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HIDE
 Front Cover
 Title Page
 Infancia
 Versos y lecturas iniciales
 Primeras salidas: Managua....
 La "mayor desilusion"
 Chile: Azul
 De nuevo en Centroamerica
 La consagracion en Espana...
 Argentina: Prosas profanas
 Europa: Madrid. Paris
 Retorno definitivo a la patria
 Renovador de la poesia Espanol...
 Table of Contents
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Group Title: Colección Ensayos
Title: Rubén Darío
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 Material Information
Title: Rubén Darío breve biografía
Series Title: Colección Ensayos
Physical Description: 44 p. : ; 21 cm.
Language: Spanish
Creator: Cabrales, Luis Alberto, 1901-1974
Publisher: Publicaciones de la Secretari´a de la Presidencia de la Repu´blica, Ediciones "Cuadernos Darianos"
Publicaciones de la Secretaría de la Presidencia de la República, Ediciones "Cuadernos Darianos"
Place of Publication: Managua
Publication Date: 1965
Edition: 2. ed.
 Subjects
Subject: Poets, Nicaraguan -- Biography   ( lcsh )
Genre: federal government publication   ( marcgt )
non-fiction   ( marcgt )
Spatial Coverage: Nicaragua
 Notes
Statement of Responsibility: Luis Alberto Cabrales.
 Record Information
Bibliographic ID: UF00078412
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: ltuf - AFM5928
oclc - 03006654
alephbibnum - 001128723

Table of Contents
    Front Cover
        Front Cover 1
        Front Cover 2
    Title Page
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    Infancia
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    Versos y lecturas iniciales
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    Primeras salidas: Managua. El Salvador
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    La "mayor desilusion"
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    Chile: Azul
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    De nuevo en Centroamerica
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    La consagracion en Espana (1892)
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    Argentina: Prosas profanas
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    Europa: Madrid. Paris
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    Retorno definitivo a la patria
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    Renovador de la poesia Espanola
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    Table of Contents
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    Back Cover
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Full Text




Luis Alberto Cabrales


RUBEN DARIO


Breve Biografia






THIS VOLUME ANS BEES

F^ j"TT OV


Publicaciones
de la
Secretario de la Presidencia de la Repdblica
Ediciones

2192











RUBEN


DARIO


Breve Biografia


PREMID NATIONAL "RUBEN DARIO" 1950





/VM613



v/.



COLECCION ENSAYOS





Volumen I


A.


2a. EDICION











Es prop iedad


Impreso en los Talleres Necio.ales, Managua. D. N., Niceragua, C. A.


----- c --
---
--









Luis Alberto Cabrales


RUBEN DARIO


Breve Biografia



















Publicaciones
de la
Secretaria de la Presidencia de la Repdblica
Ediciones .CUADERNOS DARIANOS-
Managua, 1965














INFANCIA


Eran dias de diciembre de 1866. En carreta entol-
dada que habia salido de Le6n, iban dos mujeres, Josefa
Sarmiento y su joven sobrina Rosa Sarmiento de Garcia
Dario. Iba la tia en viaje de comercio, y la sobrina a es-
perar el nacimiento de su primer hijo.
Aires de Navidad barrian los caminos polvorientos, y
Rosa, pensativa, recordaba los pesebres, y sofiaba con Be-
16n, el pueblecito en donde habia nacido el Mesias. Tam-
bi6n ella habia dejado la gran ciudad, el Le6n colonial, e
iba a esperar a su propio nifio en otro pueblecito apartado
y pintoresco: Metapa.
Lenta avanzaba la carreta, de hacienda en hacienda,
dejando caserios, atravesando riachuelos, a veces bajo som-
brias montaias, a veces bajo el sol vertical de los desnu-
dos y resecos sonsocuitales. Iba por los caminos diez afos
antes amenazados por las incursiones de los filibusteros
de Walker, ahora seguros bajo la plena paz de la concor-
dia nicaragiliense. Plena paz, gran paz, como aquella de
que habla el Evangelio como serial del nacimiento divino.
SQue clase de nifio era 6se que iba a nacer en dias pascua-
les? jQu6 destino, qu6 estrella le guiaba hacia Metapa pa-
ra que el niiio naciese en humilde poblado, y no en la me-
tr6poli resonante de templos y campanas?
Porque Rosa Sarmiento de Garcia Dario iba atando
extrafios cabos, y divagaba, y confundia en sus pensa-
mientos de viajera maternal al petreo Le6n con Jerusa-
lem, y a Bel6n con Metapa. Acaso adivinaba o presen-
tia que el nifio esperado seria un prodigioso nifid, tambien








centro de atracci6n y contradicci6n de muchas gentes a
este lado y al otro lado del mar.
La tia Josefa le conversaba de negocios, de detalles
dom6sticos, de lo practice que harian en llegando... pe-
ro Rosa l1evaba la mente perdida en los suefios, en el te-
mor del future, melanc6lica, porque todo presagiaba que
su niiio naceria bajo signos funestos, bajo muy tristes
hados.
Rosa habia casado, meses antes, con su primo Manuel
Garcia Dario, en matrimonio de conveniencia, hecho per
la familiar. Las relaciones conyugales habian marchado
mal, pues Rosa no era paciente, y don Manuel, ademis de
gran gustador de cerveza y fuertes licores, era muy aficio-
nado a los galanteos. Y ahora iba en busca de sosiego a
ese villorrio "siempre todo nuevecito", como le aseguraba
la tia, pues sus habitantes vivian en verdes chozas, cada
aio reconstruidas con palmas nuevas. Y por ello tambibA
le Ilamaban Chocoyos.
La carreta lleg6 por fin; las viajeras se acomodaron
en la mejor casa, la inica de tejas, y pasados algunos dial,
el 18 de enero de 1867, nacia el nifio a quien daria el nom-
bre de F61ix Rubn.... F61ix Ruben Garcia Dario Sar-
miento Dario. Mis tarde, 61 mismo se quitaria el Felix y
el Garcia y se dejaria el Ruben y el primer Dario.
El 18 de enero nacia en Metapa, pero iniciando desde
muy tierno su avatar de peregrine, a los cuarenta dias de
vida lo regresan a Le6n, donde es bautizado el 3 de mar-
zo. Su madre habia side levada en un intent de reanu-
dar la vida hogarefia. Mas todo en vano. Antes del afio
Rosa Sarmiento, llevndose al infantito, dejaba de nuevo
Le6n y se encaminaba, acompafiada de un estudiante, de
apellido Soriano, su enamorado, hacia fierras de Hondu-
ras. Hizo alto en San Marcos de Col6n, pueblecillo fron-
terizo de Nicaragua.








Alli estuvo el nifo cerca de dos afios, y su mAs remote
recuerdo infantil se remonta a tan lejanos dias. Asi dice en
su Autobiografia: "Mi primer recuerdo -debo haber sido a
la saz6n muy niflo, pues se me cargaba a horcajadas, en los
cuadriles,.. .- es el de un pais montafioso: un villorrio IA-
mado San Marcos de Col6n, en tierras de Honduras, por la
frontera nicaragiiense... La casa era primitive, pobre, sin
ladrillos, en pleno campo. Un dia yo me perdi Se me
busc6 por todas partes... Se me encontr6 por fin, lejps de
la casa, tras unos matorrales, debajo de las ubres de una
vaca, entire much ganado que mascaba coyol... Se me
sac6 de mi buc61ico refugio y se me dio unas cuantas nal-
gadas".
Como se ve, el refugio pudo ser muy buc61ico, y muy
po6tico el pais montafioso, pero tan rdstico rinc6n no er
propicio para el destino a que seria Ilamado.
Dichosamente el nifio tenia una tia abuela, Bernarda
Sarmiento, casada con el Coronel F61ix Ramirez Madregil
y 6ste, un buen dia, lleg6 a San Marcos por el niflo, lo re-
gres6 a Le6n a lomo de mula, caminando por tierras fra-
gosas mis de cuarenta leguas, y se hizo cargo, junto con
su mujer, de los deberes que habian abandonado primeio
su padre, y luego su madre.
Por ello, Ruben creci6 sin amores maternales ni pa-
ternales, y de sus progenitores se express con dolientes y
desconsoladoras palabras. De su madre dice: "Un dia una
vecina me Hlam6 a su casa. Estaba alli una sefiora vesti-
da de negro, que me abraz6 y me bes6 Uorando, sin decir-
me una sola palabra. La vecina me dijo: Esta es tu ver-
dadera madre, se llama Rosa, y ha venido a verte desde
muy lejos... Me dej6 unos dulces, unos regalitos. Fue
para mi rara vision. Desapareci6 de nuevo. No debia
volver a verla hasta mis de veinte afios despu6s".








De esta iltima entrevista con su madre s6lo dice:
"Uno de esos dias (habia estado grave) abri los ojos y me
encontr6 con dos sefioras que me asistian: eran mi madre
y una hermana mia, a quienes se puede decir que conocia
por primera vez, pues mis anteriores recuerdos materna-
les estaban como borrados".
;Durante toda una vida s61o dos veces vio a su madre,
y:.rpidamente!
De Don Manuel Dario, su padre, dice: "... Don Manuel
Dario figuraba como mi tio. Y mi verdadero padre, para
'ii, tal como se me habia ensefiado, era el otro, el que me
habia criado desde los primeros afios, el que habia muer-
to, el coronel Ramirez. No s6 por qu6 siempre tuve un
desapego, una vaga inquietud separadora con mi 'tio Ma-
auel'. La voz de la sangre... qu6 flicida patrafia roman-
tica!"
Y en otra pigina: "Desde luego, aunque se mantuvo
carifioso, (don Manuel) nada me daba a entender que fue-
se mi padre. La verdad es que no vine a saber sino mu-
cho mis tarde que yo era hijo suyo".
Pero tampoco de sus padres adoptivos guardaba hon-
dos recuerdos filiales. De la "mama Bernarda" apenas
hace ligeras menciones, y del coronel Ramirez dice estas
cortas frases deliciosas: "Le recuerdo: hombre alto, buen
jinete, algo moreno, de barbas muy negras. Le llamaban
el Boc6n, seguramente por su gran boca. Por l1 aprendi
a andar a caballo, conoci el hielo, los cuentos pintados pa-
ra nifios, las manzanas de California y el champaia de
Francia. Dios le haya dado un buen sitio en alguno de sus
paraisos".
,; Ni padre, ni madre. Luego, el padre adoptive, muer-
to temprano, y sin dejar ni siquiera vagos recuerdos
e: su muerte. Desapacible orfandad que lo hace escribir
mis tarde: "Yo supe de dolor desde mi infancia". Y que







tambi6n le hace temblar mis tarde ante el destino de su
tierno hijo Phocs, llegado al mundo sin un segundo hogar:

Tcrda on venir a este dolor a donde vienes,
a este mundo terrible en duelos y en espantos;
duerme bajo los dngeles, suewa bajo los santos,
que ya tendrds la vida para que to envenenes.

Sueoa, hijo mio, todavia, y cuando crezas,
perdd4 nme el fatal don de date la vida
que yo hubiese querido de azur y rosas frescas,...

VERSOS Y LECTURES INICIALES
Dario, de haber vivido en Metapa, su casual villorrio
natal, o de haber permanecido en San Marcos de Col6n,
quiza no hubiese madurado para los suefios y el cantico.
Su iniciaci6n po6tica naci6 al influjo de la antigua ciudad
colonial. Sus casas, de anchos zaguanes, de largos corre-
dores sombrios, de patios y traspatios; los numerosos tem-
plos y conventos que lenan el aire de hondas melanco-
lias en los angelus vespertinos y matutinos, "las suaves
campanas entire la madrugada", "la dulzura del ingelus
matinal y divino que diluyen ingenuas campanas provin-
ciales"; los cuentos y leyendas de muertos y apariciones
del diablo; todo influy6 tempranamente en despertar su
inclinaci6n po6tica.
Su casa solariega, la de su mama Bernarda "era una
vieja construcci6n, a la manera colonial: cuartos seguidos,
un largo corredor, un patio con su pozo, Arboles..." Era
para 61 temerosa por las noches. Anidaban lechuzas en
los aleros. Le contaban cuentos de animas en pena... le
hablaban de un fraile sin cabeza, de una mano peluda,
que perseguia, como una arafia... Se le mostraba, no le-
jos de su casa, la ventana por donde a la Juana Catina,
mujer muy pecadora, se la habian levado los demonios...







y asi se le nutria el espiritu con otras cuantas tradicio-
nes y consejas y sucedidos semejantes. De alli su horror
a las tinieblas nocturnas, y "el tormento de ciertas pesa-
dillas inenarrables".
A las leyendas narradas por la sirvienta a la luz ro-
jiza de los candiles, se unieron las precoces lectures, y qu6
lectures. Los primeros libros que ley6, encontrados en
viejo armario, fueron la Biblia, el Quijote y Las Mil y Una
Noches, lo suficiente para encender la imaginaci6n de cual-
quier pequefio burgu6s, y para incendiar la suya, natural-
mente hiperest6sica.
Hizo --como todos los muchachos de su 6poca- los
alegres viajes al mar, en carretas entoldadas, y vivi6, co-
mo todos, aquellas noches de verano en las costas, donde
las families se juntan "bajo cielos profundos, llenos de es-
*trellas prodigiosas", a jugar prendas.
Pero el sofiador meditabundo que ya ha nacido en 61,
se fugaba de los alegres grupos: se apartaba frecuente-
mente de los regocijos, y se iba, solitario, con su carxcter
ya triste desde entonces, "a mirar cosas, en el cielo, en
el mar..."
Luego, ilegada la adolescencia con sus perturbadoras
transformaciones, sentia como una invisible mano que lo
empujaba a lo desconocido, y asi surgi6 el poeta, y "fui un
muchacho de larga cabellera, con ojeras, con suefios, y
que se iba a confesar todos los sibados".
Quizi, como Lope de Vega, habia compuesto desde
antes de saber escribir. El mismo no recordaba la 6poca en
que comenz6, pero los primeros versos, publicados en El
Term6metro -peri6dico de Rivas- fueron de 1880, cuan-
do tenia trece afios. Desde su inicio llam6 la atenci6n, pues
sus poemas eran ya mejores que aquellos de los viejos poe-
tas, ya que Nicaragua habia sido hasta entonces muy parca
en hombres liricos, al extreme de que un escritor extran-







jero habiala lamado un poco raramente "la Noruega del
Tr6pico". Despues de El Term6metro, todos los otros pe-
ri6dicos se disputaban al "poeta nifio" --como dieron en
llamarle- y por entonces surgian y desaparecian publi-
caciones como El Centroamericano, El Republicano, El Ver-
dadero Estandarte, El Porvenir de Nicaragua, El Ferro-
carril, La Tribuna, El Cable.
Su fama leonesa lleg6 a ser national y luego centro-
americana.
Por entonces, sus amigos lo indujeron a que fuese a
la capital y en Managua encontr6 el ojeroso y melenudo
muchacho mAs anchos campos para el ensuefio. Cay6 gra-
vemente enaanorado de "una adolescent de ojos verdes, de
cabello castafo, de tez levemente acanelada, con esa sua-
ve palidez que tienen las mujeres del Oriente y de los tr6-
picos". "Era alegre, risuefia, llena de frescura y delicio-
samente parlera, y cantaba con una voz encantadora".
Encendido de amor jams escribi6 tantos versos co-
mo entonces. Por las tardes, o por las noches, se iba al
muelle de madera, se tendia en 61, simplemente a sofar, a
oir el chapoteo de las aguas del lago, a contemplar los oros
y los carmesies del crepuisculo, y las hunmedas y prodigio-
sas constelaciones. Y volvia a la ciudad cargado de poe-
mas y musicales prosas. Asi Managua, como Le6n, influ-
y6 en los dones de aquella criatura de excepci6n, "senti-
mental, sensible, sensitiva".
Pero tambi6n muy tempranamente el "poeta-nifio" se
dio cuenta de que no basta la sensibilidad, ni la imagina-
ci6n, ni el coraz6n dulce y tierno para la creaci6n poetica.
Muy tempranamente advirti6 la necesidad de conocer a
fondo los secrets del divino oficio, la discipline del arte,
el studio de los clfsicos.
Asi no se content con la soledad buscada "para mirar
cosas en el cielo, en el mar", ni con la amorosa contempla-







ci6n de constelaciones y crepisculos, ni con el dulce e irre-
frenable instinto amoroso de la adolescencia. El joven-
zuelo se encerr6 en la Biblioteca Nacional a devorar volu-
men tras volume, de los cldsicos espafioles, de los clisicos
extranjeros, y de los eternos clAsicos de Grecia y Roma.
Conoci6 el pulir y repulir de Boileau y el frenesi de per-
fecci6n de Horacio, quien buscando el sustantivo inico y el
adjetivo insustituible se roia las ufias hasta sangrarse.
Por ello, a los quince afios pudo escribir un largo poe-
ma, La Lengua Caste'lana, en el que usa -con pasmoso
don imitativo- desde los primeros e informes vocablos
del poema del Mio Cid hasta las perfectas y elegantes dic-
ciones de San Juan de la Cruz o G6ngora. Imita -inimi-
tablemente- a los quince afios, al juglar de la canci6n de
gesta, a Berceo, a Juan de Mena, a Santillana, a Manri-
que, a Garcilaso, a Luis de Le6n, a Herrera, a Lope de
Vega, a G6ngora, a Quevedo, a Espinel, a Calder6n de la
Barca. ;Desde los quince afos fue muy antiguo!
El nifio que tuvo por primeras lectures a el Quijote, la
Biblia y las Mil y Una Noches, devora vol6menes febril-
mente y puede escribir, tambi6n a los quince aiios, otro
largo poema "El Libro", de ochenta decimas, ochocientos
versos, en el que cita sus anteriores lectures, y baraja los
nombres de Cormenin, Girardin, Moliere, Voltaire, Aim6
Martin, Flammari6n, Cervantes, Shakespeare, Saint-Pie-
rre, Jorge Isaacs, Virgilio, Homero, Victor Hugo, Renan,
Laurent, Pelletin, Montalvo, Nifiez de Arce, Campoamor,
Cicer6n, Trueba.
Asi, cuando Ricardo Contreras describe critics a ver-
sos de su nifiez, puede contestarle en impecables tercetos,
en los que se espigan nobles versos, como aquel: "Altos re-
cuerdos de gloriosos dias..."
Y cuando el gran critic de la 6poca, don Enrique
Guzmfn, pone en duda el buen linaje de una frase suya:
"derramar simpatia", el mozalbete puede contestarle con








largo y erudito articulo, mostrAndole, con ejemplos de
grandes escritores, de desde el siglo XIV al XIX, que la
frase es de buena ley y del mejor linaje. iRica y segura
erudici6n para su edad!
El muchacho de larga cabellera, con ojeras, con sue-
fios, tiene ya -a pesar de ello-- un claro y fire concep-
to de la autentica poesia, hija de la inteligencia disciplina-
da, frenadora de la fantasia y del sentimiento desborda-
dos. Ya en 61 apuntaba una de las caracteristicas del mo-
dernismo: "la poesia, la aut6ntica, es dificil arte".

Asi describe:
Cabeza y coraz6n juntos en obra
den una inteligencia sensitive;
que si extremado sentimiento sobra
y halla la fantasia much espacio
malos adornos descarriada cobra.

La fantasia suele con sus vagos
engendfos, por crear gentile belezd
dar a l4z monstruoso endriago...

Gracias a sus extensas lectures y a su poderosa inte-
ligencia asimiladora, sin salir de la Biblioteca Nacional
de Managua, ya logra, desde adolescent, esbozar su obra
poktica future, sobre todo aquella que le daria facil y ma-
yor fama. En poemas de la adolescencia encontramos ya
el tema de Pan, que tantas resonancias tendria luego de pu-
blicar Prosas Profanas. A los diecisiete afios describe:
Para cebo de la ninfa incauta,
el sdtiro lascivo en el bosccdje
suena de Pan la melodiosa flauta.

0 bien:
Pan con la armoniosa flauta,
fa duice flauta de oro...







Y tambien ya vagan en sus versos: carbunclos, ala-
bastros, perlas, niyades, ninfas, sitiros, ditirambos, pam-
panos, saturnales, al mismo tiempo que ensaya las deci-
mas romanticas de las canciones orientales (tan musica-
les), anticipando desde entonces, y sin salir de la Nica-
ragua natal, lo que habia de ser su obra po6tica:

bruma y tono menor: itoda la flauta!
y aurora, hija del sol: Itoda la IWra!

En estos primeros afios se esbozan tambi6n con pre-
cisi6n, otros caracteres de su vida: el ansia viajera, el don
de proselitismo, que atrae incluso a los mis altos persona-
jes, y la penuria econ6mica.


PRIMERAS SALIDAS:
MANAGUA. EL SALVADOR

Ya lo vimos viajero desde antes de nacer, caminante
cuando apenas ha dado los primeros pasos, luego adoles-
cente, va de Le6n a Managua, y mis tarde a San Salvador,
en un primer viaje.
En Managua, no s61o lo rodean los j6venes, sino los
hombres de pro: Presidentes, diputados, senadores, perio-
distas, y aun los viejos poetas. Pero, a pesar de tantas
amistades, no logra nada stable para su economic. Cuan-
do sale por primera vez para El Salvador, el viaje es cos-
teado por colecta amiga.
Como estuviese perdidamente enamorado, y no tu-
viese claro concept de la base econ6mica que require el
matrimonio, sucedi6 lo que relata en su Autobiografia:
"Un dia dije a mis amigos: Me caso. La carcajada fue
homerica. Tenia apenas catorce afios cumplidos. Como







mis buenos queredores viesen una resoluci6n definitive en
mi voluntad, me juntaron unos cuantos pesos, me arregla-
ron un bail y me condujeron al puerto de Corinto, donde
estaba anclado un vapor que me llev6 en seguida a la Re-
piublica de El Salvador".

En cuanto llega a puerto salvadorefio telegrafia al Pre-
sidente de la Repfblica. Este, Rafael Zaldivar, que estA
casado con dama nicaragiiense, lo recibe en palacio: El
president fue gentilisimo, y le habl6 de sus versos y le
ofreci6 su protecci6n: mas cuando le pregunt6 que era lo
que deseaba, contest con estas exactas e inolvidables pa-
labras, que hicieron sonreir al var6n de poder: "Quiero
tener una buena posici6n social".

Zaldivar le envia al mejor hotel y le da quinientos
pesos plata. "Al dia siguiente por la maiiana estaba ro-
deado de improbables poetas adolescents, escritores en
ciernes y aficionados a las musas. Ejercia de nabab. Los
invite a amnorzar: Macarroni (el hotel era de italiano)
moscato espumante. El esplendor continue hasta la tar-
de, y lleg6 la noche..."

Naturalmente el estilo de vida de su protegido lleg6 a
oidos del Presidente, quien lo envi6 interno a un colegio.

En tal prisi6n estuvo largos meses, hasta que un dia,
tambi6n por orden presidential, fue sacado para algo que
sefial6 en su vida una fecha inolvidable: el estreno de su
primer frac y su primera comunicaci6n con el pfiblico. "El
President habia resuelto que fuese 61 quien abriese ofi-
cialmente la velada que se dio en celebraci6n del centena-
rio de Bolivar..."
Escribe una oda, la recita, es celebrado por la prensa,
elogiado por el Presidente. Pero luego no recuerda 61 mis-
mo lo que ocurri6, s6lo que perdi6 el apoyo del Presidente,







que anduvo a la diabla con amigos bohemios, y que lo
embarcaron de retorno a Nicaragua.
Desde los dias en que retorna de su primer y corto
viaje por El Salvador, hasta los dias en que prepare su
viaje a Buenos Aires, transcurre la 6poca mis decisive
de la existencia de Dario: triunfos literarios, inesperados
viajes, 6xtasis amorosos, desengafios intimos y desolado-
res duelos. Toda su vida posterior estaria ya para siem-
pre influida por tan euf6ricos y funestos dias.


LA "MAYOR DESILUSION"

Vuelto de El Salvador se finca en Managua con un em-
pleo en la secretaria presidential. Reanuda sus amorios
con la adolescent de ojos verdes y cabellos castafios que
mis tarde l1amaria "garza morena". El joven timido, que
no habia conocido ain el filtro hechizante de los prime-
ros besos, esta enloquecido: nunca escribi6 tantos versos
de amor como entonces; pero, desdichadamente, pronto
sufri6 "la mayor desilusi6n que pueda sentir un hombre
enamorado". Su hondo desconsuelo lo cantaria mas tar-
de, y en esta intima tragedia, no la prosa ajena, sino los
propios desahogos liricos pueden fnicamente expresar la
desolaci6n de su pena.
En su libro Abrojos hay various poemas lacerantes en
que describi6 con detalles, aquella "mayor desilusi6n".
Escogemos tres, tal vez los mas significativos y decidores:

1
Lloraba en mis brazos vestida de negro;
se oia el latido de su coraz6n;
cubrianla el cuello los rizos castai os
y toda temblaba de miedo y de amor.







sQuin- tuvo la culpa? La noche callada.
Yo iba a despedirme. Cuando dije: "iAdids!"
Ella, sollozando, se abraz6 a mi pecho
bajo aquel ramaje del almendro en floor.

Velaron las nubes la pdlida luna...
Despuds tristemente, lloramos los dos.

2

SQue lloras? Lo comprendo.
Todo concluido estd.
Pero no quiero verte,
alma mia, Uorar:
Nuestro amor, siempre, siempre...
Nuestras bodas... jams.
SQuidn es ese bandido
que se vino a robar
tu corona florida
y tu velo nupcial?
Mas no, no me lo digas,
no lo quiero escuchar...

3

Yo era un joven de espiritu inocente.
Un dia con amor le dije asi:
"Escucha: el primer beso que yo he dado,
es aquel que te di..."

Ella, entonces, lloraba amargamente,
y yo dije: "iEs amor!",

sin saber que aquel dngel desgraciado
Uoraba de vergiienza y de dolor.

Por ello -segin sus palabras- "a causa de la mayor
desilusi6n que pueda sentir un hombre enamorado", re-







solvi salir de mi pais. Para d6nde? Para cualquier par-
te". Pero siguiendo los consejos del anciano poeta y ge-
neral salvadorefio Juan J. Cafias, parti6 para Chile. Entre
various amigos le arreglaron el viaje. Llevaba como inica
esperanza, dos cartas de Cafias para amigos de Santiago.
Despidi6ndose de ella, le dice, entire otras cosas: "Esta
es la iltima carta que te escribo. Pronto tomar6 el vapor
para un pais muy lejano de donde no s6 si volver6... Te
conoci tal vez por desgracia mia, much te quise, much te
quiero. Nuestros caracteres son muy opuestos y no obs-
tante lo que te he amado se hace precise que todo nuestro
amor concluya... Pongo a Dios por testigo que el primer
beso de amor que yo he dado en mi vida fue a ti..." (12
Mayo 1886).


CHILE. AZUL...

Cuando march del puerto de Corinto temblaba la tie-
rra y hacia erupci6n el Momotombo: "Retumbaba el enor-
me volcan huguesco; lovia cenizas. Se oscureci6 el sol, de
modo que a las dos de la tarde se andaba por las calls con
linternas. Las gentes rezaban: habia un temor y una im-
presi6n medioevales. Asi me fui al puerto como entire una
bruma. Tom6 el vapor... entree en mi camarote. Me dormi.
Despert6 horas despues y fui sobre cubierta. A lo lejos
quedaban las costas de mi tierra. Se veia sobre el pais una
nube negra, me entr6 una gran tristeza".
La nube negra estaba tainbi6n sobre su coraz6n de
adolescent lacerado, proyectindose sobre toda su vida.
Iba en el mar "como entire brumas" pero hacia el alba de
su gloria literaria.
Las cartas del anciano Cafias son para Dario -al Ile-
gar a Santiago de Chile- el "sesamo abrete" de la leyenda.
Inmediatamente le proporcionan un puesto de redactor en







La Epoca. En la redacci6n de este diario conoce a ilustres
personajes brillantes o que luego serian ilustres persona-
jes de la literature y la political.
Sus articulos, desde los primeros dias, laman la aten-
ci6n. Sus versos, mfs todavia. Entre articulo y articulo
va escribiendo sus pequefios poemas amargos y desencan-
tados de Abrojos. Tambi6n describe sus Rimas, y cuentos,
y mis versos. La cosecha lirica es pequefia, pero de tan
honda calidad po6tica que ante ella se descubren la cabe-
za los viejos maestros y se enciende el entusiasmo de una
pequefia elite juvenile chilena. Uno de los fervorosos amigos
es Pedro Balmaceda, hijo del conocido tragico y gran Presi-
dente de la Repiiblica chilena. Pedro Balmaceda, por cuya
influencia public su primer libro chileno, "Abrojos". Mas
tarde selecciona cuentos y poemas, y public un pequefio
libro que Ilevaba el titulo de Azul... Es 1888. S61o tiene
veintifn afios. El librito pronto se difunde por el continen-
te, y por todas parties, mas no en Santiago de Chile, es reci-
bido con cilido entusiasmo, como el nuevo evangelio poti-
co. Numerosos grandes escritores han escrito mis tarde
sus recuerdos emocionados de sus primeras lectures de
Azul... Manuel Guti6rrez Nijera ha narrado c6mo lleg6 a
sus nanos, en M6jico, y c6mo llev6, exultante, al cafe en
que se reunian j6venes literatos, agitando en el aire sus pi-
ginas como pufiados de banderas. Y la emocionada lectu-
ra, y el influjo s6bito sobre los nuevos poemas y prosas
que luego escribieron.
G6mez Carrillo, en piginas inolvidables, ha narrado
tambi6n la emoci6n con que fue recibido en Guatemala. Y
asi por todos los rumbos de la America hispana.
Al legar a Espafia el asombro es el mismo. Pero no
s6lo adolescents poetas se contagian de fiebre. Conquista
nada menos que a miembros de la Real Academia, parti-
cularmente a don Juan Valera, critic elegant, gran co-
nocedor de la literature europea, autoridad reverenciada en






Espafia y Am6rica. Ya venia ocupandose, con noble cu-
riosidad, de todo lo que se publicaba por estos paises, y
los grandes diaries y las grandes revistas de la Am6rica
del Sur se disputaban el honor de publicar sus llamadas
"Cartas Americanas", articulos en que daba a conocer en
todo el Ambito de lengua castellana a los escritores de
nuestra America.
Al recibir Azul... el anciano arist6crata lo pone a un
lado, a causa del titulo. Le molesta, piensa que alli tiene
un librillo insignificant, de uno de tantos imitadores de
Victor Hugo como pululan entonces desde Mejico a San-
tiago y Buenos Aires. Victor Hugo habia escrito: "L'Art
c'est 'azur..." Frase ciertamente vacia de sentido, y que
Ruben lenaria de significado. Pero mis tarde vence su
prevenci6n, lo comienza a leer, y ya no lo suelta. Luego
describe su famosa "Carta" en que no solamente consagra
a Dario, sino se consagra 61 mismo como critic avizor,
asociando su nombre para siembre al del gran poeta.
Sus frases, al mismo tiempo son consagratorias y pro-
feticas:
"Todo libro que desde America llega a mis manos ex-
cita mi interns y despierta mi curiosidad; pero ninguno has-*
ta hoy la ha despertado tan viva como el de usted, no bien
comenc6 a leerlo".
"En mi sentir hay en usted una poderosa individua-
lidad ya bien marcada y que... ha de desenvolverse y se-
fialarse mis con el tiempo en obras que sean gloria de las
letras hispanoamericanas".
"Usted no imita a ninguno: ni es usted romintico, ni
naturalista, ni neur6tico, ni decadente, ni simb6lico, ni par-
nasiano. Usted lo ha revuelto todo; lo ha puesto a cocer en
el alambique de su cerebro, y ha sacado de ellos una rara
quintaesencia".
"Resulta de aqui un autor nicaragiiense, que jamAs








sali6 de Nicaragua sino para ir a Chile, y que es tan au-
tor a la moda de Paris, y con tanto chic y distinci6n, que
se adelanta a la moda, y pudiera modificarla e imponerla".
En Santiago al iegar la carta de Valera, creci6 su
fama, y es tratado por unos con una cordial generosidad,
por otros con sombras de pequefiez o envidia. El Presi-
dente de la Repiblica lo invita una vez a almorzar. "Me
coloc6 a su derecha --cuenta Dario- lo cual, para aquel
hombre leno de just orgullo, era la supreme distinci6n".
En el Palacio de la Moneda, el palacio presidential,
pasa veladas enteras consagradas a la tertulia y a la lec-
tura, en compaflia del hijo del Presidente, del joven conde
Fabio Sanminatelli, hijo del Ministro de Italia, y de otros
compafieros de redacci6n, hijos de patricios que no desde-
fiaban las letras, antes las cultivaban.
Pero aquel vivir, con s6lo los fondos econ6micos de su
sueldo de redactor en La Epoca y en el cuartecillo que le
prestaban en los talleres del peri6dico, junto al motor de
las prensas, "un cuarto un poco mis estrecho que esos en
que se guardian los perros bravos en las haciendas", sin
que en 61 hubiese lugar ni para una silla, y por todo ajuar,
aparte la indispensable cama, una maleta vieja remenda-
da y con clavos de cobre, y un lavatorio de hierro... es
la otra cara de su vida santiaguina; tenia que mal comer
para bien vestir y bien aparentar; "vivir de arenques y
cerveza en una casa alemana para poder vestir elegante-
mente, como correspondia a mis amistades aristocrAti-
cas".
Ello lo decide a abandonar Santiago y marcharse a
Valparaiso en-donde, ademis de un sueldo en la redacci6n
de El Heraldo, tendria otra entrada monetaria como em-
pleado de la Aduana. Es decir, mis dinero, y menos com-
promisos soeiales.








Mas lo que parecia buena suerte no lo fue: "Se me
encarg6 --dice Dario- una cr6nica semanal. Escribi la
primera sobre sports. A la cuarta, me Ilamb el director
y me dijo: Usted describe muy bien... Nuestro peri6di-
co necesita otra cosa... Asi es que le ruego no pertene-
cer mks a nuestra redacci6n... Y, por escribir muy bien,
me qued6 sin puesto".
Alicaido, va de un lado a otro en el puerto. Se de-
dica a la bohemia. Le iUegan -naturalmente- moments
de escasez, de verdadera miseria. Esta ya sin apoyo. Vi-
ve a veces en casa de amigos. Sufre lo indecible. Y para
ello no ve otro remedio que la fuga. Partir. Como siem-
pre, partir, y ayudado por los amigos: "Partir, gracias a
don Eduardo de la Barra, Carlos Toribio Robinet, Eduar-
do Poirier, y otros amigos".


DE NUEVO EN CENTROAMERICA

Toma el barco de retorno a Nicaragua. Vuelve lleno
de fama y de pobreza. Pasa algfn tiempo en la casa de
sus primeros afios. Evita ir a Managua. Anda por Chi-
nandega muy dado a la bebida, quiza por encontrar cerra-
dos los horizontes. i Qu6 podria Ilenar su espiritu en aquel
Le6n provinciano, en aquella Chinandega rural, despubs
de no haber sido comprendido en Santiago? ~Qu6 hacer?
Partir. La fuga es otra vez la soluci6n: "Y qui6n sabe en
qu6 hubiera parade todo eso, si por segunda vez amigos
mios, entire ellos el Coronel Ortiz, hoy general y que ha si-
do Vice-Presidente de la Repiblica, no me facturan apre-
suradamente para El Salvaf'or".
Alli busca antiguas amistades y Wstas acuden-como es
de rigor en el ambiente criollo de entonces -al Presiden-
te de la Repfblica. Este es un buen ide6logo que suefia
con la uni6n centroamericana. Y hay que aprovechar la
pluma del glorioso joven. Se fund un cdiario: La Uni6n.








Se imprime en la Imprenta Nacional. Hay un sueldo re-
munerador, y todo lo que el diario produce es para Dario,
nombrado Director. Se rodea de j6venes intelectuales, en-
tre ellos Aquileo Echeverria, "malogrado poeta costarri-
quefio, mozo gentil, que muri6 de tristeza y de miseria al-
go mfs tarde".
Asi para Dario la tristeza de la miseria iba alejin-
dose, pues el diario era un 6xito, y la protecci6n del gober-
nante un verdadero seguro de vida para el present. En-
tre las amistades presidenciales estaba la familiar Contre-
ras: la viuda de un grande y celebre orador hondurefio,
Alvaro Contreras, y sus dos hijas, ya conocidas por Dario
en su infancia, en tierras de Nicaragua. Una de las sefio-
ritas cas6se por entonces con un rico banquero, don Ricar-
do Trigueros. La otra, Rafaelita, bella, inteligente, que
escribia deliciosos cuentos con el seud6nimo de Stella, ini-
ci6 un amoroso idilio con Ruben. "Ello trascendi6 en
aquella reducida sociedad amable. "%Por qu6 no se ca-
sa?" me dijo una vez el Presidente, "Sefior -le contest&--
es lo que pienso hacer en seguida".
Y como el porvenir se auguraba seguro y risuefio, el
impaciente poeta contrajo nupcias civiles el 22 de junio
de 1890. Festej6se el acontecimiento con opiparo almuer-
zo y pr6digas libaciones y fij6se el matrimonio religioso
para el siguiente dia.
Aunque habia gran baile esa noche en casa presiden-
cial, pues se celebraba fiesta national, Dario, cansado, se
retire a su casa, y se entreg6 al suefio.
Muy entrada la noche, entire dormido y despierto, oy6
disparos, tiros de caii6n, y ello no le sorprendi6 pues supu-
so vagamente que todo ello entraba en los festejos mili-
tares.








Muy de maiiana tocaban a su puerta. Era una criada
de su novia. Dijole que en casa estaban alarmadas y de-
seosas de saber noticias de su paradero. Creian que po-
dian haberlo muerto.

Ruben qued6 at6nito. Pregunt6 qu6 habia ocurrido.
Y la sirvienta contest: "Han matado al Presidente: Lo
traicion6 el General Ezeta".
Visti6se ripidamente y en casa de su novia -mejor
dicho de su mujer- se le narr6 una de las mis crueles his-
torias de la political criolla. El General Carlos Ezeta, pro-
tegido del ide6logo Presidente, se habia sublevado. Hubo
un corto combat. La casa presidential -donde se bai-
laba- fue sitiada. El Presidente Men6ndez sali6 al bal-
c6n con dnimo de arengar a las tropas. Pero al oir gritos
de muerte para 61, y vivas al General Ezeta, a quien tra-
taba como hijo, cay6 fulminado por un sincope cardiac.

Dario qued6 consternado. La vil tragedia le llen6 de
espanto. Aquello caia sobre su dulce y tierno coraz6n co-
mo un rayo. Tambi6n su porvenir risuefio y seguro se de-
rribaba como castillo de naipes. ZQu6 hacer? Huir. Irse.
Abandonar su matrimonio a medio hacer. Partir a Gua-
temala.

El General Ezeta quiso retenerlo. Le ofreci6 dejarlo al
frente del diario. Aquello era envolverlo en la traici6n.
Se resisti6. Hubo intent de impedirle la salida, pero in-
timos del nuevo Presidente y amigos suyos tambi6n, arre-
glaron todo. Parti6 por mar, arrojado por el viento de las
ajenas ambiciones.

L-egado a Guatemala fue llamado por el Presidente
Barillas, quien se mostr6 enemigo de Ezeta y le pidi6 da-
tos concretos y detallados de todo. Al terminar la narra-
ci6n le dijo: "Esta bien. Vaya en seguida y escriba eso.








Que aparezca maiiana mismo. Y vase con el Ministro de
Relaciones Exteriores y con el Ministro de Hacienda".
La narraci6n de los hechos funestos fue publicada en
los diaries guatemaltecos con el titulo de "Historia Ne-
gra". Hizo gran impresi6n y fue reproducida por todas
parties, hasta por La Naci6n, de Buenos Aires.
En su conferencia con el Ministro de Relaciones Ex-
teriores y con el Ministro de Hacienda supo que por orden
presidential se le hacia director de un diario semi-oficial
Y a los pocos dias salia el primer nimero de El Correo
de la Tarde.
El diario, mis que politico y de informaci6n, fue lite-
rario. En la redacci6n se juntaban ancianos poetas como
el cubano Jos6 Joaquin Palma, y j6venes, como uno de
"ojos brillantes y cara sensual, dorada de sol del tr6pico",
que se lUamaba Enrique G6mez Carrillo.
Dario hizo vida regularizada, pues sofiaba fundar s6-
lidamente su hogar, y siete meses despu6s de su fuga de
El Salvador, hizo Ilegar a Rafaelita, acompafada de su
madre, para celebrar el matrimonio religioso.
Mas su vida guatemalteca dependia del diario, el dia-
rio, de la voluntad presidential, y un buen dia de tantos
desapareci6 la voluntad y desapareci6 el diario.. 4Qu
hacer? Irse. March6se a San Jos6 de Costa Rica, en don-
de tenia familiares cercanos y pr6ceres la madre de Ra-
faelita. En San Jose pas6 una vida grata, tranquil, de
hogar. Colaboraba en various peri6dicos, leia asiduamen-
te en la Biblioteca Nacional, y al lado de su sefiora madre
political, inclinada a las letras, y de su joven esposa, ella
misma escritora, se deslizaban los dias en la espera del
primog6nito que habia de nacer.
Various poemas que precisaban studio y consultas,
alli fueron escritos. No encontr6 ayuda presidential, pe.








ro si tranquilo ambiente para las letras. Tampoco sobre-
salto alguno por los golpes de cuartel. La sociedad era
tranquila, decididamente civica y amiga de la paz, del or-
den, de la libertad, hasta prudent media. Una oligar-
quia modest educaba al pueblo desde Palacio turnfndose
la Presidencia.
Pero con el nacimiento del hijo y la precaria salud de
Rafaelita la situaci6n econ6mica vino a menos. Se encon-
traba de nuevo ante un camino cerrado por las deficiencies
de un medio social tan poco desarrollado que en su seno
no habia un lugar decent para vivir de la pluma. L Qu6 ha-
cer? Irse. Otra vez irse. Y lo vemos de nuevo rumbo a
Guatemala en espera de hallar algo alli donde no habia en-
contrado mis que la siempre aleatoria protecci6n presi-
dencial.


LA CONSAGRACION EN ESPARA (1892)

Estando alli recibi6 la feliz noticia de que el Presi-
dente de Nicaragua, doctor Roberto Sacasa, lo habia nom-
brado miembro de la Delegaci6n que enviaba Nicaragua
a Espafia con motivo del Cuarto Centenario del Descubri-
miento de America: 1892.
No habia tiempo que perder. Escribe a su esposa la
buena nueva, que pudo no ser muy buena para ella, y toma
un barco para juntarse en Panama con el otro delegado.
Y mientras viajaba hacia la Madre Patria, su esposa,
el tierno nifio y la suegra, iban camino de San Salvador
en busca de la sombra protector de la otra hermana, la
que habia casado con el poderoso banquero.
Espafia recibi6 con los brazos abiertos al gran joven
poeta y diplomAtico. Politicos, literatos, poetas, nobles,
la propia Reina Regente dofia Maria Cristina, le ofrendan
su admiraci6n.








Tambi6n le rodearon escritores americanos que habian
Ilegado como delegados al Centenario, entire ellos Orrego
Luco, uno de sus enconados y satiricos enemigos de Chi-
le. Dario le abri6 sus generosos brazos, y el chileno es-
cribi6, mas tarde: "algunos afos mis tarde volvi a encon-
trarlo en Espafia. Ya era otro hombre. Su indumentaria
elegant, su aire vivo, la mayor posesi6n de si mismo ha-
cian ver el desarrollo de su gran personalidad por nuevos
rumbos..." Y afiadia: "CAnovas daba una gran comida
a los diplomAticos del Centenario. Y asi Ruben Dario, en
otros tiempos desdefiado por muchos... sentado junto a
Cinovas del Castillo, sin atenci6n a las formulas del ce-
remonial, antes que los embajadores y los duques y los
grandes de Espafia, en su calidad de principle de las letras
americanas". En su Autobiografia, Dario hace especiales
recuerdos de Castelar quien, buen gourmet, le hizo comer
unas riquisimas perdices que le habia enviado la Duquesa
de Medinaceli, y de quien dice que "era en ese tiempo, sin
duda alguna, la mis alta figure de Espaia". A Gaspar
Nfiiez de Arce, a don Ram6n de Campoamor, ya muy an-
ciano, quien conservaba la cl6ebre d6cima que publicara en
Santiago, y se la hizo leer. A don Juan Valera, cuya casa
frecuent6, y donde conoci6 various condes y duques gusta-
dores de las bellas artes. A un viejecillo, casi centenario,
que lamaban "la reliquia", poeta contemporineo de Es-
pronceda. A doia Emilia Pardo Bazan, a Cinovas del Cas-
tillo. Y a su antiguo maestro y que tanto imit6 en sus
primeros versos orientales, don Jose Zorrilla. Este en-
cuentro fue para 61 conmovedor:
"Un dia en un hotel que daba a la Puerta del Sol, a
donde habia ido a visitar al glorioso y venerable don Ri-
cardo Palma, entr6 un viejo cuyo rostro no .me era desco-
nocido por fotografias y grabados. Tenia un gran lobani-
Ilo protuberancia a un lado de la cabeza. Su indumen-
taria era modest; pero en los ojos le relampagueaba el
espiritu genial. Sin sentarse habl6 con Palma de varias








cosas. Este me present a 61, y yo me sentia profunda-
mente conmovido. Era don Jose Zorrilla, "el que mat6 a
don Pedro y el que salv6 a don Juan..." Vivia en la po-
breza, mientras sus editors se habian Uenado de millones
con sus obras. Odiaba su famoso Tenorio..."

ARGENTINA. PROSAS PROFANAS

Pero las fiestas habian terminado y era la hora de
regresar. De retorno a Nicaragua, al tocar el barco en
Cartagena, Colombia, sabe que alli se encuentra, en va-
caciones, aquel gran gobernante y poeta que fue don Ra-
fael Nffiez. Va a saludarlo. Lo recibe con gravedad afa-
ble y en corta conversaci6n le resuelve su future econ6-
mico. El prominent hombre le ofrece el Consulado de
Colombia en Buenos Aires. Ya no es president, pero co-
mo si lo fuera. Pediri tal nombramiento nada menos que
a don Miguel Antonio Caro, tambi6n gran poeta, entonces
President de esa rara republica que en vez de desterrar
a sus poetas les da el cetro del Poder.
Con tal respaldo de tales hombres y de tal tierra, va
Rub6n feliz hacia Nicaragua, a cobrar seis meses de pa-
gos rezagados, a llamar a su esposa y a su hijo, y a regre-
sar a la gran urbe argentina, en donde suefia asentar su
gloria y su progenie.

Llega de nuevo a su Le6n natal, y desde ahi gestiona
sus pagos atrasados. No quiere volver a Managua, "por
mis de un motive". Pero pasan los dias y los pagos no
legan. Lo que llega en cambio a destrozar su vida, sus
ensuefios de hombre y de poeta, es la funesta noticia de
la muerte de Rafaelita. Delicada de salud desde el alum-
bramiento del hijo, hubo necesidad de operarla, y no pu-
do sobrevivir.







Recibe unos renglones de ella, en los que le ruega de-
jar al nifio Ruben en manos de su madre, en caso de falle-
cer. Por otra parte su concufiado, el banquero, le describe
que l6 se hace cargo de la educaci6n del infante, y que su
mujer sera una madre para 61. Y asi fue.
Ruben, desolado, se dio de leno a las bebidas alcoh6-
licas, hasta perder el conocimiento. Habia amado much
a aquella frigil, delicada mujer; habia encontrado en ella,
la dulce Stella, moral guia celeste. Habian sido muy bre-
ves los dias de su felicidad conyugal, y la muerte l1egaba,
cruel, cuando el poeta podia ofrecerle, para ella y para et
hijo, el suefio amn no logrado de la seguridad dom6stica.
Mis tarde, en bello poema, preguntaria al lirio qu&
ha sido de su Stella:

Lirio, divino lirio de las Anunciaciones;
lirio, florido principle,
hermano perfumado de las estrellas castas,
tjoyd de los abriles:

ZHas visto acaso el vuelo del alma de mi Stella,
la hermana de Ligeia, por quien mi canto a
veces es tan triste?

Y despu6s, inmediatamente, despu6s de la muerte de
Stella le cae un golpe peor, golpe fatal. Vase a Mana-
gua, siempre en busca de los malditos pagos atrasados.
Se demora various dias, y durante ellos, la "garza morena",
aquella de quien dijo: "nuestro amor, siempre, siempre...
nuestras bodas jamis..." le tiende cita amorosa y lazo
familiar. Le obliga a casarse en acto doloroso de violen-
cia y engaflo. Funesta decision que como negra nube ha
de proyectarse durante toda su existencia.
El poeta reci6n casado -en realidad viudo inconso-
lable- parte con la nueva esposa, pero en Panama le con-







vence de regresar para no juntarse mis con ella. Alli el
generoso y culto gobierno colombiano le da el nombramien-
to prometido, y una fuerte cantidad en d6lares como pa-
gos adelantados.
Se embarca hacia Nueva York y Europa para, desde
alli, tomar rumbo a Buenos Aires.
Los dias del cobro de los pesos nicaragiienses retrasa-
dos le habian traido la desgracia, iy sin necesidad! Ahora
iba solo, amargado de violencia y engaflo, sin su Stella y
:sin su hijo, y con los bolsillos repletos de d6lares tardios.
Al llegar a Nueva York, recordando a Edgard Poe,
aquel poeta maldito a quien se le morian sus amadas, pro-
rrumpiria, en prosa poftica, un canto a su Stella, todavia
.esposa de su coraz6n:

"Por qu6 vino tu imagen a mi memorial, Stella, Alma,
dulce reina mia, tan presto ida para siempre, el dia en que,
despues de recorrer el hirviente Broadway, me puse a leer
los versos de Poe, cuyo nombre de Edgar, armonioso y le-
gendario, encierra tan vaga y triste poesia, y he visto des-
filar la procesi6n de sus castas enamoradas a trav6s del
polvo de plata de un mistico ensuefio? Es porque tui eres
hermana de las liliales virgenes cantadas en brumosa len-
gua inglesa por el sofiador infeliz, principle de los poetas
malditos. T-i como ellas eres llama del infinite amor.
Frente al balc6n, vestido de rosas blancas, por donde en el
paraiso asoma tu faz de generosos y profundos ojos, pasan
tus hermanas y te saludan con una sonrisa, en la maravi-
lla de tu virtud, ioh mi angel consolador!, ioh mi espo-
sa!... Leonora... Ulalume... Annabel Lee... Ligeia...
Ellas son, cAndido coro de ideales ocednidas, quienes con-
suelan y enjugan la frente al lirico Prometeo amarrado a
la montafia Yankee... Asi ti para mi. En medio de los
martirios de la vida me refrescas y alientas con el aire de
tus alas, porque si partiste en tu forma humana al viaje







sin retorno, siento la venida de tu ser inmortal, cuando
las fuerzas me faltan o cuando el dolor tiende hacia mi el
negro arco. Entonces, Alma, Stella, oigo sonar cerca de
mi el oro invisible de tu escudo arcangl6ico!"
Para huir de "los grandes dolores y cuidados peque-
fios" esta vez iba bien protegido: un gran consulado, y
"unos cuantos largos y prometedores rollos de brillantes
y aureas aguilas americanas de veinte d6lares". Asi Ile-
g6 por primera vez al Paris de sus ensuefios de nifio y
adolescent. Anduvo -guiado por G6mez Carrillo- en-
tre bohemios, poetas y artists. Ahogando su pena en fM-
ciles y mercenaries amores. Leyendo avidamente toda
la nueva literature de Francia, y todo lo que se traducia
del mundo en Paris. Trab6 amistad, muy ligera, con al-
gunos grandes escritores franceses. Amistad ligera. "He
sido poco aficionado -dice- a tratarme con esos chores
maitres franceses, pues algunos que he entrevistado me
han parecido insoportables de pose y terrible de ignoran-
cia de todo lo extranjero, principalmente en lo referente a
intelectualidad".
Pero el vagabundeo, el fMcil amor, fueron mermando
las aureas Aguilas, y esta merma alarmante le hizo acor-
darse de su consulado. Parti6 a Buenos Aires.
Como en Madrid, fue acogido allf por ancianos y j6-
venes. En la redacci6n de La Naci6n, El Tiempo; en ca-
f6s, en tertulias, van naciendo prosas y versos. Public
Los Raros, y public Prosas Profanas. Estos libros pro-
vocan entire los j6venes americanos y espafioles -poetas
y literatos-- una exaltaci6n fanitica por renovar la poe-
sia y la lengua castellana. Una ardiente curiosidad por
todas las literaturas presents y antiguas. En un aire al
mismo tiempo de polemica y creaci6n van surgiendo, en
America y Espaiia, los nuevos nombres y las nuevas obras,
que luego seran c6lebres: Lugones, Chocano, Nervo, Blan-
co Fombona... en America; Valle Inclan, los dos Macha-







do, Jimenez, Villaespesa, Carrbre, en Espafia. Y Dario
era el adalid, el caudillo indiscutido y amado aquende y
allende el mar.
Sin embargo, en medio de esa euforia, surgeon critics.
Rod6, al comentar Prosas Profanas, dice que Dario no es el
poeta de America. Sus j6venes seguidores tampoco lo son.
Ya Valera, al comentar Azul..., decia: "No puedo exi-
gir de usted que sea nicaragiiense, porque ni hay ni puede
haber adn historic literaria, escuela y tradiciones litera-
rias en Nicaragua. Ni puedo exigir de usted que sea lite-
rariamente espafiol, pues ya no lo es politicamente..." y
agregaba con final perspicacia: "es fuerza dar a usted ala-
banzas a manos lenas... porque el lenguaje persiste es-
pafiol, legitimo y de buena ley, y porque si no tiene usted
caricter national, si posee caricter individual... podero-
sa individualidad de escritor".
Y asi era por el moment. Asi era para todo. No
habia llegado la ocasi6n hist6rica, decisive, en que las nue-
vas y renovadas voces, tuviesen resonancia y significa-
ciones colectivas.


EUROPA: MADRID. PARIS

Mas pronto lleg6 la coyuntura: la guerra hispano-yan-
ky. La derrota espafiola fue sentida en America y Espa-
fia como derrota de todos los de habla castellana. Se des-
cubri6 en la desgracia, que aunque politicamente separa-
dos, habia una comunidad spiritual. Que existia ante la
mancomunidad de pueblos de habla inglesa, una manco-
munidad de habla hispana.
"Acababa de pasar -relata Dario-- la terrible gue-
rra de Espafia y Estados Unidos. Julio Piquet me infor-
m6 de que La Naci6n deseaba enviar un redactor a Espa-
fia para que escribiese sobre la situaci6n en que habia que-

32








dado la Madre Patria. "Estamos pensando en qui6n pue-
de ir", me dijo. Le contest inmediatamente: ;Yo!...
Dos dias despu6s iba yo navegando con rumbo a Espafia.
Era el 3 de diciembre de 1898".

Dario -;cosa rara!- design la fecha. Hizo bien.
Bien lo presinti6. Era fecha decisive. Generaci6n del 98
se Ilamaria en la Historia Literaria Castellana la que tu-
vo por caudillo a Dario.

Ruben encontr6 una Espaia sangrante: "He busca-
do -escribe- en el horizonte las cimas que dejara no ha
much tiempo, en todas las manifestaciones del alma na-
cional: Cinovas, muerto; Zorrilla, muerto; Castelar, des-
ilusionado y enfermo; Valera, ciego; Campoamor, mudo;
Men6ndez Pelayo... No esti por cierto, Espafia para lite-
raturas, amputada, doliente, vencida..."

Aun los j6venes, los que seguian sus banderas litera-
rias renovadoras, estaban divididos en dos grupos: los
que se daban al arte por el arte, y los que se dedicaban a
denostar la derrota y a demostrar como causa de ella a
las tradiciones, y aim el propio ser espaflol, con negro y
agresivo pesimismo.

Dario, al s6lo legar se muestra optimista, optimist
ante un pueblo estoico y sano que sigue cantando y, a pesar
de todo, sigue imperterrito su vida. Y ante los escritores
y poetas politico-elegiacos los que han sido llamados des-
pues anti-modernistas, si6ndolo, no hace sino alentar, con
aliento solar, oc6anico, americano. No los atac6 porque
Dario fue siempre hombre de pro y no de contra. A su
mis empecinado critic, Unamuno, lo elogi6. Y precisa-
mente cuando toda Espaia le negaba el don po6tico, 61 lo
juzga gran poeta, tal vez mis grande poeta que otra cosa.








Coment6 con benevolencia los empefios didacticos de Gi-
ner de los Rios. S61o que 61 guardaba la esperanza en la
Caja de Pandora, invitaba a renovar, no a destruir, a no
apedrear las ruinas ilustres que fueron antailo su triunfo,
a no levantar contra los pr6ceres antiguos la tea, ni con-
tra ellos mismos la daga suicide.

No, no se lanz6 contra ellos, los comprendi6, pero les
mostr6 lo que "fuera antafio su triunfo". Para los medio-
cres tuvo desd6n silencioso. Y cuando uno de los mis re-
presentativos pesimistas del noventiocho, Ganivet, se sui-
cid6, arrojAndose al Neva, qu6 poeta del 98 ilusorio y
falso le cant6; se doli6 liricamente de su muerte baldia?
Fue Dario, con elegia que es, en parte, una de las mas hon-
das y mis nobles en cualquier lengua:

Hidalgo, esta oraci6n viene del dlma mia.
Por raz6n, por verdad y porque de tu fria
memorial se ha acercado d mi mrs de un suspiro
mi coraz6n exprimo asi: porque te admiro,
y te amo, y te digo que Shakespeare te satuda,
y ante el rio siniestro estd mi alma desnuda.
Veo el rio
negro y frio,
y ante tu cuerpo que se hunde
y mi raz6n que se confunde
hay un estremecimiento
en el cielo, en la tierra y en el viento.
Y mi alma que tiembla dice a todas las cosas:
-Ese era un gran caballero centre las rosas
de fragantes alientos;
despertaba libelulas, cazaba mariposas,
y tornaba a ser fuerte hombre de pensamientos.








iOh, Dios, en quien 6l no creia!
He comprendido, oh Dios, que cuando sueio
me da& el dgua de la sed,
el pan del hambre en el mundo pequeio
y en el dolor tu divina merged:
ique juntas grandeza y cariio!
Aquella inmensa alma de niHo
mordida por los vientos de la adverse fortune,
que se lanz6 en las sombras, enferma de la nada,
enconth6 en tu justicia una celeste cuna
y tu Misericordia 'e dio duke almohada.
Y tu spirit puro, desde el crystal del rio,
lleno de brumas y visions,
ascendi6 a la Verdcd, pdstumo amigo mio,
con el ascendimiento de las constelaciones.

Entonces, se perfil6 mis firme su personalidad ava-
salladora de caudillo po6tico, y ante la desesperanza y la
muerte, van naciendo, uno a uno, sus Cantos de Vida y Es-
peranza. Surgen los cantos que fijan su condici6n geopo-
litica: no serA el poeta de America, seri el poeta ecum6-
nico de todas las Espaiias. Seri la voz que clama por to-
dos los pueblos de habla hispana.
Cuando los j6venes espafioles ven todo future muer-
to, 41 canta "que llega el moment en que habrin de can-
tar nuevos himnos lenguas de gloria", que "retrocede el ol-
vido y retrocede engafiada la muerte".
Cuando escritores advierten que "hay que echarle sie-
te laves al sepulcro de el Cid", 61 sostiene todo lo contra-
rio: evoca "los manes heroicos de los primitivos abuelos";
"los dones, pret6ritos que fueron antafio su triunfo"; y
abomina de "las manos que apedrean las ruinas ilustres".
Canta su fe en Espafia: "No es Babilonia ni Ninive ente-
rrada en olvido y en polvo, ni entire momias y piedras rei-
na que habitat el sepulcro, la naci6n generosa coronada de
orgullo inmarchito"... y tambi6n su fe en "el coro de vis-








tagos altos, robustos y fuertes" que estin "tras los mares
en que yace sepulta la AtlAntida..."
Asi comienza la cantera de poemas civicos con los
que diri al mundo la fe optimista, las angustias y la pro-
testa de su America, la que culmina con la Oda a Roose-
velt y el polif6nico Canto a la Argentina.
Y todos lo siguieron: Unamuno, que habia escrito un
articulo titulado "Muera el Quijote", se torn en el mis
fervoroso quijotista, y los que apedreaban "las ruinas ilus-
tres", comenzaron a cantar esas ruinas, y en verso y pro-
sa dieron nueva vida a poetas, monarcas, heroes, a to-
dos los que eran dechados de aquellos "dones pret6ritos
que fueron antafo su triunfo".
Por esa 6poca, precozmente apaciguado el fuego y la
ebullici6n de la juventud, entrado en la edad reflexiva y
profunda de la madurez, abandon los temas sensuales y
sensoriales, y pensamientos graves, y hondos sentimien-
tos dan nuevo y perdurable tinte a su poesia.
Algunos se quejan de que haya olvidado sus ninfas, y
cisnes y princess, canciones funambulescas de carnaval y
boudoirs, temas ineditos en castellano y que tantos taie-
dores tuvieron por entonces:
El contest:
La vida es dura. Amarga y pesa.
iYa no hay princess que canter!
Y mis explicitamente:
Yo s6 que hay quienes dicen ipor qud no cantd ahora
con aquella locura armoniosa de antafio?
Esos no ven la obra profunda de la hora,
la labor del minute y el prodigio del afio.
Yo, buen drbol, produje al amor de la brisa,
cuando empece a crecer, un vago y dulce son.
Pasd ya el tiempo de la juvenile sonrisa:
idejad al huracdn mote mi coraz6n!

36







Y mientras pasan los afios y van cayendo en dorada
cosecha los versos que formarin sus dos poemarios de la
madurez: Cantos de Vida y Esperanza y El Canto Erran-
te, vive de sus colaboraciones a La Naci6n: cr6nicas de
viajes, critics literarias, ardua y sostenida labor de nu-
merosos voldmenes que desmiente la leyenda de su peren-
ne ebriedad y negligencia.
Vargas Vila, testigo de su vida por esos afios, afir-
ma: "Vivia de sus correspondencias a La Naci6n; con de-
coro, con dignidad, con seriedad. Dario no fue nunca --o
al menos cuando yo lo conoci- el bohemio professional
que muchos se gozan en pintar. Era atento, ceremonioso,
hospitalario; tuvo siempre su casa abierta, y su mesa ser-
vida para sus amigos; si hubiera sido adinerado, habria
sido el mAs espl6ndido de los anfitriones".
Refiriendose a las injustas e hirientes critics, el pro-
pio Ruben, en la Epistola a Madame Lugones dice:

Si, lo confieso: soy inttil. No trabajo
por arrancar a otro su pitanza; no bajo
a hacer la vida s6rdida de ciertos previsores.
Yo no ahorro ni en seda, ni en champafia, ni en flores,
no combino sutiles pequefieces, ni quiero
quitarle de la boca su pan al compafiero.
.............. ........... ............



No conozoo el valor del oro... .Saben esos
que tal dicen to amargo del jugo de mis sesos,
del sudor de mi alma, de mi sangre y mi tinta,
del pensamiento en obra y de la idea encinta?
SHe nacido yo acaso hijo de millonario?
SHe tenido yo Cirneo en mi Calvario








Hizo de Paris su centro de vida, pero para llenar sus
deberes de cronista, y por placer, viaj6 con frecuencia:
B6lgica, Alemania, Austria, Hungria, Italia, Inglaterra,
vi6ronle de peregrino sofiador, buscando sensaciones que
gozar y luego trasmitir a sus lectores del Plata.
S61o dos veces viaj6 por entonces a la America: a Rio
de Janeiro y Buenos Aires, como delegado a la c6lebre con-
ferencia Panamericana, en ocasi6n en que escribi6 su muy
discutida Salutaci6n al Aguila... y a Nicaragua, en busca
de recuerdos familiares y de un nombramiento diploma-
tico, que al fin obtuvo: Ministro de Nicaragua en Espafia
(1907).
Respecto a ese viaje dice simplemente en su Autobio-
grafia: "Hacia cerca de dieciocho aiios que yo no habia ido
a mi pais natal. Como para hacerme olvidar antiguas
ignorancias e indiferencias fui recibido como ningin pro-
feta lo ha sido en su tierra. El entusiasmo popular fue
muy grande. Estuve como hu6sped de honor del Gobier-
no durante toda mi permanencia".
Pero estaba escrito que nunca el Gobierno nicaragiien-
se lo trataria siquiera con decoro.
Llegado a Madrid, presentadas sus credenciales, cono-
cida por 61 la familiar real, lo que much complaci6le, vinie-
ron los dias negros de los eternos sueldos rezagados. La
confesi6n es avergonzante: "A todo esto, el Presidente Ze-
laya, preocupado con sus political, se acordaba tanto de su
Legaci6n en Espafia como un calamar de una miquina de
escribir... En fin: para no tener que hacer las de cierto
Ministro turco, a quien los acreedores sitiaban en su casa,
traslad6 mi residencia a Paris, en donde no tenia que apa-
rentar, ni gastar nada diplomiticamente".
Al poco tiempo caia Zelaya y depositaba el poder en el
doctor Madriz. Este nombr6 a Dario, Ministro Extraor-
dinario en M6jico con motivo del centenario de su Inde-







pendencia. Parte de Espafia pero antes de l1egar, cae el
President Madriz por una revoluci6n. De La Habana
cablegrafia al nuevo gobierno pidiendo instrucciones. Ni
siquiera le contestan. Sin embargo sigue para M6jico.
En Veracruz le dan a entender que consideran su nombra-
miento cancelado. Hay grandes manifestaciones popula-
res en su honor, pero de ahi no se pasa. Torna a La Habana.
Pasa alli dos meses negros, desconectado de La Naci6n y
sin sueldo de Nicaragua. Puede, al fin, pagar crecidos gas-
tos y regresar a Paris, gracias a la ayuda de varies amigos,
especialmente del General Bernardo Reyes, que le envi6
por cable, desde Paris, un giro suficiente.

Asi lo tenemos de nuevo en Paris. Dejindose llevar
de la mano por "los distinguidos negociantes sefiores Gui-
do", funda la c6lebre revista Mundial. Colaborar en ella
es el supremo 6xito literario. Sufre todas las exigencias
de la propaganda: banquetes, viajes, entrevistas, elecci6n
de Principe de la Poesia Castellana.
Esa es -por hoy- su vida pfiblica. LLa privada? En
su Autobiografia deja caer esta pequefa confidencia: "En
lo intimo de mi casa parisiense me sonrie infantilmente un
rapaz que se me parece, y a quien yo Ilamo Giicho..."
Es Ruben Dario Sanchez. Lo ha tenido con Francisca
Sinchez, apuesta joven espafiola, sencilla, sin letras, de ori-
gen campesino, "alma sororal y oscura... y tan blanca".
Es el lazarillo de Dios en su sendero. Le dedicaria versos
que nunca publicara en libros. Le habia dado dos hijos
mis, muertos en la infancia: una nifia y un nifio, a quien
nombraron Phocks...


RETORNO DEFINITIVE A LA PATRIA

Es 1912. Pasan dos afios. La guerra es inminente.
Aquella guerra que el vate vaticin6 desde 1893 a su cara
Lutecia: "En locas faunalias no sientes el viento que arre-







cia, el viento que arrecia del lado del f6rreo Berlin..." "Hay
algo que viene como una invasion aquilina"... "Y vese a lo
lejos la gloria de un casco imperial..."
El vate veia desde muy lejos, y ahora saldria fugi-
tivo, huyendo de la invasion aquilina, hacia Espaiia.

En quinta cerca de Barcelona, discurre vida dombstica
con su Francisca y su Giiicho. Pareciera que la dicha ca-
sera -tan sofiada por 61- al fin le sonriera. Pero en medio
de esa paz dulcemente burguesa su oido escucha los pa-
sos de la muerte. Canta su dicha pensando en el viaje
bacia "la fuente de noche y olvido":

Seguramente Dios te ha conducido
para regar e drbol de mi fe;
hacia la fuentq de noche y olvido,
Francisca Sdnchez, acompafiam....

Su organism venia siendo minado lentamente: era
muy vigoroso. Pero de pronto las resistencias se demoro-
naron. Sin embargo, asi enfermo, lo convencen de hacer
una jira por Am6rica, desde Nueva York a Buenos Aires,
en predicas de paz.
En realidad finge que se deja convencer. El sabe para
d6nde va. i 16mez Carrillo le describe: "Voy en busca del
cementerio de mi tierra natal".
Va enfermo y zarandeado por La Habana, Nueva
York, Guatemala. Rodeado siempre de un cortejo de admi-
radores, de poetas e improbables poetas.
Por fin llega a su patria. Nicaragua lo recibe con
ruidosos agasajos. Agasajos y ruidos vanos para hombre
que se sabe morir.
En su viejo Le6n de la infancia, la ciudad colonial de
aparecidos y difuntos, 61 sabe que pronto sera uno de ellos.








Se deja hacer de los medicos, pero piensa en arreglar
sus cuentas con la Iglesia. Se confiesa, recibe el santo vii-
tico, no suelta un crucifijo de marfil que le donara Amado
Nervo. Recita mentalmente sus filtimos versos:

Desde que soy, desde que existo,
mi pobre alma armonias vierte.
Como la de mi Sefior Jesucristo
mi alma estd triste hasta la muerte.

Fallece, tras larga agonia, el 6 de febrero de 1916. Hay
en el pueblo un duelo hondo y sincere. Las muchedumbres
se agolpan alrededor de su f6retro. El Presidente, proto-
coIario, decreta honors de Ministro de Ia Guerra. El Obis-
po, honors de Principe de la Iglesia. Una semana enter
duran los funerales.
En todas las naciones de la comunidad de habla his-
pana hay tambien duelo. Articulos y poemas de los mis
.grandes escritores cubren las piginas de diaries y revistas.
En Espafia, el grande y alto poeta Antonio Machado
vuelca en cortos versos el sentir de "todas las Espafias".

Que en esta lengua madre tu clara historic quede.
iCorazones de todas las Espafas, llorad!
Ruben Dario ha muerto en Castilla del Oro:
esta nueva nos vino atravesando el mar.

Pongamos, espaiioles, en un severe mdrmol,
su nombre, -flauta y lira-, y una inscripci6n no mds;
inadie esta lira tafia si no es el mismo Apolo,
nadie esta flauta suene si no es el mismo Pan!

RENOVADOR DE LA POESIA ESPAROLA

Desde entonces, poemas, estudios, libros, aparecen,
afo con aiio,-en Espaiia, en las Am6ricas. Es traducido a








las lenguas cultas. Su gloria -como las aut6nticas- crece
con el tiempo. Es ya un clsico en todas las latitudes y
literaturas, porque no s61o escribi6 inmortales poemas, sik
no transform la lengua de Cervantes, enriqueciendola4
ductilizindola, desolemnizindola.
Asi lo reconocieron incluso escritores que en los co-
mienzos del Modernismo habianlo atacado con particular
encono, sobre todo por lo que llamaron "su francesismo".
Pero muchos de ellos andando el tiempo, reconocieron la
extension y la hondura de la obra de Dario en verso y pro-
sa y se rindieron a la realidad. Asi, el gran critic espaio4
Julio Cejador y Frauca, en su monumental Historia de la
Literature Castellana describe lo siguiente: "merced q.
aquel movimiento extraordinario de los sentimientos arr
tisticos, muchos j6venes despertaron a la vida del arte, la
sensibilidad est6tica se afin6, se generalize el ansia de lo
bello artistic, el arte se levant del fango naturalista en
que yacia y tom6 vuelos mis ideales y po4ticos; el tint&
grotesco de la literature bastante chabacana a la saz6zu
desapareci6, tomando su lugar la delicadeza; a lo chill6n,
sustituy6 el matiz; a la ordinariez, lo exquisite; a lo vul-
garote, lo aristocrAtico; a lo comun y adocenado, lo ele-
gante y selecto.
El mismo Julio Cejador, sefiala lo que algunos cri-
ticos, por cierto pocos, especialmente poetas, no aciertan.
todavia a comprender. Cejador y Frauca describe asi la
naturaleza del Modernismo y da a Dario su innegable pa-
pel de caudillo portico tanto en America como en Espa-
ia. Dice asi:
"Los postreros aiios del siglo XIX y primeros del XX
fueron una 6poca de renovaci6n artistic y de hervor este-
tico, como no se habia conocido despubs de la romantica.
Ruben Dario era, sin duda, un gran poeta. Sinti6ronlo asi,
primero los j6venes americanos, luego los poetas j6venes
de Espaia y hasta los que no eran ni poetas ni j6venes









aquende y allende el mar. Las vibraciones de su lira se
comunicaron al viejo y nuevo continent y una desusada
ondulaci6n est6tica recorri6 las tierras todas de habla cas-
tellana. Dij6rase que el dios Apolo habia bajado y dado
al mundo una nueva y mis exquisite sensibilidad. Ello
respiribase con el aire. Los nervios parecian estar en
continue vibraci6n. La atm6sfera aquella sentiase fuer-
temente cargada de poesia. Y quien la habia traido era
Ruben Dario. Fue un verdadero maestro: 61 trajo la nue-
va sensibilidad, 61 fue el Apolo verdadero de aquella 6po-
ca. Esa es su gloria innegable".
Ha pasado ya el tiempo: los flecheros y honderos, tu-
vieron mala suerte, como tenian que tenerla: "la piedra
de la honda fuese a la onda, y la flecha del odio fuese al
viento". Y hoy para todos aquellos a quienes Dios hizo
el regalo natal de la lengua castellana, su gloria adquiere
un calor intimo, familiar. El preside los hogares de nues-
tros poetas, 61, que nunca pudo tener hogar. Y todos po-
driamos firmar los entrafiables versos -de 1928- del
poeta argentino Fernidez Moreno:


COLGANDO EN CASA
UN RETRATO DE RUBEN DARIO

Aqui nos tienes, Dario,
reunidos a todos; mira:
6sta es mi mujer, Palmira,
morena como un estio.
Este, el hijo en quien confio
que dilate mi memorial;
y estd mi nfia y mi gloria
tan pequefa y delicada,
que de ella no digo nada...
Cuatro meses es su historic.









El moment de yantar
desde hoy has de presidir,
y hasta el lorar y el Mer
y la hora de trabajcr.
Desde ahi contempla el hogar
que no gozaste en el mundo,
mientras yo, meditabundo,
cuando mire tu retrato,
te envidiar6 largo rato,
triste, genial, errabundo.

















INDICE

Pdge-
Infancia ... ............ ....... 5
Versos y lectures iniciales .............. 9
Primeras salidas: Managua. El Salvador ........ 14
La "mayor deslusi6n" .................. 16
Chile: AZUL .................. ...... 18
De nuevo en Centroamerica .............. 22
La consagraci6n en Espafia (1892) ...... .... .26
Argentina: PROSAS PROFANAS .......... .... 28
Europa: Madrid. Paris .................... 32
Retorno definitive a la Patria. ............... 39
Renovador de la poesia espai~ola .. .. .......... 41

























Bajo los auspicios del Excelentisimo Sefior
President de la Repfiblica, Doctor Rend
Schick, se termin6 de imprimir esta segunda
edici6n del I Volumen de la Colecci6n En-
sayos, de las Ediciones "Cuadernos Daria-
nos" publicadas por la Secretaria de la Pre-
sidencia, el dia 5 de Febrero de mil nove-
cientos sesenta y cinco, en los Talleres Na-
cionales de Managua, Nicaragua, Centro-
amdrica. Se tiraron 10.000 ejemplares.

Cuid6 de la edici6n Manuel Eugarrios Ve-
lasquez.




















































































Taller Nacionales, Managua, D. N., Nicaagua.




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