• TABLE OF CONTENTS
HIDE
 Front Cover
 Front Matter
 Half Title
 Title Page
 Table of Contents
 La nueva noche
 El nudo de la corbata
 Plomero: Servicio a domicilio
 La suite
 Velando a la hipocondriaca
 Back Matter
 Back Cover






Group Title: nueva noche
Title: La nueva noche
CITATION THUMBNAILS PAGE IMAGE ZOOMABLE
Full Citation
STANDARD VIEW MARC VIEW
Permanent Link: http://ufdc.ufl.edu/UF00081408/00001
 Material Information
Title: La nueva noche cuentos
Physical Description: 58 p. : ; 23 cm.
Language: Spanish
Creator: Fernández, Angel Luis, 1942-
Publisher: Ediciones El Puente
Place of Publication: La Habana
Publication Date: 1964
 Subjects
Genre: fiction   ( marcgt )
Spatial Coverage: Cuba
 Record Information
Bibliographic ID: UF00081408
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: oclc - 21261281

Table of Contents
    Front Cover
        Front Cover 1
        Front Cover 2
    Front Matter
        Page 1
        Page 2
    Half Title
        Page 3
        Page 4
    Title Page
        Page 5
        Page 6
    Table of Contents
        Page 7
        Page 8
    La nueva noche
        Page 9
        Page 10
        Page 11
        Page 12
        Page 13
        Page 14
        Page 15
        Page 16
    El nudo de la corbata
        Page 17
        Page 18
        Page 19
        Page 20
        Page 21
        Page 22
        Page 23
        Page 24
        Page 25
        Page 26
        Page 27
        Page 28
    Plomero: Servicio a domicilio
        Page 29
        Page 30
        Page 31
        Page 32
        Page 33
        Page 34
        Page 35
        Page 36
        Page 37
        Page 38
        Page 39
        Page 40
        Page 41
        Page 42
        Page 43
        Page 44
    La suite
        Page 45
        Page 46
        Page 47
        Page 48
        Page 49
        Page 50
    Velando a la hipocondriaca
        Page 51
        Page 52
        Page 53
        Page 54
        Page 55
        Page 56
        Page 57
        Page 58
    Back Matter
        Page 59
        Page 60
        Page 61
        Page 62
    Back Cover
        Page 63
        Page 64
Full Text

ANGEL LUIS
FERNANDEZ
LA NUEVA
NOCHE


UN LIBRO DE CUENTOS DE LAS EDICIONES EL PUENTE









































THIS VOLUME HAS BEER'
MICROFILMED
BY THE UNIVERSITY OF
FLORIDA LIBRARIES.
















LA
NUEVA
NOCHE















LA NUEVA NOCHE
cuentos

angel luis fernndez


Ediciones El Puente, 1964






Co ,3. 4-2-

F 3 ,-

LATIN
AMERICA




primer edicin, es
propiedad del author


estas ediciones han sido
diseadas por gilberto
segu. portada por g. s.









Contenido:


LA NUEVA NOCHE
9


EL NUDO DE LA CORBATA


PLOMERO:
29


SERVICIO A DOMICILIO


'LA SUITE
45


VELANDO A LA HIPOCONDRIACA
51










LA NUEVA NOCHE










LA moneda saltaba una y otra vez en el aire. Giraba: estre-
la o escudo.
Pero lo haca casi sin darse cuenta; haba otra cosa que lo
preocupaba lo suficiente... Como para venir a reparar en la
estrella o en el escudo.
Repiti esto varias veces, hasta que por fin la moneda qued
esttica, presa en la mano infantil.
-Un medio de rompequij -dijo pasando la moneda so-
bre el mostrador.
Kiko, el dependiente, siempre le deca algo para buscarle
la lengua, pero esta vez Kiko slo gan una mirada hostile.
-Eh!, qu te pasa? qu bicho te pic hoy?
Rodolfo callaba. Haca gestos impacientes para que acaba-
ran de despacharle. Por fin no se pudo contener:
-N, chico, n! Dame los rompequij.
Kiko se encogi de hombros. Le alcanz el paquetico, que
la mano arrebat, ansiosa, al tiempo que sala.
-Ven a pedirme que te regale algo! -grit el dependien-
te, pero cuando lo perdi de vista se empez a reir.
Al principio se negaba a career eso... de la mudada. A pe-
sar de que haba.odo a sus padres comentando, y de que la
propia madre de Jacinta se lo haba dicho -"Jacinta se te va;
te vas a quedar sin amiguita, pero no dejes de visitarnos"-,
no lo crea. Y no lo crea porque Jacinta todava no se lo haba
dicho.
Pero ya todo era realmente evidence. No se iba a engaar
tanto tiempo. Una rabia inmensa le haba hecho perder la paz,
y en el colegio fall todas las lecciones porque no prestaba
atencin: la mente se le iba. Pensaba en la casa nueva de Ja-










ANGEL LUIS FERNNDEZ


cinta. Le haban dicho que era un reparto muy bonito, con
called por donde slo pasaban mquinas, y con un jardn con
dos pinos altsimos. Entonces se embobaba. Crea que la estaba
visitando, dentro de unos meses. Jugaban sobre el piso del por-
tal: un piso lustroso, como de mrmol, que no se pareca a las
baldosas corrodas de su casa, sino a las tumbas bonitas que
l haba visto la nica vez que lo llevaron al cementerio. En-
tonces se sentaba junto a ella en el patio, porque la casa nueva
debia tener un columpio... "Pero por qu no me dice nada de
que se muda..." Y una voz lo llama: "Rodolfo, Rodolfo, no
sabe que le toca a usted?" Es la maestra que vuelve a repetirle
la pregunta. Rodolfo titubea: "Cinco rios... de Cuba... El
Cauto... este el..." "Parece mentira que no sepa eso. El si-
guiente". Y Rodolfo oye como el otro menciona los nombres que
l saba. Pero eso no le interesa... "Por qu no me dice
nada?"
Se haba metido los libros bajo el brazo y sostena el pa-
quete con la mano; con la otra sacaba los caramelos.
Su casa quedaba antes que la de su amiga. Decidi enton-
ces coger por la calle del fondo, para poder pasar por enfrente
de Jacinta sin parecer sospechoso. Adems, no deseaba que ella
se enterara de su insistencia... Se top con su ta Amalia.
-... Y t a dnde vas ahora?
-No, no, es que... este, me fui a tomar un guarapo en la
esquina.
Y para apaciguar los nimos, que su pequea culpa haca
imaginary adversos en la ta, le brind un dulce. Ella lo rechaz
con una sonrisa y le dijo que fuera para la casa.
Haba ido casi corriendo, pero al doblar por su calle se
detuvo. Comenz a caminar muy, despacio, como para dar tiem-
po a ver bien todo lo que pasaba en casa de la vecina. Cuando
estuvo delante de la ventana dej caer los libros. No saba si
lo haba hecho para tener tiempo de mirar, o para que Jacinta
saliera a verlo. Lo cierto es que lo segundo slo lo consigui
a medias.
En la casa tir los libros sobre el sof de pajilla y por poco
estalla a llorar. Nunca se le olvidara lo que le dijo Jacinta al
verlo: "...aah, eres t. No estropees as los libros; se te van
a romper todos", y entr de nuevo. Despus se prometi olvi-










LA NUEVA NOCHE


darla para siempre: "eso me pasa por jugar con las hembras;
los varones no somos tan pesados. Cuando sea grande y tenga
dinero me voy a casar con ella para que lave los plates y limpie
la casa. Ya va a ver. Ahora se pone as porque la casa donde
se muda es muy bonita y va a tener amigos nuevos; pero no me
importa: es una comebola".
Y se fue al patio, un cuadriltero de cemento cuarteado que
se divida por una tapia. Del otro lado viva Juani, y ms atrs
todo un panorama de pisos desvencijados convertidos en cuar-
tera; y entire todo aquel cajn de aire, una madeja de cuerdas
como una araa blanca, donde colgaban cientos y cientos de
piezas que se secaban.
En la jaula, el canario saltaba inquieto: brincaba de un
lado a otro y repentinamente echaba a cantar. A Rodolfo se
le olvidaban los pesares; se acercaba a la jaula y pegaba la cara
muy fuerte, contra las barras, metiendo los ojos dentro de la
estancia dedicada al pajarito. El animal lo conoca, pero se
asustaba. Entonces l imitaba con torpes silbidos el canto del
ave ,hasta que el canario comenzaba otra vez el canto cuando
el rostro se apartaba de su morada.
Sin embargo, sin remedio, tena que pensar de nuevo en la
mudada de la vecina.
-Juani! Ests ah? Quieres jugar a las bolas?
Todo fue una excusa para1 poder salir a la calle y vigilar a
Jacinta, aunque el juego no fuera puramente una coartada.
Vivan casi en un callejn; aunque las guaguas pasaban por
la esquina, por all raramente entraba un vehculo... salvo
bicicletas.
El juego comenz frente a su casa. Pero, poco a poco, Rodol-
fo se las arreglaba para que las bolas se fueran corriendo hacia
la entrada de Jacinta. Tac! y las canicas al chocar se lanzaban
en direcciones opuestas, hasta que una fue a dar a la puerta
de la vecina. De ah no se movieron.
Juani le ganaba casi todas las partidas. Rodolfo no se preo-
cupaba por las bolas que perdia. Su vista no cesaba de pene.
trar, siempre que poda, en el interior de aquella casa. Cada
movimiento era una esperanza. Pero nada. Y mientras tanto,
Juani se repletaba los bolsillos.










ANGEL LUIS FERNNDEZ


El juego no brindaba los resultados que 1 esperaba y su
mal humor creca. Empez a fijarse en las prdidas. Juani lo
tena casi aniquilado, y a Rodolfo le dio tal clera que lo acus
de tramposo. El otro se defenda malamente: "t eres el que
no sabe jugar". Pero los arguments no valan nada, slo la ira
de Rodolfo. No pudo ms y agarr a Juani por la camisa; le
dio tantos golpes que el otro tuvo que defenders con una pie-
dra. El tortazo lo recibi en plena frente, pero cuando se le-
vant para tirrsela a Juani, se le ocurri algo mejor: se impul-
s lo ms que pudo y lanz la piedrq al verdadero objetivo de
su rabia. Juani no comprenda por qu su amigo haba hecho
aquello y se ech a correr. Rodolfo tambin lo hizo, dejando
tras s una ventana rota en casa de la vecina, que recordaba
cmicamente una dentadura incomplete.
En medio del susto se senta content. "A lo mejor cuando
vengan a dar las quejas viene tambin Jacinta". Y en su es-
pritu sencillo se intercalaban las emociones contradictorias del
regao y de la vision de la amiga.
Todo fue en vano. "Claro, como se mudan maana no les
interest que desbaraten la casa. Si lo hago en la otra, me re-
vientan a palos".
Se sent con el libro de geografa en las manos. Honesta-
mente, al principio intent concentrarse: "El Cauto, el Damuj,
el Zaza, el Mayabeque... Si yo lo saba", pero otra idea lo
ocupaba: por la tapia del fondo se llegaba a un muro que daba
directamente al patio de Jacinta. Primeramente nada ms que
se representaba el muro. Pero ms tarde, cuando deduca: si
tengo quince bolas, compro tres ms y tengo que repartirlas
entire seis, a cuntas toca cada uno?, se vea caminando por
el muro; despus con los bolsillos llenos de piedras. Y no lo
pens. Dej el libro a un lado y se aprovision.
Como tena buena puntera (adiestramiento con canicas),
los cristales del patio vecino iban saltando uno a uno, casi sin
fallar. Por el aire se esparcan vidrios rojos, verdes, transparen-
tes, que armaban un tintineo estrepitoso al dar en el suelo.
Rodolfo, antes de comenzar el ataque, se haba cerciorado:
"ella y la abuelita solamente. Arriba...!" y los proyectiles co-
menzaron a dispararse.










LA NUEVA NOCHE


La vieja no lo vea muy bien. "Es medio cegata", se dijo.
Pero Jacinta le haba divisado la cabeza detrs del tanque de
agua.
-iRodolfo, est loco. Se lo voy a decir a mi pap! -y co-
rri al bao.
El no haba odo muy bien, porque cuando vio la figure
del padre de Jacinta, saliendo envuelto en una toalla y a medio
enjabonar, pisando entire los vidrios y gritando improperios,
crey que el corazn se le paraba en el pecho. Slo atin a huir.
En el descenso atropellado resbal; se aguant, pero en vano,
de una cuerda. El cuerpo cay de un tirn al piso, y baj l,
el brazo. La nica que estaba en casa era la ta Amalia, que fue
la que tuvo que llevarlo enseguida a Emergencias. Rodolfo
aullaba de dolor, y entire sus lamentos maldeca, para s, a
Jacinta.
Total: fracture simple del radio.
Por la noche, aunque no senta tanto dolor, lo finga. Su
madre le adverta que lo nico que lo salvaba de la paliza era
el estar as, de modo que Rodolfo consideraba precavido el
hacer ver que senta much dolor. "Pero eso s: de la prxima
que me hagas no te salva ni el mdico chino".
Los padres de Jacinta no haban dado las quejas. Les cau-
saba pena que todo hubiera terminado as, sobre todo el da
que se despedan de los vecinos. Ms tarde fueron a visitar al
enfermo.
Cuando entraron se cuidaron de no hacer referencias al in.
cidente. Ana, la madre de Jacinta, se qued conversando con
Paula:
-Los muchachos son tremendous, hija. Eso debe ser que
anda medio enamorisqueado de Jacinta, pero t sabes cmo es
ella con los muchachos.
-S, vieja -dijo Paula sonrindose-, pero es que ste se
pasa de la raya.
Rodolfo lo oa todo; se coma los hgados de roa: se ha-
llaba descubierto. Luego miraba a Jacinta que colgaba los pies
delante del butacn. "No es tan bonita. Parece una lagartija".
Y le sacaba la lengua.










ANGEL LUIS FERNNDEZ


Jacinta le torca los ojos y aparentaba mirar un cuadro o
un jarrn. Despus se levant y se acerc al enemigo: "...eee,
qu fea es tu casa; la ma es ms bonita..."
Rodolfo haca ademn de levantarse, pero como el brazo
le dola a ratos, solamente poda amenazarla con el que le que.
daba sano.
-Vamos, vamos, no empiecen otra vez! -regaaba Ana.
Y para mostrar condescendencia con los vecinos pobres: Jacin-
ta, t eres la que lo busca!
Rodolfo oa algo que no entenda bien: eran los hombres
que conversaban sobre un tema que no le interesaba. A Arman-
do, el padre de Jacinta, no lo miraba. Todava recordaba la
vergenza que haba sentido cuando sali desnudo al patio y le
haba dicho todas aquellas cosas. Si de casualidad tropezaban
las miradas, retiraba la suya, espantado.
-Mira Flavio, ante todo lo que vale es la picarda; pero
mientras uno no se degenere, qu importa. Yo sigo siendo tan
honrado como siempre, yo no le robo a nadie. Ese dinero es
del Ministerio, y lo que hacemos es repartirlo entire los que es-
tamos en el chanchullo. El que yo me haga un bien no quiere
decir que le haga un mal a otro.
"No, pero en este caso s", pensaba el padre de Rodolfo.
-Bueno -deca sonriendo, para evitar una discordia-, pero
pon t que un kilo de ese dinero lo haya puesto yo, porque yo
contribuyo...
Armando rea de la ocurrencia, en parte halagado, y se apol-
tronaba con un tabaco.
-S, claro, si t lo ves desde se punto de vista. Pero te
cuesta much darme un kilo a m?
-No, seguro que no -deca Flavio con una entonacin que
pona fin al tema. Acto seguido hablaron de la nueva casa.
Rodolfo lo nico que poda sacar en limpio de aquellas pa-
labras era que Jacinta era una nia rica. Recordaba como el
otro da hablaban en su casa del auto que iban a comprar los ve-
cinos. Repentinamente se sinti muy mal .y los ojos se le agua.
ron. "Ser por esto que Jacinta se porta as".
Jacinta pareca ahora lejana, intocable. No comprenda c-
mo un nuevo sentimiento trastorna la vision que tenemos de










LA NUEVA NOCHE


las cosas: era muy pequeo. Pero senta en su interior como si
hubieran tocado un botn, y el dial que sealaba hacia Jacinta
se hubiera desviado. No conoca el rencor por ella, sino un res-
peto o una cualidad que la haca diferente.
Pero como el amor no se haba disipado an, este nuevo
sentimiento contrariaba todo su espritu. Tena unas ganas in-
mensas de llorar, y algo dentro, muy dentro, batallaba por pre-
guntar: por-qu tiene que ser as.
Nuestros sentimientos ms puros son los que ms fcilmen-
te se abandonan; o ser que los sentimientos ms puros slo se
sienten en la niez, y los nios abandonan las cosas con facili-
dad; y no porque rechacen, sino porque dejan de ser nios; o
tambin, al contrario, podra decir que uno deja de serlo
cuando admite, gustoso, la insinceridad, o cuando no tiene ms
remedio que hacerlo.
Rodolfo, en lo oscuro de la habitacin, olvid el brazo roto
y sinti con rabia cmo las mejillas se le humedecan.
Haca meses que haba visto el canario; colgaba del techo,
dentro de una jaula sucia, de una casa de animals en una ca-
lle commercial. Despus lo vio otra vez, cuando iba con su ma-
dre a ver al mdieo. Desde ese da pensaba en l y rogaba en
su casa para que se lo compraran. "No se puede gastar en esas
boberas, Rodolfito. Deja ver si ms adelante..." Y como no lo
tena, senta que lo agarraba y lo apretaba junto al pecho, oyen-
do el latido de cada msculo diminuto. Entonces, cada vez que
soiaba con el canario, lo senta muy pegado, como si el corazn
del canario quisiera entrar en su pecho.
Y esa noche, como ya le haban comprado el canario desde
haca tiempo, no so con l; en cambio so que tena algo
contra s, algo que no deseaba soltar y que necesitaba poseer.
Era un objeto que no vea, porque su cabeza estaba muy alta,
pero que oa jadear contra su cuerpo. Una sensacin rara lo
penetr; una sensacin nunca gustada y que lo asombraba por
el placer que le produca. Cuando baj el rostro vio a Jacinta,
y el placer fue tan intenso y tan extrao que despert.
Senta la boca seca o amarga: no saba... Slo saba un
miedo por algo desconocido y no crea ser l; l no poda soar
aquello; aquello no poda existir. Y se lo dijo tantas veces que









16 ANGEL LUIS FERNNDEZ

termin por convencerse; pero algo que no poda sacar de su
cabeza le deca que no estuviera tan seguro. Quiso con todas sus
fuerzas que Jacinta fuera diferente. Pero cmo que diferente?
Si Jacinta no poda haber cambiado en una noche. Entonces
qu haba cambiado?
Al poco rato se palp bajo las sbanas y not algo que lo
llen de asombro. Pero no dira nada; se lo iba a guardar.
Al da siguiente fueron a despedirse todos. Jacinta fue cor-
ts con Rodolfo, pero cuando le fue a dar un beso se enga:
no era el muchacho de ayer el que la besaba.










El Nudo de la Corbata










R ODOLFO se arreglaba el nudo de la corbata frente a la luna
de la habitacin. Su madre lo observaba y respiraba hondo;
as cobraba nimo para decirle algo:
-Mira que los tiempos no estn para andar por ah. T me-
jor que nadie debes saberlo.
SRodolfo chasqueaba los labios y Paula crea que era de fas-
tidio por lo que ella deca. En realidad eso aumentaba la ra-
bieta, pero era que el nudo no le estaba saliendo bien.
-Mira para esto. Y hoy precisamente tiene que salirme el
nudo as.
-Qu? Hay algo especial?
-S!! -gritaba Rodolfo, a quien el asunto del nudo lo
enfureca. Y la pobre Paula decida no seguir hablando por te-
mor a ponerlo ms frentico.
No lograba concentrarse en lo que haca. Los pensamientos
bullan dentro de l; pensamientos de tan distinta naturaleza
que lo volvan loco: "lo que hago est bien hecho. Bien hecho
para m, porque los dems no tienen el derecho a considerar
lo que yo haga o deje de hacer. Me importa tres pitos lo que
puedan decir, empezando por mi madre".
Eso era una parte, porque no todo era consentimiento en l.
Todas estas reflexiones se traducan en el nudo, que se le vol-
va a torcer. "No deja de darme pena lo de Julia", pero la pa-
labra lo haca sonrojar por la hipocresa con que se la deca.
Entonces se esforzaba por no seguir recordando aquello y se
daba razones para salir del paso, pero que ni l mismo crea.
"Si mi madre se entera de esto, seguro que pone el grito en el
cielo. Bueno, no me va a ser difcil ocultrselo". Y el nudo no
sala. Paula se decidi a intervenir. Rodolfo, por su parte, cre-










ANGEL LUIS FERNNDEZ


y convenient no lucir demasiado hurao: "por lo que pueda
venir".
Lo de Julia pareca algo terminado ya, definitivamente. Si
l se senta culpable, no lo demostraba, aunque por dentro los
antagonismos de su conciencia no lo soltaran. Paula se arriesg
a preguntar:
-Vas a salir con Julia? -y despus, ms temerosa-: Esa
muchacha es muy simptica...
A Rodolfo se le iba el torrente sanguneo a la cabeza.
-Ya sabes que son sus padres los que se oponen, chica.
Yo tambin tengo mi orgullo.
Pero tena que similar que buscaba algo en la gaveta. Nun-
ca poda decir aquella mentira frente a su madre, y el rostro
se le contraa cuando lo haca. Quizs si en parte fuera verdad;
pero una verdad preparada por l, lo que equivala a una men-
tira, porque l haba propiciado el rompimiento; o no, porque
rompimiento no hubo: todo fue una oposicin de los padres de
Julia. Sin embargo, esta oposicin la haba provocado l mis-
mo, a sabiendas de lo que haca. "Su conduct no nos satisface,
joven; as que hemos... tenido a bien prohibir a nuestra hija
que se siga viendo con usedd, le haba dicho el padre. Su con-
ducta, no obstante, no fue fingida para lograr la catstrofe; pero
la vio venir, y en lugar de enmendarse, se alegr de ella y an
la aument.
"Por fin es que tena que romper con ella. Peor hubiera sido
botarla sin ms ni ms. He obrado como un caballero". Y en-
tonces se lo deca muchas veces para que no le cupieran dudas.
Ahora s estaba en lo suyo. La suerte le sonrea: haca das
que haba vuelto a ver a Jacinta; seis aos que se haba mudado
del barrio. "Cmo han progresado. Hace ms de tres aos que
no la veo". Despus arqueaba la ceja y miraba con una admira-
cin de codicia el auto: "y qu carro". Lo tena en la imagina-
cin, pero ya se vea rodndolo; conduciendo con la mano de-
recha, mientras que sacaba indiferentemente el codo izquierdo
por la ventanilla. "El nudo ya est perfecto.
-Gracias, vieja.
Y depositaba un beso en la sien de Paula. Despus se con-
templaba: "bien, bien". Se enorgulleca de su rostro, se encon-









LA NUEVA NOCHE


traba agradable... hermoso. "Bueno, slo hay que pensar en
esta noche".
-Necesitas algo?
-Bueno, la verdad es que estoy corto. Puedes darme...?
-Y mostraba los diez dedos de sus manos. Paula sonrea y se
los daba.
Haba tenido que coger una guagua. Pero fue de pie, aunque
sobraban los asientos, para no estropearse el traje.
Recapacitaba sobre Jacinta y las circunstancias que los reu-
nan de nuevo: la haba visto en el sector commercial de La Ha-
bana y no la hubiera reconocido de inmediato, a no ser porque
ella se arroj hacia l y lo abraz. Pero se juraba que Jacinta
no hubiera hecho aquello si l no estuviera... El mismo se lo
deca sin rodeos: "le gusto a Jacinta. Cuando me abraz en la
calle me vi en una vidriera, y la verdad es que soy un tipo".
Su antigua pasin slo lograba hacerlo rer. Claro que otros
acontecimientos (aquella noche) se vean ligados a ella; pero
ella, como amor, no pasaba de ser una tontera de muchacho.
Sin embargo la encontraba atractiva. No como haca tres aos,
cuando todava vivan en la Vbora: una adolescent estirada,
flaca, con la cara picada de granos. Ahora se haba mudado con
la familiar a un residential de las afueras de la ciudad. "Arman-
do s que es todo un carcter. Se ha levantado de la nada. Cmo
tiene plata".
Le daba roa tener que ir en un vehculo pblico. "Si me
ven en una guagua se me cae el carteL Si pudiera hacerme de
un cacharrito, aunque slo camine. Pero el viejo no pone una:
un msero aumento cada tres aos. Bfff, si apenas nos da para
comer".
El saber que tendra que enfrentarse con aquella gente lo
pona nervioso. Pensaba en la pose que deba adoptar, en sus
movimientos, en el aire a fingir; "bueno, ver a ver si me sale",
pero recapacitaba: "total, si ellos saben de dnde vengo yo.
Annque, como quiera que sea, hay que darse su lugar". Se baj
lejos, cosa de que no lo vieran descender de una guagua. "Hay
que prever todo. Quizs me estoy jugando mi future en todo
esto. Siempre hay una romntica con plata que lo saque a uno
de la puerca vida en que se vive. Aqu lo que hay es que jugar
viveza". Pero no se engaaba. Se repeta que la perla podra










ANGEL LUIS FERNNDEZ


ser la propia Jacinta: "Aunque no me parece muy romntica".
Llegaba a la casa. "S, indiscutiblemente, ste es mi destino".
La casa en s no era muy grande, pero: "tiene un plante del
car..." El gusto de un buen arquitecto se marcaba en gene-
ral, aunque ciertos detalles delataran al nuevo rico que era
Armando. Como prembulo, un jardn de arbustos podados a
capricho. "Me hubiera gustado ms con los dos pinos que te-
nan en la Vbora". Jacinta lo recibi con una sonrisa artificial
y aparatosa; en seguida se le enganch a su brazo. Esto hizo
que l se sintiera comfortable, y se lo agradeci con un beso.
Algunos jvenes que los rodeaban se rieron de la ocurrencia,
y Rodolfo vea con orgullo que poda ganar la pelea. "Qu
gente; qu mundo".
Eran todos jvenes bien. Muchachas de cutis lisos y uas
lustrosas, de miradas fras o distradas y de hablar cortado,
chilln, casi todas. Muchachos en trajes y pechos fornidos, al-
gunos con caras grumosas y algo brillantes, sonrisas perennes,
altaneras y manos siempre escudriando algn barro. Lo mi-
raron del pelo a los pies; no pocos hicieron una mueca desde-
osa. El no se percat porque: "deben de ser as..."
Ana pareca una joyera ambulante. Descendi por las esca-
leras y se excuse porque Armando, el padre de Jacinta,... no
estara present. Nadie hizo caso.
Al rato cometi un fallo: llam a Jacinta por su nombre.
Record, entire su vergenza, que la ltima vez que la vio en
San Rafael no haba tenido necesidad de pronunciarlo. "Ahora
vengo a meter la pata aqu".
Jacinta se volte, conteniendo el aire de desagrado con poco
disimulo:
-Yo me llamo Yacinth. Ese fue el nombre que me pusieron
al nacer. O es que ya no te acuerdas.
A Rodolfo aquello le pareci muy ridculo, pero el tono de
ella eran tan decidido que comenz a dudar despus. El siem-
pre le deca Jacinta o Jacin, de cario; o idiota o flaca; pero
ese Yacinth nunca se le habra ocurrido. Al poco rato, a pesar
de que no tena necesidad de llamarla, le dijo: Yacinth.
Jacinta lo abraz; le habl tan de cerca que pudo reconocer
por el aliento todas las bebidas que haba ingerido.










LA NUEVA NOCHE


Las luces de la terraza eran opacas. "Aqu no hay ni cinco
bujas", pero despus crey que era much mejor as. Bailaba
con Jacinta. El ruido de la seda, al restregarse contra su traje,
sonaba cadenciosamente y aumentaba el sopor de los tragos.
Notaba que su amiga estaba muy huesuda, y el escote de la es-
palda le permita comprobar que tena granos. "Los de la cara
se los tapar con el maquillaje". Entonces record que no se
haba fijado bien en el semblante de ella. Aquel da en la calle,
estaba desfigurada por un enorme pauelo que se confabulaba
con unos monstruosos espejuelos oscuros: slo le vea la boca
y la punta de la nariz.
Se deca que ella era algo mayor que l -Rodolfo no haba
cumplido los dieciocho, y Jacinta los celebraba hoy. La dife-
rencia era poca: unos meses; pero Jacinta pareca tan mayor...
Pensaba cmo haban llegado all, y los aos que haban debido
pasar, y las cosas que sucedieron en esos aos. Entonces pens
en su ta Amalia, que se haba marchado de la casa. "Parece
que no es verdad, si no fuera porque la tengo abrazada". Y las
notas del blue caan una sobre otra. El ritmo se marcaba con
los pies. Luego Rodolfo lo marcaba haciendo apretar sus mus.
los contra los de ellas. Jacinta no opona ninguna resistencia
y el "ritmo" se marcaba ms.
"Si Ana nos coge en esta... seguro que no le va a gustar.
Jacinta viene siendo para m como una... hermana; porque
eso es lo que se creen ellas (se refera a Ana y a su madre:
Paula)".
Despus se llegaban al bar que habian montado en la te-
rraza. Rodolfo pensaba que alguien se encargaba de disminuir
el potential de luz. "A lo mejor es que la bebida me est nu-
blando". El reparto se sumerga en una pasta negra, y slo
algunas luces modestas regaban la calle. "Los repartos donde
viven los ricos casi siempre son muy oscuros".
Jacinta le alcanzaba otro vaso, preparado por ella, especial
para l. Vena muy cargado, pero se lo apur casi de un golpe
cuando vio que comenzaba a pensar en Julia. Jacinta le haba
preguntado si tena novia. "No, no, claro que no. Yo no soy
de los que se amarran fcilmente". Ahora, mientras ms ma-
reado estuviera, podra pensar en su antigua novia, con la di-










ANGEL LUIS FERNNDEZ


ferencia de que le importara un comino... Pero se equi-
voc...
Un murmullo corra entire los invitados. El baile se estaba
haciendo pesado. Las parejas queran salir a dar una vuelta por
los clubes.
-Vamos a seguir el party en otra parte -grit una. Y Ro-
dolfo se alegr de no haber mencionado la palabra fiesta.
Se sinti impulsado por la tropa, y ms por las manos de
Jacinta, hacia la calle lateral. Los participants corran a los
autos; pero Jacinta lo llev al garaje y le comunic que ellos
iran solos, en uno de los carrots del padre.
El garage era una boca de lobo, a pesar de la puerta abierta.
Ella encendi el motor, y antes de arrancar le tendi una mano.
"Te gusta ir solo conmigo?" Rodolfo le apret aquella mano
delgada y hmeda, la ech hacia atrs en el asiento y la bes.
Jacinta comenz a reirse, nerviosa: "Te acuerdas de aquel da
en el cuarto de desahogo?"
Record: haca aos, cuando todava ella viva al lado de l;
cuando jugaban a ser pap y mam; y cuando la abuela de Ja-
cinta le dijo que si seguan haciendo "aquello", le iba a dar las
quejas a su padre. Rodolfo corri despavorido y jams volvi
al cuarto de desahogo.
Apret los labios contra los de Jacinta y le acarici los senos.
Pero los ruidos de los autos que salan los hizo poner en march.
En la calle, un muchacho grit el nombre de un club. Jacinta
guiaba atenazndole una mano a Rodolfo.
A l-le incomodaba el nuevo modo de ser de su amiga. No
poda distinguir si eran los nervios excitados, o un constant
fingir, aun en la entonacin de la voz o en el modo de reirse,
o en no saba qu. Pero le pareca que Jacinta poda ser todo lo
contrario de lo que aparentaba. Le peda constantemente que
la besara. El acceda y ya lo haca sin su permiso, hasta que
Jacinta mostr star contrariada y le dijo que guardara com-
postura. No le gust el tono. Cuando pasaron por las called del
Vedado se toparon con dos perseguidoras. Uno de los policas
la reconoci. "No, no es nada, seorita, puede seguir. Es que
han metido hoy tres bombas", deca la voz mellada. "Nada
ms?", pens Rodolfo. El vigilante sigui: "...Casi en la mis-
ma manzana".










LA NUEVA NOCHE


-Esos imbciles. A ver si no se pueden estar tranq"ilos y
dejar a las gentes honradas vivir en paz -coment el son
disgusto.
Las palabras de Jacinta lo irritaban sorpresivamente. Rodol-
fo call; pero la mueca de disgusto no le fue ajena:
-Qu... tambin t ests con esos andrajosos? El otro da
le mandaron un annimo a pap. Cochinos. Yo no creo que t...
Rodolfo se contrajo; pens en el da que se haba roto el
brazo, y la conversacin de su padre y Armando.
-Yo no. All cada cual que piense lo suyo.
La frase le haba salido ambigua y le molest supeditarse.
Cuando llegaron al club encontraron mesa con facilidad:
estaba prcticamente vaco. Las parejas se aburran pronto,
pero no haba qu hacer. En otro lugar sera lo mismo.
Jacinta hablaba de poltica. Rodolfo cort la conversacin
con habilidad: comenzaba a besarla: Jacinta se entregaba sin
dificultad en una de las mesa ms rezagadas. La luz mora en el
aire, que se iba prefando de humo y vaho de alcohol. Rodolfo
se haba despejado un tanto con el viaje. Sin embargo, la nueva
atmsfera, la bebida y el continue roce con Jacinta lo llevaron
al aturdimiento.
Bailaban. Ya entire sus cuerpos no quedaba espacio alguno.
La sangre pareca expandir las venas. Un lento calambre de
placer recorra sus piernas. Sus bocas se confundian en sonidos
de ventosas y chocar de dientes. "Tiene un colmillo montado".
Cuando las retiraban sentan el gusto de una saliva distinta
Haba calor. No ese calor que se siente fuera de la piel, sino
un vapor que vena de muy dentro de sus cuerpos. Y el nudo,
que tanto trabajo le haba costado lograr, se deshaca entire las
manos de Jacinta.
El tiempo se confunda dentro de sus crneos en una mez-
cla de ideas incoherentes, de impulses. Algunas parejas ya
haban salido. Despus, otras las imitaban. Cuando se dieron
cuenta casi no quedaba nadie. Solos, en medio del local, con-
vertan el baile en una series de movimientos lbricos. Por fin
decidieron salir. Rodolfo quiso pagar la cuenta; ella lo ataj.
Sac una asombrosa firmeza: "yo pago". Y aunque l no cogi
todo el sentido, crey que la frase al menos, era cortante.










ANGEL LUIS FERNNDE


Afuera, la luz explot en ens rostros. Era la luz fria de la
entrada que les hizo engurruiar los ojos. Jacinta se tap la
cara con una mano. "Me duelen los ojos", dijo; pero Rodolfo
se haba fijado en lo lamentable que tena el semblante. El
deba estar por el estilo: despeinado, con pintura de labios...
Pero ella tena, de pronto, no s, algo d ajado.
Manejaba l, que deca estar ms sereno; Jacinta dormitaba
en su costado. Rodolfo intentaba verle la cara, pero no poda:
por la posicin. De vez en cuando ella le pasaba la mano por la
cintura, cuando despertaba, y meta sus dedos entire la camisa
y la ropa interior.
Con el nuevo aire Rodolfo se avergonzaba de que aquello
hubiera finalizado as. Senta pena por el estado de Jacinta y
algo de lstima por ella. Entonces su amiga haca unos sonidos
guturales y le desabrchaba ms la ropa.
"Ojal que todo termine aqu. No quiero meter el delicado...
con Jacinta. La llevo a la puerta de la casa... Y si la madre la
ve as. Que dir. Puede ser que no la vea..."
Jacinta le rog que pusiera la mquina dentro del garage.
Rodolfo iba a despedirse y no poda; el cuerpo que lo rodeaba
tena como los tentculos del pulpo: lo cea, y los labios suc-
cionaban los suyos de nuevo.
-Ven. Por esa escalera llegamos a mi cuarto.
Como haba eructado, l pens que quiz no era aquello lo
que Jacinta deca. Pero ella se encarg de repetrselo. "No, eso
no lo puedo hacer. Vamos a...?", pens y dijo:
-Mejor te acuestas. Ests cansada. Vengo a verte un da de
estos.
-No, no. No vengas a verme; gudate hoy.
Rodolfo se vea preso entire lo que l tena por "posicin de
hombre" y el respeto que le deba a la familiar de Jacinta.
-...Y tus padres. Tu mam puede oir, o tu padre. Pienso
en lo...
-Chesattt... no seas bobo. Mam seguro que est durmien-
do la jaqueca. Y mi padre -hizo un gesto de indiferencia-
dudo que duerma aqu.
An no quera ceder; perda terreno. Los labios de Jacinta
volvan a pegrsele. La mano, insistente, tiraba, Todo el ardor
anterior se concentr en l; quizs con un esfuerzo. Subi.










LA NUEVA NOCHE


Se despert con un sobresalto. Le resultaba difcil, porque
la espalda le pesaba, y un calor sudoroso entire su cuerpo y la
sbana lo pegaba. Quiso desistir, pero los ruidos lo despereza.
ron. Al incorporarse su mano toc la parte del lecho que deba
de ocupar Jacinta. Est tibio. Jacinta no estaba. Pens de
pronto que quizs segua dormido. Intent acostarse de nuevo,
porque era su cabeza ahora la que no se sostena. "Me siento
morir o no s ni lo que quiero..."
Del bao salieron otra vez los ruidos extraos, y quizs un
aire algo ms fresco lo aclar. La ventana estaba abierta y el
da se cernia en pleno.
Al levantarse se dio cuenta de que se haba dejado la cami.
seta, y el pantaln y los calzoncillos se le enrolaban'a media
pierna. Record entonces. Y lo primer. que hizo fue investigar
otra vez sobre la sbana. "No, yo no fui; Jacinta ya no lo era".
Y un dolory una alegra de no saberse culpable lo llenaron.
Acarici la tela; se dej caer el rostro contra ella. De repente
necesit llorar, llorar suavemente, llorar por todo lo que haba
pasado y que en resume haban perdido. Su Jacinta; la Jacinta
delgada, con trenzas a la espalda, que le sacaba la lengua cuan-
do estaba furiosa; la nia que l haba querido no estaba en
ninguna parte. En su lugar haba una caricature de mujer, una
nia pintada de vieja, que haba ofrecido su virginidad, y lo
peor de todo: a cualquier mequetrefe. Ni siquiera la haba
conservado para l, que quizas o ciertamente, alguna vez la
quio.
Pudo amarla. En vano... La lstima no poda convertirse
en un sentimiento tan puro. Los ojos se le llenaban y dolian.
Ahora la odiaba?; tampoco lo crea. Cuando las pasiones
se suceden con rapidez no es convenient career en ellas. Ya
estaba de pie.
No se preocup por su estado, slo que algo le impeda ca.
minar bien. No importaba; tena que llegar a la puerta, de donde
vena la voz. Cuando entr, una fuerza, como un puto cerrado
le subi de algn lugar y se le clav en 14 nuez. Se sinti fro,
helado; tanto, que tuvo que asirse al marco. Un olor de jugos
gstricos, de comidas y bebidas en descomposicin, suba a l
Jacinta, con el pelo sobre la cara, los ojos hinchados y chorrean.
do pintura, cubierta de vmitos de pies a cabeza, yaca, gro-










ANGEL LUIS FERNNDEZ


tesca, en el piso: una mano en el borde de la baera, la otra
en el del inodoro, y las piernas abiertas a todo lo largo mostra-
ban el pubis impregnado tambin con la fetidez del vmito.
Entonces oy como rea, chillando y diciendo boberas sobre
el sexo.
-Jacinta...! ...Jacinta...! -fue lo nico que pudo
articular.
-iYacinth!! Me entiendes? Me llamo Yacinth!
Quiso ayudarla. Pero una fuerza malsana le hizo ver su pro-
pio cuerpo: estaba en plantilla de medias, con los pantalones
y calzoncillos arrastrndoles por el piso; su cuerpo desnudo se
abrigaba tan slo con la camiseta y el lazo de la corbata, que
le colgaba como una horca; la mandbula era la de un payaso,
suspendida de la boca abierta.
Entr apresurado. Cay al suelo, enlazado en su propia
ropa, y emiti un grito de angustia. Cuando se vesta, Jacinta
logr sostenerse sobre sus pies y se reclinaba contra la puerta
del bao:
-Supongo que te vas, no? Adis entonces. Ya puedes
contar lo que viste y lo que hiciste.
Rodolfo se arreglaba lo ms rpido possible. Sigui:
-Quieres saber quin fue el primero?... Bueno, lo siento
por ti, porque ni yo misma s el nombre. Fue en una caseta de
un balneario, de esos de lujo a los que siempre voy. No adivi-
nas quin fue...? Pebre!, te falta imaginacin -cobr aire-.
Fue el salvavidas! Te lo imaginas?: el salvavidas! Cmo
me gust la idea!: un salvavidas. Jams me arrepentir...
Despus todo ha sido tan fcil. T eres el nmero...!
Rodolfo la agarr por un brazo; ella finga hacer memorial.
-Ni una ms. Cllate!
-Eres el veintitrs... Vapor! Kiko todava es bolitero?
El baj la cabeza, desarmado. Por un moment no supo que
hacer; todo resultaba irnico, ridculo, tan bestialmente estpi-
do. Quiso que ella tomara una decision.
La voz de Jacinta se apacigu, ahora luca normal:
-Te casaras conmigo?
Rodolfo sigui en la misma postura, sin decir nada. Ell
agreg:
-Claro que es una broma. Ahora vete si quieres.










-LA NUEVA NOCHE


El aire limpio de la calle lo calm. El olor del vmito se le
disipaba de as manos, teidas al tocar a Jacinta. Pens tomar
la guagua. "Qu hora ser?"
Hizo seas a una mquina de alquiler que cruzaba. "Pre-
fiero esta"... (Pensaba en'el carro de Jacinta).
La angustia ya no exista en l. Al dejar aquella casa aban-
donada lo que slo en ella pudo haber sentido. Se alegr de que
el da estuviera claro. Silb algo y despus silb ms fuerte.
Estaba content de poder silbar.
-A dnde quiere ir?
Se sinti mareado. No, no era nada. Slo que no pudo con-
testarle al chofer.
-Se siente mal?
-No, no. Llveme a...
No dio su direccin; dio la de Julia. "Al menos lo intenta-
r. No tengo tan mala suerte", se dijo mientras arreglaba el nudo
que an colgaba como una horca.










Plomero: Servicio a Domicilio











E L tbo del lavamanos se ha roto, est chorreando agua.
Y Paula se llevaba las manos a la cabeza.
-Tenemos que hacer algo, Amalia. Flavio no est en la casa,
y para lo que sabe l de esto...
-Aqu lo que hace falta es un plomero; t conoces alguno?
- Yo... ? Si aqu nunca ha pasado nada con las tuberas...
Gracias a Dios -deca Paula, dando dos golpes sobre la mesa
con los nudillos..
-Pues mira: hay que sacar uno, aunque sea de bajo de la
tierra. Mira para el charco que se arma cuando uno va al bao!
En el piso, lleno de losetas viejas, el agua formaba una es-
pecie de laguito. Haban decidido buscar... en la gua de tel-
fonos. ..
-T crees que esa gente se anuncie en la gua? -pregun-
taba Paula.
-Yo creo que s. Al menos no se pierde nada buscando.
-Est bien. Llgate donde Kiko.
Amalia se tiraba un vestido... como quiera. Bajo la tela
ligera se marcaba un cuerpo slido y bien construido; quizs
un poco adiposas las caderas. Pero para el gusto del barrio no
haba ms que pedir. Tena fama de buena hembra por todas
aquellas cuadras.
Marchaba con un paso normal, pero por ms pudor que pu-
siera en el andar, las formas oscilantes casi siempre ponan un
sonido de exclamacin en boca de un hombre. "Avemaria,
mima... Abusssaaadoooora". Y Amalia enderezaba el cuerpo
sin mirar para atrs.
Amalia era la ms pequea de las hermanas. Casi estaba en
los treinta. En su cara, siempre con algo de tristeza y desaliento,









ANGEL LUIS FERNNDEZ


poda adivinarse la edad; sin embargo, la gracia de las maneras
y la vida sin hijos le ofrecan un aspect juvenile.
-Kiko, por favor, prstame la gua que tengo que hacer una
llamadita.
-Como si quiere los cinco kilos tambin se los doy.
Amalia rea de las salidas de Kiko, que siempre resultaban
sanas por la presencia de su esposa. La mujer apretaba los la-
bios y negaba con la cabeza, como diciendo: esto no tiene
remedio.
-No, Kiko, no: es para ver si encuentro un plomero.
-tse... Pues no se tome el trabajo, que yo conozco uno.
El dependiente le daba las seas: "es el A-37..."
-No est? Que viene pronto? Bueno, me hace el favor
de dejarle el recado. Bien... gracias.
-Usted ver: como plomero no hay quien le ponga un pie
alante -le deca Kiko,- y miraba con el rabo del ojo los mus-
los que se dibujaban tras la falda.
Al medioda lleg el plomero: un hombre bastante joven,
aunque no tanto: ah estaban unas pequeas entradas y unos
claros en el pelo; pero el color muy negro de los cabellos disi-
mulaba la calviciel incipiente.
Paula lo hizo pasar directamente al bao. El hombre pare-
ca serio; quizs ms de lo debido. Pero el rostro se le ilumin
cuando Paula le dijo a Amalia que, como tena que darle una
vuelta a la comida, se quedara atendiendo al seor.
Sac unas llaves; ajust la unin de los tubos. "Es una bobe-
ra", dijo. "No deba ni de cobrarles por esto".
-Ni le piense. De ninguna manera... -contest ella. Y se
dio cuenta de que estaba tratando de caerle simptica.
-La verdad que me da pena llevarles algo por esta bobera.
Mire: mejor me brinda una cerveza.
"Cerveza", pens Amalia. "Unicamente en la bodega".
-Mire: sintese en la sala -se pas la mano por la saya.-
Yo voy un momentico a la bodega. Usted conoce a Kiko, no?
-S, s, pero no se moleste.
-No, no, si no es molestia ninguna.
-Si tiene que ir a buscarla, djelo: para la prxima repa-
racfn no se olvide de llamarme. A lo mejor en la que viene s
le cobro.









LA NUEVA NOCHE


Y antes de que Amalia pudiera retenerlo, se fue. Pero antes
se despidi muy sonriente, y an en la puerta se volte otra vez.
"No sera mala idea romper la tubera".
Se sorprendi de estar actuando como una chiquilla.
Paula puso el grito er el cielo:
-Y t lo dejaste ir sin pagarle. Por qu no me avisaste?
Hace falta tener cara dura.
Pero Amalia no se molest en contestarle. Se sustrajo por
un moment de la realidad y dej que la hermana siguiera ha-
blando. Podra ser verdad que el amor haba muerto para
ella? Y ms la alegr la idea de amar que el haber visto al-
plomero. Pudo decirse: "no todo se ha perdido".
Ese fue el primer da que vio a Ezequiel.
Seguramente que "no todo estaba perdido" para Amalia,
pero hasta ahora ella lo haba interpretado as. Una persona,
escasa como ella, slo poda ver una obstinacin de la fatalidad
en el simple engao de un novio; porque ella siempre deca
que el novio la haba engaado.
Eso sucedi cuando todava vivan en el pueblo: en Baracoa.
Amalia tendra unos diecisis. Era novia del hijo de uno de los
tenderos. Para ella venia a ser algo as como el prncipe azul
de una novela para pobres; porque ellos, prcticamente, no
tenan ni dnde amarrar la chiva. El padre trabajaba como
empleado del juzgado, y con el sueldo tena que llenar cinco
barrigas, ms la de la mujer. Y la mujer era un caso especial:
una hipocondriaca en una familiar pobre. El sueldo del marido
se le iba en el vicio de comprar medicines. Por supuesto que
ella tampoco trabajaba: por la... angina. Y como el buen seor
era un hombre honrado a carta cabal, lo nico que entraba era
el sueldo; ni ms ni menos.
El novio de Amalia era una esperanza. Claro que los padres
del muchacho deseaban "algo mejor" para el hijo; pero el
muchacho se haba emperrado en Amalia, y ellos cedan en
espera de otras perspectives. La perspective vino cuando man-
daron al joven a La Habana a estudiar medicine.
Gonzalo, que as se llamaba el pisaverde, le prometi villas
y castillos a Amalia. Se juraron amor eterno en el embarcadero
del muelle. Hubo lgrimas por ambas parties y alguien hizo una
irrevocable promesa de retorno.










ANCEL LUIS FERNNDEZ


Todo dur lo que haba durado la carrera de medicine.
Gonzalo dej de asistir a las classes, y se coma el dinero que le
enviaban en parrandas y juergas. Esto ocasion que las cartas
que escriba a Amalia se sucedieran cada4 dos meses, en vez de
ser semanales o diarias, como al principio. Despus recibi
una carta al quinto mes: dudosa. Y repentinamente, la ltima,
a los tres das, donde le anunciaba que deba olvidar todos los
juramentos de amor. Amalia se tom medio pomo de tinta
ipida.
La hermana de Paula salv la vida. Entonces se dedic a una
vida de claustro, de la que la sac la boda de la propia hermana.
Vino a vivir con ella a la capital.
Hay personas que, para poder vivir, tienen que hacer un
mito con algo; y es cosa bastante comn. Amalia se dedic a
cultivar el recuerdo del novio, y aunque no lo deca a nadie,
en el celibato que se haba'impuesto encontraba un preventive
para no ser engaada de nuevo. Sin embargo, el mito tom
demasiadas races dentro de ella y ninguno ya despus le con-
vena.
En eso lleg el plomero Ezequiel. Cuando Amalia lo vio,
sinti un nuevo pinchazo; inclusive crey que fue el mismo que
la hizo enamorarse de Gonzalo. Se puso a la defensive, pero
era demasiado tarde: haban pasado muchos aos.
Cuando Flavio lleg dijo que esa guanaj la haca l.
-S, no me digas -le contest su mujer-. Eso es como el
huevo de Coln.
La tubera segua en perfectas condiciones. Amalia, con la
indolencia de la resignacin, vea fallecer las esperanzas.
Uno de esos mediodas, tan caractersticos en La Habana
-haba calor, las guaguas ensordecan el aire e iban llenas,
much pblico en las calles...-, se fue a consultar con el mdi-
co. Vena padeciendo de dolores en la garganta, y, como esa
tarde la tena libre, aprovech.
"Qu fastidio. Hay que ir de pie. Ni un asiento vacio".
Entonces sinti que la tocaban por el codo; la llamaban. Antes
de que pudiera darse cuenta estaba sentada. El hombre que le
ceda el puesto le sonrea.
-Cmo est used? Sigue bien la tubera?
-S, s, cmo no. Ah, si es usted! Qu tal?









*LA NUEVA NOCHE


Aunque lo reconoci desde el primer moment, la sorpresa
la hizo hablar como si tardara en hacerlo. O quizs era el arma
femenina de la indiferencia. Amalia se dijo que estaba jugando
y que eso era peligroso. Sin embargo, prosigui, empleando la
tctica de las mujeres que se agarran del ltimo tren y dicen
que alguna vez hay que arriesgarse.
Cuando dos personas tienen muy poca confianza y se encuen-
tran de repente en una guagua, se saludan, o en el mejor de los
casos intercambian dos o tres palabras. Cuando tienen much
confianza hablan much, o bien se callan y cada uno hace lo
que le da la gana. Pero en la situacin de Amalia y Ezequie]
haba poca confianza y un gran deseo de que la hubiera: esta-
ban tirantes.
"Si l empezara a hablar", pensaba ella; "qu le dir?",
se preguntaba l.
-Ee... No han tenido ms dificultades con... ?
-No, no hemos tenido...
"A dnde ir ella"... "A dnde ir l".
La guagua corra por la Calzada del Cerro y las palabras
no venan. Ezequiel se vengaba con el calor y se pasaba el paue-
lo por el cuello. Encontraba muy ridculo hacer una alusin
al tiempo. Ella tambin, o no pens en ello.
-Bueno, yo me bajo en la otra. Muchas gracias. Hasta luego.
-Va a la Covadonga?
-S, tengo que ver al especialista de la garganta.
No me diga. Yo tuve que llevar a mi hijo el otro da...
A ltima hora el dilogo se animaba. Y menos mal, porque
cuando l mencion a su hijo ya Amalia tena que bajar. No
vio cmo el rostro le demudaba. O quizs fuera exagerado eso
de "demudaba", pero a Amalia le hubiera sido difcil seguir
hablando.
Por la noche se debata entire el calor y una especie de desa-
sosiego que la invada despus de haber visto al plomero...
"Mira que soy imbcil Venir a dar con un tipo casado. Ahora,
que 1 es un fresco... Si fuera una persona decent, no se hubie-
ra atrevido". Entonces, luego, pensaba que en realidad l no
se haba atrevido a nada. Al ver que la atrevida era ella se enfu-
reca ms. Tom una pastilla y pudo dormirse.










ANGEL LUIS FERNNDEZ


La maana siguiente la pas pensando en el hijo de l, y
despus pens... en cmo sera la mujer; porque: "s, se segu-
ro que est casado. A m ya nadie puede venirme con cuentos".
Paula vea cmo su hermana dejaba el trabajo de costura,
soltaba el pedal y perda la mirad en la pared de enfrente. Por
ms esfuerzos que haca no vea nada de interesante en la cal
desvada de la pintura.
-Se puede saber qu es lo que te pasa a ti esta maana?
Al poco rato, cuando Paula estaba en la cocina, sinti que
su hermana la llamaba: "Paula, el tubo del lavamanos se rom-
pi otra vez". Y la mujer se llevaba, de nuevo, las manos a la
cabeza.
-Ay, que salacin! Hay que llamar al plomero.
Claro que Amalia se guard muy bien de decirle que, esta
vez, ella lo haba roto.
Ezequiel, ya sea por experiencia professional, intuicin o va-
nidad masculina (o me atrevo a apostar que las trees ligadas),
crey que la avera no haba sido occasional. Y es que hay veces
que la realidad corresponde a lo que pensamos a la ligera; y
esto, que es una virttud o una suerte, puede crear el hbito de
relacionar fcilmente... Pero, en resume, el plomero se hinch
de orgullo y se decidi a atacar.
Amalia sufra un terrible remordimiento de conciencia. "Lo
que hago es inmoral", se deca; y lo que ms le chocaba era que,
sabiendo lo del hijo, hubiera procedido tan descaradamente.
Aunque cuando vio la cara sonriente de Ezequiel no estuvo lejos
de pensar: "Me alegro de haber dado el paso. Ahora, si lo desea,
la cohciencia puede remorder; que lo hecho, hecho est".
"A esto le han dado un mamellazo", pens L
-Es una lstima. Va usted a pensar que trabaj mal a pro-
psito para volver -dijo Ezequiel.
-Uui... No diga eso. Sabe?: es que la instalacin ya es
muy vieja.
-iAaa...!
En un dos por tres el tubo qued a pedir de boca.
-Ahora no me vaya a decir que no va a cobrar por esto.
Por muy rpido que haya sido, no importa.
-De ningn modo, este es un obsequio de la casa -y se
sonri.










LA NUEVA NOCHE


-No, no, no, eso s que no. Esta vez usted no se va sin cobrar.
-Quiere ir al cine esta noche?
Amalia dijo un s corto y menguado, como si quisiera re-
tractarse a mitad de la i. Pero para los efectos fue un s normal,
porque l lo oy perfectamente. El rostro de la mujer enroje-
ci, a tal punto que l pensaba que le iba a dar algo. Los ojos
se le clavaron en un botn de la camisa de Ezequiel, fijos. Quiso
pensar una respuesta disimuladora; fingir quizs que el s fue
dado en respuesta a otra pregunta. Pero mientras ms pensaba,
ms terreno perda...
-A cul cine desea ir? Estn dando una muy buena...
-Yo no voy al cine, seor.
-Nunca?
-S, claro que voy, pero quiero decir que no... Quiero
decir que a veces.
-Entonces esta es una de esas veces.
-Mire, mire. Perdone. Yo no voy al cine con desconocidos.
-... Y yo soy un desconocido?
Amalia celebraba la osada de Ezequiel, del que slo saba
el apellido, el oficio y que tena un hijo, adems de lo que le
salt a la vista desde el primer da. Se espantaba, no obstante,
de lo que se desmoronaran sus principios, porque (lo que es
muy distinto) se alegraba infinitamente de lo que ya se haba
desmoronado en ellos.
-No, no diga eso.
-Entonces la vengo a buscar esta noche a las siete y media.
-Mejor lo veo a la entrada del cine -contest Amalia sin
darse oportunidad de cavilar much.
Le dijo un nombre. Despus hizo una inclinacin de cabeza
y pronunci una frase como despedida.
-Que se fue...? Y tampoco le pagaste? -preguntaba
Paula- Lo tuyo es el colmo.
Amalia no se tom el trabajo de hacerle saber que era l el
que no haba querido aceptar el dinero. La idea del vestido la
absorba de lleno: "cul llevo: el verde o el azul?" Y a la
media hora: "no, no; estamos casi en verano: el blanco, el
blanco".










ANGEL LUIS FERNNDEZ


A la hora de salir Amalia dijo que iba al cine. Paula pre-
gunt que si con Rita (Rita era otra "soltera" que siempre acom-
paaba a Amalia).
-S, voy con Rita -respondi Amalia sin preocuparse
much.
Despus que sali, Paula fue (de casualidad) a visitar a la
familiar de Rita. "T aqu? No fuiste con Amalia al cine?",
pregunt Paula. "No ,hija, que va. Y de lo que me alegro...
porque tengo un dooolooor de cabeza".
Paula se qued pensando.
-Quieres un buchito de caf?
-Gracias, Ritica, bueno -"dnde se habr metido esa
muchacha", se pregunta. Cogi la tacita:- Muchas gracias, Rita.
Ezequiel la acompa hasta la esquina de la casa. Se haban
atrevido a hacerlo porque Amalia pens que Paula ya estara
durmiendo. "Y si me ve, qu? Ya yo estoy bastante crecidita
para saber lo que tengo que hacer". Entonces se arriesgaron
a llegar hasta la puerta de la casa.
A partir del encuentro en el mnibus, o ms ampliamente:
desde que se conocieron, en la conduct de Amalia se realizaba
una series de cambios que venan siendo una especie de desafo.
Haba esperado tanto para mostrarse tal cual era que ahora
podra mostrarse ms de la cuenta. Se deca que Ezequiel se
haba portado dignamente. Y esto del digno comportamiento
era una contradiccin en mujeres de este tipo, que por un lado
se glegran de la caballerosidad (en lo que tienen de dama) y
por otro lado (en lo que tienen de hembra), lo sienten. Pero
Amalia esperaba de l ms que un simple flirt; se deca que
el plomero llevaba buen camino...
Se dieron cuenta de que todos dorman y convinieron en
quedarse un rato... conversando. Hablaban de cosas sencillas
de enamorados recientes. Ella senta que el espritu se le ex-
panda de nuevas emociones. "Alguien nos puede ver". Pero
hizo un esfuerzo y, pasado el moment, no le import.
Ezequiel no le haba vuelto a hablar del hijo, y de la
mujer... ni se diga. Ella se alegraba de esto; aunque se dijo
que, aunque le hubiera mencionado el asunto, hubiera seguido
actuando de la misma manera.










LA NUEVA NOCHE


No se consider egosta, pues nunca haba pensado que sera
enteramente para ella, sino que quera de l lo que lograra
hacerla feliz. Por lo pronto, los objetivos se realizaban.
Cuando entr en la sala vio una sombra agazapada en un
butacn.
-Te gust lo que oste? -le pregunt Amalia con una
dureza inusual.
Paula, encendi la luz de la lamparita, muy nerviosa, en
primera porque ya lo estaba un poco; en segunda, porque la
voz de Amalia la desconcertaba.
-Supongo que no fuiste al cine con Rita...
-No; claro que no fui. Y t lo sabes.
-Entonces por qu me engafaste? No te hubiera sido ms
cmodo decirme la verdad?
... La verdad....? Creo que s, pero no se me ocurri.
Tengo un sueooo....! -bostez Amalia y entr a su cuarto.
-Que Flavio no se entered -fue lo ltimo que dijo Paula.
Su hermana enarc las cejas pensando: "y eso qu".
Amalia, antes de dormirse, recapacit sobre lo ocurrido. Le
molestaba la actitud de Paula; y, ms an, le molestaba pensar
que esa sera la actitud de todo el mundo. Pero en el fondo se
alegr: era este el acicate para mostrar lo que ella poda ser;
o, mejor, para demostrarse a ella misma lo que era capaz de
hacer. "Ahora es cuando empiezo a vivir". Y se durmi con un
gusto agradable en la boca.
Su hermana, al lado del marido que roncaba, se estremeca
por todos los presentimientos. Crea que haba obrado mal,
pero algo la haba impulsado y la seguira impulsando a obrar
as. Era casi como un papel que se le asignaba, y ella tena que
cumplirlo. "Es natural que lo haga, bastante tiempo ha espe-
rado". Mas como necesitaba justificarse: "pero no as, tan a lo
descarado..." Y juntaba las frases que le iba a decir el da
siguiente.
Pero el da siguiente no le dijo nada. Crea ella, o era verdad,
que el rostro de la hermana se haba transformado. Pareca
decir con los ojos que tena una respuesta preparada a cualquier
reproche. Y Paula esperaba la ocasin para poderle insinuar
algo. Ocasin que no llegaba, pues el nuevo semblante de Ama-
lia pareca decidido a establecerse en ella.











ANGEL LUIS FERNNDEZ


Desde ese da los presuntos novios se citaban diariamente
en cualquier lugar de La Habana. Paula, cuando vea salir a
Amalia, saba, sin temor a errar, a dnde iba; pero no le haca
comentarios. En la mirada de la hermana haba un venyatrvete
adecirmealgo.
A Flavio tampoco le parecan ordinarias aquellas salidas y
aquellas llegadas de madrugada. Cuando indagaba con Paula,
su mujer siempre hallaba una respuesta a mano. Y, oficial-
mente, Rita se multiplicaba en un sinnmero de actividades,
porque la respuesta era: "sali con Rita".
Claro que, como a Flavio aquello no le importaba much,
aquel nombre: Rita le pareca el remedio santo a cualquier
cosa, y no se tomaba la molestia de averiguar si era verdad.
Un da que Paula tena la cara ms contrita que nunca (pe-
laba papas en la cocina) Amalia se le acerc. Desde haca much
tiempo procuraban hablarse poco, no fuera a ser que la chispa
se encendiera. Le puso una mano sobre el hombro. Paula cobr
nimo, como si aquella caricia de la hermana fuese el permiso
para preguntar. El temor a enterarse de "aquello" no le brin-
daba calma, pero trag en seco.
-Amalia, francamente... de hermana a hermana: t has
llegado a algo con ese hombre?
Amalia abri los ojos, casi infantilmente, pero sin mala in-
tencin. Paula no vio asombro en ellos. Despus, la sonrisa se
le dulcific y apret ms el hombro de su hermana.
-Yo... ya no soy una nia, Paula. Yo soy una mujer. Yo
soy una... mujer -dio un acento extrao a esta ltima pala-
bra- desde cuando era novia de Gonzalo; o por que t crees
que yo trat de envenenarme...? Pero no te preocupes, que
esta vez no suceder.
Paula no dijo ni po. Sigui pelando papas, pero ni siquiera
saba lo que estaba haciendo, porque slo se dio cuenta de que
se haba cortado cuando vio el plato manchado de rojo. "Dios
mo". Necesitaba tomar un poco de agua: el estmago se le
reduca dentro del vientre.
Amalia dijo la mentira para quitarse la mira interrogante
de la hermana. Aquella trampa le daba una razn de ser a su
nueva vida; en todo caso ante los ojos de Paula. Senta haberla
tenido que decir, pero para ella no haba otro remedio o no











LA NUEVA NOCHE


pens en otro. El pobre Gonzalo nunca haba pasado de un
abrazo o de un beso. Sin embargo, como ya era tarde para pro-
bar nada, Gonzalo apareca como el seductor de Amalia.
"Mi pobre hermana", pensaba, "cmo tiene que haber sufri-
do guardndose ese secret. Ay, los hombres! pobre mucha-
cha... Y yo que le echaba la culpa".
La vida comenz a ser ms agradable para la amante de
EzequieL Ahora, en la mirada de su hermana, el reproche
haba muerto y resucitaba en forma de lstima, porque era el
mismo sentimiento con otra apariencia. La lstima no molesta-
ba a Amalia en absolute: haba sido inventada por ella.
Ya se vea con l a cualquier hora y donde quisieran. Eze-
quiel le haba explicado ya todo: lo de los hijos (el varn y la
hembrita), y lo de la mujer. Quera divorciarse, pero ella se
empecinaba en negarse.
Amalia, lejos de encontrar obstculos en todo esto, se com-
placa en ver la sinceridad del hombre. Crea amarlo ms. Se
le entregaba cada vez que l lo pidiera; mientras ms se prodi-
gaba ms feliz se senta.
Por fin, un da, Ezequiel se atrevi.
-Amalia, yeme: yo te dije una cosa que no es verdad...
o s; en parte. Mi mujer y yo no nos pensamos divorciar. Claro
que entire ella y yo... nada. Est muy enferma y nada ms que
vive tumbada en la cama. No me atrevo a darle ese disgusto.
Comprendes lo que quiero decirte?
Amalia pens que aquello se acababa. Eso fue mientras l
hablaba. Pero luego vio que trataba de decirle que lo del matri-
monio era muy difcil. "Lo nico que ella se muera". Amalia
comprendi que nunca haba pensado seriamente en una boda.
Si ella se haba juntado con l, era precisamente por l; y eso
se le daba con boda o sin boda. Mientras, frente a ella, Ezequiel
meditaba sobre lo sincero que "pretenda ser" y los buenos
resultados que lograba en la confianza de Amalia.
-Bueno, no importa... Quiero decir que no me importa
que no nos podamos casar. Est muy enferma...?
El asinti con pesadumbre:
-Paraltica...
Entretanto, Paula no perda las esperanzas de que aquel
romance turbio terminara. Ide un plan. Las vacaciones comen-











ANGEL LUIS FERNNDEZ


zaban y Flavio tena un mes complete libre. Rodolfito ya pasa-
ba los ltimos exmenes. Entonces se le ocurra que los cuatro
podran ir a pasarse un mes en Baracoa. "Mientras el palo va
y viene a lo mejor se le quita eso de la cabeza".
Comunic la noticia a todos, e inclusive fue aceptada por
Amalia. Quedaron en prepararlo todo para mediados de Junio.
El da de las vsperas del viaje la casa arda en preparativos.
Slo la maleta de Amalia estaba vaca, abierta sobre la cama.
Paula no se daba cuenta: Flavio y Rodolfito no hacan nada, y
ella tena que averigurselas con su equipaje y el de los otros.
"Estos machangos no ponen una". Luego vino a notarlo.
-Y tu maleta qu? No dejes eso para ltima hora.
-Oye, Paula, lo he pensado bien, y no creo que me convenga
hacer el viaje este ahora. Quizs yo vaya dentro de unos das.
Paula pens que el alma se le caa al suelo. Dijo que la espe-
raran, que era mejor que todos fueran juntos, que... Pero
Flavio y, sobre todo Rodolfito, saltaron como fieras. "Chica,
Amalia sabe entendrselas sola con la casa. Djala que vaya
cuando ella quiera". Y Rodolfo gritaba que l quera ir a cazar
con el abuelo y que despus lo iban a dejar sin viaje. Paula
tuvo que acceder y renunciar a llevarse a Amalia.
Hasta ese moment slo haban podido citarse a ciertas horas
y tenan que ir a determinados lugares, de no muy buena fama,
para poder estar solos. Esta era la oportunidad que esperaban
y Amalia supo llevarse el pez, hacindole ver a su hermana que
ira a Baracoa, cuando en realidad proyectaba quedarse: a lti-
ma hora Paula no poda suspender el viaje: Amalia confi en
la terquedad de su cuado y de su sobrino.
Ahora, ya sola, viva a su arbitrio. Introdujo a Ezequiel en
la casa. Los vecinos estaban mudos. Entraba con l como si lo
hubiera hecho con el gato. "A m me parece mentira; lo veo y
no puedo creerlo", comentaba una. Y otra: "vete a fiar de las
moscas muertas". Rita se mora de envidia y se disfrazaba con
el pudor: "ee una descarada. Ahora que no me venga a decir
que quiere salir conmigo. Yo no salgo con toda clase de gente".
Los das del verano pasaron felices. Amalia se senta duea
de la casa. Preparaba todo como una perfect ama: cocinaba
para Ezequiel; limpiaba el piso, los muebles; se baaba por











LA NUEVA NOCHE


las tardes y esperaba a su amante arreglada. Casi siempre salan.
A veces coman afuera, en cualquier restaurn, y luego iban al
cine. Por las noches, cuando regresaban, utilizaban el lecho de
los dueos de la casa. No se sentan sobre algo prestado, porque
(por lo menos Amalia) en esos moments saban que todo les
perteneca: el placer. Amalia sala desnuda al patio, cuando
todos los vecinos dorman y la noche era viscosa e impenetrable.
Ezequiel la segua y la abrazaba. Si haba an agua corriente,
abran la llave de la tubera del patio. El agua resbalaba por
las pieles y sus cuerpos se deslizaban, uno sobre el otro, al com-
ps de esa msica natural. Quizs algn que otro curioso podra
asomarse desde la casa de vecindad que daba por detrs. Pero
no se vea bien, y en resume: importaba tan poco que alguien
viera algo.
-Ojal que esta tubera no se rompa -deca l.
-No, esta no se rompe.
SY abandonaban las palabras. Luego se secaban y la cama
mullida los esperaba... tibia.
El tiempo se perda y slo se saba de l en las horas de
espera; porque luego no haba tiempo. No se poda medir. Eran
moments luminosos, tras aos de contencin. Cuando se ha
medido da. por da, mes por mes y ao por ao, que ms da
no saber que el tiempo se consume, y nosotros con l, y todo
de pronto.
Un telegrama rompi la armona. Paula pens que era mejor
no dar la sorpresa de la llegada. -Por si acaso". Mand un aviso
con da y hora de arribo, pues no quera sorprender nada anor-
mal Ella no se imaginaba que las cosas hubieran llegado al
extremo en que los amantes las hicieron, pero se repeta: "por
si acaso".
Cuando entr de nuevo, despus de veintitantos das, hall
la rasa vaca. Inmediatamente se lanz al cuarto de Amalia y
registry el armario. "Me lo tema".
Flavio no exiga explicaciones concretas, de modo que Paula
sali del paso como casi siempre lo haba hecho: invent un
nuevo nombre de mujer y agreg que posiblemente Amalia se
intiera sola y... "Eso es. Debe de estarse pasando unos das
en casa de Lola". Flavio se rascaba la frente. "Ah, s Lola..."










ANGEL LUIS FERNNDEZ


La pobre mujer se sobresaltaba ante la idea de otras posibi-
lidades. Pero no. No caba duda: Amalia tena que estar com
aquel hombre.
-A lo mejor no vio el telegrama -apuntaba Flavio.
-S, o no; tuvo que verlo. Pero no; puede ser... -titubea-
ba Paula.
Amalia, al recibir el telegrama, decida mudarse sola com
Ezequiel. La noticia de que ella haba vivido un mes con un
hombre, y en la propia casa de la hermana, la saban todoe los
vecinos en diez cuadras a la redonda. De modo que, para evitar
disgustos, se haban ido con los brtulos a otra parte.
Amalia apareci por all a los dos das. Pareca radiante,
ms joven; el que la hubiera conocido desde nia hubiera diche
que tena diecisis aos, cuando era novia de Gonzalo. Contem-
plaba al mundo con los nuevos ojos que da una nueva vida. Ni
siquiera reparaba en las miradas extraviadas de los vecinos, de
los que antes se decan sus amigos. Si lo hacia, slo era de mane-
ra casual, poniendo, dondequiera, una sonrisa, ante cualquier
rostro; porque cuando la felicidad es tan limpia se es, a veces,
egosta: el egosmo inconsciente de despreciar todo lo que no
ha contribuido a ella.
Entr y Paula la recibi sencillamente, para no demostrar
a Flavio que suceda algo fuera de lo corriente. Pero Amalia
se encarg de sacar todas las dudas posibles. Habl sin rodeos
y le dijo a su cuado todo lo ocurrido en su ausencia.
Al principio el hombre no comprendi: intercalaba su aten.
cin entire el peridico y las palabras de la cuada.
-S... ee... "Asesin a su mujer porque crea que le era
infield lea. Cmo dices?
La voz de Amalia era tan franca, tan pausada, que pens
que no era tan grave lo que le contaba.
-Bueno, t hace tiempo que eres una mujer hecha y dere-
cha. T sabrs lo que te conviene. Pero acurdate de lo que te
pas con aquel Gonzalo.
Paula respir -despus de career que se ahogaba- con aire
de victoria. Lo peor... o parte de lo peor haba pasado. Toda-
va le restaba hablarle a la hermana sobre algo importantsimo,
algo que consideraba crucial para sus relaciones con el plomero.
Porque siempre hay quien se entered de las cosas y no las calle,










LA NUEVA NOCHE 43

sabiendo que se hace un bien o un mal, o no sabiendo lo que
se hace.
-...Amalia -le dijo en la primera oportunidad que estu-
vieron solas-, me da much pena decrtelo, pero lo hago por
tu bien... Si no, no lo hiciera -tom un aire de acuerdo a las
circunstancias, pero la voz son a fin de captulo de folletn
radial: Ese.,. hombre est... casado.
Contempl por largo rato la cara de su hermana. Slo not
que la sonrisa le creca un poco ms. Sigui con desaliento:
-Y s de buena tinta, porque no me gusta hablar por hablar,
y menos en el caso tuyo: porque t eres mi hermana, que est
muy bien casado y que no tiene intenciones de abandonar a su
mujer: una mujer joven, muy joooven. Kiko, que tiene muy
buen corazn, me ense una foto de ella ayer. Comprendes?
T eres slo un pasatiempo ...
Amalia se par. Mostraba una sonrisa amplia que haba
aumentado mientras la hermana hablaba.
-S, nunca falta quien diga las cosas, o los medios para ente-
rarse. Pero igual que te lo han dicho a ti me lo dijeron a m.
Ves?, ya lo saba... y no me parece que deba preocuparme
much. Ezequiel me ha dicho que ella est muy enferma, y que
por eso no se divorcia. Pero en el fondo sabe que yo conozco la
mentira... Es un convenio mudo. Al fin y al cabo, yo tengo le
que quiero.










LA SUITE










...la hora en que las called de la Habana Vieja se hacen
ms estrechas. Una luz espectral, no sin algo de azul, se con-
densa entire las paredes. Por un moment se cree estar ante un
museo de proporciones enormes: la soledad se aguza.
Armando manejaba sobre el empedrado angosto, y todo aque-
llo le era ajeno. Pensaba en cosas que le parecan vitales y que
lo preocupaban. Quizs si haba dejado de pensar en ellas, pero
el sabor del desasosiego no lo soltaba y vea en los inconve-
nientes del trfico la causa momentnea de su incomodidad.
Se reproch el haberle dicho a Raquel que la recogera a esa
hora. Pero despus senta que la necesitaba. Acab por encen-
der el radio... Solt una msica estridente, pero no se atrevi
a apagarlo: se iba a sentir muy solo. Baj el volume.
Raquel estaba bajo una de las arcadas. Eso fue a la segunda
vuelta, porque cuando l pas por primera vez, an no estaba.
La luz deficiente le caa a media en el rostro que la sombra
comparta. Bajo el pelo suelto las facciones, inmviles, eran
bellas y corrientes. Sostena una gran carter con ambas manos;
caa ante sus rodillas y, al caminar hacia l, la bamboleaba con
las piernas.
Se sent a su lado. Armando se sinti comfortable y tuvo
deseos de besarla. No lo hizo: la tom de una mano y se la
apret muy fuerte. Raquel le dirigi una mirada larga, de esas
que sustituyen el saludo cuando ste ya se hace comn. Pare-
can cansados. Ella se reclin.
-Te hice esperar much, no?
Dijo que s con un leve movimiento. Despus hizo un gesto
de indiferencia.









ANGEL LUIS FERNNDEZ


Raquel vea cmo la cara de su amante se pareca a la que
tena desde haca das, pero no a la que mostraba cuando se
conocieron. Crea atriburselo a su imaginacin... La idea no
la satisfaca y se molest.
Armando le haba conocido en una fiesta que brind un
corredor de aduana. El asista con su amiga de turno, una coris-
ta muy opulenta que, adems de las palabras, utilizaba las manos
y los ojos como un gran medio de expresin. Raquel fue con
el suyo, un viejo industrial con muchos ms miles que aos.
Empezaron a conversar y se dijeron recprocamente que estaban
hartos de su respective pieza. Decidieron intentar la unin...
-Si fracasamos, no creo que sea nada nuevo -le haba dicho
ella.
El la consider inteligente. Hasta ese moment no buscaba
sino cuerpos esplndidos, sin importarle que hubiera aserrn
dentro de las cabezas.
Esto no era nada difcil, por lo que consider novedoso
hacerse de un amante en la que vea algo de talent. Posible-
mente, las funciones, que tan activamente vena desempeando
con las otras, lo cansarn; buscara a alguien con quien suplir
la falta de exceso por la conversacin... Raquel no era despam-
panante, pero posea una belleza discreta.
Ella, sin ser genial, contaba con sentido comn y un gran
poder de adaptacin. Al empezar la "carrera" tena frente a sus
ojos una caja contadora que, por lo general, marcaba una cifra
enorme. Luego se dio cuenta de que la demand podra disminuir
con el deterioro de la oferta, y en vez de ahogarse en la acumu-
lacin, se entreg a la tarea de buscar un comprador vitalicio;
ms explcitamente: un marido con posicin. (Ella persegua
la separacin de Armando y su mujer. Hasta ese moment los
clculos no le haban fallado. Armando le haba dado vueltas
al asunto y pareca decidido).
Pero ahora algo fallaba. No era culpa de ninguno de los
chullos que haba hecho para lograrla.
"...Tambin me ha costado mi trabajo", se confesaba
Armando algunas veces para tapar el temor, o darse una dbil
justificacin.










LA NUEVA NOCHE


Raquel saba perfectamente que eso, y no otra cosa, era lo
que nublaba todas las perspectives. Se atreva a hablarle fran-
eamente.
-Por qu no metes el dinero en un banco en los Estados
Unidos? -le pregunt una vez.
Pero Armando para acallar sus temores contestaba:
-No. Por ahora no ser necesario. Todava no se sabe lo
que va a suceder.
Actuar como si nada ocurriera era su modo de desear que
nada ocurriera.
-Problemas...?
-Ujum...
No iba a preguntar cules. Saba de memorial la respuesta;
y si se la repeta, aumentara la consideracin que tena de ella.
"Cuanto tiempo que lo conozco: muchos meses", se respon-
da. "Ya hasta lo quiero algo. Me parece mentira que yo ame.
Bueno, algn da tena que suceder".
El atardecer era plido, casi de un amarillo modesto. La
silueta de los edificios del Vedado, de espaldas a la luz, pare-
can recortes de cartones oscuros. "Creo que es algo peor que
el amor. Lo necesito; y l a m. Despus de todo lo que siento
es una, gran pena, por l y por mi".
El auto entraba en el garage de un hotel lujoso, de los recin
construidos.
Raquel haba dicho que una buena suite le sera ms cmo-
da que un apartamento. Y Armando ceda ante el astronmico
capricho.
Estaban frente a la terraza. De la tarde lo nico que queda-
ba era una dbil cinta de luz. Ld iluminacin artificial se api-
faba hasta perderse en Marianao. Las calls rectas tenan, ahora,
pequeas lucecitas que las recorran en toda su extension,
pero los ruidos de los vehculos llegaban como un fondo musical
que poda desmayarse en la inconciencia. A Armando le gusta-
ba el lugar. Se crea fuera de la ciudad, aun cuando constante-
mente pudiera verla. Desde lo alto todo le pareca irreal y que
las figures eran de juguete, cosas de mentira. "Si todo fuera
ahora de mentira", pensaba. Y hallaba reposo en esta huida
de la imaginacin.









ANGEL LUIS FERNNDEZ


Raquel sac un disco del cartern y lo puso sobre el plato.
La msica lo disgust, pero no dijo nada. A ella tampoco le
gustaba. Haba comprado el disco porque la cartula le haba
parecido bonita. Tampoco habl y se puso a marcar pasos al
comps.
Armando se hundi en un butacn. Apret los ojos hasta
dejarlos casi cerrados, hasta que la figure de la mujer fue slo
una mancha negra contra el violeta del exterior. Raquel baila-
ba despacio y sus caderas se balanceaban. De repente, con unos
movimientos ininterrumpidos, se deshizo del vestido y lo arro-
j en una silla. Entonces se par y tom aire en la puerta.
dos. "Fuerzas mayores" eran las palabras que empleaban para
hablar de ello. Y era que la situacin se ennegreca para Arman-
do. La fortune descomunal que haba amasado en pocos anos
tena una base dbil: para pocos eran desconocidos los chan-
-Tienes calor? -pregunt ella.
No haba nada. No se poda decir que existiera la atmsfera
alrededor. El fro haba desaparecido y el calor no se decida
a llegar. "No; no tengo", dijo.
Raquel segua movindose. El apret otra vez los ojos que
haba abierto.
-Qutate el resto -le dijo de un modo indolente, como
hubiera podido decir otra cosa.
Como esperando esta reaccin, se despoj de lo poco que le
quedaba. Un brillo codicioso asalt sus ojos. Lo llam:
-Armando... vamos a bailar.
Pretext que estaba sumamente cansado y que tena muchas
cosas en qu preocuparse.
-Por eso mismo. Con mayor razn. Ven.
El bailaba muy mal y le pareca tonto que solamente ella
estuviera desnuda.
-Ponte algo por encima.
Raquel cogi el saco que Armando haba puesto en la cama
y se lo tir sobre los hombros. Le llegaba hasta medio muslo.
-Bailamos ahora?
Despus de un rato de arrastrar los pies, apag el tocadiscos.
-Est bueno ya. Me canso.
Ahora Raquel dudaba si no era que estara cansndose de
ella. Esta duda era ms incmoda: hera tambin el orgullo.










LA NUEVA NOCHE


Se lanz sobre el lecho. Dej caer el saco al suelo. Escondi el
rostro con un brazo y observ al hombre por entire la cortina
de su pelo. Armando se mesaba los cabellos escasos y lacios.
Haca movimientos nerviosos. De vez en cuando se extasiaba
ante el cuerpo, desnudo sobre las sbanas. Entonces distraa la
vista. Pero por fin tuvo que mirarlo sin interrupcin. Raquel
respir con aire de victoria parcial.
Oa un ruido sobre sus espaldas, y senta los besos que le
repercutan dentro del crneo; instantes en que se vea ms
fuerte que nunca, ms duea de la situacin. Quizs era ella
la que buscaba con ms insistencia, para poder decirse que po-
da triunfar. En esos moments, por ella, Armando era capaz
de llegar a los extremos. Rea con una risa sonora, infantil, clara.
Armando no saba de L
-Me haces dao con la hebilla -gema Raquel.
Y l la obedeca.
Cruz una mano tras la nuca, como si la almohada no fuera
apoyo suficiente; la otra descansaba sobre el vientre de Arman-
do. Mantena la boca y los ojos entreabiertos, y el torso desnu-
do posea una firmeza pujante.
Armando tuvo que verse muy ridculo, con sus msculos que
acusaban flaccidez en ciertos sitios. Se tap con un movimien-
to brusco, que hizo que la mano de su amante fuera rechazada.
Raquel no vacilaba en decirse que Armando se aburra de
ella, y que slo en el placer lo atraa. Fingi una voz de nia,
graciosa; pero estpida para ella.
-Ya no me quieres, eh?
-S, s te quiero -le responda Armando. Se abalanzaba
sobre ella sin descubrirse por un moment. Le llenaba de besos
el cuello, y luego la mirada se le dilua en la cabecera de la
cama, preguntndose si las circunstancias dejaran que aquello
durara. "Yo te quiero, Raquel", le deca: "y t a m?"
Recordaba entonces que esa noche era el "party" de cum-
pleaos de la hija. Jacinta. "No; no voy a ir. Ya les promet
que esperara el ao con ellas. Esta noche es ma". Tena que
decirle a Raquel que era muy feliz. Quizs no lo era tanto como
necesitaba decrselo. Pero a Raquel le volva la confianza.
Ella ya lo amaba a su manera, como se quiere a lo que nos
brinda seguridad. Se saba incapaz de serle infiel. Se convenca










ANGEL LUIS FERNNDEZ


continuamente de que esa era la forma de amar de las mujeres
de su tipo. "Sin romanticismos. Hay que ser realistas". Arman-
do se decida. "Se lo digo esta misma noche. No voy a esperar
un da ms. Si me equivoco, ya me las arreglar, o pagar las
consecuencias; pero no voy a desperdiciar lo que me queda.
Esta misma noche planted el caso".
La decision ya haba sido tomada por l haca tiempo. Una
de esas decisions que se deben condensar ms tarde -"Cuan-
do se pueda", deca-, y que se pospona de un da para otro,
sin saber verdaderamente si ocurrira, o sin confiar en si sera
capaz: un bosquejo de decision. Pero el moment llegaba.
"Ni un da ms".
Le dijo que se vistiera para ir al restaurn. "Tengo que
decirte algo importante, le comunic a Raquel La mujer pens
que poda ser algo desagradable: "el rompimiento", pensaba;
"o una buena noticia: Que se divorcia". Se visti rpido como
nunca. La curiosidad o el deseo de saber algo definitive la
impulsaba.
Cuando se lo dijo, estaban sentados frente a frente. La vista
de ella haba permanecido ansiosa, clavada en la del amante en
los moments de vacilacin: Armando a ltima hora titubeaba.
Raquel alz las cejas, pero no fue teatral. No poda ser ms
sincera. Sin embargo, no vio oportuno hacer alarde de una
alegra exagerada. Se contuvo. Mostr una sonrisa agradable.
-Cundo ser todo eso? -pregunt.
-Quiero tener el divorcio a comienzos de afo. Sea como
sea -y afinc el nfasis para alimentar ms su voluntad.
"-Ya lo sabe ella?
-En cuanto llegue a casa se lo digo. No aguanto ms.
Raquel le alcanz una mano sobre la mesa. Apur un trago
del coctel que le pareci ms fresco que nunca. Senta algo
indefinido, delicioso y a la par inseguro. Pasaron la noche
juntos. Raquel no se prodig ms de lo corriente. No quera
mostrar el agradecimiento en una forma tan mezquina. Hubiera
querido salir sola, sin despertarlo; llegar a la orilla del mar,
descalzarse y mojarse los pies; hacer algo loco, irrazonable,
como hablar a solas o gritar. Despus cerr los prpados.










Velando a la Hipocondriaca











LA ltima en llegar fue Amalia. Dijo que no se senta muy
bien, que 1 viaje la haba estropeado much y se sent cerca
de la caja: un armatoste negro, tapado bajo un colchn de flores
y con una ventanita de vidrio por donde poda verse, con slo
pararse e inclinarse un tanto el visitante, el rostro gordo de
una vieja. Paula estaba cerca, llorando al lado del marido que
miraba con resignacin y fastidio. Rodolfo, muy circunspecto
porque ya se consideraba mayor, exageraba el luto y pensaba
que la abuela nunca lo haba querido much, ni l a ella.
Enfrente, con sendos trajes grises y pedazos de pao negro
(por si el gris era muy ligero) en las corbatas, los tres hermanos
charlaban. De vez en cuando, al ver entrar a alguien que venia
a condolerse, tornaban el semblante y se ponan serious y hasta
llorosos. Las mujeres de los dos que estaban casados los acom-
paaban, cada una metida en un espantoso vestido oscuro, del
cual renegaban.
Al rato lleg la noche. Los visitantes desaparecan. Las
mujeres pretextaban que deban dar de comer a sus maridos;
los hombres, que tenan que ir a comer. Los ms allegados pro-
metan darse otra vueltecita ms entrada la noche. Las sillas
de tijera quedaron deshabitadas, slo unas pocas conservaron
el husped; la mayora, mujeres envejecidas, veladoras de pro-
fesin, que consideraban un sacrilegio no pasar la noche al pie
del cadver una vez que pisaban el umbral de la casa, aunque
no conocieran a los dolientes.
Alguna que otra desista del empeo y con vergenza repar-
ta besos y estrechaba las manos, o daba palmadas piadosas en
los hombros, diciendo que a no ser porque la cabeza se le parta
de dolor, se hubiera quedado.










ANGEL LUIS FERNNDEZ


A medianoche uno de los hijos se fue. Amalia lo sigui,
gozosa de encontrar apoyo en la fuga, y seguida por una mirada
indignada de Paula.
En un rincn, no muy cerca del fretro, un cuerpo, prcti-
camente inmvil, no se levantaba de la silla. La cara no se le
vea, ni nadie pretenda hacerlo... Ni siquiera los hijos. Inti-
mamente se espantaban al pensar que podan hallarlo riendo
-algunos lo aseguraban-, y no de demencia.
En la esquina opuesta dos mujeres se acurrucaban. Una, de
las que no pueden pensar en la noche sin sentir fro, se guareca
bajo un chal de lana maltratado. La otra era ms decidida y
solamente cruzaba los brazos.
La ms vieja estrech el chal a su alrededor y ech una mira-
da para ver si haba "moros en la costa". Haba bostezado
varias veces y, como crea inminente el pestaazo, se decidi a
hablar. Al notar que con un tono bajo en la voz nadie la oira,
except la vecina, se lanz:
-Despus de todo, mejor que fuera as. No lo cree usted?
La otra qued mitad sorprendida (del valor con que se abor-
daba el tema) y mitad convencida (del significado de las pala-
bras). Pero disimul:
-Creer yo? El qu... ?
-De qu va a ser, hija: de la muerte de la pobre...
Ahora se lanzaba sin temor de ser la iniciadora del chisme:
-iOh, s, claro; indudablemente! No; eso es indiscutible
-se arriesg-: para la vida que llevaba y la que haca llevar.
es mejor.
-No, no, no; si yo jams he visto cosa igual -se persigna-
ba-. Que Dios me perdone si me equivoco, y que la tenga en
la Gloria!, pero era insoportable. Ya ltimamente era un mar-
tirio aguantarla un minuto. Con decirle que yo la iba a ver un
ratico por las tardes, y luego, volaaaba. Me daba much pena,
sinceramente, pero qu va, vieja!
-Oiga --alargaba el cuello para percatarse de la soledad
y ver al viudo-, es verdad que la difunta padeca de una
enfermedad...? A m me dijeron que el mdico haba dicho
que era... creo que iposcondriaca.










LA NUEVA NOCHE


-Quin se lo dijo? -haca una mueca de orgullo-
Usted tambin cree en esa bobera de los mdicos? Ipocon-
driaca...! A m con ese hueso!
-Entonces qu es lo que es. Porque esa mujer padeca de
cuanta enfermedad manda Dios como castigo.
-Esa, y que Dios me perdone otra vez -juntaba las palmas
de las manos y entrecruzaba los dedos piadosamente-, lo que
estaba era loca; y digo loca por no decir que era una sinver-
gienza... Como est muerta. Ella haca todo eso para sacar
de quicio al marido y a todos los que la rodeaban. No, cuando
yo le digo: no haba quien la soportara.
En el rostro de la interlocutora apareca una mueca de desa-
grado. No olvidaba que estaban hablando de una muerta... y
en su presencia.
-Bueno, yo pienso que usted exagera. Claro que usted viva
pared con pared al lado de la pobre, y debe estar mejor entera-
da que yo, pero tanto como eso no. Por Dios!
-No; usted se equivoca. Yo no hablo por hablar, y menos
de un ultimado. Que Dios la tenga en la Gloria! Si le cuento
esto, es porque digo la verdad; pura, tal y como la viv. No va
usted a career que me estoy vengando. Yooo...
-No, hombre. No piense eso. Es que no puedo pensar que
sea tan grave la cosa.
-Juy... Si usted no sabe nada. Mire, para que no se asom-
bre: usted sabe que yo viva como aqul que dice pared por
medio, y oa cada tngana! Tnganas que armaba ella sola,
porque ese viejo que ve sentado all es un santo, un mrtir. Ni
s como no la mat un da. El lo de ella era comprar medici-
nas y echarse arriba cuanto maldito remedio le daba uno de
esos que hacen brujera por ah. El sueldo se le iba al hombre
en esas zoqueteras. Por qu cree usted que l no se retiraba?
Con qu iba a pagar todo, si no? Porque eso s, a los hijos ella
no los engatusaba. De eso nada! Ellos lo que fuera ropa, comi-
da, cualquier bobera, le traan, y eso no siempre; pero dinero
en efectivo, ni hablar! No, y tenan razn. Se lo quitaba al viejo
y lo dejaba en el mostrador de la botica. Mire adonde llegaba,
que lea el peridico nada ms que para ver qu medicine
nueva anunciaban. Y ya sabe: medicine nueva, gasto nuevo.
No, no, no; haca cada cosa! Por eso yo me re cuando el pobre










ANGEL LUIS FERNNDEZ


viejo vino a decirme una vez que su mujer era una iponcondria-
ca. Yo me qued callada, sabe? No iba a rerme en su cara, y
adems, qu sacaba yo con eso. Pero a m si que no. Lo que
tengo de vieja lo tengo de bicha. Ahora, que la culpa yo se la
echo a l. Porque desde el primer da que los conoc. Djeme
ver... Hace como veinte aos. S, Amalita todava era una
mocosa. Ay, esa Amalita, qu cabeza loca sali! Bueno, digo
cabeza loca... -la oyente hizo una mueca de impaciencia y
extraeza. Volviendo al tema. Pues, como le digo, hace como
veinte aos que somos vecinos y todo fue siempre igual, iguali-
tico. Que no me vengan con cuentos de que eso le dio despus
de vieja. De vieja! Fue siempre igual, igualitica. Pero no, le
repito que la culpa es de l por aguantarle tantas majaderas.
Si a la primera guanaj, le da cuatro galletazos, hubieran sido
felices. Se lo juro. Mire mi caso: mi marido empez a beber,
usted lo sabe. Eso no es ningn secret en el pueblo. A m no
me import que estuviera viejo. Le arreaba cada escobazo
cuando llegaba as! Conmigo! Prefiri dejar de beber a seguir
recibiendo golpes. Pero en la vida hay que tener temple, much
temple, que era lo que le faltaba al viejo. Uno tiene que ser
bueno, pero no bobo. A los bobos se los comen. Y eso es lo que
era l: un bobo. Si a la primera... Bueno, el caso fue que no
lo hizo, y mire ah las consecuencias. Han vivido en un infier-
no. Ah!, y la comida. Esa era una de las cosas que ni los hijos
le negaban: la comida. Decan que si ella tena hambre... Para
mi qTe no era hambre, eso era vicio. Nadie puede comer tanto.
Bueno, ah lo tiene, muri de una embolia por una hartazn.
Y no es por nada, pero estaba ms gorda que una lechona. Y l
siempre hecho un gin! Lo que yo le digo: Malacrianza y ms
malacrianza para sacar de quicio a los dems. Fjese, que Paula
tuvo que irse casi en cuanto se cas, y carg con Amalia. Los
dos casados viven en Santiago, y el que queda soltero vive solo,
y no se ha ido del pueblo porque no est mal colocado, que
si no, vuela como los dems. Usted se imagine al pobre hombre
ese cargando con la cruz. Ese entra al cielo con zapato y todo.
Usted cree que una persona normal pueda desayunarse con
un ajiaco y a media maana dispararse un pedazo de pata de
puerco y luego apiparse en el almuerzo como si hubiera estado
en ayunas desde hace cuatro das? No, hija, no. Que Dios me










LA NUEVA NOCHE


perdone!, pero eso era mana. Claro que las medicines esas
tenan que servirle de algo. A lo mejor, sin que ella lo supiera,
la han salvado de cada indigestin... Por supuesto que siem-
pre hay razones del otro lado. No es que crea yo que eso la
justifique ni much menos, ni que sean verdad, por otro lado;
pero bueno, lo dicen...
Eee -mir a ver si su amiga estaba dispuesta a escuchar y
no pudo ver ms ansias en una cara-: Dicen que... Le advier-
to que me da much pena, pero si no se lo digo, usted no va
a saber ni la mitad de las cosas. Resulta ser que los que los
conocen de ms atrs dicen... Le repito que yo de eso no s
ni... Bueno, ya usted sabe, como le dije, que nada ms que hace
veinte aos que los conozco, pero el lo es ste: ella tendra no
ms de veinte aos cuando se cas con l. Dicen que era muy
bonita. A pesar de todo no se vea tan mal. Claro que la gor-
dura! Pero el caso es que hicieron un matrimonio bueno. Fue
por todo lo alto, segn me han dicho los que vieron el guate-
que, porque yo, usted sabe que no soy de aqu, y que vine a
vivir por las necesidades de mi marido. Un guateque de ringo
rango. Los padres de ella tenan negocios y dinero a montones.
El creo que no tenda ni donde caerse muerto, o un trabajo muy
malo; si no me equivoco, me dijeron que dependiente en uno
de los establecimientos del suegro. Digo del que iba a ser el
suegro. Pero la muchacha se enamor de l. Ni ms ni menos
que lo que le pas con su hija y aquel Gonzalo. A la inversa,
claro est. Con la diferencia de que los padres s se llegaron a
casar. Todo esto, se lo repito, lo s de odas, y usted sabe lo que
son las cosas cuando ruedan de boca en boca, que ni uno sabe
ya lo que es verdad o no. Pero sea verdad o no, cuente con que,
por lo menos yo, no he quitado ni puesto nada. Despus de la
boda l entr a trabajar con el suegro. Todo el mundo deca
que l se haba casado por la plata del viejo. Lo cierto es que a
pesar del suegro, porque el viejo fue reacio a la boda, la hija
influy para que lo metieran en los negocios. Entonces naci
Paula, o digo, creo que Paula es la segunda. S, eso es: primero
fue el varn, despus Paula, y luego otro varn. Dirn que el
casamiento fue por inters, pero la gente asegura que vivan
muy bien, felices y todo. Bien hasta que pas lo del viejo. Ay!
dicen que ah fue donde se acab. El suegro hizo unos malos










ANGEL LUIS FERNANDEZ


negocios, o vendi los que tena para invertir no s qu. Pero
el caso es que no le sali bien la cosa, y con lo que salv inten-
t otro negocito. Pero, hija, estaba de mala suerte: se arruina-
ron. Una desgracia. Y no falta quien diga que todo fue por
consejo del yerno, que no saba de esos asuntos. Aunque por lo
que se ve, tampoco el viejo era muy despabilado. Si no, t
crees que le iba a hacer caso? Bueno, para no cansarte: el padre
muri de un infarto y la madre no se quiso quedar atrs, porque
sigui al viejo a los dos o tres meses. Usted se imagine lo que
esa gente debe de haber sufrido. Los dos, uno detrs del otro
-se llen los pulmones-. Pero ahora viene lo que a m no me
acaba de entrar en la cabeza. Usted cree sinceramente que ese
viejo con la cara que tiene, pueda ser capaz de hacer algo malo?
Mire, yo me erizo nada ms que de pensar que si eso fuera
verdad... No, yo no lo creo, aunque se lo voy a decir porque
eso es just lo que yo o. Despus que los suegros estaban, bajo
tierra, la situacin no les iba nada bien. Esto no quiere decir
que estuvieran sin un kilo; no. Qued una bobera para ir
tirando, y l decidi meter la plata en un negocito pequeo.
Nada, mala cabeza para las finanzas. Pero la plata era tan poca
que necesitaba un socio. Entonces un tal Eleno, yo no s bien
el apellido, porque nunca lo conoc, le dijo que estaba dispues-
to a aportar capital Bastante, creo, por cierto. Pero vea que
el tal Eleno se enamor de la mujer. Dicen que la estuvo ron-
dando a espaldas del marido, pero que como ella estaba tan
enaiporada, no le hizo ningn caso. Me contaron que un da
que la fue a visitar, la hall sola. Yo no s lo que pas, pero
dicen que l sali como bola por tronera y le dijo al hombre,
al viejo -no pudo evitar buscarlo con la mirada- que se reti-
raba. Le repito que yo no lo creo, pero le juro que me lo han
contado as, palabra por palabra. El, segn dicen, saba bien
que Eleno rondaba a la mujer. Usted sabe lo que es un pueblo
chiquito y chismoso. Pero no arm alboroto por temor a que
el socio se le fuera. El sinvergiienza ese parece que lo nico
que quera era a la mujer, porque cuando lo botaron de una
vez y por todas, dijo que se retiraba del negocio porque no
haba perspectives. Ay, mi hija! Y cuentan las malas lenguas
que el marido mismo le propuso prestrsela con tal de que no
abandonara la empresa. No, mira: me erizo. Si a m me hacen









LA NUEVA NOCHE 57

eso... Pero no creo que l hubiera sido capaz. A lo mejor fue
el mismo Eleno que invent eso por despecho. Lo que sigue
s que no se sabe muy bien. Hay quien dice que Eleno se ofen-
di y le dijo al hombre que l no comerciaba con las mujeres.
Otros, que ella tuvo que ceder y hacer lo que el marido le peda,
porque si no, l la sonaba. Qu espanto! Lo que s casi todos
dicen que ella lo hiciera o no, supo lo que el marido haba inten-
tado y quiso abandonarlo. Dicen que l le dio cada tunda...!
Pero a mi eso me parece mentira. El tiempo que yo he vivido
como su vecina, jams he visto que l le ponga un dedo encima.
Sin embargo, no hubo negocio con Eleno. Usted ve, yo me
inclino a pensar por eso que es mentira. Todo no pasa de ser
un chismorroteo. Pero usted no se ha fijado en el penltimo,
el que todava queda soltero. Tiene los ojos claros y es rubio.
Ni ellos, ni los hijos, ninguno tiene ese tipo, menos ste. Fjese,
el del asiento de all. No lo ve? Eleno dicen que era rubio,
aunque no tena los ojos claros. Una nunca sabe. Pero lo ms
raro de todo no es eso, el que el marido haya intentado vender-
la, sino que de la noche a la mafana ella cambi. Parece menti.
ra, para m, que la conoc hecha una araa. Pero los que la
conocieron antes dicen que era un ngel. Luego se hizo una
fiera y no sala para nada de la casa. Tambin me han dicho
que era l el que no la dejaba salir. No s, perol el caso es que
lo dicen. Empez a engordar como una vaca y a comprar medi-
cinas porque deca que le dola que aqu y que all. Nadie en
este mundo puede tener tantos padecimientos porque se muere.
Sin embargo, ella deca que los tena. Por ltimo, el mdico
nada ms que le recetaba agua con alguna bobera, cosa de que
ella no siguiera insistiendo en llamarlo. A m que tena eso... !
Iponcondriaca! No, a m nadie me hace cuentos. Despus vino
Amalita, la cabecita loca. Esa tiene el tipo de todos los dems.
menos el penltimo, te repito. A m eso es lo nico que me
mala espina. Ah hay gato encerrado, sin duda. Ahora, lo qu
yo creo nadie me lo quita: que ella er mala, y que todos esos
cuentos son para justificarla. No dude de que el tarro, ay,
perdone!, de que ella lo haya engaado con el tal Eleno ese, y
como l la abandon, haya cado en ese estado. -"Mosca muerta!
Que Dios la tenga en la Gloria! Mi hijo, que usted sabe bien
que no es porque sea mi hijo, pero que se ha educado muy bien










ANGEL LUIS FERNNDFZ


y tiene un ttulo de la Universidad, y que entire parntesis cree
en esos cuentos, me dijo que ella actuaba as como un...
Bueno, yo no me acuerdo de la palabra, pero quiso decir que
ella coma como una vaca, tomaba medicines y gritaba como
una chiva porque era un escape. Que ella, como no se poda
zafar de ese hombre, se entregaba sin saberlo a cosas como sas,
y que as se aliviaba. Vaya modo de aliviarse! Todava lo de
comer se entiende, pero lo de tomar medicines por gusto...
No! O estaba chivada de la cabeza o era mala con el viejo, con
ese pobre viejo. Yo le digo a mi hijo que l sabr much fisio-
logia y aritmtica, pero de la vida nada.; De la vida s yo, que
tuve que fajarme duro con ella y he visto cada cosa... El no
sabe nada ms que lo que ha visto en los libros. Y me alegro
despus de todo, as sufre menos. Yo le pregunt que por qu
el hombre la aguantaba a ella, si lo nico que persegua era el
dinero. Sabe lo que me dijo? Que el hombre ese se vengaba
as de ella, vindola degranda...da, quiero decir arrastrada
por el suelo y manitica. Dijo que los dos se hacan dao, pero
cada uno a su manera, el uno al otro. Algo as como que ella
haca todas esas cosas para atormentarlo, y que como l no
saba que lo haca adrede, se alegraba de que sufriera. Claro
que mi hijo dice que al fin y al cabo ella se lleg a enfermar.
Dijo que l crea, como el mdico, que nuestra vecina era una
iponcondriaca. Tambin me call delante de l, sabe? Por
no discutir. Pero cuando vuelva al pueblo le voy a preguntar
qu cosa es exactamente eso de ipocondriaca, porque yo sigo
con fas mas: que estaba loca o que era mala".
Alguien se sent cerca de ellas y la conversacin ces. La
mujer se apretuj ms dentro del chal. Se dorma. La otra no
hablaba de asombro, y la mujer del chal, antes de rendirse defi-
nitivamente, repiti:
,f -Iponcondriaca! Que Dios la tenga en la Gloria!











EDICIONES
EL PUENTE


LO PUBLICADO


La Conquista
(poemas) jos mario

Hiroshima
(poema) santiago ruiz

El Largo Canto
(poema) mercedes cortazar

27 Pulgadas de Vaco
(poemas) silvia

De la Espera y el
Silencio
(poemas) jos mario

Algo en la Nada
(poemas) fulleda len

Clamor Agudo
(poemas) jos mario

Silencio
(poemas) ana justina

Ni un S ni un N
(cuentos) guillermo cuevas
carrin


15 Obras para Nios
(teatro) jos mario
la. y 2a. edicin
Las Fbulas
(cuentos) ana mara simo

Acta
(poema) reinaldo felipe

El Orden Presentido
(poemas) manolo granados

A Travs
(poemas) jos mario
Mutismos
(poemas) nancy morejn

La Mutacin
(cuentos) mariano rodrigues
herrera

Novsima Poesa
Cubana I
variouss autores)

GH
(poemas) georgina herrera











Poemas en Santiago
joaqun g. santana

Tiempos de Sol
(poemas) belkis cuza maol

Poesa Yoruba
(antologa) rogelio
martnez fur

Soroche y otros
(cuentos) jess abascal

Teatro nicols dorr

Sta. Camila de la
Habana Vieja
(teatro) j.r. brene

La Torcida Raz de
Tanto Dao
(poemas) jos mario

Isla de Gijes
(poemas) miguel barnet

Mateo y las Sirenas
(cuentos) ada abdo

Cuentos para Abuelas
Enfermas
vora tamayo

Amor, Ciudad Atribuida
(poemas) nancy morejn

Osain de un Pie
(poesa) ana garbinski


Consejero del Lobo
(poemas) rodolfo hinostroza

Segunda Novsima de
Poesa Cubana
variouss autores)

La Nueva Noche
(cuentos) angel luis
fernndez guerra

Muerte del Amor
por la Soledad
(poemas) jos mario

Teatro Infantil
silvia barros

El Puente resume
literario, I
Mamico Omi Omo
(teatro) jos milin.

Noneto
(cuentos) antonio lvarez

Primera Novsima de
Teatro
variouss autores)

LO POR PUBLICAR

El Puente resume
literario, II
Con Temor
(cuentos) manuel ballagas





































Se termin de imprimir este libro
cLA NUEVA NOCRHE, de Angel Luis Fer-
nndez, publicado por ediciones el puente,
el da 10 de febrero de 1965, en el Taller
210-10, Jos Marti, de la Empresa Con-
solidada de Artes Grficas, sito en San
Ignacio 254, La Habana, Cuba. Territorio
Libre de Amrica.









Tal vez la mayor virtud (y error) de este libro consista en
pasar por alto a Joyce, Proust, Kafka, Sarraute y Robbe-Grillet,
y star escrito al parecer como si no hubiera ocurrido casi nada
en la literature del siglo xx. Cosa no obstante que no le im-
pide al autor poseer un talent narrative para ordenar sus
observaciones, y darles un carcter esttico.

De estos relatos que tratan de ser vertidos a travs de la
sexualidad y el ambiente de dismiles personajes, podra decirse
que estn tan bien escritos como la novela de un Lisandro Otero,
o un Desnoes.

Lo mejor del libro, afirmaramos, es El Nudo de la Corbata,
donde estalla el problema de la adolescencia, el sexo, la incom-

Angel Luis Fernndez

LA NUEVA NOCHE

prensin y la familiar, tratados con una contencin dramtica y
efectiva. As como Velando a la Hipocondraca, en el que el
recurso del chisme en un velorio cubana hacen al autor expre-
sarse con ms destreza tcnica y alcanzar una irona que le haba
faltado anteriormente. Los otros se destacan por poseer esa con-
dicin de lo bien escrito.

En estos moments el autor terminal una novela que apare-
cer prximamente.

' ES UN LIBRO DE CUENTO DE LAS EDICIONES EL PUENTE

Angel Luis Fernndez naci en el ao 1942. Ha viajado a Rumania, Hungra,
Checoslovaquia y Polonia. Vivi en los Estados Unidos. Y cursa actualmente
Licenciatura en Lengua y Literatura Clsicas en la Escuela de Letras y Arte
de la Universidad de La Habana. Este es su primer libro.




University of Florida Home Page
© 2004 - 2010 University of Florida George A. Smathers Libraries.
All rights reserved.

Acceptable Use, Copyright, and Disclaimer Statement
Last updated October 10, 2010 - - mvs