Group Title: Los dominicanos
Title: A los dominicanos
CITATION THUMBNAILS PAGE IMAGE ZOOMABLE
Full Citation
STANDARD VIEW MARC VIEW
Permanent Link: http://ufdc.ufl.edu/UF00077478/00001
 Material Information
Title: A los dominicanos
Physical Description: 16 p. : ; 21 cm.
Language: Spanish
Creator: Báez, Buenaventura, 1812-1884
Publisher: Impr. Nacional
Place of Publication: Santo Domingo
Publication Date: 1857
 Subjects
Subject: History -- Dominican Republic -- 1844-1930   ( lcsh )
Politics and government -- Dominican Republic -- 1844-1930   ( lcsh )
Genre: non-fiction   ( marcgt )
Spatial Coverage: Dominican Republic
 Record Information
Bibliographic ID: UF00077478
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: oclc - 21895129

Full Text









A LOS DOMINICANOSI



Abusando de las garantias que daba el
Gobierno y de la credulidad de pueblos ino-
centes, la ambition desenfrenada de unos pocos
ha levado el pais a los exesos de la guerra
civil; y yo me he visto en la triste necesidad
de aceptarla para llenar la mission que la vo-
luntad national me confi6 nueve meses ha:
salvar la Patria de la tirania; salvarla de los
exesos de los constantes explotadores del pue-
blo; salvarla del enemigo comun que frustra-
das sus tentativas en el campo de batalla, vela
en las fronteras y asecha la occasion de inva-
dir fmndando sus esperanzas en el descontento
de una sociedad mal gobernada.
Estoy por lo tanto en la obligation de re-
sistir, para defender los derechos de todos; pero
para acallar la calumnia debo hacer una lije-
ra reseiln de los sucesos del pais, para q'le
el mundo sepa que en mi resistencia no hay
temeraria obstinacion, ni prop6sitos personales,
sino el cumplimiento de un deber sagrado.
La volintad de mis conciidadanos me ea-
cargo de la Presidencia de la Repfiblica f fines







-2-
de 1849. Gobern6 h:sta Febrero de 1853 con
Lrreglo a la Constitucion qile regia nuestros
destinos. Este Codigo de nuestros derechos,
obra del patriotismo, estaba desvirtuado por un
articulo, el 210, adicionado a exigencias de la
omniminoda voluntad que ent(nces regia el pais,
y a pesar de las protests de various Represen-
tantes, entire los cnales tuve el honor de figurar.
Cuando me toco mandar no hice uso de esas
facultades ilimitadas sino para reparar los da-
fios que con ellas mismas habian hecho otros
a los ciudadanos. Gracias a la Providencia, ni
un arrest se impuso por causes politics du-
rante aquel period administrative.
Terminado aquel, entiegu6 el mando a mi
sucesor, dejando la Repulblica en complete paz
interior, y en un estado de progress sorpren-
dente. Satisfechos todos los compromises, y
con grandes reserves en sus areas: habia
ensayado la libertad de Imprenta con un exito
feliz, y la education pablica contaba con plan-
teles capaces de dar acertada direction a las
buenas prendas de nuestra juventud: al mismo
tiempo que dejaba reconoeida la independencia
national por las primeras Potencias de Europa,
y ofrecida y aceptada para poner t6rmino a la
guerra con Haiti, la poderosa mediation de la
Inglaterra y la Francia.
A mi retire llev6 la satisfhccion de haber
obrado bien, eomo me lo probaban las pfibli-
cas manifestaciones no solo de mis conciuda-
danos, sino del mismo funcionario que me su-
cedio en el mando; pero luego fueron a in-







quietarme las demasias del gobernante contra
el venerable Arzobispo, contra algunos Repre-
sentantes y contra ciudadanos respetables, y dias
despues recibi un pasaporte para el extrangero.
consecuencia de un Manifiesto en que el Ge.
neral Santana, constituyCndose en calumniador
y Juez, me acusaba, me juzgaba y me sen-
tenciaba al ostracismo. A estos atentados se
sucedieron otros, y la Reptibhca vi6 con escan-
dalo, subir al cadalso a eminentes patriots,
proscribir las matronas y los ninios, y hasta
sentenciar a muerte a uno que apenas rayaba
en los once airos, y cuyo padre, el benemerito
general Bois, acababa de ser inmolado a la sa-
jia del dictador.
Dos veces se convoc6 una Asamblea Cons-
tituyente, y dos veces se reformaron las ins-
tituciones a satisfaction del dictador, en pro.
vecho suyo, y con menoscabo de los derechos
del pueblo. Constituciones monstruosas, consen-
tidas y aprobadas por los Gefes de la conju-
racion actual, viles satellites de la tirania l ca-
ra descubierta ent6nces, como lo son hoy dis-
frazados tras una bandera democratic.
El pueblo de la Capital, representante has-
ta ahora de todos los grandes principios que
se han inoculado en nuestra sociedad, heral-
do de todas las ideas a que debemos la ci-
vilizacion de qie gozamos, el pueblo del 27 de
Febrero, se ostent6 al fin resuelto t sacudir la
tirania, y el mandatario abdic6 su sangrienta
dictadura. En el destierro solicit de mi el Se-
nado que depusiese los enojos causados por






-4-
la inicua persecucion, y que por su parte put
blicaria entonces una amnistia. Convine sin
vacilar, y regresamos al seno de la patria to-
dos los proscriptos.
El voto popular me llam( de nuevo a la
primera magistratura del Estado, vacant por
renuncia de los altos flncionarios. Acepte el
dificil encargo, y apenas lo acepte euando em-
pezaron a maquinar los circulos que habian
sostenido el poder arbitrario, porque no les con-
serve en unos puestos de que eran rechazados
por el pueblo. Entreveian la era de libertad
y de 6rden en que iban a sepultarse para siem-
pre sus esperanzas ambiciosas, y se decidieron
& trastornar la Repfiblica y a provocar la guer-
ra civil.
Por otra parte, la irritacion popular era tan
grande que a pesar de la amnistia, el pueblo
de la Capital y el Senado mismo pretendian
que se sometiesen a juicio al General Santana
y a todos los que le sirvieron de instrument
en sus persecuciones. Pude calmar los animos,
y me es satisfactorio decir que ninguno de esos
hombres objeto de los justos resentimientos de
este oprimido vecindario, sufri6 la mas Jeve le-
sion personal.
Continuaba el rumor de que iban a levantar-
se los descontentos, y que en el Cibao conspi-
raban a eara descubierta. Los amigos de la ad-
ministracion exigian como garantias, medidas e-
ficaces y en6rgicas contra los conspiradores, y el
Gobierno, field a sus propositos, c ltioino por la
via de la tolcrancia y la lenidad. Por fin esta-







-b-
116 en el Oeste de la Repiiblica una insurree-
cion military de character grave; y como se cul-
paban a various gefes y especialmente al general
Santana, file ya necesario arrestarlos y proce-
sarlos. Pero el cuerpo diplomatic interpuso sus
buenos oficios para que no se sometiera a jui.
cio al general Santana en moments de tanta
exaltacion, y se crey6 obrar equitativamente a-
lejando del pais a aquel personaje, mientras se
recuperaba la calma y se apaciguaban los en-
conos. Dias despues se mand6 sobreseer en
todos los juicios por conspiracion, y se publi-
c6 un generoso indulto para todos los inicia-
dos. Con este motive, los qne por denuncias
especiales debieron ser press en las Provin-
cias del Cibao, fueron llainados a la Capital,
y previa una lijera amonestacion para que no
turbasen el reposo ptiblico, se les devolvi6 a
sus hogares. A esto se limitaron las medidas
de represion qne echan en rostro al Gobier-
no los esbirros permanentes de un poder ar-
bitrario.
En cuanto a lo que a mi toca, desde que
me encargue del mando, me consagre con leal-
tad a la mejora social y political del pais. Me
apresure a pedir del Congreso que alzando la
sanction & los Tratados con la Holanda y Ham-
burgo, negara al Poder Ejecutivo la facultad
eons;ntida por aquellos Gobiernos de espulsar
a los sutbditos de esos pueblos sin forma legal;
de arreglar una tregua con Haiti; de organi-
zar una pequefia fuerza permanent que cus-
todiara las fronteras, y permitiera desarmar iues-






-0-
tro ejrrcito; solicited y obtuve en favor del co-
mercio una prfrroga para el pago de los de-
rechos con amnimo de ayudar asi en esta in-
dustria ft los naturales; me contraje a estipu-
lar con grades capitalists de Europa las gi-
gantescus empress de canalizar el Yuna, es-
tablecer un ferro-carril entire el punto en que ter-
mina la navegacion de aquel rio y la Ciudad
de la Vega, y la explotacion de las minas de
carbon de SamanA bajo un plan que diera por
resultado la pronta poblacion de aquellas fera-
sisimas comarcas. Trate de traer al pais la em-
presa de preparar en grande escala las fibras del
platano para el papel y tejidos; y por filtimo,
de acrecentar nuestra poblacion con la inmigra-
cion de extrangeros fitiles. El Conde de Solms
que desgraciadamente muri6 en esta Ciudad, vi-
no con autorizacion suficiente para contratar la
realizacion de estos proyectos, capaces de cam-
biar en pocos dias el aspect de la Repfiblica.
Su muerte detuvo el principio de estas empre-
sas, y la revolution ha estorbado el exito de
las medidas tomadas por el Gobierno para ha-
cerlas posibles. Hoy mismo estan ya llegando
las inmigraciones, y hallan en vez de la paz
y garantias que se les ofreci6, un suelo devas-
tado por la ambicion y la locura. ; Triste suer-
te la nuestra!
Echemos ahora una ojeada sobre la revo-
lucion, y analizandola conoceremos los planes
y propositos proditorios de los que han pre.
tendido engai;ar al pueblo para arrastrarlo co-
mo vil esclavo a la servidumbre de unos po-







-7-
eos. Esos malos cindadanos, ministros unos de
la tirania que habia abdicado, logreros otros
que buscaban su fortune en el cercenamiento
de la riqueza del pays, y en manejos indeco-
rosos con los mandatarios, unidos a dos 6 tres
sacerdotes descontentos con la discipline ecle-
sifstica, a que realmente daba apoyo el go-
bierno, prepararon su plan, haciendo career al
pueblo sencillo, que los estrangeros que se es-
peraban eran Alemanes y Franceses a quie-
nes el Gobierno habia vendido el territorio, y
que todos los naturales iban & perder sus pro-
piedades. A los j6venes incautos los sedujeron
con promesas falaces de libertad, y las demas
ideas que consignaron en el acta de Santiago,
solo para deslumbrar y alucinar: para dar a
la revolution una apariencia popular que en
realidad no tiene.
No, no es popular la revolution. Si el pue-
blo estuviera de part de los hombres del pa,
sado, ellos no habrian abdicado ahora diez me-
ses. Porque huyeron ent6nces de la escena
public? Precisamente porque se vieron sin a-
poyo; porque el descontento popular los for-
z6 a retirarse. Ahora bien, si la actual revo-
lucion no tiene otro objeto que restablecer a los
hombres de la dictadura vencida, no puede ser
popular, y si hay pueblos que la sign es por-
que se les ha engaiado, pues ningun pueblo
retrocede voluntariamente hacia un pasado lIe-
no de oprobio.
Los sucesos han descubierto por fin lo ini-
cuo del plan, puesto que al fin los Gefes de







-8-
la sublevacion han entregaio el ejrcito al Ge.
neral Santana, es decir, todo el poder de la
revolution, que como un hecho no tiene ni pue-
de tener otro apoyo que el de la fiuerza. Es
precise no olvidar por un moment que en to-
dos los pueblos fueron los partidarios del Ge-
neral Santana los que empezaron la revolution;
que aqui mismo en la Capital, no ha tenido
mas sequiito que entire los instruments del Ge-
neral Santana; que los gefes de Santiago fueron
siempre de ese partido, pues que apoderados
como estaban del poder electoral, por ser ellos
mismos los electores, mientras que el General
Santana y sus dependientes abdicaban forzados
por la opinion, esos hombres insistian en darle
su voto para la Presidencia. Y no obstante,
estos son los que levantaron a la ciudad de
Santiago alegando para el alzamiento todas las
demasias de Santana, los vicios de las Cons-
tituciones que este inpuso a la nation, los a-
sesinatos, proscripciones v tropelias de que nin.
gun otro mandatario es responsible hasta hoy.
SFementidos! Y asi que el pueblo esta lanzado,
liamain a Santana que habia surgido en Santo-
muas como la sefnal de la revolution proyectada,
y le entregan el ejercito, mientras que se ponen
clandestinamente en relacion con los haitianos
y atribuyen ese hecho al lejitimo Gobierno; a
este Gobierno que no ha cesado de protestar
contra las pretenciones de Soulouque.... ; Asi
se engania a los pueblos!
Por fortune el triunfo no fue complete por-
que el pueblo de la Capital estaba atento a la







-9-
defensa de la ley y de la razon, y veia de cer-
ca las operaciones del Gobierno; y porque los
pocos partidarios de la tirania que habia aqui
no tuvieron el arrojo necesario para ejecutar la
parte que tenian senalada en el program: el
asesinato de las personas que componen la ad-
ministracion.
En presencia de los hechos, de la traicion
misma que envuelve la revolution, apoyado en
la voluntad firme y libre del pueblo que no
fur avasallado por los rebeldes, el Gobierno ha
resuelto resistir a la faccion, decidido a no en-
tregar el mando, mientras los pueblos, libres del
terror que difunden los sublevados, no dispoli-
gan de su suerte en una gran convention.
En vano alegan los facciosos el nfimero: no
se reconoce la mayoria en las algazaras de
una revolution, puesto que aquella tiene el de-
recho de ostentarse en paz, dando asi lugar a
ser legalmente reconocida al pasoque la revo-
lucion, en su movimiento aterrador, aleja al
honrado ciudadano, compele al ignorante y a-
truena al mundo con la vocingleria de algunos
alborotadores. No veo mas enemigos del Go-
bierno que los que empufan las armas, y este
nfinero es muy inferior al de los leales habitantes
de esta heriica ciudad que no reconocen en
la revolicion mas que las maquinaciones de
sus perpetuos tiranos, Ni los alucinados, ni los
enganados por los gefes de la rebellion estfin
para mi fuera de las garantias que estoy obli-
gado a darles: los defender, resistiendo, de la
esclavitud a que los arrastran en su ceguedad.







-10-
Los rebeldes que alegan el nfmero se funny
dan en el misno derecho con que una cuadri-
lla de salteadores ataca f un pacifico ciudada-
no: la fuerza. -Si la fuerza es el derecho, de-
mas esta la discussion, la lucha es quien decide
entiuces, y la victoria la que jastiieca. La ran.oa
persuade que el derecho de la imayoria sc i> ,-
da solo en la conciliacion de los interests del
mayor nuimero: esa mayoria no -e apo)a en
la fuerza, no la necesita; se ostenta en paz,
no descouoce las forms, y procura los cam-
bios a que tiene incuestionable derecho sin a-
tacar: se defiende de los que quieran reprilmir-
Ia, pero no invade, no subyuga a los demas.
Yo respetare siempre a esa mayoria; pero o-
pondre a las turbas armadas la virtud, el de-
nuedo, y el heroism de los llees patriots
que merodean.
La necesidad de reforms la he compren-
dido yo antes que nadie: estin identificadas con
mi propio decoro, porque las instituciones que
nos rigen son el resultado de la tirania que
empez6 sus exesos atropellando todos mis de-
rechos. En un document solemne vaticine eu-
tonces que los exesos de aquella epoca tenian
por objeto aterrar al pueblo para imponerle ins-
tituciones que restringieran so libertad, y la
Constitucion que nos rige es la prueba de lo
acertado del vaticinio. Vuelto fi la patria y re-
elegido para el alto puesto que ocupo por la
fuerza omnipotente de este pueblo, debo poner-
lo en actitud de darse las instituciones que le
convengan; que aseguren su libertad; que hagan







-11-
imposible la tirania: pero la revolution de los
partidarios del powder absolute no me ha dado
tiempo ai nada, porqLue estoy luchando contra
sus tentativas desde que empece a mandar. En
los nueve meses de gobierno he tenido que a-
tender & intereses sociales tan urgentes como
la tregua con el enemigo exterior, a los ama-
gos de la faccion, y a las empresas salvadoras
de que he hecho mencion. Por otra parte, la
opinion priblica no se habia pronunciado aun,
y era de alta conveniencia que una reflexiva y
franca discussion preparara los pueblos para u-
na acertada reform political.
Sin embargo, yo no he dejado de ocuparme
seriamente de esta necesidad, de este deber sa-
grado para mi, y voy a demostrarlo.
En las Repfiblicas Sud-Americanas se agita
un gran pensamiento: la confederation de a-
quellas que acepten una forma verdaderamen-
te democratic. Invitado por la Nueva-Grana-
da, que es hoy una Repfiblica modelo, vi a-
proximarse el moment de realizar mis deseos,
afianzando para siempre la libertad de mis con-
cindadanos. Se me indicaba tambien que seria
acertado comenzar esta obra grandiosa por la
declaration esplicita de qre los ciudadanos Do-
minicanos conservarian sus derechos aunque se
hicieran tambien ciudadanos de alguna de las
Repiblicas Sud-Americanas. Esta filtima idea
fiie sometida en un Mensaje especial al Senado
y fiw neeptada con entusiasmo; y en cuanto al
pensamieito principal, crei prudente oir antes
los consejos de las Potencias que intervienen







-12-
-I?-
en nlestra contienda con Haiti. Esperaba la
ripuesta para publiceir esta invitacion, y dar
mclrgen de una vez 5 la discussion qre debiera
preceder t las reforms Conistdt;cioniles. ]La
revolution se ha anticipado a todo, y nos h:1
puesto en la necesidad de comnbatir para sal-
varnos de la opresion. Para terminar esta mn-
nifestacion, seaame licito decir algo sobre la cucs-
tion economic, base de tantas calumnias con
que los pertinaces enemigos del orden y de la
libertad han escandalizado al mundo por des-
ahogar pasiones innobles.
El papel moneda, que por desgracia circula
en el pais desde la dominacion Haitiana, des-
pues de muchas oscllaciones, estaba fijado por
el Gobierno a razon de 1100 pesos nacionales
por una onza de oro, y en el comercio flue-
tuaba de 1100 A 1200 pesos. Los importa-
dores calcularon sobre esta base para fijar
sus precious; y como la ley permit al impor-
tar elegir la moneda en que deben pagar I)>s
derechos, los mas se comprometieron 5 ha-
cerlo en papel, con la esperanza de ganar la
diferencia. Coineidieron sus plazos con la e-
poca de la cosecha, en la cual sube algo el
valor del papel, fenomeno periodico que siem-
pre producia una ventaja para el comercio, y
una perdida para el agricultor. Siendo en 6sta
vez abundantisima la cosecha de tabaco y al-
tisimo sn precio, el comereio para prepararse
A las compras, 6 quizfs con el animo de lucrar
en el cambio, recojio el papel, y en pocos dias
la onza bajo hasta 800 pesos nacionales, y







-13--
habria bajado ann mucho mas.
Tuvo entonces el comercio la pretension de
que se le recibiera en pago de los derechos
oro en vez de papel, y que el fisco perdiese
en el cambio. Acostumbrados a la arbitrarie-
dad de los gobernantes, que especulaban con
la cosa pfiblica, vieron como una hostilidad de
la nneva Administracion qie no aceptase la
proposition, y quizas ni agradecieron que du-
rante la alza del papel no se les compeliese
el pago, finico niedio decoroso conque podia
favorece seles.
La escases del papel lleg6 a tal punto. que
se deseaba ya una media del Gobierno. El
comercio mismo estaba por una emision de
papel, fuera que muchos carecieran de este me-
dio para hacer sus compras, 6 bien que los
mismos tenedores de la moneda calcularan que
podian hacerse del papel y sostener el precio
en provecho propio.
Fijos los ojos en el pueblo lamentaba el Go-
bierno aquella situation; porque vendida la co-
secha, al volver todo el papel al torrente de la
circulation habia de buscar su nivel, bajando
a 1200 pesos por onza, que era el valor que
le habian dado las necesidades normales de
moneda en el mercado. La perdida iba f ser
inmensa para los agricultores, 'especialnente pa-
ra los del Cibao, cuyos moradores son casi to-
dos labradores de tabaco.
En este conflict crey6 el Gobierno que e-
mitiendo papel para sostener el precio fijado de
1100 pesos por onza, y retirando de la circula,







-14-
cion toda la suma eiitida en el mom ento eu
que empezase a bajar del precio fijado, se sal-
varia la agriculture: presented, pines, al Senado
este pensamiento, en una session secret. Fue
acojido desde luego, porque estaba fundado en
un gran principio de conveniencia y de justicia,
puesto que el papel tenia fijado, con aceptacion
de todos, el precio de 1100 pesos en las ofici-
nas de emision y recaudacion; y porque no iba
i hacerse una emision forzosa, sino a venderlo
ft los que quisieran comprarlo. Puesto que se
vendi,, habia necesidad de 1e, y la media es-
ta justificada.
Aunque fue secret la autorizacion que ob-
t've, en el deseo de evitar que se perjudicase
iiinguno de mis conciudadaroi publique mi men-
saje; y lejos de observaciones ni de solicitudes
en cnlltra, coino pudieran haberse hecho si ha-
bia error en aquel pensamiento, file enteramen.
te aceptado por el comercio de la Capital, foco
de todas las especulaciones sobre el pdpel mo-
neda.
No faltaron algunos que creyendo facil apo-
derarse de toda la emission para sostener el
precio del monopolio de aquellos dias, se an-
ticiparon a comprar por todos los medios que
plan, haciendo con su avidez y ceguedad na-
car de ese proposito de lucrar A costa del pue-
blo, un agio en la Capital, procurado y creado
por los missnos solicitadores del papel. Procu.
raldo y creado digo, porque no bastando la pren-
sa para satisfacer la avidez de los qie corrian
tras el papel; estos pusieron, desde luego, la







-15-
mira en los que ya lo habian obtenido, como
primeros inscritos, pues era precise venderles
a~ unos primero que a otros, y con ellos nego-
ciaron, mediante un beneficio, todas las can-
tidades emitidas.-Estos beneficios, mas 6 me-
nos altos en los primeros dias, decayeron poco
despues como era natural;- el (obierjno con-
tinuo la emission de billetes al precio que en-
contr6 tijado y que hubo de adoptar, porque
importaba sosteuerlo en beneficio de las classes
laboriosas. Pero como por precaution el Go-
bierno mand6 t las provincias del Cibao oro
y papel para sostener el pensainiento salvador,
los logreros se irritaron, y en sii despeeho jun-
taron sus esfuerzos t los de los revoltosos, quie-
nes con prevision de que pudiera bastar para
desconcertar sus planes aquella media popu-
lar, esparcieron la voz por los campos que el
objeto del Gobierno era saquear una poblacion
va vendida f la Francia y a la Espafia.-Este
es el origen de todas las calumnias conque
han pretendido denigrarme unos hombres in-
morales, que no tienen mas guia que sus pro-
vechos.
Fueron p6rfidos con el pueblo hasta en la
oportunidad que escojieron para realizar sus
planes combinados de antemano. Luego que
convirtieron todo el papel que tenian en ta-
baco, cuando habia pasado todo f las manos
de los inocentes labradores, hicieron estallar la
revolution que habia de destruir los candles
que daban valor f aquella moneda. He aqui
la revolution que quiere presentarse como obra







-16-
espontlnea de los pueblos.
No lo es, y por eso en mi calidad de gober-
nante resistir6 mientras me acompaiie siquiera
un grupo de Jeales patriots, resueltos a salvar
la poblacion entera de la rapifia y de la tira-
nia. Esta mission es noble, y yo la acepto Por
lo demas no tengo ningun empeio en conservar
el mando: estoy resuteto, a devolverlo, pero al
pueblo, no a una faccion ni a los tiranos de
este mismo pueblo que toman su nombre, finico
soberano legitimo, ante quien gustoso compa-
receria como sfbdito al verlo en paz, duefo de
sus destinos y dictando la ley.
Santo Domingo 1. 0 de Octubre de 1857


eImprnta Nacional.- enie






Impr.:nt~ l Nationi7.-18.




University of Florida Home Page
© 2004 - 2010 University of Florida George A. Smathers Libraries.
All rights reserved.

Acceptable Use, Copyright, and Disclaimer Statement
Last updated October 10, 2010 - - mvs