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Group Title: Apuntes para la historia de los trinitarios : fundadores de la República Dominicana
Title: Apuntes para la historia de los trinitarios
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 Material Information
Title: Apuntes para la historia de los trinitarios fundadores de la República Dominicana
Physical Description: 23 p. : ; 23 cm.
Language: Spanish
Creator: Serra, José María
Publisher: Impr. de García Hermanos
Place of Publication: Santo Domingo
Publication Date: 1887
 Subjects
Subject: History -- Dominican Republic -- To 1844   ( lcsh )
Genre: non-fiction   ( marcgt )
Spatial Coverage: Dominican Republic
 Notes
Statement of Responsibility: José María Serra.
 Record Information
Bibliographic ID: UF00077476
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: oclc - 43457366

Table of Contents
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A UNTES

S PARA

LA HISTORIC

DE LOS


TRINITARIOS,


FUNDADORES DE LA REPUBLICAN


DOMINICANA.


I)


SANTO DOMINGO.
IMPRE'NTA DE GA.ARCIA H-EIRMANOS.
1887.

























Hacen cuatro ailos se public en 1" El Eco de la Opini6n"
un breve relate que el Seior Jose' Maria Serra hizo en
carta privada al Illmo. Sor. Meriio, acerca de la instala-
cion de la revolucionaria Sociedad Trinitaria;" del nd-
mero y nombre de los individuos que la constituyeron y
tambien de otros datos fidedignos que esclarecen los hechos
referentes i los principios de la historic de nuestra Separa-
cidn de Haiti.
El senior Serra decia : Mas de una vez he sentido,
leyendo los perio'dicos que hacen una narraci6n de nuestros
hechos pasados, que los sucesos d que se contraen no est6n
redactados con la precision que debieran, si han de servir
ellos de datos para la historic de Santo Domingo. La Tri-
nitaria" y la Filantr6pica" fueron dos sociedades distin-
tas: la primer era exclusicamente revolucionaria ; la otra
nd. Aquella tenia por misidn la propaganda. Sus miem-
bros eran no mds que los nueve que la establecimos, dia del
Cdrmen por cierto, en la casa de dona Chepita Perez, (un
bohio frente a la puerta del Carmen ) Duarte, Juan Isidro,
Pedro Pina, Felipe Alfau, Juan Ravelo, Jacinto Concha,
Benito Gonzalez, Feliz Ruiz y yo; y, por ser nueve, llevd el
nombre de Trinitaria."








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Esto lo leyeron y aprobaron dos trinitarios que vivian
todavia, el General D. Jacinto de la Concha, y el Coronel D.
Juan Nepomuceno Ravelo, dmbos personas de ilustrado cri-
terio; lo cual bastaria para fijar la verdad hist6rica si no
fuese suficiente el dicho del senor Serra d quien abonan
un distinguido nombre de escritor lpnblico y la mas honora-
ble reputacipn que sus virtudes privadas y sociales le han
consagrado.
Hoy damos d la estampa el precioso oplisculo que el
mismo sehor Serra, cediendo complaciente d las instancias
del Illmo. Seinor Merifio, de quien lo hemos obtenido para
su publicacida, ha escrito especialmente, estendidndose inds
sobre la material para dejar al historiador dominicano la luz
necesaria sobre aquellos sucesos que el tiempo puede oscure-
cer, si no ya alterar, desfigurdndolos, como se nota en algo
que se public luego con ocasidn de la fiesta national del
27 DE FEBRERO.
Sea, pues, esta publicaci6n para mayor honra del bene-
merito prdcer que la describe, y de provecho para lajuventud
estudiosa !
Santo Domingo, 16 de Julio de 1887.

CARLOS NOUEL,
Can6nigo honorario.






























PRONTO van A cumplirse cuarenta afios desde que 4
consecuencia de los acoutecimientos politicos que turbaron
la tranquilidad y la alegria de los primeros dias de la Re-
piblica Domiuicana, tuve que salir expulsado de su suelo
en uni6n de otros compafieros de infortunio, llegando A fines
de 1849 a la inhospitalaria isla de Sant6mas. Inhospitalaria,
porque no siendo entu6ces mas que un dep6sito mercantil,
infitilmente buscaba ocupacin6 en ella el iufeliz extranjero.
Preciso era, por tanto, salir inmediatameute de aquel lugar
donde la vida nos habia de ser impossible. Sin recursos
pecuniarios y ademAs enfermo, mi situaci6n era terrible.
gA d6nde habia de ir? Pero, y c6mo quedarme? Oh! la
expulsion! i Con qud facilidad echan mano los gobiernos
de una pena tan atroz! Minatras la expulsion exist como
recurso de faerza sin implicar una responsabilidad impres-
criptible, iuico medio, 6 medio muy eficaz de contener esos
abusos de autoridad, denunciard siempre, aun entire los
pueblos cultos, rebeldia de un salvajismo refractario A los
sentimientos de humanidad y de justicia. Preciso es por
amor A la Patria y houra de la civilizaci6n, combatir hasta
que desaparezcan esas pr4cticas que tan ineficaces son en las
cuestiones political para fundar y sostener usurpaciones







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que un voto universal acept6 y las constitute despues como
derecho.

Midntras me ocupaba en resolver la dificultad de ele-
gir el pais en que debiera fijarme, supe que se presentaba
una goleta con destino a Puerto Rico; y, con la fi del ara-
be, dejando obrar la fuerza incontrastable de los aconteci-
mientos, tom, pasaje en ella. Al Ilegar 6 la capital debia
presentarme al Sr. Don Juan de la Pezuela, Gobernador
General de la Isla, a quien ya se le habian enviado los
pasaportes.

Estaba el General en el despacho acompafiado de un
senior alto, grueso, triguefio, y de semblante agradable; vestia
este de paisano, casaca de patio negro, y no usaba barba ni
bigote. Dicho senior, con los pasaportes en la mano, iba
despachando A los demds pasajeros, dejaudome para iltimo;
ent6nces viniendo hicia mi me dijo: g SerA V. el Sr. Serra ?

Y un servidor del Seior.... Ignoro a quien tengo
la honra de ofrec6rmele con este cardcter.

Soy Ensebio Nuiez, Escribano de Camara, y me
le ofrezco como paisano, como amigo y como pariente, pues-
to que soy primo de su suegro. V. queda embargado por
mi y espero no me niegue ]a honra de aceptar mi casa como
residencia suya mi6ntras permanezca en esta ciudad: con
que, si le place, podemos marcharnos. Y sin darme tiempo
para dirigirle una palabra de cortcsia, tom6 el sombrero di-
ciendo : Iemos concluido aqui." Saludd al General, y
salimos. Mi suegro, que habia quedado en otra pieza inte-
rior, y que expulsado algunos dias Antes que yo, habia ve-
nido tambien 4 Puerto Rico, se nos uni6 en el trAnsito,
y A la vez nos encontramos con don Gregorio Escarfuller,
comerciante de Puerto Plata, a qui6n yo habia conocido en
Santo Domingo, y me ofrieci6 su casa.

Le tengo embargado ya, dijo D. Eusebio en tono
jovial, y continuando Ambos la discusi6n sobre el derecho de
secuestrar mi persona, convinieron entire sf que mi suegro y
yo dormiriamos en la casa de Escarfuller, y que en el dia
estariamos en la de D. Eusebio.

Hizimoslo asi, y 6ste que no cesaba de manifestarse
siempre complaciente y festivo, me repetia con frecuencia:







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"Paisano, quisiera ser rey. I Sabe V. para qud ? Para tra-
tarlo como a un principle "

No obstante esta ben6vola acojida, la capital de Puer-
to Rico no me dejaba entrever medio alguno de ocupa-
ci6n, ni era decoroso para mi prolongar por mas tiempo en
aquella vida.

Determine trasladarme A Mayaguez, donde residia D.
Francisco Martinez de Le6u, amigo mio desde la infancia,
y con quien sostenia active correspondencia.

Cuando supo mi llegada iA la capital me escribi6 de esta
manera: Querido amigo: Hoy mi carta no tiene mas
prop6oito que recordarte aquellos dulces concepts de Mar-
tinez de la Rosa:

Un Angulo me basta entre mis lares,
Un libro y un amigo."

Ven, pues, te aguardo entire mis brazos."
*
Acept( la invitacion; me despedi agradecido de los
que tan buena acojida nos biindaron en la capital, y vine
i lijarme en Mayagnez, en done, entire periodista y maes-
tro de la juventud, lie consumido la existeneia, disfrntan-
tando de una estimaciOn general, prodnciendo en mi alma
un amor tan grande por este pueblo, que bien pudiera
exitar los celos de mi patria, a no ser porque este sacro
sentimiento no se menoscaba nunca: es collo el amor ma-
ternal, que en el coraz6n del hijo subsiste siempre todo
enter, ann cnando el hijo se separe de la miadre al acto
mismo de jurar tambien amor a la esposa que ha elegi-
do, y con quien va A identificarse. Y es que el amor es
finico en la esencia aunque multiple en la forma. Asi se
explica que ausente e mi patria querida, y sin sentir otros
pesares que los que son naturales en la vida, que por lo
mismo en donde quiera los hubiera experimentado; lleno
de salud y contando siempre con el trabajo que satisfacia
mis parcas necesidades, mi unica aspiraci6n durante cuaren-
ta aios, dia por dia, haya podido exclamar al recuerdo
de mi dulce patria, como los israelitas en el desierto: Sen-
tado A las orillas de los rios de Babilonia, derramlnbamos
arroyos de lagrimas al acordarnos de Si6n;' y asi como
colgaban de los sAuces sus instruments musicos, yo tam-







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bien colgaba mis alegrias del arbol marchito de mis es-
peranzas. "'

No pierdas las esperanzas, me dijo mi buen amigo
en uno de esos dias de violent nostalgia, Z te olvidas acaso
lo que era Santo Domingo en poder de los haitianos ?

Pero esa lucha suscitada por la ambici6n y la codicia
no le es m6nos funesta. Los haitianos arruinaban un pais
que existia ain, en fuerza de su propia exhuberancia;
pero esta lucha fatal que da principio sobre unas ruinas,
hard completamente infitil todo nuestro empeio en recons-
tituirnos, y dentro de poco ya no tendremos por patria sino
la desolaci6n de esas mismas ruinas.

Niegas la acci6n de la Providencia sobre la suerte de
las naciones ?

IY con quien, sino con ella, podiamos contar los nue-
ve j6venes osados que decididamente acometimos la teme-
raria empresa de arrojar A los haitianos del territorio de
que ae aduefiaron y constituir en 61 la cuna de la Repibli-
ca Dominicana ? Cuando 6sta nacio, luci6 como ricos pafia-
les los vivos colors de su bandera, en cuyo escudo el
lema Dios, Patria y Libertad explica suficientemente que
s6lo confiados en la protecci6n de esa Providencia, llevAba-
mos A feliz t6rmino el hecho glorioso que deberia coro-
narse con la regeneraci6n complete de todo un pueblo.

Preciso es, para poder valorar la importancia de ese
acontecimiento conocer la situaciu6 p6litica que atravesaba
el pobre pueblo dominicano domiiiado por cl de Haiti;
pero puesto que para ti no es desconocida, esto me evita
entrar en semejantes detalles. Sin embargo, hacen ya al-
gunos alios que huyendo dcl servicio military te fuiste para
Santiago de Cuba, refigio, como lo era Puerto Rico y Ve-
nezuela, de casi today nuestra juventud, llamada desde que
cumplia quince afios de edad, A servir en el ej6rcito. Me
parece estate viendo, como 6 Wenceslao y i Tomas Concha,
con el morri6n hasta los ojos y el sable curvo desenvai-
nado, formando en la plaza de ]a Catedral la compaiiia de
gendarmes, que apdnas constaba de 25, y no le ialtaba su
Coronel, (D. Felipe Vazquez), su Comandante, (D. N. Pa-
checo), su Capithn, (D. Javier Miura, que pasaba de 70
anos), su saijento mayor, (Wenceslao Concha), su cabo y







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su furirel, tu y Tomas Concha.

Pues a pesar de que no habia much que faltabas del
pais, no puedes imaginarte lo que habia adelantado en su
decadencia. Ti dejabas a nuestra patria mas que agoni-
zante, muerta; pues bien, cuando pensamos en revolucio-
narnos, ya el cadAver estaba convertilo en esqueleto. k Te
parece possible, despues de la desorganizaci6n de los elemen-
tos, la reconstruccidn de un cuerpo y su reanimaci6n ? Pues
he aqui el impossible que emprendimos, y que por lo mis-
mo nos ponia en ridicule A los ojos de muchos que habiendo
rebasado ya de esa edad en que mas aconseja el coraz6n que
la cabeza, nos llamaban locos, cuando mas tarde, acojido
el pensamiento, comeuzamos los trabajos de propaganda.
He aqui como comenzaron:

La muerte natural del capital D. Javier Miura, que era
de la gendarmeria, di6 ocasi6n para que el general Carrid,
que te acordaras era gobernador de Santo Domingo, come-
tiera una arbitrariedad en peijuicio de Wenceslao Concha;
y esto me llen6 de indignaci6n. Tenia el capital anexo el
cargo de habilitado del cuei po, y Carri6, para favorecer a su
propio hijo, ilamnado Samf, lo traslad6 del reginiento 31, en
que servia con el cargo de furriel, al cuerpo de gendarmes,
y elevaindolo on grado, lo nombr6 y posterg6 i Wcnceslao.

Ese dia y el signienie me los pasd escribiendo con letra
disfrazada conttra el gopliervo, sin concretar caso alguno,
pero concitando a la revolncitn. Por la noihe regne por
la ciudad furtivaentenl mis aut6gralbs, que di Ia mariana
produjeron un eldclo ;alarmate, y muclho contentamiento
de mi part. La firm que llevaban era: El Dominicano
Esmpaol. Los liaitianos para vilipcndiarnos nos llamaban
asi: foutrd eslpanol.

Al ver, pues, el efeccto producido con mis pasquines,
continue escribidedolos, pori'qu bien so comprende que no
es possible la existence de la sociedad sin medios de co-
municaci6n, sean lejilimos 6 ilegitimos. Corresponde td
los gobiernos liacer que eslos medios sean siemnpre lega-
les; pero es muy peligroso para los propios gobiernos con-
denar a los pueblos al mntisno. No era possible valerme
de los metlios de que disponen los praises civilizados para
hacer oposici6n 5 los desmanes del gobiernt y autoridades:
no teniamos periodicos en Santo Domingo, que son la vtl-







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vula de seguridad por donde se desahoga el exceso de va-
por para impedir que la miquina social revieute y cause
graves desgracias. "El Dominicano Espafiol" se solicitaba
y se leia con interns y se copiaba y se hacia circular por o-
tros campos y poblaciones como San Crist6bal, Bani, Azua;
y enconti6 tambien un inpuguador en otra hoja que con el
nombre de la "Chichar'ra" se bacia publicar impresa, circuus-
tancia que descubria A su autor, mejor dicho, autora, pues
alli sabiamos que una seiiora poseia una imprentita, que uti-
lizaba en imprimir las d6cimas pidiendo ramos, Inces y ban-
deras, requisito indispensable en las fiestas anuales que ca-
da barrio dedicaba a sus respectivos patrouos.

Encontribame un domingo en la afanosa producci6n
de mis pasquines cuando lleg6 a casa mi amigo Juan Pablo
Duarte y me pregunt6:
-Qu6 es eso, L no sales hoy ?
-No, dijele, estoy muy ocupado.
Y que describes ?
Toma y l1e, le dije alargandole un ejemplar.
iAcabaras! Con que eras tdi? Caramba! Pues
voy A ayudarte.

En seguida comenz6 i copiar. Por la noche, por cier-
to muy lluviosa, salimos a repartirlos y como desde ent6n-
ces ya dramos dos los amanuenses, nuestra publicaci6n era
mis numerosa y mas nutrida.

Un dia lleg6 y su semblante me revelaba algo mas
que la ordinaria alegria con que se saludan diariamente
dos amigos. Su mirada y su sourisa eran tales, que al mis-
mo tiempo que exitaron mi curiosidad, no me dieron lugar
a formula la pregunta.

L Que te pasa"? iba yo a decirle, en el instant
mismo en que 61 exclam6: Chico, un grand pensamien-
to tengo que comunicarte. Dejemos por hoy la escritu-
ra v escucha. Nada hacemos, querido amigo, con estar
excitando al pueblo y couformarnos con esa disposici6u,
sin hacerla servir para un fin positive, practito y tras-
cendental. Entre los dominicanos y los haitianos no es po-
sible una fusion. Yo admino al pueblo haitiano desde el







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momento en que, recorriendo las pdjinas de su historic, lo
encuentro luchando desesperadamente contra poderes exce-
sivamente superiors, y veo como los vence y como sale de
la triste condici6n de esclavo para constituirse en naci6n
libre 6 independiente. Le reconozco poseedor de dos vir-
tudes eminentes, el amor A la libertad y el valor; pero los
dominicauos que en tantas ocasiones ban vertido gloriosa-
mente su sangre, lo habran hecho sl6o para seller la afren-
ta de que en premio de sus sacrificios le otorguen sus domi-
nadores la gracia de besarles la mano ? No mas humilla-
ci6u! No mas verguenza! Si los espafoles tienen su mo-
narquia espafiola, y Francia la snya francesa; si hasta los
haitianos han constituido la Repuiblica Haitiana, por qud
ban de estar los dominicanos sometidos, ya A la Francia,
ya A Espalia, ya A los mismos haitianos, sin peusar en cons-
tituirse como los demas N6, mil veces! No mas domi-
naci6n! Viva la Repfiblica Dominicana!

Y al decir 6sto lo vi como transfigurado; sus ojos azu-
les, de mirar sereno, le centellaban; su tez suave, teiiida de
ordinario por las rosas, en aquel nmomento parecia deberle
su color A la lamapola; sus labios finos, donde de continue
una dulce y carifiosa sonrisa revelaba la bondad 6 ingenui-
dad de aquella alma noble 6 inmaculada, veialos convulsos
agitando el negro y espeso bigote que A la vez que formaba
contrast agradable con su dorada y poco poblada cabelle-
ra, al dilatar la longitud de su frente daba magestad A su
fisonomia. Con el pecho erguido, adelantando el paso, acom-
pafiando la acci6n con la mano dereeha, como si terminara
una arena concitadora ante el pueblo, repiti6: Fuera to-
da dominaci6n! Viva la Libertad Viva la Rep blica Do-
minicana!

Si, querido amigo, oye mi plan. En vez de continuar
excitando al pueblo como hasta aqui, es menester former
una sociedad secret revolucionaria: todo lo tengo meditado.

Esta sociedad se IlamarA la "Trinitaria," porque se com-
pondra de nueve miembros fundadores, que formarAn bajo
juramento una base triple de tres miembros cada una. Es-
tos nueve individuos tendiAn un nombre particular cada
uno, del que solo usarA en casos especiales, el cual nadie co-
nocerA excepto los nueve ftndadores. .abra toques de
comunicaci6n que significarAn confianza, sospecha, afirma-
ci6n, negaci6n; de modo que al llamar un trinitario A otro







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que estA en su cama, ya este sabr4 por el numero y ma-
uera de los toques, si debe 6 no responder, si corre 6 no pe-
ligro &a Por medio de uu alfabeto criptol6gico se ocultara
todo lo que conviene guardar secret.

La existencia de esta sociedad sera igualmente secret
inviolable para todo el que no sea trinitario, aunque sea
adepto.

El trinitario estara obligado a hacer propaganda cons-
tantemente y ganar pros6litos; asi es que 4stos, sin asistir
Sjuntas, qune son siempre imprudentes, sin conocer de la con-
juraci6n mas que aquel que a ella lo induce, no podri en
caso de delaci6u comprometer mas que a uno de los nueve,
quedando los otros ocho para continuar trabajando.......

En fin, el tiempo se nos pas6 en hablar del proyecto y
modo de realizarlo. AI dia siguiente tenia Duarte organi-
zada la idea con tanta proligidad y con tanta previsi6n, que
bien se conocia que el proyecto bullia en su cabeza desde
much tiempo: ent6nces me expliqu6 esas distracciones ha-
bituales en que cafa y de las cuales se reponia mediante
una sonrisa llena de satisfacci6n. He aqui, me dijo, sacan-
do various papeles del bolsillo: estas son nueve copias del
alfabeto, una para cada trinitario, y el nombre que a cada
uno le he atribuido para procurar hacer mas dificil un com-
promiso personal aun cuando llegaran i descubrirse istos y
a descifiarse la clave. No es prudent escribir plan: por
ahora basta el juramento.

En nuestras confidencias revolucionarias no habian en-
trado mas que los nueve que habiamos de constituir la Tri-
nitaria, todos los que, avisandonos mfituamente, nos encon-
tramos reunidos el dia 16 de Julio de 1840, en la casa de
Juan Isidro Perez, pues con motive de ser dia de Nuestra
Sefiora del Carmen y estar la casa en la plaza de la iglesia
de este nombre, en donde, segun costumbre traditional,
afluia much gente, como en todo el barrio con motive de
las fiestas, nuestra reuui6n no podia ser sospechosa: bien
que, en obsequio de la verdad, debo decir que los dominica-
nos jams tuvimos coartada la libertad de reunirnos, ni
este hecho inspiraba recelo al gobierno.

Comenzaba en este instant a salir la procesi6n. Feliz
augurio! nuestra sociedad se instalaba entire music, pro-







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fusi6n de cohetes, rcpiques de canpanas y esa alegria ca-
racteristica de nnestro pueblo, que da vida aun a las Uismas
cosas inaniiaadas; las paredes de las casas cuniertas de cor-
tinas, las puertas y venta;uns adorn:dl;s eonl banderas, las
calls sembradtls de rainos, el suelo regado de flores ..
i CuAnta hoiidad de costulmbres no se retfeja en esas prlcti-
cas piadosas, que la cultural se empefia en desterrar, sin
reponerlas por esto, con otras mas sencillas inocentes!

Conel1yvese la procesion de la Virgen Ai quien se habian
trilbntado tantos obsequiiios, y nosotlos permanieciamos ann
en el mnismo lugar, sin dar treguas al entusiasmo de (ue
nos hlallamos poseidos, figuriAndonos erijida ya la Repfiblica
y el pais difti-utando de todos los beneticios que afiauzaran
una dicha de que jamls ha disfi-utado.

Propnso Duarte la creacidn de un fondo al que todos
conitribuiriamos, cadla cal en proporciOn de sus facultades
pecuniarias, y la proposiciu6 fue aceptada, produciendo la
subscriciun cieuto y tantos pesos que, dijo, van A trabajar
en la casa de mi padre desde ahora misino.

La casa de D. Juan Duarte estaba sitnada en la Ata-
razaiia, firente 6a l; iuralla, al lado de la antigna Aduana,
y se dedicaba habia ya muchos ailos al uegocio de 'errete-
rfa, nmotoneria, cordeleria y artfculos de este gCnero. Su
antigno cirdito y el no1 tener competidor, la buena direccion
de Juan Pablo, y la cooperaci6n de su herin:ltno Vicente,
que de continue en la costa estaba dedicado A la coinpra
de caoba, campeelie, miora y guayacAu, les propoicionaban
realizar ganancias tan lIicrativas coino trecuentes. El fondo
de la Trinitaria entraba libre de todo gasto, Ai acrecentarse
con beneficios segnros, rp:idos y no poco considerable,
puesto que se acnnUlulabau al capital.

Amigos mios, dijo Dnarte despnes de un largo rato de
abstracci6n: unidos aqui con el proposito de ratiticar el que
habiamos concebido de conspirar y liacer que el pueblo se
subleve contra el gobierno haitiano, a fin de constituirnos
en estado libre e independiente con el noimbr e de lepfiblic
Dominicana, vauos a dejar eipefiado nuestro honor y va-
mos a deljar comprometida unestra vida. La situacidn en
que nos ctloquemos sera iniy grave, y tanto mJs cnanto
queen entrando ya on este camino, retroceder seral inplcsi-
ble. Pero ahora, en este momento hay tiemupo todavia de







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rehuir toda clase de compromise. Por lo tanto, si alguno
quisiere separarse y abandonar la causa noble de la libertad
de nuestra patria querida .....

No! -No! -Yo no me separo. Ni yo! -Ni yo!

Estas palabras en confuso tropel interrumpieron el dis-
curso de mi amigo, quien luego continue diciendo: Piues
bien; hagamos ante Dios estejuramento irrevocable. Y
desdoblando el pliego que lo contenia, del cual a cada uno
di6 su copia criptografica, lo ley6 con voz Ilena, clara y des-
pacio y al terminal lo sign, y todos lo leyerou del mismo
modo y lo signaron.

Las nueve cruces correspondian, segun el orden, a los
nombres siguientes:

SJuan Pablo Duarte. Juan Isidro Perez. Juan Ne;o-
muceno Ravelo. Felix Ruiz. Benito Gonzalez. Jacinto
de la Concha. Pedro Pina. Felipe Alfau. Jose Maria Serra.

Cuando sign el iltimo, con el pliego abierto en la iz-
quierda y sefalando las cruces con la diestra, dijo Duarte:
" No es la cruz el sign del padecimiento; es el simbolo de la
redenci6n: queda bajo su 6jida, constituida la Trinitaria, y
cada uno de sus nueve s6cios obligado A reconstituirla,
mi6utras exista uno, hasta cumplir el voto que hacemos de
redimir la Patria del poder de los haitianos."
Concluida la sesi6n, cada cual emprendi6 sin descuidar-
se su obra de propagaci6u. Uno de los medios de que se
ech6 mano fid el teatro; este se lenaba de bote en bote
en ciertas representaciones escojidas de iutento, y la exalta-
ciud del espiritu pfiblico era tal en ocasiones, que lleg6 d
llamar la atenei6n del gobernador, quien una noche hizo su-
bir al scenario un ayudaute suyo, para pedir la pieza que
se representaba y ver si eu ella era cierto que estaban es-
critas estas palabras: Me quiere levar el diablo cada
vez que me piden pan y me lo piden en francss" Esa in-
vectiva contra los tranceses no era supuesta; estaba en efec-
to escrita en la comedia, y el general Carrid se di6 por sa-
tisfecho. El teatro espafiol abunda de piezas en que el es-
pfritu de nacioualidad, excitado por la guerra que'le llevo el
genio invasor de Napole6n, no omite ocasi6n de zaherir y
ridiculizar en la escena 6 los fianceses. Martinez de la Ro-







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sa pone este terrible hip6rbole en boca de uno de sus per-
sonajes que refiere a otro los insultos con que se habia de-
sahogado:-"Y no le digiste frances?-Ah! no; las injuries
no llegaron hasta ese grado." La coincidencia de hablar no-
sotros el espaiiol y los haitianos el fianc6s, establecia ante
los ojos del pueblo tan extrecha relaci6n, que cuanto los
poetas espanfoles proferiau en contra de los fianceses, otro
tanto referia 6ste A los haitianos, aplaudidndolo con entu-
siasmo incredible. Ningun temor de persecuci6n nos inspi-
raban estos arranques populares, en cuanto t la acci6n ex-
pontanea del gobierino; pero no dejaba de inspirarnos rece-
lo la sugesti6n que procediera de parte de los haitianizados.
En todas parties existen hombres que se distinguen y no por
la virtud del amor d su pais, sino por la ficci6n de este amor
para tener oculto el de su medro particular. A estos les
debio Santo Domingo la p6rdida de lo finico que quedaba de
su acreditada Universidad, eu done brillaron varones tales
como los Nuciz, los Portes, Moscosos, Gonzalez, Medranos
y otros y otros que la tradici6u nos conserve con orgullo.

Cerrada la universidad con el dominion de los haitianos,
el espiritu filantr6pico del Dr. D. Juan Vicente Moscoso su-
fiia al contemplar la juventud dominicana sin mis alimento
intellectual que el escasisimo que le proporcionaban las es-
cnelas de particulares, limitadas a' ensefiar A leer, escribir,
formerr bonita letra) y repetir rutinariamente las primeras
reglas del arte de contar. En la escuela p6blica se ensefia-
ba lo mismo, pero en francs, que era el idioma official. El
Dr. IMoscoso abri6, pues, una clase en su casa, y alli coneu-
rrieron unos tantos j6venes Avidos de instrucci6n.

No pudo el Dr. Moscoso prodigar al pafs todo el bien
que se propuso. Este hombre de inteligencia superior, de
cualidades excelentes, gloria y prez de cualquiera sociedad,
a pesar de tener una edad mny avanzada, calificado de go-
do, lo mismo que el Sr. Arzobispo Dr. D. Pedro Valera y
otras muchas personas respetables, sufiia las mortificacio-
nes de unos tantos miserables, de esos que para congraciar-
se con los gobiernos utilizan como medio la honra de las fa-
milias, la conveniencia social, y la hacienda, y la vida de
cualquiera cuyo sacrificio les report algun medro. Para
esos hombres nada hay respetnoso, nada hay sagrado. Al
mote de godo, prodigado no tanto por escarnio, sino para
sefialar con 61 A los que querian hacer perseguir como adic-
tos a los espafioles, desafectos por tanto al gobierno de







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Haiti, e intimidarlos, afiadiendo las canitaletas de nocbe, re-
prIobadas anlque iniitilmente por la part mais sensata de
la poblaci6n. La policia no trat6 nunca de coutener ese
des6rden ; y el resultado no se hizo esperar: el disgulsto y el
iniedo de mayors excess determinaron en 1830 la salida
del Arzobispo Valera, del Dr. Correa, orador enya elocuen-
cia lo hizo aftinado, no solo en nuestra cathedral, sino en
otras iglesias de Italia, de Francia y Espaia que habia vi-
sitado; la de D. Bernardo Tirado; la de D. Martin de Mue-
ses; del padre Mueses y sus sobrinos Juan y Jose de la
Cruz Ginenez ; la de la fimilia Abreu, Miguel Veloz, To-
mas Troncoso ..... pero 1 A qud continual esta lista dema-
siado larga ? Muchas fueron las families que eliigraron es-
ta vez y iony grande la tristeza que este acontecimiento
produjo en la ciudad, en donde diticilinente ya en lo ade-
lante podrian encontrar los padres, maestros para sus hijos
que les proporcionaran conocimientos menos rudimentarios
que los que se ensefian en las escuelas.

Un sacerdotc, D. Jose M9 Sigarin, abri6 en Santa Clara
un curso de latin, contrastando mucho su conduct filantr6-
pica con la poco caritativa de otro fraile, extranjero, que
con tiempo disponible y condiciones favorables para haber
hecho un bien iA la juventud dominicana cnaudo ces6 la cla-
se del padre Sigarin, se neg6 .i continuarla.

Distinto filu el proceder del Dr. Manuel MI Valverde,
quien cons;igrn;ha A: la instruccion de sus hijos el escaso
tiemlpo que le d.i;ill.n de reposo las atenciones de sus nu-
inerosos enferinos, y solicitaba siemnpre tres 6 cuatro alunnos
unis A quienes hacer participes de aquel beneficio. )narte,
los dos Guerrero (laniiuel y Wenceslao), el Dr. D. Pedro
Pificiro, D. E. Antonia, Soto, y otros, siempre dejaremios
oir, los muertos, sus ecos de ultra tumba, los vivos nues-
tra voz de agradecinliento, para que unidos former un him-
no de bendicion consagrado a su recuerdo.

Esa era la triste situaci6n A que habia quedado redu-
cida la pobre juventud domiinicana desde la clausura de su
celebre Universidad, basta que trajo la Providencia A nues-
tro puerto al Presb. D. Gaspar Hernandez, natural de Lima.
Lo nmuy pequefio de su talle, la viveza de sus movimientos
y el metal de su voz, agudo y algo desapacible, condiciones
inconvenientes A lat gravedad del sacerdote, A las cualidades
de un orador, avaloraban ya el caricter de lo uno, ya el md-







# -17-
rito de lo otro, por lo mismo que producia una sorpresa
agradable hallarlos reunidos en !l en grado tan eminente.
Esto unido 6 otras cualidades, como su trato dulce y simp;i-
tico, su franqunza y su jovialidad, le captaron mnuy pronto
el aprecio del pueblo, que acudia diligent A oir su palabra
fAcil 6 instructive y en cnyo ejercicio era infatigable.

Un acontecimiento natural acaecirlo en esa epoca, dio
motivo para poner a prueba sn facundia, y fihd ocasi6n para
que aquel aprevio se trocara en un cariflo general y verda-
dero. En las grades calamidades pdblicas iquen habri que
no se sienta inclinado A dar una inirada de benevolencia en
trueque de una palabra de consolaci6n ?

Era el 7 de Mayo de 1842. Una desgraciada mujer,
tullida, A quien su hijo muchachonzuelo arrastraba por las
calls llevAndola en un caj6u montado en cuatro ruedas, ha-
bia much tiempo imploraudo la caridad, pasaba fiente A
la iglesia de San Nicolas, que tiene por tutelar a la Virgen
bajo la advocacion de la Purisima Concepci6n, A la que di-
rigi6 esta fervorosa siplica: Madre mia: ten misericor-
dia de mi; devuelvene la salud." En el acto se sinti(
como impulsada, sali6 de su caj6n y con rdpido y fire paso
subi6 la giaderia de la puerta y se arrodill6 en el liitimo
peldaiio. Los que presenciaron este hecho gritaron: ""Mi-
lagro! Milagro Ana Maria se levant caminando de re-
pente." Y estas palabras como trasmitidas por la electri-
cidad, difundieron en un instant la noticia por toda la cin-
dad, y todo aquel recinto se Ilen6 de gente, tan curiosa coimo
asombrada. Ana Maria se puso de pid, y vuelta de frente
hAcia el pueblo, con voz conmovida gritaba: "Seliores:
placed penitencia! que estamos amenazados de un gran cas-
tigo !" Media hora despues, un meteoro de fuego cruz6 el
espacio, y A las 5 de la tarde se sinti6 el terremoto mas es-
pantoso que haya nunca esperimentado el pais: la mayor
part de los edificios se resintieron ; la misma Catedral, no
obstante su solidez, qued6 agrietada y la ciudad de Santia-
go de los Caballeros vino al snelo, quedando bajo sus es-
combros mas de 500 personas.

El padre Gaspar empleaba el ascendiente de su pala-
bra en reaniniar el espiritu del pueblo, aterrorizado, y en
evitar la aglomeraci6n en los templos de tanta gente que
A todas horas en procesiones, las mujeres desmelenadas,
los hombres cargando pesos enormes, todos pAlidos, todos







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compungidos, andaban de iglesia en iglesia, done la repe-
tici6u de otro fuerte temblor como el que tantas victims
habia causado en el Cibao, podia producer mayors desgra-
cias. Tanta solicitud en esta ocasi6n, asi como la que des-
plegara al abrir la clase de filosoffa i la juventud estudiosa
en la sacristia del convento de Regina Angelorum, solidifi-
caron su popularidad. Esta area 6 que diariamente con-
sagraba cuatro horas de la mafiana y con marcado placer,
era much mas ben6fica de lo que A primer vista se puede
considerar. Aquella clara inteligencia que conoci6 desde
que pis6 el suelo dominicano, la triste situaci6u que este
atravesaba, infiri6 inmediatamente la suerte que lo future
podria reservarle si siguiera sometido 6z un gobierno tal co-
mo el de Haiti. Muy lastimoso cuadro se present( A su
contemplaci6n, y su alma generosa no pudo menos que sen-
tirse conmovida. No, dijo para si, preeiso es que esta ju-
ventud, unica esperanza de un pais, por una part tan pri-
vilegiado por la naturaleza, como, por otra, tan combatido
por la desgracia, no quede abandonado a la desesperaci6n ;
precise es ayudarla para que cumpla el destino {a que esti
Ilamada." Alma noble Que mi patria agradecida te llame,
por honor reciproco, su hijo de adopci6n, y que incluya tu
nombre en la lUpida en que esculpa el de sus benefactors !

La juventud se instruia y.... precise es decirlo, hubo
quienes nos censuraban y nos ridiculizaban: nos ilamaban
filorios por irrisi6n. Esta palabra no tiene significaci6n en
el idioma : fud inventada por un truhbn para llamarnos por
ironia fil6sofos.

Mas si todos los estudiantes del padre Gaspar no eran tri-
nitarios, en cambio todos los trinitafios eramos estudiantes,
y no podiamos mirar sin reprobaci6n el proyecto que algu-
nos habian concebido de buscar en el gobierno de Francia la
salvaci6n de sus particulares conveniencias; los unos apete-
ciendo protectorado, los otros delirando afin con anexi6n. En-
tre los que respetando la nacionalidad son, sin embargo, ene-
migos obligados de todo gobierno, por ambici6n de mando, 6
porque A la sombra del que manda viven como la parisita del
Arbol que le di arrimo, se movia el partido cuya aspiraci6n
era establecer reforms saludables en el gobierno. Estallo y
triunf6 esta revoluci6n. Deportado el president de la Repfi-
blica, Juan Pedro Boyer, acab6 sus dias en el destierro. Ca-
pitaneada la revoluci6n por el general Riviere, vino A la par-
te del Este con su ej6rcito expedicionario. Los afrancesa-







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dos habian provocado antes de estos acontecimientos una
reuni6n de various dominicanos en la casa de D. Manuel Joa-
quin Delmonte, con objeto de aunar voluntades. Duarte ma-
nifest6 que todo pensamiento de mejora en que el sentimien-
to national se postergara a la conveniencia de partidos, de-
bia siempre reprobarse, porque puesto en ejecuci6n constituia
delito de lesa patria. Una declaraci6n tan franca y que lle-
vaba aparejado el vituperio que a todos alcauzaba, aun A
los mismos que aceptaron la reform con los haitianos, le
proporcion6 el encono y la ira de unos y otros: asi fu6 que
antes de llegar Riviere a Santo Domingo, recibi6 una de-
nuncia contra Duarte que le valio su persecuci6n y destie-
rro 6 Curacao, con la de algunos seialados como Duartis-
tas. Pudieron algunos evitar la expulsion ocultAndose sin
salir de la ciudad, tal como Francisco Sanchez, j6ven de los
mas aprovechados entire losfilorios, de cualidades tan reco-
mendables que le ganaron el aprecio general. Habia en
Sanchez much delicadeza de sentimientos, y tal era su
modestia, que el mismo la confundia con la humildad.

La ocultaci6n exitaba la inquietud de sus perseguido-
res; y el temor de que se tramara una conspiraci6n, mul-
tiplicaba el empefio en descubir su escondite. Asi fu6 que
lo que Sanchez no hizo por si mismo, hacianlo por 61 sus
mismos adversaries, que fu6 anticiparle celebridad y ganar-
le prestigio. Para disminuir el af n con que se solicitaba
su. capture, hicimos correr la falsa noticia de su muerte; y co-
mo nadie tiene tanta-hbbilidad para engafiar al pdblico como
el pfiblico mismo, una vez lanzada con reserve esta noticia:
; "Pobre Francisco L Sabe V. que ha muerto? ", a las po-
cas horas circulaban los detalles de tiempo, lugar, enferme-
dad, disposiciones p6stumas, inbumaci6n, testigos &?, com-
binado con tal viso de posibilidad y verosimilitud, que muchos
aun de los que estaban en parte del secret, sospechaban si
habria coincidido la ficci6n con la realidad. Y si esto contri-
buy6 4 que las persecuciones fieran m6nos activas, no por
eso lo fueron las precauciones con que, un determinado ni-
mero de amigos que mas lo queriamos, defendiamos su per-
sona. En la noche, cuando era convenient hacerlo pasar
de una casa A otra ibamosos os A su lado acompafiindolo:
delante a una cuadra de distancia, ibamos otros dos, y de-
trAs otros dos a igual distancia.

Tal era el mal estar de la Repfiblica y tan poca f6 inspi-
raba el cambio de una buena situaci6n, que los mismos ven-







-20-
cedores no estaban en oI general satisfechos de su obra. La
idea de anexar el pais ia Francia 6 por lo mznos, solicitar su
protectorado, cobi-r de nuevo calor y aildaa como vergon-
zante insinunadose. En contraposici6n de estos trabjijos,
los de los Trinitarios habian sido tan activos y Ilevados con
tanta discreci6n, que fuera del corto nulmero de anexionistas
y proteccionistas, bien conocidos ya, no habia un solo ildi-
viduo que, si hablaba espailol, no estuviera dispuesto A com-
batir con las armas en la mano, la dominaciiu haitiana.

Sin embargo, no estaba decidida la oportunidad de l;n-
zarnos A la lucha, ni ann combinado el plan, cuando un hu-
ceso hizo precipitar las cosas.

Los representatives de la part del Este habian recibi-
do del C6nsul general de Francia en Puerto Principe, las
seguridades de que su gobierno apoyaria todo moviniento
revolucionario que declarara la voluntad del pueblo de unir-
se a Francia. La 6poca de esa combinaci6n seria para el
25 de Abril de 1844. Esta noticia la trasmiti6 uno de di-
chos representantes, Manuel M. Valencia, a 1). Jos6 He-
redia, en Banf, en los filtimos dias de Noviembre de 1843.
Sfipela alli en Diciembre 6 inmediatamuente vine A la ciu-
dad y la comuniqud 6. Sanchez, Jacinto y Tomas Concha,
en cuya casa estaba aquel ese dia, y con ellos reunidos
Ramon Mella, Joaquin y Gavino Puello. Convinose alli
en la necesidad de anticipar el pronunciamiento y declarar
la part del Este estado libre deindependiente. Concert6se el
plan, y sin contar con otro auxilio mas que con el de la con-
fiauza en la buena causa y el valor y decision que cada cual
estaba en el deber de dejar acreditados, se seflal6 el 27 de
Febrero A las 11 de la noche para proclamiar el adveniinien-
to de la Rep'iblica Doininicana.

Jamins una noche de los tr6picos ha parecido mas bella
que la que iniciaba una 6poca de esplendor tras de tanto
tiempo de calamidades y tristeza.

Id, hijos mios, nos dijo mi madre a mi lhelmano y
mi, coloc.ndonos al cuello del uno la estampa de la Virgen,
y al del otro la de Jesus. Vais a' cumplir, afiadi6, con el
deber sagrado de ofieceros por la salud de vuestra patria:
valor y coufianza: que la bendici6n del cielo os acompale! "

El pnnto de reuni6u era la Plaza de la Misericordia.







-21--
Creiamos que el niumero de los concurrentes seria ma-
yor, pero desgraciadamente dramos may pocos. Compro-
netida es la situaci6n, dijo Mella, juguemos el todo por el
todo; y dispar6 al aire su trabuco. Marchemo3, pues!

Nos dirijimos A ]a Puerta del Conde, defendida por unos
25 hombres mandados por el Teniente Martin Gir6n, quien
nos entreg6 el fuerte como lo teniamos convenido. El tiro
disparado por Mella nos hizo allegar gente de los que esta-
ban comprometidos, 6 inmediatanente Manuel Gimenez,
Manuel Cabral y D. Tomts Bobadilla y algun otro salieron
en reclutainiento por los campos.

Al principio faltaba una organization military, pero el
buen sentido de todos dictaba las mas acertadas disposi-
ciones, y se ejecutaban con oportunidad 4 inteligencia. So
cubrieron todos aquellos puntos mas importantes. Pusi&-
ronse en un momento en servicio dos cafiones; los demas
encontrironse acusando el abandon en que se tenian: ni
siquiera se encontr6 estopa. Hagamos tacos con escobi-
tas, dijo Angel Perdomo; y en un moment recojimos al
rededor de la muralla today la que pudimos necesitar. En
estos trabajos nos ayudaba la tia de Francisco, la infortuna-
da Trinidad Sanchez, que en sus propias faldas conducia
p6lvora para las murallas.....!

Ocupados de todos estos trabajos estAbamos cuando se
present una ronda de A caballo. Era el hijo del general
haitiano Riviere. Al echarle el c quin vive ? y mandarle el
centinela hacer alto! volvi6 riendas, descarg6 su pistola sobre
la avanzada y parti6 A escape. Poco despues tres tiros de
alarm se oyeron en el cartel que fueron repetidos por
otros tres en nuestro fuerte, en done sin cesar cada mo-
mento acrecia el nfimero de los que venian para respon-
der al santo Ilamamiento de la Patria.

Era de ver el asombro que causaba la presencia de
Sanchez. Con que alegria lo abrazaban aquellos que le
habian tenido por muerto!

El canciller del consulado frances, M. Malespine, se
present oficiosamente en nuestro fuerte. La situaci6n en
que se encontraban los del gobierno era sumamente precaria.
Podia decirse que el gobierno no habia acuartelado la tropa,
sino que estaba preso. Los puestos militares, Jaina y San-







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ta Cruz, los teniamos intereeptados, y los cuerpos de guar-
dia de la ciudad estaban desamparados unos, y otros ocu-
pados por nosotros.

En toda la uoche el gobierno no hizo otra cosa sino es-
tarse a la espectativa, mi(ntras que el pueblo se habia aglo-
merado todo en derredor nuestro, como en el dia no de una
gran revoluci6n, sino de un gran festin national: asi tfu
que al mezclarse la luz naciente de la aurora con la no
minos esplendida de la luna, que en la noche nos habia
acompaniado, el estampido del cafi6n, el toque alegre de la
diana y la voz tumultuosa del himno patridtico que se eleva-
ba melodioso como el de las diversas aves en el campo; esa
variedad de sonidos, esa multitud de sensaciones, dieron tal
especialidad 4 aquella inaiana, que inutilmente preten-
derA representarse today la poesia del 27 de Febrero, aquel
que no tuvo la dicha de presenciarlo.

A las 9 se nos aperson6 un ayudante del gobernador que
acabibamos do desconocer, entregando un pliego dirijido al
gete del moviiniento revolucionario, en que inquiria el mo-
tivo de encontrarse el pueblo reunido y el cara4ter con que
lo hacia en aquella aetitnd.

Sefiores, dije, quisiera tener la satisfacci6n de responder
a la pregunta; y sentado en un aparejo, sobre un barril que
me sirvio de escritorio en la pulpelia de D. Juan Pina, escribf
el primer document de la Republica, que constitnye el acto
de Separaciun, ( inmediatamente sancionado por el pueblo,
fui acompaiadlo de TomAs Concha, de Jacinto Concha y de
Manuel Jos6 Machado, : notificar al Corregidor D. Domin-
go de la Rocha el estado de rebeli6n en que el pueblo se
habia declarado contra el gobierno haitiano, y el estableci-
miento de la Junta Gubernativa. El Corregidor convoc6 al
Ayuntamiento, hizose la notificaci6n a las autoridades que
habian representado al gobierno y todas las cosas se 11e-
varon con tal prudencia, interviniendo el cuerpo consular en
obsequio de una transacci6n pacifica y digna, que los haitia-
nos entregaron la ciudad, firmAndose capitulaciones honro-
sas, y salieron del pais sin que de una parte ni de otra se
oyera una sola expresi6n inconvenient, ni un acto se come-
tiera imipropio de pueblos cultos.

Constituida la Junta de gobierno, se despach6 A Cu-
racao una goleta de guerra en busca de Duarte y dem4s







-23-
deportados. La legada de este padre de la Patria fui
otro dia de jfibilo general. Pudo muy bien decir A sus
conciudadanos, en medio de tanto regocijo: Un dia, vien-
do gemir a mi Patria bajo el yugo de un pueblo invasor,
concebi el pensamiento de quebrantar sus hierros, y os
pedi vuestra cooperaci6u; la prestasteis, y hoy la Patria
es libre: benditos sean todos los que han realizado trans-
formaci6n tan gloriosa. Ahora todos debemos propender
hacer que esta libertad sea fecunda en bienes. Haremos
feliz A Nuestra Patria ? Ah Maldito sea todo aquel que
ahora ni nunca ocasione su desgracia . "

2 Podra nuuca hackrsele a Duarte semejante imputa-
ci6n? i Ah! ........

Poco tiempo despues, cuando no se habia extinguido
aiin el rumor producido por los victories de su legada, los
6mulos de este digno patriota, A pretext de que los pue-
blos del Cibao pretendian imponer su candidatura 6A toda la
Repfiblica, recababan de la Junta Central Gubernativa la
conveniencia de enviarlo A Santiago, para que l1 mismno
desvaneciera today noticia de temor contra la acci6n lib6rri-
ma del pueblo.

En el Cibao pudo Duarte frustrar los designios bien vi-
sibles de los anibiciosos, 6 por lo minos la preponderancia;
pero Antes de discutir su persona, lo que hubiera sido iniciar
la guerra civil detrAs de la Repiblica, cedi6 a los ambicio-
sos la afrenta de provocar aquella, y l1 se sacrifice con la
gloria de haber fundado esta, hasta morir sin remordimien-
tos en el destierro.

Poco a poco hau ido muriendo todos los Trinitarios, me-
nos uno, que no dilatarA much en reunirseles. Uni6ronse
para fundar la Repuiblica y labrar su prosperidad. Consi-
guieron lo primero; y si 40 afos de expatriaci6n, si las priva-
ciones, los padecimientos, todos los males que le son consi-
guientes trajeran en p6s la felicidad de esta tierra tan queri-
da, todo lo daria porbien sufiido, y mis, lo que por sutrir me
quede todavia.
Jos" MARIA SERRA.


Mayagiiez, Junio 30 de 1887.




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