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Title: Alegato de bien probado
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Title: Alegato de bien probado hecho verbalmente ante la primera sala del Tribunal de Primera Instancia del Departamento del Valle
Series Title: Alegato de bien probado
Physical Description: 36 p. : ; 23 cm.
Language: Spanish
Creator: Alamán, Juan B
García Icazbalceta, Joaquín, 1825-1894
Icazbalceta, Tiburcio
Publisher: Impr. de S. White
Place of Publication: México
Publication Date: 1867
 Subjects
Genre: non-fiction   ( marcgt )
Spatial Coverage: Mexico
 Notes
Statement of Responsibility: por Juan B. Alamán por parte de don Joaquín García Icazbalceta, por sí y como apoderado de sus hermanos, en el pleito promovido por don Tiburcio Icazbalceta sobre nulidad de la venta de las haciendas de Tenango y San Ignacio y ranchos anexos.
 Record Information
Bibliographic ID: UF00085438
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: oclc - 12853694

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ALEGATO DE BIEN PROBADO

HECHO VERBALMENTE ANTE LA PRLHMERA SALA
DEL

TRIBUNAL DE PRIMERA INSTANCIA DEL DEPARTAMENTO DEL VALLE


POR EL LIC.

DON JUAN B. ALAMAN


POR PART

DE DON JOAQUIN GARCIA ICAZBALCETA, POR SI Y COMO APODERADO DE SUS HERMANOS


EN SL
PLEITO PROMOVIDO POR DON TIBURCIO ICAZBALCETA


SORE NULIDAD DE LA VENTA


DE LAS HACIENDAS DE TENANGO Y SAN IGNACIO
Y RANCHOS ANEXOS.


MEXICO

IMPRENTA DE SANTIAGO WHITE
CALLEJON DE SANTA CLARA NUM. 9.

1867


















Me habia propuesto no publicar document alguno relative al
pleito a que este cuaderno se refiere, porque son negocios privados
que poco 6 nada interesan a la generalidad del pfiblico. Pero la
insistencia del Lie. D. Domingo Nijera en dar i la prensa libelos
infamatorios, me obliga ai imprimir el informed que el patrono del
negocio di6 ante el tribunal de primera instancia.
No he querido acompahiarlo de ningun comentario. Refutar todas
las innumerables falsedades y calumnias del Lic. Nijera seria tarea
interminable y fastidiosa hasta lo sumo: la sentencia del tribunal
de primera instancia (de que ha sido necesario apelar, entire otras
razones, por la notoria imposibilidad en la contraria para cumplirla)
me deja satisfecho en el punto mas important: ella declara termi-
nantemente la inculpabilidad de mi padre en este negocio, y por
consiguiente la no complicidad de sus herederos. Es, por tanto, la
mejor respuesta que puedo dar a los dos cuadernos del Lie. Nijera.
Triste cosa es que los que quieren deducir derechos, reales 6
imaginarios, lo hagan con tal lenguaje: y mas triste es que en la
noble carrera del foro haya personas que pretendan alcanzar noto-
riedad por medio de la difamacion y el escindalo.


Mdxico, Mayo 21 de 1867.


JOAQUIN GARCiA ICAZBALCETA.



















SENORES JUECES:


POR parte del Sr. D. Joaquin Garcia Icazbalceta, por si y como apoderado
de sus hermanos D. Jose Mariano, D. Tomas y D. Lorenzo, y de sus her-
manas D.a Dolores, D.a Ana, D." Ignacia y D.a Maria de Jesus, pido A este
Tribunal se sirva absolverlos de la demand entablada por D. Tiburcio
Icazbalcela sobre la nulidad de la venta de las haciendas de Tenango,
San Ignacio y ranchos anexos, y declarar que dicha venta es vilida y que
no procede la restitucion in integrum intentada por el mismo D. Tiburcio
Icazbalceta; condenando A este al pago de todas las costas legalmente cau-
sadas en este juicio, por los mdritos de justicia que paso A exponer. Antes
de hacerlo, fijar6 los puntos de hecho que es indispensable conocer para
examiner y resolver las cuestiones de derecho que se ventilan en este juicio.
4. Entabladas diversas demands contra el Sr. D. NicolAs Icazbalceta,
various de sus acreedores habian promovido se declarase formado el concur-
so necesario, y reunidos todos en junta general en 3 de Agosto de 1846,
declararon formado dicho concurso, y pidieron se ratificase por el Juzgado
esta declaracion, como se hizo en aquel mismo acto, sin que se opusiese
i ello el Sr. Lic. D. Josd Maria Cuevas, apoderado del deudor comun ( Autos
del Concurso de D. Nicolas Icazbalceta, Cuad.0 4., fs. 15 v.). Formado de
esta manera el Concurso, los acreedores trataron de enajenar cuanto antes
los bienes, tanto para ser cubiertos de sus creditos, como porque consis-
tiendo esos bienes en haciendas de tierra caliente para cuyo giro se nece-
sitan gruesos capitals, era muy dificil, 6 por mejor decir, impossible para
un Concurso el conservarlas much tiempo en su poder; pero habiendo
solicitado de diversas maneras compradores, no se consigui6 lo hubiese ni
aun por las dos terceras parties de su valor, por ser este excesivo, y per-
suadidos los acreedores de ser no solo dificil sino casi impossible la venta
de tales bienes, nombraron una junta menor 6 comision, autorizandola para
formal un arreglo que terminase definitivamente el Concurso, sin que se






perdiese de vista la preferencia de los creditos: esta comision form various
proyectos, que consistian principalmente en adjudicaciones parciales de las
fincas, pero siempre tropez6 con el inconvenient de que siendo tan altos
los valhos, ninguno de los acreedores quiso recibir una parte de las fincas
para reconocer el resto de su valor en creditos de los demas acreedores,
ni aun con la baja de la tercera parte de la estimacion de las fincas.
2. La comision de arreglo lleg6 a career algunas ocasiones que no le era
possible cumplir con su encargo, hasta que al fin se fij6 en vender los bie-
nes, que consistian en las haciendas de Tenango, San Ignacio y ranchos
anexos, logrando que este contrato Ilegase a tener efecto con el Sr. D. Eu-
sebio Garcia (que se habia negado i ello otras veces), en mas de las dos
terceras parties del valuo. Formalizado el contrato, la comision de arreglo
lo puso en conocimiento de los acreedores, en junta general celebrada en
23 de Mayo de 1850, y fu6 aprobado por unanimidad, recibiendo la san-
cion judicial por auto de 1. de Octubre siguiente, proveido por el juez del
Concurso, Lic. D. Agustin Perez de Lebrija, por ante el escribano D. Ma-
nuel Orihuela, por cuyo auto se aprob6 la venta de las haciendas, previ-
niendo se procediese al otorgamieito de la respective escritura de venta.
En cumplimiento de lo mandado, los Sres. Lics. D. Mariano Esteva, D. Mi-
guel Atristain y D. Gabriel Sagaseta, otorgaron dicha escritura en 11 de
Diciembre del mismo aiio de 1850, ante el propio escribano D. Manuel
Orihuela. Tal es la relacion veridica y exacta de los hechos, que el Tri-
bunal hallard comprobada en los autos del Concurso de D. Nicolas Icaz-
balceta, que mi parte pidi6 se agregasen a estos autos como una de las
pruebas que le convenia rendir.
5. D. Tiburcio Icazbalceta pretend que esta venta fud nula por parte
del vendedor, porque los acreedores de su difunto padre no tenian el do-
minio de los bienes de este, sino solamente el derecho de hacerlos vender
para pagarse con su product, no pudiendo hacer la venta sin la concur-
rencia del deudor comun: que la venta fue tambien nula por parte del
comprador, porque el Sr. D. Eusebio Garcia era administador depositario
de las haciendas, albacea testamentario de D. Nicolas Icazbalceta y tutor
y curador de sus menores hijos; y finalmente que fud nula la venta por
no haberse hecho con las solemnidades prevenidas para la venta de bienes
de menores y en un precio inferior al imported total del valio; y finalmente
se acoge al remedio de la restitucion in integrum, en el caso de que no
proceda la nulidad alegada, permitiendose ademas hacer multitud de in-
culpaciones tan injuriosas como inconducentes al Sr. D. Eusebio Garcia y
a sus herederos. Desentendi6ndome de estas, pues no las contestar6 sino
con los hechos que manifiestan la falsedad con que se hacen, para dar 6r-
den a la discussion, me propongo demostrar: 1. Que la venta de las ha-






ciendas de Tenango y San Ignacio y ranchos anexos, no fud nula, ni por
parte del vendedor, ni por la del comprador, ni por defecto de solemnida-
des 6 por el precio en que se hizo; como tambien espero demostrar que
no procede el remedio de la restitucion in integrum, y concluir6 ocupan-
dome de las imputaciones que injustamente se hacen al Sr. D. Eusebio Gar-
cia, cuya memorial debiera ser por mil titulos respectable para D. TibUrcio
Icazbalceta.
4. Los acreedores, que son aquellas personas que tienen derecho para
exigir de otro, alguna cosa 6 el cumplimiento de alguna obligacion, si el
deudor se niega al cumplimiento de aquellas cosas que su obligacion le im-
pone, pueden demandarlo en juicio, hasta hacer que se vendan sus bienes,
y reintegrarse de su product, de las sumas que se les deban. Esta facultad
no es mas que una consecuencia del principio general, que dice: que aquel
que contrae una obligacion, obliga todos sus bienes al resultado de su com-
promiso. Principio, no solo de derecho civil, sino del mismo derecho na-
tural, que prescribe la fiel observancia de los pactos y obligaciones, sin
cuya seguridad no se aventurarian los hombres a contratar ni a fiarse los
unos A los otros (Enciclopedia Espafiola de Derecho y Administracion, art.
i Acreedores,) Seccion 1.', tomo 1., pag. 581), y conforme a cuyo prin-
cipio, el primero de los derechos que los acreedores tienen sobre sus deu-
dores, es: el de vender los bienes que les pertenecen para hacerse pago
con el valor que produzcan ibidd, Seccion 9.a, pag. 417). No necesitaban
pues, los acreedores de D. Nicolas Icazbalceta, tener el dominio de los
bienes de este, para venderlos y hacerse pago con su product; y aun la
misma contraria confiesa que tenian el derecho de hacer vender los bie-
nes, pero supone que era indispensable la concurrencia y consentimiento
del deudor.
5. Segun indica la contraria, este consentimiento debe prestarse express
y personalmente por el mismo deudor; pero A ser cierta semejante teoria,
quedaria al arbitrio del deudor el cumplimiento de sus obligaciones, por-
que con solo no dar su consentimiento, nulificaria el derecho que tienen
los acreedores de vender los bienes del deudor para hacerse pago con el
valor que produzcan, pues no habria medio ninguno para obligar al deu-
dor A consentir en la venta, porque la voluntad del hombre no puede ser
violentada de ningun modo, porque en ella consiste precisamente esa cua-
lidad tan noble como peligrosa, que se design con el nombre de libre al-
bedrio. Las leyes no podian admitir el absurdo de que estuviese al arbitrio
del deudor el cumplimiento de sus propias obligaciones, y han provisto de
remedio oportuno, disponiendo que la autoridad judicial supla el consen-
timiento del deudor y a su nombre haga la venta de sus bienes, haciendo
de esta manera practicable el primero de los derechos que los acreedores





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tienen sobre sus deudores, de vender los bienes que les pertenecen para
hacerse pago con el valor que produzcan, derecho que no es mas que una
consecuencia del principio general que dice: que aquel que contrae una obli-
gacion, obliga todos sus bienes al resultado de su compromise.
6. Los acreedores, dice el Illmo. Salgado, nuuca venden los bienes en
su propio nombre, sino en nombre del deudor, principalmente .en el con-
curso de acreedores, en el que no venden ellos mismos los bienes, sino el
juez, en cuyo caso, el acto del juez, practicado A peticion de los acreedo-
res, es acto del deudor, como es muy sabido en derecho: Cum creditors
nunquam vendant bona debitoris nominee suo; sed nominee debiloris, maxima
in colncursu creditorum, quo ipsi bona non vendunt, sed judex.... et in hoc
casu faclum judicis ad inslantiam creditorum est factum debitoris, ad juria
vulgaria (Salgado: Labyrinth. Credit. P. 1, cap. 2, n. 55). En la venta
judicial, se entiende que el deudor es el que vende, y que de l1 adquiere
su derecho el comprador (Olea: De Cess. Jur., lit. 4, quest. 3, n. 17).
Los acreedores de D. NicolAs Icazbalceta, no vendieron por si mismos los
bienes, aunque pudieron hacerlo jure creditorum, tanto mas, que en su ma-
yor parte eran hipotecarios, sino que el juez del Concurso fuW el que hizo
la venta, aprobandola por un auto formal, por el que mand6 tambien se
otorgase a favor del Sr. D. Eusebio Garcia la correspondiente escritura de
venta, por lo que el mismo deudor fun quien hizo la venta, pues el acto
del juez se reputa acto del deudor. No fud por tanto nula la venta por parte
del vendedor, como pretend la contraria, pues los acreedores de D. Ni-
colas Icazbalceta, tenian incuestionablemente el derecho de hacer vender
los bienes que le pertenecian, para hacerse pago con el valor que produ-
jesen, y la venta se hizo con consentimiento del deudor, pues se hizo a su
nombre por el juez, y el acto de Oste se reputa acto del deudor, como es
vulgar en derecho.
7. Tampoco fud nula la venta por parte del comprador: la contraria pre-
tende que lo fud, porque el Sr. D. Eusebio Garcia era acreedor de D. Ni-
colas Icazbalceta, administrator 6 depositario de las haciendas, albacea
testamentario del mismo D. Nicolas, y tutor y curador de sus menores hi-
jos: examinard primero si la circunstancia de ser acreedor y depositario
de las haciendas lo hacia incapaz de comprarlas, y despues me ocupar6 de
si acaso lo era por ser albacea de D. Nicolas Icazbalceta. Siento molestar
la respectable atencion del Tribunal con tener que demostrar puntos tan sa-
bidos en derecho, pero a ello me obliga la contraria que niega 6 pone en
duda las cosas mejor establecidas en jurisprudencia. Una de ellas es, que
un acreedor puede comprar los bienes de su deudor, haci6ndolo publica-
mente, con buena f6e intervention de la autoridad judicial (Olea: De
Cess. Jur. tit. 5, quest. 13, n. 7), porque entonces, como dice Hermo-





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silla (en la ley 52, tit. 5, Part. 5, glosa 7.*, n. 16), el acreedor es repu-
tado como un extrafio: lo que le esta prohibido es comprar la cosa de su
deudor, cuando el mismo acreedor la vende privadamente jure creditors,
porque habria lugar a fraudes y no existiria la distinction entire vendedor
y comprador, cuyos caract4res no pueden concurrir en una sola y misma
persona; pero cuando la venta se hace publicamente y por el juez, ni pue-
de cometerse fraude, y hay distinction entire comprador y vendedor, porque
el acreedor compra como pudiera hacerlo una persona extrafia, y el juez
vende a nombre del dendor y haciendo sus veces.
8. Otro tanto sucede con el administrator de los bienes de un concurso:
cuando en la venta de ellos, que se hace por el juez para hacer con su
product pago i los acreedores, el mismo administrator compra alguna
cosa 6 los bienes del Concurso, cesa la prohibicion del derecho de que los
administradores de bienes ajenos puedan comprarlos, porque entonces los
compran pAblicamente con autorizacion y permiso del juez, lo que no esta
prohibido sino permitido A todos y cualesquiera administradores, A quie-
nes de otra manera se lo prohiben las leyes: Quando in subhastatione, et
distraction bonorum facta a judice concursus, ut ex pecuniis .redactis solvan-
tur creditors, ipse administrator tanquam licitator emit aliquam rem, seu bo-
na concursus, et tune dicendum erit cessare juris prohibitionem, cum judicis
auctoritate, et permission, palam, et bona fide emisse dicatur, quod non est
prohibitum, sed permissum omnibus, et quibuslibet administratoribus, quibus
alias leges resistunt (Salgado: Labyrinth. Credit. P. 1, cap. 15, n. 10).
El Sr. D. Eusebio Garcia compr6 las haciendas de Tenango y San Igna-
cio, con sus ranchos, cuando el juez del Concurso las vendi6 para hacer
con su product pago A los acreedores de D. Nicolhs Icazbalceta, y las
compr6 con autorizacion y permiso del juez, publicamente y con buena fM,
lo que no esta prohibido sino permitido A toda clase de administradores,
pues en tal caso cesa la prohibition de la ley, asi como tambien en seme-
jante caso el acreedor puede comprar los bienes de su deudor, por lo que
el Sr. Garcia pudo legalmente comprar las haciendas, aunque fuese acree-
dor de D. NicolAs Icazbalceta y administrator de los bienes de su Con-
curso.
9. Ademas, debe advertirse que realmente no fud una venta la que se hi-
zo al Sr. D. Eusebio Garcia, sino una adjudicacion en pago: el Sr. Garcia
era acreedor de D. Nicolhs Icazbalceta por la cantidad de $ 253,549 63
centavos, de que no podia ser pagado sino con el product del valor de
las haciendas, las cuales no se habian realizado a pesar de las muchas di-
ligencias practicadas con ese objeto. El Sr. Lic. D. Francisco Molinos del
Campo, sindico del Concurso, decia a los acreedores en junta celebrada
en 17 de Febrero de 1849 (Autos del Concurso, Cuad.0 4.", fs. 95), e que





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((habia practicado las mas exquisitas diligencias para la enajenacion total
((6 parcial de las haciendas, validndose de sus relaciones con personas de
( todas classes, y que ya por las circunstancias 6 ya por la cuantia de las
(fincas, no habia podido lograr compradores, por cuya razon le habia pa-
Srecido initial solicitar almonedas para no gravar al Concurso. ) Mas de
un afio despues, en 23 de Mayo de 1850, la comision de arreglo, com-
puesta de los Sres. Licenciados Esteva, Atristain y Sagaseta, manifestaba
a los acreedores que habia formado various proyectos, que consistian prin-
cipalmente en adjudicaciones parciales de las fincas, pero siempre habia
tropezado con el inconvenient de que siendo tan altos los valores, ningu-
no de los acreedores habia querido recibir una parte de las fincas, para
reconocer el resto de su valor en creditos de los demas acreedores, ni aun
con la baja de la tercera parte de la estimacion de las fincas, por lo que
la comision de arreglo habia Ilegado a career algunas ocasiones que no le era
possible cumplir con su encargo. Durante cuatro afos no habia sido pues
possible, enajenar las haciendas, a pesar de las exquisitas diligencias prac-
ticadas para conseguirlo, y en tal estado, cualquiera de los acreedores te-
nia el derecho de que se le adjudicasen en pago por las dos terceras par-
tes de su valor, y el Sr. Garcia, como acreedor, y el principal de todos
los que componian el Concurso, tenia tambien ese derecho, aunque fuese
administrator 6 depositario de las haciendas, porque a nadie debe ser da-
foso su oficio: si tenia el derecho de pedir la adjudicacion en pago, no
podia haber obstaculo para que las comprase en los mismos t6rminos en
que debia hacrsele la adjudicacion; y como recibi6 las fincas para hacer-
se pago de su propio credito y satisfacer los de los otros acreedores, se
sigue que mas bien que una venta, se le hizo una adjudicacion en pago,
como se podia haber hecho a cualquiera otro acreedor.
10. No era el Sr. D. Eusebio Garcia la persona mas impedida para com-
prar las haciendas, como dice la contraria, por ser acreedor de D. Nico-
lis Icazbalceta y administrator 6 depositario de los bienes concursados, y
tampoco lo era porque dicho seiior al morir, un afio despues de formado
el Concurso, lo hubiese nombrado su albacea y tutor y curador de sus
menores hijos. La ley (1.a tit. 12, lib. 10, Nov. Recop.) prohibe i los
cabezaleros 6 guards de hudrfanos, el comprar ninguna cosa de sus bie-
nes de aquel 6 aquellos que administraren,. para evitar el fraude que en
esto pudiera cometerse; y como cuando cesa la razon de la ley cesa tam-
bien su disposicion, tales personas pueden comprar los bienes que adminis-
tran, cuando lo hacen de nianera que no sea possible ningun fraude, como
se infiere rectamente de una ley de Partida (1. 62, tit. 18, Part. 3.a). Esto
sucede precisamente cuando el albacea compra bienes del difunto publica-
mente, con buena fM y autorizacion judicial (Olea: De Cess. Jur. tit 5,






quest. 13, nim. 7: Hermosilla, en la ley 52, tit. 5, Part. 5.", glosa 7.",
n. 16), porque la ley recopilada no se refiere i este caso: Ex superioribus, idem
in exequutoribus testamentariis probandum venit, scilicet ut hi non obstante
dicta lex Recopilationis, palam et bona fide auctoritate judicis, vel exequuto-
ris, emere possint rem sui defunct, quia non loquitur dicta lex Recopilatio-
nis in hoe casu (Gutierrez: De Tutellis, P. 2, cap. 15, n. 22). Creo in4-
til recorder que la doctrine puntual de un escritor, hace cesar todos los
arguments sacados de principios generals de derecho, y ya temo moles-
tar al Tribunal con la frecuente repeticion de que el Sr. D. Eusebio Gar-
cia compr6 las haciendas plblicamente, con autorizacion del juez, y con
buena f6, porque la tiene todo el que compra de esa manera.
11. Con esas circunstancias puede tambien el tutor 6 curador comprar
las cosas del hu6rfano que tenia en guard. Estd prohibido al testamenta-
rio 6 curador comprar privadamente los bienes de albaceazgo y curaduria
(Febrero de Pascua, tom.-5.o, pig. 267, n. 36), pero no le esta prohi-
bido comprarlos publicamente y con autorizacion del juez (Olea: De Cess.
Jur. tit. 5, quest. 13, n. 7: Hermosilla: en la ley 52, tit. 5, Part. 5.a:
Gutierrez: De Tutellis et Curis, P. 2, cap. 15), y esto se funda respec-
to de los tutores y curadores en una ley expresa (1. 4, tit. 5, Part. 5.)
que les prohibe comprar las cosas del hu6rfano, ( fueras ende si lo ficiesse
S(con otorgamiento del Juez del logar, o de alguno otro que lo oviesse
( otrosi en guard, tambien como 61. ) Esta ley para la validez de la ven-
ta, exige disyuntivamente, que se haga con autorizacion del juez 6 del
contutor i otro curador, y no ha sido derogada 6 corregida por la ley Re-
copilada en que se apoya la contraria, porque en los dos casos de que habla
la de Partida, el guardador del hu6rfano compra como si fuera un extrafio,
puesto que compra autorizando el acto el juez 6 el contutor, y no debe
ser de peor condition que un extrafio, pues a nadie debe serle dafioso su
oficio (Gutierrez: De Juram. confirm., P. 1, cap. 40, n. 2).
12. La ley Recopilada que prohibe a los administradores, bajo cierta
pena, comprar oculta 6 pAblicamente cosas de sus menores, no deroga 6
corrige a la de Partida (Olea y Hermosilla en los lugares citados arriba:
Gregorio L6pez en la ley 4, tit. 5, Part. 5, glosa 10."), porque no ha-
bla de los dos casos de que esta trata, sino del de en que el tutor que
compra la cosa de su menor, autorice 61 mismo el contrato, lo que podia
hacer por el derecho comun, comprando publicamente y con buena fd, y
esto es lo que corrige la ley Recopilada. Se comprueba que la ley Reco-
pilada habla solamente del caso en que el tutor que compra autorice 61
mismo el acto, el que dice que compare bienes ( de aquel 6 aquellos que
o administraren, ) porque estas palabras indican que uno solo admiTistra-
ba y l1 mismo compraba, y no consta que el menor tuviese otro i otros





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adminiistradores, ni tampoco que able del caso en que intervenga en la
venta la autoridad judicial (Gutierrez: De Juram. confirm. P. 1, cap. 40,
n. 2); y asi es que ambas leyes hablan de casos diversos, siendo de notar
que la de Partida no require que concurran simultaneamente las dos cir-
cunstancias de la autorizacion del juez e intervention del contutor, sino
que basta para la validez de la venta, el que intervenga una sola de esas dos
circunstancias (Gutierrez: De Tutellis et Curis, P. 2, cap. 13, n. 15). Estd
prohibido al curador contratar con su pupilo, porque dos personas, actor
y reo, y dos calidades contrarias, accion y passion, no pueden concurrir
en un sugeto, y tambien se daria occasion de fraudes y usurpaciones de la
hacienda del menor; pero esto se podria permitir siendo util al menor, e
interviniendo a la tal contratacion conocimiento de causa y decreto judi-
cial (Bobadilla: Politica Indiana, lib. 3, cap. 8, n. 89).
13. El Sr. D. Eusebio Garcia compr6 las haciendas publicamente y con
aprobacion judicial, por lo que la compra fu6 vAlida, aunque fuese tutor de
los menores hijos de D. NicolAs Icazbalceta, y aun suponiendo que las fin-
cas fuesen bienes de dichos menores, lo que es un supuesto enteramente
falso. En 1846 se form el Concurso necesario, pasando a su poder las
mencionadas haciendas, por ser bienes de D. Nicolas Icazbalceta, quien fa-
lleci6 un afio despues, dejando por herederos a sus tres hijos. La herencia
se distingue de los bienes: herencia es el derecho de succeder 6 otro, y
bienes son todo lo que resta despues de pagadas las deudas: Bona intel-
liguntur cujusque, que deduct cere alieno supersunt (L. 39, D. De verbo-
rum significatione): de consiguiente el Sr. Icazhalceta al morir no dej6 mas
bienes que el residuo que quedase despues de pagados todos sus acreedores,
como el mismo lo express en su testamento que corre en autos, declarando
por sus bienes ((lo que pudiera resultar del Concurso que se le habia for-
mado. ) Sus hijos no tenian derecho a succeder sino en el sobrante que
pudiera resultar del Concurso; y cuando se hizo la venta de las haciendas,
estaba yacente la herencia del Sr. Icazbalceta, porque sus herederos no
habian entrado ni aun era possible que entrasen en ella, puesto que no se
sabia si llegaria 6 no a haber bienes que heredar, ni se habia hecho la par-
ticion entire los herederos. La herencia yacente, represent la persona del
difunto en todo lo que es de derecho: Nondun adita hcereditas personae vi-
cem sustinet, non hceredis futuri, sed defunct (Instituta Justiniani, lib. 2,
tit. 14, parr. 2) y no pertenece a nadie, nullius in bonis est, ni en cuanto
a la propiedad, ni en cuanto a ]a posesion. (Escriche: Diccion. de Legisl.
verbo ( Herencia )),
14. La herencia de D. Nicolas Icazbalceta estaba yacente cuando se ven-
dieron las haciendas, por lo que representaba la persona del difunto (Tusco:
letra H, concl 21, n. 2), y las fincas no eran de los menores, sino del





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caudal yacente, por no haberse verificado la division, por lo que la cali-
dad de tutor de los menores, no inhabilitaba al Sr. D. Eusebio Garcia para
comprar las haciendas, porque ellas no eran bienes de sus menores. Se
me dirA acaso que los herederos del Sr. Icazbalceta eran sus propios hijos,
que siendo de aquella clase de herederos, que los romanos llamaban sui
heeredes, no dan lugar 6 que la herencia este yacente; pero contestard que
los herederos de esa especie, por el beneficio de abstenerse de la herencia
que se les concedi6 por derecho pretorio, quedaron igualados i los hijos
emancipados, por lo que la herencia puede estar yacente aun cuando haya
herederos de la especie indicada (Ant. Gomez: Var. Resolut. lib. 1, cap. 9,
n. 17: Gutierrez: in Repetit. de htered. quality. et diff. par. Sui, n. 99:
Tusco: letra H, concl. 21, n. 12). Queda pues demostrado que la venta de
las haciendas de Tenango y San Ignacio, no fu6 nula tampoco por parte del
comprador: veamos ahora si acaso lo fue por defecto de solemnidades 6 por
el precio en que se hizo.
15. Segun D. Tiburcio Icazbalceta, la enajenacion de las haciendas de-
bi6 hacerse en almoneda piblica y previo informed de utilidad, producido
por dos letrados, por tratarse de bienes raices de menores. Falta la base
de la objecion de la contraria, porque supone que las haciendas eran de
los menores, siendo asi que como he demostrado antes, eran aun del caudal
yacente, por no haberse verificado la division de la herencia. Este punto
se promovi6 en la junta en que se acord6 la venta de las haciendas, y se
resolvi6 en este mismo sentido por el auto de 1 de Octubre de 4850, que
aprob6 la venta. En el mismo sentido se ha resuelto tambien en otros casos
semejantes: en el antiguo juzgado So de lo civil se siguieron autos en los
que, entire otras cosas, se sostenia que era nula cierta enajenacion, porque
se habia hecho sin los requisitos acostumbrados en la venta de bienes de
menores, y lo eran los herederos interesados en la testamentaria a que per-
tenecia la cosa vendida; y un juez tan respectable como el Sr. Lic. D. Tdo-
filo Marin, fall, que el contrato en question pudo verificarse sin decreto
judicial y sin los otros requisites que se extraiiaban, pues no constaba que
la cosa enajenada fuese de menores, y aun antes bien parecia que aun era
del caudal yacente, por no haberse verificado la division (Gaceta de los
Tribunales, tom. 2, piginas 229 A 234). Los acreedores de D. Nicolis
Icazbalceta, tenian el derecho de que se vendiesen los bienes de este para
hacerse pago con su product, sin que precediese i la venta informed de
utilidad ii otro requisite ; y el que fuesen menores los herederos del Sr.
Icazbalceta no podia perjudicar aquel derecho: cetas debitoris ha'reditarii
non debet infringerejus creditors (Graciano: Discept. for., cap. 182, n. 34),
y sin embargo vemos que precedi6 i la venta informed de dos letrados, y
tan respetables como los Sres. Atristain y Sagaseta.





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16. Pero aun cuando las haciendas hubiesen sido bienes de menores, su
enajenacion no seria nula por la omision de los informes de utilidad: c(no
((hay ley ninguna que prevenga tal requisito, pues como todo el mundo
( sabe, la ley autoriza al juez para que haga la calificacion de que es ne-
((cesaria la venta de algunos bienes pertenecientes a menores, y que si
( alguna vez conviene, que se omita la formalidad de que se haga en asta
( public. Si en estos casos ha introducido la prActica que se oiga el in-
( forme de los letrados, ha sido unicamente para asegurar al juez su jui-
( cio, y departir en cierto modo su responsabilidad, prActica laudable si
((se quiere, pero que su omision, no puede invalidar los actos de su cla-
ir se. ) Por estas s6lidas razones, los tribunales, no una sino varias oca-
siones, han declarado vAlidas las ventas de bienes de menores, hechas
fuera de almoneda pAblica y sin previo informed de utilidad, y estas deci-
siones han causado ejecutoria (Gaceta delos Tribunales, tom. 1, pag. 606:
Anales del Foro mexicano, tom. 4 pag. 197). No eran necesarios para la
venta de las haciendas de Tenango y San Ignacio, los requisitos acostum-
brados en la enajenacion de bienes raices de menores, y aun cuando hu-
bieran sido necesarios, su omision no podria hacer nula la venta: tampoco
lo es por razon del precio en que se hizo.
17. Dos son los fundamentos que alega D. Tiburcio Icazbalceta para sos-
tener que fud bajo el precio en que se vendieron las haciendas: el uno, que
cuando se asignaron alimentos al Sr. D. Nicolas Icazbalceta, y cuando el
mismo Sr. D. Eusebio Garcia sostuvo que debian continuarse A sus hijos,
se dijo que resultaba A su favor un sobrante considerable del valor de las
haciendas, comparado con el imported de los creditos pasivos: el otro fun-
damento es el valio formado por D. Hermenegildo Felid. Salta A la vista
lo d6bil del primero de estos fundamentos. Por razon de humanidad y para
premier en cierto modo la buena fM del concursado 6 quebrado, que pre-
senta su active y pasivo sin ocultacion ni fraude, se les suele asignar una
pension alimenticia, proporcionada al haber que result del balance gene-
ral, 6 masa de bienes (Enciclopedia Espafiola de Derecho y Administracion,
art. ((Alimentos, ) tom. 2o pag. 536): esto fud lo que se hizo con D. Ni-
colas Icazbalceta; comparado el valor que se habia dado a las haciendas
con el imported de los cr6ditos pasivos, resultaba un sobrante a su favor, y
como no era fraudulent su quiebra, se le asignaron alimentos mientras se
substanciaba el concurso, cuya terminacion pusiese de manifesto, si aquel
sobrante solo era aparente, como lo fud, 6 real y positive. De que se di-
jese que en el balance del active y pasivo, presentados por el mismo D. Ni-
colAs Icazbalceta, resultaba un sobrante a su favor, no s6 c6mo pueda in-
ferirse que las haciendas valian verdaderamente la cantidad en que habian
sido estimadas, y que no podian venderse en menor precio.





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18. Igualmente ddbil es el otro fundamento de la contraria, sacado del
val6o. hecho por Felii: D. Tiburcio Icazbalceta asegura que las operacio-
nes y cAlculos del perito Felii, estuvieron limitados A los mezquinos datos
que el mismo Sr. D. Eusebio Garcia quiso proporcionarle; y en la infor-
macion que promovi6 antes de entablar la demand, el mencionado Felii
declar6 de conformidad con lo que dice la contraria. A ser cierto esto, la
prueba es contraproducentem, porque si el perito hizo el valho como dice,
sin tener los datos necesarios, y no valu6 todos los terrenos por su much
extension y falta de datos, es evidence que no merece credito ninguno se-
mejante valfo, y que la contraria no tiene razon para considerarlo como
la verdadera estimacion de las haciendas. El perito Feliu, segun su propia
declaracion, falt6 i sus mas importantes deberes, y 1l y D. Tiburcio Icaz-
balceta faltan a la verdad cuando dicen que Felii tuvo que estar a los
mezquinos datos que le proporcion6 el mismo Sr. Garcia: las instrucciones
para el valio fueron dadas a Felii por el Sr. Garcia y por el Sr. Lic.
D. Francisco Molinos del Campo, sindico del Concurso de D. Nicolas Icaz-
balceta (Autos del Concurso, Cuad.0 12, fs. 6); y tan lejos estuvo el Sr.
Garcia de no dar los datos necesarios, que franque6 a Felif para mayor
instruction, los inventarios de las haciendas hechos en 1807 por D. Se-
bastian de Musitu, albacea del padre del deudor comun (Autos del Con-
curso, Cuad.0 11, fs. 16).
19. ZY no dice el mismo D. Tiburcio Icazbalceta en el interrogatorio
hecho A Felii, que al desempeiiar su encargo no tuvo mas datos que los
que el Sr. Garcia y sus dependientes le ministraron espontineamente? Sin
duda que la contraria no ignora el significado del adverhio con que terminal
su pregunta, y por cierto que es injusta la inculpacion de no haber dado
los datos necesarios una persona que los suministr6 voluntariamente y de
propio movimiento. Si Feliii necesitaba mas datos, por qu6 no los pidi6?
ZY no es original la inculpacion de que Feliui no pudo obtener datos cien-
tificos? La ciencia debe residir en el perito, y no debe comunicarsela la
persona que lo ocupa, ni ella es quien debe practicar las operaciones con-
venientes para obtener los datos cientificos para la medicion 6 valuo de una
hacienda. Son, pues, injustas y falsas las imputaciones que se hacen al Sr.
D. Eusebio Garcia, de no haber dado los datos necesarios para hacer el
valuo, pues aun los di6 espontineamente, segun dice el mismo D. TiburcioG
Icazbalceta.
20. Es tambien also que los valios formados por Felii, lejos de ser altos
fueron bajos: los mismos acreedores de D. Nicolas Icazbalceta, que eran
las personas mas interesadas en que tuvieran gran valor las haciendas, los
reputaron siempre altos y exagerados, ,por lo que ninguno de los acreedo-
res quiso nunca admitir la adjudicacion total 6 parcial de las fincas, segun





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inform la comision de arreglo en la junta de 23 de Mayo de 1830. El
mismo Feliu que ahora ha declarado que los valios lejos de ser altos fue-
ron bajos, dijo lo contrario al calce de los mismos valfos, que corren en
estos autos, pues en ellos dice a Que llama particularmente la atencion el
crecido valor de las tierras, ) y da la razon mas absurda que puede imagi-
narse para haberles asignado un valor tan crecido que habia de Ilamar par-
ticularmente la atencion. Dice que les ha dado ese valor, porque se han
reunido las tierras de varias haciendas, y aunque se hayan destruido los
edificios, no por eso ha disminuido el valor de las tierras, que l1 computa
como si todas se sembrasen de maiz, asi como hace la estimacion del monte,
en el concept de que puede mantener muchos ganados, como los tenia el
afio de 1806. Con este modo de discurrir, precisamente habia de salir muy
exagerado el valuo: cree el perito que las tierras eriazas tienen el mismo
valor que aquellas en que se halla establecida una hacienda con todos los
aperos necesarios para su explotacion: en un pais en que no hay el nd-
mero de brazos, ni el consume necesario, para que se cultiven todas las
tierras, las estima por lo que valdrian si todas esttvieran fructificando, por
mas impossible que esto sea, y aprecia los montes en el concept de que
estuviesen tan poblados de ganado, como lo estaban en 1806, aunque en
1849, que fu6 cuando se hizo el val6o, se encontrasen casi desiertos.
21. Pero aun cuando el valuo hecho por Felii no fuese exagerado, si-
no que presentase el just valor de las haciendas, no seria nula la venta
por razon del precio en que se hizo. D. Tiburcio Icazbalceta asienta con
falsedad que la venta de las haciendas se hizo en much menos de las dos
terceras parties del precio: basta una simple operation aritmitica para co-
nocer que no se hizo en menos sino en mas de las dos terceras parties del
precio, como consta en la acta de la junta de 23 de Mayo de 1850, y se
dice tambien en el auto de 1. de Octubre siguiente, en el que se expresa
que la venta era ventajosa hasta el punto de que el precio excedia de las
dos terceras parties del valuo: aun cuando no fuese asi, seria precise que
el precio fuese menor que la mitad del valor de las haciendas, para que se
pudiese intentar legalmente alguna cosa por causa del precio, contra la
venta hecha al Sr. D. Eusebio Garcia: la ley 2, tit. 1, lib. 10 de la Nov.
Recop. que dispone lo mismo que la 56, tit. 5, Part. 5.a, exige para ello
que la lesion sea en mas o menos de la mitad del just precio, y no siendo
asi, no hay lugar a recurso alguno (Murillo: lib. 3, tit. 17, n. 157: Her-
mosilla en la ley 56, tit. 5, P. 5, glosa 4, n. 1), y lo confirm una ley
de Partida (ley 16, tit. 11, Part. 4.a) que dispone que cuando se da apre-
ciada la dote, y la apreciacion es en mas 6 menos de lo que valia, debe
deshacerse el engafio, y agrega, que esto debe ser guardado en la dote
tan solamente. ((Mas esto non es en los otros pleytos. Ca non es tenudo





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< de desfazer el engaiio el que lo ficiesse; fueras ende, si montasse mas, o
( menos, dotro tanto del precio derecho que valia la cosa. )
22. La venta de las haciendas se hizo en much mas de la mitad de lo
que se supone su just precio, por lo que el vendedor nada puede pro-
mover contra tal venta; y aun cuando se hubiese hecho en menos de la
mitad del just precio, no por eso podria decir de nulidad de la venta,
sino inicamente pedir la revision del contrato, 6 que el comprador se pu-
siese al nivel del just precio, quedando al arbitrio del mismo comprador
elegir de estos dos extremes de la disyuntiva el que mas le conviniese. Ha-
biendo demostrado que la venta de las haciendas de Tenango y San Igna-
cio no fud nula, ni por parte del vendedor ni por la del comprador, no
por defecto de solemnidades 6 por razon del precio, paso a demostrar que
no procede tampoco el remedio de la restitucion in integrum.
23. Para conseguir el menor la restitucion, ha de probar dos cosas: 1.a
Que es menor: 2.a Que ha recibido dafio por su inexperiencia, por culpa
del tutor 6 curador 6 por engafio de otro, asi en los actos judiciales como
en los extrajudiciales, de cualquiera naturaleza que sean (Febrero Mexi-
cano, tom. 1., pig. 135, n. 2). D. Tiburcio Icazbalceta ha probado que
era menor cuando se vendieron las haciendas, pero no ha probado el da-
iio que se le haya seguido de tal venta, y menos que lo haya sufrido por
su inexperiencia 6 por engaiio de otro: se vendieron para pagar las deu-
das de D. NicolAs Icazbalceta, padre de D. Tiburcio, que es una de las
razones porque pueden venderse los bienes raices de un menor, conforme
a la ley (18, tit. 16, Part. 4."'), que despues de prevenir que el guarda-
dor no debe enajenar ninguna de las cosas del huerfano, que sea raiz, agre-
ga: ( Fueras ende, si lo ficiere alguno por pagar las debdas que oviesse
((dexado el padre del hudrfano. ) Esto es tan evidence, que ni el mismo
D. Tiburcio Icazbalceta se atreve a sostener que el dafio que supone ha
sufrido, proceda de haberse vendido las haciendas, sino del precio en que se
hizo la venta: este punto lo he tratado antes largamente, y he demostrado
cuin dMbiles son los fundamentos en que se apoya la contraria; ella debia
haber probado plenamente el dafio que supone haber sufrido, porque cuan-
do se pide la restitucion contra un contrato, se exige prueba plena del da-
iio, porque se trata de un grave perjuicio de tercero, a diferencia de cuan-
do se pide restitucion del lapso del tiempo; y aun cuando sea menor de
edad quien pide la restitucion, debe probar la lesion, porque no hay lu-
gar a restitucion para adquirir lucro con dafio de otro: Qualis probation re-
quiratur in hoc secundo requisite (damnus) dicas, quod si restitutio petitur
adversus contracts, requiritur plena probation, quia tune agitur de pleno prwe-
judicio; secus si peteretur adversus lapsum temporis. Amplia quia Icesio de-
bet probari, etiam si minor petat restitui, quia ad capiendum lucrum cum
3




18
damno alterius non datur restitutio (Tusco: letra R., concl. 286, n. 29, 30).
24. En el tirmino probatorio, ni aun siquiera promovi6 D. Tiburcio
Icazbalceta alguna cosa que tuviese por objeto probar que habia sufrido
daio por razon del precio en que se vendieron las haciendas; de suerte
que en ese punto su pretension descansa Anicamente en lo alegado en su
demand, esto es, en que se asignaron alimentos al senior su padre, por-
que cuando se form el Concurso aparecia que el active excedia al pasivo;
y en el valdo formado por D. Hermenegildo Feliu, sobre lo cual he ha-
blado ya antes y manifestado que de ninguna manera prueba lo que pre-
tende la contraria. Ella debia haber probado una de dos cosas: 6 que las
haciendas valian mas del double del precio en que fueron vendidas, 6 que
en aquella sazon habia persona que diera por ellas mayor precio que el
que pag6 el Sr. D. Eusebio Garcia. No solamente no ha probado esto, sino
que en los autos aparece probado lo contrario: ya hemos visto los errors
en que incurri6 Feli6, y que le hicieron former un valio tan exagerado, que
fdl un obstAculo para que se pudiesen vender las fincas y aun para que los
mismos acreedores admitiesen su adjudicacion total 6 parcial: tambien he-
mos visto que el Sr. Lic. Molinos del Campo, despues de tres afios de
formado el Concurso, no habia podido lograr compradores, a pesar de ha-
ber practicado las mas exquisitas diligencias para la enajenacion total 6
parcial de las haciendas, validndose al efecto de sus relaciones con perso-
nas de todas classes; y que la comision de arreglo lleg6 algunas ocasiones
A career que era impossible cumplir con su encargo, porque siendo tan altos
los valuos, ninguno de los acreedores quefia recibir una part de las fin-
cas, ni aun con la baja de la tercera parte de su estimacion. No pudo, pues,
ser mas acertada la aplicacion que el juez del Concurso hizo de la ley 6.a,
tit. 27, Part. 3.a, otorgando la cosa A uno de los acreedores cpor tanto
quanto entendi6 que valia la cosa.
23. Tampoco basta para probar el dafio, el que las haciendas no hu-
biesen sido enajenadas en almoneda piblica, porque ni las fincas eran del
patrimonio de los menores, sino que estaban todavia en el caudal yacente,
por lo que no era necesario ese requisite, ni aun cuando las fincas hubie-
ran sido de los menores, la omision de la almoneda anularia la venta, se-
gun he demostrado antes, ni seria bastante para probar el daiio. ( Cuando
(la enajenacion (de bienes raices de menores) tiene lugar para pagar a los
q acreedores, debe hacerse en piblica subasta de treinta dias; y si el me-
((nor prueba que por no haberse subastado padeci6 lesion, 6 hay alguno
o que ofrezca mayor precio por la cosa vendida, se le concederd la resti-
*< tucion para que se vuelva a vender (Escriche: Dicc. de Legisl. art. ((Me.
g nor, ) pirr. 6). )) La contraria no ha probado que padeci6 lesion por no
haherse subastado las haciendas, ni que hubiese en aquella dpoca otra per-






sona que ofreciese por ellas mayor precio; de manera que ni ha probado
el daiio, ni tampoco que este le viniese por su inexperiencia 6 por enga-
fio de otro, lo que tambien debia probar para que hubiese lugar A la res-
titucion.
26. Cuando se hace una venta con aprobacion judicial, previo conoci-
miento de causa, no existe sospecha alguna de dolo, miedo 6 culpa, por
lo que a quien dice lo contrario, le toca probarlo (Graciano: Discept.
For. cap. 555, n.s0 15 y 16): con esas formalidades se celebr6 la venta de
las haciendas de Tenango y San Ignacio, por lo que no puede sospecharse
que interviniese dolo 6 culpa, y a D. Tiburcio Icazbalceta, que dice que
hubo enganio, tocaba probarlo, y no lo ha probado, porque no son prue-
bas sus groseros insultos, sus falsas apreciaciones, sus cuentas alegres y
sus juicios malignos y temerarios. Hace consistir el dafio en que el precio
de las haciendas no dej6 un sobrante A favor de los hijos de D. NicolAs
Icazbalceta: Zacaso procedi6 esto de culpa 6 engafio de alguno? Procedi6
de que las deudas eran tantas, que A pesar de haberse vendido las hacien-
das en mas de las dos terceras parties del valio, su product no alcanz6 ni
aun para pagar a todos los acreedores, pues los valistas perdieron el ochen-
ta y cinco por ciento de sus creditos. Si puede atribuirse A culpa de alguno
el que las deudas superasen al valor de los bienes, se deberd atribuir al se-
fior padre de D. Tiburcio, que fu6 quien contrajo aquellas, y que lo sabia
tan bien, que en su testamento no declar6 por sus bienes sino lo que pudiera
resultar del Concurso que se le habia formado: si cuando se vendieron las
haciendas, hubiera vivido todavia D. Nicolas Icazbalceta, se habrian vendi-
do de la misma manera que se vendieron, porque no habia el mas leve fun-
damento legal para que se opusiese A la venta, y este es un nuevo motive
para que no proceda la restitucion, porque no hay lugar A ella, cuando lo
que acontece A un menor habria sucedido tambien a un mayor de edad, que
no habria podido evitarlo; por lo que no puede decirse que el menor su-
fri6 el dafio por su inexperiencia 6 por engafio de otro: Restitutio minori
non datur, quando id quod contigit minori, contigisset etiam major, quia nul-
lus ratione majors (etatis potuisset aliter obviare, et istud est quod non potest
dici sui facilitate, neque dolo alterius deceptus (Tusco: letra R. concl. 284,
n.0 402). //"
27. He demostrado que no procede la restitucion pedida por D. Niee-
1~a Icazbalceta, ni aun en el supuesto enteramente falso de que las hacien-
das de Tenango y San Ignacio hubieran sido bienes de los menores: con
much mayor razon no procede, cuando las fincas no estaban en el patri-
monio de ellos, sino en el caudal yacente, y solamente tenian derecho al
sobrante, si lo habia, del precio en que se vendiesen. La restituci6n in in-
tegrum tiene lugar cuando sufre daiio el menor; y no lo sufre cuando no





20
pierde nada propio y ya adquirido, sino que solamente se le aparta de un
lucro 6 del derecho de adquirir: Illa (restitutio) non datur sine cesione,
nulla que lesio aderat, dum nihil amittebatur de qucesito et proprio, sed so-
lum arcebatur ab assequutione lucri ac a jure qucrendo (Luca: De Fideico-
missis, disc. 155, n. 9): por una razon aniloga no estin comprendidos en
la prohibicion impuesta al guardador de enajenar los bienes del hu6rfano,
los bienes que le correspondan por alguna herencia, que no haya acep-
tado todavia, y que por ese motive no estan aiin en su dominion, por lo
cual no procede respect de ellos la restitution, y se corrobora lo que he
dicho de no haber sido necesarias para la venta de las haciendas, las so-
lemnidades requeridas para la enajenacion de bienes de menores. Obser-
vandum est primb, prohibitionem alienationis bonorum inmobilium, vel quasi,
minorum, absque judicis decreto a tutoribus et curatorirus factam, ad ea dun-
taxat bona pertinere, quce sunt in patrimonio ac dominion ipsorum minorum,
quibus jura, ob magnum ac notable prwjudicium, quod ex hujusmodi bonorum
distraction, vel etiam sola obligation (per quam ad illa pervenitur) illis ir-
rogaretur, prospicere voluerunt.... et ideo sub ea prohibition minime com-
prehendi bona, ad pupillos ex hcereditate ipsis delata expectantia, intra tem-
pus eis ad deliberandum de illa adeunda concessum, quia interim illa bona
non sunt in eorum dominio, quod sola hcereditatis aditione quceritur (Vela:
Disert. 5, n. 38 y 59).
28. Se ve, pues, que no procede la restitucion pedida por D. Tiburcio
Icazbalceta, bajo cualquier aspect que se consider, y tampoco precede
porque la contraria ha olvidado Ilenar una condition esencial. Un menor,
para acogerse al remedio de la restitution y vindicar la cosa enajenada,
debe comenzar por devolver el precio invertido en utilidad de 61 mismo,
y de otra suerte se desecha su pretension: Minor vindicando alienata re-
pellitur, si pretium in ejus utilitatem versum non restituit (Hermosilla: in 1. 9,
tit. 2, Part. 5, glosa 5 et 4, n. 58). El precio de las haciendas de Te-
nango y San Ignacio se invirti6 en un objeto tan necesario, que es una de
las causes porque el curador puede, segun la ley, vender los bienes de su
menor, pues se invirti6 en pagar las deudas del padre de los menores, y
por lo mismo, D. Tiburcio Icazbalceta no puede pedir la restitucion, sino
comenzando por restituir el precio de las'haciendas, y no solamente debe
restituir el precio, sino tambien las expenses fitiles y necesarias hechas por
el comprador, y la estimacion de su trabajo personal y de las mejoras he-
chas en las fincas. Minor lesus in venditione, si restituatur, debet reddere
non solum pretium emptionis, quatenus in ejus utilitatem est versum; sed
etiam expenses necessarias et utiles bona fide ab emptore factas, cum laboris
cestimatione, et melioramenta (Murillo: lib. 1, tit. 41, n. 394). D. Tibur-
cio Icazbalceta pide ser restituido contra la venta de las haciendas, pero







no comienza por devolver el precio que el Sr. D. Eusebio Garcia pag6 por
ellas, y que D. Tiburcio tendria que devolver, aun cuando hubiese razon,
que no la hay, para declarar nula aquella venta.
29. En la junta de 23 de Mayo de 1850, los menores hijos de D. Ni-
colas Icazbalceta fueron representados por el Sr. Lie. D. Leandro Estrada,
que a pedimento de D. Tiburcio ha declarado (Prueba de la contraria, fo-
jas 5) que nunca tuvo el cargo de curador de dichos menores: ha sido una
prActica constant en nuestro foro, la de que en las juntas judiciales los
abogados sean considerados como representantes de sus clients, aunque
no sean sus apoderados, como sucede tambien en los tribunales superio-
res, pues las confesiones que hace el abogado en un informed a la vista, se
reputan confesiones del mismo interesado y se atribuye a este lo que aquel
dice. Ademas, el juez del Concurso, que tenia la facultad de nombrar a los
menores Icazbalceta, un curador ad litem que los representase en dicha
junta, admiti6 al Lic. Estrada con ese carActer, lo que bastaba para que
lo tuviese en un acto en que no se iba a decidir ningun asunto propio y
peculiar de los menores, pues en el Concurso formado a su padre, no eran
mas que acreedores, y esto para el caso de que sobrase algo del precio
de las haciendas, despues de pagadas las deudas, inico caso en que habria
bienes que pudieran heredar, y como tales acreedores tenian que pasar
por lo que acordase la mayoria, por lo que el Lic. Estrada obr6 cuerda-
mente no oponi6ndose a la venta de las haciendas, pues ni habia funda-
mento legal para ello, ni habria sido atendida su oposicion, cuando todos
los demas acreedores aprobaban uninimemente la venta. En cuanto a que
no tenia instrucciones, el Sr. Estrada era quien debia tomarlas, una vez
admitido el encargo de representar a los menores, y si no lo hizo, l6, y
no el Sr. D. Eusebio Garcia, fud quien procedi6 mal. Por lo demas, pa-
ra la validez de la venta de las haciendas, bastaba el acuerdo de la mayo-
ria de los acreedores y la aprobacion judicial; y aun reputando malamente
las fincas como bienes de los menores, para que su tutor 6 curador las pu-
diese comprar legalmente, no era necesaria la intervention de otro guar-
dador, porque la ley (4, tit. 5, Part. 5.f) exige para ello disyuntivamen-
te el otorgamiento del Juez del logar, 6 de alguno otro que lo oviesse
otrosi en guard, tambien como 6l, por lo que bastaba la aprobacion ju-
dicial que recay6 A la compra.
50. D. Tiburcio Icazbalceta alega tambien que la sefiora su madre D." Jua-
na Garcia Arcos, cuando contrajo matrimonio con D. Nicolas Icazbalceta,
llev6 de dote ocho mil y tantos pesos, que no se tomaron en consideration
en el Concurso: sera cierto ese credito, aunque no consta mas que por la
lista del pasivo presentada por el deudor comun, y no se prob6 como se
exige en derecho, i pesar de que D. NicolAs Icazbalceta, que era quien





22
debi6 hacerlo, sobrevivi6 un ahio A la formacion del Concurso. Pero aun
cuando fuese cierto tal cr4dito y por su naturaleza sea preferente i los de
los otros acreedores que ya fueron pagados, seria question que D. Tibur-
cio tendria que ventilar con dichos acreedores, disputindoles la preferencia
y exigi6ndoles la devolucion de lo que recibieron indebidamente; pero esa
question en nada afecta a la venta de las haciendas, ni el comprador tiene
responsabilidad ninguna por esa causa, pues hizo la compra judicialmente
en un Concurso, y quien compra de esa suerte, no tiene mas obligacion
que pagar el precio en los tirminos convenidos, y si despues aparece otro
acreedor, aun cuando sea hipotecario especial de la finca vendida, nada
puede exigir al comprador, y solamente tiene su derecho a salvo contra los
otros acreedores menos privilegiados que l6 y que estin ya pagados (Olea:
De Cess. Jur., tit. 4, quest. 2, n. 29). El Sr. D. Eusebio Garcia com-
pr6 las haciendas en venta judicial hecha en concurso de acreedores, ha
pagado el precio, y lo ha pagado en virtud de libramientos expedidos por
el juez, por lo que los herederos de D." Juana Garcia Arcos, nada pueden
reclamar a los sucesores del Sr. D. Eusebio Garcia.
51. Igualmente inconducente es la alegacion de que nunca lleg6 a prac-
ticarse la legitimacion y liquidacion de los creditos, y que los acreedores
no justificaron nunca que lo eran: nada tiene esto que ver con la venta de
las haciendas, porque se hizo con intervention de la autoridad judicial, y
el comprador no tenia que calificar los creditos, sino simplemente pagar
los libramientos expedidos por el juez. Por otra parte, la alegacion de la
contraria es enteramente falsa: ademas de la lista de acreedores presenta-
da por el deudor comun, que respect d'e 6l y sus herederos, constitute
una prueba de los cr6ditos porque importa tanto como una confession, por
tres veces (Autos del Concurso de D. NicolAs Icazbalceta, Cuad." 4., fs.33,
39 y 94) se previno a los acreedores, aun por medio de los peri6dicos, que
presentasen los justificantes de sus cr6ditos, y cumplieron con esta preven-
cion, pues se formaron treinta y un cuadernos (Autos del Concurso, Cua-
dernos 3, 13, 14, 45, 16, 17, 18, 19, 21, 23, 24, 23, 51, 32, 53,
34, 33, 36, 37, 38, 39, 41, 42, 43, 44, 45, 46, 47, 48, 49 y 51)
con los comprobantes de los creditos, y es evidence que si no se hubieran
liquidado, no habria sido possible que el juez expidiese, como expidi6, los
libramientos respectivos para su pago.
32. Demostrado que la venta de las haciendas de Tenango y San Igna-
cio, y ranchos anexos, no es nula por parte del vendedor, ni por la del
comprador, ni por defecto de solemnidades 6 por razon del precio, como
tambien que no procede el remedio de la restitucion in integrum, solo me
resta refutar las imputaciones que hace la contraria, con tanta ligereza co-
mo injusticia, al Sr. D. Eusebio Garcia: aunque este senior haya bajado al






sepulcro hace doce afios, much se equivoc6 D. Tiburcio Icazbalceta si
crey6 que por ese motivo podia impunemente hacerlo el blanco de la di-
famacion y la calumnia, pues al morir dej6 A sus hijos, no solamente los
bienes, fruto de su honradez y laboriosidad, sino tambien una reputation
sin mancha, que tienen el deber de defender; y si antes han guardado si-
lencio, ha sido en espera de que sonase la hora de la justicia, y confundir
al detractor, no devolvi6ndole injuria por injuria, sino con hechos plena-
mente probados, que pongan de manifiesto la calumnia. Ha legado pues
el moment de cumplir el sagrado deber que tiene mi parte de defender
la memorial de un padre cuyas respetables cenizas ha ido A remover una
mano ingrata y atrevida, pero cumplird este deber con la moderacion que
conviene a la buena causa que sostiene.
33. Segun D. Tiburcio Icazbalceta, comenz6 el Sr. D. Eusebio Garcia
por reclamar un crddito de mal origen: basta explicar el origen del crd-
dito para demostrar la falsedad de semejante imputacion. En Enero de
1829 parti6 para Europa el Sr. Garcia, dejando encargados sus bienes y
negocios A D. Nicolas Icazbalceta, por las relaciones de parentesco que
entire ambos habia. El Sr. Icazbalceta, que no era hombre de negocios, no
atendia bien A los que se le encomendaron, lo que di6 lugar 6 algunas
contestaciones, y al cabo de dos afios renunci6 el poder, pero sin rendir
cuentas: cuando regres6 de Europa el Sr. Garcia en 1836, fud precise
proceder A esa operation, que present graves dificultades, porque el Sr.
Icazbalceta no habia llevado cuentas, ni apuntes'ningunos, y a pesar de
que el Sr. Garcia no fud nada exigente, result que D. Nicolas estaba en
un descubierto de $64,647 35 rs. que manifest no podia pagar en efec-
livo, ofreciendo otorgar una escritura con hipoteca especial de la hacienda
de Tenango, lo que no admiti6 el Sr. Garcia porque no resintiese el Sr.
Icazbalceta algun perjuicio gravando sus fincas, sino que se content con
la hipoteca general de bienes, y en esos tdrminos se otorg6 una escritura
p6blica, que prueba plenamente el origen del credito que reclam6 el Sr.
Garcia A instancias del mismo D. Nicolis, que quiso evitar por ese medio
el que alguno otro de sus acreedores embargase las haciendas, pues el
Sr. Garcia habia tenido tal tolerancia, que ya le debia D. Nicolas cinco 6
seis afios 'de rdditos cuando se form el Concurso. Hd aqui el cr6dito de
mal origen que reclam6 el Sr. Garcia.
34. Asegura la contraria que el Sr. D. Eusebio Garcia no rindi6 cuenta
de la administration de las haciendas de Tenango y San Ignacio, que tuvo
6 su cargo como depositario de ellas nombrado por el Concurso: se le di6
ese cargo a solicited del mismo D. Nicolas Icazbalceta, que indic6 conti-
nuase desempefiandolo el Sr. Garcia porque, ((su probidad y honradez
((eran intachables, y su interns por la conservation y aumento de los bie-





24
i nes, podia ser como el que tenia el mismo Sr. Icazbalceta (Autos del
Concurso, Cuad.0 6.0 fs. 52 v.). ) Cumpli6 el Sr. Garcia exactamente sus de-
beres, y aun proporcion6 de su propio peculio todo lo necesario para el
giro de las fincas; y es muy extraiio que D. Tiburcio Icazbalceta, que se
impuso de los autos del Concurso antes de entablar su demand, como lo
manifiesta que la fund en varias constancias truncas y mutiladas que sac6
de ellos, diga que el Sr. Garcia no rindi6 cuentas de la administration de
las haciendas, cuando en aquellos autos consta (Cuad.0 52) que se reco-
gieron de poder del albacea del Sr. Lic. Molinos del Campo, sindico que
habia sido del Concurso, las cuentas del afio de 1846 en que comenz6 di-
cho Concurso y las de 1847 que le habia presentado el Sr. D. Eusebio
Garcia, asi como tambien consta (Autos citados, Cuad.0 11, fs. 93) que
present las cuentas de 1848 al Sr. Lic. D. Gabriel Sagaseta que tenia A
la sazon la investidura de sindico del Concurso. Aunque D. Tiburcio Icaz-
balceta no tiene derecho para exigir la presentation de tales cuentas, ni
ese punto puede ventilarse en este juicio, mi parte ha presentado en el
t6rmino probatorio los recibos originales de ambos letrados, y ha exhibido
tambien las cuentas del afio de 4849, que no sd por qu6 razon no quedaron
agregadas 6 los autos del Concurso, y son las l6timas de la administration
de las haciendas, por haberse convenido que estas quedasen por cuenta
del comprador desde 1 de Enero de 1850, hacidndose cargo desde esa
fecha del pago de los rdditos de los capitals que se habian de pagar con
el precio de las fincas.
35. Es, pues, enteramente falso que el Sr. D. Eusebio Garcia no hu-
biese rendido cuenta de la administration de las haciendas, pues no sola-
mente las rindi6, sino que fueron aprobadas por los acreedores, que era a
quien debia rendirlas. Una de las cosas acordadas en la junta de 25 de
Mayo de 1850, fu6 dar por enteramente terminado el punto de cuentas, sin
que el Concurso tuviese ya nada que reclamar acerca de eso al Sr. D. Eu-
sebio Garcia, ni este a aquel, y ademas se reconoci6 el alcance de treinta
y cuatro mil y tantos pesos que result a favor del Sr. Garcia en la cuen-
ra de 1849, que fud la 61tima de su administration. El Tribunal conoce
perfectamente toda la fuerza y valor que tiene en el derecho un Alcance,
y como 61 prueba plenamente que la cuenta en que recae ha sido legiti-
mamente examinada y aprobada en todas sus partidas. Supuestos estos he-
chos, de que tenia pleno conocimiento D. Tiburcio Icazbalceta antes de en-
tablar la demand, porque ya se habia impuesto de los autos del Concurso
de su difunto padre, no me atrevo a calificar la imputacion que hace al
Sr. D. Eusebio Garcia, de no haber rendido cuentas de la administration
de las haciendas, pero si se puede asegurar que no provino de una equivo-
cacion 6 olvido involuntario.





25

36. Igualmente infundada es la inculpacion de que el Sr. Garcia no for-
m6 inventarios ni rindi6 cuentas como albacea de D. Nicolds Icazbalceta,
y tutor y curador de sus menores hijos. Bien sabe D. Tiburcio y consta en
los autos del Concurso, que a poder de este pasaron todos los bienes de
D. NicolAs Icazbalceta, cuyo product no alcanz6 ni aun para pagar A to-
dos sus acreedores, por lo que nada result a favor de sus hijos, y de con-
siguiente el albacea y tutor no tuvo nada que inventariar, ni de que rendir
cuentas, porque no cabe inventario ni administration de bienes que no exis-
ten. La contraria misma ha presentado la prueba de que D. NicolAs Icaz-
balceta no dej6 bienes ningunos, porque ha exhibido el testamento bajo que
falleci6 y en el que declara por sus bienes lo (< que pudiera resultar del
Concurso que se le habia formado; ) y como en los autos del Concurso
consta que de 6l no result nada a favor de los herederos del deudor co-
mun, hay una prueba plena de que su albacea y tutor de sus menores hijos,
no pudo hacer inventario, ni rendir cuentas de bienes que no existieron
jamas. Sin embargo, la contraria le imputa el no haber hecho una cosa
impossible, burlAndose hasta del sentido comun. Pero dice la contraria,
que aun cuando D. Nicolas Icazbalceta no dejase bienes al morir, el Sr.
Garcia sigui6 percibiendo los $200 mensuales de la pension alimenticia
que el Concurso asign6 a aquel y continuaron disfrutando sus menores hijos
hasta que termin6 el Concurso, y que debi6 presentar cuenta de la admi-
nistracion de estos fondos, que no se invertian todos en los alimentos de
los menores, porque uno de ellos, D. Manuel, estaba de dependiente en
las haciendas y vivia de su trabajo, y en los otros dos no se gastaba ni la
tercera parte de los $200 mencionados. Bien sabe D. Tiburcio que en
la casa del Sr. D. Eusebio Garcia se llev6 a los menores hijos de D. Ni-
colis Icazbalceta una cuenta corriente en que se les abonaba la pension ali-
menticia y las cantidades que por cualquier otro titulo les correspondiesen,
y se les cargaban los gastos que hacian, menos los de habitacion y alimen-
tos, que mientras vivi6 el Sr. Garcia les proporcion6 gratuitamente, sin
cargarles nada por ellos, y tambien sabe D. Tiburcio que esa cuenta que-
d6 saldada hace mas de tres afios.
37. Hace la contraria otra imputacion, que a no ser tan odiosa, no me-
receria mas que el desprecio: dice que cuando el cadaver de D. NicolAs
salia de la casa mortuoria, ya el Sr. D. Eusebio Garcia habia trasladado
a su casa hasta los mas despreciables muebles, que consumi6 en su uso
sin haber hecho inventario ni avaluo, ni pensar en restituirlos. Cualquiera
que tenga noticia, no ya de la moralidad del Sr. Garcia, sino de lo des-
ahogado de su position, y de la desgraciada en que se encontraba D. Ni-
colas Icazbalceta. al tiempo de su muerte, no podri oir sin risa 6 indigna-
cion lo que la contraria atribuye al primero; pero como mi parte se pro-
4






puso desmentir con hechos las calumnias de la contraria, por extravagan-
tes que fuesen, promovi6 en el t6rmino probatorio una information de tes-
tigos, para manifestar lo absurdo de aquella imputacion injuriosa. D. Javier
Garcia, pariente inmediato de D. Nicolas Icazbalceta, el Sr. Lic. D. Pa-
blo Vergara que lo trat6 durante mas de veinte ahos, y D. Josd Rebull,
ban declarado (Prueba de mi parte, fs. 15, 16, 16 v. y 19) que D. Nicolas
Icazbalceta, por escasez de recursos despues que se form el Concurso,
ayud6 por algun tiempo a su subsistencia vendiendo los pocos objetos de
algun valor que conservaba: los mismos testigos y D. Joaquin Carbajal,
antiguo amigo de la familiar de D. NicolAs Icazbalceta, declaran que cuan-
do muri6 dicho senior no habia en su casa ni aun los muebles y vajilla ne-
cesarios para el uso de una familiar, y que los pocos muebles que habia
eran viejos y maltratados, por lo que no valian nada 6 muy poco. Los mis-
mos testigos declaran tambien, que cuando muri6 el Sr. Icazbalceta, el
Sr. D. Eusebio Garcia traslad6 a su casa a los tres hijos de aquel, y les
compr6 muebles, ropa y todo lo que necesitaban, del propio peeulio del
Sr. Garcia, quien provey6 a la subsistencia y education de dichos menores,
tratindolos como i sus propios hijos. Yo dejo al recto juicio del Tribunal
estimar en lo que vale la odiosa imputacion de D. Tiburcio Icazbalceta, en
presencia de las declaraciones de estos testigos intachables. Ademas, el Tri-
bunal ha oido de boca del patrono de la contraria, que los muebles que exis-
tian a la muerte de D. Nicolis, fueron distribuidos entire sus propios hijos.
38. SorprenderA al Tribunal oir, despues de lo referido, que D. Tibur-
cio Icazbalceta diga que el Sr. D. Eusebio Garcia fud verdaderamente ene-
migo de la casa de D. Nicolas Icazbalceta: sin embargo, asi lo dice la
contraria, olvidando todos esos hechos que demuestran que el Sr. Garcia,
lejos de ser enemigo de la familiar de D. Nicolis Icazbalceta, fu4 su mas ge-
neroso protector; asi es que cuando por la formacion del Concurso qued6
la familiar privada de recursos, el Sr. Garcia fuW quien atendi6 A su sub-
sistencia, y el apoderado de D. NicolAs, al pedir se le asignasen alimen-
tos, decia (Autos del Concurso, Cuad.o 8, fs. 2 v.): ((El Sr. Icazbalceta,
( por ahora no cuenta con otro recurso que con la compassion de su her-
o mano D. Eusebio Garcia: sin ella se habria visto obligado a mendigar el
( pan para sus tres hijos.a Pero sobre todo, hay una accion del Sr. Garcia
que no puedo pasar en silencio. Uno de los acreedores que mas molesta-
ban A D. Nicolas Icazbalceta, era D. J. M. Perez, que tenia un credito de
$410,350 que compr6 el Sr. D. Eusebio Garcia con un descuento de se-
tenta y cinco por ciento,, lo que manifiesta la poca esperanza que tenian de
ser pagados los acreedores del Sr. Icazbalceta, aun antes de que se for-
mase el Concurso necesario, pues el Sr. Garcia compr6 el credito de Perez
en Setiembre de 4845.






39. Cuando en 1830 se vendieron al mismo Sr. Garcia las haciendas
de Tenango y San Ignacio, se le admiti6 en parte del precio el credito de
Perez, por todo su valor, como era juslo tratandose de un credito escri-
turario y habiendo sido pagados integros todos los creditos de esa especie.
Luego que estuvo convenida la venta de las haciendas, y aun antes que
fuese aprobada por los acreedores y por el juzgado, el Sr. Garcia asent6
en las hojas en blanco, agregadas A su testamento, la siguiente declaration,
que compulsada por el notario D. Mariano Vega corre en estos autos, y que
el Tribunal me permitira asiente 6 la letra: ( Declaro, que considerando el
((infeliz estado A que deberian quedar reducidos mis tres sobrinos, hijos del
((finado D. NicolAs de Icazbalceta, A consecuencia del Concurso A bienes
< de este, promovido por sus acreedores, y previendo que no podrian es-
((tos cubrir su inmensa deuda (como se ha verificado), trate de comprar
( cinco escrituras A los Sres. Perez, acreedores del referido Concurso, su
((valor nominal $103,530, por $26,337 4 rs. i que me las ofrecieron, con
el objeto de ver si a la conclusion del concurso conseguia cobrar el todo
( 6 la mayor parte de los referidos $105,350 para asegurar la subsistencia
( de los dichos menores. Terminado ya el expresado Concurso por venta
( que se me ha hecho de las haciendas de Tenango y San Ignacio con sus
((ranchos anexos, y recibidome en pago de ellas el valor de las escritu-
e ras, calculo que han producido un liquid de ochenta mil pesos en be-
((neficio de los menores D.a Maria Dolores, D. Manuel y D. Tiburcio, cuyo
a capital se reconocera por mis herederos en la referida hacienda de San
( Ignacio, al r6dito annual de cinco por ciento, para tender con 6l A su
(( education y subsistencia.s
La circunstancia de haber hecho esta declaracion el Sr. D. Eusebio Gar-
cia dos meses antes de que la venta de las haciendas fuese aprobada por
el Concurso, ha dado material A la contraria para hacer reflexiones tan ab-
surdas que verdaderamente da pena el tener que impugnarlas. En vista de
la generosidad del Sr. Garcia, D. Tiburcio Icazbalceta deberia guardar un
discrete silencio, ya que no le es possible disculpar su conduct, y no que
hasta en los beneficios que se le dispensan encuentra motives para acrimi-
nar A su bienhechor. Dice la contraria, que la declaracion referida mani-
fiesta que el Sr. Garcia di6 por hecha la venta de las haciendas antes que
se verificase, y revela que por sus artificios habia asegurado el que no fuese
possible que se vendiesen las haciendas sino solo a 6l mismo.
Olvida la contraria que en Febrero de 1849 el Sr. Lic. Molinos del
Campo, sindico del Concurso de Icazbalceta, manifestaba a los acreedores
que habia practicado las mas exquisitas diligencias para vender las hacien-
das, sin poderlo lograr, y que no habia querido tampoco comprarlas el
Sr. D. Eusebio Garcia, A quien las habia ofrecido: olvida tambien que la






comision de arreglo decia A los acreedores en 23 de Mayo de 1830, que
ninguno de ellos habia querido se le hiciese la adjudicacion total 6 parcial
de las fincas, ni aun con la baja de la tercera parte de su estimacion. Asi
pues, no fu6 un negocio ventajoso el de la compra de las haciendas, pues-
to que nadie, ni aun alguno de los acreedores, ni el mismo Sr. Garcia en
1849 lo habia querido hacer antes, ni necesitaba el Sr. Garcia usar de
artificios para que no hubiese otro comprador, cuando ninguno se habia
presentado durante cuatro afios, en los que se habian practicado inuitil-
mente las mas exquisitas diligencias para obtenerlo, y contaba con que la
venta seria aprobada por los acreedores, porque se habia ajustado por
la comision nombrada en 1849 para hacer algun arreglo que terminase de-
finitivamente el Concurso, usando de las facultades que la habian otorgado
los mismos acreedores, para quienes era notoriamente ventajosa, y daba
la 6nica solution possible para el Concurso.
Antes de dos meses de que fuese aprobada la venta, el Sr. Garcia la re-
putaba hecha, porque estaba ya ajustada: es evidence que un contrato de
esa importancia y dificultad, porque no habia que convenir solamente en la
cosa y el precio, sino tambien en los plazos para pagar este y con 61 a los
acreedores, haciendo al mismo tiempo la graduacion y liquidacion de los crd-
ditos, necesitaba ser ajustado con anterioridad a la celebration de la junta
en que habia de ser sometido a la aprobacion de los acreedores; y la co-
mision de arreglo tenia expresamente concedida por ellos la facultad de
contratar judicial 6 extrajudicialmente la venta de las haciendas, para ob-
tener por ese medio la terminacion definitive del Concurso. Fud, pues,
muy natural y debido que la venta estuviese ajustada con anterioridad a la
junta en que la aprobaron los acreedores, y que el comprador contase co-
mo cosa segura con esta aprobacion; y si pasaron dos meses antes de que
recayese esta, fud por la dificultad que hay siempre para reunir una jun-
ta numerosa de acreedores, much mas en aquella 6poca en que esta ca-
pital comenzaba a ser invadida por la epidemia del c6lera asidtico.
D. Tiburcio Icazbalceta tiene la audacia de decir, que el Sr. D. Euse-
bio Garcia, al hacerle a 61 y A sus hermanos tan generosa donacion, dis-
puso de cosa ajena, porque aun no eran suyas las haciendas: por dicha
donacion, no dispuso ni de las haciendas ni de ninguna parte de ellas, sino
de una parte del cr6dito que habia comprado a Perez desde Setiembre de
1843, y del que desde entonces era duefio absolute, consistiendo la do-
nacion en la diferencia entire el costo positive que le habia tenido su ad-
quisicion y el valor nominal que representaba, por todo el cual se le reci-
bia en parte de pago de las haciendas. Por lo demas, es claro que si no
hubiera tenido efecto la compra de las haciendas en los t6rminos conveni-
dos, tampoco habria tenido efecto la donacion, porque habria faltado el





29
supuesto en que descansaba. No merece la pena de refutar la indication de
que demuestra que aun no pertenecia al Sr. Garcia el crddito de Perez cuando
hizo la donacion, el que el Sr. Garcia dice al hacerla, que previendo la mi-
seria a que quedarian reducidos sus sobrinos, trat6 de comprar dicho credi-
to, pues en la propia declaracion se expresa aun el precio en que se compr6,
y el mismo D. Tiburcio ha dicho que por tal credito, con el otro de sesentay
cuatro mil y tantos pesos que tenia el Sr. Garcia, embargo las haciendas de
D. NicolAs Icazbalceta a fines de 1845; y no habria podido despacharse la
ejecucion, si no hubiera constado por el endose de las escrituras respecti-
vas, que el credito pertenecia A la persona que demandaba su pago.
El origen que D. Tiburcio Icazbalceta atribuye a la donacion, es ente-
ramente fabuloso; no tuvo mas origen que el que expresa el Sr. Garcia,
que no podia tener interest ninguno en asentar una falsedad, ni tampoco
hizo la declaracion que aparece en su testamento por una vana ostenta-
cion, pues por su propia naturaleza era meramente privada, y jamas ha-
bria llegado a noticia de personas extrahias, si D. Tiburcio Icazbalceta no
hubiera puesto A mi parte en la necesidad de hacerla piblica para vindi-
car la memorial de su respectable padre, vilmente ultrajada. Lo fnico que
pudiera imputarse al Sr. D. Eusebio Garcia, es haber dispensado un be-
neficio a personas que con su conduct posterior han demostrado eran in-
dignas de recibirlo. Al decir esto, exceptio expresamente a la sefiora her-
mana de D. Tiburcio, que siempre se ha manifestado agradecida al Sr. Gar-
cia, y quiso expresar su gratitud aun en la escritura que otorg6 al recibir
la parte que le correspondi6 en la donacion, y se ha negado con entereza
A las repetidas instancias de su hermano, que queria arrastrarla a este jui-
cio para hacerla c6mplice de su ingratitud.
40. El Sr. D. Eusebio Garcia hizo A los menores hijos de D. Nicolas
lcazbalceta esta donacion inter vivos, que de tal ha sido calificada ya por
los tribunales, dos afios antes de morir, y comenz6 A abonarles el rldito
de los ochenta mil pesos desde 1.0 de Enero de 1850 en que quedaron
por su cuenta las haciendas; y mientras vivi6, jamas les carg6 cosa algu-
na por alimentos ni habitacion, dAndoles ambas cosas gratuitamente en su
casa y bajo el mismo pid que a sus propios hijos, sin diferencia alguna.
Esta generosa donacion ha sido consumada en todas sus parties, habi6ndose
presentado en el termino de prueba las escrituras otorgadas ante el Nota-
rio D. Mariano Vega en 20 de Febrero de 1864 y 21 de Agosto de 1865, *
por las cuales consta que D. Tiburcio Icazbalceta y su hermano D. Manuel
(que le ha cedido sus pretendidos derechos para entablar este juicio) tie-
nen recibidos, cada uno de ellos los $26,666 66 cs. que le correspondent
de la donacion que les hizo el Sr. D. Eusebio Garcia, quedando tambien
VWase al fin el recibo otorgado por D. Tihurcio Icazbalceta.





30
pagados de los riditos que el mismo capital habia producido desde el dia
de la donacion hasta las fechas respectivamente en que se otorgaron las es-
crituras mencionadas. A todas las imputaciones de la contraria, me limito
a opener este hecho, desnudo, y abstenidndome de hacer ninguna especie
de comentarios y de deducir consecuencias de ningun ginero; las reserve
a los hombres de buen juicio y que tengan un corazon bien formado. Uni-
camente apuntard dos fechas: en Febrero de 1864 recibia D. Tiburcio
Icazbalceta el saldo de la parte que le toc6 en la donacion hecha por el
Sr. D. Eusebio Garcia, y en Julio siguiente entablaba contra sus herede-
ros la demand sobre nulidad de la venta de las haciendas de Tenango y
San Ignacio, y ranchos anexos, usando del estilo injurioso que puede verse
en sus escritos.
Una demand tan temeraria como la de D. Tiburcio Icazbalceta no po-
dia menos que acabar con un pedimento absurdo: la contraria pide que
declarada la nulidad de la venta de las haciendas, vuelvan las cosas al estado
que tenian en 22 de Mayo de 1850, esto es, se nombrarA depositario admi-
nistrador de los bienes, y un sindico del Concurso para la secuela y tra-
mitacion de este, y se declarara parte en el negocio a D. Tiburcio Icaz-
balceta por si y como cesionario de su hermano D. Manuel. Un concurso
no puede formarse sino por la ocurrencia de tres acreedores por lo menos,
que forman entire si un pleito en que litigan sobre la preferencia de sus
creditos. Todos los acreedores que formaron el Concurso de D. NicolAs
Icazbalceta fueron ya pagados con el precio en que se vendieron las ha-
ciendas, por lo que en el supuesto que se finge la contraria, no habria mas
que un solo acreedor, que seria mi parte, por el precio que pag6; de ma-
nera que no se concibe la posibilidad de esa resurreccion del Concurso que
solicita D. Tiburcio, el cual olvida tambien, que ya fuese que se declarase
nula la venta de las haciendas, 6 que se rescindiese por el remedio de la
restitucion in integrum, tenia 41 que comenzar por devolver el precio, las
expenses Atiles y necesarias, el valor de las mejoras, etc., y mientras no
lo hiciese, no tendria derecho para sacar las fincas de poder de mi parte.
A~ la verdad que sera muy dificil encontrar un extravio y confusion de ideas
semejantes A las de la contraria.
Por las razones expuestas, pido A este Tribunal se sirva absolver A mi
parte de la demand, y declarar que no fud nula la venta de las hacien-
das de Tenango y San Ignacio, y ranchos anexos, que no procede tampoco el
remedio de la restitucion in integrum, intentado subsidiariamente por D. Ti-
burcio Icazbalceta, condenando a este al pago de todas las costas legalmente
causadas en este juicio, por la temeridad con que lo ha promovido.
Mdxico, Febrero 22 de 1867.
SLc. JUAN B. ALAMAN.








V NOTA.
Al publicar el Lie. NAjera su alegato de bien probado ha hecho en 6l notables alteraciones,
respect al que hizo verbalmente ante la primera Sala del Tribunal de primera instancia,
agregando de nuevo algunas cosas, modificando otras y variando absolutamente algunas
otras, por lo que no debe extraiarse que aparezcan sin contestacion algunos puntos, pues
no llegaron A noticia del patrono contrario hasta que ley6 el alegato impreso. Tambien debe
notarse que el mismo Lie. NAjera ha publicado como piezas justificativas, diversas constan-
cias, truncas y aisladas, de los autos del Concurso de D. NicolAs Icazbaleeta: procediendo
de buena fe, y no para sorprender al lector, debia haber publicado no solamente las recla-
maciones 6 cargos que algunas veces se hicieron, aunque injustamente, al Sr. D. Eusebio
Garcia, sino tambien las respuestas que di6, y el resultado final de cada incident. Cual-
quiera persona reflexiva y prudent, conocerA el ningun valor que tienen piezas truncas y
aisladas de sus antecedentes y consiguientes, y no se atreverA a former juicio por solo las
que de esa manera ha publicado el Lic. NAjera.
Se public tambien la sentencia del Tribunal, por haberla impreso con muchas erratas
la parte contraria.

SENTENCIA
DE LA PRIMER SALA DEL TRIBUNAL DE PRIMERA INSTANCIA.



Mexico, Mayo 3 de 1867.-Visto el presence juicio seguido entire D. Ti-
burcio Icazbalceta por si y como cesionario de su hermano D. Manuel Maria,
hijos y herederos del finado D. Nicolas Icazbalceta, contra D. Joaquin Gar-
cia Icazbalceta por si y como apoderado de sus hermanos D. Jose Mariano,
D. Tomas, D. Lorenzo, D." Dolores, D.a Ana, D.a Ignacia y D.a Maria de
Jesus, hijos todos y herederos tambien del finado D. Eusebio Garcia, sobre
que se declare nula la venta que de las haciendas de San Ignacio, Tenango
y ranchos anexos se hizo el afio de 1850 al padre de los demandados: que
resultando de los hechos que el comprador procedi6 criminalmente en el
modo de adquirir dichas fincas, se declare asi para el efecto de que sus
herederos restituyan lo que malamente adquirieron, con pago de dafios y
perjuicios; y que apareciendo c6mplices en el criminal modo de adquirir los
Sres. D. Mariano, D. TomAs, D. Lorenzo y D. Joaquin, se dejen A salvo
los derechos del actor para que deduzca contra ellos las acciones que le
competan: vista la contestacion del demandado, las pruebas rendidas por
ambos, lo alegado por los patrons al tiempo de la vista, con cuanto debid
verse; y considerando quje por las constancias de autos aparece que en 22
de Julio de 1846, D. NicolAs clazbalceta hizo cesion de bienes, presentando
una lista de acreedores, cuyo total de cr6ditos ascendia a la suma de cua-
trocientos noventa y un mil doscientos sesenta y seis pesos, tres un octavo
reales, y otra de bienes por valor de setecientos dos mil ochocientos cin-






cuenta y cuatro pesos, uno cinco octavos reales (fojas 45 y siguientes, cua-
derno 6.0): que no habiendo sido lisa y ilana la cesion, sino con algunas
condiciones, los acreedores se rehusaron A admitirla, y en junta celebrada
en 3 de Agosto de 1846 se declare el Concurso necesario, habidndose re-
servado el apoderado del deudor los derechos que A aquel le competian
(fojas 11 y 15, cuaderno 4.0): que en virtud de esta declaracion se nom-
br6 una junta compuesta de los Licenciados Esteva, Castafieda y NAjera, y
Molinos del Campo, para que desempefiara las funciones de sindico, y A
D. Eusebio Garcia se nombr6 depositario y administrator de los bienes
concursados (fojas 18, cuaderno 4.0): y que en 25 de Mayo de 1850 se
celebro un convenio por el que, para terminar el Concurso, compr6 D. Eu-
sebio Garcia las haciendas de Tenango, San Ignacio y ranchos anexos, en
cantidad de ($494,458-72), renunciando A favor del mismo la de treinta
y cuatro mil doscientos ocho pesos, cuatro centavos, que alcanzaba por re-
faccion hecha A las haciendas, el cual fud aprobado por la autoridad judi-
cial en auto de 1.0 de Octubre del mismo afio: considerando que por la
declaracion del Concurso, el deudor se desprendi6 de sus bienes y perdi6
la administration, pero no el dominion de ellos, ni las acciones activas y
pasivas que le correspondian, segun lo asienta el Febrero de Pascua, edi-
cion de 1835, tit. 4.", cap. 1.0, fundado en las respetables autoridades de
Bol. y Salg., quienes asientan lo mismo, el primero en el tit. 4., quest. 2.a,
nims. 14 y 13, y el segundo en la parte 1.2, cap. 14.0, Labirynth.: con-
siderando que muerto.D. NicolAs Icazbalceta, el dominio pas6 A sus hijos
por ser estos herederos forzosos y pertenecer A la clase de los que los ro-
manos Ilamaban sui hceredes, A los cuales se les daba este nombre porque
desde el moment en que el padre moria se hacian duefios de los bienes
sin necesidad de adir la herencia, y aun desde la vida del padre ya se
consideraban dueiios de ellos, segun asienta Vinnio comentando en la frac-
cion 5." el pArrafo 2.0, lib. 2.0, tit. 19 de IHeredum qualitate et diferentia,
sin que obste que, como dice la contraria, estos se hubiesen igualado a los
emancipados por el beneficio de abstenerse de la herencia concedido por
el Pretor, porque este beneficio se limit A quitar la necesidad pero no la
suidad, como lo dice y explica con much claridad el autor mencionado
en la frac. 5.* del lib. y tit. citados: considerando que los hijos del deu-
dor, como duefios de los bienes de aquel, por ser herederos forzosos, de-
bian haber intervenido en el Concurso, y principalmente en la junta en que
se celebr6 el convenio indicado, como lo reconocieron el juez y el deman-
dado, supuesto que el uno en su escrito de fojas 16 A 23, cuaderno 8.,
en que pidi6 alimentos para ellos, confiesa que debian tener intervention en
el Concurso, y dice, entire otras cosas, lo siguiente: ((Por ser estos hoy
( notoriamente interesados en el Concurso, tienen los mismos derechos que








((el senior su padre, pues es bien sabido que el derecho finge ser una mis-
( ma persona el heredero y el testador, etc.; )) y el juez asienta en uno de
sus considerandos, y como fundamento de su auto de aprobacion del con-
venio, que medi6 el consentimiento del curador de los menores: conside-
rando que de hecho estos no tuvieron quien los representara, porque, en
primer lugar, los acreedores y el juzgado partieron en sus operaciones de
la base falsa de que los menores no eran interesados en el Concurso, segun
se colige del dictimen de los Sres. Esteva, Sagaseta y Atristain, y del fallo
del juez; en segundo lugar, aunque se dice que el Lie. Estrada los repre-
sent6 en la junta con el caricter de curador, esto no solo no esti probado,
sino que 61 mismo declara (fojas 5, cuaderno Prueba Icazbalceta) que con-
curri6 A la junta en que se formula el proyecto de venta inicamente como
abogado de D. Eusebio Garcia, sin haber sido nombrado curador de los
menores, y sin mas conocimiento del negocio que las instrucciones que en
lo verbal recibi6, y A reserve de la ratificacion de su patrocinado; ademas
no consta que hubiera habido nombramiento, aceptacion, discernimiento
y todos los requisitos que exige la ley para la curatela; y por filtimo, el
demandado asienta en su alegato que por la prActica del foro los abogados
son representantes de sus clients aun sin ser sus apoderados, y, supuesto
este principio cierto, el Lic. Estrada en la junta represent A D. Eusebio
Garcia, y como este no podia representar A los menores de quienes era cu-
rador, por ser el comprador, el Lic. Estrada tampoco pudo representarlos:
considerando que los acreedores no pudieron vender, porque estos solo
tenian derecho para pedir la venta conforme a los principios juridicos bas-
tante conocidos (Escriche, Dic. de Leg., art. Curador: L. 48, tit. 13,
P. 5. y Concordantes): que tampoco pudo vender el juez, porque este,
como lo asienta el mismo demandado, celebr6 la venta en nombre del deu-
dor, 6 mas bien, el deudor es quien vende, porque el acto del juez se
reputa acto del deudor, estas son sus palabras; pero para ello es necesario
que intervenga su consentimiento, 6 por lo menos su conocimiento, porque
estando interesado en el sobrante que result 'pagadas las deudas, le im-
porta que sus bienes se vendan con las mejores garantias y condiciones, y
en el caso present los Icazbalceta, segun esta probado, no solo no pres-
taron su consentimiento, sino que ni aun tuvieron conocimiento del conve.
nio: considerando que la circunstancia especial de ser menores los duefios
de los bienes exigia que estos se hubiesen vendido en almoneda public,
tanto porque asi lo exigen las leyes 59 y 60, tit. 18, P. 5.a, que require
no solo la autorizacion del juez, sino tambien la almoneda, segun se colige
de sus palabras y lo interpreta en su Comentario Antonio Gomez, como
porque los mismos abogados informants en el dictamen que expusieron a
peticion del juzgado, dijeron textualmente lo que sigue: ( Que de ninguna
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< manera podia considerarse el negocio bajo el aspect de ser interesados
((los menores, en cuyo inico caso seria iecesaria la almoneda, segun la ley
< de Partida, etc.,)) de cuyo dictimen, en el supuesto que el Tribunal
adopta, de ser dueiios los menores, se deduce por un argumento a contra-
rio, que la almoneda no se pudo omitir: considerando que aunque en la
prActica se ha adoptado que los bienes de menores se vendan muchas veces
con solo la autorizacion judicial por medio de contratos particulares, eso
no es aplicable al caso de que trata este fallo, porque en aquellos se cum-
ple con el espiritu de la ley, que al exigir tanto requisite tuvo por objeto
proveer a la segurihad de los interesados, supuesto que el juez al dar su
aprobacion consult el interest y utilidad de los menores, mientras que en
el present para nada se les consider, y en consecuencia, se infringi6 la
letra y el espiritu de la ley de Partida: considerando que la almoneda tam-
poco pudo omitirse aun bajo el aspect de ser bienes ajenos, por prohi-
birlo terminantemente y bajo pena de nulidad la ley 52, tit. 5.o, P. 5.a, que
despues de fijar los requisitos con que deben los jueces vender las cosas
ajenas para hacer cumplir sus sentencias, esto es, ((que se haga la venta
a publicamente et non en escondido metiendo la cosa en almoneda, et facien-
((dola pregonar, ) concluye con estas palabras: ((et si por aventura los Jueces
(( et los otros nuestros Oficiales ficiesen vendida de las cosas agenas dotra ma-
o nera, decimos que non vala: )) igualmente la 6, tit. 27, P. 5.a, en que
se fund el juez para aprobar el convenio, que si bien permit que se ad-
judiquen los bienes al acreedor, es previous los requisitos de que habidndose
sacado A almoneda, no se present comprador; y tampoco puede objetarse
que muchos concursos terminan como el present y son vAlidos porque en
ellos consiente el deudor en renunciar las seguridades que la ley le con-
cede, y por lo tanto no se falta a ella; mas en el caso en que no intervi-
nieron los menores, ni menos consintieron, no se les puede privar de dichos
beneficios, ni obligar A que pasen por el convenio contra lo que establece
una regla de derecho: ( 446 Inter alios res acta alis non prcejudicat: ) con-
siderando que no esti probada la criminalidad que el contrario supone hubo
en D. Eusebio Garcia en la adquisicion de las fincas, supuesto que trat6 de
revestir sus actos con las formas legales, y que ella fu6 autorizada por per-
sona competent, como fud la del juez; y en consecuencia, que no habiendo
complicidad donde no hay criminalidad, tampoco pueden llamarse c6mpli-
ces A los Sres. D. Lorenzo, D. Mariano, D. Tombs y D. Joaquin: consi-
derando, por uiltimo, que en virtud del much tiempo trascurrido, y ha-
biendo reasumido los creditos D. Eusebio Garcia, y existir ahora solo sus
herederos, es impossible de hecho restituir las cosas al estado que tenian
el afio de 1850, y a que las decisions de los tribunales no deben com-
prender las cuestiones en abstract, lo que las haria ilusorias, sino deter-








minar con claridad los derechos de los litigantes; pero de tal manera que
el fallo se pueda efectuar: por estas consideraciones, y con fundamento de
las leyes y doctrinas citadas, SE DECLARA: 1.0 Es nula la venta 6 adju-
dicacion que de las haciendas de Tenango, San Ignacio y ranchos anexos
se ha hecho a D. Eusebio Garcia: 2.0 No hay criminalidad alguna en sus
herederos, por lo que hace a la adquisicion de dichos bienes, ni, en conse-
cuencia, lugar a proceder contra ellos: 3.0 No pudiendo restituir las cosas
al estado que tenian el afio en que se celebr6 el convenio, estan obligados
los Sres. D. Joaquin, D. Jos6 Mariano, D. TomBs, D. Lorenzo, D." Do-
lores, D.a Ana, D.0 Ignacia y D." Maria de Jesus Garcia Icazbalceta, que
son los que ban contestado la.demanda, A devolver a la testamentaria del
finado D. Nicolas Icazbalceta los bienes mencionados, para que hecha la
restitucion promuevan sus herederos lo que a su derecho corresponda, pre-
via indemnizacion de los ($ 494,458-72) cuatrocientos noventa y cuatro mil
cuatrocientos cincuenta y ocho pesos setenta y dos centavos, que di6 el
comprador por precio de las fincas, de los ($54,208-4) treinta y cuatro
mil doscientos ocho pesos cuatro centavos, que renunci6 A favor del con-
curso, asi como de las mejoras que justificaren haberse hecho en las mis-
mas: 4.0 No habiendo habido temeridad en ninguna de las parties, pague
cada una las costas que haya causado, y las comunes por mitad; haci6n-
dose saber a las parties este fallo. Asi definitivamente juzgando, lo senten-
ciaron por unanimidad los sefiores Presidente y Jueces que forman la pri-
mera Sala del Tribunal de primera instancia, y firmaron. Doy fe.-Antonio
Mendivil.-Antonio Rebollar.--Eduardo Torres Torija.-Jose 0. Monaste-
rio, Secretario.



RECIBO OTORGADO POR DON TIBURCIO ICAZBALCETA.

En la ciudad de M6xico, A veinte de Febrero de mil ochocientos sesenta y cuatro: ante mi
el escribano y testigos, compareci6 el Sr. D. Tiburcio Icazbalceta, vecino de esta capital,
mayor de edad y sin interdiccion legal, A quien doy fA conozco, y dijo: que el difunto Sr.
D. Eusebio Garcia, su tio politico, hizo 61l y A sus hermanos D. Manuel y D." Dolores, una
donation de ochenta mil pesos, los cuales dej6 impuestos al tiempo de su fallecimiento,
acaecido el afio de mil ochocientos cincuenta y dos, sobre su hacienda de San Ignacio, juris-
diccion de Jonacatepec, A r6dito de cinco por ciento annual, para que con este se atendiera A
la education y alimentos de los tres hermanos: que de esta donacion constituy6 patrons
6 tutores A sus dos hijos mayors D. Jos6 Mariano y D., Dolores Garcia Icazbalceta, segun
consta todo en la filtima razon que asent6 con fecha cinco de Marzo de mil ochocientos cin-
cuenta, en las hojas blancas del testimonio que se le di6 de su testament, otorgado ante el
escribano D. Francisco de Madariaga el dia veinte de Abril de mil ochocientos cuarenta, y
de la memorial A que en dicha razon hace referencia, piezas ambas que ha visto originales
y de que ha estado siempre bien impuesto el otorgante: que del capital de los ochenta mil






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esos de la donation, dividido por parties iguales entire los tres hermanos donatarios, toca-
'bn A cada uno veintiseis mil seiscientos sesenta y seis pesos, sesenta y seis y dos tercios
centavos, cuyos reditos, A razon de cinco por ciento al aio, empez6 A abonarles en vida el
Sr. D. Eusebio, y sigui6 haci6ndolo despues de su muerte su albacea, que fil6 el mismo Sr.
D. Jos6 Mariano, constituido patrono 6 tutor de la donation; que al tiempo de contraer
matrimonio el otorgante, en once de Agosto de mil ochocientos cincuenta y nueve, la Com-
pania de los Sres. Garcia Icazbalceta hermanos, por 6rden del mismo senior albacea entreg6
al otorgante, no solo el sobrante de los r6ditos deducidos los gastos de su education y sub-
sistencia, sino aun una part del capital: qu'e posteriormente continue el resto ganando el
r6dito establecido, y el comparente dispuso de varias partidas del capital, segun lo fud ne-
cesitando; siguiendose de todo una cuenta corriente de conformidad, hasta que hoy ha aca-
bado de percibir de la citada Compafnia de los Sres. Garcia Icazbalceta hermanos, el saldo
de la cuenta que comprende cuanto se adeudaba por capital y reditos de la expresada dona-
cion. Y no quedando despues de esto otra cosa que el que se extienda de todo la constancia
debida, el citado sehor comparente declara, confiesa y otorga: que tiene recibido A toda su
satisfaction, de los Sres. Garcia Icazbalceta hermanos, por 6rden del Sr. D. Jos6 Mariano,
albadea de su difunto -padre el Sr. D. Eusebio Garcia, en dinero efectivo de plata del cuio
mexicano, el capital de los veintiseis mil seiscientos sesenta y seis pesos, sesenta y seis dos
tercios centavos de la donacion que le hizo el dicho Sr. D. Eusebio: que esta tambien pagado
de todos los rdditos que este capital ha producido desde el dia de la donation hasta hoy:
que de l6 y los rdditos otorga ahora A favor de la testamentaria del sehor donador, recibo
finiquito, el mas formal y solemn que por derecho se requiera, con expresa renuncia que
hace de la excepcion de non numerata pecunia y del bienio que para alegarla conceden las
leyes,j cual da por pasado y trascurrido como si efectivamente lo estuviera: que ratifica
el consentimiento y aprobacion que tiene prestada A la liquidacion final de su cuenta que
se ha hecho por los Sres. Garcia Icazbalceta hermanos, y que en conseouencia de todo, la
testamentaria del Sr. D. Eusebio Garcia, habiendo cumplido leal y exactamente para con
el otorgante, cuanto este senior dej6 dispuesto acerca de la donacion, esta libre, quita y A
salvo de todo cobro, responsabilidad y reclamo de part del otorgante, A quien nada debe.
Y A la observancia y cumplimiento de esta escritura, obliga el Sr. Icazbalceta sus bienes
presents y futures, sometidndose A la jurisdiccion de los sefores jueces que de sus negocios
conform A derecho deban conocer, para que ello lo estrechen como por sentencia consen-
tida y pasada en autoridad de cosa juzgada, con renuncia de las leyes y privilegios de su
favor y defense y de la que prohibe la general renunciacion de todas. Y present el Sr.
D. Jos6 Mariano Garcia Icazbalceta, de esta vecindad, mayor de edad, A quien asimismo
doy f6 conozco, impuesto de esta escritura, dijo: que la acepta con el recibo, declaraciones y
otorgamientos que en ella se contienen: y firman ambos comparentes, siendo testigos D. Vi-
cente G. Moreno, D. Pedro M. Conejo yD. Eduardo Galan, de esta vecindad: doy fd. T. Icaz-
balceta.-J. M. Garcia Icazbalceta.- Vicente G. Moreno.-Pedro fM. Conejo. -Eduardo
Galan. Mariano Vega, E. P.
A




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