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Group Title: Biblioteca de la Sociedad de historia argentina ; II
Title: El general Paz desde su evasiâon hasta su muerte, 1840-1854
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Permanent Link: http://ufdc.ufl.edu/UF00075961/00001
 Material Information
Title: El general Paz desde su evasiâon hasta su muerte, 1840-1854
Series Title: Biblioteca de la Sociedad de historia argentina
Physical Description: 3 p. Á., 69 p. 2 Á. : ; 22 cm.
Language: Spanish
Creator: Terâan, Juan B ( Juan Benjamâin ), 1880-1938
Publisher: Hachette
Place of Publication: Parâis
Buenos Aires
Publication Date: 1936
 Subjects
Genre: non-fiction   ( marcgt )
 Notes
General Note: At head of title: ... Juan B. Terâan.
General Note: Imprint covered by label: Buenos Aires, Librerâia y editorial "La Facultad", Bernabâe y câia.
 Record Information
Bibliographic ID: UF00075961
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: oclc - 11281164
lccn - 38007550

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    La primera campana de corrientes (1840-1842)
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    Sitio y defensa de montevideo. Segunda campana de corrientes (1842-1846)
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    Los anos de rio de janeiro (1848-1851)
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    Alrededor de caseros (1852-1854)
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BIBLIOTECA DE LA SOCIEDAD DE HISTORIC ARGENTINA. -II


JUAN B. TERAN





EL GENERAL PAZ


DESDE SU EVASION HASTA SU MUERTE

1840 1854
















LIBRERIA HACHETTE
79, Bd. Saint Germain Maipfi, 49
PARIS BUENOS AIRES
1936



























BIBLIOTECA DE LA SOCIEDAD DE HISTOR1A ARGENTINA

II
EL GENERAL PAZ










SOCIEDAD DE HISTORIC ARGENTINA

BUENOS AIRES


President
Narciso Binayan
Vicepresidente
Carlos Alberto Pueyrred6n
Secretario perpetuo
Sigfrido A. Radaelli
Prosecretario
Jos6 Armando Seco
Tesorero
HIctor R. Ratto


SOCIOS DE NfJMERO
1. Juan Alvarez 11. Ricardo de Lafuente Machain
2. Narciso BinayAn 12. Diego Luis Molinari
3. R6mulo D. Carbia 13. Carlos Alberto Pueyrred6n
4. Juan Alfonso Carrizo 14. Sigfrido A. Radaelli
5. Abcl ChAneton 15. Hhetor R. Ratto
6. Jorge M. Furt 16. Jos6 Maria SAenz Valiente
7. Hernan Felix G6mez 17. Jos6 Armando Seco
8. Luis Roquc Gondra 18. Miguel Sol1
9. Alejo B. Gonzalez Garaio 19. Juan B. Terhn
10. Carlos Ibarguren 20. Benjamin Villegas Basavilbaso

PUBLICACIONES
1. Precursores de Col6n. Las perlas agri y las representaciones sobre te-
jidos arcaicos, como prueba del descubrimiento de America antes de
Coldn, por ARTHUR POSNANSKY, un folleto de 16 pAginas, con dos
liminas fuera de texto, advertencia de Narciso Binayan, 1933.
$ 5.
2. Ciclos en la historia argentina, por NARCISO BINAYAN, un folleto
de 8 paginas, 1933.-$ 0.50.
3. El padre Castaeeda a la luz de la psicologia patoldgica, por OSVALDO
LOUDET, un folleto de 32 piginas, con nueve liminas fuera de
texto, 1934.-$ 3.
4. Vocacidn historic de Mitre, por SIFRIDO A. RADAELLI, un folleto'
de 16 piginas, 1934.-$ 0.50.

BIBLIOTECA DE LA SOCIEDAD DE HISTORIC ARGENTINA
I. Las guerras civiles y el problema de Buenos Aires en la Reptblica
Argentina, por JUAN ALVAREZ, un volume de 320 piginas y cuatro
.iminas fuera do texto, pr6logo de Narciso BinayAn, 1936.-$ 5.
(Encuadernado: -$ 6.50.)
II. El general Paz desde su evasidn hasta su imerte, 1840-1854, por
JUAN B. TERAN, un volume de 80 piginas, 1936.- $ 2. (Encua-
dernado: $ 3.50.)


























EL GENERAL PAZ

DESDE SU EVASION HASTA SU MUERTE









BIBLIOTECA DE LA SOCIEDAD DE HISTORIC ARGENTINA.- II


JUAN B. TERAN





EL GENERAL PAZ


DESDE SU EVASION HASTA SU MUERTE

1840- 1854
















LIBRERIA HACHETTE
/ 79, Bd. Saint Germain Maip6, 49
PARIS BUENOS AIRES
1936









































































Reservados todos los derechos. Buenos Aires, MCMXXXVI.
SOCIEDAD DE HISTORIC ARGENTINA. Av. R. S. Pefia 615, escritorio 802.













I



LA PRIMERA CAMPANA DE CORRIENTES
(1840-1842)


I

El evadido de Buenos Aires desminti6 con su acci6n,
desde el dia siguiente de haber escapado, la version
difundida entire partidarios y enemigos dc que la pri-
si6n habia quebrado su salud y embotado su inteli-
gencia.
Esta en los cincuenta afios de edad, pero mostrara
en los duros trabajos que afronta y desempefia una
energia y una prestancia superiores a las que exhibi6
en sus campafias contra-Quiroga.
Ha referido en sus' Memorias su encuentro con La-
valle (julio de 1840) en la costa del Parana, en los dias
de la acci6n de Sauce Grande, y c6mo aqu61 hizo lo ne-
cesario para alejarlo. Lavalle pasa el rio y emprende
la march hacia Buenos Aires, que abandon luego,
para tomar el camino infortunado de Quebracho He-
rrado y Famailla. Paz es requerido por el gobernador
Ferr6, de Corrientes, airado on ese moment contra
lo que llam6 la "traici6n de Lavalle", por haber tras-
ladAdose con su ej6rcito al otro lado.del Parana.
Paz admite el pedido de Ferr6 y durante quince me-
ses se dedica con una constancia prodigiosa a preparar









EL GENERAL PAZ


un ej6rcito (agosto de 1840-noviembre de 1841). Ferr-
le prest6 ayuda decidida, pero s61o el genio organiza-
dor y.tenaz de Paz pudo crear de la nada, en medio de
la pobreza, del desengafio y de la privaci6n, el ejercito
extraordinariamente disciplinado y listo para la acci6n
que triunf6 en Caaguazfi.1
Todo debi6 disponer y preparar, desde encontrar
los soldados, instruirlos, disciplinarlos, vestirlos, pro-
veerlos, hasta organizer como -una vasta empresa el
servicio permanent de las necesidades multiples de
un ej6rcito.
Como ejemplo del process complicado, de la diligen-
cia incansable y previsora, de la economic pr6vida que
exige la organizaci6n de una fuerza armada en un mo-

1 Decia el Nacional Correntino del domingo 9 de enero de 1842:
"Cuando tom6 el general Paz el mando de las fuerzas de Corrientes, 6s-
tas se hallaban reducidas a milicias, a un hacinamiento confuse do ve-
cinos patriots, sin armas, sin discipline, sin jefes y oficiales: los vete-
ranos de Corrientes habian pasado el Parand (con Lavalle), y nada
quedaba en Corrientes sino el patriotism de sus hijos y la firmeza y
talent del gobernador don Pedro Ferrd, var6n que honraria a cualquier
pais, donde la suerte le hubiese hecho nacer. Durante las marchas, y en
las horas que podian robarsc a la vigilancia del enemigo, el general Paz,
con esa actividad incansable que so le conoce, se ocupaba en la educa-
ci6n del official y del soldado; porque no tenia ni oficiales ni soldados,
y con la misma pluma con que trazaba proclamas llenas de fuego lla-
nando a los habitantes a la defense del pals, escribia un tratado de
guerrillas, modelo de precision y de lenguaje military, que servia de texto
en la academia con que instruia cada noche a svs oficiales, en los rudi-
mentos del arte de la guerra. Durante el dia mantenia a sus tropas en
frecuentes ejercicios y repartia premios al soldado mis certero en el
tiro de fusil o mis diestro en el manejo de la lanza. Vivia con la sub-
sistencia y hasta con el traje de soldado correntino; muy pobremente
vestido en verdad. De esta capital le enviaron una gorra y una chaqueta
de jefe y una tienda de campafia; nunea visti6 las primeras porque no
queria aparecer con uniform cuando sus tropas no lo tenian, y de la
tienda de campafia mand6 hacer chaquetas y pantalones para vestir a
sus oficiales de estado mayor, casi desnudos. Su tienda, el techo que
defendia su cabeza de los ardientes rayos del sol de Corrientes, no se
diferenciaba del que cubria al filtimo individuo de su ej6rcito."








LA PRIMERA CAMPANA DE CORRIENTES


mento de zozobra y en un medio acobardado por una
derrota anterior y con recursos limitados, rio creemos
que haya otro parejo en nuestra historic.
El studio de preparaci6n del ejercito de Corrientes
que triunf6 en Caaguazi sera la lecci6n mds complete
y fecunda do espiritu military que pueda ofrecerse en
nuestra escuela de guerra.2
Felizmente el archivo del general Paz ofrece la do-
cumentaci6n necesaria para reconstruir la magnifica
historic.
El gobernador Ferr6 tiene papel central en esta pa-
gina, por su decision para entregar a Paz todo lo que
humanamente pudo dar Corrientes. Ella estuvo sola
en esta jornada.
Corrientes y aun Entre Rios, un poco fuera del ca-
mino obligado de los ej6rcitos de la Independencia, no
se fundieron con las demns provincias al calor de las
jornadas de las primeras decadas de la Revoluci6n.
Ausentes del Congreso de TucumAn y del acta de la
Independencia y con un sentido fiero de autonomia,
fueron los signatarios de los primeros tratados fede-
ralistas.
Las campaiias contra la tirania tuvieron la virtud
de asociarlas y mezclarlas con las dem6s provincial
en la solidaridad do una campafia y en la unidad de

2 En el Archivo de Paz se conservan copias dc sus 6rdenes del dia,
do sus disposiciones prolijas sobro abastecimiento del ej6rcito. Ferr6 se
debate entire la escasez de recursos, su espiritu de economic y su deseo
de complacer a Paz. Iste improvisa talleres para arreglar las armas,
organize su comisaria de gucrra, para ponor orden y obtener el minximo
rendimiento de los sacrificios de la Provincia. Ferr6 participa personal-
mente en la preparaci6n del ej6rcito. Sale a campafia cuando es nece-
sario reducir resistencias o estimular la pasividad de sus segundones o
detener la deserci6n. A cada moment delega el Gobierno en su hermano
Manuel Antonio.







EL GENERAL PAZ


una empresa national. Esas campaias nacionalizaron
Entre Rios y Corrientes. Pasadas 6stas, quince anos
despu6s, todavia se hablaba de Corrientes y Entre Rios
como llamadas a constituir un nuevo estado indepen-
diente, pero tal idea no era sino un resabio del espiritu
auton6mico que los ejercitos libertadores habian he-
cho impossible.
En el studio de esta 6poca se descubren f6cilmente
los signos de la autonomia o independencia de Co-
rrientes.
En 31 de julio de 1841, por ejemplo, concluye un tra-
tado con Paraguay sobre limits, por intermedio de
Gregorio Valdez y J. M. Arriola, que Ferr6 ratifica
en 23 de agosto.
El president del Rio Grande del Sud, Bentos Gon-
zalez da Silva, en lucha con el Gobierno de Rio de Ja-
neiro, busca alianza con Corrientes y la propone ofen-
siva y defensive por intermedio del ministry Jos6
Pinheyro de Ulloa, en noviembre de 1841, para comba-
tir contra el Gobierno del Brasil y el de Buenos Ai-
res.3
Aunque rehusada la proposici6n, ella revela el con-
cepto de la soberania provincial. Por otra part Co-
rrientes tenia su agent diplom6tico permanent en
Montevideo.
Ferr6 habla siempre de Corrientes como mi patria,
y puso en su acci6n el sentimiento de ser un jefe de
naci6n. Este estado de animo es la explicaci6n de su
conduct con relaci6n a Lavalle primero y a Paz des-
pues.

3 Despu6s de Caaguazi el Presidente de Rio Grande ofreci6 un con-
tingente de 800 soldados que Ferr6 rehus6. -La documentaci6n respec-
tiva se encuentra en el Archivo de Paz (afio 1841).







LA PRIMERA CAM\PANA DE CORRIENTES


Paz debe operar ahora en medio de otra naturaleza
que la que 61 ha conocido en su carrera military: no son
las montafias de Salta ni los altos valles de Humahua-
ca o las llanuras templadas de C6rdoba, sino los mon-
tes y los esteros de Corrientes, la Holanda sudamerica-
na, como la llama de Moussy.
Tiene que improvisar los soldados mientras que en
C6rdoba trafa soldados aguerridos en la guerra del
Brasil. Es tambi6n otro el caricter de los hombres y
otra su posici6n personal. Aunque jefe, como diez afios
atris en C6rdoba, alli era a un tiempo general y go-
bernador, y en Corrientes tiene quo contar siempre con
la voluntad del gobernador que le ha conferido el man-
do del ej6rcito.
Se ha acomodado a las nuevas exigencias, ha supe-
rado sus escollos y ha dado en Caaguazfi, el 28 do no-
viembre de 1841 la batalla mis admirable, quizi, de su
carrera, segfin la critical military.
Es dificil reconstruir el moment en que so di6 esa
batalla y el eco que ella tuvo en todo el pais y en los
paises vecinos donde se hallaban diseminados los ar-
gentinos emigrados.
Hacia un afio, dia por dia, del descalabro de Que-
bracho Herrado al que habian seguido la derrota en
Famailld o Monte Grande 4 y muerte de Lavalle y el
desastre en Cuyo de La Madrid y Acha, que cerraren
todo el horizonte a las esperanzas de los.enemigos de
Rosas. Pero ese aiio 41 de tan terrible contrastes no
conclufa sin dar a 6stos un gran desquite.
Las miradas ansiosas de los vencidos de Tucum6n
y Cuyo y de los expatriados otean en todas las fron-

4 El Monte Grande o FamaillA de Lavalle era vengado por este otro
Monte Grande, pues Caaguazf es, en guarani, ionte grande.








EL GENERAL PAZ


teras el process de la patria. En la sombra que la
cubria aparece una gran luz en el horizonte. Es el
triunfo de Caaguazli. Un general dijo-que estaba en
la misma linea de Ayacucho. Alberdi le describe desde
Montevideo: "Mi glorioso general: a fortune tendria
recibir una carta en que me llamara a servir a su
lado." Acufia de Figueroa deja sus epigramas y ele-
va el tono para dedicar un himno a Caaguazii. Rivera
Indarte canta la gloria del vencedor. Las mujeres en
el fondo de los hogares desolados tejen coronas a quien
va a abrir el camino del regreso de los esposos e hi-
jos proscriptos. Le llegan cartas furtivas, como a un
salvador, desde la ciudad misma del tirano.
Fu6 un moment de grades ilusiones.
El ditirambo suena diariamente, las comparaciones
son 6picas y biblicas. Un jefe dice que Paz ha que-
mado sus naves como Cortes; otro jefe invoca el re-
cuerdo de Mois6s en el desierto y dice que debe excla-
marse el laudamus te Domine; Gelly cuenta haber lo-
rado de alegria.
En Chile y Bolivia se hacen hAbiles trabajos para
provocar movimientos en las provincias fronterizas, es
decir en Cuyo y el Norte, que apoyen por esos rum-
bos la acci6n de Corrientes. Paunero, Anselmo Rojo,
desde luego por el lado de Bolivia.

5 Carta original en el Archivo de Paz. La carta continfa asi: ."De-
jaria la abogacia y las ventajas de mi posici6n para ir a dividir con el
ejercito de su mando las nobles fatigas que le esperan. Vd. teme a la
juventud, mi noble general, qui6rala Vd. mueho como ella lo quiere."
Algo'debi6 existir entire Paz y los j6venes. Paz en sus Memorias, aludiendo
a los j6venes unitarios -Ino es 6ste un problema actual?- dice estas
palabras acertadas: "aprecio debidamente los bellos sentimientos de que
cst i dotada generalmente (la juventud), pero jams he capitulado con
la pedanteria y la mania insensata de anticiparse al tiempo y hasta a la
propia naturaleza". (Memorias, t. 3, p. 154.)







LA PRIMERA CAMPANA DE CORRIENTES


Paunero esti al habla con el president Balliviin,
en cuya familiar se ha enlazado por matrimonio. Ha
sido designado agent diplom6tico cerca de ese Gobier-
no y luego reemplazado por Rojo.
En Chile existe una Comisi6n argentina encargada
de los trabajos. La forman el general Las Heras
(quien ha sido designado agent diplomitico), Grego-
rio G6mez, Tomnis Godoy Cruz, Gabriel Ocampo, Ma-
tfas Zapata, Fabian G6mez y Domingo de Oro.
Juan Pablo L6pez, el hermano de Estanislao L6pez
y gobernador de Santa Fe, se ha aliado a Corrientes.
La victoria de Caaguazfi ha sido aplastante. Han
caido prisioneros mis de cuarenta jefes y oficiales y
mas de setecientos soldados. La persecuci6n, dirigida
por el general Angel Nifiez, ha sido tenaz.
Si en aquel moment Paz pasa el Parand y avanza
sobre Buenos Aires no quedaba a iRosas otra salva-
ci6n que la fuga, afirma el general Iriarte, que no fu6
un adicto de Paz.6
Se reproduce el eclipse repentino de su triunfo, co-
mo el de su prisi6n despu6s de Oncativo, pero esta vez
por obra de sus propios aliados.
Paz no vi6 en Caaguazfi sino el primero aunque de-
cisivo paso para concluir con Rosas. Era necesario pa-
sar el Parand y atacar al tirano en su propia sede.
El ej6rcito federal, el mis poderoso hasta entonces,
que mandaba Oribe, se hallaba a centenares de leguas,
en el Norte, sin tiempo para correr oportunamente en
auxilio de Buenos Aires.
Paz se hall en Entre Rios, todavia acordado con
Ferrd.

TOMAS IRIARTE, Menoria Militar (afio 1845, Buenos Aires).







EL GENERAL PAZ


El general Vicente Ramirez ha sido encargado por
Paz para tomar Parana. Asi sucede y el gobernador
ha escapado. Paz es designado Supremo Poder Mi-
litar de Entre Rios en febrero de 1842 y el 12 de mar-
zo su Gobernador. En estos meses que siguen a Caa-
guazfi se ha producido la disidencia con Ferr6 que
inutiliza la espl6ndida victoria. Ferre se opone ter-
minantemente a que el ej6rcito de Corrientes atra-
viese el Parana y todo el plan de Paz queda frustrado.
Paz ha invocado las promesas que le habian sido he-
chas, si no fuera suficiente la necesidad de atacar a
Rosas decisivamente en un moment que se reputaba
favorable para concluir con la guerra. Ferre cpnsien-
te que sigan a Paz algunos oficiales no correntinos,
pero lo priva no s61o de sus soldados sino tambi6n de
sus recursos. Ambos han explicado en sus Memorias
su actuaci6n, aspirando a justificarse. No hay con-
tradicci6n en los hechos sino un disentimiento 16gico,
product de las ideas propias de cada uno.
Ferre procede con patriotism pero sin clarividen-
cia. Es ante todo el gobernador de Corrientes. Para
Paz, Corrientes no era sino el medio de una acci6n
national. Luchaba entonces en Corrientes, como ha-
bia luchado antes en C6rdoba y luchara meses mds
tarde en Mbntevideo. El espiritu provincial no com-
prendi6 el program de la campafia emprendida, ese
espiritu provincial que desalojado de nuestra vida se
ha refugiado ahora en la historic.7

7 Felix Frias describe desde Chuquisaca a Paz en mayo 2 de 1842, di-
ci6ndole: "al pensar en las raras contradicciones que acaba Vd. de so-
portar con heroica resignaci6n, he pensado en las palabras que of al he-
roico general Lavalle poeos dias antes de su muerte. Leia las cartas en
que le anunciaba sus desavenencias con el senior Ferr4 y decia: "'lo
siento pero eso me justifiea". (Archivo de Paz.)








LA PRIMERA CAMPANA DE CORRIENTES


II

Paz so consider burlado. Habia confiado en que
Ferr6 secundaria la continuaci6n de su empresa para
cobrar el fruto de Caaguazfi. IDe qu6 habria servido,
entonces, la larga elaboraci6n y el espl6ndido triunfo?
Los hechos dirfan, despu6s, c6mo reducido a ser una
victoria provincial no impedird la bien pr6xima derrota,
cuando Paz ha abandonado la direcci6n de la guerra.
No hay duda ninguna de que Paz no crey6 en la
resistencia de Ferr6 a que continuara la campafia.8
Se ha reprochado a Paz haber aceptado el gobierno
de Entre Rios. El reproche es injusto. No podia ser
para 61 sino una imposici6n de las circunstancias y la
posibilidad de continuar la campaiia. La prueba es
que a los pocos dias de su designaci6n, redacta su re-
nuncia, postergando.algfin dia mas su presentaci6n pa-
ra ocultar la crisis al enemigo.9

Las cartas intimas de Paz a su esposa tienen en este caso el valor
de documents hist6ricos. En 15 de mayo de 1842 describe: "aparentan-
do una gran consideraci6n (el seflor Ferr6) ha querido anularme y des-
airarme del modo mas mezquino. Faltando a lo quc me habia prometido,
ha logrado detcner al ejercito en su triunfante march y no esto todo
sino para conseguirlo ha querido desmoralizarlo y esto lo ha consegui-
do". En abril 14 le dice: "burlando el senior Ferri sus compromises
con el piblico y conmigo ha puesto una barra entire ambos".
Gainza que esta en Corrientes cuenta a Paz, como una confidencia,
que Manuel Antonio FerrB, el gobernador delegado, ]e habia dicho: "ni
mi hermano ni el ej6rcito pasan el Paran''".
9 La renuncia tiene fecha 10 de abril. La corrcspondencia con su
osposa es una fuente segura para conocer sus m6viles. En carta del 15
de marzo le dice: "he admitido este mando de espinas (el gobierno de
Entre Rios), lo conservar6 mientras duren las actuales circunstaneias".
En abril 15: "he suspendido mi renuncia (de gobernador) para que no
so crea que hay disidencias. Acept6 el gobierno como el sacrificio mayor
en aras de la Patria".
Es interesante sofalar una ley hecha dictar por Paz (17 de marzo de
1842) deeretando la libertad de los rios.








EL GENERAL PAZ


La presencia de Rivera, atraido por la perspective
que ofrecia a su ambici6n la derrota de Echagiie, que
lo era tambi6n de Urquiza, fu6 una causa nueva y
grande de retraimiento y de frialdad. Nunca crey6
Paz que pudiera confiarse en Rivera, ni por sus condi-
ciones militares ni por sus condiciones personales. Sa-
bia ademas que no podia considerarselo solidarizado con
la causa argentina sino en cuanto coincidiera con su in-
ter6s partidario en el Uruguay. El dia menos pensado,
en raz6n de ese interns, pactaria con Rosas. Conside-
raba ademas, y esto fu6 siempre esencial en sus pla-
nes, que la revoluci6n debia ser dirigida por argentinos.
No se le ocultaba, sin embargo, que Rivera podia en
ese moment y para fines determinados ser un fitil
auxiliar de la campafia.
Despu6s de verse privado del Ej6rcito de Corrientes,
crey6 todavia possible la prosecuci6n de la campafia.
Su actitud no fu6 ni de despecho ni de c6lera. Fu6 en
ese moment que se hizo el tratado de Galarza, que
mantenia los restos del ej6rcito a las 6rdenes de Ri-
vera con anuencia del gobernador de Santa Fe. Co-
rrientes se adhiri6 luego a 61.
Queria disimular su desavenencia para. no fortalecer
al enemigo, con la esperanza de un cambio de situaci6n.
La discordia entire Paz y Ferr6 fu6 considerada en-
tre los unitarios y emigrados como un gran desastre.
Comprendieron que todo estaba perdido con el retire
de Paz. Comenz6 entonces un asiduo trabajo en el ani-
mo de ambos para reconciliarlos. No comprendieron
que no era 6sta una cuesti6n personal sino una diver-
gencia fundamental sobre el camino a seguir. Ferr6,
bajo la presi6n de los emigrados, ha escrito directa-
mente a Paz, invitAndolo a olvidar el pasado. Don Juan










LA PRIMER CAMPANA DE CORRIENTES


Jos6 Alsina ha sido un active mediador, que se hacia
ilusiones sobre el fruto de su empefio. Paz ha contes-
tado dignamente a la invitacion pero su convicci6n era
absolute y su decision irrevocable. Consider que sin
la unidad de commando el fracaso era inevitable y sabia
que Ferr6 no la concederia, por su parte, sino al precio
de una previa sumisi6n.10

10 La ruptura de Paz con Ferre llen6 do zozobra a los enemigos do
Rosas. So presiona a ambos para llegar a la uni6n: Alberdi describe lla-
mando a Paz a la conciiiaci6n, su mismo hermano JuliAn, agent de
Corrientes en Montevideo. So ha obtenido de Ferrd que escriba directa-
mente a Paz, invitAndolo al olvido do lo pasado. PirAn intervene a
nombre de Corrientes para firmar el tratado de Galarza y esto enfria
ain mis a Paz. La intervenci6n do Juan J. Alsina, hermano de Valen-
tin, parece mis eficaz. Paz contest a todos, eambia cartas con Ferr6
en julio y agosto. "No es verdad, dice, quo se le hubiera ofrecido el
mando y que Ferr6 lo hubiera llamado nuevamente."
En cfccto, Ferr6 no queria llamar a Paz pero "si estaria muy dis-
puesto a recibirlo si 61 escribieso o viniese a la frontera, donde correria
el mismo Ferro y le abriria los brazos". La opinion de Paz esth expre-
sada en su carta a Valentin Alsina (agosto 20 de 1842): "Yo me some-
teria al sacrificio que se me exige si el Sr. Ferre (defiriendo a condi-
ciones honrosas para 61 y para ml) diese una prueba de su buena fe y
decision do continuar la guerra hasta destruir al tirano, con tal quo los
sucesos no hiciosen ineficaz todo esfuerzo por inoportuno. Estoy como
siemtpre dispuesto a sacrificar a la Patria todo, todo lo que no sea mi ho-
nor y imi reputacidn, asi es que nunca consentir6 en que se diga quo
los sucesos de la Bajada fueron los de un mutuo acuerdo entire el Sr. Fc-
rrd y yo. Por dar a mis compatriotas una prueba clhsica do que la
inesperada retirada del ej6rcito so hizo no s61o sin mi consentimiento
sino contra mi pronunciada opinion es que me qued6 alli con todas las
probabilidades de cacr en manos del enemigo."
Cuando Ferr6 reabri6 su correspondencia con Paz en 24 de julio, Paz
contest en 5 do agosto: "no puedo dejar de observer a Vd. quo des-
pues de los sucesos do Parand, ful yo el primero en promover una co-
municaci6n e inteligeneia official que crei hubiera producido grandes bie-
nes a la causa que sostenemos y que Vd. desecho respect de mi del modo
mds decidido. Sin embargo firm on prineipios honorables, que jams
he desmentido, acept6 gustoso la oportunidad que Vd. me present de
entablar correspondencia, desde que se consider que puede ser ftil
,a la causa a quo estamos ambos dedicados".
Pocas esperanzas abrigaba Paz de que Ferr6 pudiera rectificar el camino
andado desde que retire su ej6reito del Parana, poro estaba dispuesto a
dar los pasos necesarios para que no naufragara el plan revoluciona-








EL GENERAL PAZ


Su auditor de guerra, el doctor Ferrara, habia pro-
puesto ya a raiz de Caaguazfi instituir el supremo po-
der military que centralizara la direcci6n de la guerra.
Derqui repiti6 la proposici6n mis tarde. Desahucia-
dos ambos por Ferre busc6 Paz todavia nuevas f6r-
mulas que solucionaran la oposici6n centre el deseo de
Ferr6 de conservar preponderancia en el manejo de
los negocios de la revoluci6n -su derecho a tener el
"mando material como jefe natural de la Provincia",
segfin sus palabras- y de otro lado la tesis de Paz
segfin la cual sin comando inico el desastre seria irre-
mediable. El ejemplo de la Coalici6n del Norte estaba
fresco. Hacia cuatro meses que la heroic pero ace-
fala empresa habia fallido trdgicamente. Los gober-
nadores de las Provincias coaligadas, mas d6ciles que
Ferr6, habianse entregado a los jefes militares, pero
bast6 la double direcci6n de Lavalle y La Madrid para
que el final fuera dos terrible desastres, en Cuyo y en
Tucumin. En la campafia de Corrientes se complicaba
la dificultad porque ademis de la direcci6n de Ferre,
menoscabando la unidad de mando en manos de Paz,
los aliados cran L6pez, notoriamente diminuto y Ri-
vera, inseguro e inconstante.11

rio. Segfin Paz (Memorias, cap. XXXIII), Ferr6 reconoci6 su error on con-
fercncias con don Juan Andres Gelly, liallandose proseripto en San Borja.
11 Como si no fuera suficiente su propia experieneia, Anselmo Rojo,
desde Sucre, en carta del 16 de mayo de 1841, le habia historiado los su-
cosos de la coalici6n del Norte, donde fu6 fatal la ausencia de una di-
recci6n inica: ''La historic de los errores y desaciertos en que han in-
currido los gobiernos y los hombres encargados de la empresa de las
Provincias del Norte, lc decia, empieza con el pronunciamiento de estos
mismos gobiernos y seria molesto y amargo referirlos. Basteme decirle
que estando la suerte y cl triunfo de la causa que abrazaron en sus ma-
nos nada han hecho de cuanto pudieron. Emplearon un tiempo precioso
en quimericas pretensiones. iCuinta falta ha hecho un jefe que reunie-
se las simpatias de las Provincias! "








LA PRIMERA CAMPANA DE CORRIENTES


Se comprende fAcilmente el estado de animo y las
razones de Ferr6. No cabo reproche porque procedia
segiin su concept del patriotism, un patriotism pro-
vincial. Bien inspirado como era, sentia una voz que lo
invitaba a sacrificar su posici6n on favor de una gran
causa national y a veces se inclinaba a escucharla y
obedecerla, pero concluian por arrastrarlo las voces
mis vocinas de sus amigos y las mis seductoras de su.
amor propio y de su orgullo.
Para Paz no habia duda do que nada podia esperarse
de la direcci6n de Rivera que le fu6 confiada en el pro-
tocolo de Paysandii por Ferre y Juan Pablo L6pez.
Antes de dos meses de producida la separaci6n de Paz,
sera aniquilado Rivera en Arroyo Grande, por Oribe
(6 de diciembre de 1842).
Era sin duda, Paz el finico que podia haber llevado
la campaiia a bucn termino. Su plan era de vision pa-
noramica que computaba todos los factorss.2 Sabia

12 El plan de Paz est6 esbozado on carta que dirigi6 a Anselmo Rojo,
quien so hallaba a la saz6n en Sucre y a Paunero que cncontrdbase en
Chile. Decia a Paunero (13 do diciembre do 1841): "el poder do Entre
Rios y el mejor ej6reito do Rosas sucumbi6 en Caaguazi, pero Oribe
viene en marcha.con el suyo y Pacheco, ya desoeupado en Mendoza, hari
lo mismo. Tenemos, pues, que haborlas con el poder reunido del tirano.
Cualquier diversion que se haga por otra parte, cualquier pequefo ata-
que quo lc llame la atenci6n sera fitil, de consiguiente convendria que
ensayason un golpe sobre Cuyo. Juzgue que en todo este mes estaro en
cl Parand. Lo pasar.6 inmediatamente que las circunstancias lo aconse-
jen y que lo permit la eombinaci6n de los movimientos militares del
gobierno do Santa Fe. De todos modes no so perderd tiompo, lo que
debe servirles a Vds. de regla."
A Rojo le escribia en diciembre 27 do 1841: "Debc.Vd. esforzarse
en que el trabajo de los argentinos residents en 6sa so dirijan a obrar
una diversion por las Provincias del Norte, pues no pueden ocultarse a
Vd. las vcntajas que esto traeria, aunque no se lograra otra cosa quo
cambiar las administraciones puestas.por Rosas a consecuencia del con-
traste de Famailla. Esto mismo digo al general Las Heras a quien he
acreditado (como a Vd.) cerca del Gobierno de Chile, puede hacerse por
Cuyo... Pronto creo poder dar la mano a las fuerzas de Santa Fe y









EL GENERAL PAZ


quo de un moment a otro retrocederian hacia Buenos
Aires los ej6rcitos de Oribe desde el Norte y de Pacheco
desde Cuyo. Su empefio en lograr la adhesion de Juan
Pablo L6pez, respondia al pensamiento de tener a San-
ta Fe como element capital para detener esos jefes u
obligarlos a una division. Esa alianza habia sido lo-
grada en visperas de Caaguazil.13 Rivera podia ser fitil
por su enemistad con Oribe. De otro lado habia prepa-

entonces prosentaremos un poder que obligar6 a Rosas a reconcentrar
sus tropas, lo que dejara a Vds. la posibilidad de obrar con ventaja so-
bre las Provincias del Norte." (Papeles del general Anselmo Rojo,
Archivo de Tucumdn.)
13 Paz atribuia gran iniportancia a la corporaci6n de Santa Fe. Esto
so desprende de la earta con instrucciones que escribi6 a Gregorio Gar-
cia Castro, un tiempo su secretario, quien debia marchar a tratar con
Juan Pablo L6pez. No sabomos si la misi6n se realize. Las instruccio-
nes son prolijas, llenas de pormenores relatives a las personas que era
necesario tratar y atraer para hacer popular la causa de Corrientes. Con
relaei6n a Rivera le onearga decir que "la alianza con Rivera no existe
de lielio, y que pronto dejara de existir de derecho, porque n o o nece-
sitamos ademis de que nos ha sido initil. Nuestra gloria sera mayor
con liberarnos solos y triunfar en una cuesti6n que es puramente ar-
gentina". (Archivo de Paz, leg. 2.) Un factor.importante en la negocia-
ci6n de la alianza de Santa Fe era la viuda de don Estanislao L6pez. La
ida de dofia Pepa Rodriguez a Buenos Aires a ver a Rosas preocupaba mis
que el silencio de Juan Pablo L6pez. Asi lo dice don Manuel Leiva a
Paz en earta del 25 de octubre de 1841, agregando que-esa sefiora inter-
vino en la revoluci6n contra Cullen. Se hablaba tambi6n de su casamien-
to con Rosas.
Ferr6 habia adoptado el plan de Paz o coincidia en 61. Consideraba
que ''la oeupaci6n de Entre Rios era la mitad de la cuesti6n y nada
podia temerse de Oribe, realizada la uni6n de Entre Rios con Corrien-
tes y el Uruguay". (V6ase Memorias de FerrB, documents, pags. 685
y 687.)
Los cap. 29 y siguientes de las Memorias Pdstumas comentan exten-
samente este riomento de sus campafias.
El tratado de alianza de Corrientes y Santa Fo fu6 firmado en la
Villa de Saladas en 6 de noviembre de 1841, entire Derqui por Corrientes
y M. R. Ruiz Moreno por Santa Fe. Se establece por el art. 19 una
alianza ofensiva y defensive entire Corrientes y Santa Fe. Su base,
dice el tratado, es la uni6n contra Rosas y su objeto la paz, la libertad
y la organizaci6n de la Reptiblica por el voto libre de los pueblos.
Por el art. 29, Santa Fe retire a Rosas la representaci6n exterior.









LA PRIMERA CAMPANA DE CORRIENTES


rado por medio de los agents en Chile y Bolivia mo-
vimientos en Cuyo y en el Norte que anlagaran el po-
der del tirano por esos rumbos.
1Puede reprochArsele haberse negado a la uni6n con
Ferr6, L6pez y Rivera y correr a esterilizarse en una
empresa sin perspectives El patriotism mayor era
el de ausentarse de la escena, sin estr6pito y sin enojo,
silenciosamente.14
Hay en el fondo de este cuadro sombrio y un poco
trAgico de celos, de miopia y de imprevisi6n, de pasio-
nes ardientes pero oscuras, de ambiciones nobles con
aleaci6n bastarda, algunos g6rmenes cuya maduraci6n
dura diez afios. Nos referimos a las entrevistas de don
Vicente Montero, a nombre de Urquiza, con don Juan
Madariaga y don Gregorio Valdez, jefes del ej6rcito
de Corrientes y la correspondencia que registra la ne-

14 DespuBs de la conferencia de Paysandd, que di6 a Rivera el mando
del oj6rcito, Paz consider de su deber documentary su retire. Lo hizo
por medio de uina comunicaci6n al gobernador delegado de Corrientes,
Manuel Antonio Ferr6, hermano del titular, quo leva fecha 28 de oc-
tubre de 1842.
En ella repite las ideas que dirigieron su conduct en esa campaiia:
19, la necesidad de centralizar la direcci6n de la guerra; 29, la do eon-
servar la revoluci6n en manes argentinas.
El protocolo de la conferencia de Paysand6, quo dur6 desde el 14 al
20 do octubre de 1842, muestra claramente las razones de las disiden-
cias do Paz con Ferrd: Paz sostcnia como esenciales las dos ideas ex-
puestas. Ferr6 opuso la inoportunidad do unificar la acci6n argentina.
Paz lleg6 a proponer quo la eentralizaci6n consistiera en crear un go-
bierno quo debia ejercer uno de los tries gobernadores argentines, con-
currentes a la conferencia, con un gabinete do dos ministros que serian
designados por las otras dos provincias. Forr6 temi6 siempre verse pri-
vado do su gobiorno, que 61 consideraba cl finico efectivo, pues reputaba
a Paz y L6pez come "titulados gobernadores" de Entre Rios y Santa
Fe pero olvidaba que si Paz era un titulado gobernador era el general
efectivo. Ferr6 no asisti6 a la entrevista decisive del 19 do octubre, man-
dando para que lo represent a don Juan J. Alsina. Las actas de la
conferencia explican sin dificultad todo el process. (Se hallan transcrip-
tas en ol Ap6ndice de las Memorias do Ferrd, pig. 883.)









EL GENERAL PAZ


gociaci6n.15 El estado de animo que ello revela se ma-
nifestar6 de nuevo en 1846, y son ambos los origencs
lejanos del pronunciamiento de Urquiza en 1851.
Son tambien un antecedents que Paz no olvidara
cuando vuelve en 1845 a Corrientes y se repite la apro-
ximaci6n de Urquiza y Madariaga, de cuyo entendi-
miento se consider victim.
Por ahora digamos que la tentative libertadora de
Corrientes ha fallido. Paz se retira del teatro de la
guerra, prActicamente, como un vencido. Abandohado
por unos, hostilizado por otros, en medio de la deser-
ci6n y la rebeli6n, azotado por la misma naturaleza,
seguido por una corta column hace el camino de No-
goyA, cuyo relate dram6tico, de sabor hom6rico, escri-
bi6 en sus Memorias.
Vemos en esa march, que parece una fuga, una ale-
goria de la vida del protagonista, quien fuerte en me-

15 La correspondencia se encuentra copiada en el citado ap6ndice de
las Memorias de Forr6, pags. 943 y siguientes.
Montero, previo concerto, so entrovist6 con Madariaga y Valdez en
3 de abril de 1841 a orillas del MocorotA, en plena preparaci6n del ej6r-
cito correntino. Montero procedia con conocimiento de Urquiza y de
Echagiie, y asistian aqu6llos a la conferencia y mantenian comunicaci6n
con Montero con conocimiento de Paz y Ferr6. Sin embargo, la base del
plan propuesto consistia en la oliminaci6n de Paz y Ferr6, la designaei6n
de un nuevo gobernador afecto a la causa federal y la adhesion do Co-
rrientes al pacto del Litoral.
.Lo que se pregunta el historiador en presencia de los documents es
porqu6 proseguian las conversaeionos si no habia coincidencia en el fin
primordial que se proponian los conjurados. Si Urquiza ante todo bus-
caba la scparaci6n de Paz y Ferr6, o el destierro honroso (con cargos
on el exterior como ofrecian a Paz) y Madariaga y Valdez estaban soli-
darizados con ellos y los informaban puntualmente de las negoeiaeiones,
quicre decir que o se perseguia una emboscada o habia una inteligencia
secret que por lo mismo no puede estar documentada.
A Ferr6 no inspire confianza la aetitud de los negociadores. Asi le
decia en earta a Paz (fecha 18 do mayo), acompafidndole unas lines
para Madariaga, reclamAndole el envio de la carta de Montero, "para
conservar este document quo debe servirnos en todo tiempo".










LA PRIMERA CAMPANA DE CORRIENTES 17

dio de la postraci6n de los unos, el desencanto de otros
y la claudicaci6n de algunos, salva, integramente, del
naufragio, como un fuego sagrado, el program de su
campafia por la libertad y la constituci6n de su pais,
quo iba a predicar de nuevo.16

I" 'En la campafia de Corricntes tuvo intervcnei6n, como auxiliar de
Ferr6 y de Paz un personaje cxtranjero, ilustre como naturalista, Aim6
Bonpland. Desempef6 comisiones para el aprovisionamiento del ej6rcito.
Mantuvo larga correspondencia con aqu6llos. En el Archivo de Paz se
conservan cartas. Otras han sido publicadas (Revistas de la Universidad
de Buenos Aires, 1905; E. T. ITAMY, Bonpland, Paris, 1906).



















SITIO Y DEFENSE DE MONTEVIDEO *

SEGUNDA CAMPANA DE CORRIENTES

(1842-1846)



1


El sitio y defense de Montevideo, comenzados a poco
de dada la batalla de Arroyo Grande y terminados nue-
ve afios despu6s, son piginas inseparables de nuestra
historic internal.
El ej6rcito sitiador estaba compuesto de soldados ar-
gentinos en parte considerable y enarbolaba la ban-

Las parties do las Memorias de Paz relatives al sitio de Montevideo
y la guerra del Brasil han desaparecido. Se hallaban en poder de don
Andr6s 'Lamas, quien las requiri6 de Paz como elements de studio y
preparaci6n de la historic que se proponia escribir. Han desaparo-
cido definitivamente? No lo creemos. Lo eierto es que la porci6n rela-
tiva a la guerra del Brasil existi6 en poder de don Carlos I. Salas, quien
transcribe pasajes y describe el manuserito en su Bibliografia del Coro-
nel Brandsen. En cuanto a la relative al sitio de Montevideo no hay
noticias. En el Archivo de Paz se encuentra documentaci6n que en parte
puede reemplazarla. El capitAn de fragata Jacinto R. Yaben ha com-
pulsado y publicado esa documentaci6n inedita y escrito piginas de
gran interns en la Revista Militar (1932).
En ella se encuentra el relate de la parte military de la defense de
Montevideo.
En cuanto al process del sitio y sus peripecias, los Anales de la de-
fcnsa de Montevideo por Isidoro De Maria (Montevideo, 1884) ofrece
una relaci6n pormenorizada. Las Memorias del general C6sar Diaz y del
general Ventura Rodriguez, actors en el sitio, son fuente valiosa.








SITIO Y DEFENSE DE MONTEVIDEO


dera argentina.1 Su jefe, el general Oribe, obedecia al
Gobernador de Buenos Aires. Venia con su ej6rcito
desde el fondo de nuestro pais, desde su extreme nor-
te, despu6s de haber aventado los restos del ejercito
de Lavalle, a quien habia derrotado en Monte Grande
o Famailli.
Repasaba Oribe el camino que habia echo hacia el
interior jalonado por sus victorias y acababa en Arro-
yo Grande con los inicos restos en pie do la resistencia
a Rosas. Este podia considerarse a fines de 1842 como
senior del vasto campo donde durante diez aios habian
peleado unitarios y federales.
Es un general argentino el jefe de la ciudad sitia-
da, asilo de centenares de argentinos expatriados, al-
gunos de los cuales tienen acceso y peso on los conse-
jos del Gobierno de Montevideo.2
Despues de nueve afios se levanta el sitio por ac-
ci6n de otro general argentino y este hecho es el pun-
to de partida de Caseros que pone .fin a la tirania
de Rosas.
Es, pues, de una llana evidencia el juicio que consi-
dera el sitio de Montevideo como un episodio intc-
grante de nuestra historic. Lo ratifican dos batallas
consumadas mientras dura el sitio -India Muerta y
Vences- que pertenecen a un tiompo a la historic de

1 Doce mil hombres, dice Ventura Rodriguez en sus Mcmorias, todos
argentinos, a excepei6n de 70 oficiales (pig. 23).
2 IIabia en Montevideo en el primer afio del sitio 2.553 argentinos.
Tal es el dato del censo levantado ese afio. Sobre 31.189 habitantes, so-
lamente eran orientales 11.431. Asi se explica la participaci6n important
que tuvieron en la defense las legiones extranjcras y la intervenci6n de
Garibaldi. Habia 4.205 italianos. Florencio Varola dice en su Diario
que bajo el ministerio Vazquez, fueron puestos bajo su exclusive direc-
ci6n todos los negocios de Relaciones Exteriores. (Publicado en la Autto-
biograffa, Montevideo, 1848.)







EL GENERAL PAZ


la Argentina y la del Uruguay, ganadas, una en tierra
argentina, la otra en tierra uruguaya, por un general
argentino.
Los hechos dieron raz6n a los unitarios. Por haber
defendido y preservado ese filtimo reducto a que los
redujeron sus inmensos desastres, pudo lograrse la
victoria definitive de Caseros, bien que no por sus
manos.
No decimos todo 'esto para engrandecer o amenguar
figures y sucesos o por arrogancia nacionalista, sino
para-no salirnos de la verdad.
Y por esto, tambi6n, decimos que la political que di6 a
Caseros como fruto y la jornada military en que cay6
Rosas son acontecimientos de historic rioplatense.
Paz ha estado en Paysandfi hasta fines de octubre
y precedido, en rnuy pocos dias, a las primeras noticias
que llegan a Montevideo de la derrota de Rivera en
Arroyo Grande y de la march de Oribe con su pode-
roso ej6rcito a ocupar Montevideo.
La ciudad estA bajo la angustia de la terrible ame-
naza, ya que no ignoraba nadie la crueldad con que
Oribe habia caracterizado su campafia; fusilamiento
y degiiello de vencidos y prisioneros.
Todos a uno han pensado que el general argentino
recien llegado debia ser el defensor de Montevideo.
Los jefes uruguayos, en quienes pudo pensar el senti-
miento patri6tico, se hallaban ausentes en la campafia
o con Oribe o con Rivera. Prescindiendo del sentimien-
to patri6tico, nadie podia igualar a Paz en capacidad
probada.
El dia 12 de diciembre de 1842 es solicitado Paz; en
el mismo dia da su contestaci6n y el Presidente don
Joaquin SuArez, quien ejerce la presidencia en ausen-








SITIO Y DEFENSE DE MONTEVIDEO


cia de Rivera, expide su nombramiento como Jefe del
Ej6rcito de Reserva.3
No se ocultaba a Paz que su designaci6n disgusta-
ria al president Rivera, de quien acababa de sepa-
rarse en Paysandui por disidencias profundas, en las
que no entraba por poco la incompatibilidad de idea-
les y caracteres.
Pero se impuso a su espiritu, como siempre, el de-
ber de lealtad con la revoluci6n. Si sucumbia Monte-
video, la dispersion de los emigrados desvaneceria la
esperanza iinica de reanimarla.
Para Paz la defense de Montevideo era un episodio
de la cruzada contra la tirania y del voto de constituir
el pais. Como en Corrientes, dos afios atris y dos afios
mis tarde, su acci6n obedece a ese solo pensamiento.
Desde el primer moment recalca su condici6n de ar-
gentino: lo hace en su aceptaci6n de jefe del Ej6rcito,
en sus proclamas, mas tarde en su retire; en toda oca-
si6n deja constancia que es un brigadier argentino.4
En su disidencia con Ferr6 acababa de jugar papel
decisive la idea de que la "revoluci6n argentina no
debia salir de manos argentinas".
Es necesario precisar el sentido do esta insistencia.
No lo hacia por prurito nacionalista, por vanidad de
ser argentino. Queria dejar establecido que no se mez-

3 La invitaci6n a hacerse cargo de la defense decia quo tenia en
cuenta "los importantes servicios que el senior General de la Repfiblica
Argentina don Jos6 Maria Paz ha prestado en todas 6pocas a la Banda
Oriental". Esta consideraci6n so repite en los demhs documcntos ofi-
ciales. En 1848 Andres Lamas, que era ministry del Uruguay en Rio,
a nombre de su Gobierno le pide que so haga cargo nuevamente de
la defense de Montevideo, recordando la que habia hecho en 1843.
4 En todos los documents oficiales se deja constaneia de ello. Cuan-
do en julio de 1844 se constituyc la comisi6n que marchara a Corrien-
tes, el Gobierno del Uruguay lo design a Paz como general.
Paz reclama que se lo d6 el titulo de general argentino. Y.se le satisface.









EL GENERAL PAZ


claba a una lucha de facciones, a una lucha de parti-
dos, sino que seguia sirviendo, fuera de la frontera
argentina, a una causa argentina, que no era tampoco
political, porque propugnaba la causa de la constitu-
ci6n y de la libertad, en la que veia la prolongaci6n de
la guerra de la Independencia, su acabamiento 16gico,
es decir, seguia fiel a los principios con que habia co-
menzado su carrera.
Debia sufrir desabrimientos y hostilidades durante
su acci6n en Montevideo, causados por ese empefio en
recorder que era un military argentino, sirviendo a Mon-
tevideo como una manera de servir a su pais.5
La desconfianza siempre y la franca animadversi6n,
a veces, que lo rode6 durante el sitio ha prolongado su
eco en la historic. Los escritores del Uruguay, olvi-
dando su parte magnifica en la jornada memorable, de-
jan la figure del general de la defense en una penum-
bra hospitalaria.
Si es verdad que al defender Paz a Montevideo pen-
saba en su pais, no es menos cierto que combatia por
una causa que le era com-in con el Uruguay. Ejecutor
del tratado de 1828, que instaur6 la independencia de
este pais, como consecuencia de una guerra en la que
fu6 jefe principal, la aseguraba en el hecho en 1842.6

5 Paz reslltaba extranjero en todas parts. En Corrientes fu6 repu-
tado tal. En Montevideo lo era realmente pero seguia luchando por la
patria inexistente, que ambicionaba crear. Su papel era el tipico del
precursor. En sus Memorias, cap. XXV, habla de los inconvenientes que
le caus6 su calidad de provinciano para dirigir la guerra contra Rosas.
c El olvido de Paz acaba de ser reparado por Montevideo dando su
nombre a una avenida puiblica.
Entre los historiadores modernos del Uruguay merece menci6n don Ma-
riano Cortes Artcaga por el reconocimiento que hace de la obra de Paz
en sus documentados y minuciosos studios. (La Organizacin defensive d1
la Plaza de Montevideo durante la Guerra Grande, Montevideo, 1932.)
Entre los antiguos, el general Cesar Diaz.









SITIO Y DEFENSE DE MONTEVIDEO


El papel de Paz en el sitio de Montevideo destaca
dos caracteres fundamentals de su figure: su capaci-
dad tecnica y su altura moral.
Debe improvisar, como el afio 41 en Corrientes, pero
no solamente soldados sino tambien la fortificaci6n de
una ciudad maritima abierta, sin defenses naturales
-a no ser el promontorio del Cerro-, tarea a que se
aplicaba por primera vez y que no habia visto desem-
penfada sino en libros escasos que no tendria tiempo
de leer porque se esperaba al sitiador el dia menos
pensado. El 6xito que obtuvo es quizd el testimonio
mayor de su genio military.
Habia una circunstancia adversa para el despliegue
de sus talents tdcticos y es que la defense de una ciu-
dad conspira contra la discipline military, que era esen-
cial en su sistema de guerra. El contact forzoso del
soldado con la poblaci6n civil compromete y roe a cada
instant la severidad del servicio, le contagia su sen-
sibilidad exasperada por el peligro, debilita su nervio
e introduce en las filas las hablillas y los rumors
en que es tan fecunda una poblaci6n amenazada. Por
un lado se mezclaba el ej6rcito con la poblaci6n civil,
por otro lado se tocaba con el campo sitiador y esto
provocaba el constant espionaje. AdemAs, en el cam-
po sitiado velaba otro enemigo: el desafecto por un
defensor extranjero.7

7 So hicieron presentaciones de protest al Gobierno por la presen-
eia de Paz al frente de la defense. Llegaban a manos de 6ste an6nimos
1ue lo invitaban a salir, que so han conservado en su Archivo. Repe-
tian el ejemplo que habia dado Rivera.
Decia en su renuncia de 12 de febrero: "El espiritu de nacionalidad
que nadie ha respetado y acatado mAs que yo, se estA excitando contra
mi autoridad, tirdndome a la cara con la calidad de argentino (con que
me honro muchisimo)..."








EL GENERAL PAZ


Tambi6n sobresaldrdn en esta etapa de su carrera su
fuerza y grandeza de animo. En su desarrollo encon-
trard el historiador la explicaci6n de lo que se llam6
su intransigencia, su arrogancia, su carencia "de dotes
political", de su cardcter "discolo".
Mostremos brevemente la presencia de estos dos as-
pectos de Paz durante los diez y ocho meses en que or-
ganiz6 la defense y sostuvo el sitio de la Nueva Troya,
cuya poblaci6n en todas sus classes demostr6 una deci-
si6n y un ardimiento dignos del nombre 6pico con que
fu6 bautizada, a pesar de las defeccionos que disminu-
yeron el nimero de los defensores, pero acrecieron el
derecho a llevar el nombre heroico8
En esta Troya nueva no hay Aquiles ni Hector, ni
Patroclo ni Ayax, o so dividieron, cada uno en various.
El h6roe verdadero fu6 la ciudad misma. El linico
perfil de grandeza homerica es Paz. No ha sido ahin
reconocido, pero lo serA.
Para apreciar lo que import como acci6n military
basta recorder que la ciudad desarmada y abierta, de
cuya defense se encarg6 Paz en 12 de diciembre de

s Se ha hecho familiar y quedari para siempre el dietado de Nueva
Troya dado a Montevideo por raz6n del sitio que dur6 nuove afios como
cl de la antigua. El heeho tuvo gran repercusi6n en Europa. Ocup6 a
los gobicrnos y a los parlamentos. Lo coment6 la pronsa. (VWase Archi-
vo Americano, que refuta muchos de ellos.)
El relato do Alejandro Dumas sobre la Nouvelle Troie y las Memo-
rias de Garibaldi le erearon una boga extraordinaria, a la que con-
tribuy6 la intervenci6n extranjera.
La procza de la defense y sus peripecias noveleseas excitaron la fan-
tasia de poctas y eseritores.
Mitre ha descrito un episodio troyano, evocador, en verdad, del mode-
lo, la dispute del cadaver del coronel Neira, como el de Patroelo, por
el alf&rez Jos6 Maria Orte, al mando de 12 negros, para que los des-
pojos de un defensor, como el de Troya, no fucra devorado por los
porros.










SITIO Y DEFENSE DE MONTEVIDEO


1842, era ya inexpugnable sesenta dias despues, el 18
de febrero de 1843, cuando ha llegado al Cerrito la
vanguardia de Oribe. Paz se ausent6 en julio de 1844:
la ciudad soport6 el asedio durante siete afios-m6s y
6ste fue levantado, al fin.9
La preparaci6n y organizaci6n de la defense de Mon-
tevideo muestran el contenido psiquico y moral de los
triunfos militares, do lo que vale un hombre para de-
cidir un desenlace y lo que valen las virtudes comunes,
la diligencia, la provision, la economic, el ingenio in-
dustrioso, la abnegaci6n. Fu6 una victoria de la dis-
ciplina y del m6todo sobre la fuerza y el nimero, co-
mo en la Tablada contra Quiroga o contra Echagiie en
Caaguaz,(.10

9 La fortificaci6n de Montevideo consisti6 fundamentalmente en la
construcci6n de un parapeto con su banquet, un foso, un glacis y es-
itacadas.
El muro, cuando estuvo terminado, tenia 1.500 pasos y comenzaba desde
la Playa de la Aguada hasta ]a costa del Cementerio. Su altura era de
site pies, revestido de ladrillo. Al foso se le habia dado nueve pies de
boca. Por el lado exterior del parapeto se habia hecho el glacis, que no
era sino un amontonamiento de tierra. La estacada so habia construido,
como a 25 pasos del glacis, con duelas de pipa o barril. El espacio conm-
prendido centre el glacis y la estacada se habia cubierto de vidrios y
restos mctllicos ofensivos.
La defense so completaba con dos lanchas caioneras en el fondo de
la bahia, otras dos fondeadas cerca de la costa para mantener el con-
tacto con el Ccrro, donde estaban emplazadas unas cuantas piezas de
artilleria. Son sumamente interesantes las medidas tomadas para las co-
municaciones de los defensores, tel6grafo y sefiales (cfr. CORTES.ARTEAGA,
Transmisiones del Ejfrcito Defe sor, Montevideo, 1933).
La line de fortificaci6n fu4 artillada con cafiones de todo calibre,
muchos do ellos eran los que estaban emplazados como posts de esquina:
fucron arreglados y preparados en la maestranza. La artilleria fu6 pues-
ta bajo la dirceci6n del despues general Iriarte. Cortes Arteaga hace
la descripci6n complete de las fortificaciones y encarece la acci6n de
muchos jefes, en especial del coronel de Ingenieros don Manuel A.
Echeandia, cuya figure ha revelado.
1o El general C6sar Diaz, uno de los oficiales de confianza de Paz,
dice en sus Memorias refiri6ndose a la 6poca en que se preparaba la de-









EL GENERAL PAZ


El animo de Paz ha sido puesto a dura prueba an-
tes de los dos meses de haberse recibido de jefe del
ej6rcito. Sucedi6 lo esperado. Llegado Rivera al Pas-
toreo de Pereyra, a tres leguas de Montevideo, a fines
de enero, fueron a su encuentro el Presidente sustitu-
to, don Joaquin Suarez, sus ministros y amigos. Lo
primnro que hizo Rivera fu6 desaprobar y reprochar
la designaci6n de Paz. Regresados el mismo dia a Mon-
tevideo, lealmente el president Suarez hizo saber a
Paz el veto de Rivera. Paz dimiti6 sin p6rdida de mo-
mento.
Al dia siguiente Rivera llega a Montevideo, resume
la Presidencia y convoca a "los notables". Repite la
objeci6n de incapacidad de Paz revelada por los recien-
tes sucesos de Entre Rios y Corrientes y la de ser ex-
tranjero.
Don Santiago VAzquez, don Francisco Muiioz y otros
replicaron a Rivera. La conferencia continue al dia
siguiente y entonces comprondi6 Rivera que no se con-
fiaba en 61 y que era imperioso recurrir a Paz nue-
vanente. Su vanidad herida necesitaba una satisfac-
ci6n. Paz no seria el Jefe del Ejfrcito de Reserva
sino el Comandantc General de Armas de la Capital.
Modific6 su ministerio: entr6 a 61 don Santiago VAz-

fensa:, "Nunca puedo aeordarme do aquella 6poea sin admirarme de mi
propio esfuerzo y del de mis compafieros. Me parece que si ahora inten-
tara ejecutar nuevamente lo que entonces hice, me seria impossible con-
seguirlo. Nunca he tenido dias de mayor fatiga aunque es verdad que
jams me he sentido estimulado con mayor fuerza.
'Visitaba (el general) con frecuencia las fuerzas de la ciudad y de
los campamentos: juzgaba por si mismo el progress que hacian vi6ndo-
los trabajar y dirigiendo a los oficiales y soldados individualmente pre-
guntas relatives a los objetos de su instrucci6n. Estimulaba a los jefes
con palabras adecuadas para lisonjear su orgullo e inflamar su ardor."
El general Ventura Rodriguez en sus Memorias registrar observaciones
semejantes (pag. 100).








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quez, y el coronel Melchor Pacheco y Obes fu6 el nuevo
ministry en la Guerra.
No se aplac6 con eso el encono de Rivera, sino que
despu6s de aceptada la renuncia de Paz el dia 2, apa-
recia, el dia 4, un decreto ordenando su cesantia como
jefe del Ej6rcito de reserve, siendo asi que habia re-
nunciado el cargo.
Paz se sobrepuso a la reacci6n que debia provocar
justamente el agravio de Rivera. Pens6 en sus com-
patriotas expatriados, escuch6 sus sliplicas y no olvid6
por cierto la posibilidad de seguir luchando contra la
tirania si Montevideo se mantenia en pie. El 4 de fe-
brero abandonaba Rivera la ciudad y quedaba su de-
fensa nuevamente en manos de Paz.
Paz hizo, pues, como otras voces, la aceptaci6n ca-
llada do lo que consideraba su deber, alzando el Animo
sobre los contrastes personales.
Para medir el contenido moral de la conduct del
jefe de la defense hay que afiadir que a las condicio-
nes fisicas de la inermidad de la ciudad se sumaba la
penuria, la inopia en que se hallaba el Estado, no so-
lamente sin ej6rcito y sin armas sino tambi6n sin dine-
ro y sin manera de obtenerlo.
En el mes de mayo la pobreza personal del jefe de
la defense era tal que "se hallaba sin medios para sos-
tener su familiar, siendo que sus gastos eran no sola-
mente moderados sino hasta mezquinos y que 61 so pri-
vaba hasta de la decencia indispensable". Asi escribia
Paz en carta confidencial al Presidente en vista de ha-
ber quedado sin respuesta una reclamaci6n de fondos
para la tropa hecha dias atris al Ministro de Guerra.
Segfin Sarmiento fueron sus amigos quienes le cos-
tearon los vestidos de Paz.









EL GENERAL PAZ


Su situaci6n individual traducia la del ejercito. Paz
consider siempre como capital requisite de la disci-
plina que el soldado viera que sus jefes corrian los
mismos azares que sus soldados.
Cuando La Madrid desde Valparaiso le habla de la
necesidad en que se hallan los expatriados en Chile
de recursos para secundar la campafia contra Rosas,
haciendo incursiones por el lado de Cuyo, Paz le escri-
be en octubre 30 del 44, desde Rfo Grande, informin-
dole que 61 padece de la misma falta.
"'CreerA Vd., le dice, que he salido de Montevideo
sin que el Gobierno me auxilie con un solo peso? Pues
nada es mds cierto."
Debe decirse que, en cambio, en 1848, hallindose en
suma pobreza, el Gobierno de Montevideo dispuso en-
viarle ayuda pecuniaria, por intermedio del Ministro
Lamas.
Sabemos que un libramiento por 400 pesos dado en
enero del 44 no se habfa pagado sino en la mitad quin-
ce dias despu6s. "No hay dinero ni para, luz", deeia
un pedido de fondos.
Meses atrAs, Paz se vi6 obligado a dejar constancia
escrita de la situaci6n que representaba a diario ver-
balmente al Gobierno.
En comunicaci6n del 27 de marzo decia Paz al ,Mi-
nistro:
"Toda la oficialidad se queja con una justicia, que
el General no puede desconocer, y que se acrecienta
con la perspective de la probable e indefinida prolon-
gaci6n de las fatigas que la aguardan. Estos valientes
soldados y oficiales, arrostran, es verdad, el peligro y
la muerte con bravura y heroism, pero murmuran, y
unos y otros ignorando las amarguras que sufre el









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General al verles tanto tiempo impagos y en la mi-
seria y en abandon sus families, le culpan tal vez de
privaciones que no estf en su mano el evitar y que
deplora con dolor." 11
No era compensaci6n para Paz, como hubiera .sido
para otro temperament mis rbmAintico, la emoci6n y
la embriaguez de la popularidad, ya que nunca en su
larga carrera habrialas sentido mis hondamente que
en aquel primer tiempo del sitio durante el cual la
poblaci6n vi6 en 61 a su salvador y su h6roe. El Uru-
guay declare fiesta national el dia 28 de noviembre,
aniversario de (aaguazf, en t6rminos que eran un ho-
menaje personal a su general.
Tres meses despu6s de comenzada la defense, Mon-
tevideo presenci6 una escena que qued6 grabada en el
recuerdo de todos sus habitantes: la entrega de las ban-
deras y estandartes a las tropas. Era el 14 de febre-

11 Luego agrega: "El General ha agotado ya cl dicecionario do las
promesas. Ha emitido repetidas esperanzas do una pr6xima paga fun-
dado en las seguridades que algunos de los S.S. Ministros le han hecho
el honor de darle verbalmente, pero en tanto tiempo s6lo ha recibido para
sueldos y otros gastos, y aun eso en fraccioncs, la exigua cantidad do
once mil pesos (11.000) y le es sumamento doloroso quo el soldado Ilegue
a perder la confianza quo debe siempro inspirarle la palabra del general:
como lo es el ver a estos valientes benem6ritos volver de la pelea, en que
acaban de exponer sus vidas por este pueblo, para ir a recorrer sus ealles
on el rol humillante y desmoralizador del pordiosero."
Concluye refiriendose a su situaci6n:
"El que suscribe, ha consagrado sus servicios, sus vigilias, su escasa
capacidad, su existencia toda entera al desempeico del clevado y penoso
cargo con que el Gobierno le honr6, y juzga haberle llenado, hasta aqui,
sin fatigarlo con exigencias exorbitantes. Mas no puede ya prescindir
do exigir al menos lo estrictamente necesario. Lo hace, porque es do su
deber; porque eree que quizA va en ello el triunfo de la causa; porque si
puede hacer a 6sta el sacrificio de su existencia, no puede hacerle el de
su credito, porque le abruman ya los ccos de la queja fundada y perma-
nente quo en todas estas filas se levantan y porque al contraer este gra-
ve compromise lo hizo en virtud de las multiplicadas y respetables segu-
ridades quo a este respeccto le di6 la autoridad."









EL GENERAL PAZ


ro. Oribe se acercaba a la ciudad. La ceremonia y el
desfile subsiguiente se realizaron a lo largo de la calle
18 de Julio, con Paz a la cabeza de la line.
El incansable y ardidoso ministry Pacheco y Obes
empefi6se en darle gran estilo y pompa. Es lo que
correspondia a su temperament y lo que convenia pa-
ra avivar el entusiasmo de la poblaci6n que iba a ser
tan duramente probada.
Paz pronunci6 una arenga breve y cAlida. Pache-
co y Obes di6le las gracias en nombre de la Repi-
blica.I2

12 Melchor Pacheco y Obes es una figure original de la vida rio-
platense en la 6poca tormentosa de las guerras internal. Era el tipo
do la familiar romAntica. Su vida esth llena de extrafias aventuras: de
prisiones, de destierros, de conflicts teatrales, de hazafias diplomhticas.
Estuvo dos veces en Franeia para impedir la aprobaci6n del tratado
Lepr6dour-Arana e inclinar la opinion extranjera en favor de Montevi-
deo. Gan6 la adhesi6n de Luis Napole6n y sus Ministros, frecuent6 a
Tocqueville, a Thiers, Berger, la Roche Jacquelin. Vi6 triunfar su causa
on el Parlamento. Fu6 amigo de Dumas, y a su sugesti6n, probablemente,
so deba la Nouvelle Troie. Se mezcl6 a la vida parisionse. Tuvo inciden-
tes ruidosos eon oco en la prensa. Ret6 a duelo a Emilio do Girardin,
acus6 ante la Corte de Asises del Sena al Journal des D6bats y a la Revue
des Deux Mondes, por difamaei6n. Y hall satisfacei6n. Hizo ante el ju-
rado personalmente su defense. Fu6 guerrero, hizo versos, como era de
rigor, y arengas a lo Mirabeau. Tambi6n, como es de rigor, muri6 oven,
a los 46 afios: con estos temperamentos apasionados se demuestra c6mo
la vida es una combustion, que por lo mismo acaba mqs pronto con las
substancias inflamables.
Para completar la originalidad de esta figure que espera su romance,
digamos que se lo hace descender, por lo Obes de la familiar de Hobbes.
Para algunos Pacheco y Obes fu6 el H6ctor de la Nueva Troya. Pero
parcel la asimilaci6n una exigencia de la rima pucs su figure es mas
byroniana que hom6rica. Su actividad y andar incansables fueron de
gran valor en la organizaci6n de la defense: en el archive de Paz se
consorvan a centenares los billetes, los mensajes nerviosos, sin fecha, a
lipiz, con que contest un pedido, anuncia una media o transmit una
noticia.
Digamos en su honor que 61 mismo se encarg6 do invalidar las exa-
geraciones, pues que on la tumba de Paz dijo: "sin el general Paz la
resistencia de Montevideo era impossible Este rasgo verifica la gene-










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Durante los diez y siete moses en que Paz fu6 cl jefe
do la defense ocurrieron numerosos lances b6licos, gue-
rrillas de descubierta, escaramuzas, pero se contaron
incidents do mis importancia, como la conspiraci6n
de Alderete, que fue una tentative de sorpresa y toma
de la ciudad -no lleg6, pues, a ser el caballo de la Nue-
va Troya- y el plan, frustrado no obstante la consu-
mada habilidad de concepci6n, en virtud del cual debi6
coparse al Ej6rcito de Oribe. Paz pidi6 el procesamiel-
to del jefe a cuya desobodiencia se debi6 el fracaso -el
coronel Pirhn- y segfin algunos, la negative del Go-
bierno fu6 una de las causes de la renuncia de Paz.
En febrero de 1844 Paz present su renuncia do je-
fe. Desisti6 de ella pero fue reiterada cuatro meses
despues y se embarc6, aceptada esta vez, a Rio de Ja-
neiro, cl 3 de julio.13

rosidad romintica de su temperament. En earta del 9 de enero de 1853
]e habia dicho: "Ud. y s61o Ud. salv6 a Montevideo."
La mas extraordinaria fantasia de su romanticismo fu6 la de traer
legions extranjeras para defender Montevideo. Contrat6 un considera-
ble empr6stito en Rio con Evangelista da Rouza para ese fin. En el
archive de Paz se encuentran los papeles relatives a esta empresa.
R. Montero Bustamante ha escrito con emoci6n y amor una semblan-
za de Pacheco y Obes (Ensayos, Montevideo, 1928), y don L. M. Tor-
terolo ofrece en su biografia (Montevideo, 1920) los detalles do esta
vida.
13 En 28 de junio le fu6 aceptada la nueva renuncia de jefe de la de-
fensa: ''He hecho en los diez y site meses en que he prestado mis ser-
vicios, docia Paz en la renuncia, cuanto ha estado en mi capacidad, para
corresponder a la inmensa confianza. La defense de la Capital esta hecha
y las circunstancias afligentes que aconsejaron mi alnmamicnto al mando
han pasado."
Habia en el decreto el reconocimiento de la part que le ha cabido "en
la salvaci6n de la Reptiblica".
Es curiosa la desaprobaci6n que hizo Rivera al president Suarez por
la aeeptaci6n de la renuncia de Paz y su reemplazo por Pacheco y Obes.
Una extensa contestaci6n de SuArez a Rivera de 29 de octubre de 1844
muostra bien la trama intima do los sucesos. Rivera reprobaba la acop-
taci6n de la renuncia de Paz, no por aprecio a este sino porque 'si so










EL GENERAL PAZ


iQu6 motives determinaron su retiro?
Sin duda agitaba a Paz como prop6sito finico el de
levar la revoluci6n al teatro propio de la tirania, para
darle caricter netamente argentino. Desde Corrientes
le llegaban incitaciones, despu6s que los Madariaga
habian recuperado la Provincia con un audaz golpe de
mano, que le ofrecian la oportunidad deseada. Consi-
deraba por otra parte que Montevideo quedaba asegu-
rado como un centro de protecei6n para la acci6n en
Corrientes.14
Movialo, ademis, a separarse la lucha do influencias
en que se debatian los-circulos de la political interior
del Uruguay y de los propios emigrados, divididos on
bandos.
A esas facciones se refiere Paz en various moments
de sus Memorias, sobre todo cuando recuerda los obs-
ticulos que pusieron a su acci6n en la segunda campa-

secundaba su march a Corrientes, quo era asunto important en su sucfio
de predominio en las provincias litorales.
Suarez apura toda la argumentaci6n a su alcance para explicar su
actitud.
Respecto de la renuncia de Paz dice que se debia o "'a que no podia
soportar al ministry Pacheco y Obes o porque crey6 que esto se perdia,
o en fin que en Corrientes se le presentaba mayor teatro".
Afiade refiri6ndose a Paz: "tendrh muy buenas cualidades, pero en
6poca tan critica sus genialidades, sus exigencias y los continues asa-
gos del enemigo aumentaban las inquietudes y dificultades" (I. DE MA-
BfA, Anales de la Defensa de Montevideo, tomo II, pAg. 154).
14 Escribia a La Madrid desde Rio Grande en octubre del 44: "mi
separaci6n en nada ha influido para que la Plaza deje de defenders
con brio y constancia y espero que lo mismo sucederi todo el tiempo que
es necesario para que se desenvuelvan todos nuestros medios, muy prin-
cipalmente el que nos present el patriotism do la Provincia de Co-
rrientes, a donde me dirijo..."
Estos concepts fueron repetidos en su correspondencia con Madaria-
ga y sus proclamas on Corrientes. (Cfr. MANTILLA, Cronica historica de
Corrientes, tomo 29, pig. 12.)
No fu6 sino mAs tarde que ocurri6 la desorganizaci6n que puso a la
ciudad en peligro de caer. (PAZ, Memorias, cap. XXVIII.)








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fia de Corrientes y cuyos centros operaban desde Mon-
tevideo. La facci6n que reputaba perturbadora, en pri-
mer t4rmino, era la de los unitarios compafieros de Ri-
vadavia. Todos mantuvieron silencio durante el peligro
grave del sitio, pero asegurada la plaza, aquietados los
temores, reaparecieron las intrigas y las ambiciones
de predominio y la pretensi6n de que en su caricter de
military debia someterse a las sabias direcciones de sus
jefes, togados periodistas argentinos, en Montevideo.15
Asi ocurri6 en C6rdoba en 1830, y se repiti6 el fe-
n6meno en 1845 en Corrientes.
Paz descansaba s61o en la confianza de los jefes mi-
litares de carrera. Entre sus oficiales de Montevideo
comenz6 a distinguirse durante el sitio el mayor arti-
llero BartolomB Mitre, quien tuvo para doctrinarse el
ejemplo de Paz. No pasaron muchos afios sin que ese
joven official, destinado a ser el hombre m6s grande
de su 6poca, buscase la colaboraci6n del viejo general
y pronunciase sobre su tumba el mas noble elogio de
su virtud.
No debieron ser extrafios a la determinaci6n de Paz
de abandonar Montevideo, los planes politicos de algu-
nos emigrados. Eran los que habian promovido la in-
tervenci6n anglofrancesa y pensaron en algin momen-
to en constituir un nuevo estado independiente con En-
tre Rios y Corrientes, cuya proclamaci6n reconocerian
Francia, Inglaterra y Brasil.

15 Cartas de Andres M. Villegas clasifican asi las facciones unita-
rias do Montevideo: "la de los arist6cratas de la revoluci6n, compuesta
de los nmas antiguos, la de los j6venes de ideas humanitarias y de pro-
greso, que recuordan con rabioso escozor que Ud. los confundiera con la
masa poniendoles un fusil al hombro en las trincheras". Ambas preten-
dian quo fuera Paz instrumento inanimado de sus dictAmenes' (carta
Archivo de Paz, Correspondencia. Legajo 8).








EL GENERAL PAZ


Paz fu6 un adversario declarado de tal idea. Don
Florencio Varela, el mas genuine representante de los
emigrados amigos del plan, habia partido para Ingla-
terra en agosto de 1843, enviado por el Gobierno del
Uruguay, como agent confidential ante lord Aberdeen,
que manejaba las relaciones exteriores inglesas.16
Paz, que consideraba condici6n esencial de toda ne-
gociaci6n la garantia "de la integridad territorial de
la Repfiblica", pudo pensar que renovando la gue-
rra desde Corrientes frustraba el proyecto secesio-
nista.
Esta idea de separar Corrientes y Enitre Rios para
hacer con esos paises una nueva naci6n -ya sea por
si solos o unidos al Uruguay, al Paraguay y en cierto
moment con Rio Grande del Sud- fu6 un tema que
ocup6 durante muchos afios la political argentina.
Fu6 apoyada, si no sugerida por los hombres del Uru-
guay, orient muchas veces la political del Brasil y el
Paraguay vi6 en ella una posibilidad favorable para
sus interests, sobre todo por la libre navegaci6n de los
rios. Para los argentinos que alguna vez la miraron
con simpatia era un simple ardid, un recurso desper-
tado por la desesperaci6n de la lucha contra Rosas.
Para los hombres como Paz creaba esa idea un con-
flicto en el que debia triunfar lo esencial sobre lo cir-
cunstancial, pero que hacia mas aguda la tremenda res-
ponsabilidad de jefe military de la lucha. Comprometi-

1G No tratamos en este studio cl vasto asunto de las concomitan-
cias de los unitarios con las naciones extranjeras que merece uno espe-
cial. Paz cst.i en contra de toda coneordancia con el extranjero que des-
nacionalizara la guerra. En sus Memorias ha dicho todo lo necesario.
(Cap. XXXIX.)
Cfr. VARELA, Autobiografia; SALDIAS, Evolucidn Republicana, cap. 18
y apbndice; Histria de la Confederacion Argentina, tomos X y XII.








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do en un duelo a muerte con la tirania, sin ej6rcito, sin
recursos en frente de un enemigo rico en soldados y
dinero, debfa renunciar a los medios que otro espiritu
menos fuerte no hubiera vacilado en emplear.
Emplazando el centro de la guerra en Corrientes ma-
taba en el huevo el engendro secesionista.


III

La segunda campafia de Paz en Corrientes es el epi-
sodio mis breve de su carrera (enero de 1845-abril de
1846). Le estin dedicados, sin embargo, los iltimos cin-
co capitulos de sus Memorias. Son pAginas de un fervor
extraordinario, inclementes, cAusticas. Es un testimo-
nio, el mis vivo, quizA, de lo que signific6 como erup-
ci6n de pasiones, como confusion en la escena, la lucha
contra la tirania y el choque de las facciones political.
EstA lleno de las palabras entrecortadas y fatidicas
que dicen las brujas en los intervalos de algunos de los
dramas de Shakespeare.
En la trama de los sucesos, la segunda campafia de
Corrientes es la prolongaci6n de la acci6n de Paz en
el sitio de Montevideo. Asegurado el mantenimiento
de 6sta, como una ciudadela, permitia reanudar en tie-
rra argentina la guerra contra Rosas y atacarlo direc-
tamente.
Los Madariaga (don Joaquin y don Juan) gobier-
nan Corrientes. Han reconquistado la Provincia, per-
dida en Arroyo Grande, merced a una invasion audaz
y feliz (31 de marzo de 1843). Don Joaquin ha sido
designado gobernador efectivo. Llamado por su nuevo
gobierno, Paz esta dispuesto a marchar a Corrientes.









EL GENERAL PAZ


Sali6 de Montevideo con ese pensamiento y lo rea-
liza, emprendiendo su viaje desde Rio de Janeiro.
Las sugestiones que despierta la Nueva Troya hacen
pensar en Paz como en un Ulises, por sus peregrinacio-
nes accidentadas en tierras desconocidas y sus penu-
rias, aunque no por sus astucias. Es necesario desorien-
tar al general Tomins Guido, ministry de Rosas en Rio,
activo vigilante de los movimicntos dc los emigrados,
quo reclama en todo moment a la Corte medidas de
precauci6n contra el conspirador. Atraviesa el Brasil
de inc6gnito o fugitive, detcnido a cada paso por las au-
toridades, ingeniAndose para escapar, ingeniAndose pa-
ra vivir, aceclado por las emboscadas, mientras su jo-
ven esposa y sus hijos vagan cn el destierro, ampara-
dos por la sombra tutelar de su hermana Rosario.17 De
nada le ha servido su credencial de ministry diplomA-
tico del Uruguay con que se crey6 asegurarle, al me-
nos, un salvoconducto.
Han precedido su viaje las precauciones a que lo
obligaba su experiencia do la primer campafia. Con-
sider6 que la p6rdida del fruto de la victoria de Caa-
guazfi era consecuencia de que su mando emanaba del
gobernador, quien podia cancelarlo en cualquier mo-
mento, como ocurri6. Ahora reclamaba que su autori-
dad procediera de un poder que se hallara por encima
de 61 y ese poder era el Congreso de Corrientes.s1
Su paso por 'el territorio correntino lhasta su capital

17 Paz reficre el itinerario y sus peripecias: de Rio a Santa Catalina,
luego a Rio Grandc, San Francisco de Paola, Porto Alegre, Santa Ama-
ro, Rio Pardo, Santa Maria, Itaqui y do aqui al Paso de los Libres. Fu6
on esa travesia cuando tuvo la referencia precisa de quo era esperado para
ser asesinado.
1s Asi qued6 establecido. Paz hace el relato detenido de las negocia-
ciones. Cfr. MANTILLA, Cr6nica de Corrientcs, tomo 11; II. F. G6MEZ,
Vida del Dr. Juan Pujol, cap. V.








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fu6 un paseo triunfal, que remat6 en la fiesta solemn
de su juramento, aclamado por el pueblo, como un
triunfador.
La f6rnula de su juramento como Director de la
Guerra expresa el program de su campafia: "juro
por Dios y los Santos Evangelios promover y adoptar
todos los medios que estEn a mi alcance-para derrocar
]a tirania que hoy prime a la Rep~blica, sostener la
integridad dcl territorio y propender a siu organiza-
cion". Era la reiteraci6n del program a que se man-
tuvo fiel desde que se incorpor6 a las luchas civiles y
que sostcndrA hasta su muerte.
La ley que Paz reclamaba como condici6n para enca-
bezar la nucva campaiia fue dada en 13 de enero de
1845 y el dfa 20 prestaba el juramento.
Por falta de malicia, por ardor patri6tico, por exce-
so de confianza en si mismo, Paz crey6 que la sanci6n
de una ley bastaba para hacer impossible la repetici6n
de lo ocurrido en 1842 con Forr6: que el espiritu loca-
lista, los colos de los gobernadores frustrara su es-
fucrzo.
El contenido de la segunda campafia de Corrientes
es corto: preparaci6n dc su plan, campaiia de don Juan
Pablo L6pez en Santa Fe, la alianza con el Paraguay
(noviembre de 1845), la invasion de Urquiza en Co-
rrientes, la derrota de la vanguardia de Paz en Laguna
Limpia (febrero de 1846), la retirada de Urquiza, la
ruptura definitive de Paz con Madariaga, la destitu-
ci6n de aqu61 por 6ste y el abandon de Corrientes por
el Director de Guerra.
El plan que concibi6 Paz para defender Corrientes
es el mas calculado de cuantos urdi6. Consisti6 en la








EL GENERAL PAZ


elecci6n y studio prolijos del terreno adonde atraeria
a Urquiza con su ej6rcito y donde, eventualmente, po-
dia guarecerse la poblaci6n que emigrara como conse-
cuencia de la invasion. El lugar elegido era el espacio
comprendido entire el Parand, la laguna IberA, cerra-
do por la Tranquera de Loreto, quo se proponia for-
fificar, haciendo el espacio que quedaba a su espalda
mis inexpugnable que Montevideo, cuya defense aca-
baba de hacer y cuyo recuerdo le sugiri6, sin duda, el
plan.19
Como un primer paso para sacar la guerra fuera de
Corrientes, Paz prepare la expedici6n que don Juan
Pablo L6pez debia llevar a Santa Fe. Comenzada con
6xito feliz, fu6 destruida totalmente en la acci6n de
Mal Abrigo, que provoc6 el procesamiento de L6pez,
ante un Consejo de Guerra, que si no lo conden6 a la
pena pedida por el fiscal, que era la capital, lo separ6
del cjercito y lo inhabilit6 para el servicio military.
Daba Paz con ese paso la muestra mas acabada de su
espiritu de organizaci6n y de justicia.20
En virtud del tratado de noviombre de 1845, el Pa-
raguay se incorpora a la acci6n de Corrientes, como un
aliado decidido.
Envi6 su contingent, al mando del hijo del Presi-
dente Carlos Antonio L6pez, un joven de diez y ocho
afios, Francisco Solano. El ej6rcito se llam6 desde en-
tonces Ejercito Aliado Pacificador.

19 Forman una lecci6n espl6ndida de tactica los informes encomcnda-
dos por Paz y los pianos y croquis realizados por cl ingeniero hfngaro
Francisco Wirner de Morgenstein, quc sc conservan en el archivo de Paz,
detallados y prolijos.
20 Para que podamos juzgar su obra sc conserve en su archive el vo-
luminoso process con todas sus piezas. Es cxtraordinario cl hecho: un
process a un general, en el quc no se mueve otra pasi6n que la de la jus-
ticia, y el prop6sito civilizador do establecer su responsabilidad.








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La presencia do las tropas paraguayas fu4 una com-
plicaci6n para la campafia y una causa de quebranta-
miento de la disdiplina, pues que, como ej6rcito extran-
jero, vigilaba celosamente su independencia y se ha-
llaba sometido a sus propios jefes.21
Desde el primer contact de Paz con los gobernantes
militares de Corrientes, aparecieron las diferencias y
resentimientos, como consecuencia de la double jefa-
tura a que se hallaba sometida la provincia, la del go-
bernador y la del Director de la Guerra. Paz vi6 en
ellas un eco de las facciones argentinas de Monte-
video.
Este distanciamiento de Paz y Madariaga, alimenta-
do por miles de incidents, entire los que se cuenta alguno
do caricter social, tuvo su crisis despu6s de la capture
de don Juan Madariaga, jefe de la vanguardia de Paz,
en la acci6n de Laguna Limpia, por las tropas de Ur-
quiza, en 4 de febrero de 1846. En efecto, el prisionero
fu6 tratado con gran consideraci6n por Urquiza y Gar-
z6n y se le hizo entendcr, de inmediato, que no guerrea-
ban contra Corrientes sino contra Paz, que eliminado
este obsticulo, y adherida la Provincia al tratado de

21 Terminada la campafia, Madariaga public cartas de Paz quo conte-
nian apreciaciones despectivas para cl ej6rcito paraguayo. Paz se crey6
obligado a dar explicaciones (30 de abril de 1846).
"Si es verdad, decia, que el ej6rcito de L6pez no era ni podia scr
sino masas informs, el 4 de Febrero en Ibahay contribuy6 m6s que nada
a imponcr al enemigo y obligarlo a retroceder con la misma violencia
con quc invadi6..." "En los pocos dias en que he podido contraermo,
en cl campamento de Villanueva a su instrucei6n y discipline, ha hecho
progress que me inspiraban las mas fundadas y lisonjeras esperanzas,
de que en muy pocos dias mis abriria la campafa contra las fuerzas del
dictador do Buenos Aires con los mejores soldados de Sud Amdrica; son
tales las calidades que refine el soldado paraguayo que seguramente serd
el primer soldado de la America del Sud si se le organize, instruye y
discipline como corresponde: .. (Memorias en el archivo de Paz.)









EL GENERAL PAZ


4 de enero de 1831, la lucha cesaria y Madariaga que-
daria en el gobierno.
Se renovaba el episodio de 1841, cuando el mismo
Madariaga y don Gregorio Valdez so correspondieron
con don Vicente Montero, agent de Urquiza, para ne-
gociar una soluci6n semejante-a la quo ahora so pro-
ponia.
Paz fu6 informado de los pasos del prisionero, pero
no crey6 que se le dijera toda la verdad. A esa actitud
lo inclinaban las sospechas que abrigaba ya y que ma:
tarde aparecian confirmadas por el Tratado de Alcaraz,
que suscribieron Madariaga y Urquiza.
El ejrrcito de Urquiza continue su march do inva-
.si6n en Corrientes, despu6s del triunfo en Laguna Lim-
pia y lleg6 a enfrentarse con el de Paz en Ibabay. iste
so prepare para el encuentro. Crey6 inminente la ba- -
talla, durante dos dias, despu6s de los cuales con sor-
presa de Paz, Urquiza emprendi6 una rapidisima reti-
rada, salvando con pequefias perdidas, su ej6rcito, pues
la persecuci6n dispuesta por Paz no tuvo eficacia.22
La crisis political, que era la realidad verdadera del
process, marchaba a su desenlace.

22 En cuanto al encuentro de los ejercitos on Ibahay, Paz describe a
su esposa en 13 de febrero: "espcr6 ayer al enemigo quo desdc luego
quiso embestirme, pero a distancia dc unas cuantas cuadras hizo alto y
retrocedi6, quedando a nuestra vista y guerrilleando nuestra avanzada.
Ha permanecido dos dias, poro anoche ha levantado su campo. P. S.
El enemigo va en plena retirada y serd perdido del todo y sin rciedio
si obramos como se debe y si encuentro la debida cooperaci6n. Dios
lo quiera".
En cuanto a la transacci6n con Urquiza le describe ol 19 de marzo de 1846:
"empieza a circular muy sordamente que Urquiza estA dispuesto a en-
tenderse con el gobernador, pero que yo ser6 un obstdculo. He asegura-
do en piblico que yo no serd obstdculo de ninguna clase y que si Urquiza
se declare contra Rosas, dejard de ser mi enemigo y hasta le ceder6 el
pesto que ocupo". (Ms. en el archivo de Paz. Archivo Nacional.)








SITIO Y DEFENSE DE MONTEVIDEO


Si on 1842 consider la actitud de Ferr6 como un fa-
tal error, ahora reputaba la de Madariaga como una
traici6n. (onsideraba quo a sus espaldas habia una in-
teligencia secret entire el gobernador y Urquiza.
En el Congreso de Corrientes so prolongaba, agra-
vado por razones internal, el distanciamiento centre
Paz y Madariaga. Fundado en que el period legal
del gobierno de 6ste habia fenecido, la mayoria de la
representaci6n se proponia eliminarlo del gobierno.
Para sostener sus resoluciones el Congroso requiri6
el apoyo del Director do la Guerra, que lo habia nom-
brado. Paz crey6 de su deber enviar una column al
mando del general provincial Abalos para sostener al
Congress.
Esta column se disperse, ante la amenaza del go-
bernador, quien para cortar por lo sano el conflic-
to, disolvi6 al Congreso y suspendi6 en cl mando a
Paz, actuando en el cargo su sustituto J. Baltasar
Acosta.23

23 Ein inarzo 23 de 1846, Madariaga cseribi6 a Paz una larga carta
cn la quo halia m6rito de los trabajos de desquiciamiento que so sentian y
quo buscaban ampararse invocando el nombre del Director de la Guerra
(aludiendo a los circulos personales de Paz), imputaci6n que no so le hacia
por primera vez. Paz contest a los seis dias desde su campamento de
Villanueva, diciendo que ha sido siempre su cmpefo en alejarse de circulos
y facciones; "si yo no he dejado amigos al dejar mandos que se me
confiaron ni los dejaria alora es porque en csas veces como alhora no
los he blscado para mi sino para la patria".
Ambas cartas, que so hallan en el Archivo de Paz, estin transcripts
on MANTILLA, Crdnila de Corrientes, tomo II, piAg. 169.
En esos mismos dias do marzo, Paz so comunicaba con cl despu6s co-
ronel Ram6n Caseres, cxponiendole su convicci6n quo nada podia espe-
rarse de la decision del gobernador, paralizado por la prisi6n de su her-
mano on manos de Urquiza.
Como prueba Ic rccordaba su falta de cooperaci6n para perseguirlo
cuando su rctirada de Ibahay. (Ms. on el archive de Paz. Archive Na-
eional.)
En cuanto a. estos sucesos, den Angel Navarro, amigo de Paz, public










EL GENERAL PAZ


El ejrcito habia dejado de ser tal con tan active
fermento de indisciplina -se dispers6 sin much es-
fuerzo- y Paz, corrido, abandonado, huyendo de la
tentaci6n en que habria caido otro hombre que no fue-
ra 61, de mezclarse a la lucha internal de Corrientes, se
intern en el Paraguay en abril de 1846, "escopeteado
por una partida", casi solo, acompaiado por el fiel
Hornos, donde despu6s de diez meses de permanencia,
se puso en camino de Rio de Janeiro, cerrando el peri-
plo mas desgraciado de su carrera.24

mais tarde en Montevideo un libelo llamado El general Paz y los hombres
qte lo han calumniado.
En los legajos de documents administrativos de Paz so conservan los
comprobantes prolijos de la iltima campafia de Corrientes, firmados por
el comisario del ej6rcito y sus jefes, cada uno de los relatives a su de-
partamento, eon los que podria hacerse hoy la rendici6n de euentas a la
contaduria de Corrientes. En el ap6ndice publicamos el reeibo quo en
Asunci6n so le otorg6 por el dinero en efectivo de la caja.
21 En Asunci6n, Paz conoci6 a Artigas (Meimorias, nota en cap. XIi.
Don Juan Zorrilla de San Martin recoge la tradici6n oral en su grandi-
loeuente Epopeya de Artigas, de que Paz come Rosas buscaron-la coope-
raci6n del viejo caudillo. Es de todo punto inverosimil. Rosas no lo ne-
cesitaba y Paz era la antitesis de su temperament y de sus m6todos.
La 'pgina que finge el encuentro y su dihlogo es bella pero el hecho
es imaginado. (Ob. cit., tome II, p. 630.)













III



LOS ANOS DE RIO DE JANEIRO
(1848-1851)



Despu6s de diez meses de permanencia en el Para-
guay, en enero de 1847, vuelve al Brasil.1 No eran mu-
chas las opciones posibles y en cualquier parte donde
fuera, sabe que le ha de ser necesario trabajar para
ganarsc el sustento. En abril de 1847 ha llegado a
Rio Grande con su familiar. Es alli donde conviene con
su comprovinciano Braulio de la Torre una sociedad
para negociar con cueros y frutos del pais. Sin que el
intent alcance a dar ningfin resultado, al poco tiem-
po, de la Torre muere en Rio, durante una corta es-
tada, en brazos de Paz.
Es en Rio, en efecto, donde 6ste vive ahora. Habria
deseado permanecer en Rio Grande o Santa Catali-
na, donde estaba reunido el mayor nfimero de com-
patriotas, pero, a pedido del Ministro Guido, el Go-
bierno lo oblig6 a domiciliarse en Rio.
Alli establece, en los alrededores, una pequefia gran-
ja: vende huevos, gallinas, la leche de site vacas y
comestibles.2

1 Este period carccc dc fuentes. Son escasos los papcles del Ar-
chlivo de Paz que puedan ilustrarnos.
2 Se conservan los pequefios cuadernos prolijos en que Paz anotaba
las existeneias de su corral do aves y las ventas.








EL GENERAL PAZ


SAsi pasaban los dias del h6roe de tantas batallas,
cuando poco tiempo mis tarde, su sino adverse lo
va a probar con un inmenso infortunio: en junio de
1848 muere su joven esposa, al dar a luz su hijo
Rafael. Tenia treinta y cuatro afios. "Agotado mi
sufrimiento, dice a de Oro, es con pesar que sopor-
to la existencia." Esta amargura lo asaltaba en la
hora mfs melanc6lica, la hora del destierro, de la
mayor pobreza, de las esperanzas fallidas. Entre
esas sombras, para hacerlas mas profundas, se apa-
gaba el idilio comenzado en la prisi6n hacia catorce
anos.
Trafanle constantemente el recuerdo de las luchas
las cartas de sus antiguos jefes y de sus amigos pros-
criptos, y venia a hablarle del porvenir don Andr6s
Lamas, el Ministro del Uruguay en Rio.
Los dias domingos, seguin Sarmiento, solia verse un
lujoso carruaje con lacayos, que ostentaba el escudo
del Uruguay, frente a una casa, en la rfia San Cle-
mente, como a una legua de la ciudad, cerca del Jar-
din Botfnico. Eran Lamas y Melchor Pacheco y Obes
quienes reunianse con argentinos expatriados alrede-
dor de Paz para cambiar impresiones, comunicarse
noticias, alentar ilusiones, definir planes.
Lamas, ademds, estd empefiado en escribir la histo-
ria del Rio de la Plata. Quiere escuchar sus relates,
aprovechar sus recuerdos y lo insta a escribir sus
memories.
Un buen dia de 1848 el Ministro Lamas le hace sa-
ber que el Gobierno del Uruguay lo llama para que
se encargue nuevamente de la defense de Montevideo.
Tambi6n le notifica oficialmente que su Gobierno le








LOS ANOS DE RIO DE JANEIRO


recomienda auxiliarlo y poner a su disposici6n una
suma de dinero.3
Paz rehus6 en absolute concurrir al llamado, no obs-
tante los t6rminos honrosos con que era formulado y
el recuerdo agradecido de sus servicios. Invoc6 para
negarse diversas razones, entire ellas la de su mala
salud y la de su pena reciente.
Pero no eran 6stas todas ni las mis importantes, ni
tampoco la cruel experiencia de la intriga de las fac-
ciones unitarias, que tanto habian mortificado su
inimo.
Era una raz6n nueva: Paz habia comprendido, des-
pu6s de su iltima campaiia de Corrientes, que los
proscriptos, los unitarios, habian agotado sus posibi-
lidades de veneer a Rosas y que habia terminado su
dramdtica carrera de cruzado contra la tirania.
Asi le decia la meditaci6n sobre sus campafias, acla-
rada por la filtima de Corrientes. No podia repro-
charse ni tibieza ni pereza. Es claro que sus princi-
pios de conduct le cerraban algunos caminos: su con-
vicci6n sobre algunas condiciones que reputaba indis-
pensables para veneer, le impedia perderse en est6ri-
les andanzas. No aceptaba tampoco triunfar sino bajo
una bandera argentina.

3 En 3 de febrero de 1848, Lamas comunica a Paz que cl Gobierno
del Uruguay "recordando con el aprecio que merece los servicios que
el general Jos6 M" Paz ha prestado a la independencia del Estado y,
en especial, lo quo hizo en el mando en Jefo del Ej6rcito quo ha soste-
nido desde 1843 la gloriosa defense de la Capital", ha ordenado a su
Ministro on Rio que lo trate "con la mayor distinci6n y lo ampare en
todo lo que permit su posici6n diplomatic y sus relaciones individua-
les". En diciembre lo llama para que se haga cargo de la defense nue-
vamente. En diciembre 6 de 1850 todavia Lamas dice a Paz que lo
esperan en Montevideo. El Gobierno del Uruguay en noviembre de 1850
mand6 1.000 patacones. No hay la respuesta de Paz.








EL GENERAL PAZ


Se encontraba divers de los hombres de cuyo lado
luchaba, repudiaba sus medios. Tomaba, a veces, for-
ma aguda, la idea de que habia nacido fuera de epoca
por esa disconformidad, a veces total, con sus contem-
porAneos. Venia enfriamiento a su ardor pensando
lo que podia ser su pais, si triunfando, el tirano fuera
reemplazado en el gobierno por algunos proscriptos.
Fu6 conducido asi a esperar la destrucci6n de Rosas
por obra de sus propios hombres. Sabia que la adhe-
si6n de Benavides y de otros gobernadores por Ro-
sas era fruto del temor. Y en cuanto a Urquiza sabia
bastante, desde 1841, las diversas tentativas realiza-
das por el caudillo entrerriano para atraer a Corrien-
tes, notoriamente unitaria. Tal conduct demostraba
principios contrarios al primer mandamiento del de-
cAlogo de Rosas que era la intransigencia y persecu-
ci6n implacable, el odio y exterminio del enemigo.
El mismo Paz habia realizado alguna vez un movi-
miento de acercamiento con Urquiza y declarado que
si "el general Urquiza se pronuncia contra Rosas, de-
jarA de ser mi enemigo, y yo le ceder6 mi puesto".4
A algunos de sus amigos intimos, como Chenaut y
Albarracin, Urquiza inspiraba confianza.
Este nuevo estado de Animo ayud6 para que Paz
encontrara, en medio de su penuria moral y material,
un consuelo inesperado.
Ese consuelo fu6 el reposo que le aseguraba el des-
tierro, libre de la preocupaci6n guerrera, lejos de los
circulos politicos de Montevideo, de sus intrigas y de
sus redes.5

4 Carta do marzo 19 de 1846 ya citada.
SDos cartas de don Andr6s M. Villegas a Paz y Chenaut contienen
cxpresiva pintura do los circulos unitarios. AdemAs de la agudeza de la









LOS ANOS DE RIO DE JANEIRO


Es cierto quo todavia lo circundaban las pesquisas
del Ministro de Rosas en Rio, que no perdia uno solo de
sus pasos, observaba sus visits y llevaba quejas a la
Corte por lo quo consideraba condescendencias con el
temido proscripto, y aun lo hacia objeto de publicacio-
nes ofensivas en el peri6dico que Rosas subvencionaba
on Rio.
Alguna vez Paz las contest. Pero sabia que, dis-
puesto a un real abandon de todo plan military, con-
cluiria por desarmar las precauciones del diligent
Ministro.

obscrvaci6n y su franqueza muestran e6mo Urquiza era mirado el hom-
bre del porvcnir.
Consider que hay que cambiar el sistema de lucha o imitar al cne-
migo: "Urquiza, me parece, el predestinado para el caso." No tione
61 las trabas do las facciones. Le cuenta que Urquiza lo ha juzgado
asi: "Si Paz hubiera tenido la resoluci6n de fusilar algunos de esos
portefios discolos, quo 61 sabia lo estaban minando, habria impuosto a
todos y llegado a su objeto; eso le falt6." Asi hablaba Usquiza a un
amigo nuestro que Ud. me permitir: que no lo nombre." Lo incitaba
a dirigirse a Urquiza. Le refiere la opinion de los circulos argentinos:
"Todos gritan a un tiempo quo nada mss que organizando (Paz) ha
perdido la Revolucidn y asegurado a Rosas desde 1830 hasta ahora."
(Carta do junior 3 do 1847.)
En otra carta decia: "todos los clubs argentinos (que no son po-
cos) aunque opuestos centre si reconocen un principio com6n: la nccc-
sidad de que el general Paz so subordine a los consojos dictados desdo
aqui (Montevideo). La irritaci6n de no ser consultado individualmente
y la rivalidad siempre naciente do los clubs del pais, foment la cru-
deza do los animos, avinagrados de antemano. Eneontraban poligroso
el podor concentrado on las manos de un hombre ind6cil y una necesi-
dad ol sujetarlo a las luminosas admoniciones partidas desde aqui. El
nombramiento de Rivera para plonipotenciario en el Paraguay, despu6s
de India Muerta, no tenia otro fin que detener los vuelos do Paz quo
se extendian de un modo alarmante".
"Parece incredible. que hasta la dispersion de esos grades elements
revolucionarios haya podido lisonjear a algunos, para asegurar quo no
era sino la secuela de la brusca resistencia del General a lo qu Ilamnan
sus sabias dirceciones cuando eran on verdad, las consecueneias do sus
intrigas." (Carta a Chenaut, mayo 19 de 1847.) Paz escribia a Do-
mingo de Oro que los unitarios lo desahueiaron porque creyeron quo Ro-
sas caia (16 de septiembro de 1848, Papeles de Oro).










EL GENERAL PAZ


Pocas lines de una carta a don Domingo de Oro
resume su pensamiento: "No desespero de nuestra
patria: pienso que ella se rehabilitarA, aunque no con-
cuerde en cuanto al tiempo, pues no miro tan distant
esa epoca. No sucederd esto, sin duda, con los mismos
elements que vanamente se han ensayado, pero sur-
girdn otros de donde menos lo .pensamos. (16 de oc-
tubre de 1849.)6
Respect de su situaci6n, dice: "aqui vivo pobre pe-
ro no quiero llamarme desgraciado: no me ha faltado
lo bastante y espero que el cielo me lo concederA hasta
el fin de mis dias".7
Es que conocia Paz, por primer vez, el reposo.
De estas paradojas esta llena la vida.

6 Papeles de don Domingo de Oro .publicados por cl Museo Mitre.
7 En los primeros tiempos es cuando fue mayor la pobreza de Paz
(1847 y 1848). A raiz de morir su esposa (junio de 1848) recibi6 un
donativo an6nimo acompafiado con una earta en portugu6s. Segfin Sar-
miento provenia del Emperador. La carta se conserve. Dice asi: "Una
persona quo sabe apreciar las cualidades que distinguen al senior Ge-
neral Jos6 M. Paz, estando informada de las circunstancias finan-
cieras en que se encuentra actualmente, desea suavizarlas enviAndole un
conto de reis. Sirvase recibirla sin el menor recelo de tener quo aver-
gonzarse alguna vez, porque el senior Aranaga que le IentregarA esta car-
ta ignore su contenido."
So agrega que contest diciendo: "recibi su carta datada el 22 del
erte." (septiembre de 1848) y que la dirija al senior Olinto de Laborda,
Rio de Janeiro, que ponga en el reverse de la earta: "esta carta vino
de Minas para ser recogida en la list de Correos".
La carta no fu6 contestada sino un mes despu4s. Esto seria debido
a que, segdn una referencia do Sarmiento, Paz consult a sus amigos
antes de aceptar.
El borrador de la contestaci6n de Paz dice asi: "Si tuviera enter
seguridad do que mi carta llegarg sin extravio a manos del autor de
la que reeibi, no me hubiera valido del medio indirecto que l1 mismo
me propone para contestarle. HubiBrale dicho directamente quo apre-
ciando la delicadeza de su proceder s6lo acepto cl envio como un pr-s-
tamo quo satisfare en mejores circunstancias. HubiBrale dicho tambi6n
el agradecimiento quo me merece tan nobles sentimientos y los honro-
sos concepts con que me favorece." (19 de octubre de 1848. Archivo
de Paz.)








LOS ANOS DE RIO DE JANEIRO


Conoci6 ese bien s61o en la prisi6n y en el destierro.
A pesar de que podia esperar la muerte en cualquier
moment, durante su larga prisi6n, ley6 y medit6. Aho-
ra, en la pobreza, en la soledad, evoc6 su pasado y es-
cribi6 sus Memorias, comenzadas diez afios atrAs, en
1839.
Tambien escribi6 "comunicados" a la prensa para
desvirtuar publicaciones de Montevideo o de Chile, so-
bre los sucesos en que habia sido protagonista o con-
testar a La Madrid o a don Mariano Fragueiro. Tiene
su figure, mirada en esa actitud, la gravedad y la be-
lleza de Ulises o de Eneas refiriendo los azares mor-
tales que ha sorteado con bravura y con honor. La
gravedad desaparece solamente cuando llega el turn
de hablar de la iltima campafia de Corrientes. En-
tonces recobra todo su fuego la pasi6n enjaulada.
A ese sosiego de su vida en Rio debemos sus Me-
morias. Lo completaba la compahia de su hermana Ro-
sario y la preocupaci6n de la educaci6n de sus hijos.
Haciase acompafiar con su hijo mayor, Jos6, en cor-
tas excursions por los alrededores de Rio y lo some-
tia al ejercicio de redactar luego su cr6nica, a imita-
ci6n de lo que 61 habia hecho desde su primer juven-
tud-hasta sus filtimos afios.8 Escribir su "diario" fun
para Paz un hibito que muestra bien su amor por la
vida interior.
Nunca vivi6 Paz por tan largo tiempo en una ciu-
dad como en Rio --ms de cuatro afios (1848 a enero
de 1852).9

8 El diario de su hijo se encuentra en poder del senior Coronel J.
Bevcrina, a quien debo su lectura.
9 Desde que Paz abraz6 la carrcra de las armas, tcniendo veinte
afios do edad, vivi6 siempre en campafia. Durante la Guerra de la In-










'EL GENERAL PAZ


Es curioso el hecho tratandose dc quien fu6 para
Sarmiento el representante de la ciudad-civilizaci6n en
frente de Quiroga, la campaiia-barbarie.
Hay otra gran tarea que preocupa a Paz, a la que
lo conduce su convicci6n de que la destrucci6n de Ro-
sas sucederfa "en menor tiempo de lo que se pensaba y
por elements que no eran los que vanamente lo ha-
bian ensayado".
Sabiendo que no tendria papel on la lucha armada,
su tarea fue la de preparar la organizaci6n institucio-
nal, que debia afrontarse al dia siguiente de caido
Rosas.
En la melancolia serena y pensativa de su soledad
recapitula su larga experiencia y extra de ella leccio-
nes que debian ser las directors de la organizaci6n
political, que Rosas.habia vetado.
Era, al fin, esa constituci6n la meta persoguida al

dependencia, estuvo con cortas licencias de servicio, en C6rdoba. Despu6s
de Arequito su estada fu6 tambi6n breve. Desterrado por Bustos, a
principios do 1821, estuvo en Santiago, cerca do Ibarra, y desdo prin-
cipios de 1823 hasta fines de 1824 estuvo contraido a la preparaci6n de
la Division auxiliar del Peril, lo que le di6 ocasi6n de hallarse en ln
ciudad de Salta muchos meses. Cuando trajo el contingent do Salta
para la guerra del Brasil, pas6 al Uruguay sin hacer escala en Buenos
Aires. Despu6s do la guerra permaneci6 tries meses en Buenos Aires, co-
mo Ministro de Lavalle. Durante la campafia contra Quiroga, aun sion-
do gobernador, estuvo constantemento ceren de sus tropas, delegando el
mando. Despu.s de su prisi6n, y durante la primer campaia de Co-
rrientes, aun encontrandose su familiar en la Capital, 61 permanecia en
su campamento do Villa: Nueva o en march. En la defense de Montevi-
deo, su puesto era, sin duda, la ciudad sitiada, pero nada so difereneiaba
menos do un eampamento que Montevideo bajo el sitio. Despues de su
destierro en Rio, volvi6 a Montevideo on enero de 1852, pero no pas6 a
Buenos Aires hasta septiembre de ese afio y sali6, pocos dias mis tarde,
a campaia. Regres6 a principios del 53 para defender la ciudad del sitio.
Ministro hasta octubre de ese afio, muri6 un afio despuds.
Fu6, pues, Rio de Janeiro la ciudad que lo alberg6 por mas largo tiempo.
Bien pinta, este breve recuento, nos parece, la percgrinaci6n de este
obrero infatigable.








LOS ANOS DE RIO DE JANEIRO


trav6s do veinte afios de guerra, de prisi6n, de que-
brantos sin cuento.
Esta en correspondencia con don Domingo de Oro,
a quien profesaba alto aprecio, tan merecidamente,
con Sarmiento, con don Angel Navarro, probablemen-
te con don Eusebio Agiiero, noble espiritu por quien
era profundamente amado.
JEn esa correspondencia expone sus ideas sobre los
problems de la organizaci6n, sobre las rentas nacio-
nales, sobre la crecci6n de la capital, sobre los pode-
res que debian tener las provincias y su manera de
coordinarlos con los poderes de la Naci6n.10
Su carta, del 22 de junio de 1851, a don Domingo de
Oro es la sintesis preciosa hecha por un testigo in-
comparable e insospechable, de la realidad argentina,
de su process en el period gen6tico do la anarqufa.
Algo puede hacer tambien para preparar la caida de
Rosas, puesto quo en ella entrarin, no por poco, las
negociaciones diplomAticas.
Lamas y Pacheco y Obes lo informant y lo consultant
sobre los pasos que estAn dando las cancillerias para
atraer a Urquiza en favor de la causa de Montevideo
v del derrocamiento de Rosas.
A mediados del 47, un cambio en el gabinete del Bra-

i0 En esta earta Paz -en junio de 1851- es decir, anterior a Ca-
seros, desarrolla sus ideas sobre la formaci6n de las rentas nacionales,
demostrando c6mo la libre navegaci6n do los rios era do interds para al-
gunas provincias, las litorales y aun para ellas, on cseasa medida. La
cuesti6n fundamental es la nacionalizaci6n de las aduanas nacionales y
la supresi6n de las interprovinciales. Sostiene la capitalizaci6n de Bue-
nos Aires, como impucsta por la historic y las conveniencias quo para
clla misma significa. Precave contra cl peligro de una desmembraci6n
del territorio national y revista lo quo ha ocurrido desde el Virreinato.
Se encuentra la extensisima carta en Papeles de Dn. D. de Oro, publica-
dos por el Museo Mitre, pag. 233.








EL GENERAL PAZ


sil hizo esperar un viraje favorable en la conduct de
su gobierno para la revoluci6n argentina.
En 1849, un nuevo cambio del gabinete de don Pe-
dro es mis favorable ain para el plan de obtener la
intervenci6n armada del Brasil.
La cancilleria es ocupada por Paulino Jos6 Soares
de Souza.
Era 6ste quien debia rechazar el reclamo que Guido
hizo a nombre de Rosas por las incursiones del bar6n
Yachuy a la Repfiblica Oriental, lo que oblig6 a Gui-
do a pedir sus pasaportes.
Pero para llegar a la alianza del Brasil contra Ro-
sas debia transcurrir un largo process.
Lamas inform a Paz de los trabajos preparatorios
de los pactos. Paz guard reserve acerca de algunas
de sus clAusulas, objeta otras. Por ahora no tendran
otro fin que asegurar la independencia del Uruguay, ha-
ciendo cesar el sitio de Montevideo Mayoo 29 de 1851).
La corte del Brasil necesita ver con mas claridad las
intenciones, conocer mejor los interests y las perso-
nas en juego y perseguir de mas cerca los fines tradi-
cionales de su political. Seis meses despues so firmarA
el pacto con Entre Rios y el Uruguay que llevard a
Caseros.
En ese moment, segfin Sarmiento, Paz da a la can-
cilleria de Rio la garantia de su probidad y responded
por Urquiza.
Para los proscriptos no habia duda que Paz seria
el primer president constitutional de la Naci6n. Sar-
miento lo proclamaba en 1846. Las Heras desde Chile
escribia lo mismo.
No solamente habia sido el heraldo y el paladin de
la campafia sino que los conatos de constituci6n del








LOS ANOS DE RIO DE JANEIRO


pais habianlo hecho aparecer, en varias ocasiones, co-
mo el jefe de la naci6n. En 1830 dirigia a nueve pro-
vincias argentinas y mantenia relaciones diplomAticas
con Chile y el Brasil; en 1842, el Presidente de Boli-
via lo incitaba a comparecer ante el Congreso ameri-
cano como representante argentino; en 1845 el Para-
guay exigia su firma para pactar a nombre de la re-
voluci6n a fin de que el pacto obligara a la Naci6n.11
Los que estaban mis cerca de los sucesos, y Paz en
primer termino, sabian que las condiciones political
habian cambiado.
Si Paz tuvo esa ambici6n, habia abdicado de ella
much antes de Caseros.

11 La ley de Corrientes do enero de 1845, que cre6 la Dirccci6n de la
Guerra y la confiaba a Paz, "a nombre de Corrientes y de la Revolu-
ci6n Argentina", lo autorizaba a obligarse a nombre do la Repdblica,
aunque no podia celebrar tratados sin aprobaci6n del Congreso.














IV



ALREDEDOR DE CASEROS *

(1852-1854)



1

Cuando ilega a Rio la noticia del pronunciamiento
de Urquiza del 1" de mayo de 1851, Paz se apresura
a escribirle, en julio 20, una carta de adhesi6n y de
aplauso, llena de dignidad y franqueza.1
Urquiza se halla, al recibirla, en campafia en el Uru.
guay y desde su campamento al sur del Rio Negro le

*La mayoria de los documents invocados espccialmente on este
capitulo so encuentra en el Arehivo Nacional. Legajo 9 de la Corres-
pondencia privada de Pas.
Las obras quo tratan esta 6poca y quo han sido consultadas son:
M. RRuz MORENO, Organizacidn Nacional; Joss MARIA ZUVIRIA, Estu-
dios sobre la historic argentina; PELLIZA, Historia argentina; R. J. CAR-
CANO, Del sitio de Buenos Aires al campo de Cepeda. Los docunientos
oficiales sobre los sucesos se encuentran en Documentos relatives a la
organizacion constitutional, Facultad de Filosofia do Buenos Aires,
tomo 1; Archivo del General Mitre, vol. 12 (Misi6n del general Jose
M. Paz).
1 Dice asi: "Los principios que acaba usted do proelaiar han
despertado las esperanzas de los buenos argentinos y obtenido su mas
profunda simpatia. Me adhiero con todas las fuerzas do mi alma a su
nueva march political. Bajo cste concept debe used considcrarme
como altamente interesado en los progress do la causa, a cuyo frente
se ha colocado y debe persuadirse .que hago ardicntcs votos para que
sus trabajos sean coronados del 4xito mas fcliz.
"En la limitada esfera de mi situaci6n actual no dejar6 de hacer
cuanto est6 de mi parte para que nsi suceda; debiendo usted contar con
mis dbbiles esfuerzos hasta donde mis posibilidades alcancen." Rio de
Janeiro, julio 20 de 1851.








ALREDEDOR DE CASEROS


contest en agosto 30, sin efusi6n pero con nobleza y
amnistad: "me ha llenado de satisfacci6n su carta, poi
el modo franco y generoso que me 'manifiesta sus
profundas simpatias por los principios que he procla-
mado".2
En ese moment Urquiza aparecia ante los ojos de
los emigrados como unido a Paz: por runbos oluestos
habian llegado a coincidir.
Cuando Urquiza ha hecho levantar el sitio do los
nueve afios, en Montevideo so han vivado juntos los
nombres de Urquiza y de Paz. Sus antiguos jefes es-
criben a 6ste dAndole las mis lisonjeras informaciones
sobre la disposici6n de Urquiza a su respect.
Paz continia en Rfo. Ha estado al corriente por el
Ministro Lamas de los pasos felices do don Manuel
Herrera para hacker los pactos de mayo y do noviembre
que sellan la alianza del Uruguay y el Brasil con En-
tre Rios para derrocar a Rosas.
En enero do 1852 se embarca Paz para Montevideo,
de modo que su aproximaci6n a Buenos Aires no es con-
secuencia de Caseros, que ocurrira en el mes siguiente.
Cuando Urquiza obtiene su victoria, Paz describe al
vencedor una calurosa felicitaci6n. "Lo felicity anti-
cipadamente, le decia, por los triunfos quo iba a con-
seguir: me limito, por ello, a decirle que soy un admi-
rador de sus bellas campafias. S61o me rest desoar,
agregaba, que sea igualmente feliz en la part que aun
le falta del program que hizo al iniciar el movimiento
que ha dado libertad a la Repfiblica."

2 Pero no olvida hacerle una advertencia: espera quo destruido
Rosas, ''los pueblos puedan constituirse bajo el powder fedcrativo oue
la victoria y sus intereses respectivos han sancionado, como el mis con-
veniente a su felicidad". (Agosto 30 de 1851.)








EL GENERAL PAZ


Termina anunciAndole que una vez unido a su fami-
lia, que venia de Rio, pasarA a Buenos Aires a presen-
tarle personalmente el testimonio de su alta estima-
ci6n (marzo 11 de 1852).
La respuesta de Urquiza no es como la del afio an-
terior y su intenci6n es bien clara. Le asegura que "no
omitirA sacrificios' para constituir nuestra patria y
dictar leyes liberals bajo cuya protecci6n se refinan
todos los miembros de la familiar argentina, disemina-
dos por el despotismo y la anarqufa" (marzo 24 de
1852). Pero calla sobre el prop6sito que Paz le ma-
nifiesta de ir a Buenos Aires: mucho celebrar6, le
dice, que cuando su familiar se le retina, sea con toda
felicidad y goce Ud. de la complete satisfacci6n de
verla a su lado". Es decir, Urquiza desea que Paz se
mantenga lejos de Buenos Aires.
So comprende fAcilmente la actitud de Urquiza en el
juego natural de las ambiciones political. Pesaba de-
masiado el nombre de Paz en el espiritu de los expa-
triados quo volvian, por centenares, a Buenos 'Aires.
Era Paz el hombre en quien todos pensaban como pri-
mer president de la naci6n constituida.
El Ministro Lamas habiale dicho en Rio ,que sabia
por el Ministro brasilefio, negociador del tratado de
alianza, Carneiro Leao, que era el pensamiento de Ur-
quiza retirarse a Entre Rios, con su corona de liber-
tador.
Pero Urquiza quizA ignoraba cuAl habia sido la res-
puesta de Paz: que el nuevo gobierno necesitaba el
prestigio de un general vencedor. Ignoraba, ademAs,
que Paz fu6 el primero en aconsejar que despu6s de
deponer a Rosas, debia comenzarse por dar a Urquiza









ALREDEDOR DE CASEROS


la representaci6n linica de las relaciones exteriores, es
decir, darle poderes nacionales.
Nunca hubo amistad entire Paz y Urquiza: eran an-
tag6nicos sus temperamentos y sus m6todos. Si no pe-
learon frente a frente, sus cj6rcitos llevaron siempre
insignias enemigas.
Caseros no abri6, pues, para Paz las puertas de Bue-
nos Aires. No le dejaron duda de ello las cartas que
le llegaban de sus amigos haciendole saber el veto que
pesaba sobre su nombre.3
No alcanzan esta 6poca sus memories y sus apuntes,
pero no puede dudarse que signific6 para su coraz6n
una gran amargura.
Como para acibararla mas, veia que se designaba, pa-
ra representar en Rio la nueva era abierta en Caseros,
al mismo Ministro de Rosas que lo habia perseguido
tenazmente durante los largos afios de su proscrip-
ci6n.

3 He aqui algunas cartas. El coronel Faustino Velazco le describe,
poco despu6s de Caseros: "la primer vez que estuve en Palermo se tuvo
la audacia de arrojar estas palabras irritantes, con una mirada hacia
mi: estoy cansado de oir hablar de esos hombres del afio 10, yo, haci6n-
doles un favor, los fusilaria a todos".
En 23 de febrero, Paunero, en una postdata, le dice: "he hablado con
algunos amigos y todos unanimes screen que no debe usted venir por
ahora''.
El general Chenaut Ie refiere las palabras amistosas de Urquiza a
su respect. Termina asi: "deploro verlo en la miseria, pero muy sa-
tisfecho de quo no venga".
Don Elias Bedoya le anunci6 que so le ofreceria la plenipotencia en
Rio, noticia que debia a del Carril. El ofreeimiento no lleg6 a formali-
zarse. Bedoya y otros so empefiaban en que so reconociera sus sueldos
de general. Durante meses se asegur6 quo seria hecho, pero no lo fu6. Por
decreto de 19 de septiembre se le di6 de alta en el ej6rcito a contar
del 19 de febrero. Paz recibi6 copia del decreto, despu6s de la Revo-
luci6n del 11 de septiembre, por nota del Ministro de la revoluci6n, ge-
neral PirAn (19 de septiembre), cuando Paz acababa de legar a Bue-
nos Aires. Paz, mis tarde, pidi6 que constara quo no cobr6 sueldo sine
despu6s de haber comenzado a prestar servicios.








EL GENERAL PAZ


Se lo reconoce en su actitud posterior con Urquiza?
Los sucesos nos lo diran.
La verdad era, entretanto, que para cl paladin con-
tra la tirania, el tirano no habia caido. Sc qued6 resig-
nadamente en Montevideo.
Sucedi6 que este provinciano quc por serlo habia
sentido zumbar a su alrededor la hostilidad de sus
compafieros de causa, pudo volver a su Patria cuando
los portefios le abrieron las puertas.
En efecto, la revoluci6n del 11 de soptiembre, es de-
cir el alzamiento de Buenos Aires contra Urquiza y
las Provincias que 61 encabezaba, fu6 lo que le permi-
ti6 volver libre a la ciudad que Rosas le di6 como car-
eel y de la que habia escapado doce afios atras. Llega-
ba pocos dias despu6s de ocurrida la revoluci6n de
septiembre, en efecto.
El gobierno de Buenos Aires, separado de hecho del
resto de la Naci6n, acogi6 al proscripto y le encomend6,
de inmediato, una tarea que nadie parecia llamado co-
mo 61 a desempefiar: hacer conocer de las Provincias
el verdadero sentido de su reciente revoluci6n.
No era, decia el gobierno, que Buenos Aires bus-
cara segregarse de la Naci6n, sino un paso forzado-
para afirmar su derecho a ser consultado sobre la
Constituci6n que el vencedor queria imponerle por la
fuerza.
La verdad es que las Provincias vieron en la revo-
luci6n de Septiembre un reto a la gloria de Caseros y
en la actitud de Paz una deserci6n del m6s ilustre pro-
vinciano.
Puede pensarse, quiza, que con la larga ausencia
Paz habia perdido el contact con las provincias, en-
cerrado primero en su prisi6n, confinado luego en Co-








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rrientes y mds tarde en el destierro y quo no media la
fuerza del localismo y las prevenciones mortales que
habia renovado en el interior el'rechazo del Acuerdo
de San Nicolas por la legislature de Buenos Aires.
Podria pensarse, tambi6n, que esa actitud era una
replica a la que Urquiza habia observado a su respec-
to despues de Caseros.
Pero, sin embargo, su acci6n y su pensamiento cran
coherentes con todo su pasado.
Paz era el hombre de siempre: hombre de raz6n, do
ideas, de principios, insensible a las sugestionos de la
popularidad. Le pareci6 de todo punto evident que el
program de Caseros no podia cumplirse con la na-
ci6u dividida. C6mo podia admitirse que so constitu-
yera sin Buenos Aires? Tampoco podia negarse su
derecho a ser oida.
En carta del 22 de octubre explicaba al gobierno de
Santa Fe su misi6n: "Buenos Aires, le decia, no ha
hecho su revoluci6n para sustraerse a los vinculos que
felizmente unen a todas las secciones de la Reptiblica,
desde los dias memorables de la Independencia sino
para presentarse a sus hermanas con la igualdad que
habia perdido. Mi misi6n no envuelve ningin peligro
para la paz pibblica, y es, quizs, por el contrario, su
unica tabla de salvaci6n. El aislamiento de Buenos Ai-
res fuera de que. romperia todos los antecedentes his-
t6ricos de la Repfiblica, prepararia de nuevo dias muy
aciagos." Los hechos darian plena raz6n a sus augu-
rios.
Sabia tambi6n, y eso daba pAbulo al reclamo airado
de las Provincias, que habia una tendencia dentro de
Buenos Aires, encabezada por Alsina, hostile abierta-
mente no s6lo a Urquiza sino a la causa de las Provin-








EL GENERAL PAZ


cias y que no se curaba de la posibilidad do que fuera
definitive la separaci6n de Buenos Aires y que a mo-
mentos parecia sofiar con ella.
Paz no tuvo la intuici6n de los sucesos, del process
que so gestaba en el pais y crey6 que podia dar fruto
la misi6n diplomnitica ante las provincias que le en-
carg6 Buenos Aires en 5 de octubre de 1852.
Bien pronto comprendi6 que no era viable. Santa Fe
le neg6 el paso, so rehus6 su gobernador a entrevistarse
con el Enviado porque, le dijo, que para su gobierno
el finico autorizado para tratar, por delegaci6n de to-
das las Provincias, era el general Urquiza. Tampoco
fue escuchado por el gobierno de C6rdoba, en el que
crey6 encontrar un eco por ser la provincia en que
habia nacido, que habia ilustrado y donde gobernaban
antiguos amigos de su causa.
Buenos Aires, les decia, no ha desvirtuado en nada
su anhelo por la Constituci6n. Quiere entrar "en la
organizaci6n national con las mismas prerrogativas de
sus hermanas y despues de reivindicar sus derechos,
estA, como antes, pronta a refundirse en los interests
generals, a respetar las decisions de un Congreso le-
gitimo, cualesquiera que ellas sean".4

4 "Debe ser muy honrosa la comisi6n que he recibido, decia a su
antiguo amigo, don Jos6 Vicente Agiiero, resident en C6rdoba, cuando
me he decidido a cargar sobre mis cansados hombros el peso quiza de-
masiado pesado. Si yo lograse ser escuchado (mis palabras de paz y
persuasion), si mis persuasiones tuvieran efecto, me seria muy dulee
el sacrificio quo hago, que es probable sea el postrero de mi vida."
(Carta de 22 de octubre de 1852.)
Paz no fu6 popular en C6rdoba cuando su campafia contra Quiroga;
fueron sus adversaries aun los rivadavianos.
No era hombre de circulos. Se le imput6 durante sus campafias ro-
dearse de comprovincianos. Era inexacto. Sus juicios mds severos fueron
para muchos de ellos. No tenia, ni en su forma sentimental, debilidad
por su terruiio.









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Fracasada la misi6n pacifica, sonaria de nuevo la
hora do las armas.
El grupo localista de Buenos Aires deseaba, o cons-
tituir cl pais sin Urquiza o la erecci6n de Buenos Ai-
res como Estado independiente.5
En frente de esa tendencia se alzaba la que Mitre
represent, y cuyas ideas eran las que Paz exponia en
su comunicaci6n a las Provincias y que darian la ban-
dera de Pav6n.
A fines del mismo afio 52, siendo gobernador Alsina,
como protest contra su political, so insurge contra el
gobierno el coronel Lagos. Alsina cede y renuncia cl
gobierno, pero la guerra continfia porque Lagos se ha
declarado aliado de Trquiza y pone sitio a Buenos
Aires.
Paz es llamado a defenderla y la hace con el buen 6xi-
to que no lo abandon en toda su carrera military. Con-
cluira por veneer: el sitio se levanta cuando ya Urquiza
esta a su frente y el ej6rcito sitiador se disuelve el 13
de julio.
Paz serA ministry de la guerra hasta octubre de
ese afio.
Si Paz conocia todo lo que podia temerse del grupo
localista, dispuesto a hacer la constituci6n de la Na-
ci6n, eliminando a Urquiza (como lo' demostraban ce
levantamiento de Corrientes y la tentative de invasion
a Entre Rios por Madariaga y Hornos), o a segregar
Buenos Aires de las Provincias, tarmbien sabia que

5 Las cartas del gobernador Alsina a Paz revelan que cl pensainien-
to central de su plan es excluir a Urquiza de la esccna.
Refiere don D. Lugones, en el ap6ndice de la Memoria histdrica dcl
coronel Lorenzo Lugones, que Paz habia manifestado a 6ste que creia quc
algunos politicos portefios habian querido amparar ambiciones a la
sombra de su prestigio. ISe alude con ello a Alsina y su grupo?







EL GENERAL PAZ


igual intransigencia alentaban algunos hombres del
Parana.
En el misino dia en que se encarg6 a Paz la misi6n
pacificadora ante las Provincias, el 5 de octubre, don
Salvador Maria del Carril hacia desde Parand una in-
vitaci6n que era un desaffo. "La causa de Buenos Ai-
res, le decia, no es la causa de las Provincias: las Pro-
vincias hard la organizaci6n national con Buenos Ai-
res o sin Buenos Aires."
Fue, pues, motivo de gran satisfacci6n poder con-
cluir durante el sitio un pacto que le pareci6 la aurora
ansiosamente esperada.
Cuando el coronel Lagos levant la campafia de Bue-
nos Aires, solidarizdndose con la Confederaci6n y pu-
so sitio a la ciudad, el Congreso de Parand encarg6 a
Urquiza que usara todos los medios necesarios para ha-
cer cesar la guerra y buscara la incorporaci6n de la
"provincia rebelde".
Manda en consecuencia una comisi6n a Buenos Ai-
res, formada por tres hombres eminentes de su par-
tido: don Facundo Zuviria, el general Forr6 y don
Luis Jos6 de la Pefia. Buenos Aires nombra la suya:
Paz, V61ez, Nicolas Anchorena y Lorenzo Torres. Se
convene un armisticio, los comisionados discuten y han
firmado en 9 de marzo un pacto que parecia poner fin
a la separaci6n de Buenos Aires y ser el comienzo de
la Constituci6n definitive.
Fu6 para Paz, sin duda, uno de los moments mas
felices de su carrera.
Al dia siguiente redacta una carta para Urquiza, que
quiere sea entregada personalmente al Director por el
doctor Zuviria.







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"Lo que yo he sentido, le dice, y lo que han sentido
todos los hombres que desean ver cesar los males de
nuestro pais, al saber sus disposiciones pacificas y pa-
tri6ticas, es mis ficil de concebir que de explicar.
"Tengo el placer de haber sido uno de los comisio-
nados que han tratado con los muy distinguidos de
usted. i Qu5 felices serin ellos y nosotros si hemos
logrado poner el fundamento de nuestro edificio na-
cional!
"Todos deseamos la organizaci6n de nuestra patria
,en cuerpo de naci6n. Si se han suscitado dificultades
s6anos permitido esperar que ellas desaparecerin de-
lante del patriotism de nuestros pueblos y mediante
la sabiduria y virtudes de los que los dirigen.
"Para ello debe usted contar, general, con mis es-
fuerzos sin reserve y con todo lo que depend de mi
pobre cooperaci6n." "
Pero el pacto del 9 de marzo no fu6 ratificado por
Urquiza y la guerra se reanud6. El Director no lo ra-
tific6 porque consideraba que el articulo 8' del pacto
transgredia el Acuerdo de San Nicolas, en cuanto, se-
grin 6ste, las provincias tendrian en la Convenci6n dos
diputados solamente cada una, y seguin aqu6l Buenos
Aires podia mandar mayor nfimero, de acuerdo con su
poblaci6n y siempre que no excediese de la mitad de
lo que establecia la ley provincial de 1827, no obstante
reconocer igual derecho a las demAs provincial.

i Esta carta no lleg6 a manos de Urquiza. Conio ste habia desca-
lificado el pacto, Zuviria no crey6 prudent entregarla y la devolvi6
a Paz.
Don Jos6 Maria Zuviria, eontempordineo e insospechable, describe:
"Urquiza neg6 la riatificaci6n tal vez sin otro motivo que el de usar una
represalia contra Buenos Aires por el rechazo del Acuerdo de San Ni-
colas." (Estudios Historia Argentina, pig. 120.)









EL GENERAL PAZ


Estos reparos no reaparecerfn mis tarde: en lo ca-
pital el pacto de marzo de 1853 se impondri al fin,
despu6s de site afios de nuevas guerras.7 *
Mitre realize por las armas el pensamiento que ser-
via Paz con su misi6n del 52 y el pacto que suscribia
on marzo del 53. Era su justificaci6ri y-su triunfo p6s-
tumos.
Asi como no pele6 la batalla que derroc6 la tirania,
de la que fu6 el mtis poderoso ariete, tampoco alcanz6
el sol de Pav6n quo ilumin6 a la naci6n unida, de la
que fu6 ap6stol.

II

Algunas cartas de la 6poca nos explican los entrete-
lones de estos afios oscuros del 52 y 53 en lo que ataiien
a Paz.
Proceden de tan calificada fuente como era don Sal-
vador Maria del Carril, uno de los hombres de mis
predicament en el Animo de Urquiza, dotado de una
podcrosa inteligencia y do medios singulares de ex-
presi6n. Es el future vicepresidente de Urquiza.
A los pocos dias de su carta del 5 de octubre, cuan-
do sabe que Paz ha marchado a llenar su misi6n a las
provincial, a nombre de Buenos Aires, fue del Carril

7 El rechazo del tratado del 9 de marzo por Urquiza desconccrt6
a sus enviados que lo negociaron y que consideraron haber realizado con
61 un paso inmenso hacia la unidad national. Uno de sus enviados, que
era al mismo tiempo Ministro de Relaciones Exteriores de la Confede-
raci6n, don Luis J. de la Peia, en vista del rechazo hizo renuncia del
Ministerio por dos veces, no siendole admitida. Insisti6 por tercera vez
y en 6sta qued6 sin respuesta.
Public en el mismo aiio la cr6nica de las negociaciones y su docu-
mentaci6n. Es un folleto muy curioso e ilustrativo. (Tratado de Paz
1853, Buenos Aires, 1853, on la biblioteca del doctor Abel Chaneton.)








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el vocero exaltado y elocuente de la protest'a del sen-
timiento provinciano contra la conduct de Paz, que
aparece al servicio del enemigo. Escribe a Paz el 24
de octubre desde Santa Fe. Ilumina el fondo del pro-
ceso que los papeles pfiblicos no nos revelan. Es una
requisitoria terrible servida por una ardiente dial6c-
tica. Su embajada a nombre de Buenos Aires ante las
provincias, le decia, ha puesto en problema la dignidad
de su .cardcter y much temo que sea ousted acusado,
sin much rigor, de una imperdonable prevarica-
cidn".
Es incompatible, agregaba, ser provinciano y servir
a Buenos Aires, donee en poco tiempo mis, ningiin
provinciano podrA ni siquiera vivir"; la ciudad '"impe-
riosa, dominant y tirAnica que repite ahora su historic
de 40 afios". El cuarto de siglo corrido no habia amen-
guado el fuego del consejero de Lavalle de 1828. "Yo
le dir6 lo que busca Buenos Aires con su misi6n -con-
tinfia el fulmineo acusador--: libraryr al pais de la in-
fluencia del general Urquiza, arruinar el prestigio de
su nombre, privar a las provincias del amparo que la
gloria reciente del vencedor de Rosas daria a su orga-
nizaci6n national, a sus instituciones tan buenas como
pueden ser, sin la concurrencia de Buenos Aires".
La carta parece, a veces, una oraci6n judicial en el
Foro romano de la gran 6poca por el calor y la altiso-
nancia ciceronianas. El ap6strofe continfla: "cs pre-
ciso que yo le diga, sefior.general, yo y otros que nos
envaneciamos de su arnistad, y que le diga en mi nom-
bre y en el de ellos, para que lo crea, que su misi6n es
vista y entendida en todo el pais como una candidatura
rival, rival desgraciada y envidiosa. Vea que nadie
puede revelarle esto sino yo. Se dice que ha sido usted







EL GENERAL PAZ


elegido por los portefios para venir a poner en el plato
de la balanza en que pesaba sola la gloria de Urquiza,
el peso de su espada y de su m6rito".8
Paz contest de inmediato con sobria elocuencia:
"a pesar de verme juzgado con no poca injusticia"..
Le dice que no puede imitar el tono de su carta, pues-
to que busca la paz: "obrando de otro modo no hare-
mos sino irritar los Animos y franquear el camino de
la guerra civil", que quiere evitar.
Con igual eficacia contest la imputaci6n do que
pueda ser el candidate de Buenos Aires a la Presiden-
cia de la Naci6n. "He sido, le decia, si no me equivoco,
el primer argentino que despu6s del pronunciamiento
del I" de Mayo, opin6 que se le diese la representaci6n
de las relaciones exteriores, lo quo comportaba darle
un caricter national y preparar su presidencia. Des-
puss, agregaba, una verdad que era un reproche severe:
caido Rosas he permanecido en el destierro, para no
ser obstdculo a la organization, devorando los sinsa-
bores-de una situacidn penosa.
"Si esto no fuera suficiente para justificarmo, con-
clufa, tendr6 un motive mAs para quejarme de la in-
justicia de los hombres y consolarme con el testimonio
d. mi conciencia."
Han pasado various meses, ha sobrevenido el sitio de
Buenos Aires, el pacto del 9 de marzo y su process.
Dos meses despu6s, aprobada ya la Constituci6n,
una comisi6n de los mas grandes hombres de la Con-
venci6n que la habia sancionado, la traen para presen-
tarla al Director provisorio, que se halla a las puertas

s Esta earta es la que contestaba Paz, con la que aparcce en los
Documentos relatives a la organizaci6n constitutional. (Facultad de
Filosofia, plg. 113.)








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de la ciudad sitiada y tambi6n para ofrecorla a la acep-
taci6n de Buenos Aires.
Del Carril venia con ella. Escribe entonces a Paz
su segunda catilinaria.
Como alegato forense, como pieza do pol6mica es real-
mente ejemplar. No tiene la arrogancia acusadora ni
el tono do anathema de la carta de noviembre, porque
en esos breves meses los sucesos habian dado la razOn
,a Paz. Pero, por lo mismo, necesita otro gdnero do elo-
cuencia y una habilidad mayor. La recordamos on es-
pecial y por excepci6n -puesto que no hemos incluido
en el texto documentos-, porque, estando pr6xima a
su fin este somero repaso de la vida de Paz, parece
tender su puesto en este lugar por su tono de juicio p6s-
tumo y provenir de quien hablaba en nombre do su
poderoso adversario.
El mismo del Carril cntraba asi en material :
"'Tn ligero velo nos tiene apenas distantes de la pos-
teridad." 9
Todo hay en esa carta, como recurso de convicciOn:
el recuerdo del pasado coming, lo que se propuso Riva-
davia y ellos aceptaron y buscaron, la experiencia do
la guerra tremenda, el cxamen y el elogio de la Cons-
tituci6n, la invocaci6n del porvenir.
Retenemos de ella lo que contribute al prop6sito.de
construir la figure de Paz.
Se atreve a dirigirse, despuds de su several carta de
noviembre, le dice, porque sabo lo que es el patriotism
del general Paz, porque lo ha visto sacrificar todo a

o Result sor verdad para Paz, nas no para cl augur, quien vi6 pro-
longarse sus dias en una ilustre ancianidad.
Esta carta y la siguiente se eneuentran en la documontaci6n in6dita
del general Paz en el Archivo Nacional.







EL GENERAL PAZ


la-patria, "su existencia enter, su alma sin reserve, su
cuerpo sin piedad, sin recompensa, sin poseer nada, ni
el pan para sus hijos ni la tierra necesaria para su
sepulcro". El tono continfia afin m6s patitico. "La
emoci6n que este cuadro me causa me hace saltar las
lIgrimas a los ojos. Y lo habria evitado si no fuera
que juzgo que esto pueda consolarlo. Soy de los pocos
que pueden darle este testimonio y darselo sentida-
mente, puesto que yo mismo conozco los secrets del
coraz6n del patriot en esta tierra de calumnias, de
parcialidades y de injusticias."
La dialctica ardorosa, fluente, conmovida con que
del Carril aspiraba a convencer a Paz de que la acep-
taci6n de la Constituci6n era un deber y su servicio
a la causa de Buenos Aires una defecci6n, se estrellaba
ante el hecho simple de que no podia negarse a la pri-
mera provincia lo que habian tenido todas las dem6s.
Es verdad que entraban en juego las pasiones localis-
tas que desdefiaban los "trece ranchos" y que ambi-
ciones pequefias y que el odio a Urquiza ardian en el
mismo crisol en que tantos sucesos fraguaban el incier-
to porvenir.
Paz no dudaba servir sin desmayo los ideales de toda
su carrera, nacionalidad y orden; pero se preguntaba
cuAl seria el final del drama, ahora redivivo, de la gue-
rra civil.
Enfermo, herido de muerte, no asisti6 a la sala le-
gislativa que estaba discutiendo la Constituci6n de Bue-
nos Aires. Pero no quiso faltar a su iiltima sesi6n,
en la que debfa firmarse la Constituci6n, el 11 de abril
de 1854. He venido, dijo, para dejar constancia que
acompafio al senior Mitre en su oposici6n al articulo 1"
de la Constituci6n votada. La sanci6n afirmaba la so-








ALREDEDOR DE CASEROS


berania interior y exterior de Buenos Aires. Mitre
afirmaba, en cambio, que Buenos Aires era una por-
ci6n de la naci6n argentina.
Era su filtima palabra en la escena pfiblica, pues mo-
ria en 22 de octubre de ese afio.10
Como siempre, Paz era "el hombre del dia siguien-
te", el precursor. Todo lo ocurrido posteriormente
justifica su pensamiento y su acci6n.
La unidad no se hizo mientras Buenos Aires no fue
escuchada y para eso fud necesario Pav6n.
Menos feliz que el h6roe de la leyenda de "la prin-
cesa lejana" que el dia de la muerte pudo ver, por pri-
mera vez y besar la frente de la amada ideal, Paz se
durmi6 cuando esa imagen se alejaba afin mis de su
esperanza.
Pero estos hombres no necesitan tales consuelos por-
que su fortaleza esta hecha de lo que no require el
favor ambulatorio de los hombres: de amor a Dios, a
la verdad, a la justicia.
El dia de su muerte, Mitre anticip6 sobre su tumba
el juicio de que estas p6ginas son el desarrollo y la
demostraci6n: "Paz cumpli6 su deber como no lo cum-
pli6 nadie en esta tierra." Fu6 el simbolo mas alto del
sacrificio sin ostentaci6n. La Providencia nos ha dado
con su vida el ejemplo de una existencia tan gloriosa
como infortunada, tan pura como borrascosa.

o1 Su iltimno documnento es quiz. su Memoria como Ministro de Gue-
-ra y Marina, publicada en el Apendice de la edici6n corriente de sus
Memories, digna de leerse por la sobriedad y eficaz exposici6n de ideas.
Paz muri6 el 22 de octubre de 1854, de hemiplejia.
En el mes de cnero se hall en Montevideo y oneabez6 las exequias del
general Rivera, su rival, su adversario de tantos afios. Pocos meses des-
pues llegaban los restos del general Alvear. Muri6 tambien Lavalleja.
De modo que cerraron a un tiempo sus vidas cuatro jefes de la guerra
del Brasil.





























INDICE


PAG.

I. La primcra campaila de Corrientes (1840-1842) 1

1I. Sitio y defense de Montevideo. Segunda campaila de Co-
rrientes (1842-1846).. .. . 18

11I. Los ailos de Rio de Janeiro (1848-1851) 43

[V. Alrededor de Cascros (1852-1854) 54





















OTROS TRABAJOS DEL AUTO



Tucumdn y el Norte Argentino (1820-1840), Buenos Aires, 1910.
El descubrimiento de America en la historic de Europa, Buenos Ai-
res, 1916.
El nacimiento de la America Espaiola, Tueum:in, 1927.


Una nueva Universidad, Buenos Aires, 1923.
La salud de la America Espaiiola, Paris, 1926.
Espiritualizar nuestra escuela, Buenos Aires, 1932.
Discursos a los argentinos (Al servicio de la novisima generacid6, 1931;
El divorcio, 1932; La escuela laica, 1933; La formacidn de la inte-
ligencia argentina, 1934).


Por mi ciudad (conferencias y discursos), Buenos Aires, 1924.
Didlogos, Paris, 1926.
Lo gdtico, signo de Europa, Buenos Aires, 1929.


























ESTE LIBRO, VOLUME II DE LA
BIBLIOTECA DE LA SOCIEDAD DE
HISTORIC ARGENTINA, TERMING
DE IMPRIMIRSE EL 31 DE JULIO
DE 1936, EN LA IMPRENTA DE
AMORRORTU, BUENOS AIRES



















Ejemplar


157




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