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HIDE
 Front Cover
 Introduccion
 Los hechos
 Conclusiones
 Intervencion ilegal
 La conducta de nuestro gobiern...
 Serenidad y cordura
 La fuerza multilateral
 Posicion de la iglesia
 El fantasma comunista






Group Title: cuestión dominicana y la soberanía Argentina
Title: La cuestión dominicana y la soberanía Argentina
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Permanent Link: http://ufdc.ufl.edu/UF00087312/00001
 Material Information
Title: La cuestión dominicana y la soberanía Argentina
Physical Description: 19 p. : ; 19 cm.
Language: Spanish
Creator: Frondizi, Arturo, 1908-1995
Movimiento de Integración y Desarrollo (Argentina)
Publisher: Movimiento de Integración y Desarrollo
Place of Publication: Argentina
Publication Date: 1965
 Subjects
Subject: Self-determination, National -- Argentina   ( lcsh )
History -- Influence -- Dominican Republic -- Revolution, 1965   ( lcsh )
Foreign relations -- United States -- Latin America   ( lcsh )
Foreign relations -- Latin America -- United States   ( lcsh )
Genre: non-fiction   ( marcgt )
Spatial Coverage: Dominican Republic
 Notes
Statement of Responsibility: Arturo Frondizi.
General Note: Cover title.
 Record Information
Bibliographic ID: UF00087312
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: oclc - 31963267

Table of Contents
    Front Cover
        Page 1
        Page 2
    Introduccion
        Page 3
    Los hechos
        Page 4
        Page 5
        Page 6
    Conclusiones
        Page 7
        Page 8
    Intervencion ilegal
        Page 9
    La conducta de nuestro gobierno
        Page 10
        Page 11
    Serenidad y cordura
        Page 12
        Page 13
    La fuerza multilateral
        Page 14
    Posicion de la iglesia
        Page 15
    El fantasma comunista
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Full Text

ARTURO FRONDIZI


LA QUESTION DOMINICANA
Y
LA SOBERANIA ARGENTINA


1965

















































$ 20.-







ARTURO FRONDIZI


LA QUESTION DOMINICANA Y LA

SOBERANIA ARGENTINA


(Disertaoidn pronunoiada por LS5 Badio R'ivadavia de
Buenos Aires y otras emisoras del interior del pais, el
6 de junio de 1965).


El problema de la Rep6blica Dominicana afecta a la
soberania de ese pais, pero tambi6n afecta a la soberania
argentina y al destiny de la comunidad latinoamericana en
el context mundial.
Par eso es indispensable enfocar esta cuesti6n como
un fen6meno muy grave y definitorio, cuyas consecuencias
perdurar6n despu6s que haya cesado la lucha y se olviden
sus sufrimientos y pasiones.
Para nosotros, los argentinos, el an6lisis profundo de
este episodio es imperative par dos razones: primero, por-
que la Argentina es miembro de una sociedad continental
que ha sido agredida y subvertida; segundo, porque la con-
ducta de nuestro gobierno ha destruido la continuidad de
una linea de politico international independiente y, al ha-
cerlo, ha sentado un precedent que mahana podr6 servir
para vulnerar nuestra propia soberania y autodetermina-
ci6n.
Tenemos todos la obligaci6n de no dejarnos atrapar
par los lugares comunes y las improvisaciones dictadas por
las circunstancias dram6ticas que rodean el suceso en si
mismo. Si hay algo evidence en el caso dominicano es que


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ha privado la ofuscaci6n sobre el discernimiento en quie-
nes tenian la obligaci6n de actuar reflexivamente y con
responsabilidad. La secuela de esta ofuscaci6n de alto nivel
la estamos viendo en sus manifestaciones secundarias. En
todo el continent, la agitaci6n se canaliza por las vias
m6s f6ciles: "imperialismo", invasionn", "subversi6n" y
"represi6n". A media que aumenta la presi6n de la pro-
paganda de los diversos contradictores, m6s confuso se
torna el problema. En esta forma se pierde contact con
la realidad. Y, sin embargo, lo 6nico que interest es la
realidad, el hecho objetivo que se present a nuestra inves-
tigaci6n y nuestro an6lisis. Porque de esta apreciaci6n
objetiva -y solamente de ella- podremos extraer los da-
tos de la experiencia que han de servirnos para definir nues-
tra conduct national permanent en episodios como el
actual.


LOS HECHOS


Empecemos, pues, por identificar claramente los he-
chos:
1.- El episodio dominicano comenz6 con un levan-
tamiento military contra un gobierno que no era el gobierno
legitimo de la Republica Dominicana, sino fruto de un alza-
miento anterior contra el gobierno del senor Bosch, elegido
libremente y por el sesenta por ciento de la ciudadania.
2. No se trat6, entonces, de un movimiento sub-
versivo contra las autoridades legales del pais, sino de un
golpe de mono contra otro golpe de mono.
3. -Caido el Triunvirato, las fuerzas militares domi-
nicanas se dividieron en dos facciones: una tenia por ob-
jetivo la restauraci6n del gobierno legal del senor Bosch;
otra postulaba la formaci6n de un nuevo regimen de facto.
4. -7- Los hechos constituian, por lo tanto un caso
evidence de conmoci6n interior.


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5. Cuando se intensific6 la lucha, el gobierno de
los Estados Unidos decidi6 evacuar a sus nacionales resi-
dentes en la isla, facultad perfectamente legitima. Para
proteger dicha operaci6n dispuso el desembarco de los pri-
meros efectivos de infanteria de marina. La evacuaci6n
se cumpli6 integramente en 48 horas, pero no se dispuso
el retire de las tropas. Habria que preguntarse si se ajusta
al derecho international el desembarco de efectivos mili-
tares para evacuar a nacionales de un Estado del territorio
de otro.
6. Lo que desde el primer moment result evi-
dente fue la desproporci6n entire el objetivo anunciado y la
magnitude de la fuerza military desembarcada. De alli que el
gobierno de W6shington diera otra explicaci6n que reem-
plaz6 a la primer. Adujo que su embajada en Santo Do-
mingo y los Servicios de Informaciones disponian de pruebas
de la participaci6n comunista en uno de los bandos en
lucha, lo que permitia prever que la Rep6blica Dominicana
podia convertirse en otra punta de lanza del comunismo
en el hemisferio. Un enviado especial del Presidente John-
son confirm esa explicaci6n a los gobiernos latinoameri-
canos. Simult6neamente, y durante various dias, fue lanza-
do una intense campaia psicol6gica que, con diversos pro-
cedimientos, intent subroyar la importancia de la aducida
penetraci6n comunista y demostrar la sospechosa filiaci6n
de algunas de las principles figures del bando que comen-
zaba a autodenominarse como constitutionall".
7. El gobierno norteamericano tom6 esta decision
sin consulter al Consejo de la OEA ni al Consejo de Segu-
ridad de las Naciones Unidas. Proclam6 la doctrine de que
Estados Unidos tiene derecho a estas intervenciones unila-
terales cada vez que su gobierno consider que est6 en
peligro la seguridad national de los Estados Unidos, aun
en el caso de tratarse de una guerra civil intern en cual-
quiera otra naci6n del mundo. Este hecho significa la renun-
cia a los dos sistemas de seguridad colectiva a que ha
adherido el gobierno de W6shington: el sistema de la OEA
y el sistema de las Naciones Unidas.







8. El Consejo de la OEA fue convocado urgente-
mente para examiner el double aspect del problema: pri-
mero, el hecho de la intervenci6n unilateral de un Estado
miembro en otro Estado miembro; segundo, establecer si
la conmoci6n en la Rep6blica Dominicana constituia uno
de los casos de agresi6n o amenaza a la paz del continent
que reclama la intervenci6n del organismo, dentro del mar-
co bien delimitado de las prescripciones de la Carta de
Bogot6 y de la Carta de las Naciones Unidas.
9. El Consejo de la OEA soslay6 ambos problems.
No cuestion6 la intervenci6n norteamericana ni examine el
conflict interno de la Rep6blica Dominicana a la -luz del
mecanismo de seguridad colectiva en caso de agresi6n o
amenaza a la pbz. Simplemente resolvi6 intervenir, por
media de una comisi6n de paz y de la creaci6n de una
fuerza interamericona que prestaria el pabell6n a las tropas
de Estados Unidos, dando a esta intervenci6n un car6cter
"sui generis" y totalmente ajeno a las prescripciones espe-
cificas de la Carta de Bogot6. Fue una intervenci6n de
hecho, no de derecho. Su justificativo tampoco fue juridico,
sino pr6ctico: el impulse humanitario de evitar el derrama-
miento de sangre en una lucha civil en el territorio de un
Estado miembro. Incidentalmente, cabe seialar que la in-
tervenci6n no ahorr6 ninguna vida, sino que signific6 ia
prolongaci6n de !a guerra civil y la diaria inmolaci6n de
decenas de dominicanos, que suman hoy varies millares.
Par primera vez en la historic de la OEA, el organismo
continental se siente obligado a intervenir por propia y
exclusive decision en un conflict interno, de los muchos
que se han sucedido en nuestra America desde la funda-
ci6n de la OEA.
10. Finalmente, el asunto fue planteado en el Con-
sejo de Seguridad de las Naciones Unidas, como una de-
nuncia de agresi6n contra los Estados Unidos por su inter-
venci6n unilateral en la Rep6blica Dominicana. Por primer
vez, un Estado latinoamericano, Uruguay, apoy6 la potestad
de las Naciones Unidas para considerar un conflict sur-


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gido en el seno de la comunidad hemisf6rica, aunque la
cuesti6n estaba siendo examinada par la OEA. Si bien la
Carta de las Naciones Unidas establece claramente la pri-
macia de la organizaci6n mundial sobre los sistemas regio-
nales, la pr6ctica habia sido bloquear el Consejo de Segu-
ridad mientras actuaba la OEA. Asi se habia procedido en
los casos de Cuba, Guatemala, Panam6 y Haiti versus
Rep6blica Dominicana.
El Consejo de Seguridad no se pronuncia sobre la de-
nuncia de agresi6n, pero instruye al Secretario General para
que envie una misi6n de exploraci6n sobre el terreno. El
Consejo aprueba esta media por unanimidad, con lo que
triunfa la tesis correct de la universalidad de las Naciones
Unidas sabre la regionalidad de la OEA, tal como lo esta-
blecen los articulos 52 y 53 de la Carta de San Francisco.


CONCLUSIONS


Hasta aqui los hechos. De ellos se deducen conclu-
siones bastante claras, a sober:
1. En la Rep6blica Dominicana existe un estado de
conmoci6n internal. No existe element alguno que abone
la tesis de que este conflict estrictamente dominicano haya
sido fomentado o ayudado desde el exterior, ni que tenga
caracteres que hagan temer su propagaci6n a naciones ve-
cinas y pongan en peligro la seguridad y la paz interna-
cionales.
2. Tanto el sistema de la OEA como el sistema de
las Naciones Unidas han sido establecidos inicamente pora
preservar la seguridad y la paz internacionales. Los princi-
pios b6sicos de ambas organizaciones son los de respeto a
la autodeterminaci6n de los pueblos y de no ingerencia en
sus asuntos interns. Una revoluci6n, por sangrienta y la-
mentable que sea, es un asunto interno, mientras no sea


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promovida desde el exterior o menace propagarse hacia
otras naciones.
3. Mientras no se establezca fidedignamente que la
revoluci6n dominicana pone en peligro la paz del continent
o del mundo, los mecanismos de seguridad colectiva de la
OEA y de las Naciones Unidas no tienen competencia en
el caso. Por consiguiente, no tienen derecho a intervenir
y menos par la fuerza de las armas. La presencia de tro-
pas extranjeras en la Rep6blica Dominicana es un acto de
agresi6n y es indiferente que esas tropas enarbolen el pa-
bell6n de Estados Unidos o de la OEA.
4. Tampoco es aplicable a una revuelta internal el
mecanismo de conciliaci6n y buenos oficios de que se ocu-
pan la carta de Bogot6 y la carta de las Naciones Unidas,
pues dicho mecanismo funciona solamente en caso de con-
troversias internacionales y no de disputes internal. No
obstante, si las parties en una dispute internal se pusieren
de acuerdo para solicitor los buenos oficios o el arbitraje
oficioso de un organismo international o de un Estado o
de la Iglesia, las pr6cticas internacionales no se oponen
a tal procedimiento mediador cuando es convenido par am-
bas parties en el litigio. No es 6ste el caso de la lucha en
la Rep6blica Dominicana, pues ninguna de las parties soli-
cit6 la mediaci6n de la OEA o de las Naciones Unidas.
5. Se ha invocado como precedent para justificar
el envio de tropas a la Rep6blica Dominicana lo ocurrido
en los casos de Cuba, el Libano y el Congo, en los que
intervino el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Esto import desconocer la especifica funci6n que a las
Naciones Unidas corresponde en la actual organizaci6n
mundial. Ellas poseen, por asi decirlo el monopolio de la
aplicaci6n legitima de la fuerza international. Asi lo han
querido -los Estados que han suscripto la carta, concientes
de la garantia que supone la presencia de la comunidad
mundial. Esas son atribuciones del Consejo de Seguridad
y de la Asamblea General, que no correspondent a ninguna
organizaci6n regional. Pcr otrc parts, fantc porqte asj !e
dispone la Carta, como porque lo impone la participaci6n


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y el acuerdo necesario de las naciones, el mecanismo de
seguridad colectiva creado por las Naciones Unidas s61o
puede ponerse en funcionamiento ante una genuina ame-
naza a la paz mundial, que es el bien que se intent pre-
servar y que no se confunde con los intereses de ninguna
potencia.


INTERVENTION ILLEGAL


Estos son los caracteres fundamentals del caso do-
minicano. Se ha intervenido en un asunto estrictamente
interno, sin el consentimiento previo de las parties en
pugna. El hecho de que los contendientes se allanaran
ulteriormente a -la mediaci6n de los organismos internacio-
nales y del gobierno de Estados Unidos no altera la ilegi-
timidad de la intervenci6n. Y, como era de prever, los dos
sectors que se disputan el poder han pasado, de la tran-
sitoria aceptaci6n de la intervenci6n unilateral o colectiva,
a la condenaci6n m6s en6rgica y a las imputaciones de
parcialidad que hoy afectan al propio Secretario General
de la OEA. La presencia de tropas y funcionarios extran-
jeros en la Rep6blica Dominicana cre6 una situaci6n
defacto, que complic6 el conflict y se impuso a la libre
determinaci6n de ambas facciones locales. El 6nico ele-
mento positive de esta situaci6n irregular es que los fac-
tores externos tuvieron que reconocer finalmente que no
'pdian imponer al pueblo dominicano una soluci6n de
fuerza y se limitaron a actuar de gestores de un arreglo
entire las parties que coincide con la voluntad soberana
de los dominicanos. En este sentido, la intervenci6n se ha
condenado a si misma y ha quedado demostrado ante el
mundo que la political de la doctrine Monroe y su corolario
de la political del "garrote" pertenecen a una etapa peri-
mida de la historic mundial. Esperemos que esta lecci6n
sepulte definitivamente la pretensi6n, de cualquier signo
ideol6gico que sea, de imponer una voluntad extrafa al


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desarrollo independiente de las naciones, lo mismo en Afri-
ca y en Asia que en Am6rica Latino.


LA CONDUCT DE NUESTRO GOBIERNO


Insisto en que este episodio ha lesionado no solamente
la autodeterminaci6n dominicana, sino que ha lesionado
tambien, gravemente, la autodeterminaci6n argentina.
Nuestro gobierno ha marchado a la zaga de los interven-
cionistas, los ha apoyado y justificado y, en el process,
ha dejado jirones de la dignldad national. En toda la his-
toria de nuestra vida independiente jam6s cay6 tan bajo
el prestigio international de la Rep6blica. Creo innecesario
sehalar los hitos lamentables de la conduct del gobierno
argentino, sus vacilaciones, contradicciones, hipocresia, ma-
niobras deleznables y atentados contra la dignidad y el
buen nombre international de nuestras Fuerzas Armadas.
Nada ha quedado en pie despu6s de la subalterna conduc-
ci6n del process par los 6rganos responsables de nuestro
gobierno.

Todos los gobiernos argentinos anteriores, sin excep-
ci6n, afirmaron la libre determinaci6n de los pueblos. Se
opusieron a la doctrine Monroe y sus derivados, resistieron
la intervenci6n de las grandes potencias europeas y de
Estados Unidos en los asuntos internos de las rep6blicas
americanas, defendieron nuestra soberania y nuestra auto-
determinaci6n frente a las m6s grandes presiones, tanto en
la vieja Sociedad de Naciones de Ginebra, como en la
Uni6n Panamericana, en la OEA y en las Naciones Unidas.
Los cancilleres y presidents argentinos, S6enz PeAa, Dra-
go, Estanislao Zeballos, Saavedra Lamas, Yrigoyen, Puey-
rred6n, Cantilo, Ruiz Guihaz6, Per6n, Aramburu, mantu-
vieron esa line en las m6s diversas circunstancias y, en
muchos casos, tuvieron el valor civico de enfrentarse in-
cluso a formidable corrientes de opinion internal y a pre-


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siones externas que pretendfan apartar al gobierno de la
tradici6n invariable de nuestra political international.
Aunque no sea nuestro prop6sito emitir juicio sobre
actos de nuestro gobierno, es manifiesto que en esa misma
linea se inspir6 la posici6n argentina en los hechos que
se desarrollaron en los aios 1961 y 1962 y que culminaron
en la Reuni6n de Consulta de Punta del Este. Alli, junto
a otros cinco poises latinoamericanos, la Argentina se
neg6 a crear excepciones en -la vigencia absolute de las
leyes interamericanas a titulo de encarar una emergencia,
por riesgosa que ella fuera.
Lamentablemente, esta posici6n principista del gobier-
no argentino de entonces, se perdi6 en la confusion de 'las
pasiones desatadas contra I6 por los intereses que m6s tar-
de habrian de beneficiarse con el ma-rasmo en que ha
caido la Rep6blica como consecuencia del golpe reaccio-
nario contra la soberania del pueblo. Pero ese precedente
funesto" que mi gobierno no quiso sentar en Punta del
Este, ha servido para justificar la intervenci6n en la Rep6-
blica Dominicana, que ha terminado por confundir y aver-
gonzar a sus propios autores, arrepentidos ya del traspi6
cometido. Y m6s lamentable aun es que el gobierno ar-
gentino actual haya repudiado la honrosa tradici6n del
pais y haya actuado como instrument secundario e inepto
de esta nueva trasgresi6n al derecho de Am6rica. Y no ha
sido, como algunos creen, fruto de la ya cl6sica inope-
rancia de este gobierno. Ha sido una posici6n deliberada
y abonada por el criteria de nuestra actual cancilleria que
destruye totalmente el principio de no intervenci6n. Con-
forme a este criteria oportunista y antijuridico, los 6rganos
del sistema interamericano est6n autorizados a intervenir
en los asuntos internos de nuestros poses cada vez que
alguno de los sectors envueltos en una dispute de political
national se limited a denunciar que el bando adversario
puede ser sospechado de infiltraci6n comunista. Nuestra
,ancilleria invoc6 esta circunstancia para apoyar la inter-
venci6n en la Republica Dominicana, con el lamentable
resumrado que es del dominion p6blico: los intervencionistas


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tuvieron que aceptar el car6cter estrictamente national del
band acusado de influencia comunista y tuvieron que pro-
piciar una soluci6n que reconoce la vocaci6n legalista de
ese grupo. El "fiasco" ha sido realmente ejemplar.

Todos los pueblos de Am6rica, incluso el pueblo amigo
de los Estados Unidos, est6n obligados a extraer de esta
desgraciada experiencia las enseianzas que impida la re-
petici6n de estas intervenciones apresuradas y dictadas por
el miedo. Si no se reacciona en6rgicamente contra el pre-
cedente sentado en la Republica Dominicana, todos nues-
tros pueblos estar6n expuestos a la intervenci6n extranjera
en sus conflicts internos. El mal ejemplo cunde, como lo
demuestra el reciente incident brasilefio-argentino-urugua-
yo, en que las cancillerias de Rio de Janeiro y de Buenos
Aires se vieron obligadas a desautorizar a dos diaries ca-
riocas que postulaban la eventual intervenci6n de Brasil y
Argentina en la crisis uruguaya. Tambi6n se produjo -y,
aunque haya sido negado el hecho existi6- un sondeo
del gobierno de Bolivia ante nuestro gobierno, sobre la
posibilidad de que las Fuerzas Armadas argentinas acu-
dieran en auxilio de las bolivianas para poner orden en la
vecina rep6blica. El s61o enunciado de estas pretensiones
bastaria para sembrar la alarma universal de nuestros
poises ante el absurdo de tales intervenciones. Yo pregunto
a cualquier argentino, del color politico que sea, si est6
dispuesto a requerir la intervenci6n unilateral o multila-
teral -el caso es el mismo- de fuerzas extraias para
poner orden en una eventual conmoci6n political argentina,
de las muchas que hemos tenido y seguiremos teniendo
mientras nuestra naci6n no se consolide y se unifique en
torn de grandes objetivos comunes.


SERENIDAD Y CORDURA


Estas son las reflexiones que deben hacer nuestros
dirigentes y nuestros pueblos cada vez que un episodio


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inherente a nuestra inmadurez political y a nuestro atraso
econ6mico-social estalle en cualquiera de nuestras nacio-
nes. Tenemos la obligaci6n de actuar con serenidad y
cordura, sin dejarnos confundir por informaciones intere-
sodas en perturbar la unidad de nuestros pueblos y sin
dejarnos vencer por la improvisaci6n y la ofuscaci6n, indig-
nas de dirigentes responsables.
Am6rica ha elaborado, con grandes dificultades, un
sistema juridico que ampara su unidad, su cohesi6n espi-
ritual y material, la vocaci6n soberana de pueblos j6venes
que no tienen otra arma que el derecho.
Somos, adem6s, miembros de la comunidad universal
de las Naciones Unidas, en la que hemos delegado la pre-
servaci6n de la paz y la seguridad del mundo. Con todos
sus defects, con todas las lagunas propias de entidades
internacionales que no tiene car6cter de superestados, estos
organismos han sido eficaces hasta ahora para evitar la
guerra y la destrucci6n y para fomentar, siquiera sea en
grado incipiente, la cooperaci6n econ6mica para el desarro-
Ilo de las regions atrasadas.
Estamos hist6ricamente obligados a sostener estas di-
ficiles conquistas del derecho international. Estamos obli-
gados a respetar su jurisdicci6n, a acatar sus decisions, a
no usarlas de escudo para proteger ninguna aventura par-
cial, ninguna hegemonia contraria al principio irrenunciable
de la igualdad juridica de los Estados.
Coda vez que pretendemos usar estos delicados meca-
nismos de seguridad colectiva para beneficio de una ideo-
logia o de un interns extra0os a la doctrine comun de la
paz y de la legalidad, estamos atentando contra la sobe-
rania y la seguridad de nuestras patrias, que esas entidades
est6n Ilamadas a preservar. Al destruir la legalidad del
sistema, quedamos inermes frente a cualquier atentado
contra la legalidad individual de sus miembros.
Nt es verdad que Ic lucha contra la penetraci6n del
comunismo nos aurorice a soslayar el principio de no inter-


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venci6n y a contester la violencia con la violencia. Esta no
es una norma admitida en la convivencia social de los
hombres ni de los pueblos. Si un delincuente viola la ley,
eso no nos autoriza'a violar la ley para castigarlo. La
norma de "ojo por ojo, diente par diente" ha sido deste-
rrada de la ley divina y del derecho de los hombres.


LA FUERZA MULTILATERAL


Estas reflexiones tienen especial importancia ante el
proyecto de creaci6n de una fuerza international perma-
nente dentro de la OEA. Tal fuerza pretend consagrar,
juridicamente, el principio de intervenci6n colectiva, fun-
dado en la idea de la prevenci6n del riesgo comunista. Es,
ni m6s ni menos, que una doctrine de intervenci6n preven-
tiva, basada en los mismos mecanismos psicol6gicos que
hace algunos aios permitieron a algunos sectors extre-
mistas desarrollar la doctrine de la guerra preventive, hoy
felizmente superada.
La fuerza multilateral contradice el orden internacio-
nal vigente. No lo autoriza ni la letra ni el espiritu de la
Carta de la OEA y much menos de las Naciones Unidas.
Tampoco es compatible con los prop6sitos y las disposicio-
nes especificas del Tratado de Rio de Janeiro. Aunque este
tratado prev6 la aplicaci6n de sanciones contra la agresi6n
international, salvaguarda expresamente la soberania na-
cional cuando se dispone el uso de la fuerza armada. Fue-
,ron los propios Estados Unidos los que insistieron en la
inclusion de ese principio, para preservar sus mecanismos
constitucionales y la soberania del pueblo norteamericano
que no quisieron quedara subordinada a ningun organismo
international. Inclusive en pactos defensivos como la
NATO, queda librada a la voluntad y discreci6n national
de cada Estado miembro, la respuesta a la agresi6n de
que pueda haber sido victim un aliado. Todos estos instru-
mentos proscriben terminantemente las respuestas autom6-


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ticas que ahora se pretenden desencadenar cuando ocurre
lo que se denomina el "minimo riesgo".
Cabe preguntarse cu6l ser6, en los hechos, el poder
encargado de aquilatar ese riesgo. Considerando la expe-
riencia dominicana, debemos preguntarnos sobre qu6 base
podr6 considerarse que el riesgo de infiltraci6n comunista
es lo suficientemente grande como para justificar la acci6n
colectiva. Estas ideas son sustentadas al mismo tiempo que
se difunde la peligrosa doctrine conforme a la cual no
habria ya mayores diferencias entire las guerras civiles y
las guerras internacionales, principio que tendria validez
s6lo en el caso de que los Estados Nacionales hubieran
delegado su soberania a una entidad supranacional. En es-
tos moments, ese principio no puede tener otro signifi-
cado que la abdicaci6n de la soberania por part de los
poises d6biles.


POSITION DE LA IGLESIA


Hemos sostenido invariablemente en nuestra acci6n
political que no hay nada superior a la ley y que el odio
y las pasiones que nos ofuscan solamente sirven para des-
integrar nuestras patrias y la comunidad international a
que pertenecemos. La historic no nos perdonaria si nos
dej6ramos dividir por el odio en lugar de reflexionar y
actuar unidos para superar en nuestros pueblos el atraso,
la miseria, la ignorancia. Por eso suelo compadecer a quie-
nes han reducido su vision del mundo a una contienda
violent y despiadada entire ideologias y sistemas, cual-
quiera sea el bando en que se listen. El mundo ya no
responded a estos sectarios de la violencia, por m6s que apa-
rezcan justificados por episodios aislados. El mundo mar-
cha hacia una era de paz y de tolerancia, de uni6n y de
cooperaci6n, de eclosi6n irreprimible de la conciencia na-
cional de los pueblos. Debemos escuchar -en esta transi-
ci6n del mundo modern en que perduran aislados resabios


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de odio- la voz eternamente sabia y just de la Iglesia
de Cristo, que se express por labios de sus eminentes pas-
tores. La Iglesia de Roma ha creado una secretaria para
entender en los asuntos relatives a las iglesias protestan-
tes cristianas, otra secretaria para los no cat6licos, que or-
ganiza el di6logo con los ateos y los comunistas, otra se-
cretaria para promover la paz mundial y la coexistencia
pacifica.
Esta es la Iglesia que no expulsa ni cierra sus puertas
al no creyente sino que lo invita a discutir, con los sabios
de la teologia, los grandes problems filos6ficos y humans
de esta coyuntura hist6rica. Hace apenas unas semanas, se
realize en el palacio episcopal de Salzburgo (Austria), con
asistencia de representantes de Su Santidad Paulo VI, un
simposio de studio de la realidad mundial al que fueron
invitados altos dirigentes te6ricos comunistas. Nadie en su
sano juicio podria sostener que el Papa, con esta actitud,
ha demostrado debilidad o sujeci6n a los partidos comunis-
tas. Pero un president argentino fue derrocado, entire otras
razones, porque convers6 con un ministry de Fidel Castro.
Y todavia hay en nuestro pais espiritus obcecados que han
acusado de ser instruments del comunismo a quienes ob-
jetamos la intervenci6n en Santo Domingo. No en balde
siglos de sabiduria separan al Sumo Pontifice de estas su-
puestas vestales de la democracia.


EL FANTASMA COMUNISTA


Todas las esencias y las estructuras de Am6rica son
hostiles a la acci6n de las organizaciones comunistas. La
propia actividad del comunismo international en America
lo ha alejado del pueblo. Todos los grandes movimientos
populares y revolucionarios de America Latina han sido
atacados y condenados por el comunismo, cuyos partidos y
organizaciones han apoyado, en cambio, a las oligarquias


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y dictaduras antipopulares. Los comunistas fueron y son
enemigos de la revoluci6n mexicana; estuvieron con Batista
contra Castro, hasta que el triunfo del movimiento del 26
de Julio les hizo cambiar de t6ctica; votaron en contra
de Bosch en la Republica Dominicana; ataca.ron al apris-
mo peruano; combatieron y ayudaron a derrocar a Yrigo-
yen; fueron enemigos implacables de Per6n, a quien Ila-
moron nazi-fascista; ayudaron a derrocar a mi gobierno,
despu6s de haber votado nuestras lists el 23 de febrero;
apoya-ron a los socialists, a los disidentes de mi partido,
a los radicales del pueblo en diversas circunstancias; com-
batieron a Kubitschek y a Goulart en Brasil; combaten a
Frei y a su gran movimiento de unidad national en Chile;
atacaron a la revoluci6n boliviana. Esta actitud invariable
del comunismo contra los movimientos nacionales y trans-
formadores de Am6rica Latina lo han desacreditado irre-
misiblemente en la opinion de nuestros pueblos.
En cambio, el fantasma comunista ha sido agitado para
socavar la legalidad de gobiernos populares en today Ame-
rica Latina. Y se lo agita para desacreditar a cualquier
movimiento democr6tico que aspira a remover las estruc-
turas del privilegio y del subdesarrollo y a independizar
nuestras economics de la subordinaci6n a los monopolies
internacionales de los combustibles, el acero, la quimica
pesada y la maquinaria.
A esta altura de la experiencia hist6rica de nuestra
comunidad y en presencia de la profunda transformaci6n
que est6n sufriendo las relaciones internacionales, no tene-
mos excuse si persistimos en el error de asignar al comu-
nismo gravitaci6n en nuestros movimientos nacionales de
masas. Lo cual no quiere decir que no existe el peligro
de que el comunismo capitalice y explote la critical situa-
ci6n social de nuestros pueblos. Pero no despejaremos este
peligro con acciones de tipo policial en escala hemisf6rica.
Hay una sola manera de evitar el contagio extremist; con-
siste en fortalecer el espiritu national y unitario de nues-
tros praises; superar enconos y recelos ideol6gicos; desen-
mascarar a quienes nos colocan falsas etiquetas; aprender


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ser6n las armas ni la violencia de arriba las que sofocar6n
las armas y la violencia de abajo.
Las crisis politics e institucionales de America Latina
no son fabricadas por ning6n element m6gico o diab6lico.
Son el fruto del subdesarrollo econ6mico y de la insatisfac-
ci6n de las justas reivindicaciones del pueblo. Las victims
del atraso y el caldo de cultivo de la rebeli6n no est6n
solamente en los estratos humildes. Las fuerzas de la pro-
ducci6n y del comercio, los tecnicos, los intelectuales, la
close media pauperizada, la juventud sin horizontes, com-
parten con los trabajadores la angustiq de esta situaci6n
sin salida.
La cooperaci6n international que necesitan nuestros
pueblos no es la del policia. Necesitamos que las grandes
naciones industriales nos ayuden a hacer la revoluci6n paci-
fica que deseamos hacer, antes que otros hagan la revo-
luci6n de la sangre y el odio. El tremendo error norteame-
ricano en la Republica Dominicana parti6 de la falsa apre-
ciaci6n de los "hchos, de un' diagn6stico equivocado de
la coyuntura dominicana. Los acontecimientos ulteriores
han hecho que los propios norteamericanos rectifiquen su
enfoque y hablen ahora de un vasto plan de ayuda eco-
n6mica a ese pais. Es inconcebible que todavia sean nece-
sarias estas dolorosas y frustradas experiencias para que
la m6s grande potencia mundial comience a comprender
lo que debi6 haber asimilado hace much tiempo, con la
vision de esos dos profetas del porvenir de Am6rica que
fueron Franklin D. Roosevelt y John F. Kennedy.
En cuanto a nosotros, los argentinos, debemos conde-
nar a un gobierno que, por una parte, rechaza la coope-
raci6n econ6mica international y se aisla del mundo y,
por otra porte, convierte al pais en satelite de una aventura
antihist6rica.
Estas son las reflexiones que queria hacer a mis con-
ciudadanos con motive de los sucesos de la Republica Domi-
nicana. Quiera Dios que sirvan para que los argentinos
afrontemos con lucidez la enorme, pero sublime tarea, de
salvar a nuestra propia patria.




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