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HIDE
 Front Cover
 El periodismo
 A la sra. Doña Mercedes G. de Mocoso,...
 Educacion
 Hoja de cipres
 Doble sacrificio
 Postal & Carta intima
 Condolencia
 Pobre Maria!
 Ayes de Eloisa
 A Maria Antonieta Stagg Aguirr...
 Ambato
 En el campo
 Varledades
 Notas
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Title: Mujer ; revista mensual de literatura y variedades
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 Material Information
Title: Mujer ; revista mensual de literatura y variedades
Series Title: Mujer ; revista mensual de literatura y variedades
Physical Description: Serial
Publisher: Imp. de la Sociedad "Gutenberg", por Francisco E. Valdez
Publication Date: June 1905
 Subjects
Subject: South America   ( lcsh )
Spatial Coverage: South America
 Record Information
Bibliographic ID: UF00089243
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.

Table of Contents
    Front Cover
        Front Cover
    El periodismo
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        Page 67
    A la sra. Doña Mercedes G. de Mocoso, despues de leer unos versos suyos
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    Educacion
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    Hoja de cipres
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    Doble sacrificio
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    Postal & Carta intima
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    Condolencia
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    Pobre Maria!
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    Ayes de Eloisa
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    A Maria Antonieta Stagg Aguirre
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    Ambato
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    En el campo
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    Varledades
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    Notas
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        Page 96
    Back Cover
        Back Cover
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A Iu S. 1)7W. Mtrettt' 0. (It Al, 's, por Cao-
o ore Flor.- --HQj de cipr's, por Delia--- C. de Gon-
e. le por Mercedes Gonz.ez de











Moseoso. -Postl. po, Ana Maria Albornoz. Car-
,sale D. de Espinel.Pobre i por Naia
M,,ml i -.-,.



































CViriboga. I fur I E D Aiet E 13ufg A1uit por

Ii var. Eu ti coip'. por Rosa rio Carri'i B rn.
i de:rQuito, Junio de 1905.- ;




E. l'criediito. por Zoila. Ugarte de Landivar.--
A1 I,, ', tf. HorcueG. ( te. h Jloscoso, por Caro-
lila Febres C'ordero de Arevalo.--Er(tcc('i,, por
I)olores Flor.--Itoja de ciAi.,'.f, por Delia C. de Gon-
z liez.-llle pSo:'rielcri. por 5ereedes Gonzlez de
MosCoso.-Po.dtl. por Ana, Maria Albornoz.-Car-
ta !,tioim. por Lucila Moitalvo.-C-ondol cinia, por
Isabel I). de Espinlel.-;Pobre 3,il. por Marnia
Nataflia Vaca.--.l/:s (]<- E,,<,, por Clorinda M.|

D)olores Sucre. AmUlrto, por Zoila CUoarte de Lan-
divar.-n-En l C iitl. por Rosariio Carri01i Burnfo. 4*0
;1-i'thdh t --Nota.^. s. _^|^

Ihp. de laSoiclal "Gutenbrg"1, por Francisco E. Valdez. ,


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h A








ECUADOR





tLA MUJER)WB



Revista Mensual de Literatura y Variedades

aR0 I QUITO, JUNIOR DE 1905 NUMERO a



El eriodlismo


El periodismo es un sacerdocio; las aras de la Prensa
deben ser sagradas, no sacrifique en ellas ni el picaro,
ni el venal, ni el ignorante.
El periodista como el historiador ha de ser impar-
cial en sus juicios y delicado en sus critics, si trata de
corregir algun vicio por medio del ridicule; valiente
cuando defiende la verdad y entusiasta en la propagan-
da de las ideas que tienden al mejoramiento comuin.
El periodista es el representante de las masas, el por-
tavoz de las inspiraciones de un pueblo, el pregonero de
sus necesidades, el paladin de sus derechos.
El periodistalleva sobre si una gran responsabilidad:
todo lo escrito en letras de molde es para el ignorante
articulo de fe.
Los impresos sugestionan al pueblo y no s61o al pue-
blo: cuantas veces oimos una buena idea expresada ver-
balmente por alguna persona sensata y no hacemos cau-
dal de ella; pero veamosla formulada en letras de im-
prenta, en renglones muy apretados, en majestuosas co-
lumnas y nuestros ojos se irAn tras ella y nuestro enten-
dimiento tambien.











El ascendiente que la prensa tiene sobre las socieda-
des podriamos llamarlo hipn6tico.
La hoja volante, el peri6dico, es para el pueblo que
no va a las bibliotecas, ni puede comprar libros: alli
bebe 41 sus ideas, nutre su entendimiento y hasta modela
allf sus sentimientos.
Al periodista deberia exigfrsele titulos que acredi-
ten su competencia, asi como se les exigen a los que ejer-
cen cualquier otra profesi6n.
Del mismo modo que hay escuelas de pedagogia, po-
dria haberlas de periodismo; no para tasar las ideas, ni
reglamentar el estilo, porque eso serfa limitar la
obra de Dios, cortar las alas al espiritu, valdar la espon-
taneidad, atar lo que no cabe en el espacio, pero si para
dar direcci6n a esas soberanas facultades del alma.
Hombre sin instrucci6n 6 de malos sentimientos no
debe ser periodista: consentirselo eslo mismo que en-
tregarle una arma de precision a un loco comprobado y
autorizarle para que hiera a mansalva a quien mejor le
parezca.
Si un desequilibrado cualquiera emite sus doctrinas
tal como las concibe su cerebro enfermo, hace propagan-
da de ellas, porque no hay duda de que la idea, engendra
la idea.
Muchas veces los instintos dormidos del criminal,
han despertado por instigaci6n ajena.
Nadie conoce el numero de bandidos que han hecho
su aprendizaje en los crimenes espeluznantes, relatados
en letras de molde.
El periodista ha de tener talent para que sus jui-
cios sean rectos, ha de poseer buen coraz6n para que su
pluma no se moje jams en la tinta de la calumnia y la
diatribainfames; ha de'ser valiente para arrostrar los pe-
ligros y encararse con la multitud de los necios, enemigos
eternos de todo lo noble y bueno.
Se dice que el hombre es animal de costumbres, y en
efecto lo es; habituemos a nuestra sociedad a leer s61o
aquello que es culto y pronto rechazara lo innoble por
repugnante, y no habra quien sostenga a los periodistas
deslayados.
El gusto se pervierte si nos acostumbramos a ver co-
sas feas 6 deformes y el gusto se pule, si tenemos siem-
pre ante nosotros obras bellas y armoniosas.
Lo mismo sucede con el alma: la imaginaci6n y el


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,LA MOTUJE













entendimiento se estragan con las malas lectaras, se pu-
len y se desarrollan con las buenas.
El periodismo lo abarca todo, ciencias, artes, costum-
bres, etc.
Desterremos de 61 todo lo bajo y ruin, no describa-
mos la fealdad moral, si no es para anatematizarla; no
nos valgamos de la Prensa para adular, para calumniar,
para extraviar el criterio del putblico.
Alli esta la noble idea para que camp6e en esas ho-
jas nitidas ayer, heraldos hoy de todos los adelantos de
la humanidad.
La idea, el alma de todo lo que here nuestra vista!
La idea! el alma del hombre exteriorizada por medio de
esas patitas de mosca que se llaman letras.
Grande es la misidn del periodista: 61 selecciona,
crea y arma a ese titan, el peri6dico, con el martillo de la
critical just, con el escudo y la lanza de Minerva y cual
a otro Don Quijote, le envia por el universal campo de la
Mancha, para que vengue agravios, enderece tuertos, de
lecciones a sanchos y mandobles a los insolentes que se le
opongan al paso.
El peri6dico cabalga, navega, recorre las vias f6-
rreas y va de un confin al otro de la tierra.
El pensamiento encerrado en renglones, corre, vuela,
y como el polen a las flores va fecundando cerebros.
Heraldo amable del progress en sus columns ali-
neadas, rectas, ordenadas como soldados en espera, lleva
la luz a todas parties y es acogido y esperado por todos.
La Prensa puede degradar 6 enaltecer a un pais en-
tero.
La Prensa es una tribune, en ella han de actuar los
nobles, los buenos, los instruidos.
Para los infames, para los tontos malos, alli esta la
vindicta puiblica, la, sanci6n de la sociedad, la picota de
la verguienza.
Sea la Prensa Ecuatoriana, vocera de aquello que
pueda engrandecer la Patria, historiadora de grades he-
chos, alentadora de lo bueno, mantenedora del derecho.


ZOILA UGARTE DE LANDIVAR.


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LA MUJER











68 LA MUJE


A la Sra. dona Mercedes G. de Moscoso,

DESPUES DE LEER UNOS VERSOS SUYOS




Tierna cantora, recibi las paginas
Donde la esencia de tu amor vertiste,
Donde palpita entire ardorosas lagrimas
Tu coraz6n tan bello como triste.
En medio de caricias inocentes
Rodeada de los angeles que adoras,
Desdefiando los jubilos presents
Ves el pasado, el porvenir y Iloras.
Tu no debes llorar. El desconsuelo
Sufra el que esteril malogr6 su vida,
Tu la misi6n que te confiara, el Cielo
Llevas con gloria, con valor cumplida.
Torna en placer, oh Musa! tu quebranto,
El vencedor despues de la victoria
Jamas contempla con dolor y llanto
Las cicatrices que le dieron gloria.
Si el galard6n magnifico ya tienes
De la excelsa virtud y del talent
Si de'Apolo el laurel orna tus sienes
Guarde:tu pecho celestial content.
Pulsa el laud. Con amoroso alarde
Has escuchar la nota peregrina
Como de alondra q.ue al Ilegar la tarde
Alzando el vuelo a los espacios trina.


CAROLINA FEBRES CORDERO DE AREVALO.


68


LA MUJER















Educ6a61n
FRAGMENTSO)


Mi experiencia de la vida no me permit pagarme
ni de frases encomiasticas dictadas por la cortesia 6 la
amistad, ni del brillo efimero de triunfos baladies: mi
modo de ser me obliga a empefiarme en hacer bien lo que
hago, sin quedar satisfecha por grande que sea el esfuer-
zo empleado: ni adoro al dios exito, ni las apariencias
me sugestionan. El exito mas brillante no tiene para mi
el valor de lo s6lido y verdadero: ensefiar bien lo itil, lo
necesario, lo que ha de servir mas tarde y ensefiarlo a la
mayoria, a la multitud, aun a los de escasa comprensi6n,
en menor tiempo possible, he aqui como comprendo la es-
cuela primaria. Despertar la inteligencia, ejercitar el
raciocinio para que sepan distinguir lo bueno de lo malo,
lo just de lo injusto, lo falso de lo verdadero, y dejar en
el coraz6n la semilla de algo bueno, he aqui mi anhelo.
Para mi, ensefiar al inteligente, al estudioso que m6rito
es? Lograr que el perezoso se tome aplicado, que haya
afici6n a las lectures buenas, y que adquieran ideas aun
aquellos en quienes la inteligencia esta brillando apenas
cual mortecina luz, eso, eso si es merito.
Cuando una nifia recita admirablemente las paginas
de su libro sin cambiar una sola palabra, sin afiadir ni
omitirnada; pero sin comprender su sentido, me desespe-
ro: gusto de que entiendan lo que leen y comprendan el
significado de cada palabra.
Lectura, escritura, urbanidad, moral, religion, hi-
giene, he ahi lo mas esencial, lo primordial, la necesidad
imperiosa del pueblo. Y no se crea que desdefio 6 ex-
ceptuio los otros conocimientos: gramatica, historic, geo-
grafia, pero muy compendiados, con muchas y muy cla-
ras explicaciones de la viva voz del maestro, de tal modo
que la memorial no se fatigue y no se debilite de cansancio
cuando debiera estar en todo su vigor. No recargar a los
nifios con multitud de libros, sobre todo de aquellos para
cuya comprension, se necesita que la inteligencia haya lle-
gado a cierto grado de desenvolvimiento. En resume,


-~~~~~~~.. .111---- ___________ i Ii ;c


LA MUJER


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limitarse a instruir s6lo en las materials mas importantes,
mis necesarias y que precisa difundir entire la masas.
No podemos near que el Dr. Carrera, con su division de
los ramos de ensefianza, tendio a este inmenso bien.
Si el afio pasado me extralimite fue porque mi afi-
ci6n a las Ciencias Naturales, me llev6 a cumplir con el
deseo de dictar una clase de Zoologia que no pecara ni de
suscinta ni de difusa, por haber entonces en esta escuela
alumnas talentosas y aplicadas, y cuyo estado de adelan-
to, me pedia .
En esto de la educaci6n de la mujer, he dejado ya
los suefios juveniles, y quizas me inclino mas al sentido
practice de Mme. Maintenon que a las utopias de Mme.
Campan. Pensaba la primera que la mujer debia ser
educada conforme a la vida que la esperaba, conform a
su clase, A su posici6n social; queria que las muchachas
supieran ejecutar toda especie de obras propias demanos
femeninas. Es precise, decia, ir en esta material hasta
lo ridicule: quiero de las nifias, former mujeres Aitiles, en
la seguridad de que asi formare mujeres agradables. No
quiero former mujeres agradables, porque s61o resulta-
rian presumidas. Decia la segunda, con una alteza de
miras que, a la verdad, por de pronto seduce: caci6n debe tender a dos fines: primero, a las virtudes
domesticas; segundo, hacia la instrucci6n, a tal grado de
perfecci6n que-por el conocimiento del idioma, el calcu-
lo, la historic, escritura, geografia-todas las alumnas
esten seguras de la dicha de instruir ellas mismas a sus
hijas. La educaci6n pib.lica para las mujeres, acabard
por ser la maternal>>.
Entre Schopenhauer que no las quiere instruidas,
sino servidoras, amias de casa, porque: < trecha de la mujer no cabe un gran pensamiento>, y
Stuart Mill para quien: hombre, puede tanto como e1>, 'a cual nos atenemos? De
seguro que a ninguno en la totalidad de sus ideas. Es
necesario en material de tan vital importancia-de tanta
que de ella depend el porvenir de las naciones-huir de
los extremes, pues debemos tender a ]a constituci6n de
la mujer, a sus fines ulteriores, al rol que ha de desempe-
far en la sociedad y, hasta al pais en que ha nacido.
Apal temonos, pues, de los extremes, y no tengamos edu-
candas para quienes sea un mito una lectura y mas tar-
de un impossible escribir una carta; pero tampoco las ha-


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LA MUJER










gamos pasar el tiempo en la escuela primaria en minu-
ciosidades gramaticales y en arduous problems mate-
mAticos.......
DOLORES FLO.R





tlola go 6lpro

Ya se llevan a la nifia,
ya la llevan a enterrar,
ya la cuna esta desierta,
ya esta muerta, ya esta muerta,
ya te deja, ya se va.

Pobre hermana c6mo sufres,
qu6 espantoso es tu dolor,
c6mo ruegas que te dejen,
que no alejen, que no alejen
de tu lado a tu ilusi6n.

Ya en el nicho esta guardada,
ya regresan de dejar
al pedazo de tu vida
tu querida, tu querida,
muertecita ya no esta.
Vas a verla triste y sola,
vas pensando en lo que fue,
y que encuentras? tosca y muda
una piedra que la escuda
con un solo nombre: Ines.

Y tii, madre, en tu delirio
le preguntas d6nde estais?,
d6nde te hallas mi consuelo?
como si ella desde el cielo
te pudiera contestar.

Ven, regresa triste y sola,
ven y mira en tu redor


71


LA MUJER










72 LA MUJER

ve el recuerdo que te espera,
ve su rizo que no muera
como ella se muri6.

Ve sus cintas, sus mufiecas,
su pianito de marfil,
guard esas prendas queridas
pedazos de nuestras vidas,
de esas que no estan aquf.

Para el mundo ya estA muerta,
para ti nunca muri6,
pues la llevas retratada
y con ligrimas bafiada
en tu pobre coraz6n.

DELIA C. DE GONZALEZ.




DoD016 sa6drio610


I
Llamaron & la puerta del tocador de Carmen Pino.
-Quien llama? pregunt6, al mismo tiempo que la abria vio-
lentamente.
-Soy yo, senorita Carmen, Susana que trae el pan-uelo que
le di6 usted a border ayer tarde.
-Indudablemente debe estar malo, contest Carmen, procu-
rando velar bajo sus espesas pestanias el brillo intenso de sus gran-
des y hermosos ojos negros.
Susana tembl6, pues era siempre victim de la c6lera y capri-
chos de su sefiorita.
-Vamos & verlo, acercate y damelo, dijo Carmen dejindose
caer en un divan.
Susana se lo present ruborosa.
Era un pafiuelo de batista bordado al relieve con exquisite
gusto y primor sin igual. En el centro, entire una corona de vio-
letas y rosas, se enlazaban las iniciales de su duenfa.
Carmen lo contempl6 un instant y dando con su pequefio
pie en el suelo, exclam6:
-Has echado a perder la batista. Miren que obra! Es asi
como trabajas para todos?
-Si, sefiorita, hago lo que puedo; ya ve Ud., como no he teni-
do maestro....


_ _I __ _ ___ _~












Miren la hip6crita: eso lo dice por realzar su trabajo, para
que la tengan por habil y la aplaudan.
-Lo digo, no por granjearme lisonjas sino porque es la verdad.
-Insolente! Sal de aqui, desde este instant dejas de former
parte de mi servidumbre. Y con ademan regio, senial6 a Susana
la puerta de salida.
Esta no se movi6, dos lgrimas brotaron de sus ojos azules,
se deslizaron por sus mejillas y fueron a perderse entire los plie-
gues de su vestido de estamenfa.
-No me oyes? volvi6 a decir Carmen, encendida de c61era y
echando llamas por los ojos.
-Oigo a Ud., pero para salir de aqui sera precise que me
eche la senfora.
-Mama, grit6 Carmen, ven y arroja a la calle & esta insolente.
Una mujer algo entrada en anios y de aspect cansado y aba-
tido, penetr6 alli donde se habia entablado la lucha.
-Que hay? pregunt6 con tristeza.
-Hay que esta muchacha ha echado a perder un paiuelo que
le di a border y que debe salir de casa porque su presencia me
irrita.
-Piensas que puedo consentir en eso? su madre esta lejos,
hoy no tiene mas amparo que el nuestro y silo pierde......
-Que me importa? Sale ella 6 salgo yo.
-Ve, hija mia, dijo dofia Laura a Susana, evitame asi otra
escena borrascosa como la que estas acostumbrada a presenciar.
Toma, aniadi6 sacando un punfado de monedas de plata. Esto te
library del hambre hasta que Ilegues a los brazos de tu madre.
-Guarde Ud. su dinero, dijo, la pobre ninfa. Hasta aqui
s61o ha pagado Ud. mis servicios con sonrisas y frases carino-
sas, quiero, pues, llevar este recuerdo inefable en el fondo de
mi alma. Se arrodill6 y tomando la mano de Laura, la llev6 &
sus labios con respeto. Se dirigi6 a la puerta, y sin mirar & Car-
men que permanecia silenciosa, sali6 de la opulent casa a la que
entr6 en los brazos de su madre y la cual se habia adherido como la
hiedra al muro.
II

-Por fin! exclam6 Carmen, lanzando un suspiro de satisfae-
ci6n. Esa muchacha es demasiado bonita, he notado que Alberto
la mira much y yo no acepto comparaciones en tratandose de
una inferior.
-Es possible, Carmen, que des cabida en tu pecho i la m&s
ruin de las pasiones, a la envidia?
-Envidiosa de esa palurda, yo! Verdaderamente, tfa, que
estas hoy en uno de tus dias de demencia. Mi matrimonio con
Alberto, concertado hace ya much tiempo, ha ido retardandose"
causa de esa muchacha a quien l1 profesa talvez mas carifo que
a mi.
-Amas a Alberto?
Carmen vacil6 antes de contestar.
-Que pregunta! C6mo puedo amarlo si me dobla en edad.
-Entonces....
-Quiero ser su esposa, sus riquezas me atraen, he ahi todo.


73


LA MUJEIR













-Y es a mi, 4 su hermana, a la que te ha servido de madre,
a la que hablas asi?
-Buena madre! Has alentado mi orgullo y no has corregido
mis caprichos. Dona Laura incline la cabeza y con los ojos car-
gados de lagrimas, respondi6:
-No te pareces a tu padre, eres un retrato fisico y moral de
la que duerme alli bajo los tilos.
-No remueva Ud. esascenizas adoradas; le he dicho muchas
veces que la memorial y el nombre de mi madre, deben estar s61o
en mi coraz6n y en mis labios.
-Deja ese tono aspero que tan mal te sienta. Hablas con tu
segunda madre, con el ser que todo te lo ha sacrificado y al que tu
padre en su lecho de muerte, te orden6 que obedecieras y amaras.
Dejate de tonterias, en mi alma no cabe otro afecto que el que
profeso a mi madre.
-Y si yo te dijera....
-Que?
-Nada, dijo donia Laura, lanzando un suspiro, nada hija mia,
ama 6 tu madre pero dedica alguna ternura al desgraciado autor
de tus dias.
-Serias capaz de calumniar a la que me llev6 en sus entranias?
-Jamas manch6 mis labios la mentira.
Basta! No vuelva Ud. 4 acordarse de mi madre. En cuan-
to & Susana es preciso borrar su nombre del libro de los vivos, y
ahora, vaya Ud. a su habitaci6n, quiero estar sola.
La pobre senora sali6 agobiada de dolor ante el caracter des-
p6tico de aquella criatura que habia mecido en su regazo y& la
que amaba hasta el sacrificio.

III

Cuando Carmen qued6 huerfanade madre, don Julian herma-
no de donia Laura, confi6 & esta su hija y ella se consagr6 toda ente-
ra a la ingrata criatura que despuds de 19 anfos de vivir a su lado,
asi la maltrataba y heria. Don Julian muri6 & poco, se hablaba
de desgracias ocurridas en su hogar y que eran la causa de su
fin premature. Si esto tenia algode verdad, ya lo veremos mas
adelante.
Dona Laura, debil por naturaleza, dej6 crecer 6 Carmen con
todos sus caprichos, sin comprender que la mala educaci6n es la
fuente de donde se original todas las desgracias.
Marta, madre de Susana, habia entrado al servicio de donfa Lau-
ra, cuando Carmen tenia cinco anos, Susana contaba cerca de seis,
siendo siempre victim de los vehementes deseos de Carmen, que
la obligaba a ceder de cualquier modo. A pesar de esto, Susana
la amaba con toda su alma.
Era buena por naturaleza y se acostumbr6 & querer a aquella
nifa como queremos en la infancia la hermosa munieca que nos
embelesa. Carmen, por el contrario, no desperdiciaba la ocasi6n
de humillarla a la dulce companiera de sus juegos.
Alberto, hermano menor de dofa Laura y don Julian, no ama-
ba 4 su sobrina.
Pero la ninia creci6, su hermosura tom6 proporciones incom-


74


LA MUJER











LA MUJER 75


parables, puso en juego toda su coqueteria para atraerlo & ella, y
Alberto que frisaba en los treinta y seis ainos, cay6 a sus plants,
ofuscados sus sentidos pero no interesado su coraz6n. Era nobble
y bueno y s61o podia atraerlo otra naturaleza semejante a la suya.
Marta habia marchado precipitadamente a un pueblo cercano,
porque un hijo suyo, carpintero, cayendo de un andamio, se frac-
tur6 un pie. Dej6 a Susana con doina Laura, ajena a lo que iba &
suceder.
La despedida & Susana debia traer graves trastornos en el ho-
gar de la familiar Pino.
En la vida, circunstancias insignificantes al parecer, decide
muchas veces del destino.
IV

Donia Laura fuese directamente a su habitaci6n, se dej6 caer
en una poltrona y cubriendose el rostro con las manos, rompi6 &
llorar. Gruesas lagrimas rodaban hasta su falda negra y los so-
llozos que elevaban su seno, revelaba la tempestad de dolores
desatada en su alma. Con Carmen aprendi6 a ser madre, la ama-
ba con esa ternura infinita con que aman esos series privilegia-
dos, todo abnegaci6n y sacrificio.
Permaneci6 algunas horas en la. misma actitud, y muy amar-
gas debieron ser sus reflexiones, pues levantandose de pronto ex-
clam6:
-Es precise que esto termine. Puesto que Alberto la ama,
que se casen y la lleve muy lejos, a donde no vuelva a saber de
ella jams.
Pero Carmen acaba de decirme que no le ama.
Pobre hermano mio! Sera tu suerte igual en todo a la de
nuestro desgraciado Julian? Sali6 precipitadamente y se diri-
gi6 a la habitaci6n de Alberto.
Era este un hombre de fisonomia bondadosa y simpatica y
se hallaba en todo el esplendor de su belleza.
Al ver a dofia Laura, dijo.
-Ven, hermana. C6mo, lloras? Que hay?
-Hay, que Carmen ha despedido a Susana.
-El motivo?
-Pretexta que ha echado a perder un palnuelo que le di6 a
border, pero he descubierto que Carmen esta envidiosa de la her-
mosura de Susana y celosa del afecto que le dedicas.
-Esas tenemos? Pues bien, Laura, a ti puedo decirtelo"to-
do. Por un moment crei amar & Carmen, es tan bella! Me im-
presion6 hondamente, pero la hermosura spiritual de Susana,
dice mas a mi alma. Hay en sus ojos azules, algo que me atrae
y me cautiva: la amo, si, la amo!
-Pero Susana es inferior a ti.
-Qud me importa? Vale mas que Carmen, mas que todas las
mujeres del mundo. S6lo tu eres superior a ella, mi santa y ado-
rada hermana.
-Pero, tu compromise con Carmen?
-Crees que ella me ama?
-No s6 ..... talvez ....
--No, Laura, no me quiere, lo que ambiciona es mi fortune.











76 LA MUJER

-No es ella tan rica como td?
-Sin embargo, no le bastan sus riquezas.
-Qu6 piensas hacer?
-Romper el compromise que nos une y hacer a Susana mi
esposa.
-Pero el mundo......
-No te preocupes de l1, hermana mia. El mundo no pue-
de ser juez en asuntos del coraz6n. Lo que debemos indagar es
el paradaro de Susana.
-No puede haber ido sino donde su madre.
-Pues describe a Marta, dile que la esperas a la mayor bre-
vedad, pero que no venga sola; si perdiera a Susana, morirfa
-Tanto la amas?
-Es mi primer amor y acaso el uiltimo.
-Y quien se encarga de decir a Carmen?
-Dejemos rodar los acontecimientos. La Providencia es sa-
bia y no dejara que se consuma mi sacrificio.
Aquella misma noche escribia donia Laura a Marta, y al dia
siguiente recibia una lac6nica contestaci6n de esta que decia asi:

"Mi buena seniora:

Susana esta conmigo, lo se todo. La que no sabe cosas que
interesan al honor de su nombre, es usted.
Dentro de tres dias estare alla, me acompanara Susana y
talvez consiga que esta pobre nifia ocupe el lugar que le corres-
ponde.
Suya. MARTA".

SInitil nos parece decir con cuanta ansiedad esperarian Alber-
to y Laura, la llegada de Marta. Dejemoslos por un moment
para encontrarlos luego y volvamos a Carmen, a la que dejamos
de pie en su alcoba, sefialando a dofia Laura con ademan de rei"
na la puerta de salida.
Su hermoso rostro no refleja ni vestigios de la lucha sos-
tenida pocas horas antes.
Fresca y sonriente, ante un gran espejo tocador, variaba
de vestido. S61o sus ojos entornados lanzaban de cuando en
cuando luminosas chispas de relampago.
El vestido elegido era verde, adornado con ricas blondas y
botones de rosas blancas, debia concurrir a un baile en esa no-
che y Alberto debia acompafiarla. Queria eclipsar a todas las
hermosas que concurrieran a la fiesta. Seguramente lo lograria
porque Carmen era una de esas mujeres fascinadoras por la ex-
presi6n, por las soberbias curvas de su talle de Venus, por su
belleza misma. Iba a alcanzar un nuevo triunfo, lo sabia y son-
reia con orgullo ante el espejo que retrataba sus ojos negros,
sus mejillas de rosa y sus menudos dientes de perlas. Abrocha-
da un collar de brillantes a su cuello desnudo, cuando llamaron
a la puerta.
-Adelante, dijo.
Apareci6 Alberto pero no en traje de etiqueta como ella es-
peraba.












LA MUJER 7


-Qu6, dijo, frunciendo las cejas, no te vistes?
-No, Carmen, me es impossible acompanfarte.
-Se puede saber por que6
-No puedo decirlo. Tu no iras tampoco.
-Ire!
-Seria inconvenient que te presentaras sola.
-Nadie puede impedirmelo.
-Alguien lo puede.
-Quien?
-Yo! Y lo dijo con tal energia, que Carmen tembl6, pero
reponiendose exclam6:
-Tu! y lanz6 una convulsa carcajada.
Alberto se irgui6.-Yo, volvi6 & decir, pero esta vez acer-
candose a ella casi hasta tocarla, yo, el hermano de tu padre.
-Y nada mas? pregunt6 ella con burla.
-Nada mas, porque has hecho impossible cualquier otro lazo
entire los dos,
-Por que?
-No elegir6 jams para esposa una mujer sin coraz6n.
-Sabes tu si lo tengo? Pregunt6 Carmen extremeci6ndose
visiblemente.
-La que arroja de su hogar ~ una pobre desheredada en
vez de darle abrigo no puede tenerlo.
-Hola! es mi despedida & Susana lo que te hace pensar asi?
-Eso y la falta de respeto, la poca ternura que dedicas a la
mujer que te ha servido de madre.
-Confiesa que lo que te irrita es no tener cerca de ti & esa
muchacha, a la que talvez amas.
-No te engan~as, es cierto que la amo.
-Bien, hazla tu querida.
.-No, la hare mi esposa.
-Ella tu esposa, me volveria loca!
Alberto se conmovi6, crey6 que Carmen le amaba y tuvo com-
pasi6n de ella.
-Me amas? dijo tomando una de sus manos.
-Ni te amo ni te aborrezco, a ella si la odio por instinto.
-Carmen!
-Basta! ni una palabra mas.
-V6te, dejame salir, quiero ir al baile de las Sefioras del Risco.
-No iras porque yo lo impedir6.
Y antes de que Carmen pudiera impedirselo sali6 de la alcoba
cerrando la puerta. Carmen lanz6 un rugido, arranc6 con mano
convulsa las rosas de su tocado, d3sgarr6 su vestido de baile y Ilo-
r6 desesperadamente por haber sido vencida.
Eterna fud la noche para la terca y caprichosa niia. Herida
en su orgullo, se revelaba contra si misma. Si hubiera tenido ma-
dre, su naturaleza rebelde se hubiera suavizado.
(Contiiuard)6


MERCEDES G. DE MOSCOSO#








78 LA MUJER



Postal
Para el album de mi amiga Maria Laura Galisto

Deseo para tu alma encantadora,
En medio de mis candidos anhelos,
Las luces sonrosadas de la aurora,
El arrullo feliz de onda sonora,
La placidez eterna de los cielos.
Deseo que la senda de tu vida
Siempre se cubra de galanas flores,
Llenas tan s61o para ti de olores;
Que nunca pierdas la ilusi6n querida,
Que nunca sepas lo que son dolores....
Y para mi deseo con vehemencia
De tus labios un beso de ternura
Y que al traves de nuestra cruel ausencia
Me envies con las brisas, cual esencia,
Los suspiros de amor de tu alma pura.
ANA MARIA ALBORNOZ.





arta intllima
A CELIA

Hace algin tiempo que te dirigi mi carta, Celia
querida, enviandote mi mis sentida condolencia por
la muerte de mi buen amigo y tu querido hermano; pe-
ro como creo no la has recibido, vuelvo a encaminarte
esta otra haci6ndote present lo much que te quiero,
te pienso, y cuanto ha sido lo grande de mi angustia
puesto que tri sufres.









LA MUJER 79

Ah! te extranio tanto que mis veladas son haciendo
reminiscencias de nuestro pasado de felicidad: cuando
eramos niias y corrfamos como mariposas por los calle-
jones y huertos de tu hacienda; entonces ni nos fijaba-
mos en las bellezas de la Naturaleza ni nos preocupaba
nuestro porvenir. Embebidas en placeres infantiles, lle-
nas de goces materials donde la muerte ni el pesar ha-
llaban resonance en nuestra mente, de veras ique feli-
ces, quA envidiables eramos!
Hoy apenas si nos quedan las paginas de los re-
cuerdos que tornan como espectros de otros tiempos hasta
el pensamiento para .hacernos verter lagrimas indefini-
das, mezcla de dulzura y a la vez de hondisimo, de triste
desconsuelo ....
Empero, dej6monos por ahora de tristezas y como en
tus cartas anteriores me pedias noticias de nuestro pais,
te las voy a dar; mas como ellas son tan extrafias y varia-
d as se me confunden en la imaginaci6n en este instant
e iniitil seria buscar algiin reposo antes de participar-
te mi modo de sentir y la manera con que juzgo cuanto
me rodea.
De Marzo para aca se han propuesto tres patriots
y entusiastas j6venes editar un peri6dico mensual, con
el sencillo pero hermoso titulo , en el cualno
luzcan sino las aptitudes del bello sexo ecuatoriano.
Creo que ya han visto la luz unos tres nmimeros de tan
simpatica Revista, pero que podre decirte, Celia amiga
mia; de la especie de trastorno, y aspaviento, y bulla le-
vantados en nuestra sociedad por esta novedad? Acos-
tumbrados como estamos A ver que nuestras pacificas
mujeres no han desempefiado nunca otro papel que el de
cosa 6 adorno en el hogar, tal atrevimiento ha caido pa-
ra ciertas y ciertos, en particular, como si de improvise
hubiera aparecido el sol por occidente.
(Es verdad, pues, que todas somos un ente irracio-
nal? ah! no, yo me resist a imaginary siquiera con los in-
sensatos, ya que el talent de la mujer ecuatoriana, no
digo con orgullo, pero si podria lucir a nivel del de cual-
quiera otra, que para hacerlo s61o cuenta con mayor apoyo
y nada mas. En cuanto a la sociedad culta e ilustrada,
eso si, no ha dejado de tener buena acogida <,
pues algunos literatos y muchos periodistas si la han en-
comiado captandose con esto gratitud y simpatias de sus
bellas redactoras.












Con todo, bien dichosa tu que vives en un pais en
donde la civilizaci6n va a pasos de gigante y en donde
sin impediments ni vallas de ninguna clase puedes dar
vuelo a tu cabeza y coraz6n!
Pasa tus ojos de luz por los nimeros de la Revista
que te envio por igual correo que esta y dime con tu
acertado voto si te gusta 6 no, siquiera por llamarse la
inica en su g6nero. Pueda ser que muera pronto y sera
una verdadera lastima; me preguntaras por que?; no por
falta de las redactoras ni de los editors, ellos y ellas ha-
ran lo possible por sostenerla; pero si por falta de quienes
lean bostezando producciones feministas y les duela to-
car con el bolsillo y contribuir para que subsista aquella
pobre ninia.
Siguiendo el curso de noticias te dire tambien que
hay en nuestra tierra muchisimo adelanto respect de las
artes: hoy mismo he contemplado la Escuela de Pinturas
con una impresi6n rara a la vez que halagadora; he vis-
to la aptitud de j6venes y nifos, los que nos miraban a
mis companferas y a mi, con unos semblantes tan risue-
fios y como satisfechos de sus obras que en todas y cada
uno vi un Rafael, en miniature; hay cuadros que tienen
vida, hay pinturas que hablan y no se puede salir de
alli sin recoger un recuerdo grato.
La music prospera sin media y no puedo tocar
este punto sin sentir una emoci6n indescribible puesto
que 61 se entiende con el coraz6n y el alma.
Otra cosa buena que tenemos auin que no se lame
ciencia ni arte, es la policia: tan several y active que van
desapareciendo esos vicios humillantes y bajos como el
alcoholism y afici6n a aquello que no les pertenece, que
hasta hace poco y en Quito especialmente eran muy co-
munes.
Y la Religi6n? c6mo anda me preguntas? pues asi
que asi; va disminuyendo un tanto el fanatismo que ra-
yaba en lo ridicule y a pesar de los embates que a dia-
rio sufre el Cristianismo, creo que se levanta 6 por lo me-
nos empieza a levantarse puro y tal como nos legara
Cristo en las cumbres del Calvario.
En fin, ya te he dado noticias de tu patria y la mia
y no piensas volver a ella? iPatria! palabra sublime
y grandiosa para toda la humanidad. No creo que la
mires con desprecio y hasta con hastio porhaber sufrido
en ella tantos desengafios y pesares; ella no tiene la cul-


_ __ ___ __ __ ___~ 1_


80


LA MUJER











pa sino las personas que te ocasionaron sinsabores.
Vuelve la vista por aca, y no encontrarAs sino
sepulcros: los que reposan dentro de ellos esperan
tu saludo y los que estamos fuera todavia, los que como
yo seguimos abatidos, tristes, pero sin que de su mente
te separes nunca, al enviarte el coraz6n, reclaman una
que otra vez siquiera tus recuerdos y afectuosas cartas.

LUCILA MONTALVO.






Condolencia


A MI AMIGA LA SRTA. ELODIA SOLANO DE LA S. EN LA MUERTE DE SU
HERMANO FEDERICO.

I

ZQu6 se hicieron ioh Dios! los dos hermanos
Que ayer no mas en pl5tica sabrosa
No pensaron jams que en pocos dias
Cubriria sus restos una loza......?
Todo ha concluido y&....Silencio y llanto
Con sarcasmo fatidico acompania
Tu triste soledad y desconsuelo!
Qu6 sombras, que amargura, qu6 misterio
Envuelven hace tiempo tu alma noble;
Como si aun la prueba no bastara,
Al mirar la esperanza
Hundida para siempre
En el hueco fatal de un cementerio .
Y llorar sin consuelo
La espantosa y eterna despedida,
De los series q ue amabas cual tu vida (*)

II

Pues bien: aqui me tienes, cara amiga,
A Ilorar tu dolor; que siempre ha sido

(*) Ella ha perdido sus padres y el mayor de sus hermanos antes del
duelo de los dos uiltimamente fallecidos.


81


LA MUJER










82 LA MtJ~


El lema de mi vida la constancia,
Virtud y afecto santo,
Que encierra gratitud y amor profundo
Por quien ayer, cuando nubl6 mi frente
Horrible desenga o... fue el consuelo
A mis horas fatales de quebranto!
Gratitud y amistad, fiel testimonio
Del sentimiento de mi pecho ardiente,
Debo llorar contigo
La muerte de tu hermano idolatrado
Si con ella resurgen en mi mente
Recuerdos singulares
De ambiciones sinceras, de contents,
De olvidados pesares,....
De esperanzas, de juegos, de sonrisas,
De otros tiempos mejores que el presente....

III

Aun no lo creo! es el? Oh! si! la muerte
Ha hollado su semblante. Sus pupils
Reflejando la calma venturosa
Que en su ser anidaba, ya no irradian
Su coraz6n alegre y entusiasta,
Dej6 de palpitar y ya no existe!
IOh amigo! ien d6nde te hallas?
Oyes acaso alli nuestros clamores?
Se puede valorar el sufrimiento
Del pecho amigo que tu ausencia llora?
Y escuchas el gemido
De la hermana infeliz que te ha perdido?
De tanto afecto en cambio, qu4 nos dejas
Al irte de la vida?
Oscuridad, tristeza y hondas quejas
Y dolores y angustias sin medida....!
Si hoy s61o su cadaver
Ha quedado de tantos devaneos,
De tantas encontradas impresiones
Y de tantos afectos y deseos;
Dime, Elodia querida:
lQue vale la existencia si pagamos
Con la savia del alma
Un solo instant de mentida calma.

IV

Del cielo y del espacio el gran concerto
Lleno de luz insulta en este instant
La inmensa soledad de eterna noche
De las almas enfermas,
Que con la tuya de aflicci6n padecen......
Mas, no Ilores Elodia, con angustia


82


LA MUSTER












Que si la muerte troncha nuestras vidas,
El alma es inmortal!
Y si cae un s6r mas dentro la fosa
Donde en polvo mil series se han trocado
El alma de tu hermano refulgente
Era buena y creyente y de Dios goza!
Como es la muerte fuente de amargura
Es el dolor de la esperanza fuente.
iQu6 mas puedo decir? Ciertos dolores
iAy! no se alivian con palabras vanas
Ni yo encuentro en mi est6ril fantasia
El consuelo que anhelo,
Y que s61o del cielo
Al coraz6n desciende, amiga mia!

ISABEL D. DE ESPINEL.







i Por6 Maria!


(Conclusi6n).

Yo veia en el misterio de las tardes y al sonar del Angelus
las ventanas cerradas del colegio, donde 61 se encontraba. Mis
castas ilusiones le enviaba entonces, al pronunciar en santo arro-
bamiento las dos silabas queridas de su nombre.
Un afio mis, y una inmensa amargura se apoder6 de mi,
pues que 61 no ley6 nunca las paginas de mi alma. Pilida, en-
fermiza, cuantas veces le enviaba en mi pensamiento pedazos de
mi propio coraz6n. Trate de dirigirle cartas empapadas con mis
ligrimas. Mi dignidad y el ejemplo de mi noble maestra que
me prescribian el correct porte social, hicieronme callar.
Dos affos habian pasado; yo contaba dieciseis, y apenas si
sus ojos y los mios se encontraron cuatro veces: lo recuerdo bien,
siempre fu6 en la iglesia. La tarde dltima en que pude verlo
el sol habia ocultado tristemente sus rojizos fulgores; el viento
parecia sollozar y densos y negros nubarrones amenazaban a la
tierra con truenos y el zig-zag del rayo que haria, en breve, es-
tragos en las cimas de los Andes. Tarde era de Setiembre, desa-
pasible y fria; y la ciudad estaba triste a pesar de su hermo-
sura, pues yo la veia & trav6s de mi ansiedad inmensa y mi do-
lor moral.
Las campanas llamaban a sermon con una especie de gemi-
do ldgubre. Los ambitos del temple resonaban ya 4os melanc6-
licos sones de la orquesta y el rumor confuso de preces y suspi-


83


LA MUJER














ros; cerca del ara se elevaba el incienso delante del Dios Hostia
que se hallaba expuesto: sus espirales olorosas semejaban las as-
piraciones del alma creyente que sube al cielo en busca de con-
suelos.
A uno y otro lado las nifias de mi escuela y los alumnos del
colegio formabamos tambien el lazo de oraciones y la protest
de amor y de esperanza que el concurso levantaba al trono del
Senior. Tenue y cadencioso como el agitarse de alas de paloma
brotaban dulce murmullo los labios inocentes; era la nota mas her-
mosa de la fe para honra de Maria. La Iglesia celebraba enton-
ces su Santa Concepci6n.
Alli en el templo estaba 61; y la ceremonial religiosa era la il-
tima que iba & presenciar. El colegio debia clausurarse por una
orden del Gobierno recientemente establecido en la Republica,
el cual no se conformaba con la ensenianza de institutes docentes
religiosos. El debia marchar a la Capital a continuar sus estu-
dios. iDios mio! la horrible tempestad de mi alma hasta enton-
ces comprimida ya no pudo mas, y estall6 en lagrimas y sollo-
zos: llor6, llor6 desesperada; le descubri a la Virgen mi dolor
inmenso y le habl6 de mi orfandad........................
Tocaba ya & su termino la distribuci6n del dia; un Padre
oblato y sus alumnos con voices armoniosas y solemnes entona-
ron un triste Salutaris, luego un Tantum ergo, y sus acordes en
medio del sonido de la lluvia que arreci6, del retumbar del true-
no y de los campanillazos estridentes, al dar el sacerdote la tier-
na bendici6n con el Santisimo, fueron el adi6s, la despedida pa-
tetica que yo misma di al mundo de ensuefios forjados en mi
mente!
iQui6n creyera!, principi6 serena y a media que mi plu-
ma corre presurosa moviendo el cementerio y las fatidicas y
heladas cenizas de mi ayer, han ido poco & poco surcando mis
mejillas quemadoras lagrimas; estoy Ilorando como en aquel
dia, estoy acongojoda, enferma. Lejos de mi patria, sin madre en
cuyo seno reclinar mi frente sellada por la angustia, palpandoqcue
mi sino es la desgracia, mi nombre el infortunio, que asi como
la lepra contagio padeceres y, bajo el peso enorme de tantos sufri-
mientos, de tantas decepciones por que no he muerto ya?; pen-
diente de mi cruz ique espero todavia, que espero en este mundo?
acaso no levantan sobre 61 ilnicamente sus reales la mentira, la
maldad y el vicio?
Cai gravemente enferra: los facultativos atribuyeron mis
dolencias a causes puramente naturales: a la aglomeraci6n de gen-
te en el santuario, al ambient cargado de acido carb6nico, y al
frio y humedad de la noche. WC6mo iban a fijarse en el espiritu,
si para la necia generalidad del vulgo, para los series henchidos
de material, el hu6rfano que cruza mendigando afectos es inca-
paz de guardar un coraz6n que tenga nobles y delicados senti-
mientos.? ..........
Estoicos esos series, pasan por cadaveres y pisotean la-
grimas; para ellos no hay delicadeza en las ideas, no existe el
pensamiento; la ternura, los dolores intimos, la sensibilidad, ape-
nas son un mito donde no est. el oro.
La ausencia era una valla inmensa con visos de sepulcro in-


84


LA MUJER














terpuesta entire los dos; la desesperaci6n internal que pugnaba
por brotar como torrente de incendiaria lava; mi anhelo de mo-
rir hubi6ranme Ilevado hacia la tumba y evitadome que sola,
en el camino de esta vida siga recogiendo mas espinas. El es-
tado de mi salud se puso tan grave que fui instada a recibir los
dltimos auxilios de la religion. Entonces encontr6 el remedio,
el. salvador balsamo que cur6, un tanto, mis heridas. Con pom-
pa y al s6n de los acordes de una march melanc6lica, del canto
de mis condiscipulas y el prolongado tafiir de las campanas fu6
a consolarme la santa comuni6n, despues que hube declarado mis
pequenas faltas. Muchas veces volteanido una por una las hojas
del recuerdo he Ilorado leyendo estos renglones. Vivo todavia,
porque las palabras del anciano y virtuoso cura de la poblaci6n
hicieron que viviera. Medico del alma, sabedor inico de mis
secrets tribulaciones se encarg6 de visitarme a diario y de con-
fortar mi espiritu con sus consejos y esperanzas.
Suave y dulcemente, y usando un lenguaje sencillo trat6 de
completar, dir6 asi, mi educaci6n durante el tiempo de mi lar-
ga convalecencia. i C6mo me lefa pasajes religiosos y aventuras
morales para detener el vuelo de mi imaginaci6n calenturienta
que volaba y volaba a otras regions! Ah! con la eficacia de sus
doctrinas caus6me horror lo efimero del mundo.
Sane, por fin, si puede ser salud la especie de idiotismo, de
frialdad moral en que quedara y he vivido hasta hoy. -Anemica,
como el Genio de las sombras 6 cual espectro que evocado en el
misterio, asi, sola vagaba en los jardines: el aura de las noches; los
rayos de la luna 6 el diamantino claror de las estrellas solian sor-
prenderme en confidencias intimas con las aves sofiolientas, con
las flores que al beso de la tarde habian cerrado sus corolas; es
decir, con la naturaleza, ese libro majestuoso y mudo que eleva,
ennoblece y doma la , el coraz6n. Yo por mi,
dire que en cada aurora, en cada floor, en cada insecto, en los ce-
lajes, hice mi studio limitado y pobre.
Transcurrieron meses y en vano habia esperado el regreso
del que era objeto de mis recuerdos. En vano le enviaba
como antes en alas de las nubes mis amorosos suspiros. Pero
resignada y altiva a la vez mis mejillas tifirronse del purpura
matiz de veintiun anos y mi cuerpo, adelgazado por el sufri-
miento, recobr6 su flexibilidad y su natural morbidez.

Han transcurrido once afios; ............ "
Aqui terminal propiamente el manuscrito, pues las parties
que siguen se hallan ilegibles, casi borradas por el sello de be-
sos y de lagrimas. Quien era aquella joven que tanto habia su-
frido y en cuya alma se leia al mismo tiempo la duda y la es-
peranza, el desaliento y laresignaci6n? EQui6n era esa Maria, de
la que he guardado tristisimo recuerdo sin que ella lo supiera?
A los seis anos de haberla conocido llegue & Quito para asistir
a la primer misa de un hermano mio; y como nunca habia pisado
m~s suelo que el de mi provincial native, me di prisaen conocer
en todos sus detalles la patria ilustre de los Schyris. Admire sus
monumentos arquitect6nicos y las bellezas de todo genero que la
constituyen en una de las m6s notables capitals del Nuevo Conti-


85


LA MUJER














nente. Mas, cediendo a una misteriosa 6 irresistible inclinaci6n de
mi Animo, procure visitar de preferencia el Cementerio de San
Diego, a done fui en uni6n de varias amigas y de Eloisita, mi
bello cicerone.
Serian las cinco de la tarde, y penetramos con religioso respeto
en el campo santo. Leyendo las finebres inscripciones y murmu-
rando padrenuestros y otras oraciones nos tom6 el crepuisculo y nos
vimos circundadas por ese claro oscuro, anunciador de la noche,
a cuyo influjo nuestras sombras crecen y toman proporciones fan-
tasticas. Formfndonos en grupo y Ilenas de recogimiento que in-
funde un cementerio dispusimos dejarlo, cuando hacia lo lejos, entire
las sombras de un cipres, divisamos la silueta de una persona. Ha-
cia alla encaminamos nuestros pasos y delante de un mausoleo de
hechura elegantisima, rodeado de esculturas nos encontramos con
un padre de la orden franciscana. En ese instant acababa el
buen fraile de caer de rodillas ante una tumba coronada de una
cruz, de la cual pendian s6lo dos coronas de jazmines blancos que
no estaban del todo marchitados. Al detenernos junto al francis-
cano ya habia acabado el dia casi por complete. La luna princi-
piaba a rielar en las cimas del Pichincha, y cuil seria mi asom-
bro, cuando al dar de lleno en esa tumba y sobre los ojos negros y
hermosisimos del fraile que me trajeron a la memorial el recuerdo de
mi heroin, vi ni mas ni menos en la cruz y con caracteres de oro
grabado el*mismo nombre que seis ainos antes viera en su carter
IMaria! la inica palabra que envuelta con las brisas de la noche
brotaba de los labios de ese hombre arrodillado que escondiendo
su faz entire ambas manos parecia morirse y ofrecer al cielo su
dolor intense: lloraba como un nitio, presa de un temblor galvi-
nico 6 instintivamente, yo tambien, sin darme cuenta cai de rodi-
llas cerca de 61. Me ahogaba la emoci6n, y no sin sorprender a
mis parientes, Padre, solloc6 Padre, ,quien descansa aqui?.....

Los sauces y cipreces que de trecho en trecho se alzan en
San Diego, 6 semejanza de estatuas gigantescas que cuidan de los
muertos, lentos se inclinaban a uno y otro lado movidos por el
viento, las lechuzas se cruzaban volviendo a sus nidos ocultos en
las cavidades de b6vedas vacias, aleteando y con graznidos Iugu-
bres; la campana del vecino monasterio sonaba tristemente; y
todo en aquel moment, aun hasta el latido de nuestros corazo-
nes y la oscilaci6n pausada del ambiente, todo revestia ese no se
qu6 solemne de los muertos. El franciscano levant los ojos al
oirme y clavindolos en mi con extraineza contest6me con voz sua-
visima:-cAqui reposa Maria; Hla conocisteis? Hace cuatro dias
que muri6, pobre hermana miaI Fu6 tan desgraciada desde los pri-
meros aflos de su existencia y si me veis llorar es nada mas porque
afluye la sangre al coraz6n y el coraz6n es debil. Huerfanos los dos
y & poco de asilarme en el convento maximo de mi orden supe por
sus cartas henchidas de amargura que iba siendo victim de cier-
ta enfermedad organica contraida en la nifiez y de la que nadie
ni nada la curaron. Ah! segin me confess despues era su afec-
ci6n moral y los males que han echado races en el alma son incu-
rables. En vano ella habia buscado la salud paseando por los
campos, bafinndose en las fuentes mas nombradas de la Repdblica


s86


LA MUJER











y haci4ndose auscultar por los mejores medicos. Su tristeza y
abatimiento habituales parece que crecieron en Tesalia, en don-
de estuvo en los uiltimos meses. De alli escribi6me que lo inico
que deseaba era caer entire mis brazos y morir.*
Al Ilegar a este punto la voz del sacerdote parecia un gemi-
do y sus sollozos comprimidos estallaron.
No me cupo duda, la joven de la que guardaba su secret has-
ta hoy, como un dep6sito sagrado, era la misma que habia muer-
to sin que en el santuario de su alma delicada jams profanara su
primer amor. Y ese adolescent de cabeza rubia, el hombre de
sus suenos, que sin comprenderlo hiciera su desgracia y & quien le
pediria talvez como limosna un solo pensamiento a su memorial,
fira alguna vez a buscar su tumba, sembrarla'de azucenas y hasta
conmoverla quizas con una lIgrima? Demencia! apenas si sobre
ella caeran inicamente las lluvias del invierno, los rayos de la lu-
na, el fuego abrasador del sol y las sencillas peio olorosas flores
de oraci6n y lagrimas que en las tardes las lleva un franciscano.
SSanta e inmaculada ofrenda la del fraterno amor! Pobre Ma-
ria .. .... ....... .... ........
Yo tambien como ella no cuento en el sahara tristisimo del
mundo sino con un hermano fraile. Hu4rfanos entrambos, ecuil
de los dos salvara primero el dintel de la existencia? El, cu-
yos tormentos de nifio supo acallar ante la Cruz, y en estrecha cel-
da practice las virtudes cristianas, 6 yo que llevo dolorida el
alma, solitaria y sin hogar?................................

MARfA NATALIA VACA.








fIUGs fi6 Eloisa




iSenor, Senfor! agonizante y tremula
Vengo a postrarme ante tu sacro altar,
A deshacer ese funesto vinculo
Que me une con aquel que pude amar.
iYo fui su esposa!....Un dia dichosisima,
La gloria de su nombre me cubri6;
Pero el mio, a su lado, cual fatidica
Sombra aciaga, su gloria mancill6.


8s7


LA MUJER










88 LA MUJ1~R


lY quien es el?.. ..Es Abelardo, el aguila
Que altiva se alza a la region del sol
A contemplar aquella luzmagnifica
Con que brilla en la tarde el arrebol.

Y su vuelo al alzar encontr6 mi anima,
Y consigo en sus alas la llev6....
Desde entonces soy suya, y su magnetico
Poder irresistible siento yo.

Desde entonces soy suya....mas hoy perfido
El Destino me quiere separar,
Y su voz implacable, voz fatidica,
Cien veces infeliz debo escuchar.

Debo escuchar!.... Lo quiere asi el dulcisimo
Duenfo de mi albedrio y mi raz6n,
Su voluntad acato, y en el vertigo
De mi amor sacrifice el corazon!

iOh! La vida que empiezo en ese Ilgubre
Recinto, desdichada he de acabar....
Lejos de ti, mi bien, cual triste t6rtola
Mi libertad perdida ir6d Ilorar.

SLejos de ti!.... tan s6lo con mis lagrimas
Noche y dia mi vida sostendr6;
Y entire esos muros que aborrece mi anima
El dia de mi muerte esperare.

iAbelardo, Abelardo!... i Soy tu victim,
Sacrifice a tu gloria mi virtud,
Sacrificote el fuego de mi espiritu,
Mi esperanza, mi fe, mi juventud.

No es el Dios de los cielos, no el Altisimo
Quien va este sacrificio a recibir;
Eres tu, mi Abelardo, mi Dios inico
Por quien voy como martir a morir.

Td lo quieres!.... En todo siempre cumplase
En mi tu sola y sacra voluntad;
Que son tuyos mis dias, y yo ofrezcote
Con ellos, iay! tambien mi eternidad....


CLORINDA M. CHIRIBOGA.


88


LA MUJER














A MARIA ANTONIETA STAGG AGUIRRE




Una viajera noble como buena,
incomparable amiga tuya y mia,
me cuenta que en las mArgenes del Sena,
si tu labio mi nombre repetia,
anublaba el dolor tu faz serena.-
Y pienso, Ioh bella, spiritual Maria!
por tu dulce piedad, que un angel eres,
y que, por ley atavica, me quieres.
Aplaudi6 los ensayos de mi musa
la voz several de tu ilustre abuelo;
y ese voto inmortal era la excusa
de mi alma herida que imploraba al cielo,
si-en esa voz que iniquidad acusa
alarde haciendo de fingido celo,-
decian que profanaban sus deberes,
al cantar ante el mundo, las mujeres.
Hoy que ensalza el glorioso feminismo
que cante, bien 6 mal, cualquiera dama,
dir~n que es terquedad 6 anacronismo
dejar latente el fuego que me inflama!....
mas ay!...ya me abandon el heroismo....
y tenaz la prudencia me reclama
que de moda tan ardua tenga miedo,
al sentir que decline mi denuedo.
Nada 4 madama Sevigne curaba
del inmenso dolor de hacerse vieja,
dijo el gran Campoamor,-que audaz grababa
verdades en que el genio se refleja-
y el mal que a la francesa torturaba
ya con tan cruel intensidad me aqueja,
que en honra tuya al preludiar un canto
s61o se oye la voz de mi quebranto !......
DOLORES SUCRE,


89


LA MUJER


















oHabra climas propicios para que se desarrolle la in-
teligencia del hombre, asi como hay suelos apropiados
para el desarrollo de ciertas plants?
Influira en ello el ambiente y los alimentos, 6 acaso
sera el mayor afan que tienen los habitautes de algunos
pueblos por instruir a sus hijos, lo que hace descollar
talents que de otro modo quedarian ignorados?
Sea lo que fuere, es evidence que hay lugares como
hay families a los que podriamos llamar intelectuales.
La capital de la Provincia de Tungurahua, es uno
de esos pueblos felices: asentada en un hermoso valle de
la cordillera y rodeada por alturas, su clima es templado
y sus produciones ricas y variadas.
Juan Montalvo, Castillo, Pedro Fermin Cevallos,
Juan Le6n Mera, Gabriel Urvina, Secundino Darqaea,
Celiano Monge, Juan Benigno Vela, los Martinez, Emi-
lio M Teran, Dolores Flor y otros, han visto la luz prime-
ra, en ese oasis delicioso.
Ambato como ciudad no puede ser contada entire las
primeras del Ecuador, pero si quereis imaginaros el Pa-
raiso, bajad a las vegas de su rio.
Nada mas risuefio y fresco, que esas estrechas cafia-
das, esas grutas, esos remansos en que se retratan los
afios, esos sauces y los golosos quindes que chupan con
delicia la floor del tacso, incensario rosado que se columpia
sobre el rio, manso a veces y de poco caudal, estruendoso
y turbulento otras, arrastrando pefiascos y levantando
nieblas con el choque de sus aguas.
En sus orillas siempre verdes y floridas, se asientan
tres hist6ricas quintas: Ficoas, Atocha y La Liria, tapi-
ces persas sombreados de eucaliptos, nogales y arrayanes.
iFicoas! Alli en sus bosques vaga todavia la sombra
del Cosmopolita, del desterrado excelso, que apenas
avanz6 hasta las playas saladas de la Patria y que ani
despues de muerto, no puede descansar en su ciudad
natal.
Atocha, po6tica mansion de Juan Le6n Mera, del
arabec indiano, del paisajista incomparable que con los


90


LA MUJER












gavilanes de su pluma pint6 y colored las intrincadas
selvas americanas mejor que lo hiciera un pintor.
La Liria es de los Martinez............
Son las vegas del Ambato, el jardin de las Hesp6ri-
des; para describir sus quiebras, deseariamos poseer la
pluma bravia de Juan Montalvo, para pintar sus bosques
y jardines, la pluma pincel de Juan Le6n Mera.
Hay pueblos privilegiados, deciamos, y Ambato es
uno de ellos.
La gloria de Mac6n es Lamartine, y Lamartine es la
gloria de Francia.
La gloria de Ambato es Juan Montalvo, y Montalvo
es la gloria de America.
Ambato cuna del genio, guard con orgullo los per-
gaminos que le legara el Cosmopolita a quien venia la
Patria estrecha para su gloria, y sepa honrar la memorial
del hijo que la ha hecho celebre, donde quiera que se
habla el rico, sonoro y castizo idioma de Cervantes.

ZOILA UGARTE DE LANDfVAR.





En 61 6amDo

De R<
Luz y calor desde el zenit luciente
Derrama por doquier el rey del dia;
Da & los campos verdor y poesia
Y anima mi aterido corazon.
El viento mueve la florida hierba,
Que cual oceano en tempestad se agita,
Mientras adentro de mi ser palpita
Otro oceano en deshecha tempestad.
Dulces las aves en el bosque umbroso
Trinan al s6n de bulliciosa fuente,
Y esa mdisica tierna y excelente
Es himno, el himno consagrado & Dios.
Naturaleza con sublime idioma
Public del Sefior la Omnipotehcia


91


LA MUJElt














La Gloria, la Bondad, la Providencia
Derramadas en la amplia creaci6n.
Aqui el sadz la soniolienta copa
Sobre la onda de cristal inclina,
En donde su ala va la golodrina,
Al paso, inquieta y rapida & mojar.
Mas alli caen del rosal silvestre
Los p6talos deshechos en la grama,
Y los que penden de la verde rama
Semejan las antorchas de un altar.
iQu6 concerto, el concerto de la selva!
Son sus notas el himno de la calma,
Y & au s6n llena de ternura el alma,
Vuelve en la dicha que perdi6 & sonar.
Me contemplan las aves trinadoras,
Moviendo esquivas las cabezas bellas,
Y al mirar dulce de los ojos de ellas
Recuerdo de mi placida nifiez.
Siento el calor del maternal regazo
Do yacia, inocente, reclinada,
Vuelvo & los sueio0s de la edad pasada
Y siento ardiente el coraz6n latir.
Tan pura como el iltimo suspiro
Y fresca cual la palma de tu gloria,
En el fondo de mi alma tu memorial
Conservo eterna, madre de mi amor!
Tu tierno coraz6n que en tu hija hallaba
La luz primaveral de sus delicias,
Ya no puede ofrecerme sus caricias,
Cay6 augustal como en su tumba el sol.
Nadie en el mundo como tu me quiere
Ni ofrece su regazo A mi reposo,
Victim de un destino borrascoso,
Ahogo en Ilanto mi dolor tenaz.... !
En mi funesto desamparo quise
Una alma que a la mia comprendiera....
Crei ver despuntar la primavera
Y s61o sombras en mi torno hall.
Cuan ligeras pasasteis, ilusiones,
Horas de dicha en las que ful querida,
Dejando & mi alma mortalmente herida
Y entregada al pesar mi juventud.
Del Zamora & la orilla deliciosa
Se abre una flor modest como bella,


- -- ~ _ __


S92


LA MUJER













La violeta predilecta de 0lla
Que aqui veo con honda conmoci6n.
iOh recuerdos de un bien idolatrado
Dejadme sacudir hoy mi amargura:
Como el joven corcel en la llanura,
Como las aves quiero libertad!....
Quiero subir a la gigante copa
Que alza a los cielos la gentil palmer,
Cruzar el aire, recorrer la esfera,
Posar mis plants en la faz del sol!
Mas no: Maria! protector sombra!
Quiero 4 tu gloria corisagrar mi vida,
Ser tuya, que td el balsamo en la herida
Derrames de mi inmenso coraz6n.
Quiero mas, que me des seguro albergue
De tu Hijo Sacrosanto en el costado,
Do la vida dejar me sea dado
Reclinada en su seno paternal.

ROSARIO CARRI6N BURNEO.





Varioflaflos


Deberes para con nuestra inteligencia.-Los debe-
res para con nuestra inteligencia se reduce a estas dos cosas: de-
sarrollar su sfacultades por medio del ejercicio, la aplicaci6n y el
studio; y nutrirla con verdades s6lidas y tiles.
La inteligencia no es una facultad simple, sino compuesta
de las siguientes facultades: percepci6n, memorial, juicio, imagi-
naci6n, y por dltimo, la raz6n.
LA PERCEPCI6N-Es la facultad intellectual por medio de
la cual conocemos las cualidades de los objetos, color, sabor, ta-
manio etc.; estan al servicio de esta facultad los cinco sentidos
corporales.
La percepci6n puede engafiarnos, pero no es a la Moral sino
a la L6gica a la que le toca darnos reglas para percibir bien.

LA MEMORIA.-Es la facultad intellectual por medio de la
cual recordamos los objetos percibidos. La memorial es la mis
susceptible de desarrollo de todas las facultades, y puede aumentar-
se 6 disminuirse en relaci6n con nuestros buenos 6 malos habitos,
y con el mayor 6 menor ejercicio que de ella hagamos. Hay un


93


LA MUJER











94 LA MUJER


arte especial que tiene por objeto auxiliar enormemente la me-
moria natural; este arte se llama mnemotecnia.

EL juicio.-Es la facultad de powder former ideas establecien-
do relaciones por medio de la comparaci6n. El juicio es el elemen-
to del raciocinio. Conviene desarrollar esta facultad muy s6lida-
mente.

LA IMAGINACI6N.-Es la facultad por medio de la cual combi-
namos ideas de cosas reales 6 imaginarias. Esta facultad es fuen-
te de multitud de placeres, puesto que es la que en uni6n del
sentimiento ha engendrado todas las bellas artes, pero es asi mis-
mo una facultad sumamente peligrosa, si no se la sujeta con las
riendas del juicio, pues ha sido causa de que muchos hombres
que la han poseido en grado excesivo hayan sido muy desgracia-
dos. A esta facultad la llam6 Malebranche, con just raz6n, la
loca de la casa, y como dice un autor, refiriendose a ella, es nece-
sario ponerle fuerte freno para que no desvarie y se remote de-
masiado en las regions del ideal sin acordarse de due vive en
nuestro planet. En estos casos debemos hacer lo que recomien-
da un fil6sofo: poner a la imaginaci6n no alas, sino plomo.

LA RAZ6N.-Es la facultad supreme de la inteligencia. Por la
raz6n es que Ilegamos de lo conocido & lo desconocido, de lo par-
ticular a lo general; por la raz6n se han descubierto las grandes le-
yes de la Naturaleza; hechose los grandes inventos; creadose las
industries y formidose la ciencia.
Esta gran facultad debe pues cultivarse con verdadero amor y
gran cuidado; a la 16gica t6cale dar las reglas para su desarrollo y
educaci6n.

LA MEDITACI6N.-La meditaci6n no es sino la aplicaci6n dete-
nida e intense de una 6 varias facultades intelectuales sobre deter-
minado asunto. Para meditar hay que fijar la atenci6n de una ma-
nera sostenida, tenaz y absolute. Hay que abstraerse dentro de si
mismo. Toda clase de studio y de lecture para que sea fructuoso,
exige la meditaci6n. Asi, cuando se lee 6 se estudia, si se tiene
tiempo, es convenient practical el metodo seguido por Juan Bau-
tista Vico, que consistia en leer tres veces seguidas una misma obra;
la primera, para comprender la unidad; la segunda, para conocer
el encadenamiento que, uniendo los diversos asuntos, constitute esa
unidad: y la tercera, para admirar las formas del lenguaje y la be-
lleza de las ideas particulares.
Una vez que hemos hablado de cada facultad intellectual en
particular y del deber que tenemos de desarrollarlas todas si-
multineamente, hablemos de un gran deber moral para con nues-
tra inteligencia, y que es de suma importancia para cumplir con
nuestro destino en la tierra. Es el siguiente: como las faculta-
des 6 disposiciones intelectuales no son parejas en el hombre, sino
que venimos a la vida con cierta predisposici6n para sobresalir
en esta 6 aquella facultad, debemos fijarnos en cuil es el don que
la Naturaleza nos di6 al nacer, para servirnos de 6l y poder sa-
carle la mayor ventaja possible al realizar nuestro destino en la


__ __L~_I:~_ ___


_ _~___ __ ~___~___ __














tierra. Con6cete a ti mismo, es un consejo sabio y profundo que
debe poner en prActica todo hombre que quiera ser feliz. Cono-
cerse a si mismo, quiere decir, entire otras cosas, saber si uno
naci6 para pintor 6 misico; para matematico 6 m6dico; para abo-
gado 6 para artesano; para agricultor 6 para mecanico; para
maestro 6 para comerciante. Observaos a vosotros mis-
mos; procurad descubrir cual es la facultad que la Naturaleza se
complaci6 en daros al nacer; descubrid vuestra inclinaci6n, y una
vez esteis seguros de ella, aplicad durante toda vuestra existen-
cia todas las fuerzas de vuestro espfritu a cultivar esa inclina-
ci6n natural, y acabareis por sobresalir en el arte, oficio 6 cien-
cia para el cual vinisteis predispuestos, y adivinando vuestro des-
tino, teneis en las manos la Have principal de vuestra felicidad
aqui en la tierra.
Despu&s del desarrollo de la inteligencia viene el deber moral
de la ilustraci6n 6 el saber. Tener el mayor numero de verdades
en nuestra inteligencia, conocer el por que de las cosas; no ignorar
los acontecimientos pasados y poder preveer los futures, tal es en
conjunto lo que constitute la ilustraci6n de la inteligencia del hom-
bre. Todo eso se logra con el studio; todo eso se comienza &
aprender en la escuela; y se continda despues de salir de ella, con
la lectura de los buenos libros.
Con respect al saber hay que tener presents y llevar a la
practice las siguientes reglas:
Primera: La ignorancia absolute, no es el mayor ni el mas te-
rrible de los males; es much peor tener muchos conocimientos
mal digeridos. Estas palabras son de Plat6n.
Segunda: Comienza a estudiar desde nifio, pero aunque Ile-
gues a tener cien anos, no dejes de aprender; y para ello ten
presents los siguientes datos, referentes a la edad que comen-
zaron diversos studios estos hombres ilustres: S6crates empez6
& aprender la mdsica a una edad muy avanzada; Cat6n a los
ochenta anos empez6 a aprender el idioma griego; Plutarco em-
pez6 & estudiar el latin a los sesenta afios de edad; Bocaccio tenia
treinta an'os cuando empez6 sus studios en literature, y lleg6 &
ser uno de los grandes maestros en el dialecto toscano. Despues
lleg6 & ser un gran anticuario y abogado; Luis Monaldesh la
edad de ciento quince afios, escribi6 las memories de su epoca;
Ogilby, el traductor de Homero y Virgilio, no conoci6 el latin
y el griego hasta despues de sus cincuenta anfos; Franklin co-
menz6 asimismo & los cincuenta afios sus investigaciones filo-
s6ficas.
La lectura de novelas es sumamente peligrosa.



NOTAS

Damos principio a esta secci6n de la Revista acusando recibo
de un ejemplar nitidamente impreso en lujosa cartulina de la inspi-
rada composici6n titulada Una ligrima>, escrita con ocasi6n de la
muerte premature de la bella y virtuosa seniorita Rosa Mercedes


-- -l l &ML- I .60-4 _


LA MUJER


95














Baquero Paez. Esta nueva edici6n debida al habil tip6grafo Sr.
D. Angel de J. Iturralde, Ileva el retrato de la extinta; y el hermo-
so romance elegiaco, q ue no desdenaria de suscribirlo el autor de
,, es digno de la memorial de la musa que lo ha inspirado.
Un cordial aplauso enviamos al simpatico bardo Sanchez Baquero
por tan sentida y notable producci6n.

Los , en su Altimo numero contiene, entire
otras composiciones de merito, la poesia IAusencia> de nuestra in-
teligente redactora, senorita Maria Natalia Vaca. A ella alude la
Direcci6n de esa Revista en la secci6n notas, en la que se insertan
las palabras de aliento que le dirige la sefiora dofia Mercedes G. de
Moscoso por el articulo cPobre Maria>, q.e terminal en la present
entrega. Con igual espiritu estimulador, el Sr. Fernandez C6rdo-
va consagra tambien a la ingenua y tierna escritora unos versos
que honran verdaderamente la favorecida como a su autor.

La Academia de j6venes de la Sociedad Filantr6pica del Gua-
yas, ha publicado un ndmero extraordinario con el retrato del pro-
fesor, Sr. D. Luis A. Wandemberg, cuyo onomastico han celebra-
do sus discipulos con amor y entusiasmo. Importantes son los
servicios que viene prestando a la juventud el expresado educacio-
nista, desde que en el Colegio de Jesuitas de Quito desempenfaba la
catedra de Matematicas. En Ibarra dej6 buenos recuerdos en el
Colegio de ninas y en el de San Alfonso, donde organize el Gabine-
te de Fisica, compuesto de los aparatos pedidos a Europa por el
benem4rito Dr. D. Mariano Acosta.

Circula ya el elenco de la Compania dramatic Perld, que sin
subvenci6n del Gobierno, viene a proporcionar a la sociedad
quitena moments de solaz con la representaci6n de piezas esco-
gidas. Que no sea corta esta temporada teatral es lo que desea-
mos, para provecho de la empresa y culto recreo de los que ven
en esta clase de espectaculos una escuela de moral y de costumbres.

El Sr. Dr. D. Francisco Chiriboga B., en correct y senti-
do poema, canta la pasidn jy'lenil publicando muchos secrets que
el coraz6n no ha debido ocultar. Dejamos para plumas mas auto-
torizadas el analisis critic de este trabajo, cuya dicci6n poktica
y las demas bellezas que lo adornan nos han impresionado agrada-
blemente. El Sr. Chiriboga es ya conocido con ventaja en el
mundo de las letras, desde que con entonaci6n lirica y unci6n cris-
tiana elev6 una plegaria i la Madre del amor hermoso, y mereci6
el tercer premio en el concurso promovido ultimamente en Guaya-
quil. Nuestras sinceras felicitaciones por la nueva publicaci6n.

La edici6n de EEl Tiempo> de esta capital ha mejorado en es-
tos uiltimos dias, porque en ella se emplea mejor papel y tipos nue-
vos. Se nos ha informado tambien que la prensa mecanica traida
de Guayaquil con este objeto por el propietario de la empresa, Sr.
D. Luciano Coral, ha principiado a funcionar con buen exito. De
lo que nos contentamos en extreme, deseando que no nos falte el
change.


-;";


96


LA MUJER








SLA MUJER"

@0 Se canjea con toda clase de publica- -|
0 clones nlaionales y extranjeras.
0 0

Para todo lo relative esta Revista ,.
dirigirse a los Editores, Sres. Eniliano Y
SAltaniirano. Luis C. VAsconez y Aurelia-
8 no Silva N., Carrera Loja N. 4, cuadlra 3. =
O Apartado N. 203.
o C0
PRECIOUS DE SUSCRIPCION:
Niunmero suelto) ................ S. 0,40
Q Por il trimestre............,, 1,00
Por in afio.... ............. ,, 4,00
S En el exterior, los mismos, con el Q
Svemitiicinco por ciento de recargo. Pago 0
Sadelantado. C

-- AVI O-
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^ En esta impl)renta se compra el N c
0 1 (le "La Mu jer".
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