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 La universidad de Berriel














Title: La Universidad de Berriel
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 Material Information
Title: La Universidad de Berriel
Physical Description: 19 p. : ; 23 cm.
Language: Spanish
Creator: Entralgo, Elías José, 1903-1966
Publisher: s.n.
Place of Publication: Habana
Publication Date: 1942]
 Subjects
Genre: non-fiction   ( marcgt )
 Record Information
Bibliographic ID: UF00074141
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: aleph - 000139271
oclc - 25097883
notis - AAQ5378

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ELIAS ENTRALO-O







LA UNIVERSIDAD


DE BERRIEL


PUBLICACIONES DE LA
REV IST A
"UNIVERSIDAD DE LA HABANA"
1942





THIS VOLUME HAS BEEN
MICROFILMED
BY THE UNIVERSITY OF
FLORIDA LIBRARIES.


,7? 9
H;Tc-r,..


LATiN Amit.hL














LA UNIVERSIDAD DE BERRIEL


iDiscurso leida por el professor Eias Entralgo en el acto verificado en el Aala
Magna de la Universidad de la Habana en la nocke del jueves 7 Enero
con motive del centenario de la Secularizaci6n de la misma, festejado
con la entrega de un bot6n de oro y un pergamino a cada uno de los
profesores con mks de treinta afios de servicios).


Sefiores de la Presidencia.
Distinguido auditorio:

Nuestra Universidad abre sus tareas en el present
afio de gracia de 1943 con este acto. Esta vez no aplico
esa denominaci6n al afio tan s6lo como t6pico tradicio-
nal, sino porque creo que, en efecto, este de 1943 ha em-
pezado'siendo todavia un afio de gracia para nosotros, los
cubanos. Y uno de sus dones mns graciosos, y que por
ello debe estar agraciado y merece ser agradecido, es pre-
cisamente esta bicentenaria Universidad de San Jer6-
nimo de la Habana. Pues un organismo de cultural supe-
rior en el cual los profesores pueden exponer libremente
sus ideas o las ideas es bien que afioran hoy, desde los
montes Urales hasta el cabo Finisterre -con las posibles
excepciones de Suecia y Suiza-, todas las cultures del
continent europeo. Y un alto centro docente, en que,
en las sillas del alumnado, puede sentarse la mujer jun-
to al hombre y el negro y el amarillo al lado del blanco,
sin exclusiones ni exclusivismos de ninguna indole, es
.beneficio de que no gozun muchisimas universidades de
los democraticos Estados Unidos.
Ahora que se habla tanto de democracia, y en que se
silencia, no sabemos por qua, a la libertad -cuando, al
cabo, si la democracia es un regimen politico, la libertad
es un sistema humano-, los universitarios habaneros po-










demos sentirnos legitimamente ufanos y orgullosos, por-
que unimos la predica de la libertad y de la democracia
con la practice, active y constant, como alimento coti-
diano, de la una y de la otra.
Con firme apoyo en tan adelantados valores podemos
enfrentarnos, sin vacilaciones ni miedos, con el porvenir.
Y podemos tambien permitirnos el lujo y hasta la luju-
ria de volver, de cuando en cuando, la vista al pasado, sin
temor a convertirnos, como la mujer biblica, en estatua
de sal. i Pasado y porvenir! Puestos a mirar esas dos zo-
nas del tiempo, desde el punto de vista del minute que
ahora vivimos, con los versos famosos de Jorge Manriqjae
a un lado y la expresi6n ya celebre de Jos6 Ingenieros
al otro, acaso por el moment tengamos que conceder la
raz6n al poeta espafiol y negArsela al tratadista argentino.
Por lo pronto, la fiesta que estamos celebrando per-
tenece en gran media al pasado. Hace ahora un siglo
de la fecha en que esta Universidad entr6 en el siglo. Tal
es, en poquisimos vocablos, el significado de esa pala-
breja, secularizaci6n, que tiene rancio sabor a discipline
eclesiastica y derecho can6nico. No me corresponde de-
tenerme a explicar la transformaci6n y la transmutaci6n
que nuestra Universidad experiment por entonces, des-
de la vestimenta de su profesorado hasta el contenido y
alcance de sus ensefianzas.
En la hoja discursiva de esta noche, la pagina del
anverso, la de abundante y densa erudici6n, le pertenece
por derecho propio al que viene siendo, desde hace afios,
el cronista de nuestra sciencia scientiarum: el sapiente y
venerable Juan .Miguel Dihigo. Se me ha asignado la
pagina del reverse, pagina ligera, como professor jo-
ven, y a falta de otros titulos adquiridos por mi concien-
cia o mi voluntad, si poseo indudablemente el que se me
sefiala, pues afin no he doblado el cabo de las Tormentas
de la juventud. Por lo tanto, si las palabras del Dr. Di-
higo pueden considerarse como anversivas de esta ve-
lada, las mfas han de tenerse como reversivas -no im-
porta, el orden de lectura-, aquellas como prologaci6n,











istas como prolongaci6n. Las del Dr. Dihigo iran encami-
nadas a solemnizar la Secularizaci6n. Las mias, endere-
zadas a decir de l1 y de los otros catedrAticos que llevan
mfs de treinta. afios de servicios lo que, por motives ob-
vios, ellos no pueden expresar de si mismos. Antes las
he sintetizado en un t6rmino: prolongaci6n. Prolongar-
les, mediante una indagaci6n retrospective, los caracte-
res de la Universidad en que ellos comenzaron a profesar,
me parece que puede ser el mis tolerable barniz que mi
poco brillante palabra puede afiadir a la sustancia intrin-
secamente emotiva de esta entrega de botones y perga-
minos.
Todos estos 26 profesores pueden distinguirse gene-
racionalmente como hombres de la. Universidad de Be-
rriel, aunque algunos pocos de ellos ingresaran en nues-
tra docencia superior tiempo antes, en las postrimerias
de la 6poca colonial.
Para reconstruir espiritualmente la Universidad de
Berriel es necesario introducirse recordando, en primer
termino, quidn era el Rector Berriel. Pronto habremos
de ver que pocas veces ha existido en la historic de una
colectividad correlaci6n mis estrecha entire los goberna-
dos y su maximo gobernante.
No por azar he dicho Universidad de Berriel, sino
atendiendo a la 16gica mas estricta, porque aquel tipo de
Universidad fu6 algo asi como cosa de Berriel, propie-
dad de Berriel, patrimonio de Berriel. Por algo l6 fu6
Rector de esta Casa, siempre por elecci6n, desde el 1
de Diciembre de 1898 hasta su muerte, acaecida el 27 de
Julio de 1915. Diez y siete afios de rectorado continue,
ininterrumpido, vistos a la luz de hoy, parece un hecho
antiquisimo, un suceso fabuloso, un acontecimiento mito-
16gico, y sin embargo, medido con criterios estables de
valoraci6n hist6rica, result un fen6meno de antes de
ayer. Aquel Rector se l1ev6 a la tumba el secret del
equilibrio universitario. Ya en torno a su feretro se de-
sencadenaron pasiones terrible, y muy cerca de su ca-
diver no se pudo ocultar la mis desenfrenada ambici6n.











Las singulares dotes de Berriel para regir una ins-
tituci6n de la. indole de la nuestra fueron el product
combinado de su vocaci6n professional, por una parte, y
de sus temperament y carActer por otra. Era un abo-
gado nato y neto. Un impulso irresistible lo habia Ileva-
do al studio de esa profesi6n y al ejercicio de esa carre-
ra. Y entire un abogado de su genio y un buen hombre de
gobierno hay muchos puntos afines. Yo no s6 si la hu-
manidad podrA vivir algin dia sin abogados; pero es
evidence que la sociedad no puede subsistir sin ellos. Es
la mas liberal y, por ende, la m[s sociable de todas las
profesiones liberals. Las otras conocen la competencia.
El abogado, ademns de esa tesis de la competencia -para
hablar en 14xico de Hegel-, no ignora la: antitesis del
conflict y sabe arribar a la sintesis de la transacci6n.
En el arte de bien vivir de Berriel era norma car-
dinal oir much y hablar poco; y no hay que decir que
era, tan s61o por ello, un cubano excepcional. Instalado
en el modesto despacho rectoral de entonces, con la gra-
ta figure de su buen color y su pulcro, sobrio y severe
,vestir, producia desde el primer moment la mejor im-
presion a cuantos tenian que acudir a 61 en demand de
resoluciones para sus asuntos. Y a todos escuchaba con
.gesto afable, con ademan sencillo, con actitud reposada.
De su noble frente y de su cabello blanco peinado a un
lado parecian brotar soluciones arm6nicas para los mis
encontrados intereses profesorales. De sus ojos bonda-
dosos, penetrantes y sagaces tras los espejuelos de oro,
parecian surgir los consejos prudentes, que, a veces mo-
jados en la emoci6n de tenues lAgrimas, dirigia a los es-
tudiantes, sus hijos espirituales. Para. el segundo im-
prescindiblemente decisive de la autoridad, no neeesita-
ba apelar a brusquedades, acritudes ni iracundias: le bas-
taba su bigote ligeramente enhiesto y su barba en punta.
El respeto de su grey le advenia espontineamente, como
a un patriarca hebreo. Y rodeado por esa aureola de aca-
tamiento atravesaba diariamente, con paso breve, me-
nudo, los viejos corredores universitarios.










De los 365 dias del afio habia uno s6lo en que cesa-
ba, a modo de par6ntesis expansive de la confianza, ese
respeto; pero era 61 mismo quien declaraba tal receso, y
no lo hacia en la Universidad, sino en su casa. Era el dia
de San Leopoldo, el dia de su santo. Su casona de can-
teria de la calle de Egido, muy cerca de donde se edific6,
andando el tiempo, la Estaci6n Terminal, la invadian en
esa fecha, afio tras afio, los estudiantes de todas las es-
cuelas universitarias. Sumaban entonces tan poca can-
tidad que todos cabian en la morada del Rector. En el
amplio cuadrilAtero del patio se situaban, desde tempra-
nas horas de la tarde, las orquestas, expresamente con-
tratadas para amenizar con aires de mfisica folk-16rica
el onomAstico de Leopoldo Berriel y Fernandez. A me-
dida que pasaban las horas, y crecia la ingesti6n de dul-
ces, helados y licores, era mayor la alegria estudiantiL
Entre pieza y pieza musical, los estudiantes registraban
la casa hasta sus mds escondidos rincones, se sentaban en
las altas camas do hierro, en los rodapi6s al uso; empa-
paban con ataques de limonada los clarinetes y bombar-
deaban a dulces los bombardones, hasta inutilizar todos
los instruments. Ya entrada la prima noche, a eso de las'
diez, se despedian de la casa hasta el afio venidero con
un acto final, que consistia en soltar los monos de una
jaula del traspatio. Asi era la Universidad de Berriel:
una Alma Mater donde podia haber, y habia sin duda,
estudiantes malditos, profesores maldicientes y emplea-
dos maliciosos; pero que no albergaba en su personal,
sin excluir a bedeles y mozos de limpieza, a ningdn mal-
vado...
Al dia siguiente, en la rfistica colina, rodeada de mu-
ros, de la antigua Pirotecnia, se habian restablecido las
atenciones para el m6s elevado dirigente de la casa de
studios. El ambiente era apacible, sereno, egl6gico, co-
mo siempre. Los laureles afiosos, con su verdor perenne,.
su frescura, su carga. de pajaros piadores, eran un canto
de la naturaleza en himno a la vida. La sombra de esos
arboles cubri6 a las uiltimas generaciones de estudiantes










romAnticos. A zIrin., que no aparece incluido entire los cos-
tumbristas por los historiadores de la litiratura, apesar
de que ha escrito tantas sabrosas pAginas de costumbres,
no hubiera desdefiado aquel contorno para sus ricas evo-
caciones.
Eutraba Jos6 Antolin del Cueto a explicar deirecho
mercantile. Precedidos de definiciones en latin -que las
mns de las veces no traducia, porque a su juicio los alum-
nos debian aprender esa leuigun muerta, como se la ha-
bian obligado a aprender a 1l- desfilaban los contratos
del C6digo de Comercio: la letra de cambio, el fletai;enrto,
el prestamo a la rut.sa... Su palabra, ni apresurnda ni
lenta, poi-ifa nfasis en los concepts bAsicos y se entre-
coritaba con oraeiones incidentalcs. Prodigio de amor al
studio, su erudici6n no se conformaba con textos clAsi-
cos, sino que se reforzaba con la filtima muonogra fi apa-
recida.
Y eaminaba con Iontitud hacia la salz de ensefian-
-za, pulcramente vestido de dril blanco en verano y de
alpaca o casimir negro en invierno, de lazo la corbata,
Enrique Jose Varona. Las conferencias de psicologia,
de filosofia moral, de soe-iolog'Fi. no se ipartaban, en
cuanto a la forma, por si fl-liz el.gnucia, de aquellas que
le gainaroni renli(llre merecido, -nitre el Zanj6n y Baire,
dentro y fuera de Cufba, como uno de numstros primeros
disertos, y por mas de una saliente earnateris~ica, el me-
jor de todos. Pero ya el professor de filosofia sentiase
canstli-, y descansaba sobre la almohada del positivismo
de Comte, de Spiinc-er. de Littre, o se dormia sobre los
laurhles gloriosos de sus Conferencias Filosoficas. Den,
tro del aula habia igran distancia entire los alumnos y 61
Un dia hizo una Lprailmt;n. Un muchacho osado crey6 que
era prefe.rib:le responder de todas maneras, y la contes-
taci6n fu6 un estr1p'it.,so disparate. Varona sonri6 ante
el absurdo, y le aderez6 ir6nicamente este comentario:
"Joven, con esa afirmaci6n ha revolucionado Ud. toda la
ciencia e'lllt( ~empl'rii a n". Fnt re la clase de psicologia y la
de filosofia moral o sociologia, pasaba unos minutes a










la biblioteca, aqu6l pequefio y oscuro almac6n de libros
con la inscripci6n latina en la marm6rea lipida de la
entrada: "Tu solatia praebes; tu curae requires; tu medi-
cina mali". Solia llevar en la mano una de esas publica-
ciones flojas -versos pedestres, cuentos ramplones...-
que no caben en ninguna biblioteca select. Se la entre-
gaba al estacionario, previni6ndole que si la estimaba ftil
para la libreria de la Universidad, la colocara en sus ana-
queles, y en caso contrario se la regalara a quien la qui-
siese. Alli le rodeaban los discipulos a interrogarle gene-
ralmente acerca de temas patri6ticos del pasado o cues-
tiones civicas del moment. Entonces la voz del maestro
se crecia en vibraci6n cordial. Luego volvia al aula a pre-
dicar y practicar la tolerancia. La llevaba hasta filtimos
extremes. En un examen, el secretario del tribunal le
advierte que al fondo del aula hay un alumno copiando.
Varona le responded: "Tome buena nota de quien es, pa-
ra no darle mas que aprobado".
Y venia con paso tardo y pausado, largos y canos los
cabellos y la barba, sonrosada la tez, vestido de chaqu6 de
alpaca, abanicandose con el bombing, y repartiendo buen
humor desde los ojos azules sonrientes, Antonio Govin.
Los escolares lo esperaban en los bancos, tarareando
alguna march guerrera o cantando algin danz6n. A Go-
vin no le era desagradable aquella mfsica que marcaba
el instant triunfal de su ingreso en la pieza de ensefar y
se sentaba en la silla profesoral, ocupindola plenamente.
La primera media hora de derecho administrative se de-
dicaba a un culto al caricter national, mediante el cultivo
del choteo. Cuando aproximadamente habia transcurrido
esa media hora, el propio Govin se encargaba de reparar
que habia llegado el period de la seriedad con una frase
consabida: "Bueno, sefiores, que el relajo sea con orden.
Vamos a empezar la explicaci6n del dia". Es cuantioso,
variado y no exento de escabrosidades el anecdotario que
se recuerda de este catedritico de la. Universidad de Be-
rriel. Hay que introducir en el mismo cierta selecci6n.
Tenia el habito de pasar siempre lista, hbito que luego










no perdi6 su sucesor en la cAtedra, Enrique Hernandez
Cartaya. En un curso, al leer la lista por primera vez, y
llegar al nombre de un matriculado, not6 que mientras.
6ste no contestaba, se producia entire sus companeros leve
aunque perceptible rumor. "iEstf o no esta?" pre-
gunt6 entonces Govin. "Si, doctor -le dijo un mucha-
cho-; pero se ha acostumbrado a que lo laamen por su
titulo: el Conde de Sagunto". Ah, vamos! -coment6
Govin, pues lo complaceremos, y dijo en seguida, despu6s.
del nombre, "alias el Conde de Sagunto". En cierta oca-
si6n, un matriculado oficialmente, que no concurria a cla-
ses, pidi6 que le borraran las faltas de asistencia, porque-
su condici6n de empleado pfiblico impediale estar pre-
sente. En el escrito en que hacia esa solicitud, se cuidaba
de afiadir a su firma el titulo de Comandante del Ejer-
cito Libertador. Govin, como se sabe, fu6 fundador del
Partido Liberal Autonomista y el Secretario de su Jun-
ta Central durante mis de tres lustros. DespuBs de aquel
raro y misterioso viaje a Atlanta, que pareci6 a muchos
su despedida de la ilustre agrupaci6n political, habia re-
tornado a ocupar una carter en el Gabinete Auton6mico,
presenciando tan solo un afio mis tarde la bancarrota de
sus ideales politicos con la entrega del gobierno de Cuba
a la intervenci6n military norte-americana el P de Enero.
de 1899. Luego trat6, en vano, de reaparecer en la vida
pfiblica, con algunos pocos anteriores destacados corre-
ligionarios suyos, bajo el emblema del partido Uni6n De-
mocrdtica. Veamos como esta petici6n de un Comandante
del Ej6rcito Libertador servira para que le some a los
labios el resentimiento politico, pero cubierto de sutil,
aguda y airosa ironia. El ley6 en alta voz en clase la co-
municaci6n petitoria que le acababa de dejar el empleado
del decanato de Derecho. E inmediatamente pregunt6 a
los alumnos: "Z CuAntos hombres manda un comandan-
te?" "Unos cuatrocientos" le contest uno de los
presents. "Pues borr6mosle las faltas dijo Govin-,
no sea que se aparezca aqui el comandante con sus 400










hombres, y nos obligue a realizar lo que ahora nos pide
de favor".
Figure destacadisima, sefiera, en la Universidad de
Berriel, era Jose Antonio Gonzalez Lanuza. Cubano aden-
trado en los caracterismos de su pueblo, no tenia Lanuza
muy firme en la memorial, en la voluntad, en la psiquis
toda, el sentido del tiempo. Llegaba al patio de los laure-
les alrededor de treinta minutes despu6s de la hora en
que debia iniciarse su lecci6n cotidiana. Se cruzaba con
Cuevas Zequeira. Le hacia un "cuento de camino". En-
sartaban un diAlogo que generalmente iba a parar a la
literature clasica espafiola, especialmente al Quijote, par-
ticularmente a la psicografia de Rocinante. Hablaba des-
pues en los pasillos con grupos de estudiantes sobre temas
de actualidad civica. Y al fin, casi una hora mAs tarde,
decidiase a entrar en clase, la cual prolongaba hora y me-
dia o dos horas, largo tiempo en que caia sobre los oyen-
tes su elocuencia torrencial, sin perplejidades, sin titu-
beos, sin que se le alterara la pronunciaci6n. Ilustraba
sus juicios sobre las intituciones de derecho penal con re-
latos hist6ricos, muchas veces extraidos del Renaeimien-
to, 6poca que era muy de su gusto y que habia estudiado
detenidamente. No escaseaban las menciones de CUsar
Bonesana por su Dei delitti e delle pene, repetia con al-
guna frecuencia el adjetivo inclito, y propugnaba en no
pocos casos soluciones eclecticas entire la Escuela clasica
y la positive. Y un dia, antes de que el maestro entr-'ra
en clase, un alumno travieso escribi6 en la pizarra un re-
cordatorio alusivo y clamante de piedad:

"El inclito Beccaria,
con su electico pensar,
nos tiene sin almorzar
hasta la una del dia".

Llegaba despues que Lanuza, y se iba antes, Anto-
nio Sanchez de Bustamante, antipoda de aquel en lo re-
ferente a noci6n del tiempo, convencido del apotegma











pragmg tico yanki "the time is gold", y predicador del
mismo, con trigo en la experiencia y en la daci6n, a sus
discipulos. Lo aprovechaba tanto que, ofreciendo prue-
bas, ademas, de discipline y concentraci6n mentales, fir-
maba la n6mina sin interrumpir la explicaci6n ni dejar
de tender al auditorio. Ahora bien, ese pragmatismo
yanki debia revestirse de cuidados y solemnidades en las
formas, como si se l1evara encima caballerescos recuer-
dos medievales. Al efecto, el Maestro solia repetir:
"Cuando los abogados percibimos dinero, no se le llama
a ese cobro, journal, ni salario, ni soldada, ni plus de cam-
pafia, ni sueldo, ni estipendio, ni dieta, ni gratificaci6n...
Se llama honorario, que viene de honor". En las classes
de derecho international privado y pfblico, ademas de
esas disciplines, se aprendian otras muchas cosas. Se
aprendia a pronunciar la lengua castellana con una co-
rrecci6n y una exquisitezi como dudo que la haya pronun-
ciado con anterioridad ni con posterioridad ningin cubano.
Se aprendia a recitar estrofas armoniosas de Nifiez de Ar-
ce o versos ingeniosos de Campoamor. Se aprendian anec-
dotas hist6ricas, l1enas de sabiduria vital, de todos los
tiempos: antiguos, medios, modernos, contemporaneos. Y
se aprendia el conocimiento volitivo y empirico de ganar-
le combates al Tiempo, siendo puntual como la hora en
punto, con el ejemplo del professor por delante. Este man-
tenia su ensefianza al dia. A comienzos de curso anuncia-
ba su prop6sito de ir prestando a los discipulos las ilti-
mas monografias de derecho international que fuese re-
cibiendo. Arrancaba del supuesto que todo alumno sabia
otro idioma, ademas del propio. Y ese anuncio de repar-
to bibliogrAfico se encabezaba con estas expresiones: "To-
do hombre medianamente culto debe saber, por lo menos,
dos idiomas. Ello no es tan dificil. Los que hablamos es-
pafiol podemos leer y traducir el frances en tres meses, el
ingl6s en seis meses, el alemAn en un afio y el italiano en
seis dias". Tras diversas definiciones de los dos derechos,
exponia las suyas. En derecho international privado des-
arroilaba una doctrine propia a lo largo del curso, soste-










nida sobre la triada del orden privado, el orden pfiblico
interno y el orden pfiblico international. El examen de
tal asignatura presentaba las modalidades de un acerti-
jo. El alumno debia abrir un c6d~go, comunmente el civil,
por cualquier parte, y leer el primer articulo con que tro-
pezase, para contestar despu6s, aplicando las reglas, si
era de orden privado, de orden pfblico interno o de orden
pdblico international. Casi todos los alumnos fracasa-
ban en el acertijo; pero el examinador, ponderando sus
dificultades, y teniendo en cuenta la asistencia a clase y
]a afanosa labor desenvuelta en la misma, no le regateaba
a esos examinandos altas calificaciones.
Un dia cualquiera, no pr6ximo al comienzo del
eurso, irrumpian en el patio de los laureles una actitud rA-
pida, un pisar fuerte, un casimir de corte just, un castor
de medio lado y un bast6n dando vueltas al aire. A la pieza
donde iba a conferenciar el professor recien legado de un
viaje, afluian estudiantes de todas las escuelas univer-
sitarias. Bien es verdad que una semana antes se ha es-
tado publicando en todos los peri6dicos capitalinos que
ese dia y a esa hora iniciaria su curso de derecho politico,
Orestes Ferrara. Los muchachos le asediaban en corro
y coro, Avidos de sus ocurrencias. Le buscaban la boca
y se la encontraban pronto. Les hablaba con desenfado
de los candentes problems pfiblicos. Les contaba episo-
dios de su reciente viaje. El comienzo de la clase era como
una continuaci6n de la tertulia de afuera: sin sistema, sin
m6todo, sin plan, sin orden, toda improvisada. Si el ill-
timo viaje habia sido a Egipto, se referia al Nilo, al de-
sierto, a los camellos, y de buenas a primeras sin que pu-
dieran fijar el punto de empalme los asistentes, salian
a relucir la concepci6n de la naci6n, del Estado y del go-
bierno de la antigua cultural egipcia. A lo mejor, la muy
interesante narraci6n era interrumpida por un hombre
que desde la ventana le decia, gorra en mano, al catedri-
tico: "Nada, doctor, un rasgufio en el brazo". Y enton-
ces Ferrara, con la voz baritonal y el acento italiano -que
con deliberaei6n ha conservado porque ha sabido el go-










zo que despertaban en la gente cubana, y mas propiamen-
te en su pdblico politico-, esclarecia que eran noticias
por 6l encargadas a su chauffeur sobre un amigo que esa
mariana se batia en duelo. Los exAmenes de derecho po-
litico se parecian much a las classes por lo extrafios y ar-
bitrarios. Se iniciaban, a veces, con una pregunta acerca
de los limits de la Conchinchina o de la Patagonia. El
alumno, sorprendido, no podia disimular su espanto. Fe-
rrara trataba de adobar con cierta logicidad el sentido
de la pregunta. "Ignorando la geografia -deciale al exa-
minando- no se puede saber derecho politico. Despues
brincaban preguntas rApidas para contestaciones breves.
Pero los alumnos con escolaridad, como los de Bustaman-
te, no tenian a qu6 temer. Y los sin escolaridad tampoco.
Los primeros alcanzaban altas notas. Los segundos casi
siempre lograban aprobar la asignatura.
Y se veia venir, en fin, -y esta es la iltima estampa
de la serie- a Evelio Rodriguez LendiAn, temperament
cubanisimo, terremoto de emociones, volcan de pasiones.
La distancia entire el tranvia y el llamado Sal6n de Con-
ferencias no era muy corta, y la hacia mas extensa el suelo
erizado de fragosidades; pero el professor de historic la
alargaba mayormente con sus paradas en el camino, en las
cuales iba dejando, entire conjuntos de alumnos, comen-
tarios sobre acaecimientos actuales, con cargas de since-
ridad y franqueza, con descargas de protest e inconfor-
mismo. Su ensefianza de la historic constituia diaria os-
tentaci6n de memorial, amenidad y brillantez. Habia sido
capaz de meters en la cabeza, y de que alli se le quedaran
para siempre, los gruesos volfmenes de la Historia de
America de Pi y Margall. Algunas de sus opinions esta-
ban perpetuadas por la tradici6n e infladas por la leyen-
da. Se adheria romAnticamente al origen aut6ctono del
hombre americano, y podia buscarse una cuesti6n per-
sonal quien le sostuviese tesis contraria. Censuraba con
dureza la Espafia de Felipe II y elogiaba con calor la
libertad de conciencia advenida con la Reforma. Consa-
graba mns de una clase a los incidents y accidents de la










:batalla de Waterloo. La derrota definitive del mas gran-
de guerrero de los tiempos modernos parecia preocuparle
mas que sus victorias, y quizas pudiera taladrarse un
intimo filosofar sobre la vida en aquella extraordinaria
importancia que daba Rodriguez Lendian al ocaso de
Waterloo. Traia mapas, manejaba un puntero, no le per-
dia pie ni pisada a esa batalla. Y concluia en todos los
,cursos su capolavoro profesoral aludiendo a la frase de
Victor Hugo: ya Napole6n rivalizaba con Dios, y eso no
era possible.
Ferrara y Lendian fueron precursores, dentro de la
Universidad sosegada de Berriel, de la Universidad pos-
terior, de la Universidad inquieta y agitada de los filti-
mos cuatro lustros, demasiado inquieta y agitada a oca-
siones.
A dos coetAneos de Lendian rendimos esta noche el
homenaje de nuestra devoci6n y reconocimiento, a Adol-
fo de Arag6n y Juan Miguel Dihigo, dos patriots que
pronto se convencieron, desde los primeros tiempos re-
publicanos, que no servian para politicos. Esthn a la ca-
beza de la lista de profesores con mis de 30 afios de ser-
vicios porque han pertenecido siempre a Filosofia y Le-
tras, la facultad que ha sido fuente copiosa de la Univer-
sidad universal y matriz fecunda de esta Universidad cu-
bana. Adolfo de Arag6n y Juan Miguel Dihigo: dos tem-
peramentos, caracteres y personalidades distintos y una
sola amistad verdadera, capaces de discrepar cada dia e
incapaces de discordar un solo minute. Dihigo, introver-
tido; Arag6n, extrovertido. Dihigo, serio y grave, como su
preferida tragedia griega; Arag6n, alegre y risuefio, co-
-mo su predilecta comedia latina. Dihigo, publicista enci-
elopedico; Arag6n, ambulante encyclopedia in6dita, que
ha profesado el Arabe, el sanscrito, la metafisica, la his-
toria de la filosofia, la est6tica, la literature griega, la
-historia critical de la literature espafiola, la historic cri-
tica de Espafia, y que, con alardes de fijeza en sus cono-
cimientos y de sana memorial, lo hemos visto interrogar
en los exAmenes de casi todos los tribunales de nuestra










Facultad. Dihigo, todo rigor; Arag6n, todo flexibilidad.
Dihigo no ha pisado jams un cinemat6grafo (una vez lo
invite a ver una pelicula que crei de su agrado, la fundada
en el Pygmali6n de Bernard Shaw; pero mi petici6n insis-
tente, adornada de augurios felices, no logr6 sacarlo de
sus trece ni de sus casillas); Arag6n es presencia casi
diaria en los cines habaneros, y seguramente recuerda con
nostalgia la desaparici6n del exclusive teatro vernAculo,
donde se le veia con frecuencia en delantero de luneta,
como para no perder ni un detalle de la escena, y recal-
dear en la mente, al rojo vivo de los bufos criollos, mis
de un paladeado epigrama de Marcial. Es que en Dihigo
la cultural se halla como un fin en si misma, y en Arag6n
se descubre como un medio para la vida y, sobre todo,
para la vida social. Frente a los libros representatives de
nuestros tiempos, Dihigo optaria por inclinarse ante El
Sentimiento Trdgico de la Vida ,en los Hombres y en las
Pueblos, de Miguel Unamuno; y Arag6n elegiria recos-
tarse a leer La Importancia de Vivir, de Lin Yutang.
Unamuno pens6 y escribi6 su obra en el Mediodia espafol
con fuerte influencia n6rdica de Kierkegaard, y Yutang
es una mentalidad nacida en el Oriente misterioso y
crecida en las claridades universitarias de Occidente.
Asi tambien, Dihigo y Arag6n, cada uno con un distinto
concept del mundo, un divers sentido de la vida y un
divergente criterio sobre la sociedad, practican, con letra
de humanidades y espiritu de ihumanidad, el arte de la
convivencia. El fen6meno alza su relieve en esta hora de
guerra mundial.
Algo similar ocurre con los otros veinticuatro profe-
sores universitarios que esta noche condecoramos. Yo
creo que poniendolos al lado de Dihigo o al lado de Ara-
g6n ensayariamos un curioso esquema dicot6mico. Yo si-
tuaria mns cerca. de Dihigo a Aguayo, Ruiz Cadalso,
Aballi, Miquel, Mestre, Victorino Trelles, Alacan, Hena-
res y Julio San Martin. Y colocaria mas cerca de Ara-
g6n a Carlos de la Torre, Antonio y Alberto Sanchez de
Bustamante, Francisco Carrera Jfistiz, Presno, Ortega,










Clemente Incln, Armando de C6rdova, Vald6s Dapena,
Fortin, Johnson, Jos6 M. Soler, Finlay y Shine, G6mez
Murillo y Rueda.
Product tambien de aquella Universidad de Berriel,
no como professor, sino como estudiante, es nuestro ac-
tual Rector, Rodolfo Mendez Pefiate, el primer expe-
diente de su curso de Derecho graduado en 1912. Es muy
probable que en aquel esp6cimen de Universidad acumu-
lara l6, para luego, reserves de paciencia y tolerancia.
Las colectividades de paises largamente gobernados por
regimenes liberals y democrfticos se llenan de satisfac-
ci6n cuando tributan equilibrado elogio a sus hombres di-
rigentes. FuB probablemente de su larga estancia por
pueblos asi constituidos de donde el pensador mis una-
nimado de la naci6n cubana extrajo su breve, expresiva y
edificante dualidad fraseol6gica: "Honrar, honra". En
esas sociedades hay ya la clara noci6n de que premiando,
con raz6n y justicia, a sus personalidades rectoras, se pre-
mian a si mismas. Lo contrario suele suceder en las tierras
secularmente mandadas por gobernantes desp6ticos, en las
cuales no deja de cundir la suspicacia cada vez que se reco-
noce el m6rito de alguien que, por cualquier circunstancia,
desempefia un papel predominante. Mas, ya dentro de
nuestro propio suelo se van ofreciendo notas en direcci6n
opuesta. Idle, por ejemplo, a censurar la actuaci6n de los
jefes de los partidos politicos nuevos a cualquiera de sus
afiliados, y lo mis probable es que la respuesta sea una
repulsa. No cometer6 yo el feo pecado de la lisonja ni in-
currir6 en el torpe vicio de la adulaci6n, diciendo de nues-
tro Rector nada que 61 no merezca." Por sus frutos los
conocer6is" -reza el libro sogrado. Los frutos de su
gesti6n rectoral, efectuada con la cooperaci6n de todos
los factors que integran el conglomerado universita-
rio, estAn a la vista y a libre plAtica. Nuestro pueblo, aue
es impressionable, y de primeras impresiones, tiene en este
caso, como en tantos otros, que rendirse al superior e in-
contrastable peso de las realidades. No faltan en esa ges-











ti6n rectoral, ni podian faltar, defects y errors. Resal-
temos en esta noche de alegria sus virtudes y ac4ertos.
Continuando el program constructive de su antecesor,
se levantan los edificios de las escuelas de Odontologia y
Veterinaria. No se detiene el progress de las bibliotecas,
laboratories y museos. Se van cubriendo las necesidades
del personal facultativo en aquellas Facultades que, hu6r-
fanas y desvalidas de apoyo del Estado en gobiernos an-
teriores a la autonomia universitaria, no han podido di-
vidir o desglosar debidamente sus chtedras. Se adquiere
para campo de experimentaci6n de Agronomia una finca.
Se complement la ensefianza te6rica del Derecho con una
escuela prActica. Los que hemos presenciado el espec-
thculo, presidido por exquisite gusto, de las representa-
ciones cldsicas exhibidas por el Teatro Universitario, no
lo olvidaremos jams. La Sociedad Universitaria de Be-
llas Artes, organism anexo, que tiene al Alma Mater
por sede y a muchos de los profesores y sus allegados
por sostenimiento econ6mico, realize exposiciones, con-
ciertos y recitales excelentes. La trascendencia de la Es-
cuela de Verano se proclama en el extranjero. Ahora l1ega
esta Coral Universitaria, que ya hemos empezado a oir y
aplaudir, y de la que tan bellas emociones pueden espe-
rarse.
A todos, al Rector con veinticinco afios de profesora-
do, y a los otros 26 profesores con mAs de treinta afios de
docencia, les van por mi modest palabra, en nombre de
los catedrAticos j6venes del plantel, nuestros mejores
deseos porque sigan viviendo, y viviendo con bondad y
bienestar, lo mismo a la manera de Dihigo que a la ma-
nera de Arag6n, las cuales son, en definitive, dos buenas
formas de vivir.
No podemos ignorar que todos estos profesores an-
tiguos representan la herencia, sin la cual se deshace el
curso de la vida, y significant la tradici6n, sin la cual se
rompe el decurso de la historic.
Y ahora, sefiores, para terminar, todos hagamos vo-








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tos porque la Universidad de San Jer6nimo de la Ha-
bana, que ya no es pontificia ni real, sino aut6noma, ce-
lebre en progress creciente los sucesivos centenarios de
su secularizaci6n per secula seculorum.

Amn.




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