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 Discurso de la Dra. Maria Gomez...
 El heroismo de "manana," la esposa...






Title: Homenaje a Bernarda Toro de Gâomez
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 Material Information
Title: Homenaje a Bernarda Toro de Gâomez 20 de marzo de 1932
Physical Description: 30 p. : port ; 23 cm.
Language: Spanish
Creator: Gomez Carbonell, Maria, 1903-
Garcia Galan, Gabriel, 1881-
Alianza Nacional Feminista (Cuba)
Publisher: Imp. del Ejercito
Place of Publication: Habana
Publication Date: 1932
Copyright Date: 1932
 Subjects
Subject: Generals -- Biography -- Cuba   ( lcsh )
Generals' spouses -- Biography -- Cuba   ( lcsh )
Genre: collective biography   ( marcgt )
non-fiction   ( marcgt )
Biography   ( lcsh )
Spatial Coverage: Cuba
 Notes
Statement of Responsibility: Alianza Nacional Feminista.
 Record Information
Bibliographic ID: UF00075416
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: ltuf - ACP2399
oclc - 10558428
alephbibnum - 000476145
lccn - 83161416

Table of Contents
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    Dedication
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    Frontispiece
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    Discurso de la Dra. Maria Gomez Carbonell
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    El heroismo de "manana," la esposa del gral. Maxino Gomez
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Full Text




ALIANZA NATIONAL


HOMENAJE

A


BERNARDA


TORO


DE GOMEZ
20 DE MARZO DE 1932










SHABANA
IMP. DEL EJEBOITO
-1932-


FE MI N T'













E






AZMERJOR






















A la bondadosa cooperacin
de los seores, Brigadier Jos Se-
mwidy, y Antonio Cara ., se de-
be la publicacin de este folle-
to, gesto que sabe agradecer la
Alianza Nacional Feminista.
















































BERNARDA TORO DE GOMEZ,
Esposa del Generalisimo Mximo Gmez,
a qen se rinde este Homenaje.





















DISCURSO


DE LA


Dra. MARIA GOMEZ CARBONELL

















Miembros del Ejecutivo Central de la Alianza Nacional Feminista y
Afiliadas en general;
Distinguidos familiares del Generalsimo;
Seoras y seores:
Nuestra casa abre hoy sus puertas a un hijo bien amado de la
Repblica: Gabriel Garca Galn.
No necesita l, es verdad, de la pompa veleidosa de una pre-
sentacin. El pueblo de Cuba lo conoce a travs de sus actividades
de eduicador, literato y publicista' y la mujer cubana, sobre todo, sa-
be a perfeccin cunto debe a su constancia y a su desprendimiento.
De los pocos compatriotas que algn da feliz, que llegar sin duda,
mereceran el concurso y el afecto desinteresado de la'mujer cubana
agradecida, es nuestro orador del moment.
Tres direcciones arrancadas de un mismo vrtice, su amor a
la independencia y a la justicia, observo fijas y salientes en la vida
toda actividad y ofertorio del Dr. Garca Galn: la del maestro, for-
jador de almas y mentes, que bajo la techumbre humilde de la escue-
.la levanta su voz autorizada para marcar el ritnm del trabajo nacio-
nal y mantener en ascuas la llama del heroism y da la fe; la del pa- .
triota, que pone a contribucin del pasado, su talent, su accin, su
palabra de oro, y abre como un-parntesis d'e luz y de ideal, en la
estepa fra y desconcertante de nuestra angustiosa realidad poltica;
y la del hombre a secas, que sabe y se ufana de ello, que vino de mu-
jer, que debe a su noble y esforzada compaera en la vida parte apre-
eiable de la cosecha recogida milagrosamente en los estriles arenales
del magisterio; hombre que ha cultivado en sus jardines interiores la
flor-homenaje a la mujer, a la cubana insigne, que todo lo supo dar a
la hora del sacrificio, y^a quien nada han podido dar a la hora de la
Repblica, para tantos rovechosa; mujer que fue ayer todo en la
manigua, en el exilio, en el obligado retiro de su hogar desierto, y
que hoy no ha logrado todavia dejar de ser cosa, cuando los apstoles










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del patriotism y los inservibles y parsitos de la vida national, salen
a flote a cantar sus glorias fementidas y a arrojar a la patria sobre
los desfiladeros de la ambicin y las tembladeras de la ignorancia.
Permitidme que en just correspondencia a stas tres admi-
rables facetas sealadas en la prdiga existencia del Dr. Garca Ga-
ln, ofrezca a ustedes unos jalones de su esfuerzo ciudadano.
A los 33 aos, edad a los que muchos han marchitado sus il
siones y gastado sus idealidades, con las obligaciones que su casa
en pi le impona y percibiendo haberes mezquinos en la administ '
cin pblica, nuestra figure de hoy, comienza los studios de segu :
da enseanza, gradundose sucesivamente de Bachiller, Dr. en -
recho Civil y Dr. en Pedagoga.
Al lado de su admirable esposa, Gloria Allo, dirigi various
aos el renombrado plantel del Vedado que llevara el nombre di
ella, anexa al cual funcion con xito una Academia de Ciencias F-
sicas y Qumicas.
En 1921 fu electo vocal de la Junta de Educacin de la Ha-
bana, cuya presidencia ostent interinamente durante un ao. La
Escuela Pblica recibi favors y conquist xitos indecibles con la
estancia del Dr. Garca Galn en esa posicin. Amante de la gloria
del Apstol y celoso sembrador de su recuerdo, a su dinamismo pro-
verbial se debi el xito de la gran parada escolar del 28 de enero de
1923, primera de la series en que se ha honrado la memorial del Ma-
estro de la libertad, por parte de los nios de su tierra. El primero
y segundo Congreso del Nio, pudieron conocer y apreciar la labor
docente y de alta significacin social que el Dr. Garca Galn reali-
zara en pro de la parte ms pura y bella del gnero human. A ella
se ofrend por entero en el seno de la escuela que con tanto fervor
fundara; desde los distintos cargos que en el sector de la enseanza
ha ocupado en Cuba; desde los escaos de los Congresos aludidos en
que tan alto colocara el nombre y prestigio pedaggico de nuestro
pas; desde la direccin de la Revista "Mart" dedicada a la niez y
a la juventud de la Repblica, en cuyas pginas los adults y los
viejos pueden beber no obstante las aguas bien y la belleza; desde las estaciones radio-trasmisoras donde man-
tiene vivo el inters de sus pequeos amigos, que suman miles, y en










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.cuyo obsequio adems de la Hora del Nio y del Hogar ha iniciado
la de Don Pepe, el evanglico de El Salvador.
La Institucin "Ciudadanos de la Rosa Blanca" fu objetivo
fundamental de la propaganda idealista de Garca Galn. Mart
cultivaba en julio como en enero la rosa blanca de la cordialidad para
el amigo noble y bueno; pero no cultivaba sino la misma rosa para el
que ingrato le hera y maltrataba. . . .

Cultivo una rosa blanca
en julio como en enero,
para el amigo sincero
que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
el corazn conque vivo;
cardo ni oruga cultivo;
Cultivo la rosa blanca. . . .

Garca Galn en memorial del gran visionario, quiso que apla-
cramos nuestras intrigas y ambiciones -con rosas blancas; fracas
enteramente. . . en Cuba no cultivamos sino ortigas y cardos
hace ya muchos aos. . . .
Contribuy tambin Garca Galn desde su cargo de Secreta-
rio del Comit organizador, a la celebracin esplndida de las dos
Cenas Martianas conque se conmemorara aos atrs el natalicio del
Apstol, nuestra Noche Buena patritica.
Gran Orador de la Gran Logia de la Isla de Cuba, ha divul-
gado la ideologa de sta organizacin mundial a travs de la vida y
la obra de los ms destacados masones de nuestro calendario de la
epopeya: Mart, Cspedes, Aguilera, Agramonte, Maceo . . .
Hombre de letras, es Garca Galn autor popular de la Ple-
garia a la Bandera, de la Invocacin a Mart, de la Oracin del Ni-
o al Apstol,'de Como debe ser el nio cubano; festivo al par que
filosfico en sus cuentos y elocuente, enftico, persuasive, valiente
y enjundioso en sus diursos, entire los euales perdurarn en la me-
moria de sus compatriotas: Antonio Maceo; Jos Mart; Toms Ee-









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trada Palma; Pi y Margall; Carlos Manuel de Cspedes; La Educa-
cin Esttica en la Escuela Primaria; Homenaje a la Escuela del
Hogar; Aporte de la Mujer a la Educacin del Ciudadano; Juan Cle-
mente Zenea; Las Vctimas de la Hata.
A favor de la mujer cubana y su definitive redencin ha tra-
bajado much y con amor, Garea Galn. En las pginas de la ya
citada Revista "Mart", aparece la historic de la cubana mambisa, a
travs de los ms completos ejemplares de la mujer revolucionaria
en Cuba. An.hace pocos das, inici el studio y comentario dlas'
vidas ms significadas entire las heroinas del pensamiento y la acF6n
en Cuba, desde su ctedra de la estacin radiofusora de la Cuban
Telephone Co. Y su nombre, para gloria suya y satisfaccin nues
tra, ir simpre unido al monument erigido en memorial de la madre
de los Maceo, la gran santiaguera Mariana Grajales, leona brava que
di a la libertad en forma de centauros sus ms conspicuas figures.
Garca Galn y los que con l integraron el Comit organiza-
dor del Monumento, demostraron quizs por vez primera en Cuba
que era possible levantar monumentos sin enfangar las manos en el
manejo impero que han practicado a la faz del pueblo, todos loes
falsos propulsores de homenajes que son en la .conciencia opaca de
los que los lanzan, meros pretextos de especulacin y ofensas de esa
patria conque se deshonran ms que se esclarecen los nombres insig-
nes de los paladines y redentores.
Pienso suficientes stos episodios del esfuerzo patritico, c-
vico y literario de Garca Galn, para que los aqu presents sepan
que mritos concurren en ste hombre sobrio, amable y siempre son-
riente en cuya sencillez absolute, brilla como una 'chispa siempre par-
padeante de aquella modestia que distingui a los elegidos del bien y
el sacrificio, que a trueque de penalidades y renunciamientos, plas-
maron sobre la bandera la estrella de la libertad.
Hoy viene a hablarnos Garca Galn de la grande y eminente
cubana Bernarda Toro de Gmez, la esposa ejemplar del viejo mag-
nfico. que el bardo Cabrisas en frase potica afortunada, llamara "el
viejo de la pampa de granito". . . L Alianza se une de todo
corazn a las palabras que Garca Galn ha ie pronunciar en home-
naje a Man:na. la que quiso un da, y lo express valientemente en









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carta que la inmortaliz y en la que renuncia al auxilio econmico
que a su favor aprobara un grupo de compatriotas, "que se gastara
en pan lo que haca falta para comprar plomo". . . .
La Alianza, today uncin y respeto, rinde hoy por boca de Gar-
ca Galn, toda su alma a la eximia matrona, compaera amantsima
del Libertador y madre buena y santa de Panchito, el adolescent de
Punta Brava. Bien merece ser, en el da de hoy ante el altar de
Manana, depositario de nuestros sentimientos e idealidades, quien
como el Dr. Garca Galn ha trabajado toda una vida por los "gran-
des muertos" los forjadores del pasado y por los nicos grandes
vivos": los nios, la nica esperanza que nos queda de una patria
mejor: los forjadores del porvenir.




















El Heroismo de "Manana,"

La Esposa del Gral. Mximo Gmez




Discurso del Dr. Gabriel Garca Galn

















Srta. President de la Alianza Nacional Feminista.


Seoras y seores:
"La conversacin con las damas, ha
de ser de plata final y trabajada
en filigrana leve."
J. MARTI.
Das despus, de haberse develado el monument, que en cum-
plipiento de un deber, el pueblo de Cuba, ha levantado en uno de los
parques de esta ciudad, a Mariana Grajales, la excelsa madre de los
Maceo, la doctor, Mara Gmez Oarbonell, que lleva en su cerebro y
corazn, todas las espiritualidades de su noble abuelo, aquel cubano,
nunca bien llorado, que pele bravamente en la d2ada gloriosa y
que despus, por su tesonera accin en el exilio, mereci el afecto y
la admiracin de Mart, que lo llam Padre del Pueblo; la descen-
diente ilustre del glorioso emigrado revolucionario, Nestor Leonelo
Carbonell; la culta educadora, que para su honor preside con todos los
ehtusiasmos de que es capaz, esta nobilsima institucin, que baje el
sugestivo y trascendente nombre de Alianza Nacional Feminista, la-
bora sin descanso por ver plenamente culminados los ideales de la
mujer cubana, solicit de m, para esta tribune, prestigiada muchas
veces por la palabra elocuente y fecunda de oradores de bien gana-
da fama, una conferencia con tema libre, que os traigo, en esta ma-
iana que ser inolvidable en los anales de mi vida; para que sea la
modest cooperacin de quien ha hecho un culto de las ideologas del
Apstol, con la esperanza de verlas florecer en los campos abandona-
dos de la patria, el da que cada cubano sea un paladn del derecho
y nadie claudique de los ideales que escribieron con sangre y con l-
grimas en las pginas del cdigo del honor, los legionarios de nuestra
libertad.
Pu mi primera Intencin, y para ello inici la bsqueda de
los datos necesarios, escoger como tema de la conferencia, el aporte
de la mujer cubana a la causa de la independencia de la patria, y era









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mi propsito, an con el riesgo Oie dejarla incomplete, referirme al
grupo, bastante numeroso de hijas de esta tierra, que en una u otra
forma laboraron y por lo tanto contribuyeron a que la colonia es-
clavizada por una insoportable tirana, surgiera sobre la roca del
sacrificio, como una nacin ms, libre y soberana en la Amrica glo-
riosa de Washington, Bolvar, Hidalgo y San Martn.
Poco tiempo tard en llegar al convencimiento de que esa la-.
bor era ms propia de un libro que de una conferencia, y que, como
lgica consideracin, hacia los que se disponan a oirla, no. deba pa-
sar, en cuanto a su extension, de los lmites que la prctica y la cos-
tumbre han sealado ya. Adems, coincidiendo con la preparacin
de dicho trabajo, en otra institucin, perfectamente destacada por
su intense labor en pro de la cultural national, se haba anunciado
algo similar, a cargo de un distinguido escritor que honra las letras
en nuestro pobre medio literario.
Todo sto y previa la consult a la distinguida president de la
Alianza, determine, que sin apartarme del tema, refundiera en. una
sola vida inmaculada, llena toda ella de episodios dignos de esc4tpse
con letras diamantinas sobre inmensa piedra grantica, la de aquella
noble y generosa mujer, que se llam Bernarda Toro de Gmez, y
que uni su eximia existencia a la de aquel guerrero, que tras de lu-
char afanosamente en la pica contienda del 68, vino de nuevo a la
brega just y necesaria del 95, llamado por Mart, quien vidente,
como todo iluminado, supo ofrecerle: con la gloria de libertar a Cuba,
el probable premio de la ingratitud de muchos de los que fueran re-
dimidos al conjuro estupendo de su ciencia military y de su indomable
y legendario valor.
Manana, como cariosamente la llamaban los suyos, naci en
el pueblo de Jiguan, en la region oriental, donde repercutiendo el
estallido de la Demajagua, se incendiaron los corazones con nimo de
pelea. En las fuerzas de Calixto Garca, caudillo imponderable de
nuestras gestas libertadoras, fueron a former fila los siete varones
de la familiar, y mientras ellos marchaban al combat, la madre y las
hijas, enardecidas por el fervor patritico, se dispusieron tambin a
correr el vendabal de la guerra, siguiendo as huellas de los comba-
tientes, viviendo la precaria vida de los ranichos, o estacionadas ei-
tre la espesura del monte.









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Junto a los hermanos de Manana, militaba en las filas de la
revolucin, Mximo Gmez, insigne dominicano, que habiendo plan-
tado su tienda en campos de Cuba, al separarse de su tierra amada,
habia sealado a la nuestra, como la nueva patria de su corazn.
No pas much tiempo sin que la simpata, despertada por la
unidad de los propsitos, se convirtiera en relaciones amorosas, en-
tre la brava y gentil criolla y el valeroso y sin par guerrero domini-
cano. De esa manera, apenas cumplido por ella, diez y seis aos, cual
si respondieran a un mandato imperioso del destino, se unieron aque-
llas dos vidas por los lazos del matrimonio. Da inolvidable aquel, en
que escuchndose muy prximo el rumor de la pelea, tuvo lugar la
sencilla ceremonia en que actuaron como testigos Salvador Cisneros
Betancourt y Fernando Figueredo, paladines tambin de nuestra
libertad. Nada ms digno de grabarse con letras de oro en el libro
de la Historia de nuestra epopeya, y de cantarse por los poetas ms
eselarecidos, que aquel acto de supreme trascendencia. Baste decir
que la march de esponsales de la pareja animosa, fu el estampido
de los fusiles y el galopar de los caballos.
El esposo, sus hermanos y los otros libertadores, siguieron los
senderos que el deber les sealaba, y la familiar se intern en el mon-
te, solamente acompaada por un espaol, que por merecerle con-
fianza al Gral. Gmez, lo haba destinado a su cuidado; otros en cam-
bio, con menos categora, garantizaron de mejor manera la vida de
los suyos.
Muy pronto, sin embargo, aquel hombre los abandon a su
suerte, unindose a las tropas espaolas que operaban por la comar-
ca. Vida de inenarrables tristezas e incertidumbres, fu la que tu-
vieron que hacer dentro del monte, viviendo muchas veces en un bo-
ho de vara en tierra y alimentndose con frutas silvestres y races.
Das despus del inesperado abandon del nico acompaante, fue-
ron sorprendidos por los espaoles, quedando prisionera en la con-
fusin de la huida, la madre enferma, que llevada a Jiguan, tard
poco tiempo en rendir el tributo a la madre tierra, sin el consuelo de
la mirada de sus hijos. Uno de los hermanos, enfermo e imposibili-
tado de continuar sirviendo en las fuerzas libertadoras, enterado del
desstre, corri en auxil de Manana, que sufrida y heroica se haba
internado en el mismo .monte en que fueron sorprendidos.. Ya estaba









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prxima a ser madre, la esposa ejemplar, que prefiri las dolorosas
consecuencias de la guerra, siguiendo las huellas del compaero ama-
do, a permanecer en el pueblo donde vi la luz primera, expuesta
quizs a las injustas persecuciones de la soldadesca y a la continue
vigilancia de las autoridades. Fu entonces cuando naci6 la prime-
ra hija, en pleno monte, a la que pusieron por nombre Margarita, la
flor sencilla, que adorna y perfuma las campias de la patria. La
falta de atencin en aquel medio en que faltaba lo ms elemental
para casos de aquella naturaleza y la pobreza del alimento, hizo, que
cuando la nia tendra ocho meses, la muerte piadosa la arrancara
de los brazos maternales. El sufrimiento moral y material y el ago-
bio de la triste situacin en que se hallaba, agrav la enfermedad de
aquella espartana mujer, que muchas veces rog a la sufrida her-
mana y al hermano enfermo, que la dejaran abandonada en el mon-
te y se marcharan hacia la poblacin.
En stas condiciones, sin noticias de la esposa amada, viviendo
horas de verdadera incertidumbre, Mximo G6mez orden su bsque-
da, hasta que fu encontrada materialmente desfallecida. Para con-
ducirla a lugar seguro, fu necesario una espera de ms de siete das,
para fortalecer aquel organismo completamente depauperado. Im-
posibilitados de continuar por aquellos sitios, en que el enemigo ha-
ca constantes incursiones, tras marchas fatigosas, y en un caballo
preparado al efecto, fu trasladada a otro lugar, cerca -de una fami-
lia, que admirada de su amor al sacrificio, todo por la independen-
cia de Cuba, la recibi en su seno con grande muestras de simpata.
De los montes orientales, y en constant peregrinacin, pas
Manana a la provincia de Camagey, despus de haber tenido el se-
gundo fruto de su bendita unin. El esposo, hacia los preparativos
para internarse en las campias y montaas villareas, y tras l si-
gui su inseparable compaera, para seguir viviendo todas las ale-
gras y tristezas de la revolucin, con escasos moments de tranqui-
lidad. Un da en que una fuerza enemiga sorprendi el rancho en
que se encontraban reunidas varias families de los libertadores, en
la rpida huida, se encontr separada de uno de sus hijos, que dos
das despus y tras innumerables pesquizas a travs de las malezas y
caadas, fu encontrado al cuidado de una4uena campesina. Cinco
hijos tuvo esta exceptional mujer durante la contienda; unos en









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Oriente, otros en Camagey; Panchito el hijo cumbre, haba visto la
luz en la Reforma, el da 11 de marzo de 1876. El viejo guerrero,
al hablar de ese da, uno de los ms felices de su vida, se expresa en
esta forma: "espeso monte, grandes rboles, un arroyo frtil y de
agua cristalina, muchos pjaros que cantan, much ruido grato del
monte, y muchos ruidos de guerra que se oan a lo lejos; esa fu la
euna de mi hijo Panchito". Cuando esto escribi el padre amant-
simo, no pudo pensar, que aquel hijo nacido en tierras de Saneti-
Spritu, al travs de los aos, habra de pelear por los mismos idea-
les que defendieron los suyos, hasta caer en la trgica encrucijada
de San Pedro, junto al ms valiente y temerario de los libertadores
de Cuba.
De aquella heroica familiar, que de Jiguan parti a sufrir
todos los horrores de la guerra, en pos del ms grande de los idea-
les, haban desaparecido, la madre espartana y dos de sus hijos, que
ofrendaron su vida por el lema de independencia o muerte, escrito
al pie de la histrica campana, por los hombres que con Cspedes ini-
ciaron el 10 de octubre de 1868 la ruta de los fundadores, hacia la
cuesta del sacrificio. Los otros cinco, salvados de la furia del com-
bate, estaban destinados a nuevos empeos en el 95, para cubrirse de
gloria, unos, marcados para siempre por las balas enemigas y la ma-
yora para blanquear con sus huesas los campos maltrechos de la
patria. Juana Margarita, la hermana y fiel compaera de la mara-
villosa aventura, uni sus destinos en Bayamo, con el comandante
Manuel Cals, hijo de la ciudad heroica, que incendi con sus propias
manos la casa que le vi nacer, como un ments rotundo a los que
dudaron del patriotism de un pueblo que se dispuso a todo para
romper las cadenas de la esclavitud.
La guerra iba languideciendo, la semilla de la discordia ha-
ba prendido en el campo revolucionario y trs el ingente esfuerzo
de los libertadores, empez a decaer, hasta que todo se hundi en el
inmenso abismo del Zanjn. Los errors, iniciados en las Lagunas
de Varona, tuvieron su culminacin triste y dolorosa, en un pacto
inexplicable con el enemigo, y que al travs del tiempo tendran que
lamentar, todos los que dieron su aporte a la gloriosa gesta, que dijo
Sal mundo lo que puede lcer de los hombres, un ideal de justicia y
de derecho. El Oral. Mximo Gmez, imposibilitado de -continuar en









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las Villas, haba establecido su campamento en tierras de Camagey,
y con l fu ManW a, acompaada de sus hijos. No poda quedarse
en Cuba el bravo dominicano: para l, como para Maceo y otras ci-
meras figures del calendario patritico, que no hablan claudicado de
los ideales que los llevaron a la contienda y que hicieron buenos, la
muerte en San Lorenzo del Padre de la Patria, y la inmortal ealda
en Jimaguay del hayardo camageyano; no era decoroso, tras los
rigores del batallar continue de diez aos, vivir los das de la paz,
bajo la bandera que haban combatido. Y as fu, perti today la fa-
milia para Jamaica, tierra desconocida para aquellos denodados lu-
chadores, en la que tenan que plantar su tienda en espera de me-
jores das para la patria sojuzgada. Desde ese lugar, en que no fue-
ron muy venturosos los das del exilio, partieron para Honduras, que
para ellos tuvo moments de tranquilidad y de placidez. Ms tarde
marcharon a New Orleans, para regresar de nuevo a Jamaica y par-
tir despus a Santo Domingo, a establecerse definitivamente. Aque-
lla tierra de libertad tena que ser ms propicia al guerrero indoma-
ble, que haba hecho en ella sus armas de. combatiente, en los das
inolvidables de la juventud.
Edificado el nuevo hogar, a cuya sombra iban a restablecerse
las fuerzas perdidas, no cesaron de contribuir con ineesantes ptopa-
gandas a la preparacin del nuevo y ltimo movimiento revolucio-
nario, que haba de hacer possible la accin fecunda y proveehosa de
Mart.
Durante aquellos aos de impaciente espera, sintiendo la nos-
talgia de los patriots lares, pero content y feliz al verse rodeada del
amante esposo y de los cariosos hijos, alent esperanzas, levant los
nimos y presagi la guerra, confiada en el tesonero empeo de aquel
incansable propagandist que iba por tierras hermanas, forjando con
la taurmaturgia de su palabra proftica, las armas de la justicia, que
en su da habran de vencer definitivamente a los enemigos de la li-
bertad, encastillados en el baluarte de la tirania. Y .cuando todo ya
estaba preparado, cuando Marti, haba movilizado una nueva gene-
racin de combatientes y las primeras llamaradas de la nueva rebel-
da, sealaban como ndices de fuego, los caminos del honor, par
llegar tras ingente lucha a la cumbre del idal; tuvo la gloria de pre-
senciar la emotiva y trascendente entrevista del caudillo por exee-









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lencia y del Apstol de la redencin. Solcita y cariosa limpi las
armas del combat y prepare con sus propias manos, despus de co-
serlas, las chamarretas de aquellos dos gigantes del patriotism. Los
vi partir con serenidad espartana, sin una queja ni una muestra de
dolor, y al despedirlos, musitaba una plegaria en los labios y senta
inusitadas palpitaciones en el corazn.
Qued con sus hijos en aquella tierra generosa y hospitalaria,
con el pensamiento fijo en la empresa de titanes que el pueblo cuba-
no acababa de emprender, y no se amilan, por el contrario, supo
mantener firmes y seguros los puntales del hogar. Un ao ms tarde,
su hijo Francisco, el mayor de todos, que nicamente obedeciendo la
orden de su padre se habla quedado como cabeza de familiar al cui-
dado de los suyos; parti tambin a former fila en las huestes de la
revolucin; jven, bravo y animoso, que con orgullo se proclamaba
discpulo de Mart, iba al fin a realizar el propsito de toda su vida:
luchar por la patria que le vi nacer. Hijo de un guila caudal, el
aguilucho emprenda el vuelo a las regions de la inmortalidad.
Mn s la madre augusta, debi sentir en aquel moment, tantas
veces memorable, rebosar la copa de todas sus amarguras y sin em-
bargo lo bes, sacando fuerzas de flaquezas, y cuando lo estrech
contra su pecho, sabiendo que iba al sitio de peligro, no pudo pensar
que nunca ms lo volvera a ver. El destino lo haba sealado para
unir su sangre juvenile a la del Titn de Bronce, como si un especial
designio, hubiera querido en ese da, por lo exceptional, maravilloso,
refundir el espritu de dos razas, que por igual lucharon, sin tregua
ni descanso por la independencia de Cuba.
Con los hijos menores, a cuyo frente haba quedado Mximo.
que apenas haba penetrado en los aos de la juventud, duplic sus
fuerzas aquella batalladora e indomable mujer, y cuando inesperada-
mente recibi la dolorosa noticia de la muerte del hijo de sus entra-
as, contuvo el llanto para seguir la brega y bajo la egida de su nom-
bre, fund un'club, que pronto se convirti en uno de los principa-
les centros de propaganda para allegar recursos y continuar la guerra.
Das despus del doloroso suceso, Don Toms Estrada Palma,
el ilustre patriot, sustito de Mart en tierras de los Estados Uni-
dos, que estimaba improcedente la vida precaria de la esposa del ge-
neralsimo de las fuerzas libertadoras, le escribi, ofrecindole en-










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viarle una cantidad mensual para su sostenimiento, y ella, en forma
rotunda, que pinta a maravillas la entereza de su carcter, le contest
con estos renglones, cuyo original debe guardar el museo de la re-
pblica, como una de sus ms preciadas reliquias. He aqu la me-
morable carta:

Monteeristi, Rep. Dominicana julio de 1896.
Sr. Toms Estrada Palma,
President de la Junta Revolucionaria Cubana.
New York.
Muy Sr. mo:
Mucho me ha entristecido la comunicacin de Ud. en que me
notifica que esa Junta ha acordado socorrerme con una cantidad men-
sual para tender a mis necesidades.
Las que hemos dado todo a la Patria: padre, esposo, hijos..
apenas si tenemos tiempo para ocuparnos de las necesidades mate-
riales de la existencia. An me queda mi hijo Maximito, de diez y
siete aos, que labrando la tierra me trae pan bastante blanco con
que satisfacer las exigencias de la vida; an nos queda con que con-
tribuir mensualmente a la redencin de la Patria y no debe gastarse
en pan lo que hace falta para plvora.
Le saluda respetuosamente,
Bernarda Toro de Gmez.

La lectura de esta carta, plena de fe, que demuestra como pen-
saba la meritsima cubana, dice en forma excluyente de toda duda,
que el nombre de Bernarda Toro de Gmez, debe vivir eternamente en
el recuerdo de su pueblo y que no basta para rememorar todas sus
virtude.s ciudadanas, la modest tarja que la iniciativa de la institucin
Columna de Defensa Nacional, coloc en un trecho de pared de la
casa en que muri.
De la manera de pensar del genera Mximo Gmez, sobre la
vida llena de excelsitudes de Maanaa, hay Ina prueba digna de nien-
cionarse, en la carta, que desde Altagracia de Venero, le dirigib el









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da 27 de junio de 1896, con motivo de la muerte del valiente y te-
merario general Jos Maceo, en la Loma del Gato. Entre los prra-
fos ms salientes, le deca el sin par caudillo: "sin la seguridad que
tengo de que todas tus miras y todos tus pensamentos santos de mu-
jer, y de mujer cubana, se dirigen a tu Cuba; sin la conviccin pro-
funda de que a m te une un mismo fin de honors y de gloria, como
dos cabezas que juntas han sentido y pensado sobre la misma almo-
hada, tantas cosas de la patria, no te enviara estas lneas para desa-
hogar un dolor, buscando alivio a una gran pena. Y es que creo,
Dios me conserve esa ilusin, que cuando t sabes que yo padezco
y sufro, es much menos intenso el sufrimiento y me siento consolado
en las horas tristes de la vida, plagada de azares y duras privacio-
nes".
Terminada la guerra e iniciada la labor de reconstruccin del
pas, para preparar los caminos de la nacionalidad, vino a la Habana,
llamada por su esposo. En forma efusiva la recibi el pueblo de la
capital; manos de las classes populares, redimidas por mujeres como
ella, arrastraron amorosamente el coche que la conduca. Fueron sus
manos temblorosas por la emocin, las que limpiaron, colocndolos en
su ltimo recinto, los sagrados restos de su hijo y los del Gral. Maceo,
que juntos, enlazados por un mismo ideal, cayeron para siempre en
campos de Punta Brava. Quiso tener ese consuelo y nadie poda ne-
grselo, a la que mereca todos los honors de la patria que ayud a
libertar. En da feliz para el pueblo cubano, le cupo la gloria de ver
izada por las nervudas manos del compaero de su vida gloriosa, la
bandera de Cuba lilre sobre el viejo smbolo de la tirana espaola.
Se reeluy en su hogar para vivir tranquila los ltimos aos que le
quedaban, y el destino le permiti recoger el ltimo suspiro del viejo
irreductible, que solo fu vencido por el mandato imperioso de la muer'-
te, despus de ver cumplido el principal ideal de su maravillosa exis-
tencia: la libertad de Cuba. Y cuando esa misma voz, rompiendo de
nuevo la tranquilidad del hogar, la llam para elevar su espritu a
las ingnotas regions del misterio, pudo decir con la. serenidad de los
justos: puedo- morir ya, e cumplido todos mis deberes, para con la
patria y los mios.









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Parecer extrao que un ser tenido por dbil, ms que por las
leyes naturales, por los prejuicios y pasiones egoistas del hombre, se
significara algunas veces como en Momano, fuerte y vigorosa, valien-
te y decidida, como aquellos magnficos ejemplares, que bajo el poder
del dolor y la desgracia, en la sucesin de los hechos vividos, puede
presentar el hombre, orgulloso de su decantada superioridad.
Desde la estica hija de Catn de Utica, compaera fiel del
torturado Junio Brutus, desde Cornelia la madre de los Gracos, for-
jadora de los ideales democrticos en la conciencia de sus hijos, has-
ta las ms recientes manifestaciones, en concordancia con su espiritu
abierto y generoso, altamente comprensivo, ha contribuido, excedin-
dose en sus propios recursos, al triunfo de todos los empeos liberta-
dores. La mujer, no slo ha permanecido vinculada por el deber a
los delicados y minuciosos menesteres del hogar, cuando su compa-
ero, acicateado por la necesidad de vivir y por sus ineludibles res-
ponsabilidades, tuvo que hacer frente al peligro y la muerte; sino
que tambin, como lo demuestra la vida nazarena de la mujer que
acabamos de historiar, lo ha seguido resignada y sonriente por los
senderos speros del sacrificio, para mantenerle con su fe, firmeza y
confianza, en las horas dolorosas y amargas del pesimismo y la de-
rrota.
La historic, haciendo verdadera justicia, ha recogido el nom-
bre de excelsas matronas que cultivaron el ideal patritico en todos
los pueblos de la tierra; la nuestra, recien salida de la noche espesa
y tormentosa de la esclavitud poltica, despus de tres cuartos de si-
glos de lucha incesante, por realizar el ideal magnfico, pero sangtrien-
to de la emancipacin; ha sido tambin propicia al floreeimiento de
esos arquetipos femeninos, que en los das nebulosos de la muerte en
constant eclipse, alumbraban con sus proezas maravillosas las ratas
casi desconocidas de la revolucin.
Cuba, que innegablemente fu prvida en el heroismo y el mar-
tirio, solicitada aos tras aos, que se significaron en los esfuerzo
por romper el yugo colonial, por todas las grandes pruebas que con-
trastaban el carcter human; cuando se determine a dirigir sus pa-
sos hacia las cumbres llenas de resplandores que marcan las empress
fecundas del progress, entonces abrillanta ?hace crecer la cr6nioa de
lIs sucesos de resonancia histrica, con hechos de verdadera maravills;










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que fueron llevados a cabo en las emigraciones y en las guerras, que
hicieron necesarias el supremo anhelo de convertir a la colonia escla-
va en nacin completamente libre; por la dulce y tierna mujer, na-
cida en nuestro suelo, que no solo brind los hijos de sus entraas al
montruo insaciable de las pasiones desbordadas, en los das en que era
meta el honor y divisa la promesa de libertad; sino que form filas
-n las columns valerosas, participando como meros soldados en el
batallar constant de la ruda y memorable campaa, resistiendo se-
rena como los varones ya endurecidos, las miserias y desastres de
aquellas largas y crueles contiendas, que fueron precisas para derro-
tar en forma definitive a la nacin tirnica y dominadora.
Como esas mujeres, como lo fu sin duda, Bernarda Toro de
Gmez, hubieron otras muchas, cuyos nombres deben perdurar en la
conciencia del pueblo cubano, si sabe aquilatar lo que represent ser
ciudadano de un pas, pleno de libertad y soberana.
Entre ellas y para mencionar algunas, sealaremos a Mariana
Grajales de Maceo, haciendo prestar juramento de fidelidad a la pa-
tria a los hijos bien amados, para verlos despus incorporarse a la ca-
ravana de patriots que iban a luchar frente al podero de la nacin
conquistador; a Mercedes Mora, cayendo herida de muerte, junto
al hijo asesinado por la soldadesca enfurecida; Candelaria Figueredo,
abanderada de la division bayamesa, que con la insignia tricolor agi-
tada por sus manos, penetr en Bayamo, el glorioso da en que mor-
dieron el polvo de la derrota los soldados de la Espaa intransigente;
Ana Betaneourt de Mora, que tuvo la gloria de presenciar en Gui-
maro la proclamacin de la repblica en armas y que en medio de la
solemnidad de aquel instant supremo, fu a la tribune, caldead to-
dava por las arengas inmpresionantes de los oradores revoluciona-
rios, para pedir, ante la admiracin y el aplauso de los libertadores,
el reconocimiento de los derechos de la mujer que iba a prestar su
coneaso a los paladines de la justicia y la razn; Mara Cabrales
la espesa del Titn de Bronee, defendindole como una leona, cuando
cubierto de heridas era persegaido por las fuerzas adversaries; Isa-
bel Rubio, la valiente vueltabajera, presentando su pecho a las balas,
para defender a ios enfe *os y heridos que despiadadamente fueron
tiroteados por los guerrilleros, puestos al servicio de la tirana espa-
ola; Ana de Quesada, compaera ejemplar del Padre de la Patria,











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negndose a presentarse a los enemigos de Cuba, y -que hecha prisio-
nera, supo mantener frente al jefe military, todas las energies de una
mujer espartana; Adela Azcuy, Rosa la Bayamesa y Juana Arias,
incorporadas a las filas de la revolucin, para ir a la carga al lado de
los ms aguerridos combatientes; y por ltimo, Magdalena Pearre-
donda, Rosario Collazo, Carolina de Vera, Eva Adn de Rodrguez,
Gabriela de Varona, Concepcin Agramonte, Emilia de Crdova,
Charito Sigarroa y Fredesvinda y Mara Luisa Snchez, entire otras
muchas, audaces conspiradoras en el patrio suelo y en extranjeras
playas, incansables en la propaganda revolucionaria; son pruebas .de-
masiado elocuentes e indestructibles del aporte de nuestras mujeres a
la causa santa de la libertad.
Y ahora en que, ante vuestra gentil y benvola atencin, voy
a dar trmino a la conferencia, que honrndome con exceso, me pi-
diera una tarde del pasado diciembre, quien es digna heredera de las
grande virtues de sus mayores, siendo por su talent y energa, la
ms genuina representacin de la mujer modern, capaz de los ma-
yores empeos en la vida ciudadana; cabe preguntar, puesta la mano
sobre el corazn y sin propsito malsano de crtica, si al travs de los
treinta aos de vida republican, se han cumplido algunas de las
ideologas que impulsaron a esas insignes matronas a darlo todo por
la consecucin de los grandes ideales de su vida. Y cabe preguntar
tambin, si en una repblica, que se hizo al calor de los ms altos
sentimientos de democracia y de justicia, los forjadores de las leyes,
deben negarse al reconocimiento de los derechos de la mujer, en la
que se simbolizan las vidas hericas, de aquellas que como Bernarda
Toro de Gmez, de da y de noche, bajo el calor agobiador de julio, o
sintiendo los rigores del invierno tropical, entire la confusa arboleda
de los montes ubanos, oian el fragor de la pelea de las fuerzas cu-
banas, en lucha desigual con las tropas espaolas.
En cuanto a la primera pregunta, pensando como Mart, que
el hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que pien-
sa, no es un hombre honrado; tendramos que deeir, que no se han
llevado a la prctica los sentires de los cge se inmolaron por ver
triunfante la justicia y la razn. Porque muchas veces, desde los
inicios de la repblica, a la sombra de su bandera, la patria: ha sido










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pedestal de encumbramientos personales, escarnecida la justicia y des-
conocido el derecho.
Y en cuanto a la segunda, no es un secret para nadie, que sal-
vo un grupo de hombres, espritus abiertos a la plena concesin de los
derechos polticos de la mujer, una gran mayora, no slo lo dispute
y los combat, sino que, por si ellos fuera, cerrando los ojos a las
luces del progress, haran de la mujer, la misma esclava de pocas
pretritas, en que el hombre por sus insanos egosmos era el nico do-
minador.
Dijo Mart: "la mujer es como una flor, y hay que tratarla
asi con. mucho cuidado y cario, porque si la tratan mal, se muere
pronto lo mismo que las flores"; pero en ese pensamiento altamente
comprensivo del Apstol, sin que haya el propsito de clasificar a la
mujer entire las cosas dbiles y fldjas, hay si la idea noble y levanta-
da de reconocer que a ella le debemos toda clase de consideraciones.
Nadie niega que en el hombre est representado el msculo y
la razn; la fuerza para ejecutar y la conciencia para discernir, pe-
ro quiere eso decir que la mujer no piensa, no ejecuta, cuando labo-
ra por los suyos y trabaja para hacer comfortable el hogar de la fa-
milia? Frente a la fuerza de uno, est la inspiracin del otro; fren-
te al poder que atrae y esclaviza, el corazn que ama y que perdona.
Porque nadie puede discutir que la naturaleza dot a la mujer de
sentimientos delicados, que es intuitiva y que forj en ella el ansia
perenne de todos los sacrificios, en que palpita el anhelo de inmolarse
por el bien de los dems.
El advance continue del progress, ha hecho que ya la mujer no
pueda ser considerada como esclava, ni como objeto de entretenimien-
to, ni como artculo de lujo; sino por el contrario, para ver en ella la
compaera del hombre en los moments de alegra y en los instantes
de infortunio, y desgracia. No puede ser tratada como enemigo, a
la que es amiga fiel, que consuela y alienta, para seguir las rutas ms
o menos Amplias, pero dolorosas de la vida. A quien se le confia el
cuidado, la educacin de los hombres del porvenir, en la edad preci-
sa en que pueden forjarGonciencias y preparar ciudadanos, a la que
tiene la alta misin de ser crisol de vidas, a quien la naturaleza dot
de medios para amamantar a los hijos de sus entraas, a quien es











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hermana de la caridad para consolar a los enfermos y cuidar a los
heridos, y a quien forj naciones y destruy tiranas, no se le pueden
discutir derechos, hay que concedrselos, tarde o temprano, cuando la
razn, obscurecida por la sombra del egoismo. human, se llene de
claridades a la luz de la verdad.
Son muchos los que por vivir aferrados todava a las costum-
bres de un pasado que va cediendo bajo la piqueta demoledora de la
civilizacin, discuten los derechos a la mujer, justificndolo en las
dificultades que habra de encontrar para su actuacin en los mismos
campos en que el hombre desenvuelve sus actividades; unos dicen:
quin cuidar el hogar?, otros exclaman: quin educar a la ni-
fez? y otros se detienen a pensar en cual ser entonces el desenvol-
vimiento de la familiar del porvenir. Para stos, en los que podra-
mos ver como atenuante a su negative, el miedo insuperable a las con-
secuencias de un cambio radical del sistema que ha imperado entire
nosotros por espacio de ms de cuatrocientos aos, pueden nuestras
mujeres mantener la esperanza de convencerlos un da. Ms para
los gratuitos detractors, que cerrados a toda evidencia, les niegan fa-
cultades y no permiten alentar la ms ligera esperanza; tenemos. que
pensar que han olvidado en su intransigencia imperdonable, que fue
una mujer quien le di la vida, que le seal los primeros pasos por
los in-ciertos senderos de la tierra, que ayud a forjar su espritu y
que fu en fin, una mujer quien le di el primer beso, le enjug la
primera lgrima y le hizo la primer caricia, como presagio de dulzu-
ras que ponen en la vida una nota de optimism.
Por eso, hacen bien las instituciones que laboran por la con-
secucin total de los derechos de la mujer, en primera fila, con todo
el entusiasmo de sus huestes dispuestas a la lucha: La Alianza Na-
cional Feminista, siguiendo sus tesoneras campaas. Los equivoca-
dos las llamarn ilusas, sin tener en cuenta que as calificaron a Mar-
t, y que muchos de esos ilusos, han blanqueado con sus huesos los
senderos del ideal y han sido muchas veces forjadores de grades
maravillas que han contribuido al engrandecimiento human.




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