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Group Title: Influencia del descubrimiento y conquista de America en el desenvolvimiento progresivo del derecho internacional maritimo;
Title: Influencia del descubrimiento y conquista de América en el desenvolvimiento progresivo del derecho internacional marítimo
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Title: Influencia del descubrimiento y conquista de América en el desenvolvimiento progresivo del derecho internacional marítimo conferencia dictada por el doctor Salvador Rodríguez González ... el 10 de septiembre de 1916
Series Title: Influencia del descubrimiento y conquista de America en el desenvolvimiento progresivo del derecho internacional maritimo;
Physical Description: 33 p. : ; 26 cm.
Language: Spanish
Creator: Rodríguez González, Salvador
Universidad de El Salvador
Publisher: Imprenta nacional
Place of Publication: San Salvador
Publication Date: 1916
 Subjects
Subject: Maritime law -- History   ( lcsh )
War, Maritime (International law)   ( lcsh )
Law (International): Maritime
Discovery and exploration -- America   ( lcsh )
History -- America   ( lcsh )
Genre: non-fiction   ( marcgt )
Spatial Coverage: El Salvador
 Notes
General Note: At head of title: Universidad Nacional de El Salvador. Conferencias científicas del año académico de 1916.
 Record Information
Bibliographic ID: UF00089407
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: oclc - 44762836
lccn - 18008544

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S. RODRIGUEZ GONZALEZ


Influencia del Descubrimiento V Conquista de
America en el desenvolvimiento pro-
gresivo del Derecho Internacioal
Maritimo


1916












Universidad Nacional de El Salvador




CONFERENCIAS CIENTIFICAS DEL ARO
ACADEMICO DE 1916











Influencia del descubrimiento y conquista de
America en el desenvolvimiento progresivo
del Derecho Internacional Maritimo











Conferencia dictada por el doctor
SALVADOR RODRIGUEZ GONZALBZ,
catedrdtico de Derecho DiplomAtico y PrActicas DiplomAticas de la Escuela
de Jurisprudencia y Ciencias Sociales.



El 10 de septiembre de 1916







SAN SALVADOR

Imprenta Nacional, 5a. Calle Poniente, No. 61-



















SEROR PRESIDENT DE LA REPOBLICA:
HONORABLE CUERPO DIPLOMATIC:
HONORABLE CUERPO CONSULAR:
SENOR RECTOR DE LA UNIVERSIDAD:
SENORES:
Grandiosa 6poca aquella la que transcurre de la se-
gunda mitad del siglo xv a la primera mitad del si-
glo XVI. El espiritu general del tiempo, tan vivo y tan
fecundo como el espiritu human, se revela entonces
por la creaci6n de obras y el advenimiento de hombres
que son quiza los hombres y las obras mis grandes de
la edad modern. En las artes y las ciencias surgeon
Miguel Angel, Rafael, Vinci, el Ticiano, Cop6rnico, Vi-
ves; y en la acci6n y el movimiento progresivos, Gon-
zalo de C6rdova, Lutero, Las Casas, Savonarola, Ma-
quiavelo, Vasco, Carlos V y Col6n. No parece sino que
la humanidad adulta encuentra estrecho el molde de la
Edad Media y, al romperle en mil pedazos, busca agran-
dar la tierra que pisamos, el cielo que contemplamos y
el espiritu que nos impulsa y nos anima. Y en este cre-
cimiento de la humana estirpe, aparecen ya como insu-
ficientes al desarrollo de sus actividades los espacios te-
rrestres conocidos que comprimen la fuerza expansive
de las ideas de los pensadores gigantes y el impulse
de los pueblos atrevidos y emprendedores.
Entre 6stos, dos naciones se distinguieron por su
constancia y su osadia en arrojarse al trav6s de mares
desconocidos, obedeciendo a la tendencia general del
tiempo. Con el invento de la bri'jula, la aplicaci6n del
astrolabio y el perfeccionamiento de la navegaci6n, los
portugueses, animados por el infante don Enrique, se













lanzaron a la inaudita empresa de descubrir la costa
occidental africana y luego despuds abrirse una ruta ma-
ritima a las Indias Orientales. La expedici6n de Bar-
tolomd Diaz, que descubri6 el extreme del Africa aus-
tral en el Cabo de Buena Esperanza, y el grandiose in-
tento de Vasco de Gama de Ilegar, como en efecto arri-
b6 al propio coraz6n de la India al trav6s de los ma-
res que bafan el Este de las costas africanas y ara-
bigas, prepararon el Animo del mundo a los mis gran-
des y atrevidos descubrimientos de las tierras hasta en-
tonces ignoradas.
Mas hubo de ser el genio de Cristobal Col6n quien
concibiera por p.imera vez el vasto designio de buscar
por el Occidente una ruta al trav6s del grande Oc6ano,
para arribar a las Indias y a los paises casi fabulosos
y paradisiacos de Zipango y el Catay, anunciados a la
Europa medioeval por el insigne Marco Polo.
Invenidos asi al mundo de las realidades los pai-
ses asidticos y americanos adivinados por el genio crea-
dor del Renacimiento, el tesoro de los conocimientos de
la humanidad hubo necesariamente de multiplicarse, en-
sanchando el horizonte y las tendencies del pensamiento
cientifico modern, especialmente en aquellas disciplines
que procuran regular la march de los pueblos en su
expansive ascensi6n hacia mis amplios ideales de civi-
lizaci6n, de libertad, de justicia y de cultural.
Asi fud como entire las ciencias que mayores apor-
tes obtuvieran de los descubrimientos geogrdficos del
Globo en la 6poca de renovaci6n a que me vengo refi-
riendo, descuella con singular relieve el Derecho Inter-
nacional Maritimo, que en poco tiempo acreciera con i-
nestimables tesoros el acervo de sus conocimientos, mer-
ced al nuevo campo de aplicaci6n de sus principios y
a las multiples relaciones que necesariamente habian de
surgir por el ensanche prodigioso de la navegaci6n y del
comercio hacia los nuevos paises descubiertos y conquis-
tados por el ardimiento de los soberanos portugueses y
espafoles y por el genio y la constancia de los nave-
gantes lusitanos e iberos.













Por otra parte, el agrandamiento del mundo y la ri-
queza de las tierras y mares nuevamente conocidos, hu-
bieron de emular la codicia y el designio de predominar
en ellos, de las mis grandes naciones de la Europa
occidental; y de alli que surgieran muy cruentas y muy
vastas guerras maritimas entire ellas, en el decurso de
las tres centuries que subsiguieron a la 6poca de los
grandes descubrimientos continentales y maritimos.
Y asi fu6 como tambi6n las guerras que en los ma-
res se desarrollaron, con inauditos furores y durante,
luengas d6cadas, en los siglos XVI, XVII y xvIII, dieron
nuevo y mis vigoroso impulso a las ideas, doctrinas y
principios del Derecho Internacional Maritimo-b6lico y
pacifico.
Por manera que, como punto de arranque, los hallaz-
gos prodigiosos de Vasco de Gama y de Col6n, abrie-
ron a la discipline cientifica de que vengo hablando, muy
vastos horizontes, orientaciones nuevas y tendencies inge-
niosas, en persecusi6n de un ideal de justicia y de cultu-
ra que superase el concept y las doctrinas juridicas
medioevales, que aparecian como insuficientes en su a-
plicaci6n a las nuevas relaciones maritimas y comercia-
les de los pueblos.
Por eso es que esta Ilena de tan atrayentes ense-
fianzas la historic diplomatica de las naciones occiden-
tales europeas, que hubieron de inventar un derecho pi-
blico mas amplio y progresivo, para aplicarlo a las nue-
vas relaciones juridicas y political que se produjeron
por el desarrollo sorprendente de sus actividades comer-
ciales sobre mar. Y en su lucha por el predominio de
la navegaci6n en los nuevos mares recorridos, surgian
incidents tan curiosos y caracteristicos que en breve
constituyeron en el derecho international positive y con-
suetudinario, todo un procedimiento sistematico y organi-
co, que ha dado en llamarse political colonial de las na-
clones comerciales y maritimas.
En mi calidad de professor de Historia y de Dere-
cho Diplomiticos, me ha parecido encontrar en las ne-
gociaciones de la political de las naciones que crearon













intereses en America desde su descubrimiento hasta su
independencia, un tesoro muy rico y muy fecundo y has-
ta hoy insuficientemente explotado, propio para ser desa-
rrollado en un tema de extension universitaria; y como quie-
ra que he tenido a elevada honra el ser designado por
'el Honorable Consejo de este ilustre Centro, para dictar
una conferencia cientifica el dia de hoy, ruego a vuestra
indulgencia el disimular la aridez del tema, y acaso su
extension un tanto fatigosa, merced a la novedad y tras-
cendencia, como luego lo habeis de advertir con vuestra
ilustraci6n, de la tesis que me propongo explanar y cu-
ya esencia substantive puede formularse asi:
Influencia del descubrimiento y conquista de Ameri-
ca en el desenvolvimiento progresivo del Derecho Inter-
.nacional Maritimo.
Instituido por Dios como Vicario de Jesucristo, el
Pontifice Romano se crey6, durante la Edad Media y las
centuries subsiguientes, soberano exclusive y absolute
de toda la cristiandad.
En nombre de esa soberania eterna, los Papas exi-
gieron constantemente obediencia, respeto y sumisi6n de
los Reyes de Europa y se arrogaron el derecho de dis-
poner de los pueblos cristianos, sujetos a la obediencia
de la Iglesia.
La unidad religiosa que predominaba en aquellas
dpocas, antes de la rebeli6n de Martin Lutero, afirmaba
la potestad del Pontificado, como poder politico y reli-
gioso, sobre todas las naciones cristianas y sobre los
Monarcas que, como delegados de la Santa Sede, go-
bernaban los pueblos m.s civilizados.
El espiritu de las cruzadas, natural y propio de to-
do proselitismo ardiente por ser religioso, no habia
muerto en el alma de las muchedumbres, y esa tenden-
cia de toda religion al dominio exclusive de la concien-
cia humana, engendr6 naturalmente el empefio que pre-
domin6 en los siglos medioevales, de imponer la idea y
el credo cristianos a todos los pueblos de infieles, don-
de la luz spiritual del Evangelio ain no habia disipado
las tinieblas de la ignorancia y la barbarie.










Mas, el espiritu de catequizaci6n debia forzosamen-
te combinarse con el intent vivo del derecho de con-
quista, que flotaba en el medio politico, y de esa com-
binaci6n surgieron las empresas colonizadoras que, des-
de la d6cima quinta centuria, redondearon la faz del pla-
neta y sefialaron nuevos horizontes a los destinos de la
especie humana.
Ambas fuerzas-espiritual la primera, political y
materialista la segunda-no fueron sino el movimiento
incesante y perpetuo de la civilizaci6n y la cultural hu-
manas, que, nacidas en las pristinas alturas del Asia
central, se dispersaron luego en dos opuestas pendien-
tes, hacia el Mar Amarillo y hacia el Mediterraneo; y
si bien en aquel lado permanecieron estacionarias, en su
march al Occidente se propagaron activas y fecundas,
acrecentando su patrimonio de ciencia, de moral, de jus-
ticia y libertad y haciendo que prevaleciera cada vez
mds el predominio necesario del espiritu sobre la mate-
ria.
Esas tendencies filos6ficas, muy conocidas de los
historiadores, hubieron de impulsar y dirigir los gran-
diosos descubrimientos con que se iniciara la Edad Mo-
derna en el seno de la Historia.
En ninguno de los Monarcas a la saz6n reinantes
encarnara el espiritu de aquella 6poca creadora y re-
constructiva de grandes ideales, como en los Reyes Ca-
t61icos Fernando e Isabel, quienes al propio tiempo que
libraban la batalla de la civilizaci6n europea contra la
muslimica cultural, que culmin6 con el asedio y toma de la
drabe Granada, empefiaban la grandiosa y sublime em-
presa de descubrir un Nuevo Mundo.
Al pignorar la ilustre y benem6rita soberana de
Castilla sus propias joyas y aderezos para subvenir al
empefio de inquirir un nuevo camino hacia las Indias
asiaticas, al trav6s del Oc6ano desconocido y misterioso,
la Reina de Castilla y Le6n obedecia, sin pensarlo, a los
impulses del ideal religioso y del ideal juridico que in--
formara el derecho ptiblico de aquellos tiempos de glo-
riosisima epopeya.










Tal es lo que luego se anota con la lectura de las
,clusulas del pacto ajustado por el marino genovds y
la esclarecida Reina castellana. Ese ajuste dice que Co-
16n durante su vida, y sus herederos y sucesores a per-
petuidad, ejercerian las funciones de Almirante en todas
las tierras y continents descubiertos o conquistados en
el Oceano, con los propios honors y prerrogativas de
que disfrutara en su jurisdicci6n el Gran Almirante de
Castilla. Que Col6n seria virrey y gobernador general
de todas las susodichas tierras y continents, con privi-
legio de proponer, para el gobierno de cada isla o pro-
vincia, tres candidates entire quienes Isabel y Fernando
*elegirian el nombrado. Que Col6n o su lugarteniente se-
rian los inicos jueces en todas las cuestiones o deba-
tes que pudieran surgir en asuntos de comercio entire
los paises descubiertos y Espafia, ya que el Almirante
de Castilla gozaba de igual privilegio en su jurisdicci6n.
Que le seria entonces y en todo tiempo permitido con-
tribuir con una octava parte a los gastos del armamen-
to a condici6n de cederle en cambio la octava parte de
las ganancias.
Tal contrato, en que se mezclan, en odioso contu-
bernio, los lucros mas prosaicos del capitan aventurero
a las ideaciones mis atrevidas y sublimes de completar
la redondez del mundo y en que dos soberanos ilustres,
que gobiernan conjuntamente las nobilisimas Espafias, ab-
dican imprudentemente los atributos mis preciados de la
Soberania y la Corona en un armador de expedici6n
maritima, est. revelando a las claras el concept que
entonces se tenia de las tierras y naciones que, por ser
infieles, estaban fuera de la cristiandad, es decir, del
derecho piblico y privado y de las prerrogativas de la
personalidad humana.
Ese mismo derecho pdblico europeo aplicaban los
reyes lusitanos, desde antes, al descubrimiento y con-
quista de los pueblos del Oriente asidtico y del Occi-
(dente africano.
La ambici6n inescrupulosa de los aventureros espa-
'oles, que luego de descubierto el Nuevo Mundo se di-










rigieron a sus tierras con indigna emulaci6n contra los
derechos adquiridos por el Gran Almirante, la avaricia
de tesoros desplegada por los Reyes castellanos, la en-
vidia de todos y la ingratitud de muchos, hicieron nu-
gatorios y frustrdneos los derechos, honors y prerroga-
tivas legalmente adquiridos por Col6n. Muerta Isabel,
mas hidalga que Fernando, se neg6 dste a cumplir el
pacto de contrataci6n del descubrimiento de America,
negando a Col6n el titulo estipulado de Virrey de las
nuevas tierras y poblaciones descubiertas en sus viajes
y rehusandose a reconocer en su hijo la herencia de ese
titulo y el diezmo de las rentas muy pingiles que Espa-
fia percibiera. La soberania y los derechos de regalia de
la Corona espafiola, indiscutiblemente enagenados a Co-
16n en el ajuste rememorado, fueron luego recojidos por
el Monarca Castellano, haciendo irrito el poder guberna-
tivo y el privilegio jurisdiccional que sobre las nuevas
islas y continents descubiertos y conquistados, habian
enagenado a Col6n los Reyes castellanos en el pacto del
descubrimiento, el cual qued6 violado y sin ningtin va-
lor ni efecto al reconocer Espafa la libertad de las ex-
pediciones sobre las demis tierras americanas ain no
vistas en los viajes de Col6n.
Reasumida en esa forma desleal la soberania direc-
ta de las tierras del Nuevo Mundo por la Corona de
Castilla, con menosprecio de los derechos concedidos al
Gran Almirante que lo descubriera, los nuevos conquis-
tadores quedaron reducidos en sus empresas al convenio
implicito de reconocer en los territories americanos que
ocupasen, el dominio director y los derechos de regalia
inalienables de los Monarcas espafioles, verdaderos so-
beranos del Continente Americano.
Mas, al propio tiempo que se definia asi la relaci6n
juridica entire los conquistadores que por si emprendian
la ocupaci6n de estas tierras y la potestad exclusive y
soberana de la Corona de Castilla, surgieron luego nue-
vas complicaciones de indole international en orden al
derecho de exploraci6n y de conquista que debia tam-
bidn corresponder a los demas reyes europeos.










El primer competitor que se present a Espafa en
la obra de la apropiaci6n del suelo americano, es el Rey
de Portugal, quien pretend derechos de prioridad por el
descubrimiento y conquista de los portugueses en el
Continente asiAtico, es decir, en las Indias Orientales, ya
que el error de Col6n de buscar una nueva ruta para
llegar por el Occidente a las tierras indicas, persistia
ain y prevaleci6 durante largo tiempo.
Los Papas habian asumido, conforme queda antes
apuntado, el derecho supersoberano sobre todos los pue-
blos de la cristiandad, y el derecho spiritual de autori-
zar las conquistas de las tierras habitadas por infieles
para convertirlos a la luz y verdad del Evangelio.
La civilizaci6n cristiana, de acuerdo con este canon
del derecho medioeval, tenia poderes suficientes para
apropiarse de los paises que no reconocian al verdadero
Dios y sojuzgarlos a los Reyes cristianos que para ese efec-
to se consideraban como delegados y lugartenientes de la
Santa Sede, en virtud del principio incontestable de la uni-
dad religiosa y de la soberania spiritual del reino de Je-
sucristo sobre todos los hombres que habitaran el planet.
Por eso el Papa Martin V habia concedido al rey
de Portugal todos los paises que se descubriesen desde
los cabos Bojador y Non hasta las Indias Orientales;
por manera que, al hacer suyos Espafa los territories
descubiertos por Col6n, violaba los derechos soberanos
de Portugal; por lo cual el rey don Juan, para reivin-
dicarlos y repeler la usurpaci6n, hubo de enviar una es-
cuadra que debia ocuparlos y restaurar el imperio del
derecho international perturbado.
El error geogrifico del descubrimiento de America
apoyaba aparentemente los derechos subrepticios del
rey de Portugal y por eso el rey Fernando, sin dejar
de promoter reparaci6n, acudi6 a Roma para que se
pronunciara en uno de los mayores litigios de Derecho
International, que mis han influido en los destinos de
la humanidad.
La Curia Romana habia otorgado a Espafia el
dominio y posesi6n de los paises descubiertos por Col6n,











y en vista de la protest de Portugal, el Papa Alejandro
VI resolvi6 el litigio por medio de la bula expedida en
4 de mayo de 1493.
Ese instrument de Derecho Internacional es digno
de ser conocido por cuanto expresa las ideas de aquel
tiempo sobre la soberania spiritual del Pontificado y
sobre la naturaleza de los derechos que Alejandro VI
otorg6 a Espafia en sus dominios del Ocdano.
Entre todas las obras que se ha dignado crear la
Divina Majestad y que nuestro coraz6n desea mis
ardientemente-dice la bula-figura como primordial la
exaltaci6n de la fe cat6lica y de la religion cristiana y
su difusi6n y propagaci6n en todas parties, como tam-
bidn la de trabajar en la salvaci6n de las almas y en
someter a las naciones birbaras para reducirlas a la
misma fe.
Reconociendo Alejandro VI que los Reyes Catdlicos
Fernando e Isabel eran los soberanos que mas se inte-
resaban por el acrecentamiento de la religion, juzga,
dice, de su deber concederles todas aquellas cosas por
cuyo medio pudieran ellos proseguir con animo de dia
en dia mis fervoroso y en obsequio de Dios mismo, el
prop6sito que habian comenzado, santo y laudable a los
ojos del Dios inmortal, de propagar el imperio cristiano.
Manifiesta el Pontifice haber sabido que los Reyes
Cat6licos a quienes dirige la carta o bula, destinado a Col6n, var6n verdaderamente digno y tan
recomendable como capaz para un asunto de tamafia
magnitude, proveydndole de naves y de hombres, apres-
tados para ese objeto con supremos trabajos, peligros
y gastos, a fin de que buscase con el mayor empefio
las tierras firmes e islas remotas y desconocidas, por
un mar en que hasta ahora no se habia navega-
do.
Y esos navegantes hallaron, por fin, islas muy
remotas y tierras firmes que no habian sido hasta
entonces encontradas por otros, en las cuales habitan
muchisimas gentes que viven pacificamente y parecen
suficientemente aptas para abrazar la fe cat6lica y para











reconocer, si se les instruye, el nombre del Salvador
en las indicadas tierras e islas.
el Papa a los soberanos espaifoles-cuidadosamente
en consideraci6n esas circunstancias, y con especialidad
la exaltaci6n y propaganda de la fe cat6lica, cual con-
viene a Reyes y Principes cristianos, os propusisteis
someter a vuestro domino las tierras firmes y las islas
precitadas y favorecidos por la divina clemencia, con-
vertir a la fe cat61ica a sus moradores y habitan-
tes.
vuestro santo y laudable prop6sito y deseando que se
lleve a debido tdrmino y que el nombre mismo de nues-
tro Salvador se lleve a aquellas regions, os exhortamos
y pedimos que cuando intentdis prosegir tal expedici6n y
tomarla a cargo vuestro con el recto designio de fomentar
el celo de la fe ortodoxa, sea de vuestra voluntad y
deber inducir a esos pueblos que de tal suerte pasan
la vida en esas islas y tierras a que abracen la religion
cristiana .
< derdis de una provincia de tanta importancia, concedida
por la liberalidad de la gracia apost6lica, de motu pro-
prio, y no a instancia vuestra ni de otro que por vos
Nos haya pedido, sin6 por un acto de pura liberalidad
nuestra, con ciencia cierta y en plenitud de la potestad
apost61ica, Nosotros, usando de la autoridad del Dios
omnipotente y de la cual gozamos en la tierra en des-
empeflo del Vicariato de Jesucristo, por las presents os.
damos, concedemos y asignamos a perpetuidad a voso-
tros y a vuestros herederos y sucesores, con todos sus
dominios, ciudades, fortalezas, lugares, derechos y ju-
risdicciones y demis pertenencias, todas aquellas islas y
tierras firmes encontradas y que se encuentren, descu-
biertas y que se descubran hacia el Occidente y Medio-
dia, imaginando y trazando una linea desde el polo ar-
tico hasta el antartico, o sea, las tierras firmes encon-
tradas o por encontrar que estdn hacia la India o hacia












cualquiera otra parte, la cual linea distard de las Islas
Azores y de Cabo Verde, cien leguas hacia el Occidente y
Mediodia, con tal de que todas las islas y tierras fir-
mes encontradas o que se encuentren, descubiertas o que
se descubran, y la referida linea, no hayan sido posei-
das actualmente por otro rey o principle cristiano has-
ta el dia de la Navidad del afio anterior de 1492. Y os
hacemos, constituimos y consagramos sefiores de todas
ellas, tanto a vosotros como a vuestros herederos y su-
cesores con plena, libre y omnimoda potestad y juris-
dicci6n >.
Con el sefialamiento de la linea imaginaria y la sal-
vedad de la posesi6n de otro, crey6 Alejandro resolver
la controversial entire Espafa y Portugal.
Es notable el titulo que el Papa invoca para otor-
gar la donaci6n de las islas y tierras descubiertas y ello
prueba que el derecho que la Santa Sede ejercitaba
sobre los pueblos y territories americanos tenia por fuen-
te y origen el deber de exaltar la fe y propagar por
todo el universe las ensefianzas de la religion cristiana.
Desde el siglo XI, Gregorio VII habia establecido
la doctrine fundamental de los derechos de la Iglesia
sobre todo el planet. derecho soberano de atar y desatar en el cielo y en la
tierra, Dios no sustrajo a nadie ni a nada de su poder.
Le ha sometido asi todos los principados y todos los
dominios del universe, constituy6ndolo en senior de este
mundo >.
Sucesores de San Pedro, deben necesariamente es-
tar investidos por Dios, como 61, de la administraci6n
del mundo. Ademds, el Emperador Constantino habia
donado a los Papas todas las islas de la tierra.
Este dltimo titulo fue invocado en el siglo XIII
por Juan de Salisbury, enviado por Enrique II de Ingla-
terra ante el Papa Adriano, a fin de obtener de dste el
dominio Oe la Irlanda. Embajador, el Papa concedi6 y don6 al Rey de Ingla-
terra la Hibernia, pues, por derecho antiguo, todas las
islas pertenecen a la Iglesia romana>.











Usando del propio derecho, el Papa Urbano dio la
C6rcega al Obispo de Frisia y Clemente VII las Cana-
rias a Luis de la Cerda, asi como Nicolas V concedi6
m~s tarde a Portugal las costas de Guinea, por la bula
In cena Domini.
La plenitud, firmeza y extension de los derechos de
*dominio y posesi6n que los Papas otorgaban a los so-
beranos sobre las tierras de que les pluguiera disponer,
autorizaban a los principles agraciados para consolidar
su poder soberano y absolute en los dominios adquiri-
dos por la gracia apost6lica y la liberalidad de la San-
ta Sede.
El derecho pliblico medieval en toda su crudeza se
revela en las bulas que servian de titulos escriturarios
a las donaciones territoriales de los Papas; por manera
que la soberania de los donatarios se acrecentaba asi
aidn contra las pretensiones del derecho feudal.
Duefios y sefiores absolutos de la America, los re-
yes espafloles, por los tdrminos mismos de la bula Inter
cetera del Papa Alejandro, el derecho de soberania de
la Corona espaflola sobre los territories y los mares de
este Continente, los constituia y consagraba en la ple-
nitud de su poder para disponer de estos paises.
La bula Inter cetera no defini6 la cuesti6n pendien-
te entire Espafia y Portugal, porque no quiso este con-
formarse con el lote de cien leguas contadas desde las
Azores, que el Papa le habia adjudicado en dicha bula
y en otra posterior del propio afio de 1493, que con-
firma la primera.
El rey Don Juan, descontento de esta soluci6n, reco-
nocia, sin embargo, la competencia de Roma para con-
ferir el dominio de las tierras nuevamente descubiertas,
y por eso gestion6 alll para modificar las bulas que en
su opinion estaban en manifiesta contradicci6n con las
concesiones que ia misma Santa Sede habia poco antes
otorgado a la Corona de Portugal.
Sin dejar de reconocer el rey de Portugal el reparto
pontificio, y visto que nada podia obtener de la firme-
za del Pontifice, se dirigi6 directamente a Espafia ) en-












tabl6 negociaciones diplomaticas con los reyes Fernando
e Isabel. Como resultado de estas gestiones, se reunie-
ron en la ciudad de Tordesillas los embajadores portu-
gueses y espafoles y el 7 de junio de 1494 ajustaron
el c6lebre Tratado conocido en la historic diplonitica
con el nombre de la susodicha ciudad. La diplomacia lu-
sitana habia triunfado.
Muy interesante y sugestivo, para este gdnero de
studios, es el Tratado de Tordesillas, en el cual apa-
recen las ideas internacionales que predominaban en la
grande 6poca de los descubrimientos.
Fueron negociadores de este acto international, por
parte de Espafia don Henrique Henriques, Mayordomo
Mayor de los Reyes Cat6licos, don Guterre de Cardenas,
su Contador Mayor, Comisario Mayor de Le6n, y el doc-
tor Rodrigo Maldonado, todos ellos del Consejo de Cas-
tilla; y por parte de Portugal, Ruy de Sosa, senor de
Usagres y Berengel, don Juan de Sosa, Almotacdn
Mayor y Arias de Almadura, -Corregidor de los fechos
civiles de la Corte y del desembargo,, todos del Con-
sejo de la Corona lusitana.
No parece sino que la nueva linea que sefala el
Tratado de Tordesillas estaba ya convenida en las ne-
gociaciones que los embajadores de Portugal entablaron
en la Corte de los Reyes Cat6licos; porque--como lo
anota Calvo---habi6ndose reunido los negociadores de
Tordesillas el 3 de junio de 1494, terminaron tan pronto
sus conferencias, que el 7 del propio mes suscribieron
aquel extenso y complicado instrument diplomitico.
Sin embargo, en los instruments de procuraci6n in-
sertos verbo ad verbum, en el Tratado, no se fija previa-
mente la linea que debia demarcarse por los negociado-
res para sustituir la de la bula Inter cetera. En el po-
der que los reyes don Fernando y dofia Isabel otorga-
ron a sus tres embajadores, se dice: renisimo Rey de Portugal.... envi6 a Nos por sus em-
baxadores e procuradores (aqui la menci6n de los tres
negociadores portugueses) para platicar e tomar asiento
e concordia con Nos o con nuestros embaxadores e pro-












curadores, sobre la diferencia que entire Nos y el dicho
serenisimo Rey de Portugal e sobre lo que a Nos e a
6l pertenece de lo que hasta agora estA por descubriren
el mar Oceano; por ende, confiando en Vos (aqui men-
ci6n de los negociadores espafloles) que sois tales per-
sonas, que guardardis nuestro servicio.... por esta pre-
sente carta os damos todo nuestro poder complido en
aquella mis apta forma que podemos e en tal caso se
require, especialmente para que por Nos y en nuestro
nombre... poddis tratar, concordar e asentar e fazer
trato e concordia con los dichos embaxadores del dicho
serenisimo Rey de Portugal, nuestro hermano, en su
nombre, qualquier concerto, asiento, limitaci6n, de-
marcaci6n e concordia sobre lo que dicho es, por los
vientos en grades de Norte, e del Sud, e por aquellas
parties, divisions e lugares del cielo e de la mar e de
la tierra que a Vos bien visto fueren, e asy vos damos
el dicho poder para que podais dexar al dicho Rey de
Portugal e a sus reynos e subcesores todos los mares
e islas e tierras que fueren o estovieren dentro de qualquier
limitaci6n e demarcaci6n, que con el fincaren e queda-
ren; e otrosy vos damos el dicho poder para que....
podades concordar e asentar e recibir e aceptar del di-
cho rey de Portugal... que todos los mares, islas e
tierras firmes que fueren e estovieren dentro de la limi-
taci6n e demarcaci6n de costas, mares, e islas e tierras
que quedaren o fincaren con Nos e con nuestros subceso-
res, para que sean nuestros e de nuestro sefiorio e con-
quista e asy de nuestros reynos et subcesores dellos,
con aquellas limitaciones e excepciones e con todas las
otras divisions e declaraciones, que a vosotros bien
visto fuere..." El poder de los embajadores de Por-
tugal contiene una clausula igual a la que dejo trans-
crita.
La nueva line divisoria fu6 trazada en el Tratado de
Tordesillas asi: los seis negociadores, "por virtud de
los dichos sus poderes, otorgaron e consintieron que se
faga o sefiale por el dicho mar Oceano una raya o line
derecha de polo a polo, conviene a saber, del polo dr-











tico al polo antartico, que es de Norte a Sud, la cual
raya o linea se aya de dar e d& derecha, como dicho es,
a trescientas e setenta leguas de las islas del Cabo Verde,
hacia la parte Poniente, por grado o por otra manera
como mejor y mis presto se pueda dar, de manera que
no sean mis, e que todo lo que hasta aqui se ha falla-
do e descobierto e de aqui en adelante se fallare e se
descobriere por el dicho senior Rey de Portugal e por
sus navios, asy islas como tierra firme, desde la dicha
raya e linea dada en la forma susodicha, yendo por la
dicha parte del Levante o del Norte o del Sud della,
tanto que no sea atravesando la dicha raya, que esto
sea e finque e pertenezca al dicho senior Rey de Portu-
gal e sus subcesores, para siempre jams; e que todo
lo otro, asy islas como tierra firme, falladas e por fa-
llar, descobiertas e por descobrir, que son o fueren fa-
Iladas por dichos senfores rey e reyna de Castilla e de
Arag6n etc., e por sus navios desde la dicha raya da-
da en la forma susodicha, yendo por la dicha parte del
Poniente, despues de pasada la dicha raya hacia el Po-
niente o el Norte o el Sud della, que todo sea e finque e
pertenezca a los dichos sefiores rey e reyna de Castilla
&, e a sus subcesores para siempre jamss.'
Se comprometen las dos Partes a respetar de tal
rnodo esa linea divisoria, que queda prohibido enviar
navios por una de ellas a la zona que a la otra corres-
ponde, con objeto de hacer descubrimientos o conquistas.
Si se infringiere esta prohibici6n, lo que una de las
Partes descubra o conquiste en la zona de la otra, per-
tenece a 6sta necesariamente.
-Para la fijaci6n de la nueva linea separativa, los go-
biernos espafiol y portugu6s se comprometieron a mandar
a la isla de la Gran Canaria, dentro de diez meses, una
o dos carabelas de cada Parte, con igual nimero ae
pilots, astr6logos, mariners y dem.s gente entendida en
esa clase de asuntos, para que juntamente puedan ver
y reconocer la mar, los rumbos, vientos y grades de
Sol y Norte, sefialar las 370 leguas estipuladas y hacer
el sefialamiento del limited concertado. Se previene a los











marines que han de fijar la nueva demarcaci6n, que si
tocaren en su trazado algunas islas o tierra firme, se haga
en ellas alguna sefial o torre que marque la linea divisoria,
y esas sefiales serviran de limite entire las porciones que
ambas Partes se adjudican o reservan.
Como la porci6n correspondiente a Portugal, queda
al Oriente de la linea fijada a 370 leguas contadas des-
de las Islas del Cabo Verde, es claro que los espafioles
no podian ir a la porci6n que al Occidente de dicha
linea se les adjudicaba, sin tener que atravesar Ia zona de
Portugal. En esa virtud se establece una servidumbre
perpetua, amplia y libre, a favor de Espafia, para el
paso de sus naves y para la navegaci6n que debe ha-
cer al traves de la zona portuguesa hasta Ilegar a la
zona espafola. Pero los navios espafioles que atravie-
sen la zona portuguesa, deben ir "por sus caminos dere-
chos e rotas, desde sus reynos para qualquier parte
de lo que estA dentro de su raya o limited donde qui-
sieren embiar a descobrir e conquistar e contratar, e que
eleven sus caminos derechos por donde ellos acordaren
de ir para qualquier cosa de la dicha su parte, e de aque-
llos no pueden apartarse, salvo que el tiempo contrario
los ficiere apartar; tanto que no tomen ni ocupen antes de
pasar la dicha raya cosa alguna de lo que fuere fallado
por el dicho senior rey de Portugal en la dicha su par-
te, e si alguna cosa fallaren los dichos sus navios antes
de pasar la dicha raya, como dicho es, que aquello sea
para el dicho senior rey de Portugal e sus Altezas gelo ayan
de mandar luego dar e entregar".
El Tratado de Tordesillas establece, pues, una ser-
vidumbre de paso al travys de los mares portugueses,
en beneficio de Espafia, salvando empero los derechos
de dominion y de descubrimiento del Portugal en los ma-
res que se le adjudican.
Otra de las ideas internacionales que aquel instru-
mento diplomdtico contiene, es la de que los mares com-
prendidos en cada zona correspondent exclusivamente a
la Parte respective. Fijndose en su tenor se descubre
luego que, lo que propiamente se repartieron en l6, Es-











pafia y Portugal, son el Oceano y los mares dependientes,
mis, bien que las islas y tierras firmes en ellos com-
prendidas y a ellos accesorias. Si esas islas y tierras
pertenecen a Espafia o a Portugal, es porque estin den-
tro de sus mares, siguiendo, por lo tanto, la condition.
juridica y la suerte de 6stos.
El dominio exclusive de los mares por las naciones;
que lo han sostenido, es una de las cuestiones de De-
recho Internacional que ha revestido mayor importancia,
gravedad y trascendencia, dejando huellas muy profun-
das en la historic del derecho de gentes.
La costumbre diplomtica de antafio en orden a in-
sertar integros en los Tratados los plenos-poderes de los
plenipotenciarios que los negociaban, nos revela, en este
caso, cuales eran las ideas de los gobiernos contratantes
sobre el dominio exclusive de los mares. En las clausu-
las correspondientes de los poderes de los negociadores
que conferenciaron en Tordesillas, que atris dejo anota-
das, Portugal y Espafia se declararon dueflos y seflores
absolutos de la parte del Oc6ano y de los mares inclui-
dos en sus zonas de repartimiento, atribuidas a cada uno
de ellos en la partici6n que aquel acto diplomatic oper6.
De muy antiguo datan las pretensiones mantenidas
por ciertos Estados sobre la dominaci6n de grandes es-
pacios de mar. Durante la Edad Media, Venecia se crey6
duefia del Adriatico y Genova del Golfo Liguriano. Norue-
ga, desde el siglo xmii, tenia dominio sobre el Oceano
septentrional, es decir, sobre el mar encerrado al Occi-
dente por las islas de Islandia y de Faeroer, y al Orien-
te, por la costa noruega, desde la altura de Bergen hasta
Finmarken.
Mas, en el siglo xvi, Francia, Inglaterra y los Pai-
ses Bajos combatieron encarnizadamente las pretensiones
de Espafia a la dominaci6n de los mares de America y
las ide Portugal a la de los mares indicos orientales, asi
como las de Noruega, sobre el mar que bafia sus costas
occidentales.
No obstante esa oposici6n, Espafia y Portugal man-
tuvieron en firme sus pretensiones al dominio y posesi6n











de sus mares, y mientras el vasto imperio colonial espafiol
y portuguds se conserve, un regimen juridico de excep-
ci6n, Ilamado despues regimenn colonial" se matuvo en
todo su rigor.
Este regimen tambien tuvo su origen en la bula
Inter cetera. En efecto, la linea imaginaria trazada de
polo a polo cien leguas al occidente y sur de las Azo-
res, debia tambidn servir para prohibir la navegaci6n
de las demis naciones en la zona maritima atribuida a
Espafia. "Pohibimos-dice aquel document pontificio-
a cualesquiera personas de cualquier dignidad (adn le im-
perial y regia) bajo pena de excomuni6n late sentence,
que se acerquen, con objeto de especular o con otro motivo
cualquiera, sin especial licencia vuestia, a las islas y tie-
rras firmes descubiertas o que se descubran al occiden-
te y mediodia de la susodicha linea>.
Aplicandose con rigor esta facultad por Espafia y
Portugal, no solo el comercio con sus colonies america-
nas qued6 prohibido para los extranjeros, mas tambi6n
los navios extranjeros estaban obligados a mantenerse
a cierta distancia de sus costas. Flotas de guerra, que se lla-
maron armadas de costa, eran especialmente equipadas
para evitar que los navios extranjeros se aproximaran
a las costas del Continente.
La political colonial de Espafia en orden a prohibit
la navegaci6n y el comercio de los extranjeros en sus
colonies americanas, tuvo su consagraci6n definitive, ain
contra la oposici6n que al efecto le hacian los Paises
Bajos y la misma Inglaterra. Asi, en la paz de West-
falia, la diplomacia espafiola impuso ese principio fun-
damental de su political colonial. En el Tratado de paz
concluido entire Felipe IV, Rey de Espafa y las Provin-
cias Unidas de los Paises Bajos, firmado en Munster a
30 de enero de 1648, se encuentra, en el articulo 6, la
estipulaci6n siguiente: dentales, a los sdbditos habitantes de los reinos, pro-
vincias y tierras de los dichos sefiores Rey y Estados
respectivamente, se les prohibird que naveguen y trafi-
quen en ninguno de los puertos, lugares, fortalezas, alo-










jamientos o castillos, y en los demAs lugares poseidos
por una u otra parte; esto es, los sdbditos del dicho se-
flor Rey no navegardn ni traficardn en aquellos lugares
pertenecientes a los dichos sefiores Estados, ni los sub-
ditos de dichos seflores Estados navegaran o traficarin
en los que posea el dicho senior rey. En el Tratado de
paz entire la Gran Bretafia y Espafla, de 18 de julio de
1670, se contiene el articulo 8, que dice asi: ditos y habitantes, mercantes, pilots, patrons y mari-
neros de los reynos, provincias y tierras de ambos re-
yes, respectivamente, se abstendrdn y guardaran de co-
merciar y navegar a los puertos y lugares donde haya
fortalezas, almacenes de mercaderias o castillos, y a to-
dos los demAs que una u otra parte tenga en la India
Occidental; es a saber, los sdbditos del rey de la Gran
Bretafia no dirigirdn su comercio ni navegarin a los
puertos o lugares que el rey cat6lico tiene en dicha In-
dia, ni comerciaran en ellos; y reciprocamente, los sub-
ditos del rey de Espafia no navegaran a los lugares
que alli pose el rey de la Gran Bretafia ni comercia-
ran en ellos>.
Al concluir la sangrienta guerra maritima que Espa-
fia sostuvo contra Inglaterra a principios del siglo xvIII,
esta naci6n impuso a Espaia la obligacion estricta de
mantener su antigua regla colonial que prohibia el co-
mercio y la navegaci6n de extranjeros en Am6rica. El
articulo 13 del Tratado de paz de 27 de marzo de 1713,
dice asi: derA en adelante licencia o permiso alguno a ninguna
naci6n extranjera, sin excepci6n ninguna, por cualquier
raz6n o pretexto que haya, para ir a comerciar en las
Indias Espafiolas; y Su Majestad Cat6lica hard restable-
cer el referido comercio en conformidad y en el pi6 de
los antiguos tratados y leyes fundamentals de Espafia
tocante a las Indias, por las cuales leyes esti absoluta-
mente prohibida la entrada y el comercio en las Indias
a todas las naciones y reservado unicamente a los es-
pafioles sibditos de Su Majestad Cat6lica. No podrdn
6stos traficar en Indias indirectamente con licencias o










permisos particulares concedidos bajo sus nombres para
otra ninguna naci6n extranjera.,
La diplomacia inglesa, siempre previsora, calculan-
do que en las negociaciones generals de la paz que
debia ajustarse aquel mismo afio en Utrecht, las demis
potencias beligerantes pudieran obligar a Espafia a que
abriera el comercio y la navegaci6n en America, se
apresur6, en ese Tratado preliminary, a obtener de Espaiia
la promesa y seguridad de mantener la antigua political
colonial. Por eso el articulo 18 que vengo copiando, con-
cluye asi: que todo lo referido en este articulo sea confirmado y
estipulado y que esta defense o prohibici6n general sea
tambien renovada y confirmada por un articulo particu-
lar y especifico en los tratados de paces que se han de
hacer con todas las naciones que estin en guerra.,
A su vez pens6 Espafia que Inglaterra pudiera exi-
girle el beneficio especial de comerciar con sus colo-
nias americanas y para preservarse de tal exigencia
possible de la political britinica, la habil diplomacia es-
pafiola obtuvo la estipulaci6n del Art. 9 P, que dice asi:
de luego las mis fuertes prohibiciones y debajo de las
mas rigurosas penas a todos sus stbditos, afin de que
ningtn navio de la naci6n inglesa se atreva a pasar a
la Mar del Sur ni a traficar en otro paraje alguno de las
Indias Espafiolas.
En tales condiciones, la political colonial de Espafia
no pudo, por su exclusivismo, influir en la soluci6n de
las dos grandes cuestiones de la libertad de la alta mar
y de la constituci6n del mar territorial.
La primera de esas cuestiones di6 margen a la gran
lucha intellectual de Hugo Grocio y Juan Selden, el pri-
mero con su Mare Liberum y el segundo con su Mare
Clausum.
El Mare Liberum tenia por objeto combatir las pre-
tensiones de los portugueses a la dominaci6n exclusive
del Ocdano Indico, pretensiones que tanto habian perjudi-
cado el comercio de Holanda, patria de Grocio. Este sin










duda habia compuesto aquella obra por indicaci6n de la
Compafiia Holandesa de las Indias, cuyos directors la
publicaron en 1609, sin nombre de autor. Un mes des-
puds el objeto que se perseguia qued6conseguido, pues
por el convenio de armisticio de 9 de abril de aquel
afio, Portugal reconoci6 a Holanda el derecho de nave-
gar en el Oc6ano Indico.
Mas, si Portugal abdicaba en favor de Holanda, mer-
ced al genio de Hugo Grocio, sus pretensiones exclusi-
vas al dominio de los mares asidticos, no sucedi6 asi
con los mares de sus posesiones en America, donde
mantuvo siempre sus exclusivas pretensiones; y un siglo
mas tarde, cuando la paz de Utrecht, al firmar Espaiia
y Portugal el Tratado de 6 de febrero de 1715, que
fue el tltimo de los instruments diplomAticos que se
ajustaron en aquella ciudad, sellando la paz que ponia
tdrmino a una de las mas cruentas guerras maritimas de
Europa, aquellas dos naciones declararon que, la libertad
de comercio que entire ellas estipulaban, no debia enten-
derse sino por lo que mira a las tierras situadas en
Europa, pues el comercio y navegaci6n de America que-
daban siempre reservados dnicamente a las dos solas
naciones, es decir, a Espafia y Portugal, en las tierras
de sus respectivos dominios en este Continente.
Sin embargo, la idea de Grocio no podia ya extin-
guirse y hubo de fructificar en su aplicaci6n a las na-
ciones europeas especialmente, donde la libertad del
mar hizo tales progress, que la vieja Albi6n veia sus
pretensiones de dominio sobre los vastos mares que la
bafian, poco menos que destruidas.
Entonces uno de sus hijos mas esclarecidos, el ce-
lebre publicista Selden, public el Mare Claasum, obra
erudita y de altisima pol6mica, hAbil y profunda.
Sostiene Selden que el imperio maritime de la Gran
Bretafa, los Maria Britdnica, de que habla con tanta
complacencia, se extienden hacia el Este y el Sur hasta las
costas de los territories opuestos de Francia y los Pai-
ses Bajos; y hacia el Oeste y Norte, Inglaterra es due-
fla de vastisimos espacios de mar que Ilegan hasta la










Amdrica del Norte. Y si es verdad que concede que el
Mar de Islandia y de Noruega, comprendido entire esos
dos paises, esta sometido al Rey de Dinamarca y No-
ruega, sostiene que los ingleses poseen en 61 el derecho
de pesqueria como perpetua servidumbre. Mas al Norte,.
el mar de Spitsberg (mare groenlandense) pertenece al
Rey de Inglaterra por el especial titulo de haber sido
los ingleses los que primero explotaron en 61 la pesca
de la ballena.
Selden creia encontrar en una especie de ocupaci6n pri-
mitiva el origen y el titulo del imperio maritime que 61 le
adjudicaba placentero a su patria y, por ende, al declarar
la ocupabilidad y apropiabilidad de los mares por las na-
clones, negaba la tesis de la escuela de Grocio, que de-
claraba que el mar no puede ser ocupado y poseido,
permaneciendo comin a todos, como un resto irreducti-
ble de la primitive comunidad de las cosas.
Por eso los discipulos de Selden y sus contradicto-
res se engolfaron en interminables discusiones de todo
punto vacuas de sentido prictico sobre la cuesti6n si-
guiente: ,puede o no ser ocupado el mar? Y, muy es-
pecialmente, cc6mo dividir o repartir el imperio maritime
cuando dos o mAs paises estdn situados en las orillas o
costas de un mismo estrecho o de una misma bahia?
En orden a esta iltima cuesti6n, en que los publi-
cistas de los siglos xvII y xvIII se declararon por la
comunidad indivisa, Espafa y Portugal adoptaron esa
doctrine en el Tratado de limits de sus posesiones en
America, ajustado en Madrid a 13 de enero de 1750,
cuyo articulo 17 dice asi: "En consecuencia de la fron-
tera y limits determinados en los articulos antecedentes,
quedard para la Corona de Portugal el Monte de los
Castillos Grandes con su falda meridional y lo podrd
fortificar manteniendo alli una guardia, pero no podra
poblarle; quedando a las dos naciones el uso comfin de
la barra o ensenada que forma alli el mar".
Tambi6n respect a la cuesti6n de la ocupaci6n o
exclusive posesi6n de grandes espacios de mar, la pric-
tica de las naciones que descubrieron y colonizaron la










America mantuvo en firme la regla de la apropiaci6n
absolute del Oc6ano y de los mares americanos. El prin-
cipio inquebrantable sostenido por Espafia y Portugal
en orden a la navegaci6n y al comercio suyos, exclusi-
vamente aplicado a sus posesiones en Am6rica, era el
motive principal que las obligaba a mantener la doctrine
de la apropiaci6n de los mares.
Ya en el titulo o carta de gracia expedido por los
Reyes Cat6licos en Barcelona, a 28 de mayo de 1493,
a favor de Col6n, para confirmar a este en sus titulos,
se ve que el de Gran Almirante es para que ejerza ju-
risdicci6n en el Oc6ano y el de Visorey y Gobernador,
para que administre las islas y tierras firmes que des-
cubra. "Es nuestra merced e voluntad que hallades e
tengades vos e despu6s de vuestros dias vuestros hijos
e descendientes e subcesores, uno en pos de otro, el
dicho oficio de nuestro Almirante del dicho mar Oc6ano
que es nuestro, que comienza por una raya o linea que
Nos habemos fecho marcar, que pasa desde la isla de
los Azores e la isla del Cabo Verde .... por manera
que todo lo que es allende de la dicha linea al Occiden-
te es nuestro e nos pertenece e vos facemos e creamos
nuestro Almirante" .... "E vos damos posesi6n e casi
posesi6n de todos los dichos oficios de Almirante ....
para siempre jams, e poder e facultad para que en los
dichos mares podades usar y ejercer e usedes del dicho
oficio de nuestro Almirante en todas las cosas e en la
forma e manera e con las prerrogativas e preheminen-
cias e derechos e salaries, segtn e como lo usaron e
usan e gozaron los nuestros almirantes de las mares de
Castilla e de Leon".
Muy claro se ve que los reyes espafioles, de acuer-
do en esto con la Santa Sede, se creian duefios y se-
flores de los mares, y como tales conferian jurisdicci6n
sobre ellos a sus Almirantes. Ese derecho de propiedad
y de dominio no tenia excepci6n ni en cuanto al espa-
cio que los mares ocupaban, ni en cuanto a la natu-
raleza y alcance de las facultades que sobre ellos ejercian.
En las bulas con que los Papas confirmaron el dominion










de los reyes sobre los mares y paises por dstos descu-
biertos y apropiados, se amenaza con excomuni6n late
sentence a los demas reyes, principles o emperadores,
que se atrevan a perturbar a los agraciados en el do-
minio y posesi6n exclusivos de los mares y paises que
las bulas les conferian y donaban.
Ese dominio eminente y exclusivo-o mas bien, esa
potestad omnimoda-que los monarcas espafioles ejercie-
ron sobre los mares y sus porciones adyacentes, se man-
tuvo siempre firme y asi pas6 a las Naciones o Estados
que sucedieron a la Corona de Castilla en sus derechos
soberanos de regalia sobre el suelo de America, en la
parte de mar territorial que el modern Derecho Interna-
cional permit hoy apropiarse a los Estados, en los
espacios adyacentes a sus costas.
Es muy concluyente y sujestivo lo que en este orden
de ideas, declararon Inglaterra y Espafia en el Tratado
de Paz, que para restablecer su buena amistad y corres-
pondencia en America, ajustaron en Madrid el 18 de
julio de 1670, despu6s de una guerra naval tan cruenta
como desastrosa. El articulo 15 de ese document inter-
nacional, dice asi: "El present tratado no derogara de
ningTin modo la preeminencia, derecho y dominion que
cualquiera de los confederados (Inglaterra y Espafa)
tuviere en los mares de America, estrechos y cualesqui-
ra aguas; sino que los tendrdn y retendran con la mis-
ma amplitud que de derecho les compete".
No obstante que en Europa desde muy temprano la
generalidad de las naciones se opuso vigorosamente a
las pretensiones de aquellas pocas que reclamaban el
dominio y posesi6n de los grandes mares, Inglaterra
mantuvo durante much tiempo, en la doctrine de sus
publicistas, con Selden a la cabeza, y en la prictica de
sus relaciones maritimas, el intent de apropiarse algunos
mares o grandes porciones de ellos. Asi, desde el siglo
XVII, la vemos proclamar el principio de que su jurisdic-
ci6n maritima en la zona neutral es y debe ser muy
prolongada. Al advenimiento de Jacobo I al Trono de
la Gran Bretafa, sali6 esta de la guerra que con los









Paises Bajos mantenia contra Espafa, y al separarse de
su alianza con Holanda, celebrando la paz con Espafla,
lo primero que el rey Jacobo hizo fu6 dictar su proclama de
lo. de mayo de 1604, en la cual prohibe todo acto hos-
til contra los beligerantes en los puertos ingleses y en
sus mares adyacentes. Esos espacios de mar quedaban
determinados trazando lines rectas entire los promonto-
rios de la costa, constituyendo asi las c6lebres camaras
reales, que adn defienden las autoridades maritimas in-
glesas, y esas King's Chambers se extienden, en algunos
sitios, a muchas leguas de la costa.
No debe extrafiarnos, pues, que Inglaterra, en el
Tratado de 1670 con Espafa, declare su intent de man-
tener sus derechos de dominio y preeminencia en los
mares, estrechos y cualesquiera otras aguas que posea
en America, donde la oposici6n de las demds naciones
no se hizo nunca sentir con el vigor que tuvo en los
mares europeos y asiAticos.
Espafia observa una political igual y proclama en
todos sus tratados que los mares y sus dependencias
en las costas americanas le pertenecen en pleno dominion
y posesi6n absolute.
Por otra parte, los espacios de mar interyacentes
en las escotaduras o indentaciones de las costas, han
asumido siempre-en la doctrine y en la practica-una
condici6n juridica y political muy particular.
Cuanto a la doctrine, deoemos observer que el cam-
pe6n mis decidido de la lbertad del mar, el propio
Hugo Grocio, que escribi6 el Mare Liberum contra las
restricciones impuestas por espafioles y portugueses a
la libre navegaci6n de los altos mares, hace notar mar-
cadamente que la controversial que 61 provoca no se re-
fiere a los estrechos, ni a las bahias, ni a esa parte
del mar que se extiende hasta el radio de la vista, que
fue uno de los modos primeros de medir el mar apro-
piable como dependencia de la tierra costanera. Y es
notable el empeflo del padre del derecho de gentes en
afirmar, en varias ocasiones, que las porciones de mar
encerradas (diverticula maris) pueden pertenecer en plena









propiedad a los duefios de las orillas o riberas. Grocio
consider en categoria aparte los estrechos y bahias
que, por su corta extension pueden considerarse como
parties de la tierra circundante, y que, por ende, son
propiedad del duefio o dueflos de la tierra; porque para
61 no forman parte de la alta mar los estrechos y
bahias cuyas costas pertenecen a dos o mis Estados,
sino antes bien, sus aguas se vuelven comunes para
los paises riberefios, por la caracteristica especial que
revisten los espacios de mar comprendidos inter fauces
terrae.
Esta opini6n del gran maestro fu6 acojida por todos
sus discipulos; y asi vemos a Puffendorf defender con
calor la tesis de la comunidad indivisa de las bahias
que pertenecen a los Estados circunvecinos, y a Wolff
aplicar de un modo mis especial y firme su doctrine
del dominium y del imperium sobre el mar vecino, a las
bahias y estrechos que, para 61 tambi6n, constituyen
una parte del territorio del Estado en que estan en-
clavados.
Es muy particular a este respect la opinion del
publicista italiano Fernando Galiani, quien, en 1782, fu6
el primero que vincul6 la regla de las tres millas a la
del alcance del tiro de cafidn para el mar territorial.
Galiani recomienda un regimen especial para las bahias,
que deben ser consideradas como parte del territorio
del Estado, aunque las distancias de su punto c6ntrico
a la tierra circunyacente sean en todas direcciones supe-
riores a las tres millas.
Y casi todos los publicistas modernos y contem-
poraneos se pronuncian en igual sentido.
En orden a la practice debemos recorder que,
segtin una disposici6n del derecho medioeval ingl6s, las
bahias, hasta el punto mis exterior, desde donde se
podia ver de una orilla lo que pasaba en la otra, entra-
ban en la circunscripci6n del condado, dependiendo esa
part del mar, no de la jurisdicci6n del Almirante, sino de
la autoridad civil de la respective circunscripci6n condla.
Y los Tratados diplomdticos de los siglos xvI y xvii









prescribian que el comercio maritime debia estar al
abrigo de todo atentado en los puertos, radas, estuarios
y bahias de las parties contratantes.
En los tiempos modernos, a media que la noci6n
del mar territorial se ha afirmado, consolidindose los
derechos de los Estados riberefios sobre una porci6n
del mar adyacente a la costa, hasta la distancia de un
tiro de cafi6n o hasta la de tres millas nAuticas, la con-
dici6n juridica especial de las bahias se ha mantenido
en nombre de la tradici6n y de los principios del dere-
cho, derogando en su favor las reglas ordinarias del
mar territorial, no solo en cuanto a los derechos del
Estado costero sobre ellas, sin6 tambi6n en cuanto a
su extension o anchura; ya que las bahias territoriales
alcanzan hasta diez millas en la boca de su entrada y
las bahias llamadas hist6ricas superan en much esa
media.
Los Estados Unidos y la Gran Bretafia han hecho
en m.s de una ocasi6n su afirmaci6n categ6rica de
mantener la territorialidad de sus grandes Bahias en
America, como las de Concepci6n, Placencia, Delaware,
Chesapeake, Chaleurs y Miramichi, cuya boca excede
infinitamente la extension de las aberturas ordinarias.
La Repdblica Argentina ha hecho igual afirmaci6n en
cuanto al hermoso y amplisimo Estuario del Plata; el
Perd y el Ecuador consideran comdn y exclusive de los
dos paises el uso de la bahia de Tumbez; y Centro-Ameri-
ca ha poseido siempre como propio el bellisimo Golfo de
Fonseca, que hoy pertenece en comdn a los tres Esta-
dos circundantes, quienes lo poseen a igual titulo que
poseen los demis paises sus bahias hist6ricas, como el
Reino de Noruega sus fiords y Escocia sus firths.
Es indudable que nuestro Golfo de Fonseca-como
los demis espacios de mar interyacentes en las costas
de este Continente-fu6 apropiado y poseido por Espa-
fia por titulos originarios de valor juridico incontrover-
tible. En esa calidad de bahia hist6rica fue reconocido
siempre por el Gobierno espafiol, desde el dia en que
lo descubrieran Gil Gonzalez Divila y Andres Nifio, en









la expedici6n que con autorizaci6n de Carlos V empren-
dieron en 1519, para hacer descubrimientos en cla mar
del Sur,.
El dominio absolute que Espafia ejerciera sobre las
tierras y los mares de America, da un caracter muy espe-
cial a la posesi6n de que gozaba en ellos. Nunca las na-
ciones que poseyeron colonies americanas abdicaron el de-
recho de propiedad exclusive en sus mares, a pesar de la
evoluci6n que entonces sufrian en Europa las ideas del Dere-
cho Internacional en orden al mar territorial. Antes del des-
cubrimiento, los pueblos precolombinos eran duefios ab-
solutos y exclusivos de estas tierras, islas y mares, ya
que ninguna relaci6n political, social, juridica ni comer-
cial con el resto del mundo podia restringir aquel domi-
nio indigena y sui g6neris.
En ese dominio irrestricto entendieron suceder los
soberanos espafioles y mis tarde los Estados americanos,
por el hecho de su independencia. La naturaleza del do-
minio eminente de la Corona Espafiola sobre el territorio
americano, esta clara y explicitamente definida en la real
c6dula de lo. de noviembre de 1591, expedida por Fe-
lipe II, que dice asi: te en el seforio que tuvieron en las Indias los sefiores
de ellas, es de mi patrimonio y corona real el seforio
de los baldios, suelo e tierras de ellas que no estuviese
concedido por los sefores reyes mis predecesores., La
relaci6n hist6rica y juridica que establece esta declara-
ci6n de derecho y de political, vincula y comprende la
soberania y el imperio que sobre America ejercieron
todos los monarcas espafoles, desde Fernando e Isabel
hasta Fernando VII. Ese seforio tan amplio y absolute,
que los soberanos espafoles ejercieron sobre el suelo
americano, se extendia indudablemente a las porciones
de mar enclavadas en el territorio de estos paises, por
cuanto esas porciones estin incorporadas y forman par-
te integrante del propio territorio, es decir, del cuerpo
mismo del Estado.
Las Provincias que formaban la antigua Capitania
General del reino de Guatemala mantuvieron siempre in-











tacto el poder soberano o dominio eminente sobre sus
respectivos territories, en la misma forma y concept que
lo habian ejercido los Reyes espafiolos. El Acta de Inde-
pendencia de lo. de julio de 1823 proclama expresamen-
te la independencia de antiguo reino de Guatemala>, las cuales son y forman
una naci6n soberana, Ilamandose, sin embargo unidas de Centro-America. Las entidades que se indepen-
dieron en 1821 y se confederaron en 1824, no fueron los indi-
viduos aislados: son las entidades hist6ricas y political
Ilamadas Provincias, las cuales despuds se convirtieron
en Estados, de conformidad con la organizaci6n federal
que adopt la Constituyente de 1824. Tan cierto es que
fueron las provincias las que formaron la naci6n cen-
troamericana, que los decretos de la Constituyente se en-
cabezaban de este modo: vincias Unidas de Centro America>, o bien, la Asam-
blea Nacional Constituyente de de Centro-Am6rica,. Ademas, el decreto de lo. de julio
de 1823, en que se proclam6 la independencia absolute
de estas provincias, fud ratificado por los decretos de
lo. de octubre de 1823 y 5 de marzo de 1824, cuando
ya estaban representadas las de Honduras, Nicaragua y
Costa Rica. En esos decretos se ve claramente que las
provincias son la que deben disponer de sus destinos por
medio de diputados que las representan.
Conservando asi su personalidad juridica y political
cada una de las Provincias, es claro que tambi6n con-
serv6, aun despu6s de la Independencia, su derecho de
dominio y plena propiedad sobre su respective territorio,
incluso las aguas territoriales que le correspondent.
La constituci6n federal, lejos de mudar ese estado
juridico, no vino mAs que a confirmarlo y consolidarlo.
En efecto, el Art. 5 dice que el territorio de la Repd-
blica es el mismo que antes comprendia el antiguo reino
de Guatemala, a excepci6n de la provincia de Chiapas.
La Federaci6n, dice el Art. 6, se compone actualmente
de cinco Estados, que son: Costa Rica, Nicaragua, Hon
duras, el Salvador y Guatemala. La provincia de Chia-











pas se tendrd por Estado en la Federaci6n cuando li-
bremente se una. La demarcaci6n del territorio de los Es-
tados---agrega el Art. 7-se hard por una ley constitutional,
con presencia de los datos necesarios. Cada uno de los Es-
tados- dispone el Art. 10-es libre e independiente en su
Gobierno y administraci6n interior; y le corresponde todo el
poder que por la Constituci6n no estuviere conferido a las
autoridades federales.
Las Provincias o Estados centroamericanos no han
abdicado, ni cuando se confederaron, el poder juridico
que siempre han ejercido sobre su territorio y aguas
adyacentes; potestad que es la misma que ejercieron los
reyes espafoles y los soberanos indios.
En los Tratados internacionales que la Federaci6n,
como 6rgano de los Estados en el que delegaron sus
relaciones diplomaticas, celebr6 con otras naciones, se
reconoce el dominio y propiedad de los Estados centro-
americanos en sus aguas territoriales. Asi, en la Con-
venci6n general de paz, amistad, comercio y navegaci6n,
de 5 de diciembre de 1825, ajustada en Washington por
el pr6cer Dr. Antonio Jose Canfas y el gran estadista
Henry Clay, las parties contratantes, en varias de sus
estipulaciones, se reconocen el dominio y soberania que
cada una ejerce en las bahias, radas, rios, puertos y
demas dominios que le pertenecen.
Esta explanaci6n de los hechos hist6ricos y juridicos
que informan el dominio, soberania y posesi6n de los
paises centroamericanos sobre los espacios de mar in-
teryacentes en las sinuosidades de sus costas, es per-
fectamente aplicable al Golfo de Fonseca, que debemos
considerar como propiedad exclusive de Honduras, El
Salvador y Nicaragua, con el character de comunidad in-
divisa de las aguas comprcndidas inter fauces terrae, por
cuanto tiene y ha tenido siempre las condiciones que el
Derecho Internacional reconoce como caracteristicas de las
bahias hist6ricas.
"El Golfo de Fonseca en la Amdrica Central-dice
el Dr. don Lorenzo Montufar-pertenece al Salvador,
Honduras y Nicaragua, porque lo forman las costas de











los tres Estados. Contiene un bellisimo archipidlago; y
por motives particulares, cada una de sus islas corres-
ponde a diferente Estado de los tres a que pertenece el
Golfo".
Ese golfo es, pues, eminentemente territorial; y el
hecho de pertenecer a tres Estados indivisamente, lejos
de privarle del character de territorialidad que tan marca-
damente asume, viene, por el contrario, a colocarlo en
la categoria de las bahias hist6ricas, tan propias y ca-
racteristicas del derecho international maritime americano.


SALVADOR RODRIGUEZ G.


San Salvador, a 10 de septiembre de 1916.




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