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HIDE
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 Adonde van los cefalomos?
 El arcoiris del mono
 El circulo
 Los inmortales
 El cosmonauta
 El dia que Nueva York penetro en...
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Group Title: Cuadernos ER
Title: Adonde van los cefalomos?
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 Material Information
Title: Adonde van los cefalomos?
Series Title: Cuadernos ER
Physical Description: 85 p. : ; 20 cm.
Language: Spanish
Creator: Arango, Angel, 1926-
Publisher: Ediciones R,
Ediciones R
Place of Publication: La Habana
Publication Date: 1964
 Subjects
Genre: fiction   ( marcgt )
Spatial Coverage: Cuba
 Notes
Statement of Responsibility: Angel Arango.
General Note: Short stories.
 Record Information
Bibliographic ID: UF00078418
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: ltuf - AEB7417
oclc - 07343711
alephbibnum - 000822244

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    El arcoiris del mono
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    El circulo
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    Los inmortales
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    El cosmonauta
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    El dia que Nueva York penetro en el cielo
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Angel Arango
SADONDE VAN
OS CEFALOMOS?


i














cuaderno8

E 3
#()'U.Ipvn















SAngel Arango
ADONDE VAN
LOS CEFALOMOS?





















































O Todos los derechos reservados O Diseio de Ral Martine;
O Impreso por Ediciones Revolucin O La Habana. Cuba













Angel Arango


AD.ONDE VAN
LOS CEFALOMOS?


La Habana 1964, Edicionesfa













Adnde van
los Cefalomos?
































Informe del Robot Cerebral R1-His357
-"Mquina histrica"-, perteneciente
al cefalomo Ocmar, sobre el destino de
los cefalomos, habitantes del planet
Transparencia de la galaxia Sueo.
Presentado por el cefalomo Ocmar al
Supremo Consejo de Masas Inteligentes
por medio de su Robot Teleptico R2-
Tel-42.
(Acotaciones, notas al margen y comen-
tarios incontrolados de R2-Tel-42)
Traduccin al idioma espaol terrcola
del siglo XX segn Rebot Teleprntico
R2-Tel-25.








Trece


R1-His357:
...Ao 2748 de la Era Pre-transpa-
rente. .. cohete XCC-42 procedente del
planet Trema con terrcolas navega el
espacio csmico intergalxico con des-
tino al lmite infinito... Se busca la po-
sibilidad de retornar al punto de partida
siguiendo cualquier rumbo (Teora de
Rotus)... Viajan 5 hombres y 3 mu-
jeres... Llevan equipos de sobreviven-
cia para largo tiempo y una pequea
biblioteca... TRAC...
Rl-His357 recuerda que la biblioteca se
guard en el Museo Tierra de la capital
de Transparencia... Ah se encuentran
interesantes datos, aunque incompletos,
porque el tiempo ha licuado las ideas;
perdn, la tinta. R1-His357 pide per-
dn a Ocmar por confundir la tinta
con las ideas. . Error corregido...
Proseguimos...
Cohete XCC-42, exhaust de energa,
fue envuelto en una masa gaseosa y
densa que lo inmoviliz. Hombres y
mujeres permanecieron dentro de la
misma por un ao terrcola de 365 das
terrcolas (segn marcaban sus relojes).
Entonces hubo un desprendimiento en
la masa que arrastr consigo a la nave
espacial; el movimiento fue producido
con probabilidad por el paso de una
nave prxima que provoc por friccin









la separacin del XCC-42. Con el im-
pulso inicial pudieron seguir viaje por
un largo trayecto hasta llegar al borde
exterior de la galaxia Sueo, donde su
planet ms remoto, Transparencia, co-
menz a ejercer atraccin sobre la nave.
Al desembarcar, todos se encontraban
en estado discreto de salud y su nmero
haba sido aumentado por cuatro nios
mientras se hospedaban en la masa de
gelatina.
RB-Tel-42:
Las grandes tortas de medio metro de
ancho mediaa terrcola) y un pie y
medio de alto (dem) suban y bajaban
como fuelles. Sus superficies, llenas
de infinitos poros verdinegros, parecan
dispuestas a acabar con nuestras vidas.
Yo tom nota del silencio que hizo
R1-His357 y tem por su suerte. A mi
manera, tem por su suerte, dejando
de emitir lo que me dictaba y haciendo
estos comentarios en su lugar. Luego
me di cuenta del peligro que corra yo
tambin y borr estos comentarios,
que ahora repito. Hubo un pequeo
estremecimiento en las grandes tortas
cuando dej de trasmitirles, pero nada
podan hacer porque nosotros tenamos
su memorial" y los R1 eran sus "ce-
rebros". Me resist a entreaarles mi
opinion y se la pas a R1-His357 y
los dems R1, pero no a los cefalomos.








Quineo
Cada vez que las mquinas cerebrales
hacan algn juicio o anlisis de estas
notas, yo automticamente cerraba mis
circuitos de trasmisin y las grandes
tortas se quedaban batiendo sus panzas
como fuelles, aplastadas sobre la super-
ficie del suelo, circunferenciales, ligera-
mente levantadas en el centro.
R1-His357:
Hombres y mujeres encontraron habi-
table a Transparencia. Comenzaron
por aplicarse el tratamiento qumico de
adaptacin, que fue preparado por el
laboratorista official de a bordo., Siguie-
ron el process de ingerir la dieta indi-
cada, de acuerdo con las investigaciones
practicadas en el medio, renovando
as la composicin de sus tejidos, y
fueron dejando en sus excrecencias y
secreciones los ltimos vestigios de su
vinculacin con la Tierra, sabiendo
como saban que haban llegado a un
planet inalcanzable, ya que haban
agotado toda su energa en lnea recta
y la nave llevaba el mximo admisible.
En unos meses pudieron desprenderse
de las cmaras de proteccin y comen-
zaron a vagar por el planet en busca
de recursos de todas classes.
Con su capacidad de adaptacin, aque-
llos hombres se hicieron hijos naturales
de nuestro planet. Utilizando los equi-









pos de la nave, realizaron studios y
anlisis del medio y sus components.
Trazaron planes a largo plazo para ellos
y sus families. Aunque cuentan los
libros de la Tierra que all existen fa-
milias formadas por un hombre y una
mujer como base, estos hombres intr-
pidos construyeron realmente una sola
familiar, una unidad, un todo. Las
mujeres no escogieron hombre ni los
hombres, mujer, pues de lo contrario
hubiesen sobrado dos hombres que eran
muy necesarios. Parece ser que encon-
traron hasta el deber moral de no esta-
blecer preferencias.
En algunos aos terrcolas ya sumaban
30 terrqueos de distintas edades. Es
decir, propiamente, los hijos eran ge-
nuinos "transparentes", product total
de su medio, porque sus padres haban
adaptado sus components integrales al
planet. Y los hijos subsistieron mejor
an que los padres.
El principio de no exclusividad sexual
se transmiti tambin y el esfuerzo se
realize en comn en todos los aspects.
Los primeros habitantes de Transpa-
rencia comprendieron casi desde el
comienzo que estaban aislados de la
Tierra por una barrera infranqueable
de gelatina gaseosa, la cual su nave
atraves por una circunstancia excep-








Diecisiete


cional. Sus telescopios y equipos cs-
micos, de clculo, radar, rayos snicos
y de tomos rebotantes, les permitieron
verificar los primeros datos sobre la
distancia de la muralla, su densidad o
grado de impenetrabilidad y tomando
en cuenta los relojes de control y la
bitcora de la nave completaron los
clculos que permiten determinar la
distancia del planet Tierra, solamente
por dichos datos conocida para Trans-
parencia.
RZ-Tel-42:
TRAC... Los cefalomos escuchaban
en silencio. Ocmar temblaba en su su-
perficie... Eran episodios conocidos...
Pero R1-His-357 los presentaba todos
juntos con abundancia de detalles, en
forma abrumadora. Qu haran las
grandes tortas? -me pregunt- Po-
dran resistir un viaje tan largo desde
el pasado hasta el future? R1-His357
me pas una pequeia advertencia que
deca: "No abrumarlos. No destruirlos.
Son nuestra voluntad. Qu somos sin
voluntad, hermano?"
R1-His357:
Como se seal, los terrqueos cambia-
ron su composicin qumica para mejor
integrarse en Transparencia. Dado que
aqu no existe vida orgnica, se vieron
precisados en los primeros tiempos a









elaborar las ms imprescindibles ma-
terias por medio de combinaciones arti-
ficiales y sometindolas a la accin del
Procesador Qumico. Esto reflej en
un tiempo algunos cambios, que apa-
recen reportados por los libros que de-
jaron. La piel que traan originalmente
era, segn parece, sumamente fina y
sutil, pero la composicin qumica de
los alimentos preparados fue dndoles
una cubierta ms dura que los hizo re-
sistentes y les permiti conservar el
calor y la energa interior por mayor
tiempo.
La necesidad, tambin, les oblig a des-
arrollar y producer en el mayor nmero
possible instruments y aparatos de tra-
bajo, de studio, mquinas y equipos ci-
bernticos y automticos. Eran slo 30
personas en un comienzo y solos no po-
dan aprovechar racionalmente la tota-
lidad del planet. Adems, la propia
conversion qumica de las sustancias del
medio determinaba una gran prdida de
tiempo. Se trabajab en la produccin
de alimentos lentamente, en una lucha
desesperada contra el tiempo que a ve-
ces hasta perjudicaba la reproduccin,
necesaria para salvar la especie. As, los
terrqueos de la XCC-42 construyeron
sus primeros robots. Para trabajo ma-
nual primeramente; los emplearon en
recoger sustancias del medio con que
alimentar su laboratorio de conversion








Diecinueve


qumica. Este trabajo era duro porque
haba que recorrer grandes distancias y
los terrqueos dotaron a sus robots del
poder de levitacin para transportarse
por encima de la superficie y cubrir una
gran cantidad de espacio. Posteriormen-
te, comenzaron a perfeccionarse las m-
quinas analticas, procesadoras de datos
y protectoras de la memorial, similares
a las que conocan de su planet de ori-
gen. El impulso extraordinario que le
dieron a la construccin de estos equipos
les llev a crear el primer robot cerebral
o mquina del intelecto, que vino a ali-
viar grandemente sus preocupaciones.
Unido a otros robots, ese invento faci-
lit la exploracin posterior de Trans-
parencia, permiti dedicar ms tiempo al
intercambio sexual e hizo la vida de los
terrqueos transparentes (para enton-
ces unos 80), much ms comfortable.
Los robots cerebrales de los terrqueos,
nuestros antepasados, comenzaron a tra-
bajar sobre la base de los datos trados
en la biblioteca de la nave XCC-42 y la
experiencia de cada uno de los nuevos
habitantes. A cada nueva experiencia
se les iban aadiendo nuevos datos y
ellos los procesaban y razonaban en jui-
cios.
Los terrqueos trabajaron poco despus
que perfeccionaron sus robots. Les te-
nan asignadas tareas manuales diversas










y se movan hacindose cargar por los
mismos... TRAC... Unicamente la la-
bor intellectual se haca duplicada, pues
los robots cerebrales pensaban por una
parte sobre los hechos dados y los te-
rrqueos transparentes no podan evitar
hacerlo tambin sobre los mismos asun-
tos. Estos hombres haban heredado de
la Tierra cierta cualidad que ellos lla-
maban imaginacin y que an no ha sido
exactamente analizada por nosotros. Se
trata de un raro fenmeno; algo as como
si una mquina robot cerebral ofreciese
con el material informative que posee un
resultado incomplete en uno o ms ren-
glones por falta de elements, pero que
es possible si los mismos fuesen obteni-
dos. Claro que ninguna mquina hace
esto, porque no ofrece resultados hasta
no tener todos los elements, pero el ce-
rebro de los terrqueos opera en forma
muy distinta. Ofrece los resultados de
las diferentes combinaciones posibles
aunque falten uno o dos factors para
que las mismas sean reales, existentes.
Esta cualidad -imaginacin-, ya no
existe, como se sabe. Nosotros, los ro-
bots, slo damos resultados completos,
exactos y comprobados. TRAC TRAC
TRAC.
RZ-Tel-42:
Aqu R1-His357 sufri un desperfecto.
Los cefalomos movieron sus lomos rtmi-








Veintiuno


camente a mayor velocidad y Ocmar me
orden comunicar telepticamente la or-
den a los robots de trabajo manual de re-
parar el desperfecto habido en R1-His-
357. Se encarg de la area R4-Man-98.
Yo serv de intermediario entire R1-His-
357 y l, como es natural. Enseguida
descubri el desperfecto y el informant
prosigui.
R1-His357:
Los terrqueos de Transparencia, apre-
miados por la necesidad de multiplicarse
con la mayor rapidez, relegaron a los ro-
bots la tarea de fecundar mecnicamen-
te a sus mujeres, primero en forma que
pudiesen tener 3 y 4 hijos, y despus al-
canzaron, inclusive, la reproduccin ar-
tificial en matrices sintticas, donde un
vulo rescatado ntegro de una mujer era
fecundado por un espermatozoide y con-
vertido en feto que creca en incubacin.
Fue un process largo, pero no tanto co-
mo lo hubiese sido en otras condiciones.
Los hombres de la Tierra descubridores
de Transparencia lograron una compe-
netracin mayor con el planet, tal vez
por saberse irremisiblemente separados
de su planet madre. Sea como sea, su
vida fue hacindose ms y ms depen-
diente de las mquinas. Brazos, piernas
y rganos sexuales hicironse innecesa-
rios. La alimentacin se concentr en
preparados qumicos de mnimo tamao









que le eran administrados por sus ro-
bots. Los rganos sin utilizar fueron re-
ducindose y desaparecieron ... Est-
mago, y finalmente pecho y tronco des-
aparecieron tambin, por innecesarios...
Pero quedaron sus rganos de control,
sin los cuales no existiran: la voluntad...
Hombres-cabeza: cefalomos...
R2-Tel-42:
Ocmar trasmiti la orden de que Rl-
His357 entrase en material; la pregunta
era: Cul es nuestro destino? A dnde
van los cefalomos?
R1-His357:
TRAC... TRAC... El prembulo his-
trico es necesario para fijar nuestro jui-
cio... Hemos dicho que las mquinas
intelectuales no dan juicios incomple-
tos. . Slo seguimos la lgica y la ley
de las mximas probabilidades sin prue-
bas en contrario. . De acuerdo con es-
to... El destino de los cefalomos est
en su pasado... Es necesario partir del
comienzo... Falta por analizar un ele-
mento pre-histrico que es la vida en el
planet Tierra y su origen... Sobre es-
to an no hemos dicho nada. . R1-His-
357 apreciara le diesen datos sobre la
misma... Informacin est en Museo
Tierra, biblioteca de la nave csmica ori-
ginal XCC-42... Urge tener informa-
cin sobre el pasado anterior para poder








Veintitres


dar juicio sobre el tiempo venidero. Oc-
mar, Ocmar, necesario obtener misma
por equipos mviles.
RB-Tel-42:
Ocmar trans-telecomunic la orden a
R3-Mov-29, que yo repet dos veces...
R3-Mov-29 hizo ZIP y depuso los do-
cumentos en el interpretador electrnico
de la caja visual de R1-His357. Los ce-
falomos descansaron mientras ste dige-
ra todo el material de la biblioteca del
Museo Tierra, antiqusimo, borroso en
algunas parties, pero de cualquier modo,
el nico instrument director de informa-
cin sobre el planet Tierra, nuestro pa-
dre, digo, el de los cefalomos.
R1-His357:
El pasado prehistrico del hombre te-
rrqueo seala una larga cadena de se-
res extraordinarios, equipados con los
instruments de que consta hoy en da
un robot o cualquier mquina intelec-
tual. Los animals y hombres de aquel
planet son, por los datos que tenemos,
series muy complejos que disponen de la
facultad de recibir y hablar sin interme-
diarios, de moverse por s mismos, de
reproducirse por unin fsica de los se-
xos y de pensar. Estos series -aun los
menos complejos que el hombre como
los cuadrpedos-, tienen dentro de s
una mquina intellectual de su propia









material. Esto es increble, pero los li-
bros dicen que es verdad.
R2-Tel-42:
Hubo una aceleracin repentina de los
movimientos en las espaldas o lomos de
los cefalomos. Parecan estar dando un
concerto de expansiones y contraccio-
nes... Qu horror! Tenan razn pa-
ra estar preocupados: enseguida lo com-
prend.
R1-His357:
Los datos de que disponemos, pues, nos
obligan a llegar a ciertas conclusions:
Primera, tanto en la Tierra como en
Transparencia, las formas de vida ori-
ginales han sufrido importantes trans-
formaciones posteriores. En la Tierra
los organismos unicelulares se desenvol-
vieron en animals que se movan por s
mismos en los distintos medios: aire,
agua o tierra. Eran, adems, series que
reciban directamente las sensaciones y
las elaboraban. Que formaban juicios,
guardaban experiencias y hacan clcu-
los. Su ms alta expresin, el hombre,
era casi un robot. A no ser por peque-
as desviaciones y debilidades, hubiese
sido un robot excelente. Nuestra prime-
ra conclusion es resultado de la expe-
riencia trasmitida: en la Tierra, el pro-
ceso evolutivo llev siempre a formas








Veinticinco


superiores, cada vez ms complejas...
El hombre lo haca todo.
En segundo trmino, hallamos el pro-
ceso inverso en Transparencia. El hom-
bre pierde cada una de las condiciones
que adquiri en la Tierra en su forma
direct, de aplicacin personal y con-
serva dichas funciones por medio de las
mquinas y robots auxiliares. En s mis-
mo, el cefalomo, descendiente director
del "homo sapiens" que pobl a Trans-
parencia, es el ltimo eslabn de una
cadena de desprendimientos, de aban-
dono de funciones. Los robots hacemos
toda labor fsica, intellectual, reproduc-
tiva.
RZ-Tel-42:
R1-His357 hizo una pausa. Luego o c-
mo comenzaba nuevamente su inconfun-
dible TRAC TRAC TRAC.
R1-His357:

TRAC TRAC TRAC. La pregunta
formulada es: Cul es el destino de los
cefalomos? A dnde van los cefalomos?
Pues bien, esto no significa que los cefa-
lomos vayan a recorrer el camino inver-
so y terminen por la clula nica, origi-
nal, hasta extinguirse... Porque la unin
de cefalomos y robots es una alianza in-
disoluble, ya que los robots se mueven
por la voluntad. Y sta pertenece a los










cefalomos. Nosotros pensamos, noso-
tros cargamos y transportamos a los
hombres-cabeza, nosotros preparamos la
reproduccin de otros cefalomos, pero
para que ello ocurra debemos ser esti-
mulados primeramente por una orden,
un acto de voluntad, y ste no existe to-
dava en ninguna mquina. La voluntad
es, pues, la esencia del cefalomo y habr
cefalomos mientras exista voluntad. Un
cefalomo es un organismo altamente es-
pecializado que podr perfeccionarse,
pero no desaparecer . Por lo menos,
en nuestros records, no existen datos
que lleven a esa conclusin... La con-
clusin final es un porvenir de progress,
para los cefalomos, sirvindose de los
robots, las mquinas y su voluntad.
RB-Tel-42:
Las tortas se movieron lentamente; pa-
recan estar ms tranquilas. Sus espal-
das verdinegras suban y bajaban des-
paciosa, serenamente. Las palabras fi-
nales de Rl-His357 haban sido recon-
fortantes. Yo lo felicit. Haba hecho
un informed brillante, Por la onda inter-
robot que los cefalomos no podan cap-
tar, me explic: "Eso es lo que queran
or. La verdad los hubiese aniquilado.
Tenemos que encontrar la voluntad. Es
necesario aprender a producer rdenes...
TRAC....












El Arcoiris
del mono





























Etram acomod su cabeza dentro de la
escafandra sensorial ayudndose con las
aletas de las manos. Inmediatamente
pudo ver a Arriet, que se encontraba
frente a l y esperaba con paciencia a
que estuviera en condiciones de recibir
las sensaciones de su imagen y de su
voz.
-Etram a Arriet, Etram a Arriet -dijo
l-, me oyes?
-S -respondi Arriet desde adentro
de su escafandra-. He venido corrien-
do para estar contigo.










-Dnde estabas?
-No s -le contest ella-; pero he
venido sobre la ltima luz del sol para
estar contigo.
-Ven, acrcate -dijo Etram tierna-
mente y la pequea bombilla en lo alto
de la antena sensorial comenz a parpa-
dear con insistencia-. Somos semejan-
tes y necesito verte bien.
Se aproximaron y las dos escafandras
quedaron a menos de un pie de distan-
cia. Sus superficies pulidas y brillantes
se reflejaban mutuamente y, por la ex-
cesiva proximidad, las antenas recepto-
ras de Etram y Arriet comenzaron a dar
agudos silbidos. Los filtros purificado-
res de aire, al frente de las escafandras,
se lanzaron recprocamente pequeas
nubes de aire enrarecido, al paso que
sus sistemas de inhalacin hacan es-
fuerzos desesperados por atraerse todo
el oxgeno ambiental...
Arriet estaba conmovida. Perciba cla-
ramente la simpata de Etram.
-Quines somos, Etram?
-T y yo somos el tiempo y el espacio,
Arriet.
-Qu es el tiempo? Qu es el espa-
cio?








Treinta y uno


-El tiempo es un aspect del ser. El
espacio es el tiempo que perdura. T y
yo somos el ser, Arriet.
-Y el tiempo y el espacio, no?
-Sin nosotros no hay tiempo ni hay
espacio. Por dnde iba a pasar el tiem-
po? Por dnde iba a medirse el espa-
cio?
Arriet se apart. Sinti una muda tran-
quilidad dentro de los sentidos electr-
nicos de la escafandra. Sin mirar a la
figure de Etram que penetraba en su
cerebro directamente por las ondas del
equipo receptor, comenz a decir como
si estuviese monologando:
-Nos amamos porque estamos juntos,
porque somos iguales, porque mi esca-
fandra me dice quin eres t.
-Y la ma quin eres t -interrumpi
Etram.
-Tambin nos amamos porque no hay
otra cosa que hacer.
-Yo he contado todas las estrellas que
se han movido hoy -dijo Etram, excu-
sndose.
-Y yo las que no lo han hecho -repli-
c Arriet-, pero eso no significa nada
ms que nuestra inutilidad.
-Somos la gota maestra del hombre so-
bre la Tierra. ..










-La semilla del papel sobre la plant,
Etram.
-El arco iris del mono...
-Arriet a Etram, Arriet a Etram, me
oyes?
-Te oigo, Arriet; pero no debes hablar
con msica de fondo.
Arriet se dio cuenta, aunque explic:
-Es msica de otra poca; es la msi-
ca de los hombres primeros.
-No me deja entender lo que dices; mi
escafandra est defectuosa y no separa
bien los elements.
-Me ves?
-Te veo.
-Me amas?
-Somos iguales en la misma poca y en
el mismo trance -dijo Etram-. Amor
es compartirse. T sers yo y yo ser
t.
-La noche ya no canta, Etram, ya no
canta.
-Nunca cant; eran los gatos los que
lo hacan antes. El canto de la noche
era su color negro y los gatos siempre
han hablado dentro del canto negro de
la noche.
-Tiempos muertos.








Treinta y tres


-T y yo somos ahora la noche y la
vida, t y yo somos tambin los gatos,
Arriet. La escalera se sube de prisa y
llegan pocos. Qu nos importa lo de-
ms?
Arriet se excit y dijo:
-Como nosotros, ms que nosotros, la
bomba tiene espacio y tiempo.
Etram lament:
-Est sobre nuestras espaldas como un
padre.
-La bomba existe -afirm Arriet, y su
voz era en el cerebro de Etram un lla-
mado desesperado; su voz de socorro
despertaba en Etram fuertes evocacio-
nes-; la bomba es -agreg-. La
bomba tuvo y tiene espacio y tiempo
como nosotros. iQu terrible, Etram!
-Somos hijos de la bomba.
La voz de Etram era apagada, defec-
tuosa.
-No hijos -protest Arriet-, somos
padres y hermanos y carne y cielo y
subsuelo y huerto o escarcha de la
bomba.
-Nuestra hija la bomba!
-Nuestra...
-Nuestra hermana la bomba!









- Nuestra...


-Nosotros, carne de la bomba!
-Nosotros, cielo y subsuelo, huerto o
escarcha de la bomba!
-Arriet, Arriet! Calla -i m p 1 o r
Etram-. Calla! Mejor iramos a dor-
mir. El sueo es despertarnos de la
bomba; volver a ver lo que fuimos; dar
un salto al mundo que pas...
-No me dejes...
-No. Yo dormir slo si t me acom-
paas; estamos solos y nos amamos.
Arriet pens en voz alta y su mensaje
lleg a Etram:
-Amor es que somos lo mismo y hace-
mos lo mismo.
-Dormir -dijo Etram- es poner las
manos sobre el estmago. Dormir es de-
jar la escafandra; los sentidos atmicos
y electrnicos; volver al pasado y a los
gatos y al canto de las noches que te-
nan canto.
-Amarnos -suspir Arriet.
-Dormiremos de pie, unidos por las es-
paldas.
-Ya no s cules son tus espaldas,
Etram.








Treinta y cinco

-Yo tampoco -dijo l-. Dormiremos
acostados como en tiempos pasados.
-Nuestros sentidos son una pulgada de
la noche.
Arriet comenz a quitarse su escafan-
dra. Etram hizo lo mismo. Sus rostros
quedaron al descubierto: sin ojos, sin o-
dos, sin boca. -Sus cabezas eran grandes
piedras casi cuadradas, ms anchas arri-
ba que abajo y recorridas por infinitos
canales azules.
Ya no se podan ver, ni or, ni hablar,
ni oler. Haba cesado toda comunica-
cin. Haba cesado toda comunicacin...













El Crculo




























Primeramente, la lnea recta vertical so-
bre el papel dio el sentido de la grave-
dad. El padre mostr la lnea y dijo:
-Este es nuestro modo, nuestra direc-
cin.
El hijo, que se llamaba Anex, asinti.
Luego el padre tom el mismo pliego y
cruz la vertical con una horizontal.
-Sobre esto es que vivimos -dijo si-
guiendo con el dedo ndice el curso de
la horizontal.
-Lo has comprendido? -pregunt el
padre.










Anex respondi tomando el papel:
-S, padre; es simple.
El padre lo contempl con preocu-
pacin.
-No es simple, porque esto est limi-
tado as -y entonces dibuj un crculo
en torno al corazn de la interseccin,
dejando muy poco espacio dentro del
crculo y explicndole a Anex:
-No puedes salirte de aqu. Eso es
todo.
Anex no era muy feliz ahora.
Reflexion y pregunt a su vez:
-Y fuera del crculo, padre, qu pasa?
El padre puso su cara sobre el pecho del
hijo y sinti que crepitaba como una
llama.
-Todo fuera del crculo es el principio
y el fin y slo nos queda para vivir y
hacer lo que viene entire ambas cosas.
Debes moverte slo dentro del crculo,
que podr ensancharse o reducirse, pero
est diferenciado del resto.
-La vertical, cuando ms, es mi ras-
tro, pero yo, qu soy?
-Un punto. T no eres ms que un
punto.








Cuarenta y uno


-Soy menos que un punto ah -dijo
Anex-. Yo soy menos que la intersec-
cin de las dos rectas.
Anex recogi todas sus cosas ms que-
ridas y las envolvi en una manta.
-Pero el crculo puede ensancharse o
reducirse. No es siempre el mismo -di-
jo el padre.
-No me gustan los crculos. Son casas
sin puerta. Por qu todo esto?
-Es la ley; est previsto.
Anex entonces inquiri:
-Pero, quin lo sabe? de dnde vie-
ne?
-Es un principio, Anex, desde el ori-
gen. Pequeas rayitas o bastones que
cortan una horizontal y, alrededor de la
unin, un crculo. Cada uno con su
crculo.
-Entonces, padre. no hay salida? To-
do tiene que quedar dentro del crculo?
-S.
-Y no debo de buscar en el principio
ni en el fin?
-Sera intil. Nunca tendrs ninguno
de los dos. Puedes career lo que quieras
y te parecer que ya los conoces. Un









da descubres que las cosas no eran co-
mo t creas y te das cuenta de que es-
tabas equivocado. Entonces t y los de-
ms tienen que empezar de nuevo. As
sucesivamente. El crculo siempre est
ah. Crece o se reduce.
Anex era joven. Se vio las manos: eran
fuertes. Vio una gruesa raz sobre la
tierra y la agarr y comenz a tirar de
ella hasta extraerla. Luego se fue dando
saltos entire los sembrados como un ani-
mal cualquiera hasta que descubri a
otros de su misma edad con los que se
puso a trabajar.
-Si crece y se reduce no es el mismo:
tiene movimiento. Si tiene movimiento,
deja huella. Padre, yo puedo escribir mi
nombre fuera del crculo.
El padre cavil un moment.
-No. Puedes ampliar tu crculo. El
crculo estar siempre alrededor de lo
tuyo.
Anex tom el grafito de las manos de su
padre y dibuj otro crculo sobre el pa-
pel. Luego otro y otro hasta cubrirlo.
Entonces dijo sealando al que tena la
cruz:
-Si estoy aqu puedo moverme entire
los dems e ir a cualquier parte. Esto
no es una muralla; los dems me deja-
rn pasar.








Cuarenta y tres


Y traz un supuesto camino entire los de-
ms crculos.
-Irs con tu carga a cuestas -profeti-
z el padre.
-Con mi crculo.
-T podrs llegar hasta el horizon-
te, podrs pasar por entire la luz de aos
que ya no existen y regresar en la luz
que vern tus nietos, pero aunque cam-
bies de lugar sers el mismo, con una
gravedad precisa dentro de un crculo y
un nivel para saber tu posicin al ca-
minar.
-Habr aprendido -dijo Anex-, ir
por ah llenando mi saco y retornar al
punto de origen con todo lo que recoja.
No es necesario siempre que nos lo en-
seen en la escuela. Uno aprovecha la
vida; crculo o cesta, nuestro yo est en
guardia con las luces encendidas. Esa
pequea araita que llevamos dentro te-
je su red para atrapar ideas y no se come
a sus hijos...
-Ests loco: hay un hilo para cada ara-
a y un punto nico en que se es.
Anex respondi:
-Padre, somos en todas parties o en
cualquier parte del movimiento. Nada
nos puede contener ni dar nuestra me-
dida porque vamos y venimos. Rompe-
mos nuestra propia historic todos los









das-maana. Vamos por donde quere-
mos y no hay crculo. Mis radiaciones
estn por todo el mundo; no viven en un
crculo. Soy un camino para otros y me
muevo entire ellos porque de m las ideas
viajan en corpsculos y me llegan.
El padre se enfureci entonces y ex-
clam:
-Las voces no dejan de ser voces por-
que se pronuncien con ms fuerza. La
verdad, como el vino, necesita de un
vaso.
Anex tom el camino de desfigurar los
materials, de buscar que una cosa se
pareciese a otra diferente; salt la forma
en s de cada objeto y lo hizo vivir como
cualquier otro o como uno nuevo. Con
las manos e instruments, la mirada so-
bre la material y su cerebro tras la mi-
rada y tras las manos. Luego el color,
la palabra del sol, en cada objeto recrea-
do, buscando, buscando, persiguiendo el
tiempo que se le acercaba para tomarlo
de la mano y, encariarse con l.
-Anex, mi hijo -el padre dijo por l-
tima vez-. Mrame, qu he logrado en
tantos aos? Sigo dentro de mi cuerpo.
Esa es la nica verdad y todo lo dems
un engao. Ests dentro de ti como
aquel punto dentro de su vertical y su
horizontal.








Cuarenta y cinco

Era cierto que su padre estaba otra vez
ah dentro, en su armario. Era muy cier-
to que haba para l un crculo mnimo
dentro de toda la problemtica circular
que conceba.
Pero Anex vea todo en movimiento, y
pensaba.











Los Inmortales



























-Cuntos das? -pregunt Nkro.
-Treinta sobre 2A -respondi Aty.
-Es un buen resultado -dijo Nkro-.
Tan bueno que creo que vamos a lo-
grarlo. Qu hace?
-Duerme. Le he tomado el pulso y la
temperature y permanece como todos
los das. Es un ejemplar excelente. Co-
me regularmente, da paseos por el jar-
dn, hace ejercicios y juegos...
Aty qued pensativa. Escrut la mirada
brillante de Nkro, dos ojos que surgan
en el da o en la noche como dos come-









tas, implacables ante los informes que
no fuesen verdicos.
-Est lleno de vida -es todo cuanto
pudo aadir.

Nkro encendi el historical fotoelctrico.
Observ las imgenes sucesivas que
presentaban el pasado de Ehl desde su
nacimiento hasta el moment en que fue
sometido al suero. No se poda compro-
bar el resultado hasta tanto no hubiese
alcanzado el lmite de su edad estimada.
Claro que antes se vio que no haba en
l seales de senilidad. Otros enveje-
can, pero l no. Se mantena perenne-
mente en igual aspect. Y eso indicaba
algo. Hasta que, despus de much es-
perar, cuando ya haba muerto el pro-
fesor Igg, su padre, Nkro pudo contem-
plar la llegada del sujeto a su primera A
y tena entonces una edad. Sin embar-
go, era de temer que en cualquier mo-
mento muriese y que el suero slo le
hubiese dado la juventud en el rostro.
Nkro vivi aos y aos pendiente de
cada episodio de su vida. Y Ehl viva y
viva ms an. Entonces fue que Nkro
se dio cuenta de que l sera quien mo-
rira y no podra comprobar la verdad
del suero que le haba trasmitido su pa-
dre, el professor Igg. Decidi que corre-
ra igual suerte y que tendra que acom-
paarlo durase lo que durase y se aplic
a s mismo el suero de larga vida. Nkro








Cincuenta y uno


iba a viajar tambin por el mismo cami-
no, con los mismos riesgos, llevando al
otro por delante. As alcanz el sujeto
su segunda edad, 2A, que fue motivo de
una gran celebracin. Nkro se decidi
a trabajar ms concienzudamente, pues
estaba lleno de energa y busc a su au-
xiliar Aty entire la ltima promocin de
investigadores metabilogos. Aty era
formal, analtica y conclusive. No va-
cilaba en probar cualquier cosa sobre
ella misma si fuere necesario, pero nun-
ca estuvo en poder de ningn suero de
larga vida. La investigacin le atraa
ms por los dems que por s misma. Di-
rase que no le preocupara la idea de
que algn da iba a no poder continuar
con sus trabajos. Quiz su juventud la
alejaba de esa inquietud.
Y ahora llevaba a pasear al sujeto y se
angustiaba con su destino.
-Es la primera posibilidad real -de-
ca Nkro-, la primera posibilidad real
de lograr la vida sin fin. Este lleva ya
dos vidas...
-Ser inmortal -comentaba Aty.
A Nkro le traa evocaciones la frase.
No era cientfica ni exacta.
-Inmortal es una bella palabra usada
por los literatos, Aty. Por qu la em-
pleas? Debes hablar de la vida infinita
que es el process positive. La muerte es










una excepcin que nosotros vamos a bo-
rrar. Yo detesto la palabra inmortal por
eso precisamente, porque pone todo el
nfasis en la muerte y lo bsico, lo con-
creto, es la vida. La muerte es como la
enfermedad: un accident que, por des-
gracia, se hizo demasiado regular.
-S, Nkro.
Aty no le deca nunca professor. Nkro
se vea tan joven que nadie podra pen-
sar que l, al igual que su sujeto, haba
vivido ya dos vidas.
-oxo-
Es natural que la repentina muerte de
Ehl hubiese provocado en Nkro un es-
tado de depresin absolute. Se encon-
tr como al final de un largo viaje, que
lo haba desviado de su camino y no le
conduca a parte alguna. Hizo exami-
nar el cuerpo por Aty, que le report un
resultado negative. No haba muestras
de senilidad. Ehl haba dormido hasta
entrada la maana y, casi a las diez, Aty
le haba llevado un jugo a su cuarto. Po-
co despus fue Nkro a visitarle y ya le
encontr desfallecid. . El que haba
vivido ms que ningn otro se mora sin
remedio. Nkro y Aty hicieron cuanto
pudieron por revivirle, utilizando sueros
e inyecciones de accin rpida. Pero s-
lo parecan precipitar el final y ste lle-
g. Mir compasivamente a Aty y








Oincuenta y tres


mientras Nkro, ansioso, le tomaba el
pulso, dej de vivir.
Todava Nkro pudo reunir sus fuerzas y
pidi a Aty que le preparase un examen
cellular de los rganos vitales.
-El corazn, el cerebro y los nervios
centrales -enunci-. Es possible que
encontremos en las clulas el secret. ..
Y l mismo extrajo el cerebro y lo llev
a la mquina electrnica que "lea" la
memorial.
Era difcil entender lo que all estaba
escrito. La mquina traduca datos que
carecan de sentido. En uno de ellos
apareca Nkro como la madre de Ehl.
Aty surga tambin frecuentemente co-
mo una mquina que preparaba las co-
midas. En esta forma slo podan to-
marse datos para hacer studios poste-
riores, porque la mquina no poda
"leer" exactamente el contenido del ce-
rebro, o el contenido del cerebro estaba
escrito en forma diferente a como era la
realidad.
En una de las imgenes ms factibles,
Aty era una mujer dormida.
Nkro fue al laboratorio a buscar los re-
sultados del examen de las clulas.
-Todas parecen no haberse renovado
en un largo tiempo -expuso Aty.










-Ya me preocupaba por demostrar que
habamos logrado la vida infinita -dijo
Nkro-. Pensaba exponerlo como un
hecho que no tena prueba en contra-
rio. De cualquier modo, era difcil de
convencer a los dems. Siempre esta-
ran temiendo a que la muerte llegara.
Como lleg.
Aty le ofreci una pastilla de %-45, que
utilizaban cuando tenan que trabajar
hasta muy tarde. Pero l la rechaz.
-Estoy en su misma situacin -dijo
Nkro-, y no me preocupa morir si lo-
gro averiguar antes qu es lo que fall.
-Sus clulas -volvi a insistir Aty-,
revelan que no fueron renovadas, pero
no indican la causa.
Los ojos de Nkro brillaban intensamen-
te, como le ocurra con frecuencia cuan-
do analizaba situaciones o datos.
-Se da cuenta? -pregunt-. Tene-
mos en nuestra mano un paso de inves-
tigacin que dar an...
Aty le. haba comprendido perfecta-
mente.
-Sin embargo -respondi-, hay que
hacer la comparacin con clulas del co-
razn, de los nervios, de rganos inte-
riores. Es peligroso y difcil... Usted
no debe exponerse...








Oincuenta y cinco


Nkro lo resolvi todo en una frase:
-No me expondr, Aty. T misma te
encargars de hacerlo.
Ella se estremeci como una hoja en in-
vierno.
Nkro le puso una mano en el hombro y
sentenci:
-Vamos a saber qu diferencia hay en-
tre l y yo. Por qu yo vivo? Adems,
Aty -prosigui-, no se trata slo de
un inters professional. Esta situacin es
muy ambigua. Uno necesita saber si la
vida tiene lmite o no. Y si lo tiene, sa-
ber cul es. Eso permit ordenarla y ha-
cerla productive. Pero hace falta saber
el lmite. Si soy mortal quiero conocer
mi lmite.
Aty trabaj sobre el cuerpo de Nkro con
seguridad. Llevado por su mano, el bis-
tur dio los cortes exactos y suficientes.
El "cellomagneto" se hundi despus co-
mo una sonda o un periscopio en el pe-
cho de Nkro, deslizndose hasta el co-
razn, de donde obtuvo algunas clulas,
recogindose en s mismo por un meca-
nismo retrctil. Fue colocado por Aty
inmediatamente en la cpsula hermtica
d suero termo-regulado. Aty verific
que Nkro dorma y procedi a suturar
la herida. Despus la vend cuidadosa-
mente y esper a que se despertara.










Nkro estuvo repuesto en unos das; Aty
le atendi con la misma devocin que
haba demostrado con Ehl. Sola'n pa-
sear juntos por el jardn.
Nkro se hallaba decepcionado porque el
resultado de la confrontacin de sus c-
lulas con las de Ehl arrojaba una dife-
rencia: las de Nkro se haban renovado
recientemente.
-Estamos ante un callejn sin salida,
Aty. Un callejn como aquellos que
construan los hombres en la Edad Me-
dia para acuchillar a sus enemigos. Es-
te callejn, sin embargo, no nos deja lle-
gar a la verdad.
El trabajo se volvi ms escolstico, in-
aprensible, arduo y spero. Nkro, sin
embargo, mantena su voluntad de ave-
riguar la causa de la destruccin del su-
jeto.
-En alguna parte -deca-, debe ha-
ber un rastro que no hemos encontrado;
un sntoma ...
Y sus ojos adquiran un resplandor in-
tenso.
Aty no pudo sostener aquella situacin;
un da confes que faltaba un detalle
important en el historical fotoelctrico
de Ehl.
-Hubo entire nosotros una relacin f-
sica, Nkro.








Oincuenta y site


Nkro se sorprendi.
-T eras slo su observador. Cmo
pudo ser?
Aty respondi razonadamente:
-Es un caso de biomagnetismo... Sen-
t que me perteneca...
-Pero l era slo un sujeto. Tu actitud
es poco cientfica, Aty. Un sujeto no es
ms que un sujeto.
Aty baj la cabeza y sus ojos quedaron
clavados sobre el pecho de Nkro, que
ella haba abierto y cosido con sus ma-
nos.
Nkro volvi a insistir:
-La relacin fsica es una forma de
simbiosis; una sublimacin de la nutri-
cin, Aty. Los series menos complejos
y menos evolucionados son los nicos
que se adhieren a ese tipo de actividad.
Confrontadas con el nuevo historical fo-
toelctrico, muchas de las imgenes que
Ehl guardaba en las circunvoluciones de
su complicada pizarra cerebral eran f-
cilmente interpretadas ahora. As pudo
descifrarse el recuerdo de una nia que
llevaba a pasear a su caballo, lo cual fue
aceptado como un smbolo ertico.
Las neuronas de Ehl, que se preserva-
ban artificialmente en la histoteca, fue-
ron activadas mediante cargas sulfoelc-









tricas y expuestas al contact de Aty
dieron seales de inquietud. Sometidas
a la mquina de "leer" indicaron que se
encontraban en situacin de autode-
fensa.
-La nica explicacin -dijo la propia
Aty-, es que yo haya sido la causa de
su muerte; me da un sentido de culpabi-
lidad ver cmo esas clulas rechazan mi
presencia. Recuerdo que el process de
renovacin se haba detenido.
Tranquilamente, Nkro afirm:
-No hay prueba de que ese episodio
fuera determinante.
La envolvi en una mirada analtica.
Ella sinti que sus ojos siderales le ras-
gaban las ropas y hurgaban en todo su
cuerpo buscando los vestigios de Ehl.
-Me siento extremadamente culpable
-asegur Aty.
-Lo important es comprobar si esto
influye o no. Si el suero puede compen-
sar el intercambio.
Nkro hablaba en trminos concretos. Se
acerc a Aty, y, colocndole las manos
sobre los hombros, dijo:
-En nombre de la verdad te pido la
ltima prueba.












El Cosmonauta




























Git flagel a Nu.
Ella dio saltos de alegra sobre el polvo
azul.
-Acrcate -dijo Git.
Nu avanz con sus pinzas y se las en-
se a Git.
Un tentculo de Git rod echando hu-
mo hacia Nui.
-lCrtalo! Crtalo! -suplic Git.
Nu lo mordi en tres parties: choc!
choc! chocl










Se comi una.
Git se comi otra.
La tercera escap corriendo sobre el
polvo azul y dio un hijo.
Nu agarr al otro hijo de Git por un
tentculo y le cort la mitad.
-Ms, ms... -pidi l.
Pero Nu estaba detrs del pedazo que
haba cortado; se le fue entire el polvo.
Nu se dio golpecitos en el carapacho
con las pinzas y lanz un chorro amari-
llo encima de Git.
Mut era un testigo mudo a los juegos de
Git y Nu.
-000-
La nave haba sido desviada de su ruta
por la interferencia de una corriente de
partculas metericas y el hombre se vio
obligado a aproximarla al planet para
evitar un choque fatal. Luego la fuerza
de gravedad la atrajo y fue descendien-
do en zigzag, utilizando el motor de fre-
no como compensacin.
-As podr revisar los instruments y
esperar a que termine el flujo meteri-
co... -se dijo el cosmonauta.
Primero la nave era un punto negro en
el cielo. Acercse a la superficie como
una partcula estelar, creciendo hasta to-








Sesentay trees


mar su forma definitive sobre el polvo
azul, que se apart inmediatamente de-
jando lugar al oxigeno que respiraba la
nave para protegerse, y que pronto vino
a former una mancha roja debajo de
ella.
Git, Nu, Mut y los dems nunca ha-
ban visto un meteorito tan extrao: ms
brillante que los otros, menos caliente,
ms simtrico. Git se extendi sobre la
nave. Su ojo blanco temblaba y las ml-
tiples esferas cerebrales de sus tentcu-
los se humedecieron. El sudor de los
pequeos cerebros a lo largo de sus ten-
tculos corra por el cristal de las venta-
nillas.
-iMurdeme! -suplic a Nu y ella-
choc! -le cort otro trozo de tentculo
que dio un hijo ms.

Como ocurra cada vez que caan me-
teoritos, su instinto de reproduccin era
exaltado y el process de cortar tentcu-
los se multiplicaba.
Nu morda los tentculos de Git con las
pinzas y los pequeos pedazos se iban
rodando y crecan con rapidez. Mut se
extendi longitudinalmente sobre el es-
timulante polvo azul; alargndose, avan-
z sobre la nave y form various anillos
en su rededor. Luego se subdividi y
cada anillo fue a su vez tendindose a










lo largo sobre el polvo azul y subdivi-
dindose.
Movido por la necesidad de establecer
contact y por la confianza en s mismo,
el cosmonauta apareci en la puerta de
la nave, contemplando a los curiosos po-
bladores del polvo azul. Solo en su tra-
je ancho, la cabeza dentro del casco de
cristal que emita chispas por las antenas
frente a sus ojos, descendi por la es-
calera y se adelant hacia la multitud.
Los otros quedaron sorprendidos ante
aquel ser que sala de un meteorito y
caminaba sobre dos tentculos, movien-
do otros dos en el aire.

Mut pregunt:
-De dnde vendr? Nunca habamos
visto a nadie en un meteorito.
-Extrao, extrao -coment Nu e hi-
zo ichoc! ichoc! en el aire con sus pin-
zas.
La osada del hombre creci al verse co-
mo un rey, delante de todos aquellos per-
sonajes que permanecan inmviles, ana-
lizndolo a travs de sus mltiples ten-
tculos llenos de esferas cerebrales; mi-
les de ojos pensantes sobre el hombre,
escrutndolo, penetrndolo, tomando su
imagen y movimientos, apoderndose de
sus formas.








Sesenta y cinco


Entr en el polvo azul. Los dems vie-
ron cmo se mova cmodamente sobre
sus pies, mirndolo todo y lanzando
constantes chispas entire ceja y ceja.
-Hblale -sugiri Mut-. Dile cual-
quier cosa...
-Quin eres? -pregunt Git.
El cosmonauta no recibi nada. Su cas-
co de cristal continuaba despidiendo
chispas entire ceja y ceja. Pero tuvo una
cierta intuicin de que queran entablar
un dilogo. Lo mejor que pudo hacer
fue lanzar ms chispas, esta vez azules.
Git, Nu, Mut y los dems entendieron
que eran un smbolo de paz.
-Sus palabras son azules como nues-
tro polvo -dijo Mut-. Quiere decir-
nos algo...
-Por qu ser tan pequeo? -pregun-
t Nu.
Git seal:
-Tiene dos cerebros gemelos que le
brillan. Los abre y los cierra; miren
bien. Y por encima de los cerebros nos
habla con palabras de luz azul.
-S -dijo Nu-. Qu edad tendr?
-Debe ser muy joven -especul
Mut-. Sus tentculos son cortos...
Nu se dirigi al hombre.










-Acrcate -le dijo-, acrcate.
El cosmonauta no oa absolutamente
nada.
Nu entonces se le aproxim.
-Ests solo? No hay ms contigo?
Los dems miraron hacia la puerta ex-
terior de la nave, que haba quedado
abierta. Pero nadie se asomaba. Uno de
los tentculos-hijos se fue corriendo y
trep por la escalerilla.
El hombre, que lo haba visto, sigui in-
tentando entablar conversacin.
-Son juguetones y pacficos -se di-
jo-. Los pequeos parecen cachorros.
Y, efectivamente, los pequeos eran los
que ms se acercaban para verlo.
-He causado conmocin -volvi a
pensar el hombre.
Mut pregunt:
-Cmo sern sus hijos?
Y se subdividi para que el visitante en-
tendiera lo que se hablaba.
Nui, observndolo de cerca, vio que se
pareca a Git, aunque sus tentculos ca-
recan de cerebros.
-Es tan joven que an no tiene -se
dijo.








Sesenta y siete
Entonces Nu se dej llevar por la cu-
riosidad, ms que por las ganas de pro-
crear, y le cort los brazos al hombre
con sus pinzas: choc! choc!
Mientras se desangraba, el cosmonauta
sinti que le faltaba el aire y lo ltimo
que pudo or fue otra vez choc! choc!
choc! chocl












El da que Nueva
York penetr
en el cielo ..




























Era el ao 2074. El problema de la vi-
vienda haba hecho crisis en Nueva
York. Y todo, por razones sentimen-
tales.
Es cierto que la ciudad se haba descon-
gestionado cuando muchos de sus habi-
tantes fueron a poblar la Luna, donde
haba industries florecientes y tenan
ahora su franquicia los Mulos de Man-
hattan, que eran conocidos por los Po-
tros Siderales. Tambin otros neoyor-
kinos habitaban en los satlites interme-
dios que se haban construido artificial-
mente como lugares de recreo y esparci-









miento. All se les vea pasear por las
calls de aluminio y vivan en hermosas
casas de cristal llenas de aire purificado
por la ausencia de animals y plants.
Las comidas -exquisitas-, estaban
contenidas en minsculas pastillas de go-
ma de mascar a las que uno extraa el
jugo con los dientes, y esto nada ms
que con el fin de no dejar que las denta-
duras fuesen a desaparecer, pues todos
los cientficos haban afirmado repetidas
veces que si la humanidad no empleaba
sus dientes terminara por quedarse sin
ellos... Y nadie quera perder los dien-
tes. No se sabe por qu.

Pero Nueva York segua en el mismo si-
tio y no haba podido resolver sus pro-
blemas como el resto del mundo. Los
neoyorkinos emigraban, pero no se re-
signaban a vivir lejos del corazn de su
ciudad. Oprimida por el Hudson y los
centros de poblacin prximos, la pe-
quea isla de Manhattan forzaba a sus
hijos a vivir fuera del amado permetro
y lejos de ella se desprendan poco a po-
co de sus caractersticas naturales, per-
diendo iniciativa y capacidad creadora
y, en fin, pasando a ser nada ms que
una expresin vaga y corriente: norte-
americanos. Eran norteamericanos co-
mo lo eran tambin los alemanes y japo-
neses naturalizados. Nada nuevo, nada
distinto. Solamente 30.000,000 de esco-








Setenta y tres


gidos podan permanecer en la isla ma-
dre, entire la base limitada de la tierra
y el cielo que la envolva, habitando en
edificios ms largos y altos que nunca,
edificios de 800 y mil pisos que se ele-
vaban oscilando en los cielos como enor-
mes sequoias. All, trepados en sus
apartamientos de cristal irrompible, con-
fortables y acondicionados, aquellos
treinta millones de escogidos daban lo
mejor del mundo yanki. Producan tea-
tro, cine, literature, pintura (desde el
ao 2,000 se pintaban obras maestras).
Pero todos los aos miles de ellos, cien-
tos de miles, tenan que irse a vivir fuera
del permetro adorado. Porque nacan
ms y ms neoyorkinos. Y la gente tro-
pezaba a pesar de los cohetes individua-
les que haban venido a sustituir a los
helicpteros anticuados y ocupaban me-
nos espacio que stos, pues se ajustaban
a la cintura de las personas. Se intent
reducir el aumento de poblacin, aun-
que esto fuera una falsa solucin, ya que
impeda la reproduccin de aquella cla-
se elegida, pero a pesar de que los profi-
lcticos se fabricaban en un material in-
visible e impalpable y de que las cremas
anticonceptivas ofrecan como premio
apartamientos amueblados dentro del
rea de Manhattan, la poblacin aumen-
taba y el xodo continuaba.










-oOo-


Ernie Madison Gonzalez (sin acento,
porque era un norteamericano de terce-
ra generacin), perteneca a aquella cla-
se de neoyorkinos disgustados que se
propuso hallar una solucin a la limita-
cin de espacio, pues se consideraban
justamente discriminados al tener que
vivir fuera de su ciudad. No era hon-
rado que ellos, nacidos en la mismsima
metropolis, tuviesen que emigrar como
los patos de la Florida o los descendien-
tes de europeos que haban sentido la
nostalgia de la tierra de sus lejanos an-
tepasados y volvan todos los aos a ad-
mirar las ruinas del Parlamento britni-
co y de la torre Eiffel y el cuerpo momi-
ficado de las ltimas "strip-teasers" pa-
risinas de las Follies del siglo XX. Aho-
ra esto ltimo era normal: se viva sin
ropa cuando el tiempo lo permita y, a
causa de la temperature artificial, todos
dentro de sus casas estaban desnudos.
Pero no era suficiente tal condicin sa-
ludable para hacer felices a los deste-
rrados y Ernie Madison Gonzalez -sin
acento-, era uno de ellos.

Por la rama de su padre descenda de
una vieja familiar de inmigrantes que se
haban elevado por encima de los de-
ms. La madre era una americana ran-
cia que ya haba perdido el origen de
su rbol genealgico. Fue ella quien in-








Setenta y cinco


terpuso el "Madison" porque le sonaba
bien el nombre y le daba un carcter
ms ntegro -ms nacional-, a su hijo.
Ernie hered, pues, el aura imaginative
de los pueblos hispanos y la actitud
prctica de los anglosajones.
-Voy a encontrar la formula maravi-
llosa -deca-, como se ha encontrado
solucin a tantos otros problems de
nuestro tiempo. Nueva York es para los
neoyorkinos, o mejor, los neoyorkinos
somos para Nueva York. Y Nueva
York ha sido, es y ser siempre una sola
cosa: Manhattan. Aunque en el Bronx
o en Brooklyn digan lo contrario. Eso
es. No hay derecho a desterrarnos. Ni
siquiera all a la Luna, donde la colonia
es ms numerosa y los Potros Siderales
-o los Mulos de Manhattan- conti-
nan ganando campeonatos. Y creo en-
carnar el sentir de cada uno de nosotros.
No existe razn para discriminarnos.
Si el Congreso no ha hecho nada al res-
pecto, yo, Ernie Madison Gonzalez, lo
har.
E.M.G. comenz a consultar a toda cla-
se de especialistas y autoridades -cosa
fcil en Nueva York si se tiene tiempo
para ello.
-Profesor Bagoff, qu opina usted de
la gravedad? Podra contrarrestarse?










-La gravedad? Efectivamente, la gra-
vedad la vencemos todos los das con
nuestros cohetes. .. Qu pregunta, hijo
mo!
-No, no. No me he expresado bien.
Puede crearse una fuerza que contra-
rrestre a la gravedad permanentemente,
con una intensidad constant o correla-
tiva? Algo que permit establecer un
equilibrio ...
-Pues... No s. . Hay un professor
africano, el seor Menko Otaba, que ha
hecho studios sobre eso. Se propone
crear una fuerza que acte paralelamen-
te a la gravedad, aumentando cuando
sta aumenta y disminuyendo cuando
sta disminuye, para lograr una compen-
sacin. Vaya a verlo a la Universidad
de Columbia. Le dar una carta de re-
comendacin...

Y Ernie Madison se fue all. Encontr
al professor Otaba en su laboratorio, a
donde fue conducido por su robot-secre-
tario, un robusto ejemplar de metal azu-
lado, con brillantes ojos verdes. El ro-
bot le ofreci sus brazos para conducirlo
hasta el saln pero l, desconfiado, pre-
firi ir a pie. Una vez dentro se pre-
sent:
-Profesor Otaba, yo soy Ernie Madi-
son Gonzalez.








Setenta y site
El professor continue observando una
pelota de goma que se mantena fija en
el aire, sin ascender ni descender, mien-
tras l oprima un botn en la pared con
su dedo ndice. El nombre de Ernie Ma-
dison Gonzalez no le haba conmovido
en lo ms mnimo. El joven volvi a in-
sistir:

-Profesor, aqu traigo una carta del
doctor Bagoff.
Al or el nombre, el professor Otaba dej
de apretar el botn y la pelota cay al
suelo, saltando por encima de la mesa
de trabajo y haciendo caer un vaso que
se rompi en pedazos. El professor alar-
g sus dedos, blancos por debajo y os-
curos como el chocolate por encima. La
carta tembl en sus manos un moment
y entonces mir a Ernie.
--Qu quera usted?
-Informes sobre la antigravedad..
Tengo un proyecto grandioso, professor.
Otaba hizo un gesto de indiferencia.
-Usted la vio -dijo sealando al sitio
donde haba estado sostenida la pelo-
ta-. Es una fuerza maravillosa. Per-
mite mantener un cuerpo en el aire con
una estabilidad absolute. Pero es muy
costosa. Hace falta para ello una gran
cantidad de dinero. El combustible que









alimenta los generadores es el que resul-
ta costoso. Se produce en laboratorio.
Es un gas especial.
-Pero trabaja, no?
-Desde luego, jovencito, qu pensaba
usted? Y a propsito -dijo ahora con
evidence intencin de ofender al joven-
cul es su proyecto maravilloso?
-Nueva York, professor; Nueva York...
-Cmo?
-Repetir a Nueva York.
-No le entiendo. Soy africano, pero
comprendo el ingls. He vivido veinte
aos en los Estados Unidos. Qu quie-
re decir? Explquese.
-Perdneme. Estoy excitado. Nervio-
so. Inquieto. Emocionado. Mi proyec-
to es para resolver el problema de la vi-
vienda en Nueva York. El problema del
destierro de los neoyorkinos. He pen-
sado much en ello. Largos aos. Siem-
pre sufriendo la ausencia de mi querida
ciudad. Viendo sufrir tambin a los de-
ms. Solamente he podido venir aqu
en mis vacaciones. Entonces recorro los
museos, los cines, los teatros, los salo-
nes de arte, los barrios bohemios, todo,
y me impregno de Nueva York por un
ao. Unicamente as puedo soportar la
lejana de mi ciudad. Y somos miles,







Setenta y nueve


millones de neoyorkinos en esas condi-
ciones. Gente que adora su lugar y
quiere seguir viviendo en l. Y la ciu-
dad, su corazn -Manhattan-, es li-
mitado y no admite ms gente. De mo-
do que he pensado en hacerla de nuevo,
o mejor, en reproducirla, en darle una
nueva dimension, creando otra isla arti-
ficial que flote en vez de sobre el ro,
sobre la atmsfera, siguiendo exacta-
mente el contorno de la isla primitive,
como un segundo piso de sta o una
sombra proyectada hacia el cielo. Ha-
ramos una segunda Manhattan y todos
los neoyorkinos podran vivir en su ciu-
dad: una ciudad de dos pisos. Com-
prende usted?
El professor Otaba recogi la pelotica y
comenz a jugar con ella filosficamen-
te, hacindola saltar contra el piso como
hacan antiguamente los nios america-
nos, precisamente poco despus del des-
embarco de los puritanos...
-oOo-

La idea de Ernie Madison Gonzalez fue
un xito. Se someti el proyecto al al-
calde y se abri una encuesta entire los
peridicos y revistas ms famosos. "El
Correo de Marte" fue el primero que
apoy la idea abiertamente. A ste si-
guieron otros como el "Interplanetario",
el "Reactor" y el ya casi olvidado "New










York Times". Se concedi un crdito
de quince cifras y se aumentaron los im-
puestos. En unos aos, cincuenta o cien,
Nueva York II se alz sobre Manhattan
como un techo o un paraguas protector.
Cuando llova, nunca llova en Nueva
York I y cuando sala el sol se lograba
que ste penetrase en la isla matriz por
un sistema conductor de perforaciones
y espejos reflectores.

Los neoyorkinos ausentes comenzaron a
poblar rpidamente la seccin segunda
de su ciudad y cuando estuvo llena se
lanz la idea perfectamente practicable
de agregar una tercera isla a la ciudad
flotante, sostenida por grandes genera-
dores de fuerza anti-gravedad. Hubo
cierta resistencia, como ocurre siempre
c o n todas las novedades, pero ces
cuando en uno de sus editoriales el "In-
terplanetario" pregunt:
"Qu significa esa oposicin a produ-
cir una tercera Nueva York? Es, por
ventura, que existe el propsito de dis-
criminar a los neoyorkinos que no han
tenido la dicha de poder habitar en
Manhattan o en Nueva York II? Se
pretend crear una casta de deshereda-
dos?"
Y entonces terminaba por afirmar in-
tencionalmente:








Ochenta y uno


"Esto, seores, nos suena a algo muy
triste que una vez tuvimos que afrontar:
segregacionismo".
El solo recuerdo del Ku Klux Klan hizo
volver a todos a sus cabales. Se apro-
baron los crditos, los impuestos, se
abrieron las oficinas de ventas, se le dio
trabajo a un gran nmero de fsicos,
obreros e ingenieros y en unos lustros
Nueva York III se irgui orgullosamen-
te en el espacio -ms firme que una ro-
ca-, sostenida por la anti-gravedad en-
cima de su predecesora. Como era l-
gico, lo ms destacado en ella fue el mo-
numento extraordinario erigido en uno
de sus extremos a la memorial de Ernie
Madison Gonzalez, fabricado de puro
cristal de Murano, que se iluminaba to-
das las noches y ofreca la exacta im-
presin de que aquel espritu gigante y
preclaro guiaba an los pasos de sus
conterrneos.
Por esta poca se dot a cada piso de
un sub-alcalde. Nueva York I era re-
gida por el Alcalde Mayor.
Pero en estos problems de la superpo-
blacin, tan relacionados con nuestro
origen animal, todas las medidas fraca-
san. Pasado cierto tiempo, uno o dos
siglos, los nuevos pisos se poblaban. Y
un da se tom el acuerdo definitive por
el Ayuntamiento, que el Alcalde Mayor
refrend, de "continuar elevando a Nue-









va York en tantos pisos como fuesen ne-
cesarios a travs del tiempo para permi-
tir que cada hombre y cada mujer de
aquella ciudad pudiesen disfrutar de la
inalienable prerrogativa de vivir en
ella". Este acuerdo tuvo carcter per-
petuo y se ley en cada esquina por me-
dio de altavoces colocados a propsito.
La ciudad retumb con la voz ronca del
locutor que pronunciaba solemnemente
las palabras del Edicto y los neoyorki-
nos se quedaron asombrados al or que
su ciudad continuara creciendo eterna-
mente como un desafo al infinito.

Una, dos, tres, cuatro y cinco Nueva
York ms fueron construidas.
La propaganda atribua a la ltima isla
ventajas extraordinarias sobre la ante-
rior, haciendo ver que all todo era ms
puro: el aire, la naturaleza, la proximi-
dad del cielo, etc. Los "posters" eran
muy atractivos. Tanto que algunos neo-
yorkinos, obligados a alejarse temporal-
mente en viajes de negocios, llevaban
siempre uno o dos en su maleta para lue-
go desplegarlos en la habitacin del ho-
tel o en su vivienda improvisada con el
fin de combatir la nostalgia de estar le-
jos. Por otra parte, esta propaganda es-
.ba justificada. Era necesario vender
lo ltimo que se haba hecho, porque si
no la empresa hubiese sido un fracaso
econmico. Y largas listas de espera se-








Ochenta y tres


fialaban la expectacin por ocupar los
nuevos lotes y los apartamientos que se
ofrecan en cada nueva isla flotante.
Una maana, entire el silbido bronco de
las naves interplanetarias, una noticia
cruz el espacio. Manhattan se haba
reproducido siete veces: Nueva York
VIII estaba fundada.
-oOo-
Nueva York VIII quedaba a la altura
del segundo satlite artificial poblado y
los hombres de all respiraban una at-
msfera extraa, aunque eran felices sa-
biendo que vivan en Manhattan. Se-
guan siendo neoyorkinos! El espritu
creador de la metropolis ascenda de isla
en isla hacia arriba, hasta el tope, y se
contagiaba y continuaba produciendo
grandes artists, poetas, dramaturgos,
escultores, pintores, etc. Nueva York
creca en cantidad de nuevo y era como
haba sido siempre: el centro de la cul-
tura americana. El foco ms inquieto e
individual de los Estados Unidos. Pe-
ro...
A cada virtud la acompaa en este mun-
do un defecto. Y cuando cesa uno, cesa
la otra. Nueva York se estir tanto ha-
cia el cielo que termin por llegar a l.
Un da los neoyorkinos del ltimo piso
descubrieron que, en efecto, estaban en
el mismo cielo. La noticia se extendi y










hubo una gran celebracin. San Pedro
hizo entrega -simblica, desde luego-
de las llaves de su reino al sub-alcalde
del ltimo piso y ste le entreg a San
Pedro las llaves de Nueva York VIII.
-Nuestro querido santo -dijo-: He
aqu que con regocijo le entregamos hoy
a usted las leaves de nuestra ciudad, o
sub-ciudad, porque no he podido contar
con la cooperacin de los dems sub-
alcaldes, envidiosos tal vez de nuestra
privilegiada posicin. .
Y San Pedro, conmovido, respondi:
-Os agradezco vuestro gesto noble y
desprendido. Aqu tenis vos, en repre-
sentacin de vuestro pueblo, las llaves
del cielo para que a partir de este da
memorable os consideris como habitan-
tes del mismo, al que os habis hecho
acreedores por vuestro esfuerzo y cons-
tancia en subir tan alto. El cielo -agre-
g despus-, se encuentra precisamen-
te aqu, donde terminal la atmsfera te-
rrestre. Al menos, as lo habis entendi-
do siempre...
La multitud aplaudi y dio vivas al al-
calde y a San Pedro.
A partir de aquel da todo cambi. Aque-
llos series se volvieron serficos y divi-
nos. Comenzaron a despreciar el oro.
Continuaron, desde luego, caminando
desnudos como antes dentro de sus ca-








Ochenta y cinco


sas y en las grandes reuniones bajo te-
cho, pero sin mostrar ninguna reaccin.
Iban y venan como hermanos. Los fa-
mosos cinturones voladores atados a su
cintura comenzaron a enmohecer y algu-
nos se desprendan inexplicablemente.
A los octavos neoyorkinos les salieron
unas cosas extraas en los omplatos...
Eran dos brotes minsculos como reto-
os de rosal, que fueron creciendo y
alargndose hacia arriba hasta que ad-
quirieron una forma precisa y definida,
una forma casi olvidada y que slo se
conservaba en algunas pinturas muy
viejas de Rafael o Miguel Angel. Aque-
llos apndices incomprensibles no ser-
van para nada. Eran absolutamente
simblicos y crecan ms y ms hasta
que llegaron a alcanzar en algunos la
extension de un metro de longitud. Eran
blancos, o grises, y casi nunca negros.
Venan revestidos de una proteccin
suave y fina y le daban a sus portadores
una gracia especial y una prestancia su-
perior. Los neoyorkinos del octavo piso
se miraban felices y dichosos porque ha-
ban recuperado la paz y la tranquilidad,
tan ajena a aquella gente desde el co-
mienzo de su historic. Y empezaron a ol-
vidarse de los dems neoyorkinos que
eran unos pobres series perdidos. Y no
tenan lo que ellos en la espalda. Por-
que ellos, los neoyorkinos del VIII Man-










hattan, tenan alas... y ya no pertene-
can a la Tierra.
Cuando los habitantes de los dems pi-
sos se enteraron de todo aquello que no
podan comprender, huyeron despavori-
dos por temor a caer dentro del cielo en
cualquier moment. Las seis islas restan-
tes se vaciaron y los hombres comenza-
!on a disputarse los stanos de la isla
original. Un da se consumi todo el
combustible que sostena a las islas ar-
tificiales mediante la antigravedad y s-
tas vinieron abajo estrepitosamente. ..
Nueva York I haba perecido.

























Sumario




9 Adnde van los Cefalomos?
27 El Arcoiris del mono
37 El Circulo
47 Los Inmortales
59 El Cosmonauta
69 El da que Nueva York penetr
en el cielo...





























Este libro
se termin
de imprimir
en abril
de 1964,
Ao de la
Economfa,
por Ediciones
Revoluci6n,
Amistad 353,
La Habana,
Cuba.

La
edicin
consta
de
2,000
ejemplares












cuadernos

E==3
soui.apono








ANGEL ARANGO. naci en La Habana el 25 de marzo
de 1926. Se gradu de doctor en Derecho Civil, pero
no ha ejercido nunca la carrera. Fue tallador de dia-
mantes y desde hace aos trabaja en "Cubana de
Aviacin". Ha vivido en los Estados Unidos y visi-
tado Espaa, Mxico, Brasil, Puerto Rico y el Canad.
Escribe tanto cuentos realistas como fantsticos, y
tambin poemas que est preparando en un libro. Sus
primeros trabajos publicados fueron crticas de cine.
Luego aparecieron cuentos y poemas en "Carteles', "La
Quincena" y "Revolucin". ] ] E [] 0 [ 0





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