• TABLE OF CONTENTS
HIDE
 Front Cover
 Front Matter
 Half Title
 Title Page
 Por lo real a lo ideal
 America, una en alma e intento
 La illusion de un mundo mejor
 America, equilibrio del mundo
 Back Cover






Group Title: Colección Ensayos
Title: Martí y la utopía de américa
CITATION THUMBNAILS PAGE IMAGE ZOOMABLE
Full Citation
STANDARD VIEW MARC VIEW
Permanent Link: http://ufdc.ufl.edu/UF00078389/00001
 Material Information
Title: Martí y la utopía de américa
Series Title: Colección Ensayos
Physical Description: 46 p. : ; 17 cm.
Language: Spanish
Creator: Lizaso, Félix, 1891-
Publisher: Ucar, García y cía
Place of Publication: La Habana
Publication Date: 1942
 Subjects
Subject: Politica Internacional   ( larpcal )
Civilization -- America   ( lcsh )
Discursos, ensayos, conferencias -- América
Genre: non-fiction   ( marcgt )
Spatial Coverage: Cuba
 Notes
Statement of Responsibility: Félix Lizaso.
 Record Information
Bibliographic ID: UF00078389
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: ltuf - ADK5036
oclc - 42361244
alephbibnum - 000664692
lccn - 42024684

Table of Contents
    Front Cover
        Front Cover 1
        Front Cover 2
    Front Matter
        Page 1
        Page 2
    Half Title
        Page 3
        Page 4
    Title Page
        Page 5
        Page 6
    Por lo real a lo ideal
        Page 7
        Page 8
        Page 9
        Page 10
        Page 11
        Page 12
        Page 13
        Page 14
    America, una en alma e intento
        Page 15
        Page 16
        Page 17
        Page 18
        Page 19
        Page 20
        Page 21
        Page 22
        Page 23
        Page 24
        Page 25
        Page 26
        Page 27
        Page 28
    La illusion de un mundo mejor
        Page 29
        Page 30
        Page 31
        Page 32
        Page 33
        Page 34
        Page 35
        Page 36
        Page 37
        Page 38
        Page 39
    America, equilibrio del mundo
        Page 40
        Page 41
        Page 42
        Page 43
        Page 44
        Page 45
        Page 46
    Back Cover
        Page 47
        Page 48
Full Text



FELIX LIZASO


MARTI
LA UTOPA DE A CA
LA UTOPIA DE AMERICA


COLECCION ENSAYOS
LA HABANA
1942


-%782Z














UNIVERSITY

OF FLORIDA

LIBRARIES


THIS VO t.. M S BEEN
NICROF:
BY THE U. TY OF
FLORIDA LIBRARIES. *


__
I


I







"1


~6?-2c 22 zru


4a5 !4




I/


A-










MARTI Y LA UTOPIA DE AMERICA













DEL AUTOR


LA POESIA MODERN EN CUBA (1882-1925). En colabo.
racion. Libreria y casa editorial Hernando S. A.
Madrid, 1928.
EPISTOLARIO DE JOSE MARTi. Arregldo cronoldgicamente,
con introduccidn y notes. 3 volfumenes. "Colecci6n
de Libros Cubanos", Cultural, S. A. La Habana 1930.
ARTICULOS DESCONOCIDOS DE JOSE MARTi. La Habana,
1930.
BIOGRAFiA. Imprenta Molina y Cia. La Habana, 1933.
NUEVO CONCEPT DE LA BIOGRAFiA. "Cuadernos de la
Universidad del Aire", La Habana, 1933.
EL CRIOLLISMO LITERARIO. "Cuadernos de la Universidad
del Aire", La Habana, 1933.
ACTITUDES FILOS6FICAS EN ESPARA Y EN HISPANO-AMEi
RICA. "Cuadernos de la Universidad del Aire", La
Habana, 1933.
MENDIVE, MAESTRO DE MARTi. Conferencia en lI series
Habaneros Ilustres, organizada por el Historiador de
La Habana, 1937
ENSAYISTAS CONTEMPORANEOS. (1900-1920). Editorial Tr6.
pico, La Habana, 1938.
PAS16N DE MARTi. Imprenta Ucar, Garcia y Cia., La
Habana, 1938.
MARTi, MISTICO DEL DESER. Coleccion "Biogr4fia his-
t6ricas y novelescas". Editorial Losada, S. A. Buenos
Aires, 1940.








FELIX LIZASO


MARTI

LA TOPA DE AMCA
LA UTOPIA DE AMERICA


COLECCION ENSAYOS
LA HABANA
1942








M3 78Qj
1AUjN mmv4.'.-o


AUTOGRAPHED








Copyright
Es propiedad del autor, que se
reserve todos los derechos.


Impreso en Cuba por OCAR, GARCIA Y CfA. La Habana.
















POR LO REAL A LO IDEAL

Cuantos han penetrado en el studio del
pensamiento de Marti le han sefialado una
dualidad no s6lo de m6todos sino tambien
de inspiraci6n: idealismo y realismo, sen-
tido practice y concepci6n trascendente, lo
material y lo spiritual, conciliados en una
concepci6n de apretada sintesis. Y acaso
nadie con tanto acierto como Jorge Ma-
fiach, cuando en una inolvidable conferen-
cia nos mostr6 que sus palabras favorites,
ala y raiz, "representan los dos simbolos
de la dualidad ideol6gica de Marti: su
idealismo filos6fico y moral y su realismo
cultural y politico".









MARTI Y LA UTOPIA DE AMERICA

iC6mo entendemos esa aparente oposi-
ci6n de criterios?
Para nosotros no tiene dudas que Marti
es un espiritu dirigido esencialmente a lo
trascendente, un idealista que ha concebido
un reino superior, pero que sabe que
no es el que lo circunda. Quisiera trasmu-
tarlo todo en esencias para ese mundo ideal,
pero se sabe limitado por urgencias a las
que ha de consagrarse si es que el hombre
no ha de pensar en si, mientras otros nece-
sitan la mano que ha de ayudarlos a ele-
varse. Ya hemos recordado alguna vez al
boletinista de la Revista Universal: tenia
a su cuidado el comentario de la vida me-
xicana y cumplia como hijo amoroso ese
menester en que se iniciaba su vida de pe-
riodista. Pero, sin quererlo, el pensamiento
se le iba a mas altos pianos, y muchas ve-
ces lo hallamos, en esas piginas consagra-










MARTI Y LA UTOPIA DE AMERICA

das a la cotidianidad, escalando las altas
cimas de su idealismo. Entonces comprende
que ha subido demasiado, y pide perd6n
a sus lectores por esa propensi6n suya a
irse a las cosas graves.
Es decir: Marti, que estai dotado de mo-
do singular para las altas especulaciones del
pensamiento, se consagra voluntaria y pri-
mordialmente a una tarea de servicio inme-
diato, ya sea la de sefialar a los hombres
americanos sus mejores modos de arraigar
en el propio suelo y convertirlo en el ma-
nantial de su felicidad por obra del tra-
bajo y la educaci6n, ya la de completar, con
la independencia de una parte aun esclava,
la libertad de toda nuestra America.
Esa consagraci6n a las tareas urgentes y
primeras no le impide lanzarse a mas re-
motas concepciones; pero siempre con la
vista puesta sobre el destiny del hombre,










MARTI Y LA UTOPIA DE AMERICA

y los modos de lograr su redenci6n y su
ventura, aunque tambien nos dejara cons-
tancia de su fe en una vida superior y pos-
terior, tras el transito terreno.
Vale decir que Marti por lo real va a lo
ideal. Su idealismo no es una vaguedad,
una mera ilusi6n, sino un fin ultimo, un
mundo superior y supremo. Pero solo ven-
ciendo las realidades con la aplicaci6n de
los metodos reales que tenemos a nuestro
alcance, podemos llegar a las iltimas con-
quistas. No creia que de la contemplaci6n
podria llegarse, como meros aspiradores, a
formas mejores de vida. Bien lo vemos en
sus ideas sobre la political cubana, cuando
1l propugnaba la Anica manera prictica de
vencer la resistencia impuesta por un go-
bierno colonial que se aferraba a nuestro
suelo y no nos dejaria vida propia mien-
tras no pudiframos arrancarnoslo con nues-










MARTI Y LA UTOPIA DE AMERICA

tro esfuerzo. Se alz6 contra los esperanza-
dos en cambios traidos por el tiempo y
predic6 la guerra necesaria, una guerra sin
odio y sin rencor, no contra el espafiol, que
si era amante de la libertad lo consideraba
como cubano, sino contra el dominio ejer-
cido tiranicamente sobre nuestro territorio
y nuestra vida, para su provecho, por un
gobierno distant que nos esclavizaba. El
tiempo y los hechos le dieron la raz6n,
aunque haya todavia rezagados que pien-
sen que por otros medios habriamos lie-
gado mejor a la Repuiblica. Por lo pronto,
hubieramos Ilegado much mas tarde y no
mejor preparados, y los signos de los tiem-
pos hacen entrever que seriamos todavia
colonia. Gracias a Marti nos adelantamos
y podemos hoy sentirnos duefios de nues-
tros destinos, aunque no siempre sepamos
conducirnos con aquel absolute desinteres










MARTt Y LA UTOPIA DE AMERICA

que fue norma de su vida, y que sabia que
era el camino seguro de la grandeza. Si no
estamos a mayor altura, culpa es de quienes
han dirigido el rumbo de nuestra vida re-
publicana.
Fue el propio Marti quien a prop6sito
de aquel espiritu luminoso que se llam6
Luz y Caballero, conocedor profundo de la
filosofia y hombre que comprendi6 la cul-
tura de su tiempo, explicaba c6mo habia
quedado tan poco de su saber en libros pa-
ra la posteridad, porque se habia aplicado
antes a crear hombres que a producer obras.
Las luces que posey6 Luz y Caballero pu-
dieron iluminar con resplandor propio todo
el pensamiento americano de su tiempo y
aun alcanzar mis distantes zonas. Pero
comprendi6 la realidad que le rodeaba,
comprendi6 que era preferible preparar
hombres que escribir libros. Y los hom-


12










MARTI Y LA UTOPIA DE AMERICA

bres que prepare fueron los que ilumina-
ron despues el camino primero de la li-
bertad. Asi Marti, que zoma en su mano
aquella antorcha y antes abre caminos para
que el hombre se encuentre a si mismo y
halle su reino, que se repliega y ensimisma
para crear su obra de elegido. Y, sin em-
bargo, la crea, por el mismo impetu de su
genio y queda como el propio nicleo cen-
tral que di6 vigor a su pensamiento con
vigencia future e inspiradora.
Alguna vez se ha citado esta frase suya
de un discurso memorable; "nuestra Ame-
rica de hoy, heroica y trabajadora a la vez,
y franca y vigilante, con Bolivar de un
brazo y Herbert Spencer de otro", para es-
tablecer esta dualidad de concepci6n en
d1 apuntada. Ese era el caso de nuestra
America. No la concebia sino en camino
de afirmaci6n real para alcanzar despues la










MART! Y LA UTOPIA DE AMERICA

perfecci6n ideal que tambien apuntaba. La
mejor explicaci6n de esa frase de Marti es
esta otra que confirm su pensamiento:
"Ciencia y Libertad son laves maestras que
ban abierto las puertas por donde entran
los hombres a torrentes, enamorados del
mundo venidero". Ciencia y Libertad; o
dicho en otras palabras: Spencer y Bolivar.
















AMERICA, UNA EN ALMA E INTENT

Con sus normas cuajadas al calor de la
propia concepci6n de lo que el hombre
significaba y debia representar en un mun-
do regido por la libertad, la justicia y el
amor, Marti se nos present siempre con
sus invariables concepts, precisos y dia-
fanos, desde los cuales medira tanto las ac-
ciones humans como los designios de los
pueblos. Asombra ver c6mo toda su obra
esta veteada, en tonos de infinita variedad,
de unas cuantas ideas fundamentals e inal-
terables, de donde result la imposibilidad
de hallarle quiebras y contradicciones.
Con la verdad por escudo el hombre se









MARTI Y LA UTOPIA DE AMERICA

redime y crece. De la falta de verdad peca
y decae. Asi en los pueblos, que no podrian
conocerse y amarse sin respeto. Un pueblo
ha de respetarse a si mismo y tener con-
fianza en si y en sus designios, para que
ese respeto sea la fuerza interior que le d&
brios para mantenerse erguido y adelantar
en su camino entire los demas pueblos. No
importa que sea pequefio si su grandeza
moral lo compensa. Marti entrevi6 que la
otra America no nos tomaba muy en cuenta
porque no habiamos sabido hacernos res-
petar. Y su predica es esa: no podremos lo-
grar que se nos tome en cuenta, mientras
no ganemos, por medios propios, ese grado
de consideraci6n que arranca de la dig-
nidad.
Desde sus afios mozos de M6xico ya se-
iial6 esa flojedad de la estimaci6n en que
radicaba el esencial desd6n y la aparente










MARTI Y LA UTOPIA DE AMERICA

inferioridad en que se nos tenia. Que Ame-
rica se diera prisa y modos por adelantar,
limpiandose de initiles remoras heredadas
que la convertian en pueblos de esteriles
discutidores, fue su gran preocupaci6n
cuando una y otra vez le hablaba de los
cambios necesarios en su ensefianza si de-
bia equilibrar, con su propio peso, el peso
excesivo de su vecina mas fuerte y mejor
preparada.
Como propio hijo vivi6 Marti en los
paises de su recorrido americano. Se aden-
tr6 en cada uno de ellos en el alma popu-
lar y en la raiz de sus necesidades. Por eso
vi6 y sefialo sus aspiraciones comunes y
sus medios propios de adelantar. En M6-
xico comenz6 su conocimiento de America.
No dejara de tener importancia este hecho
de que fuera Mexico el primer pais de nues-
tra America que Marti conoce y estudia,










MARTI Y LA UTOPIA DE AMERICA

porque M6xico es el lugar donde primero
se define una orientaci6n genuinamente
americana y donde lo aut6ctono tiene re-
lieves vigorosos e inconfundibles. Antes,
America no habia entrado en el ideario de
Marti. Pero llega a Mexico y se afirma
como un hijo mas de aquella tierra, y la
estudia y se anticipa a los propios mexi-
canos en sefialar sus problems vitales, al-
gunos, como el del indio, con vigencia ac-
tual en su formulaci6n.
En M6xico comienza su ya inacabable
cruzada por el afianzamiento en America,
de los genuinos valores, en arte tanto como
,en la vida misma, como modo de lograr el
pleno desenvolvimiento de sus caracteristi-
cas y la afirmaci6n de su personalidad.
Contra la imitaci6n europea o americana
se produce en todos los moments, ya a
prop6sito de teatro o de pintura, ya de










MARTI Y LA UTOPIA DE AMERICA

educaci6n o de modos de vida. S61o los
mitodos practices aconseja imitar, porque
de la experiencia de otros pueblos se sabia
que eran beneficiosos en rendimientos.
Crey6 vislumbrar sintomas de una 6poca
de transformaci6n y en mas de una oca-
si6n apunt6 que le estaba naciendo a Ame-
rica el hombre nuevo para los tiempos nue-
vos. Momentos de cambio y de renuevo le
parecieron aquellos en que, deslumbrado
por la fuerza creadora que en todas parties
sorprendia, pens6 que s61o era necesario di-
rigir hacia metas precisas aquel poderoso
pero selvatico crecimiento.
Es una esplendida vision la que Ilena su
mente, de un mundo en muda hacia for-
mas superadas de hombres y de vida. Y con
la prisa de que ese instant pueda desper-
diciarse, describe sus paiginas en que pal-









MARTi Y LA UTOPIA DE AMERICA

pita, con el prodigio de su fe y de su pa-
labra creadora, el porvenir de America.
El hombre de la America nueva debia
ser hermoso de cuerpo y de alma, puro de
intenciones, trabajador y sobrio, franco y
leal. Y se le debia gobernar con el espiritu
de la tierra, creando para beneficio de to-
dos, porque en paises como los nuestros
-dijo-gobernar es crear.
No ha habido en America utopista mas
convencido que Jose Marti. Encarna como
nadie la utopia de America. Reivindique-
mos para 61 ese generoso concept de uto-
pista, no como en su epoca se le aplic6 por
quienes veian en 61 a un iluso capaz de se-
ducir con sus engafiosas fantasias, sino co-
mo al ser dispuesto para sentir y vivir en un
dnhelo constant de perfeccionamiento hu-
mano. Utopista era para los que no adivi-
naban como e1 el latido oculto de nuestra










MARTI Y LA UTOPIA DE AMERICA

tierra ansiosa de su libertad. Cuando al-
guien le hizo notar que nadie en Cuba
percibia ese anhelo, contest: yo percibo
su ansiedad en el subsuelo. Y no fue el
menor obsticulo que tuvo que vencer, ese
descreimiento profundamente arraigado
que le presentaba como un iluso. Aun los
hombres que llegaron a secundarlo, en
plena actividad revolucionaria, parece co-
mo que se dejaban llevar por una fuerza
superior, pero sin verdadera fe. ;Y c6mo
se le ve luchar con esta extendida incredu-
lidad! Tanto como una fe convencida, le
anim6 la necesidad de hacerse career. Por.
que como l1 mismo hubo de preguntarse
una vez, en un discurso a los cubanos,
"ipara que es la fe, sino para enardecer a
los que no la tienen?" Trasmitir a los de-
mis su propia fe fue su empresa primera,
sin la cual no hubiera podido encarnar la









MARTI Y LA UTOPIA DE AMERICA

fe de todos, consagrandose por 6ltimo a su
idea final y primera a la vez, pero que en
definitive no era sino parte de su gran con-
cepci6n de una America nueva, en la que
no cabian pueblos que no fueran libres.
Luch6 por levantar el respeto que nece-
sitaba lnevar en si para que alcanzara a sus
propios ideales. Era el mismo camino apun-
tado: el respeto es la conquista mayor, co-
mo tambien dijo. Hay moments en que,
acosado de pena, parece como un nifio que
va a prorrumpir en Ilanto porque dice y
repite la verdad y piensa que no lo creen.
Quisiera volver su alma de rev6s, abrirse
el pecho, y dice palabras ingenuas, como
de nifio.
Al fin, su gran ejemplo le sirve de escu-
do. Los mas humildes son los primeros en
rodearlo y en creerle. Sus palabras ya tie-
nen acento de evangelio. Se tiene fe en su










MART! Y LA UTOPIA DE AMERICA

verdad, porque la han visto relucir pura no
s61o en sus labios, sino tambien en su vida.
Su vida es su fuerza.
Asi cunde su lecci6n de dignidad. "Pon-
gamos de moda la virtud", le dice a un
amigo nuevo que le ha visto el alma. Y asi
pudo levantar un pueblo y el utopista tu-
vo razon.
iY cuil seria la utopia americana de
Marti?
Tambien la America ha andado desde
entonces. Muchos pueblos se han hecho
respetar por su laboriosidad, por su dig-
nidad, por la prudencia de sus hijos y el
ejemplo de su buen gobierno. Ya en Ame.
rica hay pueblos que, con previsi6n y cor-
dura, arribaron a la mayoria de edad. Esos
son los pueblos que se han hecho respetar
por sus mismas virtudes, como queria
Marti. Era su previsi6n, que se ha cum-










MARTI Y LA UTOPIA DE AMERICA

plido en unos y se cumplira en otros, pese
a los malos gobiernos que aun cuidan me-
nos de su pueblo que de si mismos.
iNo lo vemos claramente en estos ins-
tantes dramaticos del mundo? Los miedos
de Marti fueron muy grandes, cuando so-
pesaba el poderio y los metodos del Norte,
frente a la debilidad y a la despreocupa-
ci6n de nuestra America. Recordemos esta
frase: "Los pueblos que no se conocen han
de darse prisa para conocerse, como quie-
nes van a pelear juntos". Los te6ricos del
americanismo han sido muchos; los que
han trabajado por un mejoramiento real,
son los inicos que han dejado huellas fi-
ciles de reconocer en la historic del pen-
samiento americano. No pregon6 Marti una
uni6n te6rica, sino basada en la compren-
si6n y en el studio de los mutuos proble-
mas. Y el mismo, desde la propia coyun-










MARTI Y LA UTOPIA DE AMERICA

tura que le proporcion6 su estancia en los
various paises americanos, concrete, sobre
los problems urgentes de su epoca, sus
ideas dirigidas a una Am6rica fuerte y li-
bre, ensefioreada sobre sus mismas posibili-
dades desatendidas.
Encontraba que andabamos caminos par-
ticulares, despreocupados de los que, por
estar llamados a former unidos una iltima
conciencia en la humanidad, debian. reco-
rrer sendas parecidas, para Ilegar juntos a
la misma aspiraci6n supreme. Sabia que
por la uni6n seriamos fuertes, y la uni6n
no podria lograrse sin el conocimiento, y
el mismo conocimiento requeria practices
de identicas normas salvadoras. Una uni-
dad de espiritu y de procedimientos daria
a nuestra America la garantia que necesi-
taba para su integridad. Simb6licamente lo
dijo tambien: ";Los arboles se han de po-










MARTI Y LA UTOPIA DE AMERICA

ner en fila para que no pase el gigante de
las siete leguas!"
Era esa su prisa por alcanzar la libertad
de esta tierra nuestra, ya que, segin decia,
America no es libre mientras parte de ella
no lo sea. Si nuestra patria se quedaba fue-
ra de la gran armonia de la libertad que
America debia representar, el peligro era
mayor. iY cuanto tiempo transcurri6 aun
para que, con sus m6todos de engrandeci-
miento y purificaci6n, esta America nues-
tra fuera creciendo y alcanzando aquel res-
peto que Marti consider imprescindible
para su seguridad primero, para su defi-
nitivo engrandecimiento despues!
Y el moment ansiado por 61 ha venido
acercandose paso a paso. Ya el gigante de
las siete leguas se ha sentado en la misma
mesa americana para buscar juntos modos
de veneer y perdurar, salvaguardando ese










MARTI Y LA UTOPIA DE AMERICA

tesoro de la libertad, clima de toda perfec-
ci6n, palabra que, seg-in Marti, "fue la que
Dios di6 al hombre para hablarle", liber-
tad que ha sido nuestro mejor patrimonio,
aunque a veces lo hayamos dilapidado, y
otras no hayamos sabido comprender su
valor. Y cosa sorprendente: la predicci6n
de Marti tiene ahora mayor vigencia, s6lo
que el peligro ha mudado de sitio. Y aho-
ra, mas que nunca, hay que recorder sus
dos frases admirables: "Los pueblos que no
se conocen han de darse prisa para cono-
cerse, como quienes van a pelear juntos".
"iLos arboles se han de poner en fila para
que no pase el gigante de las siete leguas!"
iY de que modo, sino como el mismo
previ6, hemos llegado a donde estamos?
El peligro de que nos sorprendiera una hora
en que un pueblo emprendedor y pujante
se acercara a nuestra America, y descono-










MART! Y LA UTOPIA DE AMERJCA

ciendola y desdefiandola, buscara obtener
ventajas de su fuerza, lo vemos ya pasado.
Cierto es que, como tambien apunt6 Marti,
la America del Norte pudo librarse "por
el predominio de lo mis puro de su san-
gre", de la hora temida del desenfreno y
la ambici6n; pero no es menos cierto tam-
biWn que, desde los tiempos en que 1l me-
dita en tales peligros y en los modos de
atajarlos, pudimos ir ganando el espiritu
viril y digno que el anhelaba, gracias al
cual pudo cumplirse su previsi6n primera:
"el deber urgente de nuestra America es
ensefiarse como es, una en alma e intento.
















LA ILLUSION DE UN MUNDO MEJOR

En dias ya lejanos en que pasaba por
America un nuevo soplo renovador, una
misi6n intellectual representative del Me-
xico resurgido de profunda crisis creadora
llev6 un mensaje de fe y optimism a los
estudiantes de la Argentina. La voz de Pe-
dro Henriquez Urefia deline6 entonces, con
riguroso y convencido acento, la utopia de
America, asentando su creencia en la fir-
meza de las conquistas espirituales.
Mexico le sirve como caso ejemplar,
como le habia servido a Marti de inspira-
ci6n y de ejemplo. Ambos coincidian en
descubrirle un impetu virgen capaz de
crear nuevas formas de vida, "apto para










MART! Y LA UTOPIA DE AMERICA

fundar su tipo de civilizaci6n". Asi lo
proclamaba Pedro Henriquez Urefia, pre-
cisando los instruments que empleaba el
pais hermano en su empresa de civiliza-
ci6n: la cultural y el nacionalismo: culturala
social ofrecida y dada realmente a todos
y fundada en el trabajo", porque, robus-
teciendo su criterio, "no debe haber alta
cultural, porque sera falsa y efimera, donde
no haya cultural popular". Y, en cuanto al
nacionalismo, precisaba tambien su caric-
ter: "se piensa en otro nacionalismo, el es-
piritual, el que nace de las cualidades de
cada pueblo cuando se traducen en arte y
pensamiento".
Sus razonamientos, enlazados de modo
perfect, connotaban una gran lecci6n de
espiritualidad, de creencia en los supremos
valores espirituales. "Nuestra America de-
be afirmar la fe en su destino en el por-










MARTi Y LA UTOPIA DE AMERICA

venir de la civilizaci6n", es su premisa
inicial. Para mantenerlo agrega "me
fundo s6lo en el hecho de que, en cada
una de nuestras crisis de civilizaci6n, es el
espiritu quien nos ha salvado, luchando
contra elements en apariencia mas pode-
rosos; el espiritu solo, y no la fuerza mi-
litar o el poder econ6mico". Y como coro-
lario de estas verdades esenciales: "Si el es-
piritu ha triunfado, en nuestra America,
sobre la barbarie interior, no cabe temer
que lo rinda la barbaric de afuera. No nos
deslumbre el poder ajeno; el poder es
siempre efimero. Ensanchemos el campo
spiritual, demos el alfabeto a todos los
hombres; demos a cada uno los instrumen-
tos mejores para trabajar en bien de todos;
esforc6monos por acercarnos a la justicia
social y a la libertad verdadera; avancemos,
en fin, hacia nuestra utopia".










MARTi Y LA UTOPIA DE AMERICA

iNo nos parece oir la misma voz de
Marti, que mas de cuarenta afios antes ha-
bia dicho esas y muchas otras cosas, con
acento parecido?
Un espiritu tan parco de palabras, tan
alejado de los derroches liricos como Pedro
Henriquez Urefia, no se dejaba llevar en-
tonces de un mero entusiasmo verbal. Sin-
ti6 en lo profundo esas fuerzas que sefial6
como basicas de la conciencia americana,
en las que se afianzaba ya su personalidad
y su future. Habia asistido en M6xico a
uno de los grandes moments de cambio y
de fermentaci6n. Como Marti en su tiem-
po, 61 tambien sorprendi6 ese moment de
creaci6n. Asi lo dijo: "Mexico esta creando
su vida nueva, afirmando su caracter pro-
pio, declarandose apto para fundar su tipo
de civilizaci6n".
Aquel moment de transformaci6n que










MARTf Y LA UTOPIA DE AMERICA

M6xico vivia, lo ha vivido despuds toda la
America, por metodos diversos, y hoy, ya
serenade aquel hervor, juntos estamos, por
todos los caminos propios y convergentes,
trabajando por una cultural social, por una
justicia verdadera, por una sincera demo-
cracia, por un continent unido y defen-
dido por una supreme espiritualidad.
Pero la utopia es ahora tan justificable
y necesaria como antes. Porque hemos ade-
lantado y superado algunos de los que Mar-
ti consider urgentes deberes, necesitamos
seguir escuchando su voz, y la voz de todos
los utopistas anteriores y posteriores, para
llegar a la concepci6n de una unidad espi-
ritual perfect, a la perfect hegemonia del
espiritu de justicia y libertad perseguida a
travis de todas las 6pocas como justifica-
ci6n uiltima de un gran destino americano.
America ha sido el natural terreno de la










MART! Y LA UTOPIA DE AMERICA

utopia desde que, como una inesperada da-
diva del cielo, ofrece su esplendor al can-
sancio de un mundo que ya entonces co-
menzaba a decaer. La voz del profundo
Montaigne puede ser una profecia, cuando
augur6 que el mundo recien descubierto
subiria a la luz cuando el otro descendiera
a la oscuridad.
Marti vivi6 en tiempos en que nuestra
Am6rica no sabia aun ver con claridad su
camino y en los signos revueltos pero pu-
jantes supo ver el modo de ordenarse los
pueblos primero y de empinarse despu6s
sobre sus mismas virtudes.
Si nos fijamos en su pr6dica, que adopt
tanta variedad de tono pero se mantiene
id6ntica en esencia, veremos que no es tan-
to un progress material lo que quiso para
sus pueblos americanos, sino un perfeccio-
namiento human y social que los haga in-










MARTI Y LA UTOPIA DE AMERICA

vulnerable a la codicia ajena y a la propia
destrucci6n interior. El progress material
no lo desdefia; por el contrario, lo celebra
si es product de sus virtudes, ya que va
implicito en el propio process de supera-
ci6n. Y es que para Marti la prosperidad
de los pueblos tanto como la riqueza de
los hombres, no ban de lograrse s61o con
la inteligencia, sino tambien con la virtud.
Porque para 61 no hay monstruo mayor
que aquel en que la inteligencia esta divor-
ciada del coraz6n. El progress material sa-
bia que vendria despues, como legitima
consecuencia del hibito de trabajo, base
del gran temple de la comunidad ameri-
cana. Pero en su utopia de America corren
paralelas aquellas dos direcciones, real la
una, ideal la otra, que encontramos cons-
tituyendo el dualismo de su pensamiento:
la que la lleve a ser respetada por sus vir-










MARTI Y LA UTOPIA DE AMERICA

tudes y por su hibito de trabajo, y la que
conduzca al hombre americano a alcanzar
su plena dignidad, lo que implica necesa-
riamente un aimbito de justicia y de li-
bertad.
Las circunstancias favorecen cada vez
mas los que fueron suefios de perfecci6n
de algunos espiritus. La solidaridad inte-
lectual se mantuvo en el pasado entire los
hombres de nuestra America, con fuerza
sorprendente a pesar del aislamiento im-
puesto por las distancias y por las urgen-
cias de los menesteres inmediatos. Hoy, esa
solidaridad se afirma hasta el punto de que,
gracias a la similitud de instruments que
tienden a sincronizar la homogeneidad de
prop6sitos, estamos a punto de alcanzar la
mas alta y genuina expresi6n de una ver-
dadera cultural americana.
Sentimos que hay en nuestros pueblos










MARTI Y LA UTOPIA DE AMERICA

la aspiraci6n unanime a una sincera de-
mocracia, como queria Marti. Es decir, la
unica, la perfect democracia; no una de-
mocracia aparente, de nombre y no de con-
tenido, en que se gobierne con espiritu ti-
ranico bajo formulas de apariencia popu-
lar, ni tampoco gobiernos donde lo popu-
lar imponga caraicter de tirania; sino a
base de un verdadero espiritu de justicia,
que ha de ser la uinica media. Porque en
Marti las normas conservan su pureza inal-
terable y todo ha de regir en terminos ab-
solutos. La justicia no ha de estar de part
de unos hombres y ha de faltarles a otros;
la justicia ha de merecerse.
Y en tales terminos, la democracia, para
serlo, habra de ser sincera, unico modo de
que sea pura, de que sea verdadera demo-
cracia. Si a la democracia se le han sefia-
lado tantas quiebras, no ha sido realmente










MARTI Y LA UTOPIA DE AMERICA

por ella en si, que es como un product
puro y de efectos invariables, sino porque
ha sido adulterada, porque no se ha admi-
nistrado en toda su pureza, porque no ha
sido sincere.
Marti, dem6crata absolute, no pudo con-
cebir norma de mayor eficacia para rea-
lizar el ideal perseguido: "la libertad afir-
mada por el derecho de todos, y garanti-
zada en sus beneficios por el respeto mu-
tuo". 0 dicho con palabras mis recientes
del professor Nicholas Murray Butler: "Un
estado libre fundado en el trabajo libre,
con la libertad por divisa y la justicia por
guia: tal es el ideal de la verdadera de-
mocracia".
iY cuil iba a ser, en la previsi6n de
Marti, el papel reservado a nuestra Am-
rica?
No le fij6 un porvenir de desintegraci6n










MARTi Y LA UTOPIA DE AMERICA

a manos de sus propios hijos, como los
signs mis pr6ximos y dolorosos le indu-
cian, ni la present saliendo "por el mundo
de limosnera, a que le dejen caer en el
plato la riqueza temible".
Su porvenir habria de ser "el de nivelar
en la paz libre, sin codicias de lobo ni pre-
venciones de sacristan, los apetitos y los
odios del mundo".
Es decir, sabia que Ilevaba en si, y que
alguna vez se revelaria, una parte consi-
derable del equilibrio del mundo.

















AMERICA, EQUILIBRIO DEL MUNDO

No era un vano alarde-nunca hallamos
en Marti alardes vanos-aquella frase suya
de que era un mundo lo que estaba equi.
librando. Levantandose para ir de menos a
mas, como el queria, Am6rica ha ido al-
canzando aquella madurez y grado de pu-
janza natural suficientes para comprender
que leva en si una parte considerable del
equilibrio universal. Desde el argentino
Rivadavia, con su profecia de que estos
paises se salvarian, hasta Marti, que vi6 la
pura norma, depositada en nosotros mis-
mos como la semilla que en la propia tie-
rra y con los cuidados propios ha de ger-










MARTI Y LA UTOPIA DE AMERICA

minar y alcanzar su perfect desarrollo, no
han faltado los pocos grandes profesores de
idealismo que han sabido mantener des-
pierta la inquietud del perfeccionamiento
constant, esencia de la utopia.
El equilibrio de un mundo implica el
reinado, en todo su ambito, de la libertad
de pueblos y hombres. El dolor del mundo
--dijo tambien--es la esclavitud del hom-
bre; su libertad seri, por el contrario, su
mayor bien. Pero para ser libre precisa sa-
ber vivir con dignidad. Ese fue su llama-
miento primero, despues de haber confor-
mado su vida, en la penitencia larga del
deber y la moderaci6n, porque la libertad
tiene su precio, y si en ese precio entra el
saber conquistarla, otro tan important es
merecerla.
Era nuestro mundo americano el que
Marti trataba de equilibrar, con su pr6dica










MARTi Y LA UTOPIA DE AMERICA

de double onda, para que en su dia cum-
pliera su misi6n future. Lo llam6 "conti-
nente de la esperanza humana", y esas pa-
labras tienen una significaci6n en el vee-
dor de largo alcance que era Marti: co-
lumbr6 a la distancia un moment en que
convergieran sobre America las miradas de
todos los perseguidos del mundo, que en
ella encontrarian el ultimo refugio de la
libertad. Se sabe tambien que aquella fra-
se "America pari la humanidad", que pro
nunci6 una noble figure argentina en oca-
si6n memorable, la inspire Marti. Asi po-
demos colegir que alent6 la ilusi6n de un
mundo mejor, asentado en este continent
de la esperanza humana.
iEs licito, se preguntaran algunos, ha-
blar de utopias en instantes como jams
ha vivido la humanidad, de quiebra de to-
dos los valores en que se asentaba la cul-










MARTI Y LA UTOPIA DE AMERICA

tura tan trabajosamente adquirida a traves
de los siglos?
Es que la utopia ya no ha de ser para
nosotros privilegio de mentes licidas que
supieron anticiparse a su tiempo. Volva-
mos a recorder palabras luminosas, y hoy
mis actuales que cuando se pronunciaron.
Nuestro hombre americano ha de salir de
este eclipse de las libertades con una con-
ciencia superior de la dignidad que lo haga
plenamente human, y esa sera su mejor
aspiraci6n a la universalidad. Porque acaso
estemos ahora mas cerca que nunca de la
concepci6n del gran ciudadano de America
que es Pedro Henriquez Urefia: la "crea-
ci6n del hombre universal, por cuyos la-
bios hable libremente el espiritu, libre de
estorbos, libre de prejuicios". Y una liber-
tad asi de perfect, tendri que realizar el
ideal de justicia que, segfn 61, es la fina-










MARTI Y LA UTOPIA DE AMERICA

lidad 61tima de la gran utopia americana:
Patria de la Justicia llam6 a nuestra Am6-
rica, y asent6 que "si la magna patria ha
de unirse, debera unirse para la justicia".
Continente de la esperanza humana, dijo
Marti hablando de America. Y Pedro Hen-
riquez Urefia la llama patria de la Justicia.
Libertad y justicia dan el clima moral en
que la vida del hombre podra desarrollarse
en toda su plenitud de perfecci6n. Justicia
y libertad son el amparo que America ofre-
ce hoy frente al caos en que se sumerge un
mundo agobiado por el odio destructor.
Nos ha tocado vivir un moment de sa-
cudida much mas intense acaso-y desde
luego de ins6lita extensi6n--que todos los
que antes habia sufrido la humanidad. Pero
hay que esperar un nuevo equilibrio tras
tan violent sacudida. Y es possible tambi6n










MARTI Y LA UTOPIA DE AMERICA

que no haya sido en vano y que el hombre
salga de 61 con una conciencia mais clara
de su destino y del papel que le esti re-
servado en la humanidad.
Seria insensato sofiar en hacer regir al
hombre por normas perfectas, creadas por
las mentes lhcidas, cuando no esta aun a
nivel precise para tal orden. Pero la larga
etapa en que se ha luchado por el advance
de las ideas de superaci6n humana no ha
de ser esteril. Vivimos un moment tran-
sitorio. No es possible que la libertad lo-
grada se eclipse definitivamente. Recor-
demos otra vez a Marti: "Oh, que catis-
trofe, si se probara que los hombres, aban-
donados a la libertad, volvian voluntaria-
mente a la tirania".
iNo volverin! Las mismas ideas de jus-
ticia y libertad, eclipsadas hoy por falsos
profetas, se alzaran mais vigorosas en las










MARTi Y LA UTOPIA DE AMERICA

mentes de los hombres, para regir y condi-
cionar el ritmo future de la vida.
Se cumplira asi la mas grande utopia
de los siglos: la utopia de Am6rica.



























UCAR, GARCiA Y GA.
Teniente Rey, 15
La Habana




University of Florida Home Page
© 2004 - 2010 University of Florida George A. Smathers Libraries.
All rights reserved.

Acceptable Use, Copyright, and Disclaimer Statement
Last updated October 10, 2010 - - mvs