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HIDE
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 Etemerides
 Señora Doña Mercedes Gonzales de...
 Señora doña Carolina Febres Cordero...
 Cuento de navidad
 Lagrimas y flores
 Quito, luz de America!
 Peticion
 Confidencias
 Notas
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Title: Mujer ; revista mensual de literatura y variedades
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 Material Information
Title: Mujer ; revista mensual de literatura y variedades
Physical Description: Serial
Publisher: Imp. de la Sociedad "Gutenberg", por Francisco E. Valdez
Place of Publication: Quito
Publication Date: August 1905
 Record Information
Bibliographic ID: UF00089243
Volume ID: VID00003
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.

Table of Contents
    Front Cover
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        Front Cover 2
    Etemerides
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    Señora Doña Mercedes Gonzales de Moscoso
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    Señora doña Carolina Febres Cordero de Arevalo
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    Cuento de navidad
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    Lagrimas y flores
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    Quito, luz de America!
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    Peticion
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    Confidencias
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    Notas
        Page 160
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Ano 1. Quito, Agosto de 1905 N6um. 5











Revista mensualde Litei'atura y Variedades ;






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var.-e iiora Donia Mercedes Gonzd lez de
SMoscoso, por Carolina Febres Cordero de
Arevalo.-SefIora Don-a Carolina Febres
SCordero de Arralo, por Me .cedes Gonza-t
y lez de Moscoso.-Cuento de Xavidad, por
| Maria Natalia Vaca.-LZgrimas y flores,
Spr Eustolia Mosquera.-;Quito, Luz de l
(ici al a C'ogresio, por Las Redactoras.- I
('n fidencias, por Ana Maria Albornoz.-



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Impreta de la Sociedad "Gutenberg" por F Valdez. .
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ECUADOR





-4LA MUJE R


Revista Mensual de Literatura y Variedades


ANO I QUITO, AGOSTO DE 1905 NUMERO 5



EI6fm6rl6 s

I

El mundo es la patria de la humanidad y sin embar-
go para el hombre, la patria es el rinconcito de tierra en
que nacemos.
Alli donde esti el hogar, los padres, la familiar, los
rios, los montes y las selvas que la cubren, alli estr nues-
tra patria.
El a guila ama el risco en que anida, la golondrina
el alero en que naci6, el le6n su horrible caverna, el in-
secto la rama en que por vez primera extendi6 sus pati-
tas blandas y entumecidas para dar los primeros pasos.
Y el hombre no ha de amar a su patria?
El noruego, el australiano, el desdichado hijo.de las
estepas rusas, el miserable fueguino, el paria infeliz de
los desiertos, no cambiarian su miserable terrunio por el
mAs delicioso paraiso.
Las tribus indias no dejarian sus bosques, por nin-
guna de las ventajas de la civilizaci6n.
El negro adora las selvas africanas, con la pasi6n
salvaje de la bestia,
El hijo de la Laponia no trocarta sus paisajes de
nieve, ni su sol de media noche, ni sus auroras boreales,











por nuestras bellas campifias, por todas nuestras flores,
por las brillantes constelaciones de nuestro cieto tropical.
La falta de sus vestidos de pieles, de su aceite de fo-
ca, de su arp6n y de su trineo, le matarian de nostalgia.
Todos lloran por la patria si la dejan, muchos mue-
ren de pesar, si se ven obligados a dejarla.
Cuenta nuestro historiador Gonzalez Suarez, que los
aborigenes del suelo ecuatoriano, veneraban ciertos luga-
res sagrados, a los que llamaban Pacarinas y de los cua-
les creian que habian nacido sus progenitores.
La Pacarina era para ellos, lo mas querido que te-
nian: constituiala, en veces, un rfo,una cascada, una mon-
tafia, un lago, etc.
Cuando los Incas, segun su political costumbre, lleva-
ban los pobladores de un pueblo, para repoblar 6 esta-
blecer otro nuevo, el indio abandonaba llorando su caba-
fia y despediase con dolor inconsolable de su adorada
Pacarina y, ya que no podia transportarla fntegra, si-
quiera se consolaba con llevar fragments de ella, 6 una
calabaza de agua, segdn fuera colina, lago 6 rio.
Llegado al lugar de la residencia sefialada, derra-
maba con gran respeto, las piedras 6 tierra, en otro valle,
en otro cerro; mezclaba el agua, al rio 6 arroyo que re-
gaba la nueva patria, dandole el mismo nombre de su pri-
mitiva Pacarina.
De este modo, el infeliz expatriado, creia no haber
perdido su hogar, ni dejado para siempre el pedazo de
cielo que le cobij6 al nacer.
Costumbre bella y poetica, que jams la ha practica-
do el hombre civilizado, y que acredita lo natural, lo in-
nato del amor patrio.
Ese indio semi-barbaro, sin refinamientos ni cultural,
pero con los sentimientos virgenes, tal como se los di6
Naturaleza, nos comprueba con su delicado afecto, que
el amor a la patria, no lo ha criado la civilizaei6n, mas
si, que 1 nace vigoroso y grande como brote espontaneo
de nuestra alma.
El desterrado Jr iuPfif la fatalidad alejaba de su tush-
pa, ni) pudiendo oponerse a la voluntad omnimoda de su
senior, se consolaba con la bella ilusi6n de no haberla de-
jado, repitiendo siempre los mismos nombres que balbu-
piera en'su infancia,
.Ainamos la patria porque si:" ella nos pertenece y


130


LA REJUM












nosotros le pertenecemos, su gloria es nuestra gloria, su
miseria, la nuestra.
Nos enorgullecemos de sus triunfos, exaltamos su
grandeza y estamos orgullosos de haber nacido en su
suelo.
Los pueblos no son grandes por la extension del te-
rritorio que ocupan, sino por los hombres que la habitan.
Cuantos mas hijos ilustres haya dado un pais, tanto
mayor sera la admiraci6n que despierte.
Roma, la emperatriz de Occidente, fue la Roma de
los Camilos y Escipiones, de Cornelia y de Corina, de los
Horacios y los Gracos.
Las doce aldeas que formaron a la gran Atenas, ocu-
paron pocas leguas de tierra y Atenas, la capital
del mundo artistic y sabio, fue la Atenas de Pericles y
Aristides, de S6crates, de Cat6n y de Tirteo.
Todo hombre grande, engrandece a su patria: los he-
roes la engrandecen tambien.
Recordar a los que le dieron timbre es honrarla y
amarla; recorder a los que la crearon y nos la dejaron
en herencia, es deber de gratitud. Ellos vivieron antes
de nosotros y nos allanaron el camino; just es que no
los olvidemos.
Los antiguos dedicaron temples y altares a sus hom-
bres notables llamandolos semidioses, nosotros les erigi-
mos estatuas, celebramos sus fiestas, escribimos su histo-
ria y la ensefiamos a nuestros hijos: de este modo hace-
mos manifiesto nuestro recon6cimiento y admiraci6n.
Las naciones civilizadas, hallan estrechas las plazas
para los monumentos que elevan a su memorial.
Pueblo que olvida estos deberes retrograda, puesain
las tribus salvajes, conservan con amor sas tradiciones.
Rememorar la historic de los heroes, es labor patri6-
tica, es reanimar el fuego sagrado del entusiasmo para
que caliente los corazones j6venes; es elevar el espiritu de
los pueblos que podria decaer si no tuvieran present el
sujestivo ejemplo de los privilegiados de la Humanidad.
Dice Dn. Pedro Fermin Cevallos que la historic no
es sino la repetici6n de los mismos hechos. Abramos la
nuestra y busquemos las fechas magnas.
iDiez de Agosto de 1809, blas6n glorioso de la patria,
tu pagina estd aqui!
En esa memorable noche, muchos valientes patriotas
reunidos en casa de la ilustre dama Dfia, MVanuela datd*


LA MUJERi


i31













zares, resolvieron proclamar la independencia del terri-
torio que hoy se llama Ecuador.
Los conjurados establecieron una Junta gubernati-
va, compuesta de nueve miembros, cuyo Presidente fue
Dn. Juan Pio Montiifar, Marques de Selva Alegre.
Salinas y Zaldumbide sublevaron la guarnici6n de
]a ciudad y la situaron en la plaza de la Catedral, mien-
tras que el Dr. Ante comunicaba al Presidente Conde
Ruiz de Castilla, la evolucidn y le ordenaba guardar pri-
sion en sus propias habitaciones.
La multitud se aglomeraba ya en la plaza y el mismo
Dr. Ante le hizo saber el arrest del Presidente. Un gri-
to undnime de iViva la patria! iVivan los patriots! reso-
n6 atronador.
Los clarines y cornetas dejaron oir sus notas marcia-
les al compas de cajas y tambores; las campanas fueron
echadas a vuelo y un general alborozo, salud6 la albora-
da del 10 de Agosto de 1809.
El estruendo del cafi6n repercuti6solemne, de ris-
co, en risco, de montafa, en montafia. Era el primer
saludo de los libres a la gloriosa libertad.
Un entusiasmo loco cundio por todas parties, y la
ciudad de los Shiris, la esplendida Corte de Huaina CA-
pac, llam6se desde entonces !


II


Tres mil hombres mal armados componian el ejerci-
to de los republicans: de estos mandaron al Norte
cerca de mil lanceros y algunos soldados de infanteria
a 6rdenes del Coronel Ascasubi y de Dn. Manuel Zam-
brano, los cuales fueron derrotados alli. Otros cuer-
pos enviados al Sur con el objeto de que se opusieran
a las tropas de Cuenca y Guayaquil, se pasaron a los es-
paioles, quedando Quito, aislada y sin esperanza de so-
corro.
En tan angustiosa situaci6n resolvieron los patrio-
tas entrar en arreglos con el Presidente, quien regres6
de Ifiaquito donde le tenian confinado, el 25 de Octu-
bre de 1809.
Tres meses s61o habia durado la soberania de los in-
dependientes, pero la simiente de la libertad habia


13


LA MUJTERI











LA MUJER 13S


germinado vigorosa, y de ella creceria el arbol frondo-
sisimo que cobijaria todo el continent.
Ruiz de Castilla se comprometi a olvidar loa aconte-
cimientos del 10 y a no molestar a los que en ellos toma-
ron parte, pero suponese que instigado por el Coronel
Arredondo que mandaba los quinientos hombres venidos
de Lima, se arrepinti6 de su promesa, cometiendo la des-
lealtad de hacer tomar prisioneros a los Sres. Salinas,
Montuifar, Arenas, Cajias, Olea, Pefia, V6lez, Larrea,
Riofrio, Melo, Ascasubi, Vinueza, Morales, Quiroga, Vi-
llalobos, Correa y otros, hasta mas de sesenta de los re-
volucionarios.
Procesaronlos y el fiscal Arrechaga pidi6 la pena de
muerte para cuarenta y seis de los acusados y la de des-
tierro para los restantes.
No sabemos por que motivo el Presidente, no quiso
dar esta sentencia y lo que hizo fue mandar el process
al Virrey de Santafe.
Ofendido el pueblo de su versatilidad y exasperado
viendo que los prisioneros seguian indefinidamente asi, re-
solvio conjurarse de nuevo.
Ocho 6 diez valientes, ocho temerarios, cuyos nom-
bres deberian grabarse con diamantes, asaltaban el cuar-
tel de .
Armados de palos y cuchillos, sorprenden la guar-
dia, la derriban, luchan, la vencen. Paralizan la guar-
nici6n, por la sorpresa de la intempestiva arremetida; se
aduefian del cuartel, y se dedican a romper los grillos
de los prisioneros.
Los asaltantes del habian tambien cum-
plido con su deber, y aduefinndose de algunas armas,
corrian a auxiliar a sus compafieros del .
Otros que debian tomarse el faltaron a
su compromise y dieron lugar a que el Comandante An-
gulo, hiciera abrir a cafionazos, una tronera, en la pa-
red que dividia el , de su cuartel, por donde en-
traron 61 y todos los suyos.
Agotadas las pocas municiones que los patriots pu-
dieron recojer, comenz6 la lucha cuerpo a cuerpo.
Lucha de titans; alli caen, ruedan, se asesinan, en
la penumbra formada por el humo de la polvora.
Entre tanto por la brecha penetran mas y mas rea-
listas.
La resistencia es inuitil; cada uno defiende con te-




_


133


LA MUJER












z6n su propia vida; pocos huyen, los otros caen vencidos
por el nuimero, acribillados a bayonetazos.
El Capitan de la guarnici6n Nicolas Galup, antes de
morir ordeno i su gente la matanza de los press; asi es
que apenas libres del vigoroso ataque de los asaltantes,
corren a los calabozos y principian su obra nefanda.
Los nombres de Morales, Rodriguez de Quiroga, Ca-
jias, Salinas, Larrea, Ascasubi, Tobar, Melo, Riofrio, Pe-
fia, Villalobos, Olea, Arenas, Guerrero, Aguilera, Vinue-
za, etc., se escribieron aquel dia en el libro de los inmor-
tales.
Estos luctuosos acontecimientos, se desarrollaron el
2 de Agosto de 1810, casi al afio cumplido de la primera
tentative de libertad.


III


Los primogenitos de la falange heroic que nos re-
dimiera, tienen lugar aparte en nuestra historic, como lo
tiene el inmortal Miranda; porque los martires abren el
camino a los heroes, y con frecuencia las acciones ruido-
sas de armas, han sido precedidas por modestos sacri-
ficios.
El xito no siempre corona los esfuerzos, pero :aque-
llos que dieron la iniciativa de regeneracion, que des-
pertaron, los primeros, el amor al patrio suelo, que elec-
trizaron con su palabra y con su ejemplo a la multitud
ignorante, vigorizando a los timidos, animando a los in-
decisos, esos merecen coronas, estatuas, monuments y
todo aquello que haga patente nuestra gratitud.
Pasaron ya los tiempos heroicos, pero las heroicida-
des no han pasado y en las evoluciones del mundo, se
presentan siempre con nuevo aspect.
El valor como todo sentimiento exaltado es contagio-
so; el espiritu se eleva 6 deprime segun presence nobles
6 viles ejemplos.
America, la patria de Calicuchima, Pintac y Cahui-
de, sinti6se conmovida a la nueva del sacrificio consu-
mado.
La chispa de libertad que un puniado de hombres en-
cendiera en una eminencia de los Andes, se convirti6 en
incendio desastroso. ,,


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134


LA MUiJER





I


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La sangre de los heroes del 10 de Agosto, enrojecio
los animos, vigoriz6 los corazones y por todas parties sur-
gieron heroes.
Policarpa Salavarrieta, sube tranquila y bella las
gradas del cadalso, no en la edad madura que Madama
Roland, sino en la primavera de la vida, cuando hay sue-
ios y azules ilusiones, con el coraz6n enamorado, y el al-
ma ardiendo en patri6tico entusiasmo.
La virgen colombiana ha inspirado muchos cantos,
ha arrancado muchas notas de admiraci6n; el bronce no
le ha rendido tribute, pero su memorial no lo necesita,
paraperdurar por siempre en los corazones americanos.
iRicaurte! Antonio Ricaurte ve que peligra nues-
tra causa: un instant de vacilaci6n y la obra de afios,
habriase perdido en un instant.
La inspiraci6n de su sacrificio cruza veloz por su
cerebro, se ilumina su frente, chispean sus ojos: su re-
soluci6n esta tomada.
No vacila, no discuteconsigo mismo; olvida su pa-
sado, no piensa en su porvenir, ni siquiera en la glo-
ria que le espera; la obligaci6n de morir, es lo linico que
se destaca ante e1, radiante como un triunfo.
Elparque, el polvorin que custodia estan alli; van
a caeren poder del enemigo, pero una sola chispa bas-
ta para salvarlos.
Los soldados de la patria son sagrados; cada brazo
que sostiene un rifle aumenta la probabilidad del triun-
fo de los patriots.
Ricaurte reflexiona, que no es necesario que sus
companeros perezcan.
Con sangre fria asombrosa, aleja la guarnici6n que
comanda ordenandole replegarse al grueso del ejercito,
que esta a corta distancia.
;Siquiera ellos se salvaran!
Los ve alejarse sin pena, sin temor, tranquilo, estoi-
co, casi desdefioso.
Senor de si mismo, les sigue con la mirada impavida
del heroe, calcula las distancias, ve que la tremenda
explosion no puede alcanzarles; prende fuego a la p61-
vora y vuela su cuerpo por el aire, entire humo, llamas,
metralla y miembros de enemigos destrozados!
iLe6n nacido de mujer! Tu solo, en un rapto de
sublime patriotism, salvaste nuestra independencia!


13S


LA MUJER












iLa memorial de tu estupendo sacrificio bastaria
para la gloria de America!
iRicaurte! iInmortal Ricaurte! IFigura de epo-
peya, , el estampido del polvorfn en-
cendido por tu mano, se anid6 en las oquedades de la
cordillera, en los criteres de los terrible volcanes an-
dinos y de alli sale, retumba y repercute en todo el
Continente, desde Mexico hasta Magallanes, para que
tus hijos no olvidemos jamais lo que se debe a la
Patria!
iHdroe, entire los heroes americanos! Yo no se c6-
mo labraria tu estatua el escultor que la hiciera, pero
la deseariamos en la actitud tragica y sublime que tu-
viste al morir, tal como te vemos cuando te recorda-
mos! .....
Aqui en esta misma ciudad, sobre las faldas del
Pichincha, se levanta tambien otra figure.
No tiene ella la viril apostura de Ricaurte, le fal-
tan sus miisculos y su estatura, pero la anima su mis-
mo espiritu y la nimba su misma gloria.
En Mayo de 1822, los patriots treparon por ris-
cos y desfiladeros, hasta encontrar al enemigo: danse
las primeras cargas y casi son arrollados.
El Teniente del batallon Yaguachi, es un adoles-
cente, pero su alma adulta ha sido retemplada por el
infortunio.
De naturaleza de heroes, sus pocos afos no son
parte para que desmienta su prosapia: sangre de Ga-
raicoas y Calderones corre por sus venas.
Avanza de los primeros; su voz alin tiene los de-
jos de la infancia, pero 61 trata de que sea viril y gri-
ta a sus soldados:
Una bala le rompe el brazo derecho, su espada la
recoje el izquierdo; otra bala, otra y otra.... El hd-
roe cae, sus piernas y sus brazos estan rotos, pero aun
alienta, aun trata de levantarse, aun forcejea con la
muerte!
La sangre corre a borbotones, y sin embargo su inico
afan es preguntar si triunfan.
Valdado, exangite, ha caido boca arriba, sus ojos
moribundos y abiertos miran al sol casi en su meridiano y
la vida se le escapa en pleno dia!
H6roe adolescent, el cortinaje que sombre6 tu ago-


-C---- --a~~TTi-5~--5*I~-~~ -~-)-


136


LA MUJER












nia, fu6 el dombo azul de nuestro cielo, del cielo de la
patria, por quien supiste morir.
PAlido, desangrado, moribundo, su figure de niflo
acrecida por su valor de hombre, nos inspira admiraci6n
y supersticioso respeto.
Su padre muri6 por la independencia, su madre co-
mo las madres espartanas, no tuvo flaquezas. femeniles;
con su ejemplo le ensefi6 que el deber es primer) que la
vida.
Ella era de aquellas que solian decir A sus hijos:
, es decir, triun-
fante 6 muerto, y el muchacho adorado no volvi6.
Nacido en la meridional provincia del Azuay, el
aquil6n de la guerra, le trajo ai morir en el Norte.
Su gloria necesitaba un pedestal tan alto como el
Pichincha!
Vida de una sola pAgina, sus caracteres de oro,
dicen estas solas frases: IMuerto heroicamente por la
patria!
Estos y cien otros, fueron los herederos de los heroes
y mirtires del 10 y 2 de Agosto de 1809 y 1810!
Las crueldades exasperan: el rugido de agonia que
los pr6ceres de Agosto, lanzaron al morir, fue la sefial
del combat.
La America fu6 un solo campo de batalla.
Grande, terrible, ponderosa lucha aquella, en que
la sangre corri6 & mares!
iSangre bendita! Los corazones de nuestros liber-
tadores alentaron con ella; ella calent6 los cerebros que
concibieron nuestra redenci6n; ella di6 vigor al brazo
que combati6 por nosotros!
Los huesos de los heroes del 10 de Agosto, en d6n-
de estan?
Acaso los ha dispersado el viento, acaso forman par-
te del terrunio que hollamos, acaso se han mezclado con
los igneos vapores del Pichincha, esparciendose en el eter,
para que no los profanen la inmundicia de la tierra!
Los manes de los egregious libertadores nuestros vi-
ven, no la mezquina vida de la materia, sino la in-
mortal, de lo inmortal; viven tambien en nuestra memo-
ria, viven en nuestro coraz6n, la mAs spiritual de nues-
tras entranias.
La tierra, vuelve a la tierra, 6 se suspended en la at'


I ~F" i


18t


LA MIwER












m6sfera: el espiritu perdura y quiza se refunde en el
Gran Espiritu de donde se disgreg6.
Los pueblos han hecho un culto de la memorial de sus
muertos; cual mts, cual menos, todos les dedican ho-
nores.
Los honorees hechos ai los que fueron, de nada les
aprovecha.
La gloria mezquina de la tierra debe ser bien poca
cosa, en la Eternidad; aquella gloria es mas bien nues-
tra que de ellos; somos nosotros los que tenemos empe-
fio en perpetuarla y publicarla, porque ella nos engran-
dece A los ojos de los demis pueblos.
No basta que todos los afios recordemos su heroici-
dad, y la celebremos, necesitamos algo tangible, algo pal-
pable que nos los haga present.
La plaza de la Independencia ostentara dentro de
poco tiempo, nuestra admiraci6n, nuestra gratitud, nues-
tro orgullo, exteriorizados en un monument digno de
los padres de la libertad americana!
Sucre estaria muy bien de pie sobre el hist6rico vol-
can, teatro de sus hazanias; los mArtires del 2 de Agosto,
tienen su sitio aqui, en la ciudad testigo de su bravura,
donde se derram6 la primera sangre que sorbi6 nuestro
suelo, como un bautismo de libertad; aqui, en San Fran-
cisco de Quito, donde naci6 la terrible, estupenda lucha,
Hue atron6 todo un continent, que pobl6 de heroes todo
uh mundo.
ZOILA UGARTE DE LANDfVAR.




SNORA DORA

Mercedes Gonzalez de Moscoso

QUITO.

Amiga, entire las ventures
Que me depar6 el destino,
Entre las suaves y puras
Como don de.las alturas
Tu bello canto me vino.


188


LA MUtJER











LA MWJER 189


En esos versos vibrantes
Que enviaste, vieron mis ojos
Niagara de oro y diamantes
Senora, no asi me cantes
Porque me causes sonrojos.

Dfndote oscuro follaje,
De flores mi nimen falto,
Alcanz6 preciado gaje;
Pudo mi pobre homenaje
Merecer, premio tan alto?

Arpegios gratos exhalas,
Y tu generoso anhelo
Prestandome nubes y alas
Hoy me obsequia con las galas
De series que hay en el cielo.

Gracias, Musa!-por mi mal
No soy ave ni soy hada
Que habitat mundo ideal,
Vestida con el cendal
De la nube nacarada.

No consiente mi raz6n
Que cual yo no soy me creas,
Conservame tu afecci6n,
Aunque la desilusi6n
Encuentres cuando me veas.

No import que sea en mi danio
El decirte la verdad;
Quiero, con pesar extraino,
Desvaneciendo tu enganio
Mostrarte la realidad.

No me parezco & los series
De po6tica region;
Soy cual todas las mujeres
Que a los vulgares quehaceres
Prestan humilde atenci6n.

La material al mundo me ata
Y se resign mi s6r
Con la realidad ingrata
De la vida que arrebata
De la ilusi6n el placer.

Talvez mis alas perdi,
Y lo echo de ver ahora.
(Ni s6 si las tuve aqui);
Y no he podido, ay de mi!
Llegar & lo alto, Sefora


--T~--~---- ---- ~-~rcl----,l- 1---77 --~- -----_- *1*--













Veo el mundo soberano
De ensuenos flores y nubes;
Mas lo veo muy lejano;
Dame td, dame la mano
Y lldvame 641 cuando subes.

La empresa talvez te alarme
Por el peligro que encierra;
Aunque procure esforzarme,
Cuando quieras levantarme
Te quedar&s en la tierra!

Prosigue siempre inspirada
Tu camino luminoso
De mirtos ya coronada;
Que yo en mi send trillada
Tan s6lo busco reposo.
Yo lo confieso; me viera
Muy dichosa si tambi6n
Mi frente ostentar pudiera
Una guirnalda hechicera
Como la que orna tu sien.

Mas la Musa rigorosa,
No me concede, en verdad,
Inspiraci6n poderosa.
Escribir versos en prosa
Es toda mi habilidad.

Tambidn prosaica es mi vida
Que sosegada discurre
Por noble amor protegida,
Vivo en mi hogar recogida
Porque el bullicio me aburre.
Sin un afdn temerario
Aplicome a la costura,
O al humilde quehacer diario,
Y nada de extraordinario
Hallar6s en mi figure.

Porque no creas te engafio,
A este fiel relate mio,
Esa imagen acompa-io,
Aunque redunde en mi daffo,
De mi retrato el envio.

Ensitnalo & los que adoras
Querubines de tu Edin,
De tu crepdsculo auroras
Apacibles, seductoras,
Nifios que yo amo tambien.


i40


LA MUJER










JA MtUJEIR 141


El eterno los bendiga
Cual desea el coraz6n!
Diles tu que soy su amiga
Pues A la ABUELA me liga
Sincera, leal afecci6n.

Con tu hermosa poesia
Otro recuerdo muy grato
Guardar quiero, amiga mia:
Y colmaras mi alegria
Si me obsequias tu retrato.
Guayaquil.-1905.
CAROLINA FEBRES CORDERO DE ARPVALO.





SNORA: DONRA


Carolina Febres Cordero de Arevalo

GUAYAQUIL.


> Senti muy grata impresi6n
al mirarte, amiga mia;
no me engai6 el coraz6n
cuando te llame ilusi6n
ave, musa y armonia.
En tu mirada fulgura
algo que presta consuelo,
y en tu several hermosura
la plegaria que murmura
entire el coraz6n y el cielo.
Sin conocerte, Seniora,
te envolvi en nubes de armino
y rayos de azul aurora,
sabes que todo lo dora
la voluntad y el carinfo.
Pues a f6 que el pensamiento,
al create noble y bella
como la Maga de un cuento,
acert6 en su loco intent,
pues en ti miro una estrella.


S1













Gracias, Senora, has venido
& brindarme dicha y calma,
a prestar luz a mi nido
y & ser algo muy querido
de los pedazos de mi alma.

Luz, Esmeralda, pedia,
i es tu present tan grato!
que mi nieta en su alegria
hall opaca la del dia
para admirar tu retrato.

Con 41 vienen, Carolina,
tus versos idulce tesoro!
arpegios de arpa divina,
rumor de agua cristalina
que murmura en lecho de oro.

En pago te van canciones
faltas de vigor y galas
cual perdidas ilusiones;
entumecidos gorriones
que en tierra arrastran las alas.

S61o por ti, con premura,
aunque estoy tan fea y vieja,
hice copiar mi figure
que ya como noche oscura
tristeza en el alma deja.

Siempre el invierno es muy frfo,
no tienen olor las flores,
se enturbian el lago, el rio,
y en el paisaje sombrio
de lagrimas hay vapores.

Soy debil luz que se aleja
y se pierde en el vacio
como en el alma la queja,
y que s6lo surcos deja
en este pobre hogar mio.

Mas con gracia singular
y con bondad y carinio
me invitas vaya & tu altar;
muy vieja llego 6 tu hogar
pero mi alma es la de un nino.
A veces suenfo, me rio
y en el caliz de las flores
esmaltadas de rocio,
creo encontrar algo mfo,
lengafios halagadores!


142


LA MUJER













Esto, cuando & mis oidos,
en dulce apasible calma
y por la brisa impelidos,
como rumors de nidos
tus cantos llegan & mi alma.
Yo los guard y te venero,
En ellos los ojos fijos,
otras ventures espero
y & quererte cual te quiero
ensenio a mis pobres hijos.

iPueblan ingeles tu hogar?
tienes en la tierra un cielo
y de esperanzas un mar....
por eso sabes cantar
y emprendes tan alto el vuelol
Son fuente de inspiraci6n,
y yo, apesar de mis afios,
siento alegre el coraz6n
y exhalo tierna canci6n
si beso rizos castanios.

Asi pasa la existencia
entire lgrimas y risas,
y es de mi vida la ciencia,
Ilevar luz en la conciencia
aunque el alma est6 en cenizas.

Si algdn lauro recoji
en mi erizado camino,
pronto marchito lo vi,
pero el que te debo & tf
ilumina mi destino.

Tu nobleza & ti me obliga,
me tiendes la blanca mano
y me llamas dulce amiga:
el Eterno te bendiga
ruisenor ecuatoriano!

MERCEDES G. DE Moscoso.


Quito, Junio de 1905.


LA MUJER


143














Gu6into 06 NavliOa


Era Navidad y Manuelita iba a cumplir des-
pues de media noche, diecisiete abriles. Delgada y
enfermiza, revelando siempre en sus facciones delicadas
menos aios de los que contara en realidad, muy recien-
temente habia ascendido a la categoria de usar vestido
largo.
Ya era sefiorita: las nifias la verian con envidia, y
los hombres? Iah! los hombres debian saludarla con som-
brero en mano.
La misa del siguiente dia, y dos 6 tres visits en ca-
sa de cualquiera amiga, vinieron, pues, a abstraerla de
tal modo que, encerrada en su modest alcoba, se visti6
de gala y principi6 a ensayar meneo tras meneo tomando-
se la cola; ciencia tan dificil de aprender cuando la ni-
fiez apenas ha pasado.
Poco favorecida de las Gracias, pero duefia de un
candor y una inocencia capaces de inspirar ternura al
coraz6n mas frio, Manuelita era el encanto de su pobre
madre. Esta a fuerza de ahorros y muchas privaciones,
no escaseaba a su hija, aquel esparcimiento, aquellos go-
ces puros llenos de sencillez y bienestar que saben sola-
mente prodigar las madres.
Viuda de un coronel de artilleria y aunque pertene-
ciendo ala clase noble, su uinica riqueza consistia en la
pequefia renta que el Gobierno les pasaba y la que casi
no alcanzaba para ella y para su hija.
Mas, eran tan virtuosas, tanta candidez habia en el
fondo de sus dos angelicales almas que de la desgracia
hicieron escabel. Parecia rodear la encanecida cabeza
de la madre y la brillante y negra de la niina, nimbos de
apacible luz.
C6mo no mirarse con aires, del que acaba de palpar
ensuefios realizados, ella, Manuelita, con su falda larga
de color de aurora. del color que ostenta la imagen de la
Virgen en flotante manto?
Los gritos, la algazara, en medio de los cuales se re-
cuerda anio tras afio el misterio del Belen, cruzaron en
sus suefios durante aquella noche como voces de angeles


--Iq mr --- --- - -Iqplmolv


144


LA MUJER












que elevandose al favor de sus plateadas alas y entonan-
do cantos, mientras iban recogiendo flores que subian,
subian de la tierra, le ofrecian vestidos blaicous unos, con
festones y encajes bordados de estrellitas; levels y vapo-
rosos otros cubiertos de diamantes y sobre todo el mismo
de sencilla tela cosido por su madre que entonces lo veia
sumamente hermoso y como remedando en ondulantes
pliegues el suave reflejar del astro de la noche en la se-
rena superficie de una fuente.
Ademas algo semejante al sollozar de brisas, como el
tenue gemir de las palomas ocultas en sus nidos, ese al-
go que presagia al alma que dormia su primer amor, ya
habia sentido Manuelita al conocer a Carlos y este la ve-
ria, 61 que en forma de Cupido vagaba tambien en las
alturas y sonri6ndola habia bajado hasta perderse en
las cortinas de su lecho 6 impregnado mil besos en su
frente.
Presa de una agitacion febril, creyendo que su ma-
dre especialmente podria leer al traves de sus ojazos ne-
gros cuanto habia soniado, despert6se cuando ya el reloj
de la vecina iglesia daba siete campanadas.
El sol como el insigne propietario de vastisimos do-
minios recorria su carrera majestuosamente y la Pascua
se veia pintada en el espacio, en las casas, en las gentes
que iban y venian manera del afluir y refluir de las ma-
reas, por las diversas calls de la poblaci6n.
Los carruajes se estrechaban unos a otros con calma
imperturbable llenos de elegantes mas afortunados que
lamayoria de transeuntes destinada at andar en sus dos
pies.
Las campanas de los temples convocaban f los fieles
con ecos de alegria at ver en portalitos fabricados de
musgos y de lianas al recien nacido, a ese Hombre-Dios
mortal humanandose hasta ser envuelto en humildes pa-
fiales y adormido por los suaves arrullos de una madre.
Las ocho! y Manuelita se estreno su falda, y asisti6
at la misa, y escuch6 con recogimiento el sermon del P.
Antonio, pobre viejecito de cabeza emblanquecida por
el sufrimiento mAs que por la edad. Vio a la entrada a
Carlos, y, por fin, torn a los brazos de Angela, su madre
que, medio paralitica hacia tiempos no salia de casa mis
que hasta el jardin a recibir un poco el sol de las ma-
nanas y prestar A su caerpo entumecido un tanto de vi-
da artificial.


--- --- --- -.-.P--l-~-


145


LA MUJER











IQue seria de ella si Dios no conservara a su hija!
IC6mo habria querido regalarla en aquel afio, el il-
timo quiza que la abatida enferma se mirara en el espejo
de sus dulces ojos!.....
Un beso de la viuda y Manuelita acompafiada de su
prima Adela, una casada joven victim tambien de la
pobreza, se ech6 a la calle con direcci6n a la plazuela
donde estaba la casa de una amiga. La distancia era
larga y ansiaba nuevamente lucir con su vestido aurora.
Por otra parte la amiga estaba en cama cosa ya de
un mes y precisaba verla.
Esta la dnica heredera de una gran fortune, bella
como la inocencia y poseedora de rarisimo talent ama-
ba a Manuelita con toda la franqueza y espontaneidad de
su alma.
Habia estudiado su candor, las prendas que la hi-
cieran acreedora de su afecto y desde los bancos de la es-
cuela, entrambas se juraron amistad eterna. Asi lo ha-
bian cumplido a pesar de la diferencia enorme de posi-
ci6n y de dinero mediada entire las dos.
Herminia era tan rica! Su casa, pues, situada en la
plazuela de San Pablo, uno de los barrios principles de
la aristocracia, revelaba la fastuosidad y el lujo de los
moradores.
A la entrada Adela y Manuelita se encontraron con
dofia Ana madre de la enferma.
Metida en los jirones de un vestido verde y de una
manta vieja rayando en lo ridicule, dofia Ana les sali6
al encuentro. Queria a las dos j6venes como que eran
condiscipulas de su hija.
-iHola, Manuelita! Que vientos me le han traido,
borbot6 con voz chillona y destemplada y sin darles tiem-
po pero ni a un saludo; jc6mo esta pues; c6mo ha es-
tado; c6mo le haido; c6mo esta Angelita; que se me
ha hecho? C6mo ha estado, c6mo ha estado, repetia sin
saber a cual introducir primero.
Al fin, como filtrada, fud ella quien pas6 derecho A
arrellenarse en un sillon de brazos que Pepe, su querido
esposo, le mandara a hacer y el que indudablemente y
en caso de necesidad no cederia ni al mismo Alfonso
XIII.
--Qud les parece, comenz6 de nuevo, Herminia con
las vistas irritadas: el aire, pues, el aire! se propuso ir
de paseo en autom6vil, automotivado, c6mo Ilaman imal-


146


LA MUJJER













ditos franceses! que no inventaran; hacer coaches po-
niendo una cocina en vez de los caballos. Eso le ha he-
cho daio. Yo si, como sefiora de mi estrado que me vis-
to por estampas no estoy por darles gusto en eso de
buscarme enfermedades.
Y golpe6 en el suelo con los pies forrados de bao
buchas enormes de pieles de conejo que su Pepe le man-
dara a hacer.
-Nada mas que enfermedad a los ojos tiene Her-
minia? pregunt6 la prima de Manuela.
-Nada mais, Adela, creo que tambien algunas ca-
lenturas, un poco de persianas, tercianas iqu6 se yo!
no he entrado a su cuarto siete dias ilas ocupaciones, hija!
Mientras tanto la fiebre, una horrible fiebre habia
postrado a la heredera en el lecho del dolor, sin que
nadie, nadie de los suyos lo supiera.
Donia Ana ipobre madre idiota! nunca habia pen-
sado en conocer a su hija, que por un fenomeno rarisi-
mo como los hay muchos en la vida, era inteligente y
el reverse suyo.
Herminia habia crecido en un hogar sin fuego: su pa-
dre sordo y tambien idiotizado a fuerza de ambici6n y
de negocios, la amaba a su manera, es cierto; pero no
vefa mas Dios ni mas senderos que los calculados por su
cara esposa. De ahi que ninguno de los dos se hubiera
dado cuenta de lo que en verdad adoleciera su hija.
iAh! la riqueza, la abundancia exagerada y loca de
ese vil metal que decimos oro, no, no constitute ni la
sombra mas pequefia, el principio mas lejano de felici-
dad. Este caprichoso enigma, esta farsa confundida en-
tre celajes de color de rosa, perdida en fantasias, arru-
l1ada a veces por las mas sublimes y castas ilusiones no
posa sobre el mundo. Vive unicamente en la region ete-
rea, arriba, muy arriba donde no hay pesares, donde los
anhelos, las nobles esperanzas, ese no sd que incesante
que aspira el coraz6n, encontraran hartura. iLa dicha
esta en el cielo!
Herminia no era, pues, feliz pero ni siquiera mediana-
mente acariciada por ningin ensuefio a pesar de sus ri-
quezas. Vivia en aislamiento y ese engendrador del te-
dio la hizo reservada, seca; idolatraba a sus padres pe-
ro viendose casi rechazada por ellos, el hastio, la nostal-
gia que hacen ver las horas de existencia cercadas de ti-
nieblas, la iban consumiendo.


~-"r~~--yrr--L-~bll I


14'r


LA MUJER













Sufria en'el silencio martir del orgullo A veces.
Su caracter tan dulce cuando nifia se habia trocado
en dspero. Los modos de vivir son otros tantos climas
con diversos aires, con distintos soles que asi prestan vi-
gor como marchitan, languidecen, matan el espiritu de
luz de la mujer.
Aquella joven, huerfana de afectos en su misma ca-
sa, huia de la sociedad con ira si cuando se padece todos
tienen culpa, en todo creemos ver las risas del sarcasmo,
las mAscaras, el odio. Solamente Adela y Manuelita en-
traban a su estancia: dos lirios cuyas hojas los tintes de
la aurora bafiaban con respeto.
Despues de oir sandeces y sandeces d dofia Ana ro-
garon las dejara penetrar al cuarto de la enferma.
-Vayan, vayan ustedes. Yo estoy tan ocupada.
La Pascua me ha cogido hecha un disparate y eso que no
tengo cumplidos cuarenta afios.
En efecto, dofia Ana contaria apenas treinta y siete
pero su perpetua negligee la habia convertido en pre-
matura vieja.
Avara por naturaleza, hasta el extreme, sin que oye-
ra jams el murmurar de dulces bendiciones que d la Ca-
ridad preceden, la miseria y el descuido a su persona cir-
culaban con su propia sangre. Jamais se la veia a pies
es cierto; mas lo comun era ver atravesar su coche con
un monton de harapos dentro y luego, mil ojos la seguian,
mil dedos sefialaban su pase con desprecio, con recon-
centrado empenfo de arrojar sobre ella el anatema que
ostentan muchos ricos si el pan que el desvalido, la don-
cella proxima a caer, el huerfano, la viuda, esa pleyade
sin nombre de desheredados que cruzan moribundos,
tristes; ese pan lo niegan e imitan a dofia Ana. iPobre
madre idiota! Su castigo alli.
Volvamonos a Herminia: dormia en ese instant 6 al
menos un sopor horrible la habia sumergido en una espe-
cie de letargo.
Adela y Manuelita ahogando el ruido de sus pass
se encontraron frente a frente de su lecho. Parecfa una
muerta con los grandes ojos entornados hacia arriba y
los labios secos y tefiidos de un color violaiceo.
La semioscuridad que reinaba en esa habitaci6n
profusamente decorada y en medio de la cual surgian los
objetos como sombras, hizo estremecer a las dos j6venes
mientras se encontraban sus miradas y con indecible an*


148


LA MUTJER














gustia habrian querido tambien comunicarse mutuamen-
te sus ideas.
Aquella habitaci6n era un sepulcro.
Los cortinajes chinos cayendo a lo largo de tres ven-
tanas dibujaban en su centro algunos sauces que bien
podia tomarrselos por losguardianescalladosdeuna tumba.
Nadie, nadie se encontraba cuidando de la enferma
ni siquiera una sirviente.
Las dos primas se acercaron silenciosamente. Las
emanaciones de la fiebre llegaron a envolverlas en vapo-
res calidos; casi no sabian si retroceder 6 no.
Un canario, el Anico amigo de la abandonada nifia;
principi6 a gorjear muy quedo desde su jaula suspendi-
da de una argolla en el centro de la estancia.
Herminia abri6 los ojos y como si buscara en el fondo
inmenso del recuerdo algo que ya hacia much tiempo,
lo tenia olvidado, vagamente los fij6 en las j6venes yvol-
vi6 a cerrarlos.
-Herminia 'c6mo sigues? murmur una de ellas, mira,
no nos quieres ya? nos desconoces? iPobrecita! tie-
nes much fiebre?
-Si, si, contest la enferma semejando un jay!
tengo much fiebre aqui y en la cabeza; y principi6 a
ajustarse elpecho convulsivamente.
-Calmate ya ves que el aire es tan maligno, inte-
rrumpiole Adela sentandose en el borde mismo de su
cama y tratando de calmar a la agitada amiga.
-ijEl aire, el aire!, repiti6 de nuevo, quien pudiera
introducirlo hasta este coraz6n y refrescarlo. Ah! la
muerte debe ser el aire propio para mi!
Y como si en verdad faltara la respiracion i sus
pulmones parecia asfixiarse presa de un temblor extrafo.
Dos gruesas lagrimas rodaron lentamente por sus meji-
llas coloreadas por la fiebre e impelida luego por alg6n
secret pensamiento. iMadre, nradre mia! prorrumpi6
al trav6s de quejas y sollozos de ave moribunda, madre,
tu no me amas!
Adela sesintio estrechar entire dos brazos semejan-
tes A dos hierros.
El alma de Herminia dejaba la material; se iba, se es-
fumaba como aquesas sutiles nubecillas que en las tar-
des huyen en las alas fugaces de los vientos, como el ul-
timo gemido de una flauta que sube y se confunde con
las ondas de luz en el espacio!


- I _-* -- -~~-___ I-__~-~ __ __C __ __ ~___ -~-~~--~---.-- -.--- --~C--l~- I--


LA MUJER


149














En fuerza de un remedio tomadoen mayor dosisque
la prescrita por el medicosuexaltaci6n rayaba en la locura.
Indudablemente habia perdido la raz6n.
Las palabras salian de sus labios inarticuladas, sor-
das, sus quejas transformironse en verdaderos estertores
de agonia. Sus crispadas manos no aflojaban el cuerpo
de su amiga y los edredones, las colchas de valor que
la cubrian comenzaron a sentirse desgarrados por unos
dientes blancos y finos como perlas.
Adela se crey6 en los ultimos moments de su vida,
mas si al regresar se encontr6 con que Manuelita habia
desaparecido.
Esta, asustadisa, timida con la timidez de un nifio,
despues de presenciar en complete mutismo una escena
que jamAs ni se habia imaginado no tuvo otro recurso
que ponerse en salvo portnedio de la fuga.
iQue hacer! Opt6 por deslizarse tras de un parape-
to y de ahi favorecida por la oscuridad atravezar la es-
tancia, pasar el corredor y luego volverse hasta su casa 6
imponer con lagrimas a Angela, su buena madre, de c6-
mo Herminia duefia de tanto oro, se veia desgraciada
en medio de su fausto.
Ahogando los latidos de su pecho y con ese mie-
do ingenito en los series debiles ya habian descendido
hasta el descanso de las gradas.
Mas /infortunada Pascua! Nerva un enorme pe-
rro recientemente enviado como obsequio a Herminia
desde el archipielago de Col6n, ahi fingia dormitar la
siesta por ver de no dejar que nadie penetrara sin
antes consultar con e1.
Carreflo no se habia extendido todavia hasta los
perros de suerte que el recibimiento hecho a Manueli-
ta fue tremendo. De un salto y recordando todos los
instintos feroces de su raza, se lanz6 hasta el cuello de
la pobre nifia rasgandole en pedazos la mantilla que
cubria sus hombros y lo que es peor su falda de color de
aurora.
El terror monstruoso que se apoderara de ella no
es para descrito.
PAlida como una estatua que representara la ago-
nia, su primer impulse fue gritar; luego sintiendo que
la voz moria en su garganta no hizo otra cosa que eas
conder la carra entire ambas manos y cerar los ojos en es-
pera de ser aniquilada.


b ---.-:C~ -- -- ~~ -~-~.---L~--- I~ ._~ ___~__ I I I _~~ -------I___ _ --- _r ~______ _^ ---- ~_ ~ ___II~~__CI_;I_;_IC~~ (__--~- _~-C_ ~ __


150


tA MVTJER











Quien haya leido las inimitables paginas de "Quo Va-
dis" y recuerde las fiestas de Ner6n, habria tenido en Ma-
nuelita copia exacta de una de las virgenes cristianas de
las catacumbas,
-iMadre mia! fu6 lo inico que murmur6, como un
suspiro..... ........
El perro, satisfecho 6 quizas avergonzado despues
de contemplar un instant mas i su indefensa victim,
subi6 pausadamente la escalera y se perdio en los inte-
riores de un pasillo que daba a la cocina.
A poco Manuelita se encontraba en el zaguan tem-
blando y con los ojos muy enrojecidos de llorar.
Veia su primer vestido largo destrozado con toda la
amargura con que una alma sensible recoge los despo-
jos de sus primeras ilusiones muertas.
No tenian dinero puesto que la cedula del montepio
de su madre viuda no seria pagada en el siguiente Ene-
ro por el cambio de empleados. Ademas el tesorero, ese
hombre despota que traficaba eon los sueldos de martires
caidos en luchas fratricidas ino arrugaba el sefio cuando
ella ; pobre nifia! cubierta de rubor iba hasta el Palacio
y extendia una mano al pedir como limosna el precio
miserable de la sangre de su padre?
C6mo, pues, proveerse de otra falda tan linda y tan
costosa? No ascendia al ingente valor de cuatro sucres
esa que el infame Nerva le dejara initial?
/Dios mio! y el regres6 a casa ic6mo hacerlo si tam-
bien la manta estaba convertida en jirones inservibles?
/Cuanto sufrimiento! que dolor tan rudo para ese
coraz6n de sensitiva que jams sintiera otros embates
que el temor de verse abandonada por su madre y titu-
larse hu6rfana!
Por consiguiente el caso era gravisimo.
Adela por su parte pensando en que su prima la
aguardaba prob6 a desasirse de Herminia que seguia es-
trechandola. Lloraba inconsolablemente y le parecia
impossible que talvez iba a desaparecer muy pronto de
la tierra su hermosa condiscipula sin que uno solo de los
suyos se preocupara de ello.
Ansiando una criada, alguien con qui6n poder de-
jarla y acabar su angustia, llam6 por repetidas veces,
pero muy en vano.
La casa de su amiga parecia encantada.
A no dudarlo dofia Ana habia salido y los sirvientes
se encontraban lejos, decidiendo, quizas en sesi6n acalo-


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151


LA MUJER












rada que deben extinguirse los amos que no tienen mis
Dios que el egoismo.
/Que sorpresa/ Que horror! si bajo otra presi6n de
las manos de Herminia, Adela habia sido despojada de su
manta e inmediatamente de ver que la rasgaba y soste-
nia con la diestra, se extendia en el lecho y principiaba
a agonizar.
Los nervios, la delicadeza de Adela no pudieron
mas.
Sus gritos estallaron desbordadamente y con la pre-
cipitud del rayo) se puso en la escalera.
Tal procedimiento, sin embargo no sirvio sino para
que la peripuesta doncella de Herminia que dormia en la
pieza contigua. despertandose echara maldiciones contra
las pobretes amigas de su sefiorita.
Intertanto la muerte se cernia impalpable, sacu-
diendo en la penumbra sus alas gigantescas y la herede-
ra acabarfa con el "suefio negro"!
Un coche se detuvo en el moment delante de la
casa.
Se abri6 la portezuela, y D. Pepe, el rico propieta-
rio, baj6 de 61 acompafnado de un gallardo joven con
quien al parecer trataba de una importaci6n de vinos.
/Santo cielo, el joven era Carlos!
Carlos para quien el rubor ylas miradas de Manue-
la no habian pasado inadvertidos y ahora tanto A ella
como a Adela iba a encontrar convertidas en peleles y
pugnando por ocultar sus siluetas mutuamente.
Adela al escaparse del lado de la enferma lo hizo de-
jando alli su manta y la pobre completaba sus piezas de
vestir con una raida levita de su esposo.
Don Pepe ni siquiera las mir6 6 al menos la vague-
dad insierta de sus ojos claros y faltos de expresi6n asi
lo demostraron. Era un verdadero idiota 6 acaso un
verdadero ingles.
Carlos si se detuvo: la juventud y la miseria de
aquellas dos virtuosas aristocratas, vinieron a infundirle
algo mas que afecto.
Vi6 llorar a Manuelita y bien habria deseado enju-
gar sus lagrimas con besos.
/Quien creyera! entonces cuandopara otro hombre
vulgar y corrompido esa nina habria servido de burla,
para Carlos que poseia una alma levantada y noble, que
entendia la acepci6n de la palabra amor y no juzgaba el


152


LA MUJER












matrimonio objeto de negocio, tal encuentro le sirvio de
bendici6n y premio para el porvenir. Sus ojos se encon-
traron con los negros y dulces de la joven; se hablaron
misteriosamente sus dos almas y 61 juror en secret que
ninguna otra mujer seria su esposa, si no lo era por des-
gracia Manuelita.
Ese mismo coche condujo A los tres jdvenes A la ca-
sa de Angela desde la risuefia plazuela de San Pablo.
Las lagrimas de Manuelita corrieron nuevamente al
caer desfallecida en brazos de su madre. iQue impresi6n
tan espantosa guardaria de ahi mas en sus recuerdos!
Y si Herminia dejaba de existir? iah! la Pascua, los dias
del Belen tendrian para ella el indeleble sello de triste-
za que tiene un Viernes Santo! Mas para los series de
frentes marchitadas por la angustia, para aquellos anemi-
cos del alma que avanzamos solos, feliz, esa violeta
que aun desconociendo los multiples dolores de esta vi-
da que hacen de cada coraz6n un Chimborazo con per-
petuas nieves, posaba su cabeza en el pecho bendito de
una madre en busca de esperanzas, en busca de consue-
los que el huerfano no encuentra, no, no encontrara ja-
mas. ... su nido esta vacio!
La vaga claridad del v6spero cruzando por entire ho-
jas delilas y claveles cultivados por Manuela en sus
ventanas, envolvi6 en efluvios blancos y azulados esas
cuatro bellisimas figures.
El Angelus sonaba en las iglesias difundi6ndose
como un lamento en la penumbra y pidiendo a los cris-
tianos oraci6n, aquel perfume santo que sube A las altu-
ras y calma y apacigua las negras tempestades, las inter-
nas luchas. Habian caido de rodillas icreencia, creen-
cia para el mundo! y no important los harapos del
mendigo; hay luz, hay poesia en ellos si su aureola prin-
cipia en lavirtud!
Tres dias despues se celebraban con pompa y cuanto
de fastuoso existe para un muerto, las exequias de la her-
mosa sefiorita Herminia de Velasco.
Algunos de sus numerosisimos parientes invitaron A
lsc nobles de la poblaci6n para el traslado de sus res-
tos A la cathedral y luego al cementerio.
Por otra parte la riqueza tiene sus adoradores y en
la casa del siniestro, rebosaba gentesque cuchicheaban y
refan de Dfia. Ana metida todavia en as favorite y Uni-
co vestido verde.


158


LA MUJER












--Mi hija, mi hija! repetia no la vi morir pero aun-
que una no sepa ni Aritmitico, ni Gramdtico ni Iotogra.
fia, sabe que tiene alma y talvez la encontrar6 en el
cielo.
Don Pepepor su lado: uno, dos, tres, barriles de
Jerez, y imi hija, mi hija! cuatro, cinco de Torino, mur-
muraba dando paseos y paseos a lo largo de la estancia
en donde habia un ferretro y blandones y flores marchi-
tas, yrumores sordos como olas que se chocan, se repe-
len; como el sufrimiento en fin......
El negocio y la avaricia hicieron olvidar aquellos
dos infortunados series el amor mas santo, la mis sa*
grada obligaci6n impuesta por Dios y la naturaleza
mismia.
Hoy sobre el elegant mausoleo de Velasco donde
duerme Herminia, apenas si se ve de vez en cuando 4
su doncella que hace la que llora y al famoso Nerva que
como en otros dias cuida de su duefia y espera
dando voices lastimeras a que esta se levante y acaricie
su cabeza envejecida y triste por la acci6n del tiempo.
Al contrario, Manuelita es la esposa feliz 6 idolatra-
da de Carlos que supo comprenderla y amar en ella la
hermosura y nitidez de su alma mAs que de su cuerpo.
Han pasado nuevamente algunas Pascuas, han pa.
sado otros Diciembres y se ha visto en todos obsequiada
de vestidos primorosos y de mucho amor de par-
te de los suyos. Carlos comercia al por mayor en vinos
y se dobla dia a dia su fortune.
Angela ha mejorado casi por complete y vive en
compafifa de su hija edificando con su ejemplo a cuan-
tos la rodean.
Adela y su marido forman part tambi6n de la fa
milia.i' La primer no viste ya levitas y muy pronto se*
ra, la madrina electa de la primogenita de Carlos.
La dicha y el temor de Dios imperan en ese hogar.
La idnica sombra que como nube de verano enturbia
derrepente los semblantes apacibles de Adela y Manue-
lita es el recuerdo de la muerte de su condiscipula, mas
si la casa que actualmente habitan se halla frente Afren-
to de la suya, en la bellisima y nombrada plazuela de
an Pablo


MARIA NATALIA VACA.


154


LA MUJER











LA MUJER 155


Laurimas U Flor6s

SOBRE LA TUMBA DE MIS PADRES




iOh! qut dulce, qu6 dulce es en la vida
Recostados dormir en el regazo
De una madre; y tambien el tierno abrazo
De su amor puro y santo recibir.
Y forjar mil ensuenios de ventura
Al sentir de sus labios el aroma,
Cual sol entonce el porvenir asoma
En un cielo de oro y de zafir.
Y elevar al ideal desconocido
Nuestro vuelo, cual Aguila altanera,
En alas puras de ilusi6n primer
Llenos de dicha y juvenile ardor.
Y sonar y sonar en otros mundos
Sin comprcnder que en el planet Tierra
El mal, el crime y el dolor encierra,
Y quimera y mentira es el amor.
iOh mundo! yo desprecio
Tus perfidas quimeras,
Tus glorias pasajeras,
Tus dichas, tu placer.
Grandezas y fortune,
Tu amor y tu esperanza,
Tus suefos de bonanza,
Tus ramos de laurel!
Si todo en este mundo
Fugaz para mi ha sido,
Mis padres he perdido,
Con ellos mi ilusi6n,


LA MUJER


155










156 LA MUJER

Con ellos mi esperanza,
Con ellos mi ventura,
Tan s61o la amargura
Qued6 en mi coraz6n.

WPor qu6 meci6 mi cuna
La perfida riqueza,
La dicha, la grandeza,
Y el angel del amor....
Rodeada de mis padres
Form6 yo sus delicias;
Sus placidas caricias
Recuerdo con dolor.
iOh Dios! que se hizo todo
Y en qud se convirtieron?
iMis padres qud se hicieron,
Los padres de mi amor.... ?
Los busco y no los hallo....
Si tiendo mi mirada
Cenizas s6lo y nada
Encuentro en mi redor
i Oh! qu6 dulce, qu6 dulce es en la vida
Recostados dormir en el regazo
De una madre; y tambidn el tierno abrazo
De su amor puro y santo recibir!
Y despertar, que triste es, de ese suefio
Para encontrar la realidad sombria;
Lejos de ti no puedo, madre mia,
Sin tus caricias ni tu amor vivir.

EQu6 encierra el mundo para mi de alhago
Sin el fulgor de tu mirada santa....
La tierra es valle de amargura tanta
Que no hallo donde reclinar mi sign.
i Qu6 import, oh madre, queme ofrezca el mundo
Amor, gloria, coronas, bienandanza
Si no tengo tu amor! Ni la esperanza
Tiene atractivos para mi tambidn.
Te Ilamo por tu nombre, madre mia,
En mis horas de angustia y de tormento,
Se pierde ei el espacio mi lamento
Y contemplo mi suerte con horror.
S Oh padre de mi amor, madre de tni alma,
Adi6s, adi6s! por que la mueirte impia
Tus caricias me niega, madre mia,
Y de mi padre el puro y santo amor?
Ya no jams, jams en este suelo
Contemplard tu imagen adorada;
Volaste al cieilo, y sola abandonada,
Me dejaste sumida en el -dolor.










AfA U4UJER

En el sol, en la luna, en las estrellas,
En el viento y la brisa gemidora,
Al despuntar la refulgente aurora,
Y en las notas del pajaro cantor.
iEn qu6 no te recuerdo, madre mia,
En qu6 no miro tu figure santa
Cuando el poeta de amargura canta
Alli yo escucho tu doliente voz.
En fin, descanza en paz, madre adorada,
Aqui vengo, a regar, de mil dolores
L~grimas tristes, deshojadas flores
Sobre la losa de tu tumba // iAdids!!!
EUSTOLIA MOSQUERA.

Zaruma, Mayo 6 de 1905,










iQulto, Lul z e Aml6it


iOh Quito hermosa! la joya mas preciada
De este pedazo de la patriamia:
WC6mo no saludarte entusiasmada,
En los albores de este fausto dia?
Y al mirarte ceffida de laureles
.C6mo no rebosar de orgullo santo,
Si aqui los hijos que te honramos files
Somos felices al besar tu manto?
En efecto: tus glorias son muy grandes
Cuanido al romper la esclavitud ibera
SiComo reina'escogida de los Andes!
. Te cupo, por-honor, ser la-primera.

S.i :tu~:hijos! los hroessin segundo .
De esa epopeya de inmortal renombre, .
:* De virtudes y honor germen fiedmndo .
Legaron con su sangre y con su nombre


I I I L r










6LA M tJIEit

iOh Quito! iOh Luz esplendorosa y bella,
De aquesta tierra por Col6n sofiada!
Nurica se eclipse tu radios estrella,
Jamke, jamfs te mires humillada.
ISABEL D DE ESPINEL.
Quito, Agostoto 10 de 1.905.






Peticion




H H. LEGISLADORES:

Debido A la iniciativa particular ha principiado A
publicarse ebta Revista, 6rgano, como su nombre lo in-
dica, de ingenios femeninos. La buena acogida que ha
tenido en la Naci6n, es un estimulo para que sus redac*
toras y colaboradoras no desmayen en tan noble prop6-
sito. Pero si hay buena voluntad de parte de los que
han promovido esta empresa literaria, temen que su cons-
tancia se estrelle en la falta de recursos para subvenir
A los gastos que demand la publicaci6n.
Acudimos, pues, A vosotros que acablis de dar una
muestra de filantropia incluyendo en la Ley de Presu-
puestos sendas cantidades para el sostenimiento de otras
Revistas que, por vuestra munificencia continuarAn su
march periodica en Quito y Guayaquil. "La Mujer"
se cree acreedora a esta gracia, y confia que en esta oca-
si6n no serk pospuesta las demAs publicaciones, y vo-
taretis una cantidad igual, con la que habeis favorecido i
"Guayaquil Artistico," Albores Literarios," y la" Revis-
ta Jurfdico-Literaria."
No queremos entrar en otras consideraciones, porque
seria ofender el espfritu de progress de que os sentis ani-
mados, cuando se trata de la educaci6n del bello sexo;
de esta hermosa mitad del genero human, cuyos ade-


_ _------,-._~,, --_--~LL~- ~_ --- s- *-- -C ---L--- - ITT -- -I __~ _ ___ ~__I~~.__~__ C* ~-. ~I 1~ ----___-6-












lantos influyen en el bienestar de todas las classes sociales.
Nos apresuramos, H. H. Legisladores, a enviar el
testimonio de nuestra profunda gratitud por el favoraw
ble resultado que obtendra nuestra insinuaci6n

HONORABLE LEGISLADORES.
Las 1edactoras.





0Gon1flkn61ias
A mi amiga Maria Natalia Vaca.

tPiensas, acaso, amiga idolatrada,
que por el mundo voy
de una dicha sin fin acompafiada;
que jamAs se me nubla la mirada,
que siempre feliz soy,
Porque, egoista, no quiere confidence
que alivie su pesar
y & nadie cuenta todo lo que siente
mi alma sencible?.... pues callando miente
que no sabe Ilorar.
Yo escondo, niifa, mi dolor profundo
dentro del coraz6n,
ya que elllanto es mil veces infecundo
y es locura esperar del necip mundo
un iay! de compasi6n.
Mas isabes quin disipa mi tristeza,
quidn me ensefia a sufrir
callada, con valor y con nobleza
y 6 levantar altiva la cabeza
si me quieren herir?
Mi madre, que es mi amiga bendecida,
el 6ngel de mi hogar,
mi confidence, mi ilusi6n querida
que endulza la amargura de mi vida
ensefinndome 6 orar.
ANA MARIA ALBORNOZ.


Ambato, Setiembre de 1903.


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AWB


LA MUJER














NOTAS




ABRIMOS esta secci6n enviando un saludo al Sr. D. Lizardo
Garcia como a Presidente de la Repiblica; hacemos votos porque
su administraci6n sea benefica al pais y abrigamos la esperanza de
que sabra conducir al Estado por los senderos que la civilizaci6n
marca los pueblos libres, rodeandose de hombres prestigiosos,
ilustrados y conocedores de las verdaderas necesidades de los pue-
blos. Si acaso, como es de esperar, esto sucede, habranse cum-
plido los mas ardientes deseos de cLa Mujer> que no anhela otra
ventura que la felicidad de la Patria.
Imponente, magestuosa estuvo la trasmisi6n legal de la Presi-
dencia de la Repiblica al Sr. D. Lizardo Garcia verificada & fines
de este mes. Ley6ronse en este acto sendos discursos tanto del
nuevo Magistrado como del Sr. General Plaza y del Dr. Tamayo,
como Presidente del Senado llamado por la ley para posesionar en
su cargo al nuevo Presidente Sr. Garcia. Cada uno de los discur-
sos contiene bellos ideales y da muchas esperanzas. El tiempo se
encargara de manifestarnos si son inicamente promesas de estilo
6 si se convertiran en una halagadora realidad.



SE nota much entusiasmo en la Camara joven por rechazar
las objeciones del Ejecutivo acerca del proyecto de decreto relati-
vo & la jubilaci6n del eminente bardo, Sr. D. Numa Pompilio Llo-
na, y de la no menos inspirada senora donia Dolores Sucre. Dada
la hidalguia de la H. Camara del Senado, la insistencia ser& secun-
dada y veremos entonces con placer premiados los merecimientos
de ambos escritores. Ojala asi suceda para honra de ellos y estimu-
lo de la juventud estudiosa que hoy se afana por seguir la escabro-
sa send que conduce a la inmortalidad.
--C.

HEMOS sido honrados con la visit de las siguienteM publica-
ciones: cGuayaquil Artistico>, , la Cuencana>, , ,
cAlbores Literarios>, cGaceta Municipal<, , Voz de Guaranda,, cLa Republica>, .
Agradecemos el envio y retornamos el canje.


POR tener exceso de material nos es sensible no dar publicaci6n
en este' nhmero composiciones de m6rito que nos han Ilegado de
las provincial, asi como las de algunas escritoras de este lugar que
se hallan ausentes.


~. c r L-~._~_. II


-- n - l


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LA MUJER








"LA MUJER"

Se canjea con toda clase de publica-
Sciones nacionales y extranjeras.


8 Para todo lo relative a esta Revista
* dirigirse a los Editores, Sres. Emiliano
SAltamirano, Luis C. Vasconez y Aurelia-
no Silva N., Carrera Loja N. 4, cuadra 3.
Apartado N. 203. "
Quito.-Ecuv.adcr.

PRECIOUS DE SUSCRIPCION:
Niumero suelto .......S.....S. 0,40 "
Por un trimestre .......,, 1,00
Por un anio- o-........ .........,, 4,00
En el exterior, los mismos, con el
veinticinco por ciento de recargo. Pago 0
G adelantado. V

AVISO


OEn esta imprenta se compra el N .
1 H de "La Mujer".




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