, cuya valiosa crtica, comprensi6n

y paciencia han contribuido tanto a hacer possible este trabajo.














INDICE


Pg na


RECONOCIM 'IE ITOS ................... i

INTRODUCTION A MANERA DE PROLOGO ...... 2

CAPITULO

L GALICIA . . . . . . . . . 9

LI. LA HISTORIC DE ESPAA ......... 56

A. Introduccii n

B. Espana heroic

IIL LA HISTORIC DE ESPAA ........ .. 104

Espafla esperpntica

IV. ESPAA CONTEMPORANEA . . .. 1

CONCLUSIONES ................... 177

BIBLIOGRAFIA .................... 1I2

































INTRODUCTION A MANERA DE PROLOGO















INTRODUCTION A MANERA DE PROLOGO


Al enfrentarse con la figure de Ramrn del Valle-Incln se tropie-

za con una curiosa contradicci6n. Tanto el escritor como su obra apa-

recen encasillados en ciertas categoras rfgidas que hacen suponer que

tanto tu personalidad como su obra solo ofrecen un aspect. En cuanto

a su persona, Don Ramn aparece como un hombre estramb6tico y ge-

nial, una leyenda anibulante. En cuanto a su obra, el escritor es el

estilista por antonomasia. Sus obras -on muestras perfectas de un es-

tilo sin tacha cuya consecuci6n parecet ser, en opinion de un gran nme-

ro de crticos, la nica razn que movi a escribir al ilustre gallego.

Tal opinion no concuerda con la realidad. Personalmente fu Don Ra-

m6n un hombre de hondas vertientes humans. Es cierto que fu excn-

trico, y gustaba de escandalizar a los papanatas y pseudo intelectuales,

pero a lo largo de toda su vida conserve una fidelidad a sus propias

ideas y una ternura hacia lo suyo: familiar, patria, amigos, digna de

admiraci6n. Coino escritor hay pocos que hayan dejado una obra ms

extensa y variada. Ram6n del Valle-Incln cultiv6 los ms diferentes

gneros: novel, poesfa, teatro, y ensayo, y todos estos g6neros supo

imbufrlos de una vida nueva, supo descubrir en ellos una nueva orienta-

cin. El que durante today su obra luchara por conseguir un estilo cada

vez ms ajustado y hermoso, no presupone que eso vaciara a sus obras

2











de contenido. Don Ram6n tenfa much que decir, y lo dijo con extra-

ordinaria belleza.

Ram6n del Valle-Incln se convirti6 en una leyenda durante su

propia vida. Su apariencia ffsica, mezcla de Don Quijote y Quevedo,

sus charlas formidable y continues en las tertulias madrilefas, el

despampanante descaro de sus opinions y juicios, le convirtieron en

una viviente colecci6n de ancdotas. Durante su tiempo hubo hasta un

peri6dico que publicaba todos los das una supuesta an6cdota de Valle-

Incln. Consecuencia de todo ello es que la mayor parte de studios

biogrficos de Valle se limitan a contar una retahila de ancdotas sin

calar ms hondo. El mismo Valle contribuy6 a la confusion con sus

declaraciones y con la publicaci6n de una fantstica autobiografa que

apareci6 en Alma Espafiola, y que no tiene nada de autobiogrfica,

siendo una mera elucubraci6n literaria que se le ocurri a Valle un

buen da.

Su vida fu6 parecida a la de tantos escritores de su tiempo. Na-

ci6 en Villanueva de Arosa el 28 de octubre de 1866. Sus padres fue-

ron D. Ram6n Valle Bermdez y Dofa Dolores Pefa y Montenegro.

Curs6 studios de bachillerato en Pontevedra y Santiago, y en esta 61-

tima ciudad comenz6 la carrera de Derecho que nunco lleg6 a terminar.

Durante su juventud hizo un viaje a Mjico, tierra a la que haba de

amar y admirar durante toda su vida y que dej6 un profundo impact en

la concepci6n de algunas de sus mejores obras. La mayor parte de su










vida transcurrid en M.adrid, y la mayor parte de Fus horas en las ter-

tulias de los cafs madrileflos. Tuvo algunos empleos burocrticos que

casi sier.pre le duraron poco, y generalmente vivi5 de su pluma. Es

esta ardua tarea en Espana y no es de extraar que gran parte de su

vida pas5 entire estrecheces y apuros econdmicos aunque tambin dis-

frut6 de pocas de mayor desahogo financier. Le atrajo el teatro y

hasta actu en un corto papel en La corrida de las fieras de Benavente.

Se cas6 con la actriz Josefina Blanco, pero el matrimonio acab6 en una

separaci6n en la que Valle-Incln se encarg de los hijos nacidos del

matrimonio.

Cultural mente fu un autodidacto corno sus compafieros de gene-

raci6n, cosa comprensible porque la universidad de entonces tenfa muy

poco que ofrecer a las personas inteligentes. Ley sin tino cuanto cafa

en sus manos, preferentemente la literature contempornea de Francia

e Italia. D'Annunzio, Casanova, Barbey y Verlaine fueron sus dolos

de juventud. Junto a ellos est Rubn Dar'o. Segdn cuenta Fernndez

Almagro empezr a escribir para probar que lo podfa hacer mejor que

los escritores de entonces.

Ideol6gicamente, Don Ramn, como el resto de los escritores de

la generacin del 98 estaba "en contra, y comno dice Ramn G6rnez de

la Serna, dado que eran los primeros que estaban en contra, este "con-

tra" era autntico y real. Estaban en contra del gobierno de turno y de

la oposici6n de turno, de los escritores de la generacin anterior y










tambin de los clsicos que admiraban los hombres de su tiempo. Ata-

caban el modo de vida de la Espaa contempornea, y la concepcin vi-

gente de la historic de Espafa. En fin su "contra" era absolute y total.

Su actitud era fundamentalmente negative. Destruan ms de lo que

construfan. Queran una revolucin complete pero no tenan ideas cla-

ras, except en el campo de la literature, de lo que queran construir /

en lugar de lo destrufdo. Politicamente Valle fu carlista segn decla-

racin propia y repetida, y a lo largo de toda su vida siempre ech6 de

cuando en cuando su baza de espadas por la Causa del Pretendiente. La

fndole del carlismo valleinclanesco es una material compleja que tratare-

mos de dilucidar ms adelante.

Literariamente sus obras son, en palabras de Benavente, "toda

una literature. Su versatilidad le hace difcil de encajar completamente

en ningn grupo. Asf que mientras Ram6n Gmez de la Serna lo hace,

con Azorfn y Antonio Machado, uno de los tres representantes puros de

la generacin del 98, Fernndez Almagro lo consider preferente un

modernista en contact con el 98. De hecho Valle-Incln comenz6 bajo

el signo del modernismo y sus primeras obras son lo ms bello que este

movimiento produjo en Espafla. Pero muy pronto la vision del 98 comen-

z a empapar sus obras, dndoles un giro personal y tfpico que sin sepa-

rarlas por complete del modernismo las incorpora a la temtica noventayo-

chista. La trayectoria es clara desde las Sonatas, que con la quinta-

esencia del modernismo, hasta el Esperpento, la expresin ms dura











y cruel de la termntica noventayochi.sta de la vision de Espa.a.

El lenguaje evoluciona con las obras ajustSndose perfectamente

a los cambios. Pasa desde la exquisite; de las Sonatas, en las que la

selecci,.n de palabras busca fundar xentalmente la n usicalidad y el color,

a travs de un cstilo pulido y ar:.t-.crtica, hasta el der~arro del esper-

pento. En ste la ri-usicalidad se rorr:pe, y es el color y la expresi6n

la preocupaciSn principal. Valle busca, en este caso, la inspiraciOn en

la lengua dura y expresiva del pueblo, polo opuesto de la temperancia aris-

tocrtica de la primera poca. Valle recoge expresiones populares, nue-

vas rnetforas y las incorpora a sus obras dando a veces nuevos signifi-

cados a las palabras. El resultado es, adems de una extraordinaria ri-

queza lingufstica, una gran flexibilidad y fuer-a de expresi6n.

Corr.o declamos al principio, gracias a la riqueza de su estilo, fre-

cuentemente se ha encasillado a Valle bajo el remoquete de artist puro,

"alejado del mundo y sus problems' y separado de los sentimientos de

su generaci6n por la p:ritalla de su arte preciosista. Hasta qu punto es

cierta esta afirmnaciGn vamos a verlo al estudiar cul es la vision que

Valle-Incln tiene de Espafa. Espafla fu el terna predilecto de todos

los escritores del 98 que trataron de redescubrirla y mejorarla. Valle

tambin tiene algo que decir sobre su patria.

El primer capftulo de este trabajo est dedicado a Galicia. Valle-

Incln fu gallego y conserve a lo largo de toda su vida un entranable

amor a su tierra natal. Galicia es el marco de r-u.:ha- de i- *i rai'.







7



Los cppitulos segundo y tercero estudian la vision que deja Valle de la

historic de Espaia. Finalmente el cuarto capftulo es el retrato de la

Espafa contempornea del escritor, tal como aparece reflejada en su

obra. Hemos tratado de reflejar sus opinions con la mayor objetividad

possible, y dejar que las obras hablen de por sf. Valle-Incln, que tan-

to tuvo que decir sobre todo y sobre todos, fu sorprendentemente par-

co al hablar de s mismo y de sus ms profundos sentimientos. Pero

en sus obras nos ha dejado un retrato de sus ideas y de su persona much

ms real y profundo del que puede sacarse de los miles de ancdotas

y opinions a 61 atribuidas.


































CAPITULO I


GALICIA














CAPITULO I


GALICIA


Ante la parda tierra castellana,
Se abre el verde milagro de una tierra
Cristalina, en la paz de la mafana,
1
Y el castaflar comienza con la sierra.

As aparece Galicia a la memorial del poeta Valle-Incln, como un mi-

lagro verde y puro en la paz matinal. Un milagro lejano, hermanado

a sus recuerdos infantiles, segn cuenta en otro poema.

Esta emoci6n divina de la infancia,
Cuando felices el camino andamos
Y todo se disuelve en la fragancia
De un Domingo de Ramos.

El campo verde de una tinta tierna,
Los montes mitos de amatista opaca,
La esfera de cristal como una eterna
Voz de estrellas. iUn dolo la vaca! (p. 77)

Valle-Incln conserve a Galicia en el recuerdo. Aun despus de haber

vivido allf various perfodos de su vida de adulto, la memorial que sigue

imponindose es la infantil. La impresi6n que Galicia dej6 en su alma

de nitio es la que va a dar forma y vida a la Galicia mftica y milagrera

que Valle pinta en sus obras. Esta Galicia sentida y recordada, apare-


'Ramn del Valle-Incln, Claves lricas: Versos (Opera Omnia,
IX; Madrid: Rivadeneyra, 1930), p. 63. Los poemas citados a conti-
nuaci6n provienen del mismo volume.









ce entire la niebla del recuerdo de una forma vaga, con el contorno des-

dibujado, fuera del tiempo y hasta del espacio, porque es una tierra que

ha superado sus propias fronteras sicas al saltar al mundo de lo potico.

Por eso le gusta al poeta, porque a Valle-Incln le atrae, en palabras de

Fernndez Almagro, 'lo que no data o lo que, por datar vagamente, se

pierde en nieblas propicias a la transfiguraci6n potica. "

La nostalgia de Galicia acompana al autor a lo largo de su vida,

segn el mismo confiesa en el poema que abre Aromas de leyenda:

i Oh, lejanas memories de la tierra lejana,
Olorosas a yerbas frescas por la marana:


El lago de mi alma yo lo siento ondular
Como la seda verde de un naciente linar,
Cuando tu pasas, vieja alma de mi lugar,
En la msica de algn viejo cantar. (pgs. 13-14)

Valle-Incln, como el resto de sus compafneros de generaci6n,

lleva profundamente clavado el recuerdo de su tierra natal, y este re-

cuerdo va a ter durante su vida dulce y suave, tenido por las cndidas

visions infantiles. No se puede olvidar esta caracterstica cuando nos

enfrentamos con la Galicia de Valle. Mas no todo es serenidad y belle-

za en el recuerdo del escritor porque Valle-Incln se hizo hombre y

vi6 la tierra con ojos adults y desengafados, los ojos de un poeta que

haba sonado una Espafa ideal y haba descubierto los hilos de la farsa

que movan el tablado de rmarionetas de la Espana finisecular. Valle-

Incln y sus hermanos generacionales haban tratado de cambiar la Es-

paria de su tiempo, de hacerla n-5s digna y mejor. Cargados de suefos










e ideales, se lanzaron a recorrer los caminos de la patria: "Echeme

al mundo de un salto loco, di mi palabra con mi alma al viento. .,

recuerda Valle, lleno de nostalgia. Pronto descubrieron que no iban

a ser ellos los artffices de la revolucin soflada y poco a poco, desenga-

fados, se retraen, se alejan del mundo, y quedan solos, desesperanza-

dos, porque el manana ya se ha convertido en hoy y el suelo sigue sin

realizarse:

Yo march solo con mis leones
Y la certeza de ser quien soy.
El Diablo escucha mis oraciones.
Canta mi pecho: i Manana es Hoy' (p. 58)

Que lamento ms parecido al que entona Antonio Machado en su

poema Una Espafia joven, que viene a ser como la suma de ilusiones y

desengaflos de su generacin:

Ms cada cual el rumbo sigui de su locura;
agilit6 su brazo, acredit6 su bro;
dej como un espejo brufiida su armadura
y dijo: "El hoy es malo, pero el mafana . es mo. "

Y es hoy aquel mafrana de ayer... Y Espaa toda,
con sucios oropeles de Carnaval vestida
aun la tenemos: pobre y escu.iida y beoda;
mas hoy de un vino malo: la sangre de su herida.

Todos habfan sufrido la quijotesca locura de querer enderezar los

entuertos del mundo y haban fracasado. Por esta raz6n, cuando Valle-

Incln vuelve a mirar a la vieja tierra de su infancia, mezcla su vision

ideal con el realismo circundante y lleno de ternura exclama:


1Antonio Machado, "Una Espafla joven, Obras (Mxico: Edito-
rial Sneca, 1940), pgs. 259-60.










i h tierra, pobre abuela olvidada y m ,endiga,
Bsarre con tu alma ingenua de cantiga' (p. 14)

Este choque entire ideal y desilusin moldea las dos vertientes de

la Galicia que aparece en la obra de Valle. Por un lado hay una vision

de la tierra; la Galicia de Aromas de Leyenda y El Pasajero, llena de

luz y de poesa, idflica y ge6rgica, honda y policromada que como dice

Lan Entralgo es "el paraso de un modernista. Y a su lado aparece

otra Galicia en convulsion, una Galicia supersticiosa, milagrera, sal-

vaje y cruel, bella y terrible: la Galicia de las Comedias barbaras.

Qu es lo que rcrr.pe "el azul crystal ae la paz aldeana" para

abrir cauce al torbellino de pasiones de esa otra Galicia en convulsion?

La respuesta e s:rr.ple: el ho mbre. Cuando el paisaje ocupa el primer

plano, la naturaleza es tella, arminica y tranquila. Pero cuando el

hombre enmarca sus pasiones en el paisaje, el paisaje estalla, absorbe

y agranda las pasiones humans, se compenetra con los individuos y apa-

rece como ellos tumultuoso, revuelto, sombrfo e impresionante.

Pedro Lafn Entralgo nota la pesimista vision que del hombre es-

panol tienen los escritores de la generacin del 9. Todo el amor que

vierten en la descripci6n del paisaje, se convierte en desprecio cuando

llegan a hablar del hombre que habitat ese paisaje. Lo mismo ocurre con

Valle, solo que l no se limit a despreciar sino que coge a este hom-

bre recomido de pecados y debilidades y con un toque naescro de su

pluma lo convierte en un ente de ficcin casi mftico que encarna todo

un tipo genrico s-n dejar de ser un individuo, y que en medio de sus










pequefeces tiene grandeza. Porque no hay que olvidar que pese al im-

pacto que la vida deja en el alma del autor, su sello de amargura y des-

ilusi6n, lo nico que se salva y conserve grandeza, aunque sea una gran-

deza con reserves mentales, es el mundo y la tierra que Valle-Incln

haba amado y admirado cuando nifo: Galicia y el mundo carlista. Para -

pintar a ambos guard el autor la pluma de la poesa, la leyenda, y la

epopeya. Para el otro mundo, el mundo zaragatero y cobarde que des-

cubre de hombre, reserve la pluma quebrada del esperpento.

Galicia dulce y melanc6lica despierta hmeda de roco, 'en los

azules cristalinos de la maflana. Es un paisaje lleno de sonidos, de

aguas rientes de "molinos picarescos" y "telares campesinos" que "can-

tan el viejo salmo del pan y de los linos. Porque la Galicia de Valle-

Incln es vieja y campesina. No aparece una Galicia ciudadana que en

el cosmopolitismo de sus puertos y hasta en la calma de sus capitals

de provincia tiende a hacerse como el resto del mundo y a perder su

personalidad caracterstica. Valle-Incln recoge la quintaesencia de

Galicia, la tierra celta por donde an vagan las sombras de Tristn e

Iseo,

Y las ruedas temblonas, como abuelas cansadas,
Loan del tiempo antiguo virtudes olvidadas. (p. 19)

Adonde las pastoras se sientan a hilar sus copos de lino sobre las pie-

dras clticas "doradas de lrquenes milenarios. Galicia mfstica y re-

ligiosa donde










... el agua pi en la presa platea sus cristales,
M7urmura una oracinr entire los mnaizales,

Y el molino complica con la vid su entrada
Campesinos enigmas de la Historia Sagrada;
Bajo la parra canta el esponsal divino
De la sangre y la carne, la Borona y el Vino. (p. 20)

Es una Galicia verde crystall de relicario" y 'son de esmalte los

valleys pastoriles. Es tambi6n legendaria y aun conserve el recuerdo

de las peregrinaciones que venan siguiendo el camino de Santiago,

"el coro de la vieja romerfa, que tiene su camino en las estrellas. "

Con carino va recordando el poeta todos los detalles que componen su

recuerdo del paisaje gallego:

El agrio vino, las melosas ninas,
La vaca familiar, el pan acedo,
Un grato son de flauta entire las vilas,
Y un mstico ensalmar en el robledo. (p. 63)

Y despus del revivir mananero, la poesa callada del atardecer:

En la tarde azul, llena de paz, volaban las golondrinas sobre el
ro, rozando las olas con un pico del ala, y los m imbrales de la
orilla se espejaban en el fondo de los remansos con vaguedad de en-
sueo. l

Es una paz bucSlica la de la tarde gallega, la campifa verde y

hameda,

... sonre en la paz Je la tarde, con el casero de las aldeas
disperso y los molinos lejanos desapareciendo bajo el emparra-
mado de las puertas, y las montanas azules, y la nieve de las cum-
bres. A lo largo del camino un zagal anda encorvado segando yer-
ba, y la vaca de trmulas y rosadas ubres pace mansamente arras-


IRam6n del Valle-InclIn, Corte de amor: Florilegio de nobles y
honestas damas (Opera Omnia, EX; Madr2d: Rua Nueva, 1942), p. 87.










trando el bozal. M~ozos y mozas vuelven a la aldea cantando por los
caminos, y el humo blanco parecer salir entire las higueras. 1

Y oreando la tarde que muere, esa brevee tarde azul, que dice

el autor, el viento gallego, mstico y oloroso lo envuelve todo en un

aire sobrenatural; y por eso la tarde muere "llena de santidad y de fra-

gancia. "

Como puente entire la serenidad de esta tierra dulce y reposada

y el torbellino torturado de las Comedias brbaras y Divinas palabras,

nos deja Valle-Incln su bella historic milenaria Flor de santidad.

En esta obra el paisaje se convierte en tel6n de fondo sobre el

cual actan los personajes movidos por los hilos de la fatalidad que en

este caso es la vida que llevan, el ambiente en que se mueven, y la mi-

seria que los rodea. Galicia aparece gobernada por un hado fatal que

empuja los personajes a cumplir su propio destino sin que stos pue-

dan oponerse. La nica forma de escape es la locura en donde se re-

fugian los dos personajes centrales de la series gallega, Adega, la pas-

tora de Flor de santidad y D. Juan Manuel Montenegro el protagonis-

ta de las Comedias brbaras.

Adega es uno de los personajes ms hermosos y sentidos que han

nacido de la pluma del escritor. Es la encarnaci6n de lo que en el alma

gallega hay de supersticioso, de hondo y de mstico. Esta es una leyen-


IRam6n del Valle-Incln, Flor de santidad: Historia milenaria
(Buenos Aires: Espasa-Calpe Argentina, 1942), p. 83.










da "en sabio romance campesino, como la llam6 Antonio Machado,

donde los tonos suaves, verdiazules, del paisaje se entremezclan con

rfagas de negro y rojo cuando la miseria y la tragedia se enredan en

la vida de los personajes. Cuadro de oros y azules, con la calma de un

retablo primitive, y al mismo tiempo con la crueldad desnuda de un ca-

pricho goyesco.

Los personajes que Valle crea para llenar su retablo son tipos ge-

nerales que vuelven a aparecer en otras obras con la misma psicologa

y hasta con los mismos nombres. Muchas veces se mueven y actan

como los personajes corales de una tragedia antigua.

Valle no est interesado en hacer un retrato realista de Galicia;

por eso no present todos los tipos representatives gallegos sino sola-

mente los que le pueden ayudar a crear la imagen que l pretend con-

seguir: una imagen que es ante todo potica e ideal, pese al realism

y hasta la crudeza de ciertas expresiones. No se puede decir que Gali-

cia sea como Valle la pinta, es ms que eso; pero lo que sf es cierto

es que Valle-Incln pinta algo netamente gallego, algo !ntimo, dentro

de la tradicin y del alma celta. Valle-Incln pretend reflejar el alma

colectiva del pueblo, su tragedia y su grandeza; ms que personajes

individuals, prefiere presentar tipos folkl6ricos que encarnan el aima

colectiva del bajo pueblo, del campesino, de la nobleza decadente o de

clrigos aldeanos. Como dice Cesar Barja, ms que una tragedia in-

dividual es sta una tragedia colectiva:










Lo individual es solo aquf expresi6n de un estado de espfrltu y
un sentimiento general. Este carcter colectivo es tambin lo que
ms se afirma en esta literature de Valle-Incln. VMas ue como
individuos, opera el autor con tipos generals y con masas; y es de
ordinario tan escasa la significaci6n individual de los caracteres,
que no se cree obligado a cambiarles ni siquiera el nombre, ya que
no de personalidad.1

La historic es sencilla como una leyenda antigua. Adega, la pro-

tagonista, es una pastora de doce afos que "pareca una zagala de las

leyendas piadosas":

Tenfa la frente dorada como la miel y la sonrisa cndida. Las
cejas rubias y delicadas, los ojos, donde temblaba una violeta azul,
msticos y ardientes como prices. Velando el rebano, hilaba su
copo con mesura acompasada y lenta que apenas haca ondear el ca-
potillo marif~in.

Adega es hurfana, como las heronas de los cuentos, sus padres

haban muerto en el "Afo del Hambre" cuando "los antes alegres y pica-

rescos molinos del Sil y del Mif o parecfan haber enmudecido para siem-

pre. Su infancia qued6 marcada por la tragedia y todava rezaba y tem-

blaba recordando "la agona de dos espectros amarillos y calenturientos

sobre unas briznas de paja. Aquel afo habIa venido cargado de trage-

dia. Los lobos hambrientos bajaban de las montanas y por las noches

se ofa su aullar desesperado; hileras de campesinos desfilaban por el

camino real, en busca de las lejanas villas feudales donde el hambre no

era tan atroz. Y da tras dfa y noche tras noche, una lluvia terca y


ICsar Barja, Libros y autores contemporneos (Madrid: Libre-
rfa General de Victoriano Surez, 1935), pgs. 386-387.

2Valle-Incln, Flor de santidad: .. ., p. 15.










fra hilaba sa na.lJeja gris en la vcntiscr que s.aciud los rbales, y

amer.ataba arroncar loe tejados de las caeu:has aldeana?.

Adega, nifa y sola, tambin sali6 a pedir limosna por los cani-

nos hasta que la recogieron en una venta en donde entr6 a servir por

el yantar y el vestido. Pero su soledad no hizo sino acrecentarse.

Los venteros eran "dspotas, blasfemos y crueles, y la pequea su-

frfo mansamente los malos tratos, las malas palabras y la soledad de

los dfas y las n=:her., refugi5ndose en un mundc de sueos y esperan-

zas.

Uno de los aciertos de Valle-Incln es dar a este personaje tanta

credibilidad como individuo y hacerlo al rmisr,.o tiempo un ente siimb5-

lico representative del alma folld6rica gallega.

Adega era muy devota, cuenta el autor, "con devocitn sombrfa,

montafesa y arcaica"; su religiosidad estaba cargada de milagros, bru-

jerfas y visions. Para escaparse de la realidad ae refugia en una se-

rie de xtasis visionarios a los que es tan propicia la religiosidad su-

persticiosa campesina:

Adega cuando iba al monte con las ovejas tendfase a la sombra
de grandes peascales, y pasaba las horas enteras, la mirada su-
mida en las nubes y en infantiles xtasis del nima. Esperaba llena
de fe ingenua que la azul inmensidad se rasgase dejndole entrever
la Gloria. Sin conciencia del tiempo, perdida en la niebla de este
este ensueflo, sentfa pasar sobre su rostro el aliento encendido del
milagro. I


llbid., p. 25.









Hasta que un dfa los cielos se rasgaron y Adoga tuvo una vision

que "puso pasmo en todos los corazones, y fu4 caso de edificaci6n en

el lugar. "

A la vera de esta "rapacifia" impressionable, no solo llena de fe

en los milagros sino tambin en los hechizos y encantamientos de bru-

jas y trasgos, llega un peregrino que viene de tierra santa siguiendo el

camino de Santiago que marcan las estrellas, y la nifla, convencida de

que el peregrino es Nuestro Sefior Jesucristo, se entrega a 61 en cuer-

po y alma. Cuando ms tarde descubre que la ventera y su hijo han ase-

sinado al peregrino para library a las ovejas del mal de ojo, Adega huye

de la venta y comienza a recorrer los caminos clamando venganza con-

tra Jos asesinos. A su locura, segGn cree la gente, se une la creencia

de que el hijo que le va a nacer es hijo de Dios.

Adega va recorriendo los caminos y predicando amor y esperanza,

preparando al mundo para el nacimiento de su hijo:

... jadeante, con los pies descalzos, con los brazos en alto, con
la boca trmula por aquellos gritos prof6ticos, se perdfa a lo largo
de los caminos. Solo hacda algin reposo en el monte con los pastores.
Sentada al abrigo de las viejas piedras clticas, les contaba sus sue-
flos. El sol se ponfa y los buitres que coronaban la cumbre batman
en el aire sus alas, abiertas sobre el fondo encendido del ocaso:

--Ser un lindo infante, lindo como el sol! Ya una vez lo tuve
en mis brazos! i La Virgen Marfa me lo puso en ellos! i Rendidos
me quedaron de lo bailar! 1

Y la gente al verla se santiguaba, supersticiosa, y exclamaba:


lIbid., p. 69.










";Pobre rap.2za, tiene el nal cativ&.. El r-.al cativo" oc al.o difcil

de dc'ninr, es una clase de !ocura, i-oti'ad: r-iuchas veces por causes

sobrenaturales. Del "mal cati.o" pi.-ece caos "tolos," esno pobre3 lo-

cos, q:.e recorrern mansamente los canminos gallegos pidiendo limosna.

M-fucha gente cree que su locura es in castigo divino y hasta corren le-

yendas que los "tolos:' van siguiendo los pass de la Santa Co-npafta,

esa trite procesi6n de almnas en pena que recorren el "infierno [rfo"

haciendo i;enitencia por .un pecados. Por eso loc "toloc" suelen ser

ternidos aunque la gente se burle de ellos.

La locura de Adega era una extrata locura que la atacaba a rana-

lazos. La gente le llevaba sus anlinales para que los curara y se acer-

caban al border del carmino a escucharla y para hacerle preguntas sobrc

los difuntos, porque en su locura Adega segufa siendo "mansa como

una paloma y humilde como la tierra.

Para con;prender las reaccionca de Adega hay que pensar en su

juv.entud y en el arib'ente en el que se ha criado. Es todava una iiifta,

tiene doce arfos, y aun conserve lo que Charles .toeller llan-a, 'ese don

de nrcaravil!arse qu'e caracteriza a la u-ancia, toclavfa cree en lo r.ara-

villoso, en lo sobrenatural, en lo que est rns all del puro raciocinio,

sentimiento que se acrecienta por la vida que ha llevado desde r.ifla, pe-

rennemente rodeada de estos sentirmientos. Adega admite comno algo

normal que las ovejas de la venta padezcan del mal de ojo, debido a la

maldici6n de! peregrine que quiso vengar en ellas la dureza de coraz6n









de los duefos, y tamnbin cree en la capacidcd de los curanderos para

coniirar el nmal de ojo y otros maleficios.

Toda la religiosidad gallega tiene una ndole eminentemente pan-

testica y maniquea. Al lado de la divinidad de Dios se admiten atribu-

tos sobrenaturales en los conjuros, en las yerbas y sobre todo en las

aguas. Los antiguos celtas consideraban muchas aguas encantadas y

les atribuan un valor mgico. La creencia en el powder curativo de las

hierbas, que tiene sin drda una base real y que es tambi6n otra carac-

terstica de los pueblos primitivos, no olvidemos que Valle-Incln est

retratando lo que de primitive tiene el alma gallega, desempea un pa-

pel principal en los juegos de hechicera. Los celtas iban a cortar el

murdago sagrado con sus hoces de oro, a la luz de la luna, cuando la

luna estaba en una determinada posici6n. En cita h
todas estas tradiciones y creencias en el episodio de la fuente encantada.

Por consejo del curandero de Cela, la ventera, acompafada de

Adega, lleva a las ovejas a beber a una fuente que tiene un roble, condi-

ci6n indispensable para romper el maleficio, y que est en una encruci-

jada. Ademis para romper la condenaci6n la ceremonia debe tener lu-

gar a las doce de la noche y durante la primera luna. Mientras el viejo

curandero observa las ovejas, habla de los distintos tipos de encanta-

miento,

-- i Habeis de saber que son tres las condenaciones que se hacen
al ganado! ... Una en las yerbas, otra en las aguas, otra en el










-ire ... ,Este Er-ado 'ucsl rctr. t.ene la c :rc'enac:6n e n as I;R naf i.

La rell;iosi'ad can-,pec'ma g~iieg-a .arcce d:v.;li ec n.undo sobre-

uidtLiral er. do: grandes c?teorfas: Por un lado ur. Espfritu buen.o, psi-

tivo, represcn.ac.J por Dios, Ja Virgen :.Tarfa, y los santos, especial-

nernte Ine patroness de las distir.tas parroquias. Luchando contra ellos

y .de piso haciEndole al hombre la vida .n posEihb, hay uii Espfr.tu malo

representado p.r Satanse, los trasgos y las brujas. La idea de Dios

e-,t n.~s relaci:inac'a ccr. e! 3ahv del Anti&gu. Testanentr que con el

Dics-Padre del N'uevo. Dio es sante todo justicero, y a veces venga-

tivo, nanandaiid. pestes y cala.;icadads a los h.r.ibres que se desvan del

camino recto. La idea rlde Dios paternal, i;.,s humanoi y c-cmprenelto,

est< encarnada en la tigura de Cristo; paro los grandes abogados de Ics

hombres scn la Virgen Mara y los distintos santoa que cor.io San Eeni-

to le CMItigoi, Santa EIaya de Cr;sta:,-ilde y otros president sobre laE,

devocioncs aldeanas.

Esta lucha entire el l;en y el .-nal, mianiiestaci'n escato'6;;c- de

la lucha entire ce Lien y el r.-.a que tiene lugar en el al-r.a del horr.bre,

surge con terr.-Ile patetian.c en las escrenas f;nalea .Jel libro. Adega,

en: su locura, cree quc el :lernnio estl tratando de poseerla, por lo

que su arr.a decide n-,Lndarla a la romnerfa de Santa Baya de Cristarnil-

de, adonde van las endemoniadas, para ver si la Santa la cura. Una

prctica muy corriente en Galicia era la mrrisa de los endermoniadoa.


IIbid., p. 40.










A esta misa llevaban a las pobres gentes que se suponfa que estaban

posedas por el demonio para ver si oraciones y exorcismos las li-

braban de su mal. En Flor de santidad, despus de la misa llevan

a las enfermas a la playa cercana para ver si las olas tempestuosas

del Atlntico lavan los malos espfritus. Es esta escena una de las

ms impresionantes que han salido de la pluma de Valle-Incln:

Las endemoniadas, enfrente de las olas, aillan y se resisten
enterrando los pies en la arena. El lienzo que las cubre cae, y su
lvida desnudez surge como un gran pecado legendario, calenturien-
to y triste. La ola negra y bordeada de espumas se levanta para
tragarlas y sube por la playa, y se despefia sobre aquellas cabezas
grefludas y aquellos hombros tiritantes. El plido pecado de la car-
ne se estremece, y las bocas sacrflegas escupen el agua salada del
mar. La ola se retira dejando en seco las pelas, y all en el con-
fn vuelve a encresparse cavernosa y rugiente. Son sus embates
como las tentaciones de Satans contra los Santos. Sobre la capilla
vuelan graznando las gaviotas, y un nifio, agarrado a la cadena,
hace sonar el esquil6n. La Santa sale en sus andas procesionales,
y el manto bordado de oro, y la corona de reina, y las ajorcas de
muradana resplandecen bajo las estrellas, Prestes y monagos re-
citan sus latines, y las endemoniadas, entire las espumas de una
ola, claman blasfemas:
-- Santa, tifosa'.
--iSanta, rabuda!
--Santa, salidal
-- Santa, prefada'

Los aldeanos arrodillados, cuentan las olas: Son siete las que
habr de recibir cada posefda para verse libre de los malos esp-
ritus, y salvar su alma de la crcel oscura del Infierno. Son
siete como los pecados del mundo.'

Flor de santidad terminal con el regreso de la romera. No sa-

bemos si Adega est curada, no sabemos tampoco cual ser su vida en

el future, solo sabemos que regresa a casa de su nueva ama mientras


IIbid., pgs.104-105.









el valle se llena con el taido de las campanas.

En el fondo del valle segufa sonando el repique alegre, bautis-
nmal, campesino, de aquellas viejas campanas que de noche, a la
luz de la luna, contemplan el vuelo de brujas y trasgos. i Las
viejas campanas que cantan de dfa, a la luz del sol, las glorias
celestiales! i Campanas de San Berfeimo y de Cltigos.' Campa-
nas de San Gundin y de Brandeso. Campanas de Gondomar y de
Lestrove. ... 1

Mirando a su alrededor, Adega hubiera podido exclamar lo que

un da exclarm Andr Gide: "Adonde quiera que dirija la mirada, no

veo a mi alrededor mas que congoja.... Porque es un mundo de mi-

seria en el que se desarrolla la historic milenaria tan exquisitamente

narrada por Ramn del Valle-Incln. Solo de lejos se ve una vislumbre

de r:queza, en la escena en que la seora del Pazo de Brandeso apare-

ce tejiendo en sus viejos telares. El resto se desarrolla entire mendi-

gos, pfcaros, vagabundos, campesinos miserables y tragedia general.

Los tipos que completan el retablo se mueven y hablan de manera

coral aunque presentan a veces algunos rasgos de individualizacin.

Son personajes que volvern a aparecer con los mismos nombres en

Divinas palabras y en las Comedias brbaras. Por una part estn los

pastors que, sentados en los penascos del monte, hablan de las cose-

chas y recuerdan viejas leyendas moriscas que el autor recoge con una

belleza extraordinaria, y cuentan de milagros y prodigious, presididos

por el .viejo pastor que narra histories de tempos lejanos. Estos pas-

tores estn emparentados con los que encontraremos en las viejas


Ilbid. p. 108.









ciudades carlistas. Estn llenos de dignidad y sus fantasfas son cn-

didas como las de un nifo; su religiosidad es arcaica, milagrera y de-

vota; son la nica nota atractiva al lado de Adega.

Los campesinos que aparecen en esta obra no salen muy bien

parados: los venteros, campesinos acomodados, son "dspotas, blas-

femos y crueles. El hijo de los venteros es un ladr6n y un asesino.

Todos ellos tienen la dureza de una raza habituada a sobrevivir la injus-

ticia y la calamidad y que pretend mejorar su lote por los medios que

sean. Otro tipo de campesino, el cobarde, hip6crita y oportunista

dispuesto a todo para conseguir ventajas materials, aparecer en

las Comedias brbaras.

Y finalmente estn los mendigos, que llenan con sus miserias

los caminos de las romerfas gallegas; tipos duros, fatalistas, crue-

les y, al mismo tiempo, llenos de una especia de caridad hacia los que

sufren como ellos; gente que aparecer de nuevo en Divinas palabras

y en las Comedias. Estos mendigos actan como el coro que sirve de

fondo a la tragedia: por este motivo representan papeles distintos en

las distintas obras y aunque el carcter de los individuos que componen

esta hueste mendicante present rasgos diferentes, como personaje

colectivo su papel vara y su psicologa colectiva present distintos as-

pectos que ayudan al autor a lograr el efecto pretendido. En Flor de

santidad los mendigos representan la resignaci6n, la ausencia de re-

belda y el fatalismo; en Divinas palabras muestran su aspect pica-










resco, -rarrullero y crirni'nal; en las Cor:.edias brbaras, sobre todo

en Romance de loboc, su papel es transcendental y carismtico, sir-

ven para la regeneracin del Caballero; son sus hijos en el mismo sen-

tido que los pobres evangl;cos son hijos de Cristo. Su papel podra

resumirse er. ia frase de Bernanos: "Yo digo que el munio sera sal-

vado por los pobres ...' Pero la rniseria de estos mendigos, sean

cualesquiera las ciircunstancias en las que aparecen, es una miseria

cruda, desgarrada, 'una iiiseria que ha olvidado hasta su nombre, que

ya no busca, ya no ramona, s:no que abandon al azar su rostro hura-

o .. .,' como dirfa el mismo author francs.

Una escena ra-rada de ternura y que es al mismo tempo un buen

ejemplo de la resignacain ante la pobreza de la que hablbamos, tiene

lugar en Flor de santidad. Ei esta una escena completamente indepen-

diente del resto de la narracin a la que est& ligada de un modo total-

mente e-:terno. En su forma original fu publicada como una hlstoria

corta bajo el ttulo de t.'alpocado. Cuenta las fatigas y consejos de

una abuela mendiga que trata de encontrar una colocacin para su

nieto de 9 anos. Canino de la feria la abuela va aconsejando al mete-

cillo:

--Agora que comienzas a ganarlo, has de ser humildoso, que
es ley de Dios.
--Sf, seora, s ..
--Has de rezar por quien te hiciere bien y por el alma de sus di-
funtos ...
--Sf, seora, sf... I


IIbid., p. 73










Esta es la doctrine; loa pobres tienen que ser humildes, Para

ellos es la tragedia, el desprecio, la injusticia, las cargas y las cala-

midades; y ellos las aceptan fatalmente, sin rebelarse, como algo inevi-

table.

Tambin son resignados, aunque de modo distinto, los persona-

jes de Divinas palabras, mas en ellos ya no hay nada del fatalismo que

se observa en las otras histories; aqu tenemos al ciego libertino, al

farandulero embaucador y cnico, al peregrino de camelo y a today una

retahila de pfcaros vagabundos que hacen trabajar su ingenio en las fe-

rias que peri6dicamente alegran el paisaje gallego. Son mendigos achu-

ladillos que cuentan el dinero en "machacantes" y dicen "chav6 y otras

expresiones barriobajeras. Conservan ya muy poco del primitivismo

campesino. Saben todas las artimafias y le han encontrado eltrueque y

retrueque a la vida.

El argument de la obra es digno de una novela picaresca del si-

glo de oro. Trata de las aventuras y desventuras de la Mari-Gaila

un personaje picaresco si los hay. La obra tiene a veces una crueldad

descarnada, y a travs de today ella se nota una ausencia total de ternu-

ra. Juana la Reina, quien recorre los caminos tirando del carret6n que

lleva a su hijo imbcil, muere de repente al border de una carretera y

su hermano Pedro-Gailo y su hermana Marica del Reino se disputan el

cuidado del imbcil. Sus motivos no son desinteresados: el carret6n

produce pingUes ganancias gracias al gusto que tiene la gente por lo










rsortoso, segin cuenta c.n e:!traord;nar'a / real:sta canoidez Rosa la

Tatula, una mendiga, amiga de Juana la lRena:

Confornie al modo que ello se consider, ea una carga y no la es.
Juan la Reina achicaba en n dfa nris bebida que una de nosotras en
un anlo, y la bebida no la dan sin t oneda. Por su engendro tenfa man-
tenencia. ; Mal sabeis lo que se gana con un carret6n! No hay cosa
que mrs compadezca a los corazones. Juana la F.eina. sacaba un dia-
rio por arriba de siete reales. Y ad6nde vas tu, cuerpo sano, que
saquer ni medio de ese estipend:o?

Al ffn el pleito se resuelve en forma salomnica: de lunes ; rri-

rcoies le toca el carretn a unos, de jueves a sbado a la otra, y los

clorr.ingos alternan. ; lari-Gaila abancdona elegrei-,ente su hrgar y a su

marido sacristan para dedicarse a correr ca-:ainos rnesones, vento-

rrillos y ferias pidiendo limosna, con el carret6n de su sobrino ir.'b.-

cil. Por este motivo vamos ccnii,-ienr,-. una series de personajes secun-

darios: el Compadre Miau que con su perro Cofln.bra y su pjaro Coio-

rfn recorre las ferias echando la suerte del pajarito y es un 1il5 solo

cniico, r.-atn y emnbauiador, que busca arrancebarse con Mar:-Gaila

y finalrnente lo consigue; el ciego de Gondar. plfaro decidor de copli-

llas picantes, buen catador de vino y sabeior de ril diabluras. Migue-

ln el Padrcn6.,, joven de lunar y gnerc indefinido: la Tatula, enreda-

dora y celestina y todos los otros: el vendedor de agua de lin,.n, la

pareja de la guirdIa criil, el soldado que regresa con la licencia y inil

tipas r.mis que pueden verse en las rorerae gallegas.


IRarn6n del Valle-Incln, Divinas palabras: Tragicorr.edia (Opera
Omnia XXI; Madrid: Rua Nueva, 1943),p. 47.










Esta tragicomedia, como la llamia Valle-Incln, se cesarrolla

segn la tcnica cinemnatogrfica que caracteriza las Comedias br-

baras y los esperpentos. La accin transcurre en una series de esce-

nas paralelas, que ocurren en diferentes lugares y que confluyen en

ciertos puntos a lo largo de la obra, sobre todo en el final. El final

en este caso es brutal; al pobre engendro lo matan de una borrachera

que le hacen tomar y la Mvlari-Gaila, descubierta en el adulterio, es ex-

puesta a la vergenza pblica. La crudeza de la escena final se sua-

viza y hasta alcanza grandeza con un buen tuque teatral: el marido de

Mari-Gaila la tonma de la mano y se enfrenta con la gente que les in-

sulta, repitindoles las palabras evanglicas: "Qui sine peccato est

vestrum, primus in ilam lapadem mittat. "Quin sea sin culpa,

tire la primera piedra." y dice el author:

i Milagro del latin. Una emocin religiosa y litrgica conmueve
las conciencias, y cambia el sangriento resplandor de los rostros.
Las viejas almas idnantiles respiran un aroma de la vida eterna.
No falta quien se esquive con sobresalto, y quien aconseje cordura.
Las palabras latinas, con su temblor enigmtico y litrgico, vue-
lan del cielo de los milagros. 1

Un mundo distinto, aunque en cierto aspect se da la mano con

ste, es l de las Comedias brbaras. Es esta una trilogfa compues-

ta, en order de aparicin por Aguila de blas6n (1907), Romance de lo-

bos (1908) y Cara de plata (1922). Las tres tienen el mismo protago-

nista y los mismos personajes secundarios y constituyen una unidad


lIbid., p. 282.










en la que Cara de plata aparece la ms innecesaria y de ms dbil

contextura, siendo la ms lograda Romance de lobos.

Llenando las tres obras est la figure del protagonista D. Juan

Manuel de Montenegro:

... uno de esos hidalgos mujeriegos y despticos, hospitalarios
y violentos, que se conservan con-o retratos antiguos en las villas
silenciosas y muertas, las villas que evocan con sus nombres feuda-
les un herrumbroso son de armaduras. 1

Es, pues, uno de esos hidalgos gallegos que a fuerza de vivir en

tierra salvaje se han hecho tan salvajes corno la tierra. Es arbitrario,

cruel, egofsta, orgulloso, irrazonable pero tamnbin generoso, valiente,

fiel a su concept del honor. Es, en fin, el ltimo resplandor de una

rata degenerada que ha dejado secar la savia de las virtudes tradiciona-

les para conservar solo el rbol de los defects. D. Juan .Manuel tiene

en si todos los elements que hicieron que sus antepasados escribieran

pginas en el libro de la historic, pero las tiene de manera inarmnica,

desproporcianada y normal. El resultado es una figure trgica, p-

tetica muchas veces, iluminada de cuando en cuando por chispazos de

verdadera grandeza. En l, y sobre todo en sus cinco hijos, los cinco

lobeznos, est representada la decadencia de una casta y de las institu-

ciones por ella fundadas.

Siguiendo la cronologa interior de las obras, el hilo de su acon-

tecer est en orden divers del de su publicaci6n, siendo la primera


IRam6n del Valle-Incln, Aguila de blas6n: Comedia brbara di-
vidida en cinco jornadas (Opera Omna, XVIII; :'.drirc: Rua Nueva,
1942), p. 17.










Cara de plata, a continuaci6n Aguila de blas6n y por ltimo Romance

de lobos. Las escenas siguen la misma tcnica cinematogrfica ya

mencionada. En ellas aparecen retazos de la vida del Caballero, de

su esposa, de sus hijos, de sus criados y de la gente sobre la que ellos

tienen poder. Valle-Incln no intent penetrar en el alma del Caballe-

ro y hacer un studio introspective, lo que sabemos de 61 y de los

otros personajes es lo que ellos dicen y lo que su gesto nos deja intuir,

porque Valle-Incln es maestro en el arte de la acotaci6n escnica.

En sus breves observaciones marginales nos dibuja un personaje mien-

tras que con un trazo corto y acabado da el ambiente escnico.

El argument, a grandes rasgos, es el siguiente: en Cara de

plata se narra el enamoramiento que "Cara de plata, hijo del Caba-

llero, siente por Sabel ahijada de ste y el amancebamiento de la mu-

chacha con D. Juan Manuel. En Aguila de blas6n se refiere el inten-

to de robo de los hijos de D. Juan Manuel en casa de su padre, la bre-

ve reconciliaci6n de ste con su esposa, la ruptura con Isabel y el in-

tento de suicidio de sta. En Romance de lobos cuenta la muerte de

la esposa del Caballero, el arrepentimiento y penitencia de ste y el

comportamiento de sus hijos.

Es indudable que D. Juan Manuel es una de las creaciones pre-

dilectas de su autor, quien le di6 el apellido de su madre, Montenegro.

Valle intent dibujarlo ya desde sujprimeras obras. Encontramos un

primer esbozo en la historic corta Rosarito, y aparece tambin breve-










n .ente en la Sonata de otono en la que el CaL.,_il.r.: es to de otro per-

sonaje bien amado del autor: el Marqus de Bradomrn.

Desde su primera aparici6n en las Comedias trate el author de

destacar '. cualidad ar Ltocrtica y sefloril del personaje: D. Juan

Mvianuel tiene "voz de grar, seror, engolada y magnrfica,' distintas per-

sonas contribuyen a ratificar esta opinion: "Don Juan M.anuel lleva un

rey dentro, comenta doa F.osita, visitante en el sombrfo pazo de Lan-

tafin. En Sonata de otono Dor Juan se muestra orgulloso de su apelli-

do y de sus orfgenes, los cuales explica al .Marqus de Bradorrn:

Los Montenegro de Galicia descendemos de una emperatriz ale-
nmana. Es el nico blasn espaol que lleva metal sobre metal: Es-
puelas de oro en campo de plata. ...

....i yo tambien desciendo de Don Roldan, por eso conozco bien estas
cosas. Don Roldn pudo salvarse, y en una barca lleg hasta la isla
de Slvora, y atrafdo por una sirena naufrag6 en aquella playa, y
tuvo de la sirena un hijo, que por serlo de Don Roldn se llam
Padfn, y viene a ser lo mismo que Paladfn. Ahf tienes por que una
sirena abraza y sostiene tu escudo en la iglesia de Lantandr

D. Juan Manuel vive "como un rey suevo en su pazo de Lanta-

n6n, cobra forales de los campesinos, establece sus derechos sobre

las distintas fe!gresras, e impone su justicia por las buenas o por las

malas: es, en suma, el sefor. En la buena tradici6n espaola se cree

que est sobre la ley. Ya en la Sonata de otoo aparece montado a ca-

ballo cuando se dirige a apalear a un escribano y en Aguila de blas6n


IRam6n del Valle-Incln, Sonata de otono (M.emorias del Marqus
de Bradomfn) (Oprera C'rnia, 'VII; f.i.drd: PRi aeri ra,










exclama orgulloso: "Yo me rfo de la justicia. Naturalmente el resul-

tado es la arbitrariedad y frecuentemente la injusticia, porque las

ideas del Caballero son perfectamente feudales:

.. me hice siempre justicia por mi mano, sin que el amigo me
volviese ni el enemigo me acobardase. Esa otra justicia con escri-
banos, alguaciles y crceles, no niego que sea una invenci6n buena
para las mujeres, para los niflos y para los viejos que tienen tem-
blonas las manos, pero Don Juan Manuel Montenegro todava no ne-
cesita de ella.

Al caballero le sale bien la prctica de sus ideas porque perte-

nece a la clase privilegiada, pero cuando los campesinos intentan apli-

carse la justicia por su mano fracasan, porque el aristocratismo de

Valle-Incln le hace concentrar today la valentfa en los que tienen san-

gre noble aunque tengan un alma bastarda. Aun falta un largo camino

para llegar al Ruedo ibrico que nos presentar el reverso de esta

moneda aristocrtica.

Don Juan Manuel es sincero en sus sentimientos y es sincero en

sus palabras. A lo largo de todas las obras, convince su veracidad,

su sinceridad profunda, y, sin embargo, observndolo con un poco de

detenimiento, se ve que hay en l como un hueco, algo que es falso,

o mejor afn, teatral. Esto no es un fallo del autor en describirle sino

que es una caracterfstica psicoldgica del personaje: Don Juan Manuel

es eminentemente teatral. Es amigo de grande gestos y palabras al-

tisonantes y como todos los personajes teatrales es un poco desorbi-


iValle-Incln, Ajuila de bla 6n, pgs. 144-145.










tado. Pertenece a esa categora de hoa-ibres que ene.enden un ci;rri-

ilo con ei gesto el que aesenvaina una espada. Est enamorado de las

posturas grandiosas y los gestos heroics corno cuando exclama: 'Esa

silla la ocupC un escribano y est condenada a la hoguera. Es ley de

caballera.', rep.tiendo, en pequeflo, el gesto de aquel "castellano

leal" que inrnortaliz6 el Duque de Rivas en su clebre romance, y que

quen-6 su palacio despus de haberlo ocupado el traidor Condestable de

BorbGn. Un gesto muy bonito, nuy innecesario y bastante estpido.

En el caso del Caballero, esta actitud result fuera de lugar y hasta

un poco pattica, porque el protagonista ya no t!ene la contextura moral

que excusarfa estos teatralismos, y ei mundo en el que se mueve es un

rmundo sin grandeza, un mundo corrornpido y decadente, conio lo es l

mismo, quien represent la encarnacin de su propio ambiente.

Quizs la clave con la respuesta la tiene Csar Barja cuando dice:

Social y moralmente es don Juan Manuel un anacronismo, un hom-
bre y un eep:ritu de otros tempos a quien los modernos le vienen
estrechos. No puede moverse dentro de ellos sin romperlos y sin
que sus actos apare.:can como violencias y como vicious. 1

Don Juan Manuel es e' ltitnio representante de la trad:cin eu-

dal; su g.-an *.icio son las mujeres; su gran pecado es el haber hecho

suirr a su esposa con sus infidelidades, cormo l riismo confiesa arre-

pentido a los pis del cadver de Dona Marta:

No tengo ms que un pecado... iUno selo que llena today n-, vida....
He sido el verdugo de aquella santa con la impiedad, con la crueldad


1Barja, Libros y autores . ., p. 392.









de un centuri6n romano en los tiempos del emperador Nern... Un
pecado de todos los das, de todas las horas, de todos los monmen-
tos... No tengo otro pecado que confesar... La afici6n a las mu-
jeres y al vino, y al juego, eso nace con el hombre... Pecado gran-
de es haber sido verdugo de un alma y haber puesto en ella garfios
encendidos en las hogueras del Infierno. Los garfios que en las
carnes de los condenados clava Satans'. 1

La lujuria de Don Juan Manuel, aunque ms natural y menos pa-

tol6gica que la de su sobrino el Marqus de Bradomfn, es tambin anor-

imal. Ante l no hay mujer segura, a nadie respeta. Pero muchas ve-

ces en vez de hacer de las mujeres un instrument para su placer son

las mujeres las que .o utilizan a l para conseguir sus fines, como en

el caso de Liberata la Blanca en Aguila de blas6n, quien se le entrega

para obtener nuevas tierras y perdn de rentas y forales. Esta misma

clause de motivos, ventajas materials unido al respeto ancestral que los

campesinos sienten por el sefor explica la mayor parte de las conquis-

tas del caballero. Miedo y sumisin de unas gentes habituadas a obe-

decer, he aqu los principles instruments de seduccin. Aunque por

parte sera injusto negarle una cierta atracci6n animal acrecentada

por la leyenda que le rodea. Quizs donde se le va la mano a Valle-

Incln es en su intent de justificar al Caballero, mejor dicho, no solo

de justificarlo sino de presentar su peor defecto como una qualidad va-

ronil. A l se le podrfa aplicar el pensamiento de Bernanos:

Qu se sabe de la lujuria... ? La lujuria es una herida miste-


1Ram6n del Valle-Incln, Romance de lobos: Comedia brbara
(Opera Omnia, XIX; Madrid: Rua Nueva 1942), p. 164.










riosa en el costado de la especie. Qu digo, en su costado? En
la fuente misma de la vida. Confundir la lujuria del hombre con el
deseo que aproxima a los sexos es como dar el mismo nombre al
tumor y al 6rgano devorado por l, cuya forma es a veces espanto-
samente reproducida por la deformidad del tumor. 1

El orgullo y la lujuria, he aquf los dos mni miles que motivan los

impulsos del Mayorazgo. Don Juan M.Ianuel es todo sentimiento, irrpul-

so; carece de racioc;nio, de calma para meditar. Su vida se compone

de actos y de sentimientos ms que de pensamientos. Se mueve en un

torbellino de accin, sin pensar, solo sintiendo, y sin embargo, o qui-

zs a causa de esto mismo, carece de esa ternura clida y viril que

hace a un hombre verdaderamente admirable; por eso Don Juan Manuel

impresiona pero no enternece, y el lector lo admira, pero no lo quiere,

se siente ajeno a l.

Don Juan Manuel ful un mal esposo y un mal padre, y es a travs

de los hijos por donde le llega el castigo. Sus hijos han heredado todos

los vicios del padre y ninguna de sus virtudes. Son cinco lobos de prez,

solo atentos al robo y al abuso. Unicamente el segundo Don Miguel,

llamado "Cara de plata" por su atractiva apariencia, conserve algo de

la hidalgua y bravura de su padre y es un puente de transici6n entire

ste y el bandolerismo de sus cinco hermanos.

Al comienzo de Aguila de blas6n empieza a desarrollarse el

drama ntimo que llevar al trgico desenlace. Cuando Don Juan


iCharles Moeller, Literatura del siglo XX y cristianismo. El
silencio de Dios (Madrid: Editorial Gredos, 1958), p. 462.









Manuel reconoce a su hijo mayor entire una gavilla de bandoleros que

lo han apresado y que intentan robar su casa, el primer chispazo reve-

lador se enciende en su alma. Hasta entonces se sinti6 joven y fuer-

te, haba vivido una vida rica de pasiones. Pese a estar separado de

su esposa, sus relaciones con ella eran buenas y 61 siempre tena esa

excusa tan espaflola del "yo soy un sinvergenza pero mi mujer es

una santa, como si esto excusara algo. En cuanto a sus hijos, tuvo

que echarlos de su casa por que lo estaban arruinando de la misma for-

ma que haban arruinado a la madre, pero en el fondo de su alma aun

haba esperanza: eran jvenes, podan cambiar; adems estaba "Cara

de plata, el menos malo del lote, noble y generoso. Pero ahora el

velo se ha descorrido. A "Cara de plata" lo pierde cuando Sabel se

convierte en su querida, y el muchacho se va a pelear al frente carlis-

ta. En cuanto al resto, aparecen como son en realidad: una partida de

ladrones que no respetan nada, ni divino ni human. Don Juan Manuel

se siente herido no solo en sus sentimientos de padre sino en su orgu-

llo de casta. Su casa se viene abajo, l es el ltimo eslab6n de una ca-

dena que ee ha roto. Con tristeza orgullosa acepta la realidad en uno

de los moments ms bellos de la trilogfa cuando el sefor abre su al-

ma a la vieja criada Micaela la Roja, una de las pocas personas que le

restan files:

Roja, solo me rodean ingratos y traidores. Crees que no leo
en el corazn de esa gente? Todos desean mi muerte, y mis hijos
los primeros! Esos malvados que engendr para mi afrenta, conver-










tiran en una cueva de ladrones esta casa de rnis abuelos. Conmi-
go se va el ltinio caballero de rr.i sangre, y contigo la lealtad de
los viejos criados! 1

Don Juan NManuel se encuentra de pronto viejo y cansado. Cuando

recibe la noticia de la muerte de su esposa, siente levantarse los re-

mordimientos en oleadas que lo ahogan. El ha tenido una prer.on2ciSn

de la muerte de Dofna Mlar'a Soledad y de la suya propia; sabe que su

rnomento est cercano y quiere hacer penitencia por l y por sus hijos

que corno lobos se han repartido la herencia materna y han dejado la

casa desmantelada y a la muerte sola. Don Juan :Manuel sufre una es-

pecie de locura y se encierra con el cadver de su esposa sin querer

comer ni ver a nadie hasta que finaimente decide repartir su herencia

entire sus hijos. Quiere impedir que estos vayan a la horca por sus in-

tentos de robarle, a condici6n de que tengan las puertas de la casa

siempre abiertas para los pobres. Como lobos, los hijos se disputan

la herencia sin tomar en cuenta el deseo del padre que se pierde por

las rorredoiri gallegas rodeado de sus nuevos hijos, los mendigos,

y va gritando sus pecados y sus remnrdimientos.

La angustia recome al caballero, la angustia de haber engendra-

do mnonstruos, por lo que 61 se siente personalmente responsible:

i Fuf pastor de lobos y ahora mis ganados me come! Engendr
nonstruos y estoy maldito. Por qu de aquel vientre de mujer
santa salieron demon:oq en vez de ngeles con alas? Estaba rr.al-


1Valle-InclSn, Aguila de blas6n, p. 8.










dito el sembrador; Estaba raldita la simiente 1

Y la causa de la maldici6n est en la vida anterior, en su vida

de lujuria y libertinaje. Cuando se encuentra con su antigua querida

exclama: "i Isabel, tu para rn te llamas remordimiento! ... Ya no

queda sino un hueco negro lleno de dolor donde se refleja la cara de

la angustia porque como observa el cura rural:

C6mo no se comprende ms a menudo, ... que la m scara del
placer, despojada de toda hipocresa, es precisamente la de la an-
gustia? 2

La angustia es la compafera del caballero. Tambin son sus

compaferos los pobres con los que se mezcla, una retahila fantasma-

g6rica de desheredados, llenos de miserias, pero ,mil veces preferi-

bles a los hijos reales, a los lobos.

En los pobres encuentra Don Juan VManuel su salvaci6n y su jus-

tificacin en vivir como pobre y conducir a los pobres a la rebelin

contra los ricos. Esta es la regeneraci6n del arist6crata y la esperan-

za de los mendigos. Es en esta obra, Romance de lobos, d6nde apare-

cen por primera vez las ideas polfticas de Valle-Incln en lo referente

a la lucha social. Unas ideas teflidas del aristocratisro que caracte-

riza todas las obras de la primer poca del autor. El consider jus-

ta la rebeli6n de los pobres, pero los cree incapaces de rebelarse.



1Valle-Incln, Romance de lobos, p. 214.

2Moelier, Literatura del siglo XX y . ., p. 463.










Son los r;cos, lor neflores, los que tienen -ue diri ir esta rebeli6n.

Son los :ef.crer los que -slvar'n a los pobres cuando se hagan cristia-

nos:

... Todo el rr.af que haya en la troje se repartir enr.tre vosotros.
Es una restitucin que os hago, ya que sois tan miserable que no
sabis recobrar lo que deba ser vuestro. Tenis marcada el alrr.a
con el hierro de los esclavos, y sois mendigos porque debris serlo.
El dfa en que los pobres se juntasen para qupinar las siembrar,
para envenenar las fuentes, serfa el da de la gran justicia... Ese
dfa llegara, y el sal, sol de Incendio y de sangre, tendr la faz de
Dios. Las casas en llamas sern hornos mejores para vuestra ham-
bre que hornos de pan. Y las mujeres, y los niioE, y los viejos,
y los enfermos, gritarn entire el fuego, y vosotros cantaris y yo
tambin, porque ser yo quien os gufe! Nacisteis pobres, y no po-
dris rebelaros nunca contra vuestro destino. La redenci6n de los
humildes hemros de hacerla los que nacimos con irpetu de seflores
cuando se haga la luz en nuestras conciencias. En la mfa se hace
era luz de tenipestad. Ahora, entire vosotros, me figuro que soy
vuestro hermano y que debo ir por el mundo con la mano extendida,
y como nacf seor, me encuentro con mns inimo de bandolero que
de mendigo. iPobres miserable, almas resignadas, hijos de es-
clavos, los sefores os salvarenms cuando nos hagamos cristianos!

Intentando defender a loe mendIgos, que han sido expulsados del

Paro de .LantariSn, lla.na Don Juan b.anuel a las puertan del Pazo y es

recibido entire las burlac de sus hijos. Cuanda uno de ellos quiere

arrcar a la hueste de mendigos Don Juan ..Manuel lo abofetea, el hijo

responded y can su mTano joven 'nmta a eu padre en tierra de donde no

ha de levantarse ya ms. Pero en este momnento de la hueste de men-

digos, que habfa presenciedo azabardada la pelea entire padre e hijo,

sale el pobra de San Lzaro, el leproso, que pelea con el hijo hasta


Vallc-lncldr., Romance de lobos, pgs. 76-7('.










que ambos caen entire las llamas. "Transfigurado, envuelto por ellas,

hermoso como un haz de fuego, se levanta el Pobre de San Lzaro. "

Los mendigos comienzan el plant por Don Juan Manuel a los gritos

de "Era nuestro padre!" mientras los hijos exclaman " Malditos es-

mos'. i Y metidos en un pleito para veinte aftos. "

Es interesante hacer un anlisis ms detallado de esta escena

final. Por un lado sus hijos son vencidos, y son los nuevos hijos, los

hijos del espritu, los que toman su puesto. Pero hay otra frase que

es aun ms significativa: "Y metidos en un pleito para veinte afios.'

Este va a ser el final de los que hasta entonces habfan sido seflores;

pleitos y deudas van a acabar con la escasa riqueza que le queda a la

familiar y es el escribano y el prestamista el que va a ser el nuevo diri-

gente, el selor sin seforfoi el cacique.

En el final de los Montenegro est sintetizado el final de toda una

clase social: el hidalgo campesino, resto de aquellos sefores de horca

y cuchillo contra los que los Reyes Catlicos organizaron su Santa Her-

mandad. Su final carece de grandeza porque ellos ya no son grandes.

Los hijos mayors endeudados hasta los ojos, crueles y lujuriosos en-

vueltos en sus robos y trampas nada tienen de noble. El pequefo, Don

Farruquilo, l que siguiendo la tradici6n de las families nobles se de-

dica a la Iglesia, es un seminarista incrdulo, cfnico y ladrn, cuya

nica aspiracin es conseguir un curato y amancebarse con las hijas

de su criada.










Pero las Comedias brbaras narran algo ms que la decadencia

y extinci6n de una casta social: cantan la ruptura y resquebrajamiento

de todo un inundo y del sistema de valores que lo mantiene. La pod.re-

dumbre que sale de la casa de los sefiores invade los campos y conta-

mina todo lo que toca. Nada queda de digno en los campesinos que re-

medan los vicious de los stores. Pedro Rey en Aguila de blasn, se

esconde tres de las faldas de su mujer, y la entrega al sefor para que

ste le perdone las rentas y le d ms tierras. Por su parte la esposa,

se convierte de buen grado en barragana del Caballero, y vive ricamen-

te mientras su madre anda a pedir limosna por los caminos.

Los chalanes, que trafican en ganados son charlatanes y cobar-

des. El inico de ellos que tiene agallas para levantarse contra los he-

rederos es un bastardo de Don Juan Manuel que como sus hermanas-

tros ha heredado todas las rralas cualidades de Eu padre.

En cuanto a los criados, copian las maneras de los amos y roban

cuanto pueden. Los criados fieles son expulsados del Pazo despus de

la march del Caballero y en su lugar queda la criada celestinesca a la

que los segundones conservan porque tiene tires hijas mozas que actSan

de mancebas de los herederos.

Por su part, los pobres, como hemos visto, son incapaces de

rebelarse por si mismos, necesitan encontrar un lder de la clase do-

minante que encaue y gobierne su rebeli6n y que les ensefle a ser li-

bres.










Este es el mundo en colapso que pinta Valle-Incln en sus come-

dias. Mundo corrompido al que pone marco una naturaleza temnpestuo-

sa que ha perdido todo vestigio de serenidad. El paisaje revuelto y con-

vulso se ajusta a las pasiones de los personajes. Noches tormento-

sas, en las que el viento silba en los cristales y los relmpagos cortan

la negrura, un mar "ululante, aullidos de perros; en fin, una naturale-

za en revoluci6n que correspond a los tormentosos sentimientos del

protagonista, como serala Melchor Fernndez Almagro:

No responded a simple tramoya los relmpagos shakesperianos
que iluminan fugazmente la figure del exasperado caballero en cier-
to pasaje de Romance de lobos: los relmpagos, los truenos, el
viento y la lluvia desencadenados son la tormenta misma del alma
de Don Juan Manuel. 1

Valle-Incln ha sido llamado, a veces con sobrada ligereza, unes-

teticista. Con ello dando a entender que su principal inters radicaba

en hacer de sus obras algo bello, ms que en hacerlas vehculos de

ideas. Serfa falso negar que la preocupaci6n esttica ocupa siempre

al autor, pero es inexacto pensar que Valle no tiene nada que decir.

En sus cuentos y narraciones largas se va perfilando una ideologa que

no es de ninguna manera sistemtica, pero que express claramente una

actitud ante la vida y ante algunos de los problems con los que se en-

frenta el hombre: y uno de los problems que ms ha interesado al hom-

bre desde el principio de su existencia es 61 de sus relaciones con Dios,


IMelchor Fernndez Almagro, Vida y literature de Valle-Incln
(Madrid: Editora Nacional, 1943), p. 186.










es decir, la religiJn.

Antes ce empezar a tratar qu t'ip de religiosidad refleja Valle-

Incln en las obras que constituyen lo que podramo s llamar el "ciclo

gallego," convene recorder un prrafo de Julien Creen que viene -.uy

ajustado a lo que se trata de discutir:

Vivir segGn el Evangelio no es, de ningdn r.iodo, vivir conforta-
blemente y afladir a esta vida agradable el lujo de las aspiraciones
mfsticas, sino levantarse todas las mafianas y volver a tomar la
cruz all donde la hemos dejado la vspera. ...
El cristianismo sin la cruz no es ms que una fantasia de fil6so-
fos; pero nadie quiere la cruz.1

En nuestro caso, parodiando la frase de Green podrfamos decir

que el 'cristianismo sin cruz es una fantasia de estetas' y el resultado

sera el mismo. Valle-Incln coge de la religion el lado esttico que

l consider llena mejor el fin que l se propone: la manifestacin del

alma popular gallega. Esto unido a su vision noveintayochista de la vl-

da y la historic le lleva a poner en relieve el aspect supersticioso, de-

cadente y por as decirlo, romdntico de la religion.

En primer lugar recoge las prcticas religiosas populares en lo

que tienen de folldrico: se fija en el fatalism, la aceptaciCn de la

desgracia, la resignacin, pero no cala is hondo. No ve la fuerza

real que esa gente saca de estas creencias para poder seguir viviendo.

En las classes altas el hom-bre aparece incrdulo y hasta presu-

miendo de satnico, comro es el caso de Don Juan Manuel y de sus hi-

jos; las mujeres son piadosas y en la apreciacin de sus sentimientos


ifMoeller, Literatura del siglo XX y ., p. 425.










religiosos muestra Valle-Incln ms hondura que en la de los senti-

mientos religiosos de los hombres. En Dofna Marfa Soledad, la espo-

sa de Don Juan Manuel, la religiosidad se manifiesta en prcticas de

piedad, en una resignacin ante sus desgracias y lo que es ms extra-

ordinario, en la capacidad de perdonar sinceramente a los que la ofen-

den. Pese a su suavidad y su dulzura, Dona Marfa es moralmente mu-

cho ms fuerte que su marido, quien se refugia nmuchas veces en su

comprensin y cariflo y siente que su mundo se romrpe al morir ella.

Otro aspect de la religiosidad femenina lo represent Isabel,

la querida del Caballero que es casi una nifa y que siente su alma ro-

ta entire el amor del Mayorazgo y la conciencia de pecado que la acosa

continuamente y que finalmente se impone dndole fuerzas para apar-

tarse de Don Juan Manuel.

La clereca ofrece un aspect much ms sombrfo. Fray Angel

en la historic Beatriz es un fragile libidinoso que despus de violar a

la nifa trata de arrastrarla a la locura para que ella no confiese lo que

ha pasado. Don Farruquifo, el seminarista, es hip6crita, cnico y

completamente incrdulo. Es el peor de sus hermanos que ya es de-

cir. En Flor de santidad aparece un arcipreste montado a caballo

camino de la romerfa, dando consejos a las pobres gentes que van ca-

minando. Su gesto es de fra superioridad e indiferencia. Y final-

mente Fray Jer6nimo, el abad de Brandeso, es un hombre soberbio,

amigo del poder temporal y de los privilegios, que no vacila en vender










su alma al diablo para obtener venganza sobre Don Juan Manuel.

Y esto nos lleva a otro aspect de la religiosidad gallega tal conio

la pinta Valle-Incln: el satanismo. La presencia de este element se

debe no solo al m aniqueismo que corro ya notamos es una caracterfsti-

ca de la religion campesina gallega, sino tambi6n al gusto de los mo-

dernistas por todo lo satnico. Uno de los maestros de Valle-Incln,

Earbey d'Aurevilly, titul su coleccin de historians cortas femeninas

Diaboliques y Valle-Incln imit6 la tcnica y el fondo en las historians

perversas que componen la Corte de amor.

Don Juan Manuel se complace en considerarse un Satans corrup-

tor de la inocencia y en soltar frases que escandalizan la pudibundez

femenina, de la misma manera que Bradomfn gustaba de escandalizar

a Concha con sus blasfemias a la francesa. Pero la escena en que este

gusto por lo satnico se manifiesta ms claramente y de forma ms ar-

tstica es en los conjuros de Fray Jernimo de Argensola.

El ambiente es romntico: la noche, el campo, y el silencio es-

tremecedor y propicio a los temores sobrenaturales, pero por contras-

te la formula empleada tiene un sabor medieval que recuerda aquellos

conjuros que la vieja Celestina utilizaba para rendir la dulce alma de

Melibea.

Satans, aydame y el alma te entrego. iAydame, Rey del In-
fierno, que todo el rral puedes! Satans, te llamo con votosl' Sa-
tans, por ti rezar el negro breviario. De Cristo reniego y en tf









me comulgo! Rey del Infierno, desencadena tus aquilones.' En-
ciende tus serpientes. iSacude tus furias.! Acdeme, Satans! 1

El personaje de Fray Jer6nimo est bien logrado. Su satanismo

es la consecuencia l6gica de su carcter. El pecado diab6lico por ex-

celencia es la soberbia, y ste es tambin el principal pecado del fraile.

Fray Jer6nimo es una burla satnica del espfritu de la regla religiosa

a la que pertenece: la del humilde Francisco de Asfs. Es la corrupci6n

total del espritu franciscano. A la humildad opone la soberbia, a la

pobreza la avaricia y la ambici6n de poder, y a la austeridad, una vida

llena de pasiones.

El nico clrigo del que no se conocen los defects y que an con-

serva una cierta integridad moral es Don Manuelito, el capelln de la

esposa del Caballero, pero su figure es la ms desdibujada de todas.

Galicia probablemente es una de las regions ms paganas de Es-

pafra. Es, desde luego, aquella en que los ecos de las religions pre-

cristianas se oyen con ms claridad. El cristianismo no aboli6 las pri-

mitivas prcticas religiosas, simplemente las "bautiz6. Las antiguas

creencias se afiadieron a las nuevas formando una aglutinaci6n en la

que es dfficil separar el element cristiano de la superstici6n pagana.

El gallego no tiene la fe dura y direct del castellano, ni la fe fervoro-

sa y fantica del navarro; su cristianismo es brumoso e indefinido como


IRam6n del Valle-Incln, Cara de plata: Comedia brbara (Opera
Omnia, XVII; Madrid: Rua Nueva, 1942), pgs. 221-22.









su cielo, quizs porque el cristianismo en Espafla se identific con el

espritu autoritario y centralizador de Castilla al que Galicia nunca

acab6 de pertenecer. El emplazamiento geogrfico de la region, situa-

da en un rinc6n extremo de la peninsula, su contextura ffsica: valleys

aislados separados por una red de pequefas collins, y la raza celta de

los habitantes, tan propicia al sentimiento de clan, hizo que Galicia,

a pesar de haber sido incorporada a los reinos centrales desde la alta

Edad M.edia, conservara muchas peculiaridades que hacen de su evolu-

ci6n algo diferenciado dentro de la nacin. No ha sido hasta despus

del advenimiento de la Repblica, en 1931 cuando el influjo centraliza-

dor de Castilla se ha dejado sentir de forma realmente fuerte en el cam-

po gallego, gracias a la radio, a los riejores medios de locomocin, y

al mayor desarrollo del sistema educational.

Valle-Incln, sensitive como artist y comno gallego, al espfritu

de su tierra, recoge esas caractersticas diferenciales del alma celta

y las transform en material potico, dejando en sus obras una precio-

sa pintura del influjo del mgico en la vida aldeana.

Ya hemos visto en Flor de santidad, los encantamientos y el mal

de ojo. Tambin el valor prodigioso de las aguas de pura raigambre

cltica. Las curanderas y curanderos asoman con su sabidura pante-

stica en la historic milenaria y en las Comedias brbaras, done

Valle recoge, en una narraci6n contada en un language simple y bellr-

simo, la creencia en el poder mgico de los animals:









De todos los animals, solamente los canes tienen saludable la
saliva. Cuando Nuestro Sefor Jesucristo andaba por el mundo, su-
cedi6 que cierto dfa, despus de una jornada muy larga por caminos
de monte, se le abrieron en los pies las heridas del clavo de la
cruz. A un lado del camino estaba el palacio de un rico, que se
llamaba Centurin. Nuestro Sefor pidi6 all una sed de agua, y el
rico, como era gentil, que viene a ser talmente como moro, mand
a unos criados negros que le echasen los perros, y 1l lo miraba
desde su balc6n holgndose con las mozas que tena. Pero los canes,
lejos de morder, lamieron los divinos pies, poniendo un gran fres-
cor en las heridas. Nuestro Sefor entonces los bendijo, y por eso
denantes vos deca que entire cuantos animals hay en el mundo los
solos que tienen la lengua virtud de curar son los canes. Los de-
ms: Lobos, jabalises, lagartos, todos emponzoflan.1

El valor curativo de las yerbas est admitido en la mayor parte

de las sociedades primitivas y tambin, en menor grado, en la farma-

copea universal. Pero las yerbas tienen ms que un valor curativo

cuando la nifa loca de la Sonata de otofo ofrece a Xavier de Bradomfn

un manojo de yerbas para que, ponindolas bajo la almohada de Concha,

la curen de su enfermedad. Y Bradomfn, pese a su cinismo y aparente

incredulidad, gallego y supersticioso en el fondo, no resisted la tenta-

ci6n de ponerlas debajo de la almohada de la enferma:

... Cerca de la cama, sobre un silln, estaba mi capote de caza-
dor, ... y esparcidas encima aquellas yerbas de virtud oculta, so-
lamente conocida por la pobre loca del molino. Me levant en silen-
cio, mezcla de superstici6n y de irona, escondf el mstico manojo
entire las almohadas de Concha, sin despertarla. 2

Encantamientos y filtros de amor parecen ser costumbre admiti-

da. Liberata la Blanca pone un encantamiento contra Isabel, la querida


1Valle-Incln, Aguila de blas6n, pags. 102-103.

2Valle-Incln, Sonata de otofo, pgs. 64-65.










del Caballero, para que ste deje de quererla. En El embrujado, el

dominio que Juana la Galana tiene sobre el protagonista no se debe solo

a la extraordinaria fuerza de voluntad de la mujer sino tambin a sus

hechicerfas. En la historic Beatriz, recogida en Jardfn m.'mbro, la

madre de la protagonist se venga del fraile que ha violado a su hija

utilizando un encantamiento que le cuesta la vida al seductor.

Y que decir del valor adivinatorio de las cartas ? Aun en una

ciudad tan cosmopolita, frfvola y descrefda comrro La Corufla las "car-

teiras, o echadoras de cartas, proliferan ms que las zarzamoras a

los bordes de las "corredoiras, y son consultadas no solo por gente

de la clase baja sino por much de la media y hasta de la alta. Valle-

Incln recoge en una escena llena de gracia, el donoso lenguaje de las

adivinadoras que empleando trminos vagos y sin sentido explotan la

credulidad supersticiosa de sus clients.

Intimamente conectado con estas brujerias est ese diablo enre-

dador, romntico y terneroso que recorre el campo gallego. La inter-

venci6n diab6lica, indirecta en la mayor parte de los casos, aparece

de forma temible y direct en Mli hermana Antonia, otra de las narra-

ciones cortas recogidas en Jardfn umbrfo, en las que el estudiante de

Bretal, enamorado de la muchacha, recaba la ayuda direct del Lialo,

hasta un punto tal que al final no se sabe si el diablo ha posefdo al estu-

diante o el estudiante es el mismfsimc. diablo en persona.

Otro personaje que aparece, a veces con inusitada fuerza, en las










narraciones, es la muerte. El tema de la muerte present un atrac-

tivo especial a los autores espafoles, y la personificaci6n de la muer-

te es casi tan vieja como la literature. En las obras de Valle-Incln

la muerte no aparece encarnada en una figure, pero su presencia se

deja sentir en forma impresionante. En Romance de lobos, la muerte

es la compafera de Don Juan Manuel desde el principio de la obra. En

la buena tradici6n gallega aparece con toda la tramoya con que la ador-

na la fantasia aldeana: la Santa Compafa, el entierro, los truenos y

los relmpagos y el aullido del viento. Su presencia llena el Pazo de

Lantaft6n, de una manera parecida a la de La Intrusa de la obra de

Maeterlink. La muerte se deja sentir en forma de un hlito frfo que

estremece a los personajes, en ese ruido de ventanas que se abren y

cierran, y en los aldabonazos con que el marinero rompe el misterio

nocturno para anunciar la muerte de Dona Marfa. Su presencia es tan

real que a su lado el resto de los personajes, con la excepci6n del Ma-

yorazgo, adquieren un valor secundario. Es ella la que informa el

arrepentimiento del Caballero y la que va dejando su huella trgica en

la muerte de Dama Mara en los cadveres de los mariners cuya bar-

ca naufraga, y finalmente en la muerte de Don Juan Manuel.

La muerte aparece otras veces en su forma macabra, como en

la historic del El rey de la mscara, en la que los asesinos del abad

de Bradomn visten su cadver con ropas carnavalescas y lo abandonan

entire burlas y canciones en casa del cura de San Rosendo de Gondar










quien para evitar ser culpado del asesinato lo quema en el horno.

La muerte est muchas veces rodeada de detalles crueles y desa-

gradables: el cadver del peregrino abandonado por sus asesinos al

borde de un camnLno, o el del idiota de Divinas palabras que es nedio

devorado por los cerdos en una escena que recuerda otra anloga de

La familiar de Pascual Duarte de Camilo Jos6 Cela.

Valle-Incldn deja magnficas muestras del plant funerario tan

amado de los aldeanos gallegos: un plant de sabor arcaico y bblico,

severo e impresionante y al mismo tiempo lleno de sal popular como

el que M:ari-Caila declarma en honor de su cuf.ada nuerta:

iEscacha el cntaro, Simonifa.' Siimonina, escacha el cantare.
;QuB trite sino!' Acaba como la hija de un dspotal' Nunca jams
querer acogerse al abrigo de su familiar. ;Ay, cunada, no te llama-
ba la sangre, y te llama para siempre la tierra que todos pisan, de
una vereda' iEscacha el cntaro, Simonifna!

Que el plant es algo aceptado lo demuestran las palabras de las

mujeres que la estn escuchando que comentan llenas de admiracin:

" No hay otra cor.o ella para un planto.' El plant se ha convertido en

una ceremonial que debe llevarse a cabo segn ciertas reglas. Cuando

en Romance de lobos muere Dama Mara sus criadr's comienzan a reci-

tar el plant dando Jugar a una curiosa escena que demuestra como no

sirve cualquier calse de exclamacin dolorida sino que hay que seguir

cierto ritual. Una criada llamada la Rebola entra llorando su plant:

"i Senora, r.-ii ama!" Sefora, mi ama." La criada vieja, Andreifla, la

reprende:









ANDREINA. i Que poca gracia tienes, condenada! Adeprende como
se hace un plant. Rosa de Jeric6 Rosa sin espinas!
Mi reina de las manos blancas, que hilaban para los po-
bres! ...
LA REBOLA. i Paloma sin hiel! Paloma de la Candelaria!
ANDREINA. Arbol que a todos dabas tu sombra!
LA REBOLA. Peral de ricas peras!

Declamos antes que Valle-Incln no pinta toda-Galicia, geogrfica-

mente su comarca es limitada: Sains, Bretal, Clticos, Gondomar,

Viana del Prior son nombres que se repiten en todas las obras. De la

misma forma que escoge una comarca escoge y aisla ciertos elements

que componen su vision de Galicia. Las villas pueblerinas, viejas y soli-

tarias, que guardian recuerdos de tempos pasados en los escudos de sus

casas nobles; las romerfas encrucijadas donde se descubre el aspect

pfcaro y supersticioso del alma aldeana; las viejas feligresas medio de-

rrufdas, en otro tiempo fuertes. El paisaje fdilico gallego deja paso

a una naturaleza trgica y sombra que sirve de tel6n de fondo a un mun-

do roto.

Esta es la principal caracterfstica del mundo gallego descrito por

el poeta: su decadencia, el resquebrajamiento de su estructura, las

ruinas. Ruinas morales, representadas en hidalgos que han perdido la

hidalgufa, en clrigos que han perdido la fe y en un pueblo que est per-

diendo sus ltimos vestigios de dignidad. Estamos presenciando el co-

lapso del viejo orden, pero no hay un orden nuevo que venga a ocupar su

puesto. Las classes dirigentes: nobleza y clerecfa estn corrompidas y


1Valle-Incln, Romance de lobos, pgs. 116-117.










debilitaais y el puel-lo no e3t preparado para ton.ar las riendas del

caudallaje, porque el pueblo, segn Valle-Inclin, es incapaz de reno-

varse a s n.isn:o.

Esa grandeza que pese a todo aflade Valle-In:lin a sus obras ga-

llegas viene de dos iuentes principles: la una es amor que Valle siente

por su tierra natal. Este sentimiento le hace rescatar los ltimos ves-

tigios de herofsmo para que den un poco de dignidad a un mundo que ya

no la tiene. La otra es el inmenso genio po6tico del author que le hace

descubrir la belleza escondida incluso en las bajezas del alma popu-

lar, y que le permit crear una obra estticamente bellsirna, median-

te la poetizaci6n de los elementos que la constituyen. Cuando Valle-

Incln se enfrenta cion el mauno cortesano y barriobajero de 'M:adrid se-

ca su pluma de ternura y crea unas obras desgarradas, desnudas y

crueles. Juzga a lo- fantoches esperpnticos cor una total ausencia de

piedad, pero cuando mira a su gente, al pueblo que rode su infanc a,

siente an halo de ternura, y pese a su desilusi:n, aun puede decir refi-

rindose a ellos lo que Albert Camus dijo relirindose a la huirna:irdad:

"A pesar de todo creo que en el hombre hay rms r.-otivos de adn:ira-

ciSn que de desprec.o. '

























CAPITULO II


LA HISTORIC DE ESPADA


A. Introducci6n

B. Espara heroic






4,
,.'i.,.. -''- ,.. ', ^ l- *'*'i . - -*i "





CAPITULO 11


LA HISTORIC DE ESPANA '


A. Introducci6n

En la novela Gerifaltes de antafo le dice la marquesa de Rean

a la condesa de V6rriz:

La Historial Sabes tu quien hace la Historia, hija rnfa? En
Madrid, los periodistas, y en estos pueblos, los criados. Vaya
r' unos personajes' 1

Valle-Incln expresa asi, por boca de uno de sus personajes, su

mraysculo desprecio por la historic exterior, lahistoria.-qUecuentan

los historiadores. Pedro Lan Entralgo en su libro La generacin del

noventa y ocho senala la especial concepci6n de la historic de los no-

veintayochistas como una de las constantes generacionales. Todos los

escritores del 9S estn preocupados por la historic. No en vano dijo

Azorfn que esta fu una generaci6n "historicista. queriendo significar,

preocupada por la historic. Pero la historic que les preocupa no es la

narrada por Lafuente, Pirala o los otros historiadores profesionales,

ni la historic actual recogida por los peri6dicos y los cronistas oficia-

les, sino algo ms profundo, la vida subyacente de los pueblos, los



IRarn6n del Valle-Incln, Gerifaltes de antaflo (Opera Omnia,
XII; Madrid: Rua Nueva, 1942), p. 157.
56









hechos cotidianos que Unamuno contrapone a los sucesos superficia-

les que componen la historic exterior. Es esta vida subyacente, Una-

muno dir intrahist6rica, la que constitute la verdadera base hist6ri-

ca de los pueblos:

Las olas de la historic, con su rumor y su espuma que reverbera
al sol, rueda sobre un mar continue, hondo, inmensamente ms hon-
do que la capa que ondula sobre un mar silencioso y a cuyo ltimo
fondo nunca llega el sol. Todo lo que cuentan a diario los peri6di-
cos, la historic today del presente moment hist6rico, no es sino
la superficie del mar, una superficie que se hiela y cristaliza en los
libros y registros, y una vez cristalizada asf, una capa dura, no
mayor con respeto a la vida intrahist6rica que esta pobre corteza
en que vivimos con relaci6n al inmenso foco ardiente que lleva den-
tro. Los peridicos nada dicen de la vida silenciosa de los millones
de hombres sin historic que a todas horas del da y en todos los pa-
ses del globo se levantan a una orden del sol y van a sus campos a
proseguir la oscura y silenciosa labor cotidiana y eterna, esalabor
que como la de las madrporas subocenicas echa las bases sobre
que se alzan los islotes de la historic. Sobre el silencio augusto,
deca, se apoya y vive el sonido; sobre la inmensa humanidad silen-
ciosa se levantan los que meten bulla en la historic. Esa vida intra-
histrica, silenciosa y continue como el fondo mismo del mar, es
la sustancia del progress, la verdadera tradicin, la tradici6n eter-
na, no la tradicin mentira que se suele ir a buscar al pasado ente-
rrado en libros y papeles, y monumentos, y piedras. 1

Valle-Incln, como Unamuno, se lanza a la historic desde la in-

trahistoria. Es el suceso pequefio, los "menudos hechos, que dice L-

Azorn, lo que le interest a Valle, pero estos hechos parecen tratados

de una manera especial. Si comparamos los mtodos de novelar his-

toricamente, por asi decirlo, de Gald6s, Baroja y Valle-Incln, tendre-

mos una idea de sus diferencias. Estas pueden ayudar a un esclareci-


IMiguel de Unamuno, En torno a casticismo (Buenos Aires: Es-
pasa-Calpe Argentina, S.A., 1943), pgs. 28-29.









miento del modo peculiar de enfrentarse con la historic que tiene Valle.

Los Episodios nacionales son una coleccin de cuadros hist6ricos uni-

dos por ui dbil hilo novelesco que da una quebradiza unidad a la series.

La tcnica de los Episodios puede ser reducida a senciJfsima re-
ceta: trnese la material hist6rica contenida en un tomo de la Histo-
ria de Lafuente, redctesela con mejor plurma, vfstasela de ropaje
novelesco-- y si el ropaje es una simple hoja de parra, mejor: un
muchacho que va medrando de aventura en aventura, camino de su
happy end--; higase todo cito y me tendr un tomo de Galdia: Tra-
falgar, Zaragoza o Napole6n en Chamartfn. 1

Baroja se apoya en la historic para presenter los personajes que

le interesan. La historic le prove el marco para la accin novelesca.

A Baroja tambin le preocupa la vida intrahistrica. Entre sus perso-

najes llmense Cesar Moncada o Eugenio Avinareta, y el marco hist6-

rico que sirve de fondo a sus acciones, hay una mutua corriente de comu-

nicacin e influencia. La guerra de Independencia, las represalias ab-

solutistas de la poca de Fernando VII, y las intrigas liberals, influyen

-y en cierto modo determinan la vida de Avinareta, y a su vez tipos como

Avinareta ayudan a explicar las circumstancias histricaE del siglo XD:.

Baroja tarrbin se lanza a la historic desde la intrahistoria. En su evo-

cacin hist6rica no nos deja un cuadro de historic sino una series de vidas

intrahist6ricas sobre las que se apoya la historic, pero, y sta es su

principal diferencia con Valle-Incln, a Baroja lo que ms le interest

son los personajes novelescos que l crea. La historic, como deca-


1Pedro Lafn Entralgo, La generaci6n del noventa y ocho (Buenos
Aires: Espasa-Calpe Argentina, S.A., 1947), ptga. 170-171.










mos es el marco.

En las obras hist6ricas de Valle-Incln, el autor pretend calar

profundamente en la vida intrahist6rica. Maneja personajes y aconte-

cimientos en cuanto le ayudan a explicar esa vida honda y subterrnea

base de la historic. Pero estos personajes y acontecimientos solo le

interesan en lo que tienen de hist6rico y communal. La historic es siem-

pre el objetivo principal. Los distintos personajes solamente sirven

para explicar el suceso hist6rico no "por fuera" sino 'por dentro. "

Por esta raz6n los personajes no le interesan en lo que tienen de indi-

vidual. Con la excepci6n, quizs, del Cura Santa Cruz, Valle-Incln

no penetra demasiado en la psicologfa individual de sus personajes,

porque solo le interest su proyecci6n social:

El espectro de estos personajes, histricos o de pura ficci6n, que
son servidores de la Historia, llega proyectado hasta nosotros no
individual, sino social e hist6ricamente, y su voz canta, como la de
las criaturas del Romancero, el sentido oculto del comn pretrito;
el secret colectivo, legendario o burlesco de la Historia que pas6,
no las inquietudes intransferibles de ningn alma concrete. 1

El resultado de esta forma especial de interpreter la historic,

son las novelas que ha escrito Valle sobre la guerra carlista y ms

tarde sobre el reinado isabelino. No deja, pues, cuadros de historic

a la manera galdosiana, ya que no le interest este o aquel suceso his-

trico, sea una crisis polftica, una batalla, o una nueva ley; todo esto

es para l la mera superficie de la historic. Tampoco deja unos per-


1Gaspar G6nmez de la Serna, "Las dos Espaflas de Don Ram6n
Marfa del Valle-Incln, Clavilo (Madrid) I, III, 17 (1952), p. 18.





In4



sonajesnovelescos que se mueven en un trasunto hist6rico. Lo que

quiere narrar es la historic misma: sea la guerra carlista cornio epo-

peya popular o los ar.enes isabelinos como vicin eEperprtica del si-

glo XIX. Esta es la raz5n por la que no desarrolla con profundidad la

psicologa personal, porque sus personajes so!o sirven para explicar ,

esa base hist5rica, ese espiritu colectivo y social que sirve de apoyo

a la historic. Asf que la mayor parte de sus personajes aparecen de

forrma episdica, sin que muchas veces sepamos de donde vienen ni

adonde van; son rneros servidores de un hecho hist6rico que ellos solo

ayudan a explicar.

Valle-Inclin no pretend hacer de sus novelas histricas el veh-

culo de su ideologa pol'tica. Trata esrr.plernente de retratar espont-

neamente ciertos periods de la historic espaflola. Si bien es cierto

que su aristocratier.io sefloril le hace mirar con rrs simpata la Causa

de los "ir.utiles" '.asco-navarros, que la de sus enemigos, fueran cris-
- '~-----'-- ~
tinos, isabelinos o republicans, tambin es cierto que, a diferencia
------~
de Gald,5s que imbn e sus ideas rac2onalistas, humanitarias y burgue-

sas, en sus Episodios, Valle se preocupa rns de intuir los motivos

que impulsan a las partidas carlistas o los hilos que mueven las mario-

netas de los amenes del remado de Isabel, que de destejer el hilo de

una dcctrira ideol6gica y ajustar a ella los hechos histricos.

En busca de esta espontaneidad, de esta verdad intrahistrica

trabaj6 Valle dedicaciar.ente. No se limit a reconstruir o evocar la










historic, fiado solo de su intuici6n de artist, sino que se documents

detenida y cuidadosamente. Gaspar G6mez de la Serna reproduce una

lista de libros que Valle conservaba en su biblioteca, lista facilitada

por el hijo del autor, y ellos son una prueba de que Valle, antes de co-

menzar a escribir la series carlista y El ruedo ibrico se document

con todo cuidado. Segn apunta su hijo no solo utilize los libros y pe-

ri6dicos contenidos en su biblioteca, sino que sus numerosas notas de

trabajo demuestran que consult otras obras y documents concernien-

tes a la historic del perodo. Para completar su investigaci6n Valle

acude a las memorial personales recibidas de testigos presenciales

de los acontecimientos. Esto lo prueba su viaje a Navarra con el ffn

de conocer el terreno sobre el que se haban peleado las guerras car-

listas y sus charlas con los veterans legitimistas. Valle vivi6 rela-

tivamente cerca de las pocas que relata y las memories personales

no le debieron de ser difciles de recoger.

Otro detalle digno de observacin es el cambio, o mejor, los cam-

bios estilsticos que se notan en las novelas hist6ricas valleinclanescas.

Valle es siempre y en todo moment un artist depurado, perfect, due-

fo de la palabra y la frase pulida y arm6nica. La preocupaci6n por el

estilo perdura a lo largo de today su obra, pero lo que hace significati-

vo las diferentes variaciones que encontramos en sus distintas pocas

dimana no de una preocupaci6n puramente formal sino de la circum-

stancia de que el cambio del estilo valleinclanesco refleja un cambio










de perspective ideolgica.

Unamuno consideraba que el testimonio visible de la tradicin

hist6rica, de la "superficial tradici6n de los sucesos' que dice Lafn,

serfa la literature, mientras que el signo firm de la tradici6n intra-

histrica es la lengua. Segn Unamuno lo que hace la continuidad his-

trica de un pueblo no es tanto "la tradici6n hist6rica de una literature

cuanto la tradicin intrahist6rica de una lengua; aun rota aquella, vuel-

ve a renacer merced a sta. Valle-Incln ve tambin la profunda

relaci6n entire la lengua y esa vida intrahist6rica y subterrnea de los

pueblos:

Los idiomas son hijos del arado. De los surcos de la siembra
vuelan las palabras con gracia de amanecida, como vuelan las alon-
dras. La parmpa argentina y la guazteca mexicana crearon una len-
gua suya, poque desenvuelven su labranza en trigales y maizales de
cientos de leguas, como nunca vieron los viejos labradores del agro
romano. Los idiomas son hijos del arado y de la honda del pastor.
Cafn tuvo labranzas, y rebafos Abel. Labranzas y ganados ocupa-
ron la mente del hombre en el albor del mundo, despus de la caida.
La mente del hombre que ya estaba llena de la idea de Dios. Asf
advertimos en las ms viejas lenguas una profunda capacidad teol-
gica, y una agreste fragancia campesina. El peneamiento toma su
forma en las palabras como el agua en la vasija. Las palabras son
en nosotros y viven por el recuerdo con vida entera, cuando pensa-
nios.

La relaciGn entire la lengua y el pueblo, sujeto y protagonistasde

la intrahistoria es tan fntima que la evoluci6n y decadencia de la una,

no hace sino reproducir la decadencia del otro:



IRam6n del Valle-Incln, La lmpara maravillosa. Obras esco-
gida (Madrid: Aguilar, 3 .\. dle Ed.,: i, e=. 1 .). p r. 7;










La mengua de nuestra raza se advierte con dolor y rubor al escu-
char la pltica de aquellos que rigen el carro y pasan coronados al
son de los himnos. Su lenguaje es una baja contaminacin: francs
mundano, ingls de circo y espaflol de jcara. El romance severo,
altivo, grave, sentencioso, sonoro, no est ni en el labio ni en el
coraz6n de donde fluyen las leyes. Y de la baja sustancia de las pa-
labras estn hechas las acciones.

Y ms adelante explica como la mudanza sustancial en las lenguas

implica una mudanza en la conciencia colectiva:

Toda mudanza sustancial en los idiomas es una mudanza en las
conciencias, y el alma colectiva de los pueblos una creaci6n del
verbo ms que de la raza. Las palabras imponen normas al pensa-
miento, lo encadenan, lo guian y le muestran caminos imprevistos,
al modo de la rima. Los idiomas nos hacen, y nosotros los desha-
cemos.

Vista en esta luz, la radical diferencia de estilo entire Las guerras car-

listas y El ruedo ibrico adquiere una nueva dimension. Las diferen-

cias estilsticas entire las dos series ponen de relieve lo que G6mez de

la Serna llama "las dos perspectives ,istSricas'de Valle-Incln.

En una conversaci6n que Valle-Incln sostuvo en diciembre de

1928 con Martdnez Sierra y que ste public en A B C hace unas decla-

raciones muy importantes para aclarar el concept de la historic refle-

jado en sus obras.

Comenzar por decirle a usted que creo hay tres modos de ver
el mundo artstica o estticamente: de rodillas, en pi o levantado
en el aire. Cuando se mira de rodillas -- y sta es la posici6n ms
antigua en literatura--, se da a los personajes, a los heroes, una
condici6n superior a la condici6n humana, cuando menos a la condi-
ci6n del narrador o del poeta. As Homero atribuye a sus heroes
condiciones que en modo alguno tienen los hombres. Se crean, por


lIbid., pgs. 637-638.


2 Iid. p. 638.










decirJo asf, series superiores a la naturaleza hurnana: dioses, se-
midioses y heroes. Hay una segunda manera, que es rmirar a los
protagonistas novelescos comrn de nuestra propia naturaleza, comoe
si fueran nuestros hermanos, corno se fuesen ellos nosotros mis-
rnos, coin-. si fuera el personaje un desaobia--:iento de nuestro yc,
con nuestras mismas virtudes y nuestros nisrnos defects. Esta
es, indudablemente, la n.anera que ms prospera. Esto es Shake-
speare, todo Shakespeare. ... Y hay otra tercer manera, que es
mirar al nutirdoc deede un plano superior, y ccnsiderar a los per-
sonajes de la trama como series inferiores al autor, con un punto
de irona. Los dioses se convierten en personajes de sainete. Es-
ta es una manera muy espanola, manera de derriurgo, que no se
cree en modo alguno hecho del rr.:srio barro que sus rnmufecos. Que-
vedo tiene esta manera. .. Esta manera es ya definitive en Goya.
Y esta consideracin es la que me lle'6 a dar un cambio en rr li-
teratura y a escribir los esperpentos, el gnero literario que yo
bautizo con el norrmre de esperpentos.

Valle adopta la postura de pi para describir la guerra carlista. Se 1

mezcla con los "mutiles" vascongados en sus tragedies y sacrificios

y se siente uno de ellos cuando refleja sus pensamientos, sus senti-

mientos y sus ilusiones. Pero cuando describe la Espaa isabelina

adopt la postura del demiurgo y deja -na vision sangrante, trgica, i

desesperada y esperpntica. La lengua de las novelas carlistas es

grave, mesurada y sonora, impregnada de una belleza simple y arcai-

ca. Ya no hay aquf los barroquinsmos platerescos de las sonatas. Las

frases y las palabras son austeras y rrajestuosas como los picos de

las rnontaflas vascas, son sencillas y claras como los ojos de los cam-

pesinos. La lengua ce El ruedo ibrico es achulada, decadente y chi-

llona. Lengua de feria y jcara, barriobajera y amanerada. Es una


1Gaspar G6mez de la Serna, "Las dos perspectives hist6ricas de
Valle-Incln, Atlntida, La Corufta, Enero-Febrero, 1956, p. 2.









Slengua desgarrada y sangrante, impresionante y plstica, que ha per-

dido todo sentido de equilibrio y austeridad.

Es por eso inexacto hablar del "arte impasible" de Valle-Incln

y encasillar al autor bajo el letrero de artista puro" y alabar sus m6-

ritos estilsticos, negndole al mismo tiempo toda calidad humana. No

fu impasible el Valle-Incln que escribi La guerra carlista, much

menos lo fu6 61 que escribi6 la cr6nica de los amenes isabelinos. El

sentimiento de Espafla y hasta el clebre "dolor de Espafia" que sintie-

ron sus compaferos de generacin, aparece claro y vibrant en la obra

de Valle. Que l lo sintiera a su manera, que lo expresara de forma

diferente, afiade a su originalidad pero no mengua a su sinceridad.

Las Espafas, o mejor, los aspects de Espaa que pinta Valle-Incln,

y la manera de pintarlos va a permitier trazar la trayectoria de su

pensamiento con relaci6n a su idea de Espafla.














B. Espafla heroic

Cuando Valle-Incln se enfrenta por prin-e ra vez con historic de

Espafia escoge un tema bien amado por 61 desde nifo: las guerras car-

listas; y adems de una epopeya de estas guerras deja un retrato de un

retazo de historic tfpicamente espaflol: la guerra civil. Espana vivi

durante el siglo XIX en perpetua guerra civil solo interrumpida por cor-

tos periodos de paz superficial. La calma chicha del conformismo que

infecta la vida espaflola del ochocientos es una delgada superficie que

cubre la borrasca interior que desgarra la vida de la nacin. El car-

lismo, los pronunciamientos de liberals y conservadores y los motines

populares no son rrmanifestaciones espordicas del descontento national

sino rruestras de la convulsion vital que sufre la vida espaola de este

perfodo cuya evolucin histrica es una perpetua revolucin. Espafa

se mueve pegando palos de ciego en un intent de encontrar la verdade-

ra fisonoma histrica y determinar el camino a seguir.

Con mano maestra Valle toma el pulso de la Espafia ochocentis-

ta y refleja sus males. No da un diagnstico, es un novelist no un

pensador, pero de los retratos que nos deja se puede definir cual es

su posicin hacia esa Espafa, eje de sus obras.

Lo que pinta Valle en La guerra carlista es un pueblo en lucha.

El personaje central que mueve la accin es el pueblo; no son los l-

deres, ni unos cuantos personajes novelescos, son los "'mutiles"
66










navarros, o los campesinos gallegos, o los soldados isabelinos. Esto

es doblemente sintomtico. Por un lado refleja el deseo del autor de

presentar la historic desde dentro; la historic tal como aparece a los

ojos de sus protagonistas. Estos protagonists no son, segn el autor,

los profesionales, sean generals o politicos sino los campesinos, los

soldados y las mujeres que, nacidos del pueblo, mueven los hilos de la

intrahistoria, de esa historic subyacente de la que las cr6nicas oficia-

les ofrecen solo un plido e inadecuado reflejo.

Implica, efectivamente, ese desde dentro desde el que Valle es-
cribe, una manera semejante a la autobiogrfica manera del solda-
do que relata unicamente aquello que est ante sus ojos; no el suce-
so complete, sino la part del suceso que es vivida por el propio na-
rrador, o que el narrador cuenta como si hubiese efectivamente vi-
vido.1

Al mismo tiempo Valle-Incln nos present el cuadro de un pueblo

sin lderes, sin cabeza. Un pueblo guiado por cabecillas locales surgi-

dos del mismo pueblo que pretenden, sin lograrlo, convertirse en lde-

res. Es lo que Ortega y Gasset iba a llamar ms tarde una "Espafa

invertebrada. Este fu otro de los sintomas de la enfermedad cr6nica

de la historic espafola, durante el siglo pasado. La falta de una clase

dirigente. El hecho de que en un perodo de menos de cien afios Espa-

fa tuvo docenas de gabinetes ministeriales, un mont6n de generals a

la cabeza del gobierno y various reyes, solo apunta a la ausencia de un

lder o lderes suficientemente fuertes, capaces de tomar en sus manos


1G6mez de la Serna, "Las dos Espaflas de.... ,. Clavilefio, III,
17, Sept. -Oct., 1952, p. 24










las riendas de la nacin y corducirla a puerto seguro. La sima que se-

para al pueblo espafol de sus lderes es uno de los hechos nits trgicos

de la historic del siglo pasado.

En 1908 aparecen Los cruzados de la Causa, pr!mera novela en la

series que compone la trilogfa carlista. El terra carlista habfa apareci-

do en torma de alusiones frecuentes en obras anteriores, y habfa servi-

do de marco a la Sonata de invierno cuya accin tiene lugar en Estella,

la ciudad santa del carlismo. Los cruzados -:- desarrolla en Galicia

pero en 1909 Valle-Inclin siente que no puede terminar la series sobre

las guerras civiles sin visitar Navarra y allf se va con Joaqufn Arga-

masilla de la Cerda.

Tiene entonces 43 anos y su carlismo vena ya desde largo tiempo

antes:

Esta devocin a la Causa legitimista no ha nacido en 61 de modo
espordico, ha ido creciendo lentamente desde chico a la n:adurez
en que se encuentra ahora, y con la que acomete la tarea de llevar
a la novela lo que era solamente historic.

Valle-Incln recibe su primer contact con el carlismo en forma

de histories y narraciones de hechos y hazanas que sus criados y fami-

liares relataban cuando nifo. Es una vision fantaseada y epopyica de

la lucha en la que todos los heroes son carlistas y los villanos pertene-

cen todos al bando contrario. Siendo estudiante en Santiago, Valle de-


lCarlos Luis del Valle-Incln Blanco, Prlogo a Gerifaltes de
antano (Buenos Aires: Espasa-Calpe Argentina, S.A., 1945), p. 7.










fiende entusisticamente al Pretendiente en las tertulias del Casino alas

que asisten Mella, Vicenti y Pedro Seoane. Cuando mozo ya, se va

a Madrid su ardor legitimista aparece apagarse un poco, aunque el car-

lismo sigue apareciendo en narraciones cortas y en las obras de esta

poca. Valle nombra a su primera hija Margarita Carlota, nombres

ambos de profunda raigambre legitimista.

Finalmente en 1909, un afio ms tarde de la aparici6n de la prime-

ra novela carlista, decide ir a buscar en la misma Navarra el ambiente

que no puede encontrar en los libros:

Y al llegar, se le descubre una Navarra que no poda imaginarse.
Un poco Galicia y un poco Castilla, en desposorio feliz que le hace
adorar aquella tierra. En Aoiz, y en una gran casona con zagun
empedrado, escudos y oratorio, es husped Valle-Incln de Argama-
silla. Juntos recorren la montafa -- maizales de Baztn, Alduides,
raya de la frontera --, juntos conocen uno a uno los monumentos ro-
mnicos de la Rivera. Secanos y regados, Estella, Tafalla, Funes,
Peralta... Todas la villas navarras, desde la line que el Ebro
marca con Logroflo, hasta la del Bidasoa con Francia, las conoce
Valle-Incln, guiado por su amigo y henchido de una ardorosa emo-
ci6n.

Movido por esta emoci6n y por la grandeza del paisaje navarro le

confa a su amigo: "-- Si hubiera venido antes, querido Argamasilla,

le habrfa dado otro ambiente a Los cruzados! "

Al afo siguiente decide regresar a Navarra donde escribir La

Marquesa Rosalinda y prepare Voces de gesta. En este segundo viaje

se dedica a conocer a las gentes. Argamasilla lo present enttodos los

crculos carlistas y all conoce a Marichalar, a Elfo, ayudante del rey


lIbid., p. 9.










y al general Valdespina, y sobre todo conoce a los viejos veterans car-

listas que de j6venes haban peleado en las guerras y que ahora entrete-

nin su nostalgia recordando haza;ias pasadas, en ei Casino de Estella.

Valle-Incln los escucha y los interroga y poco a poco va captando el

ambiente que reflejar magistralmente en sus novels. Antes de regre-

sar de Navarra consult los archives y recorre los principles lugares

de batalla.

Mucho y muy contradictorio se ha escrito sobre el carlismo de

Valle-Incln. Segn Fernndez Almagro es la Esttica lo que lleva a

Don Ram6n al tradicionalismo:

La figure de Don Carlos se le present a Valle-Incln, desde inuy
joven, con poderoso atractivo personal y elocuente valor simblico.
El tradicionalismo habfa revestido en Espana formas marciales y ro-
rnancescas muy acordes con el sentido autocrtico y heroico que en
Valle-Incln alentara siempre. Con sentido ademis protestario con-
tra un sistema que a l, de sentimientos antiliberales, no le inspira-
ba la menor simpata. Sobre todo, Valle-Incln estaba siempre dis-
puesto a navegar contra la corriente, y el Tradicionalismo no priva-
ba ciertamente entire las gentes de pluma: o adictas a los partidos que
turnaban en el ejercio del Poder, o simpatizantes, cuando no ex:presa-
mente adheridas, a la poltica de los republicans. Tradicionalismo,
decimos, por carlismo, trminos que en todo caso no son equivalents.
Tradicionalistas fueron, por ejemplo, a su peculiar modo, Donoso
Corts, Balmes, Menndez Pelayo; pero no carlistas, en virtud de
razones que no es de este moment puntualizar. Mucho ms que la
doctrine, le seduca a Valle-Incln el hecho del carlismo, con su
airn romntico en las mltiples pruebas de la guerra y del destie-
rro.

G6mez de Baquero, concedindole a Valle una vaga adhesionn ro-

r lntica a lo pasado, afirma que de esta "simpata aristocrtica no se


IFernndez Almagro, Vida y literature . ., pgs. 1-!4-145.










deben sacar consecuencias doctrinales, sino estticas, y refirindose

a Los cruzados de la Causa afiade:

No es espfritu carlista, sino espfritu feudal, espritu de protest de
aristocracias moribundas, el que alienta el bello libro de Valle-In-
cln. 1

Ramn G6mez de la Serna sostiene una teorfa parecida:

El carlismo para 61 es la belleza romntica, el no pactar con el 1
vulgo municipal y espeso, la altivez de Dios en las viejas iglesias
destartaladas, el valor "'de las fuentes y de los jardines" y de los
viejos mitos aristocrticos.
Frente a los reyes Carlovingios, l ha legendizado un rey Carli-
no que quiere la tradici6n decent que haga del pueblo una armona
de tipos, cada uno en su clase.
El burgo que el suefia es el burgo ideal en el que podrfa ser el
seflor por delegaci6n del hombre que tiene muy viva la religion de
Dios y de la Patria.2

Y ms adelante aflade que el enrolamiento de Valle-Inclin en el

carlismo "le permit despreciar a los demagogos y a los acrtas. "

Julio Casares muestra incredulidad ante el carlismo valleincla-

nesco; Madariaga acusa a Valle de indiferencia en materials ideol6gicas.

Una opinion diametralmente opuesta es al sostenida por el hijo del autor

que cree en la sinceridad del carlismo paterno:

... Esta rebeldfa y este no amoldarse, ni encasillarse en el parti-
do, haca a los veterans de la Tradici6n desconfiar de su sinceri-
dad. Valle-Incln se sentfa carlista porque defenda costumbres y
tradiciones, que a 61, seflor de espritu y de sangre, no podfan de-
jarle indiferente.3


1E. G6mez de Baquero, Novelas y novelistas (Madrid: Editorial
Calleja, 1918), pgs. 227-228.

2Ramn Gmez de la Serna, Don Ram6n Marfa del Valle-lncln
(Buenos Aires: Espasa-Calpe Argentina, S.A., 1944), p. 68.

Valle-Incln Blanco, Pr6logo a Gerifaltes . ., p. 8.









De la misma opmi6nn es Gaspar Gmez de la Serna que cree que

Valle no solo era tradicionalista convencido ain o que tena una idealo-

gfa bien definida, en relacin con su actitud hacia Espana; ideologfa que

se refleja en sus obras especialmente a partir de la trilogfa carlista:

No es lIcit r reducir al Valle-Incln de la primer poca --
concretamente al Valle de la Guerra carlista, que es el que de mo-
mento nos importa -- a un simple preciosista sin ralz cordial y hu-
mana en la entrafla de los temas ...

El mismo Valle-incln contribuy a confundir la situacin en sus

mGltiples declaraciones, la mayor part de las cuales eran contracicto-

rias. En las Sonatas hace decir al carlista i.,tarqus de Eradomrfn que

I es carlista "por esttica' y que el carlismo tiene para l "el encan-

to solemn de las viejas catedrales" para concluir que se hubiera con-

tentado con que lo declararan monument national. Y no obstante, Va-

lle-Incln sigui toda su vida defendiendo las virtudes del Pretendiente.

Refiere Fernndez Almagro una ancdota, que si bien no aclara la posi-

ci6n real de Valle con relacin al carlismo es ruy significativa como

retrato psiclogico. Cuando uno de los republicans histricos objet

a estos elogios que Valle-Incln derra-raba sobre el Pretendiente, con

las palabras: "i Cunto me extrafla, D. Ramn, que hable used asf de

Don Carlos siendo un Borbn.'," Don Ramn, quien no se dejaba descon-

certar tan facilmente, contest con una de sus inapelables respuestas:

"Es que Don Carlos verdaderarr.ente no era un Borbn; era un Mdena ...


lGmez de la Serna, p'L;: .-i pe '-.-.._:-*.- =tt: .-: .* ,'' ;-*










Francisco Madrid recoge otras declaraciones de Valle. Preguntado

por qu era 61 carlista D. Ram6n respondi6:

--Soy carlista solamente por est6tica. Me agrada la boina. Es
una cresta pomposa que ennoblece. La blanca capa de los carlistas
me retrotrae al imperio de una corte arcaica. Es, sin duda, el
ms bello disfraz politico que ha existido. 1

Esta declaraci6n y su exclamacin frecuente de que los carlistas se

dividan en dos bandos: uno, 1, y otro, los derms, hicieron a muchos

dudar de la sinceridad o profundidad de su carlismo. Por otro lado su

empefro en seguir considerndose tradicionalista todo a lo largo de su

vida, sus proyectos de ir a Venecia para ofrendar personalmente a Don

Carlos sus obras carlistas, proyecto que se deshizo a la muerte del

Pretendiente el mismo afic en que se public El resplandor de la hogue-

ra, los honors que los carlistas le tributaron, imponindole incluso la

Cruz de la Legitimidad Pospuesta, la ms alta condecoraci6n del car-

lismo, y sobre todo su magnlfica series de La guerra carlista, parece

dar un rotundo mentis a los escpticos del carlismo valleinclanesco.

No es nuestro propsito determinar aqu la verdad y profundidad

del fervor legitimista de Valle; para ello habrfa que preguntarselo a 61

mismo y probablemente su respuesta solo afadarfa a la confusion. Solo

hay que puntualizar que las declaraciones personales y directs de Valle-

Incln no deben tomarse al pi de la letra. Valle-Incln fu un charlis-

ta formidable, amigo de la respuesta fulminante y esdrjula, de las


1Francisco Madrid, La vida altiva de Valle-Iicln (Buenos Aires:
Editorial Poseid6n, 1943), p. 282.










grande frases y !os grandes gestos. Aceptar literalmente sus pala-

bras envuelve graves riesgos corro lo demuestra un suceso acaecido

al mismo Don Rar6n, y que cuenta con tfpica graca RarinnG6rne- de

la Serna:

Los papanatas oran a don .amr-n deIrnaiado al pi de la letra, y
una noche, en que se discutfa sobre un inonumento absurd que ha-
bfa en el Parque del Oeste, don Rarmn dijo:
--Eze monument e3 un de!ito de leza e-ttica. iHay que volar-
lo'
Dos dfas despus un hmbre con capa se acerc6 a Don Ram6n y
sealando un bulto que llevaba debajo de la panosa, le dijo: 'Esta
noche vuelo el monumento ... Aqu traigo la bomba. "
Don Ram6, asustado, le hizo depositar el aparato en aguas del
.'.anzana rez. 1

Para no caer en el mismo error nos vamos a limitar a tratar aquf

del carlisr.o tal como aparece reflejado en la obra de Valle. Lo que el

autor deja es la hist3ria de una guerra civil, la epopeya de un pueblo e:i

guerra, la tragedia de los hijos muertos y los campos sin cultivar, la

soledad de lor soldados, su valor y sus hazaftas.

Tarr.bin hay aqu el peligro de caer en un exceso de simplica-

citn y ver en La guerra carlista ura imr.ple exaltacin de las virtudes

del tradicionalisrno y de ice c.efectcs de sus ene-.igos. Es cierto que

el primer cont3cto de Valle con el carlismo rolo le enrefla sus virtudes:

De niflo, aquellos cuentos de los criados de su casa, son la prime-
ra noticia que recibe de las guerras carlistas. Cuentos ingenuos, co-
nio ui retablo anti=uo, en que los contrastes eran enormes. Todai
las virtudes estn en las huestes del rey Don Carlos. Las partidas
carlistas aparecerr. a sus ojos de rapaz, terneroso Se duendes y
apariciones, nimbadcas de una herSica leyenda. Ellas eran leales


1G6mez de la Serna, Don Ramn Marfa del Valle-Inclin, p. 85.










en la pelea, saban perdonar y hacer justicia, se batfan por un rey
que compartfa el pan de los soldados y buscaba el peligro sin temor
ni jactancia. 1

Pero cuando hombre ya, describe Valle la historic de las guerras

civiles, no se limita a narrar un cuento de buenos y malos, en que las

virtudes estn con los cruzadostradicionalistas y los defects con los

liberals. Es innegable que sus simpatas estn con los carlistas, pero

cala ms hondo y ve las contradicciones que se agitan en el seno de la

Comuni6n Tradicionalista. Por eso notamos en su actitud ante el car-
*----------
lismo diversas contradicciones: la ironfa con que en la Sonata de in-

vierno habla de los curas facciosos, en especial de D. Manuel Santa

Cruz, parece desmentirse cuando en Gerifaltes de antafo hace del fa-

moso guerrillero la figure central de la obra y la llena de dignidad, en

un studio de profunda penetracin psicol6gica y de gran belleza potica.

Sus comentarios sobre lascamarillas que rodean al rey, sobre los ge-

nerales y hasta sobre el mismo pueblo, reflejan tambin gran diversi-

dad de opinion a lo largo de distintas obras y aun dentro de la misma.

Todo esto no hace sino demostrar la profundidad con que Valle penetra

en el hecho hist6rico que quiere narrar.

Valle-Incln no pretend contar batallas, ni estudiar una ideol6-

ga. No le interest ni la cr6nica ni la biografa. Lo que cuenta para

1 es el hecho hist6rico en s: las guerras carlistas. Por lo tanto 1l

se mezcla entire los personajes an6nimos que hicieron la guerra y cuen-

ta lo que pasa. Las novelas que componen la trilogfa de La guerra


Valle-Incln Blanco, Pr6logo... p. 7.









carlista, son episdicas, no contienen un hilo narrative en torno al cual

acontecen hechos secundarios. Los personajes aparecen y desaparecen

detenindose solo lo suficiente para dar el ambiente. Muchas veces no

sabemos de done vienen y casi nunca sabemos ad6nde van. Solo cono-

cemos sus vidas en estrecha interrelaci6n con la guerra. El pasado y el

future no interest. Para el novelist solo cuenta el present hecho his-

t6rico:

Contrariarmente a Gald6s, que rastreaba con sus personajes de
ficciSn todo el largo recorrido de la Historia, hasta empalmar sus
episodios en una secuencia paralela al hilo externo de los sucesos
contados por Pirala o por Lafuente, Valle da en la historic el corte
o cortes que le parecen ms significativos, y ah trabaja en profun-
didad; mas, como ya se dijo, en busca solo de Historia o de
da, pero no de ninguna especie de vida humana que allf pudiera ha-
llarse nutriendo sus privadas y exciusivas deterninaciones. Todo
es all canto pblico y colectiva voz, que cuenta, desde dentro, la
parte de suceso hist6rico en que consist.
No hay en esta tcnica, ni se precisa, unidad de accin, sino fi-
jacin propiamente epis6dica de la Historia, la cual tampoco es ne-
cesario hacer coincidir con determinados hechos concretos, de ca-
riz brilla-.te o memorable para la historia military de la guerra. Por-
que tampoco es la historic military lo que quiere contar Valle, al
menos la historic military vista desde fuera, en conjunto, como la
ve con toda frialdad y distanciamiento el historiador professional;
sino desde dentro, con la uncin y proximidad de un antiguo cronis-
ta de Indias o de un soldado que redacta sus memories ...

En su profunda penetracin en la constituci6n bsica del carlis-

mo, Valle-Incln se da cuenta que este fu mucho m.s que un pleito

sucesorio, por eso refleja el tradicionalismo como lo que fu: un movi-

miento social de profundas races nacionales.





1Gaspar Gr.re.-. de la Serna, "Las dos Espanas de . ., p. 2-;





77



... El carlisnmo tieneoco ue v s realidd con el pleito dins-
tico quese planted al _norir Fernando VIL Movimiento social, de
much mayor consideraci6n de la que se desprende de una simple y
vulgar dispute sucesoria, su aparici6n se remonta a las jornadas que
siguieron a la restauraci6n del absolutismo por las tropas de Angu-
lema. Seis aflos antes de contraer matrimonio Fernando VII con
Mara Cristina de Borbn, site aos antes de que naciera Isab4 (I
--- ---- ------ --
y diez afos antes de pasar el rey al otromundo. ex.--stfa el car-
lismo. Lo crea la Iglesia cuando advierte que la mnonarulfa de Fer-
n ndo se opone aqu Esparia sea la teocracia ideal con que los fan-
ticos-ofaban al derrumbarse todas las instituciones.-

As describe Ramos Oliveira el nacimiento del carlismo en Espa-

fla. El mismo lema Dios, Patria, Rey, en este orden, Dios al princi-

pio y rey al final demuestra que el carlismo era ms que una cuesti6n

dinstica. Era la concepcin de un estado en el que el rey, esto es el

poder civil, estuviera sujeto al poder religioso y supeditado a l. Era

la oposici6n de una Espafa religiosamente militant, regida por una

teocracia, como opuesta a una Espafa europeizada, constitutional y

progresista. El mismo Ramos Oliveira affade:

Que el tendon ideal del carlismo era la teocracia no ofrece duda.
Todos los hilos nos llevan a esa conclusion, y por si no bastara, ahf
est la participaci6n del clero en la guerra, sobre todo el regular;
y el propio Cabrera, el insustituible caudillo de la causa, que deba
saber lo que queIra cuando asolaba el Maestrazgo, vino a corrobo-
rarlo a su regreso de Londres, en 1848, cuando, retractndose de
su viejo credo, declare que habfa pasado la hora de la Inquisici6n
y del gobierno de los frailes.2

,Valle-Incln advierte de manera clara este aspect religioso y

militant del carlismo y su impact en el alma popular. Los mozos


1Antonio Ramos Oliveira, Historia de Espafla (Mxico: Compa-
fifa General de Ediciones, S.A.), 1, pgs. 235-236.

2Ibid., p. 238.





78 '; '-"I'1 '



carlistas van a "luchar por su fe. ron Carlos es "el rey de los bue-

nos cristianos. Los carlistas estn haciendo la guerra santa, son

los nuevos cruzados: ",Saludmonos como cruzados de la Causa', "

dice el marqus de Bradomfn a los conspiradores carlistas reunidos

ei su palacio, y todos sienten que aquellas palabras tienen un sentido

"religioso y combatiente. El carlismo casi se converted en una reli-

gin. Es ms que una doctrine polftica o un program ideol6gico de

orden intellectual. I.o es el progranr.a de un partido politico, es el "cre-

do" de una "comuni6n" que liga los ho-mbres que de ella toman parte,

en la paridad de sus creencias. El carlismo so pred2ca desde los pl-

pitos, segnri nos cuenta el marqus de Bradomfn en una de las escenas

iniciales de la Sonata de inv.erno:

Terminada la misa, un fragile subi al plpito, y predict la gue-
rra santa en su lengua vascongada, ante los tercias vizcanos que
acabados de Ilegai, daban por primer vez escolta al Rey. 1

Dos rnujerucas alderns que charlan en Los cruzados de la Causa,

expresan esta diferencia de creencias, tal corno aparece sirrbolizada

en los dos reyes contendientes:

Son reyes rie di tanta ley. Uno buen cristiano, que anda en la
carrpafa y se sienta a comer el pan con sus soldados. El otro,
como moro, con ms de cien mujeres, nunca pone el pi fuera de
su gran palacio de la Castilla. 2


IRam~n del Valle-Incln, Sonata de invierno (Opera Ornnia; Ma-
drid: Rivadeneyra, 1928), p. 15.

2Ram6n del Valle-Incln. Los cruzados de la Causa. Obras es-
cogidas (Madrid: Aguilar, S. A. de Ediciones, 195b), p. 44.






79 '


En la Sonata de invierno, Fray Ambrosio, que en su juventud ha-

ba combatido en la primera guerra carlista, se queja del despego con

que los generals pelean la tercera guerra, que "no es una guerra sino

una farsa de masones, y acusa al general Dorregaray de ser mas6n.

Pero quizs donde se ve con mayor fuerza trgica el fanatismo

que el credo tradicionalista haba inculcado en el alma campesina es en

esa impresionante escena de la leva en Los cruzados de la Causa. Los

ejrcitos isabelinos llegan al pueblo y comienzan una leva forzosa de mo-

zos pescadores para enrolarlos en los ejrcitos reales y las madres

campesinas se rebelan, no porque les arrebaten a los hijos de su lado,

sino porque se los llevan "para hacerles ir contra la ley de Dios, por-

que sacan a los mozos de la vera de sus padres "para meterlos en here-

jfa. Pocas escenas ha escrito Valle-Incln ms trgicas que la de la

madre que recriminas, su hijo marinero porque no se rebela contra las

6rdenes que le obligan a ir contra el mandato de su conciencia:

Pas6 una ronda, levantando la centinela, y la vieja toda encorva-
da, psose a caminar trs de su hijo, recriminndole con voz som-
bra:
--S buen cristiano, rapaz! Si no eres buen cristiano no podrs
ajuntarte con tus padres, bajo las alas de los santos ngeles, cuando
te llegue tu hora. Ay, mi hijo, que la muerte no avisa y si agora
llegase para tf arderfas en el infierno. iAry, que tu carne de flor ha-
bra de ser quemada! Ay, mi hijo, que cuando tu boca de manzana
tuviese sede, plomo hirviente te habran de dar! Ay, mi hijo, que
tus ojos de amanecer te los sacarn con garfios! Vulvelos a tu
madre! iMira como va arrastrada por los caminos para que Dios te
perdonel
La vieja se habahincadode rodillas y andaba as sobre la tierra,
los brazos abiertos y la cabeza bien tocada con la mantilla, El hijo
se volvid con los ojos en ascua, salindose de la fila:









-- Alzase, rri madre.
Y arrojando el fusil, roripi6 a correr hacia las casas del pueblo,
perdindose en la oscuridad campesina, mientras algunas mujerucas
levantaban a la vieja, accidenrada.'

A continuacin pasa Valle a describir la persecucin del marineri-

to por las calls oscuras, para acabar con su muerte:

--iAlto Date.
Son6 un tiro, y luego otro. El marinero llegaba a la esquina y la
dobl6. Los pass de los perseguidores resonaban en la calle. Mu-
chas cabezas asomaron en las ventanas, se enracirnaban y tenan una
expresin dolorida, como en los retablos de animas. Los persegu-
dores doblaron tambin la esquina y se detuvieron. El otro estaba
cardo sobre la acera, boca abajo, en un charco de sangre. Las dos
balas le hablan entrado por la nuca, y aun mova una pierna de mari-
nerito.2

Pero lo ma terrible de todo es el epitafio que la madre, abrazada al

cadaver ensangrentado, pone a su hijo muerto:

--No tenfa otro hijo en el niundo, pero r.-'eior lo quiero aqu muer-
to, como lo vedes todos agora, que como yo lo vide esta tarde, cru-
cificando a Dios Nuestro Senor. 3

Al lado de este sentimiento religioso, irracional y fantico, que

el tradicionalismo inculca en el alma popular, hay que destacar otro

caricter del carlismo; su aspect campesino. .En su lado civil el carlis-

mo es una lucha de pastores y campesinos, contra la industrial y el co-

mercio y su secuela: el liberalismo. El area carlista se extiende desde

el Ebro a los Pirineos. Sus principles focos de resistencia estn en

los valles enclavados en el coraz6n de las quebradas montalosas. Era-

so, el primer caudillo carlista, se fu huyendo de las ciudades a procla-


'Ibid., pgs. 73-7-4.


21bid, p. 75.


3rbid. p. 77.









mar el carlismo en los picos de Roncesvalles. Comenta Ramos Oli-

veira:

El campo, por labios de Eraso, declaraba la guerra a la ciudad,
esto es, a la civitas, al Estado, a la civilizaci6n. El carlismo es
eso: un movimiento contra la civilizaci6n, el furibundo misoneismo
de la conciencia campesina espanola trabajado por los clrigos. 1

Campesinos son el ncleo central de los soldados que forman las

partidas carlistas. Valle-Incln describe as la partida de Santa Cruz:

Llevaba consigo cerca de mil hombres, vendimiadores y pastores,
lanadores que van pregonando por los caminos y serradores que tra-
bajan en la orilla de los rfos, carboneros que encienden hogueras en
los montes y alfareros que cuecen teja en los pinares, gentes senci-
llas y fieras como una tribu primitive, cruel con los enemigos y de-
vota del jefe. 2

Este carcter campesino del carlismo se patentiza en el hecho de

que mientras la rebeli6n se extendi6 rpidamente por el campo, las ciu-

dades y an los pueblos grandes le fueron hostiles. Catalufla era car-

lista en el interior, Barcelona y las costas eran liberals. La insurrec-

ci6n de los carlistas en Bilbao, dirigida por los frailes del convento de

San Francisco, fracasa porque Bilbao era una ciudad eminentemente

burguesa debido al predomino de la clase commercial. San Sebastin,

otra ciudad de la costa, permanece fiel al gobierno de Madrid. Victo-

ria, situada en el interior y eminentemente rural aparece dividida. La

misma Pamplona permanece en poder de las tropas leales.

Valle-Incln recoge perfectamente este aspect campesino de la


1Ramos Oliveira, Historia de Espafa, II, p. 240.

2Valle-Incln, Gerifaltes . ., pgs. 9-10.









lucha ro solo en sus descripciones de las tropas carliFtas sino en ei

impact de la guerra en el campo: "Cada da llegaban nuevos regimien-

tos que empobrecfan con tributos aquella tierra feraz, cuenta en Ge-

rifaltes. Esta es otra de las tragedies de le. guerra civil. La tierra

asolada, los campos sin cultivar, las cosechas sin recoger, y los pue-

blos sin hombres.

Quizs la figure que refleja mejor este doble aspect monstico-

campesino de la lucha es la del cabecilla Santa Cruz. El famoso gue-

rrillero se llamaba .Manuel Ignacio Santa Cru= Loidi, haba cacido en

18-?2 en Elduayen. Estud.6 en el seminario de Vitoria y en 1870 era

prroco de Hernialde, aldea situada cerca de Tolosa. El historiador

Antonio Ballesteros lo describe as: .

Genuino vasco, taciturno, individualista, selttico, y de una
religiosidad lindera en el fanatismo, aborrece la teatralidad de los
ejrcitos organizados. Con su partida, en movimiento incesante,
pelea sin cuartel contra la herejfa liberal. Aquel hombre membru-
do, de luenga barba y amplia boina a guisa de visera de los ojos,
con polainas de cuero y pantaln de pana, era un guerrillero formi-
dable, que no recordaba en el indumento su primitivo carcter sa-
cerdotal. Desligado del cuartel general de Don Carlos, sostuvo con
Lfzarraga agrias discusiones. Conducta a sus muchachos al comba-
te; les toleraba la depredaci6n, pero era inexorable para el irrespe-
to a la mujer. Su crueldad era proverbial y Endarlaza y Aureta fue-
ron teatro de sus barbaries. Perseguido como una alimatia, mu-
chas veces repas el Pirineo, pero a la menor coyuntura reapare-
c ra.l





IAntonio Ballesteros y Beretta, Historia de Espafla y su influen-
cia en la historic universal, Torno octavo ( Barcelona: Salvat Editores,
S. A., 1936). p. 229.









Valle-Incln hace de Santa Cruz la figure principal de Gerifaltes

de antafo. De sus pginas surge la persona del cura como bizarro re-

presentante de toda una forma de hacer la guerra. En su retrato Valle

penetra ms all de la superficie y ve en 61 ms que el guerrillero cruel

y fantico del que habla la historic. No excuse sus crueldades pero tra-
''----------- ---- ^

ta de intuir sus motivos, los sentimientos que le mueven y las ambi-

ciones que le dominant. La figure de Santa Cruz es doblemente intere-

sante porque no es solo un smbolo de los ideals y la forma de hacer

la guerra que dieron vida al carlismo sino que es un representante de

esa estirpe tan tipicamente hispnica: el cabecilla que desde Viriato

hasta los guerrilleros de la guerra civil de 1936 aparecen periodica-

mente ensangrentando las pginas de la historic de Espana. Quizs na-

die como ellos sintetiza mejor lo que hay de cruel, de feroz y de indi-

vidualista en el alma del pueblo espafol. Los caudillos carlistas no

luchaban por ideales politicos, luchaban por la tierra, por las cosechas,

por la vida corno entonces era, contra los peligros de una innovacin

extrafa y por eso amenazadora. Se defendfan con crueldad, desespera-

damente, como animals a los que les amenazan la madriguera donde

estn los cachorros. Su religiosidad no era teolgica e intellectual, si-

no sentimental y fantica. Su religion estaba intimamente unida a su

sistema de vida, porque la iglesia era para ellos algo tan esencial den-

tro del paisaje vital como los campos y los cielos. Valle-Incln siem-

pre describe a Santa Cruz como un aldeano que se hizo cura. Vesta






j.V



coomo aldeano, zonmo aldeano senta desconfianza de las gentes ciudada-

nas y corno car.ipeismo anraba la tierra y la paz de los camipos. No se

puede contprender ni explicar a Santa Cruz sin tener en cuenta este ca-

rcter eminentemente campesino. Valle-Incln lo describe de la si-

guiente manera:

Don Manuel Santa Cruz entr6 en la iglesia con los doce de su
guardia. Iba entire ellos con la mirada recelosa, sin arnias, sin
insignias, ms pareca un pr:iionero que un capitn vencedor. Era
fuerte de cuerpo y menos que median de estatura, con los ojos gii-
see de aldeano descordiado y la barba muy basta, toda rubia y encen-
dida. Su atavo no era sacerdotal ni guerrero. Boina azul muy pe-
quena, zamarra al hombro, cal-6n de lien=o y nmedias azules bajo
las cuales se descubra el nmsculo de las piernas. Aquel cabecilla
sobrio, casto y fuerte, andaba prodigiosanente, y vigilaba tanto que
era impossible sorprenderle. Los que iban con l contaban que dor-
mfa con un ojo abierco como las liebres.

Porque Santa Cruz naci6 del pueblo, porque senta corno el pueblo, por-

que siempre y en todo inomento fu uno de ellos, conservaba el respeto

y la devoci6n de sus hombres:

Llevaba consigo segadores con la hoz, y pastores con hondas, y
boyeros con picas. Su alma se coniunicaba en el silencio con el al-
rma de todot, saba cuales eran los ms fuertes, cuales los que se
consun-man en una llama fervorosa, y los que peleaban ciegos, y los
que tenan aquel don antiguo de la astucia. Para gobernarlos y va-
lerse de ellos los tena en categortas: Lobos, gatos, raposas, ga-
mos. A uno solo le llamaba el ruisenor porque era unversolari.
Jamr.is hubo capitn que ms reuniese el alma colectiva de sus sol-
dados en el alma suya. Era coda la sangre de la raza lienando el
cliz de aquel cabecilla tonsurado.2

Santa Cruz vive para la guerra y la hace a sangre y fuego, con crueldad


1Valle-Incln, Ge rfaltes . pgs. 16-17.

2ibid. pgs. 70-71.






85 u



y sin compasi6n. Sus tropas caen sobre los pueblos y los caser6s con

la ferocidad de las partidas en las viejas algaradas. Para 1 solo exis-

te una cosa: la guerra. Pero la guerra que l hace no es un ffn en si

mismo, es un acto de purificacin que traer en la manana la paz pura

de los amaneceres campesinos:

Era su pensamiento constant l de la guerra. Sentfa a su paso
nacer el amor y el odio, pero se miraba en el abismo del alma y
vefa todas sus acciones iguales, eslabones de una misma cadena. Lo
que a unos encendla en amor, a los otros los encendfa en odio, y el
cabecilla pasaba entire el incendio y el saqueo anhelando el amanecer
de paz para aquellas aldeas hmedas y verdes que regulaban su vida
por la voz de las campanas, al ir al campo, al yantar, al cubrir el
fuego de ceniza y llevar a los pesebres el recado de yerba. Era su
crueldad como la del vifador que enciende hogueras contra las pla-
gas de su vifia. Miraba subir el humo como en un sacrificio, con la
serena esperanza de hacer la vendimia en un dfa del Sefor bajo el
oro del sol y la voz de aquellas campanas de cobre antiguo bien taia-
das. 1

En todos los moments est present en el alma del Cura, el re-

cuerdo de su iglesia campesina, de la paz rural y litGrgica de las misas

del alba. Este deseo de retornar a la vida tranquila y pacffica del cam-

po mueve al Cura a travs de las dificultaes y sacrificios de la guerra,

es un ritornello constant de su memorial hacia lo que en el fondo de su

vida, su verdadera vida, de la que la guerra es solo un intermedio san-

griento:

Se acordaba entonces de su iglesia de Hernialde, en lo alto de
Hernio, y de su misa al amanecer. Con ternura memoriosa de al-
deano sentfa dentro de sf ondular los caminos en el amanecer cuan-
do bajaba a otras aldeas para cantar en las fiestas de los viejos Pa-


IIbid., pgs. 62-63.





( *.



tronos Gloriocos: Santiago, San Clemente, San Frutos. La noche
serena acrecentaba aquel ensueno, y al pasar bajo los hayedos os-
curos, que apenas dejaban ver la lunra, toda su alma temblaba y
abrfa las alas en la niebla luminosa de las procesiones, entire el
humo del incienso y el oro de las vestiduras. Anhelaba volver a
sentir aquella gracia que le hacfa amar el presbiterio y su casa
frugal y carmpesina, con el galgo a la puerta y el maz secando en
la solana.L, casa vecina de la iglesia y la misa al alba.

Lo que distingue a Santa Cruz del resto de sus hombres es lo que

distingue a los caudillos: capacidad de mando y ambici6n. El Cura sa-

ba mandar y su ambici6n era grande, no quera la gloria y los honors

pero quera hacer la guerra a su manera, como crea que deba hacerse.

Era un hombre imbufdo con un sentido de inisi6n y se crefa ms capa-

citado que los dems para la lucha. Para conseguir sus fines no vaci-

la ante los medios que tiene que emplear:

... Una ambici6n ms grande le llamaba como llama en la guerra
una bandera tremolante. Quera reunir bajo su mando todas las par-
tidae guipuzcoanas y realizar el sueflo que tuvo una mariana al salir
con tres hombres de su iglesia de su iglesia de Hernialde. Iba a ser
solo. Harfa la guerra a sangre y fuego, -on el bello sentimiento de
la idea y el odio del enemigo. La guerra que hacen los pueblos cuan-
do el labrador deja su siembra y su hato el pastor. La guerra santa
que est por encima de la ambicin de los reyes, del arte military y
de los grades capitanes. El cura sentfa dentro de su alma palpitar
aquella verdad, que le haba sido dada en el retiro de su iglesia cuan-
do lefa histories de griegos y romanos; En las tardes doradas pa-
seando en la solana, y durante las noches largas, bajo el temblor de
la vela que se derrama. Ahora aquella verdad era su verdad, la sen-
ta sagrada y sangrienta, toda llena de arcano prof6tico, como las
entraas de una red sacrificada por el vate druida.2

Este fanatismo, esta devocin a una idea, es la gran fuerza que

mueve al cabecilla. A ello va unido un sentido fatalista de la mezquin-


llbid. pgs. 63-63.


ZyIbid. pgs. 68-6t9.






87



dad de la vida como comparada al ideal. El asesinato de otros hombres

se justifica si es para que el ideal triunfe. La vida no tiene valor en s,

solo lo tiene cuando est dedicada a una empresa. Su propia vida solo

le parece vlida vista desde este mismo plano. Por eso Santa Cruz no

tiene remordimientos:

No le turbaba el remordimiento. Era su alma una luz clara y fir-
me como piedra de cristal. Saba la verdad de la guerra y el mez-
quino don de la vida. Cuando al ordenar un fusilamiento en pos de
otro fusilamiento, vea palidecer a sus tenientes, recordaba, despre-
cindolos, el duelo de las mujenucas enlutadas mientras cantaba los
responses en su iglesia de Hernialde. Senta renacer aquella msti-
ca frialdad y aquella paz interior. Consideraba con una delectaci6n
spera el hilo tan frgil que es la vida y como el aire, y el sol, y el
agua, y un gusano, y todas las cosas, pueden romperlo de improviso.
Muchas veces, al cruzar ante los prisioneros vendados y pegados a
una tapia los miraba a hurto y pensaba como si les pagase un tribu-
to:
--Tambi6n yo caer algn da con cuatro balas en el pecho.

Y si haba inquietud en su conciencia, con aquel pensamiento la
soterraba.

L6gica sequela de esta manera de ver la guerra es la desconfianza que

Santa Cruz muestra por los generals profesionales y por la camarilla

real. Llamado por el rey a Estella, el Cura se niega a ir porque teme

que todo sea un engafo de Lizrraga para prenderle. Hablando con D.

Pedro Mendia, viejo caudillo cue haba peleado en la primera guerra,

le dice ste:

--ISiempre queda tu recelo de comparecer ante el Rey.
--Fu& recelo de la camarilla. No nac para pisar estrados, Don
Pedro. i En el campo no me vencen, pero all me vencieran. 2


2Ibid. p. 195.


Ilbid., pgs. 78-79.










Hay mis que recelo de la camarilla en la actitud del Cura. Su

posicin part de su propia actitud ante la guerra. Los generals pro-

fesionales ven la campana de una forma global. Solo un ejrcito unido

y unificado puede sacar la guerra de los valles vascongados y catalanes

y extenderla por tierras de Castilla, solo un ejrcito professional pue-

de en ltima instancia vencer a otro ejrcito professional. Los cabeci-

llas, luchando cada uno por su parte infligfan derrotas locales, a veces

nuy dolorosas, pero en Gltima instancia no pudieron resister a los ejr-

citos centrales mejor avituallados y mejor organizados. Por otra par-

te los politicos que trataban de que las cortes europeas reconocieran el

derecho de beligerancia de D. Carlos, vean su labor destrozada cuando

a los ofdos de estas cortes llegaban historian de las barbaries llevadas

a cabo por las partidas de Santa Cruz. Por estas razones el Cura se

encontr6 perseguido no solo por las tropas del gobierno central sino por

las de los generals carlistas. En estas dos actitudes, ms profundas

que la estrategia military, radica la profunda division del carlismo que

motive finalmente su derrota en el campo de batalla, aun cuando, como

veremos, fue el liberalism el que qued6 derrotado en la corte de Ma-

drid.

Hasta el mismo Santa Cruz se da cuenta de la necesidad de reuni-

ficaci6n de mando, solo que no quiere entregar este mando a los gene-

rales profesionales, sino reunirlo en sus manos. El asesinato del ca-

becilla Miquelo Egoscu y la presin que pone al moribundo D. Pedro






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Menda para que le deje sus hombres son parte de este proyecto de re-

unir bajo su mando todas las partidas. Pero la guerra que 1 quiere

pelear sigue siendo la guerra de partidas, la nica que 61 consider

verdadera guerra. Al despedirse del viejo Mendfa le dice:

.. Adios, Don Pedro, si caigo, cuente usted que acaba conmigo
la guerra de partidas, la verdadera guerra.
Declare muy afligido el viejo:
--i La nuestra!
Y contest recogido y apagado Santa Cruz:
--Por qu la traiciona si es la nuestra? Me niega sus hombres
para tenerlos en mando unas horas ms, y mafIana vendr por ellos
un general del Rey. As, una tras otra, se acabarn las partidas y
acabaremos nosotros. Quedar la guerra de los generals de farsa
que van con el Rey! 1

No es Santa Cruz el nico que desconfa de los generals. D. Pe-

dro Mendfa expresa el mismo sentimiento cuando dice:

Y te hago juramento que si pudiese disponer de mis mocetes como
mis bienes, mejor te los dejaba a tf en herencia que a otro cabeci-
lla. ... Y a cualquier cabecilla mejor que a los generals de Este-
lla. No conocen la guerra, y por hacer un ejrcito dan por el pi
a las partidas.
Repuso el cura austeramente, ponindose una mano en el pecho: /
--Tengo la espina aqu. La guerra se perder por los genera-
les.
-- Habr otro convenio ?
--Habr muchos convenios.
-- Tambin yo me muero con esa espina'

Es interesante resaltar este sentido de la lealtad ciega hacia el

jefe, que fu la gran fuerza de las partidas carlistas y al mismo tiem-

po su punto flaco. Los cabecillas consideraban a sus hombres casi

como propiedad personal, stos se sentfan ligados a su jefe de una


lIbid., p. 222.


2Ibid., pgs. 205-206.







S4

forma sentimental ms que de obediencia. Cuando el jefe morra sus

soldados se desbandaban. Muchos se unfan a las partidas de otros ca-

becillas y otros regresaban a sus casas. Cuando el Cura Santa Cruz

ordena el asesinato de Egoscu, como parte de su esquema de unificar

todas las partidas bajo su mando, los muchachos de la partida del cau-

dillo muerto se escapan y no quieren servir bajo Santa Cruz, solo las

terrible represalias que ste toma sobre los desertores capturados de-

termina a los muchachos a seguir al Cura.

El excesivo individualism que incapacita a los cabecillas para

tomar parte en un ej6rcito regular o al menos coordinar sus ataques

con los de los ejrcitos reales, les hace desconfiar tambin de otros

cabecillas. Es patent la tirantez en las entrevistas del Cura, Egoscu6

y .Mendfa. Las intrigas entire los generals y los caudilloe esta "lucha

de Caines" como la llama el sacristan Roquito ensangrent6 las filas

carlistas.

Pero lo ms terrible fu el impact de la guerra sobre-el_pueblo.

A sangre y fuego, cuenta Valle-Incln, caen las partidas sobre los pue-

blos campesinos que son castigados sin piedad. por ambos ejrcitos.

Los liberals toman represalias en las villas por apoyar a los carlistas

y stos las castigan por haberse rendido a los liberals. Mientras tan-

to los hombres abandonan los campos para unirse a las bandas legiti-

mistas o son reclutados por los ejrcitos del gobierno. Las casas son

saqueadas por los soldados, los campos asolados en las batallas y las






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cosechas destrufdas. Esta es la tragedia que Valle-Incln sabe ver, y
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que aparece como tel6n de fondo de las hazafas de los gerifaltes. La

madre Isabel pone el dedo en la llaga cuando habla con Xavier de Brado-

mfn:

Tu tambin tratas de levantar gente en armas ? Por Dios, si lo
haces, no fusiles a nadie! En la otra guerra los dos bandos fusilaron
a tanta -nt Yo era nifa y me acuerdo de las pobres aldeanas vesti-
das de luto que llegaban llorando a nuestra casa: iban a que mi ma-
dre les diese una limosna para mandar a decir misas de sufragio. 1

La tragedia dejlos hurfanos, y delas viudas, como Jusepa la de

Arguilfa a la que le han fusilado elmarido y que ahora recorre los cam-

pos pidiendo limosna con su hijo en brazos, es algo que los jefes car-

listas no saben ver, pero que Valle reconoce. Por eso las palabras de

Bradomn, en respuesta a la monja, aunque muy altisonantes y orgullo-

sas, suenan vacas entire los sollozos de las mujeres enlutadas:

En la guerra la crueldad de hoy es la clemencia de manana. Es-
pafa ha sido fuerte cuando impuso una moral military mrs alta que
la compasi6n de las mujeres y de los niflos. En aquel tiempo tuvi-
mos capitanes y santos y verdugos, que es todo lo que necesita una
raza para dominar el mundo.2

Otro aspect del carlismo _s su sentido feudal., Los carlistas

quieren una Espafa paternalista donde cada uno conozca su puesto y na-

die intent salirse de l1: donde los amos sean amos y los criados, cria-

dos. Es curioso observer que la aristocracia cortesana, aunque de


1Valle-Incln, Los cruzados . ., p. 52.

2Ibid.









ideas absolutistas en pran parte, se opone al carlisC.o. Tambln se

opone la aristocracia rural enriquecida con la desamorti acin de .Men-

d'zbal y que temfa la promesa carlista de restaurar loe bienes a la

Iglesia. Pero h_-., un sector de la nobleta que ayuda al carlisrno, los

que Brado nmn llama "los secos hidalgos de gotera, los viejos arist-

cratas campesinos, empobrecidos, demasiado alejados de la corte para

sentir la influencia de la ilustracin y demasiado arruinados para bene-

ficiarse econmicamente de la desarrortizaci6n. Estos hidalgos, sim-

bolizados en la figure de Don Juan ..anuel Montenegro, se unen a la

Causa porque quieren hacer justicia a su rnanera, quieren conservar o

recobrar los antiguos privilegios y limpiar la tierra de "esas camadas

de raposos y gardufas, "esa punta de curiales, alguaciles, indianos

y compradores de los bienes nacionales. Esa ralea de criados que lle-

gan a amos"' segGn exclama Don Juan Manuel. La respuesta de Bra-

domfn es profundamente significativa:

Esa justicia que deseamos los que nacimos nobles, y tam-bin los
villanos que an no pasaron de villanos, la har por todos el reino,
Carlos VIL1

Esta lucha por conservar el "status quo, o mejor an por retro-

ceder hist6ricamente a una poca anterior a las revoluciones sociales,

el ideal de una sociedad organizada estticamente, en suma, este espf-

ritu feudal que mueve a la Causa es lo que Bradorrfn llama "el genio

del linaje":



1Ibid., p. 88.










-- El genio del linaje' ... Lo que nunca pudo comprender el libe-
ralismo, destructor de toda la tradici6n espafola. Los mayorazgos e-
ranla historic del pasado y debian ser la historic del porvenir. Esos
hidalgos rancios y dadivosos venan de una selecci6n military. Eran
los nicos espanoles que podan rnaar la historic de su linaje, que te-
nan el culto de los abuelos y el orgullo de las cuatro sfabas del ape-
llido. Viva en ellos el romanticismo de las batallas y de las empre-
sas que se simbolizan en un lobo pasante o en un le6n rampant. El
pueblo est degradado por la miseria, y la nobleza cortesana por las
adulaciones y los privilegios; pero los hidalgos, los secos hidalgos
de gotera, eran la sangre ms pura, destilada en un filtro de mil aflos
y de cien guerras. i Y todo lo quebrant6 el caballo de Atila'. 1

Es innegable que este sentimiento de casta estaba present en el

carlismo. No es menos cierto que estas ideas tienen much de fantasia

y much ms de anacronismo. No todos los hidalgos venfan de una se-

lecci6n military, como explican aquellos dos personajes en una obra tea-

tral: "Si, dice uno, "mis abuelos se hicieron ricos durante la Gran Gue-

rra. Y cuando su interlocutor exclama: "Entonces ustedes ya son casi

nobles, el primero responded: "No, nobles son los que se hicieron ricos

durante el reinado de los Reyes Cat6licos. En cuanto a la idea de la

pureza de sangre el mismo Valle la contradice cuando en las comedies

brbaras y en los mismos Cruzados cuenta la degeneraci6n de una de

estas families de hidalgos: los Montenegro.

Los tradicionalistas nunca supieron hacerse modernos. Se empe-

faron en recrear una Espafa que nunca haba existido. Intentaron co-

piar un pasado heroico sin darse cuenta que la poca heroica de Espata

era una medalla de dos caras, una gloriosa, la otra trgica y decadente.



IIbid. p. 85.









S: la tragedia de los liberals espaflole s e que nunca suiieron hacerse /

realn.ente espaficles, nunza supiercn inte.rar cl Uberalsr.o en e! ali:.a

y er. la tradicin rational, la. trajedia de los tradi:ionalistas es que nun-

ca supiero.. cjlazar la tradicin conr el present. La aristocracia eapa-

nola, la clase dirigente en el pasado, era demasi ado i-ecadente para c.n-

vertirse en la clsce del present, den:asiado dbil y retr5gric para ser

la clase del porvenir. Al contrario de la aristocraz:a injle.ea que supo

adaptarse al cambio de los tiempas, enviar a sus hijos a la Cmara de

los Co-a1unes c investor sus fortunes en nuevas empresas comerciales,

la aristocracia ecpaf.ola se ne6u a evolucionar y poco a poco fu perdi-

endo su prestigio y su influencia hasta convertirse en un miienmbro inuer-

ro del cuerpo national. La tragedia espaflola es qe la naci6n no tena

otra clase dirigente que cuatituyera a la antigua. La burguesa triun-

fante en Francia e Ing]aterra toma las riendas del powder y re.italiza la

vida de estas naciones, pero en Espafla la burguesfa era dbil y escasa

en nrnero y fortune. La poblaci6n eepansla segua sienrdo profundarnen-

te rural. La revoluci.-.n industrial nunca lleg a triunfar en Espalfa, cc-

mo tampoco habfa triunfado la revoluci6n burguesa de los siglos ante-

riorea, y Espafla sin nobleza ni burguesfa se encontrF6 despu6s de las

invasiones napole6nicas, con un vaco que nadie poda llenar, porque

nadie estaba preparado para ello. El carlismo es el intent de la Igle-

sia para ocuparlo, peru de la Iglesia espafola se pueda decir lo mismo

que de la aristocracia. El clero hispano que habfa dado a la Iglesia
Y






-17-


algunas de sus mejores cabezas y de sus santos ms grandes, estaba

profundamente degenerado, y los descendientes de Victoria y Mariana

no se distinguan precisamente por su cultural. Esto unido al impact

de la revoluci6n francesa, que an en Espafa se dej6 sentir, y que hizo

impossible la restauraci6n de un anacr6nico gobierno teocrtico, imposi-

bilit6 la consecuci6n de los fines que la jerarqua eclesistica espafola

se haba propuesto. En este vaco, en que viejas instituciones haban

cado, y las nuevas no acababan de levantarse, entra un nuevo cliqu

que acabar por hacerse cargo del poder: el ejrcito. El que el ejrci-

to tampoco estuviera preparado para la nueva misi6n que se habfa im-

puesto, y el que sus mejores generals no pasaran de ser mediocrida-

des como politicos, no es sino otra tragedia ms de la vida poltica es-

paola en ese siglo XIX.

Valle-Incln supo ver detrs de todo este romanticismo feudal

carlista, detrs del idealimso de los "mutiles" vasco-navarros, la

otra cara de la moneda: las ambiciones de los cabecillas, las intrigas

de los generals, las maquinaciones de las camarillas reales:

Yo tambin pienso muchas veces si no convendra pasar una hoz,
segando las cabezas ms altas, antes que subiese al trono nuestro
Rey.1

dice el Marqus de Bradomfn y aade ms adelante: "Sefor Maestre-

Escuela, yo pienso que ser much ms difcil vencer en las antec-

maras reales que en la guerra. "


lbid. p. 95.






96 -



La mism a ambivalencia notamos en la posici6n de la jerarqua

eclesistica que si bien est: siempre dispuesta a apoyar el carlisnmo,

muchas veces se limit a apoyarlo con palabras pero no con dinero,

como en el caso del den de Los cruzados de la Causa quien muy diplo-

mticamente se niega a dar las alhajas de la iglesia Colegiata porque

est propuesto para obispo y "quiere congraciarse con los herejes de

Madrid. "

Qui-s una consecuenc;a de la peculiar manera de enfocar la his-

toria que ofrece Valle-Incln es la lejanfa con que estn retratadas las

figures de los reyes carlistas. Los Reyes no aparecen en ninguna de

las tres novelas de la series. Las nicas descripciones que deja Valle

estn en La sonata de invierno y en El ruedo ibrico. Aunque sin duda

es much ms acertada la descripcin de esta segunda obra, es ms in-

teresante para el prdposito de este capftulo estudiar como aparece el

Rey Dor. Carlos en la sonata, La descripc6n sale de labios de Bra-

dor.ifn y adolece de todo el preciosisrrm y estilizacin caracterfsticos

de la manera de hablar de este persoraje. Don Carlos aparece a los

ojos del Marqus lleno de majestad y gallardfa:

Entre aquellos bultos oscuros, sin contorno ni faz, rnis ojos so-
lo pudieron distinguir la figure pr6cer del Senor. que se destacaba
en medio de su squito, admirable de gallarda y de nobleza, corrno
un rey de los antiguos tiempos. La arrogancia y bro de su perso-
na, parecfan reclamar una rica armadura cincelada por milans
orfebre, y un palafrn guerrero pararr.ertado de malla. Su vivo y
aguilefo mirar hubiera fulgurado magnfico bajo la visera del casco
adornado por crestada corona y largos lambrequines. Don Carlos




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