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Title: Madre y el trabajo
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Title: Madre y el trabajo
Physical Description: Book
Language: Spanish
Creator: Chaney, Elsa
Chaney, Elsa
Publisher: Chaney, Elsa
 Record Information
Bibliographic ID: UF00085452
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.

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Elsa Chaney BORRADOR: Solo para
discusiones del equipo


LA I.ADij-; Y EL TRABAJO


Este studio se inici6 con la idea de que la proble-
m1tica de la mujer en Am6rica Latina,y muy en especial de la
madre de las classes populares, radica en una especie de "con-
flicto de rol" entire la necesidad de trabajar en alguna
ocupaci6n remunerativa y la necesidad igualmente imperiosa de
dedicarse a la crianza de los hijos y a los quehaceres dom6sti-
cos. Si nos hubidramos quedado en esta idea, nuestro studio
muy probablemente no hubiera tenido much originalidad, porque
es evidence que la madre que trabaja ha de tener dificultades
para cumplir con lo que Isabel Largula (1974:96) ha denomina-
do "la segunda jornada de trabajo" que le espera en su propia
casa.
4Por qud, entonces, enfocar este hecho, en esta forma,
cuando de antemano sabemos que la vida de la mad...e que trabaja
es especialmente dificil?. Ya tenemos algunos studios que nos
han documentado hasta sobre el promedio de horas que las padres
con uno, con dos, y con tres o mas hijos, tienen que dedicar al
trabajo de la casa a su regreso del trabajo remunerado que
desempe~an.1 Ademas, fue evidence despues de unas semanas de
observaci6n y studio, que en muchos sentidos superficiales.la
madre trabajadora de estos estratos sociales no advierte el
conflicto de rol" aunque ella misma est4 en tensi6n consciente
por tener que cumplir con dos jornadas de trabajo.
Como se verd en los capitulos que siguen, la vida de
muchas trabajadoras se mezcla'con su vida de madre; ellas no
experimentan una estricta division entire la jornada retribuida y
la hogareia. El hijo de la empleada domdstica, por lo general,
le acompana, sentado en-la cocina, mientras su madre prepare las


1En un studio realizado en rarincia, por ejemplo, se estima que
la madre trabajadora con un hijo trabaja 39 horas adicionales
(cada semana) en su segunda jornada; la con dos hijos, 47 horas,
y la con 3 y mas hijos, 50 horas -- siempre horas adicionales a
las que dedica a su trabajo. remunerado (Chombart de Lauwe, 1964,
quoted in Largula, 1974: 97) .







LA MADRE Y EL TRABAJO 2


comidas. Los nihos pre-escolares de la vendedora ambulante, o
la comerciante del mercado, viven y crecen a su lado en la misma
calle o puesto, como se comprueba en detalle mas adelante.

Esta falta de consciencia del conflict llega hasta el
punto de que, como le ha confiado una comerciante a nuestra colega
Ximena Bunster, su dia de trabajo en el mercado es tan duro y
lleno de lucha que su regreso a casa para dar de comer y acostar
a sus hijos es algo agradable y recreativo por contrast. (Hemos
incorporado este criterio como una de las interrogaciones, con
los resultados anotados mas adelante en los capitulos pertinentes.)

Esto no quiere decir que las vidas de estas trabajado-
ras no sean duras ni que sus dias de trabajo no sean largos;
solamente que el conflicto de rol", en su sentido corriente, es
un concept mas propio de la mujer de la clase media. Se trata
mas bibn de un estado psfquico de mujeres con dos roles bien
definidos porque tienen un horario fijo en un trabajo stable
que deben cumplir, muy aparte de las labores de su hogar.

Pues bien, despu4s de haber dedicado algdn tiempo y sos-
tenido muchas discusiones,hemos descartado la idea de enfocar el
conflicto de rol", como punto clave para explicar la situa-
ci6n de la mujer que trabaja. A nosotras, nos ha parecido
much mas interesante acercarnos al proceso y observer a la madre
en su trabajo remunerado; en su relaci6n con su companero
y familiar; en su vinculaci6n, por tenue que esta sea, con
su comunidad y con la political. ,Cudles son nos hemos
preguntado las estrategias de supervivencia de las mujeres
de America Latina, dado que la mayorfa de las que trabajan se
encuentran en ocupaciones poco productivas y marginadas? &Qud
implicancias se derivan del hecho de que tantas estan trabajan-
do en una series de pseudo-empleos como el iltimo eslab6n en una
larga cadena de dependencia en que tambien, por supuesto, estan
encajados muchos hombres de las classes populares, aunque siempre







LA MDRES Y EL TRABAJO 3


la mujer en mayor grado proporcionalmente? 6Cudles son las con-
secuencias para la mujer, del hecho de que su incorporaci6n a la
fuerza de trabajo en las regions menos desarrolladas o se haya
estancado 0 haya disminuldo en los dltimos 30 o 40 afos; y del
hecho de que las proyecciones hasta el afo 2000 prevent una
continuaci6n de estas tendencies?2

Es al tratar de encontrar una respuesta a estas pregun-
tas; y despues de unos meses de trabajo, que hemos regresado
sorpresivamente a una hip6tesis del conflicto de rol", pero en
un sentido muchPaEs sutil y much mAs profundo.

Nos parece que la mujer de los estratos bajos, si
esta sufriendo actualmente un conflicto de rol", pero no tanto
como una tension consciente entire la necesidad de ganarse la
vida y al mismo tiempo tender la casa y a los nifos. Este
conflict mas bien es un fen6meno structural, basado en la divi-
di6n del trabajo entire la mujer y el hombre en dos dominios 0
esferas: "lo dom4stico" y "lo pdblico", una division que ha
empezado con la revoluci6n industrial. Esta division es lo que
ha tornado tan conflictiva la vida de la mujer. Por supuesto
que en las cultures de pre-plusvalia o de pre-excedentes hay
cierta division de roles entire las tareas "masculinas" y las
tareas "femeninas' aunque en estas sociedades pre-industriales
la familiar o el clan es la unidad econ6mica y todos colaboran
en el trabajo comdn de producer las subsistencias. Sin embargo,
el trabajo de la mujer casi siempre esta valorizado porque lo


2
Para Amnrica Latina, por ejemplo, la tasa de incremento
(crudo) de la participaci6n de las trabajadoras (en el
total de la fuerza del trabajo) subird, segin las proyeccio-
nes, solamente de 19.1 a 19.3 entire los aios 1970 y 2000
(Oficina Internacional del Trabajo,1974:70). (Estas cifras
de la OIT excluyen a la "America del Sur templada", o sea,
las repdblicas de Paraguay, Argentina, Chile y Uruguay. En
estos pauses, las trabajadoras van a subir de 22.1 a 25.6
dentro de la poblaci6n econ6micamente active.)







LA MADRE Y EL TRABAJO 4


que ella hace es evidentemenbe una contribuci6n esencial e
important para la supervivencia del grupo.

Eleanor Burke Leacock (1972:41) ha situado el
comienzo de la sujeci6n de la mujer precisamente en la sepa-
raci6n de la familiar del clan, y la consecuente transformaci6n
de la labor socialmente necesaria de la mujer en un servicio
privado, "la expresi6n social del desarrollo de la propiedad
privada". En nuestra definici6n del conflicto de rol", el
problema de la mujer empieza justamente en la coyuntura de la
historic en que la casa, antes la unidad comin de la producci6n
y de la residencia, cesa de serlo porque la producci6n social
poco a poco se va separando de esta unidad. Las contradiccio-
nes surgeon del hecho de que el lugar donee se realize el
"trabajo productive" se aleja de la casa, no necesariamente
en tdrminos de distancia fisica (aunque muchas veces sucede
asi, dificultando mas la vida de la mujer que trabaja tambidn
fuera de su casa), sino en el grado de tecnificaci6n, de pres-
tigio, de valor que la sociedad otorga al trabajo remunerado.
Margaret Benston (1969: 40) sefiala que en la socie-
dad capitalist y tambidn en las socialists existentes se
mantiene el trabajo casero en estado "premercantil", reser-
vando este trabajo para la mujer. De esta manera, a la
mujer le queda como "suya" una esfera de trabajo que no es ni
remunerado ni estimado por la sociedad, dado que no se le
consider como reproductiveo". Pero aunque no sea productive
en el propio sentido de la producci6n social de-mercancias en
una fAbrica, de todos modos es un trabajo esencial para el
funcionamiento del sistema. Y Zaretsky (1974b: 22-23) observa,

3Es aqul, como ha seftalado Schmink (1974:4) que los criticos de
una ciencia social orientada casi exclusivamente al studio del
var6n ha prestado hasta ahora su-contribuci6n mfs concrete al re-
calcar la distinci6n entire el dominiono pdblico" y el "privado",
entree los roles formalizados y los no formalizados. Los dominigs
publicos del varon tipicamente incluyen las instituciones economicas,
politicas y religiosas de la sociedad; los dominios privados, el
terreno de la mujer, las estructuras dp narentesco. Para una
disuusi6n te6rica sobre este punto v4ase Bernard (1969), Chinas (1973),
Fiedl (1967); Gonz~lez (1973); Rosaldo (1974); Sacks (1974) and
Sanday (1974).








LA MADRE Y EL TRABAJO 5


"El hecho de que las amas de casa y las madres no produzcan
la plusvalia ha opacado su participaci6n en la labor rentada
en un sistema interdependiente de producci6n" Dalla Costa
(1972:26) ha notado el mismo fen6meno: "En lo que se refiere a
las mujeres, su labor parece ser un servicio personal ajeno al
capital."5

Esta tarea "propia de la mujer ha sido denominada
por Largua. (1974: 82-3) como "la reproducci6n biol6gica y la
reposici6n de la fuerza de trabajo" (en otro lugar, ella habla
de la reconstituci6n de la fuerza del trabajo (1975: 60), y




Zaretsky tambidn dice: "Al excluir a la familiar de su
concept de la producci6n capitalist, los socialists no han
podido distinguir la opresi6n de la mujer de la opresi6n
general de la clase obrera (Ibid.) Mas bien, "Los movimien-
tos revolucionarios en contra del capitalism se'han inclinado
a restablecer esta separaci6n por su negligencia en desafiarlo."
(1974 : 19).


SNo deseamos entrar aqui en la interesante poldmica entire
los marxistas ortodoxos y los te6ricos como Dalla Costa
(1972: 30-31) que insisted en que "como la naturaleza verdadera
del trabajo domestico nunca emerge en Marx..., tenemos que
poner en claro que el trabajo domestico produce no solamente
valores de uso sino que es esencial a la producci6n de la
"plusvalia". En una nota a la segunda edici6n de esta obra,
ella aclara que "lo que quisimos decir es precisamente que el
trabajo domestico es productive en el sentido marxista." Para
nosotras, es suficiente el reconociniento de que el trabajo
"invisible" de la mujer en su rol de ama de casa tiene una
relaci6n estrecha con la producci6n de mercancfas; como dice
Largufa (1974:81): "En las condiciones actuales s6lo contando
con estas horas de trabajo invisible puede el proletariado
producer plusvalla en la economia social. Por lo tanto, puede
decirse que el trabajo femenino en el seno del hogar, se
expresa transitivamente en la creaci6n de plusvalia, a-Trav s
de la fuerza de trabajo asalariada."1Enfasis en el original).








LA MADRE Y EL TRABAJO 6


Dalla Costa (1972;31)de "la producci6n y reproducci6n de la
6
fuerza de trabajo." Las dos quieren decir lo mismo: la
mujer como siempre, tiene a su cargo la area biol6gica de
producer los futuros trabajadores; ademis, con la division
de trabajo, la sociedad le ha impuesto como su "destino
natural", dictado por la misma biologia, toda la responsabi-
lidad de producerr", dia tras dia, el trabajador para que
4ste pueda reintegrarse nuevamente a su trabajo remunerado
(tomando en cuenta siempre, que ella misma muchas veces tiene
que tender su trabajo asalariado, estando incluida su propia
reposici6n y renovaci6n para powder trabajar fuera de la casa
en su segunda jornada no pagada); el establecimiento y mante-
nimiento de la casa; la preparaci6n de la comida; el lavado
de la ropa; today la carga de la limpieza y el 6rden; un poco
de diversion, etc.
La compensaci6n por esta labor -- otro punto clave
de su situaci6n conflictiva -- se supone que est6 incluida
en el sueldo de su compaiero, o en su propio sueldo, si es que
la mujer tambidn trabaja en forma remunerada. Al sistema le
conviene much esta subestimaci6n del valor del trabajo domis-
tico; si el sistema econ6mico tuviera que pagar un sueldo a
las que estAn criando a los futures trabajadores y.haciendo los
quehaceres dom4sticos, se quebraria rapidamente. Se sostiene
solamente por la explotaci6n de las mujeres que produce y
reproducen la fuerza de trabajo sin remuneraci6n.

6
En Ingl4s, Largula casi siempre usa la expresi6n, "labor power",
para denominar este fen6meno, o literalmente, "el powder para
trabajar". Hay una confusion en su uso de "fuerza de trabajo"
para expresar esta misma idea en castellano; ella no quiere
decir con esta expresi6n "labor force", o sea, toda la poblaci6n
econdmicamente active. Para Largula (1973: 2), "el concept
clave para la definici6n del rol de la mujer en la division del
trabajo es la fuerza de trabajo y su reproducci6n. Son las
energias fisicas y espirituales,en forma global, de la persona que
trabaja, la capacidad de el o de ella para trabajar, las que cons-
tituyen la fuerza de trabajo!. Entonces, seguimos usando "fuerza
de trabajo" en el sentido de esta definicion.







LA :.L:'.LRZ Y EL TRABAJO 7


Es important subrayar la afirmaci6n de Dalla Costa y
de Largufa, en el sentido de que la problemAtica de la mujer no
surge porque su trabajo casero no tenga relaci6n con los medios
de producci6n, sino justamente porque su relaci6n es diferente
a la relaci6n mas direct del hombre con la producci6n social,
aunque la mujer tambidn trabaje fuera de la casa. Benston
(1969: 41-42) fue una de las primeras que enfoc6 este problema
de un punto de vista structural, y es important citarla
ampliamente:

.----La atribuci6n del trabajo "domestico",como funci6n de
una categorla especial, "las mujeres", equivale a decir que
este grupo mantiene efectivamente con la producci6n una
relaci6n diferente a la que mantiene el grupo "hombres".
Intentaremos, por lo tanto, definir a las mujeres como el
grupo de personas responsables de la producci6n de valores
de uso simple en las actividades relacionadas con el hogar
y con la familiar.
Puesto que los hombres no tienen la responsabilidad de
esta producci6n, es aqui donde reside la diferencia entire
ambos grupos. Conviene recalcar que las mujeres no son
exclufdas de la producci6n de mercancfas. Participan en el
trabajo asalariado, pero como grupo carecen de responsabili-
dad structural en este campo y su responsabilidad es
generalmente considerada como transitoria. Los hombres,
por otra parte, son responsables de la producci6n de
mercanclas; en principio no tienen ninguna obligaci6n de
trabajo domestico. Por eso, cuando participan en la
producci6n domestic, no s6lo es algo exceptional; se
consider que es desmoralizante para ellos...
En una sociedad en la cual el dinero determine el
valor, las mujeres son un grupo cuyo trabajo no pertenece
a la economfa del dinero. Su trabajo no es metalizable,
por lo tanto carece de valor, ni siquiera constitute un
trabajo real. Y las mismas mujeres que cumplen aquel
trabajo sin valor, dificilmente pueden esperar tener tanto
valor como los hombres que trabajan a cambio de dinero.
En tdrminos estructurales, lo que m&s se aproxima a la
situaci6n de las mujeres, es la situaci6n de todos cuantos
est4n o han estado fuera de la producci6n de mercancias,
por ejemplo, los siervos y los campesinos.







LA 'IIADRE Y EL TRABAJO 8


Como ha insistido Benston mas arriba, es important
recorder que muchas mujeres -- y cada.vez las cifras mundiales
incluyen mas madres -- tienen empleo fuera de su hogar. Tipi-
camente, sin embargo, su empleo es eventual, discontinue y
concentrado en los niveles mAs bajos y menos remunerados de la
industrial, ya sea para una pequeia proporci6n de las mas afortu-
nadas o para la gran mayorla de mujeres en los subempleos del
sector terciario. Largula (1973: 5) ha subrayado lo conflicti-
vo de esta situaci6n asi:
En sus comienzos las industries artesanales eran
principalmente de responsabilidad de las mujeres. Pero
algunas de estas industries acusaron una mejora tecnol6-
gica en su primera .poca ,y demandaron mas tiempo y
especializaci6n del productor, entrando asi en conflict
con las -actividades que estaban comprendidas entire aque-
llas que reemplazaban el poder para trabajar. Las
pesadas obligaciones de la reproducci6n de este poder
para trabajar forzaba a las mujeres a retirarse de la
mayor parte de las labores especializadas, en tanto que
los hombres se encontraban libres para desarrollar
mejores tbcnicas en estas tareas o en la agriculture.
De hecho, las tareas caseras son poco creadoras:
"Las posibilidades de realizaci6n humana (de la mujer) .
son siempre limitadas por las 'tareas' del hogar ., una
forma harto frustradora de existencia." como ha escrito
Bambirra (1971: 6). Y reitera el coro de "Eva no estuvo adn
en el Paraiso" de la dramaturge peruana, Estela Luna (1974:
83):
Todas las tareas cargantes, sucias, mon6tonas, ridfculas,
y sin proyecci6n han sido llamadas por la costumbre
areass femeninas' y se sostiene que hemos sido hechas
para ellas.
Otra consecuencia de la asignacidn del trabajo
casero a la mujer como su dominion, es el hecho de que adn las
que trabajan fuera del hogar en oficio remunerado contindan
siendo el "ama de casa" por definicidn. Como ha sefalado
Dalla Costa (1972:19) a nivel mundial, es precisamente lo que
es particular al trabajo dom4stico, no solamente medido como
ndmero de horas y naturaleza de trabajo sino como la calidad de








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vida y la calidad de relaciones que genera, lo que determine
la posici6n de la mujer dondequiera que est4 o a cualquier clase
que pertenezca. Esto se acerca much a la observaci6n de
Benston, en el sentido de que (cf. p.7 arriba)aun cuando las
mujeres"trabajeri no tienen ninguna responsabilidad dentro del
dominion del hombre.
Por eso, la mujer tambien ha perdido todo su poder de
decision, no solamente en la economla sino tambien en la politi-
ca. Claro est&, que la mujer --salvo por alguna que otra reina
que ha llegado al poder por accidents de la historic, o una que
otra mujer political por ser pariente de un hombre pdblico desta-
cado-- nunca ha ocupado un rol en el primer plano del mandate.
La mayoria de los acaddmicos ahora estn' de acuerdo en que nunca
ha existido el matriarcado segdn tantos mitos y narraciones;
sin embargo, por su contribuci6n a la economfa en las sociedades
preindustriales, la mujer ha gozado de much m6s igualdad frente
al hombre --y ain hasta hoy dia en,los lugares en que sobreviven
estas cultures no solamente tiee .intervenci6n en la economla
familiar sino que compare tambidn las decisions importantes de
su tribu o clan. Pero con el aislamiento dentro del hogar en
lo que se refiere a la producci6n social, ella va perdiendo cada
vez m6s porque el-poder de la despreciada esfera dom4stica no es
transferible al poder social de la esfera pdblica.
Es el hombre quien represent desde entonces los inte-
reses de la mujer y la familiar en el mundo de la polltica y de la
economfa; en el mundo ndusrialido o solamente unas cuantas
mujeres"excepcionales", en su mayoria de la clase media, logran
algo de powder --y tfpicamente en ocupaciones u oficios que son
extensionse" de su rol familiar hacia el dominio pdblico. Y
son excepciones, como sefiala Bambirra (1971: 5), no porque la
mujer no sea capaz sino por el hecho de que no ha sido socialmente
capacitada. "En nuestras sociedades", dice ella "la mujer es
formada como un ser limitado". Dalla Costa (19 7227):





LA MADRE Y EL TRABAJO 10


En la media en que a las mujeres se les iba apartan-
do de la producci6n socializada direct y aislando dentro
del ambito del hogar, se les iba negando toda posibilidad
en la vida social fuera de su vecindario, privindoseles por
ello del conocimiento y de la educaci6n sociales. Cuando
a las mujeres se les priva de una experiencia amplia para
organizer y planificar colectivamente las luchas industria-
les y otras luchas de masa, se les esti negando la raiz
basica de la educaci6n, la experiencia de la rebeli6n
social .-. Por eso, el aislamiento que las mujeres han
sufrido les ha confirmado a ellas mismas y a la sociedad,
el mito de la inferioridad femenina.
Podrfamos preguntarnos c6mo va a ser possible una revo-
luci6n social cualquiera, mientras que mAs de la mitad de las
revolucionarias en potencia permanezcan en silencio, ignorancia
y pasividad. Tenemos que subrayar una vez mas que pocas
no
mujeres son las que trabajan en puestos remunerados y qta[7st6n
por eso magicamente capacitadas para la participaci6n. Hay
limites a la fuerza humana y sencillamente no es possible
esforzarse mas. Como ha sefalado Largufa (1974: 96), la gran
explotaci6n de la mujer en sus dos jornadas de trabajo, la
segunda de ellas de trabajo "descalificado,, estupidizante,
que le borra de la mente toda ilusi6n de su igualdad con el
hombre', tambi6n borra para ella "todas las conquistas que ha
lograao la clase obrera en cuanto a reducci6n de las horas
laborales".
Existen muchos mecanismos para que subsista esta
situaci6n tan provechosa para el sistema actual. Aquf entra
la"mistificaci6n" de la funci6n de duena de casa, lo que
,(1924: 8)
Mariategui/ha denominado "la defense de la poesfa del hogar
(que) es, en realidad, una defense de la servidumbre de la mujer" ,
con argumentss sentimentales y tradicionales." Pero la mujer,
dice el, "es algo mis que una madre y una hembra asf como el
hombre es algo mas que un macho."
Otro mecanismo poderoso es precisamente el machismo,
toda esa red de prejuicios y creencias del hombre (y de la madre





LA MADRE Y EL TRABAJO 11


7
trabajadora misma) sobre el propio rol de la mujer. Las
mujeres de los pauses coloniales son explotadas doblemente:
debido al sistema econ6mico y debido al sistema patriarcal,
sea 4ste el patriarcado de los padres, el de los hermanos o
el de los compaieros. En este sentido podriamos hablar de
las mujeres colonizadas porlos hombres colonizados, de las
oprimidas por los oprimidos. Sin embargo, tenemos que reoo-
nocer que la supremacia masculine es muy convenient para el
mantenimiento del sistema actual de dependencia --aunque como
sefiala Zaretsky (1972 a: 69),"esta forma de opresidn segura-
mente tiene antecedentes antes del capitalism y ha persistido
en los pauses socialistss. Randall (1972: 39) ha puesto muy
en claro este hecho:
La mezquina dictadura que, direct o indirecta-
mente, la inmensa mayoria de los hombres ejercen sobre
sus esposas y sus families en general, les permit
desahogar sus sentimientos de ira y de frustraci6n en
forma que no constituya ningdn desafio al sistema. El
papel que el hombre se arroga en la familiar, fortifica
el individualism agresivo, el autoritarismo, y cierto
concept jerdrquico de las relaciones sociales --valores
que son fundamentals para la perpetuaci6n del capitalis-
mo. En este sistema se nos enseia a aliviar nuestros
temores y frustraciones brutalizando a los que son mAs
d4biles que nosotros: el hombre de uniform se convierte
en bestia; el capataz intimida a los trabajadores que
tiene a sus 6rdenes; el marido golpea a su mujer; el
niuo a su perro.

Como deberfa quedar en claro despuds de lo expresado
anteriormente, de ninguna manera deseamos sugerir que los hombres
siempre tengan acceso a trabajos calificados y por eso sean
libres y felices, mientras que todas las mujeres que trabajan
siempre se encuentren oprimidas e infelices en los niveles mas
bajos. El ndmero de hombresae las classes populares tambi4n estA


7
En un artfculo reciente, Jorge Guissi Bustos ha enfocado preci-
samente en el fen6meno de "El Machismo de la Mujer" (








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creciendo dentro del sector que Anibal Quijano (1971: 1) ha
denominado el "polo marginal" de la economic.8 Pero las
cifras de toda Amdrica Latina (y el mundo) revelan que la
mujer se encuentra en mayor proporci6n en ese sector. Este
polo marginal es un sector que se relaciona tan precariamente
con los medios de producci6n,y que forma un estrato de gentes
nuevo y permanent que nunca van a tener un empleo stable y
productive. Por esta raz6n, no forman precisamente un gran
ejrrcito de reserve de trabajo, porque segdin Quijano, esto
implicaria que entran y salen de la fuerza laboral. Mas bien
forman un sector que "va perdiendo toda posibilidad de acceso
a los roles econ6micos que distinguen a las modalidades domi-
nantes de organizaci6n de la actividad econ6mica", y en
consecuencia "va perdiendo tambi6n toda posibilidad de relaci6n
orgAnica y stable con los medios basicos de producci6n.I(bid.)"
En otras palabras, la mujer del tercer mundo ha
ingresado al mundo de la producci6n de mercancias justamente en
el moment en que la demand de mano de obra se hallaba en una
vertiginosa declinaci6n por el advance de la tecnologfa y el
consecuente incremento de productividad. Existe actualmente
una abundante literature que demuestra que muy lejos de mejorar
su posici6n, la industrializaci6n ha perjudicado a la mujer.



8 Dice Quijano (1971: 14-15): "La teoria general supone que en el cur-
so de la expansion de la producci6n industrial de bienes y de ser-
vicios, los sectors artesanales correspondientes tienden a ser
erradicados o, por lo menos, reducidos, asf como en el desarrollo de
las modalidades monopolisticas y de sus cambios, las modalidades com-
petitivas de organizaci6n empresarial tienden igualmente a ser
sustituida y a ser erradicados.
Esta imagen da cuenta en general de como ha venido ocurriendo el
desarrollo del modo de producci6n capitalist, tomado en abstracto...
(p)ara el caso latinoamericano -- y probablemente para otras forma-
ciones equivalents en otras regions -- esa imagen es definitivamente
inadecuada. Bebido al hecho de que esos nuevos elements son injerta-
ciones y por lo tanto se incorporan abruptamente en el seno de estas
economias, los sectors y modalidades anteriores de producci6n lejos
de desparacer, estin expandi6ndose y modificandose por sus nuevos modos
de articulacion en la estructura econ6mica global, pero naturalmente
ocupando un nivel cada vez mas deprimido, por la incesante p6rdida del
control de los recursos productivos y de los mercados de que antes








LA L: iADRE Y EL TRABAJO 12-A


footnote 8 con't.

disponfan y por su complete incapacidad de access a los nuevos medios
de producci6n que supone al incremento tecnol6gico.
Este fen6meno no.esta occurriendo solamente al interior del
sector industrial-fabril, sino en cada uno de los otros sectors
de la actividad econ6mica, y 4de modo mis visible al interior de
los sectors llamados terciarios en la terminologfa corriente...
(e)s decir, en cada uno de los sectors basicos de la actividad
econ6mica de los pauses latinoamericanos, tiende a expandirse y en
esa media a diferenciarse, un nivel de actividades y de macanismos
de organizacidn economic, que van perdiende incesantemente.toda
posibilidad de acceso stable a los medios basicos de produccidn
y a los mercados de rendimiento significativo para las posibilidades
de incremento de la acumulaci6n de capital: la artesania de bienes
y de servicios, el pequefo comercio de bienes y de servicios, las
actividades asropecuarias de minimo nivel de Droductividad, no sola-
mente no se han desaparecido ni muestran se ales de desparicidn, sino
que muy por el contrario se han expandido y tienden a expandirse,
configurando de ese modo un nivel de actividad economic que por su
magnitude puede ser diferenciadd como un nivel nuevo en la economic
latinoamericana.
Sin duda, en todos los perrodos de la historic latinoamericana,
y en general en las sociedades capitalistat, han existido siempre
estas forms de actividad econ6mica....Sin embargo, es solamente en
el perfodo actual que ellas tienden a expandirse'y.a diferenciarse
como todo un nivel o estrato de la economia que atraviesa el cuerpo
enter de la structural econ6mica, esto es que hace part creciente
de cada uno de sus sectors sustantivos. En este sentido, debe
insistierse en que este nivel el mas deprimodo -- de la actividad
econ6mcca es un product de las nuevas condiciones en que se process
la articulaci6n de la estructura econ6mica latinoamericana, y no una
mera sobrevivencia.








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En las regions menos desarrolladas, la proporci6n de traba-
jadoras se mueve en una direccidn diferente a la de los pauses
metropolitanos porque la declinaci6n de la agriculture en el
product bruto national result en el empleo cada vez ienor de
la mujer campesina. Al migrar a las ciudades en el tercer
mundo, ella se encuentra con una situaci6n no de nuevas oportu-
nidades sino de desempleo y subempleo, que son caracteristicas
estructurales de estas economias dependientes del capitalism.
Es por esta raz6n que Bambirra (1971: 4) puede decir
que las mujeres trabajadoras "tienen mis motives adn que los
obreros para ser revolucionarias". Para Bambirra, "no hay
ningdn motivo que justifique, en nombre de la revoluci6n, no
plantear para ellas, con toda claridad, no s6lo sus problems de
clase sino ademAs sus problems en cuanto a mujeres."
Bambirra ha criticado duramente a la izquierda chilena
por no enfrentar, por lo menos al nivel preliminary y explorato-
rio, los problems especificos de la mujer. Para ella, no es
correct plantear movimientos de sectors sociales aislados del
context general de la lucha de classes oprimidas; "sin embargo,
esto no excluye que no se incorporen en forma clara, definida y
concrete, los problems cruciales que enfrentan las mujeres
(chilenas)", no solamente porque es just sino porque "en la
media en que las mujeres tomen consciencia de la situaci6n de
explotaci6n a que estan sometidas como tales .;. su potential
revolucionario se transformard much mas rapidamente" (Ibid.).
Mirada asi, la revalorizaci6n de la mujer --lejos de
ser un movimiento de desviaci6n-- aparte de la lucha por un cambio
fundamental del sistema econ6mico, esta colocada panor6micamente
al centro: como la mas postergada y la mas explotada, la mujer tra-
bajadorar- y su reivindicaci6n son temas centrales de cualquier
revoluci6n. MariAtegui vi6 este hecho muy claramente hace 50
alos. Aunque para Mariategui (1924: 6) "la clase diferencia a
los individuos mas que el sexo", sin embargo, "el feminismo, como
idea pura, es esencialmente revolucionario". Evidentemente, no








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se referia aqui al feminismo parcial y distorsionado de la clase
media. Mariategui ni siquiera ha credo que seria possible ser
feminist y conservadora al mismo tiempo. (QuizAs, si estuvie-
ra escribiendo hoy dia emplearia otro t6rmino, como "liberaci6n"
o "revalorizaci6n" de la mujer, menos evocativo de falanges de
"sufragettes" desfilando por el voto.) Para 41 (1924: 5), "las
mujeres de real filiaci6n feminist son las mujeres que trabajan,
las mujeres que estudian"; el feminismo no ha aparecido en el
Perd "ni artificial ni arbitrariamente, (sino) como consecuencia
de las nuevas formas del trabajo intellectual y manual de la
mujer". Como las mas cruelmente explotadas por el advance del
industrialismo (la expresi6n es de Miaridtegui), las mujeres
proletarias tienen todo derecho, a su juicio, de luchar por su
reivindicaci6n. "A este movimiento no deben ni pueden sentirse
extrafios ni indiferentes" es el consejo que 41 les da a los
hombres de su 4poca. Para Maridtegui, la cuesti6n femenina
era parte de la cuesti6n humana". (1924: 8).
cualquiera luchanpara
De otro lado, tenemos que reconocer que/la emancpacion
que
de la mujer del proletariado/no estA ligada a la lucha por un
cambio de estructuraseserlauna liberaci6n effmera y aun perjudi-
cial, como tambidn lo ha sefialado Mariategui (19[?]: 9): "En el
terreno dem6crata-burguds, el advance de la mujer "en la via de
su emancipaci6n suministra al capitalist mano de obra
barata." Saffioti (1974: 26) ha notado el mismo peligro de una
lucha por la emancipaci6n, divorciada de la lucha de classes.
Para "los contingentes demogrificos de ella marginados,! "dice,
"no existed. ninguna manera de hacer uso de la libertad:
Libertad ,para qu4? LPara mantenerse en la miseria,
en la ignorancia, al margen de los beneficios de la
ciencia y tecnologia modernas?

Si todas las mujeres de los estratos populares son
explotadas, las que se enfrentan a la necesidad de ganarse la
vida tienen un camino especialmente dificil y penoso. La








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situaci6n de la madre trabajadora de estos parses dependientes
es aln mas contradictoria, y por eso hemos decidido concentrar
nuestra investigaci6n en este nivel para revelar en todas sus
dimensions el conflicto de rol" de la mujer ocasionado por la
separaci6n del trabajo productiveo" de la unidad familiar.
Precisamente, hemos escogido cuatro grupos de mujeres que repre-
sentan estadisticamente la mayorfa de las mujeres dentro de la
poblaci6n urbana econ6micamente active: la vendedora ambulante,
la empleada dom4stica, la comerciante stable del mercado y la
obrera.
En cuanto a la situaci6n de la madre trabajadora,
ova a tratao m4ps arriba
podrnamos revisarla en la forma siguiente (ca punto/seria
desarrollado brevemente despugs de esta introducci6n y elabora-
do en el andlisis de cada grupo que hemos investigado para este
studioo:

1. La situaci6n y posici6n (status) de la mujer en las
sociedades preindustriales; los efectos de la
primer division del trabajo entire el hombre y la
mujer;

2. La revoluci6n industrial y los resultados de la
segunda gran division del trabajo en dos dominios
o esferas: "lo dom4stico" y "lo pdblico"; la
situaci6n especial de la mujer en los pauses que
forman la periferie del sistema de capitalism
mundial;

3. El trabajo remunerado como una condici6n necesaria
pero no suficiente para un cambio del status de la
mujer; el control sobre su ganancia como punto clave
de su liberaci6n; los valores y prejuicios de la
familiar; la familiar como entidad cultural; el
machismo; el patron de dueHo de casa como dominant.








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4. La situaci6n general de la mujer trabajadora en
los pauses dependientes de la Amdrica Latina; la
situaci6n especifica de la mujer peruana (su grado
de instrucci6n y tecnificaci6n; trabajo que
desempefa; promedio de sueldos).






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