• TABLE OF CONTENTS
HIDE
 Front Cover
 Title Page
 Introduction
 Status profesional del maestro
 Cualidades del maestro
 Etica profesional
 Higiene del maestro
 El maestro ideal
 Index






Title: Maestro
CITATION THUMBNAILS PAGE IMAGE ZOOMABLE
Full Citation
STANDARD VIEW MARC VIEW
Permanent Link: http://ufdc.ufl.edu/UF00082028/00001
 Material Information
Title: Maestro
Physical Description: Book
Language: Spanish
Creator: Panama. Inspeccion General de Ensenanza.
Publisher: The Times Publishing, Co., Inc.
Publication Date: 1927
 Record Information
Bibliographic ID: UF00082028
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: oclc - 212907035

Table of Contents
    Front Cover
        Page 1
    Title Page
        Page 2
        Page 3
    Introduction
        Page 4
    Status profesional del maestro
        Page 5
        Page 6
        Page 7
        Page 8
        Page 9
        Page 10
        Page 11
        Page 12
        Page 13
        Page 14
    Cualidades del maestro
        Page 15
        Page 16
        Page 17
        Page 18
        Page 19
        Page 20
        Page 21
        Page 22
        Page 23
        Page 24
        Page 25
        Page 26
        Page 27
        Page 28
        Page 29
        Page 30
        Page 31
        Page 32
        Page 33
        Page 34
        Page 35
        Page 36
    Etica profesional
        Page 37
        Page 38
        Page 39
        Page 40
        Page 41
        Page 42
        Page 43
        Page 44
        Page 45
        Page 46
        Page 47
        Page 48
        Page 49
        Page 50
    Higiene del maestro
        Page 51
        Page 52
        Page 53
        Page 54
        Page 55
        Page 56
        Page 57
        Page 58
        Page 59
        Page 60
        Page 61
        Page 62
        Page 63
        Page 64
        Page 65
        Page 66
        Page 67
        Page 68
        Page 69
        Page 70
        Page 71
        Page 72
        Page 73
    El maestro ideal
        Page 74
        Page 75
        Page 76
        Page 77
        Page 78
    Index
        Page 79
        Page 80
Full Text




























7A



















iz ... ....
OF
..........

)%LL

Z41
A-A
I -k












INSPECTION GENERAL DE ENSER1ANZA




Carta Circular No. 49




EL MAESTRO



PANAMA, 5 DE NOVIEMBRE DE 1927.


TIHE 79MES PUDU&SHNO Co.. In. PANAMA




~P/~7~~












INTRODUCTION


Sefiores Inspectores, Directores y demis miembros
del personal docente de las escuelas.

Estimados amigos:

La presente circular tiene por objeto Ilamar la
atenci6n de ustedes hacia los deberes y responsabilida-
des que trae consigo el cargo de maestro. Yo les supli-
co encarecidamente la lean con detenimiento; y estu-
dien y mediten hondamente acerca de qu6 es lo que
la sociedad y las autoridades escolares esperan de us-
tedes como maestros de nuestra juventud y por lo tan-
to constructores del porvenir national. Consider
esencialisimo este conocimiento de parte de ustedes, y
no he vacilado en ayudarles a adquirirlo. Yo espero
que ustedes por su parte procurarAn ampliar y pro-
fundizar afi mas, con otras lectures, todo cuanto al
maestro se refiere, su obra, su personalidad, sus obje-
tivos; y recibirAn esta circular con el mismo espfritu
de cordialidad y simpatfa con que yo se la envio.

Soy de Uds. atto. y S. S.

Jos6 D. Crespo
Inspector General de Ensefianm














I-STATUS PROFESSIONAL DEL MAESTRO

El Papel del Maestro en la Educaci6n.
Cuentan que Emerson, refiriendose a la educa-
ci6n de su hija, manifest que no le importaba tanto
conocer qu6 era lo que ella estudiaba como con qui&n
estudiaba. Esta es una manera clara de decir que el
maestro es el factor mas important del process edu-
cativo. En efecto, un buen maestro, cualesquiera que
sean las condiciones que lo rodeen, hara siempre una
buena escuela. Un maestro malo en condiciones
ideales, con magnifico edificio escolar, abundantes y
adecuados materials de ensefianza y todo lo que la
ciencia pedag6gica pueda requerir, no hara nunca una
buena escuela. Sera. siempre un mal operario con
una magnifica caja de herramientas.
El maestro es la vida que anima la escuela y la
luz que la ilumina. Sin 61 todo el material de ense-
fianza que pueda rodear al nifio en la escuela y el ma-
ravilloso material que lo rodea ei la naturaleza es-
tarian muertos y nada significarian. Pero por el con-
trario, a influjo de su voz, la piedra insignificant, el
gusano que se oculta en la tierra y hasta la gota de
agua tan comuin y tan sin importancia al parecer, ad-
quieren valor, cobran interns para el niflo y gusto-
sos le rinden a su Avida atenci6n el tesoro de las maras
villas que encierran. Su tarea es nada menos que la
de tomar un s6r imperfecto, incomplete, como lo es un
nifio, y convertirlo en el product acabado que los fi-
nes de educaci6n reclaman: el ciudadano libre y efi-
ciente.








Es verdad que el maestro solo, tampoco podria
realizar gran cosa con todo y ser el factor esencial en
la educaci6n. La colaboraci6n de los padres, la in-
fluencia del ambiente social, los materials de ense-
fianza, son indispensables a la buena labor del maes-
tro. Pero es 61 quien dirige la mente del nifio en la in-
vestigaci6n de la verdad; es 61 quien le ayuda a adqui-
rir los conocimientos de que carece y lo adiestra en los
m6todos de esta investigaci6n. El maestro es como
el mediador entire el material de ensefianza y el nifio,
que es como quien dice, entire la verdad abstract y la
vida. Conocedor como debe ser de los dos t6rminos de
esta proposici6n, nadie mejor que 61 para relacionarlos.
El dirige la mente del nifio y la confront con los pro-
Vlemas de la vida, pone en relieve los intereses que 6s-
ta le sugiere y selecciona los medios para satisfacerlos.
Interpretando de esta suerte la vida a su alrededor
para perfeccionarla, el maestro se convierte en el a-
gente por excelencia de la evoluci6n humana. No es,
pues, tan s6lo una figure de ret6rica el decir como
Bagley: "El maestro es el sacerdote del progress."
En efecto, si la funci6n fundamental de la educa-
ci6n es activar y modificar la evolucion social hacien-
do de ella un process consciente y seguro en su finali-
dad; si la educaci6n es el unico m6todo de progress y
reform social stable, porque se basa no s61o en la
modificaci6n de las condiciones externas de la socie-
dad, sino en la modificaci6n internal de su propio espi-
ritu, nadie tanto como el maestro puede, pues, aspirar
al titulo de secerdote del progress.
El m6dico y el ingeniero; el abogado y el indus-
trial deben al maestro todo lo que ellos son; pues si
bien es cierto que sus respectivas funciones no son
menos nobles y necesarias a la estabilidad y al progre-
so social; y que en sus respectivos campos llevan a ca-
bo descubrimientos importantes que benefician y hon-
ran a la humanidad; tambi6n lo es que si no fuera po-
sible que el maestro trasmitiera de generaci6n en ge-
neraci6n estos descubrimientos, de nada serviran al






hombre; y que si el maestro no les hubiese dotado an-
tes a los sabios e investigadores de hoy, con los descu-
brimientos y experiencias de los que les han precedido,
su contribuci6n habrfa sido nula o de insignificant
valor en el progress de la humanidad. En verdad, sin
esta labor del maestro, el progress human seria im-
posible.


El Espiritu Profesional del Maestro.
Pero si es just y natural que el maestro pueda, y
aun deba, solazarse ante el cuadro admirable de la im-
portancia de su misi6n colectiva y adn sentir el noble
orgullo de su profesi6n, es, por otra parte, sumamente
peligroso para 61, individual y colectivamente conside-
rado, el tomarse a si mismo, personalmente, como el s6r
mAs important del universe y career, por tanto, que
todo se lo merece.
A media que la educaci6n y la misi6n del maes-
tro se han venido reconociendo y apreciando, 6ste por
su parte, y muchos de los que con 61 simpatizan, o
quieren aparentarlo, se han dado a la tarea de que-
jarse de todo; del respeto que a los maestros se les de-
be y se les niega; del salario que devengan; de la des-
consideraci6n de los padres de familiar; de las largas
horas de trabajo; de lo enervante y fatigdso de este
trabajo etc. etc. En otras palabras, se ha querido re-
presentar al maestro como un niartir social agobiado
por todas las desventuras.
Esta actitud de la cual el maestro no es el 6nico
responsible y que por fortune aqueja precisamente a
los menos calificados para ello, es un error que en vez
de crearle, le resta al maestro merecidas simpatias y
rebaja el aprecio debido a su tan important ministe-
rio.
No es, en efecto, el hecho de ser maestro lo que es
digno del aprecio y de la consideraoi6n piblica. Cual.
quiera que lo desee puede, con muy pocos conocimien-






tos por desgracia, adquirir un nombramiento, y afm
can median inteligencia y unos cortos arios de estu-
dio, el diploma de una escuela normal. El verdadero
maestro, el que sin exigirlo inspira aprecio, respeto y
consideraci6n, es aquel que no s61o tiene el nombre, si-
no que ha penetrado en el espiritu de su noble misi6n.
Modesto sin humillaci6n; suave y dulce sin bajeza;
consagrado sin estrechez intellectual; orguiloso sin
vanidad y sin menosprecio de los demas hombres;
amable, bueno, just y siempre noble y siempre digno,
tal es el verdadero maestro.

El maestro, pues, ante todo, debe comprender que
es s61o por la importancia de su misi6n y por su mane-
ra noble y acertada de llevarla a cabo por lo que ha-
bran de venir las consideraciones que le son debidas.
Si el magisterio es una profesi6n, el maestro debe to-
ner ademas del espiritu del maestro el del professional
consciente de su labor y dispuesto en todo moment a
imponerse al mundo, no por un sentimentalismo irra-
cional, que casi siempre es pasajero y de mal gusto,
sino por la nobleza, por la importancia, sinceridad y
grandeza spiritual efectivas de su labor.

El maestro debe sentir admiraci6n por su profe-
si6n y comunicarles este sentimiento a los demas; pero
su admiraci6n, su orgullo, no debe ser el del mendigo
por sus carrofias, sino el del hombre consciente y equi-
librado que ha encontrado una send noble y la sigue
libremente, deliberadamente, porque cree que es bue-
na y no se avergiienza de ello.


Filosofia Profesional.
"Todo trabajador tiene su filosofia, dice Sheldon
Emmor Davis; todos filosofan acerca de su status
professional y de las relaciones eticas de su respective
ocupaci6n. Seria provechoso para la mayoria de los
maestros pensar con mayor claridad en un punto de







vista que avaluara su servicio social y apreciara las
adecuadas actitudes hacia su labor en todo lo que sig-
nifican. Si una filosofia consistent de la vida, ba-
sada en una verdadera orientaci6n professional se
adoptara de un modo mas general, habria mayor sin-
ceridad professional entire los que ensefian y menos ai-
res de condescendencia sentimental entire los particu-
lares, cuya actitud indica conmiseraci6n o listima por
el maestro; una muestra de favor que el maestro que
se respeta a si mismo resiente en todas parties del mun-
de."

Luego este mismo autor en un hermoso parrafo
que no podemos menos que transcribir, sefiala como
element fundamental de esta filosofia del maestro,
la actitud que acerca de su profesi6n debe tener. Di-
ce asi:

"Yo ensefio (debe decirse a si mismo el maestro)
por las mismas razones que han guiado a los demas a
escoger sus respectivas profesiones. Ensefio por
dinero, porque debo ganarme la vida. Creo que mi
labor esta rindiendo un servicio social de alto valor;
y asi tengo fe en mi profesi6n de la misma manera
que, como espero, mis vecinos la tengan en sus oficios
y ocupaciones; y considerando mis propias circuns-
tancias y disposiciones, prefiero ensefiar a ninguna
otra profesi6n que pueda escoger. No soy un mar-
tir; he escogido mi carrera y le estoy dando mi vida
de la misma manera que cualquier artifice digno le da
la suya a la labor que ha escogido. Profesionalmente
no tengo mayor espiritu de sacrificio que mis vecinos
el abogado, el editor, el carpintero y el comerciante."
S61o asi, mirando cara a cara su profesi6n y ha-
blindose a si mismo y hablandole al mundo enter con
la mano sobre el coraz6n, podra el maestro contrarres-
tar los prejuicios que acerca de su labor se han forma-
do y que 61 mismo, sin pensarlo, ha contribuido a for-
mar.







Los Honorarios del Maestro.

Uno de estos prejuicios, quizas el mAs important,
es el que se relaciona con sus honorarios. Al respect
le sucede al maestro lo que al sacerdote. Se ha hablado
tinto y han hablado tinto ellos mismos de desinter6s,
que un gran numero de personas, por otros concepts
respetables, ban Ilegado a la conclusion de que estos
nobles servidores piblicos no deben exigir pago algu-
no por su labor, smo que antes bien deben mostrarse
satisfechos y amn agradecidos con cualquier pitanza
que se les arroje por listima. Esto es injusto. El maes-
tro, por su part, debe convencer a todo el mundo de
que su labor vale; debe procurar hacerse pagar bien;
y no cometer el error de alegar un desinteres qle no
Ssiente. Pero sus metodos deben ser distintos a los del
comerciante. El maestro debe imponerse al piblico
por la nobleza y eficacia de su labor. Una cosa es pen-
sar tan s6lo en el dinero y otra muy distinta es pensar
que sin una cantidad adecuada de dinero es impo-
sible Ilevar a cabo la labor que se ejecuta. En esto se
distingue precisamente el professional del que no io es.
Mientras el maestro ensefia, asi como el midico, mien-
tras receta, no deben star pensando en el dinero. Y
la naturaleza de su labor no debe, no puede, apreciarse
por los centavos que habra de cobrar. Pero el maestro
debe ganar suficiente dinero para vivir con decencia v
adn con holgura si su labor ha de ser todo lo que de
ella se espera. El tiempo del maestro traditional,
muerto de hambre y raido, ha pasado para siempre.
Sin arrogancia, sin pedanteria, pero con el sentimien-
to noble y sincere de su importancia, el maestro debe
hablar de sus derechos en el mismo tono en que habla
de sus deberes.
Aunque el p6blico no corresponda y se muestre
indiferente, el maestro no debe quejarse nunca de su
Sprofesi6n. No le gusta? Abandonela; pero no la des-
acredite. En lugar de mirar con desagrado las exigen-
cias que para su ejercicio se presented, examenes, nor-







mas elevadas de conduct moral, decencia en el vestir
y en el hablar, consid6relas el maestro como una prue-
ba de la excel(acia de su profesi6n. 4 Pueden todos
Ilenar estos requisitos? Si todos los hombres pudie-
rat, Ivaldria la pena ser maestro?
Si el maeE ro procede asi, dignamente, persuadido
en su interior de que no es un cualquiera, de que en el
ejemplo de su c onducta se moldean las futuras genera-
ciones; de que merece el respeto y la consideraci6n del
g6nero human, pero que al mismo tiempo es demasia-
do digno para pedirlos, y much mas ain para llorar-
los; y tiene fe por el contrario en que la humanidad le
hari amplia justicia, estoy seguro de que ella vendri,
pero no vendra por ningun otro camino que el de la
rectitud y el honor. La hora se avecina. Por doquiera
se vislumbran las sefiales; y cuando la hora llegue,
vendra en forma tal que hasta los mismos maestros
quedarAn sorprendidos!

La Mujer como Maestra.
Creemos que la mujer, por disposiei6n natural,
aventaja al hombre en el magisterio, partieularmente
en los grades inferiores. De un instinto maternal
pronunciado, la maestra es mas ficilmente una madre
que el maestro un padre; y nada como el amor a los
nifios para inspirar las mAs nobles ideas y las mas sa-
ludables practicas cuando se halla secundado por una
buena preparaci6n cientifica y pedag6gica.
Es seguramente por esta semejanza entire la labor
de madre y la de maestra por o1 que el magisterio ea
tan solicitado por el element femenino; ademAs de ser
en verdad uno de lqs mejores campos, de los relativa-
mente pocos, en que la sociedad, particularmente la
nuestra, permit laborar a la mujer sin menoscabo de
su feminidad. Lo cierto del caso es que en todas par-
tes del mundo la feminizaci6n de la ensefianza es un
problema que preocupa a muchas mentalidades. En
nuestro concept si bien seria indudablemente mejor







que los alumnos varones de los grades superiores tu-
vieran maestros varones no vemos peligro alguno en
que sean educados por mujeres.
En los Estados Unidos, que es en donde este fen :-
meno es quizas mas notorio, debido a que los hombres
encuentran pronto mayores oportunidades de progre-
so que las que podria ofrecerles la escuela, no se han
observado resultados desfavorables de esta educaci6n
impartida por mujeres, por mas que hayan sido nu-
merosos los malos augurios. En la guerra mundial el
soldado norteamericano no mostr6 por cierto ninguna
de las cualidades generalmente asociadas a los indivi-
duos afeminados; y en la paz, las instituciones nortea-
mericanas pueden resistir la prueba.
La interrupcion que las labores escolares sufren
cuando la mujer tiene que retirarse a cumplir los de-
beres sociales de la maternidad y aun las cortas inte-
rrupciones mensuales, o por lo menos la disminuci6n
peri6dica de su eficiencia por las exigencias biol6gi-
cas de su naturaleza, se han aducido como razones en
contra de la mujer. En algunos lugares se ha llegado
hasta negarle a la mujer casada su ingreso en las filas
del magisterio.
Tal proceder nos parece de lo mas miope y absur-
do. Protejase si se quiere al nifio que va a nacer o ha
nacido, prohibiendo que las madres en estado de gra-
videz o que tienen nifios pequefios que necesiten de sus
cuidados no ingresen al magisterio hasta que el nifio
tenga cierta edad en que los cuidados maternos no
sean tan necesarios, como sabiamente han establecido
nuestras leyes, pero no se prive a la madre de ejercer
sus funciones de maestra; y sobre todo, no se prive a
la escuela de que el mis noble de los sentimientos hu-
manos, la maternidad, arroje sobre ella su luz bienhe-
chora.
A pesar de estas cualidades docentes de la mujer,
pueblos cuyas instituciones civicas se ufanan en lla-
marse models de libertad y de justicia democritica,







como Inglaterra y los Estados Unidos, pagan menos a
sus maestras que a sus maestros por igual servicio.
Pero esto es tan s61o un resabio de los antigu)s tiem-
pos en que la mujer era tratada como inferior, que
pueblos j6venes y liberals como el nuestro n3 deben
imitar.

Selecci6n del Personal
Las erecientes exigencias equilibradas por una
mejor remuneraci6n son tendencies muy importantes
en la selecci6n de los maestros. El desprestigio en
que hace ain pocos afios se tenia la profesi6n del ma-
estro era consecuencia 16gica del descuido de estos dos
factors. No obstante, amn no han pasado los tiem-
pos en que los encargados de hacer los nombramien-
tos tienen que decidirse por un candidate aun a sabien-
das de su incompetencia, pues no hay otro dispuesto a
ir al lugar para donde se necesita, ora por lo bajo de
los honorarios o por lo apartado del lugar.
La causa de esto es que la profesi6n aim no es po-
pular, particularmente entire el element masculine,
el que con frecuencia s61o la consider como una ini-
ciaci6n bastante regular en la vida, pero no como una
profesi6n para la vida.
No obstante hay posibilidades en la profesi6n de
maestro. Quien se dedique a ella con inteligencia y
entusiasmo puede elevarse por encima de sus conciu-
dadanos en honors si no en riquezas, aunque con un
margen c6modo para la vida. Si influencias extrafias
no entorpecieran la administraci6n del ramo de ins-
trucci6n p6blica; si los cambios politicos tan frecuen-
tes en nuestras incipientes democracies de America,
no dieran a toda instituci6n gubernamental, y particu-
larmente a todo empleo official, una impresi6n inc6mo-
da de inseguridad, la sclecci6n de maestros adecuados
a las diferentes comunidades no seria el problema tan
dificil que es en la actualidad. Sl6o el dia en que nues-





14
tros pueblos hagan del servieio piiblico una profesi6n
y s61o sean las virtudes y los mdritos de los maestros,
apreciados por normas fijas e imparciales, deter-
minadas en un escalaf6n, cientificamente establecido,
los factors determinantes de los empleos que 6stos
habrin te desempefiar, la profesi6n de maestro ten-
dra mayores atractivos.
He aqui por lo que la descentraizaci6n del Ramo
es mirada con favor entire los que han estudlado y co-
nocen a fondo los problems educativos zfacionales.













II-CUALIDADES DEL MAESTRO


Nada tendra tanta influencia en el progress
so professional del magisterio como el maestro mismo.
Si sus normas profesionales son elevadas ellos se ha-
rin respetar. Por tanto, como el orador de los tiempos
de Roma, el maestro modern, ademis de las cualida-
des del hombre como ciudadano correct, honrado,
bueno, en una palabra educado, debe reunir otras cua-
lidades particulares distintivas de su profesi6n.
Mathew Arnold, el c6lebre humanista ingl6s, resu-
me estas cualidades en las siguientes: caricter, tacto
y erudici6n. Home, educador americano, divide las
cualidades esenciales del maestro asi: Conocimiento
de la material; Conocimiento de los alumnos; Habilidad
para ensefiar; y Dignidad de character. Siguiendo las
interesantes sugestiones de estos dos notables educa-
dores dividimos las cualidades esenciales del maestro,
para mejor facilitar su studio, asi:
a)-Preparaci6n cientifica; b) Preparaci6n peda-
g6gica; c) Nobleza de carActer; d) Salud; y e) Refi-
namiento sociaL

Preparaci6n cientifica.
La preparaci6n cientifica es quizhs la principal
eualidad del maestro. Apenas si puede concebirse en
una persona un poder tal de inspiraci6n, que sienda






ignorante pueda, si no ensefiar, dirigir siquiera a los
demis a aprender por si mismos. Ain para esto son
necesarios ciertos rudimentos del saber. El mismo Ja-
cotot que creia en esta posibilidad tendria que recono-
cerlo. En sentido general es correct la afirmaci6n
de Plat6n: "Nadie puede dar lo que no tiene ni ense-
fiar lo que no sabe."
El maestro que sabe no s6lo lo que va a ensefiar
a sus alumnos sino much mis; y que no sabe s61o de
memorial, sino que ha asimilado, que domina lo que en-
sefia, puede con mayor facilidad entusiasmar a sus ni-
fios. Como no esta preocupado por lo que va a ense-
fiar, como puede considerar lo que ensefia desde todo
punto de vista y aplicarlo a cualquier actividad, no
teme incitar la investigaci6n de sus alumnos y antes
por el contrario invita la discusi6n y tiene siempre el
ejemplo adecuado, la figure pronta, la aplicacion co-
rrecta, para hacerse comprender. El maestro bien pre-
parado se gana la confianza de sus alumnos, porque
los alumnos pronto distinguen el que realmente sabe
del que s61o charla sin sentido.
El maestro que no esta preparado, que no sabe
bien lo que ensefia o tiene dudas acerca de ello, teme la
investigaci6n libre de sus alumnos y adn cuando conoz-
ca que procede incorrectamente, tiende a reprimirlos
por temor de quedar mal a sus ojos. Pues s6lo el
maestro que tiene confianza en si mismo y que ha sa-
bido inspirarla a sus alumnos puede confesar que no
sabe lo que sus alumnos le preguntan sin que su presti-
gio sufra menoscabo, sino que antes bien se aumente.
Los alumnos aprecian -en lo que vale su sinceridad y
le creen con mayor fe.

Preparaci6n de cada lecci6n.
El maestro debe preparar cuidadosamente cada
lecci6n que va a dictar no s6lo desde el punto de vista
del conocimiento cientifico, sino tambi6n en atenci6n a







las necesidades particulares de los nifios. Por eso el
Libro Diario, en el que el maestro anota el tema de la
lecci6n, debe ir acompafiado de un Libro de Preparaci6n
de Lecciones en donde recopile el maestro los conoci-
mientos que quiere impartir, con sus respectivas refe-
rencias, bosquejos, indicaci6n de intuiciones y demas
datos que habri de utilizar en la clase que va a dictar.
SEl maestro que tiene desconfianza en sus conoci-
mientos es irritable, amante de sermons y regafios
colectivos para que el tiempo pase y no se le agote el
tema; y con frecuencia gasta la mayor parte del tiem-
po en discutir los detalles, por haber perdido de vista
los elements principles de lo que esta ensefiando. En
la expresi6n grffica del Profesor Dewey, "pierde de
vista el bosque por contemplar los arboles."

Cultura general del maestro.
Pero los conocimientos del maestro no deben li-
mitarse a las materials que ensefia; su cultural de-
be ser general y abarcar todos los campos del sa-
ber. Su final sensibilidad debe guiarlo a interesarse
por adauirir conocimientos sobre los principles as-
pectos de la vida social, political, econ6mica, industrial
y artistic de la comunidad en que se encuentre la es-
cuela. Se le ha criticado con raz6n al maestro de ser
un individuo aparte en la sociedad, habitante de un
mundo de teorias. El maestro debe responder esta
critical con un trabajo social intense y efectivo, basado
en conocimientos autenticos de la sociedad en que vive.
Asi su influencia puede ser mayor y sus lecciones
tendran fbcil aplicaci6n.
Sobre la preparaci6n cientifica del maestro dice
J. G. Fitch: "El verdadero maestro no piensa nunca
que su educaci6n esta complete, sino que siempre esta
preocupado por aumentar su saber. En el moment
que un hombre deja de ser un estudiante sistemitico,
deja de ser un maestro eficiente."








Preparaci6n Pedag6giea
La ensefianza, como las demas artes, necesita pa-
ra florecer en un individuo del concurso indispensa-
ble de la naturaleza original: la vocaci6n. Pero como
para eon todas las arts, la naturaleza ha dotado a to-
dos los hombres, por la n ica raz6n de ser hombres,
es decir, presuntos padres, tie cierta capaci'dad de edu-
car. Esta capacidad debe ser particularmente en el
maestro, perfeccionada y desarrollada con el ejerci-
eio y el entrenamiento adecuados.
Pero del mismo modo que no valdria la pena gas-
tar tiempo y energies en eduear en musica a quien s6-
lo tiene una capacidad musical infima y que, por tanto,
papa por no tener ninguna, quien siente que su natura-
leza no lo inclina hacia el arte de ensefiar debe desis-
tir. En el caso de la educaci6n esta media debe adop-
tarse no s61o por razones de economia social, sino por
razones de moral. El maestro malo no s61o se perju-
dica a si mismo sino a sus alumnos, series inocentes que
es precise salvar.

Los que sienten inclinacida a la ensefianza, y de-
sean dedicarse a ella -generalmente tienen disposi-
clones, pues el querer ya es una disposici6n- deben
prepararse convenientemente. La dura realidad les
demostrara, si encuentran campo en que ejercitarse
sin el debido entrenamiento, que no basta ensefiar co-
mo a 6no lo ensefiaron. La educaci6n es un arte basa-
do en principios cientificos que es precise conocer pa-
ra obtener los mejores resultados de que fino es capaz.

Cierto es que la vocaci6n o disposici6n natural
cuenta por much, pero la educaci6n es indispensable.
El campesino rutinario con sus m6todos agricolas tie-
ne que dar paso al agr6nomo ayudado por la ciencia y
el poder de las izaquin.-,rias. La epoca del maestro
rutinario pas6 ya decididamente en las escu'elas pri-
marias y estA pasando en las escuelas secundarias. Su







turno vendra tambien a las universidades cuyos pro-
fesores sonrien placidamente ante su voluntaria y des-
defiosa ignorancia en el arte de ensefiar.
El maestro habil en su arte no s6lo hace sus ense-
fianzas *mas inteligibles y practices sino que gana
tiempo y deleita a sus alumnos; y s61o 61, estoy casi se-
guro, es capaz de mirar su ensefianza no desde su pro-
pio punto de vista, ni desde el del libro o del material
de ensefianza, sino desde el punto de vista del nifio.
Pero la preparaci6n pedag6gica del maestro no
s6lo debe consistir en la habilidad de seguir las. ins-
trucciones de los tratados de metodologia como segui-
ria un cocinero las recetas del libro de cocina. Ante to-
do es precise tener en cuenta que el maestro trata con
un material vivo y por tanto sumamente variable. Sus
conocimientos no pueden ser por el estilo de los de un
zapatero o un albafiil, cuyos respectivos materials
varian en un campo reducido. Su preparaci6n no de-
be consistir, pues, en una mera memorizaci6n de pre-
ceptos, sino mas bien en la formaci6n de poderes, de
aptitudes, de disposiciones que lo capaciten para dar
una acertada soluci6n a cada problema, y no obstante,
a pesar de ser todos distintos, conservar esa unidad y
consistencia en el conjunto, sin lo cual dejarian de ser
cientificos sus conocimientos. He aqui por lo que el
.trabajo del maestro es un trabajo de artist, no de ar-
tesano.

Conocimiento de los nifios.

En primer lugar, el maestro debe conocer a los ni-
fios. Su desarrollo fisico, su desarrollo mental, sus
gustos, inclinaciones; sus temores, su manera de pen-
sar, de sentir, y sus habitos o maneras de obrar. Este
conocimiento no sl6o debe ser general o de los niios en
masa, sino de cada uno de sus nifios individualmente.
Para que este conocimiento sea perfect el maestro
debe estudiar al nifio no s6lo en la escuela sino en su






propio ambiente. El maestro debe por tanto visitar
la familiar de cada niflo y ver como vive y c6mo puede
61 ayudarlo a vivir niejor, discretamente, sin causar
ofensas sino mas bien gratitud.
La Psicologia, sobre todo la Psicologia Infantil,
debe ser la base de la preparaci6n pedag6gica del ma-
estro.

Didictica.
Ademas de la Psicologia el maestro debe estar
versado en la Didactica o techica de la ensefian-
za. Esta preparaci6n no sl6o debe ser te6rica,
sino tambi6n prActica. Las escuelas normales acos-
tumbran tener escuelas primaries anexas, llamadas
esctelas de aplicaci6n, en donde los alumnos adquieren
esta experiencia prActica. Pero estas escuelas no de-
berian estar sometidas a las mismas disposiciones ad-
ministrativas que las demis, pues ante todo deberian
ser escuelas de demostraci6n y experimentaci6n; y
sus maestros, ademas de estar mejor pagados que los
demas, deberian ser cuidadosamente seleccionados.
En la preparaci6n prActica debera t-nerse en
cuenta las condiciones en que habran de trabajar los
maestros al salir de la escuela normal y tratar de re-
producirlas. Con frecuencia los maestros tienen al
salir que encargarse de escuelas con various grades
simultaneos sin haber nunca adquirido experiencia
en ese sentido. Las maestras, por su parte, van a en-
sefiar en escuelas mixtas y no han aprendido a tratar
con nifios varones.
La prepara~ci6 pedag6gica del maestro debe ser,
pues, cuidadosa y al mismo tiempo amplia. La co-
rrecta comprensi6n del process educativo en su fina-
lidad individual y social vale mas, much mas, que el
adiestramiento en la apricaci6n de formulas metodo-
16gicas, que es lo que muchas veces en las escuelas nor-
males pasa poir la adecuada preparaci6n del maestro.







Aun cuando en verdad la habilidad didietica no cons-
tituye toda la preparaci6n pedag6gica del maestro es,
sin duda alguna, una parte muy grande de ella. El
maestro debe estar versado en la tecnica de la ense-
fianza; pero reducir la preparaci6n del maestro al me-
ro adiestramiento formal, no s61o es privarlo de todo
lo verdaderamente significativo y human de su la-
bor: el process interior en la mente del nifio; sine que
es inculcar en su mente el culto exagerado de la forma
metodol6gica exterior; y esto, dice Stanley Hall, "es la
forma mis sutil de la patologia pedag6gica."

Esta preparacion pedag6gica estrecha, que redu-
ce todo problema educativo a una cuesti6n de formula
metodol6gica, que tiene un nombre al parecer t6cnico
para eada pequefia variante en la manera de hacer
cualquier cosa, es responsible no s6lo de que los maes-
tros den demasiada importancia al material escolar
traditional con perjuicio del material que los rodea
en su vida, sino que es responsible tambien de ese tipo
especial de mentalidad de d6mine que va generalmen-
te asociada con el maestro y cuyo analisis tendremos
ocasion de hacer sucintamente mis adelante.

Habilidad administrative.
La habilidad administrative es otro element im-
portante en la preparaci6n pedag6gica del maestro. Te-
ner las cosas en orden: un lugar para cada cosa y ca-
da cosa en su lugar; Ilevar la estadistica mensual al dia
y correctamente; corregir concienzudamente los tra-
bajos escritos; tener aseado y en forma atractiva el
sal6n, el dep6sito, el archivo escolar, el huerto y el pa-
tio; ser un verdadero amigo y confidence de sus alum-
nos; ser, en la comunidad o barrio, un miembro apre-
ciable con quien se cuente paia todo movimiento de
progress social y mantener, en fin, esa actividad orde-
nada y productive llamada buena discipline que es el
distintivo de una escuela bien organizada, son elemen-
tos importantes que el maestro no puede ver con indi-







ferencia, pues constituyen parte esencial de su labor
de tal suerte, que en gran numero de casos, ellos solos
son los responsables del fracaso del maestro.

Preparaci6n agricola-manual.

Para el maestro traditional, imbuido en el anti-
guo ideal de cultural, toda labor manual habria sido un
sacrilegio: el bufete, el libro y de 6ste lo mis abstru-
so y lo mas remote de las necesidades de la vida era lo
que tenia valor en la educaci6n. Hoy las cosas son
muy distintas. Nuestra civilizaci6n es esencialmente
industrial. El trabajo es una religion; y ninguna for-
ma honrada de trabajo es inferior o superior a las de-
rms. Si nuestra civilizaci6n ha de prosperar la ju-
ventud debe profesar estas ideas. La escuela debe tias-
mitirselas. Son experiencias que en su larga y dolo-
rosa historic ha recogido la humanidad.

Mas que agricultor, carpintero, zapatero, cocine-
ro o camarero, el maestro debe poseer conocimientos
generals en las profesiones manuales que le permitan
dirigir las actividades de esta indole en sus escuelas en
consonancia con las necesidades de la comunidad. Pe-
ro sobre todo, el maestro debe poseer una actitud men-
tal simpitica, un verdadero aprecio y un gusto e in-
clinaci6n genuinos a las profesiones manuales.

Esto es mis necesario en nuestros pueblos quizis
que en otros lugares. Todavia son muchos los que
creen que el niflo debe educarse para escapar a la ruda
faena del trabajo manual y para tener una vida de ocio
y molicie. El maestro con la ensefianza eficaz del
ejemplo, debe inculcar al pueblo el culto noble y rei-
vindicador del trabajo, particularmente del trabajo
manual, sin razdn despreciado entire nosotros. Y s6lo
con una buena preparaci6n en Agricultura, Artes Ma-
nuales y Domesticas podra el maestro llevar a cabo
esta parte tan important de su multiple y delicada la-
bor.







Misica,

En Alemania les maestros, particularmente los
maestros rurales, deben saber algin instrument mu-
sical. El violin es el favorite. A no ser possible esto,
seria deseable que los maestros tuvieran coneecimien-
tos musicales que pudieran aplicar a la escuela. La or-
ganizaci6n de fiestas, formaci6n de grupos corales,
particularmente en los centros de pocas distracciones
populares son medios muy eficaces de acercar el hogar
y la escuela.
Dfbujo. *
Como element important de la preparaci6n del
maestro debe tambien figurar el dibujo. El maestro
que es habil dibujante puede con facilidad ilustrar en
el pizarr6n sus lecciones.
Un bosquejo rapido habilmente hecho durante la
lecci6n vale tanto como la mejor limina mural.

Deportes. *

La afici6n por los deportes no debe ser tampoco
descuidada en la preparaci6n del maestro. Nuestro
pueblo necesita de sanas y cultas distracciones.
Y la escuela debe ensefiarlo no s6lo a trabajar, si-
no a divertirse cultamente. El deported aleja a los
pueblos del vicio y el maestro es el mAs liamado a cul-
tivar e3ta itil y agradable afici6n.

Maestros improvisados.
A veces, como ya hemos dicho, las necesidades del
servicio requieren que se improvisen maestros. La
mavoria de estos maestros resultan fatales: sin em-
bargo, no pocas veces hay maestros improvisadow que
resultan much mAs eficientes que los mismos gradua-
dos.









Pero si todo maestro, para ser eficiente, esti en
la necesidad de estudiar diariamente y mantenerse al
dia en los progress de la ciencia pedag6gica, para el
maestro improvisado esta necesidad es mas imperati-
va. Quien asure la responsabilidad de educar a los
demas, no debe hinraclamente, permanecer en la igno-
rancia de lo que con studio y consagraci6n puede a-
prender. De sus colegas, de sus superiores y median-
te las agencies de cultural bibliotecas, cursos de vera-
no etc. el maestro mal preparado esti en el deber de
aprender lo que necesita y capacitarse bien para des-
empefiar su elevado ministerio. Quien no mostrase
tal inclinaci6n deberia abandonar la profesion o ser
retirado de ella: su influencia no puede ser ben6fica;
y es un deber, no s6lo de las autoridades escolares, si-
no de los maestros mismos, el velar por que unidades
que en una u otra forma desprestigian la profesi6n,
]a abandonen para siempre.
Para un m,.estro amante de su profesi6n el hecho
de que su preparaci6n inicial haya sido deficiente no
es raz6n para que continue siendolo. Su deber es per-
feccionarse sin cesar.

Nobleza de Caricter
Pero poco o nada son la habilidad cientifica y la
pedag6gica de un maestro cuando no van acompafia-
das de un caricter noble. Los conocimientos que un
maestro ensefia pueden olvidarse o si deja de ensefiar-
los el nifio pueie luego adquirirlos con su propio es-
fuerzo, pero el bien o el mal que cause por su propia
personalidad, perdurara siempre. En efecto, no es lo
que el maestro dice es lo que el maestro es lo que mas
impresiona a lo:- alumnos. El nifio es impressionable es
verdad, pero nada como el ejemplo para impresionar-
lo.
Caricter es la habilidad de pensar cuerdamente
y el valor moral de ajustar nuestra conduct a nues-
tras propias convicciones a despecho de toda conse-
cuencia que nos pueda sobrevenir.








El caracter, como vemos, es la resultante de la re-
laci6n entire el intelecto y la voluntad. Y en honor sea
dicho del inte'ecto human, el noventa y nueve por
ciento.de nues;ras faltas de caricter son menos erro-
res de juicio que falta de voluntad.
Y es sobr.: todo voluntad firme y energica lo que
el maestro ne esita. Esa fuerza de voluntad que se
adquiere con el hibito de hacer siempre lo que se debe
hacer, aun cuando ello sea insignificant, es la parte
culminante de nuestra personalidad y por tanto de
nuestro caricter.
El caricter no es la personalidad, pero si constitu-
ye su element esencial. Todas las virtLdes del hom-
bre: integridad, pureza, independence, honestidad,
tacto, valor, laboriosidad, justicia, firmeza, perseve-
rancia, paciencia, bondad, alegria etc. estin resumi-
das en el caricter. Pero para el maestro estas virtu-
des deben tener un significado mayor que el conven-
cional que guard relaci6n con las condiciones y pro-
blemas que le son peculiares a su noble ministerio.
Es indudable que, aunque esencialmente el mismo,
el caracter del maestro tiene distintas modalidades y
no puede, por tanto, ser apreciado con las mismas
normas con que se aprecia el de los demas. Maestro
quiere decir modelo; las normas de apreciaci6n deben
ser, pues, mis elevadas para el maestro que para los
que no tienen esa responsabilidad.

Honradez.
La honradez, por ejemplo, dice un autor modern,
incluye no s6lo las virtudes, mas bien negatives de
pagar mno sus deudas e informer la asistencia diaria
correctamente, sino que tambien incluye el cumplir a
media llena los deberes de su estado. LEs honrado
ir a classes sin haber agotado todo esfuerzo para ad-
quirir un profundo y claro conocimiento del material
de ensefianza en todas sus relaciones? LEs honradQ








permitir que la discipline decaiga durante los iltimos
dias del afio escolar? 0 tomando el campo de la hon-
radez intellectual y del valor moral, jabstenerse de
leer un libro por miedo de que pueda sacudir nuestras
conciencias, indica actitud honrada y valerosa?

Alegria.
Pero de todas estas virtudes la alegria-yo con-
sidero la alegria una virtud- es de mayor aplicaci6n
y de mayor efectividad en la escuela, tanto desde el
punto de vista del nifio como del maestro. El maestro
alegre, de buen humor, que para todos tiene una son-
risa carifiosa, borra pronto la huella de cualquier in-
cidente desagradable y hace su clase un paraiso de los
nifios. La alegria es la vida del nifio. La sonrisa ale-
gre y franca en los labios del maestro es el mejor vin-
culo que lo une a sus corazones y con frecuencia es la
mejor y mas efectiva introducci6n de una clase.
Y, por el contrario, no hay peor maestro que el co-
lrico, regafi6n, cara de perdonavidas. Su influencia
es fatal. Dice Channing que el nifio que por seis ho-
ras diarias esta obligado a mirarle la cara a un maes-
tro soberbio, regafi6n y matasiete esti sin duda algu-
na en una escuela de vicio. Bagley dice sobre el par-
ticular: "Todo mal instinto en el niiio sale a relucir
y se intensifica por la influencia de un maestro de dis-
posici6n agria, aspera y antipitica."
La alegria, por el contrario, es como una musica
que despierta en el coraz6n del nifio los buenos senti-
mientos. Para el maestro la alegria es un t6nico que
le refresca y le descansa. El mal humor provoca to-
xinas y el cuerpo tiene que consumer poderosas ener-
gias y vitalidad para extirparlas.
Anilogo al mal humor en sus efectos sobre el ma-
estro, es la ansiedad y la preocupaci6n. Estas y no el
trabajo efectivo son las que realmente fatigan al ma-
estro y hacen pesada su labor.









Justicia.

Por sus ef3ctos en los niios y su influencia refle-
ja en la menta.idad del maestro, la justicia es una de
las virtudes mas caracteristicas de la nobleza de ca-
racter del maestro.

El nifio es sumamente sensible a la injusticia. El
escozor que para siempre dejan en su espiritu las in-
justicias contra e1 cometidas son evidence muestra.
Que el maestro no tenga preferencias de ninguna cla-
se; ni de familiar, ni de amistad, ni de jerarquia, ni de
nada. Sea el maestro igual para con todos: que s6ld
el talent y la buena conduct sean lo- factors que
determine los honors y distinciones escolares; y no
s6lo su actuaci6n seri una constant educaci6n civica,
sino que mayor confianza y mayores simpatias inspi-
rarA a sus subordinados.


Tacto.
Pero muchas veces no basta hacer el bien ni ser
just, ni aun ser carifioso. Es precise que nuestra
bondad, nuestra justicia, nuestro carifio, desffierten
en la persona o personas hacia quienes se dirigen, las
reacciones adecuadas a nuestros prop6sitos. Y esta
es la gran dificultad. Con frecuencia nuestras me-
jores intenciones son mal interpretadas y en vez del
resultado apetecido obtenemos precisarente todo lo
contrario. Una sonrisa inadecuada puede parecer
burla y provocar antipatia, cuando por nuestra parte
era quizas una muestra de deferencia! Es tan impor-
tante esta cualidad de acertar a producer la reacci6n
apetecida que un autor define al caballero como la
persona que no ofende a nadie sin querer. Esa habi-
lidad particular de aplicar los medios de tal suerte que
produzca los mejores resultados apetecidos se llama
tacto.








El tacto es la resultante del studio de nuestros
semejantes, del cuidado en lo que hacemos, de la aten-
ci6n a los detalles y sobre todo, del convencimiento de
que despu6s de todo, lo que importa es el buen 6xito
de las medidas que se adopten y no los pequefios e in-
significantes detalles de forma en los cuales pueda in-
fluir un mal entendido pundonor. Para el maestro
vale mas, much mis, ceder, ser condescendiente y ob-
tener de esta suerte lo que desea de sus alumnos que
mantenerse firme, es decir, obstinado en concept de
ellos, invitar de esta suerte a la rebeli6n y conseguir
resultados muy precarios y parciales, cuando no com-
pletamente nulos o negatives.


Autoridad.

Pero donde el maestro muestra con mayor fre-
cuencia su falta de tacto es en el ejercicio de su auto-
ridad. Ese afin de mostrar su poder, su fuerza, me-
diante prohibiciones, amenazas, gritos e insultos es
un hAbito pernicioso en el maestro. No es que el maes-
,tro debe ser d6bil y temer ejercitar su autoridad cuan-
do league el moment. Pero el maestro de tacto, sin
aspavientos de mal tono, sin gritos, sin amenazas,
cuando el moment llega obra rapidamente, con de-
cisi6n, certeza y seguridad sin alardes de topoderoso,
pero sin vacilaciones ni temor a las consecuencias. Y
este es el modo de obrar que le acarreari mayor res-
peto que todos los gritos y alardes de autoridad. Hay
much sabiduria prActica, aplicable no sl6o a los adul-
tos, sino a los nifios en aquella famosa expresi6n del
President Roosevelt de los Estados Unidos: "Speak
softly and carry a big stick." (Hable usted suave-
mente pero cargue un gran garrote). No recuerdo
d6nde, el Dr. Pablo Arosemena, Presidente de Pana-
ma, a su vez recomendaba: "Sea usted un hombre de
hielo: suave en la forma, pero fuerte en el fondo."







Disciplina.
Ser respetuoso y acatar las instrucciones de los
superiores no es servilismo, es ser disciplinado. Den-
tro de la discipline bien entendida cabe el honor mas
exigente. El caricter del buen educador, uno de cu-
yos mis recios lineamientos debe ser la independencia,
no valdria nada sin la discipline. Seria como un cor-
cel desbocado y sin bridas. La discipline es una ne-
cesidad de toda colectividad. Si las vastas empresas
comunes se dejaran a la inspiraci6n del moment, sin
plan preconcebido y sin directors para llevarlas a ca-
bo, tales colectividades fracasarian al instant. Obe-
decer un plan es mostrar discipline. Y el maestro es
miembro de una colectividad seria que se rige por nor-
mas establecidas de antemano, muchas de las cuales
datan de various afios. Siendo el maestro disciplinado
puede facilmente ensefiar a los alumnos a serlo tam-
bidn.
En los nifios la discipline u obediencia, es cuesti6n
de hibito. El maestro debe acostumbrar a sus nifios a
obedecer. El nifio voluntarioso que le gusta contradecir
y hacer siempre su gusto es product de la debilidad
de sus padres y maestros. Cuando el nifio recibe una
orden o una prohibici6n el maestro debe procurar que
tal mandate no tenga el caricter de imposici6n, sino
antes bien debe anticiparse con las razones que respal-
dan su proceder. Su tono debe ser confidencial y
atractivo, pero al mismo tiempo firme. Las dudas y
arguments de los nifios deben atenderse, pero las si-
plicas reiteradas, particularmente cuando s61o tienen
por base el capricho, deben mirarse con indiferencia,
no merecer la menor atenci6n. El maestro o padre
de familiar que cede una vez al capricho del nifio, no
tendra fuerza para resistir la segunda vez y habra a-
costumbrado al nifio a hacer lo que desea.- Para ese
padre o maestro no habra mAs tranquilidad si no cede
siempre a los caprichos da sus nifios y todos sabemos
que al ceder ser. mayor aun su ansiedad, pues sus ca-
prichos no tendon fin.







Reputaci6n.
Pero muchas veces por escrupuloso que pueda ser
el maestro, en sus relaciones con sus alumnos, compa-
fieros y superiores hay algo superior a sus fuerzas,
que echa a perder sus planes por mis precavido que
sea. Este factor poderoso no es otro que la repu-
taci6n del maestro. "Give a dog a bad name and
hang him" dice un proverbio norteamericano. "Cria
fama y acuestate a dormir", traducimos nosotros. No
es tanto nuestro carfcter o personalidad propias lo
que en resumidas cuentas nos vale en la vida. Es la
opinion que de nosotros tienen los demas lo que al fin
y a la postre cuenta. La reputaci6n del maestro es su
gran tesoro: que no la mancille, que vele siempre por
ella, porque una vez perdida, dificilmente se recobra.
Y pensar que la vida de un hombre, quizas la de una
familiar enter, penden de los labios de un chismoso,
que procura alzarse a inmerecidas alturas labrando
con infamia la ruina moral de los demas.

Valor.
"Al domar los animals salvajes, dice Bagley, per-
der el "nervio" es fatal para el 6xito del domador. Es-
to es igualmente cierto, al educar a los nifios, quienes,
en cierta etapa de su desarrollo, como sefiala el Presi-
dente Hall (George Stanley Hall), "son los mas salva-
jes de todos los animals salvajes." En cualquiera de
los dos casos la menor muestra de temor es rendirse."
Aun cuando no podemos decir hasta que punto es
estrictamente cierta la expresi6n de Stanley Hall en
cuanto a los nifios se refiere, no hay ningfin asomo de
duda que el maestro que desee conservar su autoridad
no debe dar a sus alumnos la menor muestra de temor.
La menor vacilacion es fatal. El nifio tiene un sen-
tido muy delicado de su fuerza, cuyo element mas
important es una gran intuici6n por la debilidad de
sus superiores. Este valor, que es otra de las virtudes







. que forman el carfcter del maestro, no es ciertamen-
te el valor fisico, aunque este no debe faltar, sino el
valor moral.

Ceder ante la presi6n que la familiar pueda ejer-
cer en favor del niflo; ceder ante la impopularidad
temporal de una media entire los padres y los nifios,
a pesar de estar convencido de su bondad y eficacia,
es cobardia. Mantener las convicciones con valor
no es tan s61o la primera cualidad del caracter del
maestro sino de todo hombre. Cuando el deber lo
exige ni los presuntos enemigos, ni la tranquilidad es-
piritual propia, ni la misma reputaci6n del maestro
deben interponerse. El deber professional esti por en-
cima de todo.

Confianza en el bien.
Pero es impossible adquirir esta elevaci6n espiri-
tual del carActer sin la confianza inquebrantable en
la fuerza redentora del bien y de la bondad. Con fre-
cuencia vemos la virtud abatida, pero el maestro debe
conservar prendida en su coraz6n la llama de la fe en
el exito de las nobles causes. Este es un sentimiento
que con esmero debe cultivarse en el coraz6n del nifio.
El dia en que la humanidad pierda esta fe serA dificil,
si no impossible, controlar las fuerzas del mal. Y el ma-
estro que por raz6n natural es el mejor aliado del bien
y de la virtud, debe tener fe en su propia causa y sa-
berla inspirar y conservar en sus alumnos. Esta
serA la mejor prueba de la nobleza de su carActer.


Incapacidad moral.
El maestro puede, pues, estar muy bien preparado
tanto cientifica como :cdag6gicamente, pero si mo-
ralmente no lo estA no sl6o no serA un buen maestro
sino que no debe ser maestro en lo absolute. El dafio






que causa su presencia ante los nifios es tan trascen-
dental que afecta no s6lo muchas vidas sino muchas
generaciones, quizas. Ninguno camo e1 puede tener
tanta influencia para el mal; y es un deber social que
ningin ciudadano debe rehuir, el ayudar a que un
maestro pernicioso cese cuanto antes su corruptora y
nefasta labor.
Desde que el presunto maestro esti en la escuela
normal o aspira a la dignidad de maestro, su conduct
moral debe ser escrupulosamente vigilada y si se en-
contrara defectuosa, deberia negarsele toda oportu-
nidad de continuar sus studios de maestro y prestar
sus servicios como tal. En esto se debe tener tanto o
mas cuidado que si se tratara de enfermedades conta-
giosas, pues el contagio moral es mas pernicioso to-
davia.

Salud.
Hay una gran dosis de verdad en la expresi6n que
Spencer pone en boca de un humorista: "La primer
condici6n para el buen 6xito en la vida es la de ser un
buen animal." Y esta dosis de verdad aumenta cuan-
do dicha expresi6n se aplica al maestro. El maestro
que carece de las condiciones fisicas necesarias para
"ser un buen animal" no podri ser nunca un buen ma-
estro. No es que 6ste necesite fuerza y miusculos de
atleta, sino que su labor, mis que ninguna otra, exige
el pleno y vigoroso uso de sus funciones mentales co-
mo hemos visto, y sobre todo de su burn humor; y no
puede haber eficiencia mental y buen humor en un in-
dividuo enfermo.
Por otra parte, aunque el lego en la ensefianza se
niegue a creerlo, el trabajo del maestro es fuerte, du-
ro y un organismo d6bil no puede soportarlo. En la
salud del maestro debemos incluir la ausencia .de de-
fectos fisicos, porque 6stos, ora por hacerlo aparecer
ridicule ante sus alumnos, ora por limitar sus capaci-
dades docentes le pbstaculizan su labor.








Con frecuencia las escuelas normales mantienen
a los futures maestros bajo un regimen de excesivo
trabajo que les impide por una part tender debida-
mente a su salud y por la otra digerir y similar bien
los conocimientos que se les suministran.
QuizAs esta poca atenci6n que el maestro presta
a su propia salud es responsible por su indiferencia
en lo que a la salud de los nifios se refiere.

La higiene escolar.
La higiene escolar debe ser, pues, uno de los puntos
mAs importantes de su preparaci6n pedaggica. Pero
este studio no debe limitarse a la discusi6n de los te-
mas tradicionales de la ventilaci6n y la luz. Debe in-
cluir temas como la higiene del crecimiento fisico y
mental; la higiene de la alimentaci6n, la higiene de la
escuela en relaci6n con las plagas que azotan a la hu-
manidad como la malaria, el paludismo, la uncinaria.
Debe tambi6n abarcar temas como la higiene del es-
tudio; m6todos econ6micos de aprender, condiciones
de trabajo, descanso, suefio para la mayor eficiencia
del trabajo; higiene sexual, higiene de la garganta,
los pulmones etc.
Tanto para ser admitidos en la Escuela Normal
como para ser admitidos en el ejercicio del magisterio
debe preceder un examen medico escrupuloso del can-
didato. No se trata ya de la vida de una sola perso-
na, sino de un grupo considerable de inocentes nifios
que pueden ser contagiados de alguna enfermedad y
Ilevar el contagio a sus hogares.
Pero la inspecci6n m6dica no debe cesar aqui. Con
mayor frecuencia adn que los nifios, los maestros. de-
ben ser vigilados en su salud. "Todos los argumen-
tos en favor de la inspecci6n m6dica de los nifios, dice
Terman, se aplican igualmente a los maestros, que
tienen el mismo derecho que estos de ser avisados a
tiempo de los ataques insidiosos de la enfermedad..








Tanto, pues, desdo el punto de vista de los nifios
como del maestro mismio se explica ficilmente la gran
responsabilidad de las autoridades escolares de velar
por la salud de los ma-.stros.
Si como hemos dicho anteriormente, las cualidades
morales del maestro deben determinar su aceptaci6n
o rechazo en las escuolas normales, sus condiciones
fisicas deben tambien en ese mismo sentido tomarse
en cuenta.

Un maestro tartamudo, sordo o jorobado no pue-
de ser un buen maestro.

Refinamiento Social.
El maestro de trato vulgar, de modales incorrec-
tos, no es un ejemplo digno de imitarse y por lo tanto
no puede ser un buen maestro. Los modales urbanos
ciertamente no constituyen la educaci6n, pero son su
forma externa y no una parte despreciable de ella.
El tacto, tan necesario como hemos visto en la vi-
da del maestro, depend en gran parte de sus mo-
dales y de los habitos sociales que ha adquirido en
sus relaciones con las demis personas. En nuestros
pueblos latino-americanos esta cualidad del maestro
es de mayor urgencia quizas que en los demas paises,
pues nuestro pueblo, nuestra masa popular, es noto-
ria por su falta de cultural; y no es la ensefianza te6-
rica de la urbanidad lo que por cierto corregira este
mal, sino la prAlctic, constante de las buenas formas
sociales inculcadas por el maestro, mas que con su pa-
labra, con la eloctencia inuda de su ejemplo. Y nu se
crea que s61n P mrnaeslro en los centros urbanos o de
mayor cultural esta obligado a observer las f6rmulis
sociales. El maestro rural en los lugares pequelios y
atrasados lo estd mayormente. El maestro en estos
lugares mAs que en los centros civilizados es el repre-
sentante de la cultural y debe presentarse al piblico
como una persona civilizada. Cometen un grave error





35


aquellos maestros rurales que descuidan sus vestidos
y su persona. Un maestro sin afeitarse, sin saco, sin
cuello y sin corbata, sin medias, indecorosamente
calzado -s-eria inconcebible que fuera descalzo- no
es un buen exponente de cultural. Civilizar es crear
necesidades y aumentar los medios de satisfacerlas. Es
precise que nuestros campesinos adquieran la necesi-
dad de vestirse bien, calzarse, afeitarse con frecuen-
cia y vivir bien, como personas civilizadas. El mae-'
tro debe darles el ejemplo y esforzarse por que lo imi-
ten.

El maestro como agent civilizador.
Pero para Ilevar a cabo su misi6n civilizadora el
maestro, particularmente el maestro rural, debe estar
en contact frecuente y director con los padres de fa-
milia y la comunidad en general. Pierden de vista es-
ta fase importantisima de su labor los maestros que a
fin de cada semana, apenas terminadas las labores do-
centes, se ausentan del lugar en donde trabajan para
no regresar hasta la semana siguiente a comenzar de
nuevo, fatigados, quiza, del viaje, sus labores en el
aula. El domingo y los dias no laborables son las me-
jores ocas'ones para el inaestro, particularmente el
rural, conocer y tratar a los padres de familiar. En
los pequefios poblados, donde la vida es tan mon6tona
por falta de distracciones, una reunion de padres de
familiar, en la escuela, una fiestecita escolar o algo por
el estilo, haria much bien. No s61o alejaria a los ha-
bitantes de diversiones peligrosas a la salud y a la mo-
ral, sino que haria much por el acercamiento entire
el hogar y la escuela.
Cuando el maestro es oriundo del lugar en donde
trabaja, es cierto, estos viajes se hacon casi innecesa-
rios, pero en cambio su labor en otros sentidos se le
dificulta grandemente. Sus familiares y amistades con
sus exigencias, por una parte, y por la otra la poca
confianza que a los habitantes inspira quien ha vivi-





86
do constantemente con ellos, le obstaculizan toda obra
de reform social. El mismo maestro acostumbrado
a ver las cosas como son tiene pocas esperanzas de po-
der cambiarlas. Por algo se ha dicho que nadie en su
tierra es profeta.

Por lo menos durante los primeros afios de labor
cuando todavia esti fresco el recudrdo de las mucha-
chadas del joven maestro, conviene que 6ste trabaje
en un lugar distinto de donde es oriundo y adquiera
alli la experiencia y la personalidad necesarias para
regresar luego a su native hogar y hacer alli labor
verdaderamente educativa. Esto es particularmente
cierto de los lugares pequefios.
















III-ETICA PROFESSIONAL


Poco Espiritu Profesional.

No son pocos los educadores que con raz6n se
quejan de que al comparar el magisterio con las de-
mis profesiones, amn con algunas de las no incluidas
bajo la denominaci6n de liberalses" se observa su in-
ferioridad en cuanto al espiritu professional se refiere.
Todavia no nos ha sido possible a los maestros desa-
rrollar un sistema de Rtica professional como existe
entire los medicos, abogados y demis profesionales.
Para un verdadero military, por ejemplo, nada hay tan
deshonroso como quebrantar las reglas de la milicia;
y lo mismo podria decirse del medico y del abogado
para con sus respectivas profesiones. Ellos respetan
su c6digo no escrito de etica professional y consideran
que perder el respeto y la estimaci6n de sus colegas
por violaciones a estas leyes es el mayor castigo que
un professional puede recibir.

Pero no puede decirse tampoco, que el magiste-
rio carece en lo absolute de principios de 6tica profe-
sional. Poco a poco ciertos principios 6ticos van cris-
talizando en la conciencia de los que han hecho del ma-
gisterio la ocupaci6n elegida para dedicarle todos sus
afanes y desvelos; y se van haciendo sentir en su dia-
ria labor.








La Verdadera Recompensa del Maestro.
Uno de estcs principios, por ejemplo, es que el ma-
gisterio tiene sL recompensa no tanto en los honora-
rios que reciben sus miembros como en la satisfacci6n
de efectuar una obra de valor y necesidad sociales. Sin
llegar a la exagaracion de negar que trabaja por di-
nero y que aspira a un sueldo bueno; y much menos
ain de condena: al que acepta paga por ejercer su
ministerio educativo, como lo hacian los antiguos grie-
gos, todo educator consciente rechaza el espiritu del
sofista de educar tan s6lo por el dinero.

Pero es particularmente en las relaciones entire
los mis importantes agents de la educaci6n y el maes-
tro, es decir, entire el maestro y sus superiores, alum-
nos, padres de familiar, colegas y su misma profesi6n
donde este creciente espiritu de moral professional se
pone de manifesto.

El Maestro y sus Superiores.

El maestro debe a sus superiores respeto y acata-
miento; y entrnmbos deben estar ligados por lazos
sinceros de car aracderia y confianza reciprocas, sen-
timientos que i1: en y se desarrollan al calor de la mu-
tiia consideration y respcto.

En las mndi iaciones de sus superiores el maestro
debe mirar no :na censura, ni much menos una acu-
saci6n, sino unc ayuda; y en lugar de mostrar temor
y ocultar las de.iciencias de que 61 y la escuela adole-
cen debe ponerlas de relieve y solicitar consejo acerca
de la mejor manera de eliminarlas.
Por otra parte, el superior debiera inspirarse
siempre en el djseo de ayudar, en el deseo de que el
maestro trabaje cada dia mejor y, por tanto, debiera
esforzarse por que sus critics e indicaciones fuesen
objetivas, es decir, dirigidas hacia los hechos sin tocar







la persona del maestro; y constructivas, esto es, pro-
curando que el aspect bueno de la labor que el maes-
tro realize en un sentido sirva de norma al mismo ma-
estro para mejorar en otro sentido. Asi, pues, en lu-
gar de sindicar al maestro de incumplido, se debe ma-
nifestar tan s61o que en tal circunstancia no hubo
cumplimiento. En lugar de rechazar por complete
un procedimiento que-el maestro ha empleado se de-
beria mostrar otro procedimiento bueno que el mismo
maestro ha empleado en otra ocasi6n y pedirle que
proceda igualmente en el caso particular que se con-
templa. Criticar sin sefialar la manera correct de
proceder tiene poco valor.

Las quejas del maestro contra el superior deben
ser presentadas con franqueza y correcci6n. Cuando
surge una desavenencia es preferible que el maestro
pida su traslado antes que dar el especticulo de dis-
cordia y aun de cosas peores que desprestigian la or-
ganizaci6n.

El maestro debe comprender que sus superiores
son a su vez, responsables de los resultados que de
ellos solicitan, y que una exigencia suya en este senti-
do no es despotismo; asi como que un sincere acata-
miento, por parte de ellos a las 6rdenes e indicacio-
nes que reciben tampoco puede ser considerado como
servilismo o humillaci6n. Sinceridad e inteligente
lealtad son los sentimientos que deben reinar entire el
maestro y sus superiores para que los resultados de su
respective labor sean lo que deben ser.

El Maestro y sus Alumnos.
Para con sus inferiores el maestro deberia poner
todo su empefio en observer esta regla de oro: "No
hagas a los demis lo que no quieras que hagan con-.
tigo." El nifio tiene tambi6n su personalidad que
respetar y es un deber del maestro mantener inc6lu-
mes los derechos de la personalidad infantil.







Las dificultades que entire el maestro y los alum-
nos surgeon es indudable que se deben, por una parte,
a la deficient adaptaci6n infantil a las normas de
conduct que el adulto le impone; pero en su mayor
parte tienen su origen en que el maestro no desea, o no
ha aprendido, a respetar al nifio. Los gritos, los insul-
tos y la manera como generalmente se imponen los
castigos son irrespetos a la personalidad infantil que
provocan, no la sumisi6n sino la rebeldia y reacciones
anilogas por parte del nifio. Si obtienen obediencia,
ya lo hemos dicho en otra ocasi6n, no es la obediencia
del hombre libre ante la justicia y el bien, sino la hu-
millante y degradadora sumisi6n del esclavo ante lo
que 61 siente como una injusticia y una maldad; pero
que al mismo ticmpo reconoce su impotencia para re-
sistir abiertamente. S61o cuando sea respetado apren-
dera el nifio a respetar como hombre libre a sus supe-
riores y a sus iguales.

El Maestro y los Padres de Familia.

Para con los padres de familiar, tutores o repre-
sentantes de los nifios, el maestro esta obligado a escu-
charlos y tratarlos con consideraci6n, no import cuil
sea su posici6n social, o econ6miea, o su grado de ins-
trucci6n. La labor del maestro es un apostolado, y
como tal debe star animada por un espiritu de servi-
cio social Y es en sus relaciones para con los padres
de familiar cuando el maestro necesita mas de esas cua-
lidades que hacen del magisterio un apostolado. El
mal entendido afecto paternal, la ignorancia y las fal-
sas ideas que sobre la ensefianza tienen muchos padres
de familiar, hacen de 6stos, quizas sin que ellos se den
cuenta, los peores obsticulos a la labor del maestro.
A sus reclamaciones, y ain a sus ataques y hasta in-
sultos, el maestro debe responder dignamente, pero
siempre en forma conciliatoria aprovechando la opor-
tunidad para ensefiarlos, para educarlos en sus pro-
pios deberes mediante el ejemplo, y hacerlos cooperar
en la labor de la escuela.






41


Todo padre hace alarde de buena voluntad para
educar a sus hijos. Hay que tomarles la palabra y
mostrarles el camino que deben seguir, pero en form
tal, que no puedan ni ofenderse ni rehusar seguirlo.
Si el maestro so deja llevar de las mismas pasiones que
los padres ignorantes, los nifios son los perjudicados;
y, por su bien, el maestro debe sacrificar su orgullo,
o mejor dicho, elevarse por encima de 6l. En este co-
mo en otros aspects de su labor, el maestro debe te-
ner presents sus nobles y elevados' fines y apartar
toda consideraci6n personal que tienda a obstaculizar
su realizaci6n.

El Maestro y sus Colegas.
Para con sus colegas el c6digo professional del ma-
estro ha formulado sus mis importantes preceptos.
En verdad, s61o ha aplicado el c6digo moral del hom-
bre honrado a las situaciones particulares y proble-
mas de los maestros entire si. Todos estos preceptos
y principios serian initiles no obstante, si el maestro
no llegara a penetrarse profundamente de la verdad
de que al procurar la ruina professional de un colega,
labra su propia ruina, aun cuando momentaneamen-
te pueda derivar ventajas de su nefanda labor; y de
que, por el contrario, todo el bien que le haga a un co-
lega, se refleja sobre la profesi6n y por ende sobre si
mismo.
Asi pues, no se trata tan s61o de preceptos negati-
vos; de no procurar la ruina professional o mermar la
reputaci6n de un colega mediante indisposiciones an-
te sus superiores o mediante la propagaci6n entire co-
legas y el p6blico en general de leyendas tendenciosas
que mas o menos se apartan de la verdad o que nunca
se ajustan totalmente a ella pero en las que, desgra-
ciadamente, hay algo de veridico que, por lo mismo
las hace mas perjudiciales aim para la pobre victim,
que si fueran falsas en su totalidad. Se trata ademas
de lo que el maestro debe hacer por sus colegas y es-
perar igualmente de ellos.







Lealtad.

En nuestros paises americanos donde la political
juega un papel tan important, 6sta es el arma favo-
rita del que, sin m6ritos profesionales y sin capacida-
des para adquirirlos noblemente en la lucha diaria y
constante del trabajo honrado, busca la senda tortuo-
sa del chisme para realizar sas ambiciones. Pero co-
mo hemos dicho, se trata de algo mas que de precep-
tos negatives. El maestro esta en el deber de ayudar
profesionalmente a sus colegas, ora con sus indicacio-
nes benevolas y bien inteneionadas, ora con su actitud
como respaldo moral ante los alumnos y el piblico. Si
la situaci6n es tal que es impossible, sin violentar el cri-
terio personal, la defense de un coloy', su deber es ca-
llar ante el piblico; y si el bie.iestar de los nifios le
impulsa a hablar, que sea francamente, sinceramente,
pero s6lo ante el superior o ante quien pueda remediar
el mal; y no por calls y plaza:; para fomentar el es-
candalo.

El maestro debe considerar en sus colegas no solo
el buen nombre de ellos y su continuaci6n en la profe-
sion, sino sus sentimientos y s.1 tranquilidad espiri-
tual. Hace tanto mal el que pc r burlar, por reir, da-
fia la reputaci6n de un maestro y lo hiere y lo priva de
su tranquilidad como el que po sus locuacidades mis
o menos mal intencionadas le hace perder su posici6n,
privando asi quizas a un honr.do padre de familiar o
a una joven pobre de los medios de tender las nece-
sidades de su hogar o de ser tal vez el ainico sosten de
una madre vieja y enferma.
Toda buena idea que el maestro adquiere en sus
lectures, todo buen libro, revista o publicaci6n que lle-
gue a poseer o de que Ilegue a tener conocimiento, de-
be ser objeto de sus conversaciones con sus colegas.
El egoismo en este sentido es tanto mis imperdonable
cuanto que se trata de personas cuyo nivel moral de-
be estar muy por encima de tan pequefias ruindades.







Cortesia y atenciones reciprocas.
Los maestros necesitan conocerse mejor, tratarse
de cerca, no s6lo los de la misma escuela entire si sino
los de una escuela con los de las otras, los de un lugar
con los de los otros, para que ciertas rivalidades sin
fundamento dcsaparezcan y sean reemplazadas por el
buen entendi~hiento, cooperaci6n y ayuda reciproca
entire todos lon maestros. En visits y otros acKtosaso-
ciales como recepciones, fiestecitas, bailes etc.,. iuede
Ilevarse a cabo este mutuo conocimiento. Que no des-
cuide el maestro esta parte de su labor porque su efi-
ciencia en el aula se resentiria profundamente de ello.
Influye no poco en la dificultad para que un ver-
dadero espiritu de sociabilidad reine entire os: maes-
tros, el necio orgullo de algunos de creerse superio-
res a su colegas y su ninguna voluntad para entrar
en relaciones con ellos. Es indudable que a nadie pue-
de exigirsele que siente a su mesa o mantenga intimas
relaciones con personas que no son de su agrado, pero
tambi6n es cierto que el maestro debe tener suficiente
cultural y espiritu professional para, en sus relaciones
oficiales y en actos escolares o que tienen relaci6n
con ellos, por el bien de la escuela, por el bien de los ni-
fios y de la profesi6n, echar a un lado todo prejuicio
de clase, raza o fortune que sea un obsticulo a la bue-
na armonia entire los maestros y la buena organiza-
ci6n de las escuelas. Quien no se sienta capaz del sa-
crificio de un necio orgullo como este, no esta capaci-
tado para ser el mentor spiritual de una generaci6n
que mas que ninguna otra necesita de una base espi-
ritual s6lida, de armonia, buena voluntad, compren-
si6n y simpatia entire todos los hombres.
Cuando un maestro enferma, cuando alguna otra
desgracia lo aqueja en su persona o en los series que
le son queridos es deber de sus colegas y particular-
mente de sus superiores inmediatos acompafiarlo de
coraz6n, expresarle sus simpatias y tener para con 61
esas pequefias atenciones de amigo que nada cuestan
y hacen la vida no s61o Ilevadera sino agradable. Ba-
jo la direcci6n de los maestros los nifios deben portar-







se en forma semejante. Una tarjeta de saludo al ma-
estro enfermo, un ramo de flores, son cosas insigni-
ficantes pero que van muy lejos en fomentar un espi-
ritu de cordialidad y simpatia entire los encargados de
la obra de la educaci6n.

El maestro novel.
Para con el maestro novel el maestro experi-
mentado debe ser mis benevolo y generoso aiin, que
para con otro maestro cualquiera poni6ndolo al co-
rriente de las experiencias que en su practice haya
acumulado y evitindole asi los escollos que por su
inexperiencia no podria evitar por si solo. Muchas
veces una palabra a tiempo, una sugesti6n oportuna,
libran al pobre joven que se inicia en la vida lleno de
buena voluntad y de rosadas ilusiones de un gran dis-
gusto, quizas de una gran desilusi6n o de una man-
cha que lo entorpeceri en su carrera y que tal vez lle-
gue hasta amargarle por siempre su existencia. Y
esa es la palabra, la sugesti6n o consejo que el maes-
tro honrado y verdaderamente human no debe omi-
tir, aun a costa de exponerse a no ser comprendido.
El maestro novel por su parte hard bien en mo-
derar sus frecuentes aires de suficiencia y de conmi-
seraci6n por la ignorancia (segidn 61) de sus colegas
viejos en el servicio. Su mejor preparaci6n, si es
efectiva y no imaginaria, deberia ponerse en eviden-
cia particularmente en su mejor comprensi6n del ver-
dadero espiritu professional, que es espiritu de servicio,
de cooperaci6n, de igualdad y armonia entire los :;ife-
rentes miembros de una misma profesi6n.
Si el maestro recin graduado trae realmente
ideas nuevas, que las exponga con valor, pero sin pe-
tulancia que las haga repulsivas. Mu6strese toleran-
te para con el orden establecido, procurando que poco
a poco vaya evolucionando, de suerte que esas nuevas
ideas de que 61 se siente el porta-estandarte se vayan







aduefiando de su escuela no s6lo en apariencia sino de
verdad; y cambiando no s61o su forma exterior sino
su espiritu mismo, que es lo mis important.

Los ascensos del maestro.
Pero en ning6n aspect de sus actividades profe-
sionales estA el maestro tan propenso a olvidar estos
principios 6ticos como cuando trata de conseguir un
ascenso o asegurar un puesto. Mientras que un m6-
dico o un abogado serian incapaces de salir a buscar
enfermos que curar o pleitos que defender, sin que
sintieran herida su dignidad professional y sin descen-
der considerablemente en el respeto y la estimaci6n
de sus colegas, el maestro no sl6o se permit el soli-
citar sus puest'os, cosa que en verdad no perjudica en
nada a la profesi6n, y hasta el valerse de influencias
ajenas para conseguirlos, sino que muchos van mas
lejos adn: indisponen ante sus superiors a aquel que
ocupa el puesto a que aspiran; y le traman celadas y
enredos hasta que logran desposeerlo canallescamen-
te de lo que legitimamente le pertenece.
Indudablemente no toda la responsabilidad le ca-
be al maestro delincuente. Sobre el particular todos
los maestros y aun los superiores del ramo son respon-
sables. Todo maestro y todo el que se interest por la
suerte del magisterio esta en el deber de luchar por
que esas unidades que deshonran el cuerpo sean des-
enmascaradas; y no s61o no consigan lo que desean
a costa del honor de la profesi6n, sino que sean expul-
sadas de su seno por indignas de la noble tarea de
guiar las nuevas generaciones. Comete, pues, un cri-
men de lesa profesi6n todo aqu6i que, estando inte-
lectulamente miejor capacitado para ver cuin depre-
siva a la dignidad del magisterio en general son esas
luchas de intrigas por conseguir los empleos, no pone
todo su empefio en acabar con una practice tal que
implica. una violaci6n tan, cruda de la decencia, del
buen gusto y de la dignidad professional del maestro.







Debe ser un principio reconocido por todos los
maestros que aqu61 que recurre a estos medios vitan-
dos queda descalificado para continuar en el magis-
terio s61o por esa raz6n, pues su proceder ademis de
estar refiido con la decencia, implica una ofensa tanto
para sus colegas, cuyos derechos vulnera y atropella,
como para sus superiores cuyo talent y buena volun-
tad para hacer lo que mejor conviene a los intereses
de los maestros y los nifios, desconoce y prejuzga de
incapaz.
La Asociaci6n del Magisterio no debe ser, pues,
indiferente a estos casos de violaci6n flagrante de la
moral piofesional. El magisterio debe alzarse como
un solo hombre y, con toda la fuerza y pujanza de su
prestigio, poner el tac6n de su zapato sobre la cabeza
de la vibora que alberga en su seno. No s6lo cuando
se anuncia una rebaja de sueldo debe mostrar el ma-
gisterio su unidad spiritual. Estos casos son mis le-
sivos aim a su prestigio y buen nombre y causan ma-
yor dafio al maestro que la perdida de unos cuantos
pesos.
Desgraciadamente tal cosa no sucede y, muy al
contrario, constantemente las autoridades escolares
son engafiadas y el verdadero merito se ve pospuesto
a las "combinaciones" macabras de los audaces des-
provistos de sentimientos morales. Y todo lo que
se haga entonces por elevar exteriormente al magis-
terio es nada en comparaci6n con la herida moral que
se le infiere relajndole o, mejor dicho, destruyendo
su..dignidad professional.

Abandono del puesto.
Anilogos principios, de dtica professional, deben
regir tambien al salir el maestro del puesto que ocu-
pa en el magisterio. Educar un grupo de niios no es
una tarea id6ntica a la de hacer una mesa u otra cosa
cualquiera que puede interrumpirse sin graves per-
juicios.







La educaci6n tiene sus etapas completes. Reti-
rarse un maestro de su puesto a mediados del afio es-
colar, por ejemplo, tan s61o por haber conseguido otra
colocaci6n mejor, es mostrar carencia absolute de es-
piritu professional. Se concibe acaso que un medico
deje una operaci6n inconclusa por tender otro caso
que le paga mejor?
Investigaciones practicadas sobre el particular
han demostrado que los nifios pierden de 30 a 40 por
ciento en lo aprendido debido al cambio de maestro
durante el curso escolar.

El Maestro y la Profesi6n.

Para con la profesi6n misma hay preceptos 6ticos
que el maestro debe acatar de la misma manera que
disfruta de los privilegios, respetos y consideraciones
que en virtud de su cargo se le dispensan.
Todo maestro esta, por ejemplo, en la obligaci6n
de exaltar noblemente su profesi6n; y en todas las
circunstancias de la vida debe tenerla en cuenta para
no hacer nada que pueda rebajar su buen nombre y
estimaci6n. "Todo maestro le debe a su profesi6n,
dice Samuel Finlay, ser 61 el mejor maestro, el mis
eficiente y el de mejores resultados que le sea possible
ser. Y los deberes para con su profesi6n, asi como
para consigo mismo requieren que se abstenga de ha-
cer todo cuanto tienda a rebajar la estimaci6n pibli-
ca de los maestros y de la ensefianza."
Todo maestro tiene, ademis, la obligaci6n para
con su profesi6n de prepararse lo mejor possible, de
estar en asuntos educativos muy por encima del nivel
comdn de los padres de familiar y de la conlunidad en
general. A no dudarlo los maestros comprenden ya
bien esta rcsponsabilidad y la creciente impaciencia
con que los educadores de hoy miran la intromisi6n
en asuntos de educaci6n de individuos legos en la ma-







teria es un indicio seguro del aprecio que dentro del
magisterio mismo va cobrando el especialista del cual
exige la profesi6n una preparaci6n adecuada.

Y no s61o tiene el maestro el deber professional de
cumplir con lo que se le pide, sino dar todo lo que pue-
de dar, de acuerdo con sus capacidades. Es un deber
para con su profesi6n cooperar con las autoridades en
toda forma por el mejoramiento de las escuelas, ex-
poniendo toda buena idea que se le ocurra, y prestan-
do su concurso dondequiera que 61 crea que pueda ne-
cesitarse.

Este espiritu deberia ser aprovechado por los su-
periores solicitando a su vez el concurso de los maes-
tros, en cualquier reform o media nueva que deseen
implantar. Por su parte esto facilitaria grandemen-
te su labor, pues medidas estudiadas y aun sugeridas
por los maestros mismos, serian de mas facil aplica-
cion que cuando, por ser emanadas de los superiores
sin haber sido consultadas, tienen visos de imposici6n;
y el maestro mAs que ning6n otro professional es su.
mamente susceptible y celoso de sus fueros profesio-
nales.

Desinterds y abnegaci6n.
El verdadero desinterds y la verdadera abnega-
ci6n del maestro no consistent en trabajar gratis, "por
amor al arte." Nadie podria exigirle semejante des-
prop6sito. Y no es tan s61o posponiendo los interests
de dinero a su labor docente como debe mostrar el ma-
estro su espiritu professional de educador. Su desinte-
res debe extenderse a la gratitud de sus alumnos; a su
propia fama como maestro y aun a su propio mejora-
miento intellectual, aunque esto result parad6gico.
La obra del maestro ha de ser obra de verdadero apos-
tolado y como tal exige absolute postergaci6n a los in-
tereses de su profesi6n de todo lo que tenga visos de
pro.vecho personal.







El maestro debe darse por entero a sus niios sin
recabar nada para si. Observese que su misi6n es
dar no acumular. Aun en el terreno de lo intellectual
su misi6n no es, pues, adquirir conocimientos sino
darlos. El erudito no es el tipo del maestro ideal. Y
a tal punto debe negarse a si mismo el maestro y ocul-
tar con sus hechos su personalidad que sus alumnos
mismos no deben siquiera sospechar que todo su pro-
greso se debe al inteligente cuidado y direcci6n de su
maestro, sino antes bien a la paciente y esforzada
ocupaci6n de ellos mismos en la obra de su propio per-
feccionamiento. El maestro no debe, pues, esperar ni
siquiera gratitud, ni hacer valer nunca, con los que
reciben sus beneficios, el valor de su propia obra. Y
s6lo llevard a cabo una misi6n verdaderamente reden-
tora y laudable aauel maestro que en su abnegaci6n
se sobrepone a todos los halagos de ]a alabanza y del
renombre y se entrega por entero a sus alumnos de to-
do coraz6n sin exigir nada para si. El deseo de que-
rer pasar como un semidi6s ante los ojos de sus alum-
nos y exigir mfs o menos directamente su admiraci6n
esta refiido con el verdadero espiritu apostl6ico y ab-
negado de su profesi6n. El renunciamiento a estos ha-
lagos es el verdadero desinterds y la verdadera abne-
gaci6n del maestro.

"El maestro debe tener, dice Palmer, el deseo de
ser olvidado. & Y que hay mis dificil? Podemos ser ex-
celentes personas y sin embargo no tener el deseo de
que nuestras bondades se olviden. Muchos estin
dispuestos a ser generosos si su generosidad les aca-
rrea alabanzas. El amor a la alabanza es casi nues-
tra iltima enfermedad, pero para el maestro no hay
enfermedad mas desconcertante rue esta. Si el re-
conocimiento y la alabanza le fueran nueridos el maes-
tro deberia mas bien abandonar su labor. Puede que
como s6r human le sean queridos estos sentimientos,
pero como maestro esta Ilamado a alzarse por encima
de estas condiciones humanss"







Y cuil es el objeto de todo esto? se preguntara.
LA qu6 pretender que el maestro no tenga la satisfac-
ci6n, muy humana por cierto, de sentir el halago de la
gratitud de aqu6llos a quienes tanto beneficia?
Es que la obra del maestro es de tal naturaleza
que si asi procediera ria l1 mismo contra su propia
labor. No queremos hombres de iniciativa, optimis-
tas, de confianza en si mismos, seguros de los resulta-
dos de su propio esfuerzo? Y c6mo podremos obte-
nerlos si el maestro los ensefia cuando nifos a que na-
da valen por si mismos; a que todo se lo deben a 6l; a
que sin su ayuda y ensefianzas ellos nada valdrian?
SQu6 pensariamos del medico que para ganar presti-
gio entire sus enfermos comenzase por atemorizarles
revelgndoles, quizas con exageraci6n, el estado delica-
do de su salud?
Todas las profesiones y oficios servidos noble-
mente exigen los mismos sacrificios que al maestro
se le piden y algunos ani mayores. Z Qub pensar de
la noble enfermera, por ejemplo, que a la cabecera de
un enfermo, completamente desconocido para ella, ex-
pone su vida en un gesto sublime de humanidad? I Que
del soldado que ofrece su vida en aras de la Patria?
SQu6 del marine que no abandon su puesto cuando el
huracan azota su barco y amenaza sepultarlo en el
fondo del mar con su cargamento human? No, no
hay en el maestro mayor espiritu de sacrificio, de ab-
negaci6n y de desinteres que en las demas profesiones.
Echar a un lado estas vanas satisfacciones de la
alabanza y de la gratitud por el bien ejecutado no es,
a fin de cuentas, ni abnegaci6n ni desinteres. Es sim-
ple y llanamente cumplir con las obligaciones de su
delicada profesi6n.













IV-HIGIENE DEL MAESTRO


El Trabajo del Maestro.
Ya lo hemos dicho: el trabajo del maestro es fuer-
te, duro y un organismo d6bil no puede soportarlo.
Pero es precise decirlo muy alto y muchas veces. To-
davia hay personas que creen que el maestro con sus
largas vacaciones a sueldo, sus recreos, sus lecciones
de Canto y de Gimnasia, sus paseos excursionses,
sus cortas horas de trabajo diario y su semana de cin-
co dias es un verdadero personaje con muy poco qu6
hacer.
Los que hemos sido maestros y presenciamos a
diario su labor, sabemos que esto no es asi. En pri-
mer lugar las vacaciones no existen s6lo por el maes-
tro, sino tambidn por los nifios y aun por los padres
cuyos negocios o medios de vida requieren por cierto
tiempo la presencia no interrumpida del nifio en el ho-
gar. En segundo lugar los que no conocen la labor
del maestro creen que es juego lo que es un trabajo ar-
duo, enervante, agotador. Wagner, educador alemAn,
estima que una hora dedicada a la ensefianza produce
un desgaste de energies igual a dos horas dedicadas a
cualquier otro trabajo. A esto debemos agregar
que las cortas horas diarias del maestro son un mito.
La cantidad de trabajo que en material de preparaci6n
y correcci6n tiene que hacer el maestro en horas ex-
tra es casi igual a la que hace en horas ordinarias.
Y este trabajo, particularmente el de correcci6n s.
aum mis mon6tono que ensear.







Por otra parte, el trabajo del maestro es multiple
y no terminal nunca. El maestro es enfermero y mb-
dico para los nifios enfermos en la escuela; es predica-
dor y diplemitico para convencer a los padres y apla-
carlos en sus desahogos. Con frecuencia debe hacer
de carpintero, agricultor, y, en fin, en todo moment
debe ser "especialista" en todos los ramos del saber y
modelo de conduct en toda ocasi6n.
No hay que descuidar tampoco las condiciones en
que el trabajo del maestro se Ileva a cabo. Con fre-
cuencia el ambiente que lo rodea es insalubre, pero
con mayor frecuencia todavia el estado emotivo en que
61 se encuentra al realizar su labor es mas peligroso
afin para su salud que el peor ambiente fisico que pue-
da rodearlo. Los padres con sus exigencias por un
lado, las autoridades escolares por otro, luego los mis-
mos nifios, todo, en fin, tiende a formal en la escuela
una atm6sfera de tension tal que muchas veees los
nervios mejor templados no pueden resistirla.
Pero estas cosas no las sabe el pdblico; y es lsti-
ma que no puedan decirse sino entire los maestros, jus-
tamente entire los que menos lo necesitan, pues lo sa-
ben por experiencia. Pero es precise que el maestro
consiga que los padres y el piblico concurran a la es-
cuela y cooperen en su labor. Entonces no habri que
decirselas. Ellos mismos con sus propios ojos podran
convencerse.

Conservaci6n de la Salud.

La naturaleza misma del trabajo del maestro,
pues, y sus condiciones especiales sugieren la necesi-
dad de una mejor comprensi6n por parte de este de
las reglas y habitos de conservar la salud y de hacer
el trabajo menos dispendioso de energies.
Despu6s de aquellos principios generals de con-
servar.la salud, comunes a todos los honbres, el. ma-
estro debe tener en cuenta otros de carter especial.







que le son peculiares. Todo oficio o profesi6n trae
consigo sus deficiencies organicas y sus enfermedades
caracteristicas y por tanto debe tambien tener su hi-
giene particular.
Es preciso que el maestro se dB cuenta de que de-
biendo tratar con nifios que vienen de tantos hogares,
la escuela puede ser un lugar de contagio de muchas
enfermedades y su ojo avizor debe star abierto tan-
to para prevenirse de ellas eomo para precaver a sus
educandos.
Pero ademas de las enfermedades que puede to-
mar por contagio, hay enfermedades peculiares del
maestro por el ejercicio de su p'ofesi6n. Estas en-
fermedades son particularmente las de la vista, con-
ducto respiratorio y sistema nervioso.

El Cuidado de los Ojos.
Las enfermedades de los ojos son mis frecuentes
en los maestros que en ninguna otra clase de personas.
Pru6balo el hecho de que aun cuando desagradable,
particularmente para las maestras, un elevado por-
centaje de los maestros se ven obligados a usar ante-
ojos.
El asunto tendria ya importancia si se tratara
tan s61o de los ojos, pero es mis serio amn, si se con-
sidera que los defects de la vision afectan considera-
blemente los process vitales de la asimilaci6n, la di-
gesti6n y la circulaci6n; produce insomnio y dolor de
cabeza; consume considerable energies nerviosas; y
causan otros series trastornos a la salud. Todo esto
indica que el maestro debe poner much atenci6n a la
higiene de la vista.

Como element esencial debe el maestro ponerse
al corriente de la higiene de los libros y de la lectura;
y evitar aquellos libros que no renian buenas condi-





54


ciones, tanto de tamafio de letra, color del papel, lon-
gitud de la line; asi como al leer, del exceso o escasez
de luz, mala direcci6n de 6sta, y demas factors que
pueden ejercer influencia sobre la vision. Asimismo
el maestro debe saber los sintomas de algunas de las
enfermedades contagiosas de los ojos y recurrir con
presteza al medico cuando observa alguno en su per-
sona o en sus alumnos.

La Voz del Maestro.

Si un buen consejo para todo maestro es que a-
prenda a hablar; otro mejor todavia es que aprenda a
callar. El maestro por lo general no s61o habla mal
sino demasiado. Yo he tenido ocasi6n de oir maestros
hacer preguntas y contestarselas ellos mismos; y que-
dar de lo mis campantes y satisfechos, mientras sus
pobres nifios se aburrian soberanamente escuchando-
los -o haciendoles career que escuchaban.

Pero como de todos modos es precise que el maes-
tro hable, debe hacerlo bien. Su tono debe ser suave,
atractivo, agradable. "La voz del maestro es tan im-
portante como su gramitica", dice un proverbio an-
tiguo; pero mientras que nos esforzamos por ense-
fiarle gramatica al maestro, muy poco es lo que hace-
mos por su voz.
"El maestro debe cuidar de su voz, dice un peda-
gogo norteamericano, como algo mas que un instru-
mento de comunicacion. Su voz puede Ilevarlo al exi-
to. o al fracaso. Tiene un valor tanto moral como es-
t6tico. Hay la voz que irrita, que provoca y la voz
que inspira, recoge e inspira respeto. La voz chillo-
na, que raspa el oido, roba energies nerviosas y es ene-
miga de la buena discipline; y es ademis completa-
mente innecesaria. Del mismo modo una modulaci6n
exagerada es desagradable y dispendiosa. La tem-
perancia es una virtud de expresi6n que se aplica tan-
to a la calidad como a la cantidad."







En t6rminos generals e independientemente de
otras cualidades, la voz baja y de moderada o normal
modulaci6n es much mas provechosa para maestros
y alumnos que la demasiado alta y exagerada.

La costumbre de gritar, coming a muchos maes-
tros, es con frecuencia la causa de que la voz de estos
sea desagradable. La voz del maestro, por desgracia,
casi siempre lo es. "Cuando otros sintomas profesio-
nales fallan en identificar al maestro, la voz general-
mente basta para traicionarlo," se ha dicho. Pero
"la voz de pedagogo" tiene casi siempre por causa una
garganta enferma.


Conducto Respiratorio.

En efecto es raro el maestro con la garganta nor-
mal. Tarde o temprano "la garganta de maestro" se
hace sentir. No s61o intervene en esto el frecuente
hablar necesario para el desempefio de su misi6n, sino
el polvo de la tiza, el polvo del piso removido a cada
instant por tantos pies, el polvillo que se desprende
de las ropas y otras causes analogas.
Pero el maestro no debe descuidar su garganta.
La frecuencia con que estas afecciones se convierten
en tuberculosis es verdaderamente alarmante. De
aqui que la tuberculosis entire los maestros sea tan
frecuente. En nuestro sistema escolar hemos tenido
numerosos casos, pero no tenemos estadistica sobre
el particular. En Europa se han practicado investi-
gaciones cuidadosas y los resultados han sido sorpren-
dentes. Goldhaln, educador alemin, encontr6 que la
muerte por tuberculosis entire los maestros de Sa-
jonia excedia a la de las demis personas de otras pro-
fesiones en 60% entire los 20 y 29 afios; y en 23% en-
tre los 30 y los 39. En los maestros de Suiza este mis-
mo autor encontr6 10% para estas edades y 80% pa-
ra los maestros entire los 40 y 49 afios






En Francia, segin el doctor Louis Gourichon,
President de la Sociedad Francesa de Inspectores M&-
dico-escolares, el 3% de los maestros de Paris estan
afectados de tuberculosis. Las investigaciones del
doctor Gourichon se Ilevaron a cabo porque muchos
peri6dicos ponian esta cifra en 20% y aim en 23% no
s6lo para Paris sino para otras ciudades de Francia.
Segin el Census Bureau de Los Estados Unidos, la
muerte por tuberculosis entire los maestros llega del
19% al 26% mas que en las demas ocupaciones. Es de
advertir que las maestras son mas susceptibles que
los maestros, excediendo aqu6llas a 6stos de un 39% a
un 43%. Si se tiene en cuenta que el aire del sal6n de
classes contiene como cien veces mas particular flotan-
tes que el aire exterior, estos resultados no sorpren-
den en lo absolute.

Alumnos sanos, limpios y bien vestidos; classes al
aire libre, siempre que se pueda; excursions al cam-
po; sol, luz, limpieza, he aqui los mejores auxiliares
del maestro contra la tuberculosis y contra todos sus
males fisicos y mentales.
"Toda persona empleada en ocupaciones sedenta-
rias y dentro de habitaciones-dice Woods Hutchin-
son -debe gastar lo menos dos horas al dia al aire
libre en algin ejercicio suave, pero active y agradable,
no s6lo como un acto de condescendencia para con su
naturaleza inferior sino como medio de aumentar su
eficiencia," y agrega el mismo autor: "La cafia de pes-
car, el rifle, la raqueta, el remo, son los tipos mis apre-
ciados de aparatos gimnasticos."
Para un maestro tal program pareceri excesivo
si se tiene en consideraci6n el trabajo educativo que
tiene que llevar a cabo, pero tambin es cierto que el
maestro puede hacerse acompafiar de sus alumnos y
adquirir el ejercicio fisico adecuado. Y es sobre todo
durante el period de vacaciones en el cual puede lle-
var a cabo este program y prepararse asi para su la-
bor del resto del afio.








Psicosis del Maestro.

Tambi6n desde el punto de vista mental las profe-
siones y ocupaciones ejercen su influencia desequili-
bradora de la armonia que constitute la salud; y son,
por lo tanto, rcsponsables de ciertas aberraciones men-
tales particulars que en el caso del maestro merecen
atenci6n especial, porque si no se contrarrestan a
tiempo pueden perjudicar considerablemente la obra
de la educaci6n.


Hibito didactico.
Acostumbrado a tratar con niflos cuyo nivel inte-
lectual esta muy por debajo del propio, el maestro ad-
quiere ficilmente la tendencia de ensefiarle y predi-
carle a todo el mundo; y de aqui que en sus conversa-
ciones privadas result, con frecuencia, verdadera-
mente antip.tico. La buena fe y la candidez de su
conduct lo salvan muchas veces de un desire, pero
de todas maneras 6sta es una prictica que por su pro-
pio provecho el maestro deberia evitar. Si la oportu-
nidad se present en que se le solicita su opinion, 61 es-
tA en el deber de no hacerse de rogar. Pero esto es muy
diferente a forzar explicaciones inoportunas en quie-
nes no las desean.


Ensefiar demasiado.
En la misma escuela el maestro con frecuencia
exagera, en su afan de ensefiar. Por lo general todos
los maestros tratan de ensefiar demasiado. Esto es
particularmente cierto de los maestros recien gradua-
dos que, no importa el grado en que ensefian, desean
siempre forzar en sus alumnos los conocimientos que
ellos recibieron en su iltimo afio de studios.







La educaci6n es un process natural de organiza-
ei6n interior, de crecimiento mental; no un process de
acumulaci6n. La mente no crece como las piedras
por yuxtaposici6n; y en vez de ir acumulando hechos
en la mente del nifio, es necesario darle a dste tiempo
para que interpiete, organic y utilice los conocimien-
tos que va adquiriendo; en otras valabras: para que
los asimile; y esto no puede hacerse a la carrera. Ya
Rousseau, con su estilo brillante y paradogico, lo ha
dicho: "En la educaci6n lo important no es ganar
tiempo sino perderlo."

Teorismo.

En su afin de ensefiar, y debido al ambiente es-
colar y a su constant trato con los libros, el maestro
adolece tambien con frecuencia del defecto de ser de-
masiado te6rico. Esta falta de sentido prictico es la
que hace que casi todo maestro nue abandon la pro-
fesi6n fracase al entregarse a actividades de otra na-
turaleza. El maestro con algunos afios de practice
se inhabilita para toda otra ocupaci6n y en toda su vi-
da, quiza, no podri ser otra cosa que maestro. Es que
el maestro en su escuela no ve el mundo mas que por
una sola ventana, su profesi6n; y en consecuencia pier-
de de ver las cosas en su verdadera perspective.
Pero tal manera de proceder le es sumamente per-
judicial Al maestro le conviene salir del aula, intere-
sarse por los asuntos sociales, luchar por el progress
de su comunidad. Esto no so6o beneficia a la socie-
dad sino al maestro mismo, pues repercute en su pro-
pia psicologia y da color y vida a todas sus ensefian-
zas.
La critical fundada que con frecuencia se hace a
la escuela de ensefiar multitud de cosas initiles y aun
de ensefina las necesarias en forma distinta de c6mo
habran de usarse en la vida diaria, tiene por causa es-
te aislamiento del maestro y su poco interns por la vi-
da que se agita en su alrededor.







Culto al m6todo.
En cambio, el maestro a quien cualquier proble-
ma social lo dejaria impasible es capaz hasta de dar la
vida por un tecnicismo metodol6gico. Rodeado por
doquiera de una atm6sfera artificial que 61 mismo se
ha formado, pierde de vista lo fundamental, lo impor-
tante, lo realmnente human de su labor, para recalcar
sobre aquello que desde el punto de vista social es muy
secundario o aun quiza sin valor.
Yo he presenciado acaloradisimas discusiones de
maestros acerca de si seria convenient explicar las
palabras dificiles del trozo de la lecci6n de lectiira,
antes o despuis de haberse leido 6ste. Y en todos los
arguments aducidos nadie tenia present el fin real
perseguido por la escuela. Todos basaban sus ar-
gumentos en razones de procedimiento; y todos per-
dian de vista que lo imico realmente important es que
el nifio conozca las voces nuevas y aplique este cono-
cimiento a la interpretaci6n del trozo.
"Nuestras propias exhalaciones, dice el Dr. W. H.
Burhan, si vivimos demasiado entire ellas, tienden a as-
fixiarnos mentalmente aun cuando sean de la mas ele-
vada espiritualidad." Y esto es lo que al maestro le
sucede: vive demasiado reconcentrado en si mismo y
se asfixia con su propio aliento.
Las voces de maestro y pedagogo van con dema-
siada frecuencia asociadas en la mente del pfiblico a
la de pedante, debido precisamente a esta predilecci6n
por las minucias y formalidades de metodo.
"Un verdadero maestro, dice Palmer, esti siem-
pre meditando en su trabajo, disciplinandose para su
profesi6n, escudrifiando los problems de su arte glo-
rioso y viendo ilustraciones de ellos en todas parties.
En un solo lugar estA 61 libre de tales critics y es en su
sal6n de classes. Aqui, en el moment de la acci6n, se
deja ir, libre de teorias, usando su indole natural ad-
quirida antes y expresando tan sencillamente como le
sea possible, la plenitud de su mente y de su coraz6n"





60
Poca sociabilidad.
Como consecuencia de las causes anotadas y de
las relaciones con los superiores, muchos de los cuales
exigen quiza demasiada sumisi6n, o lo tratan con ex-
ceso de rigor, lo cierto es quo el maestro, por lo gene-
ral, es poco sociable y aun hurafio y timido al tratar
con los extrafios. Por lo menos la mayoria carece de
esa seguridad y confianza en si mismos que distingue
a los miembros de otras profesiones. "En vez de la
franqueza, de la genialidad, del aplomo del hombre de
negocios, del abogado o del medico, dice Terman, el
maestro parece insociable, hinchado y didactico. Algu-
nos son demasiado dogmiticos, para ser compafieros
agradables, demasiado didicticos, demasiado instruc-
tores, demasiado dados a impartir ensefianza, para co-
locarse sobre un plano de igualdad con sus amigos. Al
confinar sus relaciones exclusivamente a aquellos in-
dividuos de la misma profesi6n, los maestros corren
el peligro de adquirir cierto grado de provincialismo
en su intelecto y caricter."
Y agrega el mismo autor: "Ademis .de su atro-
fia general, los instintos socials del maestro tienden
hacia bien definidas perversions. Nos referimos aqui
de preferencia al maestro varwn en quien tales per-
versiones son mas comunes. Tradicionalmente el ma-
estro var6n se caracteriza por su timidez social exa-
gerada, su obsequiosidad y caiencia de fuerza viril.
Esta propenso a ser humilde con exceso; apitico al en-
carar peligrosas situaciones locales; condescendiente;
amante de dar satisfacciones y afeminado; a mite de-
cile (un poquito d6cil) como hasta el bondadbso James
lo apellida."
"Hay indudablemente verdad tanto como exage-
raci6n en estos cargos. En via de explicaci6n se ha
sugerido que la profesi6n atrae un numero despropor-
cionado de j6venes que son por naturaleza un tanto.
negatives desde el punto de vista social. Para los ti-
midos, para aqu6llos que no estin muy seguros de sus






poderes, la escuela es un verdadero puerto de refugio.
Ofrece un modesto pero seguro medio de vida, y la
gportunidad de vivir como uno lo desea, siempro que
Js deberes inherentes se. desempefien fielmente y sh.
exigencias. La profesi6n esta demasiado al abrigo dr
las luchas apasionadas de la competencia. Ademfs, la
necesidad de trabajar asi bajo el control en un sistema
en el que la obediencia personal y la lealtad adquieren
una importancia tan grande, disuaden a muchos j6ve-
nes independientes, positives, impulsivos y osados do
entrar en la profesi6n."
A pesar de la evidence exasreraci6n de esta criti-
ca, que el autor citado no hace suya sino oue tan s6lo
repite, es provechoso para el maestro conocerla, y por
tal motivo no hemos querido dejar de reproducirla.
Hay en ella un fondo de verdad saludable que puede
ser provechoso para el maestro.
Es indudable que tales caracteristicas de la ma-
nera de ser del maestro son causa y efecto al mismo
tiempo de su poca sociabilidad.
Los que en alguia forma han tenido que tratar
con los maestros para obtener de ellos una acci6n con-
junta saben cuan poco espiritu social caracteriza la
profesi6n. Pero su poca sociabilidad no se debe a re-
beldia individualist como podria creerse. Es mis
bien apatia, poco interest por las actividades colectivas,
particularmente dentro de la profesi6n. Es la resis-
tencia pasiva, la inercia riel ser habituado a determina-
das actividades y que tiene que hacer un esfuerzo pa-
ra cambiarlas o encauzarlas por otra senda.
Y he aqui, pues, el caso tristisimo de un grupo
considerable de personas bien preparadas, de inteli-
gencia mas que median, que poseen hasta cierto gra-
do de consciencia de grupo, y que no ejercen ni la mi-
tad siquiera de la influcncia social a que tienen dere-
cho en la proporci6n debida a su numero, a su prepa-
raci6n y a su importancia. No son nadie, cuando es-






tan en el mejor pie de ser un verdadero poder social,
un factor decisive en todo asunto social a que se incli-
nen, si tan s6lo tuvieran la suficiente amplitud men-
tal para desearlo y la suficiente voluntad para desper-
tar del letargo en que la estrechez de su horizonte
mental los tiene sumidos.
Si el maestro procurara crearse otros intereses
en la vida, ademas de la profesi6n, y lograra mante-
nerlos dentro de ciertos limits de modo que no le per-
judicaran en su labor, podria contrarrestar la influen-
cia estrechante del aula de clase; podria conocer la vi-
da en otros aspects y desde otros puntos de vista; en
una palabra, podria humanizarse. Unos encontrarian
este remedio en la literature, otros en los negocios, en
la pintura, en la mfisica, y otros, en fin, en cualquier
actividad distinta de la prfctica exclusive de su profe-
si6n, no importa cual fuere. El fin es el mismo: am-
pliar los horizontes mentales e intereses sociales del
maestro.

P&rdida del entusiasmo.
Y esta atrofia del instinto social es particularmen-
te cierta en los maestros viejos. Una vez que los ma-
estros por various afios se han acostumbrado a deter-
minada clase de actividades nada mas parece intere-
sarlos y es dificil hacerlos mover por una nueva sen-
da. El entusiasmo, que es el m6vil de toda acci6n, ha
muerto en ellos por complete. Son una rueda pasiva
de la maquinaria, no una c6lula viva y active del o01
ganismo. El maestro que league a este period de
desaliento debiera suspender sus actividades por un
tiempo o cambiar de ambiente, por lo mends.
No somos partidarios de la trashumancia de lob
maestros; creemos, por el contrario, que cierto grade
de estabilidad es indispensable al 6xito. Hay que co-
nocer el ambiente, los padres, el piblico, los medios de
vida de la comunidad y tAntas otras cosas mia que ha-






bran de arrojar luz sobre la obra del maestro; y esto
no puede Ilevarse a cabo en un afio. Indudablemente
despuds de various afios de labor en un solo lugar es
cuando puede apreciarse la obra del maestro; y por
eso, muchos que desconfian de sus propias fuerzas,
para evadir responsabilidades, jams estan tranqui-
los donde trabajan y constantemente estin deseando
cambiar. Pero es preferible cambiar de ambiente y
dar la oportunidad de que se despierten las dormidas
energies, que verlas atrofiarse en la inacci6n.
La p6rdida del entusiasmo se remedia tambien
cambiando al maestro, si sus capacidades lo permiten
y las condiciones lo requieren, a puestos administra-
tivos dentro de la organizaci6n escolar. Pero es pre-
ciso tener present que tal promoci6n equivale a la
pdrdida absolute de dicho maestro como unidad do-
cente. Con toda probabilidad no volvera al aula a en-
sefiar; y si las circunstancias lo obligan a regresar es
casi cierto que jams seri como en sus mejores tiem-
pos. Es entendido que hablamos en t6rminos generals,
que nada tienen que ver con casos particulares aisla-
dos.
Neurastenia.

Pero todas estas caracteristicas mentales del ma-
estro, timidez, poca sociabilidad, tendencia a ensefiar
demasiado, teorismo, orgullo, provincialismo y otras
aberraciones mentales por el estilo, ademis de ser im-
portantes por si mismas lo son aiin mas como sintoma
externos de un mal mayor, la neurastenia.
La figure caricaturesca con que se trata general-
mente de ridiculizar al maestro es la del tipo acabado
del neurast6nico. Voz alta y estridente, verbosidad,
quisquillosidad, inestabilidad de temperament, mo-
vilidad e inquietud, cejas fruncidas, mirada several,
y para completar el cuadro, una complexion reseca y
huesuda.




64


Como en toda caricatura, los rasgos mis salientes
han sido exagerados, pero el parecido existe. La neu-
rastenia es la enfermedad tipica del maestro.

Los tratadistas de esta enfermedad consideran al
maestro como una de sus mas frecuentes victims. El
Dr. Ralph Wichman envi6 a los maestros de Alemania
un cuestionario en solicitud de informes sobre su he-
rencia, personal de alumnos, ensefianza extra escolar,
fatiga, sintomas nerviosos, enfermedades del cora-
z6n, garganta, pulmones y varias otras enfermeda-
des.
De los 305 maestros que contestaron, 46 o sea el
15%, estaban bien de salud. De los que estaban en-
fermos, el 78% sufria de trastornos nerviosos; el 23%
de enfermedades de la nariz, oido y garganta; el 7%
de afecciones cr6nicas a los pulmones; el 27% de en-
fermedades infecciosas; el 14% de trastornos digesti-
vos; el 3% de enfermedad orginica del coraz6n y el
9% de varias otras enfermedades.

Los 204 que confesaron sufrir de neurastenia ci-
taron los siguientes sintomas: el 45% ansiedad mor-
bosa y preocupacion; el 35% obsesiones e ideas fijas;
el 71% dolores de cabeza; el 58% palpitaciones del co-
raz6n y el 17% decian experimentar todos estos sin-
tomas.
El m6todo de cuestionario aplicado por el Dr.
Wichman, aunque el uinico quiza aplicable al caso, no
es del todo satisfactorio, pero sus resultados no dejan
de tener apreciable valor. Pocas son en verdad las
estadisticas existentes sobre el particular, porque, en
primer lugar, la salud del maestro, sin raz6n alguna
para ello, interest menos a las autoridades escolares
que la de los nifios y, por otra parte, el maestro enfer-
mo acude a su m6dico, se retira a su hogar y la natu-
raleza de su.enfermedad pocas veces trasciende a las
autoridades escolares....






Hay mas: sus trastornos nerviosos son mirados
con muy poca simpatia por las autoridades escolares
y aun por sus mismos colegas. El maestro neuras-
t6nico, como no parece enfermo, sino mis bien de con-
dici6n inquieta, cuando no perverse, atrae sobre si las
injustas iras de sus superiors, colegas y aun inferio-
res. Es precise tener una gran dosis de paciencia, de
buena voluntad y de amor por la humanidad para po-
der soportar al lado o colaborar con una persona cu-
yos nervios la ponen a cada instant fuera de si. Por
otra part, hay algo de contagioso tambien en los es-
tados mentales particularmente los emotivos; y un
maestro neurastenico debe abandonar la escuela. Es-
to debe hacerlo por si mismo, a fin de no empeorar su
estado, y someterse a tratamiento; y por sus colegas
y alumnus a quienes puede perjudicar considerable.
mente en su tranquilidad y aun en su misma salud. Si
de su propia voluntad no se retire, las autoridades es-
colares deben considerar la neurastenia como una
verdadera enfermedad y separar del servicio al maes-
tro afeetado y ponerlo ba'o la vigilancia y tratamien-
to de los m6dicos escolares.
Vale la pena considerar estas observaciones dete-
nidamente, pues los casos de neurastenia son mis fre-
cuentes de lo que a primera vista parece. Ciertamente
tales casos son dificiles de reconocer a primera vista
por su naturaleza misma; y en su diagnosis, ademAs,
es precise tener much cuidado por la facilidad con
que sus sintomas se pueden imitar. Pero si en nues-
tro sistema escolar se hiciera un studio anilogo al del
Dr. Wichman, aun constatando con un examen medi-
co las declaraciones de los maestros, con toda proba-
bilidad encontrariamos anilogos resultados.

Causas de la Neurastenia.
Al considerar las causes de la neurastenia el Dr.
Wichman descarta la herencia como causa general,
por mas que pueda ser responsible de easos partiul





res. En efeeto, el maestro por lo regular sale de la
clase media, que no ha sufrido la influencia degene-
radora ni del dinero, ni de la miseria.
Seg6n este autor las causes son las siguientes:
1.--Tensi6n nerviosa.-Ya lo hemos dicho, el tra-
bajo del maestro exige un desgaste considerable de
energia nerviosa, por el ciimulo de preocupaciones que
Ileva consigo. Y se ha demostrado que no hay nada
que agote tanto el sistema nervioso como la preocu-
paci6n, la ansiedad, la inquietud.
Muchas causes de esta ansiedad y de esta preocu-
paci6n pueden evitarse con facilidad, pues tienen ori-
gen en el maestro mismo. Otras son mas dificiles,
pues se original en condiciones que 61 no puede evitar,
como las autoridades escolares, los padres de familiar
y los alumnos mismos. No obstante, el maestro pue-
de adoptar una actitud inteligente con respect a ellas
y no exagerar su importancia. Por otra parte, culti-
vando en su espiritu la alegria, el buen humor, la tran-
quilidad y sobre todo el hibito de tomar las cosas en
su just valor, podria el maestro evitarse muchos ra-
tos de preocupaci6n y ansiedad.
Para esto es absolutamente necesario que el ma-
estro conozca los principios mis importantes de la hi-
giene mental y adquiera buenos hibitos mentales, tan-
to emotivos como volicionales e intelectuales. En.la
vida fisica como en la mental el hibito es una segun-
da naturaleza y un factor seguro de economic de tiem.
po y de energias.
Las autoridades escolares estAn por su parte en
el deber de velar por la tranquilidad spiritual del ma-
estro. Sus recomendaciones, consejos y aun recon-
venciones deben ser no s61o juiciosas y atinadas sino
inspiradas en los mAs puros sentimientos de aprecio,
consideraci6n y respeto por el maestro. Los padres
l -ver la aetitud de los superiores procederan con ma-






yor facilidad en forma anfloga en sus relaciones con
el maestro; y cuando asi no proceden las autoridades
escolares estAn en el deber de proteger al maestro en
su integridad fisica y tranquilidad spiritual. El esta-
blecimiento de classes especiales para los nifios fronte-
rizos, es decir, aqu6llos que sin ser completamente a-
normales no son lo suficientemente normales para po-
der alternar con los demas alumnos, asi como de es-
cuelas correccionales para los pervertidos y delincuen-
tes, ayuda much a la tranquilidad mental de los ma-
estros.
2'.-El exceso de trabajo.-Es un hecho que el
maestro pasivo, perezoso, que consider su profesi6n
tan s6lo como un modus vivendi que gustoso cambia,
ria si encontrara otra cosa, raras veces sufre de per-
turbaciones nerviosas; y por otra parte, se ha obser-
vado tambidn que son los maestros consagrados, aque-
llos que quizas exageran el cumplimiento de su deber,
los que con mas frecuencia son victims de estos tras-
tornos.
La necesidad que tiene el maestro al trabajar, de
poner todo su s6r en la obra que ejecuta, de star com-
pletamente entregado a ella; y el hecho de que este
trabajo en si sea sumamente complejo hacen de lo mis
precaria su salud. En efecto, el maestro tiene que
tender al mismo tiempo a la discipline, los modales,
el lenguaje, las diferentes actitudes de los nifios; al
oir lo que un nifio dice, el maestro debe estar atendien-
do a que los demas escuchen y se conduzcan bien; de-
be tener present ademas el plan de la lecci6n y for-
mular las preguntas en forma adecuada a las necesi-
dades del moment sin perder de vista el fin general
de la lecci6n, la correlaci6n que debe existir con las an-
teriores y aun la hora para variar de ejercicio o cam-
biar de clase; y muchas otras cosas mas que todo ma-
estro conoce y que seria cansado enumerar.
La atenci6n debe, por consiguiente, ir de un asun-
to a otro y volver al anterior con suma rapidez; y en
todos estos casos el engranaje debe ser perfect 6 d






maestro se expone al ridicule ante sus alumnos. Esta
elase de trabajo mental es de lo mis dificil, delicado y
agotador. Y lo demuestra el hecho de que cuando la
degeneraci6n mental se inicia en alguna persona, esta
habilidad de adaptarse mentalmente con rapidez a ele-
mentos especificos de una situaci6n compleja es lo pri-
mero que se pierde.
El maestro debe tender a su trabajo, pero debe
tambien tener en cuenta su salud y distraerse y diver-
tirse de manera adecuada, si quiere conservar su men-
te en estado de trabajar con eficiencia. No somos
partidarios de que el maestro se leve a su casa el tra-
bajo escolar por hacer. Este trabajo debe ejecutarse
en la misma escuela, aun cuando tenga el maestro que
quedarse por algfin tiempo despues de la salida de los
nifios. Al irse a su casa, sin olvidar su profesi6n, el
maestro debe estar libre del trabajo del aula y dedicar
su tiempo a perfeccionarse profesionalmente con lec-
turas instructivas y a descansar y distraerse, es decir,
a reponer sus energies fisicas y mentales para su dia-
ria labor. Exigirle mis seria comprometer seriamente
su salud. Todos aqu6llos te6ricos que recomiendan
que el maestro debe dedicar tantas y mis horas dia-
rias al studio y a la preparaci6n de sus lec?"ones, pro-
bablemente nunca han sido maestros.
3o'.-Clases muy numerosas.-Treinta nifios por
sesi6n es un nimero adecuado para un maestro de ha-
bilidad corriente. No obstante, si el maestro domina
la tecnica de la ensefianza, un nimero mayor no hace
diferencia apreciable a no ser por el aumento de tra-
bajos escritos por corregir. Si las condiciones del lo-
cal.son buenas, en nuestra-opini6n el nimero de nifios,
ddntro de los limits de lo razonable, es un element de
menor importancia en la neurastenia del maestro.
Otras causas.-Aun cuando es indudable que s-.
tas. son las principles de la neurastenia del maestro
hay otras mas que en nuestro concept son tambien
impprtantes.






La monotonia del trabajo, por ejemplo, es una de
estas. Es sumamente fastidioso y mon6tono tener
todos los aiios que ensefiar las mismas cosas, corregir
los mismos errors y hacer todos los dias las mismas
recomendaciones y aun presenciar siempre el mismo
ambiente. Despubs de cierto tiempo un cambio de lu.
gar, lo hemos dicho, es saludable para el maestro. Sin
recurrir a esto el maestro puede ayudarse much pro-
curando hacer las cosas en forma distinta cada vez.
No s6lo lograrA con esto evitar la monotonia de su la-
bor, sino que asi interesard mas a sus alumnos, hard
el trabajo variado, ameno y mis provechoso; y esca-
para de la rutina embrutecedora y asfixiante.
Las mismas dolencias fisicas que causa el trabajo
de ensefiar, la fatiga y desgaste que imponen al orga-
nismo el estar de pies, comer con prontitud, descui-
dar pequefias dolencias porque los nifios no pierdan
tiempo, repercuten en el sistema nervioso del maestro
y poco a poco lo van debilitando hasta que el colapso
nervioso final se. hace inevitable.
No obstante, es del caso mencionar, que casi nunca
las dolencias nerviosas del maestro asumen caracteres
agudos. Son relativamente pocos los locos entire el
magisterio. Su nfunero no es mayor proporcional-
mente que entire la generalidad de las personas.


Higiene Mental del Maestro.

Siendo el trabajo del maestro de naturaleza tal
que con facilidad predispone a los trastornos nervio-
sos, el maestro debe esforzarse por conocer lo mejor
possible los principios que regulan la salud y buen fun-
cionamiento de la mente.
En primer lugar, como ya hemos dicho, el maes-
tro debe velar por la higiene del cuerpo: buen aire,
buena alimentaci6n, suefio en cantidad adecuada y a
sus horas, y demis requisitos para conservar la salud
que hemos indicado y que todo maestro debe conocer.






Con respect a su mente, el maestro debe procurar
mantenerse tranquilo. La tranquilidad es un hibito
que se adquiere con la practice y es el resultado del
ejercicio de la voluntad. Para conseguir esto es pre-
ciso acostumbrarse a no exagerar la importancia de
las cosas. Hay que procurar apreciarlas siempre en
sus verdaderas proporciones, proyectandolas en sus
consecuencias probables del future y no ofuscandonos
por la grandeza aparente, que su proximidad a noso-
tros pueda sugerirnos.

Un disgusto de un nifio, un acto de mala conduct,
un pequefio desagrado con un colega o un superior no
deben preocupar demasiado al maestro. Despuds de
un tiempo, digamos un dia, quidn recordarA el in-
cidente? LVale la pena perder, pues, la tranquilidad
por el? El maestro debe acostumbrarse a despreciar
las pequefieces de la vida y considerar sl6o las cosas
grandes. Esto fortalecera su voluntad: venciendo
constantemente las pequefias contrariedades es como
nuestro espiritu se fortalece para las grandes batallas
de la vida.
Pero estas cosas no s61o deben saberse sino practi-
carse. Esto fltimo es mas important que lo primero,
pues la practice establece el habito y los hibitos men-
tales de eficiencia son tan tiles como los hibitos fisi-
cos. Cuando el hombre se ha acostumbrado a concen-
trar su mente en la tarea que ejecuta e ignorar los rui-
dos y molestias que tratan de obstaculizar el curso de
sus ideas; cuando se ha acostumbrado a proceder con
m6todo, con orden en sus razonamientos; a evitar la
precipitud y los estados emotivos exagerados; cuando,
en fin, se ha acostumbrado a no perder nunca el domi-
nio de si mismo, no importa que se desconozca todo el
bien que tales prActicas nos proporcionan, sus efectos
serin los mismos.
El maestro debe cultivar su salud mental, no s6lo
por si mismo, sino por sus nifios y su escuela. Tal ma-
estro, tal escuela.





Privilegios del Maestro.
En los tiempos de la Roma imperial el trabajo y
la dignidad del maestro eran apreciados de tal suerte
que el maestro gozaba de privilegios concedidos tan
s6lo a los mas altos dignatarios del Estado. Muchos
se hacian maestros s6lo por gozar de estos privilegios.
Hoy, a pesar del mayor aprecio que se dice sentir por
el maestro, 6stos no gozan de privilegios especiales.
Ciertamente el maestro es objeto de atenciones
en la sociedad, pero el Estado despues de su sueldo a
los maestros pdblicos no les confiere ningdn privilegio
a no ser eximirlos de ciertas contribuciones persona-
les que monta despues de todo a sumas insignificantes
y aumentarles peri6dicamente su sueldo. Los maes-
tros privados no son siquiera tomados en considera-
ci6n.

La jubilaci6n.
La jubilaci6n, que es sin duda una previsi6n tran-
quilizadora para la vejez, extensive en otros passes
para todos los empleados del Estado y aun de ciertas
empresas particulares, es por cierto un privilegio im-
portante. Pero el hecho de que el maestro despues
de cierto tiempo se retire del servicio con sueldo no es
tan s6lo un reconocimiento o premio de su labor. Es
el convencimiento de que despues de cierto tiempo en
la ruda labor de ensefiar, el maestro esta fisiea e inte-
lectualmente incapacitado para ella y su permanencia
en el aula es mis bien que provechosa, perjudicial a
los nifios. Para las personas que no han estudiado a
fondo las cuestiones educativas esto pareceri una
exageraci6n, pero basta tener en cuenta que cualquier
anormalidad del maestro puede tener graves conse-
cuencias en los nifios y que estas anormalidades pecu-
liares del maestro se hacen mas frecuentes y acen-
tian su intensidad en proporci6n al tiempo empleado
en la labor docente. Desgraciadamente los efectos se






produce en los nifios no inmediatamente sino mas
tarde, quizas cuando ya est6n grades, lejos del
maestro y al parecer desligados en lo absolute de su
influencia. Nadie podra asociar entonces quizas una
cosa con la otra. Pero el hecho quedari siempre in-
alterable aunque se desconozca. En las mentalidades
infantiles las impresiones que el maestro graba per-
duraran, para bien o para mal, por siempre quizas; y
de.aqui la enorme responsabilidad moral de su labor
que apreciada debidamente, ella sola bastaria para ha-
cer del magisterio una carga ponderosa.

Aseguro de vida.
El sueldo que por enfermedad se le concede al ma-
estro es indudablemente una gran ayuda. Pero ni los
tres meses con sueldo, cuando la enfermedad es con-
traida por efectos del servicio, ni el aumento peri6dico
del sueldo por antigiiedad de servicio, y ni siquiera la
jubilaci6n son suficientes para acallar la preocupaci6n
que el maestro experiment por el porvenir de su fa-
milia, en caso de muerte o de enfermedad prolongada.
Y el maestro para que rinda una labor eficiente debe
estar a cubierto de toda preocupaci6n, econ6mica o de
otra naturaleza, que no sea el cumplimiento mismo de
su deber.

Con el sueldo que el maestro devenga es imposi-
sible pensar que un padre o jefe de familiar pueda aho-
rrar lo suficiente para asegurar un modestisimo por-
venir a los que de 61 dependent. Pero si individualmen-
te esto no le es possible al maestro, colectivamente, me-
diante la Asociaci6n del Magisterio o mejor por con-
ducto del Estado, que es a quien presta sus servicios,
si puede hacerlo. Todo maestro, apenas se inicia en
la carrera deberia tomar una p6liza de seguro que
atendiera al porvenir de su familiar en caso de falleci-
miento o inhabilidad para el servicio. Mensual-
mente de su sueldo podria dedicar un pequefio porcen-
taje para pagar dicha p6liza. El monto de 6sta, que




73
deberia estar de acuerdo con la edad y preparaci6n
del maestro, y otros detalles correlativos, podrian ser
objeto de studios y reglamentaci6n especiales.

Pero el hecho de que el maestro se sintiera protegi-
do en sus series queridos que de 61 dependent no s6lo se-
ria una obra humanitarian sino que tenderia a librarlo
de una gran preocupaci6n, y por lo tanto, a hacer mis
eficiente su labor educativa.











V-EL MAESTRO IDEAL


Simbolo de Perfecci6n.
"En verdad, dice Palmer, no hay excelencia hu-
mana que no sea 6til para nosotros los maestros. No
puede imaginarse una buena cualidad que podamos
abandonar: algun dia encontrariamos un vacio in-
quietante en el lugar que ocupaba." iY quien podri
reunir en si toda la excelencia humana? Quien to-
da buena cualidad imaginable? El maestro ideal, el
maestro perfect no existe. Es un simbolo de perfec-
ci6n inaccesible. S61o hombres de la talla gigantes-
ca de Confucio, Gotama Budha y Jesucristo pueden
merecer, hoy que el tiempo ha pulido las facetas de sus
multiples virtudes y esclarecido y abrillantado cual-
quier sombra que pudieran haber tenido, el dictado de
Maestros en el verdadero sentido del vocablo.
Pero con la mirada fija en este ideal de perfecci6n
cada maestro debe esforzarse por ser no s61o el mejor
maestro cientifica, pedag6gica y moralmente hablan-
do, sino el mejor hombre o la mejor mujer de su co-
munidad. No podria pedirsele a nadie que fuera el
mis rico o el mas sabio de una comunidad, pero no es-
ta fuera de los limits de cualquier mentalidad normal
legar a ser el mejor ciudadano en todo sentido; aqu6l
a quien en moments de necesidad social se vuelven
todas las miradas y que en moments de desgracia
personal cada ciudadano esta seguro de encontrar el
consejo sabio y prudent, la ayuda pronta y sincera y
el consuelo, balsamo de sus dolores. El ciudadano que






inspira mayor aprecio, simpatia y respeto por su se-
riedad, buena conduct, hombria de bien y espiritu
de servicio social; para quien el bienestar de sus se-
mejantes estA antes que su propio bienestar; el mis
noble, el mas bueno, el mas progresista, el mas enten-
dido de la comunidad, 6ste debe ser el maestro. El
maestro ideal es, pues, aquel que a su condici6n de
perfect educaCor une la de hombre, en el sentido mas
verdadero y human del vocablo.

Normas de Autocritica.
Cada 6poca y cada naci6n tienen sus normas par-
ticulares de excelencia. Estas normas sintetizan el
concenso general de las opiniones respectivas mas ca-
racterizadas y no pueden ser estAticas. Por el con-
trario, al resumir siempre los mis altos anhelos de
perfecci6n del moment, tienen que estar en constan-
te evoluci6n,.porque estos anhelos varian con los nue-
vos derroteros que a su paso abre el progress.
No obstante, a pesar de variar constantemente,
en cuanto al maestro se refiere, hay ciertos principios
establecidos que permanecen inalterables, ora por su
naturaleza misma, ora porque, en su flexibilidad, pue-
de cada pueblo o epoca particular imprimir en ellos
su sello caracteristico.
Mantener constantemente estas normas delante
de si a fin de comparar la obra realizada con la que se
debi6 realizar es la primer condici6n del maestro ver-
daderamente interesado en su propio perfeccionamien-
to professional y en el mejoramiento social por la obra
redentora de la educaci6n.
Multiples son las fases.de la labor del maestro
que requieren su constant atenci6n. Con el objeto de
facilitar su autocritica, no obstante, podrian reducirse
a tres: a) Habilidad para ensefar; b) Habilidad pa-
ra gobernar; c) Celo e inter.s.






Estos son los aspects que sirven de norm a las
autoridades escolares para apreciar la labor del maes-
tro y sobre ellas el que se preccupe por cumplir a me-
dida Ilena las obligaciones de su cargo, debe particu-
larmente focalizar su atenci6n.
En los moments de sosiego, cuando el maestro
habla con su propia conciencia y pasa una revista men-
tal a la obra que diariamente ejecuta, con toda sin-
ceridad, con absolute imparcialidad y criterio mas bien
objetivo que subjetivo, debe hacerse preguntas ank-
logas a las siguientes:


a) Habilidad para ensefiar.
SHago todo lo possible por preparar concienzuda-
mente mis lecciones? lTengo en consideraci6n el
tiempo de que dispongo para cada una; la correlaci6n
con las anteriores; las necesidades reales de mis nifios;
y las necesidades sociales de la comunidad en que se
encuentra mi escuela? tPresento mis lecciones en
forma problematica y atractiva a las diversas menta-
lidades de mis nifios? ZLos hago yo observer en la
naturaleza misma y pensar por si mismos o me limito
a darles mi punto de vista y hacerles recorder lo que
les digo? Llevo siempre un plan premeditado y lo
sigo o confio en las inspiraciones del moment? Hago
todo lo possible por conseguir los materials de intui-
ci6n necesarios? i Los uso debidamente? Es mi len-
guaje correct y mis preguntas claras y adecuadas al
nivel intellectual de mis nifios? Son mis lecciones
practices, tiles para la vida de los nifios? LAtiendo
yo todos los nifios, estAn todos activos, o tengo prefe-
rencia por algunos? LConsigo siempre el fin que me
propongo? iEstimulo a mis nifios a preguntar, a ob-
servar y a aprender por si mismos? LLes inspire su-
ficiente confianza para qu me consuiten? LLes inte-
reso yo suficientemente en la nueva lecci6n que les a-
signo? ,Reciben siempre las instrucciones adecuadas






para preparar ellos por su parte, la nueva lecci6n ? Co-
rrijo concienzudamente las tareas en casa? 4Son 6stas
adecuadas?


b) Habilidad para gobernar.
LAsisto con puntualidad a mis classes? ICumplo
con mi horario? iEago lo suficientemente atractiva
mi ensefianza y logro inducir a mis alumnos a asistir
siempre y con puntualidad a sus classes? LEstin mis
nifos alegres? Trabajan con entusiasmo? Si con-
ducen con correcci6n en mi ausencia? Son mis mo-
dales, mi voz, mi vestido, mis hibitos de vida, mi con-
ducta general en la escuela y fuera de ella, propios de
un educador? Me sentiria yo satisfecho de que un hi-
jo mio me imitara en todo? iSer6 un buen modelo
para mis alumnos? Estin los libros, registros escola-
res y archives, bien llevados? iCuido los muebles y
uitiles escolares con si fueran de mi propiedad? iHay
orden y limpieza en mi escuela? iMantengo yo rela-
ciones amistosas con mis colegas, superiores, padres
de familiar y educandos? Z Les inspire confianza por la
lealtad de mi conduct? iSigo las instrucciones de
mis superiores? Ayudo a mis colegas? ,Soy atento
y considerado para con los padres de familiar.


c) Celo e inter.s.
Z QhB he hecho yo cn bien de mis nifios ademas de
ensefiarles lo que indi.. el program? Qu6 he he-
cho yo por la comunidad en donde esti mi escuela?
IVisito suficientemente los padres de familiar? ,To-
mo todo el interns que debo en el Club, el huerto y el
embellecimiento del local escolar? iCelebro fiestedi-
tas civicas y sociales? ;.Cu~ntos libros he leido? He
dado a mis superiores a'guna idea buena acerca de la
march y organizaci6n de las escuelas? ,Es mi biblio-
teca lo que debe ser? iCuido yo lo suficientemente de




78
mi salud y de la de mis nifiios? Doy alguna atenci6n
especial a los deficientes? I Que puedo yo hacer para
ser un mejor maestro de lo que soy?
Y sl6o procediendo asi, en un constant anhelo de
renovaci6n spiritual, podri el maestro acercarse, to-
do cuanto sus capacidades le permitan, a la sofiada
meta del maestro ideal.










INDICE



Paginas
INTRODUCCION...... ......... ..... 3

I--TATUS PROFESSIONAL DEL MAESTRO.

El papel del maestro en la educaci6n.................... 5
El espiritu professional del maestro...................... 7
Filosofia profesional............ .. ............ 8
Los 'honorarios del maestro.:................ ........... 10
La mujer como maestra........ ............... ..... 11
Seleeci6n del personal........ .......... .............. 1
II-CUALIDADES DEL MAESTRO.

Preparaci6n eientifica ...... ....... .................. 16
Preparaci6n de cada lecci6n........................ 16
Cultura general del maestro ........................ 17
Preparaci6n pedag6gica........ ....... ...... ......... 18
Conocimientoa de los niflos......... ............... 19
DidActica...... ........ ............ .. .. ......... 20
Habilidad administrativa .................. ....... 21
Preparaci6n agricolamanual...... ........ ....... 22
M~ iea........ .......... ........ ..... ......... 28
Dibujo........ ........ ........ ....... ........ 28
Deportes........ ................ ............... 2
Maestros improvisados ........ .................. 28
Nobles. de earleter........ ................ ......... 24
Honrade ........ ........ ...... ........ ...... 25
Alegria ... ...... ..... ......... ........... 26
Justicla.......... .. ... .... ....... ............ 27
Tacto....... ........ ..... .............. 27
Autoridad ....... ......... ............. ........ 28
Disciplina....... ..... ........................ 29
Reputadibn...... % .... ..... ................ 0
Valor... ......... ........ .. .... .......... .... 80
Confianza en el bien....... ........ ........ ...... 81
Incapacidad moral...... ........................ 81
Salud...... ........ .......... ........ ...... ..... 8
Higene escolar........ .......... .......... .... 88
Refinamiento social................. ............... 84
SEl maestro omo agent civilisador.................. 8




II


PAginas
III-ETICA PROFESSIONAL.

Poeo espfritu profesional........ .......... ........... 36
La verdadera rocompensa del maestro.................. 88
El maestro y sus superiores ........................... 38
El maestro y sus alumnos ........................ ..... 89
El maestro y los padres de familiar ..................... 40
El maestro y sus colegas ............................ 41
Lealtad........ ........... .......... .......... 42
Cortesfa y atenciones reciprocas...... ............. 43
El maestro novel........ ...... .................. 44
Los ascensos del maestro ....... ................. 45
Abandono del puesto........ ................... 46
El maestro y la profesi6n ............................. 47
Desinter6s y abnegaci6n ................... ....... 48


IV-HIGIENE DEL MAESTRO.
El trabajo del maestro........ .......... ............ 51
Conservaei6n de la salud ................... .......... 52
El cuidado de los ojos ............................... 53
La voz del maestro .................... ............ 54
Conducto respiratorio...... ....... ...... ............. 55
Psicosis del maestro........ ........ ...... .......... 57
Hibito didactico........ ........... ....... ...... 57
Ensefiar demasiado........ ................. .... 57
Teoiismo....... ........ .......... ...... ...... 58
Culto al m6todo........ ...... ........ .......... 59
Poca sociabilidad...... ........ ...... ...... .... 60
P&rdida del entusiasmo .......................... 62
Neurastenia...... ....... ........ ......... ...... 63
Causas de la neurastenia ............................. 65
Tensi6n nerviosa...... ........ ....... ...... .... 66
Exeeso de trabajo...... ....... ....... .......... 67
Clases muy numerosas ........................... 6
Otras causas........ ............................ 68
Higiene mental del maestro.......... ................ 69
Privilegios del maestro........ ........ ............. 71
Jubilaci6n......... .......... ........ .......... 71
Aseguro de vida........ ........ .......... ...... 72


V-EL MAESTRO IDEAL.
Simbolo de perfeeei6n....... .......... .............. 74
Normas de autocTitica......... ........ .............. 75
Habilidad para ensefiar........... ................ .76
Habilidad para gobernar................... ...... 77
Celd inte s .......... .......... ......... ....




University of Florida Home Page
© 2004 - 2010 University of Florida George A. Smathers Libraries.
All rights reserved.

Acceptable Use, Copyright, and Disclaimer Statement
Last updated October 10, 2010 - - mvs