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Title: Un ensayo de divulgación cientifica sobre la naturaleza del cancer
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 Material Information
Title: Un ensayo de divulgación cientifica sobre la naturaleza del cancer
Series Title: Publicaciones de la Universidad de Santo Domingo
Physical Description: 23 p. : table ; 23 cm.
Language: Spanish
Creator: Pieter, Heriberto, 1884-
Publisher: Universidad de Santo Domingo
Place of Publication: Ciudad Trujillo
Publication Date: [1949]
 Subjects
Subject: Cancer   ( lcsh )
Genre: non-fiction   ( marcgt )
 Record Information
Bibliographic ID: UF00078373
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: aleph - 000139352
oclc - 24146790
notis - AAQ5460

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PUBLICACIONES DE LA UNIVERSIDAD DE SANTO DOMINGO
VOLUME LXV


UN ENSAYO DE DIVULGACION CIENTIFICA

SOBRE LA NATURALEZA DEL CANCER



POR EL




Dr. H. PIETER
Catedratico de la Facultad de Medicina de la
Universidad de Santo Domingo


IMPRESORA DOMINICANA
578.7Z95
S.m6
V. 65


CIUDAD TRUJILLO, 1949




















UNIVERSITY
OF FLORIDA
LIBRARIES


THIS VOLUME HAS BEEN
MICROFILMED
BY THE UNIVERSITY OF
FLORIDA LIBRARIES.


It








Dr. H. PIETER
Catedratico de la Facultad de Medicina de la
Universidad de Santo Domingo






UN ENSAYO DE DIVULGACION CIENTIFICA

SOBRE LA NATURALEZA DEL CANCER



B1iBLoreCA DE L-*
UNIVERSIDAD DE -ANTO DOONM1Go
CIUDAD TRUJILL-O, R. D.
bAt4E


UNIVERSIDAD DE SANTO DOMINGO CIUDAD TRUJILLO
I




3-7 .-7 D9


v.6 s
nAMERICA
UNIVERSIDl- DE SANTO DOMINGO



















14 edici6n
1949


Vol. LXV




















UN -ENSAYO DE DIVULGACION CIENTIFICA

SOBRE LA NATURALEZA DEL CANCER


"Cuando clertas celulas se reproducen de un modo
normal pueden dar orijen a un tumor maligno que
pone en peligro el bienestar de todo el organismo. No
gozamos de ninguna protecci6n contra tal enferme-
dad".
W. B. CANNON,
en "La Sabiduria del Cuerpo".

"El cancer ocupa un lugar prominent entire los
problems m6dicos que sl6o pueden resolverse me-
diante los esfuerzos cooperativos de los cientificos de
la Medicine de todas parties del mundo".
Dr. LEONARD SCHEELE,
Cirujano General del Servicio de
Salubridad, EE. UU. de A.


Es doloroso sospechar que la mis temida de las do-
lencias que aquejan al hombre desde la prehistoria hasta
nuestros dias, no desaparecerA, tal vez, con el adveni-
miento de dpocas futuras.

Ni uno de los Faraones de la V' dinastia, ni Herodes
Antipas, ni Napole6n el Grande, a pesar de la omnipo-
tencia con que caracterizaban sus gobiernos respectivos,
fueron excluidos en la interminable .n6mina de sujetos
inscritos como victims del cancer.









H. PETER


Tal como es nuestro mundo actual, civilizado i previsor,
mas de dos millones de cancerosos mueren todos los afios,
en todos los continents. Nuestra funesta cuota aqui, en
este terrufio, alcanzaria a una defunci6n por cAncer cada
seis horas, tanto en el dia como en el silencio de la noche.

En la cabalgata universal de la muerte, el cAncer
ocupa el segundo puesto, despubs del paludismo i junto a
la tuberculosis pulmonar.

En dondequiera que medre una c6lula cualquiera,
animal o vejetal, la amenaza del cancer es inminente a
brevee o a largo plazo.

I no podria ser de otro modo. La c6lula, individuali-
dad microc6smica, es altamente compleja en su constitu-
ci6n i en su funcionamiento.

Entre los trillones i trillones de c6lulas que entran
en la composici6n de nuestro cuerpo no hai dos que sean
exactamente iguales en materials o en conduct, aunque
si tal vez en forma.

Esa disparidad fundamental las induce a exhibir
reacciones favorables o adversas en el curso de sus acti-
vidades, las mismas que nosotros, los llamados, humans
perfectos -o imperfectos- manifestamos ante nuestros
conjeneres inmediatos i lejanos.

Tengo aquf, bajo la lente del microscopio, dos ami-
bas que se mueven en el mismo campo de mi aparato.
Una de ellas es voluminosa, la otra de tamafio menos que
median. Aquella tiene un cuerpo grisaceo, casi opaco;
la otra, su pariente pr6xima, tiende a la transparencia









LA NATURALEZA DEL CANCER


i es casi invisible a mL inspecci6n. Ambas se encaminan
hacia otra celula, no amibiana, intermediaria entire las
dos. La acci6n contra la extrafia es desigual, i por lo que
mi ojo ha podido percibir, los medios de ataque que em-
plean las asaltantes no tienen la misma amplitud ni se
rijen por la misma tactica.

Como otros observadores, yo no he Ilegado a profun-
dizar la elaboraci6n material ni la utilizaci6n quimica de
los elements que forman parte de los citoplasmas i de
los ndcleos respectivos en esas dos amibas. Algdn traba-
jo mayor i distinto se desarrolla en el area de esas per-
sonas diminutas. Puesto que en ellas el proceder es dife-
rente, algo intimo debe condicionar esa disparidad.

Prosigo viendo bajo mi lente el process de mis dos
series rivals. La una muere normal i lentamente; la
otra prolonga su vida, se harta con los restos de la con-
tienda i luego se divide por la mitad: una parte tiene la
apariencia de la perfecci6n, la otra es un monstruo en la
forma i en sus maneras. Al fin, esta iltima, extraordina-
ria, no puede resistir sus propias extravagancias i, a su
turno, sucumbe en desconcierto precoz.

He ahi una imajen de lo que acaece en nuestras pro-
pias c6lulas, en nuestros tejidos, en nuestros 6rganos, en
nuestros aparatos i en todo nuestro ser.

Los humildes i los orgullosos, los debiles i los forni-
dos derivamos todos de una sola c6lula, la emitida por el
ovario. Es tan pequefia que si pudieramos reunir todas
las andlogas que han dado orijen a la totalidad de los
habitantes de la tierra desde su enfriamiento c6smico,
hace unos sesenta millones do afios, hasta hoi, podrian








H. PETER


caber, sin atropello, en el hueco de una sepultura indivi-
dual humana.

Esa c6lula suele comportarse a su manera. Se divide
i se subdivide tanto que los ceros que acompafian la cuan-
tfa de su prole son inimajinables, como las cifras que
computan a los astros en los espacios siderales.

Siendo cada una de esas celdillas un sujeto con pre-
tensiones particulares, que lucha por conservar indepen-
dencia i caracteres propios dentro de los reclamos de la
comunidad, forzoso es concebir que sucederan deshar-
monfas mis o menos profundas en el decurso i en la evo-
luci6n de ese congress.

Entre esas celulas unas ostentarAn membrana, cito-
plasma i n6cleo impecables; el material que las integra
no se aparta de lo ordinario; el cambio nutritivo que las
sostiene es el usual; la reproducci6n, biol6jicamente perfec-
ta.

Otras se mostrarAn disidentes ya en anatomfa, ya en
fisiblojia -o en ambas disciplines, simultAneamente. Des-
de que se ha notado el temperament que las singulariza,
se las ha estigmatizado de "anfrquicas", para confrontar
su mal proceder con el de algunos sistemas i hombres
perversos e inadaptables al buen vivir. La designaci6n
parece ser exacta. Esa conduct antisocial es lo que pre-
cisamente las rinde nocivas: al principio para ellas mis-
mas, luego para todo el organismo que las alberga.

LCudles son las causes que provocan i determinan
tal conduct, tal depravaci6n?

Primeramente, dos fundamentals que obran ya por
separado, ya en connivencia: una end6jena, llamada el









LA NATURALEZA DEL CANCER


medio interno i la otra ex6jena o accidental, denominada
el medio externo. A ellas tal vez se agrega otra justamen-
te sospechada, que por sefialarse menos frecuente no es
ciertamente menos perjudicial: es la herencia, que ac-
tuaria por intermediario de los jenes, esos elements has-
ta ayer hipoteticos i que dejaron de serlo merced a los
trabajos de Pease i Baker en el microscopic electr6nico
de la Universidad surefia de California.

El medio interno conserve, hasta hoi, su predomi-
nancia indescrifrable, rebelde a todo gobierno i elusive a
toda previsi6n. Sus maneras produce, rutinariamente,
antojos, lunares, verrugas, fibromas, quistes, asi como
otros tumores benignos o malignos, tal como las molas
iteroplacentarias, los trasplantes celulares de un 6rgano
a otro disimilar, por no citar en estas lines sino unos
pocos ejemplos.

Esas mismas causes end6jenas, en colaboraci6n con
la herencia, ocasionan deformaciones tales como las que
avergiienzan a los albinos i a los que sufren de labio-le-
porino, de dientes mal dispuestos, etc. Esos mismos mo-
tivos determinan anomalias familiares, conjenitas o no,
entire las cuales citaremos brevemente la catanata, la
amaurosis (ceguera), las parAlisis de varias suertes. Ellas
organizarian la tendencia hereditaria a sufrir de pertur-
baciones prostaticas, de mal de rifiones, del coraz6n, de
trastornos hepaticos i biliares, de diabetes, de piedras en
diversos 6rganos, etc., i fijarian, por otra parte, las con-
diciones del carActer, de la intelijencia, de las aficiones,
del timbre vocal, de los ademanes, del modo de caminar,
de la vida corta o de la lonjevidad entire sujetos de la mis-
ma parentela.









8 H. PETER

Las secreciones de nuestras glAndulas internal, es-
pecialmente las hormones sexuales, desempefian papeles
importantisimos en las normas i en las alteraciones de
las c6lulas, tanto en el organismo animal como en el ve-
jetal. Hoi podemos predeterminar i crear ratas tumoro-
sas acondicionando la jeneraci6n por medio del manejo
casi matemAtico de ciertas formaciones jendsicas o ama-
mantando las crias con el factor lcteo de Bittner, una
sustancia indeterminada, pero patente en las tetas de
algunas hembras cancerosas.

En ese mismo orden, el embarazo, con sus cambios
humorales caracteristicos, imprime al cAncer una grave-
dad exceptional. I uno de los tumores mAs tremendous es
aquel que puede desarrollarse durante o a seguidas de
una gravidez normal. Por lo demas, es notorio que las
lesiones malignas suelen evolucionar con mayor estimulo
durante los afios de actividad menstrual. Pasada esa 6po-
ca, se constata lentitud i moderaci6n en el process. En
las mujeres de mAs de sesenta afios, por ejemplo, el cAn-
cer de la mama puede durar sin grande aprieto hasta
veinte o mAs afios, i el sujeto llegar a morir de otra do-
lencia, eventualmente.

Los elements internos que aparecen como conse-
cuencia de enfermedades infecciosas u otras acaecidas
en sujetos cancerosos pueden modificar favorablemente
el curso del tumor i a veces determinar el milagro de su
curaci6n. Asi ha sucedido con la erisipela i con la fiebre
tifoidea, entire otras afecciones febriles.

Por otra parte, si se consider la similitud de la c&-
lula cancerosa con la embrionaria, debemos concebir las
posibilidades de un simple desliz desde la condici6n nor-








LA NATURALEZA DEL CANCER


mal hasta la indole tumoral, ya sea benigna o maligna.
Las causes primeras de esa transformaci6n no deben ser
escasas, puesto que los efectos se muestran tan numero-
sos i tan diversos, ora en el espacio o en el tiempo.

No podriamos afirmar ni negar la posibilidad de la
inmunidad cancerosa en ninglin sujeto. Precisaria aguar-
dar hasta la vejez extrema, i aun despues de muerto ten-
driamos que examiner cada una i todas sus c6lulas para
declararlo indemne de la anormalidad. Autopsias practi-
cadas en mujeres que jams exhibieron ninguna sinto-
matolojia maligna nos revelan que el cancer del cuello
uterino estaba latente en mis del 30% de los cadAveres
minuciosamente examinados. Otro cancer, el de la pr6s-
tata, no es nada raro en personas que han traspasado los
cincuenta afios, en sujetos en quienes nunca se habia te-
nido la menor sospecha de sufrir de esa lesi6n. Tales ocu-
rrencias podrian asimilarse, aunque remotamente, a la
frecuencia anodina de enfermedades parasitarias en indi-
viduos aparentemente sanos. En los Estados Unidos de
Norteambrica, por ejemplo, la infestaci6n de la triquina
alcanza la cifra del 15%, en sujetos que gozan de "buena
salud". I aquf, entire nosotros, el 5% de los que transita-
mos "salubres" e indiferentes tenemos en la sangre mi-
llones i millones de filarias discretas que al parecer son
inofensivas. Se impone hacer esas referencias para ex-
poner la tolerancia del organismo animal ante varias con-
tinjencias que a primera vista seria impropio aceptar. El
cancer, al igual de ciertas alimafias, a veces roe i sopla,
para no denunciar el ultraje que ocasiona.

Es incalculable el monto i la duraci6n de la toleran-
cia humana frente a lesiones i a enfermedades impor-
tantes, MAs del 90% de los que hemos nacido i vivido en









H. PETER


aglomeraciones urbanas hemos sido atacados, insensible-
mente, por el microbio de la tuberculosis. Millares de per-
sonas transitan por nuestras calls llevando concrecio-
nes minerales, discretas i mIs o menos voluminosas, en
sus rifiones, en la vesicula biliar o en otros 6rganos. La
gran mayoria de tales sujetos no dan muestras de sufrir
o de haber sufrido sintomas atribuibles a esos quebran-
tos -o a ning6n otro.
La zozobra actual del hombre civilizado, medrando
bajo el imperio de aprehensiones e inquietudes que per-
turban a cada instant el curso de su vida, provoca en 61
emociones i ansiedades de toda suerte. El sistema nervio-
so aut6nomo reacciona ante esos estimulos indeseados i
excita a ciertas glandulas hormonales, las que, a su vez,
produce materials impropios o en exceso, suscitando
cambios celulares diversos que pueden alcanzar la condi-
ci6n de cancerosos. Aceptando la secuencia de este pro-
ceso se proyectaria alguna luz sobre la elaboraci6n de
algunas lesiones de filiaci6n psiquica accidental, tales
como la ilcera del est6mago i las colitis, mIs frecuentes
en el hombre que en la mujer i mas comunes en los ha-
bitantes de las ciudades que en los del campo. La ruda
lucha por la vida i la exposici6n diaria a calamidades de
todo orden imprimen al ser masculine un sello de predi-
lecci6n para sufrir de esos perjuicios, sobre los cuales, a
veces, el cancer suele implantarse.
Investigaciones recientes sobre las emociones i el
quimismo que las determine nos revelan que la adrenali-
na, la acetilcolina --entre otras sustancias fabricadas en
demasia durante tales continjencias-- modificarfan el
comportamiento humoral i serian responsables de dis-
turbios orgAnicos tan profundos como la transformaci6n
de la celula normal en cancerosa.








LA NATURALEZA DEL CANCER


Entre las causes ex6jenas que ejercen influencia
sobre la forma i la conduct de nuestras celulas, citare-
mos las radiaciones en el ambiente atmosfdrico. El can-
cer de la piel es menos raro en aquellos paises en donde
el sol brilla durante todas las estaciones. Ignoramos has-
ta que modo i hasta qud cuantia obrarian sobre los se-
res organizados algunas perturbaciones astron6micas ta-
les como las manchas accidentales en el disco del sol. Se
sabe que esos trastornos tienen influencia sobre el com-
portamiento de las ondas hertzianas i sobre otras mani-
festaciones fisicas. Seria provechoso investigar si existe
relaci6n entire la secuencia de ese fen6meno i la mayor
o menor incidencia de casos de cancer a seguidas de su
observaci6n.

Los products quimicos, mayormente los empleados
en industries, tales como las anilinas i las tierras raras
que se emplean para numsrar los relojes luminosos, pro-
vocan casualmente la aparici6n de tumores malignos. El
cancer latente de la vejiga, frecuente entire los que tra-
bajan en factories de anilina, es una espada de Damocles
suspendida sobre la existencia de esos obreros. La lesi6n
puede manifestarse ain quince o mAs afios despubs que el
sujeto se ha sustraido a la acci6n de la substancia.
Ciertos rejimenes alimenticios tambien contribuirian
a la jenesis del cancer. Los tumores malignos primaries
del higado son mas frecuentes en los paises que habi-
tualmente consume arroz como base casi exclusive del
sustento. Entre los negros Bantis, del Africa sub-ecuato-
rial, que consume azdcar i feculentos en grado sumo, la
mitad de los casos de cancer se localizan en el higado.
Por lo demas, es notorio que en los diabeticos las forma-
clones cancerosas tienen un porcentaje mayor que en las
otras personas.









H. PETER


El calor local habitual i excesivo, como acostumbran
a emplearlo los hindfies de la Cachemira, favorece la in-
cidencia del cancer de la piel. El cancer del labio infe-
rior es mas frecuente en los fumadores que agotan el ta-
baco hasta llegar a la colilla. Probablemente, la injesti6n
usual de alimentos calidos en extreme predispone al can-
cer de las vias dijestivas superiores i medianas.

Se ha incriminado, con alguna raz6n, al humo del ta-
baco como uno de los causantes del cancer del aparato
respiratorio. Estadisticas recientes dignas de credito mues-
tran que el 95% de los cancerosos pulmonares han fumado
la hoja a raz6n de veinte o mis cigarrillos diaries durante
veinte o mis afios consecutivos.

Provocarian tambien la aparici6n del cancer: las
quemaduras mas o menos profundas i otros traumatis-
mos, repetidos en el mismo lugar, tal como la suspension
exajerada de las mamas para tonificarlas i ennoblecerlas
en la farsa usual del sex-appeal.

Los sujetos que se exponen corrientemente al con-
tacto del hollin, tal como los limpiadores de chimeneas
i de estufas, sufren a veces de lesiones malignas situadas
en diversas parties del cuerpo.

Los tumores del 6rgano sexual masculine de la je-
neraci6n son raros en las razas que practican la circun-
cisi6n. Los sujetos desaseados no sometidos al rito is-
raelita o al musulmin, pagan un pesado tribute a esa
lesi6n.

Los rayos X i el radium se anotan como causantes
de formaciones malignas. Es numerosa la lista de los









LA NATURALEZA DEL CANCER


radi6logos mirtires de su profesi6n. Las enfermeras grA-
vidas que trabajan en gabinetes de rayos X suelen pa-
decer no s6lo de cAncer, sino que, por afiadidura, el fruto
de la concepci6n amenudo adquiere anomalias mons-
truosas.

Enfermedades como la rubeola (colorao) ocasionan
lesiones fetales diversas, no cancerosas, pero que, como
en los tumores, se impone recriminar la acci6n de cau-
sas ex6jenas ejercidas sobre las c6lulas, especialmente
sobre las embrionarias. Otros virus, los microbios i al-
gunas vitamins, no serian extrafios en el concerto de
los distintos motives responsables de no pocas alteraciones
celulares.

Nosotros tambien podemos valernos de esos recur-
sos ex6jenos para modificar la c6lula hasta rendirla can-
cerosa. Pacientes i largos studios en laboratories bien
equipdos han impuesto su voluntad a las c6lulas norma-
les las cuales, mediante procedimientos various i cultivos
reiterados, han sido transformadas en malignas. La Na-
turaleza nos precedi6 en ese artificio. Algunos tumores
benignos, tales como el bocio simple, los p6lipos del apa-
rato dijestivo, los de la vejiga urinaria, los fibromas ute-
rinos, suelen transformarse en canceres de la peor con-
dici6n.

Los m6dicos meticulosos que examinan cuidadosa-
mente a sus enfermos podrian asegurar que nunca han
visto un ser human absolutamente perfect. En la mu-
jer mas bella i mejor formada asi como en la plant mAs
lozana, en el fruto mas apetitoso, o en el animal mAs
atrayente, siempre existe uno que otro deterioro visible
o imperceptible a nuestra mAs profunda apreciaci6n. Lu-









H. PETER


nares, verrugas, manchas discretas, nudosidades, vienen
a alterar, de un modo mIs o menos patente, la gracia de
una piel o la bella calidad de una corteza o de una flor.

Parece que las celulas de ciertos sujetos adolecen de
una susceptibilidad especial que las inclina a transfor-
marse en cancerosas. Asi vemos, de cuando en cuando,
individuos que sufren de dos o mas cnceres implanta-
dos en 6rganos desiguales o distantes entire si. En otras
instancias, un antiguo canceroso tratado victoriosamente
desarrolla, al cabo de diez o mis afios de buena salud
aparente, un tumor maligno id6ntico al extirpado, tal
como ocurre con algunos cAnceres del ojo, emparentados
con lunares de la piel. Otras veces un ex canceroso, des-
pues de un largo intervalo que puede extenderse hasta
various lustros, exhibe de nuevo una tumoraci6n nada be-
nigna i completamente distinta a la anterior. Esa ten-
dencia individual no es sino una recrudescencia de la
propensi6n que ya hemos notado en ciertas families.

Mucha tinta se ha vertido argumentando en pro o en
contra del cancer familiar. Si cada uno de mis lectores
aviva sus propios recuerdos, tendrA que concluir que,
ciertamente, en ese respect, algunas families son mas
castigadas que otras. Hoi se tiene la convicci6n de que
en la leche materna de algunas razas de ratas existe una
substancia cancerijena llamada por ahora el factor lac-
teo. La prole que mama de esos animals se muestra de-
cididamente mis cancerosa que las demas, transmitien-
do, a su vez, en linea vertical, la propensi6n al quebran-
to.

Hemos podido reunir various casos de families domi-
nicanas cancerosas, sobre todo en rejiones del sur de









LA NATURALEZA DEL CANCER


nuestro pais. Los tumores del seno, los de la matriz i los
del est6mago son los que aparecen con mas frecuencia
en esa observaci6n. En el valle de Peravia, por ejemplo,
en donde no son nada raras las unions consanguineas,
la incidencia del cancer es notoria por lo frecuente. Com-
probaci6n similar se ha hecho entire las jentes de los po-
blados de Gol i de Hemsedal, alli, en las montafias de
Noruega, en donde, como en nuestro Bani, prevalecen los
enlaces conyugales entire parientes. Una encuesta practi-
cada revel6 que alli el cancer es 8 por ciento mas fre-
cuente que en el resto de la poblaci6n de aquel territo-
rio, computada totalmente con ese fin.

I abundando en esa constancia, casi todos los her-
manos de una numerosa familia, habitantes en una ciu-
dad cibaefia, han sufrido de tumores malignos. Sus pro-
jenitores proceden, a su vez, de sendas cepas cancerosas
que se remontan hasta mas alli de tres jeneraciones.

En lo que atafie a la naturaleza infecciosa del can-
cer much se ha trabajado, escrito i discutido. De entire
los hechos i teorias contradictorios expuestos a ese res-
pecto, se sefiala una observaci6n nada extraordinaria: la
inoculaci6n con resultados positives. A ninglin microbio
puede acusarse, exclusivamente, hasta hoi, de ocasionar
el cancer. Asi como tambien se ha podido demostrar un
solo caso aut6ntico de contajiosidad. La tesis de "casas
cancerijenas", en una ocasi6n mui favorecida por algu-
nos observadores, ha perdido ya su actualidad i algo de sus
pretensiones.









H. PETER


ZLlegaremos, con los afios, a impedir la iniciaci6n i
el desarrollo del cancer? En el estado actual de nues-
tros con3cimltentos, la profilaxia de los tumores malig-
nos s6lo podria ejercerse ante las causes ex6jenas ya ci-
tadas.
Las condiciones humorales que gobiernan la apari-
ci6n de las anomalias citol6jicas, ya en forma, ya en fun-
ci6n, son tan numerosas i tan variadas, que, por el mo-
mento, fuerza es declararnos impotentes en predecir el
resultado de cualquier empresa que tienda a remediar esa
calamidad.

Tendriamos que atacar no s6lo al individuo, sino a
la especie entera, a las species. Tendriamos que modi-
ficar el terreno hereditario al mismo tiempo que el am-
biente atmosferico, el telirico, el nutritivo, el emotional,
el temperamental i otros tantos que, obrando solos o en
conjunto, imprimen en mayor o en menor grado el sello
de la susceptibilidad cancerosa a nuestras c6lulas. La
propensi6n al cancer comenzaria en el primer instant
de nuestra vida ovular.

Tanto en apariencia como en funcionamiento, las
c6lulas malignas difieren escasamente de las embriona-
rias, sus predecesoras.

La cuantia i la progresi6n de los arbitrios del inje-
nio human son tan asombrosos, que negar para siempre
lo que hoi considerambs impossible es casi proferir una
blasfemia.

Sin embargo, cuando uno consider detenidamente
la versatilidad de las imperfecciones i de las anomalfas
que estigmatizan a nuestro cuerpo, el Animo decae i la
esperanza de lograr la perfecci6n absolute se esconde a
nuestro aliento.









LA NATURALEZA DEL CANCER


Recursos de orden qufmico se esfuerzan actualmen-
te, con promesa de buen dxito, en modificar la constitu-
ci6n humoral del Rh en aquellas madres que inconscien-
temente cometen infanticidios contra sus propios crfos.
Si se alcanza esa correcci6n humoral, al parecer Incon-
trolable, iacaso no nos atreverfamos a esperar que la je-
neralizaci6n del procedimiento nos conllevarfa hasta co-
rrejir las causes end6jenas que orijinan o favorecen la
aparici6n de los humores que favorecen la malignidad?

Debemos convencernos de que poner trabas al pro-
ceso de la jeneraci6n end6jena del cancer es empresa
cicl6pea. Las doctrinas finalists que hicieron hondo sur-
co en el pensar de los estoicos de la antigua Grecia nos
incitan a career, con amargo desconsuelo, que nuestra po-
bre humanidad necesita de frenos radicales para atempe-
rar su desmesurada multiplicaci6n. Ello es una mera
concepci6n determinista, tal vez hija de la fantasia, pero
acaso inevitable. Las epidemias, el hambre individual i
la colectiva, las guerras, los homicidios, los suicidios, los
abortos provocados, los cataclismos c6smicos, los acci-
dentes de toda suerte, los quebrantos cominmente irre-
mediables, como el cancer, serian otros tantos instrumen-
tos de destrucci6n ofrecidos al Destino para que con esos
estorbos permit al resto de los hombres vivir sin gran-
de ahogo.

Condorcet, testigo intelijente ante la miseria del pue-
blo que afeaba la fastuosidad de un Luis de Francia, fu6
uno de los primeros que tuvieron la audacia de sujerir la
limitaci6n en los enjendros humans. Apoyfndose en ese
pensar, Thomas Malthus, a su vez, elabor6 i dict6 leyes so-
bre el sustento en la poblaci6n del planet i advirti6 moda-
lidades para remediar la penuria alimenticia en el remote








H. PETER


devenir del Hombre. Para aquel entonces Puerto Rico --con
la superpoblaci6n de sus dos millones i cuarto de almas que
bullen hoi cerca de nosotros- no puedo, en verdad, ser es-
cojido como ejemplo primordial de tan sabia previsi6n. La
carencia del suelo i el agotamiento consecuencial de sus ha-
bitantes son la demostraci6n mis palparia de aquellas pro-
fecias. Esos dos sabios no vislumbraron el desencadenamien-
to de la fuerza at6mica que inici6 su tarea atroz sobre los
no-combaticntes de Hiroshima i que inminentemente nos
amenaza en todas parties. Es asi como se anuncia ahora la
compulsaci6n numbrica de los pueblos en nuestro planet
frente a sus recursos agotables de manutenci6n.

Al proseguir el hilo de nuestro pensamiento sobre el
fatalismo que pesa i ha pesado siempre en la balanza de
la vida de la especie, se me ocurre discurrir acerca de las
directives contrarias, pero equilibradas, que gobiernan
el monto de la poblaci6n terrestre.

En uno de los platillos, la previsi6n excesiva, el de-
rroche de simientes dispuestas no s6lo para evitar la ex-
tinci6n del individuo i de las razas, sino, sobre todo, con-
certadas para acumular un amplio excedente que se en-
frentaria a cualquier riesgo de aniquilaci6n. La Natura-
leza ofrece al Hombre, asi como a otros animals, apo-
yo i complacencias tendientes a la reproducci6n prolifi-
ca. El placer mAximo que precede i acompafia al acto de
la c6pula es una evidence demostraci6n de esa intenci6n.
I ain sin tal incentive, como sucede en los peces, el de-
signio de la procreaci6n se vale de maneras tan ciegas
como crueles e irrevocables. Estas dominant en el prop6-
sito, pese al peligro de muerte -como en las abejas, en
hs efimeras i en la manta religiosa- o a la castidad
ins arbitraria.









LA NATURALEZA DEL CANCER


En el otro platillo de la balanza, en el de la ruina,
se acumulan los motives de la destrucci6n constant,
lenta o precipitada, parcial o en masa. Ahi, en median de
otras, se echa de ver la lesi6n del cancer, con sus millo-
nes de victims acrecentandose de afio en afio.

DetengAmonos un instant a computer el destiny de
las jentes que sufren de tumores malignos. El nilmero de
esos enfermos es impresionante -i progresivo- en to-
das las latitudes del planet. Con tratamiento "apropia-
do" una buena porci6n rebasa cinco afios de tregua. Con-
tados son los que traspasan un lapso de dos o tres lustros.

El quebranto no es, como antes se afirmaba, un mo-
nopolio de la edad provecta. Cada nueva encuesta sefia-
la una inclinaci6n hacia los afios mds fecundos de nues-
tra existencia, o sea hacia el period normal de la mul-
tiplicaci6n.

Yo desearia despojarme del grave pesimismo que
oscurece mi confianza en el mejoramiento del porvenir
de la incidencia del cancer.

En otro tiempo, por cierto no muy lejano, habia m6-
dicos que desesperaban de esclarecer la causa i de veneer
las calamidades pestilenciales tales como la peste bub6-
nica, la fiebre amarilla, la difteria, el c6lera... Luis Pas-
teur i 'u leji6n de bienhechores han ido disipando uno
a uno esos recelos.

El caso de las enfermedades infecciosas no era tan
impenetrable como lo aparece ser el de la dolencia can-
cerosa. No obstante las facilidades i la experiencia del
laboratorio de hoi, los tumores malignos eluden corrien-
temente el rigor de la investigaci6n.









H. PETER


La similitud de la condici6n cancerosa con la natu-
raleza intima de la c6lula normal embrionaria es una
comprobaci6n infausta. Tendriamos que adquirir medios
para evitar la transferencia de la una a la otra. El ani-
lisis de los cultivos celulares malignos no nos brinda
actualmente promesa alguna para esa aspiraci6n.

Deseariamos insistir en las consideraciones del pro-
blema de la inoculaci6n del cancer. Hemos citado, de pa-
so, casos autinticos de implantaci6n artificial. En ello
habria que admitir, por lo menos, dos promotores princi-
pales: 1) ajentes virulentos vivos tal como bacteria,
virus, i 2) c6lulas "no infectantes ni infectadas", pero
transmisoras de alguna caracteristica humoral semejan-
te a los microbios, a sus toxinas i a los virus, considera-
dos hoi como products definidos en la nomenclatura
quimico-fisica: mosaico del tabaco, etc. Los primeros se
comportarian como causes ex6jenas de viejo conocidas
(alquitrAn, quemaduras profundas, insolaciones i otras
radiaciones, etc.) las que actuarian provocando potencia-
les dormidos en c6lulas que s61o aguardan un estimulo
para revelar su perversidad.

En lo que atafie a los otros ajentes, a los end6jenos,
el process de la inoculaci6n, como el de la lesi6n espon-
tAnea, no seria fundamentalmente distinto al del ex6je-
no. Las c6lulas enfermas transmitirian sus defects i sus
maneras viciosas al diuevo medio que se les brinda. Ellas
tambidn provocarian las malas tendencies celulares en
estado potential i determinarian la malignidad.

Mientras tanto, el cancer desempefia su labor des-
tructora i la cumple con marcada especializaci6n en to-
dos sus actos. Los tumores uterinos i los mamarios en la









LA NATURALEZA DEL CANCER


mujer, asi como los dijestivos, en el hombre, predominan
por sobre los demds. Es decir, que la jeneraci6n i la nu-
trici6n -dos funciones absolutamente indispensables pa-
ra subsistir, para durar i para perdurar- son las mas
trastornadas en el trdfago inclemente de la enfermedad.
I si a dsto agregamos la incidencia jeometrica de los ca-
sos de cancer en relaci6n a la cuantia de la poblaci6n,
forzoso es concluir que alguna directive inconmensura-
ble rije las disciplines biol6jicas de la dolencia motivo
de este ensayo.

El suero de la sangre i otros materials procedentes
de sujetos cancerosos han sido objeto de diversos estu-
dios con miras de encontrar pruebas que demuestren la
enfermedad o la propensi6n a ella. En donde otros no
han alcanzado buen 6xito parece que el doctor Hugins
i sus colaboradores en la Universidad de Chicago lo han
conseguido estableciendo una reacci6n dada a la publici-
dad hace apenas unos dias. Se anuncia tambi6n que los
trabajos del professor arjentino Roffo sobre la fluorescen-
cia ultraviolet humoral de los tumores malignos inci-
pientes estarian ya precisados. Enhorabuena! Hermos
tenido tantos i tan amargos desengafios a ese respect,
que nuestra confianza apenas se anima ante tales pro-
mesas.

La mayor frecuencia en la aparici6n actual del can-
cer no se deberia solamente al advance de los medios diag-
n6sticos, tanto los clinics como los de laboratorio. Sin
duda, hoi podemos descubrir mejor los tumores profun-
dos. Pero los que se ofrecen desnudos a nuestro examen
-el de la mama, por ejemplo- siempre han sido acce-
sibles a la indagaci6n fisica comfin, i por lo tanto, ficil-
mente discernibles sin necesidad de aparatos ni reaccio-









H. PETER


nes ni de maniobras mAs o menos injeniosas. Sin embar-
go, desde hace ya mas de diez afios se estA empleando,
con buen 6xito creciente, un procedimiento incruento
que ayuda a descubrir algunos cAnceres que descaman
sus c6lulas en sitios accesibles a la investigaci6n: me re-
fiero al metodo citodiagn6stico de Papanicolaou.

Contra las causes que ocasionan el cancer end6jeno,
nada positive podriamos opener, hasta este moment.
Lo prActico, por ahora i por siempre, es i posiblemente
sera: primeramente, la propaganda intensive para sefia-
lar i evitar las continjencias ex6jenas que inician o que
precipitan la aparici6n del tumor; segundo, el examen
peri6dico complete, annual, por lo menos, para sorpren-
der cualquiera manifestaci6n maligna en sus comienzos;
tercero, impartir a diestra i a siniestra que la cirujia i las
radiaciones son actualmente los inicos medios eficaces
contra el cancer ya declarado.

Discipulo indirecto de Carlos Darwin, yo estaria obli-
gado a admitir que el hombre contemporAneo no ha ad-
quirido, ni con poco, el monopolio de la estabilidad filo-
jendtica. Estamos comfin i fatalmente expuestos a muta-
clones variadas i condenados a la extinci6n inevitable.
Ni mAs ni menos ha sucedido en el decurso de la larga
historic de los otros series organizados, los animals i las
platas. Tal es la suerte que cupo a nuestros antecesores
de Piltdown i de Cro-Magnon asi como tambi4n a los ji-
gantescos saurios paleozoicos, a la iguana, a la jutfa, por
no citar sino a unos pocos.

Recorriendo el camino inflexible de su ruina, el
Hombre ha atravesado por 6pocas de vasta destrucci6n
colectiva, tal como sucedi6 a mediados del siglo catorce,








LA NATURALEZA DEL CANCER 23

cuando la tercera parte de la poblaci6n del mundo pag6
tribute mortal a la peste bub6nica. Ayer mismo, la grip-
pe lHamada "espafiola" casi se acerc6 a esa funesta pro-
porci6n. Ciertamente, que en esas instancias, asi como
en ocasiones similares de espantosa calamidad, la clep-
sidra que rije nuestra existencia no alcanz6 a hacer la
indicaci6n final a nuestra especie.

Dentro del orden natural que gobierna el curso de
los series organizados, nuestro derrumbe se Ileva a cabo
poco a poco, pero sin tregua ni concesiones. Entre las
modalidades de esa condena figuran las propensione;.
i las dolencias rebeldes a todo recurso.

Desde hace ya siglos, el cancer se sefiala importan-
te dentro de la enumeraci6n de las causes que extermi-
nan al jdnero human. En nuestra estirpe actual pocos
sujetos serian respetados por el quebranto. I en un lapso
c6smico indefinido los tumores malignos gozarian del
privilegio de ocupar la primera fila en la cabalgata hacia
el sepulcro. La condici6n cancerosa se harfa universal.
Con el correr de los siglos, otra especie, mejor dotada i
mds apta para defenders de la injuria maligna del can-
cer, vendria a reemplazarnos, hasta que, a su vez, nuevas
miserias patol6jicas determinarian en ella el derrotero
de la evoluci6n inexorable.


8 de mayo, 1949.










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Resuimen grafico de la Historia Natural del Cancer


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