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 "El 9 de Febrero de 1898"














Group Title: Para la historia : un mentis al folleto de Barbaroux titulado "El 9 de febrero de 1898," en lo que se relaciona con Salvador Toledo
Title: Para la hisoria : un mentis al folleto de Barbaroux titulado "El 9 de febrero de 1898," en lo que se relaciona con Salvador Toledo
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Title: Para la hisoria : un mentis al folleto de Barbaroux titulado "El 9 de febrero de 1898," en lo que se relaciona con Salvador Toledo
Series Title: Para la historia : un mentis al folleto de Barbaroux titulado "El 9 de febrero de 1898," en lo que se relaciona con Salvador Toledo
Physical Description: Book
Publisher: Tipografia Sanchez & De Guise
 Subjects
Subject: Caribbean   ( lcsh )
Spatial Coverage: Guatemala -- Caribbean
 Record Information
Bibliographic ID: UF00090000
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.

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    "El 9 de Febrero de 1898"
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Full Text








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pg:
I.F



4p

A.j
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13,


............. . . . . . .
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MW.









"El 9 de Febrero de 1898"



Este es el titulo de un folleto con que
me obsequi6 el Licenciado don Victor M.
Estevez, el 2 de Abril del corriente aiio.
EstA firmado por Barbaroux; induda-
blemente el autor no quiso poner su fir-
ma por prudencia d por no ser pretencioso.
La primera parte del folleto en refe-
rencia, es el articulo de fondo que regis-
tr6 en sus columns el peri6dico titulado
"El 9 de Febrero de 1898," en el cual
se relatan los acontecimientos politicos
que tuvieron lugar con motive del asesi-
nato perpetrado en la persona del senior
President de la Repfblica, General don
Jos6 Maria Reyna Barrios, a quien tuve
la honra de servir durante toda la 6poca
de su Administraci6n, como Jefe de su
Estado Mayor.
La segunda parte, es el complement







-4-


de la primera y lleva por titulo Post-
Scriptum."
Hasta d6nde sean veridicos los dife-
rentes concepts del articulo, sin dejar
de contener muchos que no ofrecen duda,
no ser6 yo quien deba decirlo, puesto
que son del dominion ptblico. La histo-
ria imparcial y justiciera los recogerd
con exactitud; y cuando los odios mez-
quinos y los rencores politicos sean sua-
vizados por el tiempo, se apreciardn en
su verdadero valor 6 irradiar, entonces
la luz de la verdad.
Los que, al calor de los acontecimientos,
recogieron datos que publicaron, juz-
gindolos veridicos, sin importarles la
mayor 6 menor honorabilidad de las per-
sonas que los suministraron, pecaron de
ligeros 6 procedieron con dafiada inten-
ci6n. Si lo primero, deben rectificar;
si lo segundo, no hay honradez, y el
estigma del calumniador infame marca-
r6 la frente del escritor.







-5-


Cuando circul6 "El 9 de Febrero de
1898," noted en el articulo de Barbaroux,
que en 61 se hacia menci6n de todos,
menos de mf, que tom6 parte active
aquella noche en que peligr6 el Gobier-
no que, por mandate de la Ley, repre-
sentaba el Licenciado don Manuel Es-
trada Cabrera; pero como no se me
atacara, me concrete A ver simplemente
con extrafieza el proceder del articu-
lista, sin dejar de comprender la insana
intenci6n que tuvo al omitirme.
En el "Post-Scriptum," Barbaroux
me tuvo present; pero tan s61o para
dejar duda de mi conduct y arrojar
sombras sobre mi vida pdblica; por eso
he creido de mi deber defenderme de los
injustos cargos que, de manera calum-
niosa y gratuita, me propina el escritor
que se esconde, maliciosamente, tras el
pseud6nimo de Barbaroux.
Como testigo presencial que ful de los
sucesos acaecidos el 8 y el 9 de Febrero







-6-


de i898,'narrard 6stos, tal como se suce-
dieron, para que sirvan al historiador; y
en comprobaci6n de mis asertos, apelo
al testimonio de personas honorables
que viven a6n, para que, si en algo falto
a la verdad, me desmientan; personas
que no se han manchado adulando ser-
vilmente en vida al mandatario, para
despues de muerto echarse sobre sus
despojos como las hienas y cebarse en
ellos, en la seguridad de que la victim
no podra levantarse de su tumba para
defenders. (L6ase la biograffa que
corre impresa en el libro de premios
n6mero 3 editado por Mejia B.rcenas.)
Sentados estos precedentes, y antes
de empezar mi narraci6n, hago constar:
que desde el moment en que llegu6 4
Palacio Presidencial al tener noticia del
crime ejecutado en la persona del Ge-
neral Reyna, no me movie de aquel local,
hasta el 9 por la tarde para ir al Fuerte de
San Jos6 A cumplir una orden del senior









President, lo que verifiqud yendo A ca-
ballo y acompafiado de un ayudante, re-
gresando inmediatamente a dar cuenta
al Jefe de la Naci6n de haber cumplimen-
tado sus 6rdenes, y el.io por la malana
a eso de las 9 a. m. que fui a la casa del
Doctor J. de J. Paul, donde permaneci
cinco minutes, no mas, volvidndome A
Palacio a continuaci6n. T6ngase tam-
bidn en cuenta que el o1 por la maiana,
ignoraba por complete quidnes eran las
personas que mas tarde han aparecido
sindicadas de haber tomado parte en el
complot de la noche del 9.
He aqui los sucesos:
Muchas personas amigas del senior
President Reyna, habianle manifestado
temores de que su vida peligraba y tam-
bien recibia diariamente avisos an6nimos
que le indicaban lo mismo. El no deja-
ba de creerlo; pero ni tom6 precaucio-
nes exageradas, ni tuvo miedo jams de
perder la vida; y valiente como era, de-







-8-


safi6 el peligro y pereci6 victim de su
valor.
Hablando de lo que le decian i este
respect, se expresaba asi: "No creo
que haya un guatemalteco capaz de co-
meter el crime de atentar contra la vi-
da del Presidente de la Repiblica."
iBien conocia a sus conciudadanos!
El 8 de Febrero de 1898, a las siete y
tres cuartos de la noche, pedi permiso
al senior Presidente para ir al teatro. Al
conced6rmelo me dijo: "puede ir, Tole-
do, dejando arreglado su servicio; no
venga muy tarde, yo estoy acatarrado
y no saldrd; pida los caballos ensillados
para las siete y saldremos temprano."
En esto llamaron en un tel6fono de su
servicio personal y se dirigi6 A 61 articu-
lando algunas palabras que no percibi
porque me retired mi pabell6n; y tan
pronto como me arregl4, salf para el
teatro, encontrando en la puerta de Pa-
lacio A Samuel Acevedo que entraba; le







-9-


pregunte d d6nde iba, y me contest:
" traigo recado para el senior Presiden-
te," Acevedo era sirviente particular del
General Reyna y entr6; yo continue pa-
ra el teatro. En la Plaza de Armas es-
perd el carro del tranvia y como no lle-
gaba, proseguf mi camino.
En la puerta de su tienda encontr6 al
senior don Angel Muttini, a quien invite
para ir al teatro; pero me dijo que no
podia aceptar y que s61o me acompafia-
ria un moment, pues por ese lado iba.
Al pasar la esquina de Santa Rosa of
una voz que decia: "General, General
Toledo, regrese que han matado al se-
fior Presidente."- Era Santiago Oran-
tes, sirviente particular del senior Gene-
ral.-- Quin ?- le pregunt regresan-
do inmediatamente sin despedir al senior
Muttini.-Un hombre-me contest6-
y le repliqu6:-f-D6nde esti?-Lo ma-
tamos.-Ya no pregunt6 mAs, arroj6 la
capa como si me estorbara y corrf como






-- IO -


un desesperado, llegando a Palacio casi
asfixiindome. Me dirigi al escritorio y ahi
estaba el senior Doctor don M. Velasco
y Velasco, examinando el cadAver del
amigo y Jefe, a quien moments antes
habia yo dejado lleno de vida. Tan pron-
to como me convenci de que estaba per-
dida toda esperanza por lo que me dijo
el Doctor y por lo que observe, me diri-
gi al tel6fono para comunicarme con el
General Orantes al Fuerte de San Jos6,
dici6ndole: ha pasado algo muy grave en
la persona del sefor Presidente; lenga lista
su fuerza y sdlo atenderd drdenes comunica-
das directamente por mi; y en seguida me
ocup6 de llamar con precision a los se-
fiores Ministros a Palacio.
Esto que comuniqu6 al General Oran-
tes lo oy6 el doctor R. Fontecha a quien
yo habia llamado para que nos prestara
los auxilios de su profesi6n.
El Coronel Jos6 Reyes, Jefe de la
Guardia de Honor, lleg6 en ese mismo







- II


moment y le ordend que mandara 50
hombres para reforzar la Guardia de la
casa Presidencial y asi lo verific6. Pri-
mera contradicci6n de Barbaroux, pues
asegura en su folleto pAginas 68 y 69,
que Reyes se aboc6 con el General Na-
jera y situ6 40 hombres en la casa Pre-
sidencial.
Cuando comunicaba la orden al Gene-
ral Orantes, se apercibi6 de ella el Ge-
neral Najera que en compafifa del Coro-
nel Salvador Ar6valo, llegaba, y al ofr-
la, profiri6 una palabra insulsa acompa-
hiada de una serial inmodesta, manifes-
tando desagrado por la disposici6n dada
por mi y diciendo ademds: "No obede-
ceremos mis 6rdenes que las del viejo."
El motivo que tuve en cuenta para
comunicar en aquel sentido al General
Orantes, fud el de career que la muerte
del senior Presidente Reyna procedia de
alguna combinaci6n para echarse sobre
los cuarteles, y que los Ministros llega-







- 12 -


rian A Palacio para dar sus disposicio-
nes, siendo natural que las comunicara
yo que era el Jefe de Estado Mayor.
Pronto se reunieron en Palacio innu-
merables personas, los seffores Minis-
tros, algunos Sub-secretarios, don Joa-
quin Mendez, don Carlos Marquez, el
Fiscal Militar don Jos6 Wer, y despu6s
de algunos moments, llegaron don Sal-
vador Herrera, General don Pio Porta,
el senior Ministro don Baltasar Estupi-
niin, etc., etc.
Los sefiores Ministros, tan pronto co-
mo se reunieron, determinaron llamar al
Ministro de la Guerra, General Solares,
que se hallaba en el Puerto de San Jos6,
y el de Fomento di6 la orden para que
saliera inmediatamente un tren expreso,
A traerlo.
Nada mAs natural que esta disposici6n.
SQuidn podia organizer el Ej6rcito,
sino el Ministro de la Guerra?







- 3 -


iNo estaba peligrando la tranquilidad
p6blica?
iQui6n podfa pensar 6 career que el
General Solares traicionaria al Gobierno
que por preceptos constitucionales de-
bia entrar a ejercer el senior Licenciado
don Manuel Estrada Cabrera?
A continuaci6n los Ministros delibe-
raban, sin que por el moment se nota-
ra decision manifiesta sobre lo que pro-
cedia hacer.
Del senior Lic..don Manuel Estrada Ca-
brera, ninguno se acordaba, sino hasta el
moment en que 61 se present en Pala-
cio. Su entrevista con los Ministros,
no la presenci6, s61o supe moments
despu6s de su legada, que era el Presi-
dente de la Rep6blica, llamado por la
ley a ejercer aquel alto puesto. A las
doce y media de aquella noche, poco
mAs 6 menos, dije A don Joaquin M6n-
dez que deseaba hablar al senior Presi-
dente tan pronto se desocupara.







- 14 -


Pasados algunos moments, me llam6
el senior M6ndez y en presencia de 6ste
y en la ante-sala del teldgrafo, habl6 al
senior Presidente en los siguientes t6r-
minos:
-"Sefor: si a la political de Ud. no
convinieren mis servicios por haberlos
prestado antes A la administraci6n del
General Reyna, me retirard tranquilo y
sin ningin resentimiento, porque antes
que todo esti la lealtad que debo A la
legitimidad; pero si estima que puedo
serle Atil, pongo mi espada A sus 6rde-
nes sin ninguna restricci6n personal."
El senior Presidente me contest reco-
nociendo "el mdrito de mis servicios al
Gobierno anterior, y agregando que sa-
bria aprovecharse de mis buenas dispo-
siciones y ofrecimientos, que me agra-
decia, pues no dudaba de mi lealtad de
military que me distinguia y honraba."
Don Francisco Yllescas oy6 tambidn
lo que dejo expuesto porque se hallaba
en la oficina telegrifica.







- 15 -


Terminada la entrevista, el senior Pre-
sidente me despidi6 ofreci6ndome sus
servicios; yo le express mi agradecimien-
to protestindole mi adhesi6n y me retired.
Durante el resto de la noche y parte
del dia 9, me ocup6 por disposici6n del
senior Presidente, en preparar el entie-
rro del sefnor General Reyna, sin sepa-
rarme del recinto de Palacio.
Este dia por la tarde me orden6 el
mismo senior Presidente que entregara
la Jefatura del Estado Mayor al Coronel
Julian RoldAn, lo que verifiqu6 en el ac-
to, dAndole a reconocer a los Jefes y ofi-
ciales que formaban el Cuerpo de Esta-
do Mayor, entire los que figuraban ya
los Coroneles Manuel A. Sanchez y Jos6
F6lix Flores.
A continuaci6n orden6me el senior Pre-
sidente que fuera al Fuerte de San Jos6
y exhortase a los Jefes y oficiales a man-
tenerse fieles a su Gobierno.
Inmediatamente mont6 a caballo y me









dirigi al Fuerte, donde le manifesto al
General don Vicente Orantes, Goberna-
dor de aqu6l, el objeto de la misi6n que
llevaba.
El General hizo concurrir A los Jefes
y oficiales todos A su despacho, donde
les habld en los siguientes tdrminos.
Sefiores: La muerte inesperada delsenor
Presidenle Reyna, ha hecho venir al Poder
al sefor Licenciado don Manuel Estrada
Cabrera.
El Cuerpo de Artilleria ha sido discipli-
nado en tiempo de paz, valiente y sufrido
hasta el sacrificio cuando ha luchado por la
Patria: en estos moments es cuando todos
debeis poner vuestro contingent, y cum-
pliendo con un deber sagrado, sostener in-
condicionalmenle al Gobierno que ya presi-
de el senor Licenciado don Manuel Estrada
Cabrera. Haciendolo asi, salvareis d la
Nacidn, y con el apoyo de lodos los buenos
ciudadanos, el seAor Presidente sostendrd la
paz, matard la anarquia y la Patria se
salvard.


- 16 -







- 17 -


Confirmad una vez mds, can hechos, el
buen nombre del Ejercito y del cuerpo d que
perteneceis: sed el sosten de nuestras insti-
tuciones, y habreis cumplido como buenos y
como leales, etc., etc.
Terminado que hube, me retire a Pa-
lacio a darle parte al senior Presidente
de haber cumplido sus 6rdenes.
Ahi estdn el senior General don Vicente
Orantes, General don Agapito Herrera
y demds Jefes y oficiales de aquel cuer-
po que pueden justificar mi dicho.
Daban las seis de la tarde cuando un
ayudante del Estado Mayor, cuyo nom-
bre no recuerdo, me di6 noticias de que
a la Comandancia de Armas legaba una
fuerza en estado sumo de ebriedad y vi-
toreando al senior General Mendizibal.
Inmediatamente me dirigi al Despacho
del senior Presidente a trasmitirle el par-
te, lo que hice en presencia del mismo
General Solares que se encontraba con 61,
y agregu6 que me apresuraba A manifes-









tArselo, porque me parecia peligroso el
estado de la fuerza.
El General Solares permaneci6 con la
vista baja y fingi6 no percibirse del
parte que yo daba.
El senior Presidente me dijo: "Ya ve-
remos qu6 hay General;" refiriendome
despu6s: que el General Solares le ha-
bia dicho que era una fuerza 6 guardia
que se relevaba; pero en hora tan inopor-
tuna no tenia raz6n de ser aquel relevo.
Lo que hubo en realidad, fu6 que entra-
ba una fuerza de Pinula pedida por NA-
jera, con la cual se cometieron los ase-
sinatos del General Marroquin y demis
victims de aquella noche y fu6 atacada
tambi6n la Guardia de Honor.
Entre seis y media 6 siete p. m., vi al
General Marroquin en la puerta del Des-
pacho del senior Presidente. Si mal no
recuerdo, me dijo que esperaba al Mi-
nistro de la Guerra, y me cont6 que es-
taba nombrado Comandante de Armas;


- i8







- 19 -


le felicity por su nombramiento, pues le
quise siempre como Jefe y como amigo.
A las 9 de la noche y al toque de si-
lencio, pedi 6rdenes al senior Presidente
para retirarme, supuesto que ya no des-
empefiaba ningiin cargo, dici6ndole, que
estaba a su disposici6n en el aposento
que ocupaba en la casa presidential.
En tiempo del General Reyna las
puertas cerrAbanse a las 9 de la noche;
esta vez se cerr6 6nicamente la que di i
la calle, permaneciendo abierta la que
comunica con las oficinas del Gobier-
no, pues como funcionaba el tel6grafo
toda la noche en oficinas de Palacio, no
podia cerrarse; y ademis, estaba abierta
la comunicaci6n privada entire el Pala-
cio del Gobierno y casa Presidencial.
En las pAginas 77 y 78 del folleto asegu-
ra Barbaroux, maliciosamente, que al
toque de silencio ech6 Have a las puer-
tas de Palacio.
Estando en mi pabell6n lleg6 el Te-







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niente Coronel Guillermo Barillas, a pe-
dirme permiso para retirarse al edificio
de la cochera a recostarse por estar in-
dispuesto. Le dije: que aunque ya no
era yo Jefe de Estado Mayor para darle
el permiso, crefa que podia hacerlo, y
asi lo verific6. Momentos despues lleg6,
si mal no recuerdo, el CapitAn Fernan-
do Juarez, a comunicarme que de orden
del senior Presidente le mandara al Te-
niente Coronel Guillermo Barillas; dije-
le A Juirez que pasara a la cochera y le
trasmitiera la orden. Desde aquel mo-
mento me puse 4 leer los peri6dicos del
dia y no supe mas, ni para qu6 habia si-
do llamado Barillas.
A las doce de la noche me acost6 can-
sado y con suefio, pues la noche ante-
rior habia sido de fatigas.
Habria transcurrido un cuarto de ho-
ra mis 6 menos, empezaba a dormir-
me, cuando las detonaciones de una des-
carga me despertaron: inmediatamente







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prendi luz y me sent; como los dispa-
ros continuaban, supuse que algo grave
pasaba: me vesti, me ceii la espada y
sali, en el moment mismo en que el Co-
mandante Leocadio Vald6s llegaba a
darme parte de lo que pasaba.
En la pigina 80 dice Barbaroux: El
General Toledo no sali6 de su cuarto si-
no hasta cuando fu6 llamado por el Co-
mandante Leocadio Vald6s." Otra fal-
sedad.
Mi primera disposici6n fu6 poner toda
la fuerza sobre las armas y distribuirla
en los balcones, subiendo a ocupar el se-
gundo piso fuerza suficiente para cubrir
los puestos de defense, y mand6 abrir
cajas de parque para estar listo en cual-
quier event.
Coloqu6 dos soldados en cada venta-
na, con orden de no disparar hasta no
ser atacados y distinguir al enemigo, de-
jando como Jefe de esta fuerza al Co-
mandante de Artilleria Juan Bautista







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Reyna, que con motive de la muerte de
su hermano se encontraba ahi.
Llenada esta disposici6n, habl6 por
teldfono al senior General Orantes, Go-
bernador del Fuerte de San Jos6, para
decirle lo que pasaba y preparara la de-
fensa. El General Orantes me contes-
t6: "toda la fuerza estA sobre las armas,
estoy listo; hasta aquf se oye el fuego,
por aquf han hecho algunos tiros disper-
sos, pero no se present enemigo; no
tenga cuidado que todo 10 tengo prepa-
rado para defender mi puesto."
Terminado que hube, salf al patio de
la casa Presidencial, donde encontrd al
sehor Presidente acompaniado del Licen-
ciado don Domingo Morales, de los Co-
roneles Manuel A. Sanchez y Jos6 Fl6ix
Flores, de don Manuel E. Vega y de
otros Jefes y oficiales del Estado Mayor.
Mi deber era darle cuenta de las dis-
posiciones que habia tomado, pero 61 al
verme me interrog6 sobre lo que pasaba,







-- 23 -


A lo que contest: No sd senior. Talvez sea
alguna borrachera en la Guardia de Ho-
nor; pero por cualquiera cosa que pase esid
ya todo preparado para la defense: si al se-
nor Presidente le parece, subimos al segun-
do piso para que se cerciore mejor de la si-
tuacidn y de que lado procede el fuego. El
senior Presidente lo verific6 asi, encon-
trando alarmada en las gradas i la sefio-
ra de Reyna Barrios, con quien habl6,
calmAndola por los temores que mani-
festaba y conducindola del brazo a su
habitaci6n.
Jdzguese la dafiosa intenci6n con que
Barbaroux refiere este detalle en la pi-
gina 81, haciendo aparecer afirmativa
mi contestaci6n al senior Presidente,
siendo, como fu6, de verdadera duda.
Dice ademis Barbaroux, en la pigina
82, que al presentarse el General Sola-
res al senior Presidente, le dirigi6 la mis-
ma pregunta que a mi, y que su contesta-
ci6n fu6 anAloga, lo cual es absolutamen-







- 24


te falso, pues por referencias supe: que
la contestaci6n del Ministro de la Guerra
fud la de que no habia novedad: que un
individuo de pera, con otros, en estado
de ebriedad, andaban haciendo dispa-
ros; que habia pasado a la Comandan-
cia de Armas y que los muchachos esta-
ban quietos. ,D6nde estA la coinciden-
cia entire ambas respuestas? La contes-
taci6n del senior Solares al senior Presi-
dente la oyeron los sefiores Licenciado
don Domingo Morales y don Manuel E.
Vega, y desde ese moment se sospech6
vehementemente de la conduct de aquel
Jefe.
En seguida revist6 el senior Presiden-
te la colocaci6n de la- fuerza, yendo al
ingulo de Palacio por el lado de la Cor-
te de Justicia, donde pudimos observer
que el fuego procedia de la esquina del
Archivo General del Gobierno, segin la
direcci6n de los tiros que hacia desde
sus murallas la fuerza de la Guardia de
Honor.









Cerciorado el senior Presidente del es-
tado de defense, bajamos todos. Tam-
bidn habfale dicho al mismo Alto Fun-
cionario, que convenia mandar A la Guar-
dia de Honor un ayudante A preguntar'
Sal Coronel Reyes lo que en realidad pa-
saba, yendo con dicha comisi6n el Coro-
nel Manuel A. SAnchez, quien regres6
dando parte al senior Presidente, de que
la Guardia de Honor era atacada desde
la casa que ocupaba Rodriguez Castille-
jo y de la esquina del Archivo, y que ya
habia algunos heridos y uno 6 dos
muertos, etc., etc.
En la misma pagina 82 dice Barba-
roux: "El Presidente supo, por el Co-
ronel Jos6 Reyes, que la Guardia de
Honor era atacada." Una falsedad mAs,
entendidndose que Reyes no debia aban-
donar su puesto en aquel moment en
que se iniciaba el ataque, y que fud, co-
mo ya dije, el Coronel Manuel A. San-
chez quien pas6 A inquirir la verdad y
regres6 A dar parte.







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Tambidn se mand6 al Comandante
Cornelio Corzantes al Fuerte de San Jo-
s6, por disposici6n del senior Presiden-
te, a ordenarle al Gobernador de aqu6l,
que no respetara mAs 6rdenes que las
directs de 61 comunicadas de Palacio,
y no las del General Najera ni Coronel
Salvador Ar6valo, que ya habian cesado
en sus funciones; pero si las del General
Marroquin que era el Comandante de
Armas, etc., etc. Esta 1iltima parte, si
no es exacta en detalle, es igual en el
fondo.
El Comandante Corzantes regres6
despu6s de cumplir la referida dispo-
sici6n.
Como el senior Presidente me pregun-
tara con marcada insistencia por el se-
fior General Marroqufn y el Teniente
Coronel Barillas, le contest: que no sa-
bia, y era la verdad.
Despu6s me dijo: el General Najera
nos traiciona, a lo que contest con sin-







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ceridad: que no creia que el General
Najera traicionara, siendo soldado vete-
rano, y que metia las manos al fuego
por 61.
El senior Presidente que ya estaba me-
jor informado que yo, de lo que en rea-
lidad estaba pasando fuera del recinto
de Palacio, me replic6: "No meta las
manos al fuego por l1, y siga dando sus
6rdenes."
Raz6n tenia el senior Presidente, pero
yo creia incapaz al General Najera de
que pudiera ser traidor: primero, por ha-
ber sido soldado del 71; segundo, porque
no debia mancharse con tal estigma al
termino de su carrera, agregando des-
pues A este delito el de haber premedi-
tado y ordenado los asesinatos del Ge-
neral Marroquin y demAs compafieros,
qie perecieron ejecutados por el Coro-
nel Ar6valo y algunos otros Jefes y ofi-
ciales subalternos.
Como el fuego continuaba y era nece-






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sario salir A batir al enemigo A sus posi-
ciones, y necesitara yo asegurarme de
la exacta situaci6n en que estaban las
fuerzas, mand6 al Teniente Coronel Ig-
nacio L. Berddo a comunicarle al Gene-
ral NAjera que hiciera salir 50 hombres
por el lado de Santa Catalina para ata-
car al enemigo por su retaguardia. Error
mfo y olvido al mismo tiempo. El senior
President me habia dicho: "Najera nos
traiciona," y ciertamente era el que nos
atacaba. Cuando Berddo lleg6 A la puer-
ta de la Comandancia estaba cerrada 6
se la cerraron, y esto le salv6 de correr
igual suerte que su propio hermano don
Guillermo; y observando que el General
Nijera y el Coronel Ar6valo salian A ca-
ballo llevandose otra parte de la fuerza
por el Cuio 6 sea la 6. Calle Poniente,
regres6 A Palacio.
Con el parte del Teniente Coronel
Berd6o, manifesto al senior Presidente
que convenia destacar una secci6n de la







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Guardia de Honor, que tomando por la
8. Calle Poniente y saliendo a la 3V Ave-
nida Sur, atacara al enemigo por su
retaguardia, tomindole por su flanco
derecho. El senior Presidente lo aprob6
y se le mand6 ordenar al Coronel Reyes
el movimiento. Reyes lo mand6 ejecu-
tar, poniendo al mando de la fuerza al
Comandante Trinidad Espala, y como
su segundo, el CapitAn Miguel Teos.
El General Solares, que ya habia lle-
gado A Palacio, oy6 esta disposici6n y
dijole al senior Presidente, refirindose
a mi: "Este es un loco y nos va
perder."
Desde aquel moment me orden6 el
senior Presidente que ninguna persona
saliera de Palacio, y much menos el
General Solares, de quien ya sospecha-
ba que fuera el jefe del complot, dada
la actitud con que se habia presentado
y la que guardaba en aquel conflict.
Cumpliment6 la orden y me dirigi a







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la guardia de Palacio, que la hacian los
Cadetes A cargo del Comandante Carlos
F. Duarte, Capitin Felipe S. Pereira y
Teniente abanderado Manuel Garcia, y
les dirigi la palabra en los terminos si-
guientes:
J6VENES CADETES: Vosotros, indudable-
mente sois los llamados d dar instruccidn
al Ejdrcito, esa es vuestra especial misidn;
mds tarde d ser los jefes de el; sois pues,
vosotros, una esperanza para la Patria.
Educados en la Escuela Politjcnica, cono-
ceis demasiado la alta misidn d que estais
destinados. Sois jdvenes dzgnos y pundono-
rosos, el moment del sacriicio ha llegado y
st que sabres morir en el cumplimiento del
deber.
Defender al gobierno del senior Licencia-
do Estrada Cabrera es nuestra consigna,
yo me sentire satisfecho y orgulloso de ba-
tirme al lado de vosotros, porque indudable-
mente honrareis el plantel d que perieneceis.
Con vosotros estare en el sacrificio, si
llega el moment de prueba, etc., etc.









i Viva el Gobierna Constituido del senor
Licenciado Estrada Cabrera!
/ Viva! respondieron entusiasmados todos,
al mismo tiemnpo que dieron vivas al Gene-
ral Toledo.
En seguida me retire a la casa Presi-
dencial, y al entrar me pregunt6 el se-
for Presidente que pasaba; le contest
que eran entusiastas vivas de los j6ve-
nes Cadetes, con motive de haberles di-
rigido yo algunas palabras.
Crei por delicadeza no decirle lo que
habia hecho, porque si alg6n mfnrito te-
nia mi proceder, era dnicamente el de
preparar la defense.
Testigos fidedignos son el hoy Te-
niente Coronel Duarte, Felipe S. Perei-
ra, Capitin Manuel Garcia y todos los
Cadetes que componian la Guardia de
Palacio y hacian los honors al cadaver
del General Reyna en la capilla ardiente.
Habiendo dispuesto el Sr. President
que el Teniente Coronel Ciriaco Bonilla







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pasara a la Comandancia de Armas a
restablecer el orden, Bonilla march in-
mediatamente acompafiado de otro Jefe
cuyo nombre no recuerdo y 6ste fu6 4
darlo a reconocer, sin haber ido yo co-
mo lo asegura Barbaroux en las pAginas
84 y 85.
El General Solares no sabiendo qu6
hacer, pues para nada se contaba con 61,
dispuso retirarse; pero el centinela de
la puerta de la Casa Presidencial que dA
A las oficinas del Gobierno se lo prohi-
bi6. Desde aquel moment entr6 a la
ante-sala de la oficina telegrAfica y se
sent en uno de sus Angulos, permane-
ciendo inm6vil y meditabundo hasta el
amanecer que se quit6 la espada para
entregArsela al Sr. President. Yo no
pude oir lo que el Jefe de la Naci6n le
dijera; pero si observe que le dirigi6 la
palabra, y que por la actitud indicaba
generosidad para con el delincuente. El
General Solares permaneci6 sin levantar







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la frente, quiza porque se lo impedia el
peso de algdn remordimiento; siendo del
todo inexacto que se le custodiara con
agents de Policia.
El fuego continuaba, aunque no con la
misma vivacidad que al principio.
El senior Presidente dispuso que cien
hombres de la Guardia de Honor al
mando del Coronel Roque Morales, pa-
saran A restablecer el orden a la Coman-
dancia de Armas apoyando al Teniente
Coronel Bonilla; y en esos moments me
dirigi d dicho puesto, acompafiado inica-
mente del Capitdn Armas; y el Teniente
abanderado don Manuel Garcia fu6
quien me abri6 la puerta de la Guardia
de Palacio: 61 puede decir si salf y volvi
s6lo acompafiado de Armas.
Cuando llegu6 4 la Comandancia de
Armas, tuve ocasi6n de observer que en
el Portal de la misma habia fuerza des-
plegada en guerrilla: que en el puesto
de guardia los jefes y oficiales de la Pla-







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na Mayor se agrupaban en desorden,
algunos con revolver en mano, entire
ellos recuerdo al Teniente Coronel Luis
Mazariegos: la guardia formaba con ar-
ma en mano; y el Teniente Coronel C.
Bonilla trataba de imponer el orden.
Mi primer cuidado fu6 preguntar al ofi-
cial de guardia Teniente Evaristo San-
tos, de las milicias de Mataquescuintla,
por el General Marroquin y Teniente
Coronel G. Barillas, pididndole explica-
ciones y exigi6ndole las Haves de las
prisiones. Alguien dijo: estin en el cala-
bozo, y el official aparentaba haber per-
dido las Haves, y mientras las buscaba,
se me acerc6 un individuo en traje de
paisano, dici6ndome:-"Con 6sta, Gene-
ral, con 6sta"--y me ensefiaba un hacha.
iCon esta qu6?-le pregunt.--Defendi
la situaci6n, me contest6.-En ese mo-
mento el official de guardia apareci6 con
aqu6llas, las tom6 y me dirigi A las bar-
tolinas sin preocuparme del hombre del







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hacha. En el corredor del patio de las
bartolinas tropec6 con el cuerpo de un
hombre que dejaba oir el estertor de la
agonia: como estaba obscure, pedi luz,
supli6ndola de moment con un f6s-
Sforo que no me bast6 para reconocer
quidn era el individuo que agonizaba,
sin embargo que era el compafiero de
armas y amigo Teniente Coronel Manuel
Morales, quien presentaba la cara y la
cabeza desfiguradas a hachazos y enton-
ces present que algo mas grave pasaba
ahi y mis me preocup6 por la suerte del
General Marroquin y de Barillas. Me
dirigi al calabozo y of en la bartolina de
la derecha quejidos lastimeros y eran
los iltimos que exhalaba el CapitAn To-
ribio Morales. Como la luz que pedi
no llegaba, hice uso de f6sforos otra
vez, y empujando la puerta de la primer
bartolina de la izquierda, llam6 por su
nombre al General Marroquin.
iCuAl serfa mi sorpresa al ver que 61







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y Barillas yacian en tierra sin vida, entire
charcos de sangre!
Me penetr6 en el acto del peligro que
yo mismo corrfa en aquel lugar, en me-
dio de aquella confusion y aquel desor-
den, rodeado de los mismos que habian
consumado el crime, y sin mis compa-
fiero que el CapitAn Armas. Temi correr
la misma suerte y entonces, dirigi6ndo-
me A todos los que custodiaban aquel
teatro sangriento, dije: "asi se cumplen
6rdenes," saliendo apresuradamente.
En el Cuerpo de Guardia ya encontr6
al Coronel Roque Morales que acababa
de llegar; reuni a los Jefes y Oficiales
presents y con la Guardia formada di A
reconocer a Morales de orden del senior
President como Comandante de Armas
y como su segundo, 6 Mayor de Plaza, al
Teniente Coronel C. Bonilla; dirigi6ndo-
me acto continue A dar parte al Sr. Pre-
sidente de lo que habia presenciado,
ignorando quidnes mis habian sido sa-







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crificados. Antes de retirarme me em-
pefi6 en hallar al hombre del hacha,
pero fu6 en vano; habia desaparecido.
Regres6 a Palacio s61o con el Capitan
Armas, como pueden decirlo los Jefes
I de la guardia de cadetes. Entonces en
qu6 calle cont6 6 refer al Coronel Flo-
res lo de los asesinatos?
Sinembargo no deja de ser cierto, que
algo de lo ocurrido le refer, estando ya
en Palacio.
En las mismas piginas 84 y 85 asegu-
ra Barbaroux que desde la puerta de la
Comandancia de Armas ful yo quien di6
a reconocer al Coronel C. Bonilla, de-
jando al Capitin Fernando Juirez como
Jefe de la Guardia; pero en la misma
pAgina, iltimamente citada, se contra-
dice el mismo Barbaroux, diciendo que
el Capitan Fernando Juarez habia si-
do preso por haberlo encontrado Wen-
ceslao Chac6n en actitud sospechosa.
Entonces estaba preso 6 estaba de
guardia?







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Tan pronto como di parte de lo suce-
dido, pas6 A la Guardia de Honor a ver
el estado de defense y espiritu de la
fuerza. Nada mis satisfactorio.
El Coronel Jos6 Reyes no habia per-
dido moment para cumplir las 6rdenes
que habia recibido, al mismo tiempo
que habia dado disposiciones acertadas
para que nada faltara al sostenimiento
de la lucha. Habia hecho salir al Te-
niente Coronel Manuel Corado al mando
de una escuadra a inspeccionar las man-
zanas adyacentes a Palacio por el lado
de San Agustin. Al Comandante Tri-
nidad Espafia, A combatir al enemigo
en sus posiciones; y 61 en su puesto de
combat, como saben hacerlo los Jefes
dignos y valientes.
Seguro de que no nos vencerfan, vol-
vi A Palacio a dar cuenta al senior Presi-
dente y como viera que 61 atravesAbase
por donde quiera, le dije: Seior, bus-
que un lugar seguro de donde pueda







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darme sus 6rdenes.--Por qu6? me pre-
gunt6 sin dejarme lugar a concluir.-Por-
que si una bala le toca A Ud., el pais cae-
ri en la anarqufa,-fu6 mi contestaci6n.
Propuse al Sr. President colocar una
fuerza en el Boquer6n para que en com-
binaci6n con la del Guarda Viejo, evita-
ra la entrada A fuerza alguna que se
presentara hostile y capturara a los ene-
migos 6 personas que salieran en actitud
sospechosa. Aprob6 esta disposici6n y
comuniqu6 la orden al senior General
Orantes, quien destac6 la fuerza necesa-
ria inmediatamente.
El senior Presidente sabia que estaba
pr6ximo i llegar el sefor General Mendi-
zibal y me orden6 que de la Artillerfa
salieran 50 hombres A esperar el tren
a la estaci6n, para rechazar cualquiera
fuerza que viniera en s6n de guerra y
con sus fuegos dar la voz de alerta; y en
caso de no ser asi, para custodiar al
General Mendizabal hasta Palacio, evi-







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tando que se cometiera un crime en su
persona, pues se decia que los Prospe-
ristas lo intentaban. iCalumnia infame,
pues no habia tal!
Cumpli la orden del Sr. President,
comunicindosela por tel6fono al Sr. Ge-
neral Orantes, quien destac6 al Coman-
dante MAximo P6rez, al mando de los
50 hombres A cumplir lo dispuesto por
el Jefe de la Naci6n.
A este respect, dijele al Sr. Presi-
dente: que era tan acertado ese paso,
cuanto que, si sucedia algo al General
Mendizibal, los enemigos de su Gobier-
no podrian achacArselo i l1. Tambidn
mand6 ocupar la cochera presidential
con fuerza al mando del Teniente Coro-
nel Hermenegildo L6pez, por ser punto
dominant que podia servir de apoyo A
la Guardia de Honor y A la Casa Presi-
dencial en caso dado.
Con la salida de las fuerzas que de la
Guardia de Honor se destacaron al ata-







41 -

que, el enemigo se vi6 perdido y em-
prendi6 su retirada por el guard del
Incienso.
El General Nijera, Coronel Salvador
Ar6valo y el espafiol Teniente Coronel
Jos6 Maria Bustamante, eran los Jefes
que dirigian la fuerza enemiga y que se
retiraron con ella, llevdndose Najera y
Ar6valo la fuerza que ellos mismos ha-
bian colocado en la azotea de la Coman-
dancia de Armas.
Los Comandantes Francisco Echeve-
rria y Leocadio Valdez salieron monta-
dos, de orden del Sr. President, a reco-
rrer la ciudad para averiguar la ruta del
enemigo. Estos regresaron a dar par-
te del desempefio de su comisi6n al pro-
pio Sr. President. Barbaroux dice, re-
firi6ndose a 6sto, que capturaron a algu-
nos oficiales y que yo consult qud se
kacia con los oficiales Cadetes que se ha-
bian presentado, lo cual es absolutamen-
te falso; y si los Comandantes citados







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verificaron captures, ning6n conocimien-
to tuve de ellas.
S6lo me consta que la fuerza coloca-
da en el Boquer6n, no tuvo mis nove-
dad que la capture de un ayudante de
Najera, con el cual di6 cuenta al Castillo
de San Jos&.
Desalojado el enemigo de sus posi-
ciones y derrotado, despu6s de haberse
sostenido solamente el tiempo que ne-
cesitaron las fuerzas del Gobierno para
ejecutar sus movimientos, el orden se
restableci6 y el Sr. President habia al-
canzado un triunfo de alta significaci6n
6 importancia, desde que la mayoria de
los Jefes, oficiales 6 individuos de tropa,
sostuvieron, como cumple al deber y a
la honradez del Ej6rcito, al Gobierno
que 61 ejercia por ministerio de la Ley.
Se pens6 destacar una fuerza inme-
diatamente en persecuci6n del enemigo;
pero los hechos eran hasta esos momen-
tos tan graves y misteriosos, que era na-







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tural career que tuvieran relaci6n con al-
gunos otros movimientos revoluciona-
rios en la propia Capital y no convenia
debilitar la Plaza, dada la circunstancia
de que s61o la Guardia de Honor podia
dar la fuerza de persecuci6n; pero 6sta
cubria el servicio de Plaza y ademis ha-
bia dado los refuerzos distribuidos en
los puntos de defense.
Restablecido el orden, el Sr. Presi-
dente continue dando disposiciones por
tel6grafo, encaminadas A afianzar la paz
y las instituciones; y en las primeras
horas de la madrugada el Sr. Presiden-
te me honr6 con el nombramiento de
Secretario de Estado en el Despacho de
la Guerra; nombramiento que acept6
agradeci6ndolo al Jefe de la Naci6n y
y protestAndole mi lealtad y mi adhe-
si6n i 61 y a su Gobierno.
Llegado que hubo a la Estaci6n el
veteran y honrado General MendizA-
bal, se dirigi6 inmediatamente d Palacio







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A ponerse a las 6rdenes del senior Pre-
sidente, quien a su vez lo recibi6, mani-
festindole la confianza que tenia en 61,
como soldado leal; y en prueba de 6sto,
el dia diez ratific6 su nombramiento de
Mayor General.
Por los hechos que mis tarde se han
esclarecido, se sabe que nada hubo, ab-
solutamente nada, que hiciera vacilar al
General Mendizibal en su determina-
ci6n de ser leal al Gobierno constitui-
do; ni los temores que le infundieron
sobre que seria asesinado, ni los hala-
gos, ni las intrigas. Todo fu6 initil;
pues no quiso ser c6mplice de la ambi-
ci6n de unos cuantos, ni de la traici6n
de los cabecillas del complot.
El General Mendizibal era uno de
esos hombres humildes, sin ambiciones
bastardas, que saben conocer para lo
que estAn destinados, y jams tuvo otra
pretensi6n que la de ser un soldado A
toda prueba servidor de su Patria, y su







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conduct military puede citarse como
ejemplo de valor, de honradez y de leal-
tad. El dia io a las 9 a. m. poco mis6
menos, supe que don Salvador Herrera,
A quien siempre he distinguido como
amigo personal, se abstenia de salir a la
calle, porque le habian dicho que se
estaba aprisionando y vejando a todo
aquel que habia sido amigo del General
Reyna.
Como esto no era cierto y si perjudi-
cial en alto grado al buen nombre del
Gobierno, se lo manifesto al Sr. Presi-
dente y le pedi autorizaci6n para man-
dar decir al senior Herrera ,que no rece-
lara, y que el Sr. President no perse-
guia A persona alguna, except a los que
aparecieran culpables. Autorizado, pre-
feri ir personalmente a la casa del senior
Paul donde se hallaba el senior Herrera
y ain le dije que crefa del caso que fue-
ra a ver al Jefe de la Naci6n y asi lo ve-
rific6, retirAndome yo A Palacio.







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En ninguna otra parte estuve; rienos
en carruaje y much, muchisimo menos,
en la Legaci6n Mejicana, como se atre-
ve a decirlo Barbaroux.
No habrA persona alguna que se atre-
va d desmentirme.
iA quin .6 quidnes saqu6 yo de la
Legaci6n Mejicana?
De d6nde era el carruaje, quidn el
cochero, qu6 direcci6n tom6?
(A qu6 casas fulf dejar A mis patro-
cinados?
Tranquilo espero la contestaci6n A es-
tas preguntas.
A las ii a, m. me dieron parte de que
el Licenciado don Marcial G. Salas, es-
taba preso en el calabozo de la Coman-
dancia de Armas; lo mand6 traer y lo
llev6 a presencia del Sr. President,
quidn sin dejar de advertirle de una ma-
nera clara, franca y terminante: que a
pesar de haberse declarado siempre su
enemigo atacindolo por la prensa, no







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se valia de la ocasi6n para molestarle y
que por el contrario, queria demostrarle
con generosidad, que 61 perdonaba las
ofensas, dejdndolo en libertad desde ese
moment.
A tales horas ya tenia yo noticias va-
gas y contradictorias algunas, de que
muchas personas de la alta sociedad ha-
bian tomado parte en el complot, ya
direct 6 indirectamente: que se habian
reunido en el "Club Guatemala"; que
habian estado algunas en la Comandan-
cia de Armas abocindose con Nijera y
Ar6valo, etc., etc.
Con motivo de 6sto habl6 con el Sr.
President, manifestAndole: que dada la
situacidn political que atravesaba la Repzi-
blica, era necesario y convenience, afianzar
la faz y la tranquilidad de todos los circu-
los sociales: que d mi humilde juicio conve-
nia mds d su folitica no proceder en aque-
llos moments de transicidn contra los que
se creian sindicados: que procediendo asi le







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S* '. .';. Lodos agradecidos y se evitaria la
alarma y quien sabe quI- mds dificultades,
dada la general y alarmante excitacidn en
que se encontraban los dnimos.
Tambidn le dije: si la situacidn del Go-
bierino en este caso fuera otra, habria que
proceder enirgicamente contra los '" i'. .
pero cualquiera que sea la determinacidn de
Ud., estoy enteramente d sus drdenes.
Mi opinion manifestada al Sr. Presi-
dente con tal sinceridad y franqueza,
obedecia a la mIs sana intenci6n y bue-
na f6. Sin duda 61 habia pensado de la
misma manera y procedi6 con el tino y
el acierto que las circunstancias deman-
daban.
Por lo menos, tal es mi humilde pa-
recer.
-Los sefiores Ministros de Instrucci6n
Piblica y de Fomento y don Manuel E.
Vega, tienen conocimiento de este de-
talle.







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El lector sensato y just y el recto
criterio de la sociedad, apreciarAn los
hechos en su verdadero valor; resolve-
rAn de parte de quidn estA la verdad; y
la Historia se abrirA paso franco, ras-
gando los velos de la mentira y la ca-
lumnia, muy A pesar de los que intentan
falsearlo todo, por el solo hecho de sa-
tisfacer venganzas personales que no
han tenido raz6n de ser, 6 por el pruri-
to de servir bastardos intereses.
4Qu6 se propuso Barbaroux al lanzar
a la publicidad species falsas que arro-
jan sobre mi humilde personalidad, som-
bras 6 dudas que no puedo admitir,
puesto que carecen de raz6n y funda-
mento? El lo sabe, y la voz de la con-
ciencia que es inexorable, le dirA si pro-
cedi6 bien 6 mal, y si es un calumniador
infame 6 si es honrado.
Yo, con la altivez de la inocencia y la
7







50 -

honradez, espero tranquil el fallo de la
opinion pliblica: ella seri mi mejor Juez;
y mis hechos y mis antecedentes, mi
mis acabada justificaci6n.
iPodra decir lo mismo Barbaroux?

GUATEMALA, 15 de Abril de 1899.


SALV. TOLEDO.




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