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 Publicaciones de la junta
 Actoaciones acerca de Francisco...
 13 aniversario














Group Title: Junta de Estudios Historicos de San Jose de Flores. Publicacion ; no. 23
Title: Acotaciones acerca de Francisco A. Sicardi
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 Material Information
Title: Acotaciones acerca de Francisco A. Sicardi
Series Title: Junta de Estudios Histâoricos de San Josâe de Flores. Publicaciâon
Physical Description: 14 p. : ; 23 cm.
Language: Spanish
Creator: Visillac, Fâelix B
Publisher: s.n.
Place of Publication: Buenos Aires
Publication Date: 1951
 Subjects
Genre: non-fiction   ( marcgt )
 Notes
Funding: Publicaciones de la Junta de Estudios Histâoricos de San Josâe De Flores,
 Record Information
Bibliographic ID: UF00075963
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: oclc - 07598152

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    13 aniversario
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JUNTA DE STUDIOS HISTORICOS
DE SAN JOSE DE FLORES


FELIX B. VISILLAC



Icotacione -acerca de

FRANCISCO A. SICARDI


J95


.29

BUENOS AIRES
1951


















UNIVERSITY

OF FLORIDA

LIBRARIES


- s_ I I





JUNTA DE STUDIOS HISTORICOS
DE SAN JOSE DE FLORES


FELIX B. VISILLAC



Acotaciones acerca de
FRANCISCO A. SICARDI







23


BUENOS AIRES
1951










JUNTA DE STUDIOS HISTORICOS /

DE SAN JOSE DE FLORES ,, .



PRESIDENT:
DON BARTOLOMi GALfNDEZ

VICE-PRESIDENTE:
CAPITAN DE CORBETA Jost R. SALVA

SECRETARIO INTERINO:
ROBERTO FARfAS ALM

TESORERO:
CORONEL ARTURO HORTIGUERA

PRO-TESORERO:
DOCTOR LUIs ANGEL VANASCO

"MIEMBROS DE N6MERO''

DON 9NRIQUE T. ROMERO
SCORONEL JUAN f. FERRARI
PROFESSOR RAIL SILVA MONTANER
PROFESSOR ViCTOR M. ACUfA
DON FRANCISCO SUAITER MARTiNEZ
DON FtLIX B. VISILLAC
DOCTOR ARTEMIO MORENO
DOCTOR ARTURO GARCIA SANABRIA
DOCTOR ANiBAL D. FACIO
GENERAL DE DIVISION ADOLFO ARANA
DON ANTONIO P. CASTRO
DOCTOR Jost DANIEL ARAOZ
DOCTOR ERNESTO H. CELESIA
DOCTOR ANGEL RAOL SOLER
DOCTOR IGNACIO J. ALBARRACfN
DOCTOR ENRIQUE DE GANDIA
DON FRANCISCO L. ROMAY
DON JUAN A. FARINI
DOCTOR CARLOS N. CAMINOS
DON PEDRO INCHAUSPE
TENIENTE CORONEL ARTURO MALMIERCA f
DON JAVIER A. PARDO t ,
TENIENTE CORONEL EVARISTO RAIREZ JUAREZ t
CORONEL DANIEL DE ESCALADA t
PROFESSOR PEDRO B. FRANCO t
DOCTOR AUGUSTO G JIDI t
CORONEL ROQUE LAN S f












S PUBLIfACIONES DE LA JUNTA

El pab. deSan Jos6 de Flores, antecedentes relacio-
nadosj con el pacto de unidad national de 11 de no-
vidnbre de 1859.
2.'Comunicaciones, por Enrique T. Romero.
3. El acuerdo de Flores, por el Dr. Antonio Sagarna.
4. Trascendencia hist6rica de la batalla de Chacabuco, por
el coronel Nicolas Scasso.
5.- El pacto de uni6n national, por el Dr. Carlos Alberto
Pueyrred6n.
6..- El "San Martin" de Barcia Trelles, por el capitin de
corbeta Jos6 R. Salva.
7. La capital national, la provincial[ y la federal, por Bar-
tolom6 Galindez.
8.-Expedici6n del gobernador Matorras al Bermejo, y el
primer Caporat del Chaco de Gualamba, por el teniente
coronel Evaristo Ramirez Juirez.
9.- Ehsayo hist6rico de San Jose de Flores, por el doctor
Luis Angel Vanasco.
10.-La guerra de fronteras en la Pampa del coloniaje, por
el Dr. Anibal D. Facio.
11.- Campafia del ejdrcito entrerriano confederado. Pago Lar-
go y Cagandha, por el teniente coronel Ignacio J. Camps.
12. Evocaci6n de San Jose de Flores, por Fl6ix B. Visillac.
13. 909 aniversario de la Constituci6n Nacional. (Documen-
tos de la promulgaci6n, firmada en Flores, y palabras
del president de la Junta, D. Bartolom6.Galindez).
14. El pacto de San Jos6 de Flores. Su significado, su esce-
nario,, sus actors, por el Dr. Luis E. Arguero.
15. Sari Martin, el simbolo, por Radl Silva Montaner.
S16.- San Martin y su obra, por el coronel Daniel M. de Es-
calada.
17.-- Manuel Belgrano y la educaci6n popular, por Pedro
B. Franco.
18. E coronel Pedro Ramos, guerrero de la Independencia
y conquistador del desierto, por Raul Silva Montaner.
19.- Doctor Edelmiro R. Franco, por Enrique T. Romero.
20.-Rivadavia. El genio rivadaviano y la organizaci6n na-
cional, por Bartolomb Galindez.
21.-San Martin h6roe civil, por el general Adolfo Arana.
22.- Vuelta de San Martin a su patria, por el capitan de cor-
beta Jos6 R. Salv. '
23. -Acotaciones acerca de Francisco A. Sicardi, por Felix
B. Visillac.

Queda hecho cl dep6sito que previene la Ley 11.723


















FRANCISCO A. SICARDI


En cierta oportunidad, en esta tribune de la Junta de
Studios Hist6ricos, trazando un panorama sint6tico de
San Jos6 de Flores, remontAndome a cincuenta afios
atras, hablando de sus valores en las artes y la ciencia,
me referi a -algunos hombres cuya actuaci6n dejo un
derrotero y marc6 una orientaci6n, cuando todavia el
progress no le habia quitado al pueblo de entonces su
sencillez, ni se disipaban sus tintes de villorrio, para
volverse sefiorial, commercial y sorprendente y, dentro de
nuestra ciudad, populosa, ser una pequefia piudad.
No debemos dudar de que Flores,. como la plant ocul-
ta su savia y lleva en si la promesa del fruto, tiene en-
raizada en su vida, una historic viva y palpitante. Pa-
rece que el destiny le di6 desde su fundaci6n, cuando
el rancho de adobe y paja se erguia arrogante en sus
manzanas reci6n trazadas, cierta grandeza; cuando su
iglesia chata, sin esa alta torre que matiza el azul, no
lucia la luminosa,cruz que simboliza la que llevara a
cuestas el maestro de la tragedia biblica; cuando las carre-
tas pintadas con pronunciados tolores, algunas con toldo,
otras descubiertas, rubricaban el silencio con un eco mo-
nocorde; diriase que el destiny, forjador de almas y de
cosas, asi como vestia de una poesia inicial, honda y pre-
cisa; la elocuencia y maravilla de las quintas arboladas,
con viejas fuentes y altos molinos, y daba una nota bella
a las calls polvorientas, resguardadas por paraisos, ha-
bria de ofrecer, para intensificar la vida y la historic del
pueblo, hombres luminosos, los cuales, algunos nacidos en









la parroquia, otros desenvueltos en ella desde su infan-
cia,.dejarian,con la marcha'del tiempo, una evocaci6n, asi
como aquella que dejan las inscripciones sobre el lomo
frio de las piedras eternas.
Aqui, en este lugar, Urquiza, el vencedor de Caseros,
traz6 sus planes, tuvo sus meditaciones, cuando logr6 ven-
cer el brazo ferreo del tirano; militares de acci6n en aque-
lla 6poca, supieron.destacarse; artists de valor, mis ade-
lante, ya en la m sica, en las letras o'ekcultura, recogieron
eh el ala de una inspiraci6n ardorosa, la fuerza propulsora
cue anim6 sus obras; poetas como Pedro J. Na6n, can-
taronr en las noches primaverales y pasearon su carcaj de
(inscii o por las calls solas, con pdlidos faroles; novelists
como Eduardo Gutie6rez y narradores de la tall de Ra-
fael Barreda, musicos y pintores, despertaron sus emocio-
.nes eh el seno de este lugar y, hombres de ciencia como el
Dr. Edelmiro Franco, Facuido Larrosaj Arturo Balbas-
tro y otros, y en jurisprudencia Iloarcos M. Zorrilla y Al-
fredo Colmo, escudrifiaron, estudiaron y sufrieron al am-
paro de la acogida de este San Jos6 de.Flores. Diriase. que
su poder de fascinaci6n se dilataba sobre los'espiritus pri-
vilegiados y suscitaba en ellos un sentido prodigio.
Aun cuando no es mi intenci6n trazar un studio ter-
mina de acerca de uno de los valores de aquella 6poca,
puesto que no he de hablar como un critic, quiero ad-
vertirles..que mi breve exposici6n de esta tarde versarA
rApidamente sobre uno de los medicos mAs destacados y
uno de..los escritores que desarroll6 plenamente sus senti-
mientos y utiliz6 muchos models exactos para los cua-
dros de sus obras. Refikrome al Dr. Francisco A. Sicardi,
quien reanima el trecho que ocupa mi sill6nr de Miembro
de Ndmero de esta Honorable Junta de Estudios' Hist6-
ricos, que tanto brega por, mantener, reanimar y procla-
mar todo lo que ha ampalidecido el pasado en la mis
pura historic de esta parroquia.

Hablar6 ligeramente del m6dico poeta, ya que la medi-
cina acarrea todos los paliativos, como el arte llena todas








las condiciones de lo bello y noble, cual si de esta ma-
nera ambas cumplieran una sagrada misi6n.

Francisco A. Sicardi naci6 en Balvanera el 21 de abril
de 1856, 6poca en que el barrio carecia de los aspects
del present. Las carretas vencidas que regresaban de los
puhtos lejanos de la provincia, cargadas con cueros y la-
nas, formaban un sequito junto a la plaza. Vendedores
ambulantes de flores y pasteles, desde el amanecer hasta
muy tarde soportaban con algunos transeintes las nubes
de polvo,

Sicardi, hijo de italianos, con un padre navegante que
iba y venia de Europa con su bergantin trayendo merca-
derias, habia nacido en la ciudad portefia, en lugar pobre
y sencillo, donde la fe en el' trabajo era una aureola. Un
dia sus tios resuelven marcharse a Europa, y con ellos se
llevan a Italia al pequefio Francisco. Alli, en el pais de
D'Annunzio, en la tierra del arte y la belleza, pasa su
nifiez; se asoma su alma al primer despertar, empieza a
comprender lo magnifico del paisaje, a aprender las pri-
meras letras. Su inteligencia era clara, firme su conduc-
ta, grande su contracci6n. Las montafias le encantaban,
los rios ondulados algo extrafio le prodigaban -con ''_s
rumors. Mucho tiempo pas6 en tierra extranjera, hasta
que por fin un dia el viejo navegante con su compafiera
vuelven al pais. Al entrar en el Plata, al penetrar en la
red brillante de la ciudad portefia, aquel nifio que se'fu6
de tres afios, volvia a los 17 con una preparaci6n acriso-
lada en el Liceo Crist6foro Colombo. Ante el nuevo hori-
zonte que se le presentaba, con un entrafiable amor al
studio, con un afin de penetrar el dolor human, in-
gresa en la Facultad de Ciencias M6dicas, recibi6ndbse
much despu6s de Farmac6utico y, mis adelante, de doc-
tor en Medicina.

Estamos ya frente al galeno; al hombre joven que se ha
entregado sin temor a la ciencia, desafiando escollos, de-
rrumbando obsticulos, embrazando una fe poderosa. Ya
medico, resuelve marcharse a la Pampa, se torna un fa-


S 7








cultativo rural. Contempla alli la tierra uberrima, observe
la transformaci6n de la simiente, agigahta su amior por
la, soledad pampeana que tanto destaca en uno:de sus
vollmenes. Su comprensi6n del labrador tpstado. por el
sol, grande en su sencillez; del criollo de que nos habla
Hernandez en su 'Martin Fierro", todo eso, lo fut acer-
cando a la inquietud humana., .
Despu6s de unos afios ietorna y se radica en Flores;
clava aqui el ancla de su nave. Era ya un hombre que es-
taba en plena juventud, fuerte y contraido. Estudia en el
silencio y continuamente se le ve salir en su coche tirado
por dos caballos por las calls barrosas, por entire quin-
tas de verdura, por los rincones _ms po6ticos para curar
sus ehfermos. ,Nada sustrae sus impulses; empieza asi a
amar la vida, su libertad, a destacar su rebeldia, su acer-
camiento a si mismo.

Pero el amor que no perdona se aduefia cierto momen-
to de su coraz6n de poeta, que, asi como se inclinaba a las
peas, florecia en las estrofas brillantes, cual el rosal bajo
las glorias del sol. El arquero divino de quet nos habla
Nervo to hace adorar a Carmen Lezica, hija de Enrique
Lezica y Carmen Mufioz; ella, con su gracia peculiar, le
atrae, despierta sus primeras, canciones. Encuentra en
aquell vida un complement de la suya; adhiere su alma
a esa alma; se ajustan en un identico sentir, en un solo
af~n, en una misma senda, y la elige para. compafiera de
sus dias. iQue mis? La amada le daba su misi6n: ser ma-
dre, sacerdotiza en el hogar, inspiraci6n en sus horas.
Prosigue Sicardi su trayectoria; el tiempo continuaba
con su rodar de dias y de noches. En 1886 azota a la po-
blaci6n la fiebre amarilla; en todas parties la epidemia
dejaba su huella. El miedo y la tristeza caian en los ho-
gares; por las calls se veian carros cargados de cadiveres.
Sicardi, con su valor, no se sustrae al flagelo;,se le ve en
los lugares donde se pide su clemencia. ICurarl ICurar!
Esas eran las palabras que se escapaban de su boca a cada
instant. Su contracci6n, su arrojo, lo hacian enfrentar a
la muerte. Asi conquist6 el nombramiento de Director








del Lazareto que se levant6 momentdneamente en la pa-
rroquia.'Fud tanta su asiduidad, su abnegaci6n, su sacri-
ficio, que obtuvo distinciones y recompensas. Cuando
pas6 la epidemic, volvi6 a su vida normal, a entregarse
a' la ciencia en grado sumo.

Con igual firmeza que, se brindaba a la medicine se
da a la literature. Los factors teliricos y raciales des-
piertan su pasi6n redentora por el campo prometido; un
cuadro desolado donde la miseria mostraba su rostro ma-
cabro, el encanto de una noche lunar como el 6xtasis de
las, montafias, todo eso surcaba su pensamiento y ensan-
chaba sus suefios. Empieza a escribir much, continua-
mente, critics de arte, narraciones, poemas.

Public primeramente Paz en la guerra, Salamb6 o San
Julidn, cue. constituyen jirones de vida reflejados en la
novel. La prosa fire y correct, la revelaci6n exacta de
los heroes acusan al.observador. Mis tarde, ya el camino
de sus 6xitos, traduciendo los estados positives de su es-
piritu, nos endosa Horas de evoluci6n, libro sincere, de
critical justiciera. Continia a trav6s de sus afios,' cuando
el tamiz de su vida se va infiltrando en la experiencia
-madre creadora- que descorre la cortina de ilusi6n; pro-
sigue para darnos Genaro y La inquietud humana, donde
eleva el amor puro por lo grande y maravilloso creado
por Dios; diriase cielo, montafias, rios, valladares. Este
libro mencionado es todo un poema trazado en versos
libres y pareados, concebidos amorosamente. QuizA las
composiciones no estiin ajustadas dentro de una verda-
dera pulidez acad6mica, mas el pensamiento -padre del
ritmo- esmalta en oro y luz aquellos cantos que corren
suavemente, sin empaque,

Sicardi no siente el desaliento, ni le resta fuerza la in-
diferencia de sus emulos. Ama su soledad, se encierra en
ella, ya contraido en sus studios de medicine, como des-
pojindose de 6stos para rendirse a sus quimeras. Su de-
seo era reflejar estados animicos. Sentia esa iecesidad
imperiosa, ese mandate inexplicable que obliga a todo
artist a manifestarse ante la concepci6n impetuosa, cum-









pliendo asi esa ley del pensamiento que rige a la acci6n,
cuando se propone el escritor ofrecer lo que pugna en su
interior ya que, como el escultor, pintor o misico, for-
man "una mitad de si mismo" al decir de Emerson..Di-
riase que algo misterioso, eso. que lo Ilevaba a penetrar
en el complejo de las enfermedades, lo abandonaba en
ciertos instantes para que se rindiera al lecho de sus pa-
labras, al torbellino de sus ideas que traslucian el canto
exquisite b la prosa hibilmente cincelada.
Si como mddico se redimia ante la angustia, se entre-
gaba en otros' moments a la soberania de la poesia,
que pese al dolor colectivo y a la luchi del hombre con-
tra el hombre, mantiene su maravillosa ley. Por eso per-
duran Homero y Dante.
En su obra El libro extranio, exalta el dolor de los que
sufren, de los que nacieron pobres, que continuaron asi
su vida hasta su moment final. Disimula en este volu-
men, o por 10 menos no critical, al delincuente, y cree que
6ste es un prbducto de un ambient de privaciones y mi-
serias. Clama porque sea educado, que no se le descuide,
para que sean conducidos esos espiritus huhrfanos de'pre.
paraci6n, escasos de conocimientos por sendas que con-
duzcan a un verdadero nivel moral, finico medio de ali-
viar a los d&primidos, a los necesitados, a los obscuros.
Haibla en este libro sinceramente, diriase que se hunde
en problems sociol6gicos; se acerca a los obreros, brega
por una vida m'is reconfortable, mis atenuada dentro de
las hichas. Indudablemente que estas opinions fueron
eniitidas por Sicardi hace muchos afios, pues en los mo-
mentos actuales han tenido una mayor conquista y han
logrado triunfos para sobrellevar mejor la vida. Es que
cada hombre parece recobrar mas su personalidad y acer-
carse a un bienestar comiun, dentro de cada region y en
el orden del trabajo que dignifica y encumbra la exis-
tencia.

Y en medio de aquel ambiente que pinta con viva sin-
ceridad, bajando al fondo de sus protagonistas que tanto
le han inspirado, no ha hecho otra cosa que,reconciliarse









con su fe, con sus sentimientos ante las deformidades que
pesan en este diablo mundo a quien cantaba el poeta
Espronceda.

Tan contrario a la vanidad y a la gloria del exito era
Sicardi, que s61o sentiase feliz cuando transfigurado en el
alma ambiente que lo hacia sentir o se enfrentaba a la
sombra que lo envolvia, pensaba en reflejar todo lo que
era .para 1e vibraci6n.
Su coraz6n se mantuvo siempre en alto como una an-
torcha; su entusiasmo, que lo hizo llegar muy lejos, no
decreci6 jamis. La perseverancia estaba en el, era care
de su espiritu. Por eso fu6 incesante en su producci6n y
muy pocas.veces en los periods de su vida se detuvo para
dejar pasar sus ideas sin encerrarlas en la forma. Sicardi
se, ayudaba, asimismo ofreci6ndose a un gran ideal que 1o
templaba la dolencia fisica, y se acerca a ella para do-
minarla.

Desticanse algunos libros aparte de los enumerados,
como Hacia la justicia, el cual mantiene un acervo casi
rebelde, donde el fondo se adelanta a la forma y define
,asi una totalidad de ideas trazadas mas bien para anate-
matizar que para ensalzar.

Aparte de muchos folletos cientificos y publicaciones
en revistas m6dicas y literarias del pais y extranjero, hago
notar su libro Perdida, donde se resume tres obras. Los
protagonists son una manifestaci6n de vidas estudiadas.
Realza en uno el dolor de una nifia ciega enfrentada a
la pobreza y miseria, la cual tenia un espiritu sutil que
se sobreponia en su defecto fisico, por sobre todo. En las
otras dos unificadas al mismo volume Pdrdida, campea
una id6ntica expresi6n y la intensidad de los estados psi-
col6gicos.

Le siguen, mas adelante, La cancidn del .insomnio, hil-
vanada con el virtuoso reflejo de La inquietud humana.

En 1919 di6 a la publicidad siete dramas, los. cuales
no se representaron. Obras de un corte modern, quizi









un, poco alejadas de la materialidad esc6nica para agi-
gantarlas en .una fantasia poco common. El argument es
demasiado complicado; los dialogos largos nos hacen pen-
sar en escenas mis bien adecuadas para scr leidas que para
la representaci6n.
La hora heroica, que tambien conoci6 la escena, como
Misericordiosa, en sus dos actos nos expone a protago-
nistas que se redimen por el amor; aplaude.la guerra como
una forma redentora para una vida que se ha visto fra-
casar. Sin embargo, diaries como La Prensa elogiaron alta-
mente esta pieza por su sentim'iento expresado y la ele-
vaii6n de los diilogos.
Sicardi, en sus.obras teatrales, no habia hecho otra cosa
que. dar relieve a las vidas observadas en sus andanzas.
Es precise vivir en medio de cosas amargas para poder
reflejar los dolores, y es menester estar frente a las cosas
belTas, penetrarlas y sentirlas, para lograr apreciarlas,
como el poeta en la sonoridad de sus estrofas. Sicardi po-
dia ser' atacado en sus piezas teatrales. Quiza con mis
ideologia que teatralidad, es que esa misma forma casi
superficial de sus heroes, no es mis que una modalidad
de sui alma de dar a lo rudo y deforme la gama de una
exaltada fantasia que lo sobrepasa de la verdadera expre-
si6n escenica, y que lo obligaba en forma casi amplia a
limitarse ide la realidad del objeto.

En 1914 abandon su citedra y se recoge en la soledad,
tal, vez, como dice Maeterlink, "para iluminar los secre-
tos del subconsciente y hacerlos subir a la superficie de
la vida normal", para descubrir mejor su vision, ya que
en ella se siente hondo y se piensa alto. Su salud se ha-
bia quebrantado; una dolencia empieza a restarle fuer-
zas. Su carActer ameho y espontineo se fu6 volviendo som-
brio, hurafio, retraido, casi diriamos melanc6lico. Es
possible que desengafios, heridas morales inferidas por el
hombre, habiaile restado esperanzas y tornado su cora-
z6n esceptico. No obstante, era admirado en este San Jos6
de Flores. Se le respetaba por ser un excelente clinic,








como se le celebraba por haberse acarreado'una aureola
en su camiino literario.

Me parece yerle por las calls del Flores de ayer, en sus
tiltimo saiios. Confieso al evocar sus rasgos fisicos, que sus
ojos penetrantes, su frente amplia y rugosa, la boca.de la-
bios gruesos y contraidos le daban a su gesto cierta dureza
que se disipaba al escuchar sus palabras. Un. retrato del
Dr. Enrique Prens, lo reflejaba tal cual era, con aquella
cabeza cana y su luengo bigote, que sombreaba su labio
superior.

Tal es, sefioras y sefiores, el bosquejo ripido que he
hecho del medico poeta. En un trabajo tan sintetico como
este, donde no asoma el andlisis meticuloso en una franca
expresi6n, no es possible trazar el marco de este hombre
de ciencia, de este enjundioso escritor.

Bien sabemos que sus obras estin reunidas en vohime-
nes que el tiempo ird acrecentando, porque en todas rei-
na el espiritu evocador, la reflexi6n del hombre culto, el
examen del fil6sofo que supo llevar su pensamiento a la
prosa, como proyectarlo en la urdimbre de un verso
sonoro.

En cuil de sus tomos, nos preguntamos, se define me-
jor la caracteristica de su ser? No lo sabemos; s6Io nos
basta pensar que el escritor dej6 en cada una de ellos,
una norma y una inquebrantable fuerza expresiva que
debemos reconocer por sobre todo.

Si Sicardi result un hombre dinamico y contraido en
la medicine, si aqu6lla le llev6 las mejoras horas, debe-
mos tambidn admirarlo por la justeza de sus ideas y la
rectitud de sus principios, y por esa rebeli6n tan peculiar
en 6l, que no era otra cosa que el esplendor de sus ideas
que dejaba en sus trabajos literarios.

He pasado por el horizonte de la obra de Sicardi ana-
lizando como m6dico y escritor, con la ligereza del ave
que corta la cortina de lo infinite en vuelo ripido, sin
mis anhelo que rendirse al drbol que le espera en la mag-









nificencia de un bosque de sones exquisitos. Sicardi no
puede entrar en una ligera monografia. Simplemente me
he detenido para celebrarlo, para evocarlo, ya que su
nombre, digno del cincel, custodia, en forma luminosa,
mi silla de Miembro de Nimero de esta Honorable Junta
de Estudios Hist6ricos, de este Flores, cuna de mi ihfan-
cia, esplendor en mi juventud y bonanza en estos dias
de mi serenidad en que, sin temor, espero o me acerco
hacia la barca de Caronte.
















139 ANIVERSARIO


En el 139 aniversario de su fundacidn, la. Junta de Es-
tudios Hist6ricos de San Jose de Flores abre su nuevo aio
de vida teniendo que lamentar dos pdrdidas muy sensi-
bles: su secretario D. Javier A. Pardo, uno de sus miem-
bros fundadores, y el miembro de numnero coronel Don
Roque Landis, uno de los valores morales mnds altos de' su
generacidn.
Cdn la tristeza que emana de estos acontecimientos irre-
parables, reinicia sus actividades, como todos los aios lo
hace. De ahi, la edici6n del present trabajo, que Ileva el
nzmero 23.

Conocidas dificultades incident en las impresiones ac-
tuales: los precious de los establecimientos grdficos han vis-
to aumentado cuatro veces el valor de antes. Sin embargo,
la Junta, que nunca disfrut6 de subsidio alguno, ha man-
tenido sin alteraci6n las cuotas de sus miembros, asi como
se fijaronn trece afos atrds, y no ha modificado su procedi-
miento de distribuir las publicaciones que realize sin en-
tregarlas a la venta. Ha preferido a esto 7ltimo una divul-
gaci6n generosa.

A pesar de nuestra vida sencilla, alguna importancia
se ha dado a esta Junta desde el moment que la Orga-
nizacidn de los Estados Americanos (Uni6n Panameri-
cana) ha incluido sus antecedentes en la Guia, reciente-
mente publicada, donde figuran las instituciones mds
prestigiosas del Continente, y diversas universidades ame-
ricanas han solicitado nuestras publicaciones.




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