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 Chile, fertil provincia
 La sociedad nacional de agricu...
 El espectro del hambre
 El despertar del campesino
 La decada del 60: El mundo...
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Group Title: Serie Hoy contamos
Title: La lucha por la tierra
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Permanent Link: http://ufdc.ufl.edu/UF00087231/00001
 Material Information
Title: La lucha por la tierra
Series Title: Serie Hoy contamos
Physical Description: 97, 1 p. : illus. ; 14 x 19 cm.
Language: Spanish
Creator: Reimann, Elisabeth
Rivas Sánchez, Fernando, 1930- ( joint author )
Publisher: Empresa Editora Nacional Quimantu
Place of Publication: Santiago de Chile
Publication Date: 1971
Edition: 1. ed..
 Subjects
Subject: Land tenure -- Chile   ( lcsh )
Agricultural laborers -- Chile   ( lcsh )
Land reform -- Chile   ( lcsh )
TENENCIA DE LA TIERRA -- HISTORIA -- CHILE   ( renib )
TRABAJADORES AGRICOLAS -- CHILE   ( renib )
REFORMA AGRARIA -- CHILE   ( renib )
Genre: bibliography   ( marcgt )
non-fiction   ( marcgt )
Spatial Coverage: Chile
 Notes
Bibliography: Bibliography: p. 98.
Statement of Responsibility: por Elisabeth Reiman y Fernando Rivas.
 Record Information
Bibliographic ID: UF00087231
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: oclc - 02657142
lccn - 73220281

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    Chile, fertil provincia
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    El espectro del hambre
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    El despertar del campesino
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    La decada del 60: El mundo cambia
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DEDICAMOS ESTE TRABAJO
A LOS QUE NO ALCANZARON A VER LA AURORA:
A LAS GENERACIONES DE CAMPESINOS EXPLOTADOS,
Y A TODOS LOS HUMILLADOS Y OFENDIDOS DE LA TIERRA.


Elisabeth Reiman
Fernando Rivas
Agosto 1971.








"... para los que no alcanzaron a ver la aurora,
tambin se hizo la Revolucin."
Comandante Ernesto "Che" Guevara









CHILE, FERTIL PROVINCIAL.

Chile, frtil provincia y sealada
de la region antartica famosa...
Pese a las estrofas de Alonso de Ercilla, Chile fue, para sus descubridores,
todo menos una "frtil provincia", que correspondiera a sus esperanzas y com-
pensara los esfuerzos y gastos de la expedicin. Careca de las riquezas minerales
de Per y Mxico, de fabulosas ciudades y exticas artesanas; se encontraba
en el ltimo rincn del continent, aislado por el mar, la cordillera y el desierto;
no posea, aparentemente, fciles fuentes de riqueza.
"No hay un hombre que desee venir a este pas", escribi Pedro de Valdivia
al rey, tras la primera expedicin de Almagro a Chile, en 1535. Debieron pasar
cinco aos antes de que lograra reunir el puado de ciento cincuenta espaoles
dispuestos a afrontar las penurias de la larga march, y hubo que forzar a tres
mil indios yanaconas del Per a acompaar la expedicin.








Los invasores se encontraron con la furiosa resistencia de los araucanos, tan
diferentes a los apacibles habitantes del valle central. Durante trescientos aos
el dominio espaol se limit prcticamente al norte y centro del pas. El lugar
donde se estableci la primera ciudad, que pese a su sonoro nombre de Santiago
de Nueva Extremadura era ms bien un campamento de paja y barro, haba
sido antes sede de un casero indgena cuyos habitantes aprovechaban las peri-
dicas inundaciones del Mapocho para regar sus sembrados de maz y porotos.
Los espaoles se aduearon de los terrenos cultivados y sus products, expulsan-
do a los primitivos propietarios.


LA BASE DE LA PROPIEDAD AGRARIA: EL DESPOJO.

El mismo sistema sera utilizado para apropiarse de todas las tierras cultivables
del pas. Pero, de acuerdo al carcter legalista de los espaoles, hubo de encon-
trarse una base lcita para el despojo: las regions conquistadas pasaron, en teora,
a ser propiedad del rey, y ste las "encomendaba", junto a sus habitantes, al cui-
dado de sus soldados.
La encomienda consista en la ddiva de un nmero de indios y las tierras
habitadas por ellos, como recompensa por servicios prestados a la Corona. Origi-
nalmente no inclua la propiedad del suelo, sino slo el derecho de hacer trabajar
a los indgenas en provecho propio; exigirles, en suma, un tributo consistent
no en dinero, sino en trabajo. Se dictaron muchas leyes para impedir abusos,
prohibiendo el servicio personal, el traslado de indios a otros puntos, el excesi-
vo maltrato: pero no hubo quien vigilara su cumplimiento en la remota colonia,
y el encomendado se transform en virtual esclavo.
Gradualmente el colono comenz a considerar como propio el terreno en
que sus indios laboraban. Se borr as, de hecho, la diferencia entire las encomien-
as y las mercedes de tierra. Estas ltimas consistan en el obsequio de tierras







(y sus habitantes), por parte del rey o su representante, a los colonos espaoles.
Las primeras sesenta encomiendas distribuidas por Pedro de Valdivia en 1544,
apenas tres aos despus de fundada la naciente colonia, debieron ser reducidas
a treinta y dos, al descubrirse que las tierras respectivas contaban con una pobla-
cin demasiado exigua. A solicitud del aventurero alcmn Bartholomaeus Blu-
men, venido con Valdivia, se ampli la zona de encomiendas hasta el rio Maule,
incorporando as las heredades de various caciques.
Antiguos documents atestiguan el despojo mediante el cual las tierras de
Chile pasaron a ser propiedad del invasor. Se ha conservado el pergamino en el
cual Valdivia encomienda a Rodrigo de Araya a "cinco caciques con todos sus
principles y sbditos... a los cuales se les han tomado sus tierras para el servicio
de los vecinos de esta ciudad".
Otro document consigna: "Los caciques Baltazarillo y Guandarongo... te-
nan antes su tierra y asiento en Mapocho, y fueron mudados para fundar la
ciudad de Santiago".
Sin hacer caso de las prohibiciones reales, los indios eran a menudo arranca-
dos de sus hogares y llevados a otros predios del mismo encomendero, o forzados
a trabajar en los lavaderos de oro. En 1553 escriba fray Francisco de Victoria:
"Cada encomendero echa a las minas a sus indios, hombres y mujeres, gran-
des y chicos, sin darles descanso ni ms comida en ocho meses que un cuartillo
de maz por da; y el que no trae la cantidad de oro a que est obligado, recibe
palos y azotes; y si alguno esconde algn grano, es castigado con cortarle nari-
ces y orejas, ponindolas clavadas en un palo para escarmiento de los dems".
Los deslindes de las encomiendas se definan de modo muy vago, refirin-
dose simplemente a "las tierras del cacique tal o cual". Un ejemplo tpico es el
acta del 20 de enero de 1544, mediante la cual Pedro de Valdivia premiaba los
mritos guerreros de su amante Ins de Surez: "Deposito en vos... al cacique
llamado Apoquindo con todos sus principles e indios y sujetos, que tienen su
asiento en este valle de Mapocho, y dseos su tierra e indios para que os sirvis
de todos ellos..."








Era frecuente que el encomendero ampliara los inciertos limits de sus tie-
rras sin consultar a nadie. Ms tarde un cronista escribira que "los primeros que
tomaron posesin de la tierra pensaban que si tenan un pie en un valle, ste les
perteneca por complete". Comenzaron a multiplicarse los pleitos y reclamos,
v ya al comienzo del siglo XVII la Corona espaola dio orden de revisar la
legitimidad de los ttulos, ms que todo para recuperar una gran cantidad de tie-
rras pertenecientes al rey que haban sido usurpadas por los colonos.
En Chile se encarg de esta tarea al agrimensor Gins de Lillo, quien inici
en 1603 la difcil labor de desenredar la madeja. Obligado por las circunstan-
cias, debi confirmar el dominio de muchos terrenos obtenidos sin base legal; su
investigacin sirvi, ante todo, para constatar que las primeras donaciones eran
simplemente el ncleo del posterior ensanche que converta la pequea parcela
encomendada en un vasto latifundio.
Fue as como las demasas y abusos de los colonos se incorporaron a la pro-
piedad legal. Las grandes estancias formadas a base de encomiendas, de conce-
siones o compra fraudulent de tierras pblicas a precious nominales llegaron a
constituir la unidad agrcola dominant en Chile.


LOS PRIMEROS INQUILINOS.

Los espaoles no trabajaban personalmente sus predios: se consideraba que
era contrario a la dignidad de los europeos dedicarse a tan bajos menesteres.
La cantidad de indios encomendados, por otra part, haba ido disminuyendo
por diversas causes. Se recurri entonces, para obtener trabajadores, al inquili-
naje.
Segn el historiador McBride,-'hubo muchos indios que no quedaron ads-
critos a las encomiendas ni a los pequeos grupos de nativos libres; muchos







otros, que haban sido encomendados, aprovecharon la confusion (de la guerra
de Arauco) para fugarse del poder de sus seores. A todos stos se les design
al principio con el nombre de yanaconas y como. sus tierras haban sido tomadas
por los espaoles, no tuvo esta poblacin flotante otro recurso que albergarse en
las estancias de los invasores, donde encontraron una vivienda a cambio de su
trabajo manual.
"En las encomiendas territoriales cuya donacin comprenda un distrito po-
blado, la condicin de los indios haba ido cambiando poco a poco: de pupilos
que eran, con la obligacin de prestar ciertos servicios a su tutor, se haban con-
vertido en siervos de la gleba, sin libertad de trabajar en otra parte que no fuese
la propiedqd del dueo, a lo cual deban consagrar su vida entera... La adheren-
cia del indio al suelo haba !dado como resultado la virtual propiedad del espaol
sobre ambos: uno y otro llegaron a constituir elements inseparables de la misma
propiedad".
El nmero de los inquilinos aument en tal forma que ya a comienzos del
siglo XVII se estim necesario reglamentar su situacin y dar respaldo legal al
inquilinaje como institucin. En 1619 el virrey del Per, prncipe de Esquilache,
estableci las siguientes obligaciones para los trabajadores residents en las ha-
ciendas: trabajar para el patrn por lo menos ciento sesenta das al ao, en
pago de lo cual dispondr de un trozo de tierra suficiente para sembrar un almud
de maz, dos de cebada, dos de trigo y unos pocos frjdles y legumbres. El patrn
deber facilitarle los animals de trabajo e implementos de labranza.
Resulta interesante comparar esta reglamentacin con las condiciones exigi-
das por el patron de un fundo de Melipilla a sus inquilinos, casi trescientos
cincuenta aos ms tarde (ao agrcola 1965/66):
1) Cada casa proporcionar al fundo el trabajo de dos "obligados".
2) El uso de la casa y cerco se considerar como parte de la remuneracin
de ambos.
3) Cada obligado recibir adems: uso de un cuarto de cuadra de tierra; ta-


S15







laje para dos animals; 3 quintales de harina y 150 kilos de porotos al ao; lea
para uso personal, que podr sacar slo en los puntos que se le indiquen.
4) Cada obligado recibir un salario de EO 1,22 (1.220 pesos) diarios, de los
cuales se le descontaran E0 0,12 para el Seguro.
5) En caso de no cumplir todas estas obligaciones, deber dejar el fundo.
En dinero cada "obligado" reciba -hace apenas seis aos!- EO 33 men-
suales. El sueldo vital de ese ao era de E 261 al mes.
Lo cierto es que la reglamentacin del virrey Esquilache tampoco se cum-
pla: en vez de los ciento sesenta das reglamentarios, el inquilino deba trabajar
todo el ao para el hacendado, y aportar tambin el, trabajo de sus familiares.
Ya en el siglo XVI hubo una tentative, por parte de Espaa, de abolir el
sistema de encomiendas que a tantos abusos se prestaba; pero el solo anuncio
levant tal tempestad de protests entire los colonos, cuya posicin de clase pri-
vilegiada descansaba precisamente en esta 'institucin, que se desisti de llevar
estas reforms a la prctica. Una real cdula termin por abolir las encomiendas
en 1720, pero pas otro medio siglo antes de que el cambio se llevara a cabo,
y a esas alturas se trataba de una simple formalidad: las encomiendas, en el he-
cho, haban dejado de existir, transformndose en grandes haciendas, trabajadas
por inquilinos.
Las principles quedaron sujetas a mayorazgo: deba heredarlas, intactas,
el hijo mayor, a fin de evitar la subdivision y el fraccionamiento de la propiedad,
que habra puesto fin al podero de los latifundistas. La ley de mayorazgo sirvi
para perpetuar el poder de las classes poseedoras, y su vigencia se prolong hasta
mediados del siglo XIX.


LA INDEPENDENCIA: LOS HACENDADOS AL PODER.

La gesta de la Independencia no cambi las estructuras del poder, ni influ-
y mayormente en la vida del inquilino. Chile, como describe un historiador, se







liberty de Espaa pero no de las instituciones espaolas: "logr su independen-
cia, pero no hizo una revolucin... A travs de la larga contienda por alcanzar
la libertad poltica, ningn intent se hizo por extender esta libertad a las masas".
Los criollos que encabezaron la revuelta fueron, en su gran mayora, ha-
cendados, y a menudo combatan con los inquilinos a sus rdenes, luchando es-
tos ltimos a favor o en contra de Espaa, segn fuesen los deseos del patrn.
Durante la contienda los terratenientes cuidaron de mantener el control del
pas; una vez derribado el podero espaol, fue esa clase -una aristocracia cuyo
poder naca de la propiedad de la tierra- la que ocup su lugar.
La nueva organizacin poltica consagr as "el gobierno de los hacendados,
por los hacendados y para los hacendados".
Sin embargo, algunos prceres de la Independencia no eran ajenos a in-
quietudes de orden social. Ello se reflej en la abolicin de la esclavitud -que
nunca fue institucin masiva en Chile- y, principalmente, en las medidas toma-
das por el nuevo Director Supremo, Bernardo O'Higgins.
Inspirado por ideales democrticos, O'Higgins decret la abolicin de los
mayorazgos, prohibit el uso de ttulos nobiliarios y escudos de armas ("jero-
glficos. sin significado e intolerables en una repblica") y fund numerosas es-
cuelas pblicas; medidas que le valieron la enemistad implacable de la aristocra-
cia terrateniente, que adems despreciaba por su origen al "huacho Riquelme".
Ms important an: realize el primer intent de redistribucin, subdividiendo
las tierras fiscales del Llano del Maipo en parcelas de 25 cuadras que seran ven-
didas en remate pblico,
Este proyecto de estableoer, a las puertas de Santiago, una colonia de peque-
os propietarios agrcolas, fracas lamentablemente. Los pobres no tenan dinero
para adquirir las parcelas; los ricos no se interesaban en tan minsculos retazos
de tierra. Algunos extranjeros se establecieron en el lugar, pero muy pronto
las parcelas fueron absorbidas por las grandes haciendas vecinas.
Los esfuerzos de O'Higgins por realizar tales reforms provocaron su cada.
Los terratenientes y el clero, alarmados ante las tendencies liberals del Director







Supremo, no tardaron en derrocarlo, reemplazndolo por una Junta ms de
acuerdo con sus ideas. Sin embargo, debieron entregar el poder a Freire, el nico
jefe capaz de mantener el orden: y Freire intent continuar las reforms sociales
de su antecesor.
Desgraciadamente. una de sus medidas ms interesantes -un decreto de
1823 que ordenaba distribuir las tierras fiscales en pequeas parcelas y asignar
a los indios las tierras de las cuales haban sido ilicitamente despojados- fue
eficientemente torpeada por su ministry Juan Egaa. Otra media eficaz para
cercenar los privilegios de la aristocracia terrateniente y su aliado, el clero, fue la
confiscacin de las popiedades del clero regular, ostensiblemente con el fin de
liberar a los sacerdotes de la carga que significaba el cultivo de sus tierras.
Las reforms de Freire y su sucesor, el liberal Pinto, fueron de corta dura-
cin. La Constitucin de 1833 refleja el absolute dominio que sobre la vida pol-
tica y econmica ejerca la clase de los terratenientes, y proclama la inviolabilidad
del derecho de propiedad. Slo en caso extremo el Estado poda expropiar tie-
rras -para construir carreteras, por ejemplo-, pero antes habra de pagar una
indemnizacin establecida de comn acuerdo con el dueo.
Despus de la sublevacin de 1829 la oligarqua tom en sus manos el go-
bierno del pas. Se anularon las reforms de O'Higgins, restableciendo los mayo-
razgos como factor permanent de la organizacin social del pas. Si bien la Cons-
titucin de 1833 entregaba gran autoridad al Ejecutivo, en la prctica ste de-
penda del Congreso..., formado nicamente por miembros de la oligarqua.
El 90 por ciento de la ciudadana quedaba marginada del derecho a sufragio,
impidiendo cualquier cambio paulatino.
En las dcadas siguientes se produjeron varias intentonas de disminuir el
total dominio que sobre el pas y el gobierno ejerca un puado de families oli-
grquicas; pero en cada caso los conservadores, representantes de "las instituciones
establecidas, de la propiedad y del orden social", y respaldados por la influyente
Iglesia Catlica, lograron salir triunfantes y mantener en sus manos el control de
la nacin.







LA SOCIEDAD NATIONAL DE AGRICULTURE.


En 1838 naci la primera organizacin "gremial", por as decirlo, de los
latifundistas: la Sociedad Chilena de Agricultura, que ms tarde cambi el adje-
tivo por "Nacional" (SNA). Su rgano de prensa, El Agricultor (que hoy, tras
various cambios de nombre, se llama El Campesino), refleja, a lo largo de los
aos, la posicin intransigentemente reaccionaria de los dueos de la tierra. Una
posicin que, en lo esencial, no ha variado un pice desde esos lejanos tiempos.
En agosto de 1839 el vocero de los terratenientes reclamaba: "No hay un
pas en el mundo, sin exceptuar los Estados Berberiscos, cuyos frutos agrcolas
estn ms estpidamente cargados de contribuciones fiscales como entire noso-
tros. .."
Cuando ms de cien aos despus se trat de lograr que los agricultores
pagaran impuestos sobre sus utilidades, la revista defini el proyecto como "uno
de los golpes ms duros, complejos y desproporcionados de la historic econmica
de ningn pas ... una calamidad national".
Amn de quejarse amargamente por supuestas gabelas, los latifunditas chile-
nos se preocuparon, en esos tempos, ms que todo de expresar su total desprecio
por los hombres que labraban sus tierras: los inquilinos. Eran pocas de mayor
franqueza, en que no se vacilaba en admitir en letras de molde: "Nuestras con-
vicciones nos llevarn siempre a no admitir otra regla que EL INTERS INDIVIDUAL
(julio 1848), ni en referirse a los trabajadores agrcolas como "gente baja y vicio-
sa". A menudo se repetan las lamentaciones por la ignorancia del inquilino,
su falta de inters en el trabajo, su tendencia a la embriaguez. Un prrafo tpico,
aparecido en febrero de 1842:
"La desmoralizacin y los horrores de una revolucin como la de nuestra
independencia national influyeron altamente, a nuestro dictamen, en corromper a
las masas; y esta corrupcin form el carcter de nuestros labradores y jorna-
leros... Los hijos de semejantes padres, que nacen y se cran a su lado, llegarn
sin duda a ser, cuando grandes, much ms corrompidos que aqullos, costando







el double moralizarlos. Sparense estos muchachos de semejantes padres... Apr-
tense al menos en su moral y su educacin. No pretend que se les haga estudiar
las ciencias, ni menos materials que convienen a jvenes de ms alto rango; pero
dseles, al menos, instruccin religiosa y moral... Es indudable que todo lo que
propende a sostener el respeto y sumisin de los sirvientes e inquilinos hacia
sus patrons contribuir tambin al orden y moral de aqullos".
En la misma poca, una encuesta entire los latifundistas estableca los siguien-
tes "vicios dominates de los campesinos: incuria infidelidad para con los
amos falta de respeto robo juego embriaguez". La principal media a
tomar para subsanar ese orden de cosas: "el establecimienito de una polica ca-
paz de aprehender y reprimir delincuentes".
Pese a las perennes quejas contra el alcoholism del pen, cada tentative
de promulgar leyes de control se estrellaba, en el Congreso, contra la oposicin
cerrada de los propios latifundistas. Entre muchos casos similares se puede citar
un acuerdo tomado en 19-16, "que el Directorio solicitara al Senado la modifica-
cin del proyecto de Ley de Alcoholes... Es necesario evitar que el exceso de
celo en la lucha contra el alcoholism lleve a perjudicar industries que represen-
tan capitals dignos de proteccin".
No slo las leyes antialcoholismo provocaban la rabiosa oposicin de los ha-
cendados. Lo mismo ocurra con todo tipo de iniciativa en favor del campesi-
nado, o, incluso, en favor del progress del pas. Manuel Montt, pese a haber
dictado varias leyes a favor de los terratenientes -como la creacin de la Caja
de Crdito Hipotecaio, que beneficiaba nicamente a los grandes seores de
la tierra, y la supresin del diezmo agrcola-, se atrajo la enemistad de los hacen-
dados por el impulso que dio a la construccin del ferrocarril Santiago-Valpara-
so. Tanto en la Cmara como en el Senado, este proyecto despert la furibunda
oposicin de los poseedores del suelo, siempre ansiosos de evitar que sus inquili-
nos entrasen en contact con la civilizacin.
Fue tambin Manuel Montt quien aboli definitivamente el mayorazgo
(1857) y suprimi el impuesto de la alcabala, que gravaba las transferencias de























Los espaoles no trabajaban sus predios; tenan otros menesteres
"ms dignos de su calidad de europeos".


"Cada hacienda en Chile constitute una socie-
dad apart. El dueo o patron es un verdadero
monorcu absolute" (Atropos, 1861.)



44 ;


Slo en los ltimos diez anos la vida del campesinado chileno ha
sufrido un cambio: lo que se deca en 1861, cien aios despus no
perda vigencia:








tierras. Si bien esta media, al parecer, favoreca a los terratenientes, la intencin
de Montt fue hacer desaparecer el gran freno que haba impedido la subdivision
de las haciendas, manteniendo intactos los grandes latifundios.


REPUBLICAN LIBERAL... Y TODO SIGUE IGUAL.

Los treinta aos de la llamada Repblica Liberal (1861-1891) no cambiaron
mayormente el fire dominio que sobre los asuntos de Estado y la vida pblica
continuaba ejerciendo un pequeo puado de families de la oligarqua. Tampo-
co cambi la vida del inquilino: una virtual esclavitud, sin esperanzas para el fu-
turo. Comenzaron, es verdad, a surgir algunas voces crticas que cuestionaban
la justicia de lo establecido, en especial la explotacin del campesino.
Benjamn Vicua Mackenna, quien criticara que Chile fuese "gobernado
patriarcalmente, 'como una, gran hacienda", edit durante un par de aos la re-
vista de la SNA. En sus pginas pidi leyes que reglamentaran los arriendos y
el inquilinaje, tendieran a subdividir la propiedad y rectificaran "la moral cam-
pesina, decada por la insuficiencia e inmoralidad de los curas".
Muy poco antes el rgano patronal de los latifundistas haba proclamado:
"La condicin del labrador no depend slo del trato que recibe de los pa- 4
trones; depend tambin de su complete ignorancia. Sin conocimiento de sus de-
beres, con ideas absurdas y extravagantes sobre la religion, lo vemos entregado a
los vicios ms groseros. A este mal slo hay un remedio: instruirles acerca de sus
obligaciones, e inculcarles las nociones fundamentals de nuestra religion, que
tanta influencia ejerce sobre la mejora de (las costumbres... Cuando los vicious
se han hecho comunes y los malos hbitos se han arraigado en las classes bajas,
no bastan los medios suaves para extinguirlos; es preciso apelar a medios opr
sivos que combatan las malas inclinaciones y sirvan de contrapeso al aliciente del
delito. En el actual estado de nuestros campos es necesaria una polica rural que








rcprima los malos comportamientos y asegure a los propietarios el fruto de sus
desvelos".
En comparacin Vicua Mackenna clamaba, apenas una dcada ms tarde,
desde las pginas del mismo rgano patronal:
"Mirad por las rendijas de los ranchos, y veris series humans sepultados
en la inmundicia. Abrid los libros de la parroquia, y veris la ilegitimidad de los
hijos en una espantosa mayora; ved el cepo del subdelegado, el cepo del cartel,
el cepo de la crcel; ah est encadenada, envilecida, perdida para siempre la
criatura de Dios".
Podra haber agregado "el cepo del patrn", ya que stos haban exigido
"dar a cada propietario la facultad de mantener en su hacienda una sala de ar-
mas, y los derechos que slo correspondent a los magistrados"; y si bien no se
accedi oficialmente a autorizarlos para que interrogaran, encarcelaran y castiga-
ran, fueron pocos los terratenientes que no se arrogaron, por su cuenta y riesgo,
estos "derechos de magistrado". Incluso, junto a la sala de armas se encontraba
a menudo una cmara de tortura.
Las actitudes humanitarias de Vicua Mackenna, sin duda alguna, no po-
dan prosperar. En 1858, tras dejar de redactar la revista, fue apresado, encerrado
en la Penitenciara y desterrado, a causa de su posicin liberal.
Las dcadas de la Repblica Liberal volvieron a abrir las puertas de Chile
a Vicua Mackenna. Junto a otros espritus reformistas, como Manuel Antonio
Matta, Pedro Len Gallo y Miguel Luis Amuntegui, proclam incansablemen-
te la necesidad de democratizar las aejas estructuras. En el Norte, donde comen-
zaba a surgir una clase obrera consciente, estas voces encontraron ecos que nunca
ms se apagaran.
Muy paulatinamente los gobernantes de la Repblica Liberal -Prez, Err-
zuriz, Pinto, Santa Mara- introdujeron algunas reforms mnimas, conscientes
de que los tiempos cambiaban y no se poda continuar con las modalidades
autocrticas de otras pocas. Sin embargo "existi siempre un obstinado crculo,
celoso de sus privilegios de cuna, que se opuso tenazmente a toda media (de







progress). Por cierto que estos ultraconservadores contaron con la permanent
ayuda de la jerarqua eclesistica. Las congregaciones religiosas eran a su vez po-
derosos terratenientes, poseedoras de algunas de las ms ricas haciendas de Chile,
sin contar las hipotecas mediante las cuales controlaban muchas otras ms. Los
dos grupos estaban slidamente unidos por un mismo inters y su oposicin era
el mayor obstculo para el progress", describe el historiador norteamericano Mc-
Bride.


LA VIDA EN EL CAMPO HACE UN SIGLO.

La vida del campesino chileno prcticamente no cambi hasta hace cosa de
una dcada. En 1961 innumerables inquilinos y sus familiares continuaban
arrastrando la penosa existencia descrita en 1861 por un chileno oculto tras el
seudnimo de "Atropos".
"Cada hacienda en Chile constitute una sociedad aparte. El dueo o pa-
trn es un verdadero monarca absolute. El que quiera ser rey y recibir honors
reales, hgase hacendado", dice Atropos. Pero su ensayo no es crtico, sino des-
criptivo, y abunda en detalles acerca de la existencia cotidiana del inquilino sin
dejar traslucir la menor desaprobacin del sistema que pudo establecer una ex-
plotacin tan inicua del ser human.
En 1861, nos relata el annimo cronista, el inquilino viva en la "posesin"
asignada por el patrn: un retazo de tierra donde l mismo levantaba la msera
choza que albergara a su familiar. En la posesin siembra trigo, maz, porotos
o zapallos; adems se le permit hacer pastar uno o dos animals en los potreros
baldos de la hacienda. En la poca de paricin recibe una o dos vacas paridas
para "lecharlas", o sea, ocupar la leche en su propio beneficio.
Para retribuir estos beneficios al patrn, est obligado a trabajar gratuitamen-
te en rodeos, trillas, vendimias y construccin de cercas.























Para el inquilino la hacienda es su patria. Muchos ignoran hasta el nombre
de la provincia donde resident. No se interesan por acontecimientos externos o
asuntos de inters pblico. Son ciudadanos de la hacienda: no se consideran
"chilenos", sino "del fundo tal o cual". Hay haciendas con trescientos inquilinos,
los que con sus families y allegados componen una poblacin,de dos o tres mil
personas.
La vivienda del inquilino es una choza de quincha, recubierta con barro por
dentro y fuera, con techo de coirn o totora y piso de tierra desnuda. El mobi-
liario se reduce a lo ms rudimentario. En invierno se alimenta de pulpa de
peumo, ulpo y mate. Los nios trabajan a partir de los seis aos. Cuando el
fundo tiene capilla, se celebran misas diarias y rosario en las tardes. Cada dos o
tres aos los patrons mandan hacer misiones: nueve noches de prdica que ter-
minan con disciplines y flagelaciones, para concluir con confesin y comunin
generals.

26












La gesta de- la indepen-
dencia no camb6i las es-
tructuras del poder ni in-
fluy6 en mejorar la vida
del inquilino: Chile se li-
ber6 de Espaa, pero no
de sus instituciones; con-
quist su independencia,
pero las masas no se be-
neficiaron de la libertad
poltica.




El inquilino se muestra abyecto y sumiso ante el patrn, del cual dependent
su vida y su bienestar. El patron o su representante, el administrator, es virtual
jucz de autoridad patriarcal: debe dar su consentimiento para los matrimo-
nios, y cuando un inquilino muere, es l quin reparte los bienes entire los here-
deros. Su dictamen es inapelable.
Atropos terminal su relato con un prrafo que retrata inmejorablemente la
actitud de los ms liberals "reformadores" salidos de la clase poseedora:
"El inquilino, es un hombre feliz o un hombre desgraciado? Como la felici-
dad o la desgracia deben calificarse segn la sensibilidad de la persona a quien
sc le atribuyen, un hombre culto, que siente de otro modo y aprecia las cosas
de muy diverse manera que el labriego sencillo e ignorante, no puede tomar su
propia sensibilidad como norma de los placeres o dolores de este ltimo. El
inquilino vive, ciertamente, en condicin muy poco apreciable para hombres que
pertenccen a una esfera social ms noble, pero como los goces de esa vida son








desconocidos por el inquilino, este no los desea Ni SUFRE POR CARECER DE ELLOS.
De ah viene que se halla tranquilo y content con su suerte... gracias en gran
parte a los consuelos de nuestra Santsima Religin".
El inquilino no se atreve a quejarse, por lo tanto no sufre: grata y cmoda
deduccin que, sin embargo, se ve controvertida, entire otras cosas, por las si-
guientes estrofas escritas por un annimo poeta popular:


Nac en un pobre pajero
en una noche de invierno
y mientras estuve tierno,
mi solo abrigo fue un cuero;
despus me lanc al potrero
y desde el amanecer,
me ponan a barrier
hasta la noche en ayunas....
Y una bonita fortune,
ay, quin pudiera tener!
Despus, cuando fui creciendo,
me llevaron al arado:
me llevaba al sol parado,
y a veces hasta lloviendo...
Jams nunca me quej
de mi espantoso destino;
si yo no hice un desatino
Dios slo sabe por qu!
Parece que dorm en pie
desde cuando empec a andar,
nunca pude descansar,
ni guarecerme del fro...





* *. .; ' l ...I ,': 1 .. : .


INQUILINO O SIERVO?

En 1867, por prinera vez, apareci una memorial de abogado relacionada con
la vida del trabajador agrcola. En forma puntillosa y desapasionada el aspirante
a jurista Ramn Dominguez describe en Nuestro sistema de inquinmaje la inhu-
manaexistencia de quienes producian las grandes riquezas d4l pas. Entre otras
cosas seala que el inquilino est obligado a ejecutar ciertos trabajos de balde,
y' tros remunerados, pero que el monto de la remuneracin depende de la con-
ciencia, capricho o avaricia del patrn". En el Sur, agrega, es costumbre pagar
en especie solamente; en otras regions, con fichas para una pulpera que puede
pertenecer al patron o haber sido entregada por ste a un concesionario, a cam-
bio de una suma fija annual.
"El inquilino no se llama siervo, pero al igual que el siervo es azotado por
el patrn a la menor falta; como a un siervo se le quema el rancho en que vive,
slo porque ha tenido la torpeza de irritar al amo...'
Enr muchas haciendas, dice Domnguez, se exige a los inquilinos que no con-
traigan matrimonio sino con el consentimiento del patrn. Tambin necesitan
este consentimiento para requerir judicialmente a terceros. Deben comprar todo
lo que necesitan en el despacho de la hacienda. En los predios de la costa deben
recoger sal; en la cordillera se les obliga a matar uno, dos o ms leones al ao,
v llevar sus despojos al patron.
Si el trabajador desea hablar con el patrn o es llamado a las casas, debe
presentarse sin sombrero ni espuelas; "lo contrario sera gravsima falta de res-
peto". Algunos hacendados exigen que se les trate ?de Usa.
En rodeos y trillas el inquilino debe trabajar gratis; en lo dems, trabaja a
msero journal o debe presentar a un pen que lo supla. Por ello se le dan rancho,
media cuadra de tierra y past para uno a tres animals, aunque esto ltimo no
ocurre en todas las haciendas.
,La memorial de Ramn Domnguez seala algunas diferencias regionales: en




































Los latifundistas siempre
despreciaron a los hom-
bres que trabajaban la
tierra: los i n q ulinos.
"Nuestras convicciones nos
llevaran siempre a no
admitir otra regla que el
INTEREST I N DI VIDUAL."
(Julio de 1848.)


"Para el inquilino, la hacienda es su pa-
trice. Muchos ignoran hasta el nombre de
la provincia donde resident (Cronista
annimo, en 1861.)


I75".-*-rC~:~.~, 'II
C'
41







"La condici6n del labrador no depend s6o del trato que recibe
de los patrons; depend tambin de su complete ignorancia", pro-
clamaba a mediados del siglo pasado el rgano de los terra-
tenientes.
Vicua Mackenna edit algunos aos la revista de la SNA, en
cuyas pginas criticaba que Chile fuese "gobernado patriarcal-
mente como una gran hacienda".


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el Norte el inquilino percibe un salario fijo mensual, al igual que los sirvientes
domsticos (8 a 10 pesos mensuales), y en cambio debe trabajar en lo que se le
ordene, sin remuneracin adicional. En el Sur no se paga en dinero, sino slo
en maz, porotos, unos metros de tela o un rebozo para la mujer; o, en cl mejor
de los casos, en vales para el despacho o pulpera de la hacienda, donde slo lha
mercadera de nfima calidad y a precious exorbitantes. Al inquilino le est pro-
hibido abastecerse en otra parte que no sea en el despacho, en el cual se le da
crdito, para mantenerlo endeudado y asegurarse de que no abandonar la ha-
cienda en busca de mejores horizontes.
A menudo se le obliga a venderle al patrn, en verde, la siembra de su msera
media cuadra. Si la cosecha sale mala, debe cumplir la entrega al ao siguiente.
Otro negocio del patrn consiste en facilitarle la semilla al inquilino. Este
hace todo el trabajo, siembra y cosecha, y debe a) devolver la misma cantidad
de semilla, b) compartir las utilidades con el patrn, c) si la cosecha sale mala,
devolver double cantidad de semilla al ao siguiente.
"Escuelas hay nicamente en funds vecinos a Santiago, v no pasan de ocho
a diez en todo el pas. Se ensea poco o nada".
El ingreso total del inquilino, calcula Domnguez, no excede de 15 a 20 cen-
tavos diarios. El patrn cree que permitindole poner su rancho en la hacienda
le hace un gran favor, y, lo que es peor, el inquilino tambin tennina por crecrlo.
Al abusar, el hacendado cree estar "en su derecho". En cambio el trabajador
no tiene derechos de ninguna clase, ni siquiera el de ciudadano, ya que en
tiempos de elecciones el patrn lo lleva a las urnas y le indica por quin votar.
"Tiranizado en todo sentido, el inquilino terminal por no concebir la liber-
tad. Su principal apoyo, el patrn, es a la vez su primer enemigo: tiranizndolo,
escatimandole el salario, hacindolo trabajar dle balde, vejndolo, castigndolo se-
veramente, arrojndolo del fundo las ms de las veces por capricho, v desacreditn-
dolo ante los dems hacendados si intent obtener trabajo en otra parte.
"Si busca amparo eri la ley, esa ley no existed, va que el juez o subdelegado








suele ser el mismo patron o uno de sus amigos; si busca proteccin donde otro
inquilino, el patrn prohbe que le proporcionen alojamiento. El desamparo del
inquilino es complete."
El trabajador agrcola conclude su perodo de labor cuando el patrn lo es-
time convenient. Para expulsarlo, el hacendado no necesita expresar motivos ni
fundamental su decision. El huerto del inquilino queda a beneficio de la ha-
cienda; se le permit recoger su cosecha, siempre que est madura; si no deshace
y se lleva su rancho, se lo incendian.
"Y lo echan de la hacienda, no por causa grave, sino porque un animal su-
yo solt las amarras y se comi un poco de alfalfa de un potrero vecino; o porque
se entraron cuatreros a robar sin que l se percatase; o porque aloj en su ruca
a un forastero; o porque no quiso vender su trigo al patron, al precio infame que
ste ofreci; o porque no vot como se lo orden el patrn; o no asisti a la trilla
pi puso reemplazante; o sac un poco de lea del monte para su uso personal;
o porque no ha querido prostituir a una de sus hijas, con la cual se encaprich
el patron; o porque al patron as le parece, sin razn alguna..."
Y cuando muere, si su viuda no tiene hijos grandes que lo reemplacen en
las faenas, ser arrojada del fundo sin piedad.
Nadie quierd hacer reforms, concluye Domnguez, "porque el inquilino no
se queja". Pero ante quin habra de quejarse? Dnde podra buscar justicia?
Y, desde luego, el patrn tampoco se queja ni quiere cambiar un estado de cosas
que tanto lo favorece.
La solucin, harto moderada, que propona Ramn Domnguez en 1867:
"conciliar el respeto a la propiedad con los derechos inherentes a la condicin
humana del inquilino". Pero tuvo suficiente vision para advertir que si no se
efectan reforms, "habr un levantamiento sangriento como ya ha ocurrido en
otros pases" una clara alusin a la Revolucin Francesa, donde la guillotina
veng a los explotados.








LOS AGRICULTORES SE REUNEN.

Un nuevo hito de la larga lucha por la tierra es el Primer Congreso Libre
de Agricultores, que se efectu en Santiago en 1875.
Pese al quemante "J'accuse" que constituy el studio de Domnguez, pu-
blicado apenas ocho aos antes, los amos del latifundio continuaban consideran-
do que el estatu quo era slo just y equitativo: era el nico sistema possible.
De las diecisis sesiones del Congreso, apenas una fue dedicada, en parte, a es-
tudiar el problema del trabajador rural. A cargo de elaborar y leer el informed res-
pectivo qued don Juan N. Espejo, quien se permiti sugerir que algunos patro-
nes deban alimentar un poco mejor a sus obreros, y recomend incluir en la
dieta "un poco de licor", a fin de darles mayores nimos para el trabajo.
El president del Congreso, Rafael Larran, acogi la sugerencia y agreg
que convena cambiar la chicha, "altamente nociva como alimentacin", por el
vino con gran beneplcito de los viticultores.
Otro delegado, en cambio, protest porque la insinuacin de Espejo encerra-
ba "un cargo altamente injusto para los agricultores", al igual que sus alusiones
al atraso en que viva la poblacin rural: "atraso, por otra parte, muy exagerado
por las personas que no han tenido ocasin de comparar el estado de nuestra
gente de campo con los pases que se dicen adelantados, y cuyos trabajadores
estn en condiciones muy inferiores a los nuestros". Y agregaba que el inquilino
no compensaba los sacrificios que por l se hacan.
Qu halba dicho el seor Espejo para merecer estas crticas?
"El propietario debiera alimentar mejor al inquilino, en su propio inters;
el inquilino est bajo su dependencia y guard, y debe hacerlo vivir y alimentarlo
como corresponde a un ser productive.'
En general los campesinos le parecan a don Juan N. Espejo bastantc afor-
tunados:
"El inquilino vive con ms o menos holgura, en proporcin a su laborio-








sidad, moralidad hbitos de economia... Rara es la hacienda en que no haya
trabajo para el nio y el anciano; as el inquilino, si toda su familiar es laboriosa,
recoge en salaries hasta 8 pesos. Una familiar europea vive con menos y es fe-
liz... Adcms, cl hijo del inquilino puede llegar a ser sirviente de campo, con
un salario annual de 100 pesos o ms. Una condicin mejor, no es possible exigir".
inii cambio hizo blanco de los ms violentos ataques a otro tipo de trabaja-
dor rural: cl afuerino o pen trashumante, sin domicilio fijo, que se ofrece en
tiempos de siembra o cosecha como jornalero:
"En el pen libre se personifican todos los vicios de nuestras classes trabaja-
doras. Junto a sus harapo, lleva a las haciendas la semilla de la desmoralizacin
y cl crime. Su trabajo es inconstante y lento; sus exigencias, en todo exageradas;
reclama por cl salario, el alimento, las horas de labor... Se amotina por cualquier
motivo. Tiene la tendencia de pervertir al hijo del inquilino, siendo que ste
tienc en la hacienda trabajo preferente desde que cumple ocho aos; lo incita
para llevrselo consigo a correr tierras en pos de aventuras que tienen su remate
en las crc!ees o los presidios... El pen libre es necesaro, pero es al mismo
tiempo EL. PEOR ENEMIGO DE LA PROPIEDAD. No nos quejemos de los salaries de
nuestros peones, pero s de su inmoralidad, costumbres relajadas e instintos bru-
tal k ...
"l'ii pocos passes obtiene el trabajador remuneracin mejor que en Chile.
Si se operas un alza en los salaries, se limitaran muchos cultivos, ya que nin-
gn dueo sembrara sus tierras, a fin de evitar operaciones ruinosas, y Chile
dejara de ser un pas productor..."
'Estc tltimo arguo.;znto -que un alza en los salaries representara una carga
dcniasiado gravosa para !-1 patrn, quien reaccionara disminuyendo las siembras
y precipitando al pas a la ruina y al hambre- ha sido utilizado siempre por los
terratenientes, y sigue sindolo hasta %toy. Impuestos para el patrn, contribu-
cion 1 la tierra, leyes sociales, siidicalizacin campesina, reforma agraria cada
paso de la larga contienda ha sido combatido por los latifundistas con el aejo
argument de que causara "la ruina del pas".








* "EL ESPECTRO DEL HAMBRE.


La primer preocupacin por el future de la agriculture como fuente de la
prosperidad patria aparece ya en los tiempos iniciales de la SNA, en 1848. La
idea de que cualquier limitacin del powder omnmodo de los latifundistas signi-
ficaria una catstrofe para Chile renace peridicamente, y, como vimos arriba,
no est ausente del Congreso de 1875; pero lo cierto es que, hasta la dcada del
20 del present siglo, los terratenientes nunca se vieron obligados a afrontar una
oposicin sena a sus designios. El pas les perteneca, y no haba para qu ame-
nazar con dejar de sembrar y precipitar el pas al hambre para obtener todo lo
que quisieran.
Pero en 1920, con un Congreso todava constituido en alto porcentaje por
grades hacendados, lleg a La Moneda Arturo Alessandri Palma, a quien la
extrema derecha llamaba "el Lenin chileno". Poco despus la SNA le dirigi
una carta pblica para quejarse por los primeros sntomas de agitacin social en
los campos:
"Este malestar artificial que se trata de imponer al inquilino est producien-
do el desaliento entire los agricultores. Vendr como consecuencia UNA DISMINUCIN
EN LA EXTENSION DE LAS SIEMBRAS Y EN LA PRODUCCIN DE ALIMENTOS".
Las leyes sociales de 1924 -en especial la que obligaba al hacendadd a pa-
gar imposiciones del Seguro Obrero- desataron una tempestad que se prolong
por largos aos, y cuyas alternatives examinaremos ms adelante. Una vez ms
se insisti en que "las obligaciones y gravmenes que imponen estas leyes... lle-
varn la agriculture a la ruina, con grave perjuicio para el future econmico del
pas".
"Aun sin estas gabelas trabajamos para sacar apenas el costo de la produc-
cin", se lamentaba un director de la SNA en una sesin de junio de 1926.
En 1933 se advirti que imponer a los empleados de las haciendas una jor-
nada de ocho horas "llevara a la ruina a los agricultores, quienes se abstendran








de sembrar, con las consecuencias que son de prever". El mismo ao, ante las
medidas adoptadas .por el Comisariato de Subsistencias y -Precios, respect a la
comercializacin del trigo, el rgano de los latifundistas proclamaba cnicamente:
"Con estas medidas, slo se obtiene que-los agricultores reduzcan el rea de los
terrenos sembrados, para que la escasez vuelva a hacer subir los precious .
En julio de 1938 vino una nueva etapa de la ya antigua campaa para im-
pedir que los inquilinos pudieran gozar de los beneficios del Seguro Obrero. Un
furibundo editorial profetizaba:
"Se ha pretendido fijar mnimos para las regalas que reciben los obreros
campesinos, para los efectos de calcular las imposiciones... Si esta reglamenta-
cin- entra en vigencia VENDR EL DESPLOME DEL PAIS, SU RUINA..."
Poco despus el Frente Popular intent propiciar una ley de sindicali-
zacin campesina. La SNA envi una carta abierta al Presidente Pedro Aguirre
Cerda:
"Esta legislacin provocar en breve plazo un desquiciamiento en la econo-
ma agrcola... y el lamentable fracaso de todo propsito de armona. En estas
condiciones LA PRODUCCIN TENDER NATURALMENTE A DECAER, ya que tendr que
ser evitada la utilizacin de mano de obra..."
En 1947 se incluy en el Cdigo del Trabajo un inoperante acuerdo in-
ternacional que pretenda hacer possible la creacin de sindicatos rurales. Como
era de esperar, la media provoc pnico:
"El sindicato campesino... sera un desastre econmico y social que debe
ser evitado a todo trance, si se quiere ahorrar al pas una catstrofe de contornos
imprevisibles..."
Tres aos ms tarde, ante la amenaza de tener que tributar sobre sus utili-
dades, los terratenientes volvieron a sacar a relucir el gastado argument:
"El resultado inmediato ser una nueva merma de la produccin y el debi-
litamiento sustancial de la capacidad econmica del pas... Se limitan las inicia-
tivas particulares, amedrentando a los productores y privndoles de una parte de








los recursos de que actualmente disponen para sus negocios. En estas condiciones,
LA PRODUCCIN DECAERA Y EL PAS IRA AL DESASTRE..."
En 1960, ante la creciente presin en favor de una reform agraria, el enton-
ces president de la SNA, Guillermo Noguera, recalc en un discurso que tales
"experiencias fracasadas en otras naciones", significaran "EL INEVITABLE QUEBRAN-
TO DE LA PRODUCCIN". Poco despus, al conocerse en 1961 el proyecto de la
"refonna de macetero" de Jorge Alessandri, otro dirigente empresarial, Recaredo
Ossa, volva a la carga: "Si esto se concrete, nadie se interesaria en hacer nuevas
inversiones, ni modernizar, ni hacer aportes de capital a los campos..."
El paso del tiemipo no modernize el pensamiento de los grande hacendados
de Chile. Ante la reform agraria de Frei, en 1965, un portavoz de la SNA desem-
polvaba nuevamente los vetustos cliss de cien aos atrs: "Si se empieza' a ex-
propiar funds, los resultados seran UNA CATSTROFE' ECONOMICA Y SOCIAL DE TRAS-
CENDENCIA IMPREVISIBLE".
El editorial de El Campesino de septiembre de 1967 -apenas tres aos
antes de la victoria popular- parece resumir la actitud deilos terratenientes, in-
variable a lo largo de las generaciones:
"Los agricultores estamos viviendo los peores aos de la historic agraria del
pas... No slo est amenazado y en quiebra el destino de los propietarios y tra-
bajadores agrcolas, sino que tambin HA APARECIDO EL ESPECTRO, DEL HAMBRE que
se cierne amenazadoramente sobre la poblacin entera del pas".


EL MANUAL DEL HACENDADO.

En las actas del Congreso de Agricultores de 1875 aparece por primera vez
la diferencia que establecan los hacendados entire el inquilino -arraigado a la
tierra, virtual siervo de la gleba, sometido en todo a los caprichos y arbitrarieda-





- '3l


des del patrn omnipotente- y el jornalero libre o afuerino. Este ltimo, a los
ojos patronales, era un element perturbador y subversivo, aunque por desgracia
necesario -para la produccin.
La relative libertad de movimiento de que gozaba protega al afuerino de los
peores abusos, si bien reciba un trato indigno: deba dormir a la intemperie, co-
mer como un animal encuclillado en el suelo, someterse a mayordomos y capa-
taces so pena de perder su exiguo journal. Pero siempre le quedaba la alterativa
de buscar mejores horizontes: la falta de brazos en el campo -permanente queja
de los patrons, a lo largo de muchas dcadas- le aseguraba el pan, al menos
en las epocas de siembra y cosecha.
Durante el resto del ao eran muchos los afuerinos que emigraban rumbo
al Norte, para buscar empleos transitorios en las minas. Y fue all, en la pampa
seca y vibrant bajo el sol, donde entraron en contact con un proletariado que
ya iba descubriendo el poder de la unidad y la organizacin, como herramienta
de ilucha. La incipiente conciencia de clase del minero y la naciente prensa obrera
nortina ayudaron a dar madurez y combatividad a los jornaleros trashumantes:
cuando volvan a la region de las grandes haciendas, los afuerinos, como sealaba
Juan N. Espejo en su informed al Congreso de 1875, exigan mejores condicio-
nes, protestaban por las jornadas demasiado largas y la mala alimentacin, "se
amotinaban por cualquier motivo".
Haban dejado de ser siervos. Comenzaban a intuir que la respuesta a la
prepotencia patronal era una sola: la lucha. La larga y sangrienta lucha para re-
cuperar las tierras que los antepasados del hacendado haban arrebatado, con la
espada en una mano y la cruz en la otra, a los antepasados del pueblo. Volva
a despertar el espritu de Lautaro, el genial guerrillero araucano que mantuvo a
raya al conquistador espaol, y cuyos descendientes siguieron batallando contra
el invasor por trescientos aos.
Sin embargo, an faltaba much tiempo para que se quebrara el, podero de
los dueos de la tierra. Y la vida en las vastas haciendas del centro y del sur

























"El inquilino
no. S
llama siervo,
pero al
igual que
el siervo
es azotado
por el
patron a
la menor
falta."
(Ramn
Domnguez,
jurita,
1867.)


-seguia adelante, dia tras dia, sin cambios, sin esperanzas: igual en 1875 que
en 1775 1675.
Un retrato perfect lo constitute el Manual del hacendado, coleccin de
instrucciones redactadas por don Manuel Jos Balmaceda para que, guindose por
sus preceptos, sus hijos administraran correctamente las dieciocho grandes hacien-
das que les dej en herencia.
Las cuatro quintas parties del Manual -publicado en 1875, despus de la
muerte de su autor- se refieren a aspects puramente tcnicos de cultivos y ga-
nadera. En los captulos restantes se definen las relaciones del patrn con sus
trabajadores y los principios que han de gobernar la conduct de stos, as como
sus derechos y obligaciones.
Entre los primeros, el autor estima preferable no mostrarse demasiado genero-
so: "Los inquilinos tienden a abusar si se les da talaje a sus animales..." Especi-
fica, tambin, que es convenient darles la "posesin" para su rancha cerca de
las casas patronales, "consultando el inters del hacendado... para, que todos sus
actos puedan ser vigilados por el patrn".
























"Por qu
el inquilino
no se queja?'.. .
Tiranizado
en todo
sentido,
el inquilino
terminal
por no
concebir la
libertad".
(Ramn
Domnguez,
urista,
1867.)


Antes del amanecer, una campana debe dcspertar a lo< peones, quienes se
ocuparn hasta la salida del sol en dar de comer y beber a los animals y recibir
las rdenes del mayordomo, quien debe "exhortarlos a que trabajen bien y con
empeo".
La racin de almuerzo es "la 15 ava parte de un almud de harina, o una ga-
lleta de las 15 que produce esta mediaa. La comida, "la 15ava parte de un al-
mud de frejoles o maz". Como un almud equivale a 7 litros, la dieta complete
del trabajador se compona de dos tazas de harina y dos de maz o porotos,
"segn ms convenga al hacendado".
El Manual indica un horario fijo para las comidas:
"Los trabajos empiezan al salir el sol. A las nueve se suspended por media
hora para que almuercen los peones; a las doce del da por igual tiempo, para
que coman. Y no se vuelven a suspender hasta que el sol se haya entrado com-
pletamente".
Al pen que llega al trabajo ya 'salido el sol, o no se le admite, o se le cas-
tiga rebajndole un tercio del journal. Los que "no trabajen con la debida ligere-








za. no hagan bien su labor o usen malos modos", deben ser echados sin ms tr-
mites, perdiendo el journal. Si alguno osara "insubordinar a otros", o pedir ms
comida, o un aumento de journal, debe ser castigado "con several penas"
y arrojado de la hacienda.
IE trabajo deba desarrollarse sin un instant de respiro:
"Al pen que se le encuentre ocioso en horas de trabajo debe descontrsele
la cuarta part del journal de ese da, si es primera vez. Si sc le sorprende por
segunda vez, perder la mitad, y por tercera vez, perder todo".
Tampoco se permitia nada de lo que pudiese parecerle mal al patron: "Todo
pen sospechoso de malas costumbres" -trmino harto vago- "se pondr de
inmediato a disposicin de la polica, y no se le recibir en la hacienda mientras
no est satisfactoriamente justificado". Y la menor falla cra castigada con multas
desproporcionadas: "Al que sin causa suspend el trabajo, no se le abonar el
journal de ese da. Al que falte al trabajo sc le cargar como multa el journal de
un da v medio. El que por negligencia o mala voluntad haga mal algn trabajo
y resultare de esto algn perjuicio, se le cargar a su cuenta". Tambin los aperos
o herramientas que se perdieran o resultaran daados en las faenas deban ser
pagados por los peones.
La misma severidad regia las relaciones del patrn con sus empleados de con-
fianza: "Al mayordomo se le prohibe salir del fundo. Debe trabajar en lo que
sc le ordene, a cualquier hora del da o de la noche". En cuanto al administra-
dor, tampoco poda abandonar la hacienda sin permiso especial "ni ocuparse
de negocios propios... Debe velar por la moralidad de todos los habitantes del
fundo". Adems, en ausencia del patrn, deba enviarle dos informes escritos se-
manales, so pena de ser multado en hasta cincuenta pesos.
Otra de sus obligaciones era la de espiar la conduct de los trabajadores y
hacer de sopln: "Investigar escrupulosamente la conduct de los dems emplea-
dos, dando inmediatamente cuenta al patrn de las sospechas que abrigue res-
pecto de cualquiera".
En las haciendas de don Manuel Jos los inquilinos no perciban remune-








racion cn dinero: "Se les da nombre de inquilinos a quienes viven en el fund
sin percibir journal y prestan sus scrvicios sin pago. Son brazos obligados que tiene
cl patrn para toda clase de trabajos".
A los inquilinos de primera clase, que disponan de cabalgadura propia, se
les daba talaje para una buena cantidad de animals (diez vacas y veinticinco
ovejas) ms algo de tierra para siembra. "Para retribuir a la hacienda esos bene-
ficios", el inquilino deba proporcionar el trabajo de cinco peones; uno montado,
que reciba un pequeo journal, y cuatro que trabajaban slo por la comida. Los
de segunda clase tenan menos regalas, y deban dar "un pen de a caballo pa-
ra trillas, rodeos 'y servir turno en las casas; y un pen para todos los trabajos,
por la tercera parte del journal acostumbrado". En caso de que el patrn lo requi-
riera, estaban obligados a proporcionar los servicios de un tercer pen y a hacer
trabajar a todos los que vivan en su casa.
Finalmente el inquilino de tercera clase, o inquilino-pen, reciba slo la
choza y un pedacito de tierra "que no exceda de 40 varas, para criar gallinas o
sembrar hortalizas, siempre que haya agua". Sus obligaciones: asistir gratis a ser-
vir en las casas; trabajar en los rodeos, slo por la comida; dar un pen todo el
ao por journal de segunda clase; desempear cualquier servicio accidental que se
le exigiera; hacer trabajar a todos los que viviesen en su casa, si era necesario.
Las mujeres, por su parte, tenan la obligacin de realizar un sinfn de la-
bores: "amasar pan, cocinar en las faenas, ordear, hacer mantequilla, esquilar,
coser y remendar sacos, trabajar en la siembra y cosecha de chacareria", etc. Se
les cancelaba un pequeo journal por algunas tareas; otras deban ser desempea-
das gratuitamente y todas eran obligatorias: "No es possible excusar a las mujeres
de los trabajos, porque el hacendado, en pocas de escasez de peones, se vera
obligado a retardar sus trabajos".
Como las obligaciones de los inquilinos incluyen el trabajo de sus nios
("todos los que viven en la casa") y los ancianos, estas labores no se especifican
separadamente, pese a la meticulosidad del seor Balmaceda, quien detalla un



























total de veinticinco obligaciones diferentes para el adminis-
trador, veintisis para los mayordomos,'doce para los capata-
ces,, veinte para los vaqueros y potrerizos, diecisiete para los
carreteros (incluyendo la prohibicin de llevar en la carreta
efectos propios o ajenos, "so pena de perder el journal del via-
je y pagar double flete por lo que ha conducido"), veintiuna
para los arrieros y treinta y una para los ovejeros.
Por curioso que parezca: las disposiciones de Manuel
Jos Balmaceda no eran consideradas abusivas, ni siquiera
demasiado several, en su tiempo. Y sera justamente el hijo





En 1933, los latifundistas atacaron la ini-
ciativa de que los empleados de hacienda
trabajaran una jornada de 8 horas, por-
que...
"...llevaria a la ruina a los agricultores,
quienes se abstendran de sembrar, con las
consecuencias que son de prever."


del autor de este Manual quien entrara en conflict con los dueos de la tierra,
los que no descansaran hasta derrocarlo.


e BALMACEDA Y LA GUERRA DE 1891.

En 1886 Jos Manuel Balmaceda se cea la banda de los Presidentes
de Chile. Hombre de ideas liberals y en muchos sentidos muy adelantadas para
su poca, no tard en ganarse la enemistad a muerte de los sectors ms retr-
grados -y mas poderosos- del pas: la Iglesia Catlica, que lo persegua como a
un Anticristo, porque haba logrado imponer las leyes del Cementerio Laico y del
Matrimonio Civil, quitndole jugosos ingresos y parte de su poder como nica








santificadora de la familiar; el imperialism ingls, dueo de las salitreras del Nor-
te, cuyo poder Balmaceda se esforz siempre en limitar; y, finalmente, los hacen-
dados.
Aunque el propio Balmaceda era rico y dueo de exterisas haciendas, no va-
cil en daar los intereses de su clase con tal de dar mayor prosperidad al pueblo
y hacer progresar el pas. Los altos ingresos fiscales producidos por el salitre le
sirvieron para iniciar un vasto program de obras pblicas, que dieron trabajo a
miles de jornaleros, arrancndolos de la servidumbre. Ha quedado documentado
un incident en el cual un representante de los latifundistas, Macario Ossa, repro-
ch a Balmaceda por los altos jorales que el Fisco pagaba a los trabajadores,
causando con ello su xodo de los campos. "El remedio est en su mano: pague
usted a sus obreros lo mismo que les paga el Fisco, y tendr brazos en abundan-
cia", le replic el Presidente.
"La voluntad de la minora ultraconservadora prevaleci por medio de la
intriga, la propaganda y la fuerza de las armas", describe un historiador. El ingls
John Thomas North, llamado en Europa el Rey del Salitre, ayud a financial
a los facciosos, y la clsica alianza de la oligarqua national con el imperialismo
extranjero termin por provocar la cada de Balmaceda. Tras su derrota y suicidio
se implant un rgimen parlamentario que limit severamente las atribuciones
del Ejecutivo y entregaba el control del pas a los latifundistas, ahora a travs
del Congreso y, ms especficamente, del Senado. Todava en 1920 se calculaba
que ms del 70 por ciento de los miembros del Poder Legislativo pertenecan a
la casta de los dueos de la tierra.
Durante los treinta aos que siguieron al estallido de 1891 la oligarqua si-
gui firmemente aferrada a las riendas del poder. Un economist describe sobre
este perodo: "Un minsculo grupo aristocrtico diriga los negocios del Estado,
mirando solamente por el provecho de su clase. La moneda national fue mani-
pulada en forma de que pudiesen acumular grandes riquezas aquellos que tenan
fortune para especular. La miseria de los pobres se acentu con la circulacin de
un depreciado papel moneda, y con las constantes alzas de precious. La renta







de las exportaciones del salitre haca innecesarias las contribuciones a la propie-
dad o los impuestos a la renta... Todas las medidas legislativas aligeraban la car-
ga de los ricos poseedores del suelo. Fue un perodo de gran prosperidad para
las classes altas, sin que el pueblo participara en esta bonanza. Los rotos de los
conventillos urbanos y los inquilinos en los humildes ranchos de las haciendas
continuaron viviendo como en los das de la Conquista".


LOS ALBORES'DE UN NUEVO SIGLO.

Con los primeros aos del siglo XX el obrero de la ciudad, de las minas
y de los puertos comenz a defenders de fa explotacin en forma cada vez ms
eficaz. Su hermano del campo, sin embargo, se mantendra al margen de esta
lucha hasta 1920.
Pese a ello, la creciente combatividad proletaria encontr algunos ecos: cada
vez creca el nmero de los campesinos que emigraban a. la ciudad, en busca
de un journal que les permitiera vivir sin someterse a la secular servidumbre de
los campos. La tendencia alarm a los terratenientes, quienes, con cierta inge-
nuidad, se propusieron convencer al jornalero de que un aumento de ingresos
no le convena. En 1906 comentaba la revista de la SNA:
"Mucho dao se evitara el pueblo a s misipp, si, mirando las cosas como
son, y atenindose a una larga y dolorosa experiencia, no se dejara alucinar por
las apariencias y se convenciera de que UN JORNAL MS BAJO PUEDE SER, EN REALI-
DAD, MUCHO MS CONVENIENTE... El alza inmotivada del salario, en proporciones
que no guardian relacin con el inters del capital, es perjudicial para todos: perju-
dicial aun para los mismos que lo reciben".
En otros artculos de la misma poca el verdadero motivo de inquietud de
los latifundistas se revela en forma ms direct: "Los altos salaries que ofrece
la industrial constituyen un just motivo de alarma, ya que, solicitados a tales





















precious, nuestros trabajadores dejarn desiertos los campos... Adems, a conse-
cuencia de los malos -hbitos del pueblo, el exceso de journal se traduce en dis-
minucin de los das de trabajo, lo que perjudica al hacendado".
La primera dcada del siglo XX fue abundante en huelgas obreras y movi-
mientos reivindicativos, a menudo ahogados en sangre, como ocurri en la Escue-
la Santa Mara. Pero los hacendados an se sentan seguros: sus estancias con-
tinuaban siendo verdaderos feudos, esas mismas "monarquas absolutas" de que
hablara Atropos casi medio siglo atrs. Nadie se atreva a alzar la voz para denun-
ciar la explotacin, para desenmascarar las hipcritas actitudes (siempre motiva-
das por "el bien de la patria") y denunciar la ineficiencia, incapacidad y para-
sitismo de los dueos de la tierra.
Nadie, hasta que en 1910 apareci un libro titulado La sinceridad y firma-
do por un tal Dr. Valds Cange (seudnimo de Alejandro Venegas, segn algunas
fuentes). El libro, que llevaba el subttulo de Chile ntimo, pona los puntos sobre
las es con golpeadora nitidez: dejaba en claro que "los encargados de dictar las

48




















I1.



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labors: ~oriasa pan





cocin enlas aena, orear
hacer mante uill, esq ilar


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leaves son, cu su inmensa imayoria, agricultores que se beneficial con ellas. LeC
convene bajar el valor de la moneda de la nacin, ya que ellos cambian sus
products en oro y pagan a sus acreedores y obrcros en papel desvalorizado..."
"Ninguna industrial ha recibido una proteccin tan exagerada como la agri-
cultura. Durante treinta aos, los agricultorcs han legislado en su exclusive pro-
vecho... Si principian a escascar los brazos, los oligarcas, con un cinismo de lo
ms natural, piden al gobierno que suspend los trabajos fiscales, y lo obtiencn;
v entonces el pobre jornalero tiene que ir a someterse al seor feudal y resignarse
a las condiciones que ste le imponga.'
Los agricultores, segn el iracundo autor, eran parsitos de la peor especie:
"Cuando en Santiago, o en alguna ciudad de provincia se encuentra a un
joven de buena familiar, borracho y jugador, que reparte su tiempo entire el res-
taurant, el club y la casa de prostitucin, y -uno pregunta: "Y este !mozo, en
que se ocupa?", indefectiblemente le respondern: "Trabaja en el campo".
l'l latifundista chileno, acusa Valds Cange, no merece llamarse agricultor,
v en todo Chile no hay cincuenta que tengan algn conocimiento, y menos de
diez que hayan estudiado agronomia; "porque el magnate, en el fondo, desprecia
la agriculture". Y arremete:
"Los dueos del suelo no neccsitan ser agricultores para obtener pinges
rentas de sus campos... Su ignorancia vergonzante queda de manifiesto en su
resistencia tenaz al empleo de abonos: prefieren dejar descansar los terrenos cua-
tro o cinco aos, de tal modo que, para sembrar 200 hectreas, se necesita que
el fundo tenga 1.500 2.000... El magnate chileno, aunque tenga resuelto en-
tregar uno de sus funds a su hijo, no le har estudiar en un institute agronmico;
sino lo deja completamente ignorante y slo con un barniz de cultural aparente,
recibido en un colegio de jesuitas, lo har estudiar Leyes, carrera descansada y
accessible hasta a las inteligencias ms obtusas... No sera tan grave que el future
hacendado no estudiase de antemano, si despus dedicara su atencin a sus nue-
vos quehaceres..., mas cmo habr de dedicarse a trabajos serious el que nunca
tuvo ocupacin ms important que pasear los portales y pernoctar en clubs \








burdeles! El lara lo que hizo su padre cuando fue joven y "aprendi a trabajar":
ponerse al corriente de la rutina que se sigue en la hacienda, dejar rodar la bola
y matar cl tiempo seduciendo a las hijas de los inquilinos en el verano, y pasar
el resto del ao en la ciudad, descansando de "las fatigas del campo".
El autor tambin critical a los terratenientes su "ignorancia, indolencia, ruti-
narismo... unido a una codicia rapaz de los dineros del Estado"; detalla various
manejos indignos de un Congreso dominado por el latifundio y no olvida refe-
rirse al trabajador explotado, hablando de "la situacin humillante en que viven
los inquilinos, esos parias tres veces ms infelices que los antiguos esclavos, adhe-
ridos a un pedazo de terreno que se le presta a cambio de la entrega absolute
a su patrn de su trabajo, su libertad, su honor y el de-su familiar, su vida entera..."
Tambin iinrece las invectivas del Dr. Valds Cange la actitud retrgrada
del latifundista frente a todo tipo de progress tcnico. Los establos, la acumu-
lacin de forraje, el empleo de herramientas modernas o mquinas se consideran
"cosas de gringos". Y cuando sobreviene un perodo de sequa, "unos se conten-
tan con hacer rogativas, esperando un auxilio sobrenatural; los ms se limitan
a lamentarse much, para despus justificar los precious exorbitantes que pedirn
por sus products, o lo miserable del salario que pagan a sus jornaleros".
Notablemente adelantado a su poca, el misterioso Valds Venegas propone
remedios drsticos: expropiacin de los grandes funds cercanos a los centros de
poblacin, pesadas contribuciones que graven la gran propiedad y, en especial,
los terrenos baldos, y leyes que fijen la mxima extension de los predios rs-
ticos. Casi casi una refonna agraria moderna...
En cuanto a las cuestiones sociales, intuye que stas son en primer lugar
econmicas y luego morales: "Dad, antes que todo, al pueblo los medios dignos
de subsistencia, y derramad despus la semilla humanitarian en sus corazones...
Pero este sencillo program de reform encontrar para su realizacin dos obs-
tculos serious: la Iglesia y los magnates dueos de la tierra".
En otro captulo, Valds Cange empua lanzas en defense de los mapu-








ches despojados de: tstis. tierras- relate algunas de las, iniclias trquAUC14s de que
i tros civilizadores'* para. apropiane d os predios ind-
Estado participate, en la rapija, ya que n, de una
& tierras de mapuelles pam instalar Ila , colpils
mue S distinguidas que llas- se pavollean en 1. Qs sa I Ques
14. Foi;tra,
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t e te indio4 las fiarumas qu, roli,, lasta Ni
0 Jr"
de los randes s mb ros lemplumdos y la
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"El Polo, sport viri an
el fayorito, hoy da, farnilia.
pueden disputarle su pptdaridad- Tiene velaci agheultura, ya que en el juego entra, el] pin-me
Vesas como el equipo de Santiago Se Com
a, las i-bbids' 4-ricolas: los seores Gandaril


L FIN DE -LA .`IBELLE EPOQUE".'

Pero ya se acereaban los aosdC la Priynera




-----------







Durante la contienda europea las exportaciones de trigo -a precious muy
remunerativos- aumentaron hasta el punto de provocar una escasez dentro del
pas, con la correspondiente alza de precio. La caresta del pan provoc una peli-
grosa inquietud en las masas, y el gobierno intent limitar la exportacin como
una manera de normalizar los precious.
El rgano de los hacendados -haba vuelto a llamarse El Agricultor- dej
de manifiesto la posicin de los terratenientes frente al espinudo problema. Las
alzas de precious en los alimentos, argumentaban los inefables agricultores, no afec-
taiban a los peones del campo o de faenas organizadas, "porque los patrons son
quienes costean las comidas". Tampoco afectan a los obreros en general, "porque
stos reajustan libremente sus salaries", una afirmacin tan inexplicable en 1917
como hoy. En Chile, continuaba el argument patronal, cuando un alimento sube
de precio se le reemplaza por otro: "Se comer menos pan, pero ms papas...
Puede ser esto una razn fundada para atropellar las garantas constitucionales
de la libertad de comercio, y echarse a la espalda los principios econmicos in-
mutables que condenan la intromisin de la autoridad en la fijacin de los pre-
cios?"
La terca insensibilidad de los latifundistas frente a la miseria y creciente des-
contento de las masas provoc algunas crticas pblicas. Un dirigente de la SNA
de apellido Larran, contraatac de inmediato:
"El agricultor ayuda al pueblo como patriota, como cristiano y como caballe-
ro. Les damos servicios religiosos... Mantenemos no slo al trabajador sino a
toda su familiar, al darle racin de tierra para chacra, y hasta mantenemos a sus
animals. No podemos tolerar que se nos present como mercaderes y explotado-
res... Si combatimos la prohibicin de exportar, es porque vemos en ella slo
un engao al pueblo, una medida que lesiona los intereses patrios..."
Incluso no falt el consejero de la SNA que en una sesin de directorio
propuso que se les facilitaran barcos de la Armada para transportar el trigo expor-
tado, a fin de ahorrarse el pago de fletes.
Pese a los violentos esfuerzos por mejorar una imagen pblica de "merca-







deres y explotadores", an permaneca en el nimo de la colectividad el efecto
bomba creado el ao anterior -1916- por el periodista Tancredo Pinochet,
quien junto a su secretario, el abogado Mario Lniz Prieto, se haba disfrazado
de jornalero para conocer por dentro el fundo del Presidente de la Repblica,
Juan Luis Sanfuentes.
En el diario La Opinin, en una series de sensacionales reportajes, Pinochet
relate las increbles condiciones de yida de los "sibhoinbres" que trabajaban las
frtiles tierras de Su Excelencia. La Hacienda Camarico, de 1.700 cuadras, pa-
gaba a los afuerinos un journal de un peso diario, ms ina galleta fiaana y noche
y una racin de porotos guisados en agua a medioda. Pinochet describe la hora
de almuerzo:
"Lleg primero uno, .cansado, extenuado, con un cacharro eh las manos. La
mujer lo mir. Necesitaba reconocerle; tena que ver que no fuera a pechir comi-
da quien no hubiera trabajado. Le llen su cacharro. No le dio nada mas, np le
dio pan... El hombre se fue con paso lento, extenuado, sin proyectai casi su
cuerpo una sombra en el suelo, porque el sol azotaba sus rayos quetnantes di-
rectamente sobre su cabeza.
"Lleg otro hombre... Y otro y otros y otros. Era el batalln de la pobreza.
Estas no eran esposas de hombres sin trabajo, como las que van a recoger las
sobras en las sacristas, de Santiggo. Estos eran hombres que haban trabajado de
sol a sol en la hacienda del Presidente de la Repblica. Estos eran hombres
en la plenitud de la vida, del vigor de los msculos, hombres que haban llegado
al vrtice superior de su eficiencia; que ya ms tarde nada podran exigir de la
sociedad, que no fuera una cama en un hospital.
"Y adnde iban esos hombres? No iban a ninguna casa, no iban a ningn
comedor, no iban a sentarse, a ninguna mesa, en ninguna silla. Iban a tirarse al
suelo, a comer en pleno campo, tendidos, botados, como bestias, como cerdos que
hociquean el lodo... El mayordomo y su mujer y sus hijos tambin coman en
el suelo".







Al inquilino se le daban 60 centavos diarios, ms media cuadra de tierra.
Convirtiendo a moneda stable (peniques) ese journal y comparndolo con los
30 centavos que se pagaban cuarenta aos antes, Pinochet descubre que "el in-
quilino de vuestro abuelo, Excelencia, ganaba 14,19 peniques, catorce peniques
con diecinueve centsimos y vuestro pen gana cinco peniques diez centcimos.
Un tercio de lo que ganaba su abuelo... Lo veis bien claro, no hay esperanza
para el subhombre. Su curva est fijada: es de inflexible descenso. Han sufrido,
han tenido hambre, han dormido y comido botados en el suelo, sin esperanza
de juntar bastante dinero para que los nietos compren pauelos de narices o
peinetas. En el mismo espacio de tiempo el agricultor chileno, el hacendado, ha
llenado Santiago de palacios y automviles: no como fruto del talent con que
ha trabajado sus haciendas, sino de la forma en que ha explotado a los esclavos
de la gleba".
Con vibrant indignacin, Pinochet describi la escuela de la hacienda -un
rancho de totora, por el cual Sanfuentes reciba del Fisco cincuenta pesos men-
suales por concept de arriendo- y reprodujo lo que le haba contado la maes-
tra, tambin empleada fiscal:
"Un da vinieron unos inquilinos a pedirme que les hiciera classes de noche;
queran aprender a leer. No tenan tiempo en el da, ni tuvieron ocasin antes.
Me ofrecieron pagarme dos pesos al mes cada uno. Yo acept. Se alcanzaron a
juntar treinta y dos en mis classes. Venan con much gusto. Pero deb cerrar el
curso, porque el visitador, despus de hablar con el administrator del fundo,
as lo orden..."
Si la escuela le produca 50 pesos mensuales a Sanfuentes, pese a que prc-
ticamente no funcionaba -casi todos los nios empezaban a trabajar a los seis
aos-, ms productivas le resultaban la pulpera y la cantina: ambas eran su pro-
piedad, "parte de su negocio".
"El inquilino, resignado, sumiso, ha soportado generaciones de esclavitud.
Todas las medidas se han tomado para que no despierte la conciencia del sub-
homibre... Pero no hay arquitectos capaces, Excelencia, de construir las -murallas







que detengan la expansion de las corrientes civilizadoras... El inquilino despier-
ta, mira con ojos inquietos hacia el porvenir..."
El President Sanfuentes no se dio por aludido de la escandalosa serial pe-
riodstica, que poco despus apareca en forma de libro. Pero los vientos del
cambio comenzaban a percatarse en el aire. Los agricultores vivan felices sus
ltimos aos de podero absolute: incluso lograron torpedear un proyecto de ley
destinado a parcelar funds regados adquiridos por la Caja de Crdito Hipote-
cario, para vender los predios con facilidades de pago y abrir el acceso a la pro-
piedad de la tierra a gente de medios modestos.
"Ha sido el gran propietario el que ha introducido todos los adelantos en
la agriculture", deca el informed *firmado por una comisin de hacendados enca-
bezada por Francisco Encina. "La propiedad es uno de los cimientos ms slidos
de la estabilidad social. La propiedad moraliza al hombre, le aleja de la disipa-
cin y la embriaguez... (Pero) slo las propiedades grandes se conservan y pros-
peran: las pequeas no son rentaibles, sirven de asiento a una poblacin ociosa."
Ese mismo afo -1919- un primer estremecimiento agit los serenos salo-
nes de la SNA: en la sesin del 19 de noviembre, "el socio Jos Ignacio Huido-
bro express que haba credo necesario imponer al Directorio de la grave situacin
que se estaba creando en los funds de la region de Catemu. Se refiere a que
se habran formado "federaciones" entire los inquilinos, que al parecer tuvieron
su origen en delegaciones de las federaciones establecidas en las minas... Se ha
pretendido hacer exigencias a los dueos de fundo... Se refiri a continuacin
a las medidas adoptadas para combatir el mal, antes de que cunda".
El movimiento sindical de mineros y obreros haba logrado, por fin, traspa-
sar sus inquietudes y experiencias a los campesinos. Ya en 1842 el vocero agr-
cola proclamaba que, si bien convena a la paz de la casa que los criados no
pelearan entire s, 'tambin importa, por la seguridad del patron, QUE NO ESTN
MUY UNIDOS. .." Ochenta aos ms tarde se daban los primeros pasos hacia esa
unin. En el horizonte del apacible agro chileno se levantaba el resplandor rojo
de futuros combates que llevaran la lucha por la tierra hacia la victoria final.








* EL DESPERTAR DEL CAMPESINO.


A los primeros indicios de agitacin en los campos no era ajena la influen-
cia de la Revolucin de Octubre, cuyos vagos ecos lograron traspasar los cierros
de las grandes haciendas. Alrededor de 1920 empez a brotar la insubordinacin:
hubo protests contra las condiciones de vida e incluso algunos intentos de huel.
ga, cosa nunca vista desde los tiempos de Pedro de Valdivia.
En enero de 1921 la SNA manifest su alarma en un editorial titulado "La
Sindicacin de los Labriegos", sealando que comenzaba a cundir el mal ejemplo
del obrero industrial: "Buscan la elevacin de los precious del trabajo por medio
de la huelga. De esta arma el obrero usa y abusa... Debemos lamentar que
an no est moralmente preparado... Es preciso anticiparse a las exigencias que
han de venir".
El tono moderado y relativamente conciliador del editorial se deba, sin du-
da, al pavor -injustificado, por otra parte- que produjo entire los hacendados la
eleccin de Arturo Alessandri a la Presidencia. En su primer -mensaje al Congreso,
el nuevo Mandatario expuso un program de drsticas reforms: separacin de
la Iglesia y el Estado; seguro obrero; impuesto a la renta y mayor contribucin
a la propiedad agraria; control del gobierno sobre los bancos y compaas de se-
guros; eleccin presidential por votacin direct; amplia extension de la ensean-
za popular. Algunas medidas lograron ser aprobadas tras una ardua lucha entire
el Senado y el Ejecutivo, pero poco despus el Len de Tarapac se vea obli-
gado a abandonar La Moneda y el pas.
Al parecer se haba producido otra de las tradicionales victorias del grupo
conservador. Pero el efecto de esos breves aos fue un irreversible despertar del
campesinado, que se refleja en la plaidera carta abierta enviada por la SNA a
Alessandri en 1921: lamentaciones por "la propaganda que se est haciendo en
los campos por individuos sin conciencia, que tratan de conseguir que se federen








los inquilinos y obreros agrcolas, prometindoles la abolicin de la propiedad. cl
reparto de tierras y la instalacin de un regimen del Soviet...
"La conveniencia del proletariado agrcola y del pas exige que NO se fedcren
en causa solidaria con los obreros de las ciudades, porque esto equivale a amena-
zar la subsistencia de la poblacin y preparar el hambre", seala muy tpicamen-
te el document.
El President replic anunciando la creacin de leaves sociales, rechazando
la sindicalizacin, exigiendo el tnnino de la presin patronal sobre los trabaja-
dores en las urnas electorales v recalcando: "Condeno en la forma mas categrica
la obra de los agitadores... Es condenable toda propaganda que hable de re-
parto de tierras o de revolucin social, porque esto significa atacar la prosperidad
de la patria".
Sin embargo los latifundistas no pudieron respirar tranquilos. El recin
fundado Partido Comunista extenda lentamente su influencia, v comenzaron a
brotar, una y otra vez, movimientos huelgusticos en los campos. An podian
SLr neutralizados con relative facilidad, como se desprende del siguiente extract
de las actas de la SNA:
"La huelga de Culiprn y otras tentativas abortadas demuestran dos cosas:
una, que el espritu de revuelta puede penetrar a los campos, y otra. que todava
el sistema patronal traditional no ha perdido su eficacia... En los ltimos dias
han sido distribuidas en los alrededores de Santiago muchas proclamas dirigidas
al Hermano Campesino, en que se le dice que gasta su esfuerzo y su vida para
un patrn que derrocha el dinero; y que es preciso federarse para llegar a ser
dueo del pedazo de tierra que cultiva. No ser ciertamente la prdica subver-
siva la que destruya el inquilinato, per o o perturbar, con grandes daos a la
produccin...
En junio de 1921 se anuncia "con viva complacencia" la aparicin del
peridico Noticias Agrcolas: "Invita a los hacendados a defender sus derechos...
Eldita hojas sueltas con sanas advertencias para los trabajadores rurales, hacin-







doles ver que deben solidarizar con sus patrons en vez de escuchar las promesas
estriles de los agitadores".
Se acord expulsar de las haciendas a los "dscolos" y no aceptar la presen-
cia de ningn "federado". Pero la inquietud continuaba. En una sesin del mis-
mo ao se pidi a un consejero de apellido Letelier que diese cuenta de lo
ocurrido en su fundo Aculeo: "Algunos trabajadores asistieron a un mitin y al
parecer se federaron, pero no se produjo huelga ni manifestaciones subversivas
de ninguna especie". Desde luego, los revoltosos fueron arrojados al camino, y
cuando el gobcrnador de Maipo intent interceder por ellos, el patrn se neg
a escucharle "por cuanto se trata de una cucstin meramente privativa y per-
sonal de l".
Un fuerte golpe para los hacendados lo constituyeron la primer ley de im-
puesto a la renta jams promulgada en Chile y las leyes sociales de 1924, en es-
pecial la 4.054 (Seguro Obrero). Y el 30 de agosto de 1925 era promulgada, pese
a la tenaz oposicin conservadora, una nueva Constitucin que fortaleca las atri-
buciones del Ejecutivo y lo facultaba para propender a la division de la propiedad,
consagrando la funcin social de sta, si bien con grandes limitaciones. Asimismo,
se dio el derecho de sufragio a todos los ciudadanos mayores de veintin aos
que supieran leer y escribir y se separ a la Iglesia del Estado.
Pcse a todo, el poder de los hacendados segua siendo inmenso. La SNA
mantena su influencia e incluso gozaba de un subsidio fiscal para financial sus
operaciones. En 1925, su president era el propio Ministro de Agricultura,
Larran Prieto, quien en una sesin asegur a los latifundistas que lograra una
modificacin dc las leaves sociales, va que las encontraba inaplicables, y estimaba
"que los agricultores se hallaban imposibilitados para dar cumplimiento a dicha
ley".
A lo largo de various aos los dueos de la tierra siguieron luchando encar-
nizadamentc contra las disposiciones legales que aseguraban al inquilino una
mnima proteccin en caso de enfernmdad o accident. El pago de imposiciones
-costeadas, al comienzo, por parties iguales por patron y obrero- les pareca una







exigencia monstruosa. El 9 de julio de 1926 el Directorio de la SNA proclama-
ba:
"La Ley 4.054 es inaplicable en nuestro pas, que no est -preparado para
ella... Es el remedo del ms avanzado socialismo y revela un total desacuerdo
con el grado de nuestra cultura... Un peligro constant para la libertad indi-
vidual y el orden social."
A fin de evitar hasta el ms nfimo cercenamiento de sus inmensas utilida-
des, los agricultores elaboraron infinitos "planes alternatives" destinados a sus-
tituir la Ley de Seguro Obrero. Una de estas proposiciones: los patrons en-
tregaran un aporte de un 1 por ciento sobre el "valor efectivo" de los salaries
-calculado por ellos mismos- a la Beneficencia, para que sta se encargara de
la atencin mdica del personal. Otro 1 por ciento sera descontado a los obreros.
No habra libretas, y los pagos se haran por semestre vencido.
Pero aun este sistema implicaba un pequeo desembolso, v no tard en
aparecer una nueva proposicin: estudiar "si el aporte patronal es indispensable,
o si es possible hacer una rebaja... La erogacin debe reducirse al minimum,
ya que en el campo son casi nulos los accidentes..." Se estableci, asimismo,
la necesidad de cobrar iguales sumas a patrons y obreros, "porque as la resis-
tencia del obrero a un mayor aporte beneficiary al patron".
Adems los fondos deben ser administrados por los propios patrons, "ya
que se trata de una gran acumulacin de dinero... y debe evitarse el derroche".
Dos aos ms ,tarde los hacendados seguan en la brega y proponan el si-
guiente plan: ellos aportaran el 0,5 por mil de su utilidad hquida, y se reembol-
saran de ese gasto descontndole el 2 por ciento de su salario al obrero. Si esta
ltima cantidad superaba a la primera el excedente se depositara en la Caja de
Ahorros, en forma de ahorro obligatorio. Al afuerino tambin se le hara el des-
cuento, "para evitar abusos", aunque no participara de los beneficios.
Peridicamente algn asistente a las sesiones de la SNA traa el optimista
rumor de que la Ley 4.054 sera derogada y reemplazada "por alguna otra que
no incluya aportes patronales".








Todava en 1934 se aseguraba que "el Seguro Obrero, aparte de no propor-
cionar ninguna ventaja al obrero del campo, repercute directamente sobre los
intereses agrcolas..." La iniciativa de aplicar la jornada de ocho horas a los
empleados particulares de las haciendas motive otra campaa similar. Y en 1937,
ante una proposicin de pagar desahucio, la SNA dictamin: "Son innovaciones
perjudiciales que no estan conformes con los principios constitucionales que
nos rgen..."
Hasta la llegada al poder del Frente Popular, no obstante, los hacendados
continuaban constiltuyendo un centro de poder poltico de innegable influencia.
Tal es as que a mediados de 1938 podan anunciar con indisimulada satisfac-
cin: "En crculos de la. agriculture se ha producido alarma con la noticia de
que iba a entrar en vigencia un nuevo reglamento para la aplicacin de la "Ley
de Seguro Obrero en los campos. Afortunadamente... la actitud deferente del
Consejo de la Caja para tender observaciones formuladas por nuestra institu-
cin ha permitido que se suspend la aplicacin del nuevo reglamento hasta
comienzos del ao prximo... Por qu se trata de asegurar compulsivamente el
pago de las imposiciones, cuando sus bondades y beneficios no resultan convin-
centes?"
Incluso en 1950 se produjo una nueva solicitud de supresin de "formas de
medicine socializada que en nada benefician a la masa popular", alegando que
"las imposiciones no tienen beneficio efectivo alguno".
Evidentemente la esperanza de los agricultores, en 1938, radicaba en que
fuese elegido Presidente Gustavo Ross. Cuando el veredicto de las urnas llev a
La Moneda al Frente Popular, se estim que haba llegado el fin del mundo..

* LA CAJA DE COLONIZACION O COMO TORCERLE LA
NARIZ A LA LEY.

No slo la lucha contra las leyes sociales agit los nimos de los hacendados




























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en las dcadas del 20 y del 30. Conscientes de que una subdivisin de los grandes
latifundios marcara la decadencia definitive en su podero, se haban opuesto
sistemticamente a toda iniciativa legal tendiente a facilitar el acceso a la propie-
dad rural a personas ajenas a su casta. Pero despus de la revolucin de 1924
se intensificaron los vientos de reform, que en 1928 cristalizaron en la creacin
de la Caja de Colonizacin Agrcola.
Por incomprensible que parezca el proyecto mereci las ms amargas im-
pugnaciones de los hacendados, que la consideraban como una tentative de "vio-
lar los ms sagrados derechos humanss, calificndola de "amenaza para el
orden social establecido". Segn algunos autores fue la promulgacin de esta
ley la que impuls el movimienrto reaccionario que provoc la cada del gobierno
de Ibez.
"Nuestros huasos son rudos, caprichosos, desconfiados, malagradecidos y aun
malintencionados. Debemos modificar estas caractersticas si queremos convertir-
los en obreros competentes.., Si la. mano de obra escasea, encarecern los joma-
les", adverta la SNA. Pocas semanas despus "se hizo ver al seor Ministro los
peligros que envolva ese proyecto... y en general los graves peligros de la sub-
divisin".
Incluso el eminente historiador y dirigente de los latifundistas, Francisco
Encina, emiti su. docta opinion: "Los factors de fracaso que lleva consigo la
colonizacin son la falta de laboriosidad y previsin de nuestro pueblo... La ms
elemental prudencia aconseja no desorganizar la estructura agrarian actual".
Pese a todos estos temores, la Ley de Colonizacin se promulgaba en diciem-
bre de 1928 (provocando una inmediata exigencia de paralizar todas las obras
fiscales, ."para evitar que falten brazos en los campos") y continue en vigencia
hasta 1962. Su inoperancia se puso en evidencia casi en el acto.
En sus treinta y cuatro aos de funcionamiento la Caja cre 120 colonies
compuestas por un total de.4.779 pequeos predios: apenas el 2,5 por ciento de
los predios existentes en el pas.








El procedimiento consista en la adquisicin, al contado y a precious co-
merciales, de un fundo que era subdividido en parcelas. Estas se vendan con
crditos a largo plazo. A los antiguos inquilinos se les asignaban minsculos "huer-
tos familiares", insuficientes para su subsistencia, lo que les obligaba a trabajar
a journal para los parceleros. Los adquirentes eran en su mayora gente de la clase
media urbana: abogados, comerciantes, militares, seleccionados a menudo con
criterio de favoritismo poltico o familiar. No se tom en cuenta la inflacin
ni se estableci reajustabilidad de precious, de modo que muchos favorecidos
obtuvieron sus parcelas prcticamente gratis.
Para optar a una parcela haba que disponer de dinero para el pie. Casi
ningn "parcelero" se dedic a trabajar la tierra: consideraban el asunto simple-
mente como una inversin. En algunas colonies se organizaron cooperatives, las
que, pese a la ausencia de asistencia tcnica, lograron un notable aumento de
productividad (65 por ciento) sobre el rendimiento de las mismas tierras en ma-
nos particulares.
La inflacin convirti en irrisorios los recursos de la Caja, y ya en 1945
sus actividades se haban paralizado casi por complete. En 1960, obedeciendo a
presiones de la Alianza para el Progreso, Alessandri intent 'resucitar el inoperan-
te organismo, modifiando su funcionamiento por un decreto ley. "A fin de dar
acceso a la propiedad al campesino", se estableci un sistema de puntajes que
favoreca, ms que todo, al que contaba con medios de fortune o un ttulo
universitario.
Uno de los ltimos predios parcelados por la Caja de Colonizacin fue la
Hacienda Lautaro, de 8.000 hectreas, en 1962. Antes perteneci a la Caja de
Empleados Pblicos y Periodistas. Una crnica de El Sur, de Concepcin, relata
la toma de posesin de los nuevos propietarios: "Los inquilinos miraban de lejos
el acto. La mayora de los nuevos dueos haba llegado en modernos autom-
viles, que por primera vez eran vistos en esas tierras. ."
De los treinta y dos inquilinos de la hacienda, veinticuatro recibieron "huer-
tos familiares" de 1 a 4 hectreas de rulo, que en total no sumaban 100 hec-







treas. El resto del vasto predio se subdividi en parcelas de 70 a 647 hectreas,
que se repartieron entire cuarenta y seis santiaguinos y terratenientes, vecinos.
Tambin recibieron parcelas los seis administradores y mayordomos del fundo. Los
inquilinos restantes, albcarecer de dinero para pagar el pie del "huerto" debieron
abandonar la hacienda con lo puesto. Casi todos eran nacidos y criados en el
predio. Perdieron la siembra de sus cuadras de regala. Uno de ellos dijo al
periodista: "Despus de treinta aos me echan al camino con mis chiquillos,
como a un perro... Y eso que los nuevos parceleros no piensan trabajar la tie-
rra: dicen que la van a dedicar a engorda".


RANQUIL: SANGRE SOBRE LA TIERRA.

La inoperancia de la Caja de Colonizacin, que ningn peligro efectivo
representaba para los dueos de la tierraI no impidi que stos se sintieran
cada vez ms amenazados en sus interests. En 1933, durante la segunda admi-
nistracin de Arturo Alessandri, llegaron a afirmar que "se iniciaba la masiva par-
celacin de las tierras", en medio de las habituales lamentaciones. Lo que no
les impidi dar a conocer, a comienzos de 1934, una especie de Declaracin de
Principios que refleja su conviccin de que nada ni nadie podra jams amagar
su poderio poltico y econmico.
"La competencia direct o indirecta del Estado con actividades econmicas
particulares (cajas de previsin, imprentas fiscales, laboratories del Estado, maes-
tranza del Ejrcito) es ruinosa y debe terminar", empiezan diciendo. Pero, por.
otra parte, exigen una intervencin estatal "indirecta" en el fomento de la pro-
duccin, que consistira en disminuir el impuesto a la renta y las contribucio-
nes y "revisar las leyes tributaries y sociales a fin de evitar cargas al productor".
El acpite titulado "Accin Poltica" sorprende por su franqueza: los hacen-
dados declaran que no estn con ningn partido porque "s61o defienden intereses






















Hasta la dcada del 20, los dueos de la tierra no
enfrentaron una oposici6n que amenazara su po-
der casi absolute.

Pero los
S* campesinos
< 4 'despertaban:
en part, gracias
Pb-fa .los
movimientos
sindicales de
mineros y
obreros
,B que
Scontagiaron
.f 'con sus
inquietudes y
experiencias

S trabajadores
de la tierra:
eran los
Salbores de las
luchas
campesinas.








econmicos" (a confesin de parte...), pero a continuacin sealan: "Los agri-
cultores deben ejercitar todas sus influencias dentro de los organismos polticos
a que pertenezcan, para propiciar las representaciones parlamentarias de aquellos
candidates que... tengan opinions favorables a los intereses agrarios".
El progress del pas radica "en la estabilidad del rgimen de la propiedad
de la tierra"; por consiguiente, al efectuar labores de subdivision y colonizacin,
"es mcnester exigir a los nuevos propietarios adecuadas condiciones culturales y
econmicas".
Se rechaza y tilda de "absurdo econmico y polticamente inconstitucional"
el funcionamiento del Comisariato y, en general, toda fijacin de precious de los
products agrcolas por el Estado; por otra parte (y al parecer nadie repar en
la contradiccin) el gobierno debe garantizar, para el trigo, "un precio que por
lo menos cubra el costo de produccin ms una adecuada utilidad".
Se exiga mano dura para el campesino, "ejerciendo several fiscalizacin sobre
la poblacin de los campos... y derogando el decreto que consider el robo co-
mo simple delito". Al mismo tiempo se arremeta contra las escuelas rurales como
focos de subversion:
"Debe reiterarse al gobierno la importancia de observer la ms several selec-
cin en el personal del magisterio primario, hasta tener la seguridad de que
ningn professor se atrever a convertir su apostolado en profesin de propaganda
disolvente para destruir la sociedad. Precisamente el maestro-agitador que acta en
los pueblos ms apartados es el element ms peligroso, y debe eliminrselo sin
contemplaciones. Mantengamos por lo menos saneados nuestros campos..."
1934 fue el ao culminante de las agitaciones obreras que se extendan con
rapidez a los campos. Y fue tambin el ao de las estremecedoras masacres del
Alto Bo-Bo, Ranquil y Lonquimay, matanzas indiscriminadas de humildes colo-
nos que, por primera vez, tomaron las armas para defender sus derechos.
En 1929 el gobierno haba confirmado a un hacendado los derechos de
propiedad sobre 175.000 hectreas de terrenos en el Alto Bo-Bo. El decreto de-
i suspenderse poco despus, cuando centenares de colonos comprobaron que







ocupaban haca tiempo esas tierras, y que muchos incluso haban recibido sus
parcelas del propio gobierno. Durante los avatares polticos de los aos siguien-
tes el asunto haiba pasado al olvido, pero ahora el supuesto dueo exigi la
expulsion de los colonos con ayuda de la fuerza pblica. El choque provoc
una matanza que estremeci al pas: durante semanas, 'los ros que bajaban de la
cordillera arrastraban cuerpos de hombres, mujeres, nios, ancianos...
La nica reaccin de los hacendados ante la monstruosa massacre, provocada
por la codicia de un terrateniente, consisti en una increble publicacin titula-
da "La propaganda subversive en los campos y los medios de combatirla" (agos-
to 1934):
"Con motivo de la alarma pblica suscitada entire los agricultores a raz de
los sangrientos sucesos que tuvieron por teatro los funds del Alto Bo-Bo, el
Consejo Directivo de la SNA se ha preocupado del problema de la propaganda
subversive en los campos, y para contrarrestarla se ha empeado en desarrollar
una labor que impida que el obrero campesino sea fcil presa de la prdica comp-
nista, que slo podr acarrearle la desgracia y la ruina...
"Al efecto, consider de gran inters el que con continuada periodicidad
(sic) se den conferencias a los empleados, inquilitios y obreros agrcolas, en las
que se desarrollen temas de tal naturaleza que a la vez instruyan e indiquen los
gravsimos peligros provenientes de estas doctrinas disolventes.
"Por otra parte... el Consejo Directivo consider indispensable que los
miembros de la SNA denuncien ante nuestra institucin todos los actos de sub-
versin o de enseanza comunista en que incurran los maestros rurales, a. fin
de tomar medidas oportunas y eficaces para, powder trmino a sus actividades di-
sociadoras.
"Con el cumplimiento de esa% dos inicialtias, la SNA cree aportar su concur-
so para mejorar una situacin que debe ser encarada con toda decisiin y'nega'."
Como una especie de epilogo, mn conseli'o exige la minecicon de una e'am-
paa para "atacar al ,opmunismo en todas sus' formats, redactando un proe~ito
..'. .







de ley que tienda a extirparlo, y pedir al gobierno que haga gestiones ante los
pases amigos a fin de suprimir los focos de propaganda sovitica".
Ni una palabra para las vctimas, ni una alusin a la sangre que empap,
las tierras nevadas de Ranquil. Pero ese mismo ao un. congress de la FOCH
aunaba a obreros y campesinos en una alianza indisoluble, y muy pronto el,
nombre de Ranquil se convertira en bandera de combat.


EL FRENTE POPULAR: VICTORIA Y RETROCESO.

Durante los aos del Frente Popular, una reivindicacin del campesinado
pas a primer plano: el derecho a sindicalizarse, a unirse en la lucha comn
contra el explotador.
La "sindicacin de los labriegos" fue siempre, como hemos visto, un fantas-
ma que estremeca de terror a los hacendados. Tras las primeras tentativas de
1920, al cabo de largos aos de paulatina toma de conciencia de clase, este dere-
cho esencial surgi nuevamente, con mpetu arrollador, y se convirti en princi-
pal objetivo de lucha de las masas rurales.
"No hay ninguna razn ni conveniencia para el trabajador de los campos
en unirse", haban afirmado los hacendados en 1921. Nuevamente en 1933 el
tema haba salido al tapete: "La sindicalizacin de los obreros en el campo no se
necesita, no la reclaman ni los mismos obreros, ni tampoco se ha establecido en
las naciones de mayor cultura..."
Pese a estas desaprensivas declaraciones hubo incluso elements de tradi-
cin derechista que reconocan la inevitabilidad de una reform que brindara
al campesino los mismos mnimos derechos de que ya gozaba el obrero organi-
zado. Una iniciativa -velozmente torpedeada, como se ver- naci donde me-
nos se esperaba: en el seno de la Iglesia Catlica.







En marzo de 1939, con Pedro Aguirre Cerda en La Moneda, la SNA procla-
m repetidamente la inaplicabilidad de la accin sindical en los campos: ya que
a los inquilinos se les remuneraba casi enteramente en casa, talajes, etc., pago
impossible de suspender en caso de paro, "el trabajador queda en situacin de
tal privilegio que difcilmente se concibe que no se mantenga en huelga per-
manente". Y luego se exige con un tono perentorio que recuerda otros tiempos:
"Que los organismos del Estado suspendan de inmediato toda actividad relative
a la sindicalizacin de los campesinos!..."
La iniciativa del Frente Popular no prosper. Debieron pasar otros ocho
aos antes de que por fin se incorporara al Cdigo del Trabajo un antiguo
acuerdo-internacional con la OIT (Organizacin Internacional del Trabajo, con
sede en Ginebra). Pero una vez ms la aparente victoria result hueca: las res-
tricciones impidieron que la ley se aplicara.


LA LARGA BATALLA DE LA SINDICALIZACION CAMPESINA.

Reaccionando por una especie de reflejo condicionado, los hacendados se apre-
suraron a presentar batalla ante la inoperante ley de sindicalizacin de 1947:
"Una de las secuelas del sindicalismo, conocida en todas las esferas de ac-
tividad en que se hace present, es la intervencin de agitadores con el princi-
pal objeto de crear descontento y desorden... Numerosas son las denuncias for-
muladas por los productores... Por desgracia nuestras voces no han sido odas".
Una vez tramitado el proyecto debieron reconocer que "en cierto modo se
resguarda a la agriculture de una accin sindical perturbadora..."
Lo cierto era que los patrons haban quedado muy bien resguardados. En
diciocho aos la ley permiti la formacin de apenas veintids sindicatos con
un total de 1.800 afiliados entiree ms de un milln de trabajadores agrcolas).







Un breve resume de las trabas que impedan su eficacia:
a) Slo puede establecerse un sindicato si el predio cuenta con veinte obre
ros ocupados permanentemente. Estos deben cumplir con los siguientes requisitos:
1) Llevar ms de un ao en el fundo;
f) Tener ms de dieciocho aos;
3) Por lo menos el 50 por ciento debe saber leer y escribir.
b) El sindicato debe obtener personalidad jurdica otorgada por el Presiden
te de la Repblica.
c) Sus atribuciones se liritarn a presentar un pliego de peticiones una vez
al ao, except en tiempos de siembra y cosecha.
d) Quedan prohibidas las confederaciones de sindicatos agrcolas.
Resulta fcil comprender que, bajo las condiciones imperantes en los campos
hace un cuarto de siglo -e incluso bajo las condiciones actuales- esta ley im-
peda, de hecho, toda organizacin 'masiva de los trabajadores del agro. Una vez
ms:los hacendados haban sabido utilizar el Congreso -donde seguan ocupan-
do numerosos, escaos, sobre todo en el Senado- para obtener una ley que
en nada afectara sus intereses.
Sin embargo en la memorial de los latifundistas permaneca vivo y latente
el recuerdo de las tentativas reales de sindicalizacin iniciadas bajo el Frente
Popular. Y cuando ya hubieron pasado veinte aos desde ese crucial 1939 -vein-
te aos que trajeron la Segunda Guerra Mundial, la bomba atmica, la guerra
fra, isospechados saltos tecnolgicos-, en plena presidencia de Jorge Alessandri,
en febrero de 1959, los hacendados no haban variado ni un apice en su tra-
dicional actitud de rechazo a la sindicalizacin. Lo demuestra el editorial siguien-
te, escrito en el habitual lenguaje alambicado y llen de lugares comunes:
"Volvi a aparecer una de las cartas jugadas con ms tesn por -la extrema
izquierda de la poltica chilena. Nos referimos a las proposiciones encaminadas
a poner en march la sindicacin de los obreros agricolas... Estas indicaciones
fueron finalmente rechazadas en la Cmara. Sin embargo ha quedado en eviden-
cia el designio de impulsar la sindicalizacin. por parte de ciertos sectors.








"Dadas las caractersticas de nuestro ambiente agrario la incorporacin de
los sindicatos campesinos no significar otra cosa que brindar poderosas herra-
mientas de penetracin a los desquiciadores elements del comunismo. Se com-
prender cules seran los avances de la prdica marxista si se le ofreciesen ve-
hculos tan propicios para su accin como son los sindicatos... Al derogarse la
Ley de Defensa de la Democracia desaparecieron los diques que contenian, por
lo menos en part, el dominio de las asociaciones obreras por agents soviticos.
El peligro es mayor an en la esfera agraria... Nuestro element rural ignora
que el campesino ruso es esclavo del gobierno sovitico y carece lo mismo de li-
bertad que de bienes personales. De ah que en los campos de Chile no pocos
trabajadores hayan credo, y crean an, en el cuento del "reparto de tierras" y
otras falsas lisonjas hbilmente manejadas por los secuaces de Mosc. (Debe re-
cordarse) la experiencia ya sufrida cuando el cambio poltico de 1"938 abri paso
a la formacin de sindicatos en el campo y con ello facility la infiltracin de
agents comunistas en la vida agraria. Hubo intranquilidad impulsada en forma
sistemtica por los agitadores... Las huelgas perturbaron tan gravemente las fae-
nas que el fantasma del hambre amenaz el pas".
Tras otras variaciones sobre el mismo tema se procede a proponer una al-
terativa:
"No son los sindicatos, instruments de la lucha social, forjadores de tensio-
nes y odiosidades, los que pueden mejorar la situacin del campesino. Esto slo
puede lograrse mediante el buen entendimiento entire trabajadores y patrons,
y el apoyo econmico al agricultor, en trminos que le permitan ampliar VOLUN-
TARIAMENTE la retribucin de sus asalariados. Los obreros deben comprender que
su mayor bienestar se halla ligado al progress y xito del patrn".
La ltima frase de esta pieza literaria -que hemos credo convenient ci-
'tar con bastante amplitud, ya que refleja de manera inmejorable la obtusa y casi
grotesca ceguera de los hacendados frente a los problems de nuestra poca-
seala un nuevo estilo en la confrontacin entire latifundistas y campesinos. En
tiempos pasados se aceptaba esta incompatibilidad de intereses: con loable fran-








queza El Agricultor proclamaba en 1842 que patronss e inquilinos son dos
razas enemigas, porque los unos procuran robar a los otros v hacerles todo el mal
que pueden". Y much ms recientemente, en 1937, se deca an sin ninguna
reserve que "la idiosincrasia de nuestro pueblo ha hecho naccr un profundo
odio de clases..."
La nueva tctica -el bienestar del obrero se halla ligado al xito del patrn,
ambos son colaboradores cn la misma empresa de producir- no enga a nadie.
La presin en pro de la sindicalizacin campesina se hizo cada vez ms irresis-
tible en la dcada del 60: pero esta batalla slo se ganara en 1967, bajo la
administracin Frei.
Como pintoresco eplogo al tema de la sindicalizacin podemos incluir una
descripcin de sus mecanismos, vistos por el consejero de'la SNA, seor Moore
Montero en 1967 (hace apenas cuatro aos!) y conservada, para regocijo de las
generaciones futuras, en las pginas de El Campesino:
"Llegan estos jvenes en camionetas fiscales a un predio: comienzan por
arrancar todo vnculo de humana comprensin y hasta cl afecto v la confianza
mutua centre patrn y obrero. Cuando han logrado identificar a Pedro, Juan y
Diego, los semblantean y confiesan: entire los escasos elegidos, fijan su inters
en el ms avispado y dscolo. Ese ser el organizador y president del flamante
sindicato. Para los otros cargos designan a obreros que aparenten amargura y sean
insolentones. Y va est caminando la subversin...
"(Despus dcl paro) los inquilinos vuelven al trabajo, tristes, amargados y
desilusionados. El patrn despite a muchos afuerinos. Retiene slo a los "obli-
gados", disminuyendo las faenas y proyectando dedicarse a la engorda de va-
cunos v cerdos. Econmica v DISCIPLINARIAMENTE, no hay otra solucin. Los
cesantes recorren los caminos con sus guiapos, olletas y tarros a la espalda, a
veces los siguen mujeres macilentas y nios esquelticos... Eso es lo que logran
los agents dc la Reforma Agraria con su sindicalizacin..."









El ora 1934 mc:re un hilo decisive ,n 1u h;stotio
d a clase obrera chilene: su cfestino conienzab,
a jugarss en los campos, en las estrernecedoras
massacres de Alto Bo-Elo, Ranquil y Lonquimuy.


Aunque los terratenientes recomendaban alarma-
dos Ia convenience de que el proletariado agr-
cola no se federe en causa sof;dario con lc;s obre
ros de los ciudades", el campesinado rresirrr. :,F
la sividicalizacin, su prirne-a bandera-








* LA DECADE DEL 60: EL MUNDO CAMBIA.


A fines de la dcada del 50 la antigua apata y pasividad del campesino
iban desapareciendo: hubo tomas de terreno, formacin de sindicatos, agitacin
poltica y huelgas. Al mismo tiempo, la baja productividad del agro chileno era
examinada por experts internacionales de incuestionable solvencia, y el consenso
seal que el factor culpable era, bsicamente, el sistema de tenencia de la tierra
- agregado a la manifiesta incapacidad empresarial de la mayora de los hacen-
dados.
Con todo, algunos voceros continuaban viviendo en una especie de limbo
en que el trabajador perteneca'a otra especie zoolgica: el pen, diferente a
la "gente como uno", era mirado con el mismo fro desinters con que el marine
norteamericano mira al vietnamita o el nazi miraba al judo. Al humillar, explotar
y offender al campesino, no se est ultrajando a un ser human, sino a una es-
pecie de herramienta viviente. Esta actitud subconsciente -notoria en el pasado,
cuando en un congress agrcola se propona dar mejor alimentacin al pen para
que produjera ms, igual que a las vacas- demor en desaparecer, y pequeos
restos siguieron aflorando hasta muy recientemente.
Fue esta actitud la que permiti asegurar a Ricardo Cox Balmaceda en un
Congress Catlico de Vida Rural realizado, con bendicin papal, en 1957, que
"en las families antiguas... la conciencia social es muy vigorosa; la preocupa-
cin social toma la forma de un verdadero apostolado civilizador. En la clase di-
rigente, debido a su cultural social, el abuso es tenido por deshonroso", para pro-
clamar en seguida:
"No hablaremos aqu de las aspiraciones insensatas de Reforma Agraria; por
su costo abrumador y el desperdicio de capital, por la entrega de tierra a ELEMEN-
TOS PASIVOS QUE CARECEN DE LA MENTALIDAD MNIMA NECESARIA, es simplemente
una aspiracin ilusoria f de efectos anrquicos".
Y permiti decir a otro dirigente agrario, sin el menor rubor ni la ms leve
























sensacin de estar infiriendo una ofensa: "Inmensa ha de ser nuestra sensibilidad
social con nuestro campesinado, desorientado e inculto, y por ello ignorante e
irresponsible. .."
Esas palabras fueron dichas en febrero de 1960. A pasos agigantados se ave-
cinaba el ocaso del podero de los hacendados: ya la Alianza para el Progreso
del Presidernt Kennedy se aprontaba a exigir reforms a todos los pases latino.
americanos que quisieran recibir dlares para el desarrollo. Y en agosto de 1961,
la Carta de Punta del Este precis la meta: "PROMOVER PROGRAMAS DE REFORMA
AGRARIA INTEGRAL que tiendan a la efectiva transformacin de las estructuras y
sistemas injustos de tenencia de la tierra".
Todavia el 80 por ciento de la tierra agrcola, el 65 por ciento de la tierra
arable y el 78 por ciento de la tierra regada perteneca al 2 por ciento de los pro-
pictarios. Todava la mortalidad infantil triplicaba, en las provincias agrcolas; cl
77
























Con el triunfo del Frente Popular, en 1938, Ici reivindicacin
por los derechos campesinos ocup el primer plano en la
lucha de classes.
Los campesinos respndieron con tomas y paros de protest
el giro a la derecha dado por Frei, en cuyo gobierno se
inici la reform agraria. *
promedio national. Pero el mundo estaba cambiando, y el agro chileno tambin
tendra que cambiar,
Adems, en enero de 1959 se haba producido un acontecimiento de alcances
imprevisibles: el triunfo de la Revolucin Cubana., en las propias barbas de los
Estados Unidos. Un hombre llamado Fidel Castro baj de la sierra; y la tierra
fue para el que la trabajaba: los inmensos latifundios que hasta ayer pertene-
cieron a las compaas azucareras norteamericanas, las grandes haciendas de la
plutocracia, se convirtieron en pequeas granjas, grandes cooperatives o hacien-
das estatales.

78





Despu6s de algunas tentativas fallidas, los
Campesinos fortalecieron con los .iios su
e conciencia de clause explotada, enarbolan-
do la sindicalizacin como bandera de lu-
cha, un fantasma que aterroriz a sus
amos.

El latifundista defenda sus privilegios con
arguments falaces que pretendan man-
tener desunido al campesinado: "No hay
ninguna razn n conveniencia para el tra-
bajador de los campos en unirse".

















Fue, sin duda, el temor de ver surgir movimientos similares en su patio tra-
sero el que impuls a los Estados Unidos a presionar por una reformia agraria
preventivea". As lo confirmara algunos aos ms tarde Robert Kennedy, el her-
mano del desaparecido Presidente, al declarar durante una visit a Chile:
"Estados Unidos est comprometido en una Reforma Agraria a fondo, a
travs de la Carta de Punta del Este. Creemos que dar tierra a quienes no la
tienen, lejos de ser comunista, ES LA MEJOR RESPUESTA AL COMUNISMO y una prue-
ba de que la justicia social puede lograrse en libertad".








O LA REFORMA DE MACETERO"


Presionado por los acontecimientos, el Presidente Jorge Alessandri debi
propugnar algunas leyes que impidieran los peores abusos de que segua hacin-
dose vctima al trabajador agrcola. En abril de 1959 se anunci que en el future
algunas empresas agrarias tendran que llevar contabilidad; asimismo se es-
pecific que por lo menos el 25 por ciento del salario deba ser cancelado en di-
nero, y que deba pagarse asignacin familiar al inquilino. Una vez ms se desa-
taron las lamentaciones de rigor, aunque la ley se cumpla slo en forma muy
fragmentaria.
Los agricultores consideraban que las exigencias de las leyes sociales eran
abusivas: "Basta de citaciones incomprensibles a las Inspecciones del Trabajo,
para discutir desahucios no pagados...", clamaba El Campesino.
Pero los reclamos quedaron ahogados en el vendaval de agitacin que se
desat cuando los agricultores comprendieron que algn tipo de Reforma Agraria
era inevitable. A lo largo de los aos 1961 y 1962 se sucedieron las protests
cohtra el inminente despojo, el vandlico taque contra el sagrado derecho de
propiedad...
"La Alianza para el Progreso est aumentando el nmero de adeptos al
comunismo", adverta el senador conservador Francisco Bulnes Sanfuentes.
Su correligionario Bernardo Larran proclamaba:
"No es verdad que el sistema de tenencia de la tierra en Chile sea injusto.
La Reforma Agraria provocar un empobrecimiento pavoroso del pas. Los em-
presarios se abstendrn de sembrar, causando una inevitable hambruna..."
"Es la negacin del Derecho de Propiedad, cuyo origen divino nadie dis-
cute", editorilizaba El Diario Ilustrado, desaparecido matutino conservador que
hoy se llama La Prensa.
Por primera vez las apacibles reuniones patronales de la SNA se-convirtieron
en scenario de violentas polmicas. Recaredo Ossa, Vctor y Pedro Opaso Cou-
sio, Guillermo Correa Fuenzalida y otros dirigentes de los hacendados comba-








tieron violentamente el proyecto, mientras otro sector patronal, encabezado por
Guillermo Noguera, Luis Larrain Cotapos, Joaqun Prieto Concha y Ren Silva
Espejo se pronunciaba a favor de la media, "para frenar el comunismo".
Este segundo grupo tard en resignarse a lo inevitable: todava en octubre
de 1960 uno de sus lderes, Guillermo Noguera, haba protestado en el discurso
de apertura de la annual exposicin agrcola (FISA) contra "la demagogia enou-
bierta de los falsos tcnicos que propugnan la Reforma Agraria", para afirmar a
continuacin: "Se habla de que la estructura de la propiedad es causa de
una produccin insuficiente. Deliberadamente se olvida que en Chile no existe
el problema de las tierras abandonadas..."
En abril de 1961, el tono haba cambiado de la agresividad a una fingida ac-
titud de razonable persuasion, palpable en el siguiente editorial:
"El process de reform agraria ser ineficaz si se limita a una mera distribu-
cin de tierras. Lo que nos preocupa es conseguir mayor bienestar para el pue-
blo..., pero creemos que la mayor dignidad y el mayor bienestar NO SE CON-
SIGUEN MEDIANTE LA MERA PROPIEDAD DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIN. Hay muchos
propietarios de tierras que arrastran una vida pobre y sin future, y muchos miles
de trabajadores cuyas condiciones de vida son dignas y prsperas, sin que sean
dueos de las empresas en que laboran..."
En esos mismos das el diputado conservador Sergio Diez deca en la C-
mara que "Reforma Agraria es un trmino extico..."
Pronto se les hara familiar hasta a los ms recalcitrantes. En un foro pbli-
co el dirigente Recaredo Ossa la atac con un furor que le hizo rozar la inco-
herencia:
"Es un ataque a fondo de nuestra estructura democrtica... No aceptamos
que se barrene el derecho de propiedad, no estamos dispuestos a hacer concesio-
nes... El gobierno actual no puede aparecer dando la impresin de un masivo
reparto de tierras, cuando eso es slo desorganizacin (sic), eso significa solivian-
tar al campesinado con promesas imposibles de cumplir... La expresin Refor-
ma Agraria ya ha pasado a tener contenido politico, es la bandera del marxismo..."










































A fines de los aos 50, las tomas de terreno, la
formacin de sindicatos, la creciente
agitacin political y kas huelgas indicaron que la
pasividad del trabajador llegaba a su fin; tambin
concluia, como demostraron los experts,
la creencia en las bondades del
sistema de tenencia de la tierra,
verdadero culpable de la baja
productividad, ya que descansaba en la incapacidad
terrateniente.







Pese a todo el 24 de julio de 1962 se iniciaba la batalla parlamentaria en
torno al proyecto En el trmino de cuatro dias intervinieron veintisis de los
cuarenta y cinco senadores y tres ministros, en ocho sesiones especiales. A las
19 horas del viernes 27 de julio se iniciaba la votacin. Se aprob cl proyecto en
general, con veintids votos a favor, once en contra y un pareo. La Democracia
Cristiana y los partidos de izquierda votaron en contra, comprendiendo que el
proyecto estaba desfinanciado y era totalmente inoperante, y que representaba,
ms que todo, un aplazamiento de la inevitable reform autntica.
En ese mismo mes de julio de 1962 el obispo de Talca, Manuel Larran,
anunci que la Iglesia Catlica iniciaba su propia reform: cl Fundo Los Silos,
de Pirque, perteneciente al obispado, sera repartido entire las dieciocho families
que all laboraban, dndoseles amplios crditos para pagar sus parcelas. Ante un
furioso ataque de los partidos de derecha replic un representante laico del obis-
pado:
"Alguien tiene que perder con la Refonna Agraria. El campesino ya no
tiene nada que perder, de modo que ahora le toca al agricultor. Puede que no
consider la Reforma Agraria como un buen negocio, pero cuando le apunten al
pecho con una escopeta, s que la va a considerar mejor que perder la vida..."
No opinalba 'lo mismo el ya nonagenario Francisco Encina, quien insista
en profetizar catstrofes: "La parcelacin significa traspasar bruscamente la tierra
de manos de los actuales dueos, que representan una lite, a manos ineptas.
Los resultados sern un cataclismo social v econmico de trascendencia impre-
visible. .."
El cataclismo no se produjo. Hasta el fin del gobierno de Alessandri. no se
expropi un solo predio, y la tan temida Ley 15.020 -llamada tambin reforma
de macetero"- no hizo nuevos propietarios. Durante todo el perodo 1958-1964
se entregaron -primero a travs de la remozada Caja de Colonizacin, y en
los ltimos meses de la administracin, mediante aplicacin de la nueva ley-
pequeas parcelas a un total de 1.210 families. Casi ninguna era de origen cam-







pesino, y las tierras que se les dieron eran todas de procedencia fiscal. La gran
propiedad agraria segua intacta.
Por otra part la ley sirvi para que algunos grandes hacendados como Jai-
me Larrain Garca Moreno o Salvador Correa Larrain, vendieran a la Caja de
Colonizacin o a la recin creada Corporacin de la Reforma Agraria (CORA)
sus latifundios, en precious que a veces alcanzaron hasta el sxtuple del valor
commercial.
La evaluacin final de la reforma de macetero" puede quedar en boca de
un annimo poeta popular:
No sirve la Reforma
que invent el Paleta;
el pueblo no comulga
con ruedas de carreta.
No admitimos engaos,
no aceptamos migajas,
exigimos la tierra
para el que la trabaja.
El pueblo est cansado
de tanta explotacin,
y el campesino suea
con la Revolucin...

* REVOLUCION EN LIBERTAD?

Desde que se promulgaa la Ley 15.020 -la reforma de macetero" de
Alessandri- el 15 de noviembre de 1962, hasta que asumi Eduardo Frei dos
aos ms tarde, CORA adquiri un total de 53 predios, pero no realize una sola
expropiacin. Esto no se debi a limitaciones legales: valindose de mecanismos
de la misma ley fue possible expropiar 479 funds en el perodo que medi entire







la llegada de Frei a La Moneda y la promulgacin de la nueva ley de Reforma
Agraria, que con el nmero 16.640 adquiri vigencia legal el 16 de julio de 1967.
La toma de posesin material de los predios expropiados bajo la Ley 15.020
se vea impedida por un sinfn de trabas legales, lo que converta estas "expro-
piaciones" en letra muerta. Cada vez resultaba ms evident la necesidad de una
nueva herramienta legal que efectivamente abriera al campesino el camino ha-
cia la propiedad de la tierra.
Durante el ao 1965 los hacendados manifestaron repetidas veces su des-
concierto y temor ante "proyectos de reform agraria que nadie conoce .,"
Su curiosidad qued satisfecha en diciembre de ese ao, cutado el Ejecutivo dio
a conocer el ptQyecto, que tras mltiples avatares parlamentarios sera promul-
gado en julio de 1967.
Como esta ley es la que contina en vigencia, result interesante conocer
sus disposiciones. Para evitar las demoras, y trmites que lacan inoperante la ley
de Alessandri, se proceda a la inmediata creacin, en todo predio expropiado,
de un "asentamiento" o comunidad, de campesinos que se encargaban de la ex-
plotacin, dirigidos por un Oomit elegido entire ellos mismos.
El asentamiento, mediante contrato legal, se asociaba con CORA: esta l-
tima aporta el uso de tierras y agua -ya que en esta etapa el predio sigue siendo
de su propiedad-, las semillas, los abonos y los servicios.de un tcnico agrcola.
Los asentados aportan su trabajo -ya sea eri cultivos colectivos, bomunitarios o
individuales- y, a fin de subvenir a sus necesidades durante el ao agrcola,
reciben semanalmente un anticipo sobre sus futuras utilidades. Estas ltimas son
repartidas entire los campesinos (generalmente un 90 por ciento) y CORA, que
debe invertir su parte de las ganancias en costear mejoras del mismo asenta-
miento.
Al cabo de tres aos el campesino ya capacitado para hianejar la explota-
cin, recibe ttulo de dominio sobre su parcel.
Fuera del mecanismo de los asentamientos, la Ley 16.640 impona otro
cambio fundamental: el pago diferido, mediante bonos. Ello slo fue posiblc







gracias a una reform constitutional que, tras largusimo trmite parlamentario,
tue promulgada en enero de 1967 y establece, en el artculo 10 de la Carta
Fundamental, que "la indemnizacin ser equivalent al avalo vigente para los
efectos de la contribucin territorial, ms el valor de las mejoras que no estuvie-
sen comprendidas en dicho avalo, y podr pagarse con una parte al contado
y el saldo en cuotas en un plazo no superior a treinta aos". La suma al contado
flucta entire el 1 por ciento y el 10 por ciento, segn las causes que dieran
lugar a la expropiacin: el dueo de un predio abandonado recibe slo el 1 por
ciento, mientras que el agricultor a quien se le expropia por exceso de superfi-
cie -ms de 80 hectreas de riego bsicas o su equivalent, que en algunas zo-
nas llega a 10.000 hectreas- recibir el 10 por ciento al contado y podr re-
servarse hasta 320 hectreas para s, si la forma en que ha trabajdo el fundo
es calificada de "ptima".
La reform constitutional tambin modific el rgimen jurdico de las aguas
y faculty all legislator para permitir la toma de posesin anticipada de los pre-
dios, evitando as los escollos legales que hicieron inoperante la ley de Alessan-
dri. Adems, en abril de 1966 se promulg la Ley 16.465, que prohibit la di-
visin de los funds mayores de 80 hectreas, a fin de evitar que los propietarios
se protegieran de la Reforma parcelando sus tierras y "vendindolas" a sus hijos
o familiares.
Simultneamente la tan ansiada Ley de Sindicalizacin Campesina permi-
ti que se organizaran centenares de miles de trabajadores agrcolas.
Una vez dado a publicidad el texto del nuevo proyecto de ley, se produje-
ron las inevitable reacciones. Luis Marn Larran, president de la SNA, declar
que los asentamientos convertan a los campesinos en "esclavos del Estado" y
anunci -inevitablemente- baja de produccin y hambruna; las directives de
los partidos Conservador y Liberal, que an no se haban refundido en el actual
Partido Nacional, acusaron a Frei de estar "en concomitancia con el marxismo";
Pedro Enrique Alfonso, vocero de un recin formado Comando Coordinador
de Asociaciones Agrcolas, proclamaba que "el campesino chileno carece de co-







nocimientos para administrar eficientemente una empresa agrcola" y vaticin to-
da clase de desgracias.
Mientras continuaban las discusiones y trmites previous a la aprobacin de
la nueva ley, CORA creaba los primeros asentamientos en predios fiscales. El
primero -verdadero Plan Piloto- se realize en la gigantesca Hacienda del Choa-
pa, compuesta por once funds con un total de 12.000 hectreas regadas y ms
de 300.000 de secano.
La historic de'la vasta hacienda, que abarca toda la hoya hidrogrfica del
ro Choapa y se extiende hasta el lmite con Argentina, se remonta al siglo
XVIII, cuando a la muerte del gobernador Cano y Aponte asumi el cargo,
en forma interina, su sobrino Manuel de Salamanca. Desde su alto cargo don
Manuel se las ingeni para amasar una cuantiosa fortune: parte de ella era el
inmenso latifundio coquimbano, que pas por herencia a su hija Matilde. Doa
Matilde se cas dos veces, sobrevivi y hered a ambos acaudalados esposos,
y muri en marzo de 1820, sin dejar hijos ni otros descendientes. En su testa-
mento, la piadosa dama especific: "Nombro e instituyo por mi nica y universal
heredera a MI ALMA, para que el imported que resultare de -mis bienes se invierta
en beneficio spiritual de ella..."
Ante tan pintoresca dispsicin testamentaria las autoridades optaron por
entregar la hacienda al obispo de Santiago, Jos Santiago Rodrguez Zorrilla. El
prelado, partidario de Espaa durante las luchas de la Independencia, debi
abandonar Chile; cuando en 1821 pidi que se le permitiera volver, O'Higgins
accedi, siempre que el obispo aceptara destinar las rentas del legado de doa
Matilde a la reconstruccin del Hospicio y la Casa de Hurfanos de Santiago.
Ms tarde la hacienda pas poder de la Beneficencia y posteriormente al
Servicio Nacional de Salud; en virtud de la "ley de macetero", su calidad de
predio fiscal la incorporaba automticamente al plan de Reforma Agraria,. dis-
posicin que slo se hizo efectiva a comienzos de 1965.
SCORA organize diecisiete asentamientos que muy pronto empezaron a ex-
portar parte de su produccin de melones, damascos y cebollas. Sin embargo no







tardaron en producirse problems que demostraron claramente los defects
de la Reforma Agraria, tal como la conceban el gobierno derechista de Alessan-
dri, primero, y el gobierno democratacristiano y reformista de Eduardo Frei, ms
tarde.
Los principles inconvenientes del sistema fueron analizados en uni studio
publicado conjuntamente por FAO .e ICIRA en 1967. Como slo podan inte-
grarse al asentamienito los jefes de' familiar, quedaban eliminados los obreros j-
venes y solteros; lo mismo ocurria con ex inquilinos que, por su edad o irrespon-
sabilidad en el trabajo, quedaban fuera de la nueva comunidad. Se trataba,. en
muchos casos, de ancianos expuestos a perder su jubilacin al verse imposibili-
tados de completar el perodo de imposiciones exigido por el SSS.
Igualmente difcil se presentaba la situacin de los numerosos "allegados"
y de los "afuerinos", residents en pueblos vecinos, que antes trabajaban a
journal en el fundo.
Por otra parte, al dar preferencia a inversiones "productivas" no se mejo-
raron las viviendas ni las condiciones sanitarias.
Algunos asentados se manifestaron descontentos al perder ciertas conquis-
tas recientes, como semana corrida y vacaciones pagadas, que en el ltimo tiempo
haban sido concedidas por muchos latifundistas a su personal, ya que el incum-
plimiento de las leyes sociales constitua causal de expropiacin.
A la vez la excesiva dependencia de los asesores gubernamentales, sobre todo
en material de contabilidad y clculos de utilidades, contribua a perpetuar el
paternalismo que la ley quera eliminar.
El problema bsico que impidi una verdadera Reforma Agraria masiva
bajo el gobierno de Eduardo Frei fue la distribucin del crdito. Al igual que
en, ticmpos pasados el 90 por ciento del crdito agrario iba a parar a los insa-
ciables bolsillos de los latifundistas, v slo el 10 por ciento restante pudo ser
utilizado por pequeos campesinos, asentamientos y cooperatives.
En los seis aos de gobierno democratacristiano se expropiaron en total







1.408 predios agrcolas; de ellos, casi cuatrocientos fueron ofrecidos a CORA
por sus propietarios, en forma voluntaria, llegndose de comn acuerdo a una
indemnizacin que satisfizo el inters de los dueos. Se asentaron 29.000 families
en un total de 910 asentamientos, y se dieron ttulos de dominio a 5.600 personas.
No a 100.000, como lo prometiera Frei durante su campaa presidential.
Durante los ltimos dos aos del rgimen la Reforma Agraria se paraliz
casi totalmente. Los hacendados, tras un breve perodo de seudorresignacin ("El
process de reform agraria es doloroso... Muchos de los que actualmente deten-
tan la tierra, dejaremos de tenerla...") volvieron a su antigua agresividad, escu-
dados en la creciente derechizacin del partido de gobierno.
Ante un volante que proclamaba "La Reforma Agraria significa dignidad
para el campesino", el rgano official de la SNA comentaba con mal disimulado
furor:,
"La dignificacin del campesino es obra de muchos factors, y es torpemen-
te demaggico y materialista hacer defender el logro de un atributo moral del
reparto, mas o menos gratuito, de unos pedazos de suelo injustamente mal habi-
dos. No debe hacrseles career que, porque despojaron a un patrn, ellos ya
adquirieron dignidad..."


9 TIERRA O MUERTE.

Mientras disminua el ritmo de expropiaciones durante los ltimos tiempos
de la administracin Frei, y el ejecutivo mximo de CORA, Rafael Moreno
-otrora blanco de furibundos ataques por parte de los latifundistas-, retiraba
de la circulacin folletos destinados al campesinado por considerarlos excesiva-
mente agresivos contra los patrons, creca la tension en los campos. En las tierras
del Sur, en los viejos cotos de caza de los grandes caciques guerrilleros, renaci







el espiritu combative de un pueblo impaciente en su bsqueda de justicia: a
comienzos de 1970, empezaron a producirse las primeras recuperaciones de tierras
mapuches, bajo la consigna: Tierra o Muerte.
Ya antes se haba dejado sentir en forma cada vez ms intense la renacida
insolencia de los terratenientes frente a un gobierno vacilante, dispuesto a apli-
car la consigna de manoo dura" nicamente contra los obrcros, campesinos, es-
tudiantes y pobladores, pero no contra los todava poderosos dueos de la tierra.
A mediados de enero de 1969 los agricultores de 'alca, Linares y Colcha-
gua desafiaron a las autoridades bloqueando el camino longitudinal, para pro-
testar por el precio del trigo. El gobierno anunci cque los principals culpa-
bles serian procesados, pero muy pronto todo el asunto naufrag en el olvido.
Los meses siguientes trajeron nuevos indicios de la posicin gubernamen-
tal, cada vez ms favorable a la derecha. La massacre de pobladores de Puerto
Montt, el 9 de marzo, provoc protests entire las propias filas del partido de go-
bicnio, pero el Presidente respald sin reserves al Ministro Prez Zujovic, sin-
dicado como responsible por la propia JDC. Dos mess ms tarde la crisis inter-
na de la DC estall en renuncias masivas de elements progresistas que se agru-
paran en el MAPU.
,En el campo el viraje del regimen provoc una sucesin de ocupaciones
ilegales que se inici en junio, cuando los trabajadores agrcolas de Coquimbo
se tomaron diccisietc predios de la zona. El 11 de agosto seguiran su ejemplo
los campesinos de la zona de Melipilla, quienes ocuparon cuarenta y cuatro fun-
dos tras tries semanas de huelga legal. Cada vez ms audaces, los latifundistas
organizaron una column de doscientos "defensores de la propiedad" que re-
cuperaron algunos predios para sus dueos sin que ila polica se lo impidiera.
Igualmente temerosos de oponerse a los desmanes patronales se mostraron
poco despus los carabineros que presenciaron la agresin de no menos de trein-
ta latifundistas armados contra dos periodistas que reporteaban una toma de
fundo en Curic. En cambio, cuando cincuenta campesinos intentaron ocupar








la Hacienda Casahue, de Villarrica, para apresurar los demorosos trmites de
expropiacin, la polica los repeli con su habitual violencia.
Alentado ante estas pruebas dc tolerancia de part de las autoridades, el
agricultor Gabriel Benavente, dueo del Fundo La Piedad, de Longav, enca-
bez una horda armada dc palos que asalt las oficinas de CORA en Linares.
La expropiacin del predio, anulada por un acuerdo de la Corte Suprema, fuc
solicitada nuevamente por CORA, aduciendo nuevas causales legales. Cuando
finalmente, various meses despus, debi hacerse efectiva la toma de posesin,
el Jefe Zonal de CORA, Hernn Mery, fue ultimado a garrotazos por un pen
a sueldo de Benavente, ante la criminal indiferencia de un batalln policial. Un
dirigente local de los latifundistas, cl ex nazi Carlos Montero Schmidt, quien ha-
ba presenciado el asesinato, amenaz por la prensa: "Si quicren ms sangre,
habr ms sangre".
La muertc de Hernn Menr fuc slo un paso ms en la escalada de violencia
de los 'hacendados. Ya en octubre de 1969, durante 'las ceremonies de inaugu-
racin de la Feria Anual (FISA), hicieron callar con sus rechiflas al Ministro
de Agriculture Hugo Trivelli y lo obligaron a abandonar el recinto, frente a la
indiferencia de las fuerzas policiales que escoltaban a la "autoridad".
Y mientras transcurran los primeros meses de 1970 y se acercaba la fecha
de la eleccin presidential que definira el future de Chile, los latifundistas
-con sus esperanzas puestas en la reeleccin del ya senil Jorge Alessandri- se
mostraban cada vez ms audaces. Ya se hablaba abiertamente de los arsenales
acopiados en las haciendas, "para defenders del despojo". Y frente a la presin
patronal se multiplicaban las tomas de funds, sobre todo en las provincias
de Cautn y Valdivia.
Algunas de estas ocupaciones fueron promovidas, en un comienzo, por los
propios terratenientes, deseosos dc provocar un enfrentamiento entire los mapu-
ches y los dems campesinos.



























0.0 o



44-t ~ --n ' : ..~.







* 1970: LA GRAN ESPERANZA.


Pero el 4 de septiembre de 1970 el pueblo dijo "Basta!" Y dos meses ms
tarde Salvador Allende se cea la banda de los Presidentes de Chile, victorioso
sobre las conspiraciones y complots que haban tratado de arrebatarle la victoria.
A estas conspiraciones' no fueron ajenos los latifundistas, segn pudo esta-
blecerse durante las investigaciones destinadas a aclarar el asesinato del Coman-
dante en Jefe del Ejrcito,.general Ren Schneider Chereau. El horrible crime
que conmovi el pas hasta sus cimientos no caus el efecto buscado: un golpe
military que anulara la voluntad popular expresada en las urnas. Y las pesquisas
evidenciaron la participacin direct de elements representantes del latifundio,
como es el caso de los reos, 'Bpochboxn,Bulnes, Menndez y otros.
El 4 de noviembre la Unidad ,Pbpular asumia el gobierno. El Programa ela-
borado en conjunto por 'os partidos y movimientos que la integran -Partido
Socialista, Partido Comiunista, Paitido Radical, MAPU, API y Partido Social
Demcrata- planteaba, en lo reference al,agro:
'1 Aceleracin del process dereforma agrara, expropiando los predios que
excedan la cabida mxima... sin que-el dueo tenga derecho preferencial a elegir
la reserve.
'2) Incorporacin inmediata al cultivo agrcola de las tierras abandonadas y
mal eiplotadas de propiedad estatal.
3) Organizacin de las tierras expropiadas, de preferencia en forma de coo-
perativas, entregando al campesino ttulo -de dominio sobre la casa y el huerto,
y sobre sus derechos en el predio indivisible de la coperativa.
4) En casos calificados; asignacin de tierras a pequeos agricultores, arrenda-
tarios, medieros y empleadbs agrcolas.
5) Reorganizacin del minifundio a travs de forms progresivamente coo-
perativas de trabajo agrcola.







6) Incorporacin de los pequeos y medianos campesinos a las ventajas y
servicios de las cooperatives de su zona.
7) Defense de la integridad y ampliacin de la direccin democrtica de las
comunidades indgenas amenazadas de usurpacin; y que al pueblo mapuche y
dems indgenas se les aseguren tierras suficientes, y asistencia tcnica y crediticia.
A su vez entire las Primeras 40 Medidas del Gobierno Popular figure "Una
Reform Agraria de Verdad": "Profundizaremos la Reforma Agraria, que benefi-
ciar tambin a medianos y pequeos agricultores, minifundistas, medieros,
empleados y afuerinos. Extenderemos el crdito agrario. Aseguraremos mercado
para la totalidad de los products agropecuarios".
A mediados de 1970 se dio a publicidad un document que resume los 20
puntos bsicos de la Reforma Agraria del Gobierno de la Unidad Popular. Entre
ellos se plantea: "Los campesinos, a travs de organizaciones sindicales, cooperati-
vas y de pequeos agricultores, reemplazarn a los representantes de los latifun-
distas en todos los organismos del Estado... En cada una de las zonas agrcolas
del pas se constituiran Consejos Campesinos Zonales... La Reforma np opera-
r ms fundo por fundo, sino por zonas... El Gobierno Popular terminar con la
burla actual que significa el no paigo del 2 por ciento patronal establecido por
la Ley de Sindicalizacin Campesina... Las regions forestales se incorporarn
a la Reforma Agraria... Tendrn derecho a no ser expropiados slo los pequeos
y mediancs agricultores; y derecho a reserve SLO AQUELLOS QUE SEAN RECONOCI-
DOS POR LOS CAMPESINOS POR SUS CONDICIONES ECONMICAS Y SOCIALES FAVORABLES...
Cada campesino tendr derecho a la propiedad familiar de su casa y huerto...
En una primer etapa se pondr en operacin a fondo la Ley de Reforma Agra-
ria, aplicando todas aquellas facultades que el actual gobierno (se refiere al de
Frei) no ha querido o no ha sido capaz de aplicar... Las modificaciones a la actual
ley sern discutidas y aprobadas, antes de ser enviadas al Parlamento, por los
Consejos Campesinos Nacionales y Regionales... Se establecer un sistema nacio-
nal de previsin para todo el campesinado... Se impulsarn planes especiales para








el mejoramiento y construccin de la vivienda campesina... Se desarrollar una
poltica a travs de programs de alfabetizacin de adults, publicacin de libros,
peridicos y programs radiales para campesinos..."
Antes de cumplirse un ao de gobierno popular ya pueden observarse
los primeros frutos de esta poltica. Durante el verano pasado (enero-febrero
1971) se traslad a Temuco el Ministerio de Agricultura en masa, y se puso en
prctica un plan masivo de expropiaciones en toda la zona.
La aceleracin del process se hace patente al comparar algunas cifras. Duran-
te los seis aos de gobierno de la Democracia Cristiana se incorpor a la Reforma
Agraria un total de 3.558.169 hectreas, que correspondent a 1.408 predios com-
prados, expropiados o que pasaron a manos de CORA por ser de propiedad
fiscal.
En cambio en el perodo comprendido entire el 10 de diciembre de 1970
y el 10 de agosto del present ao -apenas ocho meses- ya han sido incorpo-
rados a la Reforma Agraria 1.160 predios con un total de 2.188.950 hectreas.
Casi 14.000 families han sido asentadas en este breve plazo, comparadas con
29.000'durante los seis aos de la administracin Frei.
Los proyectos para el future inmediato sealan una creciente aceleracin
del process. Durante el ao 1972 se espera expropiar otros 2.300 predios.
Con ello quedar eliminado el latifundio, ya que habrn pasado a manos de los
campesinos todos los predios agrcolas cuya superficie supera las 80 hectreas
bsicas de riego o su equivalent.
Qu efectos tendr para el pas un cambio tan- fundamental? Lo define
con toda precision el IV Informe de las Naciones Unidas sobre Reforma Agraria,
preparado conjuntamente por la ONU, la FAO y la OIT:
"REFORMA AGRARIA es, en su acepcin ms estricta, sinnimo de reparto o
redistribucin de la tierra... y equivale a redistribucin de la riqueza, de la renta,
de la categora social y del poder politico. Representa, en suma, UN CAMBIO RE-
VOLUCIONARIO DE LA ESTRUCTURA SOCIAL".







Este cambio revolucionario se reflejar, bsicamente, en una vida mejor y
ms digna para el campesino. Habrn terminado para siempre aquellos tiempos
en que el hombre que laboraba la tierra vegetaba en un submundo de hambre,
miseria, desnutricin, ignorancia y subdesarrollo fsico, mental y econmico. Junto
a-la arrogancia patronal -tan claramente retratada en las numerosas citas de pu-
blicaciones de la SNA incorporadas al presented tralajo- desapa'recer para siem-
pre la desesperanza de la vida campesina de ayer, la servidumbre de generaciones
sin honzonte y sin salida.
Evidentemente una transformacin tan masiva y veloz afectar en forma
transitoria los niveles de produccin. Pero respect a ese problema, explotado con
gran, entusiasmo por los portavoces d los iterratenientes, poderpos cederle una
vez ms la palabra al informed de las Naciones Unidas ya citado:
'"Qqienes critical los planes de reform, alegando que pueden ser perjudi-
ciales para la produccin agrcola, ignoran o fingen ignorar que, an desde un
punto de vista estrictamente econmico, el cambio social provocado por la redis-
tribucin6 de la tierra tiene a la larga efectos muy beneficiosos, que compdnsan
con creces la disminucin pasajera de la produccin".
Esos efectos beneficiosos se traducirn en mayor prosperidad para Chile y
los chilenos. Pero no basta analizarlos desde un punto de vista estrictamente
econmico, crno lohab l aen los'eruditos de las Naciones Unidas. Las ventajas del
cambio van mcho ms all del inevitable aqmento de produccin y floreci-
miento de la economa: estos fenmenos represntan apenas el primer paso, la
basecdncreta para una liberacin definitive de nuestra.patria.
Y los campesinos lo saben. Saben que estn presenciando la aurora de tiem-
pos nuevos y mnejores. Y as lo proclaman en el manifiesto de una cooperative
campesina de :Valivia:
"Ahlora la tieira ser nuestra. Pronto las fbricas y las minas tambin sern
nuestra. 'Esto significa que hemos despertado y nos hemos puesto de pie, y que

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nuestra march de gigantes, seguros ya de nuestras fuerzas, nada ni nadie la
detendr jams... Nuestra lucha por un Chile Socialista es una lucha por una
patria ms grande, por una patria ms just: por una PATRIA DE LOS TRABAJADORES."


* HACER JUSTICIA.

Pero ninguna cantidad de cifras, evaluaciones de experts internacionales y
proclamas traducen -en realidad el despertar del campesinado chileno. Slo comen-
zamos a comprenderlo al visitar, al comienzo del present ao, algunos campa-
mentos establecidos en la zona de Lautaro, en funds abandonados o en trmite
de'expropiacin. Los campesinos mapuches que slo cuatro aos antes nos salu-
daran tmidamente, sacndose el sombrero y rehuyendo la mirada, ahora nos re-
cibieron con espontneas sonrisas y apretones de mano: "Bien venidos, compa-
eros. ..
Junto al lienzo con el nombre del campamento, el portn luca un cartel
con los rostros de Lenin, Ho Chi Minh, Fidel Castro, el Comandante Guevara. Y
unas palabras trazadas con mano recin acostumbrada a empuar la pluma: "Por-
que esta gran humanidad ha dicho basta..."
No era solamente una frase. Lo comprendimos cuando, durante la charla,
escuchamos varias veces la palabra "revolucin" y le preguntamos al ms anciano
de los campesinos, un mapuche de rostro oscuro surcado por las huellas de siete
dcadas de trabajo incesante en provecho de otros, de humillaciones cotidianas
y rebeldas ahogadas:
-Qu es la Revolucin?
Con gesto lento indic el cartel, acercando la mano nudosa al retrato del
Guerrillero Heroico:
-Revolucin es... hacer justicia.







BIBLIOGRAFIA.

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