• TABLE OF CONTENTS
HIDE
 Front Cover
 Front Matter
 Title Page
 Palabras en la session cervantina...
 El sentido tragico de la "numa...














Group Title: Publicaciones de la Academia Cubana de la Lengua, correspondiente de la Real Espanola
Title: El sentido trágico de la "Numancia."
CITATION THUMBNAILS PAGE IMAGE ZOOMABLE
Full Citation
STANDARD VIEW MARC VIEW
Permanent Link: http://ufdc.ufl.edu/UF00075006/00001
 Material Information
Title: El sentido trágico de la "Numancia." Conferencia
Series Title: Academia Cubana de la Lengua, Publicaciones
Physical Description: 30 p. : ; 24 cm.
Language: Spanish
Creator: Mañach, Jorge, 1898-1961
Publisher: s.n.
Place of Publication: La Habana
Publication Date: 1959
 Subjects
Subject: Tragic, The   ( lcsh )
Genre: non-fiction   ( marcgt )
 Record Information
Bibliographic ID: UF00075006
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: aleph - 001100044
oclc - 04530501
notis - AFJ5965
lccn - 65052618

Table of Contents
    Front Cover
        Front Cover 1
    Front Matter
        Page 1
    Title Page
        Page 2
    Palabras en la session cervantina del dia del idioma, en la academia Cubana de la lengua
        Page 3
        Page 4
    El sentido tragico de la "numancia"
        Page 5
        Page 6
        Page 7
        Page 8
        Page 9
        Page 10
        Page 11
        Page 12
        Page 13
        Page 14
        Page 15
        Page 16
        Page 17
        Page 18
        Page 19
        Page 20
        Page 21
        Page 22
        Page 23
        Page 24
        Page 25
        Page 26
        Page 27
        Page 28
        Page 29
        Page 30
        Page 31
Full Text






EL SENTIDO TRAGIC

DE LA ((NUMANCIAI






POR
JORGE MA&ACH


PUBLICACIONES DE LA
ACADEMIA CUBANA DE LA LENGUA,
"CORRESPONDIENTE DE LA REAL ESPA4OLA

LA HABANA
1959

8(o3.32
SlYV n
v1ca
















UNIVERSITY
OF FLORIDA
LIBRARIES










EL SENTIDO TRAGICO


DE LA <(NUMANCIA)







POR
JORGE MAJRACH











PUBLICACIONES DE LA
ACADEMIA CUBANA DE LA LENGUA,
CORRESPONDIENTE DE LA REAL ESPA1ROLA

LA HABANA
1959













PALABRAS EN LA SESSION CERVANTINA DEL DIA
DEL IDIOMA, EN LA ACADEMIA CUBANA
DE LA LENGUA


(23, abril, 1959)


Nuestra sesi6n traditional del Dia del Idioma tiene este aio
un exceptional relieve. No es sdlo por el tiempo nuevo que vive
la Patria cubana, es tambien porque un miembro fundador de
esta casa, el gran escritor Jorge Mafach, retorna a las areas aca-
demicas despuis de una larga ausencia, en la que sigui6 sirviendo
a Cuba con el sentido de total entrega que no repara ni en el
mismo sacrificio, y su palabra creadora, en la cdtedra, en la
tribuna, en el peri6dico, continue su noble, generosa y constant
labor.
Ain estaba el entrafable amigo en Madrid y alli le sorprendid
mi carta rogdndole que prestase a la Academia Cubana el nuevo
servicio que hoy hondamente le agradece nuestro Instituto. No
tuve que insistir much, en verdad, cuando asisti6 a una de
nuestras sesiones reglamentarias. Ni siquiera hube de recordarle
que ya habia inscrito su nombre en nuestros anales cervantinos
en sus dias de estudiante en Harvard. Yo no conozco ese tra-
bajo de los 18 6 20 aios de Jorge Mafach. No se c6mo mi gran
pasidn por los origenes de las cosas ha podido consentirlo. Pero
esa es la realidad, y espero que azin no sea demasiado tarde para
que el fraternal camarada me depare la sorpresa de su ensayo
de la primera juventud, casi diria de la adolescencia. Y ahora,
ni siquiera hago la indicaci6n del tema que va a tratar Jorge









Manach, porque no quiero retardar un solo moment el placer
de oirle, de sentir c6mo ilumina un aspect de la obra cer-
vantina, que el soberano ingenio, en el prdlogo adolorido que
describe al frente de sus comedies, recuerda que < un cofre y conden6 a perpetuo silencio>. No fue asi, en realidad,
y de ello nos dard buena cuenta en seguida Jorge Maiach.

JosE M. CHAC6N Y CALVO













EL SENTIDO TRAGICO DE LA


1

La Numancia de Cervantes es una de esas grandes obras que
tienen, dentro de su perenne vigencia, una suerte de actualidad
potential y como en acecho. Cuantas veces mudan los aires del
orbe hispinico a favor de la libertad, o se llenan de pasi6n por
la conquista de ella, la tragedia cervantina sale de su aparente
olvido, monta a los tablados y enardece a los piiblicos de nuestra
habla, y aun, tal cual vez, a los de tierras ajenas. En situaci6n
semejante a la de su propio tema, cuando el cerco de Zaragoza,
dio alientos a los sitiados para resistir, con memorable heroismo,
el asedio de los franceses. Andando el siglo, el famoso actor Isidro
Maiquez, que en Madrid habia participado en las jornadas de
1808 contra el mismo enemigo, arrebataba desde los escenarios
al declamar las f6rvidas tiradas de los heroes numantinos. En fin,
la defense de Madrid, en la guerra civil espaiiola, dio tambien
ocasi6n a la para actualizar una vez mis su secular
mensaje, en version modernizada por el poeta Rafael Alberti.
No viene mal, por consiguiente, que nosotros hablemos de la
brava pieza en este aniversario de Cervantes,(*) cuando tan re-
ciente tenemos nuestro propio trance de dolores publicos y nos
trae a6n ecos de heroismo el aire de la libertad. Ni, por otra
parte, desentonara de este particular ambiente acad6mico el que
tratemos de indagar, s6lo con inimo de honra a Cervantes, en
que consiste, por debajo de la obvia apariencia, el sentido de
aquel heroismo en la obra famosa, y c6mo se relaciona con temas
humans menos epis6dicos y, por consiguiente, mas universales
y eternos.
(*) Esta conferencia se ley6 en la Academia Cubana de la Lengua el 23 de abril
de 1959. Algo retocada despubs, la prcsente es su version definitiva.-J. M.







JORGE MANACH


Pues la Numancia-casi huelga decirlo-tiene tambien esa su-
perior vigencia de las creaciones que por su calidad misma so-
lemos Ilamar inmortales. A veces lo olvidamos, como ocurre
con casi todas las demis obras menores de Cervantes, porque el
esplendor del Quijote parece eclipsarlas, y, en el caso de esa tra-
gedia en verso, porque suele pensarse que ni fue su autor gran
poeta, ni se cifie muy bien a su rostro de humorista la mascara
trigica. Lo cual, sin dejar de ser cierto en su media, no quita
para que el renovar nuestro contact con la obra, ya sea como
espectadores o como lectores, nos result siempre un impresio-
nante redescubrimiento. Asi, por ejemplo, Azorin pudo en
cierta ocasi6n escribir: leer la Numancia de Cervantes. He leido una obra nueva. He
leido una obra maravillosa. No volvia de mi asombro. No me
explicaba c6mo una obra de tal naturaleza no es conocida,
comprendida, admirada por las gentes>.
Sorprende esta dep'loraci6n del gran escritor. Atendiendo
s6lo a juicios extranjeros, recordemos que ya Goethe ponderaba
la Numancia en carta a Alejandro Humboldt, y Federico Schle-
gel, con romantico exceso, la reputaba de <>. Incluso re-
firiendose a su calidad vo6tica, nada menos que Shelley opin6
que, si bien en la tragedia de Cervantes llama poesia>, es tal el imperio del lenguaje y la armonia de la
versificaci6n, que . Son
muchos los festimonios semeiantes. Por lo que hace al contenido
de la Numancia, un juicio de Schopenhauer es particularmente
significativo al objeto de este trabaio. Habiendo leido la obra
con entusiasmo, seguin cuenta, escribi6 al margen de ella estos
versos, que desde luego sonarian mejor en aleman:
El suicidio de todo un pueblo
aqui ha pintado Cervantes.
eR6mpese todo? S61o nos queda
volver al origen de la Naturaleza.(*)
Es decir, cuando todas las posibilidades de la acci6n se agotan,
cuando las voluntades individuals se estrellan contra la nece-

<*) Cf. Armando de Maria y Campos: El teatro de Cervantes, Mexico, 1948.







EL SENTIDO TRAGICO DE LA


sidad, no queda sino acogerse al seno misterioso de la Nada,
adonde la voluntad Ilega por el camino de su propia renuncia.
Si tal es el sentido de esos versos, esa sumaria interpretaci6n que parece ofrecernos el gran fil6-
sofo pesimista, tan admirable escritor el mismo? iEs ese, real-
mente, el alcance mis profundo de la Numancia? jEn qu6
consiste su sentido trigico?



2

Para precisar mejor nuestra pesquisa, conviene que nos plan-
teemos algunas cuestiones iniciales.
Cervantes llamo comedian a su obra: Comedia del Cerco de
Numancia. Es casi seguro que no hubiese intenci6n diferencial
o especifica en el empleo de esa palabra. Asi se lamaron en
Espafia, desde el Siglo de Oro, todas las obras teatrales de alguna
categoria. Lo significativo es que la posteridad no haya dejado
nunca de considerar la Numancia una tragedia. Si lo es estric-
tamente o no, depend, por supuesto, de que cosa sea lo que
debamos entender por tragedia.
Ahora bien: ni en el orden formal ni en el sustantivo o de
contenido hay, que yo sepa, acuerdo decisive al respect. Las
pretensas definiciones de quienes se aventuran a hacerlas no
atinan, por ejemplo, a fijar inequivocamente la frontera formal
entire la tragedia y el drama. En cuanto al contenido, ocurre
poco mis o menos lo mismo. Se supone que el paradigma de la
tragedia es la de los griegos, y he aqui que un conocedor tan
profundo de su literature como Jaeger, no vacila en afirmar
en su Paideia: < tragedia, hallaremos que en cada uno de los grandes trigicos
habria que dar una respuesta diferente. Una definici6n general
-afiade--s6lo podria provocar confusiones>.
En efecto, la definici6n de Arist6teles, por ejemplo, es tan
complicada como ambigua, no obstante los esfuerzos que el gran







JORGE MANACH


fil6sofo hizo por ajustarla a sus principios metafisicos y esteticos,
o tal vez por lo mismo. Segun 61, la tragedia seria de una acci6n seria y de la vida>, en lenguaje de cierta dignidad
y cuales se logra la catarsis de tales emociones>... Los demas requi-
sitos que en la Poetica se sefialan, o no afiaden much claridad, o
no parecen indispensables si se atiende al hecho hist6rico-literario.
Asi, por ejemplo, el de que la tragedia haya de tratar siempre
de las desdichas de un hombre que la virtud o en la justicia, cae en la desgracia, y no por vicio o
depravaci6n alguna, sino por algun error de juicio>. Hay tra-
gedias, como la Antigona de S6focles, por ejemplo, en que obvia-
mente no se da esa condici6n.
Con ella se relaciona otra que, si bien Arist6teles no hizo mis
que sugerirla, alcanz6 mayor fortune, al menos en la teorizaci6n.
Me refiero a la acci6n del hado en la tragedia. Dice el Esta-
girita que el tema esencial de 6sta es la desgracia, y que la mayor
desdicha possible es la culpa en que un hombre incurre por la
voluntad del destiny, o una fatalidad inevitable, o una venganza
de los dioses. Contribuy6 asi Arist6teles a canonizar precepti-
vamente una inferencia derivada de algunas obras de Esquilo
y de S6focles. El mismo Jaeger, a cuya prevenci6n contra las
definiciones de lo tragico me referi, acaba por suscribir esa
concepci6n determinista. Moira-dice-, jams se hubiera producido una verdadera tra-
gedia>. Podrian citarse innimeras opinions en igual sentido.
Se trata ya de un t6pico de la teoria literaria.
Mas no por ello es obligado aceptarlo incondicionadamente.
Recordemos, por lo pronto, que ya entire los griegos mismos la
creencia en un destino inexorable, tan asociada a la idea primi-
tiva del ananlke o la Necesidad, se fue atenuando progresiva-
mente. Aun el mas sombrio de los grandes clasicos, Esquilo,
habia concebido el fatum, no como una ciega imposici6n, sino
como un designio just y ordenador de los dioses, como la
voluntad divina de proyectandose en el caos de lo
human. Mis auin se modern el element fatidico en $6focles,
con su avidez de equilibrio, de armonia, que tan certeramente se
ha comparado al espiritu de la plistica griega contemporinea,







EL SENTIDO TRAGICO DE LA ANUMANCIA


particularmente de la estatuaria. Como habia de mostrar Nietz-
sche con insuperable elocuencia en su obra genial Los Origenes de
la Tragedia, el violent espiritu dionisiaco de la 6poca mitica se
fue templando con el de la serenidad apolinea. Tras el raciona-
lismo de la Sofistica, sobrevino la tragedia de Euripides, mis
intervenida aiin por la raz6n y la voluntad humans, es decir,
por la libertad.
Eso, sin ir mis adelante, en el piano hist6rico. En cuanto a la
teoria, recordemos que la tesis del fatalismo como esencia de la
tragedia no ha' dejado de ponerse en tela de juicio, y hasta ha
sido rotundamente negaada. Ortega y Gasset, por ejemplo, en
sus Meditaciones del Quijote, la ha refutado con su habitual brio
para las revisiones dristicas. tragedia griega-escribi6-. Si somos sinceros, declararemos que
no la entendemos bien>... Apartindose, pues, de ese paradigma,
de suyo vario, concluye que, lejos de originarse en la fatalidad
lo trigico, es esencial al heroe querer su trigico destino>. De
modo que para el fil6sofo espafiol la esencia del genero no con-
siste en la representaci6n de una fatalidad que sojuzga y frustra
la voluntad humana; sino todo lo contrario: deriva de una
que se empefia en realizar algo a que nada
la obliga.
Necesidad... Libertad... CC6mo pronunciarse entire tan opues-
tas concepciones de lo trigico?
No hay duda, a mi juicio, de que cuando en: la apreciaci6n
corriente calificamos asi una situaci6n o un hecho, consideramos
siempre una dolorosa experiencia sobrevenida a las victims sin
su voluntad o, al menos, por alguna suerte de engafio que esta
ha sufrido. No es trigico que un hombre muera en la guerra,
o en el peligro que 61 mismo busc6. En cambio, si lo es, por
ejemplo, ese episodio tan conocido de nuestra reciente tragedia
national: el caso de un padre que, habiendo querido amparar de
contingencies peligrosas a su hijo inocente, le hizo encerrar en
prisi6n, de donde fue sacado dias despues al azar y asesinado
por una ciega y siniestra represalia policiaca. En tal caso, tri-
gico a la vez para el padre y para el hijo, se da, con tremenda
ironia por cierto, el erroro> de que Arist6teles hablaba; pero
lo tragico del suceso no reside, a mi juicio, en ese error, sino en







JORGE MANACH


que eso que liamamos ocasione una
terrible desdicha. Ese conjurarse las circunstancias por sobre
toda la humana previsi6n parece ser el signo de lo trigico. En
rigor, la tragedia no se inflige: se sufre. No hay propiamente
una acci6n, sino una pasidn tragica. Por eso, de toda muerte
que no pudo entrar en los calculos del que perece, o en que la
voluntad de 6ste s6lo intervino por una presi6n moral irresistible
sobre su propia conciencia, como en el suicidio, decimos que es
una muerte .
A veces, pues, reconocemos lo tragico en algo que no es una
mera aflicci6n pasiva: algo en que la volutad actua a favor de
la propia aflicci6n. Pero cabe preguntar: actiia en verdad
libremente?... Cuando Ortega afirma que es esencial al h6roe
, tal enunciado envuelve expresa-
mente lo que se trata de indagar: el destiny trigico. (Por que
se le califica asi y qu6 es lo que hace de 61 un destino? Ademas,
puede decirse que se le quiera libremente? (No seri mis bien
que impele a aceptarlo una fuerza superior, una determinaci6n,
una necesidad de que el sujeto mismo no se percata, o que, advir-
tiendola, no la puede contrariar?
Tocamos aqui, desde luego, el tremendo dilema entire el deter-
minismo y el libre albedrio. Sin aventurarnos en tan grave cues-
ti6n, admitamos que nuestra voluntad se ve en ocasiones, y aun
por largos trechos, sometida a la presi6n de circunstancias o
de estados de conciencia que la obligan a actuar como no qui-
siera, o a querer lo que no represent su inmediato y mas con-
creto interns. Cuando una presi6n semejante determine todo el
sentido de una vida, llamamos a eso ; y si acarrea el
dolor o la muerte, lo Ilamamos un destino trigico. Tritese o
no de un poder de origen trascendente o sobrenatural, eso es
lo que parece actuar siempre como Necesidad en la tragedia.
Ahora bien: es possible conciliar esa necesidad con la liber-
tad? Schelling lo intent al menos, en su Filosofia del Arte. esencial en la tragedia--dijo--es un conflict real de la libertad
en el sujeto y de la necesidad mis objetiva; pero ese conflict no
terminal en la derrota de una u otra, sino que ambas aparecen
triunfantes y vencidas a la vez...> y su destino aparece lucido antes sus ojos, para 61 ya no existe







EL SENTIDO TRAGICO DE LA


duda, o por lo menos no debe existir para 6l, y en el moment
del mayor sufrimiento pasa a la maxima liberaci6n y al miximo
no padecimiento. A partir de ese instant, el poder insuperable
del destino, que parecia absolutamente grande, s6lo lo es de un
modo relative, pues es vencido por la voluntad y se hace sim-
bolo de lo grande absolute, es decir, del sentimiento sublime>...
Notemos bien esas palabras. Aunque Schelling todavia com-
plica esa doctrine con la tesis aristot6lica de la culpa, que a mi
juicio no es esencial a lo trigico, creo que la conciliaci6n de la
necesidad con la libertad se produce, en efecto, de un modo o
de otro, en las mejores tragedies, griegas o no, y ciertamente la
hemos de hallar en la Numancia.
En general podemos decir, sin embargo, que la evoluci6n del
g6nero desde los clisicos grecolatinos acusa una afirmaci6n cada
vez mis acentuada de la voluntad humana y de su libertad. De
representar, como en la tragedia griega mis caracteristica, la
expiaci6n impuesta inexorablemente por los dioses como conse-
cuencia de una culpa no pocas veces ajenas al protagonista, la
tragedia pas6 en el Renacimiento a dramatizar principalmente
el conflict del hombre consigo mismo; es decir, entire sus dis-
tintas pasiones, o entire la pasi6n y la raz6n, como ocurre en
Corneille y Racine, en Shakespeare y Calder6n. Ya en los tiem-
pos modernos primary mas netamente el conflict del individuo
con el pr6jimo, o, como sucede muy marcadamente desde Ibsen,
el conflict del individuo con la sociedad, o con las ideas y senti-
mientos que en ella prevalecen.
El Renacimiento es un punto medio y transicional de esa evo-
luci6n. En el teatro como en todo, la trascendencia cede entonces
a la inmanencia; lo sobrenatural a lo natural. Entra en crisis la
tragedia de inspiraci6n religiosa, que tuvo su prototipo entire los
griegos; y aun en Espaiia, donde ese genero de inspiraci6n per-
duraria mas (en parte al menos por la influencia de la Contra-
rreforma), comienzan a destacarse el drama psicol6gico y el his-
t6rico, donde la libre voluntad humana prima ya sobre la fuerza
absolute del destiny, y precisamente por eso son ya drama y no
tragedia. Todavia, empero, esos dos factors se conjugan de
algiin modo en el Renacimiento. Una de las manifestaciones de
esa transici6n es la que se da en la Numancia bajo la forma de







JORGE MANACH


sacrificio voluntario del h6roe a un destiny que no es ya indi-
vidual, sino colectivo, y cuyo inmediato estrago es como el
precio de una superior bicnandanza, de una trascendencia his-
t6rica favorable.
Para mostrar todo esto y, de paso, ponderar algunos otros
aspects y valrrcs de la Numancia, nos es precise recorder el
tema y desarro!lo de la obra, por mas que sean tan conocidos,
sobre toc'c en un imbito como 6ste.



3

La ciudad de Numancia lleva ya catorce afios asediada por las
tropas romanas. Tan costosos como vanos han sido los esfuerzos
de Escipi6n por rendirla. Frecuentes salidas de los numantinos
han hecho estragos en sus huestes. Resuelve entonces el general
cavar en torno a la ciudad, por toda la parte de ella que el rio
no aisla, un foso tan profundo que los sitiados no puedan in-
tentar siquiera salvarlo sin perder la vida. Frustrados los ultimos
esfuerzos de los defensores por conseguir ayuda exterior, antes
que verse reducidos por el hambre prefieren matarse entire si,
o entregarse a la hoguera que alzan en la plaza, luego de haber
quemado en ella sus mejores prendas. Cuando al fin las tropas
de Escipi6n entran en la ciudad, hallan un cuadro de desolaci6n
y de muerte.
Tal es el suceso famoso, que pas6 a la historic con visos de le-
yenda. Cervantes-que se document en historiadores latinos y
espafioles-simplific6 aun mis aquel episodio de la lucha de Vi-
riato, a fin de acusar mejor sus perfiles heroicos. Parece que
buscara asociar dos empefios: el de instaurar la tragedia de corte
clisico en Espafia y el de nacionalizarla. Pero lo que mis cuenta
de la obra no es, desde luego, el tema, harto consabido ya en
tiempos de Cervantes, ni su possible intenci6n extraliteraria, sino
los episodios ficticios que el gran ingenio ide6 para reducir el
asunto a material teatral y los recursos dramiticos a que apel6
para subrayar ciertas implicaciones.







EL SENTIDO TRAGICO DE LA NUMANCIA>


La obra se desenvuelve en cuatro jornadas. La primera de ellas
tiene lugar en el campamento romano. Escipi6n se queja, con su
edecan Jugurta, de la que el Senado ro-
mano le ha echado encima; del largo asedio que ya tantos hom-
bres le ha costado./Deplora tambien los vicios y devaneos que
han cundido entire su gente. El sentido &tico, siempre present
en toda la obra de Cervantes, asoma en esta preocupaci6n,
junto a los miramientos del soldado, fresco ain de la gloria de
Lepanto:
La fuerza del ejircito se acorta
cuando va sin arrimo de justicia,
aunque mds le acomparien a montones
mil pintadas banderas y escuadrones.

Escipi6n decide reunir la tropa en el real y arengarla. Lo hace
alternando la severidad y la incitaci6n patri6tica. Advierte a los
soldados-y este es un punto que me importa destacar-cuinto
depend de la voluntad de ellos, y no de otra cosa, la suerte de
la empresa:
Cada cual se fabric su destino;
no tiene alli fortune alguna parte;
la pereza, fortune baja cria;
la diligencia, imperio y monarquia.

Entre el clamor de la tropa, que responded briosa a la arenga, se
anuncia al jefe la llegada de dos numantinos en son de embajada.
Escipi6n los hace venir a su presencia. Los espafioles plantean sus
proposiciones con sobria entereza y dignidad:
No imagines que temor nos lleva
a pedirte las paces con instancia,
pues la larga experiencia ha dado prueba
del poder valeroso de Numancia.

Nunca se hubiera su pueblo alzado contra Roma-afiaden-
si el insufrible mando y desafueros
de un consul y otro no le fatigara.

Al par que esa motivaci6n (hist6ricamente acaso discutible),
deja entrever Cervantes suo espiritu razonador y su amor a la






JORGE MANACH


libertad, muy vivo siempre en 61 junto a un sentido de la co-
hesi6n y de la discipline political, caracteristico de la 6poca es-
pafiola en que la Numancia se escribi6.
Pero Escipi6n contest a los embajadores con romana alta-
neria. Representa el poder absolute y arrogante del Imperio.
Las palabras de los enviados numantinos al retirarse ponen reno-
vadamente de manifiesto lo que el edecan Quinto (en la historic,
el hermano de Escipi6n) llama su . Es en-
tonces cuando Escipi6n confia a su subalterno el plan que
tiene de cavar el foso en torno a la ciudad, para reducirla por
hambre.
En este punto, la escena cambia y hacen su aparici6n eri el
tablado dos figures aleg6ricas: Espaiia y el rio Duero. Pero a
ellas, como a las otras del mismo caricter que aparecen al fin de
la obra, me referire mejor despues.
La jornada segunda se inicia teniendo por scenario a la ciudad
sitiada. Te6genes, el jefe de la plaza, da, de entrada, una nota
significativa al resumir la situaci6n en que los numantinos se
hallan. Parecele-dice--
que en nuestros daiios con rigor influyen
los tristes signos y contrarios hados,
puel nuestra fuerza humana disminuyen.
La palabra supuestamente clave de lo trigico, tan obvia deliberaci6n por primera vez en la obra. Antes, tam-
bien uno de los embajadores numantinos la emple6, pero con
acento menos . Este lenguaje contrast con el ya
subrayado de Escipi6n en la jornada primera, al decir a sus sol-
dados que la suerte del asedio no dependia sino de su propia
voluntad. En el caso de los espafioles, por el contrario, la vo-
luntad es impotente contra el destiny inmediato precisamente
porque esti colaborando, sin saberlo, a la realizaci6n de un des-
tino ulterior y mas glorioso, como luego veremos.
No obstante aquel fatal presentimiento, los jefes numantinos
deliberan sobre el modo mejor de salvar la situaci6n, que el
hambre agrava cada dia mis. Hay proposiciones audaces de salir
a la diabla y romper el cerco. Subrayando, sin embargo, la








EL SENTIDO TRAGICO DE LA

concepci6n fatidica, uno de los sitiados propone que se le reciba
dictamen al agorero Marquino y que se hagan sacrificios a Ju-
piter para ver de conjurar . Cuando asi lo
acuerdan los jefes, a la tension solemne de tales deliberaciones,
llevadas en verso de arte mayor, sucede el dialogo, en metro
breve, entire dos ciudadanos mis modestos, Marandro y Leonicio,
que son fraternales amigos. Marandro arde en amor por Lira.
Su camarada le pregunta:
eNo es ir contra la raz6n,
siendo th tan buen soldado,
andar tan enamorado
en tan extraia ocasidn?

A lo cual Marandro responded que jams el amor hizo a ningin
pecho cobarde. Como efusi6n de ese sentimiento, apunta en el
diilogo un iltimo fulgor de juvenile esperanza; pero se torna en
desolaci6n cuando los sacrificios de los sacerdotes revelan fiales ciertas de dolores ciertos>. Otro recurso magico confirm
la oscura voluntad del sino: suscitaJode su tumba por el ago-
rero, un muerto revive para confirmar, con su saber de su
ultratumba y en sibilinos dichos de Numancia. En esta atm6sfera dramatica concluye la segunda
jornada.
El comienzo de la tercera nos lleva de nuevo al campo romano.
Escipi6n se huelga del buen resultado que le va dando su plan.
Es evidence que los numantinos no podrin ya resistir much
mis. Lo deja entender una nueva embajada que de ellos Ilega.
Ahora pretenden, por la voz del guerrero Caravino, dirimir el
pleito mediante . Aunque el re-
curso proceda de la epopeya antigua, ecos medievales y aun qui-
jotescos parecen renovarlo en la obra. Todavia piensan los
bravos guerreros de la plaza sitiada que la fuerza del brazo, y
no la incontrastable de superiores designios, pueda decidir a
qui6nes favorecen los hados. Cuando Escipi6n responded con
burlas, la iltima esperanza se ha perdido.
En la ciudadela, adonde se traslada la escena, los guerreros
resuelven salir a la desesperada: salvar el foso e ir a morir si-
quiera en campo abierto. Pero las mujeres de Numancia, ente-







JORGE MANACH


radas de esos prop6sitos, acuden a disuadir a sus hombres. Desde
las matronas hasta la dulce Lira, la amada de Marandro, se
oponen a quedar desamparadas, cidas>. Te6genes dicta entonces, como l6timo recurso, la orden
tremenda:
en medio de la plaza se haga un fuego,
en cuya ardiente llama licenciosa
nuestras riquezas todas se echen luego,
desde la pobre a la mds rica cosa,

y que, por de pronto, bre>, se sacrifique a los romanos press, repartiendo como ali-
mento sus despojos. Ni este terrible detalle se ahorra, con tal
de hacer resaltar el trance de la ciudad heroica.
Contrasta con 61 la tierna escena siguiente entire Marandro y
su amada, por mis que tambi6n el madrigal cobre en ella acentos
de trigico realismo. < deja que miren mis ojos
un rato tu hermosura,
pues tanto mi desventura
se entretiene en mis enojos.
iOh dulce Lira, que suenas
contino en mi fantasia
con tan suave armonia
que vuelve en gloria mis penas!
Mas Lira no puede reprimir, al contestar a su amado, la cuita
por el hambre que la esta devorando. Es una audaz transici6n
que, no obstante su patetismo, hubiera resultado casi c6mica en
manos de un escritor menos magistral que Cervantes. Con su
siempre fresca reacci6n ante las obras viejas, Azorin ha subra-
yado este y otros moments semejantes de la Numancia. esta tragedia-escribi--se revela un conocimiento profundo del
coraz6n humano>... < a nuestro entender-afiade luego el sensitive glosador de los
clisicos-, es aquel en que, reinando el hambre en la ciudad,
un hambre espantosa, esa necesidad organica, imperative, lega
a sobreponerse al amor, es decir, a lo mis etereo, sutil e in-
mortal. No podemos leer sin emoci6n profunda esa escena en








EL SENTIDO TRAGICO DE LA NUMANCIA


que una amada, subyugada por el amor, un amor purisimo,
casto, se ve forzada a confesar al amado que ella, la cuitada, la
pobre, la misera, tiene hambre. La necesidad fisica tiene tal
fuerza que sojuzga el sentimiento puro. La material vence al
espiritu...>
eResultaria demasiado obvio afiadir, por nuestra cuenta, que
ese mismo juego de luces y de sombras, esa misma tension entire
material y espiritu, es tambi6n la del Quijote y, en illtimo
an6lisis, el tema cardinal de Cervantes?
Cuando Marandro, desesperado, declara su prop6sito de salvar
de cualquier modo el foso y asaltar el real de los romanos en
busca de alimentos, son vanas las imploraciones de Lira por
hacerle desistir. A la escena del amor sigue la de la amistad:
Leonicio llega a tiempo para acompafiar a Marandro en su
denodada empresa, y tampoco a 61 los ruegos del amigo le di-
suaden. Luego que ambos parten, van desfilando otros numan-
tinos camino de la plaza del pueblo, con sus posesiones a cuestas.
En boca de uno de ellos pone Cervantes algunos de los mas
hermosos versos de la obra:
En la plaza mayor, ya levantada
queda una ardiente y cudiciosa hoguera
que, de nuestras riquezas ministrada,
sus llamas suben a la cuarta esfera.
Alli, con triste priesa acelerada
y con mortal y timida carrera,
acuden todos, con santa ofrenda,
a sustentar las llamas con su hacienda.
Alli las perlas del rosado oriented,
y el oro en mil vasijas fabricado,
y el diamante y rubi mds excelente,
y la estimada prpura y brocado,
en medio del rigor fogoso ardiente
de la encendida llama se ha arrojado,
despojos do pudieran los romanos
hinchir los senos y ocupar las manos.

Mas con eso no acaba su dafio. La consigna es el holocaust
absolute, la muerte inflicta por unos a otros. Con agudo pa-







JORGE MANACH


tetismo se subraya ese sacrificio en el diilogo conmovedor
entire una madre, que trae una criatura al pecho, y otro hijo
mayor a quien Ileva de la mano. Este se pregunta si no habri
alguien que pueda darle, por la ropa que lleva, un poco de pan.

iHijo, qWi pena me das!

es la respuesta dolorosamente concisa de la madre. Y al otro
fruto de sus entrafias que lleva en brazos le dice:

eQuj mamas, triste criatura?
iNo sientes que, a mi despecho,
sacas ya del flaco pecho,
por leche, la sangre pura?

Tambien aqui, s6lo una gran sobriedad, un tacto realista a la
vez delicado y vigoroso, salva de insoportable oatetismo la es-
cena. Atoyindose en la verdad humana, eauilibrindose con el
peso de ella, Cervantes bordea esa alterosa orilla en que desde lo
trigico se Duede caer a lo simvlemente melodramitico, cuando
no a lo ridicule. Es su gran arte de siemtre: el arte aquel por el
cual lo irrisorio mismo de Don Quijote se hace sublime.
Y Ilegamos ya a la cuarta y ultima jornada. Se informa a Es-
cipi6n, al comienzo de ella, del temerario asalto de Marandro y
Leonicio al campamento:

No con tanta presteza el rayo ardiente
pasa, rompiendo el aire en presto vuelo,
ni tanto la cometa reluciente
se muestra y apresura por el cielo,
como estos dos por medio de tu gente
pasaron, colorando el duro suelo
con la sangre romana que sacaban
sus espadas doquiera que Ilegaban.

Pero el costo ha sido terrible. Trasladada la escena al alto numan-
tino, Marandro lamenta el que determine la muerte
de Leonicio en el empefio. A 61 mismo, Lira le halla ahora
herido de muerte, y es tambien al hado a quien 61 lo atribuye, por
mis que la doncella, conociendo la voluntad del coraz6n enamo-







EL SENTIDO TRAGICO DE LA NUMANCIA>


rado, al verle caer exanime, exclame con los acentos ilustres del
conceptismo aureo:
que, por excusar mi mucrte,
me habiis quitado la vida...

Esta tension entire la voluntad y el destiny corre a travis de toda
la obra.
La subrayan en este punto las figures aleg6ricas de la Guerra,
la Enfermedad y el Hambre, que interrumpen brevemente el
curso dramitico, a la manera del coro antiguo, para declarar,
justamente antes de que la obra concluya, su sentido mas pro-
fundo. Al reanudarse el hilo del drama, el pdblico esta pre-
parado para recibir mejor esas implicaciones. Las escenas finales
se suceden con la rapidez de una corriente que, en l6timo de-
clive, sin obsticulos ya-sin los obsticulos que la voluntad hu-
mana opone al curso del destino-, se precipita en el estuario
inmenso de la muerte. Te6genes se muestra preso de esa ur-
gencia inexorable:
Ansi se haga, y no nos detengamos,
que ya a morir me incita el triste hado.

Pero la vida todavia se resisted. Es ahora otro nifio quien habla
por ella y, con infantil inconsciencia, le dice a su madre:
Madre, epor que Ilordis? eAd6nde vamos?
Teneos, que andar no puedo de cansado.
Mejor serd, mi madre, que comamos,
que la hambre me tiene fatigado.

Y ella le responded:
Ven a mis brazos, hijo de mi vida,
do te dard la muerte por comida.

Tremendas palabras todas esas, aun las mis sencillas. Como
siempre ocurre en la genuina obra de arte, no parecen sino dic-
tadas por lo primario de la an6cdota, sin intenci6n o sentido
trascendente alguno; pero la emoci6n del lector y del espectador
las inviste de una dimension universal, intemporal, casi meta-







JORGE MANACH


fisica: una dimension vinculada al misterio de la existencia del
hombre y su destino... , pregunta el nifio.
(No es esa tambien nuestra eterna interrogaci6n por el sen-
tido del human existir? Y cuando la madre contest con atroz,
casi brutal ironia: , ino nos
trae a mientes el vigor de esa paradoja algo asi como un eco de
las desoladas filosofias, tan actualizadas por el existencialismo
contemporineo, seg6n las cuales la vida se esti constantemente
alimentando de la muerte, mis ain que la muerte de la vida?
Entiendaseme bien. No quiero sugerir que haya nada de eso
en el pensamiento consciente del poeta. Como del buen rena-
centista que Cervantes era, ese pensamiento se orientaba mis
bien hacia una afirmaci6n de la substancia propia de la vida.
Aunque la fruici6n de esta se le entreverase de melanc61ica
ironia, animabala en iltima instancia una inconmovible con-
fianza en el sentido total de la Creaci6n y la esperanza en un
Mis Alli donde todas las imperfecciones de aqui abajo que-
daran redimidas... Ahora bien: de todos los grande escritores
cabria decir, con vaga reminiscencia shakespiriana, que hay mis
en sus obras de lo que imagine su propia filosofia. Permitidme
recorder aqui algo que ya sugeri en mi Examen del Quijotismo:
lo aue Cervantes declar6 como designio suyo al escribir el Qui-
jote no obsta para que <
humana, una significaci6n o, si se quiere, un sentido objetivo,
aparte del deliberado y consciente del autor. En una gran obra,
esas implicaciones desbordan de la creaci6n intencional, por la
riqueza misma de la sensibilidad y de la cultural en que tiene
sus raices. Apurar estas implicaciones es un perfect derecho
de todo el que quiera explicarse la totalidad de su experiencia
receptive ante la obra de arte y, a la vez, uno de los mas sus-
tanciosos tributes que se le puedan rendir al genio creador>>.
Sentado desde ahora este general criterio-valorativo mis que
interpretativo-, volvamos a las escenas finales de la Numancia.
Cuando Te6genes se dispone a la muerte, pidiendole a uno de
sus guerreros que se la de con sus propias manos, habla una vez
mis de la fortunea> en su dafio conjurada, de la voluntad de
los <, y el otro numantino se
aviene tambien a morir,






EL SENTIDO TRAGICO DE LA


tuna>. Es decir, que la voluntad opera en ellos como una acep-
taci6n del hado. Con esa nota en que lo heroico absorbe lo fatal
nos despite Cervantes de los bravos guerreros.
En cambio, el campo victorioso abriga un sentimiento de
frustraci6n... Para hacer valer en Roma su triunfo, Escipi6n
hubiera querido por lo menos hacer prisioneros algunos de los
alzados numantinos. Pero lo que se percibe ya desde el pie de
las murallas, lo que el edecin Mario confirm en una explo-
raci6n ripida y no sin rendirle tribute al valor de los sitiados,
es el imponente, el absolute silencio de la muerte. 61lo un nu-
mantino queda vivo que pueda, si se le toma prisionero, disi-
mular en Roma la indignidad del triunfo. Es un adolescent,
Bariato, que se ha refugiado en lo alto de una torre. Trasladada a
ese lugar la escena, Escipi6n le insta con tentadoras promesas a
que se entregue. Pero tambien en este iltimo superviviente, casi
un niiio, puede mas la dignidad que el miedo que le llev6 a huir,
A Numancia, que ya apenas es mas que un nombre glorioso, le
asegura:
iPatria querida, pueblo desdichado,
no temas ni imagines que me admire
de lo que debo de ser, de ti engendrado,
wi que promesa o miedo me retire,
ora me falte el suelo, el cielo, el hado,
ora vencerme todo el mundo aspire:
que impossible serd que yo no haga
a tu valor la merecida paga!

Y, ante el asombro y la admiraci6n de los romanos, se arroja de
la torre a la muerte.
El rebasamiento del sentido human inmediato por el sentido
national y trascendente se ha ido manifestando a lo largo del
drama hasta culminar en ese episodio final, que resume todo el
espiritu de la obra. Como lo muestra el interns mismo de Es-
cipi6n por evitarlo, el suicidio del joven Bariato (deformaci6n
verbal de Viriato), al totalizar el sacrificio de Numancia, al
hacerlo, por asi decir, absolute, acusa con decisive energia la
raz6n moral que asisti6 a la ciudad infortunada frente a la vio-
lencia en que se asentaba el Imperio; le confiere al sacrificio







JORGE MAIACH


colectivo una supreme validez, como condensaci6n ejemplar de
una voluntad hist6rica de libertad. Gracias a esa muerte, el
hado se cumple a plenitud, pero en funci6n de un sentimiento
colectivo que triunfa sobre las instancias puramente instintivas
del interns individual. Al terminarse la obra, se acentua, pues,
dramaticamente, ese obvio rasgo que la Numancia compare con
Fuenteovejuna, de Lope de Vega: el de que su protagonista sea
toda la comunidad.



4

Veamos ahora c6mo todo esto se declara aun mas explici-
tamente en las figures aleg6ricas de la obra. Estas desempefian
en ella una al menos de las principles funciones del coro en
la tragedia griega. Destacan, para ponderarlas o lamentarlas,
las motivaciones de la acci6n dramatica.
En la jornada primera, esos personajes son Espafia y el rio
Duero. Cervantes quiere subrayar de entrada el sentido na-
cional de su obra. Luego seri, a trav6s de otras figures ale-
g6ricas, el sentido human y universal. Sin embargo, la re-
presentaci6n de Espafia misma comienza su treno reconocien-
dose subordinada a los designios del .
Lamenta la suerte que en el pasado le ha impuesto de verse
; pero, al mismo tiempo, re-
conoce la justicia de ese rigor,
pues imis famosos hijos y valientes
andan entire si mismos diferentes.
El destiny ya no es, por tanto, la operaci6n de una fuerza ciega
y arbitraria, sino la sanci6n (o el premio) a la errada voluntad
de los hombres, a la ceguera de sus propias pasiones. Aunque
Cervantes describe en un moment de gran solidaridad espafiola,
se cree ver en aquella deploraci6n una general advertencia po-
litica. La discordia trilla el camino a la adversidad de los pue-
blos. Ella es la que hizo necesario que Numancia se alzase para
rescatar de la tirania extrafia, por lo menos, su propia libertad.









EL SENTIDO TRAGICO DE LA CNUMANCIA


Maternal, Espafia implora del Duero que la ayude, puesto
que es su corriente el uinico flanco por donde los numantinos
pueden salvarse. Y es precisamente la voz local, la voz del Rio,
quien manifiesta que .
Todos los signos anuncian el adverse desenlace, al cual, sin
embargo, no han de faltar ciertas compensaciones. El largo pa-
saje que Cervantes pone en boca del Duero es decisive para la
comprensi6n del pensamiento mas profundo que informa la
obra:
Mas ya que el revolver del duro hado
tenga el iltimo fin estatuido
de ese tu pueblo numantino amado,
pues a tirminos tales ha venido.
un consuelo queda en este estado:
que no podrdn las sombras del olvido
oscurecer el sol de sus hazanias,
en toda edad tenidas por extraifas...

podrin los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo
y el inimo sera imposible. Una suerte de prefiguraci6n del
quijotismo, en efecto, de la valoraci6n de la gloria del esfuerzo
aun a costa del inmediato descalabro, alienta en la Numancia.
Pero hay mis: en la historic colectiva al menos, los fracasos
parciales suelen ir a cuenta de los grandes triunfos. Por sobre
la estrecha vision de los hombres se extiende la gran mirada de
. Seguin 61, tiempo vendri

que estos romanos sean oprimidos
por los que agora tienen abatidos.

El Duero anuncia toda la gloria hist6rica por la cual Espafia
habra de redimirse cuando triunfe, sobre el poder ciego de los
dioses paganos,

el propio Hacedor de tierra y cielo,
aquel q-ue ha de quedar instituido
por visorrey de Dios en todo el suelo.
Y como para los espectadores la profecia es ya historic consu-








JORGE MANACH


mada, historic efectivamente gloriosa, aquella filosofia fatalista
del paganismo cede, en el pensamiento de ellos y de Cervantes,
a la filosofia cristiana de <
Entralgo ha sefialado como la raiz de la conciencia temporal
de su pueblo. La suerte infeliz de Numancia queda de esta
suerte exaltada a la categoria de sacrificio en el sentido exacto
de la palabra. No es mero holacausto injusto e inutil, sino obla-
ci6n consagrada a un designio superior: el de la grandeza futua
de Espaiia. Cervantes ha buscado asi la conciliaci6n entire el
fatalismo de la tragedia antigua y el optimism de su epoca;
entire la necesidad y el libre albedrio; entire el mito y la his-
toria, que es siempre, como ha escrito Croce, bertad>.
Las intervenciones aleg6ricas posteriores siguen sosteniendo
el plano filos6fico de la obra y destacan aun mis esos dos polos
en el nuevo concept cervantino de la acci6n tragica. Al final
de la cuarta jornada, cuando lo anecd6tico y epis6dico (el piano
human) se ha acusado ya fuertemente, dejando en el inimo de
los espectadores la congoja del inminente sacrificio de Numan-
cia, comparecen las figures de la Guerra, de la Enfermedad y
del Hambre, reminiscencias de los jinetes apocalipticos. Cabria
esperar de ellas una suerte de nefando regodeo. Hablan, sin
embargo, un lenguaje 'no exento de simpatia por sus propias
victims. La Guerra se declara ejecutora sumisa del destino:
La fuerza incontrastable de los hados
cuyos efetos nunca sale vanos,
me fuerza a que de mi sean ayudados
estos sagaces milites romanos.

Ella misma, empero, como el Duero antes, se acoge al paliativo
de la profecia optimista, anunciando una eventual compen-
sacion:
pero tiempo vendrd en que yo me mude
y daie al alto y al peqlewo ayude.

iCon que intima fruici6n debe de haber escrito esos versos el
autor del gran mito del humanismo idealista, del caballero des-
facedor de entuertos! Es tambien el viejo soldado de Lepanto








EL SENTIDO TRAGICO DE LA NUMANCIA


quien hace a la Guerra proclamarse como servidora, a la larga,
de la justicia en el mundo:

...yo, que soy la poderosa Guerra,
de tantas madres detestada en vano,
aunque quien me maldice a veces yerra,
pues no sabe el valor de esta mi mano,
se bien que en todo el orbe de la tierra
sere Ilevada del valor hispano
en la dulce ocasi6n que estin reinando
un Carlos y un Felipe y un Fernando.

La Enfermedad y el Hambre son, en esta jerarquia de po-
deres, ejecutoras del estrago que la Guerra ordena. Su funci6n
en el drama es acentuar ahora descriptivamente la miseria final
de Numancia, pero sin complacencia alguna, antes con sofre-
nada admiraci6n. Pocos versos hay en la obra mas hermosos
que los que Cervantes pone en boca del Hambre para describir
el pavoroso cuadro de la ciudad que prefiere la muerte a la
esclavitud y el oprobio. Consumado el sacrificio, es la figure
aleg6rica de la Fama quien viene a resumir el sentido patrio
de la tragedia:
Indicio ha dado esta no vista bazaiia
del valor que los siglos venideros
tendrdn los hijos de la fuerte Espaia,
hijos de tales padres herederos.

Comunicada a los espectadores, esa emoci6n de orgullo, al par
que de certidumbre respect al destiny national, es la catarsis
que depura o disuelve la congoja suscitada por el dolor ante el
destino de la ciudad infausta. Parece que fuera luego el propio
Cervantes quien dice por boca de la Fama:
Hallo s6lo en Numancia todo cuanto
debe con justo titulo cantarse
y lo que pueda dar material al llanto
para poder mil siglos ocuparse:
la fuerza no vencida, el valor tanto,
digno de prosa y verso celebrarse.







JORGE MANACH


Esa de que el poeta habla, no es menos la
del destiny que la de la voluntad humana, que al acatarlo her6i-
camente, triunfa de su propia derrota.



5

Estamos aqui ante la soluci6n del problema estetico que nos
planteamos (y creo que no gratuitamente) respect de esta obra
al parecer tan simple: el del modo como se da en ella el sentido
de lo trigico.
Dije al principio que sin representarse de algin modo la
intervenci6n de una fuerza-llimesela como se quiera-o de
una tesitura o complejo de circunstancias que obliga la humana
conduct, no habria propiamente pasidn trigica junto a la ac-
ci6n dramitica. Esa intervenci6n parece privativa de la tra-
gedia griega s6lo por el hecho de que en ella se presentaba en
forma declarada y explicit, en terminos de destino.
El Renacimiento actualiz6 los dechados grecolatinos. No s6
si Cervantes los conoceria, como es probable. Pero no hay duda
de que se propuso escribir una tragedia, no un mero drama; y
una tragedia que se apoyara a la vez en la tradici6n literaria
clasica y en la tradici6n hist6rica national. Ahora bien: por
razones de epoca y de conciencia, Cervantes no podia tomar al
pie de la letra, por asi decir, la creencia griega en un destiny
inexorable, tan ligada a la idea primitive del ananke o la Nece-
sidad. No podia, en primer lugar, porque el curso mismo de la
historic se habia encargado de debilitar esa noci6n.
Un process semejante al que Nietzsche observe en la evolu-
ci6n de la cultural griega, se produjo en la de Occidente desde
la Antigiiedad hasta el Renacimiento. La baja Edad Media,
posesa de entusiasmo y de violencia, ebria de lo divinal, tuvo
aun much de dionisiaco. Tras los siglos oscuros, el raciona-
lismo se abri6 paso en la selva de la Escolastica, como la Sofistica
lo habia hecho en el complejo teol6gico-politico del pensamiento
griego. Ya en el Renacimiento, el hombre quiere explicarse el








EL SENTIDO TRAGICO DE LA I>


mundo en t6rminos de inmanencia y regir desde si mismo su
propia conduct. De los hados y augurios piensa, a lo sumo,
lo mismo que de las sefiales astrol6gicas: Inclinant, non neces-
sitant. La tragedia nueva refleja esas novedades. Desasida ya
casi totalmente de su primitive intenci6n religiosa (aunque en
Espafia esta resurgiera con la Contra-Reforma), la tragedia
tiende a humanizarse radicalmente. A la nueva intenci6n, pu-
ramente artistic y en todo caso moral, corresponde un nuevo
contenido, psicol6gico e hist6rico.
En el renacentista Cervantes, la idea de hacer valer un destiny
trascendente e inexorable habria estado refiida con el spirit
de la epoca: con la casi ilimitada confianza en el poder de la
voluntad humana, en la dignidad de la persona y en su aptitud
natural para la libertad.(*) Pero, ademas, Cervantes era un cat6-
lico cabal. Aun suponiendo al destino voluntad de Dios, la
connotaci6n de inexorabilidad no se avenia con la fe en la in-
finita misericordia divina. S61o, quizi, en ciertos ambitos pro-
testantes hubiera podido conciliarse la creencia cristiana con el
determinismo absolute.
Siendo esto asi, tenemos que considerar el hado en la Nu-
mancia, si no como un mero resabio ret6rico, al menos como un
element residual de la tradici6n clasica, que Cervantes acoge
por lo que tiene de valor trigico, pero a condici6n de darle un
nuevo sentido: a condici6n de hacerlo compatible con sus ideas
religiosas, psicol6gicas y morales. De este modo conciliaria la
necesidad del hado con la libertad del individuo; es decir, con
la aptitud del hombre para elegir por su cuenta, para aprobar o
desaprobar, para determinar su propia conduct.
Como ya vimos, Schelling pens6 que este problema era el de
la tragedia misma como genero, y que tal conciliaci6n es po-
sible porque < puede elevarse con el pensamiento sobre ella>>; o lo que es igual,
en vez de resistirse a lo que se present con fuerza de destino,
puede aprobarlo y sometirsele en nombre de valores mas altos
(*) En su libro epocal El pensamiento de Cervantes, Americo Castro tiende, sin
embargo, con muy s6lidas razones, a atribuirle mas peso a la idea fatalista en el espiritu
cervantino, a trav6s de la influencia estoica, que tanta tradici6n tenia en el senequismo
espaiiol. Vase el capitulo VII de esa obra.








JORGE MANACH


que la felicidad y aun que la vida misma. Anticip& que esto es
justamente lo que ocurre en la Numancia. Mis, jc6mo se cum-
ple concretamente esa condici6n que, formulada en abstract,
result bastante dificil de comprender?
En primer lugar, Cervantes desdiviniza al hado, lo inmanen-
tiza, lo aloja en la Historia. Por tanto, su fuerza no es ya deter-
minante, sino de mera anticipaci6n y anuncio, por la previsi6n
de la secuencia hist6rica misma. En segundo lugar, sin dejar de
situar al hado sobre el individuo, Cervantes lo hace portador de
valores humans excelsos que este puede aprobar, al extreme
de someterse voluntariamente a ellos. Metaf6ricamente ha-
blando, es el destino quien primero que los defensores
de Numancia se sacrifiquen; pero lo quiere como un ejemplo en
el que Espafia pueda inspirarse para realizar un porvenir glo-
rioso. Las figures aleg6ricas, como hemos visto, representan y
declaran esa voluntad del hado, llenando la funci6n de los
oriculos en la tragedia antigua. Mas lo que anuncian no es ya
una cruel satisfacci6n de los dioses con la expiaci6n de una
culpa humana, sino un acrecentamiento de la dignidad y la
felicidad colectivas mediante el dolor y el sacrificio. Por otra v
parte, si los agonistas aceptan esa suerte, no se debe a una suje-
ci6n inexorable. Los heroes numantinos podian muy bien ha-
berse rendido al enemigo, incluso con cierta dignidad, al amparo
de la fuerza mayor o de las pricticas mis generosas de la guerra,
que Escipi6n no deja de invocar. No es, pues, una absolute
desesperaci6n-como, al parecer, pens6 Schopenhauer-lo que
les Ileva al propio aniquilamiento. Es mis bien una confianza
y una esperanza que a ellos mismos los trasciende: la intuici6n
de un valor supremo y de su significaci6n hist6rica. Por eso
dice Te6genes en el moment de la l6tima decision:
S6lo se ha de mirar que el enemigo
no alcance de nosotros triunfo o gloria;
antes ha de servir 6l de testigo
que apruebe y eternice nuestra historic.

Este reconocimiento de la eficacia del propio destiny libremente
aceptado represent en la Numancia la <>, en el
amplio sentido que Arist6teles le dio a ese recurso de la tragedia







EL SENTIDO TRAGICO DE LA <


griega.(* Es tambi6n el moment, que decia Schelling, en que
.
Asi, pues, la historic, que en la tragedia antigua-por ejem-
plo, en Los Persas de Esquilo-solia darse mis bien como un
coeficiente de la acci6n tragica, es en la obra de Cervantes la
raz6n misma de la tragedia. Con ella colabora la voluntad he-
roica; mejor dicho, es 6sta quien realize la historic. Sin em-
bargo, Cervantes parece conferirle al process hist6rico cierta
necesidad, implicita en la secuencia de los acontecimientos.
En la media en que asi sea, 16grase la conciliaci6n de la nece-
sidad y la libertad, que habia de teorizar Schelling, y se anticipa
tambien la soluci6n del dilema planteado por la revision orte-
guiana de lo trigico. El concept determinista traditional queda
avenido con el voluntarista del fil6sofo espafiol, que ve la acci6n
trigica como obra de un abnegado pero lib6rrimo querer.
En sus rasgos interns mis particulares, la Numancia refleja
tambien su caricter de obra de transici6n. Por un lado, algunos
de esos rasgos son los de la tragedia antigua: no se da en ella
atenci6n al ambiente; no cuentan gran cosa los caracteres, ni
hay apenas, por tanto, conflicts morales. No obstante su lo-
calizaci6n en el tiempo y en el espacio, la tragedia se desarrolla
como esquemiticamente y dentro de cierta several abstracci6n.
SPor otro lado, sin embargo, esti encarnada en lo hist6rico con-
creto, carece de intenciones trascendentes fuera del sentimiento
Snacional que la inspira, y acusa, como vimos en las escenas de
amor y de hambre, cierto realismo de detalle que nada tiene
que ver con las explosions del sentimiento en la tragedia an-
tigua y, en cambio, anticipa ya las corrientes naturalistas mo-
Sdernas.
Esas modificaciones y atenuaciones, singularmente la del poder
sombrio del fatum, explican el que la obra haya parecido a
veces historica dramatizada>, y no una tragedia verdadera.
Pero tales discriminaciones son siempre un poco ociosas. Sea
o no la fatalidad la clave de la Numancia (y no hay duda de
que en cierto sentido lo es), quien podri negar la densa atm6s-
fera trigica en que toda la acci6n de ella se desenvuelve; la
(*) Cf. P. LAIN ENTRALGO: &La acci6n catirtica de la tragedian, en La aventura de
leer, Madrid, 1946.








JORGE MANACH


tension como objetiva de su conflict dominant, que se sobre-
pone a los puramente individuals; la noble exaltaci6n, en fin,
de los sentimientos y del lenguaje?
Con todo, lo que en definitive mis impresiona y conmueve
de la obra es su sentido, su espiritu. Es la afirmaci6n heroica
del albedrio que a si mismo se siente independiente, y como tal
actia, aunque en el fondo pueda estar determinado por el orden
insito en la Realidad, o verse comprometido por el azar de la
historic. Si; los heroes numantinos mueren <;
pero quieren porque hay algo en ellos mismos que no pueden
eludir sin aniquilarse moralmente. Ese es cierta instan-
cia internal que todavia no se ha podido conceptuar ni definir
-llamesele, si se quiere, la conciencia-a la cual se responded
con un double sentimiento: el del respeto a si propio, o sea la
dignidad; y el del respeto a los demis, que es la esencia de la
responsabilidad.
Cervantes ha querido, ademis, avalar esos sentimientos sefia-
lando su trascendencia hist6rica. La proeza numantina no fue
un heroismo inutil: fue y sigue siendo un venero de orgullo,
una inspiraci6n para la patria espafiola y para todas las patrias.
Lo que, en suma, quiso decir el alcalaino inmortal es algo que
los cubanos estamos hoy mis que nunca preparados para apre-
ciar: que la dignidad colectiva cuenta tanto como la individual
y que el sacrificio de los hombres por ella es siempre hist6rica-
mente fecundo.





































Impresores OCAR, GARCA, S. A.
Teniente Rey, 15
La Habana




University of Florida Home Page
© 2004 - 2010 University of Florida George A. Smathers Libraries.
All rights reserved.

Acceptable Use, Copyright, and Disclaimer Statement
Last updated October 10, 2010 - - mvs