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HIDE
 Front Cover
 Aspiraciones
 La princesa canillona
 Doble sacrificio
 Balada
 Viaje en diligencia
 El libro
 A mi nieta primogenita
 Rita. La loca
 Varledades
 Notas
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Title: Mujer ; revista mensual de literatura y variedades
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 Material Information
Title: Mujer ; revista mensual de literatura y variedades
Physical Description: Serial
Publisher: Imp. de la Sociedad "Gutenberg", por Francisco E. Valdez
Place of Publication: Quito
Publication Date: July 1905
 Record Information
Bibliographic ID: UF00089243
Volume ID: VID00002
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.

Table of Contents
    Front Cover
        Front Cover 1
        Front Cover 2
    Aspiraciones
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    La princesa canillona
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    Doble sacrificio
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    Balada
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    Viaje en diligencia
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    El libro
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    A mi nieta primogenita
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    Rita. La loca
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    Varledades
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    Notas
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    Back Cover
        Back Cover
Full Text



( 4 b


'V)


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Arc








ECUADOR




1LA MUJER



Revista Mensual de i-teratura y Variedades

A80 I QUITO, JULIO DE 1905 NUMERO 4


spilra6lollIs


El trabajo que dignifica, que honra y regenera, es
para el hombre obligaci6n ineludible.
Las aves buscan su alimento, tejen sus nidos, crian
a sus hijos; la fiera recorre el bosque, en busca de sus-
tento; el pez, el insecto y, en fin, todos los series anima-
dos de la creaci6n, siendo esclavos de necesidades mate-
riales e imperiosas, trabajan para satisfacerlas.
El Rey de lo creado, lleva como las criaturas infe-
riores, el aguij6n del hambre dentro de si mismo. En
vano el espiritu que le distingue, elevale en fantasticos
sue~fos de grandeza; por mas que protest, atado esta a
la tierra con ligamentos que s61o destruira la muerte.
A pesar suyo, sus hombros sustentaran por siempre, el
fardo enorme de la lucha por la vida.
El instinto de conservaci6n unido a sus necesidades,
crearon el trabajo e hicieron que aguzara su ingenio,
desarrollarasu inteligencia y buscara los medios de pa-
sar mejor su precaria existencia.
En el amor a la vida, tan profundamente arraigado
en nosotros, se funda el desarrollo y progress de la hu-
manidad, que de otro modo habria perecido irremisible-
mente, en la lucha consigo misma y con los elements.











La propia conservaci6n se impone de modo tan tirA-
nico, que se cuentan casos horribles ejecutados A su im-
pulso y que parecerian inverosimiles, si no los atestigua-
ra la historic.
Las necesidades del hombre, crearon las leyes de fa-
milia en los tiempos patriarcales, antes, muchisimo antes,
de que ningdn c6digo se apropiara de ellas.
Cuando la humanidad constituida en sociedades,
fund pueblos, dict6 las leyes civiles, y mas tarde
estableci6se el Derecho Internacional, todo con el fin de
asegurar la existencia y bienestar individual y colectivo.
Cada hombre viene a la tierra, trayendo cualidades
y facultades propias y A veces excepcionales.
La gran ciencia de la vida, es saber para que he-
mos nacido; a los padres y especialmente A la madre, co-
rresponde el estudiarle, reprimirle 6 animarle, dando di-
reccion acertada a sus primeros empefios infantiles.
La humanidad es una gran colmena, en que todos
trabajan para todos, aunque muchos de sus miembros
no se den cuenta de ello.
La agriculture, las ciencias, las artes, las industries,
ofrecen ancho campo, al hombre trabajador.
El espiritu investigator del sabio, soluciona cada
dia un misterio y descubre otros nuevos; el quimico, al-
quimista modern, transform los cuerpos en otros com-
pletamente diversos; el artist sostiene la alteza de mi-
ras, el amor a lo bello y a lo inmaterial, exteriorizando
con forms divinas, las delicadas percepciones de su es-
piritu: el medico, talvez el mayor de los benefactores de
la humanidad, estudia en las visceras y en los drganos
descoloridos y flAcidos del cadaver, el secret de la salud
y de la vida y asi avanza el hombre, en su obra de perfec-
cionamiento, trabajando siempre y recogiendo el fruto
de sus afanes: cada dia hace una nueva conquista, cada
hora plantea un nuevo proyecto y no se cansa jams.
Que parte toma la mujer, en esta transformaci6n y
adelanto? sQue aporta a la labor comun? No teniendo
en cuenta las excepciones, que no pueden hacer regla,
bien poco ha contribufdo ella a la perfecci6n relative en
que nos encontramos; no porque le haya faltado volun-
tad, ni aptitudes, sino porque relegada al iltimo lugar
por leyes barbaras y retrogradas, jamas ha ocupado el lu-
gar que le corresponde. Esas leyes injustas, atrofiaron
las fibras de su energia, la vida sedentaria y la molicie,


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LA MUJER













debilitaron susmiembros para el trabajo. No era esa la
condici6n fisica, primitive de la mujer.
El hombre, mds fuerte y mis audaz que ella, absor-
vi6 poco poco sus derechos y se hizo autoritario, con-
virtiendola en sierva; un lapso secular de tiempo, la
acostumbr6 d esa pasibilidad animal y el atavismo con-
cluy6 la obra comenzada por la tirania.
Es probable, que al cabo de siglos, la gallina no vue-
le en lo absolute y, sinembargo, tiene magnfficas. alas
para hacerlo; al present mismo, ya no puede desafiar
a ningiin voldtil de medianas aptitudes; la domestici-
dad perpetua, casi se las ha baldado y ni siquiera sien-
te la necesidad de utilizarlas.
Lo mismo paso con la mujer: las duras leyes que el
hombre antiguo y poco civilizado dict6 para ella, atro-
fiaron sus bellas cualidades, hacidndola casi inconsciente
de su noble misi6n en la tierra, pero como al fin y al
cabo, no era gallina, la civilizaci6n que lleva a 6sta ca-
mino de la perfecci6n, lleg6 a conmoverla y sacarla de
su enfermiza apatia: se avergonz6 de sus cadenas y las
sacudi6 indignada. El acero forjado en tantos siglos,
es demasiado duro de romper, pero la lima de su cons-
tancia hard que algdn dia caigan a sus pies.
La mujer si revoluciona, es impulsada por la ley de
conservaci6n, tan prepotente en ella como en el hombre;
natural es, que trate de mejorar su suerte y de buscar los
medios para ello.
El esclavo por degradado que este, llega al fin a com-
prender que es siervo y entonces no repara en medios
para sacudir su yugo.
Los malos tratamientos y desprecios hardn reaccio-
nar a las razas negra y amarilla, las injusticias han he-
cho reaccionar a la mujer; si ella no usa de armas mate-
riales, en cambio ha puesto en campafia todo su ingenio
para conseguir el fin que se propone.
La seguridad de que es igual al hombre y de que
tiene el mismo derecho de vida que este, va cundiendo
de modo asombroso.
Muchos prejuicios han caido ya en ridicule: la mu-
jer se regenera para su propia alteza y la de sus seme-
jantes.
Si se le obliga a career imprescindible la protecci6n
absolute del hombre, sera precise llegar a la inmoral
consecuencia de que cada uno de ellos, tendria que for-


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LA MUJER












mar un haren, pues, la estadistica universal comprueba
que existen mis mujeres que hombres.
Como tan repugnante monstruosidad es irrealizable;
como todas las mujeres no tienen quien las mantenga,
ni todas quieren ser mantenidas por quien no sea su pa-
dre, su hermano 6 su marido, es incuestionable que a pe-
sar de todas las preocupaciones, ha de buscar su inde-
pendencia y los medios para sostenerla.
La mujer tiene derecho a que se le d6 trabajo, pues-
to q.ue necesita vivir, y no se vive, ni se adquieren co-
modidades sin trabajar.
La miseria reinante en Europa, es uno de los moti-
vos que con mas fuerza han despertado el feminismo
modern.
Las falanges de obreras que llenan las fabricas, no
han podido menos que comparar la diferencia de salario
sefialado para los dos sexos, por identico esfuerzo, por
las mismas horas de trabajo.
El feminismo no es una doctrine caprichosa y sin
objeto, es la voz de la mujer oprimida, que reclama aque-
11o que le pertenece, y que si no hoy, manana 6 cual-
quier dia lo conseguira, siendo por lo tanto initial po-
nerle trabas.
La mujer ecuatoriana siguiendo el movimiento uni-
versal, sale de su letargo, protest de su miseria y
pide conocimientos que la hagan apta para ganarse la
vida con independencia; pide escuelas, pide talleres, pide
que los que tienen obligaci6n de atenderla se preocupen
de ella algo mas que hasta aquf lo han hecho.
La gente de poco meollo, opina que a la mujer le
basta saber leer, escribir, cocinar y lavar bien; en efecto,
a cierta clase de la sociedad, le basta esto, pero como por
mas democracia que decantemos siempre existiran dife-
rencias sociales, es evidence que no puede ser igual la
educacion de la hija del pueblo destinada a casarse con
un artesano, y la de la sefiorita, que tendra por compa-
fiero un hombre de condici6n mas elevada.
Siendo el matrimonio una sociedad comlin de bie-
nes, fines y aspiraciones, es natural que los esposos se
hallen en condiciones semejantes, para que no discrepen
en ideas y para que el uno no sea remora para el otro;
tambien es just que ambos c6nyugues contribuyan al
sostenimiento de la familiar y para esto es necesario que
la mujer sepa trabajar.


100


LA MUJER











(Hasta cuando sera ella el zangano de la huma-
nidad ?
No es que la mujer sea inepta, se la educa
mal, eso es todo; no se le da oficio, ni profesi6n;
desde pequefiita le imbuimos la creencia de que debe ser
mantenida por el hombre y se la ensefia a avergonzarse
del trabajo como de cosa degradante.
En las escuelas no s61o debe concretarse la ensefian-
za al cultivo del entendimiento, debe obligarse & las ni-
fias a aprender un oficio y asi estarian prevenidas para
las luchas de la vida.
Los varones tienen becas en el extranjero, escuelas
de artes y oficios, puesto en todas las oficinas publicas,
ensefianza superior en los colegios; la mujer no puede
alabarse de todo esto y sinembargo, sobre ella pesan tam-
bien leyes y contribuciones.
Se nos observard que al present goza de ventajas
que no ha tenido nunca; cierto es, pero estas ventajas
podrian contarse en los dedos y no tienen el fin practice
que ambicionamos. Se la emplea en las oficinas de co-
rreos, pero todos sabemos que el personal de dichas ofici-
nas no lo componen muchas; se ha abierto tambidn un
curso de farmacia, y hay la esperanza de que dentro de
algunos afios obtendran titulos las que se han dedicado
a ese studio; pero seria de desear que se les facility
ademas, otras profesiones, pues si llega a haber farmacei-
ticas, como abogados, medicos y sacerdotes, seran estre-
chas las boticas para contenerlas.
El ejemplo de lo pernicioso que es el que se dedi-
quen todas a una sola profesi6n, lo tenemos en las maes-
tras de escuela; cada nifia salida de los colegios, es una
profesora sin discipulas. El titulo obtenido, si es rica,
le sirve s61o para halagarle su vanidad, y si pobre, para
contribuir a su desgracia, ya que una sehorita diplomada,
cualquera que sea la clase social a que pertenezca, no se
resuelve a ser cocinera, ni lavandera, que dicho sea de
paso, son los oficios mas socorridos que tenemos.
Si en Europa y Norte America las mujeres que go-
zan de mas libertad y medios para vivir, se quejan de
ser defraudadas en sus derechos, con cuanta mayor raz6n
lo haremos nosotras, aun a riesgo de parecer ridiculas 6
impertinentes.
La gota de agua erosion la roca y abre ella, no
s61o lecho para mezquinos arroyos, sino estuarios para


101


LA MUJER











102


LA MUJER


grandes rios, de aqui que no nos cansaremos de repetir
que la mujer tiene derecho a la protecci6u de los gobier-
nos, a la atenci6n de los congress, y que, asi como sobre
ella pesan obligaciones sociales y civiles, es just que
tambien goce de los beneficios comunes.

ZoILA UGARTE DE LANDfVAR.






La PrinG66a Ganillona

CUENTO
AN mi hijo Garlos H, Arvealo


Un rey de la India, Amurata,
Y Tiolade, su consorte,
Que durante muchos ailos
En vano gurdaron prole;

Confiadosen el poder
De Ululama, dios deforme,
Ofrecigronle (ril votos,
Dispusieron rogaciones,

Y que andando sobre clavos
Hasta el pie de aquella mole,
Con cantos y disciplines
Llegaran los sacerdotes.

Propicia oyo la deidad
A sus fieles servidores,
Cuando a los reyesuna hija
Al cabo de un afio dioles:

Y fu6 inmenso el regocijo
Sinembargo de que entonces
Adjudicaba la ley
El trono s61o a varones.

El rey dijo: me conformo,
Quiza Ululama me otorgue
Un nieto al tin, heredero
De mi trono y de mi nombre.

Al principio nada extranio
En la pequeia not6se;
Mas, se la vio precozmente
Caminar sin andadores.

Formaronse busto y talle
Con debidas proporciones;


Mas se estiraron las piernas
Y eran de tamailo double.
Muy pronto sus padres vieron
Con sobresaltos atroces,
Que le crecian de modo,
No vistonunca en el orbe.
Al gran Ululama plugo
Darles hija que les sobre;
Que suelen con sus dovotos
Ser muy prodigos los dioses.
Y lleg6 a la pubertad
Con unas zancas enormes
La princess, a quien sus padres
Pusieron Ibis por nombre.


Firme el rey en su esperanza,
Resolvi6se buscar yerno,
Y asi procurar al trono
Un noble y digno heredero.
Para consultar el punto
Convoc6 su real Consejo;
Llam6 a los mayors sabios
Naturalistas y mldicos:
Magos, te6logos, augures
Con admirable secrets,
Pronto al palacio acudi6
La ciencia toda del reino.
Hallandose congregados
Ante el Congreso select
Expuso el rey Amurata
Sus planes y sus reoelos:











LA MUJER 103


Desposar d la princess
Era su mayor deseo,
Para perpetuar lasglorias
De su preclaro abolengo.
Ella un principle daria
En quidn resignar el cetro;
Mas....(Aqui toc6 el monarca
El punto mas arduo y serio:)
Siendo la madre una garza
El temia que su nieto
Mostrara muy prolongados
Los posteriores extremes..
Para evitar ese mal
Pidi6 d los sabios remedio
Con ofertas y amenazas,
Mostrando terrible empenio.
Tres dias de plazo di6,
Y en el palacio aposentos,
Porque alli deliberaran
Con toda calma y silencio
Dedicaronse fervientes
A destripar libros viejos
Y de la naturaleza
A descubrir los misterios
Los mas duchos se juntaron
Para ponerse de acuerdo,
Y al fin dijeron:-Eureka!-
Aunque ignoraban el griego.


Ya del Consejo en la sala
EstAn de nuevolos padres
De la ciencia, y aparece
El rey silencioso y grave.
Mas su coraz6n de pronto
Muy fuerte en su pecho late,
Al ver algunos tranquilos
O con risueflo semblante.
Supuso que al fin hallaron
Algin arbitrio admirable
Que le vuelvala esperanza,
Que termine sus afanes.
Despuds de rendirles todos
Los debidos homenajes,
Con la mirada interroga
Y a un viejo le ordena que hable.
El anciano se levanta
Y enbellas, garrulas races
Elogiaal rey, y le pide
Su venia para explicarse.
Pronuncia largo discurso
En magnifico lenguaje
Para probar que del orbe
El equilibrio es labase'


Mucho de fisica habl6,
Sentando principios tales,
Qued otros queno fueran sabios
Parecerian dislates;
Y concluy6 prometiendo
Sin temor y sin ambajes
Presentar un nieto al rey
De una perfecci6n notable.

Un mal con otro se cura,
Vuestra majestad lo sabe;
Y puede bien un defecto
Con otro contrarrestarse,
Ordenad, rey poderoso,
Que se busquen yse hallen
Las piernas mas diminutas
En cuerpo de un hombre grande.
Casadlo con la princess
Y les nacerd un jigante
De tan bellas proporciones
Que aun a las vuestras igualen.
Al rey tan extrania idea
Principio por repugnarle;
Mais por salir del aprieto
Los sabios al viejo aplauden.
Esto es esplendido! exclaman
Y de prodigioso alcance;
No hay nada que ms seajuste
A las leyes naturales!
Y esforzadas sus razones
Como elocuencia notable,
Parecio alreyel proyecto
Yano tan extravagante.
Convino luego en former
Aquel inaudito enlace,
Y para buscar el novio
Dirijense a todas parties.
Cien heraldos, que del rey
Llevan orden terminante
De recojer cuanto enano
En vasto contorno se halle.


Despuds de afanes prolijos
Tuvo el rey en supalacio,
La mis rara colecci6n
De aquellos series extrafios.
/De inos, era el pecho angosto,
Otros, eran jorobados,
Otros con caras enormes
Causaban pena 6 espanto.

Con trabajo pudoelrey
Escojer el mns gallardo:
Tenia corta cabeza
Sobre ancho t6rax cuadrado,












104


LA MUTJER


No muygrande erasu vientre
Y largos eran sus brazos.
Sus piernas ... qud pernecitas!
No median ni dos palmos.
Iba con manos y pies
Por no caer caminando.
Con piernas en proporci6n
Hubiera sido muy alto,
Todo: la mitad de unhombre
Con dos apdndices raros.
Result,6 pues, muy BONITO
El yerno del soberano!
EfectuAronse las bodas
Sin estruendo, sin boato,
Pero las regias Mercedes
Obtuvieron los vasallos.
De la zancuda princess
Siendo padre el bello enano,
Nacio un principle robusto
Antes decumplido un ailo.
Los que vieron al infante
Cuando al rey fue presentado,
Se quedaron mudos, frios,
Absortos, llenos de pasmo.
No sabian que cosa era....
Algo asi como un crustaceo;
Hasta que la comadrona
Ocup6se en desdoblarlo.
Tenia el brazo derecho
De prodigioso tamalo,
La pierna izquierda tambien
Era palitroque largo;
La derecha, un piececito
En corto muslo pegado;
Del hombro izquierdo salia
Un pequeilisimo brazo.
Por lo demds, el semblante
Era gracioso, algo blanco,
Aunque los padres no fueran
Del color del alabastro.
Bramando. furioso el rey,
Maldijo d todos los sabios;
En vez de un hermoso nilo
Tuvo por nieto un endriago.
Si al viejo de la ocurrencia
Hubiera tenido Amano!....
Mas, el pobre fallecio
Sin presenciar el milagro.
Y bien visto, fue su ciencia
Culpable deaquel fracaso?
De la ley del equilibrio
Era el ninio ejemplo claro.
Interrogados de nuevo
Muchos sabios, opinaron


Que no habia visto el rey
Progenitor adecuado.
Pues viendo los muy cazurros
Aquel 4xito contrario,
Al rey echando la culpa,
Quisieron salir del paso.
Mas no les vali6 la treta;
El rey mand6 castigarlos,
Sufriendo (muy poco era)
Cada uno cincuenta palos.

Orcos, nieto de Amurata,
Quince ailos cumplidos tiene;
Con un pid y con una mano
Camina perfectamente.
Ya muy viejo y algo chocho,
Esta el abuelo en sus trece:
Corregir su descendencia
Con igual ardor pretend.
Casar d Orcos desea;
Mas a ello no se atreve,
Porque algin nuevo desastre
El rey desgraciado teme.
Hoy con afan un bonito
Mill6n de dollars ofrece
A cualquier mortal curioso
Que la mujer le present,
De figure y condiciones
Capaces de dar un nene
Hijo del nieto, enmendando
Los desperfectos de aqueste.
Que alargue lo que sea corto,
Acortando lo que excede,
Con proporcion y mensura
Dignas de tan nobles series.
Si algun lector animoso
Que esta triste historic viere
Para buscar tal doncella
Sobrada paciencia tiene,
Tome d su cargo la empresa
Que no es un pelo de liebre,
Por la gloria y el provecho
Que d quien la termine ofrece.
Podra salir de penurias.
O talvez enriquecerse;
Que aun los gastos de viaje
Cbstear el monarca debe.
Mas escogiendo la novia
Para el principle, el rey quiere
Que a la ley del equilibrio
El elector se sujete.


CAROLINA FEBRES CORDERO DE ARdVALO.


_ _~~_ _ _~______ ~_~ __















DoOlo6 a6rili6io


(Conclusidn).

V

Transcurrieron tres dias, y luci6 hermoso el senfalado por Mar-
ta para su Ilegada.
A las diez de la manfana se hallaba en la alcoba de dofia Laura,
con 6sta y Alberto.
Susana se habia negado & acompafiarla.
La pobre mujer confusa y tremula no acertaba & pronunciar
una palabra.
-Y bien, Marta, qu6 tienes que decirme?
Marta, con mano temblorosa, sac6 del seno un papel arrugado
y amarillento y lo present & Alberto, que lo tom6 con ansiedad,
y desdoblandolo ley6 en voz alta lo que sigue:
cMarta:
A nadie mis que a ti puedo confiar en mis dltimos moments
un secret que me quema el alma.
Sabes tu que & los tres meses de casada, Julian emprendi6 un
largo viaje. Yo quede en cinta pero le ocult6 mi estado. Al na-
cimiento de mi hija, ignoraba su paradero y no pude darle aviso.
A poco, amores clandestinos ahogaron en mi coraz6n todo otro
afecto y sabiendo que mi marido regresaba 6 su hogar, y sintiendo
palpitar en mi seno el fruto del adulterio, aleje & mi inocente hija,
te la envi6, asegurandote era una pobre huerfana a la que te orde-
naba proteger. Mi segunda hija, la hija del crime, fu6 acogida
porJuli&n con delirio; la crey6 suya y la am6 como tal..
-Sera posible!.... Entonces, Susana....
Sigue, dijo dofia Laura, conmovida.
tPr6xima & morir confio tu discresi6n el drama de mi vida.
Acerca & Susana a su padre y hermana, que se amen, pero no re-
veles mi secret sino en el caso que Susana sea infeliz. Que ladi-
cha de osta no labre la desgracia de Carmen, inocente de mi culpa.
ble y sus bondades para conmigo hacen m's horrible mi falta.
Voy a morir, que mis hijas no maldigan nunca mi memorial. Susa-
sana no lo hard, su indole dulce y buena, la inclinara perdonar
los errors de su madre. Y Carmen? El caracter de esta criatura
me inquieta, que la desgracia no desarrolle los malos g4rmenes que
descubro en ella.
Adi6s.- CARMEN>.
-Ahora s6lo falta pedir a ustedes perd6n por mi silencio.
-Eres una honrada mujer, Marta, has obrado como debias.
-Pero hemos estado ciegos, exclam6 Alberto. En el rostro
de Susana estin marcadas las nobles lines de nuestra raza.


- - L- - --- -- -~ ~ -1 --


105


LA MUJER












-Es verdad, dijo dona Laura tristemente.
-Sientes lo ocurrido, te desagrada el cambio?
-He amado 6 Carmen como a nuestra y a Susana como & ex-
trana. Qu6 haremos ahora?
-Revelar a las dos el secret de su nacimiento.
-Si, Susana entrar4 en posesi6n de la fortune de mi hermano
que hasta hoy ha tenido Carmen como suya, y 6sta, acostumbrada
6 las comodidades que proporciona el dinero, no podra vivir en la
pobreza.
-Carmen no "conocera la miseria. Susana gozara de la for-
tuna de nuestro hermano pero yo dotard 4 Carmen.
-Haras eso?
-Lo har6 como lo digo.
-Es tan altiva, dijo donia Laura, que talvez no aceptar& tu
dadiva.
-Ahora lo que import es que yo march con Marta y able
con Susana. Temo se resista & destituir a su hermana del nombre
usurpado que Ileva.
Donfa Laura guard silencio.
Alberto pas6 & su habitaci6n 6 hizo sus preparativos de mar-
cha. A las doce, ya iban con Marta camino de Pomasqui, distan-
te de Quito cinco leguas, lugar en donde se desarrolla esta his-
toria.
Dona Laura qued6 inm6vil y abatida. Pensaba en Carmen,
en Carmen inocente y sobre la que recaia la falta de su madre.
Siempre tuvo a 6sta por culpable, pero ignoraba la extension de
su culpa.
La pobre mujer cay6 de rodillas y or6 por inocentes y cul-
pados. Era cristiana y el perd6n es la primera virtud de una al-
ma buena.
VI

Bien pronto se hallaron Alberto yMarta con Susana. Alberto
al verla, no pudo contenerse la estrech6 en sus brazos y la bes6 en
la frente. Ella se ruboriz6.
-Susana, dijo 41 con voz tremula, prepare tu animo, vengo a
hacerte una dolorosa a la par que grata confidencia. No recha-
ces mis caricias, ellas no empanan tu pureza: ve en mi, no al ex-
tranfo & quien has tenido hasta hoy como superior a ti, sino al her-
mano de tu padre.
-Mi padre don Julian? lQue dice usted?
Eso no es cierto, no, no puedo, no quiero creerlo! Abando-
nada desde que naci, criada en la miseria, humillada por quien
tenfa deber de amarme! Es espantoso! Que triste ha sido mi des-
tino! Digame usted que me engana.
No, Susana, te revelo lo que no puede ni debe quedar
oculto.
-Entonces, Carmen.... ?
-Es tu hermana.
-No puede ser, madre, able usted y diga si esto es cierto.
-Eres hija de don Julian Pino y de dofa Carmen, su esposa.
-Pero, Carmen, Carmen.....
-Es hija de tu madre.


106


LA MUJER













Susana se cubri6 el semblante, habia enrojecido de vergiienza.
-Quiere decir que mi madre fu6 culpable? Pobre, madre
mia! Bendigo tu memorial y te amo mas porque fuiste desgra-
ciada.
-Susana, enjuga tus lIgrimas, dijo Alberto, y preplrate &
seguirme, ven a ocupar en mi casa el sitio que te corresponde.
-Veinte afios he tenido a Marta como mi madre y no dejar6
sucompaffia. Por otra parte, qu6 va a ser de Carmen? Pobre
ninfa! Dejemosla en la mas complete ignorancia, no quiero ni el
nombre ni la fortune de mi padre.
-Rehusas, Susana?
-Renuncio 4 todos mis derechos, me he criado humilde-
mente, mientras que ella no podra trocar sus delicadas galas por el
humilde traje de la obrera.
-Y crees que yo puedo aceptar tu sacrificio?
-No hay ninguno en mi manera de proceder.
-Pero seguin s6, Carmen te ha humillado.
-La he perdonado. Que sea feliz, yo no saldr6 jams de la
oscuridad en que vivo.
-Y si yo te dijera que te amo y pusiera & tus pies ni mombre
y mi fortune?
Susana se conmovi6.
-Suplicaria & usted haga el present de esos dones a la que
es ya su prometida, respondi6.
-A Carmen? Siempre ella! No puedo, no la amo, no la he
amado nunca: mi amor primero, mi sueffo mas hermoso, eres ti,
s61o ti, alma mia!
La joven palideci6 intensamente.
-Usted, dijo, que por propia voluntad adquiri6 el compromise
que hoy trata de romper. Entonces era yo una humilde criada y
naturalmente eligi6 usted a la que era su igual. De cuando data su
carifio? Desde que sabe usted que mi condici6n no es inferior a
la suya?
-No, Susana, te he amado desde que estabas al servicio de
Carmen, pero no pude darme cuenta de este amor sino cuando te
vi perdida.
Creo a usted, pero aun creyendole, no puedo corresponder
su cariflo. Carmen es mi hermana y natural es que sacrifique mi
felicidad a la suya.
-Susana!, dices que mi amor te haria feliz, luego....
Susana rompi6 a llorar.
-Hija, dijo Marta, siempre ha sido tachada Carmen de ser
demasiado orgullosa, series tu mas orgullosa que ella?
-No confundas el orgullo con el cumplimiento de un deber.
-Pero, Susana, mi compromise con Carmen se ha deshecho,
no me ama y no puedo hacerla mi esposa.
-Lo ha dicho ella?
-La noche del mismo dia que saliste de mi hogar.
Susana guard silencio. Alberto y Marta la imitaron. Podia
haberse oido los latidos del coraz6n de los tres.
-Bien, dijo al fin, con voz tremula, s61o en un caso podria yo
ser su esposa.
-En cu&l? Dilo!


107


LA MUJER









108 LA MUJER


-En el caso de que mi fortune sea siempre de Carmen y de
que yo siga siendo para el mundo la humilde hija de Marta.
-Concedido lo primero, pero lo segundo....
-Padece su orgullo a la idea de ser esposo de una mujer sin
nombre?
-No, cuan mal me juzgas! Preocupaciones de alcurnia no
caben en mi coraz6n tratandose de ti, noble y santa criatura.
-Entonces?
-Lo hago por ti que debes ocupar en la sociedad y en el ho-
gar el sitio que te corresponde.
-Mi resoluci6n es irrevocable.
-Yo no puedo consentir en eso.
( -Pues entonces nos separamos para siempre.
-Di si me amas, esa palabra puede veneer mi obstinaci6n.
-La dir6 despuns de ver a Carmen.
A las ocho de la noche salia Alberto para Quito acompanado
de Susana y Marta~VII
VII

Al dia siguiente, una escena ternisima tenia lugar en la alco-
ba de Carmen.
Impuesta por Alberto de los acontecimientos que hemos rela-
tado, su altivez habia decaido y s61o pensaba en devolver & Susana
todo lo que ella sin derecho, le habia usurpado. Juntas y estre-
chamente abrazadas se hallaban, cuando volvemos & encontrarlas.
Hermosas ambas, pero con hermosura muy distinta, un artist ha-
bria torado por modelo la casta figure de Susana para trasladarla
al lienzo como uno de los Angeles que rodean a la Madre del Salva-
dor, y la de Carmen para representar & Eva antes de haber pecado.
-Olvidemoslo todo, decia Susana y no pensemos sino en amar-
nos. Tu ser&s siempre la linda sobrina de los senores de Pino y yo
la hija de la humilde Marta.
-Imposible! Ser6 yo la que desaparezca del mundo despuds
de labrar tu dicha.
-No, Carmen, tu amas, eres amada y el porvenir se muestra
para ti color de rosa.
-Te enganias, no amo ni puedo ser ya feliz.
-No eres la prometida de Alberto?
-Lo era, hoy no podria serlo aunque le amara.
-Por qu6?
-Porque soy una pobre desheredada sin nombre ni fortune.
Aun quedan en mi restos del orgullo de otros dias, he tomado mi
partido, td en el mundo, yo en la oscuridad de un claustro.
-No, yo necesito vivir a tu lado, verte & todas horas y contri-
buir con mi carinio & la tranquilidad de tu vida.
-Nuestra madre necesita de mis oraciones para alcanzar el
perd6n de su falta.
-Entonces buscaremos las dos el silencio y la soledad.
-No eres franca, Susana, td me ocultas un secret que labra-
ra la felicidad de tu vida.
-Cual?
Tu aras & Alberto. Yo vi brotar ese amor en tu alma antes
que te dieras cuenta de lo que sentias.












-Es verdad, le amo.
-Se lo has dicho?
-No, y seguramente no se lo dird jams.
-Por qud6
-Porque quiero seguir tu suerte cualquiera que ella sea.
-Yo no puedo consentirlo, debo la vida a un crime y por
fuerza tengo que ser desgraciada.
-Acusas a nuestra madre?
-No, la amo y la bendigo.
Alberto entr6 en la habitaci6n.
Carmen se levant6 y poniendo en las de 41 las delicadas manos
de Susana.
-Es tu prometida, dijo, y quiero veros unidos antes de aban-
donar el mundo.
-Qu6 dices, Carmen?
-Nos deja, exclam6 Susana entire sollozos. Dile td que ella
es tan necesaria & mi vida como tu amor.
El la estrech6 entire sus brazos radiante de felicidad.
-Consientes en ser mia?
-Si, si Carmen no nos deja.
-Oyes? tienes en tu mano la felicidad de los dos. Renuncia &
ese proyecto q ue llena de sombras el alma de tu hermana.
-Lo deseas asi?
-Te lo rogamos, hija mia, dijo desde la puerta dona Laura.
-Oh madre, madre mia! exclam6 Carmen, abrazandola, re-
nuncio a mi proyecto si asi puedo recompensar tus desvelos.
-Susana se acerc6 & Carmen y la cubri6 de besos.
Por la ventana abierta penetr6 un rayo de luna que reflej6 un
instant las cabezas de las hu6rfanas. Envueltas en esa luz di&fa-
na no podemos decir cu&l de las dos era mis bella.

VIII
Un ano despuds, Carmen llevaba A la pila bautismal a la pri-
mogenita de Alberto y Susana. La ninfa recibi6 el nombre de Con-
suelo y en verdad que ninguno podia sentar mejor a la que era el
remedio de pasadas luchas, a la estrella que iluminaba el porvenir.
Carmen tuvo muy buenos partidos porque sigui6 siendo la
opulenta sefiorita de Pino, pero no quiso casarsejam&s.
Se consagr6 al cuidado de dona Laura para la cual fu6 una
hija carifiosa.
-Por qu6 no te casas? le dijo un dia Susana.
-Porque temo no ser una buena esposa.
-Td! si eres un angel.
-Los angeles tambi6n pecaron.
Convdncete, Susana, la mujer que forma un hogar, debe lle-
var & 61 much amor, esa fuerza poderosa que nos impulsa & los
mis nobles hechos. Me atraen las fiestas, el bullicio del mundo
me enajena, me extasia el sonido de una orquesta y me cansan los
vagidos de una cuna.
-Entonces, c6mo quieres tanto a mi hija?
-Por ser tuya,


109


LA MUJER












Carmen hablaba con volubilidad encantadora, pero una som-
bra de tristeza, oscurecia aun mas sus grandes ojos negros.
-No tienes coraz6n?
-Pude amar hasta el sacrificio, pero no ful comprendida.
Esos suenfos se forjan una sola vez en la vida; desvanecidos, rotos
para siempre, no puedo former otros con los jirones de los que
tanto me halagaron un dia.
-Carmen! Me parece que leo en tu alma; eres mejor que yo,
Te cedi titulos de nobleza y esplendores de fortune, y td me has
dado en cambio tu propio coraz6n.
Carmen se arroj6 en los brazos de Susana que le decia:
-Eres una santa, tu vida puede compendiarse en estas dos
palabras, Abnegaci6n y Sacrificio.


MERCEDES G. DE MOSCOSO.






Bala a


No has escuchado el trino de las aves,
en las frescas manianas?
Unas cantan alegres, satisfechas,
otras muy tristes cantan.
Es porque tienen madre las primeras,
porque nada les falta;
porque si sienten frio hay quien las guard,
al abrigo de alas.
Las otras, las que lHoran en sus trinos,
no tienen sino lgrimas,
y un poco de hojas secas, por abrigo
triste nido sin ramas.
Esas no tienen madre, se han quedado,
solas sin esperanzas,
han perdido las plumas con que alegres,
el espacio cruzaban.
Esas caen prisioneras; ya se ha ido
esa madre que ufana,
les senalaba el rumbo que debian
emprender con sus alas.


LA MUJER


110












para evitar que solas sucumbieran,
entire rejas doradas.
Esa madre querida, que temprano
el vuelo levantaba
en busca de alimento, para aquellos,
pedazos de su alma.
La que cruzaba bosques y praderas,
buscando nuevas ramas,
para formarles otro nido hermoso,
bafiado por el alba.
Ya sabes por que elevan sus canciones
en forma de plegaria
esas aves que hu.rfanas quedaron,
temblando entire las ramas.....

Hasta las aves, hija de mi vida,
cuando madre les falta,
pierden la melodia de sus trinos
y lloran cuando cantan.

DELIA C. DE GONZALEZ.






Viaij 6n (illignGid


Acababan de sonar las doce en el viejo reloj de la Matriz.
El omnibus debia partir esa mariana y se encontraba llena de
hombres y de mujeres la Agencia de transportes.
Dos cocheros vestidos de estamefia y anchisimos sombreros
echados hacia atras, ponian los iltimos enganches a las mulas en
medio de palabras y voces conocidas por ellas solamente.
Un toque de corneta, otro, un tercero y las ocho personas
destinadas a meters en el carruaje, despu6s de recoger sus sacos de
noche dnas, componerse los velos las sefioras y calzarse los guan-
tes 6tras; inmediatamente salieron a la calle con toda la presteza
de jefes que escucharan llamada a su cuartel.
Un sol de fuego descendia en rayos perpendiculares sobre
Ambato.
Algunas chicas que pasaban a la escuela cargadas de canastos
y bolsas con sus libros, incitadas por aquella costumbre propia de
los ninios-pararse donde pueden-vinieron & aumentar el grupo


LA MUJER


11i












de curiosos &vidos por ver de cerciorarse de quienes viajaban &
la Capital.
Multitud de encargos eran repetidos & todos y cada uno de
los pasajeros por miembros de familiar que hacian lo possible por
ocultar las lIgrimas propias de una despedida.
Al fin los dltimos abrazos confundidos con sollozos y sonoros
besos, las ultimas palabras, y el 6mnibus parti6 como una flecha
disparada al blanco, por lo largo de la pintoresca y risuena calle
real de Ambato.
Apenas por el frente de los bosques po6ticos de Atocha una
nube de polvo principi6 & envolver el vehiculo. Nuestros pasaje-
ros no se habian hasta entonces dirigido la palabra; con la adustez
de quienes no se han visto nunca trataron solamente de sentarse
bien y cada cual ponerse 4 analizar en forma & los demas, mientras
Ilegara el instant de armar conversaci6n.
Un senor gordisimo, pequeno y colorado como un pimiento,
feo como 61 solo; sin miramientos de ninguna clase, codeaba &
su sabor & una joven diminuta, delgada y con un aire de tristeza
extraordinario, que tenia & su lado, despu6s del cent6simo 6 vi-
g6simo codazo a su malaventurada vecina de la izquierda sac6 de
una de sus enormes faltriqueras un pafiuelo colorado, tan grande
como sabana, y se coloc6 por cima del sombrero volteado de ante-
mano, segun algunas reglas de neta economic y en las cuales era
practice el sefor.
El iltimo estruj6n hizo extreme & la joven con un gesto horri-
ble de disgusto.
-Senorita, me dispense Ud.; murmur6 el gordo tratando de in-
clinarse & medias, el viento y la maldita tierra de que es pr6diga
nuestra carretera abierta por el inmortal Garcia Moreno, que de
Dios goce, quizA me han impelido 4 molestar a Ud. Si Ud. gusta,
repiti6, presentando A la nifa cortesmente y como para desenojarla,
un grave par de anteojos negros de canasto y con los que, sin
aguardar respuesta, encubri6 dos ojos frios y verdosos dejando
que se vieran mis distintamente los arcos de unas cejas espesas y
paradas, capaces de prestar un sello de ferocidad al rostro mas tran-
quilo y lleno de hermosura.
-Gracias, caballero; contest con timidez la joven, que a su vez
tambidn habia codeado & su vecino, un tipo flaco, flaquisimo como
una exhalaci6n del aura de las tardes, inter despojaba sus hombros
de una espesa boa de viaje por temor de un clima sofocante; las mu-
jeres nos cuidamos menos por la misma presunci6n exajerada de
cuidarnos m&s, eviaja Ud & Quito?
-Si, voy hasta Colombia; Peregrino Ibafiez, sefiorita, ser-
vidor de Ud. y de los demis senores; comercio al por mayor y
me titulan rico. Tengo siete haciendas y diez casas situadas
respectivamente en Cuenca y Guayaquil, es cierto, pero si por
ahora los tiempos son tan pobres.... Yo les aseguro ingenua-
mente pue hasta mi levita la volteara sin recelo, aunque eso sola-
mente dicen que es innato en los politicos; quien sabe, all los ilus-
trados que echan a volar en papelones tantas cosas.
Todos se inclinaron con trazas de burlarse y y <~ sus
6rdenesp, se oyeron incoherentemente. Parecian diputados en la
noche primera de instaladas las sesiones.


112


LA MUJER












Mientras esto sucedia otra nina esbelta de diez y ocho abri-
les, muy simpatica y vestida con el gusto y esmero de una pari-
siense, decia & media voz & su madre donia Eulalia, una senora
gordisima tambien, y enorme como una cathedral, que a ejemplo del
senor D. Peregrino que le tenia al frente, se habia arrebujado en un
grueso panol6n de lana y ajustadose el sombrero encima: cmamacita,
mamn, te olvidaste las naranjas. iQue sol tan espantoso!: sobre
ese panol6n te pones el abrigo, mi buena mamacita?.
Dgjame, muchacha! obtuvo por respuesta la graciosa joven;
la tez en estos casos es quien paga y td ni te preocupas ipiensas
continuar de buena moza hasta llegar a Quito? Si, senores, boba
muy boba es una cuando nifa, se imagine que el color y los dientes,
y el cabello son para guardarse eternamente iguales, y eso yo que
tengo tan buena dentadura; no es porque mis labios lo pronun-
cien: he podido conservarla en dos hileras de lucientes perlas, co-
mo dicen los poetas, y la tez y el cabello ni se diga. Y usted, se-
for, continue dirigiendose al caballero flaco, arriba por primer
vez a ver la capital? Muchisima impresi6n ha de causarle el frio
de la sierra ino?, si no ando equivocada: es Ud. costenfo?
-Si, senora, contest; coteno. El frio de la sierra propia-
mente no me ha fastidiao, pero si los paramos de Alausi & esta
parte son una Siberia; por poco no he dejado orejas y nariz por
esos trigos en los que, ademas, he cogido un constipao de padre y
senor nuestro.
En efecto, el pobre, envuelto en cien abrigos y llevando unas
pieles sobre las rodillas, estaba constipado y ronco en extreme.
La tisis, esa enfermedad noble en cierto modo, que eleva el cora-
z6n & las regions de lo Ideal 6 indefinido; que sublima y dignifica
al hombre, por decirlo asi, dejando que el espiritu en las alas de
nostilgicas y dulces concepciones anhele y se espacie hasta perder-
se en Dios, habia convertido & nuestro viajero en poco menos que
en muestra de esqueleto.
Una hermosa viuda companera de la senorita Sara, duena de
la boa, un matrimonio joven y elegant que apenas principiaba
el plenilunio de miel tan decantado y un gallardo mozo con aires
de Romeo que s6lo contaria veinticinco eneros, cQmpletaban el di-
choso numero de amigos de viaje.
Anda y anda & saltos, y carreras y trotes desmedidos la bendi-
ta vialidad y el buen humor habian penetrado dentro.
Ernesto era soltero y del analisis & su vecina, la hija de la gor-
da donna Eulalia, pudo a costa de bien poco sacar en consecuencia
que era sumamente bella: su hermoso sombrerito de paja america-
na, su vestido sastre de color oscuro cinfendo tan perfectamente una
figure de Minerva 6 Diana cazadora, la hacian hechicera poniendo
de relieve el brillo de sus ojos garzos y llenos del misterio, de esa
vaguedad que encierran los ojos a trav6s de los cuales se descubre
una alma soinadora y tierna. Pudo dirigirle la palabra, en fin, se-
guro de encontrar respuesta.
Elvira, por su parte, con la perspicaz 6 investigadora mirada
de mujer, diremos que en la Agencia de transportes y antes de la
filos6fica volteada del sombrero del propietario, de la apologia del
cabello y tez de su mam4, y los piramos que causan constipado,


113


LA MUJER













etcetera; ya se habia burlado del gordo y del costeno y hasta de
Sarita, sin gustarle a nadie mis que al elegant Ernesto.
-Mama, le interpel6 de nuevo a dofia Eulalia, me asfixio de ca-
lor al verte.
-Seinora, tome Ud. cerveza, apresur6se Ernesto. Mi saco
trae compotas, refrescos y aun helados debidos a la ternura y pre-
visi6n de mi madre.
La pobre cathedral que, en fuerza de su panfol6n de lana y la
temperature calida consiguiente al excesivo sol y la respiraci6n de
ocho personas se hallaba convertida en horno, bebi6 con avidez
cuanto estuvo & mano, comi6 por veinticinco, frutas y conservas, y
a poco cabeceaba y roncaba como un just.
Qu6 sucede! Su enormecomilona, los vapores del vino, la cer-
veza y uno que otro licorcito pasado facilmente entire csalud, y
cgracias> un-i4ndose al continue vaiven del carro, principiaron por
causarle estragos espantosos. Despert6: su cara habiase teniido
por instantes de un color violaceo, mientras los esfuerzos por im-
poner con una voz de mando 6 su angustiado est6mago se hicieron
sobrehumanos.
La charla continuaba. La viuda refiri6 una parte de su histo-
ria, triste a la verdad, si apenas le dur6 su esposo un afio; Sara le
habia sido recomendada por un tio y de ahi que la acompanfaba &
Quito en donde iba 6 hacerse hermana de la Caridad.
Llegaba & este detalle cuando dnfa. Eulalia con un cme muero>!
transform su boca en catarata que ni la del Niagara. i Santo cielo,
la fuerza del mareo! Don Peregrino Ibanez que estaba frente a
frente pudo recibir entonces un bano de impresi6n que ni en los
balnearios de Hel6n 6 de Tesalia, juntamente con una nuevecita y
blanca dentadura, la propia que moments antes dnfa. Eulalia califi-
cara de lucientes perlas y la cua! fu6 a dar de Ileno en la mismisima
nariz de Peregrino.
--iVirgen del Socorro! balbuce6 aterrado y con las manos exten-
didas como en actitud de contener un tanto la lava que a torrentes
base sobre 61. De un salto se le vi6 ponerse en la banquet del ca-
rruaje; una vez alli un maldito garfio adherido & las ventanas des-
garr6 en jirones.el pafluelo que ataba su sombrero y lo oblig6 6 ba-
jar hacidndose las cruces; A no dudarlo: el diablo viajaba de incog-
nito con ellos.
Mientras tanto que angustia la de Elvira: en su confusion creia
que aun las mulas habian reido 6 carcajadas de su madre.
El segundo y el dltimo relevo dieron & su t rmino sin que dona
Eulalia tuviera valor ni de sonreir; estaba anonadada la infeliz se-
nora. Que dirian de su tez tan fresca como flores banadas por la
aurora, qu6 de sus cabellos negros y lustrosos? No elogi6 sus dien-
tes como que eran su adorno mins preciado?
La llegada & Latacunga deseaba con vehemencia: alli se que-
daria pierda lo que pierda. i Viaje mas atroz!; pero y su hija que
habia conquistado el corazon de Ernesto? El caso era terrible....
Apenas detenido el omnibus delante del hotel, cada cual busc6
acomodo en los diversos cuartos y entire esa algarabia que mete el
hotelero al impartir sus 6rdenes, y el piafar de mulas conducidas al
corral, y la llegada de nuevos pasajeros, dona Eulalia era transpor-
tada por su hija y por Ernesto 6 una cama. El fiasco de la denta-


114


LA REJUM













dura la puso en el estado de pedir a voces confesor y medico.
A poco los acordes del piano del hotel dejaron oirse dispersa-
dos en suavisimos compaces.
Lucia de Lamermor era interpretada por la viuda con today la
pasi6n de una alma enamorada y triste.
i Guardaba en su memorial tantisimos recuerdos! i Habia sufri-
do tanto, hu6rfana desde la niniez y pobre!
La musica reuni6 i los pasajeros, no s6lo a los amigos que iban
en la cColta>, sino arn mas a cuatro diputados cuyo coche expreso
llevibalos de vuelta a sus hogares despues de las sesiones hartas
de borrascas del ultimo Congreso.
Invitaronla & cantar: cant6 y en los iltimos arpegios de la in-
mortal Lucia, su voz era un lamento de cisne moribundo, una que-
ja vertiendo melodies empapada como su alma de dulzura y lIgri-
mas. i Cuanto sabe hablar al coraz6n la musica! i C6mo lo conmue-
ve al par que lo despierta, haciendonos mirar con esperanza y
con amor al cielo!
Tengo para mi que si no hubiera un Dios, la humanidad ten-
dria que buscarlo alli donde resuenen los canticos del ave, donde
gima el viento, donde (l trueno eleve su ronco retumbar, y exha-
len tristes ayes las hojas que en invierno se desprenden macilentas,
secas, de los arboles; y suene un arroyuelo, y cante, en fin, con him-
no majestuoso, eterno, la Naturaleza entera, si Dios es armonia, es
music, es belleza.
La viuda, a poco instant, Iloraba como un nifio. Instada a re-
ferirles el por que se creia desgraciada: cho, que apenas me tope con los veinte afios, tuve que Ilevar una
vida de tedio y nada mas; ansiaba en mis delirios hallarme un co-
raz6n del todo superior al mio, Hector lo tenia; pero si & cada ilu-
si6n muerta, a cada desengafio rie a carcajadas el Destino, I tiempo
de encontrarlo acabo de perderlo. Me ha anochecido en la mitad
del dia; soy viuda ya lo veis.>
-iTedio & los veinte afios! pregunt6le con sorpresa Elvira.
-Si, lo produjeron mi orgullo exagerado, la extrafa peque-
nez con que he mirado al mundo y lo miro todavia. Sacad en con-
secuencia mi fastidio si, no del todo fea, recibi ni mas ni menos
que un toque de pinceles en aquella edad, y heteme el castigo de
asomarme novios que ni adornos de almanaque y recortados por
igual tijera.
Nobilisimo el primero, descendiente en linea recta, curva y
todas las demas que da la Geometria, de San Francisco de Borja,
de Santa Catalina y del bravo Don Quijote, pues que era pri-
mo hermano de este y exacto en la figure: enjuto, seco, medio ar-
queado, de p6mulos salientes, con bigotes a la funeral y un ha-
bano en ristre:
Muy confiado en su nobleza y rara fermosura, no esper6 oca-
si6n ni cosa que lo valga para declararse; (aquello hacen los cholos);
asi, y con la ligereza de un disparo de bala calibre ocho, se lanz6
& mi casa en busca de mi mano que, seguin noticias, contaba cinco
dedos y pens6 encontrarla debajo de las mesas 6 encima de las si-
llas, ficil de servirse sin que nadie, ni siquiera el brazo le chiste
una palabra. Con la pingime herencia de once sucres habida en
esos dias del papa difunto, mi dote se elevaba al non plus ultra de


115


LA MUJER














cuatro ofrecimientos, que de veras no supe a cual quedarme: una
cafeteria, una manta calada, de a seis metros, Ilevarme a la retreta
y un caj6n enorme de viejos pergaminos.
iFatalismo el mio! Con ansias de mi parte de escupir al no-
ble 6 levantado un palo que tuviera cerca medirle las costillas, con-
cluy6 el pedido y en el rol de mi existencia copi6 la filiaci6n.... de
un enemigo.
Despu6s? ioh musa de la inspiraci6n! despu6s vino un pastu-
so, feo por afiadidura y necio de remate, que sin mas ni mis tem-
plaba su laud en honor mio por la cosa mas prosaica y tonta de la
vida, como por que un dia fuera acometida de jaquecas y la an-
gustia consiguiente a aquella enfermedad; otro porque un tanto
descuidada en mi toilette y entretenida en un quehacer dom6stico, me
viera sin corset y pasandome el fustan debajo de la falda, alli no
s6lo me mostr6 su habilidad escrita sino que tete a tete improvise un
soneto con titulo tuve por mayor, porque cerre una puerta que golpeaba el viento,
porque me doli6 la muela, y porque usaba en casabotas viejas y sin
taco.
La risa aparecia en todos los semblantes.
Fracas6 el poeta, continue la viuda, y vamos al tercero. Este
era un montuvio maromero, enrolado en uno de esos circos que,
con nombres rimbombantes y un tren del Sha de Persia, de vez en
cuando asoman, como los gitanos, y forman el encanto de las gentes
del pueblo, especialmente, que creen que un jir6n de cielo caido
hasta la tierra los chistes del payaso y cuanto hay de grotesco y
ridicule en la pantomima. Desgraciadamente cambiaba las entra-
das la noche que, asida de la mano de la buena sefiora que hacia de
mi madre, penetre tambien debajo su carpa & ver una funci6n.
Principi6 por demorar el vuelto a las monedas que le habia en-
tregado nuestro acompaniante, mientras aprenderse mi cara de
memorial, y a hurtadillas, eso si, cuidando de que yo le viera, dar-
selas de timido y besar los bordes de mi abrigo. Cuatro 6 cinco
veces y alli en la misma puerta, sacudi ese abrigo; vi tanta men-
tira de esos charlatanes, tanto ir y venir de hombres y mujeres en
barras y trapecios que al tiempo de salir ya me habia olvidado
qu6 pas6 al entrar. Sinembargo, no fu6 asi con mi sujeto: muy
por la mariana del siguiente dia recibi una esquela i Virgen Santa!
esquela de pedido, y ardor al coraz6n, y fuego, y sufrimientos en
la que por ultimo con su mano y un billete a palco de primer
clase me ofrecia su (anna y su trapieso por alma y por trapecio,
pues era montuvio y tal su ortografia.
Despu6s de dar lecture a semejante modelo de declaratorias,
me habia muerto y, iquien dijera! resucite con otro novio en ger-
men: un fil6sofo, todo 41 vinagre, hiel y mal humor, que siempre
andaba solo, pensativo, con el sombrero & la corona en forma de
diadema y un gran libro en el que coleccionaba aut6grafos.
Se hizo presentar en casa con titulos de consul. Visitas y vi-
sitas, derrepente le of amostazada y no con much gusto, ya que
ni siquiera supe de donde era, tratarme de paisana y que, de una
vez, parandose y como que iba 6 perorar al pueblo me dijera:
hoja de papel sea trasladada aquf; y me sefialaba el libro, para


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116


LA MUJER













que muy luego de nombrarla mi esposa queridisima rodesndola
de esclavos; encuentre yo la tumba en el oceano, imitando a mi pai-
sano Alban a bordo del , si grande como su alma debe
abrirse la tumba de los grandes! Wno lo piensa asi?>
Nada que pensara sino en aborrecerle! buena estab6mos: su
hoja de papel expuesta a recibir aut6grafos y todavia con la pers-
pectiva de quedarme viuda y en poder de esclavos ya que al buen
senor se le antojaba morirse en el ocdano asi de desposado. Con-
vine 6 no meterme en camisa de once varas, y el c6nsul no volvi6.
El aire de tristeza y de despecho que envolvi6 & la j6ven ins-
piraron una especie de lIstima y respeto 6 los demas. Era inteli-
gente y eso les bastaba.
Ernesto se atrevi6 6 decir: senora, se acaban ya los tipos?
-N6, faltame otro noble sin pies y sin cabeza y eso que era
sobrino de Quevedo y ahijado de Balbuena, otro un senoria ilustri-
sima con cara de hambre y sed, pollo de setenta abriles, bailarin, con
ojos de culebra, saturado de cosmdticos y olores no s61o por de fuera
sino hasta en la conciencia, y, ademes de la peluca y de los dientes,
con quijada y con nariz postizas; un cadete con facha de payaso;
un tuerto, un Pepe y un telegrafistamuy simpatico y muy pobre de
esos medio soldados que a la voz de calerta> implorando por que el
cielo les seniale patria conocida, andan y andan sin saber en d6nde
colgaran sus tiendas.
La viuda nuevamente principi6 6 Ilorar: la suerte le habia
sido y le era tan adverse. Sinembargo, 6 ruego de sus companferos
cant6 otra vez a duo con Elvira una romanza.
Luego se oy6 once campanadaq en el reloj del Hotel. Los
lechos aguardaban de modo que despues de despedirse de los dipu-
tados quiza para no verse nunca en esta vida, todos se volvieron &
sus consabidos cuartos, admirando sin duda la franqueza campe-
chana del relato.
Dona Eulalia dormia muy tranquilamonte 6 al menos medita-
ba en qu6 le ofreceria a San Juan Nepomuseno abogado de la na fama> para recobrar la suya.
La aurora, deslizandose entire encajes de gualda y de topa-
cio, vino & despertar a nuestros viajantes al segundo dia.
Volvieron 6 encontrarse con placer, tal como se encontraran
amigos de otros tiempos.
Los cocheros que todo lo examinan, que de soslayo y como
quien no dice nada observan lo mas minimo en los pasajeros, y
forman una clase digna de atenci6n, no esperaron otra cosa que la
plena salida del sol para calentar sus miembros 6 inmediatamente
desatarse en gritos de iarre Peregrino! ialza Dona Eulalia! iarriba
D. Ernesto! vean 6 la Elvira!......
Todo esto confundido entire el sonar de ruedas, y el chasquido
del latigo, y los silvos y una que otra interjecci6n non sancta al
aguijar las mulas, son para voltear el cerebro mas puesto en su
lugar y producirle vertigos.
Hay que ser ingleses 6 acopiar fosfatos, cerebrinas d otros
tantos brevajes de botica, para no ir derecho camino del Hospicio.
El almuerzo en Machachi fud cordial aunque las botellas que
aguardaban sonriendo en espera de cortejo, fueron desdefiadas; ni
una sola copa; I qud si los tiempos son tan malos!


----- r _


117.


LA MUJER














Las protests de amistad, y afecto, y cque me ocupe> sucedid-
ronse sin interrupci6n hasta Tambillo, en donde habia tambi6n otro
relevo.
En este lugar algunos hombres empacaban unos fardos cuya di-
recci6n era al Milagro, segun unos papeles con un nombre y engo-
mados que se veian esparcidos en reedor.
El Sr. Ibfiez creyendose ya cerca de la capital, y en tanto
que paseaban los demas, sentandose sobre uno de esos bultos se pu-
so a desdoblar su sombrero, volviendose el primero y silenciosa-
mente al interior del vehiculo cuando hubo terminado.
Las quiebras del terreno analogas de todo en todo al trayecto
recorrido por la vispera, absolutamente en nada aminoraron los
trotes de la Colta>; por fortune no hubo otro mareo, talvez por-
que San Juan Nepomuseno acept6 la oferta de ver en sus altares au-
mento a los exvotos con una mujercita gorda tallada en plata y
Ilevando a cuestas todo un tocador.
Al rayar las cuatro de la tarde multitud de coaches llenos de
elegantes esperaban en la Arcadia, hacienda muy cercana a Quito,
unos por Ernesto, otros por dofia Eulalia y su hija y otros final-
mente por el matrimonio joven.
Don Peregrino, Sara y la interesante viuda, fueron los uinicos
destinados & dar hasta la Agencia, despues de un cuarto de hora.
Esta rebosaba de desocupados ansiosos por mirar la vuelta de los
coaches y la entrada del carruaje venido desde Ambato. Dos 6 tres
hermanas de la Caridad debian recibir a Sara y a su companfera.
Cien ojos las siguieron hasta verlas desfilar buscando el Hospital.
Esos mismos ojos volvieronse & observer & Peregrino que ca-
rriel en mano y muy erguido atravesaba por entire los curiosos os-
tentando en la falda del chaquet un r6tulo que en gruesos carac-
teres decia textualmente: Encomienda a Don Jos4 Valdez.-
Milagro>.
La grita levantada entonces y ante el sobrescrito del pobre
comerciante no es para narrada: los granujas, esa plaga que abun-
da en todas parties, de pronto le redearon como enjambre brotado
de la tierra y los silvos, los hurras! cundieron al moment a las
voices de jestorio! hasta que la policia fue la dnica llamada & dispersarlos y
quitar al viejo el papel con una direcci6n de fardos adherido ca-
sualmente a su persona conduciendolo en seguida jadeante y vomi-
tando imprecaciones a las puertas de un fig6n; pues que a pesar de
sus diez casas y sus siete haciendas el Sr. Ibnfiez era uno de tantos:
rico muy rico, pero que rendia culto a esa enfermedad de la vejez:
la avaricia.


MARfA NATALIA VACA.


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-- --- ----- -- L -


-.--


--- --e .~ ---i~--~- ~---- ~~Y --ii---~. -a. ..


118


LA MUJER














A Leonor Saenz de Tejada
en su ilbum
PARA


Qu* bien hizo el artist que colocara
En la primera foja tu imagen pura,
Pues qui6n mirar podria tu linda cara
Y no suspirase, ninfa, con tu hermosura?
Esos ojos, son ojos americanos,
Y les dieron los soles de las Espanfas
Fulgores desconocidos y sobrehumanos
Que se ven tras las rizas, negras pestafias;
La boca sonriente muestra un encanto
Que para los profanos es un misterio:
No comprenden que junta, Senor, Dios Santo,
La gracia que hay en uno y otro hemisferio?....
Muy bien hizo el artist que colocara
En la primer foja tu imagen pura;
Pero aunque much admire tu linda cara,
S6lo un borr6n te dejo, por desventura.
LASTENIA LARRIVA DE LLONA.
Guayaquil.-1905.





El Libro


El libro, ah!, el libro es el mejor compafero de las
almas superiores, el consuelo del coraz6n que padece,
el amigo que con su magndtica influencia nos hace lle-
vaderas las tristes y mortales horas de la vida. Desde
el Cat6n Cristiano que en la nifiez forma nuestro cora-
z6n, hasta los Cuadros de Costumbres que en la adoles-
cencia nos deleitan e instruyen, poniendo a nuestra vis-
ta los abismos, para huir .de ellos, los vicious, para de-


119


LA MUJER









L20 LA MUJER

testarlos, las virtudes para imitarlas; desde las descrip-
ciones y cuentos que entusiasman ai nuestra imaginaci6n
juvenile, hasta las several maximas filos6ficas, todos tien-
den a morigerar nuestras costumbres, a confortarnos en
el sufrimiento y a ensefiarnos la resignaci6n y el sacri-
ficio.
Unos como las aves, nos embelesan con sus trinos,
nos seducen con sus ayes; otros, como el oceano, nos so-
brecogen con su majestad y tempestades; en fin, otros
hay que, cual aguilas gigantes nos remontan al espacio
siderico para hacernos contemplar desde alli la grandeza
y sublimidad del Universo.
Compared, sino, lashoras agitadas que habeis pasa-
do alternando en visits y paseos, con aquellas tranqui-
las en que recreandoos en la lectura de un buen libro,
hab6is saboreado al paso que su amena conversaci6n, las
provechosas, aunque austeras lecciones de un amigo que
no vende....
Recapitulad vuestras impresiones y decide con la
mano puesta en vuestro coraz6n cuales han dejado en
61 mejores frutos? Los primeros en que naufragos talvez
en el tempestuoso mar de las pasiones excitadas por los
placeres del mundo, habeis perdido vuestro valor moral,
quizas la fe y aun la felicidad de vuestro porvenir, 6
aquellos deliciosos moments, que en la soledad de vues-
tro aposento y en el retire de vuestro coraz6n, mano a ma-
no con un libro, vuestro amable compafero, hab6is con
su lectura examinado todos vuestros sentimientos, ana-
lizado vuestras afecciones, evocado vuestros mas queridos
recuerdos, derramado vuestras lgrimas, sin que nadie
os critique al verlas rodar por esas hojas amigas, se os
humille con una falsa compasi6n 6 se os hiera con la pro-
fana interpretacion de vuestras mas caras impresiones.
Quizas en la lectura encontremos mayor placer que
en la sociedad, los que jamas hemos conocido la felicidad,
los que no hemos tenido otro consuelo ni otra ilusi6n que
nuestros libros predilectos.
Aquellos que en el pielago insondable de un eterno
dolor, apenas nos ha concedido el destino la dicha de po-
der comprender el fondo de alguna buena Obra que ha
caido en nuestras manos, encontrando en sus renglones
el alivio que nos negaran los series mis allegados y que-
ridos, el bien que la sociedad en su egoismo es incapaz
de ofrecer al coraz6n atribulado.













IAh! Madres de familiar: sea un buen libro la pri-
mera joya que presenteis a vuestros hijos; joya cuyo va-
lor no ha menester de sacrificios, que esta al alcance de
todas las fortunes, y que contiene un tesoro desconocido
s61o para los almas frivolas e incapaces de elevarse sobre
la vil material. Un libro, si, un buen libro, debe ser el
centinela que vele el despertar de una imaginaci6n vir-
gen; el atalaya listo a contrarrestar el choque de las pa-
siones juveniles.
Un buen libro es la balanza que equilibra nuestras
afecciones, el freno suave que modifica y dirige nuestro
character, el faro que ilumina la terrible oscuridad de nues-
tro camino, y el ,inico solicito amigo de los desheredados
de la suerte....
ISABEL DON1SO DE ESPINEL.






A MI NIETA PRIMOGENITA
Srta. Rosario l"amariz.


Como un rayo de sol aprisionado
En una concha nitida de espuma,
El pecho palpitindome alterado,
La vi temblar entire brocado y pluma.
Era una limpia gota de rocio
Tenida por el beso de la aurora;
Fresca como rosal que de mi rio,
Por Abril, a las margenes enflora.
Sus ojos al travys de las pestanas,
Fulguraban tranquilos y hechiceros,
Cual brillan, del ramal de las montanas
Al travys, en el cielo dos luceros.
Sus labios sin palabra, la sonrisa,
Abriendoles, cruzaba juguetona,
Cual por las ondas la amorosa brisa,
Que hincha y despliega la nevada loma.
Sus carnes suaves eran frescas rosas
Que palpitaban de la luz al beso,


LA MUJER


121












Y sus manos dos blancas mariposas
Que cedian el vuelo al propio peso.
Tal era ese bot6n en la manlana
Primera de su vida. Hora se ostenta
Hermosa como un liz esa sultana,
Cuyos ojos al sol hacen afrenta.
En su boca virginea los aromas
Mas puros duermen de las frescas flores,
Y en sus labios aprenden las palomas
Las notas con que arrullan sus amores.
De su talle gentil toman lecciones
Las mismas Gracias; de su pelo de oro
Toma el sol el color de sus crespones,
Y el rocio, retratase en su lloro.
No hay mujer que, como ella seductora,
Atraiga sobre si toda mirada:
Es puidica y genial como la aurora
Podtica y feliz como alborada.

ROSARIO CARRI6N BURNEO.







Rita. La lo10

(FANTASIA)



Todos conocfan en la ciudad de Z A la pobre Rita.
IRita la loca!
Habia nacido en los tiempos en que la conquista era
un derecho de los pueblos fuertes, y en que los d6biles
s0lo podian conservar su independencia luchando tenaz
y heroicamente.
La ciudad de Z era el centro 6 capital, diremos asi,
de una confederaci6n de pueblos y sefiorios, y Rita el uil-
timo vistago de una familiar ilustre y noble, desde sus-
abolengos mis remotos; siendo, por esta raz6n, querida


- -- -- ---.---.-~ ------~- -~- ~ I ~~- --- -"-~-* ~I-`- -


122


LA MUJER










LA MUJER 123


y respetada entire aquellas gentes sencillas y laboriosas,
que conservaban sus tradiciones y costumbres primitivas,
y con 611as un ardiente amor a su libertad e indepen-
dencia.
De entire el fondo azulado de los valles surgia la ciu-
dad de Z. En la naturaleza que la rodeaba formaban
contrast, por una parte lo mas profundo, por otra lo
mAs elevado: golfos que cefian sus hermosos valles y
cimas de nieves perpetuas. En sus huertos descollaban
alegres castafios, majestuosos nogales, naranjos carga-
dos de azahar, hayas y freznos. En sus jardines rosas,
magnolias, claveles y margarita se disputaban en per-
fume, belleza y lozania. Los habitantes vivian tranqui-
los en medio de las tierras que cultivaban, y todo era
paz y alegria en aquellos valles tapizados de verde pri-
maveral, poblados de rebafios y caserios en desorden.
Detras de un bosque de manzanos y nogales, cuyas
ramas se extendian hacia la orilla del rio, sobre cuyo
perezoso y diafano remanso flotaban las doradas manza-
nas y nueces, extendiase una hermosa pradera festonada
de rosas y jazmines, en cuyo centro se levantaba la ca-
sa de Rita. Distinguiase de las demas por su alto y ro-
jo tejado, su magnifica torre y sus grandes dep6sitos pa-
ra el trigo y heno; asi como tambien por sus lozanas ye-
dras, pasionarias y madreselvas, que le daban el aspect
de un tabernaculo adornado de flores.
Un dia agolpabanse multitud de gentes, en torno
de aquella casa, con el regocijo pintado en el semblan-
te, regocijo que se aumentaba con los hermosos sones de
una miisica alegre y con el repique de campanas, Cual
era, pues, el motivo de aquella fiesta y comuin alegria?
Era que se celebraban las bodas de Rita, y este era un
acontecimiento sensacional en la ciudad de Z.
Rita contaba entonces diez y ocho afios y era her-
mosa, como la estrella de los pastors. Su estatura al-
go mas que median, su talle esbelto y gentil, fina,
abundante y lustrosa su hermosa cabellera, frente
altiva, grandes ojos negros de mirar pxofundo que resal-
taban en su color blanco palido; argentina su voz y dul-
ce la sonrisa de sus labios. Pero muy superiors i su
belleza eran su gran talent y gran coraz6n.
Jaime, el esposo de Rita, era tambien el mozo inds
apuesto y noble de aquella comarca. Nobles facciones,
aire distinguido, fisonomia inteligente, grandeza en la





^. __^---- ,i.___-_ -i


--- -- --C~-*_ a----~c~P-- --- C---


--- -- -- -- - -- ------ -- --









124 LA MUJER

mirada, ingenuidad en la sonrisa, le daban ese conjunto
de fuerza y suavidad, sefiorio y compostura que constitu-
ye la elegancia varonil.
Eran, pues, dos talents superiors, dos grande al-
mas, nacidas la una para la otra y, por lo mismo, grande
apasionado, sublime el amor de sus corazones.
Pocos meses habian transcurrido desde la celebra-
ci6n de las bodas de Rita, cuando las voces de invasion
y guerra cundian por todas parties. Todos se prepara-
ban para la defense y dejando el arado y los instrumen-
tos de labranza tomaban las armas. Jaime debia ir a la
cabeza.
El ejercito invasor avanzaba fuerte y numeroso;
deslumbraba el brillo de sus armas. Era, pues, necesa-
rio caer a tiempo sobre ellos y contender su ataque. Asi
lo comprendio Jaime y por esto haciendo los preparati-
vos de guerra con la mayor presteza, salio al frente de
sus tropas, resuelto a vencer 6 morir por la defense de
la patria; ya que en guerra tan santa el triunfador que
sobrevive alcanza lauros, y palmas inmarcesibles el heroe
que sucumbe.
El recuerdo de su bella y amante esposa y un secre-
to presentimiento de no volverla a ver le torturaban el
alma, pero el sentimiento del deber y la honra de su pa-
tria le hacian sobreponerse a su grande amor y, por lo
mismo, a sus grandes dolores.
Se lo vi6 sereno impartir sus 6rdenes y, a favor de
las sombras nocturnas, tomar posiciones estrategicas.
A la voz de ilos enemigos! dada por las centinelas en
las primeras horas de la mafana, Jaime dispuso el ata-
que con firmeza y acierto sorprendentes y superiores A
sus cortos afios.
Por primer saludo tuvieron los invasores una nutri-
da carga de dardos y flechas; luego se enardece el com-
bate, unos caen y otros se adelantan a ocupar su sitio.
Aquello es un cuadro dantesco: ayes, gritos, imprecacio-
nes, rostros lividos, polvorientos y sudorosos, miradas
cargadas de odio y luego la sangre que corre en abun-
dancia y la care que palpita despedazada. Allf en el
sitio del mayor peligro esta siempre Jaime y alentado
por su noble ejemplo los suyos combaten sin desmayar.
Pero en lo mas recio de la pelea un dardo enemigo le
atraviesa el coraz6n, y cae el heroe: cae, pero sus iiltimas
palabras son todavia de aliento para sus compatriotas;


- -- -- -~ -- --Li _,


~., ~aCy~-~-rr .4-b-1L ~-: -C- --












quienes, profundamente contristados pero firmes, siguen
combatiendo y alcanzan la victoria.
Los enemigos huyen despavoridos; sus armas no
deslumbran ya, porque estan cubiertas de sangre y lodo;
sus banderas desgarradas, quedan abandonadas en el
campo, donde reina el silencio de la muerte, interrum-
pido s6lo por el graznar del cuervo, que tiene alli esplen-
dido banquet.
Rita, entire tanto, pasaba los dias y las noches en
oraci6n. Olvidada de sf misma s6lo pensaba en su espo-
so ausente y en peligro y en su patria amenazada. Es-
peraba con febril impaciencia y los instantes pasaban
lentos y pesados como siglos.
Por fin se anunci6 la victoria, y el regreso del ejer-
cito vencedor era esperado con patri6tico entusiasmo.
Rita habia entretegido una hermosa corona de laurel, y
pensaba colocarla ella misma sobre las sienes de Jaime.
Se adelanto a su encuentro, pero al no ver su gallarda
figure descollando altiva entire los demais jefes sinti6 que
se le paralizaba el coraz6n y que un frio glacial invadia
sus mejillas.
iJaime! iJaime! D6nde esta Jaime? preguntaba
delirante. Muri6, Seniora, le contest el mas resuelto de
los jefes, con la abnegaci6n del h6roe y la firmeza del ca-
ballero!
Rita levant al cielo los ojos sin lagrimas. Estaba
blanca, como una estatua de alabastro 6 como el angel
deldolor; cuando baj6 los ojos sobre la corona que lle-
vaba, no tenfan ya la dulce expresi6n de su mirada habi-
tual. Prorrumpi6 en una horrible carcajada y cay6 sin
sentido .............. .........

Un afio habia transcurrido desde los acontecimien-
tos que hemos narrado. Desde que el dolor agudo oca-
sionado por la muerte de Jaime priv6 & Rita de la raz6n,
no habia vuelto a hablar con persona alguna. Buscaba
los sitios mas apartados y silenciosos, y alli. permanecia
largas horas, con la barba inclinada sobre el pecho, los
brazos caidos y la mirada melanc6lica y distraida. Sus
labios se entreabrian s61o para entonar cantares impreg-
nados de esa profunda tristeza de una alma que ha per-
dido para siempre esperanzas, ilusi6n y dichas.
Las noches de luna ejercian en Rita un influjo es-
pecial, y, por rara casualidad, coincidi6 el plenilunio con


--.--, --~L --c- ~ ~-L~ -~-L-- _~ --L '--L 1, I -I ~C


125


LA MUJER












la fecha fatal de la muerte de Jaime. En aquella no-
che la vieron atravesar un bosque y luego ascender a la
cima de una roca, A cuyo pi6 se extendia un hermoso y
profundo lago. Allf en la cumbre vestida de blanco, y
suelta la opulenta cabellera que rizaba el viento, parecia
la musa de las montafias pronta remontarse al cielo,
fuente de toda inspiraci6n.
En aquel moment la luna llegaba a su plenitud: el
borde de las nubes que la rodeaban se tefifa de claridad
amarillenta, y levantAndose de su lecho funeral lucia con
toda la explendidez de reina de la noche.
Rita se qued6 extaitica contemplandola largo rato, y
luego con voz fire, y como si hubiera recobrado la raz6n,
exclam6: iLuz de los muertos, emblema de los tiempos
que pasaron, astro consolador que lloras con los que Ilo-
ran, yo te saludo! Despues con la ansiedad febril de
quien vuelve a ver un s6r querido, avanz6 algunos pass
con los brazos abiertos y se arrojo con impetu ardiente,
como para estrecharlo......
Se oyo el ruido que hace al caer un cuerpo en el
agua, el lago agit6 convulso su manto de espumas, y la
luna ilumino, con su luz de nAcar, dos rocas que antes no
existian; y que, enlazAndose y abrazadas, surgieron del
fondo del agua, con solemn y hondo estruendo.
Despues, todo volvi6a quedar tranquilo y silencioso.
La luna seguia su march majestuosa, y a sus dulces
rayos las bellezas del valle iban tomando formas miste-
riosas; las estrellas cruzaban temblando la inmensidad
del firmamento; el lago competia en claridad con la mis-
ma luna y allai lo lejos se distinguia la casa de Rita
triste y abandonada.
Desde aquel plenilunio los labriegos contenian el
arado, e interrumpiendo su labor se contaban los miste-
rios del lago, mirando alas rocas con respeto mezclado de
temor; porque, decian, en las noches de luna y cuando el
suefio invade el mundo, se besan alli dos muertos. IDos
muertos que eran amantes!......


JOSEFINA VEINTEMILLA.


126


LA MUJER















Varle6flae



PENSAMIENTOS Y MAXIMAS.

Es linda cosa una biblioteca, y por pequenia que sea no debe
carecerse de ella. Pero esa biblioteca ha de ser algo mAs que un
mueble: ha de ser casi un ara, la casita en que viven algunos fie-
les amigos. Suponed que habeis leido todos vuestros volumenes.
Tanto mejor, asi conocer6is mas & fondo el contenido de cada uno
de ellos. Cada tomo, cada titulo os traera las mientes una fiso-
nomia. Ver6is & los inmortales asomados al borde de los estantes,
rigidos, mudos, en traje mas 6 menos vistoso, en apretado haz,
inos mis altos, 6tros m6s gruesos, 6stos mas engalanados, aquellos
miserablemente cubiertos.
Pero no os dejar6is deslumbrar por las apariencias; vuestra
mano sabra encontrar el que m6s convenga, y 61 os dira puntual-
mente, sin vacilaciones de ningin g6nero, lo que es precise que
sep&is.
BARAD.
iOh, libros, fieles consejeros, amigos sin adulaci6n; desperta-
dores del entendimiento, maestros del alma, gobernadores del cuer-
po, guiones para bien vivir y centinelas para bien morir! i Cuin-
tos hombres de oscuro suelo habbis levantado a las cumbres mis al-
tas del mundo, y cu&ntos hab4is subido hasta las sillas del cielo!
i Oh, libros, consuelo de mi alma, alivio de mis trabajos, en vues-
tra santa doctrine me encomiendo!
ESPINEL.
Aquel que ama un libro, jams dejara de tener un amigo fiel,
un sabio consejero, un companero jovial, un consolador eficaz.
BARROW
El dia de un sabio vale m&s que la vida de un necio.
PROVERBIO ARABE.
Tengo amigos cuya sociedad me es en extreme agradable. Son
de todas las edades y de todos los paises.
PETRARCA.
Toda persona tiene dos educaciones: una que recibe de otros,
y otra mis important que 61 mismo se da.
GIBBON.


127


LA MUJER













NOTAS

La Academia de Bellas Artes prepare para el Diez de Agosto
pr6ximo una Revista ilustrada con trabajos litogrificos de los artis-
tas senfores Pinto, Puig, y de los mas aprovechados alumnos, co-
mo son los j6venes Segundo Guillermo King, Juan Francisco Mon-
talvo, N. Navarro, etc., etc. Sera la primer de su clase que vea
la luz public en Quito, y por lo mismo muy entusiastas y since-
ras son las felicitaciones que envia La iluj'er al Cuerpo de profe-
sores de ese floreciente Establecimiento.


Con motivo de los trabajos expresados en la nota anterior, y
otros urgentes encomendados por el Ministro de Instrucci6n Pdbli-
ca a dicho institute, nuestra Revista no ha podido engalanar el pre-
sente ndmero con la artistica portada de los anteriores.


A iniciativa de se prepare en la cuna
de Olmedo y Llona una manifestaci6n en honor de la insigne poe-
tisa, senora donfa Dolores Sucre, que se verificara en la fecha
clasica que celebra nuestra Metr6poli Comercial. Con la so-
lemnidad debida se le entregar6 una tarjeta de oro. -La Mu-
jero no permanecera indiferente en ocasi6n, en que se trata de
reconocer los altos merecimientos de tan ilustre dama, su colabo-
radora; y le dedicara un numero de gala, el correspondiente al mes
de Octubre venidero.

Nos congratulamos con la Patria por la exaltaci6n al Arzobis-
pado de la Iglesia ecuatoriana, del Ilmo. Sr. Dr. Dn. Federico
Gonzalez Su&rez. Ahora tiene el ejemplar sacerdote y severe
historiador mas vasto campo para ejercitar sus virtudes evan-
gilicas y sociales con la sabiduria y tino con que ha desempenfado
en la Di6cesis de Ibarra el Ministerio episcopal, en dias dificiles pa-
ra la Naci6n.

La velada musical con que han dado t4rmino a sus tareas
anuales los profesores y alumnos del Conservatorio Nacional, estu-
vo a la altura de su merecida fama. Todos los que tomaron parte
en ella, de conformidad con el nutrido program, obtuvieron vivos
aplausos por su lucido desempenio. El Ministro de Instrucci6n
Pdblica, Sr. D. Luis A. Martinez, dirigi6 palabras de aliento al Di-
rector, Sr. Brescia y 6 sus dignos colaboradores. El foyer del Tea-
tro Sucre contenia a lo mas select de la sociedad quitenfa, y todos
quedaron complacidos del verdadero adelantamiento que hay en
el Conservatorio de Musica. Las senforitas Josefina Veintemilla y
Carmela Mata entusiasmaron 6 la concurrencia con las dulces no-
tas de su bellisimo canto.


128


LA MUJER














dirigirse A los Editores, Sres. Emiliano





Nitmero su940 . . . . . ; . S 0 4 0
"LA MUJER"
Se canjea con today clase de publica- N
Scones nacionales y extranjeras.

I Para todo lo relative a esta Revista 0
Sdirigirse a los Editores, Sres. Emiliano $
SAltamirano, Luis C. Vasconez y Aurelia-
no Silva N., Carrera Loja N. 4, cuadra 3. 0
SApartado N.; 203.
|Qmi/o.-Ec2uasdor. 0
U PRECIOUS DE SUSCRIPCION:
S Nimero suelto...........SI. 0,40
Por un trimestre........... ,, 0 ,O
SPor un afio.....................,, 4,00
S En el exterior, los mismos, con el $
Sveinticinco por ciento de recargo. Pago Q


AVISO


En esta imprenta se compra el N .
1 de "La Mujer".

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