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HIDE
 Front Cover
 Title Page
 Jose Maria Arguedas: Una experiencia...
 Cuentos de Jose Maria Arguedas
 Los rios profundos
 La nueva nevola indigena perma...
 Ensonaelon y magia en Jose Maria...
 Jose Maria Arguedas, novelista...
 Los milos quechuas post-hispan...
 Todas las sangres
 Vasio cuadro del Peru feudal
 Conversacion con Jose Maria...
 La literatura Peruana
 Documentos posthumos de Jose Maria...
 Sumario
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Group Title: Coral
Title: José María Arguedas y la nueva novela indígena del Perú
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 Material Information
Title: José María Arguedas y la nueva novela indígena del Perú edición especial
Series Title: Coral
Physical Description: 61, 4 p. : ill. ; 27 cm.
Language: Spanish
Creator: Flores, Julio, 1926-
Publisher: Coral
Place of Publication: Valparaiso
Publication Date: 1970
 Subjects
Subject: Peruvian fiction -- History and criticism   ( lcsh )
Genre: non-fiction   ( marcgt )
Spatial Coverage: Peru
 Notes
Bibliography: "Obras de José Maria Arguedas: p. 65.
Statement of Responsibility: preparada por Julio Flores V.
General Note: "Edición especial de la revista Coral."
 Record Information
Bibliographic ID: UF00087315
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: oclc - 04387233

Table of Contents
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    Jose Maria Arguedas: Una experiencia sin paralelo
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    Cuentos de Jose Maria Arguedas
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    Los rios profundos
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    La nueva nevola indigena permana
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    Ensonaelon y magia en Jose Maria Arguedas
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    Jose Maria Arguedas, novelista de Peru profundo
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    Los milos quechuas post-hispanicos
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    Todas las sangres
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    Vasio cuadro del Peru feudal
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    Conversacion con Jose Maria Arguedas
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    La literatura Peruana
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    Documentos posthumos de Jose Maria Arguedas
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    Sumario
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    Back Cover
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Full Text









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VALPARAISO


1970


"Me retiro ahora porque siento, he com-
probado que ya no tengo energia e ilumina-
cidn para seguir trabalando, es decir, para
justlficar la vida..."
lose Maria Arguedas


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RE VISTA
"C ORAL"





EDICION
ESPECIAL
DE LA
REVISTA "CORAL"



Jose Maria Arguedas y
la Nueva Novela Indigena
del Peru

PATROCINADA POR:
EDITORIAL UNIVERSITARIA, S. A.
ALAMEDA B. O'HIGGINS 1058 STGO.
RAMOS Y CIA. LTDA.
EX LIBRERIA ATENEA
MAC-IVER 177 SANTIAGO
LIBRERIA ORELLANA
EBMERALDA 1148 VALPARAISO


EDICION ESPECIAL preparada por JULIO FLORES V.









CORAL


REVISTA DE TURISMO, ARTE,
CULTURAL





CON8EJO DE REDACCION:

Julio Flores V.
Armando Ledn Pacheco
Maria Luisa Bombal
Andris Sabella
Frieda Pohl
Edmundo Herrera
Alfonso Larrahona K.


REPRESENTANTE LEGAL:

Armando Le6n P.

DIRECTION Y ADMINISTRATION
Independencia 1725 Of. 1112
Tel6fonos 4709 y 58530
Valparaiso Chile


OCTUBRE 1970


CORAL N9 13





























Su mensaje es simple y claro: los intelectuales, en las circunstancias de hoy,
tienen que ser actors y no espectadores de la descomunal lucha del hombre...


Sen ales




Vienen del hueso quechua sumergidas sangres,
furias, fiunebres himnos, dolores, muertes.
Caen las piedras del Cuzco, Idtigos pegados


a la came; ternura camina profundos rios,
wakchas -"los que no tienen casa ni tierra"-
Todos los fuegos, vientos, mareas del hombre traes
en los antiguos nudos del canto, Josemaria
Arguedas, hermano errante ahora y siempre.



Edmundo Herrera
(chileno)







Jose Maria

Arguedas,

una experiencia

sin paralelo


Julio Flores V.
VALPARAISO CHILE


Es el afio 1914. Un niio, hu6rfa-
no de madre, va con su padre, un
abogado de cierta posici6n, camino a
San Juan de Lucanas, pueblo ubica-
do en el macizo andino al sur del
Periu. Sin saberlo, ese viaje ser6 pa-
ra 61 el comienzo de una extraordi-
naria y dolorosa experiencia que vi-
vir6 por espacio de diez afios. El
traslado a esa region de los Andes,
done habitat un grupo 6tnico dife-
rente al resto del pueblo peruano de
Lima y la costa, como son los indios
"quechuas", abrir6 al nifo un mun-
do nuevo. Un mundo Ileno de sorpre-
sas que no olvidar6 jam6s.
El padre contrae segundas nupcias
con una mujer muy rica. Ella no
siente cariio por el hijo ajeno. Una
vida dificil empieza para el pequefio.
La madre political extrema el recha-
zo, hasta desplazarlo del seno del
hogar, y lo envia a convivir con los
"pongos" (empleados indigenas). La
infancia de Jos6 Maria se hizo dura;
debi6 soportar innumerables castigos.
S61o encontr6 consualo en el cariio
que le ofrecieron los indigenas. De
este modo, por circunstancias "ad-
versas" -como dir6 posteriormente
Arguedas al recorder aquel tiempo-
incorpor6 su vida, sin darse cuenta,
con la existencia de los indios que-
chuas. Conoci6 su lengua, sus cos-
tumbres, sus mitos, su vida intima;
una vida Ilena de honda y bravia
ternura, de odios profundos. Cono-
ci6 en came propia, y a una edod en
la que los recuerdos se graban con
fuego en el coraz6n del hombre, la
injusticia radical de que es victim
el indigena.
La estrecha convivencia de Jos6
Maria Arguedas con los indigenas
influy6 en 61, a tal extreme que des-
pu6s definiria su vocaci6n de escritor.
M6s tarde 61 mismo reconoce: "Creo
que, al escuchar los cuentos quechuas
que eran narrodos por algunas muje-
res y hombres muy queridos en los
pueblos de San Juan de Lucanas y
Puquio, influy6 en mi especialmente
la belleza de las canciones quechuas
que aprendi durante la nifez. Debi
tener 6 a 7 aios cuando ya cantaba
en "huaynos".







Cansado e I muchachito de su-
frir castigos injustos en su casa, hu-
y6 a la sierra peruana, refugi6ndose
en las comunidades indigenas e in-
corpor6ndose definitivamente a su
cultural milenaria. De esta estrecha
existencia con los indios, 61 ha dicho:
"En las noches escuchaba sus proble-
mas, captaba sus vidas; Ilegu6 a te-
ner sangre indigena a trav6s de ellos.
Comprendi por qu6 el indigena se
siente superior oa blanco: porque se
do cuenta de que es 61 quien trabaja;
el blanco enfermizo, perezoso, s6lo
recoge el fruto de su labor. eQu6 seria
del hombre blanco sin el indio? De
ahi la fuerza de su protest y la fe de
su rebeli6n".
Su adolescencia transcurre entire los
comuneros indigenas, recorriendo el
desolado paraje de los Andes en dis-
tintas direcciones. Impregnado del do-
lor y del desamparo de los indios se-
rranos, logra una identificaci6n total
con ellos, que no perder6 jam6s. To-
dos sus trabajos literarios poste-
riores y actos fundamentals de su
vida muestran su poderosa acultura-
ci6n indigena. Un critic acot6 con
respect a esto: "Su amor por los in-
dios exhibi6 dimensions y autentici-
dad verdaderamente c6smicas".
Cuando, en una entrevista efec-
tuada al escritor ya consagrado, le
preguntaron sobre su historic perso-
nal, su infancia, la adolescencia, su
formaci6n, 61 respondi6: "CMi histo-
ria personal? Por circunstancias "ad-
versas" fui obligado a vivir con los do-
m6sticos indios, hacer algunos de sus
trabajos. Recorri los campos e hice las
faenas de los campesinos bajo el in-
finito desamparo de los comuneros
quechuas. La m6s honda y bravia ter-
nura, el odio m6s profundo, se vertian
en el lenguaje de mis protectores; el
amor m6s puro, que hace de quien lo
ha recibido un individuo absoluta-
mente inmune al escepticismo. No co-
noci gente m6s sabia y fuerte. Y los
describian como degenerados, torpes
e impenetrables. Asi son para quienes
los trataron como a animals durante
siglos".
Toda esta experiencia ser6 el ma-
ravilloso tesoro del cual extraer6 sus
temas, las histories, las vivencias que


servir6n de arguments para sus futu-
ras obras; de tem6tica para dar a co-
nocer ese mundo, pero no con un sen-
tido fotogr6fico sobre el mundo indi-
gena, sino para instalar oa lector en
su intimidad. No volver a caer en un
abstract indigenismo, sino hacer del
indio un ser real, gracias a que logr6
encontrar, despu6s de cinco anos de
studio, un estilo propio.
A los quince anos de edad, Jos6
Maria Arguedas es rescatado del
mundo indigent para volver a la so-
ciedad de los "blancos". Es 6ste un
moment crucial en el umbral de la
adolescencia del muchacho. Porque,
quiz6, aqui estriba uno de los facto-
res explicativos de su tr6gico desti-
no: parece que no logran plasmar una
sintesis armoniosa, dentro de sus vi-
vencias psicol6gicas, las vertientes
ancestrales que lo union a los indios
y mestizos peruanos con los Ilamados
occidentalistas de su pais, a los cuales
tambi6n se debia por su origen. No
cabe duda que Jos6 Maria Arguedas
sentiase much m6s unido a los indi-
genas, a quienes consideraba como
entraiables hermanos.
En 1929 Ilego a Lima, hablan-
do con dificultad espaool, debiendo
sufrir much para similar totalmen-
te la lengua y costumbres del hombre
de la costa. Tras valerosos esfuerzos,
logra el objetivo. Puede leer perfec-
tamente la lengua de los "mistis".
Gran desilusi6n se produce en 61 cuan-
do se do cuenta de que los escritores
de Ia 6poca mostraban a los indige-
nas como series miserables y deca-
dentes. El mismo Arguedas confiesa:
"Una gran decepci6n tuve por las
obras m6s famosas, ol ver c6mo mos-
traban a los indigenas. Una gran in-
dignaci6n senti, una aguda necesidad
de revelar la verdadera realidad hu-
mano del indio, totalmente diferen-
te a aquella literature imperante". Y
empez6 a escribir.
Primero un cuento, luego otro.
Asi naci6 el volume de relates que
titula: "Agua". Arguedas mismo ha
dicho despu6s al referirse a este pri-
mer libro: "Agua" fue escrito con
odio, con el arrebato de un odio puro;
aquel que brota de los amores univer-
sales, alli, en las regions del mundo







done existen dos bandos enfrentados
con implacable crueldad, uno que es-
quilma y otro que sangra. Porque los
relatos de "Agua" contienen la vida
de una aldea andina del Per6 en que
los personajes de las facciones tradi-
cionales se reduce, muestran y en-
frentan nitidamente. Alli no viven si-
no dos closes de gente que represen-
tan dos mundos irreductibles, impla-
cables y esencialmente distintos: el
terrateniente convencido hasta la m6-
dula, por la acci6n de los siglos, de su
superioridad humana sobre los indios,
y los indios, que han conservado con
m6s ahinco la unidad de su cultural
por el mismo hecho de star someti-
dos y enfrentados a. una tan fan6tica
y b6rbara fuerza".
Mas si bien Arguedas pudo escri-
bir estos relates, como dice 61: "en el
castellano m6s correct y "literario"
de que podia disponer", no estuvo con-
forme. Al releer las p6ginas pudo
comprobar que no eran asi ni el hom-
bre, ni el pueblo, ni el paisaje que de-
seaba describir. No bastaba conocer
de cerca al hombre de los Andes y ha-
blar su lengua. Era necesario encon-
trar una forma, un estilo que le permi-
tiera reconstituir, en espafiol, un mun-
do de races profundas y diferentes.
El indio habla y piensa en quechua;
habia que encontrar en espaiol el es-
tilo que diera por su sintaxis, su rit-
mo y aun su vocabulario, el "equi-
valente" del idioma indio. Fue leyen-
do "Tungsteno", de Vallejo, y "Don
Segundo Sombra", de Guiraldes, que
se alumbr6 su camino.
Larga y angustiosa fue la b6sque-
da de ese estilo, hasta que por fin lo-
gr6 encontrarlo. De este modo Argue-
das pudo recrear en espaool el mun-
do intimo del indio, su sensibilidad,
su mitica.
Pasaron los aFos. Jos6 Maria Ar-
guedas fue acumulando sabiduria y
dolor. La vida lo llev6 a tener que
trabajar en diferentes cargos: emplea-
do de correos, funcionario, preso po-
litico, professor de liceo, hasta que en
este escalonar logra constituirse en
catedr6tico universitario. Mas aquella
experiencia sin paralelo, vivida entire
los indios quechuas del macizo andi-
no, no fue olvidada; al contrario, des-


pert6 en 61 la inquietud de seguir es-
tudiando el mundo indigena, escribir
sobre 1l; viajar a Europa, por Ameri-
ca, dando a conocer ese extrano y
fascinante mundo, tantas veces dis-
torsionado por otros escritores.
Con excepci6n de su novel "El
Sexto", casi todos los libros de Ar-
guedas est6n dedicados a los Andes.
Lo principal en su obra son sus libros
de ficci6n. En sus novels y cuentos
consigue reemplazar los indios abs-
tractos y subjetivos de los modernis-
tas par personajes reales, concretos,
objetivos, situados social e hist6rica-
mente. La obra literaria de Jos6 Ma-
ria Arguedas lo hizo acreedor al Pre-
mio Nacional de Literatura del Peru
y al Premio Inca Garcilaso de la Ve-
ga, los m6s apreciados galardones in-
telectuales del pais hermano.
Pero una crisis nerviosa le fue afec-
tando progresivamente. Quebrantada
la salud, el escritor se siente consumer
lentamente, sin remedio. Flaquean sus
fuerzas, pierde el 6nimo de terminar
una gran y ambiciosa obra: "El Zorro
de Arriba y el Zorro de Abajo", ba-
sada en el gran hervidero human que
es el puerto pesquero m6s grande del
mundo, Chimbote, deseando expresar
en este libro su experiencia del hervi-
dero que es el Peru actual.
Con un gran sentido nacionalista
peruano, comprendia, anhelaba para
el Peru un mejor porvenir. Era parti-
dario de terminar con los gobiernos
oligarcas y la explotaci6n. De ahi
que en sus l6timos meses de vida lu-
chaba a brazo abierto par escribir con
excesiva rapidez, como desconfiando
del tiempo. Parecia empeiado en una
carrera con algo o alguien, que ahora
sabemos qu6 era. Fue en julio, ante
la caida del gobierno de Belainde,
que escribi6 aquel articulo sobre el
Ejercito peruano, que constitute un
verdadero testamento politico, porque
contiene su esperanza en el nuevo
regimen del Peri. "General -le dice a
Velasco Alvarado-, lo estamos es-
perando; lo estamos escuchando, esta-
mos siguiendo sus pasos con ansiedad
y esperanza. Si usted y los oficiales del
Ej6rcito no temen y desprecian a la ju-
ventud, si no temen ni desprecian al
pueblo como en su verdadero cielo in-






terno les temian y despreciaban Bela-
6nde y Haya, usted, el Ej6rcito, pue-
den haber lanzado al Per6 al gran
vuelo; acaso podamos ver esa flecha
lanzada antes de morir. Puede usted
confiar en los indios (y no le tenga
prevenci6n a esta palabra, se le pue-
de reivindicar ain)."
A Gonzalo Losada, que iba a edi-
tar su libro sobre los "Zorros", le di-
ce en una carta, a pocos dias de su
final: "Yo no voy a sobrevivir al li-
bro. Como estoy seguro que mis fa-
cultades y armas de creador, professor,
estudioso e incitador se han debilita-
do hasta quedar casi nulas y s61o me
quedan las que me relegarian a la
condici6n de espectador pasivo e im-
potente de la formidable lucha que la
humanidad est6 librando en el Per6
y en todas parties, no me seria possible
tolerar ese destino. O actor como he
sido desde que ingres6 a la escuela
secundaria, hace cuarenta y tres a0os,
o nada".
En estas palabras, Arguedas resu-
me toda su gran tragedia. El 28 de
noviembre de 1969, un s6bado por la
tarde, cuando casi todo el personal se


habia retirado del interior de la Uni-
versidad Nacional de Agronomia, don-
de ejercia docencia, se dispar6 un tiro
en la sien, falleciendo luego de pro-
longada agonia.
La muerte de Arguedas es una irre-
parable p6rdida para las letras hispa-
noamericanas, fue uno de los prime-
ros que incorpor6 al indio a la litera-
tura peruana y continental con gran
sentido human y estetico. La obra de
Arguedas es pura en el sentido
cl6sico, constitute una b6squeda de la
belleza y la verdad. Es una obra inti-
mamente vinculada a una vida; su
significaci6n moral parece una prolon-
gaci6n espont6nea de la propia bio-
grafia del niro que se acultur6 al
mundo quechua.
La experiencia sin paralelo de Jo-
se Maria Arguedas nos permiti6 aus-
cultar, conocer la intimidad milenaria
de los indios quechuas, revel6ndonos
la riqueza y complejidad animica del
indio.
La vida de este escritor, uno de los
m6s puros y originales que han nacido
en Am6rica, es en si una novel. ..


Indigenas de la sierra peruana.













Cuentos

de Jose Maria

Arguedas
























Ignacio Valente
DIARIO "EL MERCURIO" (ENERO 1970)
SANTIAGO DE CHILE











Por muchos caminos se nos hace
present Jose Maria Arguedas despu6s
de su desaparici6n trAgica. Leo en el
filtimo nfmero de la revista "Trilce" una
entrevista excelente, donde Arguedas
se explica con esa modestia y a la vez
con esa franqueza direct, que fueron
el sello de su trato human. He oido
tambien con emoci6n en estos dias su


Voz, grabada en un disco de Ed. Univer-
sitaria, que acompafia el texto de un
cuento y unas canciones quechuas, can-
tadas por 61 con tan pura y sencilla pa-
si6n. N1 entrevista ni grabaci6n son
homenajes p6stumos: ambas hubieran
aparecido de todas maneras en estos
dias, que por desgracia son los dias de
su muerte.

Releyendo su imperfecta y prodiglo-
sa obra, es en un pequefio volume de
cuentos titulado "Amor Mundo" donde
encuentro la expresi6n m6s direct, mas
inmediata de su grandeza y de sus des-
cuidos. Alli brota en estado puro esa no-
ta lirica maravillosa que 61 hizo vibrar
como nadie en America latina, con las
fibras del coraz6n indigena, con las re-
sonancias del universe andino, con la
encantada vision del mundo que logran
los ojos de un indiecito. Alli quedan tam-
biWn atestiguadas sus despreocupaciones
formales, su libertad frente a cualquier
ret6rica e incluso frente a deseables exi-
gencias tecnicas de unidad, lenguaje y
ritmo narrative.

Recuerdo a este prop6sito nuestra
iiltima conversaci6n sobre "Los Rios Pro-
fundos", esa gran novela. Me decia: si
consigo expresarme, dar forma a esa vi-
si6n, 6para que mas t6cnica? Era su idea
pura y casi ingenua de la literature; con
frecuencia advirti6 a los lectores que su
obra "podra acaso desencantar a los
muy amantes de las grandes conquistas
formales de la novelistica moderna;
por su part, 1l entendia su propia ta-
rea como la revelaci6n del universe an-
dino por los medios que fuera,
artisticamente correctos o no, much
mAs que como la forja de un lenguaje
o el despliegue de algin virtuosismo. Por
eso, tambien, sus quiebras formales
-sobre todo la tentaci6n del ensayo
antropol6gico en mitad del relato- se
disuelven casi en la avasalladora since-
ridad de su palabra.

Los primeros cuentos de "Amor
Mundo" son cuentos de iniciaci6n sexual,
protagonizados por un nifio indigena.
Nunca he visto un arte mIs lac6nico y
a la vez mAs lirico para descubrir la
fascinaci6n del sexo -atracci6n y v6r-
tigo-, el terror y el gozo del compor-








tamiento primitive, las esencias de lo
terrible y de lo puro anudadas en un
alma limpia como esas cumbres nevadas
del monte Araya, donde acude el indito
a limpiar sus culpas como a un sacra-
mento de la naturaleza.

Estos cuentos y los siguientes, de
ardorosa protest social -"Agua", "Los
Escoleros"-, idespliegan ese sentimiento
de ternura y comuni6n universal con el
hombre, los animals, las cosas todas,
que Arguedas ha formulado asi: "No me
podr6 despojar quizes nunca -y esto es
una limitaci6n- de la pervivencia de
mi concepci6n primera del universe.
Para el hombre quechua monolingie, el
mundo estd vivo; no hay much dife-
rencia, en cuanto se es ser vivo, entire
una montafia, un insecto, una pledra
inmensa y el ser human. No hay, por
tanto, muchos limits entire lo miaravi-
lloso y lo real".

Pero este sentimiento lirico no des-
dibuja, en la prosa direct de Arguedas,
la honda experiencia social de humilla-
ci6n y prepotencia que 61 vivi6 tambien
desde la nifiez, en aquellas aldeas donde
hay quinientos indios por cada terra-
teniente. y donde chocan "dos mundos
irreductibles, implacables y esencialmen-
te distintos". "Agua" si fue escrito con
el arrebato de un odio puro; aquel que
brota de los amores universales, alli, en
las regions del mundo donde existen dos
bandos enfrentados con implacable
crueldad, uno que esquilma y otro que
sangra", dice Arguedas en el notabili-
simo prologo escrito para "Yawar Fies-
ta". "iDescribir la vida de aquellas
aldeas, describirla de tal modo que su
palpitaci6n no fuera olvidada jams, que
golpeara como un rio en la conciencia
del lector!"

Y sin embargo nada hay en estos
relates que huela a ideologia programai-
tica, a un esquema previo; en la entre-
vista de "Trilce", el propio autor
desestima los cuadros de "novela mar-
xista" y de "realismo socialist" como
ajenos a su prop6sito y a su mundo. En
estos cuentos, el hecho mismo de mirar
y de narrar por los ojos de un nifio
confiere a su vision, a la vez que esa
ternura universal de pura cepa andina,


la espontaneidad de un testimonio puro,
que no interpreta ni propone planes,
sino que canta simplemente la belleza
y el dolor del mundo, y levanta su voz
airada contra una dominaci6n bestial,
contra un "equilibrio" social que Ileva
siglos de sufrimiento en su entrafia
horrible.

Donde si se altera su lenguaje na-
rrativo para dar paso a explicaciones
casi pedag6gicas es en el dominio folkl6-
rico. En "La Agonia de Rasu 1iti", por
ejemplo, hay descripciones de bailes y
costumbres que estan s6lo d6bilmente
animadas por intuici6n narrative. Pero
aun estas intromisiones se salvan por la
unidad del lenguaje -me refiero en
este caso al idionia mismo de Argue-
das-, un castellano hibilmente distor-
sionado y transido por las milenarias
esencias del quechua. En este sentido,
es Arguedas el precursor de una dificil
empresa verbal, y sus continuadores han
heredado de l1 esta gran conquista li-
teraria, esta laboriosa mixture: "un
instrument de expresi6n suficiente y
libre para reflejar las hazafias, el pensa-
miento, los amores y odios del pueblo
andino de ascendencia hispano-india".
Finalmente quiero reproducir un
maravilloso texto donde Arguedas se
define en la intersecci6n de estos dos
mundos. Nada de cuanto se diga sobre
l1 superari la claridad de esta hermosa
confesi6n: "En el valle del Mantaro com-
probe, con el m.s intense regocijo, que
yo mismo era bastante como los comu-
neros de la region, donde los indios no
fueron despojados de sus tierras; entien-
do y he asimilado la cultural llamada
occidental hasta un grado relativamen-
te alto: admiro a Bach y a Prokofiev,
a Shakespeare, S6focles y Rimbaud, a
Camus y Eliot, pero mis plenamente
gozo con las canciones tradicionales de
mi pueblo; puedo cantar, con la pureza
autentica de un indio chanka, un hara-
wi de cosecha. &Qub soy? Un hombre
civilizado que no ha dejado de ser, en la
mddula, un indigena del Perfi; indigena,
no indio. Y asi, he caminado por las
calls de Paris y de Roma, de Berlin y
de Buenos Aires. Y quienes me oyeron
cantar, han escuchado melodies abso-
lutamente desconocidas, de gran belle-
za y con un mensaje original.




















"Los Rios Profundos"


Novela por lose Maria Arguedas

(Editorial Universitaria)


Herndn Diaz A. (Alone)
DIARIO "EL MERCURIO" (AGOSTO DE 1967)
SANTIAGO DE CHILE



Un muchacho de 14 aflos va por los caminos acompafado de su padre.
Se dirigen al Cuzco. El padre se proponia visitar a un pariente suyo, no se sa-
be en que grado, al que aborrecia, ignoramos por qu&. "Mi padre -la novela
estt en primera persona- iba escondidndose junto a las paredes, en la som-
bra. El Cuzco era su ciudad native y no queria que lo reconocieran. Debiamos
de tener apariencia de fugitives, pero no veniamos derrotados sino a realizar
un gran proyecto." 6Qu6 proyecto? Tampoco se dice. Mal narrador, Josd Maria
Arguedas pone simplemente a la vista las cosas y a las personas, como si las
conocidramos, sin dar explicaciones, omitiendo a veces hasta los nombres. El
pariente que van a visitar se llama "El Viejo". Este viejo incognito: "Infundia
respeto a pesar de su anticuada y sucia apariencia". No era, sin embargo, un
pobre ni menos un vagabundo, como parecen los visitantes. "Las personas
principles del Cuzco lo saludaban seriamente. Llevaba siempre un bast6n con
pufio de oro; su sombrero, de angosta ala, le daba un poco de sombra sobre la
frente. Era inc6modo acompafiarlo, porque se arrodillaba frente a todas las
iglesias y capillas y se quitaba el sombrero en forma llamativa cuando saludaba
a los frailes." El padre habia trabajado como escribiente en las haciendas del
Viejo, que, ademas ide poseer varias haciendas, habitaba en el Cuzco el palacio
de un inca, donde el padre y el hijo, que llamaba tio al Viejo, reciben aloja-
miento. Un alojamiento miserable, en el tercer patio, el patio de las bestias,
donde est l]a cocina de los arrieros. Un arbol de cedr6n perfumaba el primer
patio, rodeado de un corredor de columns y arcos de piedra que sostenian el
segundo piso, tambidn de arcos, pero mis delgados. Un mestizo bajo por una
escalinata, llevando una lampara, y los condujo al segundo patio, que tenia
un corredor de columns de madera. Se veian lamparas en el interior de algu-
nos cuartos y se oian conversaciones en voz alta. Algunas personas salieron a
verlos pasar. La cocina del tercer patio que los alojara estaba manchada de
hollin; pero habian puesto para la ocasion un catre de madera tallada con
una especie de techo, de tela roja, y la cama estaba cubierta por una manta de
seda verde ain mancha.








He ahi el amblente de la novel, que vagamente evoca el de algunas
novelas de Walter Scott y de Valle Incln, una atm6sfera pretdrita, arcaica,
misteriosa y sefiorial, matizada de rasgos realistas y detalles indios.
Segfin todas las apariencias, el argument va a desarrollarse entire esos
dos personajes extrafios, el padre y el Viejo, vistos por el muchacho; y tal vez
habra luchas, probablemente algin asesinato por venganza. El padre casi lo
anuncia y el Viejo, sin casi, lo merece.
Pero nada de eso ocurre.
El padre, poseido de mania ambulatoria, con cierto delirio de persecu-
ci6n, por lo dem&s, no del todo infundado, pues se transparentan intrigas po-
liticas, no llega a arraigar en parte alguna y, apenas instalado, despues de sa-
car de su modesto equirpaje su plancha professional y cuando empiezan a acu-
dir los litigantes -es abogado-, lia sus bartulos y emprende otra vez su pere-
grinaci6n de pueblo en pueblo. Al rev6s de 61 su hijo ama los arboles, las aguas,
las flores y los animalillos hasta querer convertirse en uno de ellos, y no bien
ha empezado a familiarizarse con ellos, con el paisaje, con la vasta naturaleza
de la montafia, sufre nuevamente su iperenne exilio y echa a trotar, no sin des-
garramientos.
Pero es necesario que el chico entire al colegio, col6calo el padre en un
establecimiento religioso y en seguida desaparece, conviertese en un recuerdo,
en una nostalgia del mozuelo que vanamente anhelara reunirsele.
El verdadero tema, si de tal puede hablarse en esta sucesion de escenas
y cuadros, viene a ser la vida estudiantil del mozo, tan singular como el resto,
a menudo lindante con la inverosimilitud, aunque no traspasa sus limits.
Se le ha negado a "Los Rios Profundos" la categoria de novela. En rea-
lidad, carece de intriga, es mns bien un relate autobiografico, trozos de me-
morias juveniles escritas por un adolescent en la edad magica, mitad realismo
crudo, mitad suefio, en una atm6sfera primitive, trasparente, que episodios de
pesadilla tremenda no logran empafiar.
Es otra de las originalidades inesperadas del libro, sorprendentes en la
epoca y mas todavia para el que haya leido antes las piginas soeces hasta lo
nauseabundo de otra novela de Arguedas donde se aborda el problema sexual
de los penados en una circel de Lima. En esta no hay indecencia alguna y ain
las cosas peores se hallan tratadas con pincel tan puro que no alcanzan
a herir.
iD6nde esta el interns, de qu6 procede la especie de encantamiento
con que el lector avanza por estas paginas?
Se tiene como dogma que las descripciones de la naturaleza produce
aburrimiento. Mas de la mitad de la obra esta compuesta de ellas y, sin embar-
go, ni un instant pesan o decaen. Es una verdadera brujeria; un halo de epope-
ya candorosa anima los espectaculos naturales y les infunde su vibraci6n; los
personajes, ain los mas duros, parecen como sofiados. El muchachito vagabundo
y colegial vive en una perpetua exaltaci6n; pero esta exaltaci6n no suena a fal-
so, no parece forzada, exhala una poesia pura que conmueve.
V6ase este pasaje:
"Te digo, Hermano Miguel, que una vez, en Huamanga, la sefiora
donde quien estuve alojado me obsequi6 una Virgen como 6sta que preside
tu cuarto. Tenia un marquito de vidrio. La guard en el bolsilo de mi saco
durante los dias que estuve en Huamanga. Por las noches, colgaba el cuadrito
de la pared, cerca de mi cabecera. Mi padre se fue primero a Cangallo. Me hizo
llamar a la semana siguiente con unos arrieros. Envi6 un lindo burro azulejo
para mi. Pero los arrieros tuvieron mas carga; me rogaron que les prestara el
burro, que ellos me llevarian en el anca de un mulo orejon, con cara de abu-
rrido, porque era manso. Me dio pena el mulo y prefer ir a pie, Hermano. Sali-
mos a las tres de la mafiana de Ayacucho para subir la gran cuesta, amanecer
en la cumbre y pasar la pampa de los morochucos de dia. Tf sabes, Hermano,
que esos caballistas barbones son bandidos. Con el apuro y la confusion de la par-








tida olvidd a mi Virgen, la dejd en la pared. Me acord6 de ella cerca de la
cumbre, cuando el sol aparecia. "iLos alcanzo, sehuro!", dije a los arrieros. Y
regresd a la ciudad; dos leguas de distancia. Entr6 a carrera al patio y al
cuarto donde me habian alojado. Estaba la Virgen. La descolgue; era peque-
fiita, pero con su marco de vidrio. La duefia de casa me bes6 al verme salir
con la imagen y me regalo una naranja para el camino. iAlcanc6 a los
arrieros, Hermano, en plena pampa, al mediodia! Iban rApido, arreando la
piara de mulas. Me subieron al anca del mulo. Me festejaron cuando les mos-
tr6 la imagen de la Virgen. Podia protegernos contra los bandoleros. Tres
afios despues, un maldito, en mi pueblo, rompio el marco y me tiro la estam-
pa a la cara. Tfi debes saber quidn fue, Hermano. Que una vibora entire a su
cama y le eche veneno a los ojos. Ciego que march al infierno, cayendose y
levantAndose, sin encontrarlo en afios de afios. Quizd para 61 sea eso peor
que arder en el fuego. iYo lo conozco!"
No posee Arguedas el genio de la narraci6n, pero posee el genio de
los detalles. Se escapa, no existe un conjunto por el cual se avanza gradual-
mente, con principio, medio y fin, dentro de ciertas proporciones; pero no
hace falta, cada chispa de cada piedra la hace brillar y uno va de un deslum-
bramiento en otro por ese mundo de hormigas encantadas.
En el fondo esta el character del muchachito y, dentro de 6ste, el
autor, su poesia, su atraccion simpatica, su facultad de concentrar en un punto
l9 especticulo inmenso de las montafias, los rios, los arboles, los peces, los
pajaros, que tanto ama y hace amar.
Su compafiia es una fiesta de frescura embelesante, no necesita
suspensos ni artificios, casi diriamos que no necesita arte.
Tiene algo de milagroso.
Vease y 6igase esta retreta de una banda musical en un parque.
"Form6 la banda en la glorieta del parque. Yo estaba con "Palacitos"
y el Chipro. Los clarinetes negros y sus piezas de metal, tan intrincadas, nos
cautivaron: yo miraba funcionar los delgados brazos de plata que movian
los tapones, c6mo descubrian y cerraban los huecos del instrument, c6mo
dejaban escapar el aire y los sonidos tan distintos. Los saxofones brillaban
integramente; los soldados los levantaban dirigi6ndolos hacia nosotros. Can-
taban icon voz de series humans estos instruments plateados en los que no se
veia ni un trozo de madera ni de metal amarillo. Sostenian un tono larga-
mente, con dulzura; la voz grave inundaba mi alma. No era como la del gran
"pinkuyllu" del sur ni como la del "wak'rapuku chanka". En esa plaza cal-
deada, el saxofon tan intensamente plateado cantaba como si fuera el
heraldo del sol; si, porque ningun instrument que vi en los pueblos de los
Andes, ningfn instrument que indios y mestizos fabrican tiene relaci6n con
el sol. Son como la nieve, como la luz nocturna, como la voz del agua, del
viento o de los series humans. S6lo el canto de los saxofones y de las trom-
petas metalicas que los soldados elevaban jubilosamente me parecia que iba al
sol y venia de 61. Uno de los mfisicos, que tocaba el trombon, hacia funcionar
el dmbolo como un h6roe de circo. Los tamboriles y el tocador del platillo pa-
recian brujos o duendes bendficos; veiamos en el aire algun percutor de
redoblante girando. Al instant callaban los bajos y escuchabamos la melo-
dia de los clarinetes y saxofones; y luego, como un rio sonoro, dominado, que
llegara de repente con todo su caudal a un bosque donde cantaran calandrias,
elevaban su voz sacudiendo las barandas y el techo de la glorieta, los instru-
mentos metAlicos, los trombones y los discos que marcaban el compas. Un sol-
dado en cuyo pecho resaltaban los botones dorados del uniform golpeaba los
discos. Yo no sabia que tenian un nombre tan escaso, "platillos". Los chocaba
a veces con furia; los hacia estallar y me parecia extrafio que no saltaran de
esos golpes, por el filo ide los discos, culebrillas de fuego. Los miraba, a ratos
atentamente, esperando. No solo la plaza, la fachada del temple, cubierta de cal,
las torres, los balcones, las montafias y los bosques ralos que escalaban por








las faldas de la cordillera, hasta cerca de la reg16n helada; el cielo despejado
en que el sol resplandecia; todo estaba encantado por la mfusica de la banda
del regimiento, por la armonia impuesta a tantos instruments misteriosos.
El director no nos miraba. A cada instant que ,pasaba nos parecia mIs pode-
roso, de mayor estatura; su maJestuosa barriga debia cumplir alguna misi6n
indispensable en la forma c6mo 61 hacia callar a unos mtnsicos, apaciguaba con
las manos los sonidos o, repentinamente, ponia en march las trompetas."
Muchos se preguntan si tienen algun objeto las cada vez mas frecuen-
tes y airadas reuniones de los novelistas chilenos para maldecir de los critics
nacionales. Celebrdmoslas. De ellas ha nacido el mayor interns hacia la literatu-
ra circundante, la pr6xima, venida de la Argentina, el Perfl o M6xico, para pre-
sentarlas como punto de comparaci6n, y el descubrimiento ante el vasto pfbli-
co de una fuente de bellezas y emociones que permanecia hasta ahora un poco
distant de la mayoria.
He aqui este admirable Jose Maria Arguedas con un tono de voz y un
fulgor de pupila que aqui no conociamos y que nos llena de alegria podtica,
mas intense tal vez aqui que alli por lo que tiene de inddlto para nosotros por
la perspective indecisa, el trasfondo incaico, insondable, que a nuestros oidos
los prolonga, deleitosamente.












La nueva

novela indigena

peruana
Andres Sorel
"CUADERNOS HISPANOAMERICANOS" (1969)
MADRID ESPANA


Esta obra, de un escritor fundamental para el Per6 contempor6neo, de
uno de sus m6s completes investigadores, int6rpretes, creadores, fue pu-
blicada en el aro 1958, y supuso un impact para la literature de dicho
pais, de la que pronto habrian de sacarse positives continuaciones y resul-
tados fecundos.
Los Rios Profundos se abre con una vision mitico-realista del Cuzco,
de las ciudades y caminos del Per6, en un lenguaje seco, cortado, en el que
se profundiza, a diferencia de Ciro Alegria, la bella transcripci6n del idioma
quechua al castellano, realizada por el escritor. Este estilo, tan apretado y
denso, que pretend recoger en un present estremecedor toda la esencia,
la vision del pasado, que pretend explicar al indio de hoy por la historic
del ayer, que analiza lo mitico siempre en determinado entronque con lo
sociol6gico, puede muy bien ejemplificarse en el siguiente ejemplo:







"En los pueblos trigueros se arma a los niios con hondas y latos va-
cias; los niios caminan por las sendas que cruzan los trigales; ha-
cen tronar sus hondas, canton y agitan el badojo en las latas. Rue-
gan a los p6jaros en sus canciones, les avisan: "iEst6 envenenado el
trigo! i Idos, idos! iVolad, volad! Es del senior Cura. iSalid! iBuscad
otros compos!" En el pueblo de que hablo, todos los ninos estaban
armados con hondas de jebe; cazaban a los p6jaros como a enemigos
de guerra; reunion los cad6veres a la salida de las huertas, en el ca-
mino, y los contaban: veinte tuyas, cuarenta chihuacos, diez viuda-
piskos".

Son unas lines solamente, y en ellas una historic, un moment en
la vida de los pueblos, que pasan, como en un espejo, par la mente y los
recuerdos de este niho que cuenta y relata su historic, en un largo pe-
regrinaje en busca de las ciudades y los antepasados -ausentes y pre-
sentes- de su padre, en un modelo de quehacer literario. Porque raras
veces una literature, envolviendo en el misterio, ha logrado una tan pro-
funda transcripci6n del present.
Leyendo, por otra parte, esta obra, repasando la tr6gica, incredible,
historic que comienza en el capitulo V, Puente sobre el mundo, puede
juzgarse o comprenderse mejor la novel de Vargas Llosa La ciudad y
los perros. Al hablar de esta, siempre ser6 necesaria una apoyatura en es-
ta novela antecesora. En contadas ocasiones se lee una vision m6s
descarnada, m6s cruel, m6s amarga, m6s incredible, que a lo largo de
las p6ginas transcurridas en un internado religioso. Personajes como el
Lleras y el Ahuco -Jaguar y Boa de Llosa-, Palacios y Romero, Ante-
ro, el Candela, Valle el Ateo, o la demente par cuyo cuerpo se armaban
las m6s encarnizadas peleas de aquel internado en el que la violencia era
la asignatura maestro, pasar6n a la historic de la literature de nuestro Nue-
vo Mundo. Tomemos un ejemplo que cierra el capitulo V de Los rios pro-
fundos:

"Y podia ir al patio obscure, dar vueltas en su suelo polvoriento,
aproximarse a los tabiques de madera, y volver m6s altivo y sereno
a la luz del patio principal. La propia demente me causaba una gran
16stima. Me apenaba recorder la sacudida, disputada con implacable
brutalidad; su cabeza golpeada, con las divisions de madera, con-
tra la base de los excusados, y su huida por el callej6n, en que corria
como un oso perseguido. Y los pobres j6venes que la acosaban y que
despuBs se profanaban, hasta sentir el ansic de flagelarse y Ilorar ba-
jo el peso del arrepentimiento".

El capitulo VIII abre una nueva dimension a la novela: es el motion,
ese estallido rebelde de las pobres mujeres del Abankal, en busca de la
sal que les roban, descrito como today la obra, con multicolores tons, en
vertiginoso crescendo que hace al lector devorar las palabras. Es asi co-
mo la historic descrita en el ambiente de un colegio religioso de la Puna
-luego veremos c6mo Vargas Llosa transplant a un colegio military de
la capital su narraci6n, sin que esto suponga ning6n desdoro para la gran
novela del segundo, y debemos apuntar aqui que Vargas Llosa es preciso-
mente uno de los mayores admiradores de Arguedas y quien tambien pro-
loga su libro-, esta historic se complement, pues, hall una mayor fuer-
za en esa acci6n que corre casi paralela a la anterior, esa acci6n Ileva-
da a cabo en la vida del pueblo: comunidad rebelde, miserable, costigada
con la peste m6s tarde, y en la que las closes sociales se deslindan en una
fuerte descripci6n que sitka a los personajes dentro de su context social,
y a esto no escape ni podia escapar el director del internado jesuitico, ni,








naturalmente, el protagonista, que se identifica, pese a su corta edad, m6s
que emocionalmente con los indios de su pueblo.
La novela continIa con el castigo del joven protagonist, azotado
hasta la sangre por el director del colegio, y el serm6n que bste da a las
mujeres de la hacienda Patibamba, a las que los guardias nuevamente
han quitado la sal. La precision del lenguaje alcanza aqui una belleza y
una profunda denuncia, dificilmente reproducible en elogios.
El desenlace de la novela se precipita: la violencia no puede sino en-
gendrar la violencia. La tragedia del subdesarrollo cruza, con el tifus, el pue-
blo y el colegio: la muerte arranca a los m6s d6biles, y el nino conoce al
fin la libertad, aunque nunca en la vida volver6 a olvidar sus anos perdi-
dos y las escenas tr6gicas vividas, el esfuerzo de un pueblo sojuzgado y
ansioso de vida.
(Qui6n podr6 olvidar estas escenas finales, donde la peste se a6na a
la superstici6n, a la vieja y antigua, y a la que se impone para encubrir la
modern explotaci6n del pueblo, a la largo march hacia la muerte del indio
en escenas tan impresionantes como la carrera del protagonista por el
pueblo abandonado y su detenci6n ante esa choza en que dos hermanos
se matan, en su miseria y soledad, los miles de piojos que han minado sus
cuerpos?
Realmente, son p6lidos los adjetivos para mostrar toda la grandeza de
esta novela, la gran novela del indio latinoamericano: indios que son se-
res de came y hueso, no mitos, series encarnizados en unas coordenadas so-
cio-sicol6gicas que les explican, les dan validez, realismo. El indio no es al-
go est6tico, el indio vive en una determinada sociedad y para expresar sus
problems. Arguedas traduce su propio idioma al castellano, conservando
del quechua todos sus valores, procurando respetar la belleza potential de
este lenguaje desconocido para nosotros, traducirlo y ofrecerlo de forma
admirable en una novela que es para mi una de las mejores de la literatu-
ra de nuestros dias.
Para dar noticia de Jos6 Maria Arguedas, sigamos a su contempor6-
neo y compatriota Vargas Llosa en un resume de su articulo a 61 dedi-
cado:
"...Arguedas naci6 en Andahuaylas en 1911; muy niio qued6 huer-
fano de madre y fue obligado a vivir en el pequeno pueblo de San
Juan de Lucanas, donde por circunstancias crueles tuvo que compar-
tir la vida de los sirvientes indigenas. Aprendi6 a hablar en quechua
y su infancia fue tan dura como la de cualquier indio. Conoci6 en
came propia, y a una edad en que los recuerdos se graban con fuego
en el coraz6n del hombre, la injusticia radi~ca de que es victim el
indigena. Su adolescencia transcurri6 entire indios, en el desolado pai-
saje de los Andes, que recorri6 durante aios en todas direcciones.
Cuando lleg6 en 1929 a Lima, hablaba dificultosamente el espafiol...,
ley6 algo de literature peruana y sufri6, seg6n sus propias palabras,
"una gran decepci6n, porque las obras m6s famosas de la 6poca mos-
traban a los indigenas como series decadentes. Entonces sent una
gran indignaci6n y una aguda necesidad de revelar la verdadera rea-
lidad humana del indio, totalmente diferente a la presentada por la
literature imperante".

Fue cuando Arguedas comenz6 a escribir. Etn61ogo y novelist, su
obra principal es:
Canciones y cuentos del pueblo quechua (1948), Cuentos m6gicos
realistas y Canciones de fiestas tradicionales en el Valle del Mantaro
(1953), Yawar fiesta (1940). Los rios profundos (1958), El Sexto
(1961) y Todas las sangres (1964).







Ensoi a oI I


y magia on

Jose Maria Arguedas



Mario Vargas Llosa
REVISTA "CABA DE LAS AMERICAS" (1966)
LA HABANA CUBA






El hilo conductor entire los episodios de este libro traspasado de nostal-
gia y, a ratos, de pasi6n, es un nifio desgarrado por una double filiaci6n que
simultaneamente lo enraiza en dos mundos hostiles. Hijo de blancos, criado
entire indios, vuelto al mundo de los blancos, Ernesto, el narrador de "LJs
rios profundos", es un desadaptado, un solitario. Y tambien un testigo que
goza de una situaci6n de privilegio para evocar la tragica oposici6n de dos
mundos que se desconocen, rechazan y ni siquiera en su propia persona co-
existen sin dolor.

Al comenzar la novela, a la sombra de esas piedras cuzquefias en las que,
al igual que en Ernesto (y en Jos6 Maria Arguedas), asperamente se to-
can lo indio y lo espafiol, 1a suerte del nifio esta sellada. El no cambiari ya
y, a lo largo de toda la historic, sera una simple presencia aturdida por la
violencia con que chocan a cada instant, en mil formas sutiles o arteras, dos
razas, dos cultures, dos classes, en el grave scenario de los Andes. Subjetiva-
mente solidario de los indios que lo criaron ("Me criaron los indios; otros,
mis hombres que estos") y que para '1, ya lo veremos, representan el pa-
raiso perdido, pero lejos de ellos por su posici6n social que, objetivamente,
lo hace solidario de esos blancos de Abancay que lo indignan o entristecen
por su actitud injusta, torpe o simplemente ciega hacia los indios, el mundo
de los hombres es para Ernesto una contradicci6n impossible. No es raro que
los sentimientos que le inspire sean el desconcierto y, a veces, un horror tan
profundo que llega a no sentirse entire sus pr6jimos en ese mundo, a ima-
ginar que procede de una especie distinta a la humana, a preguntarse si el
canto de la calandria es "la material de que estoy hecho, la difusa region de
de donde me arrancaron para lanzarme entire los hombres". Hay que vivir,
sin embargo, y Ernesto, que no puede escapar a su condici6n, debe buscar la
manera de soportarla. Para ello tiene dos armas: la primera es el refugio
interior, la ensofiaci6n. La segunda, una desesperada voluntad de comu-
nicaci6n con lo que queda del mundo, excluidos los hombres: la naturale-







za. Estas dos actitudes conforman la personalidad de Ernesto y se proyec-
tan curiosamente en la estructura del libro.

&Por que ese repliegue interior, que fuerzas Ileva en si Ernesto que lo
ayudan a vivir? Ocurre que hubo un tiempo en que todavia no tenia con-
ciencia de esa dualidad que malogra su destino y vivia en complicidad ino-
cente con los hombres, dichoso sin duda, al amparo de ese "ayllu que sem-
braba maiz en la mas pequefia y alegre quebrada que he conocido", donde
las "mamakunas de la comunidad me protegieron y me infundieron la im-
pagable ternura en que vivo".

Y los dos alcaldes de esa comunidad india, Pablo Maywa y Victor Pu-
sa, son las sombras protectoras que el nifio convoca secretamente, en el' in-
ternado de Abancay, para conjurar sus sufrimientos. La corriente nostilgica
que fluye por la novela proviene de la continue evocaci6n melanc6lica de
esa epoca en que Ernesto ignoraba la fuerza "poderosa y triste que golpea
a los nifios, cuando deben enfrentarse solos a un mundo cargado de mons-
truos y de fuego". Ese enfrentamiento con el "mundo cargado de m ins-
truos" coincide con su Ilegada a Abancay y su ingreso al colegio donde se
educan los j6venes acomodados de la ciudad. Ante ellos, Ernesto descubre
las diferencias abisales que lo separan de los demas, su soledad, su condici6n
de exiliado: "Mis zapatos de hule, los pufios largos de mi camisa, mi corba-
ta, me cohibian, me trastornaban". "No podia acomodarme. Junto a quien,
en d6nde?" Ya no puede volver atras, retornar al ayllu: ahora sabe que el
tampoco es indio. No puede, pero, a pesar suyo, sin darse cuenta, tratara
locamente de hacerlo y vivira como hechizado por el espectaculo de su "ino-
cencia" perdida. Este estado de aiioranza y solicitaci6n tenaz del pasado ha-
ce que la realidad mas vividamente reflejada en "Los rios profundos" no sea
nunca la inmediata, es decir, aquella que Ernesto encara durante el transcur-
so de la intriga central de la novela (situada en Abancay), sino una realidad
pret6rita, decantada, diluida, enriquecida por la memorial. Esto determine
tambien ciertas caracteristicas formales: el lirismo acendrado de la escritura,
su tono po6tico y reminiscent y la idealizaci6n constant de objetos y de
series que nos son dados tal como el propio Ernesto los rescata del pasado, a
travis de recuerdos.

En el uiltimo capitulo de "Los rios profundos" Ernesto se pasea por el
patio del colegio "mis atento a los recuerdos que a las cosas externas". En
verdad, esta es una actitud casi permanent en el; incluso cuando su aten-
ci6n recae en algo inmediato que parece absorberlo, su conciencia esta con-
frontando la experiencia present con otra pasada, apoyandose en lo actual
para impulsarse hacia atris. Ya desde las primeras paginas de la novela, el
nifio lamenta melanc6licamente que su padre decidiera "irse siempre de un
pueblo a otro, cuando las montafias, los caminos, los campos de juego, el lu-
gar donde duermen los pajaros, cuando los detalles del pueblo empezaban
a former parte de la memorial Es facil suponer que desde entonces hay ya en
61 una determinaci6n voraz: capturar esa realidad fugitive. conservar en su
espiritu las imagenes de esos paisajes y pueblos donde nunca se queda. Mas







tarde, vivira de esas imagenes. Los recuerdos afloran en la mente de Ernesto
ante cualquiera circunstancia, como si se tratara de un viejo, y con una preci-
si6n desconcertante ("el charango formaba un torbellino que grababa en la
memorial la letra y la musica de los cantos") ocurre que es un ser enteramen-
te consagrado a la tarea de recorder, pues el pasado es su mejor estimulo para
vivir. En el colegio (es significativo que el Padre Director lo llame "loco",
"tonto vagabundo", por no ser como los otros) suefia con huir para reunirse
con su padre. Pero no lo hace y espera, "contemplandolo todo, fijindol'o en
la memorial En una novela tan visiblemente autobiografica, se puede de-
cir que Arguedas ha transplantado de manera simb6lica a la narraci6n su
propia tentative. Ese nifio que el autor evoca y extra del pasado, en funci6n
de una experiencia anterior de su vida, esti representado en una actitud
identica: viviendo tambien del pasado. Como en esas cajas chinas que en-
cierran, cada una, una caja mas pequefia, en "Los rios profundos" la ma-
teria que da origen al libro es la memorial del autor: de ella surge esa
ficci6n en la que el protagonista, a su vez, vive alimentado por una realidad
caduca, viva s61o en su propia memorial.

Tras esa constant operaci6n de rescate del pasado, Ernesto descubre
su afioranza de una realidad no mejor que la present, sino vivida en la
inocencia, en la inconsciencia incluso, cuando todavia ignoraba (aunque es-
tuviera sumergido en el y fuera su victim) el mal. En Abancay, los dias
de salida, el nifio merodea por las chicherias, oye la muisica y alli "me acor-
daba de los campos y de las piedras, de las plazas y los templos, de los pe-
quefios rios adonde fui feliz". La idea de felicidad aparece ya, en esta evo-
caci6n, asociada mais a un orden natural que social: habla de campos, piedras
y pequefios rios. Porque esta es la otra vertiente de su espiritu, el vinculo
mis s6lido con la realidad del present.

En cierta forma, Ernesto es consciente de esa naturaleza suya refracta-
ria a lo actual, pasadista, y a menudo intuye su future condicionado por
ella. Los domingos, sus compafieros de colegio cortejan a las muchachas en
la Plaza de Armas de Abancay, pero el prefiere vagar por el campo, recor-
dando a esa joven alta "de hermoso rostro, que vivia en aquel pueblo sal-
vaje de las huertas de capulli". Suefia entonces con merecer algun dia el
amor de una mujer que "pudiera adivinar y tomar para si mis suefios, la
memorial de mis viajes, de los rios y montafias que habia visto". Habla de
si mismo en pasado, como se habla de los muertos, porque el es una especie
de muerto: vive entire fantasmas y aspira a que su compafiera future se ins-
tale, con e1, entire esas sombras idas familiares.

Un muerto, pero s6lo a medias, pues aunque una invisible muralla lo
aisla de los hombres con quienes se codea, hay algo que lo retiene todavia,
como un cord6n umbilical, en la vida present: el paisaje. Esa "impagable
ternura" que el nifio se resisted a volcar en sus condiscipulos crueles o en los
religiosos hip6critas o fanaticos del internado, y que no tiene ocasi6n de en-
tregar efectivamente al' indio, prisionero como esta de una clase social que
practice, sin decirlo, una several segregaci6n racial, la vertera en las plants,
los animals y el aire de los Andes.







A ello se debe que el paisaje andino desempefie, en este libro, un pa-
pel primordial y sea el protagonista de mayor relieve de la novela.

(No es sintomatico que el titulo, "Los rios profundos", aluda exclusi-
vamente al orden natural? Pero este orden no aparece, en la novela, contra-
puesto al human y reivindicado en tal sentido. Todo lo contrario: se halla
humanizado hasta un limited que va mas alla de simple metafora e invade
el dominio de la magia. De una manera instintiva, oscura, Ernesto tiende
a sustituir un orden por otro, a desplazar hacia esa zona del mundo que
no lo rechaza, los valores privativos de lo human. Ya hemos visto que a
veces concibe una filiaci6n entire e1 y el canto de un ave; en otra ocasi6n
protestara con vehemencia contra los hombres que matan con hondas a los
pijaros y a los loros, y en el primer capitulo de la novela se conduele amar-
gamente por un Arbol de cedr6n "martirizado" por los niflos cuzquefios.
Furioso clama mis tarde contra aquellos que matan al grillo "que es un
mensajero, un visitante venido de la superficie encantada de la tierra", y en
Abancay, una noche se dedica a apartar los grillos de las aceras "donde co-
rrian tanto peligro". En el capitulo titulado "Zumbayllu" hay una extensa,
bellisima y tierna elegia por el "tankayllu", ese tabano de "cuerpo afelpado"
que desaparece en la luz y cuya miel perdura en aquellos que la been como
"un aliento tibio que los protege contra el rencor y la melancolia". Siempre
que describe flores, insects, piedras, riachuelos, el lenguaje de Arguedas
adquiere su temperature mejor, su ritmo mas logrado, el vocabulario pierde
toda su aspereza, reune los vocablos mas delicados y fragiles, discurre con
animaci6n, se musicaliza, endulza y exalta de imagenes pasionales: "El li-
m6n abanquino, grande, de cascara gruesa y comestible por dentro, ficil de
pelar, contiene un jugo que mezclado con la chancaca negra forma el manjar
mis delicado y poderoso del mundo. Arde y endulza. Infunde alegria. Es co-
mo si se bebiera la luz del sol". Este entusiasmo desmedido por la naturaleza,
de raiz compensatoria, colinda con el embeleso mistico. El especticulo de la
aparici6n del sol en medio de lluvias dispares deja al nifio "indeciso" y anula
en 61 la facultad de razonar. Ese arrobo contiene en si una verdadera aliena-
ci6n, entraiia en germen una concepci6n animista del mundo. Su sensibi-
lidad, exacerbada hasta el ensimismamiento por la realidad natural, llevara
a Ernesto a idealizar paganamente plants, objetos y animals y a atribuirles
propiedades no s61o humans, tambien divinas: a sacralizarlas. Muchas de las
supersticiones de Ernesto proceden de su infancia, son como un legado de su
mitad spiritual india, y el nifio se aferra a ellas en una subconsciente mani-
festaci6n de solidaridad con esa cultural; pero, ademas, su propia situaci6n ex-
plica y favorece esa inclinaci6n a renegar de la raz6n como vinculo con la
realidad y a preferirle oscuras intuiciones y devociones magicas.

Desde su condici6n particular, Ernesto reproduce un process que el indio
ha cumplido colectivamente y es por ello un personaje simb6lico. Asi como
para el comunero explotado, vejado y humillado en todos los instantes de su
vida, sin defenses contra la enfermedad y la miseria, la realidad dificilmente
puede ser "l6gica", para el nifio paria, sin arraigo entire los hombres, exiliado
para siempre, el mundo no es racional sino esencialmente absurdo: de ahi su







irracionalismo fatalista, su animismo y ese solapado fetichismo que lo Ileva
a venerar con unci6n religiosa los objetos mas diversos. Uno, sobre todo, que
ejerce una funci6n totemica a lo largo de la novela: el zumbayllu, ese trompo
silbador que es para 61 "un ser nuevo, una aparici6n en el mundo hostile, un
lazo que me unia a ese patio odiado, a ese valle doliente, al colegio".

La condici6n de desamparo alimenta las supersticiones de Ernesto. El
mundo es para 61 un scenario donde oscuras fuerzas batallan contra el hom-
bre indefenso y atemorizado que ve por doquier la presencia de la muerte. Es-
ta es anunciada por el "chirinka", una mosca azul que zumba aun en la os-
curidad "y que siente al que ha de ser cadaver, horas antes, y ronda cerca".
Y ademas hay la peste que en cualquier moment puede venir "subiendo la
cuesta", "disfrazada de vieja, a pie o a caballo. Frente a tales amenazas, el
hombre s6lo puede recurrir a deleznables exorcismos magico-religiosos que
humillan todavia mas su condici6n: los indios "repugnan del piojo" y sin em-
bargo les muelen la cabeza con los dientes, "pero es contra la muerte que ha-
cen eso". Cuando muere la opa, Ernesto corta las flores del patio del colegio,
donde los alumnos venian a copular con la infeliz, porque crefa que "arran-
cada esa plant, echadas al agua sus races y la tierra que la alimentaba, que-
madas sus flores, el uinico testigo vivo de la brutalidad humana que la opa
desencaden6, por orden de Dios, habia desaparecido".

Refractario a los otros, Ernesto lo es tambien a aquello que los otros creen
y adoran: su fe no es la de ellos, su Dios no es el de el. En el interior de
ese mundo cristiano en el que esta inmerso, el nifio solitario entroniza una
religion personal, un culto sobrepticio, una divinidad propia. De ahi su hos-
tilidad hacia los ministros de la fe "adversaria": el Padre Director del in-
ternado, el Santoo" de Abancay, es presentado ante el lector como encarna-
ci6n de la duplicidad humana y c6mplice de la injusticia. Una ola de fu-
ror irrumpe en "Los rios profundos" cuando asoma este personaje. El discur-
so masoquista que el Padre Director pronuncia ante los indios de Patibamba
y su alocuci6n untuosa y falaz para aplacar a las mujeres sublevadas rozan
la caricature. Ni el gamonal que explota al indio, ni el soldado que lo re-
prime, son tan duramente retratados en "Los rios profundos" como el cura
que le inculca la resignaci6n y combat su rebeldia esporadica con dogmas.
Esto se comprende: el asiento de la novela, ya lo dijimos, es la realidad "in-
terior", aquella donde el element religioso despliega sus sutiles y eficaces
poderes. El gamonal no aparece sino de paso, aunque el problema del feuda-
lismo andino si es mencionado con frecuencia e incluso aleg6ricamente re-
presentado en la ciudad de Abancay, "pueblo cautivo, levantado en la tierra
ajena de una hacienda".

Desde su refugio interior, Ernesto participa emocionalmente en la pug-
na terrible que opone al indio y a sus amos. Dos episodios fundamentals
de la novela dan testimonio de esta guerra secular que nadie nombra: el
motin de las placeras, los estragos de la peste. Son los dos moments de ma-
yor intensidad, dos radiadores que desplazan una corriente de energia vio-
lenta hacia el resto del libro, dinamizando los otros episodios, concebidos







easi siempre conmo cuadros estaticos e independientes. Y es como si esa lava
quemante que mana de esos dos focos anegara incluso al narrador, ese nifio
cohibido y retraido, y lo convierte en otro hombre: son los moments en que
la nostalgia es sumergida por la pasi6n. Cuando las placeras de Abancay se
rebelan y los vecinos de la ciudad se parapetan en sus casas, acobardados,
Ernesto se lanza a la calle y corre, regocijado y excitado, entire las polleras
multicolores de las indias, cantando igual que ellas en quechua. Y mis tarde,
con esa propensi6n suya a sacralizar lo vivido y proyectar su experiencia del
mundo en mitos, Ernesto hace de Felipa, la chichera caudillo, un simbolo
de redenci6n: "T-i eres como el rio, sefiora. No te alcanzaran. iJajaillas! Y
volveras. Mirare tu rostro que es poderoso como el sol del mediodia. iQue-
maremos, incendiaremos!" Es curioso c6mo un libro volcado hacia el mun-
do interior, que extrae su material primordial de la contemplaci6n de la na-
turaleza y de la doliente soledad de un nifio, puede de pronto cargarse de
una violencia insoportable. Arguedas no parece muy preocupado por el as-
pecto tcnico de la novela e incurre, a veces, en defects de construcci6n
como en el capitulo "Cal y Canto", donde el punto de vista del relate se tras-
lada, sin raz6n, de la primera a la tercera persona, pero a pesar de ello
su intuici6n suele guiarlo certeramente en la distribuci6n de sus mate-
riales. Esos pequefios coagulos de violencia cruda, por ejemplo, estrategica-
mente insertados en el cuerpo sereno y moderado de la narraci6n, son una
autentica proeza formal. Desde la primera vez que lei "Los rios profundos",
hace seis afios, he conservado viva la terrible impresi6n que deja uno de esos
coagulos que iluminan el relate con una luz de incendio: la imagen de la
nifia, en el pueblo apestado, con "el sexo pequefiito de bolsas blancas, de
granos enormes de piques". Estos minfisculos crateres activos que salpican
la lisa superficie de la novela crean un sistema circulatorio de emociones,
tensions y vivencias que enriquecen su belleza con incontenible flujo de vi-
da.
~Una conciencia atormentada? Un nifio al que contradicciones impo-
sibles aislan de los demas y enclaustran en una realidad pasada cuyo soporte
es la memorial? Un predominio del orden natural sobre el orden
social? No faltaran quienes digan que se trata de un testimonio alienado so-
bre los Andes, que Arguedas false el problema al transponer en una ficci6n
las mistificaciones de una realidad en vez de denunciarlas. Reproche equivo-
cado: es licito exigir a cualquier escritor que hable de los Andes dar cuenta
de la injusticia en que se funda alli la vida, pero no exigirle "una manera"
de hacerlo. Todo el horror de las alturas serranas esta en "Los rios profun-
dos", es la realidad anterior, el supuesto sin el cual el desgarramiento de
Ernesto seria incomprensible. La tragedia singular de este nifio es un testi-
monio indirecto, pero inequivoco, de aquel horror: es su product. En su
confusion, en su soledad, en su miedo, en su ingenua aproximaci6n migica
a las plants y a los insects, se transparentan las races profundas del mal.
La literature atestigua asi sobre la realidad social y econ6mica, por re-
fracci6n, registrando las repercusiones de los acontecimientos hist6ricos y de
los grandes problems sociales a un nivel "individual": es la inica manera
de que el testimonio literario sea "viviente" y no cristalice en un esquema
muerto.








Jose Maria Arguedas,
novelsta
del

Peru

profundo








Cisar Levano
REVISTA "CARETAS" (1962)
LIMA PERU

General Juan Velasco Alvarado



Cuando en 1937 el general Camarotta, enviado por la policia musso-
liniana para ayudar a la reorganizaci6n de sus cofrades peruanos, parti6 de su
alojamiento con destino a la Universidad de San Marcos, no podia imaginary
lo que alli le esperaba. Quienes, sin saber quidn era, le vieron llegar, en me-
dio de un sdquito official, pudieron quiz& reflexionar en cuin terrible auto-
ridad y poder debia de tener ese senior tan orondo. Pero, de repente, un grupo
de estudiantes se lanz6 con furia contra el alto jefe, lo prendieron y lo arro-
jaron a la pileta, donde su fisico, su uniform y su severidad se zambulleron.
Entre los sanmarquinos que asi hicieron patalear al general estaban Jose Maria
Arguedas, joven autor entonces de "Agua"; Jos6 Antonio Encinas, hijo, hoy
director de "Expreso", y el poeta Manuel Moreno Jimeno.
El incident eriz6 a las autoridades de turno y condujo a la detenci6n
de 15 j6venes de diversas creencias political. Preguntados para qu6 habian co-
metido el atentado, los j6venes respondieron: en protest por los bombardeos
de la aviaci6n italiana a ciudades de la Repiblica espafiola.
Del afio que, de results del hecho, pas6 entire rejas, Jose Maria Argue-
das extrajo material prima para "El Sexto", la formidable novela que acaba de
editor Mejia Baca y que esta llamada, sin duda, a convertirse en una obra cla-
sica de la literature peruana, junto con las novelas de Ciro Alegria, y "Agua",
"Yawar Fiesta", "Diamantes y Pedernales" y "Los Rios Profundos", del propio
Arguedas.
Todos los diaries, desde "El Comercio" hasta "La Tribuna", y casi todos
los semanarios y magazines de Lima han saludado con elogios la aparici6n del
ultimo libro arguediano. El escritor que con mis profundidad ha escrito sobre
lo que 61 mismo llama "el mundo peruano de los Andes", vuelve asi a colocarse
bajo los reflectores de la atenci6n pdblica, aunque esos reflectores no siempre
hayan iluminado su figure literaria integra y cabalmente como hubiera sido
menester para la toma de conciencia y la renovacidn de sentimientos que el
Perf necesita y esta en trance de cumplir en el process de su transformaci6n
hist6rica.








ErXTRE COMUIVEROS


Decia Goethe que su obra estaba solo constituida por fragments de
una vasta confesi6n. Arguedas podria suscribir tambidn la frase. Quien conozca
sus piginas puede encontrar facilmente eslabones que, unidos, revelan su biogra-
fia.
Expresa en "Los Rios Profundos": "Mi padre no pudo encontrar nunca
d6nde fijar su residencia; fue un abogado de provinclas, inestable y errante.
Con 61 conoci mas de doscientos pueblos". En mesa redonda con periodistas y
critics, el cronista pregunt6 al escritor sobre la causa de la trashumancia pa-
ternal. He aqui la respuesta: "Mi padre era pardista y cuando subi6 Leguia le
aplicaron la Ley de Ratificaci6n de Jueces. Entonces se dedic6 a ejercer su pro-
fesi6n de pueblo en pueblo. Conoci en esa 6poca ocho provincias, viajando a
menudo grandes distancias. Una vez fui desde Nazca hasta Cuzco a caballo
(unos 700 kil6metros)".
En la dedicatoria de "Agua" se lee: "A los comuneros y lacayos de la
hacienda Viseca, con quienes tembl6 de frio en los regadios nocturnos y baild
en carnavales, borracho de alegria, al compas de la tinya y de la flauta. A los
comuneros de los cuatro ayllus de Puquio: K'ayau, Pichk'achuri, Chaupi y Ko-
lana. A los comuneros de San Juan, Ak'ola, Utek', Andamarca, Sondondo, Au-
cart, Chavifia y Larcay".
6C6mo fue a parar el pequefio mestizo, hijo de abogado, al seno de los
"comunkuna"?
Arguedas, nacido en 1911, en Andahuaylas, perdi6 tempranamente a su
madre. Su padre contrajo segundo matrimonio, y el nifio tuvo entonces que vi-
vir una dpoca en Lucanas, tierra de la madrastra. La sefiora tenia un character
terrible, que se descargaba sobre el niio en la forma de comisiones duras: cor-
tar alfalfa en la madrugada fria; regar de noche los campos. Los indios y las
viejas campesinas dieron entonces ayuda y ternura ("esta impagable ternura
en que vivo") al hubrfano. Con nuestros campesinos serranos aprendio el que-
chua, escuch6 leyendas maravillosas que vienen de viejos tiempos; con los ni-
fos "endios" jug6 los juegos rudos, viriles, que suscita una geografia retadora.
Y aprendi6 a amar la tierra, los rios, las plants y las aves del Ande. Y sobre
todo a los humildes trabajadores del campo. Cuando tenia 14 afios, fue a la
hacienda Huaripata, de Abancay. Alli descubri6 una biblioteca, en cuyos ana-
queles estaba "Los Miserables" de Victor Hugo. Fue esa una revelacidn. Cuan-
do, poco despu6s, ingreso al Colegio "Santa Isabel", de Huancayo, llamaba ya
la atenci6n su aire meditabundo y solitario. "En el colegio lo llamabamos
"locq", que es una manera indirecta de reconocer el talento, escribi6 Jorge
Prial6 en la revista huancaina "Verdad y Esfuerzo", alli por 1935, poco des-
pues de la aparici6n de "Agua". En las revistas juveniles de Huancayo "Antor-
cha" e "Inti" ipublic6 Arguedas, en 1928, unas consideraciones sobre "La Des-
humanizaci6n del Arte" y "El present y el pasado del Indio".
Mas tarde viaj6 a Lima, donde vino a estudiar y trabajar. Fue en una
6poca empleado subalterno de la oficina de Correos. La ciudad, como todo el
pals vivia una volcinica inquietud social y political. La gran crisis que se a-
bati6 sobre los Estados Unidos y se extendi6 por sobre la faz de la Tierra; la
quiebra de un orden interno anticuado; todo concurria a suscitar entire las
mejores inteligencias y sensibilidades peruanas un deseo de cambios. La pr6-
dica socialist de Marittegui, el vuelco vernacular introducido por el indlge-
nismo, sefialaban para los artists de la dpoca un camino que Arguedas no
tardaria en tomar. "En esa 6poca -recuerda este- lei parade en el patio de la
Universidad, de un tir6n, el "Tungsteno" de Vallejo".
De sus recuerdos de infancia y de las emociones e ideas suscitadas por
los nuevos tiempos nacieron los primeros cuentos de Arguedas. El semanario
"La Calle", de Lima, public en abril y mayo de 1935 "Los Comuneros de Akola"








y "Los Comuneros de Utej Pampa', narraciones cortas que no han sido recogi-
das en ningin libro del autor y que prefiguran ya su primer trabajo, "Agua",
publicado a mediados del mismo afio.
EN RUSO Y EN FRANCES
De pocos escritores peruanos se puede decir que nos ofrecen, en sus
piginas, un mundo, una atm6sfera inconfundible. Pues bien: ya en "Agua",
colecci6n de narraciones escrita a los 23 afios, puede advertirse ese aire nmico
que circula en la creaci6n arguediana. El libro llam6 la atenci6n de los critics.
Luis E. Valcrcel, Alberto Tauro, Augusto Tamayo Vargas, entire otros, reco-
nocleron de inmediato la calidad artistic y el signiflcado hist6rico de la obra.
El primero escribi6, en articulo sobre "La Novela Indoamericana" publi-
eado en "La Cr6nica" en enero de 1936 (antes de que Ciro Alegria editara su
obra primigenia en Chile): "nunca percibimos mejor al indio que en estas
pdginas de brava rebeldia literaria". Y conste que Valcarcel conocia bien y
comentaba en el mismo articulo la obra del ecuatoriano Icaza. Aunque, como
la de cast todos los libros de Arguedas, la circulaci6n peruana de "Agua" fue
exigua, en el exterior se le brind6 acogida favorable. La "Revista Americana"
de Buenos Aires le concedi6 el segundo premio en un concurso international
por ella promovido. La revista sovi6tica "Literatura Internacional" la public
en ruso, chino, alemin, ingles y francs.
Nunca antes en nuestra literature se habia tenido una imagen artistic
tan viva y poderosa del pueblo quechua, del campesinado peruano, como en
"Agua". Los propios "Cuentos Andinos" de L6pez Albjliar habian constituido
un panorama externo de nuestros indigenas. Y he aqui que un joven autor po-
nia ante todos los ojos la vision del Peri profundo, hasta entonces ignorado por
la mayoria y menospreciado casi en absolute por nuestros escritores.
El drama social violent, la lucha del comunero contra el gamonal que
incluso le priva de agua, el despertar de la masa an6nima y el descollar en ella
de algunos luchadores, estan alli; pero tambi6n estan el hurgar profundo en el
alma de un pueblo, de una naclon, un amor como panteista por la naturaleza
poderosa de la sierra. Y todo ello con un lenguaje y un tratamiento narrative,
con un estilo, que nada tienen de declamaci6n o de panfleto, sino que encie-
rran, incluso en sus novisimos 16xico y sintaxis hispanoquechuas, honda univer-
salidad.
Luego, en 1941, vino "Yawar Fiesta" (Fiesta de Sangre), relate en que
se plantea el conflict entire los indios (aliados con un hacendado) que defien-
den el viejo estilo de corrida serrana, colectivo rito en que el "indio" encuentra
el orgullo de ser protagonista de algo terrible, por un lado, y las autoridades
centrales, los vecinos notables y los revolucionarios hijos de comuneros residen-
tes en Lima, por otro.
Escribi6 el extinto don Mariano Latorre, el gran novelist chileno, en
el diario "La Naci6n", de su patria, en 1942: "El mismo afio en que aparecl6
"Yawar Fiesta" se public en Santiago "El Mundo es Ancho y Ajeno" de Ciro
Alegria. Me inclino definitivamente por "Yawar Fiesta". Posee Arguedas el
arte de novelar, la observacl6n aguda y, por eso mismo, la profundidad. Hay
en "El Mundo es Ancho y Ajeno" atisbos de caracteres, paisajes logrados, pero
ni los caracteres se realizan literariamente ni la tecnica se perfecciona. Es un
poeta que narra y pinta, en un estilo coruscante, escenas y palsajes. Es una
t6cnica de superficie, no de profundidad".
Juicio discutible, desde luego, pero que sirve aqui para sefialar cuan
important es la contribuci6n del novelist a la literature peruana.
MAs tarde publicaronse "Diamantes y Pedernales" y "Los Rios Profun-
dos". Esta iltima, considerada toda la producci6n literaria arguediana, se ha
dicho que es la obra maestra de nuestro autor. En todo caso, en ella se encuen-
tran en todo su esplendor artistic los temas y motives que circulan por la
creaci6n de Arguedas.









"EL SEXTO'
En el Peri, las carceles son, claro estk, una prolongaci6n de la miseria
social y moral que por todas parties reina; pero son una prolongaci6n infecta,
una prolongacion monstruosa.
Sin embargo, no es quiza eso lo sustancial del libro. Lo principal es !a
pintura de algunos press politicos o independientes acusados injustamente (pa-
ra quitarles la mujer o el dinero) de pertenecer a uno u otro partido. A los dili-
logos de esos personajes, didlogos llenos de humanidad, es decir, de pasi6n, de
amor y de odio, tendran que volver una y otra vez quienes median o actian en
el process de la historic viva peruana.
Como ha sido subrayado por los critics, Arguedas ha salido airoso de
una prueba doblemente dificil. Ha pintado los horrores que se dan en la vida
de los press comunes sin concesiones a la groseria ("He querido, dijo a los cri-
ticos y periodistas, que la denuncia no aparezca como un document en contra
del hombre, sino en favor del hombre"). Y ha presentado actors de nuestra vi-
da political colocandose en un piano de objetividad, en el piano de un intellectual
humanista sin filiaci6n partidaria, que escucha, mira y padece criterios y ac-
titudes que pesaron y pesan en la balanza de nuestro destiny como pais. Todo
ello transfigurado, cristalizado, en un estilo supremamente parco y expresivo.
Pocos escritores peruanos han dado tan altas y constantes muestras de
calidades 6ticas y est6ticas al mismo tiempo, como Arguedas. Puede decirse que
gracias a su afan de alcanzar esa universalidad que ya Heine recomendaba a los
poetas de tendencia, su obra permanecerd por encima de debilidades intrinsecas
que puedan halldrsele. Toda una 6poca del Perfi ha sido grabada en su obra,
como el clima de la naturaleza se graba en el arbol; la opresi6n y la crueldad de
los latifundistas; las alianzas de 6ste con los subprefectos y aun con algunos
malos sacerdotes; la vitalidad superviviente de los comuneros; el rebajamiento
moral a que han sido conducidos muchos colonos, es decir, muchos de esos sier-
vos que han perdido, con la tierra, la independencia y la altivez; los nexos
crecientes entire la sierra y la costa; la gradual adquisici6n por el campesinado
de una conciencia de su destiny hist6rico. Y el amor terrigeno y telurico por el
paisaje, sin que ello lo leve a preferir la naturaleza al hombre. Nadie ha resu-
mido mejor que 61 mismo "su mundo", el mundo peruano de los Andes:
"noble torbellino en que espiritus diferentes, como forjados en estrellas anti-
podas, luchan, se atraen, se rechazan y se mezclan, entire las mas altas mon-
tafias, los rios mis hondos, entire nieves y lagos silenciosos, la helada y el fuego."


Indigenas peruanos con sus vestimentas ceremoniales. Durante el
sepelio acompaFaron al gran escritor como a uno de los suyos.







Los mitos

quechuas

post-hispanicos




Jose Maria Arguedas
REVISTA "CASA DE LAS AMERICAS" (1968)
LA HABANA CUBA


En tres comunidades, muy distantes una de la otra, se han descubierto
recientemente mitos quechuas sobre el origen del hombre. En dos de estos
aparecen elements de la religion prehispanica y de la cat6lica. Las tres
versions son distintas, pero el personaje central es el mismo: Inkarri, nom-
bre mixto que proviene de la contracci6n de la palabra quechua Inka y de
la castellana rey.
El mito descubierto en la comunidad mas proxima al Cuzco, pero al
mismo tiempo la mas aislada de los centros urbanos, la hacienda Q'ero, no
esta tocado por ningun element posthispanico: en los mitos de las otras
dos comunidades, Puquio y Quinua, del departamento de Ayacucho, figu-
ran personajes biblicos e hispanicos, implicita o explicitamente. Estos dos
ultimos explican el origen del orden social implantado por la dominaci6n
espafiola y profetizan acerca del destino final de la humanidad.
En 1963 se descubri6 otro mito quechua en un area much mas lejana
del Cuzco, la hacienda Vicos, de la provincia de Carhuaz. Este relato no tie-
ne ninguna relaci6n formal con los mitos prehispanicos; todos sus elements
son biblicos y, como los de Puquio y Quinua, ofrecen una explicaci6n del
orden social impuesto por la Colonia.
Los mitos de Q'ero y Puquio han sido publicados y comentados aunque
no debidamente estudiados; el de Vicos fue tema de una ponencia presenta-
da en un congress organizado por el Instituto de Altos Estudios de America
Latina, de Paris, en octubre de 1965.1 El de Quinua, recogido en 1965, per-
manece inedito y sera motive de un primer analisis en el present articulo.
Con el objeto de que el analisis pueda ser mejor entendido, ofrecemos una
sintesis de los otros mitos citados y, en nota marginal, de los mitos prehis-
panicos recogidos por los cronistas sobre el origen del Imperio Incaico.2


1 Jos6 Maria Arguedas y Alejandro Ortiz Rescaniere.

2 Manco Capac y Mama Ocllo. Garcilaso es quien transcribe la version mis de-
tallada y difundida de este mito. Fueron creados por el sol. El mundo estaba
poblado por hombres salvajes. La pareja es enviada como heroes civilizado-
res. Aparecen en el lago Titicaca. Manco Capac lleva una vara de oro en la
mano. Debia fundar la capital del Imperio, la ciudad del Cuzco, en el sitio







EL INKARRI DE PUQUIO Y EL DE Q'ERO


Se conocen dos versions muy distintas del mito de Inkarri: la de Q'ero
y tres de Puquio. La primera fue descubierta en la comunidad de hacienda
de Q'ero, en 1955, por Ia expedici6n etnol6gica que dirigiera el doctor Oscar
Nufiez del Prado. Se han publicado dos transcripciones en castellano de ese
mito.3 No se ha publicado el original quechua. En 1956, Josefat Roel Pineda,
que me acompafiaba como colaborador en un trabajo de campo, obtuvo la
primera version de otro mito de Inkarri en la pequefia ciudad de Puquio;
yo recogi dos variantes mas del mismo relato. Las tres se publicaron en la
revista del Museo Nacional.4

El mito de Puquio, donde la poblaci6n monolingiie quechua era demo-
graficamente dominant en el moment en que hicimos el studio -unos
4,800 frente a 500 mestizos y "mistis" de habla castellana-, explica el origen
y destino de la &tnicamente dividida sociedad actual peruana. He aqui la
version del mito:

Los wamanis (montafias) son los segundos dioses. Ellos protegen al
hombre. De ellos nace el agua que hace possible la vida. El primer dios
es Inkarri. Fue hijo del sol en una mujer salvaje. El hizo cuanto existe
sobre la tierra. Amarr6 al sol en la cima del cerro Osqonta y encerr6


donde la vara se hundiera con un solo golpe. La pareja se dirige hacia el
norte hincando la vara de oro. Llega a Pacarec Tampu (lugar de descanso
donde se produce el amanecer). Se detiene en el cerro Huanacaure, donde
la vara se hunde. Alli levanta un temple dedicado al sol y convoca a la gente.
Manco Capac ensefia a los hombres las artes de la agriculture y la ganade-
ria, la construction de casas y ciudades, funda el Cuzco y gobierna con leyes
justas y clementes.
Los hermanos Ayar. Betanzos, Cieza y Sarmiento de Gamboa recogen muy
detalladamente el mito. Los motives principles son los siguientes: los her-
manos Ayar son cuatro, con sus respectivas esposas. Salen de una ventana
en Pacarec Tampu, vestidos con sus trajes e insignias de jefes. Llegan a
Huanacaure. De lo alto del cerro Ayar Cachi lanza piedras con su honda y
convierte las montafas en valles. Temerosos de su poder, los otros tres her-
manos encierran a Ayar Cachi en la cueva de donde aparecieron: se valen de
un ardid para engafiarlo. Vuelven a Huanacaure. Ayar Uchu se transform
en ave y vuela, da instrucciones a sus hermanos y se convierte en piedra.
Una de sus alas se rompe. Ese idolo recibira el culto de las incas. Ayar Man-
co y Ayar Auca avanzan hacia el Cuzco donde hay una tribu cuyo jefe
Alcavisa. Manco lleva una estaca de oro para probar la tierra. Llegan a un
valle donde los hombres cultivan aji y coca. Mama Guaco -mujer de Ayar
Cachi- ataca a uno de estos hombres; le abre el pecho, le arranca los bo-
fes y el coraz6n, los hincha soplAndolos y aterra a la gente. Alcavisa y otros
jefes de tribus que pueblan el valle son derrotados. Manco Capac siembra
el primer maiz en la tierra y levanta el temple del sol.
Los dos mitos se refleren a la existencia de una humanidad inculta. El fun-
dador del Imperio es un h6roe civilizador. Pero en el mito de Viracocha re-
cogido por Betanzos se asegura que antes de la creaci6n de la luz y del
hombre formado para vivir en la luz, Viracocha habia creado otra gene-
raci6n al mismo tiempo que hizo el cielo y la tierra. Esa humanidad fue
convertida en piedra en castigo de un "deservicio" que cometi6 contra su
creador.

a Efrain Morote Best, en la Revista del Instituto Americano de Arte, NQ 8,
Cuzco, 1958. 0. Mufloz del Prado, en la Revista de la Universidad del Cuzco,
N9 114, 1958.
4 Tomo XXV, 1956, Lima.






al viento para concluir su obra de creaci6n. Luego decidio fundar la
ciudad del Cuzco y lanz6 una barreta de oro desde la cima de una
montafia. Donde cayera la barreta construiria la ciudad (Puquio esti a
seiscientos kil6metros del Cuzco, a siete dias de camino antes de la apcr-
tura de la carretera). Inkarri fue apresado por el rey espafiol; fue mar-
tirizado y decapitado. La cabeza del dios fue Ilevada al Cuzco. La cabeza
de Inkarri esta viva y el cuerpo del dios se esta reconstituyendo hacia
abajo de la tierra. Pero como ya no tiene poder sus leyes no se cum-
plen ni su voluntad se acata. Cuando el cuerpo de Inkarri est6 complete,
61 volvera y ese dia se harl el juicio final. Como prueba de que Inkarri
esta en el Cuzco, los pijaros de la costa cantan: "En el Cuzco el rey",
"Al Cuzco id".

Q'ero es una comunidad de hacienda que se encuentra en la provincia
cuzquefia de Paucartambo, a dos dias de camino de la ciudad capital de la
provincia. Los q'eros viven lejos de la residencia del patron y en un estado
de gran aislamiento con respect a otras comunidades y a todos los centros
urbanos mas pr6ximos. El mito de Inkarri, de Q'ero, revela con precision
que hubo dos humanidades:

Primero fueron los nawpa (antiguos). No se dice quien los cre6. Los
nfawpa vivieron en la penumbra, bajo la luz de la luna, y tenian una
fuerza descomunal. Podian convertir las montafias en Ilanuras con tiros
de honda. El dios Roal los sec6 y los convirti6 en soqa (momia) me-
diante la ardiente luz del sol. Asi el sol no es presentado como dios sino
como instrument de un dios, Roal, para extinguir a los fawpa. Inkarri
y Qollari, hombre y mujer creados por el dios Roal, son los padres, no los
creadores, de la actual humanidad india. Luego de una aventura infaus-
ta, Inkarri se retira al Collao, vuelve hacia el norte y lanza una barreta
de oro desde una montafia. Funda el Cuzco donde la barra se hunde;
puebla despues el mundo con una humanidad sabia. Los q'eros son des-
cendientes del hijo primogenito de Inkarri. El h6roe, y no dios, Inkarri,
visit Q'ero al final de su paso por la tierra y desaparece internindose
en la gran selva considerada hoy por las canciones folkl6ricas de la zo-
na como la region de la muerte. Este mito no hace referencia alguna a
la llegada de los espafioles ni a los dioses cristianos. Proclama la pura
ascendencia divina de los q'eros, e integrada con elements locales
guard el mito prehispanico de la aparici6n de los fundadores del impe-
rio incaico. El singular aislamiento en que vivieron siempre los q'eros
puede explicar en parte esta incontaminaci6n hispanica del mito y la
muy especifica y circunscritica funci6n a la que parece que estuvo des-
tinado.

EL MITO DE ADANEVA DE VICOS

Fue descubierto por Alejandro Ortiz Rescaniere en la hacienda Vicos,
del distrito de Marcara, Ancash, 1,520 Km. del Cuzco, en 1963. Vamos a
ofrecer un resume tan escueto pero suficiente, como el de los anteriores,







con el objeto de que nos sea possible analizar mejor el que sera motivo de
comentario en este articulo.
La hacienda Vicos, como Q'ero, tenia colonos, es decir, indios siervos.
Esta ubicada en la zona marginal de un valle muy poblado y vinculado con
ciudades importantes de la sierra y de la costa, como Huaraz y Chimbote.
Sin embargo, hasta hace unos treinta afios, Vicos era considerado como un
reducto de indios "muy atrasados" y despreciables, no s61o por su condici6n
de siervos sino por sus "costumbres extrafias". No estaba tan aislada la ha-
cienda y debi6 de haber sido motive de visits frecuentes y bien organizadas
de misioneros cat6licos, como lo fueron todas las haciendas dotadas de colo-
nos. Es fama c6mo en esta hacienda se desarroll6 recientemente el plan
Perui-Cornell de antropologia social aplicada.
Ortiz tuvo la fortune de encontrar un buen informant, de 17 afios,
Juan Caleto. Caleto le ofreci6 una version morosa, entrecortada, reiterada,
del mito. La circunstancia de que Ortiz no conoce el quechua hizo, como en
el caso de Nufiez, en Quinua, que el relate aparezca con las caracteristicas
de las narraciones orales pero aun mas entretejido de detalles, inconexiones
y reiteraciones a lo largo de los extensos dialogos grabados. He aqui una sin-
tesis, una especie de indice de motives:

Adaneva cre6 la humanidad antigua. El hombre antiguo hacia cami-
nar a las piedras con azotes; como los nfawpas de Q'eros, fueron hom-
bres de fuerza descomunal. El dios Adaneva logr6 tener relaciones con
la Virgen de las Mercedes (Mamacha Mercedes) y la abandon cuando
6sta qued6 encinta. El hijo de Adaneva y la Virgen fue T6ete Mafiuco
(Padre Manuel). TVete Mafiuco, cuando lleg6 a ser mayor, destruy6 a la
humanidad antigua haciendo caer sobre el mundo una lluvia de fuego.
Pero esa humanidad no esta completamente muerta; cuando aliguien
pretend cazar pumas o zorros, que fueron el ganado del hombre anti-
guo, se oyen en el campo grandes voces que protestan. Extinguida la
primera humanidad, T6ete Mafiuco hizo la actual y la dividi6 en dos
classes: indios y mistis ("blancos", la casta dominante. Los indios, para
el servicio obligado de los mistis. Cre6 tambien el infierno y el cielo. No
hay hombre exento de pecado. El cielo es exactamente igual que este
mundo, con una sola diferencia: alli los indios se convierten en mistis
y hacen trabajar por la fuerza y hasta azotandolos a quienes en este
mundo fueron mistis. La division de la humanidad en dos closes fue es-
tablecida por Dios y sera eterna, porque Ttete Mafiuco es inmortal,
puesto que todos los afios muere un dia viernes y resucita el sibado. Se
renueva afio tras afio.

Todos los elements formales de este mito son biblicos y tambien su fa-
talismo. No se encuentra en 1l influencia especifica alguna ni restos de los
mitos prehispanicos. Aparece como la obra de resignados colonos cercados
y segregados por la servidumbre y la habil predica colonial cat6lica. Pero,
como en los anteriores mitos, se establece claramente la sucesi6n de dos hu-
manidades, siendo la primera imperfecta.






EL MITO DE INKARRI RECOGIDO EN QUINUA


Quinua es una pequefia y famosa poblaci6n predominantemente bilin-
gfie, ubicada en la provincia de Huamanga. Se encuentra a 27 Km. de la ciu-
dad de Ayacucho, hacia el NE, y a 609 del Cuzco. Es famoso por los objetos
de ceramica magica o utilitaria y de consume rural hasta hace unos treinta
afios, ornamental, de gran prestigio en Lima y en los centros urbanos impor-
tantes, en la actualidad. Todos los habitantes de Quinua -unos 700- hablan
quechua; la mayor parte habla al mismo tiempo castellano. El castelliano es
la segunda lengua. Hernando Nuifiez y Javier Montori, estudiantes de la
Universidad de San Marcos, Ilegaron a Quinua, en viaje de studios, en 1965.
Nifiez habia seguido con much interns un curso de quechua, pero no ha-
blaba el idioma y no lb podia entender cuando su interlocutor era native.
Hernando Nuiiez anhelaba recoger literature oral, y estaba bajo la influencia
del reciente hallazgo del mito de Adaneva, hecho por su compaiero de clase,
Ortiz Rescaniere, y sentia un interns muy especial por los mitos mesianicos.
Cuando descubri6 que don Moises Aparicio, un viejo alfarero quechua, co-
nocia una historica" de Inkarri, grab la entrevista que le hizo.
Seguin el mito de Quinua, Inkarri cre6 las montafias, el agua, este mun-
do. Hizo al hombre. Amarraba al sol en una piedra si deseaba que el dia
durara mas tiempo. Las grandes piedras le obedecian. Era, como el de Pu-
quio, munayniyoq, es decir, que tenia la potencia de desear y crear lo que
deseaba, "igual que Dios". Pero el mito ofrece algunos motives propios que
vamos a especificar:

No se sabe de quien fue hijo.
El sol no es sino la fuente de la luz que Inkarri puede detener a vo-
luntad.
No construy6 el Cuzco ni ninguna otra ciudad.
Fue Dios (el cat6lico) quien orden6 a las tropas del rey-estado la cap-
tura y decapitaci6n de Inkarri. No fue el rey espafiol quien lo derrot6
y le hizo cortar la cabeza.
Hubo entire los dioses un intercambio previo de mensajes mutuamen-
te incomprensibles.
La cabeza de Inkarri esta en el Palacio de Lima y permanece viva.
Pero no tiene poder alguno porque esta separada del cuerpo.
En tanto se mantenga la posibilidad de la reintegraci6n del cuerpo
del dios, la humanidad por el creada (los indios) continuara subyugada.
Si la cabeza del dios queda en libertad y se reintegra con el cuerpo po-
dra enfrentarse nuevamente al dios cat6lico y competir con el. Pero si
no logra reconstituirse y recobrar su potencia sobrenatural, "quizas mo-
riremos todos" (los indios).

Este mito es la creaci6n de un pueblo quechua con mayores elements
de "aculturaci6n" que el de Puquio; se refiere en castellano a dios y a las
tropas del rey-estado. La relaci6n entire el ejercito, el estado y Dios (la reli-
gi6n) aparece muy claramente observada. Esta observaci6n y la referencia a
la escritura y al quipu no pueden haber sido posibles sino mediante una in-






formaci6n oral o escolar acerca de la historic de la conquista. En el acto de
capture de Atahualpa y en el mantenimiento del estado de servidumbre a
que fue sometido desde entonces el pueblo quechua, la relaci6n entire la Bi-
blia (la Iglesia) y la acci6n del Estado y de su ejercito se present tal como
es recogida en este mito. Finalmente, la relaci6n que se establece entire la
cabeza viviente, cautiva, de Inkarrf, y el' cautiverio de la humanidad por 61
creada, es, asimismo, muy dialectica. Si la cabeza es arrojada sin posibilidad
alguna de recuperar su potencia creadora y de lucha, el pueblo que de ella
depend podra perecer; si, en cambio, queda libre y reconstituye la integri-
dad de su naturaleza, se abrira un nuevo period de competencia con el otro
dios y sus creyentes. El dualismo social y cultural, y puede hablarse de anta-
gonismo, entire el indio y el espafiol, que continue con el indio y el misti,
termino este iltimo que domina no ya la raza blanca sino la clase dominan-
te, queda en este mito de Inkarri de Quinua tan nitidamente planteado
como en el de Puquio. El de Q'ero represent la continuaci6n del antiguo
mito incaico de Manco Capac, contaminado de elements locales nativos.
Asi, Q'ero-Puquio-Quinua contienen la adaptaci6n de un mito prehispanico
a la interpretaci6n del destino de un pueblo vencido y a la concepci6n que,
segun el grado de su comunicaci6n y relaci6n con el pueblo vencedor, tiene
de su porvenir: el de Puquio es mesianico, el de Quinua es condicional; se
abre la posibilidad de una derrota definitive, de la extinci6n o de la reini-
ciaci6n de la lucha.
Pero las mismas causes culturales y sociales que dan en Quinua una ma-
yor complejidad al mito de Inkarri hacen que el creador de este mito este
armado de una concepci6n much mas vasta sobre el origen y destino de la
humanidad en su conjunto, concepci6n reelaborada con la vision biblica que
el pueblo dominant ha trasmitido acerca de este problema capital. Vamos a
tratar de exponerlo y analizarlo:


LAS TRES HUMANIDADES


El estilo con que el alfarero Moises Aparicio habla de este tema alcanza
el grado que prodriamos llamar trascendental o biblico.
La audacia, en cierta forma "inadmisible" en un investigator universita-
rio, con que Hernando Nufiez pregunta en castellano a su informant sobre
asuntos tan complejos, se hace possible y da buenos resultados gracias a dos
circunstancias: por la forma rica en contenido con que el alfarero responded
a sus primeras interrogaciones sobre el mito de Inkarri y por la inquietud del
joven estudiante de sacar todo el jugo a la oportunidad que se le present;
esta inquietud esta alimentada por el recuerdo constant de los mitos de In-
karri, de Puquio y de Adaneva de Vicos. Y Nufiez inquiere a su informant,
que entiende muy limitadamente el espafiol, acerca de todas las materials que
ambos mitos contienen; luego, las propias respuestas le inspiran otras mas
audaces ain. Al final, en una entrevista grabada cuya transcripci6n cubre
apenas cuatro paginas, el alfarero de Quinua, Moises Aparicio, ofrece al an-
helante joven recopilador, que apenas entiende el quechua, un relate denso







en que esta bien reflejada, aunque sin la suficiente confirmaci6n, toda la con-
cepci6n mitica de un pueblo acerca del tema que hemos expuesto en los titu-
los de este ensayo.

La primera humanidad de los gentiles' y la humanidad actual.

"No tenia conocimiento Dios (de ellos), eran separados... El Padre
Eterno" (R. 11).
"Se multiplicaron, jtanta gente!" "No alcanzaba a alimentarlos lo que
sembraban".
"Se devoraban entire ellos". "No cabian ya en la tierra porque se olvida-
ron de Dios" (R. 11).
"Y cuando Dios los castig6, desaparecieron. No sabemos c6mo fueron"
(R. 11).
"El Padre Eterno es el Dios de los gentiles". "Ese ya no es nuestro Dios"
(R. 19).
"Cuando se extinguieron los gentiles aparecimos nosotros" (R. 19).
("(Quien es Dios de ahora?") "Dios hijo" (R. 20).
"Nuestro Dios sefial6 a Inkarr. Dios Hijo" (R.19).

Los gentiles representan la humanidad de Adaneva de Vicos. La huma-
nidad imperfecta, inculta. Adaneva es tambien el Dios Padre, porque Teete
Mafiuco es el Dios Hijo. "Nuestro Dios", Dios Hijo, "sefial6" a Inkarri; asi
mantiene la separaci6n o subseparaci6n de la humanidad creada por Inkarri.
No se afirma que "nuestro Dios" tambien hizo a Inkarri sino que lo seiald.
Esto puede interpretarse -puesto que el recopilador no intent que el pro-
pio informant lo hiciera- como que fue "nuestro Dios" quien lo sefial6 para
el cautiverio y el del hombre por el creado. En esa condici6n queda incorpo-
rado al reino del Dios actual.


La revelacidn de la Tercera Humanidad.

Hernando Nufiez pregunta audazmente:
-" Y cuando sera el mundo del Espiritu Santo?" (R. 21).
El alfarero contest en forma cautelosa. Primero niega y luego dice:
-"El tiempo del Espiritu Santo acaso venga cuando nosotros nos haya-
mos extinguido" (R. 21).

Y sobre la base de la segunda extinci6n de la humanidad actual, el alfare-
ro de Quinua expone toda la possible teoria mitica de la comunidad. La expo-
ne en una sucesi6n l6gica muy singular en sus respuestas 22 y 24.
"Estamos cargados de culpa. Estamos sentenciados, aunque no sabemos
de aqui a cuintos miles de afios se habra de cumplir la sentencia".




5 Llaman asi a aquella cuyos restos aparecen en las tumbas prehispanlcas.







"Hay tres dioses. Padre Eterno, Dios Hijo, Espiritu Santo".
Los tres plenos, "enteros". Los dos primeros se han realizado. Crearon lo
que les correspondia. "Pero cuando se extingan, nosotros tambien desaparece-
remos". (4 Quienes de nosotros? Don Mois6s Aparicio lo esclarece enseguida.)
"Entonces aparecera el Espiritu Santo; han de ser tres dioses, tres herma-
nos". ("El Espiritu Santo sera Dios, hermano pleno de los otros dos, cuando
tambien ei' haya hecho su obra".)
"El Espiritu Santo ha de hacer caer en culpa a nuestro Dios actual".
"Entonces sobre la punta de aquella montafia ha de estar la ciudad del
Espiritu Santo. Si, pues".
"Y cuando ya no haya nadie, y como ya no existe nadie, con sus alas (los
hombres nuevos) estin pasando sus alas por encima de la culpa. Han de ca-
minar... Viajero, muy alado".
La tercera humanidad sera alada, como la paloma que represent al Dios
que ha de crearla, y no podra ser alcanzada por el pecado.
Toda la literature oral hasta ahora recopilada demuestra que el pueblo
quechua no ha admitido la existencia del "cielb", de otro mundo que est6
ubicado fuera de la tierra, y que sea distinto de ella y en el cual el hombre
reciba compensaciones que reparen las "injusticias" recibidas en este mundo.
Escribimos un breve ensayo sobre este tema al analizar los cuentos migicos
de Lucanamarca.6 Toda reparaci6n, castigo o premio se realize en este mundo.
Para los indios de Puquio, lbs muertos construyen sobre la cima del Qoropu-
na, una torre que no concluyen jams y estan contents; los que fueron pe-
cadores vagan en la tierra en forma de "condenados". Seg6n el mito de Ada-
neva de Vicos, el cielo es exactamente igual que la tierra. Segin la concepci6n
mitica del alfarero de Quinua las humanidades se suceden en turnos ascenden-
tes hacia la perfecci6n. La humanidad del Espiritu Santo sera alada, como el
simbolo del Dios, y sus alas le permitiran volar por encima del pecado. Y
como el pecado es la causa no de la muerte de los individuos sino de la ex-
tinci6n de la humanidad, la tercera, la del Espiritu Santo, sera inmortal por-
que no podra ser alcanzada por el mal que trasmite la posibilidad de desa-
parici6n. "El Espiritu Santo ha de hacer caer en culpa a nuestro Dios actual";
el Dios Hijo no aparece exento o inmune a la causa que determine la muer-
te. El iltimo Dios, en cambio, sera verdaderamente el iltimo y se realizara
cuando haya creado "su" humanidad. Estari formado de "espiritu": "como
ya no existe nadie, con sus alas estan pasando por encima de la culpa. Han
de caminar... Viajero, muy alado. "Ese sera una especie de 'cielo' pero sin
mundo, sin purgatorio y sin infierno, sin previo juicio final. He aqui el
suefio mitico de un alfarero quechua actual de la famosa aldea mestiza de
Quinua".7


g Folklore Americano, Nos. 8 y 9, Lima, Peru.
7 Desventuradamente no existen posibilidades de que pueda realizarse un plan
de recopilaci6n de otros mitos quechuas post-hispAnicos; ninguna institu-
ci6n o universidad national estA en aptitud de apoyar un proyecto que res-
cate este valiosisimo material de la irremisible condena de desaparici6n a
que esta sentenciado. En cinco o diez afios mis se habrin perdido ya y no
podremos recuperar un caudal tan important y tan bello para el studio y
la permanencia de nuestra tradicidn.














"Todas

las

Sangres"'













Matilde Ladr6n de Guevara
DIARIO "LA NACION" (1966)
SANTIAGO DE CHILE




Esta obra nos muestra a un artist
que va m6s a116 de lo explorado has-
to ahora en la raiz de nuestra Am6-
rica latina. Aqui, en Per6, Jos6 Ma-
ria Arguedas es el escritor m6s sobre-
saliente. Naci6 en Andahuaylas (Apu-
rimac) y posee la lengua quechua,
pero ha convertido al castellano en su
idioma, con much arte. Su obra pro-
funda y trascendente dibuja, oscendra,
cincela, descubre, cierne y analiza
los temas candentes que socavan los
problems del continent. Estudia la
cultural, la idiosincrasia, los contra-
puntos raciales con prolijidad abis-
mante.
En "Todas las Sangres", densa no-
vela de Editorial Losada, se Ilega a co-
nocer el Peru integralmente; apare-
cen la herencia de la filosofia del Im-
perio Incoico y los caminos de la mi-
graci6n de su cultural. El conflict


de la exploraci6n de las minas se yer-
gue con virilidad; las valoraciones ele-
mentales unifican los personajes mag-
nificamente disefados y conseguidos
con realismo brutal y tambien con
poesia.
La narraci6n es maestro, de corte
social y recio.
Desde la primer p6gina a la ilti-
ma, el lector queda aprisionado entire
redes de inmenso interns. "Todas las
Sangres" cautiva por el argument
que inquieta constantemente, con a-
ventura aut6nticamente "novelesca",
pero en la cual los personajes repre-
senton mundos; mundos diversos, sim-
bolos que se entrecruzan con drama-
tismo. Van apareciendo, poco a poco,
los contrastes de protagonistas altos
y medianos, y los que surgeon subjeti-
vamente dejan la inundaci6n de sen-
timientos complejos como el drama
americano que Jos6 Maria Arguedas
desarrolla sin estridencias ni teatra-
lidad. Si, con una tremenda congoja
de la existencia yacente del indigena
y del mestizo. El escritor ausculta lo
inextricable del ser human, exhibien-
do la superficie y definiendo el fondo.
Perfila a sus personajes el sentido de
fanatismo ciego, la ignorancia, la in-
genuidad, la inteligencia y el instinto
primario. Los hace jugar a plena luz
y entire sombras. Se ven todos los con-
tornos del alma y sus vaivenes. Ellos
viven en el Ande, en la entrafia ame-
ricana, en sus hondonadas y en su
tragedia infinite. Vacilan entire altu-
ras po6ticas y descienden hasta la sor-
didez de la subvida que los arrastra
en el torbellino de los ultrajes que su-
fren y soportan. Hombres y mujeres
deben aceptar la cobardia con resig-
naci6n; tambien el heroismo, las rebe-
liones, el amor, la mezquindod, el odio
y la muerte. Jos6 Maria Arguedas, sin
alardes de discurso politico, present
la realidad social y la explotaci6n del
pueblo con hechos objetivos. Se desli-
za sobre el paisaje dram6tico y subli-
me de la tierra quechua y penetra lo
human en coda paso. Se hunde en la
profundidad de la veto de oro y plata
y en ella va dejando un reguero de
sangre y huesos. No hay demogogia.
No persigue un impact ideol6gico di-
recto sino que exhibe la verdad ori-








ginal y agria. Verdad de injusticias
y atropellos que ha abonado la vida
del pueblo latinoamericano. Safuda,
cruel y desolada.
Todo fluye profundo en la pluma
del gran escritor peruano y, sobre la
densidad del pensamiento, despliega
su estilo 6gil y po6tico. Aparecen en
algunas p6ginas cantos del pueblo
quechua con su traducci6n al caste-
Ilano; enternecedores, porque ema-
nan del pueblo y de sus almas, en las
cuales el candor es fruto de resonan-
cias muy antiguas. Y, por lo mismo,
est6n cargadas de sutilezas y miste-
rio. Todo es hermosura, y complete
el clima rispido una prosa que vigila
los conflicts sociales, politicos, mo-
rales y religiosos del Peri. M6s aun:
los hondos problems culturales entire
lo occidental y lo aborigen que emer-
ge con invencible energia.
Si cabe alguna comparaci6n en la
novelistica de Arguedas, seria su ve-
cindad a la de Miguel Angel Astu-
rias, Eduardo Mallea, Eustasio Rivera.
Juntos poseen una virilidad matizada


que estremece al lector y trasunta el
drama que todos conocemos y no po-
demos disgregar en su hondor para
rebelarnos apasionadamente contra
el.
Jos6 Maria Arguedas consigue to-
car con su magia today mente alerta
al despertar americano, porque su
coraz6n express con sinceridad y
valentia la tragedia que todavia vive
nuestro continent.
Es hora de que poises con estilos
de vida tan diversos como PerG y
Chile, Argentina, Venezuela, Brasil,
Ecuador, Bolivia o Uruguay, se co-
nozcan m6s a trav6s de sus escrito-
res, porque en ellos se puede descu-
brir la fuente de inspiraci6n y de
creaci6n todavia originales, dando asi
a las relaciones continentales una
sustentaci6n que se basa m6s en la
naturaleza de los hombres y las co-
sos que en los intereses circunstan-
ciales y, por lo mismo, transitorios.
Es decir, la autentica integraci6n
latinoamericana.


Vasto Cuadro del Peri feudal


Jose Miguel Oviedo
SEMANARIO MARCHH" (1965)
MONTEVIDEO URUGUAY


Despues de la aparici6n de Los Rios Profundoe (1958), la novel cumbre
a la que Jos6 Maria Arguedas habia accedido despues de mas de veinte afios de
oficio literario, la critical pudo legar a ulna series de conclusions importantes
sobre su obra, calificada desde entonces como la mas trascendente en la narra-
tiva indigenista peruana. Segin esas conclusions, Arguedas era un narrador
bajo cuya objetividad de enfoque -el indio o el mestizo en su concretisima
situaci6n historico-cultural- se descubria un entrafiable amor por el medio
andino, una ferviente identificaci6n con la cultural quechua.
El suyo era un indigenismo sin clamores reivindicatorios explicitos, sin
predica ideol6gica, preocupado mas bien en describir la doliente psicologia del
campesino trasplantado, los simbolos magicos y deslumbrantes extraidos de
ciertos datos del folklore (fiestas, bailes, creencias) y, sobre todo, el sordo cho-
que de cultures, los desajustes comunitarios que padece la masa indigena
peruana, llevada y traida por fuerzas extrafias que la desarraigan de sus mi-
lenarios ritmos etnol6gicos.
Su comprensi6n de todos estos aspects del Perf andino era el fruto
de un profundo conocimiento de ese mundo, en el que el autor habia vivido,







comportandose por largos afios como uno de sus integrantes: sus relates tenian
siempre un irrecusable sabor autobiografico y su perspective era, por lo tanto,
cerrada; el mundo de Arguedas era la aldea, la comunidad que lo acogi6 de
niflo. Finalmente, el autor se nos aparecia, al pasar los materials sociolo-
gicos por los filtros de la evocaci6n y la ternura, como un prosista lirico, en
bucolica comunion con el paisaje y solidarizado con el hombre quechua, cuyas
inflexiones lingiiisticas eran vaciadas en el molde de un espafiol peculiar que
traia el encanto, la autenticidad, el aliento a la vez humilde y po6tico del ha-
bla oral. Justamente seis afios despues, cuando aparece Todas las Sangres
(Buenos Aires, Losada, 1964), estas afirmaciones quedan desbordadas -siguen
siendo ciertas, pero ahora resultan estrechas- y advertimos que Arguedas ha
alzado una nueva cima que no estaba prevista, si es que no ha encontrado
tambi6n una distinta via para su novelistica por la que recien comienza a an-
dar. Creemos que Todas las Sangres no solo es el trabajo mas ambicioso de
Arguedas, sino que result una de las mayores tareas de creacion literaria
que se hayan cumplido entire nosotros. Ya se vera, sin embargo, que no pocos
extremos ael proposito se han quedado sin satisfacer, que el aliento se eclipsa
o se frustra aqui y alla. Pero el tamafio de la empresa es tal, que haberla mten-
tado ya es admirable y hasta aleocionador.


UNA LITERATURE SOCIAL

Con Todas las Sangres Arguedas cruza resueltamente una zona por la
que antes solo habia transitado en busca de otros intereses literarios y nos da
su primera gran novela de direct intencion social. Ese element sociologico no
es la mera resonancia de una anecdota -como suele ocurrir en muchas nove-
las inalgenistas- que tiene por protagonistas a terratenientes, mestizos e indios:
esta en la raiz misma del enioque, en la inteligencia central que rige los mul-
tiples puntos de vista.desde los que se contempla la ancha realidad que confi-
gura la imaginacion, la memorial y la total adhesion spiritual. Arguedas, pues,
ha tenido que crear todo un ambito human, amplio, integral, para ofrecernos
un caudaloso relato -470 pAginas- que vale como el vasto cuadro de uno de
los rostros mas dolorosos y reveladores del pais en que vivimos: el Peru feudal
de la sierra. El bello capitulo inicial de la novela no parece anunciar eso: muy
en el tono de Los Rios Profundos (que se abre tambien con una escena en la que
aparece un rviejo senior, lleno de poder y de misterio), el libro comienza cuando
el "viejo loco", el grann senior", el "patron grande" don Andr6s anuncia, desde
la torre de la iglesia de San Pedro de Lahuaymarca, su pr6xima muerte y repar-
te sus ya escasos bienes entire los indios y los caballeros pobres de la comunidad.
Es una escena cuya sugesti6n se hace mas fuerte al avanzar la novela, porque
se vuelve casi simb6lica: la muerte de don Andres, senior arruinado que alimen-
ta su soberbia y sus delirios con el mismo crep~isculo de su grandeza, sefiala
tanto el fin tempestuoso de su imperio desfalleciente como el comienzo de las
ambiciones "malditas" de sus descendientes; es decir, su epilogo genera un pro-
ceso que agita Iprofundamente la estructura que sirve de soporte a ese poder
feudal.
En efecto, don Fermin y don Bruno Aragon .de Peralta, los hijos del
viejo sefor, aspiran a desmentir su mala fama de "caines" -don Fermin se
apoder6 del ganado y las tierras de su padre, don Bruno es un senior licencioso
que hasta ha violado a una tullida, la kurku Gertrudis-, a demostrar que cuan-
do su padre los maldijo estaba borracho y a convertirse en los hombres mas
respetados de la region. En la pugna del primero por conseguir los trescientos
indios del segundo para explotar su mina "Aparkora", se iran perfilando sus
recias personalidades: el primero tiene una feroz conciencia del poder del di-
nero y sabe que solo los millones lo salvaran; quiere el progress de su clase,
porque entiende que acarrea el progress de todos los demds; es astuto, frio,
calculador. Don Bruno es un ser infinitamente mas complejo: en su alma verda-
deramente dostoievskiana obran los impulses contradictorios de la sensualidad
y la inocencia, el amor y el desprecio supremo por sus indios, el instinto de su-
perioridad clasista y los remordimientos por la abyecci6n moral en la que ha
caido; no quiere el dinero ni el poder material como quiere la seguridad de sa-
ber que sus pecados han sido perdonados y que, dentro de 61, Dios ha derrotado
al demonio. "Padre (reza don Bruno): le dare mis indios que me dejaste. Esa
mestiza que no se ha atrevido a entrar a tu casa... iAhi esti afuera! SerB la
iltima. Le dare mis indios a Fermin. NNo los envenenara? 6No me los harA ir a
la costa? iTil has de vagar por afios de afios en este pueblo, en tus haciendas; has
de venir a llorar al pie de los arboles de mi huerta! Fermin tiene una podre-
dumbre, apesta su cuerpo mas que el mio. iAyfldame a hacer pasar a los ino-
centes bajo ese arco sin que se malogren! iAcuerdate, acuerdate! iDios Hijo,
Dios Espiritu Santo, Dios Eterno...!"









PEUDALISMO Y CAPITALISMO


Lo que, al comlenzo, solo parece una pugna familiar, la descripci6n
particular de dos sefiores terratenientes psicologicamente opuestos, se abre
pronto en una nueva y mas sustancial dimension: las suyas son dos formas de
detentar (y engrandecer) el poder feudal que han heredado, dos formats de ex-
plotaci6n que tratan de adaptarse a nuevas circunstancias. Don Bruno, mas
fielmente afincado en las tradiciones segun las cuales ha sido educado -se-
fores omnipotentes, orgullo de casta, servilismo "racional" del indigena, tierras
ociosas-, represent una especie de feudalismo paternalista, pues tiene una
concepci6n vertical de la sociedad, segun la cual amos y siervos no tienen por
que odiarse: como lo dice el ingeniero Cabrejos, don Bruno es "un catolico feu-
dal fanatico cuya perturbacion emotional y mental lo ha levado ahora a
"amar" a sus indios. Los flagela, pero los ama y es amado". Don Fermin, en cam-
blo, es (y cada vez con mayor firmeza) una mentalidad capitalist burguesa y
naclonalista, que cree que el indio debe ser redimido de su colectivismo agra-
rio para convertirse en trabajador proletario, al servicio de grandes empresas
peruanas que le darn mejores sueldos, vivienda, seguridad social: "El Perui da
vergienza (confieza a su esposa): indios id6latras; analfabetos, de ternura
salvaje y despreciable; gente que habla una lengua que no sirve para expresar
el raciocinio sino unicamente el llanto o el amor inferior. Hay que hacer de
ellos 1ucidos obreros de las fabricas y, muy regularmente, abrir una puerta me-
dida para que asciendan a t6cnicos. El mundo future no es ni sera de amor, de
la "fraternidad", sino del poder de unos, de los mas serenos y limpios de pasio-
nes, sobre los inferiores que deben trabajar: La "fraternidad" es el camino de
retroceso a la barbarie. Dios creo al hombre desigual en facultades. Eso no tiene
remedio. Hay que respetar y perfeccionar la obra de Dios. La desigualdad como
motor de lucha y de ascenso".


MAS ESTRATOS SOCIALES

Estas dos concepciones de dominio social, politico y economic son el
nervio central que sostiene la acci6n de la novela, pero ella arrastra una masa
narrative todavia mas rica que enreda tantas vidas, tantos ambitos, tantos
intereses y angustias que cerca del final de las casi quinientas pigias de la
novela, la tension de la trama sigue elevandose. Gracias a su generosa ampli-
tud structural, que se reajusta a si misma y alberga sin cesar nuevos
elements que amplifican los ya dados, la novela excava una interpretacion
plural de los diferentes estratos que conforman una sociedad. Asi lo ha obser-
vado certeramente Alberto Escobar: "Segui~ avanza la novela y se incluyen en
ella distintas perspectives personales, ideol6gicas, econ6micas, sociales, el con-
flicto total, es decir, el nudo novelesco, padece modificaciones que, sin desvir-
tuarlo, lo enriquecen y trasladan hasta nuevos angulos, y acumulan su intensldad
de acuerdo con la mudanza de la perspective que corresponde al sujeto. En este
respect, y aunque pudiera sefialarse un asunto generico que subyace en la obra,
6sta es mis blen el resultado de la exposici6n de una series de estratos y cortes
penpendiculares que proceden de la problematic encarnada y revivida en cada
uno de los personajes dominantes".
Alrededor de don Fermin y don Bruno bullen otras gentes trabadas en
otras implacables batallas, un submundo observado con devoci6n y veracidad,
lleno de series dolidos, arrogantes, brutales, expoliados, honrados, clegos, valero-
sos: todas las sangres que se confunden para former las lines del rostro na-
cional. Alli esta ese indio --culturalmente mestizado- macizo y majestuoso que
se llama Demetrio Rend6n Willka (el mejor personaje de la novel despues de
don Bruno), comunero libre de Lahuaymarca que ha hecho el duro aprendizaje
de las costumbres "blancas" ("Yo sufriendo siete aios en barriadas de Lima,
comiendo basuras con perros y criaturitas, oyendo a politicos, yendo a la escue-
la. Cuidando mi alma, sefor, para ti") y que ha vuelto a su pueblo para ser-
vir a sus patrons, pero con un oculto designio que nadie alcanza a desentrafar;
alli estan los rencorosos "seiores pobres" de San Pedro -dofia Adelaida,
Brafies, "El Galico", De la Torre- que viven humillados por el recuerdo de su
antiguo esplendor, tramando intrigas contra los Arag6n de Peralta; alli esti el
rfstico mestizo Cisneros, de quien los indios se burlan porque quiere ser senior
por su dinero, sin tener las maneras ni el abolengo; alli estan la dulce sefiorita
Asunta, que al final realize un acto heroico e inftil, la misera jorobada Ger-
trudis, el fiel siervo Anto, los sobrios varayok y tantos otros. Y sobre todos ellos
flotan otras presencias ajenas, poderes que ni siquiera estos personajes co-
nocen bien y que sacan a la novel de sus estrictos limits andinos: hay im-
portantes y conmovedoras escenas que muestran c6mo la grandeza o decaden-
cla de los sefiores feudales se articula con la vida de los provincianos que se








refugian en los barrios pobres de Lima, con los ajetreos imperialistas de los
grandes consorcios norteamericanos, con las miserias de la political criolla, con
el servilismo de empresarios y autoridades ante el capital extranjero, etc.; y
como a todo esto se agrega el caudal del folklore (Arguedas ha insertado en
la novel docenas de huaynos y otros cantos indigenas, inventados a medias
por 61 sobre los esquemas musicales tradicionales, cuya deslumbrante belleza
formal no es menos importance que su valor testimonial de los multiples des-
garramientos que sufre el hombre andino), la extraordinaria caracterizaci6n
lingiiistica de los personages indigenas o mestizos, la precision con que el autor
fija los distintos sistemas de vida en los gestos, las formulas de tratamiento
o los modos de vestir, el conjunto que el lector tiene ante los ojos asume las
proporciones de una interpretaci6n totalizadora del ambito peruano en un de-
terminado moment de su process hist6rico: el paso del fendalismo tradicio-
nal al capitalism modern, con todas las contradicciones y desarmonias que
esa transici6n acarrea en una composition sociol6gica que tiene raices secu-
lares.

HISTORIC Y NOVELA

Es 6ste uno de los aspects fundamentals que contribuyen a la tras-
cendencia social y estetica de la novela: por estar centrada en la d6cada del
50 al 60, es decir, en el transit del militarismo primario y deshonesto del Ge-
neral Odria al regimen frivolo y decididamente oligarquico del Presidente
Prado, cuya compression meramente policial del problema indigena coincidi6
con la aparici6n masiva de "barriadas" en la capital y una indudable agudiza-
clon de las crisis social y economic del pais, Toaas las Sangres senalael v6r-
tice de un instant de la vida peruana que imprimio el sentido que nos ha lle-
vado a la situacion present. La novel de Arguedas echa abundante luz sobre
ese instant; mejor dicho, lo muestra por primer vez en forma complete, co-
mo nunca antes se lo habia visto: gran poder sintetizador y universalizador de
esta forma de realismo indigenista. El amplio conocimiento de la realidad que
soporta una narraci6n de tantos alcances facility o aclara tambi6n el propio
conocimiento del lector: leer estas paginas es sumergirse en un mundo "apar-
te", sostenido por principios y fuerzas que no pertenecen a la culturala occi-
dental", que no nos incluyen, pero que sin embargo configuran los basamentos
del pais e imponen su peso a la colectividad. La multiplicidad de m6viles de
accion, de razas, de creencias, de organizaciones sociales, de mitos, sugiere ya
la imagen convulsa de un Perit que, en realidad, es un compuesto de muchos
paises que colindan, que se ignoran y hasta se odian. Eso conduce a una revela-
cion todavia mayor: en el fondo subyace una constitucion rigidamente cla-
sista -los antiguos seiores no se rozan con los nuevos propietarios, los mes-
tizos enriquecidos son los peores enemigos de los indios, un indio "colono" se
comporta de un modo diferente a un comunero, un peon recela del vecino po-
bre, etc.- que petrifica los estratos de nuestra sociedad profunda. Asi, la mo-
vilidad social es escasa, el progress se .dificulta y la riq'ueza se empoza en las
misma manos; al final, son los grades propietarios los que ocupan el vertice
de la piramide, los duefios reales del pais y los que sellan con su poder el siste-
ma de castas cerradas. La novel refleja continuamente esa situaci6n: el
"mand6n" (el que trasmite las ordenes del senior) Carhuamayo teme los cam-
bios de su patron don Bruno porque eso puede repercutir en su propia autoridad
("era bueno, pero alguna vez tenla que darles de vergazos en la cara a los co-
lonos, con razon o sin razon, porque convenia que sintieran su mano, que no lo
olvidaran"); Bruno, con sorna, hace notar al torpe Cisneros que no sabe cumplir
su papel de nuevo rico, porque "un gran sefor se baja primero de la bestia en
que estA montado para saludar a un caballero y las autoridades de un pueblo.
SI su mula hablara se lo habria aconsejado, porque ella se ve que es de buena
casta"; y Cisneros declare orgulloso: "iYo hice desfilar a todos mis indios cuan-
do iba a haber guerra con Colombia! Mi padre muri6 maldiciendo a Chile. Ten-
go patria, bandera peruana, aunque es verdad que hago lorar a los indios y
les doy menos que a mis perros. Pero no es mi culpa. Eso viene de antiguo...."

PREDOMINIO DEL DIALOGO

Seguramente, 6sta es la primer vez que Arguedas maneja tan copioso
material narrative y la primer vez que lo organize de un modo tan aut6ntica-
mente novelistico. Ya se sabe que Arguedas no es un escritor que domine las
t6cnicas mas audaces o revolucionarias de la novela; hasta ahora sus relates
han estado apegados a la line de narraci6n semiautobiografica, sin complica-
clones temporales ni vaivenes espaciales demasiado exigentes; pero es, si, un
narrador profundamente intuitive, sutil en la captaci6n de situaciones o carac-







teres aptos para su encarnacibn novelistica, un artifice en la dificil alquimia
de verter el quechua en un espafiol vivo y director, un temperament de gran
sensibilidad para capturar en paginas simples, tiernas, emocionadas, esa indu-
dable presencia de la vida. Esta obra ha debido significar para 61 un esfuerzo
desusado; hay secuencias en las que el autor parece a punto de ser absorbido
por la estatura que van cobrando sus personajes, o que estan a punto de esca-
parsele de las manos. La novela avanza, por eso, entire caidas y tensas eleva-
clones del ritmo narrative, salvdndose por el mismo impulse que trae, por la
fuerza humana que suman los series que la pueblan. Otro esfuerzo no menor
es la subordinacion de su lirismo descriptive a la confrontation de variados
conflicts interpersonales en una acci6n muy sostenida. La novela esta inten-
samente dialogada variouss capitulos estan basicamente escritos en esa forma)
y las visions del paisaje -sobre todo de la luz purisima y transparent que lo
enciende con el fulgor de lo sagrado- son apenas toques o motives que cierran
o dulcifican un encuentro verbal, un cruce de insults, un dialogo de intrigan-
tes. Cuando Arguedas hace hablar a indios, mestizos o peones logra un tono
perfect de veracidad, que no consigue cuando hablan personajes "blancos";
los dialogos del ingeniero Cabrejos con don Fermin, o de 6ste con su mujer
Matilde, son fofos, irreales; tambi6n lo son las escenas que obligan a Arguedas
a introducirse en el ambiente de las grandes empresas, en una sesi6n de di-
rectorio, en la antesala de un politico de Lima, y casi todos los mon6logos con
los que, rudimentariamente, el author quiere bucear en el interior de sus perso-
najes.

LOS "BUENOS" Y LOS "MALOS"
En la composici6n misma de algunos personajes hay tambi6n defects;
el primero es el de su excesiva lucidez. Los protagonistas -sobre todo Fermin y
Rend6n Willka- son demasiado conscientes de sus actos: los elaboran, los decla-
ran, los pesan una y otra vez; ademas, todos mantienen un double juego, una in-
tenci6n oculta cuando hablan u obran, viven quiza demasiado tiempo "en situa-
cidn" y fuera de ella pierden consistencia, se empequefiecen. Por otra parte,
Arguedas, que ha creado personajes sumamente complejos, tiende a una peli-
grosa simplificaci6n cuando los opone entire si: aparecen como alineados en dos
bands, los "buenos" (que lo son hasta el candor) y los "malos" (que llegan a
lo abyecto y despreciable). Creemos que todo esto es consecuencia de una in-
sensible "idealizaci6n" que los protagonistas han ido sufriendo, fuera del
control de Arguedas, a lo largo de la novela; el que mas la experiment es
Rendon, que hacia el final mas que un "comunero" concrete parece el para-
digma que resume todas sus virtudes, el prototipo heroico. Eso, en verdad, no
lo descompone como personaje -su dignidad, su entereza moral lo hacen
memorable-, pero si desborda las leyes del realism, segin las cuales esta no-
vela debe juzgarse.
En fin, entendemos que Todas las Sangres es una obra menos perfect,
menos proporcionada que Los Rios Profundos, pero muchisimo mas novelistica
que 6sta, mas important y decisive para el author y para el g6nero en el Peril.
Evidentemente, no esta pulida ni desbastada en todas sus paginas: la redacci6n
apresurada, las incertidumbres de la escritura, se sienten en muchas frases
sueltas, en imagenes no completadas, en ciertas notas aclaratorias de voces
quechuas que ya se han explicado, en el uso innecesario o sencillamente inco-
rrecto de las comillas para destacar palabras, en la intromisi6n cruda del dato
antropol6gico, y hasta en los sorpresivos cambios de la tercera persona a la
primera (por ejemplo, en la pag. 256). Pese a ello, el valor documental de la
obra es, sin duda, gigantesco: no hay novela peruana que haya reflejado
tan blen los abismos que separan a la sociedad peruana actual, el multifacetis-
mo de su drama y, sobre todo, la falta de soluciones ciertas que rompan el f6-
rreo anillo feudal. La terrible incapacidad de Lima para comprender los movi-
mientos indigenas y la amenaza de que ellos se produzcan a sus espaldas es la
lecci6n mas sobrecogedora de estas paginas en las que, por iltimo, no encon-
tramos mas que la fe, dictada por la desesperaci6n, en la march irreversible
de la historic hacia la redenci6n de los explotados; es sintomatico que en la
novela no veamos un solo hombre con una concepci6n revolucionaria y eficaz
de la situaci6n que sufre (ni siquiera el propio Rendon, que se sacrifice por su
comunidad pero sin dejar de pertenecer a la estructura feudal en la que fue
criado) y que su fin solo se presienta, simbolicamente, en "un sonido de gran-
des torrentes que sacudian el subsuelo, como si las montafias comenzaran a
caminar". Entre el sistema de castas congeladas que en el Peril humillado to-
davia impera y este timido sonido de esperanza que vibra para el coraz6n de
unos cuantos, entire los extremes de la piedad y la protest, la vida y la muer-
te, Arguedas ha colocado su s6lida novela como una atalaya desde la que se
pueden otear los vastos horizontes que abarcan todas nuestras sangres...























Conversacion

con

Jose Maria

Arguedas



























Ariel Dorfman
REVISTA "TRILCE" (AGOSTO 1969)
VALDIVIA CHILE


1. -Su novela "Todas las Sangres' me
parece ser una extraordinaria muestra
de una novela marxista, que va mas
alli de los planteamientos tradicionales
del realismo socialist. 6Esta usted de
acuerdo con este juicio? 6Es usted mar-
xista? 6CuAl es su vision sobre el escri-
tor comprometido?
-No me creo autorizado para sefia-
lar hasta que punto una novela es o no
marxista. Tampoco conozco el caso de
alguna obra que haya sido considerada,
especialmente en LatinoamBrica, como
tipica o muy representative del realismo
socialist. No conozco bien el marxismo.
Estoy relativamente informado acerca
de sus principles fundamentos. Soy
partidario de una sociedad en que los
hombres no est6n sojuzgados por otros
hombres, de una sociedad en que cada
individuo ofrezca a los demos todo lo
que le sea possible dar y que aquello que
dB sea respetado y recibido con la mis-
ma gratitud y alegria, sea un objeto de
madera o barro o un poema o una es-
cultura. Estoy comprometido con ese
ideal. Pero estimo a los creadores que
enriquecen nuestro mundo con alguna
obra realmente bella y nueva, sin preo-
cuparme de modo excluyente por su
ideologia.
2. -En "Todas las Sangres" used
parecia propiciar una especie de resis-
tencia pacifica de parte de los indigenas.
6Puede dar resultado politico esta ac-
titud en el Peri actual? 6Cual es su
vision sobre las guerrillas en su pais?
-En "Los Rios Profundos" los sier-
vos de hacienda marchan sin temor
contra las balas, movidos por un poder
de orden mIgico. El siervo, mAs humilde
que el perro, se convierte en un indivi-
duo de valentia insuperable. Algunos
afios despues de la publicacl6n de esta
obra, millares de siervos invadieron pa-
cificamente decenas de haciendas. No
fue possible desalojarlos con los m6todos
tradicionales que habian sido tan efica-
ces: matar a algunos de ellos, hacer oir
el tronar de la metralla. Tuvieron que
dictar una ley de reform agraria espe-
cificamente destinada a dar posesi6n
legal de esas tierras a quienes, con la
evidencia de que eran suyas, las toma-
ron. La realidad del Perui es sumamente
compleja y variada. No me siento capaz
de dictaminar nada concrete acerca de







cdmo hay que actuar en ella. Pero la
historic de "Todas las Sangres" tiene
antecedentes concretos. Mi opinion acer-
ca de las guerrillas es que fueron un
acto de desesperaci6n ciega y, aparen-
temente, dictado por gente que desco-
nocia increiblemente la realidad del
pals y, much mas, la de la region en
que estas guerrillas fueron puestas en
march. Este acto de arrojo ciego fa-
voreci6 directamente a las fuerzas que
sostienen el imperio del latifundio y de
todo lo que el latifundio significa como
injusticia y como barrera hacia la jus-
ticia.
3. -Cuando yo estuve en Lima, en
enero de 1965, Washington Delgado me
manifest que era impossible e inverosi-
mil que un comunero como Rend6n
Wilka se aliara con un industrial na-
cionalista como don Fermin contra el
consorcio international. 6C6mo respon-
deria usted a esta afirmaci6n de Del-
gado?
-Washington Delgado es uno de
los poetas y amigos a quienes mis esti-
mo. Pero Washington no conoce el
mundo andino. Rend6n Wilka aparece
como un comunero que vivi6 muchos
afios en Lima dedicado a aprender de
todo, especialmente de cuanto escuch6
a los politicos de izquierda. Aprendi6 que
Dios no existe, ningfin dios. ZPor que no
podia haber descubierto que lo natural
para un comunero es apoyar a un em-
presario peruano contra un consorcio
extranjero? Este es un caso claro y
simple, quiza bastante mds para la
mentalidad de un comunero que en su
nifiez fue azotado por haberse atrevido
a asistir a una escuela official, que para
un altisimo poeta urban pleno de amor
hacia los que sufren.
4. -Usted ha planteado varias veces
la posibilidad de industrializarnos y de-
sarrollarnos sin perder nuestra origina-
lidad americana. 6Podria explicar lo
esencial del pensamiento suyo con res-
pecto a los tan trillados terminos de
civilizacidn y barbarie?
-Escribi mi primera tesis univer-
sitaria sobre el caso sobresaliente de las
comunidades del valle del Mantaro que
han logrado "civilizarse", no s6lo habien-
do conservado al mismo tiempo algunos
rasgos muy caracteristicos de lo que
podriamos Ilamar cultural quechua: la


musica, las faenas comunales, las dan-
zas, el dominio de los instruments
europeos que han sido puestos al servi-
cio de la interpretaci6n de la misica
quechua, sino que sintiendo un aut6n-
tico orgullo de llamarse "cholos" y de
proclamarlo. En el valle del Mantaro
comprob6, con el mas intense regocijo,
que yo mismo era bastante como los
comuneros de la region, donde los in-
dios no fueron despojados de sus tie-
rras: entiendo y he asimilado la cultural
llamada occidental hasta un grado re-
lativamente alto; admiro a Bach y a
Prokofiev, a Shakespeare, S6focles y
y Rimbaud, a Camus y Eliot, pero mas
plenamente gozo con las canciones tra-
dicionales de mi pueblo; puedo cantar,
con la pureza aut6ntica de un indio
chanka, un harawi de cosecha. 6Que
soy? Un hombre civilizado que no ha
dejado de ser, en la medula, un indi-
gena del Peri; indigena, no indio. Y
asi he caminado por las calls de Paris
y de Roma, de Berlin y de Buenos Ai-
res. Y quienes me oyeron cantar, han
escuchado melodies absolutamente des-
conocidas, de gran belleza y con un
mensaje original. La barbarie es una
palabra que inventaron los europeos
cuando estaban muy seguros de que
ellos eran superiores a los hombres
de otras razas y de otros continents
"recin descubiertos".
5. -Para mi, su obra represent un
paso en la interiorizaci6n y existencia-
lizaci6n de la violent realidad social
americana, 6estd usted de acuerdo?
6Por qu6, o por qud no?
-Es possible. Creo ser un narrador
mas intuitive que erudito. Mi nifiez
fue atroz en cuanto a sufrimiento e
ilimitada en cuanto a dicha; me dieron,
entonces, acaso con exceso, de lo bueno
y de lo malo que hay en el hombre tan
antiguo y tan complejamente contami-
nado de lo que llamamos modernno.
Ful actor victim de un sistema social
en que la servidumbre estaba consagra-
da por la Iglesia que habia logrado
ofrecer como maxima compensaci6n al
dolor y al desprecio, el llanto.
6. --Qud importancia le asigna usted
a su propia obra en Perfi y America la-
tina? LEn cu6 otros autores encuentra
similitudes?







-En el Perd, contribuy6 a revelar
creo que no s6lo c6mo es el indio, sino
el hombre andino en todos sus estratos;
creo que tambi6n contribuy6 a descu-
brir cudn bello es el mundo cuando es
sentido como parte de uno mismo y no
como algo objetivo. Nada hay, para
quien aprendi6 a hablar en quechua,
que no forme parte de uno mismo. La
difusi6n de los relates en que se mues-
tra este modo de vida, que tiene rasgos
originales e iluminadores, y la potencia
que guard para suponer formas nuevas
de conduct, ha inquietado, supongo,
a lectores no peruanos, como usted, por
ejemplo.

bAdmiro y estimo especialmente
a Juan Rulfo. Admiro muchisimo a Ma-
rio Vargas Llosa. Acaso no sea possible
ser mis lucido e ilustrado y mAs sensi-
ble que l6. Creo que Mario represent
la culminaci6n del process, no tan ex-
tenso pero no exento de profundidad,
de la narrative peruana, y de la con-
junci6n de cuanto la narraci6n ha des-
cubierto en el Perf y cuanto puede
ofrecer, como iluminaci6n y como md-
todo, la literature universal.

7. --Qud importancia tiene el rea-
lismo m agico o lo real maravilloso en
sus obras?

-Yo tuve la fortune de pasar ml
nifiez en aldeas y pueblos con una muy
densa poblaci6n quechua. Ful quechua
casi puro hasta la adolescencia. No me
podr6 despojar quizis nunca -y esto
es una limitaci6n- de la pervivencia
de mi concepci6n primer del universe.
Para el hombre quechua monolingiie,
el mundo esta vivo; no hay much di-
ferencia, en cuanto se es ser vivo, en-
tre una montaia, un insecto, una piedra
Inmensa y el ser human. No hay, por
tanto, muchos limits entire lo maravi-
l1oso y lo real. &Ha habido de veras esos
limits para los "cautivos" de la belle-
za?

8. -6Por qud tienen tanta importan-
cia para usted la religion y los nifios?
jPor qu6 su actitud literaria frente a
las mujeres es siempre la de idealizarlas
(un poco como en la Beatriz, de Dante,
o en El gran Meaulnes)?


-En la respuesta a la pregunta
anterior se ha contestado a esta inte-
rrogacidn. Tampoco hay much dife-
rencia entire lo religioso, lo magico y
lo objetivo. Una montafia es dios, un
rio es dios, el ciempids tiene virtudes
sobrenaturales. A travds de mi infan-
cia, s61o aprendi a temer o a adorar
a la mujer.

9. --Hay algin rasgo autobiogrAfico
en el libro "El Sexto"?

-"El Sexto" es una novela muy
autobiogrAfica. Las noticias policiales
que ofrecieron los diaries de Lima sobre
esa prisi6n, afios despuds de la publica-
ci6n del libro, aportaron testimonios
aun mas espantosos que los que se des-
criben en la novel. Las predicciones
political de los principles personajes
se han cumplido casi al pie de la letra.

10. -dCree usted que Lima es solamen-
te "la horrible" o tambien hay algo de
perdurable en ella?

-Lima es la ciudad mis cautivan-
te, en cuanto. a demostraci6n de la ha-
bilidad y de la fortaleza humana para
sortear lo inesperado y terrible y ven-
cerlo, de todas las ciudades que conoz-
co. No siento horrible esta ciudad; qui-
zi cruel, informe y poderosa. Es un
magma. Hay en ella 500 mil anal-
fabetos, segfn una cifra que lei en una
estadistica especializada. Miles de clu-
bes, en que estAn organizados los emi-
grantes de miles de pueblos andinos,
celebran sus fiestas tipicas, en algunos
casos con mas esplendor que en sus al-
deas de origen. Algin novelist nos
ofrecerA la imagen de ese universe apa-
rentemente indescriptible.

11. -iQu6 puede adelantarme sobre
su pr6xima novela?

-Hace dos afios empec6 a escri-
bir una novela sobre los puertos en que
se fabric la harina de pescado. Esta
industrial ha revuelto a un gran sector
del pueblo peruano. Indios nacidos y
criados a cuatro mil metros de altura
se convierten en hombres de mar, lu-
chando contra el espanto y derrotan-
dolo. Pero muchos han muerto, asfixia-
dos entire la pestilencia de las bodegas









o ahogados en el mar. Y... ihay tanto
que hablar sobre ese universe! Temo de
veras no poder veneer las dificultades
y ser menos que esos emigrantes que-
chuas que han contribuido a convertir
al Peri en el primer productor del mun-
do en una industrial que hace veinte
afios era absolutamente desconocida.
12. -Sabemos que Chile en estos ilti-
mos afios ha tenido una importancia
decisive en su vida. 6Cudles son sus pla-
nes futures con respect a Chile?

-Ruego a los amigos de "Trilce"
recibir estas confesiones como un pe-
quefio homenaje a Chile y a sus j6venes
escritores. DespuBs de mi propia tierra
nada ni nadie hizo mAs por mi que este
maravilloso pais en que la civilizaci6n
no ha aniquilado lo fraternal, lo espon-


tAneo. Aqui estin Nicanor y su hermano
Roberto, que es tambi6n mi hermano.
,Es possible encontrar un hombre mis
cordial, mas fraterno, mas generoso y
m6s verdadera y terriblemente civilizado
y amansador de la civilizaci6n que este
Nicanor Parra y sus hermanos? Por esa
raz6n pretend contribuir a mantener
un intercambio real, cotidiano, entire el
Perui y Chile, pues no creo que se dd el
caso de paises limitrofes que puedan o-
frecerse mas facil e inmediatamente va-
lores diferentes y tan necesarios para la
educaci6n y el descubrimiento del infi-
nito universe de lo creado por el hom-
bre. Tal intercambio no debe circuns-
cribirse s6lo al circulo de los intelectua-
les, sino al mas vasto de los estudiantes
y de los propios obreros.


Hombre y llama peruanos










La Literatura

Poruana





Conferencia ofrecida por Josi Maria
Arguedas en la Casa de las Americas
REVISTA BOHEMIAA" MAYOO 1970)
LA HABANA CUBA




La relaci6n que hay entire la narrative y la composici6n social del pais
y su evoluci6n podriamos decir que es todavia much mas direct, como no
puede ser de otro modo, que la de la poesia. Hay un hecho capital que decide
el destiny del pais en todos los aspects de la actividad humana en el Peri: la
division del pais en dos universos, dos mundos totalmente diferentes: el mundo
de los indios y el mundo de los criollos, que asi les llamamos a las personas
que estin much mas influidas por la cultural llamada occidental.
Tengo la impresi6n de que la significaci6n y la importancia de esta
division, si no es bien entendida en nuestro propio pais, menos lo ha de ser en
paises un tanto lejanos como Cuba. Por eso me voy a ver precisado a dar unos
cuantos datos, a trav6s de los cuales ustedes se den cuenta de hasta qu6 punto
es profunda y verdaderamente total esa division, y c6mo es que empieza ahora
a romperse la barrera que dividia al Peril en esos dos universos.
Cuando los espafioles conquistan el Peri, el imperio habia logrado la
unificaci6n cultural, especialmente la unificaci6n lingilistica del pais. Todo el
imperio incaico hablaba una sola lengua, era el quechua. La conquista institute
un grupo de dominadores que, sumergidos en este universe, se ven obligados a
aprender el quechua en la zona donde la cultural andina tiene una sustentaci6n
casi Indestructible; me refiero a la zona montafiosa.
La division del pais en esos dos universos es, al mismo tiempo, cultural
y geografica. Geogrifica, en el sentido de que la zona con mayor facilidad de
comunicaci6n con la cultural occidental, o sea, la costa, es rapidamente acrio-
Ilada: los indios aprenden. el castellano, se acriollan tanto que pierden tradi-
ci6n local, sus costumbres muy caracteristicas son penetradas por la cultural
criolla.
Pero en la zona andina toda la poblaci6n habla el quechua y alli si hay
una division much mas neta, y la cultural en la zona de la costa se unifica un
tanto a la criolla, mientras que en la zona de los Andes la division es much
mas neta. Entonces hay, por un lado, la division de la sierra respect de la cos-
ta y una division dentro de la misma zona de la sierra.
En la sierra, los dominadores, los colonizadores y sus continuadores, que
no se diferencian en gran cosa hasta prActicamente entrado este siglo, tienen
una cultural enteramente distinta que la de la poblaci6n indigena, y la pro-
porci6n cuantitativa es verdaderamente impresionante. Vamos a poner unos
cuantos ejemplos cuantitativos, y despubs algunos datos interesantes que les van
a dar a ustedes la idea muy clara de hasta qu6 punto era verdaderamente
profunda esta division en dos mundos. Se hizo un censo general en 1940: segin
el mismo, las dos terceras parties de las sierras del Peril eran totalmente, o casi
totalmente, quechuas; aun la clase, el grupo dominant, los criollos, los terra-
tenientes hablan el quechua; no se puede vivir en la sierra sin hablar el que-
chua. Por ejemplo, las cifras del censo daban este resultado: de 115 mil habitan-
tes, solo 25 personas no hablaban quechua; de esa cantidad de gente, un 95%
hablaban el quechua y un 75% eran monolingiies.








Ahora, 6cuAl era el concept, la idea, que tenian los que no hablaban
quechua respect de los que lo hablaban? 6La opinion que tenian los indios de
los no indios y al revds? En la revista que fue el 6rgano de los liberals durante
la independencia, "El Mercurio Peruano", hay un famoso articulo publicado
hacia fines del siglo XVIII, en el que se hace una descripci6n del indio, exac-
tamente como si fuere un animal. Desgraciadamente no tengo aqui el texto,
que es verdaderamente impresionante, porque describe al indio como un ani-
mal y se pide que se le trate como a un animal; dice que a los indios se les
puede reconocer como los podencos reconocen a los moros: por el hedor. Se
describe primero su figure fisica, que se corresponde exactamente a la de un
imb6cil, un subdotado irremediablemente perdido.
Por otra parte, los primeros narradores, incluso los Ilamados indigenis-
tas, consideran al indio como un personaje totalmente perdido para el porvenir,
sin ninglin remedio.
Ahora, uque es lo que plensan los indios respect a los "sefiores"? Se
'han descubierto iltimamente algunos mitos, que son la expresi6n mas cabal
de lo que los indios piensan respect de los "sefiores". La mayor parte de las
haciendas de la zona andina del pais tienen siervos, es decir, que trabajan
gratuitamente para el hacendado. En una hacienda se descubri6 un mito creado
por los indios, en el cual se asegura que hubo dos humanidades: una humanidad
muy antigua, que fue creada por el Dios Adan-Eva. El Dios Adan-Eva cre6 una
humanidad formada por gentes que eran muy fuertes, que hacian caminar las
piedras con azotes y que construyeron grandes edificios mediante ese poder
descomunal que tenian; el defecto que tenian es que eran relativamente esca-
sos de inteligencia. El Dios Adan-Eva se prend6 de una mujer hermosa, pero
ella no acept6 los requerimientos del Dios y entonces el Dios la llev6 por la vio-
lencia a su casa y cuando la mujer estuvo encinta la arroj6 de su casa. Esta
mujer era la Virgen de las Mercedes.
La Virgen de las Mercedes dio a luz un nifio, que es Teete Maiioco;
cuando fue hombre destruy6 la humanidad creada por su padre, haciendo caer
una lluvia de fuego. Como quedaban algunos todavia vivos, con el hueso de
una canilla acab6 de matar a los iltimos que quedaban de la humanidad
creada por su padre y cre6 luego a la humanidad actual, pero dividi6 a la
humanidad en dos gentes: los indios y los blancso. (Pero no les lamaban blan-
cos, sino "mistis", porque la division es much m.s cultural que racial.) Divi-
di6 a la humanidad en indios que debian trabajar para los mistis, y los mistis
que tenian el privilegio de gozar del fruto del trabajo de los indios, a los cua-
les se les podia hacer trabajar por la fuerza y azotandolos. Pero tambi6n cre6
al mismo tiempo el Infierno y el Cielo.
Todos van al infierno, porque nadie esta exento de pecado; luego todos
van al Cielo. Pero el cielo es exactamente igual que la tierra; la inica diferen-
cia que hay es que, en el Cielo, los que fueron indios en la tierra se convierten
en blancos sefiores y hacen trabajar a los que en este mundo los hicieron tra-
bajar a ellos. Y asi como los blancos o mistis los consideraban a ellos como una
humanidad aparte, los indios tambi6n consideran a los otros como una huma-
nidad enteramente aparte.
Hay otro mito que concibe dos grupos de haciendas, creado por indios
de una comunidad libre, una comunidad en la cual los indios no fueron total-
mente despojados de sus tierras. Segfin ellos, la humanidad fue creada por un
Dios que se llama Inkarri. Inkarri cre6 a los segundos dioses, o sea las mon-
tafias, que protegen al hombre porque de ellas brota el agua y son, al mismo
tiempo, los dioses de la fecundidad. Luego de crear las montafas, cre6 al hom-
bre y todo lo que sobre la tierra existe, y finalmente lanz6 una barreta de oro
y alli donde cay6 la barreta de oro fund la ciudad de El Cuzco, que era la clu-
dad donde 61, Inkarri, debia vivlr. Despues vino el rey espafiol y entr6 en gue-
rra con Inkarri. El rey espafiol era much mis astuto y tenia armas mis
poderosas: venci6 a Inkarri y le cort6 la cabeza. La cabeza esta enterrada en
El Cuzco, pero Inkarri no esta muerto. El cuerpo del Dios se esta reconstru-
yendo de la cabeza hacia abajo, hacia abajo de las piernas; cuando el cuerpo
del dios este enteramente reconstruido, entonces darA un salto sobre el mundo
e Inkarri hara el juicio final. Esta division es total y hasta hace nada mas que
unos treinta afios era absolutamente irreconcilable.
Vamos a citar otro caso. No en todas las zonas de la sierra del Peru el
color de los sefiores es tan absolute, hay ciertas diferencias segin las zonas.
Por ejemplo, en la zona de El Cuzco y de Apurimac es donde el poder de los
sefiores es much mas fuerte, porque casi todas las tierras estAn divididas
en haciendas con siervos. Hace relativamente poco, alrededor de 1958, un sefior







cuyo nombre podemos citar: Julio Romanville, fue a visitar su hacienda, una
inmensa hacienda del valle de la Convenci6n, donde se produjeron las pri-
meras invasiones de indios a las tierras, bajo la inspiraci6n y direcci6n de Hu-
go Blanco. Fue a visitor esa gran hacienda el senior Romanville, y los indios se
prosternaron y le besaron las manos, como es traditional on los siervos. Pero
una mujer no acat6 esa tradici6n y Romanville orden6 que le cortaran el brazo.
DespuBs se descubri6 que la mujer no habia besado las manos del senior porque
era idiota. Esta informaci6n fue publicada en los peri6dicos, en un diario de
much circulaci6n, "El Expreso": la mujer apareci6 con el brazo mutilado. Les
estoy hablando de 1957 6 1958.

La novelistica de este siglo comienza con un tema que se refiere a esta
zona del pais, a la Sierra, en donde hay una tremenda y absolute division en-
tre indios y no indios. Los mistis consideran a los indios como bestias, de los
cuales no hay nada que esperar mas alli de lo que es una bestia de carga.
Los primeros narradores que tienen cierta importancia en la literature
International tocan este tema y son conocidos por todos los estudiantes de
literature; son: L6pez Albfjar y Ventura Garcia Calder6n. 4C6mo described al
indio? Los dos described al indio como un ser de expresi6n p6trea, misteriosa,
inescrutable, feroz, comedor de piojos. Es curioso c6mo estos dos narradores es-
cribleron al mismo tiempo libros sobre las zonas de las cuales ellos son oriundos,
porque los dos son costefios: L6pez Albfijar es 'de la costa norte del pais, de
Piura, y Garcia Calder6n es limefio y pas6 casi toda su vida en Paris. Ellos es-
cribieron libros y narraciones sobre los temas de la costa; sin embargo, estos
libros o estas narraciones sobre temas de la costa no tuvieron mayor trascen-
dencia; se hicieron famosos por sus libros en los cuales described el mundo de
los indios, el mundo de la sierra.
Luego de estos narradores surgeon los de nuestra generaci6n, formada
principalmente por dos autores: Ciro Alegria y yo. Los dos nacimos en zonas
de la sierra, bastante distintas la una de la otra. Ciro nace como hijo de un De-
quefio hacendado, en la zona de la sierra norte del pais, donde ya no hay indlos
desde el punto de vista cultural, porque los indios de la zona norte no hablan
quechua, perdieron muchas de sus tradiciones comunitarias, perdieron sus reli-
giones locales y fueron convertidos a la servidumbre. Pero entire los indios, hay
menos elements de cohesion, porque no hay identidad de tipo cultural.
Los indios de la zona central y del sur tienen una religion local muy
active, tienen costumbres comunitarias que los identifican de una manera muy
s6lida. En cambio, en la zona norte han sido casi todos catequizados, tienen un
catolicismo muy elemental y han perdido vinculos culturales.
De modo que hay un error cuando se consider que en las narraciones
que escribi yo es donde se descubre por primera vez al indio. No es cierto. Lo
que ocurre es que en las novelas de Ciro Alegria aparece un indio, que es tal
desde el punto de vista social, pero no lo es desde el punto de vista cultural;
entonces no tiene todas estas caracteristicas, tan distintas, tan originales como
las del indio del sur.
En los libros que escribi se revela la poblaci6n indigena, que conserve
much mas que todas las demAs regions sus antiguas tradiciones. En estas
zonas, como les dije, todos hablan el quechua, no hay una persona que pueda vi-
vir en esta region sin dominar el idioma. El que yo haya aprendido a hablar el
quechua no es ninguna excepci6n, casi todos los nifos aprenden a hablar el
quechua; por circunstancias muv especiales yo habl6 exclusivamente el quechua
mas o menos hasta los nueve afios. Vivi en casa de una madrastra que era bas-
tante dura -de estas madrastras tradicionales-, y tuve la fortune de que me
hiciera vivir con la poblaci6n, con la servidumbre indigena.
Entonces cuando llegu6 a la Universidad lei los libros en los cuales se
intentaba describir a la poblaci6n indigena: los libros de L6pez Albfijar y de
Ventura Garcia Calder6n. Me senti tan indignado, tan extrafiado, tan defrauda-
do, que consider que era indispensable hacer un esfuerzo por describir al
hombre andino tal como era y tal como yo lo habia conocido a travds de una
convivencia muy direct. Con algunos datos se puede ilustrar mejor esta Ilu-
si6n: la pequefia poblaci6n donde yo pas6 mi infancia estaba totalmente domi-
nada por un terrateniente que, entire otras cosas, hacia morir de hambre y de
estrechez a los animals que encontraba en sus pertenencias, y por los cuales
el duefio no pagaba el precio que el terrateniente consideraba necesario para
pagar la reparaci6n de los dafios; entonces los hacia matar, los hacia morir de
hambre y estrechez.








Luego, a mi no me permitian ir a la escuela; me hacian levantar a las
cinco de la mafiana para traer lefia, para hacer todos los trabajos que hace un
Indio. Pero como no era indio, como era hijo de un abogado -mi padre era
Juez de Primera Instancia en un pueblo que estaba un poco lejos de la aldea-,
entonces la poblacion indigena me tom6 prActicamente bajo su protecci6n. En-
tonces yo vivi intimamente con esa gente, y aprendi a hablar el quechua, apren-
di sus canciones, y me identifiqu6 enteramente con ellos.
A media que fui aprendiendo la lteratura occidental, y leyendo los
clisicos, especialmente espafioles y rusos, decidi escribir, no con el prop6sito
muy expreso de publicar, sino de desahogar mi estado de amargura, de descon-
tento, casi de irritaci6n contra esta descripci6n totalmente falsa que se hacia
de la poblaci6n indigena. El primer problema que tuve fue que el castellano
no me servia para la interpretaci6n de todas estas vivencias. Yo habia apren-
dido todo este mundo en quechua, y el castellano me resultaba un instrument
bastante ajeno, ineficaz. El primer relate lo escribi varias veces, a pesar de que
las primeras versions fueron consideradas como buenas por mis compafieros
dedicados a la literature (algunos de ellos tienen obras bastante prestigiosas).
Entonces escribi en un tipo de castellano que es una especie no de mezcla pe-
ro si de estilo, en el cual el espiritu del quechua, las caracteristicas del quechua,
estan bastante vibrantes, estan muy claras en el estilo castellano.
Este primer librito, que es la interpretaci6n de la vida de una aldea,
fue recibido con much entusiasmo, porque todos los lectores reconocieron que
a travys de ese libro se describia por primera vez la poblaci6n indigena, pero
no solamente a los indios sino a quienes hacian que el indio fuera tal como es.
Por otro lado, tambien se reconoci6 en este libro la aparici6n de una
especie de nuevo estilo. Y es que los nuevos estilos no aparecen (por lo general
con una bisqueda cerebral. Generalmente un nuevo estilo aparece porque hay
un nuevo mundo que revelar. Y yo demor6 much tiempo en llegar a dominar
el castellano a fin de que me sirviera como un instrument verdaderamente
legitimo de expresi6n. Pero ese castellano result siendo totalmehte distinto al
castellano de toda la literature anterior peruana, y es muy caracteristico. En
este pequefio libro de relates estan descritos dos elements del mundo andino:
el odio y la ternura. El indio odia, odia con todas sus fuerzas a los que lo ex-
plotan y a los que lo odian a su vez, pero hay un hecho que es muy importan-
te: en los indios el odio no es mas grande que la ternura, porque entire ellos se
aman intensamente, y esto hace que el odio sea verdaderamente un odio de
tipo fecundo y no un odio perturbador.
Luego escribi una novela sobre la vida de una provincia, en la cual
tambi6n pas6 parte de mi infancia. En esta provincia fui testigo de hazafias
verdaderamente extraordinarias realizadas por los indios. Por ejemplo: las co-
rridas de toros, que se celebran un poco a la manera de los espafioles, pero con
unas circunstancias muy especiales: en lugar .de banderillas se ponia un c6n-
dor encima del toro, para que el c6ndor picara el lomo del toro y lo enfureciera.
Los c6ndores eran atrapados en las montafias y luego se les hacia pasear por
las calls al son de una mfisica especial, se les hacia danzar en la puerta de
la Iglesia una danza religiosa, y luego se les encerraba. Al dia siguiente se ama-
rraba un c6ndor en el lomo del toro, se lanzaba el toro a la plaza, y los que lo
toreaban eran los indios; en cambio, los espectadores eran los sefiores. Pero
entonces el indio tenia la oportunidad de demostrar que no tenia temor, que
podia enfrentar a una fiera de igual a igual en cuanto a coraje, y habia algu-
nos detalles verdaderamente heroicos. Para que el deseo de lucha del indio con
el toro fuera mas intense, se solia poner a los toros un trapo, que generalmente
era de seda, y se ponia en cada esquina del trapo una moneda de oro. El indio
que Ilegaba a arrancar el trapo del lomo del toro, naturalmente se apoderaba
de las monedas de oro.
Por lo general las corridas de toros terminaban con varias muertes,
pero aqui se daba la posibilidad de hacer volar al toro con dinamita. Desde una
barrera, a la edad de seis o siete aios, he visto a indios a quienes tenia un
gran amor, acercarse con un medio cartucho de dinamita, con una mecha muy
pequefita, y en el moment en que el toro iba ya a legar al destiny, lanzarle
al toro la dinamita y hacer volar al toro por los aires.
Luego, a los c6ndores se les despedia con cantos muy antiguos, a la
orilla del pueblo en el And6n ide la Despedida. Se adornaba al candor con cin-
tas, luego se le soltaba, y entonces se cantaban canciones muy tristes y muy agu-
das, y los c6ndores se levantaban muy lenta y dolorosamente, y subian al ctelo
mientras toda la poblaci6n cantaba. Yo he visto una vez a uno de esos c6ndores,
a los pocos dias de la corrida, volando por encima de las nieves, en las mon-
tafias.








Esos mismos indios construyeron en ventiocho dias una carretera de la
capital de la provincia hasta la costa, en una carga en que participaron diez
mil indios trabajando casi las veinticuatro horas del dia, para demostrarles a
los sefiores del pueblo que ellos eran capaces de realizar hazafias que, sin duda,
finicamente ellos podian cumplir. En el moment de la entrega de la carretera,
Ilegaron cuatro alcaldes de las comunidades del pueblo de Puquio, y al tiempo
de entregar la carretera le dijeron en quechua a las autoridades del pueblo:
"Aqui esti el cami6n, ya hemos construido la carretera. Si la comunidad lo
decide, podrA hacer un socav6n por debajo de las montafias, de aqui hasta el
mar".

De modo que en el pueblo de San Juan de Lucano, donde pas6 mi nifiez,
aprendi un odio y una ternura inextinguibles; en este otro pueblo tuve la
impresi6n indestructible de todo lo que podia ser capaz la poblaci6n indigena
si asi lo decidia.
En el tercer relate, que abarca ya una region del pais, se muestra y se
interpreta otro sector y otro problema del Peri como pais. El personaje princi-
pal son los indios de hacienda, estos siervos de hacienda a los cuales los propios
indios de las comunidades les tienen inmenso desprecio.
A un indio que encontr6 en una chicheria de la ciudad capital del de-
partamento le pregunt6 si era indio de hacienda, porque tenia un aspect de
gran humildad y sumamente pobre de vestido, tal como un mendigo; le pregun-
te si era un indio de hacienda y me contest con gran indignaci6n que 61 no
era un indio de hacienda porque esos eran unos miserables a quienes si el due-
fio de la hacienda les decia: "dale tu lengua al perro", sin duda le daban la len-
gua al perro.
Sin embargo, estos indios realizaron tambidn otra hazafia que esta
descrita en "Los Rios Profundos", que ustedes conocen: los siervos de hacienda,
cuando cunde una peste, decide tomar la capital de la provincia para obligar
al cura a decir una misa para que muera la madre de la peste. Y a pesar de
que tratan de impedir el advance de los indios con ametralladoras y con fusiles,
los indios desafian la muerte, toman la ciudad y obligan al padre predicador a
que diga la misa, y luego regresan a las haciendas de las cuales son siervos,
cantando himnos triunfales.
Yo estaba sumamente desolado cuando en los comentarios del libro,
que eran por lo general muy elogiosos, no se descubria la intenci6n de la obra,
hasta que uno de ellos lo dijo expresamente ---precisamente en una revista que
dirigia Romualdo, "Tareas del pensamiento peruano"-, un comentarista que se
llama Lobano: "Si los indios toman una ciudad, a pesar de que se les trata de
impedir el paso con ametralladoras y fusiles, por una causa de orden religioso
y migico, &no seria possible que tomaran el mismo valor y aun much mas si
fueran impulsados por una raz6n de tipo social much mas violenta" Slete
afios despu6s de publicado el libro, los siervos de las haciendas del valle de la
Convenci6n toman las haciendas de la Convenci6n, y va la policia y no los pueden
desalojar porque los indios notifican a los policies que van a quedarse en el si-
tio y que prefieren morir en el sitio, antes de volverse a las miserables tierras
que ocupabain desde muchos siglos antes, que siempre son las mas pobres de
las haciendas. Luego va el ejdrcito y tampoco puede desalojar a los indios que
han tornado las haciendas, hasta que la Junta Militar se ve obligada a dar una
ley de reform agraria exclusive para esta provincia, y esos indios siervos si-
guen siendo ahora duefios de las haciendas que tomaron.
En mi iltimo libro, que se llama "Todas las Sangres", se trata de de-
mostrar la descomposici6n que en ese moment estaba ocurriendo en la zona
mas atrasada del pais, como consecuencia de la apertura de las carreteras, de
mayor vinculaci6n a las regions mas industrializadas; las poblaciones de las
comunidades y de las haciendas invaden las haciendas o se vienen a las ciu-
dades. Y esta descomposici6n de la sociedad andina peruana yo creo que obe-
dece a un plan muy meditado, muy inteligentemente meditado por las classes
dominantes del Peri. Se ha tratado de demostrar en este libro la relaci6n de
poderes y de los mecanismos de dominaci6n, que va desde las potencias que
dominant el mundo, hasta c6mo esas potencias, por intermedio de los grupos
dominantes del pais, aceleran esa descomposicion de la sierra peruana. La for-
ma de explotaci6n de las tierras mediante siervos, que fue buena hasta hace
treinta afios, ahora ya no lo es. Hay la intenci6n planificada de acabar con ese
tipo de explotaci6n de la tierra, y los indios estan siendo desalojados, o ellos
mismos estan abandonando los feudos y se estan convirtiendo en obreros o en
sirvientes en las ciudades.







Unas cuantas cifras, unos cuantos datos les pueden dar a ustedes una
idea muy clara: en la ciudad de Lima hay ahora setecientas mil personas
de habla quechua, y hay tres mil organizaciones, clubes, de residents de los
pequefios pueblos de la Sierra. Es a partir de este moment, hacia 1945, que co-
mienza la narrative que interpreta y muestra los problems de las ciudades, y
aparecen tres autores que muestran esta nueva realidad del pais e interpretan,
ya no el mundo andino sino el mundo de las ciudades. Hay mas, pero nos va-
mos a referir solamente a estos tres, que son muy representatives: Enrique
Congrains, Julio Ram6n Ribeyro y Mario Vargas Llosa.
Enrique Congrains es un joven escritor que interpreta este mundo de los
barrios de Lima, en donde las poblaciones andinas que han bajado de todas es-
tas aldeas y haciendas se incorporan a la ciudad, pero en un process muy dificil
y muy duro; son gente que habla muy poco el castellano, que por eso mismo se
organizan en pequefios clubes que son verdaderos mecanismos de defense frente
a ese monstruo de la ciudad que conocen poco. Y van asi incorpordndose a
la ciudad en un process muy lento, primero de automenosprecio de sus pro-
pias tradiciones culturales, de su misica, de sus danzas, y luego, una vez orga-
nizados en estos pequefios clubes, bailan a escondidas sus danzas antiguas,
celebran sus fiestas y son una cantidad tan grande que han empezado a indige-
nizar estas capitals, que eran antes tan coloniales y ahora estan tan podero-
samente influidas por la cultural norteamericana.
Enrique Congrains ha escrito various cuentos excelentes, que described
este tipo de hombre emergente de un tipo de cultural todavia muy amorfa, muy
confusa. Los ciudadanos pretenden dejar de ser campesinos, pretenden dejar
de ser indios, y no lo consiguen; en sus fiestas comienzan por bailar danzas de
moda (las bailan en una forma bastante grotesca) y al final, cuando ya estan
muy ebrios, se olvidan, echan a un lado esas danzas y se ponen a bailar sus bai-
les y a cantar en quechua. Este tipo de hombre confuso vive en barriadas sin
agua, sin luz, que son inmensas (hay, como les digo, una poblaci6n de unos seis-
cientos o setecientos mil habitantes). Congrains, con una gran autenticidad, ha
logrado escribir dos o tres cuentos excelentes sobre ese mundo.
Ribeyro ha escrito unos relates sobre la clase media de Lima, y tiene
tambi6n much sobre este mundo de las barriadas. Tiene un cuento que es
muy famoso, que se llama "Gallinazos sin Plumas", que es una imagen atroz
de la vida inenarrablemente cruel en que viven muchas de estas gentes. Los
"Gallinazos sin Plumas" son la gente que vive de la basura; los cerdos acaban
por comerse a los hijos de las personas que crian los cerdos.
Es un autor con muy buena information de la literature de occidente,
en especial de las lenguas francesa e inglesa, pero Ribeyro describe un mundo
sombrio, esc6ptico. Todos sus relates dejan una sensaci6n de impotencia fren-
te a las fuerzas que determinan esa situaci6n de gran inferioridad y de gran
crueldad en que vive esta secci6n de la poblaci6n, especialmente de Lima.
Bueno, casi todos ustedes deben conocer dos libros de Mario Vargas
Llosa. Mario Vargas Llosa ha recogido todo el material de la narrative peruana,
de la narrative latinoamericana, y lo ha tratado luego con conocimiento legiti-
mo, intimo, de todas las tecnicas de la literature occidental. Y con esos instru-
mentos ha tratado primero el mundo de la ciudad en "La Ciudad y los Pe-
rros", y ha hecho un friso general del pais en "La Casa Verde". Su obra ofrece
los materials iperuanos: el mundo del hombre peruano y el paisaje peruano en
simbolo y en personajes de tipo much mas universal, mas sublimado y, por lo
mismo, much mas accessible a un pfblico international.
Pero algunos tenemos la impresi6n de que "La Ciudad y los Perros" y
"La Casa Verde" tienen un tono un poco sombrio y un poco esc6ptico.
Los libros anteriores a los de Vargas Llosa estan cargados de la mate-
ria del paisaje y del hombre peruano, emocionales, director, quizds en una
forma que podriamos llamar un poco mas bruta. Ni Ciro Alegria ni yo sabe-
mos lenguas extranjeras; no somos hombres tan entendidos en la tecnica de
la narraci6n; hemos descrito este mundo de la mejor manera que hemos podi-
do hacerlo, pero lo hemos hecho de una manera enteramente direct, quizes
sin intenci6n de gloria, con el prop6sito de revelar un mundo multiple, quizas
lo mAs complejo del mundo, en cuanto a la diversidad de elements, de cargas
espirituales que hay en cada uno de lo individuos de este pais, en el cual hay
diez mil afios de ejercicio de la inteligencia y de la habilidad manual del hom-
bre antiguo; diez mil afios de historic, influidos por una cultural con una tra-
dici6n tan antigua como la native, pero que ha tenido la ventaja de descubrir
elements much mas poderosos. Sin embargo, la interinfluencia de estos dos








materials forma una diversidad infinita de mezclas, de grades de mezclas,
entire las dos cultures: todo esto movi6ndose en un paisaje en que la poblacl6n
mayor esta entire los 2.500 y 4.500 metros de altura, donde seguramente hay
abismos como seguramente no existen sino en la zona de las grandes monta-
fias de Asia.

La cuesti6n es que uno se mete en una quebrada en el Perfi, levanta la
cabeza, domina dos mil metros de altura, y a lo largo de los dos mil metros de
altura hay centenares de andenes, algunos abandonados por la cultural actual,
pero que estuvieron totalmente cultivados en la 6poca antigua, y donde se en-
cuentran poblaciones, arboles y cultivos.
Nosotros tenemos en el Periu todos los climas del mundo y, por eso
mismo, tenemos frutas y frutos de todos estos climas durante todo el afio: te-
nemos tomatoes todo el afio, naranjas todo el afio y choclos todo el afio. No ne-
cesitamos esperar de la rotaci6n de las estaciones, porque tenemos todas las es-
taclones funcionando al mismo tiempo.
Pero tambi6n, por lo mismo, vivimos de diversidades verdaderamente
infinitas. Estas diversidades las pueden encontrar en los relatos de Ciro Ale-
gria y en los libros que yo he escrito de una manera muy direct, tal como
pas6 con las canciones de gesta, de una manera no diria exactamente barba-
ra sino con referencia a como hiere cuanto ensefia lo barbaro, y como uno pue-
de contaminarse de la material de ese lenguaje barbaro. Todo ese material es
elevado a un nivel distinto, a un nivel international, por Vargas Llosa. Pero por
lo mismo ese material se ha adelgazado.
Y para terminar, una ultima referencia. Nosotros empezamos a escribir
hacia 1934, cuando creiamos que la justicia social estaba a la vuelta de la esqui-
na. Teniamos una fe formidable en que la justicia social la iba a conquistar el
hombre en muy poco tiempo.
Ciro Alegria estuvo preso y se escape de ser fusilado por milagro, des-
puds de haber sido perseguido como una fiera durante tres dias por las monta-
fias. Yo tambi6n estuve preso unos tres meses, y escribi un relate de la prisi6n, al
cual me he olvidado de referirme. Es un buen relato. 6Y saben ustedes por que?
Porque en las prisiones estaba lo peor y lo mejor del Peril: estaban las gentes
mas depravadas, las mas castigadas por la maquinaria de opresi6n social, por la
miseria y tambi6n por las torturas de tipo policial; pero estaban tambi6n los
lideres de los movimientos obreros, de los movimientos politicos, las personas
mas puras que yo he conocido en este mundo; las depravaciones sexuales mas
monstruosas; y los espiritus que creian de una manera verdaderamente con-
tagiosa (y contagiosa para siempre) que el hombre sera capaz de veneer todas
las cosas que ahora lo hacen imperfecto, aunque el hombre enteramente per-
fecto no dejamos de reconocer que debe ser algo aburrido.
En cambio, los narradores actuales, los j6venes actuales no estan movi-
dos por una convicci6n tan profunda, tan s6lida, de que la victoria del bien so-
bre el mal es tan inmediata. Ahora se tiene la impression de que esa lucha va a
ser muy larga y va a ser muy dura. En el mismo Vargas Llosa, en "La Ciudad y
los Perros", el triunfador es military, es el military el hombre que sale alli como el
hombre mas positive. Los otros son destrozados. Entonces los narradores jove-
nes, a diferencia de los poetas, ven la realidad social del pais quizas de una ma-
nera mas real, mas direct, mas intima; estan llenos de esperanza, pero al mis-
mo tiempo estan un poco desesperados.









"Jose M. Arguedas se fue muriendo de Peru..."















Francisco Igartia
REVISTA "OIGA" (1969)
LIMA PERU


Centre 1grimas y canticos quechuas fue conducido al cementerio
de Lima...


De un balazo en la sien, frente a un
espejo para que su maltrecha mano no
errara el disparo, se fue de entire los
vivos Jos6 Maria Arguedas, novelist
insigne y peruano cabal. Este acro, que
concluy6 dias despu6s en un echo de
hospital y que nunca dejar6 de asom-
brar a sus espectadores, quiso que se
produjera en los claustros de La Moli-
na, porque entire sus amores en la
vida tuvo lugar preferente la universi-
dad. A ella, a profesores y alumnos,
le ha dejado un hermoso mensaje de
aliento que los diaries del mi6rcoles
han publicado, contrariando los temo-
res de Jose Maria. A mi, a esta redac-
ci6n de OIGA>, me describe una car-
to de despedida y me confia otros do-
cumentos que trasmiten la angustio-
so y angustiante preocupaci6n que tu-
vo siempre por su adorado Periu y por
la lucha del hombre, aqui y en todas
parties, hacia su perfeccionamiento


social y spiritual. iA 6l si que le do-
lia, y much, el Per6! iMe consta des-
de tiempo atr6s! Desde hace muchos
meses, cuando a pesar de nuestra
relativamente escasa relaci6n de amis-
tad me hizo confidence de sus inquie-
tudes por el destino de esta patria a
la que quiso tanto. Tanto que no
seria exageraci6n decir que Jos6 Ma-
ria Arguedas se fue muriendo de
Peri. Su actitud no se debi6, sin
embargo, al pesimismo. Todo lo
contrario: Arguedas tenia fe, enorme
confianza en el future peruano, y no
tuvo temor en expresar hace algunos
meses, en un articulo publicado en
<, su esperanzada simpatia par
las medidas revolucionarias de nuestra
Fuerza Armada y par aquellos oficia-
les a los que en aros idos miraba con
desconfianza , que lI creia
invencible. Coma lo explica en sus car-







tas postumas, el no se va de ia vida
porque no encuentra horizonte para
los ideales de los hombres que pien-
san como 61, sino porque se sien-
te incapaz de participar en la lucha,
de ser actor de la revoluci6n que se
est6 gestando en todos los rincones
del mundo. Como estoy seguro -le
dice a Gonzalo Losada- que mis fa-
cultades y arms de creador, pro-
fesor, estudioso e incitador, se han
debilitado hasta quedar casi nulas y
s61o me quedan las que me relegarian
a la condici6n de espectador pasivo e
impotente de la formidable lucha que
la humanidad est6 librando en el Pe-
r6 y en todas parties, no me seria po-
sible tolerar ese destino. O actor, como
he sido desde que ingres6 a la escue-
la secundaria, hace cuarenta y tres
aios, a nada.,>
En las p6ginas siguientes, que me
dej6 Jos6 Maria para ser publicadas
en ciar el legado politico de un escritor
que se destroz6 la vida de tanto amor
a su pais. Es un mensoje simple, no de
politico sino de literate, que ofrece
dificultades de lecture por estar en-
tremezclado -en lo que respect a
la carta dirigida al famoso publi-
cista argentina Gonzalo Losada- con
largas explicaciones sobre los valores


literarios de su ultima novela -que
concluye precisamente con su suici-
dio- y algunas consideraciones so-
bre los derechos de sus obras. El ca-
pitulo final de su cdetenidac novel,
done se repite y extiende el mensa-
je, son las l6timas palabras de un al-
ma tremendamente atormentada, cu-
ya tr6gica y conmovedora muerte fue
minuciosamente planeada, como se
ve en los documents que dej6. Po-
dia reverse en las lines que me es-
cribi6 desde Santiago de Chile. Est6n
fechadas el 7 de julio de este aio
y dicen asi:cQuerido Paco: luego de
revisor los dos 61timos n6meros de
Oiga>, que acabo de recibir, he es-
crito especialmente para tu revista
ese articulo sobre el Ej6rcito perua-
no. Ojal6 te parezca bien. Pocas ve-
ces he escrito algo con tanto esfuerzo
para mantener el temple. Estaba al-
go d6bil porque venia saliendo de una
bronquitis con sinusitis y siete dias de
coma. T6 bien sabes cu6nto admiro
y oprecio tu trabajo y los de la redac-
ci6n de la revista. Te lo he dicho mu-
chas veces. Si ella no existiera, acaso
ni hubiera tenido la verdadera feli-
cidad de escribir con libertad y ener-
gia este articulo. iQue todo sea por
nuestro Per6 amado! La vida par 61,
Paco. Te abraza, Jos6 Maria".









Documents p6stumos de

Jose Maria Arguedas



Carta a la Universidad Agraria del Per(



"La Molina, 27 de noviembre de 1969.

Sefior Rector de la Universidad Agraria. J6venes estudiantes:
Les dejo un sobre que contiene documents que explican las causes de
la decision que he torado.
Profesores y estudiantes tenemos un vinculo comin que no puede ser in-
validado por negaci6n unilateral de ninguno de nosotros. Este vinculo exis-
te incluso cuando se le niega: somos miembros de una corporaci6n creada
para la ensefianza superior y la investigaci6n. Yo invoco este vinculo o lo
tomo en cuenta para hacer aqui algo considerado como atroz: el suicidio.
Alumnos y profesores guardian conmigo un vinculo de tipo intellectual que se
supone y se concibe debe ser generoso y no entrafiable. De ese modo recibiran
mi cuerpo como si 6l hubiera caido en un campo amigo que le pertenece, y
sabran soportar sin agudezas de sentimiento y con indulgencia este hecho.
Me acogeran en la casa nuestra, atenderan mi cuerpo y lo acompafiarin
hasta el sitio en que deba quedar definitivamente. Este acto considerado a-
troz yo no lo puedo ni debo hacer en mi casa particular. Mi casa de todas
mis edades es esta: la UNIVERSIDAD. Todo cuanto he hecho mientras tu-
ve energies pertenece al campo ilimitado de la Universidad y, sobre todo, el
desinteres, la devoci6n por el Periu y el ser human que me impulsaron a tra-
bajar. Nombro por unica vez este argument. Lo hago para que me dispen-
sen y me acompafien sin congoja ninguna sino con la mayor fe possible en
nuestro pais y su gente, en la UNIVERSIDAD, que estoy seguro anima nues-
tras pasiones, pero sobre todo nuestra decision de TRABAJAR por la libe-
raci6n de las limitaciones artificiales que impiden aun el libre vuelo de la
capacidad humana, especialmente la del hombre peruano.
Creo haber cumplido mis obligaciones con cierto sentido de responsabi-
lidad, ya como empleado, como funcionario, docente y como escritor. Me re-
tiro ahora porque siento, he comprobado que ya no tengo energia e ilumi-
nacidn para seguir trabajando, es decir, para justificar la vida. Con el acre-
centamiento de la edad y el prestigio, las responsabilidades, la importancia de
estas responsabilidades crecen y si el fuego del Animo no se mantiene y la lu-
cidez empieza, por el contrario, a debilitarse, creo personalmente que no hay
otro camino que elegir honestamente que el retire. Y muchos, ojala todos
los colegas y alumnos, justifiquen y comprendan que para algunos el retire
a la casa es peor que la muerte.






He dedicado este mes de noviembre a calcular mis fuerzas para descu-
brir si las dos iltimas tareas que comprometian mi vida podian ser realiza-
das, dado el agotamiento que padezco desde hace algunos afios. No. No ten-
go fuerzas para dirigir la recopilaci6n de la literature oral quechua ni menos
para emprenderla, pero con el Dr. Valle Riestra, Director de Investigaciones,
se convino en que esa tarea la podia realizar conforme al plan que he pre-
sentado. Voy a escribir a la Editorial Einaudi, de Turin, que acept6 mi pro-
puesta de editar un volume de 600 paginas de mitos y narraciones que-
chuas. Nuestra Universidad puede emprender y ampliar esta urgent y casi
ag6nica tarea. Lo puede hacer si contrata, primero, con mi sueldo que ha
de quedar disponible y esta en el presupuesto, a Alejandro Ortiz Rescaniere,
mi ex discipulo y alumno distinguido de Levi-Strauss durante cuatro afios
y lo nombra despues. El se ha preparado lo mas seriamente que es possible pa-
ra este trabajo y puede former, con el Dr. Alfredo Torero, un equipo del
mas alto nivel. Creo que la Editorial Einaudi aceptara mi sustituci6n por
este equipo que representaria a la Universidad. En cuanto a lo demas, esta
expuesto en mi carta a Losada y en el "Ultimo Diario" de mi casi inconclusa
novela "El zorro de arriba y el zorro de abajo". Documentos que acompafio
a este manuscrito.
Declaro haber sido tratado con generosidad en la Universidad Agra-
ria y lamento que haya sido la instituci6n a la que mis limitadamente he
servido por ajenas circunstancias. Aqui, en la Agraria, fui miembro de un
Consejo de Facultad y pude comprobar cuan fecunda y necesaria es la in-
tervenci6n de los alumnos en el gobierno de la Universidad. Fui testigo de
c6mo delegados estudiantes fanatizados y algo brutales fueron siendo gana-
dos por el sentido comin y el ESPIRITU UNIVERSITARIO cuando los
profesores en lugar de reaccionar s61o con la indignaci6n lo hacian con la
mayor serenidad, energia e inteligencia. Yo no tengo ya desventuradamente
experiencia personal sobre lo ocurrido durante los trece meses ultimos que
he estado ausente, pero creo que acaso los cambios no hayan sido tan radi-
cales. Espero, creo, que la Universidad no sera destruida jams; que de la
actual crisis se alzara mis perfeccionada y con mayor lucidez y energia
para cumplir su misi6n.
Las crisis se resuelven mejorando la salud de los vivientes y nunca an-
tes la Universidad ha representado mis ni tan profundamente la vida del
Peru. Un pueblo no es mortal, y el Peri es un cuerpo cargado de poderosa
sabia ardiente de vida impaciente por realizarse; la Universidad debe
orientarla con lucidez, "sin rabia", como habria dicho Inkarri, y los estu-
diantes no estin atacados de rabia en ninguna parte, sino de generosidad
impaciente, y los maestros verdaderos obran con generosidad sabia y pa-
ciente. iLa rabia no!
Dispensadme estas p6stumas reflexiones. He vivido atento a los latidos
de nuestro pais.
Dispensadme que haya elegido esta casa para pasar, algo desagrada-
blemente, a la cesantia. Y, si es possible, acompafiadme en armonia de fuer-
zas, que por muy contrarias que sean, en la Universidad y acaso s61o en ella
pueden alimentar el conocimiento.







AL RECTOR Y ALUMNOS


P. D. Si a pesar de la forma en que muero ha de haber ceremonia y
discursos, les ruego no tomar en cuenta el pedido que hago en el "Ultimo
Diario" con respect a los musicos, mis amigos, Jaime Durand o Damiin
Huamani, pero si el de Alberto Escobar. Es el professor universitario a quien
mis quiero y admiro, e1 y Alfredo Torero. Anhelaria que Escobar leyera
el "Ultimo Diario". Digo que no se tome en cuenta lo de los muisicos no
por otra raz6n que los inconvenientes de cualquier indole que pueda haber.
Ademas, ese "Diario" es mas que un pedido, expresi6n final de anhelos y
pensamientos. Tambien, si, confirm mi deseo de que, si ha de haber dis-
cursos, que sea un estudiante de La Molina. Dispensadme.
P. D. Espero que mi esposa Sybila Arredondo no tenga inconvenient
en cobrar lo que me corresponda de haber por este mes. Ha de necesitarlo.

J. M. A.


Carta a la Editorial Losada

de Buenos Aires (Argentina)




Santiago de Chile, 29 de agosto de 1969.
(Corregido y reafirmado a mi vuelta, en Lima, el 5 de noviembre)
Sefor Don
Gonzalo Losada
Buenos Aires.
Querido don Gonzalo:
Uno de estos dias me voy definitivamente a Lima. Esta carta se la en-
tregar6n junto con el jUltimo Diario? de los "Zorros", document que aca-
so pueda, como pretend, aliviar la novel de su verdadero aunque parcial
truncamiento. Tendencias y personajes ya definidos -el proyecto era ama-
rrar y atizar en la Segunda Parte- y simbolos apenas esbozados que em-
pezaban a mostrar su entraia han quedado detenidos. Asi los capitulos de
la Primera Parte y los episodios de la Segunda Ilegan, creo, a former una
novel algo inconexa que contiene el germen de otra m6s vasta. Veo aho-
ro que los Diarios fueron impulsados por la progresi6n de la muerte.
eSe acuerda usted que le escribi -me parece que fue en junio-
anunci6ndole que en dos o tres meses m6s concluiria el primer borrador de
los Hervores que me faltaban de la Segunda Parte? Si hubiera podido se-
guir trabajando al ritmo con que lo hacia entonces quiz6 lo habria conse-
guido. Pero me coy6 un repentino huayco que enterr6 el camino y no pude
levantar, por much que hice, el lodo y las piedras que forman esas ava-
lanchos que son m6s pesadas cuando coen dentro del pecho. Quiero de-
jar constancia que el huayco fue repentino pero no completamente ines-
perado. Hace muchos aios que mi 6nimo funciona como los caminos que
van de la costa a la sierra peruana, subiendo por abismos y laderas geo-







16gicamente aon inestables. &Quien puede saber qu6 dia o que noche ha
de caer un huayco o un derrumbe seco sobre esos caminos? La novel ha
quedado, pues, lo repito, no creo que absolutomente trunca sino conteni-
do, un cuerpo media ciego y deforme pero que acaso sea capaz de andar.
Alli est6n, par ejemplo, cuatro hombres indo-hablantes que par la di-
ferencia de sus origenes y destines se expresan y Ilegan a ser en la ciudad
puerto industrial (ese retorcido pulpo fosforescente) distintos castellanos
aunque de procreaci6n semejante; y se encaminan, claro, a puntos o estre-
Ilas unos m6s definidos que otros. Y andan a pasos de otra laya, coda uno.
Y est6n, tambi6n, dos ciudadanos criollos, portehos, muy contrapuestos:
"libre" el uno, Moncada; amancornado el otro, Chaucato. Asi es... Y
hay unos cuantos m6s, a medio hacer; aparte de los Zorros, sus andanzas
y palabras. Unos simbolos, una trompeadura, atajados en el moment en
que ya todo empezaba a encenderse.
Por eso, si a juicio de sus asesores y de usted mismo, don Gonzalo,
el relate aparece como insuficiente, deje a mi viuda que lo ofrezca a cual-
quier editor peruano o de otro pais. Yo no dudo del valor de algunos ca-
pitulos (he alcanzado a recomponer el primero en estos dias) y de la
importancia documental del conjunto. No puedo aventurar un juicio de-
finitivo, tengo dudas y entusiasmos. Ha sido escrito a sobresaltos en una
verdadera lucha -a medias triunfal- contra la muerte. Yo no voy a so-
brevivir al libro. Coma estoy seguro que mis facultades y armas de crea-
dor, professor, estudioso e incitador, se han debilitado hasta quedar casi
nulas y s6lo me quedan los que me relegarian a la condici6n de especta-
dor pasivo e impotente de la formidable lucha que la humanidad est6 li-
brando en el Per6 y en todas parties, no me seria possible tolerar ese
destiny. O actor, como he sido desde que ingres6 a la escuela secundaria,
hace cuarenta y tres aFos, o nada. Debo al auxilio de la doctor Hoff-
mann el haber escrito trece de los catorce capitulos de "Todas las Sangres"
hasta el l6timo hervor.
De usted he recibido, con motive del proyecto de redacci6n de los
"Zorros" y mientras escribia el libro, las m6s nobles, las m6s generosas
carts. Le estoy agradecido, y teniendo en cuenta su buena voluntad le
hago un iltimo pedido: una edici6n popular de "Todas las Sangres" pa-
ra el Peri y el relate sobre Chimbote, si alcanzara a tener demand. Al-
gun dia los libros y todo lo 6til no ser6n motivo de comercio lucrative en
ninguna parte. Yo s6 que usted est6 de acuerdo, en el fondo, con esta
conveniencia y que no ha sido el lucro el estimulo principal de su empre-
sa de editor. Mi viuda estar6 absolutamente de acuerdo con el pedido que
le hago. Ella tiene derecho sabre esos dos libros (x). Adem6s, si acep-
ta usted "El zorro de abajo y el zorro de arriba" asi como est6 y man-
tiene su decision de disponer la edici6n inmediata, le pido insertar a ma-
nera de pr6logo el breve discurso que pronuncie cuando me entregaron el
premio "Inca Garcilaso de la Vega", y que mi viuda, Sybila (acero y pa-
loma), y mi amigo Emilio Adolfo Wesphalen se encarguen de revisor las
pruebas y le aconsejen respect de la edici6n. Emilio Adolfo es mi amigo
desde 1933; no ha hecho concesiones interesadas nunca y creo que es el
poeta y ensayista que m6s profundamente conocia y conoce la literature
occidental y quien muy several y jubilosamente apreci6 y difundi6 la lite-
ratura peruana, oral y escrita, desde las revistas que ha dirigido y dirige.
A 61 y al violinist M6ximo Dami6n Huamani, de San Diego de Ishua, les
dedico, temeroso, este lisiado y desigual relato.
Reciba usted un abrazo de despedida de su amigo,
Jos6 Maria Arguedas.














I artas

a sU

esposa

Sybila Arredondo

L. de Guevara




















Molina, 27 de noviembre de 1969.

Sybi, amor:
He dejado en la Universidad un
document de tres hojas de estas, di-
rigidas at Rector y a los estudiantes.
Y copia de la carta a Losada, del
"Ultimo Diario". Te dejo copia de mi
especie de testamento y fotocopia del
document al Rector y alumnos.


Me voy de la vida sin mas agobio
verdadero que el dejarte y dejar a Ca-
rolina (hija de Sybila). Pero verdade-
ramente tengo un cansancio incurable.
Has de comprender que la cesantia
es peor que la muerte para mi. Me
asusta algo la congestion de cuestio-
nes que mi desaparici6n ha de causar-
te, pero tengo fe en tu fortaleza y tu
generosidad para con nuestros seme-
jantes, en tu decision de realizar tu vi-
da como yo la he realizado, con me-
nos temple, pero quiza con algo de
mas amor.
Comprende y cree en esto: Sin ti
seguramente me habria extinguido an-
tes. Te siento inocente y pura. Te pido
algunas cosas en nombre no s6lo de
nuestro amor, sino de nuestros ideales.
Cuida la edici6n de los "Zorros". Si
Losada no lo aceptara como esta, ofre-
celo a Siglo XX o quiza a una edito-
rial peruana. Ustedes con E. A. decidan
si debe ir en el libro la carta a Losada.
Acepta los derechos de "Todas las
Sangres", de "Los Dioses y Hombres";
te correspondent. Gestiona tu montepio
con Julio Salas. De inmediato te darin
el 80%. Creo que tienes derecho a
otros pequefios de la Universidad de
San Marcos.
Guarda el zorrito de plata para Ca-
rolina. No si c6mo hards para que en-
tienda mi desaparici6n.
Enviale a Celia (su ex mujer) la co-
rrespondencia con Forum, y si llega el
anticipo, enviaselo tambi6n, y el con-
trato con la Universidad de Chile.
"Todas las Sangres", que queda pa-
ra ti, es mi mejor obra. No la recha-
ces. iNo me rechaces! Creo que produ-
je todo lo que de mi podia esperarse.
Ojala te quedes en Lima y te cases s6-
lo cuando estes muy segura. Te ruego
seguir Ilevando mi apellido, cosa que
anhelo con orgullo. Te admiro y te
amo, tfi sabes bien con cuanta hor
dura te he amado, quizai con demasia-







da sujeci6n o dependencia. Pero asi me
former. En cambio, tun eres un espiritu
redondo, independent y con una sa-
nidad y autodefensa excepcionales.

Con los fondos de la Mutual puedes
comprarte un departamento en el afio
entrante o lo mas pronto.
Cobra mi sueldo de la Universidad
Agraria, de noviembre, y de mi pen-
si6n. No ha de haber inconvenient.
En fin, creo que no tendras angustias
econ6micas por algun tiempo. Si deci-
des irte a Chile tendrias ciertas pers-
pectivas econ6micas inmediatas, pero
el porvenir a largo plazo esta aqui
creo, amor mfo, para ti: el. (pala-
bra ininteligible), el huaylas, los cam-
pesinos a quienes has aprendido a
amar. Ellos son ahora mi imagen, mi
compaiifa, la continuaci6n de nuestra
tarea.

Las cartas con Hugo no se c6mo las
publicaris. Ojala 61 no se avergiience
de mi ni tu tampoco. He vivido y tra-
bajado fuerte. En ti conoci cl amor,
el verdadero, pero no pudo florecer
bien a causa de mis dolencias y acaso
un poco por la diferencia de sensibili-
dades y de la edad. No he podido de-
serranizarme. Pero alcance un estado
de felicidad que, a instantes, como un
insensato, lo consideraba inmerecido.
Amor, s6 que me comprenderas, que
te elevaras por sobre todo y haras las
cosas de modo que quedes firme y al
servicio de nuestro pueblo. Te beso en
tus ojos que tanto he amado y que
tanto he querido y que ilegaron a ser
part de mi mismo.


Molina, 28 de noviembre de 1969.

Sybi, amor querido, amor:

jPerd6name! Desde 1943 me han
visto muchos medicos peruanos, y des-
de 1962, Lola de Santiago; y antes
tambien padeci much con los insom-
nios y decaimientos. Pero ahora en
estos iltimos afios, tu lo sabes, ya casi
no puedo leer, no me es possible escri-
bir a saltos, con temor. No puedo
dictar classes porque me fatigo. No
puedo subir la sierra porque me causa
trastornos. iY sabes que luchar y con-
tribuir es para mi la vida! No hacer
nada es peor que la muerte y tu has
de comprender y, finalmente, aprobar
lo que hago. jQucdate en el Perui!
Nuestro amor es uno solo con el amor
a este pais tan encantado y algo te-
rrible, de tanto poder y cadenas que
tiene. A trav6s mfo aprendiste a amar
su musica y danzas, su campesinado
quechua, tan dulce, tan puro e inque-
brantablemente fuerte. Amar la Para-
da, los coliseos, los clubes de los pue-
blos; a Maximo, a Jaime, a Alfredo
Tudero, a Emilio, a Adolfo, a Alberto,
a Racina, Mariano y sus hijos; a Nelly
que ha de necesitarte. iY perd6name,
dispensame, comprendeme! Y encien-
de el acero de tus nervios y de tu
animo.
Te amo, lo sabes, como no es posi-
ble, acaso, hacerlo mas pura e intensa-
mente. Y quedare en ti tal cual soy y
no en la inacci6n, invilido. Acabo lue-
go de haber cumplido con el pais y
por 1e con los pueblos; he dado hasta
donde me era possible.
Te besa en los ojos para siempre,


J os.


So s e.





























Sumario






SERALES
Edmundo Herrera

JOSE MARIA ARGUEDAS, UNA
EXPERIENCIA SIN PARALELO
Julio Flores V.

CUENTOS DE JOSE MARIA ARGUEDAS
Ignaclo Valente

"LOS RIOS PROFUNDOS"
Hernmn Diaz A. (Alone)

LA NUEVA NOVELA INDIGENA
PERUANA
Andrfs Sorel

ENSONACION Y MAGIA EN JOBB MARIA
ARGUEDAS
Mario Vargas Llosa

JOSE MARIA ARGUEDAS, NOVELISTA
DEL PERU PROFUNDO
Cdsar Levano

LOS MITOS QUECHUAS
POST-HISPANICOS
Jos6 Maria Arguedas

"TODAS LAS SANGRES"
Matilde Ladr6n de Ouevara

VASTO CUADRO DEL PERU FEUDAL
Jos6 Miguel Oviedo

CONVERSATION CON JOSE MARIA
ARGUEDAS
Ariel Dorfman

SLA LITERATURE PERUANA
Jos6 Maria Arguedas

"JOSE MARIA ARGUEDAS SE FUI
MURIENDO DE PERU... "
Francisco IgartRa

DOCUMENTS POSTUMOS DR JOSE
MARIA ARGUEDAS


















OBRAS DE JOSE MARIA ARGUEDAS


Agua, cuentos, 1935.

Yawar Fiesta, novela, 1941.

Canciones y Cantos del Pueblo Quechua, 1948.

Cuentos M'gico-Realistas

y Canciones de Fiestas Tradicionales
en el valle del Mantaro, 1953.

Diamantes y Pedernales, novela, 1954.

Los Rios Profundos, novel, 1959.

El Sexto, novela, 1961.
Todas las Sangres, novela, 1964.
Amor Mundo, cuentos, 1967.

Dioses y Hombres de Huarochiri.

El Zorro de Arriba y el Zorro de Abajo, novela

p6stuma.




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