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Group Title: revolucion es el espiritu
Title: La Revolucion es el espiritu
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Permanent Link: http://ufdc.ufl.edu/UF00081418/00001
 Material Information
Title: La Revolucion es el espiritu
Physical Description: 14 p. : ;
Language: Spanish
Creator: Hernández, J. Enrique ( José Enrique )
Hernández, J. Enrique
Publisher: La Nacion
Place of Publication: Ciudad Trujillo
Publication Date: 1947
 Subjects
Subject: Dominican Republic   ( lcsh )
Genre: non-fiction   ( marcgt )
Spatial Coverage: Dominican Republic
 Record Information
Bibliographic ID: UF00081418
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: oclc - 13513888

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LA REVOLUTION

ES EL ESDIRITU


LA NACION
Ciudad Trnilo-Repblica Dominicana





















UNIVERSITY
OF FLORIDA
LIBRARIES







THIS VOLUME HAS BEEN
MICROFILMED
BY THE UNIVERSITY OF
SFLORIDA LIBRARIES.










J. E n r iq u e He r n n d e z









LA REVOLUTION

ES EL ESDIRITU











LA NACION
Ciudad TrujmUo-Repblica Dominicana










,171

/0' -v-~ 7,L
.LAW4 >XERICA






























DISCURSO
Pronunciado en la explanada del
Capitolio, el 23 de abril de 1947































L A gentileza exquisite del comit organizador
de este suceso cvico quiso que mi palabra llenara un
turno en l. Al notificarme la lista de oradores, una
sola observacin hube de interponer a aquella refina-
da incitacin: "lamento, s, que aquella noche habr
un parntesis de sombra: es el tiempo que se ha des-
tinado para llenar el cuarto turno oratorio y el nme-
ro seis del program. Es demasiada luz la que se me
ha puesto arriba y abajo, en la cabeza y en los pies,
7













para pretender la gerarqua siquiera de limadura de
blido entire astros.

En la cantidad, limadura. Pero, en esencia,
rgano de trabajo, que mora, desde antes de la pri-
mera hora, en el ncleo de una gran revolucin so-
cial en march. Revolucin dominicana, y humana.
Que tiene por objetivo la just avaloracin de la Pa-
tria en sus esencias.
Esta revolucin, en sus comienzos, fue comba-
tida con todas las armas. Tena que ser. El campo
de las rectificaciones propuestas en el Programa del
18 de Marzo de 1930, fue ocupado, por obligacin,
por elements de heterogneo origen. En el seno de
la revolucin, movida necesariamente por hombres,
se mezclaron de improviso el element traditional, a
veces recalcitrantemente reaccionario, y el elemen-
to nuevo, a veces conturbado de intransigencia. Por
exceso, o por defecto. En forma afirmativa, o en
forma negative.
Seis partidos se coaligaron en la ya histrica
Confederacin de Partidos de Oposicin para con-












quistar el triunfo de la candidatura de la Revolucin.
En el seno de esos mismos partidos, haba unidades
enfermas. Sujetos inficionados de ambiciones pro-
tervas. Tipos vacilantes. Grupos con programs de
traicin. Clanes subterrneos preparados para se-
guir el soborno en las Cmaras, la venta del voto de
los regidores, la permuta de las gobernaciones por
remates de galleras o por remates de rastro y peso,
las tarjetas subrepticias a los jueces, los fraudes en
las tesoreras, el regalo de revlveres como pan de
San Antonio, el ejercicio de la autoridad fragmenta-
da en cientos de lderes lugareos -el reinado de
Chiln Camilo, la dinasta de Juancito, el tetrarcado
de Biqun Ortega, la Tesalia de Julio Ramrez-, y
otras y otras cosas que parecan hombres. Por la
fuerza que llevaban dentro. Y hombres y hombres
que parecan cosas..... Cosas novelescas, por impo-
sibles. Que parecen encontrarse ya a siglos de nos-
otros, por lo pequeas. En ese trmino ideolgico
en que las nfimas dimensions de los objetos acre-
cientan ilusoriamente las distancias.












Pero, el sentido ntimo de una verdadera revo-
lucin social --que no es signo externo, ms o me-
nos explosive, ms o menos desmelenado, sino trans-
formacin intrnseca, con aliento de perpetuidad-:
el sentido ntimo de una verdadera revolucin social
se fija en el empleo de todos los elements fsicos del
medio, con sentido concordante; en el uso dinmico
y multiforme de TODAS las unidades mesolgicas,
impulsndolas o llevndolas hacia el fin ideal, dis-
persas o unificadas, pero siempre unidas por el aglu-
tinante del equilibrio permanent, vigilante y plsti-
camente perfectible.

En la espinosa alquimia de este equilibrio tie-
nen que entrar, con un exacto sentido de oportuni-
dad, amor y rigor, perdn e inexorabilidad, condes-
cendencia y esquivez, renunciamiento y exigencia;
desinters o negacin; espritu de justicia o ademn
contemplativo; energa indomeable o altivez; vo-
luntad de triunfo, propsito inflexible o ductilidad;
calma de remanso o mpetu de vuelo; frialdad de
mrmol o inquietud de llama.












Sobre todo, en pueblos con fiebre-amarilla de
anarqua y macerados de indisciplina, de ignorancia
y de miseria -como la mayora de los pueblos de
Amrica-, azotados de consuno por un sol incle-
mente, por amasijos de tradiciones trgicas, que a
fuerza de ser trgicas con frecuencia brindan hasta
la tragedia de no estar escritas, y por tres siglos de
sangre llegada por impetuosa multiplicidad de
afluentes, que forman mares, o regatos: rebelda o
pereza.

Remando contra todo eso se fue el Remero
heroico. Poniendo amor, condescendencia y per-
dn donde la superficialidad o la vehemencia espe-
raron intransigencia, venganza u odio; administran-
do desinters y renunciamiento donde ayer se us
hosquedad o estrechez; poniendo justicia donde an-
tes imper atropello o hubo abandon; usando ener-
ga y carcter donde antes se erigieron relajamien-
to y desorden; vibrando de altivez, de santa altivez
de patriotism, donde antes hubo humillacin o som-
bro contubernio; usando, con cordura, alternativa-













mente, voluntad, mpetu, advertencia, consejo, o cas-
tigo inexorable: siempre, para destruir la anarqua,
para desnudar la demagogia, para frenar la vengan-
za, para desentumecer la abulia, para estrangular la
injusticia y el abuso, para atomizar el espritu de mal-
versacin. Ofreciendo a todos los ciudadanos, por
igual, la Patria comn de todos. En paz. Hecha al-
tar, taller y corazn. Sudoroso y conmovedor cam-
po de trabajo. Trabajo de msculo y de pensamien-
to.

He ah una revolucin social. Las grande re-
voluciones sociales son un hombre. No hay recodo
de la historic que lo desmienta. Deficit, anarqua,
confusion, haraganera, campos yermos, das sin
agua, desnudez sin abrigo, hogares sin pan, pueblos
sin luz, cercenamiento del territorio, mutilacin de
la soberana, oscurantismo, rutina, desenfreno, co-
hecho: todo ha sido anonadado por la accin cons-
tructiva, tesonera, mesurada o impetuosa de un Ti-
tn. Los elements estaban ah. Hechos caos. Esa
es la obra. Eso es la revolucin. Una revolucin













social es la aparicin de un genio creador y ordena-
dor, en acto. Nada ms. La material, el ente prima-
rio, es el mismo: elements inanes, revueltos. La re-
volucin es el espritu. Que est, en los 789 monu-
mentos de acero y de piedra, como en la estadstica.
Que est en la linfa de cinco mil kilmetros de cana-
les, como en las 2.574 escuelas nuevas que rezan y
rumoran como colmenas en la fragosidad de las mon-
taas. Que est en los 36 edificios de la Ciudad Uni-
versitaria, como en el Tratado destructor de la Con-
vencin, o en la cordillera de templos, colegios, hos-
pitales, asilos, granjas, estaciones de radio y coros
ambulantes de canto, de la Frontera. La revolucin
es el espritu. Que est igualmente en el Puerto, co-
mo en las cuatrocientos seis mil unidades bibliogr-
ficas de la biblioteca de la Universidad, en la Sinf-
nica y en el Ateneo. La revolucin es el espritu.
Eso es Trujillo en la Repblica Dominicana. Una
gigantesca revolucin social en march.

Echada a andar por las fuerzas incontrastables
de la Historia, no habr poder human capaz de de-












tenerla. Porque l es la encarnacin de la soberana
dominicana. Y la palabra o la accin que se levan-
ten contra l, se levantan contra la soberana domi-
nicana, y tienen la ms cerrada repulsa del pueblo.
.El pueblo dominicano est en ejercicio de su sobera-
na. En ejercicio de esa soberana, advertimos a los
dbiles, a los corrompidos, a los infieles, o a los erra-
dos, que l, el creador de la avaloracin de la Patria
en sus esencias, tiene frente a s la exigencia national
de proseguir su obra. Y la proseguir! El pueblo
dominicano lo manda.








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Due Retured Due
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