• TABLE OF CONTENTS
HIDE
 Front Cover
 Sesion celebrada en el Salon de...
 Session celebrada en el salon de...
 Sesion celebrada en el salon de...














Group Title: Discursos pronunciados en las recepciones de tres senores academicos, correspondientes de la Espanola
Title: Discursos pronunciados en las recepciones de tres señores academicos
CITATION THUMBNAILS PAGE IMAGE ZOOMABLE
Full Citation
STANDARD VIEW MARC VIEW
Permanent Link: http://ufdc.ufl.edu/UF00075460/00001
 Material Information
Title: Discursos pronunciados en las recepciones de tres señores academicos correspondientes de la Española
Physical Description: 66 p. : ; 22 cm.
Language: Spanish
Creator: Alvarado Quirós, Alejandro, 1876-
Academia Costarrigueña, San José
Publisher: Imp. Nacional
Place of Publication: San José Costa Rica
Publication Date: 1935
 Subjects
Genre: federal government publication   ( marcgt )
non-fiction   ( marcgt )
 Notes
General Note: At head of title: Academia Costaricense.
 Record Information
Bibliographic ID: UF00075460
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: aleph - 000138777
oclc - 24562908
notis - AAQ4867

Table of Contents
    Front Cover
        Page 1
        Page 2
    Sesion celebrada en el Salon de la biblioteca nacional a las 8 pm del 14 de agosto de 1926
        Page 3
        Page 4
        Discurso leido por don Jenaro Cardona Valverde
            Page 5
            Page 6
            Page 7
            Page 8
            Page 9
            Page 10
        Contestacion del Lic. don Guillermo Vargas Calvo
            Page 11
            Page 12
            Page 13
            Page 14
    Session celebrada en el salon de la casa de Espana a las 8 pm del 13 de octubre de 1933
        Page 15
        Page 16
        Discurso leido por el Lic. don Rogelio Sotela Bonilla
            Page 17
            Page 18
            Page 19
            Page 20
            Page 21
            Page 22
            Page 23
            Page 24
        Contestacion de don Ricardo Fernandez Guardia
            Page 25
            Page 26
            Page 27
            Page 28
            Page 29
            Page 30
            Page 31
            Page 32
            Page 33
            Page 34
            Page 35
            Page 36
    Sesion celebrada en el salon de la casa de Espana a las 4 pm del 15 de agosto de 1934
        Page 37
        Page 38
        Discurso del profesor don Napoleon Quesada Salazar
            Page 39
            Page 40
            Page 41
            Page 42
            Page 43
            Page 44
            Page 45
            Page 46
            Page 47
            Page 48
            Page 49
            Page 50
            Page 51
            Page 52
            Page 53
            Page 54
            Page 55
            Page 56
            Page 57
            Page 58
        Contestacion del Lic. don fabio Baudrit Gonzalez
            Page 59
            Page 60
            Page 61
            Page 62
            Page 63
            Page 64
            Page 65
            Page 66
Full Text


=


ACADEMIA COSTARRICENSE


DISCURSOS PRONUNCIADOS


EN LAS RECEPCIONES


DE TRIES SENORES ACADEMICS

CORRESPONDIENTES DE LA ESPANOLA


EDITOR:
ALEJANDRO ALVARADO QUIROS
SECRETARIO DE LA ACADEMIA











IMPRENTA NATIONAL
SAN JOSE, COSTA RICA
1935



'- i .



















emi6n cdeebrada en el Sal6n de la Biblioteca Nacional
a las 8 p. m. del 14 de agoeto de 1926



Reeepci6n del seiior don 3mnaro Cardona


i













Discureo leido por don Jenaro Cardona Valverdc


Senores Acadimicos:
Tengo la honra de presentarme ante vosotros, para cumplir
con lo que dispone el articulo 59 del Reglamento de nuestra instituci6n,
a fin de ocupar el puesto para el cual os servisteis elegirme en agosto
del afio pr6ximo pasado, para llenar la primera vacant ocurrida en
esta Academia, por la sentida muerte de nuestro inolvidable compafiero,
el prestigiado escritor don Carlos Gagini.
Fui el senior Gagini uno de nuestros mis distinguidos literatos:
fil6logo erudito, apasionado por el studio y las especulaciones en toda
clase de problems artisticos y sociol6gicos, educador ilustrado, cons-
ciente de los altos deberes que impone ese sacerdocio, acaso el mis ex-
celso a que puede aspirar el hombre, el de encender auroras en las
sombras de las conciencias que empiezan a despertar y a vigorizarse:
novelist ameno, poeta inspirado que supo guiar gallardamente el Pe-
gaso de su fantasia por los campos del mis puro clasicismo: autor
teatral aplaudido que labor con acierto feliz en los ricos filones del
regionalismo y supo esmaltar algunas de sus producciones con un hu-
morismo fino, de critical sutil, que sabia provocar la risa sabrosa,
con esa plicida sencillez de quien sabe vestir la idea con el ropaje apro-
piado y presentarla muy donosamente; sentia la emoci6n y sabia crear-
la, darle forma impecable, ya en su prosa sonora y cristalina de diafanos
periods, de itica sencillez, ya en su verso de castiza dicci6n. Pero,
sobre todo, descoll6 el senior Gagini como fil6logo y autor de obras
diddcticas de mdrito positive. Estas labores del maestro Gagini, son
muy justamente apreciadas en Espafia y en todos los paises de la
Am-rica Espaiola, por todos aquellos que se preocupan del studio y
depuraci6n de nuestra hermosa habla castellana. Con frecuencia es ci-
tado aqui y fuera de aqui, como autoridad consagrada en materials filo-
16gicas.
La labor del senior Gagini en los diversos campos de las letras, es
vasta y valiosisima: ia qu6 enumerar ahora esos trabajos conocidos
por todos los que me escuchan?
La juventud costarricense que tuvo la oportunidad de recibir
sus sabias lecciones y sus valiosos consejos paternales, esa que disfrut6
por much tiempo de la sombra benefactora del maestro, que como ir-
bol de esplendido follaje sabia comunicar su grata frescura, impregna-
da del perfume de su alma, siempre vibritil a los nobles, encandecidos
entusiasmos de su espiritu juvenile, a pesar de sus afios vividos, debe
a la memorial del senior Gagini un hondo sentimiento de gratitud y de







-6-


cariiio y Costa Rica debe contarlo en el nimero de sus hijos predi-
lectos, porque supo honrar el nombre de su patria y darle lustre, si es
que acaso no perduran los err6neos prejuicios de que la labor inte-
lectual, por intense y meritoria que sea, no merece, de parte de los
modernistas Fpdcticos, otra cosa que una sonrisa de simulada conmi-
seraci6n, al recorder que no fur mds que un intelectal: asi, casi des-
pectivamente, se titula a aquellos que reparten a pufiados el oro de su
ingenio, en vez de guardar en la hucha de Sancho, las peluconas que
aseguran el pan y la cebolla del diario yantar.
Yo os invito muy cordialmente a dedicar en estos moments tan
solemnes para mi, un carifioso recuerdo al acadimico desaparecido, cu-
ya muerte ha sido golpe rudo para la Academia Costarricense, cuando
apenas iniciaba sus labores esta instituci6n: os invito a recorder que
mi ilustrado antecesor supo, durante el curso de una vida laboriosa,
noblemente vivida, consagrada al culto de la belleza, al culto del arte,
en todas sus manifestaciones, limpiar, fijar y dar esplendor al habla cas-
tellana.
Antes de continuar, deseo presentar a todos mis ilustrados co-
legas, el testimonio de mi profunda gratitud, de mi sincera simpatia,
por la elecci6n con que su exquisite benevolencia me distingui6, para
el sill6n que con tanto brillo ocupara el ilustrado academic senior Gagini.

*


No voy a cansaros con la lectura de un discurso academico; nun-
ca fue motive de mi predilecci0n echar por esos trigos de Dios mi
pobre intelecto, mis amigo de corretear libremente por los montes y
collados de la fantasia, que cefiirme al concretistno especulativo en ma-
teria de lenguaje, sobre el cual tanto se ha escrito por los doctors espe-
cializados en tareas que han menester largos studios y amplia prepara-
ci6n. Sin embargo, deseo en el transcurso de esta descarnada disertaci6n,
recordar algo acerca de la lenta formaci6n, transformaci6n y depura-
cia6 de la lengua castellana, que, como el diamante, despuis de
milenaria gestaci6n, ha logrado cristalizarse y ser la piedra precio-
sa por excelencia, foco de luz en cuyos iris encuentra la idea ropajes
de los mis esplindidos colors, para ser vestida y ataviada con la
riqueza de una antigua reina oriental.
En la obscura noche de los tiempos, ya el hombre primitive de la
espelunca, debi6 comunicarse con sus semejantes, en fuerza de sus
necesidades materials, con gestos y gritos articulados, que fueron la
base, el primer sign para la formaci6n del lenguaje. -No es aventurado
suponer que muchas voices onomatopiyicas hayan llegado hasta nosotros
desde aquellos tiempos, y que hayan perdurado en faersa de su enormf
valor fon&tico, que supo imprimirles la necesidad fuertemente.seatida
de una manera de expresi6n adecuada. Fue esa la primer chispa, el
quid divinam manifestado, que debia, andando los siglos, iluminar todo
un universe.






- 7-


Motivo de grandes meditaciones, de studios profundos y com-
plejos, seria seguir al travis de los tiempos, hasta donde ello fuera po-
sible, esa gestaci6n laboriosa, que di6 vida y esplendor a las lenguas
neolatinas, en especial a la castellana. Trabajo cicl6peo, si recordamos,
por ejemplo, que la letra A, que seg6n un tratadista ha sido conside-
rada como la mis noble, antigua y excelente de las vocales, y que es la
primera en todos los alfabetos conocidos, a excepci6n del etiope, en el
cual ocupa el d6cimotercio lugar, esti representada de 175 diversas
maneras. Y que decir de la formaci6n de los primeros alfabetos, len-
tamente enriquecidos con nuevos signos, obedeciendo a nuevas necesi-
dades de expresi6n, a, nuevas leyes fon6ticas?
Formada la lengua latina, en el rodar de los tiempos, sufri6 como
todo en la vida, la ley de la desintegraci6n, naciendo de su rico venero
la lengua castellana, a la cual afluyeron, como arroyos tributaries, mu-
chas otras, llevando nuevos elements de expresi6n y de graficismo.
Segfn el erudito studio de don S. Calleja, titulado Apindice,
la Lengua Castellana, nuestra lengua, fu6 enriquecida, ademis, por:
palabras no latinas, que recibi6 el castellano del latin: por palabras la-
tinas que recibi6 el castellano de otros idiomas: por palabras tomadas
por el castellano, de lenguas extrafias al latin: por palabras tomadas de
la lengua arfbiga; y por las tomadas de la lengua griega, que hace subir
a mis de 1,300.
Tambi6n el vascuence aport6 no pocos vocablos, aun cuando no
en la proporci6n que algunos han creido, pues se ha incurrido-segin
el tratadista citado-en errors manifiestos atribuyendo origen vascon-
gado a palabras que, mejor estudiadas, se ha visto ser latinas.
"Y llega lo mis glorioso de la Edad Media". Don Angel Salcedo
Ruiz, en su resume critic de la Historia de Espafia, edici6n de 1914,
dice:
"Hacia siglos que el romance castellano iba elaborindose en la-
bios del vulgo, despreciado por los doctors, que no veian en 61 sino una
jerga birbara, product de la corrupci6n del latin. Algunos documents
ban quedado en que puede observarse la transfQrmaci6n sueesiva y
constant del idioma: en un privilegio, por ejemplo, nada menos que
del siglo VIII, entire las palabras latinas vense ya las de rocino, mula,
cdlices, cruce de argento, frontales, y campanas de ferro. Por much
tempo se ha creido que lo mis antiguo conocido, escrito en lengua
castellana, es la carta-puebla de Aviles, otorgada por Alfonso VII en
1155. Asi lo creveron Risco, Campomanos, Martinez Marina, Tick-
nor, Amador de los Rios y GonzAlez Llanos, pero la several critical del
primer Marques de Pidal y de don Aureliano Fernandez Guerra,-el
primero en su discurso de recepci6n en la Academia Espafiola y el se-
gundo en su opisculo, el Fuero de Avils, ha demostrado que tal docu-
mento es ap6crifo. La primacia corresponde al poema del Mio Cid y
este poems no es otra cosa sino uno de tantos Cantares de Gesta como
los juglares castellanos del siglo XII cantaban en las plazas pfblicas, en
los caminos, en las cAmaras de los castillos, enalteciendo a los heroes na-
cionales, del mismo modo que los primitivos poetas hel6nicos cantaron a







-8 -


los heroes de la guerra de Troya, formando la epopeya que despues,
arreglada y retocada por los ret6ricos, fue la Iliada. La lengua espafiola
tenia ya forma precisa, estaba salvada: en ella escribianse desde luego,
poemas religiosos y misterios, poemas eruditos, como los de Gonzalo de
Berceo, que, dejando el latin, describe:
"En romanz paladino
en qual suele el pueblo fablar a su vecino", etc.
y muchos otros libros cuyos titulos omito, para no alargar mis esta cita.
No voy a detenerme en hacer resaltar el auge y la grandeza a que
lleg6 la literature espafiola en el siglo XVII, en el cual florecieron
tantos ingenios, entire ellos, el Principe de las letras castellanas, ni a
seguir resefiando ese florecer de brillantes lapidarios de nuestra habla,
que ha llegado a ocupar el primer puesto en la mentalidad mundial.
Espafia, orgullosa de su bandera, de su psicologia patriota, audaz,
caballeresca y mis que todo, orgullosa de su habla, tiene fundada des-
de 1713 su Real Academia de la Lengua, si bien es cierto que 135 afios
despues que la francesa, 13 afios despues que la alemana, lo fue 13 afios
antes que la inglesa, lo cual la coloca entire las primeras naciones que
se preocupan de la conservaci6n, engrandecimiento y depuraci6n de su
lengua, sol esplendente que ilumina las conciencias, no s61o de la ma-
dre patria, sino tambien de veinte naciones que piensan, oran y cantan
en la mis dulce, sonora, flexible y musical de las lenguas neolatinas.
No es que un egoismo explicable y en gran parte justificado, me
ciegue para escribir lo que dejo expuesto. Cuanta flexibilidad, cuanta
misica, que de giros airosos, que de expresiones en sus infinitas mo-
dalidades, cuinta gracia y donosura encierra en su verbo divino la len-
gua castellana: c6mo suenan los periods en la prosa flfida, cincelada
y repujada con el amor de un Benvenuto, c6mo repercuten en nuestra
alma sus notas celestes, que deleitan y seducen hasta lo indecible, los
versos de los grades poetas castellanos: de tal modo juegan, chocan,
se confunden, parecen relampaguear las frases precisas definitivas,
para llegar al Fiat Lux, que enciende en el alma la emoci6n y la colma
de gratisimas sugerencias.
Don Jos6 Fola Igirbide, en su conceptuoso libro Teoria del Arte.
dice entire otras cosas: "-- No se advierte de un modo clarisimo que el
espiritu del Quijote es superior al de Cervantes? ;D6nde tiene ningin
author human la grandeza con que se ofrecen a nuestra contemplaci6n
los dioses del arte? Pequefio queda todo autor ante su obra cuando la
eleva sobre el nivel ordinario de la vida humana".
Pero, se dira: eso es obra del genio creador: si, ciertamente,
pero ese genio no habria podido engendrar un hijo spiritual que vive
y vivira "en una humanidad elevada y luminosa" si la lengua en la
cual fue creado no le hubiere infundido esa alma inmortal que le hace
resplandecer con todos los atributos de la mis perfect belleza.
Ya veis, pues, si son dignos de la mis ferviente loa, los cons-
tantes trabajos y desvelos de la Real Academia Espafiola, para mante-
ner en todo su esplendor la belleza de nuestra lengua, depurindola de







-9-


aquellos terminos impropios que la filosofia del lenguaje rechaza y
defendi6ndola de la irrupci6n de galicismos, pues bien sabido es que
la lengua francesa es la que mis ha contribuido a alterar y corromper
la nuestra, y enriqueci&ndola con aquellos neologismos que las leyes
filol6gicas aconsejan para vigorizar la expresi6n y dar mis amplitud
a la mentalidad de la raza.
Defender la patria y defender la lengua: he ahi dos deberes
igualmente nobles para el hombre civilizado; si la patria reviste para
nosotros la idea corp6rea, el pais, la ciudad, el valle, en los cuales vi-
vimos y recibimos las primeras impresiones de la vida, la lengua cons-
tituye el alma de nuestra alma, la luz de nuestro pensamiento, la pal-
pitaci6n de nuestra conciencia, el vinculo que une como lazo de fra-
ternal y luminosa simpatia, a los hombres de una misma raza.
Las palabras compuestas "lengua patria", "lengua materna" dan
idea exacta, comprenden bien claramente los mis altos amores del
hombre sobre la tierra. Patria, Madre, Lengua.
Muchos de vosotros habriis experimentado seguramente, la
gratisima emoci6n, cuando en algon pais extranjero, cuya lengua nos
es desconocida, escuchamos en circunstancias excepcionales, algin dii-
logo, algunas palabras expresadas en nuestra propia lengua. No hay
mfsica que con mis deleite pueda ser oida por el ser human. Salta
en seguida en nuestra mente, la idea de que tenemos ante nosotros,
algo que nos es querido en grado sumo, algo que amamos sobre todas
las cosas: es el vinculo divino de la lengua que nos ha cautivado como
arte de magia, que nos ha unido a una persona a quien vemos por
primera vez, y a la cual, es seguro, no volveremos a ver mis.
Es de tal modo indispensable en la educaci6n individual, escribir
correctamente la lengua materna, que no hay nada que cause un des-
encanto mayor, que deje la mis triste idea de la cultural y condiciones
de una persona, cuando la vemos incurrir en esas horribles faltas orto-
grificas o pros6dicas, que nos parecen un desacato imperdonable ha-
cia algo muy alto, muy noble, digno de nuestra veneraci6n: se nos
ocurre aquello un delito vergonzoso digno de censura. En cambio,
i qu diferente impresi6n nos causa la persona que sabe producirse
con la correcci6n debida!: gana desde luego nuestra simpatia y se Ileva
de nosotros la consideraci6n de ser una persona de dotes y condiciones
apreciables.
Antes de terminal, deseo manifestar aqui la viva complacencia
con que he visto la instituci6n en Costa Rica, de la Academia corres-
pondiente de la Real Espafiola, felizmente integrada por personalida-
des de m&rito indiscutible-excepci6n hecha de mi persona -y de las
cuales hay derecho a esperar una' labor asidua y eficaz en pro de los
fueros del lenguaje.
Que cada cual aporte a la limpara -conspicuo emblema de nues-
tra institucidn-su gota de aceite, para que siempre brille y d6 esplen-
dor a la hermosa habla castellana.












Conteetaci6n del Lic. don Ouiltermo Vargas Calvo


Sr. Director de la Academia Costarricense
Seiores Acadimicos
SeRoras y sefires:

Las hermosas palabras que acabamos de escuchar y que ha pro-
nunciado con tanta elegancia y convicci6n nuestro distinguido compa-
fiero el nuevo Acad6mico senior Cardona, vienen a confirmar senci-
Ilamente cuin feliz acierto tuvimos hace pocos meses al elegirle para
que, con la ratificaci6n ya obtenido de la Real Academia Espaiiola y
con la dignidad y m6ritos que a l6 le caracterizan, ocupe en la asociaci6n
correspondiente de aqu61la en Costa Rica, la plaza que a su muerte
dej6 el ilustre Profesor don Carlos Gagini.
Tan bello como just es el elogio que en bien nutridos pirrafos
ha hecho el recipiendario, de la personalidad de su gran antecesor; y
nosotros todos lo compartimos ampliamente, con el mis puro culto
mental y con el mis devoto sentir de nuestros corazones de costarri-
censes. El senior Gagini era, en efecto, un tesoro inapreciable para
esta patria, por .su honda sabiduria filol6gica y por sus muchas y
claras virtudes de hombre, de ciudadano y de educador. Afiliado siem-
pre en puesto de avanzada a las huestes bienhechoras que, con la raz6n y
el verbo por armas, luchan en pro del mejoramiento moral e intellectual,
el Maestro inolvidable agot6 las poderosas energies de su vida en el
servicio de los altos intereses de nuestra cultural y nos leg6 el rico patri-
monio de su ciencia, que en textos didacticos y en obras literarias de diver-
so genero, asi como en publicaciones de la prensa y en conferencias ma-
gistrales, pasa a la posteridad como legitimo monument de su gloria,
tras de haber sido luminoso venero de conocimientos para las varias
generaciones a las cuales desde la catedra o desde la tribune, desde el
libro o desde el peri6dico, imparti6 el senior Gagini de viva voz sus
pr6digas ensefianzas, junto con el ejemplo estimulante de -su idealismo
patri6tico y pugnaz.
Su amor fiel y profundo por el idioma materno, su incansable
labor de largos afios encaminada a conservar y depurar en el solar
native la fecunda y sonora habla hereditaria de la Madre Espafia y a
estudiar t6cnicamente los usos y giros nuevos de nuestra gente, para
promover luego y defender su incorporaci6n al lexico comitn del vasto
imperio spiritual a que los pueblos de America pertenecemos,-son en el
c6mulo de sus vastas actividades las que mis se destacan, sin embargo,
cuando contemplamos el cuadro de conjunto de existencia tan fitil, tan
esforzada y tan sana como la del senior Gagini. Dicho esto, estaria por







- 12 -


demis expresar en palabra tan poco eficiente como la mia, la trascen-
dental significaci6n que la p6rdida de aquel noble intelecto entrafia para
nuestra modest Academia y el anhelo que nos mueve en todo instant
y de modo especialisimo en este solemne acto, a tributar a su memorial
venerada el mis sentido homenaje de nuestra estima y de nuestro res-
peto sinceros.
El senior Cardona, como adalid de la misma cruzada generosa
en que todos los paises de lengua espafiola estin interesados, para
mantener su unidad ideal mediante el lazo sacro del idioma, nos declare
hace un moment su fe en la trascendencia inmediata y lejana de la
magna obra en que su predecessor puso tanto empefio; obra en la cual el
ilustrado Acad6mico que hoy se incorpora a nuestra instituci6n va a
prestar, sin duda alguna, valioso contingent, dindole nuevo relieve a
sus indiscutidas dotes y actividades.
Fuera de los laureles que en horas de juventud ornaron su lira
de inspirado cantor de la belleza y de sus numerosas y siempre plausi-
bles publicaciones sobre temas de actualidad, dos de sus obras de aliento
serian credencial bastante, de que otros carecemos, para figurar con
honra, justicia y provecho en el seno de esta Corporaci6n.
"El Primo" y "La Esfinge del Sendero" son, en efecto, irrefuta-
bles pruebas y testimonios vivos de la elevaci6n intellectual y literaria del
senior Cardona y sintesis de su genuina personalidad de escritor y de
pensador de altos vuelos. Ellas nos dicen en rotundos concepts c6mo y
cuinto el senior Cardona conoce, comprende y domina el dificil arte
de la novela, que en l6 se nos present como un privilegiado don de la
naturaleza, tales son de verdaderamente organicas y reales sus tesis y
motives, de espontinea la elaboraci6n del pensamiento central de cada
una de ellas, de fliido y pintoresco el estilo, de m6viles y vibrantes
las escenas y personajes, de arm6nico el conjunto, de oportuno y feliz
el detalle grande o pequefio, de hermosa la perspective panorimica de
sus cuadros y de las ideas que contienen y que con luz fuerte y salu-
dable o con discretos claroscuros exhiben o dejan entrever paso a paso
ante la mirada internal del lector, el trabajo fino y amoroso del artist,
la combustion plena y viril de su pujante espiritu creador.
Hay asi en "El Primo" y en "La Esfinge del Sendero"--ganadora
esta iltima de premio en concurso continental del Ateneo Hispano
Americano de Buenos Aires-sobrados titulos justos para considerar
al senior Cardona como una de las mis definidas y espectables persona-
lidades literarias nuestras y para tenerle, tal como se le tiene dentro de
las fronteras patrias y afuera de ellas, en calidad de uno de los mis
originales, autenticos e interesantes cultivadores de la novela regional
en el Mundo Nuevo.
En esas primicias del distinguido novelist costarricense, que son
anuncio grato de futuras cosechas de ese genero, con las que lograri
mayor lustre afn para su nombre y para nuestras letras, tan necesitadas
de contribuciones pingues como las suyas anteriores,-palpita el alma
americana libre y joven, sofiadora y visionaria, en la gasa sutil de la
palabra hispinica, que cubre como divino velo de infinitud, de resplan-







13 -

dor y de grandeza, asi el pensamiento pr6cer de los hombres y de los
genios de la Peninsula Madre, como el idealismo primaveral y po-
tente de las democracies de Am&ica, de estas hijas tropicales e in-
quietas de la Vieja Patria para quienes es deber de lo alto, deber
de la eternidad y de la historic, no dejar ponerse jams en el mundo el
sol de nuestra habla, supreme luz de nuestra conciencia y de nuestra
vida moral y material enter, ayer, hoy, mariana y siempre.
Quienes como el senior Cardona creen en el amplio porvenir de
nuestro nacionalismo intercontinental y con actos intelectuales como
los por 61 realizados ya, concurren pricticamente a su mantenimiento y
constant promoci6n,--son soldados de vanguardia en tan ingente con-
quista. Junto a 61 quedamos desde ahora los miembros de esta Aca-
demia, identificados totalmente en los concepts y prop6sitos que su
important discurso enumera y llenos de regocijo al dar por cumplido
el trimite reglamentario de su recepci6n.





















itei~ctebrada en et Sat6n de ta Casa de 6epafia
aae 8 p.m. d<1 de octubrelde 1933



Reepaci6n del Lie. don Rogelio Botela













Discurso teido por et Lic. don Rogetio Sotela Bonilla


Seiores Acadimicos:

Tengo a singular honor el venir a ocupar una silla entire vosotros,
y mis, porque ello me vincula a la vida permanent de la Academia
Espaiiola.
Si que me corresponde reemplazar al pulcro escritor don Jenaro
Cardona Valverde, cuyo fui este lugar, y tal circunstancia me depara
una mayor honra. Pienso que si no he de reemplazar al compafiero
desaparecido, tratari al menos de sustituirlo, poniendo en la empresa
generosa que alienta esta Corporaci6n, la misma devoci6n idealista que
&l tuvo y su mismo gran anhelo por la cultural de las letras nacionales.
Pertenecia Cardona a la generaci6n de escritores que nacieron
hacia 1860, y por tanto, tuvo 61 la feliz oportunidad de ser uno de aque-
llos que convivieron en sus dias iniciales con Ruben Dario y Jos6 Mar-
ti, los maestros de Am6rica, huespedes de Costa Rica por el afio 1890,
que vinieron a ser dichoso augurio en nuestra vida literaria e hicieron
brotar de nuestro suelo la fuente. de lo bello.


*



*Ya notaba Dario entonces que no hay en nuestra literature poetas
exclusivamente melanc61icos, y que aqui se acuerdan bien el optimism
y la jovialidad como atributos expresivos del ambiente costarricense.
Tal es, en realidad, el tono corriente entire nosotros; tal vez algin
dilettante ha podido cantar sus pesimismos, mas no por cierto a la
manera de Leopardi o de Lucrecio. En general puede afirmarse que
la literature costarricense es una de las mis vigorosas en el istmo
centroamer'cano, ya por su orientaci6n, ya por la forma comedida de
realizarse.
En efecto, no tenemos cultivadores de Escuelas extravagantes,
y mis parece que nuestros artists hubieran seguido el consejo de
Francis Jammes a Bocquet:

PoEte, sois sincere: icris ainsi qu' on aime, sans fard et
didaignant ha vanity des mots, regarded le soleil frimir
sur les rameaux et mets 6 l'infini du monde ton poime.







- 18 -


Por ese noble ambiente de sencillez y de alegria serena, en todas
las generaciones literarias de Costa Rica, y principalmente en las pri-
meras, se ha cuitivado la literature regional. Cifras muy valiosas cuen-
ta, por tanto, el folk-lore costarricense: Manuel Gonzalez Zeled6n, uno
de los mas afortunados costumbristas nuestros, que ha tenido la paiti-
cularidad de tratar los asuntos regionales sin caer en la gazmofiada de
tantos imitadores; Carlos Gagini, gran fil6logo, dej6 tambien el acervo
rico de su literature regional y di6 su colaboraci6n imponderable al
folklorismo costarricense con su Diccionario de Costarriqueiiismos que
prolog6 don Rufino J. Cuervo en 1904; Aquileo Echeverria, cuyos ro-
mances enmarcaron el paisaje costarricense y cuyo ingenio llen6 de
notas alegres el ambiente national; Ricardo FernAndez Guardia, que
ha recogido en sus Cuentos Ticos aspects bellisimos de la tradici6n
costarricense y que desde la Direcci6n de los Archivos Nacionales nos
regalia a menudo con los products de su bitsqueda y asi su pluma anima
y embellece hechos de antafio; Claudio GonzAlez Rucavado, que fue, lo
que podemos llamar con propiedad, un hombre puro, se distingui6 en
toda su obra por una definida tendencia nacionalista; Teodoro Q(uir6s,
"Yoyo", como le Ilamaban sus contemporineos, fu6 un creador dentro
de su genero, de estilo festive y de musa picaresca; Joaquin Garcia
Monge, que en 1900 di6 vida a aquella literature olvidada, de la zam-
pofia triste y de las colodras al pie del ordefio... en quien no pocas veces
hemos visto a nuestro Pereda, el de El Sabor de la Tierruca;... Luis
Dobles Segreda, por quien perviven tipos y cosas de su ciudad de He-
redia; Ruben Coto, author de cuentos recogidos entire los campesinos;
Carmen Lyra, que Ea grabado graciosamente la tradici4n infantil en los
Cuentos de mi Tia Panchita; Manuel Argiiello Mora, casi olvidado
ya, pero que es el verdadero precursor de esta literature; y en este gru-
po de escritores, muy principalmente, esta Jenaro Cardona, en quien
hemos de ocupainos en estas paginas.




El folk-lore propiamente dicho ha de tener por objeto acopiar.
clasificar y comparar los elements tradicionales de la vida popular, y
han de ser materials suyos el studio y recopilaci6n de cuentos, leyen-
das, consejas, locuciones y giros tipicos del idioma, y aun el mito y la
superstici6n y todo lo que ha conservado la tradici6n oral del pueblo. Y
ha de ser tambi6n el folk-lore la expresi6n actual de una naci6n, para
que ella se perpeti e: ha de ser tambi6n fisonomia regional, panorama
psicol6gico y social, relieve de hombres singulares; copia de su vida, en fin.
Dentro de ese marco realizaron su obra estos costumbristas y sus
nombres van unidos a la historic del pais. El de Jenaro ICardona desti-
case, entire sus conmilitones, como corresponde a sus valimientos y
como querria yo hacerles notar en esta desmafiada prosa.
Fu6 regional, fu6 "tico" en toda su obra, aun en La Esfinge del
Sendero, que triunf6 en el concurso de novelas de Buenos Aires. La






- 19 -


ascendencia de sus personajes, el lineamiento de sus escenas, y aun el
estilo, tienen raigambre en el suelo patrio.
No es muy conocida esta obra de Cardona entire nosotros. La
primera edici6n la hizo el Ateneo de Buenos Aires; pero sali6 tan
defectuosa y con tantos descuidos, que el autor la desconoci6. Fui en
el Concurso promovido por ese Ateneo, con motive de las fiesta del
Centenario de la Independencia Argentina, donde obtuvo La Esfinge
del Sendero el segundo premio, entire cuarenta novelas que concurrieron
a ese torneo hispanoamericano. Y para ameritar mas el triunfo de nues-
tro compatriota debemos recorder que el primer premio se adjudic6 a
Hugo Wast, el gran novelist argentino, y que aun tuvo Cardona en fa-
vor de su obra el voto del doctor Zeballos para el primer premio.
La Esfinge del Sendero trata con maestria el problema del celi-
bato cat6lico, y en tal forma lo hace, que resuita ser el suyo un libro de
double interns, ameno y itil, en cuanto expresa en manera novelada y
en estilo bien puro, un asunto sociol6gico de grave importancia.
A raiz de la publicaci6n de la obra de Cardona en Buenos Aires,
apareci6 en La Revista de Derecho, Historia y Letras (abril de 1917)
la nota bibliogrifica que en seguida copiamos y que di6 origen a una
ardiente replica, mantenida entire el miembro disidente del Jurado que
lleg6 a negarle lugar en el Concurso por no ajustarse la novela a su
idearium cat6lico, y el doctor Estanislao S. Zeballos, ilustre publicista
argentino. Vale recoger aqui la primera nota y algunos fragments de
la disidencia literaria surgida alli.
La Esfinge del Sendero es una novela que en relaci6n al Concurso
mereceria el primer premio-decia la nota de la Revista de Derecho,
en abril de 1917-; pero ha sido discutida desde un punto de vista
moral y religioso, y hasta algdn miembro del Tribunal vot6 por que no
fuera admitida. Considerando el concurso en el terreno estrictamente
literario, esta obra tiene m&rito de forma, de gusto, de imaginaci6n y
de lenguaje que imponia un primer premio, porque dicho caracter lite-
rario era obligatorio para el Jurado. La obra es de una labor mental
apreciabilisima en el terreno- de las letras. La abonan la riqueza de
su vocabulario, la fluidez del estilo, la intensidad de las descripciones,
la verdad de los caracteres, nitidamente dibujados. Su tema afecta los
puntos morales y religiosos que han influido en el Tribunal, extravian-
do su juicio, segin mi opinion, si no ha contribuido a ello tambi6n el
caricter de extranjero del autor.
La novela es una critical en6rgica, de fondo, de los vicios del bajo
clero; es una fotografia de los estragos irreparables que causa en el
honor de las families y en la moral de las gentes sencillas del campo.
Ha podido impresionar desfavorablemente, a primera vista, a los ca-
t6licos que practican con fe y dignidad el fervor religioso. Esta im-
presi6n seria justificada si la novela no ofreciera otros aspects al exa-
men de la critical, que la exhibici6n de las desgracias humans. Pero la
intransigencia no se justifica, ni es explicable el error de concept del
Tribunal, si se recuerda que la figure central de la novela, el caricter
mis intensamente dibujado y el sacerdote mis noble que es dado ima-






- 20 -


ginar, el Padre Juan, es, precisamente, el tema principal y resalta por
el efluvio de sus virtudes.
Y de su replica al senior del Solar entresacamos estos pirrafos:
"Yo opino como del Solar,-escribe Zeballos-, que la moral de
la Iglesia es una y debe ser respetada por todos. Pero respetarla no es
abandonarla a la degeneraci6n que importa el vicio con el disfraz sa-
cerdotal".
Cuando dibujamos a un hombre libertino que con traje talar
realize todas las contorsiones del vicio, no seria possible describirlo co-
mo el San Francisco de Asis de Biondi, enjuto, doloroso y con mirada
ext;tica dirigida al cielo... El dibujo del libertino que viola sus jura-
mentos es simplemente el del libertinaje. De esta suerte la crudeza del
estilo no es maliciosa, ni artificial, sino natural.
"No me parece que mi critic haya profundizado y comprendido
el carActer de la obra. Ella es de lucha y de combat.
La novela de Cardona es asi instrument de moralizaci6n.
Lamento mi disidencia con del Solar al afirmar yo rotundamente
que la obra no es inmoral. Me fundo en el caracter del Padre Juan,
protagonista del libro".



Nativo de Costa Rica ei Padre Juan, e hijo de padres que gozaban
de una posici6n holgada, habia dedicado su coraz6n a una gentil doncella,
a la cual decidi6 unir su destiny. Pero era a la vez hijo de una madre re-
ligiosa, para quien guardaba ademis del carifio de hijo, la veneraci6n y el
respeto que inspira una vida esencialmente piadosa y cultora de todas
las virtudes. Ella habia sofiado que su hijo fuera sacerdote; considera-
ba que el timbre mas glorioso de su hogar seria la ordenaci6n de aquel
joven y que el dia que cantara la primera misa perviviria en su alma
con el recuerdo de la emoci6n mas honda de su existencia.
El hijo no pudo contrariar a la madre, y en la lucha de su co-
raz6n entire el carifio de aquella y el que profesaba a la novia, opt6 por
el sacrificio; renunci6 a la vida mundana, para desposarse con la Iglesia
en homenaje al amor materno.
Describe el autor la vida de otros sacerdotes perturbadores de
hogares, esclavos de la avaricia, que el candor y la ignorancia de las
gentes rurales no podian evitar ni comprender. Y agrega:

"El Padre Juan ofrecia, pues, el contrast mis
visible con la conduct seguida por sus antece-
sores. Empapado de las doctrinas evangilicas mas
puras, podia citarse como var6n puro y ejemplar".

El Padre Juan habia heredado una propiedad solariega y mil pe-
sos oro, de sus padres. Al recibir su herencia record el versiculo se-
gundo del capitulo XV del Deuteronomio, segin el cual "el Pastor no *
tendri heredad entire sus hermanos"; y record los versos de San Ma-







- 21 -


teo del Capitulo X: "No proveiib oro ni plata, ni dinero a vuestras
bolsas, ni alforja para el camino, ni dos ropas de vestir, ni zapatos, ni
bord6n. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos. De gra-
cia recibisteis, dad de gracia".
Estas virtudes habian exaltado el nombre del Padre Juan entire sus
feligreses, de tal suerte, que la autoridad superior resolvi6 sacarlo del
lugar de sus tradiciones sociales para enviarlo de Cura a un sitio "que
se distinguia por los escindalos de todas classes El redentor que se
enviaba a esta comarca tenia apenas veintiocho afios de edad. Alli
pas6 una gran parte de su vida, en duelo a muerte con el vicio. ,Y el
autor se complace en describir sus luchas, sus torturas y los 6xitos de
este var6n ejemplar "en la plenitud de su vida, cuando Eros cantaba
en su aima las dulces 6glogas del amor"...
El Padre Juan fue, ademis, un eminente misionero. El autor
nos lo dice en estos t6rminos:
"Sus palabras eran siempre de perd6n, Ilenas de unci6n evang&-
lica. A ninguno de sus feligreses amenaz6 con la idea de la condena-
ci6n eterna. Lejos de mostrar a Dios como un padre irritado, sordo
al clamor del delincuente, lo mostraba como a padre infinitamente
amoroso, con la palabra de perd6n pendiente de su boca, como un rau-
dal de luz, cuyos fulgores inundaban al mundo. i Dios es amor !-repe-
tia siempre--i Dios es amor!".
Tal es la estructura de la combatida obra de nuestro laureado com-
patriota que, como decia su panegirista en aquellos dias de su primera
aparici6n, "honra a los Ministros de la Iglesia, buenos y sanos, y exal-
ta ei deber de reconocer y desdefiar a los malos".





El Primo fu6 la primera novela de Cardona y en ella estin reve-
ladas ya las cualidades del novelist sagaz, del escritor fino y oportuno,
sin polideza buscada, sino ficil y pulcro y oportuno siempre para tomar
al pronto dichos y gestos de nuestra vida diaria. En El Primo estin
presents muchos pasajes de nuestras costumbres y muchos paisajes de
nuestros campos, todo pleno de colorido y de picor national, ya ristico,
ya de la vida social urbana, evocadores y deleitables, que ponen cada
moment en el lector una sonrisa de gozo o una exclamaci6n admira-
tiva por el tino con que suele meter alli nuestros barbarismos y el acier-
to con que mueve sus personajes, no pocas veces expresivos de gentes
que a diario vemos y de actos que a diario vivimos.
Por ejemplo, es pagina inolvidable aqu6lla en que relata un viaje
a Puntarenas, como se hacia a fines del siglo pasado; cuando se iba
en duras carretas o a caballo, en largos ocho dias, "camino de La Uruca,
entrando luego por la ancha carretera empedrada, por donde los ejes
de las carretas van golpeando en las bocinas de las ruedas al compds de
tos cantos de los boyeros:







- 22 -


Ya me. voy a Puntarenas,
te traeri dos guacalitos...

El Primo tiene argument ficil y refleja propiamente un aspect
de la vida costarricense. Don Clemente Ayala, anciano distinguido, es el
tipo del padre de familiar obligado a hacer una vida social superior a sus
posibilidades. Habia sido hombre de fortune y la perdi--como dice el
autor-tirando el oro que tenia en su caja al alcance de la mano pot bus-
car el que estaba entire las minas a veinte metros bajo tierra y sin acufiar.
Ahor. se veia precisado a vivir de un modesto empleo pfiblico, y en esta
position tiene que hacer frente alas exigencias de su hija Matilde, que fi-
gura entire la mejor sociedad y a quien 61 adora. Toda la obra es una hi-
bil urdimbre novelesca alrededor de la vida social que buscaba hacer, con
infitil atuendo, la protagonista, en quien se ve el caso corriente del
desastre familiar por el anhelo de la apariencia y la afici6n al lujo.
Todos sus personajes y principalmente Matilde, Valentina, Diego, "Tri-
llito" y hasta el donjuanesco de Beltrdn Urdaneta, le sirven al autor pa-
ra hacer una bella trama en que se censura ese afin de querer parecer...
En ella revela Cardona ser costumbrista observador y ameno; sus es-
cenas campestres tienen la jovialidad ambiente del paisaje nuestro, y
las gentes hablan en el lenguaje popular propiamente.
El Primo se edit6 en la Imprenta Nacional en 1905 y tuvo tal
aceptaci6n que su propiedad fu6 adquirida por la Casa editor de Sa-
turnino Calleja, quien ha hecho de ella varias ediciones.

*


En 1929 se public Del Calor Hogareiio, que es una preciosa co-
lecci6n de cueritos en los que se afinan la gracia y la naturalidad. Bas-
'tara leer cualquiera de ellos, como Las dos amigas o Nochebuena o El
Curandero (laureado), para ver que toda su obra se alienta en un espi-
ritu de vida "tica", de expresi6n nuestra, por lo cual ha de tener pe-
rennidad.
Sabia Cardona, ademis,-como pide, el estilista colombiano-,
que, "fuera de la correcci6n gramatical, la obra literaria debe tener al-
gin valor intrinseco" y asi junt6, al estilo impecable, limpio, como el
que luce en esta obra iltima suya, el esplendor de lo bello.
Cultiv6 Cardona con feliz acierto la poesia, primero firmando
con su anagrama N. Caro de Aragon, por los afios 1896 y 1897; y luego-
con su nombre, hasta alcanzar justos lauros con algunos de sus poemas,
como La Caida del Arbol, precioso romance; La Laaandera, gracioso
soneto tipico; Himno de la Cruz Roja, que tiene estrofas. bellisimas; y
el Canto Epico a Juan Rafael Mora, de 1914.
Naci6 el compafiero que aqui recordamos el 2 de diciembre de
1863. Hizo sus primeros studios en la Escuela Normal de Costa Rica
que dirigian los hermanos Romero. Estudi6 Derecho; pero pronto aban-
don6 las aulas de la Universidad para dedicarse al comercio. En 1889 se







- 23 -


afili6 con calor al Partido Constitucional que llev6 al poder al Licen-
ciado don Jose J. Rodriguez, y entonces result electo Diputado por
San Jos6. En 1893 viaj6 por los Estados Unidos, Inglaterra, Francia,
Alemania y Espafia. Ocup6 distintos cargos de importancia y fu6 C6n-
sul General y Encargado de Negocios de Costa Rica en Nicaragua.
En 1919 no quiso ocupar el puesto de Senador para que habia sido elec-
to. En varias ocasiones sirvi6 el cargo de Tesorero del Ateneo de Costa
Rica y en 1926 fu6 elegido como socio correspondiente de esta ilustre
Academia, para llenar la vacant que dejara el recordado Maestro don
Carlos Gagini.
Fu6 tambiin periodista y aun en ese campo, donde se realize la
obra literaria tan apresuradamente, hallamos el m6rito singular de su
estilo que lo hace tanto mejor cuanto mas sencillo es.
Como novelist, como poeta, como periodista, Jenaro Cardona
us6 la pluma para pintar con agrado, para disponer sus escenas con
destreza y para aprovechar las expresiones de sus personajes en aplicar
modismos nuestros, locuciones o giros regionales, todo con viveza y
oportunidad.
Pensamos que se conoce poco en nuestro pais la obra de Jenaro
Cardona y que, por esa raz6n, no se le estima tan generalmente como
61 merece.
Sin miedo a dar juicio aventurado, y despu6s de haber madu-
rado tal criteria con la relectura de sus obras, aseguramos que en la
novela no tiene par todavia entire nosotros; y que en el cuento pocos le
superan en gracia y colorido. Toda. pgina suya tiene aliento de nuestra
campifia, celajes de nuestro cielo, vida nuestra. Asi, en la evocaci6n de
su nombre, al que rendimos homenaje ahora, pedimos que los niumenes
criollos den a la patria varones de estro feliz que canten sus bellezas
y exalten su vida, como 61 supo hacerlo.


He dicho.












Contestaci6n de don Ricardo fernandez Guardia


Se~ores Acadimicos:

Viene hoy don Rogelio Sotela, y bienvenido sea, a ocupar el sitio
que entire nosotros dej6 vacant don Jenaro Cardona, de quien hemos
oido pronunciar el brillante y merecido elogio que le tribute su digno
sucesor en esta Academia, y al asociarme cordialmente a 61 evocare a
mi vez la grata memorial del compafiero muy estimado, dedicando un
afectuoso recuerdo al amigo y al autor de El Primo y de La Esfinge
del Sendero, novelas afamadas como lo mas select de la obra literaria
del senior Cardona, sin que por esto sean menos apreciables los cuentos
y las poesias del distinguido escritor que de seguro nos habria dejado
una obra mis extensa, si hubiese podido realizarla a la media de su
devoci6n a las letras. No se lo permiti6 la dura necesidad de ganar
el pan cotidiano en tareas menos elevadas, pero mis remunerativas,
como sucede a casi todos los escritores en esta America nuestra. donde
s6lo por rara excepci6n da de comer ia pluma. circunstancia que con-
vierte el arduo trabajo literario en manantial de pobreza.
Muy just es por lo tanto reconocer a quien lo emprende bajo
tan triste auspicio, cuando menos la virtud del desinter6s y un amor
a lo ideal y a lo bello, que si en todo tiempo son dignos de respeto y ala-
banza, con much mayor motivo en la 6poca de codicia y mercantilismo
desmedidos por que atravesamos. Y si don Rogelio Sotela no tuviese
mis m6rito que el de poseer esa virtud y ese amor, seria titulo bastante
para que le concediesen su aprecio todos los que se mantienen fieles al
culto de lo spiritual. Por fortune estos does no han sido en 61 es-
t6riles. Asociados a los del talent y laboriosidad se han traducido en
obras que ya suman una docena.
De indole muy diverse son estas obras. Tan pronto vemos a su
author solazarse en los jardines de la poesia, como explorer la enmara-
fiada selva de las especulaciones filos6ficas, recorrer los austeros cam-
pos de la pedagogia, los zarzales de la critical literaria o los prados
amenos de la cr6nica festival, variedad que dice la riqueza de su cultural
intellectual y la agilidad de su inteligencia, cuyas primicias fueron
ofrendadas a la poesia. Adolescente afin escribi6 sus primeros versos,
a los veinte afios fu6 laureado per su hermoso poema El Triunfo del
Ideal en nuestros Juegos Florales de 1914, y cuando a los veinticuatro
public su primer libro, La Senda de Damasco, ya era bien conocido
como poeta. Esta obra, la que tiene por titulo El Libro de la Hermana
y numerosas y muy bellas composiciones dispersas en revistas nacionales
y extranjeras, forman hasta hoy el caudal po6tico del senior Sotela;
pero a esto no se limitari, como ya nos lo promete el lisonjero anuncio







- 26 -


de la pr6xima publicaci6n de otro volume de versos con el titulo Oe
Rimas Serenas.
Merece desde luego nuestro nuevo colega que se le felicite por rp
haber incurrido en lo que Gabriela Mistral llama la garruleria po6tic
americana, asi fomo tampoco en esa poesia quejumbrosa de que tanto
se ha abusado en estos paises, como si en la espl6ndida y joven Ame-
rica no hubiese mis fuentes de inspiraci6n que la tristeza y el Ilanto,\
cerrando los ojos ante la hermosura y la majestad de una naturaleza
sin rival, ante los sentimientos, los ensuefios y los dolores de una
raza en formaci6n, que busca a tientas y rodeada de peligros el camino
de su porvenir. En esto s6lo jcuintos temas admirables habrian po-
dido encontrar muchos poetas que han malgastado su talent en sen-
siblerias er6ticas! Deho decir, en honor a la verdad, que los de Costa
Rica no han solido pagar tribute a esa poesia lacrimosa. Como muy
bien lo observa en su discurso el senior Sotela, nuestro caracter tiende
a ser optimista y jovial. Asi no es extrafio que algunos de ellos se ha-
yan inclinado a reir, y a veces a carcajadas, como el inimitable Aquileo
Echeverria, genial interprete del alma popular. El poeta Sotela se
sittia a distancia de uno y otro extreme. Oigamos lo que dice a este
respect:
No hay tristeza en mi verso ni se queja mi rima;
lo que hay es paz serena y en esa paz se anima
la musa panteista que tan feliz me guia;
lo que hay es que en mi verso se canta la alegria
con tono tan suave
que s6lo ella lo sabe!

Pero no s6lo estA en el secret la musa del senior Sotela. Todo el
que haya leido su obra po6tica habri encontrado en ella una apacible
y risuefia serenidad, hija de la marcada tendencia filos6fica y mistica
que la caracteriza y recuerda la manera de Amado Nervo, tendencia
sensible hasta en muchas de sus composiciones del genero lirico. Sin
embargo y para su mejor apreciaci6n, conviene dividir la obra en dos
capitulos, poniendo en el primero las poesias de indole netamente filo-
s6fica y que son, a mi juicio, las de mayor entidad y las mis origina-
les. A este capitulo pertenece La Senda de Damasco, poema premiado
con medalla de oro, en que el autor contrapone el hastio, la displicencia
y el escepticismo de la vejez, a la alegria, el entusiasmo y las esperan-
zas de la juventud. Disputan en un jardin un anciano y un efebo. Al
acaloram;ento del principio sucede poco a poco la calma y, por filtimo,
el anciano se deja persuadir por los arguments del efebo y siente
renacer su fe, que canta un himno a la Vida. Reconciliados en el altar
,de la Esperanza, los que fueron adversaries parten fraternalmente
unidos:
Y por entire las eras, bajo el lino
del azul esplendor de la mafiana,
mientras virtualizaba una fontana
se alejaron los dos por el camino.







- 27 -


Hubo en todo el jardin como un asombro
al mirar al anciano sonreido
que ponia la mano sobre el hombro
del dulce efebo que lo vi6 rendido.

Y aquella mano tremula, indecisa,
que animara una honda pesadumbre,
era sobre el pequefio una sonrisa,
un tallo hecho de amor manando lumbre.

Y asi con una fe clarividente,
unidos en el bien de aquella alianza,
con un halo de luz sobre la frente
se alejaron los dos serenamente
diciendo la canci6n de la Esperanza...

El poeta se complace en estos contrastes de los dos extremes de
la vida en los que a pesar de sus profundas diferencias existen no
pocas afinidades. Los ancianos y los nifios se entienden- a menudo muy
bien. Nos ofrece otro en el poema, tambi6n premiado con medalla de
oro, que tiene por titulo Un cuento del Quijote. Lo refiere una abuelita
a sus netezuelos, cuyas imaginaciones infantiles habian forjado un Don
Quijote gigante y perverse, author de muchos males. La abuelita recti-
fica bondadosa:
-Era un don Quijote leal caballero,
de verdad un hombre, no un gigante extrafio,
que siempre libraba todo desafuero,
que andaba la vida con un escudero
sin otro pecado que su propio engafio.

Para defenders de la villania
llev6 escudo y lanza, armas de combat
que bien le sentaban para su hidalguia,
mas fue tan osado con su bizarria
que todos lo hallaron loco de remate.

El temor de alargarme demasiado me priva del placer de citar
algunos versos, como lo he venido hacienda, de cada una de las hermosas
poesias que contiene el libro. Me limitar6 a estas dos estrofas de la vi-
brante Oda a Espaifa;

Gloria de las Castillas, es mi ofrenda!
La noble estirpe que clav6 su tienda
bajo cielos de Am&ica, no pasa:
que nos di6 la heredad de su leyenda
y nos dej6 la sangre de su raza!

Gloria perenne para su nobleza!







- 28 -


Gloria inmortal para la cuna ibrica,
que por el alma de su raza, America
tiene el alto blas6n de su grandeza!

En las poesias que forman el segundo capitulo de mi clasifica-
ci6n, o sean las del g6nero lirico, hay una frescura y un sentimiento
exquisitos. Palpita en ellas el amor a lo ideal, a lo bello, a lo noble y
sobre todo a la mujer, santificada en la dulce compafiera, en la her-
mana, como la llama el poeta con infinita ternura; y a esta hermana
spiritual, encarnaci6n de su musa, dedica un libro en cuyas paginas
quiso que figurase tambi6n ei homenaje de renombrados escritores,
a quienes advierte:

SQuereis saber de la gentil Amalia
para que habl6is en su loor, artists?
Pues sabed: es amable como un angel
que os da una comuni6n en su sonrisa.

Tiene para vosotros, los poetas,
una extrafia virtud: ser sensitiva.
Para sofiar es alma del Ensuefio,
para vivir, es alma de la Vida.

Tanto es lo que se podria seleccionar tambien en este fragante
ramillete amoroso de El Libro de la Hermana, que optar& por dejar
que la mano desprenda otra flor a la ventura:

Esta hermana que yo quiero
y que en mis versos venero
con un carifio abacial,
tiene en su huerto un rosal
que cultiva un jardinero
spiritual.

En este jardin querido
que esta siempre florecido
de ideal,
por cada rosa hay un nido
y en cada nido, escondido,
un trinario de cristal.

En toda su obra po6tica, el senior Sotela parece haber seguido
religiosamente un precepto de Bourget formulado para la novela: bus-
car la belleza en el studio de las cosas sanas. y de los sentimientos no-
bles. De aqui la elevaci6n, la moralidad, la delicadeza, la ternura de esta
poesia que nunca desciende al sentimentalismo, inseparable. del amane-
ramiento.






- 29 -


Con ser muy valiosa la contribuci6n aportada a las letras nacio-
nales por don Rogelio Sotela como poeta, tan s6lo constitute una pe-
quefia parte de su obra, muy diverse, segin se ha dicho ya. Al estu-
diarla en su conjunto, sobresale en ella, a mi ver, lo que corresponde al
pensador, representado especialmente por dos libros que honran mu-
cho a quien los escribi6: Recogimiento y Apologia del Dolor. El pri-
mero es el fruto de meditaciones "altas, serenas, profundas", como tan
acertadamente dijo de ellas la ilustre poetisa Juana de Ibarbourou. En
el silencio que tanto le place, aborda el autor los problems filos6ficos
con un optimism tan sincere que de verdad conforta el espiritu. "Me-
ditar en el bien y en el mal para comparar". "Ver en los demis, no para
alimentar el dafio, sino para vernos a nosotros mismos". "Buscar la
alegria en la virtud". Tales son ias generosas y sanas disciplines enun-
ciadas en Recogimiento y a las que se cifie el fil6sofo en esta obra
que trata del Hombre, la Patria, el Arte y el Alma,
"El hombre-dice-es el quinto element de la naturaleza, un
compendio de creaci6n que domina a todos los elements y que tiene
su poder supremo en la vida armoniosa y en la muerte, que lo hace
el punto extreme de la perfecci6n". "Como la arafia que teje su.propia
red, el hombre construye su propia suerte. Depende tanto de nosotros
nuestro destino como depend del misico la sonoridad mis o menos
armoniosa que arranca a su instrumento. Es permitido observer aqui,
sin embargo, que siendo como es el hombre amo, pero a la vez esclavo
de la material, dificilmente puede aspirar a esa condici6n, rayana en la
de semidi6s, que parece atribuirle el senior Sotela; y que si bien es
cierto que en gran parte somos responsables de la suerte que corremos
en este mundo, no es possible near el influjo que en nuestro destino
ejercen fuerzas ocultas e ineluctables, llimense como se las quiera Ila-
mar. En el simil empleado por el autor bastaria, por ejemplo, la ruptura
fortuita de una cuerda para dar al traste con la mis armoniosa de las
sonoridades.
No contiene una definici6n de la Patria el capitulo dedicado a este
tema. Ha preferido sin duda el senior Sotela que la deduzcamos de los
pensamientos que le consagra. El epigrafe dice: "No servimos a la Pa-
tria solamente muriendo por ella, sino tambien haci6ndola mis feliz y
culta", y guiado por esta sentencia discurre sobre la ensefianza, la cul-
tura y la mujer, que son, conforme a su criterio, los tres fundamentos
en que estriban el bienestar y la grandeza de la patria. "La ensefianza-
escribe-debe ser atractiva, y, como consecuencia, nueva e interesante".
"El professor de verdad creara su propia metodologia". Muy de acuerdo
con estas ideas y aunque profano en la material, me parece que en esto
de la ensefianza los resultados dependent sobre todo del maestro; por-
que cuando 6ste es bueno, cualquier mitodo lo es tambien, mis o me-
nos. Por lo contrario el mejor de los m6todos resultarA malo si malo
es el maestro. Y asi creo que nuestro mayor empefio debemos ponerlo
en la formaci6n de buenos maestros, eliminando a todos los que no ten-
gan por tan noble carrera sincera vocaci6n. El sacerdocio y el magis-
terio no debenr ser nunca un simple modus vivendi.







- 30-


Se duele el senior Sotela del descuido en que aqui se tiene la en-
sefianza del idioma; porque "el lenguaje-observa-es la base sobre que
descansa todo y por lo que todo se emprende: ciencias, artes, indus-
trias, religiones, etc.". i Cuinta raz6n le asiste en dolerse de tan imper-
donable descuido! Entiendo que algo se ha procuiado hacer para reme-
diar este mal y celebraria que se hiciese mas; pero lo cierto es que se
agrava y que su presencia se nota en todas parties, aun alli donde no es
tolerable. Para convencerse de ello, basta echar una ojeada a nuestros
peri6dicos, en cuyas piginas se cometen sin tregua los mis negros pe-
cados contra el idioma y hasta faitas de ortografia! No es possible en
tales condiciones abrigar la esperanza de una depuraci6n de nuestro
lenguaje tan viciado, no s6lo en la clase popular sino tambien en la que
presume de culta y much menos cuando se piensa que los peri6dicos
son aqui la linica lectura de la inmensa mayoria de las gentes. Por otra
parte la pobreza de nuestro vocabulario iinda ya con la miseria. Muchos
de los que han pasado por escuelas y colegios ignoran los nombres cas-
tizos de las cosas mas vuigares, y por lo que hace a la gramitica se le
asestan pufialadas hasta en la redacci6n de las leyes, que a veces resul-
tan ininteligibles. Hace ya largo tiempo el poeta colombiano Lleras es-
cribi6 sobre nuestro lenguaje unas d6cimas jocosas que terminan de
este modo:
Si aqui Cervantes viviera,
de seguro maldijera
el taj idioma espafiol.

"Hay en muchas personas-dice el senior Sotela-la suposici6n
vulgar que consider afectado y pedantesco el lenguaje que respeta los
canones gramaticales y eso es lo que mis hiere la pureza sencilla del
idioma"; pero siempre optimista y benivolo afiade: "Tengamos fe
en que alg-in dia los j6venes comprenderin la necesidad de una cultural
integral-finica possible conforme a las actuales necesidades-y que los
studios de lenguaje-tan repudiados por ellos-son la base de todos
los conocimientos". Mejor no se puede decir y por mi parte hago los
mas fervientes votos, como seguramente los haran todos los sefiores
Academicos, por que se cumpla tan buen deseo. Quien no sepa hablar
y escribir bien su lengua no puede ser persona de verdadera cultural;
al menos nunca lo parecera.
A tal punto es fuerte el vinculo que existed entire la patria y su
idioma, que matando a 6ste se hiere de muerte a aqu6lla. Mas que la
bandera es el idioma simbolo de la patria; su iltimo baluarte contra
el conquistador. Sobrada raz6n ha tenido por consiguiente el senior So-
tela al induir en ei capitulo de la Patria lo que atafie al idioma. Defen-
der el idioma equivale a defender a la patria. Defendamos, pues, el
nuestro; no olvidemos nunca que el castellano forma parte, la mis
preciada, de nuestra rica herencia espafiola; que mientras podamos
pensar, hablar y hasta maldecir, aunque sea en mal espafiol, no habri
muerto para nosotros la patria que nos legaron los antepasados: ni la
chica en que hemos nacido, ni la grande que se extiende de M6xico a la







- 31 -


Patagonia, la que Bolivar sofi6, la del porvenir, ni la que es madre de
las dos, Espafia, la noble y gloriosa naci6n que en el curso de la His-
toria ha dado al mundo los mis viriles ejemplos de patriotism y amor
a la independencia.
Por la mujer siente veneraci6n el senior Sotela y asi aconseja:
"En cada mujer que pasa ve a tu hermana, a tu novia o a tu madre".
Para 61 "una mujer seri siempre el reflejo de Dios sobre la tierra".
"i Poder supremo de la mujer !-exclama.-De una mujer puede depen-
der la suerte de un pueblo, seg6n la influencia que ejerza sobre su
compafiero"; y a continuaci6n entra a enumerar las cualidades que en
su concept debe tener, entire las que anotar6 la que distingue al fenix
de las hijas de Eva, o sea la mujer silenciosa, llamada a colmarnos de
felicidad; porque "el silencio-explica--es una puerta por donde se
va a un jardin paradisiaco"; pero qui6n sea el angel guardiAn de este
paraiso del silencio, no lo dice.-A pesar de su ardiente filoginia deja
discretamente el punto a juicio del lector.
Sobre el Arte expone el author de Recogimiento muy bellas ideas.
Su criteria al respect es levantado y generoso, con un tinte de eclecticis-
mo de buena ley. "No soy exclusivista en est6tica--declara-: creo que
todos los g6neros son buenos si ninguno esta al servicio del mal". Conce-
de "la supremacia a lo emotional que intuye, concibe y expone en una
forma integra, esto es, en armonia con todos los sentidos", y afiade que
61 va "tras lo bello ideal, tras la vision subjetiva que entra por una
corriente nerviosa a la emoci6n; porque lo bello ideal es un compendio
de lo bello, entire lo que esti la divina idea de Dios". Refiri6ndose a los
critics movidos por la envidia observa: "Los envidiosos son incapaces
de simpatia. Hay envidiosos por impotencia y por fracaso Los pri-
meros desdefian, pero no anulan; los segundos hieren, pero no inatan".
A lo que se podrian afiadir muchas consideraciones sobre la fragilidad
de la critical literaria; porque hasta los jueces mis eminentes en la
material cometen errors garrafales, como Voltaire cuando calific6 de
birbaro a Shakespeare y felicitaba al Padre Bettinelli por haber tenido
el valor de decir que "Dante era un loco y su obra un monstruo". Tan
s6lo uno es digno de entera fe, por ser el inico verdaderamente impar-
cial y que a la larga no se equivoca, el Tiempo, avaro y pr6digo a la
vez: avaro de gloria y pr6digo de olvido.
La serena y bondadosa filosofia del senior Sotela, fiotoriamente
influida por el pensamiento oriental, se acent6a en el capitulo del
Alma. En 61 nos dice: "Si no puedes grabar en la memorial estas cuatro
palabras, escribelas en todos los sitios donde est6s y ejercitate en ellas:
Alegria, Tolerancia, Amor, Sabiduria". "La alegria buena eleva. Quien
cultiva la alegria da salud al cuerpo y belleza al alma".
He venido espigando casi al azar en las piginas de Recogimiento.
para librarme de la tentaci6n de multiplicar las citas. Creo, sin embar-
go, que son bastantes las que se ban escuchado, para justificar en quien
escribi6 esa obra el titulo de pensador. Lo confirm otro libro, que con-
sidero como el mis valioso de los que ha producido don Rogelio So-
tela y en el que mejor se pueden apreciar su psicologia y su orientaci6n








- 32 -


filos6fica: Apologia del Dolor. El germen de esta obra esti en Reco-
gimiento, alli donde se lee: "El Dolor es el creador, no lo temas.
i Cuintos hombres.huyen del dolor, y, sin embargo, en &l esta el senti-
do de la vida! Al conocimiento se va por el dolor. Al amor se va por
el dolor. A Dios, que es amor, se va por el dolor".
No es muy aventurado suponer que el primer hombre que se
di6 a filosofar meditara ya sobre el dolor, nuestro compafiero insepa-
rable. Hace veintisiete siglos ensefiaba el principle Siddhartha que para
suprimirlo habia que suprimir los deseos y las pasiones; es decir, la
vida. Dolor, no eres un mal, era en cambio la maxima varonil de los
estoicos. El senior Sotela va mis alli. Consider el dolor como un bien
en sus consecuencias. "El dolor acrisola tanto-escribe-que a quien
]b padece con altura le torna luminosa la vida". Y asi le sale al en-
cuentro con la sonrisa en los labios, como para decirle: "Bienvenido
seas, Dolor, ya que ninguno tiene el poder de cerrarte la puerta; pero
te llevar6 a una cumbre tan alta que alli seris trocado en paz, bondad
y amor". Este es 41 tema que desenvuelve el fil6sofo en su precioso
libro, cuya lectura no se puede recomendar lo bastante a los necesitados
de apaciguamiento y de consuelo. "No pensiis i oh cristianos!-esti es-
crito en 61-que el dolor de la cruz nos salva y que el Cristo nos ha
redimido. Cada uno debe verter su propia sangre; cada uno debe vivir
su dolor! "Sl6o en Ilanto es el hombre perfectamente bueno". Afir-
mar y depurar la vida por el dolor: tal es el fin a que tiende el senior
Sotela, ya que la voluntad de Dios es que el dolor impere sobre la tie-
rra. Y result muy interesante que un esc6ptico empedernido y gran
demoledor de ilusiones como Anatole France, coincide sin embargo
con nuestro fil6sofo optimista en su opinion sobre el dolor, cuando es-
cribe en El Jardin de Epicuro: "Que la tierra sea grande o chica, es
cosa que al hombre no le importa. Es bastante grande con tal de que en
ella se sufra, con tal de que en ella se ame. El dolor y el amor, he
aqui las dos fuentes gemelas de su inagotable belleza! iEl dolor, que
divino inapreciado! Le debemos todo lo bueno que en nosotros hay,
todo lo que le da valor a la vida; le debemos la compasi6n, la valentia,
le debemos todas las virtudes. La tierra no es mis que un grano de
arena en el desierto infinite de los mundos; pero si s6lo se sufre en la
tierra, esta es mis grande que todo el resto del mundo. Qu6 digo?
Ella lo es todo y lo demis es nada".

*


A don Rogelio Sotela debemos agradecer los que aqui tenemos
afici6n a las letras, el que nuestras obras y nuestros nombres hayan
Ilegado a ser menos desconocidos, sobre todo en el extranjero. No
fu6 otro su prop6sito, muy generoso y patri6tico por cierto, al escribir
Valores Literarios y Escritores y Poetas de Costa Rica. Debido a la
pequefiez del pais y al, escaso interns que en 61 despierta el trabajo
iritelectual, las ediciones de nuestros libros son forzosamente muy







- 33 -


reducidas y muy pocos los ejemplares que traspasan las fronteras.
Ademis de escribir sus antologias y notas biograficas, el senior Sotela
se tom6 el trabajo de darlas a conocer en el exterior, donde los lec-
tores se enteraron de que en el pequefio pais reputado por su tranqui-
lidad y excelente cafe se cultivan tambien las letras, aun cuando s61o
sea en iuy modest escala. Buena obra hizo con esto; sin embargo,
no todos la estimaron aqui como se merece. No falt6 quien censurara
al autor por la benevolencia de sus juicios critics sobre los escritores
nacionales y es possible que hubiese alguna raz6n para ello, dado el
temperament generoso del senior Sotela. Como quiera que sea, la cen-
sura no estaba exenta de mezquindad y su replica a ella fu6 magistral.
"Para sefialar defects estin todos-escribi6 en Recogimiento-, aun
los pequefios, aun los ignorantes. Lo dificil y lo raro es admirar, com-
prender y poder exaltar con nobleza la obra de los otros". Esta replica
refleja fielmente la fisonomia moral del escritor.

*


Tres son las obras didicticas publicadas por don Rogelio Sotela:
Literature Costarricense, Complementos Grainaticales y un Silabario
escrito en colaboraci6n con el professor don Napole6n Quesada, a quien
pronto habremos de tener tambi&n entire nosotros. Estas obras han sido
elogiadas por personas entendidas en pedagogia. Yo estoy lejos de serlo,
pero no dudo del acierto de este juicio favorable y a l6 me atengo
gustoso. Tan s6lo me referire a la primera para decir que su objeto
es el mismo de Escritores y Poetas de Costa Rica, pero en forma com-
pendiada, y observer que asi en este compendio como en la obra ori-
ginal, se nota un vacio en la parte que trata de los precursores de nues-
tra literature, entire los nombres del ilustre sacerdote don Florencio
del Castillo y del Dr. don Jose Maria Castro, que seria muy just llenar
con los de don Joaquin Bernardo Calvo, don NicolAs Gallegos y don
Jose Le6n FernAndez, escritores de mirito los tres, como lo atestiguan
los primeros peri6dicos que aqui se publicaron y en particular El Men-
tor Costarricense. Yo no vacilaria en poner tambien a la par del nom-
bre del Dr. Castro, el del Dr. don Vicente Herrera, uno de los que
con mayor pureza y elegancia ban escrito el castellano en Costa Rica.
Mencionar6 de paso un studio del senior Sotela sobre political
international, publicado con el titulo de La Doctrina de Monroe desde
un punto de vista subjetivo; pero me abstendr6 de comentarlo, porque
esto me obligaria a salirme de los dominios de esta corporaci6n. En
cambio voy a emprender viaje en compafiia del poeta fil6sofo, conver-
tido en diplomAtico, para ir a gozar en Lima de unas fiestas cuyo es-
plendor fue una resurrecci6n del tiempo en que los virreyes espafioles
entraban en la capital del Perd por calls empedradas con adoquines de
plata. En las Cr6nicas del Centenario de Ayacucho relata el senior So-
tela su viaje y describe aquellas fiestas inolvidables con una amenidad y
un entusiasmo que no decaen un solo instant. Hay en este libro fina







- 34 -


observaci6n, much movimiento y una franca y comunicativa alegria.
A primera vista siente el peregrine la seducci6n de Lima, esa "ciudad
dual: modern y arcaica", segin sus propias palabras. Se extasia con-
templando a las graciosas y traviesas limefias que salen de misa con la
clasica mantilla espafiola en la cabeza; a las parejas de novios que char-
lan en la reja enflorada como en Andalucia. Lima se le figure la Sevilla
de America y no se equivoca: la Sultana del Rimac es digna rival de
la del Guadalquivir. El fantasma de la Perricholi se desliza por sus
viejas calls en noches de luna, como el de don Miguel de Mafiara pot
las de Sevilla; y en la Quinta de la Magdalena busca reposo el de Bo-
livar, despubs de galopar por los campos de sus grandes batallas, como
el del Rey San Fernando en el Alcazar de Sevilla.
El cronista no se cansa de admirar. No ve sombras en ninguna
parte. Para 61 todo es luz. La buena fortune lo pone en presencia de
tres grandes poetas de America y ante ellos se inclina reverente y
los cubre de laureles. A todo el que posee algfn mirito se lo reco-
noce con creces; con todos fraterniza y todo lo alaba. El senior Sotela
no s61o describe su bondadosa y optimista filosofia: la vive.




Muy satisfecho me sentiria si hubiese logrado presentar un re-
sumen, que a pesar de todos sus defects permit apreciar en su ver-
dadero valor la obra literaria de don Rogelio Sotela, que puede cali-
ficarse de copiosa, sobre todo si se toma en cuenta que su autor no ha
doblado ain el cabo de la cuarentena, si bien ya poco le falta, siendo
asi que naci6 en esta ciudad de San Jos6 el afio 1894. El destino no
se nr'str6 ben6volo al principio con el future poeta que debia serlo
tanto. A los catorce afios tuvo que abandonar las aulas, donde se ha-
Via distinguido por su aplicaci6n, para ganarse la vida y ayudar a o
madre que luchaba con la viudez y la pobreza, entrando a trabajar
en una casa de comercio; pero no creo lastimarle much al decir que
no fue modelo de dependientes. Si no estoy mal informado, no s6lo
leia detras del mostrador; tambi6n escribi6 sus primeros versos sobre
este mueble prosaico. Mas de una parroquiana-es de suponer que jo-
ven y bonita-tuvo la agradable sorpresa de leer una redondilla o un
soneto en el papel en que iba envuelta su compra; y como el joven
Sote'a se sentia, a semejanza del ginebrino Petit-Senn en igual si-
tuaci6n, cada vez mis poeta y menos comerciante, se despidi6 de Mer-
curio para volver a estudiar con ahinco, a fin de ver realizadas sus as-
piraciones. Una citedra de castellano y literature en el Liceo de Costa
Rica, en calidad de supernumerario, fu6 la primera recompensa de
sus esfuerzos y desvelos, mas tarde coronados con el titulo de Profesor
de Estado. Y como al mismo tiempo habia seguido los cursos de
nuestra Escuela de Derecho, se gradu6 de licenciado en leyes en 1924.
Electo varias veces secretario del Ateneo de Costa Rica, fu6 durante
afgunos afios director de la revista Athenea, 6rgano de aquel centro







35 -

de cultural que nuestra deplorable indiferencia dej6 perecer de inani-
ci6n. En la prensa diaria y con los seud6nimos de Galimatias, Farfullero
y Fray Antonio de Nebrija ha librado vigorosas campafias en pro del
mejoramiento de nuestro paup6rrimo lenguaje. Por sus trabajos lite-
rarios ha merecido aqui y en el extranjero numerosas distinciones ho-
norificas y muchos elogios. En el orden politico ha sido, entire otras
cosas, diputado al Congreso, gobernador de la capital y secretario
de legaci6n. Tal es, en resume, la biografia de don Rogelio Sotela,
a quien esta Academia acoge hoy en su seno con gran complacencia.
Joven, laborioso y entusiasta como es nuestro nuevo colega, tenemos
el derecho de esperar que su colaboraci6n habri de ser para nosotros
muy valiosa, en la tarea que tenemos a nuestro cargo de velar por los
fueros del idioma, hermano gemelo de la patria.



















Sei6n celebrada en ed at6n de ta Caea de Gepafia
a las 4 p, m. del 15 de agoeto de 1934



Rcepci6n del Profeaor don Napole6n Quesada












Discurso del professor don Napote6n Quesada Salazar


Se-iores acadimicos:

Me hab6is distinguido con una honra altisima: la de hacerme
compafiero vuestro en las labores acad6micas. Tal honra se patentiza
en esta recepci6n que perdurari deleitosamente en mi memorial. Justo
es que os manifieste mi gratitud.
No me mueve a expresarosla mera cortesia, sino imperioso
mandate de ni alma que reconoce y admira vuestra bondad y mide
mi cortisimo merecimiento.
Siento acrecentarse mi deuda de gratitud al considerar que me
proporcioniis ocasi6n para hablar de uno de los hombres a quienes
mayor carifio he profesado en toda mi vida por la leal y bondadosa
amistad de que constantemente me dio pruebas, por el consejo discreti-
simo con que me asisti6 muchas veces y por no pocos favors que con
excelente voluntad me otorg6, y que yo reconozco y declare con verda-
dero regocijo, porque bien s6 que no fueron piadosa limosna, sino
expresi6n de sincere afecto para mi, afecto de que s6lo fui merecedor
por la cabal correspondencia que tuvo y tiene en mi coraz6n.
Tambi6n debo reconocer que me brindAis oportunidad para ha-
cer el elogio de aquel hombre en sus aspects de poeta, de escritor,
de pedagogo y de polemista; de var6n ilustre, enamorado de la belleza
pura, enaltecedor de las letras patrias, pues en la historic del arte
costarricense su nombre seri siempre uno de los mis gloriosos, y sus
composiciones de las que resplandezcan con mis legitima belleza.
Pero no por modestia, sino por verdadera convicci6n, por cons-
ciente aquilatamiento de mis fuerzas, veo que la gratitud suscitada por
este iltimo motivo se limita o se amengua al considerar tan torpe mi
dicci6n, tan deslucidas mis frases, tan escasas mis facultades de critic,
para realizar cumplidamente este anhelo de mi alma: hacer el mereci-
do elogio de don Justo A. Facio, a quien me corresponde-bien s6 que
indignamente-reemplazar en esta Academia.
La biografia de don Justo A. Facio esti escrita por mano que,
obediente al coraz6n, pone en esta obra exquisite ternura y cilida ad-
miraci6n para el poeta, el escritor, el educador, y para el hombre:
habia yo solicitado de la sefiora viuda de Facio algunos datos para
escribirla o esbozarla ripidamente, ya que para mi el artist vive en
sus obras, y esta vida luminosa y perenne, trascendental y modelado-
ra, es la que nos interest verdaderamente, y no la otra, la de vicisitudes
y andanzas en este mundo, la cual puede quedar en el olvido. Sin em-
bargo, no desconozco el deleite con que leemos las paginas relatives







- 40 -


a los hombres inmortalizados como artists, sobre todo, cuando los
pasajes anecd6ticos de sus vidas se relacionan con las creaciones bellas
a que deben la inmortalidad. Conocemos, asi, que circunstancias de la
vida real fueron genesis de casi todas las creaciones de Goethe, y nos
explicamos y aplaudimos los afanes, los desvelos, las pacientes bis-
quedas con que los eruditos investigan la vida preterita en archives,
bibliotecas, piedras y monumentos, para esclarecer las peregrinaciones,
correrias, aventuras, amistades y frecuentaciones de Cervantes, y lle-
gar, de este modo, a identificar las figures creadas por aquella fertilisima
y genial imaginaci6n con las que en realidad se animaron en el tiempo
en que se compuso la maravillosa obra de nuestra literature novelesca.
Recibi de manos de la cultisima dama, no las noticias que yo
solicitaba, sino la biografia complete, escrita con amor y entusiasmo,
como homenaje para el desaparecido, como muestra de fervoroso culto
para 6l. Comprendo que esta dama admirable que, a ser possible, habria
vuelto realidad la conmovedora leyenda de Alcestes y Admeto, ha in-
terrmunpido sus ligrimas para escribir la vida del esposo, como si ello
fuera colmar de caricias al ser querido, evocar con amoroso acento la
sombra adorada, rendir culto al hombre superior que la llam6 su com-
pafiera.
Ah! Si el espiritu del poeta ha asistido, invisible e impalpable, a
las vigilias en que la esposa, en cascadas de frases manadas de la fuente
del coraz6n, relata los trabajos, las empresas, los triunfos, las agita-
ciones y las luchas del esposo desaparecido, con que regocijo, con qu6
fruici6n habri depositado en la casta frente de la compafiera el silen-
cioso, el suavisimo beso de amor y reconocimiento!
Nada seria mis fcil para mi que trasladar a estas hojas lo escri-
to por la sefiora de Facio. Mi trabajo resultaria asi avalorado, embelle-
cido, tefiido con el oro y el rosa de las frases de femenina delicadeza
que hay en el de la inteligente dama. Pero esto no seria razonable:
valdria tanto como servirme de la labor ajena para realzar o para sal-
var la mia.
Extractari, pues, la composici6n biogrifica escrita por la sefiora
de Facio, tomar6 de ella lo que me parezca fundamental para apreciar
la vida del esposo, eminente servidor de nuestra patria.
Fue Santiago de Veragua el lugar de su nacimiento; el dia, el 17
de agosto de 1859. Ascendencia: espafiola e italiana: de Valladolid fue
oriunda la abuela materna; de G6nova, el abuelo paterno. Quizas a la
sangre heredada de estas dos fuentes debi6 sus cualidades dominates:
la recia contextura de luchador y la inclinaci6n y la aptitud artisticas.
S61o contaba afio y medio de existencia cuando sus padres, don
Justo Facio y dofia Natividad de la Guardia, vinieron a vivir a Costa
Rica. Desde entonces hasta su muerte, salvo accidentales y cortas au-
sencias, habit6 en nuestra patria. Fue, paes, costarricense por el medio
en que se formaron su mente y su coraz6n, por el espectfculo ambiente
que impresion6 sus sentidos, multiplic6 sus ideas y despert6 sus afec-
tos, por las relaciones que cultiv6 desde su nifiez, por las palabras y
expresiones familiares, por la modalidad de su pensar y su sentir; y






- 41 -


para que la Iey, en consonancia con la naturaleza, le acreditara su con-
dici6n de ciudadano costarricense, abraz6 de todo coraz6n esta nacio-
nalidad por declaraci6n expresa que hizo al cumplir los veintifin afios.
Costa Rica fue su patria natural y su patria eiectiva. Hubiera derra-
mado su sangre por ella; a tal estaba dispuesto cuando se alist6 en el
ejrcito costarricense que en 1885 march a salvar nuestra soberania,
amenazada por la violent y altanera declaraci6n de guerra de Justo Ru-
fino Barrios, seguida de la movilizaci6n del ejercito que avanz6 sobre El
Salvador hasta los campos de Chalchuapa en donde aquel audaz man-
datario encontr6 la muerte.
Los primeros afios de don Justo A. Facio transcurrieron en Pun-
tarenas. El nifio sinti6 la influencia del medio que oxigenaba y yodaba
sus pulmones y su sangre y a un tiempo mismo ponia en su alma la
conjunci6n de cielo y mar, "lo inmenso y lo distante, el vasto azul,
sugeridor de grandezas y de ensuefios, generador constant, opulento
de poesia, poesia 61 mismo.
En Puntarenas comienza el joven Facio sus studios: asiste alli
a la escuela primaria; los continia en San Jos6 y en Heredia. Cuenta
entire sus profesores a don Francisco Picado quien le aprecia y le es-
timula en la via de la cultural; el discipulo, agradecido, guard con ve-
neraci6n, hasta la muerte, al travys de larga series de afios, un libro
de versos, regalo del maestro, con dedicatoria en extreme carifiosa y
elogiadora. Tambien figuran entire sus profesores don Pedro Ulloa Ma-
ta quien le discipline en el studio de las matemrticas, y Mr. Dee quien
le ensefia el ingles con tan buen xito, que el alumno pronto llega a
seguir solo el studio de esta lengua hasta dominarla casi como la pro-
pia; asi se capacity para conocer mis tarde, con verdadero sefiorio,las
obras maestras de la literature inglesa. Cuando el joven Facio march
a trabajar, muy rudamente, por cierto, en la construcci6n del ferro-
carril al AtlAntico, en una. zona en extreme malsana, s6lo llevaba, con
las cosas de su ajuar personal, una Biblia, un Quijote y un Diccionario
inglis.
En Heredia, en el Colegio de San Agustin, no s6lo hace algunos
studios de su gusto e interns; sirve gratuitamente la Secretaria de 1&
Instituci6n.
El studio del latin y del francs le facilitan el seguir ampliando
e intensando con 6xito excelente su cultural cientifica y literaria. Para
adquirir el caudal elective de ciencia y arte que a1 ansiaba, y en armo-
nia con las estrecheces y necesidades de su vida, el joven Facio se
nos present como el tipo perfect del autodidacto.
Le interesan sobremanera los studios pedagbgicos, y a ellos
se consagra con tenacidad; a ellos dedica, en cierto period de su vida,
casi todas las horas del dia; prolonga sus vigilias hasta altas horas de
la noche, con el libro delante, en fructuoso studio de autores, teorias y
doctrinas de educaci6n. Asi Ilega a poseer admirable erudici6n pedag6-
gica; Ilega a ser, quiats, el costarricense que dispone de la mis vasta
culturadidasciaica. -
No estudia s61o por mera afici6n, por noble anhelo de saber. En-
cuentra campo propicio para aplicar sus conocimientos, para convertir







- 42 -


su mente en faro poderoso que alumbra el campo de la pedagogia na-
cional, y guia y esclarece a cuantos trabajan en ese campo.
Sirve con cabal suficiencia, con innegable lucimiento, importantes
cargos oficiales de ensefianza; sabe dar prestigio y esplendor al puesto
que ocupa; hace sentir ben6ficamente su dinamismo; sus iniciativas
son siempre poderosas, sus creaciones, fecundas y bellas; derrama en-
tusiasmo, sostiene la fe, levanta el animo de profesores y maestros.
Es simple maestro en Heredia; luego, Inspector Escolar en la
misma provincia; mis tarde se hace cargo de la Subsecretaria de .Edu-
caci6n Puiblica; desempefia las catedras de Castellano y Literatura en
el Liceo de Costa Rica; dirige la Escuela de Aplicaci6n anexa a este
colegio; sirve en dos lapsos la Inspecci6n de Segunda Ensefianza; pasa
a Panama por llamamiento del Gobierno de esta naci6n, y alli orgamza
y dirige el Instituto Nacional; ocupa, de regreso a su patria, la Jefatura
de Ensefianza Primaria; pasa luego a servir la Direcci6n del Liceo de
Costa Rica; desempefia la Presidencia de la Junta de Educad6n de
San Jos6; vuelve a hacerse cargo de las cAtedras de Castellano y Lite-
ratura del Liceo y tiene igual funci6n en el Colegio Superior de Sefio-
ritas; en 1929 es nombrado Director de la Escuela Normal, y con una
honradez y sinceridad que le hacen alto honor, rehusa servir el cargo
que hubiera sido tan de su gusto y tan adecuado a sus capacidades, por
motives de delicadeza professional. Finalmente, en 1931 Ilega, cargado
de m6ritos, al puesto supremo de nuestra ensefianza official: es Secre-
tario de Educaci6n Piblica.
Con entusiasmo de joven, creyendo que a las fuerzas 'de la
mente y a la grandeza del amor por la noble actividad que se le confia-
ra, correspondian las fuerzas corporales, no se dio punto de reposo en
las dificiles tareas de reorganizar, vigilar y dirigir nuestras institucio-
nes docentes, ni se dio cuenta cabal, en medio de sus prolijos y absor-
bentes trabajos, de que agotaba su organismo: la muerte vino a poner
t&rmino, el 26 de diciembre del mismo afio, a su constant y luminosa
actividad y a su anhelo e ideal: llevar la educaci6n en la patria al
mis alto grado de eficacia mejoradora.
En otras importantes funciones pfiblicas que desempeii6-la
Secretaria particular de la Presidencia de la Repiblica, la Goberna-
ci6n de la proivncia de San Jos6,-tambi6n despleg6 el senior Facio sus
poderosas fuerzas para levantar la cultural national, influy6 en bien
de las escuelas y colegios, aconsej6 en pro de estas instituciones, pro-
tegi6 a los servidores de la educaci6n, intervino discretamente en todo
lo que significaba prosperidad de las fundaciones pedag6gicas.
No puede olvidarse aqui su actuaci6n, tambien fecunda en frutos
de cultural, como organizador del Ateneo de Costa Rica, del que fue
alma y sost6n, Presidente de la Cruz Roja de la Juventud, Miembro
del Patronato Nacional de la Infancia, fundador de la Sociedad de
la Escuela Maternal y Miembro de las Colonias Escolares Perma-
nentes.







- 43 -


Don Justo A. Facio escribi6 en verso y en prosa. Lo intimo, lo
que fue glorioso o fue doliente en su vida interior, lo que fue bastante
para mover esa vida, lo que interest hondamente su coraz6n, busc6 y
encontr6 adecuada forma sensible en el verso, para llegar a vivir en el
mundo externo y tener virtud para interesar a otras almas y hacer sen-
tir a otros corazones. La m6sica interior reclam6 siempre su exterion-
zaci6n en la misica de las palabras acordadas conforme a media,
proporci6n y ritmo. Lo delicado y sutil que se percibe internamente con
el atributo de armonioso y divino, pide la vestidura del verso. Lo que
nac:6 canci6n en el alma del poeta debe ser canci6n para el mundo, y la
canci6n require media, ritmo y aun rima, a veces, lo que constitute
el verso.
Las luchas libradas por el senior Facio en pro de ideas, opinio-
nes, doctrinas e ideales humans, ataiederos no tanto a la vida indi-
vidual, como a la social o colectiva, tuvieron su vestidura en el lenguaje
de la prosa, prosa armoniosa y tersa, siempre bella. La poderosa voz
del combat doctrinario, la expresi6n de la verdad cientifica o de lo
que tenemos por verdad digna de triunfar y de imponerse a las multi-
tudes, reclama el ritmo mis amplio y libre de la prosa, sin la sujeci6n
que sefialan las barreras de la media y del acento. No se vulgarizan
ciencias ni conocimientos titiles en verso, a no ser en sociedades primi-
tivas, en los albores de la civilizaci6n, antes de inventarse la escritura,
como recurso mnemotecnico para la conservaci6n y perennidad de sen-
tencias, reglas y preceptos.
Bien s6 que el t6rmino verso no es sin6nimo perfect de poesia,
y que no todo lo que esta escrito en prosa es prosaico; la poesia reside
esencialmente en las imigenes y en la armonia de las palabras combi-
nadas, y puede haber prosa muy armoniosa y rica en imAgenes bellas
y adecuadas; y por la torpeza o por la ignorancia del versificador, puede
haber y hay, por desgracia abundantemente, versos duros o expresivos
de naderias, vulgaridades, extravagancias y delirios. Pero por lo regu-
lar el verdadero poeta siente la necesidad de medir, dar ritmo y aun
rimar las palabras que combine para cumplir dignamente la obra de
verter las ideas que al pasar por su mente, se convirtieron al instant
en imigenes. Alfonso X describe o manda escribir en prosa cuanto cree
necesario fijar asi para posesi6n ftil del mundo; la cultural de su tiem-
po halla vida perpetua en los monuments de prosa castellana debidos
a la gloriosa actividad del Rey Sabio. Pero cuando Alfonso quiere
exteriorizar lo que ha interesado hondamente su coraz6n mas que su
inteligencia, lo que despierta en su alma el amor y la reverencia de un
culto, cree necesario emplear el verso, y para ello busca la lengua musi-
cal, sutil y delicada, trabajada y apta ya para la forma artistic, rica y
flexible, cualidades que aun no halla en la castellana, y asi se sirve de
la lengua gallega y quizis, alguna o algunas veces, de la provenzal.
Bien conocido es el reparo que Clarin hacia a la obra que Boris
de Tannenberg escribi6 acerca de los literatos contemporaneos espa-
fioles: su division fundamental en poetas y prosistas, que le obligaba
a presentar ante el piblico extranjero a Men6ndez Pelayo y a Valera







- 44 -


como poetas menores, siendo asi que, segin el sentir de Leopoldo Alas,
en cuanto a Menindez Pelayo habia que decir, desde luego, que era ei
sucesor del Escorial en punto de maravillas, y en cuanto a don Juan
Valera, como autor de "Pepita Jimenez", de "Asclepigenia" y de algu-
nos capitulos de "Las Ilusiones del doctor Faustino", habia que afirmar
que era tan poeta como el mis pintado.
Y esta es la verdad: la prosa de muchos escritores es mis acree-
dora a la denominaci6n de poesia, que las estrofas y estancias de otros
que se han fatigado acomodando a la media y al ritmo las palabras, y
buscando y persiguiendo con afin consonantes y asonantes. Quien no
se siente poseido de la emoci6n mis viva, al leer o escuchar la divina
lirica, la altis'ma poesia que campea en Sotileza, hacia las iltimas pi-
ginas, en que el gran paisajista cantibrico interpreta maestramente la
furia de la galerna y la desesperada lucha de las barcas pescadoras con
las olas y con el viento? Bien resisted la prosa del Maestro santanderino
la comparaci6n con las estrofas llenas de solemne y arrebatada muisica
que compuso el gran Nifiez de Arce con el mismo asunto, en uno de
sus mis celebrados poemas: "La Pesca".
Y en la America Espafiola, con mis espectAculos y mis motives,
Sno hay prosistas ante los cuales el alma se inclina para saludarles
como altisimos poetas? No es poesia, y de la grande, de la legitima,
digna de Ilamarse dantesca, la que nos suspended y nos aterroriza es-
t6tecam.ente en muchas pAginas de La Vordgine, de Jose Eustasio Ri-
vera?
Pero esta prosa poetica, si no brota espontinea, lo que es dificil,
sin que se descubra el esfuerzo tenaz por obtener la construcci6n del
period rotundo y numeroso, exige tanto gusto, studio, tiempo y mo-
rosa labor, como el verso variamente artificioso por la media, la propor-
ci6n, los acentos y la rima. Llega a constituir un enfermizo tormento
para el autor cuando se convierte en obsesi6n el pulirla como el es-
cultor pu'e la estatua impecable o la lmnina lisa, tersa y brillante. A
este prop6sito ~qu6 mente no recuerda la prosa marm6rea de Flaubert?
Don Justo A. Facio sinti6 la necesidad del verso cada vez que
le asisti6 la inspiraci6n, cuando le visit la Musa, su Deidad; y se sirvi6
de la prosa siempre que tuvo que exponer doctrinas, teorias, opinions;
siempre que tuvo que combatir, paladin lleno de fuerza y ardimiento,
para defender las causes que le parecieron nobles, para sostener la ver-
dad o lo que 61 consider verdad, pues hay que recorder lo relative de
toda afirmaci6n o negaci6n humana.
Pero se armonizan y hermanan la prosa y el verso del senior Facio
en la correcci6n, en el biendecir que le da el conocimiento perfect de
la lengua, adquirido en el studio diario de los escritores aue pueden
Ilamarse maestros del idioma y del estilo, y en el studio de las leyes
que rigen en el organismo de ese idioma. Y se acuerdan y correspondent
tambi6n en la armonia de las clausulas, en el perfect equilibrio o pro-
porci6n de las parties del period: si no hay deficiencies ritmicas en
las estrofas del poeta, tampoco hay nunca decaimiento en el brio y ro-
tundidad de las frases del prosista.






- 45 -


Pero estariamos lejos de la verdad si supusieramos que la prosa
de este escritor, de una admirable elegancia natural, haya sido traba-
jada nimiamente, con designios de purista, con meditada, implacable
persecuci6n de todo vocablo que no aparece en el .l6xico official o giro no
sancionado por los textos de gramitica consagrados como clisicos.
Aceptaba el neologismo y no menospreciaba el arcaismo siempre
que los juzgaba necesarios o fitiles para conseguir la armoniosa varie-
dad de dicciones o para la exactitud del concept o la brevedad de la
expresi6n. Tuvo en esto el mejor criterio: siempre que el vocablo nue-
vo se ajustaba a las leyes de la flexi6n o de la composici6n castellana,
encontr6 acogida en el 16xico del poeta y del prosista. Asi, hallamos en
sus escritos t6rminos que no estan en el diccionario official de nuestra
lengua, usados con el acierto y la elegancia que da la cabal posesi6n
de la indole y de las leyes del idioma. En mis amplio medio habria figura-
do entire los escritores hispanoamericanos que han contribuido al enrique-
cim'ento de la lengua castellana, creando o resucitando palabras dentro
de una libertad verdaderamente republican o democritica; pero siem-
pre guardando la fe del idioma, la lealtad a su indole, el respeto de sus
leyes. Rub6n Dario admira por su opulento l6xico que parece que
tuviera un afAn renovador del empobrecido vocabulario de los nimios
y meticulosos seudoclisicos como Moratin. Jos6 Enrique Rod6 inventa
terminos o modifica los acadimicos en pro de la armonia o de la exac-
titud; a veces una transformaci6n fon6tica trasciende a la semintica
dando cierto matiz delicado y sutil a la idea expresada por el vocablo
modificado.
Recuerdo la excelente impresi6n que me hizo el t6rmino para-
disial empleado por Rod6, la primera vez que lo lei en Ariel; me pa-
reci6 declarador de una idea mis delicada, mis beatifica que el acad6-
mico paradisiaco. Afios mis tarde la fria l6gica me inclinaba a opener
a tal t6rmino el reparo de que result formado con un sufijo, ial, que no
existe en nuestra lengua para derivar adjetivos de sustantivos; pero
el vocablo paradisal no seria, a mi ver, tan euf6nico como paradisial.
Por breve y en6rgica el senior Facio usa con bastante frecuencia
la voz otrora para evitar una expresi6n mis larga y menos viva: en
otro tiempo, en otra ipoca, o los prosaicos antes, entonces. Otras veces
recurre al latin y traslada o ajusta a la nuestra el vocablo de la lengua
rradre. Recuerdo a este prop6sito la voz exultaite, que no tiene lugar
en el diccionario acad6mico, a pesar de que si aparece en 61 exultaci6n.
Los americanos han hecho un positive bien al idioma espafiol al
querer acrecer su caudal 16xico. Con ello no lo rebajan, ni amen-
guan su belleza, ni violentan su genio, ni desfiguran su s6r. Podria ha-
ber millares de palabras nuevas procedentes del latin, del griego, del
azteca, del quich6 o de otros cualesquiera idiomas; mientras se con-
serve lo fundamental, lo que le es esencial y tipico, lo que le es interno. es
decir, la construcci6n, la sintaxis, nuestra lengua seguiri siendo una mis-
ma, inalterable en su genio, latina en su esencia y en su s6r verdadero.
Don Juan Valera, al hablar del caracter latino o ario de nuestro idioma,
reconoce que en 61 hay crecida cantidad de vocablos de origen aribigo;







- 46 -


pero consider que aun siendo tantos, podrian ser muchos mis y aquel
character persistiria, mientras no declinara el latino de su sintaxis. Ya
otro ilustre Juan del siglo XVI, el de Vald6s, reconocia este mismo
caricter de la lengua castellana, hasta el punto de career que podriamos,
al tratar del origen de nuestro idioma, desentendernos de las demis
fuentes que contribuyeron a su formaci6n, a pesar de ser tantas y tan
importantes en la parte 16xica. La Academia lo ha comprendido bien y
ha acogido en las filtimas ediciones de su Diccionario la mayor part
de los t6rminos americanos que antes no figuraban en il. Ya.hoy no
tendria raz6n don Ricardo Palma para quejarse amargamente de la
ilustre Corporaci6n por el rechazo de las proposiciones que hizo en su
memorable viaje a Madrid.
No obstante su correcci6n y riqueza, el lenguaje del senior Facio
es perfectamente ineligible y es en extreme amable para los costarri-
censes regularmente instruidos; algunas de sus composiciones po6ticas
podrian Ilegar a ser extensamente populares, si nuestro pueblo gus-
tara mis de la poesia, se aficionara mis a la lectura y sintiera el de-
leite de la recitaci6n. Nuestro pueblo es poco accessible, por lo regular,
al encanto de las obras literarias; el nimero de las personas que leen y
en ello encuentran deleite, es muy escaso. Quizis un sentido prfctico
y utilitario exageradamente desarrollado en nuestras gentes, estorba el
imperio de la poesia en los mis de los corazones.
Pero por causes varias el castellano de que se sirven los costa-
rricenses en sus relaciones diarias es notablemente correct. Tal es
mi sentir, aunque respeto much el juicio y el saber de quienes han
expresado la opinion contraria. El muy inteligente, discreto y observador
catedritico espafiol, Dr. don Arturo P6rez Martin, que vino de su pa-
tria a dirigir el Liceo de Costa Rica, en disertaci6n o palique amistoso,
para mi sumamente ameno, me hacia la observacidn de que, por el len-
guaje, se podria demostrar bien nuestra ascendencia andaluza, y adu-
cia para probarlo numerosos ejemplos de formas, combinaciones y mo-
dalidades de nuestra expresi6n oral, que coinciden cabalmente con las
del pueblo andaluz o de una secci6n de el; pero en nuestra habla estin
bastante atenuados los vicios de la pronunciaci6n andaluza.
Quiza la escuela en Costa Rica ha alcanzado a derramar su ac-
ci6n bienhechora hasta en los iltimos caserios de la Repiblica. A esto
debe agregarse la poca o ninguna influencia del indio en nuestra casta,
notablemente hispana pura en esta secci6n de la Amirica; y aun conven-
dria afiadir cierta parsimonia, cierta lentitud en el hablar y en el discu-
rrir de los costarricenses, que permit la ordenaci6n de las ideas y su
externaci6n mis cuidadosa, refrenando o serenando los torrentes de
palabras y frases que con tanta frecuencia brotan de los labios de otros
hispanoamericanos y no permiten una articulaci6n clara y correct,
antes bien. son propicios para la mutilaci6n de los vocablos y el oscure-
cimiento de no pocos sonidos. Todo esto, creo yo, sirve de fundamento
a otra observaci6n. por cierto muy halagadora para nosotros, que en el
amable palique a que me he referido me hacia el senior P6rez Martin.
En Costa Rica, me decia, se habla, en general, muy bien el castella-
no. Ustedes emplean tin lenguaje muy claro, puro y armonioso; en pocas
t







- 47 -


regions de la Peninsula Ibrica se habla mejor. Es verdad que no pro-
nuncian ustedes la z ni la ll; pero esto es general en los paises hispano-
americanos y es tambi6n defecto regional del castellano que se usa en
various lugares de Espafia. En cuanto a la v s6lo en Burgos, en personas
muy cuidadosas de su lenguaje, la he advertido pronunciada con su so-
nido te6rico, y me ha parecido afectaci6n.
Yo creo-seguia discurriendo mi estimado amigo-que si aban-
donaran ustedes el tratamiento familiar de vos, a veces mal acordado
con las formas verbales o con las pronominales en la conjugaci6n re-
fleja, estaria el castellano de ustedes en primera linea por .su propiedad
y limpieza, entire las muchas variedades' que este idioma tiene en los
pueblos de habla hispinica. Molesta al que llega aqui, y viene de Es-
pafia, el vos te venis, vos te equivocds, etc., aun en boca de personas
distinguidas por su posici6n social.
Juzgo que el doctor tenia raz6n. Si olvidamos o perdonamos la
falta de concordancia que result de la uni6n del te singular con for-
mas verbales de la segunda persona del plural sincopadas, la sintaxis
castellana se halla poco maltratada en la manera de expresarse de los
costarricenses.
QuizA la parte correspondiente a la Lexicologia y a la Morfologia
es la que mayor trabajo habria de dar a quienes se propusieran mejorar
el lenguaje de nuestro pueblo. El vocabulario nuestro es muy reducido:
somos pobrisimos en medios de expresi6n; ignoramos el nombre ver-
dadero de muchisimas de las cosas que nos rodean. De aqui que necesi-
temos dar a un mismo t6rmino, a veces caprichosamente formado, va-
rias acepciones y convertirlo asi en obligada muletilla para la expression
del pensamiento. No es raro que aun entire las personas que figuran en
la mejor sociedad se oiga a cada paso el termino chunche, que ha venido
a ser una especie de prosustantivo para reemplazar todo nombre que
ignoramos o que no acude pronto o espontineamente a los labios. Co-
menzamos, tiempo hace, a llamar conchos a los campesinos, y hoy deci-
mos concho al zafio, ignorante, inculto o grosero, aunque habite en la
ciudad; y decimos conchada a toda acci6n torpe, desmafiada o inopor-
tuna. A veces hemos inventado t&rminos que vienen a sustituir a otros
que ya fueron de nuestro idioma y que han ido cayendo en desuso,
lo que los ha convertido en arcaismos, con lo que se prueba la nece-
sidad de su restauraci6n; pongo por caso el verbo ajilar, con que nues-
tro pueblo sustituye el antiguo de adelifiar. Oportuno me parece aqui
recorder que nuestro estimadisimo escritor don Claudio Gonzilez Ru-
cavado, quiso dar nueva vida a este vocablo usindolo en una de sus na-
rraciones novelescas.
En la 6poca de la opulencia ldxica de nuestra literature, habia pro-
fusi6n de vocablos para la expresi6n clara, variada, viva y donairosa.
Empobrecida la lengua por una premature decadencia o por el triunfo
de un relamido excogitar de voces, centenares o millares de palabras
pasaron de la vida que les daban los labios y la pluma, a reposar indefi-
nidamente en las piginas muertas de los diccionarios.
Con el acabamiento de algunas cosas o algunas pricticas, es na-
tural que fenecieran muchas palabras o combinaciones de ellas. Asi,.







- 48 -


bien muerta esta la expresi6n duelos y quebrantos, que tantos y tales
ha dado por much tiempo a los comentaristas del Quijote. Pero cuin-
tos vocablos exactos, biensonantes, pintorescos y briosos no fueron
arrastrados por la corriente lavadora o purificadora con que los seudo-
clisicos pretendieron acicalar y ennoblecer el idioma! Baste recorder
que cuando se ofreci6 traducir del catalan la preciosa novelita de Nar-
ciso Oiler "L' Escanya Pobres" se discuti6 larga y penosamente acerca
de la equivalencia de este titulo en castellano. Se propusieron varias:
"El Ahoga Pobres", "El Aprieta Pobres"; hasta que un critic malhu-
morado record a los castellanos que existia el tirmino equivalent al
catalan escanyar en el antiguo esgai ar; y asi, hubo de traducirse aquel
titulo "El Esgafia Pobres".
Digamos, pues, que no s6lo en Costa Rica, sino en Espafia tam-
bi6n, conviene acrecentar el 16xico restaurando multitud de voces que la
incuria y ia pereza ban dejado sepultadas en el olvido o acogiendo
con un criteria hospitalario, destituido de prejuicios, las palabras nuevas
formadas con acatamiento de las leyes de la derivaci6n castellana.
De lo que los costarricenses podemos estar orgullosos,-y a ello
se referia principalmente el elogio del doctor P6rez Martin,--es de la
claridad y relative correcci6n con que articulamos las dicciones; en la
parte fonitica del idioma, el pueblo costarricense esta harto bien. Pro-
nuncia clara y distintamente todos los sonidos de las palabras: pocas
son las que resultan mutiladas por una descuidada o perezosa pronun-
ciaci6n, a no ser en boca de los mis zafios campesinos: el pa en vez de
para y el pal o pel en lugar de para el, son vulgarismos s6lo de los mis
atrasados lugarefios costarricenses.
La articulac:6n de la d es, en general, la suave o debilitada que
prefieren fonetistas como Navarro Tomis. Es verdad que no son pocos
los que la borran completamente en la terminaci6n ado que se con-
vierte casi siempre en ao; pero jamis dejamos de pronunciarla en la
terminaci6n ido convirtiendo esta desinencia de participio en io: venio,
tenio, perdio, defecto corriente en muchas regions de habla espafiola;
y menos, pasamos a pronunciar aa o d, en vez de ada: sentaa o sent,
naa o na, caa o ca, en vez de sentada, nada, cada, como tambien co-
rrientemente pronuncian muchos pueblos de nuestra casta. En cuanto
a la d final: virtud, verdad, usted, la oscurecemos apenas en la pro-
nunciaci6n corriente; pero no la omitimos por complete, ni menos la
convertimos en s, como tambien es frecuente en la misma Espafia.
Damos a la r y a la rr su valor just, y asi se oyen las palabras que
tienen esta iltima con la energia que proporciona a los vocablos tal
vibrant. Ni una ni otra pasan a ser guturales para nuestro pueblo.
Tampoco guturalizamos jamis la s, defecto gravisimo muy "comin
en la pronunciaci6n de no pocas poblaciones hispanoamericanas, lo que
asperiza y quita armonia a los tirminos que tienen esta consonante en
posici6n inversa: teinenoj, frejco, vamoj. La aspiraci6n de la h: jacha,
joyo, juir, es reliquia de nuestros antepasados andaluces, que s6lo se
guard ya en muy remotas aldeas.






- 49 -


De los dos valores que los fonetistas sefialan para la x, el de cs y
qs, preferimos el primero sin debilitar ni oscurecer la c fuerte, como
es corriente aun entire personas de una cultural superior en Espafia:
esamen, isito, por examen, Exito. Oscurecemos bastante el sonido de la
g al final de la silaba; pero no lo suprimimos, cosa constant en otros
pueblos: inorante, Inacio, por ignorance, Ignacio.
Fuera de esto nuestra pronunciaci6n es ficil, naturalisima, sin el
tonillo, dejo o sonsonete especial y caracteristico que se observa en
otras regions; y es que nuestra pronunciaci6n, un tanto espaciosa,
1ago muelle, permit la articulaci6n clara y distinta y el acento adecua-
do, sin exageraci6n en intensidad ni en tiempo.
Recuerdo mi desconcierto cuando llegu6 a la Habana y oi el vo-
cerio de los vendedores ambulantes que gritaban desaforadamente: "E
Pae"; fue tanta mi curiosidad por saber que se pregonaba, que hube de
preguntarlo a la culta ama de la casa en que me habia instalado. Se trataba
del preg6n de uno de los principles diaries: "El Pais". Nuestros chi-
cos gritadores habrian clamado a todo pulm6n: "El P;is", traspo-
niendo el acento; pero nunca hubieran ahorrado las consonantes que
faltan para que E Pae se convierta en El Pais.
Llego, pues, a la conclusion de que en Costa Rica tenemos lo
fundamental para que el idioma castellano resplandezca con toda la be-
Ileza de sus dicciones, con su varia acentuaci6n que tanta elegancia y
mfisica le da, con su admirable sonoridad y su vigor sorprendente. Lo
que nos falta es lo que les sobr6 a aquellos grandes maestros: Lope,
Tirso, Cervantes, Quevedo: el riquisimo vocabulario y la inspiraci6n
y el arte en las combinaciones para former giros, frases o modismos
en que desplegaron infinita variedad, maravillosa energia, inagotable
donaire.
*
**

Tuvo don Jutso A. Facio los dones fundamentals del poeta, los
que un critic sefiala en Leopardi al colocarle en la familiar de los
maestros: el pensamiento, la lengua y el ritmo. Tambien le convienen
estos dos concepts que se han aplicado al mismo poeta de Recanati:
"Avasalla y se impone", "Quien le escucha le tiene, desde luego, por
amigo".
Los diversos motives que le impulsaron al canto le hicieron con-
cebir altos y hermosos pensamientos que llegan a nosotros en alas de
la palabra musical y se sefiorean de nuestra mente y la estimulan a
viajar por las regions de lo ideal, puro y luminoso, y asi la ennoblecen y
magnifican: "Avasalla y se impone".
Ya es el pensamiento del cantor que enaltece al heroe que dio
la vida por la patria; que en arranque de cilido entusiasmo clama como
ante una muchedumbre expectante, sefialando el sacrificio ejemplifica-
dor:
"Cay6 el valiente: su atrevida plant
al dardo cede del intruso odiado.;
mas al rodar su cuerpo mutilado,
4 vencedora la patria se levanta".







- 50 -


Que es para mi la mis bella estrofa que se haya escrito para la
consagraci6n y exaltaci6n de nuestro h&roe, incendiario sublime. No
creo possible sintetizar mejor la acci6n de sacrificio y su eficacia reden-
tora. Liega la estrofa a nuestra alma, y con el cuadro que fija en ella,
deja la invitaci6n a seguir, cuando el caso lo reclame, el bellisimo ejem-
plo de quien se abraza con la muerte para que la patria viva.
O bien asistimos a la contemplaci6n dolorosa del contrast que
forma el afan de elevarse que siente el poeta, de anegarse de luz, de
magnificarse en las regions de lo ideal sublime, con la impotencia para
romper los lazos que le atan a la tierra, a.la realidad mezquina, a la vida
estrujada por las luchas humans en que las armas no son siempre lim-
pias y nobles. Este afin y esta impotencia hacen que el poeta se nos
present
"con la mente en la cumbre del ensuefio
y las plants hundidas en la escoria".

o le dicten:
"Yo tengo un alma con afan de cielo;
pero esclava sumisa de la tierra".

Otras veces es el erotismo respetuoso y ensofiador, que convierte
a la mujer en deidad, el que le sugiere delicados, cuasi inefables pen-
samientos, admirablemente vestidos por la expresi6n tan suave y va-
porosa, que mis que a los oidos, llega a las almas como divina caricia.
Asi, dice el poeta de su mente:

"Para ir a ti desata
sus vinculos de barro de la tierra".

Y agrega dirigiendose a la mujer a quien idealiza:

"Ti con tus alas de angel atraviesas
por luminosas zonas el abismo".

De este amor cast, idealizador, mis poderoso a veces, siempre
mis tenaz y duradero que el impetuoso de la came, surgeon muchos ver-
sos de exquisite poesia:

"Oh virgen, tu lejano vislumbre de promesas
mis sienes acaricia con su 6sculo bendito,
y cuando tiernamente mis secos labios besas,
siento en tus castos besos sabor de lo infinite".

He aqui el triunfo del amor inmaculado.
Siempre idealiz6 delicadamente el amor en sus mejores composi-
ciones. De las tormentas pasionales generadas per el deseo imperiosoe
de la posesi6n de una hermosura, tormentas que quizA le agitaron en
el hervor de la juventud, poco o nada nos dice en sus versos.







- 51 -


En Medallones hay sincera admiraci6n para los encantos de
algunas mujeres; el poeta elogia con frase ritmica y galante las formas
que cautivan los sentidos, la luz cegadora que despiden unos ojos, los
senos de impecables lines, las espaldas alabastrinas, los labios incl-
tantes, las cabelleras magnificas; pero lo hace sin que se trasluzca
que esti interesado hondamente el coraz6n, sin denunciar esclavitud
que impida la apreciaci6n deleitosa y serena de las perfecciones que re-
conoce y encomia. Son flores, imigenes que a veces recuerdan lejana-
mente las del Cantar de los Cantares, en elogio de la amada; pero el
coraz6n del amado queda libre: admira; pero no se entrega. Este
var6n fuerte no naci6 para languidecer en las arteries de Dalila ni
para hilar a los pies de Onfalia. A este grupo de composiciones, serena
y desinteresadamente elogiadoras de la belleza plistica, pertenece la
titulada Mdrmol Griego, tan conocida y con tan'a raz6n admirada y
aplaudida por los que de belleza artistic entienden.
Hay, si, un soneto magnifico que quizas respond a alguna de-
cepci6n amorosa del poeta, a alguna ansia que no pudo superar el co-
raz6n, y mand6 a los labios como un grito angustioso, el reconoci-
miento de su impotencia; y esta palabra es, precisamente, el titulo de
esta joya po6tica, admirable expresi6n de un estado de alma, mezcla
de rebeldia, de queja y de resignaci6n. Comienza asi:

"Declina tu actitud batalladora,
enfermo coraz6n, ya estis vencido;
ya. es iniitil la lucha, ya el olvido
mis negro que la tumba te devora".

La terminaci6n es grito de dolorosa poesia:

"Que en medio de tu frigil existencia,
oh coraz6n de miserable arcilla,
es grande solamente tu impotencia!"

La musa de las ligrimas, de la elegia sentida y doliente, le
visit con frecuenc;a: noble y several, al abrir en sus ojos las fuentes
del Ilanto, puso en sus labios fl6biles acentos conmovedores. El adi6s
eterno de los series queridos despierta en el alma del poeta, con la pena
honda y punzadora, los recuerdos y las reflexiones, aviva la llama
del amor; la separaci6n que rompe los lazos materials hace mis apre-
tado el nudo que junta las almas; la soledad, el vacio del que se queda
mn el mundo le mclinan a la meditaci6n, a la retrospectaci6n; el pecho
siente otras heridas que se renuevan, y el s6r se abisma en la con-
templaci6n de la dicha pasada; tan fugaz y transitoria, y en el dilatado
imperio del dolor.
A veces lo indestructible de la material, sus cambios que el poeta
ve en infinita cadena de formas, le ievan momentineamente a un
materialismo que recuerda el del infortunado vate mejicano Manuel
Acufia.






- 52 -


VWase la elegia a la muerte del padre:

"Ese genio bendito que derrumba
con mano bienhechora,
de los mismos despojos de la tumba
primavera magnifica elabora".

"De cuantos series la natural encierra
el tribtto recibe,
y con la madre, la fecunda tierra,
alli en amores eternales vive".

"Yo se que pronto lucird vistosa
en el aire sereno,
desplegando sus p6talos, la rosa
fecundada por ellos en su seno".

"Que tal vez en el 6ter que respiro
de la flor en la esencia,
los impalpables atomos aspiro
que de nuevo difunde tu existencia".

Pero acaso es todo material? Contra esto se rebela el generoso
y potente espiritualismo del poeta que como en sublime reacci6n
exclama, apartando la vista de estas mutaciones materials:

"Mas nada son al triste pensamiento
esos ocultos lazos,
si no escucho tu voz, si ya no siento
el nudo y el calor de tus abrazos",

Y sefiala para el padre augusto:

"el camino de angelica morada"

hacia donde

"por la altura su espiritu se aleja".

Las elegias escritas por don Justo A. Facio, reunidas con el ti-
tulo Crespones forma una de las parties mis bellas de su obra poktica.
Tienen diversos motives: la muerte del padre venerado que mientras
vivi6 fue con su carifio y su consejo, sost6n y arrimo; la hjita que mue-
re cuando sus voces de cristal apenas han comenzado a encantar los
oidos y los corazones; el poeta que deja viuda a la Musa, la que salva
de los despojos del sepulcro la lira del amado; la nifia primorosa que
apenas puesto el pie en el umbral de la vida, salta al coro angelical de-
jando llanto y dolor en el hogar; la invitaci6n para la compafiera a


_ 1 _








- 53 -


contemplar los yermos campos del dolor y de la ruina y a meditar
sobre ellos. Todo es aqui sentido, de infinita ternura, de lhgrimas sin-
ceras.
De la nifia que se aniquila como floor mustia y palida, dice:

"Mas no pens6is que de sus tintas rojas
renacera el encanto,
aunque regueis sus macilentas hojas
con abundante llanto".

De algo muerto en su coraz6n dice el poeta a la mujer amada:

"Oh iVen, mi compafiera,
mira el campo marchito,
y c6mo el manto de la noche cubre
el mundo muerto con sudario frio".

Despu6s de sefialar todo lo mustio y doliente que hay en ese
campo de desolaci6n, agrega:

"Baja la frente triste,
as6mate al abismo...
y aqui en mi coraz6n, oh mi adorada,
mira el cuadro sombrio".

Final digno de B&cquer en sus mejores rimas.
En el terceto l6timo del soneto rotulado Virginia (marco negro),
nos llegan al coraz6n los gritos desgarradores con que se lamenta el
poeta por la p6rdida de la hija idolatrada:

"Duerme -la nifia con penoso encanto,
y tan dormida esti, que no despierta
ni al gemido dantesco de mi llanto".

Que admirable contrast forma esta queja con el final del otro
soneto (marco dorado) que complete el bellisimo diptico de Virginia!:

"Canta y se agita con vivaz despejo,
y en medio de su risa tumultuaria,
retoza en ella el infantil gracejo".

En los filtimos afios del poeta el dolor, al clavarle terrible dardo
en el alma, le dio asunto y ocasi6n para la mAs bella y sollozante de
sus elegias. La muerte de la nieta, sol y estrella para el abuelo, le sume
en tinieblas profundas; busca en su prop:a alma, en el santuario del
recuerdo, la imagen angelica y el acento gorjeador, y cree que es reali-
dad externa esa imagen y ese acento:







- 54 -


"Oigo aqui cerca
de mi una voz
que me habia enternecida con susurro,
mezcla de Ilamamiento y oraci6n".

"Es ella que me llama
con frase familiar
para decirme dulcemente: "Abuelo,
yo estoy en dondequiera que tfi estis".

"Eres tfi. Quien lo duda?
que bajas hasta mi,
al ver, compadecida, mis hombros agitados
por impulses celestes de subir, de subir".

Bajo el titulo de Bronces reuni6 nuestro poeta seis sonetos dedi-
cados a expresar su inmensa admiraci6n y reverencia para algunos de
los genios que ha tenido la humanidad, creadores de sublime belleza o
guiadores de pueblos, fundadores de cosas grades y trascendentales.
Admirar a los genios es siempre un principio o un sign de gran-
deza. Sus producciones altisimas, sus acciones de pasmosa fuerza
bienhechora s6lo pueden ser comprendidas de las almas bien prepara-
das por sus facultades iniciales y por el studio de todo lo noble y
magnifico que ha sido propulsor del mejoramiento human.
El senior Facio tenia el alma bien preparada para comprender
a los genios y para conversar con ellos: en la mente y en el pecho
Ilevaba much de su fuego y de su luz.
Corta es, ciertamente, la galeria de estos varones eminentes en la
obra de nuestro poeta; son sus heroes; nos habla de ellos como Carlyle
nos present los suyos: Dante, C6sar, Col6n, Cervantes, Mois&s, San
Juan, tienen sendas estatuas labradas con el material de la palabra, mis
persistent y duradero que el mirmol, al decir del gran elogiador de
los luchadores griegos, del lirico de Tebas. Citar6 algo de estos sone-
tos: algunos recuerdan bien la manera sobria, limpia y sugerente del
autor de Los Trofeos.

Del titulado Dante:

"El rudo estigma de tu enojo ciego
la frente de los reprobos abrasa
con resonantes cliusulas de fuego;
pero mis bienhechor y mis fecundo
el tierno acento de tu amor aun pasa
como un halito de Angel sobre el mundo".
De Cisar:

"Cruza las aguas del sagrado rio
bajo el m6vil dosel de su bandera
que agita el huracin de la victoria".







- 55 -


Final del dedicado a Col6n:
"Es un mendigo que parece un mago".
De Moisis:
"Hay en sus ojos brillos de tormenta,
y parece que viene de sus labios
un soplo retumbante del desierto".
El poder descriptive o pict6rico del poeta esti patentizado en
varias parties de su obra: principalmente en los dos romances titulados
La Aurora y La Mariana y La Tarde y La Noche.
He aqui un pintor minucioso a quien no se escapa ningin deta-
lie; traslada a su cuadro hasta el mis pequefio, como si fuera esencial en
el. Asi, se detiene a pinarnos con verdadera delectaci6n todos los efectos
y juegos de la luz en esos ratos precursores del comienzo o del aca-
bamiento del dia; todos los encajes primorosos que fingen las nubes
en el fondo celeste, todas las tonalidades del rojo, del oro y del azul;
todas las fantisticas figures, alcizares, p6rticos, calados y arabescas
bordaduras que la imaginaci6n del poeta ve en los cirros, nimbos y
c6mulos que la lumbre solar de oriented o de occidente ilumina y colora.
En estas descripciones la misma exuberencia de la fantasia, la
multitud de ideas que acuden a la mente del poeta, le hacen quiza pro-
lijo y algo difuso. En verdad, el poeta describe, no la realidad exterior,
sino lo que ve en su imaginaci6n, que todo lo realza y avalora. Pero,
jacaso alguna vez ha sido possible que la palabra sea el reflejo que re-
trate fielmente la realidad exterior ? Es possible, por ventura, la genuina
poesia objetiva? No; el poeta jamis podri eclipsar o borrar su perso-
nalidad; jamis podri ser impasible, frio y exacto reproductor de un
mundo que pueda 61 llamar su no yo.
Toda descripci6n de ese mundo se convertiri siempre en realidad
subjetiva, y asi apareceri en la composici6n artistic.
Nos maravilla en estas pinturas la ficci6n por la cual tan bella-
mente personifica el poeta La Mailana, La Tarde, La Noche y La Na-
turaleza, y les sefiala sus atavios y les atribuye acciones y cualidades
que nos parecen reales al contagiarnos el poeta de su manera de sentir
y apreciar las cosas. Pero mis que todo esto nos cautivan y suscitan
nuestra simpatia y nuestro aplauso, los rasgos resueltamente subjetivos
en que el poeta nos habla de si, de los anhelos sugeridos en su alma
por el especticulo solemne de la noche, cuando el mundo se abisma en
la sombra, y el silencio y quietud de la naturaleza parecen invitarnos
a un descanso y a una paz inefables. Entonces hay en nuestro poeta
como un soplo del alma mistica de Fray Luis de Le6n. Entonces ex-
clama:
"Oh grandeza de lo eterno,
oh quietud de lo insondable,
yo quiero, bajo la noche,
en vuestro seno abismarme,
y que hagiis cuando yo mera
mis humildes funerales".






- 56 -


He aqui al poeta "a quien no podemos escuchar sin llamarle amigo".
He dejado para lo filtimo el hablar de la composici6n que juzgo
mis trascendental del senior Facio, de la titulada Werther.
Dicen que la novela de Goethe fe su libertadora del suicidio, fue
genial desahogo en que acert6 a volcar toda la amargura y congoja que
ensombrecian su alma; en ella descarg6 toda la borrasca espantosa que
desat6 en su vida una pasi6n contrariada por los imperiosos mandates
de ]a Etica humana; y serenindose asi el mar de su existencia, evit6
el naufragio moral que le amagaba.
Dicese tambiTn que la lectura de Werther puso de moda el sui-
cidio; acert6 a pintar tan redentora y bella la muerte, tan tranquil
y apacible su regazo acogedor y amoroso, que fueron muchos los que
siguieron el ejemplo de aquel h&roe del suicidio. Pero, los que siguie-
ron este ejemplo, estaban en el caso de Werther? Consid6rese que
este se acoge al terrible extreme cuando tiene la seguridad del amor
de Carlota, cuando ha sentfdo en los labios y en el coraz6n, con
los besos ardientes de ella, la grandeza del amor de tal mujer y la
inmensidad de su sacrificio, puesto que el deber y la virtud tenian
en su alma el mis hondo y firme arraigo. Despues de esa seguridad
cuya gloria inefab!e llenaba el alma de Werther, qu6 otra grandeza
podria este buscar, sino la infinita, la de la nada, para abismar en ella
eternamente la dicha de su amor incomparable y el dolor inmenso de
la sima moral que lo separa de la amada? ; S6lo hundiendose en el
abismo de la muerte pudo hacer Werther ciertas sus palabras: "Ella
es mia...Eres mia, Carlota; mia para siempre! Todo pasa; pero
aun una eternidad no podria extinguir la llama que recogi ayer de
tus labios y que siento en mi".
Hay en la composici6n po6tica de Facio sobre Werther algo del
misterioso sentir del h6roe acerca de la muerte, la trepidaci6n de temor
por la rigidez e inmovilidad que le esperan en la tumba, la duda sobre
la verdadera significac;6n de la barrera de la vida: "Sofiamos cuando
hablamos de la muerte"-dice Werther -y en su vision final: "La pro-
ximidad de la tumba es para mi una nueva luz: nos volveremos a ver".
El poeta costarricense aplica ia psicologia de Werther a su pro-
pio espiritn en moments de angustia o desesperaci6n, y las estrofas
en que esto se expresa son las que verdaderamente nos interesan por-
que por ellas penetramos en el alma de nuestro vate y no en la de Wer-
ther; vemos c6mo se difunde en aaou'la el bAlsamo que le proporciona
el apasionado amante de Carlota. Lo expresa asi:

"Cuando tus pesadumbres con ansia viva
en mis hondas angustias de lejos sigo,
ti con voz sin engafios v compasiva,
parece que me dices: "Yo soy tu amigo".

Y en cuanto a la apreciaci6n nor el poeta del sentir de Werther,
hay algunas estrofas de superior belleza por la manera honda y sutil de
reflejar algunos moments del alma de aquel personaje:







- 57 -


"Deshojada la rosa de casto ensuefio,
en silencio que finge triste bonanza,
desechas con orgullo, porque es pequefio,
el placer enfermizo de la esperanza".

S He hablado de algunas composiciones po6ticas del senior Facio.
Apenas he podido dedicar ligera apreciaci6n a cada una; el analizarlas
con el detenimiento que merecen y reclaman poi el pensamiento, por
las imigenes y por el arte exquisite que en ellas campea, seria una
area impossible de cumplir en esta ocasi6n; seria asunto para un libro
en que uno contara, con frase afectuosa y delicada, "las aventuras del
alma en medio de esta obra po6tica".
En un studio complete acerca de don Justo A. Facio tambi&n
habria que aquilatar el trascendental valor de sus articulos en prosa.
El senior Facio no se sirvi6 de esa forma de expresi6n-correctisima
en l1, de admirable armonia y cristalina transparencia-para obras de
indole puramente literaria. Su prosa es de combat, y sus capitals lu-
chas fueron libradas en pro de la cultural national, y ya esto nos dice
de su nobleza. Fue esforzado y recio paladin de esa cultural. Cada vez
que vio en alguna forma amenazadas las fuentes o los medios por los
cuales se mantiene y se acrecienta, noblemente se sinti6 retado; y no
rehuy6 el combat: lo mantuvo con las mejores armas y con inagotables
fuerzas: con las armas del saber y con las fuerzas que infunden el amor
y el entusiasmo por una causa que se consider santa.
No escatim6 en sus polemicas la frase acerada y ruda. La ira y la
indignaci6n se levantaron en su pecho por la iicomprensi6n de algu-
nos y por el desdin de otros, acerca de los problems que 61 juzg6
de vital importancia para la patria: los de la escuela y del colegio. Y
el lenguaje de la ira noble y de la indignaci6n just no puede ser
apacible. Recordemos que aquel suave y delicado Milton, fu6 uno en
sus poemas y otro en su prosa combatiente; que la sefiorita Milton,
como le llamaron en el colegio, supo convertirse en le6n rugidor,
cuando la pasi6n political, social o religiosa le hacia salir de su sereni-
dad y delicadeza, para fulminar rayos y desatar tormentas sobre sus
enemigos.
Cese aqui esta disertaci6n. Harto os habr6 fatigado con mis fra-
ses que hubiera querido de oro para que fueran dignas de vuestra
acogida. Ellas no lo son; pero os aseguro que si es de oro de buena
ley mi gratitud, ahora acrecentada por vuestra bondadosisima atenci6n.













Contestaci6n del Lic. don fabio Baudrit 6onzalez,


Sefioras, Senores:
Seiores Acadimicos:
T6came en suerte significar la complacencia que siente este Cen-
tro al recibir a su nuevo afiliado; y no deja mi animo de abrigar
temores respect de tarea tan delicada, puesto que aqui dentro existen
verdaderos y genuinos pares del ilustre catedr.tico que viene a llenar
la silla vacant del llorado poeta don Justo A. Facio. A ellos debi6
darse semejante encargo y no a mi; aunque si bien se reflexiona las
divinidades mismas son acogidas a menudo rfisticamente en modestos
altares de troncos y de ramas; y asi-bien guardadas las distancias--seri
siempre el esplendor del gramitico y poeta que recibimos y nunca
el brillo de las agrestes flores que coloque yo a la puerta de la Aca-
demia, lo que ha de constituir la fiesta de esta tarde.
Sin duda ha sido acertada la elecci6n del Profesor don Napole6n
Quesada Salazar para colmar un vacio en este institute cuyo primor-
dial empefio ha de. consistir en que se mantengan los prestigious de la
Lengua Castellana, ya que 61 en su extensa y meritoria carrera no ha
conocido mejor anhelo; y puede afirmarse en consecuencia que este
ingreso constitute, dentro de nuestra pequefiez, una verdadera con-
sagraci6n; o para hablar mejor, el remate de ella.
Hace bastantes afios, cuando nos sentabamos en los bancos uni-
versitarios, era Napole6n un mozo avispado e inquieto a quien gusta-
ban travesuras y epigramas; suyas fueron algunas bromas que pu-
dieran denominarse artisticas, de aquellas que carecen de veneno y
cogen prestigio y vuelan sin causar heridas y si regocijo, ese regocijo
ingenuo provocador de risas en escolares y muchas veces aun entire
gentes sesudas y series: el vivaz intelecto de aquel estudiante de ne-
gros ojos y cabello ensortijado traducia su prestancia en redactar y
pasar papelillos donde heria con gracia las torpezas del maestro o de
los compafieros y generalmente los ponia a circular en versos ay! la-
mentables, pero que denotaban cuando menos una tendencia. Su sen-
tido critic dejaba mal paradas no pocas conclusions campanudas del
professor o las aventuradas tesis de los j6venes que solian gallear en
las intrincadas y 16bregas latitudes del Derecho, haci&ndole audaz
frente a los preceptores. Sin perjuicio de esto, el aventajado estudiante
y donoso versificador formaba con valentia en la escuadra de los que,
por sistema y quizis no por devoci6n a la ciencia, andaan preparando
afiagazas y dificultades ticnicas con que poner a los catedriticos en
aprietos y confusion.







60 -

Oh! inquietud revoltosa pasada de moda, genial en cierto as-
pecto y que otras generaciones de estudiantes sustituyeron por morti-
ficantes procacidades!
Reinaba en esos comienzos buen ambiente intellectual en las au-
las, mantenido por los mismos que se aplicaban con afin a sus estu-
dios; sin agravio para muchos notables estudiantes de Derecho que
despues lo fueron y sin duda seguirin pasando por ella con much
honra y prestigio, se me ocurre que habia mis espiritu corporativo,
que los muchachos nos sentiamos mis solidarios, que la emulaci6n
despertaba venas dormidas o revelaba aficiones provechosas, que
existia mayor deseo por sobresalir y distinguirse; en una palabra, el
observador cuidadoso habria dictaminado una cultural mis alerta, si
no mis extensa que la corriente en las generaciones posteriores. Y
mis amable y respetuosa! deberia agregarse.
A mantener este eminente diapas6n contribuia desde luego el
contact con hombres de vastisima preparaci6n, a quienes singulari-
zaba el don natural de atraer la mente y el coraz6n de los alumnos al
ir plasmando las almas a la par que desenvolviendo facultades y dan-
doles vuelo. Al respect es just dedicar un recuerdo fervoroso al
doctor don Antonio Zambrana, cuyos defects humans serin incapa-
ces de oscurecer los resplandores de su prodigiosa eficiencia para
ensefiar: era el mismo maestro brillante en las conferencias univer-
sitarias, que de paseo, en visit o a la mesa, dondequiera que se pre-
sentara una persona digna de escucharle; a trav6s de el, la Escuela
de Derecho logr6 la oportunidad de familiarizarse con gran parte de
los mis universales pensadores, poetas, oradores y artists del mundo,
tal fu6 la excepcional facilidad de acopio que en l6 maravillaba y la
no menos estupenda de acomodar y hacer visible las ideas de otros
que, mediante sus intensas lectures, bafiaban y refrescaban de continue
el mar proceloso de su propia sabiduria.
El joven Quesada, con tanto o mejor derecho que otros estudian-
tes para haber caldeado su brillante talent en esa fragua unversitaria,
desapareci6 de nuestra compania al cabo de algin tiempo, para seguir
de maestro o de empleado en dependencias pedag6gicas. El lamento
result ahora tardio, pero sus apreciadores y camaradas bien compren-
dimos desde aquella misma 6poca, que su salida privaria al pais de un
magnifico jurisconsulto, vistas las dotes que sin discrepancia se le re-
conocian.
No. perdi6, con todo, el tiempo alli pasado, sino que solidific6 la
mente en el ejercicio de los studios y la prepare sin duda a tareas de
mayor vuelo. Mis tarde 1l mismo decia refiriendose a esa ocasi6n:
"Estudi6 Derecho tan s6lo por deseo de cultural. Al comenzar no mis
los studios juridicos comprendi que carecia de vocaci6n para el ejer-
cicio de abogado; pero no quise abandonarlos porque me colmaban de
satisfacci6n con su vastisimo campo de investigaciones y de construc-
ciones espirituales, con su deslumbrador humanismo, con su constant
ejercicio, de critical y de dialectica, con su mundo de ideas, doctrinas
y opinions, ya generosas, idealistas, alentadoras, ya sombrias, pesimis-







- 61 -


tas, crueles, desconsoladoras no pocas veces; ya fuertes, formidable,
ya sutiles y vagarosas. Es el mis amplio studio que uno puede em-
prender seriamente. Jamis toque un expediente; en cambio penetre o
trat: de penetrar en el espiritu de muchos pensadores. No fui, pues,
abogado, pero fui el mis curioso y el mis fervoroso admirador de los
constructores de la ciencia del Derecho".
En otras palabras, agregamos nosotros, los studios juridicos le
dieron las alas que mis adelante habria de desplegar.

*


Es casi seguro que en la native estructura animica del que va-
riaba de rumbo, hubiese fuerte contribuci6n magistral, porque ya desde
la primera ensefianza se sentia inclinado a admirar y a querer a los
preceptores, no en la simple forma carifiosa que nos afecta a todos,
sino tambien con determinadas vistas critics y organizadoras, que
revelaban una secret preferencia por ese apostolado: una tia materna,
dofia Antonia Salazar, con el carifio profundo que siempre muestran
estas parientes por los sobrinos, y m6s cuando, como sucedi6 a Napo-
le6n, han perdido a la madre apenas venidos a la vida, enseii6 a leer
al precoz arrapiezo cuando ain no contaba cinco afios, por m:odos
propios de ella, los cuales debieron sorprender mis tarde al professor,
ya que por entonces (afios de 1873 al 78) lo usual era comenzar de-
letreando en coro, much antes de conseguir la lectura de palabras y
de frases, y que en esa tarea se eternizaban los relativamente pocos
maestros lidiadores de semejante brega, los mis de ellos a ratos per-
didos y cuando oficios de mayor moment lo consentian. Es de supo-
ner que por entonces el ingeniero don Joaquin Quesada Le6n, padre
del aplicado nifio, despertara en el hijo alguna afici6n a las matematicas.
en forma afectuosa, tan propicia a darle entretenimiento, entire broma
y veras, a una inteligencia que va rompiendo su rudo cascar6n y vis-
lumbra las combinaciones elementales y no por esto menos sorpren-
dentes de los ntimeros; agreguemos que al legar a la escuela official en
la villa de Tres Rios le toc6 por maestro un excelente var6n, don De-
metrio Sanabria, de quien el antiguo parvulo escribia: "Con admirable
intuici6n pedag6gica sabia cautivar a los nifios con su palabra suave,
carifiosa, llena siempre de bondad y de consejo; no recuerdo haberle
visto nunca airado, jams emplear un castigo corporal, cuyo uso en-
tonces parecia imprescindible, pues eran los tiempos en que se tenia co-
mo axioma que la letra con sangre entra, y en que crecia el prestigio del
maestro-como el de aquel d6mine Tellitu de que nos habla Trueba-
cuanto mis riguroso y despiadado era para encerrar muchachos en un
caj6n estrechisimo, o para tirarles de las orejas reciamente, o para es-
grimir la palmeta o para sacudir sobre las espaldas, traspontines o pier-
nas de los chiquillos, el delgado y redondo lftigo que llamfbamos chi-
lillo..."; y con estos datos sentimentales e intelectuales no es much
que demos por averiguado que al inquieto estudiante de Derecho lo







- 62 -


dominaba una viva inclinaci6n hacia la escuela, dotada por entonces en
Costa Rica de prestigious que invitaban a darle esforzado incremento
y solidez a lo que constituy6 la obra genial del Ministro don Mauro
Fernandez, organizador y creador en cierto sentido de nuestra mo-
derna educaci6n pitblica. Por cierto que entire los primeros beneficia-
dos cont6 el colegial Quesada Salazar, quien a los diez y seis afios se
habia despedido de la segunda ensefianza llevando su cart6n de madu-
rez, titulo equivalent al de Bachiller en Humanidades, bautizado asi en
honor del expresado don Mauro.
Acab6 de completar su devoci6n el hecho inusitado de que al
salir no mis del Liceo se le Ilamara como professor en el Colegio Supe-
rior de Sefioritas: de un lado era acto justiciero, en m&rito a los ante-
cedentes relevantes del novel catedritico; y de otro lado venia a crearle
un compromise por la confianza del Gobierno, presidido por el doctor
don Carlos Duran; no en vano se confia en un joven pundonoroso y
aventajado cuando el desempefio es de suyo dificil; y Quesada, adivi-
nando de sobra lo que el fracaso podia significar para su porvenir, se
dedic6 a triunfar.
No puedo menos de sentirme asaltado de algunas sospechas so-
bre la diverse suerte que habria corrido, si en vez de confiarle classes
en un institute de sefioritas, el Ministro hubiera llegado a darle trabajo
en el liceo de varones; un temperament artistic como el suyo, se te-
nia que acomodar mejor, siquiera difundiendo intrincadas sugestiones
orales sobre motives del L6xico, en un medio bullicioso y alegre como
un colegio de avecillas del paraiso, que no entire mozos que ya co-
mienzan a exteriorizar sus petulancias de hombres. De todas maneras
esa coincidencia tan grata sirvi6 para confirmar la cong6nita o fatal
inclinaci6n al magisterio del abogado en agraz; poeta y artist antes
que maestro, bien se comprende que el severe acad6mico de la fecha
quisiera tomarse y se tomara en aquel tiempo larga estancia entire el
bullir de las flores: tan larga, que nunca regres6 al Derecho; y a!
sentar plaza de maestro, lo hizo para el resto de sus afios.
Asi comenz6 la vida official del senior Quesada, iniciada tan
temprano y ripidamente colmada. Sin entrar en innecesarios detalles
le vemos legar al desempefio de la Secretaria de Estado en este mis-
mo ramo de educaci6n pfblica, que ejerci6 durante dos aflos y medio
en la segunda Administraci6n del Licenciado Jim6nez Oreamuno, sin
perjuicio del profesorado, que ha seguido hasta parar en la Direcci6n
del Liceo de Costa Rica, donde se mantiene, y que por ser el principal
establecimiento de Segunda Ensefianza en el pais, constitute la mis
destacada elevaci6n professional; de modo que esa eminencia y la del
Ministerio, que forma la supreme gala political para un maestro de ca-
rrera, nos dicen de sobra cuinta es la fama y cuales los quilates cien-
tificos del nuevo compafiero de Academia, a quien por lo demas no
perturban estas vanidades, ni alteran la sencillez y modestia que con
notoria regularidad--en este caso extremada-acompafian a las per-
sonas de mayor valia.







- 63 -


Dije antes que este ingreso a la Academia constitute su consa-
graci6n, y es el moment de explicarme: de no sobrevenir la oportuni-
dad que ahora tenemos para sefialar y dar relieve a los meritos del
Profesqr Quesada, es casi seguro que como acontece a otros muchos tan
eminentes y sabios como el, hubiesen dormitado sin un aplauso,, sin
notoriedad alguna, en santo silencio, durante su vida al menos; y aun
no es raro que abandonados esos merecimientos a la eventual curio-
sidad de algfn paciente investigator que pudiera exhumarlos, a la lar-
ga se quedaran enterrados, vivo y muerto su duefio, como tan a menu-
do pasa.
La acogida que aqui recibe no obedece, empero, a la fxitil super-
ficialidad que implican estas inmediatas palabras, las cuales condena-
rian a la Academia como una central de figurones tomados por el brillo
mis o menos postizo de su actuaci6n piblica; al venir a este Centro,
esti contemplado desde dos puntos de vista igualmente riesgosos a todo
candidate: uno atafie al propio y personal merecimiento, y el otro, mis
delicado si se quiere, consiste en su decoro y eficiencia para sustituir
al acad6mico desaparecido.
Del poeta Facio seria impossible que mi carifio y admiraci6n se
expresen en una forma irreverente: con s6lo enunciar su nombre, en-
tiendo, pues, haber expuesto lo indispensable en esta su casa de amor
a las letras, para que se avive entire nosotros el insigne aprecio de esa
figure artistic de primera categoria cuyo recuerdo apolog6tico ha es-
tado por lo demis en manos tan habiles como las del propio ingresante,
con quien la Academia, sin caer yo en el pecado odioso de las compa-
raciones, estima allegar un magnifico sucesor: de 6ptima cultural, su
colaboraci6n y auxilio serin propicios al prestigio corporativo como lo
fueron los de Facio y de tantos escritores, poetas y afanosos sabios a
quienes por nuestra gran desgracia hemos ido dejando en el camino.
Aparte de la gran obra de difusi6n aneja al ejercicio del alto ma-
gisterio a que se ha consagrado-y que ya es bastante por lo que dice
a esfuerzo cultural-el nuevo socio trae un intense trabajo publicado,
dentro de sus aficiones lingiiisticas y pedag6gicas. Abundan articulos
suyos en el Boletin de las Escuelas Primarias, 6rgano ya abandonado de
la Inspecci6n General de Ensefianza; en 1910 public un Silabario
Costarricense todavia en uso, que indudablemente realize en el pais
una verdadera renovaci6n en el m6todo para la ensefianza de la escri-
tura y la lectura, desterrando el abrumador sistema del deletreo, que se
reemplaz6 por el analitco-sintitico sobre palabras normales. Este libri-
to alcanz6, como era lo propio, un 6xito extraordinario.
Del mismo modo que las classes de Derecho influyeron decisiva-
mente en la actividad mental del senior Quesada, hay que asignar al
influjo de aquella sefiora carifiosa que le mostr6 el camino para legar
a leer de golpe, una buena participaci6n en la reform.
iAcaso lo que,logr6 ella de la viva inteligencia del sobrino no
merecia llevarse a la prActica como norma mis simple de aprendizaje
y ensefianza? Las ciencias experimentales no avanzan de manera di-
ferente! Poco mis tarde public un librito de Recitaciones Escolares






-64-


que contiene unas ciento treinta composiciones po6ticas para nifios y
de la cual hubo varias ediciones, ya agotadas. En 1931, bajo el titulo
de Recitemos, public una series de poesias suyas y de otros autores.
Del m6rito de sus versos podria resultar un interesante capitulo
en especial si los contemplaramos como factor de ensefianza; y a exa-
minarlos me detendria si por la circunstancia no debiera referirme de
preferencia a las Lecciones de Gramblica, que es su obra cientifica y de
condensaci6n, digna por si sola de abrirle en cualquier parte las puer-
tas de todo centro serio de studios.
i Me atreverE a poner la mano profana sobre este libro?
Al iniciar esta conversaci6n me referi a la circunstancia de exis-
tir en el seno de la Academia verdaderos y genuinos pares del ilustre
Catedritico cuyo ingreso celebramos; y no lo dije en vano, sino con
la intenci6n cautelosa de acudir a las luces de alguno de ellos. Quizis
no result esta deliberaci6n desprovista de pecado en cuanto a mi, que
al asumir la obligaci6n de presentar la semblanza del Profesor Que-
sada, nada anunci6 de colaboraci6n ni se la pedi a ninguno; pero lo
important es que los amables oyentes queden satisfechos y nada sin
duda les sera tan agradable como escuchar las elegantes frases que
sirven de pr6logo a su Gramitica, procedentes de otro maestro.
Constituyen un studio critic, a la par que la apologia de libro
tan meritorio, desarrollado todo esto en cortos pirrafos, en cuyas li-
neas palpita la admiraci6n y el cariiio que al autor le profesa sincera-
mente el prologuista; por tanto dirin mejor que yo lo que sifinifica la
obra cientifica, adecuada convenientemente para servir de texto de
gramitica castellana en todos los paises americanos de la misma ha-
bla, conforme se vaya conociendo mejor en el extranjero.
Por lo que hace al senior Licenciado don Rogelio Sotela, compa-
fiero tan querido nuestro y autor de dicho pr6logo, tengo la seguridad
de que jamis tomari a mal que me haya atrevido a adornar mi modes-
tisimo trabajo con la joya en donde con igual intenci6n a la mia, vaci6
en honor de su Director a quien con justicia reputa maestro suyo, todo
el afecto personal y la devoci6n admirativa que a 61 le liga.
Con la venia presunta del autor, oigamos, pues, lo que estamp6
al frente de la primera edici6n de las Lecciones Gramaticales.
"...Crei que se trataba simplemente del ordenamiento de sus
lecziones, tan conocidas y admiradas por mi cuando tuve el honor de
compartir la ensefianza de la Gramatica en el Liceo de Costa Rica. Pero
cuil no ha sido mi asombro al ver realizado lo que siempre anhelM que
se realizara: la obra complete de la Gramitica Castellana, expuesta
con propiedad, actualizada a la vez, dentro del sentido clIsico, con
una modern ideologia didActica.
"Plena de sabiduria, sin initial erudici6n: ordenada, met6dica, pro-
funda sin abstrusas lucubraciones; compendiada sin sacrificar la ma-
teria, seri la obra necesaria en los colegios y tendri que destacarse
entire las de su g6nero, no s6lo por esas condiciones que la ameritan,
sino ademis porque ha sabido tomar el conocimiento fundamental de
los maestros.







65 -

"Brillan en la obra, magistralmente referidos e intercalados, los
principios fundamentals de la filologia contemporinea, y se ven apro-
vechados inteligentemente todos los studios gramaticales de Bello y
Cuervo; se advierte que trajo a su limpara la luz magnifica de la
Gramitica Hist6rica de Hanssen; se admira que pudo trasegar el rico
vino que Menindez Pidal escanciara en sus monumentales studios
sobre el Poema del Cid, donde, ya se ha dicho, esti contenida toda la
ciencia de la Lengua Castellana antigua; su Wgil espiritu de fil6logo,
caza a maravilla lo que mis importa de las anotaciones al Quijote, de
Rodriguez Marin; y por encima de todo eso, y a pesar del clisico
arraigo en que reposa su obra, lo que mis aplaudo es el esfuerzo por
ser original. Cierto que en tal material no puede innovarse a capricho,
mas vese en todas parties su dominio de los clisicos, que le permit
escudrifiar tan diligentemente como lo hiciera el admirable don Vicente
Salvi: n6tese la pericia con que deslinda los oficios de las palabras y
sefiala las modificaciones sinticticas mis dificiles; todo esti aqui vivo
y palpitante bajo el poder creador.de su mano. Si no, digalo ese ma-
Sgistral capitulo sobre leyes de Derivaci6n, tan suyo, tan hermoso; y
toda la material sobre Morfologia y Sintaxis: icon qu6 seguridad y
con qu6 anhelo didictico esti expuesta! La Fonologia, de que esti un
poco falta la Real Academia, le ofrece ocasi6n de revelarse como co-
nocedor universal del asunto y como expositor asequible y sagaz.
"Me parece que, como se contienen en la obra cuantos principios
y generalidades se puedan buscar en otras gramiticas, y como ha lo-
grado contener lo que debe conservarse hoy, y-ha desechado lo initial,
no seria aventurado afirmar que quien estudie este libro y lo asimile,
podri complacerse en haber adquirido una bella y amplia zona del
conocimiento del castellano.
"...Pienso que seri preferibe a la obra de Bello y Cuervo, si
ha de recomendarse para estudiantes de colegios de Segunda Ense-
fianza. Porque aqudlla, imperecedera, seri siempre nuestro faro; en
ella veremos siempre el camino, pero no seria prudent convertirla en
texto para j6venes que no sabrian desterrar de alli lo anticuado... Se-
ri el libro de texto de todos los colegios de la America Espaiiola y
vendri a darle gloria a su author, que ha sido tan modesto como sabio...".
Aqui terminaria mi alocuci6n, abrillantada con los concepts em-
prestados al escritor Sotela Bonilla, si el discurso del Profesor Quesada,
tan compendioso en cuanto a la personalidad del poeta Facio no me im-
pusiera el deber de agregar unas breves consideraciones acerca de la
amplitud de horizontes a los cuales se abre la cultivada mente del nue-
vo acadm&ico.
Por el trabajo mismo que nos ha leido ya se ve que su ciencia
gramatical no se concrete al ordenamiento didictico de las parties de la
oraci6n y de sus mutuas relaciones; se levanta con gallardia por los
campos de la Lingiiistica, y enamorado del castellano que cultiva como
poeta y como prosista, propone de paso la resurrecci6n de los esplen-
dores y galas del idioma clisico tan saturado de gracia, tan preciso en







- 66-


el decir, de riquisimo 16xico y admirables recursos no superados en
lengua alguna al servicio del Arte.
Seguramente quien asi discurre habri remontado por los delei-
tosos caminos de la gramitica hist6rica y comparada, materials en
cierto sentido similares al Derecho que tan presto abandon el joven
Quesada. En efecto: contra las arideces de la Preceptiva, que constitute
el C6digo Gramatical, se ofrecen al que alcanza la fortune de ahondar
en las lenguas humans, los senderos mas halagiiefios y las perspectives
mis atrayentes, para subir a una cima desde la cual, de la mano de la Fi-
lologia, como Dante de la de Virgilio, logra el sabio el privilegio subli-
me de abarcar el amplio panorama de todos los pueblos, liberados de la
Babel universal, hablando lenguas que por derivar en tltimo t&rmino
de origenes comunes, se los revela como una sola y vasta familiar; a la
manera como los descubre y contempla, animado por el espiritu del De-
recho, el fil6sofo que se sustrae al horror de las luchas privadas y co-
lectivas por la Vida, y alcanza a ver a la Humanidad dotada de unos
solos y mismos principios y sostenida por ellos.
Sin ir tan alli, la sola Lengua Castellana armoniza a Espafia.
con la inmensa mayoria de los pueblos americanos; es una especie de
Fuerza Internacional, de Derecho de Gentes a que todos de grado nos
sometemos y a cuyo influjo nos volvemos tan fraternales y amorosos,
que a nadie se le ocurri6 disputar la supremacia a la gran Naci6n que
nos ensefi6 a hablarla; y que ella se siente maternalmente halagada
cuando en este Continente alguien triunfa, como el Profesor Quesada
Salazar, en el afin solidario de limpiar, fijar y darle esplendor al co-
mun idioma.




University of Florida Home Page
© 2004 - 2010 University of Florida George A. Smathers Libraries.
All rights reserved.

Acceptable Use, Copyright, and Disclaimer Statement
Last updated October 10, 2010 - - mvs