• TABLE OF CONTENTS
HIDE
 Front Cover
 Introduction
 Sendic y los "peludos"
 Del "brazo armado" a la fuerza...
 Madurez revolucionaria, deterioro...
 Teoria y practica de los tupam...
 Una estrategia con los pies en...
 Uruguay: ¿Una excepcion?
 La voz de los hechos






Title: Tupamaros : vanguardia armada en Uruguay
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 Material Information
Title: Tupamaros : vanguardia armada en Uruguay
Physical Description: Book
Creator: Nunez, Carlos
 Subjects
Subject: South America   ( lcsh )
Spatial Coverage: South America -- Uruguay
South America
 Record Information
Bibliographic ID: UF00086924
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.

Table of Contents
    Front Cover
        Front Cover 1
        Front Cover 2
    Introduction
        Page 1
        Page 2
    Sendic y los "peludos"
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    Del "brazo armado" a la fuerza de vanguardia
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    Madurez revolucionaria, deterioro del regimen
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    Teoria y practica de los tupamaros
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    Una estrategia con los pies en la tierra
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    Uruguay: ¿Una excepcion?
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    La voz de los hechos
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Full Text












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CON LA B.RBA .CRECIDA, TA ROPA SUCIA Y ARIUGADA, ABOTAGADO POR EL PfNTOTAL, ULYSSES

PEREIR A RZ'VERBEL .CO'MnrVBA BIEN C0O D'. SU HABITUALL Y ATILDADA EIEGANCIA. Trash

tabill6 al descender del autom6vil abandonado no lejos del centro de Montevideo y

descubri6 el reloj pulsera que sus captores encapuchados le hablan quitado hacia

alganas.horas, antes :de abandonar ia habitaci6n forrada con papeles de diario don-

de lo hablan mantenido secuestrado durante cinco dias.


En la mafana del 7 de agosto, algunos in
tegrantes del comando'Mario Robaina M4n-
dez perteneciente al Movimiento de Libe
raci6n Nacional Tupamaros secuestraron aZ
Pereira Reverbel cuando 6ste salla de su
domicilio, hiriendo levemente a uno de
sus acompaiantes que intent ofrecer re-
sistencia, y dejando en su lugar un "co-
municado a la opinion pdblica" en que s.e
informaba "roy el sefor Pereira Rever-
bel ha sido detenido por decision .del
M 'N"a En ese comunicado, la organizaci-
6n hacia un relevamiento de las principal
les medidas antipopulares llevadas ade-
lante por el Poder.Ejeoutivo uruguayo y
terminal;..

Adve'rtimos a las fuerzas represivas
1) El senor Pereira -Reverbel en nu.
estro poder, garantizard con su per
sona la integridad ffsica de nues-
tros compaieros y de todos cuantos
hoy son perseguidos, 2) La seguri
dad e integridad fisica del seeor
Pereira Reverbel dependerd de la
conduct de las fuerzas represivas
y de los grapos fascistas a su ser-
vicio, por lo tanto, estaremos muy
atentos a los metodos que utilicen,
3) En consecuencia, no intenten
buscarlo porque comprometen la segu
ridad e integridad del detentdo,
4) El senor Pereira Reverbel serQ
puesto en libertad sano y salvo e
ando las autoridades de nuestro mo
vimiento lo estimen oportuno y siem
pre y cuando se hayan respetado las
advertencias antedichas.

Era, inocultablemente, un desaffo; los a
contecimientos inmediatos vendrfan a pro
bar que el regimen encabezado per Jorge
Pacheco Areco no tenfa en sun nanos la
posibilidad de enfrentarlo exLtosamente.
Mas de tres mil agantes de policfa (pr4c
ticamente el cincuenta per ciento del to


tal de efectivos con base en Montevideo)
fueron movilizados en la bdsqueda de Pe
reira Reverbel y sus captors. Vane in
tento no parec.'a existir la mis mfni-
ma pista capaz de orientar a los cuer-
pos represivos. Entre tanto, los Tupa-
maros daban tna nueva prusba de ofica-
cia organizativa, haciendo llegar hasta
Pacheco Arecb una ca.rta.mainscrrta del
secuestrado (en la que 6ste aseguraba
encon'rarse en perfectas condiclones ff
sicas, daba alganas instrucciones sobre
el manejo de urgentes asuntos publicos
a su cargo y pedfa se atendiera a las
advertencias del M~SN), sin que tampoco
en este caso la policfa atinara a dar
con algana pninta del ovillo. La reite
rada comprobaci6n de su Impotencia pa
recid desbordar al regimen, que lanz6
entonces las tropas de la policfa mili
tarizada contra la Universidad, ocupan
do todas las facultades, on una frens-
tica bdsqueda, tan violent como nueva
mente infruct;osas Pereira Reverbel
no estaba por cierto oculto en ninguno
de los "antros subversivos" university
rios. Para algunos observadores, la
intervenci6n de la Universidad s6lo po
dia explicarse por el paranoico mani-
que.smo de la "inteligencia" policial,
que stele ver en los medics estudiantl
les el origen de toda acci6n polftica
"subversiva"; para otros, en camblo,
la bifsqueda de los Tupamaros apenas
servia de pretexto para una operacidn
dirigida a golpear a la Unlversidad,
firm reducto de oposici6n a la polti
ca antipopular del gobierno (consecuen
temente con este presunto prop6sito,
Pacheco Areco intento'de manera simul-
tfnea destituir al Consejo Central Uni,
versitario per "amparar la subversion".
La oposici6n parlamentaria ha impedido
hasta el moment que la manicbra se
concrete) La version mAs coherent,
emperor, era la que podfa recogerse en






algunos sectors de Izquierda, haciendo caudal de la ineficacia represiva ante

accionos de inspirao5.n political desooncertada, perpleja, sin la menor idea

del rambo a seguir, la polioca habrIa pr6ci.rado slstituir efic.encia por espec

t~culo. El saldo fiue trdgico para la poblaci6n (un estudiante muerto, Liber

Arce, y decenas de heridos),-pero result tanmbin contraprodicente para el r6-

giment la intervenci6n armada en la Universidad, dando un nuevo mentis a la

proclamada "instituoionalidad" del gobierno, no hizo sino radicalizar adn mSs

la lucha estudiantil y colocar decididamente en la oposici6n militant. a am-

plios sectors populares, como lo demostr6 la imponente multitud que acompato

el sepelio del estudiante abatido por la policfa.


Abogado, terrateniente, director del ente estatal Usinas y Tel6fonos del Esta-

do (UTE, sector energftico), caracterizado desde ese cargo per su safia anti-

sindical, amigo intimo de Pacheco Arecb., "idedlogo" de la manoo dura" guberna

mental, Ulysses Pereira Reverbel.era clertamente la persona menos indicada pa

ra cowa.iar alguna-simpatfa de'parte de la opinion pdblica uruguaya. Este fac.

tor, 16gicamente evaluado por los Tupamaros (como lo revela la caracteriza--

cion que hacen del "detenLdo" en su comunicado), unido a la creciente leyenda

de inexpugnabilidad que rodeaba al MN--leyenda que, 'una vez mns, se vela ava

lada por los hechos--determinaron una reacci6n de relative complacencia popu-

lar ante el secuestro del jerarca. Por supuesto, el prurito legalista y anti

violent de ciertos sectors bienpensantes (incluso de algunas "personalida--

des" de la izquierda, cuyo destino politico parece irreversiblemente jugado

en el camino de un presunta "oposicidn constructive") derive en condenas for-

males a la acci6n de los Tupamaros; pero los hechos, calientes y duros; est.a-

ban ahl,.desafiando toda especulaci6n. La violencia implIcita en el secues--

tro de Pereira-Reverbel (violencia, por otra parte, calculada y contenida,

bien alejada del terrorism indiscriminado e indtil) no hacla sino responder

a la violencia represiva del regimen, dsta sl indiscriminadas ciega, visoeralo


Asf, cuando Ulysses.Pereira Reverbel, fssicamente inc6jume pero moralmente






tan golpeado como el regimen que represent, despert6 de su pesadilla de cinco

dfas con la elegancia maltrecha, se habla convertido ya, involuntariamente,

en un testimonio mdltiples el testimonio de que los personeros de un sistema

antipopular como el que hoy rige Uruguay no podrian, de aqul en m~s, preten-

der el privilegio de la impunidad ("nada quedard impune y la justicia popular

sabrd ejercerse por los canales y de la forma que corresponda y :convenga" di-I

ce el comunicado de los Tupanmros); el testimonio de cue Uruguay, deteriorada

"Suiza de America", ha dejado ya de ser la "excepci6n" frecuentemente senala-

da en el context de un continent sacudida por la opresi6n y, consecuentemen

te, por la violencia popular y la lucha revolucionariao el testimonio, por

fin, y contra la opinion de muchos, de que aun en este pafs es possible respond

der con acciones directs a la represi6n de los sectors dominantes, que esa

misma represi6n llega a revelarse impotente ante una organizaci6n que como

los Tupamaros, se muestre conscience de las duras exigencias que plantea la

praxis .D la liberaci6n naclonal.
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Pese a todos sus esfuerzos, los servicios policiales se han enfrentado persist

tentemente al fracaso en sus intentos de penetrar a traves de la fina red de

seguridad que rodea al M. L. N.; por.supuesto, no menos dificil Ilega a pre'-

sentarse la posibilidad de realizar.una area periodfstica sobre la organiza-

ci6n de los Tupamaros. Sin embargo, los mismos documents elaborados por el

Movimiento --documentos oue circulan clandestinamente en Uruguay, algunos de

los cuales han sido recientemente recogidos por publicaciones latinoamerica-

nas- y el testimonio que puede recogerse en diversos sectors de la izquier-

da uruguaya, permiten una aproximaci6n tentative hasta la historic y las 11-

neas te6ricas y prdcticas fundamentals de la organizaci6n,


En julio de 1963, diez afos despu6s del asalto al Cuartel Moncada que marcara






el inicio de la lucha insurreccional en Cuba, un grupo de militants de iz-

quierda encabezados por Radl Sendic penetr6- en el local del Club de Tiro de

Colonia Suiza (una apacible villa de descanso del interior uruguayo) y se

apoderd de una docena de fusiles sin cerrojo. A la vuelta de algunos alos,

esta accidn ha llegado a ser vista por la mayoria de los uruguayos como el

"bautismo" noticioso de lo que con el tempo llegaria a ser el Movimiento

de Liberaci6n Nacional; pero, por entonces, esa "expropiacidn" de armas des

pert6 las mrs diversas reacciones. La gran prensa, inicialmente escandali-

zada por el surgimiento de acciones "subversivas" en el scenario de la la-

ha polftica uruguaya ("ejemplo y modelo de democracia representative", rei-

teraron empalagosamento los diaries oficialostas de la dpoca), voj.vi pron-

tamente sobre sus pass, comprendiendo los riesgos que ese escdndalo conlle

va, y busc6 minimizar la noticia hasta las proporciones de un hecho delicti

vo comiln. Desde la izquierda traditional, por su parte, que venfa de plan-

tear un. experiencia "frentista" en las elecciones de 1.962, no falt6 el

calificaiivo de "provocadores" para los responsables de la accidn. Pero en

la base de estos sectors y en los cfrculos mas politizados de la opinion

independiente,e el epsodio marc una sensible conmocid6n 3a perplejidad y

aun el escepticismo, ante hechos como dste communess en la historic de Amrri

ca Latina, especialmente a partir del triunfo de la Revolucidn Cabana en

1959, pero practicamente indditos en UIuguay), no llegaban a ocultar una

comprobaci6n contrapuestao la de la creciente agadizaci6n de la crisis que

golpeaba al pafs desde hacfa una decada -y cuyos indicios auguraban dfas

mcho mis negros para las classes trabajadoras- la progresiva gangrena que

corrofa las estructuras del welfare state promovido por el liberalism des-

do cormenzos del siglo, la ineficacia de los canales electorales para que-

brar el predominio politico de los sectors dominantes y la entrega del

pals a los intereses imperialistas que ellos representan.


La policfa identific6 a Radl Sendic y a obros militants de izquierda como






autores del asalto al Club de Tiro, pero no logr6 detenerlos. Miembros del

Partido'Socialista Uruguayo, Sendic se habia dedicado, desde antes.de 1960,

a un trabajo de politizaci6n y sindicalizaci6n en algunos sectors rurales

largamente postergados por las organizaci.ones de izquierda, tradicionalmen-

te volcadas hacia los trabajadores urbanos. Los ndcleos hacia los que ori-

ent6 su trabajo Sendic eran (son) 16s m~s tfpicamente proletarizados del am

bito rural, lejanos tanto del pequefo propietario que suele encontrarse en

las zonas granjeras del sur como del' "pen de estancia" que se desempena en

los latifundios ganaderos, de ambigua ubicaci6n dentro de la.escala de cla-

ses y prdcticamente sin posibilidades de efectiva agremiaci6dn se trataba

de los trabajadores zafreros del arroz, en el este, y de la remolacha y la

cafia de azdcar, en el norte del pafs. Estudiante de Derecho (con el titulo

de Procurador), Sendic no se limit a una tarea de prddica political o de a-

sesorfa organizativa; entendi6 que la dnica forma de ganar la confianza de

los trabajadores, de similar sus problems, de hablar su lenguaje, era in-

tegrarse a su vida y a su trabajo; se convirti6 asf en un peludoo" (como

llaman en la zona a los caferos, como los propios caheros se llaman a si

mismos). Tras movilizar y organizer a los remolacheros del departamento de

Paysandd y a los cafferos de Salto --ambos departamentos se encuentran en el

litoral del Rio Uruguay, que marca la frontera con Argentina, al oeste del

pals- Sendic form la U. T. A. A, (Uni6n de Trabajadores Azucareros de Ar-

tigas) con los trabajadores de las plantaciones de cafia que abastecen a la

empresa C. A. I. N. S. A. (de propiedad norteamericana), en el extreme nor-

te de Uruguay, limftrofe con Brasil y Argentina. A traves de U. T. A. A.,

los "peludos" obtuvieron el respeto a una series de leyes sociales que las

empresas incumplfan al amparo de la negligencia (o, directamente, la compli

cidad) gubernamental, la falta de organizaci6n de los trabajadores y el des

conocimiento del resto del pafs sobre las condiciones de vida y trabajo en

los casaverales de Artigas. Paro, con la orientacidn de Sendic, los cafe-






ros comprendieron pronto que esa lucha .por el cumplimiento de disposiciones

legales-pagada ciertamente al precio de la persecucidn y la violenola con-

tra dirigentes y militants de UTA.A.-no era sino el primer paso en un

camino que debla profundizarses las condiciones de vivienda y sanidad, de

cuyo nivel debfan ser responsables las empress, eran subhumanass el traba-

jo de mujeres y nifos escapaba por complete al amparo que la legislacidn so

cial uruguaya exigfa; y, sobre todo, el catreter zafral del trabajo en las

plantaciones determinaba la desocupaci6n lisa y llana de los caneros duran-

te la mayor part del afo.


En 1962, Sendio organize la primer marcha cafera"8 los trabajadores de

la U.T.A.A., con sus mujeres e hijos, recorrieron mas de 600 kil6metros a

pie, de Artigas a Montevideo, con el fin de dar a conocer sus problems y

reclamar "tierras para trabajar" (concretamente, planteaban la expropiaci6n

de grande extensions de tierra pr~cticamente abandonadas en el mismo de-

partamento de Artigas). De algana manera, la presencia de los "peludos" en

la capital signific6 una conmocidn, pero, previsiblemente, nada se logr6 de

los cfrculos gabernamentales, salvo el reconocimiento por part de una comra

si6n parlamentaria de las condiciones subhumanas en que vivfan y trabajaban

los caferos. En otro orden de cosas, quizas mns lamentable, los "peludos"

debieron asistir, en un aSo electoral, a la demagogia hueca de los grades

partidos y a los intentos de aprovechamiento sectario de su movimiento, o

de indiferencia no menos sectaria, por parte de algunas organizaciones de

izquierda. Asistieron tambi6n al renacimiento de la violencia fascist,

cuando fueron baleados desde la Confederacidn Sindical del Uruguay, reduc-

to del sindicalismo amarillo hoy extinguido; las balas destinadas a los

"peludos" mataron a una mujer totalmente ajena al episodio. Este incident,

que ponfa en evidencia la violencia subyacente en la lucha sindical y polf-

tica de un Uruguay en ascendente crisis, y que consecuentemente daba a los

cafieros conciencia de sus necesidades por lo menos defensivas, es ubicado






por los observadores come uno de los probables antecedentes director de la

"expropiacidn" d, fusiles llevada a cabo el afio siguiente en Colonia Suiza,


Y asl como hoy se seeala el caso del Club de Tiro como el primer indicio

pdblico sobre la existencia de una organizaci6n dispuesta a llovar la con-

frontaci6n de classes hasta sus mis elevadas expresiones, el movimiento de

los caferos es considerado en dltima instancia como la genesis de los Tupa

maros. Para algunos de quienes eran entonces compafieros de militancia de

Radl Sendic (y que comparten con la mayorfa de los uruguayos el convencimi

ento de que 61 es uno de los principles dirigentes--si no el principal-

del M. L. N.), su actividad polftica y sindical planted en Uruguay, desde

principios de la present d6cada; nuevas formas de entender y practical el

trabajo de concientizaci6n y movilizaci6n revolucionariass la plena inte-

graci6n personal entire los "peludos", la march de dstos sobre la capital,

sus propias reclamaciones--que, aun como consecuencia direct de una si-

tuaci6n singular (el trabajo zafral), se alejaban del mero economismo sa-

larial para incidir en niveles m~s hondos de las estructuras de produccidn

- eran sfntomas elocuentes de esos nuevos concepts, que habrfan de :desem

bocar en el nacimiento y la acci6n de los Tupamaros. En esta media es

que se justifica la parcialmente detallada relaci6n del movimiento cafiero

para abordar un intent de cr6nica sobre el' M. L. N.; pero tambin: sera im

portante tomar en cuenta esta genesis para evaluar debidamente algunos de

los presupuestos t4cticos de los Tupamaros en cuanto a la lucha armada ur-

bana y rural en las peculiares condiciones uruguayas.


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DEL "BRAZO ARMADO" A LA FUERZA DE VANGUARDIA '



Segdn puede tegistrarse hoy entire algunos de los sectors consultados para

realizar esta cr6nica, en 1963, tras su identification como responsible del

asalto ai Club de Tiro, Radl Sendic fue instado a entregarses al parecer,






se contaba con la relative latitud del 'ordenamiento jurfdico uruguayo en

cuanto a "delitos politicos", con los atenuantes que podfan manejarse en

su defense, e, incluso, con la oportunidad que podfa significar un proce-

so de esta naturaleza para agitar publicamente el.movimiento de los cafe-

ros y el panorama global de injusticia y opresidn en el oue ese movimien-

to se inscribfa como su extreme mis dramAtico. Pero finalmente prevaleci6,

sobre estas especulaciones "polfticas", la vision de Sendic y de algunos

de sus companeros; el camino estaba elegido y no admitia retornos. adn en

el caso de que los responsables de la "expropiaci6n" de armas no hubieran

sido identificados, no otro 4mbito sino el de la clandestinidad habrfa de

acogerlose Ciertamente, la identificaci6n policial parecfa a primer vis-

ta acrecer los riesgos, pero al mismo tiempo implicaba un obligado handicap,

una exigencia insoslayable de la vfa por la que se habfa decidido transitan

Desde 1963, hay una fotograffa de Radl Sendic en cada una de las secciona-

les policiales de todo el pafs, pero la "eficacia" de los cuerpos represi-

vos no ha logrado ir mas all" de esoa


En sectors de la izquierda uruguaya se tiene entendido que el grupo enca-

bezado por Sendic operaba por entonces como "brazo armado" del Partido So-

cialista, que acababa de salir de un frustr'aneo intent electoral en alian-

za con elements nacionalistas de la pequela burguesfa. Esa estructura, al

parecer, no se mantuvo much tiempo; segdn suponen los sectors consultados,

los integrantes del grupo armado encontraban crecientes contradicciones en-

tre las necesidades t6enicas de su organizaci6n (que debfan contemplar un

herm6tico mecanismo de seguridad para proteger sc obligada clandestini-

dad)y las tradicionales vias de acci6n y decision a nivel de un aparato po-

lftico legal y pdblico.. Puede asimismo presumirse, con la perspective del

tiempo, que esas contradicciones mayormente prdcticas reflejaban forzosamen-

to una subyacente y adn no precisada divergencia tedrica en cuanto a la for-

ma en que debfa encararse la acci6n polftica en Uruguay. Cuatro afos des-






puds de aquella separaci6n, los Tupamaros plantearfan en uno de sus documen-

tos algunas expresiones esclarecedoras acerca de los .'brazos armados" de or-

ganizaclones polfticas legalese

Nirgdn partido cimple con los principios revolucionarios que enuncia si
'no encara seriamente esta preparaoi6n.para la lucha armada en toda la
escala del Partido, De btra forma no se logra la maxima eflcienoia po-
sible para enfrentar a.la reacci6n en cada etapa, lo cual puede resul-
tar una negllgencia fatal (cabe recordar a Brasil y Argentina), el
desperdicio de u.na coyuntura revolucionariao. No encarados para su fin
.especffico, Ics pequefos grupos arniados partidistas pueden transformar-
Sse en triste masa: de maniobras polIticas.


En este sentido, el Mo L. N. aludfa declaradamente a un episodio suscitado

durante la manifestaci6n realizada por la Go No T. (Convenoi6n Nacional de

Trabajadores) el 1 de Mayo cuando se origi.n6 un tiroteo entire gripos anirdos

de organizaciones de izquierda contrapuestas, en lo que podrfa ser entendido

como an ejemplo lateral de esa utilizaci6n de aparatos de cheque partidarios

como"triate masa de maniobras polfticas", que durante los anos' ms recientes

ha encontrado expresiones extremes en otros puntos del continent (quiza Ve-

nezuela sea el caso mas dramAtico y elocuente). Consecuentemente con ese

planteo, el M. L. N. sugerfa, en el mismo document, que los militants de

aparatos armados partidarios exigieran a sus respectivas direcciones?

Que su acci6n (la de los "brazos armados") sea diriglda solameite contra
el enemigo de clase,-contra el aparato burguds y sus agentep, Ningdn
aparato armado puede cumplir su fin especIfico si su direcci6n no reune,
al'menos, estos requisitos mfnimoss .(l) que sea consecuente y demuestre
con hechos su adhesion al principlo de la lucha armada, dandole la im-
portancia y los medios materials necesarios ,para su preparaci6n; (2)
que ofrezca las condiciones necesarias de seguridad y discreci6n para
los militants que desarrollan tareas ilegales; (3) que por su amplitud
y correcta lfnea tenga posibilidades -las mas inmediatas posibles-- de
constituirse en direcci6n de masas proletarias.


Ciertamente, como se procurarS analizar mis adelante, las. concepcionel del

M. L. N. en torno a este punto no responded a motivaciones exclusivamente

"tecnicas", ni'mucho menos implican la postulaci6n de una suerte de "milita-

rismo" que suponga e-1 divorcio entire la "direcci6n political" y la "direc-

Sci on armada" de una organizabidn revolucionaria. Antes bin, esen estos

planteos donde puede encontrarse el germen de las ideas que ban llevado a






los Tupamarbs a oonstituir un grupo orgAnico en sf.amismo, sin relaci6n algu-

na de dependencia con los partidos de Xzquierda ya existentes en Uruguayo


Es en esta 6poca, 1963-64, que los observadores acostumbran situar el naci-

miento.de los Tupamaros como organizaci6n; consecuentemente, este perfodo

aparece como el mAs oscuro y menos conocido, auh para los militants de los

restantes grupos de izquierdao. Segdn los escasos indicios que pueden hoy

ser recogidos al respect, los ex-integrantes del "brazo armado" del P. S.

(con el cual, se presume, habfan llegado aun acuerdo destinado a que los

militants del grupo fueran paulatinamente optando por una de las dos or-

ganizaciones ahora separadas) procuraron inicialmente una f6rmulade cooo

dinaci6n con otros sectors de militants de izquierda escindidos de sus

organizaciones por una -aparentemente-- similar vision sobre la lucha re

volucionaria y su nedesaria radicalizaoi6n. Simultnneamente (1964), se

realizan "expropiad ones" de explosives y arms y acciones espor~dicas de

los llamados "comandos del hambre", que se apoderan de camiones con comes

tibles y los reparten entire los pobladores de los "cantegriles" (vivien-

das de emergencia situadas en el cintur6n de las ciudadess "favelas" en

Brasil, "villas miseria" en Argentina, "barriadas" en Peri, "poblaciones

callampa" en Chile, "ranchitos" en Venezuela), s6lo en meses recientes,

fuentes policiales ban expresado su conclusion de que tales acciones te-

nfan vinculaci6n con los Tupamaros.


Pero, de hecho, segdn la opinion generalizada de los medios de izquierda,

los Tupamaros nacen despuds que los intentos de coordinaci6n con otros gau-

pos de militants se ven interrumpidos por discrepancies tgcticas y estrat6

gicas. La version m4s verosfmil de las que circulan entire los observadores

uruguayos indica que el embri6n initial de lo que es hoy el (M. L. N. reunfa

apenas una veintena de militants; convencidos de queel objetivo central

era "preparar un ejdrcito", y que tal prop6sito implicaba un hecho tdcnico

y organization singularmente riguroso, habrfan decidido pasar a una etapa






de "puertas cerradas". Esa voluntariosa y decisive entrada en la

clandestinidad y el silencio habrfa de prolongarse aproximadamente por un

ato y medio,


Los dieciocho o veijte meses que van desde el nacimiento objetivo de los

Tupamaros hasta que, en 1965, cartelones de alquitrdn en 1ls muros de la

ciudad comrlenzan a difundir esa denominaci6n ciertamente extrafa a primera

Vista, resultan literalmente impenetrables para toda labor investigative

ajena a la organizaci6n. E.g'ellos se encuentran seguramente las claves ori-

ginales del 6recimiento y'la maduracidn del M. L. N.,'de su fire cantno ha-

cia la creaci6n de una vanguardia revolucionaria,
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MADUREZ REVOLUCIONARIA DETERIORO DEL REGIMEN '

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A partir de 1965, los uruguayos asisten a otro crecimiento: el de la leyen-

da de los Tupamaros. Las esferas policiales y sus voceros oficiosos comien-

azan a responsabilizar al grupo por' diversos atentados contra radioemisoras

reaccionarias y empresar norteamericanas, por "expropiaciones" de armas, ex-

plosivos y dinero; paralelamente, el desconooimnento sobre la constituci6n

y los prop6sitos de la brganizaaidn, unido a la identificaci6n superficial

entire algunas de las acciones que se le imputan y los m4todos de grupos ex-

tremistas vecinos (como la Tacuara argentina), desplertan inicialmente en el

desprevenido ciudadano medio la imagen de un aparato terrorist de derecha,

imagen que por supuesto tratan de fomentar los medios de informaci6n vincula

dos a los sectors dominantes. Con todo, los Tupamaros parecen continuar pa

cientemente su labor de organizaci6n, evaluando correctamente -segdn cfrcu-

los de izquierda-- qu el clima uruguayo no es adn propicio para desatar ac-

clones de mayor envergadura.

En 1964, una acci6n fallida ea vineulada con los Tupamaros por la version de

los cuerpos represivos, impotentes ante las verdaderas actividades de la or-

ganizaci6n: se trata del intent de asalto a una suoursal bancaria llevada






a cabo por Vique, Santana y Castillo, militants de U. T. A. A.; el movimJ.en

to catero ha continuado realizando anualmente sus marchas sobre Montevideo

(ahora con una consigna mIs que expresiva" 'Tor la tierra y con Sendic") y

la desesperante situacidn de los "peludos" ha impulsado a tres de sus cua-

dros a intentar ese asalto, que result desbaratado por la policfae De he-

cho, empero, dsta no logra establecer vinculaci6n alguna entire esta acci6n

(que cfrculos de izquierda interpretan hoy como fruto de la desesperac6in r,

en dltima instancia, de la convicoi6n profunda existente entire los cageros

sobre la necesidad de la accidn direct) y los Tupamaroso Pero el episodio

vendrd luego a adquirir un valor polftico lateral, al hacer de Vique, Santa-

na y Castillo (que adn hoy permanecen encaroelados en Artigas) un ejemplo

inocultable de la perseeaei6n del regimen contra los trabajadores. en efec-

to, en 1965 se produce en Uruguay un crack bancario de grandes proporciones,

provocado por las maniobras especulativas de un grupo de (financistas) vin-

culados a la plutocracia native e international; previsiblemente, los banquet

ros responsables del crack (que se abati6 fundamentalmente sobre las espal-

das de pequefos ahorristas y comerciantes) no tardaron mas que algunas sema-

nas en recobrar su libertad, mientras todos los esfuerzos de movilizaci6n

pdblica en favor de los dirigentes de U. T. A. A. resultaban vanos y los ca-

feros continuaban enfrentados a la miseria, la desocupaci6n y la represi6no


Durante 1966, una campafia electoral complicada con los planteamientos surgi-

dos desde diversos partidos en favor de una reform constitutional (habitual

cortina de humo del sistema ante sus fracasos politicos) volvi6 a sumir a

los uruguayos,,sectores de izquierda incluidos, en la alienaci6n de la polf-

tica menuda y &as maniobras electoreras. Pero en diciembre de ese alo, algu-

nas semanas despuds que las elecciones consagraron el retorno al regimen pre-

sidencial unipersonal -en sustituci6n del colegiado vigente desde 1952- y

el nombramtento para encabezarlo del general retirado Oscar Gestido, especta-

culares episodios trajeron nuevamente a la luz pdblica el nombre de los Tupa-

maros.





En moments en que -segdn pudo saberse mas tarde-- algunos integrantes del

M. L. N. realizaban el traslado de ciertos materials hacia un nuevo local

(obviamente una operaci6n habitual para organizaciones clandestinas), se pro

dujo un enfrentamiento accidental con efectivos policiales; a consecuencia

del tiroteo result muerto Mario Robaina, militant de los Tupamaros. Sus

compaferos lograron escapar, abandonando forzadamente part del material que

transportaban, armas y elementos de propaganda. A partir de este episodio,

la policfa desat6 una serie de razzias --camo de costumbre, mas espectacula-

res que efectivas-- durante las cuales lleg6 a producirse un nuevo tiroteo,

que cost la vida a otro integrante del M. L. N., Crrlos Flores. Sin embar-

go, como result visible para muchos observadores, la histeria comenz6 a ga-

nar a los cuerpos policiales, que no lograban capturar vivo a ningdn militant

te de la organizaci6n y, consecuentemente, se vefan obligados a actuar enbe-

ramente a ciegas con el inevitable resultado de una creciente radicalizaci6n

de los sectors enfrentados a la represi6n indiscriminada.

La atenoidn pdblica se volvi6 entonces sobre los Tupamaros, confirmando su

caricter de organizaci6n revolucionaria. Asf pudo saberse que la propia de-

nominacidn popular del M. L. N. tenfa orfgenes de rebeldfa: la voz tupamaros

tomada del caudillo inca Tupad Amaru -que encabez6 en 1780 una sublevaci6n

agrarista e independentista desde tierras peruanas y que, capturado por el

poder colonial espafol, fue descuartizado en la plaza pdblica- designed du-

rante el siglo pasado a los remanentes del ejercito gaucho de Jos4 Artigas,

reacios a someterse al dominion de las oligarqufas terratenientes urbanas.

Por supuesto, estos conocimientos, significativos para una poblaci6n cada

vez nis golpeada por la crisis y la desesperanza en torno a las vfas tradi-

cionales de acci6n polftica, no resultaban siquiera minimamente tiles para

la policfa, consciente ya de la impotencia de sus esfuerzos por quebrar la

ferrea organizaci6n del M. L. N.

Los sectors de izquierda coinciden hoy mayormente en que los incidents de

diciembre de 1966 pudieron significar para los Tupamaros an "salto cualitati-






vo"' efectivamente, bajo la apariencia de fracasos parciaies (el descubri-

miento de alganos locales, ia muerte de dos de sus cuadros) y, ellos enoerra-

ban la constancia de que la organizaci6n estaba ya en condiciones de superar

este tragico bautismo de fuego sin comprometer su misma existencia. Simult~-

neamente, la furia de la represi6n hacda evidence, para todos los sectors de

la izquierda, que la aparentemente apasible vida political uruguaya de los il-

timos lustros marchaba ahora sobre el filo de la navaja.

De esta manera, a lo largo de 1967, la madurez alcanzada por los Tupamaros vi

no a coincidir con el deterioro definitive del sistema, el acto final --cu.yo

ritmo solo podfa parecer acelerado a quienes no hubieran advertido los s.into-

mas ominosos que lo anticipaban desde tiempo atrgs-- de la feliz arcadia uru-

guaya. El M. L. N. se dedicd, segdn todos los indi.cios, a superar detallada-

mente los efectos de la violent persecusidn reactualizada a partir de diciem

bre del 66, afinando y aceitando su estructura internal y sus mecanismos de ao

ci6n segun fue visible atraves de los posteriores acontecimientos); los par-

tidos de izquierda, al mismo tiempo, registraban en sus bases y en sus caadros

intermedios el impact de la revelaci6n pdblica de los Tupamaros como organi-

zaci6n revolucionaria, lo que resultab& l6gicamente en el crecimiento del gru

po y de su consideracidn por part de los restantes sectors. Paralelamente,

la evoluci6n del gobierno de Gestido hacia una definitiva docilidad ante el

Fondo Monetario Internad onal y los interests imperialists, contribufa a

destruir el credito inicialmente abierto a su gobierno por algunos sectors

de la poblaci6n. En diciembre de 1967, finalmente, otra coincidencia condujo

a extremes mis expresivos y dramrticos la convergencia decisive de esos cami-

nos en apariencia paralelos.

Una circunstancia accidental (la investigaci6n de un robo conmdn en un balnea-

rio pr6ximo a Montevideo) enfrento nuevamente a algunos Tupamar6s con agents

policiales; en esta oportunidad, los cuerpos represivos tendieron un especta

cular "cerco" en torno a la zona y se adelantaron a asegurar la capture de

los militants del M. L. N. Resultado: 'los Tupamaros eludieron el cerco sin






inconvenenntes, pese a que --seggn la version policial-- uno de ellos se en-

contraba herido y pocos dfas despuds remitieron al diario Eoca una carts a-

bierta enla quo explicaban las circunstancias del enouentro, precisando los

objetivos de la organizaci6n y su prop6sito de no actuar contra los agents

de la policfa civil si estos no participaban en la represi6n,' en este caso,

se habaan visto obligado a hacerlo, pero incluso, y a riesgo de su propia.

seguridad, prestaron asistencia mddica al guardia civil herldo en el tiroteo.

Casi al mismo tiempo, la nuerte de Gostido abri6 el camino de la presidencia

a Jorge Pacheco Areco, un politico de opaca trayectoria que pronto se. revela-

rfa como cabeza visible de la derecha ultramontanaj decidida a- embaroar al

pafs en un camino de creciente gorillzaci6n. A penas una semana despuds de

asumir la presidencia, Pacheco libr.. un decreto disolviendo seis organizacio

nes polfticas de izquierda (Partido Socialista, Federacidn Anarcuista Urugua

ya, Movimiento de Izquierda Revoluoionar.ia, Movimiento Revolucionario Orien

tal, Movimiento de Adci6n Popular Uruguayo, Independientes de Epoca) y-clau-

*surando dos peri6dicos, El Sol (drgano del P.-S.) y Eoca; este habia reappa

recido pocos dfas atris, precisamente en virtud de un acuerdo entire las seie

organizaclones, ahora disueltas, en torno a.los postulados de la O.L.AoS

De allf en mis, ambos process serfan ya inseparablesS la creciente gorili-

zacidn del regimen encontrarfa frente asf un aparato armado que, tambian.:ere

cientemente se mostrarfa capaz de responder a la violencia reaccionaria con

la violencia revolucionaria.

El resto es prdcticamente historic contempordnea, pero vale la pena repasarlo

brevemente. En 1968, a media que el gobierno de Patheco Areeo 'ba'dejando

en descubierto'su esencia eminentemenhte tatipbpular (persecucid6 c ontra las

organizaciones de izquierda y los sindicatos; congelaci6n de salaries; polf-

tica econ6mico-financiera segdn las "recetas" del F. M, I., que hacen caer

sobre las classes populares todo el peso de la crisis, conservando lcs privi-

legios oligirquicos; corrupcidn a nivel de gobierno, como se ha revelado so-

bre las maniobras que condujeron a la mns reciente devaluaci6n del peso uru-






Sguayo, el 29 de abril, o en el caso del Ex Ministro de Trabajo, GuzmAn Acos-

ta y Lara, que mediante chantaje a industriales y comerciantes que dependfan

de su eartera obtuvo mrs de 20 millones de pesos --unos 100 mil d6lares- en

"donactones" para una empresa periodfstica de su propiedade violaci6n de la

autonomfa universitaria; mordaza sobre los medios de difusi6n y coerci6n de

todas las libertades priblicas; militarizaci6n de funcionarios; alianza con

los regfmenes gorilas vecinos), los Tiparmaros entrarfan en accin. En mayo

iltimo, dos.asaltos a sucursales bancarias en dfas consecutivos permlitleron

a la organizaci6n "expropiar" mis de cinco millones de pesos (unos 25 mi. 6

lares), sin que la poliofa pudiera dar con el mrs m'inimo rastro de los res-

ponsables. En junior, mientras Pacheco Areco pronunciaba una alocuci.6n ra-

.dial pretendiendo justificar la aplicacion de Medidas Prontas de Seguridad

versionn apenas atenuada .del Estado de Sitio) y la ntilltarlzaoc6n de funcio-

narios pdblicos, un comando del M. L. N. hizo volar, en las afueras de la

ciudad, la plant trasmisora de Radio Ariel, propiedad de Jorge Batlle Iba-

fez, cabeza del ala mas reaccionaria del Partido Colorado .que apcya al go-

bierno y que es considerado el "ide6logo" del process de "argentinizaci6n"

de Uruguay. En agosto, por dltimo, pese a las medidas represivas vigentes

en el pafs, los Tupamaros secuestraron a Pereira Reverbel, dando de esa ma-

nera un nuevo y decisive golpe en dos direcciones sinultaneas, contra la

reacci6n y contra la seudorrevoluci6no
I

TEORIA Y PRACTICE DE LOS TUPAMAROS

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'---i------ -------- ---- ---- ---- ---- ---- ---- ----
De acuerdo con sus propios documents, los concepts te6ricos que respaldan

las acciones de los Tupamaros pueden resumirse en estos terminoss

(a). Como lo recordara Ernesto Che Guevara, no hay que esperar a que

estgn dadas todas las condiciones objetivas y subjetivas para ilevar adelan-

te la revoluci6n: la lucha armada (el foco en el planteo del Che) puede






crearlas. Segdn los Tupamaros, el prtncipio fundamental de su organizacidn

es el do que "la accidn revolucionaria en asf el hecho mismo de armarse, de

prepararse, de pertrecharse, do procesar hechos que violent la legalidad bur

guesa, genera conciencia, organizacidn y condiciones revolucionarias"o Es-

to plantea una diferencia fundamental entire el M, L. No y las restanter or-

ganizaciones de izquierda uruguayas,

la mayorfa de las cuales (parece confiar mps en los manlfiestos, en la
emisidn de emnnciados te6riccs referentes a la Rsvoluci6n para preparar
militantss y condiclones' revolucionariasi sin comprender que fundamen-
talmente son las acciones revolucionarias las oue precipitan las situa-
ciones revolucionarias.

En este sentido, la existencia de un grupo armado preparado para lievar a

cabo acciones revolucionarias adquieren una gravitacion fundamentals

Si no hay un grupo medianamente preparado, implemented las coyunturas
revolucionarias se desaprovechan o no se capitalizan para la revolucl-
dn. Suceden cosas como el "bogoyazo". El grupo armadb le da eficacia
y cohesi6n a la lucha, y la conduce a su destino. Ademns, el grupo ar-
mado puede contribuir a crear la coyantura revolucionaria, o. para' de-
cirlo con palabras de Radl Castro, puede ser el pequeEo motor que pone
en march el gran motor de la revolution :El grupo armado va creando o
ayudando a crear las condiciones subjetivas para la revoluci6n desde 'el
mimno moment en que empieza a prepararse, pero sobre todod'desde que
comienza a actuar.

(b). Tampoco hay que esperar a lograr la unidad de las fuerzas revoluciona-

rias para comenzar la lucha:

I.. la famosa unidad de la izquierda puede darse en la lucha (ooo) las
fuerzas que se Uaman revolucionarias (una vez lanzada la llucha) se ven
obligadas a optar entire apoyar odesaparecer. En Cuba, el Partido Socia
list Popular optd por apoyar una lucha que no habfa iniciado ni dirigL
do y.subsistid. Pero Prfo SocarrAs, el que se llamaba principal oposi-
tor de Batista, no apoy6 y desapareci6.

Las mayorfas populares tambidn despertardn con esa luchat

Para el pueblo -realmente disconforme con las injusticias del r6gimen--
la opci6n es much mds fccil. Quiere un cambio y tiene cue elegir en-
tre el improbable y remote vambio que le ofrecen algunos por.medio de
proclamas, manifiestos o acci6n parlamentaria y el camino director que
encarna el grupo armado y su accidn revolucionaria.

En cuanto a la relacidn entire la creaci6n del partid-o de masas y la lucha ar

madas

..Sin considerar esfuerzo perdido el que se realice para crear un Par-
tido o Movimiento de masas antes de lanzar la lucha armada, hay que re-
conocer que la lucha armada apresura y precipita el movimiento de masas.






Y no es s6lo el ejemplo de Cuba; tambidn en China el Partido de masas
se fue creando en el transcurso de la lucha armada. Quiere decir que
la f6raula rIgida de ciertos te6ricos, primeroo cr6ar el Partido para
despues lanzar la Revoluci6n", histdricamente reconoce mis excepcio-
nes que aplicaci ones A esta altura de la historia ya nadie puede
discutir que un grupo armado, por pequeiio que dste sea tiene mayors
posibilidades de dxito para convertirse en un gran ejdrcito popular,
que un grupo que se limited a emitir "posiciones" revolucionariaso

(c). Por supuesto, esta convicoi6n no implica ni con much desdefar las

necesidades polfticas de esa lucha2

.*. un movimiento revolucionario necesita plataformas, documents (o00)
pero no hay que confundir. No es s6lo puliendo plataformas y programs
que se hace la revolucidn. Los principios basicos de una revoluci6n so
cialista estdn dados y experimentados en pauses como Cuba y no hay ias
que discutir. Basta adherir a esos principios y sefialar con hechos el
camino insurrecocional para lograr su aplicaci6n.

(Cabe observer precisamente, que aun cuando los Tupamaros recurren ocasional

mente a proclamas o documents, el mismo carActer de dstos es de por sf defi

nitorio; valga como ejemplo el citado mayormente en este resume, Treinta

preguntas a un Tupamaroo su propia estructura en forma de diAlogo, revela

las coordenadas de la lucha clandestine, que no permit ni exige densidad

te6rica o.brillantez de exposici6n, sino apenas claridad, accesibilidad y

rigor pragmdtico en los planteamientos centrales). El caso es que, para el

M. L. N.,

un movimiento revolucionario debe prepararse para la lucha armada en
cualquier etapa, aun cuando las condiciones para la lucha armada no
est4n dadas (...)por dos razones al menos. Porque un movimiento anna-
do de izquierda puede ser atacado por la represidn a cualquier altura
de su desarrollo y debe estar preparado para defender su existencia,,
recorder Argentina y Brazil. Y porque si a cada militant no se le in
culca desde el principio la mentalidad del combatiente, iiremos elaboran
do otras cosas. un mero movimiento de apoyo a una Revoluci6n que harin
otros -por ejemplo- pero no un movimiento revolucionario en sf mn.smo,

Como se anotara antes, empero, esto no debe interpretarse como ud "militarts

mo" a ultranza, como un menosprecto a toda otra actividads

... el trabajo de masas que lleve al pueblo a posiciones revolucionarias
tambidn es important. De lo que el militant -incluso el que estd en
el frente de masas- ha de.ser conscience, es que el dfa en cue se de
la lucha armada 41 no se va a quedar en su casa esperando el resultado.
Y dehe prepararse en consecuencia, aunque su militancia actual sea en
otros frentes. Esto, ademas, dard autoridad, autenticidad, sinceridad r
seriedad a su prddica revolucionaria actual.

De moment, la actividad de un militant tupamaro en ese frente estl determi






nada por objetivos especfficos:

Si so trata de un militant en gremio o movimiento de masas debe tratar
de rearr un ambito, sea un grupo dentro del gremio, sea todo el gramio,
donde se pueda organizer el apoyo para la acci6n del aparato armado y
la preparaci6n para ingresar al mlsmoo Formaci.6n teorica y preotica,
reclutamiento, serdn las tareas concretas principles dentro de esa Am-
bito. AdemAs, la propaganda.de la lucha armada. Y en caso de que sea
possible, llevar al gremio a luchas mAs radicals y a etapas mas defini-
torias de la lucha de classes,

Aunque no declaradamente (el document citado no tiene fechal los observado-

res tienden a situarlo, por algunas referencias contenidas en el texto, en

el segundo semestre de 1967)., estas precisiones del M. L. N. coinciden con

las conclusions centrales de la Primera Conferencia de la 0. L, A. So:

La Conferenoia ha dejado esclarecido que siendo la lucha armadaJ la va
fundamental es igualmente necesario emplear otras formas de luohas,
siempre.que se encuentren sbocrdlnadas o tenan per objetivo ayudar o
desarrollar la que se estima principal. (1


(d) La necesidad de que un movimiento r6voluoidnario se prepare para la lu-

cha armada en cualquier etapa de su desarrollo aparece tambidn presidida, en

el concept de los Tupamaros, por la conVicci6n de qcue.-un combatiente no se

puede improvisar". Allf reside .uizd el element clave que ha colocado al

M. L. N. en una singularfsima posici6n a la vanguardia de :la lucha revolucio

naria en Uruguays cuando la violencia reaccionaria del regimen obliga a lle

var la lucha al terreno de la acci6n directa, los Tupamarbs aparecen como

los lnicos capaces, por su empeiosa preparaci6n, de contestar eficazmente

con la violencia revolucionaria. De hecho, han llevado a la prictica una

concepci6n expresada en estos tdrminos"

La lucha armada es un hecho t6cnico que require, pues, conocimientos

t6cnicos, entrenamiento, prctica, materials y psicologfa de combatiente.

La improvisaci6n en este terreno, se paga onerosamente en vidas y fracasos.

El espontanefsmo que propician los que hablan vagamente de la'",revoluci6n

que har. el pueblo". o "las masas", o es mera dilatoria o es library a la im-.

(1) 0. L. A. S., Resolucidn General del Punto I de la Agenda, Para nosotros
la patria es Amdrica5 Sin subrayados en el original.







provisaci6n, justamente, la etapa culminante de la lucha de classes.
Todo movimiento de vanguaria, para conservar ese cardcter en el momen-
to culminante de la lucha, debe intervenir en ella y saber encauzar
tdcnicamente la violencia popular contra la opresi6n, de modo que se
logre el objetivo con los menqres sacrificios posibles.

(e) El rechazo del "tecnicismo" en sf, y la necesidad de formular la lucha

en trminos politicos y militares interrelacionados, concepts ya exprssados

en las opinions de la organizacidn sobre los "brazos armados" partidarios,

encuentran en los documents del M. L. N. una sIntesis precisa y realista:

Todo aparato armado debe former part de un aparato politico de masas a de-

terminada altura del process revolucionario y en caso de que tal aparato no

exista debe contribuir a crearlo, Esto no quiere decir que sea obligado, en

el panorama actual de la izquierda, adscribirse a uno de los grupos politi-

cos existentes o se deba lanzar uno nuevo, Esto es perpetuar el mosaico o

sumarse a il. Hay que combatir la mezquina idea en boga de Partido, que lo

identifica con una sede, reuniones, un peri6dico o posiciones sobre todo lo

que lo rodea. El conformismo de esperar que los otros partidos de izquier-

da se disuelvan ante sus andanadas verbales, y sus bases y el pueblo en ge-

neral vengan un dfa a l1. Esto es lo que se ha hecho durante 60 afos en U-

ruguay, y el resultado estd a la vista.. Hay que partir de la realidad. Hay

que reconocer que hay revolucionarios autdnticos en todos los partidos de

izquierda, y muchos mas que no estdn organizados. Tomar estos elemen-

tos y grupos donde estIn y unirlos, es una tarea para la izquierda en

general, para el dIa en que los sectarismos queden atrAs; cosa que no depen-

de de nosobros. Pero mientras esto no suceda, la Revoluci6n no se puede dete

ner a esperar. A cada revolucionario, a cada grupo revolucionario s6lo nos

cabe un deber: prepararse para hacer la Revoluci6n. Como dijo Fidel en uno

de sus ultimos discursos: "...con Partido o sin Partido". La Revoluci6n no

puede esperar.
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UNA ESTRATEGIA CON LOS PIES EN LA TIERRA
evar adelante la l----cha armada revolconara plane obvamente la necesi-
Lievar adelante la lucha armada revolucionaria plantea obviamente la necesi-






dad. de una estrategiaf segdn surge de sus mismos documents, el M. L. N.

no ve esta necesidad como Irun bell objeto de refltxi6n" ni muocho menos,

Tambidn en este'punto, los Tupamaros prefieren soslayar los brillos mera-

mente tedricos para procurar empe6osamente un acercamiento a las duras

realidades de la praxis: declinan exponer "una estrategia detallada" pa-

ra la toma del poder en el Uruguay, proponiendo en cambio

algunas lineas generals estratdgicas y esto mismo sujeto a modifica-
clones, con el cambio de circunstancias. Es decir, lIneas generals
estratdgicas vAlidas para el dfa, mes y aro en cue se enuncian, (por-
que) una estrategia se va elaborando a partir de hechos reales bAsi-
cos y la realidad cambia, independientemente de nuestra voluntad(o.o)
no es lo mismo ana estrategia basada en el hecho de un movimiento sin-
dical fuerte y organized', que una basada en el hecho de que ese movi-
miento haya sido desbaratado, para poner un ejemplo ilustrativo.

Con esta saivedad, los hechos reales bAsicos mns importantes en'que el

M. L. N. fund sus lfneas generals estrat6gioas (en la segunda-mitad de

1967, cuando fue elaborado el document que se toma como fuente) son:

(1) La convicci6n de que la crisis, lejos de irse superando, se va
profundizando dfa a dfa. El pals est& fuhdidb y ui plan capitalist
de desarrollo para aumentar la produccidn 'd'e artfcu--ios exportables,
en caso de que se pudiera aplicar, no darA-rehbdimiento sino my 'men-
guado y dentro de varies afos. Quiere decir ql'e tenemos various afios
por delante donde el pueblo deberd seguir apret-ndose el cintur6n.
Y con 500 millores (de ddlares) de Deuda Externa no es previsible que
vengan desde el extranjero cuahtiosos crdditos capaces- de devolverles
su median standard de vida a los sectors que lo han perdido. Este
es un hecho concrete basico: habrl penuria econ6mica y descontento
popular en los praimos afios.

Tal comprobaci6n inside, segdn el M. Lo N.,

... en las condicioges objetivas-.y subjetivas para la revoluci6n. Es
fundamental que la mayorfa de la poblaci6n, aunque no estd para lanzar-
se para la insurrecci6n, por lo menos tampoco estd para hacerse ma:tar
por un regimen que la golpea. Esto, entire otras dosas, reduce los cl-
culos estratdgicos respect a las fuerzas del: enemigo, pr4cticamente, a
sus fuerzas armadas organizadas y posibilita un clima favorable para
las primeras medidas de un gobierno revolucionario.

(2) Un segundo hecho bAsico para una estrategia, es el alto grado de
sindicalizaci6n de los trabajadores del Uruguay. Si bien todos :los
gremios no tienen un alto grado de combatividad --sea por su composi-
ci6n, sea por sus dirigentes- el solo hecho de que pr.cticamente to-
dos los servicios fundamentals del Estado, la Banca, la Industria y
el Comercio estAn organizados, constitute de por sf un hecho altamente
positive, sin parang6n en Amdrica. La posibilidad de paralizar los
servicios del Estado ha creado y puede crear coyunturas muy ihteresan-
tes desde el punto de vista de la insurrecci6n porque -para poner un
ejemplo-- no el lo mismo atacar a un Estado en la plenitud de sus fuer-





zas, que a un Estado semiparalizado por las huelgas (...) Los sfndica-
tos, aun con sus limitaciones actuales, ban comprometido y pueden com-
prometer a la mayorfa de la poblaci6n trabajadora en una lucha frontal
contra el gobierno que muchas veces ha sido resuoalta por 6ste apelando
a las FF. AA. De existir un grupo armado revolucionario capaz de lle-
var a etapas superiors la lucha de classes, podemos tener una lucha en
mejores condiciones: con una grand pate de la poblaci6n a favor y con
los servicios fundamentals del Estado deteriorados.

(3) Otro factor estrategico a tender en cuenta --este negativo-- es el
factor gsogr~fico. No tenemos lugares inexpugnables en el territorio
como para instalar un foco guerrillero que perdure, aunque tenemos lu-
gares de diffcil acceso en campaia,. En compensaci6n tenemos una gran
ciudad con mcs de 300 kil6metros cuadrados de edificios, que permite
el desarrollo de la lucha urbana. Esto quiere. decir cue no podemos co
piar la estrategia de aquellos passes que por sus condiciones geogr.fi
cas pueden instalar un foco guerrillero en las montaias. o selvas con
posibilidades de estabilizarse. Por el contrario, tonemos que elabo-
rar una estrategia aut6ctona adecuada a una realidad diferente a la de
la mayorfa .de los pauses de Amdrica.

La geografLa uruguaya, ?es completamente adversa para la lucha rural? Se-

gdn el M. L. No.,

No es estrictamente asf. No tenemos lugares inexpugnables como otros
passes, pero existen precarios accidents naturals que perraiten refu-
gios transitorios a un grupo armado. El latifundio, es decir, en 2/3
de la superficie del pals, los indices de poblacidn bajan a 0.6 habi-
taates por kil6metro cuadrado, lo que facility el desplazamiento clan-
deistino de un contingent armado:.compirese con el promedio general de
Cuba, mds de 20 habitantes por kil6metro cuadrado, .yaun de las zonas
de chacras de nuestro pals, como Canelones y sur de San Jos4, con
igual promedio. Al mismo tiempo, el latifundbo ganadero resuelve el
ardpo problema logfstico de la.alimentaci6n, que en otros lados.,necesi
ta de una cadena de abastecimiento lograda con.una gran complicidad de
la poblaci6n. Por otra part, las tremendas condiciones de vida de los
asalariados rurales, algunos ya organizados en sindipatos, ban creado
un sector espontanemente rebelde que puede ser muy dtil en la lucha ru-
ral. Si nuestra campifa no puede servirppara instalar un foco permanent
te por lo menos puede servir para maniobras de dispersion de las fuer-
zas represivas.

En cambio, plantean los Tupamaros, es possible encontrar condiciones adocua-

das para la lucha urbana:

Montevideo es una ciudad lo suficientemente grande y.polarizada por
las luchas sociales como para dar cobijamiento a un vasto contingent
de comando en actividad. Constituye un marco much mayor que el que
tavieron otros movimientos revolucionarios para la lucha urbana. Des-
de luego, today organizaci6n, que pretend perdurar en la lucha urbana,
debe constituir pacientemente sus bases materials y el basto movimien
to de apoyo.y cobertura que necesita un contingent armado para operar
o subsitir en la ciudad.

(4) AdemAs, siempre para un studio estratdgico debemos tener en cuen-
ta las fuerzas de la represi6n. Nuestras fuerzas.armadas, de unos 12
mbl hombres precariamente armados y preparados, constituyen uno de los






"un movimientd fuerte y combative de masas" -hecho unnnimamente reconocido,

en ditima instancia- pero por cierto no identifica tal codstancia con la

existencia de una vantuardia polftica. Presumiblements, el propio M. L, N.

desechar.a por inconducentes tales disquisiciones te6ricas3 sin autopostular

se come vanguardia, sin negar o afirmar rotundamente sobre el papel que en

Uruguay existen condiciones para la lucha armada, sin demorarse en el examen

verbal de tal o cual tdctica, lo que los Tupamaros sostienen bAsicamente es

la inevitabilidad de la confrontaci6n armada y la necesidad de prepararse

para ella, Sobre esta base corresponde analizar sus planteos, y a partir de

ella es precisamente que adquiere mayor relevancia la coincidencia del MI L.

N. con las dos restantes conclusions de ?Pevoluci6n en la levolutlbciodn?:

Lo decisive para el future es la apertura de focos militares y no de
"focos" politicos (..) No escapa a nadie que hoy, en la America Latina,
la lucha contra el imperialismo es decisive. Si es decisive, todo lo
demas es secundario.

Es convenience, de todas formas, formular la pregunta: ?existen condiclones

de lucha armada en Uruguay? Durante la conferencia de la 0. L. A, S. una

observaci6n al respect se convirti6 asl mismo en vdrtice controversial; se

trataba de un pArrafo contenido en el: informed de la delegac16n cubana (docu-

mento que no tenfa carActer official :

Hablar hoy de la lucha guerrillera en Chile o en Uruguay* es tan dispa-
ratado y absurdo como negar esta posibilidad en Venezuela, Colombia,
Bolivia,'Brazil, Guatemala o Perd.

Como no tardarfan en sefialar coherentemente observadores tanto uruguayos co-

mo chilenos, la "excepci6n" registrada se referia explicitamente a la guerri

lla pero no a la lucha armada en sus diversas formas. El propio Fidel Cas-

tro aludirfa a estas obseryaciones en su discurso de claustra de la 0. L. A. S.

en estos tdrminos:

Hay algunos que han dicho tesis, todavfa mrs radicales cue las cubanast
que los cubanos estimamos que en tal pafs no hay condiciones para la
lucha armada, y cue no es asf (..o) Nosotros no nos vamos a disgustar.
Preferimos que se equivoquen queriendo hacer la revoluci6n, si no hay
condiciones inmediatas, a que se equivoquen no queridndola hacer nunca.
tOjald no se equivoque nadiet Pero con nosotros nadie que quiera lu-
char de verdad va a tener discrepancies nuncao y los que no quieran lu-






char nunca, van a tener discrepancies c6n nhootros sieerpre.

El caso es que, durante atos, Uruguay :pareci6 Un ejemplo indiscutible de

"excepcionalidad" en el marco de un continente qu eptaba crecientemente por

la via armada; la existencia de an "movimiento fuerte y combativo de masas"

constitufa al parecer la preocupaoi6n cardinal de los sectors tradicionales

de izquierda; consecuentemente, "el partido de masas" era el objetivo funda-

mental de esos sectors como dnico medio id6neo y requisite sene qu.a non pa-

ra llevar adelante la revolici6n. Pero esa political, cuyos fundamentes pare

cieron incontestables durante cierta etapa, vendria a revelarse insuficlehte

ante una realidad dindmica, que -como segalan los Tupamaros- "cambia, index

pendientemente de nuestra voluntad". En ese context, sefalan ahora muchos

revolucionarios asomados a la historic del M. L.'N., la virtud central de

los Tupamaros parece haber radicado en su certera visiSn del futurol adn an-

tes de que el imperio diera brutales muestras de haber enterrado el reforms

mo kennadista (golpe en Brazil, intervenci6n en Repdblica Dominicana), adn

antes de que el regimen uruguayo dejara caer los dltimos velos de.su "insti-

tucionalidad", los militants del M. L. N. advirtieron que el pals no escape

rfa al destine comdn continental de violencia revolucionaria. Mientras los

restantes sectors de izquierda pareclan preocupados exclusive y angustiosa-

mente por preservar las "conquistas" penosamente logradas por el movimiento

de masas, los Tupamaros -sin desdeiar por cierto esos esfuerzos, sin ahondar

las divisions, sin autoproclamarse depositarios de la verdad revelada- co-

menzaron a prepararse.

Hoy, cuando la dictadura es un hecho eh Uruguay, por mns apariencias de "le-

galidad" que pretend ostentar, el problema de la vanguardia, mds alla de

manifestos y frases (en las que todos pueden coincidir), se plantea tambidn

en el terreno caliente y duro de los hechos. Tal vez convenga entonoes re-

cordar una vez mAs las decisions de la 0. L. A. S.s

No basta cue una fuerza political se autotitule vanguardia paraacue lo
sea. La condici6n de vanguardia es el resulhado de la decision de lu,--
cha y del hecho mismo de enoabezar y l1evar hasta sus dltimas consecu-






aparatos represivos mAs dibiies de Ambrica.


Desde el punto de vista estratfgico, agregan los Tupamaros, las fuerzas re-

presivas

deben ser evaluadas teniendo en cuenta su grado de preparacldn para la
lucha, sus medios y sa distribuci6n en el pals. En el interior hay una
unidad military (valor doscientos hombres) cada 10 mil kil6metros cuadra
dos aproximadamente, y una comisaria de pollcia cada mil killdetros cua
drados aproximadamente. Las FF. AA. deben cubrir todos los objetivos
que pueden ser atacados por un movimiento insurreccional, con 12 mil
hombres de las fuerzas armadas y 22 mil de la policla, de los cuales la
mitad de los primeros y 6 mil de los segundos estgn concentrados en la
capital. Dentro de la policia solainente hay un cuerpo preparado y per-
trechado para la lucha propiamente military.

(5) Otro factor estrategico important lo constituyen nuestros podero-
sos vecinos y Estados Unidos, stempre potencialmente dispuestos a inter
venir contra cualquier revoluci6n en el continente.

En este context, ?la posibilidad de una intervenci6n extranjera puede ser

motito para posponer toda lucha armada en Uruguay? Este argument, mas de

una vez esgrimido por sectors seudorrevolucionarios, es rechazado de plano

por el M. L. N.:

S?. as fuera, Cuba no habria hecho su revoluci6n a 90 millas de los
ES. UU., ni habria guerrillas en Bolivia, pals quo limit con Brazil y
Argentina, como nosotros. La intervenci6n extranjera puede constituir
un revds military inmediato, pero uh advance polftidoque se .traducirfa
en un advance military con el tiempo. (Imag.nese) .o. la ciudad de Mon-
tevideo ocupada por tropas extranjeras, con su consiguiente agravio
para el sentimiento national, molestias para la poblaci6n, y frente a
ello un grupo armado revolucionario con buenas bases dentro de la ciu-
dad... podrd hacerse una idea cabal de lo que significa polftica y mi-
litarmente la tan temida intervenci6n extranjera. Ademos, en todo ca-
so] nuestra estrategia se inscribe dentro de la estrategia continental
de "crear muchos Vietnam", y los intervencionistas tendrdn profuse tra
bajo en muchos y diversos frentes.

(6) Y por fin, un factor estratfgico fundamental es el grado de prepa
raci6n del grupo armado revolucoonario.

A este respect, las opinions de los Tupamaros han sido ya consignadas en

el subtftulo anterior. Pero ellos mismos,sostienen.que, especialmente en

este punto, los hechos hablan mejor que las palabras. A partir de estas

realidades basicas el M. L. N. proponfa, a fines de 1967, algunas lfneas ge

nerales estratdgicas

para todas las organizaciones autenticamente revolucionarias y para to
dos los individuos que realmente anhelan una revoluci6n (en Uruguay)i_






Crear una fuerza armada con'la.mator premura possible, con capacidad pa-
ra aprovechar cualguier coyuntura propicia creada por la crisis u otros
factors, Crear conciencia en la poblaci6n, a t5av6s de acciones del
grupo armado a otros medios, de que sin revolucj.6n no habrd cambi6.
Fortificar los sindicatos y radicalizar sus luchas, y conectarlas con
el movimiento revolucionario. Hechar bases materials para poder desa-
rrollar la lucha urbana y la lucha en el caimpo. Conectarse con obros
movimientos revolucionarips .de Latinoamdrica, para la acci6n continen-
tal.
T---'----------------*----- ---- -----'- ------""""--

'U R U G U A Y: ZU N A E X C E P C I 0 N?'



De acuerdo con la opini6n de algunos sectors de izquierda, las tesis ex-

presadas por Rdgis Debray a travys de ?Revgolcidn en la Revolucien? habrfan

incidido visiblemente en las formulaciones te6ricas y estratdgicas de los

Tupamaros; de hecho, esta incidencia result ciertamente notoria en algunos

de sus documents, particularmente en el citado "Treinta preguntas a un Tu-

pamaro. Cabe subrayar, empero, hasta donde tal vinculaci6n responded mAs a

una ccincidencia hasta entonces no expresada que a un "seguidismo" acritico

como el que ha llegado a despertar en algunas esferas revolucionarias lati-

noamericanas el texto de Debray, a .contrapelo incluso de las intenciones de

su actor. En este sentido, result destacable el hecho de que ?Revoluci6n

en la revoluci6n? registra expresamente una presunta "excepcionalidad" en

el case de Uruguay con relaci6n a algunas de sus conclusions; especffica-

mante, Debray anota, como segunda de sus "consecuencias para el futuro":

Sin lucha armada no hay vanguardia definida. Donde quiera que no haya
lucha armada, .existiendo condiciones para ello, es que adn no existed
vanguardia polftica. (Ese no es el case, por ejemplo, del Uruguay don-
de no hay condiciones inmediatas de lucha armada, y existed un movimien-
to fuerte y comhativo de masas.)

El sentido de este pardntesis ha llegado a ser foco de agudas controversial

en el seno de la izquierda uruguaya: por un lade, se anota, si se reconoce

que en Uruguay no existen condiciones inmediatas de lucha armada, la preci-

si6n parece innecesaria, today vez que la salvedad ha side establecida en

el texto mismo de la conclusion --(... existiendo condiciones para ello...);

por otro, se ha observado que Debray avala la existencia en Uruguay de






enocas la acci6n revol~cionaria. Esto es, destruir el powder de la oli-
garqufa y la dominaci6n del imperialism y habrir vlas a la revoluci6n
socialist. Vanguardia seran, en dltima instancia, quienea senalen y
desarrollen los caminos verdaderos de la revolui6n (.o) La revolu-
ci6n es dn fen6meno dsovmico, complejo y violent, en definitiva serd
la luoha misma la que selecoionarc a los hombres mds capaces y los pon-
drA al frente.

A esta altura, result innegable que esa lucha esta planteada ya en Uruguay,

y transitando tambidn aquf por el camino de la violencia. ?Qu~ fornoas asU-ne

y hacia donde conduco. esa lucha? Segdn opinion generalizada, el M. L, No

da en este punto una nueva nmestra de '"pensar con cabeza propia'" recono-

ciendo que el camino revolucionario en Uraguay habrA da pasar tambitn por

la lucha armada, es indiscutible en cambio que las peculiaridades del pals

acJejan esa lucha de has formulaciohes t~icti.cas mns apropiadas para la mayo-

rta de los pauses latinoamericanos, la guerrilla rural, Un analysis somero

de las dardcteristicas geogrficas y poblacionales del pais alcanza para ava-

lar esa comprobaci6n; en sus mismos planteos, los Tupamaros anotan algunas de

esas ce.ractdristicas; quizd convenga Agregar in' par de cifrss globales que

parecen ubicar a Uruguay en el extreme 'opuesto de una realidad comin a casi

todo el continente: el 70% de la poblaci&n es urbana, el 45% se encuentra

concentrado en Montevideo, -Coo se ha sugerido al comieneo de esta cr6nica

an detalle lateral contribute a dar relevancia a la opci6n asumida por los

Tupamarosa al otorgar preponderancia a las accionss urbanas los militandes

del M. L. N. no est4n ciertamente eliglendo el ambito que les result mis

"cdmodo", o el dnico que conocen, sino obedeciendo a una evaluaci6n de la

realidad national que va mis alla de las estadfsticasl efectivamente, si se

tiene en cuenta que la genesis de los Tupamaros puede remontar hasta el mo-

vimiento de los cateros, y que muchos de quienes hoy son considerados diri-

gentes de la organizaci6n se formaron entire los "peludos", en el conocimien-

to director, en la vivencia del medio rural, podrd saberse hasta done los

"hechos reales basicos" president ciertamente los planteamientos del grupo.


Tras esta constancia hay pn detalle que suele llamnar de inmediato la aten-






ci6n de un observador avisado: las acciones urbanas de los Tupamaros han

logrado evitar, en todo momnnto,: u'derivaci6n hacia el terrorismo indis-

criminado, que en otros ambitos del continent ha l1egado a constituirse en

una de las experiendias mds negatives de los movinientos revolucionarioso

Una an6cdota sirve para ilustrar,adecuadamente esta anotaci6n; tras dos

asaltos a suoursales bancarias realizadas en mayo dltimo, algunos cronistas

preguntaron al jefe do policia de Montevideo si existfan evidencias que

responsabilizaran de ellos a los Tupamaros; el jerarca respondid, increlble-

mente, que and cuando no exist.an pruebas conoretas, "la perect2 a organiza-

ci6n, la buena educaci6n con que actuaron los asaltantos y el toque human"

puestos on evidencia on esas acoiones hacian suponer quo eran efect ivamento

obra del M. L. N. Al hablar del "toque humano, el jefe policial aludi-a al

hecho de quo los responsables del. asalto habian atendido solfcitamente a

una anciana que se encontraba en unq de los bancos en el moment de la acci6n

y que sufri6 un desmayo nervioso. Muchos detalles similares se han anotado

en otras tantas acciones: al volar la plants trasmisora de Radio Ariel, los

integrantes del comando del M. L. N. se preocuparon de avisar a los habitan-

tes de una finca vecina que podlan ser afectados por la explosi6ny el mlsmo

Pereira Reverbel no recibid mal trato ffsico alguno durante su secuestro.

Al actuar de esta manera, en ocasiones incluso con riesgo de su seguridad,

los Tupamaros no estdn dando por cierto muestras de morigeraci6n o falta de

coraje (los militants que han cafdo enencuentros frontales con los cuerpos

represivos dan suficiente muestra de lo contrario), sino cumpliendo --segdn

sefalan los observadores- un principio revolucionario y una exigencia prdc-

tica: sus acciones golpean al sistema y a los intereses que 61 represent,

pero evitan provocar victims inocentes quo les ganaria el rechazo de la po-

blaci6n. La lucha urbana exige del militant revolucionario, quizA mAs aun

que la lucha rural, moverse entire la poblaci6n "como el pez en el agua", y

todo hace suponer (empezando por el no disimulado despecho de las fuerzas







de represi6n) que los Tupamaros transitan hoy un camiho crecientemente ex.-

toso en ese sentido. La misma concentraci6n urbana del pafs, sa considera-

ble porcentaje de clase media, sus hibitoo de vida apacible y su tradici6n

pacffica, plantean dificultades adicionales a la labor de crear concien-

cia sobre la necesidad de la lucha armada revolucionaria; el M. L. N. ha ve-

nido sorteando tales dificultades con singular lucidez0 poniendo frente a

frente las accioned de los Tupamaros y la represi6n policial que abate estu-

diantes con bombas de balines, disuelve manifestaciones con gases, garrotss

y balas, enearcela dirigentes sindicales y persigue toda expresi6n do opi-

ni6n independiente, la poblaci6n tiene cada vez menos dificultades par'a op-

tar por los primeros.
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SL A V 0 Z D E L 0 S H E C H 0 S
1 9
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Este pnto converge asl mismo hacia una explicaci6n coherente del fracaso de

la represi6n frente a los Tupamaros. Por un lado hay que tomar en cuenta la

propia incapacidad policial para hacer frente a una organizaci6n de inspira-

ci6n y fines politicos; sin precedent alguno en el pals de acoiones direc-

tas revolucionarias, la direccidn de Inteligencia y Enlace de la policia u-

ruguaya (a la que se le ha encargado la represi6n polItica) s6lo conoce

dxitos relatives en su enfrentamiento con la delincuencia comdn, a trav6s

de las vias mas conocidad de confidentes, "ratoneras", chantajes y su tra-

dicional connivencia con el hampa. Estas caracteristicas la hacen prActica-

mente impotente en su acci6n contra quienes no necesitan pagar c6mplices

para preservar su clandestinidad, no utilizan el prcducto de sus asaltos

para organizer orgias en los burdeles, no estan "penetrados" por los soplo-

nes policiales. Los esfuerzos de los "asesores" del F. B. I. y la C. I. A.

parecen haber sido hasta ahora indtiles para superar esta incapacidad congd-

nita de los cuerpos represivos, a tal punto que --seg n fuentese:bien infor-






madas- tales "asesores" procuran estructurar un organismo separado de la

policfa y ajeno al control del gobierno (una suerte de Co I. A. en pequega

escala) que actde con la participaci6n de expertso" en material polftica y

tienda a infiltrarse en los cfrculos de izquierda. Un episodio reciente

puede cogtribuir a iluminar esta zona de la realidad. en monentos de ce-

rrar esta cr6nica, los cables informan de la detenci6n en Montevideo de

seis personas que la policfa identifica como Tupamaros; do career en la ver

si6n policlal, algunos documents encontrados en poder de los detenides

probarfan que la organizaci6n contaria incluso con la colaboraci6n de ftwu-

cionarios policiales, en tanto que la misma detenci6n de los presuntos T'u-

pamaros no ha conducido hasta el moment a los cuerpos represivcs a ningu-

na brecha por la que les sea possible penetrar en la estructura del Mo L.

N., pese a las declaraciones de los jerarcas que se muestran seguros de

powder desbaratar "la banda". Esta expresi6n prueba, precisazmente, una do-

ble realidad: por uh lado, razones polfticas llevan al sistema a identify

oar a los Tupamaros como delincuentes conmnes (ios sectors de isquierda a

notan en tal sentido un detalle sintomftico: pese a que la policfa consi-

dera a Radl Sendic como uno de los dirigentes de la organizaci6n --como lo

prueban las preguntas realizadas a militants izquierdistas detenidos, tor

turados e interrogados- se cuida muy bien de no deslizar su nombre en las

informaciones a la prensa" el hecho es.que Sendic es an lider sindical de

prestigio, y serfa impossible calificarlo como an delincuente comdn); por

otro, la misma policfa actda mayormente segdn ese concept, dnico que pare

ce encajar en sus esquemas mentales.


Resulta obvio que una organizaci6n de estas caracterfsticas debe movers

en may diversos niveles de clandestinidad, con lo cual el desconcierto po-

licial seve aumentado. Segdn fuentes periodfsticas oficiosas, el Servi-

cio de Inteligencia Militar ha estructurado una lista que contiene.los nom

bres de 150 Tupamaros; pero si tal lista correspondiera a la realidad, la






policfa no habrfa tenido dificultad en desbaratar "la banda" hace ya tlem-

po0 Un official de Inteligencia y Enlace pareci6 mostrarse mAs realista en

una rdciente conversacidn p.ivada con alguncs cronistas vino.lados a la je

fatura. Probablemente todos nosotros conooeims a ~agin Tupawaro --dijc-;

lo que ocurre es que no sabemos cue lo es. Lo que juega en dltima instan-

cia es justamente el apoyo de la poblacidn, de esa gente. normal, paofifioa,

insospechable. El agua donde se mueve el pea del M. L. N.


Y esta es, lateralmente, otra lecci6n de los Tupamaros. Todas las areas

--dicen los documents del M. L, N-- son igualmente revolucionariasa

Algunos creen que solamente cuando estamos entrentndonos para comba-

tir o cuando se entra en accidn, estamos hacienda una tarea revolu-

cionaria, pero todas las tareas que apoyan a un plan estrat6gico son

igualmente importantes para la revoluci6n (...) El que hace un man-

dado para adquirir material necesario para una base de operaciones,

el que recaba finanzas, el que presta su autom6vil para las moviliza-

clones, el que presta su casa, estf corriendo tanto riesgo y a veces

mis, que el integrate de un grupo de acci6n. Debe tenerse en cuen-

ta que la mayorfa de los revolucionarios han ocupado la mayor part d

de su tiempo en estas pequeaas cosas prActicas sin las cuales no hay

revoluci6n (...) Una estrategia para la revoluci6n depend en part

de las condiciones que podamos crear con nuestro esfuerzo orientado

por un plan para la toma del poder, ademis de no perder de vista las

condiciones que nos da la realidad.


En an paLs de fachada "europea", al qu6 su presunto cargcter exceptionall"

hizo general una hipertrofia crftica y te6rica notoria sobre todo en los

sectors de izouierda, con las consecuencias de la atomizaci6n y la sobre-

producci6n de dirigentes en relaci6n a las bases, esta es, especialmente,

una lecci6n de humildad.






Es, tambidn, un desaffo. Por que los hechos vienen a confirmar los planteos

b4sicos del M. L. N: (l) la crisis, lejos de detenerse, e: -a agudizado

hasta los lfmites insostenibles; (2) ante esta realidad; la existencia del

grupo armado obliga al regimen a desnudat ou esencia agosivat. a la-vio-

lencia cotidiana que subyace en el sistema, el gobierno agrega ahora la

violencia desenbozada de la represi6n armadaS la mdscara-de la legalidad

se cae a pedazos; (3) esa violencia alcanza a las organizaciones revclu.-

cionarias y al movimiento de masas en cualquier etapa de su desarrollo;

solo podrAn superarla qulones est6n preparados t6cnicamente para hacerle

frente; (4) la acci6n conjugada del grupo armado y del movimiento sindi-

-cal hace trastabiliar al regimen; (5) el grupo armado genera conciencia y

radicaliza a los sectors indecisos: unas pocas acciones de los Tupamaros

han ganado nis apoyo de la poblaci6n cue meses de trabajo politico o sin-

dical.


La opci5n es, pues, insoslayable. Si no ia tocado la hora-de la insurrec-

ci6n, la lucha armada estA hoy,tambidn para Uruguayi en eorden del dia:

de ella surgird la vanguardia, eh torno a ella se har. la unidad, con ella

habra de enlazarse la estrategia continental de, "'Crear dos, tres, 'muchos

Vietnam". Para las organizaciones de izquierda, las acciones de los Tupa-

maros implican un reto ineludible: ya no se trata dere'sponder con citas

ilustres, largos manifiestos y ardorosas proclamas a otras citas no menos

ilustres, otros manifiestos no menos largos y otras proclamas no menos ar-

dorosas. Tambidn en este pequeso pais austral, la clara voz de los hoohos

se estd hacienda oir.




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